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© Libro N° 9728. La Sociedad Primitiva. Morgan, Lewis Henry. Emancipación. Marzo 26 de 2022.


Título original: ©  La Sociedad Primitiva. Lewis Henry Morgan

 

Versión Original: © La Sociedad Primitiva. Lewis Henry Morgan

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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LA SOCIEDAD PRIMITIVA

Lewis Henry Morgan

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Sociedad Primitiva

Lewis Henry Morgan

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


PROLOGO

 

I

 

LEWIS HENRY MORGAN

 

El 2i de noviembre de 18 r 8 vino a este mundo Lewis Henry Morgan. Nació en una casa de campo desde la que se veía el lago Cayuga, situado entre Siracusa y Rochester, cerca y al sur de Aurora, Estado de Nueva York. La familia Morgan cambió poco después las orillas del lago por la ciudad de Aurora; los padres decidieron educar al niño en la Cayuga A-Cadtmy. Más tarde estudió en el Union College donde se graduó en r84o. De nuevo en Aurora, pasa el tiempo dedicado al estudio de leyes, pues quiere dedicarse a la abogacía.

No obstante, la jurisprudencia no ocupa todo su tiempo ni atención mental: un buen número de horas es absorbido por el estudio de la antigüedad griega y romana en sus períodos clásicos. Al mismo tiempo se inscribe en el The Gordian Knot, club de carácter literario

y social para jóvenes con inclinadón intelectual. Sus primeros contactos   e interés          por los indios americanos tienen lugar en estos años. En 1844 se domicilia en Rochester (Nueva York) para tener mayor oportunidad de practicar su profesión.

En 1851 Morgan publica su primera obra importante The League of the Ho-de-no-sau-nee, or Iroquois y contrae matrimonio con su prima Mary Elizabeth Steele. La nueva pareja se afinca en Rochester y ocupa una casa de la South Fitzhugh Street. Durante siete años se dedica exclusivamente al ejercicio de la abogacía y al incremento de sus negocios. Por su profesión, cualidades y finanzas llega a ser abogado y director de la Bay de Noquet and Marquette Railroad Company; este cargo le lleva numerosas veces, en viajes de negocios, a la parte alta de la península de Michigan. Aquí y en forma de minas, ferrocarril y hornos de hierro dene invertido su capital. Mientras tanto la familia Morgan aumenta: en 1855 nace un varón, Lemuel; en 18557 i860 llegan dos hijas, Mary y Helen. Pero ni la vida familiar ni de negocios le hacen olvidar su hobby antropológico; al contrario, sus viajes a Michigan le ponen en numerosos, aunque esporádicos, contactos con indios. Una vez coincide en el tren con una delega­ ción de sioux; Morgan busca rápidamente un intérprete e intenta obtener el sistema de parentesco de los mismos. Pero los siour «parecían no tener mucha gana de dar información», comenta el invesdgador resignado.

Durante todo este dempo su fortuna adquiere un volumen con­ siderable. Deja la abogacía, se désendendc cada vez más de los negocios y a pardr de finales de 1858 se consagra a la investigación antropológica. Durante los meses de mayo y junio de 1859 caliza su primer trabajo de campo, con varia fortuna, entre los kaws, pottasvatamies, ottawas, sacs y foxes, peorías, shawnees, delatares, iowas, etc., que ocupaban parte de Kansas y Nebraska. En mayo y junio de i860 repite el viaje a los mismos Estados y con el mismo propósito. Comprueba los datos obtenidos en el verano anterior y recoge otros sobre los miarais, chippewas, omahas, piankesha-ws, kaskaskias, etc. Sale de nuevo en julio y agosto de 1861, pero esta ve2 modifica su campo de operaciones. Su meta es Pembina, el Fort Garry y el Red River norteño (Minnesota). Esta expedición le proporciona, entre otras cosas, los sistemas de parentesco de los cree, assíniboines y blackfoot. De mayo a julio de 1862 se desplaza hacia las montañas Rocky junto ai Missouri (Dakota y Montana).

 

Trabaja entre los punkas, minnetares, arickarees, mandas y otros indios de las praderas. En la entrada de su diario correspondiente al primero de julio nos da una nota de su persona: pesa 159 libras y media; este peso, comenta, es algo inferior al normal en la época de verano que alcanza 165 libras (75 kilos). Al volver a casa queda, según escribe él mismo, «petrificado»: sus dos hijas habían muerto de escarlatina durante su ausencia.

 

En una tarde de julio de 1854, Morgan y un grupo de amigos se reúnen en su casa y fundan The Tundít Club. No hay duda ninguna de que el cerebro del mismo hasta 1880 fue Morgan. Ante este público presentó con frecuencia dio treinta y dos conferencias las primicias de sus descubrimientos antropológicos; después pasaban a publicaciones de carácter intelectual. Entre las actividades dentífico-literarias del dub y el meticuloso y ponderado examen del material recogido en sus expedidones pasaron varios años. Hada finales de 1864 tabú terminado ya el manuscrito del libro que le hace figurar necesariamente en los manuales de Antropología: Systems of Con­ sanguinity and Affinity of the Human Family. Pensó entregarlo a la Smithsonian para su publicación el primero de enero de rSój. Pero

 

no lo hizo. El 24 del mismo mes parte del edificio fue pasto del fuego. It was a marvellous escape, comenta Morgan literalmente, «pues serú prácticamente imposible el rehacerlo».

A principios de 1870 Morgan terminó la corrección de pruebas de Systems, y en julio del mismo año se embarca con esposa c hijo en Nueva York con destino a Europa. Visitan detenidamente Inglaterra, Bélgica, Alemania, Suiza, Italia, Austria y por Praga y Berlín regresan a Londres. De aquí van a París y desde Liverpool salen para Nueva York donde desembarcan en agosto de 1871, exactamente en el veinte aniversario de su boda, según hace notar Morgan en su diario. Después de unos dús en Albany regresan a su casa de Ro­

chester. Allí su mente hierve con nuevas ideas, en embrión ya hacía cierto tiempo, y que el viaje a Europa aviva. Vierte sus pensamientos en folios, el último de los cuales es terminado en 1875. El título de la nueva obra, la que le tace mundialmente conocido, es: Aticient Society, or Researches in the Fines of Human Progress from Savagery through

Barbarism to Civilisation; se publicó en 1877.

Contando ya sesenta años 1878 y no rezumando salud, se dirige hada el Suroeste montado en un carromato, acompañado por dos hijos de un sobrino y un par de estudiantes del Columbú College. Alcanzan la parte suroeste de Colorado, que exploran arqueológica­ mente. Siguen en su viaje hada el Sur, penetran en Nuevo Méjico y Morgan estudia escrupulosamente las ruinas de Aztec y Taos.

Este fue su último trabajo de campo, pero no su último esfuerzo

den tífico. En Rochester sigue sentado a su mesa llenando cuartillas hasta prácticamente el d ú de su muerte, que ocurrió el 17 de didembre de 1881. Fue enterrado en el cementerio Mount Hope de Rochester, en el sepulcro que él mandó construir en 1865, poco después de la muerte de sus dos hijas. Legó dinero, biblioteca y manuscritos a la Universidad de Rochester con la intendón de que se creara un Colegio para ú educación de mujeres. En Rochester vive un resobrino que guarda fotografías y otros objetos de Morgan. Su casa fue demolida en 1954.

1818 y 1881 son, pues, ios límites temporales que enmarcan la vida y actividades de una de las figuras más prominentes en la his­ toria de la Antropologú. La lectura de su vida y obras da una pronta impresión de que Morgan era un observador perspicaz, tenaz en alto grado, dotado de poderosa mente analítica y comparativa, sin-tetizador a la vez, imaginativo y con frecuentes ilapsos científicos en los períodos de creación máxima. Pero ¿es esta primera imagen morganiana objetiva? ¿Cómo era Morgan realmente? ¿Por qué con­ sagra su vida a una oscura disciplina, una de cuyas ramas ¿1 crea de la nada? Valiéndome de sus diarios voy a intentar dar una respuesta con enfoque personal. Comienzo glosando lo que en su diario escri­ bió el 19 de octubre de 1859.

En 1842 el abogado Morgan contaba veinticuatro años. Joven y con su carrera poco ha terminada, se encuentra en su casa de Aurora deseando iniciarse en su profesión. Pero la depresión económica general no le ofrece facilidades. Quiere aprovechar el tiempo libre  y decide asociarse ai club literario llamado The Gordian Knot (el nudo gordiano), una extensión de la Cayuga Academy. Un día Morgan y compañeros deciden romper el nudo gordiano y reorganizar' el dub de una forma más original, con raíces en el pasado. La sociedad india cayuga les sirve de modelo. Efectivamente, los cayugas habían ocupado antiguamente el territorio alrededor de Aurora. Morgan y otros socios se enamoran de su creadón y con entusiasmo de juventud logran alistar en su sodedad a cuatrodentos jóvenes. Con este número de asodados es factible reproducir la antigua segmentadón de los indios: los jóvenes de Utica eran los onddas, los de Siracusa los onon-dagas, los de Aurora, Auburn, Ithaca y Otvego los cayugas y los de Waterloo, Canandaigua, Rochester y Lima eran los sénecas. El con­ junto formó una fraternidad bajo el nombre de «La Orden de los Iroqueses».

 

Entre los fines de la Orden sobresalían los caritativos y literarios; de aquí a la protecdón de los iroqueses que todavía quedaban en el Estado no había más que un paso que muy pronto dieron. Otra circunstancia espoleó notablemente la acdón de la Orden: desde

 

1838 los sénecas y conawandas habían sido perseguidos y maltra­ tados por la Ogden Land Company, que los despojaba de las tierras que todavía les quedaban. Morgan, acompañado de otros, visitó

 

con ffecuenda a los onondagas y tonawandas, asistió a las reuniones que tenían en Buffalo y comenzó a conocer de primera mano sus condidones de vida y necesidades. Más importante aún, Morgan comenzó a estudiar «con ardor» la estructura 7 prindpios de aquella antigua Liga o Confederadón que por tantos años había mantenido unidos a los indios. Bien conodda podría serdr de modelo de la Orden; ésta reproduciría fielmente a aquélla. En su afán de copiar incluso detalles, cada miembro de la Orden adoptó un nombre

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 13

 

indio. El de Morgan era Skenandoah, tomado de un antiguo jefe iroqués. Y no sólo esto; la variedad de material recogido le propor­ cionó un excelente conocimiento de la cultura material y espiritual

 

de los iroqueses. En 1S47 publicó letters of the Iroquois by Skenandoah, Addressed to Albert Gallatin, President of the New York Historical Society. ¡Más tarde reorganizó el material, desarrolló algunos puntos

 

y publicó todo bajo el título luí liga de los Ho-de-no-sou-nee o Iraqueses (1851). Tal fue el origen y proceso de este excelente libro. Los dos últimos parágrafos merecen unas lineas de exégesis.

 

El joven Morgan se encuentra con abundancia de tiempo libre, sin necesidad inmediata de trabajar y bajo los efectos generales de una depresión económica. Todo esto es fortuito, casual; ni es de su hechura ni está bajo su control. Decide nota temperamental aprovechar el tiempo asociándose a un club literario (que otros han fundado)

 

según conviene a su condición (razón social). En unión con otros miembros del club decide revestir a la sociedad de un carácter tra­ dicional, revivir el pasado, entroncarse con los que precedieron en aquellas tierras. Pienso que Morgan fue uno de los principales pro­ motores de la idea al menos fue el que con mayor fervor la recibió y potenció ; en los dos casos puede detectarse un elemento per­ sonal. Pero idea y/o reacción nada especiales; más bien son comuoes a cualquier pequeña capital de provinia española en el ceio por glo­ rificar su pasado. Se da la casualidad al mismo tiempo de que una compañía trafica en terrenos, explota y maltrata a unos pobres indios. Morgan había estudiado leyes; su hábiro mental e inclinación pro­ fesional tuvieron que ponerse en movimiento ante la injusticia.

 

Tenía que enterarse en detalle; hace varios viajes, convive con ellos, le extraña aquella gente y le fascina. Pero por el momento prevalece la parte de abogado que hay en Morgan, pues escribe: «no sólo ha sido violado por esta compañía todo principio de honradez, todo dictado de humanidad y todo precepto cristiano en sus artificios para despojar a los sénecas; más aún, los más negros fraudes, los más bajos sobornos y las más execrables intrigas que la más desalmada avaricia pudo sugerir, han sido perpetrados a plena luz en contra de este indefenso pueblo». Consecuente con su manera de pensar y con

 

su profesión va a Washington para defender el caso de los indios ante el mismo Congreso. La tribu séneca adopta a Morgan adscri­ biéndolo al clan Hawk y otorgándole el nombre de Tayadaowuhkuh, que significa algo así como puente que enlaza una brecha o separa­ ción. Así queda ligado a los indios; no podía ya abandonarlos. Cir­ cunstancias fortuitas, accidentes fuera de su control, profesión, entrón-

 

LEWIS H. MORGAN

 

que con el pasado, cortesía, avidez de conocimiento, curiosidad y otras notas temperamentales se combinan en forma calidoscópica para antropologizar a Morgan.

Morgan intuye su propensión, siente una llamada interna que le

incita a dedicarse al estudio de los indios. Pero por otra parte, ¿qué profesión era esa? ¿A qué conducía? Las conferencias que sobre los iroqueses pronunciaba en el club dejaban al auditorio perplejo y frío. Su amigo el Dr. Dewey dice que «no podía ver nada en todo aquello

 

a no ser la total vileza y perversidad del pensamiento indio». Además, tenía una familia y negocios que reclamaban gran parte de su aten­ ción y tiempo. Por otra parte, precisamente él se había ya distinguido entre sus compañeros en el estudio y defensa de los indios. La deci­ sión más prudente era romper con todo aquello, «to free myself of the subject», dice textualmente, dando una prueba más de su interés por los indios repasando el material acumulado y ofreciéndolo en

 

forma de libro. Con la publicación de La Liga de los Iroqueses se desen­ tiende de estos problemas y se dedica a su profesión y negocios por varios años.

 

Pero su actividad intelectual no duerme. En 1856 se desplaza a Albany lugar de nacimiento de su esposa para asistir a la reunión de la Association for the Advancement of Science. Morgan es elegido miembro de la Asociación. En esta ocasión escribe: «mi interés por la Etnología resucita de tal manera que decidí reanudar el estudio tan pronto como el estado de mis negocios lo permitiera». Además, las páginas 85-87 de La Liga seguían excitando su curiosidad cien­ tífica. El sistema de relaciones y consanguinidad iroqués era un enigma. ¿Qué significaba todo aquello? Examinó cuidadosamente sus notas a intervalos durante un año y en 1857 presentó en Montreal ante la Asociación una ponencia titulada «Leyes de descendencia de los iroqueses». Morgan seguía creyendo que el sistema era algo

 

peculiar y exclusivo de los iroquees. Un viaje de negocios en el verano de 1858 le llevó a Marquette; allí aprovechó para recoger el sistema de consanguinidad de los Ojibwas. Su sorpresa fue extraor­ dinaria, y transcendental en su vida; el sistema era sustancialmente idéntico al de los iroqueses. ¿Cómo era posible encontrar lo mismo

 

en dos pueblos con lengua diferente? ¿No se trataría de una institución primaria? ¿No apuntará a un origen común ?A su regreso y hojeando libros encuentra rasgos similares entre los dakotas y creeks.

 

Se decide a comprobar la hipótesis, deja definitivamente su vida de negocios y comienza la elaboración de un cuestionario para con­ seguir más sistemas de consanguinidad; lo imprime en enero de 1859

 

LA SOCIEDAD PRIMITÍVA 15

 

y lo despacha requiriendo a misioneros y agentes de los indios que lo cumplimenten. Él cuestionario llega también a las islas de Micro­ nesia, al japón y a la India. La primera respuesta que le llegó des­ arrollaba el sistema de los dakotas de Minnesota. ¡Éra casi idéntico al iroqués! «Simplemente no puedo describir el placer que me dio», escribe Morgan.

 

Su amigo el Rvdo. J. H. Mcllvaine nos describe este período de

la vida de Morgan: «vivía y trabajaba en un estado de gran excita­

 

ción mental... a veces era tan fuerte la impresión al recibir respuestas que lo abrumaban excesivamente. Recuerdo que en una ocasión

 

vino a mi estudio diciendo: lo encontraré, lo [el mismo sistema] encontraré entre los tamil y tribus dravídicas del Sur de Asia. Yo no lo creía y le dije: amigo, usted tiene ya bastante con el análisis del material de las tribus americanas, deje tranquilo al viejo mundo. Contestó: no puedo, no puedo; tengo que seguir adelante porque estoy seguro que lo encontraré allí. Unos meses más tarde volvió,

 

su cara encendida de excitación, con la respuesta tamil en sus manos, siendo tal como él lo había augurado, y arrojándola sobre mi mesa exclamó: ¡ahí estál ¿No se lo dije yo? Yo me quedé maravillado y confundido y todavía más cuando le llegaban los resultados que él esperaba, proviniendo de gran número de fuentes independientes.»

 

El mismo Morgan describe la llegada del sistema tamil: «mi asom-bramiento fue mayor del que yo puedo expresar», «fue el suceso

 

más interesante y extraordinario de la historia de esta investigación». El hervor intelectual de su cerebro alcanza el climax ante la belleza casi matemática de su hallazgo.

 

El sistema era universal. El descubrimiento, perfecto; la Huma­ nidad constituía una gran familia cuyas migraciones, procedencia y emparentamiento podían ser enormemente esclarecidos a través del sistema de consanguinidad. Morgan entreveía incluso que la evolución de la Humanidad, el desarrollo de estados y períodos podría en adelante asentarse sobre 6rmes bases. Si los tamil de la India y los indios americanos se rigen por un sistema de consangui­ nidad virtualmente idéntico arguye Morgan tenemos a la mano

 

pruebas objetivas del origen asiático de los indios americanos. El resul­ tado monumental de toda esta investigación uno de los más rotundos

 

y fértiles en la historia de la disciplina fue la creación de la ciencia del parentesco con la publicación de Systems of Consanguinity and Affinity of the Human family (1870) por una parte, y por otra la ger­ minación en la mente de Morgan de una teoría de evolución socio-cultural que cristalizó en su obra Ancient Society (1877) ya citada.

 

L6 LEWIS H. MORGAN

 

Pero volvamos a Morgan, esta ve2 con menos dosis de exaltación, oara captar otro aspecto de su personalidad. Tanto en Aurora como

 

sn Rochester es el centro de la vida científico-social. Su personalidad, actuación y conferencias dominan los clubs The Gordian Knot,

La Orden de los Iroqueses y el Pundit Club. Estos le proporcionan

 

la primera palestra para sus ambiciones científicas. Sus conferencias locales pasan después a artículos en reconocidas revistas y publi­ caciones: American Review, Olden Time, North American Review, Proceedings of the American Academy of Arts and Sciences, Smithsonian Miscellaneous Collections, etc. Pronto su nombre es conocido; los Regentes de la Universidad del Estado de Nueva York

 

le comisionan para que recoja lo que crea conveniente de la cultura material iroquesa con destino al Museo de Albany. Está en contacto con el Peabody Museum, con el National Museum y con el Bureau

 

of American Ethnology. El Archeological Institute of America le encarga la preparación de un programa de investigación. Es invitado a tomar parte en reuniones y Congresos a los que presenta ponencias. En 1856 fue elegido miembro de la American Association for the Advancement of Science dentro de la cual funda la sección antro­ pológica. En 1879 era Presidente de esta Asociación y en 1875 fue elegido miembro de la National Academy of Science. Estos dos últimos son, según White, los honores más distinguidos otorgados a antropólogos americanos.

 

Morgan estaba en contacto directo con el núcleo principal de científicos americanos: Adams (historiador), Norton (arqueólogo). Gray (botánico), Wyman (zoólogo), los antropólogos Powell, Putnam, Hale, Mason y Bandelier, por citar unos pocos. Sin duda ninguna que para un europeo los nombres siguientes con los que mantenía contacto o visitó, son más impresionantes. El 16 de septiembre

 

de 1870 sigo su diario europeo , estando en Oxford, visitó a Max Müller. Hablan de la necesidad de estudiar las lenguas aborí­ genes americanas a lo que siguen interesantes comentarios sobre la religión de los primitivos por Müller, Morgan quedó bien impre­ sionado de la visita. En Munich visita al conocido teólogo y poco después Rector de la Universidad Joseph Ignaz Dóllinger con el

 

que dialoga sobre las leyes civiles y canónicas, tema que preocupaba a Morgan. El 9 de junio de 1871 fue a casa de Charles Darwin.

 

Este había leído el libro de Morgan The American Beaver [castor] and His Works (1868), lo alaba en la conversación con su autor y además lo cita en el capítulo III de su The Desceñí of Man según White. A continuación Darwin pondera la originalidad y validez

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 17

 

intemporal de su otra obra Sistemas de consanguinidad. A la mesa con Darwin hablan de Lubbock y McLennan (antropólogos). Al Anal

 

envió a Morgan en su coche a la estación. La visita, escribe Morgan, fue most delightful.

 

A finales de junio expresa en el diario su deseo de visitar a Herbert Spencer, Maine y Tylor que estaban entonces en Londres. Sin em­ bargo no debió hacerlo porque no hay referencias en su diario.

 

El 5 de julio se entrevista con McLennan quien le recibe cordialmente. Deciden juntarse al día siguiente para visitar a Herbert Spencer y a Lubbock si McLennan puede anunciarles la visita anteriormente. Pero no lo consigue. Morgan escibe encomiásticamente de McLennan:

 

«es el hombre más original de Inglaterra en lo referente a condiciones primitivas de la humanidad». McLennan le dice que Lubbock le

 

enseñó en febrero una copia de Sistemas de consanguinidad. Días más tarde Morgan invita a comer a McLennan. Pero la amistad se quebró pronto. Sir John Lubbock, más tarde Lord Avebury le invitó a un garden party en su casa de High Elms. En la estación le esperaba un coche que le llevó a la residencia en la que había doscientas personas

 

en atmósfera festiva, amenizada por una banda militar. También visitó a T. H. Huxley, amigo de Darwin, y a Sir Henry James Sumner Maine, autor de Ancient L au>. Los dos conocían ya algunos escritos de Morgan,

 

A su casa de Rochester llegaban cartas de Spencer, J. J. Bachofen el autor de Das Mutterrecht (1861) , Maine, y Darwin. Este envió a uno de sus hijos a casa de Morgan. A través de cartas ejerce una intensa tutoría intelectual en lugares tan apartados como Australia. Las cartas de Lorrimer Fison y A. W. Howitt lo prueban. Las frases siguientes las tomo de cartas que Howitt enviaba a Rochester: «intentaré seguir con gran placer cualquier línea de investigación que usted me sugiera»; «voy a leer con mucho cuidado su libro»; «nuestra obra... sin la magnífica suya no se hubiera escrito»; «he seguido sus huellas, el sendero que usted abrió». Fison se expresa en las suyas de idéntica forma: «estoy recopilando material en la forma en que usted sugiere en su carta»; «me place mantener corres­ pondencia con Tylor, pero quiero decir al terminar esta carta que ni él ni ninguna otra persona puede ser para mí lo que usted ha sido, es y será. Usted fue el primero que me introdujo en este campo y guió mis primeros esfuerzos. Su amable apreciación de mi trabajo me ha dado duradero placer; con orgullo he mirado hacia usted como mi maestro y usted me ha hecho un hombre feliz al llamarme su amigo». Powell en su artículo del Popular Science Monthly escribía 2

 

18 LEWIS H. MORCAN

 

refiriéndose a Fison y Howitt: «no es desde luego uno de los menores éxitos conseguidos por el Sr. Morgan el haber reunido en torno a

 

sí amantes discípulos loving disciples que están cosechando frutos en campos plantados por él mismo».

Todo esto quiere decir que Morgan estaba inmerso, pertenecía

 

y era respetado por la crema del mundo científico, tanto en América como en Europa, dentro y fuera de su disciplina. El Union College en el que había estudiado le otorgó un grado honorífico en 1873. Andrew D. White, presidente de la Cornell University le ofreció una cátedra que Morgan declinó. Nunca aceptó puesto en Univer­ sidad alguna. ¿No resulta a primera vista paradójico? Una persona con recia inclinación intelectual, produciendo en y para un exclusivo círculo intelectual, rehuye metódicamente la entrada en la Univer­ sidad, su locus normal. En sus conversaciones londinenses con McLennan se da cuenta de que el etnólogo escocés tiene que dedicar una buena parte de su tiempo a las leyes y que desearía que le conce­ dieran una cátedra en Cambridge para dedicarse plenamente a la Etnología. Inmediatamente escribe Morgan a White, presidente de

 

la Universidad de Cornell, rogándole ofrezca un puesto a McLennan. En su encuentro con Sir Henry S. Maine le urge a que él, juntamente con Lubbock, consiga una cátedra en Cambridge para McLennan

 

«con el fin de que libre de trabas pueda dedicarse a su trabajo etno­ lógico», escribe en su diario. Lo que quiere decir que Morgan ve

 

la cátedra universitaria como el medio más adecuado para obtener un medio de vida que permita dedicarse a la investigación. Por lo tanto, la Universidad es un medio para conseguir un fin. Ahora bien, él personalmente disponía de rentas que le colocaban en la mejor

 

de las situaciones: podía entregarse a la investigación sin necesidad de dedicar parte de su tiempo a la enseñanza. Todo el tiempo lo tenía a su disposición. La investigación llevada a cabo para escribir Sistemas de consanguinidad le costó 25.000 dólares además «de ocho años de trabajo duro» hard labor escribe en su diario europeo. Morgan prefiere comprar tiempo con su dinero, dedicarse tenaz­

 

mente, exclusivamente a una línea de investigación, sin desviaciones, sin distracciones docentes. Gracias a esta decisión y entrega total morganiana poseemos hoy un estudio en profundidad sobre el parentesco como nadie lo había hecho hasta entonces y como muy pocos lo han hecho hasta ahora. Y también una teoría de evolución cultural todavía no superada en alguno de sus puntos básicos.

 

Otro aspecto de su personalidad. A todo lector de sus diarios, europeo o indio, le parece obvio que Morgan estuvo enamorado de

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 19

 

su esposa hasta su último día. También revelan el cariño por sus hijos. Al fin del viaje por Europa escribe: «hoy es el vigésimo aniver­ sario de nuestra boda. Puedo decir... que me casé con mi esposa

 

hace veinte años y que desde entonces siempre he sido feliz... Tengo que confesar que hasta hoy he experimentado un grado nada común

 

de dicha y felicidad... Los dos juntos hemos gozado [en este viaje]... inmensamente». Pero más importante para rastrear en su persona­ lidad es el dilema que se le planteó el 19 de mayo de 1862 cuando se encontraba en su cuarta expedición entre los indios americanos.

 

Su esposa le envía un telegrama comunicándole la gravedad en que se encuentra su hija Mary y rogándole que regrese. Morgan es un mar de dudas: no puede ver «claramente qué hacer o qué es lo

 

que el deber exige». Teme que su hija haya fallecido ya; el pensamiento de que en sus últimas horas de sufrimiento le haya llamado lo colma

 

de amargura; la idea de no volver a oír su voz le deprime. «Su pér­ dida no sólo sería irreparable sino que destruiría nuestra familia...

 

Y mi pobre esposa siendo testigo de todos sus sufrimientos... y yo sin estar a su lado para compartirlos... Mi corazón se atormenta en agonía... Mi esposa tiene que sentirse totalmente miserable». Las ideas se suceden en su cerebro en vaivén: si decide volver a casa en ese mismo momento tardará de seis a siete días viajando día y noche. Por otra parte, es posible que Mary se recupere, ya que siempre ha gozado de una fuerte complexión. El doctor Moore la auscultó recientemente y la encontró bien. Mejorará. «Creo que mi deber es continuar con este viaje [cursiva mía], pero no veo suficientemente claro que esto sea lo que debo hacer. Debería estar con mi esposa e hijos en este congojoso momento. Ojalá que ella piense quej/o hago lo que debo.D «Debería volver a mi esposa en este mismo momento

 

y si estuviera tras fines de lucro volvería inmediatamente. Pero las circunstancias especiales que me han traído aquí son tales que [creo que] debo continuar.» Y siguió adelante con su viaje de investigación. El suspense lo torturaba. Trata de engañarse con falsas esperanzas

 

(21 de mayo). El 29, sueña que regresa a casa y encuentra a su hija en plena salud. El mismo sueño tiene a la noche siguiente. Pero otra vez ve en sueños, al volver a casa, a su mujer sola. La puesta

 

del sol del 20 de junio le evoca su «casa, esposa c hijos, especialmente mi querida Mary. ¿Estará en la morada de los espíritus o entre los vivos?» El 2 de julio escribe: «todavía tengo esperanza; sin esperanza no podría haber soportado los trabajos de estos cuarenta o cincuenta días. Sin embargo la esperanza es débil». Al día siguiente se encuentra con que la realidad es aún más cruel de lo que imaginaba: sus dos

 

20 LEWIS H. MORCAN

 

hijas han muerto. «Nuestra familia está destruida. La noticia me ha petrificado. No he derramado ni una sola lágrima. Es [el dolor] demasiado profundo para lágrimas. Así termina mi última expedición. Voy a casa, a mi agobiada y afligida esposa, hecho un hombre mise­ rable y destruido.» Quiso dedicarles su Sistemas de consanguinidad pero

 

el director de la Smithsonian Institution no accedió. Esta obra, escribió más tarde en su diario europeo, «está siempre identificada en mi pensamiento con la pérdida de mis queridas hijas, la calamidad irreparable de mi vida».

 

En las anteriores líneas, además de vibrar el Morgan esposo y

padre, reaparece con brío una de las características de su idiosincrasia: su firme decisión de llevar a cabo la empresa que se ha trazado, la tenacidad en seguir su línea de investigación, la esperanza del des­ cubrimiento científico. Ni el desembolso de dinero, ni la cátedra universitaria, ni el duro trabajo, ni la familia le desvían de su camino. Cree que es su deber. Pero duda. Las zozobras, racionalizaciones, sueños y consideraciones escritas en el diario de este viaje nos pre­ sentan una faceta, muy humana, del gran antropólogo americano.

La lectura de sus diarios y obras sorprende porque exhiben la meticulosidad de observación que caracterizaba a su autor. Nada de lo que entraba dentro de su campo de interés escapaba a su ob­ servación. Morgan es explícito en su diario europeo: «no se puede describir objeto alguno si no se le estudia de cerca. Esto lleva a una observación crítica y a una más completa posesión del mismo».

 

Esta actitud es excelente para realizar un eficaz trabajo de campo. «Las instituciones de los indios dice en otro lugar que copio en White ... son oscuras y complicadas y únicamente pueden ser comprendidas a través de investigación cuidada y paciente, llevada hasta los más pequeños detalles.» Cuando quiso investigar la univer­ salidad del sistema iroqués-ojibwa se propuso enviar cuestionarios a los lugares más remotos. La preparación de las preguntas le llevó tiempo, consideración y esfuerzo. «El cuestionario escribe debía ser suficientemente amplio para poder describir toda relación cono­ cida y al mismo tiempo presentado en la forma más simple e inteli­ gible.» Una vez redactado hizo un viaje a los indios tonawandas para comprobarlo y perfeccionarlo. Definitivamente terminado lo envió junto con una carta de explicación. Todo esto, no obstante, le dejó intranquilo. En 1859 se fue con los indios para hacer «el trabajo personalmente» in person .

 

La crítica antropológica que, no siempre por razones académicas, se ha mostrado más bien acre con Morgan, reconoce su indiscutible

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 21

 

mérito como pionero en realizar investigación de campo, con los indígenas. He aquí unas citas. Banton se refiere de pasada a Morgan comentando que fue «uno de los primeros antropólogos en llevar a cabo trabajo de campo». Evans-Pritchard escribe: «es ciertamente sorprendente que excepto Morgan... ni un solo antropólogo verificó estudios de campo hasta el final del siglo xix». M. J. Herskovitz es más explícito: «Morgan dice y en un grado hasta entonces no conocido, obtuvo su teoría de datos recogidos en investigación de campo.» Pocock se expresa así: «el valor de la experiencia de primera mano fue demostrado por Morgan». Sol Tax ha escrito: «Lewis Henry Morgan... fue uno de los primeros hombres en el mundo

 

en combinar trabajo de campo personal intensivo, en una cultura nativa, con aparato comparativo y con una teoría general.» Beattie califica su labor de campo como un «ejemplo notable». Lowie dice que en la historia de la disciplina «Morgan como etnógrafo [esto es, como investigador de campo] se coloca a distinguida altura.» L. White escribe que Morgan terna una «pasión por la descripción detallada...

 

[era]... un sutil observador... un etnógrafo ideal». Una última cita tomada de Fortes que conoce bien a Morgan: «el parcial eclipse de Morgan en los últimos años del siglo pasado fue debido, sin duda ninguna y en parte a lo raros que eran entonces los etnólogos con

 

experiencia de campo... Rivers volvió a Morgan a través de su experiencia de campo... Lowie... fue influenciado a seguir la misma dirección a través de su trabajo de campo. Fue concretamente su investigación de campo entre los indios crow lo que abrió sus ojos a la proeza de Morgan como etnógrafo». Un poco más adelante comenta Fortes la frase de Morgan de que hay que «ir directamente a la gente» añadiendo: «es decir, a través de trabajo de campo en comu­ nidades actuales, un desideratum que Malinowski, considerado como

 

el mejor etnógrafo moderno, hubiera ciertamente aplaudido». La honradez científica de Morgan en su investigación de campo

 

es proverbial, lo que nos revela otra característica de su persona. Las pruebas que aduzco están tomadas de su diario en el que describe sus esfuerzos y laboriosidad por conseguir los sistemas de parentesco de diferentes tribus. «En Paoli escribe he conseguido el sistema de los weaws, piankeshaws, peorías y kaskaskias a través de personas competentes.» El de los peorías lo consigue, en frase suya, «a mi entera satisfacción». Sobre la investigación con los yanktons-dakotas dice: «esta respuesta [al cuestionario] es perfecta... la considero como una de las más dignas de confianza». Al recoger costumbres funerarias escribe refiriéndose a la información obtenida: «confirmado

 

22 LEWIS H- MORCAiV

 

por las tumbas que he abierto». Pero todo esto es un aspecto de la medalla. El reverso, que viene a continuación, prueba su veracidad. «He fracasado apostilla una vez con los pottawamies por

 

falta de intérprete.» Con respecto a los shawnees no es menos ex­ presivo: «me marché con la firme creencia de que dejaba detrás de mí una mina de información». En otra ocasión comenta: «la verdadera razón sobre los distintos nombres de los indios [cambian según edad y circunstancias] se me escapa constantemente». De un infor­ mante pawnee escribe: «pronto me di cuenta de que no me contestaba bien y lo dejé». Vuelve a la carga pero sin éxito: «vine para hacerme con el sistema de relaciones de los pawnee pero [el informante], sintiéndolo yo mucho, se había desplazado a una aldea distante sesenta millas». Intenta en otra ocasión pero tampoco lo pudo «com­ pletar aun con la ayuda de una mujer pawnee». Más tarde razona así, según deja escrito en su diario: «tengo que hacer un esfuerzo desespe­ rado para conseguir el sistema de los blackfoot y el de los sheyennc y también el de los pawnee en Omaha». Más tarde vuelve a la carga:

 

«en Omaha hice un esfuerzo, sin resultado, para encontrar un intér­ prete pawnee». Consigue «el sistema sheyenne pero no del todo perfecto». En cuanto a los blackfoots comienza a abrir brecha: «tengo ya un esquema tolerablemente correcto...; me serviré de él si no puedo conseguir otro mejor... Tal como lo tengo presenta algunas respuestas dudosas». Quiere hacerse con uno completo y parece tenerlo ya a la mano cuando escribe de un informante: «habla la lengua [blackfoot] y es un hombre inteligente; espero obtener de él una buena información». Pero los pawaee siguen rebeldes. Anota en su diario: «He decidido volver a Omaha para ver a los pawnee;

 

fracasé ya en dos ocasiones anteriores. Si fallo otra vez, iré directa­ mente a la aldea de ellos.» Morgan no da fácilmente el brazo a torcer. En más de una ocasión el tesón produce espléndidos resultados,

 

asi por ejemplo con los gros ventres y mandaos cuyo esquema fa­ miliar no pudo conseguir en su primer intento: «dudo escribía-

 

si lo conseguiré, ninguno de entre ellos habla inglés». Pero mᣠtarde al obtener el de los primeros a través de una mujer comenta satis­ fecho en su diario: «es uno de los mejor hechos». En contraposición, nos dice en otras líneas: «he conseguido un imperfecto sistema oka-nakan». Y también: «comencé el sábado el sistema crow a través de

 

intérpretes dakotas y assiniboines... trabajo duro. Hemos reanudado el trabajo hoy por la mañana, pero se han cansado... Un minnetare que habla crow y assiniboin, dos jóvenes crows y el señor Culbertson que habla assiniboin, componían el grupo de trabajo. Puede apre-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 23

 

ciarse claramente lo difícil que es trabajar adecuadamente bajo tales condiciones». A través de estos comentarios morganianos disponemos

 

de un fondo crítico para juzgar la objetividad y fiabilidad de los sis­ temas de consanguinidad y otros materiales que aparecen en sus obras. Y no sólo esto: cuando la información obtenida contradice

 

sus propias teorías, no rechaza el material; al contrario, expresamente lo hace notar. Su estudio de los crees es un buen ejemplo: no los encuentra divididos en tribus cuando según el esquema teórico de

 

su obra debería presentar tales segmentaciones. Pues bien, Morgan lo subraya específicamente: «este punto ha sido objeto de conver­ sación repetida con diferentes personas, pero no puedo encontrar el más ligero rastro de que actualmente estén divididos en tribus; ni siquiera he oído que tengan tradición o memoria de una antigua división en tribus».

 

Estas citas muestran a Morgan en acción y dan cierta idea de la atmósfera del estudio directo. Pero lo que hacen resaltar es la seriedad y honradez científica del investigador. A la vez subrayan uno de los elementos básicos en el temperamento morganiano: la tenacidad.

 

No rebla ante los obstáculos, tiene que conseguir los sistemas de parentesco para probar, posteriormente, su gran concepción evo­ lutiva de la humanidad. Sólo un manojo de ideas le preocupa; pero ésas están siempre en su mente; y en su vida, pues la destina a la meticulosa observación y paciente atesoramiento de pruebas y más pruebas que soportan a aquéllas. Todo lo demás es accesorio, de poca monta. Este es el lado fuerte de Morgan; pero también su parte débil. Las consecuencias de esta orientación personal lineal son complejas. Quizá unos cuantos rasgos de su comportamiento, mejor de sus omisiones, pondrán de manifiesto el problema a que me refiero.

 

He indicado más arriba cómo en la opinión de los antropólogos Morgan era un observador de primera talla. Durante su viaje por Europa envió varios artículos al Appleton Journal para su publi­ cación. El editor en carta que reproduce White le aconsejaba:

 

«si usted olvidara de una vez su idea de ilustrar [con dibujos y foto­ grafías] los lugares que han sido reproducidos desde que el arte del grabado fiie inventado y se limitara a usar sus ojos yankees para ver y descubrir las cosas tal como son en Europa o tal como las ve usted, haría algo de valor». Sorprenden estas líneas dirigidas precisamente a Morgan el «sutil observador». Pero su obsesión por los dibujos y fotografías pueden darnos la clave para entender la paradoja. Una de las ideas que absorbió a Morgan fue la relación entre la arquitectura

 

24 LEWIS H. MORCA.N

 

y disposición de las casas y la estructura y organización social de los que las habitan. Su diario europeo superabunda en descripciones de casas y castillos, medidas de las habitaciones, altura de techos, dis­ posiciones de puertas, escaleras y ventanas, etc. No le parecía com­ pleto un artículo sin ilustraciones. Pero ni el director y quizá tampoco los lectores pensaban lo mismo. Querían otra información. Frente

 

a este perfil negativo se alza otro raramente positivo: la obsesión morganiana por casas y edificios produjo un excelente libro Houses and House-Life of the American Aborigines ( i 8 8 t).

 

Otra paradoja morganiana. Conocidos son sus esfuerzos en pro

de los indios, su actuación ante el Congreso para defenderlos, los artículos que en su favor escribió en revistas. Sus ideas sobre el fu­ turo de los mismos, sobre las agencias gubernamentales en enclaves indios, sobre el comerciante, tratos y maltratos a que los sometían llenan unas cuantas páginas en su diario indio. Morgan, debido a sus viajes tenia sobrada razón para conocer bien Missouri, Kansas y Nebraska. Pues bien, precisamente al final de la década de 1850 las atrocidades, crímenes y matanzas en esta geografía entre las dos fac­ ciones en torno a la esclavitud resonaban hasta en Europa y llenaban los periódicos locales. El indiófilo Morgan se encuentra en medio de la acción y prácticamente nada nos dice en su diario. Su obsesión le urgía a rellenar cuadros y dibujar sistemas de parentesco. Sus dos ojos estaban enfocados a los indios, y como no tenía más, no veía a los negros. De 1861 a 1865 se produce la guerra civil americana. La agitación antiesclavista y la doctrina de la soberanía del Estado se están dirimiendo no sólo por las plumas de escritores y periodistas sino también por las bayonetas y fusiles. Ante esta convulsión

 

Morgan no tiene ni pluma, ni ojos ni oídos. No le quedan porque los tiene embebidos en otra parte. El libro que produce lo eleva a la cumbre entre los antropólogos, pero al mismo tiempo su insensi­ bilidad ante los negros y la guerra de secesión le privan de'ofrecer un análisis que hubiera encontrado su lugar estructural entre las formas de gobierno en su obra La Sociedad primitiva.

Otro claroscuro. En el diario indio las entradas con material

de carácter religioso son muy numerosas. Allí describe en detalle

el culto, ideas y danzas religiosas de los shawnees; el cielo, lugares de castigo y espíritus de los delawares; las creencias religiosas y po­ deres invisibles de los crows; las ceremonias religiosas de los minne-tarees; los espíritus omaha; el espíritu del mal y otras creencias reli­ giosas de los iowas, etc. ¿Qué hace con todo este material? Absoluta­ mente nada. Es más, parece partidario de que nada se consigue con

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 25

 

el estudio de las instituciones religiosas. En la página n , número 5, de este libro dice: «El desarrollo de la idea religiosa se halla rodeado de tales dificultades intrínsecas que no es posible obtener [que posiblemente nunca se obtendrá, dice el original] una explicación completamente satisfactoria. La religión se enlaza tanto con la natu­ raleza imaginativa y emotiva, y por consiguiente, con elementos

 

tan inseguros de conocimiento, que todas las religiones primitivas son grotescas y hasta cierto punto ininteligibles. También esta materia sale del plan de la presente obra, salvo en las sugerencias incidentales.» Extraña esta actitud no sólo por el non sequitur con su propio trabajo de campo sino también porque Tylor habla publicado Primitive Culture en 1871; en esta obra los capítulos XI-XIX tratan de la religión de los primitivos.

Morgan, aun durante su viaje a Europa, acudía regularmente

los domingos a la iglesia protestante. Escribe en su diario que «todas formas de culto religioso, si son sinceras, merecen respeto». No obstante no disimula su aversión hacia la organización y jerarquía católica en Roma. Los epítetos que salpican sus notas son duros.

 

Y en ocasiones ataca a la Cristiandad en general. Y en definitiva, la pone bajo la misma categoría con la que enjuicia a la religión pri­ mitiva. Además, el enfoque emic de que tanta gala hizo con los indios tratando de ver las relaciones de parentesco como las veían ellos, lo olvidó con frecuencia en Europa. El día de Navidad de 187c oye misa en San Pedro y después razona en su diario: «no puedo ver, y probablemente tampoco lo vería si entendiera cada palabra, lo

 

que hay en esta ceremonia de cautivador y de satisfacción para los católicos». Morgan ni siquiera intenta ver la ceremonia como la ven los católicos, deber elemental para todo antropólogo. Como no entiende ni se esfuerza en entender la religión, piensa que es «ininteligible».

 

Todo esto es extraño; pero todavía sorprende más la invidencia de Morgan al comprobar que en una teoría general de la evolución socio-cultural simplemente no puede dejarse de lado la institución religiosa. Al contrario, tiene que figurar siempre en un síndrome de correlaciones. Creo que Morgan se percató; en su conversación con el doctor Dóllinger perora durante veinte minutos sobre la

 

ley civil y la ley canónica. Las ve en una perspectiva evolutiva: la segunda tiene que dar paso a la primera. «La gente escribe po: varias centurias se ha ido acercando al lado de la ley civil como a la fuente de protección, apartándose cada vez más de la autoridad de la ley canónica.» Esta podía haber sido una hipótesis a verificar en

 

LEWIS H. MORCAN

 

magna obra. ¿Pero la evolución de la forma externa implica nece-r Lamente un correspondiente desarrollo interno? Contemplando la iglesia de San Esteban, en Roma, unos frescos que representan n crudeza las persecuciones de los cristianos, no puede menos de (remecerse. «Este terrible espectáculo escribe me llevó a eguntarme a mí mismo la cuestión de cómo los descendientes de uellas victimas de la atrocidad humana, conociendo plenamente barbaridad que implica, pudieron a su vez... infligir las mismas o ores crueldades, en nombre de la religión, a waldenses, a albi-nses, a hugonotes, a los holandeses bajo el notorio Alba, y esto i nombrar las persecuciones de alemanes, escoceses e ingleses.» organ no ve, pues, claro el progreso interno; le parece poder :scubrir las mismas pasiones, el mismo fanatismo, los mismos rores. «La civilización continúa en el mismo diario representa triplemente el sentido común de la humanidad, el crecimiento y isarrollo de siglos... La jerarquía romana es un mero nido de aris-cracia... Si la sociedad continúa avanzando hará desaparecer el itema; pero si no avanza... [el sistema] destruirá la sociedad y hará minar a la humanidad otra vez en dirección a la barbarie.» O bien organ no se atrevió a imprimir sus ideas en La Sociedad primitiva presentadas aquí en su tono más suave , o no tenía seguridad de

 

íe el progreso de la idea religiosa siguiera la línea que marca en su sis general. Si esto úldmo, no puede someter las creencias religiosas su esquema porque lo rebasan. Estando en Inglaterra escribe que iglesia católica desaparecerá; le sucederá la iglesia protestante. :ro en Roma y ante la organización romana no se muestra tan seguro se limita a zaherir a la jerarquía eclesiástica. En cualquier caso, mejor prescindir de una institución incómoda.

 

Más contrapuntos morganianos. En su viaje a Europa se muestra en por cien americano. A la vista del Rin recuerda al Hudson, al Mississippi y al Missouri y «a docenas de otros» ríos americanos que :jan al primero en minúsculo riachuelo. Venecia le encanta; se la íerría llevar a América: «haríamos de ella la ciudad más imponente

i la tierra». La bahía de Ñapóles no tiene comparación con la belleza

          los lagos americanos. Pero su americanismo tiene, claro está, zones de mayor peso. El sistema de tenencia de la tierra en Europa imó su atención desde que puso sus pies en Escocia: «la propiedad

 

          la tierra está en manos de una clase privilegiada», «es la marca i la servidumbre de la gente a la aristocracia». La aristocracia in-esa posee miles de acres de tierra. Desde la ventanilla del tren ve s magníficas residencias de aristócratas. Estas mansiones piensa ,

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA

 

centros de elegancia, finura y opulencia, provienen del trabajo c los arrendatarios. Así ha sido desde que Guillermo el Conquistad! estableció el Feudalismo en to68. Los arrendatarios que trabaja las tierras nunca las pueden poseer enteramente debido al sisterr inglés de tenencia. El marchamo del Feudalismo pesa todavía sob: la tierra, casas, ciudades, aldeas y gente. Se impone «una reform del sistema de tenencia de la tierra».

«Oí a Lord Shaftesbury decir la otra noche en la House of Lor<

que si el Parlamento intentara reformas sociales, los ingleses sería el pueblo más fácil de gobernar en el mundo... Pero ¿está usté dispuesto, señor Lord, a dar el primer paso práctico en esa direcciói renunciar a su título, a su puesto hereditario en los Lores para qi le sustituya el hombre que consiga los votos libres de sus comp; triotas? La primera reforma social que se necesita en esta nación i la igualdad de privilegios. No vale la pena hablar de ella si no : comienza por aquí. Pienso que si a Lord Shaftesbury le pidiesen 1c ingleses metamorfosearse en simple señor Shaftesbury desistir respetuosamente de la «reforma social»... Este hombre fue aquel noche a la Casa de los Lores para vocear su bella idea. Pensó qi expresaba un sentimiento noble, magnánimo y cristiano. El conde c Derby se conmovió ante aquel brillante pensamiento y gritó: ¡esc ¡eso!, mientras que un reposado americano decía para sí mismi

 

«¡ah, hipócritasl» En otra ocasión sale de su pluma este párraf «una explosión de democracia es lo que se necesita no sólo sobi Roma o Italia, sino sobre toda Europa, para borrar de una vez injusto sistema de posesión de la tierra que destruye a la gente, 1¡ leyes desiguales que destruyen las posibilidades de que la gente ¡ ayude a si misma, las infernales aristocracias que les han robado si derechos en el pasado, antes de que naciera la presente generación En toda Europa «no hay instituciones como las nuestras para utilizar, las mentes más ágiles de la nación». No obstante, el bien comé prevalecerá, como en América, y las viejas formas feudales, junt con la aristocracia, quedarán arrinconadas. Es ley del progres humano.

 

La vieja Europa, semifeudal, le defraudó. De vez en cuand irrumpe en su diario europeo con cantos a la joven, igualitar América: «me alegraré mucho cuando vuelva [a Nueva York] y n encuentre otra vez bajo las estrellas y franjas [la bandera americana Nuestra nación es tierra favorecida y bendita. Nuestras institución no tienen rival y nuestro pueblo es el más avanzado en inteligencia en prosperidad compartida sobre la faz de toda la tierra. Deseo '

 

LEWTS H. MORCAN

 

;jor a todas las gentes de codas las nadones, pero se me debe per-idr a mi preferir mi patria. La visita a otras nadones ha robusteddo intensificado enormemente esta impresión. No es pardalidad por

 

i patria; tiene una sólida base en sus superiores insritudones». organ se olvida de los negros. En otro lugar del diario se expresa

 

          «cada vez estoy más satisfecho de que un océano nos separe de sodedad y formas de vida europeas; cada vez me alegro más de

 

le nuestros antepasados escaparan de Europa y de que establederan n éxito, en un rincón de la rierra, unas instinidones e ideas que cen jusrida al hombre. Unicamente pudo haberse conseguido esto uzando un océano y entrando en el desierto, en completo aisla-iento y redusión de viejas formas y usos». Al final de catorce meses i Europa, cuando se encuentra en el mar, a unas pocas millas de

 

ueva York, escribe: «es un placer volver a nuestra patria, intensi-:ado nuestro amor por la nadón y sus insritudones al compararlas >n las naciones extranjeras».

 

El choque del Morgan yankee con otros pueblos y culturas no oduce el resultado esperado en un antropólogo. No se esfuerza

 

i ponerse en la perspectiva del nativo, en juzgar desde la estancia cal para adentrarse y comprender los pros y contras, la razón o zones de las instituciones y modos de vida diferentes. Tendemos dimente a pensar que lo nuestro es mejor y puede serlo , pero

 

ta no es la adecuada posidón mental para entender al otro y su drura. Morgan lo sabía; había sabido establecer un puente la ibu séneca lo llama Tavadaowuhkuh para ver y dialogar con indio desde el otro lado. ¿Se olvida en Europa de este elemental recepto antropológico? Teniendo a la vista su diario europeo creo íe el problema hay que plantearlo de una manera más compleja,

 

n esta época no sólo pululaban ya las ideas sobre evoludón y pro-:eso de las insritudones en su cerebro, sino que iban tomando >rma concreta. Observa cuidadosamente en varias nadones europeas s formas de propiedad sobre la que escribe excelentes párrafos

 

i La Sociedad primitiva y las formas de gobierno. Este es el pto-ema teórico que le preocupa. Su atendón está preeminentemente ícamzada en esa dirección. Y como toda etapa de progreso requiere >mparadón con otros estadios, anteriores y posteriores, en la evo-¡dón general, coteja América con Europa y encuentra a ésta defi-ente. Morgan, amante del progreso, se queda con su América,

 

odo lo que en su opinión obstaculiza a aquél desigualdad de trechos, jerarquía, aristocracia, estancadas formas religiosas redbe ardos de dura crítica en las páginas de su diario. Su teoría del pro-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA

 

gieso y evolución de la humanidad está ea plena gestación. En 1875 s Ancient Society estaba ya terminado. Pero antes de pasar a esta obi quiero añadir unas líneas finales.

He subrayado varias polaridades y ambivalencias en la person

y trabajo científico del abogado de Rochester. Concretamente lo h presentado en sus perfiles de abogado, extático, padre y esposo, d ensimismado y honrado científico, de etnógrafo y despreocupadc

 

de y antee patriotero, etc. Frente- a Morgan e! americano, he contr: puesto al Morgan antropólogo; junto al indiófilo he subrayado i desinterés por los esclavos negros a su vera; al científico condecorad lo he descrito en un marco ajeno a la Universidad, al hombre soci¡

 

y de clubs como solitario pensador, al genial etnógrafo como inv dente ante los diferentes europeos y ante la riquc2a etnológica de ! religión. Otras dualidades podrían sumarse a las anteriores, per sólo quiero apuntar brevemente una: el hostigador de la aristocrac

 

va repetidas veces a calles y jardines para ver de cerca a la realeza o algún miembro de la familia real. En su diario describe cómo cscand

 

en Viena fue a un jardín después de haber «calculado bien el uempe para ver pasar a Francisco José. En el momento oportuno la famil Morgan se quita el sombrero e inclina reverentemente la cabe; para saludarlo. El saludo fue correspondido, comenta con fruidói «sólo para nosotros, pues no había nadie más». En el mismo diari escribe cómo le molesta «la enorme profundidad del rebajamient de los ingleses ante la cara del rey».

 

¿Inconsistencias? Pienso que en conjunto todas estas paradoj: apuntadas son más bien el resultado de una férrea coherencia c Morgan el científico. En cada periodo científico de su vida es dominado, obsesionado por el desarrollo de una idea matriz. A de arrollarla y sistematizarla dirige toda la observación de que es capa

 

en ella concentra todo su esfuerzo intelectual. Todo lo relacionad con ella cobra sentido, un significado teórico; el resto de objeto personas y mundo circundante se difumina en un segundo piar

 

de poca importancia. También hay que tener en cuenta que Morgs toda su vida fue un pionero. Inicia los estudios del parenteso ofrece la primera teoría conjunca del progreso humano, obsen sistemáticamente por primera vez la vida del castor y es el prima en poner de relieve la relación casa-organización social. El mismo considera como un pionero. Al final de su tratado sobre la casa di' textualmente: «nuestra etnografía fue iniciada por investigador europeos y viciada desde sus principios por una mala inteligencia < los hechos. Los pocos americanos que se han dedicado a esta disc

 

o LEWIS H. MORCAN

 

ilina han seguido el mismo camino e intensificado los errores ori­ ginales de interpretación hasta que la fábula ha arrollado el campo le la disciplina. Si es posible comenzar de nuevo y recuperar lo perdido no lo pretendo determinar. Pero vale la pena el esfuerzo», if no hay que olvidar que el pionero tiene que abrirse su propio amino con esfuerzo y tesón, sin mirar a los lados, sin prodigarse

 

          desparramarse. La concentración y dedicación le son esenciales. 'Jo encuentra apoyos ni ayudas en su sendero; lo crea él. De aqui

 

as dudas personales, los dilemas, las fáciles inconsistencias científicas, a faceta negadva en una palabra. Pero frente a ésta y eclipsándola,

 

¡e alza la creación personal, la obra original, primera y única en su género de la que voy a escribir a continuación.

 

E

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA

 

El tirulo completo original de esta obra es: Ancient Society, or Researches in the Unes of Human Progress from Savagery through Bar Sans m o Civilization. Fue publicada por World Publishing, Nueva York,

in .1877- En el manuscrito original aparecía una quinta parte titulada

E/ crecimiento de la idea de la arquitectura de la casa , que no viene pu-nlicada en la presente edición y que tampoco se publicó en 1877. Apareció en forma separada y con el título Houses and House-Life

 

f the Aunerican Aborigines en 1881, un poco antes de morir su autor. Teniendo en cuenta el título general en inglés. La Sociedad antigua certería mejor al español la idea de Morgan. En la obra se ofrece una nriginal Weltanschauung filosófica para 1 a interpretación de la evolución ie la humanidad. Enmarcando el libro en el contesto de ideas de la poca podremos justipreciar mejor la aportación del mismo.

 

La idea de evolución significando la clasificación sistemática de todos los organismos de forma que los de menor complejidad de organización ocupen un polo de la escala y los de roavor complejidad ie organización el polo opuesto, es muy antigua, viene de los griegos. A esta concepción se le llamó Scala Naturae y abarca desde-las-rncas oa<ra el hombre Esta era la ideología general de los biólogos en

 

d- sigip xvm. El francés Bonnet (1720-1793) es quizá el mejor expo­ nen te de esta opinión o corriente a la que denominó échelle des étres.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 31

 

La escuela de la Natur-phiiosophie de zoólogos alemanes de prin­ cipios y mitad del siglo xix, apoyándose en la Scala Naturae, des­ arrolla la idea de que la estructura de todos y cada organismo era una copia o reproducción, algo modificada, de un plan universal

 

o arquetipo común a todos.

Los geólogos eran un poco más audaces. J. Hutton siguiendo lo expuesto por Buffon en Epocas de la Naturaleza (1778) publicó en

 

1785 su Theory of the Earth. Aquí mantiene que los restos fósiles de animales y plantas son documentos del pasado, y que los estratos sedimentarios son consecuencia de los procesos físico-químicos y deposiciones de productos anteriores. G. Werner y su escuela que mantenía la «teoría neptunista» (1820-1850) defendieron por el con­ trario una secuencia de períodos caracterizados por rocas, conse­ cuencia de un precipitado químico del océano. Esta teoría produjo otra llamada «teoría catastrófica», según la cual los períodos de la tierra estaban separados por catástrofes que destruían animales y plantas para volver a aparecer en el siguiente período. Estos antece­ dentes, junto con los esfuerzos arqueológicos realizados por Frere (1800), Chistol y Serres (antes de 1830), Toumal (1833), Boucher

 

de Perthes (1836) y los resultados obtenidos por una comisión danesa arqueológica que en 1836 establece la secuencia de edades de Piedra, Bronce y Hierro, estuvieron a la base de una obra decisiva: The Geological Evidences of the Antiquity of Man (1863), debida a C. Lyell. Partidario de la struggle and progress, conjugó elegantemente la geolo­ gía, arqueología y etnología para demostrar la antigua contempo­ raneidad de fósiles, animales e instrumentos. El hombre existía ya

 

en el Paleolítico. Huxley, el conocido por Morgan en Londres, escribió que Darwin, con su obra On the Origin of Species (1859), era el natural sucesor de Hutton y Lyell.

 

En el mundo filosófico literario la idea de evolución como des­ pliegue de unas formas en otras era también muy antigua. Ya el poeta romano Titus Lucretius Cams adoptando la teoría del universo del griego Epicuio, nos legó en los exámetros de De rerum naturae su idea sobre el origen o proceso cósmico de los átomos; en el suelo cálido-húmedo de la tierra se forma la vida vegetal, después la ani­ mal y por último la del hombre que de bruto pasa paulatinamente a civilizado. Pero saltando unas cuantas centurias para aproximamos a Morgan encontramos el eco de Lucrecio en G. Vico. Asiduo lector

 

de aquél, nos ofrece una tavola cronológica en Da scienza nuova seconda, en la que aparece la antigüedad dividida en tres épocas: la de los dioses, la de los héroes y la de los hombres. Estos a su vez han pasado

 

32 LEWIS 3 . MORGAN

 

por tempi religiosi, por tempi puntigliosi y por tempi civiii. Voltaire describe el desarrollo de la organización cristiana y sistema feudal

 

en Europa en Essai sur les moeurs et I'esprit des nations (1745). Montes­ quieu en De Pesprit des lois (1748) titula un capítulo Despeuples sauvages et des peuples barbares. Los tres títulos siguientes son expresivos:

 

Turgot escribe Tableau philosophique des progrés successijs de Pesprit humaine (1750), V. de Castellux Considerations rur le sort des hommes dans les différentes époques de Pbistoire (177a) y Condorcet Tableau hisiorique des progres de Psprit humaine (1794). En esta , obra traza a grandes rasgos diez etapas de evolución del género humano.

 

Turgot mantuvo una tripartita división de progreso: el cazador pasa a pastor y éste a agricultor. Esta división pasa a An Essay on

 

the History of Civil Society (1767) de A. Ferguson, quien además divide la historia de la humanidad en tres períodos: el de los salvajes que no conocen la propiedad, el de los bárbaros que la conocen pero care­ ciendo de leyes, y el de los civilizados. Esta clasificación se repite en Morgan. El escocés John Millar escribió una obra, realmente interesante, titulada Observations concerning the Distinction of Ranks in Society (1771). En una poderosa constelación de variables se esfuerza en delinear el proceso de la familia y el parentesco, la propiedad,

 

la división del trabajo, el comercio, el origen y evolución de la auto­ ridad, de la esclavitud y del feudalismo. Otro escocés, W. Robertson, insiste, bajo una perspectiva personal, en la terna tipológica evolutiva que ya conocemos y que desarrollará Morgan salvajismo, barbarie y civilización en The History of America (1777).

En Alemania, a los trabajos de Herder (1784) y Meiners (1785)

sobre el origen de la sociedad siguen los de G. Klcm, quien escribió en el primer volumen de Allgemeine Kultur-Gsschicte der Menscheit. (1845) sobre la evolución humana distinguiendo tres estadios que van desde el salvajismo Wildheit a la domesticidad . Zahmheit para culminar en la libertad. T. Waitz trató de explicar en Anthro-pologie der iSatunvolker (1858-71) que el progreso evolutivo humano dependía de las condiciones naturales y sociales de los grupos huma­ nos. El jurista suizo J. J. Bachofen pronunció un discurso en la XVI Asamblea de Filólogos alemanes (Stuttgart) con el título Vom Weiberrecht o el reinado de la mujer. En esta disertación, que tuvo lugar en 1856, expresó en trilogía esquileana el combate entre la ginecocrada. y el matriarcado. En este finísimo análisis evolutivo están condensadas las ideas que más tarde sistemadzó en Das Mutter-recbt (1861).

En este mismo año vio la luz Ancient Law, de H. S. Maine, obra

 

LA. SOCIEDAD PRIMITIVA 33

 

en la que quiere demostrar, en esquema evolutivo, que las institu­ ciones legales nuestras son el resultado del desarrollo histórico. La ironía enlaza a estas dos obras publicadas en el mismo año: frente al hetairismo y matriarcado expuesto en Das Mutterrecht, defiende Maine la forma patrilineal-patriarcal como primera en la familia.

 

En 1865 aparece Researches into the Early History of Mankind and the Development of Civilisation, de E. B. Tylor, magnifico manual con excepcional riqueza de datos, en el que el autor aborda evolutiva­ mente el origen del fuego, mitos, lengua, instrumentos, escritura, matrimonio, etc. Sobre el matrimonio también y en el mismo año, apareció Primitive Marriage, del abogado escocés J. McLennan.

El escocés establece un esquema evolutivo que va desde la indife­

rencia ante normas matrimoniales a la poliandria, a la captura de

mujeres y a la poliginia. La matrilinealidad precedió a la patrili-

nealidad, como no podía ser menos según la lógica de su esquema.

Además de Tylor, J. Lubbock escribió sobre el origen de la civili­

zación y la evolución de las ideas religiosas en Pre-Historic Times,

as Illustrated by Ancient Remains and the Manners and Customs of Modern

Savages (1865) y también en The Origin of Civilisation and the Primitive

Condition of Man; Mental and Social Condition of Savages (1870). Deno­

mina extrañamente al primer estadio religioso con el nombre de

ateísmo, por el que significa carencia de ideas concretas sobre la divi­

nidad. Siguen en su esquema el fetichismo, el totemismo y la idolatría;

de aquí pasa a referirse a la divinidad como a un ser creador de la

naturaleza y termina con el período en que moralidad y religión se

combinan para formar un conjunto. Como en mayo de 1875, Morgan

termina su manuscrito evolucionista, es innecesario ya seguir con la lista de otras posibles fuentes o influencias que como telón de fondo pudieran condicionar su obra.

 

Geólogos, biólogos, zoólogos, arqueólogos, filósofos y antro­ pólogos a la vez, y en distintas geografías, trabajan en el mismo sentido. El momentum cultural lo hacía inevitable. Estos últimos, en su afanosa búsqueda de una teoría del progreso, comparten y parten de ciertas asunciones básicas. He aquí las principales: 1) los antro­ pólogos evolucionistas buscan determinar científicamente los perío­ dos universales, en tiempo y espacio, del desarrollo socio-cultural.

 

          En toda seriación hay que comenzar por el principio; es, por con­ siguiente, primordial, indagar sobre los orígenes de los fenómenos e instituciones socio-culturales. 3) El común acervo de rasgos men­ tales propios de la humanidad en otras palabras, su unidad psí­ quica explicará no sólo el origen independiente de los elementos

 

34 LEWIS H. MORGAN

 

culturales, sino también la extensión espacio-temporal de la seriación.

          Esta viene determinada por los arqueólogos; ahora bien, la Arqueo­ logía presenta limitaciones, por ejemplo, ¿cuáles eran los modos de vida y creencias correspondientes al período denominado del Bronce, o de la Piedra? ¿Eran fetichistas o animistas? ¿Monógamos, patrili-neales o matriarcales? 5) Cometido indiscutible del antropólogo es rellenar cada uno de estos períodos arqueológicos con los medios

 

de subsistencia, sistemas de parentesco, modos de vida, institucio­ nes y en todo esto la aportación de Morgan es decisiva , creencias supersticiosas y religiosas, etc., que les corresponden. 6) Metodo­ lógicamente tienen que servirse los antropólogos de datos etnográ­ ficos de culturas vivas trabajo de campo de Morgan y de docu­ mentos históricos. Aquí tenemos en origen el método comparativo.

 

          Para lo primero hay que asumir que diferentes culturas observa­ bles en el presente representan diversos estadios en la evolución gene­ ral; en otras palabras, la técnica consiste eo interpolar en el pasado las culturas primitivas actuales. 8) El esquema interpretativo que se obtiene con esta interpolación y trasiego de toda clase de datos etnográficos es éste: las culturas evolucionan a través de períodos similares o idénticos para desembocar en estados similares o idénticos . La evolución es progresiva, lineal y descansa, en gran parte, en la inventiva invención , inherente a la comunidad o

 

unidad psíquica humana.

Este era el esquema general, difuso, de postulados que flotaban en el ambiente científico antropológico-arqueológico cuando Morgan se paseaba por Europa y visitaba a sus colegas londinenses. Por otra parte, los antropólogos que he citado anteriormente y cada uno a

 

su modo y entender, se especializan en investigar el progreso o evolución de aspectos o segmentos, de algunas instituciones o par­ celas humanas. Cuando escribe Morgan habían aparecido estudios

 

de la evolución de instrumentos y cultura material (escuela alemana), del matrimonio y sus formas (Bachofen y McLennan), de la ley (Maine), de la autoridad y feudalismo (Millar), de las ideas religiosas (Tylor y Lubbock), etc. Faltaba una visión sintetizadora y audaz, de conjunto, una teoría evolutivo-funcionalista en la que se intentara

 

no sólo dar razón del cómo , sino también del por qué. Dada la tendencia y orientación científica de mediados del siglo pasado, o en otras palabras, si tenemos en cuenta los condicionamientos culturales del pensamiento científico en ese momento, no podía hacerse esperar;

 

la agudeza mental y el poder sintetizador de Lewis Henry Morgan nos la regala con su fascinante Sociedad primitiva.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 35

 

Tenemos, pues, la obra centrada, conocemos su nicho, su con­ texto, sus antecedentes en la historia aunque expuesta brevemente del pensamiento evolucionista. No hay duda de que Morgan mane-

 

jaba cierta literatura evolucionista, ya que conocía personalmente"?, varios de los autores. Estando en Londres, por ejemplo, trata de conocer, a través de McLennan, a Herbert Spencer «a quien Darwin

 

en su Desceñí of Man llama nuestro más grande filósofo», relata en su diario. Este deseo de hablarle personalmente da pie para asumir

 

que conocía los escritos spencerianos sobre hipótesis del desarrollo

y leyes y causas del progreso, que aparecieron e n i 8 5 2 y i 8 5 7 . Cuando el manuscrito estaba en prensa añade una cita del libro de Spencer 'Principles of Sociology que acababa de aparecer (p. 506). Concretamente, en La Sociedad primitiva cita a Darwin obra anterior en

la página 425; también al Primitive Marriage de McLennan (véanse

 

las pp. 117, 378, 416 y la 504 ss.), y a dos obras de Tylor: Early History of Mankind, a la que califica de «valiosa obra» (pp. 85, 86, 87, 117, 228, 229, 579, 389) y Primitive Culture (p. 379). Das Mutterrecht, de Bachofen, es obra calificada por Morgan de «vasta investigación»,

 

y a ella se refiere en las páginas 367, 568 y 457. Al citar a Early History of Institutions, de H. Maine, en la página 375 la califica de «reciente obra». Efectivamente, con el título de Lectures on the Early History

 

of Institutions se publicó en 1875 y en 1888 en Nueva York. Como sabemos que Morgan terminó su manuscrito en 1875, la cita indica

 

el interés de Morgan por la literatura evolucionista. Origin of Civilisa­ tion, de Lubbock, aparece en las páginas 230 y 379-380. El clásico Lucrecio y por su De rerum natura puede verse citado en las páginas

 

91, 96 y 104. Prescindiendo de los numerosos clásicos griegos y roma­ nos, y de los historiadores españoles de los siglos xvi y xvn, menciona también la obra Primitive Man, de Figuier (p. no), y La cité antique, de Fustel de Coulanges (pp. 277 y 541). Pero no se refiere ni a Ferguson ni a Robertson que habían ofrecido ya un esquema de etapas evolu­ tivas idéntico al suyo.

 

En conjunto sorprende la parquedad de citas, tanto más si tene­ mos en cuenta que cuando menciona a esos autores se sirve de datos concretos que ellos presentan, sin aludir al enfoque teórico subya­ cente. Desde luego que es innegable la influencia externa proveniente de los postulados científicos de la época, del es decir, de la general tendencia evolutiva en la investigación. Pero la razón inme­ diata, interna, de la gestación de La Sociedad primitiva hay que buscarla en otro lugar, en la hipótesis que subyace a su anterior libro. Sistemas dejtjmsmigmmdad.

 

LEWIS H. MORGAN

 

La. rareza de la terminología, con que los iroqueses designaban el parentesco clasificando en una misma cateo-orla a ciertos parientes lineales y colaterales véase el diagrama de la; p. 53^- fascinó a Morgan. Este elemento de sorpresa le llevó a inquirir sobre la nomen-clatura y a investigar el parentesco. Pronto se formuló tres postula­ dos que le guiaron en sus investigaciones: 1) La terminología dasi-ficatoria no es un. mero flatus voris, sino una condensación verbal ele funciones, derechos y obligaciones sociales que están a la basede

la organización social v política (correcto y uno de sus mayores logros). 2) Los -sistemas de que reflejan y surgen de sis­

temas sociales, poseen un tempo ce cambio sui ztneris; mientras que

 

          l t im o s pneden cambiar a u r ritmo acelerado, los sistemas de parentesco pueden p e r v i v i r cuando los sistemas sociales vTas con­ diciones Q u e los o r i g i n a r o n nan d e s - m a r e r i d o (correcto). 5 ) Que en

 

este caso la n-im^nrUnin rpfleia las anteriores condiciones de la sociedad como pueden ser tipos extinguidos de matrimonio y familia (incorrecto). Por ejemplo: Morgan encuentra que en la nomenclatura polinesia de parentesco hay una misma palabra para designar padre y hermano de la madre (correcto). De aquí concluye que en tiempos anteriores los hombres casaban con sus propias hermanas (incorrecto), que la pervivencia del término común es la prueba de la remota existencia de esa familia (incorrecto) que a su vez es una etapa en la evolución hacia la familia monógama (incorrecto).

 

Al darse cuenta Morgan de que el sistema de parentesco de los ojibwa (Lago Superior) era similar al de los iroqueses (en el estado de Nueva York), se pregunta a sí mismo: ¿a qué se debe esa simila-ridad de sistema entre dos pueblos no relacionados ni geográfica ni lingüísticamente? Su respuesta hipotética es: procederán ambos de un tronco común (incorrecto). Dos casos no son, claro está, sufi­ cientes para validar una hipótesis. Redacta un cuestionario y las respuestas que le llegan van descubriendo el radio de similaridad del sistema. Va en persona a investigar; el material recogido prueba que los indios americanos comparten un sistema de parentesco. Conclusión: la identidad de sistema de parentesco prueba el origen, proviniendo de un tronco único y común, de todos estos pueblos (incorrecto). Pero Morgan no se detiene aquí; la secuencia del argu­ mento es dara y se impone: si el común sistema de parentesco clasi­ fica a esas razas en orden troncal ofreciéndonos la clave para conocer su procedencia e historia, el análisis y comparación de los sistemas de parentesco de pueblos en «India, Mongolia, Tibet, Siberia, China, Siam, Japón, Australia, islas del Pacífico, Africa y América del Sur»

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 37

 

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LEWIS H. MORGAN

 

(la lista es de Morgan), nos proporcionará la clave para explicar la historia del género humano, su evolución. Al recibir en Rochester

 

el sistema de parentesco de los tamil del sur de la India y comprobar que era similar al americano indio, cree que tiene en sus manos la prue­ ba decisiva para demostrar el origen asiático de los indios americanos. El siguiente paso en la lógica morgamana es este: la similaridad

 

o identidad virtual de los sistemas de parentesco recogidos hace que todos se puedan agrupar dentro de tina categoría común. Ahora bien, ese sistema común de parentesco es marcadamente diferente al nues­ tro, que a su vez es idéntico al semita y celta; luego hay dos sistemas de parentesco. Al primero llama sistema clasificatorio y aTsegundo descriptivo. Si se toman como modelos o arquetipos, la división es correcta. Puestos ambos sistemas en conexión, resulta para Morgan

 

que el primero común entre los primitivos es más antiguo que el segundo, que uno procede del otro (incorrecto); luego a través de los sistemas de parentesco podemos describir y explicar la historia, es decir, la evolución de la humanidad (incorrecto). En otras palabras, Morgan yerra al asumir que lo que es coexistente y diferente es a la vez, y por eso mismo, diacrónico, sucesivo. Este es el esquema

 

lógico distorsionado como toda simplificación que subyace a la obra Sistemas de consanguinidad, matriz de La Sociedad primitiva. El desarrollo de la lógica interna de la primera, favorecido por el clima mental de la época, produce la segunda. El segundo libro es, en cierto sentido, una orquestación wagneriana de los motivos insinuados en

 

el primero. Voy a comentar brevemente algunas de sus partes, comenzando por reducir la obra a un cuadro para que pueda verse el contenido en perspectiva correlacionada. (Ver cuadro pág. 37.)

 

Al último período de la barbarie sigue la Civilización que comenzó con el alfabeto fonético y uso de la escritura y llega hasta nuestros días. No viene dividida en subperíodos y Morgan le dedica pocas

 

líneas (pp. 99-100; la nombra entre otras, en las pp. 128, 137, 201, 256, 291, 519, 535 y 545). Lo que realmente la define además de la escritura, es la propiedad privada absoluta v la aparición en plenitud de la sociedad política. Este es un concepto morganiano que ha pasado a

 

ser clave en la sociología. Establece una polaridad entre societas y civitas que se acerca a la tipología delineada por Maine en Ancient 'Law (1861). Contrapuestas en dos columnas estas dos formas de gobierno se observará mejor su naturaleza respectiva.

 

LA SOCIEDAD PRIM ITIVA 39

 

SOCIETAS CI V ITAS

 

Organización social basada en

gentes o clanes y tribus.

Por tanto:

Gobierno basado en la persona

y sobre relaciones puramente

personales.

El gobierno actúa sobre la

personas a través de la gens

o clan y tribu.

Relaciones puramente personales.

El Estado no existe.

Seguridad del individuo

en la gens o clan.

Sociedad antigua.

 

Organización política basada en

territorio y propiedad.

Por tanto:

Gobierno basado en la propiedad

y en el pueblo, provincia y

Estado.

El gobierno actúa sobre las

personas a través de relaciones

territoriales.

Relaciones puramente territoriales.

Existe el Estado.

El Estado protege personas

 

          sociedad. Sociedad moderna.

 

Estos dos conceptos marcan la linea divisoria entre el mundo bárbaro y el civilizado. El origen de la Civitas hay que buscarlo en el crecimiento de lajpropiedad y en el aumento dp los individuos.^ La dicotomía parece sencilla y obvia, pero «no obstante parecer una idea sencilla dice Morgan, p. 258; su logro exigió siglos de tiempo y una completa revolución en los conceptos preexistentes de go­ bierno». Y desde luego, si se la toma como tipo ideal o construcción paradigmática sigue siendo hoy de un excepcional valor heurístico. ¿Qué valor atribuye su autor a los períodos y subperíodos del cuadro? O dicho de otra manera, ¿cuál es su concepción del progreso o evolución humana? ¿Cuáles son sus asunciones, criterios y pruebas? ¿Qué pretende, en una palabra? El mismo nos da la respuesta a lo largo de la obra. Concretamente, busca, primero, claves para recons­ truir y explicar «los misterios de la Sociedad primitiva» p. 452 , es decir, las instituciones primitivas p. $78 . Segundo, conoci­ das éstas podría explicarse «el origen de los sistemas» socioinstitu-cionales p. 517 , presentando «pruebas del progreso humano...

 

según se halla revelado por invenciones y descubrimientos, y por el crecimiento de las ideas de gobierno, de familia y de propiedad» (p. 79). Tercero, conseguido esto, se podran «señalar las etapas principales del desarrollo humano» (p. 78), para de esta forma hacerlo «inteligible

 

como una unidad organizada». Morgan no deja de comprender que

 

LEWIS H. MORGAN 40

 

este enfoque del problema se opone «a un juicio que durante siglos

ha tenido general aceptación». Se refiere «a la hipótesis de la degra­ dación del hombre como explicación de la existencia de bárbaros y salvajes, a los cuales se les encontró física y mentalmente en un nivel mucho más bajo del que se suponía ocupar el presunto hombre origi­ nal. Jamás fue este un postulado científico, apoyado en hechos». Rechaza, pues, una hipótesis entonces en boga entre ciertos sectores; pero ¿cuáles son los postulados e hipótesis desde los que él parte para lograr la meta que se propone?

Asume como otros antropólogos de la época que lo más

 

simple es anterior en tiempo,, que IrL-rnájuajadgrio fue universal v que lo universal tuvo un origen común (incorrecto). He aquí un ejemplo

 

de su razonamiento: «es evidente que el sistema malayo no ha podido derivar de ningún otro existente, porque no puede concebirse nin­ guno más elemental que él... es el más simple y, por consiguiente el más antiguo» (pp. 410 y 411). Otro ejemplo: en las tribus aisladas, bien limitados y pobres en recursos, de lento desarrollo interno, encontramos las instituciones primitivas p. 381 (correcto en conjunto). Pero de esta premisa pasa a conclusiones incorrectas en cuanto traspola extensión espacio-temporal. Así a las páginas 116-7 subyace este raciocinio: la organización a base de sexo sólo se ha encontrado en Australia; ahora bien, los australianos aborígenes representan hoy el peldaño ínfimo en la escala evolutiva, luego si ellos tienen la organización, ésta fue primaria en tiempo y espacio y por tanto universal.

 

La unidad psíquica del género humano es otro de los puntos de partida morganianos, tomado del común sentir antropológico y que

 

es correcto. El se lo apropia de esta manera (p. 544): «con un mismo principio de inteligencia y una misma forma física, en virtud de un origen común, los resultados de la experiencia humana han sido los mismos substancialmente en todos los tiempos v en todas las regiones de la misma condición étnica». Como puede observarse en esta cita, de un principio correcto pasa a conclusiones generalizadoras no implicadas en la premisa. Y continúa: «el principio de la inteligencia, aunque restringido en su potencia dentro de estrechos límites de variación, busca indefectiblemente las mismas normas ideales. En consecuencia, sus operaciones v procesos han sido uniformes a través de todas las etapas del progreso humano. No podría sostenerse otro argumento más satisfactorio de la unidad del origen del hombre.

 

Tanto el salvaje, como el bárbaro y coma-f 4 hombre chdfizado presentan un principio común de inteligencia [correcto]. Fue en vir-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 41

 

tud de este principio que bajo condiciones similares el hombre pro­ dujo los mismos implementos y utensilios y las mismas invenciones e idénticas instituciones que desarrolló de idénticos gérmenes ori­ ginales del pensamiento». Más adelante indicaré la forma en que este argumento viene desarrollado en la obra.

En la página 589 escribe que se basa para este estudio «en la

teoría del desarrollo progresivo de la humanidad». No es pues de extra­ ñar que comparta también otras premisas y asunciones propias de los escritores de la época y de la teoría. En conjunto Morgan ve la teoría evolutiva como formando parte de una «selección natural» p. 451 , como un «proceso de... desenvolvimiento» (p. 401). Este a su vez implica «diferenciación» (p. 291) formal, desarrollo desde un tipo,

 

forma o grado anterior, más bajo y menos complejo, a estructuras

y formas posteriores, más altas, elevadas y complejas (pp. 477, 298, 266, 91). El proceso y progreso es cumulativo, gradual y continuo (pp. 124, 400), no rigurosamente pero sí esencialmente geométrico (p. 106). Ahora bien, lo que evoluciona no es el individuo como tal, o una institución o ciertos elementos de la cultura material. Lo que progresa es la especie, la organización social, la Cultura. En esto Morgan se muestra especifico y reiterativo; se trata del «desarrollo de instituciones... invenciones y descubrimientos» (p. 425), de un movimiento orgánico y desarrollo progresivo del sistema social, de la sociedad, de la familia humana, del progreso general de la huma­ nidad (pp. 77, 124, 467, 401, 501). En frase textual: «todas las compro­ baciones del saber y experiencias humanas tienden a demostrar que

 

la raza como unidad, ha progresado firmemente desde una condición más baja a una más alta» (p. 124).

Todo progreso y perfeccionamiento supone un cambio, un paso

 

de un estado, condición o forma a otra condición, forma y estructura de creciente complejidad. En otras .palabras, en la teoría del progreso entran como ingredientes esenciales los antecedentes de las formas actuales y el nexo que las une con las precedentes y futurasTMbrgan, fiel a este enfoque teórico, muestra un horror vacuum en la investiga­ ción de los orígenes de las instituciones. Todo tiene un germen, elementos preexistentes, estados o condiciones previas, antecedentes, en una palabra (pp. 255, 415, 419, 422). En ellos y en potencia está la razón del cambio, del progreso, resultante natural y lógico (p. 561) que muestra la ley necesaria e interna del desarrollo (p. 124). Los resultados posteriores forman series conexas, lógicas, etapas sucesivas de integración y reintegración (p. 225) encadenadas al pasado. «No podría esperarse que una institución tan notable como la gens saliera

 

LEWIS H- MORGAN

 

le. la nada o naciera perfecta, es decir, sin una base previamente orinada por crecimiento natural [estructural en lenguaje moderno]. >u cuna debe buscarse entre los elementos preexistentes de la socie-lad» (p. 457). El mismo nos da un ejemplo trivial para clarificar la ínea de su argumento: «los inventos y descubrimientos se ... [han] ucedido unos a otros; el conocimiento de la cuerda debió preceder

 

il arco y flecha, así como el conocimiento de la pólvora debió prece-ler al arma de fuego y el de la máquina de vapor al ferrocarril y al juque de vapor» (p. 502). Si el consecuente es el despliegue ulterior leí antecedente, si aquél refleja y reproduce en parte a éste, tenemos pe lo que existe, las instituciones actuales, muestran y explican lo pe existió, es decir, fluye la conclusión de que el presente duplica :n parte, descubre y explica el pasado. Esta forma discursiva de la pe usa y abusa Morgan le conduce a un apriorismo que voy a seña-ar a continuación.

Parte, desde luego, de que la historia más antigua de la huma-

fidad es materia de consideración especulativa (p. 111), por el simple lecho de que no poseemos documentos directos de ninguna clase >ar2 poder recomponer la vida familiar, organización social y~feh-

;iosa de aquel periodo. Ahora bien, el alba de la humanidad no por

*.so ha de quedar en absoluta oscuridad; teniendo en cuenta los postu-

ados propios de la teoría morganiana del progreso, en ellos se puede

:ncontrar al menos una base indirecta para inundar de luz aquella

jenumbra. Las instituciones actuales primitivas, las más antiguas de

:ntre ellas, servirán de plataforma o de_premisa mavor para poder

leducir lo que debió ser con anterioridad, el estado, forma o condición

nmediata que les precedió, es decir, teniendo a la vista el conse-

:uente, deduciremos el antecedente. Morgan dedica un buen número

 

le páginas y acumula un conjunto de pruebas para corroborar sus íumerosas y atrevidas deducciones; como este raciocinio deductivo es ino de los elementos fundamentales del pensamiento morganiano

 

t de la estructura interna de la obra, voy a reflejarlo citando direc-amente.

 

«El camino seguido por la humanidad en su desarrollo puede ser ecorrido, siguiéndose un encadenamiento de deducciones nece­ arías» (p. 524). Una proposición tan rotunda tiene que sorprender lasta a un convencido cartesiano. Defiende como su postulado mayor pe la familia comenzó en la forma consanguínea y que a través

 

le sucesivas etapas de desarrollo llegó a la forma monógama. Pues jien, a continuación escribe esta frase: «de esta conclusión general 10 hay nada que no hubiera podido ser anticipado por considera-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 43

 

dones a priori» (p. 486). Así «la promiscuidad puede ser deducida rpnrir?m^nrp[ romn rnnAWn-i ,iri )^Tn\ -a familia COn-sanguín^» (p. 497). De la misma manera, un sistema de consangui­ nidad presupone e implica una forma concreta de familia. Supon­ gamos que se da esa forma de familia; ésta interpreta y explica el sistema de consanguinidad, luego existió realmente esa forma de familia (pp. 458-9). La circuí andad del argumento se verá, quizá, más claramente expuesto de esta manera: A implica a B como ante­ cedente necesario (nivel teórico); supongamos (hipótesis) que existe (nivel real) B cuyos elementos n, r, t, explican a A; conclusión: la existencia anterior de B es real y objetiva. ¿Qué sucede si otra hipó­ tesis con otros elementos explica también a A? ¿Cuál de las dos sería la real y objetiva en tiempo y espacio? Tendríamos en todo caso verdades de razón, no de hecho; pudo ser así, pero nunca ten­ dríamos la certeza de que realmente fue así.

 

^'M o rgan no se detiene aquí; explota además la extensión analó­ gica del argumento. Por ejemplo: todas las tribus algonquinas re­ conocen a los delaware como a los más antiguos de su linaje (p. 215). Ahora bien, la descendencia entre los delaware sigue la línea feme­ nina, luego en todas las tribus algonquinas se dio en la antigüedad esta forma de descendencia (p. 220) que hoy ha desaparecido entre ellos. Los comanche (dice en la p. 224) practicaban y se regían por el sistema de gentes, luego también fue ésta la organización social en el pasado de todas las tribus de este tronco. Pero el que tengan ciertas características en común estos dos grupos en la actualidad no quiere decir que necesariamente han de tener otras. El que estén agrupados juntos bajo una rúbrica lingüística, por ejemplo, no implica que en otros aspectos, sus sistemas sucesorios en este caso, sean iguales o que lo fueran en el pasado.

 

A veces se muestra más sutil en la manipulación del argumento analógico. Cuando enmudecen las fuentes sobre nuestros remotos antepasados arios disponemos de los primitivos actuales para superar las lagunas de nuestro conocimiento de aquéllos. Se expresa así: «su conocimiento anterior debe deducirse, sobre todo, de la visible vinculación entre los elementos de sus instituciones existentes e invenciones [excelente enfoque estructural] y de los elementos similares que todavía se conservan en las... tribus salvajes y bárbaras» (p. 80). Así, por ejemplo, «la forma arcaica de las principales insti­ tuciones domésticas de los griegos y romanos debe buscarse aun

 

hoy en las instituciones correspondientes de los aborígenes ameri­ canos» (p. 89). Y continúa más adelante (p. 128): «para la plena com-

 

14 LEWIS H. MORGAN

 

prensión de las gentes [clanes] de estas naciones [griegos y romanos], es sumamente necesario el conocimiento de las funciones, y de los derechos, privilegios y obligaciones de los miembros de la gens del indio americano». «Si no hubiesen quedado en sitios aislados de la tierra hombres en estado de salvajismo para atestiguar la condición primitiva de la humanidad en general, hubiera sido imposible for­ marse una concepción definida de lo que debe haber sido» (pp. 123-4). En el desarrollo de la analogía, Morgan asume «que los antepasados remotos de las naciones arias pasaron por una experiencia semejante

 

a la de tribus bárbaras o salvajes de tiempo actual» (p. 80). Mientras se trate de argumentar modo analógico y de descubrir paralelos, unos pueblos e instituciones pueden ciertamente arrojar luz sobre otros, especialmente si se toman en consideración condiciones estructurales de medio, habitat, densidad de población, etc. Pero cuando se trata de adscribir orígenes, el argumento analógico pierde densidad, se queda en mera hipótesis o en pura opinión personal. La falacia queda patente si se reduce el argumento a esta forma: A es similar a B;

 

B tuvo el origen C, luego A tuvo el origen C. Desde luego que en principio es posible asignarle a A el origen C; pero no hay que ol­ vidar que distintos elementos, condiciones o antecedentes pueden producir un resultado similar, o simplemente que A adquirió su similaridad copiándola de la sociedad L, y en este caso los ante­ cedentes de A no tienen que coincidir necesariamente con los de B.

Las traspolaciones del argumento analógico y deductivo en su

aspecto negativo vician La Sociedad primitiva; de aquí que durante

décadas la obra haya sido preterida. Abunda el argumento en su

forma más ingenua: «el estado de sociedad que indica la familia

consanguínea señala con lógica precisión una condición anterior

de promiscuidad. No parece haber escapatoria para esta conclusión»

(p. 425). «Suponiendo que no existiera constancia alguna de la exis­

tencia de la familia sindiásmica, considerando la punalúa en un

extremo de la serie y la monógama en el otro podría deducirse la

existencia de esa forma intermedia» (p. 462). «Es imposible concebir

a la gens como apareciendo por primera vez en otra forma que en su

forma arcaica [entre los indios americanos] por consecuencia, la

gens griega debió haber tenido, originariamente, esta forma» (p. 269).

«Las gentes aztecas son lógicamente necesarias para explicar la exis­

tencia de un consejo azteca» (p. 246), y más adelante: «la estructura y

principios de la sociedad india requieren un consejo entre los aztecas,

y por tanto se debía contar con su existencia» (p. 247). Los celtas

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 45

 

estaban organizados en gentes; ahora bien, «no consta que la organi­ zación en fratrías existiera entre ellos; pero es indudable que, tanto la fratría como la tribu, existieron en un período anterior» (p. 575), etcétera.

 

He subrayado el perfil negativo de La Sociedad primitiva. La. den­ sidad específica de la misma hay que justipreciarla contraponiéndola con la modernidad de su aspecto positivo, el que hace que la obra sea reeditada una y otra vez. Si Morgan se hubiera servido única­ mente del argumento lógico deductivo, la lectura del libro quedaría relegada a los historiadores de la disciplina; no pasaría de ser una antigualla para eruditos. En realidad, la mayor parte de la obra está dedicada al análisis y estudio positivo, estructural, de hechos, instituciones e invenciones. Dice taxativamente en la p. 392: «la verdadera historia de la humanidad está contenida en la historia del nacimiento y desarrollo de las instituciones». El gobierno, la familia, el lenguaje, la religión y la propiedad son los hechos básicos que

 

han determinado el curso de la evolución y progreso humanos (p. 125). Su estudio es por tanto crucial para determinar las etapas principales del desarrollo de la humanidad (pp. 77-78) y explicar la historia mental del hombre. Más concretamente: Morgan establece con precisión

 

una dicotomía que cree explica el progreso. Por una parte apela a la biología, por otra al análisis estructural de las creaciones humanas. Escribe en las pp. 80-1: «la experiencia del género humano ha sido casi uniforme... las evoluciones del principio mental han sido uni­ formes en virtud de la identidad específica del cerebro en todas las razas humanas. Esta, sin embargo, es sólo una parte de la explica­ ción de la uniformidad de los resultados». La otra parte de la expli­ cación proviene de

 

necesidades humanas

condiciones similares

uniformidad de la experiencia humana

medio geográfico

subsistencia

densidad y aumento de población

comunicaciones/aislamiento

inventos y descubrimientos

propiedad

familia

gobierno

instituciones en general

 

razones objetivas

 

46 LEWIS H. MORGAN

 

es decir, de condicionamientos estructurales universalmente ope­ rantes. En este enfoque radica la vigencia actual de la tesis morga-niana. Más aún: el análisis etic o estructural moderno tiene sus ralees en la espléndida visión estructural de Morgan. Sus análisis en cadenas y series de conexiones y vinculaciones sirven hoy de modelo. Incluso la vertiente estructuralista levi-straussiana tiene un arranque indi­ recto en las verdades de razón morganianas.

 

Por necesidades humanas entiende las de la especie, las del grupo, no las individuales; en la p. 289 dice concretamente «necesidades primarias de la humanidad». Provienen del crecimiento de la población que a su vez depende de los medios de subsistencia y de la nece­ sidad de regular la vida en convivencia. Al estudio de los medios de subsistencia dedica el segundo capítulo de la primera parte. El primer párrafo muestra la importancia como factor primum movers

 

que él le atribuye, y el engranaje estructural en que opera: «El hecho imponante de que el hombre comenzó al pie de la escala, y se elevó, está demostrado expresivamente por la sucesión de sus artes de subsistencia. De su ingenio, en este sentido, pendía la cuestión entera de la supremacía del hombre en la tierra. El hombre es el único ser de quien se puede decir que ha logrado el dominio absoluto de la producción de alimentos que, en el punto de partida, no era más suya que de otros animales. Al no haber ampliado las bases de subsistencia, el hombre no hubiese podido propagarse hasta otras zonas que no poseyeran las mismas clases de alimentos, y luego, por toda la superficie de la tierra; y, por último, a no haber logrado el dominio absoluto tanto sobre su variedad como sobre su cantidad,

 

no se hubiese podido multiplicar en naciones populosas. Es, por tanto, probable, que las grandes épocas del progreso humano se han identificado, más o menos directamente, con la ampliación de las fuentes de subsistencia» (p. 9c; pueden verse además las pp. 168,

 

i 8 t , 209, 447, 534). Si a estas conexiones añadimos las que establece en otras páginas con la densidad y aumento de población (pp. 165, 166, 168, 216, 250, 280, 284, 551)7 comunicaciones (p. 220), aislamiento (pp. 88, 588, 589), inventos y descubrimientos (pp. 77, 85-86, 107,

 

*567 425) y medio geográfico en general (pp. 91, 92, 95, 94-95, 199, 239, 388, 421) veremos que ha delineado los condicionamientos básicos que hacen posible el desarrollo de la propiedad, diversos tipos de familia, gobierno e instituciones en general. Al proceder de esta manera presenta una matriz de posibilidades estructurales que le acercan mucho a la moderna ecología cultural. Morgan tenía una idea muy clara mucho más que sus colegas

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 47

 

antropólogos incluido Tylor de la fertilidad del principio estruc­ tural (relaciones, conexiones internas, vinculaciones necesarias, complementaridad funcional) para el estudio de la sociedad. Lo que no es estructural, esto es, necesario, dados los condicionamientos del sistema, no puede surgir en la Sociedad: «era imposible [escribe en las pp. 179-80] que en el estadio inferior, en el medio o en el superior de la barbarie, surgiese en parte alguna de la tierra y por crecimiento natural [i.e. interno, estructural], un reino a base de las instituciones gentilicias. Me atrevo a hacer esta observación en los comienzos de esta investigación, para fijar más precisamente la atención en la estructura y principios de la sociedad antigua». Obsér­ vese la densidad de estas dos frases que los historiadores deberían releer de vez en cuando escritas por un antropólogo que está historiando la sociedad primitiva, sus orígenes concretamente: «toda institución humana que haya logrado perdurar se hallará

 

enlazada con una necesidad continua» (p. 15 6) y «los grandes principios de la acción humana ofrecen la guía más segura, cuando su interven­ ción debe haber sido necesaria» (p. 198). Es la necesidad interna del sistema, su estructura la que nos conecta el presente con el pasado y con el porvenir; si el presente se estudia en su estructura interna y necesaria, ahí tenemos la base para entender el terminus a quo (el pasado, la historia) del que proviene y el terminus ad quem, las pro­ yecciones posibles hacia el futuro. Y el principio o principios

 

que mantienen una institución en operación, ¿no será el mismo o los mismos que la originaron? En el presente tenemos una excelente plataforma para bucear en el pasado.

 

El desarrollo y evolución de los sistemas de consanguinidad, de la gens, de la propiedad, de la familia y de la sociedad política provienen de exigencias internas a cada subsistema particular en conexión

 

con todos los demás; es estructural. Para que se produzca un cambio tienen que existir «las condiciones necesarias» (p. 459), o expresado de otra manera, tiene que haber «un motivo suficiente, general e imperioso» (p. 564); no proviene ni del azar ni del capricho del hombre, ni siquiera de sus ideas. «Los sistemas de consanguinidad

 

no se adoptan, ni se modifican a voluntad. En su origen se han iden­ tificado con grandes movimientos orgánicos [estructurales] de la sociedad que produjeron cambios notables de condición» (p. 406); «un régimen de consanguinidad no es producto de un acto arbitrario, sino de una generación natural [origen estructural]» (p. 500). Siguien­ do la lógica de su pensamiento, veamos cómo se opera el cambio: «se notará... que estos sistemas [de consanguinidad] son productos

 

48 LEWIS H. MORGAN

 

naturales [estructurales], inherentes al progreso de la sociedad de una condición inferior a una superior, estando señalado el cambio,

 

en cada caso, por la aparición de una institución que afectaba pro­ fundamente la constitución de la sociedad» (p. 40$). E insiste en la misma idea: «el cambio esencial de un sistema consagrado de consan­ guinidad demandaba un cambio orgánico de la sociedad de enormes proporciones» (p. 444). ¿Y cuál es la institución, el cambio orgánico de la sociedad, que destruye un sistema de consanguinidad y origina otro? «Fue necesario una institución tan poderosa como la pro­ piedad..., con sus derechos de propietario y herencia, juntamente con la familia monógama que creaba, para derribar el sistema turanio de consanguinidad y sustituirlo por el ario» (p. 399).

Otros ejemplos del uso morganiano de la explicación estructural

 

son los siguientes. El consejo de la gens «respondía a una necesidad real, y debía perdurar mientras durase la sociedad gentilicia» (p. 173). Con el tiempo las gentes se confederan en unidades mayores. «Las condiciones bajo las cuales las confederaciones nacen a la vida, y los principios en que se basan... surgen, naturalmente, con el tiempo,

 

de elementos preexistentes». ¿Y cuáles eran éstas? «En sus recíprocas relaciones como segregaciones. de la misma gens, estas gentes sumi­ nistraban una base natural y duradera para una confederación»

 

(p. 181). Pero esto no es suficiente; Morgan recurre certeramente al principio de la policausalidad: «el principio de cohesión de la confe­ deración no nacía exclusivamente de los beneficios de una alianza de mutua defensa, sino que tenía razones más hondas en el vínculo

de parentesco» (p. 187). De esta manera imbrica desmembración de

la gens por crecimiento de población , relaciones recíprocas de

los grupos resultantes, alianzas de mutua defensa y relación troncal,

razones todas internas al sistema. El ocaso de la gens es también

consecuencia de relaciones objetivas, no proviene de deseos indivi­

duales; se debe a «una razón de peso», al aumento de la población, a

las migraciones, al comercio y a la guerra (p. 298). ¿A qué se debe el

origen del principio democrático? No es que se le ocurriera a alguien

esta idea luminosa; hay que buscar el «motivo suficiente, general e

imperioso». «En el desenvolvimiento y progreso de esta institución

[la propiedad] puede descubrirse el origen y desarrollo del principio

democrático» (p. 540). ¿Cómo estaremos en condiciones de entender

algo a primera vista tan íntimo como la vida religiosa de los griegos?

Dirigiendo nuestra atención a la gens y a la fratría (p. 277). Un último

ejemplo: «ei desenvolvimiento de la vida e instituciones municipales,

la acumulación de riqueza en las villas demarcadas y los grandes

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 49

 

cambios que esto produjo en la vida, prepararon el camino para la caída de la sociedad gentilicia y su sustitución por la política» (p. 258-9).

 

La misma posición estructural mantiene en relación al origen y desarrollo de la propiedad, de la familia, del gobierno, etc., según puede leerse en la obra. Es el despliegue de las propiedades internas del sistema, no las ideas de los hombres, el promotor del cambio.

 

Es más, las ideas geniales, que sólo son posibles dentro de ciertas condiciones socio-culturales, tienen que sufrir «encarnación orgánica» (p. 301) para que sean fértiles. Esta posición morganiana es clara, densa, profunda. En las pp. 328-9 escribe: «los acontecimientos

 

del progreso humano se encarnan, independientemente de los indi­ viduos, en un registro material que ha cristalizado en instituciones, usos y costumbres y se han conservado a través de inventos y descu­ brimientos. Los historiadores, por una especie de necesidad, dan a los individuos gran trascendencia en la producción de los aconte­ cimientos, colocando así a las personas, que son transitorias, en el lugar de los principios, que son perdurables. La labor de la sociedad

 

en su totalidad, por la que se producen todos los acontecimientos, se atribuye en gran escala, a individuos, y en grado ínfimo a la ca­ pacidad colectiva». Esta perspectiva le lleva incluso a descubrir y es un gran mérito el inconsciente cultural: «la organización

 

de clases a base de sexo, y la posterior y más alta organización de gentes a base de parentesco, debe ser tenida como resultante de grandes movimientos sociales elaborados inconscientemente por selección natural» (p. 116). Mejor formulación presentan los párrafos siguientes: «las instituciones del hombre han aparecido en una serie continuada y progresiva, cada una de las cuales representa el resultado de movimientos de transformación inconsciente...» (p. 124); «la mente humana se siente aturdida en presencia de su propia creación» (la propiedad, p. 543).

 

He escrito antes intentando captar correctamente la idea de Morgan que el presente, considerado estructuralmente, es el locus en el que hay que buscar las razones del cambio. Y sin embargo, la dualidad a que ya nos tiene acostumbrados, vuelve a aparecer aquí. Olvidándose del filón estructural inmensamente fértil, recurre a veces a argumentos mentales, de ideas, psicologizantes. Irritan ciertamente los innecesarios y extraños maridajes del estructuralismo con el psicologismo. Ya al principio del libro (p. 89) escribe: «las instituciones principales de la humanidad se han desarrollado sobre la base de irnos pocos gérmenes primarios del pensamiento...; el

 

LEWIS H. MORGAN

 

curso y manera de su desarrollo estaban predeterminados... por la lógica natural de la mente humana». Más adelante dice que el hecho de lograr un adelanto revela «capacidad superior» (p. 181). Más específicamente: «en la gran suma total [de conquistas humanas] se pueden distinguir algunos gérmenes primarios de pensamiento

 

que actúan sobre necesidades primarias de la humanidad...» (p. 289). También une idea y estructura: «a impulso de nuevas ideas y nece­ sidades [estructurales] la gens había evolucionado» (p. 257). No define qué entiende por «gérmenes primarios de pensamiento» ni cómo

 

actúan. La atención que les concede es mínima. Además sus propias ideas y expresiones no armonizan con este presunto matiz psicolo-gizante. La siguiente cita p. 297 lo pone de relieve: «estas pro­ videncias [propiedad más territorio], con el senado, la Asamblea Popular que ahora se denominaba la ecclesia , los nueve arcontes, y el T ribunal del Axeópago, daban a los atenienses un gobierno mucho

 

más complejo del que antes hubiesen conocido, y que demandaba un grado más alto de inteligencia para su gestión». La prioridad temporal la llevan las instituciones, y como el grado de complejidad de las mismas es mayor, requieren, y espolean «un grado más alto

 

de inteligencia para su gestión». «El desarrollo del concepto de propiedad [cursiva mía] en la mente humana está íntimamente ligado a la implantación de esta forma de familia» (la monógama, p. 400). El legislador hace «poco más que formular lo que la experiencia le ha sugerido y ha fijado en su atención» (p. 352). El mismo da la razón

 

de que sea así: «las ideas originales, independientes en absoluto de experiencia y conocimientos previos, son necesariamente escasas en número» (p. 125).

 

Creo que las referencias a ideas primarias no pasan de ser modu­ laciones, no acertadamente formuladas, del postulado de la unidad psíquica del género humano. Admitida esta unidad es fácil hacerla consistir en gérmenes primarios arquetípicos que, en similares con­ diciones, operarán del mismo modo. Siendo esto así, todos los grupos humanos tenderán a hacer cristalizar sus ideas primarias en institu­ ciones, inventos y creaciones en general, altamente similares. La

 

universalidad del sistema turanio de consanguinidad, de la gens, etc., quedaría así explicada. En frase de Morgan: «la mente humana, espe­ cíficamente la misma en todos los individuos, tribus y naciones del género humano, limitada en sus facultades, debe obrar y obra uni­ formemente y dentro de estrechos límites de variación. Sus conquistas en regiones desvinculadas del espacio y en períodos ampliamente separados de tiempo, se articulan en una lógica cadena de experiencias

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 51

 

comunes. Todavía en la gran suma total se pueden distinguir algunos gérmenes primarios de pensamiento que actúan sobre necesidades primarias de la humanidad, los que, merced al proceso natural [estructural] de desenvolvimiento, han alcanzado tan vastos resul­ tados» (p. 289). Incluso en esta formulación no puede liberarse Morgan de la apelación al análisis estructural. Afortunadamente, es el que predomina en la obra.

 

Acabo de referirme a la universalidad de las instituciones. Esta es una idea central en el cuadro evolutivo de la humanidad que presenta Morgan. Si sus etapas y períodos han de gozar de alguna validez científica tienen que exhibir esta propiedad. ¿Cómo enjuicia él la naturaleza de la universalidad? Morgan se expresa a veces sin ambages en relación a este problema: «tan esencialmente idénticas son las artes, instituciones y modos de vida en un mismo estadio

 

en todos los continentes, que la forma arcaica de las principales instituciones domésticas de los griegos y romanos, debe buscarse aun hoy en las instituciones correspondientes de los aborígenes americanos... Se ha comprobado que el progreso es sustancialmente del mismo tipo en tribus y naciones de continentes diferentes y aun separados, mientras se hallan en el mismo estadio, con desvia­ ciones de la uniformidad en casos particulares, producidas por causas especiales» (p. 89). «Nuestros propios antepasados pasaron a través de los mismos estadios» (pp. 199-200). No hay excepción ni en tiempo ni en espacio. Los tipos de familia y consanguinidad han sido universales (pp. 597, 419-420, 430-1); lo mismo es válido para las etapas del desarrollo del gobierno: «el sistema era prácticamente universal en la sociedad antigua» (pp. 225, 306), y claro está, para la gens:«corre esta organización por el mundo antiguo entero» (p. 127) y«su imperio casi universal en el mundo de la antigüedad» (pp. 156-7), todo lo cual es incorrecto.

El esquema siguiente puede darnos una idea precisa de cómo

Morgan concibe la universalidad de la gens hasta en sus etapas in­ termedias.

 

52 LEWIS H. MORGAN

 

GENS

 

Seríes Orgánicas

 

INDIOS AMERICANOS

 

i.° La gens: grupo de

consanguíneos con

nom b re gentilicio

común.

 

1

 

2.0 La fratría:

 

vinculación de gen­

tes unidas en aso­

ciación.

i

5.0 La tribu:gentes orga­

nizadas en fratrías

hablando el mismo

dialecto.

1

4.0 La confederación de

tribus.

 

TRIBUS GRIEGAS

 

i.° La gens:

consanguíneos más

nom b re gentilicio

común.

I

?

2.0 La fratría:

gentes unidas con fi­

nes sociales y reli­

giosos.

1

5.0 La tribu:gentes orga­

nizadas en fratrías.

 

I

4.0 Nación: o coalición

de tribus.

 

TRIBUS ROMANAS

 

i.° La gens: conjunto de

consanguíneos con

nom b re gentilicio

común.

 

1

 

2.0 La curia: gentes en

asociación con fun­

dones religiosas y

administrativas.

1

5.0 La tribu: grupo de

gentes organizadas

en curias.

 

4.0 Nación: tribus fu­

sionadas en sode-

dad gentilida.

Populus Romanus.

 

No sólo se da la institudón en los tres pueblos y según Morgan en, prácticamente, todos los conoddos sino que además se trata

 

de una universalidad que se despliega al unísono, a través de equiva­ lentes etapas, en organizad ones sociales tan distantes como pueden ser las de los griegos e indios americanos. El mismo prindpio de

 

evolución universal y a través de idénticas fases intermedias es el que subyace al desarrollo de la familia, desde la consanguínea a la monó­ gama, en los cinco continentes. Para que pueda apreciarse mejor el rationale morganiano voy a tratar de interpretarlo en este cuadro simplificado en el que las flechas indican la línea de evoludón. Asume que una forma concreta de familia crea su correspondiente sistema de consanguinidad.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 53

 

Familia consanguínea------- *            crea el sistema de consanguinidad malayo

No quedan ejem­

plos de este tipo de

familia

i

Familia punalúa------------*¦ crea el sistema de consanguinidad turanio

Contiene en germen

la gens.

Se modifica en

I

Familia sindiásmica no crea sistema de consanguinidad

Forma intermedia.

Origen de la gens

 

---------------------------*¦ Familia patriarcal

Forma intermedia

no universal

 

Familia monógama--------- >- crea el sistema de consanguinidad ario

I y

Familia futura

A su vez los sistemas consanguíneos se resuelven en dos:

sistema clasificatorio (malayo y turanio)

 

I

 

sistema descriptivo (semitas, arios)

siendo el segundo un resultado o despliegue progresivo del primero.

 

El sistema clasificatorio ha sido universal, de la misma manera que llegará a serlo el segundo. Dondequiera que se encuentre la familia monógama allí se ha producido, si nos remontamos al pasado, la cadena evolutiva que enlaza a ésta con su lejana predecesora, la familia consanguínea. Si penetramos en el pasado del sistema des­ criptivo actual, pronto llegaremos a detectar su antecesor y precursor, el sistema clasificatorio. ¿Qué queda hoy en pie de esta visión tota­ lizante de la familia? Nada. Los hechos, más y mejor conocidos hoy que entonces, rechazan la camisa de hierro evolutiva a la que los quiso reducir Morgan. No se puede decir lo mismo de su dicotomía

 

54 LEWIS H. MORGAN

 

de sistemas de parentesco; hoy es tan válida como entonces y nadie ha perfilado otra mejor. Mucho se ha escrito sobre la misma y aunque no se admita la evolución lineal del uno al otro, la clasificación, tomada como modelo heurístico, es una de las más fecundas en el campo del parentesco. La dualidad tiene que ser manejada con soltura por todo alumno de antropología.

 

Morgan describe brevemente en las pp. 403-404 el sistema ter­ minológico clasificatorio. A continuación lo resumo en un diagrama

 

que representa una forma simplificada del mismo y en la que, sin esfuerzo, puede leerse la nomenclatura, tomando Ego como base:

 

La universalidad en espacio y en tiempo, aunque a ritmo evo­ lutivo diferente, es una propiedad inherente a la concepción evolu­ cionista de Morgan. La estructura del libro no tendría sentido sin ella. Ahora bien, a pesar de lo que demasiadas veces se ha escrito, Morgan no es un fanático de sus esquemas o períodos. «Las tribus

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 55

 

del género humano     dice en la p. 495         pueden ser ordenadas,

como las distintas formaciones geológicas, de acuerdo con sus con­ diciones relativas, en estratos sucesivos. Así ordenadas muestran, con cierto grado de certidumbre, todo el campo del progreso hu­ mano.» La ordenación es en definitiva metodológica: «cada uno de estos períodos posee una cultura distinta y exhibe modos de vida

 

más o menos especiales y peculiares. Esta especial ilación de períodos étnicos [la palabra no es la adecuada] hace posible tratar una socie­ dad en particular, según su condición de relativo adelanto, y hacerla materia de investigación o de dilucidación independiente» (p. 85).

 

Y el valor que concede a los períodos dista mucho de ser absoluto: «aun cuando sean aceptados solamente como probables, estos perío­ dos serán convenientes y útiles... cada uno... abarca una cultura distinta y representa un modo particular de vida» (p. 81). Las seria-dones en períodos ofrecen un «derto grado de certidumbre» (p. 495). La honradez científica de Morgan aparece repetidamente en las

 

dudas que expresa: la serie familiar, subraya, «es en parte hipotética» (p. 408); «es difícil si no imposible, fijar comprobaciones de progreso que señalen el comienzo de estos diversos períodos. Tampoco es necesario, para los fines que se tiene en vista, que no existan excep­ ciones. Bastará que las tribus prindpales del género humano puedan ser clasificadas, según los grados de sus relativos progresos, en con­ diciones que puedan reconocerse como distintas» (p. 82). Las fases son, en otras palabras, construcciones mentales, expresan tendencias. Conforme descendemos a partir del período medio de la barbarie

 

«los indicios se hacen menos claros, y el orden relativo en que hayan aparecido instituciones, inventos y descubrimientos es menos dis­ tinguible» (p. 102). «La cuestión de la duración relativa de estos pe­ ríodos... es también objeto de especulación. No es asequible una medida exacta, pero se puede pretender una aproximación» (pp. 106

y 373). Los cambios de un período a otro, de una forma institucional

a otra se efectúan «sin roces ni violencias» (p. 360) y «al establecerse...

 

[un]... nuevo régimen... el antiguo no desapareció en seguida»(p. 360). Por otra parte, «no debe suponerse que un sistema tan detallado

 

como el turanio pueda haberse mantenido en las diversas naciones y familias del género humano, con absoluta igualdad. En realidad, hay discrepancia en ciertos detalles, pero los rasgos fundamentales permanecen invariables» (p. 407). Y desde luego, las diferencias pueden ser debidas a la diversidad de medios geográficos: «existieron, sin duda, diferencias de cultura del mismo período en los hemisferios oriental y occidental, a consecuencia de la naturaleza desigual de

 

56 LEWIS H. MORGAN

 

los continentes» (p. 88). Una última cita: «La serie precedente puede ser modificada y tal vez puede experimentar cambios esenciales [cursiva mía] en algunos de sus postulados; pero ofrece una explicación tan racional como satisfactoria de los hechos de la experiencia humana y del desarrollo del progreso del hombre» (p. 503).

 

Morgan mantiene, en principio, que toda sociedad ha pasado a través de los mismos períodos evolutivos; dicho de otra manera parece pensar que los grupos humanos producen paralela e inde­ pendientemente, las mismas o similares instituciones. Pero al mismo tiempo hace importantes concesiones al difusionismo o difusión

de rasgos, copia de instituciones e inventos y a la aculturación o

contacto cultural. Unas veces duda: «el primer subperíodo de la

barbarie comenzó con la alfarería, ya sea por invención original o

bien por adopción» (p. 83); «parece probable que la concepción del

proceso de fundir el mineral de hierro, vino una sola vez al hombre»

(p. 110); «el problema del origen de la gens, a saber, si surgió espontá­

neamente en la sociedad, en un momento dado, repitiéndose el hecho

 

en distintas regiones, o si se originó en un único punto desde el cual se propagó mediante sucesivas migraciones, por toda la superficie de la tierra, se presta para ser objeto de razonamientos teóricos.

 

La segunda hipótesis, con ligeras variantes, parece ser la más acertada» (p. 590); «es probable que algunos de estos inventos [cerbatana, mocasín, etc.] fuesen copiados de tribus que se hallaban en el estadio medio, porque fue por este proceso constantemente repetido [cursiva mía] que las tribus más adelantadas elevaban a las más atrasadas, a medida que éstas eran capaces de apreciar los medios de progreso y apro­ piarse de los mismos» (p. 527).

La admisión de contactos culturales implica la aceptación de la

obliteración de la pureza evolutiva. Morgan se percata: «la vecindad

de tribus continentales más avanzadas, había hecho progresar entre

ellos las artes de la vida mucho más allá del estado de desarrollo de

sus instituciones domésticas» (p. 84); «tribus y naciones han sido

adulteradas por influjos externos» (p. 88); «dondequiera que existiera

una conexión continental, todas las tribus deben haber participado,

en alguna medida, de los progresos de las otras. Todos los grandes

inventos y descubrimientos se propagan solos; pero las tribus infe­

riores deben haber apreciado su valor antes de poder apropiárselos»

(p. 107); «en Africa... las artes e inventos primitivos han desaparecido

en gran parte ante los utensilios y telas introducidos del extranjero»

(p. 585); «los elementos de otros países entremezclados con los de la

cultura nativa, en regiones del hemisferio oriental, crearon un estado

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 57

 

anormal de la sociedad allí donde las artes de la vida civilizada fueron amoldadas de nuevo, de acuerdo con las aptitudes y necesidades de salvajes y bárbaros... Ciertas tribus enteramente nómadas presentan también peculiaridades sociales, nacidas de un régimen excepcional

 

de vida, que no se interpreta bien. La cultura indígena de muchas tribus ha sido detenida, por influjos derivados de razas más adelan­ tadas y adulterada hasta cambiar el curso natural de su progreso. Como consecuencia, sus instituciones y régimen social han sido alterados» (p. 464). Una última nota muy reveladora es la siguiente: Fison escribe a Morgan en enero de 1881. Refiriéndose a Howitt

 

le dice: «como usted verá, llega hasta el último límite de la teoría y toma como cierto que todas las naciones civilizadas han pasado a través de la misma experiencia. Indeed he holds vieivs which I think, you would hesitate to accept». Fison conocía bien la posición de Morgan y piensa que no es tan rígida como algunas frases del libro hacen suponer. Teniendo in mente estas ideas morganianas dispersas

 

en la obra, además de la apreciación personal de Fison, es posible situarse en un punto crítico objetivo para sopesar otras afirmaciones a primera vista contradictorias. Unas ideas recortan el vuelo univer­ salista de otras.

 

He intentado presentar una visión de conjunto de Im Sociedad

 

primitiva, de los postulados, líneas de argumento, pruebas, puntos débiles y fuertes, dualidades y dudas de su autor. ¿Qué impacto produjo su publicación? Entre los antropólogos fue escaso y mediocre; algunos de ellos la atacaron incluso duramente. Su obra anterior Sistemas de consanguinidad ya no había sido bien recibida sobre todo por aquellos cuyas teorías no rimaban o estaban en contra­ dicción con las expresadas por Morgan. Según el Saturday Review

 

del 11 de marzo de 1879, las dos obras de Morgan son «confused, conjectural and unsatisfactory in the highest degree.». Otros lo que no era de extrañar buscaron otra perspectiva para atacarla: ~La socie­ dad primitiva era «detrimental to true religion». Por el reducido círculo antropológico inglés se rumoreó que la dureza crítica de McLennan

 

hacia la obra de Morgan era debida a su creencia de que el abogado de Rochester se había servido de material de Primitive Marriage sin citarlo. Bachofen quedó bien impresionado y en 1880 dedicó a Morgan un tomo de ensayos. Tylor, siempre moderado, opinó que «hubiera sido más prudente esperar para obtener más información»;

 

no le agradó el uso de la palabra gens. Gertamente la elección no fue del todo feliz, pero es irrelevante. La razón de Tylor por otra parte, es un tanto mostrenca: «la gens romana es la única que conocemos»

 

58 LEWIS H. MORGAJV

 

y «a mi entender ninguna otra coincide exactamente con la romana».

No obstante le impresionó la lectura y escribió: «La Sociedad primitiva del Sr. Morgan es de gran valor para arrojar luz sobre los primeros sistemas de matrimonio del mundo.» Tylor nunca estuvo interesado

 

en argumentos de estructura social. Por último, Engels se quejaba en 1884 de la dificultad en encontrar una copia en Inglaterra. Pero una copia había llegado ya anteriormente a las manos de Marx, quien la leyó y anotó cuidadosamente; comenzó a escribir un volumen maridando sus ideas con las de Morgan, pero no pudo concluirlo. Antes de morir dejó las notas sobre La Sociedad primitiva a Engels y le encargó la terminación del manuscrito. Engels redactó Origin of the Family, Private Property and the State (1884). En el prólogo escribe: «Las siguientes páginas vienen a ser la ejecución de un tes­ tamento. Carlos Marx había reservado para sí mismo la misión de

 

exponer los resultados de los trabajos de Morgan en cuanto se rela­ cionan con las conclusiones de sus propias tareas históricas... y hacer así resaltar todo su alcance. Morgan había descubierto de nuevo, a

 

su modo, en América, la teoría materialista de la historia, que cuarenta años antes descubrió Marx; y en su paralelo entre la barbarie y la civilización había ido a dar con los mismos resultados esenciales que Morgan... Mi trabajo a duras penas puede suplir al que no pudo terminar mi difunto amigo. Sin embargo, tengo a la vista, junto

 

con extractos que hizo de la obra de Morgan, glosas críticas que reproduzco aquí dentro de los límites de lo posible.» Más adelante asegura que el volumen de Morgan «es una de las escasas obras de nuestro tiempo que forman época». En el prólogo a la cuarta edición insiste en que «la obra fundamental de Morgan, Ancient Society

 

(1877)... forma la base de este trabajo» y asegura que Morgan ha producido una verdadera «revolución en las ideas», que «sus descu­ brimientos [son] verdaderamente importantes». El autor ha escrito sobre la «transformación de esta sociedad en términos que hubieran podido salir de labios de Carlos Marx». Y termina la introducción: «El orden introducido por él en la historia primitiva subsiste aún en lo primordial de sus rasgos. Sí; puede afirmarse que cuanto más se trata de arrebatar a Morgan su carácter de autor de este gran progreso, tanto más encuentra la aprobación universal el orden que él ha creado.»

 

E l origen de la familia, de Engels, fue publicado en 1884. En 1885 estaba ya traducido al italiano y al rumano; en 1888 al danés y se preparaba la edición francesa. Morgan comenzó a ser conocido en un amplio círculo no antropológico a través de Engels. La Sociedad

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 5

 

primitiva se convirtió en la biblia antropológica para los marxista

y filomarxistas. Se tradujo al ruso ya en la época zarista y se volvi< a traducir por los soviets. Pasó también al alemán, al chino, al españc (dos versiones) al húngaro, al japonés (habiéndose traducido a est idioma al menos cuatro veces, según White), etc. Las notas de Mar fueron traducidas al ruso en 1941 por el Instituto Marx-Engels

 

Lenin (Moscú). Una editorial socialista de Chicago ha mantenida en el mercado a precio asequible La Sociedad primitiva. Obrero alemanes conocían la nomenclatura iroquesa de parentesco, y Lowie le llegaron noticias de que la tumba del Mount Hope d Rochester era un centro de peregrinaciones. Los antropólogo soviéticos celebraron un symposium en el cincuenta aniversari de la muerte de Morgan; la Academia de Ciencias de la U. R. S. 5 editó La Sociedad primitiva en la serie «Clásicos del pensamient científico»; en la versión oficial rusa se presenta esta obra como d «suprema importancia para el análisis materialista del comunism primitivo», obra que, por otra parte, «no puede menos de llenar d ansiedad los corazones de aquellos cuyo destino depende de la relaciones y concepciones habituales.en ellos». De esta manera Morga desbordó el reducido ámbito científico; resultado hasta cierto punt irónico, pues su visión evolutiva de la familia es la parte más endebl del libro.

 

¿Qué sucedía mientras tanto en la pequeña secta antropológica Boas, el gran maestre de la orden en América, atacó en 1896, bajo < título The Limitations of the Comparative Method of Anthropology, 1 evolución lineal. No admite que los rasgos culturales fundaméntale sean consecuencia del desarrollo de las mismas causas o principio: tampoco se muestra partidario de la existencia de un gran sistem que rija el progreso de la humanidad. El y sus discípulos rechazar en otras palabras, la evolución paralela. En su lugar proponen < concepto de la evolución convergente según la cual los grupc humanos, a través de distintos caminos, logran en su evolució resultados similares. Como este cambio de enfoque prevaleció pe varias décadas, Morgan y su Sociedad primitiva quedaron en el olvide Hasta hace pocos años Morgan ha sido presentado a los alumnos c Antropología como el saltimbanqui de la conjetura, como el prc totipo de lo que había que evitar.

W. H. R. Rivers rompió una lanza en su defensa en 1914 co

Kinship and Social Organisation, pero resucitó al Morgan de los Sisteme

de consanguinidad, no al evolucionista. Lowie con la publicación en 192

de Primitive Society volvió a castigar a La Sociedad primitiva y su auto

 

60 LEWIS H. MORGAN

 

Más tarde, en 1956 (Lewis H. Morgan in Historical Perspective) y en 1957 (History of Ethnological Theory) se muestra más conciliador y realza aspectos positivos morganianos. En 1945 Leslie White dio un potente golpe de gong que sacudió al mundillo antropológico;

 

en un artículo titulado Diffusion versus Evolution: An Anti-Evolutionist Fallacy inauguró una cruzada de retorno a las ideas evolucionistas

 

de Morgan y atacó a la vez el historicismo de Boas y el psicologismo que penetraba la ciencia de la cultura. El conocido arqueólogo V. G. Childe con Social Evolution (1951), W. H. Howells con Pack

 

of History: The Story of Our Origins (1954), C. Coon con su The Story of Man (1954) y R. Linton con The Tree of Culture (1955) prestaron sus potentes voces antropológicas al coro evolucionista. Por otra parte, en 1947 C. Lévi-Strauss dedicaba Les structures élémentaires de la párente. A la mémoire de Lewis H. Morgan.

En 1961 B. S. Cohn, director del Departamento de Antropología

de la Universidad de Rochester, aprovechando una donación a la

Universidad, estableció las Morgan Lectures para rememorar periódi­

camente al gran antropólogo. Las inició Meyer Fortes en 1965.

Resultado de las mismas es el excelente volumen publicado en 1969

con el título: Kinship and the Social Order. The Legacy of Lewis Henry

Morgan. Creo que nadie ha detectado mejor que Fortes los aspectos

positivos de la obra morganiana. Refiriéndose a La Sociedad primitiva

 

y a Sistemas de consanguinidad los califica como la «basic charter de la moderna teoría estructural en antropología social». Fred Eggan disertó en 1964 sobre los indios americanos; las conferencias pasaron

 

a The American Indian: Perspectives for the Study of Social Change (1966). Al año siguiente fue invitado R. M. Adams para conmemorar a Morgan: analizó el tema del desarrollo de la civilización urbana.

 

El contenido puede leerse en The Evolution of Urban Society (1966). V. W. Turner desarrolló en las Morgan Lectures de 1966 un tema preterido por Morgan: la estructura simbólica y la semántica del ritual. Las conferencias fueron publicadas en 1969 con el título The Ritual Process. Por último, en el curso académico 1970-71 la Anthro­ pological Society of Washington organizó un conjunto de confe­ rencias, en las que tomaron parte Schneider, Eggan, Meggitt y Scheffeer, para conmemorar el centenario de la publicación de Sis­ temas de consanguinidad. El retorno académico a Morgan, aunque tardío, ha sido realmente fecundo.

 

Unas líneas finales. ¿De qué vigencia goza actualmente la teoría evolucionista en antropología cultural? Muy brevemente voy a indi­ car las corrientes principales circunscribiéndome a las nociones más

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 61

 

elementales y generales. Primero: el campo semántico de la palabra Evolución cultural es amplio; voy a señalar dos perfiles del concepto, dos aspectos de los que nos servimos como planos heurísticos para enfocar y estudiar la misma realidad: uno es designado como evolución específica y otro como evolución general. Si estudio las modificaciones que se han operado en una pequeña comunidad turolense en su adap­ tación al medio geográfico-socio-cultural a través del tiempo, estoy analizando la evolución específica de ese lugar. En este caso clasifico filogenédcamente los cambios y escribo en la monografía: de A pasó

 

a B, de B a C, etc. Más tarde puedo cambiar la aldea turolense por un lugar jaenés, gerundense, etc. Pronto me tendría que dar cuenta de que esos tres grupitos humanos habitan y han habitado medios geográfico-culturales diferentes y que han recibido de su pasado historias concretas, pero diferentes. El resultado es la existencia de grupos humanos con diferencias específicas en cuanto a evolución. Sus desarrollos filogenéticos son diferentes porque responden a

medios diferentes. Si describo en tres columnas las secuencias his­

tóricas de cada uno de ellos, los tres sistemas culturales desplegán­

dose filogenéticamente, se podrá observar que el resultado evolutivo

es heterogéneo, porque además del desarrollo interno peculiar a

cada uno de ellos, ha recibido además cada uno influencias, impactos,

copias y préstamos distintos. Si quiero encerrar esta ramificación,

heterogeneidad o diversificación evolutiva en un concepto, lo puedo

hacer fácilmente sirviéndome de lo que llaman los antropólogos

evolución multilineal.

 

El concepto de evolución multilineal se opone al concepto evolución unilineal elaborado en el siglo xix por Morgan y Tylor especialmente. Morgan, como ya sabemos, se esforzó en colocar grupos socio-culturales en períodos de secuencia universal. El concepto y técnica morganianos han experimentado un desarrollo y un refinamiento.

 

Los antropólogos hablan hoy de evolución general o evolución universal. Con estos términos se refieren al estudio de la evolución de la Cultura en general, con mayúscula , no de las diversas y numerosas cul­ turas concretas. Si tuviera a la vista un gran cuadro, con numerosas columnas paralelas, que exhibieran la evolución específica, multi­ lineal de otros tantos grupos culturales diferentes, podría hacerme estas preguntas: ¿todas estas culturas muestran alguna dirección común en su evolución? ¿Se puede detectar en esas transformaciones evo­ lutivas particulares, algún denominador común a todas ellas? ¿Subyace a todas ellas alguna tendencia general de la que todas participan? Pues bien, esa dirección y denominador comunes, esa tendencia general

 

62 LEWIS H. MORGAN

 

en operación es la evolución universal o general. El resultado de

esta tendencia general es el crecimiento cultural o el desarrollo hacia formas más complejas y heterogéneas. Por esto se significa mayor heterogeneidad interna, mayor transformación de energía, creciente especialización y nuevas formas de integración. Los juicios de valor no entran en la definición de evolución o progreso.

Nótese que cuando el antropólogo estudia la evolución general

no está interesado en el contenido y detalles particulares de las culturas (evolución específica), sino que trata de captar el carácter

 

de la transformación; no se fija en la filogénesis, sino en la naturaleza de la evolución. Busca explicar las transformaciones culturales, el desarrollo de las formas políticas, económicas, religiosas, etc. Pero repito, se trata de explicar el desarrollo de las tendencias generales, la razón o razones del denominador común que subyace a las trans­ formaciones progesivas particulares. Para hacerlo más inteligible, idea secuencias de períodos que muestran un orden de desarrollo.

Con esto ha logrado una clasificación mental de formas.

Acabo de escribir y subrayar formas. Esta idea requiere unas líneas de comentario. La evolución general es un concepto, una abstracción de la realidad, un modelo o construcción mental; es independiente de tiempo y espacio. No es, en modo alguno, historia. Esta versa sobre secuencias de sucesos concretos, únicos. La evolución general busca

 

la secuencia de formas, no de hechos concretos. Los sitios de Zaragoza, por ejemplo, son un acontecimiento concreto histórico, único, por­ que no podrá repetirse ya en forma idéntica; por consiguiente, como

 

se trata de un hecho único, no podemos generalizar sobre esa única base; de la historia qua historia no podemos obtener generalizaciones científicas.

 

La evolución general, por otra parte, trata de fenómenos y sucesos en cuanto, y sólo en cuanto, miembros de clases. Busca explicar procesos y formas generales, las leyes generales de evolución que exhiben todos los sistemas culturales. Supongamos que quiero obtener una generalización sobre la comensalidad ritual que he recogido en una aldea lucroniense. Tratándose de un único ejemplar en mi estu­ dio, ¿cómo puedo estar seguro de que he aislado los elementos esen­ ciales? ¿No puede tratarse de una expresión única debida a condicio­ nantes filogenéticos especiales? ¿Qué valor científico tiene mi des­ cripción? El valor generalizante es ínfimo. Tengo que seguir anali­ zando casos de comensalidad ritual lugareña para ver si el conjunto forma una clase de la que todos los casos concretos recogidos son miembros. Entonces, y sólo entonces, estoy en condiciones de detec-

 

LEWIS H. MORGAN

 

tax el denominador común a todos ellos y de formular una generali­ zación. Supongamos ahora que esta comensalía ritual requiere, según el análisis, un optimum de habitantes en la aldea, ciertas faenas a realizar, bajo nivel de mecanización técnico-agraria, etc. De aquí puedo pasar a proponer esta generalización: la comensalidad ritual aldeana aparece en un cierto momento, bajo las condiciones a y ¿>, es propia de un período evolutivo, y desaparece bajo las condicio­ nes * y Esta generalización no se refiere a ningún pueblecillo espa­ ñol en particular, no tiene en cuenta ni tiempo, ni lugar, ni historia particulares; ahora bien, podrá explicar por qué en momentos his­ tóricos determinados, en períodos o secuencias evolutivas, surge la comensalidad ritual y también, por qué en otros períodos desaparece. Naturalmente que a la base de todo esto hay un problema lógico: ¿cuándo juzgamos que son suficientes y realmente similares las simi-laridades? La respuesta rebasa el ámbito de esta introducción.

 

El estudio de la dinámica de la cultura, la busca de universales culturales ha recobrado en algunos sectores antropológicos el ímpetu decimonónico morganiano. Hoy como entonces se sigue pensando

 

que se desarrollan similar! dad es y paralelos de forma y función en grupos culturales independientes. Siguiendo a Morgan se cree que bajo similares condiciones pueden desarrollarse instituciones similares, independientemente de contactos, y exhibir secuencias similares. Unos antropólogos se esfuerzan en buscar paralelos de forma, función y secuencia concretos. Pierde universalidad este enfoque pero gana en precisión. Otros, teniendo como modelo a Morgan, estudian la evolución de la Cultura. En ambos casos expli­ can las similaridades recurriendo a la operación independiente en cada caso de los mismos principios nomothédcos. Se sigue pen­ sando como pensaba Morgan que es lícito indagar antropológi­ camente sobre los orígenes de la humanidad basándose en la evi­ dencia directa o indirecta de la Filología, Arqueología y Etnografía de pueblos primitivos actuales. Hoy se ha añadido, además, al coa-junto, la Prímatología. Los neovoluáonistas no defienden que

 

toda sociedad haya pasado a través de los mismos y fijos períodos. Sí mantienen que la Cultura con mayúscula, en general, no la his­ toria cultural de una sociedad concreta ha evolucionado a través

 

de ciertas etapas. En diagramas se podría representar el doble enfoque, morganiano y actual, su diferencia e identidad.

 

Él primer esquema pretende representar en forma excesivamente simple, la teoría de la evolución a lo Morgan. Todas las culturas (líneas en zig-zag) tienen que seguir estrecho canal, están encauzadas

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 65

 

rígidamente. La variación particular de cada una de ellas es restrin­ gida. El segundo representa también rudimentariamente la mo­ derna concepción de la evolución. El margen de diversidad y varia­ bilidad es mucho mayor. Los entronques de lineas las culturas significan influencias, préstamos y copias. Pero nótese que la ten­ dencia de la evolución, su naturaleza flecha , es idéntica en ambas concepciones.

Por último quiero subrayar que tanto Morgan como los antro­

pólogos neovolucionistas aerarles ven en la evolución una dirección.

Pero aquél y éstos son conscientes de las dificultades inherentes a la

profecía del futuro. Sin embargo, Morgan, que no escribió muchas

líneas sobre el último período, la Civilización y el fururo, dejó escri­

tas éstas al final de las páginas del volumen que sigue, y que fueron

 

esculpidas en el Wells College de Aurora, en la celebración del centenario de su nacimiento:

 

<cL*z democracia en el gobierno, la fraternidad en la sociedad , la igual­ dad de derechos y privilegios y la educación universal anticipan el pró­ ximo plano más elevado de la sociedad, al cual la experiencia, la inte­ ligencia y el saber tienden firmemente. Será una resurrección , en forma más elevada, de la libertad^ igualdad y fraternidad de las antiguas gentes.')>

 

The Smithy, Glenelg, agosto de 1971.

 

CARMELO L 1SON TOLOS A N A .

 

BIBLIOGRAFIA

 

Principales obras de Morgan:

 

1847. Letters of the Iroquois by Skenandoah, Addressed to Albert Gallatin, President of the New York Historical Society. Todas están publicadas

 

en American Review, las trece primeras en el vol. V y la última en el vol VI, de 1847.

1851. The League of the Ho-de-no-sau-nee, or Iroquois, Rochester.

1852. Diffusion Against Centralisation, Rochester.

1868. The American Beaver and H is Works, Philadelphia.

 

1871. Systems of Consanguinity and A ffinity of the Human Family, publica­ ción núm. 218, voL 17 de la Smithsonian Contributions to Knowledge.

 

1872. Australian Kinship: From Original Memoranda of Reverend Lorimer Fison, publicado en el vol. 8, pp. 412-458 de los Proceedings o f the American Academy of A r ts and Sciences.

 

1876. Moqtequma's Dinner, pp. 265-508 del vol. 122 de North American Review.

 

1877. Ancient Society, or Researches in the Lines of Human Progress from Savagery through Barbarism to Civilisation, New York.

 

1879-80. A Study of the Houses of the American Aborigines With a Scheme of Exploration of the Ruins of New M exico... en el Annual Report of the Archaeological Institute of America, x, 27-S0.

 

1881. Houses and House-life of American Aborigines, en el vol. 4 de Con­ tributions to North American Ethnology.

 

Diarios y cartas:

 

L. A. White: The Indian Journals, 18;$-i 862, magnífica edición con intro­ ducción y notas, fotografías, dibujos y mapas. University of Michigan Press, 1959.

 

LA SOCIEDAD PRIMITÍVA 67

 

L. A. White: Extracts From the European Travel Journals o f Lewis H. Morgan, en las pp. 219-389 de la 16 Publications, Rochester Historical Society, 1957. L. A. White: Ltw is H. Morgan's Journal of a Trip to Southwestern Colorado and New Mexico, June 21 to August 7, 1878, pp. 1-26, N.° 1 del vol. VIII, de American Antiquity, 1942.

 

L. A. White: Pioneers in American Anthropology: The Bandelier-Morgan Letters, 1875-1885, 2 vols. University of New Mexico Press, 1940.

 

L. A. White: The Correspondence of Lewis Henry Morgan and Joseph Henry, N.° 12 del University of Rochester Bulletin, 1957.

 

B. J. Stern: Selections from Letters of Lorimer Fison and A . W. Howitt to Lewis Henry Morgan, en las pp. 257-279 y 419-453 del vol. 52 de la New Series, American Anthropologist, 1950.

 

Sobre la vida y obra de Morgan:

 

J. W. Powell, amigo de Morgan, escribió sobre Morgan, viviendo todavía, un Sketch of Lewis H . Morgan en las pp. 114-121 del N.° 18 del Popular Science Monthly, 1880.

 

La oración fúnebre a la muerte de Morgan fue pronunciada por su amigo el Rvdo. J. H. Mdflvaine: The Life and Works of Lewis Henry Morgan:

 

an addres at his Funeral, pp. 47-60, vol. II de la Publication Fund Series de Rochester, 1923.

 

C. H. Hart publicó en los Proceedings o f the Numismatic Antiquarian Society of Philadelphia, 1882 un Memorial of Lewis Henry Morgan of Rochester.

 

Una nota anónima necrológica titulada Lewis Henry Morgan, L L . D. apa­ reció en las pp. 429-36 del N.° XVII (1882) de Proceedings of the Am e­ rican Academy of A r ts and Sciences.

 

C. Resek: Lewis Henry Morgan: American Scholar, University of Chicago Press, i960.

 

B. J. Stern: Lewis Henry Morgan: Social Evolutionist, University of Chicago Press, 1951.

 

L. A. White: en todas sus obras que cito ofrece detalles de la vida y obra de Morgan, que me han sido muy útiles.

 

Comentan sobre los estudios del parentesco de Morgan:

 

F. Eggan: Lewis Henry Morgan in Kinship Perspective, pp. 179-201 de Essays

in the Science o f Culture, in Honor o f Leslie A . White, editado p or G. E. Do le

 

y R. L. Carneiro, New York, i960.

M. Fortes: Kinship and the Social Order. The Legacy of Lewis Henry Morgan.

Aldine, 1969.

A. L. Kroeber: Classificatory Systems o f Relationships, vol. 39, 1909, pp. 77-8 4

 

del Journal o f the Royal Anthropological Institute.

 

LEWIS H. MORGAN

 

E. R. Service: Kinship Terminology and 'Evolution, pp. 747-762, voL 62 del American Anthropologist, i960.

L. A. White: How Morgan Came to write Systems o f Consanguinity and A ffinity,

 257-268, vol. XUI, de Tapers of the Michigan Academy of Sciences,

1957-

 

Comentan sobre el evolucionismo de Morgan:

 

P. Bohannan en la introducción a Houses and the House-life of the American Aborigines, The University of Chicago Press, 1965.

 

T. Harding y E. Leacock: Morgan and Materialism; A Reply to Professor Opler, pp. 109-110, N.° 5, Current Anthropology, 1964.

 

R. H. Lowie: Lewis H. Morgan in Historical Perspective, pp. 169-181 de Essays in Anthropology Presented to A . L . Kroeber in Celebration of his 60th Birthday, editado por R. H. Lowie, University of California Press, 1956.

 

R. H. Lowie: Historia de la Etnología, pp. 72-87, Fondo de Cultura, 1946. M. Opler: Integration, Evolution, and Morgan, pp. 478-79, N.° 5, Current Anthropology, 1962.

 

M. Opler: Reply to T. G. Harding and E . tLeacock, pp. 110-14, vol. 5, Current Antropology, 1964.

 

L. A. White: Energy and the Evolution o f Culture, pp. 355-56, XLV, American Anthropologist, 1945.

L. A. White: Morgan's Attitude Toward Religion and Science, pp. 218-50,

 

New Series, 46, American Anthropologist, 1944.

L. A. White: Lewis Henry Morgan: Pioneer in the Theory of Social Evolution,

 

          138-154 de A n Introduction to the History of Sociology, H. E. Barnes, editor. University of Chicago Press, 1948.

 

L. A. White: su introducción a la edición de Ancient Society de la Harvard University Press, 1965.

 

Sobre la teoría moderna de la evolución cultural:

 

M. H. Fried: On the Evolution of Social Stratification and the State, publicado

en Culture in History: Essays in Honor o f Paul Rodin, editado por S. Dia­ mond, Columbia University Press, i960.

M. H. Fried: The Evolution o f Political Society, New York, 1967.

 

M. D. Sahlins y E. R. Service (editores): Evolution and Culture, University of Michigan Press, i960.

J. H. Steward: Theory of Culture Change, University of Illinois Press, 1955.

 

L. A. White: The Evolution of Culture. The Development of Civilisation to the Tail of Rome, New York, 1959.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA

 

PRIMERA PARTE

 

DESENVOLVIMIENTO DE LA INTELIGENCIA

A TRAVES DE INVENCIONES Y DESCUBRIMIENTOS

 

I

PERÍODOS ÉTNICOS

 

Lis últimas investigaciones sobre el origen de la raza humana vienen a demostrar que el hombre empieza su vida al pie de la escala labrando su ascenso, del salvajismo a la civilización, medíante los lentos acopios de la ciencia experimental.

 

Del mismo modo que es indudable que cierto número de familias humanas han existido en estado salvaje, otras en estado de barbarie y aun algunas en estado de civilización, de igual forma parece que estas tres condiciones diferentes se entrelazan debido a una sucesión tan natural como imprescindible de progreso-

 

Asimismo, esta sucesión ba sido históricamente cierta en la tota­ lidad de la familia humana hasta la meta lograda por cada rama res­ pectivamente, surgiendo como viable ante las circunstancias en las que se origina todo progreso y la conocida evolución de algunas ra­ mas de familia con dos o más de tales circunstancias. Posteriormente se presentará la evidente rusticidad de la condi­ ción primitiva del hombre, de la gradual evolución de sus facultades morales y mentales, mediante la ex-periencía y de su prolongada pugna con los elementos que le impedían el paso al camino de la civiliza­ ción. Basados, en parte, por la continua sucesión de invenciones y des­ cubrimientos, peto, sobre todo, en las instituciones domésticas que muestran el desarrollo de ideas y pasiones.

 

Recomponiendo las diversas trayectorias del progreso bacía las edades primitivas del hombre, esperando una de otra según el orden de aparición de los inventos y hallazgos por un lado, e instituciones por otro, comprendemos que aquellos mantienen entre sí un vínculo progresivo y éstos una relación de desenvolvimiento. Mientras los inventos y descubrimientos ban estado unidos a una forma más o

 

LEWIST'H. MORCAN

 

menos directa inmediata, las instituciones se han desarrollado sobre el

 

fundamento de unos principios primarios del pensamiento.

Las modernas instituciones surgen en el período de barbarie, cuyo germen se hereda del anterior período llamado de salvajismo. Su ge­ nealogía se hace a través de las edades con las corrientes de la sangre, así como un desenvolvimiento lógico.

Por esto, dos líneas independientes de investigación captan nues­

 

tra atención. Una nos lleva a través de los inventos y descubrimientos, y la otra a través de las instituciones primitivas. Con los conocimien­ tos así logrados, podemos confiar en señalar las etapas principales del desarrollo humano. Las pruebas que se presentarán serán tomadas especialmente de las instituciones domésticas; las referencias a con­ quistas más estrictamente intelectuales serán tanto generales como subordinadas.

 

Los hechos indican la formación gradual y el desarrollo subsi­ guiente de ciertas ideas, pasiones y aspiraciones. Aquellos que ocupan las posiciones más prominentes, caben generalizarse como creci­ mientos de ideas particulares, con las que se unen íntimamente. Aparte de las invenciones y descubrimientos, los hechos son:

          ° Subsistencia 4.° Familia

          ° Gobierno 5.° Religión

          ° Lenguaje 6.° Vida de hogar y arquitectura 7.° Propiedad

 

          ° La subsistencia ha sido acrecentada y perfeccionada me­

diante una serie sucesiva de artes, introducidas con largos intervalos de tiempo y trabadas más o menos directamente con invenciones y descubrimientos.

 

          ° En el estadio del salvajismo los gérmenes del gobierno deben ser buscados en la organización de gentes, siguiéndolos en las formas progresivas de esta institución, hasta la constitución de la sociedad política.

 

          °. El lenguaje humano se fue perfeccionando de las formas

más toscas y sencillas de la expresión. Como lo indica Lucrecio, el lenguaje de los gestos y señas debe haber precedido al lenguaje ar­ ticulado, así como el pensamiento precedió a la palabra. El lenguaje monosilábico precedió al silábico, así como éste precedió al de las palabras concretas. La inteligencia humana, sin conciencia de desig­ nio, desarrolló el lenguaje articulado mediante la utilización de so­ nidos vocales. Esta importante materia de estudio no cae dentro de los límites de la presente investigación.

          ° Referente a la familia, las etapas de su evolución están com­ prendidas en sistemas de consanguinidad y afinidad, y en costumbres relativas al matrimonio mediante las cuales, colectivamente, se

 

LA SOCIEDAD PKCMXTTVa 79

 

puede seguir el rastro definido de la familia a través de varias formas sucesivas.

 

          ° El desarrollo de la idea religiosa se halla rodeado de tales dificultades intrínsecas que no es posible obtener una explicación completamente satisfactoria. La religión se enlaza tanto con la na­ turaleza imaginativa y emotiva, y por consiguiente, con elementos tan inseguros de conocimiento, que todas las religiones primitivas son grotescas y hasta cierto punto ininteligibles. También esta materia sale del plan de la presente obra, salvo en las sugerencias incidentales.

 

          ° La arquitectura de la vivienda, que se une con la forma de

 

la familia y el plan de la vida doméstica, ofrece una ilustración me­ dianamente completa del progreso, desde el salvajismo hasta la civi­ lización. Su progreso se desarrolla desde la choza del salvaje, a tra­ vés de las viviendas comunales de los bárbaros, hasta la casa indivi­ dual de los pueblos civilizados. Este tema se tratará someramente.

 

          ° La idea de la propiedad se formó lentamente en el pensa­ miento humano, permaneciendo latente durante períodos inmensos

 

áe tiempo. Realizándose en el salvajismo, necesitó toda la experien­ cia de este período y del subsiguiente de barbarie para que el cere­ bro humano tomara conciencia de su influencia de controlar. Su go­ bierno señala el comienzo de la civilización.

 

Condujo al hombre no sólo a defenderse de la barbarie, sino tam­

bién a establecer la sociedad política sobre la base de territorio y de propiedad. El conocimiento crítico de la evolución de la idea de propiedad abarca, en cierto modo, la parte más notable de la historia mental del hombre.

 

"* Mi propósito es presentar algunas pruebas del progreso humano

a lo largo de estas diversas líneas y a través de períodos étnicos suce­ sivos, según se halla revelado por invenciones y descubrimientos y

 

por el crecimiento de las ideas de gobierno, de familia y de propiedad. Como premisa puede establecerse que toda forma de gobierno

 

encuadra en dos planes generales, empleando el vocablo plan en su sentido científico. En sus bases, los dos son fundamentalmente distintos. El primero, en el orden cronológico, se funda sobre perso-aas y sobre relaciones puramente personales, y se puede distinguir como una sociedad (societas). La gens es la unidad de esta organiza­ ción, dando, como sucesivas etapas de integración, en el período ar­ caico, la gens, la fratría, la tribu y la confederación de tribus, las que constituirían un pueblo o nación (populas). En un período posterior,

la unión de tribus en un mismo territorio, ya como nación, reemplazó a la confederación de tribus que ocupaban áreas independientes. Tal fue la organización sustancialmente universal de la sociedad antigua, a través de largos siglos, después de la aparición de la gens; y se mantuvo entre los griegos y romanos después de sobrevenir la civi-

 

LEW IS H. MOKCAN

 

lización. El segundo, se funda sobre el territorio y la propiedad y puede ser considerado como un estado (civitas).

La villa o barrio circunscrito por mojones, con las propiedades

 

que contiene, es la base o unidad ae la última, y la sociedad" política es el resultado. La sociedad política está organizada sobre áreas te­ rritoriales y se ocupa tanto de la propiedad como de las personas, mediante relaciones territoriales. Las etapas sucesivas de integración son la villa o barrio, que es la unidad ae organización; el departa­ mento o provincia, que es la reunión de villas o barrios, y el dominio o territorio nacional, que es la reunión o incorporación de departa­ mentos o provincias, el pueblo de cada uno de los cuales está orga­ nizado en un cuerpo político. Los griegos y romanos tuvieron que esforzarse hasta el límite de sus respectivas capacidades, después que hubieron alcanzado la civilización, para inventar la villa y el barrio o cuartel de la ciudad e inaugurar asi el segundo plan de gobierno, que perdura entre las naciones civilizadas hasta el día de hoy. En la so­ ciedad antigua este plan territorial era desconocido. Cuando sobre­ vino, quedó fijada la línea de demarcación entre la sociedad antigua y la moderna, distinción que se reconocerá en estas páginas.

 

Se hace notar que las distintas etapas de este progreso se hallan bien conservadas, teniendo como modelo las instituciones domésti­ cas de los bárbaros y aun de los antepasados salvajes del hombre, apoyándose en la organización de la sociedad sobre la base del sexo, luego sobre la del parentesco y, finalmente, sobre la del territorio, en las formas sucesivas del matrimonio y de la familia. Creando así sistemas de consanguinidad, a través de la vida doméstica v de la arquitectura y a través de progresos en las prácticas referentes a la propiedad y a la herencia ae la misma.

 

La tesis de la degradación del género humano, para explicar la. existencia de salvajes y bárbaros, ya no es sostenible. Apareció como-corolario de la cosmogonía mosaica y fue admitida en razón de una-supuesta necesidad que no existe ya. Como teoría no solamente es insuficiente para explicar la existencia de salvajes, sino que también carece de base en los hechos de la experiencia humana.

 

Se presume que los antepasados remotos de las naciones arias pasaron por una experiencia semejante a la de tribus bárbaras o sal­ vajes del tiempo actuaL A pesar de que la experiencia de estas na­ ciones encierra toda la información necesaria para ilustrar los perío­ dos de la civilización, tanto antigua como moderna, su conocimiento anterior debe deducirse, sobre todo, de la visible vinculación entre los elementos de sus instituciones existentes e invenciones y de los ele­ mentos similares que todavía se conservan en las de tribus salvajes y bárbaras.

 

Se puede observar, finalmente, que la experiencia del género hu­ mano ha sido casi uniforme; que las necesidades humanas baio con-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA

¦-M ui

 

dicio'nes similares han sido esencialmente las mismas, y que las evo­ luciones de! principio mental han sido uniformes en virtud de la iden­ tidad específica del cerebro en todas las razas humanas. Ésta, sin embargo, es sólo una parte de la explicación de la uniformidad de los resultados.

 

Los gérmenes de las instituciones principales y artes de la vida se desarrollaron mientras el hombre era aún salvaje. En gran parte, la experiencia de los períodos subsiguientes de barbarie y de civi­ lización, han sido alterados con el mayor desenvolvimiento de estos conceptos primitivos. Dondequiera que se pueda distinguir una vinculación, en continentes diferentes, entre una institución presente y un germen universal, queda implícita la derivación de los Dueblos mismos de un tronco originario común.

La dilucidación de estas diversas categorías de hechos será faci­

litada por la fijación de cierto número de períodos étnicos, cada uno

representativo de una distinta condición de sociedad y distinguible

por un modo de vida peculiar. Los términos Edad de Piedra , de

' Bronce          y de "Hierro , introducidos por arqueólogos daneses, han

sido sumamente útiles para ciertos propósitos, y seguirán siéndolo

para la clasificación de objetos de arte antiguo, pero el progreso del

saber ha impuesto la necesidad de otras subdivisiones diferentes. Los

objetos de piedra no quedaron del todo arrumbados con la introduc­

ción de herramientas de hierro, ni con las de bronce. La invención

del procedimiento de fundir el hierro mineral creó un período étnico,

pero difícilmente podríamos fijar otro de la producción del bronce.

Además, como el período de los implementos de piedra se prolonga

sobre los del bronce y del hierro, y desde que el del bronce también

se prolonga sobre el del hierro, no son susceptibles de una separa­

ción que dejara a uno y otro independiente y distinto.

 

Es probable que las sucesivas artes de subsistencia hayan influido sobre la condición del hombre, y sean las que en última instancia ofrezcan bases más satisfactorias para estas divisiones.

 

La investigación no ha progresado lo suficiente en este sentido para proporcionar los datos necesarios. Con los actuales conocimien­ tos, los resultados principales pueden ser obtenidos mediante la se­ lección de invenciones o descubrimientos paralelos, que suministren suficientes comprobaciones de progreso, como para definir el comien­ zo de sucesivos períodos étnicos. Aun cuando sean aceptados sola­ mente como probables, estos períodos serán convenientes y útiles. Se

 

verá que cada uno de los que van a ser indicados abarca una cultu­ ra distinta y representa un modo particular de vida.

 

El período del salvajismo, todavía poco conocido, puede ser di­ vidido provisionalmente en tres subperiodos. Éstos podrán ser desig­ nados, respectivamente, el inferior, el medio y el superior, y la con di-

 

82 LEWIS H. MORGAN

 

ción de la sociedad en cada uno, respectivamente, puede distinguir­ se como el estadio inferior, medio y superior del salvajismo.

 

De igual manera, el período de la barbarie se divide, natural­ mente, en tres subperiodos, que se llamarán, respectivamente, el in­ ferior, el medio y el superior; y la condición de la sociedad en cada uno se distinguirá como el estadio inferior, medio y superior de la barbarie.

 

Es difícil, si no imposible, fijar comprobaciones de progreso que

señalen el comienzo de estos diversos períodos. Tampoco es nece­

sario, para los fines que se tiene en vista, que no existan excepciones.

Bastará que las tribus principales del género humano puedan ser cla­

sificadas, según los grados de sus relativos progresos, en condiciones

que puedan reconocerse como distintas.

 

1. E st a d io in f e r i o r d e l sa l v a jism o

 

Este período comenzó con la infancia del hombre y puede darse

por terminado con la adquisición de una subsistencia a base de pes­ cado y el conocimiento ael uso del fuego. El hombre vivía entonces en su morada originaria y restringida y subsistía de frutas y nueces. Corresponde a este período el comienzo de la palabra articulada.

 

No hay ejemplos de tribus de la humanidad en estas condiciones que hayan llegado hasta el período histórico.

 

2. E st a d io m e d io d e l sa l v a jism o

 

Comenzó con la adquisición de una subsistencia a base de pesca­ do y el conocimiento del uso del fuego, y terminó con la invención del arco y flecha. Mientras perduraba en esta condición, el hombre se diseminó desde su morada originaria por la mayor parte de la tierra. De las tribus que todavía existen, colocaré en el estadio me­ dio del salvajismo, por ejemplo, a los australianos y la mayor parte de los polinesios, al tiempo de ser descubiertos. Será suficiente con presentar uno o más ejemplos de cada estadio.

 

3. E st a d io s u p e r i o r d e l sa l v a jism o

 

Comenzó con la invención del arco y flecha y terminó con la in­

vención del arte de la alfarería. Coloco en el estadio superior del sal­ vajismo a las tribus Athapascan, del territorio de la bahía del Hud-

 

LA SOCIEDAD PBIMrnVA 33

 

son, las tribus del valle de Colombia y ciertas tribus de la costa de América del Norte y del Sur, pero con relación a la época de su des­ cubrimiento. Este estadio clausura el período del salvajismo.

 

4. E sta d io in f e r i o r d e la b a r b a r ie

 

La invención o práctica del arte de la alfarería, considerando to­ das las conquistas, es posiblemente la prueba más efectiva y conclu­ yente que puede elegirse para fijar una línea de demarcación, nece­

 

sariamente arbitraria, entre el salvajismo y la barbarie. Desde tiempo atrás se ha reconocido la distinción entre las dos condiciones, pero hasta ahora no se ha propuesto ninguna conquista de progreso que señalara el paso del primero al segundo. Así, pues, todas aquellas tribus que nunca alcanzaron el arte de la alfarería serán clasificadas como salvajes, y las que conquistaron este arte, pero aue nunca lle­ garon a tener un alfabeto fonético y a poseer el arte ae la escritura, serán clasificadas como bárbaras.

El primer subperíodo de la barbarie comenzó con la alfarería, ya

 

sea por invención original o bien por adopción. Al tratar de fijar su término y el comienzo del estadio medio, se tropieza con la dificultad de las dotaciones desiguales de los dos hemisferios, que comenzaron a influir sobre los destinos humanos después que hubo pasado el pe­ ríodo del salvajismo. Puede solucionarse, entretanto, mediante el em­ pleo de equivalentes. Para el hemisferio oriental, la domesticación de animales, y para el occidental, el cultivo del maíz y plantas median­ te el riego, juntamente con el uso de adobe o piedra en la construc­ ción de casas, han sido elegidos como testimonios suficientes de pro­ greso para jalonar una transición del estadio inferior al superior de la barbarie.

 

Sitúo, por ejemplo, en el estadio inferior a las tribus indias de Estados Unidos, al este del río Missouri, y aquellas tribus de Europa y Asia que practicaban el arte de la alfarería, pero sin poseer anima­ les domésticos.

 

5. E sta d io m e d io d e la b a r b a r ie

 

Comenzó, en el hemisferio oriental, con la domesticación de ani­ males, y en el occidental, con el cultivo a base de riego y con el empleo del adobe y de la piedra en la arquitectura, como se ha dicho anteriormente. Su término puede fijarse en la invención del proce­ dimiento de fundir el hierro mineral.

 

Se pueden situar en el estadio medio, por ejemplo, tribus del Nue­ vo Méjico, Méjico, Centroamérica y Perú y aquellas tribus del he-

 

8 4 LEWIS H. MORGAN

 

misferio oriental que poseyeron animales domésticos, pero sin cono­ cer el hierro. Los antiguos bretones, aunque familiarizados con el empleo del hierro, lógicamente forman parte de esta clasificación. La vecindad de tribus continentales más avanzadas, había hecho progresar entre ellos las artes de la vida mucho más allá del estado de desarrollo de sus instituciones domésticas.

 

6. E l e s t a d i o s u p e r i o r d e l a b a r b a r t e

 

Comenzó con el trabajo del hierro y terminó con la invención de

un alfabeto fonético y el uso de la escritura en la composición lite­ raria. Aquí comienza la civilización. Fijo en el estadio superior, por ejemplo, a las tribus griegas de la Edad de Homero, a las tribus ita­ lianas, poco antes de la fundación de Roma, y a las tribus germáni­ cas de la época de César.

 

7. E sta d io d e la ctvtlización

 

Comenzó, como ya se ha dicho, con el uso de un alfabeto fonéti­

co y la producción de registros literarios y se divide en cnvtiguo y moderno. Puede ser admitida como equivalente la escritura jeroglífi­ ca en piedra.

 

RECAPITULACIÓN

 

Períodos Condiciones

I. Período inferior del salva- I. Estadio inferior del salva­ jismo. jismo.

 

II. Período medio del salva- II. Estadio medio del salvajismo, jismo.

 

          Período superior del salva- III. Estado superior del salva­ jismo. jismo.

 

IV. Período inferior de la bar- FV. Estadio inferior de la bar­ barie. barie.

 

V. Período medio de la bar- V. Estadio medio de la barbarie, barie.

 

VI. Período superior de la bar- VI. Estadio superior de la bar­ barie. barie.

 

LA SO C IED A D PRXMTTTVA S5

 

I. Estadio inferior del salvajismo: desde la infancia del género humano hasta el comienzo del período siguiente.

 

II. Estadio medio del salvajismo: desde la adquisición de una subsistencia a base de pescado y el conocimiento del uso del fuego, hasta el comienzo del período siguiente.

 

          Estadio superior del salvajismo: desde la invención del arco y flecha, basta, etc.

 

IV. Estadio inferior de la barbarie: desde la invención del arte de la alfarería, hasta, etc.

 

V. Estadio medio de la barbarie: desde la domesticación de ani­ males en el hemisferio oriental, y en el occidental, desde el cul­ tivo del maíz y plantas por el riego, con el uso de adobe y piedra, hasta, etc.

 

VI. Estadio superior de la barbarie: desde la invención de la fun­ dición de mineral de hierro y el empleo de implementos de hierro, hasta, etc.

 

Vil. Estadio de civilización: desde 1a invención de un alfabeto fo­ nético y el empleo de la escritura, hasta el tiempo presente.

 

Cada uno de estos períodos posee una cultura distinta y exhibe modos de vida más o menos especiales y peculiares. Esta especiali-zación de periodos étnicos hace posible tratar una sociedad en par­ ticular, según su condición de relativo adelanto, y hacerla materia de investigación o de dilucidación independiente. El hecho de que dis­ tintas tribus y naciones en un mismo continente y aun de una misma familia lingüística se hallasen en condiciones diferentes a un mismo tiempo no afecta el resultado principal, ya que para nuestro propó­ sito la condición de cada uno es el hecho principal, siendo el tiempo secundario.

 

Y como el uso de la alfarería es menos significativo que el em­ pleo de anímales domésticos, del hierro o de un alfabeto fonético, para señalar el comienzo de períodos étnicos subsiguientes deben exponerse las razones de su acfopción.

 

La alfarería presupone vida ae pueblo, y un progreso considera­

ble en las artes sencillas (1). Los implementos de pedernal o de pie-

(1) Edwin B. Tylcir observa que Goquet fue quien primero promulgó, en

el siglo pasado, el concepto de que la manera como vino a crearse la alfare­ ría, sería que al principio la gente embadurnaba con barro estas vasijas com­ bustibles para protegerlas del fuego, hasta caer en cuenta que el barro sólo ser­ viría para su propósito, y de esta manera vino 2 I mundo el arte de la alfare­ ría. Early History of Mankind", página 273. Goquet cuenta de) capitán Gon-nevOle, quien visitó el litoral sudeste de Sud América en 1503, que encontró sus utensilios domésticos de madera, hasta sus ollas para hervir, pero embadur­

 

nados de una especie de arcilla, de un buen dedo de espesor, que impedía que el fuego los consumiera (ibid., 273).

 

LEWIS H. MORCAN

 

dra son más antiguos que la alfarería, puesto que en numerosos casos han sido hallados depósitos antiguos de aquéllos no acompañados

 

de restos de ésta. Debe haber sobrevenido una sucesión de invencio­ nes de mayor apremio, y adaptadas a un nivel más bajo, antes de hacerse sentir la necesidad de la alfarería.

El comienzo de la vida de pueblo, con cierto grado de dominio

sobre la subsistencia, vasijas y utensilios de madera, tejido a dedo con filamentos de corteza, fabricación de cestas, y el arco y flecha, hace su aparición antes que el arte de la alfarería. Los indios puebles que se hallaban en el estadio medio de la barbarie, tales como los zuñíanos, los aztecas y los cholulas, fabricaban objetos de alfarería en grandes cantidades y tenían muchos modelos de considerable no­ tabilidad; la parte de los indios de los Estados Unidos, quienes se hallaban en el estadio inferior de la barbarie, tales como los iraque­ ses, los choctas y los cheroqueses, los trabajaban en cantidades meno­ res y en número limitado de modelos. Pero los indios no agrícolas, que se hallaban en el estadio del salvajismo, tales como los athapas-canos, y las tribus de California y del valle de Colombia, no conocían su uso (2). En Pre-Historic Times, de Lubbock, en Early History of Mankind, de Tylor, y en Races of Man, de Peschel, han sido reunidos los pormenores respecto a este arte, y la extensión de su distribu­ ción, con notable amplitud investigadora. Era desconocido en la Po­ linesia (con la excepción de las islas de los tongas y los fiyianos), en Australia, en California y en el territorio de la bahía de Hudson. Tylor observa que el arte de tejer era desconocido en la mayoría

 

de las islas apartadas del Asia y que en la mayor parte de las islas del Mar del Sur Pacífico no había conocimiento de la alfa­ rería (3). El reverendo Lorimer Fison, un misionero inglés residente en Australia, contestó a las preguntas del autor que "los australia­ nos no poseían géneros tejidos ni alfarería y desconocían el arco y la flecha . Esto último concierne en general a los polinesios.

 

La introducción del arte de la cerámica determinó una nueva época en el progreso humano, en el sentido de una vida mejorada y aumento de comodidades domésticas. Mientras los implementos de pedernal y de piedra que fueron introducidos antes y requirieron largos períodos de tiempo para el desarrollo de todos sus usos die­ ron la canoa, vasijas y utensilios de madera, y, finalmente, madera y

 

          Hace pocos años, ha sido hallada alfarería er. túmulos aborígenes en el Oregon: F o s t e r : "Pre-Historic Races of the United States", I. 152. Las pri­ meras vasijas de alfarería entre los aborígenes de los Estados Unidos parecieron haber sido hechas con cestas de juncos o de mimbre como molde, que se que­ maban después que la vasija se hubiera endurecido. Jo n e s: "Antiquities of the Southern Indians", pág. 461. El artículo del Profesor Raii Pottery". Smithsonian Report, 1866, página 352.

 

          Early History of Mankind", pág. 1S1:  Pre-Historic Times", pácinas

 

          441, 462, 477, 533. 542. LA SOCIEDAD PRM T IVA 37

 

tablones para la arquitectura de La vivienda ( 4). La alfarería dio va­ sijas duraderas para hervir los alimentos, lo que antes se hacía tos­ camente en cestas untadas -de arcilla y en hoyos abiertos en el suelo y forrados de cuero, obteniéndose el hervor por medio de piedras recalentadas (5). Se ha polemizado sober si la alfarería de los aborí­

 

genes era endurecida por el fuego o curada por el simple procedi­ miento de secarla. El profesor E. T. Cox, de Indianápolis, ha demos­ trado, mediante el análisis de alfarería antigua y ae cementos hi­ dráulicos, que en cuanto concierne a constituyentes químicos, ella (la alfarería) concuerda muy bien con la composición de piedras hidráulicas' . Y más adelante añade que toda la alfarería correspon­ diente a la época de los mound-builders (constructores de túmulos), que yo haya visto, está compuesta de arcilla de aluvión y arena o una mezcla de aquélla con conchas de agua dulce pulverizadas. Una pasta elaborada con tal mezcla posee en alto grado las propiedades de Puzzuolani hidráulico y cemento Portland, de suerte que las va­ sijas fabricadas con ella se endurecían sin ser quemadas, como es de uso en la alfarería moderna. Los fragmentos de concha hacían las veces de cascajo o fragmentos de piedra, como al presente se usa

 

en combinación con cemento hidráulico para la fabricación de pie­ dra artificial (6). La composición de la alfarería india en analogía con la del cemento hidráulico sugiere dificultades en el sentido de inventar el arte y tiende también a explicar el retraso de su introduc­ ción en el curso de la experiencia humana.

 

No obstante la ingeniosa conjetura del profesor Cox, es probable

que la alfarería fuera endurecida por calor artificial. En algunos ca­ sos el hecho puede ser comprobado directamente. Así, Adair, hablan­ do de las tribus del Golfo, observa que hacen vasijas de barro de tamaños muy variados como para contener de dos a diez galones,

 

 Lewis y Clarke (1805) comprobaron el empico de tablones p3ra la cons­ trucción de casas entre las tribus del río Columbia; Travels", edición Longman. 1814. pág. 503. John Keats Lord, halló tablones de cedro sacados del macizo del árbol a golpe de formón y hacha de' piedra", en casas de indios de la isla Vancouver. Naturalista in British Columbia", I, 169.

 

 Tylor :  Early History of Mankind", págs. 265 y siguientes.

 Geological Survey of Indiana". 1873, pág. 119. Da el siguiente aná­

lisis: Ancient Pottery,  Bone Bank", Posey C.° Indiana.     

Humedad a 212 grados Fahrenheit...................................     1.00

Sílice............................................................................

............ 36,00 

Carbonato de c a l..............................................................

...... 25.50       

Carbonato de magnesio.........................................................            3

.20    

Alúmina...........................................................................

....... 5,00        

Peróxido de hierro................................................................

. 5,50

Ácido sulfúrico.....................................................................

. 0.20

Materia orgánica (álcalis desperdicio) ...............................  23,60

100,00

 

88 LEWIS H. MORGAN

grandes jarras para llevar agua, tazones, fuentes, platos, jofainas y un número prodigioso de otras vasijas, de formas tan anticuadas que sería engorroso describir e imposible denominar. Su método para barnizarlas consiste en colocarlas sobre un fuego grande de pinotea, cuyo humo y calor las pone negras, lisas y firmes (7).

 

Otra ventaja de fijar períodos étnicos definidos es la de encami­ nar la investigación especial a aquellas tribus y naciones que ofrez­ can la mejor ejemplífícación de cada estadio, a fin de que cada una sirva de muestra y de ilustración. Algunas tribus y familias han sido

 

dejadas en el aislamiento geográfico para resolver los problemas del progreso por el esfuerzo mental original; y, por consiguiente, han con­ servado sus artes e instituciones puras y homogéneas, mientras las de otras tribus y naciones han sido adulteradas por influjos externos. Así, mientras África era y es un caos étnico de salvajismo y de barbarie, Australia y Polinesia se hallan en el salvajismo puro y sencillo, con las artes e instituciones correspondientes a esa condición. De la mis­ ma manera, la familia india de América, diferente de toda otra fami­ lia existente, representaba la condición del hombre en tres períodos étnicos sucesivos. En posesión de un gran continente, de descenden­ cia común y con instituciones homogéneas, ponía de manifiesto, al ser descubierta, cada una de estas condiciones, y especialmente las de

 

los estadios inferior y medio de la barbarie, con mayor desarrollo y más perfecto que cualquiera otra familia del género humano.

 

Los indios del lejano norte y algunas de las tribus costaneras de Norte y de Sud América, se hallaban en el estadio superior del sal­ vajismo; los indios sedentarios al Este de! Mississipi se hallaban en el estadio inferior de la barbarie, y los indios pueblos del Norte y Suda-mérica se hallaban en el estadio medio. Semejante oportunidad para reunir una información plena y detallada del curso de la experiencia humana y su progreso en el desarrollo de sus artes e instituciones a través de estas condiciones sucesivas, no ha sido ofrecida dentro del período histórico. Debe agregarse que ha sido mejorada muy media­ namente. Nuestras mayores deficiencias se relacionan con el último de los períodos mencionados.

Existieron, sin duda, diferencias de cultura del mismo periodo en

 

los hemisferios oriental y occidental, a consecuencia de la naturaleza desigual de los continentes; pero las condiciones de la sociedad en el estadio correspondiente debe haber sido por lo demás, muy pare­ cida.

 

Los antepasados de las tribus griegas, romanas y germánicas re­ corrieron las etapas que hemos indicado. Su diferenciación de la masa de los bárbaros, no sobrevino, probablemente, antes del comienzo del

 

          History of the Am erican Indian". Londres, edición 1775, página 424. Los iraqueses afirman, que en los tiempos antiguos sus antepasados curaban la alfarería delante de un fuego.

 

LA SOCIEDAD PKIMITtVA Íi9

 

período medio de la barbarie. La experiencia de estas tribus se ha perdido, salvo en la parte en que está representada por las institucio­ nes, invenciones y descubrimientos que habían traído consigo, y que poseían cuando históricamente fueron conocidos. Las tribus griegas y latinas de los períodos de Homero y de Rómulo ofrecen el más alto ejemplo del estadio superior de la barbarie. Sus instituciones eran también puras y homogéneas, y su experiencia está vinculada directa­ mente con las conquistas finales de la civilización.

 

Comenzando, pues, con los australianos y nolinesios, continuando con las tribus indias americanas, y concluyendo con el romano y el griego, que suministran, respectivamente, los más altos ejemplos de las seis grandes etapas del progreso humano. Es justo sentar que la suma de sus experiencias unidas representa equitativamente la de la familia humana, desde el estadio medio del salvajismo, hasta el fin de la civilización humana. En consecuencia, las naciones arias ha­ llarán el tipo de la condición de sus antepasados remotos, que se encontraban en el salvajismo, en la de los australianos y polinesios; los del estadio inferior de la barbarie en la de algunos indios pueblos de América, y los del estadio medio en el de los indios pueblos con los cuales su propia experiencia en el estadio superior se vincula directamente.

 

Tan esencialmente idénticas son las artes, instituciones v modos de vida en un mismo estadio en todos los continentes, que la forma arcaica de las principales instituciones domésticas de los griegos y ro­ manos, debe buscarse aún hoy en las instituciones correspondientes

 

de los aborígenes americanos, como se demostrará más adelante. Este hecho constituye parte del testimonio acumulado, tendiente a demos­ trar que las instituciones principales de la humanidad se han desarro­ llado sobre la base de unos pocos gérmenes primarios del pensamien­ to; y que el curso y manera de su desarrollo estaban predeterminados, como también circunscriptos dentro de límites estrechos de divergen­ cia, por la lógica natural de la mente humana y las limitaciones nece­ sarias de sus facultades. Se ha comprobado que el progreso es subs­ tancialmente del mismo tipo en tribus y naciones de continentes dife­ rentes y aún separados, mientras se hallan en el mismo estadio, con desviaciones de la uniformidad en casos particulares, producidas por causas especiales. El argumento una vez desarrollado, tiende a esta­ blecer la unidad del origen del género humano.

 

Al estudiar el estado de las tribus y naciones en estos períodos étnicos, tratamos, substancialmente, de la historia antigua y condición de nuestros propios antepasados remotos.

 

ARTES DE SUBSISTENCIA

 

El hecho importante de que el hombre comenzó al pie de la es­ cala, y se elevó, está demostrado expresivamente por la sucesión de sus artes de subsistencia. De su ingenio, en este sentido, pendía la cuestión entera de la supremacía del hombre en la tierra- El hombre es el único ser de quien se puede decir que ha logrado el dominio ab­ soluto de la producción de alimentos que, en el punto de partida, no era más suya que .de otros animales. Al no haber ampliado las

 

bases de subsistencia, el hombre no hubiese podido propagarse hasta Otras zonas que no poseyeran las mismas clases de alimentos, v, luego, por toda la superficie ae la tierra; y, por último, a no haber logrado el dominio absoluto tanto sobre su variedad como sobre su cantidad, no se hubiese podido multiplicar en naciones populosas. Es, por tanto, probable, que las grandes épocas del progreso humano se han identificado, más o menos directamente, con la ampliación de las fuentes de subsistencia.

Estamos capacitados para distinguir cinco de estas fuentes de sub­ sistencia humana, considerada como otras tantas artes sucesivas, rma sobreañadida a otra, y sacadas a luz tras intervalos sumamente espa­ ciados de tiempo. Las primeras dos tuvieron origen en el período del salvajismo, y las tres últimas en el período de la barbarie: son según el orden de aparición.

 

          Su b s is t e n c ia n a t u r a l d e f r u t a s y r a íc e s en u na m orada r e s t r in g id a

 

Este postulado nos lleva hasta el período estrictamente primitivo del hombre, cuando en corto número, con subsistencia sencilla, y ocupando zonas limitadas, iniciaba apenas su nueva carrera. No exis-

 

La SOCIEDAD PRIMITIVA 91

 

te arte ni institución que pueda referirse a este período; y solamente una invención, la del lenguaje, se puede ligar con una época tan re­ mota. El género de subsistencia indicado, supone un clima tropical o subtropical. El asentimiento general coloca la primera habitación del hombre en tal clima. Estamos acostumbrados a considerar, con razón, que nuestros progenitores comenzaron su existencia en selvas produc­

 

toras de frutas y nueces y bajo un sol tropical.

Los animales irracionales precedieron a la raza humana, en orden cronológico. Estamos en lo cierto al creer que ellos se hallaban en la plenitud de su potencia y número cuando la raza humana apareció.

 

Los poetas clásicos pintaban las tribus humanas como moradoras de florestas, de cavernas y de selvas, por cuya posesión luchaban con las fieras salvajes (S), a la vez que se alimentaban con los frutos espon­ táneos de la tierra. Si el hombre inició su carrera falto de experiencia, falto de armas y rodeado de fieras, no es improbable que haya vivido, por lo menos parcialmente, en los árboles, como medio de protección y seguridad.

 

La conservación de la vida mediante la constante adquisición del alimento, es la gran carga impuesta.a la existencia en todo género de animales. A medida que descendemos en la escala de la organización estructural, la subsistencia se simplifica de etapa en etapa, hasta que finalmente desaparece. Pero en la escala ascendente, se hace cada vez más difícil, hasta alcanzar la forma estructural más elevada, la del hombre, (donde marca su máximo). De ahí en adelante la inteligencia

 

se hace un factor más elevado. No está claro que, la alimentación a base de substancia animal comenzóse a figurar en el consumo humano desde un periodo muy primario; aunque en esencia el hombre era frugívoro bien que omnívoro en estructura orgánica, ha de quedar como materia de conjetura. Este modo de subsistencia corresponde al período- estrictamente primitivo.

 

2. S u b s is t e n c ia d e pesc a

 

El pescado debe ser reconocido como la primera clase de alimen­ tación artificial, desde que no era completamente aprovechable sin ser cocinado. No es improbable que el fuego tuviese su primer em­ pleo para este fin. Los peces eran universales en su distribución, ilimitados en cantidad, y la única clase de alimento que podía obte­ nerse en todo tiempo. Los cereales, si es que realmente ya existían, todavía no eran conocidos en el período primitivo, y la caza era por demás precaria para haber constituido en alguna ocasión un medio exclusivo de sostenimiento humano- Con esta especie de alimentación,

          Lucrecio : "De Re Nat.", lib. V, 951.

 

LEWIS H. MOBGAN

 

el hombre se hizo independiente del clima y del lugar; y siguiendo

las costas de mares y lagos y los cursos de los ríos, podía, hallándose todavía en el estado salvaje, esparcirse por la mayor parte de la super­ ficie de la tierra. De la verdad de tales migraciones existe testimo­ nio abundante en los restos de implementos de piedra y de pedernal

 

del estadio del salvajismo, hallados en todos los continentes. A estar confiados a las frutas y subsistencia espontánea, la traslación desde la habitación originaria hubiera sido imposible.

 

Entre la introducción del pescado, seguida por las amplias migra­ ciones indicadas, y el cultivo de alimentos farináceos, el intervalo de tiempo fue inmenso. Comprende una gran parte del período del sal­ vajismo. Pero durante este intervalo hubo un aumento importante en

 

la variedad y cantidad de alimentos, tal, por ejemplo, como lás raíces farináceas cocinadas en hornos en el suelo, y la adición permanente de caza mediante armas perfeccionadas, y especialmente mediante el arco y la flecha. Esta notable invención, que vino más tarde que el mazo y la lanza, y suministró la primera arma mortífera para la caza, apareció en las postrimerías del salvajismo (9). Ha sido utilizada para señalar el comienzo del estadio superior. Debe haber comunicado una poderosa influencia del progreso a la sociedad antigua ocupan­

 

do, con relación al período del salvajismo, el mismo sitio que la es­ pada de hierro con relación al período de la barbarie, y las armas de fuego, con relación al período de la civilización.

 

A causa del carácter precario de todas estas fuentes de alimentos, fuera de las grandes áreas de pesca, la antropofagia se convirtió en siniestro recurso de la humanidad. Gradualmente se comprueba la antigua universalidad de esta práctica.

 

3. Su b s is t e n c ia f a r in á c e a m e d ia n t e l o s c u l t iv o s

 

Ahora abandonemos el salvajismo y penetremos en el estadio in­

ferior de la barbarie. El cultivo de cereales y plantas no era conocido en el hemisferio occidental, salvo entre las tribus que habían surgido del salvajismo. Parece no haber sido conocido en el hemisferio orien­ tal hasta después que las tribus de Asia y Europa pasaron por el in­ ferior y se aproximaron al término del estadio medio de la barbarie. Esto nos plantea el hecho singular que los aborígenes americanos del

 

(9) Como coordinación de fuerzas, es tan abstrusa, que no es improbable

que haya debido a la casualidad su origen. I-a elasticidad y resistencia de cier tas

 

variedades de madera, la tensión de una cuerda de nervios o de fibras vegeta­ les por medio de un arco tendido, y, finalmente, su coordinación para lanzar una flecha por el impulso humano, no son sugestiones muy claras para la men­ te de un salvaje. Como se ha dicho en otra parte, el arco y flecha son desco­ nocidos por los polinesios en general, y por los australianos. Este hecho, por sí solo, demuestra que el' hombre ya había alcanzado un considerable progreso en

 

el estado salvaje, cuando el arco y la flecha hicieron su primera aparición. LA SOCIEDAD PRIMmVA 93

 

estadio inferior de la barbarie, se hallaban en posesión de la horticul­ tura, un periodo étnico entero antes que los habitantes del hemis­ ferio oriental. Fue una resultante de la dotación despareja de los dos hemisferios: el oriental poseía todos los animales aptos para la domes­ ticación, excepto uno, y la mayoría de los cereales; mientras el occidental sólo poseía un cereal apto para el cultivo, aunque el me­ jor. En aquél tendía a prolongar el período de barbarie más antiguo,

 

y, en éste, a abreviarlo, y con la ventaja de condición en este período a favor de los aborígenes americanos. Pero cuando las tribus más adelantadas del hemisferio oriental, en los comienzos del período medio de la barbarie, hubieron domesticado animales que fes pro­ veían de leche y carne, su condición, sin el conocimiento de los cere­ ales, era muy superior a la de los aborígenes americanos del período correspondiente, con el maíz y plantas, pero carentes de animales domésticos. La diferenciación de las familias arias y semíticas de la masa de los bárbaros, parece haberse iniciado con la domesticación de animales.

 

Que el descubrimiento y cultivo de los cereales por la familia aria fue posterior a la domesticación de animales, es evidente, por el he­ cho de que en los diversos dialectos de la lengua aria existen términos comunes para estos animales, y no existen para los cereales o plantas cultivadas. Mommsen, después de demostrar que los animales domés­ ticos llevan los mismos nombres en el sánscrito, griego y latín, lo que más tarde Max Müller (10) hizo extensivo a los restantes dialectos Arios, demostrando así que eran conocidos y presuntamente domes­ ticados antes de separarse estas naciones entre sí, continúa como sigue: Por otro lado, no poseemos hasta ahora comprobaciones cier­ tas de la existencia de la agricultura en este período. El lenguaje más bien favorece la negativa. De los nombres latino-griegos de los

 

granos, ninguno se encuentra en el sánscrito, con la sola excepción de zea, que filológicamente representa el sánscrito yavas, pero en indio,' denota cebada y, en griego, escanda. Cierto es que debe conve­ nirse en que esta divergencia de nombres de plantas cultivadas, que tan vivamente contrasta con la concordancia esencial en los apelativos de animales domésticos, no descarta del todo la suposición de una agricultura originaria común. El cultivo del arroz entre los indios, el del trigo y escanda entre los griegos, y del centeno y avena entre los germanos y celtas, puede que señalen rastros de un sistema común de labranza originaria (11). Esta última conclusión es forzada. La horticultura precedió a la labranza de los campos, así como la huerta (hortos) precedió al campo (ager); y si éste implica lindes, aquélla significa directamente "espacio cercado . La labranza, entretanto}

 

          Chips from a German Workshop , tabla comp., II, pág. 42.

          History of Rome , edición de Scribner, 1871, I, pág. 38.

 

LEWIS H. MORGAN

 

tiene que haber sido más antigua que la huerta cercada; siendo el orden natural, primero, labranza de pedazos abiertos de tierra de alu­ vión; segundo, de espacios cercados, huertas; y, tercero, del campo por medio de un arado, arrastrado por fuerza animal. Si el cultivo

 

ae plantas, tales como la arveja, poroto, nabo, chirivía, remolacha, ca­ labaza y melón, una o varias de ellas, precedió al cultivo de los cerea­ les, carecemos de medios para indagarlo. Algunas de estas tienen nombres comunes en el griego y en el latín; pero me asegura nuestro eminente filólogo, profesor W. D. Whitney, que ninguna tiene nom­ bre común en griego o latín y sánscrito.

 

La horticultura parece haber surgido más bien de las necesidades de los animales domésticos, que de las del hombre. En el hemisferio occidental comenzó con el maíz. Esta nueva era, aun cuando no sincrónica en ambos hemisferios, tuvo inmensa influencia en los destinos de la humanidad- Existen razones para creer que se requie­

 

ren siglos para radicar el arte del cultivo y fiar al alimento farináceo la principal seguridad. Desde que en América condujo a la localiza­ ción y vida del pueblo, tendió, especialmente entre los indios pueblos, a reemplazar al pescado y la caza. El hombre obtuvo su primera impresión de la posibilidad de una abundancia de alimentos, de los cereales y plantas cultivadas.

 

La adquisición en América, de alimentos farináceos, y en. Asia y Europa, de animales domésticos, fue el medio de librar a las tribus adelantadas así provistas, del flagelo de la antropofagia, que, como antes se ha dicho, hay razones para creer que era practicado univer­ salmente durante todo el período del salvajismo a costa de los ene­ migos cautivos, y en tiempo de escasez, con amigos y parientes. La antropofagia en la guerra, practicada por bandas armadas en el cam­ po, subsistió entre los aborígenes americanos, no solamente durante el estadio inferior, sino también en el estadio medio de la barbarie, como, por ejemplo, entre los iraqueses y los aztecas; pero la prác­ tica general había desaparecido. Esto demuestra eficazmente la gran importancia del aumento permanente de la alimentación en el me­ joramiento de la condición del género humano-

 

4 . S u b s i s t e n c i a a b a s e d e c a r n e y l e c h e

 

La ausencia de animales aptos para la domesticación en el hemis­ ferio occidental, excepto la llama (12), y las diferencias específicas en los cereales de los dos hemisferios, influyeron poderosamente so-(12) Los primeros escritores españoles hablan de un "perro mudo", que

 

hallaron domesticado en las Antillas y también en Méjico y Centro América. Véanse figuras del perro azteca, en lám. IH, tomo I, de la "History of Mexico", de Clavijero. Por mi pane no he visto identificado este animal También ha­ blan de aves de corral y pavos en el continente. Los aborígenes habían domes­ ticado el pavo, y las tribus Nahuadac, algunas especies de aves silvestres.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 95

 

bre el relativo adelanto de sus habitantes. Mientras esta desigualdad de dones era indiferente para el hombre en el período del salvajismo

 

y no señalada en sus efectos en el estadio inferior de la barbarie, hizo una diferencia esencial con aquella porción que había alcanzado el estadio medio. La domesticación de animales suministraba una sub­ sistencia permanente a base de carne y leche, que tendía a diferenciar las tribus así dotadas, de la masa de los demás bárbaros. En el hemis­ ferio occidental la carne quedaba circunscripta a los suministros pre­ carios de la caza. Esta restricción sobre un género esencial de alimen­ tos era desfavorable para los pueblos indios; y sin duda, explica su­ ficientemente el tamaño inferior del cerebro entre ellos, en compara­ ción con el de los indios en el estadio inferior de la barbarie. En el hemisferio oriental, la domesticación de animales permitía a los ha­ cendosos y económicos asegurarse una provisión permanente de ali­ mento animal, con inclusión de leche, cuyo influjo saludable v vigo-rizador sobre la raza, y especialmente en- ¡os niños, era, sin duda, notable. Pueden, por lo menos, suponerse que las familias arias y semíticas deben sus condiciones preeminentes al alto grado en que, hasta donde alcanzan nuestros conocimientos, se han identificado con

 

la manutención a base de productos de animales domésticos. En una palabra, incorporaron carne, leche y fuerza muscular en su plan de vida. Ninguna otra familia lo ha hecho con igual amplitud v la aria ha ido más lejos en este sentido que la semítica (13).

La domesticación de animales introdujo gradualmente un nuevo

 

modo de vida, la pastoral, en las llanuras del Eufrates y de la India, y en las estepas de Asia; es probable que en los confines de unas u otras, se llegó, por vez primera, a la domesticación de los animales. Sus más viejas tradiciones y la historia concuerdan en atribuirla a estas regiones. Fueron así llevados a regiones que, tan distantes de ser cuna del género humano, eran lugares que ellos no hubieran ocu­ pado como salvajes o bárbaros en el estadio inferior de la barbarie, pues para ellos las zonas selváticas eran la habitación natural. Des­ pués de haberse habituado a la vida pastoral, debe haber sido im­ posible para estas familias regresar a las zonas selváticas del Asia Occidental y de Europa, con sus rebaños y manadas, sin ant^s haber aprendido a cultivar alguno de los cereales para mantener a aquéllos en su alejamiento de las Llanuras herbosas. Parece por con­ siguiente, sumamente probable, como ya se ha dicho, que el cultivo

 

de los cereales tuviera su origen en las necesidades de los animales domésticos, y a base de estas migraciones occidentales; y que el em­ pleo de alimentos farináceos por estas tribus fue una resultante de los conocimientos asi adquiridos.

 

          La "Ilíada" eos hace saber que los griegos ordeñaban sus ovejas, tan­ to como sus vacas y cabras. Véase 'Iliad.' . TV, 433.

 

LEWIS H. MORGAN

 

En el hemisferio occidental, los aborígenes en general pudieron avanzar hasta el estadio inferior de la barbarie, y algunos de ellos, hasta el estadio medio, sin animales domésticos, salvo la llama del Perú, y con un solo cereal, el maíz, además de porotos (judías), cala­

 

bazas y tabaco, y, en algunas regiones, cacao, algodón y pimienta. Pero el maíz, por su crecimiento en las colinas lo que favorecía el cultivo directo por su utilización, tanto verde como maduro, y por su rendimiento abundante y propiedades nutritivas, era una dote más rica para contribuir a los primeros progresos de la humanidad, que todos los demás cereales juntos. Este hecho explica el notable progreso alcanzado por los aborígenes americanos sin los animales domésticos; habiendo los peruanos producido el bronce, que sigue inmediatamente y muy de cerca, en orden de tiempo, al proceso de la fundición del hierro mineral.

 

          S u b s is t e n c ia s il im it a d a s p o r m e d io d e

XA LABRANZA DE CAMPOS

 

Los animales domésticos, completando la fuerza muscular humana

con la fuerza animal, aportaron un nuevo factor del más alto precio.

Con el transcurso del tiempo vino el arado con una reja de hierro,

y una mejor pala y hacha. Como producto de éstos y de la anterior

horticultura, vino la labranza de campos; y con ello, por vez primera,

subsistencias ilimitadas. El arado arrastrado por fuerza animal puede

ser considerado como la inauguración de un nuevo arte. Al mismo

tiempo, surge la idea de reducir la selva y librar a la labranza grandes

 

extensiones (14). Además, ya se hace posible reunir poblaciones más o menos densas en áreas limitadas. Con anterioridad a la labranza de los campos, no es probable que se haya reunido y mantenido, eD par­ te alguna de la tierra, una población de medio millón de almas bajo un solo gobierno. Si hubieron excepciones, debieron resultar de la vida pastoril de las llanuras, o de horticultura mejorada por el riego, bajo condiciones peculiares y excepcionales.

En el curso de estas páginas será necesario hablar de la familia,

tal como existiera en diferentes períodos étnicos; siendo su forma, en un período, algunas veces enteramente diferente de su forma en otro. En la Tercera Parte estas diversas formas de la familia se tratarán particularmente. Pero como se mencionarán con frecuencia en los capítulos siguientes, serán, por lo menos, definidas por anticipado a fin de informar al lector. Ellas son las siguientes:

 

          Lucr., De Re Nat. , V, 1369. LA SOCIEDAD P B M T l VA 97

 

1. L a fa m i l i a c o n s a n g u ín e a

 

Fundábase      en el matrimonio entre           hermanos y hermanas en un

grupo. Se        conserva testimonio de          la más antigua de las  formas exis­

tentes de         la         consanguinidad en la malaya, que tiende      a          demostrar

que ésta,          la         primera forma de la    familia, fue antiguamente tan uni­

versal como el sistema de consanguinidad que creaba.

 

2. L a f a m i l i a p u n .alÚ a

 

Deriva su nombre dé la relación familiar hawaiana Punalúa. Se fundaba en el matrimonio de varios hermanos con las esposas de los otros, en grupo; y de varias hermanas con los esposos de las otras, en grupo. Pero el término hermano aquí usado, comprendía a los ^primos hermanos varones de primer grado, de segundo, de tercero y aún de grados más remotos,' todos los que eran tenidos por hermanos entre sí, como nosotros consideramos a nuestros propios hermanos; y el término hermana comprendía a las primas hermanas mujeres, de primer grado, de segundo, de tercero y aún de grados más remo­

 

tos, todas las cuales eran tenidas por hermanas entre sí a igual que hermanas propias. Esta forma de familia se sobrepuso a la consan­ guinidad. Creó los sistemas turanio y ganowaniano de consanguini­ dad. Tanto éstos como la forma anterior, corresponden al período del salvajismo.

 

3. La f a m i l i a slv d i á s m i c a

 

El término viene de syndyazo, parear, syndyasmos, unir a dos juntamente. Se fundaba en el pareo de un varón y una mujer, bajo

 

la forma de matrimonio, pero sin cohabitación exclusiva. El divorcio o separación estaba librado al albedrío del marido tanto como de la mujer. Esta forma de familia no pudo crear un sistema de consan­ guinidad.

 

4. L a f a m i l i a p a t k i a r c a l

 

Se fundaba sobre el matrimonio de un varón con varias esposas.

Se emplea aquí el término en un sentido restringido para definir la familia especial de las tribus pastoriles hebreas, cuyos jefes y hombres principales practicaban la poligamia. Ejerció escasa influencia en los destinos humanos por su falta de universalidad.

 

93 LEWIS H. MORCAN

 

5. L a f a m i l i a m o n ó g a m a

 

Se fundaba en el matrimonio de un hombre con una mujer, con cohabitación exclusiva; esto último constituía el elemento esencial de la institución. Es preeminentemente la familia de la sociedad civi­ lizada, y es, por consiguiente, esencialmente moderna. Esta forma de la familia también creó un sistema independiente de consanguinidad. Mas adelante se darán pruebas tendientes a demostrar la exis­

 

tencia y la prevalencia general de estas diversas formas de familia en las diferentes etapas del progreso humano.

 

Ill

RAZÓN DEL PROGRESO HUMANO

 

Necesario es obtener una impresión de la suma relativa y de la razón del adelanto humano en los diversos períodos étnicos expues­ tos, agrupando lo alcanzado por cada uno, y comparándolos como categorías distintas de hechos. También esto nos servirá para formar algún concepto respecto a la relativa duración de estos períodos. Para que sea convincente tal exposición, deberá ser general y en for­ ma de recapitulación. Corresponde también que se limite a las obras principales de cada período.

Antes que el hombre pudiese alcanzar el estado civilizado, fue menester que hubiese hecho suyos los elementos de civilización. Esto implica un admirable cambio de condición, primero del salvaie primi- * tivo al bárbaro del tipo más inferior, luego de éste al griego del tiem­ po de Homero o al hebreo del tiempo de Abraham. El desarrollo pro­ gresivo que la historia registra en el período de la civilización, no era menos propio del hombre en cada uno de los períodos anteriores. Descendiendo a través de las diversas líneas del progreso humano, hacia las edades primitivas de la existencia del hombre, y descartan­ do, uno por uno, sus descubrimientos, invenciones e instituciones principales, en el orden en que han hecho su aparición, se aprecia el adelanto realizado en cada período.

Las contribuciones mayores de la civilización moderna son el

 

telégrafo eléctrico, el gas de hulla, el tomo de hilar y el motor me­ cánico; el motor a vapor con sus numerosos aparatos dependientes, con inclusión de la locomotora, el ferrocarril y el buqué a vapor, el telescopio, el descubrimiento de la ponderabilidad de la atmósfera

 

y del sistema solar; la imprenta, la esclusa de canal, la brújula ma­ rina, y la pólvora. Se verá que la masa de las demás invenciones, como por ejemplo, el propulsor Ericsson, tiene por eje una u otra

 

200 LEWIS H. MORGAN

 

de las mencionadas como antecedentes; pero hay excepciones, como

2a fotografía, y numerosas máquinas que no es necesario señalar.

También deben ser descantadas las ciencias modernas, la libertad

¦de cultos y la escuela pública; la democracia representativa; la mo­

narquía constitucional con parlamento; la monarquía feudal; las cla­

ses privilegiadas modernas; la ley internacional, codificada y consue­

tudinaria. La civilización moderna recuperó y asimiló todo lo que era

¦de valor en las civilizaciones antiguas, y si bien las contribuciones

 

de aquélla a la suma del saber humano han sido vastas, brillantes y rápidas, distan mucho de ser tan desproporcionadamente grandes como para obscurecer las civilizaciones antiguas y adjudicarles in­ significancia al compararlas.

Pasando por alto el período medieval, que dio la arquitectura

 

gótica, aristocracia feudal con títulos hereditarios de nobleza, y una jerarquía bajo el primado del Papa, entramos a las civilizaciones ro­ mana y griega. Se les hallará deficientes en grandes inventos v des­ cubrimientos, pero sobresalientes en artes, en filosofía y en institu­ ciones orgánicas. Los aportes principales de estas civilizaciones fue­ ron: gobierno imperial y real; la ley civil; el cristianismo; gobierno mixto aristocrático y democrático, con un senado y cónsules; gobierno democrático con un consejo y asamblea popular, la organización de ejércitos en caballería e infantería, con disciplina militar; la creación de flotas, con la práctica de la guerra naval; la formación de grandes ciudades, con el derecho municipal; el comercio marítimo; la acuña­ ción de moneda; y el estado fundado sobre el territorio y la propie­ dad; y entre las invenciones, el ladrillo cocido a fuego; la grúa (15); la rueda hidráulica como elemento motor en los molinos; el puente,

 

el acueducto, la cloaca, la cañería de plomo como conducto con ca­ nilla; el arco, la balanza, las artes y las ciencias del período clásico, con sus resultados, inclusive los órdenes arquitectónicos; la numera­ ción arábiga y la escritura alfabética.

Estas civilizaciones absorbieron considerablemente los inventos

y descubrimientos y las instituciones del período anterior de la bar-

          barie, como asimismo descansaron en ellos. Las conquistas del hom­ bre civilizado, siendo muy grandes y nobles, siendo amplias

 

y notables, no son suficiente para eclipsar la obra del hombre bár­ baro. Como tal, él había elaborado y poseía todos los elementos de civilización, excepto la escritura alfabética. Sus conquistas como bár­ baro deben ser consideradas en relación con la suma del progreso humano; y puede suceder que nos veamos forzados a reconocer que superan, en importancia relativa, a todas sus obras posteriores.

 

El empleo de la escritura, o su equivalente en jeroglíficos sobre

 

          Los egipcios pueden haber inventado la grúa. Véase "Herodotus", EL 125. También poseían la balanza de escala.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 101

 

piedra, nos proporciona una prueba terminante del comienzo de la civilización (16). A falta de registros históricos literarios, no se puede

 

decir con propiedad que existe ni historia ni civilización. La produc­ ción de los poemas de Homero, ya fuesen transmitidos oralmente o bien confiados en su tiempo a la escritura, fija en forma bastante precisa el momento en que se introduce la civilización entre los grie­ gos. Estos poemas, siempre frescos y siempre admirables, poseen un valor etnológico que realza inmensamente sus otras excelencias. Esto es especialmente cierto de la Ilíada, que contiene la exposición más antigua como también la más detallada del progreso del hombre al tiempo de su composición. Estrabón cumplimenta a Homero como al padre de la ciencia geográfica (17), pero el gran poeta ha dado, quizás, sin querer, lo que era infinitamente más importante para las generaciones posteriores, a saber: una relación notablemente completa de las artes, costumbres, inventos y descubrimientos, y régimen de vida de los antiguos griegos. Nos presenta nuestro primer cuadro comprensivo de la sociedad aria, cuando aún se hallaban en la bar­ barie, mostrándonos los progresos ya alcanzados y sus caracteres peculiares. Merced a estos poemas estamos habilitados para afirmar con seguridad que ciertas cosas eran conocidas por los griegos antes que ellos penetraran en la civilización. También arrojan gran luz sobre lejanas épocas del período de la barbarie.

 

Utilizando los poemas de Homero como guia, y continuando la retrospección hasta el período superior de la barbarie, descartemos del saber y experiencia humana la invención de la poesía; la Mito­ logía antigua en su forma evolucionada, con las divinidades olímpicas; la arquitectura de los templos; el conocimiento de los cereales, ex­ cepto el maíz y plantas cultivadas, con labranza de campos; ciudades cercadas de muros de piedra, almenas, torres y portones; el empleo del mármol en la arquitectura; la construcción de naves con tablones y probablemente con el empleo de clavos; el carro y la carroza; ar­ madura de chapa metálica; la lanza con cabeza de cobre y el es­

 

cudo con obra de realce; la espada de hierro; la elaboración del vino, probablemente; las fuerzas mecánicas, excepto el tomillo; la rueda

 

(16) El alfabeto fonético vino, como otros grandes inventos, como término

de esfuerzos sucesivos. El paciente egipcio, perfeccionando el jeroglifico a tra­ vés de sus diferentes formas, había alcanzado un resumCD compuesto de ca­ racteres fonéticos, y a esta altura descansaba sobre sus tareas. Él podía escribir con caracteres permanentes sobre la piedra. Luego vino el inquisitivo fenicio,

 

el primer navegante y comerciante marítimo, quien, ya fuera previamente ver­ sado en el jeroglífico o no, parece haber peoetrado de un salto en las labores del egipcio, y por una inspiración del genio, haber dominado el problema con que aquél sonaba. Él produjo ese admirable alfabeto de dieciséis letras que, con

 

el tiempo, debía dar a la humanidad un lenguaje escrito y los medios para cró­ nicas literarias e históricas.

          Estrabón, I, 2.

 

LEWIS H. MORGAN

 

del alfarero y el molino de mano para moler el grano; géneros de hilo y de lana tejidos en el telar; el hacha y la pala de hierro; la azuela de hierro; el martillo y el yunque; el fuelle y la fragua; y el homo especial para fundir el mineral de hierro, con el conocimiento del hierro. Juntamente con estas conquistas debemos descartar la familia monógama; las democracias militares de los tiempos heroicos; las fases posteriores de organización en gentes, fratrías y tribus; el ágora, o asamblea popular, probablemente; el conocimiento de la propiedad individual de casas y tierras; y el avanzado régimen de vida municipal en ciudades fortificadas.

Cuando esto se haya hecho, los bárbaros de la etapa superior

¡habrán rendido la parte principal de su maravillosa obra, juntamente

 

con el progreso mental y moral así adquirido.

Desde este punto para atrás, a través del período medio de la barbarie, los indicios se hacen menos claros, y el orden relativo en que hayan aparecido instituciones, inventos y descubrimientos es me­ nos distinguible. Pero no estamos desprovistos de algunos conocimien­ tos para guiar nuestros pasos aun en estas remotas edades de la familia aria. Por razones previamente establecidas, podemos recurrir ahora a otras familias, además de la aria, en busca de los informes deseados.

Entretanto en el período medio, descartemos, de la misma mane­

 

ra, de la experiencia humana, el procedimiento de fabricar el bronce; los rebaños y manadas de animales domésticos; los edificios comuna­ les con muros de adobe y de piedra labrada, asentada en hileras, con argamasa de cal y arena; muros ciclópeos; habitaciones lacustres le­ vantadas sobre pilotes; el conocimiento de metales nativos (18), con el empleo del carbón de leña y el crisol para fundirlos; el hacha y el formón de cobre; la lanzadera y el embrión del telar; el cultivo por el riego, calzadas, represas y canales de riego; caminos pavimentados; puentes colgantes de mimbre; divinidades personales con un sacer­ docio distinguido por el hábito y organizado en jerarquía; sacrificios humanos; democracias militares del tipo azteca; tejidos de algodón y otras fibras vegetales en el hemisferio occidental, y de lana y lino en el oriental; alfarería decorativa; la espada de madera con los tilos dentados de pedernal; implementos de pedernal y piedra pulidos; el conocimiento del algodón y del lino; y los animales domésticos. La suma de las conquistas de este período fue menor que la del

 

que le siguió; pero su relación con la suma de los progresos humanos fue muy grande. Comprende la domesticación de animales en el he­ misferio oriental, la que con el tiempo introdujo una subsistencia per-

 

(18) Homero menciona los metales nativos, pero eran conocidos mucho

antes de su tiempo, y antes que el hierro. El empleo del carbón de leña y el crisol para fundirlos, abrió el camino para la fundición del hierro.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 103

 

manente de carnes y leche, y finalmente el cultivo de campos. Tam­ bién inauguró aquellos ensayos con les metales nativos que dieron por resultado la producción del bronce (19), como también prepararon el camino para el proceso más alto de la fundición de mineral de hierro. En el hemisferio occidental fue señalado por el descubrimien­ to y elaboración de metales nativos, que dio por resultado la pro­ ducción independiente del bronce; por la introducción del riego en el cultivo del maíz y plantas; y por el empleo de adobe y de piedra en la- construcción de grandes edificios.

 

Resumiendo el examen retrospectivo y penetrando en el período inferior de la barbarie, descartemos ahora de las adquisiciones hu­ manas la confederación, basada en gentes, fratrías y tribus, bajo el gobierno de un consejo de jefes, el que establecía un estado de or­ ganización social más alto que el hasta entonces conocido. También

 

el descubrimiento y cultivo ael maíz, la judía, la calabaza y el tabaco, en el hemisferio occidental, juntamente con el conocimiento del ali­ mento farináceo; el tejido a dedo con trama y urdimbre; el kilt o falda corta de los escoceses, el moccasin" y polaina de cuero curtido de venado; la cerbatana para la caza Üe aves; la estacada del pueblo para defensa; juegos de tribu; el culto de los elementos, con el vago reconocimiento de un Grande Espíritu , antropofagia en tiempo de guerra, y, finalmente, el arte de la alfarería.

A medida que ascendemos en orden de tiempo y de la evolución,

y descendemos en la escala de adelantos humanos, las invenciones

 

se toman más sencillas y más directas en su relación con necesidades primarias, y las instituciones es aproximan más y más a la forma elemental dé una g ens compuesta de consaguíneos, bajo un jefe de su propia elección, y a la de la tribu compuesta de gentes, bajo el gobierno de un consejo de jefes. La condición de las tribus asiáticas

 

(19) Los estudios de Beckmann han levantado una duda sobre la existencia

entre los griegos y latinos, de un verdadero bronce, anterior al conocimiento de l

 

hierro. Sostiene que el            electum" mencionado en la    Ilíada", era una mezcla

de oro y plata ( History of Inventions", edición Bohn, TI. 212), y que el    stan­

num" de los romanos, que se componía de plata y plomo, era el mismo que el

kassiteron        de Homero (Ib. I, 217). Esta palabra ha sido interpretada general­

mente como estaño. Al comentaj sobre la composición designada bronce él ob­

serva:   En mi opinión la mayor parte de estas cosas era fabricada de         stan­

num, propiamente nombrado, el que, con la mezcla de metales nobles, y alguna

dificultad de fusión, se bacía más apto para el uso que el cobre puro". (Ib. II,

213). Estas observaciones se limitaban a las naciones del Mediterráneo, dentro

de cuya zona no se producía el estaño. Han sido hallados en. Suiza, Austria,

Dinamarca y otras localidades del norte de Europa, hachas, cuchillos, navajas

 

de afeitar, espadas, puñales y adornos personales cuyo análisis revela que fueron fabricados de cobre y estaño, y por consiguiente caen bajo la estricta defini­ ción de bronce. También fueron hallados en circunstancias que indicaban una prelación con respecto al hierro.

 

LEWIS H. MORCAN

 

y europeas en este período (pues probablemente no existían entonces

ni la familia aria ni la semítica), está substancialmente perdida. Está representada por restos de arte antiguo entre la invención de la al­ farería y la domesticación de acámales; e incluye los pueblos que formaron los cúmulos de conchas en la costa del Báltico, los que parecen haber domesticado el perro, y ningún otro animal.

 

Si se aprecia equitativamente la magnitud de las conquistas del hombre en los tres sub-períodos de la barbarie, habrán de estimarse inmensas, no solamente, por su número y valor intrínseco, sino tam­ bién por el desarrollo mental y moral que necesariamente las acom­ pañó.

 

Remontando el prolongado ^período del salvajismo, descartemos

del saber humano la organización en gentes, fratrías y tribus; la fa­ milia sindiásmica; el culto de los elementos en su forma más baja;

 

el lenguaje silabeado; el arco y flecha; implementos de piedra y hueso; cestas de caña y de astillas; prendas de vestir de pieles; la familia punalía; la organización a base de sexo; el pueblo compuesto de un amontonamiento de viviendas; el arte de la embarcación con inclu­ sión de la canoa de corteza y la ahuecada; el venablo o lanza con cabeza de pedernal, y el mazo de guerra; implementos de pedernal

 

de la variedad más rústica; la familia consanguínea, la palabra mono­ silábica, fetichismo; antropofagia; el conocimiento del uso de fuego, y finalmente, el lenguaje de gestos (20).

 

          El origen del lenguaje ha sido investigado lo bástente lejos como para encontrar graves dificultades en la solución del problema. Parece haber sido aban­ donado por consenso general, como materia sin utilidad ni provecho. Es más

 

una cuestión de las leyes del desarrollo humano y de las necesarias operaciones del principio mental, que de los materiales del lenguaje. Lucrecio observa

 

que con sonidos y gestos los hombres del período primitivo, significaban, tarta­ mudeando. sus pensamientos, unos a otros. (V. 1021). Él da por sentados que

 

el pensamiento precedió a la palabra, y que el lenguaje de los gestos precedió

a la palabra articulada. El lenguaje de los gestos o señas parece haber sido pri­

 

migenio, la hermana mayor de la palabra articulada. Es todavía la lengua uni­ versal de bárbaros, si no de salvajes, en su mutua comunicación, cuando sus dia­ lectos no son los mismos. Los aborígenes americanos han desenvuelto un len­ guaje semejante, demostrando así que cabe construir ano adecuado para la co­ municación general. Como ellos lo usan es ten gracioso como expresivo y

 

agrada su empleo. Es un lenguaje de símbolos naturales, y de ahí que posea ios elementos de un lenguaje universal. Un lenguaje de señas es más fácil de inven­ tar que uno de sonidos, y, desde que se domina con mayor facilidad surge la presunción de que precedió a la palabra articulada. A base de esta hipótesis los sonidos entrarían primero para acentuar el gesto; y a medida que gradualmente adquirían un sentido convencional, sustituirían hasta allá el lenguaje de señas o quedarían incorporados a él. También tendería a desarrollar la capacidad de los órganos vocales. No puede haber postulado más claro que aquel que el

 

gesto ha acompañado a la palabra articulada desde su cuna. Es todavía inseparable de ella, y quizá encame, por supervivencia, los restos de un primige­ nio hábito mental. Si el lenguaje fuera perfecto, un gesto o ademán para ampliar o recalcar su sentido sería una falta. A medida que descendemos por las grada-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 105

 

Cuando este trabajo de eliminación haya sido realizado en el

orden en que las diversas adquisiciones fueron logradas, nos habremos aproximado muy cerca del período de la infancia de la existencia del hombre, cuando la humanidad iba aprendiendo el uso del fuego, que hacía imposible una subsistencia a base de pescado y el cambio de residencia, y se ensayaba en la construcción de un lenguaje articula­ do. En una condición tan absolutamente primigenia, el hombre apa­ rece, no sólo como un niño en la escala de la humanidad, sino tam­ bién poseedor de un cerebro en el que ni un solo destello o concepto traducido por estas instituciones, invenciones y descubrimientos, ha penetrado; en una palabra, se halla al pie de la escala, pero, poten­ cialmente, es todo lo que ha llegado a ser después.

 

Con la producción de inventos y descubrimientos, y con el de-sarrollo de instituciones, la mente humana necesariamente creció v se extendió; y debemos reconocer un gradual aumento de la masa encefálica misma, particularmente en su parte cerebral. La lentitud de este crecimiento mental en el período ae salvajismo era inevitable por la extrema dificultad de hacer surgir el invento más sencillo de la nada o de casi nada, qué auxiliara el esfuerzo mental; y de descubrir alguna substancia o fuerza natural aprovechable en tan ruda con­ dición de vida. No era menos difícil organizar la forma más sencilla de sociedad a base de materiales tan poco dóciles y salvajes. Fuera

 

de duda, las primeras invenciones y las primeras organizaciones so­ ciales fueron más difíciles de adquirir, y, por tanto, los más largos intervalos de tiempo las separaban entre sí. Las sucesivas formas de las familias ofrecen un ejemplo que resalta. En esta ley del progreso, que obra en razón geométrica, se encuentra una prueba suficiente de la prolongada duración del período del salvajismo.

Que la condición primitiva del hombre haya sido fundamental­

 

mente, la indicada, no es una opinión exclusivamente reciente ni aun moderna. Algunos de los poetas y filósofos de la antigüedad recono­ cieron la verdad de que el hombre se inició en un estado de extrema rusticidad, del cual subió a pasos lentos y sucesivos. También caye­ ron en cuenta de que el proceso de su desarrollo quedaba señalado por una serie progresiva de inventos y descubrimientos, pero sin advertir, con igual plenitud, el argumento más concluyente que apor­ tan las instituciones sociales.

Se presenta ahora la importante cuestión de la razón de este pro-

 

ciones del lenguaje hasta sus formas más toscas, el elemento acción aumenta en

 

cantidad y variedad de formas hasta que hallamos a la palabra tan dependiente

de las señas que sin ellas aquélla sería substancialmcnte ininteligible. Creciendo y floreciendo hermanados a través del salvajismo, y aun transcurrido un largo período dentro de la barbarie, permanecen, en formas modificadas, unidos in­ disolublemente. Aquel que pretendiera resolver el problema del origen de ¡a pa­ labra, haría bien en buscar posibles indicios en e! lenguaje de señas.

 

106 LEWIS H. MORGAN

 

greso, que se vincula directamente con la de la relativa duración de los diferentes períodos étnicos. El progreso humano, desde su prin­ cipio a su estado actual, se ha realizado a base de una razón no rigu­ rosa pero esencialmente geométrica- Esto salta a la vista en el cariz de los hechos; y, teóricamente, no pudo haber sido de otro modo.

 

Toda brizna de saber absoluto conquistada, se hizo factor de nuevas adquisiciones, hasta alcanzar la actual complejidad de los conocimien­ tos. Por consiguiente, mientras el progreso era lo más lento en el pe­ ríodo primero, y lo más rápido en el último, la suma relativa puede haber sido la mayor en el primero, cuando se cotejan las conquistas de cada período. Se puede sugerir, como de no improbable recono­ cimiento ulterior, que el progreso del hombre en el período del salva­ jismo, con relación a la suma del progreso humano, fue mayor en grado de lo que fue después en los tres sub-períodos de barba­

 

rie; y que el progreso conquistado en el período de la barbarie fue, de la misma manera mayor en grado de lo que haya sido, después, en el período entero de la civilización.

 

La cuestión de la relativa duración de estos períodos étnicos es también objeto de especulación. No es asequible una medida exacta.

 

más dilatado que el de la barbarie, como así también, éste fue más prolongado que el de la civilización. Si partimos de la base de cien mil años como la medida de la existencia del hombre sobre la tierra, a fin de fijar la duración relativa de cada período y para este pro­ pósito puede haber sido más larga o más breve , se verá enseguida que incumbe asignar por lo menos sesenta mil años al período del salvajismo. Con esta distribución, tres quintas partes de la vida de la porción más adelantada de la raza humana, transcurrieron en el salvajismo. De los restantes años, veinte mil o una quinta parte deben atribuirse al período inferior de la barbarie. Para los periodos medio y superior quedan quince mil años, y restan más o menos cinco mil años para el período de la civilización.

 

La relativa duración del período del salvajismo está probable­ mente computada más bien en menos que en más. Sin entrar a dis­ cutir los principios a que obedece la indicada distribución, se puede observar que además del postulado desprendido de la progresión geométrica que necesariamente rigió al desarrollo humano, se ha seguido universalmente una escala graduada de progreso en los restos de arte antiguo, y se hallará que esto es igualmente cierto de las ins­ tituciones. Es una conclusión de mucha importancia en etnología,

 

que la experiencia del hombre en el salvajismo fue más prolongada que toda su experiencia posterior, y que el periodo de civilización cubre solamente una porción de la vida de la humanidad.

Dos familias del género humano, la aria y la semítica, mediante

 

Ca SOCIEDAD PRIMITIVA 107

 

el cruce de troncos diversos, superioridad de subsistencia o ventaja de posición, y posiblemente mediante la conjunción de todo esto, fue­ ron las primeras en salir de la barbarie. Fueron substanciaJmente las fundadoras de la civilización (21). Pero su existencia como familias

 

distintas, indudablemente fue, en sentido comparativo, un hecho ul­ terior.

 

Sus progenitores se confunden en la masa indistinguible de los primeros bárbaros. La primera aparición segura de la familia aria fue en relación con los animales domésticos, en cuya época eran un solo pueblo en lengua y nacionalidad. No es probable que las fa­ milias aria y semítica se hayan desenvuelto hasta la individualización con anterioridad al comienzo del período medio de la barbarie, y

 

que su diferenciación de la masa de los bárbaros haya ocurrido a través de su adquisición de animales domésticos.

La porción más adelantada de la raza humana fue detenida, por

 

así decirlo, en ciertas etapas del progreso, hasta que algún gran in­ vento o descubrimiento, tal como la domesticación de animales o el proceso de fundición del hierro mineral, diera un nuevo y pujante impulso hacia adelante. Mientras permaneciera así detenida, las tribus más rústicas, avanzando siempre, se acercaban en diferentes grados de aproximación al mismo estado; porque dondequiera que existiera una conexión continental, todas las tribus deben haber par­ ticipado en alguna medida, de los progresos de las otras. Todos los grandes inventos y descubrimientos se propagan solos; pero las tribus inferiores deben haber apreciado su valor antes de poder apropiárselos. En las regiones continentales, ciertas tribus tomarían la delantera; pero la acción directiva estaría propensa a mudar de eje muchas veces en el curso de un período étnico. La destrucción del vínculo étnico de vida de tribus particulares, seguida de su de­ cadencia, debe haber detenido por un tiempo, en muchos casos y en todos los períodos, la corriente ascendente del progreso humano. Des­ de el período medio de la barbarie, sin embargo, las familias aria y semítica parecen representar satisfactoriamente las- hebras centrales

 

de este progreso, que en el período de la civilización han sido gradual­ mente asumidas por la familia aria sola.

La exactitud de este postulado general puede tener su ejemplo

 

en la condición del aborigen americano en la época de su descubri­ miento. £1 inició su carrera en el continente americano, en el salva­ jismo, y. no obstante una dotación inferior de cualidades mentales, su gran mayoría había emergido del salvajismo y alcanzado el estadio inferior de la barbarie, mientras una parte, los indios pueblos de Norte y Sudamérica, habían ascendido al estadio medio. Habían do-

 

 Se supone a los egipcios remotamente relacionados con la familia semí­

tica.

 

LEWIS H. MORGAN 108

 

mesticado la llama, el. único cuadrúpedo nativo del continente, que prometía ser útil en el estado domesticado, y habían producido el bronce por la aleación de cobre con estaño. Les faltaba sólo una in­ vención, la mayor, el arte de fundir el mineral de hierro, para alcan­ zar el estadio superior. Considerando la ausencia de todo vínculo con la parte más adelantada de la familia humana en el hemisferio oriental, su progreso en el propio desarrollo, sin ayuda desde el es­ tado salvaje, debe tenerse por notable.

Mientras el asiático, y el europeo aguardaban pacientemente el regalo de los implementos de hierro, el indio americano se aproxima­ ba a la posesión del bronce, que sigue al hierro, en orden cronológico. Durante este período de progreso detenido en el hemisferio oriental, el aborigen americano se adelantaba, no al estadio en que se le encontró, pero lo suficientemente cerca para alcanzarlo mientras aquél atravesaba el último período de la barbarie y el primero cuatro mil años de civilización. Esto nos da la medida del tiempo en que se

 

habían retrasado respecto a la familia aria en la carrera del progreso, a saber: la duración del período superior de la barbarie, a la que ha­ brá que añadir los años de la civilización. Las familias aria y ga-nowaniana juntas, ejemplifican la entera experiencia del hombre en los cinco períodos étnicos, con excepción de la primera parte del período superior del salvajismo.

 

El salvajismo fue el período formativo del género humano. Co­ menzando en la nada respecto a saber y experiencia, carentes de fue­ go, de la palabra articulada y de artes, nuestros salvajes progenitores libraron la gran lucha, primero por su existencia y después por el progreso, hasta ponerse a salvo de los animales feroces y lograr una subsistencia permanente. De estos esfuerzos surgió, gradualmente, un lenguaje desarrollado y la ocupación de la superficie entera de la tierra. Pero la sociedad estaba incapacitada todavía para su organiza­ ción en número, debido a su rusticidad. Cuando la parte más avan­ zada de la humanidad había salido del salvajismo y pasaba al estadio inferior de la barbarie, la población entera del mundo debía ser

 

muy escasa en número. Los inventos primeros serían los más difí­ ciles de lograr a causa de la flaqueza de la potencia de razonamiento en abstracto. Cada aditamento de conocimientos alcanzados sería la base de nuevos avances. Pero esto debe haberse mantenido apenas perceptible por siglos y siglos, equilibrándose casi los obstáculos al progreso, con las energías desplegadas para vencerlos. Las conquistas del salvajismo no descuellan en carácter, pero representan una asom­ brosa cantidad de labor persistente con medios endebles, continuada

 

a través de largos períodos de tiempo antes de alcanzar un grado razonable de perfección. El arco y flecha ofrecen un ejemplo. La inferioridad del hombre salvaje en la escala mental y moral,

no desarrollado, sin experiencia, sojuzgado por sus bajos apetitos y

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 109

 

pasiones animales, bien que reconocida a disgusto, se halla, sin em­ bargo, demostrada substancialmente por los restos de arte antiguo en implementos de piedra y hueso, por su vida de caverna en deter­ minadas zonas, y por sus restos osteológicos. Todavía hay vestigios en el estado actual de tribus salvajes de poco desarrollo, olvidadas en regiones aisladas de la tierra como recuerdos del pasado. Y, sin embargo, a este gran período de salvajismo pertenece la formación de la palabra articulada y su perfeccionamiento hasta el grado silá­ bico, la implantación de dos formas de la familia, y, posiblemente, de una tercera, y la organización en gentes, que dio la primera for­ ma de sociedad digna del nombre. Todas estas conclusiones están contenidas en la proposición expuesta al principio, de que el hombre inició su carrera al pie de la escala; lo que la ciencia moderna pre­ tende estar probando, mediante el más prolijo y acabado estudio del hombre y de sus obras (22).

 

De igual manera, el gran período de la barbarie se destaca por cuatro sucesos de importancia preeminente, a saber: la domesticación de animales, el descubrimiento de los cereales, el empleo de la piedra en la arquitectura y la invención del proceso de la fundición de mine­ ral dé hierro. Comenzando probablemente con el perro como com­ pañero de caza, siguiendo en una época posterior con la captura de cachorros de otros animales y criándolos, posiblemente sin un fin determinado, se requirió tiempo y experiencia para descubrir la uti­ lidad de cada uno, el medio de multiplicarlos y adquirir la fuerza de voluntad necesaria a fin de saber reservarlos para las épocas de es­ casez. Si fuera dado conocer la historia especial de la domesticación de cada animal, se exhibiría una serie de hechos maravillosos. El ensayo entrañaba en sus dudosas probabilidades mucho del destino

 

posterior de la humanidad. El segundo de los hechos mencionados, el logro de una alimentación farinácea por medio de los cultivos debe tenerse como uno de los más grandes sucesos en la experiencia humana. Era menos esencial en el hemisferio oriental, después de la domesticación de animales, que en el occidental, donde fue instru­ mento para adelantar una gran parte de los aborígenes americanos, hasta el estadio inferior, y otra parte hasta el estadio medio de la barbarie. Si la humanidad no hubiese avanzado jamás más allá de la última condición, no poseería los medios para llevar una vida compa­ rativamente cómoda y feliz.

El tercer hecho, el empleo de adobe y piedra en la edificación,

permitió alcanzar un régimen mejorado de vida eminentemente apto

para estimular las capacidades mentales y crear los hábitos del traba­

jo, la fuente fértil de los adelantos. Pero en su relación con la alta

carrera de la humanidad, el cuarto invento debe ser tenido por el

 

          Oriental and Linguistic Studies , de Whitney, pág. 341. l i o LEWIS H. MORGAN

 

más grande en la experiencia humana, preparatorio de la civilización.

Cuando el bárbaro, avanzando paso a paso, hubo descubierto los me­

tales nativos y hubo aprendido a fundirlos en crisoles y formarlos

en moldes, cuando hubo hecho la aleación de cobre nativo con es­

taño, y producido el bronce, y, finalmente, cuando por un esfuerzo

todavía más potente del pensamiento hubo inventado el homo, y

sacado hierro del mineral, los nueve décimos de la lucha por la civi­

lización estaban ganados (23).

 

Provistos de instrumentos de hierro capaces de conservar filo y punta, el hombre tenia la seguridad de alcanzar la civilización. La producción del hierro fue el acontecimiento de los acontecimientos en la experiencia humana, sin paralelo y sin igual al lado del cual todo otro invento o descubrimiento era de poca consideración, o por lo menos subalterno. Dio el martillo y yunque metálico, el hacha

 

y el formón, el arado de reja de hierro, la espada de hierro; en suma, las bases de la civilización, que se puede decir descansa sobre este metal. La falta de implementos de hierro detuvo el progreso del hom­ bre en la barbarie. Ahí hubiera quedado hasta la hora presente si hubiese fracasado al intentar salvar el obstáculo. Parece probable que la concepción del proceso de fundir el mineral de hierro, vino una sola vez al hombre. Sería una singular satisfacción si nos fuera dado saber a cjué familia y tribu debemos este, conocimiento, y con él, la civilización. En este tiempo la familia semítica estaba más adelantada

 

S ue la aria, y a la cabeza de la raza humana. Ella dio al hombre el Ifabeto fonét ico, y también probablemente el conocimiento del hierro.

 

En la época de los poemas de Homero, las tribus griegas habían alcanzado inmensos progresos materiales. Todos los metales comunes eran conocidos, inclusive el proceso de la fusión de minerales, y, probablemente, el de convertir el hierro en acero; los principales cereales habían sido descubiertos, junto con el arte de la agricultura y el uso del arado en la labranza de campos; el perro, el caballo, el

 

(23) M. Quiquerez, un ingeniero suizo, descubrió en el cantón de Berna,

los restos de un número de hornos en las faldas de las colinas para la fusión de mineral de hierro; juntamente con implementos, fragmentos de hierro y carbón de leña. Para construir uno se bacía una excavación en la ladera de la colma, y en ella un molde de arcilla, con una chimenea en forma de bóveda para crear el tiro. No se han encontrado indicios del uso de un fuelle. Los moldes

 

parecen haber sido cargados con capas alternadas de mineral pulverizado y carbón de leña, manteniéndose la llama por el abaniqueo. El resultado era una masa esponjosa de mineral parcialmente fundido, que después se consolidaba

 

a martillo. Fue bailado un depósito de carbón de leña debajo de una capa de turba de veinte pies de espesor. No es probable que estos hornos fuesen coetá­ neos con el conocimiento del proceso de ía fundición de mineral de hierro; pero sí que fuesen copias ajustadas del homo primero. Véase "Primitive Man", de Figuier, edición Putnam, pág. 301.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 111

 

asno, la vaca, el cerdo, la oveja y la cabra habían sido domesticados

en rebaños y manadas, como se ha expuesto. La arquitectura había

producido una vivienda de materiales -duraderos que contenía depar­

tamentos separados (24), y compuesta de más de un piso (25); la cons­

trucción de embarcaciones, armas y géneros textiles, la fabricación

del vino de uva, el cultivo de la manzana, la pera, el olivo y la higue­

ra (26), conjuntamente con ropajes más cómodos, e implementos y

utensilios provechosos habían sido producidos y entregados al uso

humano.

Pero la historia más antigua de la humanidad estaba perdida en las edades que habían dejado de ser. La tradición remontaba a urna anterior barbarie que aquélla era incapaz de penetrar. El lenguaje había alcanzado un desarrollo tal que la poesía de la más alta forma

 

estructural, estaba por personificar a las inspiraciones del genio. Las postrimerías del período de la barbarie habían conducido a esta parte de la familia humana hasta los umbrales de la civilización, alentada por las grandes conquistas del pasado, hecho notable e inteligente de la experiencia. Mientras que la condición de la sociedad en este

período era comprendida por los escritores griegos y romanos de

fecha posterior, el estado anterior, con su cultura y experiencia dis­

 

tintivas, se hallaba tan hondamente oculto a su comprensión como a la nuestra; salvo que, ocupando ellos un punto de mira más cercano en orden de tiempo, pudieron apreciar con más claridad las relaciones del pasado con el presente. Les era evidente que existía cierta suce­ sión en la serie de invenciones y descubrimientos, como también cier­ to orden en el desenvolvimiento de instituciones a través de las cuales la humanidad había adelantado desde el estado salvaje hasta la era

 

de Homero; pero el inmenso intervalo de tiempo entre las dos con­ diciones no parece haber sido siquiera materia de consideración es­ peculativa.

 

          PaJaeio de Príamo. II. VI, 242.

          Casa de Ulises. Od., XVI, 448.

          Od., VH, 115.

 

SEGUNDA PARTE

 

DESENVOLVIMIENTO DEL CONCEPTO DE GOBIERNO

 

I

ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD A BASE DE SEXO

 

Al discurrir sobre el desenvolvimiento del concepto de gobierno, la organización en gentes a base de afinidad de parentesco parece indicarse naturalmente como esqueleto arcaico de la antigua sociedad; pero existe todavía una organización, más vieja y arcaica, la de cate­ gorías a base de sexo, que reclama, en primer término, la atención. No será tomada como tema por su novedad en la experiencia bunoa-

na sino por la razón más elevada de que parece contener el principio

 

germinal de la gens. Si esrta conjetura es afianzada por los hechos, dará a esta organización en clases de varones y de mujeres, todavía en plena vida entre los aborígenes de Australia, una antigua difu­ sión tan amplia en las tribus humanas como la misma organización primaria en gentes.

 

Se. observará bien pronto, que en lo más bajo del salvajismo, la comunidad de marido y mujer, dentro de limites fijos, era el principio central del régimen sociaL Los derechos y privilegios maritales (fura conjugialia) (27) establecidos en el grupo se desenvolvieron en un excelente plan, que se convirtió en principio orgánico sobre el que la sociedaa estaba constituida. De la naturaleza de] caso resultó que estos derechos y privilegios echaron raíces tan hondas que 'a eman­ cipación de su tutela se realizó lentamente, mediante movimientos que resultaron ser reformas no previstas. De acuerdo con esto, se comprobará que la familia ha evolucionado desde una forma más

 

baja a una más alta, a medida que los alcances de este sistema con­ yugal sufrieron reducción progresiva.

La familia, comenzando con la consanguínea, fundada en el inter-

(27) Los romanos hacían distinción entre el "connubiuen , que se referia

al matrimonio como institución civil, y el conjusium", que era. una mera unión física.

 

116 LEWIS H. MORCAN

 

cambio matrimonial de hermanos y hermanas dentro de un grupo, pasó a la segunda forma, la punalúa, bajo un régimen social afín a las categorías australianas, que deshizo la primera especie de ma­ trimonio mediante la substitución de grupos de hermanos que par­ ticipaban en común de las esposas, y grupos de hermanas que par­ ticipaban en común de los esposos, realizándose en ambos casos el matrimonio dentro del grupo. La organización de clases a base de sexo, y la posterior y más alta organización de gentes a base de pa­ rentesco, debe ser tenida como resultante de grandes movimientos sociales elaborados inconscientemente por selección natural Por es­ tas razones, el sistema australiano que vamos a exponer, merece atenta consideración, por más que nos hace descender a un grado inferior de la vida humana. Él representa una fase notable de la an­ tigua historia social de nuestra raza.

 

La organización en categorías a base de sexo, y la organización inicial en gentes a base de parentesco, impera en la actualidad entre aquella porción de los aborígenes australianos que hablan la lengua kamilaroL Habitan el distrito del río Darling, al norte de Sydney. También ambas organizáciones se encuentran en otras tribus austra­ lianas, y tan difundidas como para dar probabilidad a su antiguo predominio universal entre ellas. Salta a la vista, por ciertas conside­ raciones internas, que las categorías de varones y mujeres son más antiguas que las gentes; primero, porque la organización gentilicia

 

es de orden más elevado que la de categorías; y segundo, porque aquélla entre los kamüaroi, está por sobreponerse a ésta. La categoría en sus ramas de varón y de mujer, es la base unitaria de su régimen social, cuyo sitio pertenece en aerecho a la gens cuando se halla en pleno desenvolvimiento. De ahí que se nos presenta una notable com­ binación de hechos, a saber: una organización sexual y una gentili­ cia coexistentes, correspondiendo a aquélla la posición central, y a ésta una originaria, pero adelantando hacia su integración a base de invasiones sobre la otra.

Esta organización a base de sexo no ha sido comprobada hasta

ahora en tribu alguna de salvajes, fuera de Australia, pero el lento desarrollo de estos isleños en su comarca apartada, y el carácter más arcaico de la organización a base de sexo que la de a base de gentes,

 

sugiere la idea de que aquélla puede haber sido universal en las ramas de la familia humana, que más tarde reconocía la organización en gentes. A pesar de que el régimen de categorías, estudiado en de­ talle, ofrezca complicaciones sorprendentes, compensará el estudio que demande su dominio. Como curiosa institución social entre salva­ jes posee poco interés, pero como la forma más primitiva de sociedad hasta ahora descubierta, y más especialmente, con la probabilidad de que los remotos antepasados de nuestra propia familia aria, en un

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 117

 

tiempo reconocieron una organización similar, adquiere importancia y puede resultar instructiva.

 

Los australianos ocupan un puesto inferior al de los polinesios, y muy abajo del de los aborígenes americanos. Se hallan colocados por debajo del negro africano y próximos al pie de la escala. De ahí que sus instituciones sociales deban aproximarse al tipo primario tan ajus­ tadamente como las de cualquier otro pueblo existente (28).

 

Como la gens será el asunto del capitulo que sigue, ella será tra­ tada en éste sin discutirla, y, únicamente, para la necesaria explica­ ción de las categorías.

 

Los kamilaroi están divididos en seis gentes colocadas, con rela­ ción al derecho matrimonial, en dos divisiones, como sigue:

 

          1) Iguana (Duli); 2) Canguro (Murriña); 3) Zorra Mochilera (Mute).

 

          4) Emu (Dinoun); 5) Bandicoot (Bilba); 6) Víbora negra (Nurai).

 

Al principio no era permitido, a las tres primeras gentes, el inter­ cambio matrimonial entre ellas, porque eran subdivisiones de una gens originaria, pero podían realizar el' matrimonio con cualquiera de las otras gentes y viceversa. Esta antigua regla ha sido modificada entre los Kamilaroi en ciertos detalles definidos, pero sin llevar la modificación hasta consentir el matrimonio del individuo dentro de

 

su gens. Ni el varón ni la mujer pueden contraer, enlace con un miem­ bro de su propia gens, siendo absoluta esta prohibición. El linaje se considera por la línea materna; los hijos pertenecen a la gens de su madre. Éstas son características esenciales de la gens, dondequiera se encuentre la institución en su forma arcaica. En sus formas exter­ nas, pues, es perfecta e íntegra entre los kamilaroi.

 

Pero existe todavía otra y más antigua división de la sociedad en ocho categorías, cuatro de las cuales se componen exclusivamente de varones y cuatro exclusivamente de mujeres. Es regida por un regla­ mento en relación al matrimonio y linaje, que obstaculiza la gens, y demuestra que la organización más reciente se halla en proceso

 

de integración hacia su verdadera forma lógica. Una sola de las cua­ tro categorías de varones puede casar con una sola de las cuatro

 

          Los detalles del régimen australiano se los debo al Rev. Lorimer Fi-son. un misionero inglés en Australia, quien recogió una pane de ellos del Rev. W. Ridley, y otra de T. E. Lance, ambos de tos cuales habían pasado mu­ chos años entre los aborígenes australianos y gozaron de oportunidades excelen­ tes de observación. Fison acompañó el informe de un análisis y estudio crítico del sistema, que, con observaciones del autor fueron publicados en Proceedings ot the Am. Acad, of Arts and Sciences for 1S72". Véase vol. VHL pág. 412.

 

En Primitive Marriage , de McLennan, se da una breve noticia de las ca­ tegorías kamilaroi, pág. 118; y en Early History of. Mankind", de Tyior, página 288.

 

IZTWIS H. MORGAN

 

categorías de mujeres. De esto resulta que, teóricamente, todos los varones de una categoría son maridos de todas las mujeres de la cate­ goría dentro de la cual les está permitido el matrimonio. Además,

 

si el varón pertenece a una de las tres primeras gentes, la mujer debe pertenecer a una de las tres opuestas. De esta suerte, el matrimonio se restringe a una porción de los varones de una gens, con una por­ ción de las mujeres de otra gens, lo que está en contradicción con la verdadera teoría de la institución gentilicia, pues a todos los miem­ bros de cada gens debería estarles permitido casar con miembros del sexo opuesto, en todas las gentes, salvo la propia. Las categorías son las siguientes:

 

Todos los ippais de cualquier gens, son hermanos entre sí. Son teóricamente descendientes de un antepasado femenino común. Idén­ tica cosa para con los kumbos, los mums y los kubbis, respectivamen­ te, y por la misma razón. De igual modo todas las ippatas, de cual­ quier gens, son hermanas entre sí, por idéntica razón, y lo mismo rige para las butas, las matas y las kapotas, respectivamente. En se­ gundo lugar, todos los ippais e ippatas, son hermanos entre sí, sean de la misma madre o de consanguíneos colaterales, y de la gens que fuesen. Los kumbos y las butas son hermanos, y así pasa con los raurri y las matas, y con los kubbis y las kapotas, respectivamente. Si se encuentran un ippai y una ippata, quienes jamás se han visto antes, se tratan asimismo de hermano y hermana. Es así, pues, que los kamilaroi están organizados en cuatro grandes grupos primarios de hermanos y hermanas, estando compuesto cada grupo de una rama masculina y una femenina, pero entremezclados en la zona de su ocu­ pación. Fundada sobre el sexo en vez del parentesco, es más antigua que las gentes y más arcaica, vuelvo a repetir, que cualquier forma ae sociedad conocida basta aquí.

Las categorías encaman el germen de la gens, pero no alcanzan

a su realización. En realidad los ippais y las ippatas forman una sola categoría en dos ramas, y puesto que no pueden casar entre ellos, formarían la base de una gens, si no fuera que caen bajo dos nom­ bres, cada uno de los cuales es integral para ciertos efectos, y por la otra razón de que sus hijos toman nombres diferentes de los suyos. La división en categorías es a base de sexo y no de parentesco, y tiene

 

Varones: Mujeres:

          Ippai.

          - Kumbo

          Murri.

          Kubbí.

 

          Ippata.

          Buta.

          Mata.

          Kapota

 

l a sociedad prim itiva 119

 

su relación primaria con una regla de matrimonio tan notahle como original.

 

Desde que no es permitido el matrimonio entre hermanos, las categorías se hallan entre sí, en un orden diferente con referencia al derecho de matrimonio, o más bien de cohabitación, lo que expresa mejor la relación. Así era la ley originaria, a saber: Ippai puede casar con kapota, pero con ninguna otra.

Kumbo puede casar con mata, pero con ninguna otra.

Murri puede casar con buta, pero con ninguna otra.

 

Kubbi puede casar con ippata, pero con ninguna otra.

Este plan excluyente ha sido modificado en un detalle, como aquí se expondrá, a saber: dar a cada categoría de varones el derecho de matrimonio con una categoría adicional de mujeres. Este hecho cons­ tituye una evidencia de la invasión de la gens en la categoría, v tiende a la caída de ésta.

 

Resulta de lo expuesto que cada varón, en la elección de mujer, queda circunscrito a la cuarta parte de todas las mujeres kamilaroi. Esto, sin embargo, no es la parte notable del sistema. En teoría, toda kapota es mujer de todo ippai; toda mata es mujer de todo kumbo; toda buta es mujer de todo murri y toda ippata es mujer de todo kubbi. La información sobre este punto material es específica. Fison, a quien ya nos hemos referido, después de hacer notar que Lance 'había mantenido larga comunicación con los indígenas, habiendo vivido entre ellos muchos años en establecimientos ganaderos sobre

 

el rio Darling, y en regiones más distintas , cita de su carta lo que sigue: Si un kubbi se encuentra con una ippata extraña, se saludan con el tratamiento de Goleer = Esposo o Esposa... Un Kubbi que

 

así se encontrara con una ippata, aun cuando ella fuera de otra tribu, la trataría como a su esposa, y su derecho para proceder así sería reconocido por la tribu de ella. Por consiguiente, también sería es­ posa suya toda ippata dentro del círculo de sus relaciones. Aquí encontramos, en una forma directa y definida, el matrimo­

 

nio punalúa en un grupo de inusitada extensión, pero fraccionado en agrupaciones menores, cada una de las cuales es la representación, en miniatura, del total, unidas por la vivienda y subsistencia. De acuerdo con el sistema expuesto, una cuarta parte de todos los va­ rones están unidos conyugalmente con una cuarta parte de todas las mujeres de las tribus kamilaroi. Este cuadro de vida salvaje no de­ biera conmover el espíritu, porque para ellos era una forma de rela­ ción matrimonial y, por tanto, exenta de incorrección. No es más que una extensión déla poligamia y la poliandria, las que, dentro de límites más estrechos, han imperado universalmente entre tribus sal­ vajes. La comprobación del hecho aún existe, en forma inconfun­ dible, en sus sistemas de consanguinidad y de afinidad, que han so-

 

LEWIS H. MOBGAN

 

brevivido a las costumbres y usos que les dieron origen. Se notará que este sistema de matrimonio no dista más que un paso de la pro­ miscuidad, pues equivale a ésta, con la añadidura de un método. Sin embargo, desde que es materia de reglamentación orgánica se aleia mucho de la promiscuidad general. Además, revela un estado real ae matrimonio y de familia, del que sin los hechos no se podría formar un concepto adecuado. Suministra la primera evidencia directa de un estado social, que antes se había deducido como sumamente pro­ bable, de sistemas de consanguinidad y afinidad (29). Mientras los hijos permanecían en la gens de la madre, pasaban a otra categoría dentro de la misma gens, distinta de la de cualquiera de sus padres. Esto se comprenderá mejor mediante la tabla que sigue: Varón Mujer Varón Mujer

Ippai casa con kapota. Sus hijos serán murrí y mata.

Kumbo casa con mata. Sus hijos serán kubbi y kapota.

Murri casa con huta. Sus hijos serán ippai e ippata.

Kubbi casa con ippata. Sus hijos serán kumbo y buía.

Si se siguen estas descendencias se verá que, en la línea femeni­ na, kapota es la madre de mata, y mata, a su vez, es madre de kapo-*ta; así, ippata es madre de buta y ésta, a su vez, madre de ippata. IRige otro tanto para las categorías de varones, pero desde que el li­ naje corresponde a la línea femenina, las tribus kamílaroi descienden

 

>de dos supuestos antepasados femeninos, los que dieron los cimien­ tos a las dos gentes originarias. Siguiendo todavía más allá el rastro de estas descendencias, se encontrará que la sangre de cada catego­ ría pasa por todas las categorías.

 

A pesar de que cada individuo lleva uno de los nombres de las categorías ya citadas, se ha de entender que cada cual tiene, además, el nombre personal único, que es común entre las tribus salvajes tanto como entre las bárbaras- Cuando más de cerca se escudriña esta organización a base de sexo, tanto más notable se presenta como obra de salvajes. Una vez establecida y transmitida a través de po­ cas generaciones, se habría apoderado de tal manera de la sociedad que habría sido difícil desarraigarla. Se hubiera necesitado un siste­ ma similar y más alto, y siglos de tiempo para lograr este resultado, sobre todo si por ello quedaba reducido el alcance del sistema con­ yugal.

 

La organización gentilicia sobrevino naturalmente sobreponién­ dose a las categorías como organización más elevada, mediante su simple envoltura sin alteración. Que fue posterior en orden a tiempo lo comprueban las relaciones de los dos sistemas, el estado incoactivo

 

          Systems of Consanguinity and Affinity of the Human Family . (Smithsonian Contributions to Knowledge). Vol. XVII, pág, 420 y sig.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 121

 

de las gentes, la condición deteriorada de las categorías a causa de las usurpaciones de la gens y el hecho de que la categoría es todavía la unidad de organización. Estas conclusiones serán puestas en evi­ dencia más adelante.

De las exposiciones precedentes se comprenderá la composición

 

de las gentes en su relación con las categorías. Éstas son en parejas de hermanos y hermanas derivados unos de otros; y las gentes mismas, por medio de las categorías, están en parejas, como sigue:

 

Gentes Varón Mujer Varón Mujer

 Iguana: todos son Murri y Mata o Kubbi y Kapota.

 Emú: todos son Kumbo y Buta o Ippai e Ippata.

 Canguro: todos son Murri y Mata o Kubbi y Kapota.

 Bandicoot: todos son Kumbo y Buta o Ippai e Ippata.

 Zorra Mochilera: todos son Murri y Mata o Kubbi y Kapota.

 Víbora negra: todos son Kumbo y Buta o Ippai e Ippata.

 

La vinculación de los niños con una gens particular deriva de la ley matrimonial. Así, iguana-mata debe casar con kumbo; sus hijos son kubbi y kapota, y necesariamente de la gens iguana, porque el linaje corre por la línea femenina. Iguana-kapota debe casar con ippai; sus hijos son murri y mata, y de la gens iguana, por la misma razón. De la misma manera emu-buta debe casar con murri: sus hi­ jos son ippai e ippata, de la gens emú. Emu-ippata debe casar con kubbi; sus hijos son kumbo y buta, y también de la gens emú. De esta manera se conserva la gens, manteniendo como miembros a los hijos de todos sus miembros femeninos. Reza lo mismo y en un todo para cada una de las restantes gentes. Se observará que cada gens se com­ pone teóricamente de los descendientes de dos supuestas antepasadas y contiene cuatro de las ocho categorías. Parece probable que origi­ nariamente sólo había dos categorías de varones y dos de mujeres, colocadas frente a frente con relación al derecho de matrimonio, y que más tarde estas cuatro se subdividieron en ocho. Es evidente que las categorías como organización más antigua fueron arregladas den­ tro de las gentes y no formadas por la subdivisión de éstas.

 

Además, desde que las gentes iguana, canguro y zorra mochilera

resultan ser contraparte una de otra, en las categorías que contie­

nen, se sigue que son subdivisiones de una gens originaria. Precisa­

mente reza lo mismo para las emu, bandicoot y víbora negra, en

ambos sentidos; reduciendo así las seis a dos gentes primitivas, cada

una con el derecho de casarse en la otra, pero no dentro de sí misma.

Lo corrobora el hecho de que originariamente los miembros de las

tres primeras gentes no podían casarse entre sí ni tampoco los de las

últimas tres. La razón por la que se prohibía el matrimonio dentro

 

122 LEW IS M. MORGAN

 

de la gens cuando las tres eran una, regiría también para las subdi­ visiones, porque eran del mismo linaje, bien que bajo nombres gen­ tilicios distintos. Precisamente el mismo sistema se encuentra entre los séneca-iroqueses, como se expondrá más adelante.

 

Desde que el matrimonio es restringido a determinadas categorías en el tiempo en que había solamente dos gentes, la mitad de las mu­ jeres de una eran, teóricamente, las esposas de la- mitad de los varones en la otra. Después de su subdivisión en seis, la ventaja de casarse fuera de la gens, que era el principal beneficio de la institución, no quedó paralizada sino neutralizada por la presencia de las categorías juntamente con las restricciones expuestas. Esto dio por resultado

 

el continuo intercambio matrimonial dentro de la misma rama fuera del grado inmediato de hermano y hermana (30). Si la- gens hubiese podido modificar las categorías se hubiera remediado en mucha parte este mal.

 

La organización en categorías parece haberse propuesto como único objeto suspender el matrimonio de hermanos con hermanas,

 

lo que constituye, probablemente, la explicación del origen del siste­ ma. Pero desde que no iba más allá de esta abominación particular, retuvo un sistema conyugal casi igualmente censurable, además de modelarlo en una forma permanente.

Falta por mencionar una innovación sobre la constitución origi­

 

naría de las categorías, y en favor de la gens, que revela un movimien­ to, aún latente, en el sentido del verdadero ideal de la gens. Esto se

 

          Si se traza un diagrama de descendencias, por ejemplo, de ippai y ka-pota, y se lleva hasta la cuarta generación, adjudicando a cada pareja inter­ mediaria dos hijos, un varón y una mujer, se obtendrán los siguientes resultados: los hijos de ippai y kapota son murri y mata. En su calidad de hermanos éstos

 

no pueden casarse entre sí. En el segundo grado, los hijos de murri, casados con buta, son ippai e ippata, y los mata casados con kumbo, son kubbi y kapota.

 

De éstos, ippai se casa con su prima kapota, y kubbi se casa con su prima ippa-ta. Se notará que las ocho categorías son reproducidas de dos en las generaciones segunda y tercera, con excepción de kumbo y buta.

 

En el siguiente o tercer grado, hay dos murri, dos mala, dos kumbo y dos buta; de los que los murri se casan con las batas, sus primas segundas, y los kubbi con las mata, sus; prunas segundas. En la cuarta generación hay cuatro de cada uno de ippai, kapota, kubbi c ippat3, que son primos de tercer grado. De éstos los ippai se casan coa las kapota y los kubbi con las ippata y sigue así de generación en generación. Un cuadro similar de las restantes categorías matrimoniales daría resultados idénticos. Estos detalles son engorrosos, pero ponen en claro e! becho de que en esta condición de antigua sociedad, no so­ lamente se entrecasan, sino que se hallan forzados a ello a causa de la organi­ zación a base de sexo. La cohabitación no seguiría este curso invariable porque se casaba en grupo una entera categoría de varones o mujeres, pero bajo el sis­ tema su efectividad debía ser constante. Quedaba así anulado uno de los objetos principales logrados por la plena madurez de la gens", a saber, la separación de una mitad de los descendientes de un supuesto antepasado común, bajo la

 

prohibición al matrimonio, seguida del derecho de casar en cualquier otra gens".

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 123

 

observa en dos hechos particulares: primero, al consentirse el ma-irimonio en cada trío de gentes, unos con otros, en un grado limitado; segundo, al consentirse el matrimonio con categorías antes prohibi­ das. Así, ahora, iguana-murri puede casarse con mata en la gens canguro, su hermana colateral, siendo así que originariamente se les restringía buta en las opuestas tres. Así, iguana-kubbi se puede casar con kapota, su hermana colateral Emu-kumbo se puede ahora casar

 

con buta, y emu-ippaí puede ahora casarse con ippata de la gens víbora negra, contrariamente a las restricciones primitivas. Cada categoría de varones en cada trío de gentes parece poder disponer ahora de una categoría adicional de mujeres en las dos restantes gentes del mismo trío, de la cual antes estaban excluidos. Sin embargo, la memoria enviada por Fison no comprueba un cambio tan amplio como el que se acaba de exponer (31).

 

Esta innovación habría sido, toda ella, un movimiento retrógrado si no fuera que tiende a echar abajo las categorías.

La orientación del progreso entre los kamilaroi, si hay alguna

 

que se pueda tener en cuenta, iba de categorías a gentes, seguida de una tendencia a hacer de éstas, en vez de las categorías la unidad de la organización social. En este movimiento, el mencionado sistema

 

de cohabitación fue el elemento que resistía. Era imposible el ade­ lanto social mientras no fuese reducido en su amplitud, lo que era igualmente imposible mientras ¡as categorías, con los privilegios que conferían, mantuviesen su plena vitalidad. La jura conjugialia que pertenecía a estas categorías, era un peso muerto para los kamilaroi, v no emancipándose de él, hubieran permanecido por otros centena­ res de años en la misma condición, substancialmente, en que fueron hallados. Una organización algo semejante está indicada por la pu-nalúa, de los hawaianos, que más adelante se explicará. Dondequiera se descubra el estrato medio o inferior del salvajismo, quedan reve­ lados regímenes de matrimonios de grupos enteros, bajo usos que caracterizan los grupos, ya sea en forma absoluta, o ya en rastros tales que no dejan casi lugar a duda, de que esta forma- de matrimonio

 

era normal en todo este período de la historia humana. No tiene importancia que el grupo fuese, teóricamente, grande o pequeño;

 

las exigencias de su condición fijarían un límite práctico a las dimen­ siones de la agrupación reunida a base de esta costumbre. Luego si

 

se comprueba que era ley del estado salvaje, la comunidad de maridos v mujeres, y por tanto, el estado esencial de la sociedad en el salva­ jismo, sería concluyente la deducción de nuestros propios antepasados salvajes, partícipes en esta experiencia común de la raza humana. Estos usos y costumbres contienen la explicación de la condición inferior de los salvajes. Si no hubiesen quedado en sitios aislados de

 

          "Proc. Am. Acad. Arts and Sciences , VIII, 436. 124 LEWIS H. MORGAN

 

la tierra hombres en estado de salvajismo para atestiguar la condición

primitiva de la humanidad en general, hubiera sido imposible for­

marse una concepción definida de lo que debe haber sido. Surge,

desde luego, una inferencia importante, a saber:[que las instituciones

 

del hombre han aparecido en una serie continuada y progresiva, cada una de las cuales representa el resultado de movimientos de transformación inconscientes para libertar a la sociedad de males actuales.^Llevan estas instituciones el desgaste de los siglos, y para

 

su debida comprensión es necesario considerarlas con esta condi­ ción. No se puede sentar que el salvaje australiano se halla hoy al pie de la escala, pues sus artes e instituciones, por modestas que sean, dicen lo contrario; tampoco existe base para suponer su degra­ dación desde un nivel más alto, porque las comprobaciones de la experiencia humana no ofrecen base verosímil para tal hipótesis.. Puede admitirse que existieron casos de retroceso mental y físico en tribus y naciones, por razones conocidas, pero ellos jamás inte­ rrumpieron el progreso general de la humanidad.

 

Todas las comprobaciones del saber y experiencias humanas tien­ den a demostrar que La raza, como unidad, ha progresado firmemente desde una condición más baja a una más alta. Las artes mediante

 

las cuales el salvaje mantiene su existencia, son notablemente persis­ tentes. No se pierden jamás, hasta ser reemplazadas por otras de grado más elevado. Mediante la práctica de estas artes y por la experiencia cosechada por las instituciones sociales, el género humano ha avanzado bajo una- ley necesaria de desarrollo, bien que su pro­ greso pueda haber sido substancialmente imperceptible, durante si­ glos. Lo mismo pasaba con las razas como con los individuos, aunque algunas tribus y naciones han perecido por la desorganización de su vida étnica.

 

Las categorías australianas suministran el primero, y hasta donde llegan los conocimientos de este autor, único caso, en que podemos proyectar nuestra vista hasta las etapas incipientes de la organización en gentes, y aun a través de ella, hasta una organización' anterior tan arcaica como la arreglada a base de sexo. Entre otras tribus la gens parece haber adquirido desarrollo a medida que sufría cerca-miento el sistema conyugal. El hombre asciende en la escala y la familia avanza atravesando sus formas sucesivas, a medida que aquellos derechos caen bajo los esfuerzos de la sociedad para mejorar su organización intema.

 

Es posible que los australianos no hubiesen realizado en millares de años el derrocamiento de las categorías, si no hubiesen sido des­ cubiertos; mientras que tribus continentales más favorecidas, hacía largo tiempo que habían perfeccionado la gens, desarrollándose luego en sus diversas fases y dejándola, por último, de lado, al penetrar en la civilización. Los hechos que comprueban la aparición de orga-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 125

 

nizaciones sociales sucesivas, tal como la basada en el sexo y la ba­ sada en el parentesco, son del más alto valor etnológico. El conoci­ miento de lo que indican es eminentemente apreciable, si en alguna medida se ha de reconstruir la historia primitiva del hombre.

 

Las tribus polinesias no conocían la gens. pero se descubren rastros en la costumbre punalúa hawaiana, de un régimen análogo

 

al de las categorías australianas. Las ideas originales, independientes en absoluto de experiencia y conocimientos previos, son necesaria­ mente escasas en número. Si fuera posible reducir la suma de las ideas humanas a ideas originales no derivadas, espantaría el bajo número resultante. El desarrollo es el método del progreso humano.

 

A la luz de estos hechos, algunas de las excrescencias de la civili­ zación moderna, tal como el mormonismo, resultan ser reliquias del antiguo salvajismo todavía no desarraigadas de la mente humana. Poseemos el mismo cerebro, perpetuado por la reproducción, que funcionaba en el cráneo de bárbaros y salvajes de tiempos remotos: y lo hemos heredado cargado y saturado de los pensamientos, aspi­ raciones y pasiones que lo trabajaban en los períodos intermedios. Es el mismo cerebro que ha crecido en edad y en tamaño con la experiencia de los siglos. Estos estallidos de barbarie son otras tantas

 

revelaciones de sus antiguas tendencias. Se explican como una suerte de atavismo mental.

 

Todas las principales instituciones del hombre han tenido su origen en los pocos gérmenes de pensamiento, concebidos en las eda­ des primitivas. Iniciando su existencia en el período del salvajismo, alterándose en el período de la barbarie, han continuado su marcha hacia adelante a través del período de civilización. El desenvolvi­ miento de estos gérmenes de pensamiento ha sido dirigido por una lógica natural, que constituía un atributo esencial del mismo cerebro. Tan sin yerro ha ejecutado este principio sus funciones en todas

 

las condiciones de la experiencia, y en todos los períodos de tiempo, que sus resultados son uniformes, coherentes y de huella distinguible en sus cursos. Estos resultados, por sí solos, rendirán, con el tiempo, prueba acabada de la unidad de origen del hombre. La historia

 

mental del género humano, revelada por instituciones, invenciones y descubrimientos, es presuntamente la historia de una especie sola, perpetuada por individuos, y desarrollada por la experiencia. Entre los gérmenes originarios del pensamiento, que hayan influido más poderosamente sobre la mente humana, y sobre los destinos de la humanidad, están los que se refieren al gobierno, a la familia, al len­ guaje, a la religión y a la propiedad. Tuvieron su comienzo definido muy temprano en el salvajismo, y una progresión lógica, pero no podrán tener consumación final, porque siguen todavía progresando y deben progresar continuamente.

 

11

LA GENS IROQUESA

 

La experiencia humana, como ya se dijo, ha desarrollado sólo dos planes de gobierno, empleando el término plan en su sentido cientí­ fico. Ambos fueron organizaciones definidas y sistemáticas de la sociedad. La primera y más antigua, fue una organización social, asentada sobre las gentes, fratrías y tribus. La segunda y posterior en tiempo, fue una organización política, afirmada sobre territorio y propiedad. Bajo la primera, se creaba una sociedad gentilicia, en la que el gobierno actuaba sobre las personas por medio de relaciones de gens a tribu. Estas relaciones eran puramente personales. Bajo la segunda, se instituía una sociedad política-, en la que el gobierno ac­ tuaba sobre las personas a través de relaciones territoriales, por ejem­ plo: el pueblo, el distrito y el estado. Estas relaciones eran puramente territoriales. Los dos planes diferían fundamentalmente. El uno per­ tenece a la sociedad antigua y el otro a la moderna.

 

La organización gentilicia nos exhibe una de las instituciones más antiguas y de más amplio dominio del hombre. Ella- suministró el plan casi universal de gobierno de la antigua sociedad asiática, europea, africana y australiana. Fue el instrumento por el cual la sociedad adquirió organización y cohesión. Nacida en el salvajismo y perpetuándose a través de los tres subperíodos de la barbarie, subsistió hasta la implantación de la sociedad política, lo que no su­ cedió hasta después de iniciada la civilización. La gens, fratría y tribu de los griegos y la gens, curia y tribu de los romanos hallan su símil en la gens, fratría y tribu de los aborígenes americanos. De igual manera el sept de los irlandeses, el clan de los escoceses, el phrara

 

de los albaneses y el ganas sánscrito, para no extender más el paran­ gón, son los mismos que la gens del indio americano, que ha sido generalmente llamada clan. Hasta donde llegan nuestros conocimien-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 127

 

tos, corre esta organización por el mundo antiguo entero, en todos

 

los continentes, y fue traída hasta el período histórico por aquellas tribus que alcanzaron la civilización.

 

Y no es esto todo. Dondequiera se halla la sociedad gentilicia, es idéntica en estructura orgánica y en principios de acción; pero mu­ dando de formas más bajas a otras más elevadas, con el adelanto progresivo de los hombres. Estos cambios dan la historia del desen­ volvimiento de los mismos conceptos originarios. Gens, genos y ganas en latín, griego y sánscrito tienen todos por igual el significado pri­ mario de parentesco. Contienen el mismo elemento que g igno, gigno-mai y ganamai, en las mismas lenguas, que significa procrear, y asi implica en cada uno la inmediata descendencia común de los miem­

 

bros de una gens. De ahí que una gens sea un cuerpo de consanguí­ neos que descienden de un antepasado común, distinguidos por un nombre gentilicio y ligado por afinidades de sangre. Comprende solamente una mitad de tales descendientes. Allá donde la descen­ dencia se sigue por la linea femenina, como lo era umversalmente

 

en el período arcaico, la gens está constituida por un supuesto ante­ pasado femenino y sus hijos, juntamente con los hijos de sus descen­ dientes "femeninos a perpetuidad; y cuando la descendencia sigue la línea masculina a la cual pasó después de la aparición de la pro­ piedad de un supuesto progenitor varón y sus hijos, juntamente

 

con los hijos de sus descendientes varones, a perpetuidad. El ape­ llido de familia, aun entre nosotros, es una supervivencia del nombre gentilicio, con descendencia en la linea masculina, y transmitién­ dose de la misma manera. La familia moderna, en cuanto la expresa

 

su apellido, es una gens no organizada, con el vinculo de parentesco Toto y sus miembros tan dispersos como extendido se halle el nombre de familia.

 

Entre las naciones mencionadas, la gens indicaba una organización social de notable carácter, que había imperado desde una antigüedad tan remota, que su origen se pierde en el tiempo. Fue también la unidad de organización de un sistema de sociedad y gobierno, base fundamental de la sociedad antigua. Esta organización no se cir­ cunscribía a las tribus de habla latina-, griega y sánscrita, entre las cuales vino a ser institución tan destacada. Ha sido encontrada entre otras tribus de naciones de La familia aria, en las familias semítica, uraliana y turania, entre las tribus de Africa y Australia, y entre las de los aborígenes americanos.

 

Reclama nuestra atención, en primer término, la exposición de la constitución elemental de la gens, con sus funciones, derechos y pri­ vilegios; después de lo cual se seguirán sus rastros, con la posible amplitud, entre las tribus y naciones del género humano, para com­ probar por cotejo, su unidad fundamental. Se verá entonces, que debe ser mirada como una de Las instituciones primarias del hombre.

 

LEWIS H. MORGAN

 

Con el progreso de la humanidad, la gens ha pasado por etapas sucesivas de desarrollo en su transición desde su forma arcaica hasta su forma última. Principalmente estas transiciones se limitaban a dos: primero, en cambiar la descendencia sacándola de la línea femenina, que era la regla arcaica, como entre las gentes de Grecia y Roma: y segundo, modificando la herencia de los bienes de un finado miembro-de la gens, quitándose a sus gentiles, quienes la tomaban en el perío­ do arcaico, para darla primeramente a sus parientes agnados, y fi­ nalmente, a sus hijos. Estos cambios, por leves que parezcan, impli­ can un gran cambio de condición, como también un amplio grado de desarrollo progresivo.

Originada en el período del salvajismo, y perdurando a través,

de los tres subperíodos de barbarie, la organización gentilicia- tuvo al

 

fin que ceder entre las tribus más adelantadas cuando ellas alcanza­

ron la civilización, cuyas necesidades aquélla era incapaz de satis­

facer. Entre los griegos y romanos, la sociedad política se sobrepuso

a la .sociedad gentilicia, pero no antes de que se iniciara la civiliza­ ción. El pueblo (y su equivalente, el barrio urbano) con su propiedad fija, y la población que contuviera, organizada como cuerpo polí­ tico, vino a ser la unidad y la base de un nuevo sistema de gobierno radicalmente distinto. Luego de constituida la sociedad política, aquella antigua y venerada institución, junto con la fratría y la tribu, nacidas de ella, gradualmente sucumbieron. Será mi propósito, en el curso de esta obra, detallar el progreso de esta organización, desde

 

su nacimiento en el salvajismo hasta su desaparición Snal en la civi­ lización; pues fue bajo instituciones gentilicias cuando la barbarie fue alcanzada por .algunas tribus humanas que se hallaban en el salvajismo, y cuando la civilización fue comprendida por descendien­ tes de algunas de esas mismas tribus que se hallaban en la barbarie. Las instituciones gentilicias transportaron una parte del género hu­ mano del salvajismo a la civilización.

 

Esta organización se presta a ser estudiada con éxito, tanto en su forma existente como en la histórica, en un gran número de tribus y razas. En una investigación tal, es preferible comenzar con la gens en su forma arcaica, y luego seguir su proceso en sus modificaciones sucesivas en naciones adelantadas, para poner en claro tanto las mu­ taciones como sus causas generadoras. Comenzaré, por tanto, con la gens tal como hoy existe entre los aborígenes americanos, donde se presenta en su forma arcaica, y entre los cuales su constitución-teórica y su funcionamiento práctico pueden ser estudiados con más éxito que en las gentes históricas de los griegos y romanos. En verdad, para la plena comprensión de las gentes de estas naciones, es suma­ mente necesario el conocimiento de las funciones, y de los derechos, privilegios y obligaciones de los miembros de la gens del indio ame­ ricano.

 

LA SOCIEDAD PRIMTITVA 129

 

En la etnografía americana, tribu y clan han sido empleados en

lugar de gens, como términos equivalentes, por no haber percibido su

universalidad. En obras anteriores, y siguiendo a mis predecesores,

los he empleado así (32). El cotejo del clan indio con la gens del

griego o del romano descubre de inmediato su identidad de estruc-

tura y funciones. También se extiende a la fratría y tribu. Si se puede

 

demostrar la identidad de estas diversas organizaciones, acerca de lo cual no cabe duda, hay manifiesta propiedad en volver a las ter­ minologías latinas y griegas, que son completas y precisas, además de históricas. He hecho aquí las sustituciones necesarias, y me pro­ pongo demostrar el paralelismo de estas diversas organizaciones. El plan de gobierno de los aborígenes americanos comenzó con

 

la gens y terminó con la confederación, siendo ésta el nivel más alto alcanzado por sus instituciones gubernamentales. Dio para seríes or­ gánicas: primero, la gens, un cuerpo de consanguíneos dotados de un nombre gentilicio común; segundo, la fratría, una reunión de gentes vinculadas y unidas en una asociación de orden más elevado, para ciertos objetos comunes; tercero, la tribu, una reunión de gentes comúnmente organizadas en fratrías, cuyos miembros hablaban el mismo dialecto; y cuarto, una confederación de tribus, cuyos miem­ bros respectivamente hablaban dialectos del mismo tronco lingüístico. Esto vino a dar una sociedad gentilicia (sociatas) distinta de una so­ ciedad política o estado (civitas). La diferencia entre las dos es .am­ plia y fundamental. Cuando fue descubierta América, no existía en ella' sociedad política, ciudades, estados ni civilización. Medió un

 

período étnico entero entre las más adelantadas tribus americanas

y el comienzo de la civilización, en la acepción propia del término. De idéntica manera, el plan de gobierno de las tribus griegas,

 

con anterioridad a la civilización, envolvía la misma serie orgánica, con excepción del último miembro: primero, la gens, un cuerpo de consanguíneos respondiendo a un nombre gentilicio común; segundo,

 

la fratría, una reunión de gentes unidas con fines sociales y religio­ sos; tercero, la tribu, una reunión de gentes de un mismo linaje, organizadas en fratrías; y cuarto, una nación, reunión de tribus coa­ ligadas en una sociedad gentilicia y en un territorio común, como las cuatro tribus atenienses en Ática, y las tres tribus dóricas en Esparta. La coalición era un proceso más adelantado de la confede­ ración. En este caso las tribus ocupaban territorios independientes. El plan y las series romanas eran los mismos: primero, la gens.

 

 En  Letters on the Iroquois by Sknenandoah , publicada en el  Ame­

rican Review en 1847; en la League of the Iroquois, publicada en 1851 y en ¦"Systems of Consanguinity and Affinity of the Human Family , publicado en 1871 ( Smithsonian Contributions to Knowledge , vol. XVII), he empleado tri­ bu como equivalente de gens", y en su reemplazo, pero con una definición precisa del grupo.

 

130 LEWIS H. MORGAN

 

un cuerpo de consanguíneos respondiendo a un nombre gentilicio común; segundo, la curia, una reunión de gentes unidas en una aso­ ciación más adelantada para la realización de funciones religiosas y administrativas; tercero, la tribu, una reunión de gentes organizadas en curias; y cuarto, una. nación, reunión de tribus fusionadas en una sociedad gentilicia. Los romanos de los primeros tiempos se decían, con entera propiedad, Populus Romanus.

Dondequiera hayan prevalecido las instituciones gentilicias y an­

tes de la implantación de la sociedad política, hallamos a los pueblos o naciones en sociedades gentilicias, y nada más allá. El estado no existía. Los gobiernos eran esencialmente democráticos, porque los principios sobre que descansaban la gens, la fratría y la tribu, eran democráticos. Este último postulado aunque en contradicción con la opinión corriente, es de importancia histórica. Su exactitud puede ser sometida a prueba al considerar sucesivamente la gens, la fratría y la tribu de los aborígenes americanos, y las mismas organizaciones entre los griegos y romanos. Como la gens, unidad de la organización, era esencialmente democrática, necesariamente lo era también la fratría, compuesta de gentes, la tribu compuesta de fratrías, y la so­ ciedad gentilicia, creada por la confederación o unión de tribus.

 

La gens, a pesar de ser una organización social muy antigua asen­ tada sobre parentesco, no incluye a todos los descendientes de un antepasado común. La causa está en que cuando se implantó la gens no se conocía aún el matrimonio entre dos individuos solamente y

 

la descendencia por la línea masculina no se podía individualizar con seguridad. Les parientes se vinculaban mayormente por su descen­ dencia materna. En la gens antigua el linaje se circunscribía a la línea femenina. Comprendía todas las personas que derivasen su descendencia de un supuesto antepasado femenino común, a través

 

de las mujeres, cuyo testimonio consistía en la posesión de un nombre gentilicio común. Incluiría a esta antepasada y sus hijos, los hijos de las hijas de ellas, y los hijos de sus descendientes femeninos, a perpetuidad; mientras que los hijos de los hijos varones de ella, por la linea masculina, pertenecían a otras gentes, a saber, a las de sus respectivas madres. Tal era la gens en su forma arcaica, cuando no se podía precisar la paternidad de los niños, y su maternidad ofrecía

 

el único criterio cierto de descendencia.

Este régimen de descendencias, que puede ser seguido retrospec­ tivamente basta el estadio medio del salvajismo, cpmo entre los aus­ tralianos, perduró entre los aborígenes americanos a través del estadio superior del salvajismo y en el transcurso del estadio inferior de la barbarie, con excepciones ocasionales. En el estadio medio de la barbarie, las tribus indias comenzaron a mudar la descendencia, de

 

la línea femenina a la masculina, a medida que la familia sindiásmica del período comenzó a tomar características de monógama. En el es-

 

LA SOCIEDAD P REMITIA'a 131

 

tadio superior de la barbarie, la descendencia'entre los griegos, con excepción de las tribus licias, y entre las tribus italianas, con excep­ ción de las etruscas, había pasado a la línea masculina. En otra

 

parte se considerará la influencia de la propiedad y la herencia para producir la familia monógama que aseguraba la paternidad de los hijos, y para imponer el cambio de la línea femenina por la masculi­ na. Entre los dos extremos representados por los dos regímenes de descendencia, mediaron tres periodos étnicos enteros, abarcando muchos millares de años.

 

Con la descendencia por la línea- masculina, la gens comprendía

a todos los que atribuían su descendencia a un supuesto antepasado común masculino, a través de los varones solamente, cuya prueba, como en el otro caso, descansaba en la posesión de un nombre gen­ tilicio común. Comprendería a este antepasado y sus hijos, los hijos de sus hijos, y los hijos de sus descendientes varones, a perpetuidad; mientras que los hijos de sus hijas, y los hijos de sus descendientes mujeres, a través de las mujeres, pertenecerían a otras gentes, a saber: a las de sus respectivos padres. Los que en un caso eran retenidos

 

en la gens, en el otro eran excluidos, y viceversa. Tal fue la gens en su última forma, después que llegó a ser cierta la paternidad de los hijos por el avance de la monogamia. La transición de la gens de una forma a otra era perfectamente sencilla, sin causar su de­ rrumbamiento. Todo lo que se necesitó fue un motivo adecuado, como se demostrará más adelante. La misma gens, con la descenden­ cia llevada a la línea masculina, perduraba como unidad del sistema social. No pudo haber alcanzado la segunda forma sin haber existido antes en la primera.

* Como el intercambio matrimonial estaba prohibido en la gens

se sustrajo a sus miembros de los males de los matrimonios consan­ guíneos y se tendió así a acrecentar el vigor del tronco. La gens nació sobre la base de tres conceptos mayores, por ejemplo: el vínculo de parentesco, un linaje puro mediante la descendencia por la línea femenina, y la prohibición del matrimonio dentro de la gens. Cuando se desarrolló la idea de la gens, asumió naturalmente la forma de parejas de gentes, porque los hijos de los varones estaban excluidos, y porque era igualmente necesario organizar ambas clases de descen­ dientes. Con la creación simultánea de dos gentes, se alcanzaba todo el resultado, desde que los varones y mujeres de una gens se casarían con las mujeres y varones de la otra, y los hijos, siguiendo las gentes de sus respectivas madres, se distribuirían entre las dos. Asentada sobre el lazo del parentesco como principio de cohesión, la gens suministraba a cada miembro individual aquella protección personal que ningún otro poder existente hubiera podido ofrecerle. Después de considerar los derechos, privilegios y obligaciones

 

de sus miembros, será preciso seguir la gens en sus relaciones orgá-132 LEWIS H. MORCAN

 

nicas con una fratría, tribu y confederación, a fin de descubrir los usos a que se destinaba, los privilegios que confería, y los principios que fomentaba. Las gentes de los iroqueses serán tomadas como nor­

 

ma de ejemplifieacíón de la institución en la familia ganowaniana. Habían adelantado su plan de gobierno desde la gens hasta la con­ federación, integrándola en cada una de sus partes y haciendo de ella una excelente ilustración de las capacidades de la organización gentilicia en su forma arcaica. En la época de su descubrimiento, ios iroqueses se hallaban en el estadio inferior de la barbarie, y bien avanzados en las artes de la vida que cuadran a esta condición. Ellos fabricaban redes, cuerdas y bramante de filamentos de cor­ teza; tenían fajas y correas de carga, con trama y urdimbre, de los mismos materiales; elaboraban vasijas de barro y pilas, con arcilla mezclada con materia silícea, y endurecidas a fuego, algunas de las cuales adornaban con medallones toscos; cultivaban maíz, judías, calabazas y tabaco en canteros de huerta, y hacían un pan sin le­ vadura de maíz pisado, que cocían en vasijas de barro (33); curtían los cueros para confeccionar faldas, polainas y mocasines; empleaban el arco- y flecha y el mazo de guerra como armas principales; utili­ zaban implementos de piedra y de pedernal, vestían prendas de cuero, y eran cazadores y pescadores diestros. Construían, viviendas comunes, lo bastante grandes para dar cabida a cinco, diez y veinte familias, y cada hogar practicaba el comunismo en el régimen de vida; pero no conocían el uso de la piedra o el adobe en la construc­ ción de edificios, ni tampoco el empleo de los metales nativos. En capacidad mental y adelanto general eran la rama representativa de la familia indiana al norte de Nuevo Méjico.

 

Con el transcurso del tiempo, las tribus iroquesas han llegado a variar un tanto en el número y en los nombres de sus respectivas gentes. Su mayor número fue de ocho, como sigue:

 

Sénecas: 1, Lobo; 2, Oso; 3, Tortuga; 4, Castor; 5, Ciervo; 6, Be­ casina; 7, Garza, y 8, Halcón.

 

Cayugas: 1, Lobo; 2, Oso; 3, Tortuga; 4, Castor; 5, Ciervo; 6, Be­ casina; 7, Anguila, y S, Halcón.

 

Onondagas: 1, Lobo; 2, Oso; 3, Tortuga; 4, Castor; 5, Ciervo; 6, Becasina; 7, Anguila, y S, Bola. Oneidas: 1, Lobo; 2, Oso, y 3, Tortuga.

 

Mohawks: 1, Lobo; 2, Oso, y 3, Tortuga.

Tuscaroras: 1, Lobo Gris; 2, Oso; 3, Gran Tortuga; 4, Castor; 5, Lobo Amarillo; 6, Becasina; 7, Anguila, y 8, Tortuga Pequeña. Estos cambios enseñan que algunas gentes en ciertas tribus se

 

          Estos panes o tortas tenían alrededor de seis pulgadas de diámetro y una de espesor.

 

LA so c ie d a d PRIMITIVA 133

 

han-extinguido por las vicisitudes del tiempo: y que otras lian sido formadas por la división de gentes excedidas en número.

 

Con el conocimiento de los derechos, privilegios y obligaciones de los miembros de la gens, se comprenderá, más cabalmente sus capa­ cidades como báse unitaria de un sistema social y de gobierno, y también el modo como penetró en las organizaciones superiores de la fratría, tribu y confederación.

 

La gens se individualiza por los siguientes derechos, privilegios y obligaciones conferidas e impuestas a sus miembros, y que consti­ tuían el fus gentilicium:

          ° El derecho de elegir su sachem (cacique) y jefes.

          ° El derecho de deponer su sachem y jefes.

          ° La obligación de no casar dentro de la gens.

 

4 ° Derechos mutuos de herencia de los bienes de miembros fallecidos.

 

o.° Obligaciones recíprocas de ayuda, defensa y desagravio de ofensas.

          ° El derecho de adjudicar-nombres a sus miembros.

          ° El derecho de adopción de extraños en la gens. S.° Ceremonias religiosas comunes.

 

9.° Cementerio común.

10.° El Consejo de la gens.

Estas ceremonias y atribuciones daban vitalidad como también individualidad a la organización, y amparaban los derechos personales de sus miembros.

 

l.° E l d e r e c h o d e e l e g i r s u s a c h e m y j e f e s

 

Casi todas las tribus indias americanas tenían dos grados de jefes, que se pueden distinguir como sachems y jefes comunes. Todas las demás eran variedades de estas dos graduaciones primarias. Eran elegidos por cada gens dentro de sus miembros. El hijo no podía ser elegido para suceder a su padre, donde La descendencia era por línea femenina, porque pertenecía a otra gens y ninguna gens consentiría un sachem o jefe que no fuera la suya. El cargo de sachem era hereditario en la gens, en el sentido de que se reemplazaba cada vez que se produjera una vacante mientras que el cargo de jefe no era hereditario, porque era conferido en premio de méritos personales y se extinguía con el individuo. Además, los deberes del sachem se limi­ taban a los asuntos de la paz. No podía ir a la guerra en calidad de sachem. Por otro lado, los jefes ascendidos al cargo por valor personal, por sabiduría en los negocios, por elocuencia en el consejo, eran ge­ neralmente la clase superior en capacidad, bien que no en autoridad sobre la gens. La relación del sachem era primariamente con la gens.

 

134 LEW IS H. MOKCAN

 

de la que era cabeza oficial., mientras que la del jefe era primaria­ mente con la tribu, de cuyo consejo él, como también el sachem, eran miembros.

 

El puesto de sachem tenía su fundamento natural en la gens, como cuerpo organizado de consanguíneos, que, como tal necesitaba una cabeza representativa. Como cargo, sin embargo, es más antiguo que la organización gentilicia, desde que se ha comprobado su existencia en tribus distintamente organizadas, pero entre las cuales tenía una base similar, en el grupo punalúa, y hasta en la horda anterior. En la gens, el carácter del sachem estaba claramente definido: la base de la relación era permanente y sus deberes paternales. Mien­ tras el cargo fue hereditario en la gens, era electivo entre sus miem­ bros varones. Cuando se tenga en cuenta el sistema indio de la con­ sanguinidad, se verá que todos los miembros varones de una gens, eran o bien hermanos propios o colaterales, tíos o sobrinos propios o colaterales, o abuelos y nietos colaterales (34).

 

Esto explicará la sucesión en el cargo de sachem, que pasaba de hermano a hermano, o de tío a sobrino, y muy rara vez de abuelo

 

a nieto. La elección, que era por sufragio libre de varones y mujeres de edad adulta, generalmente recaía en un hermano del sachem fallecido, o en uno de los hijos de una hermana; siendo más proba­ blemente preferido un hermano propio o el hijo de una hermana pro­ pia. Entre varios hermanos propios y colaterales, de una parte, y los hijos de varias hermanas propias y colaterales, por la otra, no existía prelación de derechos, por la razón de que todos los miembros varones de la gens eran igualmente elegibles. Escoger entre ellos era la función

 

de un principio electivo.

A la muerte de un sachem entre los séneca-iroqueses, por ejemplo, era convocado un consejo de sus gentiles para nombrar el sucesor. Según sus costumbres, se debían votar dos candidatos, ambos miem­ bros de la gens. Se llamaba a todas las personas de edad adulta, varo­ nes y mujeres, para que manifestaran su preferencia, y quedaba nom­ brado aquel que hubiese recibido el mayor número de declaraciones afirmativas. Pero todavía se requería el asentimiento de las restantes siete gentes antes de que el nombramiento quedase hecho. Si estas gentes, que se reunían por fratrías para el efecto, se negaban a con­ firmar el nombramiento, éste quedaba así anulado, y la gens procedía a hacer otra designación. Si la persona elegida por la gens era acep­ tada por las demás gentes, la elección quedaba hecha, pero faltaba que el nuevo sachem fuese exaltado a su nueva dignidad, para

 

          Los hijos de varias hermanas son hermanos entre sí, en vez de primos. Éstos se distinguen aquí como hermanos cotaterales. Así el hijo del hermano

 

es hijo del otro en lugar de ser su sobrino, mientras que el hijo de su hermana colateral es su sobrino, como también lo es el hijo de su propia hermana. Aquél se distingue como sobrino colateral.

 

LA SOCIEDAD PKCMOTVA 135

 

usar su expresión, o sea investido del cargo por un consejo de la confederación, antes de poder entrar en funciones. Era su modo de conferir e'l imperium. De esta suerte los derechos y Jos intereses de cada una de las varias gentes eran consultados y observados; porque el sachem de una gens era ex-officio , miembro del consejo de la tribu y del más alto consejo de la confederación. El mismo régimen

 

de elección y confirmación existia para elegir y confirmar a los jefes, por idénticas razones. Pero el consejo general no era convocado nunca para investir jefes de grado inferior al de sachem. Ellos aguardaban Ja fecha en que se daba investidura al sachem.

El principio de la democracia nacido en las gentes, se manifes­

 

taba en la retención por los gentiles del derecho de elegir sus sachems y jefes, en las seguridades con que rodeábase el cargo para impedir usurpaciones, y en,el control ejercido por las demás gentes sobre la elección.

 

El número de jefes en cada gens, generalmente guardaba relación

con el número de sus miembros. Entre los séneca-iroqueses hay un

jefe por cada cincuenta personas. En la actualidad cuentan en Nueva

York alrededor de tres mil almas, y tienen ocho sachems y cerca de

sesenta jefes. Hay razones para pensar que el número proporcional

es hoy más elevado que en los tiempos anteriores. Con respecto al

número de gentes en una tribu, cuanto más numeroso es el pueblo,

por lo regular, tanto más numerosas son las gentes. El número variaba en las diferentes tribus, desde tres entre los delaware y munsíes, hasta más de veinte entre los ojibwas y cries, siendo seis, ocho y diez los números comunes.

 

2 .° E l d e r e c h o d e d e p o n e r su sa c h e m y je f e s

 

Este derecho, no menos importante que el de elección, era pri­ vativo de los miembros de la gens. Bien que el plazo nominalmente era vitalicio, su desempeño descansaba prácticamente en la buena conducta, en concordancia con el derecho de degradación. La instala­ ción del sachem era simbolizada como "armándose de cuernos y su degradación, como quitándole los cuernos .

 

Los cuernos han siao tenidos como emblema de cargo y autoridad entre tribus muy distantes entre sí dentro del género humano, quizá,

 

como lo sugiere Tylor, por el porte dominante de los machos entre los rumiantes armados ae cuernos. La mala conducta, seguida de la falta de confianza, era causa suficiente para la degradación. Cuando un sachem o jefe era degradado en forma debida por el consejo de

 

su gens, cesaba de tener esa calidad y de ahí en adelante era un par­ ticular. El consejo de la tribu también tenia facultad para degradar tanto al sachera como los jefes, sin aguardar la acción de la gens, y

 

136 LEWIS H. MORCAN

 

aún contra los deseos de ésta. Mediante la existencia y ejercicio oca­ sional de esta facilitad de supremacía, se afirmaba y preservaba la de los gentiles sobre los sachems y jefes. También revela la consti­ tución democrática de la- gens.

 

3.° L a p r o h i b i c i ó n d e c a s a r d e n t r o d e l a        c e n s

 

La proposición negativa era absoluta y fundamental. Fue eviden­ temente un fin primario de la organización, el aislar una mitad de los descendientes de un supuesto fundador, para impedir su matrimonio, por razones de parentesco. Cuando nació la gens, existían uniones de hermanos con las esposas de los otros en grupo, y de hermanas con los maridos de las otras en grupo, a lo que la gens no ponía traba. Pero procuraba excluir el matrimonio entre hermanos, lo que se logra­ ba, como hay buenas razones para afirmarlo, mediante la citada pro­ hibición. Si la gens hubiese intentado desarraigar, por acción directa, el sistema conyugal integral del período, no hay la más leve proba­ bilidad de que hubiese logrado su implantación general Originada

 

la gens, probablemente en el ingenio ae un pequeño grupo de sal­ vajes, no tardaría en destacar su utilidad en la producción de hombres superiores. Su imperio casi universal en el mundo de la antigüedad es el más concluyente testimonio de las ventajas que aportaba, y de su adaptabilidad a los menesteres de los hombres en el estado de salva­ jismo a barbarie. Los iroqueses mantienen aún inflexiblemente la regla que prohíbe el casamiento dentro de la gens.

 

4 ° D e r e c h o s m u t u o s d e h e r e n c i a d e l o s b i e n e s DE MIEMBROS FALLECIDOS

 

En el estadio de salvajismo y en el estadio inferior de la barbarie, la acumulación de bienes era escasa. En el primero consistía en los efectos personales, a los que, en el último, se añadían derechos poseso­ rios de viviendas comunes y huertas. Las prendas personales de más valor se enterraban con el cadáver del finado. Asimismo, la cuestión

 

de herencia tenía que surgir, cobrar más importancia con el aumento de los bienes en variedad y cantidad, y producir alguna regla fija de herencia. Y así encontramos en el bajo estado de barbarie y aun en el de salvajismo, el principio de que los bienes debían quedar en

 

la gens, y ser distribuidos entre los gentiles del extinto. Era ley habi­ tual de las gentes griegas y latinas en el estadio superior de la barba­ rie y, perduró como ley escrita muy entrada la civilización, que los bienes de una persona fallecida habían de quedar en la gens. Pero después del tiempo de Solón, entre los atenienses, quedó limitada a las sucesiones intestadas.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 137

 

La cuestión de que a quien corresponden los bienes, ha dado lugar

a tres grandes y sucesivas reglas de herencia: Primero, que sean dis­ tribuidos entre los gentiles del dueño fallecido. Esta fue la regla

 

en el estadio inferior de la barbarie, y hasta donde se sabe, en el es­ tadio de salvajismo. Segundo, que los bienes sean distribuidos entre los parientes agnados del extinto, con exclusión de los demás gen­ tiles. El germen de esta regla apareció en el estadio inferior de la barbarie y probablemente quedó afianzada completamente en el estadio medio. Tercero, que los bienes sean heredados por los hijos

del dueño fallecido, con exclusión de los demás agnados. Esta se

afianzó como regla en el estadio superior de la barbarie.

Teóricamente, los iroqueses se hallaban bajo la primera regla;

mas en la práctica, sus parientes más cercanos dentro de la gens se

apoderaban de los efectos del extinto. En el caso de un varón, sus

hermanos propios, varones y mujeres, y sus tíos matemos se dividían

los bienes. Esta limitación práctica de la herencia a los más cercanos

afines gentilicios descubre el germen de la herencia- agnaticia. En el

caso de una mujer, sus bienes eran heredados por sus hijos y herma­

nas, con exclusión de los hermanos varones. En todos los casos los

bienen quedaban en la gens. Los hijos de varones fallecidos no here­

daban nada de su padre, porque ellos pertenecían a una gens dife­

 

rente. Por la misma razón el marido no heredaba nada de su mujer, ni ésta de su marido. Estos derechos mutuos de herencia fortificaban la autonomía de la gens.

 

5 . ° O b l i g a c i o n e s r e c í p r o c a s d e a y u d a , DEFENSA Y DES ACRA VIO DE OFENSAS

 

En la sociedad civilizada el estado se hace cargo de la protección de la persona y de la propiedad. Acostumbrándose a recurrir a esta fuente para el amparo de derechos individuales, se ha producido un relajamiento correspondiente en el lazo del parentesco. Pero en la sociedad gentilicia el individuo descansaba su seguridad en la gens. Ocupaba el lugar más tarde atribuido al estado, y contaba con el número necesario para hacer efectiva su salvaguarda. Dentro de su asociación, el lazo del parentesco era un elemento poderoso de mutuo apoyo. Ofender a una persona era ofender a su gens. y apoyar a una personar era ponerse a espaldas suyas con la entera línea de batalla de sus parientes gentilicios.

 

En sus aflicciones y dificultades los miembros de la gens se auxi­ liaban mutuamente. No están de más dos o tres ilustraciones tomadas de tribus indias en general. Hablando de los mayas de Yucatán, ob­ serva Herrera que cuando se trataba de indemnización por daños,

si el condenado a pagar corría peligro de quedar reducido a la indi-

 

LEWIS H. MORGAN

 

gencia, los parientes contribuían (35). Debemos entender aquí el término parientes como significando gens. Y de los indios de la Flo­ rida: "Cuando fallece un hermano o un hijo, los de la casa preferirían morir antes que buscar alimentos durante tres meses, pero los pa­ rientes y afines cuidan de mandarlo todo (36). El que se trasladaba de un pueblo a otro, no podía transmitir a un extraño su derecho po­ sesorio en tierras cultivables o en una vivienda común, sino que debía dejarlo a sus afines gentilicios. Herrera refiere este uso entre las tribus indias de Nicaragua: El que se trasladaba de un pueblo

 

a otro no podía vender lo que tuviese, sino que tenía que dejarlo a su pariente más cercano (37). Sus bienes estaban a tal punto teni­ dos en condominio, que su régimen de vida no consentía su enajena­ ción a favor de una persona de otra gens.

 

En la práctica, el derecho a tales bienes era posesoria, y al aban­ donarlo, volvían a la gens. Garcilaso de la Veg2 cuenta de las tribus de los Andes peruanos que cuando el populacho (o clases vulgares)

 

se casaba, las comunidades del pueblo tenían la obligación de cons­ truirle y proveerle su vivienda (38). Por comunidades, como está aquí empleado, estamos autorizados a entender la gens. Hablando Herrera ae las mismas tribus, dice que "esta variedad de lenguas pro­ cedía de que las naciones estaban divididas en razas, tribus o cla­ nes (39). Aquí los gentiles tenían la obligación de ayudar a las pa­ rejas de recién casados en la construcción de sus viviendas.

 

La antigua práctica de la vendetta, que tan amplío imperio ha tenido en las tribus del género humano, fue engendro de la gens. Estaba a cargo de esta comunidad vengar la muerte de uno de sus miembros. Los tribunales para el enjuiciamiento de criminales y las leyes que rigen su castigo, nacieron tarde en la existencia de la socie­ dad gentilicia; pero aparecieron antes de la institución de la sociedad política. Por otra parte, el crimen de homicidio es tan viejo como

 

la sociedad humana, y su castigo por la venganza de parientes, es tan antiguo como el crimen mismo. Entre los iroqueses y las tribus indias en general, era universalmente reconocida la obligación de vengar la muerte de un pariente (40).

 

          History of America , Londres, edición 1725. Trad, de Stevens, TV, 171.

          Ib. TV, 34.

          History of America", HI, 29S.

          Royal Comentarics , Londres, edición 16SS. Trad, de Rycaut, pá­

gina 107.

          Herrera, IV, 231.

          Sus corazones arden violentamente día y noche sin interrupción hasta tanto hayan derramado sangre por sangre. Transmiten de padre a hijo el re­ cuerdo de la pérdida de sus parientes, o de uno de su propia tribu o familia, aunque no fuera más que una mujer vieja . ADAIR: Hist. Araer. Indians , Londres, edición 1775, pág. 150.

 

LA sociedad PRIMTITVA 139

 

Era, sin embargo, deber de la gens del matador, y de la del muer­ to, procurar ua ajuste del crimen antes de llegar a extremos. Los miembros de cada gens celebraban por separado un consejo, y se hacían por cuenta del matador proposiciones de condenación del hecho, por lo regular en forma de expresiones de pesar y de regalos de considerable valor. Habiendo circunstancias justificativas o ate­ nuantes, generalmente se llegaba a un arreglo; pero si los parientes gentilicios del muerto resultaban implacables, su gens designaba de entre sus miembros uno o más vengadores, cuyo deber era perseguir al criminal hasta descubrirlo, y luego matarlo dondequiera se le encontrara. Si ejecutaban el hecho, no había motivo de queja por parte de ningún miembro de la gens de la victima. Habiéndose pagado vida por vida, las reclamaciones de la justicia quedaban satisfechas. El mismo sentimiento de fraternidad se manifestaba en otras

 

formas de amparar al camarada gentilicio en su dolor y en protegerlo de posibles ofensas.

 

6 .° E l d e r e c h o d e a d j u d ic a r n o m b r e s a sus m iem b r o s

 

En las tribus salvajes o bárbaras, no existen nombres de familia.

Los nombres personales de individuos de la misma familia no in­

dican entre ellos vinculación familiar alguna- El nombre de la familia

no es más antiguo que la civilización (41). Los nombres personales

 

indios, sin embargo, por lo regular, indican la gens del individuo en relación a personas de otras gentes de la misma tribu. Como re­ gla, cada gens disponía de nombres para personas, que eran de su especial propiedad, y como tales no podían ser empleados por otras

 

gentes de la     misma tribu.                          

Un nombre gentilicio comunicaba     de suyo derechos        gentilicios.     

Estos nombres expresaban por su      significación la           gens a que pertene­

cían, o bien     eran conocidos por     tales por La- versión popular (42).

 

 M o m m s e n :  History of Rome", ed. Scribner, traduc. Dickson. 1.49.

 Una de las doce gentes" de los omahas es La'-ra-da, el Milano, que cuenta, entre otros, los siguientes nombres:

 

NOMBRE DE VARONES

Ah-hise'na-da

G1 a-d an -no h-che

Nes-tase -ka

 

A la larga.

Gavilán que se cierne en el aire.

Ave de ojos blancos.

 

NOMBRES DE MUJERES

Mc-ta na

La'-ta -da'-win

Wa'-ta'-n3.

 

Ave que canta en la alborada.

Una de las aves.

Huevo de pájaro.

 

LEWIS H. MORGAN

 

Después del nacimiento de una criatura, la madre elegía un nombre fuera de uso, perteneciente a la gens, con la conformidad de sus parientes más cercanos, el que luego se daba al niño. Pero la designación no quedaba completa hasta tanto hubiesen sido anun­ ciados su nacimiento y nombre, con el nombre y gens de su madre,

 

y el de su padre, en el próximo oonsejo de la tribu. A la muerte de una persona su nombre no podía ser nuevamente dado en vida de

 

su hijo mayor sobreviviente, sin la anuencia de éste (43). Se hallaban en uso dos clases de nombres, una adaptada a la niñez, y la otra a la vida adulta, cambiándose un nombre por otro en el tiempo apropiado y con igual solemnidad; quitándose el uno, según su propia expresión, y confiriéndose el otro en su reemplazo. Entre los séneca-noques es: O-wi -go (canoa flotando aguas abajo) y Áti-iüou-ne-ont (flor colgante), son nombres de niñas; y Gane-o-di yo (bello lago) y Do-ne-ho-ga~weh (el que custodia la puerta), son nom­ bres de varones adultos. A la edad de dieciséis o dieciocho años, un jefe de la gens quitaba el primer nombre, y daba en su reemplazo uno de la segunda clase. En el siguiente consejo de la tribu se pu­ blicaba el cambio de nombre, después de lo cual la persona, si era varón, asumía los deberes de la masculinidad.

 

En algunas tribus indias se exigía que el joven saliese en campaña, y conquistara su segundo nombre a base de alguna hazaña personal. No era raro que después de una enfermedad grave y por razones de superstición, se solicitara y obtuviese un segundo cambio de nombre. Algunas veces se daba otro a una avanzada edad senil. Cuando una persona era elegida sachem o jefe se le quitaba el nombre, dándosele otro nuevo en el acto de su investidura. El individuo no podía influir en nada sobre la cuestión del cambio. Era prerrogativa de sus parien­ tes femeninos y de los jefes; pero una persona adulta podía cambiar de nombre si lograba que un jefe anunciara el cambio al consejo. Una persona con el dominio de otro nombre, como el hijo mayor de

 

un padre fallecido se lo          podría prestar a un amigo de otra gens, pero

a la muerte      de éste,            el         nombre volvía a la gens a que correspondía.

En la actualidad, entre            los shawnees y delaware, la madre goza      

del derecho     de dar nombre a su niño en la gens que le plazca, y el

nombre dado  hace que          el         niño pase a la gens a que pertenece dicho

nombre. Pero ésta es   una      gran desviación de los usos arcaicos, y es

excepcional     en la práctica. Tiende a corromper y confundir el linaje

gentilicio. Los nombres          hoy en uso entre los iroqueses y otras           tribus

indias son en su mayoría        nombres tradicionales, transmitidos a           las

gentes desde tiempos  inmemoriales. 

Las precauciones tomadas     respecto al uso de nombres pertenecien-

 

          Cuando se mencionan usos particulares se entenderá que se trata de los iroqueses. salvó que se manifieste lo contrario.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 141

 

tes a las gentes, son prueba acabada de la importancia que se les atribuía, y de los derechos gentilicios que aportaban.

 

Si bien esta cuestión de nombres personales se ramifica en varias direcciones, mi propósito es exponer aquellos usos generales que reve­ len las relaciones de los miembros de una gens. En el trato familiar y en saludos formales los indios americanos se tratan con el vocablo

 

de parentesco que existe entre el que habla y la persona a quien dirige la palabra. Estando emparentados se saludan por el título

 

de parentesco; no estándolo, se sustituye por: "amigo mío . Se estima­ ría una falta de cortesía dirigirse a un indio por su nombre personal, o preguntárselo directamente a él.

 

Nuestros antepasados sajones no tenían más que nombres perso­ nales hasta la época de la conquista normanda, y ningún otro para designar la familia. Esto indica la tardía aparición entre ellos de la familia monógama, y plantea 1a presunción de la existencia en un tiempo más primitivo, de una gens sajona.

 

7.° E l d e r e c h o d e a d o p c i ó n d e e x t r a ñ o s e n l a          g e n s "

 

Otro derecho distintivo de la gens era el de admitir nuevos miem­ bros por adopción. Los prisioneros de guerra eran o bien condenados a muerte o bien adoptados por alguna de las gentes. Las mujeres

 

y niños cautivos generalmente lograban esta clemencia. La adopción no solamente confería derechos gentilicios, sino también la naciona­ lidad de la tribu. La persona que adoptaba un cautivo, lo colocaba en la relación de hermano o hermana; si era madre quien adoptaba, resultaba la relación de hijo o hija; y de ahí en adelante el adoptado era tratado, en todos los aspectos, tal como si hubiese nacido en dicha condición.

La esclavitud que en el estadio superior de la barbarie era el des­

tino del cautivo, era- desconocida entre las tribus del .estadio inferior en el período aborigen. La carrera de baquetas tenía alguna relación con la adopción, puesto que la persona que, por resistencia física o por favoritismo, lograse correr las filas en salvo, tenía derecho a este premio. El adoptivo frecuentemente ocupaba en una familia el

 

lugar de un miembro muerto en la gueixa, a fin de reintegrar las filas rotas de parientes. Una gens en decadencia podía reconstituir su unidad mermada, mediante la adopción, aunque el caso era raro.

 

En una época la gens Gavilán de los sénecas quedó reducida a un corto número de personas, y se hacía inminente su extinción. Para salvar la gens, y por mutuo consentimiento, fue transferido un nu­ meroso grupo cíe la gens Lobo, por adopción.

El derecho de adopción paiace haber quedado al albedrío de

 

cada gens.

 

142 LEWIS H. MORGAN

 

Entre los iraqueses la ceremonia de adopción se realizaba ante un consejo público de la tribu, lo que la convertía prácticamente en un rito religioso (44).

 

8 . ° Rxros r e l i g i o s o s d e l a      g e n s

 

Entre las tribus griegas y latinas estos ritos ocupaban un lugar destacado. La más alta forma de religión politeísta que hasta enton­ ces hubiese surgido, parece haber nacido en las gentes en que se practicó continuamente los ritos del culto. Algunos de éstos, por la santidad que se les atribuía, fueron nacionalizados. En algunas ciu­ dades el oficio de Sumo Sacerdote de ciertas divinidades era heredi­ tario en una gens particular (45). La gens se hizo el centro natural del crecimiento religioso, y la cuna de ceremonias del culto.

 

Pero las tribus indias, aunque tuvieron un sistema politeísta no muy diferente del cual debieron nacer el griego y el romano, no habían alcanzado el desarrollo religioso, tan fuertemente impreso en las gentes de las tribus de éstos. Apenas se puede decir que alguna gens india tuviese ceremonias religiosas especiales; y, sin embargo, su culto tenía relación más o menos directa con la gens. Era aquí don­ de debían germinar naturalmente las ideas religiosas y ser instituidas esas formas de culto- Pero se difundirían de la gens por la tribu, más bien que quedar como especíales de la gens.

 

Así, hallamos entre los iraqueses seis festivales religiosos anuales (Arce, Siembra, Bayas, Choclo, Cosecha y Año Nuevo) (46), que eran comunes a todas las gentes reunidas en una tribu y se festejaban en fechas determinadas del año. Cada gens designaba un número de "Custodios de la Fe , varones y mujeres, los que en conjunto tenían a su cargo la celebración de los festivales (47). El número designado

 

(44) Luego que el pueblo se hubiese reunido en la casa del consejo, uno de los jefes se dirigía a la asamblea, dando cuenta de la persona, la razón de su adopción, el nombre y gens del adoptivo, y el nombre conferido al novicio. Entonces dos jefes tomaban a aquél en los brazos y lo paseaban de ida y vuelta por la sala del consejo, cantando el canto de adopción, a éste respon­ día la Asamblea con un coro musical al ñn de cada verso. El paseo continuaba hasta tanto hubiesen terminado los versos, lo que requería tres idas y vueltas. Con esto terminaba la ceremonia. Algunas veces se han adoptado americanos a título* de agasajo. Me tocó en suerte hace algunos años ser así adoptado

por la gens" Gavilán de los sénecas, en la que se efectuó la citada ceremonia.

          G r o t e :  History of Greece , I, 194.

          "League of the Iroquois", pág. 1S2.

          Los  Custodios de la Fe" eran más o menos tan numerosos como los

 

jefes, y eran escogidos por los hombres-sabios y las matronas de cada gens". Después de su designación, se les investía por un consejo de la tribu, con cere­ monia apropiadas. Se les quitaba sus nombres, confiriéndoseles otros nuevos per­ tenecientes a esta clase. Se nombraban hombres y mujeres en número más o me-

 

LA SOCIEDAD PfUMTITVA 143

 

por cada gens para este cargo, se tenia por testimonio de la fidelidad religiosa de la misma. Fijaban los días para celebrar los festivales, corrían con los preparativos necesarios y dirigían las ceremonias en unión con los sachems y jefes de la tribu, los que eran ex oficio, Cus. todios de la Fe". No existiendo director oficial, ni ningún distintivo de sacerdocio, sus funciones eran iguales. Las mujeres Custodios

 

de la Fe" tenían más especialmente el encargo de la preparación

del festín que, al terminar el día, era ofrecido a todos los asistentes, en los consejos. Era un banquete colectivo. Los ritos del culto corres­ pondientes a estos festivales, que ya han sido descritos en una obra anterior (4S), no demandan mayor comentario, salvo para hacer

 

notar que su culto era de acción de gracias con invocaciones al Gran Espíritu, y a los Espíritus Menores, para que continuaran para ellos las bendiciones de la vida.

 

Con el progreso del hombre desde el estadio inferior hasta el medio y más especialmente desde éste al superior de la barbarie, la gens.se convertía más en el centro de influjos. religiosos y en la fuente del desarrollo del mismo. Conocemos solamente la parte más grosera del sistema religioso azteca; pero además de divinidades na­ cionales, parecen haber existido otros dioses correspondientes a divi­ siones del pueblo, menores que las fratrías. La existencia de un ritual y de un sacerdocio entre los aztecas, nos autorizaría a presumir en ellos una vinculación más estrecha de ritos religiosos con las gentes que la que exhiben los iroqueses, pero sus creencias y observancias religiosas se ocultan bajo la misma obscuridad que su organización social.

 

9 .° C e m e n t e r io c o m ú n

 

Una antigua, bien que no exclusiva forma de sepultura, era la de exponer el cadáver a la intemperie sobre andamios hasta que se hu­ biesen consumido las carnes, después de lo cual se recogían los huesos y se les conservaba en barricas de corteza de árbol en una casa construida para este efecto. Por lo regular los pertenecientes a una misma gens eran depositados en un mismo edificio. El Rev. Cyrus Bvington comprobó esta práctica entre los choctas en 1827;

 

y Adair menciona costumbres substancialmente idénticas entre los -cheroqueses: Vi a tres de ellos dice en uno de sus pueblos bastante cerca uno del otro... Cada edificio contenía separadamente

 

nos igual. Eran los censores públicos, con facultad de denunciar al consejo los delitos de las personas. El escogido para cumplir este cargo no podía rehusarlo, pero después de un tiempo razonable podría renunciar, lo que cumplía abando­ nando su nuevo nombre como Custodio de la Fe" y volviendo a tomar el an­ terior.

 

          "League of the íroquois. pág. 182. 144 LEWIS H. MORCAN

 

los huesos de una tribu, con las figuras jeroglíficas de cada fámilia (gens) en cada urna de las arcas de forma singular. Tienen por antirre­ ligioso mezclar los huesos de un pariente con los de un extraño, desde que hueso de hueso y came de carne siempre deben articularse jun­ tos (49).

 

En los tiempos antiguos los iroqueses empleaban los andamios

y conservaban los huesos de parientes extintos en barricas de corteza de árbol, a menudo guardándolos en las viviendas que ellos mismos ocupaban. También enterraban en el suelo. En este caso los de una misma gens no siempre eran enterrados juntos en el mismo lugar, sal­ vo que hubiese un cementerio común para el pueblo. El finado Rev. Ashur Wright, quien fue por tan largo tiempo misionero entre los sénecas, y un noble ejemplo del misionero americano, escribió al autor como sigue: No hallo huella de influjo de clan en los lugares de sepultura de los muertos. Creo que los sepultaban promiscua­ mente. Sin embargo, ellos manifiestan que en los tiempos anteriores era más frecuente que en el día de hoy que los miembros de los di­

 

ferentes clanes vaciesen juntos. Como unidad de familia se hallaban más bajo Ja influencia del sentimiento de familia, que la del interés individual. De ahí que algunas veces, una gran proporción de los sepultados en un mismo lugar, fuesen del mismo clan . Wright indu­ dablemente tiene razón cuando afirma que en un cementerio par­ ticular serían sepultados los miembros de todas las gentes radicadas en un pueblo; pero podrían reunir en un mismo lugar a los de una misma gens.

Un ejemplo de esto presenta la reserva india Tuscarora, cerca de

Levyiston, donde la tribu tiene un cementerio común, pero los indi­

viduos de una misma gens son sepultados juntos en' hileras. Una

hilera es compuesto de sepulturas de extintos miembros de la gens

castor , dos hileras de miembros de la gens  oso ; una hilera de la

lobo pardo ; una de la tortuga grande , y así hasta el número de

ocho mieras. Marido y mujer están separados y enterrados en dife­

rentes hileras; lo mismo los padres yTos hijos; pero las madres y sus

hijos y hermanos están en la misma hilera. Demuestra el vigor del

sentimiento gentilicio, y la presteza con que se vuelve a costumbres

antiguas bajo circunstancias favorables; pues los tuscaroras ya están

cristianizados sin abandonar la práctica. Un indio onondaga informó

al autor que el mismo régimen de entierro por gentes, impera hoy en

los cementerios onondaga y oneida. Aunque esta costumbre no puede

considerarse general entre las tribus indias, indudablemente hubo

en-épocas remotas una tendencia y una preferencia por esta forma

de entierro.

Entre los iroqueses, y lo mismo reza en general para las otras

 

          "History of the American Indians", pág. IS3. LA SOCIEDAD PRIMmVA 145

 

tribus indias en el mismo estado de adelanto, toaos los miembros

de la gens son dolientes en el entierro de un gentilicio muerto. Las peroraciones fúnebres, los preparativos para la sepultura, y el entie­ rro del cadáver, estaban a cargo de miembros de otras gentes.

 

Los indios pueblos de Mélico y Centroamérica practicaban una cremación algo descuidada, además de la exposición sobre andamios

 

y el entierro en el suelo. Lo primero se limitaba a los jefes y hombres prominentes.

 

10.° El c o n s e j o d e l a      g e n s

 

£1 consejo fue el rasgo destacado de la sociedad antigua asiática, europea y americana, desde la institución de la gens, en el salvajismo, hasta el nacimiento de la civilización. Era el órgano de gobierno, así como la autoridad suprema sobre la gens, la tribu y la confederación. Los asuntos ordinarios competían a los jefes, pero los de interés general eran sometidos a un consejo. Como el consejo fue el que engendró la organización gentilicia, ambas instituciones siempre han marchado juntas. El Consejo de Jefes representa el método antiguo

 

del desenvolvimiento de la sabiduría del hombre y su aplicación a los asuntos del género humano. Su historia gentilicia, de tribu, o confederada expresaría el crecimiento del concepto de gobierno en

 

su desarrollo integral, hasta que sobrevino la sociedad política, a la cual fue transmitido el consejo transformado en senado.

 

La forma inferior y más sencilla del consejo era la del consejo de la gens. Era una asamblea democrática porque todo adulto, varón

 

o mujer, tenía voz sobre todos los asuntos sometidos. Elegía y deponía el sachem y los jefes, elegía los Custodios de la Fe, condonaba o vengaba la muerte de sus gentiles y adoptaba individuos en las

 

gentes. Era el germen del consejo más alto ae la tribu, y del todavía más elevado de la confederación, cada uno de los cuales era com­ puesto exclusivamente de jefes, como representantes de las gentes. Tales eran los derechos, privilegios y deberes de los miembros

 

de una gens iroquesa; y tales eran los de los miembros de las gentes indias en general, hasta donde llegan las comprobaciones logradas. Cuando se consideren las gentes de las tribus griegas y latinas, se comprobará la existencia de los mismos derechos, privilegios y obliga­ ciones, con excepción de los de I, 11 y VI; y respecto a éstos es pro­ bable que existieron en el pasado, bien que la comprobación quizá no sea asequible.

Todos los miembros de una gens iroquesa eran personalmente

libres y teman que defender la mutua libertad; eran iguales en pri­ vilegios y derechos personales, no correspondiendo superioridad al­ guna a los sachems y jefes; y formaban una confraternidad obligados

 

LEWIS H. MORGAN

 

entre sí por lazos de parentesco. La libertad, la igualdad y la fra­ ternidad, a pesar de no haber sido formulados, eran los principios cardinales de la gens. Estos hechos son materiales porque la gens era la unidad de un sistema social y gubernamental, a su vez base sobre la que descansaba la sociedad india. Una estructura compuesta de semejantes unidades, necesariamente llevaría impresa sus carac­ teres, pues así como sea la unidad, así será un conjunto. Esto sirve para explicar el sentimiento de independencia y de decoro personal que universalmente se atribuye al carácter indio.

 

Así era la gens, substancial e importante en el sistema social, tal como existía antiguamente en las tribus de los aborígenes americanos, y tal como aún existe en plena vitalidad en muchas tribus indias. Fue la base de la fratría, de la tribu y de la confederación de tribus. Pu­ dieran haberse explicado más acabadamente algunos detalles de su funcionamiento; pero basta lo expuesto para demostrar su carácter permanente y durable.

 

En la época del descubrimiento de América, las tribus indígenas en general se hallaban organizadas en gentes, con descendencia por

 

la línea femenina. En algunas tribus, como los dacotas, las gentes ha­ bían desaparecido; en otras, como entre los ojibwas, los omahas y los mayas de Yucatán, la descendencia habia cambiado de la línea feme­ nina a la masculina. Por toda la América aborigen la gens tomaba su designación de algún animal o de algún objeto inanimado, pero nunca de una persona. En esta primitiva condición de la sociedad, la indivi­ dualidad personal se perdía en la gens. Es por lo menos presumible que las gentes de los griegos y latinos también se designaban así, en alguna época pasada, pero al figurar por primera vez en las crónicas históricas ya llevaban nombres de personas. En algunas tribus, como son los indios pueblos moquis de Nuevo Méjico, los miembros de la gens pretenden descender del animal cuyo nombre llevan, habiendo sido sus remotos antepasados transformados en seres humanos por el Grande Espíritu. La gens Garza de los ojibwas conserva una leyenda parecida. En algunas tribus los miembros de una gens no comerían

 

las carnes del animal del cual llevan el nombre, influenciados induda­ blemente por esta creencia.

 

Con respecto al número de personas de una gens variaba con el número de gentes y con la prosperidad o decadencia de la tribu. Tres mil sénecas divididos igualmente entre ocho gentes darían un prome­ dio de trescientas setenta y cinco personas por gens. Quince mil ojib­ was divididos igualmente entre veintitrés gentes darían seiscientas cin­ cuenta personas por gens. Los cheroqueses darían más de un millar

de almas por gens. En la situación actual de las tribus indias princi­

 

pales el número de personas.en una gens variaría de cien hasta un millar.

Una de las instituciones más antiguas y difundidas del género hu-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 147

 

mano, la de gentes, se ha identificado estrechamente con el progreso humano, sobre el cual ha ejercido poderosa influencia. Su existen­ cia ha sido comprobada en tribus del estadio del salvajismo, en los estadios inferior, medio y superior de la barbarie, en diferentes con­ tinentes y en plena vitalidad en las tribus griegas y latinas después de haber aparecido la civilización. Cada familia del género humano, con excepción de la polinesia, parece haber caído bajo la organiza­ ción gentilicia y deberle a ella su conservación y los medios de pro­ greso. Por el alcance de su duración únicamente puede competir con ella el sistema de consanguinidad que, habiendo surgido en una época aún más primitiva, ha perdurado hasta el presente, bien que el régi­ men matrimonial en que tuviere origen haya desaparecido desde largo tiempo atrás.

Por su antiquísimo establecimiento y su perdurabilidad a través

 

de considerables espacios de tiempo, la peculiar adopción de la or­ ganización gentilicia por la humanidad, en los estadios del salvajis­ mo y de la barbarie, debe considerarse como abundantemente de­ mostrada.

 

LA    FRATRIA         IROQUESA

 

LA FRATRIA ES UNA HERMANDAD, como lo implica su

nombre, y un engendro natural de la organización en gentes. Es una unión orgánica o asociación de dos o más gentes de la misma tribu para determinados propósitos comunes. Estas gentes eran por lo co­ mún aquellas que se habían constituido a base de fraccionamiento de una gens originaria.

 

Entre las tribus griegas, donde el régimen de fratría era casi tan constante como el de gens, vino a ser una institución muy destacada. Cada una de las cuatro tribus de los atenienses estaba organizada en tres fratrías, compuesta cada una de treinta gentes, formando un total de doce fratrías y trescientas sesenta gentes. Una uniformidad numérica tan precisa en la composición de cada fratría y tribu no pudo haber resultado de la división de las gentes por proceso natu­ ral. Debe haber sido la resultante, como lo sugiere Grote, de una legislación inspirada en el orden simétrico. Todas las gentes de una tribu eran, por lo general, de descendencia común y llevaban un nom­ bre de tribu común, de suerte que no exigiría mayor dificultad el reunir el número especificado en cada fratría, y organizar el número especificado de fratrías en cada tribu. Pero el régimen de fratrías te­ nía su fundamento natural en el parentesco inmediato de determina­ das gentes como subdivisiones de una gens originaria, que indudable­ mente era la base sobre la cual se había créado la fratría griega. La incorporación de gentes extrañas y las transferencias por consenti­ miento o por imposición explicarían el ajuste numérico de las gentes y fratrías en las tribus atenienses.

La curia romana era la institución análoga a la fratría griega. Dio-

 

LA. SOCIEDAD PRIMITIVA 149

 

nisio la menciona constantemente como fratría (50). Había diez gentes en cada curia, y diez curias en cada una de las tres tribus romanas, sumando así el pueblo romano treinta curias y trescientas gentes. Las funciones de la curia romana son mucho mejor conocidas que las de

 

la fratría griega, y eran de orden más elevado, porque la curia inter­ venía directamente en las funciones de gobierno. La asamblea de las gentes (comitia curiata), votaba por curias, dotada cada una de -un voto colectivo. Esta asamblea era el poder soberano del pueblo ro­ mano, hasta el tiempo de Servio Tulio.

 

Entre las funciones de la fratría griega figuraban la observancia de ceremonias religiosas especiales, la condonación o venganza de la muerte de un hermano y la purificación del criminal después que hubiese escapado a la pena de su crimen, preparándolo para su resti­ tución a la sociedad (51). En una época posterior entre los atenienses pues la fratría en Atenas sobrevivió a la institución de la sociedad política por Clistenes tenía a su cargo el registro de los ciudada­ nos, cuidando así las descendencias y sirviendo para comprobar la ciudadanía. Al casarse la mujer quedaba inscripta en la fratría de su marido, y los hijos del matrimonio eran enrolados en la gens y fratría del padre. También era obligación de esta corporación seguir juicio en los tribunales de justicia contra el matador de un "hermano . Es­ tos figuran entre los objetos y funciones conocidos en los primeros y en los últimos tiempos. Si se tuviera pleno conocimiento de los por­ menores, es probable que se hallaría a la fratría vinculada a la mesa común, los juegos públicos, las exequias de hombres distinguidos, la más primitiva organización de las fuerzas armadas y los procedi­ mientos de los consejos, así como a la observación de los ritos reli­ giosos y a la custodia de privilegios sociales.

 

La fratría existió en un gran número de tribus americanas^ donde parece haber nacido por generación espontánea y figurar como se­ gundo miembro en la serie orgánica, como en las tribus griegas y latinas. No estaba dotada de funciones gubernamentales originarias, como las poseían la gens, la tribu y la confederación; pero le esta­ ban confiadas ciertas facultades en el régimen social, atenta la ne­ cesidad de alguna organización más grande que la gens y más pe­ queña que la tribu, especialmente cuando la tribu era numerosa. Siendo la misma institución, en su carácter y rasgos esenciales, pre­ senta la organización en su forma y funciones arcaicas. Para una comprensión inteligente de la fratría romana y griega es necesario tener un conocimiento de la fratría india.

          Dionisio, Lib. II. cap. VII, y ver lib. II. cap. XIII.

 

          Esquilo da a entender que la purificación era realizada por la fra-tria . Euménides' , 656.

 

150 LEWIS H. MORGAN

 

Las ocho gentes de los séneca-iroqueses estaban refundidas en

dos fratrías como sigue:

Primera fratría

G e n t e s : 1, Oso; 2 Lobo; 3, Castor; 4, Tortuga

 

Segunda fratría

G e n t e s : 1 . Ciervo; 2, Becasina; 3, Garza: 4, Gavilán

 

Cada fratría (De-a-non-da-yoh) es una confraternidad, como tam­ bién lo significa este término. Las gentes de la misma fratría son gentes hermanas entre sí. y primas con las de la otra fratría. Son iguales en rango, carácter y privilegios. Es práctica general de los sénecas llamar gentes hermanas a las gentes de su propia fratría, v gentes primas a las de la otra fratría, cuando hablan de unos u otros con relación a su propia fratría. En los primeros tiempos era prohibido el matrimonio entre miembros de la misma fratría, pero los miembros

 

de una podían casar con personas de cualquiera de las gentes de La otra. Esta prohibición tiende a demostrar que las gens de cada fratría

 

eran subdivisiones de una gens originaria, y en consecuencia la prohi­ bición de matrimonio entre personas de la misma gens había perdu­ rado en dichas subdivisiones. Sin embargo, esta restricción fue anu­ lada hacía mucho tiempo, excepto a la gens del individuo.

 

Una tradición de los sénecas narra que el Oso y el Ciervo fueron las gentes originarias, de las cuales las otras eran subdivisiones. De ahí resulta que la fratría tenía sus cimientos naturales en el parentesco de las gentes que la formaban. Después de su subdivisión por aumento de número surgió una tendencia natural a reunirse en un organismo más elevado para objetos comunes a todos. Las mismas gentes no son indefinidamente constantes en una misma fratría, como se verá cuando se considere la composición de las fratrías en las tribus iroquesas que aún quedan. Debieron ocurrir transferencias de gentes determinadas de una fratría a- otra, cuando se producían des­ equilibrios en sus respectivos números. Es importante hacerse cargo de la manera sencilla en que surge este organismo, y la facilidad de su manejo como parte del régimen social de la sociedad antigua.

 

Con el aumento de miembros de una gens, seguido por la segregación local de los mismos, se producía la segmentación, y la parte segregada adoptaba un nuevo nombre gentilicio. Pero perduraría- la tradición

 

de su anterior unidad, y ella sería la base de su reorganización en fratría.

 

De la misma manera los ca-yuga-iroqueses tienen ocho gentes en LA SOCIEDAD PíUMmVA 151

 

dos fratrías, pero estas gentes no están divididas por igual entre

ambas. Son las siguientes:

Primera fratría

G e n t e s : 1, Oso; 2. Lobo; 3, Tortuga; 4, Becasina; 5, Anguila.

 

Segunda fratría

G e n t e s : 1, Ciervo; 2 , Castor; 3, Gavilán.

 

Siete de estas gentes son las mismas de los sénecas, pero la gens Garza ha desaparecido, siendo reemplazada por Anguila, pero trans­ ferida a la fratría opuesta. Las gentes Castor y Tortuga también han cambiado de fratría. Los cayuga dicen de las gentes de la misma fratría, gentes hermanas entre sí, y de las de la fratría opuesta, gen­ tes primas entre sí.

 

Los onondaga-iroqueses cuentan con el mismo número de fratrías

y gentes, pero dos de éstas difieren de nombres con las de los sénecas.

La organización de las dos fratrías es como sigue:

Primera fratría

G e n t e s : 1, Lobo; 2, Tortuga; 3, Becasina; 4, Castor; 5. Bola.

 

Segunda fratría

G e n t e s : 6 , Ciervo; 7, Anguila, S, Oso.

 

Aquí nuevamente la composición de la fratría difiere de la de

los sénecas. Tres de las gentes de la primera fratría son las mismas en ambas; pero la gens Oso ha sido transferida a la fratría opuesta y se encuentra ahora con la Ciervo. La subdivisión de gentes también es desigual, como entre los cayugas. Las gentes de la misma fratría son tratadas como gentes hermanas entre sí, y las de la otra fratría son gentes primas. Mientras los onondagas no tienen gens Gavilán, los sénecas carecen de Anguila; pero los miembros de ambas frater­ nizan cuando se encuentran, pretendiendo que existe lazo entre ellos. Los mohawks y los oneidas no tienen sino tres gentes. Oso, Lobo y Tortuga, y ninguno fratría. Cuando se implantó la confederación

 

existían siete de las ocho gentes de los sénecas en las diversas tribus, como lo demuestra la creación en ellas del cargo de sachem; pero

 

los mohawks y los oneidas sólo tenían las tres nombradas. Esto in­ dicaría que en ese tiempo ya habían perdido una fratría entera y una gens de la otra, si se considera que en el origen las tribus estaban compuestas por las mismas gentes. Cuando una tribu orga­ nizada en gentes y fratrías se subdivide, puede hacerlo en el sentido de la organización de la fratría. No obstante que los miembros de

 

152 LEWIS H. MORCAN

 

una tribu se hallan entremezclados por matrimonio, cada gens en

una fratría es compuesta de mujeres con sus hijos y descendientes de mujeres, que formaban el cuerpo de la fratría. Se inclinarían, per lo menos, a mantenerse unidas siquiera localmente y de ahí desligarse en un cuerpo. Los miembros varones de la gens, casados con mujeres

 

de otras gentes y permaneciendo con sus mujeres, no afectarían a la gens, desde que los hijos de los varones no pertenecen a su vincula­ ción. Si alguna vez se reconstruyera la historia detallada de las tribus indias, sería por medio de las fratrías y gentes que pueden seguirse

 

de tribu a tribu. En una investigación de esta índole sería interesante establecer si hubo desintegración de tribu por fratrías. Es por lo me­ nos improbable.

 

Los tuscarora-iroqueses fueron desprendidos del tronco mayor en alguna época desconocida del pasado, y al tiempo de su descubri­ miento habitaban la región del río Neuse, en la Carolina del Norte. Más o menos en 1712, fueron desalojados por la fuerza, y se trasla­ daron a las tierras de los iroqueses donde fueron admitidos en la confederación como un sexto miembro. Cuentan ocho gentes organi­ zadas en dos fratrías, como sigue: Primera fratría

G e n t e s : 1 , Oso; 2, Castor; 3, Tortuga Grande; 4, Anguila.

 

Segunda fratría

G e n t e s : 5, Lobo Pardo; 6. Lobo Amarillo; 7, Tortuga Pequeña; S, Becasina.

 

Cuentan seis gentes en común con los cayugas y los onondagas, cinco en común con los sénecas, y tres en común con los mohawks y los oneidas. La gens Ciervo, que en un tiempo poseyeron se extinguió en épocas modernas. Se notará también que la gens Lobo ahora se divide en dos, Pardo y Amarillo, y Tortuga en dos. Grande y Pe­ queña. Tres de las gentes de la primera fratría coinciden con tres

 

de la primera fratría de los sénecas y cayugas, con la salvedad de que la gens Lobo es doble. Como transcurrieron varios cientos de años entre la segregación de los tuscaroras de sus congéneres y su reincor­ poración, esto suministra alguna comprobación de permanencia en

 

la existencia de una gens. Las gentes de la misma fratría se dicen gentes'hermanas, y con respecto a las de la otra, gentes primas, como entre las demás tribus.

Considerando las diferencias de composición de las fratrías en

las diversas tribus, parece probable que de tiempo en tiempo se mo­ dificaban las fratrías en sus gentes, para hacer frente a condiciones nuevas. Algunas gentes prosperan y multiplican sus miembros, míen­

 

l a so c ie d a d p r i m it iv a 153

 

tras otras decaen por calamidades, y otras se extinguen, de suerte que se hacían necesarias las transferencias de una fratría a otra, para mantener algún grado de equilibrio en el número de miembros en

 

cada una. La organización ¦ fratría ha existido entre los iroqueses desde tiempo inmemorial. Probablemente es más antigua que la con­ federación, que fue implantada hace más de cuatro centurias. La suma de las diferencias que presentan en su composición con respecto a las gentes señala las vicisitudes por que ha pasado cada tribu en

 

el intervalo. Es asunto de menor cuantía, demostrar lo que perduraron las fratrías, así como las gentes.

Las tribus iroquesas contaban con un total de treinta y ocho

 

gentes y cuatro de las tribus contaban con un total de ocho fratrías. En sus usos y costumbres la fratría iroquesa queda a retaguardia de la griega, como se supone, bien que nuestros conocimientos de

 

ésta sean limitados, y a retaguardia de las tribus romanas, respecto a lo que se conoce de las costumbres de la fratría de estas tribus. Al cotejar éstas con la primera, retrocedemos a través de dos períodos étnicos y hacia una condición social muy diferente. La diferencia está en el grado de progreso, y no en la clase; pues tenemos la misma institución en cada raza, derivada de un germen idéntico o similar, conservada por cada una a través de inmensos espacios de tiempo

 

como parte del sistema social. La sociedad gentilicia se mantuvo por necesidad entre las tribus griegas y romanas hasta que sobrevino la sociedad política; y perduró en las tribus iroquesas porque ellas se hallaban dos períodos étnicos íntegros detrás de la civilización. Por tanto, todo hecho relativo a las funciones y usos de la fratría india es importante, porque tiende a proyectar luz sobre el carácter arcaico de una institución que llegó a ser tan influyente en un estado más desarrollado de sociedad.

Entre los iroqueses la fratría era en parte para objetos sociales y en parte para objetos religiosos. Sus costumbres y funciones serán mejor presentados con ejemplos prácticos. Comenzamos con los más inferiores, con los juegos, que eran de concurrencia popular en los consejos de tribu o de la confederación.

 

En el juego de la pelota, por ejemplo, entre los sénecas, se juega entre fratrías, una contra otra; y apuestan entre ellas sobre el resul­ tado de la partida. Cada fratría designa sus mejores jugadores, por lo regular de seis a diez por bando, y los miembros de cada fratría se reúnen en el lado apuesto del campo donde se juega el partido. Antes de comenzar los miembros de las fratrías opuestas juegan prendas

 

de propiedad personal sobre el resultado. Ellas son puestas en manos de depositarios hasta que se conoce el resultado. La partida se juega con vivacidad y entusiasmo y es un espectáculo que enardece. Desde sus posiciones opuestas los miembros ae cada fratría siguen el juego

 

l e w i s B. MORGAN

 

con ardor, y aplauden y gritan a favor de los jugadores a cada buen golpe del juego (52).

La organización en fratrías se manifestaba de muchas maneras.

 

En el consejo de la tribu, los sachems y los jefes de cada fratría ha-bítualmente se sentaban en lados opuestos a una fogata imaginaria,

 

y los oradores se dirigían a los dos cuerpos como a los representantes de las fratrías. La etiqueta de este estilo en la realización de los negocios tiene un encanto especial para el piel roja.

 

Por otra parte, cuando se había cometido un asesinato, era cos­ tumbre que la gens del muerto se reuniera en consejo; y luego de cerciorarse de los antecedentes, dictaba medidas para el castigo del criminal. La g ens de éste también efectuaba consejo y procuraba

 

un ajuste o condonación con la gens del asesinado. Pero sucedía con frecuencia que la gens del criminal reclamaba a las otras gentes de sú fratría, cuando el matador y el muerto pertenecían a fratrías opuestas, a que colaborasen con ellos para lograr la condonación del crimen.

 

En tal caso la fratría celebraba consejo, y luego se dirigía a la otra fratría, a la que enviaba una delegación con un cinto de wampun blanco, solicitando un consejo de la fratría y la condonación de] crimen. Ofrecían reparaciones a la gens y a la familia del muerto mediante expresiones de pesar y regalos de valor. Las negociaciones entre los dos consejos se seguían hasta que se hubiese alcanzado un resultado afirmativo o negativo. La influencia de una fratría compues­ ta de varias gentes, serla mayor que la de una sola gens; y al llamar al acuerdo a la otra fratría aumentaban las probabilidades de una condonación, especialmente cuando había circunstancias atenuantes. Vemos así de qué manera natural la fratría griega, antes de la civili­ zación, se hacía cargo de la acción principal, bien que no exclusiva, en los casos de homicidio y también en la rehabilitación del asesino si escapaba a la pena; y después de la implantación de la sociedad política, con cuánta razón la fratría asumía el deber de enjuiciar al matador ante las cortes de justicia.

 

En las exequias de personas de reconocida importancia de la tribu, la organización fratría se manifestaba de una manera conspicua. Los fratrores o hermanos del extinto en masa eran los dolientes, y los miembros de la fratría opuesta eran los encargados de dirigir las ceremonias. En el caso de un sachem, se acostumbraba que, in­ mediatamente después del entierro, la fratría opuesta enviase al Fuego del Consejo Central en Onondaga, el cinto oficial de wampun del extinto mandatario, como notificación de su fallecimiento. Éste era retenido hasta la toma de posesión del sucesor, cuando le era impuesto como una insignia de su cargo. En las exequias (que se llevaron a cabo hace algunos años) de Lago Hermoso (Ga-ne-o-di -yo), uno de

 

          League of Iroquois", pág. 294.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 155

 

los ocho sachems de los sénecas, se reunieron sachems y jefes hasta el número de veintisiete, y una gran concurrencia de miembros de ambas fratrías. La oración fúnebre de costumbre ante el cadáver, y las otras previas a la llegada de éste, fueron pronunciadas por miembros de la fratría opuesta.

 

Terminados los discursos, el cadáver fue transportado a la sepul­ tura por personas escogidas de esta última fratría, seguido, primero, por los sachems y jefes, luego, por la familia y gens del finado, des­ pués, por sus restantes hermanos , y finalmente, por los miembros

 

de la fratría opuesta. Luego de depositado el cadáver en la sepul­ tura, los sachems y jefes formaron un círculo a su derredor para cu-brirla con tierra. Cada uno por tumo, comenzando por el de más edad, echó tres paladas, número simbólico en su régimen religioso, teniendo relación la primera con el Gran Espíritu, la segunda con el Sol y la tercera con la Madre Tierra. Cuando la sepultura estuvo cubierta el sachem de más edad mediante una figura literaria deposi­ tó los cuernos del extinto, emblemas de su cargo, en la cabecera, donde debían permanecer hasta La instalación de su sucesor. En esta ceremonia subsiguiente se hacía de cuenta que los cuernos se reti­ raban de la sepultura del mandatario extinto y se colocaban sobre la cabeza de su sucesor (53).

Esta costumbre sola, basta para hacer destacar las funciones so­

 

ciales y religiosas de la fratría, y la lógica de su existencia en el siste­ ma orgánico de la sociedad antigua.

 

La fratría también tenía que ver con la elección de sachems y jefes de Las diversas gentes, disponiendo de un voto negativo tanto como afirmativo. Después que la gens de un sachem difunto elegía

su sucesor, o un jefe ae segundo grado, era necesario, como antes se

 

ha dicho, que su elección fuese aceptada y confirmada por cada fratría. Se descontaba, naturalmente, que las gentes de la misma fratría confirmarían la elección; pero se requería la aquiescencia de la otra fratría también, y ésta algunas veces ejercía oposición. Se celebraba un consejo de cada fratría y se expedía sobre la cuestión de aceptación o rechazo. Si la designación hecha era aceptada por ambos, quedaba terminada, pero si cualquiera de los dos se oponía, quedaba sin efecto y la gens efectuaba una nueva elección. Cuando

la designación hecha por la gens hubiese sido aceptada por las fratrías,

 

          Según la creencia de los iroqueses, era para el alma del difunto un viaje en diez jomadas de la tierra al cielo. Durante diez días después del fa­ llecimiento, los dolientes se reunían todas las noches para llorar al extinto, y se entregaban a excesos de dolor. La canción fúnebre estaba a cargo de las mujeres. Era costumbre de antaño encender todas las noches de este tiempo, un fuego sobre la sepultura. El undécimo día celebraban una fiesta, ya que el alma había llegado al cielo, el lugar de descanso, y no había motivo para más duelos. Éstos daban fin con la fiesta.

 

156 LEWIS H. MORCAN

 

todavía faltaba, como antes se ha dicho, que el nuevo sachem o el nuevo jefe fuese investido por el consejo de la confederación, en el cargo, pues éste era el único con facultad de investir.

 

Hoy los sénecas han perdido sus Logias de Medicina (Medi­ cina Lodge) que desaparecieron en épocas modernas, pero existían en otros tiempos y constituían una parte prominente de su sistema religioso. Sostener una Logia de Medicina era practicar los más altos ritos y los más recónditos misterios religiosos. Existían dos de estos órganos, uno para cada fratría, lo que nuevamente demuestra

la vinculación natural de la fratría con las observaciones religiosas.

Hoy se conoce muy poco acerca de estas Logias y sus ceremonias.

Cada una era una hermandad, a la que se incorporaban nuevos miembros previa iniciación formal.

En el sentido estricto del término, la fratría carecía de funciones

gubernamentales, siendo éstas circunscriptas a la gens, tribu o confe­

deración; pero actuaba en sus asuntos sociales con grandes facultades

administrativas y hubiera penetrado más y más en sus asuntos reli­

giosos a medida que adelantara la condición del pueblo. A deseme­

janza de la fratría griega o la curia romana, carecía de cabeza oficial.

No existía como tal, jefe de la fratría, ni tampoco ningún funcionario

religioso que le perteneciera, como distinto de la gens o la tribu.

La institución fratría se hallaba entre los iroqueses en su forma arcai­ ca, rudimentaria, pero tomó cuerpo por desenvolvimiento natural

 

e inevitable, y perduró porque atendía a extremos necesarios. Toda institución humana que haya logrado perdurar se hallará enlazada

 

con una necesidad continua. Con la existencia- de la gens, tribu y con­ federación, estaba asegurada la presencia de la fratría. Entretanto, se requería tiempo y mayor experiencia- para poner de manifiesto to­ dos los usos que de ella pudieran derivar.

Un razonamiento basado en principios generales nos mostraría

 

que la fratría tiene que haber existido entre los indios pueblos de Méjico y Centroamérica y tiene que haber sido un organismo mejor desarrollado y más influyente que entre los iroqueses. Desgraciada­ mente, lo único que puede derivarse de los copiosos escritos de los autores españoles del primer siglo de la conquista, es una ligera visión de tal institución.

 

Los cuatro linajes de los tlascalanos, que habitaban los cuatro cuarteles de la villa de Tlascala, eran, con toda probabilidad, otras tantas fratrías. Eran bastante numerosos para cuatro tribus; pero como

 

habitaban la misma villa y hablaban el mismo dialecto, la organiza­ ción en fratrías era, aparentemente, una necesidad. Cada linaje, o fratría, para así llamarlo, tenía su organización militar propia, su

 

LA SOCIEDAD PM M OT'A 157

 

distintivo y uniforme especial, y su jefe de guerra principal (Teuctli), que era su comandante militar general. Formaban para el combate

 

por fratrías. La organización de una fuerza armada por fratrías y por tribu no era desconocida por los griegos de Homero. Así Néstor aconseja a Agamenón separar las tropas por fratrías y por tribus, a fin que fratría apoye a fratría y tribu a tribu" (54).

 

Bajo el régimen gentilicio del tipo más avanzado, el principio de parentesco vino a ser en mucha parte la base de la organización de los ejércitos. De idéntica manera los aztecas ocupaban la ciudad de Méjico en cuatro divisiones distintas, dentro de las cuales, los pueblos estaban más íntimamente emparentados que con respecto a los de

 

otras divisiones. Eran linajes diferentes, como los tlascalanos, y es muy probable que fueran cuatro fratrías, organizadas como tales. Se distinguían entre sí por vestimentas y distintivos y formaban para el combate como divisiones separadas. Sus zonas geográficas se llama­ ban los cuatro cuarteles de Méjico. Este tema volverá a ser tratado. Con respecto a la existencia de esta organización en las tribus indias del estadio inferior de la barbarie, la materia apenas ha sido ligeramente investigada. Es probable que fuera general en las tribus principales, dada la naturalidad con que surge como miembro nece­ sario de la serie orgánica, y por los usos, fuera del gobierno, a que se adapta.

 

En algunas de las tribus la fratría se destaca claramente en la faz de su organización. Así las gentes choctas están unidas en dos fratrías, que deben ser citadas primero, para señalar la relación de las gentes entre sí. La primera se Dama Pueblo Dividido y también contiene cuatro gentes. La segunda es llamada Pueblo Amado y también contiene cuatro gentes. Esta separación del pueblo en dos divisiones por gentes, creaba dos fratrías. Por supuesto, algún cono­ cimiento de las funciones de estas fratrías sería de desear; pero en su ausencia, el hecho de su existencia real está comprobado por las divisiones mismas. La evolución de una confederación salida de dos gentes, pues nunca se hallan menos de dos en tribu cualquiera, puede deducirse teóricamente de los hechos conocidos de la experiencia de los indios. Así la gens se multiplica en el número de miembros y se divide en dos; éstas a su vez se subdividen y con el tiempo se vuelven a unir en dos o más fratrías. Estas fratrías componen una tribu, cuyos miembros hablan el mismo dialecto. Con el transcurso del tiempo esta tribu se fracciona en varias por el proceso de segmentación, las que a su vez se vuelven a unir en una confederación. Tal confederación

es el producto, a través de la tribu y la fratría, de un par de gentes.

 

          Iliad., ü , 362.

 

LEWIS H. MORCAN

 

Los chickasas están organizados en dos fratrías, de las cuales una consta de cuatro gentes y la otra de ocho, como sigue: I. Fratría Pantera

 

Gentes: 1, Gato Montes; 2, Pájaro; 3, Pez; 4, Ciervo.

II. Fratría Es-pañol

 

Gentes: 5, Coatí; 6, Español; 7, Real; S, Hushko'-ni; 9, Ardilla; 10, Caimán; 11, Lobo; 12, Mirlo.

No me hallo habilitado para dar detalles acerca de las fratrías

 

de los choctas y de los chickasas. Hace unos catorce años me habló de estas organizaciones el Rev. doctor Cyrus Byington y el Rev. Charles C. Copeland, pero sin entrar a discutir sobre sus costumbres y funciones.

 

La organización de la tribu de los mohicanos ofrece un ejemplo bastante completo de La manera cómo la fratría se ha formado por crecimiento natural, a base de la subdivisión de gentes. Contaba con tres gentes originarias: Lobo, Tortuga y Pavo.

Cada una de éstas se subdividió, y las subdivisiones se organi­

zaron como gentes independientes; pero retuvieron los nombres de

las gentes originarias, en calidad de nombres de sus respectivas fra­

trías. En otros términos, la subdivisión de cada gens se reconstituyó

como fratría. Esto es una demostración palmaria del proceso natural,

mediante el cual, en el curso del tiempo, una gens se fracciona en

varias, y éstas conservan la unión en una organización de fratría

que se expresa- con una designación correspondiente a la misma.

Ellas son las siguientes:

I. Fratría Lobo

Gentes: 1, Lobo; 2, Oso; 3, Perro; 4, Zorra mochilera.

II. Fratría Tortuga

 

Gentes: 5, Tortuga pequeña; 6, Tortuga del barro; 7. Tor­ tuga grande; 8, Anguila amarilla. III. Fratría Pavo

 

Gentes: 9, Pavo; 10, Grulla; 11, Pollo.

 

Resulta de esto que la gens Lobo originaria se subdividió en cua­ tro gentes; Tortuga, en cuatro, y Pavo, en tres. Cada nueva gens adoptó un nuevo nombre, reteniendo el originario, el propio, el que por derecho de antigüedad se extendió a la fratría. Es raro hallar

 

L.\ SOCIEDAD PBIMITTVA 159

 

entre las tribus de indios americanos testimonios tan claros de seg­ mentación de gentes en su organización extema, seguida por la for­ mación de fratrías de sus respectivas subdivisiones. Esto también de­ muestra que la fratría se funda sobre el parentesco de las gentes. Generalmente no se conoce el nombre de la gens originaria del cual se formaron los otros; pero en cada uno de estos casos perdura como nombre de la fratría. Como ésta, a semejanza de la griega, era un cuerpo social y religioso más bien que gubernamental, poseía menos exterioridad que la gens o la tribu, que eran esenciales al gobierno de la sociedad.

 

De las doce fratrías atenienses, la historia sólo nos conserva el nombre de una. Las de los iroqueses no tenían ningún nombre fuera del de la confraternidad.

 

Los delaware y los munsíes cuentan con las mismas tres gentes-, Lobo, Tortuga y Pavo. Entre los delaware hay doce gentes embrio­ narias en cada tribu, pero parecen ser linajes dentro de las gentes, y no habian adquirido nombres gentilicios. Sin embargo, era un paso en ese sentido.

 

La fratría también aparece entre los thlinkeets de la costa noroes­

te, en el primer término de su organización en gentes. Ellos tienen

dos fratrías, como sigue:

I. Fratría Lobo

Gentes: 1, Oso; 2, Aguila; 3, Delfín; 4, Tiburón; 5, Eica.

H. Fratría Cuervo

 

Gentes: 8, Sapo; 7, Ganso; S, Lobo Marino; 9, Búho; 10, Salmón. El matrimonio dentro de la fratría está prohibido, lo que de suyo demuestra que las gentes de cada fratría derivaron de una gens ori­ ginaria (55). Los miembros de cualquier gens de la fratría Lobo

 

podían casar con los de la fratría opuesta, y viceversa.

De lo expuesto queda demostrada la existencia de la fratría en

varios troncos lingüísticos de los aborígenes americanos. Su presen­

cia en las tribus citadas fundamenta la presunción de su difusión

general en la familia ganowaniana. Entre los indios, donde era más

crecido el número de miembros de una gens y de una tribu, habría

sido necesariamente más importante, y por tanto estaría mejor

desarrollada. Como institución aún no había salido del estado arcai­

co, pero poseía los elementos esenciales de la griega y la romana. Se

puede ahora dar por sentado que todas las series orgánicas de la

sociedad antigua existen en plena vitalidad en el continente ameri­

cano, a saber: la gens, la fratría, la tribu y la confederación de tribus.

          B a n c r o f t;  Native Races of the Pacific States", I. 309.

 

LEWIS H. MORGAN

 

Con nuevas pruebas que se han de presentar quedará comprobada

la universalidad de la organización gentilicia en todos los conti­ nentes.

 

Si la investigación futura es encaminada especialmente a las fun­ ciones de la organización en fratrías entre las tribus de los aboríge­ nes. americanos, los conocimientos logrados explicarán muchas pe­ culiaridades de la vida india y sus costumbres, hasta ahora no bien, comprendidas, y arrojarán nueva luz sobre sus usos y hábitos y sobre sus regímenes de vida y de gobierno.

 

IV

LA TRIBU IROQUESA

 

Es difícil describir una. tribu india a base de los elementos posi­ tivos de su composición. Con todo, se destaca claramente, y es la or­ ganización definitiva de la gran masa de los aborígenes americanos. La característica principal de su condición es el gran número de tribus independientes en que se han distribuido por el proceso na­ tural de segmentación. Cada tribu se individualiza por el nombre, por un dialecto propio, por un gobierno supremo y por la posesión

 

de un territorio que ocupaba y defendía como suyo propio. Las tribus eran tan numerosas como los dialectos, porque la separación no era definitiva hasta tanto no aparecían variaciones dialécticas. Las tribus indias s o d , por consiguiente, productos naturales originados por la separación de un mismo pueblo en la región que ocupa, seguida

 

por diferencias en la lengua, segmentación e independencia. Hemos visto que la fratría no era tanto institución gubernamental como social, mientras que la gens, tribu v confederación eran pasos lógicos y necesarios del progreso en el desarrollo de la idea de go­ bierno. Una confederación no podía existir bajo el régimen gentilicio, sin la tribu como base; ni podía existir la tribu sin la gens, aun cuan­ do lo pudiera sin la fratría. En este capítulo procuraré señalar Ja manera cómo fueron formadas estas numerosas tribus, presuntamente,

de un solo pueblo originario, las causas que produjeron su perpetua segmentación, y los atributos principales que distinguían a una tribu india como organismo.

 

La posesión exclusiva de un dialecto y de un territorio ba dado lugar a la denominación de Nación a muchas tribus indias, a pesar del corto número de personas de cada una. Tribu y Nación, empero, no son estrictamente equivalentes. La Nación no surge, bajo la ins­ titución gentilicia, hasta tanto las tribus unidas bajo un mismo go-

 

162 LEWIS H. MORCAN

 

biemo, se hayan fusionado en un solo pueblo, como se fusionaron las cuatro tribus atenienses en el Atica, las tres tribus dóricas en Esparta, y las tres tribus latinas y sabinas en Roma. La federación exige

 

tribus independientes en zonas territoriales separadas; pero la fusión las une por un proceso más alto en la misma zona, no obstante per­ dura la tendencia a la diferenciación local de gentes y tribus. La con­ federación es la institución más análoga a la nación, pero no su equi­ valente preciso. Donde existe la organización gentilicia, las series orgánicas suministran todos los términos requeridos para una descrip­ ción exacta.

 

Una tribu india se compone de varias gentes por desenvolvimien­ to de dos o más, cuyos miembros se hallan entremezclados por el matrimonio y hablan el mismo dialecto. Para el forastero es visible la tribu, pero no la gens. Son sumamente raros los casos entre los aborígenes americanos en que la tribu comprendiera a gentes que ha­ blan diferentes dialectos. Cuando se comprueban tales casos, resulta de la unión de una tribu más débil con una más fuerte, cuya mutua lengua ha estado muy ligada, como la unión de los missouris con les otoes, después de la caída de los primeros. El hecho de que la gran masa de los aborígenes fuese hallada en tribus independientes, seña­ la el lento y difícil progreso del concepto de gobierno bajo la institución gentilicia. Solamente una pequeña parte había alcanzado la última etapa conocida de ellos, la de una confederación de tribus, hablando dialectos de un tronco lingüístico común. En parte alguna de América se había producido la unión de tribus en nación.

 

En los elementos de la organización gentilicia existía una cons­ tante tendencia a la desintegración, la que ha sido una gran traba para el progreso en las tribus salvajes y bárbaras. La agravaba toda­ vía otra tendencia a diferenciarse en el habla, que era inseparable de su estado social y las amplias zonas que ocupaban. Un lenguaje verbal, a pesar de persistir notablemente en sus vocablos, y aún más, en sus formas gramaticales, es incapaz de subsistir. La separación territorial causaba con el tiempo variaciones en la lengua, y ésta a su vez conducía a la separación de intereses y a la independencia ulterior. No fue obra de un corto período sino de siglos y siglos, que acabaron por sumar millares de años. El gran número de dialectos

 

y lenguas troncales de Norte y Sudamérica, que, presuntamente y con excepción del esquimal, derivaron todas de una lengua origina­ ria, demandaban para su formación el tiempo comprendido por tres períodos étnicos.

 

Por un desarrollo natural se formaban constantemente nuevas tribus, tanto como nuevas gentes; y el proceso recibía un impulso sensible en virtud de la vasta extensión del continente americano. El método era sencillo. En primer término se produciría algún flujo

 

o salida gradual de gente de algún centro geográfico sobrepoblado, l a so c ie d a d p r i m i t i v a 163

 

dotado de medios de subsistencia especialmente ventajosos. Persis­ tiendo esto por años, acabaría por reunir una población considerable

 

en un sitio distante de la sede originaria de la tribu. Con el transcurso del tiempo los emigrantes cambiarían respecto a sus intereses, sen­ timientos, y finalmente, a su habla. Sobrevendría luego su separación

 

e independencia, aunque fuesen contiguos sus territorios. De esta manera se creaba una nueva tribu.

 

Aunque esta es una exposición concisa de la manera cómo fueron formadas las tribus de los aborígenes americanos, debe tenerse por general. Repitiéndose de época en época tanto en las regiones recién adquiridas como en las antiguas, debe ser considerado como resultado natural e inevitable de la organización gentilicia ligada a las nece­

 

sidades de su condición particular. Cuando la multiplicación de su número excedía los medias de subsistencia, el sobrante se trasladaba a una nueva ubicación, donde se establecían con facilidad, porque el gobierno era integral en cada gens y en cualquier número de gentes reunidas en una tribu. Lo mismo pasaba, con poca diferencia, entre los indios. Cuando un pueblo colmaba con exceso su capacidad de población, salía una colonia, aguas arriba o aguas abajo, v fun­ daba un nuevo poblado. Repitiéndose este hecho a intervalos de tiempo, aparecerían varios poblados, cada uno independiente de los otros y autónomo, pero unidos por una liga o confederación para protegerse mutuamente. Más tarde se produciría la divergencia de lengua, completando así su resurgimiento en tribus.

La manera cómo las tribus emergen unas de otras puede demos­

 

trarse directamente con ejemplos. El hecho de la separación descansa, en parte, en la tradición, en la posesión de cada una de un número de las mismas gentes, y en las vinculaciones de sus dialectos. Las tribus nacidas de subdivisiones de una tribu originaria poseerían en común un número de gentes, y hablarían dialectos de una misma

 

          lengua. Después de varios siglos de separación, aún conservarían un número de las mismas gentes. Así, los hurones, hoy wyandottes, tie­ nen seis gentes con los mismos nombres de seis de las de los séneca-iroqueses, después de más de cuatrocientos años de separación. Los potawattamies tienen ocho gentes con los mismo nombres de ocho

 

de los ojibwas a la vez que aquéllos tienen seis y éstos catorce que son diferentes; demostrando que nuevas gentes se han formado por segmentación en cada tribu después de su separación. Una rama aún más antigua de los ojibwas, o de la tribu paterna de ambos, los mia-míes, sólo tienen tres gentes en común con aquéllos; ejemplo: Lobo, Negreta y Aguila. La vida social de las tribus de la familia ganowa-níana se encierra en la vida y crecimiento de las gentes. Si alguna vez la investigación fuese vigorosamente encaminada en esta direc­ ción, las mismas gentes serían guía en qué confiar, tanto respecto al

 

164 LEWIS R . MORGAN

orden de separación entre tribus de un mismo tronco, como, posible­ mente, respecto a los grandes troncos de los aborígenes.

 

Los siguientes ejemplos son tomados de tribus en el estadio infe­ rior de la barbarie. Cuando fueron descubiertas, las ocho tribus m-issouris ocupaban las orillas del río cuyo nombre llevan, en una extensión de más de mil millas, como las orillas de sus tributarios, el Kansas y el Platte, y también los ríos menores del Iowa. Ocupaban, además, 1¿ orilla oeste del Mississípí, hasta el Arkansas. Sus dialectos revelan que se habían dividido en .tres tribus con anterioridad a las últimas subdivisiones, a saber: primero, los punkas y ornabas, segun­ do, los iowas, los otoes y los missouris; y tercero, los kaws, los osages y los quappas. Es indudable que estas tres fueron subdivisiones de

 

una sola tribu originaria, pues sus dialectos se asemejan entre sí, mucho más que a ningún otro dialecto de la lengua troncal dacota, a que pertenecen.

 

De ahí que una necesidad lingüística explica su derivación de una tribu originaria. La dispersión gradual desde un punto de partida central de este rio, a lo largo de sus riberas, tanto aguas arriba como aguas abajo, conduciría a una desvinculacíón de intereses a medida que aumentaran las distancias, seguida de una divergencia de idioma,

 

y finalmente, de absoluta independencia. Un pueblo que así se ex­ tiende por las orillas de un río en un país de llanuras, podría dividir­ se primero en tres tribus y más adelante en ocho, quedando intacta

 

la organización de cada subdivisión. La división no era una sacudida violenta ni se la consideraba un desastre, sino una separación en fracciones por expansión natural, en un área más amplia, seguida de

 

segmentación completa. La tribu situada en la parte más lejana, aguas arriba sobre el Missouri, era la Punka, en la embocadura del Río Niobrara, v la que estaba en el otro extremo, aguas abajo, era la Quappa, donde afluye el Arkansas al Mississippi, con un espacio intermedio entre ellas de cerca de mil quinientas millas. La región intermedia circunscripta a la angosta faja de selvas sobre el Missouri, era el dominio de las restantes seis tribus. Eran estrictamente tribus ribereñas.

Otro ejemplo lo ofrecen las tribus del lago superior. Los ojibwas, otawas y potawattamies eran subdivisiones de una tribu originaria; los ojibwas representaban el tronco, porque permanecieron en la sede primitiva, en las grandes localidades pesqueras, situadas sobre el desagüe del lago. Más aún, las otras dos los llamaban Hermano Mayor", mientras a los otawas se les decía, Hermano mayor que sigue y a los potawattamies Hermano Menor". Estos últimos fue­ ron los primeros en disgregarse y los otawas los últimos, como lo comprueba el relativo aumento de variación dialéctica, que es mayor en los primeros. En la época de su descubrimiento, en el año 1641, los ojibwas tenían asiento en los Rápidos, en la desembocadura del

 

LA SOCIEDAD PRIMTTTVa 165

 

lago Superior, desde cuyo punto se habían esparcido a lo largo de la ribera sur del lago harta el sirio de OntoDagon; por la ribera noroeste, v a lo largo del río Santa María hasta las proximidades del lago Hurón. Su ubicación reunía ventajas notable para una subsistencia

 

a base de pescado y caza, a las que debían liar su mayor sostén, pues no cultivaban maíz ni cereales (56).

 

No cedía a ninguna en Norte América, con la sola excepción de) valle del Columbia. Con tales ventajas era seguro que desarrollarían una numerosa población india, y que se desprenderían grupos suce­ sivos de emigrantes que a su tiempo serían tribus independientes. Los potawattamies ocupaban una región en los confines de) Alto Michigan y Wisconsin, de donde en 1641, los dacota se hallaron ocupados en desalojarlos. Al mismo tiempo los otawass, cuyo asiento anterior se cree que haya sido sobre el río Otawa en el Canadá, se habían corrido al oeste y se habían radicado en la Georgian Bay, en las Islas Manitoulíno y eu Mackinaw, desde donde se extendían

al sur por el Bajo Michigan. Originariamente un pueblo, contando

con las mismas gentes, habia logrado apropiarse de una región am-

 

S lia. La separación de sedes y las largas distancias entre sus pobla­ os, habían prod ucido mucho antes del descubrimiento-, la formación

 

de dialectos y la independencia de las tribus. Estas tres tribus, cuyos territorios colindaban, habían instituido una alianza de protección mutua, conocida entre los americanos como la Confederación de Otawa . Era una liga ofensiva y defensiva, y no, probablemente, una confederación ajustada, como la de los iroqueses.

 

Con anterioridad a estas separaciones, otra tribu afiliada, los miamíes. se había disgregado del tronco Ojibwa, o de la tribu mater­ na común, trasladándose al Illinois central y al Oeste de indiana. Continuando en las huellas de esta migración, hallamos los illinois, retoño posterior del mismo tronco, que más tarde se subdividió en los peorías, Kaskaskia, weaws y piankeshaws. Sus dialectos, junta­ mente con el de los miamíes, reconocen su mayor afinidad con el

 

ojibwa , y luego con el cric (57). Es un hecho significativo la dis­ persión de todas estas tribus desde el asiento principal en las grandes pesquerías del Lago Superior, porque manifiesta la manera cómo las tribus se formaban en relación con los centros naturales de subsisten­ cia. Los algonquinos de la Nueva Inglaterra, Delaware, Maryland.

 

Í56) Según hoy lo afirman los ojibwas. sus antepasados remotos fabricaban

caños, pipas y vasijas de baxro. En diferentes ocasiones se ha desenterrado ert el Sault Sama María, alfarería india, que ellos reconocen como obra de sus an­ tepasados.

 

(57) Los potawattamies y los cries, acusan más o menos el mismo grado

de divergencia. Es probable que los ojibwas, los otawas y los cries, formaran ut> pueblo con un mismo dialecto, con posterioridad' a la separación de los potawattamies.

 

166 LEWIS B . MOECAN

 

Virginia y Carolina del Sur y Norte, derivaron todos, probablemente, de la misma fuente. Habrían de transcurrir varios siglos para nrodu-cir los dialectos primeramente citados, e introducirles la gran varia­ ción que hoy exhiben.

 

Los ejemplos expuestos muestran el proceso natural según el cual

las tribus se desprenden unas de otras, o de una tribu originaria asen­ tada en un lugar ventajoso. Cada grupo emigrante tenía el carácter

 

de una colonia militar, si es que cuadra una caracterización tan ex­ presa, en busca de un territorio para adquirir y conservar, v mante­ niendo en un principio y hasta donde pudiera, la vinculación con la tribu materna. Mediante estos movimientos sucesivos, procuraban am­ pliar sus dominios, y luego, resistir la intrusión de gentes extrañas dentro de sus límites. Es un hecho digno de destacarse que las tribus indias que hablan los mismos dialectos, nacidos de una misma lengua troncal, por lo regular han sido encontradas en continuidad territo­ rial, por más extenso que fuere el perímetro común. La misma verdad reza, para la mayoría de las tribus del género humano, ligadas lin­ güísticamente; porque las gentes que se desprendían de ün centro geográfico dado, empeñadas en una ardua lucha por la existencia y por la posesión de territorios nuevos, conservaban su vinculación con la madre tierra como elemento de auxilio en tiempos de peligro, y como refugio ante algún desastre.

Eran menester ventajas especiales para que un lugar dado hiciera

 

de punto inicial de migración por el constante desarrollo de un exceso de población. Estos centros naturales eran contados en Norte América. Son solamente tres. El principal es el Valle del Columbia, la región más extraordinaria de la tierra por la variedad y cantidad de sub­ sistencias que brindaba, con anterioridad al cultivo del maíz y plan­ tas (58); segundo, la península entre los lagos Superior, Hurón y Mi­ chigan, el asiento de los ojibwas y la cuna de muchas tribus indias;

 

y tercero, la región de los lagos en Minnesota, la cuna de las actuales tribus de Dakota. Estas son las únicas regiones en Norte América

 

que pueden llamarse Centros Naturales de' subsistencia, y fuentes naturales para el exceso de población. Existen razones para presumir

 

          Como mezcla de selva y llanura era tierra de abundante caza. El ka-

mash, una especie de raíz panoOcable, crecía en abundancia. En el estío había profusión de bayas, Pero al respecto no superaba a otras zonas. Lo que hacía destacar la región era la provisión inagotable de salmón en el Columbia y otros ríos de la costa. Cuajaban estas corrientes a millones, y en la estación eran pescados con la mayor facilidad y abundancia. Después de abrirlos y secar­ los al sol, se envasaban y se llevaban a las poblaciones, donde constituían

 

el alimento principal durante la mayor parte del año. Además de esta pesca, estaba la de mariscos en la costa, que abastecía en el invierno. A estas ven­ tajas se añade el clima, que era templado e igual durante el año, en las regiones dé Tennessee y Virginia. Era el paraíso de las tribus que no conocían los ce­ reales.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 167

 

que Minnesota fue parte del territorio algonquino, antes de ser ocu­ pado por los dacota. Cuando llegó el cultivo de maiz y plantas, ten­ dió a localizar los pueblos y mantenerlos en áreas más limitadas, como también a acrecentar su número pero no alcanzó a entregar el do­ minio del continente a los indios pueblos de las tribus más adelanta­ das, que subsistían casi exclusivamente de los cultivos. La horticul­ tura se difundió entre las tribus principales en el estadio inferior de la barbarie y mejoró mucho su condición. Al ser descubierta Norte América, dichas tribus con las no horticultoras, ocupaban grandes regiones, y de su seno salían los habitantes que iban a poblar el continente (59).

 

 Se puede sentar con un alto grado de probabilidad, que el valle de Columbia fue el semillero de la familia ganowaniana, del cual surgieron en edades pasadas, corrientes sucesivas de grupos emigrantes, hasta ocupar ambas divisiones del continente. Y más, que ambas divisiones se renovaban siempre con habitantes de esta procedencia hasta la misma época del descubrimiento europeo. Estas conclusiones se pueden desprender de causas físicas, de las relativas con­ diciones y de las relaciones lingüísticas de las tribus indias. El vasto espacio de las praderas centrales, que se extendían continuadamente más de mil quinientas millas de norte a sur, y más de mil millas de Este a Oeste, interponía una ba­ rrera a la franca comunicación entre el Atlántico y el Pacífico a través del con­ tinente norteamericano. De ahí que resulte probable que una familia origina­

 

ria iniciando su expansión desde el valle de Columbia y continuando su migra­ ción bajo la influencia de causas físicas, alcanzaría la Patagonia antes que la Florida. Los hechos conocidos señalan tan vivamente esta región como cuna primaria de la familia india, que bastarían unas pocas pruebas para dar fuerza de conclusión definitiva a esta hipótesis.

 

El descubrimiento y cultivo del maíz no operó cambio mayor en el curso

de los acontecimientos, ni suspendió efectos de causas anteriores, a pesar de ser un factor importante para impulsar el progreso. No se sabe de qué región in­ dígena es este cereal americano. Pero el consenso general lo fija en la región tropical de Centro América, donde )a vegetación es particularmente activa, donde esta planta es notablemente fructífera, y donde se han encontrado las más an­ tiguas poblaciones de los indios pueblos. Luego, si el cultivo se inició en Cen­ tro América, se hubiera propagado primero por Méjico y el valle del Mississippi, y de ahí nuevamente al Este hasta las costas del Atlántico, disminuyendo la cantidad de cultivo a medida que se alejaba del punto de partida. Se propagaría independiente de los indios pueblos, por el ansia de tribus más bárbaras de lo­ grar una nueva subsistencia; pero nunca pasó de Nuevo Méjico al valle de Columbia, bien que se practicaba el cultivo por los minjoitarees y los mandans de! Alto Missouri, por los shyans del Río Rojo del Norte, por los hurones del Lago Simcoe en el Canadá y por los abenakies del Kennebec, como también en general, por las tribus entre el Mississippi y el Atlántico. Bandas emigrantes del valle de Columbia, al seguir las huellas de sus predecesores, estrecharían a los indios pueblos de Nuevo Méjico y Méjico, tendiendo a obligar a tribus desalo­ jadas fragmentarias a encaminarse a través del istmo y penetrar en Sud Amé­ rica. Tales agrupaciones desalojadas llevarían consigo los primeros gérmenes

 

de¡ progreso desarrollados en la vida de los indios pueblos. Repetido el proceso a intervalos dé tiempo habría ido dotando a Sud América de una calidad de ha­ bitantes muy superior a las hordas salvajes de que estaban anteriormente provis­ tas, y a costa de la sección norte, asi empobrecida. Como resultado final. Sud América alcanzaría c! puesto avanzado en el progreso, a pesar de contar con

 

LEWIS H. MORGAN

 

La multiplicación de las tribus y dialectos ha sido el manantial fructífero de incesantes guerras entre los aborígenes.

 

De ordinario la guerra más persistente ha sido sostenida entre tribus de diferente lengua troncal., como, por ejemplo, entre las tribus iroqueses y las algonquinas.. y entre las tribus dacota y las citadas. Por el contrario, las tribus algonquinas y dacota, por lo gene­ ral, han vivido en paz entre ellas. De no haber sido así, no se les hubiera encontrado ocupando territorios contiguos. La peor excep-

 

ción la constituían los iroqueses que perseguían, en una guerra de exterminio, a sus tribus afines, los eries, la nación neutral, los huro­ nes y los susqueharmocks. Cuando las tribus hablan dialectos de la misma lengua troncal, pueden comunicarse oralmente y conciliar así

 

sus diferencias. También habían aprendido, en virtud de su descen­ dencia común, a confiar los unos en los otros, como aliados naturales. El número de individuos dentro de una zona determinada queda­

 

ba circunscripto a la cantidad de subsistencia que ésta pudiera brin­ dar. Cuando el sostén principal consistía en la pesca y la caza, era menester contar con un territorio inmenso para alimentar a una tribu de corto número. Después de añadir una alimentación farinácea a

 

la pesca y caza, todavía el territorio era muy dilatado en proporción al número de sus habitantes. Nueva York, con sus cuarenta y siete mil millas cuadradas, nunca tuvo más de veinticinco mil indios, incluyen­ do los iroqueses y los algonquinos al Este del Hudson y Long Island y los eries y nación neutral en la parte del oeste del Estado. El go­ bierno personal basado en gentes era incapaz de desarrollar un poder central suficiente como para acompañar y dominar el número cre­ ciente de personas, salvo que permanecieran a una razonable dis­ tancia unas de otras.

 

Entre los indios pueblos de Nuevo Méjico. Méjico y Centro Amé­ rica, el acrecentamiento de número en una zona pequeña no detuvo el proceso de desintegración. Usualmente cada población era una comunidad independiente y autónoma. Donde hubiese varias pobla­ ciones establecidas sobre el mismo río, próximas unas de otras, las gentes por lo general eran de descendencia común y se hallaban bajo un gobierno de tribu o de confederación. Sólo en Nuevo Méjico existen siete lenguas troncales, con varios dialectos cada una. En la época de la expedición de Coronado, 154CM2, las poblaciones des­ cubiertas eran numerosas pero pequeñas. Había siete de Cibola,

 

una tierra inferior, io que parece que efectivamente sucedió. La leyenda perua­ na de Manco Capac y Mamma Oelío, hijos del Sol, hermano y hermana, marido

 

y mujer, demuestra, si es que se puede decir que demuestra algo, que una band3 de indios pueblos venidos de lejos, si bien no necesariamente de América del Norte, en forma directa, había reunido y enseñado a las rudas tribus de ¡os Andes las artes más elevadas de la vida, inclusive el cultivo de maíz y plantas. Siguiendo un proceso sencillo y perfectamente natural, la leyenda habría olvi­ dado la banda, reteniendo solamente e! jefe y su mujer.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 169

 

Tucayán, Quivira y Hemez, y doce de Tiguex (60), y otros grupos, que indicaban una -vinculación lingüística entre sus miembros. N<? tenemos noticias sobre si cada grupo se hallaba confederado o no. Se dice que los siete pueblos Moqui (los pueblos Tucayán de Coro­ nado) se hallan confederados en la actualidad y probablemente lo estarían en la época de su descubrimiento.

 

El proceso de desintegración, expuesto en los ejemplos anteriores, se ha operado entre los aborígenes americanos durante millares de años, hasta producir, según sabemos, cuarenta lenguas troncales sola­ mente en América del Norte, cada una de las que integra un número

 

de dialectos de otras tantas tribus independientes. Su experiencia, probablemente no era sino una repetición de la que, bajo condiciones correspondientes, habían realizado las tribus de Asia, Europa y Africa.

 

De lo que precede, resulta que la tribu de indios americanos es

una organización bien sencilla y modesta. No requería más que

unos centenares, o cuando mucho, unos pocos miles de personas, para

constituir una tribu y colocarla en situación respetable en la familia

ganowaniana.

Falta exponer las funciones y atributos de la tribu india, que sé pueden dilucidar bajo las siguientes proposiciones:

          La posesión de un territorio y un nombre.

          La posesión exclusiva de un dialecto.

          El derecho de investir sachems y jefes elegidos por las gentes.

          El derecho de deponer estos sachems y jefes.

          La posesión de una creencia y culto religiosos.

          Un gobierno supremo compuesto de un consejo de jefes.

          Un jefe supremo, en algunos casos.

 

Bastará hacer una breve referencia de cada uno de estos diferen­ tes atributos de la tribu.

 

1. L a p o s e s ió n d e un t e r r i t o r i o y u n n o m b r e

 

El territorio comprendía la ubicación de sus poblados actuales y la comarca circundante que recorría la tribu cazando y pescando y que era capaz de defender de las incursiones de otras tribus. Más allá de esta zona quedaba un ancho margen de tierras neutrales, que los separaba de sus vecinos más próximos si éstos eran de lengua dife­ rente, y que ninguno de los dos pretendía; pero menos amplio y me­ nos claramente definido, cuando ambos hablaban un dialecto de la misma lengua. El territorio así imperfectamente deslindado, fuera extenso o limitado, era dominio de ía tribu, reconocido por las otras como tal, y defendido como tal.

 

          Coll. Temaux-Compans". IX, pág. 181-83. no LEWIS H. MORGAN

 

A su tiempo la tribu llegó a individualizarse por un nombre, que dado su carácter usual, en muchos casos debe haber sido for­ tuito más bien que deliberado. Así, los sénecas se llamaban a sí mismo La Gente del Gran Cerro (Nun-da wa-o-no); los tuscaroras

Gente que lleva Camisa         (Dus-ga -o-whe-o-nó)-, los sissetous Pue­

blo del Estero (Sis-se to-wan); los ogalallas Muda Campos (O-ga-

laid)-, los omahas       Gentes de Aguas Arriba         (O-ma ha); los iowas

Narices Polvorientas   (Pa-hd cha)-, los minnitarees,            Gentes venidas

de Lejos          (E-nafza); los cheroqueses     Gran Gente     [Tsa-lokee), los

shawnees,       Sudistas          (Sa^wan-aoakee ); los mohicanos,     Gente de la

Costa del Mar (Mo-he-kim-e-uk); los indios del Lago Slave,          Gen­

tes de las Tierras Bajas           ( Acha o-tin-ne). Entre los indios pueblos

de Méjico, los sochimilcos se decían Nación de las Semillas de

Flores ; los chalcanos,            Gentes con Bocas ; los tepanecanos, Gen­

tes del Puente ; los tezcucanos o culhuas,     Gentes Torcidas , y los

stascalanos      Hombre del Pan          (61). Cuando se inició la colonización

europea en la parte norte de América, se obtenían los nombres

 

de las tribus más bien por otras tribus que por ellas mismas, y de ahí que éstas les hayan designado con nombres diferentes de los verdaderos. Como consecuencia, la historia nos hace conocer una cantidad de tribus bajo nombres que ellas mismas no reconocen.

 

2. La p o s e s i ó n e x c l u s i v a d e u n d i a l e c t o

 

Substancialmente la tribu y el dialecto son co-extensivos, pero hay excepciones derivadas y de circunstancias especiales- Así, las

 

doce bandas de los dacota hoy son en rigor tribus, porque son dis­ tintos sus intereses y organización, pero fueron precipitadas a una separación prematura por el avance de los americanos sobre su territorio primitivo, lo que las empujó a las praderas. Antes de esto su trabazón había sido tan íntima que sólo se había comenzado a formar un nuevo dialecto: el Teeton, en el Missouri, siendo el Isauntie en el Mississippi, la lengua original. Hace pocos años, los cheroqueses, contaban veintiséis mil almas, el mayor número de indios hallado en los Estados Unidos, que hablaban la misma lengua. Pero en las comarcas serranas de la Georgia se había producido

 

una ligera divergencia en la lengua, bien que no lo suficiente mar­ cara para ser calificada de dialecto. Existen otros pocos casos simi­ lares, pero no alteran la regla general de que la tribu y el dialecto eran co-extensivos en el período aborigen. Los ojíbwas, que toda-

 

          A c o s t a : The Natural and Moral History of the East and West In­ dies , Londres, edición de 1604, trad, de Grimsíone, páginas 500-503.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 171

 

vía no son horticultores en su mayoría, existen en número de quince mil en la actualidad, y hablan el mismo dialecto; y las tribus dacota colectivamente, en número de veinticinco mil, quienes, como se dijo, hablan dos dialectos estrechamente ligados. Estas diversas tribus son excepcionalmente numerosas.

 

Las tribus comprendidas dentro de los Estados Unidos y la Colombia Británica, no darían como promedio ni dos mil personas por tribu.

 

          E l d e r e c h o d e i n v e s t i r s a c h e m s y j e f e s

ELEGIDOS POR LAS CENTES

 

Entre los iroqueses el elegido no era jefe hasta tanto no fuera investido del cargo por un Consejo de Jefes. Como los jefes de las gentes componían el consejo de la tribu, con jurisdicción sobre los intereses comunes, era manifiesta la propiedad de reservar al consejo tribal la función de la investidura. Pero luego de constituidas la confederación, la facultad de investir sachems y jefes fue trans­ ferida del consejo tribal al de la confederación. Con respecto a las tribus en general, los antecedentes asequibles son insuficientes para explicar sus costumbres en cuanto al modo de investir. Es uno de

 

los numerosos asuntos pendientes que requiere mayor investigación antes de que se pueda exponer completamente el sistema social de las tribus indias.

 

El cargo de sachems y de jefe era universalmente electivo entre las tribus del Norte de Méjico, y bastan los testimonios respecto a otras partes del continente para no dejar duda acerca de la univer­ salidad de la regla.

 

Entre los delaware cada gens tenía un sachem (Sa-keinaa) cuyo cargo era hereditario en la gens, además de dos jefes ordinarios y dos jefes de guerra (formando un total para las tres gentes de quince), los que constituían el consejo de la tribu. Entre los ojibwaas, en cada poblado generalmente predominaban los miembros de una

 

gens. Cada gens, tenía un sachem, cuyo cargo era hereditario den­ tro de la gens, y varios jefes ordinarios. Cuando en una misma loca­ lidad vivía gran número de miembros de una determinada gens, revelaban una organización semejante. No existía límite prescriptó

 

en el número de jefes. Sin duda, existía en las diversas tribus indias un cuerpo de procedimientos relativos a la elección e investidura de sachems y jefes, pero éstos nunca han sido recopilados. Su co­

 

nocimiento sería valioso. En el capítulo que sigue, se dará una ex­ plicación del método de los iroqueses para investir sachems y jefes.

 

172 LEWIS H. MORGAN

 

4. E l d e r e c h o d e d e p o n e r l o s s a c h e m s y j e f e s

 

En el origen esta facultad era privativa de la gens a la que perteneciera el sachems o los jefes; pero el consejo de la tribu gozaba de la misma facultad, y podía proceder con independencia

 

de la gens, y aún en oposición a sus deseos. En el estadio del sal­ vajismo, y en el inferior y también el medio de la barbarie, el cargo era vitalicio o dependiente de la buena conducta. Los hombres no habían aprendido a limitar un cargo electivo a un número de años.

 

De ahí que se hiciera esencial el derecho de deponer en defensa del principio de autonomía y gobierno propio. Esta facultad im­ portaba una siempre latente declaración de la soberanía de la gens y también de la tribu, soberanía escasamente comprendida pero que no por ello deja de ser una realidad.

 

Al modo de los bárbaros, los indios americanos era gente re­

ligiosa. Por lo regular las tribus celebraban festivales religiosos en determinadas estaciones del año, los que se realizaban con prác­ ticas del culto, ' "l de la Medicina" era en

 

varios meses de anticipación, la creación de una Logia de Medicina , a fin de despertar interés general en sus ceremonias. El régimen religioso de los aborígenes es otro asunto que ha sido investigado sólo en parte. Es rico en materiales para el investigador futuro. La experiencia de estas tribus al desarrollar sus creencias religiosas

 

y prácticas de culto, es parte de la experiencia del género humano, y los hechos ocuparán un lugar importante en la ciencia de la re­ ligión comparada.

El sistema de ellos era más o menos vago e indefinido, y cargado

de pueriles supersticiones. Se puede señalar, entre las tribus prin­ cipales, el culto a los elementos, con una tendencia al politeísmo

 

          en las avanzadas. Los iroqueses, por ejemplo, reconocían un Gran y un Mal Espíritu, y una multitud de seres espirituales inferiores, la inmortalidad del alma y una vida futura. Su concepto del Gran Espíritu le asignaba forma humana así como al Mal Espíritu de He -no, el Espíritu del Trueno, Ga -oh, el Espíritu de los Vientos, y de las Tres Hermanas, el Espíritu del Maíz, el Espíritu de la Judía y el Espíritu de la Calabaza. A esta última se llamaba colec­ tivamente Nuestra Vida y Nuestros Sostenes . Había, además, espíritus de diversas variedades de árboles, de plantas y de corrien­ tes de agua.

 

Los conceptos de la existencia y atributos de estos numerosos

 

 L a p o s e s i ó n d e u n a c r e e n c i a y c u l t o r e l i g i o s o s muchas tribus costumbre anunciar con

 

LA SOCIEDAD RRIMniVA 173

 

seres espirituales eran muy imprecisos Entre las tribus del estadio inferior de la barbarie, la idolatría era desconocida (62). Los aztecas tenían divinidades personales, con ídolos para representarlos, y su culto en el templo. Si se conociera con precisión los pormenores de

 

su sistema religioso, es probable que resultaría manifiesto su origen, de las creencias comunes de las tribus indias.

La danza era una forma del culto entre los aborígenes america­

 

nos, y constituía parte de las ceremonias en todo festival religioso. En ninguna otra parte del mundo, entre bárbaros, la danza ha ob­ tenido un desarrollo más estudiado.

Toda tribu tiene de diez a treinta danzas principales, cada una

de las cuales tiene su nombre propio, sus cantos, instrumentos musi­ cales, pasos, plan e indumentaria personal. Algunas de ellas, como la danza de guerra, era común a todas las tribus. Determinadas danzas eran de propiedad exclusiva de la gens,

 

o bien de una asociación organizada para su conservación, a la que de tiempo en tiempo se permitía el ingreso de nuevos miembros. Las danzas de los dacota, cries, ojibwas, iroqueses y los indios pueblos de Nuevo Méjico, son iguales en carácter general, pasos, plan y música;

 

y lo mismo reza para las danzas de los aztecas en lo que de ello se sabe con precisión.

 

Es un sistema único en todas las tribus indias, y se relaciona directamente con el sistema de creencias y cultos religiosos.

 

6. U n g o b i e r n o s u p r e m o p o r u n c o n s e j o d e je f e s

 

El Consejo, tenia su base natural en las gentes, cuyos jefes lo integraban. Respondía a una necesidad real, y d.ebía perdurar mien­ tras durase la sociedad gentilicia. Así como la gens estaba represen­ tada por sus jefes, del mismo modo la tribu estaba representada por un consejo compuesto de los jefes de las gentes. Era uno de los fac­ tores permanentes del régimen social, y asiento ulterior de autoridad sobre la tribu. Reunido bajo circunstancias conocidas de todos, ce­ lebrado en medio del pueblo, y franco a sus oradores, era seguro que procedería de acuerdo con las influencias populares. Bien que oligárquico en forma, el gobierno era una democracia representativa, siendo los representantes de carácter vitalicio, pero sujetos a la de­ posición. La confraternidad de los miembros de cada gens, y el principio electivo respecto a los cargos, eran el germen y piedra

 

(62) En las postrimerías del siglo pasado los séneca-Lrcqueses de un pobla­

do sobre el río Alleghany, levantaron un ídolo de madera, en'cuyo derredor eje­ cutaron danzas y otras ceremonias religiosas. Mí informante, el finado Villiam Parker, vio este ídolo en el rio a que había sido arrojado. No pudo averiguar a quién personificaba.

 

174 LEWIS H . MORGAN

 

fundamental del principio democrático. Imperfectamente desarro­ llada como lo estaban también en este primer tiempo del progreso, otros grandes principios, la democracia puede jactarse de un linaje muy antiguo entre las tribus del género humano.

 

Incumbía al consejo salvaguardar y proteger los intereses co­ munes de la tribu. La existencia y prosperidad de ésta descansaba

 

en la inteligencia y valor del pueblo, y en la sabiduría y previsión del consejo. Sus incesantes guerras con otras tribus promovían cues­ tiones y exigencias que reclamaban el ejercicio de todas estas cua­ lidades para afrontar y solucionar. Por consiguiente, era inevitable que el elemento popular disfrutara de un influjo predominante.

 

Como regla general, el consejo se franqueaba a quien quisiera so­ meterle un asunto de interés público. Hasta las mujeres tenían derecho a exponer sus deseos y opiniones por medio de un orador de su propia elección. Pero el consejo era quien resolvía. La una­ nimidad era ley fundamental de su acción entre los iroqueses; pero no estoy habilitado para afirmar que esto fuese costumbre general. Las operaciones militares usualmente se libraban a la iniciativa individual. Teóricamente cada tribu estaba en guerra con todas las

 

que no hubiesen concertado un tratado de paz con ella. Cualquiera podía reunir una banda de guerra y dirigir una expedición cuando lo desease. Anunciaba su proyecto ofreciendo una danza de guerra e invitando voluntarios. Este método somería a una prueba práctica la popularidad de la empresa. Si lograba reunir una banda, que se compondría de aquellos que le habían acompañado en la danza, partían enseguida mientras durase el primer enardecimiento. Cuan­ do amenazaba un ataque, la tribu organizaba bandas de guerra para salir al encuentro, con un procedimiento más o menos igual. En casos en que las fuerzas así reunidas formasen un solo cuerpo, cada una era mandada por su propio jefe de guerra, y sus operacio­ nes de conjunto se fijaban por un consejo de estos jefes. Habiendo entre ellos un jefe de guerra de prestigio reconocido, él vendría a ser, por orden natural, el jefe principal. Estos postulados correspon­ den a tribus en el estadio inferior de la barbarie. Los aztecas y tlas-calanos marchaban en fratrías, encabezada cada subdivisión por su propio jefe, y distinguiéndose por su indumentaria y distintivos. Las tribus indias y aún la confederación, eran órganos débiles

 

para operaciones militares. Las de los iroqueses y las de los aztecas fueron las más destacadas para maquinaciones de agresión. Entre

 

las tribus del estadio inferior de la barbarie, los iroqueses inclusive, la obra más destructora era realizada por bandas guerreras de poca consideración que continuamente se organizaban y realizaban ex-

 

          (ediciones a regiones distantes. Su abastecimiento de alimentos se ormaba de maíz torrado, reducido a harina, que cada guerrero llevaba en una bolsa pendiente del cinto, y la caza y pesca que se

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 175

 

lograse en la marcha. La partida de estas bandas de guerra, y su recepción pública, al regreso, constituían hechos destacados en la vida del india No se solicitaba la sanción del consejo para tales expediciones ni tampoco era necesaria.

 

El consejo de la tribu tenía facultad para declarar la guerra y celebrar la paz, enviar y recibir embajadas y concertar alianzas. Ejercitaba todas las facultades requeridas para un gobierno tan sencillo y limitado en sus negocios. La comunicación entre tribus independientes era efectuada por los hombres-sabios y les jefes, constituidos en delegaciones. Cuando una tribu aguardaba a una tal delegación, se convocaba un consejo para su recepción y para tratar sus negocios.

 

7. U n j e f e s u p r e m o d e la t r i b u e n ajlounos casos

 

En algunas de las tribus indias uno de los sachems era recono­ cido como jefe supremo, superior en rango a sus colegas.

 

Hasta cierto punto, existía la necesidad de una cabeza oficial, de la tribu que la representara cuando el consejo no estaba en se­ sión; pero las funciones y facultades del cargo eran reducidas. Bien que el consejo fuera supremo en autoridad, sus sesiones eran raras y podrían suscitarse cuestiones que exigieran una solución provisio­ nal por alguien calificado para representar la tribu, sujeto a la ra­ tificación de sus actos por el consejo. Esta era la única razón de ser, que sepa el autor, para la existencia del cargo de jefe supremo. Existía en cierto número de tribus, pero en una clase de autoridad tan floja como para estar debajo del concepto de un magistrado ejecutivo. En el lenguaje de algunos escritores de los primeros tiem­ pos, se les designaba como reyes, lo que no pasa de ser una carica­ tura. Las tribus indias no habían progresado lo bastante en el cono­ cimiento del arte del gobierno, para desarrollar la idea de un ma­

 

gistrado principal ejecutivo. La tribu iroquesa no reconocía ningún jefe principal, ni la confederación ningún funcionario ejecutivo. La calidad electiva del cargo de jefe y el hecho de estar la persona expuesta a ser destituida fijaban el carácter del cargo.

 

En sí, el consejo de los jefes indios carece de importancia; pero como germen del parlamento, congreso y legislatura modernos, la posee, en grado sumo, para la historia de la humanidad.

 

El crecimiento del concepto de gobierno comenzó con la orga­ nización de las gentes en el salvajismo. Presenta tres grandes etapas de desarrollo progresivo entre sus comienzos y la implantación de

 

la sociedad política, luego de alcanzada la civilización. La primera etapa era el gobierno de una tribu por un consejo de jefes, elegidos por las gentes. Puede designarse gobierno de un poder, a saber: el

 

176LEWISH.MOBC-AN

 

consejo. Prevalecía en general en las tribus del estado inferior de la barbarie. La segunda etapa fue un gobierno coordinado entre

 

un consejo de jefes y un comnandante militar general; representando aquel los intereses civiles y el otro las funciones militares. Esta se­ gunda forma comenzó a manifestarse en el estadio inferior de la barbarie, después de haberse organizado las confederaciones, y se hizo definitiva en el estadio medio.

 

El cargo de general o comandante militar principal fue el germen del de un magistrado ejecutivo principal, el rey, el emperador y el presidente. Puede designarse gobierno de dos poderes, a saber: el consejo de jefes y el general. La tercera etapa fue el gobierno de un pueblo o nación por un consejo de jefes, una asamblea del pueblo

 

y un comandante militar general. Hizo su aparición en las tribus que habían alcanzado -el estadio superior de la barbarie, así, los griegos de Homero y las tribus latinas de la época de Rómulo. Un gran aumento en el número del pueblo reunido en nación, su residen­ cia en villas cercadas y la producción abundante de la tierra y de las manadas y rebaños, trajo la asamblea del pueblo como órgano

 

de gobierno. El consejo de jefes, que aún perduraba, encontró ne­ cesario, ante la exigencia popular, someter las más importantes me­ didas públicas a una asamblea del pueblo, para su aceptación o re­ chazo; de aquí, la asamblea popular. Esta asamblea no tomaba la iniciativa de medidas. Su función era aprobar o rechazar, y su de­ cisión era definitiva.

 

Desde su primera aparición se convirtió en poder permanente en

el gobierno. El consejo ya no dictaba medidas importantes de orden público, pero se convirtió en consejo de pre-consideración con facul­ tad para iniciar actos populares, dándoles forma definitiva a los que solamente la asamblea podría dar validez. Puede designarse go­ bierno de tres poderes, a saber: un consejo de preconsideración, una asamblea del pueblo y el general Esto perduró hasta la institución

 

de la sociedad política, como, por ejemplo, entre los atenienses, cuan­ do el consejo de jefes vino a ser el senado, y la asamblea del pue­ blo, la ecclesía o asamblea popular. Las mismas organizaciones han llegado a los tiempos modernos en las dos cámaras del parlamento,

 

del congreso y de las legislaturas. Del mismo modo el cargo de co­ mandante militar en jefe ha sido, como antes se dijo, el germen del cargo de magistrado ejecutivo principal de los tiempos modernos.

 

Volviendo a la tribu, era limitada en número de individuos de escasas fuerzas y pobre de recurso, y, sin embargo, era una sociedad integralmente organizada. Pone de manifiesto la condición del gé­ nero humano en el estadio inferior de la barbarie. En el estadio medio hubo sensible aumento de número en la tribu, y una condición mejorada, pero con la continuación de la sociedad gentilicia sin

 

cambio esencial. La sociedad política era todavía imposible por falta

 

LASOCIEDADPRIMITIVA177

 

de adelanto. Las gentes organizadas en tribus continuaban como

antes; pero las confederaciones debieron haber sido más frecuentes.

En algunas comarcas, como en el Valle de Méjico, se desarrolla­

ron números más considerables bajo un gobierno común, con pro­

gresos en las artes de la vida, pero no existe testimonio de que haya

habido entre ellos desplazamiento de la sociedad gentilicia y su reem­

plazo por la sociedad política. Es imposible encontrar una sociedad

política o un estado basado en gentes. Un estado debe descansar

sobre territorio y no sobre personas, sobre la villa como unidad de un

sistema político, y no sobre la gens que es la unidad de un sistema

social. Se necesitaba tiempo y una experiencia que fuera más allá de

la de las tribus de indios americanos para preparar un cambio tan

 

fundamental de sistemas. También exigía hombres del nivel mental de los griegos y romanos, y con la experiencia derivada de un dila­ tado encadenamiento de antepasados, para discurrir e introducir gra­ dualmente el nuevo régimen de gobierno, bajo el cual las naciones civilizadas hoy se desarrollan.

En prosecución de la serie orgánica ascendente, debemos ahora

considerar la confederación de tribus, en la que las gentes, las fratrías y las tribus aparecerán bajo nuevas relaciones. Quedará así nueva­ mente expuesta la notable adaptación de la organización gentilicia a las necesidades y condiciones del género humano.

 

V

LA CONFEDERACIÓN IROQUESA

 

Existiría, naturalmente, entre tribus afines y vecinas, una ten­ dencia a confederarse para la mutua defensa Luego que la expe­ riencia positiva hubiese acreditado las ventajas de la unión, la orga­ nización, al principio una liga, se consolidaría gradualmente en una unidad federal. El estado de perpetua guerra en que vivían, im­ pulsaría esta tendencia natural a la acción entre aquellas tribus que hubiesen adelantado lo suficiente en inteligencia y las artes de la vida, para darse cuenta de sus beneficios. Sería simplemente el pro­ greso desde una organización más baja a una más elevada, por la extensión del principio que había unido a las gentes en tribu. Tal como se hubiera podido esperar, existían en Norteamérica

 

al tiempo de ser descubierta, en diferentes partes, varias confede­ raciones, algunas de las cuales eran realmente notables en plan y estructuras. Entre ellas se pueden señalar la confederación de los iroqueses, de cinco tribus independientes, la confederación de los cries, de seis, la confederación de otawas, de tres, la liga, de dacota de los "Siete Fuegos de Consejo , la confederación de moquis en

 

Nuevo Méjico, de siete pueblos y la confederación azteca de tres tribus en el Valle de Méjico. Es probable que los indios pueblos de otras comarcas de Méjico, y en la América del Sur y Central, estuvie­ sen casi generalmente organizados en confederaciones compuestas de dos o más tribus afines. El progreso necesariamente se orientaba en este sentido, en virtud de sus instituciones, y por la ley que regía su desarrollo.

 

Asimismo la constitución de una confederación, con semejantes materiales y con relaciones geográficas tan inestables, era empresa ardua. Para los indios pueblos, por la vecindad de sus aldeas y por la escasa extensión de sus territorios, era de más fácil realización, pero en algunos casos fue alcanzada por tribus en el estadio inferior de la

 

l a so c ie d a d p r i m i t i v a 179

 

barbarie, y notablemente por los iroqueses. Dondequiera se hubiese formado una confederación, este hecho, por sí solo, comprobaría la superior inteligencia del pueblo.

 

Los dos más altos ejemplos de confederaciones indias en Norte­ américa, eran la de los iroqueses y la dé los aztecas. De su recono­ cida superioridad como potencias militares, y de su respectiva po­ sición geográfica, estas confederaciones, en ambos casos, produjeron resultados notables. Nuestros conocimientos de la estructura y prin­ cipios de la primera son definitivos y completos, pero de la última distan mucho de ser satisfactorios. La confederación azteca ha sido de tal manera manipulada históricamente, que nos deja la duda de

 

si era simplemente urna liga de tres tribus afines, ofensiva y de­ fensiva, o bien una confederación sistemática, semejante a la de los iroqueses. Es probable que, en sentido general, lo que reza para ésta, es igualmente valedero para aquélla, de suerte que el cono­ cimiento de la una, tenderá a dilucidar el de la otra.

 

Las condiciones bajo las cuales las confederaciones nacen a la vida, y los principios en que se basan, son notablemente sencillos. Surgen naturalmente, con el tiempo, de elementos preexistentes. Allá donde una tribu se había segmentado en varias, y estas sub­ divisiones ocupaban territorios independientes pero contiguos, la confederación las reintegraba en una organización más elevada, a base de las gentes que en común poseían, y de los dialectos afines de su habla. Los elementos materiales de la confederación estaban en el sentimiento de parentesco encamado en la gens en el linaje común de las gentes, y en sus dialectos mutuamente inteligibles. De ahí que la confederación tuviese la gens como base y centro,

 

y a la lengua troncal de circunferencia. No se ha encontrado ninguna que traspasara los límites de los dialectos de un lenguaje común. De haberse salvado esta barrera, se hubieran impuesto elementos heterogéneos en la organización. Se han comprobado casos de restos de tribus no ligados por el habla, como los natchez (63), que han sido admitidos en una confederación existente; pero esta excepción no invalidaría el postulado general. Era imposible que surgiera una potencia india en el continente americano a base ae una confede­ ración de tribus organizadas en gentes y que alcanzara supremacía general, a no ser que su número se desarrollara de su propio tronco. La explicación de no haberlo alcanzado está en la multitud de len­ guas troncales. No había medio posible de vincularse en igualdad de condiciones con una confederación, sin la vinculación gentilicia de tribu y lingüística.

Cabe observar aquí, en forma de paréntesis, que era imposible que

 

          Fueron admitidos a la confederación de los cries, después de su de­ rrota frente a los franceses.

 

LEWIS H. MORGAN

 

en el estadio inferior, en el medio o en el superior de la barbarie, surgiese en parte alguna de la ti cimiento natural, un observación en los comienzos de esta investigación, para fijar más precisamente la atención en la estructura y principios de la socie­ dad antigua, en su organización de gentes, fratrías y tribus. La mo­ narquía es incompatible con el gentilismo. Corresponde al período posterior de la civilización. En algunos casos aparecieron despo­ tismos en las tribus griegas en el estadio superior de la barbarie, pero estaban fundados en la usurpación, eran tenidos por ilegítimos por el pueblo, y eran en efecto ajenos a las ideas de la sociedad

 

gentilicia. Las tiranías griegas fueron despotismos fundados en la usurpación, y fueron el germen del que surgieron los reinos poste­ riores; mientras que los presuntos reinos de la edad heroica no eran más que democracias militares.

 

Los iroqueses ofrecen un excelente ejemplo de cómo se forma una confederación por crecimiento natural, auxiliada por una hábil le­ gislación. En el origen, emigrantes de más allá del Mississippi y pro­ bablemente una rama del tronco dacota, se abieron camino hasta el Valle de San Lorenzo, y se establecieron cerca de Montreal. Obliga­ dos por las hostilidades de las tribus vecinas a desalojar este lugar, buscaron la región central de Nueva York. Tras una navegación por las orillas del lago Ontario, en canoas, pues su número era reducido, fijaron su primer establecimiento en la boca del río Oswego, donde, según sus tradiciones, permanecieron largo tiempo. Constituían en ese tiempo por lo menos tres tribus distintas: los mohawks, los onon-dagas y los sénecas. Posteriormente, una tribu se estableció en las cabeceras del lago Canandaigua, y se transformó en la séneca.

 

Otra tribu se ubicó en el Valle Onondaga, y vino a ser la onon-daga. La tercera se encaminó al oriente, estableciéndose primero en Oneida, cerca del sitio de Utica, lugar desde el cual la masa se tras­ ladó al Valle Mohaw, y vinieron a ser los mohawks. Los que no se trasladaron se llamaron oneidas. Una parte de los onondagas o de

 

los sénecas se estableció en la orilla oriental del lago Cayuga, y vi­ nieron a ser los cayugas. Antes de su ocupación por los iroqueses, Nueva York parece haber correspondido a la zona de los algon-quinos. Según las tradiciones iroquesas, ellos desalojaron gradual­ mente a los anteriores ocupantes, a medida que extendieron sus es­ tablecimientos hacia el oriente, hasta el Hudson, y hacía el occidente, hasta el Tennessee. Añaden sus tradiciones que transcurrió un largo tiempo después de su primer establecimiento en Nueva York, antes

 

de que se constituyera la confederación, durante este tiempo hicieron causa común contra sus enemigos, y así pudieron darse cuenta de

 

las ventajas del principio de federación, tanto para la agresión como para la defensa. Moraban en poblados generalmente rodeados dé

 

reino a base de las instituciones atrevo a hacer esta

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 181

 

empalizadas y vivían de la caza y de- la pesca y de productos de una limitada horticultura. Su número en ningún tiempo pasó de veinte mil almas, si es que en algún tiempo han alcanzado esa cifra. En

 

todas las tribus aborígenes, incluso también la de los indios pueblos, el incesante guerrear y lo precario de la subsistencia, detenían el creci­ miento. Los iroqueses estaban rodeados de las grandes selvas que

 

en ese tiempo cubrían a Nueva York,' y contra las que eran impo­ tentes para luchar.

 

Fueron descubiertos por vez primera en 160S. Alrededor del año 1675 alcanzaron su punto culminante, cuando su dominio se extendió a una región notablemente grande, comprendiendo la ma­ yor parte de Nueva York, Pensilvanía y Ohio (64) y partes del Ca­ nadá, al norte del Lago Ontario. En la época de su descubrimiento eran los representantes más caracterizados de la Raza Roja, al norte de Nuevo Méjico, en inteligencia y adelanto, aunque quizás inferio­ res a algunas de las tribus del Golfo, en las artes de subsistencia. Por la extensión y calidad de sus dotes mentales, están entre los más adelantados indios de América. No obstante haber mermado en número, todavía existen cuatro mil iroqueses en Nueva York, alre­ dedor de mil en el Canadá, v aproximadamente otros tantos en el Oeste; ejemplificando así tanto la eficacia como la persistencia de

 

las artes de la vida de barbarie, para conservar la existencia. Se dice ahora que aumentan lentamente.

Cuando fue constituida la confederación, por los años 1400 a

 

1450 (65), existían ya las circunstancias citadas. Los iroqueses eran cinco tribus independientes, que ocupaban territorios contiguos en­ tre sí, y hablaban dialectos de la misma lengua que les eran mutua­ mente inteligibles. Por otra parte, algunas gentes eran comunes a varias tribus, como se ha demostrado. En sus recíprocas relaciones como segregaciones de la misma gens, estas gentes suministraban

 

una base natural y duradera para una confederación. Con la exis­ tencia de estos elementos el constituir una confederación se hacía cuestión de inteligencia y habilidad. En diferentes partes del con­ tinente existían en gran número tribus que se encontraban precisa­ mente en las mismas relaciones, sin confederar. El hecho de que

 

las tribus iroquesas realizaran la obra es testimonio de su capacidad superior. Por otra parte, como la confederación era la etapa última

 

(64) Alrededor del año 1651-5 expulsaron a la tribu afín de los eries de

la región entre el río Tennessee y el lago Erie, y poco después, a las naciones neu­ trales del río Niágara, adueñándose así del resto de Nueva York, con la excep­ ción del bajo Hudson y Long Island.

 

          Los iroqueses afirman que habían transcurrido ciento cincuenta a dos­ cientos años antes de que por primera vez vieran a los europeos. Las genera­ ciones de sachems en la historia de David Cusik (un tuscarora) le darían, al hecho, mayor antigüedad.

 

182 LEWIS H. MORGAN

 

de organización entre los aborígenes americanos, se debía comprobar su existencia únicamente entre las tribus más adelantadas.

 

Afirman los iraqueses que la confederación fue organizada por un consejo de hombres-sabios y jefes de las cinco tribus, reunido al efecto en la ribera norte de] lago Onondaga, cerca del sitio de Sira­ cusa. y que antes de levantarse la conferencia, quedó perfeccionado el organismo y puesto en inmediata vigencia. En sus consejos pe­ riódicos para investir caciques, todavía exponen su origen como resultado de un esfuerzo prolongado de legislación. Fue probable­ mente consecuencia de una alianza anterior de defensa mutua, cuyas ventajas habían reconocido y procuraban darle permanencia.

El origen del plan se atribuye a un personaje mitológico o por

los menos tradicional, Ha-yo-went -ha, el Hiawatha del célebre poe­ ma de Longfellow, quien estaba presente en este consejo y era el personaje central de su gobierno. En sus comunicaciones con el con­ sejo utilizaba los servicios de un "hombre-sabio de los onondagas. Da-ga-no-we -da, como intérprete y orador para exponer la estructura y principios de la proyectada confederación. La misma tradición de­ clara que cuando la obra se hubo logrado, Ha-yo-went -ha desapa­ reció milagrosamente en una canoa blanca, que lo elevó por los aires y lo llevó fuera de la vista. Otros prodigios, según esta tradición, acompañan y señalan la formación de la confederación, que todavía es celebrada entre ellos como la obra maestra de la sabiduría india. Y la verdad que lo era;, y perdurará en la historia como monumento

 

de su genio en el desarrollo de instituciones gentilicias. También será recordada como ejemplo de lo que han podido alcanzar tribus hu­

 

manas en el arte de gobierno, estando aún en el estadio inferior de la barbarie y luchando con las desventajas que esta institución implica. Es difícil determinar cuál de los dos personajes fue el fundador

 

de la confederación. El silencioso Ha-yo-went -ha, es probable que fuera un personaje real de linaje iroqués (66); pero la tradición ha envuelto de tal manera su personalidad con lo sobrenatural, que

 

pierde su lugar como uno de sus componentes. Si Hiawatha fue per­ sonaje verdadero, Da-ga-no-we -da debe ocupar un puesto subalter­ no; pero si fue un personaje fabuloso, invocado circunstanciaimente, le corresponde el mérito de haber planeado la confederación.

 

Los iraqueses afirman que la confederación constituida de tal suerte, por este consejo, con sus poderes, funciones y régimen de administración, les ha llegado a través de muchas generaciones hasta el tiempo presente, con ligeras variantes en sus detalles de orga­ nización interna. Cuando más tarde fueron admitidos los tuscaroras, se permitió cortésmente a sus sachems que se sentaran como iguales

 

          Mi amigo Horacio Hale, eminente filólogo, me ha informado que él llegó a idéntica conclusión.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 183

 

en el consejo general, pero no fue aumentado el número originario de los sachems, y en rigor estos tuscaroras no formaban parte alguna del cuerpo gubernativo.

 

Los caracteres generales de la confederación iroquesa se pueden sintetizar en las siguientes proposiciones:

 

          La confederación era una unión de cinco tribus, compuesta de gentes, comunes, con un gobierno a base de igualdad; mante­ niendo cada tribu su independencia en todo lo concerniente a la autonomía local.

 

          Ella crealra un Consejo General de sachems limitado en nú­ mero, iguales en rango y autoridad, e investido de supremas facul­ tades para todo lo concerniente a la confederación.

 

          Fueron creados, a perpetuidad, cincuenta cargos de sachem

 

en determinadas gentes de las diversas tribus; pudiendo dichas gen­ tes llenar las vacantes, cada vez que se produjeran, mediante elec­ ción entre sus propios miembros, y deponerlos del cargo con causa justificada; pero el Consejo General se reservaba el derecho de in­ vestir a estos sachems en sus funciones.

 

          Los sachems dé la confederación eran a la vez sachem en sus respectivas tribus, y juntos con los jefes de estas tribus, constituían el consejo de cada una respectivamente, el que era supremo en todos los asuntos que pertenecían en forma exclusiva a la tribu.

 

          En el consejo de la confederación era esencial la- unanimidad

para todo acto público.

6. .En el Consejo General los sachems votaban por tribu, lo que daba a cada uno un voto negativo sobre las otras.

 

          El consejo de cada tribu tenía facultad para convocar el Con­ sejo General; pero éste no tenía facultad para convocarse a sí mismo.

 

S. El Consejo General estaba abierto a los oradores del pueblo

para el debate de cuestiones de orden público; pero el consejo por sí solo decidía.

 

          La confederación carecía de magistrado ejecutivo supremo, o cabeza oficial.

 

          Advertidos por la experiencia de la necesidad de un coman­ dante militar general, crearon el cargo en número dual, de manera que uno neutralizara al otro. Los dos jefes principales de guerra eran iguales en autoridad.

 

Se pasará a considerar estas diversas proposiciones, pero sin ob­ servar la forma precisa u orden en que han sido expuestas.

 

Al instituirse la confederación se crearon y fueron designados cin­ cuenta cargos de sachem, y ungidos a perpetuidad en las gentes a las que fueron respectivamente asignados. Con excepción de dos, que fueron llenados una sola vez, ellos han sido desempeñados por tantas

 

personas diferentes sucesivamente, como generaciones hayan pasado

 

184

LEWIS H. MORCAN

 

desde aquel tiempo hasta el presente. El nombre de cada cargo de sachem es también el nombre personal del sachem mientras desem­ peñe el cargo y cada sucesor toma el nombre de su predecesor. Estos sachems reunidos en sesión, formaban el consejo d éla confederación, investido de los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales, bien que la distinción de funciones aún no había llegado a ser un hecho. Para garantizar el orden de sucesión, las diversas gentes en que estos car­ gos eran hereditarios, estaban facultadas para elegir sucesores entre sus propios miembros, para cuando ocurriese una vacante, como ya

 

se ha explicado. Para mayor salvaguardia de su propia entidad, cada sachem, después de la elección y confirmación, era investido del car­ go por el consejo de la confederación. Al quedar así instalado, su nombre le era quitado y se le daba el del cargo de sachem, siendo después conocido solamente por este nombre. Eran'todos iguales en rango, autoridad y privilegios.

 

Estos cargos de sachem eran distribuidos desigualmente entre las cinco tribus; pero sin que se diera a ninguna- preponderancia de auto­ ridad; y desigualmente entre las gentes de las tres últimas tribus. Los mohawks tenían nueve sachems; los oneidas, nueve; los onondagas, catorce; los cayugas, diez, y los sénecas, ocho. Fue éste el número

 

en el principio y ha subsistido hasta el tiempo presente. A conti­ nuación va un cuadro de estos cargos de sachem, con sus designacio­ nes en el dialecto séneca, y su ordenación en clases para facilitar la obtención de unanimidad en el consejo.

 

En la nota (67) se encontrará la significación de estas designacio­ nes y las gentes a que correspondían.

 

          Estos nombres tienen la siguiente significación: 1, Neutral o Escudo; 2. Hombre que peina; 3, Inagotable; 4, Habla Pequeña; 5, En las puntas; 6, En el Gran Río; 7, Arrastra sus Cuernos; 8, Ecuánime; 9, Cabalgando Cascabeles. Los sachems de la primera clase, pertenecían a la gens" Tortuga; los de la se­ gunda clase, a la gens" Lobo, y los de la tercera clase, a la gens" Oso.

 

10. Hombre Cargado; 11, Hombre cubierto de pelusa de cola de gato; 12, Claro en el Monte; 13. Cuerda Larga; 14, Dolorido de la Cabeza; 15, Tra­ gándose a sí mismo: 16, Sitio del Eco; 17, Mazo de Guerra en el Suelo; 18, Hombre que se da Vapor. Los sachems de la primera clase pertenecen a la "gens" Lobo; los de la segunda, gens" Tortuga, y los de la tercera a la gens" Oso; 19, Enredado, gens" Oso; 20. Que Vigila, gens Oso. Este sa­ chem y el anterior eran consejeros hereditarios del To-do-da-ho, y ambos ocupa­ ron los cargos de sachem más ilustres; 21. Cuerpo Amargo, gens Becasina; 22, gens" Tortuga; 23, este sachem era el custodio hereditario del wampum; gens" Lobo. 1, "gens" Ciervo; 2, id., id.; 3, gens" Tortuga; 4, gens" Oso; 5, Dando un vistazo, gens" Ciervo; 6, Boca Grande, gens" Tortuga; 7, Más allá del Arroyo, gens" Tortuga; 8. Hombre asustado, gens" Ciervo; 9, gens" Garza; 10, gens" Oso; 11, id., id.; 12 gens Oso; 13. No se pudo averiguar. 14, Muy frío, gens Tortuga; 15, gens Garza; 16, gens" Garza; 17, id., id.: 18, Lago Hermoso, gens" Tortuga; 19, Cielo Llano, gens" Becasina; 20, gens Tortuga; 21, Gran Frente, "gens" Gavilán; 22, Ayudante, "gens" Oso; 23, Día que cae, "gens" Becasina; 24, Se ha quemado el cabello, gens" Becasina; 25, Puerta Abierta, "gens" Lobo.

 

EA SOCIEDAD PRIM TOVA 135

 

Cuadro de los cargos de sachem de los iraqueses, fundados al ins­ tituirse la Confederación, con los nombres atribuidos a los sachems sucesivos, desde su fundación hasta el tiempo presente.

 

MOHAWKS

I. 1. Da-ga-e'-o-gá (1); 2. Há-yo-went -há (2); 3. Da-gá-no-we -dá (3).

 

          4. So-á-e-wáah (4); 5. Da-yoTio-go (5); 6. O-á-á go-wá (6).

 

III. 7. Da-an-no-gá'-e-neh (7); 8. Sá-da -gá-e-wa-deh (8); 9. Has-da-weh'-se-ont-ha (9).

 

ONEIDAS

I. 1. Ho-das -há-teh (10); 2. Ga-no-gweh'yo-do (11); 3. Da-yo-ha-gwen-da (12).

 

          4. So-no-sase (13); 5. To-no-á-ga -o (14); 6. Ha-de-á-dun-nent -há (15).

 

III. 7. Dá-wa-dá -o-dá-yo (16); 8. Ga-ne-a-dus ha-yeh (17); 9. Ho-wus -há-da-o (18).

 

ONONDAGAS(6)

I . 1. To-do-há-ho (19); 2. To-nes'-:se-ah; 3. Da-at-ga-dose (20).

 

          4. Ga-neá-da-je-waake (21); 5. Ah-v/á ga-yat (22); 6. Da-a-gat -gwa-e.

 

III. 7. Ho-no-we-ná -to (23).

IV. 8. Gá-vva-na san-do (1); 9. Há-e -ho (2); 10. Ho-yo-ne-á'-ne (3); 11. Sa-dá -kwá-seh (4).

 

V. 12. Sa-go-ga-há (5); 13. Ho-sa-há'-ho (6); 14. Ska-no -wxm-de (7).

 

CAYUGAS

 

L 1 .

3.

5.

          6.

8.

III. 9.

 

Da-gá-a-yo (8); 2. Da-je-no dá-weh-o (9);

Ga-dá -gwá-sa (10); 4. So-yo-wase   (11);

Há-de-ás -yo-no (12).

Da-yo-o-yogo (13), 7. Jote-ho-weh -ko (14);

De-a-wáte'-ho (15).

To-da-he-ho    (16); 10. Des-ga-heh (17).

 

LEWIS H. MORGAN

 

SÉNECAS

 

I. 1. Ga-ne-o-di -yo (IS); 2. Sá-dá-gá-o-yasc (19).

II. 3. Gá-no-gi -e (20); 4. Sa-geh -jo-wa (21).

          5. Sa-de-a-no -wus (22); 6. Nis-ha-ne-a'-nent (23).

IV. 7. Ga-no-go-e-da'-we (24); S. Do-ne-ho-ga-weh (26).

Dos de estos cargos de sachem se han llenado solamente una vez desde su creación. Ha-yo-went-ha y Da-ga-no-we -da consintieron en aceptar el cargo entre los mohawks, y que sus nombres se mantuvie­ ran en la lista, a condición de que después de su muerte los dos que­ darían siempre vacantes. Bajo estas condiciones fueron instalados

 

y la estipulación ha sido respetada hasta el día de hoy. En todos los consejos al investir los sachems, se pasa lista a sus nombres con los de los otros, como tributo de respeto a su memoria. Así, el Consejo

 

General se componía de solamente cuarenta y ocho miembros. Cada sachem tenía un sachem auxiliar, elegido por la g ens del titular de entre sus miembros, y quien era puesto en posesión con idénticas formas y ceremonias. Se le intitulaba ayudante . Era su deber en las ceremonias colocarse detrás de su superior, y hacer de mensajero suyo, y en general obedecer sus instrucciones. Esto dio al ayudante la función de jefe, con la probabilidad de ser elegido en reemplazo del titular a ía muerte de éste. En su lenguaje figurado estos ayudantes de los sachems se llamaban Tirantes de la Casa Larga , lo que simbolizaba la confederación.

 

Los nombres dados a los primeros sachems quedaron para sus sucesores a perpetuidad. Así, por ejemplo, a la muerte de Ga-ne-o-di -yo uno de los ocho sachems de los sénecas su sucesor sería elegido por la gens Tortuga, a la cual correspondía el cargo por de­ recho hereditario, y al ser investido por el consejo general recibiría este nombre en sustitución del propio como parte de la ceremonia.

 

En varias ocasiones distintas he asistido a los consejos en que se ungía a los sachems, tanto en las Reservas Onondaga, como en la Séneca, y

 

he sido testigo de las ceremonias referidas. Aunque hoy sólo existe una sombra de la antigua confederación, se halla, sin embargo, plena­ mente organizada, con la integridad de sus sachems y ayudantes, con excepción de la tribu mohawk, que se trasladó al Canadá, allá por el año 1775. Siempre que ocurre una vacante, el cargo se vuelve a lle­ nar, y el consejo general es convocado para investir a los nuevos sa­ chems y sus ayudantes. Los iroqueses de hoy se hallan perfectamente familiarizados con la estructura y principios de la antigua confede­ ración.

 

En todo lo relativo al gobierno de tribus, estas cinco eran inde­ pendientes entre sí. Sus territorios estaban delimitados por líneas fi­ jas, y eran distintos sus intereses de tribu. Los ocho sachems de los

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 187

 

sénecas, conjuntamente con los otros jefes de los mismos, constituían el consejo de la tribu, que administraba sus negocios, dejando a cada una de las otras tribus el mismo administrador sobre sus intereses par­ ticulares. Como organización, la confederación no debilita ni menos­ caba a la tribu. Cada una desarrollaba su vida vigorosa dentro de su esfera apropiada, presentando alguna analogía con nuestros propios estados dentro de la república que los comprende. Es digne de re­ cordar que ya en 1775, los iroqueses recomendaron a nuestros ante­ pasados una unión de las colonias a semejanza de la de ellos. Ellos vieron en los intereses comunes y en la lengua común de las diversas colonias los elementos para una confederación, que era hasta donde podía penetrar su vision.

 

Las tribus gozaban de entera igualdad en la confederación, en derechos, privilegios y obligaciones. Aquellas inmunidades especiales que eran concedidas a una u otra no representaban la intención de establecer un pacto desigual, o de otorgar privilegios desiguales. Exis­ tían preceptos orgánicos que aparentemente investían a tribus de­ terminadas de poderes superiores, como por ejemplo: a los onondagas

 

se les concedían catorce sachems y a los sénecas sólo ocho; y era natural que una delegación mayor de sachems influyera más en el consejo que una menor. Pero en este caso, no daba poder adicional, porque los sachems de cada tribu tenían voz igual para adoptar una decisión y para vetar a las otras. En el consejo, los acuerdos se toma­ ban,por tribu, y era esencial a todo acto de orden público la unani­ midad de pareceres. Los onondagas eran designados para Custodios

 

del Wampum y Custodios de la Brasa del Consejo , los mohawks, para Recaudadores de Tributos de tribus sometidas, y los sénecas

 

para Custodios de la Puerta de la Casa Larga. Éstas y algunas otras resoluciones obedecían a propósitos de beneficio común.

 

El principio de cohesión de la confederación no nacía exclusiva­ mente de los beneficios de una alianza de mutua defensa, sino que tenía raíces más hondas en el vínculo del parentesco. Ostensiblemente la confederación descansaba sobre las tribus, pero con primacía, sobre las gentes comunes. Todos los miembros ae una misma gens, fuesen mohawks, oneídas, onondagas, cayugas o sénecas, eran herma­ nos y hermanas entre sí, en virtud de que descendían de un antepasa­ do común; y así se reconocían entre ellos con suma cordialidad. Al encontrarse, lo primero que preguntaban era el nombre de la gens

 

de cada uno, y en seguida el linaje inmediato de los respectivos sa­ chems; después de lo cual, bajo su peculiar sistema de consanguinidad podían (68) determinar el parentesco que existía entre ellos. Tres de

 

(68) Los hijos de hermanos, son hermanos y hermanas entre sí; los hijos

de éstos también lo eran entre sí, y así descendiendo indefinidamente; cosa idén­ tica sucedía respecto a los hijos y descendientes de hermanas. Los hijos de un

 

LEWIS H. MORCAN

 

las gentes, a saber: Lobo, Oso y Tortuga, eran comunes a las cinco tribus; éstas y otras tres eran comunes a tres tribus. En efecto, la gens Lobo, por la subdivisión de una tribu originaria en cinco tribus, contaba con cinco divisiones de las que había una en cada tribu. Pa­ saba otro tanto con la gens Oso y Tortuga.

 

Las gentes Ciervo, Becasina y Gavilán eran comunes a los sé­ necas, cayugas y onondagas. No obstante hablar diferentes dialectos de una misma lengua, subsistía entre las partes disgregadas de cada gens una vinculación de fraternidad que unía a las naciones con la­ zos indisolubles. Cuando un mohawk de la gens Lobo reconocía como hermano a uno de la misma gens, de los oneidas, onondagas, séne­ cas o cayugas, y cuando procedían de idéntica manera los miembros

 

de otras gentes divididas, el parentesco no era meramente ideal, sino un hecho basado en la consanguinidad y en la fe de un linaje cierto, más antiguo que sus dialectos y coetáneo de su unión como un solo pueblo. Para el criterio de un iroqués, todo miembro de su propia gens, de la tribu que fuese, era tan ciertamente su pariente como podia serlo su propio hermano. Este parentesco cruzado entre perso­ nas de la misma gens de tribus diferentes, se conserva y reconoce aun hoy entre ellos con todo su vigor primitivo.

 

Así se explica la tenacidad con que se mantienen vinculados los restos de la antigua confederación. Si alguna de las cinco tribus se hubiese separado de la confederación, con ello hubiera roto el vínculo de parentesco, por más que el golpe fuera poco sensible. Pero si hu­ biesen chocado entre ellas, esto hubiera puesto en lucha a la gens Lobo con su parentela gentilicia'. Oso contra Oso; en una palabra, hermano contra hermano. La historia de los iraqueses comprueba la realidad, así como la persistencia del vínculo de parentesco y la fi­ delidad con que fue respetado. A través del largo período que perdu­ ró la confederación, jamás cayeron en la anarquía ni sufrió ruptura alguna la organización.

 

La Casa Larga (Ho-de -no-sote) hacía de símbolo de la confe­ deración, y se llamaban: Pueblo de la Casa Larga -Ho-de -no-sau-nee). Éste era el nombre, y el único, con que se distinguían ellos mis­ mos. La confederación produjo una sociedad gentilicia más compleia que la de una sola tribu. Era, empero, una etapa de progreso hacia la nación, porque la nacionalidad se alcanza bajo instituciones gentili­ cias. La fusión es la última etapa de este proceso. Las cuatro tribus atenienses se unieron en el Ática en una nación, por el cruzamiento de

 

tribus en la misma zona, y la gradual desaparición de límites geográ-

 

hermano y hermana, son primos: ¡os hijos de éstos son primos, y así descen­ diendo indefinidamente. Nunca se pierde el conocimiento del parentesco entre los miembros de una misma gens .

 

LA SOCIEDAD PBIMmVA 189

 

fíeos entre ellas. Quedaron, como antes, en plena vitalidad, los nom­ bres y las organizaciones en tribus, pero sin la base de un territorio independiente. Cuando se instituyó la sociedad política a base del demos o pueblo y todos los residentes de éste constituyeron un cuerpo político, sin distinción de gens o tribu, la unión quedó perfeccionada. La unión de las gentes latinas y sabinas en el pueblo y la nación romana, fue resultado de los mismos procesos. En todos por igual,

 

la gens, fratría y tribu fueron las tres primeras etapas de la orga­ nización. Siguió la confederación en cuarto lugar. Pero no se puede demostrar que hubiese sido algo más que una débil liga para objetos ofensivos y defensivos, entre las tribus griegas o entre las latinas, del período posterior de la barbarie. Nuestros conocimientos de los de­ talles de la organización de las confederaciones griega y latina son limitados e imperfectos, porque los hechos yacen enterrados en las lobregueces del período de lo fabuloso. El proceso de fusión surge

en la sociedad gentilicia más tarde queja confederación; pero era un paso necesario y vital, merced al cual se había de alcanzar, al fin, la nación, el estado y la sociedad política. Entre las tribus iroquesas no se había producido.

 

El valle de Onondaga, como asiento de la tribu central y el lugar donde se presumía que la Brasa del Consejo ardía eternamente, era

 

el sitio usual, aun cuando no el exclusivo, para la celebración de los consejos de la confederación. En. los tiempos antiguos era convocado en el otoño de cada año; pero exigencias de orden público solían imponer mayor frecuencia en sus reuniones. Cada tribu tenía facultad para convocar el consejo, y señalar la fecha y lugar de reunión en la Casa del Consejo de cualquiera de las tribus, si las circunstancias aconsejaban un cambio respecto al local usual de Onondaga. Pero el Consejo no tenía facultad para convocarse él mismo.

En su origen el objeto principal del consejo era el de investir los sachems a fin de llenar vacantes en el cuerpo gubernativo, provenien­ tes de fallecimientos o deposiciones, pero también diligenciaba todos los otros asimtos que interesaban al bien común. Con el transcurso del tiempo, multiplicándose en número y con la ampliación de sus relaciones con tribus extranjeras, el consejo vino a ofrecer tres carac­ teres distintos: civil, fúnebre y religioso. El primero declaraba la guerra y celebraba la paz, enviaba y recibía embajadas, celebraba tratados con tribus extranjeras, reglamentaba los asuntos de tribus so­ juzgadas y dictaba todas las medidas necesarias para fomentar el bienestar general. El segundo investía sachems y los ponía en po­ sesión del cargo. Recibía el nombre de Consejo Fúnebre, porque la primera de sus ceremonias era una lamentación por el jefe extinto, cuya vacante se debía llenar. El tercero se convocaba para la ob­ servancia de un festival religioso de carácter general. Servía de oca­ sión para que las tribus confederadas se reunieran, bajo los auspi-

 

IXWISH.MORGAN

 

oíos de un consejo general, en la práctica de ritos religiosos comu­ nes. Pero como en el consejo fúnebre se observaban muchas de las mismas ceremonias, con el tiempo vino a servir para ambos. Es hoy el único consejo que celebran, puesto que los poderes civiles de la

 

confederación se extinguieron con la supremacía del Estado sobre ésta.

 

Es necesario exponer algunos de los pormenores referentes al sistema de tramitación de los negocios en los consejos civil y fúne­ bre. De ninguna otra manera se podría ilustrar tan brevemente la condición arcaica de la sociedad bajo instituciones gentilicias.

 

Si alguna tribu extranjera iniciaba una negociación ante la con­ federación, podía procederse por intermedio de cualquiera de las cinco tribus. Era prerrogativa del consejo de la tribu interpelada de­ terminar si el asunto era de suficiente importancia como para con­ vocar el consejo de la confederación. Obtenida una contestación afirmativa, se enviaba un heraldo a la tribu más próxima en ubica­ ción, al oriente y al occidente, con un cinto de wampum que conte­ nía un mensaje en el sentido de que sería celebrado un consejo civil (Ho-de-os -seh) en tal lugar y fecha, y para tal objeto, especificán­ dose cada uno de estos detalles.

La tribu que recibía el mensaje tenía el deber de transmitirlo

 

a la tribu que le seguía en ubicación, hasta tanto la notificación que­ dara cumplida (69). No se reunía nunca un consejo, salvo que fuera convocado en la forma prescripta.

 

          Un consejo civil, que podía ser convocado por cualquiera de Jas na­ ciones, habinialmente era llamado y abierto de la siguiente manera: Si, por ejemplo, los onondagas hacían el llamado, enviaban heraldos a los oneidas. al oriente, y a los cayugas al occidente, con cintos conteniendo una invitación para que se reunieran en el bosque del consejo de onondagas, en tal día de tal luna, para los objetos que también se determinaban. Sería entonces obli­ gación de los cayugas enviar el mismo mensaje a los sénecas, y de los oneidas notificar a los mohawks. Si el consejo debía reunirse con propósitos de paz. entonces cada sachem debía traer consigo un haz de cedro blanco, emblema

 

de la paz; y si con propósitos de guerra, entonces los haces debían ser de ce­ dro rojo, emblema de guerra.

 

El día señalado los sachems de las diversas naciones, con su gente, que or­ dinariamente llegaban uno o dos días antes y permanecía acampada a cierta distancia, eran recibidos en forma por los sachems onondagas a! salir el sol. Se ponían en marcha en procesiones separadas, cada uno con su manto de pieles y su haz de leños, desde sus campamentos hasta el Bosque del Consejo, donde los aguardaban los sachems onondagas con una concurrencia de gente. Luego los sachems formaban círculo, ocupando el centro un sachem onondaga, que había sido designado maestro de ceremonias: A una señal giraban rompiendo la marcha hacia el norte. Puede observarse aquí que el borde del círculo, hacia

 

el norte, es designado el lado frío" (o-tó-wa-ga); el del oeste, el costado hacia el sol poniente" (ha-ga-kwas-gwa); el del sur, el costado del sol alto (en-de-ih'-kwa), y el del este el costado del sol naciente" (t ka-gwit-has-gwa). Después de dar vuelta tres veces en círculo en una sola fila, estando juntos los dos extremos de la columna, el primero se detenia delante del costado del sol na-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 191

 

Cuando los sachems se reunían en consejo, en el día y lugar se­ ñalados, cumplidas las ceremonias de ritual, se ordenaban en dos divisiones, sentándose en lados opuestos a la hoguera. De un lado estaban los sachems de los mohawks, onondagas y sénecas. En el consejo, las tribus que ellos representaban eran tribus hermanas entre sí y tribus paternas respecto a las otras dos. Del mismo modo sus sachems eran .hermanos entre sí y padres de los del frente opues­ to. Constituían uña fratría de tribus y sachems, por una extensión del principio que unía a las gentes en una fratría. Del lado opuesto a la hoguera se hallaban los sachems oneidas y cayugas, y en una época posterior, los tuscaroras. Las tribus que representaban eran

 

tribus hermanas entre sí e hijas de las tres opuestas. Sus sachems también eran hermanos entre sí e hijos de los del lado opuesto. Constituían una segunda fratría de tribus. Como los oneidas eran una subdivisión de los mohawks, y los cayugas una subdivisión de los onondagas o sénecas, eran en realidad tribus menores; de ahí su relación de mayores y menores y la aplicación del principio de fratría. Cuando en el consejo se nombraba a las tribus, los mohawks, por primacía, eran nombrados en primer término. Su epíteto de tribu era El Escudo (Da-ga-e-o -da). Les seguían los onondagas con el

 

cíente y depositaba delante de sí su haz de leños. Le imitaban los demás, uno por uno. siguiendo por el norte, formando así un círculo interior de haces. Después de esto, cada sachem extendía su manto de pieles en el mismo orden, y se sentaba encima, con Las piernas cruzadas, detrás de su haz de leños, y a sus espaldas, de pie. permanecía su sa'cbem ayudante. Después de una pausa de tiem­ po, el maestro de ceremonias extraía de su bolsa dos pedazos de leña seca y un trozo de yesca, con les que procedía a obtener fuego por fricción. Cuando conse­ guía esto, penetraba dentro del círculo y prendía fuego a su propio haz. y luego a los demás en el orden de su colocación. Una vez que estaban bien encendi­ dos y a una señal' del maestro de ceremonias, los sachems se ponían de pie y giraban tres veces alrededor de! círculo de fuego, siguiendo, como antes por e! norte. Cada uno daba vueltas de tiempo en tiempo, a fin de exponer todas

las partes de su cuerpo a la influencia calorífera del fuego. Esto significaba

que ellos avivaban sus afectos unos por los otros a fin de poder despachar los

asuncos del consejo en buena armonía y unión. Luego se volvían a sentar, cada

uno encima de su manto. El maestro de ceremonias volvía a ponerse de pie,

cargaba y encendía la pipa de La paz en su propio fuego. Dando tres boca­

nadas, una tras Otra, expelía la primera hacia el cénit, la segunda hacia el sue­

lo, y la tercera bada el sol. Por la primera rendía gradas al Gran Espíritu por

haberle conservado la vida durante el año transcurrido y permitido que estuviese

presente en este consejo. Por la segunda, daba gracias a su madre, la Tierra,

por los variados productos que habían contribuido a su sostén. Y por la tercera

rendía gracias al sol, por su luz que nunca falta, alumbrando siempre a todos.

No se pronunciaban palabras, pero ésta era la significadón de los actos

mismos. Pasaba la pipa al primero a su derecha hacía el norte, quien repetía las

ceremonias, pasando después al siguiente, y así hasta completar el Círculo de

fuego. La ceremonia de fumar el calumet significaba también que se comprome­

tían entre ellos con su fe, su amistad y su honor.

Estas ceremonias daban por inidado el consejo, declarándose que ya estaba listo para tratar los negodos que habían motivado la convocatoria.

 

192 LEWIS H. MORGAN

epíteto Porta Nombre" (Ho-de-san-no -ge-ta), porque ellos habían sido ios designados para elegir y nombrar los cincuenta primeros sachems (70). Venían luego, por orden de procedencia, los sénecas, con el epíteto de Custodio de la Puerta (Ho-nan-ne-ho -onte). Eran ellos los custodios perpetuos de la puerta occidental de la Casa Larga. Los oneidas, llamados Árbol Grande" (Ne-ar'-de -on-dar -go-war), y los cayugas con el epíteto de Gran Pipa" (Somus -ho-gwar-to-war), eran llamados en cuarto y quinto lugar. Los tuscaroras, que fueron incorporados a la confederación en una época posterior, eran llamados en último término, y carecían de epíteto distintivo. En la sociedad antigua, estos procedimientos tenían una importan­ cia mayor de lo que se supone a primera vista.

 

Era costumbre de que una tribu extranjera fuese representada en el consejo por una delegación de hombres sabios y jefes, que traían su proposición y la presentaban personalmente. Una vez abier­ to formalmente el consejo y presentada la delegación, uno de los sachems pronunciaba una breve oración, en la que daba gracias al Gran Espíritu por haberles conservado la vida y permitido que se

 

reunieran, después de lo cual anunciaba a la delegación que el con­ sejo estaba pronto para escucharlos acerca del asunto que había mo­ tivado la convocatoria. Uno de los delegados presentaba en forma su proposición, apoyándola con los argumentos de que dispusiera. Los miembros del consejo escuchaban con atención a fin de darse cuenta clara del asunto en trámite.

Terminada la exposición, la delegación se retiraba del consejo

 

para aguardar a la distancia el resultado de sus deliberaciones. Los sachems debían entonces ponerse de acuerdo sobre la contestación,

 

a base del procedimiento ordinario de debate y consulta. Acordada la decisión, se designaba un orador para comunicarla al consejo y se llamaba de nuevo a la delegación para hacérsela conocer. Por lo regular, el orador era designado de entre la tribu a cuya instancia había sido convocado el consejo. Era costumbre que él pasara revis­ ta a todo el asunto, en un discurso formal, en cuyo curso anunciaba la aceptación integral o parcial de la propuesta, o su rechazo, con las razones que lo motivaban. Cuando se llegaba a un convenio se canjeaban cintos de wampum como testimonio de sus acuerdos. Con estos procedimientos se clausuraba el consejo.

Este cinto guarda mis palabras , era expresión común de un

 

jefe iroqués en el consejo. Luego hacía entrega del cinto como tes­ timonio de lo dicho. En el curso de una negociación se entregarían varios de estos cintos a la parte opuesta. Al contestar, ésta devol-

 

(70) La tradición reza que los ooondagas delegaron a un bombre-sabio

que visitara los territorios de las tribus y escogiera y nombrara los nuevos sa­ chems según las circunstancias lo aconsejaran; lo que explica la distribución dis­ pareja de los cargos entre las diversas tribus.

 

LASOCIEDADPRIMITIVAT9-

 

vería un cinto por cada proposición aceptada. Los iroqueses com­ prendían la necesidad de alguna forma de registro preciso de una propuesta cuya ejecución comprometía su fe y honor, e ingeniaron este método para ponerlo fuera de discusión.

La unanimidad entre los sachems era exigida para toda cuestión

 

de orden público, y era esencial para la validez de todo acto de esa naturaleza. Era ley fundamental de la confederación (71). Adopta­ ron un sistema para indagar las opiniones de los miembros del con­ sejo, que hacían innecesaria la votación. Por otra parte, ignoraban por completo el principio de las mayorías y minorías en la activi­ dad de los consejos. En el consejo votaban por tribus y los sachems de cada tribu debían estar de acuerdo para llegar a una decisión. Reconociendo como principio necesario la unanimidad, los fun­ dadores de la confederación dividieron los sachems de cada tribu en clases, como medio para lograrla. A ningún sachem le era permitido expresar en el consejo una opinión respecto al carácter del voto sin antes haber convenido con el sachem o los sachems de su clase acer­ ca de la opinión a exponer y haber sido designado informante de

 

su clase. Así, los ocho sachems sénecas, constituyendo cuatro clases, sólo podían tener cuatro opiniones, y contando el mismo número de clases los diez sachems cayugas, también sólo tenían cuatro opinio­ nes. De esta manera, los sachems de cada clase debían primero estar acordes entre ellos. Luego se realizaba la consulta entre los cuatro sachems designados para hablar en nombre de las cuatro clases; y cuando se habían puesto de acuerdo, designaban a uno de entre ellos para exponer la opinión resultan-te, que era la contestación de la tribu.

 

Cuando por este ingenioso medio los sachems de las diversas tribus habían adoptado separadamente un parecer, restaba compa­

 

rar los diversos dictámenes, y si estaban acordes quedaba hecha la decisión del consejo. Si no lograban ponerse de acuerdo, la propues­ ta era rechazada, y el consejo levantaba su sesión. Las cinco perso­ nas designadas para expresar la decisión de las cinco tribus posible­ mente expliquen la designación y funciones de los seis electores, así llamados en la confederación azteca, de que se tratará en otra parte. Mediante este sistema de llegar al acuerdo, se reconocía y man-

 

(71) En los comienzos de la revolución americana, los iroqueses no pu­

dieron convenir en una declaración de guerra contra nuestra confederación, por falta de unanimidad en el consejo. Varios de los sachems oneidas la resistieron y finalmente rehusaron su consentimiento. Siendo imposible la neutralidad con los mohawks y sénecas resueltos a luchar, convino que cada tribu podía ir a

 

la guerra o permanecer neutral bajo su propia responsabilidad. Las guerras con­ tra los enes, contra las naciones neutrales y contra ios susquehannocks, y las diversas guerras contra los franceses, fueron resueltas en consejo general. Nues­ tros registros coloniales se hallan llenos de negociaciones con la confederación iroquesa.

 

194 LEWIS H. MORCAN

 

tenía la igualdad e independencia de las diversas tribus. Si algún sachem era terco o poco razonable, se trataba de convencerlo senti­ mentalmente, lográndose su adhesión en una forma que poc.as ve­ ces le resultaba un inconveniente o una molestia el haberse someti­ do. Cuando hubiese fracasado todo intento de llegar a la unanimi­ dad, se dejaba de lado el asunto, pues era imposible toda otra solu­ ción.

La investidura de nuevos sachems era un acontecimiento de sumo

interés para el pueblo, y no menos para los primeros, que así rete­

nían algún contralor sobre la introducción de nuevos miembros en

su cuerpo. El Consejo General fue originariamente instituido para

cumplir la función de investir            los sachems. Se le dio en ese tiem­

po, o más adelante, el nombre de Consejo Fúnebre (Hen-mm-do-

nuh -seh), porque comprendía el doble objeto de lamentar la muer­

te del sachem extinto e instalar a su sucesor. A la muerte de un sa-

1 ' 'T 1 '           ¦ J         ;ho para convocar un

 

un heraldo con un cinto de wampum, generalmente el cinto oficial que había sido dado al sachem finado en su instalación, el que con­ tenía el mensaje lacónico: El nombre (citando el del extinto ¦efe) j llama a Consejo." También anunciaba el día y lugar de la convo­ catoria. En algunos casos el cinto oficial del sachem era enviado al fuego del consejo central en Onondaga, inmediatamente después

 

del entierro del extinto, como notificación de su fallecimiento, y más tarde se fijaba la fecha para la convocatoria del consejo.

 

El consejo fúnebre con las festividades que seguían a la inves­ tidura de los sachem ejercía una notable atracción en los iroqueses. Se venían en tropel desde las localidades más alejadas, llenos de celo y entusiasmo. El consejo era abierto y llevado con muchas prác­ ticas y ceremonias y por lo regular duraba cinco días. El primer día se dedicaba a lamentaciones de ritual por el extinto sachem, lo que, como acto religioso, comenzaba con la salida del sol. A esa hora, los sachems de la tribu donde se celebraba el consejo, acompañados de

 

su gente, salían a recibir a los sachems y gente de las otras tribus que habían llegado antes, y permanecían acampados a cierta dis­ tancia, a la espera del día señalado. Luego de cambiar saludos, se formaba una procesión, y las lamentaciones eran cantadas en verso, con responsos, por las tribus unidas, marchando del lugar del en­ cuentro al del consejo. Las lamentaciones, con responsos en coro, eran tributo de respeto al finado sachem, en el que participaban

 

no solamente su gens y su tribu, sino también la confederación misma.

 

Por cierto que era un testimonio de homenaje y cariño más deli­ cado que el que se podía esperar de un pueblo bárbaro. Este cere­ monial, con la apertura del consejo, daba término a los actos del

 

reunión. Se enviaba

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 195

 

primer día. En el segundo día se daba comienzo a las ceremonias de instalación, que habitualmente se prolongaban hasta el cuarto día. Los sachems de las diversas tribus se sentaban en dos divisiones, tal como en el Consejo Civil. Cuando el sachem a investir pertenecía a alguna de las tribus mayores, el ceremonial era cumplido por los sachems de las tribus menores y el nuevo sachem era instalado

 

como padre. De idéntico modo, si pertenecía a alguna de las tres tribus menores, el ceremonial correspondía a los sachems de las mayores, y el nuevo sachem era instalado como hijo. Se citan estas circunstancias especiales para señalar el carácter peculiar de su vida gubernamental y social. Para los iroqueses estas formas y este len­ guaje 'figurado estaban preñados de significado.

 

Entre otras cosas, los antiguos cintos de wampum, ante los cua­ les habían sido hablados , según su expresión, los principios y estructuras de la confederación, eran sacados a luz y leídos o inter­ pretados para instrucción del nuevo sachem. Un hombre sabio , no necesariamente uno de los sachems, tomaba estos cintos, uno des­ pués de otro, y, paseándose entre las dos divisiones de los sachems, leía en ellos los hechos que registraban. Según el concepto indio, estos cintos, por medio de un intérprete, pueden dar a conocer la regla precisa, precepto o transacción, que les hubiese sido "dicho en la época, y de los que ellos eran el registro único. Una trenza de wampum consistente en hileras de cuentas de concha blancas y púr­ puras, o bien un cinto tejido con figuras formadas por cuentas de diferentes colores, representaban por asociación un hecho particu­ lar con una hilera o figura particular, dando así un orden seriado a los hechos, como también fidelidad a la memoria. Estos cintos y trenzas de wampúm eran los únicos registros visibles de los iroque­ ses; pero ellos exigían intérpretes instruidos para extraer de sus hi­ leras y figuras los hechos encerrados en su recuerdo.

Uno de los sachems onondagas (Ho-no:we-na -to) era designado

Custodio del Wampum , y junto con él eran investidos dos ayu­ dantes, quienes debían estar tan versados en la interpretación como el sachem titular. En el discurso del hombre sabio, la interpretación de estos cintos y trenzas daba cuenta cronológica de los sucesos en la formación de la confederación. La tradición era reproducida en pleno, robusteciéndose sus partes esenciales con referencias a los registros contenidos en los cintos. Así el consejo para investir sa­ chems vino a ser un consejo de enseñanza, que mantenía eterna­ mente fresca en la memoria de los iroqueses la estructura v prin­ cipios de la confederación, como también la historia de su crea­ ción. Estos actos duraban hasta el mediodía de cada día, dedicán­ dose la tarde a juegos y distracciones. Cada atardecer se servía la comida en común, de lo que participaba la totalidad de los presen­ tes. Se componía, de caldo y carne hervida, preparada cerca de la

 

196 LEWIS H. MORGAN

 

casa del consejo, y servida directamente de la olla en tazas, fuentes y cucharones de madera. La fiesta comenzaba con una acción de

 

gracias. Era ésta una exclamación prolongada, de una sola persona, en un tono alto y agudo, que bajaba en cadencias hasta el silencio, seguida de responsos por todo el pueblo en coro. Las noches se des­ tinaban a las danzas. Con estas ceremonias continuadas durante va­ rios días, y con las festividades que las acompañan, se realizaba la investidura de los sachems.

 

Al investir a los sachems de sus cargos por medio de un consejo general, los autores de la confederación tuvieron en vista varios fi­ nes: la perpetua sucesión de los sachems; los beneficios de una elec­ ción libre entre sus miembros y una fiscalización final de la elección merced a la ceremonia de la investidura. Para que aquélla hiera po­ sitiva, debía comportar el derecho de rechazar al designado. Si el derecho de investidura era puramente funcional, o bien si compren­ día el derecho de excluir, es cuestión que no podría yo dilucidar. No se cita ningún caso de rechazo. El sistema adoptado por los iro-

queses para conservar un cuerpo gubernativo de sachems puede,

bajo varios conceptos, reclamar el mérito de originalidad, como así

de adaptación a su estado. En su forma era. raía oligarquía en el

mejor sentido del término; pero era asimismo una democracia re­

presentativa de tipo arcaico. Todo el organismo estaba compenetra­

do de un poderoso elemento popular, que influía en su acción Se le

comprueba en el derecho de las gentes de elegir y. deponer sus

sachems y jefes, en el derecho del pueblo a ser oído en el consejo

mediante oradores de su propia elección, y en el sistema volunta­

 

rio de servicio militar. En éste y en el siguiente período étnico, los principios democráticos eran el elemento vital de la sociedad gen­ tilicia.

 

El nombre iroqués de sachem (Ho-yar-na-go'-war), -que significa

un consejero del pueblo , era singularmente apropiado para el go­ bernante ae una especie de democracia Ubre. No sólo define bien el cargo, sino que también sugiere la designación análoga de los miem­ bros del consejo de jefes griegos, Los jefes griegos eran designados concejales del pueblo (72). Dada lá naturaleza y carácter de la tenencia del cargo entre los iroqueses, los sachems no eran señores con mando por derecho propio, sino representantes delegados de

 

las gentes por elección libre. Es digno de notar que un cargo origi­ nado en el salvajismo y continuado durante los tres subperíodos de la barbarie descubriera tanto de su carácter arcaico entre los grie­ gos, después que la organización gentilicia hubo llevado a esta parte de la familia humana hasta los confines de la civilización. De-

 

          E s q u ilo :  The Seven against Thebes , 1005.

 

X-A SOCIEDAD PRIMITIVA 197

 

muestra también qué hondas raíces había echado el principio de )a democracia en la mente humana, bajo la institución gentilicia. El nombre para un jefe de segunda categoría (Ha-sa-no-wa-na), "un nombre elevado , indica en los bárbaros una justa estimación de los motivos ordinarios de la ambición personal. También revela la identidad de la naturaleza del hombre, ya esté muy arriba o muy abajo en los peldaños de la escala del progreso. Los oradores céle­ bres, los hombres sabios y los jefes de guerra de los iroqueses fue­ ron, casi sin excepción, jefes de segunda categoría. Una efe las razo­ nes para ello puede hallarse en el precepto orgánico que limitaba los deberes del sachem a los negocios de la paz. Otra pudo haber sido la de excluir del cuerpo gobernante a los hombres más hábiles, para evitar que sus miras ambiciosas perturbaran su acción. Como

 

el oficio de jefe era otorgado como premio al mérito, recaía necesa­ riamente en sus hombres más hábiles.

 

Red-Jacket, Brandt, Garangula, Complanter, Farmer's Brother, Frost, Johnson y otros iroqueses bien conocidos eran jefes en con­ traposición a sachems. En los anales americanos ninguna de las lar­ gas sucesiones de sachems se ha distinguido, con excepción de I o-gan (73), Lago Hermoso (74), y, en una fecha reciente, Ely S. Par­ ker (75).

 

Los demás no han dejado más recuerdo suyo que el que puede existir entre los iroqueses mismos.

 

En la época de la organización de la confederación, To-do-da'-ho era el más destacado e influyente de los jefes onondagas. Fue mira­ da como altamente meritoria' su adhesión a un plan de confedera­ ción según el cual él experimentaría disminución en el poder. Fue investido como uno de los sachems onondagas y su nombre coloca­

 

do primero en la lista. Fueron investidos con él dos sachems ayu­ dantes que serían sus auxiliares y debían situarse de pie a sus espal­ das en los actos públicos. Así dignificado, este cargo de sachem es desde entonces mirado por los iroqueses como el más ilustre de los cuarenta y ocho, en mérito de los servicios prestados por el primer To-do-da -ho. Esta circunstancia fue aprovechada tempranamente

 

por los investigadores de la colonización para juzgar a la persona que desempeñaba el cargo como rey de los iroqueses; pero el error fue refutado, y las instituciones iroquesas se libraron de una carga imposible. En el Consejo General se sentaba con sus iguales. La Confederación no tenía un magistrado ejecutivo principal.

 

Bajo la confederación de las tribus aparece, por primera vez, el cargo de general (Hos-ga-a-geh -da-go-wa) Gran Soldado de Gue-

          Uno de los sachems cayugas.

          Uno de los sachems sénecas, y fundador del Nuevo Culto de los iio-queses.

 

          U n o de los sachems sénecas.

 

IJSWTS H . MORGAN

 

rra . Ahora ocurrirían casos en que las diversas tribus en su capaci­ dad confederada se hallarían en guerra y se haría sentir la necesi­ dad de un comandante general para dirigir la acción de las bandas unidas. La introducción de este cargo como elemento permanente

 

del gobierno fue un gran acontecimiento en la historia del progreso humano. Fue el comienzo de la diferenciación del poder militar del civil, la que una vez cumplida cambió esencialmente las manifes­ taciones externas del gobierno.

Pero aun en etapas posteriores de progreso, cuando predominaba

 

el espíritu militar, el carácter esencial del gobierno no sufrió altera­ ción.. El gentilismo detenía a la usurpación. Con el advenimiento del cargó de general, el gobierno gradualmente se transformó de go­ bierno de un solo poder en gobierno de dos poderes. En el curso

del tiempo, las funciones de gobierno se coordinaron entre los dos.

Este nuevo cargo fue el germen del de magistrado ejecutivo princi­

pal, pues del general salió el rey, el emperador y el presidente, como

en otro lugar se ha dicho ya. El cargo fue engendrado por las nece­

sidades militares de una sociedad, y tuvo su desenvorvimíento ló­

gico. Es por esta razón que su primera aparición y subsiguiente cre­

cimiento ocupan un lugar importante -en este estudio. En el curso

del presente trabajo intentaré señalar el desenvolvimiento progresi­

vo de este cargo, desde el "Gran Soldado de Guerra" de los iroque-

ses, y el Teuctli de los aztecas, hasta el Basileus de los griegos, y el

Rex de las tribus latinas; entre todos los cuales, a través de tres pe­

ríodos étnicos sucesivos, el cargo fue el mismo, a saber: el de gene­

ral de una democracia militar.

Entre los iroqueses, los aztecas y los romanos, el cargo era elec­

 

tivo y confirmativo por un electorado. Presuntivamente fue lo mismo entre los griegos del período tradicional. Se sostiene que entre las tribus griegas del período homérico, el oficio de Basileus era here­ ditario de padre a nijo. Pero esto es dudoso. Significa un alejamien­ to tan grande y definitivo de la tenencia originaria del cargo, que exige testimonios positivos que comprueben el hecho. Bajo las ins­ tituciones gentilicias todavía se requeriría una elección o confirma­ ción por un cuerpo electoral. Si en numerosos casos se supiese que el oficio había pasado de padre a hijo, esto podría dar pie a la de­ ducción de una sucesión hereditaria, que hoy se acepta como verdad histórica, siendo así que la sucesión en esta forma no existía. Des­ graciadamente falta por completo el conocimiento íntimo de la or­ ganización y usos sociales en el período tradicional. Los grandes principios de la acción humana ofrecen la guía más segura, cuando

 

su intervención debe haber sido necesaria. Es lo más probable que la sucesión hereditaria, cuando recién apareció, fuera impuesta por la fuerza y no por consentimiento libre del pueblo, y que no existió entre las tribus griegas del período homérico.

 

LA SOCIEDAD p r i m it iv a 199

 

Al formarse la confederación iroquesa, o poco tiempo después, fueron creadas y llenadas dos jefaturas de guerra permanentes, y ambas fueron destinadas a la tribu séneca. Una de ellas, Ta-wan-ne-ars, que significa el que quiebra agujas , se hizo hereditaria en la gens Lobo, y la otra, So-no-so-wa, que significa la gran concha de ostra , en la gens Tortuga. La razón dada para asignar ambas a los sénecas consistía en el mayor peligro de ataque por la frontera occidental de sus territorios. Eran elegidos en la misma forma que los sachems, investidos por un Consejo General, y de igual rango y poder. Según otra crónica, ambas jefaturas fueron creadas más tarde. Inmediatamente después de organizada la confederación des­ cubrieron que la estructura de la Casa Larga era incompleta, por­ que no había funcionarios para cumplir las órdenes militares de aquélla. Fue convocado un consejo para remediar la falta, el que creó las citadas dos jefaturas militares perpetuas. En su calidad de comandantes generales tenían a su cargo los asuntos militares de la confederación y el comando de sus fuerzas unidas en las expedicio­ nes comunes.

El gobernador Blacksnake,- fallecido recientemente, desempeña­

ba la primera de esas jefaturas, demostrando así que la sucesión se había cumplido regularmente. La creación de dos jefaturas mili­ tares principales en vez de una sola, y con poderes iguales, eviden­ cia una política sutil y calculadora, para evitar el predominio de un hombre único aun en los asuntos militares. Procedieron sin expe­ riencia ' precisamente como lo hicieron los romanos, al crear dos cónsules en lugar de uno solo, después de haber abolido el oficio de rex. Con dos cónsules se mantendría el equilibrio del poder militar entre ambos, evitando que cualquiera de ellos se hiciera supremo. Entre los iroqueses el oficio jamás se hizo influyente.

En la etnografía india los asuntos de importancia principal son

 

la gens, la fratría, la tribu y la confederación. Ellos muestran la or­ ganización de la sociedad. Les sigue la tenencia y funciones de los cargos de sachem y de jefe, las funciones del consejo de jefes v la tenencia y funciones del oficio de jefe principal de guerra. Cuando éstos hayan sido indagados, será conocida la estructu­

 

ra y principios de su régimen de gobierno. Completará el cuadro el conocimiento de sus usos y costumbres, de sus artes e invenciones y de su plan de vida. En la obra de los investigadores americanos muy poca atención ha sido dedicada a lo primero. Ofrecen todavía

 

campo fértil para cosechar muchos antecedentes. Nuestros conoci­ mientos, por ahora generales, debieran ser más minuciosos y com­ parados.

 

Las tribus indias del estadio inferior y del medio de la barbarie representan dos de las grandes etapas en el progreso del salvajismo hasta la civilización. Nuestros propios remotos antepasados pasaron

 

LEWIS H . MORGAN

 

a través de los mismos estadios, unos tras otros, y apenas puede dudarse que hayan poseído instituciones idénticas o similares y muchas de las mismas costumbres y usos. Por poco que nos inte­ resen personalmente los indios americanos, la experiencia suva nos toca de cerca-, como ejemplificación de una experiencia de nuestros propios ascendientes. Nuestras instituciones primarias están arraiga­ das en una sociedad gentilicia anterior en la que la gens, la fratría y la tribu constituían la serie orgánica, y en la que el consejo de jefes era el instrumento de gobierno. Los fenómenos de su antigua socie­ dad deben haber presentado muchos puntos de contacto con los de

 

las tribus iroquesas y otras tribus indias. Este aspecto del asunto añade un interés más al estudio comparado de las instituciones hu­ manas.

 

La confederación iroquesa es un excelente ejemplo de una so­

ciedad gentilicia bajo este régimen. Parece dar vida a todas las po­ sibilidades de las instituciones gentilicias en el estadio inferior de la barbarie, dando la oportunidad para mayores desarrollos, pero nin­

 

gún plan de gobierno, hasta el de las instituciones de la sociedad política, fundada sobre el territorio y la propiedad, con cuva im­ plantación sobrevendría el derrumbe del régimen gentilicio. Las etapas intermedias fueron de transición, manteniéndose has­

 

ta el fin como democracias militares, salvo donde algunas tiranías, cimentadas en la usurpación, las sustituyeran provisoriamente. La confederación de los iraqueses era esencialmente democrática, por­ que estaba constituida por gentes, cada runa organizada sobre los principios comunes de la democracia, no del tipo más elevado, sino de uno primitivo, y porque la tribu se reservaba el derecho del pro­ pio gobierno local. Vencieron a otras tribus y las mantuvieron some­ tidas, como, por ejemplo, los delaware; pero éstos continuaban bajo el gobierno de sus propios jefes y no añadían nada a la fuerza de la confederación. En este estado social era imposible unir bajo un go­ bierno tribus que hablaban un lenguaje diferente, o someter tribus conquistadas, bajo tributo, sin más beneficio que el tributo mismo. Esta exposición de la confederación iroquesa dista mucho de

 

agotar los hechos, pero es suficiente para- responder al propósito aquí presente. Los iraqueses eran un pueblo valiente, vigoroso e inteli­ gente, con un volumen cerebral próximo al promedio de los arios. Elocuentes en la oratoria, vengativos en la guerra y de una perse­ verancia indómita, se han conquistado un sitio en la historia. Si sus proezas militares están empeñadas por las atrocidades de la guerra salvaje, ellos han dado prueba de algunas de las más elevadas vir­ tudes humanas en sus relaciones recíprocas. La confederación que organizaron debe ser mirada como un notable producto de la sabidu­ ría y de la sagacidad. Uno de sus objetos declarados era el mante­ nimiento de la paz, quitar los motivos de contienda mediante la

 

LA SOCIEDAD PíUMITTVA 201

 

unión de sus tribus bajo un gobierno, y luego extender éste median­ te la incorporación de otras tribus del mismo nombre y linaje. Ellos instaron a los eries y a la nación, neutral a hacerse miembros de la

 

confederación, y ante su rechazo, los expulsaron de sus fronteras. Tal penetración de los más altos objetos del gobierno es prueba de su inteligencia. Eran escasos en número, pero contaban en sus filas con una gran cantidad de hombres capaces. Esto testifica el alto grado de la raza.

 

Merced a su ubicación y poderío militar, ejercieron una notable influencia en el curso de los acontecimientos entre ingleses v fran­ ceses, en su rivalidad por la supremacía en Norteamérica. Como en

 

el primer siglo de la colonización los dos eran casi iguales en fuerzas y recursos, los franceses pueden culpar a los iroqueses en no peque­ ño grado del derrumbe de sus planes imperiales en el Nuevo Mundo.

 

Con el conocimiento de la gens en su forma arcaica y de su ca­ pacidad como unidad de un régimen social, estaremos mejor habili­ tados para comprender las gentes de los griegos y de los romanos que aún faltan considerar. Al llegar a los umbrales de la civiliza­ ción, con la experiencia sobreañadida de dos períodos étnicos ente­ ros, los encontraremos con el mismo régimen de gobierno compues­

 

to de gentes, fratrías y tribus en una sociedad gentilicia. Entre ellos la descendencia se transmitía por la línea masculina; los hijos he­ redaban los bienes en lugar de los parientes agnaticios, y la fami­ lia ya asumía la forma monógama. El crecimiento de la propiedad,

 

que ahora se hacía elemento dominante, y el aumento de los indi­ viduos reunidos en ciudades cercadas, iban demostrando lentamen­ te la necesidad del segundo plan de gobierno; el político. El viejo régimen gentilicio iba quedando imposibilitado para hacer frente a las exigencias de la sociedad a medida que se acercaba a la civili­ zación. En las mentes griegas y romanas surgía la visión de un esta­ do fundado sobre el territorio y la propiedad, frente al cual debían desaparecer gentes y tribus. Para penetrar en el segundo plan de gobierno era necesario sustituir las gentes por municipios v distri­ tos; reemplazar el régimen gentilicio por el territorial. El derrumbe de las gentes y el surgimiento de municipios organizados señalan,

 

en forma muy aproximada, la linea divisoria entre el mundo bárbaro y el civilizad. 0 , entre la sociedad antigua y la moderna.

 

f

 

VI

LA GENS EN OTRAS TRIBUS DE LA FAMILIA

GANÓWANIANA

 

Cuando por primera vez se descubrieron las diversas regiones de América, los aborígenes fueron hallados en dos condiciones distin­ tas. En primer lugar, se hallaban los indios pueblos, cuya subsistencia basábase casi exclusivamente en la horticultura; tales eran las tribus de este estadio en Nuevo Méjico, Méjico y América- Central y en la meseta andina. En segundo lugar, estaban los indios no horticultores, que vivían de raíces farináceas, de la pesca y de la caza; tales eran los indios del valle del Columbia, del territorio de la bahía de Hud­ son, de ciertas regiones del Canadá y de algunas otras de América. Entre estas tribus y conectando los extremos por gradaciones insen­ sibles, estaban los indios que en parte eran pueblos y en parte hor­ ticultores, como los iroqueses, los indios de Nueva Inglaterra y Vir­ ginia, los cries, choctas, cheroqueses, minnitarees, dacota y shaw-nees.

 

Las armas, artes, costumbres, invenciones, danzas, arquitectura de la vivienda, forma de gobierno y régimen de vida de todos, lle­ van por igual el sello de una mente común, y revelan, a través de sus amplios alcances, las etapas sucesivas de desarrollo del mismo con­ cepto original. Nuestro primer error consistió en valorar el progre­

 

so comparativo de los indios pueblos, y el segundo, el menospreciar el de los indios no horticultores y el de los casi indios pueblos, de donde resultaba un tercero: el de separar unos de otros teniéndoles por razas diferentes. Había diferencias notables en las condiciones en que res­ pectivamente se les halló, pues muchas de las tribus no hosticultoras se hallaban en el estadio superior del salvajismo, las tribus interme­ dias en el estadio inferior de la barbarie, y los indios pueblos en el estadio medio. Las comprobaciones de su comunidad de origen se han

 

LA SOCIEDAD PBIMnTVA 203

 

acumulado hoy en tal grado, que no dejan lugar a una duda razonable al respecto, aunque esta conclusión no sea aceptada umversalmen­ te. Los esquimales pertenecen a una familia diferente.

 

En una obra anterior expuse el régimen de consanguinidad y afinidad de unas setenta tribus americanas; y sobre la base de su posesión común del mismo régimen y testimonios de su derivación de una fuente común, me animé a reclamar para ellas el rango dis­ tintivo de una familia del género humano, bajo la designación de Ganowaniana, la Familia del Arco y Flecha (76).

 

Habiendo considerado los atributos de la gens en su forma arcai­ ca, queda por indicar la amplitud de su predominio en las tribus de la familia ganowaniana. En este capítulo se señalarán las huellas de la organización entre ellas, circunscribiendo la exposición a los nom­ bres de las gentes en cada tribu, con sus regímenes de descendencia y herencia respecto a la propiedad y cargos. Cuando hagan falta,

 

se darán otras explicaciones. El eje del debate será la demostración de la existencia o inexistencia de la organización gentilicia entre ellas. Dondequiera que la institución haya sido hallada en estas di­ versas tribus, es igual en todo lo esencial a la gens de los iroque-ses, y, por tanto, no necesita mayor exposición a este respecto.

 

Salvo que se exprese lo contrario, se entenderá que la existencia de la organización fue averiguada por el autor en la tribu india o me­ diante algunos de sus miembros. La clasificación de tribus es la adop­ tada en Sistemas de Consanguinidad .

 

1. T r ib u s H o d e n o s a u n ia n a

 

          Iroqueses. Las gentes de los iroqueses ya han sido conside­ radas (77).

 

          Wyandotes. Esta tribu, remanente de los antiguos hurones, se compone de ocho gentes, como sigue:

 

1, Lobo; 2, Oso; 3, Castor; 4, Tortuga; 5, Ciervo; 6, Serpien­ te; 7, Puercoespín; S, Gavilán (78).

 

La descendencia sigue la rama femenina, con prohibición de ma­ trimonio dentro de la gens. El cargo de sachem o jefe civil es here­ ditario en la gens, pero electivo entre sus miembros. Cuentan siete

 

(76) Systems of Consanguinity and Affinity of the Human Family. Smith­ sonian Contributions to Knowledge. Vol. XVII, 1871. pág. 131.

 

(77) 1, Lobo, Tor-yoh -no; 2, Oso, Ne-e-ar-guy'-ee; 3, Castor, Non-gar-nc -e-ar-goh; 4, Tortuga. Ga-ne-e-ar-the-go'-wa; 5, Ciervo, Na-o -geh; 6, Becasina, Doo-eese-doo-we ; 7, Garza, Joas -seb; 8, Gavilán, Os-sweb-ga-da-gg'-ah.

 

(78) 1, Ah-na-rese'-kwa, Roedores de huesos; 2, Ah-nu-yeh', Moradores en árboles; 3, Tso-ta'-ee, Animal arisco; 4, Ge-ah -wish, Bella tierra; 5, Os-kcn-o-toh. Errante; 6, Sine-gain'-see, Gateando; 7, Ya-ra-hats'-see, Árbol alto; 8. Da-soak\ Volando.

 

LEWIS H. MORGAN

 

sachems y siete jefes militares, habiéndose extinguido ahora la gens

 

Gavilán. El cargo de sachem se transmite de hermano a hermano, o

de tío a sobrino; pero el de jefe de guerra es un premio al mérito, y no tiene carácter hereditario. Los bienes eran hereditarios en la gens; por consiguiente, los hijos no heredaban nada del padre, pero heredaban los bienes de la madre. Donde se cite esta regla se en­ tenderá que los solteros están incluidos, tanto como los casados. Cada gens tenía facultad tanto para quitar como para elegir sus je­ fes. Los wyandotes han estado separados de los iroqueses, por lo menos, cuatrocientos años; pero aun conservan cinco gentes en co­ mún, aunque los nombres hayan sufrido cambios que imposibilitan su identificación o hayan sido sustituidos por nombres nuevos.

 

Las tribus eries, nación neutral, nottoways, tutelos (79) y susque-hannocks (80), hoy extintas o refundidas en otras, pertenecen al mis­ mo linaje. Presuntamente estuvieron organizadas en gentes, pero las comprobaciones se han perdido.

 

2. T r ib u s D a c o t a

 

Un crecido número de tribus están incluidas en esta gran fami­ lia de aborígenes americanos. Al tiempo de su descubrimiento se habían dividido en cierto número de grupos, y su lengua, en cierto número de dialectos; pero en su mayor parte habitaban territorios contiguos. Ocupaban las cabeceras del Mississippi y ambas orillas del Missouri, en una extensión de más de mil millas.

 

Con toda probabilidad los iroqueses y sus tribus cognaticias eran una ramificación de este tronco.

i.° Dacota o sioux. Los dacota, que hoy están formados por

 

unas doce tribus independientes, han dejado caer en desuso la or­ ganización gentilicia. Parece muy seguro que en un tiempo la po­ seían, porque sus congéneres más próximos, las tribus del Missouri, están organizadas así en la actualidad. Tienen sociedades con nom­ bres de animales, análogas a las gentes, pero éstas ahora no existen. Carver, quien estuvo entre ellos en 1767, observó que toda agru­ pación separada de indios está dividida en bandas o tribus. Dicha banda o tribu constituye una pequeña comunidad dentro de la

 

nación a que pertenece. Así como la nación tiene un símbolo particu­ lar que la distingue de otras, cada tribu tiene una divisa por la cual es designada: como ser Águila , Pantera , Tigre , Bisonte", etc.

 

          Horacio Hale ha comprobado recientemente la vinculación de los tu­ telos con los iroqueses.

 

          Francisco Parkman, autor de una brillante serie de obras sobre la co­ lonización de América, fue el primero que comprobó la vinculación de los susquehannocks con los iroqueses.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 2C5

 

Una banda de los naudowíssies (sioux) es representada por una ví­ bora, otra por una tortuga, una tercera por una ardilla, una cuarta por un lobo y una quinta por un bisonte. En todas las naciones se individualizan de la misma manera, y el más insignificante entre ellos recordará su linaje y se distinguirá por su respectiva fami­ lia (81). Visitó los dacota del Este en el Mississippi. A base de esta manifestación específica no encuentro razón para dudar de que

 

la organización gentilicia estaba en plena vitalidad entre ellos. Cuan­ do visité a los dacota orientales en 1861, y a los occidentales en 1862, no pude encontrar entre ellos huellas de gentes. Entre esas fechas sobrevino un cambio de régimen en la vida de e.Uos al ser empuja­

 

dos hacia las praderas y desmembrados en bandas nómadas, lo que, posiblemente, explica la decadencia del gentilismo entre ellos.

 

Carver también notó dos jerarquías de jefes entre los indios del Oeste que se han explicado tal como existen entre los iroqueses. Toda banda dice él tiene un jefe a quien llaman el Gran Jefe

 

o el Guerrero Jefe, y a quien escogen en consideración a su expe­ riencia en la guerra y su reconocido valor, para dirigir sus opera­ ciones militares y administrar todo lo concerniente a este departa­ mento. Pero dicho jefe no es tenido por cabeza del estado; además del gran guerrero, que es elegido por sus aptitudes militares, existe otro que goza de preeminencia por derecho hereditario y ejerce la más inmediata dirección de sus asuntos civiles. Este jefe pudiera denominarse con mayor propiedad el sachem, cuyo asentimiento es exigido en todo contrato o tratado, al que sella con la marca de su tribu o nación (82).

 

2.° Tribus Missouri. 1. Punkas. Esta tribu está compuesta de ocho gentes, como sigue:

 

1, Oso Gris; 2, Mucha Gente; 3, Alce; 4, Zorrino; 5, Bisonte; 8, Víbora; 7, Medicina; 8, Hielo (83).

 

En esta tribu, contrariamente a la regla general, la descendencia sigue la línea masculina y los hijos pertenecen a la gens del padre. Está vedado el matrimonio dentro de la gens. El cargo de sachem

 

es hereditario en la gens, recayendo la designación por elección; pero son elegibles los hijos del sachem difunto. Probablemente el cambio de la forma arcaica es reciente, desde que entre los otoes y los missouri dos de las ocho tribus del Missouri y también entre los mandans, todavía la descendencia sigue la línea femenina. Los bie­ nes son hereditarios en la gens.

 

          Travels in North America, Phila., ed. 1796, pág. 164.

          Travels in North America, pág. 165.

          1, Wa-sa -be; 2, De-a-ghe -ta; 3, Na-ko-poz-na; 4, Moh-kuh ; 5, Wa-sfia-ba; 6, Wa-zha-zha; 7, Noh -ga; 8, Wah -ga.

 

2C6 LEWIS H . MORGAN

 

          Omahas. Esta tribu está compuesta de las doce gentes si­ guientes:

 

1, Ciervo; 2, Negro; 3, Pájaro; 4, Tortuga; 5, Bisonte; 6, Oso; 7, Medicina; 8, Kaw; 9, Cabeza; 10, Rojo; 11, Trueno; 12, Muchas Es­ taciones (84). -

 

La descendencia, herencia y ley del matrimonio son las mismas que las de los punkas.

 

          Iowas. De la misma suerte, los iowas tienen ocho gentes,

como sigue:

1, Lobo; 2, Oso; 3, Bisonte Hembra; 4, Alce; 5, Águila; 6, Palo­ ma; 7, Víbora; 8, Búho (85).

 

En un tiempo existía entre los otoes y iowas una gens Castor (Pa-kuh-tha), pero hoy está extinguida. La descendencia, herencia y prohibición de matrimonio dentro de la gens rigen como entre los punkas.

 

          Otoes y missouris. Estas tribus se han refundido en una, y cuentan las ocho gentes siguientes:

 

1, Lobo; 2, Oso; 3, Bisonte Hembra; 4, Alce; 5, Águila; 6, Palo­ ma; 7, Víbora; 8, Búho (86).

 

La descendencia de los otoes y missouris sigue la línea femeni­ na, perteneciendo los hijos a la gens de la madre. Son hereditarios dentro de la gens el cargo de sachem y la propiedad, y está vedado el matrimonio entre miembros de la misma.

 

          Kaws. Los kaws (Kaw-za) tienen las catorce gentes si­

guientes:

1, Ciervo; 2, Oso; 3, Bisonte; 4, Águila (Blanca); 5, Águila (Ne­

 

gra); 6, Pato; 7, Alce; S, Coatí; 9, Lobo de la Pradera; 10, Tortuga; 11, Tierra; 12, Rabo de Ciervo; 13, Tienda; 14, Trueno (87).

 

Los kaws se hallan entre los más salvajes de los aborígenes ame­ ricanos, pero son un pueblo inteligente e interesante. Los regíme­ nes de descendencia, matrimonio y herencia son los mismos que los de los punkas. Se notará que hay dos gentes Águila y dos Ciervo, lo que ofrece un buen ejemplo de la segmentación de una gens; la

 

          1, Wa-chese-ta; 2, Ink-ka -sa-ba; 3, La -ta-da; 4, Ka-ih: 5, Da-lhun'-da: 6, Wa-sa-ba; 7, Hun -ga; 8. Kun- -za; 9, Ta -pa; 10, In-gra -zhe-da; 11, Ish-da - sun-da; 12, O-non-e -ka-ga-ha.

 

          1, Me-je'-ra-ja; 2, Too-num -pe; 3, Ah -ro-wha; 4, Ho -dash; 5. Cheh -

he-ta; 6, Lu'-chih; 7, Wa-keeh ; 8, Ma -kotch. ,

La H representa un profundo sonido gutural. Es muy general en los dialectos de las tribus del Missouri, y también entre los minnitarees y los cornejas.

 

          1, Me-je -ra-ja; 2, Moon'-cha; 3. Ah'ro-wha; 4, Hoo'-ma: 5, Kha -a: 6, Lute'-ja: 7, Wa-ka; 8, Ma -kotch.

 

          1. Ta-ke-ka-she -ga; 2, Sin ja-ye-ga; 3, Mo-e'-kwe-ah-ha; 4, Hue -ya:

5, Hun-go-tin -ga; 6, Me-ha-shung -ga; 7, O -pa; 5, Me-ka ; 9, Sho'-ma-koo-sa;

10, Do-ha-keí -ya; 11, Mo-e'-ka-ne-ka -she-ga; 12, Da-sin-ja-ha-ga; 13, Ic -ha-she;

14, Lo-ne -ka-she-ga.

 

L A SO C IE D A D P R I M m V A 207

 

gens Águila, probablemente, se fraccionó en dos, distinguiéndose con los nombres de blanca y negra. Más adelante, la Tortuga ofre­ cerá un nuevo ejemplo de este mismo hecho.

 

Cuando visité las tribus missouris en 1859 y 1860 no pude llegar hasta los osages y quappas. Las ocho tribus que llevan estos nom­ bres hablan dialectos estrechamente vinculados a la lengua troncal dacota y la presunción de que los osages y quappas están organi­ zados en gentes es prácticamente decisiva. En 1869 los kaws, ya muy mermados, contaban unos setecientos, lo que daría un prome­ dio de no más de cincuenta por gens.

El lugar de residencia de estas diversas tribus se hallaba a lo

largo del Missouri y sus tributarios, desde la boca del río Gran Sioux hasta el Mississippi y a lo largo de la orilla oeste del último hasta el Arkansas.

 

3.° Winnebagoes. En la época de su descubrimiento, esta tribu habitaba en las cercanías del lago de su nombre, en-Wisconsin. Como vástago del tronco dacota, al parecer ellos seguían la huella de los ircqueses hacía el Este, hasta el valle del San Lorenzo, cuando

 

su marcha en esa dirección fue detenida por las tribus algonquinas entre los lagos Hurón y Superior.

 

Su vinculación más próxima es con las tribus missouri. Cuentan ocho gentes, como sigue:

 

1, Lobo; 2, Oso; 3, Bisonte; 4, Aguila; 5, Alce; 6, Ciervo; 7, Ví­ bora; 8, Trueno (88).

Los regímenes de descendencia, herencia y matrimonio son igua­

 

les a los de los punkas. Sorprende que tantas tribus de este tronco hubiesen cambiado la descendencia de la línea femenina por la masculina, pues cuando fueron conocidas, el concepto de propiedad estaba apenas desarrollado, o se hallaba en el período de gestación, y difícilmente pudo haber sido, como lo fue entre los griegos y romanos, la causa determinante. Es probable que se haya producido en tiempos recientes, bajo la influencia de americanos y de misio­ neros. Carver, en 1787, halló entre los winnebagoes huellas de descendencia por la línea femenina. Algunas naciones dice cuan­

 

do la dignidad es hereditaria, limitan la sucesión a la línea femenina. A la muerte de un jefe le sucede el hijo de su hermana, con prefe­

 

rencia a su hijo propio y si no tuviere hermana, la parienta más próxima asume la dignidad. Así se explica- que una mujer estu­ viese a la cabeza de la nación winnebago, lo que me extrañó cuando todavía no conocía sus leyes (89). En 1869 los winnebagoes surna-

 

          1, Skonk-chun -ga-da; 2, Hone-cha -da; 3, Cba ra; 4, Wabk-cha -he-da; 5, Hoo-wun'-na; 6, Cha ra; 7. Wa-kon'-na; 8, Wa-kon -cha-ra.

 

          Travels, loe. cít., pág. 166.

 

LEWIS H. MORGAN

 

ban unos mil cuatrocientos, lo que daría un promedio de ciento cincuenta personas por gens.

4.° Tribus del alto Missouri:

 

1. Mandans. Los mandans aventajaban a sus congéneres en las artes de la vida y en inteligencia, lo que probablemente debían a los minnitaries. Estaban divididos en siete gentes, como sigue:

 

          Lobo; 2, Oso; 3, Pollo de la Pradera; 4, Buen Cuchillo: 5, Agui­ la; 6, Cabeza Chata; 7, Villa Alta (90).

 

La descendencia sigue la línea femenina, con cargos y bienes hereditarios en la gens. Está vedado el matrimonio entre miembros de ésta. Llamaría la atención la descendencia por la línea femenina entre los mandans, cuando tantas tribus del mismo tronco seguían la línea masculina, si no fuera que la primera es la forma arcaica de la que las otras tribus hace poco se habían alejado.

 

Esto robustece la presunción de que, originariamente, imperaba

la línea femenina en todas las tribus clacota. Estos antecedentes res­ pecto de los mandans, se obtuvieron en la antigua Villa Mandan so­ bre el alto Missouri, en 1862, y fueron dados por José Kip, cuya madre era una mandan. El confirmó el hecho de la descendencia al nom­

 

brar la gens de su madre, como la suya propia.

          Minnitaries. Esta tribu y los upsarocas (upsar -o-kas) o corne­

jas, son subdivisiones de un pueblo originario-. Son miembros dudosos de esta rama de la familia ganowaniana; bien que les haya colocado lingüísticamente con estas tribus missouris y dacota, por la cantidad de voces de sus dialectos que les son comunes. Han tenido una expe­ riencia anterior de la que muy ,poco se sabe. Los minnitaries trajeron a esta región la horticultura, la vivienda con armazón de madera y

 

un régimen peculiar de culto, lo que enseñaron a los mandans. Existe la posibilidad de que desciendan de los Mound-Builders (Constructores -de Túmulos). Tienen las siete gentes como sigue: 1, Cuchillo; 2, Agua; 3, Logia; 4, Pollo de la Pradera; 5, Pueblo de la Colina; 6, Animal Desconocido; 7, Bonete (91).

 

La descendencia sigue la línea femenina, el matrimonio dentro

de la gens está prohibido y el cargo de sachem y la propiedad son hereditarios dentro de la gens. En la- actualidad los minnitaries y los mandans habitan el mismo poblado. En su aspecto personal están entre los más hermosos ejemplares de pieles rojas que en la actuali­ dad pueda presentar Norteamérica.

 

          Upsarocas o cornejas. Esta tribu cuenta con las siguientes

gentes-.

1, Perro de las Praderas; 2, Polainas Malas-, 3, Zorrino; 4, Logias

 

          1, Ho-ra-ta mu-make; 2, Ma-to -no-make; 3, See-poosh'-ka; 4, Ta-na-tsu -ka; 5, Ki-ta'-ne-make; 6, E-sta-pa'; 7, Me-te-ah -ke.

 

          1, Mit-che-ro -ka; 2, Min-ne-pa'ta; 3, Ba-ho-ha -ta; 4, Seech-ka-be-ruh-pa-ka; 5, E-tish-sho'-ka; 6, Ah-nah-ha-na-me-te; 7, E-ku -pa-be-ka.

 

LA SOCIEDAD PRLVQTIVA 209

 

Traicioneras; 5, Logias Perdidas; 6, Malos Honores; 7, Carniceros;

 

8, Logias Movientes; 9, Montaña de la Plata de Oso; 10, Logias de los Pies Negros; 11, Pescadores; 12, Antílope; 13, Cuervo (92). La descendencia, herencia y prohibición de casarse dentro de la gens rigen como entre los minnitaries. Varias de las designaciones de los cornejas son raras, y más bien indican bandas que gentes. En un principio yo no quería darles crédito, pero su régimen de descen­ dencia y matrimonio, y de herencia de bienes, comprobaba clara­ mente la existencia de la organización en gentes. Mi intérprete entre los cornejas era Roberto Meldrum. en aquel tiempo uno de los agen­ tes de la American Fur Company, que había vivido entre ellos cua­ renta años y era uno de sus jefes. Había dominado la lengua a tal punto que pensaba en ella. Entre sus costumbres particulares respecto a las herencias recordó las siguientes; si una persona a quien se le había dado algún objeto de propiedad, fallecía teniéndolo en su poder y el donante había fallecido, el objeto volvía a la gens del último. Los bienes fabricados o adquiridos por la esposa, pasaban,

 

a su muerte, a sus hijos, mientras los de su marido después de su muerte, correspondían a su gens. Si alguno hacía un regalo a otro

 

y fallecía, este último estaba obligado a realizar algún acto en señal de duelo, como el seccionarse la coyuntura de algún dedo en el

 

acto de la inhumación, o de lo contrario, devolver el regalo a la gens de su extinto amigo (93).

Los cornejas tienen una costumbre respecto al matrimonio que

 

he comprobado en no menos de cuarenta tribus, y se puede mencionar aquí, porque se ha de utilizar en un capítulo posterior. Si un hombre se casa con la hija mayor de una familia, tiene derecho a tomar como esposas adicionales a todas las demás hermanas, al llegar éstas a ser adultas. Podrá dejar de hacer uso del derecho, pero si insiste, su prioridad de derecho será reconocida por la gens de ella. La poliga­ mia es admitida por los aborígenes americanos en general, pero nun­ ca se propagó mucho por la dificultad para un hombre de mantener más de una familia. La esposa de Meldrum ofrecía una prueba di­ recta de la costumbre, siendo ella entonces mujer de veinticinco años de edad. En un malón a los pies negros fue capturada y se

 

          1, A-che-pa-be'-cha; 2, E-saach -ka-buk; 3, Ho-ka-rut -cha; 4, Ash-bot-chee-ah; 5, Ah-shin -na-de -ah; 6, Ese-kep-ka -buk; 7, Oo-sa-bot see; 8, Ah-ha-chick; 9, Ship-tet za; 10, Ash-kane'-na 11, Boo-a-da'-sha; 12, O-hot-du sha; 13, Pet-chale-ruh-pa-ka.

 

          Esta práctica, como expresión de duelo, es muy común entre los corne­

 

jas, y también como ofrenda religiosa cuando celebran una Logia de Medici­ na ; gran ceremonia religiosa. Me han dicho que después de una Logia de Medicina , algunas veces se encontraban cincuenta y hasta cien coyunturas de dedos en un cesto colocado para este objeto, que babían sido ofrendadas. En un campamento de los cornejas en el Alto Missouri vi una cantidad de hombres y mujeres con las manos mutiladas por esta práctica.

 

210 LEWIS H. MORGAN

 

convirtió en cautiva de Meldrum. El indujo a su suegra a adoptar la criatura en su familia y gens, con lo que la cautiva venía a ser hermana menor de la que era entonces su esposa, y le daba derecho a él para tomarla como otra esposa cuando fuese adulta. Se apoyó

 

en esta costumbre de la tribu para hacer valer su derecho. Esta cos­ tumbre tiene gran antigüedad en la familia humana. Es una super­ vivencia de la antigua usanza punalúa.

 

3. T r ib u s d e l g o l f o

 

1. Muscoquis o cries. La confederación de los cries consistía en

 

seis tribus, a saber: los cries, hitchetes, yoochees, alabamas, coosates y natches, todas las cuales hablaban dialectos de la misma lengua, salvo los natches, que fueron admitidos en la confederación después de su derrota por los franceses.

Los crios son veintidós g entes, como sigue:

 

1, Lobo; 2, Oso; 3, Zorrino; 4, Caimán; 5, Ciervo; 6, Pájaro; 7, Tigre; 8, Viento; 9, Sapo; 10, Topo; 11, Zorro; 12, Coatí; 13, Pez; 14, Maíz; 15, Patata; 16, Nuez del Hickory; 17, Sal; 18, Gato Mon­ tes; 19, (?); 20, (?]; 21, (?); 22, (?) (94).

 

Las restantes tribus de esta confederación han tenido la orga­ nización en gentes, según los informes del Rev. S. M. Loughridge, quien fue por muchos años misionero entre los cries, y quien me dio los nombres citados. Expuso también que la descendencia entre los cries seguía la línea femenina; que el cargo de sachem y la propie­ dad eran hereditarios en la gens, y que se hallaba vedado el matrimo­ nio dentro de ésta. En la actualidad, los cries están parcialmente civilizados con un régimen de vida transformado. Han substituido por un sistema político su sistema social arcaico, de suerte que dentro de unos pocos años se habrán borrado las huellas de sus antiguas insti­ tuciones gentilicias. En 1869 contaban unas quince mil personas, lo que daría un término medio de quinientos cincuenta por gens.

 

          Choctas. Entre los choctas, la organización en fratrías se destaca netamente, porque cada fratría tiene su nombre, y es clara­ mente visible como tal. Sin duda, la fratría existió en la mayor parte de las tribus ya citadas, pero el asunto no ha sido materia de investi-

 

          1, Ya-ha-; 2, No-kuse'; 3, Ku'-cnu; 4, kai-put'-lu; 5, E -cho; 6, Tus'-wa; 7, Kat chu; 8, Ho-tor -lee; 9, So-pak -tu; 10, Tuk-ko: 11. Chu'-la; 12. Wo'kto; 13, Hu -hlo; 14, U -che; 15, Ah -afa; 16, O-ché; 17, Ok-chun-wa; 18, Ku-wa -ku-che; 19, Ta-muT-kee; 20, Ak-tu-ya-chul -kee; 21, Is-fa-nul -ke; 22, Wa-blak-kul-kee.

 

(El signo de interrogación significa que se ha perdido el sentido de tales desig­ naciones.)

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 211

 

gaciones especiales. La tribu de los cries se compone de ocho gentes distribuidas en dos fratrías, compuesta cada una de cuatro gentes como entre los iroqueses.

 

I. Pueblo dividido (¡primera fratría)

1, Junco; 2, Ley Okla; 3, Lulak; 4, Linoklusha.

II. Pueblo Amado (segunda fratría)

I, Puebo Amado; 2, Pueblo Pequeño; 3, Pueblo Grande; 4, Can­ grejo (95).

 

El matrimonio estaba prohibido entre miembros de la misma fra­

tría, pero los miembros de cualquiera de las primeras gentes se podían casar en cualquier gens de las otras y viceversa. Esto muestra que los choctas, como los iroqueses, habían empezado con dos gentes, cada una de las cuales más tarde se fraccionó en cuatro, y que la prohi­ bición originaria de matrimonio dentro de la gens había seguido al proceso de separación.

 

Entre los choctas la descendencia seguía la línea femenina. La propiedad y el cargo de sachem eran hereditarios dentro de la gens. En 1869 contaban unos doce mil, lo que daría un término medio de mil quinientos por gens. Los informes que preceden fueron dados

 

al autor por el finado doctor Cyrus Byíngton, quien entró .a actuar de misionero en esta tribu en 1820, mientras ellos habitaban aún su antiguo territorio, al Este del Mississippi. Se trasladó con ellos al

 

territorio indio, y falleció en el desempeño de su misión allá por el año 1868, después de haber desempeñado durante cuarenta y cinco años sus tareas de misionero. Hombre de singular excelencia y pu­ reza de carácter, dejó tras de sí un nombre y un recuerdo del que puede enorgullecerse la humanidad.

 

En una ocasión, un chocta manifestó al doctor Byíngton su aspi­ ración de convertirse en ciudadano de los Estados Unidos, por la razón de que así sus hijos heredarían sus bienes, en lugar de sus parientes gentilicios de acuerdo con la vieja ley. Según las costumbres choctas, después de su muerte sus bienes corresponderían a sus her­ manos y hermanas y a los hijos de-sus hermanas. Asimismo él podría donar sus bienes a sus hijos en vida, en cuyo caso su derecho pri-

 

(95) Primera. Ku-shap'-. Ok -la.

1, Kush-ik -sa; 2, Law-ok -Ia; 3, Lu-lak Ik'-sa; 4, Lin-ok-lu'sha.

Segunda, Wa-tak-i. Hu-la'ta.

1, Chu-fan-ik -sa; 2, Is-ku-!a-n¡; 3, Chito; 4, Shak-chuk -la.

 

212 LEWIS H. MORGAN

 

varía sobre el de la tribu. En la actualidad muchos indios poseen bienes considerables consistentes en animales domésticos y en casas

 

y tierras de propiedad individual, y entre éstos se generaliza la cos­ tumbre de hacer la repartición en vida, para evitar la herencia genti­ licia. A medida que aumentaba la propiedad crecía la oposición al desheredamiento de los hijos en beneficio de la gens; y en algunas

 

de las tribus, entre ellas los choctas, el uso antiguo fue abolido hace pocos años, y el derecho hereditario fue conferido, exclusivamente

 

          los hijos del extinto. La mudanza, empero, vino con la substitución del régimen gentilicio por un sistema político con un consejo y ma­ gistratura electiva en reemplazo del antiguo gobierno de jefes. Según el régimen anterior, la esposa no heredaba nada del marido,

 

ni éste de aquélla; pero los bienes de la esposa se repartían entre sus hijos, y en defecto de éstos, entre sus hermanas.

 

3. Chickasas. Del mismo modo los chickasas estaban organi­

zados en dos fratrías, de las que la primera contiene cuatro gentes y la otra ocho.

 

I. Fratría Pantera

1, Gato Montés; 2, Pájaro; 3, Pez; 4, Ciervo.

II. Fratría Español

1, Coatí; 2, Español; 3, Real; 4, Hus-ko-ni; 5, Ardilla; 8, Caimán; 7, Lobo; 8, Mirlo (96).

 

La descendencia seguía la línea femenina estaba vedado el matri­ monio dentro de la gens-, y la propiedad, como también el cargo de sachem, eran hereditarios en la gens.

 

Los antecedentes que preceden fueron suministrados por el Rev. Carlos C. Copeland, misionero americano residente en esta tribu. En 1869 contaban unas cinco mil personas, lo que daría unas cuatro­ cientas por gens. Según parece, a raíz de su comunicación con los españoles, se organizó una nueva gens con esta denominación, o quizá se substituyó con este nombre por alguna razón desconocida, el nombre primitivo. Una de las fratrías también lleva el nombre de Español.

4. Cheroqueses. Esta tribu antiguamente se componía de diez (96) Primera. Koi.

 

1, Ko-in-chush; 2, Ha-atk-fu-shi; 3, Num-ni; 4, Is-si. Segunda. Ish-pan-ee.

 

1, Sha-u-nee; 2, Ish-pan-ee; 3, Ming-ko; 4, Hush-ko-ni; 5, Tun-ni; 6. Ho-chon-chab-ba; 7, Ná-sho-lá; 8, Chun-hlá.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 213

 

gentes, dos de las cuales: Bellota (Ah-nedsu la), y Pájaro (Ah-ne-dsé-skwa), se han extinguido. Son las que siguen:

1, Lobo; 2, Pintura Roja; 3, Pradera Larga; 4, Sordo (Un pájaro);

5, Acebo; 6, Ciervo; 7, Azul; 8, Cabello Largo (97).

La descendencia sigue La línea femenina, y está vedado el matri­ monio entre miembros de la gens. En 1869 los cheroqueses contaban unos catorce mil, lo que daría un promedio de mil setecientas cincuenta personas por gens. Esto por lo que se sabe, es el número más alto que se haya, comprobado en una sola gens entre los aboríge­ nes americanos. En la actualidad los cheroqueses y los ojibwas supe­ ran a cualquier otra tribu habitante de los Estados Unidos, en el número de personas que hablan el mismo dialecto. Se puede observar de paso que nunca hubo, probablemente, en los Estados Unidos o parte alguna de Norteamérica, cien mil indios que hablaran el mismo dialecto. Las tribus aztecas, tezcucanas y tlascaltecas son las únicas a quienes se pudiera, con algún viso de verdad, atribuir tan crecido número; y con respecto a éstas, es difícil comprender cómo se podría fijar tales cifras en la época de la conquista española, de un modo que mereciera fe.

La nutrida población excepcional de los cries y los cheroqueses

 

se debe a la posesión de animales domésticos y a la labranza de cam­ pos, bien desarrollada . Hoy ostentan una civilización mediana, ha­ biendo substituido el antiguo régimen de gentes, en rápida decaden­ cia, por un gobierno constitucional electivo.

 

          Semioles. Esta tribu desciende de los cries. Se dice que están organizados en gentes, pero no se dispone de datos al respecto.

 

4. T r ib u s P a w n is

 

No se ha podido indagar si los pawnis están o no organizados

en gentes. El Rev. Samuel Allis, quien fuera antiguamente misionero entre ellos, manifestó al autor su creencia de que sí lo estaban, a pesar de no haber estudiado esto en particular. .Indicó las siguientes gentes que creía que existían entre ellos:

 

1, Oso; 2, Castor; 3, Aguila; 4, Búfalo; 5, Ciervo; 6, Búho. En una ocasión me encontré con una banda de pawnis en el Missouri, pero no pude hallar un intérprete.

 

(97) 1, An-ne-whi'-yá; 2, Ah-ne-wbo -teh; 3, Ah-ne-ga-tá-ga -nih; 4, Dsú-

ni-li'-a-ná; 5, U-ni-sdá-sdi; 6, Ah-nee-ká-wih; 7, Ah-nee-sá-hok'-nih; 8, Ah-nú-

ka-lo -bigb.

Ah-nee significa el plural.

 

2 1 4 LEWIS H . MORGAN

 

Los arickaris, cuya villa es vecina de la de los Minnitaries, son los congéneres más próximos de los pawnis, y se tropezó con la misma dificultad respecto a ellos. Estas tribus, los huecos, y otras dos o tres tribus pequeñas que habitan sobre el Río Canadá, siempre han vivido al Oeste del Missouri y hablan una lengua troncal indepen­ diente. Si los pawnis practican el régimen de gentes, es de presumir que también rige en estas tribus.

 

5. T r ib u s A lg o n q u in a s

 

En la época de su descubrimiento, este gran tronco de los aborí­ genes americanos ocupaba la región comprendida desde las Monta­ ñas Rocosas hasta la Bahía de Hudson, al sur de Siskatchewun, y de

 

ahí al Este, hasta el Atlántico, incluyendo ambas orillas del lago Su­ perior, menos sus cabeceras y ambas orillas del San Lorenzo, debajo del lago Champlain. Su área se prolongaba al sur, por la costa del Atlántico hasta Carolina del Norte, y por la orilla oriental del Mis­ sissippi en Wisconsin e Illinois hasta Kentucky. En la zona oriental de esta inmensa región, los iroqueses y sus tribus afiliadas eran gente intrusa, y los únicos que disputaban la supremacía a aqué­ llos dentro de esos límites.

1) Tribus Fitchigamianas (9S). 1) Ojibwas. Los ojibwas hablan

 

el mismo dialecto y están organizadas en gentes de las que se han conseguido los nombres de veintitrés, sin poder asegurar que éste sea su número total. En el dialecto ojibwa, la voz totem, que se pronuncia indiferentemente dodeim, significa la divisa o símbolo de una gens; así, la figura de un lobo era el totem de la gens Lobo. De aquí que Schooleraft emplee el término sistema totémico para expresar la organización gentilicia, lo que sería perfectamente acep­ table si no fuera que contamos con la terminología latina y griega para cada cualidad y carácter del régimen, que es ya histórico. Pue­ de emplearse, sin embargo, con alguna ventaja. Los ojibwas cuentan con las siguientes gentes-.

 

1, Lobo; 2, Oso; 3, Castor; 4, Tortuga (del Barro); 5, Tortuga (Mordiscadora); 6, Tortuga (Pequeña); 7, Reno; 8, Becasina; 9, Gru­ lla; 10, Milano; 11, Águila Pelada; 12, Somorgujo; 13, Pato; 14, Pato; 15, Víbora; 16, Muskrat; 17, Marta; 18, Garza; 19, Cabeza de Toro; 20, Carpa; 21, Bagre; 22, Esturión; 23, Sollo (99).

 

(9S) Del Ojibwa, gi-tchi = grande" y ga -me = lago , el nombre abo­ rigen del Lago Superior y de otros grandes lagos.

(99) 1, My-een gun; 2, Má-kwá; 3, Ah-mik ; 4, Me-shc -ká; 5, Mik-o-noh';

 

6, Me-skwá-da'-re; 7, Ab-dik ; 8, Chu-e-skwe'-ske-wá; 9, O-jee-jok ; 10, ka-ka-ke; 11, O-me-gee-ze ; 12, Mong; 13, ah-ah -weh; 14, She-shebe ; 15. Ke-na'-big; 16 Wa-zhush'; 17, Wa-be-zhase ; 18, Moosh-ká-oo-ze'; 19, Ah-wah-sis -sa; 2o' Ná-ma -bin; 21, ........... 22, Ná-ma'; 23, Ke-no zhe.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 215

 

La descendencia signe la línea masculina, y los hijos pertenecen

a la gens del padre. Existen varias razones para inferir que origina­

riamente seguía la línea femenina y que el cambio es relativamente

reciente. En primer lugar, los delaware, a quienes todas las tribus

algonquinas reconocen como los más antiguos de su linaje y a quie­

nes todos por igual tratan de  abuelos , todavía conservan la descen­

dencia por la linea femenina. Lo mismo sucede en muchas otras

tribus algonquinas. En segundo lugar existen aún constancia de que

hasta dos o tres generaciones atrás la descendencia, con respecto al

cargo de jefe, correspondía a la rama femenina (100).

En tercer lugar, las influencias americanas y de los misioneros

 

en general le han sido contrarias. Para los primeros misioneros, edu­ cados en una escuela muy distinta, el régimen que desheredaba a

 

los hijos varones era falto de razón y de justicia; y no es improba­ ble que en muchas tribus, los ojibwas incluso, el cambio se verifica­ ra a base de las enseñanzas de aquéllos. Y, finalmente, desde que varias tribus algonquinas todavía conservan la descendencia por la línea femenina, es fundada la conclusión de que antiguamente di­ cha forma -fue universal en la familia Ganowaniana, siendo también la forma arcaica de la institución.

 

Se halla vedado el matrimonio dentro de la gens, y tanto la pro­ piedad como los cargos son hereditarios en la misma. En la actuali­ dad, empero, los hijos heredan la mayor parte, por exclusión de su parentela gentilicia. Las propiedades y bienes de la madre pasan

a sus hijos, y a falta de éstos, a sus hermanas, propias y colaterales.

 

Del mismo modo el hijo puede suceder al padre en el cargo de sachem; pero habiendo varios hijos varones, la designación se hace de acuerdo con el principio electivo. Los gentiles no solamente eli­ gen, sino que también conservan el derecho de deposición. En la actualidad los ojibwas cuentan con unos dieciséis mil, lo que daría un término medio de cerca de setencientos por gens.

 

          Pottawattamies. Esta tribu tiene quince gentes, como sigue: 1, Lobo; 2, Oso; 3, Castor; 4, Alce; 5, Somorgujo; 6, Águila; 7,

 

(100) Un sachem ojibwa, Ke-we'-kons, que falleció allá por el año 1S40

a la edad de noventa años, en respuesta a mi informante, quien le preguntaba por que no se retiraba del cargo y lo dejaba a su hijo, contestó que éste

 

no- le sucedería; que el derecho de sucesión correspondía a su sobrino, E'-kwa'-ka-mik, y a él pasaría el cargo. Este sobrino era hijo de una de las hermanas del sacbem. De esta manifestación resulta que antiguamente y hasta una fe­

 

cha reciente, la descendencia seguía la línea femenina. No se desprende de esta declaración que el sobrino ascendiera por derecho hereditario, sino que se hallaba en la línea directa de sucesión y que su elección estaría substancialmente asegurada.

 

216 LEWIS H. MORGAN

 

Esturión; S, Carpa; 9, Águila Pelada; 10, Trueno; 11, Conejo; 12, Cuervo; 13, Zorro; 14, Pavo; 15, Gavilán Negro (101).

 

La descendencia, herencia y régimen de matrimonio son los mis­ mos que entre los ojibwas.

          Otawas (102). Los ojibwas, los otawas y los pottawattamies

eran subdivisiones de una tribu originaria. Cuando recién fueron conocidas estaban confederadas. No cabe duda de que los otawas estaban organizados en gentes, pero no se ha logrado obtener sus designaciones.

 

          Cries. En la época de su descubrimiento esta tribu estaba

 

en posesión de la orilla noroeste del lago Superior, y de ahí se ex­ tendía hasta la bahía de Hudson, y al oeste, hasta el río Colorado del Norte. En una época posterior ocupaban la región del Siskatche-wun, y el sur de ésta. Á.si como los dacota han perdido su régimen gentilicio que, presuntivamente, en un tiempo regía entre ellos. Ba­ jo el punto de vista lingüístico su relación más próxima es con los ojibwas con los que tienen mucha semejanza en maneras, costum­ bres y apariencia personal.

Tribus del Mississippi. Los algonquinos del Oeste agrupados bajo esta designación ocupaban las orillas orientales del Mississippi en Wisconsin e Illinois, y se extendían al sur, hasta Kentucky, y al este, hasta Indiana.

 

1. Miamíes. Los congéneres inmediatos de las miamíes, como

son los weas, piankeshaws, peorías y kaskaskias, conocidos en los primeros tiempos bajo la designación colectiva de los Illinois, son hoy pocos en número y han abandonado sus usos antiguos dedicán­ dose a una vida agrícola sedentaria. No se ha podido averiguar si antiguamente practicaban el régimen de gentes, pero es probable que sí. Los miamíes tienen las diez gentes siguientes;

1, Lobo; 2, Somorgujo; 3, Aguila; 4, Busardo; 5, Pantera; 6, Pavo;

7, Coatí; 8, Nieve; 9, Sol; 10, Agua (103).

Con el cambio de condiciones y disminución de la población el régimen gentilicio desaparece rápidamente. Cuando empezó la de­ cadencia, la descendencia seguía la línea masculina, estaba vedado casarse dentro de la gens, y ésta poseía derecho hereditario al cargo de sachem y a los bienes y propiedades.

2. Shawnis. Esta tribu notable y muy adelantada, el más ele­

vado representante del tronco algonquíno, conserva todavía sus sen-

 

(101) Mo-ha'; 2, M -ko ; 3, Muk; 4, Mis-sha'-wa; S, Maak; 6, K'noü;

7, Ñ'-Ma; 8, N -ma-pe-na ; 9, M -ge-ze -wa; 10» Che'Kwa; 11, Wa-bo'-zo; 12.

Ka-kag -sbe; 13, Wake-shi ; 14, Pen -na; 15, M -ke-eash -she-ka-kah.

          Pronunciase O-ta -wa.

          1, Mo-wha wa; 2, Mon-gwa ; 3, Ken-da-wa'; 4, Ah-pa -kose-e-a; 5.

 

Ku-no-za-wa; 6, Pi-la-wa ; 7, Ah-se-pon -na; S, Mon-na -to; 9, kul-swa; 10. (No se pudo obtener).

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 217

 

tes, no obstante haber sustituido el antiguo régimen gentilicio por una organización civil, con un primer y segundo jefe supremo v un consejo, elegidos anualmente por sufragio popular. Cuentan trece gentes, que conservan para fines sociales y genealógicos, como sigue: 1, Lodo; 2, Somorgujo; 3, Oso; 4, Busardo; 5, Pantera; 6, Búho;

7, Pavo; S, Ciervo; 9, Coatí; 10, Tortuga; 11, Víbora; 12, Caballo;

13, Conejo (104).

 

Los regímenes de descendencia, herencia y matrimonio son los mismos que los de los miamíes. En 1S69 los shawnis no eran más de setecientos, lo que daría un promedio de unos cincuenta por sens. En un tiempo ascendían a tres o cuatro mil personas, lo que supera­ ba al término medio de las tribus indias americanas.

 

Existía entre los shawnis una práctica, también observada por los miamíes, los sauLs y los zorros, efe ponerles nombres a sus criaturas de la gens del padre o de la madre, o de cualquiera otra gens, bajo ciertas restricciones que merecen una breve mención. Se ha expuesto cómo entre los iraqueses cada gens tenía sus nombres de personas especiales que ninguna otra gens tenía derecho a usar (105). Es pro­ bable que esta costumbre fue general. Entre los shawnis estos nom­ bres aportaban los derechos de la gens a que pertenecieran, de suerte que el nombre fijaba la gens de la persona. Como en todos los casos el sachem debe pertenecer a la geñs que le ha investido de autoridad, no sería de extrañar que esta práctica diera lugar al cam­ bio de descendencia de la línea femenina por la masculina; en pri­ mer término, para que el hijo pudiese suceder al padre, y luego para que los hijos pudieran heredar la propiedad del padre.

 

Si al ser bautizado el hijo recibía un nombre perteneciente a la gens de su padre, quedaría incluido en la gens del padre y en el orden de sucesión, pero sujeto al principio electivo. Entretanto, el padre no tenía intervención en este asunto. La gens lo delegaba a varias personas, las más de ellas matronas, a quienes se debía con­ sultar cuando se trataba de dar nombre a una criatura, y que tenían facultad para fijar el nombre que sería puesto. Por ciertos arreglos entre las gentes de los shawnis, tales personas disfrutaban de dicha facultad, y una vez asignado el nombre de acuerdo con lo expre­ sado, éste incorporaba la persona a la gens a la que pertenecía. Quedaban rastros del régimen arcaico de descendencia entre los

 

(104) 1, M -wa-wa ; 2, Ma-gwa ; 3, M -kwa ; We-wa-see; 5, M -se'-pa-se: 6, M'-ath-wa'; 7, Pa-la-wa'; S, Psake-the; 9, Sha-pa-ta ; 10, Na-ma-tha'; 11, Ma-na-to ; 12. Pe-sa-wa ; 13, Pa-take-e-nothe'.

(105) En toda tribu el nombre indicaba la sens. Así entre los sauks

y ios zorros. Cuerno Largo es nombre perteneciente a la gens Ciervo: Lobo Negro, a la gens Lobo. En la gens Aguila se encuentran los siguientes nom­ bres: Ka'-po-na = Águila que arrastra su nido; Ja-ka-kwa-pe = Águila posa­ da con la cabeza erguida. Pe-a-ta-ka-hok = Águila que vuela sobre una rama.

 

LEWIS H. MORCAN

 

shawnis, de lo que se puede citar el siguiente ejemplo, tal como le fue comunicado al autor. La-ho -weh, sachem de la gens Lobo, en artículo mortis, expresó el deseo de que le sucediera un hijo de una dé sus hermanas, en lugar de su hijo propio. Pero su sobrino Kos-kwa -the era de la gens Pez, y su hijo de la gens Conejo, de manera que ni uno ni otro podría sucederle sin antes obtener la transferencia, por cambio de nombre, a la gens Lobo, en la cual el cargo era hereditario. Su última voluntad fue respetada. Después de su muerte el nombre del sobrino fue cambiado por el de Tep-a-ta-go-the , uno de los nombres de la gens Lobo, y fue elegido para el cargo. Esta concesión es sintomática de la decadencia de la or­ ganización gentilicia, pero tiende a demostrar que en una época no remota la descendencia entre los shawnis seguía la línea femenina.

 

          Sauks y Zorros. Estas tribus están consolidadas en una sola, y cuenta las siguientes gentes:

 

1, Lobo; 2, Oso; 3, Ciervo; 4, Alce; 5, Gavilán; 6, Águila; 7, Pez; 8, Búfálo; 9, Trueno; 10, Hueso; 11, Zorro; 12, Mar; 13, Esturión; 14, Árbol Grande (106).

 

. Los regímenes de descendencia, herencia y matrimonio son los mismos de los miamíes. En 1869 no contaban más de setencientos, lo que daría unos cincuenta por gens. El número de gentes que

 

aún conservan testifica en cierta forma que en los dos siglos ante­ riores habían sido mucho más numerosos.

 

          Menominis y Kikapus. Estas tribus, que son independien­

 

tes unas de otras, siguen el régimen de gentes; pero no se ha podido obtener los nombres. Basándose en una manifestación hecha al autor en 1859 por Antonio Gookie, miembro de la tribu Menomini, se

 

puede inferir que la descendencia seguía la línea femenina. Con­ testando a una pregunta sobre el régimen de herencia, dijo: "Si yo muriera, mis hermanos y tíos maternos le robarían a mi mujer e hijos mis bienes. Hoy abrigamos la esperanza de que nuestros hijos nos hereden, pero no hay seguridad de ello. La antigua ley da mis bienes a mis parientes más cercanos, que no son mis hijos, sino mis hermanos y hermanas y tíos matemos. Esto demuestra que la propiedad era hereditaria en la gens, pero restringida a los parien­ tes agnados de la línea femenina.

Tribus de las Montañas Rocosas. 1. Pies negros de Sangre.

Esta tribu se compone de las siguientes cinco gentes:

 

1, Sangre; 2, Comedores de Pescado; 3, Zorrino; 4, Animal Ex­ tinto; 5, Alce (107).

 

(106) 1, Mo-whá-wis so-uk; 2, Ma-kwis -so-jik; 3, Pá-sha -ga-sa-wis-so-uk:

4, Ma-sha-wa-uk ; 5, Ka-ka-kwís'-so-uk; 6, Pa-mis-so-uk; 7, Na-ma-sis'-so-uk; 8, Na-nu-sus -so-uk; 9, Na-na-ma'-kew-uk; 10, Ah-kuh -ne-nak; 11, Wa-ko-a-wis'-so-jik; 12, Ka-che-kone-a-we -so-uk; 13, Na-ma-we -so-uk; 14, Ma-she -ma-tak.

          1, Ki'-no; 2, Ma-me-o -ya; 3, Ah-pe-ki*; 4, A-ne -po; 5, Po-no-kix'.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 219

 

La descendencia sigue la linea masculina, pero el matrimonio dentro de la gens está vedado.

 

          Pies Negros Piegan. Esta tribu cuenta las siguientes ocho gentes-.

 

1, Sangre; 2, Zorrino; 3, Gordura Palmaria; 4, Gordura Interna; 5, Brujos; 6, Nunca Ríe; 7, Famélico; 8, Carne Medio-muerta (IOS). La descendencia sigue la línea masculina y está vedado el ma­ trimonio en la gens. Varios de los nombres citados son más apropia­ dos a bandas que a gentes; pero como los datos fueron recogidos di­ rectamente de los Pies Negros por medio de dos intérpretes compe­ tentes (el señor Alejandro Culberts y su esposa, que era una Pies

 

Negros), los tengo por fehacientes.

Es posible que en algunos casos los nombres primitivos hayan cedido a los apodos.

 

6. T r ib u s d e l A t l á n t i c o

 

          Delaware. Según se ha expuesto ya, en el transcurso de su existencia aislada los delaware son una de las tribus más antiguas de los algonquino's. En la época de su descubrimiento su comarca domiciliaria se hallaba en la región circundante y norte de la bahía de Delaware. Cuenta tres gentes, como sigue:

 

1, Lobo (Took seat, Pata Redonda); 2, Tortuga (Poke-koo-un -gc, Gateando); 3, Pavo (Pul-la -cook, Que no rumian).

 

Estas subdivisiones tienen el carácter de fratrías, porque cada una está compuesta de doce sub-gentes, cada una de las cuales tiene al­ gunos de los atributos de una gens (109). Los nombres son perso-

 

(108) 1, Ah-ah'-pi-tá-pe; 2, A-pe-ki'e; 3, Ih-po -se-má; 4, Ka-ka -po-ya; 5, Mo-tá-to-sis; 6, Káti'-ya-ye-mix; 7, Ká-ta -ge-má-ne; 8, Eko -to-pis-taxe.

 

(109) I. Lobo: Took -seat; 1, Ma-arf-greet: Pies Grandes; 2, Wee-sow-betko: Árbol amarillo; 3, Pá-sa-kun-á -mon; Arrancando maíz; 4, Wc-yar-nih -ká-to: Entrada Cuidada; 5, Toosb-war-ka -ma: Allende el Río; 6, O-lum- -a-nc: Berme­ llón; 7, Pun-ar'-you: Perro atado junto a la Lumbre; 8, Kwin-cck -cha: Cuerpo Largo; 9, Moon-bar-tar -ne: Cavando: 10, Non-har -min: Bogando Aguas Arri­ ba; 11, Long-ush-bar-kar'-to; Tronco de Maleza; 12, Maw-soo-toh': Trayendo Consigo.

 

ü. Tortuga: Poke-koo-un'-go; 1, O-ka-ho'-ki: Jefe; 2. Ta-ko-ong -o-to: Ri­ bera Alta; 3, See-har-ong'-o-to-, Arrastrando Cuesta Abajo; 4, Ole-har-me - kar-to: Elector; 5, Ma-har-o-luk -ti: Valiente; 6, Toosh-ki-pa-kwis-i: Hojas Verdes; 7, Tung-ul-ung -si: Tortuga más pequeña; 8. We-lun-ung-si: Tortuga Pequeña; 9, Lee-kwin-a-ti': Tortuga Mordiscadora; 10, Kwís-aese-kees'-to: Ciervo. Las dos subgentes restantes se han extinguido.

 

TIL Pavo: Pul-Ja -ook; 1, Mo-haar-a-la: Pájaro Grande; 2, Le-le-wa -you:

Grito de ave; 3, Moo-kwng-wa-ho -ki: Dolor de Ojo; 4, Moo-har-mo-wi-kar'-nu:

Araña de la senda; 5, O-ping-bo -kj: Tierra de Oppossum; 6, Muh-ho-we-ka-ken:

Canilla Vieja; 7, Tong-o-naa'-o-to: Tronco que sobrenada; 8. Nool-a-mar-lax

mo; Viviendo en el Agua; 9, Muh-krent-har -ne: Cavador de Raíces; 10, Muh-

karm-huk-se.; Cara Roja; 11, Koo-wa-bo ke: Pinares; 12. Oo-chuk'-ham; Ara­ ña-tierras.

 

220 LEWIS H. MORGAN

 

nales y los más, si ño todos, de mujeres. Como ese hecho es poco usual, me ocupé en I860, en la reserva Delaware en Kansas, en desentrañarlo lo mejor posible, con el auxilio de Guillermo Adams, un delaware instruido.

 

Resultó imposible dar con el-origen de estas subdivisiones, pero éstas parecían engendrarse en varios ascendientes epónimos a quie­ nes los miembros de las gentes, respectivamente, atribuían su des­ cendencia. También enseña la generación natural de las fratrías sali­ das de las gentes.

 

La descendencia entre los delaware sigue la línea femenina, lo que robustece la probabilidad de la antigua universalidad de esta forma en las tribus algonquínas. El cargo de sachem era heredita­ rio en la gens, pero electivo entre sus miembros, los que tenían el derecho de elegir y quitar. También la propiedad era hereditaria en la gens. Originariamente los miembros de las tres gentes prime­ ras no podían casarse dentro de su propia gens; pero en los años recientes la prohibición se ha circunscrito a las sub-gentes. Por ejem­ plo, los del mismo nombre en la gens Lobo, devenida parcialmente fratría. no pueden casarse entre ellos, pero sí pueden casarse los de

 

nombres diferentes. La práctica de poner a las criaturas nombres de la gens del padre también existe entre los delaware, y se ha in­ troducido la misma confusión de descendencia que exhiben las shawnis y los miamíes. La civilización americana y las comunica­ ciones necesariamente produjeron un sacudimiento en las institu­ ciones indias, bajo cuyo impulso la vida étnica de los pueblos gra­ dualmente se derrumba.

 

Algunos casos de sucesión del ¦ cargo suministran los ejemplos más patentes de la ley aborigen de descendencia. Una mujer dela­ ware, después de manifestar al autor que ella y sus hijos pertene­ cían a la gens Lobo y su marido a la gens Tortuga, observó que cuando falleció el anterior jefe principal o sachem de la gens Tor­ tuga, capitán Ketchum (Ta-whe -la-na), le sucedió en el cargo su sobrino, Juan Conner (Ta-ta-ne s-sha), hijo de una de las hermanas del extinto sachem, quien también era de la gens Tortuga. El extin­ to dejó un hijo varón, pero como pertenecía a otra gens, estaba in­ habilitado para sucederle. Entre los delaware, como entre los iro-queses, el cargo pasaba de hermano a hermano, o de tío a sobrino, porque la descendencia seguía por la linea femenina.

2. Munsis. Los Munsis son vástagos de los delaware, v cuen­

 

tan las mismas gentes: Lobo, Tortuga y Pavo. La descendencia si­ gue por la línea femenina, está vedado el matrimonio dentro de la gens, y el cargo de sachem, como también la propiedad, son heredi­ tarios en la gens.

          Mohicanos. Todos los indios de Nueva Inglaterra, al sur del

río Kannebeck, de los que los mohicanos formaban parte, se halla-

 

LA SOCIEDAD PKIMmVA 221

 

ban estrechamente vinculados por su idioma y entendían mutuamen­

te sus dialectos. Ya que los mohicanos estaban organizados en gen­

tes, cabe presumir que los pequots, narrangansetts y otras bandas

menores no solamente practicaban igual régimen, sino también que

contaban las mismas gentes. Los mohicanos tienen las mismas tres

de los delaware, Lobo, Tortuga y Pavo, cada una de las cuales se

compone de un número de gentes. Esto demuestra su vinculación

por descendencia con los delaware y munsis, y también revela, como

ya se dijo en otra parte, el proceso de disgregación, según el cual

una gens originaria se fracciona en varias, que permanecen unidas

 

en una fratría. También en este caso se observa cómo la fratría surge naturalmente bajo la institución gentilicia. Es raro entre los aborí­ genes americanos hallar tan claramente como en este caso las evi­ dencias de segmentación de gentes originarias.

Las fratrías de los mohicanos se destacan más conspicuamente

que las de cualquiera otra tribu de aborígenes americanos, porque

abarcan las gentes de cada una e incumbe citar las fratrías para ex­

plicar la clasificación de las gentes; pero sabemos de ellas menos

que de las de los iroqueses.

Son los siguientes:

I. Fratría Lobo (Took-se-tuk ):

1, Lobo; 2, Oso; 3, Perro; 4, Zorra Mochilera.

II. Fratría Tortuga (Tone-ba-o):

1, Tortuga Pequeña; 2, Tortuga del Barro: 3, Tortuga Gran­

de; 4. Anguila Dorada.

III. Fratría Pavo:

1, Pavo; 2, Grulla: 3, Pollo (110).

 

La descendencia sigue la linea femenina; está vedado el matri­ monio dentro de la gens, y el cargo de sachem es hereditario en ésta, pasando de hermano a hermano o de tío a sobrino. Entre los

 

pequots y los narrangansetts, la descendencia seguía la línea feme­ nina, según me informó una mujer narrangasett con quien me en­ contré en Kansas.

4. Abenaquíes. El nombre de esta tribu, Wa-be-a -kee, signi-

 

          I. Took-se-tk'; 1, Ne-h'ja-o; 2, Ma'-kwa; 3, N -de-ya -o; 4, Wa-pa-

kwe'.

II. Tone-ba-o. 1, Gak-po-muie ; 2, ....................; 3, Tone-ba'-o; 4, We-saw-maa -un.

 

m . Pavo: 1, Na-ha-ma o; 2, Ga-h'-ko; 3, ................

 

222 LEWIS H. MORGAN

 

fica Pueblo del Sol Naciente (111). Su vinculación es más estrecha con los micmacs que con los indios de Nueva Inglaterra del Sur del río Kennebeck. Cuentan catorce gentes, como sigue:

 

1, Lobo; 2, Gato Montes (Negro); 3, Oso; 4, Víbora; 5, Animal Manchado; 6, Castor; 7, Caribou; 8, Esturión; 9, Muskrat (Almiz­ cle); 10, Milano; 11, Ardilla; 12, Sapo Manchado; 13, Grulla; 14, Puercoespín (112).

 

La descendencia sigue ahora la línea masculina; el matrimonio dentro de la gens era prohibido antiguamente, pero la prohibición ha perdido hoy la mayor parte de su fuerza. El cargo de sachem era hereditario en la gens. Se notará que varias de las gentes precitadas son las mismas que entre los ojibwas.

 

7. T r ib u s A t h a p a s c o -a p a c h e s

 

Es cuestión que aún no se ha podido averiguar si los athapas­ canos del territorio de la Bahía de Hudson y los apaches de Nuevo Méjico, que son subdivisiones de un tronco originario, están o no organizados en gentes. Cuando visité aquel territorio en 1S61, pro­ curé indagar el asunto entre los athapascanos Liebre y Cuchillo Rojo , pero fracasé por falta de intérpretes competentes; con todo, parece probable que, de haber existido el régimen, se hubieran des­ cubierto rastros, aún con medios imperfectos de inteligencia mutua. El finado Roberto Kennicott intentó, para el autor, una indagación semejante entre los A-cha -o-ten-ne, o indios de los athapascanos del Slave Lake (Lago del Esclavo), con igual falta de éxito. Comprobó reglas especiales para el matrimonio y la sucesión del cargo de sachem, que parecían indicar la existencia de gentes, pero no pudo obtener informaciones satisfactorias. Los kutchin (Louchoux) de la región del río Yukon, son athapascanos..

 

El tinado Jorge Gibbs escribió al autor lo siguiente: En una carta que tengo de un caballero de Fuerte Simpson, río Mackenzie, se menciona que entre los Louchou o Kutchin, existen tres grados o clases de sociedad" sin duda un error, queriendo decir totem, bien que los totem probablemente difieren de rango, desde que él pro­ sigue el hombre no contrae matrimonio dentro de su propia clase, sino que busca mujer en otra; y que un jefe de la casta más alta podrá casarse con una mujer de la más baja, sin perder su casta.

 

          En Systems of Consanguinity se podrán hallar los nombres aborí­ genes de las principales tribus indias y su significado.

 

          1, Mals-sum; 2, Pis-suh ; 3, AJh-web soos; 4, Skooke; 5, Ahlunk'-so;

 

6, Ta-ma-kwa; 7, Ma-guh-le-loo ; 8, Ka-hab -seh; 9, Moos-kwa-suh ; 10, K -che-ga-gong -go; 11, Meh-ko-a'; 12, Cbe-gwa -lis; 13, Koos-koo ; 14, Ma-da-weh-soos.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 223

 

Los hijos pertenecen a la clase de la madre, y los miembros de un mismo grado en las diferentes tribus, no guerrean unos con otros . Entre los Kolush de la costa noroeste, quienes tienen vinculación lingüística, aunque no estrecha, con los athapascanos, existe la orga­ nización en gentes. Observa Gallátin que son como los indios nues­ tros, divididos en tribus o clanes; distinción ésta de la que, según Hale, no existe vestigio entre los indios-.,de Oregón. Los nombres de las tribus (gentes) son los de los animales, a saber: Oso, Aguila, Cuervo, Marsuino y Lobo... El derecho de sucesión sigue la línea femenina, de tío a sobrino, excepto el jefe principal, quien es general­ mente el más poderoso de la familia (113).

 

S. T r i b u s in d ia s d e l a c o s t a n o r o e s t e

 

En algunas de estas tribus, además de la de los Kolush, impera la organización gentilicia. Antes de partir del estuario de Puget ma­ nifiesta el señor Gibbs en una carta al autor , tuve la suerte de encontrarme con representantes de tres familias principales de los que llamamos indios del Norte, los habitantes de la Costa Noroeste que se extiende desde el extremo superior de la Isla de Vancouver, dentro de las posesiones rusas, hasta los confines con los esquimales. Por éstos pude cerciorarme con certeza que el sistema del totem existe por lo menos entre tres de ellos. Las familias de que hablo son, comenzando por el noroeste: Tlinkitt, que comúnmente se llaman Stíkeens, por una de sus bandas; los Tlaidas, y Chimsyans, que Ga­ llatin llama Weas. Hay totems comunes a éstos, la Ballena, el Lobo, el Aguila y el Cuervo. Ningún individuo se puede casar con otro del mismo totem, aún cuando sea de una nación o familia distinta. Lo

 

2 ue es notable es que estas naciones constituyen familias enteramente iferentes. Quiero decir con esto que sus idiomas son esencialmente desiguales, no presentando analogía perceptible alguna . Dalí en

 

su obra sobre Alaska, escrita más tarde, observa que los Tlinkets están divididos en cuatro totems-, el Cuervo (Yehl), el Lobo (Kanu kh), la Ballena y el Aguila (Chethl)... Solamente los totems opuestos se pueden casar entre ellos, y el niño por lo general toma el totem de la madre (114)-.

 

Hubert H. Bancroft, expone con mayor amplitud su organización, señalando dos fratrías y las gentes que corresponden a cada una. Dice de los Tlinkets que la nación está dividida en dos grandes divisiones o clanes, uno de los cuales se llama el Cuervo y el otro el Lobo. El tronco Cuervo a su vez está subdividido en subclanes

 

          Trans. Am. Eth. Soc. II. Intro., CXLIX.

          Alaska and its Resources, pág. 414.

 

2 2 4 LEWIS H. MORGAN

 

llamados el Sapo, el Ganso, el Lobo Marino, el Búho y el Salmón.

La familia Lobo comprende al Oso, Aguila, Delfín, Tiburón y Alca... Las tribus del mismo clan no deben guerrear entre sí y a su vez los miembros de un mismo clan no deben casarse entre ellos. Así el joven guerrero Lobo debe buscar su compañera entre los Cuer­ vos (115).

 

Los esquimales no pertenecen a la familia ganowaniana. Su ocu­ pación del continente americano, en comparación con la de aquella familia, fue reciente o moderna. Ellos también carecen de gentes..

 

          T r ib u s S ajlish, S a h a p t t n y K o o t e n a y Las tribus del Valle de Columbia, de las que las nombradas

 

representan los troncos principales, carecen de organización gentilicia. Nuestros distinguidos filólogos Horacio Hale y el finado jorge Gibbs quienes dedicaron especial estudio a la cuestión , no alcanzaron

 

a hallar rastro alguno de la institución entre ellas. Existen fundadas razones para creer que esta región notable fue cuna de la familia ganowaniana, desde la cual, como punto de partida de sus migra­ ciones, se esparcieron por ambas divisiones del continente. Es, por tanto, probable, que sus antepasados poseyeron el régimen de gentes, el que gradualmente decayó y por último desapareció.

 

10. T r ib u s s h o s h o n       is

Los comanches de      Tejas, como    también las tribus Ute, los Bonnak

los Shoshonis, y          algunas otras tribus, pertenecen a este tronco. Mateo

Walker, un mestizo wyandote,          informó al autor en 1859, que había

vivido entre los           Comanches y  que ellos tenían las siguientes gentes-.

1, Lobo; 2, Oso;          3, Alce; 4,       Ciervo; 5, Topo; 6, Antílope.

Si los comanches        practicaban     el sistema de las gentes, se puede

presumir que las         demás tribus de este tronco también lo harían.

Esto completa nuestra reseña el sistema social de las tribus indias

de Norteamérica,        al norte de      Nuevo Méjico. En la época del descu­

brimiento europeo, la mayor parte de las tribus citadas se hallaban

en el estadio inferior de la      barbarie, y las otras en el estadio superior

del salvajismo. A base de la   difundida y casi universal práctica de la

organización en gentes, se puede dar por sentado, con fundada razón,

que antiguamente       su imperio entre ellos era universal, con descenden­

cia por la línea            femenina. Su régimen era puramente social, teniendo

 

          Natives Races of the Pacific States; I. 109.

 

LA S0CIEDAP PRIMITIVA 225

 

a la gens por unidad, y a la fratría, tribu y confederación, como miem­ bros restantes de la serie orgánica.

 

Estas cuatro etapas sucesivas de integración y reintegración, expresan su total experiencia en el desarrollo del concepto de gobier­ no. Siendo así que las principales tribus arias y semíticas poseían la misma serie orgánica cuando emergían de la barbarie, el sistema era prácticamente universal en la sociedad antigua, y por inferencia tuvo origen común. El grupo punalúa, que más adelante será descrito con mayores detalles en relación con el desarrollo del concepto

 

de familia, evidentemente creó las gentes, de modo que las familias aria, semítica, uralia, turania y ganowaniana del género humano, señalan con una claridad inconfundible un tronco común punalúa

 

.con la organización en gentes como injerto, del cual todas derivan y se diferenciaron finalmente en familias.

 

Creo que esta conclusión se impondrá al fin, cuando las futuras investigaciones hayan desarrollado y verificado los hechos con más pormenores. Semejante gran serie orgánica, capaz de mantener la sociedad del género humano durante la última parte del período del salvajismo, a través del período entero de la barbarie, y en los primeros tiempos de la civilización, no surgió accidentalmente, sino que fue el desenvolvimiento natural de elementos preexistentes.

 

Su interpretación racional y rigurosa parece demostrar la unidad de origen de todas las familias del género humano que poseyeron la organización en gentes.

 

11. I n m o s P u e b l o s

 

1. Indios Moqui.         Las tribus Moqui aún se hallan en la tranqui­

 

la posesión de sus antiguas casas comunales, siete en número, cerca del Colorado Menor, en Arizona, anteriormente una parte de Nuevo Méjico. Todavía rigen para ellos sus instituciones antiguas, y sin duda representan hoy la típica vida de los indios pueblos, que im­ peraba desde Zuñí a Cuzco, en la época del descubrimiento. Zuñí, Acoma, Taos y varios otros pueblos de Nuevo Méjico, presentan la misma estructura que cuando las halló allí Coronado en 1540-42.

 

No obstante lo aparentemente fácil de su acceso, en realidad sabemos muy poco de sus instituciones domésticas y modo de vida. No se

 

ha realizado nunca una investigación sistemática. La escasa infor­ mación que ha visto la luz pública es de carácter general y acci­ dental.

 

Los Moqui están organizados en gentes, de las que tienen nueve, como sigue:

 

1, Ciervo; 2, Arena; 3, Lluvia; 4, Oso; 5, Liebre; 6, Lobo de las Praderas; 7, Víbora Cascabel; 8, Planta de Tabaco; 9, Pasto Fuerte.

 

226 LEWIS H. MORGAN

 

El doctor Ten Broeck, cirujano auxiliar del Ejército de Estados Unidos, proporcionó a Schoolcraft la leyenda Moqui de su origen que le habían referido en uno de sus poblados. Cuentan ellos que nace muchos años la Gran Madre (116) trajo de su morada en el Oeste, nueve razas de hombres, en la siguiente forma: Primero la raza Ciervo; segundo la raza Arena; tercero la raza Lluvia (Agua); cuarto la raza Oso; quinto la raza Liebre; sexto la raza Lobo de la Pradera; séptimo la raza Víbora de Cascabel; octavo la raza Planta de Tabaco; y noveno la raza del Pasto Fuerte.

 

Habiéndolas plantado en los sitios donde hoy están instalados sus poblados, las transformó en hombres, quienes edificaron los pueblos actuales; y la tradición de raza se mantiene hasta hoy. Uno me dijo que él era de la raza Arena, otro de la Ciervo, etc., etc. Son cre­ yentes convencidos de la- metempsícosis, y dicen que cuando mueran volverán a sus formas originales, y se transformarán en osos, ciervos, etc., nuevamente...

El gobierno es hereditario, pero no se transmite, necesariamente,

al hijo del usufructuario, pues, si prefieren cualquier otro pariente consanguíneo, se elige a éste (117). Desde que en este caso se pasó del estadio inferior al estadio medio de la barbarie y se halló la organización en gentes en pleno desarrollo, queda demostrada su adaptación al cambio de su condición. Resulta probable su existen­ cia entre los indios pueblos en general. Pero desde este punto hacia adelante, en el resto de Norteamérica, y en toda Sudamérica, nos hallamos sin informes precisos, salvo respecto a los Lagunas.

 

Esto demuestra cuan incompleto es el trabajo en la Etnología Americana; que el elemento unitario de su sistema social apenas si ha sido parcialmente descubierto y que su significación no ha sido comprendida. Asimismo existen rastros en los trabajos de escri­ tores españoles antiguos y ciertos conocimientos directos de esto

 

en algunos pocos escritores posteriores, que, cuando se correlacionen dejarán escaso fundamento para dudar del antiguo imperio uni­ versal del régimen gentilicio en toda la familia india.

 

Circulan en muchas gentes tradiciones como la de los Moquis, sobre la transformación de sus primeros progenitores del objeto animal o inanimado que vino a ser el símbolo de la gens, en hombres o mujeres.

 

Así los Grullas de los ojibwas, tienen la leyenda de que un casal de grullas voló por la vasta región que se extiende desde el Golfo hasta los Grandes Lagos, y desde las praderas del Mississippi hasta el Atlántico, en busca de un lugar donde los víveres fueran

 

          Los shawnis adoraban antes a una deidad femenina llamada Go-gome-tha-ma = Nuestra grande Madre.

 

          Schoolcraft, History, etc., of Indian Tribes, IV, 86.

 

LA SOCIEDAD PJEUMTITVA 227

 

abundantes, y por fin eligieron los rápidos desagües del lago Superior, posteriormente famoso por sus pesquerías. Habiéndose posado en la ribera del río, y cerrado las alas, el Grande Espíritu inmediata­ mente los transformó en un hombre y una mujer, los que vinieron

 

a ser los progenitores de la gens Grulla de los ojíbwas. En las diver­ sas tribus hay numerosas gentes que se abstienen de comer el animal cuyo nombre llevan; pero esto dista mucho de ser universal.

2. Lagunas. Los indios pueblos Laguna están organizados en­

gentes, con descendencia por la línea femenina, según resulta de una conferencia dada por el Rev. Samuel Gorman ante la Sociedad Histó­ rica de Nuevo Méjico, en 1860. Cada pueblo es clasificado en tribus o familias, y cada uno de estos grupos lleva el nombre de algún animal, ave, hierba, madera, planeta o uno de los cuatro elementos. En el pueblo de Laguna, que es de más de un millar de habitantes, hay diecisiete de estas tribus; algunos se llaman Oso, otros Ciervo, otros Víbora de Cascabel, otros Maíz, otros Lobo, otros Agua, etc., etc. Los niños son de la tribu de la madre. Y, según la vieja costum­ bre, les está prohibido el matrimonio a dos personas de la misma tribu;- pero últimamente esta costumbre se observa con menos rigor que antiguamente .

 

Las tierras las tienen en común, como propiedad de la comunidad, pero luego que una persona haya cultivado un lote, adquiere sobre

 

él un título personal, que puede enajenar a favor de otra de la misma comunidad; o si no, cuando muere, pertenece a su viuda e hijas;

o si era hombre soltero, queda para la familia de su padre" (118).

Que la esposa o hija heredara al padre es dudoso.

          Aztecas, Tezcuanos y Tlacopanes. La cuestión de la organi­

zación de éstas y de las restantes tribus Nahuatlac de Méjico en gentes, será considerada en el capítulo que sigue.

 

          Mayas, de Yucatán. Herrera hace referencia tan frecuente a

 

los parientes , y especialmente con respecto a las tribus de Méjico, Centroamérica y Sudamérica, que da a entender la existencia de

 

una agrupación de personas organizada a base de consanguinidad, mucho más numerosa de lo que se hallaría fuera de las gentes. Así, aquel que matara un hombre libre debía dar satisfacción a los hijos y parientes (119). Se trataba de los aborígenes de Nicaragua,

 

y a haberse aplicado a los iroqueses, entre los cuales existía el mismo uso, el vocablo parientes hubiera sido el equivalente de gens.

 

Y otra vez hablando en general de los indios mayas de Yucatán, observa: Cuando se debía satisfacer una indemnización, si aquel que estaba condenado a pagarla quedaba reducido a- la indigencia,

 

          Address, pág. 12.

          General History of America. Lond. ed. 1726. Traduc. de Stevens, m , 299.

 

228 LEWIS H. MORGAN

 

los parientes contribuían (120). En esto se debe reconocer otra práctica del sistema gentilicia Oria vez dice hablando de los azte­ cas: si ellos eran condenados, ningún favor o pariente podría sal­ varlos de la muerte (121).

 

Procede una cita más en el mismo sentido, referente a los indios

 

de la Florida, organizados en gentes. Observa: profesaban un cariño entrañable por sus hijos, esmerándose en su cuidado, y los padres

 

y parientes guardaban luto por los que morían, durante un año en­ tero (122). Los investigadores de los primitivos tiempos repararon que, como peculiaridad de la sociedad india, un gran número de personas estaban ligadas por el vinculo, del parentesco, y de ahí que tales agrupaciones vinieron a ser designadas la parentela . Pero no profundizaron tanto la investigación como para darse cuenta de

 

lo que probablemente era la verdad que la parentela formaba una gens, y, como tal, la unidad de su sistema social.

 

Herrera también hace constar que los mayas solían cuidar mucho su genealogía, y de ahí se tenían todos por emparentados entre sí y se auxiliaban mutuamente... No se casaban con madres ni cuñadas, ni con ninguno que llevase el mismo nombre que su padre, por considerar este hecho contrario a la ley (123). La genealogía de un indio no tendría significación bajo su sistema de consanguinidad aparte de la gens, pero pasando por alto esto, no había bajo las instituciones indias medio alguno por el cual un padre y sus hijos pudiesen llevar el mismo nombre, salvo por una gens, que confería un nombre gentilicio común a todos sus miembros. Además, exigiría la descendencia por la línea masculina para colocar a padre e hijos en la misma gens.

La exposición también señala que entre los mayas, el matrimo­

 

nio dentro de la gens era prohibido. Presuponiendo la exactitud de las manifestaciones de Herrera, son prueba concluyente de la exis­ tencia de gentes entre los mayas, con descendencia por la línea mas­ culina. Tylor, en su valiosa obra Early History of Mankind , que es un conjunto de informaciones etnológicas, ampliamente investiga­ das y sumamente ordenadas, cita el mismo caso de otra fuente, con esta observación: La analogía de la costumbre de los indios nor­ teamericanos, con la de los australianos, está en hacer que el víncu­ lo de clan por la línea femenina, sea impedimento para el matrimonio, pero si seguimos más al Sur hasta Centroamérica, vemos que la costumbre contraria, como en la China, hace su aparición. Diego de Landa dice del pueblo de Yucatán, que no tomaban por esposa a

 

          Ib. IV. 171.

          Ib. HI, 203.

          Ib. IV, 33.

          General History of America, TV, 171.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 229

 

una persona de su mismo nombre por parte de padre, porque para ellos sería una vileza, pero podían casar con primas hermanas por parte de madre (124).

 

12. T r i b u s in d i a s s u d a m e r ic a n a s

 

En todas las regiones de Sudamérica se han hallado rastros de

la gens, como también de la presencia actual del sistema ganowania-no de consanguinidad, pero el asunto no ha sido plenamente inves­ tigado. Hablando de las numerosas tribus de los Andes, sometidas por los incas en una especie de confederación, expone Herrera que esta diversidad de idiomas nace de estar las naciones dividiaas

 

en razas, tribus o clanes (125). Aquí, en los clanes, se descubre la existencia de gentes. Discurriendo Tylor sobre las reglas respecto al matrimonio y la descendencia, dice: ' más al sur, allende el istmo, tanto el vinculo del clan como la prohibición reaparecen por la linea femenina. Cuenta Bejmau que entre los Arrawak de la Guayana Bri­

 

tánica  la casta deriva de la madre y los hijos pueden contraer ma­

trimonio con miembros de la familia del padre, pero no con los de

la familia de la madre - Finalmente, el Padre Martín Dobrizhoffer

declara que los guaraníes evitan como altamente criminal el casa­

miento con los parientes más alejados; y al hablar de los abipones

manifiesta:      ...Los Abipones, instruidos por la naturaleza y por el

ejemplo de sus antepasados, aborrecen la mera idea de casamiento

con alguien emparentado con ellos por el más remoto vínculo de pa­

rentesco" (126). Estas referencias al sistema social de los aborígenes

son vagas; mas, a la luz de los hechos ya expuestos, la existencia de

gentes con descendencia por la línea femenina, y con prohibición de

casamiento dentro de la gens, se toma inteligible. Dice Brett de las

tribus indias de la Guayana que         están divididas en familias, cada

una de las cuales tiene un nombre distinto, como los Siwidi, Karuafudi,

Onisidi, etc. A semejanza de las familias nuestras, todas éstas tienen

la descendencia por la línea femenina, y ningún individuo de uno u

otro sexo puede casarse con otro que lleva el mismo nombre de

familia. Así, una mujer de la familia Siwidi lleva el mismo nombre

que su madre, pero ni su padre ni su marido pueden ser de la misma

familia. Los hijos de ella y los hijos de las hijas de ella también

serán Siwidi, pero les está prohibido tanto a sus hijos como a sus

hijas contraer enlace con otro individuo del mismo nombre; bien

que pueden casar en la familia del padre, si quieren. Estas cos-

 

          Early History of Mankind, pág. 287.

          General History Of Amer., IV, 231-

          Early History of Mankind, pág. 287.

 

230 LEWIS H. MORGAN

 

timbres se observan estrictamente, y cualquier infracción sería con­ siderada como pecado (127).

 

En la familia de este escritor se descubre desde luego la gens en su forma arcaica. En la época de su descubrimiento todas las tribus sudamericanas citadas, con excepción de las andinas, se halla­ ban en el estadio inferior de la barbarie o bien en el estadio del salvajismo. Muchas de las tribus peruanas agrupadas bajo el gobierno instituido por los indios pueblos incas, se hallaban en el estadio in­ ferior de la barbarie, si es que se puede formar una opinión en base a los informes incompletos de Garcilaso de la Vega sobre sus ins­ tituciones domésticas.

 

Nuestra atención recae, naturalmente, sobre los indios pueblos de Norte y Sudamérica, cuya cultura indígena los había conducido hasta cerca de las postrimerías del período medio de la barbarie,

 

al rehacer la historia transitiva de las gentes. Se ha expuesto ya la constitución arcaica de la gens; quedan aún por ser presentadas sus fases ulteriores en las gentes de los griegos y ae los romanos; pero los cambios intermediarios, tanto de descendencia como de herencia,

 

que se realizaron en el período medio, son esenciales para la historia completa de la organización gentilicia. Nuestra información es per­ fectamente amplia con respecto a las etapas primeras y últimas de esta gran institución, pero deficiente en cuanto al período de tran­ sición. Dondequiera que se encuentren gentes en cualquiera tribu del género humano, en su forma más evolucionada, sus remotos ante­ pasados deben haberlas tenido en forma arcaica, pero la crítica histó­ rica exige pruebas afirmativas más que deducciones.

 

Estas pruebas existieron otrora en los indios. Tenemos ahora la seguridad plena de que su régimen era social y no político. Los miem­ bros superiores de la serie, a saber, la tribu y la confederación, nos salen al encuentro en muchos puntos, con evidencia positiva de la

 

gens, la unidad del sistema, en muchas de las tribus de los indios pue­ blos. Pero no estamos capacitados para hablar de las gentes entre los indios pueblos en general, con la misma precisión de informes su­ ministrados por las tribus en el estadio inferior de barbarie. La valiosa oportunidad la tuvieron y la perdieron los conquistadores y colonizadores españoles, aparentemente inhabilitados para compren­ der una condición de sociedad de la que el hombre civilizado, en su marcha hacia el progreso, tanto se ha alejado. Sin el conocimiento

 

de la unidad de su sistema social que imprimía su carácter al orga­ nismo íntegro de la sociedad, las historias españolas fallan por com­ pleto en el retrato de las instituciones de ese gobierno.

Un vistazo a los restos de la antigua arquitectura en Centroamé-

 

          Indian Tribes of Guiana, p. 98, citado por Lubbock en Origin of Civilization. pág. 98.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 231

 

rica y Perú, comprueba eficazmente que el período medio de la barbarie fue de gran progreso para el desarrollo humano, de saber creciente y de un despliegue de inteligencia. Fue seguido por un período aún más notable en el hemisferio oriental después que la invención del proceso de la fabricación del hierro dio al progreso humano ese grande impulso ulterior, que debía transportar una parte de la humanidad a la civilización. Nuestra apreciación de la magnitud de la carrera del hombre en el período último de la barbarie, cuando las invenciones y descubrimientos se multiplicaban con tanta rapi­ dez se intensificaría si pudiésemos conocer "con certeza la condición de la sociedad en el período medio, ejemplificada tan notablemente por los indios pueblos. Mediante un gran esfuerzo, acompañado de labor paciente, tal vez todavía se podría recuperar tan siquiera urna gran parte de los tesoros de conocimientos que se han dejado perder. Basándonos en el resultado actual de nuestras investigaciones* pode­ mos afirmar categóricamente que, en la época del descubrimiento europeo, las tribus indias americanas, universalmente, estaban orga­ nizadas en gentes y las pocas excepciones comprobadas no bastan para alterar la regla general.

 

.

 

VII

LA CONFEDERACIÓN AZTECA

 

Los conquistadores españoles que se apoderaron del pueblo de

Méjico sostuvieron, acerca del gobierno azteca, la teoría errónea de que era una monarquía análoga, en puntos esenciales, a los existen­ tes en Europa. Esta opinión fue acogida en general por los escrito­ res españoles de los primeros tiempos sin investigar minuciosamente la estructura y principios del sistema social azteca. Este concepto erróneo engendro una terminología no concordante con sus institu­ ciones, la que ha viciado la narración histórica casi tan completa­ mente como si fuera una invención calculada. Con la pérdida de la única plaza fuerte que poseían los aztecas quedó destruido su orga­ nismo gubernativo, substituyéndolo el dominio español y el asunto de su organización interna y sistema político se dejó caer práctica­ mente en el olvido (128). Los aztecas y sus tribus confederadas no conocían el hierro, y por consiguiente, tampoco los implementos de hierro; no tenían moneda, y comerciaban a base del cambio de mer­ caderías; pero trabajaban los metales, nativos, cultivaban por medio del riego, fabricaban géneros bastos de algodón, construían casas de

 

habitación común de adobe o de piedra, y elaboraban una alfarería de excelente calidad. Por tanto, nabían alcanzado el estadio me­ dio de la barbarie. Todavía poseían las tierras en común, vivían en grandes hogares compuestos de un número de familias emparenta-

 

(128) Las historias de la América Española merecen fe en cuanto se re­

fieren a los hechos de los españoles y a los hechos y características personales de los indios,, y en todo cuanto tenga relación con sus armas, implementos

 

y utensilios, manufacturas, vestidos, alimentación y cosas de carácter similar. Pero en todo lo que respecta a la sociedad y gobierno indio, su régimen social y plan de vida, carecen casi por completo de valor, porque nada aprendieron ni nada conocieron de uno ni de otro.

 

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das, y como existe buena razón para creerlo, practicaban el comu­ nismo en la vida del hogar. Se puede dar por lógicamente cierto que tenían sólo una comida preparada por día, para lo cual se separaban, comiendo primero los hombres solos, y después las mujeres y niños. Como no disponían de mesas ni de sillas para el servicio de la co­ mida, no habían aprendido a consumir su única comida diaria a la usanza de las naciones civilizadas. Bastan estos rasgos de su con­ dición social para fijar su estado relativo de adelanto.

 

Juntamente con los indios pueblos de otras comarcas de Méjico y Centroamérica y del Perú, ellos ofrecen el mejor modelo de este esta­ do de la sociedad antigua, que en ese tiempo todavía existiera en la Tierra. Representaban una de las grandes etapas del progreso hacia la civilización en que se exhiben las instituciones derivadas de un an­ terior período étnico, ya en mayor adelanto, las que en el curso de la experiencia humana debían ser llevadas a una condición étnica todavía más elevada, y sufrir aún mayor desarrollo antes que fuera posible la civilización. Pero los indios pueblos no estaban destinados a alcanzar el estadio superior de la barbarie, tan bien representado por los griegos de Homero.

 

Los indios pueblos del valle de Méjico dieron a conocer a los eu­ ropeos una condición perdida de la sociedad antigua, que era tan notable y peculiar que despertó en este tiempo una insaciable curiosi­ dad. Se ha escrito sobre los aborígenes mejicanos y la conquista espa­ ñola más tomos (en la proporción de diez a uno) que sobre cualquiera otro pueblo del mismo adelanto, o sobre cualquiera otro aconteci­ miento de parecida importancia. Y sin embargo, no hay pueblo del

 

qüe se conozca menos exactamente sus instituciones y plan de vida. El notable espectáculo presentado, de tal modo inflamaba la imagi­ nación, que el romanticismo se apoderó del campo, y se mantiene en él hasta la hora presente. El fracaso resultante al pretender indagar la estructura de la sociedad azteca entrañó una pérdida grave para la historia de la humanidad. No debía esto ser causa de inculpa­ ción a ninguno, pero sí de hondo pesar... Hasta aquello mismo que

 

se ha escrito con tan trabajoso cuidado, acaso resulte aprovechable para algún ensayo futuro de reconstrucción de la historia de la con­ federación azteca. Subsisten ciertas constancias positivas de las cua-. les cabe deducir otros hechos; de suerte que no es improbable que

 

una investigación nueva bien dirigida pueda todavía recuperar, por lo menos en alguna medida, los rasgos esenciales del régimen social azteca.

 

El Reino de Méjico, que figura en las primeras historias, v el Im­ perio de Méjico, que aparece en los posteriores, es un producto de la imaginación. En aquel tiempo parecía existir una razón para descri­ bir el gobierno como monarquía: la ausencia de conocimientos fide­ dignos de ¿us instituciones; pero ya no se puede defender ese con-

 

LEWIS H. MORGAN

 

cepto erróneo. Lo que hallaron los españoles fue sencillamente una confederación de tres tribus indias, a semejanza de las que existían en todas partes del continente, y en sus descripciones no tuvieron motivo para ir más allá de este único hecho. El gobierno era ad­ ministrado por un consejo de jefes, con la cooperación de un coman­ dante general de los cuerpos militares. Era un gobierno de dos pode­ res: el civil, representado por el consejo, y el militar, por un jefe guerrero principalmente. Ya que las instituciones de las tribus con­ federadas eran esencialmente democráticas, el gobierno se podría de­ signar como una democracia militar si es que se quiere una desig­ nación más precisa que la de la confederación.

 

La confederación azteca reunía tres tribus, los aztecas o mejica­ nos, los tezcucanos y los tlacopanos, lo que da los dos miembros supe­ riores de la serie orgánica social. De si poseyeron o no el primero

 

y el segundo, a saber, la gens y la fratría, no existe constancia ex-, plícita en ninguno de los escritores españoles; sin embargo, ellos han descrito vagamente ciertas instituciones, que únicamente puedea in­ terpretarse como reemplazando a los miembros perdidos de la serie. Mientras la fratría no es indispensable, no pasa lo mismo con la gens, porque es la base unitaria en que descansa el régimen social. Sin penetrar en el vasto e intrincado laberinto de la cuestión azteca, tal como hoy aparece en la historia, me permitiré llamar la atención so­ bre irnos pocos detalles solamente del régimen social azteca, que pueden tender a ilustrar su verdadero carácter. Pero antes de em­ prender esto, cuadra tomar cuenta de las relaciones de los confe­ derados, respecto a las tribus que los rodeaban,

 

Los aztecas eran una de las siete tribus afines que habían emigra­ do desde el norte, y se habían asentado en el valfe de Méjico y sus cercanías, y que en la época de la conquista española eran de las tribus históricas de ese país. En sus tradiciones se decían ellos co­ lectivamente, los Nahuatlacs. Acosta, quien visitó Méjico en 1585,

 

y cuya obra fue publicada en Sevilla en 1580, refiere las tradiciones corrientes nacionales de sus migraciones, una después de otra, desde Aztlán, con sus nombres y lugares de asiento. Expone el orden de

 

su llegada como sigue: 1) Sochimilcas, Nación de las semillas de flores , la que se asentó sobre el lago Xochimilco, en el declive sur del valle de Méjico. 2) Chalcas, Pueblo de las Bocas , que se vinie­ ron mucho después de los primeros y se establecieron cerca de ellos, en el lago Chalco. 3) Tepanecanos, Pueblo del Puente , que se es­ tablecieron en Azcapozalco, al oeste del lago Tezcuco, en el declive occidental del valle. 4) Culhuas, Pueblo Encorvado , los que se fija­ ron en el lago oriental del lago Tezcuco, y más tarde fueron conocidos como los Tezcucanos. 5) Tlatluicanos, Hombres de la Sierra , los que, hallando ocupado el valle alrededor del lago, cruzaron la sie­ rra hacia el sur, y se establecieron del otro lado. 6) Tlascalanos,

 

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Hombres de Pan , los que, después de habitar un tiempo con los Tepanecanos, finalmente se establecieron más allá del valle, al Este, en Tlascala. 7) Aztecas, que vinieron los últimos y ocuparon el sitio de la actual ciudad de Méjico (129). Acosta agrega que ellos vinieron desde lejanos países situados al norte, donde ahora han encontrado un reino que llaman Nuevo Méjico (130). Herrera da la misma tra­ dición (131), como también Clavijero (132). Se notará que no se menciona a los Tlacopanos. Es muy probable que fueron una sub­ división de los Tepanecanos, los que permanecieron en el territorio

 

originario de esa tribu, mientras que el resto parece haberse corrido a una zona inmediata al sur de los Tlascalanos, donde se les encon­ tró bajo el nombre de Tepeacas. Estos conservaban la misma leyenda de las siete cavernas, y hablaban un dialecto de la lengua Nahu-atlac (133).

 

Esta tradición encarna un hecho significativo de tal carácter que no pudo haber sido inventado, a saber: que las siete tribus eran de un origen inmediato común, hecho corroborado por sus dialectos; y un segundo hecho de importancia: que vinieron del norte. Ello comprueba que fueron originariamente un sólo pueblo que se había segregado en siete o más tribus por el proceso natural de la segmen­ tación. Por otra parte, este era el mismo hecho, que hacía posible, como también probable, la confederación azteca, porque una lengua común era la base esencial de tales organizaciones.

 

Los aztecas hallaron ocupados los mejores sitios, en el valle, y después de varios cambios de ubicación, acabaron por establecerse en un pequeño espacio de tierra firme en medio de una ciénaga rodeada de terrenos de pedregal y con charcas naturales. Aquí fun­ daron la célebre ciudad de Méjico (Tenochtitlán), en el año 1325, según Clavijero, ciento noventa y seis años antes de la conquista española (134). Eran pocos en número y de pobre condición. Mas, para suerte de ellos, los desagües de los lagos Xochimilco y Chalco y los riachos de las sierras del Oeste, corrían frente a ellos hasta el lago Tezcuco.

Siendo lo bastante sagaces como para darse cuenta de las ven­

 

tajas de esta situación, lograron, por medio de terraplenes y diques, rodear al pueblo de un foso con agua, de considerable extensión, cuyas aguas las suministraban las fuentes citadas; y siendo en aquel tiempo el nivel del lago Tezcuco más alto que en la actualidad, les

 

          The Natural and Moral History of the East and West Indies, Lon­ dres, ed. 1604. Traducción de Grimstone, págs. 497-504.

 

          Id., pág. 499.

          General History of America. Lond. ed. 1725. Trad'. Stevens. Ill, 188.

          History of Mexico, Philadelphia, ed. 1871. Trad. Cullen, I, pág. 119.

          H e r r e r a : History of America, III, pág. 110.

          History of Mexico, loe. cit., I, pág. 162.

 

LEWIS H . MORGAN

 

proporcionó, cuando el trabajo estuvo terminado, la posición más segura de cuanta tribu habitara el valle. La ingeniería mecánica, mediante la cual lograron este resultado, fue una de las más grandes proezas de los aztecas y sin ella probablemente no se hubieran ele­ vado sobre el nivel de las tribus vecinas. La independencia y la pros­ peridad fueron sus frutos, y con el tiempo, el predominio sobre las tribus del valle. Fue de este modo y en esta fecha relativamente re­ ciente, que tuvo lugar la fundación del poblado según las tradicio­ nes aztecas, que deben aceptarse como substancialmente fidedignas. En la época de la conquista española, cinco de las siete tribus,

 

a saber: los aztecas, los tezcucanos, los tlacopanos, los sochimilcas y los chalcas, habitaban el valle, que era una comarca de reducidas dimensiones, más o menos iguales a las del Estado de Rhode Island. Era una hondonada en una sierra o terreno elevado, sin desemboca­ dura, de forma ovalada, siendo más larga de Sur a Norte, de ciento veinte millas de perímetro, y que comprendía unas mil seiscientas millas cuadradas excluyendo las superficies cubiertas por las aguas. El valle está rodeado por una serie de colinas, que se elevan unas tras otras con hondonadas entre ellas, y encierran el Valle ron una barrera de montañas. Las tribus citadas habitaban unos treinta po­

 

blados, de los que Méjico era el mayor. No existe constancia de que alguna parte considerable de estas tribus hubiese colonizado la re­ gión fuera del valle y de los declives vecinos; pero, por el contrario, abundan pruebas de que las demás regiones que hoy forman Méjico moderno eran habitadas entonces por numerosas tribus que hablaban

 

una lengua diferente del Nahuatlac y en su mayoría independientes. Los tlascalanós, los cholulanos, una presunta fragmentación de aquéllos, los tepeacas, los huexotzincos, los meztitlanos, una presunta subdivisión de los tezcucanos, y los tlatluicanos, constituían las res­ tantes tribus Nahuatlac, que habitaban fuera del valle de Méjico, to­ das las que eran independientes, salvo los últimos, y los tepeacas. El resto de Méjico correspondía a un gran número ae tribus que for­ maban más o menos diecisiete grupos territoriales y hablaban otras tantas lenguas troncales. Su estado ae desintegración e independencia ofrece una reproducción casi exacta del de las tribus de los Estados Unidos y de la América Británica, en la época de su descubrimiento, un siglo más tarde.

 

En la época anterior a la organización de la confederación azteca, en 1426, fueron muy escasos los acontecimientos de importancia his­ tórica en el valle. Eran tribus desumidas y beligerantes, sin influen­ cia fuera de sus territorios inmediatos. Fue por este tiempo que em-

 

{ jezó a manifestarse la superioridad de ubicación de los aztecas, con a preponderancia de número y de poderío. Guiados por su jefe de guerra, Itzcoatl, echaron abajo la anterior supremacía de los tez­ cucanos y tlacopanos, constituyendo una liga o confederación como

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 237

 

consecuencia de las guerras habidas entre ellos. Fue una alianza ofensiva, entre las tres tribus, con estipulaciones acerca de la pro­ porción en la subdivisión del botín de guerra, y de los tributos pos­ teriores de las tribus sometidas (135). Estos tributos, compuestos de géneros, tejidos y productos agrícolas de los pueblos sometidos, eran impuestos de acuerdo a un sistema y con rigor de exacción.

Se ha perdido el plan de organización de esta confederación. En

 

la ausencia de pormenores es difícil hoy precisar si era sencillamente una liga que subsistía o se disolvía a voluntad; o bien una organiza­ ción consolidada, semejante a la de los íroqueses, en que se ajustaban las partes componentes en relaciones permanentes y definidas. Cada tribu era independiente en los asuntos de autonomía local; pero fuera de esto, las tres eran un solo pueblo en lo concerniente a la agresión o a la defensa. Mientras que cada tribu tenía su propio consejo de jefes y su propio jefe mayor de guerra, el jefe de guerra de los az­ tecas era el comandante en jefe de las bandas confederadas. Cabe inferir esto del hecho de que los tezcucanos y los tlacopanos tenían voz tanto en la elección como en la confirmación del jefe de guerra azteca. El que lbs aztecas hubiesen adquirido el mando supremo tiende a demostrar que su influjo era dominante al establecer los términos de la confederación de las tribus.

 

Nezáhualcojotl fue depuesto, o por lo menos, desposeído de su cargo como jefe de guerra mayor de los tezcucanos y en esa época (1426) fue repuesto por intervención de los aztecas. Se puede tomar este suceso como fecha de la constitución de la confederación, liga o la que fuera.

 

Antes de considerar el limitado número de antecedentes que ilus­ tran el carácter de esta organización, cuadra una breve referencia a lo que la confederación había logrado durante el corto período de su existencia, en el sentido del dominio territorial.

 

Desde 1426 hasta 1520, un período de noventa y cuatro años, la confederación se halló comprometida en frecuentes guerras con las

 

tribus circunvecinas, y especialmente con los débiles indios pueblos del Sur del valle de Méjico hasta el Pacífico, y de aquí al Este hasta muy cerca de Guatemala. Comenzaron con los más próximos, y mer­

 

ced a su superioridad numérica y a su acción concentrada, los con­ quistaron y sometieron a tributo. En esta zona los poblados eran nu­ merosos, pero pequeños, compuestos en muchos casos de un solo edifi­ cio grande de adobe o piedra, y en otros, de varios edificios similares agrupados. Estas viviendas comunes ofrecieron una traba seria a la conquista azteca, pero no insalvable. Las irrupciones o malones se re­ petían de tiempo en tiempo con el objeto manifiesto de haber botín.

 

          C l a v i j e r o : History of Mexico, I, pág. 229; H e r r e r a : III, págin

a

312; P r e s c o t t: Conq. o f Mexico, I, pág. 18.

 

LEWIS H. MORGAN

 

de imponer tributos y de lograr prisioneros para el sacrificio (136), hasta que finalmente fueron conquistadas y sometidas a tributo, las tribus principales de la región citada, con algunas excepciones, in­ cluyendo las dispersas aldeas de los totonacas, cerca de la actual Veracruz.

 

No hubo ningún intento de incorporar estas tribus a la confede­ ración azteca, lo que, por otra parte, hubiera sido imposible bajo sus instituciones, por el impedimento del idioma diferente. Se las dejó bajo el gobierno de sus propios jefes, y la práctica de sus pro­ pios usos y costumbres. En algunos casos residía entre ellos un re­ caudador de tributos. Los estériles resultados de estas conquistas des­ cubre el carácter verdadero de sus instituciones. El predominio del fuerte sobre el débil, sin más objeto que el de imponer un tributo mal dispuesto, ni siquiera tendía a la formación de una nación. Si practicaban la organización en gens, no había otro medio para que

 

el individuo llegase a ser miembro del gobierno que la gens, y no había otro medio para la admisión de la gens que su incorporación entre los aztecas, tezcucanos y tlacopanos.

 

La confederación azteca pudo haber recurrido, respecto a las tribus conquistadas, al plan que se átribuye a Rómulo, de trasladar

 

a Roma las tribus latinas sometidas; pero no se hallaba lo suficiente­ mente adelantada para idear semejante concepto, aún cuando se hubiese podido salvar la traba de la diferencia de lengua. Y tam­ poco, por la misma razón, hubiera podido tener éxito el envío de co­ lonos que preparasen la asimilación de las tribus conquistadas, a fin de incorporarles al régimen social azteca. Tal como era la confedera­ ción no se robustecía con el terrorismo que inspiraba ni con man­ tener a estas tribus cargadas de tributos, llenas de enemistad y siem-

 

(136) Así como los indios del norte, los aztecas no canjeaban ni libertaban

a sus cautivos. Entre aquéllos el prisionero era destinado a la hoguera, si no lo salvaba la adopción; pero entre los aztecas, de acuerdo con las enseñanzas de sus sacerdotes, el desventurado cautivo era ofrecido como sacrificio al dios principal de su culto. La más alta concepción dé la primera jerarquía sacerdo­ tal en el orden de las instituciones, era aprovechar la vida del cautivo, enajen ada

 

según los usos inmemorables de salvajes y bárbaros, como prenda para el culto de los dioses.

 

Entre los aborígenes americanos el sacerdocio organizado aparece en el estadio medio de la barbarie; y se exhibe vinculado a la invención de ídolos y de sacrificios humanos, como medio de adquirir autoridad sobre los hom­ bres a base de sentimientos religiosos. Es probable que su historia sea igual en todas las principales tribus del género humano. En los tres subperíodos

 

de la barbarie aparecen tres costumbres sucesivas con respecto a los cautivos. En la primera se los destinaba a la hoguera; en la segunda eran sacrificados para los dioses, y en la tercera se los esclavizaba.

Todos procedían de acuerdo con el principio de que la vida del cautivo

era propiedad de su apresador. Este principio había hechado tan hondas raíces en la mente humana, que fue necesario que la civilización y el cristianismo se combinaran para desalojarlo.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 239

 

pre dispuestas a sublevarse. Sin embargo, parece ser que en algunos casos empleaban los cuerpos armados de tribus conquistadas y les daban participación en el botín de guerra. Lo único que podían hacer los aztecas después de organizar la confederación, era hacerla exten­ siva a las restantes tribus Nahuatlac; pero no lograban realizarlo. Los xochimilcas y los chalcas no eran miembros constitutivos de la con­ federación, y aunque tributarios, disfrutaban de una independencia nominal.

Esto es todo lo que ahora se puede afirmar de las bases materiales del supuesto reino o imperio de los aztecas. La confederación se en­ frentaba con tribus hostiles e independientes al oeste, noroeste, no­ reste, este y sudeste; como ser, los mechoacanos al oeste, los otomíes al noroeste (habían sido sometidos a tributo grupos dispersos de los otomíes en las vecindades del valle), los chichimecas o tribus sal­ vajes al norte de los otomíes, los meztitlanos al noreste, los tlascala-nos al este, los cholulanos y huexotzincos al sudeste, y más allá de ellos las tribus del Tabasco, la de los chíapas y zapotecas. En estas direcciones diversas el dominio de la confederación azteca no se ex­ tendía más allá de cien millas del valle de Méjico, una parte de cuya zona limítrofe era indudablemente tierra neutral que separaba a la confederación de sus eternos enemigos. Con tan limitado material inventaron las crónicas españolas el Reino de Méjico, magnificado más tarde como el Imperio Azteca de la historia corriente.

 

Es necesario añadir algunas palabras acerca de la población del valle y de la vida de Méjico. No existe medio para precisar el nú­ mero de almas de las cinco tribus nahuatlac que habitabán el valle. Cualquier cálculo será forzosamente conjetural. Así, como una con­ jetura basada en lo que se sabe de su horticultura, sus medios de subsistencia, sus instituciones, su limitado territorio, y sin olvidar los tributos que recogían, es probable que un número total de doscientas cincuenta mil personas sería excesivo. Daría un promedio de cerca

de ciento sesenta personas por milla cuadrada, equivalente a casi el doble del actual promedio de habitantes del Estado de Nueva York, y que es, más o menos, el del Estado de Rhode Island.

 

Es difícil comprender bien las razones por las que se ha asignado semejante cifra a todos los poblados del valle, que se ha dicho ser de treinta a cuarenta. Los que insisten en un número más alto están obligados a demostrar cómo un pueblo bárbaro, sin rebaños ni ma­ nadas, y sin labranza de campos, pudo mantener en territorios igua­ les en área, un número de habitantes superior al que hoy puede mantener un pueblo civilizado, dotado de esas ventajas. No podrían demostrarlo por la sencilla razón de que no es verdad. De esta po-

 

240 LEWIS H. MORGAN

 

blación acaso se pueda atribuir unos treinta mil al pueblo de Mé­ jico (137).

 

No será necesario considerar la posición y las relaciones de las tribus del valle más de lo que se ha hecho. Corresponde desterrar de la historia de los aborígenes americanos la monarquía azteca, no

 

solamente como fantástica, sino también como una mala representa­

ción de los indios, que ni habían desenvuelto ni inventado las institu­ ciones monárquicas. El gobierno que formaron era una confedera­

 

ción de tribus, y nada más, y probablemente inferior en plan y sime­ tría a la de los iroqueses. Al tratar de este organismo, bastarán los títulos de comandante de guerra, sachem y jefe, para distinguir sus personajes oficiales.

La villa de Méjico era la más grande de América. Pintorescamen­

 

te ubicada en medio de un lago artificial, con sus espaciosas vivien­ das comunes revocadas de cemento, lo que les daba un blanco des­ lumbrante, separadas por aceras, presentaba, desde lejos, a los es­ pañoles, un espectáculo sorprendente y encantador. Era la revelación de una sociedad antigua, yacente dos etapas étnicas detrás de la so­ ciedad europea, y muy a propósito, por su ordenado plan de vida, para despertar la curiosidad e inspirar entusiasmo. Era inevitable cierta dosis de extravagancia en las apreciaciones.

 

Se han expuesto algunos pocos detalles tendientes a señalar el progreso azteca, a los que ahora cabe agregar otros más. Había jar­ dines de adomo, almacenes de armas y vestiduras militares, trajes más perfeccionados, géneros tejidos de algodón de elaboración esme­ rada, implementos y utensilios mejorados, y una mayor variedad de alimentos; la escritura simbólica,' empleada principalmente para in­ dicar el tributo en especies que cada aldea sometida debía satísfacer; un calendarlo para medir el tiempo, y mercados al aire libre para

 

(137) Difieren los cálculos sobre la población de Méjico que exponen

las historias españolas, pero varias de ellas concuerdan en el número de casas, que, por extraño que parezca, se fija en sesenta mil. Zuazo, quien visitó Mé­ jico en 1521, dio sesenta mil- habitantes (Prescott, Conq. of Mexico, II, página 112, nota); el Conquistador Anónimo que acompañó a Cortés, también dio sesenta mil habitantes, sobante mille habitants (H. Ternaux-Compans, X, 92). pero Gomara y Martyr dieron sesenta mil casas, y este cálculo ha sido adoptado

 

por Clavijero (Hist, of Mex., II, pág. 360), por Herrera (Hist, of Amer., II, 360) y por Prescott (Conq. of Mex., II, 112). Solis dice sesenta mil familias

 

(Hist. Conq. of Mex., loe. cit., I, 393). Este cálculo daría una población de-300.000, aun cuando en este tiempo Londres sólo comprendía 145.000 almas (Black, London, pág. 5). Por último, Torquemada, citado por Clavijero, escri­ be atrevidamente 120.000 casas. Poco puede dudarse de que las casas en este poblado eran en general grandes viviendas comunes, semejantes a las de Nue­ vo México del mismo período, con capacidad para alojar de diez a cincuenta

 

y hasta cien familias en cada una. Con cualquiera de ests cifras el error es no­ table. Zuazo y el Conquistador Anónimo son los que más se acercan a un cálculo verosímil, puesto que no hacen más que duplicar el número probable.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 241

 

el trueque de mercaderías. Habían sido creados- cargos administra­ tivos para atender a las exigencias de la creciente vida municipal; se había establecido un saderdocio para el culto en los templos, y un ritual que comprendía sacrificios humanos. El cargo de jefe prin­ cipal de guerra también había aumentado de importancia. Estas y otras circunstancias de su estado, que no necesitan ser mencionadas, suponen un desenvolvimiento correlativo de sus instituciones. Tales son algunas de las diferencias entre el estadio inferior y el medio de la barbarie, según las. ilustran las condiciones relativas de los iro­ queses y los aztecas, tribus que, sin duda, han tenido las mismas instituciones originales.

Expuestas estas indicaciones preliminares, quedan por considerar

 

las tres cuestiones más importantes y arduas relativas al régimen so­ cial de los aztecas, Se refieren en primer término a la existencia de

 

gentes y fratrías; segundo, a la existencia y funciones de un consejo de jefes; y tercero, a la existencia y funciones del cargo de coman­ dante militar general desempeñado por Moctezuma.

 

1. La e x i s t e n c i a d e       g e n t e s        y          f r a t r í a s

 

Podrá parecer extraño que los primeros escritores españoles no

se dieran cuenta de las gentes de los aztecas, si es que, en realidad, existían; pero el caso, es el mismo que ha sucedido con los iroque­ ses, bajo la observación de nuestra propia gente por más dé doscien­ tos años. Ya en una fecha lejana se había señalado la existencia entre ellos de clanes, designados con nombres de animales, pero sin com­ prenderse que era la unidad de un régimen social, sobre el cual

 

se apoyaba tanto la tribu como la confederación (138). El no haber advertido los investigadores españoles la existencia de la organiza­ ción gentilicia entre las tribus de la América Española no sería prue­ ba de que dicha organización no existiera; pero si existió, probaría sencillamente que sus trabajos han sido superficiales al respecto.

 

En las obras de^ los escritores españoles se encuentran muchos testimonios fragmentarios e indirectos que señalan la existencia de la fratría tanto como la de la gens, algunos de los cuales serán some­ tidos ahora a consideración. Se ha hecho referencia al frecuente uso del vocablo parentela , por Herrera, lo que indica que se había ad­ vertido agrupaciones de personas ligadas por afinidad de sangre. Estas, por sus dimensiones, parecen exigir la gens. Algunas veces

 

se emplea el término linaje para indicar una agrupación todavía mayor, implicando una fratría.

 

La villa de Méjico se hallaba dividida geográficamente en cuatro (138) L e a g u e o f th e Ir o q u o i s, pág. 78.

 

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cuarteles, ocupado cada uno por un linaje, una agrupación de per­ sonas más ligadas entre ellas por la consanguinidad, que respecto a los habitantes de los otros cuarteles.

 

Presuntivamente cada linaje era una fratría. A su vez cada cuartel estaba subdividido, y cada subdivisión local estaba ocupada por una comunidad de personas ligadas entre sí por algún vínculo común

 

(139). Presuntivamente esta comunidad era una gens. Los hechos casi reaparecen idénticos en la tribu afín de los tlascalanos. Su pueblo se halla dividido en cuatro cuarteles, cada uno ocupado por un linaje. Tenían su Teuctli propio, o jefe principal dé guerra, su. indumen­ taria militar característica y su propio pendón y estandarte (140). En calidad de un solo pueblo se hallaban bajo el gobierno de un consejo de jefes, que los españoles honraron con el nombre de senado tlascalana (141).

De igual suerte Cholula se dividía en seis cuarteles, que Herrera llama barrios, lo que se presta a iguales interpretaciones (142). Como los aztecas en sus subdivisiones sociales se habían distribuido entre ellos partes del pueblo que debían ocupar, estas zonas geográficas resultarían de su sistema de asiento. Si leemos a la luz de esta inter­ pretación la breve relación que hace Herrera, siguiendo a Acosta,

 

de estos cuarteles en la fundación de Méjico, nos acercaremos mucho a la verdad del asunto. Después de mencionar la construcción de una capilla de cal y canto para el ídolo , sigue Herrera: Cuando esto se nubo hecho, el ídolo ordenó a un sacerdote mandar a los hombres principales que se dividieran con sus parentelas y agrega­ dos en cuatro barrios o cuarteles, dejando la casa que acababan de construir para morada de él en el centro, y que cada bando edificara como mejor le pareciere. Estos son los cuatro cuarteles de Méjico hoy designados de San Juan, Santa María la Redonda, San Pablo y

 

San Sebastián. Habiéndose hecho la división en la forma ordenada,

el ídolo dispuso que se distribuyeran entre sí los dioses que él desig­ naría, y cada cuartel señalaría lugares especiales donde serían adora­ dos los dioses; y así cada cuartel contiene varios barrios menores según el número de dioses que su ídolo les mandó que adorasen...

 

Así fue fundado Méjico, Tenochtitlán... Cuando se hubo hecho la expresada división, aquellos que se tenían por perjudicados, con sus parentelas y agregados, se marcharon en busca de otro sitio (143), a saber: Tlatelueco, que era un lugar vecino.

Es una razonable interpretación de esta versión, la de que prime-

 

          H e r r e r a , III, 194, 209.

          H e r r e r a , II, 279, 304. C l a v i j e r o , I, 146.

          C l a v i j e r o , I, 147. Los cuatro jefes.de guerra eran ex oficio miem

bros

del Consejo, ib., II, 137.

          H e r r e r a , II, 310.

          H e r r e r a . III, 194.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 243

 

ro se dividieron por parientes en cuatro divisiones generales, y éstas en subdivisiones menores, lo cual es la fórmula usual para exponer conclusiones. Pero el proceso real fue precisamente al revés, a saber: cada grupo de parientes se ubicó por sí mismo en una zona de tal suerte que los más íntimamente emparentados estuviesen en con­

 

tacto geográfico entre sí. Dando por sentado que la subdivisión me­ nor era una gens, y que cada cuartel era ocupado por una fratría, constituida por gentes emparentadas, se hace perfectamente inteli­ gible la distribución primaría de los aztecas en su poblado. Sin esta afirmación no puede llegarse a una explicación satisfactoria. Cuando un pueblo organizado en gentes, fratrías y tribus, se asentaba en una villa o ciudad, se distribuía en gentes y tribus como consecuencia necesaria de su régimen social. De esta manera se asentaron en sus ciudades las tribus griegas y romanas.

 

Por ejemplo, las tres tribus romanas estaban organizadas en gen­ tes y curias, siendo la curia análoga a la fratría, y se ubicaron en Roma por gentes, por cuiias y por tribus. Los ramnes ocuparon el Monte Palatino. Los ticíes principalmente ocuparon el Quirinal, y los luceres, en su mayoría, el Esquilmo. Si los aztecas contaban con gentes y fratrías, desde que eran una sola tribu, necesariamente ha­ brían sido hallados en tantos cuarteles como fratrías tuviesen, y cada gens de la misma fratría, en general, ubicada por sí misma. Siendo así que marido y mujer eran de gentes diferentes, y los hijos corres­ pondían a la gens del padre o de la madre, según fuera la descenden­ cia por la línea masculina o por la femenina, preponderarían en cada localidad, los de una misma gens.

Su organización militar estaba basada en estas divisiones socia­

les. Así como Néstor aconsejó a Agamenón organizar sus tropas por

fratrías y tribus, los aztecas parecen haberse organizado por gentes

y fratrías. En la           Crónica Mexicana      del autor indígena Tezozomoc

(cita de la que soy deudor a mí amigo Ad. F. Bandelier, de High­

land, Illinois, quien se ocupa en la actualidad de su traducción), se

hace referencia a una proyectada invasión a Michoacán. Axavcatl

habló a los capitanes mejicanos Tlacatecatl y Tlacochcalcatl y a

todos los demás, preguntándoles si todos los mexicanos están listos,

según los usos y costumbres de cada barrio, cada cual con su capitán;

y si así era debían iniciar la marcha, debiendo todos reunirse en

Matlazinco Toluca      (144). Esto indica que la organización militar

era por gentes y fratrías.

 

Por inferencia, la existencia de gentes entre los aztecas, surge también de su régimen de tenencia de la tierra. Observa Clavijero que las tierras que eran llamadas Altepetlalli (altepetl-pueblo), es

 

          Crónica Mexicana, de Femando de Alvarado Tezozomoc, cap LI, pág. 83; Kingsborough, V, IX.

 

LEWIS H. MORGAN

 

decir, las de las comunidades de villas y aldeas se subdividían en tantas partes como distritos hubiesen en la villa, y cada distrito po­ seía la propia, enteramente distinta e independiente de toda otra. Estas tierras no podían ser enajenadas bajo concepto alguno (145), En cada una de estas comunidades se nos impone reconocer una

 

gens cuya localización era consecuencia necesaria de su régimen so­ cial. Clavijero pone el distrito por la comunidad, mientras era ésta la que formaba el distrito y poseía en común las tierras. El factor parentesco que unía cada comunidad, omitido por Clavijero, es dado por Herrera. Había otros señores, llamados padres mayores (sa­ chems), cuya propiedad en tierras pertenecía toda a un linaje (gens) que habitaba en un distrito, y había muchos de ellos cuando las tie­ rras fueron distribuidas en la época en que se pobló Nueva España;

 

y cada linaje recibió lo suyo y lo ha poseído hasta hoy; y estas tierras no pertenecían a ninguno en particular, sino a todos en común, y el que las poseyera no podía venderlas, bien que las usufructuaba

 

en vida, y las legaba a sus hijos y herederos; y si se extinguiera una casa quedaban para el pariente más próximo al que eran dadas y a ningún otro, quien administraba el mismo distrito o linaje (146).

 

En esta notable exposición nuestro autor se veía en figurillas para armonizar los hechos con la teoría corriente de las instituciones az­ tecas. Nos exhibe un señor azteca que posee un derecho sobre la tierra como propietario feudal y un título del rango que le pertenece, que los transmite a su hijo y heredero. Pero en honor a la verdad expone el hecho esencial de que las tierras eran propiedad de un cuerpo de consanguíneos, del cual él es intitulado el padre mayor, ejemplo: él era el saehem, se puede presumir, de la gens, y ésta era dueña de las tierras en común. La idea de que él poseía las tierras en calidad de custodio no significa nada. Hallaron jefes indios vin­ culados con la gens; cada gens poseía un lote de tierras en común, y cuando moría el jefe, su lugar era ocupado por su hijo, según

Herrera. Hasta ahí podía ofrecer analogía con una heredad española

y su jerarquía; y el error de concepto surgió por la falta de cono­

cimientos acerca de la naturaleza y tenencia del cargo de jefe. En

algunos casos comprobaron que el hijo no sucedía al padre, sino que

el cargo pasaba a alguna otra persona; de ahí el agregado de que

si alguna casa (otro rasgo feudal) se extinguía, ellas (las tierras)

pasaban al más próximo padre mayor , ejemplo: otra persona era ele­

gida para saehem, según la conclusión más aproximada que pueda

desprenderse de estas palabras. Lo poco que nos han dado los es­

critores españoles respecto a los jefes indios y a la tenencia de las

tierras por las tribus, está viciado por el empleo de términos adap-

 

          History of Mexico, II, 141.

          History of América, III, 314.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 245

 

tados a las instituciones feudales, que no tenían existencia entre ellos.

 

En este linaje estamos autorizados para reconocer una gens az­

 

teca; y en este señor, un saehem azteca, cuyo cargo era hereditario en la gens, en el sentido antes expuesto, y electivo entre sus miem­ bros. Si la descendencia era por la línea masculina, recaería la elec­ ción en uno de los hijos del saehem fallecido, propio o colateral, en un nieto, por uno de sus hijos, o en un hermano, propio o colateral. Pero si la descendencia seguía la línea femenina, recaería en un her­ mano o sobrino, propio o colateral, como ya se ha explicado en otra parte. El saehem no tenía título alguno sobre las tierras, y por lo tanto, nada que transmitir a otros. Se le creyó dueño porque desem­ peñaba un cargo perpetuamente ejercido, y porque existía un espa­ cio de tierra que pertenecía perpetuamente a la gens de la que él era saehem . Esta mala inteligencia del cargo y de su tenencia ha sido fuente inagotable de innumerables errores en nuestras historias aborígenes. El linaje de Herrera, y las comunidades de Clavijero, eran evidentemente organizaciones, y la misma organización. Sin caer en cuenta del hecho, hallaron en este cuerpo de parientes la unidad del régimen social la gens, como lo debemos presumir.

 

Los jefes indios son intitulados señores por los escritores espa­ ñoles, e investidos de derecho sobre las tierras y las personas, qúe jamás fueron suyas. Es un error de concepto llamar señor, en el sen­ tido europeo, a un jefe indio, porque esto implica una condición de sociedad que no tenía existencia. El señor posee rango y jerarquía por derecho hereditario, que se lo garantiza mía legislación especial, en derogación de los derechos del pueblo como un conjunto. Des­

 

pués del derrocamiento del feudalismo este rango y jerarquía no com­ prometen obligaciones cuyo cumplimiento pueda ser exigido por el rey o el reino, como uso de un derecho.

 

Al contrario, el jefe indio desempeña un cargo, no por derecho hereditario, sino por voto de un electorado que se guarda el dere­ cho de deponerlo con causa. El cargo lleva en sí la obligación de cumplir ciertos deberes en bien de la comunidad. No tenía autoridad alguna sobre las personas, bienes o tierras de los miembros de la gens. Aquí se ve que no existe analogía alguna entre el señor y su jerarquía, y un jefe indio y su cargo. Uno pertenece a la sociedad política y representa una agresión de los pocos contra los muchos; mientras que el otro pertenece a la sociedad gentilicia, y se funda en el interés común de los miembros de la gens. Los privilegios de­ siguales no encuentran sitio en la gens, la fratría o la tribu. Han de aparecer aún otros rastros de la existencia de la gens az­ teca. Por lo menos, se ha probadp a prima facie, la existencia de gen­ tes entre ellos. Había también un antecedente de probabilidad en el mismo sentido, en la presencia de los dos mieníbros superiores de la

 

246 LEWIS H. MORCAN

 

serie orgánica, la tribu y la confederación, y en el predominio gene­ ral del régimen en otras tribus. Con un pequeño estudio detenido

 

de parte de los escritores españoles de los primeros tiempos, el asun­ to hubiera quedado libre de duda, y, como consecuencia, la historia azteca hubiese presentado muy distinto aspecto.

 

Las reglas de herencia de la propiedad entre los aztecas nos han llegado en forma confusa y contradictoria. Ellas no forman parte de este estudio salvo en cuanto revelan la existencia dé cuerpos de con­ sanguíneos y la herencia de los padres por los hijos. Si esto último fuera un hecho, comprobaría la descendencia por la línea masculina, como también un adelanto extraordinario en el conocimiento de los bienes como propiedad. No es probable que los hijos disfrutaran de una herencia exclusiva, ni tampoco que azteca alguno fuese dueño

 

de un palmo de tierra que pudiese llamar suyo propio, con facultad de venderlo y transmitirlo a quien quisiera.

 

2. L a e x i s t e n c i a y f u n c i o n e s d e l c o n s e j o d e j e f e s

 

La existencia de semejante consejo entre los aztecas, pudo ser

predicha por la constitución necesaria de la sociedad india. En teo­

ría hubiera sido compuesto por aquellos jefes, distinguidos como

sachems, que representaban agrupaciones de parentela, investidos de

un cargo peipetuamente desempeñado. Aquí también como en otra

parte, surge la necesidad de ia gens, cuyo jefe principal representa­

ría al pueblo en las últimas subdivisiones sociales, como entre los

indios del norte. Las gentes aztecas son lógicamente necesarias para

explicar la existencia de un consejo azteca; pero no existe constancia

del número de sus miembros ni de sus funciones. Brasseur de Bour-

bourg hace la observación general de que     casi todos los pueblos o

tribus están divididos en cuatro clanes o cuarteles cuyos jefes cons­

tituyen el gran consejo           (147).

 

No está claro si él quería limitar el número a un jefe por cada cuartel; pero en otra parte él limita el consejo azteca a cuatro jefes. Diego Durán, que escribió su obra en 1579-81, precediendo así a Acosta, tanto como a Tezozomoc, dice-, Primero debemos saber que

 

en Méjico, después de haber elegido un rey, eligieron cuatro señores de los hermanos o parientes cercanos de este rey a los que dieron

 

el título de príncipes de entre los cuales debían elegir rey. (A estos cargos da él los nombres de Tlacachcalcatl, Tlacatecal, Ezuauuacatl

 

y Fillancalque)... Estos cuatro Señores, después de haber sido ele­ gidos príncipes, fueron considerados consejo real, como presidentes y jueces del consejo supremo, sin cuya opinión nada se podía hacer

 

          Popol Vuh. Introd. p. 117, nota 2.

 

LA SOCIEDAD PBIMITIVA 247

 

(148). Accsta, después de citar los mismo cargos y calificar de elec­ tores los que los desempeñaban, observa que, todas estas cuatro dignidades eran del gran consejo, sin cuyo dictamen el rey no podía hacer nada de importancia (149). Y Herrera, después de colocar estos cargos en cuatro rangos, continúa: Estas cuatro clases de nobles eran del consejo supremo, sin cuyo dictamen el rey no podía hacer nada de importancia, y ningún rey podía ser escogido, sino uno de estas cuatro órdenes (150).

El empleo del término rey para describir un jefe principal de gue­ rra, y de príncipe para describir jefes indios, no pueden crear un es­ tado o una sociedad política donde no existió; pero como designa­ ciones mal aplicadas todavía rellenan y desfiguran nuestra historia aborigen, y por esta razón deben ser eliminadas. Cuando los Huexo-tzincos enviaron delegados a Méjico, proponiendo una alianza contra los tlascalanos, Moctezuma, según Tezozomoc, les dirigió la palabra como sigue: Hermanos e hijos, os doy la bienvenida, descansad un rato, porque si bien soy rey, yo sólo no puedo satisfaceros, sino sola­ mente con todos los jefes del sagrado senado Mexicano (151). Las relaciones citadas reconocen la existencia de un consejo supremo,

 

con autoridad sobre la acción del jefe de guerra principal, lo que es el punto primordial. Esto tiende a demostrar que los aztecas se guardaban de un déspota irresponsable, al someter su acción a un consejo de jefes, haciendo que su cargo fuese electivo y estuviese sujeto a ser depuesto. Si los antecedentes incompletos y limitados de estos autores significan reducir éste consejo a cuatro miembros, como parece darlo por entendido Durán, la limitación es improbable.

 

Como tal, el consejo representaría, no la tribu azteca, sino el corto número de parientes entre los cuales se elegiría el comandante

 

militar. No es esta la teoría de un consejo de jefes. Cada jefe repre­ senta un electorado, y la junta de jefes representa a la tribu. Algunas veces se hace una selección de entre ellos para formar un consejo general pero es a base de un precepto orgánico que fija su número

 

y provee a su perpetuación. Se dice que el consejo tezcucano se com­ ponía de catorce miembros (152), mientras que el consejo en Tlascala era un cuerpo numeroso. La estructura y principios ele la sociedad india requieren un consejo entre los aztecas, y por tanto se debía contar con su existencia. En este consejo podemos reconocer el ele-

 

          History of de Indies of New Spain and Island of the Main Land. Mexico, 1867. Ed. por José F. Ramírez, pág. 102, publicado del manuscrito original. Traducción de Bandelier.

 

          The Natural and Moral History of the East and West Indies, London, ed. 1604. Traducción de Grimstone, pág. 485.

 

          History of America, 111, 224.

          Crónica Mexicana, cap. XCVII. Trad. Bandelier,

          Ixtlilxochitl. Hist. Chichimeca. Kingsborough. Mex. Antiq., IX, pá­ gina 243.

 

LEWIS H. MORGAN

 

mentó perdido de la historia azteca. Es esencial el conocimiento de sus funciones para la comprensión de la sociedad azteca.

En las historias corrientes este consejo figura, desde que es la

junta consultiva de quien toma consejo Moctezuma, como un consejo

de ministros de su propia creación; así dice Clavijero:         En la his­

toria de esta conquista hallaremos a Moctezuma en frecuente deli­

beración con su consejo, sobre las pretensiones de los españoles. No

conocemos el número de cada consejo ni tampoco los historiadores

nos suministran las luces necesarias para ilustrar tal asunto (153).

Era una de las primeras cuestiones que exigían investigación, y el

hecho de que los escritores de los primeros tiempos fracasaran al

indagar su composición y funciones, es prueba concluyente del ca­

rácter superficial de sus trabajos. Nos consta, empero, que el conse­

jo de jefes es institución que vino con las gentes, que representa un

electorado, y que desde tiempo inmemorial fue convocado y tenía

sus .poderes originarios de gobierno.

 

Hallamos un consejo tezcucaño y tlacopano, uno trascalano, uno cholulano y uno michoacano, compuestos todos por jefes. Los tes­ timonios concuerdan en establecer la existencia de un consejo azteca de jefes; pero cuando se lo limita a cuatro miembros, todos del mis­ mo linaje, se lo presenta en forma improbable. Fuera de toda duda fundada, cuanta tribu había en Méjico y Centroamérica tenía su consejo de Jefes. Era el cuerpo gubernativo dé la tribu, y fenómeno constante en toda región de la América aborigen. El consejo de jefes es la más antigua institución de gobierno del género humano. Puede exhibir una sucesión ininterrumpida en los diversos continentes, des­ de el estadio superior del salvajismo, a través de los tres subperío-dos de barbarie, hasta el comienzo de la civilización, cuando, ha­ biéndose transformado con el nacimiento de la asamblea del pueblo

 

en un consejo de previa consideración, dio ser a la moderna legis­ latura de dos cuerpos.

No parece que haya habido un consejo general de la confedera­

 

ción azteca, compuesto de los jefes principales de las tres tribus, distinto de los consejos separados de cada una. Este punto necesita­ ría ser completamente dilucidado antes de poder saber si la orga­ nización azteca era simplemente una liga, ofensiva y defensiva, o una confederación en que las partes se integraban en un todo simétrico. Este problema aguarda una futura solución.

 

          History of Mexico, II, 132.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 249

 

          L a t e n e n c i a y f u n c io n e s d e l ca r go d e l j e f e p r i n c i p a l d e g u e r r a

 

 

Según la información más fidedigna que ha sido posible obtener la designación del cargo desempeñado por Moctezuma, era simple­ mente Teuctli, que significa Jefe de Guerra. En calidad de miembro

 

del consejo de jefes se le decía algunas veces Tlatoani, que significa: El que habla . El cargo de comandante militar general era el más alto conocido entre los aztecas. Era el mismo cargo y provisto de iguales condiciones que el de jefe principal de guerra en la confe­ deración iroquesa. La persona que lo desempeñaba era ex officio, miembro del consejo de jefes, según se infiere del hecho de que en algunas tribus el jefe principal de guerra gozaba de prelación en el consejo, tanto en el debate como en la exposición de su dicta­ men (154).

 

Ninguno de los escritores españoles atribuye este título a Moc­ tezuma o a sus sucesores. Fue substituido por el impropio título de rey. Ixtlilxochitl, que era de descendencia mestiza, tezcucana y es­ pañola, designa a los jefes principales de guerra de Méjico, Tezcuco y Tlacopan, con el solo título de jefe de guerra, con un agregado para indicar la tribu. Después de hablar de la división de poderes, al constituirse la confederación, entre los tres jefes, y la reunión de és­ tos en esa oportunidad, continúa: El rey Tezcuco fue saludado con

el título de Aculhua Teuctli, y también con el de Chiehimecatl Teuc­ tli, que habían llevado sus antepasados, y que era la señal del im­ perio; Itzcoatzin, su tío, recibió el título de Cuíhua Teuctli, porque remaba sobre los Toltecas-Culhuas; y Totoquihuatzin, el de Tecpa-nuatl Teuctli, que había sido el título de Azcaputzalco. Desde enton­ ces sus sucesores han recibido el mismo título (155). Itzcoatzin, (Itzcoatl), a quien aquí se menciona, era jefe de guerra de los az­ tecas cuando se constituyó la confederación. Como el título era

jefe de guerra, que también correspondía a varios otros en esa fecha, la distinción honrosa consistía en vicuíarlo a una designación de tribu. En el habla india el cargo desempeñado por Moctezuma, equi­ valía a jefe de guerra principal, y en inglés a general. Clavijero reconoce este cargo en varias tribus Nahuatlac, pero

 

(154) El título de Teuctli se agregaba como apellido al nombre apelativo

de la persona elevada a esta dignidad, como ser, Chichimeca-Teuctli , Pil-Teuctly y otros. El teuctli tenía prelación sobre todos los demás en el Senado, tanto en el orden de asiento como en el de votar, y se les permitía tener a sus espaldas un sirviente con un asiento, lo que se tenía por privilegio del más alto honor . Clavijero, II, 137. Ésta es una reaparición del sub-sachem de (os iraqueses, detrás de su jefe.

 

          Historia Chichimeca, cap. XXXII. Kingsborough. Mex. Antiq., IX, 250 LEWIS H. MORGAN

 

nunca lo atribuye al jefe de guerra azteca. El más elevado rango de nobleza en Tlascala, en Huexotzingo y en Cholula era el de Teuc-tli. Para alcanzar este rango se exigía ser de cuna nobiliaria, haber dado en varios combates pruebas del mayor arrojo, haber cumplido cierta edad, y disponer de grandes riquezas para hacer frente a los enormes gastos indispensables para la representación de semejante dignidad (156). Después de ensalzar a Moctezuma en potentado ab­ soluto, investido de poderes civiles tanto como militares, se deja en

 

la penumbra la naturaleza y poderes del cargo que él desempeñaba; en una palabra, sin investigar. En su calidad de comandante militar general disponía de los medios de granjearse el favor y afianzarse én el respeto popular.

 

Era cargo peligroso pero necesario para la tribu y la confedera­ ción. En toda la experiencia humana, desde el estadio inferior de la barbarie hasta los tiempos presentes, ha sido siempre un cargo peli­ groso. La seguridad actual de las naciones civilizadas, hasta donde exista, se afianza en constituciones y leyes. Con toda probabilidad, un organismo de usos y costumbres se desarrolló en las tribus ade­ lantadas indias y entre las tribus del valle de Méjico, que regla­ mentaba las facultades y preceptuaba los deberes del cargo. Existen razones generales para fundamentar la suposición de que

 

el consejo de jefes de los aztecas era supremo, no sólo en los asuntos civiles, sino también en los militares, comprendiendo a la persona

 

y desempeño del jefe de guerra. No cabe duda de que el incremento de población y el progreso material hacían más complejo el régimen político de los aztecas, y por esta misma razón hubiera sido de lo más instructivo el conocimiento preciso del mismo. Si fuera dado indagar los detalles exactos de su organización de gobierno, ellos serían tan notables como para no necesitar adornos de ninguna na­ turaleza.

 

Concuerdan en general los escritores españoles al afirmar que el cargo desempeñado por Moctezuma era electivo y restringida la elección a una familia determinada. Se comprobaba que el cargo era transmitido de hermano a hermano, o de tío a sobrino. No su­ pieron explicar, empero, por qué en algunos casos no se transmitía de padre a hijo. Desde que el régimen de sucesión era musitado para los españoles, había menos posibilidad de error respecto al hecho principal. Por más datos, se produjeron dos sucesiones bajo la ob­ servación directa de los conquistadores. A Moctezuma sucedió Cui-tlahua. En este caso el cargo pasaba de hermano a hermano, bien que, no reconociendo su régimen de consanguinidad no podemos sa­ ber si eran hermanos propios colaterales. A la muerte de éste último fue elegido Cuatemozin para sucederle. Aquí el cargo pasa de tío

 

          History of Mexico, loe. cit., II, 136. LA SOCIEDAD FLEMITrVA 251

 

a sobrino, pero no nos consta si era sobrino propio o colateral (Véa­ se Tercera Parte, cap. III). En casos anteriores el cargo había sido transmitido de hermano a hermano y también de tío a sobrino (157).

 

Un cargo electivo presupone un electorado; pero en este caso, ¿quiénes formaban el electorado? Para hacer frente a esta pregunta se presentan los cuatro jefes mencionados por Durán (supra) como electores, a los que se agrega un elector de Tezcuco y uno de Tla-copan, resultando seis los que ahora están investidos de la facultad de escoger para jefe de guerra principal a uno de una determinada familia. No es esta la teoría, de un cargo electivo indio, y se le puede hacer a un lado como improbable. Sahagún indica un electorado mucho más amplio. Cuando moría el rey o Señor dice todos

 

los senadores llamados Tecutlatoques, y los hombres ancianos de la tribu llamados Achcacauhtli, y también los capitanes y viejos gue­ rreros llamados Yautequioaques, y otros capitanes prominentes en asuntos de guerra, y también los sacerdotes llamados Tlenamacaques, o Papasaques, todos se reunían en las Casas Reales. Entonces de­ liberaban y determinaban quién había de ser el Señor, y escogían uno del más noble linaje de los señores antiguos, que debía ser hombre valiente, experimentado'en asuntos de guerra, atrevido y arrojado...

 

Cuando hubiesen llegado a un acuerdo en seguida lo nombraban

Señor, pero esta elección no se verificaba con papeletas o votos, sino conferenciando todos juntos hasta convenir sobre un mismo indivi­ duo. Elegido el Señor, elegían también otros cuatro, que'eran como senadores y tenían que acompañar siempre al Señor y estar al tanto de los negocios del reino (158).

 

Este sistema de elección por una numerosa asamblea bien que señala el elemento popular que indudablemente existía en el ré­ gimen de gobierno, está fuera del método de las instituciones indias. Antes de que puedan hacerse inteligibles la tenencia y forma de elec­ ción de este cargo, es necesario saber si ellos estaban o no organizados en gentes si la descendencia seguía la línea masculina o la femenina,

 

y conocer algo de su régimen de consanguinidad. De practicar el sistema comprobado en muchas otras tribus de la familia Ganowa-niana, lo que es probable, el hombre llamaría hijo al hijo de su her­ mano v sobrino al hijo de su hermana; diría padre al hermano de

 

su padre, y tío al hermano de su madre; hermanos y hermanas a los hijos del hermano de su padre, y primos a los hijos del hermano de su madre y así por el estilo. De estar organizados en gentes con des­ cendencia por la línea femenina, el hombre tendría hermanos, tíos, sobrinos y abuelos y nietos colaterales dentro de su propia gens; pero

 

          C l a v i j e r o , II, 126.

          Historia General, cap. XVIII.

 

252 LEWIS H. MORGAN

 

ni padre ni hijo propios, ni abuelo en línea directa. Sus propios hijos y los hijos de su hermano pertenecerían a oirá gens.

 

Por ahora no se puede afirmar que los aztecas estuviesen organi­ zados en gentes, pero la sucesión del cargo de jefe principal de gue­ rra es de suyo un fuerte indicio del hecho, porque ofrecería la ex­ plicación completa de esta sucesión. Así, con la descendencia por

 

la línea femenina, el cargo sería hereditario en una gens determinada, pero electivo entre los miembros. En tal caso el cargo se transmitiría por elección dentro de la gens, de hermano a hermano, o de tío a sobrino, precisamente como sucedía entre los aztecas, pero nunca de padre a hijo. En ese mismo tiempo, entre los iroqueses, los cargos

 

ae sachem y jefe principal de guerra pasaban de hermano a herma­ no, o de tío a sobrino, según recayera la elección, pero nimca al hijo. Era la gens, con la descendencia por la línea femenina, la que daba este régimen de sucesión, la que no hubiera podido asegurarse por ningún otro medio concebible. En presencia de estos hechos es difícil resistir la conclusión de que los aztecas estaban organizados en gentes, y que, por lo menos con respecto a este cargo, la descen­ dencia todavía seguía la línea femenina.

Cabe entonces sugerir, como explicación posible, que el cargo desempeñado por Moctezuma era hereditario en una gens (el águila era el blasón o totem de la casa ocupada por Moctezuma) entre cuyos miembros se hacía la elección; que luego su designación era some­ tida separadamente a los cuatro linajes o divisiones de los aztecas (que se conjetura fueran fratrías), para su aceptación o rechazo; y también a los tezcucanos y los tlaeopanos, que estaban directamente interesados en la elección del comandante general. Cuando cada cual había considerado y confirmado la designación, cada división nombraba una persona para expresar su acuerdo; de ahí los errónea­ mente llamados electores. No es improbable que los cuatro altos jefes de los aztecas, que muchos autores llaman electores, fuesen en ver­ dad los jefes de guerra de las cuatro divisiones de los aztecas, tal como los cuatro jefes de guerra de los cuatro linajes de los tlascala-

 

nos. La función de estas personas no era la de elegir, sino de ave­ riguar en conferencia con cada una de las otras, si la elección rea­ lizada por la gens había coincidido y, en caso afirmativo, anunciar el resultado. Lo que antecede se presenta como explicación conje­ tural, a base de los fragmentos de testimonio que aún nos restan del sistema de sucesión del cargo azteca de jefe principal de guerra. Se ve que se concilia con los usos indios y con la teoría del cargo de un jefe indio electivo.

El derecho de deponer es consecuencia necesaria del derecho de elegir, cuando el período es vitalicio. De este modo se convertiría en un cargo que duraba mientras se lo desempeñaba correctamente. En estos dos principios de elección y deposición universalmente encar-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 253

 

nados 'en el régimen social de los aborígenes americanos, existe tes­ timonio suficiente de que el poder soberano permanecía práctica­ mente en manos del pueblo. La facultad de deponer, aún cuando

 

rara vez ejercida, era vital para la organización gentilicia. Moctezu­ ma no era excepción en esta regla. Bajo las circunstancias especiales del caso, se necesitaba tiempo para alcanzar este resultado, puesto que hacía falta una razón grave. Cuando intimidado Moctezuma se

 

dejó conducir desde su lugar de residencia a los cuarteles de Cortés, donde fue puesto en prisión, los aztecas quedaron paralizados por

 

un tiempo, por la falta de un comandante militar. Los españoles se posesionaron tanto del hombre como del cargo (159).

 

Ellos aguardaron unas semanas, en la esperanza de que los espa­ ñoles se marcharían; pero cuando cayeron en cuenta de que éstos pensaban quedarse, hicieron frente a la situación, como existe razón para creerlo, con la deposición de Moctezuma por falta de reso­ lución, y eligieron a su hermano como reemplazante. Acto continuo emprendieron el asalto a las posiciciones españolas, con gran furia, y lograron desalojarlos del poblado. Esta conclusión respecto a la deposición de Moctezuma encuentra amplia corroboración en la ex­ posición de Herrera. Después de iniciado el ataque, Cortés, al notar que los aztecas obedecían a un nuevo comandante, se dio cuenta en el acto de la verdad, y envió a Marina a preguntar a Moctezuma

 

si creía que habían puesto el mando en sus manos (160), ejemplo: en las manos del nuevo comandante. Se dice que Moctezuma contestó: que no se atreverían a escoger un nuevo rey en Méjico mientras

 

él viviera (161). Luego él subió a la azotea de la casa y se dirigió a sus paisanos, diciéndoles entre otras cosas: que se le había infor­ mado que ellos habían elegido otro rey porque él estaba preso y amaba a los españoles , a lo que contestó agriamente un guerrero azteca: Calla, tú, villano afeminado, nacido para hilar y tejer; estos perros te tienen prisionero; ¡tú eres un cobarde! (162). Luego le

 

          Los españoles descubrieron en las islas de las Antillas que cuando

tomaban prisionero al cacique de una tribu y lo mantenían cautivo, los indios, se desmoralizaban y se negaban a combatir. Aprovechando este conocimiento, cuando entraban a tierra firme se ingeniaban para apresar al jefe principal, por la fuerza o por engaño, y mantenerlo prisionero hasta tanto hubiesen al­ canzado su objeto. Cortés sencillamente se guió por esta experiencia cuando se apoderó de Moctezuma y lo mantuvo cautivo en su cuartel general, y Pizarro procedió del mismo modo cuando hizo prender a Atahualpa. De acuerdo con

 

las usanzas indias, cuando un prisionero sufría pena de muerte, si era un

jefe principal, el cargo volvía a la tribu y se llenaba en seguida. Pero en estos casos el prisionero seguía en vida y en posesión de su cargo, de suerte

 

que no cabía llenarlo de nuevo. La acción del pueblo quedó paralizada por circunstancias nuevas. Cortés colocó a los aztecas en esta situación.

 

          History o f Mexico, III, 66.

          Ibidem IH, 67.

          Clavijero, II, 406.

 

LEWIS H . MORGAN

 

tiraron con flechas y lo apedrearon, de efectos de lo cual, v de su profunda humillación, corto tiempo después falleció. El jefe de gue­ rra en el ataque de los aztecas fue Cuitlahua, hermano de Mocte­ zuma, y su sucesor (163).

 

Respecto a las funciones de este cargo, muy poca información satisfactoria proporcionan los escritores españoles. No existe razón alguna para suponer que Moctezuma tuviera atribuciones respecto

 

a los asuntos civiles de los aztecas. Más bien todas las presunciones le son contrarias. En campaña tenía las facultades de un general respecto a los asuntos militares, pero es probable que el consejo de­ cidía sobre las operaciones militares. Es interesante señalar que las funciones de sacerdote estaban comprendidas en las de jefe prin­ cipal de guerra, y, según se pretende, también las de juez (164). La temprana aparición de estas funciones en el crecimiento natural del cargo militar, motivarán nueva referencia al tratar las del basileus. No obstante ser el gobierno de dos poderes, es probable que el con­ sejo fuese supremo en casos de conflicto de autoridad, y en asuntos civiles y militares. Debe tenerse presente que el consejo de jefes era el de mayor antigüedad, y tenía una sólida base de facultades

 

en las necesidades públicas y en el carácter representativo del cargo de jefe.

 

La tenencia del cargo de jefe principal de guerra y la presencia de un consejo investido de la facultad de deponer, tienden a demos­ trar que las instituciones de los aztecas eran esencialmente demo­ cráticas. El principio electivo con respecto al jefe de guerra, que de­ bemos suponer existía en cuanto al sachem y jefe, y la presencia

 

de un consejo de jefes, fijan el hecho principal. Una democracia pura del tipo ateniense no era conocida en el- estadio inferior, o en el medio, ni aún en el superior de la barbarie; pero es muv impor­ tante saber si las instituciones de un pueblo son esencialmente de­ mocráticas o esencialmente monárquicas, cuando tratamos de inter­ pretarlas. Las instituciones de aquella clase se hallan tan alejadas de las de ésta, como la democracia de la monarquía. Sin cerciorarse de

 

la unidad de su régimen social, sí, como es probable, estuvieron or­ ganizados en gentes, y sin lograr el conocimiento del sistema que efectivamente existiera, los escritores españoles inventaron audaz­ mente para los aztecas, una monarquía absoluta, con altos atributos feudales, y lograron ubicarla en la historia. Por culpa de la indolen­ cia americana esta mala inteligencia ha perdurado todo lo que me­ reció perdurar,

 

La confederación azteca se exhibía claramente a los españoles como liga o confederación de tribus. Solamente la más burda fal­

 

lí 63) C l a v i j e r o , II, 404.

          H e r r e r a , III, 393. LA SOCIEDAD PKIMTnVA 255

 

sedad de hechos patentes pudo haber habilitado a los escritores es­ pañoles a fabricar una monarquía azteca a base de una organización democrática.

 

En teoría, los aztecas, tezcucanos y tlacopanos, debieron haber tenido cada cual su sachem principal para representar a la tribu en los asuntos civiles cuando el consejo ae jefes no estaba reunido, y

 

para dar iniciativa a sus trabajos. Se encuentran huellas, entre los aztecas, de un funcionario semejante, en el Ziahuacatl, algunas ve­ ces llamado segundo jefe, así como al jefe de guerra se le llama el primero. Pero los antecedentes disponibles al respecto son demasiado limitados para fundar la discusión de este asunto.

 

Se ha expuesto cómo entre los iroqueses los guerreros podían comparecer ante el consejo de jefes y expresar sus vistas sobre asun­ tos de interés público; y cómo las mujeres podían hacer otro tanto por intermedio de oradores de su propia elección. Esta participación popular en el gobierno condujo, con el tiempo, a la asamblea po­ pular con facultad de aprobar o rechazar medidas de interés pú­ blico, presentadas por el consejo. Respecto a los indios pueblos no existe constancia, tanto como sabe el autor, de que hubiese asamblea popular con facultad de considerar asuntos de interés público y re­ solverlos, És probable que los cuatro linajes se reunieran con pro­ pósitos especiales, pero esto es muy distinto de una asamblea general para asuntos de orden público. Dado el carácter democrático de sus instituciones y su condición adelantada, los aztecas se aproximaban estrechamente a la época en que se podría esperar que apareciera la asamblea del pueblo.

 

El desenvolvimiento del concepto de gobierno entre los aborí­ genes americanos se inició, como en otra parte se ha observado, con

 

la gens, y acabó con la confederación. Sus instituciones eran sociales y no políticas. Mientras la noción de la propiedad no progresó mucho más allá del punto que ellos habían alcanzado, era imposible subs­ tituir con la sociedad política, la gentilicia. No existe un sólo hecho que compruebe que alguna parte de los aborígenes, por lo menos en Norteamérica, hubiese alcanzado concepto alguno del segundo

 

gran plan de gobierno, basado sobre el territorio y sobre la propie­ dad. El espíritu del gobierno y la condición del pueblo armoni­ zan con las instituciones bajo las que viven. Cuando predomina

 

el espíritu militar, como entre los aztecas, surge naturalmente una democracia militar bajo instituciones gentilicias. Tal gobierno no suplanta al espíritu libre del pueblo ni debilita los principios de la democracia, sino que actúa con ellos en armoniosa concordancia.

 

VIII

LA    GENS   GRIEGA

 

Se puede decir que la civilización dio sus primeros pasos entre los griegos asiáticos, con la composición de los poemas homéricos, aproximadaménte en el año 850 (a. de J. C.); y, entre los griegos europeos, como un siglo más tarde, con la composición de los poe­ mas hesiódicos. Con anterioridad a estas épocas, transcurrió un lapso de varios millares de años, durante el cual las tribus helénicas re­ corrían el período posterior de la barbarie y se preparaban para su entrada en el ciclo de la civilización. Sus más antiguas tradiciones los halla ya establecidos en la península griega, sobre la ribera oriental del Mediterráneo, y en las islas inmediatas y adyacentes. Una rama más antigua del mismo tronco, de la cual los pelasgos eran los principales representantes, los había precedido en la ocupación de la mayor parte de estas zonas y con el tiempo fue helenizada

 

por ellos u obligada a emigrar. La anterior condición de las tribus helénicas y de sus predecesores se puede deducir de las artes e in­ ventos que trajeron del período anterior; del estado de desenvol­ vimiento de su lengua; de sus tradiciones y de sus instituciones so­ ciales, que sobrevivieron individualmente hasta el período de la civilización. En general, nuestro estudio se circunscribirá a los he­ chos de la última categoría.

Los pelasgos y los helenos, por igual, estaban organizados en

 

gentes, fratrías (165) y tribus; que luego se unificaron en naciones. En algunos casos la serie orgánica no se completó. Fuese en tribus

 

o en naciones, su gobierno descansaba sobre la gens como factor unitario de la organización, y dio por resultado una sociedad o pue-

 

          Las fratrías no eran comunes en las trib u s dóricas. M Ü i a e r: Do­ rians, trad, de Tu fuer y Law, ed. Oxford, II, 82.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 257

 

blo gentilicio muy distintos de una sociedad o estado político. El órgano de gobierno era un consejo de jefes, con la cooperación de una ágora o asamblea del pueblo, y de su basileus o comandante militar.

 

El pueblo era líbre, y democráticas sus instituciones, A impulso de nuevas ideas y necesidades, la gens había evolucionado de su forma arcaica a su forana definitiva. Las irresistibles exigencias de una so­ ciedad en evolución le habían impuesto modificaciones; más, no obstante sus cesiones, la incapacidad de la gens para hacer frente

 

a estas exigencias, se ponía cada vez más de manifiesto. Las mo­ dificaciones principales se limitaban a tres detalles: primero, la descendencia se transfirió de la línea femenina a la masculina; se­ gundo, el matrimonio dentro de la gens fue consentido en el caso de huérfanas y herederas; y tercero, los hijos lograron la herencia exclusiva de sus padres. En otro lugar se procurará seguir, breve­ mente, las huellas de estos cambios y las causas que los produjeron. Los helenos eran, en su mayoría, tribus fragmentarias, que ex­ hibían en su gobierno las mismas características que las tribus bár­ baras en general, mientras se hallan organizadas en g entes y en el mismo grado de adelanto. Su condición era precisamente la que

 

se podía esperar que existiera bajo instituciones gentilicias, y por tanto no presentaba nada de notable.

 

Cuando la sociedad griega fue por primera vez observada histó­ ricamente, al tiempo de la primera Olimpiada (776 a. de J. C.), y si­ guiendo hasta la legislación de Clístenes (509 a, de J, C.), se hallaba comprometida en la solución de un gran problema. Era nada menos que un cambio fundamental en la forma de gobierno que entrañaba

 

un gran cambio en las instituciones. El pueblo procuraba pasar de la sociedad gentilicia en que había vivido desde tiempo inmemorial, a la sociedad política, basada en la propiedad y el territorio, ahora esenciales para su marcha hacia la civilización. En una palabra, pro­ curaba establecer el Estado, el primero en la experiencia de la fami­ lia aria, y de situarlo sobre una base territorial, tal como lo ha esta­ do desde ese tiempo hasta el presente.

 

La sociedad antigua descansaba sobre una organización de per­ sonas y era regida por las relaciones de las personas con la gens o tribui pero las tribus griegas iban sobreponiéndose a este viejo plan de gobierno y comenzaban a sentir la necesidad de un sistema polí­ tico. Para alcanzar este resultado sólo era necesario inventar el demos o municipio, circunscripto por vallas, darle un nombre y or­ ganizar sus habitantes como un cuerpo político. El pueblo, con sus extramuros, la propiedad fija que contenía, y sus habitantes actuales, debía ser la unidad de organización del nuevo plan de gobierno.

 

En adelante el gentil, convertido en ciudadano, sería considerado por el Estado de acuerdo con sus relaciones territoriales y no per-

 

258 LEWIS H. MORGAN

 

sonales con la gens. Sería enrolado en el pueblo de su residencia, y este enrolamiento sería el testimonio de su ciudadanía; votaría en su

 

pueblo y sufriría el gravamen de los impuestos, y sería convocado por su pueblo para el servicio militar. No obstante parecer una idea sencilla, su logro exigió siglos de tiempo y una completa revolución en los conceptos preexistentes de gobierno.

Como antes se ha dicho, la gens, que por tan largo tiempo había

 

sido el factor unitario del régimen social, había demostrado ser ina­ decuada para resolver las exigencias de una sociedad en progreso. Pero por la naturaleza del caso, era medida de extrema dificultad

 

el dejar a un lado esta organización, junto con la fratría y ia tribu y substituirla por comarcas fijas, cada una con su comunidad de ciu­ dadanos. Las relaciones del individuo con su gens, que eran persona­ les, necesitaban ser transferidas al pueblo o villa y convertirlas en territoriales; y el. Demarca del pueblo (autoridad principal del demos o pueblo antiguo de Grecia), ocupaba en cierto sentido el lugar del jefe de la gens. El pueblo con su propiedad fija sería permanente, y la población reunida participaría también de este carácter mientras que la gens era un conglomerado fluctuante de personas más o menos dispersas y ahora volviéndose incapaces de permanecer en una cir­ cunscripción localizada.

Siendo anterior a toda experiencia, el pueblo como unidad de un

sistema político, era un concepto abstruso que debía poner a prueba

hasta lo más fundamental de las capacidades de los griegos y de los

romanos, antes que el concepto pudiera llegar a tomar forma y ser-

puesto en práctica. La propiedad fue el nuevo elemento que gra­

dualmente fue remodelando las instituciones griegas, preparando así

el camino para la sociedad política, de la que fue resorte principal

a la vez que cimiento. No fue tarea fácil realizar un cambio tan

fundamental, por sencillo y obvio que hoy pueda parecer, porque

toda la experiencia anterior de las tribus griegas estaba enlazada a'

las gentes, cuyas facultades ahora debían transferirse a los nuevos

cuerpos políticos.

Transcurrieron varios siglos, tras las primeras tentativas para fundar un nuevo régimen político, antes que pudiera quedar re­ suelto el problema. Después que la experiencia comprobó que las gentes no eran capaces para formar la base de un estado, se ensaya­ ron varios regímenes distintos de legislación en diversas comunida­ des griegas, copiándose los unos de los otros y todos tendiendo al mismo resultado. Entre los atenienses, cuya experiencia nos ofrecerá los principales ejemplos, se puede citar la legislación de Teseo, auto­ rizada por la tradición; la de Draco (624 a. de J. C.); la de Solón (594 a, de J. C.); y la de Clístenes (509 a. de J. C.), de las que las últimas tres caen dentro del período histórico. El desenvolvimiento de la ruda e instituciones municipales, la acumulación de riqueza en

 

LASOCIEDADPRIMITIVA259

 

las villas demarcadas y los grandes cambios que esto produjo en la vida, prepararon el camino para la caída de la sociedad gentilicia y su substitución por la política.

 

Antes de intentar señalar la transición de la sociedad gentilicia a la política, con lo que se identifican las postrimerías de la historia de las gentes, cuadra primero considerar la gens griega y sus atri­ butos.

 

Las instituciones atenienses son típicas de las griegas en general

en todo lo relativo a la constitución de la gens y de la tribu, hasta el fin de la sociedad antigua entre ellos. En los comienzos del período histórico los jonios del Atica, como es bien sabido, se hallaban sub­ divididos en cuatro tribus (Geleontes, Hopletes, Egicores y Argades) que hablaban el mismo dialecto y habitaban un territorio común. Se habían fusionado en una confederación de tribus; pero es probable

 

que tal confederación haya existido en épocas anteriores (166). Cada tribu ática se componía de tres fratrías, y cada fratría de treinta gentes con un total de doce fratrías y trescientas sesenta gen­ tes en las cuatro tribus. Esto es en general lo que se da por sentado, siendo constante el hecho con respecto al número de tribus v al nú­ mero de fratrías en cada una de éstas, pero sujeto a variación en el número de gentes en cada fratría. De la misma manera a los dorios

 

se les encontraba generalmeste en tres tribus (Hylleis, Pamphyli y Dymanes), no obstante constituir un número, de nacionalidades: como en Esparta, Argos, Sicyon, Corínto, Epidaurus y Troezen; y más allá del Peloponeso, en Megara, y en otras partes. En algunos casos se hallaban unidas con ellos una o más tribus no dóricas, como en Corinto, Sicyon y Argos.

 

Én todos los casos la tribu griega presupone la gens, pues el vínculo de parentesco y de habla constituía la base sobre la que descansaba su unión en tribu; pero la tribu no presuponía la fratría, que, como organización intermediaria, bien que muy común entre

 

todas estas tribus, podía o no existir. Había en Esparta subdivisiones de las tribus llamadas Obes, de las que cada tribu comprendía diez

 

y eran análogas a las fratrías, pero existe alguna incertidumbre acer­ ca de las funciones de estas organizaciones (167).

Tomaremos en cuenta ahora las gentes atenienses, tal como se.

 

(166) H erm a n n m enciona las confederaciones de E g ina, A tenas, Prasia,

N a u p lia, etc. Political Antiquities of Greece. O x ford trans. cap. 1, párrafo 11.

 

(167) E n el antiguo Rhetra de Licurgo se preceptúa que las tribus y las

obes se m a n tengan sin alterar; pero la afirm ación de O . M ü ller y Boeckh, de que había por todo treinta obes, diez por cada tribu, n o tiene m á s com p robación que una puntuación particular en dicha Rhetra que varios otros críticos

 

rechazan, al parecer con m u y buenas razones. Q u edam o s así sin antecedentes respecto a la obe, aun cuando n o s consta que fue una subdivisión antigua per­

 

m a n ente, peculiar al pueblo de Esparta . History, jof Greece. G rote. Ed. M u rr ay,

 

II, 362. V é a se Dorians, de M ü ller, loe. cit., II, 80.

 

260LEWISH.MORGAN

 

exhibieron en su forma última y en plena vitalidad, pero con refe­ rencia a los elementos de una civilización incipiente, ante la que re­ trocedían paso a paso, y que debía derribarlas juntas con el régimen social que habían creado. Bajo algunos aspectos, es el capitulo más interesante de la historia de esta notable organización, que había rescatado del salvajismo a la sociedad humana, conduciéndola a tra­ vés de la barbarie hasta las primeras etapas de la civilización.

 

El régimen social de los atenienses descubre la siguiente serie: primero, la gens (genos), basada en el parentesco; segundo, la fratría (phratra y phratria), una fraternidad de gentes derivada probable­ mente de la segmentación de una gens originaria; tercero, la tribu (phylon, más tarde phyle) compuesta de varias fratrías, cuyos miem­ bros hablaban el mismo dialecto; y cuarto, un pueblo o nación, com­ puesto de varias tribus reunidas por fusión en una sociedad genti­ licia, y ocupando un mismo territorio. Estas organizaciones integra­ les y ascendentes agotaron su sistema social bajo las gentes, excep­ tuando la confederación de tribus que ocupaban territorios indepen­ dientes, la que, como ocurrió, en algunos casos dentro del período primario y nació naturalmente de las instituciones gentilicias, no condujo a resultados importantes.

 

Es probable que las tribus atenienses se confederaron antes de producirse la fusión, sobreviniendo ésta después que se hubieron

 

reunido en un territorio, bajo la presión de otras tribus. Si fuera exacto respecto a ellas, sería igualmente cierto de las tribus dóricas y demás. No existía un término para designar este resultado fuera

 

de un nombre nacional, cuando estas tribus formaron una nación. Con instituciones muy similares los romanos se decían Populas Ro­ manas lo que expresaba con precisión el hecho. Eran entonces sim­ plemente un pueblo, y nada más; que era todo lo que podía resultar de una reunión de gentes, curias y tribus. Las cuatro tribus atenien­ ses constituían una sociedad o pueblo, que en el período legendario llegó a ser completamente autónoma bajo el nombre de atenienses.

 

En todas las comunidades primitivas de los griegos, la gens, la fra­ tría y la tribu fueron fenómenos constantes de sus regímenes sociales, con la ausencia ocasional de la fratría.

 

Grote ha reunido con tan hábil facultad crítica los hechos prin­ cipales referentes a las gentes griegas, que no hay mejor prueba que sus propias palabras, que serán citadas donde él se ocupa de ellos en sentido general. Después de comentar las divisiones en tribus de los griegos, continúa como sigue: Pero las fratrías y las gentes son una distribución completamente distinta de ésta. Parecen ser englo-bamientos de unidades primitivas pequeñas en otras más grandes;

 

son independientes de la tribu y no la presuponen; surgen separada y espontáneamente, sin unidad preconcertada, y sin referirse a un propósito político común; el legislador los halla como preexistentes,

 

LASOCIEDADPRIMITIVA261

 

y los adapta o los modifica para responder a un plan nacional. Cua­ dra distinguir el hecho general de la clasificación y sucesiva subor­ dinación en la escala, de las familias en la gens, de las gentes en la fratría, y de las fratrías en la tribu de la precisa simetría numérica de que es investida esta subordinación, tal como la leemos treinta familias a cada gens, treinta gentes a cada fratría y tres fratrías a cada tribu".

Si alguna vez se hubiese logrado tan precisa igualdad numé­

rica, por imposición legislativa, actuando sobre elementos naturales preexistentes, las proporciones no hubieran podido mantenerse per­ manentemente. Pero cabe la razonable duda de si ha existido así...

 

Que cada fratría comprendía un número igual de gentes, y cada gens un número igual de familias, es una suposición apenas admisible, sin mejores constancias de las que disponemos. Pero aparte de esta dudo­ sa precisión de la escala numérica, fueron las fratrías y las gentes asociaciones verdaderas, antiguas y permanentes entre los atenienses, lo que es muy importante para que sean comprendidas. La base de todo era la casa, hogar o familia, un número mayor o menor de los que formaban la gens o genos. Por tanto, esta gens, era un clan, famiHa o confraternidad agrandada y parcialmente artificial, ligada entre sí por: 1) Ceremonias religiosas comunes, y privilegio exclu­ sivo al sacerdocio, en honor del mismo dios, tenido por antepasado originario y caracterizado por un nombre especial. 2) Por un enterra­ miento común (168). 3) Por mutuos derechos de sucesión a los bienes.

          Por deberes recíprocos de auxilio o defensa y reparación de daños.

          Por mutuos derechos y obligaciones de matrimonio dentro de la

 

gens en algunos casos determinados, particularmente donde .existiera una hija huérfana o heredera. 6) Por la posesión, al menos en algu­ nos casos, de bienes en común, un arconte y tesorero propio.

 

Tales fueron los derechos y obligaciones que caracterizaban' la unión gentilicia. La unión frátríca, que ligaba a varias gentes era menos íntima, pero con todo comprendía algunas obligaciones y de­ rechos mutuos de carácter análogo; en especial, una comunidad de

ritos sagrados particulares y privilegios recíprocos en el caso de haber

 

sido muerto un frator . Se daba por sentado que cada fratría perte­ necía a una de las cuatro tribus, y todas las fratrías de una misma tribu participaban en una comunión periódica de ritos sagrados,

 

bajo la presidencia de .un magistrado llamado el Phylo-Basilens, o rey de tribu, elegido de entre los Eupatriadas (169).

 

La similitud entre las gentes griegas y las iroquesas se verá de inmediato. También se distinguirán diferencias características na­ cidas de una condición más adelantada de la sociedad griega y del

 

          D e m ó s t e n e s : E u b u lides, 1.307.

          H isto r y o f G r e e c e, III, 53 y siguientes.

 

LEWISH.MORGAN

 

mayor desarrollo de su sistema religioso. No será necesario com­ probar la existencia de los diversos atributos de la gens, citados por Grote, desde que la prueba está patente en las autoridades clásicas. Fuera de duda, correspondían a la gens griega otros atributos, aún cuando sea difícil comprobar la existencia de todos ellos; como ser:

 

          La limitación de la descendencia a la línea masculina. 8) La pro­ hibición del matrimonio en la gens, salvo en el caso de herederas.

 

          El derecho de adopción de extraños en la gens; y 10) El derecho de elegir y deponer a los jefes.

 

La recapitulación de los privilegios, derechos y obligaciones de los miembros de la gens griega, con los agregados citados, sería la que sigue:

 

1. Ritos religiosos comunes.

2. Enterramiento común.

3. Derechos mutuos de la sucesión a los bienes dé miembros fallecidos.

 

4. Deberes recíprocos de auxilio, defensa y reparación de daños.

5. El derecho de casarse en la gens en el caso de hijas huérfa-, ñas y de herederas'. -

 

6. La posesión de bienes en común, un arconte y un tesorero.

7. La limitación de la descendencia a la línea masculina.

8. El deber de no contraer matrimonio dentro de la gens, hiera de los casos especificados.

 

9. El derecho de adopción de extraños en la gens. ¡ 10. El derecho de elegir y deponer jefes.

 

Corresponde hacer una breve referencia a las características agre­ gadas.

 

          L i m i t a c i ó n d e l a d e s c e n d e n c i a a l a l í n e a m a s c u l i n a

 

 

No cabe duda de que existió tal regla, porque sus genealogías lo comprueban. Yo no he podido hallar, en ningún autor griego, una definición de la gens, o de un gentil, que suministrara una compro­ bación suficiente del derecho de una persona determinada a una vinculación gentilicia. Cicerón, Varro y Festo han definido la gens romana y el gentil romano, que eran análogos a los griegos, con bastante amplitud para demostrar que la descendencia se transmitía por la línea masculina. Por su naturaleza, la gens limitaba la des­ cendencia a la línea masculina o a la femenina, y solamente podía incluir una parte de los descendientes del fundador. Es precisamente como entre nosotros mismos. Los que descienden de varones llevan

 

el patronímico de familia y constituyen en el pleno sentido del tér­ mino una gens, pero en estado de dispersión y sin vínculo de unión, salvo para los de grado más próximo. Las mujeres pierden con el

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 263

 

matrimonio el nombre de familia, y, con sus hijos, son transferidas a otra familia. Observa Grote que Aristóteles era hijo de un médico nicómaco, quien pertenecía a la gens de los Asklepiades (170)

 

De si Aristóteles fue o no de la gens de su padre depende la otra cuestión de si ambos fueron descendientes de Esculapio, exclusiva­ mente por varones. Esto lo enseña Laercio, quien dice que Aristó­ teles fue hijo de Nicómaco... y Nicómaco fue hijo de Machaon,

 

el hijo de Esculapio (171). Por más que puedan ser producto de la imaginación los más altos miembros de la serie, el modo de señalar la descendencia indica la gens de una persona. La afirmación de Hermann, apoyado en Isaeus, también se refiere al caso: Toda cria­ tura era registrada en la fratria y chin de su padre (172).

 

El ser registrado en la gens del padre demuestra que sus hijos eran de su gens.

 

          E l d e b e r d e n o c o n t r a e r m a t r i m o n i o d e n t r o D E L A g e n s S IN O E N CA S O S E S P E C I F IC A D O S

 

De las consecuencias del matrimonio se desprende este deber.

Por el matrimonio la esposa perdía los ritos religiosos de su gens y adquiría los de la de su marido. La regla está enunciada en forma tan general, como para significar que el matrimonio habitualmente se realizaba fuera de la gens. La virgen que sale de la casa de su padre dice Wachsmuth , ya no es más partícipe en el hogar

 

paterno de sacrificio, sino que se incorpora a la comunidad religiosa de su marido, y esto santificaba el vínculo matrimonial (173). El hecho de su registro lo refiere Hermann como sigue: Toda mujer recién casada, siendo de por sí ciudadana, era por esto enrolada

 

en la fratría de su marido (174). Los ritos religiosos especiales eran comunes a las gentes griegas y latinas ( sacra gentilicia). Yo no podría afirmar si por el matrimonio la esposa sacrificaba sus derechos agnáticos, como entre los romanos. No es probable que el matrimonio rompiera todos los lazos con su gens, y sin duda, la esposa se contaría como de la gens de su padre.

 

La prohibición del matrimonio dentro de la gens era fundamental en el período arcaico; y no cabe duda de que se mantuvo después

de haber sido cambiada la descendencia a la línea masculina, con la

 

          H istory o f G r e e c e, H I, 60.

          D i o g e n e s L a e r c i o : V it. A r is to tle, V . 1.

          P o litical A n tiqu ities o f the G r e e k s, cap. V , párrafo 100 y ver E u b u-

 

lides de D e m ó stenes, 24.

          H istorical A n tiq u ities o f the G r e e k s. Trad, de W o o lrych, O x ford ed.,

 

1837,1.451.

          P o litical A n tiquities, etc., etc., cap. V , párrafo 100.

 

LEWISH.MORGAN

 

excepción de herederas y huérfanas, para las que regían providencias especiales. Aunque una tendencia al matrimonio libre, más allá de ciertos grados de consanguinidad, se manifestara con la cimentación completa de la familia monógama, la vigencia de la regla que pre­ ceptuaba la realización del matrimonio fuera de la gens, podría per­ sistir mientras la gens continuara siendo la base de su régimen social. El precepto especial respecto a las herederas tiende a corro­ borar esta suposición. Becker dice a propósito de la cuestión, que

 

"con escasas excepciones, el parentesco no era traba al matrimonio, que podía realizarse dentro efe todos los grados de anchisteia o sttn-geneia, aunque, naturalmente, no en la gens misma (175).

 

9. E l d e r e c h o d e a d o p t a r e x t r a ñ o s e n l a         g e n s

 

Este derecho fue ejercido en una fecha posterior, al menos por las familias; pero se realizaba con formalidades públicas, y sin duda se limitaba a casos especiales (176). La pureza de linaje vino a ser asunto de grave importancia para las g entes áticas, y sin duda opo­ nían serias trabas al ejercicio del derecho, salvo por razones de peso.

 

10. E l d e r e c h o d e e l e g i r y d e p o n e r j e f e s

 

Fuera de duda este derecho existió entre las gentes griegas en los tiempos primitivos. El mismo derecho existió, según se puede presumir razonablemente, en el estadio superior de la barbarie. Cada gens tenía su arconte, que era el nombre común del jefe. Si el cargo era electivo, por ejemplo, en el período homérico, o transmisible por derecho hereditario al hijo mayor, queda por resolver. No fue ésta la antigua teoría del cargo; y un cambio tan grave y radical, que afectaba los derechos personales y la independencia' de los miembros de la gens, exige pruebas positivas para vencer la presunción contra­ ria. El derecho hereditario a un cargo, que comporta autoridad so­ bre los miembros de la gens, y deberes de parte de éstos, es asunto muy diferente de un cargo otorgado por elección libre, con la fa­ cultad de deponer reservada para los casos de mala conducta. El espíritu libre de las gentes atenienses hasta la época de Solón y de Clístenes, niega la suposición, en cuanto a ellas, de que se hubiesen desprendido de un derecho tan vital para la independencia de los miembros de Jas gentes.

 

          Cháñeles. Trad, de M e tcalfe, L o n d o n, 1866, pág. 4 7 7 , citando Isaeus de Cir. her., 217; Demosthenes adv. Eubul, 1304; Plutarch. Temisch, 32; Pausanias, I, 7, 1; Achill Tat., I, 3.

 

          H e r m a n n : Loe. cit.t V , párrafos 100 y 101.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA265

 

No he podido dar con ninguna explicación satisfactoria de la te­

nencia de este cargo. La sucesión hereditaria, si es que existió, indica­ ría un notable desarrollo del elemento aristocrático en la sociedad anti­ gua, en derogación de la constitución democrática de la gens. Sería, además, un indicio del comienzo, por lo menos, de su decadencia. Todos los miembros de una gens eran libres e iguales, gozando de

 

los mismos derechos y privilegios ricos y pobres, y reconociéndoselos así los unos a los otros. Hallamos tan claramente expresadas la li­ bertad, la igualdad y la fraternidad en la constitución de las gentes atenienses, como en las de los iroqueses. El derecho hereditario al cargo mayor de la gens, es absolutamente inconsistente para con la más antigua doctrina de derechos y privilegios iguales.

 

Otra cuestión es la de si los cargos y oficios más elevados de anax, koiranos y basileus eran transmitidos por derecho hereditario de padre a hijo, o si eran electivos o confirmativos por un electorado más numeroso. Esta será tratada más adelante. El primer caso indi­ caría la subversión, y el segundo, la conservación de las instituciones gentilicias. A falta de constancias positivas en contra, toda presun­ ción es adversa al derecho hereditario.

 

Cuando se tomen en consideración las gentes romanas, se obten­ drán algunas nuevas luces sobre el asunto. Es posible que una nueva

 

y prolija investigación del carácter de la tenencia de este cargo, exija modificar esencialmente la versión corriente al respecto. Se puede tener por prácticamente seguro que las gentes de los griegos eran dueñas de los diez atributos principales citados. Todos menos tres, a saber: la descendencia en la línea masculina, el ma­ trimonio en la gens en el caso de herederas, y la posible transmisión por derecho hereditario de los más altos cargos militares, se encuen­ tran con ligeras variaciones en los iroqueses. De aquí resulta que tanto las tribus griegas como las iroquesas poseían las mismas ins­ tituciones originales, ofreciendo las primeras la gens en su forma posterior y las otras, en su forma arcaica.

Volviendo ahora a las exposiciones de Gíote, se puede observar

 

que, de haber estado él al tanto de la forma arcaica de la gens y de las diversas formas de la familia anteriores a la monógama, es pro­ bable que hubiera modificado esencialmente algunas partes de sus manifestaciones. Hay que exceptuar su postulado de que la base del régimen de familia de los griegos, fue la casa, hogar o familia Es evidente que ante el criterio del distinguido historiador, la forma de la familia era la romana, bajo la férrea voluntad del pater fa­ milias, a la que se aproximaba la familia griega de la época homé­ rica, con el dominio absoluto del padre sobre el grupo familiar. Esta hubiera sido igualmente insostenible si sé hubiera tenido presente otras y más antiguas formas de la familia.

La gens es, en su origen, más antigua que la familia monógama.

 

LEWISH.MORGAN

 

más antigua que la familia sindiásmica, y prácticamente contemporá­ nea a la punalúa. En ningún sentido fue fundada sobre ninguna de ellas. No reconoce como parte constituyente suya a la familia en forma alguna. Por el contrario, toda familia, tanto en el período ar­ caico, como en el posterior, estaba parcialmente dentro y parcial­ mente fuera de la gens, porque marido y mujer debían pertenecer a gentes diferentes. La explicación es, a la vez, sencilla y completa; a saber: que la familia nace con independencia de la gens, con en­ tera libertad para evolucionar de un grado más bajo a uno más alto, mientras que la gens es constante, como unidad del sistema social. La gens se incorporaba íntegramente a la fratría, la fratría se incorpo­ raba íntegramente a la tribu y la tribu se incorporaba íntegramente a la nación; pero la familia no podía incorporarse íntegramente a la gens, porque marido y mujer debían pertenecer a gentes diferentes. El punto que aquí se plantea es importante, desde que no sola­ mente Grote, sino también Niebuhr, Thirlwall, Moine, Mommsen y muchos otros investigadores capacitados y sagaces han adoptado el mismo postulado con respecto a la familia monógama del tipo pa­ triarcal, como factor integrante, alrededor del cual se integraba la so­ ciedad en el sistema romano y griego. Nada absolutamente se funda­

 

ba en la familia en cualquiera de sus formas, porque ésta estaba incapacitada para incorporarse a una gens como unidad. La gens era homogénea, y en gran parte de duración permanente, y como tal, base natural de un sistema social. Una familia del tipo monó­ gamo pudo llegar a ser individualizada y poderosa en una gens y en la sociedad como un todo; y sin embargo, la gens no podía de­ pender ni reconocería a la familia como parte integrante suya. Esta observación es igualmente cierta respecto a la familia mo­ derna y la sociedad política. Por más que estuviese individualizada por derechos de propiedad y privilegios, y reconocida como entidad legal por leyes promulgadas, la familia no es la unidad del sistema político. El Estado reconoce los distritos que lo forman; el distrito, sus ciudades; pero las ciudades no tienen en cuenta a la familia; así

 

la nación reconocía a las tribus de que estaba compuesta; la tribu,

sus fratrías; y la fratría, sus gentes; pero la gens no tomaba en cuenta a la familia. Al tratar de la estructura de la sociedad, sólo las rela­ ciones orgánicas deben ser consideradas. La ciudad ocupa con rela­ ción a la sociedad política el mismo lugar que la gens en la sociedad gentilicia. Cada una es la unidad de un sistema.

Existe un número de observaciones valiosas de Grote sobre las

gentes griegas, que deseo incorporar a esta exposición sobre ellas, aun cuando dichas observaciones parecen suponer que no cuentan mayor antigüedad que la mitología existente de entonces o jerarquía de los dioses de los cuales algunas de las gentes pretendían que descendían sus antepasados epónimos. A la luz de los hechos presentados, las

 

LASOCIEDADPRIMITIVA267

 

gentes parecen haber existido mucho tiempo antes de que hubiese sido desenvuelta esta mitología y de que la mente humana hubiese concebido a Júpiter o Marte, Neptuno o Venus.

 

Prosigue Grote: Así se exhibía la primitiva unión religiosa y so­ cial del pueblo de Atica, en su escala gradualmente ascendente en distinción a la unión política, probablemente de introducción poste­ rior representada en un principio por las trityes y naukraries y más adelante por las diez tribus clisténeas, subdivididas en trityes y de­ mos. El vínculo de familia y religión fue el primero en orden de tiempo, pero el político, aun cuando se inició más tarde, se verá que adquiere una influencia siempre creciente a través de la mayor parte de esta historia. En el primero, la característica esencial y predomi­ nante es la persona de relación, a la que se hallaba subordinada la re­ lación local; en el político, la propiedad y la residencia son las con­ sideraciones primordiales, y el elemento personal sólo cuenta en la medida de los factores a que acompaña. Todas estas asociaciones frátricas y gentilicias, tanto las mayores como las más pequeñas, se fundaron sobre los mismos principios y tendencias del pensamiento griego; una fusión dpi concepto de culto religioso, con el de los ante­ pasados, o de la comunión en ciertos ritos religiosos particulares con la comunión de sangre, real o supuesta. El dios o héroe a quien los miembros reunidos ofrecían el sacrificio, era concebido como el an­ tepasado primero al cual ellos debían su origen; con frecuencia a través de una larga lista de nombres intermediarios, como en el caso del Hekataeus Milesiano, a quien, ya se ha hecho repetida referencia. Cada familia tenía sus propios ritos sagrados y conmemoraciones fúnebres de antepasados, celebrados por el señor de la casa, que ninguno, fuera de los miembros de la familia, podía presenciar... Las asociaciones mayores, llamadas gens, fratría o tribu, eran formadas por la extensión del mismo principio de la familia considerada como una fraternidad religiosa, rindiendo culto al mismo dios o héroe común, bajo un nombre apropiado, y reconociéndolo como antepa­

 

sado común; y la festividad de Theoenia y de Apaturia, (la primera ática y la otra común a toda la raza jónica), reunía anualmente a los miembros de estas fratrías y gentes para el culto, festividades y man­ tenimiento de relaciones afectivas, robusteciendo así los vínculos mayores, sin borrar los menores... Pero el historiador está obligado a aceptar como hecho fundamental el estado más primitivo de cosas que sus propios testigos le hacen conocer, y en el caso que tenemos por delante, las uniones frátricas y gentilicias son asuntos en cuyos comienzos no podemos pretender penetrar (177).

Las gentes en Atenas, como en otras partes de Grecia, llevaban

 

(177) H istory o f G r e e c e, III, 55..

 

268LEWISH.MORGAN

 

un nombre patronímico, sello de su supuesta paternidad común (178). Pero en Atenas, por lo menos después de la revolución de Clístenes, no se empleaba más el nombre gentilicio; se designaba al individuo únicamente por su propio nombre seguido primero por el de su pa­ dre y luego por el del demos (pueblo) a que perteneciera, por ejem­ plo: Aeschinés, hijo de Atrométus, un Kothókid... La gens era cor­ poración cerrada, tanto respecto a los bienes como a las personas. Hasta el tiempo de Solón ningún hombre tenía derecho a dictar dis­ posiciones testamentarias. Si moría sin dejar hijos, sus g entiles le sucedían en la propiedad, y subsistió este régimen aún después de Solón, si fallecía intestado. Una huérfana podía ser reclamada en matrimonio, por derecho, por cualquier miembro de la gens, con pre­ ferencia para el más próximo agnado; si ella era pobre y él no tenía voluntad de casarse con ella, la ley de Solón le imponía otorgarle una dote proporcionada a su escala registrada de propiedad, y darla en matrimonio a otro... En caso de asesinato, primero sus parientes más próximos, y después sus gentilicios y fratores, tenían facultad y obligación de seguir el proceso ante la ley; mientras que sus paisanos o habitantes del mismo demos, no gozaban de este derecho de en­ juiciar.

Todo lo que se nos cuenta de las más antiguas leyes atenienses

está basado en las divisiones en fratrías o gentes, de las que se trata siempre como de extensiones de la familia. Se debe advertir que

 

esta división es completamente independiente de toda calificación a base de propiedad, estando comprendidos ricos y pobres en la misma gens. Además, las diferentes gentes eran de diversos rangos, prove­ nientes generalmente de ceremonias religiosas exclusivas, y de carác­ ter hereditario, las que siendo en ciertos casos consideradas de supre­ ma santidad con. referencia a toda la villa, fueron, por esta razón, nacionalizadas. Así los Eumolpides y los Kerykes que debían suminis­ trar el hierofante, y superintendente de los misterios de la Demeter de Eleusina; y los Butades, que daban las sacerdotisas de Palas Ate­ nea, como también el sacerdote de Poseidón Ereschtheus, en el Acrópolis, parecen haber gozado de reverencia muy por encima de las demás gens (179).

 

          H a llam o s a los A sclepíades en m u c h a s partes de G recia, los A leua-des en T e salia, lo s M idylídes, Psalychides, Belpsiades, Euxenides en E g ina. los Bránchid'es en Mil'eto, lo s N ebrides en K o s, los Lam ides y K lytiades en

 

O lim p ia, los A k estorides en A r g o s, los K inyrades en Chipre, los Penthi lides en

 

M itilene, los T a ltybiadcs en Esparta, no m e n o s que los K o d rides, Eum o lpides.

 

Phytalides, L y k o m e d e s, Butades, Eunídes, H esychides, Brytiades, etc., en Á ti­

 

ca. A cada uno de éstos correspondía un antepasada m itológico m á s o m enos conocido, y tenido por el prim er padre, com o tam b ién por héroe ep ó n im o de la gens: K o d rus, E u m u lpus, Butes, Phytalus, H esychus, etc.". G r o t e : H istory

 

o f G r e e c e, III, 62.

          H isto r y o f G r e e c e, III, 62 y siguientes.

 

LA SOCIEDAD        PRIMITIVA  269                                        

Grote habla     de la.gens como de una extensión de la familia,        y

como presuponiendo su         existencia, señala        que      la         familia fue      lo pri­

mario y la gens lo secundario. Este concepto           es         insostenible, por

las razones      ya dadas. Los dos organismos            siguen  su proceso bajo

 

principios distintos, y son independientes el uno del otro. La gens abarca una parte solamente de los descendientes de un supuesto an­ tepasado común, y excluye a los demás; también abarca una parte solamente de una familia y excluye el resto. Para ser parte constitu­ tiva de la gens, la familia debía entrar enteramente en su círculo, lo que era imposible en el período arcaico, y solamente constructivo

 

en el posterior. En la organización de la sociedad gentilicia, la gens es primaria; forma a la vez la base y la unidad del sistema. La familia también es primaria, y es más antigua que la gens, habiéndole pre­ cedido en orden de tiempo la familia punalúa y la consanguínea;

 

pero no fue en la sociedad antigua miembro de la serie orgánica, como no lo es en la moderna.

 

La gens existió en la familia aria en la época en que las tribus de habla griega, latina y sánscrita eran un pueblo, como lo comprueba

 

la existencia en sus dialectos del mismo vocablo (gens, genos y gánas) para distinguir la organización. Lo heredaron de sus antepasados bár­ baros y, más remotamente, de sus progenitores salvajes. Si, como es probable, la familia aria se diferenció en época tan temprana como

 

en el período medio de la barbarie, debieron heredar la gens en su forma arcaica.

 

Después de este acontecimiento, y durante los largos períodos de tiempo que debieron haber transcurrido entre la separación de estas tribus entre sí y el comienzo de la civilización, debieron haberse efec­ tuado aquellos cambios en la constitución de la gens, que se han mencionado como hipotéticos. Es imposible concebir a la gens como apareciendo por primera vez en otra forma que en su forma arcaica;

 

por consecuencia, la gens griega debió haber tenido, originariamente, esta forma. Luego, si se pueden reunir antecedentes adecuados para explicar un cambio tan grande como el de la descendencia de la línea femenina por la masculina, la tesis quedaría integrada, por más que, en definitiva, substituyó en la gens el antiguo por un nuevo cuerpo de parientes. El desarrollo del concepto de la propiedad y el progreso de la monogamia suministraban motivos bastante enérgicos para po­

 

der reclamar y lograr este cambio, a fin de traer a los hijos a la gens del padre y a la participación de los bienes de su testamentaría.

 

La monogamia hacía ciertas la paternidad de los hijos, la que era desconocida cuando fueron instituidas las gentes, y ya no cabía, en lo posible, la exclusión de los hijos en la herencia. Enfrentada con esas nuevas circunstancias, la gens se vería forzada a reconstruirse o a disolverse. Cuando se comparan la gens de los iraqueses, tal como

 

se presenta en el estadio inferior de la barbarie, con la gens tal como 270 LEWIS H . MORGAN

 

la exhiben las tribus griegas en el estadio superior, es imposible no advertir que tienen la misma organización, una en su forma arcaica

 

y la otra en su forma ulterior. Las diferencias que manifiestan son precisamente aquellas que las exigencias del progreso humano im­ pondrían.

 

Junto a estos cambios en la constitución de la gens, se observan cambios paralelos en el régimen de la herencia. La propiedad, que fue siempre hereditaria en la gens, fue primariamente hereditaria en­ tre los gentilicios; después hereditaria entre los agnados con exclu­ sión de los restantes gentilicios; y ahora, por último, hereditaria entre los agnados en sucesión, en orden a su proximidad al extinto, lo que daba la exclusividad de herencia a los hijos, como agnados más próximos. La persistencia con que hasta el tiempo de Solón se mantuvo el principio de que los bienes quedaron en la gens del pro­ pietario fallecido, manifiesta la vitalidad de la organización a través de todos estos períodos. Fue este régimen el que obligaba a la here­

 

dera a casarse dentro de su propia gens, a fin de que su matrimonio no transfiriese los bienes a otra gens. Cuando Solón concedió el de­ recho de disponer, de los bienes por testamento, cuando no exis­ tían hijos, realizó el primer asalto a los derechos de propiedad de la gens.

 

Se ha hecho cuestión de la proximidad de parentesco de los miembros de una gens y de si existía en efecto parentesco alguno. Observa Grote que Pólux nos cuenta distintamente que los miem­ bros de una misma gens en Atenas, por lo común, no estaban uni­ dos por vínculos de sangre , y aun sin este testimonio expreso pu­ diéramos haber previsto el caso. Hasta qué grado, en la desconoci­ da época de su formación, la gens se fundaba sobre parentesco efec­ tivo, carecemos de medio de determinarlo respecto a las gentes ate-niensese o romanas, que en sus extremos mayores eran análogas. El gentilismo es de suyo un vínculo distinto de los vínculos de fami­ lia, pero presuponiendo su existencia, y extendiéndolo por analogía artificial, en parte fundada en convicciones religiosas y en parte en un convenio positivo, de manera que comprenda extraños en san­

gre. Todos los miembros de una gens, y aun de una fratría, se creían

descendientes no precisamente de un abuelo o bisabuelo común, pero

sí del mismo antepasado divino o heroico... Y esta creencia funda­

mental, que con tanta facilidad acogía la mente griega, fue conver­

tida por convenio positivo en principio gentilicio y frátrico de unión...

 

Sin duda, Niebuhr, en su valioso estudio de las antiguas gentes ro­ manas, tiene razón en suponer que no eran familias verdaderas, en­ gendradas por un antepasado histórico común.

Con tocto, no es menos cierto (bien que él parece pensar de otro

modo) que el concepto de la gens envuelve la creencia en un pri­

mer padre común, divino o heroico, una genealogía que con propie-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 271

 

dad podemos llamar fabulosa, pero que tenía consagración y cré­ dito entre los propios miembros de la gens y servía como uno de los más importantes vínculos de unión entre ellos... Por supuesto, las fa­ milias naturales cambiaban de generación en generación, difundién­ dose unas mientras otras se reducían o se extinguían; pero la gens

 

no sufría modificación fuera de la procreación, extinción o subdivi­ sión de estas familias componentes. En consecuencia, las relaciones de las familias con la gens se hallaban en perpetua fluctuación y la genealogía ancestral gentilicia, no obstante adaptada a la condición primitiva de la gens, con el tiempo se hizo parcialmente caduca e-impropia. Rara vez oímos hablar de esta genealogía, porque sola­ mente se exhibía en público en determinados casos preeminentes y venerables. Pero las gentes más humildes tenían sus ritos comunes, y su antepasado sobrehumano y genealogía comunes lo mismo que

 

las gentes ricas; para todos era igual el plan y la base ideal (ISO). Las diversas versiones de Pólux, Niebuhr y Grote son ciertas en algún sentido, pero no en absoluto. El linaje de lina gens se remon­ taba más allá ae un antepasado .reconocido y, por tanto, la gens de fecha antigua no podía haber tenido un progenitor conocido: tam­ poco admitiría su sistema de consanguinidad indagar una vinculación de sangre; sin embargo, los gentiles no solamente creían en su des­ cendencia común, sino que también estaban justificados en creer esto. El régimen de consanguinidad correspondiente a la gens en su forma arcaica, y que en un tiempo probablemente regía entre los griegos, conservaba el conocimiento del parentesco de todos los miembros de la gens entre sí. Con el progreso de la familia monó­ gama esto cayó en desuso, como procuraré demostrarlo en otra par­ te. El nombre gentilicio creaba una genealogía al lado de la cual la

 

de la familia era insignificante. Era función de este nombre conser­ var el hecho de la descendencia común de todos los que lo llevasen, pero el linaje de la gens era tan antiguo que sus miembros no podían comprobar el parentesco efectivo que existiera entre ellos, salvo en limitados casos a base de un ascendiente común reciente. De suyo

 

el nombre era testimonio de descendencia común y concluyente, sal­ vo cuando hubiese sido interrumpida por adopción de extraños en sangre en la historia anterior de la gens.

 

Los postulados de Pólux y de Niebuhr, que importan negar todo parentesco entre los miembros de la gens y cambiarían ésta en una asociación puramente ficticia, no tienen base en qué asentarse. Una gran proporción de ellos podían probar su parentesco por la des­ cendencia de un antepasado común dentro de la gens, y en cuanto a los restantes, el nombre gentilicio que llevaban era testimonio su­ ficiente de una descendencia común para los fines prácticos. Por lo

 

          History of Greece, III, 58 y siguientes.

 

LEWISH.MOHGAN

 

regular, la gens griega no era muy numerosa. Treinta familias por gens, no contando las esposas de los jefes de familias, darían un promedio de ciento veinte personas por gens.

 

En su calidad dé base unitaria del régimen social, la gens sería naturalmente el centro de la vida y actividad social. Estaba orga­ nizada como cuerpo social, con su arconte o jefe, y tesorero; con tierras hasta cierto punto comunes, un cementerio común y ritos religiosos comunes. Junto con éstos hallábanse los derechos, privi­ legios y deberes que la gens confería e imponía a todos sus miem­ bros. Fue en la gens que tuvieron origen las actividades religiosas de los griegos, que se difundieron sobre las fratrías y culminaron en festividades periódicas comunes a todas las tribus. Trata admira­ blemente bien el asunto M. de Coulanges en su reciente obra La ciudad antigua .

 

A fin de darse cuenta de la condición de la sociedad griega ante­ rior a la constitución del Estado, es menester conocer la constitución y principios de la gens griega, porque el carácter de la unidad de­ termina el de sus compuestos en la serie ascendente; y sólo ella pue­ de suministrar los medios de explicarlos.

 

IX

LA FRATRIA, LA TRIBU Y LA NACIÓN GRIEGAS

 

Como se ha visto, la fratría-fue el segundo peldaño en la organi­ zación del régimen social de los griegos. Se componía de varias gen­ tes unidas con propósitos, especialmente religiosos, que eran comu­ nes a todos. Tenía su base natural en el vínculo de parentesco, desde que las gentes en una fratría eran probablemente subdivisiones de una gens originaría, cuyo recuerdo se conservaba en la tradición. Todos los miembros contemporáneos de la fratría de Hekateus,

 

dice Grote, tenían a un dios común por su antepasado en el grado decimosexto (181), lo que no se hubiera podido afirmar a no ser que las diversas gentes comprendidas en la fratría de Hekateus fue­ ran tenidas como derivadas de una gens originaria, por segmen­ tación...

 

Esta genealogía, aunque en parte obra de la fantasía, habría

sido trazada de acuerdo con los usos gentilicios. Dikearchus supuso que la práctica de determinadas gentes, de proveerse de esposas entre sí, condujo a la organización de la fratría para la celebración de ritos religiosos comunes. Esta explicación es valedera, porque

 

tales matrimonios producirían la fusion de la sangre de las gentes.

Por el contrario, las, gentes constituidas en el curso del tiempo, por la subdivisión de una gens y por nuevas subdivisiones posteriores, da­

 

ría a todos un linaje común y ofrecería una base natural para su reintegración en una fratría. Como tal, la fratría sería un crecimien­ to natural, y como tal solamente puede explicarse como institución gentilicia. Las gentes así unidas eran gentes hermanas, y la asocia­ ción misma era una fraternidad, como lo indica su nombre. Stephanos de Bizancio ha conservado un fragmento de Dikear-

 

18

 

(181) History of Greece, III, 58.

 

274 LEWIS H. MORGAN

chus; es en el que se sugiere una explicación del origen de la g ens,

fratría y tribu. No es, con respecto a ninguna de éstas, bastante com­

pleto para valer como definición; pero es valioso como reconocimien­

to de las tres etapas en la organización de la antigua sociedad grie­

ga, Él emplea patria en lugar de gens, como lo hizo Píndaro en nu­

merosos casos y alguna vez Homero. El pasaje se puede traducir:

Patria es una de las tres formas de la unión social entre los grie­

 

gos, según Dikearchus, que llamamos respectivamente patria, fratría y tribu. Nación patria cuando el parentesco, originariamente soli­ tario, alcanzó la segunda etapa (el parentesco de padres con hijos

 

y de hijos con padres), y deriva su epónimo del más antiguo y princi­ pal miembro de la patria, como Aicidas, Pelópidas.

 

Pero vino a ser denominada fatria y fratría cuando algunas de ellas dieron sus hijas en matrimonio a otra patria. Porque la mujer dada en matrimonio ya no participaba más en los ritos sagrados pa­ ternos, sino que era enrolada en la patria de su marido: así que, en cambio, de la unión antes existente por cariño entre hermanos y hermanas fue establecida-otra unión basada en comunidad de ritos religiosos, que ellos denominaron fratría; y así otra vez, mientras la patria tuvo su origen en la forma que antes hemos mencionado,

 

por la relación de sangre entre padres e hijos y de hijos y padres, la fratría tuvo su origen en el parentesco entre hermanos.

Pero las tribus y los miembros de ellas se llamaban así por la

unión en comunidades y naciones así denominadas, porque cada

uno de los cuerpos que se unían era llamado una tribu         (182).

Se advertirá que aquí se reconoce como costumbre el matrimo­

nio fuera de la gens y que la esposa era enrolada en la gens, más

bien que en la fratría de su esposo. Dickearchus, quien fue discípu­

lo de Aristóteles, vivió en una época en que la gens existía mayor­

mente como genealogía de individuos, habiendo sido transferidas

sus potestades a nuevos cuerpos políticos. Él deriva el origen de la

gens de los tiempos primitivos; pero su afirmación de que la fratría

tuvo origen en la práctica matrimonial de la gens, probablemente

exacta en cuanto a la práctica, no pasa de ser una opinión acerca

del origen de la organización. El intercambio matrimonial con ritos

religiosos comunes afianzaría la unión frátrica; pero el linaje común

de las gentes de que era compuesto ofrece una base más satisfac­

toria para la fratría. Se debe recordar que las gentes tienen una

historia que se remonta a través de los tres sub-períodos de la bar­

barie, al período anterior del salvajismo y precede aún la existencia

de las familias aria y semítica. Se ha mostrado cómo la fratría apa­

reció entre los aborígenes americanos en el estadio inferior de la

 

          Historical Antiquities of the Greeks, de Wachsmuth, I, 449, ap. por

texto.

 

LA SOCIEDAD PBIMOTVA 275

 

barbarie, mientras que los griegos sólo conocían bien aquella parte de su historia que correspondía al estadio superior de la barbarie, Grote no intenta definir las funciones de la fratría fuera de gene­ ralidades. Sin duda eran principalmente de índole religiosa: pero quizás se manifestaban, como entre los iroqueses, en la inhumación

 

ae los muertos, en los juegos públicos, en festivales religiosos, en los consejos y en el agora del pueblo, donde la agrupación de jefes y pueblo sería por fratría más bien que por gentes. También se exhi­ biría naturalmente en el ordenamiento de las fuerzas militares, de

 

lo que Homero nos da un notable ejemplo en el discurso de Néstor a Agamenón (183),

 

Separa las tropas por tribus y fratrías, Agamenón, de suerte que fratría sostenga a fratría y tribu a tribu. Si tú así obras, y obedecen los griegos, entonces te cerciorarás de cuáles de los jefes y cuáles de los soldados son cobardes, y cuál de ellos será un valiente, porque

 

          ielearán lo mejor que puedan. El contingente de una gens en una uerza militar sería demasiado pequeño para servir de base de orga­ nización de un ejército; pero las agrupaciones mayores de la fratría y de la tribu sí serían suficientes. Dos cosas se infieren del consejo de Néstor: que ya la organización de ejércitos por fratría v tribu había cesado de ser común, y segundo, que en los tiempos antiguos aquél había sido el orden usual de organización de ejércitos, cuyo recuerdo no se había desvanecido. Hemos visto que los tlascalanos

 

y los aztecas, que estaban en el estadio medio de la barbarie, orga­ nizaban y enviaban sus ejércitos por fratrías, que en su condición era, probablemente, el único método por el cual se podía organizar una fuerza militar. Las antiguas tribus germanas practicaban la mis­ ma organización de sus ejércitos para el combate (184). Es interesan­ te notar cuán estrechamente aferradas a la teoría de su sistema so­ cial han estado las tribus de la humanidad.

 

En un principio, la gens del muerto tenía la obligación de reali­ zar la venganza de sangre, que más tarde se convirtió en el deber de acusar al asesino ante los tribunales de ley; pero también esta obligación era compartida por la fratría, y más tarde fue un deber de ésta (185). En Eumenides de Esquilo, las Eriunias, después de hablar de la muerte de su madre por Orestes, plantean la pregun­ ta: ¿Qué agua lustral de sus fratores le aguardará? (186); lo que

 

E arece indicar que si el criminal escapaba al castigo, la purificación nal era efectuada por su fratría en lugar de su gens. Además, la ex-

 

          Iliad., II, 362.

          T á c it o : Germania, cap. VII.

          G r o t e : History of Greece, III, 55. Ei Tribunal del Areópago se arro­ gó la jurisdicción sobre los homicidios, Ib. III-79.

 

          Eum., 656.

 

276 LEWIS H. MOHGAN

 

tensión de la obligación de la gens a la fratría supone un linaje co­ mún de todas las gentes de una fratría.

 

Desde que la fratría era intermediaria entre la getis y la tribu, y no estaba investida de funciones de gobierno, era menos fundamen­ tal e importante que cualquiera de éstas; pero era una etapa co­ mún, natural y acaso necesaria en la reintegración de ambas.

 

Si fuera dado recuperar el conocimiento íntimo de la vida social de los griegos en esa época primaria, es probable que el fenómeno se centralizaría en la organización frátrica más conspicuamente de

 

lo que nos permiten inferir nuestros escasos antecedentes. Es pro­ bable que gozara de más poder e influencia de los que generalmen­ te se le atribuyen como organización. Entre los atenienses sobrevi­ vió al derrumbe de la gens como base de un sistema, y retuvo, bajo el nuevo régimen político, algún contralor sobre el registro de ciu­ dadanos, la inscripción de matrimonios y el enjuiciamiento del ase­ sino de un frator ante los tribunales de justicia.

 

Se acostumbra considerar a las cuatro tribus atenienses como di­ vididas cada una en tres fratrías, y cada fratría en treinta gentes; pero esto es solamente por comodidad de descripción. Un pueblo

 

bajo las instituciones gentilicias no se reparte en divisiones y subdi­ visiones simétricas. El proceso natural de su formación era precisa­ mente el opuesto; las gentes formaron fratrías, y ulteriormente tribus, a que a su vez se unieron en una sociedad o pueblo. Cada una era

 

un crecimiento natural. Que el número de gentes en cada fratría ateniense fuera de treinta es un hecho notable incapaz de ser expli­ cado por causas naturales. Un propósito bastante poderoso, como

 

ser el deseo de una organización simétrica de fratrías y tribus, pudo conducir a la subdivisión de gentes, con su consentimiento, hasta alcanzar la cifra de treinta en cada una de estas fratrías, y cuando se excedía el número en una tribu, medíante la consolidación de gentes afines, hasta reducir el número a treinta.

 

Un medio más probable sería el admitir en las fratrías que nece­ sitasen un aumento de número algunas gentes extrañas. A base de un número determinado de tribus, fratrías y gentes, por crecimien­ to natural, se hubiera podido así lograr la reducción a uniformidad

 

de estas dos últimas en las cuatro tribus. Una vez fijada esta escala numérica de treinta gentes en la fratría y tres fratrías en la tribu, sería fácil mantener la proporción por siglos enteros, salvo, quizás, en cuanto al número de gentes en cada fratría.

La vida religiosa de los griegos tenía su fuente y centro en la

 

gens y la fratría. Se debe suponer que en estas organizaciones, y por ellas mismas, se fue perfeccionando ese maravilloso sistema politeís­ ta, con su jerarquía de dioses, sus símbolos y formas de culto, que tan fuertemente impresionó el pensamiento del mundo clásico. En buena parte esta mitología fue la inspiración de las grandes hazañas

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 277

 

de los períodos legendario e histórico y engendró ese entusiasmo que creó el templo y la arquitectura decorativa, en los que el mundo moderno tanto' se deleita. Algunos de los ritos religiosos originarios de estos grupos sociales quedaron nacionalizados en mérito de la suprema santidad que se les atribuía, lo que enseña hasta qué punto la gens y la fratría fueron cuna de la religión. Los sucesos de este período, extraordinario bajo muchos aspectos, el más cargado de acontecimientos en la historia de la familia aria principalmente, están perdidos para la historia. Sus restos literarios se componen de genealogías legendarias y narraciones, mitos y fragmentos de poe­ sías, dando fin con los poemas homéricos y hesiódicos. Pero sus ins­ tituciones, artes, inventos, sistema mitológico, en una palabra, la substancia de civilización que ellos elaboraron y trajeron consigo fueron la herencia que legaron a la nueva sociedad que estaban des­ tinados a fundar. Es posible todavía que la historia de este período llegue a ser reconstruida merced a estas varias fuentes de antece­ dentes, reproduciendo los rasgos principales de la sociedad gentili­ cia, tales como se exhibían poco antes de la institución de Ja socie­ dad política.

 

Así como la gens tenía su arconte, que oficiaba de sacerdote en las ceremonias religiosas de la misma, también la fratría tenía su

 

fratriarca, que presidía sus reuniones y oficiaba en la solemnización

de los ritos religiosos. La fratría         dice M. de Coulanges tenía

sus asambleas y sus tribunales y podía dictar decretos. En ella había,

como en la familia, un dios, un sacerdocio, un tribunal de ley y un

gobierno          (187). Los ritos religiosos de la fratría eran una expansión

de los de las gentes que la componían. Para entender la vida religio­

sa de los griegos es necesario dirigir la atención a estos factores.

Seguía la escala ascendente de organización: la tribu compuesta

 

de varias, fratrías, cada una formada por gentes. Los individuos de cada fratría eran de linaje común y hablaban un mismo dialecto. Como se ha dicho ya, entre los atenienses cada tribu se componía de tres fratrías, lo que les daba una organización similar a cada una. La tribu corresponde a la tribu latina, y también a la de los aborígenes americanos, faltando un dialecto independiente en cada tribu para completar la analogía con éstos. La concentración en zonas peque­ ñas de aquellas tribus griegas fusionadas en un pueblo, tendía a re­ primir variaciones dialécticas que más tarde un lenguaje escrito y una literatura propia reprimirían aún más. Sin embargo, las exigen­ cias de un régimen social basado en relaciones personales y ciertas costumbres añejas tenían localizada a cada tribu, más o menos en una zona fija. Parece probable que cada tribu haya tenido su con-

 

          The Ancient City. Traduc. de Small, pág. 157, Boston, Lee y Shepard.

 

278 LEWIS H. MORCAN

sejo de jefes, con jurisdicción suprema en todo lo referente a la tribu exclusivamente.

 

Pero desde que se ha dejado caer en el olvido las funciones y poderes del consejo general de jefes que administraba los negocios generales de las tribus unidas, no se debía esperar que se hubiese conservado el recuerdo de los de un consejo inferior y subordinado. Si tal consejo ha existido como es probable, dadas las exigencias de su régimen social, debía componerse de jefes de las gentes.

 

Cuando las diversas fratrías de una tribu se reunían en conme­ moración de sus ceremonias religiosas, la tribp había alcanzado su mayor constitución orgánica más alta. Como tal, según lo vemos expresado, estaban bajo la presidencia de un phylo-basUeus, que

 

era el jefe principal de la tribu. No estoy al tanto de si era su co­ mandante en los asuntos militares. Estaba investido de funciones sacerdotales, siempre inherentes al cargo de basileus, y de jurisdic­ ción criminal en casos de asesinato; pero si también juzgaba y pro­ cesaba al criminal, no lo sabría decir. Las funciones sacerdotales y judiciales atribuidas al cargo de basileus tienden a explicar la digni­ dad que alcanzaba en los períodos legendario y heroico. Pero la au­ sencia de funciones civiles, en el sentido estricto del término, de cuya existencia no tenemos testimonio satisfactorio, basta para cali­ ficar de nombre impropio el de rey, tan constantemente empleado en la historia como equivalente de basileus.

 

Entre los atenienses tenemos el basileus de tribu, término usado por los griegos mismos, tan legítimamente como cuando se aplica

 

el comandante general militar de las cuatro tribus unidas. Cuando se pinta a cada uno como rey, se incurre en el solecismo de cuatro tri­ bus, cada una de su rey por separado, y cuatro tribus unidas bajo otro rey. He aquí una cantidad mayor de realeza ficticia que la que el caso requiere. Además, cuando nos consta que las instituciones de los atenienses en ese tiempo eran esencialmente democráticas, llega a ser una caricatura de la sociedad griega. Muestra la conveniencia de volver al lenguaje sencillo y original, empleando el término basi­ leus donde los griegos lo emplean y rechazando el de rey como

 

equivalente falso. La monarquía es incompatible con las institucio­ nes gentilicias, por la razón de que éstas son esencialmente demo­ cráticas. Cada gens, fratría y tribu era un cuerpo autónomo comple­ tamente organizado, y allá donde varias tribus se fusionaron en nación, el gobierno resultante estaría constituido en armonía con los principios que animaran a sus partes constituyentes.

 

La cuarta y última etapa de la organización era la nación, unida en una sociedad gentiücia. Cuando varias tribus se fusionaban en un pueblo, como los atenienses y los espartanos, se engrosaba a la sociedad, pero el resultado era simplemente un duplicado más com­ plejo de la tribu. Las tribus ocupaban en la nación el mismo sitio

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 279

 

que la fratría en la tribu y la gens en la fratría. No había nombre para la organización (188), que era simplemente una sociedad (so-cietas), pero en su reemplazo surgió un nombre para el pueblo o nación. En la descripción de Homero de las fuerzas reunidas contra Troya se especifican los nombres de estas naciones, cuando los ha­ bía, como atenienses, etolios, locrios; pero en otros casos se les des­ cribe con el nombre de la ciudad o el país de donde procedían. Se alcanza así el hecho final de que en la época anterior a Licurgo y Solón, los griegos sólo tenían las cuatro etapas de la organización social (gens, fratría, tribu y nación) que era casi universal en la so­ ciedad antigua, y que se ha demostrado existía en parte en el esta­ dio de salvajismo, completa en los estadios inferior, medio y supe­ rior de la barbarie y todavía en píe cuando se hubo iniciado la civi­ lización. Esta serie orgánica expresa el crecimiento y extensión del concepto de gobierno entre los hombres, hasta la institución de la sociedad política. Tal era el régimen social griego. Daba una so­ ciedad, compuesta de una serie de agrupaciones de personas, con

 

las que el gobierno trataba por medio de sus relaciones personales con la gens, fratría o tribu. Era también una sociedad gentilicia dis­ tinta a una política, de la que variaba fundamentalmente y en forma fácil de comprobar,

 

La nación ateniense de la edad heroica presenta en su gobierno

tres .poderes o departamentos distintos, en cierto sentido coordina­ dos, a saber: primero, el consejo de jefes; segundo, el ágora o asam­ blea popular, y tercero, el basileus o comandante militar general.

 

Bien que las crecientes necesidades de su situación hubiesen im­ puesto la creación de un gran número de cargos subordinados mu­ nicipales y militares, los poderes principales dé gobierno correspon­ dían a los tres órganos citados. No me encuentro capacitado para discutir en forma adecuada las funciones y poderes del consejo del ágora o del basileus, y me conformaré con algunas apreciaciones sobre asuntos de suficiente importancia como para merecer una nue­ va investigación de parte de historiadores helenistas.

 

I. E l c o n s e j o d e je f e s

 

El oficio de basileus ha llamado más la atención que el consejo

o el ágora en las tribus griegas. Como consecuencia, ha sido indebi­ damente magnificado, a la vez que el consejo y el ágora han sido menospreciados o desconocidos. Sabemos, empero, que desde los primeros tiempos de que tenemos conocimiento, hasta la institu-

 

          Aristóteles, Tucídides y otros autores emplean el término basileia para los gobiernos del período heroico.

 

280 LEWIS H. MORGAN

 

ción de la sociedad política, el consejo de jefes fue un fenómeno constante en toda nación griega. Su permanencia como órgano de un régimen social es testimonio concluyente de que sus funciones eran sustanciales, y que, por lo menos presuntivamente, sus poderes fue­ ron supremos y finales. Esta presunción nace de lo que se sabe del carácter arcaico y de las funciones del consejo de jefes en las insti­ tuciones gentilicias y de su orientación. Nos faltan informes claros sobre cómo fue constituido en la edad heroica, y del mecanismo de

 

la tenencia del cargo de jefe; pero es una deducción razonable la de que estaba compuesto de los jefes de las gentes. Ya que el número de miembros del consejo generalmente era menor que el de las gen-fes, debió hacerse de alguna manera una selección entre el grupo de jefes.

 

No tenemos constancia del modo como se hiciera esta selección.

La función del consejo como cuerpo legislativo representante de las principales gentes y su crecimiento natural bajo el régimen gentili­ cio lo hacían, desde luego, supremo, y robustecen la presunción de que así se haya conservado hasta el fin de su existencia. Algún cam­ bio en las relaciones del consejo con los negocios de orden público debía resultar de la creciente importancia del cargo de basüeus, y los nuevos cargos que el aumento de población y riqueza imponía crear en el orden municipal y en el militar, y acaso de ahí resúltara alguna disminución de su importancia, pero no cabía suprimirlo sin antes operarse un cambio radical en las instituciones. Por consi­ guiente, parece probable que todo cargo de gobierno, desde el más elevado hasta el más bajo, debía dar cuenta al consejo de sus actos oficiales.

El consejo era fundamental en su régimen social (189) y los grie­

gos de aquel período eran pueblos libres y autónomos, bajo institu­

ciones esencialmente democráticas. Se puede tomar de Esquilo un

solo ejemplo de la existencia del consejo, simplemente para demos­

trar que en el concepto griego siempre estaba presente y listo para

actuar. En       Los siete contra Tebas            Eteocles es representado como

al mando de la ciudad, y su hermano Polinices, como uno de los

siete jefes que han puesto asedio a la ciudad. El asalto fue rechaza­

do, pero ambos hermanos cayeron en un combate personal en una de las puertas. Después de este suceso un heraldo proclama: Es necesario que yo anuncie el decreto y la voluntad de los consejeros del pueblo de esta ciudad de Cadmo. Se ha resuelto, etcétera (190). Un consejo que puede en cualquier momento dictar y promulgar un decreto que el pueblo debe acatar es dueño de los poderes supremos de gobierno. Aun cuando en este caso Esquilo trata de acontecimíen-

 

          Dionysius, 2, XII.

          E s q u ilo : The Seven against Thebes, 1005.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 281

 

tos del período legendario, reconoce al consejo de jefes como parte necesaria del sistema de gobierno de todo pueblo griego. El boulé de la antigua sociedad griega fue el prototipo y modelo del senado en el sistema posterior del estado político.

 

II. E l a g o r a

 

Aun cuando fue establecida en el período legendario la asam­ blea popular, con poder para aceptar o rechazar medidas de orden público sometidas por el consejo, no es tan antigua como el consejo. Este último aparece con la institución de gentes; pero es dudoso que

 

el ágora, con las funciones citadas, haya existido más allá del estadio superior de la barbarie. Se ha enseñado que entre los iroqueses, en

 

el estado inferior, el pueblo sometía sus deseos al consejo de jefes por intermedio de oradores escogidos por él mismo, y que en los negocios de la confederación se hacía sentir una influencia popu­ lar; pero una asamblea popular, con facultad para aceptar o recha­ zar medidas de orden público, ¦ evidenciaría un progreso en inteli­ gencia y en conocimientos que está más allá del de los iroqueses. Cuando aparece por vez primera el agora según la muestran Ho­

 

mero y las tragedias griegas, exhibe los mismos rasgos que conser­ vaba, más tarde en la ecclesia de los atenienses, y en la comitia cu-ñata de los romanos. Era prerrogativa del consejo de jefes elaborar medidas de orden público, y luego someterlas a la,asamblea popular para su aceptación o rechazo, y su decisión era final. Las funciones del ágora se limitaban a este solo acto. No podía iniciar medidas, ni intervenir en la administración de los negocios; sin embargo, era un poder positivo, eminentemente adaptado a la defensa de sus libertades.

 

Con seguridad el ágora es un fenómeno constante en las tribus griegas de la edad heroica, y más lejos, en el período legendario; vinculada con el consejo, es prueba concluyente de la constitución democrática de la sociedad gentilicia durante estos periodos. Tene­ mos razón para suponer que, por el ejercicio de su inteligencia, se creaba en el pueblo un sentimiento popular sobre toda cuestión im­ portante que el consejo de jefes hallaba conveniente y necesario consultar, tanto para el bien público como para la conservación de su propia autoridad. Después de oír la discusión del asunto presen­ tado, en la que podía tomar parte todo aquel que lo deseara (191), la asamblea popular tomaba su decisión, en los tiempos antiguos ge­ neralmente, levantando las manos (192)'. Mediante su participación

 

          Eurípides: O r e s tes, 884.

          E s q u ilo : The Suppliants, 607.

 

LEWIS H. MORGAN

 

en los negocios públicos que afectaban los intereses de todos, el pue­ blo progresaba constantemente en el arte del gobierno propio, y una parte de él, como los atenienses, se disciplinaba para la democracia plena establecida más tarde por las constituciones de Clístenes. La asamblea del pueblo, cuya función era la de deliberar sobre todo asunto de orden público, no pocas veces menospreciada como popu­ lacho por autores incapaces de comprender los principios de la democracia, fue el germen de la ecclesia de los atenienses y de la cámara de representantes de los cuerpos legislativos modernos,

 

III. E l b a s il e u s

Este funcionario llegó a ser personaje conspicuo de la sociedad griega en la edad heroica, y de igual relieve en el período legenda­ rio. Ha sido colocado por los historiadores en el centro del sistema. El título del cargo fue empleado por los mejores escritores griegos para caracterizar al gobierno, que se intitulaba una basileia. Los autores modernos, casi sin excepción, traducen el término basileus como rey, y la basileia como reino, sin calificativo, como sinónimos exactos. Deseo llamar la atención sobre este cargo de basileus, tal como existió entre los griegos, y poner en cuestión la exactitud de tal interpretación. No existe semejanza alguna entre la basileia de los antiguos atenienses y el reino o monarquía moderna; por lo me­ nos, no la suficiente para justificar el empleo de un mismo término para describir a ambos. Nuestro concepto de un gobierno real es

 

esencialmente de un tipo en el que un rey, rodeado de una clase privilegiada y jerárquica, dueña y poseedora de las tierras, gobierna por su propia voluntad y deseo mediante edictos y decretos, pre­ tendiendo un derecho hereditario al gobierno, pues no puede alegar el consentimiento de los gobernados. Tales gobiernos se han impues­ to ellos mismos a base del derecho hereditario, al cual el clero ha procurado añadir un derecho divino. Son ejemplos de estos reinos los Tudor en Inglaterra y los Borbones en Francia.

 

La monarquía constitucional es un desenvolvimiento moderno, esencialmente diferente de la basileia de los griegos. La basileia no era monarquía ni absoluta ni constitucional; tampoco era tiranía ni despotismo. Queda entonces planteada la cuestión: ¿qué fue? Grote sostiene que el primitivo gobierno griego es esencialmen­

te monárquico, asentado en sentimiento personal y derecho divi­

no      (193); y para ratificar ese juicio agrega           que el memorable dic­

tado de la Iliada es apoyado por todo lo que se nos cuenta de la

práctica efectiva: el gobierno de muchos no es cosa buena; tenga-

 

          History of Greece, 11,69. LA SOCIEDAD PfUMTCTVA 283

 

mos uno solo que mande un rey , aquel a quien Zeus ha dado el cetro, con las sanciones tutelares (194). Este juicio no es sólo de Grote, cuya eminencia como historiador todos se complacen en re­ conocer, sino que ha sido sentado con generalidad y convicción por historiadores especializados en temas griegos, hasta llegar a ser acó-, gido como hecho histórico. Nuestro criterio de los asuntos griegos y romanos ha sido moldeado por autores acostumbrados al gobierno monárquico y las clases privilegiadas, los que quizá estaban conten­ tos de remontarse a los más tempranos gobiernos conocidos de las tribus griegas en busca de esta forma de gobierno, así a la vez natu­ ral, esencial y primitiva.

 

La verdadera exposición, como se presenta a un americano, es precisamente al revés de la de Grote, a saber: que el primitivo go­ bierno griego fue esencialmente democrático, basado en gentes, fra­ trías y tribus, constituidas como cuerpos de gobierno propio, y de acuerdo con los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Esto lo corrobora todo cuanto sabemos de la institución gentilicia, que se ha visto descansa sobre principios esencialmente democráticos. Luego, la cuestión es de si en realidad el ofitfíb de basileus se trans­ mitía de padre a hijo por derecho hereditario, lo que, de ser cierto, tendería a comprobar una subversión de esos principios. Hemos

 

visto que en el estadio inferior de la bar|?$rie el oficio de jefe era hereditario en la gens, lo que significa que siempre que se produ­ jera una vacante era llenada con los miembros de la misma gens.

 

Si la' descendencia seguía la línea femenina como entre los iraque­ ses, se designaba generalmente a un hermano del extinto para suce-derle, y si seguía la línea masculina, como entre los ojibwas y oma-has, al hijo mayor. Mientras no existían objeciones hacia la persona, se hizo regla; pero subsistía el principio electivo, que era la esencia del gobierno propio. No se pueden aducir pruebas satisfactorias de que el hijo mayor del basileus, a la muerte del padre, tomara el cargo por derecho hereditario absoluto. Éste es el hecho esencial, y para sentarlo se necesitan pruebas concluyentes.

El hecho de que generalmente le sucedía el hijo mayor o uno

de los hijos, lo que se admite, no prueba el asunto en cuestión; por­ que por costumbre él reunía las probabilidades de sucesión en una elección libre de un electorado. Frente a las instituciones griegas, la presunción es contraria a la sucesión del cargo de basileus por de­

 

recho hereditario; y se pronuncia por una elección libre, o por el voto confirmativo del pueblo mediante sus instituciones reconocidas,

 

          History of Greece, II, 69 e Iliada, II, 204.

 

LEWIS H. MOBGAN

 

como en el caso de Rex Romano (195). Siendo transmitido el oficio de basileus en la última forma citada, el gobierno continuaría en manos del pueblo. Porque sin la elección o confirmación, aquél no podía asumir el cargo, y también porque el derecho de elegir o de confirmar supone el derecho reservado de deponer.

 

El ejemplo que Grote toma de la Ilíada carece de valor para la cuestión planteada. La cita es tomada del discurso de Ulises, que hablaba del comando de un ejército delante de una ciudad sitiada. Lo mismo Hubiera podido decir: No es posible que todos los grie­ gos manden aquí. El mando de muchos no es cosa buena. Tengamos

 

un koiranos, un basileus, a quien Zeus ha^a confiado el cetro, y las sanciones divinas, a fin de que nos mande . Koiranos y basileus son empleados como equivalentes, porque ambos significaban por igual un comandante militar general.

 

No era el momento de que Ulises discurriera o apoyase un plan cualquiera de gobierno; pero tenía razones suficientes para abogar porque se obedeciera a un solo jefe en el ejército sitiador de una plaza.

 

La basileia puede definirse como una democracia militar, siendo libre el pueblo, y, lo que es esencial, democrático el espíritu del gobierno. El basileus era su general, investido del oficio más eleva­ do, influyente e importante que conociera su régimen social. A falta de un término más preciso para ello, los autores griegos adoptaron basileia para describir su gobierno, porque comportaba el concepto de generalato que ya se había hecho rasgo conspicuo de su régimen

 

de gobierno. Si se exige una definición más especializada de esta for­ ma de gobierno, en que coexistían el consejo y el ágora con el basi­ leus, es por lo menos razonablemente exacto dar la de democracia militar; mientras que el empleo del término reino, con el sentido que forzosamente entraña, sería un nombre falso.

En la edad heroica las tribus griegas habitaban villas muradas,

y crecían en número y en riqueza, por la labranza de campos, indus­ trias fabriles y la crianza de rebaños. Se hacían necesarios nuevos cargos, como también algún grado de división de sus funciones,, y su creciente inteligencia y necesidades aceleraban el desarrollo de sus regímenes municipales. Fue también período de incesante lucha militar por la posesión de las zonas más apetecidas. No cabe duda de que junto al crecimiento de la población y bienes creció el ele­ mento aristocrático y fue la causa principal de los disturbios que

 

          Gladstone, quien presenta a sus lectores los jefes griegos de la edad heroica como reyes y príncipes, con la añadidura de cualidades caballerescas, se ve obligado a admitir que en suma, parece ser que tenemos la costumbre

 

o ley de primogenitura suficientemente definida, pero no de una manera muy nítida . Juventus Mundi, ed. Little y Brown, pág. 428.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 285

 

agitaron a la sociedad ateniense, desde el tiempo de Teseo hasta el de Solón y de Clístenes.

 

Durante este período y hasta la abolición final del cargo, algún tiempo antes de la primera Olimpíada (776 a. de J. C.), por la índole de sus funciones y el estado de la época, el basileus llegó a ser más

 

prominente y más poderoso que ninguna otra persona sola en su anterior experiencia. Las funciones de sacerdote y de juez eran inhe­ rentes al cargo o se le agregaban; y parece haber sido ex officio, miembro del consejo de jefes. Era éste un cargo tan grande como necesario, con los poderes del general sobre el ejército en campaña y sobre la guarnición en la ciudad, lo que también le proporciono los medios de adquirir influencia en los negocios civiles. Pero no parece que haya estado investido de estas funciones civiles. Observa el pro­ fesor Mason que no son suficientemente amplios y minuciosos nues­ tros antecedentes de los reyes griegos en la época más histórica, como para que pudiéramos elaborar un plan detallado de sus funcio­ nes (196).

 

Se está medianamente al tanto de las funciones militares y sa­ cerdotales del basileus; las judiciales se conocen imperfectamente, y en cuanto a las civiles, no puede decirse en verdad que hayan exis­ tido. Bajo las instituciones gentilicias, los poderes de tal oficio har­ fa rían sido poco a poco definidos por la experiencia, pero acompaña­ dos de una tendencia constante de parte del basileus a arrogarse

 

otros nuevos poderes peligrosos para la sociedad. Ya que el consejo de jefes perduraba como constituyente del gobierno, puede decirse que representaba el elemento democrático de su régimen social tan bien como la gens, mientras que el basileus muy pronto vino a re­ presentar al principio aristocrático, Es probable que hubo perpetua lucha entre el consejo y el basileus para contener a éste dentro de los límites de las facultades que el pueblo estaba dispuesto a confiar al cargo. También la abolición de éste por los atenienses hace proba­ ble que lo hallaran no desempeñable e incompatible con las insti­ tuciones gentilicias, por su propensión á usurpar poderes adicionales. Entre las tribus espartanas, y a base de una experiencia pare­

 

cida, fue instituido el eforato en tiempos muy primitivos, para limitar el poder del basileus. Aun cuando no se conocen con precisión las funciones del consejo en el período homérico ni en el legendario, su constante presencia es testimonio suficiente de que sus facultades eran reales, esenciales y permanentes. Con la existencia simultánea del ágora, y a falta de pruebas de un cambio de instituciones, se im­ pone la conclusión de que, de acuerdo con costumbres afianzadas, el consejo era supremo soore gentes, fratrías, tribus y nación, v que el basileus debía responder ante este consejo de sus actos oficiales. La

 

          Die., de Smith, art. Rex. Pág. 991.

 

LEWIS H . MORGAN

 

libertad de las gentes, representadas por el consejo, presupone la in­ dependencia de éste, como también su supremacía.

 

Tucídides se refiere incidentalmente a los gobiernos del período tradicional, en los siguientes términos: Ahora, cuando los griegos se hacían más poderosos y adquirían la posesión de bienes aún más que antes, fueron establecidas en las ciudades muchas tiranías, por engrosarse sus rentas; mientras que, anteriormente, habían basileias hereditarias con poderes especificados" (197). El oficio era heredita­ rio en el sentido de su perpetuidad porque se llenaba cada vez que

 

se produjera una vacante, pero no en una gens, efectuándose la de­ signación por elección libre de sus gentiles, o, posiblemente, por de­ signación del consejo y confirmación por las gentes, como en el caso del Rex de los romanos.

Aristóteles es quien ha dado, de entre todos los autores griegos

 

la definición más satisfactoria de la basileia y del basileus del pe­ ríodo heoroico. Estas son las cuatro clases de basilem que da: la primera es la del período heroico, que era el gobierno que regía a un

 

pueblo libre porque el basileus era su general, su juez y su primer sacerdote con derechos restringidos en algunos casos; la segunda el de los bárbaros, es un gobierno despótico hereditario, regulado por leyes; la tercera es la que llaman estjmnética, y es una tiranía elec­ tiva; la cuarta es la lacedemónica, que no es más que un generalato hereditario (198). Dígase lo que se quiera de las tres últimas, la primera no corresponde al tipo de un reino absoluto, ni ninguna for­ ma conocida de monarquía. Aristóteles describe con notable nitidez las principales funciones del basileus, ninguna de las que supone poderes civiles, y todas compatibles con un cargo vitalicio, desempe­ ñado por tenencia electiva. También son compatibles con su com­ pleta subordinación a un consejo de jefes. Los derechos restringi­ dos y los poderes especificados de estos autores, tienden a de­ mostrar que el gobierno había adquirido esta forma en armonía con instituciones gentilicias y bajo ellas. El elemento esencial en la de­ finición de Aristóteles es la libertad del pueblo, que en la sociedad antigua significa que el pueblo conservaba bajo su contralor los po­ deres del gobierno, que el cargo de basileus era otorgado voluntaria­ mente, y que podía ser anulado por causa justificada.

 

Un gobierno tal como lo describe Aristóteles, puede entenderse como una democracia militar que como forma de gobierno bajo ins­ tituciones libres, surgió naturalmente del régimen gentilicio cuando predominaba el espíritu militar, cuando aparecieron las riquezas y la población numerosa, con vida habitual en ciudades amuralladas,

 

          T ucídides: I, 13.

          A r i s t ó t e l e s : P o l i t i c s , III, cap. X.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 287

 

y antes que la experiencia hubiese abierto el camino para la demo­ cracia pura.

 

Bajo las instituciones gentilicias con un pueblo compuesto de gen­ tes, fratrías y tribus, cada una organizada como cuerpo autónomo independiente, este pueblo necesariamente sería libre. Resultaría sim­ plemente imposible en una sociedad semejante el mando de un rey

 

por derecho hereditario y sin la obligación directa de rendir cuenta. La imposibilidad emerge del hecho que las instituciones gentilicias son incompatibles con un rey o un gobierno regio. Para vencer la presunción que surge de la estructura y de los principios de la an­ tigua sociedad griega, se necesitaría, lo que creo no puede propor­ cionarse, la prueba absoluta de un derecho hereditario al cargo de basileus, con la existencia de funciones civiles. Un ciudadano inglés bajo su monarquía constitucional es tan libre como un americano

 

bajo la república, y sus derechos y libertades gozan de iguales garan­ tías; pero él debe esa libertad y garantías a un cuerpo de leyes po­ sitivas, creadas por legislación y a las cuales dan vigor los tribuna­ les de justicia. En la. antigua sociedad griega, el derecho consue­ tudinario, y las costumbres hacían las veces de leyes escritas, y el in­ dividuo fiaba su libertad y garantías a las instituciones del régimen social. Su seguridad estaba preeminentemente en tales instituciones, como lo implica la tenencia electiva de] cargo.

Del mismo modo, los rex de los romanos eran comandantes mili­

 

tares, con funciones sacerdotales adheridas al cargo; y este supuesto gobierno regio, cae en la misma categoría de democracia militar.

 

El rex. como antes se ha dicho, era designado por el senado y con­ firmado por la comitia curiata, y el último de ellos fue depuesto. Con su deposición el cargo fue abolido, como incompatible con lo que restaba del principio democrático, después de la institución de la so­ ciedad política romana.

 

La mas próxima analogía a los reinos, entre los griegos, la presen­ tan las tiranías que, en una temprana época, surgieron acá y allá en diferentes partes de Grecia. Fueron gobiernos impuestos por la fuerza, y los poderes pretendidos no eran mayores que los de los reyes feudales de los tiempos medievales, Para completar la analogía se necesitaría la transmisión de cargo de padre a hijo durante algunas generaciones, para sobreañadir el derecho hereditario. Pero tales gobiernos eran incompatibles con el concepto griego, y tan ajenos a sus instituciones democráticas, que ninguno de ellos pudo arraigarse en Grecia; Observa Grote que si algún hombre enérgico lograba,

 

por audacia y engaño, echar abajo la constitución y hacerse gober­ nante permanente según su propia voluntad y deseo aún cuando gobernase bien , jamás lograría inspirar al pueblo un sentimiento de deber para con él. Su cetro era, desde el comienzo, ilegítimo, y hasta el quitarle la vida, lejos de ser vedado por este sentido moral que

 

288 LEWIS H. MORGAN

 

en otros condenaba al que vertiera sangre, era reputado meritorio (199). No fue tanto la ilegitimidad del cetro lo que despertara la hos­ tilidad de los griegos, sino el antagonismo entre ideas democráticas

 

y monárquicas, siendo las primeras inherentes a las instituciones gen­ tilicias.

 

Cuando los atenienses fundaron el nuevo sistema político a base de territorio y propiedad, el gobierno era una democracia pura. No se trataba de una teoría nueva, ni invento especial de la mente ate­ niense, sino de un régimen antiguo y familiar, con una antigüedad tan remota como la de las g entes mismas. Desde tiempo inmemorial habían existido las ideas democráticas en la ciencia y práctica de sus antepasados, y ahora se expresaban en una forma mejor elaborada y, bajo muchos respectos más perfeccionada de gobierno. El elemento falso, el de la aristocracia, que se había introducido en el régimen y fue causa de muchas contiendas en el período de transición, se había vinculado con el cargo de basileus, y perduró después de la supresión de dicho cargo; pero ahora el nuevo régimen logró su derrumbe.

 

Con más éxito que las restantes tribus griegas, los atenienses pudieron llevar adelante sus conceptos de gobierno hasta sus conse­ cuencias lógicas. Este es uno de los motivos de que ellos alcanzaran a ser, para su número, la raza más distinguida, más intelectual y de mayores condiciones que la familia humana haya producido hasta

 

el día de hoy. Solamente por sus especulaciones intelectuales son to­ davía la admiración del género humano. Esto se debió a que las ideas que venían germinando a través del anterior período étnico,

 

y que se habían hecho carne hasta en la última fibra de su cerebro, hallaron campo propicio en el estado constituido democráticamente. Bajo sus impulsos generadores de vida, se produjo el desenvolvimien­ to de su más alta mentalidad.

El plan de gobierno instituido por Clístenes rechazaba el cargo

de magistrado ejecutivo principal pero retuvo el consejo de jefes en

un senado electivo y el ágora en la asamblea popular. Es evidente

que el consejo, el ágora y el basileus de las gentes fueron los gérme­

nes del senado, la asamblea popular y el magistrado ejecutivo prin­

cipal (rey, emperador y presidente) de la sociedad política moderna.

El último de estos cargos fue engendrado por las exigencias militares

de la sociedad organizada, y su desenvolvimiento con el progreso as­

cendente del hombre es sumamente instructivo. Se pueden seguir

 

sus huellas desde el jefe de guerra común, primero, en el Gran Sol­ dado de Guerra de la confederación de los iroqueses; segundo, en el mismo jefe militar en una confederación de tribus más adelantadas,

 

con el oficio de sacerdote anexo, como los Teuctli de la confedera-

 

          History of Greece, II, 61 y véase 69.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 289

 

ción azteca; y tercero, en el mismo jefe militar de una nación cons­ tituida por fusión de tribus, anexas al cargo las funciones de sacerdo­ te y juez, como el basileus de los griegos; y finalmente, en el primer magistrado de la sociedad política moderna.

 

El arconte electivo de los atenienses, que fue sucesor del basileus, y el presidente de las repúblicas modernas, fueron consecuencias' na­ turales del gentilismo, por el carácter electivo de sus cargos. Somos deudores a la experiencia de los bárbaros, de las tres instituciones principales de gobierno, hoy tan generalmente incorporadas al plan gubernativo de los estados civilizados y que ellos crearon y desarro­ llaron. La mente humana, específicamente la misma en todos los in­ dividuos, tribus y naciones del género humano, limitada en sus fa­ cultades, debe obrar y obra uniformemente y dentro de estrechos límites de variación. Sus conquistas en regiones desvinculadas del espacio y en períodos ampliamente separados de tiempo, se articulan en una lógica cadena de experiencias comunes. Todavía en la gran suma total se pueden distinguir algunos gérmenes primarios de pen­ samiento que actúan sobre necesidades primarias de la humanidad, los que, merced al proceso natural de desenvolvimiento, han alcan­ zado tan vastos resultados.

 

 

x

LA INSTITUCIÓN DE LA SOCIEDAD POLITICA GRIEGA

 

Las diversas comunidades griegas sufrieron una experiencia subs­ tancialmente igual en su traslación de la sociedad gentilicia a la política; pero la historia ateniense ilustra mejor el proceso de tran­ sición, porque los hechos respecto a este pueblo son los que mejor han sido conservados. Bastará para nuestro objeto, una mera delinca­ ción de los sucesos principales, pues no es nuestro propósito seguir el crecimiento del concepto de gobierno más allá de la inauguración del nuevo sistema político.

Es evidente que la iniciativa de despojar a las gentes, fratrías y tribus de todos los poderes civiles, y adjudicarlos a nuevos cuerpos, tuvo origen en la incapacidad de aquéllas para hacer frente a las complejas exigencias de la sociedad. El proceso fue gradual y se prolongó durante un largo período de tiempo, encarnado en una se­ rie sucesiva de ensayos, en busca de un remedio para los males ac­ tuales. La entrada del nuevo régimen fue tan gradual como la desa­ parición del viejo, coexistiendo ambos por un tiempo. La índole y propósitos de los ensayos realizados nos permitirán ver la incapa­ cidad de la organización gentilicia para atender a las exigencias so­ ciales, la necesidad de la subversión de g entes, fratrías y tribus como fuentes de poder, y los medios por los cuales fue lograda.

 

Mirando hacia atrás sobre la línea del progreso humano, se ad­ vierte que la aldea con empalizada fue el albergue habitual de la tribu en el estadio inferior de la barbarie. En el estadio medio apa­ rece la vivienda colectiva de adobe y de piedra, especie de fortaleza Pero en el estadio superior aparecen, por primera vez, en la experien­ cia humana, las villa rodeadas de terraplenes, y más tarde de muros de sillería. Fue un gran paso hacia adelante el que se dio, cuando la idea se tradujo en obra, al rodearse una zona amplia, para una

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 291

 

población numerosa, con un muro defensivo de sillería, con torres, parapetos y puertas, destinadas a proteger por igual a todos y a ser defendido por el esfuerzo común. Las villas de esta categoría, supo­ nen la existencia de una agricultura estable y desarrollada, la pose­ sión de animales domésticos en rebaños y manadas, de mercaderías

 

en grandes cantidades y de la propiedad en casas y tierras. La villa trajo consigo, al crear un cambio en el régimen social, nuevas nece­ sidades en la organización del gobierno. Surgió gradualmente la ne­ cesidad de magistrados y jueces, funcionarios militares y municipa­ les de diferentes categorías, y un modo de reunir y mantener fuer­ zas militares que haría indispensable un sistema de rentas públicas. La vida y las exigencias municipales debieron acrecentar mucho los deberes y las responsabilidades del consejo de jefes y posiblemente excedieron su capacidad de gobierno.

 

Se ha demostrado que en el estadio inferior de la barbarie el go­ bierno era de un poder, el consejo de jefes; que en el estadio medio fue de dos poderes: el consejo de jefes y comandante militar-, y que

 

en el estadio superior fue de tres poderes: el consejo de jefes, la asam­ blea popular y el comandante militar. Pero al principio del estadio de la civilización, la diferenciación de los poderes de gobierno había adelantado aún más. El poder militar, en el comienzo atribuido al basileus, correspondía ahora a capitanes y generales con mayores restricciones. Mediante una diferenciación ulterior, el poder judicial aparecía ahora entre los atenienses. Su ejercicio correspondía a los arcontes y dicastas. Las facultades de magistrado se transmitían aho­

ra a los magistrados municipales. Paso a paso, con el progreso de la experiencia y adelanto, el progreso de diferenciación fue quitando al primitivo consejo de jefes estos diversos poderes, en la medida en que pueda decirse que el pueblo los hubiese entregado a este con­ sejo como cuerpo representativo.

 

La creciente magnitud y complejidad de sus asuntos impuso la creación de estos cargos municipales. Las instituciones gentilicias se derrumbaban bajo la carga cada vez más pesada. Existía desór­ denes innumerables, tanto por los conflictos de autoridad, como por el abuso de facultades aún no bien definidas. El breve y magistral bosquejo que hace Tucídides de la condición de las tribus griegas

 

en el período de transición (200), y el testimonio concordante de otros autores en el mismo sentido, no dejan lugar a duda de que el viejo gobierno se derrumbaba y el progreso exigía uno nuevo. El bienes­ tar, como la seguridad de la sociedad, reclamaban una distribución más amplia de los poderes de gobierno, su más clara definición, y la estricta obligación de rendir cuenta de parte de los funcionarios; y, más especialmente, la ley escrita, dictada por autoridad competente,

 

          T ucídides, lib. I, 2-13.

 

LEWIS H. MORGAN

 

en lugar de usos y costumbres. Los conocimientos experimentales ad­ quiridos en éste y en el anterior período étnico por los griegos, daban nacimiento en su mente al concepto de una sociedad política o Es­ tado. Fue un desarrollo lento a través de siglos, desde la primera idea de la necesidad de un cambio de régimen de gobierno, hasta al­ canzar al fin un resultado definitivo.

 

Se atribuye a Teseo, y por lo tanto, descansa en la tradición, el

primer ensayo de subvertir el régimen gentilicio y constituir uno

nuevo entre los atenienses; pero existen ciertos hechos que tienen

 

carácter de históricos y confirman, por lo menos en parte, su pre­ sunta legislación. Bastará considerar a Teseo como representando un período, o una sucesión de acontecimientos. Según Tucídides, desde el tiempo de Cécropes hasta Teseo, el pueblo ático siempre había vivido en ciudades, con sus propios printaneos y arcontes, y salvo en caso de peligro, no consultaban a sus basileus, sino que gobernaban sus asuntos separadamente de acuerdo con sus consejos. Pero cuando Teseo fue designado basileus, los persuadió a deshacer los consejos y magistraturas de sus diversas ciudades y ponerse en relación con Atenas, con un consejo (bouleuterios) y un printaneo, que dos abar­ caría a todos (201).

Esta versión comprende o implica varios hechos importantes, a

 

saber: que el pueblo ático se hallaba organizado en varias tribus in­ dependientes, dueña cada una de su propio territorio, en que el pue­ blo estaba localizado con su propio consejo y printaneo, y que, sien­ do sociedades de gobierno propio, se hallaban, probablemente, con­ federadas para protección mutua, y elegían sus basileus o general, para comandar las fuerzas comunes. Es el cuadro de comunidades

 

de régimen democrático, cuya condición exigía un comandante mili­ tar, pero no investido de funciones civiles que excluía su régimen gentilicio. Con Teseo se obtuvo su unión en un pueblo, con Atenas como sede, logrando así una forma de gobierno más perfeccionada de la que hasta entonces hubiesen alcanzado. Allá donde las tribus ocupan, territorios independientes la unión en nación es posterior a la confederación. Es un proceso de índole más elevado. Mientras que las gentes siempre habían estado entremezcladas por el matrimonio, se entremezclaban ahora las tribus con la desaparición de límites territoriales y con el empleo de un consejo y printaneo comunes. El

 

          T u c ídides,. lib., II cap. 15. Plutarco se expide casi en el mismo sen­ tido. 6 radicóla todos los habitantes de Ática en Atenas, y los hizo un pue-'blo en una ciudad, los que anteriormente habían estado dispersos por acá y acullá, y difícilmente podían ser reunidos en algún caso urgente de bien públi­ co... Así, disolviendo las asociaciones, los consejos y los tribunales en cada ciudad particular, hizo construir un solo printaneo y sala de consejo, donde se encuentra hasta el día de hoy... Unió bajo el nombre común de Atenas la ciu-dadela con sus dependencia y la villa vieja y la nueva . Plutarco, Vit, The­ seus , cap. 24.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 293

 

hecho atribuido a Teseo explica el progreso de la sociedad gentilicia de una forma más baja a una más elevada, que debe haber sucedido en algún tiempo, y probablemente se verificó en la forma citada.

Pero también se atribuye a Teseo otro hecho que significa un

plan más radical, como así la convicción de la necesidad de operar

un cambio fundamental en el régimen de gobierno. El dividió el

pueblo en tres categorías, sin distinción de gentes, llamadas respec­

tivamente Eupatridas, o         bien nacidos , Geomori, o      labradores       y

Demiurgi, o artesanos . A la primera categoría se. asignaban los car­

gos principales, tanto en la administración civil como en el sacer­

docio. Esta clasificación no sólo importaba reconocer la propiedad y

el elemento aristocrático en el gobierno social, sino que también era

una acción directa contra los poderes de gobierno de las gentes.

 

La intención evidente era la de reunir a los jefes de las gentes con sus familias y los hombres acaudalados de las diversas gentes en una misma clase, con derecho a los principales cargos investidos de los poderes de la sociedad. La separación de los restantes en dos cate­ gorías volvía a subvertir las gentes. Hubieran podido sobrevenir re­ sultados importantes si se hubiese privado a las gentes, fratría y tribus del derecho de sufragio, transfiriéndolo a las clases, sujeto al derecho

 

de la primera a ocupar los cargos principales. No parece haberse hecho esto, aunque era absolutamente necesario para dar. vitalidad a las categorías. Además, no cambió esencialmente el orden anterior en cuanto al desempeño de cargos. Los ahora designados Eupatridas, eran probablemente los que, en las diversas gentes, siempre habían sido llamados al desempeño de los cargos. El plan de Teseo murió porque no hubo en realidad transferencia de poder de las gen­

 

tes, fratrías y tribus a las categorías, y porque tales categorías eran inferiores a las gentes como base de un régimen.

Los siglos que transcurrieron desde el desconocido tiempo de

 

Teseo hasta la legislación de Solón (549 a. de J. C.), constituyeron uno de los períodos más importantes en la historia de los atenienses; pero sólo se conoce imperfectamente la sucesión de los hechos. Con antelación a la Primera Olimpiada (775 a. de J. C.), había sido abo­ lido el oficio de basileus, estableciéndose en su reempla 2 0 el de arcante. Parece ser que este cargo fue hereditario en una gens, y se cuenta que fue hereditario en una determinada familia en la gens, designándose los primeros doce arcontes como los Medontidas, de Medon, y siendo el primer arconte, presunto hijo de Codrus, el úl­ timo basileus.

 

Subsiste respecto a estos arcontes que desempeñaban un cargo vitalicio, la misma cuestión ya planteada respecto a los basileus: si era necesaria una elección o confirmación por un electorado, antes que pudiera efectuarse la investidura del caTgo. La presunción es contraria a la transmisión del cargo por derecho hereditario. En 771

 

294 LEWIS H. MORGAN

(a. de J. C.),el desempeño del cargo de arconte fue limitado a diez años y otorgado por elección libre a la persona reputada más digna de ocuparlo. Nos hallamos ya en el periodo histórico, aun cuando todavía en los umbrales, donde encontramos claro y completamente establecido el principio electivo con respecto al cargo más alto otor-gable por el pueblo. Es lo que, precisamente se hubiera esperado de la constitución y principios de las gentes, aun cuando debemos supo­ ner que el principio aristocrático se había robustecido con el incre­ mento de la propiedad, y fue el origen del derecho hereditario donde éste existiera. La subsistencia del principio electivo con relación a los arcontes posteriores, no carecen de significación con respecto a la cuestión de la práctica anterior de los atenienses. En 683 (a. de J. O , el cargo fue hecho anual por elección, el número fue aumentado a

 

nueve, y sus funciones eran ministeriales y judiciales (202). Estos hechos nos muestran un progreso gradual del conocimiento

 

en lo relativo a la tenencia del cargo. Los atenienses habían heredado de sus remotos antepasados el cargo de arconte como jefe de la gens. Según es lícito suponer, fue hereditario en la gens y electivo entre sus miembros. Después del cambio de la descendencia a la línea mas­ culina, los hijos del extinto jefe estarían habilitados para sucederle, y, en ausencia de reparos personales sería probable su designación. Pero ahora volvieron a este cargo originario para designación de su más alto magistrado, hicieron electivo el cargo sin distinción de gens, y limitaron su desempeño, primero a diez años, y finalmente,

 

a un año. Anteriormente, la tenencia habitual era vitalicia. Tanto en el estadio inferior como en el medio de la barbarie, ha­

 

llamos electivo y vitalicio el cargo de jefe, o sujeto a la buena conduc­ ta, pues esta condición fluye del derecho de la gens, a la deposición. Es presunción razonable qué el cargo de jefe de una gens griega des­ cansaba en una elección libre y con la citada tenencia. Debe ser

 

mirado como un notable adelanto del conocimiento en ésta época temprana, que las tribus atenienses hubiesen limitado el número de años para el cargo más importante y permitido la competencia de

 

(202) De los nueve arcontes, cuyo número subsistió sin alteración desde

683 a. de J.C. hasta el fin de la democracia, tres llevaban designaciones espe­ ciales: el Arconte Epónimo> de cuyo nombre se tomaba la designación del

 

año y era citado como el Arconte ; el Arconte Basileus (Rey), o más frecuen­ temente, el Basileus ; y el Polemarca... Los otros seis estaban comprendidos en el nombre general de Tesmoetes... El Arconte Epónimo juzgaba en toda

 

disputa sobre las relaciones de familia, las gentilicias y las frátricas; era el d e­

 

fensor legal de viudas y huérfanos.

El Arconte Basileus (o Rey Arconte) tenía jurisdicción en ofensas al senti­ miento religioso y en casos de homicidio.

 

El Polemarca (con referencia a los tiempos anteriores a Clístines) era jefe de las fuerzas militares y juez en controversias entre ciudadanos .y no ciuda­ danos . G r o t e : History of Greece, 1 c. Ill, 74.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 295

 

candidatos. De esta manera elaboraron la teoría integral de un cargo electivo y representativo, y lo colocaron sobre su base verdadera. También se advierte que en el tiempo de Solón se había creado

 

el Tribunal del Areópago, compuesto de ex-arcontes, con jurisdicción en los casos criminales y censura en los morales y además, un nú­ mero de cargos nuevos en el orden militar, naval y administrativo. Pero el acontecimiento más importante de este tiempo fue la ins­ titución de los naücraries, doce en cada tribu, y por todos, cuarenta y ocho; cada uno de los cuales era una circunscripción local de amos de casa, de la que se tomaban las levas para el servicio militar y na­ val, y de la que probablemente se recaudaban los impuestos. El ñau-crarie fue el incipiente demos o pueblo que debía ser, cuando el concepto de una base territorial hubiese alcanzado plena madurez, el fundamento del segundo grande plan de gobierno. No se sabe

 

por quién fueron creados los nmicraries. Dice Boeckh: "Deben haber existido aún antes del tiempo de Solón, con. anterioridad a la época de su legislación, se encuentra mención de los funcionarios que pre­ sidían a los naücraries; y cuando Aristóteles atribuye su creación a Solón, debemos atribuir este dato solamente al hecho de estar confir­ mado en la constitución política de Solón (203).

 

Doce naücraries, constituían un trittyes, circunscripción territo­ rial más grande, pero no estaban necesariamente contiguos. Fue, de igual manera, germen del distrito, la agregación territorial mayor, en escala ascendente, que el municipio.

 

No obstante los grandes cambios producidos en. los órganos de ad­ ministración de gobierno, todavía el pueblo mantenía la sociedad gentilicia y vivía bajo instituciones gentilicias. Subsistían en plena vitalidad y como fuentes reconocidas del poder, la gens, la fratría y la tribu. En la época anterior a Solón, ninguno podía llegar a incor­ porarse a esta sociedad salvo por intermedio de una gens o de una tribu. Todos los demás estaban al margen del gobierno. Subsistía el consejo de jefes como órgano de gobierno consagrado por la tra­ dición, pero los poderes gubernativos estaban ya coordinados entre él, el ágora o asamblea popular, el Tribunal del Areópago y los nue­ ve arcontes. Era fuero del consejo iniciar y elaborar medidas de or­ den público para someter al pueblo, lo que le habilitaba para orien­ tar la política de gobierno. Sin duda, la correspondía la administra­ ción de las finanzas, y fue hasta el fin, como lo había sido en su principio, la figura principal del gobierno. La Asamblea Popular había aumentado de importancia. Todavía sus funciones se limitaban

 

a aceptar o rechazar medidas de orden público sometidas por el consejo; pero comenzaba a influir poderosamente sobre los asuntos

 

públicos. El más seguro testimonio del adelanto del pueblo atenien-

 

          Public Economy of Athens. Trad, de Iamb, ed. Little y Brown 353.

 

LEWIS H. MORCAN

 

se en ciencia e inteligencia, está en el incremento de esta asamblea como poder en el gobierno. Es lamentable que sólo se hayan con­ servado imperfectamente y dilucidado sólo en parte las funciones y los poderes del consejo de jefes y de la Asamblea Popular en estos primeros tiempos.

 

En 624 (a. de J. C.) Dracón había dictado un cuerpo de leyes para los atenienses que son notables principalmente por su innecesario rigor; pero éste código demostraba que ya se avecinaba el día en la historia griega, en que los usos y costumbres debían ceder el sitio a la ley escrita. Hasta ahora los atenienses no habían aprendido el arte de dictar leyes a medida que se hacían necesarias, lo que supon­ dría una noción más elevada de las funciones legislativas de la que ellos hubiesen alcanzado. Se hallaban en aquella etapa en que apa­ rece el legislador, y la legislación, bosquejada o terminada, está bajo la sanción de un nombre personal. Así lentamente se desenvuelven los grandes procesos del progreso humano.

 

Cuando Solón alcanzó el grado de arccmte (549 a. de J. C.), los males- imperantes en la sociedad se habían vuelto intolerables. La lucha por la posesión de bienes, que ya constituían un interés do­ minante, había acarreado resultados singulares. Una parte de los atenienses había caído, en la esclavitud por deudas, pues a falta de pago la persona del deudor era pasible de esclavitud; otros habían empeñado sus tierras y no les era posible levantar el gravamen; y como consecuencia de estas y otras trabas la sociedad se devoraba ella misma. Además de un cuerpo de leyes, algunas de ellas noveles, pero correctivas de las principales dificultades financieras, Solón renovó el proyecto de Teseo de organizar la sociedad por categorías, no según el oficio, como antes, sino según el monto de la propiedad de cada uno.

 

Es instructivo seguir el curso de estos ensayos para implantar un sistema nuevo al de las gentes, porque hallaremos a los romanos del tiempo de Servio Tulio, empeñados en el mismo ensayo. Solón cla­ sifico al pueblo en cuatro categorías de acuerdo con sus bienes, y, adelantándose a Teseo, invistió a cada categoría de determinados po­ deres, y les impuso determinadas obligaciones. Transfirió de las gen­ tes, fratrías y tribus a las categorías de propietarios, una parte de los poderes civiles. A medida que la substancia del poder fuese quita­

da a aquéllas y atribuidas a éstas, serían debilitadas las gentes y co­ menzaría su decadencia. Pero mientras las categorías constituidas

 

de personas sustituyeran a las gentes compuestas de personas el go­ bierno todavía estaría basado en la persona y sobre relaciones pura­ mente personales. El plan fallaba en cuanto a la substancia de la cuestión. Por otra parte, el convertir el consejo de jefes en un senado de cuatrocientos, se tomaba un número igual de cada tribu y no de las categorías. Pero se advertía oue Solón tomaba el concepto de pro-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 297

 

piedad como base de sistema de gobierno, al incorporarla a su nuevo plan de clases propietarias. Sin embargo, no alcanzaba el concepto

 

de la sociedad política, que debe apoyarse tanto en el territorio como sobre la propiedad, y ponerse en contacto con las personas por me­ dio de sus relaciones territoriales. Solamente la primera clase era elegible para los altos cargos, la segunda prestaba servicio militar

 

a caballo, la tercera como infantería, y la cuarta como tropa ligera. Esta última contaba la mayoría numérica. No estaban calificados para desempeñar cargos y no pagaban impuestos; pero en la asam­ blea popular de que eran miembros, tenían voto sobre la elección

de magistrados y funcionarios, con facultad para exigirles rendición

de cuentas y responsabilidades. También tenían facultad para aceptar

y rechazar toda medida de orden público, que les fuese sometida

por el senado. Bajo la constitución de Solón sus poderes fueron rea­

les y permanentes, y fue duradera y substancial su influencia sobre

los negocios públicos. Hasta cierto punto, todos los hombres libres,

aún cuando no estuvieran vinculados con una gens o una tribu, al

adquirir el carácter de ciudadanos y miembros de la Asamblea Po­

pular, venían ahora a formar parte del gobierno. Fue éste uno de los

resultados más importantes de la legislación de Solón.

Se advertirá, además, que entonces el pueblo estaba organizado

 

como un ejército, compuesto de tres divisiones: la caballería, la in­ fantería pesada o de línea y la infantería ligera, cada una con su propia oficialidad de diversos grados. La forma de la versión limita la línea de batalla a las tres últimas clases, colocando a la primera en la situación antipatriótica de apoderarse de los principales cargos de gobierno, sin compartir el servicio militar. Esto indudablemente debería modificarse. El mismo plan de organización, pero compren­ didas las cinco clases, reaparecerá entre los romanos bajo. Servio Tulio, quien organizó el cuerpo del pueblo como un ejército (exer-citus), con oficialidad y equipos completos en cada división. Reaparece con un ropaje nuevo, tanto en la constitución de Ser­

 

vio Tulio como en la de Solón, el concepto de la democracia militar, de organización diferente, pero en teoría igual a la del período an­ terior.

 

En adición al elemento de propiedad, que entraba en los funda­ mentos del nuevo sistema, fue parcialmente incorporado el territo­ rial, por medio de los naucraries ya citados, que probablemente com­ prendían el registro cívico y de la propiedad, para base de levas mili­ tares y de imposición de gravámenes. Estas providencias, con el se­ nado, la Asamblea Popular que ahora se denominaba la ecclesia, los nueve arcontes, y el Tribunal del Areópago, daban a los atenienses un gobierno mucho más complejo del que antes hubiesen conocido,

 

y que demandaba un grado más alto de inteligencia para su gestión. También era esencialmente democrático, en armonía con sus antece-

 

LEWIS H. MORCAN

 

dentes de ideas e instituciones; en efecto, como consecuencia lógica de ellas, y solamente explicable como tal.

Pero para ser sistema puro fallaba en tres puntos: primero, no

 

estaba basado en territorio; segundo, no todas las dignidades públicas estaban abiertas a cualquier ciudadano; y tercero, ignoraba el prin­ cipio del gobierno propio en organizaciones primarias, salvo en cuan­ to haya podido existir en forma imperfecta en los naucraries. Con­ servaban aún plena vitalidad las gentes, fratrías y tribus, pero con poderes disminuidos. Este era un estado de transición, que reclama­ ba mayor experiencia para desenvolver la teoría de un sistema po­ lítico, en cuyo sentido ya era un gran adelanto. Así, lenta pero fir­ memente, se desenvuelven las instituciones humanas, desde una for­

 

ma más baja a otra más alta, mediante las lógicas operaciones de la mente del hombre, que va siguiendo surcos uniformes, pero prede­ terminados.

Hubo una razón de peso para el derrocamiento de las gentes y

su sustitución por un nuevo plan de gobierno. Es probable que fue­ se reconocido por Teseo, y sin duda lo fue por Solón. A causa de los

 

disturbios en las tribus griegas, y de las inevitables mudanzas de in­ dividuos en el período tradicional y en las épocas anteriores á Solón, muchas personas se habían trasladado de una nación a otra, perdien­ do así la vinculación con su propia gens, sin adquirirla con otra. Es­ to se repetiría de tiempo en tiempo por el aguijón de la aventura personal, el espíritu de comercio y las exigencias de la guerra, hasta que en cada tribu se hubiese desarrollado un número considerable, con su posteridad, desvinculado de toda gens. Como se ha dicho antes, todas esas personas estarían al margen del gobierno, con el cual no podía haber trato sino por medio de una gens o tribu. Oróte toma nota del hecho: Es probable que las fratrías y las gentes en ningún tiempo huebiesen comprendido la población total del país,

 

y la población no incluida en ellos tendía a engrosarse más y más en los tiempos anteriores a Clístenes, como también después (204). Ya en época tan temprana como la de Licurgo hubo una gran migración en Grecia, procedente de las islas del Mediterráneo v de las ciudades jónicas efe sus riberas orientales, la que aumentaba el número de personas desvinculadas de toda gens. Cuando llegaban constituyendo familias, traerían consigo un fragmento de una nueva gensi pero continuarían como extranjeros a no ser que la nueva gens fuese admitida en la tribu. Es probable que esto ocurriera en nume­ rosos casos, y puede ayudar a explicar el número desigual de gentes en Grecia. Las gentes y las fratrías eran corporaciones cerradas, que hubieran sufrido adulteración por la absorción de estos extranjeros al adoptarlos en una gens nacional. Las personas de distinción podían

 

          History of Greece, III, 65...

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 299

 

ser adoptadas en una gens, o lograr la admisión de su propia gens en alguna tribu; pero a las clases pobres le estaban negados uno y otro privilegio. No cabe duda de que en época tan remota como la de Teseo, y más especialmente en el tiempo de Solón, se había en­ grosado mucho el número de la clase desvinculada, sin contar escla­ vos. Careciendo de gens y de fratría, carecían también de privilegios religiosos directos, que eran inherentes y exclusivos de dichos regí­ menes. No es difícil descubrir en esta clase de personas un creciente elemento de descontento, peligroso para la seguridad de la sociedad. Los sistemas de Teseo y de Solón proveían imperfectamente a su admisión a la ciudadanía por medio de las clases o categorías; pero como continuaban las gentes y fratrías, de las que ellos estaban ex­ cluidos, el recurso era incompleto. Añade Grote que no es fácil dis­ tinguir la posición política de las antiguas gentes y fratrías, tal como las dejó Solón. Las cuatro tribus consistían integralmente de gentes

 

y fratrías, de tal suerte que ninguno podía ser incorporado a una de las tribus sin ser miembro de una gens o fratría. Gomo el nuevo senado proboulético o de previa consideración, se componía de cua­ trocientos miembros, cien de cada tribu, las personas no incorpora­ das a alguna gens o fratría no podrían tener acceso a él.

 

De acuerdo con la antigua costumbre, las condiciones de elegibi­ lidad eran las mismas que para los nueve arcontes, y por supuesto también para el senado del Areópago. De suerte que sólo quedaba la Asamblea Popular en la que podía participar un ateniense sin ser miembro de alguna de estas tribus; sin embargo, era ciudadano desde que podía votar por arcontes y senadores y tomar parte en el juicio anual de su responsabilidad, además de exigir a los arcontes repara­ ciones de agravios personalmente, mientras el extranjero sólo lo po­ día hacer por intermedio de un ciudadano fiador o Prostetes. De

ahí parece ser que todas las personas no incluidas en las cuatro tri­

 

bus, fuese cual fuere su rango o fortuna, ocupaban en cuanto a de­ rechos políticos el mismo nivel de la clase cuarta y más pobre del censo de Solón. Se ha observado ya que, aun en la época anterior a Solón, el número de atenienses no incluidos en las gentes o fratrías era probablemente bastante considerable; tendía a engrosar más y más, desde que dichas corporaciones eran cerradas e infranqueables, mientras que la política del nuevo legislador tendía a invitar a Ate­ nas a los hombres trabajadores de otras partes de Grecia (205).

 

Los plebeyos romanos tuvieron precisamente el mismo origen. No eran miembros de ninguna gens y, por tanto, no formaban parte del Populas Romanas. Los hechos expuestos pueden suministrar una de las razones de la incapacidad del régimen gentilicio para hacer frente a las exigencias de la sociedad. En la época de Solon la socie-

 

          History oj Greece, III, 133. 300 LEWIS H. MORGAN

 

dad se había agrandado más allá de la capacidad de gobernar de dicho régimen, pues la marcha de sus negocios había dejado muy atrás la condición en que tuvieron origen las gentes. Ellas ofrecían una base demasiado estrecha para el estado, de acuerdo con lo que el pueblo había crecido.

 

También se hacía cada vez más difícil mantener reunidas local­ mente las gentes, fratrías y tribus. Como partes componentes de una serie orgánica de gobierno, esta localización era de suma necesidad.

 

En el período anterior la gens tenía sus tierras en común, las fratrías tenían en común determinadas tierras para usos del culto, y es pro­ bable que la tribu tuviera también otras tierras en común. Cuando

 

se radicaban en un país o villa, se ubicaban localmente juntos, por gentes, por fratrías y por tribus, como consecuencia de su régimen social. En general, cada gens estaba sola, no con todos sus miembros, porque cada familia representaba dos gentes, sino el cuerpo que propagaba a la gens. Las gentes pertenecientes a una misma fratría buscarían, naturalmente, ubicaciones contiguas o por lo menos veci­ nas, y otro tanto pasaría con las fratrías de una tribu. Pero en la épo­ ca de Solón, las tierras y las casas habían llegado a ser propiedad

 

de individuos como dueños únicos, con facultad de enajenar las tierras, pero no las casas, fuera de la gens.

 

Se haría, sin duda, más y más difícil mantener localmente reuni­ dos los miembros de una gens, por las variantes relaciones de las-personas con la tierra y por el establecimiento de nuevas propieda­ des por sus miembros en otras localidades. La unidad de su régimen social llegaba a ser inestable en lugar y también en carácter. Sin detenemos a desarrollar más este hecho, de su condición, debemos considerarlo como una de las razones del fracaso del viejo plan de gobierno. Con su propiedad fija y la población que contaba en ese tiempo, el pueblo ofrecía el elemento de estabilidad de que ahora carecía la gens. La sociedad había hecho inmensos progresos desde su anterior condición de extrema simplicidad. Era muy distinta de aquella que debía regir la organización gentilicia cuando fue institui­ da. Solamente la intranquilidad e incesante guerrear de las tribus atenienses, desde su radicación en el Atica hasta el tiempo de Solón, pudieron salvar del derrumbe a esta institución. Después de su esta­ blecimiento en villas muradas, sobrevino el desarrollo rápido de la prosperidad y de la población que sometió a la prueba final a las gentes y comprobó su incapacidad para regir un pueblo que se acer­ caba a paso acelerado a la civilización. Pero aun así su desaparición fue asunto de largo tiempo.

La experiencia de los atenienses ilustra de una manera notable

 

las dificultades a vencer para poder crear una sociedad política. En el tiempo de Solón, Atenas ya había producido hombres capaces; las artes útiles alcanzaban un desarrollo considerable; el comercio ma-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 301

 

rítimo tenía ya un interés público; la agricultura y la industria fabril señalaban un sensible adelanto; y habían comenzado las composi­

 

ciones escritas en verso. Era, en efecto, un pueblo civilizado, y lo había sido desde dos siglos atrás; pero sus órganos de gobierno toda­ vía eran gentilicios y del tipo imperante en el período posterior de la barbarie.

 

El nuevo régimen de Solón había comunicado un gran impulso

a la República de Atenas; asimismo, debía transcurrir casi una cen­ turia, acompañada de muchos desórdenes, antes . que la idea del estado alcanzara pleno desarrollo en la mente ateniense. Nacido del naucrarie, el concepto del pueblo, por último, tomó forma como unidad de un sistema político; pero exigía un hombre del más pre­ claro genio, y también de grande influencia personal, que adueñán­ dose de este concepto en su plenitud le diera encamación orgánica. Apareció al fin este hombre en Clístenes (509 a. de J. C,), a quien se debe mirar como el primero de los legisladores atenienses, fundador del segundo plan de gobierno humano, bajo el cual están constituidas las naciones civilizadas modernas.-

 

Clístenes fue al fondo de la cuestión y colocó el sistema político ateniense sobre las bases que perduraron hasta el fin de su existen­ cia como estado independiente. Dividió el Atica en cien demos o pueblos, deslindando cada uno por mojones y límites y distinguido por un nombre. Se impuso a todo ciudadano el deber de ser regis­ trado, con sus propiedades y bienes, en el demos de su residencia. El registro era el testimonio y el fundamento de sus fueros civiles. El demos desalojó al naucrarie. Sus habitantes eran un cuerpo polí­ tico organizado, con poderes de gobierno propio, como un munici­ pio americano moderno.

 

Éste es el rasgo vital y destacado del régimen. Descubre, desde luego, su carácter democrático. En la primera de la serie de organi­ zaciones territoriales el gobierno estaba en las manos del pueblo. Los demotas elegían un demarca encargado de la custodia del registro público; también tenía facultad para convocar los demotas para la elección de magistrados y jueces, para la revisión del registro cívico y para la inscripción de los que alcanzaran la mayoría de edad du­ rante el año. Ellos elegían un tesorero y proveían a la fijación y re­ caudación de impuestos, y a la reunión del contingente de tropas

 

que el demos necesitaba para el servicio del estado. También elegían treinta dicastas o jueces, con jurisdicción en todo asunto iniciado en el demos, cuando la cuantía comprometida fuese menor de una cifra determinada.

 

Además de estos poderes de gobierno propio local, que son esen­ cia de un régimen democrático, cada demos tenía su propio templo

 

y culto religioso y su propio sacerdote, también elegido por el demo­ ta. Prescindiendo de detalles menores, descubrimos el hecho notable

 

LEWIS H. MORGAN

 

e instructivo de que el municipio, tal como estaba primeramente ínstitutido, era dueño de todos los poderes de gobierno local, y hasta en forma más amplia y completa que en un municipio americano.

 

También es de notar la libertad de cultos, entregada como corres­ ponde en justicia al contralor del pueblo. Excepto la elegibilidad para los cargos más elevados, todos los ciudadanos registrados eran

 

libres y gozaban de iguales derechos y privilegios. Tal fue la nueva unidad en la organización de la sociedad política ateniense, a la vez modelo de una sociedad libre y maravilla de ciencia y sabidu­ ría. Los atenienses comenzaron con una organización democrática

 

en el punto de comienzo para todo pueblo que desee crear un esta­ do libre y entregar a manos de sus ciudadanos el control del go­ bierno.

 

El segundo miembro de la serie orgánica territorial se compo­

nía de diez demos, reunidos en un distrito geográfico mayor. Se le atribuyó la designación de tribu local, para conservar alguna parte de la terminología del viejo régimen gentilicio (206).

 

Cada distrito llevaba el nombre de un héroe ático, y era análogo al moderno. De ordinario los demos de cada distrito eran contiguos, lo que, para que la analogía fuese perfecta, debía haber ocurrido en todos los casos; pero en algunas ocasiones uno o más de los diez se hallaban desprendidos, probablemente en consecuencia de la se­ paración local de porciones de la originaria tribu consanguínea, que deseaban que su demos fuese incorporado al distrito de sus parientes inmediatos. También los habitantes de cada distrito constituían un cuerpo político, con ciertos poderes de gobierno propio local. Elegían un phytarca que comandaba la caballería; un taxiarca que coman­

 

daba la infantería y un general que comandaba a ambos, y como cada distrito debía concurrir con cinco trirremes, es probable que eligieran otros tantos trierarcas para comandarlos. Clístenes aumentó el senado a quinientos miembros, asignando cincuenta a cada dis­ trito. Eran elegidos por sus habitantes. Es probable que este cuerpo político mayor tuviera también otras funciones, pero han sido im­ perfectamente explicadas.

 

El tercer y último miembro de la serie territorial fue el estado o república ateniense, constituido por diez tribus locales o distritos. Era un cuerpo político organizado, que comprendía la suma de los ciudadanos atenienses. Su representación estaba en el senado, la

 

          El término latino tribus (tribu), significaba originariamente una tercera parte", y se empleaba para designar una tercera parte del pueblo cuan­ do se componía de tres tribus, pero a través del tiempo, después que las tri­ bus latinas se hicieron locales en vez de consanguíneas, como las tribus locales atenienses, el término tribu perdió su significación numérica, y al igual del Phylon de Clístenes, se convirtió en designación local. Véase Mommsen, Hist, of Rome, 1, c. I, 71.

 

LA SOCIEDAD PBIMITTVA 303

 

ecclesia, el Tribunal del Areópago, los arcontes, los jueces y un cuer­ po elegido de jefes militares y navales.

 

Así, los atenienses fundaron sobre el territorio y la propiedad su segundo gran plan de gobierno. Sustituyeron la serie ascendente de conglomerados de personas por una serie de conglomerados territoriales. Como plan de gobierno descansaba sobre el terri­ torio, necesariamente permanente, y sobre la propiedad más o menos localizada; y se entendía con los ciudadanos, ahora locali­ zados en demos, a base de sus relaciones territoriales. Para ser ciudadano del estado era necesario ser ciudadano de un demos El in­ dividuo votaba y era imponible en su demos, y era su demos el que

 

le llamaba al servicio militar. De la misma suerte, era por el distri­ to mayor de la tribu local suya que era elegido para el senado o para el comando de una división del ejército o armada. Sus relaciones con la gens o fratría cesaron de regir sus deberes como ciudadano. El contraste entre los dos sistemas es tan marcado como fundamental sus diferencias. La fusión del pueblo en cuerpos políticos en zonas

 

territoriales quedó ahora perfeccionada.

Las series territoriales están comprendidas en el plan de gobier­ no de las naciones modernas civilizadas. Entre nosotros, por eiem-plo, tenemos el municipio, el distrito, el estado y los Estados Uni­ dos; los habitantes de cada una de las cuales tienen organización de cuerpo político con poderes de gobierno propio local. Cada orga­ nización posee plena vitalidad y cumple sus funciones dentro de una esfera definida, en la que es suprema. Francia posee una serie similar en la comuna (unidad municipal), el arrondissement (distrito), el departamento y el imperio, hoy república. En la Gran Bretaña

 

la serie es 1?. parroquia, el condado (shire), el reino y los tres reinos. En el período sajón, el hundred (ciento) parece haber sido análogo al municipio (207), pero ya privado de los poderes de gobierno propio local, con excepción del tribunal del hundred. Los habitantes de es­

 

tos diversos distritos estaban organizados como cuerpos políticos, pero con poderes muy limitados para los que son inferiores a los más altos. La tendencia de centralización de Jas instituciones monárqui­ cas ha atrofiado prácticamente a todas las organizaciones inferiores. Como consecuencia de la legislación de Clístenes, las gentes, fra­ trías y tribus fueron privadas de su influencia, porque sus poderes les fueron quitados y cedidos al demos, a la tribu local y al estado, que desde entonces fueron las fuentes de todo poder político. No fueron disueltas, empero, ni aun después de esta caída, sino que per­ duraron por siglos como genealogía y linaje y como fundamento de

 

la vida religiosa. En algunas de las oraciones de Demóstenes, donde los asuntos entrañaban derechos personales o de bienes, deseenden-

 

          Anglo Saxon Law, de Henry Adams y otros, págs. 20, 23.

 

LEWIS H. MORGAN

 

cía o derechos de sepultura, tanto las gentes como las fratrías apare­ cen como organizaciones vigorosas en ese tiempo (208). El nuevo régimen no los turbaba en cuanto concernía a su vinculación con ritos religiosos, con determinados procedimientos criminales, y con. ciertas prácticas sociales, lo que detenía su disolución. Entre tanto, las clases, tanto las instituidas por Teseo como las posteriores de Solón, desaparecieron después de Clístenes (209).

 

Por lo general, se considera a Solón como al fundador de la de­ mocracia ateniense, mientras algunos' autores atribuyen parte de la obra a Teseo y a Clístenes. Nos aproximaremos a la verdad si con­ sideramos a Teseo, Solón y Clístenes como vinculados a tres gran­ des movimientos del pueblo ateniense, no jpara fundar una demo­ cracia, pues la democracia en Atenas era mas antigua que cualquie­ ra de ellos, sino para cambiar el plan de gobierno del régimen genti­ licio al político. Ninguno de ellos procuró mudar los principios exis­ tentes de democracia que habían sido-heredados de las gentes, Con­ tribuyeron en sus respectivas épocas al gran movimiento oara la constitución de un estado, lo que exigía la substitución de la orga­ nización gentilicia por la política. La invención del municipio y la organización de sus habitantes en cuerpo político fue el punto prin­ cipal del problema. A nosotros nos puede parecer asunto sencillo; pero exigió a fondo la capacidad de los atenienses, antes que el con­ cepto de municipio hallara expresión en una creación positiva. El genio de Clístenes la inspiró y permanece como obra maestra de una mente superior. Ellos hicieron real en la nueva sociedad política aquella democracia que ya existía en todo principio esencial, pero que reclamaba un cambio en el plan de gobierno para darle más

 

campo y una expresión más acabada. Es precisamente en esto, a juicio del autor, que hemos sido inducidos en error por la versión

 

inexacta del gran nistoriador Grote, cuya visión general de las ins­ tituciones griegas es tan clara y precisa, de que los gobiernos primi­ tivos de las tribus griegas fueron esencialmente monárquicos (210),

 

          Con tal postulado se requeriría una revolución de instituciones para explicar la existencia de aquella democracia ateniense, bajo la cual tuvieron lugar las más grandes conquistas mentales de ese pue­ blo. No sobrevino tal revolución, ni tampoco hubo ningún cambio radical de instituciones, por la razón de que eran y siempre habían sido esencialmente democráticas. No es improbable que ocurrieran usurpaciones, seguidas de controversias, para la restauración del or­ den anterior; pero jamás perdieron sus libertades, o aquellos con-

 

          Véase particularmente las Oraciones contra Eubulides y Marcatus.

          H ermann: Political Antiguities of Greece, 1 c., pág. 187.

          El primitivo gobierno griego es esencialmente monárquico, descan­

sando en el sentimiento personal y el derecho divino . History of Greece, II, 69.

 

305 j LA SOCIEDAD PRIMITIVA

 

ceptos de libertad y    de derecho      al gobierno      propio, que habían sido

su herencia de todos   los siglos.                   

Volvamos por un 'instante al basileus, el cargo que tendió más

que cualquier otro a    destacar al       individuo en sus negocios. Fue el

primer personaje que  atrajo las         miradas del     historiador, quien lo

metamorfoseó en rey, bien que lo      hizo reinar, por derecho divino,

sobre una democracia ruda. Como     general de una democracia militar,

el basileus se hace inteligible,            sin violar         las instituciones que efec-

          tivamente existían. La introducción de este cargo no cambiaba los principios de las gentes, fratrías y tribus que, en su régimen, eran esencialmente democráticas, y necesariamente imprimieron ese ca­ rácter a su sistema gentilicio. No se necesitan pruebas de que el ele­ mento popular fue constantemente activo para resistir las usurpacio­ nes a sus derechos personales. El basileus pertenece al período tra­ dicional, cuando los poderes de gobierno estaban más o menos inde­ finidos; pero el consejo de jefes existía como centro del sistema, y también las gentes, fratrías y tribus en. plena vitalidad. Éstas son su­ ficientes para fijar el carácter del gobierno (211).

 

El gobierno, tal como fue reconstituido por Clístenes, ofrecía un gran contraste con el anterior del tiempo de Solón. Pero la transición era no solamente natural, sino inevitable si el pueblo seguía sus ideas hasta sus resultados lógicos. Era un cambio de plan, pero no de prin­ cipios ni aun de órganos. El consejo de jefes perduraba en el sena­ do; el agora en la ecclesia; los tres arcontes principales eran como antes, respectivamente, ministros de estado, de culto y de justicia, mientras que los seis arcontes inferiores desempeñaban funciones ju­ diciales en relación con los tribunales, y con el numeroso cuerpo de dicastas, ahora elegidos anualmente para dichas funciones. Una de

 

las peculiaridades notables de este sistema era qué en él no existía ningún funcionario ejecutivo. El que se le aproximaba más era el pre­ sidente del senado, elegido por sorteo por un solo día, y sin posibi­ lidad de reelección durante el año. Por un solo día presidía la Asam­ blea Popular, y custodiaba las llaves de la ciudadela y del erario público.

 

Bajo el nuevo gobierno la substancia del poder estaba en la Asamblea Popular, la que guiaba los destinos ae Atenas. El nuevo elemento que daba estabilidad y orden al estado fue el demos o mu-

 

          En el período de civilización Esparta todavía retenía el oficio de bnsileus. Fue generalato dual y hereditario en una determinada familia. Los poderes de gobierno estaban coordinados entre el Gerousia o consejo, la

 

asamblea popular, los cinco ephoras y dos jefes militares.

Los ephoras eran elegidos anualmente, con facultades similares a las de los tribunos romanos. La realeza en Esparta reclama calificación. Los basileus mandaban el ejército, y en su carácter de altos sacerdotes, ofrendaban los sacrificios a los dioses.

 

- ti '

 

306 LEWIS H. MORGAN

nicipio, con su completa autonomía y gobierno local propio. Cien demos así organizados determinarían la orientación general del esta­ do. Este conjunto tendría el carácter de partes que lo integraban. Es aquí, como antes se ha advertido, que debe comenzar el pueblo

 

si quiere aprender el arte del gobierno propio y hacer regir leyes iguales y privilegios y derechos equitativos. El pueblo debe retener todos los .poderes sociales no necesarios al estado para cumplir una gestión general eficaz y, además, el control de la administración misma.

 

Bajo el nuevo sistema político Atenas creció rápidamente en in­ flujo y distinción. Aquel, admirable desarrollo de genio e inteligen­ cia, que elevó a Atenas a la cima entre las naciones históricas del género humano, se produjo bajo la inspiración de instituciones de­ mocráticas.

 

Con la institución de la sociedad política bajo Clístenes, la orga­ nización gentilicia fue dejada a un lado como una parte de los res­ tos de la barbarie. Sus antepasados habían vivido por siglos sin­ número en el gentilismo, en el que habían conquistado todos Jos ele­ mentos de la civilización, incluso un lenguaje escrito, y además pe­ netrado ya en la civilización misma. La historia de la organización gentilicia quedará como monumento perpetuo de épocas anteriores, identificada como lo está con la experiencia más notable y prolon­ gada de la humanidad. Por siempre ha de ocupar el rango de una de las instituciones más admirables de la familia humana.

En esta breve e incompleta reseña, el estudio se ha circunscripto

 

a los hechos principales de la historia ateniense. Se verá que lo que reza para las tribus de este pueblo es substancialmente exacto para las restantes tribus griegas, aun cuando no expuesto en tan amplia

 

o gran escala. El estudio tiende a dar mayor relieve a uno de los principales postulados planteados: que en todas las tribus del género humano el concepto de gobierno ha sido un crecimiento a través de etapas sucesivas de desenvolvimiento.

 

XI

LA GENS ROMANA

 

Cuando los Jatinos y sus congéneres los sabelianos, los oscos y los umbríos penetraron en la península italiana, posiblemente como un solo pueblo, poseían ya anímales domésticos y es probable que cultivaran cereales y plantas (212).

 

          Los pueblos indo-germánicos formaban un solo cuerpo y.hablaban todavía una misma lengua, cuando ya se habían elevado a un cierto grado

 

de civilización; y su vocabulario, cuya riqueza estaba en relación con sus pro­ gresos, formaba un tesoro común en donde todos bebían con arreglo a leyes precisas y constantes... Así es como en esta época tan remota se nos mues­ tran los progresos de la vida pastoril de estos pueblos por nombres invariables, que sirven para designar los animales domesticados: el gaus del, sánscrito es el bous de los griegos, el bos de los latinos. Encontramos en el sánscrito la pala­ bra ovis, correspondiente a la latina a v is y a la griega o is, y por el mismo or­

den tenemos además las palabras comparadas acvas, equus, hippos; hansas, anser

 

y ch e n ... No puede asegurarse del mismo modo que hubiese ya comenzado en aquella época la agricultura. La lengua parece demostrar lo contrario . H istory o f R o m e, de Mommsen, trad, de Dickson, ed. de Scribner, 1871, I, 37. Mommsen observa en una nota: Al Nor-Este de A n a h , en la orilla derecha

 

del Eufrates, crecían el trigo, la cebada y el espelta silvestres. El trigo y la c e­

 

bada indígenas de la Mesopotamia son también mencionados por el historiador Beroso .

 

Kick dice, a propósito del mismo asunto, lo que sigue: Mientras la vida pastoril fue evidentemente la base de la convivencia social primitiva, no halla­ mos en ella sino muy ligeros trazos del comienzo de la agricultura. Por cierto, que conocían pocos granos y el cultivo de los mismos se realizaba en forma

 

muy incidental, para lograr la provisión de leche y carne. La subsistencia del pueblo no descansaba, en manera alguna, sobre la agricultura. Esto se pone cla­ ramente en evidencia, por el corto número de palabras primitivas que se refieren a la agricultura. Estas palabras son: y a v a, fruta salvaje; varka, azada o ara do;

 

rava, hoz, juntamente con pío, pinsere (hornear) y m a k, en griego m a s s o, que se refieren a la trilla y molienda de granos". P r im itive U n ity o f Indo-E u ropean

 

Languages, de Pick, Goettingen, 1873, pág. 280. Ver también C h ips fro m a G e rm a n W o rkshop, II, 42.

 

Respecto a la posesión de la agricultura por los pueblos greco-itálicos, ver Mommsen, I, pág. 47 y siguientes.

 

308 LEWIS H . MORGAN

 

Habían recorrido, por lo menos, un largo trecho dentro del esta­ dio medio de la bar ~ J r primera vez caen bajo la ob-umbrales de la civilización.

 

La historia tradicional de las tribus latinas de la época anterior a Rómulo es mucho más oscura e incompleta que la de las tribus griegas, cuya relativa cultura literaria más temprana e inclinación a las letras más desarrollada les permitió conservar una cantidad mayor de relatos tradicionales. En cuanto a su existencia anterior la tradición no va más allá de su vida primitiva en los Montes Albanos y a lo largo de los Apeninos al Este de Roma. Tribus tan adelanta­ das en las artes de la vida, habrán necesitado una larga permanen­ cia en Italia para borrar todo recuerdo del país del cual vinieron. En la época de Rómulo (213) ya formaban, por segmentación, treinta tribus independientes unidas débilmente en una confederación para protección mutua.

 

También ocupaban zonas territoriales contiguas. Los sabelianos, los oscos y los umbríos presentaban el mismo estado general; sus tribus respectivas observaban idéntica relación y sus áreas territoria­ les, como puede suponerse, estaban demarcadas por el dialecto. To­

 

das por igual, incluso las tribus vecinas del Norte, los etruscos, esta­ ban organizadas por gentes, con instituciones similares a las de las tribus griegas. Tal era su condición general cuando por vez primera aparecen e históricamente se les conoce.

La historia romana se ha ocupado ligeramente de los pormeno­

 

res de la vasta experiencia anterior a la fundación de Roma, apro­ ximadamente en el año 753 (a. de J. C.). Por ese entonces las tribus italianas habían crecido en número y población; llegaron a ser estric­ tamente agricultoras; poseían manadas de animales domésticos y

 

          >rogresaron grandemente en las artes de la vida. También habían ogrado la forma monóga ma de familia. Todo esto está demostrado

 

por la condición en que se hallaban cuando por primera vez fueron observados; pero los pormenores de su desenvolvimiento de un nivel

 

inferior a otro superior escapan, en su mayoría, a nuestro conoci­ miento. Estos pueblos estaban atrasados con respecto al desarrollo de la idea de gobierno, ya que la confederación de tribus era todo cuanto habían logrado hasta entonces. Si bien las treinta tribus se hallaban confederadas, su unión tenía el carácter de una liga de defensa mutua que no era lo suficientemente íntima o estrecha como para constituir una nacionalidad.

Las tribus etruscas estaban confederadas, y es probable que

 

(213) El empleo de la palabra Rómulo y de los nombres de sus suceso­

res, no supone la adopción de las antiguas tradiciones romanas. Estos nom­ bres personifican los grandes movimientos que nos interesan más especialmente, ocurridos en esas épocas.

 

servación histórica estadio superior, casi en los

 

LA SOCIEDAD PWMJXLVA 309

 

igual cosa ocurriera con las de los sabelianos, oscos y umbríos. Mien­ tras las tribus latinas poseyeron numerosas villas fortificadas y plazas fuertes en la campaña, se hallaban diseminadas por la superficie del territorio, dedicadas a la labranza y al cuidado de sus rebaños y manadas.

 

Ninguna concentración o coalición, que llegara a ser notablemen­ te sensible, se produjo antes del gran movimiento atribuido a Rómu-Jo que dio como resultado la fundación de Roma. Estas tribus lati­ nas, débilmente unidas, fueron el elemento principal del cual toma­ ría sus fuerzas la nueva ciudad. La crónica de estas tribus, desde la época de la supremacía de los jefes de Alba hasta la de Servio Tubo, proviene, en su mayor parte, de fábulas tradicionales; pero ciertos Lechos que perduraron en las instituciones y costumbres so­ ciales y pasaron al período histórico tienden a revelar, de una ma­ nera notable, su condición primitiva. Ellos son aún más importantes que un bosquejo histórico de hechos reales.

 

Entre las instituciones de las tribus latinas existentes en los co­ mienzos del período histórico, se encontraban las gentes, curias y tribus sobre las cuales Rómulo y sus sucesores cimentaron el pode­ río de Roma. El nuevo gobierno no era, en todos sus aspectos, un desarrollo natural, pues al surgir las primeras legislaciones se modi­ ficaron los miembros superiores de las series orgánicas. Las gentes, sin embargo, que formaban las bases de la organización, sí eran ge­ neraciones naturales y principalmente de descendencia común o cognada. En efecto, las gentes latinas eran del mismo linaje, mien­ tras que las sabinas y demás gentes, con excepción de las etruscas, eran de descendencia cognada. En la época de Tarquino Prisco, cuar­ to sucesor de Rómulo, la organización estaba sometida a una escala numérica, a saber: diez gentes por curia, diez curias por tribu y tres tribus romanas, dando un total de trescientas gentes integradas en una sociedad gentilicia.

Rómulo fue bastante sagaz para advertir que una confederación

de tribus compuesta de gentes que ocupaban zonas separadas no

tenía ni la unidad de propósitos ni la fuerza suficiente para lograr

algo más que la conservación de una existencia independiente.

La tendencia a la desintegración malograba las ventajas del prin­ cipio federal. La concentración y coalición fueron los remedios pro­ puestos por Rómulo y los hombres sabios de su tiempo. Éste fue un movimiento notable para su época, y más notable aún en su des­ envolvimiento desde la época de Rómulo hasta la institución de la sociedad política bajo Servio Tulio. Siguiendo el camino de las tribus atenienses y concentrándose en una ciudad, lograron con trabajo,

 

durante cinco generaciones, un cambio similar y completo de su plan de gobierno, de una organización gentilicia a una organización

 

310 LEWIS H. MORGAN

 

Bastará recordar al lector los siguientes hechos generales: que Rómulo reunió en el Monte Palatino y sus alrededores cien gentes la­ tinas, organizadas como tribu: los Ramnes, que por una feliz coin­ cidencia un grupo numeroso de sabinos, cuyas gentes aumentaron

 

más adelante a cien, fue agregado a la nueva comunidad y organi­ zado como una segunda tribu: los Ticíes, y que en la época de Turquino Prisco se formó una tercera tribu, los Luceres, compuesta

 

de cien g entes, reunidas entre las tribus de los alrededores, incluso la de los etruscos. De este modo se reunieron en Roma, en el espa­ cio de cien años, trescientas gentes completamente organizadas, con un consejo de jefes que se denominó entonces senado romano, una asamblea popular que tomó el nombre de comitia curiata y un co­ mandante militar, el rex, y con un propósito: conquistar el predo­ minio militar en Italia.

 

Bajo la constitución de Rómulo y la legislación posterior de Servio Tulio, el gobierno fue esencialmente una democracia militar, pues el espíritu militar imperaba en el gobierno. Pero puede hacerse notar de paso que ahora se hallaba incorporado en el centro del sistema social un nuevo y antagónico elemento, el senado romano, que con­ fería rango de patricio a sus miembros y a los descendientes de és­ tos. Fue así como se creó de pronto una clase privilegiada que invade primeramente la sociedad gentilicia y más adelante la sociedad polí­ tica, para provocar, por último, el derrumbe de los principios demo­ cráticos emanados de la gens. El senado romano, con la clase de patricios que creó, fue quien produjo el cambio de las instituciones y del destino del pueblo romano, apartándolo del camino semejante

 

al seguido, por los atenienses y al cual lo guiaran, natural y lógica­ mente, los principios democráticos heredados.

 

En sus líneas generales, la nueva organización era una obra maes­ tra de sabiduría con fines militares. Muy pronto los elevó sobre las restantes tribus italianas, y, por último, conquistó la supremacía de la península entera.'

 

La organización en gentes de las tribus latinas y otras tribus ita­ lianas ha sido investigada por Niebuhr, Hermann, Mommsen, Ixmg

 

y otros; pero sus diversas crónicas no llegan a constituir una expo­ sición clara y completa de la estructura y principios de la gens ita­ liana. Esto se debe en parte a la oscuridad que rodea los hechos

 

y a la falta de detalles minuciosos en los autores latinos, y también, parcialmente, se debe a una mala interpretación de las relaciones entre la familia y la gens por los autores nombrados. Ellos conside­ raron a la gens como compuesta de familias, cuando en realidad lo estaba de partes de familias, de modo que la gens, y no la familia, era la unidad del régimen social. Podrá ser difícil llevar la investi­ gación más allá del punto en que ellos la dejaron; pero los conoci­ mientos que se desprenden de la constitución arcaica de la gens

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 311

 

pueden contribuir a dilucidar algunas de sus características todavía oscuras.

 

Acerca del predominio de la organización en gentes de las tribus italianas, Niebuhr observa lo siguiente: "Si alguien sostuviese aún que no puede sacarse ninguna conclusión del cotejo del carácter de los genetas atenienses y de los gentilicios romanos, tendría que de­ mostrar cómo una institución que se mantuvo a través de todo el

 

mundo antiguo llegó a tener un carácter completamente diferente en Italia y Grecia... Cada grupo de ciudadanos estaba dividido de esta manera: Gephyreanos y Salaminos, los atenienses; Tusculanos, los romanos" (214).

Además de la existencia de la gens romana, es conveniente cono­

 

cer también la naturaleza de la organización, sus derechos, privile­ gios y obligaciones, y las relaciones de las gentes entre sí, como miem­ bros de un régimen social. Luego de esto, quedará por considerar

 

sus relaciones con la curia, tribu y pueblo resultante del que forman parte, lo que se hará en el capítulo siguiente.

 

Después de recoger de diversas fuentes todos los datos posibles sobre estas cuestiones, todavía resultarán incompletas en muchos puntos, quedando librados a la conjetura algunos atributos y funcio­ nes de la gens. Antes de los comienzos. de la composición histórica entre los romanos Ies habían sido quitadas a las gentes sus faculta­ des y transferidas a las nuevas organizaciones políticas. De ahí que los romanos no sintieran la necesidad práctica de conservar las ca­ racterísticas particulares de un régimen sustancialmente derrumba­ do. Gayo, quien escribió sus "Institutes en los comienzos del se­ gundo siglo de nuestra era, tuvo oportunidad de observar que todo

 

el jus gentilicium había caído en desuso y que, por tanto, era super-fluo tratar este asunto (215). Pero en la época de la fundación de Roma, y durante varios siglos después, la organización gentilicia es­ taba en plena actividad.

 

La definición de la gens y del gentil, según los romanos, v la línea que seguía la descendencia, deberán considerarse antes que

 

las características de la gens. Cicerón, en su Tópica , define al gentil diciendo que son gentiles los que llevan un nombre igual entre ellos. Esto es insuficiente. Los que nacieron de padres libres. Aún así no es suficiente. No lo son aquellos que cuentan un esclavo entre sus ante­ pasados. Todavía falta algo. Los que nunca hayan sufrido disminución capital. Quizá esto sea suficiente, pues no estoy enterado de que Scaevola el Pontífice agregue algo a esta definición (216). Hay otra de Festo: "El gentil es descripto como nacido de un mismo tronco

 

          History of Rome, 1, c. I, 241, 245,

          Inst. HI, 17.

          C iceró n , Tópica, 6.

 

312 LEWIS H. MORGAN

 

y llamado con un mismo nombre (217). También Varro tiene una definición: Así como de un Aemilius los hombres nacen Aemilii y gentiles, así del nombre Aemilius derivan términos pertenecientes al gentilismo (218).

 

Cicerón no intenta definir la gens, sino más bien suministrar ciertas pruebas mediante las cuales pueda comprobarse el derecho

 

al vínculo gentilicio o su falta. Ninguna de estas definiciones mues­ tra la composición de la gens, es decir, si toda o solamente una parte de la descendencia de un presunto fundador-generador tenía derecho

 

a llevar el nombre gentilicio, y si solo una parte tenía derecho, cuál de las partes era. Con descendencia en la línea masculina, la gens incluiría únicamente a los que pudieran comprobar su descendencia

 

de varones exclusivamente, y con descendencia en la línea femeni­ na, a los que la comprobaran por mujeres solamente. Si la descen­ dencia no estaba limitada a línea alguna, todos los descendientes serían incluidos.

 

Estas definiciones deben haber dado por sentado que la descen­ dencia por la línea masculina era un hecho por todos conocido. De otras fuentes se desprende que solamente pertenecían a la gens los

 

que podían señalar su descendencia por la línea masculina. las genealogías romanas suministran la prueba. Cicerón omitía el hecho esencial de que eran gentiles los que podían demostrar su descen­ dencia, por los varones exclusivamente, de un antepasado reconocido dentro de la gens. Esto lo suministraban, en parte, Festo y Varro. De un Aemilius, dice este último, los hombres nacen Aemilii y gentiles; cada uno debe nacer de un varón de nombre gentilicio. Pero la de­ finición de Cicerón también demuestra que un gentil debe llevar nombre gentilicio.

 

En la plática del tribuno romano Canuleo (445 a. de }. C.). sobre un proyecto para derogar una ley existente que prohibía el matri­ monio entre patricios y plebeyos, hay un enunciado que supone la descendencia por la línea masculina. ¿Qué más da dice él que un patricio contraiga matrimonio con una plebeya o un plebeyo con una patricia? En definitiva, ¿qué derecho queda vulnerado? Los hi­ jos, sin duda, siguen al padre (219).

 

Un ejemplo práctico, tomado de nombres gentilicios transmiti­ dos, probará en forma concluyente que la descendencia seguía la línea masculina. Julia, hermana de Cayo Julio César, se casó con

 

          Citado por Sm ith. Die. Gk. & Rome. Ant., art.  Gens .

          V a r r o , De Lingua Latina, lib. VIII, cap. 4.

          Livro, lib. IV, cap. 4.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 313

 

Marco Attio Balbo. Su nombre prueba que pertenecía a la gens Ju-Su hija Attia, de acuerdo con las costumbres, tomó el nombre gentilicio de su padre y pertenecía a la gens Attia. Attia se casó con Cayo Octavio y fue madre de Cayo Octavio, primer emperador romano. El hijo, según la costumbre, tomó el nombre gentilicio de su padre y perteneció a la gens Octavia (221). Después que llegó a ser emperador, agregó a sus nombres los de César Augusto.

 

En la gens romana la descendencia seguía la línea masculina des­ de Augusto, retrocediendo hasta Hómulo, y durante un período des­ conocido anterior a la época de éste. No eran gentiles sino aquellos que podían señalar su descendencia, por varones exclusivamente,

 

de un antepasado reconocido dentro de la gens. Pero no se exigía, porque hubiera sido imposible que todos pudieran señalar su descen­ dencia de un mismo antepasado común, y mucho menos de un an­ tepasado epónimo.

 

En los casos expuestos, a los que podrían agregarse muchos otros, se verá que las personas se casaban fuera de su gens. No cabe duda de que ésta era la costumbre general, consagrada por el derecho con­ suetudinario.

 

La gens romana se caracterizaba por los siguientes derechos, pri­ vilegios y obligaciones:

 

          Derechos mutuos de sucesión en los bienes de un gentil fa­ llecido.

 

          Posesión de un cementerio común.

          Ritos religiosos comunes; sacra gentilicia.

          Obligación de no contraer matrimonio dentro de la gens.

          Posesión de tierras en común.

          Obligaciones recíprocas de auxilio, defensa y reparación de daños.

 

          Derecho de llevar el nombre gentilicio.

          Derecho de adoptar extraños en la gens.

          Derecho de elegir y deponer sus jefes (?).

Estos diversos atributos serán considerados en el orden citado.

 

(220)  Cuando solamente       había una hija en una familia, se la llamaba

por el nombre de la     gens, con ser; Tulia, hija de Cicerón; Julia, hija de César;

Octavia, hermana de  Augusto, etc., y conservaban el mismo nombre después de

casadas. Habiendo dos hijas, se las llamaba Mayor y Menor, respectivamente.

Habiendo más de dos, se        las distinguía por su número, como ser: Prima, Se­

cunda, Tertía, Quarts, Quinta, o más suavamente. Tertulia, Quartilla, Quintilla,

etcétera... Durante      el         período floreciente de la República, los nombres de gentes

y apellidos de familia fueron fijos e inevitables. Eran comunes a todos los miem­

bros de una familia, y pasaban a sus descendientes. Pero después de la subver­

sión de la libertad, se  cambiaron y confundieron . Adams. Roman Antiquities,

Glasgow, 1825, pág.   27.      

          Suetonio, vit. Octavianus, cap. 3 y 4. 314 LEWIS H. MORGAN

 

          D e r e c h o s m u t u o s d e su c e s ió n e n l o s b ie n e s d e u n

GENTIL FALLECIDO

 

Cuando fue promulgada la ley de las Doce Tablas (451 a. de Jesucristo), la antigua regla según la cual presuntivamente la heren­ cia era distribuida entre los gentiles, había sido reemplazada por preceptos más adelantados. Los bienes del intestado pasaban ahora: primero, a sus sui heredes, es decir, a su hijos; y cuando no había hi­ jos, a sus descendientes directos por línea masculina (222). Los hijos existentes compartían por igual la herencia, y los hijos de los hijos fallecidos se repartían por igual la hijuela ae su padre. Se notará que los bienes quedaban en la gens. Los hijos de los descendientes femeninos del intestado, por pertenecer a otra gens, quedaban ex­ cluidos. Segundo, cuando no había sui heredes, de acuerdo con la misma ley, los bienes pasaban a los agnados (223).

 

Parientes agnados eran todos los que podían comprobar su des­ cendencia por varones, de un mismo antepasado, común con el in­ testado. En virtud de tal descendencia todos ellos llevaban el mis­ mo nombre gentilicio, tanto mujeres como varones, y eran de grado más próximo al extinto que los demás gentilicios. Los agnados de grado más próximo tenían la preferencia; primero, los hermanos y hermanas solteras; segundo, los tíos y tías solteras del intestado, si­ guiéndose así hasta agotar la parentela agnaticia, y tercero, no ha­ biendo parientes agnados, la misma ley llamaba a los gentilicios a la herencia (224).

 

Esto sorprende a primera vista, pues los hijos de las hermanas del intestado quedaban excluidos de la herencia, dándose, en cam­ bio, preferencia a parientes gentilicios tan lejanos que su parentesco con el intestado no podía ser comprobado, y existía tan sólo, en vir­ tud de un antiguo linaje mantenido por un nombre gentilirio. Sin embargo, la razón es clara. Los hijos de las hermanas del intestado pertenecían a otra gens, y el derecho gentilicio predominaba sobre los más íntimos vínculos de consanguinidad, pues el principio que retenía la propiedad dentro de la gens era fundamental. Se deduce fácilmente de la ley de las Doce Tablas que la herencia se inició

 

en el orden inverso y que las tres categorías de herederos represen­ tan las tres reglas sucesivas de herencia, a saber: primero, los gen­ tiles; segundo, los agnados, entre los que figuraban los hijos del ex­ tinto después que la descendencia fue cambiada a la línea masculi­ na, y tercero, los hijos, con exclusión de los demás agnados.

 

          Gayo, I n s t i t u t e s , lib. Ill, 1 y 2. La esposa era coheredera con

los bijos.

 

          lb., lib. 111, 9.

 

          Gayo, In s t. Ill, 17.

 

LA. SOCIEDAD PRIMITIVA 315

 

Por el matrimonio la mujer experimentaba lo que técnicamente

se denominaba pérdida de franquicias o disminución capital (demi-ñutió capitis), por la cual quedaba desposeída de sus derechos agna-ticíos. Nuevamente aquí la razón salta a la vista. Si una vez casada pudiese heredar como agnada, sacaría de su propia gens los bienes heredados para transferirlos a la gens de su marido. De aquí que la hermana soltera pudiese heredar y la casada no.

 

Teniendo ya un concepto de los principios arcaicos de la gens podemos enfocar la época remota en que la descendencia en la gens latina seguía la línea femenina y los bienes no eran materia

 

de consideración y se los distribuía entre los gentiles, y no es ne­ cesario que esto se baga durante el curso de la vida de la gens la­ tina, ya que su existencia se remonta a un período anterior al de su radicación en Italia. El paso de la gens romana de su forma arcaica

 

a la histórica está señalado en parte por la restitución de bienes a los gentiles en casos determinados (225).

 

El derecho de heredar los bienes de miembros intestados y sin parientes observa Niebuhr fue el que se mantuvo durante un período más largo; tan prolongado, en efecto, que concentró la aten­ ción de los juristas, y, aunque ciertamente nada más que como hecho histórico, también la de Gayo, cuyo manuscrito desgraciadamente es ilegible en esta parte (226).

 

2. P o s e s ió n d e u n c e m e n t e r io c o m ú n

 

El sentimiento de gentilismo parece haber sido más profundo en

el estadio superior de la barbarie que en los tiempos más primitivos,

 

(225) Una cuestión interesante fue la que se planteó entre loa Marcelli y

los Claudii, dos familias de la gens Claudia, con motivo de los bienes dejados por un hijo de un liberto de los Marcelli; los primeros reclamaban amparados en el derecho de familia, y los últimos invocaban el derecho de la gens. De acuerdo con la ley de las Doce Tablas, los bienes de un liberto, cuando éste moría intestado y sin sui heredes, debían adjudicarse a su antiguo amo, quien por el acto de manumisión se convertía en su patrono; pero la ley no contem­ plaba el caso de la hija de un liberto. El hecho de que los Claudii eran de fa­ milia de patricios y los Marcelli no, no influía en este asunto. El liberto.no adquiría, por su manumisión, derechos gentilicios dentro de la gens de su amo, si bien le estaba permitido adoptar el nombre gentilicio de su patrono; por ejemplo, Tiro, liberto de Cicerón, se llamaba M. Tulio Tiro. No se conoce la sentencia de este caso, mencionado por Cicerón (De Oratore, 1, 39) y comen­ tado por Long (Die. GK. & Rom. Antiq., de Sm it h , art. Gens ) y Niebuhr; pero este último supone que fue resuelto en contra de los Claudii (Hist, of Rome, I, 245 nota). Es difícil explicarse cómo los Claudii y los Marcelli pudieron reclamar los bienes, sino como una interpretación jurídica de la ex­ tensión del derecho de patronato. Éste es un caso digno de notar, pues revela cuán profundamente arraigado estaba el concepto de los derechos mutuos en la gens con respecto a la herencia de bienes.

          History of Rome, I, 242.

 

LEWIS H.. MORGAN

 

debido a una organización más perfeccionada de la sociedad y a un mayor desarrollo moral e intelectual. En general, cada gens tenía un cementerio para uso exclusivo de sus miembros, como lugar de se­ pultura. Unos pocos ejemplos bastarán para demostrar las costum­

 

bres romanas respecto a las inhumaciones.

Apio Claudio, jefe de la gens Claudia, se trasladó de Regili, ima villa de los sabinos, a Roma, en la época de Rómulo, donde fue elegido senador y, por tanto, convertido en patricio. Llevó consigo a la gens Claudia y a tal número de clientes que su advenimiento a Roma fue considerado como un suceso de importancia. Suetonio re­ fiere que esta gens recibió del estado tierras a orillas del Anio para sus clientes y un cementerio para ellos mismos cerca del Capito­

 

lio (227). Esta afirmación implica que ya se consideraba indispen­ sable en esa época que la gens tuviera su cementerio propio. Los Claudii, habiendo roto su vinculación con los sabinos e identificán­ dose con el pueblo romano, recibieron numerosas fracciones de tie­ rra y un cementerio para la gens, que les fueron otorgados con el propósito de colocarlos en igualdad dé condiciones con respecto a las gentes romanas. Este hecho revela una de las costumbres de la época.

En el tiempo de Julio César, él panteón de la familia no había desalojado aún completamente al de la gens, como puede verse en el caso de Quintilio Varo, quien, habiendo perdido su ejército en suelo germano, se dio muerte, y su cuerpo cayó en poder del enemigo. Cuenta Paterculus, que su cadáver medio incinerado fue mutilado por el enemigo salvaje; su cabeza seccionada fue enviada a Maro-boduus, quien, a su vez, la envió a César, y al fin pudo ser sepultada con los honores debidos, en el sepulcro gentilicio (228).

En su tratado sobre las leyes, Cicerón, se refiere a las costumbres de su época respecto a los sepelios, en los términos siguientes: la santidad de los cementerios es ahora tan grande que se considera un agravio realizar los sepelios sin las ceremonias religiosas de la gens. En este sentido se pronunció A. Torquatus, en los tiempos de nues­ tros antepasados, respecto a la gens Popília (229). El sentido de esta versión es que se consideraba un deber religioso enterrar a los muer­ tos con ceremonias sagradas y, si era posible, en la tierra que per-, tenecía a su gens. Además, parece ser que la cremación e inhuma­

 

ción se practicaban antes de la promulgación de las Doce Tablas, que prohibía las incineraciones o los sepelios dentro de la ciudad (230). El columbiarum, que generalmente tenía capacidad para varios cente­ nares de urnas funerarias, se adaptaba preferentemente a los usos

          S u e tonio, Vit. Tiberius, cap. 1.

          Velleius Paterculus, II, 119.

          De Leg., II, 22.

          (230) C iceró n , De Leg., II, 23.

 

JLA SOCIEDAD PRIMITIVA 317

 

de la gens. En épocas de Cicerón la organización gentilicia había caído en decadencia, pero subsistían determinadas costumbres que le eran peculiares, entre otras, el cementerio común. Al producirse la completa autonomía de la familia en las primitivas gentes. el pan­ teón familiar fue ocupando el lugar del panteón gentilicio; no obstante aún persistían en cierto modo restos de antiguas usanzas gentilicias en cuanto a lo que se refiere a las ceremonias fúnebres, que todavía se' conservan frescos en la historia de] pasado.

 

3. R it o s r e l ig io s o s c o m u n e s, sa c r a g e n t i l ic ia

 

La sacra romana encama nuestro concepto de culto divino, y po­ día ser pública o privada. Las ceremonias religiosas que celebraba

 

la gens se llamaban sacra private y sacra gentilicia. La gens la rea­ lizaba periódicamente en fechas fijas (231). Se han referido casos en que el desembolso que originaban llegó a ser gravoso para la gens,

 

por el corto número de sus miembros. Se adquirían o se perdían se­ gún las circunstancias, por ejemplo, por adopción o por matrimonio (232). El hecho de que los miembros de la gens romana tuvieron ceremonias religiosas comunes -^observa Niebuhr es bien conocido. Tenían sacrificios determinados para ciertas fechas y lugares (233). Las ceremonias religiosas, tanto públicas como privadas, eran regidas exclusivamente por reglamentación pontificia y no estaban sujetas a la jurisdicción civil (234).

Los ritos religiosos de los romanos parecen vincularse primitiva­ mente más bien con la gens que con la familia. Con el tiempo tomó forma y llegó a establecerse un colegio de pontífices, amones y augu­ res, con un sistema completo de culto bajo estos sacerdocios; pero dicho sistema era tolerante y libre. En general, el sacerdocio era elec­ tivo (235). El jefe de cada familia también era sacerdote en su hogar (236). Las gentes de los griegos y romanos fueron las fuentes de las cuales surgió la mitología maravillosa del mundo clásico. En los tiempos primitivos de Roma, muchas gentes tenían Su

propio sacellum para la realización de sus ceremonias religiosas. Va-

 

          Existían ciertos ritos religiosos (sacra gentilicia) pertenecientes a una gens, a cuya observancia estaban obligados todos sus miembros, en su calidad de tales, ya fueran miembros por nacimiento, adopción o adrogación. Un individuo quedaba libre de la observancia de dicha sacra y perdía los privilegios inherentes a los derechos gentilicios, cuando perdía su gens . S m i t h

 

,

Pic. Antiq., Gens.

          C ice r ó n , Pro Domo, c. 13.

          History of Rome, I, 241.

          C iceró n , De Leg., II, 23.

          Dionysius, II, 22.

          Ib. II, 21.

 

LEWIS H. MORGAN

 

rías gentes realizaban sacrificios especiales que les habían sido trans­ mitidos de generación en generación y se consideraban obligatoriosj como los de los Nautii a Minerva, Fabii a Hércules y los de los Ho-ratii en expiación del sororicidio perpetrado por Horacio (237). Basta para mi propósito haber demostrado, en forma general, que cada gens tenía sus ritos religiosos particulares como uno de los atributos de dicha organización.

 

          O b l ig a c ió n d e no c o n t r a e r m a t r im o n io d e n t r o DE LA g e n s

 

 

Los reglamentos gentilicios eran costumbres con fuerza de ley. La obligación de no casarse entre miembros de la misma gens era una de ellas, No se ha comprobado que esta obligación se convirtie­ se en ley en épocas posteriores, pero hay numerosos testimonios de que esa fuera la regla de la gens. Las genealogías romanas demues­ tran que el matrimonio se realizaba fuera de la gens, de lo que ya hemos dado algunos ejemplos. Como vemos, esta era la regla arcaica por razones de consanguinidad. Por su matrimonio, da mujer perdía sus derechos agnados. Esta regla no tenía excepción. Su objeto era evitar la transferencia de los bienes, los que por el matrimonio, pasa­ rían de una gens a otra, es decir, de la gens a que pertenecía la es­ posa por su nacimiento, a la gens de su esposo. Idéntico objeto tenía la exclusión de los hijos de una mujer, de todo derecho a la herencia de un tío materno o de un abuelo materno. Como la mujer estaba obligada a casarse fuera de la gens, los hijos forzosamente pertene­

 

cían a otro gens, la de su padre, y, por lo tanto, no podía existir coparticipación de herencia entre miembros de gentes diferentes

 

5. P o s e s ió n d e t ie r r a s e n co m ú n

 

Entre las tribus bárbaras fue tan general la posesión de tierras en común que no puede sorprender la existencia de la misma cos­ tumbre entre las tribus latinas. Desde tiempos muy remotos, parece ser que partes de sus tierras estaban en posesión de individuos que las tenían como propiedad privativa. No se puede precisar el mo­ mento en qué esto dejó de ocurrir; pero primero fue probablemente el derecho posesorio de tierras de ocupación efectiva, al que nos hemos referido con frecuencia, y cuya existencia se remonta al esr tadio inferior de la barbarie.

Entre las tribus rústicas latinas, las tierras eran poseídas en común

 

          N ieb u h r, History of Rome, I, 241.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 319

 

dentro de cada tribu, otras eran tenidas por las gentes y otras per­ tenecían a cada hogar.

La distribución de lotes de tierra entre individuos llegó a ser '

común en Roma en la época de Rómnlo, haciéndose más adelante

completamente general. Tanto Varro como Dionisio refieren que Ró-

mulo concedió dos jugera (aproximadamente dos acres y cuarto) a

cada hombre (238). También se ha afirmado que más tarde Numa y

Servio Tulio efectuaron distribuciones parecidas. Este fue el comien­

zo de la propiedad privativa absoluta y presupone una residencia

fija, así también como un mayor desarrollo intelectual. La propiedad

no solamente era medida, sino también transferida por el gobierno,

lo que resultaba muy distinto del derecho posesorio de tierras ema­

nado de un acto individual. El concepto de propiedad privativa ab­

soluta fue engendro de la experiencia y su logro completo pertenece

al período de la civilización. Estas tierras, sin embargo, fueron to­

madas de las que tenía en común el pueblo romano. Después del

comienzo de la civilización, las gentes, curias y tribus poseían ciertas

tierras en común fuera de las tenidas por los individuos como pro­

piedad privativa.

Dividíase en un principio el territorio romano refiere Momm­ sen en cierto número de circunscripciones pertenecientes cada cual a una sola familia y que se agrupaban entre sí para formar los antiguos cantones o circunscripciones rurales (tribus rusticae)... Las denominaciones no se tomaban en aquellos tiempos de las localida­ des, como veremos que se hace después para las aglomeraciones más recientes, sino que reproducen el nombre de la familia.. (239). Cada gens ocupaba un distrito independiente y necesariamente debía radicarse en éf. Fue un paso hacia adelante, si bien era la práctica que prevalecía no solamente en los distritos rurales, sino también

 

en Roma, que las gentes se ubicaran en zonas separadas. Mommsen refiere luego: Así como la casa tiene su campo, así también la aldea o las casas de la comunidad tienen su territorio' determinado el cual, como más adelante veremos, se cultiva mucho tiempo como campo patrimonial, es decir, con arreglo a la ley de la comunidad.. En un principio no formaron estas comunidades de familia otros tantos cen­ tros independientes unos de otros, sino que fueron considerados muy luego como elementos integrantes de un cuerpo político (cwitas, po-pulus).

 

La ciudad se compone de un cierto número de pagos que tienen su origen común, hablan una misma lengua, obedecen a los mismos

 

usos, están obligados a asistirse unos a otros con justicia y ley igua-

 

          V arro, De Re Rustica, lib, I, cap. 10.

          History of Rome, I, 62. Nombra a los Camillii, Galerii, Lemon»,

 

Pollíi, Pupinii, Voltinii, Aemilii, Cornellii, Fábii, Horatii, Menenii, Papirii, Ro-milii, Sergii, Venturii. lb., pág. 63 (y pág. 59 ed. castellana).

 

320 LEWIS H. MORGAN

 

les y asociados para la defensa y para el ataque 5 (240). Mommsen,

o su traductor, emplea los términos circunscripciones y familia (clan en la versión inglesa que cita Morgan) en lugar de gens; y en otra parte emplea el término cantón en lugar de tribu, lo que es tanto más de extrañar desde que la lengua latina cuenta con términos específi­ cos para estas organizaciones, que han llegado a ser históricas. Mommsen representa la stribus latinas anteriores a la fundación de Roma como poseyendo la tierra por hogares, por gentes y por tribus; más adelante muestra las series ascendentes de la organización social en estas tribus, cuya comparación con las de los iroqueses revela un estrecho paralelismo, ,a saber: la gens, la tribu y la confederación (241). No se menciona la fratría, aunque es probable que existiera. El hogar al que nos hemos referido, rara vez debe haber estado constitui­ do por una sola familia. No es improbable que se compusiera de fa­ milias emparentadas que ocupaban en común una vivienda y practi­ caban el comunismo en la vida de hogar.

 

6 . O b l i g a c i o n e s r e c í p r o c a s d e a u x i l i o , d e f e n s a y

 

REPARACIÓNDEDANOS

 

Durante el período de la barbarie, la dependencia mutua de los gentiles para el resguardo de sus derechos personales, había sido constante; pero después de establecida la sociedad política, los gen­ tiles, convertidos ahora en ciudadanos, se dirigían hacia las leyes y el estado para procurar esa protección ejercida antes por la gens. Esta característica del antiguo sistema sería, frente al nuevo, una de las primeras en desaparecer. Las referencias de los autores antiguos respecto a esas obligaciones mutuas son sumamente breves. Esto no

 

          H istory o f R o m e, I, 63 (y pág. 60 ed. castellana).

          Lo mismo la ciudad que la gens (fam ilia) tiene siempre su asiento determinado en un punto cualquiera del territorio. Pero como los ciudadanos, miembros de las diversas gentes, habitaban en sus respectivas aldeas, pudo su­ ceder que la ciudad propiamente dicha estuviese sólo constituida por una aglo­ meración de habitantes, que no fuese más que el foru m de la asamblea general, que encerrase el lugar d e l consejo y de la justicia y los Santuarios com u n e s, en.

 

la cual los habitantes se reunirían cada ocho días para sus fiestas o para sus negocios y hallarían, en caso de guerra, un abrigo más seguro contra las incur­ siones del enemigo, para ellos y para sus rebaños. Pero este centro, ni es regular ni está muy poblado. ...Los pagos, con su fortaleza por capital, o las asociaciones formadas por un cierto número de gentes o familias, son, pues, verdaderas unidades políticas constituidas ya en el momento que va a abrirse la historia de Italia. ...Todas estas ciudades fueron autónomas en un principio; cada cual se regía por su príncipe con la asistencia de los ancianos y de la asamblea de los ciudadanos armados. La comunidad de la lengua y de la raza produjo demás otros efectos: una institución política y religiosa de la mayor importancia, el p a c to de etern a alianza entre todas las ciudades latinas, ti ene:

 

evidentemente su causa en la estrecha afinidad que las unía . H ist, o f R o m e,

 

I, 64-66 (pegs. 63-64 ed. castellana).

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 321

 

significa» sin embargo, que, en el período anterior los gentiles no practicaban estos deberes recíprocos. Por el contrario, la conclusión de que lo hicieron, es una de las más lógicas que se desprenden de la organización gentilicia. A comienzos del período histórico apare­ cen restos de estas costumbres particulares, en ciertas circunstancias. Cuando Apio Claudio fue hecho prisionero (aproximadamente en el

 

año 432 ,a. de J. C.), tanto Cayo Claudio, a la sazón enemigo suyo como la gens Claudia íntegra, vistieron luto (242).

 

La calamidad o deshonra que caía sobre uno de los miembros de la comunidad repercutía en.todos los demás. Durante la segunda guerra púnica refiere Niebuhr , los gentiles se unieron para pa­ gar el rescate de los miembros que habían caído prisioneros; pero el senado les prohibió llegar a efectuarlo. Esta obligación es una carac­ terística de la gens (243). En el caso de Camilo, quien acusado por un tribuno a propósito del botín de Veyes, reunió en su casa la vís­ pera del día fijado para el juicio, a sus compañeros de tribu y clien­ tes para pedirles su parecer; se le contestó que recolectarían cual­ quier suma de dinero que se le condenase a pagar, pero que absol­ verlo era imposible (244). El principió activo del gentilismo está ple­ namente revelado en estos casos. Niebuhr añade más adelante que

 

la obligación de ayudar a los gentiles necesitados recaía sobre los miembros de la gens romana (245).

 

7. D e r e c h o d e l l e v a r e l n o m b r e g e n t i l ic io

 

Este derecho se desprende necesariamente de la índole misma de

la gens. Todos aquellos que por su nacimiento eran hijos (varones o

mujeres) de un miembro masculino de la gens, eran miembros a su

vez, y tenían derecho a usar el nombre gentilicio. Con el andar del

tiempo llegó a ser imposible que los miembros de la gens pudieran

señalar su descendencia a través de una serie de miembros cono­

cidos y, por consiguiente; también imposible que las diversas familias

que componían la gens comprobaran su vinculación con un antepasa­

do común más reciente. Mientras esta imposibilidad demostraba la

antigüedad del linaje, no era una prueba de que estas familias no

hubieran descendido de un remoto antepasado común. El hecho de

que las personas hubieran nacido en la gens, y que cada una pudiera

señalar su descendencia desde el antepasado-fundador de la misma,

 

de la gens, era testimonio suficiente de su descendencia gentilicia y prueba vigorosa de la .afinidad de sangre de todos los gentiles.

 

          I.tvio, VI, 20.

          History of Rome, I, 242.

          Livio, V, 32.

          History of Rome, I, 242; citando a Dionisio, II, 10.

 

LEWIS H. MORGAN

 

Pero algunos investigadores, entire ellos Niebuhr (246), han nega­ do la existencia de lazos de sangre entre las familias de una gens, puesto que no podían demostrar su vinculación con un antepasado común. Esta afirmación considera a la gens como una organización puramente ficticia; por lo tanto, es insostenible. La conclusión que Niebuhr deriva de la definición de Cicerón en contra de un lazo

 

de sangre no puede sostenerse. Si se pusiera en duda el derecho de una persona a llevar el nombre gentilicio, la prueba de este derecho

 

consistiría no en demostrar su descendencia desde el antepasado-fundador, sino desde un número de antepasados reconocidos dentro

 

de la gens. Sin registros escritos, sería limitado el número de genera­ ciones a través de las cuales pudiera señalarse una genealogía. Al­ gunas familias de una misma gens podrían estar inhabilitadas para señalar al antepasado común, pero esto no significaría que ellas no tuvieran una descendencia común con respecto a un antepasado re­ moto dentro de la gens (247).

 

Después de cambiada la descendencia a la línea masculina, los antiguos nombres de las gentes, que probablemente habían sido to­ mados de animales (248), y de objetos inanimados, cedieron su lugar a los nombres personales.

 

Ciertas personas que se distinguieron en la historia de la gens llegaron a ser su antepasado epónimo, y no es improbable que estas personas fuesen, como ya se ha dicho, reemplazadas por otras en el transcurso de largos períodos de tiempo. Cuando una gens se dividía como consecuencia de la separación territorial, una de las partes po­ día adoptar un nombre nuevo; pero este cambio de nombre no influía en el parentesco sobre el cual descansaba la gens. Cuando se conside­ raba que el linaje de las gentes romanas, con algunos cambios de nombre, se remonta a la época en que latinos, griegos y habitantes de la India de habla sánscrita formaban un solo pueblo, se tiene un concepto de su antigüedad, aun cuando no lleguemos a su origen.

 

La pérdida del nombre gentilicio en cualquier momento y experi­ mentado por cualquier individuo, era el más improbable de los he­ chos que podían ocurrir. Por lo tanto, su posesión era la mejor prue-

 

          History of Rome, I, 240.

          Sea como quiera, el hecho es que el parentesco de sangre ha sido

en Roma el lazo omnipotente de las razas, y principalmente de las familias;

y cualquiera que haya sido la influencia que la ciudad ha ejercido sobre ellas, no ha destruido nunca su carácter esencial ni su ley de afinidad. Mommsen, History of Rome, I, 103 (y pág. I ll , ed. castellana).

(248) Es un hecho curioso que Clístenes de Argos cambiara los nombres de

tres tribus dóricas de Sicyon, por los de Hyatae, Oneatae y Choereatae, que sig­ nifican respectivamente jabalí, asno y cerdo pequeño. Ellos fueron puestos como un insulto a los habitantes de Sicyon, pero se mantuvieron toda su vida y aun durante sesenta años después. ¿Sé tomaría de la tradición la idea de poner nombres de animales? Ver G r o t e , History of G reece, III, 33, 36.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 323

 

ba de que el sujeto compartía con sus gentiles el mismo linaje an­ tiguo. Había un medio, y solamente uno, de adulterar la descenden­ cia gentilicia: la adopción en la gens de extraños en sangre.

 

Esta práctica prevaleció, pero fue de cortos alcances. Si Niebuhr hubiese sostenido que los lazos sanguíneos que unían a los gentiles se habían atenuado en forma considerable, entre algunos de ellos, no habría nada que objetar a su posición; pero la negación de todo parentesco que transforma a la gens en una agrupación ficticia de personas sin ningún vínculo de unión, controvierte el principio que engendró a la gens y que la mantuvo a través de tres períodos ét­ nicos completos.

En otra parte, he llamado la atención sobre el hecho de que la gens nació con un sistema de consanguinidad que reducía todos los consanguíneos a un pequeño número de categorías, y retenía a sus descendientes indefinidamente en su seno. El parentesco de las per­ sonas podría trazarse fácilmente sin que importara lo lejano que es­ tuviese el antepasado común efectivo. En una gens iroquesa de qui­ nientas personas todos sus miembros están emparentados entre ellos

 

y cada uno conoce o puede averiguar su parentesco con los demás; de modo que el hecho del parentesco está presente perpetuamente

 

en la gens del período arcaico. Con el nacimiento de la familia mo­ nógama aparece un nuevo sistema de consaguinidad, completamente distinto, bajo el cual el parentesco entre colaterales no tardó en desaparecer. Este fue el sistema de las tribus griegas y latinas en los comienzos del período histórico. El que lo precedió fue, presun­ tivamente por lo menos, el Turanio, bajo el cual el parentesco de los gentiles entre ellos sería conocido.

 

Después de comenzada la decadencia.de la sociedad gentilicia de­ jaron de formarse nuevas gentes por el antiguo proceso de segmen­ tación y algunas de las existentes desaparecieron. Esto tendió a acre­ centar la importancia de la descendencia gentilicia como linaje. En los tiempos del Imperio, nuevas familias de otros países se establecían continuamente en Roma y adoptaban nombres gentilicios para lograr ciertos privilegios sociales. Considerando que esta práctica era un abuso, el Emperador Claudio, que reinó desde el año 40 al 54 de nuestra era, prohibió a los extranjeros que adoptaran nombres roma­ nos y esencialmente nombres de antiguas gentes (249). Las familias romanas, perteneciendo a gentes históricas, cotizaron más alto su linaje, tanto durante la República como bajo el Imperio.

 

Todos los miembros de la gens eran libres e. iguales en derechos y deberes, tanto el más pobre como el más rico, el más descollante como el más obscuro, y compartían por igual cualquiera que fuese la dignidad que el nombre gentilicio les confería, el que heredaban

 

          S u e tonio, Vit. Claudius, cap. 25. 324 LEWIS H. MORGAN

 

como derecho de nacimiento. Libertad, igualdad y confraternidad eran los principios cardinales de la gens romana, así como lo eran también de las gentes de los griegos y de los indios americanos.

 

8. D e r e c h o d e a d o p t a r e n la " g e n s           e x t r a ñ o s e n san g r e

 

En tiempos de la República y también del Imperio existía la cos­ tumbre de que la familia adoptara extraños, costumbre que incorpo­ raba la persona adoptada a la gens de esa familia. Pero estas prác­ tica estaba rodeada de formalidades que la hacían difícil. Toda per­ sona sin hijos, y que por su edad ya no podía tenerlos, tenía el de­ recho de adoptar una criatura con el consentimiento de los pontífices y de la comitia curiata. El Colegio de Pontífices era el señalado en estos casos a fin de que los ritos sagrados de la familia que adoptaba la persona no sufrieran menoscabo' (250), como también la asamblea,

 

a nn de que el adoptado recibiese el nombre gentilicio y pudiese heredar los bienes de su padre adoptivo. De las medidas precaucio-nales existentes todavía en tiempos de Cicerón, se desprende como consecuencia lógica que bajo el régimen anterior, que era puramen­

 

te gentilicio, las restricciones debían haber sido mayores y los casos más raros. No es probable que en los tiempos primitivos se permitie­ ra la adopción sin consentimiento de la gens y de la curia a las cua­ les pertenecía; y aún así, el número de adoptados debe haber sido limitado. Pocos detalles poseemos de las costumbres antiguas refe­ rentes a la adopción.

 

9 . D e r e c h o d e e l e g i r y d e p o n e r sus je f e s

 

Lo incompleto de nuestros conocimientos de las gentes romanas

se pone de manifiesto en la ausencia de información directa con res-

 

          >ecto al desempeño del cargo de jefe (princeps). Con anterioridad a a institución de la sociedad política, cada gens tenía su jefe, v, pro­

 

bablemente, más de uno. Al producirse la vacante del cargo, debía ser llenada necesariamente, ya fuese por elección de un gentil, como entre los iroqueses, o por derecho hereditario. Pero la falta de prue­ bas de derecho hereditario y la existencia del principio electivo con respecto a casi todos los cargos en la época de la República y ante­ riormente, en tiempos de los reges, conducen a la conclusión de que el derecho hereditario era ajeno a las instituciones de las tribus latinas. El cargo más alto, el rex, era electivo; el de senador era elec-

 

          C ic e r ó n, Pro Domo, cap. 13.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 32 5

 

tivo o por nombramiento, y así el de cónsules y magistrados infe­ riores.

 

Esto variaba con respecto al colegio de pontífices, instituido por Numa. Al principio, los pontífices mismos llenaban las vacantes por elección. Livio habla de la elección de un pontifex maximus por la comitia, aproximadamente en el año 212 a. de }. C. (251). La lex Domitia transfería al pueblo el derecho de elegir los miembros de los diversos colegios de pontífices y de sacerdotes, pero la ley fue modificada posteriormente por Sulla (252). La presencia del prin­ cipio activo de elección entre las gentes latinas, aesde que aparecen por vez primera en la historia hasta la República, robustece sensible­ mente la presunción de que la tenencia del cargo de jefe era electiva.. Las características democráticas de su régimen social, que se revelan en tantos detalles, fueron heredadas de las gentes. Sería menester una prueba positiva de que el cargo se llenaba por derecho heredita­ rio para derribar la presunción contraria. El derecho de elegir lleva en sí el derecho de deponer, cuando la tenencia es vitalicia.

 

Estos jefes, o una selección de ellos, componían, antes de la fun­ dación de Roma, el consejo de las diversas tribus latinas, principal instrumento de gobierno. Entre las tribus latinas, como entre las griegas, aparecen ciertos trazos de estos tres poderes coordinados en el gobierno, a saber: el consejo de jefes, la asamblea popular a la que debemos suponer se le sometían las medidas públicas más importantes para su adopción o rechazo, y el comandante militar. Mommsen refiere que "Todas estas ciudades (tribus) fueron autóno­ mas en un principio: cada cual se regía por su príncipe con la asis­ tencia de los ancianos y de la asamblea de los ciudadanos arma­ dos" (253).

 

El orden del postulado, de Mommsen necesita ser invertido y el postulado mismo calificado. Este consejo, por sus funciones y por

 

su posición central en el sistema social del cual emanara, ejercía ne­ cesariamente el poder supremo en los asuntos civiles. El que gober­ naba era el consejo y no el comandante militar. "En todas las ciuda­ des de las naciones civilizadas a orillas del Mediterráneo observa Niebuhr , el senado fue un órgano de gobierno no menos esencial

 

e indispensable que la asamblea popular; era un cuerpo escogido de ancianos; tal consejo dice Aristóteles , existe siempre ya sea aris­ tocrático o democrático; aún en las oligarquías, por corto que sea el número de participantes en la soberanía, ciertos consejeros son nombrados para preparar medidas de orden público" (254).

El senado de la sociedad política fue el sucesor del consejo de

          Livio, XXV, 5.

          Smith, Die., art. Pontifex.

          History of Rome, I, 66 (pág. 63-4 ed. castellana).

 

          Ib-, I, 258.

 

LEWIS H. MORGAN

 

jefes de la sociedad gentilicia. Rómulo creó el primer senado romano con cien ancianos y, como en ese entonces sólo existían cien gentes, puede deducirse lógicamente que ellos eran los jefes de esas gentes. El cargo era vitalicio y no hereditario; de aquí la conclusión final de que el cargo de jefes en esa época era electivo. Si hubiese sido en otra forma, todas las probabilidades serían de que el senado ro­ mano había sido instituido como un cuerpo hereditario. La eviden­ cia de la constitución esencialmente democrática de la sociedad an-tigua salta a la vista en muchos puntos, pero este hecho no ha logra­ do hallar su curso en las exposiciones históricas modernas sobre la sociedad gentilicia griega y romana.

 

Respecto al número de personas de la gens romana, poseemos, afortunadamente, algunos antecedentes. Por el año 474 a. de J C., la gens Fabia propuso al senado emprender como gens la guerra contra los habitantes de Veyes, lo que, según decían, exigía un ejército más bien permanente que poderoso (255). El ofrecimiento fue aceptado

 

          trescientos seis soldados, todos patricios, salieron de Roma entre los aplausos de sus compatriotas (250). Después de una serie de triun­ fos fueron aniquilados totalmente en una emboscada. Pero habían de­ jado tras suyo, en Roma, un único varón que aún no llegaba a la

 

edad de la pubertad, quien quedaba solo, para perpetuar la gens Fabia (257). Resulta increíble el hecho de que trescientas personas no dejaran en sus familias más que un solo niño varón impúber, pero esta es la versión. Este número ae personas indicaría un número pro­ porcional de mujeres, quienes, con los hijos de los varones, darían un total de setecientos miembros, por lo menos, para la gens Fabia. Si bien los derechos, obligaciones y funciones de la gens romana han sido presentados en forma incompleta, se han considerado sufi­ cientes para demostrar que esta organización fue la fuente de su vida social, gubernamental y religiosa. Como unidad de su sistema social imprime su carácter a las organizaciones más elevadas de las cuales es parte integrante. Para la comprensión íntegra de las ins­ tituciones romanas en sus orígenes y desenvolvimiento, es necesario un conocimiento de su gens mucho más completo que el que po­ seemos.

 

          L iv io , II, 48.

          Ib., II, 49.

          T rescen tos sex perisse satis conven it: unum pro b e pubescent aetate relictum stirpem gente Fabiae, dubiisque rebus popu li R o m a n i sepe do m i b e-

 

llique vel m á x im u m futurum auxilium . L iv i o , II, 50, y ver O v id io , F a sti, II, 193.

 

LA CURIA, LA TRIBU Y EL          POPULUS     ROMANOS

 

Habiéndonos ocupado de la gens romana, queda aún por consi­

derar la curia, compuesta de varias gentes, la tribu, compuesta de va­ rias curias, y finalmente, el pueblo romano, compuesto de varias tribus. Al proseguir este estudio, la investigación se limitará a la constitución de la sociedad tal como se encontraba desde la época

 

de Rómulo hasta la de Servio Tulio, con alguna noticia de los cambios producidos en los primeros tiempos de la República, mientras el sis­ tema social iba desapareciendo y se establecía el nuevo régimen político.

 

Se verá que durante cierto tiempo, como entre los atenienses,

 

coexistieron dos regímenes de gobierno, uno junto al otro, y que mientras el más antiguo iba cediendo su lugar al nuevo, éste se afian­ zaba cada vez más. El primero fue una sociedad (societas), basada en las gentes; y el segundo un estado (civitas), basado en el territorio y la propiedad, que, gradualmente, fue suplantando a aquél. Un gobierno que atraviesa un período de transición, es forzosamente complejo, y, por consiguiente, difícil de comprender. Estos cambios no fueron violentos, sino paulatinos; comenzados en la época de Ró­ mulo, fueron más adelante completados por Servio Tulio aunque

 

no íntegramente, abarcando así un presunto período de doscientos años, preñado de sucesos de gran trascendencia para el estado na­ ciente. Para continuar la historia de las gentes hasta el derrocamiento de su influencia por el estado, será necesario, después de habernos ocupado de la curia, la tribu y la nación, explicar sucintamente el nuevo régimen político. Este último será objeto de estudio en el capítulo siguiente.

 

La sociedad gentilicia entre los romanos, presenta cuatro etapas de organización: primero, la gens, que era una agrupación de con-

 

328 LEWIS H. MORGAN

 

sanguíneos y la unidad del régimen social; segundo, la curia, análo­ ga a la fratría griega, formada por diez gentes enlazadas en una organización más elevada; tercero, la tribu, formada por diez curias, que poseía algunos de los atributos inherentes a una nación bajo instituciones gentilicias; y cuarto, el pueblo romano (Populas Ro-manus), compuesto en la época de Tullo Hostílio, por tres de esas tribus fusionadas en una sociedad gentilicia, y que abarcaba tres-cientes gentes. Hay hechos que garantizan la conclusión de que, en los comienzos del período histórico, todas las tribus italianas ofre­ cían una organización similar; pero con la diferencia, quizá, de que la curia romana presentaba una organización más avanzada que la fratría griega o que las organizaciones correspondientes en las res­ tantes tribus italianas; y que la tribu romana, debido a su aumento forzado, llegó a presentar una organización más comprensiva que

 

las demás tribus del tronco italiano. A .continuación citaremos algu­ nos casos como testimonio de esta afirmación.

 

Con anterioridad a la época de Rómulo, las tribus italianas, en sus diversas ramas, habían llegado a ser un pueblo numeroso. El gran número de tribus pequeñas en que se había subdividido demues­ tra ese estado de inevitable desintegración que acompaña a las ins­ tituciones gentilicias. Pero el principio federal se había hecho sen­ tir entre las otras tribus italianas tanto como en las latinas, aunque no llegó a constituir una confederación que .alcanzara resultados de importancia. Mientras subsistía este estado de cosas, se produjo ese gran movimiento atribuido a Rómulo, a saber: la concentración de

 

cien gentes latinas a orillas del Tiber, que fue seguida de una reunión parecida de gentes sabinas, etruscas, latinas y otras, hasta abarcar doscientas gentes más, que finalmente se fusionaron formando un

 

solo pueblo. Fue así como se echaron los cimientos de Roma a los que seguirían el poderío y la civilización romanos. Esta consolida­ ción de gentes y tribus bajo un gobierno, comenzada por Rómulo y terminada por sus sucesores, fue la que preparó el camino del nuevo régimen político: el paso de un gobierno basado en personas y en relaciones personales a otro basado en el territorio y la propiedad. No interesa que los siete personajes conocidos como los reyes

 

de Roma fuesen reales o legendarios, ni que la legislación atribuida a alguno de ellos haya sido verdadera o fabulosa, en cuanto importa a este estudio, porque los hechos referentes a la constitución pri­ mitiva de la sociedad latina quedaron incorporados a las institu­

 

ciones romanas y pasaron así af período histórico. Afortunadamente, sucede que los acontecimientos del progreso humano se encaman, in­ dependientemente de los individuos, en un registro material que ha cristalizado en instituciones, usos y costumbres y se han conservado a través de inventos y descubrimientos. Los historiadores, por una especie de necesidad, dan a los individuos gran trascendencia en la

 

LA so c ied a d p r im it iv a 329

 

producción de los acontecimientos, colocando así a las personas, que son transitorias, en el lugar de los principios, que son perdurables. La labor de la sociedad en su totalidad, por la que se producen todos los acontecimientos, se atribuye en gran escala, a individuos, y en grado ínfimo a la capacidad colectiva. Se reconocerá que, en general, la esencia de la historia humana está ligada al desarrollo de las ideas, las que son elaboradas por el pueblo y expresadas en sus instituciones, costumbres, inventos y descubrimientos.

El ajuste numérico antes señalado, de diez gentes por curia, diez curias por tribu y tres tribus para el pueblo romano, fue el resultado de una acción legislativa no más antigua, en las dos primeras tribus,

 

3 ue la época de Rómulo. Esto fue posible por las incorporaciones e gentes en las tr ibus vecinas, ya fuese por su voluntad o por

conquista, las cuales se agregaron principalmente a los tictes y a los

luceres, a medida que se iban formando. Pero una precisión numé­

rica tal, no podía mantenerse invariable a través de siglos, especial­

mente, con respecto al número de gentes de cada curia.

Hemos visto que la fratría griega, fue más bien una organización social y religiosa, que una organización política. Ocupando una po­ sición intermedia entre la gens y la tribu, sería menos importante que cualquiera de éstas mientras no se le agregaran funciones guber­ nativas. Entre los iraqueses aparece en forma rudimentaria-, destacán­ dose desde un principio su carácter social en contraposición al gu­ bernamental. Pero la curia romana, fuese lo que fuese, en el periodo anterior, se convirtió en una organización más integral y guberna­ mental que la fratría de los griegos; sin embargo, se conoce más de esta última que de la primera. Es probable que las gentes compren­ didas en cada curia fuesen, en su mayoría, gentes emparentadas; y que su reunión en una organización más elevada, se cimentase pos­ teriormente por su matrimonio dentro de la curia, por el cual las gentes de una misma curia se proveían de esposas dentro de ésta.

 

Los autores antiguos no hacen referencia al establecimiento de la curia, pero esto no significa que sea creación de Rómulo. Figura por primera vez mencionada, como institución romana, en la legisla­ ción de éste, habiéndose establecido el número de curias de dos de

 

las tribus en su época. La organización, como fratría, existía probable­ mente entre las tribus latinas desde tiempo inmemorial. Hablando Livio del favor que gozaban las sabinas después que,

 

merced a la intervención de ellas, se restableció la paz entre latinos y sabinos, refiere que cuando Rómulo dividió el pueblo en treinta curias les puso los nombres de dichas mujeres (258).. Dionisio em­ plea el término fratría como equivalente de curia pero también da

 

(258) Livio, I, 13.

 

330 LEWIS H. MORGAN

este último (259), y observa, más adelante, que Rómulo dividió

 

la curia en décadas, siendo, por supuesto, gentes estas diez divisiones (260). En el mismo sentido Plutarco se refiere al hecho de que cada tribu contenía diez curias, las que según algunos dice , lleva­

 

ban nombres de mujeres sabinas (261). Su forma de expresarse es más precisa que la de Lávio y Dionisio, cuando afirma que cada tribu contenía diez curias, y no que cada una se dividía en décadas, porque las curias estaban formadas por gentes como unidades ori­ ginarias y no por gentes salidas de una curia por subdivisión. La obra realizada por Rómulo, fue el ajuste del número de gentes de cada curia y del número de curias de cada tribL lo que pudo realizar merced al aumento de individuos venidos de tribus vecinas. Teóricamente, cada curia debía estar formada de gentes derivadas

 

por segmentación de una o más gentes, y la tribu sería un creci­ miento natural originado en la formación de más de una tribu, cada una de las cuales estaría; formada por gentes ligadas entre ellaá por el vínculo del dialecto común.

Las cien gentes de los ramnes eran gentes latinas. Rómulo en

 

su organización en diez curias, respetó indudablemente el vínculo de parentesco, colocando gentes emparentadas en la misma curia,

 

en la medida de lo posible, y logrando así, ajuste numérico, tomando arbitrariamente el exceso de gentes de una curia originaria para com­ pensar la deficiencia de otra. Las cien gentes de los tictes eran, en su mayoría, gentes sabinas. También se hallaban distribuidas en diez curias y, muy probablemente, obedeciendo al mismo principio. La tercera tribu, los laceres, se formó más tarde por incorporaciones continuas y por las conquistas. Esta tribu era heterogénea en sus elementos, conteniendo, entre otras, cierto número de gentes etruscas. Había sido ordenada de acuerdo con la misma escala numérica en

 

diez curias, cada una de las cuales se componía de diez gentes. Bajo esta reconstitución, mientras la gens, unidad de la organización, per­ manecía pura e invariable, la curia fue elevada sobre su nivel lógi­ co y obligada a incluir, en ciertos casos, un elemento extraño que

 

no pertenecía a una fratría originaria estricta; y la tribu también fue elevada sobre su nivel lógico y obligada a abarcar elementos extraños que no pertenecían a una tribu desarrollada naturalmente. Mediante esta imposición legislativa, las tribus, con sus curias y gentes, fueron igualadas, mientras que la tercera tribu era, en gran parte, una creación artificial bajo la presión de las circunstancias. La vinculación lingüística de los etruscos es todavía materia de dis­ cusión. Se presume que su dialecto no era completamente ininteli-

 

          Dionisio, Antiq. o f Rome, II, 7.

          ídem.

          P l u t a r c o , Vit, Romulus, cap. 20.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 331

 

gible para las tribus latinas, pues de otro modo no habrían sido ad­ mitidos dentro del régimen social romano, que a la sazón era pu­ ramente gentilicio. La proporción numérica así lograda facilitaba la acción gubernativa de la sociedad como unidad.

Niebuhr, que fue el primero en tener una concepción exacta

 

de las instituciones romanas en este período, reconoció el hecho de que el pueblo era soberano, que los llamados reyes ejercían un poder delegado y que el senado se basaba en el principio de repre­ sentación, teniendo cada gens un senador; sin embargo, estuvo en desacuerdo con los hechos evidentes, al afirmar, refiriéndose a esta escala proporcional, que tales proporciones numéricas son una prue­ ba irrefutable de que las casas romanas (g entes) (262), no eran más antiguas, que la constitución, sino corporaciones formadas por un legislador en armonía con el resto de su plan (263). Es innegable que un pequeño elemento extraño fue agregado a las curias de la segunda y tercera tribu y, especialmente, de la tercera; pero fue

 

sencillamente imposible que una gens fuera cambiada en su composi­ ción o reconstruida o hecha. Un legislador no podría hacer una gens, ni una curia, a menos que lo hiciera combinando las gentes existen­ tes alrededor de un núcleo de gentes emparentadas; pero podía aumentar o disminuir, recurriendo a la fuerza, el número de gentes de una curia y aumentar o disminuir el número de curias de una tribu.

 

Niebuhr ha mostrado también que la gens era una organización antigua y universal entre los griegos y romanos, lo que hace aún más incomprensible su declaración precedente. Además, parece que la fratría era universal entre los griegos jónicos* y es probable que la curia, quizá bajo otro nombre, fuera igualmente antigua entre las tribus latinas. Las proporciones numéricas a las que nos hemos re­ ferido fueron sin duda el resultado de acción legislativa en la épo­ ca de Rómulo, y poseemos numerosas pruebas de las fuentes de for­ mación de las nuevas gentes con las que pueden haberse obtenido esas proporciones.

 

Los miebros de las diez gentes unidas en una curia se, llamaban curiales entre ellos. Elegían un sacerdote, el curio, que era el jefe de la fraternidad, Cada curia tenía sus ritos sagrados, en cuya ob­ servancia participaba la fraternidad, su sacellum como lugar de práctica del culto, y su lugar de asamblea, donde se reunían para

 

la realización de negocios. Además de los curios, que tenían a su cargo la parte principal de sus asuntos religiosos, los curiales tam-

 

(262) Si Niebuhr usó el término "casa           en lugar de gens o si fue fan­

tasía de sus traductores, no podría decirlo. Thirlwall, uno de los traductores, aplica este término frecuentemente a la gens griega, lo que, por lo menos, es objetable.

 

          History of Rome, I, 244. 332 LEWIS H. MORGAN

 

bién elegían un sacerdote .auxiliar, el flamen curialis, quien desem­ peñaba el cargo inmediato en los asuntos religiosos.

 

La curia dio su nombre a la asamblea de las gentes, la comitia curiata, que era el poder soberano en Roma, en un grado mayor

 

que el senado bajo el régimen gentilicio. Tal era en términos gene­ rales, la organización de la curia o fratría romana (264).

 

A continuación en la escala ascendente venía la tribu romana compuesta de diez curias y de cien gentes. Cuando la tribu era el resultado de un crecimiento natural sin influencias externas, sería una reunión de gentes derivadas por segmentación de una gens ori­ ginaria o de dos gentes, todos cuyos miembros hablarían un mismo dialecto. Mientras la tribu no se dividió por el proceso señalado, in­ cluía a todos los descendientes de los miembros de esas gentes. Pero la tribu romana, a la cual nos concretaremos ahora, fue agrandada artificialmente con miras y por medios especiales, siendo su base y su organismo, un crecimiento natural.

En la época anterior a Rómulo cada tribu elegía un funcionario

 

jefe, con deberes jurídicos, militares y religiosos (265). Desempeñaba en la ciudad funciones jurídicas, así como administraba su sacra, y dirigía también sus fuerzas militares en campaña (266). Probable­ mente era elegido por las curias reunidas en asamblea general; pero aquí nuevamente nuestra información es incompleta. Es indudable

 

que fue un cargo de carácter peculiar, antiguo en las tribus latinas y otorgado por elección. Fue asimismo el germen de un cargo más elevado aún: el rex o comandante militar general, cuyas funciones

 

(264) Dionisio ha dejado un análisis profundo y circunstancial de la or­

 

ganización atribuida a Rómulo, a pesar de que una parte parece pertenecer a

un período posterior. Es interesante por el paralelo que traza entre las insti­ tuciones gentilicias de los griegos, con las cuales estaba igualmente familiari­ zado, y la de los romanos. En primer término, dice, hablaré del orden de su política que considero el más suficiente de todos los arreglos políticos tanto en tiempo de paz como de guerra. Era el siguiente: después de dividir a toda

 

la multitud en tres grupos, designó jefe al hombre más prominente en cada gru­ po; luego al dividir cada grupo en diez, a su vez, designó los jefes más va­ lientes de cada grupo, que tenían entre ellos la misma categoría; llamó tribus a los grandes grupos y curias a los más pequeños, como todavía se los llama siguiendo esa costumbre. Estos nombres interpretados en griego serían: tribus una tercera parte, una phylé, curia", una fratría y también grupo más o menos numeroso; y los hombres que ejercían la dirección de las tribus eran filarcas y IrtiarcaS, a los que los romanos llamaban tribunos ; y los que estaban al fren­ te de las curias, fratriarcas y locagoi, curiones para los romanos. Las fratrías estaban divididas en décadas y el jefe de las mismas era el decadarca. Y cuan­

 

do todos estuvieron divididos en tribus y fratrías, dividió la tierra en treinta partes iguales dándole una parte entera a cada fratría, eligiendo una parte suficiente para ceremonias religiosas y templos, y dejando una porción dfe tierra para uso común. Antiqu. of Rome, II, 7.

          Dionisio, II, 7.

          Smith, Die., I. c., art. Tribuno.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 333

 

eran similares al que nos ocupa. Los jefes de las tribus eran lla­

mados dirigentes por Dionisio (267). Cuando las tres tribus romanas

se reunieron como un pueblo, bajo el senado, la asamblea popular y

el comandante militar, el cargo de jefe de la tribu quedó obscure­

cido y se hizo menos importante; pero la subsistencia continuada

del cargo por tenencia electiva confirma la deducción de su primitivo

carácter popular.

También la asamblea de la tribu debe haber existido desde tiem­ pos remotos. En la época anterior a la fundación de Roma todas las tribus italianas eran prácticamente independientes, a pesar de estar más o menos unidas en una relación de confederación. Como cuerpo

 

de. gobierno propio cada una de estas tribus antiguas tenía su consejo de jefes que eran sin duda los jefes de las gentes, su asamblea po­ pular y los jefes que dirigían las fuerzas militares. Estos tres ele­ mentos de la organización de la tribu, a saber: el consejo, el jefe de la tribu y la asamblea de la tribu, fueron los moldes donde se plas­ maron, posteriormente, el senado romano, el rex romano y la comitia curiata. Es muy probable que el jefe de la tribu fuese llamado rex antes de la fundación de Roma, y lo mismo puede decirse de los nombres de los senadores ( senex) y de la comitia (con-ire). Por lo que se sabe de la condición y organización de estas tribus, se de­ duce que sus instituciones eran esencialmente democráticas. Des­ pués de la unión de las tres tribus romanas, el carácter individual de la, tribu se confundió en una organización más elevada; pero aún perduraba como elemento integrante necesario en las series or­ gánicas.

 

La cuarta y última etapa de la organización fue la nación o pue­ blo romano formado, como se ha dicho, por la unión de tres tribus. Esta organización final se manifiesta exteriormente por un senado (senatus), una asamblea popular (comitia curiata) y un comandante militar general (rex). Más adelante se manifestó también por una ma­ gistratura de ciudad, una organización militar y un sacerdocio na­ cional común de distintos órdenes (268).

 

Desde el principio la idea céntrica de sus regímenes gubernamen­ tal y militar, fue la de una organización urbana poderosa que colo­

 

caba a todo territorio fuera de Roma en situación de provincia de

ésta. Bajo la democracia militar de Rómulo, bajo la organización

mixta democrática y aristocrática de la República y bajo el imperialis-

 

          Dionisio, II, 7. ¦

          Los treinta enviones estaban organizados, como un cuerpo, en un

 

colegio de sacerdotes, desempeñando uno de ellos el cargo de curio M a x im u s. éste era elegido por la asamblea de gentes. Además, existía el colegio de augu­ res que, según la ley Ogulnía (300 a. de J.C.), se componía de nueve miembros incluso su funcionario principal (m a g is ter collegii), y el colegio de pontífic es

 

compuesto, según la misma ley, por nueve miembros incluso el pon tifex m a x im u s.

 

LEWISH.MORCAN

 

mo posterior, el gobierno tenía una gran ciudad en su centro, núcleo permanente al que se le agregaban por las conquistas elementos que se añadían como incrementos, en lugar de formar con la ciudad, ele­ mentos constituyentes del gobierno. No figura en la historia de la humanidad nada semejante a esta organización romana por el po­ derío que llegó a adquirir y el progreso de esa raza. Ella perdurará siempre como una maravilla de los siglos.

 

Bajo la organización de Rómulo, los romanos se titulaban Po­ pulas Romanus, con entera propiedad. Ellos no formaron otra cosa que una sociedad gentilicia. Pero el rápido crecimiento de su número y el aumento aún más grande que se produjo entre este período y el de Servio Tulio, demostró la necesidad de un cambio fundamental

 

en su régimen de gobierno. Rómulo y los hombres sabios de su tiempo habían sacado de las instituciones gentilicias todo cuanto éstas podían dar. Debemos a su legislación el gran esfuerzo realiza­ do para organizar, sobre las gentes, una gran potencia nacional y militar; y, por esto, algún conocimiento del carácter y estructura de instituciones que, de otro modo, hubieran permanecido en la obs­ curidad, si es que no se hubiesen borrado del recuerdo. El engran­ decimiento del poderío romano a base de instituciones gentilicias fue un acontecimiento notable en la experiencia humana. No es de extrañar que los hechos que acompañaron este movimiento nos hayan llegado alterados a través de relatos sentimentales, por no decir en­ vueltos en leyendas fabulosas. Roma vino al mundo por una feliz concepción atribuida a Rómulo y continuada por sus sucesores: con­ centrar en una nueva ciudad el mayor número posible de gentes,

 

bajo un solo gobierno y con todas sus fuerzas militares a las órdenes de un único jefe, el comandante militar. Su propósito fue esencial­ mente militar: conquistar la supremacía en Italia, y por lo tanto, no debe sorprendemos que la organización tomara la forma de una de­ mocracia militar.

 

Eligiendo una magnífica situación a orillas del Tiber, donde este río después de descender por las laderas penetra en la campaña. Rómulo ocupó, con una tribu latina de la que era jefe, el Monte Palatino, lugar de una antigua fortaleza. La tradición deriva su des­ cendencia de los jefes de Alba, pero esto tiene una importancia se­ cundaria. La nueva población creció con rapidez maravillosa, con­ tando la tradición de que a su muerte las fuerzas militares ascendía a 46.000 soldados de infantería y 1.000 de caballería, lo que supone una población de 200.000 almas en la ciudad y en los alrededores

 

que estaban bajo su protección. Refiere Livio que era un viejo recurso (¦vetus consilium) de los fundadores de ciudades atraerse una multitud

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 335

 

obscura y sencilla y luego plantear para su progenie la reclamación autóctona (269).

 

Se afirma que Rómulo, siguiendo esta vieja práctica, instaló un asylum (lugar de refugio) cerca del Palatino e invitó a todas las per­ sonas de las tribus vecinas, sin distinción de carácter ni condición, a compartir con su tribu el destino de la nueva ciudad. Añade Livio más adelante que una gran muchedumbre huyó hacia éste lugar,

 

desde todos los contornos, tanto esclavos como libres, constituyendo así la primera incorporación de fuerzas extrañas a la nueva empresa (270). Tanto Plutarco (271), como Dionisio (272), hacen referencia al asylum cuya instalación con el objeto y éxito descritos, fue un hecho probable. Este tiende a demostrar que el pueblo de Italia había llegado a ser numeroso para bárbaros y que el descontento reinaba entre ellos, sin duda por la protección deficiente de los de­ rechos personales, la existencia de la esclavitud doméstica y el te­ mor a la violencia. Es indudable que, en un estado semejante de co­ sas, un hombre sagaz, con genio militar suficiente para manejar la clase de individuos así reunida, sabría aprovechar la situación. Otro hecho importante que sigue al anterior en esta narración en parte sentimental y fabulosa, y que debemos recordar al lector, es el asalto de los sabinos para vengar al rapto de las vírgenes de su tribu, con­ vertidas ahora en honorables esposas de sus raptores. Esto dio por resultado un arreglo inteligente por el cual latinos y sabinos se unie­ ron, en una sociedad, si bien conservando cada división su propio jefe militar, Los sabinos se ubicaron en los montes Quirinal y Ca­ pitolio. Fue así como se produjo la incorporación de la mayor parte

 

de la segunda tribu, los tides, bajo su jefe militar Ticio Tacio. Des­ pués de su muerte todos ellos cayeron bajo el comando militar de Rómulo.

 

Pasando por alto a Numa Pompilio, sucesor de Rómulo, quien es­ tableció en una escala más amplia, las instituciones religiosas de los romanos, nos ocuparemos de Tullo Hostilio, su sucesor, quien se apoderó de la ciudad latina de Alba y trasladó su población íntegra a Roma, ubicándola en el Monte Coelia con los mismos privilegios que los ciudadanos romanos. Dice Livio que entonces el número de ciudadanos fue doblado (273); pero no es probable que lo fuese ex­ clusivamente de esta fuente. Ajic o Marcio, sucesor de Tullo, tomó la ciudad latina de Politorium, y siguiendo la práctica establecida,

 

          Livio, I, 8.

          Eo ex jinitimis populis turba omnis sine discrimine, liber an servus esset, avida novarum rerum perfugit; idque primum ad coeptam magnitudinem roboris jut. Livio, I, 8.

 

          Vit. Romulus, cap. 20.

          Ant. of Rome, II, 15.

          Livio, I, 30.

 

336 LEWIS H. MORGAN

 

hizo trasladar toda la población a Roma (274). Se le asignó el Monte Aventino, con fueros similares. Poco después los habitantes de Te-llini y Ficana, fueron sometidos y conducidos a Roma, donde tam­ bién ocuparon el Aventino (275). Se advertirá que en todos los casos las gentes traídas a Roma, como las primitivas gentes latinas y sa­ binas, continuaban ubicadas separadamente. Era usanza universal

 

en la sociedad gentilicia, tanto en el estadio medio de la barbarie como en el superior, que al comenzar a reunirse las tribus en for­ talezas y ciudades amuralladas, las gentes se ubicaran localmente juntas, por gentes y fratrías (276). De esta manera se establecieron

 

las gentes en Roma. La mayor parte de estas incorporaciones esta­ ban fusionadas en la tercera tribu, los luceres, lo que le daba una amplia base de gentes latinas. Esta no estuvo totalmente completa hasta la época de Tarquíno Prisco, el cuarto jefe militar desde Ró-mulo, quien incorporó nuevas gentes, algunas de las cuales eran etruscas.

 

Por este y otros medios, fueron reunidas en Roma trescientas

gentes y organizadas allí en curias y tribus, que diferían un tanto en sus linajes de tribu; pues los ramnes, como se ha dicho, eran latinos; los tides, sabinos en su mayor parte; y, los luceres, probablemente latinos en su mayoría y una gran parte de agregados de diversos orí­ genes. Fue así como el pueblo romano y su organización se desarro­ llaron, llegando a constituir, por incorporaciones más o menos im­ puestas, curias; de las curias llegaron a las tribus y de éstas a una sociedad gentilicia. Pero el tipo de cada una de estas organizaciones, con excepción de la última, había existido entre ellos y sus antepa­ sados desde tiempo inmemorial, con una base natural para cada curia en el parentesco de las gentes actualmente unidas en cada una

de aquéllas, y una base semejante para cada tribu en el linaje común

de la mayor parte de las gentes reunidas en cada una. La única no­

vedad en la organización era la proporción numérica de las gentes

con respecto a la curia, de las curias para con las tribus y la fusión

de éstas últimas en un pueblo. Puede llamársela crecimiento bajo

compulsión legislativa, porque las tribus así formadas no estaban en­

teramente exentas de la intromisión de elementos extraños; de aquí

nació el nuevo nombre de tribus, que significaba una tercera parte

del pueblo, y que surgió para distinguir esta organización.

          (274) Ib., I, 33.

(275) Livio, I, 38.

(276) Entre los indios pueblos de Nuevo Méjico, todos los ocupantes de

una vivienda pertenecían a la misma tribu y ,en algunos casos, una gran vi­ vienda común contenía a una tribu. Según se ha referido, en la villa de Mé­ jico había cuatro cuarteles principales, cada uno de los cuales estaba ocupado por un linaje, probablemente una fratría, mientras los tlatelulcos ocupaban un quinto distrito. También en Tlascaía había cuatro cuarteles ocupados por cua­ tro linajes, probablemente fratrías.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 337

 

La lengua latina debe haber tenido un término equivalente al griego phylon que significa tribu, pues los latinos tenían la misma organización; pero si así fue, ha desaparecido. La invención de este nuevo término prueba, en parte, que las tribus romanas contenían elementos heterogéneos mientras que las tribus griegas eran puras y el linaje de las gantes que las formaban seguía una misma descen­ dencia.

 

Nuestro conocimiento de la constitución primitiva de la sociedad latina tiene su origen, principalmente, en la constitución atribuida a Rómulo, desde que ésta trae a la vista la organización anterior de las tribus latinas con las mejoras y modificaciones que sugiriera la ciencia de la época. Dicha organización se manifiesta en el senado como un consejo de jefes, en la comitia curiata como una asamblea popular de curias, en el cargo de comandante militar general y en las series ascendentes de organizaciones. Se le ve más especialmente en la presencia de gentes con privilegios, obligaciones y derechos re­ conocidos. Por otra parte, el gobierno instituido por Rómulo y per­ feccionado por sus sucesores inmediatos, presenta a la sociedad gen­ tilicia en la forma estructural más elevada que pudo alcanzar la familia humana. La época a que se ha hecho referencia es la inme­ diatamente anterior a la institución de la sociedad política por Ser­

 

vio Tulio.

El primer acto de trascendencia de Rómulo, como legislador, fue la institución del senado romano. Estaba compuesto de cien miem­ bros, uno por gens o diez por curia. El consejo de jefes como órgano primario ae gobierno no era nuevo para las tribus latinas. Desde tiempo inmemorial se habían acostumbrado a su existencia y a su autoridad.. Pero es probable que, con anterioridad a Rómulo, se hu­ biere transformado, como los consejos de Grecia, en órgano de pre­ consulta, obligado a preparar y elevar las medidas de orden público más importantes, a la asamblea popular, para su adopción o rechazo. Este fue en efecto la reasunción por parte del pueblo, de los poderes antes atribuidos al consejo de jefes. El solo hecho de que ninguna medida de orden público de carácter esencial podía ponerse en vi­ gencia hasta tanto no recibiera la sanción de la asamblea popular, demuestra que el pueblo era soberano, y no el consejo o el jefe militar. Revela también cuán profundamente compenetrado de prin­ cipios democráticos estaba su régimen social. El senado instituido por Rómulo, a pesar de que sus funciones eran sin duda substan­ cialmente semejantes a las del primitivo consejo de jefes, fue un adelanto en muchos sentidos. Estaba compuesto ya por jefes o por hombres sabios de las gentes, enviando cada gens su decurión que era su regidor (277), como refiere Niebuhr , para que la re-

 

          History oj Rome, I, 258.

 

LEWIS H. MORGAN

 

presentara en el senado. Fue así, en el comienzo, un cuerpo repre­ sentativo y electivo y permaneció desempeñándose por elección o selección hasta el imperio. El cargo de senador era vitalicio, único período de tenencia conocido entonces por ellos, y por lo tanto, co­ rriente. Livío atribuye la selección de los primeros senadores roma­ nos a Rómulo, afirmación probablemente errónea pues contradice

 

la teoría de sus instituciones. Él afirma que Rómulo eligió cien se­ nadores, ya fuese porque el número era suficiente o porque no ha­ bía sino cien que podían ser creados Padres. Indudablemente el título de Padre se les dio teniendo en cuenta la dignidad del cargo que desempeñaban. A sus descendientes se les llamó patricios (278). La índole del senado como cuerpo representativo, el título de Pa­ dres del Pueblo dado a sus miembros, la tenencia vitalicia del cargo, y sobre todas estas consideraciones, la distinción de patricios con­ ferida a perpetuidad a sus hijos y descendientes directos, implantó de golpe, en el centro de su sistema social, una jerarquía de rangos que se arraigó profundamente. El senado romano por su alto destino, su composición, y el rango de patricio que otorgaba a sus miembros

 

y transmitía a sus descendientes, ocupó una situación privilegiada en el nuevo Estado. Fue este elemento aristocrático, introducido ahora por vez primera en el gentilismo, el que dio a la República su ca­ rácter bastardo y que, como pudo preverse, culmino en un impe­ rialismo y con éste, en la disolución de la raza. Es posible que aumen­ tara la gloria militar y extendiera las conquistas de Roma, cuya as­ piración fue, desde un principio, la supremacía militar; pero truncó la carrera de este gran y extraordinario pueblo y demostró el pos­ tulado de que el imperialismo necesariamente debe destruir cualquier raza civilizada. Bajo la república, en parte aristocrática y en parte democrática, los romanos alcanzaron su fama, por lo que no puede dejar de pensarse que ésta hubiese sido mayor y sus frutos más dura­ deros, si la libertad y la igualdad hubiesen formado parte de su ré­ gimen y no los principios desiguales y la más cruel esclavitud. La constante lucha de los plebeyos para desalojar al elemento aristocrá­

 

tico representado por el senado y poder restaurar así los principios democráticos primitivos, debe clasificarse entre las labores más he­ roicas de la humanidad.

Después de la unión con los sabinos, el senado aumentó su nú­

mero a doscientos, con la incorporación de cien senadores (279), de las gentes de la tribu Tides; y cuando los luceres llegaron a contar

 

(278) Centum creat senatores: sive quia is numerus satis erat: sive quia

soli centum erant, qui creari Paires possent. Paires certe ad honore, patriciiqu e

 

progenies eorum appellati. Livío, I, 8, y Cicerón: Principes, qui appellati sunt propter caritatem, paires. De Rep., II, 8.

          D ionisio, II, 47.

 

LA. SOCIEDAD PRIMITIVA 339

 

cien gens, en épocas de Tarquino Prisco, se incorporaron otros cien de esta tribu (280).

Cicerón hace poner en duda la afirmación de Livío, cuando dice

 

que Tarquino Prisco dobló el número original de los senadores (281). Pero Schmitz sugiere razonablemente, como explicación de esta dis­ crepancia que, en la fecha de este último aumento, quizá el senado estuviese reducido a ciento cincuenta miembros y completado hasta doscientos con las gentes de lás dos primeras tribus, en el momento en que se aumentaban los cien de la tercera tribu. Los senadores de las tribus Ramnes y Tí cíes fueron llamados desde entonces Padres de las Gentes Mayores (paires maiorum gentium) y los de la Luce-res, Padres de las Gentes Menores (paires minorum gentium) (282). Del sentido de esta versión se infiere que los trescientos senadores representaban las trescientas gentes en proporción de un senado por gens. Además, como cada gens tenía indudablemente su jefe (prin­ ceps), resultaba muy probable que esta persona fuese elegida por

 

su gens para el cargo o que la curia eligiese diez personas, de las diez gentes que la componían. Este sistema de representación y selección está más de acuerdo con lo que se conoce de las instituciones ro­ manas y gentilicias (283). Después del establecimiento de la Repú­ blica los censores llenaban las vacantes por su propia elección hasta que esta tarea fue confiada a los cónsules. La selección generalmente se hacía entre los ex-magistrados de las categorías más altas.

 

Los poderes del senado eran reales y efectivos. Toda medida de orden público debía ser iniciada en este cuerpo, tanto aquellas en que podía actuar independientemente, como las que debía someter

 

a la asamblea popular para su aprobación antes de que pudieran ponerse en vigencia. Le incumbía la vigilancia general del bien pú­ blico, la dirección de las relaciones exteriores, la imposición de con-

 

          Livío, I, 35.

          C iceró n , D e R e p., II, 20.

          C icerón, D e R e p., n , 20.

          Ésta era en substancia la opinión de Niebuhr.  Debemos ir más lejos

 

y afirmar sin vacilación que, originariamente, cuando el número de casas (gen­ tes) esaba completo eran inmediatamente representadas en el senado en número proporcional a ellas. Los trescientos senadores correspondían a las trescientas casas que, con motivo fundado se considera que fue el número de éstas. Cada gens enviaba su decurión, que era su regidor y presidente de sus asambleas para representarle en el senado... El sistema originario no puede haber sido nunca el de que el senado fuese elegido por los reyes a su entera voluntad. El mismo Dionisio supone que hubo una elección; sin embargo, su concepto

 

al respecto es insostenible, y los diputados deben haber sido elegidos, al menos primitivamente, por las casas y no por las curias. Hist, of Rome, I, 258. La ele

 

ción por curias es más probable, en principio, si el cargo no correspondía al jefe ex officio porque las gentes de una curia tenían interés directo en la re­ presentación de cada gens. Fue por la misma razón que un sachem elegido por los miembros de una gens iroquesa debía ser aceptado por las demás gentes de la misma tribu, antes de que su designación estuviese terminada.

 

340 LEWIS H. MORGAN

tribuciones, la convocación de fuerzas militares y el inspector general de las gentes y gastos públicos. Si bien la administración de los asun­ tos religiosos correspondía a los diversos colegios de sacerdotes, el senado era también quien daba la última palabra en materia de cul­ to. Por sus funciones y su destino fue el órgano más influyente que haya existido bajo instituciones gentilicias.

 

La asamblea popular con el derecho reconocido de actuar sobre importantes medidas de orden público, discutiéndolas a fin de llegar a su adopción o rechazo, era desconocida en el estadio inferior y probablemente en el estadio medio de la barbarie; pero existió en

 

el estadio superior en el ágora de las tribus griegas y logró su for­ ma más elevada en la ecclesía de los atenienses; y existió también en la asamblea de guerreros de las tribus latinas, alcanzando su más alto desarrollo en la comitia curiata de los romanos. El crecimiento de la propiedad tendió a establecer la asamblea popular como tercer poder de la sociedad gentilicia, para la protección de los derechos per­ sonales y como un escudo contra los abusos del consejo de jefes y el comandante militar. Desde el período del salvajismo, después de la constitución de las gentes, hasta la época de Solón y Rómulo, el ele­ mento popular había estado siempre presente en la sociedad genti­ licia. En épocas primitivas el consejo de jefes, comúnmente estaba abierto para los oradores del pueblo y el sentimiento público influía en el curso de los acontecimientos. Pero cuando las tribus griegas

 

y latinas caen, por primera vez, bajo la observación histórica, la asamblea popular encargada de la discusión de las medidas de or­ den público para su adopción o rechazo, era un fenómeno tan cons­ tante como el consejo de jefes. Estaba más perfectamente sistema­ tizada entre los romanos bajo la constitución de Rómulo, que entre los atenienses de la época de Solón. En el desenvolvimiento y pro­ greso de esta institución puede descubrirse el origen y desarrollo del principio democrático.

Entre los romanos esta asamblea se llamó comitia curiata, por­

que los miembros adultos de las gentes, se reunían, por curias, en

asamblea y votaban en la misma forma. Cada curia tenía, un voto

colectivo, estableciéndose la mayoría por separado, y en qué sentido

se daría el voto, en cada caso (284). Los individuos que formaban

la asamblea de gentes eran los únicos que podían ser miembros del

gobierno. Los plebeyos y los clientes, que ya constituían una clase

numerosa, estaban excluidos porque no existía más vinculación con

el populas romanas que la que se producía por intermedio de la

gens y de la tribu. Como se ha dicho, esta asamblea no podía iniciar

medidas de orden público ni enmendar las que le fuesen sometidas;

pero ninguna medida de cierta importancia podía ser puesta en

 

          Livio, I, 43. D ioni.io, II, 14; IV, 20,84.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 341

 

vigencia en tanto no era adoptada por la comitia. Toda ley debía ser sancionada o derogada por la asamblea; todo magistrado y alto funcionario público, incluso el rex, eran elegidos por ella previo nom­ bramiento del senado (285). Por una ley de esta asamblea (lex curia­

 

ta de imperio) se le concedía el imperium a estas personas, que era

el sistema romano de investidura de funcionarios. Hasta tanto el

imperium no fuera conferido de este modo, la persona no podía

entrar en posesión del cargo, aunque la elección estuviese terminada.

En recursos de apelación la comitia curiata era la llamada a senten­

ciar definitivamente en los juicios criminales que comprometían la

vida del ciudadano romano. Fue por un movimiento popular que

se abolió el cargo de rex. Si bien la asamblea popular nunca pudo llegar a adquirir la facultad de iniciar medidas, sus poderes eran reales e influyentes. En esta época el pueblo era soberano.

 

La asamblea no tenía facultades para convocarse a sí misma pero se afirma que lo hacía por llamado del rex o, en su ausencia, del prefecto (praefectus urbi). Bajo la república -era convocada por los cónsules, o en su ausencia por el pretor, presidiendo sus delibera­ ciones, en todos los casos, la perdona que la había convocado. El cargo de rex ha sido considerado desde otro punto de vista.

 

El rex era un general y también un sacerdote, pero sin funciones ci­ viles, como algunos autores han pretendido dar a entender (286). Sus facultades como general, aunque no han sido definidas, serían for­ zosamente absolutas sobre las fuerzas militares en la ciudad y en la campaña. Si algunos casos particulares llegó a ejercer alguna fa­ cultad civil, debe suponerse que lo hacía designado para esa ocasión, proclamarlo rey, en la acepción que necesariamente entraña el vo­ cablo, es viciar y desfigurar el gobierno popular al cual pertenecía y las instituciones sobre las cuales descansaba. La forma ae gobier­ no bajo la que aparecieron el rex y el basileus se identifica con las instituciones gentilicias y desaparece después de disuelta la sociedad

 

          Numa Pompilio (C ic e r ó n , De Rep., II, 11; L iv io , I, 17), Tullo Hos-tilio (C ic e r ó n , De Rep., II, 17) y Anco Mareio (C ic e r ó n , De Rep., II, 18 ; Livio,

 

I, 32) fueron electos, por la comitia curiata. Refiriéndose a Tarquino Prisco, observa Livio que el pueblo por gran mayoría lo eligió rex (I, 35). Forzosamente debió hacerlo por intermedio de la comitia curiata. Servio Tulio presume que

 

el cargo fue posteriormente confirmado por la comitia (C ic e r ó n , De Rep., II, 21). El derecho de elección reservado así para el pueblo, demuestra que el car­ go de rex tenía carácter popular y que sus poderes le eran delegados.

 

          Leonhart Schmitz, uno de los más capacitados defensores de la teo­

ría del gobierno monárquico de los griegos y romanos, afirma con mucha

fi anqueza que es difícil determinar Ta extensión de los poderes reales, pues los autores antiguos interpretaron naturalmente el período de la monarquía

 

de acuerdo con su propia constitución republicana y asignan con frecuencia al rey, senado y comitia de las curias los respectivos poderes y funciones que únicamente eran verdaderos tratándose de los cónsules, senado y comitia de su propia época . Sm it h , Die. Gk. &. Rom. Antiq., art. Rex.

 

LEWIS H, MORGAN

 

de las gentes. Es una organización peculiar que no tiene similares en la sociedad moderna y que resulta inexplicable con términos adap­ tados a las instituciones monárquicas. Una democracia militar bajo un senado, una asamblea popular y un general de su nombramiento

 

y ^elección, sería una caracterización aproximada pero no absoluta de ese gobierno tan peculiar que pertenece exclusivamente a la so­ ciedad antigua y descansa sobre instituciones esencialmente demo­ cráticas. Rómulo con toda probabilidad, envalentonado por sus gran­ des éxitos, se arrogó facultades que se consideraron peligrosas para el senado y para el pueblo, deduciéndose claramente ae las leyendas referentes a su misteriosa desaparición que han llegado hasta noso­ tros, que fue ultimado por los jefes romanos. Este hecho, por atroz

 

que se considere, revela ese espíritu de independencia inherente a las gentes, que no se sometía a un despotismo arbitrario individual. Cuando el cargo fue abolido y se estableció en su lugar el consulado, no es de extrañar que se crearan dos cargos de cónsul en vez de uno. Si bien las facultades inherentes al cargo podían llevar al funcionario hasta una altura peligrosa, no sucedería lo mismo desempeñándolo

 

dos personas. Igual sutileza de raciocinio movió a los iraqueses, sin experiencia previa, a crear dos cargos de jefes guerreros en la confe­ deración, en lugar de uno, para evitar que el cargo de comandante en jefe, otorgado a un solo individuo, le diera una posición demasiado influyente.

 

En su carácter de sacerdote principal, el rex invocaba, en ocasio­ nes importantes, los auspicios, una de las ceremonias culminantes del culto romano y considerada por ellos tan necesaria en el campo de batalla la víspera de un encuentro, como en la vida pública. También celebraba otros ritos religiosos. No debe sorprender el hecho de que

 

en esta época, entre los griegos y los romanos, las funciones religiosas fueran agregadas o inherentes al más alto cargo militar. Cuando se produjo la abolición del cargo surgió la necesidad de investir a al­ guna persona, de las funciones sacerdotales que le habían incumbido

 

al rex y que, evidentemente, tenían un carácter especial; de aquí la creación del nuevo cargo de rex sacrificvlus, o rex sacromm al que correspondían las funciones religiosas en cuestión.

Entre los atenienses reaparece el mismo concepto en el segundo

de los nueve arcontes, llamado archon basileus, quien ejercía la supe­ rintendencia general de los asuntos religiosos. Las razones por las cuales las funciones religiosas estaban agregadas al cargo de rex v de basileus entre los romanos y los griegos, y al cargo de Teuctli entre los aztecas; y por las que una vez abolido el cargo, en los dos pri­ meros casos, los sacerdotes comunes no pudieron celebrar esas cere­ monias, no han podido ser explicadas.

 

Así fue como se mantuvo la sociedad gentilicia romana, desde la época de Rómulo hasta la de Servio Tulio, a través de un período

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 343

 

de más de doscientos años, durante el cual se 'óimentaron las bases dél período romano. El gobierno, como se ha dicho, estaba formado por tres poderes: el senado, la asamblea popular y el comandante mi­ litar. Los romanos sintieron la necesidad de leyes escritas bien de­ finidas dictadas por ellos mismos para sustituir los usos y las cos­ tumbres. En el rex tenían en germen la idea de un magistrado eje­ cutivo principal cuya falta les apremiaba y que llegaría a una forma más perfeccionada después de la implantación de la sociedad polí­ tica. Pero comprendieron que el cargo era peligroso en esos tiempos de experiencia limitada en las más altas concepciones de gobierno, pues los poderes del rex, en su mayor parte, no estaban definidos, y eran precisamente difíciles de definir. Por eso debe sorprender que al producirse la seria controversia entre el pueblo y Tarquino el So­ berbio, éste fuera depuesto y el cargo abolido. No bien se encontraron frente a algo parecido al poder irresponsable de un rey, comprendie­ ron que era incompatible con el principio de libertad, y este prin­ cipio triunfó. Sin embargo, estaban conformes en admitir en el sis­ tema de gobierno, un poder ejecutivo elevado, y crearon el cargo

 

en forma dual, desempeñado por dos cónsules. Esto aconteció des­ pués de la implantación de la sociedad política.

 

En la época anterior a Servio Tubo no se había dado ningún paso directo para establecer el estado sobre las bases de la propiedad y del territorio, pero las medidas ya dictadas fueron las que prepararon ese acontecimiento. Además de las instituciones nombradas, crearon

 

una magistratura de ciudad y un sistema militar completo que incluía la institución de la orden ecuestre. Bajo instituciones puramente gentilicias Roma había llegado a ser, en los tiempos de Servio Tulio la potencia militar más poderosa de Italia.

Entre los nuevos magistrados que creó, el más importante era el

 

de custodio de la ciudad (custos urbi). Según Dionisio, este funciona­ rio, que era el jefe del senado (princeps senatus), fue nombrado pri­ meramente por Rómulo (287). El senado, cjue no tenía la facultad de convocarse a sí mismo, era convocado por el. Se ha sostenido también que el rex tenía facultades para convocarlo. Es probable que el se­ nado pudiera convocarse a petición del rex, mediante el requerimien­ to de su propio jefe; pero no lo es que el rex pudiera ordenar su convocación si tenemos presente la independencia de las funciones,

 

la dignidad y el carácter representativo de ese cuerpo. Después de Decemvirus el título del cargo se cambió por el de prefecto de la ciudad (praefectus urbis), aumentándose sus poderes y haciéndose electivo por la nueva comitia centuriata. Bajo la república, los cón­ sules o en su defecto el pretor, tenían facultades para convocar al senado y también para dirigir la comitia. Más adelante el cargo de

 

          D ionisio, II, 12. 344 LEWIS H. MORGAN

 

pretor (praetor urbanus) absorbió las funciones de esta antigua ins­ titución, y llegó a ser su sucesor. El pretor romano, como magistra­ do judicial, era el prototipo del juez moderno. De este modo puede señalarse generalmente el germen de toda institución esencial guber­ nativa o social, germen que, surgiendo en forma embrionaria a im­ pulso de las necesidades humanas, llega, cuando es capaz de resistir la prueba del tiempo y la experiencia, a desarrollarse y constituir una institución permanente.

Si fuese posible llegar a conocer a fondo la tenencia del cargo

 

de jefe y las funciones del consejo de jefes, en la época anterior a Rómulo, se haría mucha luz sobre la condición de la sociedad gen­ tilicia romana del tiempo de este legislador. Por otra parte, el estudio de los distintos períodos debería realizarse separadamente, porque

 

los factores de su condición social cambiaban con el desarrollo de su inteligencia. El período italiano anterior a Rómulo, el período de los siete reges y los siguientes períodos de la República y del Im­ perio, están marcados por grandes diferencias en el espíritu e ín­ dole del gobierno. Pero las instituciones del primer período pene­ traron en el segundo; éstas a su vez fueron transmitidas al tercero y

 

          ierduraron con modificaciones en el cuarto. El crecimiento, desairó­ lo y decadencia de estas instituciones, encierran la historia vital

 

del pueblo romano. Continuando el trazo de estas instituciones, desde su germen, a través de las etapas sucesivas de su desarrollo en la amplia escala de las tribus y naciones del género humano, podemos seguir los grandes movimientos de la mente humana desde su in­ fancia en el salvajismo, hasta el alto desenvolvimiento adquirido en la actualidad. De las necesidades del hombre de organizar la so­ ciedad, nació la gens; de la gens surge el jefe y la tribu con su con­ sejo de jefes; de la tribu, por segmentación, el grupo de tribus que más tarde se reunirían en una confederación, y finalmente, se con­ solidarían en una nación; de la experiencia del consejo nace la ne­ cesidad de la asamblea popular con una división de los poderes del gobierno entre sus miembros; y, por último, de las necesidades mili­ tares de las tribus unidas surge el comandante militar general, quien, con el tiempo, llegaría a constituir el tercer poder del gobierno, sí

 

bien subordinado a los dos poderes superiores. Este fue el germen de los cargos subsiguientes de magistrado principal, rey o presidente.

 

Las principales instituciones de las naciones civilizadas son, sencilla­ mente, continuaciones de las que, germinando en el salvajismo, se expandieron en la barbarie y aún subsisten desarrollándose continua­ mente en la civilización.

 

El gobierno romano, tal como se encontraba a la muerte de Ró-.

mulo, era social y no político; personal y no territorial. Es cierto que las tribus estaban ubicadas separadamente en zonas distintas, dentro

 

de los límites de la ciudad; pero esto se debía a que aún prevalecía LA SOCIEDAD P R tíím V A .345

 

el sistema de ubicación bajo instituciones gentilicias. Siendo sus re­ laciones entre sí y con la sociedad resultante, puramente personales (gentes, curias y tribus), el gobierno las consideraba como grupos de personas y, al conjunto, como al pueblo romano. Ubicados de

 

esta manera dentro de murallas circundantes, la idea de un municipio o cuartel se impondría por sí misma cuando, por la creciente com­ plejidad de sus negocios, se dejó sentir la necesidad de un cambio en el plan de gobierno. Iba a ser un gran cambio el cpie pronto se

 

le exigiría, iba a ser realizado a través de una legislación experimen­ tal; el mismo que los atenienses acababan precisamente de iniciar poco antes de la época de Servio Tubo. Roma fue fundada, y sus primeras victorias obtenidas bajo instituciones puramente gentibcias, pero el fruto de estas hazañas, por su misma magnitud, demostró la incapacidad de las gentes para constituir las bases de un estado. Fue­ ron necesarios dos siglos de intensa actividad en el desenvolvimiento de la nación a fin de preparar el terreno para la implantación del se­ gundo gran plan de gobierno basado en la propiedad y en el territo­ rio. El sacrificio exigido consistía erf despojar de los poderes de gobierno a las gentes, curias y tribus y conferirlos a las nuevas insti­ tuciones. Semejante cambio sería únicamente posible a base de la convicción de que las gentes no podrían llegar a dar la forma de go­ bierno que exigía su condición más adelantada. Se planteaba la cuestión de permanecer en la barbarie o entrar en la civilización. La instalación del nuevo régimen será materia de estudio en el capítulo siguiente.

 

XIII

LA INSTITUCIÓN DE LA SOCIEDAD POLÍTICA ROMANA

 

Servio Tulio, sexto jefe de la democracia militar romana, subió al poder 133 años después de la muerte de Rómulo, según los datos más exactos que han podido lograrse (288). Por consiguiente, su adve­ nimiento, debió producirse, aproximadamente, en el año 576 (a, de J. C.). Los romanos deben, en gran parte, a este hombre notable, la implantación, de su régimen político. Bastará señalar las caracterís­ ticas principales de éste, juntamente con algunas de las razones que motivaron su adopción.

Desde la época de Rómulo hasta la de Servio Tulio, los romanos

 

se hallaban divididos en dos clases distintas: el populas y los plebe­ yos. Ambas eran individualmente libres y formaban en las filas del ejército; pero únicamente la primera estaba organizada en gentes, curias y tribus y desempeñaba los poderes del gobierno. En cambio, los plebeyos no pertenecían a ninguna gens, curia o tribu, y por con­ siguiente, no participaban en el gobierno (289). Estaban excluidos

 

de los cargos públicos, de la comitia curiata y de los ritos religiosos de las gentes. En tiempos de Servio habían llegado a ser casi tan numerosos como el populus. Se hallaban en una situación irregular,

 

pues si bien estaban sujetos al servicio militar y poseían familia y bienes, lo que los identificaba con los intereses de Roma, no tenían absolutamente ninguna vinculación con el gobierno. Bajo institucio­ nes gentilicias, como hemos visto, no podía haber vinculación con el gobierno sino a través de una gens reconocida, y los plebeyos ca­ recían de gentes. Semejante estado de cosas, que afectaba a una gran parte de la población, era peligroso para la república. No podiendo

          D io n isio , IV, 1.

          Dice Niebuhr:  La existencia de la plebe, como parte muy nume­

 

rosa de la nación y reconocida como libre, puede hacerse remontar hasta el reinado de Anco; pero en la época anterior a Servio era solamente un conglo­ merado de elementos desvinculados, y no un conjunto ordenadamente unido . History of Rome, 1, c., I, 315.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 347

 

ser remediado bajo instituciones gentilicias, llegaría a ser una de las causas decisivas de la decadencia de la sociedad basada en g entes

 

y de su substitución por el régimen político. Es muy' probable que el edificio romano se hubiese derrumbado a no mediar un recurso. Este se inició en la época de Rómulo, fue renovado por Numa Pom-pilio y completado por Servio Tulio.

 

El origen, tanto de los plebeyos como de los patricios, y sus re­ laciones mutuas, ha sido tema de debate y controversia. Pueden aven­ turarse algunas conclusiones sobre ambos problemas.

 

Plebeyo era todo individuo que no fuera miembro de una gens organizada con otras gentes en curias y tribus. Es fácil darse cuenta del enorme número de personas que habrían quedado desligadas de

 

su gens originaria, en ía época incierta que precedió y siguió a la fundación de Roma. Los aventureros de las tribus vecinas que se congregaron en la nueva ciudad, los prisioneros de guerra a quienes se devolvió más tarde su libertad, y los individuos sin arraigo mez­ clados con las gentes transplantadas a Roma, rápidamente formaron esta clase. Puede muy bien haber sucedido que al llegar al número de cien gentes designado para cada tribu, se excluyeran las gentes que lo excedían, así como aquéllas cuyo número no alcanzaba al prescripto. Estos individuos desvinculados, con los fragmentos de gentes no reconocidas ni organizadas en curias, llegaron bien pronto, con sus hijos y descendientes, a formar una clase numerosa y en constante crecimiento. Estos fueron los plebeyos romanos que, como tales, no eran miembros de la sociedad gentilicia. Del epíteto Padres de las Gentes Menores aplicado a los senadores de los luceres, ter­ cera tribu romana, puede deducirse que las gentes antiguas se mostra­ ban reacias a reconocer su completa igualdad. Por una razón más

 

E oderosa excluyeron a los plebeyos de toda participación en el go- iemo. Cuando l a tercera tribu romana alcanzó el número prescripto

de gentes, el último camino de acceso quedó cerrado, debiendo des­

de entonces haber aumentado la clase plebeya con rapidez cada

vez mayor. Sostiene Niebuhr que la existencia de la clase plebeya

puede hacerse remontar a la época de Anco, dando a entender así

que ésta fue la fecha de su aparición (290). También afirma que

los clientes no formaban parte ae la clase plebeya (291), defiriendo

en ambas informaciones de Dionisio (292), y de Plutarco (293). Estos

 

          History oí Rome, I, 315.

          Que los clientes fueron completamente extraños a la comunidad

 

plebeya y no se fusionaron con ella hasta tarde, cuando el yugo de la escla­ vitud se había aliviado, en parte, por la extinción o decadencia de las casas de sus patronos y en parte por el avance de la nación entera hacia la libertad,

 

será demostrado en el curso de esta historia , History of Rome, I, 315.

          D ionisio, II, 8.

          P l u t a r c o , Vit. Rom., XIII, 16.

 

LEWIS H. MORGAN

 

dos últimos autores atribuyen a Rómulo la institución de la relación de patrono y cliente, la cual es reconocida por Suetonio como exis­ tente en la época de Rómulo (294). La presencia de una clase sin arraigo gentilicio y sin ritos religiosos, hacía sentir la necesidad de una institución tal que los beneficiase en cuanto a la protección de sus personas y de sus bienes y les diera participación en los privile­ gios religiosos. Los miembros de una gens no carecían de esta protec­ ción ni de estos privilegios; tampoco estaría de acuerdo con su dig­ nidad ni con los deberes de la g ens permitir que uno de sus miem­ bros aceptase un patrono de otra gens. La clase desvinculada, o en otros términos, los plebeyos, eran los únicos que acogerían natural­ mente a un patrono y se convertirían en clientes suyos. Los clientes no formaban parte del populas por las razones expuestas. Por tanto, resulta claro, a pesar de la autoridad de Niebuhr en historia romana, que los clientes formaban parte de la clase plebeya.

La cuestión siguiente es de extrema dificultad, a saber: el origen

 

y extensión de la clase patricia; si se originó con el senado romano y estaba limitada a los senadores y a sus hijos y descendientes o si incluía el populus íntegro, diferenciándolo de los plebeyos. Los auto­ res modernos más eminentes sostienen que el populus entero estaba formado de patricios. Niebuhr, quien indudablemente es la primera autoridad en la materia, sostiene este concepto (295), que comparten Long, Schmitz y otros (296). Pero las razones aducidas no son con­ cluyentes. La existencia de la clase patricia, así como la de la plebe­ ya, puede remontarse a la época de Rómulo (297). Si el populus, for­ mado por la totalidad del pueblo organizado en gentes, era íntegra­ mente patricio en esa época primitiva, la distinción sería nominal, pues la clase plebeya carecería entonces de importancia. Por otra par­ te, las exposiciones claras de Cicerón y de Livio no están de acuerdo con esa conclusión. Es cierto que Dionisio habla de las clases patricias como instituidas con anterioridad al senado y compuestas de un nú­ mero limitado de personas distinguidas por su cuna, méritos y riqueza, y excluye así a la clase pobre y de cuna humilde, aunque pertenecie­

 

ra a las gentes históricas (298). Aceptando una clase de patricios sin vinculación senatorial, quedaría aún una clase numerosa de diversas gentes que no eran patricias. Cicerón ha dejado una afirmación explí­ cita de que los senadores y sus hijos eran patricios, sin hacer referen­ cia a la existencia de otra clase patricia fuera de aquélla. Cuando el senado de Rómulo afirma , compuesto de sus mejores hombres, al

 

          Vit. Tiberius, cap. I.

          History of Rome, I, 256, 450.

          Smith, Die., arts., Gens, Patrici y Plebs.

          D ionisio, I, 8; P l u t a r c o , Vit., Rom., XIII.

          Ib., II, 8.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 349

 

que Rómulo mismo respetaba de tal modo que quiso llamarlos pa­

dres, y a sus hijos, patricios, intentó... etc., etc. (299). El significado atribuido al término padres (patres), tal como está empleado aquí, fue objeto de controversia entre los mismos romanos; pero la voz patricii

 

con que se designaba la clase deriva de patres, fo que demostraría así la vinculación necesaria de los patricios con el cargo de senador.

 

Desde que en el principio, probablemente, cada senador representa­ ba una gens, y los trescientos senadores representaban todas las gen­ tes reconocidas, este hecho no podía por sí solo convertir en patricios a todos los miembros de las gentes, porque la dignidad estaba limita­ da a los senadores, sus hijos y su posteridad. Livio es igualmente ex­ plícito. Se les llamaba padres dice , indudablemente, en mérito de

 

la dignidad del cargo, y a su posteridad ( progenies), patricios (300). Bajo los reges y también bajóla república, algunas personas fueron elevadas al rango de patricios por el gobierno; pero salvo mediante

 

el cargo de senador o una designación especialmente hecha por el gobierno, no podía obtenerse ese rango. Es probable que cierto nú­ mero de personas no incluidas en el senado cuando fue creado hubie­ sen sido igualadas a los senadores en rango patricio, mediante una ley pública; pero esto comprendería solamente un corto número de los miembros de las trescientas gentes, estando todos estos comprendidos en el Populus Romanus.

 

Es verosímil que los jefes de las gentes hayan sido llamados pa­ dres antes de la época de Rómulo, para indicar el carácter paternal del cargo, y que su desempeño haya conferido cierto rango reconoci­ do a su posteridad. Pero no tenemos una prueba directa de este he­ cho. Suponiendo que éste fuese el caso, y más aún, que el senado, en el momento de su creación, no incluía a todos los jefes principales, y todavía más, que al llenarse las vacantes posteriores de senadores la selección se hiciese de acuerdo con los méritos personales y no con la g ens, debió existir previamente una base para la clase patricia, inde­ pendiente del senado. Estos postulados podrían servir para interpretar el lenguaje peculiar de Cicerón, a saber: que Rómulo quiso que los senadores fuesen llamados padres, posiblemente, porque éste era ya

 

el título honorable de los jefes de las gentes. De esta manera se podrá hallar una base limitada para una clase patricia independiente ael se­ nado; pero no sería tan amplia como para abarcar a todas las gentes reconocidas. Fue con respecto a los senadores que surgió la idea de que sus hijos y descendientes fuesen llamados patricios. Esta afirma­ ción es sostenida por Paterculus (301).

 

          D e R e p ., II, 12.

          Livio, I, 8.

          V e l l e u s P a t e r c u l u s , I, 8.

 

LEWIS H. MORGAN

 

Se sigue que no existían gentes patricias ni plebeyas, a pesar de que dentro de una gens hubiese un cierto número de familias patri­ cias y, en otra, cierto número de familias plebeyas. También al res­ pecto existe alguna confusión. Todos los varones adultos de la gens Fabia, en número de trescientos seis, eran patricios (302). Este hecho puede explicarse suponiendo que todas las familias de esta gens po­ dían demostrar que descendían de senadores o señalar algún acto público por el cual sus ascendientes fueron elevados al rango patri­ cio. Por supuesto, había familias patricias en muchas gentes, y, en época posterior, familias patricias y plebeyas en la misma gens. Así, los Claudii y Marcelli, de quienes nos hemos ocupado, eran dos fa­ milias de la gens Claudia, de las cuales únicamente los primeros eran patricios. Tengamos presente que en la época anterior a Ser­ vio Tulio los romanos estaban divididos en dos clases: populus y plebeyos, pero que, después de su tiempo, y especialmente des­

 

pués de la legislación Licinia (367 a. de J. C.), por la cual todas las jerarquías del estado eran accesibles al ciudadano, el pueblo ro­ mano, en su carácter de hombre libre, constituyó dos clases políticas que pueden distinguirse como la aristocracia y la comunidad. La pri­

 

mera se componía de los senadores y sus descendientes, juntamente

con aquellos que desempeñaban cualquiera de los tres cargos cumies

(cónsul, pretor y edil curul) y sus descendientes. La comunidad esta­

ba formada ahora por ciudadanos romanos. La organización gentili­

cia estaba en decadencia y ya no podía mantenerse la antigua división.

Individuos que en el primer período no podían clasificarse como

plebeyos, por formar parte del populus, pasaban, en el período si­

guiente, a formar parte de la aristocracia, sin ser patricios. Los Clau­

dii podían señalar su descendencia de Apio Claudio, quien fuera se­

nador en tiempos de Rómulo; pero los Marcelli no podían señalarla ni de éste ni de ningún otro, a pesar de haber sido, como dice Niebuhr, iguales a los Apii en el esplendor de los honores que al­ canzaron, e incomparablemente más útiles a la nación (303). Esta es una explicación satisfactoria de la posición ocupada por los Mar­ celli, sin necesidad de echar mano a la hipótesis imaginaria de Nie­ buhr de que los Marcelli habían perdido su rango de patricios a través de un matrimonio denigrante (304).

 

La clase patricia era forzosamente numerosa, pues los senadores, rara vez menos de trescientos, eran elegidos no bien se producía una vacante, incluyéndose así constantemente nuevas familias, y porque confería rango de patricios a todos los descendientes de sus miembros. De vez en cuando, otros individuos eran elevados a este

 

          Livio, II, 49.

          History of Rome, I, 246.

          Ib., I, 246.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 351

 

rango por obra del estado (305). Esta distinción, probablemente de escaso valor en un principio, adquirió gran importancia con el au­ mento de población, riqueza y poderío, y transformó el carácter de la sociedad romana. Es probable que en su tiempo no se apreciara en toda su magnitud las consecuencias de haber introducido una clase privilegiada dentro de la sociedad gentilicia romana, y puede ponerse en tela de juicio el hecho de que esta institución no ejerciera una influencia más perjudicial que benéfica en el desenvolvimiento posterior del pueblo romano.

Cuando, bajo el nuevo régimen político, las gentes dejaron de

ser organizadas con fines de gobierno, desapareció la distinción entre populus y plebeyos; pero hasta muy avanzado el período de la re­ pública se mantenía la sombra de la antigua organización y de la antigua distinción (306)'. Los plebeyos, bajo el nuevo sistema, eran ciudadanos romanos, pero ahora formaban la comunidad, sin tener­ se para nada en cuenta su vinculación con la gens.

 

Desde Rómulo hasta Servio Tubo la organización de la sociedad romana, como se ha dicho, era simplemente a base de gentes, sin relación con el territorio y la propiedad. Se nos presenta como series de agrupaciones de personas, gentes, curias y tribus, mediante las cuales el gobierno se vinculaba con el pueblo, considerándolo como grupos de individuos que formaban estas diversas unidades orgáni­ cas. Su condición era, precisamente, la de los atenienses de la época de Solón, con la diferencia de que habían creado un senado en lugar del antiguo consejo de jefes, una comitia curiata en lugar de la an­ tigua asamblea popular, y el cargo de comandante militar, con fun­ ciones agregadas de sacerdote y juez. Con un gobierno de tres po­ deres coordinado de acuerdo con sus mayores necesidades v con la fusión de las tres tribus, compuestas de un mismo número de gentes

 

y curias, en un solo pueblo, alcanzaron una organización de gobier­ no más perfecta y completa de la que hasta entonces hubiera alcan­

 

zado cualquiera de las demás tribus latinas. Entre tanto, se había ido desenvolviendo gradualmente una clase numerosa fuera de la esfera del gobierno, sin privilegios religiosos, con excepción de una parte que había pasado a la relación de clientes. Si bien no consti­ tuía una clase peligrosa, su exclusión de la ciudadanía y de toda participación en el gobierno redundaba en perjuicio de la nación.

 

Se iba formando un municipio de una magnitud desconocida en su experiencia anterior, la que reclamaba una organización especial para la dirección y manejo de sus asuntos locales. La necesidad de un cambio en el plan de gobierno se dejaba sentir cada vez con más fuerza, en el pensamiento de los hombres más capacitados. Puede

 

          Livio, IV, 4.

          Livio, IV, 51.

 

LEWIS H. MORGAN

 

afirmarse que el aumento de la población y de bienes y lo difícil de manejar que resultaban sus asuntos día a día más complejos por su número y por la diversidad de intereses ponían de manifiesto que era imposible mantenerse unidos bajo instituciones gentilicias. Una conclusión de esta naturaleza es indispensable para poder explicar los distintos recursos que se emplearon.

 

Numa, sucesor de Rómulo, inició el primer movimiento signifi­ cativo, porque reveló la existencia del concepto de que nn gran poder no podía cimentarse sobre gentes, como bases de un sistema. Intentó, como Teseo, cruzar las gentes dividiendo el pueblo en cla­ ses, en número de ocho, de acuerdo con sus vocaciones y oficios (307). Plutarco, la autoridad principal al respecto, habla de esta división del pueblo de acuerdo con su vocación,, como de la más admirable institución de Numa; refiere más adelante que tuvo por objeto hacer desaparecer la distinción de latinos y sabinos, tanto de nombre como de hecho, entremezclándose en una nueva distribución. Pero como

 

no invistiera a las clases de los poderes ejercidos por las g entes, esta medida fracasó, como la de Teseo, y por idéntica razón. Según afir­

 

ma Plutarco, cada gremio tenía su sala separada, su tribunal y sus prácticas religiosas. Aunque tradicionales, estas historias de ensayos técnicos idénticos en Atica y en Roma, realizados con el mismo fin

 

y por las mismas razones, y mediante órganos semejantes, dan vero­ similitud a la conclusión de que este ensayo, en la forma expresada, fue probado realmente en cada caso.

 

Servio Tubo instituyó el nuevo régimen cimentándolo con bases sobre las que se mantuvo hasta el fin de la República, si bien pos­ teriormente se le hicieron algunos cambios a fin de perfeccionarlo. Su periodo (aproximadamente desde 576 hasta 533 a. de J. C.) sigue de cerca al de Solón (596 a. de J. C.).y precede al de Clístenes (509 a. de J. C.). La legislación que se le atribuye, eminentemente modelada sobre la de Solón, puede considerarse que data desde el período indicado, porque el régimen estaba prácticamente en vigen­ cia cuando se estableció la República en el año 509 (a. de J. C.). Además, el nuevo régimen político puede serle atribuido con la misma justicia con que a otros hombres se le atribuyen grandes me­ didas, aunque en ambos casos el legislador haga poco más que formular lo que la experiencia le ha sugerido y ha fijado en su aten­ ción. Los tres cambios principales que, dejando de lado a las gentes, inauguraron la sociedad política basada en el territorio y la propie­ dad fueron: primero, la substitución de clases, constituidas en la me­ dida de la riqueza individual, en reemplazo de las gentes; segundo, la institución de la comitia centuriata, como nueva asamblea popu­ lar, en reemplazo de la comitia curiata, la asamblea de la.s gentes,

 

          P l u t a r c o , V i t. N u m a , XVII, 20.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 353

 

con transferencia de los poderes substanciales de ésta o aquélla, y tercero, la creación de cuatro barrios o distritos de ciudad, de la na­ turaleza de municipios, limitados y denominados como áreas territo­ riales, en los que los individuos de cada barrio debían hacer regis­ trar sus nombres y sus bienes. Imitando a Solón, cuyo plan de go­ bierno le era sin duda familiar. Servio, de acuerdo con el monto de la propiedad personal, dividió al pueblo en cinco clases, con el pro­

pósito de reunir en una de éstas los miembros más acaudalados de

todas las gentes (308). Luego, subdividió cada clase de centurias,

cuyo número fijaba arbitrariamente, sin tener en cuenta el número

efectivo de personas que contenía y asignándole a cada centuria un

voto en la comitia. La suma del poder político correspondiente a

cada clase estaba de este modo determinada por el número de cen­

turias otorgado a cada una. Así, la primera clase se componía de

ochenta centurias, con ochenta votos en la comitia centuriata; la se­

gunda clase, de veinte centurias, a las que se agregaron dos cen­

turias de artesanos, con veintidós votos; la tercera clase, de veinte

centurias, con veinte votos; la cuarta clase, de veinte, a las que se

agregaron dos centurias de cometas y trompeteros, con veintidós

votos, y la quinta clase, de treinta centurias, con treinta votos. Ade­

más de éstas existía otra clase, la de los equites, compuesta de die­

ciocho centurias y con dieciocho votos. Dionisio da una sexta clase,

 

formada por una centuria, con un solo voto, compuesta de indivi­ duos que no tenían bienes o que tenían menos de los indispensables para ser admitidos en la quinta clase. No pagaban impuestos ni ser­ vían en el ejército (309). Según Dionisio, el número total de las cen­ turias de las seis clases, incluso la de los equites, ascendía a ciento noventa y tres (310). Livio concuerda con él en cuanto al número

 

de centurias regulares, pero disiente al excluir la sexta clase, con­ siderando a las personas que la forman como incluidas o agregadas a la quinta clase. También reconoce tres centurias de cornetas y

trompeteros en vez de dos, y en total da una centuria más que Dio­

nisio (311). Afirma Cicerón que noventa y seis centurias constituían

una minoría, lo que resulta igualmente cierto en cualquiera de las

dos versiones (312). Las centurias de cada clase estaban clasifica­

das en mayores y menores. Las mayores las componían todos los in­

dividuos de más de cincuenta y cinco años de edad, cuya obliga­

ción militar se limitaba a la defensa de la ciudad. Las centurias me-

 

          Los bienes asignados a la primera clase eran de (00.000 ases; a la segunda, 75.000 ases; a la tercera, 50.000; a la cuarta, 25.000, y a la quinta, 11.000 ases. Lrvio, I, 43.

 

          D ionisio, IV, 20.

          Ib., IV, 16 a 18.

          Livio, 1, 43.

          De Rep., II, 20.

 

23

 

LEWIS H. MORGAN

 

ñores las componían todos los individuos menores de dicha edad y mayores de diecisiete años, quienes tomaban parte en todas las em­ presas militares exteriores (313). Cada clase tenía su armadura re­ glamentaria diferente (314). Se advertirá que el control ejercido

 

sobre el gobierno, en la medida en que la asamblea popular pudie­

ra influir sobre su acción, estaba en manos de la primera clase y de

los equites. Ellos disponían de noventa y ocho votos que constituían

la mayoría. Cada centuria, cuando se reunían en la comitia centu-

riata, decidía separadamente su voto, del mismo modo que lo hicie­

ran las curias reunidas en la comitia curiata. Al efectuar la votación,

en cualquier cuestión de orden público, se llamaba primero a los

equites, y luego a la primera clase (315). Si estaban de acuerdo, sus

votos decidían la cuestión y no se llamaba a votar a las restantes

centurias; pero habiendo desacuerdo entre ellos se llamaba a la se­

gunda clase, y así sucesivamente hasta lograr una mayoría.

 

Las facultades ejercidas anteriormente por la comitia curiata y transferidas ahora a la comitia centuriata fueron ampliadas, en el pe­ ríodo siguiente, en algunos puntos de poca importancia. Le corres­ pondía elegir a todos los funcionarios y magistrados nombrados por

 

el senado; aceptar o rechazar las leyes propuestas por este cuerpo, no pudiendo ser convertida en ley ninguna medida no sancionada

 

por ella, derogaba leyes vigentes a propuesta del senado, si tal era su voluntad, y sancionaba la declaración de guerra que le elevaba el citado cuerpo. Pero, por otra parte, el senado podía concertar la paz, sin consultar para ello a la asamblea. En todo juicio que com­ prometiera la vida, cabía la apelación a la asamblea como más alto tribunal judicial del Estado. Estas facultades tenían carácter positi­ vo, pero eran limitadas, estándoles excluida la inspección de las finan­ zas. La mayoría de los votos, sin embargo, correspondían a la pri­ mera clase, incluso los equites, la que se supone comprendía la

 

masa de los patricios y los ciudadanos más opulentos. Por consi­ guiente, el contralor del gobierno estaba en manos de la propiedad, y no de mayoría. Sin embargo, con el transcurso del tiempo fueron capaces de crear un cuerpo de leyes que amparaba a todos por igual, contribuyendo de este modo a suavizar los peores efectos de este sistema desigual.

 

Las reuniones de la comitia se celebraban anualmente en el Campo de Marte para la elección de magistrados y funcionarios, y también en otras ocasiones, cuando así lo demandaban las necesi­ dades públicas. El pueblo se reunía por centurias y por.clases, con sus oficiales, estando organizado como un ejército (exercitus), pues

          D ionisio, IV, 16.

          Livio, I, 43.

          Livio, I, 43. Pero Dionisio coloca a los equites en la primera clase, y afirma que esta clase era la primera que se llamaba a votar.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 355

 

las centurias y las clases debían contribuir en todos los fines de la organización civil y militar. En la primera convocación efectuada bajo Servio Tulio se presentaron en el Campo de Marte, bajo las armas, ochenta mil soldados ciudadanos, formando cada hombre en

 

su centuria correspondiente, cada centuria en su clase y cada clase por separado (316). Todos los miembros de las centurias eran ahora ciudadanos romanos, lo que constituía el fruto más precioso del nue­ vo régimen político. En los tiempos de la República, los cónsules, y en su defecto el pretor, tenían facultades para convocar la comitia, la que era presidida por la persona que la hubiese convocado.

 

Un régimen semejante de gobierno puede antojársenos tosco y áspero, a la luz de nuestra experiencia más avanzada; pero fue un adelanto sensible sobre el anterior régimen gentilicio de gobierno, a pesar de presentarse tan deficiente y estrecho de miras. Bajo este sis­ tema, Roma se enseñoreó del mundo. El elemento propiedad, que

ya adquiría importancia, fijaba su carácter. Este había dado relieve

 

a la aristocracia y a los privilegios, los que supieron aprovechar la oportunidad para.desviar en gran medida el contralor del gobierno

 

de manos del pueblo y entregarlo a los -hombres más acaudalados. Fue un movimiento de sentido contrario al de los principios demo­ cráticos heredados de las gentes, A través del período de la Repú­ blica, los plebeyos romanos lucharon, con éxito en ciertas ocasiones, contra estos nuevos elementos de aristocracia y privilegio, incorpo­ rados ahora a sus instituciones de gobierno. Pero el rango patricio y la propiedad, en manos de las clases más pudientes, vencieron a las más sabias y elevadas doctrinas de la igualdad de derechos y pri­ vilegios, sostenidas por los plebeyos. Aun entonces era una carga de­ masiado pesada para la sociedad romana, sostener una clase privi­ legiada.

 

Cicerón, patriota y noble romano como era, aprobó y aplaudió esta ordenación del pueblo en clases, que otorgaba a una minoría de ciudadanos una influencia dominante en el gobierno. Dice que habiendo creado Servio Tulio un gran número de equites de la masa común del pueblo, repartió el resto en cinco clases, distin­ guiendo las mayores de las menores, con el propósito de colocar el sufragio en manos de los hombres acaudalados y no en las de la muchedumbre, preocupándose porque la regla que afirma que los números mayores no ejercen los pesos mayores fuese nuestro pos­ tulado, así como debería serlo en todos los gobiernos (317). A la luz de la experiencia de los dos mil años transcurridos, puede ob­ servarse que la desigualdad de privilegios y la negación del gobier­ no que aquí se aplauden, crearon y desarrollaron esa masa de igno-

 

          Livio, I, 44, Dionisio fija el número en 84,700, IV, 22.

          C iceró n , De Rep., II, 22.

 

356 LEWIS H. MORGAN

 

rancia y corrupción que acabó por destruir tanto al gobierno como a la nación. Poco a poco, la humanidad va aprendiendo la sencilla enseñanza de que el pueblo, como unidad, es más sabio para el bien­ estar y la prosperidad públicos que cualquiera clase privilegiada de personas, por más culta y refinada que sea, que haya sido o que pue­ da ser. Aun en las sociedades más adelantadas, el gobierno traspone todavía etapas de transición, y, como lo afirmara, no sin razón, el presidente Grant en su último mensaje inaugural, se encaminan ne­ cesaria y lógicamente hacia la democracia, es decir, hacia esa forma de gobierno propio que representa y revela la- medida de la capaci­ dad y condiciones de un pueblo libre y preparado.

 

Las clases propietarias sirvieron para el fin útil de deshacer las gentes como base del régimen de gobierno, transfiriendo sus facul­ tades a un organismo diferente. El objeto principal de la legisla­ ción de Servio Tulio fue, evidentemente, emancipar al gobierno de las gentes, que eran corporaciones cerradas, y dar al nuevo una base tan amplia que comprendiese a todos los habitantes de Roma, con excepción de los esclavos. Después que estas clases realizaron su labor, se supuso que desaparecerían, como sucedió en Atenas, y que los barrios o distritos urbanos y los municipios de campaña con sus habitantes organizados en cuerpos políticos habrían llegado a sel­ las bases del nuevo régimen político, como lógica y l'egalmente debió suceder. Pero la organización municipal de Roma impidió este he­ cho. Ella había conquistado desde un principio y mantenido hasta el fin una posición céntrica en el gobierno, a la cual estaban subordina­ das todas las demás zonas. Presenta, así, la anomalía de un gran gobierno municipal central expandido primero en Italia y finalmen­ te en las provincias conquistadas de tres continentes. Las cinco cla­

 

ses se mantuvieron, con ligeras modificaciones, en el sistema de su­ fragio, hasta el fin de la República. La creación de una nueva asam­ blea popular en reemplazo de la antigua revela la índole radical de la constitución de Servio. Estas clases jamás hubieran adquirido vi­ talidad sin una nueva asamblea que las invistiera de poderes políti­ cos. Con el crecimiento de la población y de la riqueza aumentaron en alto grado las responsabilidades y los deberes de esta asamblea. La intención de Servio Tulio fue, evidentemente, que ella extin­ guiera la comitia curiata y, con ésta, el poderío de las gentes.

 

Se atribuye a este legislador la institución dé la comitia tributa, una asamblea separada de cada tribu o barrio local, cuyos deberes principales consistían en la fijación y recaudación de impuestos y la reunión de contingentes de tropas. Más adelante, esta asamblea eli­ gió los tribunos del pueblo. El barrio fue la unidad natural de su sis­ tema político y el centro donde debió haber sido colocado el gobier­ no propio local, si el pueblo romano hubiese deseado crear un esta-

 

LA SOCIEDAD p r i m i t i v a 357

 

do democrático. Pero el senado y las clases acaudaladas se le ha­ bían adelantado.

 

Una de las primeras medidas atribuidas a Servio fue la institu­ ción del censo. Livio declara que el censo es la medida más salu­ dable para un imperio en vías de un alto engrandecimiento, pues, según ella, las-obligaciones de todo individuo al contribuir a las ne­ cesidades del estado, tanto en tiempo de paz como de guerra, se realizarían no individualmente, como se había hecho antes, sino en

 

la proporción de los bienes de cada uno (318). Todo individuo debía enrolarse en el barrio de su residencia, haciendo al mismo tiempo una declaración de sus bienes. Esto se llevaba a cabo en presencia del censor, y las listas completadas constituían la base para la for­ mación de las clases (319). Esta medida estuvo acompañada de otra notable para la época: la creación de cuatro barrios o distritos ur­ banos, limitados por mojones y designados con nombres apropiados.

 

Su institución precede aí demos ático de Clístenes, del que difería en sus relaciones con el gobierno. El demos ático, como hemos visto, estaba organizado como un cuerpo político, con un registro seme­ jante de los ciudadanos con sus bienes; pero, por otra parte, tenía un gobierno local propio con una magistratura, un tribunal de jus­ ticia y un sacerdocio electivos. En cambio, el barrio romano era un lugar geográfico con un registro de ciudadanos con la declaración de sus bienes, una organización local, un tribuno y otros cargos elec­ tivos y su asamblea. Para ciertos propósitos especiales, el gobierno trataba con los vecinas de los barrios a base de relaciones territoria­ les. Pero el gobierno del barrio no poseía los atributos sólidos del demos ático. Era una copia más aproximada de la anterior naucra-

 

cia ateniense, que, probablemente, proporcionó el modelo, así como lo hicieron las clases de Solón para las de Servio. Refiere Dionisio que una vez que Servio Tulio hubo encerrado las siete colinas den­ tro de una muralla, dividió la ciudad en cuatro partes y puso a estas subdivisiones los nombres de esas colinas: a la primera la llamó Palatina; a la segunda, Suburra; a la tercera, Colina, y a la cuarta, Esquilina, e hizo que la ciudad que anteriormente se había compuesto de tres partes lo estuviera ahora de cuatro; y mandó a las personas que residían en cada una de estas cuatro regiones, como aldeanos, que no tomasen otra morada, ni pagasen en otra parte los impuestos, ni se enrolasen en otro lado como soldados, ni abonasen en otra parte sus tasas militares y de otra índole, con las que todos debían contribuir al bienestar público, pues en adelante todo esto no se haría de acuerdo con las tres tribus consanguíneas, sino cón

 

las cuatro tribus locales que él mismo había constituido, y designó

 

          Livio, 1,42.

          Dionisio , TV, 15,

 

LEWIS H. MORGAN

 

comandantes para cada tribu, como filarcas o comarcas, a quienes encargó que tomaran nota de la casa que habitaba cada uno (320). Así como contenía cada uno la cuarta parte de la población mascu­ lina afirmaba Mommsen , así también cada uno de los cuatro cuarteles debía contribuir con su sección de milicia; cada legión y cada centuria encerraba un contingente igual de cada uno de ellos; repartición cuyo fin era manifiesto. El Estado quería resolver en una sola milicia todos los antagonismos de localidad o de familia, y auxiliándose con el nivel poderoso del espíritu militar, fundir en un solo pueblo los ciudadanos y los simples habitantes (321).

En forma análoga, el territorio circundante .que se hallaba bajo

 

la jurisdicción de Roma se organizó en municipios (tribus rusticae), cuyo número algunos autores fijan en veintiséis y otros en trein­

 

ta y uno, formando, con los cuatro barrios urbanos, un total de trein­ ta en el primer caso, y de treinta y cinco en el otro (322). Su núme­ ro total nunca excedió de treinta y cinco. Estos municipios no llega­ ron a ser integrales en el sentido de que no participaron en la ad­ ministración del gobierno.

 

El gobierno conservó durante la existencia de la República la

misma forma que se le diera al ser establecida, bajo la constitución de Servio, ocupando los cónsules el puesto desempeñado anterior­ mente por los comandantes militares. Este no se basaba en el territo­ rio en la forma exclusiva del gobierno ateniense o en la moderna,

 

en que, ascendiendo desde el municipio o barrio, unidad de la or­ ganización, hasta el distrito o arrondissement, y de este último al Estado, cada cuerpo está organizado e investido con funciones gu­ bernamentales como elementos constituyentes de un todo El go­ bierno central ensombreció y atrofió las partes. Se basaba más en la propiedad que en el territorio, siendo aquélla el elemento dominan­ te, como lo atestigua el hecho de que el contralor del gobierno es­ taba ejercido por las clases propietarias más altas. No obstante esto, poseía también su base territorial, desde el momento que recono­

 

cía y hacía uso de subdivisiones territoriales para la ciudadanía y para algunos propósitos financieros y militares, en los que trataba con los ciudadanos mediante relaciones territoriales.

 

Los romanos se apartaron totalmente de la sociedad gentilicia bajo este segundo gran plan de gobierno, basado en el territo­ rio y la propiedad. Dejaron tras suyo el gentilismo y la barbarie, para penetrar en un nuevo camino, el de la civilización. En ade-

 

          D ionisio, IV, 14.

          History of Rome, 1, c., ed. Scribner, I, 136.

          D ionisio, IV, 15. Niebuhr ha suministrado los nombres de los si­ guientes distritos de campaña: Aemilian, Camilian, Cluentian, Cornelian, Fa­ bian, Galerian, Horatian, Lemonian, Menenian, Paperian, Romilian, Sergian. Venturian, Ctaudian, History of Rome, I, 320, nota.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 359

 

lante el reconocimiento y amparo de la propiedad sería el objeto primordial del gobierno, además de una campaña conquistadora pa­ ra la dominación de tribus y naciones distantes. Este gran cambio de instituciones, que creara una sociedad política en contraposición

 

a la sociedad gentilicia, consistió simplemente en la introducción de dos nuevos elementos, territorio y propiedad, de los cuales el úl­ timo ejerció un predominio en el gobierno, que comenzara siendo nada más que mía mera influencia. Si los barrios y municipios rura­ les hubiesen sido organizados con los amplios poderes de un gobier­ no propio local, y el senado elegido por los electorados locales sin distinción de clases, el gobierno resultante habría sido una democra­ cia, como la de Atenas, porque estos gobiernos locales hubiesen mo­ delado la nación a su semejanza. El senado por el rango heredita­ rio que confería y el voto calificado en proporción a los bienes en la asamblea popular, inclinó la balanza en contra de las institucio­ nes democráticas, y produjo un gobierno mixto, en parte aristocráti­ co y en parte democrático, notablemente calculado para engendrar una animosidad constante entre las dos clases de ciudadanos crea­ das deliberada e innecesariamente por una imposición legislativa. Resulta claro, a mi entender, que el pueblo fue embaucado por la constitución de Servio y soportó un gobierno que la mayoría hubie­ se rechazado, de haber comprendido plenamente sus probables con­ secuencias. La comprobación de los anteriores principios democrá­ ticos de las gentes es concluyente, pues si bien eran exclusivos para los de su sociedad, se ejercían libremente entre ellos. La evidencia de este espíritu de libertad y de sus instituciones igualmente libres es tan decisiva que el postulado enunciado en otra parte de que el gentilismo es incompatible con la monarquía parece ser incontro­ vertible,

Como un todo, el gobierno fue anómalo. El prepotente munici­

 

pio de Roma, convertido, por el nuevo plan de gobierno, en centro del estado, fue una de las causas que le imprimieron su carácter original. La organización primaria del pueblo como un ejército, con el espíritu militar que éste fomentara, creó la fuerza de cohesión que mantuvo unida a la República, y más tarde, al Imperio. Con un senado selectivo que desempeñaba un cargo vitalicio y estaba do­ tado de facultades positivas; con un rango personal transmitido a hijos y descendientes; con una magistratura electiva graduada a las exigencias de una metrópolis central; con una asamblea popular organizada en clases propietarias que poseían un sufragio desigual, pero que se pronunciaba tanto por la afirmativa como por la negati­ va, a toda legislación; y con una organización militar acabada, no ha habido en la humanidad ningún otro gobierno estrictamente aná­ logo. Era artificial, ilógico, exorbitante; pero era también capaz de adquisiciones maravillosas por su espíritu militar y porque los roma-

 

360 LEWIS H. MORGAN

nos estaban dotados de notables condiciones para organizar y diri­ gir sus asuntos.

 

Su organización fue obra de la mayor astucia de las clases acauda­ ladas, las que pretendían apoderarse de la esencia del poder, mientras simulaban respetar los derechos e intereses de todos.

 

Al establecerse el nuevo régimen político, el antiguo no desapa­ reció en seguida. Las funciones del senado y del comandante mi­ litar subsistieron; pero las clases propietarias ocuparon el lugar de las g entes, y la asamblea formada por estas clases ocuparon el lugar de la asamblea de las gentes. Por radicales que fueran estos cambios se limitan, principalmente, a estos detalles, y se efectuaron sin ro­ ces ni violencias. A la antigua asamblea (comitia curiata) se le per­ mitió conservar una parte de sus facultades, lo que mantuvo en pie por mucho tiempo, a las gentes, curias y tribus consanguíneas. Ella todavía otorgaba el imperium a todos los magistrados más altos, des­ pués de terminada su elección; pero con el tiempo esto llegó a ser tan solo una cuestión de forma. También consagraba ,a ciertos sacer­

 

dotes y reglamentaba las observancias religiosas de las curias. Este régimen se mantuvo hasta la primera guerra púnica, después de la cual la comitia curiata perdió su importancia y no tardó en caer en el olvido. Tanto la asamblea como las curias fueron reemplazadas más bien que abolidas, y perecieron de inanición; pero las gevtes subsistieron hasta muy avanzado el Imperio, no como organización, pues ésta también habíase extinguido con el andar del tiempo, sino como genealogía y linaje. Por lo tanto, la transición de la sociedad gentilicia a la política se efectuó acompasada pero efectivamente, y el segundo gran plan de gobierno de la humanidad fue así instituido por los romanos en reemplazo del primero que había regido desde tiempo inmemorial.

Después de una permanencia largamente prolongada, que se re­

 

monta a la época de la existencia aislada de la familia aria y había llegado hasta las tribus latinas, heredada de sus antepasados remo­ tos, la organización entregó finalmente su vida a los romanos ante las exigencias de la civilización. Había disfrutado la posesión ex­ clusiva de la sociedad a través de esos diversos períodos étnicos y en tal grado conquistó por la experiencia los elementos de la civili­ zación, que resultó luego incapaz para su manejo. La humanidad tiene una deuda de gratitud para con sus antepasados salvajes por haber creado una institución capaz de guiar a la porción más ade­ lantada de la raza humana, desde el salvajismo hasta la barbarie y

 

a través de los sucesivos estadios de ésta hasta la civilización. Tam­ bién ella acumuló por experiencia la inteligencia y conocimientos necesarios para delinear la saciedad política mientras ella aún sub­ sistía. Ocupa una posición, dentro del gran cuadro del progreso hu-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 361

 

mano, no superada por nada en cuanto a su influencia, sus adquisi­ ciones y su historia.

 

Como plan de gobierno, la organización gentilicia era insuficiente para las exigencias del hombre civilizado; pero debemos recordar

 

que ella fue quien desarrolló el germen de las principales institucio­ nes gubernamentales de las modernas naciones civilizadas. Entre otras, como se ha dicho, está el senado moderno que nació del an­ tiguo consejo de jefes y la asamblea representativa moderna que na­ ció de la antigua asamblea popular, que juntos constituyen la le­ gislatura moderna; del antiguo comandante militar general surge el primer funcionario de los tiempos modernos, sea rey feudal o cons­ titucional, emperador o presidente, siendo éste último su resultante natural y lógico; y del antiguo cusios urbi surgió por derivación, el pretor romano y el juez moderno. También se heredaron de las

 

gentes los derechos y privilegios iguales, la libertad individual y los principios cardinales de la democracia. Cuando la propiedad tomó incremento y su poder se hizo sentir en la sociedad, aparece la es­ clavitud, institución que violaba estos principios, pero sostenida por la consideración ilusoria de que la persona convertida en esclavo era un extraño en sangre y un enemigo hecho prisionero. La propiedad introduce además, gradualmente, el principio aristocrático que se esforzó por la creación de clases privilegiadas-. También fue la pro­ piedad la que ejerció en tan alto grado, el contralor de la sociedad durante el período relativamente corto de ia civilización, dando al hombre el despotismo, el imperialismo, la monarquía, las clases privi­ legiadas y, finalmente, la democracia representativa. También ha hecho que la marcha de las naciones fuese esencialmente una marcha de adquisición de propiedad. Pero cuando la inteligencia humana

 

se eleve a la altura del gran problema de los derechos abstractos de la propiedad inclusive las relaciones de la propiedad con el estado,

 

así como también los derechos de las personas a la propiedad , es de esperar la modificación de éste estado de cosas. Acaso sea im­ posible concebir la naturaleza de los cambios venideros, pero es po­ sible que la democracia, que llegó a ser universal en forma rudimen­ taria y reprimida en muchas naciones civilizadas, esté destinada a ser nuevamente universal y suprema.

 

Un americano, educado en los principios democráticos y que lleva profundamente inculcados esos altos conceptos que reconocen la libertad, la igualdad y la fraternidad del hombre, puede expresar, sin trabas, su preferencia por un gobierno propio y por instituciones libres. Al mismo tiempo, debe reconocer al derecho de los demás a aceptar y aprobar cualquier forma de góbiemo, imperial o monár­ quico, que satisfaga sus aspiraciones.

 

XIV

CAMBIO DE LA DESCENDENCIA DE LA LINEA

FEMENINA A LA MASCULINA

 

Queda por considerar una cuestión importante, a saber: si existe algún antecedente de que, en la antigüedad, la descendencia haya seguido la línea femenina entre las g entes griegas y latinas. Teórica-mente, debió haber sido así en algún período anterior, entre sus remotos antepasados, pero no debemos limitamos a apoyar esta cues­ tión en la teoría solamente. Desde que el cambio a la línea masculina entrañó la casi total alteración de la vinculación de los miembros de las gentes, debemos señalar el proceso mediante el cual pudo haber­

 

se cumplido. Y más aún se deberá demostrar que con el progreso de la sociedad, la que se iba alejando paulatinamente del estadio en el que se había originado dicha forma de descendencia, es seguro que surgiría un motivo suficiente como para provocar ese cambio. Y final­ mente, será menester presentar los testimonios existentes de que, en la antigüedad, la descendencia seguía entre ellos, la línea femenina. La gens del período arcaico, como hemos visto, consistía en un

 

S resunto antepasado, femenino y sus hijos, juntamente con los hijos e sus hijas y de sus descendientes mujeres, por la línea femenina,

 

a perpetuidad. Quedaban excluidos, por lo tanto, los hijos de sus hijos varones y de sus descendientes varones por la línea1 masculina. Por el contrario, cuando la descendencia seguía la línea masculina, la gens consistía en un presunto antepasado varón y sus hijos jun­ tamente con los hijos de sus hijos varonés y de sus descendientes va­ rones a través de la línea masculina, a perpetuidad. Quedaban ex­ cluidos, por lo tánto,'los hijos de sus hijas y de sus descendientes mujeres a través de la línea femenina. Los que quedaban excluidos

 

en el primer caso, serían miembros de la gens en el otro, y viceversa. Queda entonces planteada la cuestión de cómo pudo cambiarse la

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 363

 

descendencia de la línea femenina a la masculina sin destruirse la gens.

 

El proceso fue simple y natural, dado que el motivo del cambio era general, urgente e imperioso. Cuando sé efectuó, en un momento dado y por resolución preconcertada, sólo fue necesario convenir que todos los actuales miembros de la gens quedasen como miembros pero, en adelante, únicamente las criaturas cuyos padres pertene­ cían a la gens pertenecerían a ella y llevarían su nombre gentilicio, mientras que los hijos de los descendientes femeninos quedaban ex­ cluidos. Esto no interrumpió ni cambió la naturaleza del parentesco de la relación de las gentes existentes; pero, desde entonces, se re­

 

tuvieron en la gens todas las criaturas que, hasta ese momento, ha­ bían estado excluidas, y se excluyeron las que antes se retenían. Si bien este problema parece difícil de resolver, se hizo más fácil por la presión ejercida por una causa podérosa, y bastaron unas pocas generaciones para terminarlo. En la práctica, la descendencia cambió su línea, de femenina ,a masculina, en algunos casos, entre los aborí­ genes americanos. En la tribu Ojibwa, por ejemplo, la descendencia sigue ahora la línea masculina, mientras que entre sus congéneres los delaware y mohicanos sigue aún la línea femenina. Originaria­ mente, no hay duda de que todo el tronco algonquino seguían la

 

línea de descendencia femenina. Desde que esta forma es la más arcaica y está más de acuerdo con las condiciones primitivas de la sociedad antigua, puede suponerse su antiguo imperio entre las gen­ tes griegas y latinas. Además, cuando ha llegado a descubrirse y comprobarse la forma arcaica de cualquier institución, no es posible concebir que su forma original haya sido la que presenta en su estado ulterior más adelantado.

Suponiendo que haya existido entre ellos el cambio de la des­

cendencia de la línea femenina a la masculina, esto debió ocurrir

en épocas muy distantes del período histórico. Su historia corres­

pondiente al estadio medio de la barbarie se ha perdido completa­

mente, salvo lo que en cierta medida se ha conservado a través de

sus artes, instituciones, invenciones y perfeccionamientos del lengua­

je El estadio superior cuenta con las luces que le proporcionan la

tradición y los poemas homéricos para damos a conocer su expe­

riencia y la medida del progreso que habían logrado en esa época.

Pero a juzgar por la condición en que los colocan sus tradiciones, es

probable que la descendencia por la línea femenina no había desapa­

recido del todo, al menos entre los pelasgos y las tribus griegas, crian­

do entraron en el estadio superior de la barbarie.

 

Cuando, la descendencia seguía la línea femenina entre las gentes griegas y latinas, la gens presentaba, entre otras, las siguientes ca­ racterísticas: Primero, el matrimonio dentro de la gens estaba pro­ hibido, lo que colocaba a los hijos en una gens diferente a la de su

 

LEWIS H. MORGAN

 

presunto padre. Segundo, la propiedad y el cargo de jefe eran here­ ditarios en la gens, lo que excluía a los hijos de la herencia a los bienes y de la sucesión al cargo de su presunto padre. Este régimen había perdurado hasta tanto surgió un motivo suficiente general e imperioso como para demostrar la injusticia de esta exclusión en presencia de un cambio en su condición.

 

El remedio natural consistía en la variación de la línea de des­ cendencia, de femenina a masculina. Todo cuanto se necesitaba para efectuar este cambio era una causa suficiente e imperiosa. Una ve2 que se comenzó a criar animales domésticos en manadas, convirtién­ dolos así en una fuente de subsistencia a la vez que en objetos dé propiedad individual, y después que la labranza condujo a la posesión privada de casas y campos, es indudable que debió surgir una ani­ mosidad hacia el régimen imperante de herencia gentilicia, porque excluía a los hijos del propietario, cuya paternidad era ahora más segura, para entregar los bienes a sus parientes gentilicios. La lucha sostenida por padres e hijos para la obtención de una nueva regla­ mentación de la herencia, llegó a ser motivo poderoso para provocar el cambio. Con la acumulación de la propiedad en masa y asumiendo formas permanentes, y con la proporción creciente de la misma, de­ tentada por propietarios individuales, es indudable que la descenden­ cia por la línea femenina estaba llamada a desaparecer, cediendo su lugar ¿ la descendencia por la línea masculina. Un cambio de esta na­

 

turaleza dejaba la herencia dentro de la gens, como hasta entonces, pero en cambio, colocaba a los hijos en la gens de su padre y a la cabeza de sus parientes agnados, Es muy probable que, durante un tiempo, compartirían con los demás agnados los bienes heredados; pero una extensión del principio por el cual los agnados excluían a los demás gentiles, dio por resultado, con el tiempo, la colocación de los agnados más atrás que los hijos, y la herencia exclusiva de éstos. Y más aún: el hijo estaba ahora en la línea de sucesión del cargo de su padre.

Tal era la gens ateniense en épocas de Solón o poco después,

cuando la herencia se repartía por igual entre los hijos varones, con la obligación de mantener las hijas y dotarlas en matrimonio, y cuan­ do, a falta de hijos, se repartía proporcionalmente entre las hijas. Si no babía hijos, la herencia pasaba entonces a los parientes ag­ nados; y si tampoco había parientes agnados, los bienes pasaban a los gentiles. La ley romana de las Doce Tablas fue substancialmente idéntica.

Parece también ser verosímil que una vez que la descendencia

hubo cambiado su línea por la masculina, o aún antes, se suprimieron los nombres de animales con que se designaban a las gentes, reem­ plazándolos por nombres personales. Con el progreso de la socie­ dad, el aumento de la propiedad y la posesión individual de bienes,

 

l a s o c i e d a d p r i m i t i v a 365

 

se acentuó, cada vez más, la individualidad de las personas. lo que motivó que se designaran a las gentes con nombres de héroes ances­ trales. A pesar de constituirse de tiempo en tiempo nuevas gentes por el proceso de segmentación y de desaparecer otras, el linaje de la gens se remontaba a centenares, por no decir millares, de años. Des­ pués de la supuesta substitución, el antepasado epónimo se conver­ tiría en un personaje mutable, siendo reemplazado, a largos inter­ valos de tiempo, por alguna persona que se hubiese distinguido pos­ teriormente en la historia de la gens, cuando su recuerdo comenzaba a obscurecerse, desvaneciéndose en el pasado. El hecho de que las gentes griegas más célebres cambiaron sus nombres, y lo hicieron en una forma airosa, está demostrado en la retención del nombre de la madre de su padre gentilicio y la atribución de su nacimiento a la unión de ella con .algún dios determinado. Así, por ejemplo, Eumol­ po, antepasado epónimo de los Eumólpidas áticos, era hijo presunto de Neptuno y Chione; pero las g entes griegas eran aún más antiguas que la concepción de Neptuno.

 

Volviendo ahora a la cuestión principal, la ausencia de una com­ probación directa de la antigua descendencia por la línea femenina

 

en las tribus griegas y latinas, no es suficiente para acallar la pre­ sunción a favor de esta forma de descendencia, la cual perduro en algunas tribus vinculadas estrechamente con los griegos, dejando también rastros en muchas tribus griegas. r

Herodoto, ese gran investigador y observador, descubrió una na­

 

ción, ' los licios, del linaje de los pelasgos, pero vinculados con los griegos, entre los cuales la descendencia seguía, en su época (440 a. de J. C.), la línea femenina. Después de referir que los licios nacie­ ron en Creta, y dar algunos pormenores dé su migración a Licia,

 

bajo Sarpedón, dice lo siguiente: Sus costumbres son en parte las de Creta y en parte las de Caria. Sin embargo, observan una prác­ tica particular, en lo que difieren de toda otra nación del mundo. Preguntad a un licio quién es, y os responderá dando su propio nom­ bre, luego el de su madre, y continuando así a través de la línea fe­ menina. Por otra parte, si una mujer libre se casa con un esclavo, sus hijos serán ciudadanos libres; en cambio, si un hombre libre se casa

 

con una mujer extranjera o cohabita con una concubina, aun cuando sea el primer personaje del Estado, sus hijos perderán todo derecho a la ciudadanía (323). Necesariamente se desprende de estas afir­ maciones circunstanciales, que los licios estaban organizados en gen­ tes, que el matrimonio dentro de la gens estaba pohibido y que los hijos pertenecían a la gens de su madre. Esta tribu presenta un ejem­ plo bien visible de la gens en su forma arcaica con datos confirma­ tivos de las consecuencias del matrimonio de un lício con una extran-

 

          Raw Likson, Herodotus, I, 173. 366 LEWIS H. MORGAN

 

jera, y de una licia con un esclavo (324). Los aborígenes de Creta pertenecían a las tribus pelasgas, helénicas y semíticas, que vivían localmente separadas. Minos, hermano de Sarpedón, era general­ mente considerado como la cabeza principal de los pelasgos de Creta; pero los licios ya estaban helenizados en la época de Herodoto, y habían llegado a sobresalir por sus adelantos entre los griegos asiá­ ticos. El aislamiento de- sus antepasados en la Isla de Creta, antes de su migración a Licia, en el período legendario, puede suministrar una explicación de la retención de la descendencia por la línea fe­ menina, hasta este último período.

 

Entre los etruscos prevaleció la misma forma de descendencia. Es bastante singular observa Cramer , que dos costumbres pe­ culiares de los etruscos, reveladas por sus monumentos, hayan sido registradas por Herodoto como características de los licios y caunia-nos del Asia Menor. La primera consiste en que los etruscos, inva­ riablemente, dan su ascendencia y familia con referencia a la madre

 

y no al padre. La otra consiste en admitir sus esposas, en sus fiestas y banquetes (325).

Curtius comenta la descendencia por la línea femenina seguida

 

por los licios, etruscos y cretenses, en los siguientes términos: Sería un error interpretar la costumbre referida como un homenaje al sexo femenino. Más bien tiene su origen en las condiciones primitivas de

 

la sociedad, cuando la monogamia no ofrecía aún una seguridad tal <jue permitiera determinar con precisión, la descendencia por la lí­ nea paterna. En efecto, su uso se extiende más allá del territorio que abarcaba la nación Licia. Aún en la actualidad la encontramos en la India; puede demostrarse que existió entre los antiguos egipcios; la mencionada Sanchoniaton, donde se expone, sin rodeos, las razones para su adopción; y más allá de los confines del Oriente, aparece entre los etruscos en los cretenses , que estaban vinculados tan estrechamente con los licios y que llamaban al suelo nativo Madre Tierra; y entre los atenienses, como puede verse en Bachofen y otros. Por consiguiente, si Herodoto considera esa costumbre como caracte­ rística de los licios, será porque debió conservarse entre, ellos durante mucho tiempo que entre las demás naciones afines a los griegos,

 

como también lo prueban las inscripciones licias. De aquí que, en general, debamos considerar el uso del nombre materno, en la desig­ nación de la descendencia, como restos de una condición imperfecta

de vida social y régimen de familia, el cual, a medida que la vida iba

 

          Si un séneeá-iroqués se casa con una extranjera, sus hijos son ex­ tranjeros; pero si una séneca-iroquesa se casa con un extranjero o con un onondaga, sus hijos serán iraqueses de la tribu séneca y pertenecerán a la gens y fratría de su madre. La mujer confiere a sus hijos su nacionalidad y su gens, quienquiera que sea el padre de éstos.

 

          Description of /indent Italy, I, 153; citando  Lanzi , II, 314.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 367 ,

 

haciéndose más ordenada, fue reemplazado por la costumbre, luego universal en Grecia, de dar a los hijos el nombre de su padre. Esta diferencia de costumbres, sumamente importante para la historia de la civilización antigua, ha sido reciéntemente expuesta por Bachofen en su obra citada (326).

 

En un trabajo de vasta investigación, Bachofen ha reunido y discutido los testimonios de autoridad femenina (derecho materno)

 

y de gobierno femenino (gyneocracia) entre los licios, cretenses, ate­ nienses, lemnios, egipcios, orchomenios, locrios, lesbios mantineos, y en algunas naciones asiáticas orientales (327). La condición de la sociedad antigua sacada a luz exige para su total comprensión la exis­ tencia de la gens en su forma arcaica como origen del fenómeno.

 

Esto colocaría a la madre y a sus hijos en la misma gens, y, en la constitución de la vivienda común ,a- base de la gens, daría a la de las madres, el ascendiente en el hogar. La familia, que probablemen­ te había adquirido la forma sindiásmica, se hallaba todavía envuelta en los restos de un régimen conyúgal que correspondía a una época aún más primitiva. Semejante familia, compuesta de marido, mujer, e hijos, habría buscado albergue, naturalmente, en compañía de fa­

milias emparentadas, en una vivienda común, en la cual las diversas

madres, con sus hijos pertenecerían a la misma gens y los presuntos

padres de esos hijos pertenecerían a otras. Las tierras comunes y la

labranza colectiva conduciría a la vivienda colectiva y al comunismo

como régimen de vida; de modo que la gyneocracia parece exigir

para su creación, la descendencia por la línea femenina. Abaste­

ciéndose en despensas comunes, las mujeres, encastilladas en enor­

mes viviendas, en las cuales predominaban en número y sus pro­

pias gentes, provocarían el fenómeno del derecho materno y la gyneo­

cracia que Bachofen ha revelado y diseñado con ayuda de fragmen­

tos legendarios e históricos. En otra parte me he referido a la in­

fluencia desfavorable para la mujer ejercida por el cambio de des­

cendencia de la línea femenina a la masculina y por la aparición de

la familia monógama que deshizo la vivienda colectiva y estableció

a la esposa y madre en una vivienda sola, separándola de sus pa-

 

          History of Greece, ed. Scribner y Armstrong, trad, de W a r d , F, 94, nota. Los etiocretas, cuyo héroe fue Minos, eran, sin duda, pelasgos. Ocupaban eí extremo Este de la isla de Creta. Sarpedon, hermano de Minos, condujo a ¡os emigrantes a Licia, donde desalojaron a los solymios, probablemente una tribu semítica; pero los licios se habían helenizado, como muchas otras tribus pelasgas, antes de Herodoto, circunstancia muy importante, consecuencia deí la derivación de las tribus griegas y pelasgas de un tronco original común. En tiempos de Herodoto, los licios estaban tan adelantados en las artes de la vida, como los griegos europeos (C u r tiu s , I, 93; G r o t e , I, 224). Parece ser que la

 

descendencia en la línea femenina fue transmitida por sus antepasados pelasgos.

          Das Mutterrecht, Stuttgart, 1861.

 

LEWIS H. MORGAN

 

rientes gentilicios, en medio de una sociedad puramente gentili­ cia (328).

Es probable que la monogamia no apareciera entre las tribus grie­

gas, hasta después que éstas alcanzaron el estadio superior de la

barbarie; y, aparentemente; en este período, llegamos a un caos en

 

la relación conyugal, especialmente con respecto a las tribus atenien­ ses. Bachofen, refiriéndose a estas últimas, dice: Como ya hemos visto, antes del Cécrop los hijos únicamente tenían madre y no padre;

 

pertenecían tan sólo a una línea de descendencia. La mujer, no liga­ da exclusivamente, sólo traía al mundo hijos espurios. Cécrop fue quien primero puso fin a este estado de cosas; llevó la unión desor­ denada de los sexos a la exclusividad del matrimonio; dio padre y madre a los hijos y así éstos, que solamente tenían una línea de des­ cendencia (unílateres), tuvieron, de este modo, dos (hilateres') (329), Lo que aquí se describe como la unión desordenada de los sexos debe admitirse con reservas. Hubiésemos esperado encontrar en esa época relativamente adelantada, a la familia sindiásmica, con restos del anterior régimen conyugal nacido del matrimonio por grupos. La familia punalúa, que la versión parece implicar, debió desaparecer antes que ellos alcanzaran el período mencionado. Este tema será tratado en los capítulos siguientes, en relación con el desarrollo de la familia.

 

Polibio ha dejado un interesante relato referente a las familias de los locrios en Italia. Los locrios mismos refiere me han ase­ gurado que sus propias tradiciones están más en conformidad con

 

la versión de Aristóteles que con la de Timeo. Ellos dan las siguien­ tes pruebas de esto. La primera es la de que toda la nobleza de linaje, entre ellos, deriva de las mujeres y no de los hombres. Que sólo son nobles, por ejemplo, los que derivan su origen de las cien familias. Que estas familias eran nobles, entre los locrios, antes de su migración; e, indudablemente, eran las mismas de entre las cuales fueron sorteadas cien vírgenes, como lo ordenara el oráculo, y en­ viadas a Troya (330),

Es una suposición lógica, por lo menos, que el rango que aquí

se menciona se refiere al cargo de jefe de la gens, que ennoblecía

 

          Hablando Bachofen de la ciudad cretense de Lyktos, refiere que esta ciudad estaba considerada como una colonia lacedemónica y ligada también a íos atenienses. En ambos casos, solamente lo estaba por el lado materno, pues, las madres, únicamente, eran espartanas; sin embargo, la vinculación ateniense se remonta a aquellas mujeres atenienses de las cuales se decía que habían sido sacadas con engaños por los tirrenos pelasgos del monte Brauron . Das Muiterrecht, cap. 13, pág, 31. Con descendencia por la línea masculina, no se hubiera reparado en el linaje de las mujeres; pero con descendencia por la lí­ nea femenina, los colonos darían su genealogía sólo por la línea femenina.

 

          Das Muíterrecht, cap. 38, pág. 73.

          P o l i b i o , XII, extracto segundo, trad, de Hampton, III, 242.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 369

 

a la familia particular dentro de Ja gens, en cuyo seno había recaído el cargo. Si esta suposición es valedera, implica la descendencia por la línea femenina, tanto para la genealogía de las personas como para la sucesión a los cargos. El cargo de jefe, en los tiempos ar­ caicos, era hereditario en la gens y electivo entre sus miembros masculinos; y con la descendencia por la línea femenina, pasaría

 

de hermano a hermano y de tío a sobrino. Pero en ambos casos, su transmisión se haría a través de la línea femenina, dependiendo la elegibilidad de la persona, de la gens de la madre, que era quien la vinculaba con la gens y con el jefe extinto cuya vacante se iba

 

a llenar. Cualquiera que sea el cargo o rango que se transmita ,a tra­ vés de mujeres, implica, necesariamente, la descendencia por la línea femenina.

 

En algunos matrimonios celebrados en el período tradicional

hay pruebas de las existencia de la antigua descendencia por la línea femenina, entre las tribus griegas. Así, Salmoneo y Creteo eran her­ manos propios, hijos de Eolo. El primero dio en matrimonio su hija Tyro al tío de ésta. Si la descendencia hubiese seguido la línea mas­

 

culina, Creteo y Tyro hubiesen sido de la misma gens, y, por lo

tanto, no se hubiesen podido casar; pero siendo la descendencia por

la línea femenina, pertenecerían a gentes diferentes, y, por lo tanto,

no serían parientes gentilicios. En este caso, su matrimonio no

violaba las inflexibles disposiciones gentilicias. Es indistinto que los

personajes nombrados pertenezcan a la mitología, pues las leyendas

aplican correctamente las costumbres gentilicias. Este matrimonio

es explicable sobre la hipótesis de que la descendencia seguía la línea femenina, lo que a su vez da pie a la presunción de la existencia

 

de esta forma de descendencia en ese tiempo, o bien, puede conside­ rarse justificado por antiguas usanzas que no se habían extinguido del todo.

 

Este mismo hecho está revelado por matrimonios celebrados en el período histórico, cuando una antigua práctica parece haber sobrevivido al cambio de descendencia a la línea masculina, aunque violaba las obligaciones gentilicias de las partes. Después de Solón, un individuo podía casarse con su media hermana en el caso de ser hijos de distinta madre, pero no a la inversa.

 

Si la descendencia hubiese seguido la línea femenina, pertene­ cerían a gentes diferentes, y, por lo tanto, no serían parientes gen­ tilicios. Su matrimonio no comprometería ninguna obligación gen­ tilicia. Pero con descendencia por la línea masculina, que era la que imperaba cuando ocurrieron los hechos citados, pertenecerían a la misma gens, y, por consiguiente, caerían bajo la prohibición, Címón se casó con su media hermana Elpinice, hija del mismp padre y de madre distinta. Demóstenes en su Eubulides presenta un caso seme­ jante. Mi abuelo dice Euxitheus , se casó con su hermana, no 24

 

LEWIS H. MORGAN

 

siendo ella su hermana por parte de madre (331). Semejantes ma­ trimonios, contra los cuales habían surgido poderosos prejuicios entre los atenienses, ya en la época de Solón, tienen su explicación como supervivencia de una antigua costumbre referente al matrimonio,

 

que imperaba cuando la descendencia seguía la línea femenina y que no había sido enteramente desarraigada en tiempos de Demós-tenes.

 

La descendencia por la línea femenina presupone la gens para

poder distinguir el linaje. Con el conocimiento que ya tenemos de la difusión antigua y moderna de la organización gentilicia en cinco continentes, incluso el australiano, y la constitución arcaica de la gens, podríamos esperar señales de la descendencia por la línea fe­ menina, al menos, en las tradiciones, sí es que no las hubiera en cos­ tumbres que hubiesen perdurado hasta el período histórico. Por con­ siguiente, no puede suponerse que los lidos, cretenses, atenienses

 

y locrios si es que bastan los antecedentes para incluir a estos dos últimos , hayan sido los que crearan una costumbre tan no­ table como la descendencia por la línea femenina. La hipótesis de que ésta fuera la primitiva ley de las gentes latinas, griegas y gre-coitalianas, proporciona una explicación más racional y satisfactoria de. los hechos. La influencia que ejercía la propiedad y el afán de transmitirla a los hijos, fueron motivos suficientes para provocar el cambio a la línea masculina.

De la costumbre de colocar a la esposa, después de su matrimo­

 

nio, en la fratría del marido, y a los hijos mujeres y varones , en la gens y fratría de su padre, puede deducirse que, entre las obliga­ ciones, de la gens ateniense, tanto antes como después de Solón, figu­ raba la de contraer matrimonio fuera de la gens (332). El principio fundamental sobre el que descansaba la gens era la prohibición del

 

matrimonio entre miembros de una misma gens, en calidad de con­ sanguíneos. El número de miembros de cada gens no era crecido. Suponiendo que en la época se registraran 60.000 individuos, v divi­ diéndolos proporcionalmente en las 360 gentes áticas, no obtendría­ mos más de 160 personas para cada gens. La gens era una gran familia compuesta de personas emparentadas que observaban ritos reírnosos comunes, tenían un cementerio común, y, por lo general, tenían también tierras comunes. Por la misma naturaleza de su cons­ titución, el matrimonio entre miembros de una gens era inadmisible. El cambio de la descendencia a la línea masculina, la monogamia,,

la herencia exclusiva de los hijos y la existencia de herederas, pre-

 

          D e m ó s ten e s contra E u b u h d e s, 20.

          D e m ó stenes, E u b u lides, 24. En su época el registro se efectuaba en el dem o s; pero demostraría quiénes eran los fratores, parientes consanguíneos, compañeros de d e m o s y gentiles de la persona registrada, como lo dice Euxi-theus. Ver también Hermann, P o lit. A n liq . o f G r e e c e, párrafo 100.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 371

 

pararon paulatinamente el camino hacia el matrimonio libre, desli­ gado de la gens, pero con prohibición limitada a ciertos parientes consanguíneos cercanos. El matrimonio en la raza humana tiene su principio en el grupo, siendo todos los varones y mujeres del mismo excluyendo a los niños maridos y esposas comunes; pero luego

 

los maridos y esposas debieron pertenecer a distintas g entes, y final­ mente, los matrimonios terminaron por celebrarse solamente entre

 

un hombre y una mujer, con cohabitación exclusiva. En los capítulos siguientes se tratará de bosquejar las distintas formas de matrimonio y de familia a través de sus diversas etapas.

Con la gens surgió un régimen de consanguinidad conocido en

Asia como turanio y en América como ganowaniano, el cual extendió la prohibición del matrimonio dentro de la gens hasta la viculación de hermanos y hermanas entre los colaterales. Este régimen se man­ tiene aún entre los aborígenes americanos, en ciertas regiones de Asia y Africa, y en Australia. Indiscutiblemente prevaleció entre las tribus griegas y latinas en una misma época anterior, y sus huellas perduraron hasta el período legendario. Podemos volver a exponer

 

un rasgo del sistema turanio; los hijos de hermanos son hermanos y hermanas entre sí, y, como tales, no pueden casarse entre ellos; los hijos de hermanas tienen el mismo parentesco y caen bajo idéntica prohibición. Esto puede servir para explicar la célebre leyenda de las Danaides, una de cuyas versiones proporcionó tema a Esquilo para su tragedia Las Suplicantes. Recordará el lector que Danao y Egipto eran hermanos y descendientes de la lo argiva. El primero tuvo cincuenta hijas de diferentes esposas, y el segundo igual nú­ mero de hijos también de diferentes esposas; y, a su debido tiempo, los hijos de Egipto pretendieron en matrimonio a las hijas de Danao. De acuerdo con el sistema de consanguinidad, correspondiente a la gens en su forma arcaica y que perdurara hasta que fuera reempla­ zado por el sistema que introdujo la monogamia, ellos eran hermanos y hermanas, y, por esta razón, no podían casarse entre sí.

 

Si en esa época la descendencia hubiese seguido la línea mascu­ lina, los hijos de Danao y de Egipto habrían pertenecido a la misma gens, lo cual hubiera sido otra razón más y de peso semejante, en contra de su matrimonio. A pesar de esto, los hijos de Egipto pre­ tendieron salvar los obstáculos y obligar a las danaides al matrimo­ nio. Estas huyeron entonces de Egipto a Argos, cruzando el mar, para escapar de lo que consideraban üna unión ilegal e incestuosa. En el Prometeo de este mismo autor, Prometeo predice este hecho

 

a lo, a saber, que en la quinta generación, a partir de su futuro hijo Epaphus, llegaría a Argos un grupo de cincuenta vírgenes, que no vendrían por su voluntad, sino huyendo de una boda incestuosa

 

372 LEWIS H. MORGAN

 

con los hijos de Egipto (333). Su huida y el horror que les inspiraban los matrimonios propuestos tienen su explicación en el antiguo sis­ tema de consanguinidad, independiente de la ley gentilicia. Fuera

 

de esta interpretación, el hecho no tiene otro significado, y su aver­ sión a esos matrimonios hubiese sido simple mojigatería.

La tragedia Las Suplicantes se basa en el episodio de su huida

 

a través del mar, hacia Argos, para implorar la protección de sus parientes argivos contra los propósitos violentos de los hijos de Egip­ to, que venían en su persecución. En Argos, las danaides declaran

 

que ellas no salieron de Egipto exiladas, sino que huyeron de hom­ bres de descendencia común, resistiéndose a una boda sacrilega con los hijos de Egipto (334). Su resistencia se basa exclusivamente en el hecho del parentesco, lo cual implica la existencia de una prohi­ bición contra matrimonios de esa índole, que ellas debían respetar. Después de escuchar a las suplicantes, los argivos, reunidos en con­ sejo, decidieron acordarles protección, lo que supone la existencia de la prohibición de tales matrimonio y la validez de su oposición a los mismos. En la época en que se desarrolló esta tragedia

 

la ley ateniense permitía y, más aún, exigía el matrimonio entre los hijos de hermanos, en el caso de herederas y huérfanas, si bien la regla parece haberse limitado a estos casos excepcionales; los matri­ monios a que nos refiriéramos, por tanto, no hubieran parecido ile­ gales o incestuosos a los atenienses; pero la tradición de las danaides se remonta a una época antiquísima y toda su significación estriba

 

en la (fuerza de la costumbre, que prohíbe esos matrimonios. El eje alrede'dor del cual giran esta tradición y sus incidentes es la invete­ rada aversión a los matrimonios propuestos, prohibidos por la ley

 

y las costumbres. No se aduce, ni hace falta-, ninguna otra razón. Al mismo tiempo, su conducta es comprensible a base de la suposición

 

de que tales matrimonios estaban entonces tan prohibidos como lo está en nuestros días el matrimonio entre hermanos. El intento de los hijos de Egipto de echar abajo la barrera- levantada por el régi­ men turanio de consanguinidad señala tal vez la época en que este régimen comenzó a ceder su lugar al régimen actual que, surgiendo con la monogamia, iba afianzándose, y que estaba destinado a reem­ plazar las costumbres gentilicias y el régimen turanio de consangui­ nidad, sustituyéndolos por grados establecidos como límites de la prohibición,.

De los antecedentes presentados se deduce la posibilidad de que

la descendencia en las tribus pelasgas, helénicas e italianas hava se­ guido la línea femenina, y que, bajo la acción de la propiedad y de la herencia, se cambió a la línea masculina. El lector estará más ca-

 

          Prometheus, 853.

          Esquilo, Suppliants, 9.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 373

 

pacitado para juzgar por sí mismo la cuestión de si esas tribus prac­ ticaban, antiguamente, el sistema turanio de consanguinidad, una vez que este sistema baya sido expuesto, con testimonio de su difundido predominio en la sociedad primitiva.

 

La duración del período tradicional de estas tribus es, por su­ puesto, desconocida; pero puede calcularse en millares de años. Es

 

probable que se remonte hasta la época de la invención del proceso de la fundición del mineral de hierro, y, de ser así, habríase mante­ nido durante el último período de la barbarie y existiría ya en el período medio. Su estado de adelanto en el período medio debe ha­ berse equiparado, por los menos, al de los aztecas, mayas y peruanos, hallados en el período medio; y su estado en el período superior debe haber sobrepasado inmensamente el de las tribus indias nombradas.

 

Se ha perdido totalmente la vasta y variada experiencia de las tribus europeas en los dos grandes períodos étnicos mencionados, durante los cuales conquistaron los elementos restantes de la civilización, salvo en cuanto nos la pueden revelar sus tradiciones y, con más amplitud, sus artes de subsistencia, sus costumbres, lenguaje e ins­ tituciones, según nos lo muestran los poemas de Homero. Los reinos

 

y los imperios eran, necesariamente, desconocidos en estos períodos; pero, entre las particularidades de su progreso, figuran tribus, na­ ciones de relativa importancia, vida urbana y de aldea, nacimiento y desarrollo de las artes de subsistencia y algunos adelantos de índole material, moral e intelectual. La pérdida de los acontecimientos de estos grandes períodos significa para el saber humano mucho más de lo que fácilmente puede imaginarse.

 

XV

LA    GENS   EN OTRAS TRIBUS DE LA FAMILIA HUMANA

 

Habiéndonos ocupado de la organización en gentes, fratrías

y tribus, tanto en su forma arcaica como en la ulterior, queda por considerar su difusión en la familia humana, en particular la de la geni, que fue la base del sistema.

 

La rama celta de la familia aria conservó la organización en gentes, en el clan escocés y en el sept irlandés, durante un período más prolongado que cualquiera otra rama de esa familia, salvo que los arios de la India sean una excepción. El clan escocés, principal­ mente, existió con notable vitalidad en los Highlands (Países Monta­ ñosos) de Escocia, a mediados del siglo pasado. Por su organizacón

 

y carácter, constituía un tipo excelente de gens y un ejemplo extraor­ dinario del poder que ejercía la sociedad gentilicia sobre sus miem­ bros. El ilustre autor de Waverley ha perpetuado un número de ca­ racteres descollantes, desarrollados en la vida del clan y que llevan impreso el sello de sus características. Evan Dhu, Torquil, Rob Roy

 

y muchos otros acuden a nuestra memoria como casos ilustres de la influencia de la gens en la formación del carácter de las personas. Aún cuando Sir Walter haya exagerado estos caracteres amoldán­ dolos a la trama de la novela, habrán tenido, asimismo, una base real. Pocos siglos antes, cuando la vida del clan era más vigorosa y las influencias exteriores menos marcadas, esos mismos clanes hubie­ ran ofrecido la comprobación de estos cuadros. Vemos en sus ven­ dettas y venganzas de familia, en su organización en gentes, en la tenencia de tierras comunes y en la fidelidad de los miembros del

 

clan entre sí y para con sus jefes, los rasgos característicos y persis­ tentes de la sociedad gentilicia. Tal como la pinta Scott, la vida gentilicia de esa época, fue más intensa y caballeresca que la que nos muestran las gentes de los griegos y romanos, o, en el otro extre-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 375

 

rao, las de los aborígenes americanos. No consta que la organización

en fratrías existiera entre ellos; pero es indudable que, tanto la fratría como la tribu, existieron en un período anterior. Es bien conocido

 

el hecho de que el gobierno británico se vio obligado a deshacer los clanes de los Highlands, en su carácter de organizaciones, para

 

someter al pueblo a la autoridad de la ley y a los usos de la sociedad política. La descendencia seguía la línea masculina, quedando en

 

el clan los hijos de los miembros varones, mientras que los hijos de las mujeres pasaban a los clanes de sus respectivos padres. Dejaremos a un lado el sept irlandés, el phis o phrara de los al-baneses, que encaman los restos de una organización gentilicia an­ terior, y las huellas de un régimen parecido en Dalmacia y Croacia, así como también el g anas sánscrito, vocablo cuya existencia en ese idioma implica que esta rama de la familia aria poseyó, en épocas anteriores, la misma institución. Las comunidades de villanos de las heredades francesas de los tiempos primitivos, a las cuales se refiere Sir Henry Maine en su reciente obra, podrían ser, como lo insinúa, vestigios de antiguas geptes celtas. "Ahora que al fin se ha dado la explicación dice , es indudable que estas asociacio­ nes no fueron en realidad co-participaciones voluntarias, sino agru­ paciones de parientes; no tan frecuentemente organizadas, sin em­ bargo, de acuerdo con el tipo de la aldea-comunidad, como en el de la Casa-Comunidad, que se ha estudiado últimamente en Dal­

macia y Croacia. Cada una de ellas era lo que los hindúes llaman

una familia conjunta indivisa, una colectividad de presuntos descen­

dientes de un antepasado común, que mantiene un hogar común y

celebran comidas comunes, durante varias generaciones     (335).

Haremos una breve referencia a la cuestión de si entre las tribus

germanas se notan vestigios de la organización gentilicia cuando

por vez primera aparecen en la historia. Es probable que heredaran

esta organización, conjuntamente con otras tribus arias, de los ante­

pasados comunes de la familia aria. Cuando los romanos los cono­

cieron atravesaban el estadio superior de la barbarie. Difícilmente

habrían podido desarrollar la idea de un gobierno más allá de lo

que lo hicieron las tribus griegas y latinas que se hallaban más

adelantadas que ellos cuando fueron respectivamente conocidos. Aun

cuando los germanos hubieran podido concebir una idea imperfecta

del estado basado en el territorio y la propiedad, no es probable que

tuviesen un concepto del segundo gran plan de gobierno que los

atenienses serían, entre los arios, los primeros en establecer. La con­

dición y régimen de vida de las tribus germanas, según los describe

César y Tácito, llevan a la conclusión de que sus diversas asocia­

ciones se vinculaban a través de relaciones personales, con sólo una

 

          Early History of Institutions, ed. de Holt, 7.

 

LEWIS H. MORGAN

 

referencia muy ligera al territorio, y que el gobierno se basaba en estas relaciones. Dos jefes aviles y comandantes militares llegaban al cargo y lo desempeñaban de acuerdo con el principio electivo, y constituían el consejo, instrumento principal del gobierno. Re­

fiere Tácito que en asuntos de poca monta se consultaba a los

jefes, pero en aquellos de mucha importancia se consultaba a toda

la comunidad. Aun cuando la decisión final de las cuestiones im­

portantes correspondía al pueblo, eran consideradas primeramente

por los jefes (336). Se advertirá la estrecha semejanza de estas cos­

tumbres con las de los griegos y romanos. El gobierno estaba com­

puesto de tres poderes: el consejo de jefes, la asamblea popular y

el comandante militar.

 

Refiere César que los germanos no se preocupaban por la agri­ cultura y que la mayor parte de sus alimentos consistía en leche, queso y carne; no tenían parcelas fijas de tierras, ni deslindes indi­ viduales, sino que los magistrados, anualmente, asignaban a las gentes y parientes unidos en un cuerpo (gentibus cognationibusque

 

hominum qui una coerint) cierta cantidad de tierra, en ciertos sitios convenientes, obligándolos a trasladarse, cada año, a lugares dis­ tintos (337). Para dar sentido a la expresión que va entre parénte­ sis, debemos suponer que halló entre ellos agrupaciones de perso­ nas, mayores que una familia, ligadas a base de parentesco, a las cuales, como grupos de personas, se le adjudicaban porciones de tierra. Esto excluía al individuo y a la familia, fusionados ambos en la agrupación unida de ese modo para el cultivo y la subsistencia. Del sentido de esta versión parece desprenderse que, en ese tiem­ po, la forma de la familia germana era sindiásmiea y que se reunían varias familias emparentadas, ocupando viviendas colectivas y prac­ ticando un régimen de vida comunista.

 

Tácito se refiere a una costumbre de las tribus germanas que consistía en ordenar sus fuerzas en el campo de batalla colocando juntos a los individuos emparentados. Esto carecía de importancia

 

si el parentesco estuviese limitado a los consanguíneos más cercanos. Ni el azar ni la reunión fortuita de sus fuerzas componen su escua­ drón de caballería ni su columna en forma de cuña de infantería,

 

sino que se forman de acuerdo con las familias y los parientes ( f a r n i - liae et propinqutiates) (338), lo cual es un poderoso incentivo para su arrojo. Ésta expresión y la anterior de César parecen indicar, por

 

          Germania, cap. II.

          De Bell Gall, VI, 22.

          Germania, cap. 7. Este autor refiere que la línea de ataque se com­ ponía por columnas en forma de cuñas: Acies per cuneos componitur . Ger., cap. 6. K o h l r a u s c h observa que los confederados de una misma marca o ciento, y de una misma raza o sept, luchaban unidos . Ed. de Appleton, trad, de J. D. Haas, pág. 28.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 377

 

lo menos, restos de un régimen gentilicio anterior que por ese en­ tonces se encontraba cediendo su lugar a la marca o distrito local, como base de un régimen político aún incompleto.

 

A los efectos de las levas militares, las tribus germanas tenían la marca (markgenossenschaft), que existió también entre los sajo­ nes ingleses, y una agrupación mayor, el gau, al que César y Tácito designan con el nombre de pagus (339). Permanece en la duda la cuestión de si la marca y el gau constituían, en esa época, distritos estrictamente geográficos, en la recíproca relación de municipio y condado, cada uno con sus límites circunscriptos y su población or­ ganizada políticamente. Parece más probable que el gau fuera un grupo de poblados asociados para las levas militares. En este senti­ do, la marca y el gau fueron los gérmenes del futuro municipio y del condado, así como la naucraria y los trittyes atenienses fueron los rudimentos del demos y de la tribu local de Clístenes. Estas or­ ganizaciones, medíante las cuales las agrupaciones del pueblo se ba­ saban. aún en la consanguinida, parecen ser etapas de transición entre el régimen gentilicio y el político (340).

 

En procura de las huellas mas tempranas de la organización gen­ tilicia, es lógico que nos dirijamos hada el continente asiático, don­ de los tipo de raza humana son más numerosos y donde, por con­ siguiente, es más prolongado el período de la ocupación del hombre. Pero aquí las transformaciones de la sociedad han sido más amplias,

 

y la influencia de las tribus y naciones entre sí, más continua. El temprano desarrollo de la civilización en la China y en la India, y

 

          D e B e ll, G a ll., TV, 1, G e rm a n ia, cap. 6.

          El Dr. F reem a n , quien ha estudiado especialmente este asunto, dice:

 

La unidad menor del sistema político es la que aún existe bajo varios nom­ bres, como ser: m a rca, gem e inde, com u n a y parroquia. Como hemos visto, es una de las muchas formas de la gens o clan, en la cual ya no es una agru­ pación errante o dedicada meramente al pillaje; pero que, por otra parte, no se ha juntado con otras para formar el elemento integrante de la república urbana,-En esta etapa, la gens toma la forma de un grupo agricultor que trabaja la tierra en común, germen de las ager-publicu s de Roma y de las folk la n d de Inglaterra. Éste es el m a rkgenossen schaft, la comunidad aldeana del Oeste. Esta unidad política menor, esta reunión de parientes verdaderos o ficticios, se com­ ponía de familias regida cada una por el m u n d de su propio padre, ese

 

patria p o testa s que sobrevivió en Roma para constituir un rasgo característico y perdurable de la legislación romana. Así como la reunión de familias forma

 

la gens y ésta, en su aspecto territorial forma la m a rkgenossen schaft, la reunión de varias de estas comunidades aldeanas con sus marcas o tierras comunes for­ man la siguiente agrupación política más elevada, el ciento, término que, en

una forma u otra, se encuentra en la.mayoría de las tierras por las cuales se ha­

ya difundido la raza teutónica... Después del ciento, en la escala ascendente,

viene el pagus, el gau, el syssel danés, el shire inglés, es decir, la tribu conside­

rada como ocupante de un. territorio determinado. Y cada una de estas divisio­ nes, grandes o pequeñas, tenía su jefe... El cien to está compuesto de aldeas, m a rcas, gem e in d e s o como se llamara la unidad menor; el shire, gau o pagu s

 

se componía de cientos". C o m p a r a tive P o litics, ed. McMUIa y Cía., pág. 116.

 

LEWIS H. MORGAN

 

la influencia preponderante de la civilización moderna han pro­ ducido tales cambios en la condición de los troncos asiáticos que es difícil descubrir sus primitivas instituciones.

La descendencia por la línea femenina es todavía muy común en

las tribus asiáticas más salvajes; pero hay numerosas tribus entre las cuales se sigue la filiación masculina. La g ens está señalada por la limitación de la descendencia a una u otra línea, seguida por

 

la organización del grupo de consanguíneos, separados así por un nombre común.

 

Refiere Latham que en la tribu de los magáres de Nepal hay doce thums. Todos los individuos que pertenecen al mismo thum son presuntos descendientes del mismo antepasado varón; no exi­ giéndose que lo sean por la misma madre. Así, el marido y la mujer deben pertenecer a diferentes thums. Dentro de un mismo thum

 

no puede haber matrimonios. ¿Deseáis esposa? Si es así, buscadla en el thum de vuestro vecino; buscadla siempre fuera del vuestro. Esta es la primera oportunidad que se me presenta de mencionar

 

esta costumbre. No será la última. Por el contrario, el principio que ella implica es tan común que casi es universal. Lo hallaremos en Australia, en América del Norte y en América de] Sur; lo hallaremos en Africa y en Europa, y lo supondremos y deduciremos en mu­

 

chos otros lugares, donde las pruebas actuales de su existencia son incompletas (341). En este caso, tenemos en el thum la clara evi­ dencia de la existencia de la gens, con descendencia por la línea masculina.

 

Los munnipuris y las siguientes tribus que habitaban las.: colinas

que rodean a Munnipur, a saber: los kupúes, los mows, los muraros y los murring, se divide cada una en cuatro familias: Kúmul, Lúang, Angom y Ningthajá. Un miembro, de cualquiera de estas familias puede casarse con un miembro de otra familia; pero el casamiento entre miembros de una misma familia está estrictamente prohibi­

 

do (342). En cada una de estas tribus pueden descubrirse cuatro gentes. Refiriéndose Bell al Telúsh de los circasianos, dice que la tradición cuenta que los miembros de cada una descendían del

 

mismo tronco o ascendiente, y, por tanto, debían ser considerados como otros tantos septs o clanes... Estos primos hermanos o miem­ bros de la misma fraternidad están no solamente impedidos de ca­ sarse entre ellos, sino que sus siervos también deben casarse con siervos de otra fraterndiad (343). Es probable que el Telúsh fuese una g ens.

 

Entre los bengalenses las cuatro castas están subdivididas en

 

          Descriptive Ethnology, I, 80.

          Mclennan, Primitive Marriage, pág. 109.

          Citado en Primitive Marriage, pág. 101.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 379

 

un sinnúmero de sectas o clases diferentes, y cada una de éstas se subdivide, a su vez; por ejemplo: yo pertenezco a la tribu (¿gens?) Nundy, y si yo fuese noble no podría casarme con una mujer de

 

la misma tribu, aunque su casta fuese la misma. Los hijos pertene­ cen a la tribu del padre. Los bienes pasan a los hijos. Sí no hay hijos, a las hijas y si tampoco las hay, a sus parientes más cercanos. Las castas están subdivididas, como Shuro, que es una de las pri­ meras divisiones; ésta, a su vez, se divide en Khayrl, Tilly, Tamally, Tanty, Chomor, Kari, etc. Un individuo que pertenezca a cualquiera

 

de estas subdivisiones nombradas no puede casarse con una mujer que pertenezca a la misma (344). Estos grupos menores cuenta, generalmente, con un centenar de miembros y conservan aún varias de las características de la gens.

 

Refiere Tylor que en la India no es lícito que un brahmán se case con una mujer que pertenezca a un clan cuyo nombre o ghotra (literalmente: pesebre de vaca) sea el mismo suyo, prohibición que impide el matrimonio entre parientes en la línea masculina inde­ finidamente. Esta ley aparece en el código de Manú, como aplica­

 

ble en las tres primeras castas; y los parientes por la línea femenina tampoco pueden casarse dentro de una extensión ampliamente li­ mitada (345). Y nuevamente entre los Kols de Chota-Nagpur, en­ contramos muchos de los clanes Oraon y Munda que llevan nom­

 

bres de animales, como ser Anguila, Gavilán, Cuervo, Garza, etcé­ tera, ,y ellos no pueden matar o comer el animal cuyo nombre lle­ van (346).

Los mongoles se asemejan mucho a los aborígenes americanos

por sus características físicas. Están divididos en numerosas tribus. La vinculación entre los miembros de una tribu dice Latham ,

 

es la de la sangre, genealogía o descendencia, designándose a la tribu, en algunos casos, con el nombre de un patriarca verdadero

 

o ficticio. La tribu, término equivalente al aimunk o aimak nativo, es una gran división que se compone de un sinnúmero de kokhums

 

o insignias (347). La versión no es lo suficientemente explícita como para dar a entender la existencia de la gens, Sus vecinos, los tun-guses, están divididos en varias agrupaciones que llevan nombres

 

de animales, como, por ejemplo, caballo, perro, reno, etc., lo que implicaría una organización gentilicia, si bien ésta no debe con-sidf ---- - i hecho.

 

De , __ , jue ningún varón puede ca-

 

          Carta enviada al autor por el Rev. Gopenath Nundy, un natural de Bengala, India.

 

          Early History of Mankind, pág. 282.

          Primitive Culture, ed. de Holt y Cía., II, pág. 235.

          Descriptive Ethnology, I, pág. 290.

 

calmucos, dice que, según

 

LEWIS H. MORGAN

 

sarse con una mujer de la misma horda , y refiriéndose a los ostiales, afirma que consideraban un delito el matrimonio con una mujer de

 

la misma familia o que llevara el mismo nombre de familia . Y que cuando un Jakut (Siberia) deseaba casarse, debía elegir esposa en otro clan (348). En cada uno de estos casos tenemos pruebas de la' existencia de la géns, una de cuyas reglas, como ya se ha dicho, era la referente a la prohibición del matrimonio entre los miembros de una misma gens. Los samoiedes Yurak están organizados en gentes. Klaproth, a quien cita Latham, afirma que esta división basada en el parentesco es tan estrictamente respetada, que ningún samoiede elige esposa entre su parentela. Por el contrario, la busca en cual­ quiera de las otras dos agrupaciones de consanguíneos (349). Entre los chinos impera un régimen de familia característico, en

 

el que parece notarse las huellas de una antigua organización genti­ licia. Mr. Robert Hart, de Cantón, en una carta que enviara al autor, dice: "... la expresión china equivalente a pueblo es Pih-sing, que significa los cien nombres de familia; pero no estoy capacitado para afirmar si se trata de una simple figura literaria o si es un término cuyo origen se remonta a la época en que . la familia general china se componía de cien subfamilias o tribus (¿gentes?). En nuestros días hay, en este país, alrededor de cuatrocientos nombres de familia, entre los que he encontrado algunos referentes a animales, frutas, metales, productos naturales, etc., y que pueden traducirse como sigue: caballo, oveja, buey, pez, pájaro, fénix, ciruela, flor, hoja, arroz, floresta, río, colina, agua, nube, oro, piel, cerdas, etc. En algu­ nas regiones del país se encuentran grandes aldeas en las cuales no existe más que un solo nombre de familia; así, por ejemplo, si en

 

un distrito se encuentran tres aldeas, de dos o tres mil habitantes cada una, siendo sus respectivos nombres de familia Caballo, Oveja y Buey... Así como entre los indios de América del Norte los ma­ ridos y sus mujeres pertenecen a tribus diferentes (gentes), así tam­ bién entre los chinos los esposos pertenecen siempre a familias dife­ rentes, es decir, a nombres diferentes. Las costumbres y las leyes prohíben el matrimonio entre individuos de una parte de la pobla­ ción que lleva el mismo nombre de familia. Los hijos pertenecen a

 

la familia del padre, vale decir, toman su nombre de familia... Si el padre muere intestado, sus bienes, por lo general, se conservan ín­ tegros durante la vida de la viuda, pero quedando bajo el contralor del hijo mayor. Al morir la viuda, éste reparte los bienes entre sí mismo y sus hermanos, quedando enteramente librada a su voluntad, la proporción en que ha de efectuar dicho reparto .

La familia aquí descrita parece ser una gens semejante a la de

 

          Origin o f Civilization, pág. 96.

          Descriptive ethnology, I, 475.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 381

 

Roma del tiempo de Rómulo; pero no se desprende de esta versión que haya estado integrada con otras gentes de linaje común, en una fratría. Además, los gentiles se hallaban todavía ubicados como gru­ pos consanguíneos, ocupando zonas separadlas, tal como se ubicaban las gentes romanas de los tiempos primitivos, y los nombres de las gentes son todavía del tipo arcaico. Se podía esperar su aumento a cuatrocientos, por el proceso de segmentación; pero su manteni­

 

miento hasta nuestros días, después que el período de la barbarie está tan lejano, es la prueba más evidente de su estabilidad como pueblo. Puede suponerse también que la familia monógama, en estas aldeas, no llegó a adquirir su completo desarrollo, y que el comunis­ mo en la vida y en el matrimonio no fue desconocido entre ellos.

 

Aún puede descubrirse la gens en su forma arcaica entre las tribus aborígenes que habitan las regiones montañosas de la China, y cu­ yos dialectos difieren del mandarín. Y es precisamente en estas tri­ bus aisladas donde trataremos de encontrar las primitivas institu­ ciones de la China.

 

Se ha dicho que las tribus de Afghanistán se hallaban divididas, de idéntica manera, en clanes; pero no ha podido comprobarse si estos clanes constituían verdaderas gentes.

 

Para no cansar al lector con mayores pormenores sobre la misma cuestión, hemos expuesto un número limitado pero suficiente de ca­ sos que permitan sentar la presunción de que la organización genti­ licia imperó en forma general y extensa entre los antepasados remo­ tos de las actuales tribus y naciones asiáticas.

 

Las doce tribus de los hebreos, tal como figuran en el libro de los Números, representan una reconstrucción de la sociedad hebrea por ministerio de la ley. El estado de barbarie ya había pasado y la civilización se había iniciado. El principio mediante el cual estaban organizadas las tribus en agrupaciones de consanguíneos presupone

 

un régimen gentilicio anterior que habría perdurado y estaría ahora sistematizado. En esta época no conocían otro plan de gobierno que la sociedad gentilicia formada por grupos consanguíneos ligados por relaciones personales. Su establecimiento posterior en Palestina, como tribus consanguíneas, con cada uno de los distritos designados con los nombres de los doce hijos de Jacob, exceptuando la tribu de Leví, es una demostración práctica de que se hallaban organizados como linajes y no como comunidades de ciudadanos. La historia de la na­ ción más notable de la familia semítica se concentra alrededor de los nombres de Abraham, Isaac y Jacob y los doce hijos de este último.

La historia hebrea comienza esencialmente con Abraham, pues

 

las referencias que se hacen a sus antepasados se limitan a dar una genealogía exenta de pormenores. Bastará citar algunos pasajes para mostrar el progreso alcanzado entonces y la condición de adelanto

 

382 LEWIS H. MORGAN

 

que corresponde a la época en que aparece Abraham. Se le describe como que "iba cargado en gran manera en ganado, en plata y oro (350). Por la cueva de Macpela "pesó Abraham a Efrom el

 

dinero que dijo en oídos de los hijos de Jet, cuatrocientos siclos de plata corrientes por los mercaderes (351). Respecto a la vida do­ méstica y a la subsistencia puede citarse el siguiente pasaje: Enton­ ces Abraham fue ,a priesa a la tienda de Sara, y díjole: Toma presto tres medidas de flor de harina, amasa y haz panes cocidos debajo

 

de la ceniza (352). Tomó también manteca y leche, y el becerro que había aderezado, y púsole delante de ellos... (353). Refiriéndose a los utensilios, vestido y adornos: "... y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo... (354). Y sacó el siervo vasos de plata, y vasos de oro, y vestidos, y dio a Rebeca; también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre (355). Cuando Rebeca se encuentra con Isaac tomó

el velo y cubrióse        (356). También se menciona al camello, asno,

buey, oveja, cabra, juntamente con rebaños y manadas, al molino

para granos, al vaso para agua, aros, pulseras, tiendas, casas y ciu­

dades. Se habla también del arco y la flecha, la espada, el trigo y

el vino, y campos sembrados de granos. Todo esto está señalando el

 

estadio superior de la barbarie en la época de Abraham, Isaac y Jacob. La escritura, probablemente, no era entonces conocida por esta rama de la familia semítica. El grado de adelanto que implica corresponde sustancialmente al de los griegos de la época de Homero. Las más primitivas costumbres hebreas referentes al matrimonio señalan la existencia de la g ens, y en su forma arcaica. Al parecer, Abraham, por intermedio de su siervo, compró a Rebeca para darla

 

en matrimonio a- Isaac, regalándole las cosas preciosas al hermano y a la madre de la novia, y no al padre. En este caso, los presentes fueron otorgados a los parientes gentilicios, suponiendo que exis­ tiera la gens, con descendencia por la línea femenina. Nuevamente se afirma esto cuando se refiere Abraham a su matrimonio con Sara, su media hermana: Y también mi hermana es hija de mi padre, más no hija de mi madre, y tomóla por mujer (357).

 

Suponiendo la existencia de la gem y la filiación femenina, Abra­ ham y Sara pertenecían a gentes diferentes, y aunque fueran parien­ tes consanguíneos no serían parientes gentilicios, y, por consiguien­ te, se podrían casar de acuerdo con las costumbres gentilicias. Si la

 

          Génesis, XIII, 2.

          Ib., XXIII, 16.

          Ib., XVIII, 6.

          Ib., XVIII, 8.

          Ib., XXII, 6.

          Ib., XXIV, 53.

          Ib., XXIV, 65.

          Ib., XX, 12.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 383

 

descendencia hubiese seguido la línea masculina, el caso sería com­ pletamente a la inversa, Nabor se casó con su sobrina, la hija de su hermano Haran (358); y Amram, padre de Moisés, se casó con su tía, la hermana de su padre, quien fue madre del legislador hebreo (359). En estos casos, con la descendencia por la línea femenina, las per­ sonas que contraían matrimonio pertenecían a gentes diferentes; pero si la descendencia hubiese seguido la línea masculina, el re­ sultado sería totalmente opuesto. Si bien estos casos no comprue­ ban en forma absoluta la existencia de la geni, Moisés daría tal ex­ plicación de los mismos, que surgiría la presunción de la existencia de la organización gentilicia en su forma' arcaica.

Cuando la civilización mosaica quedó terminada los hebreos

constituían un pueblo civilizado, pero no lo suficientemente adelan­

tado como para instituir la sociedad política. Según el relato que

hace la Biblia, estaban organizados en una serie de grupos consan­

guíneos en escala ascendente, semejante a la gens, fratría y tribu de

los griegos. En las relaciones de los hebreos y en la organización,

tanto de su sociedad como de su ejército, mientras ocupaban la

península sinaítica, se hacen repetidas referencias a estas agrupa­

ciones consanguíneas en serie ascendente que, según parece, son

equivalentes de la gens, fratría y tribu. De este modo, Ja tribu de

Leví estaba compuesta de ocho gentes, organizadas en tres fratrías,

como sigue:

TRIBU DE LEVI

Hijos de Leví

I. Gerson, 7.500 varones.

II. Caat, 8.600 varones.

III. Merari, 6.200 varones.

I. Fratría Gersonita

Gentes: 1, Lebni; 2, Semeí.

 

II. Fratría Caatita

Gentes: 1, Amram; 2, Jesaar; 3, Hebrón; 4, Oziel.

 

I I I . Fratría Merarita

Gentes: 1, Moholi; 2, Musí.

 

Cuenta los hijos de Leví por las casas de sus padres, por sus familias... Y los hijos de Leví fueron éstos por sus nombres: Gerson y Caat y Merari. Y los nombres de los hijos de Gerson por sus fami-

 

          Ib., XI, 29.

          Éxodo, VI, 20.

 

LEWIS H. MORGAN

 

lias son éstos; Lebni y Semeí. Y los hijos de Caat por sus familias:

Amram y Jesaar y Hebrón y Oziel. Item, los hijos de Merari por

 

sus familias; Moholi y Musí. Éstas son las familias de Leví por las casas de sus padres (360),.

La descripción de estos grupos comienza, unas veces, con el miem­

 

bro superior de la serie, y otras, con el inferior o unidad. Por ejem­ plo; "De los hijos de Simeón, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres... * ' los hijos de Simeón, con

y las casas de los padres son las gentes. Otro ejemplo:         Y el prín­

cipe de la casa del padre de las familias de Caat será Elisafan, hijo

de Oziel          (362). Aquí nos encontramos primero con la gens, luego

con la fratría y por último con la tribu. La persona nombrada es el

jefe de la fratría. Cada casa del padre tenía también su insignia o

bandera que la distinguía de las otras.           Los hijos de Israel asenta­

rán sus tiendas cada uno junto a su bandera según las enseñas de

las casas de sus padres...        (363). Estos términos describen organiza­

ciones efectivas y muestran que su organización militar se compo­

nía de gentes, fratrías y tribus.

 

Con respecto .al primero y más pequeño de estos grupos, la casa del padre", debía comprender varios centenares de personas, a juz­ gar por las cifras dadas del número en cada fratría. El término he­ breo beth ab significa casa paterna, casa del padre y casa de la fa­ milia; si los hebreos poseyeron la gens, la constituía este grupo de personas. El empleo ae dos términos para describirla suscitaría una duda, salvo que bajo la monogamia las familias individuales hubie­ ran llegado entonces a ser tan numerosas y prominentes que hicie­ ran necesario este circunloquio para abarcar a toda la parentela. Li­ teralmente tenemos la casa de Amram, de Jesaar, de Hebrón y de Oziel; pero como en esta época los hebreos no podían tener un con­ cepto de la casa semejante al actual, es decir, el de un título de nobleza o alcurnia, lo emplearon probablemente para designar el parentesco o linaje (364). Desde el momento que toda división y subdivisión estaba encabezada por un varón y que la filiación hebrea era exclusivamente masculina, es indudable que la descendencia, en esa época, seguía, entre ellos, la línea masculina. A continuación en la escala ascendente está la familia que parece ser una fratría.

 

          Números, III, 15-20.

          Ib., I, 22.

          Ib., m, 30.

          Ib., II, 2.

          K j e l y D e l i t z s c h s , com e n tando el versículo catorce del capítul

o

sexto del É x o d o , afirm a n que la casa del padre era un térm ino técnico, apli­ cado a un conjunto de fam ilias designadas con el nom b re de un antepasado

 

com ú n  . Ésta es una definición clara de la g e n s.

 

sus generaciones, constituyen familias son las fratrías;

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 385

 

El vocablo hebreo con que se designa esta organización (mishpa-cah) significa unión o reunión de clanes. La componían dos o más casas del padre, derivadas por segmentación de un grupo primitivo y se designaba con un nombre de fratría. Se aproxima mucho a la fratría. La familia o fratría celebraba anualmente una fiesta de sa­ crificios (365). Por último, la tribu llamada en hebreo matteh, que l significa rama, tronco o retoño, era análoga a La tribu griega Son muy pocos los detalles que se conocen respecto a los dere­ chos, privilegios y obligaciones de estas agrupaciones de consan­ guíneos. La idea de parentesco, que une cada una de las organiza­ ciones, desde la casa del padre hasta la tribu, está desarrollada en una forma mucho más notable y precisa que en las organizaciones correspondientes a las de las tribus griegas, latinas y de aborígenes americanos. Si bien la tradición ateniense pretendía que las cuatro tribus descendían de los cuatro hijos de lo, no se aventuraban a explicar el origen de las gentes y de las fratrías. En cambio, la na­ rración hebrea no solamente hace descender las doce tribus, de los doce hijos de Jacob, sino que también deriva las gentes y fratrías de los hijos y descendientes de cada uno de aquéllos. La historia de la humanidad no registra un caso análogo de desenvolvimiento de las gentes y fratrías en esta forma tan precisa. La versión debe interpre-j tarse como la clasificación de los grupos consanguíneos existentes, según los antecedentes conservados por la tradición, salvándose los menores obstáculos por medio de imposiciones legislativas.

 

Los hebreos se decían Pueblo de Israel y también Congrega­ ción (366). Esto es el reconocimiento directo del hecho de que su organización era social y no política.

 

En África nos encontramos con un caos de salvajismo y barbarie. Las artes e inventos primitivos han desaparecido en gran parte ante los utensilios y telas introducidas del extranjero, y el salvajismo en su forma más baja, incluso la antropofagia y la barbarie en sus gra­ dos más inferiores imperan en casi todo el continente. Las tribus del interior están algo más próximas a una cultura indígena y a la condición normal; pero África presenta, en general, un campo esté-| ril para la etnología.

A pesar de ser cuna de la raza negra, es notorio que su pobla­ ción y las zonas que ésta ocupa son muy reducidas. Afirma Latham con toda intención que el negro es un africano excepcional (367). Las tribus de los asniras, aponos, ishogos y ashangos que habitan la región comprendida entre el Congo y el Niger, y que fueron visita­ das por Du Chaillu, son del tipo negro genuino. Refiere ese investi-

 

s

 

25

 

          I. de Samuel, XX, 6, 29.

          Números, I, 2.

          Descript. Eth., II, 184.

 

LEWIS H. MORGAN

 

gador que cada aldea tiene su jefe y que internándose más, parece que estas aldeas estuvieran gobernadas por ancianos, cada uno de los cuales, juntamente con su pueblo, ocupaban una parte de la

 

aldea. Cada clan tenía su ifoumou (que significa fuente, origen, pa­ dre), foumon o jefe reconocido del clan. Nunca pude obtener de ios nativos una explicación de la división de sus tribus en clanes; parece que ignoraran este proceso. Actualmente entre ellos, no se proauce la formación de nuevos clanes... La casa del jefe o anciano no es me­ jor que la de sus inferiores. La forma despótica de gobierno no se conoce... Antes de ejecutarse a un reo debe reunirse forzosamente

 

el consejo de ancianos. ...Los miembros de las distintas tribus y clanes se casan entre sí, lo que crea un sentimiento afectuoso entre todos los individuos; pero el matrimonio dentro del clan está pro­ hibido. La menor consanguinidad se considera abominable, lo que

 

no es óbice para que el sobrino tome libremente las esposas de su tío y, entre los balakaí, el hijo tome las esposas de su padre, con excepción de su madre... En todas las tribus que he visitado existe la poligamia y la esclavitud... La ley de la herencia entre las tribus del Oeste establece que el hermano más próximo debe heredar los bie­ nes del mayor (mujeres, esclavos, etc.); pero si el más joven muere,

el mayor es quien hereda. Cuando no hay hermanos hereda el sobri­

no. El cargo de jefe del clan o familia es hereditario, siguiéndose la

misma regla de la herencia de la propiedad. En caso de fallecimien­

to de todos los hermanos, hereda-- el nijo mayor de la hermana ma­

yor, y la herencia continúa así, siguiendo esta filiación hasta agotar­

la, pues todos los clanes consideran la descendencia por la línea fe­

menina (368).

 

Todos los elementos de la verdadera gens están integrados en los pormenores que acaban de darse, es decir, descendencia limitada a una línea, en este caso la femenina, que imprime a la gens su forma arcaica. Además, la descendencia por la línea femenina se sigue con respecto al cargo, a la propiedad y al nombre gentilicio. El cargo de jefe pasa de hermano a hermano, o de tío a sobrino, considerán­ dose sobrino al hijo de la hermana, como entre los aborígenes ame­ ricanos; mientras que los hijos están excluidos por no ser miembros de la gens del jefe fallecido. El matrimonio dentro de la gens tam­ bién está prohibido. La única omisión de importancia en este relato conciso es la de los nombres de las gentes. La reglamentación de la herencia necesita también una explicación más completa. Livinsgtone observó entre los banyai del río Zambesi, que era

 

un pueblo más adelantado que el resto de los negros, las siguientes costumbres: El gobierno de los banyai es algo típico, pues constitu­ ye un régimen republicano feudal. El cargo de jefe es electivo, eli-

 

          T ravels in South A frica, ed. de Appleton, cap. 30, pág. 660.

 

LA SOCIEDAD PRLMITIVA 387

 

giéndose preferentemente al hijo de la hermana del jefe fallecido y dejándose a un lado a su propio hijo. Cuando el candidato no los sa­ tisface, ellos van en busca de un sucesor hasta las tribus más leja­ nas; por lo general, lo eligen en la familia del último jefe, entre sus hermanos o hijos de sus hermanas, pero nunca entre sus propios hijos o hijas. ... Le pertenecen las esposas, los bienes y la progenie de su predecesor (369). Este investigador no da detalles acerca de la organización social, pero la sucesión al cargo de jefe, de hermano a hermano y de tío a sobrino, implica la existencia de la gens con descendencia por la línea femenina.

 

Según Livinsgtone, los mismos nativos consideran a las numero­ sas tribus que ocupan las regiones bañadas por el Zambezi y que se extienden nacia el Sur, hasta la Colonia del Cabo, como un tronco común con tres grandes divisiones, los bechuanas, los basutos v los cafres (370). Respecto a los primeros, refiere que las tribus bechua­

 

nas llevan nombres de animales, lo .cual, probablemente, es indicio de que en épocas remotas practicaron, como los antiguos egipcios, el culto de los animales. La voz bakatla significa los del mono , bakuona los del cocodrilo y batlapi los del pez , profesando cada tribu un terror supersticioso por el animal cuyo nombre llevaban.

 

...La tribu no comería jamás al animal de su mismo nombre. ... Des­ cubrimos vestigios de algunas tribus antiguas por ciertos miembros individuales de esas tribus extinguidas; por ejemplo, bátan, los de león , y banoga, los de la serpiente , son tribus que actualmente no existen" (371). Estos nombres de tribus son, en realidad, indicios de gentes más que de tribus. Además, el hecho de que se encuen­

 

tren individuos aislados, cada uno de los cuales son los últimos sobre­ vivientes de su tribu, sería tan verosímil si se entendiera gens en lugar de tribu. Refiere Livingstone que entre los bangalas del valle Cassange, en Argola, el hermano de un jefe hereda en lugar de su propio hijo. Los hijos de la hermana pertenecen a su hermano, quien

 

a menudo vende sus sobrinos para pagar sus deudas (372). Nueva­ mente tenemos en esto una prueba de la descendencia por la línea femenina; pero su relato es demasiado breve y general, en éste y en otros casos, para que se pueda comprobar, en forma definitiva, si poseyeron o no la gens.

Entre los australianos ya nos hemos ocupado de las gentes, en

 

(369) Cuando un joven se enamora de una joven de otra aldea y los pa­

dres no se oponen a la boda, está obligado a trasladarse a esa aldea y vivir allí, U n a vez radicado debe realizar una serie de trabajos para su madre políti­ ca... Si llega a cansarle esta vida servil y desea regresar al seno de su propia familia, tiene que abandonar a sus hijos, pues éstos pertenecen a la madre . Ib., pág. 219.

 

          T ravels in South A frica, pág. 219.

          ib., pág. 471.

          Ib., pág. 471.

 

388 LEWIS H. MORGAN

 

los kamilaroi. Por su posición étnica, los aborígenes de esta extensa isla, se ecuentran próximos al pie de la escala. Cuando se los descu­ brió, no solamente eran salvajes, sino que lo eran en la forma más inferior de este estado. Algunas de las tribus eran antropófagas. Al respecto, M. Fison, a quien ya hemos mencionado, escribió lo que sigue al autor: Algunas de las tribus, al menos, son antronófagas. Las pruebas son terminantes. Las tribus de Wide Bay no solamente comen a sus enemigos caídos en el campo de batalla, sino también

 

a sus amigos asesinados y aun a los fallecidos de muerte natural, siempre que estuvieran en buen estado. Antes de comerlos los desue­ llan y conservan la piel frotándola con una mezcla de grasa y car­ bón de leña. Esta piel era sumamente apreciada, pues, según ellos, poseía, en alto grado, propiedades medicinales.

Estos cuadros que pintan la vida del hombre nos permiten com­

prender el estado de salvajismo, la índole de sus costumbres, el gra­

do de su desarrollo físico y el bajo nivel de la vida moral e intelec­

tual del pueblo. En Australia, el hombre, tal como lo representan

sus costumbres de antropófago, está situado en el plano más infe­

rior del que se haya tenido noticia. Y esto, a pesar de poíeer los aus­

tralianos un verdadero continente por sus dimensiones, rico en mine­

rales, con un clima bastante benigno y suficientemente dotado de

medios de subsistencia. Pero aún después de un período que puede

calcularse en miles de años permanece todavía en la condición sal­

vaje que se acaba de describir. Abandonados a sí mismos, es pro­

bable que hubiesen seguido por otros miles de años más, no ente­

 

ramente estancados, pero sí con adelantos tan imperceptibles que apenas alcanzaría a iluminar el período oscuro de su salvajismo. Las instituciones de los australianos son normales y homogé­

 

neas y la organización en gentes no se limita a los kamilaroi, sino que parece ser general. Los narrinyeri de Australia meridional que habitan cerca de la bahía Lacepede están organizados en gentes de­ signadas con nombres de animales (cuadrúpedos, aves, insectos, etc.). El Rev. George Taplin, escribiendo a mi amigo Fison, le refiere que los narranyeri no se casan dentro de...su propia g ens, y que los hijos pertenecen a la gens de su padre, y añade: No hay castas ni clases como en las tribus de habla kamilaroi de Nueva Gales del Sur, Pero cada tribu y familia (y una tribu es una familia) tiene su totem o ngaitye, y hasta algunos individuos también lo tienen. Se le conside­ ra como el genio tutelar del hombre. Es algún animal cuadrúpedo, reptil, ave o insecto. ...Los nativos cumplen estrictamente las dis­ posiciones matrimoniales. La tribu (g ens) se considera como una fa­ milia y, por consiguiente, el individuo no se casa jamás dentro de su tribu.

 

También agrega Fison que entre las tribus del distrito de Ma-ranoa, en Queensland, cuyo dialecto es el urghi, según informes que

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 389

 

me ha suministrado A. S. P. Cameron, existe la misma clasificación que entre las tribus de habla kamilaroi, tanto en lo que se refiere a los nombres de las clases como a los totems . Respecto a los aus­ tralianos del río Darling, agrega más adelante que, según le refi­ riera Carlos G. N. Lockwood,- están subdivididos en tribus (gen­ tes); nombrando a la emu, a la ánade salvaje, y a la canguro, pero sin especificar si existen otras, y que los hijos usaban el nombre de la clase de la madre y su totem (373).

De. la existencia de la organización gentilicia entre las tribus mencionadas puede deducirse, como probable, su predominio gene­

 

ral entré los aborígenes .australianos, si bien la institución, como ya se ha dicho en otra parte, está en las primeras etapas de su desarrollo. El conocimiento que poseemos de las instituciones domésticas de

 

los habitantes de las islas Polinesia, Micronesia y Papúa es aún muy limitado e incompleto. Entre los nativos de las islas Hawai, Samoa, Marquesas o Nueva Zelandia no se han encontrado vestigios de la organización gentilicia. Su sistema de consanguinidad aún es primi­ tivo, demostrando que sus instituciones no han adelantado tanto como lo haría suponer esta organización (374). Én algunas de las islas de Micronesia el cargo de jefe se transmite por la línea femeni­ na (375), pero esta costumbre pudo existir independientemente de

 

la gens. Los fiyianos están subaivididos en varias tribus que hablan dialectos de una misma lengua madre. Una de estas tribus, la de los rewas, consta de cuatro subdivisiones con nombres diferentes y cada una de éstas se subdivide, a su vez. No parece probable el hecho

 

de que las últimas subdivisiones sean gentes, por la razón, entre otras, de que a sus miembros les está permitido casarse dentro de la misma agrupación. La descendencia sigue la línea masculina. De igual ma­ nera, los tongas presentan estas divisiones, que también están, a su vez, subdivididas, como las de los rewas.

 

Las organizaciones sociales más tempranas se formaron simple­ mente alrededor de los conceptos de matrimonio y familia, de sub­ sistencia y de gobierno, y es con éstos que debe comenzar toda ex­ posición ae la estructura y principios de la sociedad primitiva. Ba­ sándonos en la teoría del desarrollo progresivo de la humanidad mediante la experiencia de los siglos, podemos afirmar que el aisla­ miento de los habitantes de Oceania, sus zonas limitadas y los esca­

 

sos medios de subsistencia,' determinaron un lento desenvolvimien­ to de progreso. Aún hoy representan una condición del hombre en el continente asiático de una época sumamente distante de la ac­ tual, y como exhiben, indudablemente, rasgos característicos inhe-

 

          Ver también T y l o r: E a r ly H istory o f M a n k in d, pág. 284.

          Systems o f C o n s a n g u inity, etc., loe. cit., págs.- 451, 482.

          M ission a r y H e r a ld, 1853, pág. 90.

 

390 LEW IS H . MORGAN

 

rentes a su aislamiento, estas sociedades isleñas representan una de las fases primitivas de la gran corriente del progreso humano. La exposición de sus instituciones, invenciones y descubrimientos y de sus rasgos morales e intelectuales, llenaría una de-las grandes nece­ sidades de la antropología.

 

Esto determina el estudio de la organización en gentes y su radio de difusión. Se ha comprobado la existencia de dicha organización entre los australianos y'los negros africanos, como asimismo se han notado huellas de ese régimen en otras tribus africanas. En gene­ ral, se ha comprobado su predominio en aquella porción de los abo­ rígenes americanos que, en la época de su descubrímento, atravesa­ ban el estadio inferior de la barbarie, y también en una porción de los indios pueblos que se hallaban en el estadio medio ae este pe­ ríodo. De la misma manera existe, en plena- vitalidad, entre las tri­ bus griegas y latinas del estadio superior de la barbarie, y se notan sus huellas en varias ramas de la familia aria. Esta organización, o bien vestigios de la misma, ha sido hallada en las familias turanias, urales y mongólicas, en los troncos tunguses y chinos; y en la fami­ lia semítica, entre los hebreos. Se ha presentado un número crecido de casos que permiten afirmar su antigua universalidad en la fami­ lia humana, así como su predominio general a fines del período del salvajismo y a través de todo el período de la barbarie. Esta investigación ha reunido también un cúmulo de hechos ca­

 

paces de demostrar que esta notable institución fue origen y base de la sociedad primitiva. Fue el primer principio orgánico, desarrollado mediante la experiencia, que supo organizar la sociedad de acuerdo con un plan definido y mantenerla como unidad orgánica hasta el momento en que, por sus adelantos, se transformó en una sociedad política. Su antigüedad, su universalidad y su. vitalidad constante están suficientemente demostradas en el hecho de haber podido per­ petuarse en todos los continentes hasta nuestros días. La admirable adaptación de la organización gentilicia a las necesidades del hom­ bre, en estos distintos períodos y condiciones, está plenamente com­ probada por su difusión y conservación. Se la ha identificado con la parte más notable de la historia de la humanidad.

 

El problema del origen de la gens, a saber, si surgió espontánea­ mente en la sociedad, en un momento dado, repitiéndose el hecho

 

en distintas regiones, o si se originó en un único punto desde el cual se propagó mediante sucesivas migraciones, por toda la superficie de la tierra, se presta para ser objeto de razonamientos teóricos. La se­ gunda hipótesis, con ligeras variantes, parece ser la más -acertada, por las siguientes razones: Nos encontramos con que dos formas' de matrimonio y dos formas de familia precedieron a la institución de la gens. Fue necesario una experiencia peculiar para alcanzar la se­ gunda forma de matrimonio y para completar esta experiencia con

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 391

 

la invención de la gens. Esta segunda forma de familia fue el resul­

 

tado final, por selección natural, de la reducción entre estrechos lí­ mites, de un notable sistema conyugal que se apoderó del salvaje y

 

lo mantuvo fuertemente asido. Su emancipación final fue demasiado notable para que pudiera repetirse en diversas épocas y en zonas muy distantes entre sí. Las agrupaciones de consanguíneos reunidos para su defensa y subsistencia, es indudable que existió desde la in­ fancia de la familia humana; pero la gens es una asociación de parien­ tes muy distinta. Ésta abarca una parte y excluye la otra; organiza la primera por el lazo del parentesco, bajo un nombre común y con derechos y privilegios comunes. El matrimonio dentro de una misma gens estaba prohibido para lograr los beneficios del matrimonio con­ traído por personas no emparentadas. Éste fue el principio vital de la organización, así como el más difícil de establecer. En lugar de ser una concepción natural y manifiesta, la gens era esencialmente profunda, y como tal, hija de una inteligencia privilegiada para la época en que se originó. Fue necesario que transcurrieran largos períodos de tiempo, antes de que la idea adquiriera vida, para hacer­ la madurar justamente con, las costumbres que entrañaba. Los poli­ nesios tenían la forma de familia punalúa, pero no lograron la gens; los australianos tenían la misma forma de familia y poseían la gens. Ésta se originó en la familia punalúa y cualquiera de las tribus que tuviera esta forma de familia disponía de los elementos con los cuales se formó la gens. Ésta es la modificación de la hipótesis sugerida. En la organización primitiva sobre la base del sexo existió el ger­ men de la gens. Cuando la gens se hubo desarrollado completamen­ te en su forma arcaica se propagaría sobre inmensas zonas median­

 

te el poder superior del. linaje así creado. La hipótesis de su propa­ gación es más verosímil que la de su institución. Estas consideracio­ nes tienen por objeto demostrar la escasa probabilidad de la teoría de la reproducción repetida en zonas separadas. Por otra parte, debe admitirse el hecho de los beneficiosos resultados de haber producido un linaje de salvajes superior a cualquiera de los entonces existentes sobre la superficie de la tierra. Cuando los pueblos, bajo la ley del salvajismo, comenzaron a emigrar, ya fuera por las persecuciones o

 

en busca de mejores tierras, el linaje se iría difundiendo paulati­ namente hasta cubrir la mayor parte del globo. La consideración de los hechos principales ya demostrados respecto a esta cuestión parece propiciar la hipótesis del origen único de la organización en gentes, salvo que nos remontemos más lejos, hasta las clases australianas, que crearon la familia punalúa en la cual se originó la gens, y con­ sideremos a estas clases como las bases originales de la sociedad primitiva. En tal caso, donde quiera se hubiesen formado las clases, existía potencialmente la gens.

 

Presuponiendo la unidad de origen del hombre, la ocupación de 392 LEWIS H. MORGAN

 

la tierra se habría producido a través de migraciones desde un punto

céntrico original. El continente asiático debe ser considerado enton­

ces como cuna de las especies, por el gran número de tipos origina­

rios del hombre que presenta en comparación con Europa, África y

América. También se desprendería que la separación de ios negros y

de los australianos del tronco común debió producirse cuando la

sociedad estaba organizada sobre la base del sexo, y cuando la forma

de la familia era la punalúa; que la migración polinesia tuvo lugar

más tarde, pero con la sociedad constituida de igual manera; y, fi­

nalmente, que la migración ganowaniana a América tuvo lugar más

tarde todavía, y después de la institución de las gentes. Estas deduc­

ciones se adelantan, simplemente, como conjeturas.

Para el conocimiento preciso de la sociedad primitiva, es absolu­

 

tamente necesario el conocimiento de la gens, de sus atributos y del radio de su difusión. Éste es el asunto que requiere ahora una inves­ tigación especializada y extensa. Entre los antepasados de las nacio­ nes civilizadas, esta sociedad alcanzó su más alto desarrollo en las

 

S ostrimerías de la barbarie. Pero existieron fases de esa misma socie- ad, en época s remotas, que hoy habría que buscar entre los pueblos

 

bárbaros y salvajes que atraviesan por una condición análoga. El concepto de la sociedad organizada se ha desarrollado a través de la existencia entera de la raza humana; sus diversas fases están ló­ gicamente ligadas engendrando la una a la otra sucesivamente, y la forma de ella que hemos tenido bajo estudio tuvo origen en la gens. Ninguna otra institución del hombre ha alcanzado tan antigua y notable relación con el desenvolvimiento del progreso humano. La verdadera historia de la humanidad está contenida en la historia del nacimiento y desarrollo de las instituciones, de las cuales la gens no es sino una. Ésta es, sin embargo, la base de todas aquellas que

 

han ejercido la influencia más preponderante sobre los actos del hombre.

 

I

LA FAMILIA PRIMITIVA

 

Estamos acostumbrados a considerar que la familia monógama

ha existido siempre, salvo en aquellos casos excepcionales en que

 

ha sido reemplazada por la forma patriarcal. Por el contrario, el con­ cepto de familia es producto del desarrollo de formas sucesivas, siendo la monógama la última de la serie. Mi propósito será demos­ trar que ésta fue precedida por formas más primitivas que predomi­ naron durante el período del salvajismo y en los estadios inferior y medio de la barbarie, y que ni la forma monógama ni la patriarcal pueden remontar su origen hasta más allá del último estadio de la "barbarie. Ellas son esencialmente modernas. Además, no habrían

sido posibles en medio de la sociedad antigua, hasta tanto la expe­ riencia previa de las formas más primitivas prepararan el camino de su introducción en todas las razas del género humano.

 

Pueden distinguirse cinco formas diferentes y sucesivas, cada una de las cuales posee un régimen de matrimonio característico. Son las siguientes:

 

1, La f a m i l i a c o n s a n g u í n e a

Se basaba en el matrimonio entre hermanos y hermanas, propios y colaterales, en grupo.

 

2. La f a m i l i a f u n a l ú a

Se basaba en el matrimonio entre varias hermanas, propias y co­ laterales, con los maridos de cada una de las otras, en grupo, no siendo indispensable que los maridos comunes estuviesen emparen-

 

LEWIS H. MORGAN

 

tados entre sí. Asimismo, varios hermanos, propios y colaterales, se casaban con las esposas de cada uno de los otros, en grupo, no sien­ do indispensable que estas esposas estuviesen emparentadas entre si, aunque en ambos casos esto sucedía con frecuencia. En cada caso, el grupo de hombres se casaba en conjunto con el grupo de mujeres.

 

3. L a familia sendi Ásmica o por parejas

 

Se basaba en el matrimonio entre parejas solas, pero sin cohabi­

 

tación exclusiva. El matrimonio duraba a voluntad de las partes.

 

4. L a familia patriarcal

 

Se basaba en el matrimonio de un hombre con varias mujeres; por lo general, estaba acompañado por la' reclusión de las esposas.

 

5. L a familia monógama

 

Se basaba en el matrimonio entre parejas solas, con cohabitación exclusiva.

 

Tres de estas formas, a saber: la primera, la segunda y la quinta, fueron radicales, pues llegaron a ser tan generales e influyentes como para crear tres sistemas diferentes de consanguinidad los cuales to­ davía se mantienen en vigor. Considerando esto a la inversa, dichos sistemas bastan por sí mismos para comprobar la existencia anterior de las formas de familia y de matrimonio con las cuales se relacio­ nan respectivamente. Las dos restantes, la sindiásmica y la patriar­ cal, fueron formas intermedias y no lo suficientemente influyentes como para crear un nuevo sistema de consanguinidad o modificar esencialmente los que ya existían en la época. No debe suponerse

 

que estos tipos de familia estuvieron completamente separados entre si por límites bien definidos; por el contrario, el primero se funde en el segundo, éste en el tercero, y así sucesivamente, en gradacio­ nes insensibles. Los postulados a plantearse y resolverse son: que dichas formas de familia nacieron sucesivamente, una de otra, y que representan colectivamente el desenvolvimiento del concepto de fa­ milia.

 

Para poder explicar el desarrollo de estas diversas formas de fa­ milia y de matrimonio, es necesario presentar la esencia del sistema de consanguinidad y afinidad correspodiente a cada una. Estos siste­ mas encaman testimonios decisivos y precisos, exentos de toda in­ tención, que atañen directamente a este asunto. Por otra parte, ha-

 

LASOCIEDADPRIMITIVA397

 

blan con tal autoridad y certeza que no dan lugar a que se dude de las conclusiones que de ellos se desprenden. Pero un sistema de consanguinidad es intrincado y complejo hasta tanto no nos familia­ rizamos con él. Fatigaríamos la atención del lector si insistiéramos sobre esta materia hasta' llegar a demostrar el valor y fundamento de los testimonios que contiene. Como ya me he ocupado extensa­ mente del asunto en mi obra anterior Sistema de consanguinidad y afinidad de la familia humana (376) me limitaré ahora a exponer los hechos principales reducidos a su menor número posible, haciendo referencia a mi obra citada, para detalles más completos y para los cuadros generales. La importancia de la proposición principal como parte de la historia del género humano, a saber, que la familia ha sido producto del desarrollo de formas sucesivas, es un motivo pode­ roso para la presentación y estudio de estos sistemas, si ellos pueden en verdad establecer este hecho Será necesario dedicar este capí­ tulo y los cuatro siguientes a la exposición breve y general de la prueba.

El sistema de consanguinidad más primitivo de los hasta aho­

 

ra descubiertos se presenta entre los polinesios, de los cuales elegi­ remos a los hawaianos como ejemplo típico. Lo he denominado sis­ tema malayo. En él todos los consanguíneos, próximos o lejanos, caen dentro de alguno de los siguientes parentescos: padre, hijo, abuelo, nieto, hermano y hermana. No se reconoce ninguna otra vinculación de sangre. Aparte de estos parentescos están los creados por el ma­

 

trimonio. Este sistema de consanguinidad apareció en la primera forma de familia, la consanguínea, y lleva consigo la prueba princi­ pal de su existencia primitiva. Este hecho puede parecer base insu­ ficiente para una deducción tan importante; pero si estamos habili­ tados para suponer cpie cada parentesco de los reconocidos era el que de hecho existió, la deducción queda plenamente cimentada.

 

Este sistema imperó, en forma muy general, en Polinesia, si bien entre ellos la familia ha pasado de la forma consanguínea a la puna-lúa. Se mantuvo inalterable, pues no existió un motivo suficiente­ mente poderoso, no se produjo una mudanza en las instituciones tan radical como para provocar su cambio. Cuando se establecieron las misiones americanas en las islas Sandwich, hace cerca de cincuen­ ta años, el matrimonio entre hermanas y hermanos no había des­ aparecido aún por completo. No puede dudarse del antiguo predomi­ nio general de este sistema de consanguinidad en Asia, pues él fue base del sistema turanio que todavía existe en dicho continente. Asi­ mismo, fue cimiento del sistema chino.

Con el transcurso del tiempo un segundo sistema de consangui-

 

          S y s tem s o f C o n s a n g u in ity and A f f in ity o f the H u m a n F a m ily, Sm ith­

 

sonian Contributions to K n o w ledge, vol. X V I I.

 

LEWISH.MORGAN

 

nidad, el turanio, sucedió al primero, y se difundió por una gran parte de la superficie del globo. Entre los aborígenes norteamerica­ nos llegó a ser universal y en Sudamérica dejó huellas tan marca­ das que permiten suponer su universalidad también en este país.

 

En ciertas regiones de Africa se ha notado su influencia, pero el sistema de las tribus africanas en general se aproxima más al mala­ yo. Este impera aún en la India meridional, entre los hindúes que hablan dialectos de la lengua draviniana y también, en una forma modificada en la India septentrional, entre los hindúes que hablan dialectos de la lengua gaura. También prevalece en Austrialia, en forma parcialmente desarrollada, donde parece haberse originado bien en la organización en clases o en la organización incipiente en gentes, que conducen al mismo resultado. En las principales tribus de las familias turania y ganowaniana, debe su origen al matrimo­ nio punalúa en grupos y a la organización gentilicia, tendiendo esta última a reprimir los matrimonios consanguíneos. Ya se ha expuesto cómo esto fue logrado mediante la prohibición del matrimonio den­ tro de la gens, lo que. excluía en forma permanente de la vincula­ ción matrimonial a las hermanas y hermanos propios. Cuando, surgió el sistema turanio de consanguinidad, la forma de familia era la punalúa. Esto está comprobado por el hecho de que el matrimonio punalúa en grupos explica los parentescos principales según el sis­ tema, demostrando que son los que realmente existirían en virtud de este régimen de matrimonio. La lógica de los hechos nos permite de­ ducir que la familia punalúa estuvo, en una época, tan difundida como el sistema turanio de consanguinidad. Este sistema debe atri­ buirse a la organización gentilicia y a la familia punalúa. Más ade­ lante se verá que surge del sistema malayo por el simple cambio de los parentescos resultantes de matrimonios .anteriores entre herma­ nos y hermanas, propios y colaterales, y que fueron, de hecho, cam­ biados por las gentes, lo cual demuestra la íntima vinculación que hay entre ellos. La influencia poderosa de la organización gentilicia sobre la sociedad, y en particular, sobre el grupo punalúa, está de­ mostrada en este cambio de sistema.

El sistema turanio es simplemente estupendo; reconoce todos los

 

parentescos conocidos bajo el sistema ario y además un gran núme­ ro que éste no tomó en cuenta. Los consanguíneos, próximos o leja­ nos, están clasificados en categorías, y por medios característicos van mucho más allá de la esfera ordinaria del sistema ario. En sus salu­ dos familiares y ceremoniosos, las personas se dan el tratamiento del parentesco que los une y no se llaman jamás por su nombre perso­

 

nal, lo que ha contribuido en gran escala, a la difusión del conoci­ miento del sistema, así como a la conservación del vínculo con los parientes más lejanos, por su constante reconocimiento. Cuando no hay lazos de parentesco entre dos personas, se tratan simplemente de

 

LASOCIEDADPRIMITIVA399

 

amigo mío . Ningún otro sistema de consanguinidad hallado entre los hombres puede igualársele por la perfección de sus detalles y el número de sus características propias.

Cuando fueron descubiertos los aborígenes americanos, la fami­

lia había pasado, entre ellos, de la forma punalúa a la sindiásmica, de modo que los parentescos reconocidos por el sistema de consan­ guinidad, no eran en muchos casos los que realmente existían en la familia sindiásmica. Esto era la repetición exacta de lo sucedido bajo el sistema malayo, cuando la familia pasó de la forma consanguínea

 

a la punalúa y el sistema de consanguinidad permaneció inalterable; de modo que mientras los parentescos reconocidos en el sistema ma­ layo son los que efectivamente existían en la familia consanguínea, resultaban en parte falsos para la familia punalúa. Del mismo modo, mientras los parentescos dados por el sistema turanio son los que efectivamente existían en la familia punalúa, resultaban en parte falsos para la sindiásmica. Forzosamente las formas de familia ade­ lantan con mayor rapidez que los sistemas de consanguinidad, los cuales perduran para registrar las vinculaciones familiares. Así como el establecimiento de la familia punalúa no proporcionó motivos ca­ paces de reformar el sistema malayo, el desenvolvimiento de la fa­ milia sindiásmica no dio margen a la reforma del turanio. Fue nece­ saria una institución tan poderosa como la organización gentilicia para cambiar el sistema malayo por el turanio; y fue necesario una institución tan poderosa como la propiedad en concreto, con sus de­ rechos de propietario y de herencia, juntamente con la familia mo­ nógama que creaba, para derribar el sistema turanio de consangui­ nidad y sustituirlo por el ario.

 

Con el transcurso del tiempo surgió un tercer gran sistema de consanguinidad que puede denominarse, como se guste, ario, semíti­ co o uralio, y que probablemente se sobrepuso a un régimen tura­ nio anterior entre las principales naciones que alcanzaron más tarde la civilización. Este sistema es el que determina los parentescos en la familia monógama. No se basó en el turanio como éste se basó en el malayo, sino que se sobrepuso a un sistema turanio anterior, en las naciones civilizadas, como puede demostrarse mediante otras pruebas.

 

Las últimas cuatro formas de familia se mantuvieron hasta el pe­ ríodo histórico, pero la primera, o sea, la consanguínea, desapareció. No obstante, su remota existencia puede deducirse del sistema malayo de consanguinidad. Tenemos, por lo tanto, tres formas radicales de familia que representan tres grandes condiciones de vida, esencial­ mente diferentes, con tres sistemas de consanguinidad distintos y bien delineados, suficientes para comprobar la existencia de estas familias, si contuviesen las únicas pruebas restantes. Esta afirmación contribuirá a que se fije la atención en la permanencia y persisten-

 

LEWISH.MORGAN

 

cia singulares de los sistemas de consanguinidad y en la importancia de la evidencia que entrañaban con respecto a la condición de la sociedad primitiva.

Cada una de estas familias se desenvolvió en un largo proceso,

en las tribus de la humanidad, con un período de infancia, otro de

madurez y otro de decadencia. La familia monógama debe su ori­

gen a la propiedad, así como la sindiásmica que contenía su germen,

debió su origen a la gens. Cuando las tribus griegas aparecen por vez

primera en la historia, la familia monógama ya existía; pero no llegó

a implantarse completamente hasta que la legislación primitiva fijó

su estado legal y sus derechos. El desarrollo del concepto de propie­

dad en la mente humana está íntimamente ligado a la implantación

 

de esta forma de familia, por su creación y usufructo, y, especialmen­ te, por la definición de los derechos legales con respecter a la heren­ cia. La propiedad llegó a ser tan poderosa que su influencia se dejó sentir en la estructura orgánica de la sociedad. La certidumbre acerca de la paternidad de los hijos adquirió ahora un significado hasta entonces desconocido. El matrimonio entre parejas solas ha existido desde el período inferior de la barbarie bajo la forma de una unión

 

de parejas durante un plazo voluntario. A medida que la sociedad primitiva fue ascendiendo hacia condiciones cada vez más adelan­ tadas, mediante el mejoramiento de sus instituciones y el progreso de los inventos y descubrimientos, dicha forma de matrimonio fue haciéndose más estable; pero faltaba aún el elemento esencial de la familia monógama, esto es, la cohabitación exclusiva. Ya en épocas remotas de barbarie el hombre comenzó a exigir fidelidad a la mu­ jer, bajo castigos salvajes, pero sin corresponderle en la misma for­ ma. Esta obligación debe ser necesariamente recíproca, y su cum­ plimiento correlativo. Entre los griegos de la época de Homero la esposa, dominada por el marido, estaba en una condición de aisla­ miento y de excesiva desigualdad, gozando de muy pocos derechos.

 

El cotejo de la familia griega en las etapas sucesivas comprendidas desde Homero hasta Pericles, nos da un notable mejoramiento, rea­ lizado paulatinamente, que culmina con una institución definida. La familia moderna es, indiscutiblemente, mucho más adelantada que

 

la de los griegos y romanos, porque la mujer ha mejorado inmensa­ mente su posición social. De la situación de hija de su marido, como entre los griegos y romanos, se ha ido aproximando a éste en igualdad de rango y de derechos personales. Tenemos una crónica de la fa­ milia monógama que abarca cerca de tres mil años durante los cua­ les puede afirmarse que su estructura se ha ido perfeccionando en forma gradual y continua. Ella está destinada a progresar aún más, hasta llegar a un punto en que se reconozca plenamente la 'gualdad de los sexos y la equidad de las relaciones conyugales. Tenemos tam­ bién pruebas, si bien no tan completas, del perfeccionamiento pro-

 

LASOCIEDADPRIMITIVA401

 

gresivo de la familia sindiásmica, la que, comenzando con un tipo inferior, culminó en la monogamia. Se han recordado estos hechos por considerarlos esenciales en la presente exposición.

 

En capítulos anteriores, hemos llamado la atención del lector sobre el maravilloso régimen matrimonial que uniéndose a la huma­ nidad en la infancia de su existencia, la acompañó hasta la civiliza­ ción, si bien perdiendo terreno, constantemente, ante el adelanto progresivo de la sociedad. La razón del progreso humano puede cal­ cularse, hasta cierto punto, por el grado de reducción de este siste­ ma bajo el influjo de los elementos morales de la sociedad que lo re­ sistía. Cada una de las formas sucesivas de familia y de matrimonio

 

es una prueba significativa de esta reducción. Cuando quedó redu­ cido a cero, y solamente entonces, fue posible la familia monógama. Las huellas de estas familias pueden remontarse hacia el pasado, hasta el comienzo del último período de la barbarie donde desapa­ rece fundiéndose en la sindiásmica.

 

Es así como obtenemos un bosquejo de los siglos transcurridos mientras estas dos formas de familia desarrollaban el proceso de su desenvolvimiento. Pero la creación de cinco formas sucesivas de fa­ milia, cada una distinta de las otras y correspondientes a condiciones de sociedad enteramente diferentes, robustece nuestro concepto de

 

la duración de los períodos durante los cuales la idea de familia se fue desarrollando a través de formas intermedias, desde la consan­ guínea hasta la monógama, aún en constante progreso. Ninguna otra institución de la humanidad posee una historia más notable y acci­ dentada, o que abarque los resultados de una experiencia más pro­ longada y diversa. Fue necesario el mayor esfuerzo mental y moral del hombre y el transcurso de un sinnúmero de siglos, para conser­ var su existencia y para conducirla, a través de sus distintas etapas, hasta la forma que reviste actualmente.

 

El matrimonio pasó de la forma punalúa a la monógama a través de la sindiásmica sin ninguna modificación de importancia en el sistema turanio de consanguinidad. Dicho sistema, que registra las vinculaciones de parentesco en la familia punalúa, permaneció esen­ cialmente inalterada hasta la implantación de la familia monógama, bajo la cual llegó a ser casi totalmente contradictoria por la natura­ leza de la descendencia y hasta incestuoso de acuerdo con la mono­ gamia. Daremos un ejemplo. Bajo el régimen malayo un hombre

 

llama hijo, al hijo de su hermano, pues la esposa de su hermano es tan esposa suya como de su hermano; y también el hijo de su her­ mana es hijo suyo, pues su hermana es esposa suya. Bajo el régimen turanio, el hijo de su hermano es también su hijo por idéntica ra­ zón, pero el hijo de su hermana es ahora su sobrino, porque, de acuerdo con la organización gentilicia, su hermana ha dejado de ser esposa suya, Entre los iraqueses, cuya familia es sindiásmica, un 26

 

LEWISH.MORGAN

 

hombre llama aún hijo, al hijo de su hermano, aunque la esposa de éste ha dejado de ser esposa suya; y así con un gran número de parentescos igualmente contradictorios con la forma de matrimonio existente. El régimen ha sobrevivido a las costumbres que le dieron origen y se mantiene aún, si bien es incierto, en su mayor parte, res­ pecto a las descendencias tal como ahora existen, No había surgido ningún motivo tan poderoso como para provocar el derrumbe de ese grande y primitivo sistema de consanguinidad. La monogamia fue

 

la que, al aparecer, proporciona ese motivo a las naciones arias cuan­ do se acercaron a la civilización. Aseguró así la paternidad de los hijos y la legitimidad de los herederos. La reforma del régimen tura-nio, a fin de hacerlo concordar con las descendencias monógamas,

 

no fue posible. Falseaba la monogamia de parte a parte. No obstan­ te había un remedio sencillo y completo a la vez. EÍ régimen tura-nio fue abandonado y substituido por el método descriptivo usado

 

por las tribus turanias cuando querían especificar un parentesco dado. Recurrían ,a los simples hechos de consanguinidad y describían el parentesco de cada persona, mediante la combinación de los tér­ minos primarios. Así, hablaban, del hijo del hermano , nieto del hermano , hermano del padre y del hijo del hermano del padre . Cada'frase describía a una persona dejando librado el parentesco a la deducción. Este era el régimen de las naciones arias tal como se

 

lo ha encontrado en su forma más antigua entre las tribus griegas, latinas, sánscritas, germanas y celtas, así como también en la semí­ tica, como lo prueban las genealogías hebreas de Las Escrituras. Entre las naciones arias y semíticas quedaron vestigios del régimen turanio, de algunos de los cuales nos hemos ocupado, hasta en el período histórico, pero dicho régimen fue esencialmente dejado a un lado y reemplazado por el sistema descriptivo. Para ilustrar y con­ firmar estas distintas proposiciones, debemos considerar, por su or­ den de aparición, los tres sistemas y las tres formas radicales de fa­ milia que surgieron respectivamente enlazadas a aquellos. Estos se interpretan mutuamente.

 

Un sistema de consanguinidad considerado por sí solo, tiene poca importancia. Limitado en el número de ideas que encierra y descan­ sando aparentemente en simples sugestiones, parecería incapaz de suministrar una información útil, y de arrojar alguna luz sobre las primitivas condiciones de la humanidad. Tal sería, por lo menos,

 

la consecuencia natural de considerar en abstracto la vinculación de un grupo de parientes. Pero si comparamos los regímenes de diversas tribus y vemos que ocupan el rango de institución doméstica y que se han ido transmitiendo a través de períodos inmensamente prolon­ gados de tiempo, el sistema de consanguinidad adquiere un aspecto

 

muy distinto. Estos tres sistemas, riño tras otro, representan el desen­ volvimiento completo de la familia, desde su forma consanguínea a

 

LASOCIEDADPRIMITIVA403

 

la monógama. Desde que nos asiste el derecho de suponer que cada una revela la verdadera vinculación que existía en la familia en el momento de su implantación, descubre a la vez, la forma del matri­ monio que prevalecía entonces, aunque ambas formas de familia

 

y matrimonio puedan haber avanzado hacia un estadio más elevado mientras el régimen de consanguinidad continuaba inalterado.

 

Se notará también que estos sistemas son productos naturales, in­ herentes al progreso de la sociedad de una condición inferior a una superior, estando señalado el cambio, en cada caso, por la aparición de una institución que afectaba profundamente la constitución de la sociedad. La vinculación de madre e hijo, de hermano y hermana

 

y de abuela y nieto se ha podido establecer en todas las épocas, con entera certidumbre; pero la de padre é hijo, y la de abuela y nieto, no pudo establecerse con certidumbre hasta que la monogamia vino

 

a ofrecer la mayor seguridad posible. En los matrimonios por grupos, un cierto número de personas se hallaría comprendido en varios de estos parentescos a la vez, con igual probabilidad. En las condicio­ nes más salvajes de la sociedad primitiva estas vinculaciones, tanto las verdaderas como las probables, se tendrían en cuenta, inventán­ dose términos para designarlos. Con el tiempo, surgiría un sistema de consanguinidad de la continua aplicación de estos términos a per­ sonas reunidas así en una agrupación de parientes. Pero la forma del sistema, como se ha dicho, dependería de la forma del matrimo­ nio. Si el matrimonio se celebraba entre hermanos y hermanas, pro­ pios y colaterales, por grupos, la familia sería consanguínea y el sistema de consanguinidad, el malayo. Si el matrimonio se celebraba entre varias hermanas con los maridos de cada una de ellas en grupo, y entre hermanos con las esposas de cada uno de ellos en grupo,

 

la familia sería punalúa y el sistema de consanguinidad, el turanio; y si el matrimonio se celebraba entre parejas solamente con cohabita­ ción exclusiva, la familia sería monógama, y el sistema de consan­ guinidad, el ario. Por consiguiente, los tres sistemas se basan ert tres formas de matrimonio y tratan de expresar, hasta donde pueden de­ terminarse, la verdadera vinculación que existe respectivamente en

 

las tres formas de matrimonio. Se verá, pues, que no descansaron en la naturaleza sino en el matrimonio; no sobre consideraciones fic­ ticias sino sobre hechos;' y que cada uno de los sistemas es, a su vez, tan lógico como verdadero. La evidencia que encierran es de mucho valor, así como una de las más sugestivas. Revela la condición de la sociedad primitiva con una exactitud infalible.

. Estos sistemas se resuelven en dos formas ulteriores fundamen­

 

tales distintas: la clasificadora y la descriptiva. Bajo la primera, no se describe nunca a los consanguíneos sino que se les clasifica en categorías, sin tener para nada en cuenta su proximidad o alejamien­ to con el Ego; y a todas las personas de la misma categoría se le

 

404LEWISH.MORGAN

 

aplica el mismo término de parentesco. Así, mis propios hermanos y los hijos de los hermanos de mi padre son hermanos míos por igual; mis propias hermanas y las hijas de las hermanas de mi madre son todas hermanas mías por igual; tal es la clasificación bajo los siste­ mas malayo y turanio. En el segundo caso, los consanguíneos son descriptos, ya sea mediante los términos primarios de parentesco o

 

la combinación de los mismos, especificándose de este modo el pa­ rentesco de cada persona, Así, decimos hijo del hermano , herma­ no del padre e hijo del hermano del padre . Tal fue el sistema de las famibas arias, semíticas y urales, que nació con la monogamia. La invención de términos comunes introdujo, más adelante, un pe­ queño aumento en la clasificación; pero la forma más temprana del sistema, del cual son casos típicos el erse y el escandinavo, eran pura­ mente descriptiva como se ha demostrado en los ejemplos presenta­

dos. La diferencia primordial entre los dos sistemas radicaba en que, en un caso, se celebraban numerosos matrimonios en grupos, y en

 

el otro, eran matrimonios individuales entre parejas solas. Mientras el sistema descriptivo era el mismo en las familias arias, semíticas y uralias, el clasificador tenía dos formas distintas. La primera fue la malaya, la más antigua por su aparición; y la segunda, la turania y ganowaniana, esencialmente semejantes y formadas a base de la modificación del sistema malayo anterior.

 

Una breve referencia a nuestro propio régimen de consanguini­ dad hará destacar los principios básicos sobre los qué descansan todos los sistemas.

 

El parentesco puede ser de dos clases: primero, por consangui­ nidad o por la sangre; segundo, por afinidad o por matrimonio. La consanguinidad también puede ser de dos clases: lineal y colateral. Consanguinidad lineal es la vinculación que existe entre personas de las cuales unas descienden de otras. Consanguinidad colateral es la vinculación que existe entre personas que descienden de antepa­ sados comunes, y que no descienden unas de otras. El parentesco creado por el matrimonio existe por la costumbre. ,

 

Para no profundizar demasiado la cuestión, diremos en términos generales que, en todo sistema de consanguinidad donde se estable­ ce el matrimonio por parejas solas, existe una relación lineal y va­ rias colaterales, divergiendo las últimas de la primera. Todo indivi­ duo es centro de un grupo de parientes, el Ego, con respecto al cual se establece el grado de parentesco de cada persona. Su posición, ne­ cesariamente, está en línea recta y esta línea es vertical. Sobre ésta deben inscribirse, hacia arriba y hacia abajo, sus diversos antepasa­ dos y descendientes en series directas, de padre a hijo, y el conjunto de estas personas constituirá su línea directa masculina. De esta línea troncal emergen las diversas líneas colaterales masculinas y feme­ ninas, que se numeran por separado. Para tener un conocimiento

 

LA SOCIEDAD PHJM rnVA 405

 

completo del sistema bastará reconocer la línea directa principal y . una sola rama masculina y femenina de las cinco primeras líneas colaterales, incluyendo las del lado del padre y las de la madre, yendo en caso, del padre a uno solo de sus hijos, aunque no se abar­ que así más que una pequeña porción de los paritentes del Ego, ya sea en las series ascendentes o en las descendentes. El sistema no sería más inteligible si intentásemos seguir todas las ramas y divisiones

 

de las distintas lineas colaterales, cuyo número,, en las series ascen­ dentes, aumenta en proporción geométrica.

 

La primera línea colateral masculina, consiste en mi hermano y sus descendientes; y la primera femenina, en mi hermana y sus des­ cendientes. La segunda línea colateral masculina del lado de mi pa­ dre, consiste en el hermano de mi padre y sus descendientes; v la segunda femenina, en la hermana de mi padre y sus descendientes; la segunda masculina, del lado de mi madre se compone del herma­ no de mi madre y sus descendientes; y la segunda femenina de la hermana de mi madre y sus descendientes. La tercera línea colateral masculina, del lado de mi padre, consiste en el hermano de mí abue­ lo y sus descendientes; y la tercera, femenina, en la hermana de mi abuelo y sus descendientes: la misma línea, del lado de mi madre, en sus ramas masculina y femenina, se compone del hermano y de

 

la hermana de mi abuela y de sus descendientes respectivos. En este último caso se verá que hemos pasado de la línea directa del lado del padre a la del lado de la madre. La cuarta línea colateral, masculina y femenina, comienza con el hermano y la hermana del bisabuelo y con el hermano y la hermana de la bisabuela; y la quinta línea colateral, masculina y femenina, con el hermano y la hermana del tatarabuelo, y con el hermano y la hermana de la tatarabuela, y cada una de las líneas y de las ramas, continúa desarrollándose,

 

como la tercera línea. Estas cinco líneas, con la recta, abarcan el gran conjunto de nuestros parientes que pueden estar dentro de la esfera de un conocimiento práctico.

 

Es necesario dar una explicación más detallada de estas diversas líneas,. Si yo tuviese varios hermanos y hermanas, ellos constituirían, con sus descendientes, tantas líneas, independientes entre sí, como hermanas y hermanos tengo; pero constituyen, al mismo tiempo, mi primera línea colateral formada por dos ramas, la masculina y la femenina. De igual modo, los diversos hermanos y hermanas de mi

 

padre y de mi madre, con sus respectivos descendientes, forman tan­ tas otras líneas, independientes entre sí, como hermanos y hermanas haya; pero todos unidos constituyen la segunda línea colateral con dos divisiones, el lado paterno y el materno, y con cuatro ramas prin­ cipales, dos masculinas y dos femeninas. Si desarrolláramos comple­ tamente la tercera línea colateral en sus diversas ramas obtendríámos cuatro divisiones generales de antepasados y ocho ramas principales;

 

406LEWISH.MORGAN

 

y el número de cada una aumentaría en la misma proporción en cada línea colateral sucesiva.

 

Con un número de divisiones y ramas de esta naturaleza, que abarca tal cantidad de consanguíneos, se verá de inmediato, que no sería una empresa vulgar obtener un método de arreglo y descrip­ ción que los mantuviera claramente separados e hiciese inteligible su conjunto. Esta tarea fue perfectamente realizada por los civilis­ tas romanos cuyo método fue adoptado por las principales naciones europeas y es tan enteramente sencillo que es digno de admira­ ción (377). El desarrollo de la nomenclatura en la extensión reque­

 

rida debió ser tan extremadamente dificultoso que es probable que nunca se hubiese producido sino bajo el incentivo de una necesidad imperiosa, como, por ejemplo, La de un código de descendencia que regulase la herencia de la propiedad.

Para que la nueva forma fuese asequible era indispensable de­

 

finir el parentesco de tío y tía, por parte de padre y de madre, me­ diante términos concretos, lo cual pudo realizarse en un corto nú­ mero de lenguajes humanos. Estos términos aparecieron finalmente entre los romanos encamados en los vocablos patruus y amita = tío

 

y tía por parte de padre, y avunculus y matertera = tío y tía por parte de madre. Una vez inventados éstos, quedó implantado el mé­ todo romano perfeccionado de descripción de consanguíneos (378).

 

Este fue adoptado, en sus características principales, por las distintas ramas de la familia aria, con excepción ae la erse, la escandinava y la eslava.

 

Cuando el régimen turanio fue abandonado, el sistema ario ad­ quirió necesariamente la forma descriptiva, como en la familia erse. Todas las relaciones de parentesco lineales, y las cinco colaterales, hasta más de cien, se hallaban independientes unas de otras y exigían un número igual de frases descriptivas, o la invención paulatina de términos comunes. Se verá que las dos formas radicales, la clasifica­ dora y la descriptiva, señalan casi la línea precisa de demarcación entre las naciones bárbaras y las civilizadas. Semejante resultado pudo predecirse por la ley de progreso revelada por estas distintas formas de matrimonio y de familia.

Los sistemas de consanguinidad no se adoptan, ni se modifican,

 

ni se dejan de lado a voluntad. En su origen se han identificado con grandes movimientos orgánicos de la sociedad que produjeron cam­ bios notables de condición. Cuando llegaba a generalizarse el uso

 

          Pandectas, lib. X X X V I I I, capítulo X . D e gradibus, et ad finibus et nom inibus eorum . E Institutos de Justiniano, lib. III, capítulo V I. De gradibus cognationem .

 

          N u e s tro vocablo  aunt  (tía), deriva de  am ita  , y  uncle  (tío)

 

de avunculus , agregándole el dim inutivo. Significa, por lo tanto, abuelo pe­ queño. M a tertera se supone que deriva de m a ter y altera ~ otra m adre.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA407

 

de una forma particular, habiéndose inventado su nomenclatura y fijado su método, su cambio, por su misma naturaleza, se produciría muy lentamente. Todo ser humano es centro de un conjunto de pa­ rientes, y por consiguiente, todas las personas están obligadas a usar y reconocer el sistema imperante. El cambio de cualquiera de estas vinculaciones sería extremadamente difícil. Esta tendencia a perma­ necer se acentúa por el hecho que estos sistemas existen más que

 

por la costumbre que por imposición legislativa, más como productos naturales que como creaciones artificíales, y por consiguiente, el motivo de su cambio tendría que ser tan universal como el uso mis­ mo. Desde que toda persona es una parte del sistema, el cana] de

 

su transmisión está en la sangre. Por lo tanto, han existido podero­ sas influencias que han perpetuado el sistema hasta mucho tiempo después de que las condiciones, bajo las cuales se originó, se modifi­ caran o desaparecieran por completo. Este elemento de permanencia

 

da certidwnbre a las conclusiones que se desprenden de los hechos y ha conservado y sacado a luz un bosquejo de la sociedad primitiva que, de otro modo, hubiese escapado íntegramente al conocimiento humano.

 

No debe suponerse que un sistema tan detallado como el turanio, pueda haberse mantenido en las diversas naciones y familias del gé­

 

nero humano, con absoluta igualdad. En realidad, hay discrepancia en ciertos detalles, pero los rasgos fundamentales permanecen inva­ riables. El sistema de consanguinidad de los tamiles de la India me­ ridional y el de los séneca-iroqueses de Nueva York todavía son idén­ ticos, después de haber atravesado doscientas vinculaciones de paren­ tesco. He aquí un caso de lógica natural aplicada a hechos de la con-dición social, sin precedentes en la historia de la mente humana. Existe también una modificación del sistema que es una forma única

 

y que revela su propia historia. Es la de los hindú, bengalí, marathí y otros pueblos de la India septentrional, formada por una combina­ ción de los sistemas ario y turanio. Los brahmines que formaban un pueblo civilizado se fusionaron con un tronco bárbaro y perdieron

 

su idioma en un nuevo idioma vernáculo que conservó la estructura gramatical del habla aborigen a la que eí sánscrito dio el noventa por ciento de sus vocablos. Esto enfrentó sus dos sistemas de consan­ guinidad, basado el uno en la monogamia o sindiasmia, y el otro

 

en matrimonios por grupos, resultando así un sistema mixto. Los aborígenes, que preponderaban por su número, le imprimieron

 

el carácter del sistema turanio, mientras que el elemento sánscrito introdujo tales modificaciones que preservaron a la familia monó­ gama de toda reconvención. El tronco eslavónico parece haber de­ rivado de esta mezcla de razas. Un sistema de consanguinidad que presenta tan sólo dos fases a través de los períodos del salvajismo y de la barbarie, y que proyecta una tercera forma, que no es sino

 

408LEWISH.MORGAN

 

una modificación, muy avanzado el período de la civilización, revela un elemento de permanencia digno de llamar la atención.

 

No será necesario considerar la familia patriarcal basada en la poligamia. Por su limitado predominio ejerció muy poca influencia en los destinos humanos.

 

La vida de hogar de los salvajes y de los bárbaros no ha sido estudiada con la atención que este asunto merece. Entre las tribus indias de Norteamérica la familia era sindiásmica, pero vivían, por lo general, en viviendas colectivas, practicando en el hogar, el régimen de vida comunista. A medida que descendemos en la escala, hacia las familias punalúa y consanguínea, el grupo que constituye el hogar va en aumento, con un mayor número de personas apiñadas en una mis­ ma vivienda. Las tribus costeras de Venezuela, cuya forma de fa­

milia parece haber sido punalúa, han sido presentadas por los descu­

bridores como habitando moradas en forma de campana, cada una de

las cuales contenía ciento sesenta -personas (379). Los maridos y sus

mujeres vivían juntos en un grupo dentro de la misma casa y, por lo

 

general, dentro de una.misma habitación. Es una conclusion lógica la de que este modo de vivir en el hogar, era muy general en el sal­ vajismo.

 

En los capítulos siguientes se dará una explicación del origen de estos sistemas de consanguinidad y afinidad. Se los presentará sobre la base del matrimonio y de la familia que los originaran, supo­ niéndose la existencia de estas formas. Si se obtuviese así una expli­ cación satisfactoria de cada sistema, la existencia previa de todas las formas de matrimonia y de familia podría deducirse del sistema expli­ cado. En un último capítulo se intentará articular en una serie, las principales instituciones que contribuyeron al desarrollo de la familia, a través de sus formas sucesivas. El conocimiento que poseemos de la condición primitiva de la humanidad es aún tan limitado que debe­

 

mos fiamos en las mejores indicaciones asequibles. La serie que va a presentarse es en parte hipotética, pero se apoya en un cúmulo de pruebas tan suficiente como para que se le pueda tener en cuenta. Su

 

establecimiento definitivo debe quedar sujeto a las conclusiones de las futuras investigaciones etnológicas.

 

(379) H e r r e r a : H istory o f A m e r ica , I , 216, 218, 348.

 

II

LA FAMILIA CONSANGUÍNEA

 

La existencia de la familia consanguínea debe ser demostrada con otras pruebas que no sean la producción de la familia en sí. Como primera y más primitiva forma de la institución ya ha dejado

 

de existir aún entre las tribus salvajes más inferiores. Pertenece a esa condición de la sociedad de la que surgieran las porciones menos adelantadas de la raza humana. Ya dentro del período histórico se han presentado casos aislados de matrimonio entre un hermano y su her­ mana, tanto en países bárbaros como en naciones civilizadas; pero

 

esto no es lo mismo que el matrimonio de todo un número de her­ manos en grupo, en medio de una sociedad en que dicha forma de matrimonio predomina y ha llegado a formar las bases de un régimen social. En Australia y en las islas de la Polinesia y Papua hay tribus salvajes que parecen no haber salido aún de la condición primitiva; sin embargo, han ido más allá de la condición que implica la familia consanguínea. Podemos preguntamos, dónde está entonces la prueba

 

de que dicha forma de familia ha existido en algún momento, en el género humano. Cualquiera que sean las pruebas aducidas deben ser terminantes o de lo contrario, la proposición no podrá ser establecida. Estos testimonios se encuentran en un sistema de consanguinidad y afinidad que ha sobrevivido a las costumbres matrimoniales que lo originaran durante siglos, y que perdura para atestiguar el hecho de que esa forma de familia existía cuando el sistema fue creado.

 

Dicho sistema es el malayo. Define la vinculación que existiría en una familia consanguínea y hace necesaria la existencia de esta forma de familia para poder explicar la suya propia. Además, demuestra con certidumbre moral, la existencia de una familia consanguínea en el momento en que el sistema fue creado.

Este sistema, el más antiguo que hasta ahora se haya descubierto,

 

LEWISH.MORGAN

 

va a ser estudiado a fin de demostrar, medíante sus vinculaciones de parentesco, las principales proposiciones enunciadas. Esta forma de fa­ milia es también la más primitiva de esa institución, de la que se tenga noticia.

 

A no ser por la singular persistencia de los sistemas de consangui­ nidad no habría podido conservarse hasta nuestros días ese notable episodio de la primitiva condición de la sociedad. El sistema ario, por ejemplo, se ha mantenido, sin ningún cambio radical, cerca de tres mil años, y aún llegará en el futuro a perdurar por miles de años, siempre que la familia monógama cuyas vinculaciones de parentesco rige, permanezca durante todo ese tiempo. Dicho sistema describe

 

las relaciones que verdaderamente existen en la familia monógama y, por lo tanto, está incapacitado para experimentar ningún cambio mientras la familia mantenga su constitución actual. Si entre las naciones arias apareciese una nueva forma de familia, ésta no afecta­ ría al sistema actual de consanguinidad hasta tanto no llegase a ser universal; y aún en este caso, si lo modificase en algunos detalles, no podría llegar a abolirlo, a menos que la nueva familia fuese radical­ mente diferente a la monógama. Ocurre precisamente lo mismo que sucedió con su predecesor inmediato, el sistema turanio, y anterior­ mente, con el malayo, predecesor del turanio en el orden de su desen­

 

volvimiento derivado. El sistema malayo, que surgió con la familia consanguínea y se mantuvo durante un largo período después de la aparición de la familia punalúa y que con la implantación de la orga­ nización en gentes parece haber sido reemplazado por el turanio

 

en algunas tribus, remonta su antigüedad a una época muy lejana, perdurando a través de un prolongado período de tiempo, por lo cual no es posible determinar su duración.

 

Los habitantes de Polinesia están incluidos en la familia malaya. Su sistema de consanguinidad fue denominado malayo aunque los mismos malayos lo habían modificado en algunos puntos. Aún hoy existe entre los hawaianos y algunas otras tribus de Polinesia un sistema de consanguinidad que se da en el Cuadro y que puede considerársele como el más antiguo de los conocidos en el género humano. Las formas hawaianas y rotumanas (380) se presentan como casos típicos de dicho sistema. Este es el más simple y, por consi­ guiente el más antiguo sistema de clasificación y descubre el molde primitivo en el que se vaciarán más adelante el turanio y el gano-waniano.

 

          Las form a s rotum a n a s se publiquan aquí por prim era vez. H a n sido desarrolladas por un m isionero de W e sleya en Rotum a, el R e v. Juan Osborn, y procuradas y rem itidas al autor por el R e v. Lorim e r F ison , Sidney, Aust ralia.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA411

 

Es evidente que el sistema malayo no ha podido derivar de

ningún otro existente, porque no puede concebirse ninguno más ele­

mental que él. Los únicos lazos de sangre que se reconocen son los

primarios, en número de cinco, sin distinción de sexo. Todos los con­

sanguíneos, próximos o lejanos, caen bajo esta clasificación en cinco

categorías. Así, yo, mis hermanos y hermanas y mis primos hermanos,

segundos, terceros y más remotos, varones y mujeres, constituimos el

primer grado o categoría. Todos ellos, sin distinción, son mis her­

manos y hermanas. El término primo está empleado aquí en su sen­

tido actual, pero en Polinesia se desconocía este parentesco. Mi padre

y mi madre, juntamente con sus hermanos y hermanas, y sus primos

hermanos, segundos, terceros y más lejanos, constituyen el segundo

grado.. Todos ellos, sin distinción, son mis padres. Mis .abuelos y abue­

 

las, por parte de padre y de madre, con sus hermanos y hermanas y todos sus primos, constituyen el tercer grado. Todos ellos son mis abuelos. Por debajo de mí, mis hijos e hijas, con sus diversos primos, en la misma forma anterior, constituyen el cuarto grado. Todos ellos, sin distinción, son mis hijos. Mis nietos y nietas, con todos sus primos, constituyen el quinto grado. Todos ellos, de la misma manera, son

 

mis nietos. Además, todos los individuos del mismo grado son herma­ nos y hermanas entre sí. De este modo, todos los parientes posibles de una persona dada caen dentro de cualquiera de estas cinco cate­ gorías; y cada una dá a todos los demás de su categoría el mismo tra­ tamiento. Se llama la atención especialmente sobre estos cinco gra­ dos de parentesco del sistema malayo, porque la misma clasificación

 

.aparece en los Nueve grados de parentesco de los chinos, que han sido extendidos hasta incluir dos antepasados y dos descendientes más, como se demostrará más adelante. Se descubre así una relación fundamental entre los dos sistemas.

 

En hawaiano hay términos equivalentes ,a abuelo, Kuppúná; a pa­ dre, Mákúa; a hijo, Kaikee, y a nieto, Moopúná. El género se indica agregando las voces kána para el masculino y wáheena para el fe­ menino; así, kupúná kána ~ abuelo, varón, y kupúná waeena = abue­ lo mujer. Ellos son equivalentes a abuelo y abuela, y expresan, en

 

concreto, estas relaciones de parentesco. Cuando es necesario espe­ cificar aún más el parentesco, los ascendientes y descendientes, por encima y por debajo de los nombrados, se distinguen numéricamente, como primero, segundo, tercero, etc.; pero comúnmente se llama kupúná a todas las personas que están por encima del abuelo, y moo­ púná a todos los descendientes que están por debajo del nieto. La relación de hermano y hermana se concibe en la forma dual

de mayor y menor, y en cada caso se aplican términos diferentes;

 

412LEWISH.MORGAN

 

pero ésta no se realiza en forma completa. Así, en hawaiano, del que tomaremos los ejemplos, tenemos:

 

H e r m a n o m a y o r, hablando un varón, kaikuaana . H a b lando una mujer, kaikunana .

 

H erm a n o m enor, hablando un varón, kaikaina . H a b lando una m u jer, kaikunana .

 

H e r m a n o m a y o r, hablando un varón, kaikuw a h eena . H a b lando una m u je r,

 

kaikunaana .

H erm a n a m enor, hablando un varón, kaikuw a h eena . H a b lando una m u jer, kaikaina (381). ,

 

 

Se verá que un varón llama kaikúaána a su hermano mayor, y que una mujer llama con el mismo término a su hermana mayor; que un varón llama kaikaina ,a su hermano menor, y que una mujer llama igualmente a su hermana menor; por tanto, estos términos son de género común y sugieren la misma idea que los del sistema Karen,

 

es decir, la del predecesor y a la del sucesor en el nacimiento (382). Los varones emplean un único término para designar a las hermanas mayores y menores,, y las mujeres también para sus hermanos mayo­ res y menores. De aquí resulta que mientras los hermanos de un

 

varón están clasificados en mayores y menores, sus hermanas no lo están; y mientras las hermanas ae una mujer están clasificadas en ma­ yores y menores, sus hermanos no lo están. Por tanto, nos encontramos con un doble juego de términos, uno de los cuales está usado por los varones y el otro por las mujeres, característica que reaparece en el sistema de cierto número de tribu.s de la Polinesia (383). Entre las tri­ bus salvajes y entre las bárbaras, el parentesco de hermano y hermana se concibe, a menudo, en abstracto.

La esencia del sistema está contenida en las cinco categorías de consanguíneos; pero se notarán ciertas características especiales que exigen la exposición detallada de las tres primeras líneas colaterales. Después de presentadas, la relación del sistema con el matrimonio mutuo entre hermanos y hermanas, propios y colaterales, en un gru­ po, aparecerá en las mismas vinculaciones de parentesco.

 

Primera línea colateral. En la rama masculina y suponiendo que yo sea varón y me exprese como hawaiano, los hijos de mi hermano son mis hijos e hijas, cada uno de los cuales me llama padre; y los hijos de éstos serán mis nietos, y me llamarán .abuelo.

En la rama femenina, los hijos de mi hermana serán mis hijos e

 

hijas, cada uno de los cuales me llama padre; y los hijos de. éstos serán mis nietos, y me llamarán abuelo. Suponiendo que yo fuese mujer.

 

          A se pronuncia com o en ale; á com o en father; ú com o a en at; i com o en it; ú com o o o en food.

 

          S y s tem s o f C o n sanguinity, loe. cit., pág. 445.

          Ib., págs. 525, 573.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA413

 

el parentesco de las personas que acabo de mencionar es el mismo en ambas ramas, con los correspondientes cambios de sexo.

Los maridos y mujeres de todos los hijos e hijas son mis yernos

 

y nueras, empleando estos términos en género común y agregándoles, respectivamente, a cada uno, prefijos para formar el masculino y el femenino.

 

Segunda línea colateral. En la rama masculina, por parte de pa­ dre, el hermano de mi padre es también mi padre y me llama hijo suyo; sus hijos son mis hermanos y hermanas mayores o menores; los nietos de éstos son mis hijos e hijas, y los hijos de éstos son mis nie­ tos, cada uno de los cuales, en los casos precedentes y subsiguientes, me aplican el tratamiento que corresponde. La hermana de mi padre es mi madre, sus hijos son mis hermanos y hermanas mayores o me­

 

nores; los hijos de éstos son mis hijos e hijas, y los hijos de los últimos son mis nietos.

En la misma línea, por parte de madre, el hermano de mi madre

es mi padre; sus hijos son mis hermanos y hermanas; los hijos de éstos

son mis hijos e hijas, y los hijos de estos últimos son mis nietos. La

hermana de mi madre es mi madre; sus hijos son mis hermanos y

hermanas; los hijos de éstos son mis hijos e hijas, y los hijos de estos

últimos son mis nietos. El parentesco de las personas nombradas en

todas las ramas de esta línea y de las siguientes es el mismo aun

cuando yo fuese mujer.

Las esposas de todos estos hermanos, propios o colaterales, son tan esposas mías como de ellos. Cuando me dirijo a cualquiera de ellas la llamo esposa, empleando el término común para expresar el lazo de unión. Los maridos de todas estas mujeres, juntamente con­ migo, son mis cuñados. Siendo yo mujer, los maridos de mis herma­ nas, propias o colaterales, son tanto maridos míos como de ellas. Cuando me dirijo a cualquiera de ellos empleo el término común que corresponde a marido. Las esposas de todos estos maridos, que lo son juntamente conmigo, son mis cuñadas.

 

Tercera línea colateral. En la rama masculina de esta línea, por parte de padre, el hermano de mi abuelo es mi abuelo; sus hijos son mis padres y madres; los hijos de éstos son mis hermanos y hermanas, mayores o menores; los hijos de éstos son mis hijos e hijas, y los hijos de estos últimos son mis nietos. La hermana de mi abuelo es mi abue­ la, y sus hijos y descendientes siguen el mismo orden que en el caso anterior.

En la misma línea, por parte de madre, el hermano de mi abuela

es mi abuelo; su hermana es mi abuela, y sus respectivos hijos y des­ cendientes caen en las mismas categorías que los de la primera, rama de esta linea.

El parentesco por matrimonio es en esta línea el mismo que el

 

414LEWISH.MORGAN

 

de la segunda línea colateral, aumentando así considerablemente el número de los ligados por el vínculo matrimonial.

 

Hasta el punto más lejano al que pueda llegarse siguiendo el pa­ rentesco de consanguíneos en las más remotas líneas colaterales, el sistema que los abarca a todos es siempre idéntico en sus clasificacio­ nes. Así, mi bisabuelo, en la cuarta línea colateral, es mi abuelo; su hijo es mi abuelo también; el hijo de éste es mi padre; sus hijos son mis hermanos, mayores o menores, y sus hijos y nietos son mis hijos y nietos.

 

Se habrá notado que las diversas líneas colaterales, tanto ascen­ diendo como descendiendo, están incorporadas y fusionadas en la lí­

 

nea recta, de modo que los antepasados y descendientes de mis her­

manos y hermanas colaterales vienen a pertenecerme tanto como a

éstos. Esta es una de las características del sistema de clasificación.

Ningún pariente queda excluido.

 

La misma simplicidad del sistema muestra cuán fácilmente pue­ den conocerse y reconocerse los parentescos consanguíneos y cómo su conocimiento se conserva de generación en generación. Bastará

 

una única regla para ilustrar esto; los hijos de hermanos son hermanos y hermanas entre sí; los hijos de los últimos son también hermanos y hermanas, y la descendencia sigue así indefinidamente. Lo mismo ocurre con los hijos y descendientes de varias hermanas, y con los de hermanas y hermanos.

 

Todos los miembros de una categoría están reducidos a un nivel común de parentesco, sin que se tenga en cuenta el grado numérico de su proximidad o alejamiento, considerándose a todos los de una categoría de idéntico parentesco con respecto al Ego. Se desprende también que el conocimiento de estos grados numéricos, sin los cua­ les no podría conocerse el verdadero grado de parentesco, formaba parte integrante del sistema hawaiano. Llama la atención el carácter simple y distinto del sistema que señala con claridad a la unión matri­ monial entre hermanos y hermanas, propios y colaterales, en grupo, como su fuente originaria.

 

Ni la pobreza del lenguaje ni la indiferencia hacia los parentescos ejercieron ninguna clase de influencia en la formación del sistema, como se verá más adelante.

 

El sistema, tal como se ha descrito, existió en otras tribus de la Polinesia, aparte de las hawaianas y rotumanas, como, por ejemplo, en las Islas Marquesas y entre las maoríes de Nueva Zelandia. Se le encuentra también en las islas Samoa y entre los kusaienos y los habitantes de King s Mill, en Micronesia (384), y sin duda en todas las islas pobladas del Pacífico, salvo en aquellas en que se aproxima el turanio.

 

          S y s tem s o f C o n s a n g u inity, etc., 1. c., Cuadro III, págs. 542, 5

73.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA415

 

La existencia previa de la familia consanguínea y la clase de ma­ trimonio que le corresponde pueden deducirse fácilmente de este sis­ tema. Es, presuntivamente, un sistema real y natural, que expresa la verdadera vinculación de parentesco que existía cuando fue creado, en la medida en que puede conocerse la paternidad de los hijos. Las costumbres que respecto al matrimonio imperaban en esa época no pueden ser las mismas de la actualidad. Para poder sostener esta deducción tampoco es necesario que lo fueran. Como ya se ha dicho, los sistemas de consanguinidad permanecen, en substancia, inaltera­ bles y en pleno vigor hasta mucho después que hayan desaparecido, en parte o totalmente, las costumbres matrimoniales que los origina­ ron, El corto número de sistemas de consanguinidad independientes creados durante el extenso período de la experiencia humana es prue­ ba suficiente de su permanencia. Se observan que no cambian, salvo cuando se enlazan* a grandes épocas de progreso. A fin de explicar el origen del sistema malayo, a base de descendencias, es lícito dar por sentado el sistema previo de matrimonio entre varios hermanos

 

y hermanas, propios y colaterales, en grupo, y si resultase entonces que los principales parentescos reconocidos fuesen los mismos que realmente existen bajo esta forma de matrimonio, el sistema mismo llegaría a ser una prueba concluyente de la existencia de tales matri­ monios. Se deduce fácilmente que el sistema se originó en esos ma­

 

trimonios entre consanguíneos que incluían a los hermanos y herma­

nas propios; en rigor, se inició con el casamiento entre éstos, y paula­ tinamente fue comprendiendo a los hermanos y hermanas colaterales, a medida que se ensanchaba el campo del régimen conyugal. Con

 

el transcurso del tiempo se comenzó a notar los vicios de esta primera forma de matrimonio, lo que condujo, si no a su completa abolición, sí a la preferencia de esposas que se hallaban más allá de este grado. Fue abolido en forma absoluta, mediante la organización en clases, entre los australianos, y más ampliamente entre las tribus turanias, por la organización en gentes. No es posible explicar el sistema como un desarrollo natural sobre otra hipótesis que no sea la dada, pues únicamente esta forma de matrimonio puede dar la clave de su inter­ pretación. En la familia consanguínea así constituida, los maridos vivían en poligamia y las esposas en poliandria, que parecen ser tan antiguas como la sociedad humana. Semejante familia no era ni ar­ tificial ni extraordinaria. Sería difícil señalar cualquiera otra forma posible para el comienzo de la familia de los primeros tiempos. Su prolongada permanencia, en forma parcial, entre las tribus de la hu­ manidad, es el mayor motivo de admiración, pues en la época' en que fueron descubiertos los hawaianos aún no habían desaparecido del todo sus huellas.

 

La explicación del origen del sistema malayo dada en este capí­ tulo, y la que se dará en el siguiente sobre los sistemas turamos y

 

416LEWISH.MORGAN

ganowanianos, han sido discutidas y rechazadas por John F. McLen­ nan, autor de El matrimonio primitivo (385), Sin embargo, no he te­ nido ocasión para modificar mi posición aquí definida, que es, en sus­ tancia, la misma sostenida en Sistemas de consanguinidad, etc. (386). Si mediante esta forma de matrimonio pueden comprobarse ahora

 

las vinculaciones reconocidas por el sistema malayo, se verá que des­ cansan sobre el matrimonio entre hermanos y hermanas, propios y colaterales, en grupo.

Deberá recordarse que el parentesco que resulta de la organiza­

ción de la familia es de dos clases: el de la sangre, determinado por los descendientes, y el de afinidad, establecido por el matrimonio. Desde el momento que en la familia consanguínea hay dos grupos distintos de personas, el de los padres y el de las madres, la filiación de los hijos a ambos grupos sería tan vigorosa que la distinción entre parentescos de sangre y parentescos de afinidad no podría ser reco­ nocida en el sistema, en ambos casos.

 

I. Todos los hijos de mis diversos hermanos varones, siendo yo varón, son mis hijos e hijas.

 

Razón: Hablando como si fuese hawaiano, todas las esposas de mis diversos hermanos son tan esposas mías como de ellos. Como me sería imposible distinguir mis propios hijos de los de mis hermanos, si llamo a alguno hijo debo llamar hijo a todos. Es tan probable que el uno sea tan mío como cualquiera de los otros.

 

          Todos los nietos de mis diversos hermanos son mis nietos. Razón: Ellos son hijos de mis hijos e hijas,

 

III. Siendo yo mujer, las relaciones que .anteceden no variarían. Esta es exclusivamente una cuestión de parentesco por matrimo­ nio. Si mis diversos hermanos fuesen mis maridos, sus hijos de otras mujeres serían mis entenados, y como esta relación de parentesco no se reconocía, caerían naturalmente en la categoría de mis hijos e hijas. De otro modo, quedarían excluidos del sistema. Entre nosotros se llama madre a la madrastra e hijo al entenado.

 

IV. Todos los hijos de mis diversas hermanas, propias y colate­ rales, siendo yo varón, son mis hijos e hijas.

 

Razón: Todas mis hermanas son mis esposas, del mismo modo que lo son de mis diversos hermanos.

V. Todos los nietos de mis diversas hermanas son mis nietos.

Razón: Ellos son hijos de mis hijos e hijas.

 

          P r im itive M a r riage.

          S y s tem s o f C o n sanguinity, etc.

 

LA SO C IED A D P B f flm V A 417

 

VI. Siendo yo mujer, todos los hijos de mis diversos hermanos son mis hijos e hijas.

 

Razón: Los maridos de mis hermanas son maridos míos del mismo modo que lo son de ellas. Sin embargo, hay una diferencia: puedo distinguir mis propios hijos de los de mis hermanas, de los que sería madrastra. Pero desde que este parentesco no está reconocido caen

 

en la categoría de mis hijos e hijas. De otro modo quedarían exclui­ dos del sistema.

 

VII. Todos los hijos de varios hermanos varones propios son her­ manos y hermanas entre sí.

Razón: Estos hermanos varones son maridos de todas las madres

 

de estas criaturas. Los hijos pueden distinguir su propia madre, pero no su propio padre; por tanto, como se ha dicho, una parte son her­ manos y hermanas propios, y hermanastros y hermanastras del resto; pero en cuanto a estos últimos, son hermanos y hermanas probables. Por estas causas caen naturalmente dentro de esta categoría.

 

VIII. Los hijos de estos hermanos y hermanas son también her­

manos y hermanas entre sí; los hijos de estos últimos son, a su vez, hermanos y hermanas, y este parentesco continúa en la línea descen­ dente, en forma indefinida. Pasa exactamente lo mismo con los hijos y descendientes de varias hermanas propias, y de varios hermanos y hermanas. De este modo se creó una serie infinita que es parte fun­ damental del sistema. Para explicar este régimen de series debemos suponer finalmente que la relación matrimonial se extendía hasta don­ de se reconocía el parentesco de hermano y hermana como existentes, teniendo cada uno de los hermanos tantas esposas como hermanos tuviera, propios y colaterales, y cada una de las hermanas tantos ma­ ridos como hermanas tuviera, propias y colaterales. El matrimonio y la familia parecen formarse en el grado o categoría y coextenderse con él. Tal fue, aparentemente, el comienzo del admirable sistema conyugal al que con frecuencia nos hemos referido.

 

IX. Todos los hermanos de mi padre son mis padres, y todas las hermanas de mi madre son mis madres.

Por las mismas razones dadas en I, III y IV.

X. Todos los hermanos de mi madre son mis padres.

Razón: Ellos son los esposos de mi madre.

XI. Todas las hermanas de mi madre son mis madres.

Por la misma razón dada en VI.

 

418 lew is h . M organ

 

XII. Todos los hijos de mis hermanos y hermanas colaterales son mis hijos e hijas, sin distinción.

Por las mismas razones dadas en I, III, IV y VI.

XIII. Todos los hijos de estos últimos son mis nietos.

Por la misma razón dada en II.

 

XIV. Todos los hermanos y hermanas de mi abuelo y abuela, por parte de padre y madre, son mis abuelos y abuelas.

 

Razón: Ellos son padres y madres de mi padre y de mi madre.

Todo parentesco reconocido por este régimen tiene así su expli­

cación por la naturaleza de la familia consanguínea, basada en el ma­

trimonio entre hermanos y hermanas, propios y colaterales, en grupo.

Los parentescos por parte de padre se seguían hasta donde pudiera

ser reconocida la paternidad de los hijos, considerándose a los padres

probables de igual modo que a los verdaderos. Los parentescos por

parte de madre están determinados por el principio de afinidad, con­

 

siderándose a los hijastros como si fueran hijos propios, Volviendo ahora a la vinculación matrimonial se obtienen resulta­ dos confirmatorios, como se verá en el cuadro siguiente:

 

TONGA

 

La esposa de m i her-

Hablando un varón

HAWAIANO

 

m a n o ..............................

La herm a n a de m i es-

U n o h o, m i esposa. W a h e e n a, m i esposa.

 

posa .............................

 

El herm a n o de mi es-

 

U n o h o , m i esposa.

 

Hablando una mujer

 

W a h eena, m i esposa.

 

poso ................................ U n o h o , m i esposo. K ane, m i esposo.

 

La esposa del hijo del

herm a n o de m i pa-

 

Hablando un varón

 

dre ....................................

La esposa del hijo de

la herm ana de mi

 

U n o h o, m i esposa. W aheena, mi esposa.

 

madre ..............................

 

El esposo de la hija

del herm a n o de mi

 

U n o h o, mi esposa.

 

Hablando una mujer

 

W aheena, mi esposa.

 

padre ..............................

E l esposo de la hija de

la herm a n a de m i

 

U n o h o , mi esposo. K a ikoeka, m i cuñado.

 

m a d re .............................. U n o h o. m i esposo. K a ikoeka, m í cuñad

o.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA419

 

Siempre que el parentesco de la esposa cae en la línea colateral, el del marido debe reconocerse en la línea recta, y viceversa (387). Cuando se inició este sistema de consanguinidad y afinidad, los pa­ rentescos, que aún se conservan, no pudieron ser otros que los que realmente existían, a pesar de lo que después pueda haber ocurrido en las costumbres matrimoniales.

 

De la evidencia misma contenida en este sistema de consanguini­ dad se deduce que la familia consanguínea, como ha sido definida, existía entre los antepasados de las tribus polinesias cuando fue im­ plantado el sistema. Para poder interpretar el sistema es menester contar con una forma de familia de esta índole. Por otra parte, ella interpreta cada uno de los lazos de parentesco con una precisión ra­ zonable.

 

Merece atención la siguiente observación de Oscar Peschel: "Ha llegado a considerar especialmente inverosímil que, en cierta época y en cierto lugar, los hijos de una misma madre se hayan propagado sexualmente, durante un período prolongado, puesto que está demos­ trado que aun en organismos exentos de sangre, como las plantas, es imposible, en su mayor grado, la fertilización recíproca de los des­ cendientes de padres comunes (388). Es necesario tener presente que el grupo consanguíneo vinculado por el matrimonio no se circuns­ cribía a hermanos y hermanas propios, sino que incluía también a hermanos y hermanas colaterales. Cuanto más grande es el grupo abarcado por el parentesco matrimonial, tanto menor es el daño que causa la cohabitación de parientes cercanos.

 

Por ciertas consideraciones generales, es probable la antigua exis­ tencia de una familia de esta índole. Las relaciones naturales y ne­ cesarias de la familia consanguínea con la punalúa, de la punalúa con la sindiásmica, y de la síndíásmica con la monógama, cada una de las que presupone su predecesor, conducen directamente a esta conclusion. Ellas forman entre sí una señe lógica, y se extienden conjuntamente, ,a través de varios períodos étnicos, desde el salva­ jismo hasta la civilización.

De igual manera, los tres grandes regímenes de consanguinidad

enlazados con las tres formas radicales de la familia forman entre sí

una serie mida de la misma manera, paralela a aquélla, y que indi­

ca, no menos claramente, una línea semejante de progreso humano,

desde el salvajismo hasta la civilización. Existen razones para afirmar

que los antepasados remotos de las familias aria, semítica y uralia

poseyeron un sistema idéntico al malayo, cuando se hallaban en es-

 

          Entre los cafres de Sud Á frica, la esposa del hijo del herm a n o de m i padre, del hijo de la herm a n a de m i padre, del hijo del herm a n o de m i m adre

 

y del hijo de la herm a n a de m i m adre, son todas por igual esposas m ías a la vez que de ellos, de acuerdo con su sistem a de consanguinidad

 

          R a c e s o f M a n, ed. A p p leton, 1876, pág. 232.

 

420LEWISH.MORGAN

tado salvaje, que más tarde fue modificado por el turanio después del establecimiento de la organización monógama, la que introdujo el sistema ario de consanguinidad.

No obstante la alta calidad de los testimonios aducidos, existen to­

 

davía otras pruebas de la antigua existencia de la familia consanguí­ nea entre los hawaianos, que no deben ser pasadas por alto.

 

La condición en que se hallaba la sociedad en las islas Sandwich cuando llegó a ser, por vez primera, perfectamente conocida, hace probable su existencia anterior. Cuando fueron implantadas las mi­ siones americanas en estas islas (1820) se descubrió una condición social que horrorizó a los misioneros. Las relaciones sexuales y sus costumbres matrimoniales los dejaron atónitos. De improviso se pre­ sentaba ante ellos una fase de la sociedad primitiva en la que la fa­ milia monógama y la sindiásmica eran desconocidas; pero en lugar de éstas y sin alcanzar a entender el régimen hallaron la familia

punalúa, sin la exclusión total de hermanos y hermanas propios, en

la que los varones practicaban la poligamia y las mujeres la polian­

dria. Les pareció que habían descubierto el nivel más bajo de la de­

gradación humana, por no decir de la depravación. Pero los inocen­

tes hawanianos, que no habían podido salir del salvajismo, vivían

sin duda de un modo decente y honesto para salvajes, con costumbres

y usos que para ellos tenían fuerza de ley* Probablemente vivían en

forma tan virtuosa en su fiel observancia como estos excelentes mi­

sioneros en la suya propia. El espanto que les produjo a éstos el des­

cubrimiento muestra el enorme abismo que separa al hombre civili­

zado del salvaje. El alto sentido moral y las sensibilidades refinadas,

productos de los siglos, se enfrentaron con el sentido débil y las

sensibilidades groseras del salvaje de todos los períodos pasados.

Como contraste, era total y completo. Uno de estos misioneros expe­

rimentados, el Rev. Hiram Bingham, nos ha legado una excelente

historia de las islas Sandwich, a base de investigaciones originales,

en la que pinta a este pueblo como practicando la suma de las abo­

minaciones humanas. "La poligamia, que implicaba la pluralidad de

 

esposas y maridos dice , la fornicación, el adulterio, el incesto, el infanticidio, el abandono de alguno de los cónyuges, de padres y de hijos; la magia negra, la codicia y la opresión, estaban amplia­ mente difundidos y difícilmente parecen haber estado prohibidos por la religión (389). El matrimonio y la familia punalúa anulan los car­ gos principales de este grave proceso y dejan a los hawaianos una probabilidad para la existencia de su carácter moral. La existencia de la moralidad, si bien de un tipo bajo, debe ser reconocida aún entre los salvajes, porque no puede haber habido nunca un momento en la experiencia numana en que el principio de la moralidad no

 

          Bingham , Sandw ich Islands, ed., H a rtford, 1847, página 21.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA421

 

haya existido. Wakea, el antepasado epónimo de los hawaianos, según Bingham, se casó con su hija mayor.. En la época de estos misione­ ros, los hermanos y hermanas se casaban sin vituperio. Más adelante refiere que la unión de hermano y hermana en

 

los rangos más elevados se puso de moda, y continuó hasta tanto les fue revelada la voluntad de Dios (390). No es de extrañar que en algunos casos el matrimonio de hermanos y hermanas se hubiese transmitido de la familia consanguínea a la punalúa, en las islas Sandwich, porque ese pueblo no había alcanzado aún el régimen gentilicio y jiorque la familia punalúa fue un producto de la con­ sanguínea aun no completamente desarrollado. Aunque la familia fuera, en sustancia, punalúa, el régimen de consanguinidad se man­ tenía sin alteración, como sucedió en la familia consanguínea, con excepción de determinados vínculos de matrimonio.

No es probable que la familia efectiva, entre los hawaianos,

fuese tan grande como el grupo unido en la vinculación matrimonial.

 

Las exigencias de abastecimiento y defensa mutua impondrían la subdivisión en grupos menores; pero cada familia ménor sería una miniatura del grupo. No es improbable que, tanto en la familia pu­ nalúa como en la consanguínea, el individuo pasase a voluntad de un grupo a otro, dando lugar a ese presunto abandono de esposas entre si, y de padres respectos a sus hijos, de que habla Bingham. El comunismo, como régimen de vida, debió forzosamente imperar tanto en la familia consanguínea como en la punalúa, porque era una imposición de su estado. Todavía es general entre las tribus salvajes y entre las bárbaras.

 

Haremos una breve referencia a los Nueve grados de parentes­ co de los chinos. Un antiguo autor chino manifiesta que todo hombre que viene al mundo tiene nueve grados de parentesco. Mi propia generación es un grado; Ja de mi padre es otro; la de mi abuelo es otro; la del padre de mi abuelo es otro, y la del abuelo de mi abuelo es otro; así, por encima de mí hay cuatro grados. La generación de mi hijo es un grado; la de mi nieto es otro; la de] hijo

 

de mi nieto es otro, y la del nieto de mi nieto es otro; así, por debajo de mí hay cuatro grados. Incluyéndome yo mismo en el cómputo

 

resulta un total de nueve grados. Estos son hermanos, y aunque cada grado pertenece a una casa o familia diferente, asimismo son todos parientes míos, y éstos son los nueve grados de parentesco . "Los grados de parentesco en una familia se asemejan a arro-yuelos de una fuente, o a las ramas de un árbol; aunque los arro-yuelos estén más o menos separados y las ramas más o menos juntas, no hay sino un solo tronco y una sola vertiente (391).

 

          Ib., pág. 23.

          S y s tem s o f C o n s a n g u inity, etc., pág. 4 ) 5 .

 

422LEWISH.MORGAN

 

El sistema hawaiano de consanguinidad practica con más per­ fección que el chino de la actualidad los nueve grados de paren­ tesco (considerándolos reducidos a cinco, por eliminación de los dos miembros más altos y de los dos más bajos) (392). Mientras el se­ gundo se ha modificado por la introducción de elementos turanios, y aún más por prefijos con que se distinguen las diversas líneas cola­ terales, aquél se ha aferrado pura y simplemente a los grados pri­ marios que, presuntivamente, era todo lo que en su origen poseía

 

el sistema chino. Es evidente que tanto en el chino como en el ha­ waiano, los consanguíneos están divididos en categorías, por gene­ raciones, siendo hermanos y hermanas entre sí todos los colaterales del mismo grado. Además, el matrimonio y la familia se conciben dentro del grado, y están restringidos, en lo que se refiere a los maridos y esposas, dentro de sus límites. Su explicación mediante las categorías hawaianas es perfectamente inteligible. Al mismo tiempo, es indicio de una condición anterior entre los remotos ante­ pasados de los chinos, de la que este fragmento nos conserva la no­ ticia, precisamente análoga a la que refleja el hawaiano. En otros términos, indica la presencia de la familia punalúa cuando estos grados fueron formados, de la que la consanguínea es forzosamente su predecesora.

En el "Timeo   de Platón hay un reconocimiento sugestivo de

 

los mismos cinco grados primarios de parentesco. En la república ideal todos los consanguíneos estarían comprendidos en cinco cate­ gorías, donde las mujeres tendrían que ser esposas en común y donde los niños tendrían padres comunes. ¿Y la procreación de los hijos? , pregunta Sócrates a Timeo. "¿No es fácil retener lo que se dijo a causa de su novedad, que todo lo que se refiere a los matri­

 

monios y a los hijos sea común entre todos; que se tomen tales pre­ cauciones que nadie pueda reconocer a sus propios hijos, sino que se consideren todos padres, no viendo más que hermanos y herma­ nas en todos los que puedan serlo por la edad, padres y abuelos en los que hayan nacido antes, hijos y nietos en los que hayan venido al mundo más tarde? (393). Platón, sin duda, estaba familiarizado con las tradiciones helenas y pelasgas, para nosotros desconocidas, que se remontaban a los comienzos del período de la barbarie y des­ cubrían rastros de una condición aún más primitiva de las tribus griegas. Posiblemente su familia ideal derivaba de aquellas huellas, suposición más probable de la que fuera una deducción filosófica. Se notará que sus cinco grados de parentesco son precisamente los mis­ mos que los de los hawaianos; que la familia se debía formar en

 

          Ib., pág. 432, donde el régimen chino se presenta íntegramente.

          T im a e u s, cap. II, trad, de D a v is. (Transcripto de la ed. castellan

a

trad, de P. de A z cárate, Obras C o m p letas, T . V I, pág. 150.)

 

LASOCIEDADPRIMITIVA423

 

cada grado donde el parentesco fuese de hermanos y hermanas, y que los maridos y esposas debían ser comunes en el grupo. Finalmente se verá que el estado de la sociedad que indica la fa­ milia consanguínea señala con lógica precisión una condición an­ terior de promiscuidad. No parece haber escapatoria para esta con­ clusión, por más que haya sido puesta en duoa por un escritor tan eminente como Darwin (394). No es probable que la promiscuidad

 

en el período primitivo se mantuviese aún en la horda, porque ésta se disgregaría en grupos menores para su subsistencia y formaría familias consanguíneas. Lo más que podemos aventuramos a afir­

 

mar sobre esta difícil cuestión es que la familia consanguínea fue la primera forma organizada de la sociedad y que necesariamente fue

 

un adelanto sobre el estado anterior no organizado, fuese el que fuere este estado. Ella encontró a la humanidad al pie de la escala desde donde, como punto de partida, y el más bajo conocido, pode­ mos comenzar la historia del progreso humano, y seguir sus huellas a través del desarrollo de sus instituciones domésticas, invenciones y descubrimientos, desde el salvajismo hasta la civilización. Pero ningún encadenamiento de sucesos puede demostrarse en forma más conspicua que el desarrollo del concepto de familia a través de sus etapas sucesivas. Una vez comprobada la existencia de la familia consanguínea, para lo cual las pruebas aducidas parecen ser sufi­ cientes, será fácil la demostración de , 1 a de las familias restantes

 

(394) D e s c e n t o f M a n, II, 360.

 

424- l e w i s H . M ORG A N

LASOCIEDADPRIMITIVA425

 

SISTEMA DE PARENTESCO DE LOS HAWAIANOS Y LOS ROTUMANOS

Sonidos de las vocales: a como en ale; á como ena t; a como en father; i i como en it; ü como oo en food. Ká -na=varón; wá-hee na=mujer.

 

Descripción be las personas

 

M I b i s a b u e l o .

En h e r m a n o d e i

L a h e r m a n a

L a b i s a b u e l a ..

 

mi b 'ii¿b ü é ió '..'.7 .7 ..........            .           . ^ Ka? u ia

 

5

6

7

8

9

          h i j o   .....................................................................

...................................

         

1?

         

         

15 " b l a n l e t a ........... ...............................................

............................................

16

17

18 varón) ...

19 »» »? n m u l.er) ...

20

21

*' h e r m a n a m a y o r .........................................  l..........

.........................          

m u j e r) ..     

22      varón) ...           

23       

iH m u j e r) ...j          

24      varón)   

23       

tt »» » « m u j e r) ...  

26 E l h i j o d e m i h e r m a n o ...........................................

............................        . . . ...............' " . v a r ó n) ...

27      La esposa del hijo de mi hermano       

28      La hija de mt hermano .......................

29      £1 esposo de la hija de mi hermano __           

30      El nieto de mi hermano ..............         ,.....

n i e t a ....................   ....................

bisnieto de mi hermano .................

bisnieta..................

hijo de mi hermana     ......................

esposa del hijo de mi hermana .

hija de mi hermana     .....................

esposo de la hija de mi hermana

nieto de mi hermana   .....................

nieta de mi hermana   .................. .

bisnieto de mi hermana .................

bisnieta   "   .................

hijo de mi hermano     ......................

esposa del hijo de       mi hermano ...

hija de mi hermano     ................

esposo de la hija de mi hermano

nieto de mi hermano   ..................

nieta  ..................

bisnieto de mi hermano ..................

bisnieta   "   .................

hijo de mi hermana     ......................

esposa del hijo de       mi hermana

hija de mi hermana     ......................

esposo de la hija de mi hermana ...

 

nieto  de mi hermana ......................

nieta ".....................   

bisnieto de mi hermana ..................

bisnieta " "   .................         

hermano de mi padre ..................

esposa del hermano de mi padre ..    

h i j    o .........................          " ...

31      La                     

32      El                      

33      La                     

34      El                      

35      La                     

36      La                     

37      El                      

38      El                      

39      La                     

40      El                      

41      La                     

42      El                      

43      La                     

44      La                     

45      El                      

46      El                      

47      La                     

48      El                      

49      La                     

50      El                      

51      La                     

52      La                     

53      El                      

54      El                      

55      La                     

56      El                      

57      La                     

58      El                      

59      La                     

60      El                      

 

mujer)

 

P a rentesco e n haw a íano

Por el Mon. T h . M ü ller

 

(m a y o r h a b l a n d o v a r ó n )

 

vQ-S-ka-na

i-r'i<-*'á-hee'-na

tl'-kee- íó-na

ai-keB-wH-hee -n a

[noo-pá'-riá-ka-na

:|moo-p&'-na-wfi.-hee -na

ká-na

wa-hee -na

ka-na

wft-hee -na

1¡i4l-)m-i-á-na

rxi-ku-4-na

 

          ili-kü-wi-hee'-na icil-kd-a-a'-na

 

          kíi-ka-l'-na

          kll-kü-na-na

 

          ül-kü-wk-hee -na íil-kee-k& -na

 

¡ ¡m-no -np. hl-kee-wa-hee'-ria Jcü-no-ná '^oo-pü -ná-ka-na wi-hee -na

 

n " kft-na

:] " wi-hee -na f :ái-kee-ka -na ! iü-no'-na i¡sí-kee-wft-hee -na I iü-no -na

 

¦] aoo-pü-na kft-na \ " wa-hee'na poo-pü-na kft-na

 

í wft-hee'-na jul-kee-ka -na "ijSú-no'-na nl-kü-wa-hee'-na jA-no -na

 

j Bro-pü-na kft-na " " wft-hee -na

 

kk-na

... " " wa-hee -na ;s¡-kee-ka -na bü-no'-ca -sai-kee wa -hee -na (Q-no'-na noo-pCi-na kft-na

 

i wft-hee'-na J * kfi-na

 

.1" wa-hee -na jál-kü-a-ka-na "íl-kü-a wa-hee'-na "p-ktl-a-j'-na

 

i

 

¦4

 

M I a b u e l o o a b u e l a

 

p a d r e v a r ó n

m u j e r

h i j o v a r ó n

m u j e r

n i e t o v a r ó n

          m u j e r v a r ó n

 

          m u j e r v a r ó n m u j e r

 

h e r m a n o m a y o r »» »»

 

h e r m a n a    II »*

 

h e r m a n o m e n o r

 

h e r m a n a " I» t>

 

h i j o v a r ó n

n u e r  a

h i j o , m u j e r

y e     r n          o

n i      e t          o v a r ó n

m u j e r v a r ó n m u j e r

 

h i j o v a r ó n n u e r a

 

h i j o m u j e r y e r n o

 

n i e t o v a r ó n n i e t o m u j e r

 

M I n i e t o v a r ó n m u j e r

 

h i j o , v a r ó n n u e r a

 

h i j o , m u j e r y e r n o

 

n i e t o v a r ó n m u j e r

 

          v a r ó n ' m u j e r v a r ó n n u e r a

 

h i j o , m u j e r y e r n o

 

n i e t o v a r ó n n m u j e r

 

v a r ó n m u j e r

 

p a d r e v a r ó n * m u j e r

 

h e r m a n o m a y o r

 

Parentesco en rotum a n o

Por el ñ e v. J. Osborne

 

m a -p i-g S -f i

 

h o n  -l

 

gft-fa

          hon'-'i ol-íft oi-hon -'i le -e-fft le'-e-hon-I ma-p'i-ga fa, hon -I

 

ra

h o n  -I   í&

 

hon -I

sa-si-gi

s a g  -v e -v e n          -I

 

sag-hon-'i

sft-sl-gí

 

sag-ve-ven -í

sag-hon -r

sa-sí-gi

le -e-fa

le'-e-hon-'i

le'-e-hon'-l

le -e-íft

ma-pl-ga-tíft

 

          hon'-I f&

 

          hon -i le -e-fa le'-e-hon -I

 

íft

m a -p l-g a -ía

hon -I

raa-p i-g a-fa

 

hon -i le -e-fa le -e-hon -I i> n ii y!

 

fa

m a -p l-g a -ía

 

bon -I fa

 

hon'-í le -e-ira

 

hon -'i ir I» i»

 

fa

m ft-p l-ga-ía

hon'-¡ " fa

 

.............. hon -'i o l-f a

 

ol-hoa -i sa-sl-gl

 

Traducción

 

M i a b u e l o v a r ó n D I»

 

m u j e r

 

v a r ó n m u j e r p a d r e

 

m a d r e

h i j o v a r ó n m u j e r

n i e t o v a r ó n

 

m u j e r " v a r ó n m u j e r v a r ó n

 

m u j e r

h e r m a n o m a y o r

 

h e r m a n a

 

h e r m a n o m e n o r »» I»

 

h e r m a n a

 

h i j o v a r ó n

m u j e r m u j e r v a r ó n

n i e t o v a r ó n

n i e t o m u j e r

 

v a r ó n m u j e r

 

h i j o v a r ó n h i j o m u j e r m u j e r

 

v a r ó n

n i e t o v a r ó n

n i e t o m u j e r

n i e t o v a r ó n .

" m u j e r

h i j o v a r ó n

 

m u j e r i» tr

 

          v a r ó n n i e t o m u j e r v a r ó n

 

h i j o m u j e r v a r ó n

 

          m u j e r

 

v a r ó n n i e t o * m u j e r v a r ó n m u j e r

 

p a d r e v a r ó n m u j e r

 

h e r m a n o

 

426 LEWIS H . MORGAN LA SOCIEDAD PRIMITIVA 427

 

(Continuación)

 

Descripción de das personas Parentesco en hawaiano Por el Mon. Th. M üller

 

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SO

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93

 

L a e s p o s a d e l h i j o d e l h e r m a n o d e m i p a d r e .

L a h i j a "      !......................................

» V '  1» »» >» w I> II

 

E l esp o s o d e la h i j a d e l h e r m a n o d e m i p a d r e

E l h i j o d e l h i j o d e l h e r m a n o d e m i p a d r e .........

L a h i j a " " " ....................................... ..........

E l h i j o d e la h i j a d e l h e r m a n o d e m i p a d r e

L a h i j a ......................................

E l b i s n i e t o d e l h e r m a n o d e m i p a d r e ..............

L a b i s n i e t a          ...............

E l ta t a r a n l e n t o d e l h e r m a n o d e m i p a d r e i .......

L a t a t a r a n i e t a   "          ...........

L a h e r m a n a d e m i p a d r e ............................................

........

E l e s p o s o d e la h e r m a n a d e m i p a d r e ....................

E l h i j o "      ¦' " " ...............

 

L a e s p o s a d e l h i j o d e la h e r m a n a d e m i p a d r e

L a h i j a d e l a h e r m a n a d e m i p a d r e .........................

E l e s p o s o d e la h i j a d e l a h e r m a n a d e m i p a d r e

E l h i j o d e l h i j o d e la h e r m a n a d e m i p a d r e ...

L a h i j a " » "

E l h i j o d e l a h i j a d e l a h e r m a n a d e m i p a d r e ...

L a h i j a » " *            ¦'          "

E l b i s n i e t o d e l a h e r m a n a d e m i p a d r e . ...

L a b i s n i e t a          "

E l t a t a r a n i e t o

L a t a t a r a n i e t a   .

E l h e r m a n o d e m i m a d r e ............................................

...

L a e s p o s a d e l h e r m a n o d e m i m a d r e ....................

E l h i j o         ....................... ....................

 

L a e s p o s a d e l h i j o d e l h e r m a n o d e m i m a d r e ...

94 L a h i j a d e l h e r m a n o d e m i m a d r e ...........................

....                                                                  

95      E            l           e          s          p          o          s o d e l a h i j a d e l h e r m a n o d e m i m a d r e ...

96 E l h i j o d e l h i j o d e l h e r m a n o d e m i m a d r e ............

97      L            a h i j   a " " "   ........................          .........

93      É            l 'h i j o d e l a h i j a d e l h e r m a n o d e m i m a d r e ...

99      L            a h i j   a          ...............................................................        "

- ...

100    E l          b i s n  i e t o   d e l h e r m a n o d e m i m a d r e ..................

.......                                       

101    L a         b i s n  i e t a   -..........................

102    E l          t a t      a          r a n i   e t o d e l"   ..........................

103    L a         t a t      a          r a n i   e t a..........................

104    L a         h e r     m         a n a d e m i m a d r e ........................................

............                                              

105    E l          e s p     o          s o d e  la h e r m a n a d e m i m a d r e .....................

....                                                      

106    E l          h i j      o          ......................................         .........................

.                                                         

107    E l          h i j      o          .........................................      ......................

....                                                      

108    L a         e s p     o          s a d e  l h i j o d e la h e r m a n a d e m i m a d r e

109    L a         h i j      a          d e l a  h e r m a n a d e m i m a d r e ........................

.                                                         

110    E l          e s p     o          s o d e  l a h i j a d e l a h e r m a n a d e m i m a d r e

111    E l          h i j      o          d e l h  i j o d e l a h e r m a n a d e m i m a d r e ...

112    L a         h i j      a          .........................          *

113    E l          h i j      o          d e la h i j a .....................       .

114    L a         h i j      a          "          "         

115    E l          b i s n  i e t o   d e la h e r m a n a d e m i m a d r e .................

...                                                       

116    L a         'b i s n i e t a    ....................... ....................... .......

.............                                             

117    E l          t a t a   r a n i   e t o d e l a h e r m a n a d e m i m a d r e .........

118    L a         t á t t    t r a n   i e t s ......................... " "   .........

119    E l          h e r     m         a n o d e l p a d r e d e m i p a d r e ........................

.                                                         

120    E l          h i j      o          d e l h  e r m a n o d e l p a d r e d e m i p a d r e .........

121    L a         h i j      a          ..............................     *...........

122    E l          n i e     t           o.         .........

123    L a         n i e     t           a          .........  

124    E l          b i s      n          i e t o   d e l h e r m a n o d e l p a d r e d e m i p a d r e ..

.                                                         

125    L a         b i s      n          i e t a   ""        

 

(m a y o r h a b l a n d o varón)

 

(m e n o r

(m e n o r

h a b l a n d o

h a b l a n d o

varón)

varónj

 

(m a y o r, h a b l a n d o varón)

(m e n o r h a b l a n d o varón)

 

(m a y o r,

 

(m e n o r.

h a b l a n d o varón)

 

(m a y o r, h a b l a n d o varón)

(m e n o r,

 

(mayot)

 

k81-ka-l - n a

wa-hee -n a

k a í-k t-w a-h e e - n a

kaí-k ü-w a-h e e - n a

kai-ko-ee -k á

kíii-kee-ka - n a

kal-kee w a -h e e       - n a

 

ka'í-kee w a - h e e      - n a

m o o-pü-na k i i-n a

 

w a -h e e - n a k a - n a

 

w a -h e e  - n a

m á-kú-a w a -h e e     - n a

k i l-n a kál-kü-a-S - n a kál-ka-l - n a wa-hee -n a

 

k a¡-k e e-k a'-n a k&l-ko-ee -k a

 

k a i-k e e-k a-n a " w a -h e e n a kll -kee k S '-n a kil -kee w & -bee - n a | moo-pü n á k a - n a * w a -b e e - n a raoo-pú -n a k a - n a

 

" w a -b e e - n a m a-kü-a k k - n a

 

w a -b e e n a kS i-kü-a-a - n a

 

k ii-k a-l - n a wi-bee - n a

 

k a l'-k ü-w a-b e e - n a kál-kó-ee -k a

 

kát-kee k a  - n a

w a -b e e  - n a

k a  - n a

w S -b e e '-n a moo-pü - n á k a -n a

 

w A -b e e - n a ¦' k a -n a

"        w á -b e e           - n a

m i-k ú -a w a -h e e   - n a

¦ k a - n a k a i-k ü-á-á n a k 5 l'-k a-i-n a w ó-hee'na

 

kki-kü w a -b e e - n a kki-ko-ec -k a kii-kee k a - n a

 

*   w a -b e e  - n a

 

" " k a  - n a

" w a -b e e  - n a

.U Do-pü'-na k S  - n a

................. w a -b e e '-n a " k a - n a

 

.................. w a -b e e '-n a ku-ptl -nS. k a - n a

 

m a'-k ü -a-k a - n a

" w a -b e e - n a k i'-k tl-a-a - n a kál'-kü w a -h e e - n a kal -kee k a '- n a

 

"   w a -b e e '-n a

 

¦Traducción

 

m e n o r e s p o s a h e r m a n o

 

c u ñ a d o

h i j o v a r ó n

 

          m u j e r v a r ó n m u j e r

 

n i e t o v a r ó n m u j e r

 

v a r ó n m u j e r

 

p a d r e m u j e r v a r ó n

 

h e r m a n o m a y o r m e n o r

 

e s p o s a h e r m a n a c u ñ a d o

 

h i j o , v a r ó n m u j e r

 

h i j o v a r ó n m u j e r

 

n i e t o v a r ó n m u j e r

 

v a r ó n m u j e r

 

p a d r e , v a r ó n m u j e r

 

h e r m a n o m a y o r m e n o r

 

e s p o s a h e r m a n a c u ñ a d o

 

h i j o , v a r ó n m u j e r

 

v a r ó n m u j e r

 

n i e t o v a r ó n m u j e r

 

" v a r ó n m u j e r

 

p a d r e , m u j e r

 

v a r ó n

h e r m a n o , m a y o r

 

m e n o r e s p o s a h e r m a n a c u ñ a d o

 

h i j o , v a r ó n m u j e r

 

v a r ó n m u j e r

n i e t o v a r ó n

 

m u j e r v a r ó n m u j e r

a b u e l o , v a r ó n

p a d r e , v a r ó n

" m u j e r

h e r m a n o m a y o r -

h e r m a n a

h i j o , v a r ó n

m u j e r

 

Parentesco en rotum a n o

Por el Rev. J. Osborne

Traducción

 

s a g - h o n     -Y

 

s ó -s l-g i

le       -e-i ía

le       - h o n    -I

le       -e-l&

le       -e - h o n '- i

m h -p l-g a -Í S

h o n  - i

i&

 

h o n '-'í o i-h o n -i o i- í a

 

s a -s i-g i i» «» >»

 

s a g -h o n      - i

 

s a -s l-g i

Ie      - e - l a

 

h o n -I le -e f a

 

h e n -i m a -p l-g a l a

 

................ h o n  - l

la

h o n -l oi-ra

 

o i- b o n '- i s a -s í-g i >1 II II

 

s a g -b o n      - l *« *> 11

 

s a -s l-g l

 

le       - e l a

b o n  - i

íá

 

b o n -ii m a -p l-g a -f a

 

b o n í-i

............. ia

............... b o n -l o l- h o n - l

 

o l-f a sa-si-gi ii ii ii

 

s a g -b o n      -l

ti lt ii

 

sa-sí-gi

le       - e l a

 

b o n -í l a ¦

 

b o n -i ma-pi-ga ia

 

b o n  .-l

................ la

b o n  -i

............. ia oi-ia

 

o l-b o n -i s a -s l-g l

 

s a g -b o n -i le -e-ia

 

h e r m a n a

 

h e r m a n o

h i j o , v a r ó n

 

m u j e r v a r ó n " m u j e r

 

n i e t o v a r ó n m u j e r

 

v a r ó n m u j e r

p a d r  e

v a r   ó n

h        e r m       a n o

h        e r m       a n a

 

h e r m a n o

h i j o v a r ó n

, " m u j e r

h i j o v a r ó n

m u j e r

n i e t o v a r ó n

 

m u j e r v a r ó n m u j e r

 

p a d r e v a r ó n " m u j e r

 

h e r m a n o

 

h e r m a n a

 

h e r m a n o

h i j o v a r ó n

 

m u j e r v a r ó n m u j e r

 

n i e t o v a r ó n m u j e r

 

v a r ó n m u j e r

 

p a d r e m u j e r v a r ó n

 

h e r m a n o

 

h e r m a n a

 

h e r m a n o

h i j o v a r ó n

 

m u j e r v a r ó n m u j e r

n i e t o v a r ó n

m u j e r v a r ó n m u j e r

 

a b u e l o , v a r ó n p a d r e , v a r ó n m u j e r

 

h e r m a n o h e r m a n a

 

h i j o , v a r ó n m u j e r

 

428 L E W I S H . M ORG A N LA SOCIEDAD PRIMITIVA 429

 

( Coníinuacidnj

 

D escripción ce las personas

 

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El tata r a n i e t o del herm a n o del padre de m i padre ...............

L a t a t a r a n t e t a   "          ..................

La h e r m a n a del padre de m i padre ........................................

...

El hilo de la h e r m a n a del padre de m i padre ........................

La h i j a         "           .......................

El nieto "         "           ........................

La M e ta        ....................................... ........................

El bisnieto de la herm a n a del padre de m i padre ..............

La b i s M e t a "         ................... ..............

El tataraM e to de la h e r m a n a del padre de m i padre .........

La t a t a r a n i e t a    11        ..........

El herm a n o de la m a d re de m í m a d re .....................................

El hijo del herm a n o de la m a d re de m i m a d re .......................

L a h i j a ....................................................................

...... .......................

El nieto           ........................

La n ieta " "    "           .......................

El bisM eto del herm a n o de la m a d re de m i m a d re ......

La b isnieta "  " *       .

El tataran ieto del h e r m a n o de la m a d re d e     m l m a d re ....

La t a taraM e ta         "

La herm a ria de la m a d re de m i m a d re ......... .........................

..

El h ijo de la herm a n a de la m a d re de m i m a d re ..............

La h i j a .................... "          ..............

 

El n i é t o ..............................* .....................................

......... ..............

La n ieta          "           ..............

El bisnieto de la h e r m a n a de la m a d re de m i m a d re ....

La blsM e ta ' ...........................         ....................

El tataraM e to de la h e r m a n a de la m a d re de m i m a d re ....

La t a t a r a n l e t a    " " "

MI esposo ......................................................................

..............................

MI esposa ......................................................................

...........................

El padre de m i esposo .........................................................

..................

La m a d re de m i esp o s o ...................................................

.......................

El padre de m i esposa .........................................................

...................

La m a d re de m t esposa ......................................................

...................

MI yerno .......................................................................

...........................

MI n u e r a ...................................................................

..........................

Mi cuñad o (herm a n o del esposo) ...............................................

.....

¦ (esposo de la herm a n a, hablan d o m u jer) .........

(esposo de la h e r m a n a de la esposa)

(herm a n o de la esposa) ............................................................

MI cu ñ a d a (herm a n a de la esposa) ..........................................

....

(herm a n a del esposo) .......................................

(esposa del herm a n o) ............................ ...................

 

padrastro

m a d r a s tr a

          ijastro

          ijastra

 

del esposo)

de la esposa)

 

i

 

i

 

(mayor, h a b lando varón)

 

(hablando m ujer) ...i

 

Parentesco en hawaiano

Por el Mon. Th. M ü ller

Traducción Parentesco en rotum a n o

Por el Rev. J. Osborne

Traducción

 

mtio-pü'-ná k á           -n a tt nieto varón m á-p i-ga fá .. M e to varón

........................... w á-bee'-na .           m u jer m u jer

 

kú-pú -na w a-bee -n a Mi abuelo, m u jer m á-pi-ga h o n -i abuelo m u jer padre, varón ol-íá padre, varón

" wá-bee -n a  m u jer ol-hon -i          padre, m u jer

 

¡d'-kü-a-á -n a herm a n o, m ayor sá-sí-gi herm a n o

kái -kü-á wá-bee -n a herm a n a sag-hon -í " h e r m a n a k5i-kee k á'-n a hijo, varón le -e í á hijo, varón

M wá-bee -n a "   m u jer " v h o n  -im u jer

moo-pñ -n á k á -n a " nieto varón m á-p í-ga ifá M eto, varón

w á-bee'-na " m u jer h o n -i " m u jer kü-pü -ná k á -n a

 

má'-kü-a k á -n a abuelo, várón padre, varón

 

ta n abuelo varón

ol-fá padre.

          w á-bee'-na m u jer oi-hon -I " m u jer kal-kü-a-á -n a herm a n o, m ayor

 

h e r m a n a " sá-sl-gl " herm a n o

 

kál -kQ. wá-bee -na sag-hon - i le -e fá

 

h e r m a n a

kál-kee k á -n a hijo, varón hijo, varón m u jer h o n -i " m u jer

 

moo-p(V-nft k á -n a nieto varón m á-p i-ga í á " nieto varón

' > ¦> w á-bee'-na »»    m u jer    h o n  -I   m u jer

 

ktt-pñ'-na w á-bee -n a ** abuelo, m u jer abuela, m u jer

padre, varón oi-ía padre

** m u jer ol-ho n  -i    m u jer

 

kiU-kü-a-á -n a herm a n o m ayor Sft-fli-gí herm a n o klU'-kú w á-bee'-na h e r m a n a sag-hon -i herm a n a iSl-kee k á'-n a " bija* varón " m u jer

 

le -e í á hijo, varón

" w á-bee -n a "h o n '-i" m u jer

moo-pü -n á k á '-n a  nieto varón m á-p i-ga la nieto varón

............................ w á-bee -n a ** m u jer     h o n    -i          m u jer

 

kk -na esposo ve-ven -I esposo wá-bee -n a r esposa. ho l-e-na, y h e n esposa má-kü' á -h ü -n á -a l " suegro oi-fft padre lí ll 1) 1» II ll suegra h o n -i m a d re H 1» t* *1 *t ** Buegro ¦ ,íá padre

 

n ii > »i ti i»    suegra  ho n     -i m a d re

 

Ml-no -ná k á  -n a i* yerno le -e íá hijo, varón

w á-bee'-na *1 nuera h o n -i " m u jer kl'-na »» esposo h o m -f u -é n cuñado

 

1» esposa

com p a ñ e ro intim o m e-i

 

kál-ko-ar-ká    cuñado m e-i cuñado

** esposa h o m -íu     -e         cuñada

 

kkl-ko-a -ká    cuñ a d a m e-i

wá-bee -n a     esposa h o m -íu          -e

kM-ko-a -ká

pü-na-lü-á

cuñ a d a

 

 

          com p a ñ e ro in tim o esposa

 

l í »l II

 

má -kü-a k á'-n a " padre, varón oi-fá II padre, varón

" w á-bee -n a m u jer ol-h o n -i ** padre, m u jer kíl-kee ká -n a hijo, varón le -e í á ti- hijo, varón

 

"   wá-bee -n a    m u jer le -e h o n  -i

 

 

m u jer

Ill

LA FAMILIA PUNALÚA

 

La familia punalúa ha existido en Europa, Asia y América, en el período histórico, y en Polinesia, hasta el siglo actual. Sumamente difundida entre las tribus de la humanidad entre el estadio del sal-vajismo, perduró en algunos casos en ciertas tribus que habían ade­ lantado hasta el estadio inferior de la barbarie, y en un caso el de los bretones, entre tribus que habían alcanzado el estadio medio. En el transcurso del progreso humano siguió a la familia con­ sanguínea a la que sobrepuso, y de la que era una modificación. La transición de una ,a otra se produjo mediante la exclusión gradual de los hermanos y hermanas propios de la relación matrimonial, cu­ yos males no podían continuar escapando a la observación humana. Tal vez sea imposible restablecer los hechos que -condujeron a la emancipación; pero no nos faltan algunos antecedentes indicativos del modo cómo se produjo. No obstante ser los hechos de los que

 

se toman estas conclusiones de un carácter pesado y repulsivo, sólo cederán los conocimientos que contiene tras un paciente y prolijo examen,

 

Dada la familia consanguínea que incluía en la relación matri­ monial a hermanos y hermanas propios y también a los colaterales, bastará excluir a los primeros y conservar a los otros en el grupo para cambiar la familia consanguínea en punalúa. Realizar la exclu­ sión de una categoría y la retención de otra fue proceso arduo, por­ que entrañaba un cambio radical en la composición de la familia, por no decir en el antiguo régimen de la vida doméstica. También exigía la entrega de un privilegio al que los salvajes no renuncia­ rían fácilmente. Comenzando, como puede suponerse, en casos ais­ lados y con un lento reconocimiento de sus ventajas, subsistió como ensayo a través de inmensos espacios -de tiempo, introducida par-

 

LASOCIEDADPRIMITIVA431

 

cialmente al principio, generalizándose luego y llegando más tarde

a ser universal entre las tribus más adelantadas, todavía en el salva­ jismo, en cuyo medio se originaría este movimiento. Ella ofrece un buen ejemplo de la manera de obrar del principio de selección na­ tural.

 

En este sentido, el régimen de clases de los .australianos cobra nueva significación. La manera en que fueron formadas las clases y su régimen de matrimonio y herencia demuestran evidentemente

que su objeto primario fue excluir de la vinculación matrimonial a

los hermanos y hermanas propios, mientras se conservaba en ella a

los hermanos y hermanas colaterales. Lo primero está impreso en

las clases , por una ley externa; pero lo segundo, que no se destaca en la superficie de la organización, se descubre al seguir las huellas efe sus descendientes (395). De este modo se comprueba que los

 

primos hermanos, segundos y más remotos, que bajo su sistema de consanguinidad son hermanos y hermanas colaterales, siempre con­ traen la relación matrimonial, mientras los hermanos y hermanas propios son excluidos. En el grupo punalúa australiano el número de personas es mayor que en el hawaiáno y su composición difiere lige­ ramente; pero en ambos casos se destaca el hecho notable de que

 

la fraternidad de los maridos forma la base de la relación matrimo­ nial en un grupo, mientras la fraternidad de las esposas la forma en el otro. Respecto a los hawaianos, sin embargo, existió una diferen­ cia, y es la de que parece ser que en esos pueblos no había clases entre las que debieran realizarse los matrimonios. Desde que las clases australianas engendraron el grupo punalúa, que contenía el germen de la gens, surge la posibilidad de que esta organización en clases, a hase de sexo, haya predominado, en un tiempo, en todas las tribus del género humano que más tarde habían de rendirse a la organización gentilicia. No sería de extrañar si resultase que los hawaianos, en algún período anterior, hubiesen estado organizados en clases semejantes.

 

Por notable que parezca el hecho, tres de las más importantes y difundidas instituciones del hombre, a saber: la familia punalúa, la organización en gentes y el régimen turanio de consanguinidad, tie­ nen sus raíces en una organización anterior, similar al grupo puna-lúa, en la que se hallará el germen de cada una de aquéllas. En el estudio de esta familia surgirán algunas pruebas de la verdad de este postulado.

Así como el matrimonio punalúa dio la familia punalúa, ésta

 

(395) Los ippais y kapotas se casan en grupos. Ippai engendra murris, quienes a su vez engendran ippais; de igual modo, kapota engendra mata y mata a su vez engendra kapota; de manera que los nietos de ippai y kapota son ellos mismos ippai y kapota, además de ser hermanos y hermanas colaterales; y como tales nacen marido y mujer.

 

LEWISH.MORGAN

 

daría el régimen turanio de consanguinidad, tan pronto como e] ré­ gimen existente hubiese sido reformado ,a fin de que expresara los parentescos que efectivamente existían en esta famina. Pero se exigía algo más que el grupo punalúa para obtener este resultado, a saber: la organización en gentes, que excluía constantemente, por ley orgá­ nica, la relación matrimonial entre hermanos y hermanas, quienes anteriormente debieron estar comprendidos con frecuencia en dicha relación. Cuando esta exclusión fue totalmente realizada, obraría

 

un cambio en todos los parentescos que nacían de este matrimonio; y una vez que se hubo amoldado el régimen de consanguinidad al nuevo sistema de parentesco, el régimen turanio se impondría al malayo. Los hawaianos tenían la familia punalúa, pero no la orga­ nización en gentes ni tampoco el sistema turanio de consanguinidad. Su retención del antiguo régimen de familia consanguínea crea la sospecha, confirmada por las exposiciones de Bingham, de que los hermanos y hermanas propios estaban con frecuencia confundidos

 

en el grupo punalúa, lo que hacía imposiblé la reforma del antiguo régimen de consanguinidad. Es dudoso que el grupo punalúa del tipo hawaiano pueda pretender una antigüedad igual a la de las clases australianas, desde que éstas son más arcaicas que cualquiera otra institución social de que se tenga conocimiento. Pero la exis­ tencia del grupo punalúa ae uno u otro tipo era esencial para en­ gendrar la gens, del mismo modo que ésta era esencial para producir el régimen turanio de consanguinidad. Las tres instituciones serán consideradas separadamente. 1

 

1. L a f a m i l i a p u n a l ú a

 

En ciertos casos raros se ha descubierto una costumbre en forma concreta que puede servir de clave para algunos de los misterios de la sociedad primitiva y explica lo que antes sólo podía comprenderse a medias. Esa costumbre es la punalúa. de los hawaianos. En I860, el juez Lorin Andrews, de Honolulú, en una carta que acompañaba

 

a un cuadro del régimen hawaiano de consanguinidad, comentaba como sigue, uno de los términos hawaianos de parentesco; El pa­ rentesco de punalúa es un tanto anfibio. Nace del hecho de que dos o más hermanos con sus esposas, o dos o más hermanas con sus maridos, se inclinaban a la posesión entre ellos, en común; pero el sentido moderno del término es el de querido amigo o compañero íntimo .. Su régimen de consanguinidad demuestra que aquello que el juez Andrews menciona como una inclinación, y que en ese en­ tonces pudo haber sido una práctica en decadencia, fue, en cierta época, universal entre ellos. El Rev. Artemus Bishop, fallecido re­ cientemente, uno de los más antiguos misioneros de estas islas, remi­ tió aj autor, ese mismo año, un cuadro parecido, con el siguiente

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 433

 

comentario sobre dicho asunto: Esta confusión de parentescos es la resultante de la antigua costumbre entre parientes de hacer vida común de maridos y esposas . En un capítulo anterior se ha citado una opinión de Bingham, quien escribió respecto a la poligamia lo sigiente: implicaba una pluralidad de esposos y esposas . El doc­ tor Bartlett reitera la versión: "Los nativos tenían apenas más recato o pudor que muchos animales. Los maridos tenían muchas esposas

 

y las esposas muchos maridos que cambiaban a voluntad (396). La forma cié matrimonio que descubrieron creaba el grupo punalúa, en el que maridos y esposas se casaban conjuntamente en grupo. Cada uno de estos grupos, incluyéndose a los hijos de estos matrimonios, constituían una familia punalúa, porque una 1 se componía de varios hermanos con sus esposas y la otra efe varias hermanas con sus ma­ ridos.

 

Si recurrimos ahora al cuadro del sistema hawaiano de consan­ guinidad, veremos que el varón llama esposa a la hermana de su esposa. Todas las hermanas de su esposa, propias y colaterales, son a la vez esposas suyas. Pero el marido de la hermana de su mujer le dice punalúa, es decir, compañero íntimo; lo mismo a todos los maridos de las distintas hermanas de su esposa. Todos estaban casa­ dos entre sí en grupos. Es probable que estos maridos no fuesen hermanos; de haber sido, el parentesco de sangre habría prevalecido sobre el de afinidad; pero sus esposas eran hermanas propias y co­ laterales. En este caso la fraternidad de las esposas sena la base sobre la que descansaba el grupo, y los maridos ocuparían entre sí la relación de punalúa. En el otro grupo que descansaba en la fra­ ternidad de los maridos, la mujer llama marido al hermano de su marido. También eran maridos suyos todos los hermanos de su ma­ rido, propios y colaterales. Pero llama punalúa a la esposa del her­ mano de su marido, y todas las esposas de los hermanos de sus ma­ ridos están para con ella en la relación de punalúa. Es probable, por las razones dadas en el otro caso, que estas esposas no fuesen her­ manas entre sí, aunque hubiera, sin duda, excepciones en ambos casos. Todas estas esposas guardaban entre sí la relación de punalúa. Es evidente que la familia punalúa nació de la consanguínea. Los hermanos dejaron de casarse con sus propias hermanas, y una vez que la organización gentilicia hubo logrado todos sus resultados

 

sobre la sociedad, dejaron también de. hacerlo con sus hermanos colaterales. Pero mientras tanto, compartían en común las restantes esposas. De igual manera, las hermanas dejaron de casarse con sus propios hermanos, y después de un dilatado período de tiempo, con sus hermanos colaterales; pero compartían en común los maridos

 

          Historical Sketch of the Missions, etc., in Sandwich Islands, etc., pá­ gina 5.

 

2¡l

 

434LEWISH.MORGAN

 

restantes. El paso .hacia adelante dado por la sociedad de la familia consanguínea a la punalúa fue la irrupción de un gran movimiento

 

de progreso que abría camino a la organización gentilicia, la que conduciría gradualmente hacia la familia sindiásmica y, finalmente, a la monógama.

 

Otro hecho notable con respecto a la costumbre punalúa es que forzosamente debió imperar, en la antigüedad, entre los antepasados de las familias turania y ganowaniana, cuando se formó el régimen de consanguinidad de éstas. La razón es sencilla y terminante. El matrimonio en el grupo punalúa explica los parentescos del régimen. Se puede presumir que eran los que efectivamente existían al implan­ tarse el régimen. Por lo tanto, la existencia del régimen implica la prevalencia previa del matrimonio punalúa y de la familia punalúa. Avanzando hacia las naciones civilizadas, parece preponderar con igual energía la misma necesidad de la existencia antigua del grupo punalúa en los remotos antepasados de todos aquellos que poseían

 

el régimen gentilicio griegos, romanos, germanos, celtas, hebreos , pues es una certidumbre razonable que todas las familias de la hu­ manidad que bajo el régimen gentilicio pudieron elevarse a la mo­ nogamia practicaron en épocas anteriores el régimen turanio de con­ sanguinidad, nacido del grupo punalúa. Se verá que este gran mo­ vimiento, que se inició con la formación de dicho grujió, fue prin­ cipalmente obra de la organización en gentes, y que esta antes de la implantación de . la monogamia generalmente iba acompañada- del régimen turanio de consanguinidad.

Hasta el período medio de la barbarie se mantuvieron dispersos

en las tribus europeas, asiáticas y americanas, en casos excepciona­ les, resabios de la práctica punalúa. El ejemplo más notable lo da César al ocuparse ae las costumbres matrimoniales de los antiguos bretones. Expone que: por docenas y docenas los maridos poseen sus esposas en común; y especialmente hermanos con sus herma­ nos y padres con sus hijos (397).

 

Este pasaje revela una práctica de uniones matrimoniales en gru­ po, cuya explicación está dada por el sistema punalúa. No se debía esperar que la madre bárbara, ni como regla ni tan siquiera como excepción, ostentara diez o doce hijos varones; pero bajo el régimen turanio de consanguinidad, que no es lícito suponer que practicaban los bretones, siempre se halla numerosos grupos de nermanos, por­ que los primos varones, próximos o remotos, caen en dicha catego­ ría con respecto al Ego. Según César, varios hermanos poseían sus esposas en común. Aquí tenemos un rasgo puro y simple del régimen punalúa. César no sugiere directamente la existencia de la agrupa­ ción correlativa que debía existir, de varias hermanas poseedoras en

 

(397) De Bell. Gall., 14.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA435

 

común de los maridos; pero es verosímil que. existiera como comple­ mento necesario. Advirtió algo más, y fue que los padres compar­ tían con sus hijos las esposas en común. Es verosímil que estas espo­ sas fuesen hermanas. Ya sea que César con este giro se- refieriese o no a la otra agrupación, esto contribuye a señalar la extensión que los matrimonios colectivos en grupo habían alcanzado entre los bre­ tones, y que fue el hecho resaltante que atrajo la atención de este notable observador. Cuando varios hermanos estaban casados con

 

las esposas de todos ellos, estas esposas estaban también casadas con todos los esposos.

 

Ocupándose Herodoto de los Massagetes, que se hallaban en el estadio medio de la barbarie, expone que cada hombre tenía una esposa, y asimismo todas las esposas eran poseídas en común (398). De esta versión puede deducirse que la familia sindiásmica había comenzado a preponderar sobre la- punalúa. Cada marido se unía a una esposa, la que venía a ser así su esposa principal; pero dentro de la. circunscripción del grupo, los maridos y esposas continuaban siendo comunes. Si Herodoto pretendió insinuar un estado de pro­ miscuidad, es probable que no existiera. Si bien no conocían el hie­ rro, los Massagetes poseían rebaños y manadas, se batían a caballo, armados de hachas de guerra fabricadas de cobre y lanzas con pun­ tas también de cobre, y construían y usaban la carreta (amam). No es posible suponer que un pueblo que hubiese alcanzado este grado de adelanto practicara la promiscuidad. También nos cuenta que

 

los Agathyrsi, que probablemente se hallaban en el mismo estadio, tenían las esposas en común a fin de ser todos hermanos, y, en cali­ dad de miembros de una misma familia, no envidiarse ni odiarse entre ellos (399). La explicación más razonable y satisfactoria de estas y otras prácticas similares en otras tribus citadas por Herodo­ to estriba más bien en el matrimonio punalúa por grupos y no en la poligamia o promiscuidad general. Sus citas son demasiado breves para servir de ilustración del verdadero estado de la sociedad entre ellos.

 

Entre algunas de las tribus más atrasadas de los aborígenes sud­ americanos se descubrieron rastros de la práctica- punalúa; pero no se han dado detalles al respecto. Así, los primeros navegantes que visitaron las tribus costeras de Venezuela descubrieron un estado social que exige para su explicación la existencia de las agrupaciones punalúas. No observaban ley ni. regla en el matrimonio, sino que tomaban cuantas esposas quisiesen, y ellas otros tantos maridos, cambiándolos a voluntad sin mengua para ninguna de las partes. No existía entre ellos nada semejante a los celos, pues cada cual vivía

 

          L ib., I, c. 216.

          Lib., IV , c. 104.

 

LEW IS H . MORGAN

 

como mejor le placía y sin ofenderse unos a otros... Sus viviendas eran colectivas, y tan amplias, que daban cabida a ciento sesenta personas; estaban sólidamente construidas, aunque las techaban con hojas de palmera, y tenían forma de campana (400). Estas tribus usaban vasijas de barro cocido y, por lo tanto, se encontraban en el estadio inferior de la barbarie; pero de acuerdo con estas narracio­ nes se habían alejado muy poco del salvajismo. En. este caso y en los referidos por Herodoto, la relación descansa en una observación superficial. Muestra, por lo menos, un estado inferior de la familia y de la relación matrimonial.

 

Cuando América del Norte fue descubierta, en sus diversas re­ giones, la familia punalúa parecía haber desaparecido ya del todo.

 

Por lo que a mí me consta, no existía entre ellos tradición alguna de la antigua difusión del régimen punalúa. En general, la familia había pasado de la forma punalúa a la sindiásmica; pero estaba en­ vuelta en los resabios de un antiguo régimen conyugal que se re­ montaba a los grupos punalúas. Se puede citar una costumbre de indudable origen punalúa que todavía practican al menos cuarenta tribus de indios norteamericanos. Al casarse un hombre con la hija mayor de una familia, adquiere derecho de esposo sobre todas las hermanas de ésta cuando están en edad de casarse. Éste es un de­ recho rara vez ejercido, por la dificultad para el varón de mante­ ner varias familias, a pesar de que la poligamia, como privilegio de los varones, estaba universalmente reconocida. Hallamos en esto los resabios de la que fue una práctica punalúa, entre sus remotos ante­ pasados. No se puede dudar de que en un tiempo las hermanas pro­ pias contraían el vínculo matrimonia] a base de su fraternidad, sien­ do el marido de una marido de todas, pero no marido único, pues otros varones eran maridos comunes, juntamente con él, dentro del grupo. Una vez que la familia punalúa hubo desaparecido, quedó en pie el derecho del marido de la hermana mayor a convertirse

en marido de todas las hermanas de ésta, si así lo quería. Ésta puede ser considerada con razón como supervivencia genuina de una anti­ gua práctica punalúa.

 

i Se podrían citar otras huellas de esta familia sacadas de obras históricas, tendentes a demostrar no sólo su antigua existencia, sino

 

          H e r r e r a , History of America, 1. c., I, 216. Refiriéndose a las tribus costeras del Brasil, agrega Herrera que moran en bohios, o sea, grandes vi­ viendas techadas de paja, de las que hay como ocho en cada poblado, llenas

 

de gente, con sus nidos o hamacas para recostarse... Viven de manera bestial, sin un asomo de justicia o de pudor , lib. IV, G. Garcilaso de la Vega se manifiesta en sentido igualmente desfavorable acerca del régimen matrimonial de algunas de las tribus más atrasadas del Perú. Royal Com. of Peru, 1. c., p. 10 ?. 106.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA437

 

también su gran difusión. No hace falta ampliar estas citas, porque la anterior existencia de la familia punalúa, entre los antepasados de todas las tribus que practiquen o hayan practicado el sistema turanio de consanguinidad, se deduce del sistema mismo.

 

2. O r ig e n d e l a o r g a n iz a c ió n e n     g e n t e s

 

Hemos insinuado ya que fue probablemente en el período de

salvajismo que esta institución tuvo origen, en primer lugar, porque

el estadio inferior de la barbarie la halla en pleno desenvolvimien­

to; y segundo, porque se ha comprobado su parcial desarrollo en el

estadio del salvajismo. Además, el germen de la gens se descubre

tan claramente en las clases australianas como en el grupo punalúa

hawaiano. La gen.s se encuentra también entre los australianos basa­

da en las clases, con indicios aparentes de la forma de su evolución.

No podría esperarse que una institución tan notable como la gens

saliera de la nada o naciera perfecta, es decir, sin una base previa­

mente formada por crecimiento natural. Su cuna debe buscarse en­

tre los elementos preexistentes de la sociedad, y se debía prever que

llegaría a la madurez largo tiempo después de su nacimiento.

Las clases australianas descubren dos de las reglas fundamen­

tales de la gens en su estado .arcaico, a saber: la prohibición de unio­ nes matrimoniales entre hermanos propios y la descendencia por la línea femenina. Este último hecho se pone enteramente en- eviden­

 

cia al aparecer la gens, pues entonces se comprueba que los hijos pertenecen a la gens de la madre. La adaptación natural de las cla­ ses para engendrar la gens es suficiente para.sentar la probabilidad de que así fue en efecto. Y esta probabilidad todavía se robustece más por el hecho de que la gens aparece aquí vinculada a una orga­ nización anterior y unía más arcaica, que perduraba como factor unitario de un régimen social, cuyo puesto correspondía en derecho a la gens.

Volviendo ahora al grupo punalúa hawaiano, encontramos los mismos elementos que contienen el germen de la g ens. Se circuns­ cribe a la línea femenina del régimen, según la cual varias hermanas, propias y colaterales, compartían en común sus maridos. Estas her­ manas, con sus hijos y descendientes por la línea femenina, exhiben la verdadera composición de la gens de tipo arcaico. La descendencia forzosamente seguiría la línea femenina, puesto que no se podía de­ terminar con certeza la paternidad de los hijos. Tan pronto como quedó radicada esta forma especial de matrimonio por grupos, existió la base de la gens. Se necesitaba entonces un esfuerzo mental para trocar esta agrupación punalúa natural en una institución circunscrita a las madres, sus hijos y sus descendientes por la línea femenina. Aun

 

438LEWISH.MORGAN

 

cuando entre los hawaianos existiera este grupo, no supieron elevarse a la concepción de la gens. Y, sin embargo, es precisamente a una agrupación semejante, fundada en la fraternidad de las madres, o en la agrupación similar australiana, basada en idéntico ^principio de unión, que se debe atribuir el origen de la gens. Éste tomo a esta agru­ pación tal como la hallara, y organizó en gentes a base de parentesco a algunos de sus miembros con varios de sus descendientes.

 

La explicación precisa de cómo se originó la gens es, por supues­ to, imposible. Los hechos y las circunstancias corresponden a una antigüedad remota. Pero se puede hacer remontar la gens a un estado de la sociedád antigua capaz de provocar su nacimiento. Es esto todo lo que he intentado hacer. Su origen corresponde a un ni­ vel muy bajo del desarrollo humano, y a una condición muy antigua de la sociedad, aunque posterior en orden de tiempo a la aparición de la familia punalua. Es perfectamente claro que fue engendrada por esta familia, que se componía de grupos de personas que subs­ tancialmente coincidían con . los miembros de una gens.

 

La influencia de la organización gentilicia sobre la sociedad an­ tigua fue conservadora y progresista. Una vez que hubo alcanzado pleno desarrollo y se hubo difundido por amplias zonas, y trans­ currido el tiempo necesario para que hiciera sentir todo su influjo sobre la sociedad, la anterior abundancia de esposas se trocó en carestía, porque esto tendía a estrechar la esfera del grupo punalúa, y, finalmente, a derrumbarlo. Una vez que la organización gentilicia se generalizó en la sociedad antigua, la misma familia punalúa en­ gendraría gradualmente la sindiásmica. Las etapas intermedias del proceso no se conocen bien; pero dada la familia punalúa en el esta­ dio del salvajismo, y la sindiásmica en él estadio inferior de la bar­ barie, fluye el progreso de la primera hasta' llegar a la segunda. Des­ pués que la úl$ma familia comenzó a aparecer y los grupos punalúas

 

a desaparecer, se inició la adquisición de esposas por compra y por rapto. Sin entrar a discutir las pruebas aún asequibles, es evidente que la organización gentilicia fue la causa eficiente del derrumbe definitivo de la familia punalúa, y de la gradual reducción del nota­ ble régimen conyugal del período del salvajismo. Si bien se originó en la familia punalúa, como debemos suponerlo, asimismo supo lle­ var a la sociedad mucho más allá de su nivel.

 

          E l r é g i m e n t u r a n i o o g a n o w a n i a n o d e c o n s a n g u i n i d a d

 

 

Este sistema y la organización gentilicia en su forma arcaica se encuentran comúnmente juntos. No dependen el uno del otro; pero es probable que su respectiva aparición no se alejaba mucho en el orden del progreso humano. Existe directa relación entre los siste-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 439

 

mas de consanguinidad y los regímenes de familia. La familia repre­ senta un principio activo. No se estaciona nunca, sino que avanza de un nivel más bajo a uno más alto a medida que la sociedad adelan­ ta, y acaba por pasar de una forma a otr.a de grado más elevado. En cambio, los sistemas de consanguinidad son pasivos; registran los progresos que la familia realiza a largos intervalos de tiempo y sólo cambian radicalmente cuando la familia ha sufrido igual cambio radical.

El sistema turanio no pudo haber sido implantado a no ser que

 

en ese tiempo existiera el matrimonio punalúa y la familia punalúa. En una sociedad en que, por uso general, varias hermanas se casa­ ban en grupo con cada uno de los maridos de las demás, y varios hermanos con las esposas de los demás en grupo, existían las con­ diciones necesarias para la implantación del sistema turanio. Cual­ quier sistema que se ideara para expresar los parentescos que efec­ tivamente existían en tal familia, forzosamente sería el turanio, luego de implantado, sería comprobación de la existencia de tal familia cuando se realizó la implantación.

 

Se procurará ahora tomar en consideración este notable sistema tal como todavía existe en las familias turanias y ganowanianas, y presentarlo como comprobación de la existencia de la familia punalúa en la época de su implantación. Él ha perdurado en dos continen­ tes hasta el día de hoy, después de haber desaparecido las costum­ bres matrimoniales que le dieron existencia, y después que la fami­ lia hubo pasado de la forma punalúa a la sindiásmica.

 

Para poder estimar en su justo valor el testimonio aducido, será necesario examinar los detalles del sistema. Como típico de las tri­ bus ganowanianas de América se presentará el de los séneca-iroque-ses, y como típico de las tribus turanias de Asia, el de los tamiles de la India meridional. Estos sistemas son prácticamente idénticos en más de doscientos grados de parentesco de la misma persona, y fi­ guran en el respectivo cuadro al final de este capítulo. En una obra anterior (401) he presentado el cuadro completo del sistema de con­ sanguinidad de unas setenta tribus de indios americanos; y el de

 

las tribus y naciones asiáticas, el de los tamiles, telugos y canarenses de la India meridional, todos los cuales practican en la antigüedad el sistema tal como se presenta en el cuadro. Dicho sistema varía en

detalles en las diferentes tribus y naciones, pero sus rasgos funda­

mentales son constantes. Todos los individuos, por igual, se saludan

de acuerdo con el parentesco, pero con la diferencia, que entre

los tamiles, si el saludo es dirigido a una persona menor que el in­

terlocutor, se debe emplear el término de parentesco, pero si aqué-

 

          Systems of Consanguinity and Affinity of the Human Family. Smith-5onnian Contributions to knowledge, vol. XVII.

 

440LEWISH.MORGAN

 

11 a es mayor, es optativo el término de parentesco o bien el nombre

 

personal. Entre los aborígenes americanos, en cambio, el saludo siempre corresponde ser dirigido en términos de parentesco. Ellos emplean el sistema en los saludos porque es un sistema de consan­ guinidad y afinidad. En las antiguas g entes, también era el medio por el cual cada miembro de una gens podía señalar su vinculación con los demás, hasta que la monogamia dio en tierra con el sistema tu-ranio. Se notará que, en muchos casos, el parentesco de una misma persona con el Ego varía de acuerdo con el sexo del Ego. Por esta razón ha sido necesario exponer dos veces la misma cuestión, una vez cuando habla un varón y otra cuando habla una mujer. No

 

obstante estas variantes, el sistema es fundamentalmente lógico. Para poner de relieve su carácter será necesario recorrer sus diversas lí­ neas, como ya se hizo con el sistema malayo. Se empleará el séneca-iroqués.

 

Los parentescos de abuelo (Hoc sote), y abuela (Oc sote) y de nieto (Ha-ya-aa.) y de nieta (Ka-ya-da) son los más remotos en línea ascen-dentedente y en la descendente. Los ascendientes y descendientes que están por encima o por debajo de éstos caen en las mismas cate­ gorías respectivas.

 

El parentesco de hermano y hermana se concibe en forma dual

mayor y menor, y no es abstracto; para ambos hay términos especia­ les, como sigue:

Hermano mayor, Ha -ge, Hermana mayor, Ah jé.

Hermano menor. Haga. Hermana menor, Ka -ga.

Estos términos son empleados por varones y mujeres, y se apli­ can a los hermanos mayores o menores de la persona que habla. En

 

el tamil existen dos juegos de términos para estos parentescos, pero en la actualidad se emplean indiferentemente para ambos sexos. Primera línea colateral. Siendo yo varón y hablando como séne­

 

ca, el hijo y la hija de mí hermano son hijo e hija míos. (Ha-ah -^otik y ka-ah <ouk) y ambos me dicen padre (Ha-nih). Éste es el primer rasgo distintivo del sistema. Coloca, a los hijos de mi hermano en el mismo plano que los míos propios. Son hijos míos tanto como de

 

él. Los nietos de mi hermano son nietos y nietas míos (Ha-m -da y Ka ya -da, singular), y ambos me dicen abuelo (Hoc -sote). Los pa­ rentescos aquí citados son los consagrados y usados; no se conocen otros.

 

Algunos parentescos se distinguen como indicativo. Comúnmente rigen a los que preceden y a los que siguen. Cuando concuerdan en

 

los sistemas de tribus diferentes, y aún de familias diferentes del gé­ nero humano, como en el turanio y el ganowaniano, comprueban su identidad esencial.

 

En la rama femenina de esta línea, siendo yo siempre varón, los hijos e hijas de mí hermana son sobrinos y sobrinas míos respectiva-

 

LASOCIEDADPRIMITIVA441

 

mente (Ha-ycC-wan-da y Ka-ya -wan-da), y ambos me llaman tío (Hoc~

no -seh). Éste es un segundo rasgo indicativo. Restringe el parentesco de sobrino y sobrina a los hijos de las hermanas del varón propias y colaterales. Los hijos de estos sobrinos son nietos míos, como antes, y cada cual me da el tratamiento correspondiente.

 

Siendo yo mujer, cambia una parte de estos parentescos. Los hijos e hijas de mi hermano son sobrinos y sobrinas míos (Ha-soh -neh y Ka-soh-neh), y ambos me llaman tía ( Áh-ya-huc). Se advertirá que son diferentes los términos para los sobrinos según los emplee un varón o una mujer. Los hijos de estos sobrinos y sobrinas son nietos míos. En la línea femenina el hijo e hija de mi hermana son hijo e hija míos y ambos me dicen madre (Noh-yeh ), y sus hijos son nietos míos, y me dicen abuela (Oc-sote).

 

Las esposas de estos hijos y sobrinos son mis nueras (Ka -sa) y los maridos de estas nueras son mis yernos (Oc-nah -hose, cada término singular), y me dan el tratamiento correspondiente. Segunda línea colateral. En la rama masculina de esta línea

 

por parte de padre, y sin distinción de sexo del Eg o, el hermano de mi padre es padre mío, y me dice hijo o hija, según sea yo varón o mujer. Tercer rasgo indicativo. Todos los hermanos del padre ocu­ pan el lugar del padre. Los hijos de éstos son hermanos míos, mayores o menores, y doy a ellos el mismo tratamiento que a mis propios her­ manos. Cuarto rasgo indicativo. Esto coloca a los hijos de hermanos en la relación de hermanos y hermanas. Siendo yo varón, los hijos de estos hermanos son hijos míos y sus hijos son nietos míos. Mientras que los hijos de estas hermanas son sobrinos y sobrinas míos; y los hijos de éstos son nietos míos, pero siendo yo mujer los hijos de estos hermanos son sobrinos y sobrinas míos; los hijos de estas hermanas son hijos e hijas míos, y sus hijos son nietos míos. Así se ve que la clasificación de la primera línea colateral se mantiene en la segunda y tercera y hasta donde pueda señalarse la consanguinidad.

 

La hermana de mi padre es tía mía, y me trata de sobrino si soy varón. Quinto rasgo indicativo. El parentesco de tía se restringe a las hermanas de mi padre y de aquellas otras personas que ocupan respecto a mí, la relación de padre, con exclusión de las hermanas de mi madre. Los hijos de la hermana de mi padre son primos míos (Ah-gare -seh, singular), y todos me llaman primo. Siendo yo varón, los hijos de mis primos varones son hijos e hijas míos, y los de mis

 

g rimas son sobrinos y sobrinas míos; pero siendo yo mujer estas clasi- caciones c ambian. Todos los hijos de mis primas son nietos míos.

Por parte de madre, siendo yo varón, -el hermano de mi madre es

 

tío mío, y me dice sobrino. Sexto rasgo indicativo. El parentesco de tío se restringe a los hermanos de mi madre propios y colaterales, con exclusión de los hermanos de mi padre. Sus hijos son primos

míos, los hijos de mis primos varones son hijos e -hijas míos, y los de

 

LEWISH.MORGAN

 

mis primas son sobrinos y sobrinas míos; pero siendo yo mujer se truecan estos últimos parentescos, y los hijos de todos por igual son nietos míos.

 

En la rama femenina de la misma línea la hermana de mi madre

es madre mía. Séptimo rasgo indicativo. Todas las hermanas propias y colaterales, ocupan recíprocamente la relación de madre de los hijos de todas. Los hijos efe la hermana de mi madre son hermanos míos, mayores y menores. Octavo rasgo indicativo. Establece la rela­ ción de hermanos entre sí para los hijos de hermanas. Los hijos de estos hermanos son hijos míos, y los de estas hermanas son sobrinos míos, y los hijos de éstos son nietos míos. Siendo yo mujer estos gra­ dos cambian, como en los casos anteriores.

Cada una de las esposas de todos estos hermanos y primos, es cuñada mía (Ah-ge-ah -ne-ah), y cada una de ellas me llama cuñado (Ha-ya -ó). No se ha podido averiguar el sentido preciso del primer término. Cada uno de los maridos de todas estas hermanas v primas es cuñado mío, y me da el tratamiento adecuado. Algunas de las re­ laciones matrimoniales de los aborígenes americanos, descubren trazos del régimen punalúa, como ser, las que existen entre el Ego y las esposas de varios hermanos y los maridos de varias hermanas. En mandan, en pawni, y en arickari, la esposa de mi hermano es esposa mía. En el idioma de los corneja, mi cuñada es mi camarada

 

(. Bot-ze -no-pa-che); en cric es mi ocupante actual (Chu-hu -cho-iva) y en munsi, mi amiga (Nain-jose ). En winnebago y achaotine ella

 

es mi hermana . En algunas tribus, el marido de la hermana de mi mujer es mi hermano ; en otras, mi cuñado , y en cric, mi pequeño separador (Un-ka^pu-che), cualquiera que sea su significado. Tercera línea colateral. Como los grados de parentesco en las dis­ tintas ramas de esta línea son idénticos a los de las ramas correspon­ dientes de la segunda línea, con el agregado de un ascendiente más, bastará presentar una de las cuatro ramas. El hermano del padre de

 

mi padre es abuelo mío y me llama nieto. Este es el noveno rasgo indicativo, y el último. Esto coloca a los hermanos en la relación de abuelos, y así impide que los ascendientes colaterales pasen de este grado de parentesco. El principio que funde las líneas colaterales en la directa, obra tanto en sentido ascendente como en el descenden­ te. El hijo de este abuelo es padre mío; sus hijos son hermanos míos; los hijos de estos hermanos son hijos míos; y de estas hermanas, so­ brinos míos; y sus hijos son nietos míos. Como en los casos anteriores estos grados cambian siendo yo mujer. Además en cada caso se aplica el tratamiento correspondiente.

 

Cuarta línea colateral. Por la razón dada, bastará presentar una sola rama de esta línea. El hermano del padre de mi abuelo es abue­ lo mío; también su hijo es abuelo mío; el hijo de éste es padre mío; los hijos suyos son hermanos míos, mayores o menores; y los hijos

 

LASOCIEDADPRIMITIVA443

 

y descendientes suyos siguen en el parentesco con el Ego las reglas

de los casos anteriores, En la quinta línea colateral los grados se cla­ sifican en sus distintas ramas en el mismo sentido que en las corres­ pondientes ramas de la segunda línea, con excepción de los ascen­ dientes adicionales.

 

De la índole de este sistema se desprende que es esencial el co­ nocimiento del grado numérico de consanguinidad para la debida clasificación de los parientes; pero para el indio habituado a su em­ pleo diario, la maraña no ofrece dificultad.

 

Entre las relaciones matrimoniales que aún subsisten se encuen­ tran términos séneca-iroqueses equivalentes a suegro (Oc-na -hose) para el padre de las esposas, y (Ha-ga -sa) para el padre del marido. También el primero se emplea para designar un hijo político, lo que demuestra que es recíproco. Además existen términos para padrastro

 

y madrastra (Hoc -no-ese y Oc-no-ese), y para entenado y entenada (Ha -no y Ka -no). En muchas tribus, dos suegros y dos suegras están emparentados y existen términos para expresar la vinculación. La riqueza de la nomenclatura, si bien debida a la variedad de distin­ ciones que encierra el sistema, es verdaderamente notable. En el cuadro, se hallan los detalles completos del sistema séneca-iroqués y del tamil. Su identidad salta a simple vista. Dicho sistema no sólo descubre la difusión del matrimonio punalúa entre sus antepasados remotos, cuando el sistema fue implantado, sino también el poderoso influjo de este régimen de matrimonio en la sociedad antigua. Es a la vez una de las aplicaciones más extraordinarias de la lógica de la mente humana a los hechos de un régimen social, de que tenga me­ moria la historia de la humanidad.

 

Queda ya demostrado que el sistema turanio y el ganowaniano fueron injertos que se hicieron a una forma malaya anterior, o a alguna otra esencialmente conocida. Más o menos en la mitad de to-

 

do$ los parentescos dados, los dos son idénticos. Si en algunos de los examinados difieren los sénecas y tamiles, respecto a los hawaianos, se verá que la diferencia estriba en los parentescos que dependen del matrimonio o del no-matrimonio de hermanos con hermanas. Por ejemplo, en los dos primeros, el hijo de mi hermana es sobrino mío, y en el otro es hijo mío. Los dos grados expresan la diferencia entre

 

la familia consanguínea y la punalúa. El cambio de grados que re­ sulta de la substitución del matrimonio punalúa por consanguíneo trueca el sistema malayo en turanio. Pero podría preguntarse por qué los hawaianos que tenían la familia punalúa, no reformaron de acuer­ do con esto su sistema de consanguinidad. Se ha dado ya en otra parte la respuesta, pero cabe repetirla. La forma de familia conserva siempre ventaja sobre el sistema. En Polinesia era punalúa mientras que el sistema era malayo; en América fue sindiásmica, conservándo­ se el sistema turanio; y en Europa y Asía Occidental se hizo monó-

 

444LEWISH.MORGAN

 

gama mientras que el sistema se mantuvo turanio por un tiempo, para luego decaer y ser reemplazado por el ario. Además, aún cuando la familia ha pasado por cinco formas, tanto como se sabe, sólo fueron creados tres sistemas de consanguinidad. El cambio esencial de un sistema consagrado de consanguinidad demandaba un cambio orgá­ nico de la sociedad de enormes proporciones. Creo que la organiza­ ción en gentes fue lo bastante influyente y universal para trocar el sistema malayo en turanio; y que bastó que la monogamia se estable­ ciera en las ramas más adelantadas de la familia humana, juntamente con el influjo de la propiedad, para derrumbar el turanio y poner en su lugar el ario.

 

Queda por exponer el origen de aquellos parentescos turamos diferentes ae los malayos. La base de la explicación descansa en el régimen gentilicio y en los matrimonios punalúas.

 

          Siendo yo varón, todos los hijos de mis hermanos varones, pro­ pios y colaterales, son mis hijos e hijas.

 

Razón: Hablando, como un séneca, todas las esposas de mis di­ versos hermanos son tan esposas mías como de ellos. Nos estamos refiriendo ahora a la época en que fue implantado el sistema. Es lo mismo que en el malayo, donde se dan las razones.

 

          Siendo yo varón, todos los hijos de mis diversas hermanas, propias y colaterales, son mis sobrinos y sobrinas.

 

Razón: Bajo el sistema gentilicio, por una disposición de la gens, estas mujeres no podrían ser esposas mías, luego sus hijos no pueden ser hijos míos, y están con respecto a mí en un grado más alejado; de ahí el nuevo parentesco de sobrino y sobrina. En esto difiere del malayo.

 

III. Siendo yo mujer, los hijos de mis diversos hermanos, propios y colaterales, son mis sobrinos y sobrinas.

 

Por la misma razón que II. En esto también difiere del malayo.

 

IV. Siendo yo mujer, los hijos de mis diversas hermanas, propias y colaterales, y de mis diversas primas, son mis hijos e hijas. Razón: Todos sus maridos son también maridos míos. En rigor,

 

estos niños serían entenados míos, y así los clasifican los ojibwas y otras tribus algonquinas, pero los séneca-iroqueses y los tamile si­ guen la antigua clasificación y los colocan en la categoría de hijos míos, por las razones dadas en el malayo.. V

 

          Todos los hijos de estos hijos e hijas son nietos míos. Razón: Son hijos de mis hijos e hijas.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA445

 

VI. Todos los hijos de estos sobrinos y sobrinas son nietos míos. Razón-, Estos fueron los parentescos de las mismas personas en

 

el sistema malayo, que presuntivamente precedió al turanio. No ha­ biéndose inventado uno nuevo seguiría rigiendo el sistema anterior.

 

VIL Todos los hermanos de mi padre, propios y colaterales, son padres míos.

 

Razón: Son maridos de mi madre. Lo mismo ocurre en el malayo. VIII. Todas las hermanas de mi padre, propios y colaterales, son tías mías.

 

Razón: Bajo el régimen gentilicio ninguna de ellas podía ser esposa de mi padre y sería inadmisible la anterior clasificación de madre. Se exigía, por lo tanto, un nuevo parentesco; de aquí el de tía. IX. Todos los hermanos de mi madre, propios y colaterales, son.

tíos míos.

Razón: Ya no son maridos de mi madre y deben ocupar un gra­

do más alejado que el de padre; de aquí el nuevo parentesco de tío.

 

          Todas las hermanas de mi madre, propias y colaterales son madres mías.

 

Pos las mismas razones que IV.

XI. Todos los hijos de los hermanos de mi padre, y todos los de las hermanas de mi madre, propios y colaterales, son mis hermanos y hermanas.

 

Razón; Es lo mismo que en el malayo, donde se dan las razones.

XII. Todos los hijos de mis diversos tíos y todos los de mis diver-sas tías, propios y colaterales, son mis primos y primas.

 

Razón: Bajo el régimen gentilicio todos estos tíos y tías están excluidos de la relación marital con mi padre y madre; de donde es­ tos hijos no pueden estar con respecto a mí, en la relación de her­ manos y hermanas como en el malayo, sino que deben ser colocados en una más remota; de aquí el nuevo parentesco de primo.

 

XIII. En el tamil, y siendo yo varón, todos los hijos de mis primos son mis sobrinos y sobrinas y todos los hijos de mis primas, son mis hijos e hijas. Esto es precisamente la inversión de la regla de los séneca-iroqueses. Tiende a demostrar que cuando se implantó entre los tamiles el sistema turanio todas mis primas eran esposas mías, mientras que las esposas de mis primos varones no lo eran.

 

Es un hecho singular que la divergencia en estos parentescos sea la única de importancia entre los dos sistemas en los parentescos con el Ego de cerca de doscientas personas.

 

LEWIS,H.MORGAN

 

XIV. Todos los hermanos y hermanas de mi abuelo y de mi abuela son mis abuelos y abuelas.

 

Razón: Es la misma que en el malayo y por las razones dadas en él.

 

Ahora se observa, aún más claramente, que tanto el sistema tura-nio como el ganowaniano, que son idénticos, se sobrepusieron a un sistema originario malayo; y que éste debe haber imperado en for­ ma general en Asia, con anterioridad a la migración malaya a las islas del Pacífico. Existen, además, buenas razones para creer que el sistema en su forma malaya, fue transmitido juntamente con las corrientes de la sangre, de una fuente asiática común a los antepa­ sados de las tres familias, y posteriormente modificado en su forma actual por los remotos antepasados de la familia turania y ganowa-niana.

 

Quedan explicadas las principales relaciones de parentesco del sistema turanio en su origen, y resultan ser las mismas que consigna­ ría la familia punalúa, en la medida en. que hubiera sido posible fijar la paternidad de los hijos. El sistema se explica en sí como un desen­ volvimiento orgánico, y como no pudo originarse sin una causa ade­ cuada, es una deducción tanto legítima como necesaria la de que fue generado por familias punalúas. Se advertirá, sin embargo, que va­ rios de los parentescos por matrimonio, han sido cambiados

 

El sistema trata a todos los hermanos como maridos de sus mu­

tuas esposas, y a todas las hermanas como esposas de todos los ma­

ridos mutuos, y como casados en grupo. En la época en que fue

implantado este sistema, donde quiera que un hombre hallara un

hermano propio o colateral, y eran numerosos, hallaba, en la esposa

de este hermano, una nueva esposa para él. De igual manera, donde

quiera que una mujer hallara una hermana, propia o colateral, y

abundaban, hallaba, en el marido de esa hermana, un nuevo esposo

para ella. La base del vínculo estaba en la fraternidad de los maridos

y de las esposas. Esto está claramente expresado en la práctica ha-

waiana de la punalúa. En teoría, la familia, en este período, abar­

caba la agrupación unida por el vínculo matrimonial; pero, en la

práctica, debió subdividirse en varias familias similares más peque­

ñas, para mayor comodidad en la vivienda y en su subsistencia. Ius

hermanos bretones, que en número de diez o doce se casaban con es­

posas comunes darían el tamaño de una subdivisión común del grupo

purmlúa. Él régimen de vida comunista parece haber sido engendra­ do por las exigencias de la familia consanguínea, continuando en la punalúa y pasando a la sindiásmica de los aborígenes americanos, entre los que quedó como costumbre hasta la época en que fueron descubiertos. En la actualidad el matrimonio punalúa es descono­ cido entre ellos, pero el sistema de consanguinidad que creó ha so­ brevivido a las costumbres que lo engendraron. No ha sido bien es-

 

LASOCIEDADPRIMITIVA447

 

tudiado el régimen de vida familiar y la habitación de las tribus sal­ vajes, El conocimiento de sus usos a este respecto y de sus medios de subsistencia arrojaría mucha luz sobre estos problemas.

 

Se han explicado, ..en su origen, dos formas de la familia por dos sistemas paralelos de consanguinidad. Las pruebas parecen ser ter­ minantes. Esto revela el punto de partida del género humano en

 

su organización social, luego de haberse elevado desde una condición más baja y alcanzado la organización de la familia consanguínea. La transición desde esa primera forma a la segunda fue natural: un de­ senvolvimiento a base de observación y experiencia, desde un plano inferior a otro más elevado. Fue un resultado de la posibilidad de perfección de las cualidades mentales y morales de la especie huma­ na, La familia consanguínea y la punalúa representan la esencia del progreso humano a través de la mayor parte del período del salva­ jismo. Aunque la segunda representaba un gran adelanto sobre la primera, todavía distaba mucho de la monógama. La comparación

 

de las diversas formas de la familia permitirá formarse un juicio de la lentitud del progreso en el salvajismo donde los elementos de ade­ lanto eran escasos, y los obstáculos, formidables. Sin duda alguna, el curso de los acontecimientos fue señalado por siglos y siglos de vida substancialmente estacionaria, con avances y retrocesos; pero el impulso general de la sociedad debió ir de un plano más bajo a uno más elevado, pues de lo contrario, el hombre hubiera quedado estancado en el salvajismo. Es ya algo dar con un punto seguro de partida desde el cual la especie humana se lanzó a su maravillosa carrera de progreso, aun cuando estuviese tan cerca del pie de la escala, y limitada a una forma de familia tan peculiar como la con­ sanguínea.

 

LEWIS H. MOBGAN

LA SOCIEDAD PBIMOTVA 449

 

CUADRO COMPARATIVO del sistema de parentesco de l o s adlos séneca-iroqueses de Nu eva York y de los pueblos de la

 

India Meridional que hablan el dialecto I tamil de la lengua dravidiana. En = na l

 

Descripción de xas personas

          Parentesco en sé­ neca-iroqués

 

Traducción Parentesco en ta m il Traducción

 

1 El padre de ro l bisabuelo ...................................................

................................

 

. hoc -sote 1 «11 abuelo En muppáddan m tercer abuelo 2

 

OC"&üté a b u t/l u

3

hoc'-sote

oc'-sote

hoc'-sote         abuelo pandan

" paddi

padre

madre

hijo

;; bija

 

.......... r. ! no-yeh' tw.K.ltapa.n

 

;; íS h t o

madre

hijo , 8

9

« hija ............................................................... ...........

........

ka-ah'-wuk      mákál   h^ a

ha-yá-da

12

kB-yá-da

lia-ya'-da

ka-yá'-da

hs-ya'-da

 

nieta

nieto " Ir&ndám pérán 2.® nieto 13 nieta pérttl " 2.* nieta

 

16

17

18

19

 

          ka-y& -da ; M'-je ah -je ha -gá

 

" hermano mayor hermana mayor hermano menor hermana menor

 

pérttl

tamaiyan o aúnan akkárl o támákáy

 

 

" tambi

tangalchchi o tan gay sákotháree

 

          sákothárckál mák&n

 

márümákál

 

hermanó mayor hermana n

M hermano menor

hermana

Mis hermanos (sánscrito)

 

hermanas Mi hijo

 

" nuera y sobrina

 

20

21

22

23

 

da-yá-guá-dan -

nodá

 

          lí-ah'-wuk i ia'-sKh

 

Mis hermanos

hermanas MI hijo

 

" nuera 25 26

 

i

 

 

 

\ o o n a-h o s e S ia -y a -d a

 

y e r n o

" n i e t o

*        m á r ü m á k á n

p é r á n

y e r n o y s o b r i n o n i e t o

27

28

29

30

31

32

 

::

 

1 la -y a'-d a

          ha-ya -d a ; la-y a -d a

 

i h a -y a'-w a n -d a U a -s a .

 

i k a-y a-w a n -d a

 

          n i e t a n i e t o

 

" n i e t a

s o b r i n o n u e r a

 

          s o b r i n a y e r n o

 

p é r t t l

          Ir a n d á m p é r á n

          p é r t t l

11 m á r ü m á k á n

m á k á l

m á r ü m á k á l

 

n i e t a

2.° n i e t o 2.* n i e t a s o b r i n o h i j a

 

          s o b r i n a

          h i j o

 

n i e t o n i e t a

 

          2," n i e t o 2.a n i e t a

 

L a e s p o s a d e l "   .................................................... ...

........................

:

 

34

35

36

37

 

1        h a-ya -d a         

; ka-yá -d&                

: h      a-ya -d   a         

ka-yá -d&                  

" n     i e          t o                   

M n   i e          t a                   

n        i e          t o                   

** n i e t a                  

p        é r          á n                  

p        é r          t t         l          

ir r a n d á m p é r á n

          p é         r t         t l        

38                                                      

39                                                      

L a b i s n i e t a.......................................................  -....

..............                                             mujtr) ; i f t-s o h '-n e h        

ka'-íSá                        

s        o b         r i         n o      

n        u e         r a                   

m       á r          ü m      á k á n

" m á k á l       h i j a

40

41

42

 

43

44

45

 

L a e s p o s a d e l " " ......................... ............................

............................

L a h i j a        ....................................................................

...........

E l esp o s o d e la h i j a d e m i h e r m a n o .............................

....................................................

E l n i e t o " " ..............................................................

... ...............

L a n i e t a      ..................................................................

...............

 

ka-soh - n e h

oc-na -h o s e

im -yá-da

k a-y á-d a

h a-y á-d a

ka-y a-d a

 

          k a-a h -w u k ka -sa

 

k a-a h '-w u k oc-ca'-h o s e

 

s o b r i n a M i y e r n o * n i e t o

 

lile t a n i e t o

 

m á r ü m á k á l E n m á k á n

 

p é r á n

p é r t t l

          lr t a n d á m p é r á n

p é r t t l

 

s o b r i n a M i h i j o

 

n i e t o n i e t a

 

s e g u n d o n i e t o

......................................,..........          h i j o

n u e r a

*        h i j a

y e r n o

 

b i j a 47 48 49 50 51 52 53

 

 

 

 

E l h i j o d e m i h e r m a n a ..............................................

...................................

 

L a e s p o s a d e l      "          " ......................................................

...........................

..................

m á r ü m á k á l

m á k á l

n u e r a y s o b r i n a

h i j a

h i j o

E l e s p o s o d e ...................... ............-. .........       *........

E l n i e t o " " ................................................-...........

L a n i e t a      ..................................................................

............. i;" ;" ;» .'.'.;" !!......................

ka-ya da

ba-yS'da

ka-yá d a

 

n i e t a

n i e t o

n i e t a

 

p é r t t l

          ix r a n d á n p é r á n

          , p é r t t l

 

* n i e t a .

s e g u n d o n i e t o * s e g u n d a n i e t a

 

g r a n p a d r e (si es m a y o r q u m i p a d r e )

 

p a d r e c i t o (si es m e n o r q u m i p a d r e )

 

" m a d r e

h e r m a n o m a y o r h e r m a n o m e n o r p r i m a y c u ñ a d a

" h e r m a n a m a y o r

 

54

55

 

56

57

58

59

 

l á      -n l h

 

{ u c-n o -ese if h&'-Je

 

)\ ha'-g&

I e h -g e -a h '-n e -a h ]\ ah'-Je

 

" p a d r e

 

m a d r a s t r a

h e r m a n o m a y o r " h e r m a n o m e n o r c u ñ a d a

 

" h e r m a n a m a y o r

 

p e r l y a tá 'k k á p p á n

 

s e r l y a tá y

 

t& m a y á n ta m b i

 

m a l t t u n l (m a y .) a n n i (m e n .

 

450

 

f Continuación)

 

LEWISH.MORGAN

 

Descripción £ las personas

 

61

62

63

64

65

66

67

          C

69

70

71

72

73

74

75

76

77

78

79

80

81

82

83

84

85

86

87

88

89

90

91

92

93

94

95

96

97

98

99

100

101

102

103

 

104

105

106

107

108

109

 

110

111

112

113

114

115

116

117

118

119

120

121

122

123

124

 

E l e s p o s o d e la b i j a d e l

E l h i j o d e l L i j o

 

L a b i j a

 

E l h i j o d e l a h i j a

 

La hija

EH bisnieto

La- bisnieta

E l esp o s o d e

E l h i j o d e

 

L a e s p o s a d e l h i j o

L a h i j a

          e

          e

 

E l e s p o s o d e la h i j a d e

E l h i j o d e l h i j o d e

 

L a h i j a d e l h i j o

 

E l h i j o d e la h i j a "

 

L a h e r m a n a d e m i p a d r e

 

(menor

 

(h a b l a n d o varón)

 

          mujer)

varón)

mujer)

varón)

          mujer)

          varón)

 

mujer)

 

Parentesco en sé-

neca-iroqués

 

(hablando varón)

. mujer) varón) mujer)

 

L a h i j a d e l a h i j a d e la h e r e n & n a d e m i p a d r e

 

E l b i s n i e t o

L a b i s n i e t a          M

E l h e r m a n o d e m i m a d r e

L a e s p o s a d e l

 

L a e s p o s a

 

E l h i j o

 

d e l

L a h i j a

 

E 1 e s p o s o d e la h i j a

E l h i j o d e l h i j o

» >i ti »*

 

L a h i j a        .» »? ir '*>

 

E l h i j o d e la h i j a

 

L a h i j a        *

E l b i s n i e t o

L a b i s n i e t a

 

E l esp o s o d e

E l h i j o

L a e s p o s a d e l

L a h i j a

E l esposo^ d e l a h i j a

E l h i j o d e l h i j o

!> *t «I II

 

L a h i j a "

 

E l h i j o d e la h i j a

 

L a h i j a ..................

 

          varón) mujeril varón)|

 

          ¦mujeiy - vano) mujer)

 

(hablando varón) mu)ei)

 

L a h e r m a n a d e m i m a d r e

 

(hablando varón)

mujer) (hablando varón) " mujer) (hablando varán) " mulo)

 

varón) " mujer) varón)

 

mujer) varón)

 

mujer)

 

(m a y o r q u e yo)1

(m e n o r        "

 

(m a y o r q u e yo)

(m e n o r        "

 

(hablando varón)

mujer) varón)

 

muJerV.: varón) (f " mujer) ó ' varón)1 mujer)

 

ka'-gá

ha-ya -o

b a-s h -w u k

 

h a-s o h -n e h

ka-ah -w u k

k a-s o b '-n e h

h a-y á-w á n -d a

h a-a h '-w u k

ta -y á '-w á n -d a

ka-ah -w u k

ha-yá -d a

ka-ya -d a

ah-ga - h u c

hoc-n o '-e s e

a h -g á r e'-s e h

a h -g á r e'-s e h

ah -g e-a h - n e - a h

ah -g á r e'-s e h

ah-gáre -s e h

ba-vá-o

ha-ah -w u k

ha-aoh'-neh

ka-ah -w u k

ka-soh -n e h

h a-y & '-w á n-d a

ha-ah'-wuk

ka-yá -w á n -d a

ka-ah -w u k

h a-y á-d a

k a-y á-d a

 

h o c-n o-seh

a h -g á-n é -a h

ah -g a r e '-s e h

i ah -g a r e-s e h

1 a h -g e -a h '-n e -a h

ah-gáre -s e h

          ah -g a r e-s e h

          ha-ya -o

          h a-a h -w u k

\ h a-s o h -n e h I k a-a h '-w u k

 

          k a-E O h'-neh j ha-ya-w & n-<la h a-a h -w u k ka-yá -w á n -d a k a-a h -w u k ha-ya -d a

 

k a -y i'-d a no-yeh

 

hoc-no ese

          i'-je ha'-ga ah-ge-ah-ne-ah ah'-)e ka -gá ha-ya -o

 

          a-a h -w u k ha-soh - n e h ka-ah-wuk ka-soh -n e h ha-ya-wán-da ha-ah-wuk ka-ya-wan-da ka-ah'-wuk

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 451

 

Traducción Parentesco en tam il

 

          h e r m a n a m e n o r c u ñ a d o

 

h i j o

 

          S o b r in o

h i j a

 

          s o b r i n a s o b r i n o

 

          h i j o

          s o b r i n a

          h i j a

 

n i e t o n i e t a t í a

 

          p a d r a s t r o

          p r i m o

 

          p r i m o " c u ñ a d a " p r i m a p r i m a

 

c u ñ a d o " h i j o

 

" s o b r i n o h i j a

 

          s o b r i n a ' s o b r i n o I " h i j o

 

M I s o b r i n a

          h i j a -

          n i e t o

 

n i e t a " tío

 

tí a - m a d r e " p r i m o

 

" p r i m o

c u ñ a d a p r i m a p r i m a

          c u f i a d o

          h i l o

 

s o b r i n o " h i j a

 

s o b r i n a " s o b r i n o h i j o

 

" s o b r i n a h i j a

 

n i e t o

          n i e t a

          m a d r e

 

p a d r a s t r o

          h e r m a n o m a y o r

          h e r m a n o m e n o r

          c u ñ a d a

          h e r m a n a m a y o r h e r m a n a m e n o r c u f i a d o

 

          h i j o

 

s o b r i n o " h i j a

 

s o b r i n a " s o b r i n o " h i j o

 

s o b r i n a " h i j a

 

¦ akkar o tamakay

tangaíchcht b. tangay m a lttünan

 

m á k á n m&rümákán m á k á l

 

m á r ü m á k á l

 

          m á r ü m á k á n m á k á n . "

 

m á r ü m á k á l " m á k á l

 

p é r á n p é r t t i

 

a t t a t " " m á m a n

 

" a t t á n o m a l t t ü n a n m a c b c h á n

 

" ta n g a y

m á l t t ü n l

m a c h c h l b . m á c h c h á r l

a n n a n (m a y ), ta m b i (m e n .) " m á r ü m á k á n

 

m á k á n

m á r ü m á k l l " m á k á l

 

m a k a n

" m a rüm á k á n En m á k a i

 

m á rüm a k á l p é r & n *

 

p é r t t i m i m a n

 

m á m e 1

 

          m a l t t ü n a n m a c b c h a n t& n g a y

 

          m á l t t ü n l 1 m á c h c h á r l

 

a n n a n (m a y .) ta m b i (m e n .) m a rüm á k á n

 

m á k á n

'¦ m á rüm á k á l m á k á l

 

          m á k á n

 

m á rüm á k á n " m á k á l

 

" m á rüm á k á l i " p é r á n

 

p é r t t i

 

p é r l y á ta y (si e s m a y o r q u e y o )

 

" s e r l y a ta y (si es m e n o r q u e y o )

 

t a k k a p a n (P . o S.) ta m a l y a n o

 

" ta m b i

" .m á l t t ü n l

" a k k á r l b, tá m á k á y

I '  tá n g á l c h c h i b . ta n g a y

 

1

 

          m a i t t ü n á n m á k á n

 

          m á r ü m á k á n m á k á l

 

          m á r ü m á k á l

          m á r ü m á k á n m á k á n

 

m á r ú m á k á l m á k á l

 

MI

 

»?

 

Traducción

 

h e r m a n a m e n o r

c u ñ a d o y p r i m o

h i j o

 

s o b r i n o

h i j a

s o b r i n a

s o b r i n o

h i j o

s o b r i n a

b i j a

n i e t o

n i e t a

t i a

tio

p r i m o

 

h e r m a n a m e n o r

p r i m a

 

h e r m a n o m a y o r o m e n o r

s o b r i n o

h i j o

s o b r i n a

h i j a

h i j o

 

h i j a

s o b r i n a

n i e t o

n i e t a

tio

t i a

c u ñ a d o y p r i m o

p r i m o

h e r m a n a m e n o r

p r i m a

 

h e r m a n o m a y o r o m e n o r

s o b r i n o

h i j o

s o b r i n a

h i j a

h i j o

s o b r i n o

h i j a

s o b r i n a

n i e t o

n i e t a

 

m a d r e , g r a n d e o p e q u e ñ a

 

p a d r e , g r a n d e o p e q u e ñ o h e r m a n o m a y o r h e r m a n o m e n o r

 

c u ñ a d a y p r i m a

h e r m a n a m a y o r

m e n o r

c u ñ a d o y p r i m o

h i j o

s o b r i n o

h i j a

s o b r i n a

s o b r i n o

h i j o

s o b r i n a

h i j a

 

fConlinuac ion)

 

D e s c r i p c i ó n d s l a s p e r s o n a s

 

E l b i s n i e t o

L a b i s n i e t a

 

E l h i j o d e l

E l h i j o d e l

 

E l t a t a r a n i e t o   " _ n

L a t a t a r a n l e t a   "

E l h e r m a n o d e la m a d r e d e m l m a d r e

E l h i j o d e l

E l h i j o d e l

 

E l h i j o d e l "

*»»»»1»

L a- h i j a "

 

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13Ú

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132

133 L a h i j a d e l

          *   *

          E l t a t a r a n i e t o

          L a t a t a r a n l e t a

         

         

         

 

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i7í

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1B2

 

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E l h e r m a n o d e l p a i r e d e m i p a d r e É l h i j o d e l

 

Parentesco en sé-

neca-iroqués

 

          (m a y o r que yo)

. (m e n o r   "

(h a b l a n d o varón) mujer)

 

varón) " mujer)

 

L a h i j a d e

L a h i j a d e

 

L a h e r m a n a d e l p a d r e d e m i p a d r e (h a b l a n d o varón)

 

mujer) varón) " mujer) varia mujer)

 

E l t a t a r a n i e t o

L a t a t a r a n l e t a

 

La hija de

L a h i j a d e

L a h e r m a n a d e la m a d r e d e m i m a d r e

 

E l h i j o - d e " *'

 

L a h i j a

 

E l t a t a r a n i e t o

L a t a t a r a n l e t a

 

... (m a y o r que jo)

.. (m e n o r "

(h a b l a n d o varón)

          mujer|

varón) mujHj

 

E l h e r m a n o d e l p a d r e d e l p a d r e d e m i p a d r e ............

.....................

E l h i j o d e l

E l h i j o d e l (m a y o r que jo)¡

E l h i j o d e l " "        '           ... (h a b l a n d o varón]

E l h i j o d e l .           _ .............................

L a h e r m a n a d e l p a d r e d e l p a d r e d e m i p a d r e ............

.....................

L a h i j a d e   ¦           "          -¦¦ .....................

L a h i j a d e la h i j a d e la h e r m a n a d e l p a d r e d e l p a d r e d e m i pedir

 

L a h i j a d e   " " "     " ................................

J (h a b l a n d o varón]

L a h i j a d e l a h i j a d e      " "        "

L a h i j a d e lá h i j a d e la h i j a d e l a h i j a d e l a h i j a d e la .

........................ .

E l h e r m a n o d e l a m a d r e d e l a m a d r e d e m i m a d r e ........

.. i

E l h i j o d e l "           ........................

E l h i j o d e l h i j o "            "          ...........

E l h i j o d e l h i j o   "          '           J

(h a b l a n d o varón]

E l h i j o d e l h i j o d e l h i j o        » ¦        "          " " ¦¦ J

(h a b l a n d o mujer

E l h i j o d e l h i j o d e l h i j o d e l h i j o d e l h i j o d e l           " " "     .

...........

L a h e r m a n a d e la m a d r e d e la m a d r e d e m i madre!

L a h i j a d e '* " " " ¦' "          >          » »

L a h i j a d e la h i j a "          ¦¦ " "     " "        ¦¦ » »

 

Sa-yi'-da

ka-yá -da

hcc'-sote

 

          -nlb ha-Je ha'-ga ha-ah-wuk ka-soh -neh ka-ah-wuk ka-soh -neh ha-ya'-da ka-ya -da oc-sote ah-ga -huc ah-gáré-seh

 

' ah-g&ré-seh

 

ha-yá'-wan-da

ha-ah -wuk

ka-yá-wán-da

ka-ah'-wuk

ha-ya -da

kn-yá'-da

hoc-so-te

hoc-so-neh

ah-gárc-seh

fih-gdré-seh

ha-ah-wuk

ha-soh -neh

ka-ah'-wuk

kn-aoh'-neh

ha-ya'-da

ka-yfi'-da

oc'-sote

no-yeh'

ah -je

ka'-ga

ha-ya'-wán-da

ha-ah -wuk

ka-yá'-wan-da

ka-ah'-wuk

ha-yá'-da

ka-ya'-da

hoc'-sote

hoc'-sote

hk -nlh

ha-ah'-wuk

ha-yft -da

nc'-sot e

oc'-sote

no-yeh

ah-Je

ha-aoh'-neh

ha-ya da

hoc'-sote

hoc-sote

hoc-soh-neh

ah-g&ré-seh

ha-ah-wuk

ha-ya -da

oc'-sote

oc'-sote

 

no-yeh

 

Traducción Parentesco en tam il Traducción

 

n i e t o " p é r á n " n i e t o ,r n i e t a " p é r t t l n i e t a

 

M I a b u e l o E n p á d d á u (P. y S.) M I a b u e l o , g r a n d e o p e q u e ñ o

 

" p a d r e ta k k á p p & n (P, y S .) p a d r e , g r a n d e o p e q u e ñ o h e r m a n o m a y o r " a n n a n o tá m á i y a n *' h e r m a n o m a y o r h e r m a n o m e n o r ta m b l h e r m a n o m e n o r

          h i j o " m a t a n   h i j o

          s o b r i n o M m a r ü m á k á n   s o b r i n o

          h i j a '' m á k á l   h i j a

          s o b r i n a " m á r ú m á k i l   s o b r i n a

          n i e t o " p é r á n " n i e t o

n i e t a   p é r t t i   n i e t a

a b u e l a p á d d l (P . y S.) a b u e l a , g r a n d e o p e q u e ñ a ,r tí a 1 tá y (P . y S .) m a d r e , g r a n d e o p e q u e ñ a

 

p r i m a " tám & k á y ( m a y . ) t a n g a y (m e n .) h e r m a n a m a y o r o m e n o r * p r i m a tá m á k á y (m a y .)

 

tá n g á y (m e n .) h e r m a n a m a y o r o m e n o r " s o b r i n o m á r ü m á k i i n ? " s o b r i n o

 

¦ " h i j o " m á k á n ? " h i j o

" s o b r i n a " m á r ü m a k á l? s o b r i n a h i j a m á k á l? " h i j a

n i e t o   p é r á n " n i e t o

n i e t a   p é r t t l   n i e t a

a b u e l o " p á d d á n (P . y 3.) a b u e l o , g r a n d e o p e q u e ñ o " tío m a m a n tío

 

p r i m o m á i t t ú n á n p r i m o p r i m o m á c h c h á n p r i m o

 

h i j o m á r ú m á k á n s o b r i n o s o b r i n o m á k á n " h i j o

 

h i j a m & r ü m f ik á l s o b r i n a s o b r i n a " m á k & l " h i j a

" n i e t o " p é r á n    n i e t o

n i e t a   p é r t t l    n i e t a

a b u e l a p á d d l (P . y S.) a b u e l a , g r a n d e o p e q u e ñ a m a d r e " tá y (P . y S.) m a d r e , g r a n d e o p e q u e ñ a

 

h e r m a n a m a y o r   t& m á k á y    h e r m a n a m a y o r

 

          h e r m a n a m e n o r " tá n g á y h e r m a n a m e n o r s o b r i n o m á r ü m & k á n s o b r i n o

 

h i j o    m á k á n   h i j o

s o b r i n a m a r (Im & k íl s o b r i n a h i j a m á k & l M h i j a

 

n i e t o   p é r á n   n i e t o

          n i e t a   p é r t t l   n i e t a

          a b u e l o   lra n d & m p á d d & m   s e g u n d o a b u e l o

 

a b u e l o " p a d d a n (P . y S.) a b u e l o , g r a n d e o p e q u e ñ o " p a d r e t& k á p p á n (P . y S.) " p a d r e

 

" h i j o " m á k á n   h i j o

" n i e t o " p é r á n    n i e t o

" a b u e l a H ir a n d á m p& d d i   s e g u n d a a b u e l a

" a b u e l a p á d d l (P. y S .) a b u e l a , g r a n d e 0 p e q u e ñ a M i m a d r e E n tá y (P . y 8.) M I m a d r e , g r a n d e o p e q u e ñ a

 

h e r m a n a m a y o r " t& m á k á y b , tá n g á y ? h e r m a n a m a y o r o m e n o r

 

s o b r i n a " m á r ü m á k á l s o b r i n a " n i e t a " p é r t t l n i e t a

 

a b u e l o . " lra n d & n p á d d á u    s e g u n d o a b u e l o

 

          a b u e l o n p a d d a u (P. o S.) a b u e l o , g r a n d e o p e q u e ñ o t¡0 " m á m á n tío

 

p r i m o " m á i t t u n á n   p r i m o

 

h i j o m a r ü m á k a n " s o b r i n o n i e t o p é r á n 11 n i e t o

" a b u e l a      ir a n d á m p á d d l M s e g u n d a a b u e l a

 

          a b u e l a . i p á d d l (P . o 3.) " a b u e l a , g r a n d e o p e q u e ñ a ' m a d r e i " ta y (P . o 8 .) " m a d r e , g r a n d e o p e q u e ñ a

 

L E W I S H . M ORG A N LA SOCIEDAD PRIMITIVA 455

 

( C o n t i n u a c i ó n )

 

Descbzrción de las personas

parentesco e n s é -

n e c a -i r o q u é s T r a d u c c i ó n

 

187 La hija de la hija de la hija " "

188 La hija de la hija de la hija de la hija      "

La hija de la hija de la hija de la hija de la bija " "

 

¦1 1» ii

(mayor que yo).

 

          *' w M i (hablando mujer)]

 

ih'-Je

ki-yá -wán-da

jia-yá-da

da-yake'-ne

¡da-yake-ne 1*

 

hermana mayor

sobrina

nieta

esposo

suegro

suegra

suegro

192

193

195

196

yerno

 

          to'-no

         

          ba-yá'-o (li-ge-ah'-ne-o ba-yá -o jjih-ge-ah -ne-o

 

cufiado

 

 

206

 

207    (hermano de mi esposa) .............. ............ ......................

t

208    (esposo de la hermana de mi esposa) ......................

209

210

>¦       " "          esposo)

;b-yá -o

211

212

" " esposo) .............:..... ...................... jah-ge-ah -ne-o

>       (esposa de nil hermano) ................... ............

213 It l) «1 ti i» It jah-ge-ah'-ne-o

214    (esposa del hermano de mi esposo) .............

jila parentesco

215 ir " M M  ' esposa) ........ ;j

!lso-no-kw -yes -

216

í ha-ah

jho-no-kw'-yes,~

Viuda

 

218 Mis mellizos ...............................................................

................ ..............

i ha-tth

Itas-geek -hA

Viudo

Mis mellizos

 

¦

 

P a r e n t e s c o e n ta m i l T r a d u c c i ó n

 

akkárl " hermana mayor ,f makál

 

* pérttí hija

 

nieta

kánaván o purnshan esposo mainavl o peruchátti " esposa mámán o mámanár tío y suegro mam i o mannai " tia y suegra mámán tio y padre

 

mámi   tia

mápillai o márümákan " yerno y sobrino " márúmákál " nuera y sobrina

 

(Las viudas no pueden casarse) sérlya táy Mi madreclta

 

mákán hijo makál hija

 

annan (may.) tambi (men.)   hermano mayor o menor

akkarl (may.) tángñy (men.) " hermana mayor o menor 1 máittünan " cuñado y primo

 

máittünán

" attan (may.) maíchchán n "  "

máittün&n M. > " sak&lán w

 

sakotaran " "   r*

korluntl (mny.) m&lttfinal cuñada y prima nattánac

" anni (may.) maittüní (men.) rt tt n 77

 

annl (may.) m&ittünt (mea.) orákatti

 

?11» !11 i

 

t&m&káy (may.) tangay (men.)

 

kiempun Dithambathle

 

jVluda

 

jMsllizos (sánscrito)

 

LAS FAMILIAS SINDIÁSMICAS Y PATRIARCAL

 

Cuando los aborígenes americanos fueron descubiertos, aquella parte de ellos que cruzaba el estado inferior de la barbarie, había logrado la forma de familia sindiásmica o de parejas. Ya habían desaparecido los grandes grupos matrimoniales que debieron haber existido anteriormente, estando reemplazados por parejas conyugales que constituían familias perfectamente señaladas aún cuando sólo parcialmente individualizadas. En esta familia se descubre el germen de la monógama, si bien era inferior a ésta en varios aspectos esen­ ciales.

 

La familia sindiásmica fue especial y peculiar. Comúnmente varias de ellas ocupaban una vivienda formando un hogar colectivo y practicando el principio del comunismo en su modo de vivir. El hecho de que se unieran varias de esas familias en un hogar colec­ tivo, es de suyo testimonio de que la familia representaba un orga­ nismo demasiado débil para poder afrontar, aislada, la lucha por la vida. Sin embargo, tenía como base el matrimonio de parejas solas y ofrecía algunas de las características de la familia monógama. La mujer era algo más que la esposa principal de su marido; era su com­ pañera, la que preparaba los alimentos, y la madre de hijos, que ahora comenzaban, con alguna certidumbre, a considerarse hijos propios. El nacimiento de hijos que ambos cuidarían juntos, tende­ ría a cimentar la unión y hacerla duradera.

Pero el régimen matrimonial era tan peculiar como la familia.

 

El hombre no buscaba esposa como se la busca en la sociedad civi­ lizada, es decir, por cariño, pues el sentimiento amoroso, que les era desconocido, demandaba un desarrollo más perfecto del alcan­ zado por ellos. Por lo tanto, el matrimonie no se basaba en los sen­ timientos, sino en la conveniencia y en la necesidad. En efecto, co­ rrespondía a las madres concertar el matrimonio de sus hijos; éste

 

LASOCIEDADPRIMITIVA457

 

se negociaba, por lo común, sin el conocimiento de las partes contra­ yentes, y sin requerírseles su consentimiento previo. Así, ocurría algunas veces que el enlace se celebraba entre personas enteramente desconocidas entre sí. En fecha oportuna se les comunicaba cuando debía realizarse simplemente la ceremonia nupcial. Tales fueron los usos de los iroqueses y de muchas otras tribus indias. Era deber conformarse con la contrata materna y las partes rara vez se mostra­ ban reacias. Llegó a ser una característica de estos matrimonios, la presentación, antes del mismo, de dádivas a los parientes gentilicios más cercanos de la novia, que tenían carácter de donaciones a título onetosó. Sin embargo, el vinculo no tenía más duración que la que quisieran darle las partes. Es por esta razón que con toda propiedad se la distingue como familia de parejas. El marido podía, a volun­

 

tad, abandonar a la esposa y tomar otra sin menoscabo, y la mujer

gozaba del mismo derecho de abandonar al marido y tomar otro

sin que infligiera las costumbres de su tribu y gens. Pero con el

tiempo surgió y se afianzó un sentimiento público en contra de tales

separaciones. Cuando se producía el desapego entre cónyuges y se

hacía inminente su separación, la parentela gentilicia de cada uno

 

E racurabá la reconciliación entre las partes y frecuentemente logra- a su intento; pero si no conseguía salvar las dificultades aprobaba

 

la separación. La esposa, entonces, abandonaba el hogar de su ma­ rido llevándose a sus hijos, que eran tenidos por exclusivamente suyos, y sus efectos personales sobre los que el marido no tenía derecho; y cuando la parentela de la esposa predominaba en la vi­ vienda colectiva, lo que generalmente sucedía, el marido abandonaba el hogar de su esposa (402). Así la permanencia del vínculo matri­ monial dependía de la voluntad de las partes.

 

(402) El finado Rev. A. Wright, que fuera durante muchos años misio­

nero entre los sénecas, escribió al autor en 1873, al respecto, lo que sigue: En cuanto a su régimen de familia, mientras ocupaban sus antiguas casas Sargas es probable que un clan dado predominara; pero la mujer tomaba ma­ rido de otro clan y, a veces, por novedad, algunos de sus hijos traían sus jó­ venes esposas hasta tanto se sintiesen con bríos para dejar la madre. Como regla, las mujeres mandaban en el hogar y probablemente se mostraban bas­ tante apegadas entre sí. Las provisiones eran comunes, pero ¡pobre del marido o amante que fuese dernasiado remiso para cumplir sus obligaciones! Sin tener en cuenta el número de sus hijos, ni los bienes que tuviese en la casa, en cualquier momento podría ordenársele el abandono de la misma y que se marchara con su manta; y después de semejante orden no sería prudente que in­ tentara desobedecer. Se armaría en su contra el hogar y, a no ser que lo salvase la intervención de alguna tía o abuela, debía regresar a su propio clan; o como sucedía frecuentemente, buscar alianza matrimonial en otro clan. Las mujeres eran el gran poder del clan, como lo eran en todas partes. No titubeaban, cuando la ocasión lo requería en tumbar los cuernos al jefe , como se decía técnica­ mente y retrogradarlo a las filas de los guerreros. Siempre Ies correspondía a ellas la designación originaria de los jefes . Esta versión ilustra la gineocracia discutida por Bachofen en Das Mutlerrecht. *'

 

LEWISH.MORGAN

 

Hay otro rasgo de la relación conyugal que indica que los abo­ rígenes americanos en el estadio inferior de la barbarie no habían alcanzado el adelanto moral que exige la monogamia. Entre los iro-queses, que eran bárbaros de un alto nivel mental y, en general, entre las tribus indias igualmente adelantadas, llego ,a imponerse la castidad de la esposa, bajo severas penas que el marido podía aplicar; pero él no reconocía la obligación recíproca. La castidad no podía existir en forma permanente sin reciprocidad. Además, era universalmente consagrado el derecho del varón a la poligamia, aun­ que a veces esta práctica estaba limitada por su incapacidad para soportar esta franquicia. Existían otros usos, que no es necesario mencionar, que recalcan la inferioridad de ellos frente al concepto de la monogamia, tal como cuadra a la legítima definición de esta institución. Es verosímil que existieran casos excepcionales. En ge­ neral, creo que reza por igual para todas las tribus bárbaras. El ras­ go distintivo principal que diferenciaba la familia sindiásmica, de la monógama, sin perjuicio de admitir numerosas excepciones, fue

 

la falta de cohabitación exclusiva. Fuera de duda, aún persistían restos de su antiguo sistema marital, cuya historia es conservada todavía por su régimen de consanguinidad, sí bien en forma limitada

 

y reducida.

Entre los indios pueblos del estadio medio de la barbarie, los hechos no presentaban mayores diferencias. El cotejo de las costum­ bres de los aborígenes americanos, con respecto al matrimonio y al divorcio, revela una similitud efectiva, suficiente para indicar la iden­ tidad originaria de dichas costumbres. Solamente unas pocas pueden encontrarse. Refiere Clavijero que entre los aztecas, los padres eran quienes concertaban todos los casamientos, y no se realizaba nunca

 

uno sin consentimiento (403). Un sacerdote ataba un extremo del huepilli o falda de la novia, con el tilmatli o capa del novio, y en esta ceremonia consistía principalmente el contrato matrimonial (404). Herrera, después de ocuparse de esta misma ceremonia, observa que

 

se trataba de conservar en la memoria todo lo que traía la novia, para que en caso de descasarse, como se acostumbraba entre ellos pudie­ ran separarse los bienes. El hombre tomaba las hijas y la esposa los hijos, y quedaban en libertad para volverse a casar (405).

 

Se advertirá que el indio azteca, como el iroqués, no buscaba personalmente la novia. Para ambos era más bien asunto público que privado, y por esa razón, mantenido bajo el control exclusivo

 

de los padres. En la vida india había poco trato social entre personas solteras de ambos sexos; y desde que no entraban en juego los sen-

 

          History of Mexico, Phil., 1817, trad, de Cullen, II, 99.

          History of Mexico, II, 101.

          History of America, 1. c. Ill, 217,

 

LASOCIEDADPRIMITIVA459

 

timientos, ninguno quedaba afectado por estos enlaces en los que no pesaban los deseos personales, de hecho sin importancia. Más adelante se ve que entre los aztecas, como entre los iraqueses, se conservaban separados los efectos de la esposa para el caso de se­ paración y para que la esposa, como dice el autor citado, siendo común la separación, pudiera recuperar lo suyo, según el uso indio en general. Por último, en caso de divorcio, el marido iroqués no tenía derecho a los hijos, correspondiendo todos a la esposa, mientras que el azteca tomaba las hijas, y su esposa los varones; modificación ésta de una práctica antigua que implica una época anterior en la que la regla iroquesa regía entre los antepasados aztecas.

 

Hablando Herrera de la población de Yucatán en general, dice más adelante que antiguamente solían contraer matrimonio a los veinte años de edad, y posteriormente llegaron a hacerlo a los doce o catorce, y como no sentían cariño por las esposas, se divorciaban por cualquier fruslería (406). Los mayas de Yucatán superaban a los aztecas en cultura y adelanto; pero donde el matrimonio se rea­ lizaba a base del principio de necesidad y no por elección personal, no es de extrañar que el vínculo fuese inestable, y que ambas partes tuviesen derecho a la separación. Además, entre los indios pueblos, la poligamia era derecho consagrado de los varones y parece haber sido practicada más comúnmente que entre las tribus menos adelan­ tadas. Esta rápida observación que se ha realizado sobre instituciones puramente indias y bárbaras, revela, en alto grado, la condición efec­ tiva de relativo adelanto de los aborígenes. En un asunto tan per­ sonal como lo es la vinculación matrimonial, no se consultaban los deseos o preferencias de las partes. Huelgan mayores testimonios de la barbarie del pueblo.

 

A continuación, consideraremos ciertos detalles que revelan la influencia ejercida por la familia punalúa, de la cual la sindiásmica desarrolló ciertos conceptos. En aquella existió, más o menos, la práctica de parejas, impuesta por las exigencias del régimen social,

 

teniendo cada hombre una esposa principal, entre un número de esposas, y cada; mujer un marido principal, entre un número de ma­ ridos; de suerte que, en un principio, la tendencia de la familia puna-lúa, la orientaba hacia la sindiásmica.

 

La creación del régimen gentilicio fue el factor principal que contribuyó a lograr este resultado, pero a base de un proceso gradual y prolongado. Primero, no comenzó de inmediato a deshacer el matrimonio por grupos que halló radicado en las costumbres: pero

 

la prohibición del matrimonio dentro de la gens excluía a los herma­ nos y hermanas propios, y también a los hijos de hermanas propias, puesto que todos estos eran miembros de la misma gens. Todavía los

 

          History of America, IV, 17L 460 LEWIS H. MORGAN

 

hermanos y hermanas propios podían compartir sus respectivas es­ posas y maridos, y, por lo tanto, la g ens no contrariaba directamente el matrimonio punualúa, sino que estrechaba su círculo. Pero ex­ cluía permanentemente de esa vinculación a todos los descendientes por línea femenina, de cada antepasado, dentro de la gens, lo que era ya un gran adelanto sobre el primitivo grupo punalúa. Cuando

 

la gens se sub dividía, la prohibición regía también a sus ramifica­ ciones durante largos períodos de tiempo, como se ha visto que su­ cedía entre los iroqueses. Segundo, la estructura y principios de esta organización tendían a levantar un sentimiento en contra del ma­ trimonio consanguíneo, a medida que la práctica de casarse fuera

 

de la gens iba poniendo de manifiesto los beneficios de la unión de personas no emparentadas. Parece que esto tomó vuelo, tanto, que cuando fueron descubiertos los aborígenes americanos, estaba suma­ mente difundido un sentimiento público contrario a dicha costum­ bre (407). Por ejemplo, entre los iroqueses, las personas emparen­ tadas por lazos de sangre, enumeradas en el cuadro de consanguini­ dad, podían casarse entre sí. Planteada la necesidad de buscar es­ posa en otras gentes, sobrevino su adquisición por negocio y compra. A medida que la influencia del régimen gentilicio fue generalizán­ dose, condujo, paulatinamente, a la escasez de esposas, en lugar de su anterior abundancia, y, por consiguiente, a la reducción del nú­ mero de cada grupo punálúa. Esta conclusión es razonable, pues existen fundamentos suficientes para dar por sentada la existencia de tales grupos en la época de la constitución del régimen turanio de consanguinidad. Ellos han desaparecido yá, pero el sistema per­ dura. Estos grupos deben haber mermado gradualmente, hasta de­ saparecer del todo con la implantación general de la familia sindiás-mica. Cuarto, al buscar esposa no se limitaban a hacerlo dentro de la propia tribu ni de las amigas, sino que tomaban, por la fuerza, mujeres de tribus enemigas. Esta es una de la explicaciones de la costumbre indígena de perdonar la vida a las cautivas, mientras

 

que los varones eran pasados a cuchillo. Cuando la adquisición de esposas llegó a hacerse por compra y por actos de viva tuerza, sien­ do, cada vez más, producto de esfuerzos y sacrificios, no serían tan fácilmente compartidas con otros. Esto excluiría por lo menos, aquella porción del grupo teórico, no vinculada directamente por necesidades de subsistencia, y con ello estrecharía aún más la esfera de la familia y del régimen conyugal. Prácticamente y desde el prin­ cipio tendería a limitar la agrupación a hermanos propios que com­ partían en común las esposas comunes y hermanas propias que, de

 

          Uno de los jefes de los shyans citó al autor un caso en el que primos hermanos se casaron contrariando los usos. El hecho no tenía sanción penal;

 

pero tanto los ridiculizaron sus vecinos, que prefirieron separarse voluntaria­ mente, antes que seguir desafiando la opinión pública.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA461

 

igual manera, compartían los maridos. Por último, las gentes crearon una estructura orgánica de la sociedad, de nivel más elevado' que la conocida anteriormente, con procesos de desenvolvimiento en ca­ lidad de régimen social adecuado a las necesidades del hombre, hasta que sobreviniese la civilización. El progreso social desarrollado bajo las gentes preparó el camino para el advenimiento de la familia sin-diásmica.

La influencia del nuevo régimen, que colocaba en la vinculación

marital a personas no emparentadas, debió comunicar un notable im­

pulso a la sociedad. Tendió a crear una raza más vigorosa, tanto

física como mentalmente. La fusión de varias razas significa una ga­

nancia por acrecentamiento, la que ha ejercido gran influencia en el

adelanto humano. Cuando dos tribus que marchan hacia el progre­

so, poseedoras dé vigorosas cualidades físicas y mentales, se reúnen

y fusionan, por los accidentes de la vida bárbara, en un solo pueblo,

el nuevo cerebro y cráneo resultante se ensancha y crece hasta la

suma de las capacidades de ambas. La nueva raza sería superior a

las dos anteriores, y esta superioridad se manifestaría en el aumento

de la inteligencia, y de su número.

Se deduce, pues, que la propensión a formar parejas, hoy tan poderosamente desarrollada en las razas civilizadas, no había tenido cabida en la mente humana, hasta tanto no comenzó a desaparecer

 

el régimen punalúa. Fuera de duda deben haberse producido casos excepcionales, en los que los usos consentirían el privilegio; pero no alcanzó a generalizarse hasta que apareció la familia sindiásmica. Por lo tanto, no se puede tener por normal esta propensión en el género humano pero sí como desenvolvimiento de la experiencia a

 

la par de todas las grandes pasiones y facultades de la mente. Cabe indicar otra influencia que conspiraba a retardar e] desen­ volvimiento de la familia. La guerra entre los bárbaros es más des­ tructora de vida que entre los salvajes, por las armas más perfeccio­ nadas y los incentivos más poderosos. En todos los períodos y todas las condiciones de la sociedad, los varones han desempeñado el oficio de la guerra, lo que tendió a producir el desequilibrio de los sexos, y dejar un exceso de mujeres. Ello, manifiestamente, tendería a fortalecer el régimen conyugal de los matrimonios en grupos. Tam­ bién retardaría el progreso de la familia sindiásmica, al nutrir bajos sentimientos acerca de las relaciones de los sexos y del carácter y dignidad de la mujer.

 

Por otra parte, el mejoramiento de la subsistencia, a raíz del cultivo del maíz y de ciertas plantas entre los aborígenes americanos, debió favorecer el adelanto general de la familia. Esto condujo a

 

la radicación localizada, al empleo de artes aplicadas, al perfecciona­ miento de la construcción de la vivienda y a una vida más inteli­ gente. Aún cuando en grado limitado, la industria y la moderación

 

46 2 LEWIS H . MORGAN

 

que contribuía a una mejor protección de la vida acompañaban a las familias constituidas por parejas solas. A medida que se comprendie­ ra el alcance de estas ventajas, se haría más estable la familia y se robustecería su individualidad. Habiéndose refugiado en viviendas colectivas, en las que un grupo de tales familias sucedió al grupo punalúa, ella buscaba ahora su sostén en sí misma, en el hogar fa­ miliar y en las gentes a las cuales pertenecían marido y mujer respec­

 

tivamente. El gran proceso social de adelanto representado por la transición del salvajismo al estadio inferior de la barbarie, debía com­ portar el progreso corespondiente en las familias cuya marcha de de­ senvolvimiento se dirigía firmemente hacia la monogamia. Suponien­

 

do que no existiera constancia alguna de la existencia de la familia sindiásmica, considerando la punalúa en un extremo de la serie y la monógama en el otro podría deducirse la existencia de esa forma in­ termedia. Esta ha tenido prolongada duración en la historia del gé­ nero humano. Nacida en los confines del salvajismo con la barbarie, recorrió el período medio y gran parte del superior de ésta, siendo entonces reemplazada por una baja forma ae la monogamia. En sombreada por los distintos sistemas conyugales de los tiempos, pudo salir a la luz con el progreso paulatino de la sociedad. El egoísmo del varón en contraposición con el de la mujer, retardaba la realiza­ ción de la monogamia estricta hasta que sobrevino la gran fermen­ tación de la mente humana precursora de la civilización.

Con anterioridad a la sindiásmica, habían aparecido dos formas

 

de familia que había creado dos grandes sistemas de consanguinidad o más bien, dos formas distintas de un mismo gran sistema; pero esta tercera familia ni creó un sistema nuevo ni modificó sensible­ mente el viejo. Algunas de las vinculaciones del matrimonio parecen haber sido reformadas para conformarlas a las de la nueva familia; pero en sus características esenciales el sistema no sufrió alteración. Es el caso que la familia sindiásmica continuó durante un período

 

de duración desconocida, envuelta en un sistema de consanguinidad falso, en su mayor parte, de acuerdo con los parentescos efectivos existentes pero que ella era impotente para romper. Esto se debía a la razón poderosa de que no alcanzaba a la monogamia la fuerza en marcha que sería capaz de desentrañar esa maraña. No obstante carecer esta familia de su propio sistema de consanguinidad que le permitiera comprobar su existencia, como lo tuvieron sus antece­ sores, así mismo ella ha existido en época histórica en grandes por­ ciones de la tierra y subsiste aún en numerosas tribus bárbaras.

 

Al expresamos en forma tan positiva sobre los diversos desenvol­ vimientos de la familia y su relativo orden, corremos el riesgo de no ser bien interpretados. Nuestra intención no es la de dar a entender que una forma haya surgido enterá en un estadio determinado de la sociedad, e imperado universal y exclusivamente donde hubiesen

 

LA.SOCIEDADPRIMITIVA463

 

tribus de la humanidad que se hallaran en el mismo estadio, para luego desvanecerse en otra que sería la forma siguiente más elevada. Pueden haberse registrado en la consanguínea casos excepcionales

 

de la familia punalúa, y viceversa; pueden haberse registrado en la punalúa casos excepcionales de la sindiásmica y viceversa; v casos excepcionales de la monógama en la sindiásmica y viceversa. Hasta se puede conceder que en la misma punalúa hayan aparecido casos

 

de la monógama, y en la consanguínea casos de la sindiásmica. Ade­ más, algunas tribus alcanzaron una forma determinada con anteriori­ dad a otras más adelantadas; por ejemplo, los iraqueses, en el es­ tadio inferior de la barbarie, ya tenían la familia sindiásmica, pero los bretones, que se hallaban en el estadio medio, todavía poseían la punalúa. La alta civilización del litoral del Mediterráneo había propagado a Bretaña artes e invenciones superiores al desarrollo in­ telectual de sus habitantes celtas y que éstos solamente en parte po­ dían interpretar. Ellos parecen haber sido salvajes en cuanto a su inteligencia pero con la indumentaria de tribus más adelantadas. Lo que yo he procurado comprobar y las pruebas parecen ser conclu­ yentes es que la familia comienza con la consanguínea en épocas

 

muy remotas del salvajismo, y que, mediante un desenvolvimiento progresivo, llegó a la monógama, pasando por dos formas intermedias perfectamente diseñadas. Cada una fue parcial en su introducción, luego genera], y finalmente universal en extensas zonas, después de lo cual se desvanece en la foima inmediata que le sucede, la que,

 

a su vez, es parcial al comienzo, luego general y por último universal en las mismas zonas. En la evolución de estas sucesivas formas, la dirección principal del progreso va de la consanguínea a la monó­ gama. Concediendo que haya habido desviaciones de uniformidad

 

en el progreso a través de las diversas formas, se verá, asimismo, que, en general, la familia consanguínea y punalúa corresponden al estadio del salvajismo, aquélla en su condición más primitiva y ésta en la más alta, mientras que la punalúa subsistió hasta el estadio inferior de la barbarie; que la sindiásmica corresponde a los estados inferior y medio de la barbarie y subsistió hasta el superior; y que la monógama corresponde al estadio superior de la barbarie y con­ tinúa en el período de civilización.

No será necesario, aún cuando el espacio lo consintiera, con­ tinuar el bosquejo de la familia sindiásmica a través de las tribus bárbaras en general basado en las descripciones parciales de viajeros y observadores. El lector podrá aplicar los testimonios aducidos, a los casos que se le presentasen. Entre los aborígenes americanos del estadio inferior de la barbarie, fue el régimen de familia impe­ rante, en la época' de su descubrimiento. Asimismo, no cabe duda

 

de que fue la forma imperante en los indios pueblos del estadio medio, a pesar de que los antecedentes suministrados por los autores

 

464LEWISH.MORGAN

 

españoles, son imprecisos y generales. La índole comunal de sus viviendas colectivas es, por sí sola, testimonio concluyente de que la familia no había alcanzado a salir del régimen sindiásmico. Ésta no ofrece ni la individualidad ni la exclusividad que supone la monogamia.

 

Los elementos de otros países entremezclados con los de la cul­ tura nativa, en regiones del hemisferio oriental, crearon un estado anormal de la sociedad allí donde las artes de la vida civilizada fueron amoldadas de nuevo, de acuerdo con las aptitudes y nece­ sidades de salvajes y bárbaros (408). Ciertas tribus enteramente nó­ madas presentan también peculiaridades sociales, nacidas de un ré­ gimen excepcional de vida, que no se interpreta bien. La cultura indígena de muchas tribus ha sido detenida, por influjos derivados de razas más adelantadas, y adulterada hasta cambiar el curso na­ tural de su progreso. Como consecuencia, sus instituciones y régimen social han sido alterados.

 

El progreso sistemático de-la etnología exige que el estado de las tribus, tanto bárbaras como salvajes, sea estudiado en su desenvol­ vimiento normal en aquellas regiones donde las instituciones de los pueblos sean homogéneas. Como se ha insinuado en otra parte, Po­ linesia y Australia ofrecen los mejores campos para el estudio de la sociedad salvaje. De sus instituciones, usos, costumbres, inventos y descubrimientos puede deducirse, casi enteramente, la teoría de la vida salvaje. En la época de su descubrimiento, América del Norte

 

y América del Sur ofrecían el terreno más propicio para el estudio de la condición de la sociedad en los estadios inferior y medio de

 

la barbarie. Los aborígenes, un solo tronco por su sangre y su linaje, con excepción del esquimal, se habían posesionado de un gran con­ tinente, más ricamente dotado para la ocupación del hombre que

 

el hemisferio oriental, salvo en lo que se refiere a los animales aptos par,a la domesticación. Les ofrecía un amplia campo de tranquilo

 

desenvolvimiento. Al parecer, llegaron a él en estado salvaje; pero la ampliación del régimen de las gentes los puso en. posesión de los principales gérmenes de progreso de que habían dispuesto los ante­ pasados de los griegos y romanos (409). Alejados de este modo en

 

(408) Muchas tribus africanas, con inclusión de los hotentotes,. han cono­

cido Ja fundición del mineral del hierro, hasta donde se remonta nuestro conoci­ miento de ellas. Luego de producir el metal, mediante procesos primitivos adqui­ ridos de tribus de otras regiones, lograron fabricar armas e implementos toscos.

 

          Se da por sentado el origen asiático de los aborígenes americanos. Pero éste se consigue como consecuencia de la unidad de origen del género humano, que también es un postulado, pero al que tienden todos los hechos

 

de la antropología. Ambas conclusiones descansan en un cúmulo de antecedentes ds carácter más convincente. Su advenimiento a América pudo no ser el resul­ tado de una migración deliberada, sino dé los accidentes del mar, y de las grandes corrientes oceánicas desde Asia, en dirección al litoral noroeste.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA465

 

tan temprana edad, y perdida toda comunicación con la corriente central del progreso humano, iniciaron su vida en un nuevo continen­ te con las modestas cualidades morales e intelectuales de] salvaje. La evolución independiente de los conceptos primarios que traían

 

se inició en un ambiente defendido de las influencias externas. Esto rezá para el desarrollo del concepto de gobierno, para el de la fa­ milia y de la, vida de hogar, así como para la propiedad y las artes de subsistencia. Sus instituciones, inventos y descubrimientos desde el salvajismo, a través del estadio inferior y hasta el superior de la barbarie, son homogéneos, y todavía revelan la continuidad de des­ envolvimiento de los mismos conceptos originales.

 

No se podría hallar en ninguna parte de la tierra, en los tiem­ pos modernos, una ejemplificación más perfecta del estadio inferior de la barbarie que la ofrecida por los iraqueses y por otras tribus de los Estados Unidos al oriente de] Mississippi. Con sus artes indí­ genas y típicas, con sus instituciones puras y homogéneas, exhiben, de la manera más completa, la cultura de dicho período, su altura, sus elementos y sus potencialidades. Sería necesario efectuar una exposición sistemática de estas materias, antes de permitir la des­ aparición de todos estos antecedentes.

En grado más alto, todo esto es igualmente cierto con respecto

al estadio medio de la barbarie, como lo muestran los indios pueblos de Nuevo Méjico, Méjico, Centro América, Granada, Ecuador y Perú,

 

En ninguna otra parte de la tierra podría encontrarse en el siglo xvi semejante despliegue de la sociedad en este estadio con sus nota­ bles artes e invenciones, su arquitectura perfeccionada, sus nacien­ tes manufacturas y su ciencia incipiente, Los investigadores ameri­ canos presentan una cuenta muy pobre de la obra realizada en este fértil campo. En realidad fue una condición perdida de la sociedad antigua que, de pronto, se reveló a los ojos de Europa, mediante el descubrimiento de América, pero aquélla no alcanzó a comprender su significación ni llegó a darse cuenta de su estructura.

 

Hay otra gran condición de la sociedad, la del estadio superior de la barbarie, que en la actualidad no se halla ejemplificada por las naciones existentes, pero que puede encontrarse en la historia y en las tradiciones griegas y romanas, y, posteriormente, en las tribus germanas. Debe deducirse, principalmente, de sus instituciones, in­ ventos y descubrimientos, aunque también se dispone de un gran número de antecedentes ilustrativos de la cultura de este período, especialmente en los poemas de Homero.

Cuando se hayan estudiado estas diversas condiciones de la so­

 

ciedad en las regiones de su mejor ejemplificación, y se las com­ prenda íntegramente, el curso del desenvolvimiento humano, desde

 

el salvajismo hasta la civilización a través de la barbarie, llegará a ser tan inteligible como una unidad organizada. También se verá que,

 

LEWISH.MORGAN

 

como antes se ha insinuado, el curso de la experiencia humana ha corrido por canales casi uniformes.

 

1 .a familia patriarcal de las tribu-s semíticas no exige sino una breve reseña, por las razones expuestas en otra parte; y ésta se limi­ tará a poco más que una definición. Corresponde al período supe­ rior de la barbarie, y perduró, durante algún tiempo, hasta después de implantada la civilización.. Los jefes, por lo menos, practicaban la poligamia; pero ésta no constituía el principio básico de la ins­ titución patriarcal. La característica esencial de esta familia era la agrupación de un número de personas, libres y serviles, que forma­ ban una familia sujeta a la autoridad paterna, constituida con el propósito de mantener la ocupación de tierras y criar rebaños y ma­ nadas. Los de condición servil y los que formaban la servidumbre mantenían relaciones matrimoniales, y, con el patriarca de jefe, cons­ tituían una familia patriarcal. El hecho material era la autoridad sobre sus miembros y sobre sus bienes. Lo que dio a la familia sus atributos de institución original fue más bien la incorporación de muchos individuos a la condición servil o dependiente, antes des­ conocida, más que la poligamia. El fin buscado por este gran movi­ miento de la sociedad semítica que creó a esta familia fue la auto­ ridad paterna sobre el grupo y, con ella, una individualidad más elevada de las personas.

Exactamente el mismo motivo fue el que originó la familia roma­

na bajo la potestad paterna (patria potestad), con la autoridad del padre sobre la vida y muerte de sus hijos y descendientes, así como sobre la de los esclavos y servidores que constituían su núcleo y le daban el nombre, y con la propiedad absoluta de todos los bienes obtenidos por ellos. Eliminando la poligamia, el pater familias era un patriarca, y la familia que regía, patriarcal. En grado menor, la familia antigua de las tribus griegas presentaba las mismas caracte­ rísticas. Ella marca ese momento peculiar del progreso humano en

 

el que la individualidad de la persona comienza a destacarse sobre la gens, dentro de la cual había estado previamente sumergida,

 

.anhelando una vida independiente y un campo más extenso de acción individual. Su influencia general tendió generosamente a la implantación de la familia monógama, la que era esencial para el logro de los fines apetecidos. Estos caracteres descollantes de la familia patriarcal, tan distinta de todas las formas anteriormente co­ nocidas, le dieron a la misma una posición destacada; pero las for­ mas hebreas y romanas fueron excepcionales en la historia del hom­ bre. En las familias consanguíneas y punalúa, la autoridad paterna fue tan imposible como desconocida; se inicia en la sindiásmica

 

como débil influjo, pero se va afirmando a medida que ésta se indi­ vidualiza para consolidarse en la monógama, la cual daba certidum­ bre a la paternidad de los hijos. En la familia patriarcl de tipo

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 467

 

romano la autoridad paterna excede los límites de lo razonable para caer en un exceso de dominación.

 

La familia patriarcal hebrea no creó ningún nuevo sistema de consanguinidad. El sistema turanio armonizaría con una parte de su parentesco; pero como esta forma de familia desapareció bien

 

pronto, generalizándose la monógama, fue, en consecuencia, seguida por el sistema semítico de consanguinidad, como las griegas y ro­ manas lo fueron por el ario. Cada uno de los tres grandes sistemas, el malayo, el turanio y el ario, indican un movimiento orgánico com­ pleto de la sociedad, y cada uno demuestra, con certeza infalible, la existencia de aquella forma de familia cuyos parentescos registró.

 

V

LA FAMILIA MONOGAMA

 

Tan constantemente se ha hecho arrancar de la familia monóga­ ma al origen de la sociedad, que la fecha relativamente moderna que ahora se le asigna tiene apariencia de novedad. Aquellos auto­ res que han investigado el origen de la sociedad filosóficamente, hallaron difícil concebir su existencia sin la familia como unidad o concebir la familia misma como otra que no fuera la monógama. También se hallaron precisados a considerar la pareja matrimonial como núcleo de una agrupación de personas de la cual una parte era servil, pero que íntegramente estaba bajo una autoridad, lle­ gando así a la conclusión de que, en su primera organización, la familia era patriarcal. Y en efecto, tal era la forma más antigua

 

de la institución que se nos ha dado a conocer entre las tribus lati­ nas, griegas y hebreas. Así, por los relatos, la familia patriarcal fue presentada como la familia típica de la sociedad primitiva conce­ bida en la forma latina, o bien en la hebrea, siendo la autoridad paterna la esencia del organismo.

 

La gens, tal como apareció en el último período de la barbarie, fue bien comprendida, pero se supuso erróneamente que era pos­ terior, en cuanto a tiempo, a la familia monógama. La necesidad

 

de tener algún conocimiento de las instituciones de las tribus bár­ baras, y aún de las salvajes, se hace cada vez mayor para poder interpretar nuestras propias instituciones. Al dar por sentado que la familia monógama fue la unidad de la organización del régimen social se consideraba a la gens como un conglomerado de familias, a la tribu como un conglomerado de gentes y a la nación como un conglomerado de tribus. El error está en la primera proposición. Ya se ha explicado que la gens entraba íntegramente en la fratría,

 

la fratría en la tribu, y la tribu en Ja nación; pero la familia no podía l a so c ied a d p r im it iv a 469

 

entrar íntegramente en la gens, porque el marido y la mujer per­ tenecían necesariamente a gentes diferentes. Remontándonos hasta el período más posterior, la esposa se consideraba de la gens de su padre, y, entre los romanos, llevaba el nombre de esa gens. Como todas las partes deben integrar el todo, la familia no podía llegar a ser la unidad de la organización gentilicia. Ese lugar fue ocupado por la gens. Además, la familia patriarcal, fuese del tipo romano o del hebreo, era totalmente desconocida durante todo el período del sal­ vajismo, en el período inferior y, probablemente, también en el me­ dio, y hasta muy adelantado el período posterior de la barbarie. Después de la aparición de la gens transcurrieron siglos, y aun pe­ ríodo tras período, antes de que la familia monógama tuviese exis­ tencia. No quedó firmemente establecida sino después de iniciada la civilización.

 

Su aparición moderna entre las tribus latinas se puede inferir de la significación del vocablo familia derivado de familia que contiene los mismos elementos que famulus sirviente, que se su­ pone derivó del oseo famell = servus, esclavo (410). En su sentido primitivo el vocablo familia no tenía relación con la pareja unida

 

en matrimonio y sus hijos, sino con el conjunto de esclavos y sir­

vientes que trabajaban para su mantenimiento y que se hallaban

bajo la autoridad del pater familias. El vocablo familia, en algunas

disposiciones testamentarias, se emplea como sinónimo de patri-

monium, que es la herencia que pasa al heredero (411). Fue intro­

ducido en la sociedad latina para definir una nueva organización,

cuya cabeza mantenía bajo autoridad paterna a la esposa, hijos y

servidumbre. Mommsen emplea la frase       cuerpo de sirvientes

 

como equivalente de la significación latina de familia (412). Este término, pues, y el concepto que encierra no cuentan más antigüe­ dad que la de la férrea organización de la familia, de las tribus la­ tinas, que fue posterior, en su advenimiento, al cultivo de los cam­ pos y á la servidumbre legalizada, como también posterior a la separación de los griegos y latinos. No es posible descubrir ahora si la familia anterior fue designada con otro nombre.

 

En dos formas de familia, a saber, en la consanguínea y en la punalúa, la autoridad paterna era imposible. Cuando la gens surgió en el grupo punalúa reunió a las hermanas con sus hijos y descen­ dientes por la línea femenina a perpetuidad en una gens, la que vino a ser la unidad de organización en el régimen social que ella creó. De aquí se desenvolvió gradualmente la familia sindiásmica,

 

          Famuli origo ab Oscis dependet, apud quo servus Famul nomina-buntur, unde familia vocata. Festo, pág. 87.

 

          Amicó familiam suam, id est patrimonius suum mancipio dabat. Gayo, Institutes, II, 102.

 

          History of Rome, 1. c. 1, 95.

 

470LEWISH.MORGAN

 

y con ella el germen de la autoridad paterna. El crecimiento de

esta autoridad, al principio débil y fluctuante, se inició entonces y aumentó firmemente a medida que la nueva familia adquiría más

 

y más las características de la monogamia con el progreso ascen­ dente de Ja sociedad. Cuando se comenzó a crear la propiedad en masa,, y el anhelo de su transmisión a los hijos había cambiado la descendencia de la línea femenina a la masculina, se estableció por vez primera una base real para la autoridad paterna. En el momento en que nos enfrentamos con las tribus hebreas y latinas existía entre las primeras la familia patriarcal del tipo hebreo, y entre las segundas la del tipo romano, basadas ambas eii el vasa­ llaje limitado o absoluto de un número de personas, con sus fami­ lias, todas las cuales, juntamente con las esposas e hijos del pa­ triarca, en un caso, y del pater familias en el otro, estaban sujetas a la autoridad paterna, Fue un desenvolvimiento excepcional y en

 

la familia romana excesivo de la autoridad paterna, que lejos de ser universal quedó en su mayor parte circunscrita a los pueblos citados. Gayo declara que la autoridad del padre romano sobre sus hijos era peculiar a los romanos, y que, en general, ningún otro pueblo la registraba (413).

 

Bastará presentar unos cuantos ejemplos de la primitiva familia monógama, tomados de autores clásicos, para dar una idea del ca­ rácter de la misma. La monogamia aparece en forma definida en el

 

S eríodo superior de la barbarie. Algunas de sus características se abían incorporado sin duda, en épocas anteriores, a la forma pre­

 

via de familia sindiásmica; pero el rasgo esencial de la monógama, es decir, la cohabitación exclusiva, no puede señalarse en la sin­ diásmica.

 

Uno de los casos más remotos e interesantes ío presenta la fa­

 

milia de los antiguos germanos. Sus instituciones eran homogéneas y naturales, y el pueblo se encaminaba hacia la civilización. En breves líneas. Tácito expone sus costumbres referentes al matrimo­ nio, pero sin dar la composición de la familia ni definir sus atribu­ tos. Después de expresar que el matrimonio era estricto entre ellos, y declararlo digno de aplauso, añade, además, que ellos quizá el único caso entre los bárbaros se contentaban con una sola esposa, exceptuando algunos que llegaron al matrimonio plural, no por sen­ sualismo, sino por el rango que ocupaban. Afirma que la esposa

 

no aportaba dote al esposo, sino éste a aquélla... un caballo apare­ jado y un escudo, con una lanza y una espada; y que en mérito a

 

          Item in potestate nostra sunt liberi nostri, quos justis nuptiis pro-creauimus, quod jus propium ciuium Romanorum est: fere enim nulli alii sunt tomines, qui talem in filios suos habent potestatem qualem nos habemus. Ins­ titutes, I, 55. Entre otros derechos poseían el de vida y muerte-jus vitae necisqu e

 

LASOCIEDADPRIMITIVA471

 

estos dones quedaba desposada la mujer (414). Estas dádivas, que tenían carácter de regalos interesados, se ofrecían probablemente, en épocas anteriores, a los parientes gentilicios de la desposada, pero ahora se le entregaban a esta misma.

Más adelante menciona los dos hechos principales sobre los

cuales descansa sustancialmente la monogamia (415). Primero, que

cada individuo se contentaba con una sola esposa (singulis uxoribus

contenti sunt), y segundo, que las mujeres vivían cercadas de cas­

tidad (septae pudicitia agunt). Por lo que se conoce de la condición

de la familia en diferentes períodos étnicos, parece probable que

esta organización de los antiguos germanos fue demasiado débil

para poder afrontar sola las dificultades de la vida; y que, en con­

secuencia, se amparaba en un hogar comunal, compuesto de fami­

 

lias vinculadas. Cuando llegó a establecerse la esclavitud, estos ho­ gares fueron desapareciendo. La sociedad germana de este tiempo

 

no se hallaba aún lo bastante avanzada como para poder presentar un tipo elevado de la familia monógama.

En cuanto a los griegos de Homero, la familia, si bien monóga­

ma, era de tipo inferior. El marido exigía a la mujer castidad, lo

que intentaba lograr, en parte, por la reclusión; pero no reconocía

la obligación recíproca, mediante la cual únicamente podía asegu­

rar en forma permanente aquélla. Abundan en los poemas de Ho­

mero los testimonios de que la mujer disfrutaba de escasos derechos

que el hombre debiera respetar. Aquellas mujeres cautivas que los

caudillos griegos en camino a Troya llevaban prisioneras en sus bar­

cos eran libradas a sus pasiones sin freno. Ya sean reales o ficticios

los hechos narrados en los poemas, pueden, de todos modos, ser

considerados como reflejos verídicos de los tiempos. Aunque las

personas fuesen cautivas, ellos reflejan el bajo nivel en que se colo­

caba a la mujer. Su dignidad era desconocida y sus derechos per­

sonales no tenían garantía. Para aplacar el encono de Aquiles; Aga­

menón, en el consejo de jefes griegos, propone que se le dé, entre

otros presentes, siete mujeres lesbias de- la más destacada belleza,

reservadas para él mismo del botín de esa ciudad, estando la misma

Briseia incluida en el número; si se apoderaban de Troya, tendría

también el derecho de escoger veinte mujeres troyanas, las más be­

llas después de la argiva Helena (416).         Belleza y botín           era la

divisa de la edad heroica, proclamada sin recato. El trato que daban

a sus cautivas refleja la cultura de la época respecto a la mujer en

general. El hombre que no tenía para nada en cuenta los derechos

 

          Germania, c. 18.

          Ib., c. 19.

          Iliada IX. 128.

 

472LEWISH.MORGAN

 

paternales, maritales y personales de sus enemigos no podía haber alcanzado un concepto muy -elevado de los suyos propios.

 

Al describir la vida del campamento del célibe Aqúiles v de su amigo Patroclo, Homero creyó que cuadraba al carácter y dignidad de Aquiles en calidad de jefe mostrar que dormía en el interior, de su espléndida tienda y que a su lado yacía una mujer, Diómeda, a quien él había traído desde Lesbós; y que frente a él descansaba Patroclo, en brazos de la hermosa Iris, regalo del noble Aquiles,

 

3 uien la había hecho cautiva en Syra (417). Tales usos y costumbres e parte de lo s casados y los solteros, citados con aprobación por

 

el gran poeta de la época, y consagrados por el sentimiento pú­ blico, tienden a demostrar que la monogamia que pudiera haber se apoyaba en una obligación impuesta a la esposa, mientras que el esposo, en la gran mayoría de los casos, no la practicaba. Esta familia tenía tantas características sindiásmicas como monógamas. Se supone que la situación de la mujer en la edad heroica ha sido más favorable, y su posición en el hogar más honrosa de lo que lo habían sido en los comienzos de la civilización, y aún des­ pués, en sus mayores desenvolvimientos. Puede haber sido cierto en un período anterior, previo al cambio de la descendencia a la línea masculina, pero en la época a la que nos refiriéramos no parece ha­ ber existido mayor fundamento para sostener la tesis. Se había pro­ ducido un gran cambio favorable ,a los medios y modos de vida, pero sirvió para destacar la verdadera estimación que se le acordaba a la mujer en el período posterior de la barbarie.

 

En otro lugar se ha hecho notar el hecho de que cuando la des­ cendencia fue cambiada de la línea femenina a la masculina, resultó perjudicial para la posición y los derechos de la madre y esposa. Sus hijos fueron trasladados de la gens de ella a la de su marido, y ella enajenó sus derechos agnaticios sin recibir una compensación equivalente. Antes del cambio, con toda probabilidad, los miembros de su propia gens predominaban en el hogar, lo que daba pleno vi­ gor al vínculo materno, y hacía que la mujer, más que el varón, fuese el centro de la familia. Después del cambio, ella se hallaba sola en el hogar de su esposo, aislada de su parentela gentilicia. Esto tiene que haber debilitado el vínculo materno y contribuido poderos,amente a rebajar su posición y detener su progreso en la es­ cala social. En las clases prósperas, su condición de reclusión for­ zosa, unida al objeto primario declarado del matrimonio, es decir, a la procreación de hijos de matrimonios legalizados, permite inferir

 

a re su posición era menos desfavorable en la edad heroica que en período subsiguien te, respecto al cual nuestros conocimientos son más completos.

 

(417) lita d a IX . 663.

 

LA.SOCIEDADPRIMITIVA473

 

En todo momento predominó entre los griegos un principio de egoísmo calculado de parte de los varones tendientes a menguar la estimación de la mujer, apénas visible entre los salvajes. Se revela

 

en su régimen de vida doméstica, el cual, en las clases superiores recluía a la esposa para imponer la cohabitación exclusiva, sin re­ conocer la reciprocidad de esta obligación por parte del marido.

 

Esto implica la existencia previa de un régimen conyugal del tipo turanio, contra el cual aquel se oponía con una barrera. Tan pode­ rosamente los usos de siglos habían impreso en la mente de la mu­ jer griega el sentimiento de su inferioridad, que no había podido reaccionar ni aún en el último período del poderío griego. Quizá

 

fuese uno de los sacrificios exigidos a la mujer, a fin de llevar a esta porción de la raza humana, desde la familia sindiásmica a la monó­ gama. Subsiste siempre el enigma de qufe una raza dotada de po­ tencias tan magnas como para que ella imprimiera su vida mental al mundo, asimismo permaneciera tan esencialmente bárbara en el

 

.apogeo de su civilización, en lo que se refiere al modo de considerar al sexo femenino. La mujer no era tratada con crueldad ni con gro­ sería dentro del campo- ae los privilegios que se le reconocían; pero su educación era superficial. Le estaba vedado el trato con el sexo opuesto y su inferioridad era inculcada como principio hasta que llegó a arraigarse en el espíritu de la mujer misma. La esposa no era la compañera de su marido, ni su igual, sino que ocupaba con respecto a éste una posición de hija suya, desconociéndose así el principio fundamental de la monogamia, tal como esta institución debe ser interpretada en su forma más elevada. La esposa, necesa­ riamente, debe ocupar el mismo plano que su marido en cuanto a dignidad, derechos personales y posición social. Podemos así dar­ nos cuenta a qué precio en experiencia y en conformidad se ha con­ quistado esta gran institución de la sociedad moderna. Nuestra información respecto a la condición de la mujer griega

 

y de la familia griega durante el período histórico es completamen­ te amplia y precisa. Becker, con la maravillosa penetración que ca­ racteriza a sus obras, ha reunido los hechos principales y los ha pre­ sentado con claridad y vigor (418). Su exposición, aún cuando no

 

(418) La siguiente exposición sintetizada tomada de Candes (Excursus XII,

ed. Longman, trad, de Metcalfe), contiene los principales hechos que ilustran es te

 

asunto. Después de expresar la opinión de que las mujeres de Homero ocupaban en el hogar una posición de más viso que la de las mujeres del período histó­ rico, sienta los siguientes postulados respecto a la condición de la mujer, partic u­

 

larmente en Atenas y Esparta, en el período culminante de la cultura griega. Manifiesta que la única cualidad que se le atribuía no difería mucho de la de

 

un siervo fiel (pág. 464); que su absoluta falta de independencia hacía que se la considerara toda su vida menor de edad; que no había ni instituciones educa­ tivas para niñas, ni maestros o institutrices en la casa, quedando librada toda su educación a la madre o a las ayas, y limitada al arte del telar y otros me-

 

474LEWISH.MOBGAN

 

nos suministra una representación_completa de la familia de la épo­ ca histórica, hasta asimismo para hacer resaltar la gran diferencia entre la familia griega y la moderna, y también para indicar la con­ dición de la familia monógama en las primeras etapas de su des­ arrollo. Entre los hechos expuestos por Becker hay dos que merecen

 

ncsteres femeninos (pág. 465); que se hallaban casi del todo privadas del factor más esencial de la cultura femenina el trato con el otro sexo , estando ex­ cluidos tanto los extraños como los parientes cercanos. Los mismos padres y esposos las veían poco, pues los hombres más estaban fuera que dentro de su casa, y en ésta habitaban departamentos propios; que el gineceo, sin ser preci­

 

samente una prisión, ni tampoco un harem clausurado, era aún el alojamiento limitado que se destinaba para toda la vida a los miembros femeninos del hogar; que esto rezaba en especial para las doncellas que sufrían la mayor reclusión basta su matrimonio, y que estaban, por decirlo así, permanentemente bajo llave (pág. 465); que era mal visto que la joven esposa saliera de la casa sin conocimiento de su marido, y de hecho rara vez salía de ella, quedando así limita­

 

da a la sociedad de sus esclavas; y que su esposo, que así lo quería, tenía facultad para mantenerla confinada (pág. 466); que en aquellos festivales, de los cuales lo s

 

hombres estaban excluidos, las mujeres gozaban de la oportunidad de verse, tanto más grata para ellas teniendo eto cuenta su aislamiento regular que tantas restric­ ciones dificultaban la salida de su casa; que ninguna dama respetable pensaría en salir sin la compañía de su esclava, que el marido le asignaba para ése preciso fin (pág. 469); que este régimen de vida hacía que las niñas fuesen excesiva­ mente cortas de genio y aun gazmoñas, y hasta la mujer casada se sobresaltaba y sonrojaba si, por una casualidad, era vista en la ventana por algún varón

(página 471); que el matrimonio con respecto a la procreación de hijos, era

considerado por los griegos como una necesidad impuesta por sus deberes

para con los dioses, el Estado y sus ascendientes; que por lo menos hasta una

época muy avanzada no se atribuía al matrimonio ninguna consideración más

elevada, ni un gran cariño era causa frecuente de casamiento (pág. 473); que

cualquiera inclinación que se experimentase, nacía del sensualismo; y no se

reconocía entre marido y mujer otro amor que el sexual (pág. 473); que en

Atenas, y probablemente también en los otros estados griegos, la generación

de hijos era considerada el fin principal del matrimonio, basándose muy rara­

mente la elección de la novia en un trato previo o, por lo menos, íntimo;

y era más importante la posición de la familia de la doncella y la cuantía de la dote, que sus cualidades personales; que tales matrimonios no eran propi­ cios a la existencia de un verdadero cariño, de donde frecuentemente reinaba

 

la frialdad, la indiferencia y el descontento (pág. 477); que el marido y la mujer comían juntos siempre que ningún otro hombre comiera con el amo de la casa,

 

pues ninguna mujer que no quisiera ser tenida por cortesana consentiría, ni con el pensamiento, en participar de la symposia de los hombres o estar presente si el marido, por casualidad, invitaba a comer a un amigo (pág. 490); que la obliga­ ción de la esposa era la administración de toda la casa y la crianza de los hijos de los varones hasta tanto se les ponía maestro, y de las hijas hasta que se casa­ ban; que la infidelidad de la esposa caía bajo sanciones rigurosas; y aun cuando cabía pensar que la reclusión estricta de las mujeres les impediría ser infiel, no les faltaba ocasión para engañar al esposo; que la ley imponía la regla de conti­

 

nencia de una manera muy desigual; pues mientras el esposo exigía a la esposa la más estricta fidelidad y castigaba severamente cualquiera falta de ella, él se permitía el trato con las hetairas, cuya conducta, si bien no merecía apro­ bación directa tampoco caía bajo censuras severas, y mucho menos era repu­ tada como violación de las obligaciones matrimoniales (pág. 494).

 

LASOCIEDADPRIMITIVA475

 

consideración especial: primero, la afirmación de que el objeto prin­ cipal del matrimonio era el de la procreación de hijos en uniones legítimas; y segundo, la reclusión de la mujer para lograr este objeto. Existe íntima relación entre los dos, y proyectan cierta luz sobre la condición anterior de la cual habían surgido. En primer lugar, el sentimiento amoroso era desconocido entre los bárbaros. Ellos no

 

han alcanzado aún el nivel de este sentimiento, que es engendro de la civilización y un refinamiento sobreañadido. Los griegos, en gene­ ral, como resulta de sus costumbres matrimoniales, no habían alcan­ zado la concepción de este sentimiento, si bien, naturalmente, hubie­ ron numerosas excepciones. En la estimación de los griegos, el va­ limiento físico era la medida de todas las bondades que la mujer era capaz de poseer. Por consiguiente, el matrimonio no se fundaba en

 

el sentimiento, sino en la necesidad y en el deber. Son las mismas consideraciones que imperaban entre los iroqueses y aztecas. En rigor, se originaron en la barbarie y descubren la condición bárbara ante­ rior de lps antecesores de las tribus griegas. Causa extrañeza que bas­ taran para colmar el ideal griego de la relación de familia, en medio de su civilización. En realidad fue el desarrollo de la propiedad y

 

el deseo de que fuese transmitida a los hijos lo que hizo de fuerza motriz para introducir la monogamia como medio de asegurar here­ deros legítimos y limitar su número a la progenie efectiva de la pare­ ja conyugal. Ya en la familia sindiásmica comenzaba a tomar forma el concepto de la paternidad de los hijos, y es evidente que de ella

fue derivación la Forma griega, pero no había logrado el grado ne­

cesario de certidumbre a causa efe la supervivencia de cierta porción

de la antigua fura confugialia. De ahí la explicación del nuevo uso

que aparece en el estadio superior de la barbarie, a saber, la reclusión

 

de las esposas. Un indicio en este sentido surge de la circunstancia de que en ese tiempo debió existir una necesidad para la reclusión de la esposa, de carácter tan imperativo que el plan de vida domés­ tica de los griegos en realidad fue un régimen de confinamiento y restricciones para la mujer. Si bien los antecedentes citados rezan más especialmente con las clases prósperas, el espíritu que trasluce era sin duda general.

 

Ocupándonos ahora de la familia romana, la condición de la mujer es más favorable, pero su subordinación es la misma. Gozaba de un tratamiento respetuoso, tanto en Roma como en Atenas, pero en la familia romana su influencia y autoridad eran mayores. En su calidad de mater familias era el ama de la familia. Salía a la calle libremente y sin restricciones de parte de su marido, y frecuentaba con los varones los teatros,. banquetes y festivales. Dentro de la casa no estaba confinada a un aposento especial, ni tampoco estaba excluida de la mesa de los hombres. La ausencia

de las peores restricciones impuestas a las mujeres griegas favorecía

 

LEWISH.MORGAN

 

]a radicación de un sentimiento de dignidad personal y de inde­ pendencia en las mujeres romanas. Expresa Plutarco que después

 

de la paz con los sabinos, realizada por el esfuerzo de las mujeres sabinas, les fueron conferidos a éstas varios privilegios honrosos; los hombres debían cederles el paso al encontrarlas en la ealle, no debían proferir palabras groseras en presencia de mujeres, ni pre­ sentarse desnudos ante ellas (419). Sin embargo, el matrimonio co­ locaba a la esposa bajo la dependencia de su marido (in manum viri), aparentemente por la noción de que debía continuar bajo su­ jeción, una vez que se había emancipado de la autoridad paterna,

 

a raíz de su matrimonio. El marido trataba a su esposa como a una hija y no como a su igual. Además, tenía autoridad para castigarla y derechos de vida y muerte en caso de adulterio; pero el ejercicio de estos últimos parecen haber estado sujetos al acuerdo del con­ sejo de la gens de la mujer.

 

A diferencia de otros pueblos, los romanos poseían tres formas de matrimonio. Todas por igual colocaban a la esposa en manos de su maridó, y reconocían como objeto primordial de la institución la procreación de hijos en matrimonios legalizados (libcrorum que-rendorum causa) (420). Estas formas (confarreatio, coemptio ij usus) perduraron durante la existencia de la república, pero desaparecie­ ron bajo el imperio, con la adopción general de una cuarta forma, el matrimonio libre, que no colocaba la esposa bajo la dependencia del marido. El divorcio a opción de las partes existió desde los pri­ meros períodos, característica ésta de la familia sindiásmica, y pro­

 

bablemente derivada de ésta. Pero, sin embargo, no fue frecuente hasta casi las postrimerías de la república (421).

 

Es muy general la idea de que la licencia que imperaba en las ciudades romanas y griegas en la época culminante de su civiliza­ ción era un retroceso desde una condición más elevada y pura de. virtud y moralidad. Pero el hecho admite una explicación,diferente,, o por lo menos modificada. Ellos nunca habían alcanzado, en él

 

          Vit. Rom., c. 20.

          Quintiliano.

          Con respecto a la fidelidad conyugal de las mujeres romanas, dice

 

Bécker: que en los primeros tiempos eran raros los excesos de una u otra parte , lo que sólo puede admitirse como conjetura; pero cuando comenzó a decaer

la moralidad hallamos .grandes faltas a esta fidelidad, y los hombres y las mu­

jeres rivalizaban en lascivos abandonos. El recato originario de las mujeres se

hacía más raro, a la vez que crecían el lujo y el despilfarro, y se podía decir

de muchas mujeres lo que dijo Clitipo lamentándose de sus Bacchis (Ter.,

Heaut, II, 1, 15),         Mea est petax, procax, magnifica, sumptuosa nobilis . Muchas

damas romanas, en compensación por el desvío del marido, tenían su amante

propio, quien simulando ser el procurador de la dama la acompañaba constan­

 

temente. Como consecuencia natural, el celibato se difundía cada vez más entre los hombres, y reinaba la mayor ligereza respecto al divorcio . Gallus Excursus, I, pág. 155., ed. Longman, trad. Metcalf.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA477

 

mutuo trato de los sexos, una moral pura de la cual luego decaye­ ran. Reprimida o moderada durante la guerra y la lucha que hicie­ ron peligrar la existencia nacional, la licencia revivió con la paz y con la prosperidad, porque los elementos morales de la sociedad no se habían levantado contra ella para extirparla. Esta licencia era, probablemente, resabio de un antiguo régimen conyugal que nunca

 

se había podido -desarraigar completamente y que había persistido desde la barbarie como lacra social, y que ahora manifestaba sus excesos en la nueva corriente de hetaírismo. Si los griegos y roma­ nos hubiesen .alcanzado a comprender y respetar la equidad de la monogamia, en lugar de recluir las esposas en el gineceo, en un caso, y de mantenerlas sujetas en otro, es justo pensar que su aspecto so­ cial hubiera sido diferente. Desde que ni uno ni otro habían alcan­ zado una moral más elevada no tenían mayor motivo para deplorar

 

la decadencia de la moral pública. La sustancia de la explicación estriba en el hecho de que ninguno de los dos reconocían en su in­ tegridad el principio de la monogamia, que era la única que podía asentar sus respectivas sociedades sobre una base moral. La des­ trucción prematura de la vida étnica de estas razas descollantes se debe, en no escasa medida, al hecho de no haber desarrollado y utilizado las capacidades mentales, morales y conservadoras de la inteligencia femenina, las que eran no - menos necesarias que las propias para su progreso y conservación. Después de una prolongada experiencia en la barbarie, durante la cual se habían conquistado los restantes elementos de la civilización, murieron políticamente tras una breve carrera, al parecer por la algazara de la nueva vida que se habían creado.

 

Entre los hebreos, mientras que en los primeros tiempos la fa­ milia patriarcal era común a los jefes, la monógama, en la cual la patriarcal no tardó en disolverse, era común al pueblo. Pero con respecto a la constitución de la última y las relaciones del marido y mujer en la familia, los antecedentes son escasos.

 

Sin que sea necesario multiplicar los ejemplos, se comprende fá­ cilmente que la forma que presenta la familia monógama en los co­

 

mienzos de la época clásica es el resultado de un desarrollo produ­ cido desde un tipo más bajo, y que durante la época clásica adelantó sensiblemente, si bien no llegó a alcanzar aún su tipo más elevado. Evidentemente surgió de una forma anterior de familia, la sindiásmíca, como su germen inmediato, y mientras se iba desen-volviendo con el progreso humano aún no lograba asir en la época clásica su verdadero ideal. Su forma más alta y completa conocida no fue alcanzada, por lo menos, hasta los tiempo modernos. La des­ cripción de la sociedad en el estadio superior de la barbarie, que han dejado los primeros historiadores, supone la práctica general de la monogamia, pero acompañada de las circunstancias que in-

 

LEWISH.MORGAN

 

dicaban que era la familia monógama del futuro luchando por su existencia bajo influencias adversas, pobre en vitalidad, en dere­ chos y en inmunidades, y envuelta todavía en los restos de un anti­ guo régimen conyugal.

Así como el régimen malayo exponía los parentescos que exis­

 

tían en la familia consanguínea y el turanio los que correspondían a la punalúa, el ario expresaba los que existían en la monógama, descansando cada familia sobre un regimen diferente y distinto de matrimonio.

Dentro de nuestros conocimientos actuales no se puede demos­

 

trar en forma absoluta que anteriormente las familias aria, semítica y uralia de la humanidad hubiesen practicado el sistema turanio de consanguinidad y que éste cayera en desuso con la monogamia.

 

Sin embargo, tal es la presunción que surge de los hechos conocidos. Todos los testimonios la señalan tan decisivamente que excluyen toda otra hipótesis. En primer término, la organización en gentes tuvo su origen natural en la familia punalúa, donde un grupo de hermanas, casadas con los maridos de cada una de ellas creaba con sus hijos y descendientes por la línea femenina la exacta circuns­ cripción, así como también el cuerpo de una gens en su forma ar­ caica, Los primeros antecedentes históricos de la familia aria la pre­ sentan organizada en g entes, lo que sienta la presunción de que cuando era un pueblo indiviso se hallaba organizado en tal forma.

 

De este hecho nace esta presunción: que ellos habían heredado la organización de sus antepasados remotos que vivieron bajo ese mis­ mo régimen punalúa, el cual dio ser a esta institución tan notable como difundida. .Además, el régimen turanio de consanguinidad to­ davía se halla ligado a la gens en su forma arcaica, entre los abo­ rígenes americanos. Esta conexión natural subsistiría inalterada has­ ta tanto sobreviniera un vuelco en las costumbres sociales, tal como el que produjo la monogamia, con energía suficiente como para desalojar a aquél. En segundo lugar existen en el régimen ario de consanguinidad algunos indicios que señalan la misma conclusión. Sería justo pensar que una gran parte de la nomenclatura turania desaparecería bajo la monogamia si este régimen hubiese imperado antes entre las naciones arias. La aplicación de sus términos a las categorías de personas cuyo parentesco sufriría ahora distinción, im­ pondría' su abandono. Fuera de esta hipótesis es imposible explicar la pobreza de condición de'la nomenclatura originaria del régimen ário. Todo lo que hay de ella común en los diversos dialectos arios son los vocablos con que se designan al padre y a la madre, .al her­ mano y a la hermana, al hijo y a la hija; y un término común (sáns­ crito, naptar; latino, nepos; griego, anepsios) aplicado indistinta­ mente al sobrino, al nieto y al primo. Jamás hubieran podido alcanzar la posición de adelanto que implica la monogamia con se-

 

LASOCIEDADPRIMITIVA479

 

mejante nomenclatura, tan pobre para los parentescos consanguíneos. Pero con un sistema anterior, análogo al turanio, se explica este empobrecimiento. Los términos para hermano y hermana tenían

 

ahora valor abstracto y eran creaciones nuevas, porque estos paren­ tescos, bajo el sistema turanio, se concebían generalmente como mayores y menores, y los diversos términos eran aplicados a cate­ gorías de personas, comprendiendo a las que no eran hermanos y hermanas propios. En el sistema ario se borra esta distinción y, por vez primera, se conciben estos parentescos en abstracto. Bajo la mo­ nogamia los viejos términos no tenían aplicación, porque se refe­ rían a los colaterales. No obstante, en el sistema uralio, todavía se descubren resabios de un régimen turanio anterior, como entre los húngaros, quienes clasifican a los hermanos y hermanas en mayores

 

y menores con vocablos especiales. En francés también, además de frére y soeur, tenernos: ainé, hermano mayor; pune y cadet, herma­ no menor, y ainée y cadette, hermana mayor y hermana menor. Así, también hallamos en el sánscrito agrajar y amujar y agrajri y anwjri para estos mismos parentescos; pero no me consta si los últimos pro­ vienen del sánscrito o de fuentes aborígenes. En los dialectos arios los términos para designar al hermano y a la hermana son las mismas palabras cambiadas dialécticamente, habiendo los griegos substituido adelphos por phrater. Si en un tiempo existieron en estos dialectos términos comunes para hermanos mayores y menores, su anterior

 

.aplicación a las categorías de personas los habrían hecho inaplica­ bles, como una distinción excíuyente, a los hermanos y hermanas propios. La desaparición en el sistema ario de este rasgo notable y hermoso del turanio exige la acción de un móvil enérgico que estaría explicado por la previa existencia y abandono del sistema turanio. Seria difícil encontrar otro. No es admisible que las naciones arias carecieran de un término para abuelo en su lengua primitiva, siendo éste un parentesco universalmente reconocido por las tribus salvajes y bárbaras; no existe, empero, un término común en los dialectos arios para este parentesco. En sánscrito tenemos pitameha; en grie­ go, pappos; en latín, avus; en ruso, djed; en galense, hendad, que es vocablo compuesto, como el grossvader y el grandfather inglés. Estos vocablos son radicalmente diferentes. Pero con un término, en su sistema anterior que se aplicaba no sólo al abuelo propio, a sus hermanos y primos varones, sino también a los hermanos y a todos los primos varones de la abuela, éste no podría haber sido creado para significar, bajo la monogamia, un abuelo y progenitor lineal. Su abandono debía producirse con el transcurso del tiempo. De esta manera puede explicarse satisfactoriamente la carencia de un tér­ mino que designe este parentesco en la lengua primitiva. Finalmen­ te, no se registran en los dialectos .arios términos comunes para tío y tía en abstracto ni términos especiales para tío y tía por parte de

 

480LEWISH.MORGAN

 

padre y por parte de madre. Tenemos pitrova, pairos y patruus para designar al tío paterno en sánscrito, griego y latín; stryc, en eslavo, y un término común, earn, oom y oheim, en anglosajón, belga y ale­ mán, y no tenemos ninguna en celta. Es igualmente inconcebible

 

que no hubiese en la lengua originaria aria un término para tío ma­ terno, parentesco tan destacado por la gens entre las tribus bárba­ ras. Si su régimen anterior hubiese sido el turanio habría existido necesariamente un término para este parentesco, pero restringido a los hermanos propios de la madre y a todos sus primos varones. Su aplicación a tal número de personas en una categoría, muchas de

 

las cuales podrían no ser tíos bajo el régimen monógamo, impon­ dría, por las razones ya dadas, su abandono. Es evidente que algún sistema anterior debió ceder sü lugar ,al ario.

 

Admitiendo que las naciones arias, semíticas y uralias hubiesen tenido anteriormente el sistema turanio de consanguinidad, la tran­ sición de éste a un sistema descriptivo era sencilla y natural, una vez que el sistema viejo resultase, por la acción de la monogamia, impropio para el nuevo régimen de descendencia. Bajo la monogamia todo parentesco es específico. El nuevo sistema organizado, bajo tales circunstancias, describiría la persona a base de los términos primarios o de una combinación de éstos, tal como hijo del hermano por sobrino, hermano del padre por tío e hijo del hermano del padre por primo. Tal fue el sistema que originó el actual régimen de las familias aria, semítica y uralia. Las generalizaciones que actualmente contienen fueron introducidas posteriormente. Todas las tribus que siguen el sistema turanio al ser interrogadas sobre la calidad de pa­ rentesco de una persona emplean la misma fórmula para describirla. Siempre existió en el turanio y en el malayo un sistema descriptivo idéntico al ario, no como régimen de consanguinidad, sino como me­ dio de señalar parentescos. Es evidente, por la condición empobre­ cida de las nomenclaturas de las naciones aria, semítica y uralia, que ellas tendrían que haber rechazado algún sistema anterior de con­ sanguinidad. Es, por lo tanto, una conclusión razonable la que sos­ tiene que cuando el régimen monógamo se generalizó, estas naciones volvieron al viejo sistema descriptivo siempre en uso en el régimen turanio, y dejaron extinguirse el sistema anterior por inútil e inexac­ to respecto a las descendencias. Ésta sería la forma natural v obvia de la transición del sistema turanio al ario, y ofrece una explicación satisfactoria, tanto del origen como del carácter peculiar de este último.

 

A fin de completar la exposición de la familia monógama en re­ lación con el sistema ario de consanguinidad, será preciso presentar este sistema con algunos detalles, como se ha hecho ya en los dos ca­ sos anteriores.

 

El cotejo de sus formas en los diversos dialectos arios descubre

 

LASOCIEDADPRIMITIVA481

 

que el que originó el sistema actual fue un sistema puramente des­ criptivo (422). El erse, que es la forma típica aria, y el estonio, que es la típica uralia, son todavía descriptivos. En el érse los únicos términos que existen para designar los parentescos consanguíneos

 

son los primarios, a saber: los de padre y madre, hermano y herma­ na, hijo e hija. Todos los demás parentescos se describen por medio de éstos, pero comenzando por el orden inverso; así, hermano, hijo de hermano e hijo de hijo de hermano. El sistema ario expresa los parentescos efectivos bajo la monogamia, dando por sentado que es conocida la paternidad ae los hijos.

 

Con el transcurso del tiempo fue injertado en el nuevo sistema un método de descripción esencialmente diferente del celta, pero que no modificó sus rasgos principales. Fue introducido por los ci­ vilistas romanos para perfeccionar la estructura del código de des­ cendencias, hecho al cual debemos su existencia. Su método perfec­ cionado ha sido adoptado por las diversas naciones arias a las que alcanzara la influencia romana. El sistema eslavo exhibe algunas características peculiares evidentemente del origen turanio (423). Para conocer históricamente nuestro sistema actual, es preciso recurir al romano, tal como aparece perfeccionado por los civilistas (424). Los agregados fueron pocos, pero cambiaron el método de la descrip­ ción de parentescos. Consistieron principalmente, como ya se ha

 

dicho, en la distinción de los parentescos de tío y tía por parte de padre y por parte de madre, inventándose términos para expresar estos parentescos en concreto; y en la creación del término de abue­ lo para emplearlo como correlativo de nepos. Con estos términos y los primarios acompañados de prefijos apropiados, lograban siste­ matizar los parentescos en la línea directa y en las primeras cinco colaterales, las que comprendían la masa de los parientes de todo individuo. El sistema romano es el más perfecto y científico de con­ sanguinidad bajo la monogamia que haya aparecido hasta ahora, y

 

se lo ha hecho más notable aún con la invención de un número poco común de términos que expresan los parentescos creados por el ma­ trimonio. Él nos da a conocer mejor que el anglosajón o el celta el nuestro propio, que ha adoptado sus perfeccionamientos. En un cua­ dro al final de este capítulo están colocadas, una junto a otra, las formas latina y árabe, como ejemplos respectvios de los sistemas ario y semítico. El árabe parece haber pasado por procesos similares al romano con resultados también similares. Solamente se explicará el sistema romano.

Desde el Ego al tritavus, en la línea directa, son seis las genera-

 

          Systems of Consanguinity, Cuadro I, pág. 79.

          Systems of Consanguinity, etc., 40.

          Pandects, lib., XXVTÚ, tit. X e Institutes de Justiniano, libro III, título VT.

 

LEWISH.MORGAN

 

ciones de ascendientes, y desde el mismo al trinepos existe el mismo número de descendientes, para cuya descripción sólo se emplean cuatro términos radicales. Si se deseara subir más allá del sexto as­ cendiente, tritavus se convertiría en un nuevo punto de partida para

 

la descripción: así, tritovi pater el padre de tritavus, y así ascendien­ do hasta tritavi tritavus, el que sería el antecesor masculino duodé­ cimo del Ego, en la línea directa masculina. En nuestra imperfecta nomenclatura debemos repetir seis veces el término abuelo del abue­

 

lo para expresar ese mismo parentesco. De la misma manera, trine-potis trinepos nos conduce al duodécimo descendiente del Ego en la línea directa masculina.

 

La primera línea colateral masculina, que comienza con hermano, frater, continúa así: Fratris filius, hijo del hermano; fratris nepos, nieto del hermano; fratris pronepos, bisnieto del hermano, y así has­ ta fratris trinepos, bisnieto del bisnieto del hermano del Ego. Sí fue­ ra menester continuar la descripción hasta el duodécimo descendien­ te, fratris trinepos se convertiría en un segundo punto de partida, dándonos como fin de la serie, fratris, trinepotis trinepos. Por este método sencillo, frater es raíz de la descendencia en esta línea, y toda persona que pertenece a ella, por la fuerza de este término, viene a tener referencia a él en la descripción; y nos consta desde luego que cada persona así descripta corresponde a la primera línea colateral masculina. Es, por lo tanto, específico y completo. De igual manera, la línea femenina comienza con hermana, soror, que da la

 

serie, sororis filia, hija de la hermana; sororis neptis, nieta de la her­ mana; sororis proneptis, bisnieta de la hermana, y así en adelante

 

hasta sororis trineptis, sexta descendiente, y hasta sororis trineptis trineptis, su duodécima descendiente. Mientras las dos ramas de la primera línea colateral originan, en rigor, en pater, el padre, que es el vínculo común de unión entre ambas, asimismo, con tomar de

 

raíz de descendencia, en esta descripción, al hermano y a la her­ mana se mantienen distintas no sólo la línea, sino también su ra­ mas, y queda especificado el parentesco de cada persona con el Ego.

 

Ésta es una de las mayores ventajas del sistema, pues se aplica a to­ das las líneas como medio puramente científico de distinción y des­ cripción de parentescos.

 

La segunda línea colateral masculina, por parte de padre, comien­ za con el hermano del padre, patrus, y se compone de él y sus des­ cendientes., Cada individuo, mediante los términos empleados para describirlo, es colocado con toda precisión en su correspondiente posición en la línea, y su parentesco queda específicamente indica­

 

do; así, patrui filius, hijo del tío paterno; patruí nepos, nieto del tío y patrui pronepos, bisnieto del tío paterno, y así hasta patrui

sexto descendiente de patruus. Si fuera menester extender

hasta la duodécima generación, tendríamos, después de

paterno,

trinepos,

la línea

 

l a SO C IED A D F í U M O T V A 483

 

haber pasado por los grados intermedios, patrui trinepotis trinepos,

que es el bisnieto del bisnieto del patrui trinepos, bisnieto del bisnieto de patruus. Se notará que el término primo es rechazado en el mé­

 

todo formal empleado por las Pandectas. Se le describe como patrui filius, pero también se le decía hermano patrual, frater patruelis, y vulgarmente con el término común consobrinus, del cual deriva de nuestro término cousin (primo) (425). La segunda línea colateral fe­ menina, por parte de padre, comenzaba con la hermana del padre, amita, tía paterna, y la descripción de sus descendientes responde

 

al mismo plan general; así, amitae filia, hija de la tía paterna; amitae neptis, nieta de la tía paterna, y así hasta llegar a amitae trine.ptis y amitae trineptis trineptis. En esta rama de la línea también el térmi­ no especial para la prima, amitina, es rechazado por la frase des­ criptiva amitae filia.

 

Igualmente la tercera línea colateral masculina, por parte de pa­ dre, se inicia con el hermano del abuelo, a quien se le llama patruus, magnus, gran tío paterno. A esta altura de la nomenclatura sé agotan los términos especiales y es necesario recurrir a los compuestos, si bien el parentesco mismo es concreto, Es evidente que este parentes­ co no fue objeto de distinción hasta una época relativamente mo­ derna. Hasta donde se han extendido las investigaciones no se en­ cuentra otra lengua existente que cuente con un término original para este parentesco a pesar que sin él esta línea no puede ser descripta sino por el método celta. Si se le llamara simplemente hermano del abuelo, la frase describiría una persona, dejando el parentesco li­ brado a la deducción, pero si se le titula gran tío, expresa en con­ creto el parentesco. Así definada la primera persona de esta rama

 

de la línea, todos sus descendientes son referidos a ella mediante la forma de descripción, como raíz de la descendencia; y la línea, el lado, la rama particular y el grado de parentesco de toda per­ sona se expresa inmediatamente de forma acabada. Esta línea -tam­ bién puede ser seguida hasta, el duodécimo descendiente, que daría las series patrui magni filius, hijo del gran tío paterno; patrui magni nepos, y así hasta patrui magnis trinepos, para termi­

 

nar con patrui magni tñnepotis trinepos. La línea femenina comien­ za con la hermana del abuelo, amita magna, gran tía paterna, y sus descendientes son descritos con sujeción al mismo plan.

 

La cuarta y la quinta línea colateral masculina paterna comien­ zan, respectivamente, con el hermano del bisabuelo, llamado patruus major, tío paterno mayor, y con el hermano del bisabuelo del bisa-

 

(425) Item fratres patíneles, sórores patrueles, id est qui quae-ve ex duobus

 

fratribus progenerantur; ítem consobriní, consobrinae, id est qui quae-ve ex duóbus sororibus mascuntur (quasi consobriní); item amitini amitinae, id est qui quae-ve ex fratre ex sorore propagantur; sed' fere vulgos istos omnes comunr. appellatione consobrinus vocat. Pandectas, lib. XXXVlñ, tit. X.

 

484LEWISH.MORGAN

 

buelo, llamado patruus maximus, tío paterno máximo. Al extender

la serie, tenemos en la cuarta patrui maforis filius, y hasta patrui ma-jores trinepos, y en la quinta, patrui maximi filius y hasta patrui ma-ximi trinepos. Las líneas femeninas comienzan, respectivamente, con una amita major, tía paterna mayor y amita maxima, tía paterna má­ xima, y en cada caso la descripción de las personas obedfece al mis­ mo orden.

 

Hasta aquí se han considerado solamente las líneas paternas. Sur­ ge ahora la necesidad de crear términos independientes para tía y tío por parte de madre, para completar el método romano de des­ cripción, desde que los parientes matemos son igualmente numero­ sos y enteramente distintos. Estos términos se hallaron en amnctdus, tío materno, y matertera, tía materna. AI describir los parientes ma­ temos se substituye la línea directa masculina por la femenina, pero la primera línea colateral permanece la misma, En la segunda línea colateral masculina, por parte de madre, tenemos para las series avunculus, tío materno, avunculi filius, avunculi trinepotís trinepos. En la rama femenina, matertera, tía materna, materterae filia, y así como en el caso anterior. La tercera línea colateral, masculina y fe­ menina, comienza respectivamente con avunculus magnus y rriuter-tera magna, gran tío y gran tía maternos; la cuarta, con avunculus major y matertera major, tío y tía matemos mayores, y la quinta, con avunculus maximus y matertera maxima, tío y tía matemos máxi­

 

mos. Las descripciones de las personas en cada línea y rama corres­ ponden, en forma, a las que ya se han presentado.

Desde que las cinco primeras líneas colaterales abarcan un círcu­

 

lo de parientes de tal magnitud como el necesario para los fines prác­ ticos de un código de descendencia, la fórmula ordinaria de los ci­ vilistas romanos no excedió este número.

En cuanto a las designaciones de los parentescos matrimoniales,

la lengua materna inglesa revela su pobreza, con el empleo de frases tan inconvenientes como ser father-in-lavo, son-in-law, brother-in-law, step-father y step-son para expresar una veintena de parentescos

 

muy comunes y cercanos, todos los cuales, con rara excepción, cuen­ tan con términos especiales en la nomenclatura latina.

 

No será necesario ampliar más los detalles del sistema romano, de consanguinidad. Han sido presentados sus rasgos pripcipales y más. importantes en forma suficientemente completa como para po­ der ser comprendidos perfectamente. Por la sencillez del método, fa­ cilidad de descripción, claridad de ordenación en líneas y ramas y belleza de nomenclatura, no tiene similares. Su método se halla

 

a la cabeza de todos los sistemas de parentesco que ha llegado a crear el hombre, y suministra uno de los muchos ejemplos de que todo cuanto el pensamiento romano tuvo oportunidad de organi­ zar lo colocó definitivamente sobre bases sólidas.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA485

 

No se ha hecho referencia a los pormenores del sistema árabe, pero como en los cuadros se dan ambas formas, la explicación dada para uno servirá para el otro, al cual es igualmente aplicable. Con el agregado de términos especiales y su método perfeccio­ nado, se da por sentado que los consanguíneos están emparentados

 

en virtud de su descendencia de antepasados, a través de parejas unidas en matrimonio. Ellos se ordenan en una línea directa y en varias colaterales, y éstas divergen constantemente de aquéllas. Son consecuencias necesarias de la monogamia. El parentesco de cada persona con respecto al Ego central está definido con precisión, y salvo aquellos que están colocados en un idéntico parentesco, se distinguen de cualquier otro, por medio de un término especial o de una frase descriptiva. Éste también da por sentado la certidumbre de la paternidad de todo individuo, que solamente la monogamia po­ dría asegurar. Además, describe los parentescos de da familia monó­ gama,. tal como efectivamente existen. No puede haber nada más evidente que el hecho de que esta forma de matrimonio creó esta forma de familia, la que a su vez creó esta forma de consanguinidad. Las tres son partes necesarias del todo allí donde el sistema descrip­ tivo es exclusivo. Se ha mostrado que lo que nos consta por la obser­ vación directa ser cierto respecto de la familia monógama, su régi­ men conyugal y su sistema de consanguinidad, es igualmente cierto

 

de la familia punalúa, su régimen conyugal y sus sistemas de con­ sanguinidad; como asimismo respecto a la familia consanguínea, su forma de matrimonio y su sistema de consanguinidad. Dada una de estas tres partes, la existencia, en algún tiempo, de las otras dos puede deducirse con certidumbre. Si es que puede destacarse algu­ na diferencia a favor de la mayor importancia de alguna de las tres, la preferencia correspondería a los sistemas de consanguinidad. Ellos han cristalizado los testimonios de la ley conyugal y de La forma de la familia en el parentesco de todo individuo, y conservan de este modo no solamente los más altos testimonios del hecho, sino tam­ bién otros tantos testimonios concurrentes como miembros ligados por los vínculos de consanguinidad. Esto proporciona una prue­

 

ba del elevado rango de una institución doméstica que se debe supo­ ner incapaz del designio de pervertir la verdad, y la que, por lo mis­ mo, es digna de confianza sin reservas, en todo lo que necesariamen­ te enseña. Finalmente, nuestra información es más completa con respecto a los sistemas de consanguinidad.

Las cinco formas sucesivas de la familia mencionadas al princi­

pio acaban de ser expuestas y explicadas con todas las pruebas de su

existencia y todos los detalles de su estructura que han podido lo­

grar nuestros conocimientos en la actualidad. A pesar de que la con­

sideración de cada una ha sido general, no ha dejado por eso de

tocar los puntos esenciales y los atributos, y ha asentado el postula-

 

LEWISH.MORGAN

 

do mayor de que la familia comenzó con la forma consanguínea, y

a través de sucesivas etapas de desarrollo llegó a la forma monóga­

ma. De esta conclusión general no hay nada que no hubiera podido

ser anticipado por consideraciones a priori; pero se verá que los im­

pedimentos y dificultades que trabaron su crecimiento fueron mucho

más graves de lo que hubiera podido sospecharse. Como desenvol­

vimiento, a través de períodos de tiempo, compartió todas las vici­

situdes de la experiencia humana, y hoy revela, más expresivamen­

 

te quizá que cualquiera otra institución, la escala graduada del pro­ greso humano que se extiende desde el abismo del salvajismo primi­ tivo hasta la civilización, a través de la barbarie. Nos acerca a la Vida diaria de la familia humana en las diferentes épocas de su des­ arrollo progresivo, y, cuando confrontamos períodos diferentes, nos indica, en cierto modo, sus trabajos, penurias y luchas, así como también sus conquistas. Debiéramos valorar la gran institución de la familia, tal como existe en la actualidad, en relación al desgaste de tiempo e inteligencia que exigió su producción, y recibirla como el

 

legado más cuantioso de todos cuantos nos haya dejado la sociedad antigua, porque entraña y registra los más elevados resultados de su variada y prolongada experiencia.

Cuando se acepta el hecho de que la familia ha pasado por cua­

tro formas sucesivas, y actualmente atraviesa la quinta, surge la pre­ gunta de si esta forma será definitiva en el porvenir. La única res­ puesta lógica es la de que la familia debe progresar con el progreso de la sociedad y cambiar en la medida que ésta lo haga, tal como ocurriera en el pasado. Ella es engendro del sistema social, y debe reflejar la cultura del mismo. Desde que la familia monógama se ha perfeccionado enormemente desde el comienzo de la civilización y sensiblemente en los tiempos modernos, debemos, por lo menos, su­ ponerla capaz de mayores perfeccionamientos hasta que se logre la igualdad de los sexos. Si en vítrud del constante progreso de la civi­ lización, la familia monógama, en el futuro lejano, no llegara a res­ ponder a las exigencias de la sociedad, no será posible ahora pre­ decir la naturalez'a de su sucesora.

 

SISTEMA DE PARENTESCO

DE LOS ROMANOS Y ARABES

 

SISTEMADEPARENTESC

 

DESCRIPCION DE LOS PERSONAJES

I

PARENTESCOENLATI

 

t Bisabuelo del bisabuelo

2 Abuelo "

          Padre

4 Madre

5 Bisabuelo

6 Bisabuela

7 Abuelo ............................

8 Abuela ............................

9 Padre ..........................

0 Madre .............................

i l Hijo ..............................................................................

 

          3 N i e t o ....................................

14 Nieta ...................................

15 Bisnieto ..............................

16 Bisnieta .............................

17 Hijo del -bisnieto ....

18 Hija

19 Nieto "   ....

>o N iea   ;;

21 Bisnieto

22 Bisnieta   " ......

23 Hermanos ..........................

24 Hermanas ........................

25 Hermano ............................

 

..i Tritavus

.1 Atavus

..j Abavus

.. Aba vis

.1 Proayus

¦j        Proa vis

¦¦ Avus __

 

          j Avis __

.1 Pater ....

          M.-.ter ...

          Filius .......

-! Filis .......

.! Ncpos __ Neptís ....

 

i Pronepos | Proneptis Abnepos Abneptis Atnepes ...

 

Acneptis ...

Trinepos

' Tripuepris . Fraties ......

 

Sototes ....

Frater .....

 

(Primera línea colateral)        

!6 Hijo del hermano ...............

'7 Esposa del hijo del hermano         

8        Hija del hermano         

19 Esposo de la hija   

¡0 Nieto    "                

>1 Nieta                     

¦2 Bisnieto                  

3        Bisnieta            

4        Hermana ...................... .

5        Hijo de la hermana       

6        Esposa .del hijo

7        Hija                  

8        1 Esposo de la hija ............

9        Nieto .................................      

0        Nieta ........        * ..............       '.......

1        Bisnieto ..............................    

2        Bisnieta ..............................    

 

Fratis filius .........

Fratis íi(i¡ uxel ...

filia ..........

fiJix vis .....

tiepos ...........

" neptis ......

pronepos ....

." proneptis

Sorac ....................

Setoria fjiuras ........

* filii uxor

filia ...........

Setoria filiae vis ...

" nopes

 

neptís " M pronepet proneptis

 

(Segunda línea colateral;

 

3 Hermano del padre ......................

i Esposa del hermano del padre

 

5 hüo ; : ;

6 Esposa del hijo

7 Hija  '

} Esposa de la bija " '' | _ 1 Nieto '

 

1 Nieu * ., I Bisnieto

 

i Bisnieta

i Hermana del padre ......... ...............

 

Patrous ..........

Patrui uxor

** filius

filii uxor " filia

 

" filiae vir

o e p o s .....

" neptis " pionepos " proneptis

 

Amita ..............

 

LA SOCIEDAD PRLMTT1VA 4S9

 

DELOSROMANOSYARABES

 

TRADUCCIONPARENTESCOENARABETRADUCCION

 

bisabuelo jid d jid d jid d i ...........................................          a b u

e l o d e l a b u e l o d e l a b u e l o m í o     

abuelo "          "           a          b i        .............................................  " " " " p a d r e

m í o                                                  

o tara b u          é          lo jid d i ....................................................... m í

o                                                        

s i n s-itti         ...........................................................            a b u e

l a d e la a b u e l a m í a       

bisabuelo jid d a b i ..........................................................

.. a b u e l o d e l p a d r e m í o        

bisabuela s i t t a b i ........................................................

.......     a b u e l a d e l p a d r e m í o

abuelo jid d    ...................................................................   

.. a b  u e l       o m í o

?buela  s i t      o .......................................     .........................

.... a   b u e      l a m í a          

padre a b i                   ................        : ..................................................

.... p   a d r       e m í o

nadie u m e n i            ................................................................

m a d r e r        a í a    

          io ib n i .....................................................................

h i j o m í o

hija ib n e t i o b i c t i ...........................................   h i j a

m í a 

oieto ib n i b n i . - ....................................................            h i

j o d e l h i j o m í o   

nieta ib n e e i b n i ....................................................           h i

j a d e l h i j o m í o   

bisnieto ib n ib n ib n i ...............................................          h i j

o d e l h i j o d e l b í j o m í o

bisnieta b i n t b i n t b i n t i ........................................... h

i j a d e la h i j a d e la h i j a m í a

 

u tatan j e t o i             b          n          ib         u          i           b          n i b n i .....................................

ataran ieta b i n                       t           b          i n t b i n t b i n t i ...............................

nieto d e l b i s o         i e t o i b n i b n i b n ib n ib n ib n i .................

.                                                                                                                    

nieta d e l b i s n         i e t o b i n t b i a t b i n t b ¡m b i a d .................

.                                                                                                                    

bisnieto d e     l           b          i           s          n          i           e          t           o          th e ib n ib n ib n ib n ib n i .................

.                                                                                                                    

bisnieta d e     l           b          i           s          n          i           e          t           o          b i n t b i n t b i n t b i n t b i n t b i n t i

...                                                                                                                  

herm a n o s    a          b          w         a          t           í           .........................................................                       

...... h e r m a n o s m í o s                 

herm a n as a b w a     t i         ........................................................                          

....... h e r m a n a s m í a s                

herm a n o a    kbi       ___      i           .......................................................                           

.... h e r m        ano      m         í           o                                                        

hijo d e l h      erm      a          n          o          ib n a k b i ..........................................

..............          hi         j           o          d          e          l           h          e r m a n o filio          

esposa d e l     hij        o          d          e          l           h          e          r m a n o a m r a c i b n a k b i ...............

.....................                                                  ' e s p o s a d e l h i j o d e l h e r m a n o m í o

hija d e l h       erm      a          n          o          b          i           a          t a k b i .......................................

.................                              h i j a                                     

esposo d e la h i j a d e l h e r m a a o to j b i n t a k b i .................

.......................                                                            .. e s p o s o d e la h i j a        

cieío d e l h e r m a n o ib       n          i b n . a k b i .......................... ........

............            h i j o d e l h i j o       

nieta d e l h e r m a n o b i n t ib n a k b i .........        - ......................

......... h i j a d e l h i j o                     

bisnieto d e     lhe       rm        a          n          o          ib n ib n i b n a k b i ...........................

.......... h i j o d e l h i j o d e l h i j o  

bisnieta d e l h e r m a n o b i n b i n t b i n t a k b i .....................

......... h i j o d e la h i j a d e la h i j a

herm a n a a k b r i                 ...........................................................                                              

....... h e r m a n a m í a                                             

hija d e la h e r m a n a i b a a k b r i ......................................

..................                             h i j o d e la h e r m a n a m í a         

«posa d e l h i j o d e la h e r m a n a a m r a t ib n a k b t i ................

........................                                                                       e s p o s a d e l h i j o " " Jl

Mja d e l h i j o d e la  h e r m a n a b i n t a k b t i    .......................

.................................                                                                                                 h i j a' 

«poso d e la h i j a d e la h e r m a n a z ó j b i n t     ............................

...............................                                                                                                   e s p o s o d e la h i j a

nieto d e la h e r m a n            a ib n   ................................................

.......................                                                            h i j o              

nieta d e la h e r m a n            a b i n t .............................................

........................                                                          

bisnieto d e la h e r m a n a i b n ib n .......................................

..................                             h i j o d e l h i j o       

bisnieta d e la h e r m a n a b i n t b i n t ..................................

......................                                                 h i j a d e la h i j a      

 

tío p a t e r n o a m m i ........................................................

...... t í o p a t e r n o m í o

«p o s a d e l j í o p a t e r n o o m r á t a m m i .............................. e

s p o i a d e l t í o p a t e r n o

hijo d e l tío p a t e r n o i b a " ...............................

esposa d e l h i j o d e l tío p a t e r n o a m r á t i b n " .....................

......... e s p o s a d e l h i j o    *

hija d e l tto p a t e r n o b i n t " ............................... h i j a "

 

"                                             

«poso d e la     h i j a d e cío p a t e r n o z ó j b i n t * ...........................

... e s p o         s o        d e       l a h i j a   "    

riiero d e l       tío p a t e r n o ib n i b n " ..............................           h i j o

d e l h i j          o"                   

nieta d e l        tío        p a       t e r n o b i n t b i n t " ..............................

bisoieto d e     l t í o p a t e r n o ibQ ib n ib n   .............................. h

i j o d e l h i j o d e l h i j o M

bisnieta d e     l t í o p a t e r n o b i n t b i n t b i n t " .....................

......... h i j a d e La h i j a d e la h i j a   " "   

tía p a t e r n a a m m e t i ....................................................

........... t í a p a t e r n a m í a 

 

( C o n t i n u a c i ó n )

 

54

55

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9 0

31

32

 

hijo

 

Esposo

Hijo

Esposa del hijo

Hija

Esposo de la hija

Nieto

Nieta

Bisnieto

Bisnieta

Hermano de la

Esposa

Hijo

Esposa del

 

Hija

Esposo de la hija

Nieto

Nieta

Bisnieto

Bisnieta

Hermana

Esposo

Hijo

Esposa del hijo

Hija

Esposo de lz hija

Nieto

Nieta

Bisnieto

Bisnieta

 

de la hermana del padre amitae vir

" filius

 

' I

 

de

 

ftlii u x o r ..

filia ...............

filifle v i r

n e p o s ...........

n e p t i s .........

" " " ** I " pronepos

n "     *..................¡     p r o n e p t i s

m a d r e .................................................................... j

a v u n c u l u s ...................

d e l h e r m a n o d e la m a d r e .....................-.....................

...................... J a v u n c u l i u x o r __

" " - 11 i " filius .....

filii uxor

filia __

f i l i a e v i r

n e p o s

n e p t i s

p r o n e p o s

p r o n e p t i s

la madre ............................................ ! matertera

de la hermana de la madre.................... í materteaer vir

filius

filii uxor

filia __

filiae vir

nepos

neptis ...

pronepos

proneptis

 

(Terera línea colateral)

Hermano del padre del padre ....................................................

............................. patruus magnus

del hermano del padre...........................................................

..... I parru magni filius

Nieto " " " «    » _________

 

Bisnieto          " "        » "!!!!!!!!!!ü!!!!!!!!!!!!!!!!!!.!!!!!!!!!

Hermana m     » « i!!!!!!!!!!* *!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Hija de Ja hermana M " ! ,,.! ! ! ....! .............. ................

Nieta > * * * ! ! ! '! ! ! ! ! .! ! ! ! " .! ! ! ....

Bisnieta           h »

Hermano de la madre de la madre ........................* *.......................

...........

Hijo del hermano de ia madre de ¿ madre*.!..!...... .....ü ü ....... .*!.* !!!

-Nieto  " w »

Bisnieto          -- « !!*!!!!! ......

Hermana         *          "          *....... !!!!! ü !!!!!!!,

Hija de la hermana

Nieta ** M     '           " » ......................................

B i s n i e t a    " " " «  ...........................................................

......

 

(Cuarta línea colateral)

Hermano del padre del padre del padre ...................

Nieto » hermano del padre del padre del padre

Bisnieto          *

Hermana

Hija de Ja hermana

Nieta "

Bisnieta "

Hermana de la madre

8 Hijo

9 Nieto

0 Bisnieto

 

nepos ...........

pronepo .......

amica magna ....................

amítae magna filia ...........

" nepris .......

prooetis

avunculus magnus ..........

avunculi magni filius .........

nepos ....

pronepos .

matertera magna ................

matertera magnae filia ......

.J» neptis proneptis

 

patruus major ........... ...

pacrini majoris filius

" nepos

pronepos

amita major ......................

amicae majoris fili ........

.........................................J "  neptis ...

.         *'           I " " proneptis

, . ,     ------- de la madre de la madre ..........................................

. avunculus major .............

del hermano de la madre de la madre de la madre .......................... avunc

uli majoris filius __

nepos

pronepos

 

:

 

TRADUCCION

 

esposo d e la cía p a t e r n a

hijo de la cía p a t e r n a

 

esposa d e l h i j o d e la t í a p a t e r n a bija de la tía p a t e r n a

 

esposo d e la h i j a d e la tía p a t e r n a nieto d e la tía p a t e r n a nieta d e la t í a p a t e r n a

 

bisnieto d e l a t í a p a t e r n a

bisnieta d e l a d a p a t e r n a

río m a t e r n o

esposa d e l tío m a t e r n o

hijo del tío m a t e r n o

esposa d e l h i j o d e l tío m a t e r n o luja d e l tío m a t e r n o

 

esposo d e la b i j a d e t í o m a t e r n o nieto d e l t í o m a t e r n o nieta d e l t í o m a t e r n o

 

bisnieto d e l t í o m a t e r n o

          l bisnieta d e l río m a t e r n o tr í a m a t e r n a

 

; esposo d e la tía m a t e r n a hijo d e la d a m a t e r n a

 

esposa d e l h i j o d e j a tía m a t e r n a | hija de la d a m a t e r n a

 

¡«poso d e la h i j a d e la d a m a t e r n a nieto d e la tía m a t e r n a

 

nieta d e la tía m a t e r n a bisnieto d e la t í a m a t e r n a j bisnieta d e la d a m a t e r n a

 

p an tío p a t e r n o

\ hijo d e l g r a n d o p a t e r n o

 

: nieto d e l g r a o t í o p a t e r n o

j bisnieto d e l g r a n t í o p a t e r n o j gran tía m a t e r n a

          hija de la g r a n tía p a t e r n a

i nieta d e la g r a n tía p a t e r n a bisnieta d e la g r a n d a p a t e r n a : gran t í o m a t e r n o -

 

i hijo del g r a n d o m a t e n o

i nieto d e l g r a n t í o m a t e r n o bisnieto d e l g r a n t í o m a t e r n o : gran d a m a t e r n a

 

i hija d e la g r a n d a m a t e r n a

I nieta d e la g r a n t í a m a t e r n a I bisnieta d e la g r a n tía m a t e r n a

 

^ l i o

; hijo del tío b i s a b u e l o p a t e r n o

 

j nieto d e l tío b i s a b u e l o p a t e r n o -} bisnieto d e l tío b i s a b u e o p a t e r n o j tea b i s a b u e la p a t e r n a

 

íj hija de la tía b i s a b u e l a p a t e r n a | nieta d e la tía b i s a b u e l a p a t e r n a

 

i bisnieta d e l a tía b i s a b u e l a p a t e r n a r río b i s a b u e lo m a t e r n o

{ hijo del cío b i s a b u e l o m a t e r n o

 

^ nieto d e l tío b i s a b u e l o m a t e r n o

f bisnieto d e l tío b i s a b u e l o m a t e r n o

 

PA R E N T B S C O EN ARABE TRADUCCION

 

aras am me ti

¡bn

a r á

a m a r á* ib n

b i n t

z ó j b i n t

ib n ib n

b i n t b i n t * \

ib n i b n ib n

b i n t b i n t b i n e

k h á i i k h á l i

a m r a t

ib n

a m r á t i b n

b i n t

zó j b i n t

i b a ib n

b i n t b i n t

i b n i b n ib n

b i n t b i n t b i n e

zój ..........................

i b n ...................... i .................

a m r á t ib n ...........................

b i n t .......................................

z ó j b i n t ............................

ib n i b n ...............................

b i n t b i n t . ........................

ib n ib n ib n . . . . . . .

b i n t b i n t b i n t .............

 

e s p o s o d e Ja d a p a t e r n a

b i j o "            \

e s p o s a d e l h i j o

h i j a » " ñ

e s p o s o d e l a h i j a

h i j o d e l h i j o " * I

h i j a d e l a h i j a      ^

h i j o d e l h i j o d e l h i j o "

h i j a d e l a h i j a d e la h i j a

t í o m a t e r n o m í o

tío m a t e r n o

 

h i j o

e s p o s a d e l h i j o

h i j a

e s p o s o d e l a h i j a

h i j o d e l h i j o

h i j a d e la h i j a

h i j o d e l h i j o d e l h i j o

h i j a d e Ja h i j a d e la h i j a

esp o s o

h i j o

e s p o s a d e l h i j o

h i j a

e s p o s o d e la h i j a

 

h i j o d e l h i j o

h i j a d e l a h i j a

h i j o d e l h i j o d e l h i j o

h i j a d e Ja h i j a d e Ja h i j a

 

d e la tía m a t e r n a m í a

 

unra ábi ................................. ibn ammi ábi ....^...... ............. ibn ibn ammi ábi ¦:............... ibn ibn ibn ammi áb¿ .............. ammec ábi ........... bint ammet ábi ............ bint bint amraet ábi

 

bint bint bint ammet ábi ......

khá! umi ......

ibn khál           .......

ibn ibn khál

ibn ibn ibn khál " .......

kháler " ........

bint kháler       .......

bint bint kháler " .......

bint biat bint kháler    .......

 

t í o p a t e r n o d e l p a d r e m í o h i j o "

 

h i j o d e l h i j o " M

b i s n i e t o    "

cía p a t e r n a " "

h i j a *            *¦ "

n i e t a " " - "

bisnieta" ** " M

d o m a t e r n o d e la m a d r e m í a

h i j o "

n i e t o *' "

b i s n i e t o " **

tía m a t e r n a M

h i j a

n i e t a " "

b i s n i e t a " "

 

a m m jid d i .....................................................

i b n a m m jid d o .....................................

i b n i b n a m m jid d i . . . . .................

ib n ib n ib n a m m jid d i ..................

a m m e t jid d o ..................................................

b i n t a m r a e t jid d i .....................................

b i n t b i n t a m m e t jid d i ..................

b i n t b i n t b i n t a m m e t jid d i . . . . . .

k h á l sied ......................................................

i b n k h á l s i t t i ............................................

ib n ib n k b á l s i c t^            ;..........................

ib n ib n i b n k h á l s i t ó ........................

 

tío p a t e r n o d e l a b u e l o m í o

h i j o

n i e t o

b i s n i e t o H "

 

t í a p a t e r n a d e l a b u e l o m í o h i j a "

 

n i e t a

b i s n i e t a " **         "

tío m a t e r n o d e la a b u e l a m í a

h i j o d e l t. n».

h i j o

h i j o d e l h i j o d e l h i j o

 

d e l a a. m í a

 

( Continuación)

 

111

112

113

114

 

Hermana                                

Hija                            

Nieta              

Bisnieta                                 

de la hermana "                     

matertera major          ..................      .

matertera major          is filia .........  

neptis .......                 

" piondpiis      .*                    

(Quinta línea colateral)          

115    Hermano           del       padre del padre del padre del padre ...............

116    Hijo " ** -         " ...............     

117    Nieto "   " "        " ...............     

118    Bisnieto " ** * * .............         .

119    Hermana            M        " * .............     .

120    Hija de  la hermana   " " .............

121    Nieto ** "...............

122    Bisnieta   ** M " " ...............

123    Hermano           de la madre de la madre de la madre de la madre

124    H ijo                             

125    Nieto -                          

126    Bisnieto . M " n

127    Hermana                       "         

128    Hija de  la hermana"   *'          

129    Nieta "                          

130    Bimieta  """11   

 

patruus maximus .....................

patrua maxími filius ...............

oepos .........

" pronepos .....

amita maxima ...........................

amitae maximae filia .............

" neptis ^ ..........

proneptis

avunculus maximus ..................

avimculi maximí filius .........

nepos .......

pronepos ...

macertera maxima ...................

matertera maxima tilia ........

* neptis .........

" proneptis

 

(Vínculos por matrimonio)    

131    Esposo   .....................................................     

132    Padre del esposo .................................

133    Madre " " .................................           

134    Abuelo   H ...............    .          

135    Abuela H   ................................          

136    Esposa   ........................            ti         

137    Padre     de la esposa ....................       ........   

138    Madre    " * " ...........................

139    Abuelo " * ** *           

140    Abuela " " * ................

141    Padrastro .........................        '          

142    Madrastra ..........           ...........;.................      ".V...

143    Hijastro .............................       .          

144    Hijastra ................................    ...        

145    Yerno    .............           ................       

146    Nuera ..... ............................... 

147    Cuñado (hermano del esposo) ............

J48    !  (esposo de la hermana) .........          

149    (hermano de la esposa)

1$0 Cuñada (hermana de la esposa) 

*31    (hermana del esposo) ...........  

. " (esposa del hermano)                    

153    Viuda ................................                  

154    v iu d o ......................    .  *.7,  

155    Parientes por el lado del padre

[cS   "   de la madre ....          

1   del matrimonio                 

v i r o m a r i t u s                  

s o c e r ......................                       

s o c r u s ................  

s o c e r m a g n u s .             

s o c r u s m a g n u s             

u x o r o m a r i t a                 

s o c e r ..................               

s o c r u s ...........        .          

s o c e r m a g n u s .             

so c r u s         ..................     

v i t r i c u s .¿ .........  

n o v e r c a ...........     '          

p r i v í g n u s .........  

p r i v i g n a .............

g e n e r ..................              

auras ..........               

lever                           

m a r i t u s s o r o r i s

u x o r i s í r a t e r

u x o r i s s o f o r, ..

g l o s s ...................

fr a t r í a ............

v i d u a ....................

v i d u u s ............

a g o a t i ..................

c o g n a t i ..............

a f f i n e s .............

 

!

i

 

i

V

 

i

 

!

j

i

)

 

cía b isab u e la m a t e r n a

hija de Ja f í a b i s a b u e l a m a t e r n a nieta d e la tía b i s a b u e l a m a t e r n a bisnieta d e la t í a b i s a b u e l a m a t e r n a

 

cío t a t a r a b u e l o p a t e r n o

hijo d e l t í o ta t a r a b u e l o p a t e r n o nieto d e l tío ta t a r a b u e l o p a t e r n o bisnieto del tío tatarabuelo paterno ña t a t a r a b u e l a p a t e r n a

 

hija de la tía ta t a r a b u e l a p a t e r n a nieta d e la tía ta t a r a b u e l a p a t e r n a bisnieta d e d a ta t a r a b u e l a p a t e r n a tío t a t a r a b u e l o m a t e r n o

 

hijo d e l d o ta t a r a b u e l o m a t e r n o nieto d e l t í o ta t a r a b u e l o m a t e r n o bisnieto d e l t í o ta t a r a b u e l o m a t e r n o tú ta t a r a b u e l a m a t e r n a

 

hija d e l a t í a ta t a r a b u e l a m a t e r n a nieta d e l a t í a ta t a r a b u e l a m a t e r n a bisnieta d e t í a ta t a r a b u e l a m a t e r n a

 

esposo

suegro

suegra

gran s u e g r o

gran su e g r a

esposa

suegro

suegra

gran s u e g r o

gran suegra

padrastro

m a d rastra

hijastro

hijastra

yerno

nuera

cuñado

cuñado

hermano' de la esposa

herm a n a d e la e s p o s a

cuñada

cuñada

viuda

viudo

agnados

cognados i>

parentescos matrimonia Ies

 

k h á l e t s i t t i ...................................

b i n t k h á l e t s i t t i ............... ..

b i n t b i n t k h á l e t s i t t i

b i n t b i n t b i n t k h á l e t s i t t i

 

a m m jid d ib i ............................................

i b n a m m jid d ib i ..............................

ib n ib n a m m j i d d ib i ..................

ib n Ib n i b n a m m j i d d ib i . . . . . .

a m m e t jid d ib i .....................................

b i n t a m m e t jid d i b i ........................

b i n t b i n t a m m e t jid d ib i . . . . . . . . .

b i n t b i n t b i n t a m m e t jid d ib i ...

k h á l s i t e u m m i ....................................

ib n k h á l s i t e u m m i ..............................

i b n ib n k h á l s i t e u m m i ........... ..

ib n ib o i b n k h á l s i t e u m m i ....

k h á l e r s i t e u m m i .....................................

b i n t k h á l e r s i t e u m m i . . . . . ..............

b i n t b i n t k h á l e r s i t e u m m i ...........

b i n t b i n t b i n t k h á l e r s i t e u r a m i ..

 

20JÍ..........

ammi .........

amrát ammi ...

jidd 2 oji .......

sin zoji ......

amrati ........ .

ammi .....

amrát ammi ..

jidd amrátt ..

sixt «nráti ..

ammi ............

kháleti ...........

karuá ...........

karuteri .........

khatan o saha

kinnet ........

ibn ámmí

zoj akhti ......

ibn á m m í

bint ámmi

bint ámmi ..

amrr akhi

armelet .......

armel ..........

 

TR A D UCCION

 

tía m a t e r n a d e la a b u e l a m í a h i j a d e la t. m . d e la a. m . hija de la hija

 

h i j a d e l a h i j a d e l a h i j a "

 

tío p a t e r n o d e l a b u e l o d e l p a d r e m í o h i j o t í o p . d e l a. d e l p . i n ­ h i j o d e l h i j o

 

h i j o d e l h i j o d e l h i j o d e l

cía p a t e r n a d e l a b u e l o d e l p a d r e m í o h i j a t. p . d e l a . d e l p . m .

 

h i j a d e la h i j a *    " *

h i j a d e l a h i j a d e l a h i j a

 

d o m a t e r n o d e la a b u e l a d e la m a d r e m í a h i j o t m , d e la a. d e la m . m » h i j o d e l h i j o " "

 

h i j o d e l h i j o d e h i j o *

tía m a t e r n a d e la a b u e l a d e la m a d r e m í a h i j a " *

 

h i j a d e la h i j a

h i j a d e la h i j a d e la h i j a m "

 

e s p o s o m í o

tío m í o

es p o s a d e l tío m í o

a b u e l o d e l e s p o s o m í o

a b u e l a d e l e s p o s o m í o '

es p o s a

t í o m í o

esp o s a d e l t í o m í o

a b u e l o d e la e s p o s a m í a

a b u e l a d e la e s p o s a m í a

tío m í o

d a m í a

h i j a s t r o m í o

hijastra mía

yerno

n u e r a

h i j o d e l , t í o m í o

e s p o s o d e la h e r m a n a m í a

h i j o d e l t í o m í o

h i j o d e l t í o m í o

h i j a d e t í o m í o

e s p o s a d e l h e r m a n o m í o

v i u d a

v i u d a

 

SERIE DE INSTITUCIONES RELACIONADAS CON LA FAMILIA

 

Falta aún considerar en sus relaciones las costumbres e institu­ ciones que han contribuido al progreso de la familia a través de sus formas sucesivas. Su ordenación en series es, en parte, hipotética; pero hay una conexión íntima e indiscutible entre ellas.

 

Esta serie abarca las principales instituciones sociales y domés­ ticas que influyeron en el crecimiento de la familia, desde su forma consanguínea hasta la monógama (426). Debe considerárselas en las diversas ramas de la familia humana, principalmente en el orden expuesto y, en general, existentes en estas ramas mientras perdu­ raran en el estado correspondiente.

 

Primera etapa de la serie:

          Trato promiscuo.

          Matrimonio entre hermanos y hermanas, propios y colate-lúles, en grupos: que engendra.

 

          La familia consanguínea (primer i etapa de Ja familia): que engendra^

 

          El sistema malayo de consanguinidad y afinidad.

 

Segunda etapa de la serie:

5. Organización a base de sexo, y la costumbre punalúa ten­

 

diente a reprimir el matrimonio de hermanos y hermanas que engendra.

 

          Ésta es una revisión de la serie expuesta en S y s tem s o f C o n s a n g u i­ nity, etc., pág. 480.

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 495

 

6 . La familia purnlúa (segunda etapa de la familia)', que en­ gendra.

 

          La organización en gentes que excluía a los hermanos y hermanas de la relación conyugal: que engendra

 

8 . El sistema turanio y ganowaniano de consanguinidad y afi­ nidad.

 

Tercera etapa de la serie:

          Influencia creciente de la organización gentilicia y perfeccio­ namiento de las artes de la vida, con el adelanto de una par­

 

te del género humano hasta el estadio inferior de la barbarie-, que engendra.

 

          El matrimonio entre parejas solas, pero sin cohabitación ex­ clusiva que engendra.

 

          La familia sindiásmica (tercera etapa de la familia).

 

Cuarta etapa de la serie:

          Vida pastoral en las llanuras, en zonas limitadas, que en­ gendra.

 

          La familia patriarcal (cuarta etapa, aunque excepcional, de la familia).

 

Quinta etapa de la serie:

          Nacimiento de la propiedad y disposición de la herencia di­ recta de los bienes que engendra.

 

          La familia monógama (quinta etapa de la familia) que en­ gendra.

 

          Los sistemas ario, semítico y uralio de consanguinidad y afi­ nidad que provocan la caída del turanio.

 

Terminaremos este estudio sobre el desenvolvimiento de Ja fami­

lia con unas cuantas observaciones sobre la serie de costumbres e ins­ tituciones que antecede, a fin de sentar su conexión y relaciones. Las tribus del género humano pueden ser ordenadas, como las distintas formaciones geológicas, de acuerdo con sus condiciones re­ lativas, en estratos sucesivos. Así ordenadas muestran, con cierto gra­ do de certidumbre, todo el campo del progreso humano, desde el salvajismo hasta la civilización. El estudio detenido de cada estrato sucesivo sacará a luz lo que hubiese de especial en su cultura y ca­ racterísticas y ofrecerá una concepción definitiva del todo, en sus diferencias y relaciones. Cuando esto haya sido realizado, las suce-

 

496 LEWIS H. MORGAN

 

sivas etapas del progreso humano se comprenderán definitivamente. El tiempo ha sido un factor importante en la formación de estos es­ tratos, y para cada período étnico habrá que asignarlo en forma amplia. Cada período anterior a la civilización representa necesaria­ mente muchos miles de años.

1. Trato promiscuo. Esto revela el estado de salvajismo más

bajo que pueda concebirse; representa el pie de la escala. En esta condición el hombre se distinguía apenas de los animales que lo ro­

 

deaban. Desconociendo el matrimonio y viviendo probablemente en hordas, no solamente era un salvaje, sino que poseía una inteligencia rudimentaria y un sentido moral más rudimentario aún. La esperan­

 

za de su elevación descansaba en el vigor de sus pasiones pues pa­ rece haber sido siempre valeroso , en la posesión de manos física­ mente libres en la actitud de progreso de sus nacientes cualidades mentales y morales. En parte, la disminución del volumen del cráneo y sus crecientes características animales, a medida que retrocedemos del hombre civilizado .al salvaje, corrobora este juicio sobre la nece­ saria inferioridad del hombre primitivo. Si fuera posible llegar a los representantes más primitivos de la especie humana, deberíamos des­ cender mucho más allá del ser más salvaje que actualmente vive so­ bre la tierra. Los más toscos implementos de pedernal, encontrados

 

en ciertas regiones del globo, y que no son empleados por los salva­ jes existentes, atestiguan la extrema rudeza de su condición después que hubo salido de su primitiva habitación, y que, en calidad de pescador, comenzó a propagarse por diversas zonas continentales.

 

Es con respecto a este salvaje primitivo y únicamente con respecto a él que puede inferirse el estado de promiscuidad.

 

Se podrá preguntar si existe algún testimonio de esta condición arcaica. Como respuesta puede hacerse notar que la familia consan­ guínea y el régimen malayo de consanguinidad presuponen una pro­ miscuidad anterior. No es improbable que se haya limitado al período en que el hombre era todavía frugívoro y residía en su habitación primitiva, desde que su persistencia no habría sido posible una vez que se dedicó a la pesca y comenzó a dispersarse sobre la tierra a base de subsistencia adquirida artificialmente. Se formarían enton­ ces agrupaciones de consanguíneos, con uniones matrimoniales en grupo, como una necesidad, de lo cual resultaría la formación de familias consanguíneas. En todo caso, la forma más arcaica de so­ ciedad que hallamos en el pasado, a base de deducciones de siste­ mas de consanguinidad, es esta familia. Su carácter sería el de un pacto entre varios varones para asegurar la subsistencia conjunta del grupo y para la defensa de sus esposas comunes contra la violencia de Ja sociedad. En segundo término, la familia consanguínea lleva impresas las huellas de este supuesto estado anterior. Reconocía la

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 497

 

promiscuidad dentro de límites fijos, que no eran los más estrechos,

y su misma constiución orgánica señala una condición peor contra la

-cual ella se interponía como un escudo. Entre la familia consan­

guínea y la promiscuidad de da horda, el paso, aunque largo, no

exige una .condición intermedia. Si ésta existió no queda de ella ras­

tro conocido alguno. La solución de este problema no es, por otra

parte, fundamental. Por ahora, al menos, basta haber alcanzado, en

las profundidades del salvajismo, el punto de partida definido que

marca la familia consanguínea, el cual nos permite llevar nuestros

conocimientos de la condición primaría del hombre hasta muy avan­

zado el período primitivo.

 

Los griegos y los romanos conocieron tribus de salvajes y aun de bárbaros que han sido presentados como practicando la promis­ cuidad. Entre ellos figuraban los .auseanos de Africa del Norte, men­ cionados por Herodoto (427), los garamantes de Etiopía, citados por Plinio (428), y los celtas de Irlanda, de que habla Estrabón (429). Este último sostiene una afirmación semejante con respecto a los árabes (430). No es probable que pueblo alguno que haya caído bajo la .observación haya vivido en un estado promiscuo tal como

 

los animales gregarios. Evidentemente, hubiera sido imposible Ja per­ petuación de un pueblo semejante desele la infancia de Ja humanidad.

 

Una explicación más racional de los casos citados y de muchos otros que se podrían agregar es la que afirma que los mismos resultaban

 

de la familia punalúa, la que, para e] observador de otras latitudes, con medios limitados de observación, ofrecería los indicios externos señalados por esos autores. La promiscuidad puede ser deducida teó­ ricamente, como condición necesaria anterior a la familia consan­ guínea; pero queda oculta en la nebulosa antigüedad del hombre, más allá de los alcances del saber positivo.

 

2. Matrimonio entre hermanos y hermanas, propios y colatera­

les en grupo. La familia tuvo su origen en esta forma de matrimo­ nio. Ésta es la raíz de la institución, El régimen malayo de consan­ guinidad es testimonio concluyente de su primitiva universalidad. Una vez establecida la antigua existencia del régimen de la familia con­ sanguínea, cabe explicar las restantes formas corno derivaciones unas de otras. Esta forma de matrimonio da (3) la familia consanguínea

 

y ( 4 ) el régimen malayo de consanguinidad. Quedan así resueltos los miembros tercero y cuarto de la serie. Esta familia corresponde al estadio inferior del salvajismo.

 

          Lib. IV, c. 180.

          Garamantes matrimonium éxortes passim cum femines degunt. Na­ tural History, lib. V, c. 8.

 

          Lib. ÍV, c: V, par. 4.

 

LEWISH.MORGAN

 

          La costumbre punalúa. Entre los australianos, en las cate­ gorías de varones y mujeres unidos en matrimonio, se descubren los grupos punalúas. También se encuentra el mismo grupo entre los hawaianos, con el régimen matrimonial que expresa el mismo. Ha prevalecido entre los antepasados remotos de todas las tribus de la humanidad que poseen o que han poseído el sistema turanio de con­ sanguinidad porque han debido heredarlo de antepasados punalúas. Aparentemente no cabe otra explicación del origen de este sistema. Se ha hecho notar el hecho de que la familia punalúa incluía las mismas personas comprendidas en la anterior consanguínea, con la excepción de hermanos y hermanas propios, excluidos teóricamente, si bien no en todos los casos. Es una deducción legítima que la cos­ tumbre punalúa pudo alcanzar general adopción a base de las prue­ bas de su benéfica influencia. Como producto del matrimonio puna-lúa vino (6 ) la familia punalúa. Se resuelve así el sexto enunciado de la serie. Es probable que esta familia tuviera su origen en el. es­ tadio medio del salvajismo.

 

          La organización en  gentes .  Aquí sólo hay que conside­

rar la posición de esta institución en la serie. Entre las clases aus­ tralianas el grupo punalúa alcanza una amplia y sistemática difu­ sión, También el pueblo está organizado en gentes. Aquí la familia punalúa es más antigua que la gens, porque descansaría en clases

 

que habían precedido a las gentes. Los australianos también practi­ can el régimen turanio de consanguinidad, al cual le sirvieron de ci­ miento las clases al excluir los hermanos y hermanas propios del grupo punalúa unido en matrimonio. Éstos nacían en la condición

 

de miembros de determinadas clases, entre las cuales no podía haber matrimonios. Entre los hawaianos, la familia punalúa no fue capaz de crear el régimen turanio de consanguinidad. Con frecuencia, los hermanos propios estaban comprendidos en el grupo punalúa, lo que la cosutmbre no prohibía, aunque tendía a evitarlo. Este sistema ne­ cesita para surgir tanto de la familia punalúa como de la organiza­ ción gentilicia. Se desprende que ésta vino después y se sobrepuso

 

a aquélla. En relación al orden, corresponde el estadio medio del salvajismo.

 

8 y 9. Éstos ya han sido suficientemente considerados.

 

10 y 11. Matrimonio entre parejas solas y la familia sindiásmi-ca. Una vez que el hombre hubo salido del salvajismo y penetrado en el estadio inferior de la barbarie, su condición mejoró inmensa­ mente. Se había ganado ya más de la mitad de la lucha por la civi­ lización. Debió haber comenzado a manifestarse una tendencia a reducir a menores proporciones los grupos de matrimonios, antes de

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 499

 

terminarse el período del salvajismo, porque la familia sindiásmica

es un fenómeno constante en el estadio inferior de la barbarie. La

costumbre que entre los salvajes conducía a los más adelantados a

reconocer entre sus esposas a una esposa principal dio, con el tiem­

po, la práctica de formar parejas y de hacer de la esposa una com­

pañera y asociada en la manutención de la familia. Con el desenvol­

vimiento de esta costumbre de formar parejas vendría una mayor

certidumbre respecto a la paternidad de los hijos. Pero el marido

podría deshacerse de su esposa a voluntad, y ésta del mismo modo

abandonar a su marido, y buscar cada uno un nuevo compañero. Ade­

más, el hombre no reconocía de su parte las obligaciones que creaba

el vínculo matrimonial, y, por consecuencia, no tenía derecho a exi­

girlas de su esposa. El antiguo régimen conyugal, limitado ahora por

la gradual desaparición de los grupos punalúas, todavía envolvía a

la familia que había evolucionado cada vez más y a la que debe­

ría acompañar hasta los umbrales de la civilización. Su reducción ,a

cero era la condición previa para la introducción de la monogamia.

Finalmente desapareció en la nueva forma de hetairismo, que toda­

vía sigue al hombre civilizado como una sombra que envuelve a la

familia. El contraste entre las familias punalúa y sindiásmica era

mayor que la existente entre ésta y la monógama. Fue posterior en

su orden de aparición a la gens la que influyó notablemente en su

creación. Evidencia el hecho de que fue una forma de la familia

transitoria entre las dos su incapacidad para cambiar fundamental­

mente el sistema turanio de consanguinidad que sólo la monogamia

pudo derrumbar.. Desde el río Golumbia hasta el Paraguay, la fami­

lia era sindiásmica en general, punalúa en zonas excepcionales y

monógama quizá en ninguna región.

12 y 13. La vida pastoral y la familia patriarcal. Se ha obser­

vado en otra parte que la poligamia no era la característica esencial de esta familia, la que representaba un movimiento de la sociedad para afirmar la individualidad de las personas. Entre las tribus se­ míticas era una organización de sirvientes y esclavos sometidos a

 

un patriarca quienes se ocupaban del cuidado de rebaños, del cul­ tivo de las tierras y de la mutua protección y subsistencia. La poli­ gamia era contingente. Con, una sola cabeza masculina y con coha­ bitación exclusiva, esta familia significaba un progreso sobre la sin­ diásmica y, por consiguiente, no era un movimiento retrógrado. Su influjo sobre el linaje humano fue limitado; pero entraña él reco­ nocimiento de un estado anterior de la sociedad contra el cual haría de barrera.

          Nacimiento de la propiedad y disposición de la herencia directa de los bienes. Con independencia del movimiento que cul-

 

500LEWISH.MORGAN

 

minó en la familia patriarcal de los tipos hebreo y latino, a medida que aumentaba en variedad y cantidad, ejerció una firme y constante acción progresiva a favor de la monogamia. Es imposible valorar en toda su magnitud la influencia de la propiedad en la civilización del género humano. Fue el poder que logró arrancar las naciones arias y semíticas de la barbarie para conducirlas hacia la civilización. El desenvolvimiento del concepto de la propiedad en la mente humana comenzó en flaqueza y acabó por ser una pasión soberana. Los go­ biernos y las leyes se instituyen con referencia primaria a su creación, protección y goce. Ella introdujo la esclavitud humana como instru­ mento de producción; y tras una experiencia de varios millares de

 

años causó la abolición de la esclavitud al descubrir que el .hombre libre era una máquina productora mejor. La crueldad inherente al corazón del hombre, que la civilización y el cristianismo han suavi­ zado sin arrancarla de cuajo, traiciona aún el origen salvaje del gé­ nero humano y en ningún caso más marcado que en la prác­

 

tica de la esclavitud humana, a través de todos los siglos de histo­ ria escrita. Con el establecimiento de la herencia de los bienes por los hijos del propietario surgió la primera posibilidad de la familia monógama estricta. Paulatinamente, si bien en forma lenta, este ré­ gimen matrimonial con cohabitación exclusiva se impuso como regla más que como excepción; pero no pudo darse por permanentemente asentado hasta tanto no se hubo iniciado la civilización.

15. La familia monógama. Tal cómo quedó finalmente consti­

tuida esta familia aseguraba la paternidad de los hijos, sustituía la propiedad en condominio por la propiedad individual de bienes, tanto muebles como inmuebles, y fijaba la herencia exclusiva de los hijos en lugar de la herencia agnaticia. La sociedad moderna des­ cansaba sobre la familia monógama. Toda la experiencia previa y el progreso anterior del género humano culminaron y se cristalizaron en esta institución preeminente. Fue un crecimiento lento, cuyas raíces fueron echadas en las lejanías del período del salvajismo un resul­ tado final hacia el cual se encaminaba firmemente la experiencia de ¦os l siglos . Aunque esencialmente moderna, es el resultado de una experiencia vasta y variada.

 

          Los sistemas arios, semítico y uralio de consanguinidad que son esencialmente idénticos, fueron creados por la familia monóga­ ma. Sus parentescos son los que efectivamente existían bajo esta forma de matrimonio y de familia. Un régimen de consanguinidad

 

no es producto de un acto arbitrario, sino de una generación natu­ ral. Expresa necesariamente los hechos efectivos de la consanguini­ dad, tales como se manifestaban al espíritu popular en la época en que se construyó el sistema. Así como el régimen ario indica la exis­ tencia anterior de una familia monógama, así también el turanio

 

LA.SOCIEDADPBIMTITVA501

 

afirma 3a existencia anterior de una familia punalúa, y el malayo la de una familia consanguínea. La evidencia que encierra debe con­ siderarse concluyente, por el carácter convincente de cada uno de los casos.

 

Confirmada la existencia de tres regímenes de matrimonio, de

tres formas de familia y de tres sistemas de consanguinidad, quedan verificados nueve de los dieciséis enunciados de la serie. Existen pruebas suficientes de la existencia y de las relaciones de los res­ tantes.

 

No dejo de comprender que las opiniones aquí expuestas se opo­

nen a un juicio que durante siglos ha tenido general aceptación. Me refiero a la hipótesis de la degradación del hombre como explica­ ción de la existencia de. bárbaros y salvajes, a los cuales se los en­

 

contró física y mentalmente en un nivel mucho más bajo del que

se suponía debía ocupar el presunto hombre original. Jamás fue

éste un postulado científico, apoyado en hechos. Es refutado por las

series conexas de inventos y descubrimientos, por el desarrollo pro­

gresivo del sistema social y por las formas sucesivas de familia. Los

pueblos ario y semítico descendieron de antepasados bárbaros. Que­

da entonces planteado el interrogante de cómo pudieron estos bár­

baros. haber alcanzado el estadio superior de la barbarie en el que

aparecen por vez primera, sin antes haber adquirido la experiencia,

las artes y el desarrollo del estadio medio, y mas .aún, cómo pudieron

haber alcanzado el estadio medio sin antes haber pasado por el in­

ferior. Y profundizando la cuestión, cómo pudo existir un bárbaro,

sin un salvaje anterior. Esta hipótesis de la degradación también

conduce a otra conclusión necesaria, a saber, la de considerar a to­

das las razas de la humanidad no vinculadas a la aria o la semítica

 

como razas anormales, razas que, por degeneración, habrían decaído de su estado primitivo. Cierto es que las naciones arias y semíticas representan las corrientes principales del progreso humano, pues lo han desarrollado hasta el punto más alto hasta ahora alcanzado; pero existen buenas razones para creer que antes de producirse su dife­ renciación en tribus arias y semíticas, formaron parte de la masa indistinguible de bárbaros. Como estas mismas tribus nacieron remo­ tamente de antepasados bárbaros, y más remotamente aún, de ante­ pasados salvajes, no puede sostenerse la distinción de razas norma­ les y razas anormales.

 

Esta serie también contradice algunas de las conclusiones de aquel grupo de eminentes eruditos que, en sus especulaciones sobre el origen de la sociedad, han adoptado la familia patriarcal de los tipos hebreo y latino, como la más antigua forma de familia y como simiente de la más primaria sociedad organizada. De esta..suerte la raza humana es investida desde su infancia del concepto de la fa­ milia bajo la autoridad paterna. Entre los últimos y en primer plano

 

LEWISH.MORGAN

 

está Sir Henry Maine, cuyas brillantes investigaciones acerca de las fuentes de la legislación antigua y de la historia primaria de las instituciones, tanto han adelantado nuestros conocimientos de las mismas. Es cierto que la familia patriarcal es la más antigua que nos es dado conocer al seguir las huellas de las autoridades clásicas semíticas, pero la investigación a lo largo de estas comentes no permite penetrar más allá del estadio superior de la barbarie, dejando, por lo menos, cuatro períodos étnicos enteros sin tocar, y la vinculación que existió entre ellos sin reconocer. Se debe conve­ nir, empero, que los hechos referentes a las primitivas condiciones del hombre son de reciente producción y que el investigador juicioso se cuida de cambiar doctrinas viejas por otras nuevas. Desafortunadamente para la hipótesis de la degradación, los in­ ventos y descubrimientos se habrían sucedido unos a otros; el cono­ cimiento de la cuerda debió preceder al arco y flecha, así como el conocimiento de la pólvora debió preceder al arma de fuego y el

 

de la máquina de vapor al ferrocarril y al buque a vapor; así las artes de subsistencia se siguieron unas a otras, con largos intervalos de tiempo, y los implementos del hombre atravesaron las formas de pedernal y piedra antes de llegar a ser fabricados de hierro. De igual suerte, las instituciones de gobierno son desenvolvimientos de un germen primitivo del pensamiento. Su nacimiento, desarrollo y trans­ misión deben explicar la existencia de los mismos entre los pueblos civilizados. En la misma forma la familia monógama derivó, por experiencia, de la sindiásmica; ésta de la punalúa; y ésta, a su vez,

 

de la más remota, es decir, de la consanguínea. Y si, por último, de­ bemos desechar la antigüedad de la familia monógama, ganamos

 

en cambio el conocimiento de sus orígenes, lo cual es más impor­ tante, pues descubre el precio al cual fue lograda.

La antigüedad del hombre en la tierra está ahora asentada sobre

un cúmulo de testimonios tal, como para convencer al juicio más

imparcial. La existencia de las razas se remonta definitivamente al

período glacial en Europa y, más atrás todavía, a un período ante­

rior. Nos hallamos obligados a reconocer la edad prolongada e in­

mensurable de la existencia del hombre. La mente humana siente

uná curiosidad natural y justa por saber algo de la vida del hombre

durante los últimos cien mil o más años, ya que tenemos la seguridad

de que existía en esa época. Todo este tiempo no pudo transcurrir en

vano. Sus grandes y maravillosas conquistas demuestran lo contrario,

así cómo implican el empleo de esos prolongados períodos étnicos.

El hecho de que la civilización sea tan reciente es significativo de

Las trabas que obstruían el camino del progreso humano, y suminis­

tra algún índice del bajo nivel desde el cual el hombre emprendió su

marcha hacia el progreso.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA503

 

La serie precedente puede ser modificada y tal vez puede expe­ rimentar cambios esenciales en algunos de sus postulados; pero ofre­ ce una explicación tan racional como satisfactoria de los hechos de la experiencia humana en la medida que son conocidos y del desa­ rrollo del progreso del hombre al desenvolver los conceptos de fa­ milia y de gobierno en las tribus de la humanidad.

 

EL MATRIMONIO PRIMITIVO (431)

 

Hallándose en prensa las presentes páginas, he logrado una edi­ ción aumentada de la obra precitada. Es una reimpresión del original con varios ensayos agregados, y que aparece ahora con el título de Studies in Ancient History Comprising a Reprint of Primitive Ma­ rriage (432).

 

En uno de los ensayos, bajo el epígrafe de The Classificatory Sjjstems of Relationships (433). MacLennan, dedica una parte (41 páginas) a un intento de refutación de mi teoría del origen del sis­ tema de clasificación, y otras (36 páginas) a la exposición de la suya sobre el origen de dicho sistema. La primera hipótesis a que nos refiriéramos está contenida en mi libro Systems of Consanguinity and Affinity of the Human Family (434), págs. 479-486. Los hechos y su interpretación son substancialmente idénticos a los que han sido presentados en capítulos anteriores de la presente obra (capítulo II y III, tercera parte), Primitive Marriage se publicó por vez primera en 1865, y Systems of Consanguinity, etc., en 1871.

Habiendo reunido los antecedentes que establecen la existencia

 

del sistema de clasificación de consanguinidad, me atreví a acompa­ ñar a los cuadros una hipótesis explicativa de su origen. No puede dudarse de que las hipótesis son útiles y muchas veces indispensa­ bles para lograr la verdad. La validez de la solución propuesta en dicha obra, y repetida en la presente, dependerá de su suficiencia para interpetrar todos los antecedentes del caso. Mientras no sea

 

          Primitive Marriage, de J. F. McLenann.

          Estudios de Historia Antigua que abarcan una nueva edición de El Matrimonio Primitivo".

 

          Sistemas de clasificación de los parentescos.

          Sistemas de Consanguinidad y Afinidad de ¡a Familia Humana.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA505

 

reemplazada por otra que tenga más derecho a ser sostenida, su inclusión en mi obra es legítima y está de acuerdo con los métodos de investigación científica,

McLennan ha criticado esta hipótesis con mucha soltura. La sín­

tesis de sus conclusiones es, más o menos, la que sigue (Studies, etc., pág. 371): "El espacio que he dedicado a la consideración de esta solución tal vez se considere desproporcionada para su importancia; pero la obra de Morgan, editada en la imprenta de la Smithsoniam Institution y auspiacíada por el Gobierno de los Estados Unidos, ha sido, en general, considerada como una obra de autoridad, y merece que nos tomemos el trabajo de demostrar su carácter absolutamente

 

no científico . Como vemos, el cargo se formula no solamente res­ pecto a la hipótesis en sí, sino a la obra íntegra.

Esta obra contiene 187 páginas de Cuadros de Consanguinidad

 

y Afinidad, que presenta los sistemas de 139 tribus y naciones del género humano que, por su número, representan las cuatro quintas partes de toda la familia humana. Es extraño que simples hechos de consanguinidad expresados en términos de parentescos, aun pre­ sentados en forma de cuadros, puedan tener carácter absolutamente

 

no-científico . La mayor parte de la obra está dedicada a los áridos detalles de estos diversos sistemas. Queda un capítulo final, que ocupa 43, de las 590 páginas, dedicadas al cotejo de estos distintos sistemas de consanguinidad, en el que aparece la hipótesis o solu­ ción a la que se ha aludido. Fue el primer estudio de un gran cú­ mulo de material nuevo, y si McLennan hubiese limitado sus cargos

 

a este capítulo, no hubiera habido mayor necesidad de considerar­ los aquí. Pero él ha dirigido su ataque principal a los Cuadros, ne­ gando que los sistemas que presentan sean sistemas de consangui­ nidad y afinidad, yendo así al fondo de la cuestión (435). La actitud de McLennan tiene su explicación en el hecho de

 

que, en su calidad de sistemas de consanguinidad y afinidad, son antagónicos y refutan las opiniones y teorías principales expuestas en Primitive Marriage. Se debía suponer que el autor del libro citado, sostendría sus opiniones preconcebidas.

 

En caÜdad de sistemas de consanguinidad, por ejemplo- 1) De­ muestran que los nuevos términos de McLennan exogamia y endo-gamia son de dudosa utilidad; que tal como son empleados en Pri­ mitive Marriage, sus posiciones son reversibles; y que la endogamia tiene escasa aplicación a los antecedentes tratados en la obra, a la par que la exogamia es simplemente una regla de la gem, y qué debe ser expuesta como tal. 2) Refutan la frase de McLennan pa-

 

          Sin embargo, los Cuadros son' los resultados principales de esta investigación. En su importancia y valor, exceden a cualquier uso actual que el autor pueda sugerir. Systems of Consanguinity, etcétera. Smithsonian Contribu­ ios to Knowledge, vol. XVII, pág, 8.

 

LEWISH.MORGAN

 

rentesco solamente por la mujer al demostrar que el mismo pueblo reconocía constantemente, tanto el parentesco por el varón como por la mujer. 3) Demuestran que la poliandria de los nair y tibetanos, jamás pudo haber sido general, en las tribus del hombre. 4) Niegan tanto la necesidad como la difusión del rapto de esposa sostenido en Primitive Marriage.

 

El examen de los fundamentos de los cargos de McLennan, des­ cubre no sólo la invalidez de sus críticas, sino también, la insu­ ficiencia de las teorías sobre las cuales aquéllas se basan. Tal estudio

 

conduce a resultados desastrosos para su obra entera, como se pon­ drá en evidencia, mediante la consideración de Jos siguientes pos­ tulados, a saber:

 

I. Que los principales términos y teorías empleados en Pri­ mitive Marriage no tienen valor en Etnología.

 

          Que la hipótesis de McLennan para explicar el origen del sistema de clasificación de parentescos, no da la razón d'e su origen.

 

III. Que las observaciones de McLennan a la hipótesis expuesta en Systems of Consanguinity, etc., carecen de eficacia.

 

Estos postulados serán considerados en el orden expuesto.. I

 

I. Que los principales términos empleados en Primitive Ma­

rriage, no tienen valor en etnología. Cuando esta obra apareció fue acogida favorablemente por los etnólogos, porque como estudio teó­ rico, trataba un número de cuestiones que desde hacía largo tiempo venían estudiando. Su lectura detenida descubre deficiencias de de­ finición, postulados ilegítimos, especulaciones ingenuas y conclusiones erróneas. En su obra Principles of Sociology (Advance Sheets, Po­ pular Science Monthly, enero 1877, pág. 272( Herbert Spencer ha señalado una cantidad de ellos. Rechaza al mismo tiempo la mayor parte de las teorías de McLennan sobre infanticidio femenino , rap­ to de esposas , y endogamia y exogamia . Lo que Spencer deja de

 

esta obra, salvo la coordinación de ciertos antecedentes etnológicos, sería difícil precisarlo.

Bastará para este fin, considerar tres puntos:

 

l.° El empleo que hace McLennan de los términos exogamia y endogamia . :

 

Exogamia y endogamia términos de su propia cosecha sig­ nifican, respectivamente, la obligación de contraer matrimonio fuera del grupo; y la obligación de contraerlo dentro de una determinada agrupación de personas.

Estos términos los emplea McLennan tan imprecisa y libremente

 

LASOCIEDADPRIMITIVA507

 

para las agrupaciones organizadas que le han hecho conocer los

autores que él cita, que tanto su nomenclatura, como sus conclusio­

nes, tienen muy poco valor. Es una dificultad fundamental con la

que se tropieza en Primitive Marriage el hecho de que la gens y la

tribu, o las agrupaciones que representan, no están separadas unas

de otras, como miembros de una serie orgánica, de manera que no

puede saberse de cuál agrupación se afirma la         exogamia         y de cuál

la       endogamia . Por ejemplo, una de las ocho g entes de una tribu,

puede ser         exógama" con respecto a sí misma y endógama       con

respecto a las restantes siete. Más estos términos, en semejante caso,

a pesar de estar bien aplicados, inducen a error. Al parecer, McLe­

nnan expone dos grandes principios, representativos de condiciones de sociedad, que han influido en el desarrollo de los sucesos huma­ nos. En realidad, mientras la endogamia tiene muy escasa aplica­ ción a las condiciones sociales tratados en Primitive Marriage, la exogamia se refiere a una regla O precepto de la gens una ins­ titución , y como tal, unidad de un sistema social. La gens es la que ha influido en los asuntos humanos, y ella es el hecho primario. Nos interesa, desde luego, conocer sus funciones y atribuciones, con los derechos, privilegios y obligaciones de sus miembros. McLe­ nnan no tiene en cuenta estas circunstancias principales, y no pare­ ce haber tenido el menor concepto de la gens como institución de gobierno de la sociedad antigua. Dos de los preceptos gentilicios son los siguientes: l.° El matrimonio dentro de la gens está prohibi­

 

do. Esta es la "exogamia        de McLennan, restringida como siempre

lo estuvo, a una gens, pero citada por él sin referencia alguna a la misma. 2.° En forma arcaica de la gens, la descendencia está limi­ tada a la línea femenina. Esto es el "parentesco solamente por la mujer de McLennan, pero expuesto por él, sin referencia alguna a la gens.

 

Profundicemos un poco más el asunto. Se dan siete definiciones del sistema de tribu, y de la tribu. (Studies, etc, pág. 113-115). Exogamia pura . l.° Sistema de tribu (o de familia). Tribus separadas. Todos los miembros de cada tribu de la misma sangre,

 

o fingiendo serlo. El matrimonio entre los miembros de la tribu está prohibido.

2. ° Sistema de tribu. La tribu, agregado de grupos familiares

 

          dispuestos en divisiones, clanes, thums, etc. Ningún connubium entre miembros de la misma división: ccmnubium entre todas las divisiones.

 

3. ° Sistema de tribu. La tribu, agregado de grupos familiares. Ningún connubium entre personas cuyos nombres de familia indica que pertenecen al mismo tronco.

 

4. ° Sistema de tribu. La tribu en divisiones. Ningún connubium entre personas de las mismas divisiones; connubium entre algunas de las divisiones; solamente connubium parcial entre otras.

 

508LEWISH.MORGAN

 

          5.° Sistema de tribu. La tribu en divisiones. Ningún connúbium entre personas del mismo tronco; connubium entre cada división y alguna'otra. Ningún connubium entre algunas de las divisiones. Castas.

 

"Endogamia pura . 6.° Sistema de tribu {o de familia). Las tribus separadas-. Todos los miembros de cada tribu de la misma sangre, o fingiendo serlo. Connubium entre miembros de la misma tribu; el matrimonio fuera de la tribu está prohibido y castigado.

 

7.° Sistema de tribu indistinto.

Siete definiciones del sistema de tribu debieran definir Ja agru­ pación llamada tribu, con suficiente claridad para poderla conocer. Sin embargo, la primera definición es un rompecabezas. Hay va­

 

rias tribus en un sistema de tribu, pero falta el término para el con­ junto de tribus. No se supone que formen un cuerpo unido. No dice como las tribus separadas entran en el sistema de tribu, o como se mantienen unidas. Todos los miembros de una tribu son de la misma sangre o fingen serlo, y, por consiguiente, no puede haber matrimo­ nio entre ellos. Esto podría rezar para la gens, pero la gens nunca se halla sola, separada de otras gentes. En toda tribu constituida por gentes, hay varias de éstas entremezcladas por el matrimonio. Pero McLennan no pudo haber empleado aquí el concepto tribu, como equivalente de gens, ni como agregado de grupos familiares. Como agrupación separada de consanguíneos unidos por un sistema de

 

tribu, sin definir las agrupaciones y sin explicar el sistema, se nos ofrece algo enteramente nuevo. La definición 6 es muy semejante.

 

No es probable que haya existido jamás, en parte alguna de la tie­ rra, una tribu que respondiera a estas definiciones, porque no es ni una gens, ni una tribu compuesta de gentes, ni una nación formada por la fusión de varias tribus.

 

Las definiciones 2, 3, 4 y 5 son algo más inteligibles. Muestran en cada caso una tribu compuesta de gentes o de divisiones basadas en parentescos. Pero se aproxima más a un sistema de gentes que a un sistema de tribus. Estando permitido el matrimonio entre los clanes, thums o divisiones de la misma tribu, en ningún caso se pue­ de atribuir a la tribu la exogamia . El clan, thum o división prac­ tica la exogamia con respecto a sí mismo; .y la "endogamia

 

con respecto a los otros clanes, thums o divisiones. Se afir­

ma que en algunos casos existen restricciones particulares. Cuando

McLennan aplica los términos "exogamia     y          endogamia      a una

tribu, ¿cómo puede saberse si se trata de una tribu separada de va­

rias que forman un sistema de tribus, cualquiera que sea su signifi­

cación, o una tribu definida como un conglomerado de grupos fa­

miliares? En la página siguiente (116) observa:        Las tribus separa­

das endógamas son casi tan numerosas, y bajo ciertos aspectos, tan

rudimentarias, como las tribus separadas exógamas . Sí entiende por

 

LASOCIEDADPRIMITIVA509

 

tribu un conglomerado de grupos familiares, es decir, una tribu for­ mada de g entes, no se puede afirmar entonces que sea exógama.

 

No existe la más leve probabilidad de que haya imperado jamás, en parte alguna de la tierra, la exogamia en una tribu compuesta de gentes. Donde quiera que haya existido la organización gentilicia, estaba prohibido el matrimonio dentro de la gens. Esto da lo que McLennan llama exogamia . Pero como regla igualmente general,

 

el matrimonio entre los miembros de una gens y entre los miembros de todas las gentes de una tribu, era perfectamente legal. La geni-es exógama y la tribu esencialmente endógama. Ernestos casos, por lo menos es necesario saber qué se entiende por tribu. Tómese otro ejemplo (pág,42): Si se puede comprobar primeramente que exis­ ten o han existido tribus exógamas.y segundo, que en épocas ar­ caicas las relaciones entre las tribus separadas eran uniformemente o casi uniformemente hostiles, habremos hallado un juego de cir­ cunstancias que hacía que el hombre sólo pudiera conseguir esposa mediante el rapto . He aquí el punto inicial de la teoría de McLe­ nnan sobre el rapto de las esposas. Para fabricar "el juego de cir­ cunstancias (a saber, tribus hostiles y, por lo tanto, independientes), el término tribu, tal como se lo emplea aquí, tiene que referirse a La agrupación mayor, es decir, a la tribu compuesta de gentes, porque

 

los miembros de las distintas gentes de una tribu se hallan entre­ mezclados por el matrimonio en cada familia, a- través de toda la zona ocupada por la tribu. O todas las gentes ion hostiles, o ninguna lo es. Si el término estuviese aplicado al grupo menor, es decir, a la gens, ésta sería entonces exógama, y la tribu, en el caso dado, es, en sus siete octavas partes, endógama, ¿y qué se hace del juego de circunstancias que hacían necesario el rapto de esposas?

Los principales casos citados en Primitive Marriage para probar

la exogamia, son los de los khonds, calmucos, circasianos, y samoye-des yurak, y los de ciertas tribus de la India y Austriália y algunas tribus aborígenes de América entre las cuales se hallan las iroquesas (págs. 75-100). Las tribus americanas están generalmente formadas

 

de gentes. Un varón no puede casar con una mujer de su misma gens, pero puede casar con una mujer de otra gens de su tribu. Por ejem­ plo, un varón de la gens Lobo de la tribu de los séneca-iroqueses, no puede casar con una mujer de su misma gens, no solamente dentro

 

de la tribu séneca, sino dentro de cualquiera de las otras cinco tribus iroquesas restantes. Aquí tenemos la exogamia de McLennan, sí

 

bien restringida, como siempre, ,a la gens del individuo, pues un varón puede casar con una mujer de cualquiera de las siete gentes sénecas restantes. Aquí nos encontramos con la endogamia en la tribu, prac­ ticada por los miembros de cada una de las gentes de las siete gentes sénecas restantes. Ambas prácticas han coexistido, una junto a otra, en la misma tribu, desde tiempo inmemorial. El mismo hecho es

 

LEWISH.MORGAN

 

igualmente cierto para las tribus indígenas americanas en general. No obstante, éstas están citadas por McLennan como ejemplos de tri­ bus que practican la exogamia ; y de este modo se llega a las bases de su teoría.

 

Con respecto a            endogamia , McLennan probablemente se abs­

tuvo de emplearla en el caso anterior, primero porque exogamia y endogamia* no pueden aquí representar dos principios opuestos tal como se los representa en su imaginación; y segundo, porque, en rea­ lidad sólo hay un hecho que señalar, a saber, que el casamiento entre los miembros de una gens está prohibido. Los aborígenes americanos, en general, pueden casar dentro de su tribu o de tribus extrañas, a voluntad, pero no pueden hacerlo dentro de su propia gens. Mcl en-nan pudo citar un verdadero caso de endogamia , el de los tártaros de la Manchuria (pág. 116), quienes no podían casar con personas cuyos nombres de familia fuesen diferentes . Se han comprobado al­ gunos pocos casos semejantes entre tribus que actualmente existen. Si, por ejemplo, la organización de los samoyedes yurak de Siberia (82), los magares de Nepaul (83) los munnipuries, koupooees, mews y

murring de la India (87), fuese estudiada a base de testimonios ori­

ginales, es sumamente probable que se la encontraría exactamente

análoga ,a la de las tribus iroquesas, significando gentes las divisiones

y los thums. Hablando Latham del grupo yurak o kasovo de los

samoyedes, da la siguiente cita de Klaproth: Esta división de paren­

 

tesco es observada tan rigurosamente que ningún samoyede toma es­ posa entre sus propios parientes. Por el contrario, la busca en una de las otras divisiones (436). Este mismo autor, hablando de los magares afirma que tienen doce thums . Todos los individuos que pertenecen a un mismo thum son supuestos descendientes de un mismo antepa­

sado masculino, no siendo necesario, de ningún modo, que descien­

dan también de una misma antepasada. Esposo y esposa deben perte­

necer a thums diferentes. De lo contrario no puede realizarse el ma­

trimonio. ¿Buscáis esposa? Pues buscadla en el thum de vuestro veci­

no; en todo caso buscadla fuera de vuestro thum. Esta es la primera

vez que he tenido ocasión de exponer esta práctica. No será la últi­

ma; por el contrario, el principio que sugiere es tan común que es

casi universal  (437). Los mürring y otras tribus de la India están

organizados en divisiones, con la misma regla respecto al matrimonio.

Es probable que éstos sean casos de tribus organizadas en g entes, con

prohibición del matrimonio dentro de la gens. Cada gens es           exóga-

ma     con respecto a sí misma y        endógama       con respecto a las demás

gentes de la tribu. Sin embargo McLennan, las cita como ejemplos de

tribus exógamas . Se sabe que las principales tribus australianas es­

tán organizadas en gentes, con prohibición de matrimonio dentro de la

          Descriptive Ethnology, Londres, ed. 1859, I. 475.

          Ib. I. 60.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA511

 

gens. Aquí también la gens es           exógama , mientras que la tribu es

endógama . Allá donde la gens es exógama respecto ,a¡ sí misma, y endógama respecto a. las demás, ¿qué objeto práctico tiene este juego de dos términos para aplicarlos a un hecho que es único, la prohibición de matrimonio dentro de la gens? Exogamia v endo­ gamia carecen de valor como binomio de términos, al pretender re­ presentar o expresar opuestas condiciones de sociedad. No tienen aplicación en la etnología americana, ni probablemente tampoco en la asiática y europea. Se podría tolerar exogamia por sí solo, y aplicado únicamente al grupo menor la gens en el cual sola­ mente puede afirmarse. No existen en América tribus "exógamas , pero hay abundancia de gentes exógamas , y cuando sé comprueba

 

la existencia de la gens, lo que nos interesa son sus regímenes, que debieran ser presentados siempre como regímenes de la gens. McLen­ nan halló que el clan, thum, y división eran exógamos y endóga-mo el conjunto de los clanes, thums y divisiones; pero nada dice de la endogamia . Tampoco afirma que el clan, thum y división sean exógamos , sino que la tribu es exógama . Pudiéramos pénsar que se proponía emplear el término tribu como equivalente de clan, thum o división; pero tropezamos con la dificultad de que define la tribu como "congeries de agrupaciones familiares, que se disgregan

 

en divisiones, clanes, thums, etc . (114), y acto continuo declara que las tribus separadas endógamas son casi tan numerosas, y bajo cier­ tos aspectos, tan rudas, como las tribus separadas exógamas . Si nos basamos en sus definiciones principales podremos. afirmar sin temor

 

a ser contradichos, que McLennan no ha presentado en su obra un solo caso de tribu exógama .

Existe otro reparo a este binomio de términos. Se les pone en opo­

sición uno al otro, para señalar condiciones opuestas .y diferentes de

la sociedad. ¿Cuál de las dos es la más rudimentaria, y cuál la más

adelantada? Aquí abundan los rodeos de McLennan. Pueden repre­

sentar una progresión de la    exogamia        a la      endogamia , o de la

endogamia a la            exogamia        (115);  pueden ser igualmente arcaicas

(116); y           bajo algunos aspectos son igualmente rudimentarias (116);

pero antes de terminar la exposición de la    endogamia , se eleva a

la posición superior, y se orienta hacia la civilización, mientras que la exogamia se vuelve atrás, hacia el salvajismo.

Resultó conveniente para las especulaciones de McLennan que

la       exogamia           introdujera una heterogeneidad que la          endogamia

se encarga de destruir, y que ésta, a su vez, introduce la homogenei­ dad; así que al fin de cuentas, la endogamia se sobrepone a la exogamia como factor de progreso.

 

Uno de los errores de McLennan fue el trueque de las posiciones de esos términos. Lo que él llama endogamia precede a la exoga­ mia en el orden del progreso del hombre y corresponde a la posición

 

512LEWISH.MOBGAN

 

más baja del género humano. Remontándose a la época en que se constituyó el sistema malayo de consanguinidad que precedió a la gens, hallamos grupos consanguíneos con vinculación matrimonial. El sistema de consanguinidad descubre tanto el hecho como la1 na­ turaleza de las agrupaciones, y exhibe la endogamia en su vigor prístino. Adelantándonos a este estado de cosas, el grupo pimalúa representa la primera tr.aba a la endogamia al excluir de la vincu­ lación matrimonial a los hermanos y primos de todos los demás gra­ dos, que todavía figuraban como hermanos y hermanas. Precisamente

 

la misma organización a base de sexos exhiben los australianos. Luego, en orden de tiempo, apareció la gens, con descendencia por la línea femenina, y prohibición de matrimonio dentro de la gens. De ahí la exogamia de McLennan. A partir de entonces, puede considerarse

 

que la endogamia no influyó en las cuestiones sociales. Según McLennan, la exogamia decayó en las comunidades grie­ gas y romanas al cambiarse la descendencia de la línea femenina a

 

la masculina (226). Tanto dista de esto el caso, que lo que él llama exogamia se inició en el salvajismo con la gens, continuó a través de la barbarie, y perduró hasta la civilización. Subsistió tan entera­ mente en las gentes de los griegos y romanos de los tiempos de Solón y Servio Tulio, como hoy subsiste en la gens de los iraqueses. La endogamia y exogamia han sido de tal manera viciadas por el

 

modo cómo se las emplea en Primitive Marriage, que lo mejor que se puede hacer con ellas es dejarlas de lado.

 

2. La frase el sistema de parentesco por la línea femenina úni­ camente .

 

La obra Primitive Marriage se halla abundantemente salpicada de esta frase. Afirma que donde este, parentesco fuera reconocido, era el único válido; y así desde luego incurre en error. Los sistemas ma­ layo, turanio y ganowaniano de consanguinidad demuestran clara y concluyentemente que el parentesco por la línea masculina era tan válido como el de la línea femenina. El varón tenía hermanos y hermanas, abuelos y abuelas, nietos y nietas, procedentes tanto de varones como de mujeres. La maternidad de los niños era cierta, no siéndolo la paternidad; pero no rechazaban el parentesco por varones sino que en la duda abarcaban a un número de personas padres putativos colocados en calidad de padres verdaderos, hermanos pro­ bables colocados en calidad de hermanos propios e hijos supuestos en calidad de hijos verdaderos.

Luego de aparecer la gens aumentó la importancia del parentesco

 

          )or la línea femenina, porque ahora comprendía parentesco genti- icio, en distinción de parentesco no gentilicio. Este rué el parentesco,

 

en la mayoría de los casos que conoció McLennan por medio de los autores que él cita. Los hijos de los miembros femeninos de la gens, quedaban dentro de ella, mientras que los hijos de los varones eran

 

LASOCIEDADFÍUMITCVA513

 

excluidos. Todo miembro de una gens, varón o mujer, señalaba su descendencia únicamente por la línea femenina, mientras la descen­ dencia correspondió a ésta; y exclusivamente por la línea masculina, cuando la descendencia fue cambiada. Sus miembros constituían un cuerpo organizado de consanguíneos, llevando todos un nombre gen­ tilicio común. Estaban ligados entre sí por afinidades de sangre, y también por el vínculo de derechos, privilegios y obligaciones mutuas. El parentesco por la gens, resultaba en ambos casos, superior a otro parentesco, no porque se desconociera otro, sino porque aportaba los derechos y privilegios de la gens. El hecho de no poder descubrir McLennan estas diferencias, revela la investigación insuficiente del asunto. Con descendencia por la línea femenina, el varón tenía abue­ los y abuelas, madres, hermanos y hermanas, tíos, sobrinos y sobri­ nas, nietos y nietas, en su gens, algunos de ellos propios y otros co­ laterales, a la vez que tenía los mismos fuera de la gens con excepción de tíos; y por añadidura, padres, tías, hijos e hijas y primos. La mujer tenía en la gens los mismos parientes que el varón, y además hijos

 

e hijas, y fuera de la gens los mismos que el varón. Que fuese dentro o fuera de la gens, el hermano era reconocido siempre como hermano, el padre como padre, el hijo como hijo, y en todos los casos el tér­ mino se aplicaba sin distinción entre ellos. La descendencia por la línea femenina, que es todo cuando el parentesco a través de mu­ jeres solamente puede indicar, se ve así que no era sino una regla de la gens. Corresponde que sea mencionada como tal porque la gens

 

es uno de los factores primarios y el parentesco gentilicio es uno de sus atributos.

En la época anterior a la organización gentilicia, era indiscutible

 

la superioridad del parentesco por la línea femenina sobre el parentes­ co por la línea masculina y fue sin duda la base principal de la orga­ nización de las tribus más atrasadas. Pero el cúmulo de antecedentes estudiado en Primitive Marriage tiene poca o ninguna relación con

 

ese estado de la humanidad que existió con antelación al régimen gentilicio.

 

3. -No existen pruebas de la prevalencia general de la poliandria de los nair y tibetanos.

 

Éstas formas de poliandria figuran en las teorías de McLennan, como si fuesen universales en la práctica. Las emplea en su intento

 

de explicación del origen del sistema de clasificación de parentescos. La poliandria de los nair consiste en varias personas ño emparentadas que tienen una esposa común (pág. 146). Esta forma se considera la más rudimentaria. En la poliandria tibetana, varios hermanos tie­ nen una esposa común. Luego hace una rápida excursión por las tri­ bus del género humano para demostrar la prevalencia general de una

 

u otra de estas formas de poliandria, y fracasa por completo en su intento. No parece habérsele ocurrido a McLennan que estas formas

 

514LEWISH.MORGAN

de poliandria son excepcionales

promedio de tres hombres tuviese una esposa en común (12 maridos

para una esposa era el límite nair, pág. 147), y esto fuese general en toda la tribu, las dos terceras partes de las mujeres nubiles carecerían de marido. Se puede aventurar sin riesgo que semejante estado de co­ sas jamás pudo haberse generalizado en las tribus de la humanidad,

 

y sin testimonios más auténticos no se le puede dar crédito como aplicable a las colinas de Neilgherry o al Tibet. No son bien conoci­ dos los antecedentes efectivos de la poliandria de los nair Un nair podrá intervenir en varias combinaciones de maridos, es decir, que podrá tener cualquier número de esposas (148). Esto, sin embargo, no auxiliaría a las solteras para lograr marido, por más que aumentara el número de maridos efe una mujer. No alcanza la exageración del infanticidio femenino a imponer la verdad de la prevalencia general de estas formas de poliandria. Tampoco podría afirmarse legítima­ mente que hayan ejercido una influencia general sobre los asuntos humanos.

 

Los sistemas malayo, turanio y ganowaniano de consanguinidad y afinidad, sin embargo, ponen en descubierto formas de poliandria y de poligenia, que han influido sobre los asuntos humanos, porque tuvieron difusión tan universal al nacer como la tuvieron los sistemas mismos. En el sistema malayo hallamos pruebas de grupos consanguí­ neos fundados sobre el matrimonio de hermanos con hermanas, pero incluyendo a hermanos y hermanas colaterales. Aquí los varones prac­ ticaban la poliginia y las mujeres la poliandria. En el turanio y en el ganowaniano hay indicios de una agrupación más adelantada la punalúa , en dos formas. Una se basaba en la fraternidad de los maridos y la otra en la hermandad de las esposas, estando ahora ex­ cluidos del vínculo matrimonial los hermanos y hermanas propias.

 

En ambas agrupaciones los varones eran poliginios y las mujeres po­ liandrias. En un mismo grupo se hallan ambos casos, y ambos son esenciales para la interpretación de su régimen de consanguinidad. El último de los citados sistemas de consanguinidad y afinidad, pre­ supone el matrimonio punalúa, por grupos. Este y el malayo exhiben las formas de poliandria'y poliginia que interesan1 a la- etnología; a la vez que las formas nair y tibetanas de polinandria no sólo son in­ suficientes para explicar el sistema, sino que ofrecen un interés ge­ neral.

 

Estos sistemas de consanguinidad y de afinidad, como están ex­ puestos en los cuadros, han destruido en tal forma las opiniones y teorías sostenidas en Primitive Marriage, que me veo ooligado a atribuir a esto el ataque de McLennan a mi hipótesis explicativa so­ bre su origen, y su intento de sustituirlos por otros, negándoles ca­ rácter de sistemas de consanguinidad y afinidad.

 

ralidad ni aún en las serranías

 

LASOCIEDADPRIMITIVA515

 

          Que la hipótesis con la que pretende McLennan explicar el origen del sistema de clasificación no explica dicho origen. McLennan parte de la afirmación (pág. 372) de que los fenó­ menos expuestos en todas las formas (del sistema de clasificación) son finalmente asignables al régimen matrimonial, y que de acuerdo con su origen deben ser también así -. Esta es la base de mi explica­ ción, y solamente en parte lo es de la suya.

 

El régimen conyugal mediante el cual intenta explicar el origen

del sistema malayo es el que exhibe la poliandria nair; y el régimen conyugal mediante el cual intenta explicar el origen del sistema tu­ ranio y ganowaniano es el indicado por la poliandria tibetana. Pero él no posee ni el sistema de consanguinidad y afinidad nair ni el tibetano, a fin de explicar o de verificar sus hipótesis. Parte, por tanto, sin ningún material de fuentes nair o tibetanas y con formas de régimen conyugal que jamás existieron entre tribus y naciones que. poseían el sistema de clasificación de parentesco. Vemos así, desde el comienzo, que la explicación en cuestión es una mera hipó­ tesis fortuita.

 

McLennan niega que los sistemas de los cuadros (Consanguinity, páginas 298-382 y 523-567) sean sistemas de consanguinidad y afi­ nidad. Por el contrario, afirma que reunidos forman "un sistema de modos de dirigirse a las personas . El no es inequívoco en su ne­ gación, pero el sentido de sus palabras produce ese efecto. En mi obra sobre consanguinidad destaqué el hecho de que los indios ame­ ricanos en el trato familiar y en los saludos ceremoniosos se daban entre sí el parentesco exacto que les correspondía, el parentesco per­ sonal; y que la misma costumbre prevalecía en la India Meridional

 

y en la China. Ellos emplean el sistema en sus saludos porque se trata de un sistema de consanguinidad y afinidad, la cual es una razón poderosa. McLennan desea que creamos que estos sistemas, que todo lo abarcan, son simplemente convencionales y que han sido creados con el propósito de que las personas puedan dirigirse entre sí en sus saludos, y con ningún otro fin. Es esta una feliz manera de desembarazarse de estos sistemas y de dejar a un lado las más notables constancias que existen con respecto a la condición primi­ tiva de la humanidad.

 

McLennan imagina que debió existir en alguna parte un sistema

de consanguinidad completamente independiente del sistema de tra­ tamiento; pues es lógico pensar , afirma (pág. 373), que el sistema de lazos de sangre y el sistema de tratamientos debieron'comenzar a crecer juntos y, durante algún tiempo corto, debieron tener una his­ toria común . Un sistema de lazos de sangre es un sistema de con­ sanguinidad. ¿Dónde está, pues, el sistema perdido? McLennan ríi

 

lo crea, ni demuestra su existencia. Pero veo que, hasta donde pue­

de utilizarlos para sus hipótesis, hace uso de los sistemas de los cua-

 

LEWISH.MORGAN

 

dros como si fuesen sistemas de consanguinidad y afinidad, sin to­ marse la molestia de modificar su afirmación de que eran simple modo de dirigirse a las personas .

 

Que las tribus salvajes y bárbaras, por todos los ámbitos de la tierra, y por siglos y siglos, se hubiesen preocupado de tal modo de la manera apropiada de dirigirse a los parientes, como para haber creado los sistemas malayo, turanio y ganowaniano, en toda su ple­ nitud y complejidad, par,a ese único objeto, y ningún otro sistema fuera ae estos dos: que en Asia, Africa, Polinesia y América hubie­ sen convenido, por ejemplo, que el hermano del abuelo de una per­ sona dada sería tratado de abuelo, que los hermanos mayores de

 

uno se tratarían de hermanos mayores, y los menores de hermanos menores, meramente por fijar un tratamiento convencional para los parientes serían coincidencias tan notables, y de causa tan baladí, que es suficiente que el autor de tan brillante idea la tenga por artículo de fe. Un sistema de tratamientos de las personas sería efí­ mero, porque todos los usos convencionales son efímeros.

 

También serían tan diversos como lo son las razas del hombre. Mas un sistema de consanguinidad es asunto bien diferente. Sus parentescos nacen de la familia y del régimen conyugal, y son más permanentes que la familia misma, que progresa a la vez que el ré­ gimen se mantiene inalterable. Estos parentescos expresan los hechos reales de la condición social al construirse el sistema, y tienen una importancia de .actualidad en la vida del hombre. Su uniformidad

 

a través de inmensas regiones de la tierra, y su conservación a través de inmensos períodos de tiempo, son resultantes de su vinculación con la ley conyugal.

 

Al formarse el sistema malayo de consanguinidad, puede pensar­ se qué una madre se daba cuenta de que sus propios hijos ocupaban respecto a ella una posición de parentesco que podía ser expresada en términos apropiados; que su propia madre y fa madre de su pro­ pia madre ocupaban, respecto a ella, otras posiciones de parentesco,

 

y que los hijos de su hija representaban todavía otras, todas las cua­ les podrían ser expresadas en términos adecuados, Sería el principio del régimen de consanguinidad basado en obvias vinculaciones de sangre. Echaría los cimientos de las cinco categorías de parentesco en el sistema malayo, sin referencia alguna al régimen de matri­ monios.

 

Al establecerse el matrimonio en grupos y la familia consanguí­ nea, de los cuales el sistema malayo brinda sendos testimonios, el régimen se extendería por el grupo a base de estos conceptos pri­ marios. Con el matrimonio entre hermanos, propios y colaterales, en grupo, el resultante sistema de consanguinidad y afinidad sería malayo. Fracasaría toda hipótesis explicativa del origen del sistema malayo que desconociera estos antecedentes. Tal régimen de matri-

 

LASOCIEDADPRIMITIVA517

 

monio y familia crearía el sistema malayo. Sería desde sus comien­ zos un sistema de consanguinidad y afinidad, y solamente así ten­ dría explicación.

 

Si este juicio es exacto, huelga considerar en detalle los extremos de la hipótesis de McLennan, que es demasiado obscura para una discusión filosófica, y es absolutamente incapaz de suministrar una explicación del origen de estos sistemas.

 

          Que los reparos de McLennan a la hipótesis expuesta en Systems of Consanguinity, etc., carecen de validez.

 

La misma mala inteligencia de los hechos y la misma confusión

de ideas que señala su anterior trabajo aparecen también en éste. No distingue entre los parentescos de consanguinidad y los de ma­ trimonio, existentes en una misma persona; y también se equivoca en los parentescos de los sistemas.

 

Fuera ocioso seguir paso a paso los reparos de McLennan a esta hipótesis, alguno de los cuales son simples palabras, otros rebusca­ dos y ninguno de ellos toca la esencia de las cuestiones a dilucidar. El primer postulado que intenta refutar es expuesto por él como sigue: El sistema malayo de parentesco es un sistema de paren­ tescos de sangre. Morgan lo supon así, y nada dice de los obstáculos que se oponen a esta suposición (pág. 432). Este es en parte un sistema de parentescos de sangre y en parte de parentescos de ma­ trimonio. El hecho es patente. Los parentescos de padre y madre,

 

de hermano y hermana mayor y menor , de hijo e hija, de tío y tía, de nieto y nieta, y también de cuñado y cuñada, de yerno y nuera, además de otros, son dados en los cuadros que McLennan

 

tiene a la vista. Estos sistemas hablan por sí solos, y no podrán decir sino que son sistemas de consanguinidad y afinidad. ¿Cree McLen­

 

nan que las tribus nombradas poseían otro sistema, o uno diferente del contenido en los cuadros? Si fuera así, estaría obligado a pre­ sentarlo o a comprobar la verdad de su existencia. No hace ni una ni otra cosa.

 

Pueden considerarse dos o tres de sus puntos especiales. «En efecto dice (pág. 346) , si se llama a un hombre hijo de una mujer que no le dio el ser, el hecho exige una explicación por el principio de las descendencias naturales. La supuesta vinculación de parentesco no es en este caso la que realmente existe, hasta don­ de pudiera conocerse la paternidad de los individuos, y que según el postulado de Morgan no queda comprobada . A primera vista,

 

la cuestión no es de parentesco, sino de vinculación matrimonial. El varón dice madre a la hermana de su madre, y ella le dice hijo, si bien no le dio el ser. Este es el caso de los sistemas malayos, turanio y ganowaniano. Sea el matrimonio consanguíneo o punalúa, la her­

 

mana de la madre de un varón es esposa de su supuesto padre. En 518LEWISH.MORGAN

 

cuanto nuestro sistema pueda suministrar una analogía, ella sería

su madrastra, y ella dice hijo al hijastro. Es cierto que escapa a la explicación como parentesco de sangre, lo que no pretende ser, pero como parentesco de matrimonio, que sí lo pretende, es ésta la ex­ plicación. El razonamiento de McLennan es, en un número de casos, igualmente flojo y aparente.

 

Pasando del sistema malayo al turanio, observa (pág. 354): De esto se deduce que el hijo de un hombre y la hija de su hermana, no obstante ser reputados hermano y hermana, una vez establecida la organización en tribu, serían libres para casarse, porque correspon­ derían a descendencias de diferentes tribus . Por esto se extiende en argumentos de dos o tres páginas, para demostrar que: la ra­ zón dada por Morgan es insuficiente . Si McLennan hubiese dedi­ cado más atención al estudio del régimen turanio y ganowaniano de consanguinidad, hubiera aprendido que el hijo de un hombre y la hija de su hermana no son reputados hermano y hermana . Por

 

el contrario, son primos. Esta es una de las distinciones más obvias y más importantes entre los sistemas malayo y turanio, y la que expresa las diferencias entre la familia consanguínea del malayo y la punalúa del turanio.

 

El lector común apenas se tomará el trabajo de abarcar los deta­ lles de estos sistemas. Salvo que estuviese habilitado para seguir los parentescos sin esfuerzos, la discusión del sistema será más bien enfadosa para él que asunto ameno. McLennan hace holgado em­ pleo de los términos, pero no siempre con propiedad.

 

En otro lugar (pág. 360) McLennan me atribuye una distinción entre el matrimonio y la cohabitación, que no me corresponde, si­ guiendo con un floreo de retórica que no desmerece a lo más .selecto de Primitive Marriage.

Finalmente, McLennan se encastilla en lo que dice ser dos erro­

 

res míos que vician, ,a su juicio, mi explicación sobre el origen del sistema de clasificación. "Al intentar explicar el origen del sistema de clasificación, Morgan incurre en dos equivocaciones radicales. Su primera equivocación estriba en no reparar suficientemente en la peculiaridad principal del sistema: su clasificación de personas vinculadas, pues no buscó el origen del sistema en el origen de Ja

 

clasificación (pág. 360). ¿Cuál es en este caso la diferencia entre el sistema y la clasificación? Las dos significan la misma cosa, y en manera alguna pueden ser constreñidas a significar otra. Indagar el origen de la una es indagar el origen del otro.

La segunda equivocación, o más bien error, fue el de haber

 

sentado con tanta ligereza que el sistema era un sistema de lazos de sangre (pág. 361). No existe tal error desde que las personas men­ cionadas en los cuadros descienden de un antepasado común, o

bien están ligadas por el matrimonio con una o varias de ellas. Son

 

LASOCIEDADPRIMITIVA519

 

las mismas personas que se describen en los cuadros demostrativos

de los sistemas ario, semítico y uralio (Consanguinity, págs. 79-127). En cada uno de estos sistemas ellas están efectivamente vinculadas entre sí por consanguinidad y afinidad. En el último, cada paren­ tesco está especializado; en el primero están clasificados en cate­ goría; pero en todos por igual el fondo es el mismo, a saber: con­ sanguinidad y afinidad verdaderas. El matrimonio en grupo en el primero, y el matrimonio entre parejas solas en el último, señalan

 

su diferencia. En los sistemas malayo, turanio y ganowaniano, hay una base sólida en el parentesco de sangre que ellos exhiben, en la descendencia común de las personas; y para los parentescos por ma­ trimonio debemos atenemos al régimen conyugal que indica. El examen y la comparación demuestran que dos formas de matrimonio son necesarias para explicar los sistemas malayo y turanio; de aquí que sirvan de prueba de toque del matrimonio consanguíneo en un caso y del matrimonio punaíúa en el otro.

Mientras los términos de parentesco se emplean constantemente

 

en los tratamientos, esto significará que son términos de parentesco. El intento de McLennan de convertirlos en formas convencionales

 

de tratamiento es vano. No obstante lo mucho que recalca este jui­ cio, él no los utiliza como modos de tratamientos , al tratar de explicar su origen. En cuanto hace uso de alguno de ellos, los em­ plea estrictamente como términos de consanguinidad y afinidad. Era tan imposible que un sistema de modos de dirigirse a las personas se hubiese desenvuelto con independencia del sistema de consangui­ nidad y afinidad (pág. 373), como que el lenguaje se hubiese des­ arrollado con independencia de las ideas que representa y expresa. ¿Qué significado pudieran haber tenido estos tratamientos de pa­ rientes, fuera del parentesco de consanguinidad o de afinidad que expresan? La simple carencia de un sistema de tratamientos no hu­ biera podido dar nunca un sistema tan estupendo, idéntico en sus menores detalles en inmensas regiones de la tierra.

 

Por mi parte, y en cuanto a la diferencia esencial entre la expli­ cación del origen del sistema de clasificación 'dada por McLennan

 

y la que he expuesto en esta obra, es decir, si estamos en presencia de un sistema de modos de dirigirse a las personas o ante un sis­ tema de consanguinidad y afinidad, me limito a someter la cuestión al juicio del lector.

 

CUARTAPARTE

 

DESENVOLVIMIENTO DEL CONCEPTO DE PROPIEDAD

 

i

I

 

LAS TRES REGLAS DE LA HERENCIA

Queda por considerar el desenvolvimiento de-la propiedad en los

 

diversos períodos étnicos, las reglas que surgieron con respecto a su posesión y herencia, y la influencia que ejerció sobre la sociedad antigua.

 

Los primeros conceptos de propiedad estuvieron ligados ínti­

mamente a la obtención de la subsistencia, que era la necesidad pri­

mordial, Los objetos de propiedad aumentarían en cada período

étnico sucesivo con la multiplicación de aquellas artes de las cuales

dependía la subsistencia. De esta suerte el desenvolvimiento de la

propiedad debió acompañar al progreso de los inventos y descubri­

mientos. Cada período étnico señala un notable adelanto sobre su

antecesor, no sólo por el número de inventos, sino también en la

variedad y monto de la propiedad resultante de los mismos. La mul­

tiplicación de las formas de sociedad estaría acompañada por el

desarrollo de ciertas reglas referentes a la posesión y a la herencia.

Las costumbres, de las cuales dependen estas reglas de posesión y

herencia de los, bienes, están determinadas y modificadas por la con­

dición y el progreso de la organización social. De esta manera el

desenvolvimiento de la propiedad está estrechamente vinculado al

aumento de los inventos y descubrimientos, y al adelanto de las ins­

tituciones sociales, que señalan los diversos períodos étnicos del pro­

greso humano.

 

1, L a p r o p i e d a d e n e l e s t a d i o d e l sa l v a j i s m o

 

Desde cualquier punto de vista, es difícil concebir la condición del hombre en este período primitivo de su existencia cuando se lo despoja de todo cuanto había adquirido merced a los inventos y descubrimientos, y al desarrollo de conceptos encamados en insti­ tuciones, usos y costumbres. El progreso humano desde un estado

de ignorancia e inexperiencia absoluta se desarrolló lentamente pero

 

524LEWISH.MORGAN

 

en progresión geométrica. El camino seguido por la humanidad en

su desarrollo puede ser recorrido, siguiéndose un encadenamiento de deducciones necesarias, hasta un punto en el cual, sin conocimiento

 

del fuego, sin lenguaje articulado y sin armas artificiales estaba sujeta como los animales salvajes, a los productos espontáneos de la

 

tierra. Lenta, casi imperceptiblemente, avanzó a través del salva­ jismo, desde el lenguaje gesticulado y de sonidos imperfectos hasta el lenguaje articulado; desde la maza, como arma primera, hasta el dardo con punta de pedernal, y, más adelante, hasta el arco y la flecha; desde el cuchillo y formón de pedernal, al hacha y martillo de piedra; desde el cesto de mimbre o cañas, hasta el cesto emba­ durnado de arcilla que le proporcionó una vasija para cocer los ali­ mentos al fuego, y, finalmente, hasta el arte de la alfarería, que suministraba una vasija capaz de resistir el fuego. En cuanto a los elementos de subsistencia, adelantó desde los frutos espontáneos de una región limitada hasta los peces y mariscos de las costas del mar, y, por último, hasta las raíces panificables y la caza. La fabricación de cuerdas e hilos con filamentos de cortezas de árbol, una especie de paño hecho con pulpa vegetal, la curtiembre de pieles para ves­ tirse o para construir tiendas, y, finalmente, la vivienda hecha de troncos y recubierta de corteza, o bien de tablas hechas de troncos hendidos por medio de cuñas de piedra; todo esto, más lo citado anteriormente, corresponde al estadio del salvajismo. Entre los in­ ventos menores se puede mencionar el taladrar a fuego, el mocasín y el calzado para resguardarse de la nieve.

 

Antes de terminar este período, el hombre había aprendido a mantenerse unido en grupos en forma relativa a los tiempos pri­

 

mitivos, se había propagado por la faz de la tierra y habían llegado a aprovechar todos los medios propicios al progreso humano de todos los continentes. En la organización social había progresado desde la horda consanguínea hasta la tribu organizada en gentes, adquiriendo así los gérmenes de las principales instituciones de go­ bierno. El género humano era; ahora lanzado con éxito a las grandes vías que habrían de conducirlo hasta la civilización, la que ya en­ tonces, con el lenguaje articulado, entre las adquisiciones, la alfa­ rería entre las artes, y la gens entre las instituciones, se podía con­ siderar sustancialmente asegurada.

 

El período del salvajismo operó inmensos cambios en la condi­ ción de la humanidad. Aquella porción que marchaba a la cabeza del género humano había concluido por organizar la sociedad gen­ tilicia y, en diversas regiones, había desarrollado pequeñas tribus con poblados, los que tendieron a estimular sus facultades inventivas. Dedicaron principalmente sus energías rudimentarias y sus artes

 

más nrdimentarias aún al problema de la subsistencia. No habían alcanzado todavía el poblado amurallado como defensa, ni la ali-

 

LASOCIEDADPRIMITIVA525

 

mentación farinácea, y el flagelo del canibalismo aún los perseguía. Las artes, invenciones e instituciones citadas comprenden casi la integridad de las conquistas del hombre en el salvajismo, con ex­ cepción del maravilloso progreso del lenguaje. En suma, parecen escasas, pero eran, de inmensas potencialidades, porque abarcaban los rudimentos del lenguaje, de gobierno, de la familia, de la reli­ gión, de la arquitectura de vivienda y de la propiedad, juntamente con los gérmenes principales de las artes de la vida. Todo esto fue perfeccionado por sus descendientes en el período de la barbarie, y sus actuales descendientes todavía se hallan perfeccionándolos. Pero los bienes de propiedad del salvaje fueron de escasa impor­ tancia. Sus nociones acerca de su valor, de lo deseable de su pose­ sión y de su herencia eran débiles. En la vida salvaje, el grueso de los bienes lo constituían unas toscas armas, tejidos, utensilios, ves­ tidos, implementos de piedra, de pedernal y de hueso, y objetos de adorno personal. La pasión por su posesión apenas si se había for­ mado en su mente, porque los bienes mismos apenas existían. Que­ daba confiado al entonces lejano período de la civilización el des­ arrollar la plena vitalidad de la codicia del lucro (studium lucri), que es hoy una fuerza tan dominante en la mente humana. Las tie­ rras, apenas objeto de propiedad, eran poseídas por la tribu en común, y las viviendas eran de propiedad conjunta de sus habitan­ tes. Los bienes de carácter puramente personal, que aumentaban

 

con el lento progreso de los inventos, eran los que nutrían los gér­ menes de esta gran pasión. Los que se estimaban más valiosos se depositaban en la sepultura del propietario fallecido, para sus me­ nesteres en el mundo de los espíritus. Lo que restaba era suficiente para hacer surgir la cuestión de la herencia. En cuanto al modG cómo se efectuaba su distribución antes de la constitución de la gene, nuestra información es limitada, por no decir nula. Con la institución de la gens vino la primera gran regla de la herencia, que distribuía los efectos del fallecido entre sus gentiles. En la práctica se apropiaban de ellos los parientes más próximos; pero regía el principio general de que los bienes debían quedar en la gens del finado, y ser distribuidos entre sus miembros. Este principio subsis­ tió entre las gentes griegas y latinas hasta después de iniciada la civilización. Los hijos heredaban a la madre, pero nada recibían de su supuesto padre.

 

          La p r o p i e d a d e n e l e s t a d i o i n f e r i o r d e l a b a r b a r i e

 

A partir de la invención de la: alfarería hasta la domesticación

de 'los animales, o su equivalente, el cultivo del maíz y plantas me­ díante el riego, la duración de este período debe haber sido más breve que la del salvajismo. Este período étnico no está señalado

 

LEWISH.MORGAN

 

por ningún gran invento o descubrimiento si exceptuamos el arte

de la alfarería, el tejido a mano y el arte del cultivo en América, que dio la alimentación farinácea. Se distinguió más por el desarrollo de las instituciones. El tejido a mano, con trama y urdimbre, parece corresponder a este período y debe ser colocado entre las más gran­ des invenciones, pero no puede asegurarse que fuera desconocido

 

en el salvajismo. Los iroqueses y otras tribus americanas del mis­ mo estadio fabricaban cintos y correas, con trama y urdimbre de excelente calidad y acabado, empleando hilos finos hechos de fila­ mentos de olmo y de corteza de tilo americano (438). Se daban cuenta cabal de los principios de este gran invento que, desde en­ tonces, vistió a la familia humana, pero no supieron extenderlo a la confección de ropas. La escritura a base de imágenes también parece haber hecho su aparición en este período. Si efectivamente tuvo origen en un periodo anterior, recibía ahora un considerable impulso. Es interesante como una de las etapas de un arte que debía culminar en la invención de un alfabeto fonético. La serie de invenciones conexas parece haber sido la siguiente: I. Lenguaje gesticulado, o bien lenguaje de símbolos personales. II. Escritura con imágenes o símbolos ideográficos. III. Jeroglíficos o símbolos convencionales. IV. Jeroglíficos de poder fonético o símbolos foné­ ticos empleados en sílabas. V. Un alfabeto fonético o sonidos es­ critos. Desde que el lenguaje de sonidos fue un proceso de desarro­ llo a través de etapas sucesivas de desenvolvimiento, es interesante e importante el conocimiento de la evolución de sus procesos ante­ riores. Los caracteres en los monumentos de Copan son, aparente­ mente, jeroglíficos del grado de símbolos convencionales. Enseñan que los aborígenes americanos que practicaron las tres primeras formas llevaban su rumbo hacia un alfabeto fonético.

 

También parecen pertenecer a este período la invención de la em­ palizada como defensa del poblado, la del escudo de cuero sin cur­ tir como defensa contra la flecha convertida ahora en proyectil mor­ tífero, la de las varias formas del mazo de guerra armado de una piedra embutida o con punta de asta de ciervo. Por lo menos, los usaban en general los indios americanos del estadio inferior de la barbarie en la época en que fueron descubiertos. La lanza con pun­ ta de hueso o de piedra no era arma usual entre las tribus de las selvas, si bien algunas veces la empleaban (439). Este arma corres­ ponde al período del salvajismo, antes de la invención del arco y flecha, y reaparace como arma principal en el estadio superior de la barbarie, cuando entró en uso la lanza con punta de cobre y el

 

          League of the Iroquois, pág. 364.

          Por ejemplo, los ojibwas usaban la lanza o jabalina, Shema-gun, con punto de pedernal o de hueso.

 

LA.SOCIEDADPRIMITIVA527

 

combate llegó a efectuarse cuerpo a cuerpo. El arco y lá flecha y el mazo de guerra eran las armas principales de los aborígenes ame­ ricanos en el estadio inferior de la barbarie. Se progresó un tanto en

 

la alfarería en el sentido del tamaño de las vasijas y en su deco­ ración (440), pero hasta el fin de este período continuó siendo muy tosca. Hubo un adelanto sensible en la arquitectura de la vivienda, en las dimensiones y métodos de construcción. Entre las invencio­ nes menores se cuenta la cerbatana para la caza de aves, el mortero y el triturador de madera, para reducir el maíz a harina, y el mor­ tero de piedra para preparar pinturas; pipas de pieda y de barro y el uso de tabaco; implementos de piedra y de hueso, de grado más adelantado, y el martillo de piedra con revestimiento de cuero sin curtir, en el mango y en la parte superior, y el mocasín y cinto ador­ nados con púas de erizo. Es probable que algunos de estos inven­

 

tos fuesen copiados de tribus que se hallaban en el estadio medio, porque fue por este proceso constantemente repetido que las tribus más adelantadas elevaban a las más atrasadas, a medida que éstas eran capaces de apreciar los medios de progreso y apropiarse de los mismos.

 

El cultivo del maíz y de plantas dio al pueblo pan sin levadura, el succotash y el hominy indios. También tendió a introducir otras especies de bienes, a saber: tierras y huertas cultivadas. No obstan­ te que las tierras eran poseídas en común por las tribus, se reco­ nocía al individuo o al grupo un derecho posesorio sobre la tierra cultivada que ahora llegó a ser objeto de herencia. El grupo reunido en una vivienda común era, en su mayoría, de la misma gens, y la regla de sucesión no permitía que fuese desprendida de la parentela. Los bienes del marido y de la mujer eran mantenidos aparte, y después de su muerte quedaban en las gentes a las cuales pertene­ cieran respectivamente. La esposa y los hijos no recibían nada del marido y padre; el marido no recibía nada de la esposa. Entre los iroqueses, a la muerte de un individuo que dejara esposa e hijos, sus bienes se distribuían entre sus gentiles, de tal suerte que la mayor parte iría a sus hermanos e hijos de éstas, y a sus tíos ma­ ternos. Una pequeña parte podía corresponder a sus hermanos. A la muerte de una mujer que dejaba marido e hijos, estos hijos, las her­ manas de la extinta, su madre y las hermanas de ésta, heredaban los bienes, pero el monto principal correspondía a los hijos. En

 

.ambos casos los bienes quedaban dentro de la gens. Entre los ojib-was, los bienes de la madre correspondían a los hijos, si éstos te-

 

          Los cries fabricaban vasijas de barro de 2 a 10 galones (History of American Indians, de Adair, p. 424); y los iroqueses adornaban sus cántaros y pipas con miniaturas de rostros humanos colocados como botones. Este des­ cubrimiento fue hecho recientemente por F. A. Cushing, de la Smithsonian Institution.

 

523LEWISH.MORGAN

 

nían edad para hacer uso de ellos; de lo contrario, o cuando no había hijos, correspondían a las hermanas de la extinta y a su madre y hermanas de ésta, con exclusión de los hermanos varones de aquélla. Aunque hubiesen cambiado la descendencia a la línea mas­ culina, la herencia todavía continuaba la regla que prevalecía cuan­ do la descendencia seguía la línea femenina.

 

La variedad y cantidad de bienes eran mayores que en el sal­ vajismo; pero aún no era suficiente como para crear un sentimiento vigoroso en relación a la herencia. Se podrá distinguir en la men­ cionada forma de distribución, como ya se ha dicho en otra parte, el germen de la segunda gran regla de sucesión que otorgaba la propiedad a la parentela agnaticia, con exclusión de los restantes gentilicios. La agnación y los parientes agnaticios, como ahora se definen, presuponen la descendencia de la línea masculina; pero

 

las personas comprendidas serían, muy distintas de aquellas que seguían la descendencia por la línea femenina. El principio es idén­ tico en ambos casos y los términos parecen ser de tanta aplicación en uno como en otro. Con descendencia en la línea femenina, los agnados son aquellos que pueden señalar su descendencia de un mismo antepasado común con el intestado a través de mujeres ex­ clusivamente; en el otro caso, serían aquéllos pue pueden señalar su descendencia a través de varones exclusivamente. El fondo del parentesco agnaticio es la vinculación de sangre entre individuos de una misma gens por descendencia directa de un mismo antepasado común; en una línea determinada.

 

En la actualidad, las tribus indias más adelantadas comienzan a manifestar su descontento por la herencia gentilicia. En algunas ha sido suprimida y sustituida por el derecho hereditario exclusivo de los hijos. En otra parte se han citado testimonios de este descontento entre los iroqueses, los cries, los cheroqueses, los choctas, los meno-miníes, los cornejas y los ojibwas, con referencia a las estratagemas ideadas a fin de que los padres pudieran dejar sus bienes ahora mu­ cho más cuantiosos a sus hijos.

La disminución de la antropofagia, ese flagelo embrutecedor del salvajismo, fue muy notable en el período inferior de la barbarie, se fue dejando como práctica general; pero se mantuvo como práctica

 

de guerra a través de este período y hasta los comienzos del período medio, como ya se ha dicho en otra parte. En esa forma se com­ probó su existencia en las principales tribus de los Estados Unidos, Méjico y Centro América, La adquisición de alimento farináceo fue el medio principal mediante el cual se rescató al hombre de aquella costumbre salvaje.

 

Hemos recorrido ya de una sola ojeada dos períodos étnicos

que abarcan, por lo menos, las cuatro quintas partes de la existencia íntegra del hombre sobre la tierra. Estando en el estadio inferior

 

LASOCIEDADPRIMITIVA529

 

comenzaron a manifestarse los atributos más elevados de la huma­ nidad; la dignidad general, la elocuencia en la palabra, el senti­ miento religioso, la rectitud, la virilidad y el arrojo ya eran rasgos comunes del carácter; pero también lo eran la crueldad, la traición

 

y el fanatismo. Coresponden a este período el culto de los elemen­ tos, en la religión, con un concepto impreciso de dioses personales y de un gran espíritu, versificación rudimentaria, viviendas colecti­ vas y el pan dé maíz. También creó la familia sindiásmica y la con­ federación de tribus constituidas en gentes y fratrías. La imagina­ ción, aquella gran facultad que tanto ha contribuido a la elevación del género humano, originaba ahora una literatura oral de mitos, leyendas y tradiciones que ya había llegado a ser un poderoso esti­ mulante para la raza.

 

          La p r o p i e d a d e n e l e s t a d i o m e d i o d e l a b a r b a r i e La condición del hombre se ha perdido más completamente en

 

este período que en cualquiera otro. La exhibían en todo su esplen­ dor como bárbaros, los indios pueblos del Norte y Sud América, en la época en que fueron descubiertos. Se pudo haber conseguido el conocimiento total de sus instituciones de gobierno, sus dogmas re­ ligiosos, su régimen de vida doméstica, sus artes y sus regímenes de sucesión y herencia de la propiedad; pero se dejó escapar la opor­ tunidad. Todo cuanto resta son supervivencias dispersas de la ver­ dad, plagadas de erróneas interpretaciones y de leyendas román­ ticas.

 

Este período se inicia en el hemisferio oriental con la domesti­

 

cación de animales, y en el occidental con la aparición de indios pueblos que habitaban grandes viviendas colectivas construidas de adobe y, en algunas regiones, de piedra de sillería. Le acompaña­ ban el cultivo del maíz y plantas durante el riego, lo que exigía canales artificiales y huertas distribuidas en cuadros, con bordes le­ vantados para conservar el agua hasta que fuese absorbida. En la época de su descubrimiento se hallaban muy próximos al fin del

 

{ jeríodo medio, habiendo, algunos de ellos, fabricado ya en bronce, o que los ace rcaba al proceso más elevado de la fusión del mineral

 

de hierro. La vivienda colectiva tenía carácter de fortaleza y ocu­ paba una posición intermedia entre el poblado con empalizada del estadio inferior y la villa amurallada del estado superior. En la épo­ ca del descubrimiento no existían en América ciudades en el sen­ tido verdadero del vocablo. En las artes de la guerra habían pro­ gresado poco, salvo en la defensa, con la construcción de grandes casas invulnerables al asalto indio. Pero habían inventado el manto

 

o capa forrada (escaupiles) de algodón, como una nueva defensa

 

LEWISH.MORGAN

 

contra la flecha (441), y la espada de dos filos (macmhuitl) (442), dotado cada filo de una hilera de puntas angulares de pedernal embutidas en la hoja de madera. Todavía empleaban el arco y la flecha, la lanza y el mazo de guerra, puñales y hachas de nedemal e implementos de piedra (443), aun cuando poseían el formón y hacha de cobre, que, por alguna razón, nunca fueron de uso ge­ neral,

 

Se añadía ahora el maíz, judías, calabazas y tabaco, el algodón,, pimienta, tomates, cacao y el cultivo de ciertas frutas. Se hacía una cerveza con la fermentación del jugo del maguey. Entre tanto, los iraqueses ya habían fabricado una bebida similar con la fermenta­ ción de la sabia del arce. Se fabricaban vasijas de barro con capa­ cidad para varios galones, de fina contextura y decorado superior mediante procedimientos perfeccionados del arte de la cerámica. Se sabe que fabricaban en abundancia vasos, ollas y cántaros para agua. Corresponde a este período el descubrimiento y empleo de metales nativos, primero para adornos y, más tarde, para implemen­ tos y utensilios, como son el hacha y el formón de cobre. También corresponden al mismo período en América la fusión de estos me­ tales en crisol, con el empleo probable del soplete y del carbón de leña, su fundición en moldes, la producción del bronce, toscas es­ culturas en piedra, vestimentas de algodón tejido (444), la casa de piedra de sillería, ideógrafos o jeroglíficos tallados en los maderos sepulcrales de los jefes, el calendario para llevar cuenta del tiempo

 

y la piedra solsticia para señalar las estaciones, los muros ciclópeos, la domesticación de la llama, de una especie de perro, del pavo y

 

de otras aves. También en este período étnico aparecen, por pri­ mera vez, un clero organizado en jerarquías, distinguiéndose por una indumentaria especial, los dioses personales con ídolos que los representaban y los sacrificios humanos. Surgen ahora dos grandes villas indias, Méjico y Cuzco, conteniendo arriba de veinte mil ha­ bitantes, cifra desconocida en el período anterior. Comienza a apa­ recer, en forma débil, elemento aristocrático entre los jefes militares y civiles, por el aumento de la población que estaba bajo un mismo gobierno, y la creciente complejidad de los asuntos.

 

Dirigiéndose ahora ,al hemisferio oriental, hallamos en el perío­ do correspondiente a sus tribus nativas en posesión de animales do­ mésticos, que les suministraban una alimentación de carne y leche, pero probablemente carente de alimentos hortícolas y farináceos-

 

Cuando se hizo el gran descubrimiento de que el caballo, vaca, ove­ ja, cerdo y cabra salvajes eran susceptibles de domesticación, y que

          Herrera, I, c., IV, 16.

          Ib., III, 13; IV , 16, 137. C lavijero, II, 165.

          Clavijero, II, 238; Herrera, II, 145; IV, 133.

          Hakluyt, Coll, of Voyages, I. c., Ill, 377.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA531

 

creados en rebaños y manadas se convertían en fuente permanente de subsistencia, debió darse un impulso poderoso al progreso hu­ mano; pero el efecto no sería; general hasta tanto se hubiese arrai­ gado la vida pastoril para la cría y conservación de los rebaños y manadas. Europa, en su mayor parte región selvática, no era apta

 

para la vida pastoril; pero las praderas altas de Asia y las orillas del Eufrates, del Tigris y de otros ríos asiáticos, eran el asiento natural de las tribus pastoriles. Tenderían por fuerza hacia esos territorios, y es en aquellas regiones que hallamos a nuestros propios ante­ pasados remotos, donde fueron encontrados enfrentándose a tribus se­ míticas pastorales similares. El cultivo de cereales y plantas debió preceder a su migración desde las praderas hacia las regiones fores­ tales de Asia occidental y de Europa'. Se verían forzados a ello por las necesidades de los anímales domésticos, incorporados ahora a su régimen de vida. Existen razones, por consiguiente, para creer que

 

el cultivo de cereales por las tribus arias precedió a su migración occidental, con excepción tal vez de los celtas. En este período apa­ recen en el hemisferio oriental las telas tejidas de lino y lana y los implementos y armas de bronce. Tales fueron las invenciones y des­ cubrimientos que señalaron el período medio de la barbarie. La so­ ciedad alcanzaba ahora una organización más alta, y sus asuntos

 

se hacían más complejos. Existían diferencias en las culturas de los dos hemisferios como consecuencia de la desigualdad de sus do­ nes naturales. Pero la corriente principal del progreso ascendía cons­ tantemente hacia el conocimiento del hierro y sus empleos. Era in­ dispensable para cruzar la barrera del estadio superior poseer los implementos metálicos aptos para conservar punta y filo. El hierro era el único metal capaz de corresponder a esta exigencia. Las tribus' más adelantadas quedaban detenidas ante esta barrera, a la espera

 

de la invención del proceso de fundir el mineral de hierro. De las consideraciones expuestas es evidente que ya se había producido un gran acrecentamiento de la propiedad personal y se habían realizado algunos cambios en las relaciones de las personas

 

con la tierra. El dominio territorial todavía pertenecía a la tribu en común; pero una porción se distraía ahora par,a el sostenimiento del gobierno, otra para fines relacionados con el culto y otra más im­ portante, aquella de la que el pueblo obtenía su sostenimiento, se distribuía entre las diversas gentes o comunidades de personas que habitaban en .el mismo pueblo. No está comprobada ni es tampoco probable que el individuo poseyera viviendas o tierras por derecho propio, con facultades para enajenarlas ,a perpetuidad a favor de quien deseara. Su modo de poseer las tierras en condominio de gen­ tes o de comunidades, sus viviendas colectivas y la manera de ubi­ carse por familias emparentadas impedían la propiedad individual

de casas o tierras. El derecho de vender una participación en tales.

 

532LEWISH.MORGAN

 

ttierras o casas, y transferirla a un extraño, acabaría con su régimen

de vida (445). Los derechos posesorios que debemos suponer exis­

tían a favor de individuos o de familias, eran inagenables, salvo den­

 

tro de la g ens, y al fallecer un individuo pasaban por herencia a los herederos gentilicios del mismo. Las viviendas colectivas señalan un plan de vida opuesto a la propiedad individual.

 

Los indios pueblos Moqui poseen además de sus siete grandes poblados y sus huertas rebaños de ovejas, caballos y muías y otros considerables bienes personales. Fabrican vasijas de barro cíe dife­ rentes dimensiones y de excelente calidad y mantas de lana en te­ lares con hilos de su propia producción. El mayor J. W. Powell to­ mó nota del siguiente caso en el poblado de Orayben; caso que comprueba que el marido no adquiere derecho alguno sobre los bie­ nes de su esposa o de los hijos del matrimonio. Un zuñiano casó con una mujer oraybe y tuvo tres hijos de ella. Residió con ellos en Oraybe hasta la muerte de su mujer, la que se produjo cuando el mayor Powell estaba en el pueblo. Los parientes de la extinta se hicieron cargo de sus hijos y de sus bienes müebles, dejándole al marido su caballo, vestido y armas. Se le permitió tomar ciertas man­ tas que le pertenecían, pero no le entregaron las que habían perte­ necido a su esposa. Él partió del pueblo con el mayor Powell, di-ciéndole que lo acompañaría hasta Santa Fe y que luego volvería a

 

su propio pueblo en Zuñi. Otro caso semejante ocurrió en otro de los poblados de Moqui (She-poic-e-luvih), que también llegó a oídos de mi informante. Falleció una mujer, dejando marido, hijos y algu­

 

nos bienes. Los parientes de. la extinta tomaron los hijos y los bienes, y al viudo sólo se le permitió llevarse sus ropas. El mayor Powell, que vio al individuo en cuestión, no pudo saber si se trataba de un indio moqui o si pertenecía a otra tribu. De estos ejemplos se des­ prende que los hijos pertenecían a la madre y no al padre y que

 

éste no podía llevarlos consigo ni aún después del fallecimiento de la madre. Tales eran las costumbres de los iraqueses y de otras tri­ bus del Norte. Además, los bienes de la esposa se conservaban sepa­ rados y pertenecían a sus parientes después de su muerte. Esto tien­ de a demostrar que la esposa no tomaba nada del marido, como con­ secuencia del hecho de que el marido nada tomaba de su esposa. En

 

          En una conferencia dada ante la sociedad histórica de Nuevo Méjico, por el Rev.. Samuel Gorman, misionero entre los indios pueblos Laguna, dijo (página 12) que el derecho de la propiedad. corresponde a la parte femenina de la familia, y se hereda por esta línea, de madre a hija. La tierra se posee en común, como bien de la comunidad; pero cuando un individuo ha cultivado

 

un lote, adquiere sobre él un derecho personal que podrá enajenar a favor de otro de la comunidad... Generalmente Jas mujeres son quienes administran el granero y son más previsoras que sus vecinas españolas. Comúnmente tratan de disponer de provisiones para un año. Solamente cuando se suceden dos años de carestía, los pueblos, como una comunidad, padecen hambre .

 

LASOCIEDADPRIMITIVA533

 

otra parte se ha expuesto que ésta era también La costumbre de los indios pueblos de Méjico.

 

Es probable que la mujer, tanto como el varón, tuviera derechos posesorios a las habitaciones o partes de la vivienda colectiva que habitaba; y no cabe duda de que transmitían estos derechos a sus parientes más cercanos, bajo una reglamentación fija. Necesitamos saber cómo estas partes de cada pueblo poseían y heredaban, si el poseedor tenía facultad para enajenar y transferir a un extraño sus bienes, y, en caso de no tenerla, la naturaleza y límites de sus de­ rechos posesorios. También es preciso saber quién hereda los bienes del varón y quién los de la mujer. Una labor no muy ardua, pero bien encaminada nos suministraría estos conocimientos tan deseados. Los autores españoles han hecho una maraña inexplicable de la

 

tenencia de la tierra en las tribus del Sur. Cuando dieron con una comunidad de personas dueñas de la tierra en común, que no tenían facultades para enajenar y entre los cuales uno era considerado como jefe, tomaron esas tierras por un estado feudal, al jefe como un señor feudal y al pueblo que poseía la tierra en común como a sus vasallos. En el mejor de los casos, esto era la desnaturalización de los hechos. Algo salta a la vista, y es lo que se refiere a la posesión de las tierras por una comunidad de personas; pero se olvidaba otro hecho no menos esencial, a saber: cuál era el vínculo de unión entre estas personas. Si se hubiese tratado de una gens o de una parte de ella, el phoblema íntegro hubiera sido inmediatamente resuelto.

 

La descendencia en la línea femenina todavía se mantenía en al­ gunas de las tribus de Méjico y Centroamérica, mientras que en otras, probablemente en las más, habíase cambiado a la línea mascu­ lina. La influencia de la propiedad debió provocar este cambio, a fin de que los hijos, como agnados, pudieran participar en la herencia de su padre. Entre los mayas, la descendencia seguía la línea mascu­ lina, mientras que entre los aztecas, tezcucartos, tlascopanos y tlas-calanos es difícil precisar si se seguía a la línea masculina o la feme­ nina. Es probable que entre los indios pueblos en general se ope­ rara el cambio de la descendencia a la línea masculina, con resa­

bios de un régimen arcaico que se manifestaban en ciertas formas,

como, por ejemplo, en el cargo de Teuctli El cambio no derrumba­

ría la herencia gentilicia. Sostienen muchos escritores españoles que

los hijos, en algunos casos el mayor, heredaban los bienes del padre

extinto; pero tales declaraciones, sin la exposición del sistema, care­

cen de valor.

 

Entre los indios pueblos esperaríamos encontrar la segunda gran regla de herencia que distribuye los bienes entre los parientes agna-ticios. Con la descendencia por la línea masculina, los hijos del ex­ tinto estarían a la cabeza de los agnados, y, naturalmente, recibirían la mayor parte de la herencia. No es probable que se hubiese esta-

 

534LEWISH.MORGAN

 

blecido entre ellos la tercera-gran regla, que atribuye a los hijos del propietario finado la exclusividad de la herencia. El estudio de la herencia por los primeros autores y por otros posteriores no es sa­ tisfactorio y carece de una exacta información. La cuestión aún de­ pende de las instituciones, usos y costumbres, los que únicamente pueden explicar el sistema. Sin más antecedentes de los que posee­ mos actualmente, no es posible afirmar la existencia de la herencia exclusiva de los hijos.

Los aborígenes de América nunca alcanzaron el último gran pe­

 

ríodo de la barbarie. Éste se inició en el Oriente con la producción y empleo del hierro, de acuerdo con el plan que hemos adoptado en esta obra.

 

El proceso de la fusión del mineral de hierro fue el invento de

los inventos, como en otra parte se ha expresado, junto al cual todos los demás ocupan una posición subalterna. No obstante el conoci­ miento del bronce, el progreso del hombre se hallaba todavía dete­ nido por la falta de implementos metálicos eficaces y por la de un metal de bastante fuerza y dureza como para emplearlo en aplica­ ciones mecánicas. Todas estas propiedades se hallaron reunidas por vez primera en el hierro. De esta invención data el paso acelerado del progreso humano. Este período étnico, que se ha hecho para siempre memorable, fue, por muchos aspectos, el más brillante y notable de toda la experiencia del género humano. Se exhibe tan pletórico dfe hazañas, que ante él nace la sospecha de que muchas de las obras que se le atribuyen corresponde a un período anterior.

 

          La p r o p i e d a d e n e l e s t a d i o s u p e r i o r d e l a b a r b a r i e

 

En las postrimerías de este período, la propiedad en masa, com­

puesta de una gran variedad de bienes de posesión individual, co­

menzó a generalizarse, por el surgimiento ae la agricultura, de las

manufacturas, del comercio doméstico y del intercambio con el ex­

terior; pero la antigua posesión de la tierra, bajo el régimen de la

propiedad en común, sólo había cedido en parte a la propiedad in­

dividual. La esclavitud sistemática tuvo su origen en este estadio.

Ella está directamente relacionada con la adquisición de bienes.

Originó la familia patriarcal del tipo hebreo, y las familias seme­

jantes de las tribus latinas sometidas ,a la autoridad paterna, así

como también una forma modificada de la misma, entre las tribus

griegas. Por estas causas, y más particularmente por la creciente

abundancia de alimento merced al cultivo de los campos, comenza­

ron a desarrollarse las naciones, reuniéndose muchos millares de per­

sonas bajo un sólo gobierno, mientras que anteriormente habían sido

unos pocos. La ubicación de las tribus en zonas fijas y en villas for-

 

LASOCIEDADPRIMITIVA535

 

tifícadas, con el .aumento de la población, intensificó la lucha por la posesión de las tierras más codiciadas. Esto condujo al perfecciona­ miento del arte de la guerra y al aumento de la recompensa de la proeza individual. Estos cambios en el régimen y plan de vida indi­ can la aproximación de la civilización, que habría de derrocar la so­ ciedad gentilicia y sustituirla por la política.

Aunque los habitantes del hemisferio occidental no participaran

 

de la experiencia que corresponde a este estadio, no dejaban de se­ guir las mismas orientaciones que habían señalado rumbo a los ha­ bitantes del hemisferio oriental. Ellos habían quedado detrás de la columna que marchaba a la cabeza del género humano, precisa­ mente a una; distancia equivalente a la duración del estadio supe­ rior de la barbarie más ciertos años de civilización.

 

Señalaremos ahora el desenvolvimiento del concepto de propie­ dad en este estadio de adelanto, según lo comprueban su reconoci­ miento como un valor y los regímenes establecidos para su pose­ sión y herencia.

 

Las primeras leyes de los griegos, romanos y hebreos, una vez comenzada la civilización, hicieron poco más que convertir en dis­ posiciones de ley los resultados de su experiencia anterior, encarna­ da en usos y costumbres. Del conocimiento de las leyes posteriores

 

y de los anteriores regímenes arcaicos puede inferirse, con razonable seguridad, los cambios intermedios, aun cuando no los conozcamos manifiestamente.

 

Al finalizar el período posterior de la barbarie se habían produ­ cido grandes cambios en la tenencia de tierras. Ésta tendía gradual­ mente a dos formas de posesión, a saber: la del estado y la indivi­ dual. Pero no se logró por completo este resultado hasta después de alcanzada la civilización. Entre los griegos, como ya hemos visto, algunas tierras eran de propiedad común de las tribus, otras comu­ nes a las fratrías para fines del culto y otras comunes a las gentes; pero la mayor parte de las tierras eran de propiedad individual pri­ vativa. En los tiempos de Solón, cuando todavía la sociedad ate­ niense era gentilicia, la tierra, en general, pertenecía a individuos que ya habían aprendido a hipotecarlas (446), pero la propiedad in­ dividual no era entonces una novedad. Desde su primer estableci­ miento las tribus romanas tenían su tierra de dominio público, el

 

Ager Romanus, a la vez que había tierras de la curia para fines rela­ cionados con el culto de la gens y de propietarios individuales. Des­ pués que caducaron estas corporaciones sociales, las tierras que ha­ bían sido de propiedad común cayeron gradualmente bajo la pro­ piedad privativa. Muy poco se sabe fuera del hecho de que determi­ nadas tierras eran reservadas a estas instituciones para usos especía-

 

          Plutarco, en Solón, cap. XV.

 

LEWISH.MORGAN

 

les, mientras que los individuos, paulatinamente, se apropiaban.de los bienes de propiedad pública.

 

Estos diversos regímenes de posesión tienden a demostrar que la regla más antigua de la tenencia de la tierra era la común ejercida por la tribu, que después se inició el cultivo de la tierra, una parte de la tribu se repartió entre las gentes y cada una de éstas la poseía en común; con el transcurso del tiempo, se adjudicaron individual­ mente, lo que condujo, por último, a la propiedad individual priva­ tiva. Las tierras no ocupadas y yermas permanecían todavía como

 

bien común de la g ens, de la tribu y de la nación. Éste, en suma, pa­ rece haber sido el proceso de La experiencia respecto a la posesión de la tierra. En general, los bienes personales eran de propiedad in­ dividual.

 

La familia monógama hizo su primera aparición en el estadio superior de la barbarie, y su desenvolvimiento de una forma previa sindiásmica tenía íntima conexión con el incremento de la propiedad y con las costumbres relativas a la herencia. La descendencia había cambiado ,a la línea masculina, pero todos los bienes muebles e in­ muebles eran, como lo venía siendo desde tiempo inmemorial, he­ reditarios en la g ens. Nuestras principales fuentes informativas res­ pecto a las clases de propiedad que existían entre las tribus griegas de este período derivan de los poemas homéricos y de las primiti­ vas leyes del período de la civilización, que reflejan usos antiguos. En la litada se hace mención de cercos que rodeaban los campos cultivados (447) de una tierra cercada de cincuenta acres, una mitad de la cual era apta para viñedos y la otra para la labranza (448). Se dice de Tideo que residía en una mansión rica en recursos y que poseía campos que le producían maíz en abundancia (449). No existe razón para dudar de que en ese tiempo las tierras se medían y cerca­ ban y eran de propiedad individual. Esto representa un considera­ ble grado de progreso en el concepto de .la propiedad y sus usos. Ya existía entonces la cría de caballos notables por su excelencia (450). Los rebaños de ovejas, poseídos en forma individual, se citan como ovejas de un hombre rico, incontables en número (451). Todavía

 

no se conocía la moneda acuñada y, por consiguiente, el comercio consistía en el trueque de menesteres, como lo revelan las líneas siguientes: luego los griegos de cabellera larga compraron vino, algunos por bronce, algunos por hierro pulido, otros por pieles, al­ gunos por los mismos bueyes y otros por esclavos (452). Sin em-

 

          lliada V. 90.

          Ib., IX, 577.

          Ib., XIV, 121.

          Ib., V. 265.

          Ib., IV, 433. Trad, de Buckley.

          Ib., VII, 472. Trad, de Buckley.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA537

 

bargo, se menciona el oro en lingotes, valorado en pesos y computado en talentos (453). Se hace mención de artículos fabricados con oro, plata, bronce y hierro, y de tejidos de lino y lana de muchas for­ mas, juntamente con casas y palacios. Es innecesario ampliar estos ejemplos. Los citados son suficientes para indicar el gran adelanto conquistado por la sociedad en el estadio superior de la barbarie en comparación con el período inmediatamente anterior.

 

Una vez que las casas y tierras, rebaños y manadas y menesteres mercables hubieron aumentado tanto en cantidad y llegaron a ser sujeto de propiedad individual, surgiría la cuestión del derecho de su herencia, apremiando a la mente humana con insistencia hasta que este derecho fuera colocado sobre una base que satisfizo la creciente inteligencia del intelecto griego. Los usos arcaicos serían modificados en el sentido de conceptos más nuevos. Los animales domésticos eran un bien más considerable que el conjunto de todos los bienes conocidos anteriormente. Servían de alimento, eran tro-cables por otras mercaderías, podían emplearse para el rescate de cautivos, para el pago de multas, para los sacrificios en la observan­ cia de ritos religiosos. Además, como eran capaces de multiplicar indefinidamente su número, su posición reveló a la mente humana, su primera concepción de la riqueza. Siguió a esto, en orden de

 

tiempo, el cultivo sistemático de la tierra, que tendía a identificar la familia con el suelo, y a hacer de ella una institución elaborada de bienes. No tardó esto en hallar expresión en las tribus latinas grie­ gas y hebreas en las familias sujetas a ia autoridad paterna que incluía sirvientes y esclavos. Desde que la labor del padre y sus hijos se incorporaba más y más a la tierra -con la producción de animales domésticos y con la creación de menesteres, tendería rio solamente a individualizar la familia, ahora monógama, sino tam­ bién a insinuar los derechos preferentes de los hijos a la herencia

de la propiedad en cuya creación habían colaborado. Antes del cul­

tivo de la tierra, los rebaños y manadas caerían, por orden natural,

bajo el dominio conjunto de personas agrupadas por parentescos y

con fines de subsistencia. En tal condición era probable que se impu­

siera la herencia agnaticia. Pero una vez que la tierra llegó a ser su­

jeto de propiedad, y las adjudicaciones individuales habían culmina­

do en la posesión privativa, era seguro que la tercera gran regla de

la herencia, que asignaba la propiedad a los hijos del extinto propie­

tario, se habría de sobreponer a la herencia agnaticia. No existe evi­

dencia directa de que la estricta herencia agnaticia haya existido ja­

más entre las tribus latinas, griegas o hebreas, salvo en la reversión

establecida por igual en la ley griega, la romana y la hebrea; pero

 

          litada, XH, 274.

 

LEWISH.MORGAN

 

de la reversión misma puede inferirse la existencia de la exclusiva herencia agnaticia en un tiempo primitivo.

 

Cuando la labranza de los campos demostró que la superficie íntegra de la tierra podía ser sujeto de propiedad individual, y se vio que el jefe de la familia se hacía centro natural de la acumula­ ción, quedó inaugurada la nueva marcha de la humanidad hacia la propiedad. Esta completó su evolución antes de que finalizara el período posterior de la barbarie. Una ligera reflexión debiera bastar para convencer a cualquiera de la poderosa influencia que la proDÍe-dad comenzaría a ejercer ahora en la mente humana y del gran des­ pertar de nuevos elementos de carácter que debía producir. Hay varios testimonios de distintas fuentes que permiten afirmar que el bébil impulso engendrado en la mente del salvaje se había converti­

 

do ahora en pasión avasalladora en el espléndido bárbaro de la edad heroica. En una condición tan adelantada, no era posible que se mantuviera ni los usos arcaicos ni los de una época más reciente. Había llegado el momento en que la monogamia, haciendo cierta la paternidad de los hijos, proclamaría y sostendría el derecho exclu­ sivo de éstos de heredar los bienes de su extinto padre (454). En las tribus hebreas, de cuya experiencia en la barbarie muy

 

poco se sabe, existió la propiedad individual de la tierra antes del comienzo de la civilización. Un ejemplo es la compra efectuada por Abraham a Efron de la cueva de Macpela (455). Nó cabe duda de que ellos habían pasado por una experiencia previa semejante a la

 

de las tribus arias, y, como éstas, emergieron de la barbarie en pose­ sión de animales domésticos y de cereales; con el conocimiento del hierro y del bronce, y con objetos elaborados y productos textiles. Pero en la época de Abraham el conocimiento que tenían de la la­ branza de los campos era rudimentario. La reconstrucción de la sociedad hebrea después del Éxodo, mediante las tribus consanguí­

 

neas, a las cuales se le asignaron, al llegar a Palestina, áreas territo­ riales, demuestra que la civilización las tomó bajo instituciones gen­ tilicias y por debajo del concepto de la sociedad política. Con res­ pecto a la posesión y herencia de los bienes, su experiencia parece haber coincidido con la de las tribus griegas y romanas, como pare-

 

(454) Cuando se conocieron históricamente, las tribus germánicas se ha­

llaban en el estadio superior de la barbarie. Empleaban el hierro, pero en can­ tidades limitadas, poseían rebaños y manadas, cultivaban los cereales y fabri­ caban toscas telas de liny y de lana, pero no habían alcanzado aún el concepto de la propiedad individual de la tierra. Según la relación de César, citada en otra parte, las tierras laborables eran adjudicadas anualmente por ios jefes, pe ro

 

los campos pastoriles eran de tenencia común. De ahí parecería resultar que el concepto de la propiedad individual de las tierras era desconocido en Asía y en Europa, en el período medio de la barbarie, pero que nació durante el período posterior.

 

(455) Génesis, XXIII, 13.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA539

 

ce desprenderse con bastante claridad de la legislación mosaica. La herencia tenía lugar rigurosamente dentro de la fratría, y, con toda probabilidad, dentro de la gens llamada la casa del padre . El ré­ gimen arcaico de herencia, entre los hebreos, no es conocido salvo en lo que pueda testificar la reversión que era sustancialmente igual a la ley romana de Las Doce Tablas. Contamos con esta ley de reversión y también con un caso ilustrativo que demuestra que des­ pués que los hijos habían adquirido la herencia exclusiva, las hijas heredaban a falta de hijos varones. Luego el matrimonio transferi­ ría sus bienes de su propia gens a la de su marido, salvo que, en el caso de herederas, se pusiera alguna restricción al derecho. Presun­ tiva y naturalmente, el matrimonio dentro de la gens estaba prohi­ bido. Esto planteaba la última gran cuestión que surgiera con res­ pecto a la herencia gentilicia. Se planteó ante Moisés, como cues­ tión de herencia hebrea, y ante Solón, como cuestión de herencia ateniense, el reclamo de la gens del derecho supremo a retener los bienes dentro de la misma, y ambos fallaron en igual sentido, Es una presunción razonable que la misma cuestión haya sido plantea­

 

da en la gens romana, y fue en parte resuelta por el precepto de que el matrimonio de la mujer producía una diminutio capitis, y con ello la pérdida de derechos agnaticios. Esto entrañaba otro problema, a saber: si el matrimonio debía quedar restringido al régimen que

 

prohibía su realización dentro de la gens. o ser libre siendo el grado y no el hecho del parentesco la medida de la limitación. Esta última regla debía ser La resultante final de la experiencia humana con res­ pecto al matrimonio. Teniendo en cuenta estas consideraciones, el caso que se va a citar arroja mucha luz sobre las instituciones pri­ marias de los hebreos, y comprueba su similitud esencial con las de los griegos y romanos bajo el régimen gentilicio.

 

Cuando falleció Salfaad, dejando hijas y no hijos, la herencia fue adjudicada a aquéllas. Más tarde estas hijas estaban por con­ traer matrimonio fuera de la tribu de José, a la que pertenecían, y los miembros de la tribu, objetando la transmisión de los bienes, so­ metieron la cuestión a Moisés, diciendo: las cuales se casarán con algunos de los hijos de las tribus de los hijos de Israel, y la heren­ cia de ellas así será disminuida de la herencia de nuestros padres y será añadida a la herencia de la tribu de la cual serán; y será quita­ da de la suerte de nuestra heredad (456). Aunque las palabras so­ lamente representan la exposición de los resultados de un hecho pro­ puesto, implican un agravio; y el agravio sería la transferencia de bienes fuera de la gens y tribu, a las que se entendía que pertenecían por derecho hereditario. El legislador hebreo reconoce este derecho en los términos de su sentencia. La tribu de los hijos de José ha

 

          Números, XXXVI, 3 y 4.

 

LEWISH.MORGAN

 

hablado derecho: esto es lo que ha mandado Jehová acerca de las hijas de Salfaad, diciendo: Cásense como a ellas les agradase, empe­ ro en la familia de la tribu de su padre se casarán, porque la here­ dad de los hijos de Israel no será traspasada de tribu en tribu, porque cada uno de los hijos de Israel se allegará a la heredad de la tribu de sus padres. Y cualquiera hija que poseyere heredad de las tribus de los hijos de Israel, con alguno de la familia de la tribu de su padre se casará, para que los hijos de Israel posean cada uno la heredad de sus padres (457). Se exigía que casaran dentro de su propia fratría, pero no necesariamente dentro de su propia gens. Así las hijas de Salfaad fueron casadas con los hijos de los hermanos

 

de sus padres (458), quienes eran no solamente miembros de la misma fratría, sino también de su misma gens. También eran sus agnados más próximos.

 

En una ocasión anterior Moisés había fijado las reglas de heren­ cia y de reversión, en los siguientes términos explícitos: Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cuando alguno muriese sin hijos, traspasaréis su herencia a su hija; y si no tuviera hija, daréis su he­ rencia a sus hermanos: Y si no tuviere hermanos daréis su herencia

 

a los hermanos de su padre: Y si su padre no tuviere hermanos da­ réis su herencia a su pariente más cercano de su linaje, el cual la heredará (459).

 

Aquí se señalan tres categorías de herederos: primero, los hijos del extinto; segundo, los agnados en orden de proximidad; y ter­

 

cero, los gentiles, restringidos a los miembros de la fratría del falle­ cido. La primera categoría de herederos eran los hijos, pero se in­ fiere que los varones tomaban los bienes, sujetos al deber de mante­ ner las hermanas. En otro lugar encontramos que el hijo mayor te­

 

nía doble porción. A falta de hijos varones, las hijas obtenían la he­ rencia. La segunda categoría la formaban los agnados divididos en dos grados: Primero, los hermanos del fallecido, a falta de hijos, recibían la herencia; y segundo, los hermanos del padre de aquél, a falta de los primeros. La tercera la componían los gentiles, también en orden de proximidad, a saber: Los parientes más cercanos de

 

su linaje. Como "la familia de la tribu es análoga a la fratría, a falta de hijos y ganados, los bienes correspondían al phrator más próxi­

 

mo del propietario fallecido. Esto excluía de la herencia a los cog­ nados, de suerte que un phrator más lejano que un hermano del pa­ dre tendría preferencia a la herencia sobre los hijos de una hermana del extinto. Esto señala que la descendencia seguía la línea mascu­ lina y los bienes debían heredarse dentro de la gens. Se notara que

 

          Números, XXXVI, 5-8.

          Ib., XXXVI, 11.

          Ib., XXVII, 8-11.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA541

 

el padre no heredaba al hijo, ni el abuelo al nieto. En este punto, como en casi todos, la legislación mosaica está de acuerdo con la ley de Las Doce Tablas. Ofrece un notable ejemplo de la uniformidad

 

de la experiencia humana y del desarrollo de las mismas ideas en líneas paralelas en razas diferentes.

 

          En una época posterior, la legislación de Levx estableció el ma­ trimonio sobre una nueva base independiente de la ley gentilicia. La nueva ley prohibía su realización dentro de determinados límites de consanguinidad y afinidad, y lo declaraba libre fuera de estos grados. Esto arrancó de raíz los usos gentilicios entre los hebreos, respecto al matrimonio, y hoy es la regla que rige en las naciones cristianas. Volviendo a las leyes de Solón que se refieren a la herencia, las hallamos sustancialmente idénticas a las de Moisés. De esta coinci­ dencia surge que los usos, costumbres e instituciones primitivas de los atenienses y de los hebreos eran más o menos los mismos con relación a la propiedad. En el tiempo de Solón fue establecida entre los atenienses, en forma definitiva, la tercera gran regla de la he­ rencia. Los hijos varones se repartían por igual la herencia del pa­ dre; pero estaban sujetos a la obligación de mantener a las hijas y

 

de dotarlas convenientemente cuando se casaran. No habiendo hijos varones, las hijas heredaban por partes iguales. Esto creaba herede­ ras al investir de heredades a la mujer, la que, tal como las hijas de Salfaad, al contraer matrimonio transferían los bienes de su propia gens a la de su marido. Fue sometida a Solón la misma cuestión so­ metida a Moisés, y fue decidida en igual sentido. Para impedir la transferencia de bienes de gens a gens, por el matrimonio. Solón pre­ ceptuó que la heredera casara con su agnado varón más próximo,

 

aun cuando pertenecieran ,a la misma gens, y su matrimonio hubiera estado anteriormente prohibido por la costumbre. Esto llegó a ser de tal manera una regla fija de la ley ateniense, que M. de Conlanges,, en su original y notable obra, expresa la opinión de que la heren­ cia pasaba al agnado con la obligación de casarse con la herede­ ra. (460). Se producían casos en que el agnado más próximo, casado ya, se deshacía de su esposa para poder casarse con la heredera y adueñarse así de la heredad. Protomachus, en Eubúlides de Demós-tenes, es un ejemplo (461). Pero es difícilmente sostenible que la ley obligara al agnado a deshacerse de su esposa y a casarse con la here­ dera o que pudiera adquirir la heredad sin ser su esposo. No ha­ biendo hijos la herencia pasaba a los agnados, y a falta dé agnados,

 

a los gentiles del propietario extinto. La propiedad se retenía, dentro de la gens tan inflexiblemente entre los atenienses como entre los he-

 

          The Ancient City, ed. Lee and Shepard, trad, de Small, página 99.

          Demosthenes contra Eubul, pág. 41.

 

542LEWISH.MORGAN

 

breos y romanos. Solón convirtió en ley lo que probablemente antes había sido una costumbre establecida.

 

El desenvolvimiento progresivo del concepto de la propiedad es señalado por la aparición de disposiciones testamentarias estableci­ das por Solón. Ciertamente este derecho acabaría por imponerse; pero su desarrollo exigía tiempo y experiencia. Observa Plutarco que Solón adquirió celebridad por su ley respecto a los testamentos que anteriormente no eran permitidos, pero los bienes y las propiedades debían quedar en la g ens del extinto. Cuando consintió que una per­ sona testara a favor de quien quisiera, no teniendo hijos, rendía más honor a la amistad que al parentesco, e hizo de los bienes una justa posesión del dueño (462). Esta ley reconocía la absoluta posesión individual de la propiedad por una persona en vida, a lo que ahora añadía lá facultad de disponer de ella a voluntad, por testamento, en caso de no tener hijos; pero el derecho gentilicio a la propiedad era supremo mientras existieran hijos que lo representasen en la gens. Así a cada paso nos salen testimonios de que los grandes principios que hoy rigen a la sociedad fueron elaborados grado por grado en series sucesivas, y siguiendo invariablemente la misma orientación ascendente. Por más que varios de estos ejemplos corresponden al período de la civilización, no hay razón para suponer que las leyes de Solón fuesen creaciones nuevas, sin antecedentes. Más bien en­ carnaban, en forma positiva, los conceptos concernientes a la pro­ piedad que se habían desarrollado paulatinamente a base de expe­ riencia, hasta el pleno vigor de las leyes mismas. La ley positiva sustituía ahora a la consuetudinaria.

La ley romana de Las Doce Tablas (promulgada por vez prime­

ra en el ,año 449 a. de J. C.) (463) contiene el régimen de herencia

existente entonces. Los bienes pasaban primero a los hijos con los

cuales la esposa del extinto era igualmente coheredera; a falta de

hijos y descendientes por la línea masculina, correspondía a los ag­

nados en orden de proximidad; y a falta de agnados correspondía a

los gentilicios (464). Aquí encontramos de nuevo, como base funda­

mental de la ley, que la propiedad debe quedar en la gens. La re­

versión es el único indicio que tenemos para saber si los remotos

antepasados de las tribus griegas, romanas y hebreas practicaron una

tras otra las tres grandes reglas de la herencia que adquiriría en el

orden inverso al que preceptúan Las Doce Tablas; que la herencia

por los gentiles precedió a la herencia por los agnados, y que la he­

rencia agnaticia precedió a la herencia exclusiva de los hijos.

En el curso del período posterior de la barbarie, tuvo marcado

 

          Plutarco, Vita Solón, c. 21.

          Livio, III, 54, 57.

          Gayo, Jmt., Ill, 1, 9, 17.

 

LASOCIEDADPRIMITIVA543

 

desenvolvimiento un nuevo elemento: la aristocracia. La individua­ lidad de las personas y el acrecentamiento de la riqueza, ahora de propiedad individual, echahan los cimientos de la influencia perso­ nal, También la esclavitud, degradando constantemente a una parte del pueblo, tendía a fijar contrastes de condición desconocido en los anteriores períodos étnicos. Esto, con la propiedad y el cargo oficial, desenvolvieron gradualmente el sentimiento de la aristocracia que

 

tan hondamente ha penetrado en la sociedad moderna y antagoniza los principios democráticos creados y nutridos por las gentes. No tardaría en perturbar el equilibrio social con la introducción de pri­ vilegios desiguales y distintos rangos de individuos en un pueblo de

 

la misma nacionalidad, y convertirse así en fuente de discordia y luchas.

 

En el estadio superior de la barbarie, la función de jefe, en sus diversos grados, que originariamente era hereditaria en la gens y electiva entre sus miembros, es probable que en las tribus griegas y latinas pasara de padre ,a hijo como regla. No se podría afirmar, por los antecedentes conocidos, que se transmitiera por derecho he­ reditario, pero la posesión de alguno de los cargos de archón, phy-lobasilus o basileus entre los griegos, y de princeps y rex entre los romanos, tendía a robustecer en sus familias el sentimiento de la aristocracia. Pero, no obstante haber alcanzado una existencia per­ manente, no era bastante vigoroso para cambiar esencialmente la constitución democrática del gobierno primitivo de estas tribus. La propiedad y el cargo eran las bases sobre las cuales se implantó la aristocracia.

 

Si este principio subsistirá o morirá es uno de los grandes pro­ blemas que han preocupado a la sociedad a través de los períodos transcuridos. Planteado como cuestión de derechos iguales y dere­ chos desiguales de leyes iguales y de leyes desiguales, de derechos de riqueza, de jerarquía y de posición oficial, y el poder de la justicia y de La inteligencia, pocas dudas caben respecto a los resultados fi­ nales. No obstante haber pasado varios millares de años sin el de­ rrocamiento de las clases privilegiadas, excepto en los Estados Uni­ dos, no ha dejado de mostrar su carácter oneroso para la sociedad.

 

A partir del advenimiento de la civilización, el acrecentamiento de la propiedad ha sido tan inmenso, sus formas tan diversificadas, sus empleos tan generalizados y su manejo tan inteligente para el interés de sus dueños, que ha llegado a ser para el pueblo una poten­ cia indomable. La mente humana se siente aturdida en presencia de

 

su propia creación. Llegará el día, sin embargo, en que el intelecto humano se eleve hasta dominar la propiedad y defina las relaciones del estado con la propiedad que salvaguarda y las obligaciones y limitaciones de derechos de sus dueños. Los intereses de la sociedad son mayores que los de los individuos y debe colocárselos en una

 

544LEWISH.MORCAN

 

relación justa y armónica. El destino final de la humanidad no ha de ser una mera carrera hacia la propiedad, si es que el progreso ha de ser la ley del futuro como lo na sido del pasado. El tiempo transcu­ rrido desde que se inició la civilización nó es más que un fragmento de la duración pasada de la existencia del hombre y un fragmento

 

de las edades del porvenir. La disolución social amenaza claramente ser la terminación de una empresa de la cual la propiedad es el fin y la meta, pues dicha empresa contiene los elementos de su propia destrucción. La democracia en el gobierno, la fraternidad en la so­ ciedad, la igualdad de derechos y privilegios y la educación univer­ sal anticipan el próxima plano más elevado de la sociedad, al cual la experiencia, el intelecto y el saber tienden firmemente. Será una resurrección, en forma más elevada, de la libertad, igualdad y fra­ ternidad de las antiguas gentes.

 

Han sido expuestos ya algunos de los principios y algunos de los resultados del desenvolvimiento del concepto de la propiedad en la mente humana. Aim cuando la materia no ha sido adecuadamente tratada, se ha señalado, por lo menos, su importancia.

Con un mismo principio de inteligencia y una misma forma fí­

 

sica, en virtud de un origen común, los resultados de la experiencia humana han sido los mismos sustancialmente en todos los tiempos y en todas las regiones de la misma condición étnica.

El principio de la inteligencia, aunque restringido en su potencia

 

dentro de estrechos limites de variación, busca indefectiblemente las mismas normas ideales. En consecuencia, sus operaciones y procesos han sido uniformes a través de todas las etapas del progreso humano. No podría sostenerse otro argumento más satisfactorio de la unidad del origen del hombre. Tanto el salvaje, como el bárbaro y como el hombre civilizado, presentan un principio común de inteligencia. Fue en virtud de este principio que bajo condiciones similares el hombre produjo los mismos implementos y utensilios y las mismas invencio­ nes e idénticas instituciones que desarrolló de idénticos gérmenes originales del pensamiento. Hay algo sumamente notable en un prin­ cipio que la civilización ha logrado a fuerza de asidua aplicación des­ de pequeños comienzos; desde la cabeza de la flecha que manifiesta

 

el pensamiento en el cerebro del salvaje hasta la fundición del mine­ ral de hierro, que revela la más elevada inteligencia del bárbaro, y finalmente, hasta el ferrocarril, que puede considerarse el triunfo de la civilización.

 

El hecho de que una parte de la familia humana, hace más o

menos cinco mil años, alcanzase la civilización debe ser considerado como un hecho maravilloso. En rigor, solamente dos familias, la se­ mítica y la aria, cumplieron la tarea mediante su esfuerzo propio.

 

La familia aria representa la corriente céntrica del progreso humano, porque produjo el tipo más elevado de hombre y ratificó su supe-

 

LASOCIEDADPRIMITIVA545

 

rioridad intrínseca al adueñarse paulatinamente del señorío del mun­ do. Con todo, la civilización debe considerarse como un accidente circunstancial. Seguramente se la lograría en algún momento; pero es un hecho extraordinario que se la conquistara cuando lo fue. Las trabas que ligaban al hombre al salvajismo eran poderosas y difíciles de desatar. Después de alcanzar el estadio medio de la barbarie todavía la civilización pendía de un hilo, mientras el bárbaro busca­ ba a tientas mediante experimentos con metales nativos el proceso de la fundición del mineral de hierro. Mientras no fuera conocido

 

el hierro y sus usos, la civilización no era posible. Aun cuando la hu­ manidad hubiese tardado en traspasar esta barrera hasta el momen­

 

to actual, no habría un justo motivo de extrañeza. Si tenemos en cuenta la duración de la existencia del hombre sobre la tierra, las grandes vicisitudes que debió experimentar en el salvajismo y en

 

la barbarie y los progresos que se vio forzado a realizar, considera­ remos natural que la civilización se hubiese retardado aún varios mi­ llares de años, como que la hemos logrado merced a la Providencia Divina. Nos vemos obligados a reconocer que fue el resultado de

 

una serie de circunstancias fortuitas. Puede servir muy bien para re­ cordamos que debemos nuestra actual condición, con sus numerosos medios de bienestar y seguridad, a los esfuerzos y sacrificios y a la lucha heroica y labor paciente de nuestros antepasados bárbaros, y ,aún más remotamente a nuestros antepasados Salvajes. Sus trabajos, sus penurias y sus conquistas fueron parte del plan de la Inteligen­ cia del Ser Supremo que, por desenvolvimiento del salvaje, creó al bárbaro, y por desenvolvimiento de éste, al hombre civilizado.

 

INDICE BIBLIOGRAFICO

 

A

 

A c h i ll, Tat, 264

A d d r e s s , 227

 

A l a s k a a n d its r e s o u r c e s , 223 A n c i e n t C i t y , T h e , 277, 541

 

A n g l o -S a x o n L a w , H e n ry Adams, 303

 

A n t i q . o f R o m e , 330, 335

 

C

 

C a s a d e U l i s e s, Homero, 111

C i u d a d A n t i g u a , L a, F u s tel de Coulanges, 272

C lavijero, 242, 251, 253, 254

C o ll, Termaux-Compans, 161

C o ll, o f V o y a g e s , 530

C o m p a r a t i v e P o l i t i c s , 377

C o n q . o f M e x i c o , P rescott, 237,

240

Coulanges, 272

 

C r ó n i c a M e x i c a n a , F ernando de Alvarado Tezozomoc, 243, 247 C h a n c l e s , 264

 

C h i p s f r o m a G e r m a n W o r k s h o p , M a x M ü l l e r , 93, 307

 

D

 

D a s M u t t e r r e c h t, Bachofen, 367, 368, 457

D e B e ll. G a ll, 376, 377,434

 

D e L e g         ., 316                          

D e L in g u a L a t i n a , V a r r o , 312

D e O r a t o r e ,         C i c e  r ó n , 315

D e R e . N a t., L       u c r e  c i o , 91

D e R e R ú s t i c       a , V a r r o , 319

D e R e p ., C i c e r ó n , 338, 339, 341,

349,   353,       355                                        

D e m o s t h e n e       s a d v  . E u b u l, 264, 370,

541                                                    

D e s c e n t o f M       a n , D a r w i n , 423

D a r w i n , 423                                

D e s c r i p t i o          n o f A n c i e n t I t a l y , 366

D e s c r i p t i v          e E t h  n o l o g y , L a tham ,

378,   379, 380,           385,     510                 

D i c c i o n a r i          o , S m i t h , 285, 312, 315,

317,   325, 332,           341,     348                 

D i o n i s i o , 149, 280,         317, 330, 332,

333,   338, 340,           343,     346,     347, 353,

354,   357, 358                                   

D o r i a n s, M ü l l e r , 256, 259

E                                                        

E a r l y H i s t o         r y o f  I n s t i t u t i o n s , 375

E a r l y H i s t o r y o f m a n k i n d , T y l o r ,

85, 86,117,228,229,379, 389

E s t r a b o n , 101

 

E s t u d i o s d e H i s t o r i a A n t i g u a , que abarcan una nueva edición de

 

E l M a t r i m o n i o P r i m i t i v o , 504 E u b u l i d e s , D e m ó s t e n e s, 261, 263

 

35

 

548 LEW IS H . MORGAN

 

E u m é n i d e s , E sq u il o , 149, 275

E x c u r s u s , C a r ic l e s, 473, 476

E x o d o , 383

 

F

 

F a s t i, O v id io , 326

F esto, 469

 

G

 

Gayo, 542

G e n e r a l H i s t o r y o f A m e r i c a , 227, 228, 229, 235

G é n e s i s , 382, 538

 

G e o l o g i c a l S u r v e y o f I n d i a , 87 G e r m a n i a , Tácito, 275, 376, 377, 471

 

H

 

H e a u t, J e r., 476

H e r m a n n , 264

 

H e r o d o t u s , R a w l i n s o n , 365 H er r e r a, 237, 240,242, 254

 

H i s t o r i a c h i c h i m e c a , I x t l ix Cc h itl, 247, 249

 

H i s t o r i a G e n e r a l, 251

H i s t o r i c a l A n t i q u i t i e s o f th e G r e e k s , 263

 

S k e t c h e s o f th e M i s s i o n s , etc. in S a n d w i c h I s l a n d s , 433

 

H i s t o r y o f A m e r i c a , H er r e r a, 138, 235, 244, 247, 408, 436, 458, 459

 

o f th e A m e r i c a n I n d i a n s ,

 

o f G r e e c e , G ro t e, 142, 259, 261, 263, 267, 268, 271, 273, 275, 282, 288, 294, 298, 299, 304, 322, 367

 

etc., o f I n d i a n T r i b e s , S c h o o l­ c r a f t , 226

 

o f th e I n d i e s o f N e w S p a i n

 

a n d I s l a n d o f th e M a i n L a n d , 247

 

o f I n v e n t i o n s , B eckmann, 103 o f M e x i c o , Clavijero, 94, 235, 237, 240, 244, 248, 250, 253, 458

 

o f R o m e , Mommsen, 93, 139,

 

302, 307, 311, 315, 317, 319, 320,

321, 322, 325, 331, 337, 339, 346,

347, 348, 350, 358, 469

 

I

 

llía d a , H om e r o, 157, 275, 283/471,

 

472, 537

I n d i a n T r i b e s o f G u ia n a , L ubbock, 230

 

I n s t i t u t o s , J u s t i n i a n o , 311, 406, 469, 470, 481

 

I s a e u s d e C i r. h e r., 264

 

J

 

J u v e n t u s M u n d i, 284

 

L

 

L e a g u e o f th e I r o q u o i s ; L e w i s H .

M o r ga n, 129, 142, 143, 154, 241,

526

L e t t e r s o n th e I r o q u o i s b y S k n e n - a n d o a h , 129

Livio, 312, 321, 325, 326. 329, 335,

336, 339, 340, 341, 349, 350, 351,

353, 354, 355, 357, 542

L o n d o n , Black, 240

 

M

 

M é x i c o A n t i g ., K ingsborough, 247, 249

 

M i s s i o n a r y H e r a l d , 389

 

N

 

N a t i v e R a c e s o f th e P a c i f i c S t a ­ te s , B a n c roft, 156

N a t u r a l H i s t o r y , 497

 

N a t u r a l a n d M o r a l H i s t o r y o f th e E a s t a n d W e s t I n d i e s , Acosta, 170, 235, 247

 

N a t u r a l i s t in B r i t i s h C o l u m b i a , J ohn K e a t s L ord, 87

N ú m e r o s , 384, 385, 539, 540

 

LASOCIEDADPRIMITIVA549

 

O

 

O r e s t e s , E u r í p i d e s, 281

O r i e n t a l a n d L i n g u i s t i c S t u d i e s , W h it n e y , 109

 

O r i g i n o f C i v i l i z a t i o n , T h e , L ub­ bock, 230, 380

 

P

 

P a l a c i o d e P r í a m o , H om e r o, 111

P a n d e c t a s , 406, 481

P a u s m i a s , 264

Polibio, 368

P o l i t i c a l A n t i q u i t i e s o f G r e e c e ,

H er m a n n, 259, 263, 304   370

P o p o l V u h , 246

 

P o t t e r y , S m i t h s o n i a n R e p o r t, R a u, 86

 

P r e h i s t o r i c R a c e s o f th e U .S., F o s t e r, 86

 

P r e h i s t o r i c T i m e s , L ubbock, 86 P r i m i t i v e C u l t u r e , 379

m a n , F iguier, 110

m a r r i a g e , Mc Lennan, 117, 378, 416, 504

 

U n i t y o f In d o -E u r o p e a n L a n ­ g u a g e s , P ic k , 307

 

P r i n c i p l e s o f S o c i o l o g y , S pe n c e r , 506

 

P r o c e e d i n g s o f th e A m . A c a d e m y o f A r t s & S c i e n c e s , 117, 123

 

P r o D o m o , C ic e r ó n , 317, 324

P r o m e t e o E n c a d e n a d o , E sq u il o , 372

 

P u b l i c E c o n o m y o f A t h e n s , 295

 

R

 

R a c e s o f M a n , P eschel, 86

R e t h r a , 259

 

R o m a n A n t i q u i t i e s , A dams, 313

R o y a l C o m m e r c e o f P e r ú , 436

R o y a l C o m m e n t a r i e s , 138

 

S

 

S a n d w i c h I s l a n d s , 420

S e v e n a g a i n t s T h e b e s , T h e , E s­ q u il o , 196, 280

S o l ó n , P lutarco, 535

S u p p l i a n t s , T h e, E sq u il o , 281, 372

S y s t e m s o f C o n s a n g u i n i t y a n d

A f f i n i t y o f th e H u m a n F a m i l i y ,

L e w i s H. M o r ga n,. 120, 129, 203,

222, 389, 397, 412, 414, 416, 421,

481, 495, 504, 505

 

T

 

T i m a e u s , P latón, 422

T ó p i c a , C ic e r ó n , 311

 

T r a n s . A m . E t h . S o c ., 223 T r a v e l s , L e w i s y C lark, 87 '

T r a v e l s in N o r t h A m e r i c a , 205

 

T r a v e l s in S o u t h A f r i c a , 386, 387 T u c íd id e s, 286, 291,292

 

V

 

V e l l e i u s P a t e r c u l u s , 316

V i t. A r i s t o t l e , D ió g e n e s L a e r c io, 263

 

V i t. C l a u d i u s , S u e t o n io , 323 V i t. O c t a v i a n t e s, 313

V i t. R o m u l u s , P lutarco, 330

 

V i t. S o l ó n , P lutarco, 542

V i t. T h e s e u s , P lutarco, 292

V i t. T i b e r i u s , S u e t o n io , 316

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INDICEGENERAL

 

Prólogo de Carmelo Lisón Tolosana 9

 

P r i m e r a p a r t e

 

DESENVOLVIMIENTO DE LA INTELIGENCIA A TRAVÉS DE INVENCIONES Y DESCUBRIMIENTOS

 

I

PERÍODOS ÉTNICOS

Progreso del hombre desde el pie de la escala. I. Estadio infe­

rior del salvajismo; II. Estadio medio del salvajismo; III.        

Estadio superior del salvajismo; IV. Estadio inferior de la      

barbarie; V. Estadio medio de la barbarie; VI. Estadio su­     

perior de la barbarie; VIL Estadio de la civilización ......          77

II      

ARTES DE SUBSISTENCIA       

Supremacía del hombre sobre la tierra, Predominio sobre la  

subsistencia. I. Subsistencia natural; II, Subsistencia de         

pesca; III. Subsistencia farinácea; IV, Subsistencia a base      

de carne y leche; V. Subsistencia ilimitada por medio de la   

labranza de campos. Largos intervalos de tiempo en­  

tre ellas ......................................................................

........... 90     

552 LEW IS H . MORGAN          

III     

RAZÓN DEL PROGRESO HUMANO  

Examen retrospectivo de las líneas del progreso humano. Con­        

tribuciones principales de la civilización moderna. De la        

civilización antigua. Del período superior de la barbarie.       

Del período medio. Del período inferior. Del período del       

salvajismo Condición sencilla del hombre primitivo. Ra­       

zón geométrica del progreso humano. Duración relativa de   

los períodos étnicos. Aparición de las familias aria y se­        

mítica .........................................................          99

 

S e g u n d a p a r t e

 

DESENVOLVIMIENTO DEL CONCEPTO DE GOBIERNO

 

I

 

ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD A BASE DE SEXO

Clases australianas. Organización a base de sexo. Carácter arcaico de la organización. Gentes australianas. Las ocho clases. Régimen del matrimonio. Descendencia de la línea

 

femenina. Notable sistema conyugal. Dos clases masculi­

nas y dos clases femeninas en cada gens.' Innovación de las

clases. Gens todavía rudimentaria 115

 

II

LA    GENS   IROQUESA

 

La organización gentilicia. Su amplio predominio. Defini­

ción de la gens. La regla arcaica: descendencia por la línea

femenina. Derechos, privilegios de los miembros de la

gens. Derechos de elegir y deponer su sachem (cacique)

y jefes. Obligación de no contraer matrimonio dentro de la

gens. Derechos mutuos de herencia en los bienes de miem­

bros fallecidos. Obligaciones recíprocas de ayuda, defen-

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 553

 

sa y desagravio de ofensas. Derechos de adjudicar nom­

bres a sus miembros. Derecho de adopción de extraños

en la gens. Ritos religiosos en la gens. Cementerio co­

mún. Consejo de la gens     ......................................................

 

LA    FRATRIA         IROQUESA

Definición de la fratría. Gentes emparentadas reunidas en

una organización superior. Fratría de las tribus iroquesas.

Su composición. Sus costumbres y funciones. Social y re­

ligiosa. Ejemplos. Análoga a la fratría griega. Fratría

de los choctas. De los chicleases. De los mohicanos. De

los thlinkits. Su probable universalidad en las tribus de los

aborígenes americanos       14

8

 

IV

LA TRIBU IROQUESA

 

La tribu como organización. Compuesta de gentes que hablan el mismo dialecto. La tribu, generación natural. Ejem­ plos. Atributos de la tribu. La posesión de un territorio y un nombre. La posesión exclusiva de un dialecto. Dere­ cho de investir y de deponer a sus sachems y jefes. La po­ sesión de una creencia y cultos religiosos. Un gobierno su­ premo para un consejo de jefes. Un jefe supremo de la

tribu, en algunos casos ........................................................

.. 161

 

V

LA CONFEDERACIÓN IROQUESA

 

Las confederaciones, generaciones naturales; basadas en gentes comunes y en lenguaje común. Las tribus iroquesas. Su establecimiento en Nueva York. Formación de la confede­ ración. Su estructura y principios. Creación de cincuenta cargos de sachems. El consejo civil. Su manera de realizar negocios. Unanimidad necesaria en sus actos. El consejo de duelo. Manera de designar a los sachems. Comandante

militar general. Capacidad intelectual de los iroqueses ... 178

 

LEWISH.MORGAN

 

VI

LAS  GENS   EN OTRAS TRIBUS DE LA FAMILIA

GANOWANIANA

 

División de aborígenes americanos. Gentes de tribus indias.

          Tribus hodenosaunianas. II. Dacota. III. Del Golfo. IV. Pawnies. V. Algonquinas. VI. Tribus del Atlántico. VII. Tribus Athapasco-Apaches. VIII. Tribus indias de la costa noroeste. IX. Tribus Salish, Sahaptin y Kootenay. X. Tribus Shoshoni. XI. Indios pueblos. XII. Tribus indias Sudamericanas ....................... 2 0 2

 

VII

LA CONFEDERACIÓN AZTECA

 

Falsa interpretación de la sociedad azteca. Condición de ade­ lanto. Tribus Nahuatlac. -La Confederación azteca. La existencia de gentes y fratrías . La existencia y funcio­ nes del Consejo de Jefes. La tenencia y funciones del cargo

del jefe principal de guerra ..................................................

232

 

VIII

LA    GENS   GRIEGA

 

Condición primitiva de las tribus griegas, Organizadas en gentes. Cambios en la índole de la gens. Necesidad de

 

un sistema político. Problema a resolver. La formación de un estado. Descripción de Grote de las gentes griegas. De sus fratrías y tribus. Derechos, privilegios y obligaciones de los miembros de la gens. Semejantes a los de la gens iroquesa. El cargo de jefe de la gens. Electivo o heredita­ rio. La ge-/is, base del sistema social. Antigüedad del li­ naje gentilicio. Herencia de la propiedad. Reglamenta­ ción arcaica y final. Parentesco entre los miembros de la gens. La gens, centro de influencias sociales y religiosas. 256

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 555

 

IX

 

LA ' FRATRIA", LA TRIBU Y LA NACIÓN GRIEGAS

La fratría ateniense. Cómo se formó, Definición de Dikear-chus. Objeto principalmente religioso. El patriarca. La tribu. Compuesta de tres fratrías. El phylo-basileus. La nación. Compuesta de cuatro tribus. El boule o consejo de jefes. El agora o asamblea del pueblo. El basileus. Go­ biernos de la época heroica, democracias militares. Defini­ ción de Aristóteles del basileus. Democracia ateniense pos­ terior ................................ 273

 

X

LA INSTITUCIÓN DE LA SOCIEDAD POLÍTICA GRIEGA

 

Fracaso de la gens como base de gobierno. Legislación de Te-seo. Intento de sustitución de las clases. Su fracaso. Abo­ lición del cargo de basileus. El arconte. Naucraries y trit-tyes. Legislación de Solón. Las clases propietarias.' Transferencia parcial de las facultades civiles de las gentes a las clases. .Personas agregadas a la gens. El senado.

 

La ecclesiá. La sociedad política. Legislación de Clíste-nes. Institución de la sociedad política. El demos ático o

 

C Mo. Su organización y facultades. Su gobierno propio . La tribu local o distrito.- La na

 

ción ática. La de­

mocracia ateniense .............................................................

290

 

XI

LA    GENS" ROMANA

 

Tribus italianas organizadas en g entes. Fundación de Roma. Tribus organizadas en democracias militares. La gens ro­ mana. Definición del gentil según Cicerón. Según Festo. Según Varro. Descendencia en la línea masculina. Matri­ monio fuera de la gens. Derechos, privilegios y obligacio­ nes de los miembros de la gens. Constitución democrática de la sociedad latina antigua. Número de personas de una

 

gens ............................................... ........................... .......... 307

 

556 LEW IS H . MORGAN

 

XII

LA CURIA, LA TRIBU Y EL      POPULUS ROMÁNUS

 

La sociedad gentilicia romana. Cuatro etapas de organización:

          La gens. 2. La curia. 3. La tribu, 4. Populas romanas. Concentración de gentes en Roma. El Senado romano.

 

Sus funciones. La asamblea del pueblo. Sus facultades. El pueblo soberano. Cargo de comandante militar (Rex). Sus facultades y funciones. Instituciones gentilicias ro­

manas .................. 327

 

XIII

LA INSTITUCIÓN DE LA SOCIEDAD POLITICA ROMANA

 

El populas. Los plebeyos. Los clientes. Los patricios. Lí­ mites de la orden. Legislación de Servio Tubo. Institu­ ción de las clases proletarias. De las centurias. Sufragio desigual. C omitía centuriata. Reemplaza a la comitia ca­ riota. El censo. Los plebeyos convertidos en ciudada­ nos.. Institución de barrios urbanos. De municipios rura­ les. Se hacen locales en lugar de consanguíneas. Carác­ ter del nuevo sistema político. Decadencia y desaparición

de la organización gentilicia. La obra que realizó ............. 346

 

XIV

CAMBIO DE LA DESCENDENCIA DE LA LINEA FEMENINA

A LA MASCULINA

 

Cómo pudo, realizarse el cambio. Motivo: herencia de la pro­

piedad. Descendencia en la línea femenina entre los li-

cios. Los cretenses. Los etruseos. Las cien familias de

los locrios. 'Evidencia que se desprende de los matrimo­

nios, Sistema turanio de consanguinidad entre las tribus

griegas. Leyenda de las dánaides  362

 

l a s o c i e d a d p r i m i t i v a 557

 

XV

LA    GENS   EN OTRAS TRIBUS DE LA FAMILIA HUMANA

 

El clan escocés. El sept irlandés. Tribus germánicas. Ras­ tros de un sistema gentilicio anterior. Las gentes en las tri­

 

bus de Asia meridional. En Asia septentrional. En las tri­

bus urales. Las cien familias de los chinos. Las tribus

hebreas. Las gentes de las tribus africanas. En las tribus

australianas. Subdivisión de los friyianos rewas. Amplia

difusión de la organización gentilicia      374

 

T e r c e r a p a r t e

 

DESENVOLVIMIENTO DEL CONCEPTO DE LA FAMILIA

 

I

LA FAMILIA PRIMITIVA

 

La familia consanguínea. La punalúa. La monógama. Las

familias sindiásmica y patriarcal ........................................... 395

 

II

LA FAMILIA CONSANGUÍNEA

 

Existencia anterior de esta familia. Demostrada por el siste­ ma malayo de consanguinidad. Sistema hawaiano usado

 

como típico. Cinco grados de parentesco. Detalles del sistema. Explicado en su origen por el matrimonio entre hermanos y hermanas en grupo. Estado primitivo de la so­ ciedad en las islas Sandwich. Los nueve grados de pa­ rentesco de los chinos. Idénticos en principio con los ha-waiatios. Los cinco grados de parentesco en la república ideal de Platón. Cuadro del sistema de los parentescos de los hawaianos y rotumanos ............ 409

 

LEW IS H . MORGAN

 

III

LA FAMILIA PUN ALÚA

 

La familia punalúa reemplazó ,a la consanguínea. Transición, cómo se produjo. La costumbre hawaiana de punalúa.

 

El sistema turanio de consanguinidad. Prueba de la exis­ tencia de esta familia cuando se formó el sistema.. Detalles del sistema. Explicación, de sus parentescos en el origen de los mismos. Cuadro comparativo del sistema de parentes­

 

co de los indios séneca-iroqueses de Nueva York, y de los pueblos de la India meridional que hablan el dialecto tamil

de la lengua draviniana. En = mi ................................. 430

 

ÍV

LAS FAMILIAS SINDIÁSMICA Y PATRIARCAL

 

La familia síndiásmica. Cómo estaba constituida. Sus carac­ terísticas. Influencia de la organización gentilicia sobre la misma, Propensión a constituir parejas, un desarrollo pos­ terior. La sociedad primitiva debiera estudiarse donde se encuentren los ejemplares más elevados. La familia patriar­ cal. La autoridad paterna, característica esencial. Poliga­ mia subordinada. La familia romana similar. -La autori­

dad paterna desconocida en las familias anteriores ...... 456

 

V

LA FAMILIA MONÓGAMA

 

El término familia. La familia de los antiguos germanos. De los griegos de Homero. De los griegos civilizados. Reclu­ sión de las esposas. La monogamia obligatoria, pero no con

 

respecto a los varones. La familia romana.- Las esposas so­

metidas a la autoridad. Sistema ario de consanguinidad.

Sistema anterior probable: el turanio. Transición del tura­

nio al ario. Sistemas romano y árabe de consanguinidad.

Detalles del primero. La familia monógama actual. Cua­

dro del sistema de parentesco romanos y árabes ........ 468

 

LA SOCIEDAD PRIMITIVA 559

 

VI

SERIE DE INSTITUCIONES RELACIONADAS CON

LA FAMILIA

Serie hipotética en parte. Relación de estas instituciones en el orden de su aparición. Pruebas de su aparición. Prue-bas de su aparición en el orden dado. Consideración de la hipótesis de la degradación. La antigüedad del hombre 494

 

VII

EL MATRIMONIO PRIMITIVO

Réplica a J. F. McLennan .........................................................

.... 504

 

C u a r t a p a r t e

 

; DESENVOLVIMIENTO DEL CONCEPTO DE PROPIEDAD

 

LAS TRES REGLAS DE LA HERENCIA

La propiedad en el estadio del salvajismo. Velocidad relativa del progreso. Primera regla de la herencia. La propiedad distribuida entre los gentiles. La propiedad en el estadio inferior de la barbarie. Germen de la segunda regla de la herencia. Condición mejorada del hombre. La propiedad

 

en el estadio medio. Regla de herencia perfectamente co­ nocida. Probable herencia agnaticia. La propiedad en el estadio superior de la barbarie. Esclavitud. Tenencia de las tierras en las tribus griegas. Cultura del periodo. Su brillo. Tercera regla de la herencia. Exclusividad en los hijos. Tribus hebreas. Regla de herencia. Hijas de Sal-faad. La reversión. Herencia ateniense. Exclusiva en los hijos. Herederas. Testamentos. Herencia romana. La reversión. Aparición de la aristrocracia. La marcha del género humano hacia la propiedad. Unidad de origen de

la humanidad ...................................................................

..... 523

 

ÍNDICES 547

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