© Libro N° 9728. La Sociedad Primitiva. Morgan, Lewis Henry. Emancipación. Marzo 26 de 2022.
Título original: © La Sociedad Primitiva. Lewis Henry Morgan
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Lewis Henry Morgan
La Sociedad Primitiva
Lewis Henry Morgan
PROLOGO
I
LEWIS HENRY MORGAN
El 2i de noviembre de 18 r 8 vino a este mundo
Lewis Henry Morgan. Nació en una casa de campo desde la que se veía el lago
Cayuga, situado entre Siracusa y Rochester, cerca y al sur de Aurora, Estado de
Nueva York. La familia Morgan cambió poco después las orillas del lago por la
ciudad de Aurora; los padres decidieron educar al niño en la Cayuga A-Cadtmy.
Más tarde estudió en el Union College donde se graduó en r84o. De nuevo en
Aurora, pasa el tiempo dedicado al estudio de leyes, pues quiere dedicarse a la
abogacía.
No obstante, la jurisprudencia no ocupa todo su
tiempo ni atención mental: un buen número de horas es absorbido por el estudio
de la antigüedad griega y romana en sus períodos clásicos. Al mismo tiempo se
inscribe en el The Gordian Knot, club de carácter literario
y social para jóvenes con inclinadón intelectual.
Sus primeros contactos e interés por los indios americanos tienen lugar
en estos años. En 1844 se domicilia en Rochester (Nueva York) para tener mayor
oportunidad de practicar su profesión.
En 1851 Morgan publica su primera obra importante
The League of the Ho-de-no-sau-nee, or Iroquois y contrae matrimonio con su
prima Mary Elizabeth Steele. La nueva pareja se afinca en Rochester y ocupa una
casa de la South Fitzhugh Street. Durante siete años se dedica exclusivamente
al ejercicio de la abogacía y al incremento de sus negocios. Por su profesión,
cualidades y finanzas llega a ser abogado y director de la Bay de Noquet and
Marquette Railroad Company; este cargo le lleva numerosas veces, en viajes de
negocios, a la parte alta de la península de Michigan. Aquí y en forma de
minas, ferrocarril y hornos de hierro dene invertido su capital. Mientras tanto
la familia Morgan aumenta: en 1855 nace un varón, Lemuel; en 18557 i860 llegan
dos hijas, Mary y Helen. Pero ni la vida familiar ni de negocios le hacen
olvidar su hobby antropológico; al contrario, sus viajes a Michigan le ponen en
numerosos, aunque esporádicos, contactos con indios. Una vez coincide en el
tren con una delega ción de sioux; Morgan busca rápidamente un intérprete e
intenta obtener el sistema de parentesco de los mismos. Pero los siour
«parecían no tener mucha gana de dar información», comenta el invesdgador
resignado.
Durante todo este dempo su fortuna adquiere un
volumen con siderable. Deja la abogacía, se désendendc cada vez más de los
negocios y a pardr de finales de 1858 se consagra a la investigación
antropológica. Durante los meses de mayo y junio de 1859 caliza su primer
trabajo de campo, con varia fortuna, entre los kaws, pottasvatamies, ottawas,
sacs y foxes, peorías, shawnees, delatares, iowas, etc., que ocupaban parte de
Kansas y Nebraska. En mayo y junio de i860 repite el viaje a los mismos Estados
y con el mismo propósito. Comprueba los datos obtenidos en el verano anterior y
recoge otros sobre los miarais, chippewas, omahas, piankesha-ws, kaskaskias,
etc. Sale de nuevo en julio y agosto de 1861, pero esta ve2 modifica su campo
de operaciones. Su meta es Pembina, el Fort Garry y el Red River norteño
(Minnesota). Esta expedición le proporciona, entre otras cosas, los sistemas de
parentesco de los cree, assíniboines y blackfoot. De mayo a julio de 1862 se
desplaza hacia las montañas Rocky junto ai Missouri (Dakota y Montana).
Trabaja entre los punkas, minnetares, arickarees,
mandas y otros indios de las praderas. En la entrada de su diario
correspondiente al primero de julio nos da una nota de su persona: pesa 159
libras y media; este peso, comenta, es algo inferior al normal en la época de
verano que alcanza 165 libras (75 kilos). Al volver a casa queda, según escribe
él mismo, «petrificado»: sus dos hijas habían muerto de escarlatina durante su
ausencia.
En una tarde de julio de 1854, Morgan y un grupo de
amigos se reúnen en su casa y fundan The Tundít Club. No hay duda ninguna de
que el cerebro del mismo hasta 1880 fue Morgan. Ante este público presentó con
frecuencia dio treinta y dos conferencias las primicias de sus descubrimientos
antropológicos; después pasaban a publicaciones de carácter intelectual. Entre
las actividades dentífico-literarias del dub y el meticuloso y ponderado examen
del material recogido en sus expedidones pasaron varios años. Hada finales de
1864 tabú terminado ya el manuscrito del libro que le hace figurar
necesariamente en los manuales de Antropología: Systems of Con sanguinity and
Affinity of the Human Family. Pensó entregarlo a la Smithsonian para su
publicación el primero de enero de rSój. Pero
no lo hizo. El 24 del mismo mes parte del edificio
fue pasto del fuego. It was a marvellous escape, comenta Morgan literalmente,
«pues serú prácticamente imposible el rehacerlo».
A principios de 1870 Morgan terminó la corrección
de pruebas de Systems, y en julio del mismo año se embarca con esposa c hijo en
Nueva York con destino a Europa. Visitan detenidamente Inglaterra, Bélgica,
Alemania, Suiza, Italia, Austria y por Praga y Berlín regresan a Londres. De
aquí van a París y desde Liverpool salen para Nueva York donde desembarcan en
agosto de 1871, exactamente en el veinte aniversario de su boda, según hace
notar Morgan en su diario. Después de unos dús en Albany regresan a su casa de
Ro
chester. Allí su mente hierve con nuevas ideas, en
embrión ya hacía cierto tiempo, y que el viaje a Europa aviva. Vierte sus
pensamientos en folios, el último de los cuales es terminado en 1875. El título
de la nueva obra, la que le tace mundialmente conocido, es: Aticient Society,
or Researches in the Fines of Human Progress from Savagery through
Barbarism to Civilisation; se publicó en 1877.
Contando ya sesenta años 1878 y no rezumando salud,
se dirige hada el Suroeste montado en un carromato, acompañado por dos hijos de
un sobrino y un par de estudiantes del Columbú College. Alcanzan la parte
suroeste de Colorado, que exploran arqueológica mente. Siguen en su viaje hada
el Sur, penetran en Nuevo Méjico y Morgan estudia escrupulosamente las ruinas
de Aztec y Taos.
Este fue su último trabajo de campo, pero no su
último esfuerzo
den tífico. En Rochester sigue sentado a su mesa
llenando cuartillas hasta prácticamente el d ú de su muerte, que ocurrió el 17
de didembre de 1881. Fue enterrado en el cementerio Mount Hope de Rochester, en
el sepulcro que él mandó construir en 1865, poco después de la muerte de sus
dos hijas. Legó dinero, biblioteca y manuscritos a la Universidad de Rochester
con la intendón de que se creara un Colegio para ú educación de mujeres. En
Rochester vive un resobrino que guarda fotografías y otros objetos de Morgan.
Su casa fue demolida en 1954.
1818 y 1881 son, pues, ios límites temporales que
enmarcan la vida y actividades de una de las figuras más prominentes en la his
toria de la Antropologú. La lectura de su vida y obras da una pronta impresión
de que Morgan era un observador perspicaz, tenaz en alto grado, dotado de
poderosa mente analítica y comparativa, sin-tetizador a la vez, imaginativo y
con frecuentes ilapsos científicos en los períodos de creación máxima. Pero ¿es
esta primera imagen morganiana objetiva? ¿Cómo era Morgan realmente? ¿Por qué
con sagra su vida a una oscura disciplina, una de cuyas ramas ¿1 crea de la
nada? Valiéndome de sus diarios voy a intentar dar una respuesta con enfoque
personal. Comienzo glosando lo que en su diario escri bió el 19 de octubre de
1859.
En 1842 el abogado Morgan contaba veinticuatro
años. Joven y con su carrera poco ha terminada, se encuentra en su casa de
Aurora deseando iniciarse en su profesión. Pero la depresión económica general
no le ofrece facilidades. Quiere aprovechar el tiempo libre y decide asociarse ai club literario llamado
The Gordian Knot (el nudo gordiano), una extensión de la Cayuga Academy. Un día
Morgan y compañeros deciden romper el nudo gordiano y reorganizar' el dub de
una forma más original, con raíces en el pasado. La sociedad india cayuga les
sirve de modelo. Efectivamente, los cayugas habían ocupado antiguamente el
territorio alrededor de Aurora. Morgan y otros socios se enamoran de su creadón
y con entusiasmo de juventud logran alistar en su sodedad a cuatrodentos
jóvenes. Con este número de asodados es factible reproducir la antigua
segmentadón de los indios: los jóvenes de Utica eran los onddas, los de
Siracusa los onon-dagas, los de Aurora, Auburn, Ithaca y Otvego los cayugas y
los de Waterloo, Canandaigua, Rochester y Lima eran los sénecas. El con junto
formó una fraternidad bajo el nombre de «La Orden de los Iroqueses».
Entre los fines de la Orden sobresalían los
caritativos y literarios; de aquí a la protecdón de los iroqueses que todavía
quedaban en el Estado no había más que un paso que muy pronto dieron. Otra
circunstancia espoleó notablemente la acdón de la Orden: desde
1838 los sénecas y conawandas habían sido
perseguidos y maltra tados por la Ogden Land Company, que los despojaba de las
tierras que todavía les quedaban. Morgan, acompañado de otros, visitó
con ffecuenda a los onondagas y tonawandas, asistió
a las reuniones que tenían en Buffalo y comenzó a conocer de primera mano sus
condidones de vida y necesidades. Más importante aún, Morgan comenzó a estudiar
«con ardor» la estructura 7 prindpios de aquella antigua Liga o Confederadón
que por tantos años había mantenido unidos a los indios. Bien conodda podría
serdr de modelo de la Orden; ésta reproduciría fielmente a aquélla. En su afán
de copiar incluso detalles, cada miembro de la Orden adoptó un nombre
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 13
indio. El de Morgan era Skenandoah, tomado de un
antiguo jefe iroqués. Y no sólo esto; la variedad de material recogido le
propor cionó un excelente conocimiento de la cultura material y espiritual
de los iroqueses. En 1S47 publicó letters of the
Iroquois by Skenandoah, Addressed to Albert Gallatin, President of the New York
Historical Society. ¡Más tarde reorganizó el material, desarrolló algunos
puntos
y publicó todo bajo el título luí liga de los
Ho-de-no-sou-nee o Iraqueses (1851). Tal fue el origen y proceso de este
excelente libro. Los dos últimos parágrafos merecen unas lineas de exégesis.
El joven Morgan se encuentra con abundancia de
tiempo libre, sin necesidad inmediata de trabajar y bajo los efectos generales
de una depresión económica. Todo esto es fortuito, casual; ni es de su hechura
ni está bajo su control. Decide nota temperamental aprovechar el tiempo
asociándose a un club literario (que otros han fundado)
según conviene a su condición (razón social). En
unión con otros miembros del club decide revestir a la sociedad de un carácter
tra dicional, revivir el pasado, entroncarse con los que precedieron en
aquellas tierras. Pienso que Morgan fue uno de los principales pro motores de
la idea al menos fue el que con mayor fervor la recibió y potenció ; en los dos
casos puede detectarse un elemento per sonal. Pero idea y/o reacción nada
especiales; más bien son comuoes a cualquier pequeña capital de provinia española
en el ceio por glo rificar su pasado. Se da la casualidad al mismo tiempo de
que una compañía trafica en terrenos, explota y maltrata a unos pobres indios.
Morgan había estudiado leyes; su hábiro mental e inclinación pro fesional
tuvieron que ponerse en movimiento ante la injusticia.
Tenía que enterarse en detalle; hace varios viajes,
convive con ellos, le extraña aquella gente y le fascina. Pero por el momento
prevalece la parte de abogado que hay en Morgan, pues escribe: «no sólo ha sido
violado por esta compañía todo principio de honradez, todo dictado de humanidad
y todo precepto cristiano en sus artificios para despojar a los sénecas; más
aún, los más negros fraudes, los más bajos sobornos y las más execrables
intrigas que la más desalmada avaricia pudo sugerir, han sido perpetrados a
plena luz en contra de este indefenso pueblo». Consecuente con su manera de
pensar y con
su profesión va a Washington para defender el caso
de los indios ante el mismo Congreso. La tribu séneca adopta a Morgan adscri
biéndolo al clan Hawk y otorgándole el nombre de Tayadaowuhkuh, que significa
algo así como puente que enlaza una brecha o separa ción. Así queda ligado a
los indios; no podía ya abandonarlos. Cir cunstancias fortuitas, accidentes
fuera de su control, profesión, entrón-
LEWIS H. MORGAN
que con el pasado, cortesía, avidez de
conocimiento, curiosidad y otras notas temperamentales se combinan en forma
calidoscópica para antropologizar a Morgan.
Morgan intuye su propensión, siente una llamada
interna que le
incita a dedicarse al estudio de los indios. Pero
por otra parte, ¿qué profesión era esa? ¿A qué conducía? Las conferencias que
sobre los iroqueses pronunciaba en el club dejaban al auditorio perplejo y
frío. Su amigo el Dr. Dewey dice que «no podía ver nada en todo aquello
a no ser la total vileza y perversidad del
pensamiento indio». Además, tenía una familia y negocios que reclamaban gran
parte de su aten ción y tiempo. Por otra parte, precisamente él se había ya
distinguido entre sus compañeros en el estudio y defensa de los indios. La
deci sión más prudente era romper con todo aquello, «to free myself of the
subject», dice textualmente, dando una prueba más de su interés por los indios
repasando el material acumulado y ofreciéndolo en
forma de libro. Con la publicación de La Liga de
los Iroqueses se desen tiende de estos problemas y se dedica a su profesión y
negocios por varios años.
Pero su actividad intelectual no duerme. En 1856 se
desplaza a Albany lugar de nacimiento de su esposa para asistir a la reunión de
la Association for the Advancement of Science. Morgan es elegido miembro de la
Asociación. En esta ocasión escribe: «mi interés por la Etnología resucita de
tal manera que decidí reanudar el estudio tan pronto como el estado de mis
negocios lo permitiera». Además, las páginas 85-87 de La Liga seguían excitando
su curiosidad cien tífica. El sistema de relaciones y consanguinidad iroqués
era un enigma. ¿Qué significaba todo aquello? Examinó cuidadosamente sus notas
a intervalos durante un año y en 1857 presentó en Montreal ante la Asociación
una ponencia titulada «Leyes de descendencia de los iroqueses». Morgan seguía
creyendo que el sistema era algo
peculiar y exclusivo de los iroquees. Un viaje de
negocios en el verano de 1858 le llevó a Marquette; allí aprovechó para recoger
el sistema de consanguinidad de los Ojibwas. Su sorpresa fue extraor dinaria,
y transcendental en su vida; el sistema era sustancialmente idéntico al de los
iroqueses. ¿Cómo era posible encontrar lo mismo
en dos pueblos con lengua diferente? ¿No se
trataría de una institución primaria? ¿No apuntará a un origen común ?A su
regreso y hojeando libros encuentra rasgos similares entre los dakotas y
creeks.
Se decide a comprobar la hipótesis, deja
definitivamente su vida de negocios y comienza la elaboración de un
cuestionario para con seguir más sistemas de consanguinidad; lo imprime en
enero de 1859
LA SOCIEDAD PRIMITÍVA 15
y lo despacha requiriendo a misioneros y agentes de
los indios que lo cumplimenten. Él cuestionario llega también a las islas de
Micro nesia, al japón y a la India. La primera respuesta que le llegó des
arrollaba el sistema de los dakotas de Minnesota. ¡Éra casi idéntico al
iroqués! «Simplemente no puedo describir el placer que me dio», escribe Morgan.
Su amigo el Rvdo. J. H. Mcllvaine nos describe este
período de
la vida de Morgan: «vivía y trabajaba en un estado
de gran excita
ción mental... a veces era tan fuerte la impresión
al recibir respuestas que lo abrumaban excesivamente. Recuerdo que en una
ocasión
vino a mi estudio diciendo: lo encontraré, lo [el
mismo sistema] encontraré entre los tamil y tribus dravídicas del Sur de Asia.
Yo no lo creía y le dije: amigo, usted tiene ya bastante con el análisis del
material de las tribus americanas, deje tranquilo al viejo mundo. Contestó: no
puedo, no puedo; tengo que seguir adelante porque estoy seguro que lo
encontraré allí. Unos meses más tarde volvió,
su cara encendida de excitación, con la respuesta
tamil en sus manos, siendo tal como él lo había augurado, y arrojándola sobre
mi mesa exclamó: ¡ahí estál ¿No se lo dije yo? Yo me quedé maravillado y
confundido y todavía más cuando le llegaban los resultados que él esperaba,
proviniendo de gran número de fuentes independientes.»
El mismo Morgan describe la llegada del sistema
tamil: «mi asom-bramiento fue mayor del que yo puedo expresar», «fue el suceso
más interesante y extraordinario de la historia de
esta investigación». El hervor intelectual de su cerebro alcanza el climax ante
la belleza casi matemática de su hallazgo.
El sistema era universal. El descubrimiento,
perfecto; la Huma nidad constituía una gran familia cuyas migraciones,
procedencia y emparentamiento podían ser enormemente esclarecidos a través del
sistema de consanguinidad. Morgan entreveía incluso que la evolución de la
Humanidad, el desarrollo de estados y períodos podría en adelante asentarse
sobre 6rmes bases. Si los tamil de la India y los indios americanos se rigen
por un sistema de consangui nidad virtualmente idéntico arguye Morgan tenemos
a la mano
pruebas objetivas del origen asiático de los indios
americanos. El resul tado monumental de toda esta investigación uno de los más
rotundos
y fértiles en la historia de la disciplina fue la
creación de la ciencia del parentesco con la publicación de Systems of
Consanguinity and Affinity of the Human family (1870) por una parte, y por otra
la ger minación en la mente de Morgan de una teoría de evolución
socio-cultural que cristalizó en su obra Ancient Society (1877) ya citada.
L6 LEWIS H. MORGAN
Pero volvamos a Morgan, esta ve2 con menos dosis de
exaltación, oara captar otro aspecto de su personalidad. Tanto en Aurora como
sn Rochester es el centro de la vida
científico-social. Su personalidad, actuación y conferencias dominan los clubs
The Gordian Knot,
La Orden de los Iroqueses y el Pundit Club. Estos
le proporcionan
la primera palestra para sus ambiciones
científicas. Sus conferencias locales pasan después a artículos en reconocidas
revistas y publi caciones: American Review, Olden Time, North American Review,
Proceedings of the American Academy of Arts and Sciences, Smithsonian
Miscellaneous Collections, etc. Pronto su nombre es conocido; los Regentes de
la Universidad del Estado de Nueva York
le comisionan para que recoja lo que crea
conveniente de la cultura material iroquesa con destino al Museo de Albany.
Está en contacto con el Peabody Museum, con el National Museum y con el Bureau
of American Ethnology. El Archeological Institute
of America le encarga la preparación de un programa de investigación. Es
invitado a tomar parte en reuniones y Congresos a los que presenta ponencias.
En 1856 fue elegido miembro de la American Association for the Advancement of
Science dentro de la cual funda la sección antro pológica. En 1879 era
Presidente de esta Asociación y en 1875 fue elegido miembro de la National
Academy of Science. Estos dos últimos son, según White, los honores más
distinguidos otorgados a antropólogos americanos.
Morgan estaba en contacto directo con el núcleo
principal de científicos americanos: Adams (historiador), Norton (arqueólogo).
Gray (botánico), Wyman (zoólogo), los antropólogos Powell, Putnam, Hale, Mason
y Bandelier, por citar unos pocos. Sin duda ninguna que para un europeo los
nombres siguientes con los que mantenía contacto o visitó, son más
impresionantes. El 16 de septiembre
de 1870 sigo su diario europeo , estando en Oxford,
visitó a Max Müller. Hablan de la necesidad de estudiar las lenguas aborí
genes americanas a lo que siguen interesantes comentarios sobre la religión de
los primitivos por Müller, Morgan quedó bien impre sionado de la visita. En
Munich visita al conocido teólogo y poco después Rector de la Universidad
Joseph Ignaz Dóllinger con el
que dialoga sobre las leyes civiles y canónicas,
tema que preocupaba a Morgan. El 9 de junio de 1871 fue a casa de Charles
Darwin.
Este había leído el libro de Morgan The American
Beaver [castor] and His Works (1868), lo alaba en la conversación con su autor
y además lo cita en el capítulo III de su The Desceñí of Man según White. A
continuación Darwin pondera la originalidad y validez
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 17
intemporal de su otra obra Sistemas de
consanguinidad. A la mesa con Darwin hablan de Lubbock y McLennan
(antropólogos). Al Anal
envió a Morgan en su coche a la estación. La
visita, escribe Morgan, fue most delightful.
A finales de junio expresa en el diario su deseo de
visitar a Herbert Spencer, Maine y Tylor que estaban entonces en Londres. Sin
em bargo no debió hacerlo porque no hay referencias en su diario.
El 5 de julio se entrevista con McLennan quien le
recibe cordialmente. Deciden juntarse al día siguiente para visitar a Herbert
Spencer y a Lubbock si McLennan puede anunciarles la visita anteriormente. Pero
no lo consigue. Morgan escibe encomiásticamente de McLennan:
«es el hombre más original de Inglaterra en lo
referente a condiciones primitivas de la humanidad». McLennan le dice que
Lubbock le
enseñó en febrero una copia de Sistemas de
consanguinidad. Días más tarde Morgan invita a comer a McLennan. Pero la
amistad se quebró pronto. Sir John Lubbock, más tarde Lord Avebury le invitó a
un garden party en su casa de High Elms. En la estación le esperaba un coche
que le llevó a la residencia en la que había doscientas personas
en atmósfera festiva, amenizada por una banda
militar. También visitó a T. H. Huxley, amigo de Darwin, y a Sir Henry James
Sumner Maine, autor de Ancient L au>. Los dos conocían ya algunos escritos
de Morgan,
A su casa de Rochester llegaban cartas de Spencer,
J. J. Bachofen el autor de Das Mutterrecht (1861) , Maine, y Darwin. Este envió
a uno de sus hijos a casa de Morgan. A través de cartas ejerce una intensa
tutoría intelectual en lugares tan apartados como Australia. Las cartas de
Lorrimer Fison y A. W. Howitt lo prueban. Las frases siguientes las tomo de
cartas que Howitt enviaba a Rochester: «intentaré seguir con gran placer
cualquier línea de investigación que usted me sugiera»; «voy a leer con mucho cuidado
su libro»; «nuestra obra... sin la magnífica suya no se hubiera escrito»; «he
seguido sus huellas, el sendero que usted abrió». Fison se expresa en las suyas
de idéntica forma: «estoy recopilando material en la forma en que usted sugiere
en su carta»; «me place mantener corres pondencia con Tylor, pero quiero decir
al terminar esta carta que ni él ni ninguna otra persona puede ser para mí lo
que usted ha sido, es y será. Usted fue el primero que me introdujo en este
campo y guió mis primeros esfuerzos. Su amable apreciación de mi trabajo me ha
dado duradero placer; con orgullo he mirado hacia usted como mi maestro y usted
me ha hecho un hombre feliz al llamarme su amigo». Powell en su artículo del
Popular Science Monthly escribía 2
18 LEWIS H. MORCAN
refiriéndose a Fison y Howitt: «no es desde luego
uno de los menores éxitos conseguidos por el Sr. Morgan el haber reunido en
torno a
sí amantes discípulos loving disciples que están
cosechando frutos en campos plantados por él mismo».
Todo esto quiere decir que Morgan estaba inmerso,
pertenecía
y era respetado por la crema del mundo científico,
tanto en América como en Europa, dentro y fuera de su disciplina. El Union
College en el que había estudiado le otorgó un grado honorífico en 1873. Andrew
D. White, presidente de la Cornell University le ofreció una cátedra que Morgan
declinó. Nunca aceptó puesto en Univer sidad alguna. ¿No resulta a primera
vista paradójico? Una persona con recia inclinación intelectual, produciendo en
y para un exclusivo círculo intelectual, rehuye metódicamente la entrada en la
Univer sidad, su locus normal. En sus conversaciones londinenses con McLennan
se da cuenta de que el etnólogo escocés tiene que dedicar una buena parte de su
tiempo a las leyes y que desearía que le conce dieran una cátedra en Cambridge
para dedicarse plenamente a la Etnología. Inmediatamente escribe Morgan a
White, presidente de
la Universidad de Cornell, rogándole ofrezca un
puesto a McLennan. En su encuentro con Sir Henry S. Maine le urge a que él,
juntamente con Lubbock, consiga una cátedra en Cambridge para McLennan
«con el fin de que libre de trabas pueda dedicarse
a su trabajo etno lógico», escribe en su diario. Lo que quiere decir que
Morgan ve
la cátedra universitaria como el medio más adecuado
para obtener un medio de vida que permita dedicarse a la investigación. Por lo
tanto, la Universidad es un medio para conseguir un fin. Ahora bien, él
personalmente disponía de rentas que le colocaban en la mejor
de las situaciones: podía entregarse a la
investigación sin necesidad de dedicar parte de su tiempo a la enseñanza. Todo
el tiempo lo tenía a su disposición. La investigación llevada a cabo para
escribir Sistemas de consanguinidad le costó 25.000 dólares además «de ocho
años de trabajo duro» hard labor escribe en su diario europeo. Morgan prefiere
comprar tiempo con su dinero, dedicarse tenaz
mente, exclusivamente a una línea de investigación,
sin desviaciones, sin distracciones docentes. Gracias a esta decisión y entrega
total morganiana poseemos hoy un estudio en profundidad sobre el parentesco
como nadie lo había hecho hasta entonces y como muy pocos lo han hecho hasta
ahora. Y también una teoría de evolución cultural todavía no superada en alguno
de sus puntos básicos.
Otro aspecto de su personalidad. A todo lector de
sus diarios, europeo o indio, le parece obvio que Morgan estuvo enamorado de
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 19
su esposa hasta su último día. También revelan el
cariño por sus hijos. Al fin del viaje por Europa escribe: «hoy es el vigésimo
aniver sario de nuestra boda. Puedo decir... que me casé con mi esposa
hace veinte años y que desde entonces siempre he
sido feliz... Tengo que confesar que hasta hoy he experimentado un grado nada
común
de dicha y felicidad... Los dos juntos hemos gozado
[en este viaje]... inmensamente». Pero más importante para rastrear en su
persona lidad es el dilema que se le planteó el 19 de mayo de 1862 cuando se
encontraba en su cuarta expedición entre los indios americanos.
Su esposa le envía un telegrama comunicándole la
gravedad en que se encuentra su hija Mary y rogándole que regrese. Morgan es un
mar de dudas: no puede ver «claramente qué hacer o qué es lo
que el deber exige». Teme que su hija haya
fallecido ya; el pensamiento de que en sus últimas horas de sufrimiento le haya
llamado lo colma
de amargura; la idea de no volver a oír su voz le
deprime. «Su pér dida no sólo sería irreparable sino que destruiría nuestra
familia...
Y mi pobre esposa siendo testigo de todos sus
sufrimientos... y yo sin estar a su lado para compartirlos... Mi corazón se
atormenta en agonía... Mi esposa tiene que sentirse totalmente miserable». Las
ideas se suceden en su cerebro en vaivén: si decide volver a casa en ese mismo
momento tardará de seis a siete días viajando día y noche. Por otra parte, es
posible que Mary se recupere, ya que siempre ha gozado de una fuerte
complexión. El doctor Moore la auscultó recientemente y la encontró bien.
Mejorará. «Creo que mi deber es continuar con este viaje [cursiva mía], pero no
veo suficientemente claro que esto sea lo que debo hacer. Debería estar con mi
esposa e hijos en este congojoso momento. Ojalá que ella piense quej/o hago lo
que debo.D «Debería volver a mi esposa en este mismo momento
y si estuviera tras fines de lucro volvería
inmediatamente. Pero las circunstancias especiales que me han traído aquí son
tales que [creo que] debo continuar.» Y siguió adelante con su viaje de
investigación. El suspense lo torturaba. Trata de engañarse con falsas
esperanzas
(21 de mayo). El 29, sueña que regresa a casa y
encuentra a su hija en plena salud. El mismo sueño tiene a la noche siguiente.
Pero otra vez ve en sueños, al volver a casa, a su mujer sola. La puesta
del sol del 20 de junio le evoca su «casa, esposa c
hijos, especialmente mi querida Mary. ¿Estará en la morada de los espíritus o
entre los vivos?» El 2 de julio escribe: «todavía tengo esperanza; sin
esperanza no podría haber soportado los trabajos de estos cuarenta o cincuenta
días. Sin embargo la esperanza es débil». Al día siguiente se encuentra con que
la realidad es aún más cruel de lo que imaginaba: sus dos
20 LEWIS H. MORCAN
hijas han muerto. «Nuestra familia está destruida.
La noticia me ha petrificado. No he derramado ni una sola lágrima. Es [el
dolor] demasiado profundo para lágrimas. Así termina mi última expedición. Voy
a casa, a mi agobiada y afligida esposa, hecho un hombre mise rable y
destruido.» Quiso dedicarles su Sistemas de consanguinidad pero
el director de la Smithsonian Institution no
accedió. Esta obra, escribió más tarde en su diario europeo, «está siempre
identificada en mi pensamiento con la pérdida de mis queridas hijas, la
calamidad irreparable de mi vida».
En las anteriores líneas, además de vibrar el
Morgan esposo y
padre, reaparece con brío una de las
características de su idiosincrasia: su firme decisión de llevar a cabo la
empresa que se ha trazado, la tenacidad en seguir su línea de investigación, la
esperanza del des cubrimiento científico. Ni el desembolso de dinero, ni la
cátedra universitaria, ni el duro trabajo, ni la familia le desvían de su
camino. Cree que es su deber. Pero duda. Las zozobras, racionalizaciones,
sueños y consideraciones escritas en el diario de este viaje nos pre sentan
una faceta, muy humana, del gran antropólogo americano.
La lectura de sus diarios y obras sorprende porque
exhiben la meticulosidad de observación que caracterizaba a su autor. Nada de
lo que entraba dentro de su campo de interés escapaba a su ob servación.
Morgan es explícito en su diario europeo: «no se puede describir objeto alguno
si no se le estudia de cerca. Esto lleva a una observación crítica y a una más
completa posesión del mismo».
Esta actitud es excelente para realizar un eficaz
trabajo de campo. «Las instituciones de los indios dice en otro lugar que copio
en White ... son oscuras y complicadas y únicamente pueden ser comprendidas a
través de investigación cuidada y paciente, llevada hasta los más pequeños
detalles.» Cuando quiso investigar la univer salidad del sistema
iroqués-ojibwa se propuso enviar cuestionarios a los lugares más remotos. La
preparación de las preguntas le llevó tiempo, consideración y esfuerzo. «El
cuestionario escribe debía ser suficientemente amplio para poder describir toda
relación cono cida y al mismo tiempo presentado en la forma más simple e
inteli gible.» Una vez redactado hizo un viaje a los indios tonawandas para
comprobarlo y perfeccionarlo. Definitivamente terminado lo envió junto con una
carta de explicación. Todo esto, no obstante, le dejó intranquilo. En 1859 se
fue con los indios para hacer «el trabajo personalmente» in person .
La crítica antropológica que, no siempre por
razones académicas, se ha mostrado más bien acre con Morgan, reconoce su
indiscutible
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 21
mérito como pionero en realizar investigación de
campo, con los indígenas. He aquí unas citas. Banton se refiere de pasada a
Morgan comentando que fue «uno de los primeros antropólogos en llevar a cabo
trabajo de campo». Evans-Pritchard escribe: «es ciertamente sorprendente que
excepto Morgan... ni un solo antropólogo verificó estudios de campo hasta el
final del siglo xix». M. J. Herskovitz es más explícito: «Morgan dice y en un
grado hasta entonces no conocido, obtuvo su teoría de datos recogidos en investigación
de campo.» Pocock se expresa así: «el valor de la experiencia de primera mano
fue demostrado por Morgan». Sol Tax ha escrito: «Lewis Henry Morgan... fue uno
de los primeros hombres en el mundo
en combinar trabajo de campo personal intensivo, en
una cultura nativa, con aparato comparativo y con una teoría general.» Beattie
califica su labor de campo como un «ejemplo notable». Lowie dice que en la
historia de la disciplina «Morgan como etnógrafo [esto es, como investigador de
campo] se coloca a distinguida altura.» L. White escribe que Morgan terna una
«pasión por la descripción detallada...
[era]... un sutil observador... un etnógrafo
ideal». Una última cita tomada de Fortes que conoce bien a Morgan: «el parcial
eclipse de Morgan en los últimos años del siglo pasado fue debido, sin duda
ninguna y en parte a lo raros que eran entonces los etnólogos con
experiencia de campo... Rivers volvió a Morgan a
través de su experiencia de campo... Lowie... fue influenciado a seguir la
misma dirección a través de su trabajo de campo. Fue concretamente su
investigación de campo entre los indios crow lo que abrió sus ojos a la proeza
de Morgan como etnógrafo». Un poco más adelante comenta Fortes la frase de
Morgan de que hay que «ir directamente a la gente» añadiendo: «es decir, a
través de trabajo de campo en comu nidades actuales, un desideratum que
Malinowski, considerado como
el mejor etnógrafo moderno, hubiera ciertamente
aplaudido». La honradez científica de Morgan en su investigación de campo
es proverbial, lo que nos revela otra
característica de su persona. Las pruebas que aduzco están tomadas de su diario
en el que describe sus esfuerzos y laboriosidad por conseguir los sistemas de
parentesco de diferentes tribus. «En Paoli escribe he conseguido el sistema de
los weaws, piankeshaws, peorías y kaskaskias a través de personas competentes.»
El de los peorías lo consigue, en frase suya, «a mi entera satisfacción». Sobre
la investigación con los yanktons-dakotas dice: «esta respuesta [al cuestionario]
es perfecta... la considero como una de las más dignas de confianza». Al
recoger costumbres funerarias escribe refiriéndose a la información obtenida:
«confirmado
22 LEWIS H- MORCAiV
por las tumbas que he abierto». Pero todo esto es
un aspecto de la medalla. El reverso, que viene a continuación, prueba su
veracidad. «He fracasado apostilla una vez con los pottawamies por
falta de intérprete.» Con respecto a los shawnees
no es menos ex presivo: «me marché con la firme creencia de que dejaba detrás
de mí una mina de información». En otra ocasión comenta: «la verdadera razón
sobre los distintos nombres de los indios [cambian según edad y circunstancias]
se me escapa constantemente». De un infor mante pawnee escribe: «pronto me di
cuenta de que no me contestaba bien y lo dejé». Vuelve a la carga pero sin
éxito: «vine para hacerme con el sistema de relaciones de los pawnee pero [el
informante], sintiéndolo yo mucho, se había desplazado a una aldea distante
sesenta millas». Intenta en otra ocasión pero tampoco lo pudo «com pletar aun
con la ayuda de una mujer pawnee». Más tarde razona así, según deja escrito en
su diario: «tengo que hacer un esfuerzo desespe rado para conseguir el sistema
de los blackfoot y el de los sheyennc y también el de los pawnee en Omaha». Más
tarde vuelve a la carga:
«en Omaha hice un esfuerzo, sin resultado, para
encontrar un intér prete pawnee». Consigue «el sistema sheyenne pero no del
todo perfecto». En cuanto a los blackfoots comienza a abrir brecha: «tengo ya
un esquema tolerablemente correcto...; me serviré de él si no puedo conseguir
otro mejor... Tal como lo tengo presenta algunas respuestas dudosas». Quiere
hacerse con uno completo y parece tenerlo ya a la mano cuando escribe de un
informante: «habla la lengua [blackfoot] y es un hombre inteligente; espero obtener
de él una buena información». Pero los pawaee siguen rebeldes. Anota en su
diario: «He decidido volver a Omaha para ver a los pawnee;
fracasé ya en dos ocasiones anteriores. Si fallo
otra vez, iré directa mente a la aldea de ellos.» Morgan no da fácilmente el
brazo a torcer. En más de una ocasión el tesón produce espléndidos resultados,
asi por ejemplo con los gros ventres y mandaos cuyo
esquema fa miliar no pudo conseguir en su primer intento: «dudo escribía-
si lo conseguiré, ninguno de entre ellos habla
inglés». Pero mᣠtarde al obtener el de los primeros a través de una mujer
comenta satis fecho en su diario: «es uno de los mejor hechos». En
contraposición, nos dice en otras líneas: «he conseguido un imperfecto sistema
oka-nakan». Y también: «comencé el sábado el sistema crow a través de
intérpretes dakotas y assiniboines... trabajo duro.
Hemos reanudado el trabajo hoy por la mañana, pero se han cansado... Un
minnetare que habla crow y assiniboin, dos jóvenes crows y el señor Culbertson
que habla assiniboin, componían el grupo de trabajo. Puede apre-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 23
ciarse claramente lo difícil que es trabajar
adecuadamente bajo tales condiciones». A través de estos comentarios
morganianos disponemos
de un fondo crítico para juzgar la objetividad y
fiabilidad de los sis temas de consanguinidad y otros materiales que aparecen
en sus obras. Y no sólo esto: cuando la información obtenida contradice
sus propias teorías, no rechaza el material; al
contrario, expresamente lo hace notar. Su estudio de los crees es un buen
ejemplo: no los encuentra divididos en tribus cuando según el esquema teórico
de
su obra debería presentar tales segmentaciones.
Pues bien, Morgan lo subraya específicamente: «este punto ha sido objeto de
conver sación repetida con diferentes personas, pero no puedo encontrar el más
ligero rastro de que actualmente estén divididos en tribus; ni siquiera he oído
que tengan tradición o memoria de una antigua división en tribus».
Estas citas muestran a Morgan en acción y dan
cierta idea de la atmósfera del estudio directo. Pero lo que hacen resaltar es
la seriedad y honradez científica del investigador. A la vez subrayan uno de
los elementos básicos en el temperamento morganiano: la tenacidad.
No rebla ante los obstáculos, tiene que conseguir
los sistemas de parentesco para probar, posteriormente, su gran concepción evo
lutiva de la humanidad. Sólo un manojo de ideas le preocupa; pero ésas están
siempre en su mente; y en su vida, pues la destina a la meticulosa observación
y paciente atesoramiento de pruebas y más pruebas que soportan a aquéllas. Todo
lo demás es accesorio, de poca monta. Este es el lado fuerte de Morgan; pero
también su parte débil. Las consecuencias de esta orientación personal lineal
son complejas. Quizá unos cuantos rasgos de su comportamiento, mejor de sus
omisiones, pondrán de manifiesto el problema a que me refiero.
He indicado más arriba cómo en la opinión de los
antropólogos Morgan era un observador de primera talla. Durante su viaje por
Europa envió varios artículos al Appleton Journal para su publi cación. El
editor en carta que reproduce White le aconsejaba:
«si usted olvidara de una vez su idea de ilustrar
[con dibujos y foto grafías] los lugares que han sido reproducidos desde que
el arte del grabado fiie inventado y se limitara a usar sus ojos yankees para
ver y descubrir las cosas tal como son en Europa o tal como las ve usted, haría
algo de valor». Sorprenden estas líneas dirigidas precisamente a Morgan el
«sutil observador». Pero su obsesión por los dibujos y fotografías pueden
darnos la clave para entender la paradoja. Una de las ideas que absorbió a Morgan
fue la relación entre la arquitectura
24 LEWIS H. MORCA.N
y disposición de las casas y la estructura y
organización social de los que las habitan. Su diario europeo superabunda en
descripciones de casas y castillos, medidas de las habitaciones, altura de
techos, dis posiciones de puertas, escaleras y ventanas, etc. No le parecía
com pleto un artículo sin ilustraciones. Pero ni el director y quizá tampoco
los lectores pensaban lo mismo. Querían otra información. Frente
a este perfil negativo se alza otro raramente
positivo: la obsesión morganiana por casas y edificios produjo un excelente
libro Houses and House-Life of the American Aborigines ( i 8 8 t).
Otra paradoja morganiana. Conocidos son sus
esfuerzos en pro
de los indios, su actuación ante el Congreso para
defenderlos, los artículos que en su favor escribió en revistas. Sus ideas
sobre el fu turo de los mismos, sobre las agencias gubernamentales en enclaves
indios, sobre el comerciante, tratos y maltratos a que los sometían llenan unas
cuantas páginas en su diario indio. Morgan, debido a sus viajes tenia sobrada
razón para conocer bien Missouri, Kansas y Nebraska. Pues bien, precisamente al
final de la década de 1850 las atrocidades, crímenes y matanzas en esta
geografía entre las dos fac ciones en torno a la esclavitud resonaban hasta en
Europa y llenaban los periódicos locales. El indiófilo Morgan se encuentra en
medio de la acción y prácticamente nada nos dice en su diario. Su obsesión le
urgía a rellenar cuadros y dibujar sistemas de parentesco. Sus dos ojos estaban
enfocados a los indios, y como no tenía más, no veía a los negros. De 1861 a
1865 se produce la guerra civil americana. La agitación antiesclavista y la
doctrina de la soberanía del Estado se están dirimiendo no sólo por las plumas
de escritores y periodistas sino también por las bayonetas y fusiles. Ante esta
convulsión
Morgan no tiene ni pluma, ni ojos ni oídos. No le
quedan porque los tiene embebidos en otra parte. El libro que produce lo eleva
a la cumbre entre los antropólogos, pero al mismo tiempo su insensi bilidad
ante los negros y la guerra de secesión le privan de'ofrecer un análisis que
hubiera encontrado su lugar estructural entre las formas de gobierno en su obra
La Sociedad primitiva.
Otro claroscuro. En el diario indio las entradas
con material
de carácter religioso son muy numerosas. Allí
describe en detalle
el culto, ideas y danzas religiosas de los
shawnees; el cielo, lugares de castigo y espíritus de los delawares; las
creencias religiosas y po deres invisibles de los crows; las ceremonias
religiosas de los minne-tarees; los espíritus omaha; el espíritu del mal y
otras creencias reli giosas de los iowas, etc. ¿Qué hace con todo este
material? Absoluta mente nada. Es más, parece partidario de que nada se
consigue con
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 25
el estudio de las instituciones religiosas. En la
página n , número 5, de este libro dice: «El desarrollo de la idea religiosa se
halla rodeado de tales dificultades intrínsecas que no es posible obtener [que
posiblemente nunca se obtendrá, dice el original] una explicación completamente
satisfactoria. La religión se enlaza tanto con la natu raleza imaginativa y
emotiva, y por consiguiente, con elementos
tan inseguros de conocimiento, que todas las
religiones primitivas son grotescas y hasta cierto punto ininteligibles.
También esta materia sale del plan de la presente obra, salvo en las
sugerencias incidentales.» Extraña esta actitud no sólo por el non sequitur con
su propio trabajo de campo sino también porque Tylor habla publicado Primitive
Culture en 1871; en esta obra los capítulos XI-XIX tratan de la religión de los
primitivos.
Morgan, aun durante su viaje a Europa, acudía
regularmente
los domingos a la iglesia protestante. Escribe en
su diario que «todas formas de culto religioso, si son sinceras, merecen
respeto». No obstante no disimula su aversión hacia la organización y jerarquía
católica en Roma. Los epítetos que salpican sus notas son duros.
Y en ocasiones ataca a la Cristiandad en general. Y
en definitiva, la pone bajo la misma categoría con la que enjuicia a la
religión pri mitiva. Además, el enfoque emic de que tanta gala hizo con los
indios tratando de ver las relaciones de parentesco como las veían ellos, lo
olvidó con frecuencia en Europa. El día de Navidad de 187c oye misa en San
Pedro y después razona en su diario: «no puedo ver, y probablemente tampoco lo
vería si entendiera cada palabra, lo
que hay en esta ceremonia de cautivador y de
satisfacción para los católicos». Morgan ni siquiera intenta ver la ceremonia
como la ven los católicos, deber elemental para todo antropólogo. Como no
entiende ni se esfuerza en entender la religión, piensa que es «ininteligible».
Todo esto es extraño; pero todavía sorprende más la
invidencia de Morgan al comprobar que en una teoría general de la evolución
socio-cultural simplemente no puede dejarse de lado la institución religiosa.
Al contrario, tiene que figurar siempre en un síndrome de correlaciones. Creo
que Morgan se percató; en su conversación con el doctor Dóllinger perora
durante veinte minutos sobre la
ley civil y la ley canónica. Las ve en una
perspectiva evolutiva: la segunda tiene que dar paso a la primera. «La gente
escribe po: varias centurias se ha ido acercando al lado de la ley civil como a
la fuente de protección, apartándose cada vez más de la autoridad de la ley
canónica.» Esta podía haber sido una hipótesis a verificar en
LEWIS H. MORCAN
magna obra. ¿Pero la evolución de la forma externa
implica nece-r Lamente un correspondiente desarrollo interno? Contemplando la
iglesia de San Esteban, en Roma, unos frescos que representan n crudeza las
persecuciones de los cristianos, no puede menos de (remecerse. «Este terrible
espectáculo escribe me llevó a eguntarme a mí mismo la cuestión de cómo los
descendientes de uellas victimas de la atrocidad humana, conociendo plenamente
barbaridad que implica, pudieron a su vez... infligir las mismas o ores crueldades,
en nombre de la religión, a waldenses, a albi-nses, a hugonotes, a los
holandeses bajo el notorio Alba, y esto i nombrar las persecuciones de
alemanes, escoceses e ingleses.» organ no ve, pues, claro el progreso interno;
le parece poder :scubrir las mismas pasiones, el mismo fanatismo, los mismos
rores. «La civilización continúa en el mismo diario representa triplemente el
sentido común de la humanidad, el crecimiento y isarrollo de siglos... La
jerarquía romana es un mero nido de aris-cracia... Si la sociedad continúa
avanzando hará desaparecer el itema; pero si no avanza... [el sistema]
destruirá la sociedad y hará minar a la humanidad otra vez en dirección a la
barbarie.» O bien organ no se atrevió a imprimir sus ideas en La Sociedad
primitiva presentadas aquí en su tono más suave , o no tenía seguridad de
íe el progreso de la idea religiosa siguiera la
línea que marca en su sis general. Si esto úldmo, no puede someter las
creencias religiosas su esquema porque lo rebasan. Estando en Inglaterra
escribe que iglesia católica desaparecerá; le sucederá la iglesia protestante.
:ro en Roma y ante la organización romana no se muestra tan seguro se limita a
zaherir a la jerarquía eclesiástica. En cualquier caso, mejor prescindir de una
institución incómoda.
Más contrapuntos morganianos. En su viaje a Europa
se muestra en por cien americano. A la vista del Rin recuerda al Hudson, al
Mississippi y al Missouri y «a docenas de otros» ríos americanos que :jan al
primero en minúsculo riachuelo. Venecia le encanta; se la íerría llevar a
América: «haríamos de ella la ciudad más imponente
i la tierra». La bahía de Ñapóles no tiene
comparación con la belleza
los
lagos americanos. Pero su americanismo tiene, claro está, zones de mayor peso.
El sistema de tenencia de la tierra en Europa imó su atención desde que puso
sus pies en Escocia: «la propiedad
la
tierra está en manos de una clase privilegiada», «es la marca i la servidumbre
de la gente a la aristocracia». La aristocracia in-esa posee miles de acres de
tierra. Desde la ventanilla del tren ve s magníficas residencias de
aristócratas. Estas mansiones piensa ,
LA SOCIEDAD PRIMITIVA
centros de elegancia, finura y opulencia, provienen
del trabajo c los arrendatarios. Así ha sido desde que Guillermo el Conquistad!
estableció el Feudalismo en to68. Los arrendatarios que trabaja las tierras
nunca las pueden poseer enteramente debido al sisterr inglés de tenencia. El
marchamo del Feudalismo pesa todavía sob: la tierra, casas, ciudades, aldeas y
gente. Se impone «una reform del sistema de tenencia de la tierra».
«Oí a Lord Shaftesbury decir la otra noche en la
House of Lor<
que si el Parlamento intentara reformas sociales,
los ingleses sería el pueblo más fácil de gobernar en el mundo... Pero ¿está
usté dispuesto, señor Lord, a dar el primer paso práctico en esa direcciói
renunciar a su título, a su puesto hereditario en los Lores para qi le
sustituya el hombre que consiga los votos libres de sus comp; triotas? La
primera reforma social que se necesita en esta nación i la igualdad de
privilegios. No vale la pena hablar de ella si no : comienza por aquí. Pienso
que si a Lord Shaftesbury le pidiesen 1c ingleses metamorfosearse en simple
señor Shaftesbury desistir respetuosamente de la «reforma social»... Este
hombre fue aquel noche a la Casa de los Lores para vocear su bella idea. Pensó
qi expresaba un sentimiento noble, magnánimo y cristiano. El conde c Derby se
conmovió ante aquel brillante pensamiento y gritó: ¡esc ¡eso!, mientras que un
reposado americano decía para sí mismi
«¡ah, hipócritasl» En otra ocasión sale de su pluma
este párraf «una explosión de democracia es lo que se necesita no sólo sobi
Roma o Italia, sino sobre toda Europa, para borrar de una vez injusto sistema
de posesión de la tierra que destruye a la gente, 1¡ leyes desiguales que
destruyen las posibilidades de que la gente ¡ ayude a si misma, las infernales
aristocracias que les han robado si derechos en el pasado, antes de que naciera
la presente generación En toda Europa «no hay instituciones como las nuestras
para utilizar, las mentes más ágiles de la nación». No obstante, el bien comé
prevalecerá, como en América, y las viejas formas feudales, junt con la
aristocracia, quedarán arrinconadas. Es ley del progres humano.
La vieja Europa, semifeudal, le defraudó. De vez en
cuand irrumpe en su diario europeo con cantos a la joven, igualitar América:
«me alegraré mucho cuando vuelva [a Nueva York] y n encuentre otra vez bajo las
estrellas y franjas [la bandera americana Nuestra nación es tierra favorecida y
bendita. Nuestras institución no tienen rival y nuestro pueblo es el más
avanzado en inteligencia en prosperidad compartida sobre la faz de toda la
tierra. Deseo '
LEWTS H. MORCAN
;jor a todas las gentes de codas las nadones, pero
se me debe per-idr a mi preferir mi patria. La visita a otras nadones ha
robusteddo intensificado enormemente esta impresión. No es pardalidad por
i patria; tiene una sólida base en sus superiores
insritudones». organ se olvida de los negros. En otro lugar del diario se
expresa
«cada
vez estoy más satisfecho de que un océano nos separe de sodedad y formas de
vida europeas; cada vez me alegro más de
le nuestros antepasados escaparan de Europa y de
que establederan n éxito, en un rincón de la rierra, unas instinidones e ideas
que cen jusrida al hombre. Unicamente pudo haberse conseguido esto uzando un
océano y entrando en el desierto, en completo aisla-iento y redusión de viejas
formas y usos». Al final de catorce meses i Europa, cuando se encuentra en el
mar, a unas pocas millas de
ueva York, escribe: «es un placer volver a nuestra
patria, intensi-:ado nuestro amor por la nadón y sus insritudones al
compararlas >n las naciones extranjeras».
El choque del Morgan yankee con otros pueblos y
culturas no oduce el resultado esperado en un antropólogo. No se esfuerza
i ponerse en la perspectiva del nativo, en juzgar
desde la estancia cal para adentrarse y comprender los pros y contras, la razón
o zones de las instituciones y modos de vida diferentes. Tendemos dimente a
pensar que lo nuestro es mejor y puede serlo , pero
ta no es la adecuada posidón mental para entender
al otro y su drura. Morgan lo sabía; había sabido establecer un puente la ibu
séneca lo llama Tavadaowuhkuh para ver y dialogar con indio desde el otro lado.
¿Se olvida en Europa de este elemental recepto antropológico? Teniendo a la
vista su diario europeo creo íe el problema hay que plantearlo de una manera
más compleja,
n esta época no sólo pululaban ya las ideas sobre
evoludón y pro-:eso de las insritudones en su cerebro, sino que iban tomando
>rma concreta. Observa cuidadosamente en varias nadones europeas s formas de
propiedad sobre la que escribe excelentes párrafos
i La Sociedad primitiva y las formas de gobierno.
Este es el pto-ema teórico que le preocupa. Su atendón está preeminentemente
ícamzada en esa dirección. Y como toda etapa de progreso requiere >mparadón
con otros estadios, anteriores y posteriores, en la evo-¡dón general, coteja
América con Europa y encuentra a ésta defi-ente. Morgan, amante del progreso,
se queda con su América,
odo lo que en su opinión obstaculiza a aquél
desigualdad de trechos, jerarquía, aristocracia, estancadas formas religiosas
redbe ardos de dura crítica en las páginas de su diario. Su teoría del pro-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA
gieso y evolución de la humanidad está ea plena
gestación. En 1875 s Ancient Society estaba ya terminado. Pero antes de pasar a
esta obi quiero añadir unas líneas finales.
He subrayado varias polaridades y ambivalencias en
la person
y trabajo científico del abogado de Rochester.
Concretamente lo h presentado en sus perfiles de abogado, extático, padre y
esposo, d ensimismado y honrado científico, de etnógrafo y despreocupadc
de y antee patriotero, etc. Frente- a Morgan e!
americano, he contr: puesto al Morgan antropólogo; junto al indiófilo he
subrayado i desinterés por los esclavos negros a su vera; al científico
condecorad lo he descrito en un marco ajeno a la Universidad, al hombre soci¡
y de clubs como solitario pensador, al genial
etnógrafo como inv dente ante los diferentes europeos y ante la riquc2a
etnológica de ! religión. Otras dualidades podrían sumarse a las anteriores,
per sólo quiero apuntar brevemente una: el hostigador de la aristocrac
va repetidas veces a calles y jardines para ver de
cerca a la realeza o algún miembro de la familia real. En su diario describe
cómo cscand
en Viena fue a un jardín después de haber
«calculado bien el uempe para ver pasar a Francisco José. En el momento
oportuno la famil Morgan se quita el sombrero e inclina reverentemente la cabe;
para saludarlo. El saludo fue correspondido, comenta con fruidói «sólo para
nosotros, pues no había nadie más». En el mismo diari escribe cómo le molesta
«la enorme profundidad del rebajamient de los ingleses ante la cara del rey».
¿Inconsistencias? Pienso que en conjunto todas
estas paradoj: apuntadas son más bien el resultado de una férrea coherencia c
Morgan el científico. En cada periodo científico de su vida es dominado,
obsesionado por el desarrollo de una idea matriz. A de arrollarla y
sistematizarla dirige toda la observación de que es capa
en ella concentra todo su esfuerzo intelectual.
Todo lo relacionad con ella cobra sentido, un significado teórico; el resto de
objeto personas y mundo circundante se difumina en un segundo piar
de poca importancia. También hay que tener en
cuenta que Morgs toda su vida fue un pionero. Inicia los estudios del parenteso
ofrece la primera teoría conjunca del progreso humano, obsen sistemáticamente
por primera vez la vida del castor y es el prima en poner de relieve la
relación casa-organización social. El mismo considera como un pionero. Al final
de su tratado sobre la casa di' textualmente: «nuestra etnografía fue iniciada
por investigador europeos y viciada desde sus principios por una mala inteligencia
< los hechos. Los pocos americanos que se han dedicado a esta disc
o LEWIS H. MORCAN
ilina han seguido el mismo camino e intensificado
los errores ori ginales de interpretación hasta que la fábula ha arrollado el
campo le la disciplina. Si es posible comenzar de nuevo y recuperar lo perdido
no lo pretendo determinar. Pero vale la pena el esfuerzo», if no hay que
olvidar que el pionero tiene que abrirse su propio amino con esfuerzo y tesón,
sin mirar a los lados, sin prodigarse
desparramarse.
La concentración y dedicación le son esenciales. 'Jo encuentra apoyos ni ayudas
en su sendero; lo crea él. De aqui
as dudas personales, los dilemas, las fáciles
inconsistencias científicas, a faceta negadva en una palabra. Pero frente a
ésta y eclipsándola,
¡e alza la creación personal, la obra original,
primera y única en su género de la que voy a escribir a continuación.
E
LA SOCIEDAD PRIMITIVA
El tirulo completo original de esta obra es:
Ancient Society, or Researches in the Unes of Human Progress from Savagery
through Bar Sans m o Civilization. Fue publicada por World Publishing, Nueva
York,
in .1877- En el manuscrito original aparecía una
quinta parte titulada
E/ crecimiento de la idea de la arquitectura de la
casa , que no viene pu-nlicada en la presente edición y que tampoco se publicó
en 1877. Apareció en forma separada y con el título Houses and House-Life
f the Aunerican Aborigines en 1881, un poco antes
de morir su autor. Teniendo en cuenta el título general en inglés. La Sociedad
antigua certería mejor al español la idea de Morgan. En la obra se ofrece una
nriginal Weltanschauung filosófica para 1 a interpretación de la evolución ie
la humanidad. Enmarcando el libro en el contesto de ideas de la poca podremos
justipreciar mejor la aportación del mismo.
La idea de evolución significando la clasificación
sistemática de todos los organismos de forma que los de menor complejidad de
organización ocupen un polo de la escala y los de roavor complejidad ie
organización el polo opuesto, es muy antigua, viene de los griegos. A esta
concepción se le llamó Scala Naturae y abarca desde-las-rncas oa<ra el
hombre Esta era la ideología general de los biólogos en
d- sigip xvm. El francés Bonnet (1720-1793) es
quizá el mejor expo nen te de esta opinión o corriente a la que denominó
échelle des étres.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 31
La escuela de la Natur-phiiosophie de zoólogos
alemanes de prin cipios y mitad del siglo xix, apoyándose en la Scala Naturae,
des arrolla la idea de que la estructura de todos y cada organismo era una
copia o reproducción, algo modificada, de un plan universal
o arquetipo común a todos.
Los geólogos eran un poco más audaces. J. Hutton
siguiendo lo expuesto por Buffon en Epocas de la Naturaleza (1778) publicó en
1785 su Theory of the Earth. Aquí mantiene que los
restos fósiles de animales y plantas son documentos del pasado, y que los
estratos sedimentarios son consecuencia de los procesos físico-químicos y
deposiciones de productos anteriores. G. Werner y su escuela que mantenía la
«teoría neptunista» (1820-1850) defendieron por el con trario una secuencia de
períodos caracterizados por rocas, conse cuencia de un precipitado químico del
océano. Esta teoría produjo otra llamada «teoría catastrófica», según la cual
los períodos de la tierra estaban separados por catástrofes que destruían
animales y plantas para volver a aparecer en el siguiente período. Estos
antece dentes, junto con los esfuerzos arqueológicos realizados por Frere
(1800), Chistol y Serres (antes de 1830), Toumal (1833), Boucher
de Perthes (1836) y los resultados obtenidos por
una comisión danesa arqueológica que en 1836 establece la secuencia de edades
de Piedra, Bronce y Hierro, estuvieron a la base de una obra decisiva: The
Geological Evidences of the Antiquity of Man (1863), debida a C. Lyell.
Partidario de la struggle and progress, conjugó elegantemente la geolo gía,
arqueología y etnología para demostrar la antigua contempo raneidad de
fósiles, animales e instrumentos. El hombre existía ya
en el Paleolítico. Huxley, el conocido por Morgan
en Londres, escribió que Darwin, con su obra On the Origin of Species (1859),
era el natural sucesor de Hutton y Lyell.
En el mundo filosófico literario la idea de
evolución como des pliegue de unas formas en otras era también muy antigua. Ya
el poeta romano Titus Lucretius Cams adoptando la teoría del universo del
griego Epicuio, nos legó en los exámetros de De rerum naturae su idea sobre el
origen o proceso cósmico de los átomos; en el suelo cálido-húmedo de la tierra
se forma la vida vegetal, después la ani mal y por último la del hombre que de
bruto pasa paulatinamente a civilizado. Pero saltando unas cuantas centurias
para aproximamos a Morgan encontramos el eco de Lucrecio en G. Vico. Asiduo
lector
de aquél, nos ofrece una tavola cronológica en Da
scienza nuova seconda, en la que aparece la antigüedad dividida en tres épocas:
la de los dioses, la de los héroes y la de los hombres. Estos a su vez han
pasado
32 LEWIS 3 . MORGAN
por tempi religiosi, por tempi puntigliosi y por
tempi civiii. Voltaire describe el desarrollo de la organización cristiana y
sistema feudal
en Europa en Essai sur les moeurs et I'esprit des
nations (1745). Montes quieu en De Pesprit des lois (1748) titula un capítulo
Despeuples sauvages et des peuples barbares. Los tres títulos siguientes son
expresivos:
Turgot escribe Tableau philosophique des progrés
successijs de Pesprit humaine (1750), V. de Castellux Considerations rur le
sort des hommes dans les différentes époques de Pbistoire (177a) y Condorcet
Tableau hisiorique des progres de Psprit humaine (1794). En esta , obra traza a
grandes rasgos diez etapas de evolución del género humano.
Turgot mantuvo una tripartita división de progreso:
el cazador pasa a pastor y éste a agricultor. Esta división pasa a An Essay on
the History of Civil Society (1767) de A. Ferguson,
quien además divide la historia de la humanidad en tres períodos: el de los
salvajes que no conocen la propiedad, el de los bárbaros que la conocen pero
care ciendo de leyes, y el de los civilizados. Esta clasificación se repite en
Morgan. El escocés John Millar escribió una obra, realmente interesante,
titulada Observations concerning the Distinction of Ranks in Society (1771). En
una poderosa constelación de variables se esfuerza en delinear el proceso de la
familia y el parentesco, la propiedad,
la división del trabajo, el comercio, el origen y
evolución de la auto ridad, de la esclavitud y del feudalismo. Otro escocés,
W. Robertson, insiste, bajo una perspectiva personal, en la terna tipológica
evolutiva que ya conocemos y que desarrollará Morgan salvajismo, barbarie y
civilización en The History of America (1777).
En Alemania, a los trabajos de Herder (1784) y
Meiners (1785)
sobre el origen de la sociedad siguen los de G.
Klcm, quien escribió en el primer volumen de Allgemeine Kultur-Gsschicte der
Menscheit. (1845) sobre la evolución humana distinguiendo tres estadios que van
desde el salvajismo Wildheit a la domesticidad . Zahmheit para culminar en la
libertad. T. Waitz trató de explicar en Anthro-pologie der iSatunvolker
(1858-71) que el progreso evolutivo humano dependía de las condiciones
naturales y sociales de los grupos huma nos. El jurista suizo J. J. Bachofen
pronunció un discurso en la XVI Asamblea de Filólogos alemanes (Stuttgart) con
el título Vom Weiberrecht o el reinado de la mujer. En esta disertación, que
tuvo lugar en 1856, expresó en trilogía esquileana el combate entre la
ginecocrada. y el matriarcado. En este finísimo análisis evolutivo están
condensadas las ideas que más tarde sistemadzó en Das Mutter-recbt (1861).
En este mismo año vio la luz Ancient Law, de H. S.
Maine, obra
LA. SOCIEDAD PRIMITIVA 33
en la que quiere demostrar, en esquema evolutivo,
que las institu ciones legales nuestras son el resultado del desarrollo
histórico. La ironía enlaza a estas dos obras publicadas en el mismo año:
frente al hetairismo y matriarcado expuesto en Das Mutterrecht, defiende Maine
la forma patrilineal-patriarcal como primera en la familia.
En 1865 aparece Researches into the Early History
of Mankind and the Development of Civilisation, de E. B. Tylor, magnifico
manual con excepcional riqueza de datos, en el que el autor aborda evolutiva
mente el origen del fuego, mitos, lengua, instrumentos, escritura, matrimonio,
etc. Sobre el matrimonio también y en el mismo año, apareció Primitive
Marriage, del abogado escocés J. McLennan.
El escocés establece un esquema evolutivo que va
desde la indife
rencia ante normas matrimoniales a la poliandria, a
la captura de
mujeres y a la poliginia. La matrilinealidad
precedió a la patrili-
nealidad, como no podía ser menos según la lógica
de su esquema.
Además de Tylor, J. Lubbock escribió sobre el
origen de la civili
zación y la evolución de las ideas religiosas en
Pre-Historic Times,
as Illustrated by Ancient Remains and the Manners
and Customs of Modern
Savages (1865) y también en The Origin of
Civilisation and the Primitive
Condition of Man; Mental and Social Condition of
Savages (1870). Deno
mina extrañamente al primer estadio religioso con
el nombre de
ateísmo, por el que significa carencia de ideas
concretas sobre la divi
nidad. Siguen en su esquema el fetichismo, el
totemismo y la idolatría;
de aquí pasa a referirse a la divinidad como a un
ser creador de la
naturaleza y termina con el período en que
moralidad y religión se
combinan para formar un conjunto. Como en mayo de
1875, Morgan
termina su manuscrito evolucionista, es innecesario
ya seguir con la lista de otras posibles fuentes o influencias que como telón
de fondo pudieran condicionar su obra.
Geólogos, biólogos, zoólogos, arqueólogos,
filósofos y antro pólogos a la vez, y en distintas geografías, trabajan en el
mismo sentido. El momentum cultural lo hacía inevitable. Estos últimos, en su
afanosa búsqueda de una teoría del progreso, comparten y parten de ciertas
asunciones básicas. He aquí las principales: 1) los antro pólogos
evolucionistas buscan determinar científicamente los perío dos universales, en
tiempo y espacio, del desarrollo socio-cultural.
En
toda seriación hay que comenzar por el principio; es, por con siguiente,
primordial, indagar sobre los orígenes de los fenómenos e instituciones
socio-culturales. 3) El común acervo de rasgos men tales propios de la
humanidad en otras palabras, su unidad psí quica explicará no sólo el origen
independiente de los elementos
34 LEWIS H. MORGAN
culturales, sino también la extensión
espacio-temporal de la seriación.
Esta
viene determinada por los arqueólogos; ahora bien, la Arqueo logía presenta
limitaciones, por ejemplo, ¿cuáles eran los modos de vida y creencias
correspondientes al período denominado del Bronce, o de la Piedra? ¿Eran
fetichistas o animistas? ¿Monógamos, patrili-neales o matriarcales? 5) Cometido
indiscutible del antropólogo es rellenar cada uno de estos períodos
arqueológicos con los medios
de subsistencia, sistemas de parentesco, modos de
vida, institucio nes y en todo esto la aportación de Morgan es decisiva ,
creencias supersticiosas y religiosas, etc., que les corresponden. 6) Metodo
lógicamente tienen que servirse los antropólogos de datos etnográ ficos de
culturas vivas trabajo de campo de Morgan y de docu mentos históricos. Aquí
tenemos en origen el método comparativo.
Para
lo primero hay que asumir que diferentes culturas observa bles en el presente
representan diversos estadios en la evolución gene ral; en otras palabras, la
técnica consiste eo interpolar en el pasado las culturas primitivas actuales.
8) El esquema interpretativo que se obtiene con esta interpolación y trasiego
de toda clase de datos etnográficos es éste: las culturas evolucionan a través
de períodos similares o idénticos para desembocar en estados similares o
idénticos . La evolución es progresiva, lineal y descansa, en gran parte, en la
inventiva invención , inherente a la comunidad o
unidad psíquica humana.
Este era el esquema general, difuso, de postulados
que flotaban en el ambiente científico antropológico-arqueológico cuando Morgan
se paseaba por Europa y visitaba a sus colegas londinenses. Por otra parte, los
antropólogos que he citado anteriormente y cada uno a
su modo y entender, se especializan en investigar
el progreso o evolución de aspectos o segmentos, de algunas instituciones o
par celas humanas. Cuando escribe Morgan habían aparecido estudios
de la evolución de instrumentos y cultura material
(escuela alemana), del matrimonio y sus formas (Bachofen y McLennan), de la ley
(Maine), de la autoridad y feudalismo (Millar), de las ideas religiosas (Tylor
y Lubbock), etc. Faltaba una visión sintetizadora y audaz, de conjunto, una
teoría evolutivo-funcionalista en la que se intentara
no sólo dar razón del cómo , sino también del por
qué. Dada la tendencia y orientación científica de mediados del siglo pasado, o
en otras palabras, si tenemos en cuenta los condicionamientos culturales del
pensamiento científico en ese momento, no podía hacerse esperar;
la agudeza mental y el poder sintetizador de Lewis
Henry Morgan nos la regala con su fascinante Sociedad primitiva.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 35
Tenemos, pues, la obra centrada, conocemos su
nicho, su con texto, sus antecedentes en la historia aunque expuesta
brevemente del pensamiento evolucionista. No hay duda de que Morgan mane-
jaba cierta literatura evolucionista, ya que
conocía personalmente"?, varios de los autores. Estando en Londres, por
ejemplo, trata de conocer, a través de McLennan, a Herbert Spencer «a quien
Darwin
en su Desceñí of Man llama nuestro más grande
filósofo», relata en su diario. Este deseo de hablarle personalmente da pie
para asumir
que conocía los escritos spencerianos sobre
hipótesis del desarrollo
y leyes y causas del progreso, que aparecieron e n
i 8 5 2 y i 8 5 7 . Cuando el manuscrito estaba en prensa añade una cita del
libro de Spencer 'Principles of Sociology que acababa de aparecer (p. 506).
Concretamente, en La Sociedad primitiva cita a Darwin obra anterior en
la página 425; también al Primitive Marriage de
McLennan (véanse
las pp. 117, 378, 416 y la 504 ss.), y a dos obras
de Tylor: Early History of Mankind, a la que califica de «valiosa obra» (pp.
85, 86, 87, 117, 228, 229, 579, 389) y Primitive Culture (p. 379). Das
Mutterrecht, de Bachofen, es obra calificada por Morgan de «vasta
investigación»,
y a ella se refiere en las páginas 367, 568 y 457.
Al citar a Early History of Institutions, de H. Maine, en la página 375 la
califica de «reciente obra». Efectivamente, con el título de Lectures on the
Early History
of Institutions se publicó en 1875 y en 1888 en
Nueva York. Como sabemos que Morgan terminó su manuscrito en 1875, la cita
indica
el interés de Morgan por la literatura
evolucionista. Origin of Civilisa tion, de Lubbock, aparece en las páginas 230
y 379-380. El clásico Lucrecio y por su De rerum natura puede verse citado en
las páginas
91, 96 y 104. Prescindiendo de los numerosos
clásicos griegos y roma nos, y de los historiadores españoles de los siglos
xvi y xvn, menciona también la obra Primitive Man, de Figuier (p. no), y La
cité antique, de Fustel de Coulanges (pp. 277 y 541). Pero no se refiere ni a
Ferguson ni a Robertson que habían ofrecido ya un esquema de etapas evolu
tivas idéntico al suyo.
En conjunto sorprende la parquedad de citas, tanto
más si tene mos en cuenta que cuando menciona a esos autores se sirve de datos
concretos que ellos presentan, sin aludir al enfoque teórico subya cente.
Desde luego que es innegable la influencia externa proveniente de los
postulados científicos de la época, del es decir, de la general tendencia
evolutiva en la investigación. Pero la razón inme diata, interna, de la
gestación de La Sociedad primitiva hay que buscarla en otro lugar, en la
hipótesis que subyace a su anterior libro. Sistemas dejtjmsmigmmdad.
LEWIS H. MORGAN
La. rareza de la terminología, con que los
iroqueses designaban el parentesco clasificando en una misma cateo-orla a
ciertos parientes lineales y colaterales véase el diagrama de la; p. 53^-
fascinó a Morgan. Este elemento de sorpresa le llevó a inquirir sobre la
nomen-clatura y a investigar el parentesco. Pronto se formuló tres postula dos
que le guiaron en sus investigaciones: 1) La terminología dasi-ficatoria no es
un. mero flatus voris, sino una condensación verbal ele funciones, derechos y
obligaciones sociales que están a la basede
la organización social v política (correcto y uno
de sus mayores logros). 2) Los -sistemas de que reflejan y surgen de sis
temas sociales, poseen un tempo ce cambio sui
ztneris; mientras que
l t
im o s pneden cambiar a u r ritmo acelerado, los sistemas de parentesco pueden
p e r v i v i r cuando los sistemas sociales vTas con diciones Q u e los o r i
g i n a r o n nan d e s - m a r e r i d o (correcto). 5 ) Que en
este caso la n-im^nrUnin rpfleia las anteriores
condiciones de la sociedad como pueden ser tipos extinguidos de matrimonio y
familia (incorrecto). Por ejemplo: Morgan encuentra que en la nomenclatura
polinesia de parentesco hay una misma palabra para designar padre y hermano de
la madre (correcto). De aquí concluye que en tiempos anteriores los hombres
casaban con sus propias hermanas (incorrecto), que la pervivencia del término
común es la prueba de la remota existencia de esa familia (incorrecto) que a su
vez es una etapa en la evolución hacia la familia monógama (incorrecto).
Al darse cuenta Morgan de que el sistema de
parentesco de los ojibwa (Lago Superior) era similar al de los iroqueses (en el
estado de Nueva York), se pregunta a sí mismo: ¿a qué se debe esa simila-ridad
de sistema entre dos pueblos no relacionados ni geográfica ni lingüísticamente?
Su respuesta hipotética es: procederán ambos de un tronco común (incorrecto).
Dos casos no son, claro está, sufi cientes para validar una hipótesis. Redacta
un cuestionario y las respuestas que le llegan van descubriendo el radio de
similaridad del sistema. Va en persona a investigar; el material recogido
prueba que los indios americanos comparten un sistema de parentesco.
Conclusión: la identidad de sistema de parentesco prueba el origen, proviniendo
de un tronco único y común, de todos estos pueblos (incorrecto). Pero Morgan no
se detiene aquí; la secuencia del argu mento es dara y se impone: si el común
sistema de parentesco clasi fica a esas razas en orden troncal ofreciéndonos
la clave para conocer su procedencia e historia, el análisis y comparación de
los sistemas de parentesco de pueblos en «India, Mongolia, Tibet, Siberia,
China, Siam, Japón, Australia, islas del Pacífico, Africa y América del Sur»
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 37
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LEWIS H. MORGAN
(la lista es de Morgan), nos proporcionará la clave
para explicar la historia del género humano, su evolución. Al recibir en
Rochester
el sistema de parentesco de los tamil del sur de la
India y comprobar que era similar al americano indio, cree que tiene en sus
manos la prue ba decisiva para demostrar el origen asiático de los indios
americanos. El siguiente paso en la lógica morgamana es este: la similaridad
o identidad virtual de los sistemas de parentesco
recogidos hace que todos se puedan agrupar dentro de tina categoría común.
Ahora bien, ese sistema común de parentesco es marcadamente diferente al nues
tro, que a su vez es idéntico al semita y celta; luego hay dos sistemas de
parentesco. Al primero llama sistema clasificatorio y aTsegundo descriptivo. Si
se toman como modelos o arquetipos, la división es correcta. Puestos ambos
sistemas en conexión, resulta para Morgan
que el primero común entre los primitivos es más
antiguo que el segundo, que uno procede del otro (incorrecto); luego a través
de los sistemas de parentesco podemos describir y explicar la historia, es
decir, la evolución de la humanidad (incorrecto). En otras palabras, Morgan
yerra al asumir que lo que es coexistente y diferente es a la vez, y por eso
mismo, diacrónico, sucesivo. Este es el esquema
lógico distorsionado como toda simplificación que
subyace a la obra Sistemas de consanguinidad, matriz de La Sociedad primitiva.
El desarrollo de la lógica interna de la primera, favorecido por el clima
mental de la época, produce la segunda. El segundo libro es, en cierto sentido,
una orquestación wagneriana de los motivos insinuados en
el primero. Voy a comentar brevemente algunas de
sus partes, comenzando por reducir la obra a un cuadro para que pueda verse el
contenido en perspectiva correlacionada. (Ver cuadro pág. 37.)
Al último período de la barbarie sigue la
Civilización que comenzó con el alfabeto fonético y uso de la escritura y llega
hasta nuestros días. No viene dividida en subperíodos y Morgan le dedica pocas
líneas (pp. 99-100; la nombra entre otras, en las
pp. 128, 137, 201, 256, 291, 519, 535 y 545). Lo que realmente la define además
de la escritura, es la propiedad privada absoluta v la aparición en plenitud de
la sociedad política. Este es un concepto morganiano que ha pasado a
ser clave en la sociología. Establece una polaridad
entre societas y civitas que se acerca a la tipología delineada por Maine en
Ancient 'Law (1861). Contrapuestas en dos columnas estas dos formas de gobierno
se observará mejor su naturaleza respectiva.
LA SOCIEDAD PRIM ITIVA 39
SOCIETAS CI V ITAS
Organización social basada en
gentes o clanes y tribus.
Por tanto:
Gobierno basado en la persona
y sobre relaciones puramente
personales.
El gobierno actúa sobre la
personas a través de la gens
o clan y tribu.
Relaciones puramente personales.
El Estado no existe.
Seguridad del individuo
en la gens o clan.
Sociedad antigua.
Organización política basada en
territorio y propiedad.
Por tanto:
Gobierno basado en la propiedad
y en el pueblo, provincia y
Estado.
El gobierno actúa sobre las
personas a través de relaciones
territoriales.
Relaciones puramente territoriales.
Existe el Estado.
El Estado protege personas
sociedad.
Sociedad moderna.
Estos dos conceptos marcan la linea divisoria entre
el mundo bárbaro y el civilizado. El origen de la Civitas hay que buscarlo en
el crecimiento de lajpropiedad y en el aumento dp los individuos.^ La dicotomía
parece sencilla y obvia, pero «no obstante parecer una idea sencilla dice
Morgan, p. 258; su logro exigió siglos de tiempo y una completa revolución en
los conceptos preexistentes de go bierno». Y desde luego, si se la toma como
tipo ideal o construcción paradigmática sigue siendo hoy de un excepcional
valor heurístico. ¿Qué valor atribuye su autor a los períodos y subperíodos del
cuadro? O dicho de otra manera, ¿cuál es su concepción del progreso o evolución
humana? ¿Cuáles son sus asunciones, criterios y pruebas? ¿Qué pretende, en una
palabra? El mismo nos da la respuesta a lo largo de la obra. Concretamente,
busca, primero, claves para recons truir y explicar «los misterios de la
Sociedad primitiva» p. 452 , es decir, las instituciones primitivas p. $78 .
Segundo, conoci das éstas podría explicarse «el origen de los sistemas»
socioinstitu-cionales p. 517 , presentando «pruebas del progreso humano...
según se halla revelado por invenciones y
descubrimientos, y por el crecimiento de las ideas de gobierno, de familia y de
propiedad» (p. 79). Tercero, conseguido esto, se podran «señalar las etapas
principales del desarrollo humano» (p. 78), para de esta forma hacerlo
«inteligible
como una unidad organizada». Morgan no deja de
comprender que
LEWIS H. MORGAN 40
este enfoque del problema se opone «a un juicio que
durante siglos
ha tenido general aceptación». Se refiere «a la
hipótesis de la degra dación del hombre como explicación de la existencia de
bárbaros y salvajes, a los cuales se les encontró física y mentalmente en un
nivel mucho más bajo del que se suponía ocupar el presunto hombre origi nal.
Jamás fue este un postulado científico, apoyado en hechos». Rechaza, pues, una
hipótesis entonces en boga entre ciertos sectores; pero ¿cuáles son los
postulados e hipótesis desde los que él parte para lograr la meta que se propone?
Asume como
otros antropólogos de la época que lo más
simple es anterior en tiempo,, que
IrL-rnájuajadgrio fue universal v que lo universal tuvo un origen común
(incorrecto). He aquí un ejemplo
de su razonamiento: «es evidente que el sistema
malayo no ha podido derivar de ningún otro existente, porque no puede
concebirse nin guno más elemental que él... es el más simple y, por
consiguiente el más antiguo» (pp. 410 y 411). Otro ejemplo: en las tribus
aisladas, bien limitados y pobres en recursos, de lento desarrollo interno,
encontramos las instituciones primitivas p. 381 (correcto en conjunto). Pero de
esta premisa pasa a conclusiones incorrectas en cuanto traspola extensión
espacio-temporal. Así a las páginas 116-7 subyace este raciocinio: la
organización a base de sexo sólo se ha encontrado en Australia; ahora bien, los
australianos aborígenes representan hoy el peldaño ínfimo en la escala
evolutiva, luego si ellos tienen la organización, ésta fue primaria en tiempo y
espacio y por tanto universal.
La unidad psíquica del género humano es otro de los
puntos de partida morganianos, tomado del común sentir antropológico y que
es correcto. El se lo apropia de esta manera (p.
544): «con un mismo principio de inteligencia y una misma forma física, en
virtud de un origen común, los resultados de la experiencia humana han sido los
mismos substancialmente en todos los tiempos v en todas las regiones de la
misma condición étnica». Como puede observarse en esta cita, de un principio
correcto pasa a conclusiones generalizadoras no implicadas en la premisa. Y
continúa: «el principio de la inteligencia, aunque restringido en su potencia
dentro de estrechos límites de variación, busca indefectiblemente las mismas
normas ideales. En consecuencia, sus operaciones v procesos han sido uniformes
a través de todas las etapas del progreso humano. No podría sostenerse otro
argumento más satisfactorio de la unidad del origen del hombre.
Tanto el salvaje, como el bárbaro y coma-f 4 hombre
chdfizado presentan un principio común de inteligencia [correcto]. Fue en vir-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 41
tud de este principio que bajo condiciones
similares el hombre pro dujo los mismos implementos y utensilios y las mismas
invenciones e idénticas instituciones que desarrolló de idénticos gérmenes ori
ginales del pensamiento». Más adelante indicaré la forma en que este argumento
viene desarrollado en la obra.
En la página 589 escribe que se basa para este
estudio «en la
teoría del desarrollo progresivo de la humanidad».
No es pues de extra ñar que comparta también otras premisas y asunciones
propias de los escritores de la época y de la teoría. En conjunto Morgan ve la
teoría evolutiva como formando parte de una «selección natural» p. 451 , como
un «proceso de... desenvolvimiento» (p. 401). Este a su vez implica
«diferenciación» (p. 291) formal, desarrollo desde un tipo,
forma o grado anterior, más bajo y menos complejo,
a estructuras
y formas posteriores, más altas, elevadas y
complejas (pp. 477, 298, 266, 91). El proceso y progreso es cumulativo, gradual
y continuo (pp. 124, 400), no rigurosamente pero sí esencialmente geométrico
(p. 106). Ahora bien, lo que evoluciona no es el individuo como tal, o una
institución o ciertos elementos de la cultura material. Lo que progresa es la
especie, la organización social, la Cultura. En esto Morgan se muestra
especifico y reiterativo; se trata del «desarrollo de instituciones...
invenciones y descubrimientos» (p. 425), de un movimiento orgánico y desarrollo
progresivo del sistema social, de la sociedad, de la familia humana, del
progreso general de la huma nidad (pp. 77, 124, 467, 401, 501). En frase
textual: «todas las compro baciones del saber y experiencias humanas tienden a
demostrar que
la raza como unidad, ha progresado firmemente desde
una condición más baja a una más alta» (p. 124).
Todo progreso y perfeccionamiento supone un cambio,
un paso
de un estado, condición o forma a otra condición,
forma y estructura de creciente complejidad. En otras .palabras, en la teoría
del progreso entran como ingredientes esenciales los antecedentes de las formas
actuales y el nexo que las une con las precedentes y futurasTMbrgan, fiel a
este enfoque teórico, muestra un horror vacuum en la investiga ción de los
orígenes de las instituciones. Todo tiene un germen, elementos preexistentes,
estados o condiciones previas, antecedentes, en una palabra (pp. 255, 415, 419,
422). En ellos y en potencia está la razón del cambio, del progreso, resultante
natural y lógico (p. 561) que muestra la ley necesaria e interna del desarrollo
(p. 124). Los resultados posteriores forman series conexas, lógicas, etapas
sucesivas de integración y reintegración (p. 225) encadenadas al pasado. «No
podría esperarse que una institución tan notable como la gens saliera
LEWIS H- MORGAN
le. la nada o naciera perfecta, es decir, sin una
base previamente orinada por crecimiento natural [estructural en lenguaje
moderno]. >u cuna debe buscarse entre los elementos preexistentes de la
socie-lad» (p. 457). El mismo nos da un ejemplo trivial para clarificar la ínea
de su argumento: «los inventos y descubrimientos se ... [han] ucedido unos a
otros; el conocimiento de la cuerda debió preceder
il arco y flecha, así como el conocimiento de la
pólvora debió prece-ler al arma de fuego y el de la máquina de vapor al
ferrocarril y al juque de vapor» (p. 502). Si el consecuente es el despliegue
ulterior leí antecedente, si aquél refleja y reproduce en parte a éste, tenemos
pe lo que existe, las instituciones actuales, muestran y explican lo pe
existió, es decir, fluye la conclusión de que el presente duplica :n parte,
descubre y explica el pasado. Esta forma discursiva de la pe usa y abusa Morgan
le conduce a un apriorismo que voy a seña-ar a continuación.
Parte, desde luego, de que la historia más antigua
de la huma-
fidad es materia de consideración especulativa (p.
111), por el simple lecho de que no poseemos documentos directos de ninguna
clase >ar2 poder recomponer la vida familiar, organización social y~feh-
;iosa de aquel periodo. Ahora bien, el alba de la
humanidad no por
*.so ha de quedar en absoluta oscuridad; teniendo
en cuenta los postu-
ados propios de la teoría morganiana del progreso,
en ellos se puede
:ncontrar al menos una base indirecta para inundar
de luz aquella
jenumbra. Las instituciones actuales primitivas,
las más antiguas de
:ntre ellas, servirán de plataforma o de_premisa
mavor para poder
leducir lo que debió ser con anterioridad, el
estado, forma o condición
nmediata que les precedió, es decir, teniendo a la
vista el conse-
:uente, deduciremos el antecedente. Morgan dedica
un buen número
le páginas y acumula un conjunto de pruebas para
corroborar sus íumerosas y atrevidas deducciones; como este raciocinio
deductivo es ino de los elementos fundamentales del pensamiento morganiano
t de la estructura interna de la obra, voy a
reflejarlo citando direc-amente.
«El camino seguido por la humanidad en su
desarrollo puede ser ecorrido, siguiéndose un encadenamiento de deducciones
nece arías» (p. 524). Una proposición tan rotunda tiene que sorprender lasta a
un convencido cartesiano. Defiende como su postulado mayor pe la familia
comenzó en la forma consanguínea y que a través
le sucesivas etapas de desarrollo llegó a la forma
monógama. Pues jien, a continuación escribe esta frase: «de esta conclusión
general 10 hay nada que no hubiera podido ser anticipado por considera-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 43
dones a priori» (p. 486). Así «la promiscuidad
puede ser deducida rpnrir?m^nrp[ romn rnnAWn-i ,iri )^Tn\ -a familia
COn-sanguín^» (p. 497). De la misma manera, un sistema de consangui nidad
presupone e implica una forma concreta de familia. Supon gamos que se da esa
forma de familia; ésta interpreta y explica el sistema de consanguinidad, luego
existió realmente esa forma de familia (pp. 458-9). La circuí andad del
argumento se verá, quizá, más claramente expuesto de esta manera: A implica a B
como ante cedente necesario (nivel teórico); supongamos (hipótesis) que existe
(nivel real) B cuyos elementos n, r, t, explican a A; conclusión: la existencia
anterior de B es real y objetiva. ¿Qué sucede si otra hipó tesis con otros
elementos explica también a A? ¿Cuál de las dos sería la real y objetiva en
tiempo y espacio? Tendríamos en todo caso verdades de razón, no de hecho; pudo
ser así, pero nunca ten dríamos la certeza de que realmente fue así.
^'M o rgan no se detiene aquí; explota además la
extensión analó gica del argumento. Por ejemplo: todas las tribus algonquinas
re conocen a los delaware como a los más antiguos de su linaje (p. 215). Ahora
bien, la descendencia entre los delaware sigue la línea feme nina, luego en
todas las tribus algonquinas se dio en la antigüedad esta forma de descendencia
(p. 220) que hoy ha desaparecido entre ellos. Los comanche (dice en la p. 224)
practicaban y se regían por el sistema de gentes, luego también fue ésta la
organización social en el pasado de todas las tribus de este tronco. Pero el
que tengan ciertas características en común estos dos grupos en la actualidad
no quiere decir que necesariamente han de tener otras. El que estén agrupados
juntos bajo una rúbrica lingüística, por ejemplo, no implica que en otros
aspectos, sus sistemas sucesorios en este caso, sean iguales o que lo fueran en
el pasado.
A veces se muestra más sutil en la manipulación del
argumento analógico. Cuando enmudecen las fuentes sobre nuestros remotos
antepasados arios disponemos de los primitivos actuales para superar las
lagunas de nuestro conocimiento de aquéllos. Se expresa así: «su conocimiento
anterior debe deducirse, sobre todo, de la visible vinculación entre los
elementos de sus instituciones existentes e invenciones [excelente enfoque
estructural] y de los elementos similares que todavía se conservan en las...
tribus salvajes y bárbaras» (p. 80). Así, por ejemplo, «la forma arcaica de las
principales insti tuciones domésticas de los griegos y romanos debe buscarse
aun
hoy en las instituciones correspondientes de los
aborígenes ameri canos» (p. 89). Y continúa más adelante (p. 128): «para la
plena com-
14 LEWIS H. MORGAN
prensión de las gentes [clanes] de estas naciones
[griegos y romanos], es sumamente necesario el conocimiento de las funciones, y
de los derechos, privilegios y obligaciones de los miembros de la gens del
indio americano». «Si no hubiesen quedado en sitios aislados de la tierra
hombres en estado de salvajismo para atestiguar la condición primitiva de la
humanidad en general, hubiera sido imposible for marse una concepción definida
de lo que debe haber sido» (pp. 123-4). En el desarrollo de la analogía, Morgan
asume «que los antepasados remotos de las naciones arias pasaron por una
experiencia semejante
a la de tribus bárbaras o salvajes de tiempo
actual» (p. 80). Mientras se trate de argumentar modo analógico y de descubrir
paralelos, unos pueblos e instituciones pueden ciertamente arrojar luz sobre
otros, especialmente si se toman en consideración condiciones estructurales de
medio, habitat, densidad de población, etc. Pero cuando se trata de adscribir
orígenes, el argumento analógico pierde densidad, se queda en mera hipótesis o
en pura opinión personal. La falacia queda patente si se reduce el argumento a
esta forma: A es similar a B;
B tuvo el origen C, luego A tuvo el origen C. Desde
luego que en principio es posible asignarle a A el origen C; pero no hay que
ol vidar que distintos elementos, condiciones o antecedentes pueden producir
un resultado similar, o simplemente que A adquirió su similaridad copiándola de
la sociedad L, y en este caso los ante cedentes de A no tienen que coincidir
necesariamente con los de B.
Las traspolaciones del argumento analógico y
deductivo en su
aspecto negativo vician La Sociedad primitiva; de
aquí que durante
décadas la obra haya sido preterida. Abunda el
argumento en su
forma más ingenua: «el estado de sociedad que
indica la familia
consanguínea señala con lógica precisión una
condición anterior
de promiscuidad. No parece haber escapatoria para
esta conclusión»
(p. 425). «Suponiendo que no existiera constancia
alguna de la exis
tencia de la familia sindiásmica, considerando la
punalúa en un
extremo de la serie y la monógama en el otro podría
deducirse la
existencia de esa forma intermedia» (p. 462). «Es
imposible concebir
a la gens como apareciendo por primera vez en otra
forma que en su
forma arcaica [entre los indios americanos] por
consecuencia, la
gens griega debió haber tenido, originariamente,
esta forma» (p. 269).
«Las gentes aztecas son lógicamente necesarias para
explicar la exis
tencia de un consejo azteca» (p. 246), y más
adelante: «la estructura y
principios de la sociedad india requieren un
consejo entre los aztecas,
y por tanto se debía contar con su existencia» (p.
247). Los celtas
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 45
estaban organizados en gentes; ahora bien, «no
consta que la organi zación en fratrías existiera entre ellos; pero es
indudable que, tanto la fratría como la tribu, existieron en un período
anterior» (p. 575), etcétera.
He subrayado el perfil negativo de La Sociedad
primitiva. La. den sidad específica de la misma hay que justipreciarla
contraponiéndola con la modernidad de su aspecto positivo, el que hace que la
obra sea reeditada una y otra vez. Si Morgan se hubiera servido única mente
del argumento lógico deductivo, la lectura del libro quedaría relegada a los
historiadores de la disciplina; no pasaría de ser una antigualla para eruditos.
En realidad, la mayor parte de la obra está dedicada al análisis y estudio positivo,
estructural, de hechos, instituciones e invenciones. Dice taxativamente en la
p. 392: «la verdadera historia de la humanidad está contenida en la historia
del nacimiento y desarrollo de las instituciones». El gobierno, la familia, el
lenguaje, la religión y la propiedad son los hechos básicos que
han determinado el curso de la evolución y progreso
humanos (p. 125). Su estudio es por tanto crucial para determinar las etapas
principales del desarrollo de la humanidad (pp. 77-78) y explicar la historia
mental del hombre. Más concretamente: Morgan establece con precisión
una dicotomía que cree explica el progreso. Por una
parte apela a la biología, por otra al análisis estructural de las creaciones
humanas. Escribe en las pp. 80-1: «la experiencia del género humano ha sido
casi uniforme... las evoluciones del principio mental han sido uni formes en
virtud de la identidad específica del cerebro en todas las razas humanas. Esta,
sin embargo, es sólo una parte de la explica ción de la uniformidad de los
resultados». La otra parte de la expli cación proviene de
necesidades humanas
condiciones similares
uniformidad de la experiencia humana
medio geográfico
subsistencia
densidad y aumento de población
comunicaciones/aislamiento
inventos y descubrimientos
propiedad
familia
gobierno
instituciones en general
razones objetivas
46 LEWIS H. MORGAN
es decir, de condicionamientos estructurales
universalmente ope rantes. En este enfoque radica la vigencia actual de la
tesis morga-niana. Más aún: el análisis etic o estructural moderno tiene sus
ralees en la espléndida visión estructural de Morgan. Sus análisis en cadenas y
series de conexiones y vinculaciones sirven hoy de modelo. Incluso la vertiente
estructuralista levi-straussiana tiene un arranque indi recto en las verdades
de razón morganianas.
Por necesidades humanas entiende las de la especie,
las del grupo, no las individuales; en la p. 289 dice concretamente
«necesidades primarias de la humanidad». Provienen del crecimiento de la
población que a su vez depende de los medios de subsistencia y de la nece
sidad de regular la vida en convivencia. Al estudio de los medios de
subsistencia dedica el segundo capítulo de la primera parte. El primer párrafo
muestra la importancia como factor primum movers
que él le atribuye, y el engranaje estructural en
que opera: «El hecho imponante de que el hombre comenzó al pie de la escala, y
se elevó, está demostrado expresivamente por la sucesión de sus artes de
subsistencia. De su ingenio, en este sentido, pendía la cuestión entera de la
supremacía del hombre en la tierra. El hombre es el único ser de quien se puede
decir que ha logrado el dominio absoluto de la producción de alimentos que, en
el punto de partida, no era más suya que de otros animales. Al no haber ampliado
las bases de subsistencia, el hombre no hubiese podido propagarse hasta otras
zonas que no poseyeran las mismas clases de alimentos, y luego, por toda la
superficie de la tierra; y, por último, a no haber logrado el dominio absoluto
tanto sobre su variedad como sobre su cantidad,
no se hubiese podido multiplicar en naciones
populosas. Es, por tanto, probable, que las grandes épocas del progreso humano
se han identificado, más o menos directamente, con la ampliación de las fuentes
de subsistencia» (p. 9c; pueden verse además las pp. 168,
i 8 t , 209, 447, 534). Si a estas conexiones
añadimos las que establece en otras páginas con la densidad y aumento de
población (pp. 165, 166, 168, 216, 250, 280, 284, 551)7 comunicaciones (p.
220), aislamiento (pp. 88, 588, 589), inventos y descubrimientos (pp. 77,
85-86, 107,
*567 425) y medio geográfico en general (pp. 91,
92, 95, 94-95, 199, 239, 388, 421) veremos que ha delineado los
condicionamientos básicos que hacen posible el desarrollo de la propiedad,
diversos tipos de familia, gobierno e instituciones en general. Al proceder de
esta manera presenta una matriz de posibilidades estructurales que le acercan
mucho a la moderna ecología cultural. Morgan tenía una idea muy clara mucho más
que sus colegas
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 47
antropólogos incluido Tylor de la fertilidad del
principio estruc tural (relaciones, conexiones internas, vinculaciones
necesarias, complementaridad funcional) para el estudio de la sociedad. Lo que
no es estructural, esto es, necesario, dados los condicionamientos del sistema,
no puede surgir en la Sociedad: «era imposible [escribe en las pp. 179-80] que
en el estadio inferior, en el medio o en el superior de la barbarie, surgiese
en parte alguna de la tierra y por crecimiento natural [i.e. interno, estructural],
un reino a base de las instituciones gentilicias. Me atrevo a hacer esta
observación en los comienzos de esta investigación, para fijar más precisamente
la atención en la estructura y principios de la sociedad antigua». Obsér vese
la densidad de estas dos frases que los historiadores deberían releer de vez en
cuando escritas por un antropólogo que está historiando la sociedad primitiva,
sus orígenes concretamente: «toda institución humana que haya logrado perdurar
se hallará
enlazada con una necesidad continua» (p. 15 6) y
«los grandes principios de la acción humana ofrecen la guía más segura, cuando
su interven ción debe haber sido necesaria» (p. 198). Es la necesidad interna
del sistema, su estructura la que nos conecta el presente con el pasado y con
el porvenir; si el presente se estudia en su estructura interna y necesaria,
ahí tenemos la base para entender el terminus a quo (el pasado, la historia)
del que proviene y el terminus ad quem, las pro yecciones posibles hacia el
futuro. Y el principio o principios
que mantienen una institución en operación, ¿no
será el mismo o los mismos que la originaron? En el presente tenemos una
excelente plataforma para bucear en el pasado.
El desarrollo y evolución de los sistemas de
consanguinidad, de la gens, de la propiedad, de la familia y de la sociedad
política provienen de exigencias internas a cada subsistema particular en
conexión
con todos los demás; es estructural. Para que se
produzca un cambio tienen que existir «las condiciones necesarias» (p. 459), o
expresado de otra manera, tiene que haber «un motivo suficiente, general e
imperioso» (p. 564); no proviene ni del azar ni del capricho del hombre, ni
siquiera de sus ideas. «Los sistemas de consanguinidad
no se adoptan, ni se modifican a voluntad. En su
origen se han iden tificado con grandes movimientos orgánicos [estructurales]
de la sociedad que produjeron cambios notables de condición» (p. 406); «un
régimen de consanguinidad no es producto de un acto arbitrario, sino de una
generación natural [origen estructural]» (p. 500). Siguien do la lógica de su
pensamiento, veamos cómo se opera el cambio: «se notará... que estos sistemas
[de consanguinidad] son productos
48 LEWIS H. MORGAN
naturales [estructurales], inherentes al progreso
de la sociedad de una condición inferior a una superior, estando señalado el
cambio,
en cada caso, por la aparición de una institución
que afectaba pro fundamente la constitución de la sociedad» (p. 40$). E
insiste en la misma idea: «el cambio esencial de un sistema consagrado de
consan guinidad demandaba un cambio orgánico de la sociedad de enormes
proporciones» (p. 444). ¿Y cuál es la institución, el cambio orgánico de la
sociedad, que destruye un sistema de consanguinidad y origina otro? «Fue
necesario una institución tan poderosa como la pro piedad..., con sus derechos
de propietario y herencia, juntamente con la familia monógama que creaba, para
derribar el sistema turanio de consanguinidad y sustituirlo por el ario» (p.
399).
Otros ejemplos del uso morganiano de la explicación
estructural
son los siguientes. El consejo de la gens
«respondía a una necesidad real, y debía perdurar mientras durase la sociedad
gentilicia» (p. 173). Con el tiempo las gentes se confederan en unidades
mayores. «Las condiciones bajo las cuales las confederaciones nacen a la vida,
y los principios en que se basan... surgen, naturalmente, con el tiempo,
de elementos preexistentes». ¿Y cuáles eran éstas?
«En sus recíprocas relaciones como segregaciones. de la misma gens, estas
gentes sumi nistraban una base natural y duradera para una confederación»
(p. 181). Pero esto no es suficiente; Morgan
recurre certeramente al principio de la policausalidad: «el principio de
cohesión de la confe deración no nacía exclusivamente de los beneficios de una
alianza de mutua defensa, sino que tenía razones más hondas en el vínculo
de parentesco» (p. 187). De esta manera imbrica
desmembración de
la gens por
crecimiento de población , relaciones recíprocas de
los grupos resultantes, alianzas de mutua defensa y
relación troncal,
razones todas internas al sistema. El ocaso de la
gens es también
consecuencia de relaciones objetivas, no proviene
de deseos indivi
duales; se debe a «una razón de peso», al aumento
de la población, a
las migraciones, al comercio y a la guerra (p.
298). ¿A qué se debe el
origen del principio democrático? No es que se le
ocurriera a alguien
esta idea luminosa; hay que buscar el «motivo
suficiente, general e
imperioso». «En el desenvolvimiento y progreso de
esta institución
[la propiedad] puede descubrirse el origen y
desarrollo del principio
democrático» (p. 540). ¿Cómo estaremos en
condiciones de entender
algo a primera vista tan íntimo como la vida
religiosa de los griegos?
Dirigiendo nuestra atención a la gens y a la
fratría (p. 277). Un último
ejemplo: «ei desenvolvimiento de la vida e
instituciones municipales,
la acumulación de riqueza en las villas demarcadas
y los grandes
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 49
cambios que esto produjo en la vida, prepararon el
camino para la caída de la sociedad gentilicia y su sustitución por la
política» (p. 258-9).
La misma posición estructural mantiene en relación
al origen y desarrollo de la propiedad, de la familia, del gobierno, etc.,
según puede leerse en la obra. Es el despliegue de las propiedades internas del
sistema, no las ideas de los hombres, el promotor del cambio.
Es más, las ideas geniales, que sólo son posibles
dentro de ciertas condiciones socio-culturales, tienen que sufrir «encarnación
orgánica» (p. 301) para que sean fértiles. Esta posición morganiana es clara,
densa, profunda. En las pp. 328-9 escribe: «los acontecimientos
del progreso humano se encarnan, independientemente
de los indi viduos, en un registro material que ha cristalizado en
instituciones, usos y costumbres y se han conservado a través de inventos y
descu brimientos. Los historiadores, por una especie de necesidad, dan a los
individuos gran trascendencia en la producción de los aconte cimientos,
colocando así a las personas, que son transitorias, en el lugar de los
principios, que son perdurables. La labor de la sociedad
en su totalidad, por la que se producen todos los
acontecimientos, se atribuye en gran escala, a individuos, y en grado ínfimo a
la ca pacidad colectiva». Esta perspectiva le lleva incluso a descubrir y es
un gran mérito el inconsciente cultural: «la organización
de clases a base de sexo, y la posterior y más alta
organización de gentes a base de parentesco, debe ser tenida como resultante de
grandes movimientos sociales elaborados inconscientemente por selección
natural» (p. 116). Mejor formulación presentan los párrafos siguientes: «las
instituciones del hombre han aparecido en una serie continuada y progresiva,
cada una de las cuales representa el resultado de movimientos de transformación
inconsciente...» (p. 124); «la mente humana se siente aturdida en presencia de
su propia creación» (la propiedad, p. 543).
He escrito antes intentando captar correctamente la
idea de Morgan que el presente, considerado estructuralmente, es el locus en el
que hay que buscar las razones del cambio. Y sin embargo, la dualidad a que ya
nos tiene acostumbrados, vuelve a aparecer aquí. Olvidándose del filón
estructural inmensamente fértil, recurre a veces a argumentos mentales, de
ideas, psicologizantes. Irritan ciertamente los innecesarios y extraños
maridajes del estructuralismo con el psicologismo. Ya al principio del libro (p.
89) escribe: «las instituciones principales de la humanidad se han desarrollado
sobre la base de irnos pocos gérmenes primarios del pensamiento...; el
LEWIS H. MORGAN
curso y manera de su desarrollo estaban
predeterminados... por la lógica natural de la mente humana». Más adelante dice
que el hecho de lograr un adelanto revela «capacidad superior» (p. 181). Más
específicamente: «en la gran suma total [de conquistas humanas] se pueden
distinguir algunos gérmenes primarios de pensamiento
que actúan sobre necesidades primarias de la
humanidad...» (p. 289). También une idea y estructura: «a impulso de nuevas
ideas y nece sidades [estructurales] la gens había evolucionado» (p. 257). No
define qué entiende por «gérmenes primarios de pensamiento» ni cómo
actúan. La atención que les concede es mínima.
Además sus propias ideas y expresiones no armonizan con este presunto matiz
psicolo-gizante. La siguiente cita p. 297 lo pone de relieve: «estas pro
videncias [propiedad más territorio], con el senado, la Asamblea Popular que
ahora se denominaba la ecclesia , los nueve arcontes, y el T ribunal del
Axeópago, daban a los atenienses un gobierno mucho
más complejo del que antes hubiesen conocido, y que
demandaba un grado más alto de inteligencia para su gestión». La prioridad
temporal la llevan las instituciones, y como el grado de complejidad de las
mismas es mayor, requieren, y espolean «un grado más alto
de inteligencia para su gestión». «El desarrollo
del concepto de propiedad [cursiva mía] en la mente humana está íntimamente
ligado a la implantación de esta forma de familia» (la monógama, p. 400). El
legislador hace «poco más que formular lo que la experiencia le ha sugerido y
ha fijado en su atención» (p. 352). El mismo da la razón
de que sea así: «las ideas originales,
independientes en absoluto de experiencia y conocimientos previos, son
necesariamente escasas en número» (p. 125).
Creo que las referencias a ideas primarias no pasan
de ser modu laciones, no acertadamente formuladas, del postulado de la unidad
psíquica del género humano. Admitida esta unidad es fácil hacerla consistir en
gérmenes primarios arquetípicos que, en similares con diciones, operarán del
mismo modo. Siendo esto así, todos los grupos humanos tenderán a hacer
cristalizar sus ideas primarias en institu ciones, inventos y creaciones en
general, altamente similares. La
universalidad del sistema turanio de
consanguinidad, de la gens, etc., quedaría así explicada. En frase de Morgan:
«la mente humana, espe cíficamente la misma en todos los individuos, tribus y
naciones del género humano, limitada en sus facultades, debe obrar y obra uni
formemente y dentro de estrechos límites de variación. Sus conquistas en
regiones desvinculadas del espacio y en períodos ampliamente separados de
tiempo, se articulan en una lógica cadena de experiencias
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 51
comunes. Todavía en la gran suma total se pueden
distinguir algunos gérmenes primarios de pensamiento que actúan sobre
necesidades primarias de la humanidad, los que, merced al proceso natural
[estructural] de desenvolvimiento, han alcanzado tan vastos resul tados» (p.
289). Incluso en esta formulación no puede liberarse Morgan de la apelación al
análisis estructural. Afortunadamente, es el que predomina en la obra.
Acabo de referirme a la universalidad de las
instituciones. Esta es una idea central en el cuadro evolutivo de la humanidad
que presenta Morgan. Si sus etapas y períodos han de gozar de alguna validez
científica tienen que exhibir esta propiedad. ¿Cómo enjuicia él la naturaleza
de la universalidad? Morgan se expresa a veces sin ambages en relación a este
problema: «tan esencialmente idénticas son las artes, instituciones y modos de
vida en un mismo estadio
en todos los continentes, que la forma arcaica de
las principales instituciones domésticas de los griegos y romanos, debe
buscarse aun hoy en las instituciones correspondientes de los aborígenes
americanos... Se ha comprobado que el progreso es sustancialmente del mismo
tipo en tribus y naciones de continentes diferentes y aun separados, mientras
se hallan en el mismo estadio, con desvia ciones de la uniformidad en casos
particulares, producidas por causas especiales» (p. 89). «Nuestros propios
antepasados pasaron a través de los mismos estadios» (pp. 199-200). No hay
excepción ni en tiempo ni en espacio. Los tipos de familia y consanguinidad han
sido universales (pp. 597, 419-420, 430-1); lo mismo es válido para las etapas
del desarrollo del gobierno: «el sistema era prácticamente universal en la
sociedad antigua» (pp. 225, 306), y claro está, para la gens:«corre esta
organización por el mundo antiguo entero» (p. 127) y«su imperio casi universal
en el mundo de la antigüedad» (pp. 156-7), todo lo cual es incorrecto.
El esquema siguiente puede darnos una idea precisa
de cómo
Morgan concibe la universalidad de la gens hasta en
sus etapas in termedias.
52 LEWIS H. MORGAN
GENS
Seríes Orgánicas
INDIOS AMERICANOS
i.° La gens: grupo de
consanguíneos con
nom b re gentilicio
común.
1
2.0 La fratría:
vinculación de gen
tes unidas en aso
ciación.
i
5.0 La tribu:gentes orga
nizadas en fratrías
hablando el mismo
dialecto.
1
4.0 La confederación de
tribus.
TRIBUS GRIEGAS
i.° La gens:
consanguíneos más
nom b re gentilicio
común.
I
?
2.0 La fratría:
gentes unidas con fi
nes sociales y reli
giosos.
1
5.0 La tribu:gentes orga
nizadas en fratrías.
I
4.0 Nación: o coalición
de tribus.
TRIBUS ROMANAS
i.° La gens: conjunto de
consanguíneos con
nom b re gentilicio
común.
1
2.0 La curia: gentes en
asociación con fun
dones religiosas y
administrativas.
1
5.0 La tribu: grupo de
gentes organizadas
en curias.
4.0 Nación: tribus fu
sionadas en sode-
dad gentilida.
Populus Romanus.
No sólo se da la institudón en los tres pueblos y
según Morgan en, prácticamente, todos los conoddos sino que además se trata
de una universalidad que se despliega al unísono, a
través de equiva lentes etapas, en organizad ones sociales tan distantes como
pueden ser las de los griegos e indios americanos. El mismo prindpio de
evolución universal y a través de idénticas fases
intermedias es el que subyace al desarrollo de la familia, desde la
consanguínea a la monó gama, en los cinco continentes. Para que pueda
apreciarse mejor el rationale morganiano voy a tratar de interpretarlo en este
cuadro simplificado en el que las flechas indican la línea de evoludón. Asume
que una forma concreta de familia crea su correspondiente sistema de
consanguinidad.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 53
Familia consanguínea------- * crea el sistema de consanguinidad
malayo
No quedan ejem
plos de este tipo de
familia
i
Familia punalúa------------*¦ crea el sistema de
consanguinidad turanio
Contiene en germen
la gens.
Se modifica en
I
Familia sindiásmica no crea sistema de
consanguinidad
Forma intermedia.
Origen de la gens
---------------------------*¦ Familia patriarcal
Forma intermedia
no universal
Familia monógama--------- >- crea el sistema de
consanguinidad ario
I y
Familia futura
A su vez los sistemas consanguíneos se resuelven en
dos:
sistema clasificatorio (malayo y turanio)
I
sistema descriptivo (semitas, arios)
siendo el segundo un resultado o despliegue
progresivo del primero.
El sistema clasificatorio ha sido universal, de la
misma manera que llegará a serlo el segundo. Dondequiera que se encuentre la
familia monógama allí se ha producido, si nos remontamos al pasado, la cadena
evolutiva que enlaza a ésta con su lejana predecesora, la familia consanguínea.
Si penetramos en el pasado del sistema des criptivo actual, pronto llegaremos
a detectar su antecesor y precursor, el sistema clasificatorio. ¿Qué queda hoy
en pie de esta visión tota lizante de la familia? Nada. Los hechos, más y
mejor conocidos hoy que entonces, rechazan la camisa de hierro evolutiva a la
que los quiso reducir Morgan. No se puede decir lo mismo de su dicotomía
54 LEWIS H. MORGAN
de sistemas de parentesco; hoy es tan válida como
entonces y nadie ha perfilado otra mejor. Mucho se ha escrito sobre la misma y
aunque no se admita la evolución lineal del uno al otro, la clasificación,
tomada como modelo heurístico, es una de las más fecundas en el campo del
parentesco. La dualidad tiene que ser manejada con soltura por todo alumno de
antropología.
Morgan describe brevemente en las pp. 403-404 el
sistema ter minológico clasificatorio. A continuación lo resumo en un diagrama
que representa una forma simplificada del mismo y
en la que, sin esfuerzo, puede leerse la nomenclatura, tomando Ego como base:
La universalidad en espacio y en tiempo, aunque a
ritmo evo lutivo diferente, es una propiedad inherente a la concepción evolu
cionista de Morgan. La estructura del libro no tendría sentido sin ella. Ahora
bien, a pesar de lo que demasiadas veces se ha escrito, Morgan no es un
fanático de sus esquemas o períodos. «Las tribus
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 55
del género humano dice
en la p. 495 pueden ser ordenadas,
como las distintas formaciones geológicas, de
acuerdo con sus con diciones relativas, en estratos sucesivos. Así ordenadas
muestran, con cierto grado de certidumbre, todo el campo del progreso hu
mano.» La ordenación es en definitiva metodológica: «cada uno de estos períodos
posee una cultura distinta y exhibe modos de vida
más o menos especiales y peculiares. Esta especial
ilación de períodos étnicos [la palabra no es la adecuada] hace posible tratar
una socie dad en particular, según su condición de relativo adelanto, y
hacerla materia de investigación o de dilucidación independiente» (p. 85).
Y el valor que concede a los períodos dista mucho
de ser absoluto: «aun cuando sean aceptados solamente como probables, estos
perío dos serán convenientes y útiles... cada uno... abarca una cultura
distinta y representa un modo particular de vida» (p. 81). Las seria-dones en
períodos ofrecen un «derto grado de certidumbre» (p. 495). La honradez
científica de Morgan aparece repetidamente en las
dudas que expresa: la serie familiar, subraya, «es
en parte hipotética» (p. 408); «es difícil si no imposible, fijar
comprobaciones de progreso que señalen el comienzo de estos diversos períodos.
Tampoco es necesario, para los fines que se tiene en vista, que no existan
excep ciones. Bastará que las tribus prindpales del género humano puedan ser
clasificadas, según los grados de sus relativos progresos, en con diciones que
puedan reconocerse como distintas» (p. 82). Las fases son, en otras palabras, construcciones
mentales, expresan tendencias. Conforme descendemos a partir del período medio
de la barbarie
«los indicios se hacen menos claros, y el orden
relativo en que hayan aparecido instituciones, inventos y descubrimientos es
menos dis tinguible» (p. 102). «La cuestión de la duración relativa de estos
pe ríodos... es también objeto de especulación. No es asequible una medida
exacta, pero se puede pretender una aproximación» (pp. 106
y 373). Los cambios de un período a otro, de una
forma institucional
a otra se efectúan «sin roces ni violencias» (p.
360) y «al establecerse...
[un]... nuevo régimen... el antiguo no desapareció
en seguida»(p. 360). Por otra parte, «no debe suponerse que un sistema tan
detallado
como el turanio pueda haberse mantenido en las
diversas naciones y familias del género humano, con absoluta igualdad. En
realidad, hay discrepancia en ciertos detalles, pero los rasgos fundamentales
permanecen invariables» (p. 407). Y desde luego, las diferencias pueden ser
debidas a la diversidad de medios geográficos: «existieron, sin duda,
diferencias de cultura del mismo período en los hemisferios oriental y
occidental, a consecuencia de la naturaleza desigual de
56 LEWIS H. MORGAN
los continentes» (p. 88). Una última cita: «La
serie precedente puede ser modificada y tal vez puede experimentar cambios
esenciales [cursiva mía] en algunos de sus postulados; pero ofrece una
explicación tan racional como satisfactoria de los hechos de la experiencia
humana y del desarrollo del progreso del hombre» (p. 503).
Morgan mantiene, en principio, que toda sociedad ha
pasado a través de los mismos períodos evolutivos; dicho de otra manera parece
pensar que los grupos humanos producen paralela e inde pendientemente, las
mismas o similares instituciones. Pero al mismo tiempo hace importantes
concesiones al difusionismo o difusión
de rasgos, copia de instituciones e inventos y a la
aculturación o
contacto cultural. Unas veces duda: «el primer
subperíodo de la
barbarie comenzó con la alfarería, ya sea por
invención original o
bien por adopción» (p. 83); «parece probable que la
concepción del
proceso de fundir el mineral de hierro, vino una
sola vez al hombre»
(p. 110); «el problema del origen de la gens, a
saber, si surgió espontá
neamente en la sociedad, en un momento dado,
repitiéndose el hecho
en distintas regiones, o si se originó en un único
punto desde el cual se propagó mediante sucesivas migraciones, por toda la
superficie de la tierra, se presta para ser objeto de razonamientos teóricos.
La segunda hipótesis, con ligeras variantes, parece
ser la más acertada» (p. 590); «es probable que algunos de estos inventos
[cerbatana, mocasín, etc.] fuesen copiados de tribus que se hallaban en el
estadio medio, porque fue por este proceso constantemente repetido [cursiva
mía] que las tribus más adelantadas elevaban a las más atrasadas, a medida que
éstas eran capaces de apreciar los medios de progreso y apro piarse de los
mismos» (p. 527).
La admisión de contactos culturales implica la
aceptación de la
obliteración de la pureza evolutiva. Morgan se
percata: «la vecindad
de tribus continentales más avanzadas, había hecho
progresar entre
ellos las artes de la vida mucho más allá del
estado de desarrollo de
sus instituciones domésticas» (p. 84); «tribus y
naciones han sido
adulteradas por influjos externos» (p. 88);
«dondequiera que existiera
una conexión continental, todas las tribus deben
haber participado,
en alguna medida, de los progresos de las otras.
Todos los grandes
inventos y descubrimientos se propagan solos; pero
las tribus infe
riores deben haber apreciado su valor antes de
poder apropiárselos»
(p. 107); «en Africa... las artes e inventos
primitivos han desaparecido
en gran parte ante los utensilios y telas
introducidos del extranjero»
(p. 585); «los elementos de otros países
entremezclados con los de la
cultura nativa, en regiones del hemisferio
oriental, crearon un estado
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 57
anormal de la sociedad allí donde las artes de la
vida civilizada fueron amoldadas de nuevo, de acuerdo con las aptitudes y
necesidades de salvajes y bárbaros... Ciertas tribus enteramente nómadas
presentan también peculiaridades sociales, nacidas de un régimen excepcional
de vida, que no se interpreta bien. La cultura
indígena de muchas tribus ha sido detenida, por influjos derivados de razas más
adelan tadas y adulterada hasta cambiar el curso natural de su progreso. Como
consecuencia, sus instituciones y régimen social han sido alterados» (p. 464).
Una última nota muy reveladora es la siguiente: Fison escribe a Morgan en enero
de 1881. Refiriéndose a Howitt
le dice: «como usted verá, llega hasta el último
límite de la teoría y toma como cierto que todas las naciones civilizadas han
pasado a través de la misma experiencia. Indeed he holds vieivs which I think,
you would hesitate to accept». Fison conocía bien la posición de Morgan y
piensa que no es tan rígida como algunas frases del libro hacen suponer.
Teniendo in mente estas ideas morganianas dispersas
en la obra, además de la apreciación personal de
Fison, es posible situarse en un punto crítico objetivo para sopesar otras
afirmaciones a primera vista contradictorias. Unas ideas recortan el vuelo
univer salista de otras.
He intentado presentar una visión de conjunto de Im
Sociedad
primitiva, de los postulados, líneas de argumento,
pruebas, puntos débiles y fuertes, dualidades y dudas de su autor. ¿Qué impacto
produjo su publicación? Entre los antropólogos fue escaso y mediocre; algunos
de ellos la atacaron incluso duramente. Su obra anterior Sistemas de
consanguinidad ya no había sido bien recibida sobre todo por aquellos cuyas
teorías no rimaban o estaban en contra dicción con las expresadas por Morgan.
Según el Saturday Review
del 11 de marzo de 1879, las dos obras de Morgan
son «confused, conjectural and unsatisfactory in the highest degree.». Otros lo
que no era de extrañar buscaron otra perspectiva para atacarla: ~La socie dad
primitiva era «detrimental to true religion». Por el reducido círculo
antropológico inglés se rumoreó que la dureza crítica de McLennan
hacia la obra de Morgan era debida a su creencia de
que el abogado de Rochester se había servido de material de Primitive Marriage
sin citarlo. Bachofen quedó bien impresionado y en 1880 dedicó a Morgan un tomo
de ensayos. Tylor, siempre moderado, opinó que «hubiera sido más prudente
esperar para obtener más información»;
no le agradó el uso de la palabra gens. Gertamente
la elección no fue del todo feliz, pero es irrelevante. La razón de Tylor por
otra parte, es un tanto mostrenca: «la gens romana es la única que conocemos»
58 LEWIS H. MORGAJV
y «a mi entender ninguna otra coincide exactamente
con la romana».
No obstante le impresionó la lectura y escribió:
«La Sociedad primitiva del Sr. Morgan es de gran valor para arrojar luz sobre
los primeros sistemas de matrimonio del mundo.» Tylor nunca estuvo interesado
en argumentos de estructura social. Por último,
Engels se quejaba en 1884 de la dificultad en encontrar una copia en
Inglaterra. Pero una copia había llegado ya anteriormente a las manos de Marx,
quien la leyó y anotó cuidadosamente; comenzó a escribir un volumen maridando
sus ideas con las de Morgan, pero no pudo concluirlo. Antes de morir dejó las
notas sobre La Sociedad primitiva a Engels y le encargó la terminación del
manuscrito. Engels redactó Origin of the Family, Private Property and the State
(1884). En el prólogo escribe: «Las siguientes páginas vienen a ser la
ejecución de un tes tamento. Carlos Marx había reservado para sí mismo la
misión de
exponer los resultados de los trabajos de Morgan en
cuanto se rela cionan con las conclusiones de sus propias tareas históricas...
y hacer así resaltar todo su alcance. Morgan había descubierto de nuevo, a
su modo, en América, la teoría materialista de la
historia, que cuarenta años antes descubrió Marx; y en su paralelo entre la
barbarie y la civilización había ido a dar con los mismos resultados esenciales
que Morgan... Mi trabajo a duras penas puede suplir al que no pudo terminar mi
difunto amigo. Sin embargo, tengo a la vista, junto
con extractos que hizo de la obra de Morgan, glosas
críticas que reproduzco aquí dentro de los límites de lo posible.» Más adelante
asegura que el volumen de Morgan «es una de las escasas obras de nuestro tiempo
que forman época». En el prólogo a la cuarta edición insiste en que «la obra
fundamental de Morgan, Ancient Society
(1877)... forma la base de este trabajo» y asegura
que Morgan ha producido una verdadera «revolución en las ideas», que «sus
descu brimientos [son] verdaderamente importantes». El autor ha escrito sobre
la «transformación de esta sociedad en términos que hubieran podido salir de
labios de Carlos Marx». Y termina la introducción: «El orden introducido por él
en la historia primitiva subsiste aún en lo primordial de sus rasgos. Sí; puede
afirmarse que cuanto más se trata de arrebatar a Morgan su carácter de autor de
este gran progreso, tanto más encuentra la aprobación universal el orden que él
ha creado.»
E l origen de la familia, de Engels, fue publicado
en 1884. En 1885 estaba ya traducido al italiano y al rumano; en 1888 al danés
y se preparaba la edición francesa. Morgan comenzó a ser conocido en un amplio
círculo no antropológico a través de Engels. La Sociedad
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 5
primitiva se convirtió en la biblia antropológica
para los marxista
y filomarxistas. Se tradujo al ruso ya en la época
zarista y se volvi< a traducir por los soviets. Pasó también al alemán, al
chino, al españc (dos versiones) al húngaro, al japonés (habiéndose traducido a
est idioma al menos cuatro veces, según White), etc. Las notas de Mar fueron
traducidas al ruso en 1941 por el Instituto Marx-Engels
Lenin (Moscú). Una editorial socialista de Chicago
ha mantenida en el mercado a precio asequible La Sociedad primitiva. Obrero
alemanes conocían la nomenclatura iroquesa de parentesco, y Lowie le llegaron
noticias de que la tumba del Mount Hope d Rochester era un centro de
peregrinaciones. Los antropólogo soviéticos celebraron un symposium en el
cincuenta aniversari de la muerte de Morgan; la Academia de Ciencias de la U.
R. S. 5 editó La Sociedad primitiva en la serie «Clásicos del pensamient
científico»; en la versión oficial rusa se presenta esta obra como d «suprema
importancia para el análisis materialista del comunism primitivo», obra que,
por otra parte, «no puede menos de llenar d ansiedad los corazones de aquellos
cuyo destino depende de la relaciones y concepciones habituales.en ellos». De
esta manera Morga desbordó el reducido ámbito científico; resultado hasta
cierto punt irónico, pues su visión evolutiva de la familia es la parte más
endebl del libro.
¿Qué sucedía mientras tanto en la pequeña secta
antropológica Boas, el gran maestre de la orden en América, atacó en 1896, bajo
< título The Limitations of the Comparative Method of Anthropology, 1
evolución lineal. No admite que los rasgos culturales fundaméntale sean
consecuencia del desarrollo de las mismas causas o principio: tampoco se
muestra partidario de la existencia de un gran sistem que rija el progreso de
la humanidad. El y sus discípulos rechazar en otras palabras, la evolución
paralela. En su lugar proponen < concepto de la evolución convergente según
la cual los grupc humanos, a través de distintos caminos, logran en su evolució
resultados similares. Como este cambio de enfoque prevaleció pe varias décadas,
Morgan y su Sociedad primitiva quedaron en el olvide Hasta hace pocos años
Morgan ha sido presentado a los alumnos c Antropología como el saltimbanqui de
la conjetura, como el prc totipo de lo que había que evitar.
W. H. R. Rivers rompió una lanza en su defensa en
1914 co
Kinship and Social Organisation, pero resucitó al
Morgan de los Sisteme
de consanguinidad, no al evolucionista. Lowie con
la publicación en 192
de Primitive Society volvió a castigar a La
Sociedad primitiva y su auto
60 LEWIS H. MORGAN
Más tarde, en 1956 (Lewis H. Morgan in Historical
Perspective) y en 1957 (History of Ethnological Theory) se muestra más
conciliador y realza aspectos positivos morganianos. En 1945 Leslie White dio
un potente golpe de gong que sacudió al mundillo antropológico;
en un artículo titulado Diffusion versus Evolution:
An Anti-Evolutionist Fallacy inauguró una cruzada de retorno a las ideas
evolucionistas
de Morgan y atacó a la vez el historicismo de Boas
y el psicologismo que penetraba la ciencia de la cultura. El conocido
arqueólogo V. G. Childe con Social Evolution (1951), W. H. Howells con Pack
of History: The Story of Our Origins (1954), C.
Coon con su The Story of Man (1954) y R. Linton con The Tree of Culture (1955)
prestaron sus potentes voces antropológicas al coro evolucionista. Por otra
parte, en 1947 C. Lévi-Strauss dedicaba Les structures élémentaires de la
párente. A la mémoire de Lewis H. Morgan.
En 1961 B. S. Cohn, director del Departamento de
Antropología
de la Universidad de Rochester, aprovechando una
donación a la
Universidad, estableció las Morgan Lectures para
rememorar periódi
camente al gran antropólogo. Las inició Meyer
Fortes en 1965.
Resultado de las mismas es el excelente volumen
publicado en 1969
con el título: Kinship and the Social Order. The
Legacy of Lewis Henry
Morgan. Creo que nadie ha detectado mejor que
Fortes los aspectos
positivos de la obra morganiana. Refiriéndose a La
Sociedad primitiva
y a Sistemas de consanguinidad los califica como la
«basic charter de la moderna teoría estructural en antropología social». Fred
Eggan disertó en 1964 sobre los indios americanos; las conferencias pasaron
a The American Indian: Perspectives for the Study
of Social Change (1966). Al año siguiente fue invitado R. M. Adams para
conmemorar a Morgan: analizó el tema del desarrollo de la civilización urbana.
El contenido puede leerse en The Evolution of Urban
Society (1966). V. W. Turner desarrolló en las Morgan Lectures de 1966 un tema
preterido por Morgan: la estructura simbólica y la semántica del ritual. Las
conferencias fueron publicadas en 1969 con el título The Ritual Process. Por
último, en el curso académico 1970-71 la Anthro pological Society of
Washington organizó un conjunto de confe rencias, en las que tomaron parte
Schneider, Eggan, Meggitt y Scheffeer, para conmemorar el centenario de la publicación
de Sis temas de consanguinidad. El retorno académico a Morgan, aunque tardío,
ha sido realmente fecundo.
Unas líneas finales. ¿De qué vigencia goza
actualmente la teoría evolucionista en antropología cultural? Muy brevemente
voy a indi car las corrientes principales circunscribiéndome a las nociones
más
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 61
elementales y generales. Primero: el campo
semántico de la palabra Evolución cultural es amplio; voy a señalar dos
perfiles del concepto, dos aspectos de los que nos servimos como planos
heurísticos para enfocar y estudiar la misma realidad: uno es designado como
evolución específica y otro como evolución general. Si estudio las
modificaciones que se han operado en una pequeña comunidad turolense en su
adap tación al medio geográfico-socio-cultural a través del tiempo, estoy
analizando la evolución específica de ese lugar. En este caso clasifico
filogenédcamente los cambios y escribo en la monografía: de A pasó
a B, de B a C, etc. Más tarde puedo cambiar la
aldea turolense por un lugar jaenés, gerundense, etc. Pronto me tendría que dar
cuenta de que esos tres grupitos humanos habitan y han habitado medios
geográfico-culturales diferentes y que han recibido de su pasado historias
concretas, pero diferentes. El resultado es la existencia de grupos humanos con
diferencias específicas en cuanto a evolución. Sus desarrollos filogenéticos
son diferentes porque responden a
medios diferentes. Si describo en tres columnas las
secuencias his
tóricas de cada uno de ellos, los tres sistemas
culturales desplegán
dose filogenéticamente, se podrá observar que el
resultado evolutivo
es heterogéneo, porque además del desarrollo
interno peculiar a
cada uno de ellos, ha recibido además cada uno
influencias, impactos,
copias y préstamos distintos. Si quiero encerrar
esta ramificación,
heterogeneidad o diversificación evolutiva en un
concepto, lo puedo
hacer fácilmente sirviéndome de lo que llaman los
antropólogos
evolución multilineal.
El concepto de evolución multilineal se opone al
concepto evolución unilineal elaborado en el siglo xix por Morgan y Tylor
especialmente. Morgan, como ya sabemos, se esforzó en colocar grupos
socio-culturales en períodos de secuencia universal. El concepto y técnica
morganianos han experimentado un desarrollo y un refinamiento.
Los antropólogos hablan hoy de evolución general o
evolución universal. Con estos términos se refieren al estudio de la evolución
de la Cultura en general, con mayúscula , no de las diversas y numerosas cul
turas concretas. Si tuviera a la vista un gran cuadro, con numerosas columnas
paralelas, que exhibieran la evolución específica, multi lineal de otros
tantos grupos culturales diferentes, podría hacerme estas preguntas: ¿todas
estas culturas muestran alguna dirección común en su evolución? ¿Se puede detectar
en esas transformaciones evo lutivas particulares, algún denominador común a
todas ellas? ¿Subyace a todas ellas alguna tendencia general de la que todas
participan? Pues bien, esa dirección y denominador comunes, esa tendencia
general
62 LEWIS H. MORGAN
en operación es la evolución universal o general.
El resultado de
esta tendencia general es el crecimiento cultural o
el desarrollo hacia formas más complejas y heterogéneas. Por esto se significa
mayor heterogeneidad interna, mayor transformación de energía, creciente
especialización y nuevas formas de integración. Los juicios de valor no entran
en la definición de evolución o progreso.
Nótese que cuando el antropólogo estudia la
evolución general
no está interesado en el contenido y detalles
particulares de las culturas (evolución específica), sino que trata de captar
el carácter
de la transformación; no se fija en la filogénesis,
sino en la naturaleza de la evolución. Busca explicar las transformaciones
culturales, el desarrollo de las formas políticas, económicas, religiosas, etc.
Pero repito, se trata de explicar el desarrollo de las tendencias generales, la
razón o razones del denominador común que subyace a las trans formaciones
progesivas particulares. Para hacerlo más inteligible, idea secuencias de
períodos que muestran un orden de desarrollo.
Con esto ha logrado una clasificación mental de
formas.
Acabo de escribir y subrayar formas. Esta idea
requiere unas líneas de comentario. La evolución general es un concepto, una
abstracción de la realidad, un modelo o construcción mental; es independiente
de tiempo y espacio. No es, en modo alguno, historia. Esta versa sobre
secuencias de sucesos concretos, únicos. La evolución general busca
la secuencia de formas, no de hechos concretos. Los
sitios de Zaragoza, por ejemplo, son un acontecimiento concreto histórico,
único, por que no podrá repetirse ya en forma idéntica; por consiguiente, como
se trata de un hecho único, no podemos generalizar
sobre esa única base; de la historia qua historia no podemos obtener
generalizaciones científicas.
La evolución general, por otra parte, trata de
fenómenos y sucesos en cuanto, y sólo en cuanto, miembros de clases. Busca
explicar procesos y formas generales, las leyes generales de evolución que
exhiben todos los sistemas culturales. Supongamos que quiero obtener una
generalización sobre la comensalidad ritual que he recogido en una aldea
lucroniense. Tratándose de un único ejemplar en mi estu dio, ¿cómo puedo estar
seguro de que he aislado los elementos esen ciales? ¿No puede tratarse de una
expresión única debida a condicio nantes filogenéticos especiales? ¿Qué valor
científico tiene mi des cripción? El valor generalizante es ínfimo. Tengo que
seguir anali zando casos de comensalidad ritual lugareña para ver si el
conjunto forma una clase de la que todos los casos concretos recogidos son
miembros. Entonces, y sólo entonces, estoy en condiciones de detec-
LEWIS H. MORGAN
tax el denominador común a todos ellos y de
formular una generali zación. Supongamos ahora que esta comensalía ritual
requiere, según el análisis, un optimum de habitantes en la aldea, ciertas
faenas a realizar, bajo nivel de mecanización técnico-agraria, etc. De aquí
puedo pasar a proponer esta generalización: la comensalidad ritual aldeana
aparece en un cierto momento, bajo las condiciones a y ¿>, es propia de un
período evolutivo, y desaparece bajo las condicio nes * y Esta generalización
no se refiere a ningún pueblecillo espa ñol en particular, no tiene en cuenta
ni tiempo, ni lugar, ni historia particulares; ahora bien, podrá explicar por
qué en momentos his tóricos determinados, en períodos o secuencias evolutivas,
surge la comensalidad ritual y también, por qué en otros períodos desaparece.
Naturalmente que a la base de todo esto hay un problema lógico: ¿cuándo
juzgamos que son suficientes y realmente similares las simi-laridades? La
respuesta rebasa el ámbito de esta introducción.
El estudio de la dinámica de la cultura, la busca
de universales culturales ha recobrado en algunos sectores antropológicos el
ímpetu decimonónico morganiano. Hoy como entonces se sigue pensando
que se desarrollan similar! dad es y paralelos de
forma y función en grupos culturales independientes. Siguiendo a Morgan se cree
que bajo similares condiciones pueden desarrollarse instituciones similares,
independientemente de contactos, y exhibir secuencias similares. Unos
antropólogos se esfuerzan en buscar paralelos de forma, función y secuencia
concretos. Pierde universalidad este enfoque pero gana en precisión. Otros,
teniendo como modelo a Morgan, estudian la evolución de la Cultura. En ambos casos
expli can las similaridades recurriendo a la operación independiente en cada
caso de los mismos principios nomothédcos. Se sigue pen sando como pensaba
Morgan que es lícito indagar antropológi camente sobre los orígenes de la
humanidad basándose en la evi dencia directa o indirecta de la Filología,
Arqueología y Etnografía de pueblos primitivos actuales. Hoy se ha añadido,
además, al coa-junto, la Prímatología. Los neovoluáonistas no defienden que
toda sociedad haya pasado a través de los mismos y
fijos períodos. Sí mantienen que la Cultura con mayúscula, en general, no la
his toria cultural de una sociedad concreta ha evolucionado a través
de ciertas etapas. En diagramas se podría
representar el doble enfoque, morganiano y actual, su diferencia e identidad.
Él primer esquema pretende representar en forma
excesivamente simple, la teoría de la evolución a lo Morgan. Todas las culturas
(líneas en zig-zag) tienen que seguir estrecho canal, están encauzadas
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 65
rígidamente. La variación particular de cada una de
ellas es restrin gida. El segundo representa también rudimentariamente la mo
derna concepción de la evolución. El margen de diversidad y varia bilidad es
mucho mayor. Los entronques de lineas las culturas significan influencias,
préstamos y copias. Pero nótese que la ten dencia de la evolución, su
naturaleza flecha , es idéntica en ambas concepciones.
Por último quiero subrayar que tanto Morgan como
los antro
pólogos neovolucionistas aerarles ven en la
evolución una dirección.
Pero aquél y éstos son conscientes de las
dificultades inherentes a la
profecía del futuro. Sin embargo, Morgan, que no
escribió muchas
líneas sobre el último período, la Civilización y
el fururo, dejó escri
tas éstas al final de las páginas del volumen que
sigue, y que fueron
esculpidas en el Wells College de Aurora, en la
celebración del centenario de su nacimiento:
<cL*z democracia en el gobierno, la fraternidad
en la sociedad , la igual dad de derechos y privilegios y la educación
universal anticipan el pró ximo plano más elevado de la sociedad, al cual la
experiencia, la inte ligencia y el saber tienden firmemente. Será una
resurrección , en forma más elevada, de la libertad^ igualdad y fraternidad de
las antiguas gentes.')>
The Smithy, Glenelg, agosto de 1971.
CARMELO L 1SON TOLOS A N A .
BIBLIOGRAFIA
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LA SOCIEDAD PRIMITIVA
PRIMERA PARTE
DESENVOLVIMIENTO DE LA INTELIGENCIA
A TRAVES DE INVENCIONES Y DESCUBRIMIENTOS
I
PERÍODOS ÉTNICOS
Lis últimas investigaciones sobre el origen de la
raza humana vienen a demostrar que el hombre empieza su vida al pie de la
escala labrando su ascenso, del salvajismo a la civilización, medíante los
lentos acopios de la ciencia experimental.
Del mismo modo que es indudable que cierto número
de familias humanas han existido en estado salvaje, otras en estado de barbarie
y aun algunas en estado de civilización, de igual forma parece que estas tres
condiciones diferentes se entrelazan debido a una sucesión tan natural como
imprescindible de progreso-
Asimismo, esta sucesión ba sido históricamente
cierta en la tota lidad de la familia humana hasta la meta lograda por cada
rama res pectivamente, surgiendo como viable ante las circunstancias en las
que se origina todo progreso y la conocida evolución de algunas ra mas de
familia con dos o más de tales circunstancias. Posteriormente se presentará la
evidente rusticidad de la condi ción primitiva del hombre, de la gradual
evolución de sus facultades morales y mentales, mediante la ex-periencía y de su
prolongada pugna con los elementos que le impedían el paso al camino de la
civiliza ción. Basados, en parte, por la continua sucesión de invenciones y
des cubrimientos, peto, sobre todo, en las instituciones domésticas que
muestran el desarrollo de ideas y pasiones.
Recomponiendo las diversas trayectorias del
progreso bacía las edades primitivas del hombre, esperando una de otra según el
orden de aparición de los inventos y hallazgos por un lado, e instituciones por
otro, comprendemos que aquellos mantienen entre sí un vínculo progresivo y
éstos una relación de desenvolvimiento. Mientras los inventos y descubrimientos
ban estado unidos a una forma más o
LEWIST'H. MORCAN
menos directa inmediata, las instituciones se han
desarrollado sobre el
fundamento de unos principios primarios del
pensamiento.
Las modernas instituciones surgen en el período de
barbarie, cuyo germen se hereda del anterior período llamado de salvajismo. Su
ge nealogía se hace a través de las edades con las corrientes de la sangre,
así como un desenvolvimiento lógico.
Por esto, dos líneas independientes de
investigación captan nues
tra atención. Una nos lleva a través de los
inventos y descubrimientos, y la otra a través de las instituciones primitivas.
Con los conocimien tos así logrados, podemos confiar en señalar las etapas
principales del desarrollo humano. Las pruebas que se presentarán serán tomadas
especialmente de las instituciones domésticas; las referencias a con quistas
más estrictamente intelectuales serán tanto generales como subordinadas.
Los hechos indican la formación gradual y el
desarrollo subsi guiente de ciertas ideas, pasiones y aspiraciones. Aquellos
que ocupan las posiciones más prominentes, caben generalizarse como creci
mientos de ideas particulares, con las que se unen íntimamente. Aparte de las
invenciones y descubrimientos, los hechos son:
°
Subsistencia 4.° Familia
°
Gobierno 5.° Religión
°
Lenguaje 6.° Vida de hogar y arquitectura 7.° Propiedad
° La
subsistencia ha sido acrecentada y perfeccionada me
diante una serie sucesiva de artes, introducidas
con largos intervalos de tiempo y trabadas más o menos directamente con
invenciones y descubrimientos.
° En
el estadio del salvajismo los gérmenes del gobierno deben ser buscados en la
organización de gentes, siguiéndolos en las formas progresivas de esta
institución, hasta la constitución de la sociedad política.
°.
El lenguaje humano se fue perfeccionando de las formas
más toscas y sencillas de la expresión. Como lo
indica Lucrecio, el lenguaje de los gestos y señas debe haber precedido al
lenguaje ar ticulado, así como el pensamiento precedió a la palabra. El
lenguaje monosilábico precedió al silábico, así como éste precedió al de las
palabras concretas. La inteligencia humana, sin conciencia de desig nio,
desarrolló el lenguaje articulado mediante la utilización de so nidos vocales.
Esta importante materia de estudio no cae dentro de los límites de la presente
investigación.
°
Referente a la familia, las etapas de su evolución están com prendidas en
sistemas de consanguinidad y afinidad, y en costumbres relativas al matrimonio
mediante las cuales, colectivamente, se
LA SOCIEDAD PKCMXTTVa 79
puede seguir el rastro definido de la familia a
través de varias formas sucesivas.
° El
desarrollo de la idea religiosa se halla rodeado de tales dificultades
intrínsecas que no es posible obtener una explicación completamente
satisfactoria. La religión se enlaza tanto con la na turaleza imaginativa y
emotiva, y por consiguiente, con elementos tan inseguros de conocimiento, que
todas las religiones primitivas son grotescas y hasta cierto punto
ininteligibles. También esta materia sale del plan de la presente obra, salvo
en las sugerencias incidentales.
° La
arquitectura de la vivienda, que se une con la forma de
la familia y el plan de la vida doméstica, ofrece
una ilustración me dianamente completa del progreso, desde el salvajismo hasta
la civi lización. Su progreso se desarrolla desde la choza del salvaje, a tra
vés de las viviendas comunales de los bárbaros, hasta la casa indivi dual de
los pueblos civilizados. Este tema se tratará someramente.
° La
idea de la propiedad se formó lentamente en el pensa miento humano,
permaneciendo latente durante períodos inmensos
áe tiempo. Realizándose en el salvajismo, necesitó
toda la experien cia de este período y del subsiguiente de barbarie para que
el cere bro humano tomara conciencia de su influencia de controlar. Su go
bierno señala el comienzo de la civilización.
Condujo al hombre no sólo a defenderse de la
barbarie, sino tam
bién a establecer la sociedad política sobre la
base de territorio y de propiedad. El conocimiento crítico de la evolución de
la idea de propiedad abarca, en cierto modo, la parte más notable de la
historia mental del hombre.
"* Mi propósito es presentar algunas pruebas
del progreso humano
a lo largo de estas diversas líneas y a través de
períodos étnicos suce sivos, según se halla revelado por invenciones y
descubrimientos y
por el crecimiento de las ideas de gobierno, de
familia y de propiedad. Como premisa puede establecerse que toda forma de
gobierno
encuadra en dos planes generales, empleando el
vocablo plan en su sentido científico. En sus bases, los dos son
fundamentalmente distintos. El primero, en el orden cronológico, se funda sobre
perso-aas y sobre relaciones puramente personales, y se puede distinguir como
una sociedad (societas). La gens es la unidad de esta organiza ción, dando,
como sucesivas etapas de integración, en el período ar caico, la gens, la
fratría, la tribu y la confederación de tribus, las que constituirían un pueblo
o nación (populas). En un período posterior,
la unión de tribus en un mismo territorio, ya como
nación, reemplazó a la confederación de tribus que ocupaban áreas
independientes. Tal fue la organización sustancialmente universal de la
sociedad antigua, a través de largos siglos, después de la aparición de la
gens; y se mantuvo entre los griegos y romanos después de sobrevenir la civi-
LEW IS H. MOKCAN
lización. El segundo, se funda sobre el territorio
y la propiedad y puede ser considerado como un estado (civitas).
La villa o barrio circunscrito por mojones, con las
propiedades
que contiene, es la base o unidad ae la última, y
la sociedad" política es el resultado. La sociedad política está
organizada sobre áreas te rritoriales y se ocupa tanto de la propiedad como de
las personas, mediante relaciones territoriales. Las etapas sucesivas de
integración son la villa o barrio, que es la unidad ae organización; el
departa mento o provincia, que es la reunión de villas o barrios, y el dominio
o territorio nacional, que es la reunión o incorporación de departa mentos o
provincias, el pueblo de cada uno de los cuales está orga nizado en un cuerpo
político. Los griegos y romanos tuvieron que esforzarse hasta el límite de sus
respectivas capacidades, después que hubieron alcanzado la civilización, para
inventar la villa y el barrio o cuartel de la ciudad e inaugurar asi el segundo
plan de gobierno, que perdura entre las naciones civilizadas hasta el día de
hoy. En la so ciedad antigua este plan territorial era desconocido. Cuando
sobre vino, quedó fijada la línea de demarcación entre la sociedad antigua y
la moderna, distinción que se reconocerá en estas páginas.
Se hace notar que las distintas etapas de este
progreso se hallan bien conservadas, teniendo como modelo las instituciones
domésti cas de los bárbaros y aun de los antepasados salvajes del hombre,
apoyándose en la organización de la sociedad sobre la base del sexo, luego
sobre la del parentesco y, finalmente, sobre la del territorio, en las formas
sucesivas del matrimonio y de la familia. Creando así sistemas de
consanguinidad, a través de la vida doméstica v de la arquitectura y a través
de progresos en las prácticas referentes a la propiedad y a la herencia ae la
misma.
La tesis de la degradación del género humano, para
explicar la. existencia de salvajes y bárbaros, ya no es sostenible. Apareció
como-corolario de la cosmogonía mosaica y fue admitida en razón de una-supuesta
necesidad que no existe ya. Como teoría no solamente es insuficiente para
explicar la existencia de salvajes, sino que también carece de base en los
hechos de la experiencia humana.
Se presume que los antepasados remotos de las
naciones arias pasaron por una experiencia semejante a la de tribus bárbaras o
sal vajes del tiempo actuaL A pesar de que la experiencia de estas na ciones
encierra toda la información necesaria para ilustrar los perío dos de la
civilización, tanto antigua como moderna, su conocimiento anterior debe
deducirse, sobre todo, de la visible vinculación entre los elementos de sus
instituciones existentes e invenciones y de los ele mentos similares que
todavía se conservan en las de tribus salvajes y bárbaras.
Se puede observar, finalmente, que la experiencia
del género hu mano ha sido casi uniforme; que las necesidades humanas baio
con-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA
¦-M ui
dicio'nes similares han sido esencialmente las
mismas, y que las evo luciones de! principio mental han sido uniformes en
virtud de la iden tidad específica del cerebro en todas las razas humanas.
Ésta, sin embargo, es sólo una parte de la explicación de la uniformidad de los
resultados.
Los gérmenes de las instituciones principales y
artes de la vida se desarrollaron mientras el hombre era aún salvaje. En gran
parte, la experiencia de los períodos subsiguientes de barbarie y de civi
lización, han sido alterados con el mayor desenvolvimiento de estos conceptos
primitivos. Dondequiera que se pueda distinguir una vinculación, en continentes
diferentes, entre una institución presente y un germen universal, queda
implícita la derivación de los Dueblos mismos de un tronco originario común.
La dilucidación de estas diversas categorías de
hechos será faci
litada por la fijación de cierto número de períodos
étnicos, cada uno
representativo de una distinta condición de
sociedad y distinguible
por un modo de vida peculiar. Los términos Edad de Piedra , de
' Bronce y
de "Hierro , introducidos por arqueólogos daneses, han
sido sumamente útiles para ciertos propósitos, y
seguirán siéndolo
para la clasificación de objetos de arte antiguo,
pero el progreso del
saber ha impuesto la necesidad de otras
subdivisiones diferentes. Los
objetos de piedra no quedaron del todo arrumbados
con la introduc
ción de herramientas de hierro, ni con las de
bronce. La invención
del procedimiento de fundir el hierro mineral creó
un período étnico,
pero difícilmente podríamos fijar otro de la
producción del bronce.
Además, como el período de los implementos de
piedra se prolonga
sobre los del bronce y del hierro, y desde que el
del bronce también
se prolonga sobre el del hierro, no son
susceptibles de una separa
ción que dejara a uno y otro independiente y
distinto.
Es probable que las sucesivas artes de subsistencia
hayan influido sobre la condición del hombre, y sean las que en última
instancia ofrezcan bases más satisfactorias para estas divisiones.
La investigación no ha progresado lo suficiente en
este sentido para proporcionar los datos necesarios. Con los actuales
conocimien tos, los resultados principales pueden ser obtenidos mediante la
se lección de invenciones o descubrimientos paralelos, que suministren
suficientes comprobaciones de progreso, como para definir el comien zo de
sucesivos períodos étnicos. Aun cuando sean aceptados sola mente como
probables, estos períodos serán convenientes y útiles. Se
verá que cada uno de los que van a ser indicados
abarca una cultu ra distinta y representa un modo particular de vida.
El período del salvajismo, todavía poco conocido,
puede ser di vidido provisionalmente en tres subperiodos. Éstos podrán ser
desig nados, respectivamente, el inferior, el medio y el superior, y la con
di-
82 LEWIS H. MORGAN
ción de la sociedad en cada uno, respectivamente,
puede distinguir se como el estadio inferior, medio y superior del salvajismo.
De igual manera, el período de la barbarie se
divide, natural mente, en tres subperiodos, que se llamarán, respectivamente,
el in ferior, el medio y el superior; y la condición de la sociedad en cada
uno se distinguirá como el estadio inferior, medio y superior de la barbarie.
Es difícil, si no imposible, fijar comprobaciones
de progreso que
señalen el comienzo de estos diversos períodos.
Tampoco es nece
sario, para los fines que se tiene en vista, que no
existan excepciones.
Bastará que las tribus principales del género
humano puedan ser cla
sificadas, según los grados de sus relativos
progresos, en condiciones
que puedan reconocerse como distintas.
1. E st a d io in f e r i o r d e l sa l v a jism o
Este período comenzó con la infancia del hombre y
puede darse
por terminado con la adquisición de una
subsistencia a base de pes cado y el conocimiento ael uso del fuego. El hombre
vivía entonces en su morada originaria y restringida y subsistía de frutas y
nueces. Corresponde a este período el comienzo de la palabra articulada.
No hay ejemplos de tribus de la humanidad en estas
condiciones que hayan llegado hasta el período histórico.
2. E st a d io m e d io d e l sa l v a jism o
Comenzó con la adquisición de una subsistencia a
base de pesca do y el conocimiento del uso del fuego, y terminó con la
invención del arco y flecha. Mientras perduraba en esta condición, el hombre se
diseminó desde su morada originaria por la mayor parte de la tierra. De las
tribus que todavía existen, colocaré en el estadio me dio del salvajismo, por
ejemplo, a los australianos y la mayor parte de los polinesios, al tiempo de
ser descubiertos. Será suficiente con presentar uno o más ejemplos de cada estadio.
3. E st a d io s u p e r i o r d e l sa l v a jism
o
Comenzó con la invención del arco y flecha y
terminó con la in
vención del arte de la alfarería. Coloco en el
estadio superior del sal vajismo a las tribus Athapascan, del territorio de la
bahía del Hud-
LA SOCIEDAD PBIMrnVA 33
son, las tribus del valle de Colombia y ciertas
tribus de la costa de América del Norte y del Sur, pero con relación a la época
de su des cubrimiento. Este estadio clausura el período del salvajismo.
4. E sta d io in f e r i o r d e la b a r b a r ie
La invención o práctica del arte de la alfarería,
considerando to das las conquistas, es posiblemente la prueba más efectiva y
conclu yente que puede elegirse para fijar una línea de demarcación, nece
sariamente arbitraria, entre el salvajismo y la
barbarie. Desde tiempo atrás se ha reconocido la distinción entre las dos
condiciones, pero hasta ahora no se ha propuesto ninguna conquista de progreso
que señalara el paso del primero al segundo. Así, pues, todas aquellas tribus
que nunca alcanzaron el arte de la alfarería serán clasificadas como salvajes,
y las que conquistaron este arte, pero aue nunca lle garon a tener un alfabeto
fonético y a poseer el arte ae la escritura, serán clasificadas como bárbaras.
El primer subperíodo de la barbarie comenzó con la
alfarería, ya
sea por invención original o bien por adopción. Al
tratar de fijar su término y el comienzo del estadio medio, se tropieza con la
dificultad de las dotaciones desiguales de los dos hemisferios, que comenzaron
a influir sobre los destinos humanos después que hubo pasado el pe ríodo del
salvajismo. Puede solucionarse, entretanto, mediante el em pleo de
equivalentes. Para el hemisferio oriental, la domesticación de animales, y para
el occidental, el cultivo del maíz y plantas median te el riego, juntamente con
el uso de adobe o piedra en la construc ción de casas, han sido elegidos como
testimonios suficientes de pro greso para jalonar una transición del estadio
inferior al superior de la barbarie.
Sitúo, por ejemplo, en el estadio inferior a las
tribus indias de Estados Unidos, al este del río Missouri, y aquellas tribus de
Europa y Asia que practicaban el arte de la alfarería, pero sin poseer anima
les domésticos.
5. E sta d io m e d io d e la b a r b a r ie
Comenzó, en el hemisferio oriental, con la
domesticación de ani males, y en el occidental, con el cultivo a base de riego
y con el empleo del adobe y de la piedra en la arquitectura, como se ha dicho
anteriormente. Su término puede fijarse en la invención del proce dimiento de
fundir el hierro mineral.
Se pueden situar en el estadio medio, por ejemplo,
tribus del Nue vo Méjico, Méjico, Centroamérica y Perú y aquellas tribus del
he-
8 4 LEWIS H. MORGAN
misferio oriental que poseyeron animales
domésticos, pero sin cono cer el hierro. Los antiguos bretones, aunque
familiarizados con el empleo del hierro, lógicamente forman parte de esta
clasificación. La vecindad de tribus continentales más avanzadas, había hecho
progresar entre ellos las artes de la vida mucho más allá del estado de
desarrollo de sus instituciones domésticas.
6. E l e s t a d i o s u p e r i o r d e l a b a r
b a r t e
Comenzó con el trabajo del hierro y terminó con la
invención de
un alfabeto fonético y el uso de la escritura en la
composición lite raria. Aquí comienza la civilización. Fijo en el estadio
superior, por ejemplo, a las tribus griegas de la Edad de Homero, a las tribus
ita lianas, poco antes de la fundación de Roma, y a las tribus germáni cas de
la época de César.
7. E sta d io d e la ctvtlización
Comenzó, como ya se ha dicho, con el uso de un
alfabeto fonéti
co y la producción de registros literarios y se
divide en cnvtiguo y moderno. Puede ser admitida como equivalente la escritura
jeroglífi ca en piedra.
RECAPITULACIÓN
Períodos Condiciones
I. Período inferior del salva- I. Estadio inferior
del salva jismo. jismo.
II. Período medio del salva- II. Estadio medio del
salvajismo, jismo.
Período
superior del salva- III. Estado superior del salva jismo. jismo.
IV. Período inferior de la bar- FV. Estadio
inferior de la bar barie. barie.
V. Período medio de la bar- V. Estadio medio de la
barbarie, barie.
VI. Período superior de la bar- VI. Estadio
superior de la bar barie. barie.
LA SO C IED A D PRXMTTTVA S5
I. Estadio inferior del salvajismo: desde la
infancia del género humano hasta el comienzo del período siguiente.
II. Estadio medio del salvajismo: desde la
adquisición de una subsistencia a base de pescado y el conocimiento del uso del
fuego, hasta el comienzo del período siguiente.
Estadio
superior del salvajismo: desde la invención del arco y flecha, basta, etc.
IV. Estadio inferior de la barbarie: desde la
invención del arte de la alfarería, hasta, etc.
V. Estadio medio de la barbarie: desde la
domesticación de ani males en el hemisferio oriental, y en el occidental,
desde el cul tivo del maíz y plantas por el riego, con el uso de adobe y
piedra, hasta, etc.
VI. Estadio superior de la barbarie: desde la
invención de la fun dición de mineral de hierro y el empleo de implementos de
hierro, hasta, etc.
Vil. Estadio de civilización: desde 1a invención de
un alfabeto fo nético y el empleo de la escritura, hasta el tiempo presente.
Cada uno de estos períodos posee una cultura
distinta y exhibe modos de vida más o menos especiales y peculiares. Esta
especiali-zación de periodos étnicos hace posible tratar una sociedad en par
ticular, según su condición de relativo adelanto, y hacerla materia de
investigación o de dilucidación independiente. El hecho de que dis tintas
tribus y naciones en un mismo continente y aun de una misma familia lingüística
se hallasen en condiciones diferentes a un mismo tiempo no afecta el resultado
principal, ya que para nuestro propó sito la condición de cada uno es el hecho
principal, siendo el tiempo secundario.
Y como el uso de la alfarería es menos
significativo que el em pleo de anímales domésticos, del hierro o de un
alfabeto fonético, para señalar el comienzo de períodos étnicos subsiguientes
deben exponerse las razones de su acfopción.
La alfarería presupone vida ae pueblo, y un
progreso considera
ble en las artes sencillas (1). Los implementos de
pedernal o de pie-
(1) Edwin B. Tylcir observa que Goquet fue quien
primero promulgó, en
el siglo pasado, el concepto de que la manera como
vino a crearse la alfare ría, sería que al principio la gente embadurnaba con
barro estas vasijas com bustibles para protegerlas del fuego, hasta caer en
cuenta que el barro sólo ser viría para su propósito, y de esta manera vino 2
I mundo el arte de la alfare ría. Early History of Mankind", página 273.
Goquet cuenta de) capitán Gon-nevOle, quien visitó el litoral sudeste de Sud
América en 1503, que encontró sus utensilios domésticos de madera, hasta sus
ollas para hervir, pero embadur
nados de una especie de arcilla, de un buen dedo de
espesor, que impedía que el fuego los consumiera (ibid., 273).
LEWIS H. MORCAN
dra son más antiguos que la alfarería, puesto que
en numerosos casos han sido hallados depósitos antiguos de aquéllos no
acompañados
de restos de ésta. Debe haber sobrevenido una
sucesión de invencio nes de mayor apremio, y adaptadas a un nivel más bajo,
antes de hacerse sentir la necesidad de la alfarería.
El comienzo de la vida de pueblo, con cierto grado
de dominio
sobre la subsistencia, vasijas y utensilios de
madera, tejido a dedo con filamentos de corteza, fabricación de cestas, y el
arco y flecha, hace su aparición antes que el arte de la alfarería. Los indios
puebles que se hallaban en el estadio medio de la barbarie, tales como los
zuñíanos, los aztecas y los cholulas, fabricaban objetos de alfarería en
grandes cantidades y tenían muchos modelos de considerable no tabilidad; la
parte de los indios de los Estados Unidos, quienes se hallaban en el estadio
inferior de la barbarie, tales como los iraque ses, los choctas y los
cheroqueses, los trabajaban en cantidades meno res y en número limitado de
modelos. Pero los indios no agrícolas, que se hallaban en el estadio del
salvajismo, tales como los athapas-canos, y las tribus de California y del
valle de Colombia, no conocían su uso (2). En Pre-Historic Times, de Lubbock,
en Early History of Mankind, de Tylor, y en Races of Man, de Peschel, han sido
reunidos los pormenores respecto a este arte, y la extensión de su distribu
ción, con notable amplitud investigadora. Era desconocido en la Po linesia
(con la excepción de las islas de los tongas y los fiyianos), en Australia, en
California y en el territorio de la bahía de Hudson. Tylor observa que el arte
de tejer era desconocido en la mayoría
de las islas apartadas del Asia y que en la mayor
parte de las islas del Mar del Sur Pacífico no había conocimiento de la alfa
rería (3). El reverendo Lorimer Fison, un misionero inglés residente en
Australia, contestó a las preguntas del autor que "los australia nos no
poseían géneros tejidos ni alfarería y desconocían el arco y la flecha . Esto
último concierne en general a los polinesios.
La introducción del arte de la cerámica determinó
una nueva época en el progreso humano, en el sentido de una vida mejorada y
aumento de comodidades domésticas. Mientras los implementos de pedernal y de
piedra que fueron introducidos antes y requirieron largos períodos de tiempo
para el desarrollo de todos sus usos die ron la canoa, vasijas y utensilios de
madera, y, finalmente, madera y
Hace
pocos años, ha sido hallada alfarería er. túmulos aborígenes en el Oregon: F o
s t e r : "Pre-Historic Races of the United States", I. 152. Las pri
meras vasijas de alfarería entre los aborígenes de los Estados Unidos
parecieron haber sido hechas con cestas de juncos o de mimbre como molde, que
se que maban después que la vasija se hubiera endurecido. Jo n e s:
"Antiquities of the Southern Indians", pág. 461. El artículo del
Profesor Raii Pottery". Smithsonian Report, 1866, página 352.
Early
History of Mankind", pág. 1S1:
Pre-Historic Times", pácinas
441,
462, 477, 533. 542. LA SOCIEDAD PRM T IVA 37
tablones para la arquitectura de La vivienda ( 4).
La alfarería dio va sijas duraderas para hervir los alimentos, lo que antes se
hacía tos camente en cestas untadas -de arcilla y en hoyos abiertos en el
suelo y forrados de cuero, obteniéndose el hervor por medio de piedras
recalentadas (5). Se ha polemizado sober si la alfarería de los aborí
genes era endurecida por el fuego o curada por el
simple procedi miento de secarla. El profesor E. T. Cox, de Indianápolis, ha
demos trado, mediante el análisis de alfarería antigua y ae cementos hi
dráulicos, que en cuanto concierne a constituyentes químicos, ella (la
alfarería) concuerda muy bien con la composición de piedras hidráulicas' . Y
más adelante añade que toda la alfarería correspon diente a la época de los
mound-builders (constructores de túmulos), que yo haya visto, está compuesta de
arcilla de aluvión y arena o una mezcla de aquélla con conchas de agua dulce
pulverizadas. Una pasta elaborada con tal mezcla posee en alto grado las
propiedades de Puzzuolani hidráulico y cemento Portland, de suerte que las va
sijas fabricadas con ella se endurecían sin ser quemadas, como es de uso en la
alfarería moderna. Los fragmentos de concha hacían las veces de cascajo o
fragmentos de piedra, como al presente se usa
en combinación con cemento hidráulico para la
fabricación de pie dra artificial (6). La composición de la alfarería india en
analogía con la del cemento hidráulico sugiere dificultades en el sentido de
inventar el arte y tiende también a explicar el retraso de su introduc ción en
el curso de la experiencia humana.
No obstante la ingeniosa conjetura del profesor
Cox, es probable
que la alfarería fuera endurecida por calor
artificial. En algunos ca sos el hecho puede ser comprobado directamente. Así,
Adair, hablan do de las tribus del Golfo, observa que hacen vasijas de barro
de tamaños muy variados como para contener de dos a diez galones,
Lewis y
Clarke (1805) comprobaron el empico de tablones p3ra la cons trucción de casas
entre las tribus del río Columbia; Travels", edición Longman. 1814. pág.
503. John Keats Lord, halló tablones de cedro sacados del macizo del árbol a
golpe de formón y hacha de' piedra", en casas de indios de la isla
Vancouver. Naturalista in British Columbia", I, 169.
Tylor : Early History of Mankind", págs. 265 y
siguientes.
Geological
Survey of Indiana". 1873, pág. 119. Da el siguiente aná
lisis: Ancient Pottery, Bone Bank", Posey C.° Indiana.
Humedad a 212 grados
Fahrenheit................................... 1.00
Sílice............................................................................
............ 36,00
Carbonato de c a
l..............................................................
...... 25.50
Carbonato de
magnesio......................................................... 3
.20
Alúmina...........................................................................
....... 5,00
Peróxido de
hierro................................................................
. 5,50
Ácido
sulfúrico.....................................................................
. 0.20
Materia orgánica (álcalis desperdicio)
............................... 23,60
100,00
88 LEWIS H. MORGAN
grandes jarras para llevar agua, tazones, fuentes,
platos, jofainas y un número prodigioso de otras vasijas, de formas tan
anticuadas que sería engorroso describir e imposible denominar. Su método para
barnizarlas consiste en colocarlas sobre un fuego grande de pinotea, cuyo humo
y calor las pone negras, lisas y firmes (7).
Otra ventaja de fijar períodos étnicos definidos es
la de encami nar la investigación especial a aquellas tribus y naciones que
ofrez can la mejor ejemplífícación de cada estadio, a fin de que cada una
sirva de muestra y de ilustración. Algunas tribus y familias han sido
dejadas en el aislamiento geográfico para resolver
los problemas del progreso por el esfuerzo mental original; y, por
consiguiente, han con servado sus artes e instituciones puras y homogéneas,
mientras las de otras tribus y naciones han sido adulteradas por influjos
externos. Así, mientras África era y es un caos étnico de salvajismo y de
barbarie, Australia y Polinesia se hallan en el salvajismo puro y sencillo, con
las artes e instituciones correspondientes a esa condición. De la mis ma
manera, la familia india de América, diferente de toda otra fami lia
existente, representaba la condición del hombre en tres períodos étnicos
sucesivos. En posesión de un gran continente, de descenden cia común y con
instituciones homogéneas, ponía de manifiesto, al ser descubierta, cada una de
estas condiciones, y especialmente las de
los estadios inferior y medio de la barbarie, con
mayor desarrollo y más perfecto que cualquiera otra familia del género humano.
Los indios del lejano norte y algunas de las tribus
costaneras de Norte y de Sud América, se hallaban en el estadio superior del
sal vajismo; los indios sedentarios al Este de! Mississipi se hallaban en el
estadio inferior de la barbarie, y los indios pueblos del Norte y Suda-mérica
se hallaban en el estadio medio. Semejante oportunidad para reunir una
información plena y detallada del curso de la experiencia humana y su progreso
en el desarrollo de sus artes e instituciones a través de estas condiciones sucesivas,
no ha sido ofrecida dentro del período histórico. Debe agregarse que ha sido
mejorada muy media namente. Nuestras mayores deficiencias se relacionan con el
último de los períodos mencionados.
Existieron, sin duda, diferencias de cultura del
mismo periodo en
los hemisferios oriental y occidental, a
consecuencia de la naturaleza desigual de los continentes; pero las condiciones
de la sociedad en el estadio correspondiente debe haber sido por lo demás, muy
pare cida.
Los antepasados de las tribus griegas, romanas y
germánicas re corrieron las etapas que hemos indicado. Su diferenciación de la
masa de los bárbaros, no sobrevino, probablemente, antes del comienzo del
History
of the Am erican Indian". Londres, edición 1775, página 424. Los iraqueses
afirman, que en los tiempos antiguos sus antepasados curaban la alfarería
delante de un fuego.
LA SOCIEDAD PKIMITtVA Íi9
período medio de la barbarie. La experiencia de
estas tribus se ha perdido, salvo en la parte en que está representada por las
institucio nes, invenciones y descubrimientos que habían traído consigo, y que
poseían cuando históricamente fueron conocidos. Las tribus griegas y latinas de
los períodos de Homero y de Rómulo ofrecen el más alto ejemplo del estadio
superior de la barbarie. Sus instituciones eran también puras y homogéneas, y
su experiencia está vinculada directa mente con las conquistas finales de la
civilización.
Comenzando, pues, con los australianos y
nolinesios, continuando con las tribus indias americanas, y concluyendo con el
romano y el griego, que suministran, respectivamente, los más altos ejemplos de
las seis grandes etapas del progreso humano. Es justo sentar que la suma de sus
experiencias unidas representa equitativamente la de la familia humana, desde
el estadio medio del salvajismo, hasta el fin de la civilización humana. En
consecuencia, las naciones arias ha llarán el tipo de la condición de sus antepasados
remotos, que se encontraban en el salvajismo, en la de los australianos y
polinesios; los del estadio inferior de la barbarie en la de algunos indios
pueblos de América, y los del estadio medio en el de los indios pueblos con los
cuales su propia experiencia en el estadio superior se vincula directamente.
Tan esencialmente idénticas son las artes,
instituciones v modos de vida en un mismo estadio en todos los continentes, que
la forma arcaica de las principales instituciones domésticas de los griegos y
ro manos, debe buscarse aún hoy en las instituciones correspondientes
de los aborígenes americanos, como se demostrará
más adelante. Este hecho constituye parte del testimonio acumulado, tendiente a
demos trar que las instituciones principales de la humanidad se han desarro
llado sobre la base de unos pocos gérmenes primarios del pensamien to; y que
el curso y manera de su desarrollo estaban predeterminados, como también
circunscriptos dentro de límites estrechos de divergen cia, por la lógica
natural de la mente humana y las limitaciones nece sarias de sus facultades. Se
ha comprobado que el progreso es subs tancialmente del mismo tipo en tribus y
naciones de continentes dife rentes y aún separados, mientras se hallan en el
mismo estadio, con desviaciones de la uniformidad en casos particulares,
producidas por causas especiales. El argumento una vez desarrollado, tiende a
esta blecer la unidad del origen del género humano.
Al estudiar el estado de las tribus y naciones en
estos períodos étnicos, tratamos, substancialmente, de la historia antigua y
condición de nuestros propios antepasados remotos.
ARTES DE SUBSISTENCIA
El hecho importante de que el hombre comenzó al pie
de la es cala, y se elevó, está demostrado expresivamente por la sucesión de
sus artes de subsistencia. De su ingenio, en este sentido, pendía la cuestión
entera de la supremacía del hombre en la tierra- El hombre es el único ser de
quien se puede decir que ha logrado el dominio ab soluto de la producción de
alimentos que, en el punto de partida, no era más suya que .de otros animales.
Al no haber ampliado las
bases de subsistencia, el hombre no hubiese podido
propagarse hasta Otras zonas que no poseyeran las mismas clases de alimentos,
v, luego, por toda la superficie ae la tierra; y, por último, a no haber
logrado el dominio absoluto tanto sobre su variedad como sobre su cantidad, no
se hubiese podido multiplicar en naciones populosas. Es, por tanto, probable,
que las grandes épocas del progreso humano se han identificado, más o menos
directamente, con la ampliación de las fuentes de subsistencia.
Estamos capacitados para distinguir cinco de estas
fuentes de sub sistencia humana, considerada como otras tantas artes
sucesivas, rma sobreañadida a otra, y sacadas a luz tras intervalos sumamente
espa ciados de tiempo. Las primeras dos tuvieron origen en el período del
salvajismo, y las tres últimas en el período de la barbarie: son según el orden
de aparición.
Su b
s is t e n c ia n a t u r a l d e f r u t a s y r a íc e s en u na m orada r e
s t r in g id a
Este postulado nos lleva hasta el período
estrictamente primitivo del hombre, cuando en corto número, con subsistencia
sencilla, y ocupando zonas limitadas, iniciaba apenas su nueva carrera. No
exis-
La SOCIEDAD PRIMITIVA 91
te arte ni institución que pueda referirse a este
período; y solamente una invención, la del lenguaje, se puede ligar con una
época tan re mota. El género de subsistencia indicado, supone un clima
tropical o subtropical. El asentimiento general coloca la primera habitación
del hombre en tal clima. Estamos acostumbrados a considerar, con razón, que
nuestros progenitores comenzaron su existencia en selvas produc
toras de frutas y nueces y bajo un sol tropical.
Los animales irracionales precedieron a la raza
humana, en orden cronológico. Estamos en lo cierto al creer que ellos se
hallaban en la plenitud de su potencia y número cuando la raza humana apareció.
Los poetas clásicos pintaban las tribus humanas
como moradoras de florestas, de cavernas y de selvas, por cuya posesión
luchaban con las fieras salvajes (S), a la vez que se alimentaban con los
frutos espon táneos de la tierra. Si el hombre inició su carrera falto de
experiencia, falto de armas y rodeado de fieras, no es improbable que haya
vivido, por lo menos parcialmente, en los árboles, como medio de protección y
seguridad.
La conservación de la vida mediante la constante
adquisición del alimento, es la gran carga impuesta.a la existencia en todo
género de animales. A medida que descendemos en la escala de la organización
estructural, la subsistencia se simplifica de etapa en etapa, hasta que
finalmente desaparece. Pero en la escala ascendente, se hace cada vez más
difícil, hasta alcanzar la forma estructural más elevada, la del hombre, (donde
marca su máximo). De ahí en adelante la inteligencia
se hace un factor más elevado. No está claro que,
la alimentación a base de substancia animal comenzóse a figurar en el consumo
humano desde un periodo muy primario; aunque en esencia el hombre era frugívoro
bien que omnívoro en estructura orgánica, ha de quedar como materia de
conjetura. Este modo de subsistencia corresponde al período- estrictamente
primitivo.
2. S u b s is t e n c ia d e pesc a
El pescado debe ser reconocido como la primera
clase de alimen tación artificial, desde que no era completamente aprovechable
sin ser cocinado. No es improbable que el fuego tuviese su primer em pleo para
este fin. Los peces eran universales en su distribución, ilimitados en
cantidad, y la única clase de alimento que podía obte nerse en todo tiempo.
Los cereales, si es que realmente ya existían, todavía no eran conocidos en el
período primitivo, y la caza era por demás precaria para haber constituido en alguna
ocasión un medio exclusivo de sostenimiento humano- Con esta especie de
alimentación,
Lucrecio
: "De Re Nat.", lib. V, 951.
LEWIS H. MOBGAN
el hombre se hizo independiente del clima y del
lugar; y siguiendo
las costas de mares y lagos y los cursos de los
ríos, podía, hallándose todavía en el estado salvaje, esparcirse por la mayor
parte de la super ficie de la tierra. De la verdad de tales migraciones existe
testimo nio abundante en los restos de implementos de piedra y de pedernal
del estadio del salvajismo, hallados en todos los
continentes. A estar confiados a las frutas y subsistencia espontánea, la
traslación desde la habitación originaria hubiera sido imposible.
Entre la introducción del pescado, seguida por las
amplias migra ciones indicadas, y el cultivo de alimentos farináceos, el
intervalo de tiempo fue inmenso. Comprende una gran parte del período del sal
vajismo. Pero durante este intervalo hubo un aumento importante en
la variedad y cantidad de alimentos, tal, por
ejemplo, como lás raíces farináceas cocinadas en hornos en el suelo, y la
adición permanente de caza mediante armas perfeccionadas, y especialmente
mediante el arco y la flecha. Esta notable invención, que vino más tarde que el
mazo y la lanza, y suministró la primera arma mortífera para la caza, apareció
en las postrimerías del salvajismo (9). Ha sido utilizada para señalar el
comienzo del estadio superior. Debe haber comunicado una poderosa influencia
del progreso a la sociedad antigua ocupan
do, con relación al período del salvajismo, el
mismo sitio que la es pada de hierro con relación al período de la barbarie, y
las armas de fuego, con relación al período de la civilización.
A causa del carácter precario de todas estas
fuentes de alimentos, fuera de las grandes áreas de pesca, la antropofagia se
convirtió en siniestro recurso de la humanidad. Gradualmente se comprueba la
antigua universalidad de esta práctica.
3. Su b s is t e n c ia f a r in á c e a m e d ia n
t e l o s c u l t iv o s
Ahora abandonemos el salvajismo y penetremos en el
estadio in
ferior de la barbarie. El cultivo de cereales y
plantas no era conocido en el hemisferio occidental, salvo entre las tribus que
habían surgido del salvajismo. Parece no haber sido conocido en el hemisferio
orien tal hasta después que las tribus de Asia y Europa pasaron por el in
ferior y se aproximaron al término del estadio medio de la barbarie. Esto nos
plantea el hecho singular que los aborígenes americanos del
(9) Como coordinación de fuerzas, es tan abstrusa,
que no es improbable
que haya debido a la casualidad su origen. I-a
elasticidad y resistencia de cier tas
variedades de madera, la tensión de una cuerda de
nervios o de fibras vegeta les por medio de un arco tendido, y, finalmente, su
coordinación para lanzar una flecha por el impulso humano, no son sugestiones
muy claras para la men te de un salvaje. Como se ha dicho en otra parte, el
arco y flecha son desco nocidos por los polinesios en general, y por los
australianos. Este hecho, por sí solo, demuestra que el' hombre ya había
alcanzado un considerable progreso en
el estado salvaje, cuando el arco y la flecha
hicieron su primera aparición. LA SOCIEDAD PRIMmVA 93
estadio inferior de la barbarie, se hallaban en
posesión de la horticul tura, un periodo étnico entero antes que los
habitantes del hemis ferio oriental. Fue una resultante de la dotación
despareja de los dos hemisferios: el oriental poseía todos los animales aptos
para la domes ticación, excepto uno, y la mayoría de los cereales; mientras el
occidental sólo poseía un cereal apto para el cultivo, aunque el me jor. En
aquél tendía a prolongar el período de barbarie más antiguo,
y, en éste, a abreviarlo, y con la ventaja de
condición en este período a favor de los aborígenes americanos. Pero cuando las
tribus más adelantadas del hemisferio oriental, en los comienzos del período
medio de la barbarie, hubieron domesticado animales que fes pro veían de leche
y carne, su condición, sin el conocimiento de los cere ales, era muy superior
a la de los aborígenes americanos del período correspondiente, con el maíz y
plantas, pero carentes de animales domésticos. La diferenciación de las familias
arias y semíticas de la masa de los bárbaros, parece haberse iniciado con la
domesticación de animales.
Que el descubrimiento y cultivo de los cereales por
la familia aria fue posterior a la domesticación de animales, es evidente, por
el he cho de que en los diversos dialectos de la lengua aria existen términos
comunes para estos animales, y no existen para los cereales o plantas
cultivadas. Mommsen, después de demostrar que los animales domés ticos llevan
los mismos nombres en el sánscrito, griego y latín, lo que más tarde Max Müller
(10) hizo extensivo a los restantes dialectos Arios, demostrando así que eran
conocidos y presuntamente domes ticados antes de separarse estas naciones
entre sí, continúa como sigue: Por otro lado, no poseemos hasta ahora
comprobaciones cier tas de la existencia de la agricultura en este período. El
lenguaje más bien favorece la negativa. De los nombres latino-griegos de los
granos, ninguno se encuentra en el sánscrito, con
la sola excepción de zea, que filológicamente representa el sánscrito yavas,
pero en indio,' denota cebada y, en griego, escanda. Cierto es que debe conve
nirse en que esta divergencia de nombres de plantas cultivadas, que tan
vivamente contrasta con la concordancia esencial en los apelativos de animales
domésticos, no descarta del todo la suposición de una agricultura originaria
común. El cultivo del arroz entre los indios, el del trigo y escanda entre los
griegos, y del centeno y avena entre los germanos y celtas, puede que señalen
rastros de un sistema común de labranza originaria (11). Esta última conclusión
es forzada. La horticultura precedió a la labranza de los campos, así como la
huerta (hortos) precedió al campo (ager); y si éste implica lindes, aquélla
significa directamente "espacio cercado . La labranza, entretanto}
Chips
from a German Workshop , tabla comp., II, pág. 42.
History
of Rome , edición de Scribner, 1871, I, pág. 38.
LEWIS H. MORGAN
tiene que haber sido más antigua que la huerta
cercada; siendo el orden natural, primero, labranza de pedazos abiertos de
tierra de alu vión; segundo, de espacios cercados, huertas; y, tercero, del
campo por medio de un arado, arrastrado por fuerza animal. Si el cultivo
ae plantas, tales como la arveja, poroto, nabo,
chirivía, remolacha, ca labaza y melón, una o varias de ellas, precedió al
cultivo de los cerea les, carecemos de medios para indagarlo. Algunas de estas
tienen nombres comunes en el griego y en el latín; pero me asegura nuestro
eminente filólogo, profesor W. D. Whitney, que ninguna tiene nom bre común en
griego o latín y sánscrito.
La horticultura parece haber surgido más bien de
las necesidades de los animales domésticos, que de las del hombre. En el
hemisferio occidental comenzó con el maíz. Esta nueva era, aun cuando no
sincrónica en ambos hemisferios, tuvo inmensa influencia en los destinos de la
humanidad- Existen razones para creer que se requie
ren siglos para radicar el arte del cultivo y fiar
al alimento farináceo la principal seguridad. Desde que en América condujo a la
localiza ción y vida del pueblo, tendió, especialmente entre los indios
pueblos, a reemplazar al pescado y la caza. El hombre obtuvo su primera
impresión de la posibilidad de una abundancia de alimentos, de los cereales y
plantas cultivadas.
La adquisición en América, de alimentos farináceos,
y en. Asia y Europa, de animales domésticos, fue el medio de librar a las
tribus adelantadas así provistas, del flagelo de la antropofagia, que, como
antes se ha dicho, hay razones para creer que era practicado univer salmente
durante todo el período del salvajismo a costa de los ene migos cautivos, y en
tiempo de escasez, con amigos y parientes. La antropofagia en la guerra,
practicada por bandas armadas en el cam po, subsistió entre los aborígenes americanos,
no solamente durante el estadio inferior, sino también en el estadio medio de
la barbarie, como, por ejemplo, entre los iraqueses y los aztecas; pero la
prác tica general había desaparecido. Esto demuestra eficazmente la gran
importancia del aumento permanente de la alimentación en el me joramiento de
la condición del género humano-
4 . S u b s i s t e n c i a a b a s e d e c a r n e
y l e c h e
La ausencia de animales aptos para la domesticación
en el hemis ferio occidental, excepto la llama (12), y las diferencias
específicas en los cereales de los dos hemisferios, influyeron poderosamente
so-(12) Los primeros escritores españoles hablan de un "perro mudo",
que
hallaron domesticado en las Antillas y también en
Méjico y Centro América. Véanse figuras del perro azteca, en lám. IH, tomo I,
de la "History of Mexico", de Clavijero. Por mi pane no he visto
identificado este animal También ha blan de aves de corral y pavos en el
continente. Los aborígenes habían domes ticado el pavo, y las tribus Nahuadac,
algunas especies de aves silvestres.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 95
bre el relativo adelanto de sus habitantes.
Mientras esta desigualdad de dones era indiferente para el hombre en el período
del salvajismo
y no señalada en sus efectos en el estadio inferior
de la barbarie, hizo una diferencia esencial con aquella porción que había
alcanzado el estadio medio. La domesticación de animales suministraba una sub
sistencia permanente a base de carne y leche, que tendía a diferenciar las
tribus así dotadas, de la masa de los demás bárbaros. En el hemis ferio
occidental la carne quedaba circunscripta a los suministros pre carios de la
caza. Esta restricción sobre un género esencial de alimen tos era desfavorable
para los pueblos indios; y sin duda, explica su ficientemente el tamaño
inferior del cerebro entre ellos, en compara ción con el de los indios en el
estadio inferior de la barbarie. En el hemisferio oriental, la domesticación de
animales permitía a los ha cendosos y económicos asegurarse una provisión
permanente de ali mento animal, con inclusión de leche, cuyo influjo saludable
v vigo-rizador sobre la raza, y especialmente en- ¡os niños, era, sin duda,
notable. Pueden, por lo menos, suponerse que las familias arias y semíticas
deben sus condiciones preeminentes al alto grado en que, hasta donde alcanzan
nuestros conocimientos, se han identificado con
la manutención a base de productos de animales
domésticos. En una palabra, incorporaron carne, leche y fuerza muscular en su
plan de vida. Ninguna otra familia lo ha hecho con igual amplitud v la aria ha
ido más lejos en este sentido que la semítica (13).
La domesticación de animales introdujo gradualmente
un nuevo
modo de vida, la pastoral, en las llanuras del
Eufrates y de la India, y en las estepas de Asia; es probable que en los
confines de unas u otras, se llegó, por vez primera, a la domesticación de los
animales. Sus más viejas tradiciones y la historia concuerdan en atribuirla a
estas regiones. Fueron así llevados a regiones que, tan distantes de ser cuna
del género humano, eran lugares que ellos no hubieran ocu pado como salvajes o
bárbaros en el estadio inferior de la barbarie, pues para ellos las zonas selváticas
eran la habitación natural. Des pués de haberse habituado a la vida pastoral,
debe haber sido im posible para estas familias regresar a las zonas selváticas
del Asia Occidental y de Europa, con sus rebaños y manadas, sin ant^s haber
aprendido a cultivar alguno de los cereales para mantener a aquéllos en su
alejamiento de las Llanuras herbosas. Parece por con siguiente, sumamente
probable, como ya se ha dicho, que el cultivo
de los cereales tuviera su origen en las
necesidades de los animales domésticos, y a base de estas migraciones
occidentales; y que el em pleo de alimentos farináceos por estas tribus fue
una resultante de los conocimientos asi adquiridos.
La
"Ilíada" eos hace saber que los griegos ordeñaban sus ovejas, tan to
como sus vacas y cabras. Véase 'Iliad.' . TV, 433.
LEWIS H. MORGAN
En el hemisferio occidental, los aborígenes en
general pudieron avanzar hasta el estadio inferior de la barbarie, y algunos de
ellos, hasta el estadio medio, sin animales domésticos, salvo la llama del
Perú, y con un solo cereal, el maíz, además de porotos (judías), cala
bazas y tabaco, y, en algunas regiones, cacao,
algodón y pimienta. Pero el maíz, por su crecimiento en las colinas lo que
favorecía el cultivo directo por su utilización, tanto verde como maduro, y por
su rendimiento abundante y propiedades nutritivas, era una dote más rica para
contribuir a los primeros progresos de la humanidad, que todos los demás
cereales juntos. Este hecho explica el notable progreso alcanzado por los
aborígenes americanos sin los animales domésticos; habiendo los peruanos
producido el bronce, que sigue inmediatamente y muy de cerca, en orden de
tiempo, al proceso de la fundición del hierro mineral.
S u
b s is t e n c ia s il im it a d a s p o r m e d io d e
XA LABRANZA DE CAMPOS
Los animales domésticos, completando la fuerza
muscular humana
con la fuerza animal, aportaron un nuevo factor del
más alto precio.
Con el transcurso del tiempo vino el arado con una
reja de hierro,
y una mejor pala y hacha. Como producto de éstos y
de la anterior
horticultura, vino la labranza de campos; y con
ello, por vez primera,
subsistencias ilimitadas. El arado arrastrado por
fuerza animal puede
ser considerado como la inauguración de un nuevo
arte. Al mismo
tiempo, surge la idea de reducir la selva y librar
a la labranza grandes
extensiones (14). Además, ya se hace posible reunir
poblaciones más o menos densas en áreas limitadas. Con anterioridad a la
labranza de los campos, no es probable que se haya reunido y mantenido, eD par
te alguna de la tierra, una población de medio millón de almas bajo un solo
gobierno. Si hubieron excepciones, debieron resultar de la vida pastoril de las
llanuras, o de horticultura mejorada por el riego, bajo condiciones peculiares
y excepcionales.
En el curso de estas páginas será necesario hablar
de la familia,
tal como existiera en diferentes períodos étnicos;
siendo su forma, en un período, algunas veces enteramente diferente de su forma
en otro. En la Tercera Parte estas diversas formas de la familia se tratarán
particularmente. Pero como se mencionarán con frecuencia en los capítulos
siguientes, serán, por lo menos, definidas por anticipado a fin de informar al
lector. Ellas son las siguientes:
Lucr.,
De Re Nat. , V, 1369. LA SOCIEDAD P B M T l VA 97
1. L a fa m i l i a c o n s a n g u ín e a
Fundábase en
el matrimonio entre hermanos y
hermanas en un
grupo. Se conserva
testimonio de la más antigua de
las formas exis
tentes de la consanguinidad en la malaya, que tiende a demostrar
que ésta, la primera forma de la familia, fue antiguamente tan uni
versal como el sistema de consanguinidad que
creaba.
2. L a f a m i l i a p u n .alÚ a
Deriva su nombre dé la relación familiar hawaiana
Punalúa. Se fundaba en el matrimonio de varios hermanos con las esposas de los
otros, en grupo; y de varias hermanas con los esposos de las otras, en grupo.
Pero el término hermano aquí usado, comprendía a los ^primos hermanos varones
de primer grado, de segundo, de tercero y aún de grados más remotos,' todos los
que eran tenidos por hermanos entre sí, como nosotros consideramos a nuestros
propios hermanos; y el término hermana comprendía a las primas hermanas
mujeres, de primer grado, de segundo, de tercero y aún de grados más remo
tos, todas las cuales eran tenidas por hermanas
entre sí a igual que hermanas propias. Esta forma de familia se sobrepuso a la
consan guinidad. Creó los sistemas turanio y ganowaniano de consanguini dad.
Tanto éstos como la forma anterior, corresponden al período del salvajismo.
3. La f a m i l i a slv d i á s m i c a
El término viene de syndyazo, parear, syndyasmos,
unir a dos juntamente. Se fundaba en el pareo de un varón y una mujer, bajo
la forma de matrimonio, pero sin cohabitación
exclusiva. El divorcio o separación estaba librado al albedrío del marido tanto
como de la mujer. Esta forma de familia no pudo crear un sistema de consan
guinidad.
4. L a f a m i l i a p a t k i a r c a l
Se fundaba sobre el matrimonio de un varón con
varias esposas.
Se emplea aquí el término en un sentido restringido
para definir la familia especial de las tribus pastoriles hebreas, cuyos jefes
y hombres principales practicaban la poligamia. Ejerció escasa influencia en
los destinos humanos por su falta de universalidad.
93 LEWIS H. MORCAN
5. L a f a m i l i a m o n ó g a m a
Se fundaba en el matrimonio de un hombre con una
mujer, con cohabitación exclusiva; esto último constituía el elemento esencial
de la institución. Es preeminentemente la familia de la sociedad civi lizada,
y es, por consiguiente, esencialmente moderna. Esta forma de la familia también
creó un sistema independiente de consanguinidad. Mas adelante se darán pruebas
tendientes a demostrar la exis
tencia y la prevalencia general de estas diversas
formas de familia en las diferentes etapas del progreso humano.
Ill
RAZÓN DEL PROGRESO HUMANO
Necesario es obtener una impresión de la suma
relativa y de la razón del adelanto humano en los diversos períodos étnicos
expues tos, agrupando lo alcanzado por cada uno, y comparándolos como
categorías distintas de hechos. También esto nos servirá para formar algún
concepto respecto a la relativa duración de estos períodos. Para que sea
convincente tal exposición, deberá ser general y en for ma de recapitulación.
Corresponde también que se limite a las obras principales de cada período.
Antes que el hombre pudiese alcanzar el estado
civilizado, fue menester que hubiese hecho suyos los elementos de civilización.
Esto implica un admirable cambio de condición, primero del salvaie primi- *
tivo al bárbaro del tipo más inferior, luego de éste al griego del tiem po de
Homero o al hebreo del tiempo de Abraham. El desarrollo pro gresivo que la
historia registra en el período de la civilización, no era menos propio del
hombre en cada uno de los períodos anteriores. Descendiendo a través de las diversas
líneas del progreso humano, hacia las edades primitivas de la existencia del
hombre, y descartan do, uno por uno, sus descubrimientos, invenciones e
instituciones principales, en el orden en que han hecho su aparición, se
aprecia el adelanto realizado en cada período.
Las contribuciones mayores de la civilización
moderna son el
telégrafo eléctrico, el gas de hulla, el tomo de
hilar y el motor me cánico; el motor a vapor con sus numerosos aparatos
dependientes, con inclusión de la locomotora, el ferrocarril y el buqué a
vapor, el telescopio, el descubrimiento de la ponderabilidad de la atmósfera
y del sistema solar; la imprenta, la esclusa de
canal, la brújula ma rina, y la pólvora. Se verá que la masa de las demás
invenciones, como por ejemplo, el propulsor Ericsson, tiene por eje una u otra
200 LEWIS H. MORGAN
de las mencionadas como antecedentes; pero hay
excepciones, como
2a fotografía, y numerosas máquinas que no es
necesario señalar.
También deben ser descantadas las ciencias
modernas, la libertad
¦de cultos y la escuela pública; la democracia
representativa; la mo
narquía constitucional con parlamento; la monarquía
feudal; las cla
ses privilegiadas modernas; la ley internacional,
codificada y consue
tudinaria. La civilización moderna recuperó y
asimiló todo lo que era
¦de valor en las civilizaciones antiguas, y si bien
las contribuciones
de aquélla a la suma del saber humano han sido
vastas, brillantes y rápidas, distan mucho de ser tan desproporcionadamente
grandes como para obscurecer las civilizaciones antiguas y adjudicarles in
significancia al compararlas.
Pasando por alto el período medieval, que dio la
arquitectura
gótica, aristocracia feudal con títulos
hereditarios de nobleza, y una jerarquía bajo el primado del Papa, entramos a
las civilizaciones ro mana y griega. Se les hallará deficientes en grandes
inventos v des cubrimientos, pero sobresalientes en artes, en filosofía y en
institu ciones orgánicas. Los aportes principales de estas civilizaciones fue
ron: gobierno imperial y real; la ley civil; el cristianismo; gobierno mixto
aristocrático y democrático, con un senado y cónsules; gobierno democrático con
un consejo y asamblea popular, la organización de ejércitos en caballería e
infantería, con disciplina militar; la creación de flotas, con la práctica de
la guerra naval; la formación de grandes ciudades, con el derecho municipal; el
comercio marítimo; la acuña ción de moneda; y el estado fundado sobre el
territorio y la propie dad; y entre las invenciones, el ladrillo cocido a
fuego; la grúa (15); la rueda hidráulica como elemento motor en los molinos; el
puente,
el acueducto, la cloaca, la cañería de plomo como
conducto con ca nilla; el arco, la balanza, las artes y las ciencias del
período clásico, con sus resultados, inclusive los órdenes arquitectónicos; la
numera ción arábiga y la escritura alfabética.
Estas civilizaciones absorbieron considerablemente
los inventos
y descubrimientos y las instituciones del período
anterior de la bar-
barie,
como asimismo descansaron en ellos. Las conquistas del hom bre civilizado,
siendo muy grandes y nobles, siendo amplias
y notables, no son suficiente para eclipsar la obra
del hombre bár baro. Como tal, él había elaborado y poseía todos los elementos
de civilización, excepto la escritura alfabética. Sus conquistas como bár baro
deben ser consideradas en relación con la suma del progreso humano; y puede
suceder que nos veamos forzados a reconocer que superan, en importancia
relativa, a todas sus obras posteriores.
El empleo de la escritura, o su equivalente en
jeroglíficos sobre
Los
egipcios pueden haber inventado la grúa. Véase "Herodotus", EL 125.
También poseían la balanza de escala.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 101
piedra, nos proporciona una prueba terminante del
comienzo de la civilización (16). A falta de registros históricos literarios,
no se puede
decir con propiedad que existe ni historia ni
civilización. La produc ción de los poemas de Homero, ya fuesen transmitidos
oralmente o bien confiados en su tiempo a la escritura, fija en forma bastante
precisa el momento en que se introduce la civilización entre los grie gos.
Estos poemas, siempre frescos y siempre admirables, poseen un valor etnológico
que realza inmensamente sus otras excelencias. Esto es especialmente cierto de
la Ilíada, que contiene la exposición más antigua como también la más detallada
del progreso del hombre al tiempo de su composición. Estrabón cumplimenta a
Homero como al padre de la ciencia geográfica (17), pero el gran poeta ha dado,
quizás, sin querer, lo que era infinitamente más importante para las
generaciones posteriores, a saber: una relación notablemente completa de las
artes, costumbres, inventos y descubrimientos, y régimen de vida de los
antiguos griegos. Nos presenta nuestro primer cuadro comprensivo de la sociedad
aria, cuando aún se hallaban en la bar barie, mostrándonos los progresos ya
alcanzados y sus caracteres peculiares. Merced a estos poemas estamos
habilitados para afirmar con seguridad que ciertas cosas eran conocidas por los
griegos antes que ellos penetraran en la civilización. También arrojan gran luz
sobre lejanas épocas del período de la barbarie.
Utilizando los poemas de Homero como guia, y
continuando la retrospección hasta el período superior de la barbarie,
descartemos del saber y experiencia humana la invención de la poesía; la Mito
logía antigua en su forma evolucionada, con las divinidades olímpicas; la
arquitectura de los templos; el conocimiento de los cereales, ex cepto el maíz
y plantas cultivadas, con labranza de campos; ciudades cercadas de muros de
piedra, almenas, torres y portones; el empleo del mármol en la arquitectura; la
construcción de naves con tablones y probablemente con el empleo de clavos; el
carro y la carroza; ar madura de chapa metálica; la lanza con cabeza de cobre
y el es
cudo con obra de realce; la espada de hierro; la
elaboración del vino, probablemente; las fuerzas mecánicas, excepto el tomillo;
la rueda
(16) El alfabeto fonético vino, como otros grandes
inventos, como término
de esfuerzos sucesivos. El paciente egipcio,
perfeccionando el jeroglifico a tra vés de sus diferentes formas, había
alcanzado un resumCD compuesto de ca racteres fonéticos, y a esta altura
descansaba sobre sus tareas. Él podía escribir con caracteres permanentes sobre
la piedra. Luego vino el inquisitivo fenicio,
el primer navegante y comerciante marítimo, quien,
ya fuera previamente ver sado en el jeroglífico o no, parece haber peoetrado
de un salto en las labores del egipcio, y por una inspiración del genio, haber
dominado el problema con que aquél sonaba. Él produjo ese admirable alfabeto de
dieciséis letras que, con
el tiempo, debía dar a la humanidad un lenguaje
escrito y los medios para cró nicas literarias e históricas.
Estrabón,
I, 2.
LEWIS H. MORGAN
del alfarero y el molino de mano para moler el
grano; géneros de hilo y de lana tejidos en el telar; el hacha y la pala de
hierro; la azuela de hierro; el martillo y el yunque; el fuelle y la fragua; y
el homo especial para fundir el mineral de hierro, con el conocimiento del
hierro. Juntamente con estas conquistas debemos descartar la familia monógama;
las democracias militares de los tiempos heroicos; las fases posteriores de
organización en gentes, fratrías y tribus; el ágora, o asamblea popular, probablemente;
el conocimiento de la propiedad individual de casas y tierras; y el avanzado
régimen de vida municipal en ciudades fortificadas.
Cuando esto se haya hecho, los bárbaros de la etapa
superior
¡habrán rendido la parte principal de su
maravillosa obra, juntamente
con el progreso mental y moral así adquirido.
Desde este punto para atrás, a través del período
medio de la barbarie, los indicios se hacen menos claros, y el orden relativo
en que hayan aparecido instituciones, inventos y descubrimientos es me nos
distinguible. Pero no estamos desprovistos de algunos conocimien tos para
guiar nuestros pasos aun en estas remotas edades de la familia aria. Por
razones previamente establecidas, podemos recurrir ahora a otras familias,
además de la aria, en busca de los informes deseados.
Entretanto en el período medio, descartemos, de la
misma mane
ra, de la experiencia humana, el procedimiento de
fabricar el bronce; los rebaños y manadas de animales domésticos; los edificios
comuna les con muros de adobe y de piedra labrada, asentada en hileras, con
argamasa de cal y arena; muros ciclópeos; habitaciones lacustres le vantadas
sobre pilotes; el conocimiento de metales nativos (18), con el empleo del
carbón de leña y el crisol para fundirlos; el hacha y el formón de cobre; la
lanzadera y el embrión del telar; el cultivo por el riego, calzadas, represas y
canales de riego; caminos pavimentados; puentes colgantes de mimbre;
divinidades personales con un sacer docio distinguido por el hábito y
organizado en jerarquía; sacrificios humanos; democracias militares del tipo
azteca; tejidos de algodón y otras fibras vegetales en el hemisferio
occidental, y de lana y lino en el oriental; alfarería decorativa; la espada de
madera con los tilos dentados de pedernal; implementos de pedernal y piedra
pulidos; el conocimiento del algodón y del lino; y los animales domésticos. La
suma de las conquistas de este período fue menor que la del
que le siguió; pero su relación con la suma de los
progresos humanos fue muy grande. Comprende la domesticación de animales en el
he misferio oriental, la que con el tiempo introdujo una subsistencia per-
(18) Homero menciona los metales nativos, pero eran
conocidos mucho
antes de su tiempo, y antes que el hierro. El
empleo del carbón de leña y el crisol para fundirlos, abrió el camino para la
fundición del hierro.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 103
manente de carnes y leche, y finalmente el cultivo
de campos. Tam bién inauguró aquellos ensayos con les metales nativos que
dieron por resultado la producción del bronce (19), como también prepararon el
camino para el proceso más alto de la fundición de mineral de hierro. En el
hemisferio occidental fue señalado por el descubrimien to y elaboración de
metales nativos, que dio por resultado la pro ducción independiente del
bronce; por la introducción del riego en el cultivo del maíz y plantas; y por el
empleo de adobe y de piedra en la- construcción de grandes edificios.
Resumiendo el examen retrospectivo y penetrando en
el período inferior de la barbarie, descartemos ahora de las adquisiciones hu
manas la confederación, basada en gentes, fratrías y tribus, bajo el gobierno
de un consejo de jefes, el que establecía un estado de or ganización social
más alto que el hasta entonces conocido. También
el descubrimiento y cultivo ael maíz, la judía, la
calabaza y el tabaco, en el hemisferio occidental, juntamente con el
conocimiento del ali mento farináceo; el tejido a dedo con trama y urdimbre;
el kilt o falda corta de los escoceses, el moccasin" y polaina de cuero
curtido de venado; la cerbatana para la caza Üe aves; la estacada del pueblo
para defensa; juegos de tribu; el culto de los elementos, con el vago
reconocimiento de un Grande Espíritu , antropofagia en tiempo de guerra, y,
finalmente, el arte de la alfarería.
A medida que ascendemos en orden de tiempo y de la
evolución,
y descendemos en la escala de adelantos humanos,
las invenciones
se toman más sencillas y más directas en su
relación con necesidades primarias, y las instituciones es aproximan más y más
a la forma elemental dé una g ens compuesta de consaguíneos, bajo un jefe de su
propia elección, y a la de la tribu compuesta de gentes, bajo el gobierno de un
consejo de jefes. La condición de las tribus asiáticas
(19) Los estudios de Beckmann han levantado una
duda sobre la existencia
entre los griegos y latinos, de un verdadero
bronce, anterior al conocimiento de l
hierro. Sostiene que el electum" mencionado en la Ilíada", era una mezcla
de oro y plata ( History of Inventions",
edición Bohn, TI. 212), y que el stan
num" de los romanos, que se componía de plata
y plomo, era el mismo que el
kassiteron de
Homero (Ib. I, 217). Esta palabra ha sido interpretada general
mente como estaño. Al comentaj sobre la composición
designada bronce él ob
serva: En mi
opinión la mayor parte de estas cosas era fabricada de stan
num, propiamente nombrado, el que, con la mezcla de
metales nobles, y alguna
dificultad de fusión, se bacía más apto para el uso
que el cobre puro". (Ib. II,
213). Estas observaciones se limitaban a las
naciones del Mediterráneo, dentro
de cuya zona no se producía el estaño. Han sido
hallados en. Suiza, Austria,
Dinamarca y otras localidades del norte de Europa,
hachas, cuchillos, navajas
de afeitar, espadas, puñales y adornos personales
cuyo análisis revela que fueron fabricados de cobre y estaño, y por
consiguiente caen bajo la estricta defini ción de bronce. También fueron
hallados en circunstancias que indicaban una prelación con respecto al hierro.
LEWIS H. MORCAN
y europeas en este período (pues probablemente no
existían entonces
ni la familia aria ni la semítica), está
substancialmente perdida. Está representada por restos de arte antiguo entre la
invención de la al farería y la domesticación de acámales; e incluye los
pueblos que formaron los cúmulos de conchas en la costa del Báltico, los que
parecen haber domesticado el perro, y ningún otro animal.
Si se aprecia equitativamente la magnitud de las
conquistas del hombre en los tres sub-períodos de la barbarie, habrán de
estimarse inmensas, no solamente, por su número y valor intrínseco, sino tam
bién por el desarrollo mental y moral que necesariamente las acom pañó.
Remontando el prolongado ^período del salvajismo,
descartemos
del saber humano la organización en gentes,
fratrías y tribus; la fa milia sindiásmica; el culto de los elementos en su
forma más baja;
el lenguaje silabeado; el arco y flecha;
implementos de piedra y hueso; cestas de caña y de astillas; prendas de vestir
de pieles; la familia punalía; la organización a base de sexo; el pueblo
compuesto de un amontonamiento de viviendas; el arte de la embarcación con
inclu sión de la canoa de corteza y la ahuecada; el venablo o lanza con cabeza
de pedernal, y el mazo de guerra; implementos de pedernal
de la variedad más rústica; la familia
consanguínea, la palabra mono silábica, fetichismo; antropofagia; el
conocimiento del uso de fuego, y finalmente, el lenguaje de gestos (20).
El
origen del lenguaje ha sido investigado lo bástente lejos como para encontrar
graves dificultades en la solución del problema. Parece haber sido aban donado
por consenso general, como materia sin utilidad ni provecho. Es más
una cuestión de las leyes del desarrollo humano y
de las necesarias operaciones del principio mental, que de los materiales del
lenguaje. Lucrecio observa
que con sonidos y gestos los hombres del período
primitivo, significaban, tarta mudeando. sus pensamientos, unos a otros. (V.
1021). Él da por sentados que
el pensamiento precedió a la palabra, y que el
lenguaje de los gestos precedió
a la palabra articulada. El lenguaje de los gestos
o señas parece haber sido pri
migenio, la hermana mayor de la palabra articulada.
Es todavía la lengua uni versal de bárbaros, si no de salvajes, en su mutua
comunicación, cuando sus dia lectos no son los mismos. Los aborígenes
americanos han desenvuelto un len guaje semejante, demostrando así que cabe
construir ano adecuado para la co municación general. Como ellos lo usan es
ten gracioso como expresivo y
agrada su empleo. Es un lenguaje de símbolos
naturales, y de ahí que posea ios elementos de un lenguaje universal. Un
lenguaje de señas es más fácil de inven tar que uno de sonidos, y, desde que
se domina con mayor facilidad surge la presunción de que precedió a la palabra
articulada. A base de esta hipótesis los sonidos entrarían primero para
acentuar el gesto; y a medida que gradualmente adquirían un sentido
convencional, sustituirían hasta allá el lenguaje de señas o quedarían
incorporados a él. También tendería a desarrollar la capacidad de los órganos
vocales. No puede haber postulado más claro que aquel que el
gesto ha acompañado a la palabra articulada desde
su cuna. Es todavía inseparable de ella, y quizá encame, por supervivencia, los
restos de un primige nio hábito mental. Si el lenguaje fuera perfecto, un
gesto o ademán para ampliar o recalcar su sentido sería una falta. A medida que
descendemos por las grada-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 105
Cuando este trabajo de eliminación haya sido
realizado en el
orden en que las diversas adquisiciones fueron
logradas, nos habremos aproximado muy cerca del período de la infancia de la
existencia del hombre, cuando la humanidad iba aprendiendo el uso del fuego,
que hacía imposible una subsistencia a base de pescado y el cambio de
residencia, y se ensayaba en la construcción de un lenguaje articula do. En
una condición tan absolutamente primigenia, el hombre apa rece, no sólo como
un niño en la escala de la humanidad, sino tam bién poseedor de un cerebro en
el que ni un solo destello o concepto traducido por estas instituciones,
invenciones y descubrimientos, ha penetrado; en una palabra, se halla al pie de
la escala, pero, poten cialmente, es todo lo que ha llegado a ser después.
Con la producción de inventos y descubrimientos, y
con el de-sarrollo de instituciones, la mente humana necesariamente creció v se
extendió; y debemos reconocer un gradual aumento de la masa encefálica misma,
particularmente en su parte cerebral. La lentitud de este crecimiento mental en
el período ae salvajismo era inevitable por la extrema dificultad de hacer
surgir el invento más sencillo de la nada o de casi nada, qué auxiliara el
esfuerzo mental; y de descubrir alguna substancia o fuerza natural aprovechable
en tan ruda con dición de vida. No era menos difícil organizar la forma más
sencilla de sociedad a base de materiales tan poco dóciles y salvajes. Fuera
de duda, las primeras invenciones y las primeras
organizaciones so ciales fueron más difíciles de adquirir, y, por tanto, los
más largos intervalos de tiempo las separaban entre sí. Las sucesivas formas de
las familias ofrecen un ejemplo que resalta. En esta ley del progreso, que obra
en razón geométrica, se encuentra una prueba suficiente de la prolongada
duración del período del salvajismo.
Que la condición primitiva del hombre haya sido
fundamental
mente, la indicada, no es una opinión
exclusivamente reciente ni aun moderna. Algunos de los poetas y filósofos de la
antigüedad recono cieron la verdad de que el hombre se inició en un estado de
extrema rusticidad, del cual subió a pasos lentos y sucesivos. También caye
ron en cuenta de que el proceso de su desarrollo quedaba señalado por una serie
progresiva de inventos y descubrimientos, pero sin advertir, con igual
plenitud, el argumento más concluyente que apor tan las instituciones
sociales.
Se presenta ahora la importante cuestión de la
razón de este pro-
ciones del lenguaje hasta sus formas más toscas, el
elemento acción aumenta en
cantidad y variedad de formas hasta que hallamos a
la palabra tan dependiente
de las señas que sin ellas aquélla sería
substancialmcnte ininteligible. Creciendo y floreciendo hermanados a través del
salvajismo, y aun transcurrido un largo período dentro de la barbarie,
permanecen, en formas modificadas, unidos in disolublemente. Aquel que
pretendiera resolver el problema del origen de ¡a pa labra, haría bien en
buscar posibles indicios en e! lenguaje de señas.
106 LEWIS H. MORGAN
greso, que se vincula directamente con la de la
relativa duración de los diferentes períodos étnicos. El progreso humano, desde
su prin cipio a su estado actual, se ha realizado a base de una razón no rigu
rosa pero esencialmente geométrica- Esto salta a la vista en el cariz de los
hechos; y, teóricamente, no pudo haber sido de otro modo.
Toda brizna de saber absoluto conquistada, se hizo
factor de nuevas adquisiciones, hasta alcanzar la actual complejidad de los
conocimien tos. Por consiguiente, mientras el progreso era lo más lento en el
pe ríodo primero, y lo más rápido en el último, la suma relativa puede haber
sido la mayor en el primero, cuando se cotejan las conquistas de cada período.
Se puede sugerir, como de no improbable recono cimiento ulterior, que el
progreso del hombre en el período del salva jismo, con relación a la suma del
progreso humano, fue mayor en grado de lo que fue después en los tres
sub-períodos de barba
rie; y que el progreso conquistado en el período de
la barbarie fue, de la misma manera mayor en grado de lo que haya sido,
después, en el período entero de la civilización.
La cuestión de la relativa duración de estos
períodos étnicos es también objeto de especulación. No es asequible una medida
exacta.
más dilatado que el de la barbarie, como así
también, éste fue más prolongado que el de la civilización. Si partimos de la
base de cien mil años como la medida de la existencia del hombre sobre la
tierra, a fin de fijar la duración relativa de cada período y para este pro
pósito puede haber sido más larga o más breve , se verá enseguida que incumbe
asignar por lo menos sesenta mil años al período del salvajismo. Con esta
distribución, tres quintas partes de la vida de la porción más adelantada de la
raza humana, transcurrieron en el salvajismo. De los restantes años, veinte mil
o una quinta parte deben atribuirse al período inferior de la barbarie. Para
los periodos medio y superior quedan quince mil años, y restan más o menos
cinco mil años para el período de la civilización.
La relativa duración del período del salvajismo
está probable mente computada más bien en menos que en más. Sin entrar a dis
cutir los principios a que obedece la indicada distribución, se puede observar
que además del postulado desprendido de la progresión geométrica que
necesariamente rigió al desarrollo humano, se ha seguido universalmente una
escala graduada de progreso en los restos de arte antiguo, y se hallará que
esto es igualmente cierto de las ins tituciones. Es una conclusión de mucha
importancia en etnología,
que la experiencia del hombre en el salvajismo fue
más prolongada que toda su experiencia posterior, y que el periodo de
civilización cubre solamente una porción de la vida de la humanidad.
Dos familias del género humano, la aria y la
semítica, mediante
Ca SOCIEDAD PRIMITIVA 107
el cruce de troncos diversos, superioridad de
subsistencia o ventaja de posición, y posiblemente mediante la conjunción de
todo esto, fue ron las primeras en salir de la barbarie. Fueron
substanciaJmente las fundadoras de la civilización (21). Pero su existencia
como familias
distintas, indudablemente fue, en sentido
comparativo, un hecho ul terior.
Sus progenitores se confunden en la masa
indistinguible de los primeros bárbaros. La primera aparición segura de la
familia aria fue en relación con los animales domésticos, en cuya época eran un
solo pueblo en lengua y nacionalidad. No es probable que las fa milias aria y
semítica se hayan desenvuelto hasta la individualización con anterioridad al
comienzo del período medio de la barbarie, y
que su diferenciación de la masa de los bárbaros
haya ocurrido a través de su adquisición de animales domésticos.
La porción más adelantada de la raza humana fue
detenida, por
así decirlo, en ciertas etapas del progreso, hasta
que algún gran in vento o descubrimiento, tal como la domesticación de
animales o el proceso de fundición del hierro mineral, diera un nuevo y pujante
impulso hacia adelante. Mientras permaneciera así detenida, las tribus más
rústicas, avanzando siempre, se acercaban en diferentes grados de aproximación
al mismo estado; porque dondequiera que existiera una conexión continental,
todas las tribus deben haber par ticipado en alguna medida, de los progresos de
las otras. Todos los grandes inventos y descubrimientos se propagan solos; pero
las tribus inferiores deben haber apreciado su valor antes de poder
apropiárselos. En las regiones continentales, ciertas tribus tomarían la
delantera; pero la acción directiva estaría propensa a mudar de eje muchas
veces en el curso de un período étnico. La destrucción del vínculo étnico de
vida de tribus particulares, seguida de su de cadencia, debe haber detenido
por un tiempo, en muchos casos y en todos los períodos, la corriente ascendente
del progreso humano. Des de el período medio de la barbarie, sin embargo, las
familias aria y semítica parecen representar satisfactoriamente las- hebras
centrales
de este progreso, que en el período de la
civilización han sido gradual mente asumidas por la familia aria sola.
La exactitud de este postulado general puede tener
su ejemplo
en la condición del aborigen americano en la época
de su descubri miento. £1 inició su carrera en el continente americano, en el
salva jismo, y. no obstante una dotación inferior de cualidades mentales, su
gran mayoría había emergido del salvajismo y alcanzado el estadio inferior de
la barbarie, mientras una parte, los indios pueblos de Norte y Sudamérica,
habían ascendido al estadio medio. Habían do-
Se supone a
los egipcios remotamente relacionados con la familia semí
tica.
LEWIS H. MORGAN 108
mesticado la llama, el. único cuadrúpedo nativo del
continente, que prometía ser útil en el estado domesticado, y habían producido
el bronce por la aleación de cobre con estaño. Les faltaba sólo una in
vención, la mayor, el arte de fundir el mineral de hierro, para alcan zar el
estadio superior. Considerando la ausencia de todo vínculo con la parte más
adelantada de la familia humana en el hemisferio oriental, su progreso en el
propio desarrollo, sin ayuda desde el es tado salvaje, debe tenerse por notable.
Mientras el asiático, y el europeo aguardaban
pacientemente el regalo de los implementos de hierro, el indio americano se
aproxima ba a la posesión del bronce, que sigue al hierro, en orden
cronológico. Durante este período de progreso detenido en el hemisferio
oriental, el aborigen americano se adelantaba, no al estadio en que se le
encontró, pero lo suficientemente cerca para alcanzarlo mientras aquél
atravesaba el último período de la barbarie y el primero cuatro mil años de
civilización. Esto nos da la medida del tiempo en que se
habían retrasado respecto a la familia aria en la
carrera del progreso, a saber: la duración del período superior de la barbarie,
a la que ha brá que añadir los años de la civilización. Las familias aria y
ga-nowaniana juntas, ejemplifican la entera experiencia del hombre en los cinco
períodos étnicos, con excepción de la primera parte del período superior del
salvajismo.
El salvajismo fue el período formativo del género
humano. Co menzando en la nada respecto a saber y experiencia, carentes de
fue go, de la palabra articulada y de artes, nuestros salvajes progenitores
libraron la gran lucha, primero por su existencia y después por el progreso,
hasta ponerse a salvo de los animales feroces y lograr una subsistencia
permanente. De estos esfuerzos surgió, gradualmente, un lenguaje desarrollado y
la ocupación de la superficie entera de la tierra. Pero la sociedad estaba incapacitada
todavía para su organiza ción en número, debido a su rusticidad. Cuando la
parte más avan zada de la humanidad había salido del salvajismo y pasaba al
estadio inferior de la barbarie, la población entera del mundo debía ser
muy escasa en número. Los inventos primeros serían
los más difí ciles de lograr a causa de la flaqueza de la potencia de
razonamiento en abstracto. Cada aditamento de conocimientos alcanzados sería la
base de nuevos avances. Pero esto debe haberse mantenido apenas perceptible por
siglos y siglos, equilibrándose casi los obstáculos al progreso, con las
energías desplegadas para vencerlos. Las conquistas del salvajismo no
descuellan en carácter, pero representan una asom brosa cantidad de labor
persistente con medios endebles, continuada
a través de largos períodos de tiempo antes de
alcanzar un grado razonable de perfección. El arco y flecha ofrecen un ejemplo.
La inferioridad del hombre salvaje en la escala mental y moral,
no desarrollado, sin experiencia, sojuzgado por sus
bajos apetitos y
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 109
pasiones animales, bien que reconocida a disgusto,
se halla, sin em bargo, demostrada substancialmente por los restos de arte
antiguo en implementos de piedra y hueso, por su vida de caverna en deter
minadas zonas, y por sus restos osteológicos. Todavía hay vestigios en el
estado actual de tribus salvajes de poco desarrollo, olvidadas en regiones
aisladas de la tierra como recuerdos del pasado. Y, sin embargo, a este gran
período de salvajismo pertenece la formación de la palabra articulada y su
perfeccionamiento hasta el grado silá bico, la implantación de dos formas de
la familia, y, posiblemente, de una tercera, y la organización en gentes, que
dio la primera for ma de sociedad digna del nombre. Todas estas conclusiones
están contenidas en la proposición expuesta al principio, de que el hombre
inició su carrera al pie de la escala; lo que la ciencia moderna pre tende
estar probando, mediante el más prolijo y acabado estudio del hombre y de sus
obras (22).
De igual manera, el gran período de la barbarie se
destaca por cuatro sucesos de importancia preeminente, a saber: la
domesticación de animales, el descubrimiento de los cereales, el empleo de la
piedra en la arquitectura y la invención del proceso de la fundición de mine
ral dé hierro. Comenzando probablemente con el perro como com pañero de caza,
siguiendo en una época posterior con la captura de cachorros de otros animales
y criándolos, posiblemente sin un fin determinado, se requirió tiempo y experiencia
para descubrir la uti lidad de cada uno, el medio de multiplicarlos y adquirir
la fuerza de voluntad necesaria a fin de saber reservarlos para las épocas de
es casez. Si fuera dado conocer la historia especial de la domesticación de
cada animal, se exhibiría una serie de hechos maravillosos. El ensayo entrañaba
en sus dudosas probabilidades mucho del destino
posterior de la humanidad. El segundo de los hechos
mencionados, el logro de una alimentación farinácea por medio de los cultivos
debe tenerse como uno de los más grandes sucesos en la experiencia humana. Era
menos esencial en el hemisferio oriental, después de la domesticación de
animales, que en el occidental, donde fue instru mento para adelantar una gran
parte de los aborígenes americanos, hasta el estadio inferior, y otra parte
hasta el estadio medio de la barbarie. Si la humanidad no hubiese avanzado
jamás más allá de la última condición, no poseería los medios para llevar una
vida compa rativamente cómoda y feliz.
El tercer hecho, el empleo de adobe y piedra en la
edificación,
permitió alcanzar un régimen mejorado de vida
eminentemente apto
para estimular las capacidades mentales y crear los
hábitos del traba
jo, la fuente fértil de los adelantos. Pero en su
relación con la alta
carrera de la humanidad, el cuarto invento debe ser
tenido por el
Oriental
and Linguistic Studies , de Whitney, pág. 341. l i o LEWIS H. MORGAN
más grande en la experiencia humana, preparatorio
de la civilización.
Cuando el bárbaro, avanzando paso a paso, hubo
descubierto los me
tales nativos y hubo aprendido a fundirlos en
crisoles y formarlos
en moldes, cuando hubo hecho la aleación de cobre
nativo con es
taño, y producido el bronce, y, finalmente, cuando
por un esfuerzo
todavía más potente del pensamiento hubo inventado
el homo, y
sacado hierro del mineral, los nueve décimos de la
lucha por la civi
lización estaban ganados (23).
Provistos de instrumentos de hierro capaces de
conservar filo y punta, el hombre tenia la seguridad de alcanzar la
civilización. La producción del hierro fue el acontecimiento de los
acontecimientos en la experiencia humana, sin paralelo y sin igual al lado del
cual todo otro invento o descubrimiento era de poca consideración, o por lo
menos subalterno. Dio el martillo y yunque metálico, el hacha
y el formón, el arado de reja de hierro, la espada
de hierro; en suma, las bases de la civilización, que se puede decir descansa
sobre este metal. La falta de implementos de hierro detuvo el progreso del hom
bre en la barbarie. Ahí hubiera quedado hasta la hora presente si hubiese
fracasado al intentar salvar el obstáculo. Parece probable que la concepción
del proceso de fundir el mineral de hierro, vino una sola vez al hombre. Sería
una singular satisfacción si nos fuera dado saber a cjué familia y tribu debemos
este, conocimiento, y con él, la civilización. En este tiempo la familia
semítica estaba más adelantada
S ue la aria, y a la cabeza de la raza humana. Ella
dio al hombre el Ifabeto fonét ico, y también probablemente el conocimiento del
hierro.
En la época de los poemas de Homero, las tribus
griegas habían alcanzado inmensos progresos materiales. Todos los metales
comunes eran conocidos, inclusive el proceso de la fusión de minerales, y,
probablemente, el de convertir el hierro en acero; los principales cereales
habían sido descubiertos, junto con el arte de la agricultura y el uso del
arado en la labranza de campos; el perro, el caballo, el
(23) M. Quiquerez, un ingeniero suizo, descubrió en
el cantón de Berna,
los restos de un número de hornos en las faldas de
las colinas para la fusión de mineral de hierro; juntamente con implementos,
fragmentos de hierro y carbón de leña. Para construir uno se bacía una
excavación en la ladera de la colma, y en ella un molde de arcilla, con una
chimenea en forma de bóveda para crear el tiro. No se han encontrado indicios
del uso de un fuelle. Los moldes
parecen haber sido cargados con capas alternadas de
mineral pulverizado y carbón de leña, manteniéndose la llama por el abaniqueo.
El resultado era una masa esponjosa de mineral parcialmente fundido, que
después se consolidaba
a martillo. Fue bailado un depósito de carbón de
leña debajo de una capa de turba de veinte pies de espesor. No es probable que
estos hornos fuesen coetá neos con el conocimiento del proceso de ía fundición
de mineral de hierro; pero sí que fuesen copias ajustadas del homo primero.
Véase "Primitive Man", de Figuier, edición Putnam, pág. 301.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 111
asno, la vaca, el cerdo, la oveja y la cabra habían
sido domesticados
en rebaños y manadas, como se ha expuesto. La
arquitectura había
producido una vivienda de materiales -duraderos que
contenía depar
tamentos separados (24), y compuesta de más de un
piso (25); la cons
trucción de embarcaciones, armas y géneros
textiles, la fabricación
del vino de uva, el cultivo de la manzana, la pera,
el olivo y la higue
ra (26), conjuntamente con ropajes más cómodos, e
implementos y
utensilios provechosos habían sido producidos y
entregados al uso
humano.
Pero la historia más antigua de la humanidad estaba
perdida en las edades que habían dejado de ser. La tradición remontaba a urna
anterior barbarie que aquélla era incapaz de penetrar. El lenguaje había
alcanzado un desarrollo tal que la poesía de la más alta forma
estructural, estaba por personificar a las
inspiraciones del genio. Las postrimerías del período de la barbarie habían
conducido a esta parte de la familia humana hasta los umbrales de la
civilización, alentada por las grandes conquistas del pasado, hecho notable e
inteligente de la experiencia. Mientras que la condición de la sociedad en este
período era comprendida por los escritores griegos
y romanos de
fecha posterior, el estado anterior, con su cultura
y experiencia dis
tintivas, se hallaba tan hondamente oculto a su
comprensión como a la nuestra; salvo que, ocupando ellos un punto de mira más
cercano en orden de tiempo, pudieron apreciar con más claridad las relaciones
del pasado con el presente. Les era evidente que existía cierta suce sión en
la serie de invenciones y descubrimientos, como también cier to orden en el
desenvolvimiento de instituciones a través de las cuales la humanidad había
adelantado desde el estado salvaje hasta la era
de Homero; pero el inmenso intervalo de tiempo
entre las dos con diciones no parece haber sido siquiera materia de
consideración es peculativa.
PaJaeio
de Príamo. II. VI, 242.
Casa
de Ulises. Od., XVI, 448.
Od.,
VH, 115.
SEGUNDA PARTE
DESENVOLVIMIENTO DEL CONCEPTO DE GOBIERNO
I
ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD A BASE DE SEXO
Al discurrir sobre el desenvolvimiento del concepto
de gobierno, la organización en gentes a base de afinidad de parentesco parece
indicarse naturalmente como esqueleto arcaico de la antigua sociedad; pero
existe todavía una organización, más vieja y arcaica, la de cate gorías a base
de sexo, que reclama, en primer término, la atención. No será tomada como tema
por su novedad en la experiencia bunoa-
na sino por la razón más elevada de que parece
contener el principio
germinal de la gens. Si esrta conjetura es
afianzada por los hechos, dará a esta organización en clases de varones y de
mujeres, todavía en plena vida entre los aborígenes de Australia, una antigua
difu sión tan amplia en las tribus humanas como la misma organización primaria
en gentes.
Se. observará bien pronto, que en lo más bajo del
salvajismo, la comunidad de marido y mujer, dentro de limites fijos, era el
principio central del régimen sociaL Los derechos y privilegios maritales (fura
conjugialia) (27) establecidos en el grupo se desenvolvieron en un excelente
plan, que se convirtió en principio orgánico sobre el que la sociedaa estaba
constituida. De la naturaleza de] caso resultó que estos derechos y privilegios
echaron raíces tan hondas que 'a eman cipación de su tutela se realizó lentamente,
mediante movimientos que resultaron ser reformas no previstas. De acuerdo con
esto, se comprobará que la familia ha evolucionado desde una forma más
baja a una más alta, a medida que los alcances de
este sistema con yugal sufrieron reducción progresiva.
La familia, comenzando con la consanguínea, fundada
en el inter-
(27) Los romanos hacían distinción entre el
"connubiuen , que se referia
al matrimonio como institución civil, y el
conjusium", que era. una mera unión física.
116 LEWIS H. MORCAN
cambio matrimonial de hermanos y hermanas dentro de
un grupo, pasó a la segunda forma, la punalúa, bajo un régimen social afín a
las categorías australianas, que deshizo la primera especie de ma trimonio
mediante la substitución de grupos de hermanos que par ticipaban en común de
las esposas, y grupos de hermanas que par ticipaban en común de los esposos,
realizándose en ambos casos el matrimonio dentro del grupo. La organización de
clases a base de sexo, y la posterior y más alta organización de gentes a base
de pa rentesco, debe ser tenida como resultante de grandes movimientos
sociales elaborados inconscientemente por selección natural Por es tas
razones, el sistema australiano que vamos a exponer, merece atenta
consideración, por más que nos hace descender a un grado inferior de la vida
humana. Él representa una fase notable de la an tigua historia social de
nuestra raza.
La organización en categorías a base de sexo, y la
organización inicial en gentes a base de parentesco, impera en la actualidad
entre aquella porción de los aborígenes australianos que hablan la lengua
kamilaroL Habitan el distrito del río Darling, al norte de Sydney. También
ambas organizáciones se encuentran en otras tribus austra lianas, y tan
difundidas como para dar probabilidad a su antiguo predominio universal entre
ellas. Salta a la vista, por ciertas conside raciones internas, que las
categorías de varones y mujeres son más antiguas que las gentes; primero,
porque la organización gentilicia
es de orden más elevado que la de categorías; y
segundo, porque aquélla entre los kamüaroi, está por sobreponerse a ésta. La
categoría en sus ramas de varón y de mujer, es la base unitaria de su régimen
social, cuyo sitio pertenece en aerecho a la gens cuando se halla en pleno
desenvolvimiento. De ahí que se nos presenta una notable com binación de
hechos, a saber: una organización sexual y una gentili cia coexistentes,
correspondiendo a aquélla la posición central, y a ésta una originaria, pero
adelantando hacia su integración a base de invasiones sobre la otra.
Esta organización a base de sexo no ha sido
comprobada hasta
ahora en tribu alguna de salvajes, fuera de
Australia, pero el lento desarrollo de estos isleños en su comarca apartada, y
el carácter más arcaico de la organización a base de sexo que la de a base de
gentes,
sugiere la idea de que aquélla puede haber sido
universal en las ramas de la familia humana, que más tarde reconocía la
organización en gentes. A pesar de que el régimen de categorías, estudiado en
de talle, ofrezca complicaciones sorprendentes, compensará el estudio que
demande su dominio. Como curiosa institución social entre salva jes posee poco
interés, pero como la forma más primitiva de sociedad hasta ahora descubierta,
y más especialmente, con la probabilidad de que los remotos antepasados de nuestra
propia familia aria, en un
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 117
tiempo reconocieron una organización similar,
adquiere importancia y puede resultar instructiva.
Los australianos ocupan un puesto inferior al de
los polinesios, y muy abajo del de los aborígenes americanos. Se hallan
colocados por debajo del negro africano y próximos al pie de la escala. De ahí
que sus instituciones sociales deban aproximarse al tipo primario tan ajus
tadamente como las de cualquier otro pueblo existente (28).
Como la gens será el asunto del capitulo que sigue,
ella será tra tada en éste sin discutirla, y, únicamente, para la necesaria
explica ción de las categorías.
Los kamilaroi están divididos en seis gentes
colocadas, con rela ción al derecho matrimonial, en dos divisiones, como
sigue:
1)
Iguana (Duli); 2) Canguro (Murriña); 3) Zorra Mochilera (Mute).
4)
Emu (Dinoun); 5) Bandicoot (Bilba); 6) Víbora negra (Nurai).
Al principio no era permitido, a las tres primeras
gentes, el inter cambio matrimonial entre ellas, porque eran subdivisiones de
una gens originaria, pero podían realizar el' matrimonio con cualquiera de las
otras gentes y viceversa. Esta antigua regla ha sido modificada entre los
Kamilaroi en ciertos detalles definidos, pero sin llevar la modificación hasta
consentir el matrimonio del individuo dentro de
su gens. Ni el varón ni la mujer pueden contraer,
enlace con un miem bro de su propia gens, siendo absoluta esta prohibición. El
linaje se considera por la línea materna; los hijos pertenecen a la gens de su
madre. Éstas son características esenciales de la gens, dondequiera se
encuentre la institución en su forma arcaica. En sus formas exter nas, pues,
es perfecta e íntegra entre los kamilaroi.
Pero existe todavía otra y más antigua división de
la sociedad en ocho categorías, cuatro de las cuales se componen exclusivamente
de varones y cuatro exclusivamente de mujeres. Es regida por un regla mento en
relación al matrimonio y linaje, que obstaculiza la gens, y demuestra que la
organización más reciente se halla en proceso
de integración hacia su verdadera forma lógica. Una
sola de las cua tro categorías de varones puede casar con una sola de las
cuatro
Los
detalles del régimen australiano se los debo al Rev. Lorimer Fi-son. un
misionero inglés en Australia, quien recogió una pane de ellos del Rev. W.
Ridley, y otra de T. E. Lance, ambos de tos cuales habían pasado mu chos años
entre los aborígenes australianos y gozaron de oportunidades excelen tes de
observación. Fison acompañó el informe de un análisis y estudio crítico del
sistema, que, con observaciones del autor fueron publicados en Proceedings ot
the Am. Acad, of Arts and Sciences for 1S72". Véase vol. VHL pág. 412.
En Primitive Marriage , de McLennan, se da una
breve noticia de las ca tegorías kamilaroi, pág. 118; y en Early History of.
Mankind", de Tyior, página 288.
IZTWIS H. MORGAN
categorías de mujeres. De esto resulta que,
teóricamente, todos los varones de una categoría son maridos de todas las
mujeres de la cate goría dentro de la cual les está permitido el matrimonio.
Además,
si el varón pertenece a una de las tres primeras
gentes, la mujer debe pertenecer a una de las tres opuestas. De esta suerte, el
matrimonio se restringe a una porción de los varones de una gens, con una por
ción de las mujeres de otra gens, lo que está en contradicción con la verdadera
teoría de la institución gentilicia, pues a todos los miem bros de cada gens
debería estarles permitido casar con miembros del sexo opuesto, en todas las
gentes, salvo la propia. Las categorías son las siguientes:
Todos los ippais de cualquier gens, son hermanos
entre sí. Son teóricamente descendientes de un antepasado femenino común. Idén
tica cosa para con los kumbos, los mums y los kubbis, respectivamen te, y por
la misma razón. De igual modo todas las ippatas, de cual quier gens, son
hermanas entre sí, por idéntica razón, y lo mismo rige para las butas, las
matas y las kapotas, respectivamente. En se gundo lugar, todos los ippais e
ippatas, son hermanos entre sí, sean de la misma madre o de consanguíneos colaterales,
y de la gens que fuesen. Los kumbos y las butas son hermanos, y así pasa con
los raurri y las matas, y con los kubbis y las kapotas, respectivamente. Si se
encuentran un ippai y una ippata, quienes jamás se han visto antes, se tratan
asimismo de hermano y hermana. Es así, pues, que los kamilaroi están
organizados en cuatro grandes grupos primarios de hermanos y hermanas, estando
compuesto cada grupo de una rama masculina y una femenina, pero entremezclados
en la zona de su ocu pación. Fundada sobre el sexo en vez del parentesco, es
más antigua que las gentes y más arcaica, vuelvo a repetir, que cualquier forma
ae sociedad conocida basta aquí.
Las categorías encaman el germen de la gens, pero
no alcanzan
a su realización. En realidad los ippais y las
ippatas forman una sola categoría en dos ramas, y puesto que no pueden casar
entre ellos, formarían la base de una gens, si no fuera que caen bajo dos nom
bres, cada uno de los cuales es integral para ciertos efectos, y por la otra
razón de que sus hijos toman nombres diferentes de los suyos. La división en
categorías es a base de sexo y no de parentesco, y tiene
Varones: Mujeres:
Ippai.
-
Kumbo
Murri.
Kubbí.
Ippata.
Buta.
Mata.
Kapota
l a sociedad prim itiva 119
su relación primaria con una regla de matrimonio
tan notahle como original.
Desde que no es permitido el matrimonio entre
hermanos, las categorías se hallan entre sí, en un orden diferente con
referencia al derecho de matrimonio, o más bien de cohabitación, lo que expresa
mejor la relación. Así era la ley originaria, a saber: Ippai puede casar con
kapota, pero con ninguna otra.
Kumbo puede casar con mata, pero con ninguna otra.
Murri puede casar con buta, pero con ninguna otra.
Kubbi puede casar con ippata, pero con ninguna
otra.
Este plan excluyente ha sido modificado en un
detalle, como aquí se expondrá, a saber: dar a cada categoría de varones el
derecho de matrimonio con una categoría adicional de mujeres. Este hecho cons
tituye una evidencia de la invasión de la gens en la categoría, v tiende a la
caída de ésta.
Resulta de lo expuesto que cada varón, en la
elección de mujer, queda circunscrito a la cuarta parte de todas las mujeres
kamilaroi. Esto, sin embargo, no es la parte notable del sistema. En teoría,
toda kapota es mujer de todo ippai; toda mata es mujer de todo kumbo; toda buta
es mujer de todo murri y toda ippata es mujer de todo kubbi. La información
sobre este punto material es específica. Fison, a quien ya nos hemos referido,
después de hacer notar que Lance 'había mantenido larga comunicación con los indígenas,
habiendo vivido entre ellos muchos años en establecimientos ganaderos sobre
el rio Darling, y en regiones más distintas , cita
de su carta lo que sigue: Si un kubbi se encuentra con una ippata extraña, se
saludan con el tratamiento de Goleer = Esposo o Esposa... Un Kubbi que
así se encontrara con una ippata, aun cuando ella
fuera de otra tribu, la trataría como a su esposa, y su derecho para proceder
así sería reconocido por la tribu de ella. Por consiguiente, también sería es
posa suya toda ippata dentro del círculo de sus relaciones. Aquí encontramos,
en una forma directa y definida, el matrimo
nio punalúa en un grupo de inusitada extensión,
pero fraccionado en agrupaciones menores, cada una de las cuales es la
representación, en miniatura, del total, unidas por la vivienda y subsistencia.
De acuerdo con el sistema expuesto, una cuarta parte de todos los va rones
están unidos conyugalmente con una cuarta parte de todas las mujeres de las
tribus kamilaroi. Este cuadro de vida salvaje no de biera conmover el
espíritu, porque para ellos era una forma de rela ción matrimonial y, por
tanto, exenta de incorrección. No es más que una extensión déla poligamia y la
poliandria, las que, dentro de límites más estrechos, han imperado
universalmente entre tribus sal vajes. La comprobación del hecho aún existe,
en forma inconfun dible, en sus sistemas de consanguinidad y de afinidad, que
han so-
LEWIS H. MOBGAN
brevivido a las costumbres y usos que les dieron
origen. Se notará que este sistema de matrimonio no dista más que un paso de la
pro miscuidad, pues equivale a ésta, con la añadidura de un método. Sin
embargo, desde que es materia de reglamentación orgánica se aleia mucho de la
promiscuidad general. Además, revela un estado real ae matrimonio y de familia,
del que sin los hechos no se podría formar un concepto adecuado. Suministra la
primera evidencia directa de un estado social, que antes se había deducido como
sumamente pro bable, de sistemas de consanguinidad y afinidad (29). Mientras
los hijos permanecían en la gens de la madre, pasaban a otra categoría dentro
de la misma gens, distinta de la de cualquiera de sus padres. Esto se
comprenderá mejor mediante la tabla que sigue: Varón Mujer Varón Mujer
Ippai casa con kapota. Sus hijos serán murrí y
mata.
Kumbo casa con mata. Sus hijos serán kubbi y
kapota.
Murri casa con huta. Sus hijos serán ippai e
ippata.
Kubbi casa con ippata. Sus hijos serán kumbo y
buía.
Si se siguen estas descendencias se verá que, en la
línea femeni na, kapota es la madre de mata, y mata, a su vez, es madre de
kapo-*ta; así, ippata es madre de buta y ésta, a su vez, madre de ippata. IRige
otro tanto para las categorías de varones, pero desde que el li naje
corresponde a la línea femenina, las tribus kamílaroi descienden
>de dos supuestos antepasados femeninos, los que
dieron los cimien tos a las dos gentes originarias. Siguiendo todavía más allá
el rastro de estas descendencias, se encontrará que la sangre de cada catego
ría pasa por todas las categorías.
A pesar de que cada individuo lleva uno de los
nombres de las categorías ya citadas, se ha de entender que cada cual tiene,
además, el nombre personal único, que es común entre las tribus salvajes tanto
como entre las bárbaras- Cuando más de cerca se escudriña esta organización a
base de sexo, tanto más notable se presenta como obra de salvajes. Una vez
establecida y transmitida a través de po cas generaciones, se habría apoderado
de tal manera de la sociedad que habría sido difícil desarraigarla. Se hubiera
necesitado un siste ma similar y más alto, y siglos de tiempo para lograr este
resultado, sobre todo si por ello quedaba reducido el alcance del sistema con
yugal.
La organización gentilicia sobrevino naturalmente
sobreponién dose a las categorías como organización más elevada, mediante su
simple envoltura sin alteración. Que fue posterior en orden a tiempo lo
comprueban las relaciones de los dos sistemas, el estado incoactivo
Systems
of Consanguinity and Affinity of the Human Family . (Smithsonian Contributions
to Knowledge). Vol. XVII, pág, 420 y sig.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 121
de las gentes, la condición deteriorada de las
categorías a causa de las usurpaciones de la gens y el hecho de que la
categoría es todavía la unidad de organización. Estas conclusiones serán
puestas en evi dencia más adelante.
De las exposiciones precedentes se comprenderá la
composición
de las gentes en su relación con las categorías.
Éstas son en parejas de hermanos y hermanas derivados unos de otros; y las
gentes mismas, por medio de las categorías, están en parejas, como sigue:
Gentes Varón Mujer Varón Mujer
Iguana:
todos son Murri y Mata o Kubbi y Kapota.
Emú: todos
son Kumbo y Buta o Ippai e Ippata.
Canguro:
todos son Murri y Mata o Kubbi y Kapota.
Bandicoot:
todos son Kumbo y Buta o Ippai e Ippata.
Zorra
Mochilera: todos son Murri y Mata o Kubbi y Kapota.
Víbora
negra: todos son Kumbo y Buta o Ippai e Ippata.
La vinculación de los niños con una gens particular
deriva de la ley matrimonial. Así, iguana-mata debe casar con kumbo; sus hijos
son kubbi y kapota, y necesariamente de la gens iguana, porque el linaje corre
por la línea femenina. Iguana-kapota debe casar con ippai; sus hijos son murri
y mata, y de la gens iguana, por la misma razón. De la misma manera emu-buta
debe casar con murri: sus hi jos son ippai e ippata, de la gens emú.
Emu-ippata debe casar con kubbi; sus hijos son kumbo y buta, y también de la
gens emú. De esta manera se conserva la gens, manteniendo como miembros a los
hijos de todos sus miembros femeninos. Reza lo mismo y en un todo para cada una
de las restantes gentes. Se observará que cada gens se com pone teóricamente
de los descendientes de dos supuestas antepasadas y contiene cuatro de las ocho
categorías. Parece probable que origi nariamente sólo había dos categorías de
varones y dos de mujeres, colocadas frente a frente con relación al derecho de
matrimonio, y que más tarde estas cuatro se subdividieron en ocho. Es evidente
que las categorías como organización más antigua fueron arregladas den tro de
las gentes y no formadas por la subdivisión de éstas.
Además, desde que las gentes iguana, canguro y
zorra mochilera
resultan ser contraparte una de otra, en las
categorías que contie
nen, se sigue que son subdivisiones de una gens
originaria. Precisa
mente reza lo mismo para las emu, bandicoot y
víbora negra, en
ambos sentidos; reduciendo así las seis a dos
gentes primitivas, cada
una con el derecho de casarse en la otra, pero no
dentro de sí misma.
Lo corrobora el hecho de que originariamente los
miembros de las
tres primeras gentes no podían casarse entre sí ni
tampoco los de las
últimas tres. La razón por la que se prohibía el
matrimonio dentro
122 LEW IS M. MORGAN
de la gens cuando las tres eran una, regiría
también para las subdi visiones, porque eran del mismo linaje, bien que bajo
nombres gen tilicios distintos. Precisamente el mismo sistema se encuentra
entre los séneca-iroqueses, como se expondrá más adelante.
Desde que el matrimonio es restringido a
determinadas categorías en el tiempo en que había solamente dos gentes, la
mitad de las mu jeres de una eran, teóricamente, las esposas de la- mitad de
los varones en la otra. Después de su subdivisión en seis, la ventaja de
casarse fuera de la gens, que era el principal beneficio de la institución, no
quedó paralizada sino neutralizada por la presencia de las categorías
juntamente con las restricciones expuestas. Esto dio por resultado
el continuo intercambio matrimonial dentro de la
misma rama fuera del grado inmediato de hermano y hermana (30). Si la- gens
hubiese podido modificar las categorías se hubiera remediado en mucha parte
este mal.
La organización en categorías parece haberse
propuesto como único objeto suspender el matrimonio de hermanos con hermanas,
lo que constituye, probablemente, la explicación
del origen del siste ma. Pero desde que no iba más allá de esta abominación
particular, retuvo un sistema conyugal casi igualmente censurable, además de
modelarlo en una forma permanente.
Falta por mencionar una innovación sobre la
constitución origi
naría de las categorías, y en favor de la gens, que
revela un movimien to, aún latente, en el sentido del verdadero ideal de la
gens. Esto se
Si
se traza un diagrama de descendencias, por ejemplo, de ippai y ka-pota, y se
lleva hasta la cuarta generación, adjudicando a cada pareja inter mediaria dos
hijos, un varón y una mujer, se obtendrán los siguientes resultados: los hijos
de ippai y kapota son murri y mata. En su calidad de hermanos éstos
no pueden casarse entre sí. En el segundo grado,
los hijos de murri, casados con buta, son ippai e ippata, y los mata casados
con kumbo, son kubbi y kapota.
De éstos, ippai se casa con su prima kapota, y
kubbi se casa con su prima ippa-ta. Se notará que las ocho categorías son
reproducidas de dos en las generaciones segunda y tercera, con excepción de
kumbo y buta.
En el siguiente o tercer grado, hay dos murri, dos
mala, dos kumbo y dos buta; de los que los murri se casan con las batas, sus
primas segundas, y los kubbi con las mata, sus; prunas segundas. En la cuarta
generación hay cuatro de cada uno de ippai, kapota, kubbi c ippat3, que son
primos de tercer grado. De éstos los ippai se casan coa las kapota y los kubbi
con las ippata y sigue así de generación en generación. Un cuadro similar de
las restantes categorías matrimoniales daría resultados idénticos. Estos detalles
son engorrosos, pero ponen en claro e! becho de que en esta condición de
antigua sociedad, no so lamente se entrecasan, sino que se hallan forzados a
ello a causa de la organi zación a base de sexo. La cohabitación no seguiría
este curso invariable porque se casaba en grupo una entera categoría de varones
o mujeres, pero bajo el sis tema su efectividad debía ser constante. Quedaba
así anulado uno de los objetos principales logrados por la plena madurez de la
gens", a saber, la separación de una mitad de los descendientes de un
supuesto antepasado común, bajo la
prohibición al matrimonio, seguida del derecho de
casar en cualquier otra gens".
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 123
observa en dos hechos particulares: primero, al
consentirse el ma-irimonio en cada trío de gentes, unos con otros, en un grado
limitado; segundo, al consentirse el matrimonio con categorías antes prohibi
das. Así, ahora, iguana-murri puede casarse con mata en la gens canguro, su
hermana colateral, siendo así que originariamente se les restringía buta en las
opuestas tres. Así, iguana-kubbi se puede casar con kapota, su hermana
colateral Emu-kumbo se puede ahora casar
con buta, y emu-ippaí puede ahora casarse con
ippata de la gens víbora negra, contrariamente a las restricciones primitivas.
Cada categoría de varones en cada trío de gentes parece poder disponer ahora de
una categoría adicional de mujeres en las dos restantes gentes del mismo trío,
de la cual antes estaban excluidos. Sin embargo, la memoria enviada por Fison
no comprueba un cambio tan amplio como el que se acaba de exponer (31).
Esta innovación habría sido, toda ella, un
movimiento retrógrado si no fuera que tiende a echar abajo las categorías.
La orientación del progreso entre los kamilaroi, si
hay alguna
que se pueda tener en cuenta, iba de categorías a
gentes, seguida de una tendencia a hacer de éstas, en vez de las categorías la
unidad de la organización social. En este movimiento, el mencionado sistema
de cohabitación fue el elemento que resistía. Era
imposible el ade lanto social mientras no fuese reducido en su amplitud, lo
que era igualmente imposible mientras ¡as categorías, con los privilegios que
conferían, mantuviesen su plena vitalidad. La jura conjugialia que pertenecía a
estas categorías, era un peso muerto para los kamilaroi, v no emancipándose de
él, hubieran permanecido por otros centena res de años en la misma condición,
substancialmente, en que fueron hallados. Una organización algo semejante está
indicada por la pu-nalúa, de los hawaianos, que más adelante se explicará.
Dondequiera se descubra el estrato medio o inferior del salvajismo, quedan
reve lados regímenes de matrimonios de grupos enteros, bajo usos que
caracterizan los grupos, ya sea en forma absoluta, o ya en rastros tales que no
dejan casi lugar a duda, de que esta forma- de matrimonio
era normal en todo este período de la historia
humana. No tiene importancia que el grupo fuese, teóricamente, grande o
pequeño;
las exigencias de su condición fijarían un límite
práctico a las dimen siones de la agrupación reunida a base de esta costumbre.
Luego si
se comprueba que era ley del estado salvaje, la
comunidad de maridos v mujeres, y por tanto, el estado esencial de la sociedad
en el salva jismo, sería concluyente la deducción de nuestros propios
antepasados salvajes, partícipes en esta experiencia común de la raza humana.
Estos usos y costumbres contienen la explicación de la condición inferior de
los salvajes. Si no hubiesen quedado en sitios aislados de
"Proc.
Am. Acad. Arts and Sciences , VIII, 436. 124 LEWIS H. MORGAN
la tierra hombres en estado de salvajismo para
atestiguar la condición
primitiva de la humanidad en general, hubiera sido
imposible for
marse una concepción definida de lo que debe haber
sido. Surge,
desde luego, una inferencia importante, a
saber:[que las instituciones
del hombre han aparecido en una serie continuada y
progresiva, cada una de las cuales representa el resultado de movimientos de
transformación inconscientes para libertar a la sociedad de males
actuales.^Llevan estas instituciones el desgaste de los siglos, y para
su debida comprensión es necesario considerarlas
con esta condi ción. No se puede sentar que el salvaje australiano se halla
hoy al pie de la escala, pues sus artes e instituciones, por modestas que sean,
dicen lo contrario; tampoco existe base para suponer su degra dación desde un
nivel más alto, porque las comprobaciones de la experiencia humana no ofrecen
base verosímil para tal hipótesis.. Puede admitirse que existieron casos de
retroceso mental y físico en tribus y naciones, por razones conocidas, pero
ellos jamás inte rrumpieron el progreso general de la humanidad.
Todas las comprobaciones del saber y experiencias
humanas tien den a demostrar que La raza, como unidad, ha progresado
firmemente desde una condición más baja a una más alta. Las artes mediante
las cuales el salvaje mantiene su existencia, son
notablemente persis tentes. No se pierden jamás, hasta ser reemplazadas por
otras de grado más elevado. Mediante la práctica de estas artes y por la
experiencia cosechada por las instituciones sociales, el género humano ha
avanzado bajo una- ley necesaria de desarrollo, bien que su pro greso pueda
haber sido substancialmente imperceptible, durante si glos. Lo mismo pasaba
con las razas como con los individuos, aunque algunas tribus y naciones han
perecido por la desorganización de su vida étnica.
Las categorías australianas suministran el primero,
y hasta donde llegan los conocimientos de este autor, único caso, en que
podemos proyectar nuestra vista hasta las etapas incipientes de la organización
en gentes, y aun a través de ella, hasta una organización' anterior tan arcaica
como la arreglada a base de sexo. Entre otras tribus la gens parece haber
adquirido desarrollo a medida que sufría cerca-miento el sistema conyugal. El
hombre asciende en la escala y la familia avanza atravesando sus formas sucesivas,
a medida que aquellos derechos caen bajo los esfuerzos de la sociedad para
mejorar su organización intema.
Es posible que los australianos no hubiesen
realizado en millares de años el derrocamiento de las categorías, si no
hubiesen sido des cubiertos; mientras que tribus continentales más
favorecidas, hacía largo tiempo que habían perfeccionado la gens, desarrollándose
luego en sus diversas fases y dejándola, por último, de lado, al penetrar en la
civilización. Los hechos que comprueban la aparición de orga-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 125
nizaciones sociales sucesivas, tal como la basada
en el sexo y la ba sada en el parentesco, son del más alto valor etnológico.
El conoci miento de lo que indican es eminentemente apreciable, si en alguna
medida se ha de reconstruir la historia primitiva del hombre.
Las tribus polinesias no conocían la gens. pero se
descubren rastros en la costumbre punalúa hawaiana, de un régimen análogo
al de las categorías australianas. Las ideas
originales, independientes en absoluto de experiencia y conocimientos previos,
son necesaria mente escasas en número. Si fuera posible reducir la suma de las
ideas humanas a ideas originales no derivadas, espantaría el bajo número
resultante. El desarrollo es el método del progreso humano.
A la luz de estos hechos, algunas de las
excrescencias de la civili zación moderna, tal como el mormonismo, resultan
ser reliquias del antiguo salvajismo todavía no desarraigadas de la mente
humana. Poseemos el mismo cerebro, perpetuado por la reproducción, que
funcionaba en el cráneo de bárbaros y salvajes de tiempos remotos: y lo hemos
heredado cargado y saturado de los pensamientos, aspi raciones y pasiones que
lo trabajaban en los períodos intermedios. Es el mismo cerebro que ha crecido
en edad y en tamaño con la experiencia de los siglos. Estos estallidos de
barbarie son otras tantas
revelaciones de sus antiguas tendencias. Se
explican como una suerte de atavismo mental.
Todas las principales instituciones del hombre han
tenido su origen en los pocos gérmenes de pensamiento, concebidos en las eda
des primitivas. Iniciando su existencia en el período del salvajismo,
alterándose en el período de la barbarie, han continuado su marcha hacia
adelante a través del período de civilización. El desenvolvi miento de estos
gérmenes de pensamiento ha sido dirigido por una lógica natural, que constituía
un atributo esencial del mismo cerebro. Tan sin yerro ha ejecutado este principio
sus funciones en todas
las condiciones de la experiencia, y en todos los
períodos de tiempo, que sus resultados son uniformes, coherentes y de huella
distinguible en sus cursos. Estos resultados, por sí solos, rendirán, con el
tiempo, prueba acabada de la unidad de origen del hombre. La historia
mental del género humano, revelada por
instituciones, invenciones y descubrimientos, es presuntamente la historia de
una especie sola, perpetuada por individuos, y desarrollada por la experiencia.
Entre los gérmenes originarios del pensamiento, que hayan influido más
poderosamente sobre la mente humana, y sobre los destinos de la humanidad,
están los que se refieren al gobierno, a la familia, al len guaje, a la
religión y a la propiedad. Tuvieron su comienzo definido muy temprano en el
salvajismo, y una progresión lógica, pero no podrán tener consumación final,
porque siguen todavía progresando y deben progresar continuamente.
11
LA GENS IROQUESA
La experiencia humana, como ya se dijo, ha
desarrollado sólo dos planes de gobierno, empleando el término plan en su
sentido cientí fico. Ambos fueron organizaciones definidas y sistemáticas de
la sociedad. La primera y más antigua, fue una organización social, asentada
sobre las gentes, fratrías y tribus. La segunda y posterior en tiempo, fue una
organización política, afirmada sobre territorio y propiedad. Bajo la primera,
se creaba una sociedad gentilicia, en la que el gobierno actuaba sobre las personas
por medio de relaciones de gens a tribu. Estas relaciones eran puramente
personales. Bajo la segunda, se instituía una sociedad política-, en la que el
gobierno ac tuaba sobre las personas a través de relaciones territoriales, por
ejem plo: el pueblo, el distrito y el estado. Estas relaciones eran puramente
territoriales. Los dos planes diferían fundamentalmente. El uno per tenece a
la sociedad antigua y el otro a la moderna.
La organización gentilicia nos exhibe una de las
instituciones más antiguas y de más amplio dominio del hombre. Ella- suministró
el plan casi universal de gobierno de la antigua sociedad asiática, europea,
africana y australiana. Fue el instrumento por el cual la sociedad adquirió
organización y cohesión. Nacida en el salvajismo y perpetuándose a través de
los tres subperíodos de la barbarie, subsistió hasta la implantación de la
sociedad política, lo que no su cedió hasta después de iniciada la civilización.
La gens, fratría y tribu de los griegos y la gens, curia y tribu de los romanos
hallan su símil en la gens, fratría y tribu de los aborígenes americanos. De
igual manera el sept de los irlandeses, el clan de los escoceses, el phrara
de los albaneses y el ganas sánscrito, para no
extender más el paran gón, son los mismos que la gens del indio americano, que
ha sido generalmente llamada clan. Hasta donde llegan nuestros conocimien-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 127
tos, corre esta organización por el mundo antiguo
entero, en todos
los continentes, y fue traída hasta el período
histórico por aquellas tribus que alcanzaron la civilización.
Y no es esto todo. Dondequiera se halla la sociedad
gentilicia, es idéntica en estructura orgánica y en principios de acción; pero
mu dando de formas más bajas a otras más elevadas, con el adelanto progresivo
de los hombres. Estos cambios dan la historia del desen volvimiento de los
mismos conceptos originarios. Gens, genos y ganas en latín, griego y sánscrito
tienen todos por igual el significado pri mario de parentesco. Contienen el
mismo elemento que g igno, gigno-mai y ganamai, en las mismas lenguas, que
significa procrear, y asi implica en cada uno la inmediata descendencia común
de los miem
bros de una gens. De ahí que una gens sea un cuerpo
de consanguí neos que descienden de un antepasado común, distinguidos por un
nombre gentilicio y ligado por afinidades de sangre. Comprende solamente una
mitad de tales descendientes. Allá donde la descen dencia se sigue por la
linea femenina, como lo era umversalmente
en el período arcaico, la gens está constituida por
un supuesto ante pasado femenino y sus hijos, juntamente con los hijos de sus
descen dientes "femeninos a perpetuidad; y cuando la descendencia sigue
la línea masculina a la cual pasó después de la aparición de la pro piedad de
un supuesto progenitor varón y sus hijos, juntamente
con los hijos de sus descendientes varones, a
perpetuidad. El ape llido de familia, aun entre nosotros, es una supervivencia
del nombre gentilicio, con descendencia en la linea masculina, y transmitién
dose de la misma manera. La familia moderna, en cuanto la expresa
su apellido, es una gens no organizada, con el
vinculo de parentesco Toto y sus miembros tan dispersos como extendido se halle
el nombre de familia.
Entre las naciones mencionadas, la gens indicaba
una organización social de notable carácter, que había imperado desde una
antigüedad tan remota, que su origen se pierde en el tiempo. Fue también la
unidad de organización de un sistema de sociedad y gobierno, base fundamental
de la sociedad antigua. Esta organización no se cir cunscribía a las tribus de
habla latina-, griega y sánscrita, entre las cuales vino a ser institución tan
destacada. Ha sido encontrada entre otras tribus de naciones de La familia aria,
en las familias semítica, uraliana y turania, entre las tribus de Africa y
Australia, y entre las de los aborígenes americanos.
Reclama nuestra atención, en primer término, la
exposición de la constitución elemental de la gens, con sus funciones, derechos
y pri vilegios; después de lo cual se seguirán sus rastros, con la posible
amplitud, entre las tribus y naciones del género humano, para com probar por
cotejo, su unidad fundamental. Se verá entonces, que debe ser mirada como una
de Las instituciones primarias del hombre.
LEWIS H. MORGAN
Con el progreso de la humanidad, la gens ha pasado
por etapas sucesivas de desarrollo en su transición desde su forma arcaica
hasta su forma última. Principalmente estas transiciones se limitaban a dos:
primero, en cambiar la descendencia sacándola de la línea femenina, que era la
regla arcaica, como entre las gentes de Grecia y Roma: y segundo, modificando
la herencia de los bienes de un finado miembro-de la gens, quitándose a sus
gentiles, quienes la tomaban en el perío do arcaico, para darla primeramente a
sus parientes agnados, y fi nalmente, a sus hijos. Estos cambios, por leves
que parezcan, impli can un gran cambio de condición, como también un amplio
grado de desarrollo progresivo.
Originada en el período del salvajismo, y
perdurando a través,
de los tres subperíodos de barbarie, la
organización gentilicia- tuvo al
fin que ceder entre las tribus más adelantadas
cuando ellas alcanza
ron la civilización, cuyas necesidades aquélla era
incapaz de satis
facer. Entre los griegos y romanos, la sociedad
política se sobrepuso
a la .sociedad gentilicia, pero no antes de que se
iniciara la civiliza ción. El pueblo (y su equivalente, el barrio urbano) con
su propiedad fija, y la población que contuviera, organizada como cuerpo polí
tico, vino a ser la unidad y la base de un nuevo sistema de gobierno
radicalmente distinto. Luego de constituida la sociedad política, aquella
antigua y venerada institución, junto con la fratría y la tribu, nacidas de
ella, gradualmente sucumbieron. Será mi propósito, en el curso de esta obra,
detallar el progreso de esta organización, desde
su nacimiento en el salvajismo hasta su
desaparición Snal en la civi lización; pues fue bajo instituciones gentilicias
cuando la barbarie fue alcanzada por .algunas tribus humanas que se hallaban en
el salvajismo, y cuando la civilización fue comprendida por descendien tes de
algunas de esas mismas tribus que se hallaban en la barbarie. Las instituciones
gentilicias transportaron una parte del género hu mano del salvajismo a la
civilización.
Esta organización se presta a ser estudiada con
éxito, tanto en su forma existente como en la histórica, en un gran número de
tribus y razas. En una investigación tal, es preferible comenzar con la gens en
su forma arcaica, y luego seguir su proceso en sus modificaciones sucesivas en
naciones adelantadas, para poner en claro tanto las mu taciones como sus
causas generadoras. Comenzaré, por tanto, con la gens tal como hoy existe entre
los aborígenes americanos, donde se presenta en su forma arcaica, y entre los
cuales su constitución-teórica y su funcionamiento práctico pueden ser
estudiados con más éxito que en las gentes históricas de los griegos y romanos.
En verdad, para la plena comprensión de las gentes de estas naciones, es suma
mente necesario el conocimiento de las funciones, y de los derechos,
privilegios y obligaciones de los miembros de la gens del indio ame ricano.
LA SOCIEDAD PRIMTITVA 129
En la etnografía americana, tribu y clan han sido
empleados en
lugar de gens, como términos equivalentes, por no
haber percibido su
universalidad. En obras anteriores, y siguiendo a
mis predecesores,
los he empleado así (32). El cotejo del clan indio
con la gens del
griego o del romano descubre de inmediato su
identidad de estruc-
tura y funciones. También se extiende a la fratría
y tribu. Si se puede
demostrar la identidad de estas diversas
organizaciones, acerca de lo cual no cabe duda, hay manifiesta propiedad en
volver a las ter minologías latinas y griegas, que son completas y precisas,
además de históricas. He hecho aquí las sustituciones necesarias, y me pro
pongo demostrar el paralelismo de estas diversas organizaciones. El plan de
gobierno de los aborígenes americanos comenzó con
la gens y terminó con la confederación, siendo ésta
el nivel más alto alcanzado por sus instituciones gubernamentales. Dio para
seríes or gánicas: primero, la gens, un cuerpo de consanguíneos dotados de un
nombre gentilicio común; segundo, la fratría, una reunión de gentes vinculadas
y unidas en una asociación de orden más elevado, para ciertos objetos comunes;
tercero, la tribu, una reunión de gentes comúnmente organizadas en fratrías,
cuyos miembros hablaban el mismo dialecto; y cuarto, una confederación de
tribus, cuyos miem bros respectivamente hablaban dialectos del mismo tronco
lingüístico. Esto vino a dar una sociedad gentilicia (sociatas) distinta de una
so ciedad política o estado (civitas). La diferencia entre las dos es .am
plia y fundamental. Cuando fue descubierta América, no existía en ella'
sociedad política, ciudades, estados ni civilización. Medió un
período étnico entero entre las más adelantadas
tribus americanas
y el comienzo de la civilización, en la acepción
propia del término. De idéntica manera, el plan de gobierno de las tribus
griegas,
con anterioridad a la civilización, envolvía la
misma serie orgánica, con excepción del último miembro: primero, la gens, un
cuerpo de consanguíneos respondiendo a un nombre gentilicio común; segundo,
la fratría, una reunión de gentes unidas con fines
sociales y religio sos; tercero, la tribu, una reunión de gentes de un mismo
linaje, organizadas en fratrías; y cuarto, una nación, reunión de tribus coa
ligadas en una sociedad gentilicia y en un territorio común, como las cuatro
tribus atenienses en Ática, y las tres tribus dóricas en Esparta. La coalición
era un proceso más adelantado de la confede ración. En este caso las tribus
ocupaban territorios independientes. El plan y las series romanas eran los
mismos: primero, la gens.
En Letters on the Iroquois by Sknenandoah ,
publicada en el Ame
rican Review en 1847; en la League of the Iroquois,
publicada en 1851 y en ¦"Systems of Consanguinity and Affinity of the
Human Family , publicado en 1871 ( Smithsonian Contributions to Knowledge ,
vol. XVII), he empleado tri bu como equivalente de gens", y en su
reemplazo, pero con una definición precisa del grupo.
130 LEWIS H. MORGAN
un cuerpo de consanguíneos respondiendo a un nombre
gentilicio común; segundo, la curia, una reunión de gentes unidas en una aso
ciación más adelantada para la realización de funciones religiosas y
administrativas; tercero, la tribu, una reunión de gentes organizadas en
curias; y cuarto, una. nación, reunión de tribus fusionadas en una sociedad
gentilicia. Los romanos de los primeros tiempos se decían, con entera
propiedad, Populus Romanus.
Dondequiera hayan prevalecido las instituciones
gentilicias y an
tes de la implantación de la sociedad política,
hallamos a los pueblos o naciones en sociedades gentilicias, y nada más allá.
El estado no existía. Los gobiernos eran esencialmente democráticos, porque los
principios sobre que descansaban la gens, la fratría y la tribu, eran
democráticos. Este último postulado aunque en contradicción con la opinión
corriente, es de importancia histórica. Su exactitud puede ser sometida a
prueba al considerar sucesivamente la gens, la fratría y la tribu de los
aborígenes americanos, y las mismas organizaciones entre los griegos y romanos.
Como la gens, unidad de la organización, era esencialmente democrática,
necesariamente lo era también la fratría, compuesta de gentes, la tribu
compuesta de fratrías, y la so ciedad gentilicia, creada por la confederación
o unión de tribus.
La gens, a pesar de ser una organización social muy
antigua asen tada sobre parentesco, no incluye a todos los descendientes de un
antepasado común. La causa está en que cuando se implantó la gens no se conocía
aún el matrimonio entre dos individuos solamente y
la descendencia por la línea masculina no se podía
individualizar con seguridad. Les parientes se vinculaban mayormente por su
descen dencia materna. En la gens antigua el linaje se circunscribía a la
línea femenina. Comprendía todas las personas que derivasen su descendencia de
un supuesto antepasado femenino común, a través
de las mujeres, cuyo testimonio consistía en la
posesión de un nombre gentilicio común. Incluiría a esta antepasada y sus
hijos, los hijos de las hijas de ellas, y los hijos de sus descendientes
femeninos, a perpetuidad; mientras que los hijos de los hijos varones de ella,
por la linea masculina, pertenecían a otras gentes, a saber, a las de sus
respectivas madres. Tal era la gens en su forma arcaica, cuando no se podía
precisar la paternidad de los niños, y su maternidad ofrecía
el único criterio cierto de descendencia.
Este régimen de descendencias, que puede ser
seguido retrospec tivamente basta el estadio medio del salvajismo, cpmo entre
los aus tralianos, perduró entre los aborígenes americanos a través del
estadio superior del salvajismo y en el transcurso del estadio inferior de la
barbarie, con excepciones ocasionales. En el estadio medio de la barbarie, las
tribus indias comenzaron a mudar la descendencia, de
la línea femenina a la masculina, a medida que la
familia sindiásmica del período comenzó a tomar características de monógama. En
el es-
LA SOCIEDAD P REMITIA'a 131
tadio superior de la barbarie, la
descendencia'entre los griegos, con excepción de las tribus licias, y entre las
tribus italianas, con excep ción de las etruscas, había pasado a la línea
masculina. En otra
parte se considerará la influencia de la propiedad
y la herencia para producir la familia monógama que aseguraba la paternidad de
los hijos, y para imponer el cambio de la línea femenina por la masculi na.
Entre los dos extremos representados por los dos regímenes de descendencia,
mediaron tres periodos étnicos enteros, abarcando muchos millares de años.
Con la descendencia por la línea- masculina, la
gens comprendía
a todos los que atribuían su descendencia a un
supuesto antepasado común masculino, a través de los varones solamente, cuya
prueba, como en el otro caso, descansaba en la posesión de un nombre gen
tilicio común. Comprendería a este antepasado y sus hijos, los hijos de sus
hijos, y los hijos de sus descendientes varones, a perpetuidad; mientras que
los hijos de sus hijas, y los hijos de sus descendientes mujeres, a través de
las mujeres, pertenecerían a otras gentes, a saber: a las de sus respectivos padres.
Los que en un caso eran retenidos
en la gens, en el otro eran excluidos, y viceversa.
Tal fue la gens en su última forma, después que llegó a ser cierta la
paternidad de los hijos por el avance de la monogamia. La transición de la gens
de una forma a otra era perfectamente sencilla, sin causar su de rrumbamiento.
Todo lo que se necesitó fue un motivo adecuado, como se demostrará más
adelante. La misma gens, con la descenden cia llevada a la línea masculina,
perduraba como unidad del sistema social. No pudo haber alcanzado la segunda forma
sin haber existido antes en la primera.
* Como el intercambio matrimonial estaba prohibido
en la gens
se sustrajo a sus miembros de los males de los
matrimonios consan guíneos y se tendió así a acrecentar el vigor del tronco.
La gens nació sobre la base de tres conceptos mayores, por ejemplo: el vínculo
de parentesco, un linaje puro mediante la descendencia por la línea femenina, y
la prohibición del matrimonio dentro de la gens. Cuando se desarrolló la idea
de la gens, asumió naturalmente la forma de parejas de gentes, porque los hijos
de los varones estaban excluidos, y porque era igualmente necesario organizar
ambas clases de descen dientes. Con la creación simultánea de dos gentes, se
alcanzaba todo el resultado, desde que los varones y mujeres de una gens se
casarían con las mujeres y varones de la otra, y los hijos, siguiendo las
gentes de sus respectivas madres, se distribuirían entre las dos. Asentada
sobre el lazo del parentesco como principio de cohesión, la gens suministraba a
cada miembro individual aquella protección personal que ningún otro poder
existente hubiera podido ofrecerle. Después de considerar los derechos,
privilegios y obligaciones
de sus miembros, será preciso seguir la gens en sus
relaciones orgá-132 LEWIS H. MORCAN
nicas con una fratría, tribu y confederación, a fin
de descubrir los usos a que se destinaba, los privilegios que confería, y los
principios que fomentaba. Las gentes de los iroqueses serán tomadas como nor
ma de ejemplifieacíón de la institución en la
familia ganowaniana. Habían adelantado su plan de gobierno desde la gens hasta
la con federación, integrándola en cada una de sus partes y haciendo de ella
una excelente ilustración de las capacidades de la organización gentilicia en
su forma arcaica. En la época de su descubrimiento, ios iroqueses se hallaban
en el estadio inferior de la barbarie, y bien avanzados en las artes de la vida
que cuadran a esta condición. Ellos fabricaban redes, cuerdas y bramante de
filamentos de cor teza; tenían fajas y correas de carga, con trama y urdimbre,
de los mismos materiales; elaboraban vasijas de barro y pilas, con arcilla
mezclada con materia silícea, y endurecidas a fuego, algunas de las cuales
adornaban con medallones toscos; cultivaban maíz, judías, calabazas y tabaco en
canteros de huerta, y hacían un pan sin le vadura de maíz pisado, que cocían
en vasijas de barro (33); curtían los cueros para confeccionar faldas, polainas
y mocasines; empleaban el arco- y flecha y el mazo de guerra como armas
principales; utili zaban implementos de piedra y de pedernal, vestían prendas
de cuero, y eran cazadores y pescadores diestros. Construían, viviendas
comunes, lo bastante grandes para dar cabida a cinco, diez y veinte familias, y
cada hogar practicaba el comunismo en el régimen de vida; pero no conocían el
uso de la piedra o el adobe en la construc ción de edificios, ni tampoco el
empleo de los metales nativos. En capacidad mental y adelanto general eran la
rama representativa de la familia indiana al norte de Nuevo Méjico.
Con el transcurso del tiempo, las tribus iroquesas
han llegado a variar un tanto en el número y en los nombres de sus respectivas
gentes. Su mayor número fue de ocho, como sigue:
Sénecas: 1, Lobo; 2, Oso; 3, Tortuga; 4, Castor; 5,
Ciervo; 6, Be casina; 7, Garza, y 8, Halcón.
Cayugas: 1, Lobo; 2, Oso; 3, Tortuga; 4, Castor; 5,
Ciervo; 6, Be casina; 7, Anguila, y S, Halcón.
Onondagas: 1, Lobo; 2, Oso; 3, Tortuga; 4, Castor;
5, Ciervo; 6, Becasina; 7, Anguila, y S, Bola. Oneidas: 1, Lobo; 2, Oso, y 3,
Tortuga.
Mohawks: 1, Lobo; 2, Oso, y 3, Tortuga.
Tuscaroras: 1, Lobo Gris; 2, Oso; 3, Gran Tortuga;
4, Castor; 5, Lobo Amarillo; 6, Becasina; 7, Anguila, y 8, Tortuga Pequeña.
Estos cambios enseñan que algunas gentes en ciertas tribus se
Estos
panes o tortas tenían alrededor de seis pulgadas de diámetro y una de espesor.
LA so c ie d a d PRIMITIVA 133
han-extinguido por las vicisitudes del tiempo: y
que otras lian sido formadas por la división de gentes excedidas en número.
Con el conocimiento de los derechos, privilegios y
obligaciones de los miembros de la gens, se comprenderá, más cabalmente sus
capa cidades como báse unitaria de un sistema social y de gobierno, y también
el modo como penetró en las organizaciones superiores de la fratría, tribu y
confederación.
La gens se individualiza por los siguientes
derechos, privilegios y obligaciones conferidas e impuestas a sus miembros, y
que consti tuían el fus gentilicium:
° El
derecho de elegir su sachem (cacique) y jefes.
° El
derecho de deponer su sachem y jefes.
° La
obligación de no casar dentro de la gens.
4 ° Derechos mutuos de herencia de los bienes de
miembros fallecidos.
o.° Obligaciones recíprocas de ayuda, defensa y
desagravio de ofensas.
° El
derecho de adjudicar-nombres a sus miembros.
° El
derecho de adopción de extraños en la gens. S.° Ceremonias religiosas comunes.
9.° Cementerio común.
10.° El Consejo de la gens.
Estas ceremonias y atribuciones daban vitalidad
como también individualidad a la organización, y amparaban los derechos
personales de sus miembros.
l.° E l d e r e c h o d e e l e g i r s u s a c h e
m y j e f e s
Casi todas las tribus indias americanas tenían dos
grados de jefes, que se pueden distinguir como sachems y jefes comunes. Todas
las demás eran variedades de estas dos graduaciones primarias. Eran elegidos
por cada gens dentro de sus miembros. El hijo no podía ser elegido para suceder
a su padre, donde La descendencia era por línea femenina, porque pertenecía a
otra gens y ninguna gens consentiría un sachem o jefe que no fuera la suya. El
cargo de sachem era hereditario en la gens, en el sentido de que se reemplazaba
cada vez que se produjera una vacante mientras que el cargo de jefe no era
hereditario, porque era conferido en premio de méritos personales y se
extinguía con el individuo. Además, los deberes del sachem se limi taban a los
asuntos de la paz. No podía ir a la guerra en calidad de sachem. Por otro lado,
los jefes ascendidos al cargo por valor personal, por sabiduría en los
negocios, por elocuencia en el consejo, eran ge neralmente la clase superior
en capacidad, bien que no en autoridad sobre la gens. La relación del sachem
era primariamente con la gens.
134 LEW IS H. MOKCAN
de la que era cabeza oficial., mientras que la del
jefe era primaria mente con la tribu, de cuyo consejo él, como también el
sachem, eran miembros.
El puesto de sachem tenía su fundamento natural en
la gens, como cuerpo organizado de consanguíneos, que, como tal necesitaba una
cabeza representativa. Como cargo, sin embargo, es más antiguo que la
organización gentilicia, desde que se ha comprobado su existencia en tribus
distintamente organizadas, pero entre las cuales tenía una base similar, en el
grupo punalúa, y hasta en la horda anterior. En la gens, el carácter del sachem
estaba claramente definido: la base de la relación era permanente y sus deberes
paternales. Mien tras el cargo fue hereditario en la gens, era electivo entre
sus miem bros varones. Cuando se tenga en cuenta el sistema indio de la con
sanguinidad, se verá que todos los miembros varones de una gens, eran o bien
hermanos propios o colaterales, tíos o sobrinos propios o colaterales, o
abuelos y nietos colaterales (34).
Esto explicará la sucesión en el cargo de sachem,
que pasaba de hermano a hermano, o de tío a sobrino, y muy rara vez de abuelo
a nieto. La elección, que era por sufragio libre de
varones y mujeres de edad adulta, generalmente recaía en un hermano del sachem
fallecido, o en uno de los hijos de una hermana; siendo más proba blemente
preferido un hermano propio o el hijo de una hermana pro pia. Entre varios
hermanos propios y colaterales, de una parte, y los hijos de varias hermanas
propias y colaterales, por la otra, no existía prelación de derechos, por la
razón de que todos los miembros varones de la gens eran igualmente elegibles.
Escoger entre ellos era la función
de un principio electivo.
A la muerte de un sachem entre los
séneca-iroqueses, por ejemplo, era convocado un consejo de sus gentiles para
nombrar el sucesor. Según sus costumbres, se debían votar dos candidatos, ambos
miem bros de la gens. Se llamaba a todas las personas de edad adulta, varo
nes y mujeres, para que manifestaran su preferencia, y quedaba nom brado aquel
que hubiese recibido el mayor número de declaraciones afirmativas. Pero todavía
se requería el asentimiento de las restantes siete gentes antes de que el nombramiento
quedase hecho. Si estas gentes, que se reunían por fratrías para el efecto, se
negaban a con firmar el nombramiento, éste quedaba así anulado, y la gens
procedía a hacer otra designación. Si la persona elegida por la gens era acep
tada por las demás gentes, la elección quedaba hecha, pero faltaba que el nuevo
sachem fuese exaltado a su nueva dignidad, para
Los
hijos de varias hermanas son hermanos entre sí, en vez de primos. Éstos se
distinguen aquí como hermanos cotaterales. Así el hijo del hermano
es hijo del otro en lugar de ser su sobrino,
mientras que el hijo de su hermana colateral es su sobrino, como también lo es
el hijo de su propia hermana. Aquél se distingue como sobrino colateral.
LA SOCIEDAD PKCMOTVA 135
usar su expresión, o sea investido del cargo por un
consejo de la confederación, antes de poder entrar en funciones. Era su modo de
conferir e'l imperium. De esta suerte los derechos y Jos intereses de cada una
de las varias gentes eran consultados y observados; porque el sachem de una
gens era ex-officio , miembro del consejo de la tribu y del más alto consejo de
la confederación. El mismo régimen
de elección y confirmación existia para elegir y
confirmar a los jefes, por idénticas razones. Pero el consejo general no era
convocado nunca para investir jefes de grado inferior al de sachem. Ellos
aguardaban Ja fecha en que se daba investidura al sachem.
El principio de la democracia nacido en las gentes,
se manifes
taba en la retención por los gentiles del derecho
de elegir sus sachems y jefes, en las seguridades con que rodeábase el cargo
para impedir usurpaciones, y en,el control ejercido por las demás gentes sobre
la elección.
El número de jefes en cada gens, generalmente
guardaba relación
con el número de sus miembros. Entre los
séneca-iroqueses hay un
jefe por cada cincuenta personas. En la actualidad
cuentan en Nueva
York alrededor de tres mil almas, y tienen ocho
sachems y cerca de
sesenta jefes. Hay razones para pensar que el
número proporcional
es hoy más elevado que en los tiempos anteriores.
Con respecto al
número de gentes en una tribu, cuanto más numeroso
es el pueblo,
por lo regular, tanto más numerosas son las gentes.
El número variaba en las diferentes tribus, desde tres entre los delaware y
munsíes, hasta más de veinte entre los ojibwas y cries, siendo seis, ocho y
diez los números comunes.
2 .° E l d e r e c h o d e d e p o n e r su sa c h
e m y je f e s
Este derecho, no menos importante que el de
elección, era pri vativo de los miembros de la gens. Bien que el plazo
nominalmente era vitalicio, su desempeño descansaba prácticamente en la buena
conducta, en concordancia con el derecho de degradación. La instala ción del
sachem era simbolizada como "armándose de cuernos y su degradación, como
quitándole los cuernos .
Los cuernos han siao tenidos como emblema de cargo
y autoridad entre tribus muy distantes entre sí dentro del género humano,
quizá,
como lo sugiere Tylor, por el porte dominante de
los machos entre los rumiantes armados ae cuernos. La mala conducta, seguida de
la falta de confianza, era causa suficiente para la degradación. Cuando un
sachem o jefe era degradado en forma debida por el consejo de
su gens, cesaba de tener esa calidad y de ahí en
adelante era un par ticular. El consejo de la tribu también tenia facultad
para degradar tanto al sachera como los jefes, sin aguardar la acción de la
gens, y
136 LEWIS H. MORCAN
aún contra los deseos de ésta. Mediante la
existencia y ejercicio oca sional de esta facilitad de supremacía, se afirmaba
y preservaba la de los gentiles sobre los sachems y jefes. También revela la
consti tución democrática de la- gens.
3.° L a p r o h i b i c i ó n d e c a s a r d e n t
r o d e l a c e n s
La proposición negativa era absoluta y fundamental.
Fue eviden temente un fin primario de la organización, el aislar una mitad de
los descendientes de un supuesto fundador, para impedir su matrimonio, por
razones de parentesco. Cuando nació la gens, existían uniones de hermanos con
las esposas de los otros en grupo, y de hermanas con los maridos de las otras
en grupo, a lo que la gens no ponía traba. Pero procuraba excluir el matrimonio
entre hermanos, lo que se logra ba, como hay buenas razones para afirmarlo,
mediante la citada pro hibición. Si la gens hubiese intentado desarraigar, por
acción directa, el sistema conyugal integral del período, no hay la más leve
proba bilidad de que hubiese logrado su implantación general Originada
la gens, probablemente en el ingenio ae un pequeño
grupo de sal vajes, no tardaría en destacar su utilidad en la producción de
hombres superiores. Su imperio casi universal en el mundo de la antigüedad es
el más concluyente testimonio de las ventajas que aportaba, y de su
adaptabilidad a los menesteres de los hombres en el estado de salva jismo a
barbarie. Los iroqueses mantienen aún inflexiblemente la regla que prohíbe el
casamiento dentro de la gens.
4 ° D e r e c h o s m u t u o s d e h e r e n c i a
d e l o s b i e n e s DE MIEMBROS FALLECIDOS
En el estadio de salvajismo y en el estadio
inferior de la barbarie, la acumulación de bienes era escasa. En el primero
consistía en los efectos personales, a los que, en el último, se añadían
derechos poseso rios de viviendas comunes y huertas. Las prendas personales de
más valor se enterraban con el cadáver del finado. Asimismo, la cuestión
de herencia tenía que surgir, cobrar más
importancia con el aumento de los bienes en variedad y cantidad, y producir
alguna regla fija de herencia. Y así encontramos en el bajo estado de barbarie
y aun en el de salvajismo, el principio de que los bienes debían quedar en
la gens, y ser distribuidos entre los gentiles del
extinto. Era ley habi tual de las gentes griegas y latinas en el estadio
superior de la barba rie y, perduró como ley escrita muy entrada la
civilización, que los bienes de una persona fallecida habían de quedar en la
gens. Pero después del tiempo de Solón, entre los atenienses, quedó limitada a
las sucesiones intestadas.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 137
La cuestión de que a quien corresponden los bienes,
ha dado lugar
a tres grandes y sucesivas reglas de herencia:
Primero, que sean dis tribuidos entre los gentiles del dueño fallecido. Esta
fue la regla
en el estadio inferior de la barbarie, y hasta
donde se sabe, en el es tadio de salvajismo. Segundo, que los bienes sean
distribuidos entre los parientes agnados del extinto, con exclusión de los
demás gen tiles. El germen de esta regla apareció en el estadio inferior de la
barbarie y probablemente quedó afianzada completamente en el estadio medio.
Tercero, que los bienes sean heredados por los hijos
del dueño fallecido, con exclusión de los demás
agnados. Esta se
afianzó como regla en el estadio superior de la
barbarie.
Teóricamente, los iroqueses se hallaban bajo la
primera regla;
mas en la práctica, sus parientes más cercanos
dentro de la gens se
apoderaban de los efectos del extinto. En el caso
de un varón, sus
hermanos propios, varones y mujeres, y sus tíos
matemos se dividían
los bienes. Esta limitación práctica de la herencia
a los más cercanos
afines gentilicios descubre el germen de la
herencia- agnaticia. En el
caso de una mujer, sus bienes eran heredados por
sus hijos y herma
nas, con exclusión de los hermanos varones. En
todos los casos los
bienen quedaban en la gens. Los hijos de varones
fallecidos no here
daban nada de su padre, porque ellos pertenecían a
una gens dife
rente. Por la misma razón el marido no heredaba
nada de su mujer, ni ésta de su marido. Estos derechos mutuos de herencia
fortificaban la autonomía de la gens.
5 . ° O b l i g a c i o n e s r e c í p r o c a s d
e a y u d a , DEFENSA Y DES ACRA VIO DE OFENSAS
En la sociedad civilizada el estado se hace cargo
de la protección de la persona y de la propiedad. Acostumbrándose a recurrir a
esta fuente para el amparo de derechos individuales, se ha producido un
relajamiento correspondiente en el lazo del parentesco. Pero en la sociedad
gentilicia el individuo descansaba su seguridad en la gens. Ocupaba el lugar
más tarde atribuido al estado, y contaba con el número necesario para hacer
efectiva su salvaguarda. Dentro de su asociación, el lazo del parentesco era un
elemento poderoso de mutuo apoyo. Ofender a una persona era ofender a su gens.
y apoyar a una personar era ponerse a espaldas suyas con la entera línea de
batalla de sus parientes gentilicios.
En sus aflicciones y dificultades los miembros de
la gens se auxi liaban mutuamente. No están de más dos o tres ilustraciones
tomadas de tribus indias en general. Hablando de los mayas de Yucatán, ob
serva Herrera que cuando se trataba de indemnización por daños,
si el condenado a pagar corría peligro de quedar
reducido a la indi-
LEWIS H. MORGAN
gencia, los parientes contribuían (35). Debemos
entender aquí el término parientes como significando gens. Y de los indios de
la Flo rida: "Cuando fallece un hermano o un hijo, los de la casa
preferirían morir antes que buscar alimentos durante tres meses, pero los pa
rientes y afines cuidan de mandarlo todo (36). El que se trasladaba de un
pueblo a otro, no podía transmitir a un extraño su derecho po sesorio en
tierras cultivables o en una vivienda común, sino que debía dejarlo a sus
afines gentilicios. Herrera refiere este uso entre las tribus indias de
Nicaragua: El que se trasladaba de un pueblo
a otro no podía vender lo que tuviese, sino que
tenía que dejarlo a su pariente más cercano (37). Sus bienes estaban a tal
punto teni dos en condominio, que su régimen de vida no consentía su enajena
ción a favor de una persona de otra gens.
En la práctica, el derecho a tales bienes era
posesoria, y al aban donarlo, volvían a la gens. Garcilaso de la Veg2 cuenta
de las tribus de los Andes peruanos que cuando el populacho (o clases vulgares)
se casaba, las comunidades del pueblo tenían la
obligación de cons truirle y proveerle su vivienda (38). Por comunidades, como
está aquí empleado, estamos autorizados a entender la gens. Hablando Herrera ae
las mismas tribus, dice que "esta variedad de lenguas pro cedía de que
las naciones estaban divididas en razas, tribus o cla nes (39). Aquí los
gentiles tenían la obligación de ayudar a las pa rejas de recién casados en la
construcción de sus viviendas.
La antigua práctica de la vendetta, que tan amplío
imperio ha tenido en las tribus del género humano, fue engendro de la gens.
Estaba a cargo de esta comunidad vengar la muerte de uno de sus miembros. Los
tribunales para el enjuiciamiento de criminales y las leyes que rigen su
castigo, nacieron tarde en la existencia de la socie dad gentilicia; pero
aparecieron antes de la institución de la sociedad política. Por otra parte, el
crimen de homicidio es tan viejo como
la sociedad humana, y su castigo por la venganza de
parientes, es tan antiguo como el crimen mismo. Entre los iroqueses y las
tribus indias en general, era universalmente reconocida la obligación de vengar
la muerte de un pariente (40).
History
of America , Londres, edición 1725. Trad, de Stevens, TV, 171.
Ib.
TV, 34.
History
of America", HI, 29S.
Royal
Comentarics , Londres, edición 16SS. Trad, de Rycaut, pá
gina 107.
Herrera,
IV, 231.
Sus
corazones arden violentamente día y noche sin interrupción hasta tanto hayan
derramado sangre por sangre. Transmiten de padre a hijo el re cuerdo de la
pérdida de sus parientes, o de uno de su propia tribu o familia, aunque no
fuera más que una mujer vieja . ADAIR: Hist. Araer. Indians , Londres, edición
1775, pág. 150.
LA sociedad PRIMTITVA 139
Era, sin embargo, deber de la gens del matador, y
de la del muer to, procurar ua ajuste del crimen antes de llegar a extremos.
Los miembros de cada gens celebraban por separado un consejo, y se hacían por
cuenta del matador proposiciones de condenación del hecho, por lo regular en
forma de expresiones de pesar y de regalos de considerable valor. Habiendo
circunstancias justificativas o ate nuantes, generalmente se llegaba a un
arreglo; pero si los parientes gentilicios del muerto resultaban implacables, su
gens designaba de entre sus miembros uno o más vengadores, cuyo deber era
perseguir al criminal hasta descubrirlo, y luego matarlo dondequiera se le
encontrara. Si ejecutaban el hecho, no había motivo de queja por parte de
ningún miembro de la gens de la victima. Habiéndose pagado vida por vida, las
reclamaciones de la justicia quedaban satisfechas. El mismo sentimiento de
fraternidad se manifestaba en otras
formas de amparar al camarada gentilicio en su
dolor y en protegerlo de posibles ofensas.
6 .° E l d e r e c h o d e a d j u d ic a r n o m b
r e s a sus m iem b r o s
En las tribus salvajes o bárbaras, no existen
nombres de familia.
Los nombres personales de individuos de la misma
familia no in
dican entre ellos vinculación familiar alguna- El
nombre de la familia
no es más antiguo que la civilización (41). Los
nombres personales
indios, sin embargo, por lo regular, indican la
gens del individuo en relación a personas de otras gentes de la misma tribu.
Como re gla, cada gens disponía de nombres para personas, que eran de su
especial propiedad, y como tales no podían ser empleados por otras
gentes de la misma
tribu.
Un nombre gentilicio comunicaba de suyo derechos gentilicios.
Estos nombres expresaban por su significación la gens a que pertene
cían, o bien eran
conocidos por tales por La- versión
popular (42).
M o m m s e
n : History of Rome", ed. Scribner,
traduc. Dickson. 1.49.
Una de las
doce gentes" de los omahas es La'-ra-da, el Milano, que cuenta, entre
otros, los siguientes nombres:
NOMBRE DE VARONES
Ah-hise'na-da
G1 a-d an -no h-che
Nes-tase -ka
A la larga.
Gavilán que se cierne en el aire.
Ave de ojos blancos.
NOMBRES DE MUJERES
Mc-ta na
La'-ta -da'-win
Wa'-ta'-n3.
Ave que canta en la alborada.
Una de las aves.
Huevo de pájaro.
LEWIS H. MORGAN
Después del nacimiento de una criatura, la madre
elegía un nombre fuera de uso, perteneciente a la gens, con la conformidad de
sus parientes más cercanos, el que luego se daba al niño. Pero la designación
no quedaba completa hasta tanto hubiesen sido anun ciados su nacimiento y
nombre, con el nombre y gens de su madre,
y el de su padre, en el próximo oonsejo de la
tribu. A la muerte de una persona su nombre no podía ser nuevamente dado en
vida de
su hijo mayor sobreviviente, sin la anuencia de
éste (43). Se hallaban en uso dos clases de nombres, una adaptada a la niñez, y
la otra a la vida adulta, cambiándose un nombre por otro en el tiempo apropiado
y con igual solemnidad; quitándose el uno, según su propia expresión, y
confiriéndose el otro en su reemplazo. Entre los séneca-noques es: O-wi -go
(canoa flotando aguas abajo) y Áti-iüou-ne-ont (flor colgante), son nombres de
niñas; y Gane-o-di yo (bello lago) y Do-ne-ho-ga~weh (el que custodia la puerta),
son nom bres de varones adultos. A la edad de dieciséis o dieciocho años, un
jefe de la gens quitaba el primer nombre, y daba en su reemplazo uno de la
segunda clase. En el siguiente consejo de la tribu se pu blicaba el cambio de
nombre, después de lo cual la persona, si era varón, asumía los deberes de la
masculinidad.
En algunas tribus indias se exigía que el joven
saliese en campaña, y conquistara su segundo nombre a base de alguna hazaña
personal. No era raro que después de una enfermedad grave y por razones de
superstición, se solicitara y obtuviese un segundo cambio de nombre. Algunas
veces se daba otro a una avanzada edad senil. Cuando una persona era elegida
sachem o jefe se le quitaba el nombre, dándosele otro nuevo en el acto de su
investidura. El individuo no podía influir en nada sobre la cuestión del cambio.
Era prerrogativa de sus parien tes femeninos y de los jefes; pero una persona
adulta podía cambiar de nombre si lograba que un jefe anunciara el cambio al
consejo. Una persona con el dominio de otro nombre, como el hijo mayor de
un padre fallecido se lo podría prestar a un amigo de otra gens, pero
a la muerte de
éste, el nombre volvía a la gens a que correspondía.
En la actualidad, entre los shawnees y delaware, la madre goza
del derecho de
dar nombre a su niño en la gens que le plazca, y el
nombre dado hace
que el niño pase a la gens a que pertenece dicho
nombre. Pero ésta es una gran desviación de
los usos arcaicos, y es
excepcional en
la práctica. Tiende a corromper y confundir el linaje
gentilicio. Los nombres hoy en uso entre los iroqueses y otras tribus
indias son en su mayoría nombres tradicionales, transmitidos a las
gentes desde tiempos inmemoriales.
Las precauciones tomadas respecto al uso de nombres pertenecien-
Cuando
se mencionan usos particulares se entenderá que se trata de los iroqueses.
salvó que se manifieste lo contrario.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 141
tes a las gentes, son prueba acabada de la
importancia que se les atribuía, y de los derechos gentilicios que aportaban.
Si bien esta cuestión de nombres personales se
ramifica en varias direcciones, mi propósito es exponer aquellos usos generales
que reve len las relaciones de los miembros de una gens. En el trato familiar
y en saludos formales los indios americanos se tratan con el vocablo
de parentesco que existe entre el que habla y la
persona a quien dirige la palabra. Estando emparentados se saludan por el
título
de parentesco; no estándolo, se sustituye por:
"amigo mío . Se estima ría una falta de cortesía dirigirse a un indio por
su nombre personal, o preguntárselo directamente a él.
Nuestros antepasados sajones no tenían más que
nombres perso nales hasta la época de la conquista normanda, y ningún otro
para designar la familia. Esto indica la tardía aparición entre ellos de la
familia monógama, y plantea 1a presunción de la existencia en un tiempo más
primitivo, de una gens sajona.
7.° E l d e r e c h o d e a d o p c i ó n d e e x t
r a ñ o s e n l a g e n s "
Otro derecho distintivo de la gens era el de
admitir nuevos miem bros por adopción. Los prisioneros de guerra eran o bien
condenados a muerte o bien adoptados por alguna de las gentes. Las mujeres
y niños cautivos generalmente lograban esta
clemencia. La adopción no solamente confería derechos gentilicios, sino también
la naciona lidad de la tribu. La persona que adoptaba un cautivo, lo colocaba
en la relación de hermano o hermana; si era madre quien adoptaba, resultaba la
relación de hijo o hija; y de ahí en adelante el adoptado era tratado, en todos
los aspectos, tal como si hubiese nacido en dicha condición.
La esclavitud que en el estadio superior de la
barbarie era el des
tino del cautivo, era- desconocida entre las tribus
del .estadio inferior en el período aborigen. La carrera de baquetas tenía
alguna relación con la adopción, puesto que la persona que, por resistencia
física o por favoritismo, lograse correr las filas en salvo, tenía derecho a
este premio. El adoptivo frecuentemente ocupaba en una familia el
lugar de un miembro muerto en la gueixa, a fin de
reintegrar las filas rotas de parientes. Una gens en decadencia podía
reconstituir su unidad mermada, mediante la adopción, aunque el caso era raro.
En una época la gens Gavilán de los sénecas quedó
reducida a un corto número de personas, y se hacía inminente su extinción. Para
salvar la gens, y por mutuo consentimiento, fue transferido un nu meroso grupo
cíe la gens Lobo, por adopción.
El derecho de adopción paiace haber quedado al
albedrío de
cada gens.
142 LEWIS H. MORGAN
Entre los iraqueses la ceremonia de adopción se
realizaba ante un consejo público de la tribu, lo que la convertía
prácticamente en un rito religioso (44).
8 . ° Rxros r e l i g i o s o s d e l a g e n s
Entre las tribus griegas y latinas estos ritos
ocupaban un lugar destacado. La más alta forma de religión politeísta que hasta
enton ces hubiese surgido, parece haber nacido en las gentes en que se
practicó continuamente los ritos del culto. Algunos de éstos, por la santidad
que se les atribuía, fueron nacionalizados. En algunas ciu dades el oficio de
Sumo Sacerdote de ciertas divinidades era heredi tario en una gens particular
(45). La gens se hizo el centro natural del crecimiento religioso, y la cuna de
ceremonias del culto.
Pero las tribus indias, aunque tuvieron un sistema
politeísta no muy diferente del cual debieron nacer el griego y el romano, no
habían alcanzado el desarrollo religioso, tan fuertemente impreso en las gentes
de las tribus de éstos. Apenas se puede decir que alguna gens india tuviese
ceremonias religiosas especiales; y, sin embargo, su culto tenía relación más o
menos directa con la gens. Era aquí don de debían germinar naturalmente las
ideas religiosas y ser instituidas esas formas de culto- Pero se difundirían de
la gens por la tribu, más bien que quedar como especíales de la gens.
Así, hallamos entre los iraqueses seis festivales
religiosos anuales (Arce, Siembra, Bayas, Choclo, Cosecha y Año Nuevo) (46),
que eran comunes a todas las gentes reunidas en una tribu y se festejaban en
fechas determinadas del año. Cada gens designaba un número de "Custodios
de la Fe , varones y mujeres, los que en conjunto tenían a su cargo la
celebración de los festivales (47). El número designado
(44) Luego que el pueblo se hubiese reunido en la
casa del consejo, uno de los jefes se dirigía a la asamblea, dando cuenta de la
persona, la razón de su adopción, el nombre y gens del adoptivo, y el nombre
conferido al novicio. Entonces dos jefes tomaban a aquél en los brazos y lo
paseaban de ida y vuelta por la sala del consejo, cantando el canto de
adopción, a éste respon día la Asamblea con un coro musical al ñn de cada
verso. El paseo continuaba hasta tanto hubiesen terminado los versos, lo que requería
tres idas y vueltas. Con esto terminaba la ceremonia. Algunas veces se han
adoptado americanos a título* de agasajo. Me tocó en suerte hace algunos años
ser así adoptado
por la gens"
Gavilán de los sénecas, en la que se efectuó la citada ceremonia.
G r
o t e : History of Greece , I, 194.
"League
of the Iroquois", pág. 1S2.
Los Custodios de la Fe" eran más o menos tan
numerosos como los
jefes, y eran escogidos por los hombres-sabios y
las matronas de cada gens". Después de su designación, se les investía por
un consejo de la tribu, con cere monia apropiadas. Se les quitaba sus nombres,
confiriéndoseles otros nuevos per tenecientes a esta clase. Se nombraban
hombres y mujeres en número más o me-
LA SOCIEDAD PfUMTITVA 143
por cada gens para este cargo, se tenia por
testimonio de la fidelidad religiosa de la misma. Fijaban los días para
celebrar los festivales, corrían con los preparativos necesarios y dirigían las
ceremonias en unión con los sachems y jefes de la tribu, los que eran ex
oficio, Cus. todios de la Fe". No existiendo director oficial, ni ningún
distintivo de sacerdocio, sus funciones eran iguales. Las mujeres Custodios
de la Fe" tenían más especialmente el encargo
de la preparación
del festín que, al terminar el día, era ofrecido a
todos los asistentes, en los consejos. Era un banquete colectivo. Los ritos del
culto corres pondientes a estos festivales, que ya han sido descritos en una
obra anterior (4S), no demandan mayor comentario, salvo para hacer
notar que su culto era de acción de gracias con
invocaciones al Gran Espíritu, y a los Espíritus Menores, para que continuaran
para ellos las bendiciones de la vida.
Con el progreso del hombre desde el estadio
inferior hasta el medio y más especialmente desde éste al superior de la
barbarie, la gens.se convertía más en el centro de influjos. religiosos y en la
fuente del desarrollo del mismo. Conocemos solamente la parte más grosera del
sistema religioso azteca; pero además de divinidades na cionales, parecen
haber existido otros dioses correspondientes a divi siones del pueblo, menores
que las fratrías. La existencia de un ritual y de un sacerdocio entre los aztecas,
nos autorizaría a presumir en ellos una vinculación más estrecha de ritos
religiosos con las gentes que la que exhiben los iroqueses, pero sus creencias
y observancias religiosas se ocultan bajo la misma obscuridad que su
organización social.
9 .° C e m e n t e r io c o m ú n
Una antigua, bien que no exclusiva forma de
sepultura, era la de exponer el cadáver a la intemperie sobre andamios hasta
que se hu biesen consumido las carnes, después de lo cual se recogían los
huesos y se les conservaba en barricas de corteza de árbol en una casa
construida para este efecto. Por lo regular los pertenecientes a una misma gens
eran depositados en un mismo edificio. El Rev. Cyrus Bvington comprobó esta
práctica entre los choctas en 1827;
y Adair menciona costumbres substancialmente
idénticas entre los -cheroqueses: Vi a tres de ellos dice en uno de sus pueblos
bastante cerca uno del otro... Cada edificio contenía separadamente
nos igual. Eran los censores públicos, con facultad
de denunciar al consejo los delitos de las personas. El escogido para cumplir
este cargo no podía rehusarlo, pero después de un tiempo razonable podría
renunciar, lo que cumplía abando nando su nuevo nombre como Custodio de la
Fe" y volviendo a tomar el an terior.
"League
of the íroquois. pág. 182. 144 LEWIS H. MORCAN
los huesos de una tribu, con las figuras
jeroglíficas de cada fámilia (gens) en cada urna de las arcas de forma
singular. Tienen por antirre ligioso mezclar los huesos de un pariente con los
de un extraño, desde que hueso de hueso y came de carne siempre deben
articularse jun tos (49).
En los tiempos antiguos los iroqueses empleaban los
andamios
y conservaban los huesos de parientes extintos en
barricas de corteza de árbol, a menudo guardándolos en las viviendas que ellos
mismos ocupaban. También enterraban en el suelo. En este caso los de una misma
gens no siempre eran enterrados juntos en el mismo lugar, sal vo que hubiese
un cementerio común para el pueblo. El finado Rev. Ashur Wright, quien fue por
tan largo tiempo misionero entre los sénecas, y un noble ejemplo del misionero
americano, escribió al autor como sigue: No hallo huella de influjo de clan en
los lugares de sepultura de los muertos. Creo que los sepultaban promiscua
mente. Sin embargo, ellos manifiestan que en los tiempos anteriores era más
frecuente que en el día de hoy que los miembros de los di
ferentes clanes vaciesen juntos. Como unidad de
familia se hallaban más bajo Ja influencia del sentimiento de familia, que la
del interés individual. De ahí que algunas veces, una gran proporción de los
sepultados en un mismo lugar, fuesen del mismo clan . Wright indu dablemente
tiene razón cuando afirma que en un cementerio par ticular serían sepultados
los miembros de todas las gentes radicadas en un pueblo; pero podrían reunir en
un mismo lugar a los de una misma gens.
Un ejemplo de esto presenta la reserva india
Tuscarora, cerca de
Levyiston, donde la tribu tiene un cementerio
común, pero los indi
viduos de una misma gens son sepultados juntos en'
hileras. Una
hilera es compuesto de sepulturas de extintos
miembros de la gens
castor , dos hileras de miembros de la gens oso ; una hilera de la
lobo pardo ; una de la tortuga grande , y así hasta el número de
ocho mieras. Marido y mujer están separados y
enterrados en dife
rentes hileras; lo mismo los padres yTos hijos;
pero las madres y sus
hijos y hermanos están en la misma hilera.
Demuestra el vigor del
sentimiento gentilicio, y la presteza con que se
vuelve a costumbres
antiguas bajo circunstancias favorables; pues los
tuscaroras ya están
cristianizados sin abandonar la práctica. Un indio
onondaga informó
al autor que el mismo régimen de entierro por
gentes, impera hoy en
los cementerios onondaga y oneida. Aunque esta
costumbre no puede
considerarse general entre las tribus indias,
indudablemente hubo
en-épocas remotas una tendencia y una preferencia
por esta forma
de entierro.
Entre los iroqueses, y lo mismo reza en general
para las otras
"History
of the American Indians", pág. IS3. LA SOCIEDAD PRIMmVA 145
tribus indias en el mismo estado de adelanto, toaos
los miembros
de la gens son dolientes en el entierro de un
gentilicio muerto. Las peroraciones fúnebres, los preparativos para la
sepultura, y el entie rro del cadáver, estaban a cargo de miembros de otras
gentes.
Los indios pueblos de Mélico y Centroamérica
practicaban una cremación algo descuidada, además de la exposición sobre
andamios
y el entierro en el suelo. Lo primero se limitaba a
los jefes y hombres prominentes.
10.° El c o n s e j o d e l a g e n s
£1 consejo fue el rasgo destacado de la sociedad
antigua asiática, europea y americana, desde la institución de la gens, en el
salvajismo, hasta el nacimiento de la civilización. Era el órgano de gobierno,
así como la autoridad suprema sobre la gens, la tribu y la confederación. Los
asuntos ordinarios competían a los jefes, pero los de interés general eran
sometidos a un consejo. Como el consejo fue el que engendró la organización
gentilicia, ambas instituciones siempre han marchado juntas. El Consejo de Jefes
representa el método antiguo
del desenvolvimiento de la sabiduría del hombre y
su aplicación a los asuntos del género humano. Su historia gentilicia, de
tribu, o confederada expresaría el crecimiento del concepto de gobierno en
su desarrollo integral, hasta que sobrevino la
sociedad política, a la cual fue transmitido el consejo transformado en senado.
La forma inferior y más sencilla del consejo era la
del consejo de la gens. Era una asamblea democrática porque todo adulto, varón
o mujer, tenía voz sobre todos los asuntos
sometidos. Elegía y deponía el sachem y los jefes, elegía los Custodios de la
Fe, condonaba o vengaba la muerte de sus gentiles y adoptaba individuos en las
gentes. Era el germen del consejo más alto ae la
tribu, y del todavía más elevado de la confederación, cada uno de los cuales
era com puesto exclusivamente de jefes, como representantes de las gentes.
Tales eran los derechos, privilegios y deberes de los miembros
de una gens iroquesa; y tales eran los de los
miembros de las gentes indias en general, hasta donde llegan las comprobaciones
logradas. Cuando se consideren las gentes de las tribus griegas y latinas, se
comprobará la existencia de los mismos derechos, privilegios y obliga ciones,
con excepción de los de I, 11 y VI; y respecto a éstos es pro bable que
existieron en el pasado, bien que la comprobación quizá no sea asequible.
Todos los miembros de una gens iroquesa eran
personalmente
libres y teman que defender la mutua libertad; eran
iguales en pri vilegios y derechos personales, no correspondiendo superioridad
al guna a los sachems y jefes; y formaban una confraternidad obligados
LEWIS H. MORGAN
entre sí por lazos de parentesco. La libertad, la
igualdad y la fra ternidad, a pesar de no haber sido formulados, eran los
principios cardinales de la gens. Estos hechos son materiales porque la gens
era la unidad de un sistema social y gubernamental, a su vez base sobre la que
descansaba la sociedad india. Una estructura compuesta de semejantes unidades,
necesariamente llevaría impresa sus carac teres, pues así como sea la unidad,
así será un conjunto. Esto sirve para explicar el sentimiento de independencia
y de decoro personal que universalmente se atribuye al carácter indio.
Así era la gens, substancial e importante en el
sistema social, tal como existía antiguamente en las tribus de los aborígenes
americanos, y tal como aún existe en plena vitalidad en muchas tribus indias.
Fue la base de la fratría, de la tribu y de la confederación de tribus. Pu
dieran haberse explicado más acabadamente algunos detalles de su
funcionamiento; pero basta lo expuesto para demostrar su carácter permanente y
durable.
En la época del descubrimiento de América, las
tribus indígenas en general se hallaban organizadas en gentes, con descendencia
por
la línea femenina. En algunas tribus, como los
dacotas, las gentes ha bían desaparecido; en otras, como entre los ojibwas,
los omahas y los mayas de Yucatán, la descendencia habia cambiado de la línea
feme nina a la masculina. Por toda la América aborigen la gens tomaba su
designación de algún animal o de algún objeto inanimado, pero nunca de una
persona. En esta primitiva condición de la sociedad, la indivi dualidad
personal se perdía en la gens. Es por lo menos presumible que las gentes de los
griegos y latinos también se designaban así, en alguna época pasada, pero al
figurar por primera vez en las crónicas históricas ya llevaban nombres de
personas. En algunas tribus, como son los indios pueblos moquis de Nuevo
Méjico, los miembros de la gens pretenden descender del animal cuyo nombre
llevan, habiendo sido sus remotos antepasados transformados en seres humanos
por el Grande Espíritu. La gens Garza de los ojibwas conserva una leyenda
parecida. En algunas tribus los miembros de una gens no comerían
las carnes del animal del cual llevan el nombre,
influenciados induda blemente por esta creencia.
Con respecto al número de personas de una gens
variaba con el número de gentes y con la prosperidad o decadencia de la tribu.
Tres mil sénecas divididos igualmente entre ocho gentes darían un prome dio de
trescientas setenta y cinco personas por gens. Quince mil ojib was divididos
igualmente entre veintitrés gentes darían seiscientas cin cuenta personas por
gens. Los cheroqueses darían más de un millar
de almas por gens. En la situación actual de las
tribus indias princi
pales el número de personas.en una gens variaría de
cien hasta un millar.
Una de las instituciones más antiguas y difundidas
del género hu-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 147
mano, la de gentes, se ha identificado
estrechamente con el progreso humano, sobre el cual ha ejercido poderosa
influencia. Su existen cia ha sido comprobada en tribus del estadio del
salvajismo, en los estadios inferior, medio y superior de la barbarie, en
diferentes con tinentes y en plena vitalidad en las tribus griegas y latinas
después de haber aparecido la civilización. Cada familia del género humano, con
excepción de la polinesia, parece haber caído bajo la organiza ción gentilicia
y deberle a ella su conservación y los medios de pro greso. Por el alcance de
su duración únicamente puede competir con ella el sistema de consanguinidad
que, habiendo surgido en una época aún más primitiva, ha perdurado hasta el
presente, bien que el régi men matrimonial en que tuviere origen haya
desaparecido desde largo tiempo atrás.
Por su antiquísimo establecimiento y su
perdurabilidad a través
de considerables espacios de tiempo, la peculiar
adopción de la or ganización gentilicia por la humanidad, en los estadios del
salvajis mo y de la barbarie, debe considerarse como abundantemente de
mostrada.
LA FRATRIA IROQUESA
LA FRATRIA ES UNA HERMANDAD, como lo implica su
nombre, y un engendro natural de la organización en
gentes. Es una unión orgánica o asociación de dos o más gentes de la misma
tribu para determinados propósitos comunes. Estas gentes eran por lo co mún
aquellas que se habían constituido a base de fraccionamiento de una gens
originaria.
Entre las tribus griegas, donde el régimen de
fratría era casi tan constante como el de gens, vino a ser una institución muy
destacada. Cada una de las cuatro tribus de los atenienses estaba organizada en
tres fratrías, compuesta cada una de treinta gentes, formando un total de doce
fratrías y trescientas sesenta gentes. Una uniformidad numérica tan precisa en
la composición de cada fratría y tribu no pudo haber resultado de la división
de las gentes por proceso natu ral. Debe haber sido la resultante, como lo
sugiere Grote, de una legislación inspirada en el orden simétrico. Todas las
gentes de una tribu eran, por lo general, de descendencia común y llevaban un
nom bre de tribu común, de suerte que no exigiría mayor dificultad el reunir
el número especificado en cada fratría, y organizar el número especificado de
fratrías en cada tribu. Pero el régimen de fratrías te nía su fundamento
natural en el parentesco inmediato de determina das gentes como subdivisiones
de una gens originaria, que indudable mente era la base sobre la cual se había
créado la fratría griega. La incorporación de gentes extrañas y las
transferencias por consenti miento o por imposición explicarían el ajuste
numérico de las gentes y fratrías en las tribus atenienses.
La curia romana era la institución análoga a la
fratría griega. Dio-
LA. SOCIEDAD PRIMITIVA 149
nisio la menciona constantemente como fratría (50).
Había diez gentes en cada curia, y diez curias en cada una de las tres tribus
romanas, sumando así el pueblo romano treinta curias y trescientas gentes. Las
funciones de la curia romana son mucho mejor conocidas que las de
la fratría griega, y eran de orden más elevado,
porque la curia inter venía directamente en las funciones de gobierno. La
asamblea de las gentes (comitia curiata), votaba por curias, dotada cada una de
-un voto colectivo. Esta asamblea era el poder soberano del pueblo ro mano,
hasta el tiempo de Servio Tulio.
Entre las funciones de la fratría griega figuraban
la observancia de ceremonias religiosas especiales, la condonación o venganza
de la muerte de un hermano y la purificación del criminal después que hubiese
escapado a la pena de su crimen, preparándolo para su resti tución a la
sociedad (51). En una época posterior entre los atenienses pues la fratría en
Atenas sobrevivió a la institución de la sociedad política por Clistenes tenía
a su cargo el registro de los ciudada nos, cuidando así las descendencias y
sirviendo para comprobar la ciudadanía. Al casarse la mujer quedaba inscripta
en la fratría de su marido, y los hijos del matrimonio eran enrolados en la
gens y fratría del padre. También era obligación de esta corporación seguir
juicio en los tribunales de justicia contra el matador de un "hermano .
Es tos figuran entre los objetos y funciones conocidos en los primeros y en
los últimos tiempos. Si se tuviera pleno conocimiento de los por menores, es
probable que se hallaría a la fratría vinculada a la mesa común, los juegos
públicos, las exequias de hombres distinguidos, la más primitiva organización
de las fuerzas armadas y los procedi mientos de los consejos, así como a la
observación de los ritos reli giosos y a la custodia de privilegios sociales.
La fratría existió en un gran número de tribus
americanas^ donde parece haber nacido por generación espontánea y figurar como
se gundo miembro en la serie orgánica, como en las tribus griegas y latinas.
No estaba dotada de funciones gubernamentales originarias, como las poseían la
gens, la tribu y la confederación; pero le esta ban confiadas ciertas
facultades en el régimen social, atenta la ne cesidad de alguna organización
más grande que la gens y más pe queña que la tribu, especialmente cuando la
tribu era numerosa. Siendo la misma institución, en su carácter y rasgos
esenciales, pre senta la organización en su forma y funciones arcaicas. Para
una comprensión inteligente de la fratría romana y griega es necesario tener un
conocimiento de la fratría india.
Dionisio,
Lib. II. cap. VII, y ver lib. II. cap. XIII.
Esquilo
da a entender que la purificación era realizada por la fra-tria . Euménides' ,
656.
150 LEWIS H. MORGAN
Las ocho gentes de los séneca-iroqueses estaban
refundidas en
dos fratrías como sigue:
Primera fratría
G e n t e s : 1, Oso; 2 Lobo; 3, Castor; 4, Tortuga
Segunda fratría
G e n t e s : 1 . Ciervo; 2, Becasina; 3, Garza: 4,
Gavilán
Cada fratría (De-a-non-da-yoh) es una
confraternidad, como tam bién lo significa este término. Las gentes de la
misma fratría son gentes hermanas entre sí. y primas con las de la otra
fratría. Son iguales en rango, carácter y privilegios. Es práctica general de
los sénecas llamar gentes hermanas a las gentes de su propia fratría, v gentes
primas a las de la otra fratría, cuando hablan de unos u otros con relación a
su propia fratría. En los primeros tiempos era prohibido el matrimonio entre
miembros de la misma fratría, pero los miembros
de una podían casar con personas de cualquiera de
las gentes de La otra. Esta prohibición tiende a demostrar que las gens de cada
fratría
eran subdivisiones de una gens originaria, y en
consecuencia la prohi bición de matrimonio entre personas de la misma gens
había perdu rado en dichas subdivisiones. Sin embargo, esta restricción fue
anu lada hacía mucho tiempo, excepto a la gens del individuo.
Una tradición de los sénecas narra que el Oso y el
Ciervo fueron las gentes originarias, de las cuales las otras eran
subdivisiones. De ahí resulta que la fratría tenía sus cimientos naturales en
el parentesco de las gentes que la formaban. Después de su subdivisión por
aumento de número surgió una tendencia natural a reunirse en un organismo más
elevado para objetos comunes a todos. Las mismas gentes no son indefinidamente
constantes en una misma fratría, como se verá cuando se considere la
composición de las fratrías en las tribus iroquesas que aún quedan. Debieron
ocurrir transferencias de gentes determinadas de una fratría a- otra, cuando se
producían des equilibrios en sus respectivos números. Es importante hacerse
cargo de la manera sencilla en que surge este organismo, y la facilidad de su
manejo como parte del régimen social de la sociedad antigua.
Con el aumento de miembros de una gens, seguido por
la segregación local de los mismos, se producía la segmentación, y la parte
segregada adoptaba un nuevo nombre gentilicio. Pero perduraría- la tradición
de su anterior unidad, y ella sería la base de su
reorganización en fratría.
De la misma manera los ca-yuga-iroqueses tienen
ocho gentes en LA SOCIEDAD PíUMmVA 151
dos fratrías, pero estas gentes no están divididas
por igual entre
ambas. Son las siguientes:
Primera fratría
G e n t e s : 1, Oso; 2. Lobo; 3, Tortuga; 4,
Becasina; 5, Anguila.
Segunda fratría
G e n t e s : 1, Ciervo; 2 , Castor; 3, Gavilán.
Siete de estas gentes son las mismas de los
sénecas, pero la gens Garza ha desaparecido, siendo reemplazada por Anguila,
pero trans ferida a la fratría opuesta. Las gentes Castor y Tortuga también
han cambiado de fratría. Los cayuga dicen de las gentes de la misma fratría,
gentes hermanas entre sí, y de las de la fratría opuesta, gen tes primas entre
sí.
Los onondaga-iroqueses cuentan con el mismo número
de fratrías
y gentes, pero dos de éstas difieren de nombres con
las de los sénecas.
La organización de las dos fratrías es como sigue:
Primera fratría
G e n t e s : 1, Lobo; 2, Tortuga; 3, Becasina; 4,
Castor; 5. Bola.
Segunda fratría
G e n t e s : 6 , Ciervo; 7, Anguila, S, Oso.
Aquí nuevamente la composición de la fratría
difiere de la de
los sénecas. Tres de las gentes de la primera
fratría son las mismas en ambas; pero la gens Oso ha sido transferida a la
fratría opuesta y se encuentra ahora con la Ciervo. La subdivisión de gentes
también es desigual, como entre los cayugas. Las gentes de la misma fratría son
tratadas como gentes hermanas entre sí, y las de la otra fratría son gentes
primas. Mientras los onondagas no tienen gens Gavilán, los sénecas carecen de
Anguila; pero los miembros de ambas frater nizan cuando se encuentran, pretendiendo
que existe lazo entre ellos. Los mohawks y los oneidas no tienen sino tres
gentes. Oso, Lobo y Tortuga, y ninguno fratría. Cuando se implantó la
confederación
existían siete de las ocho gentes de los sénecas en
las diversas tribus, como lo demuestra la creación en ellas del cargo de
sachem; pero
los mohawks y los oneidas sólo tenían las tres
nombradas. Esto in dicaría que en ese tiempo ya habían perdido una fratría
entera y una gens de la otra, si se considera que en el origen las tribus
estaban compuestas por las mismas gentes. Cuando una tribu orga nizada en
gentes y fratrías se subdivide, puede hacerlo en el sentido de la organización
de la fratría. No obstante que los miembros de
152 LEWIS H. MORCAN
una tribu se hallan entremezclados por matrimonio,
cada gens en
una fratría es compuesta de mujeres con sus hijos y
descendientes de mujeres, que formaban el cuerpo de la fratría. Se inclinarían,
per lo menos, a mantenerse unidas siquiera localmente y de ahí desligarse en un
cuerpo. Los miembros varones de la gens, casados con mujeres
de otras gentes y permaneciendo con sus mujeres, no
afectarían a la gens, desde que los hijos de los varones no pertenecen a su
vincula ción. Si alguna vez se reconstruyera la historia detallada de las
tribus indias, sería por medio de las fratrías y gentes que pueden seguirse
de tribu a tribu. En una investigación de esta
índole sería interesante establecer si hubo desintegración de tribu por
fratrías. Es por lo me nos improbable.
Los tuscarora-iroqueses fueron desprendidos del
tronco mayor en alguna época desconocida del pasado, y al tiempo de su
descubri miento habitaban la región del río Neuse, en la Carolina del Norte.
Más o menos en 1712, fueron desalojados por la fuerza, y se trasla daron a las
tierras de los iroqueses donde fueron admitidos en la confederación como un
sexto miembro. Cuentan ocho gentes organi zadas en dos fratrías, como sigue:
Primera fratría
G e n t e s : 1 , Oso; 2, Castor; 3, Tortuga
Grande; 4, Anguila.
Segunda fratría
G e n t e s : 5, Lobo Pardo; 6. Lobo Amarillo; 7,
Tortuga Pequeña; S, Becasina.
Cuentan seis gentes en común con los cayugas y los
onondagas, cinco en común con los sénecas, y tres en común con los mohawks y
los oneidas. La gens Ciervo, que en un tiempo poseyeron se extinguió en épocas
modernas. Se notará también que la gens Lobo ahora se divide en dos, Pardo y
Amarillo, y Tortuga en dos. Grande y Pe queña. Tres de las gentes de la
primera fratría coinciden con tres
de la primera fratría de los sénecas y cayugas, con
la salvedad de que la gens Lobo es doble. Como transcurrieron varios cientos de
años entre la segregación de los tuscaroras de sus congéneres y su reincor
poración, esto suministra alguna comprobación de permanencia en
la existencia de una gens. Las gentes de la misma
fratría se dicen gentes'hermanas, y con respecto a las de la otra, gentes
primas, como entre las demás tribus.
Considerando las diferencias de composición de las
fratrías en
las diversas tribus, parece probable que de tiempo
en tiempo se mo dificaban las fratrías en sus gentes, para hacer frente a
condiciones nuevas. Algunas gentes prosperan y multiplican sus miembros, míen
l a so c ie d a d p r i m it iv a 153
tras otras decaen por calamidades, y otras se
extinguen, de suerte que se hacían necesarias las transferencias de una fratría
a otra, para mantener algún grado de equilibrio en el número de miembros en
cada una. La organización ¦ fratría ha existido
entre los iroqueses desde tiempo inmemorial. Probablemente es más antigua que
la con federación, que fue implantada hace más de cuatro centurias. La suma de
las diferencias que presentan en su composición con respecto a las gentes
señala las vicisitudes por que ha pasado cada tribu en
el intervalo. Es asunto de menor cuantía, demostrar
lo que perduraron las fratrías, así como las gentes.
Las tribus iroquesas contaban con un total de
treinta y ocho
gentes y cuatro de las tribus contaban con un total
de ocho fratrías. En sus usos y costumbres la fratría iroquesa queda a
retaguardia de la griega, como se supone, bien que nuestros conocimientos de
ésta sean limitados, y a retaguardia de las tribus
romanas, respecto a lo que se conoce de las costumbres de la fratría de estas
tribus. Al cotejar éstas con la primera, retrocedemos a través de dos períodos
étnicos y hacia una condición social muy diferente. La diferencia está en el
grado de progreso, y no en la clase; pues tenemos la misma institución en cada
raza, derivada de un germen idéntico o similar, conservada por cada una a
través de inmensos espacios de tiempo
como parte del sistema social. La sociedad
gentilicia se mantuvo por necesidad entre las tribus griegas y romanas hasta
que sobrevino la sociedad política; y perduró en las tribus iroquesas porque
ellas se hallaban dos períodos étnicos íntegros detrás de la civilización. Por
tanto, todo hecho relativo a las funciones y usos de la fratría india es
importante, porque tiende a proyectar luz sobre el carácter arcaico de una
institución que llegó a ser tan influyente en un estado más desarrollado de
sociedad.
Entre los iroqueses la fratría era en parte para
objetos sociales y en parte para objetos religiosos. Sus costumbres y funciones
serán mejor presentados con ejemplos prácticos. Comenzamos con los más
inferiores, con los juegos, que eran de concurrencia popular en los consejos de
tribu o de la confederación.
En el juego de la pelota, por ejemplo, entre los
sénecas, se juega entre fratrías, una contra otra; y apuestan entre ellas sobre
el resul tado de la partida. Cada fratría designa sus mejores jugadores, por
lo regular de seis a diez por bando, y los miembros de cada fratría se reúnen
en el lado apuesto del campo donde se juega el partido. Antes de comenzar los
miembros de las fratrías opuestas juegan prendas
de propiedad personal sobre el resultado. Ellas son
puestas en manos de depositarios hasta que se conoce el resultado. La partida
se juega con vivacidad y entusiasmo y es un espectáculo que enardece. Desde sus
posiciones opuestas los miembros ae cada fratría siguen el juego
l e w i s B. MORGAN
con ardor, y aplauden y gritan a favor de los
jugadores a cada buen golpe del juego (52).
La organización en fratrías se manifestaba de
muchas maneras.
En el consejo de la tribu, los sachems y los jefes
de cada fratría ha-bítualmente se sentaban en lados opuestos a una fogata
imaginaria,
y los oradores se dirigían a los dos cuerpos como a
los representantes de las fratrías. La etiqueta de este estilo en la
realización de los negocios tiene un encanto especial para el piel roja.
Por otra parte, cuando se había cometido un
asesinato, era cos tumbre que la gens del muerto se reuniera en consejo; y
luego de cerciorarse de los antecedentes, dictaba medidas para el castigo del
criminal. La g ens de éste también efectuaba consejo y procuraba
un ajuste o condonación con la gens del asesinado.
Pero sucedía con frecuencia que la gens del criminal reclamaba a las otras
gentes de sú fratría, cuando el matador y el muerto pertenecían a fratrías
opuestas, a que colaborasen con ellos para lograr la condonación del crimen.
En tal caso la fratría celebraba consejo, y luego
se dirigía a la otra fratría, a la que enviaba una delegación con un cinto de
wampun blanco, solicitando un consejo de la fratría y la condonación de]
crimen. Ofrecían reparaciones a la gens y a la familia del muerto mediante
expresiones de pesar y regalos de valor. Las negociaciones entre los dos
consejos se seguían hasta que se hubiese alcanzado un resultado afirmativo o
negativo. La influencia de una fratría compues ta de varias gentes, serla
mayor que la de una sola gens; y al llamar al acuerdo a la otra fratría
aumentaban las probabilidades de una condonación, especialmente cuando había
circunstancias atenuantes. Vemos así de qué manera natural la fratría griega,
antes de la civili zación, se hacía cargo de la acción principal, bien que no
exclusiva, en los casos de homicidio y también en la rehabilitación del asesino
si escapaba a la pena; y después de la implantación de la sociedad política,
con cuánta razón la fratría asumía el deber de enjuiciar al matador ante las
cortes de justicia.
En las exequias de personas de reconocida
importancia de la tribu, la organización fratría se manifestaba de una manera
conspicua. Los fratrores o hermanos del extinto en masa eran los dolientes, y
los miembros de la fratría opuesta eran los encargados de dirigir las
ceremonias. En el caso de un sachem, se acostumbraba que, in mediatamente
después del entierro, la fratría opuesta enviase al Fuego del Consejo Central
en Onondaga, el cinto oficial de wampun del extinto mandatario, como
notificación de su fallecimiento. Éste era retenido hasta la toma de posesión
del sucesor, cuando le era impuesto como una insignia de su cargo. En las
exequias (que se llevaron a cabo hace algunos años) de Lago Hermoso (Ga-ne-o-di
-yo), uno de
League
of Iroquois", pág. 294.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 155
los ocho sachems de los sénecas, se reunieron
sachems y jefes hasta el número de veintisiete, y una gran concurrencia de
miembros de ambas fratrías. La oración fúnebre de costumbre ante el cadáver, y
las otras previas a la llegada de éste, fueron pronunciadas por miembros de la
fratría opuesta.
Terminados los discursos, el cadáver fue
transportado a la sepul tura por personas escogidas de esta última fratría,
seguido, primero, por los sachems y jefes, luego, por la familia y gens del
finado, des pués, por sus restantes hermanos , y finalmente, por los miembros
de la fratría opuesta. Luego de depositado el
cadáver en la sepul tura, los sachems y jefes formaron un círculo a su
derredor para cu-brirla con tierra. Cada uno por tumo, comenzando por el de más
edad, echó tres paladas, número simbólico en su régimen religioso, teniendo
relación la primera con el Gran Espíritu, la segunda con el Sol y la tercera
con la Madre Tierra. Cuando la sepultura estuvo cubierta el sachem de más edad
mediante una figura literaria deposi tó los cuernos del extinto, emblemas de su
cargo, en la cabecera, donde debían permanecer hasta La instalación de su
sucesor. En esta ceremonia subsiguiente se hacía de cuenta que los cuernos se
reti raban de la sepultura del mandatario extinto y se colocaban sobre la
cabeza de su sucesor (53).
Esta costumbre sola, basta para hacer destacar las
funciones so
ciales y religiosas de la fratría, y la lógica de
su existencia en el siste ma orgánico de la sociedad antigua.
La fratría también tenía que ver con la elección de
sachems y jefes de Las diversas gentes, disponiendo de un voto negativo tanto
como afirmativo. Después que la gens de un sachem difunto elegía
su sucesor, o un jefe ae segundo grado, era
necesario, como antes se
ha dicho, que su elección fuese aceptada y
confirmada por cada fratría. Se descontaba, naturalmente, que las gentes de la
misma fratría confirmarían la elección; pero se requería la aquiescencia de la
otra fratría también, y ésta algunas veces ejercía oposición. Se celebraba un
consejo de cada fratría y se expedía sobre la cuestión de aceptación o rechazo.
Si la designación hecha era aceptada por ambos, quedaba terminada, pero si
cualquiera de los dos se oponía, quedaba sin efecto y la gens efectuaba una nueva
elección. Cuando
la designación hecha por la gens hubiese sido
aceptada por las fratrías,
Según
la creencia de los iroqueses, era para el alma del difunto un viaje en diez
jomadas de la tierra al cielo. Durante diez días después del fa llecimiento,
los dolientes se reunían todas las noches para llorar al extinto, y se
entregaban a excesos de dolor. La canción fúnebre estaba a cargo de las
mujeres. Era costumbre de antaño encender todas las noches de este tiempo, un
fuego sobre la sepultura. El undécimo día celebraban una fiesta, ya que el alma
había llegado al cielo, el lugar de descanso, y no había motivo para más
duelos. Éstos daban fin con la fiesta.
156 LEWIS H. MORCAN
todavía faltaba, como antes se ha dicho, que el
nuevo sachem o el nuevo jefe fuese investido por el consejo de la
confederación, en el cargo, pues éste era el único con facultad de investir.
Hoy los sénecas han perdido sus Logias de Medicina
(Medi cina Lodge) que desaparecieron en épocas modernas, pero existían en
otros tiempos y constituían una parte prominente de su sistema religioso.
Sostener una Logia de Medicina era practicar los más altos ritos y los más
recónditos misterios religiosos. Existían dos de estos órganos, uno para cada
fratría, lo que nuevamente demuestra
la vinculación natural de la fratría con las
observaciones religiosas.
Hoy se conoce muy poco acerca de estas Logias y sus
ceremonias.
Cada una era una hermandad, a la que se
incorporaban nuevos miembros previa iniciación formal.
En el sentido estricto del término, la fratría
carecía de funciones
gubernamentales, siendo éstas circunscriptas a la
gens, tribu o confe
deración; pero actuaba en sus asuntos sociales con
grandes facultades
administrativas y hubiera penetrado más y más en
sus asuntos reli
giosos a medida que adelantara la condición del
pueblo. A deseme
janza de la fratría griega o la curia romana,
carecía de cabeza oficial.
No existía como tal, jefe de la fratría, ni tampoco
ningún funcionario
religioso que le perteneciera, como distinto de la
gens o la tribu.
La institución fratría se hallaba entre los
iroqueses en su forma arcai ca, rudimentaria, pero tomó cuerpo por
desenvolvimiento natural
e inevitable, y perduró porque atendía a extremos
necesarios. Toda institución humana que haya logrado perdurar se hallará
enlazada
con una necesidad continua. Con la existencia- de
la gens, tribu y con federación, estaba asegurada la presencia de la fratría.
Entretanto, se requería tiempo y mayor experiencia- para poner de manifiesto
to dos los usos que de ella pudieran derivar.
Un razonamiento basado en principios generales nos
mostraría
que la fratría tiene que haber existido entre los
indios pueblos de Méjico y Centroamérica y tiene que haber sido un organismo
mejor desarrollado y más influyente que entre los iroqueses. Desgraciada
mente, lo único que puede derivarse de los copiosos escritos de los autores
españoles del primer siglo de la conquista, es una ligera visión de tal
institución.
Los cuatro linajes de los tlascalanos, que
habitaban los cuatro cuarteles de la villa de Tlascala, eran, con toda
probabilidad, otras tantas fratrías. Eran bastante numerosos para cuatro
tribus; pero como
habitaban la misma villa y hablaban el mismo
dialecto, la organiza ción en fratrías era, aparentemente, una necesidad. Cada
linaje, o fratría, para así llamarlo, tenía su organización militar propia, su
LA SOCIEDAD PM M OT'A 157
distintivo y uniforme especial, y su jefe de guerra
principal (Teuctli), que era su comandante militar general. Formaban para el
combate
por fratrías. La organización de una fuerza armada
por fratrías y por tribu no era desconocida por los griegos de Homero. Así
Néstor aconseja a Agamenón separar las tropas por fratrías y por tribus, a fin
que fratría apoye a fratría y tribu a tribu" (54).
Bajo el régimen gentilicio del tipo más avanzado,
el principio de parentesco vino a ser en mucha parte la base de la organización
de los ejércitos. De idéntica manera los aztecas ocupaban la ciudad de Méjico
en cuatro divisiones distintas, dentro de las cuales, los pueblos estaban más
íntimamente emparentados que con respecto a los de
otras divisiones. Eran linajes diferentes, como los
tlascalanos, y es muy probable que fueran cuatro fratrías, organizadas como
tales. Se distinguían entre sí por vestimentas y distintivos y formaban para el
combate como divisiones separadas. Sus zonas geográficas se llama ban los
cuatro cuarteles de Méjico. Este tema volverá a ser tratado. Con respecto a la
existencia de esta organización en las tribus indias del estadio inferior de la
barbarie, la materia apenas ha sido ligeramente investigada. Es probable que
fuera general en las tribus principales, dada la naturalidad con que surge como
miembro nece sario de la serie orgánica, y por los usos, fuera del gobierno, a
que se adapta.
En algunas de las tribus la fratría se destaca
claramente en la faz de su organización. Así las gentes choctas están unidas en
dos fratrías, que deben ser citadas primero, para señalar la relación de las
gentes entre sí. La primera se Dama Pueblo Dividido y también contiene cuatro
gentes. La segunda es llamada Pueblo Amado y también contiene cuatro gentes.
Esta separación del pueblo en dos divisiones por gentes, creaba dos fratrías.
Por supuesto, algún cono cimiento de las funciones de estas fratrías sería de
desear; pero en su ausencia, el hecho de su existencia real está comprobado por
las divisiones mismas. La evolución de una confederación salida de dos gentes,
pues nunca se hallan menos de dos en tribu cualquiera, puede deducirse
teóricamente de los hechos conocidos de la experiencia de los indios. Así la
gens se multiplica en el número de miembros y se divide en dos; éstas a su vez
se subdividen y con el tiempo se vuelven a unir en dos o más fratrías. Estas
fratrías componen una tribu, cuyos miembros hablan el mismo dialecto. Con el
transcurso del tiempo esta tribu se fracciona en varias por el proceso de
segmentación, las que a su vez se vuelven a unir en una confederación. Tal
confederación
es el producto, a través de la tribu y la fratría,
de un par de gentes.
Iliad.,
ü , 362.
LEWIS H. MORCAN
Los chickasas están organizados en dos fratrías, de
las cuales una consta de cuatro gentes y la otra de ocho, como sigue: I.
Fratría Pantera
Gentes: 1, Gato Montes; 2, Pájaro; 3, Pez; 4,
Ciervo.
II. Fratría Es-pañol
Gentes: 5, Coatí; 6, Español; 7, Real; S,
Hushko'-ni; 9, Ardilla; 10, Caimán; 11, Lobo; 12, Mirlo.
No me hallo habilitado para dar detalles acerca de
las fratrías
de los choctas y de los chickasas. Hace unos
catorce años me habló de estas organizaciones el Rev. doctor Cyrus Byington y
el Rev. Charles C. Copeland, pero sin entrar a discutir sobre sus costumbres y
funciones.
La organización de la tribu de los mohicanos ofrece
un ejemplo bastante completo de La manera cómo la fratría se ha formado por
crecimiento natural, a base de la subdivisión de gentes. Contaba con tres
gentes originarias: Lobo, Tortuga y Pavo.
Cada una de éstas se subdividió, y las
subdivisiones se organi
zaron como gentes independientes; pero retuvieron
los nombres de
las gentes originarias, en calidad de nombres de
sus respectivas fra
trías. En otros términos, la subdivisión de cada
gens se reconstituyó
como fratría. Esto es una demostración palmaria del
proceso natural,
mediante el cual, en el curso del tiempo, una gens
se fracciona en
varias, y éstas conservan la unión en una
organización de fratría
que se expresa- con una designación correspondiente
a la misma.
Ellas son las siguientes:
I. Fratría Lobo
Gentes: 1, Lobo; 2, Oso; 3, Perro; 4, Zorra
mochilera.
II. Fratría Tortuga
Gentes: 5, Tortuga pequeña; 6, Tortuga del barro;
7. Tor tuga grande; 8, Anguila amarilla. III. Fratría Pavo
Gentes: 9, Pavo; 10, Grulla; 11, Pollo.
Resulta de esto que la gens Lobo originaria se
subdividió en cua tro gentes; Tortuga, en cuatro, y Pavo, en tres. Cada nueva
gens adoptó un nuevo nombre, reteniendo el originario, el propio, el que por
derecho de antigüedad se extendió a la fratría. Es raro hallar
L.\ SOCIEDAD PBIMITTVA 159
entre las tribus de indios americanos testimonios
tan claros de seg mentación de gentes en su organización extema, seguida por
la for mación de fratrías de sus respectivas subdivisiones. Esto también de
muestra que la fratría se funda sobre el parentesco de las gentes. Generalmente
no se conoce el nombre de la gens originaria del cual se formaron los otros;
pero en cada uno de estos casos perdura como nombre de la fratría. Como ésta, a
semejanza de la griega, era un cuerpo social y religioso más bien que
gubernamental, poseía menos exterioridad que la gens o la tribu, que eran
esenciales al gobierno de la sociedad.
De las doce fratrías atenienses, la historia sólo
nos conserva el nombre de una. Las de los iroqueses no tenían ningún nombre
fuera del de la confraternidad.
Los delaware y los munsíes cuentan con las mismas
tres gentes-, Lobo, Tortuga y Pavo. Entre los delaware hay doce gentes embrio
narias en cada tribu, pero parecen ser linajes dentro de las gentes, y no
habian adquirido nombres gentilicios. Sin embargo, era un paso en ese sentido.
La fratría también aparece entre los thlinkeets de
la costa noroes
te, en el primer término de su organización en
gentes. Ellos tienen
dos fratrías, como sigue:
I. Fratría Lobo
Gentes: 1, Oso; 2, Aguila; 3, Delfín; 4, Tiburón;
5, Eica.
H. Fratría Cuervo
Gentes: 8, Sapo; 7, Ganso; S, Lobo Marino; 9, Búho;
10, Salmón. El matrimonio dentro de la fratría está prohibido, lo que de suyo
demuestra que las gentes de cada fratría derivaron de una gens ori ginaria
(55). Los miembros de cualquier gens de la fratría Lobo
podían casar con los de la fratría opuesta, y
viceversa.
De lo expuesto queda demostrada la existencia de la
fratría en
varios troncos lingüísticos de los aborígenes
americanos. Su presen
cia en las tribus citadas fundamenta la presunción
de su difusión
general en la familia ganowaniana. Entre los
indios, donde era más
crecido el número de miembros de una gens y de una
tribu, habría
sido necesariamente más importante, y por tanto
estaría mejor
desarrollada. Como institución aún no había salido
del estado arcai
co, pero poseía los elementos esenciales de la
griega y la romana. Se
puede ahora dar por sentado que todas las series
orgánicas de la
sociedad antigua existen en plena vitalidad en el
continente ameri
cano, a saber: la gens, la fratría, la tribu y la
confederación de tribus.
B a
n c r o f t; Native Races of the Pacific
States", I. 309.
LEWIS H. MORGAN
Con nuevas pruebas que se han de presentar quedará
comprobada
la universalidad de la organización gentilicia en
todos los conti nentes.
Si la investigación futura es encaminada
especialmente a las fun ciones de la organización en fratrías entre las tribus
de los aboríge nes. americanos, los conocimientos logrados explicarán muchas
pe culiaridades de la vida india y sus costumbres, hasta ahora no bien,
comprendidas, y arrojarán nueva luz sobre sus usos y hábitos y sobre sus
regímenes de vida y de gobierno.
IV
LA TRIBU IROQUESA
Es difícil describir una. tribu india a base de los
elementos posi tivos de su composición. Con todo, se destaca claramente, y es
la or ganización definitiva de la gran masa de los aborígenes americanos. La
característica principal de su condición es el gran número de tribus
independientes en que se han distribuido por el proceso na tural de
segmentación. Cada tribu se individualiza por el nombre, por un dialecto
propio, por un gobierno supremo y por la posesión
de un territorio que ocupaba y defendía como suyo
propio. Las tribus eran tan numerosas como los dialectos, porque la separación
no era definitiva hasta tanto no aparecían variaciones dialécticas. Las tribus
indias s o d , por consiguiente, productos naturales originados por la
separación de un mismo pueblo en la región que ocupa, seguida
por diferencias en la lengua, segmentación e
independencia. Hemos visto que la fratría no era tanto institución
gubernamental como social, mientras que la gens, tribu v confederación eran
pasos lógicos y necesarios del progreso en el desarrollo de la idea de go
bierno. Una confederación no podía existir bajo el régimen gentilicio, sin la
tribu como base; ni podía existir la tribu sin la gens, aun cuan do lo pudiera
sin la fratría. En este capítulo procuraré señalar Ja manera cómo fueron
formadas estas numerosas tribus, presuntamente,
de un solo pueblo originario, las causas que
produjeron su perpetua segmentación, y los atributos principales que
distinguían a una tribu india como organismo.
La posesión exclusiva de un dialecto y de un
territorio ba dado lugar a la denominación de Nación a muchas tribus indias, a
pesar del corto número de personas de cada una. Tribu y Nación, empero, no son
estrictamente equivalentes. La Nación no surge, bajo la ins titución
gentilicia, hasta tanto las tribus unidas bajo un mismo go-
162 LEWIS H. MORCAN
biemo, se hayan fusionado en un solo pueblo, como
se fusionaron las cuatro tribus atenienses en el Atica, las tres tribus dóricas
en Esparta, y las tres tribus latinas y sabinas en Roma. La federación exige
tribus independientes en zonas territoriales
separadas; pero la fusión las une por un proceso más alto en la misma zona, no
obstante per dura la tendencia a la diferenciación local de gentes y tribus.
La con federación es la institución más análoga a la nación, pero no su equi
valente preciso. Donde existe la organización gentilicia, las series orgánicas
suministran todos los términos requeridos para una descrip ción exacta.
Una tribu india se compone de varias gentes por
desenvolvimien to de dos o más, cuyos miembros se hallan entremezclados por el
matrimonio y hablan el mismo dialecto. Para el forastero es visible la tribu,
pero no la gens. Son sumamente raros los casos entre los aborígenes americanos
en que la tribu comprendiera a gentes que ha blan diferentes dialectos. Cuando
se comprueban tales casos, resulta de la unión de una tribu más débil con una
más fuerte, cuya mutua lengua ha estado muy ligada, como la unión de los
missouris con les otoes, después de la caída de los primeros. El hecho de que
la gran masa de los aborígenes fuese hallada en tribus independientes, seña la
el lento y difícil progreso del concepto de gobierno bajo la institución
gentilicia. Solamente una pequeña parte había alcanzado la última etapa
conocida de ellos, la de una confederación de tribus, hablando dialectos de un
tronco lingüístico común. En parte alguna de América se había producido la
unión de tribus en nación.
En los elementos de la organización gentilicia
existía una cons tante tendencia a la desintegración, la que ha sido una gran
traba para el progreso en las tribus salvajes y bárbaras. La agravaba toda vía
otra tendencia a diferenciarse en el habla, que era inseparable de su estado
social y las amplias zonas que ocupaban. Un lenguaje verbal, a pesar de
persistir notablemente en sus vocablos, y aún más, en sus formas gramaticales,
es incapaz de subsistir. La separación territorial causaba con el tiempo variaciones
en la lengua, y ésta a su vez conducía a la separación de intereses y a la
independencia ulterior. No fue obra de un corto período sino de siglos y
siglos, que acabaron por sumar millares de años. El gran número de dialectos
y lenguas troncales de Norte y Sudamérica, que,
presuntamente y con excepción del esquimal, derivaron todas de una lengua
origina ria, demandaban para su formación el tiempo comprendido por tres
períodos étnicos.
Por un desarrollo natural se formaban
constantemente nuevas tribus, tanto como nuevas gentes; y el proceso recibía un
impulso sensible en virtud de la vasta extensión del continente americano. El
método era sencillo. En primer término se produciría algún flujo
o salida gradual de gente de algún centro
geográfico sobrepoblado, l a so c ie d a d p r i m i t i v a 163
dotado de medios de subsistencia especialmente
ventajosos. Persis tiendo esto por años, acabaría por reunir una población
considerable
en un sitio distante de la sede originaria de la
tribu. Con el transcurso del tiempo los emigrantes cambiarían respecto a sus
intereses, sen timientos, y finalmente, a su habla. Sobrevendría luego su
separación
e independencia, aunque fuesen contiguos sus
territorios. De esta manera se creaba una nueva tribu.
Aunque esta es una exposición concisa de la manera
cómo fueron formadas las tribus de los aborígenes americanos, debe tenerse por
general. Repitiéndose de época en época tanto en las regiones recién adquiridas
como en las antiguas, debe ser considerado como resultado natural e inevitable
de la organización gentilicia ligada a las nece
sidades de su condición particular. Cuando la
multiplicación de su número excedía los medias de subsistencia, el sobrante se
trasladaba a una nueva ubicación, donde se establecían con facilidad, porque el
gobierno era integral en cada gens y en cualquier número de gentes reunidas en
una tribu. Lo mismo pasaba, con poca diferencia, entre los indios. Cuando un
pueblo colmaba con exceso su capacidad de población, salía una colonia, aguas
arriba o aguas abajo, v fun daba un nuevo poblado. Repitiéndose este hecho a
intervalos de tiempo, aparecerían varios poblados, cada uno independiente de
los otros y autónomo, pero unidos por una liga o confederación para protegerse
mutuamente. Más tarde se produciría la divergencia de lengua, completando así
su resurgimiento en tribus.
La manera cómo las tribus emergen unas de otras
puede demos
trarse directamente con ejemplos. El hecho de la
separación descansa, en parte, en la tradición, en la posesión de cada una de
un número de las mismas gentes, y en las vinculaciones de sus dialectos. Las
tribus nacidas de subdivisiones de una tribu originaria poseerían en común un
número de gentes, y hablarían dialectos de una misma
lengua.
Después de varios siglos de separación, aún conservarían un número de las
mismas gentes. Así, los hurones, hoy wyandottes, tie nen seis gentes con los
mismos nombres de seis de las de los séneca-iroqueses, después de más de
cuatrocientos años de separación. Los potawattamies tienen ocho gentes con los
mismo nombres de ocho
de los ojibwas a la vez que aquéllos tienen seis y
éstos catorce que son diferentes; demostrando que nuevas gentes se han formado
por segmentación en cada tribu después de su separación. Una rama aún más
antigua de los ojibwas, o de la tribu paterna de ambos, los mia-míes, sólo
tienen tres gentes en común con aquéllos; ejemplo: Lobo, Negreta y Aguila. La
vida social de las tribus de la familia ganowa-níana se encierra en la vida y
crecimiento de las gentes. Si alguna vez la investigación fuese vigorosamente
encaminada en esta direc ción, las mismas gentes serían guía en qué confiar,
tanto respecto al
164 LEWIS R . MORGAN
orden de separación entre tribus de un mismo
tronco, como, posible mente, respecto a los grandes troncos de los aborígenes.
Los siguientes ejemplos son tomados de tribus en el
estadio infe rior de la barbarie. Cuando fueron descubiertas, las ocho tribus
m-issouris ocupaban las orillas del río cuyo nombre llevan, en una extensión de
más de mil millas, como las orillas de sus tributarios, el Kansas y el Platte,
y también los ríos menores del Iowa. Ocupaban, además, 1¿ orilla oeste del
Mississípí, hasta el Arkansas. Sus dialectos revelan que se habían dividido en
.tres tribus con anterioridad a las últimas subdivisiones, a saber: primero,
los punkas y ornabas, segun do, los iowas, los otoes y los missouris; y
tercero, los kaws, los osages y los quappas. Es indudable que estas tres fueron
subdivisiones de
una sola tribu originaria, pues sus dialectos se
asemejan entre sí, mucho más que a ningún otro dialecto de la lengua troncal
dacota, a que pertenecen.
De ahí que una necesidad lingüística explica su
derivación de una tribu originaria. La dispersión gradual desde un punto de
partida central de este rio, a lo largo de sus riberas, tanto aguas arriba como
aguas abajo, conduciría a una desvinculacíón de intereses a medida que
aumentaran las distancias, seguida de una divergencia de idioma,
y finalmente, de absoluta independencia. Un pueblo
que así se ex tiende por las orillas de un río en un país de llanuras, podría
dividir se primero en tres tribus y más adelante en ocho, quedando intacta
la organización de cada subdivisión. La división no
era una sacudida violenta ni se la consideraba un desastre, sino una separación
en fracciones por expansión natural, en un área más amplia, seguida de
segmentación completa. La tribu situada en la parte
más lejana, aguas arriba sobre el Missouri, era la Punka, en la embocadura del
Río Niobrara, v la que estaba en el otro extremo, aguas abajo, era la Quappa,
donde afluye el Arkansas al Mississippi, con un espacio intermedio entre ellas
de cerca de mil quinientas millas. La región intermedia circunscripta a la
angosta faja de selvas sobre el Missouri, era el dominio de las restantes seis
tribus. Eran estrictamente tribus ribereñas.
Otro ejemplo lo ofrecen las tribus del lago
superior. Los ojibwas, otawas y potawattamies eran subdivisiones de una tribu
originaria; los ojibwas representaban el tronco, porque permanecieron en la
sede primitiva, en las grandes localidades pesqueras, situadas sobre el desagüe
del lago. Más aún, las otras dos los llamaban Hermano Mayor", mientras a
los otawas se les decía, Hermano mayor que sigue y a los potawattamies Hermano
Menor". Estos últimos fue ron los primeros en disgregarse y los otawas
los últimos, como lo comprueba el relativo aumento de variación dialéctica, que
es mayor en los primeros. En la época de su descubrimiento, en el año 1641, los
ojibwas tenían asiento en los Rápidos, en la desembocadura del
LA SOCIEDAD PRIMTTTVa 165
lago Superior, desde cuyo punto se habían esparcido
a lo largo de la ribera sur del lago harta el sirio de OntoDagon; por la ribera
noroeste, v a lo largo del río Santa María hasta las proximidades del lago
Hurón. Su ubicación reunía ventajas notable para una subsistencia
a base de pescado y caza, a las que debían liar su
mayor sostén, pues no cultivaban maíz ni cereales (56).
No cedía a ninguna en Norte América, con la sola
excepción de) valle del Columbia. Con tales ventajas era seguro que
desarrollarían una numerosa población india, y que se desprenderían grupos
suce sivos de emigrantes que a su tiempo serían tribus independientes. Los
potawattamies ocupaban una región en los confines de) Alto Michigan y
Wisconsin, de donde en 1641, los dacota se hallaron ocupados en desalojarlos.
Al mismo tiempo los otawass, cuyo asiento anterior se cree que haya sido sobre
el río Otawa en el Canadá, se habían corrido al oeste y se habían radicado en
la Georgian Bay, en las Islas Manitoulíno y eu Mackinaw, desde donde se
extendían
al sur por el Bajo Michigan. Originariamente un
pueblo, contando
con las mismas gentes, habia logrado apropiarse de
una región am-
S lia. La separación de sedes y las largas
distancias entre sus pobla os, habían prod ucido mucho antes del
descubrimiento-, la formación
de dialectos y la independencia de las tribus.
Estas tres tribus, cuyos territorios colindaban, habían instituido una alianza
de protección mutua, conocida entre los americanos como la Confederación de
Otawa . Era una liga ofensiva y defensiva, y no, probablemente, una
confederación ajustada, como la de los iroqueses.
Con anterioridad a estas separaciones, otra tribu
afiliada, los miamíes. se había disgregado del tronco Ojibwa, o de la tribu
mater na común, trasladándose al Illinois central y al Oeste de indiana.
Continuando en las huellas de esta migración, hallamos los illinois, retoño
posterior del mismo tronco, que más tarde se subdividió en los peorías,
Kaskaskia, weaws y piankeshaws. Sus dialectos, junta mente con el de los
miamíes, reconocen su mayor afinidad con el
ojibwa , y luego con el cric (57). Es un hecho
significativo la dis persión de todas estas tribus desde el asiento principal
en las grandes pesquerías del Lago Superior, porque manifiesta la manera cómo
las tribus se formaban en relación con los centros naturales de subsisten cia.
Los algonquinos de la Nueva Inglaterra, Delaware, Maryland.
Í56) Según hoy lo afirman los ojibwas. sus
antepasados remotos fabricaban
caños, pipas y vasijas de baxro. En diferentes
ocasiones se ha desenterrado ert el Sault Sama María, alfarería india, que
ellos reconocen como obra de sus an tepasados.
(57) Los potawattamies y los cries, acusan más o
menos el mismo grado
de divergencia. Es probable que los ojibwas, los
otawas y los cries, formaran ut> pueblo con un mismo dialecto, con
posterioridad' a la separación de los potawattamies.
166 LEWIS B . MOECAN
Virginia y Carolina del Sur y Norte, derivaron
todos, probablemente, de la misma fuente. Habrían de transcurrir varios siglos
para nrodu-cir los dialectos primeramente citados, e introducirles la gran
varia ción que hoy exhiben.
Los ejemplos expuestos muestran el proceso natural
según el cual
las tribus se desprenden unas de otras, o de una
tribu originaria asen tada en un lugar ventajoso. Cada grupo emigrante tenía
el carácter
de una colonia militar, si es que cuadra una
caracterización tan ex presa, en busca de un territorio para adquirir y
conservar, v mante niendo en un principio y hasta donde pudiera, la
vinculación con la tribu materna. Mediante estos movimientos sucesivos,
procuraban am pliar sus dominios, y luego, resistir la intrusión de gentes
extrañas dentro de sus límites. Es un hecho digno de destacarse que las tribus
indias que hablan los mismos dialectos, nacidos de una misma lengua troncal,
por lo regular han sido encontradas en continuidad territo rial, por más
extenso que fuere el perímetro común. La misma verdad reza, para la mayoría de
las tribus del género humano, ligadas lin güísticamente; porque las gentes que
se desprendían de ün centro geográfico dado, empeñadas en una ardua lucha por
la existencia y por la posesión de territorios nuevos, conservaban su
vinculación con la madre tierra como elemento de auxilio en tiempos de peligro,
y como refugio ante algún desastre.
Eran menester ventajas especiales para que un lugar
dado hiciera
de punto inicial de migración por el constante
desarrollo de un exceso de población. Estos centros naturales eran contados en
Norte América. Son solamente tres. El principal es el Valle del Columbia, la
región más extraordinaria de la tierra por la variedad y cantidad de sub
sistencias que brindaba, con anterioridad al cultivo del maíz y plan tas (58);
segundo, la península entre los lagos Superior, Hurón y Mi chigan, el asiento
de los ojibwas y la cuna de muchas tribus indias;
y tercero, la región de los lagos en Minnesota, la
cuna de las actuales tribus de Dakota. Estas son las únicas regiones en Norte
América
que pueden llamarse Centros Naturales de'
subsistencia, y fuentes naturales para el exceso de población. Existen razones
para presumir
Como
mezcla de selva y llanura era tierra de abundante caza. El ka-
mash, una especie de raíz panoOcable, crecía en
abundancia. En el estío había profusión de bayas, Pero al respecto no superaba
a otras zonas. Lo que hacía destacar la región era la provisión inagotable de
salmón en el Columbia y otros ríos de la costa. Cuajaban estas corrientes a
millones, y en la estación eran pescados con la mayor facilidad y abundancia.
Después de abrirlos y secar los al sol, se envasaban y se llevaban a las
poblaciones, donde constituían
el alimento principal durante la mayor parte del
año. Además de esta pesca, estaba la de mariscos en la costa, que abastecía en
el invierno. A estas ven tajas se añade el clima, que era templado e igual
durante el año, en las regiones dé Tennessee y Virginia. Era el paraíso de las
tribus que no conocían los ce reales.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 167
que Minnesota fue parte del territorio algonquino,
antes de ser ocu pado por los dacota. Cuando llegó el cultivo de maiz y
plantas, ten dió a localizar los pueblos y mantenerlos en áreas más limitadas,
como también a acrecentar su número pero no alcanzó a entregar el do minio del
continente a los indios pueblos de las tribus más adelanta das, que subsistían
casi exclusivamente de los cultivos. La horticul tura se difundió entre las
tribus principales en el estadio inferior de la barbarie y mejoró mucho su
condición. Al ser descubierta Norte América, dichas tribus con las no
horticultoras, ocupaban grandes regiones, y de su seno salían los habitantes
que iban a poblar el continente (59).
Se puede
sentar con un alto grado de probabilidad, que el valle de Columbia fue el
semillero de la familia ganowaniana, del cual surgieron en edades pasadas,
corrientes sucesivas de grupos emigrantes, hasta ocupar ambas divisiones del
continente. Y más, que ambas divisiones se renovaban siempre con habitantes de
esta procedencia hasta la misma época del descubrimiento europeo. Estas
conclusiones se pueden desprender de causas físicas, de las relativas con
diciones y de las relaciones lingüísticas de las tribus indias. El vasto
espacio de las praderas centrales, que se extendían continuadamente más de mil
quinientas millas de norte a sur, y más de mil millas de Este a Oeste,
interponía una ba rrera a la franca comunicación entre el Atlántico y el
Pacífico a través del con tinente norteamericano. De ahí que resulte probable
que una familia origina
ria iniciando su expansión desde el valle de
Columbia y continuando su migra ción bajo la influencia de causas físicas,
alcanzaría la Patagonia antes que la Florida. Los hechos conocidos señalan tan
vivamente esta región como cuna primaria de la familia india, que bastarían
unas pocas pruebas para dar fuerza de conclusión definitiva a esta hipótesis.
El descubrimiento y cultivo del maíz no operó
cambio mayor en el curso
de los acontecimientos, ni suspendió efectos de
causas anteriores, a pesar de ser un factor importante para impulsar el
progreso. No se sabe de qué región in dígena es este cereal americano. Pero el
consenso general lo fija en la región tropical de Centro América, donde )a
vegetación es particularmente activa, donde esta planta es notablemente
fructífera, y donde se han encontrado las más an tiguas poblaciones de los
indios pueblos. Luego, si el cultivo se inició en Cen tro América, se hubiera
propagado primero por Méjico y el valle del Mississippi, y de ahí nuevamente al
Este hasta las costas del Atlántico, disminuyendo la cantidad de cultivo a
medida que se alejaba del punto de partida. Se propagaría independiente de los
indios pueblos, por el ansia de tribus más bárbaras de lo grar una nueva
subsistencia; pero nunca pasó de Nuevo Méjico al valle de Columbia, bien que se
practicaba el cultivo por los minjoitarees y los mandans de! Alto Missouri, por
los shyans del Río Rojo del Norte, por los hurones del Lago Simcoe en el Canadá
y por los abenakies del Kennebec, como también en general, por las tribus entre
el Mississippi y el Atlántico. Bandas emigrantes del valle de Columbia, al
seguir las huellas de sus predecesores, estrecharían a los indios pueblos de
Nuevo Méjico y Méjico, tendiendo a obligar a tribus desalo jadas fragmentarias
a encaminarse a través del istmo y penetrar en Sud Amé rica. Tales
agrupaciones desalojadas llevarían consigo los primeros gérmenes
de¡ progreso desarrollados en la vida de los indios
pueblos. Repetido el proceso a intervalos dé tiempo habría ido dotando a Sud
América de una calidad de ha bitantes muy superior a las hordas salvajes de
que estaban anteriormente provis tas, y a costa de la sección norte, asi
empobrecida. Como resultado final. Sud América alcanzaría c! puesto avanzado en
el progreso, a pesar de contar con
LEWIS H. MORGAN
La multiplicación de las tribus y dialectos ha sido
el manantial fructífero de incesantes guerras entre los aborígenes.
De ordinario la guerra más persistente ha sido
sostenida entre tribus de diferente lengua troncal., como, por ejemplo, entre
las tribus iroqueses y las algonquinas.. y entre las tribus dacota y las
citadas. Por el contrario, las tribus algonquinas y dacota, por lo gene ral,
han vivido en paz entre ellas. De no haber sido así, no se les hubiera
encontrado ocupando territorios contiguos. La peor excep-
ción la constituían los iroqueses que perseguían,
en una guerra de exterminio, a sus tribus afines, los eries, la nación neutral,
los huro nes y los susqueharmocks. Cuando las tribus hablan dialectos de la
misma lengua troncal, pueden comunicarse oralmente y conciliar así
sus diferencias. También habían aprendido, en
virtud de su descen dencia común, a confiar los unos en los otros, como
aliados naturales. El número de individuos dentro de una zona determinada
queda
ba circunscripto a la cantidad de subsistencia que
ésta pudiera brin dar. Cuando el sostén principal consistía en la pesca y la
caza, era menester contar con un territorio inmenso para alimentar a una tribu
de corto número. Después de añadir una alimentación farinácea a
la pesca y caza, todavía el territorio era muy
dilatado en proporción al número de sus habitantes. Nueva York, con sus
cuarenta y siete mil millas cuadradas, nunca tuvo más de veinticinco mil
indios, incluyen do los iroqueses y los algonquinos al Este del Hudson y Long
Island y los eries y nación neutral en la parte del oeste del Estado. El go
bierno personal basado en gentes era incapaz de desarrollar un poder central
suficiente como para acompañar y dominar el número cre ciente de personas,
salvo que permanecieran a una razonable dis tancia unas de otras.
Entre los indios pueblos de Nuevo Méjico. Méjico y
Centro Amé rica, el acrecentamiento de número en una zona pequeña no detuvo el
proceso de desintegración. Usualmente cada población era una comunidad
independiente y autónoma. Donde hubiese varias pobla ciones establecidas sobre
el mismo río, próximas unas de otras, las gentes por lo general eran de
descendencia común y se hallaban bajo un gobierno de tribu o de confederación.
Sólo en Nuevo Méjico existen siete lenguas troncales, con varios dialectos cada
una. En la época de la expedición de Coronado, 154CM2, las poblaciones des
cubiertas eran numerosas pero pequeñas. Había siete de Cibola,
una tierra inferior, io que parece que
efectivamente sucedió. La leyenda perua na de Manco Capac y Mamma Oelío, hijos
del Sol, hermano y hermana, marido
y mujer, demuestra, si es que se puede decir que
demuestra algo, que una band3 de indios pueblos venidos de lejos, si bien no
necesariamente de América del Norte, en forma directa, había reunido y enseñado
a las rudas tribus de ¡os Andes las artes más elevadas de la vida, inclusive el
cultivo de maíz y plantas. Siguiendo un proceso sencillo y perfectamente
natural, la leyenda habría olvi dado la banda, reteniendo solamente e! jefe y
su mujer.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 169
Tucayán, Quivira y Hemez, y doce de Tiguex (60), y
otros grupos, que indicaban una -vinculación lingüística entre sus miembros.
N<? tenemos noticias sobre si cada grupo se hallaba confederado o no. Se
dice que los siete pueblos Moqui (los pueblos Tucayán de Coro nado) se hallan
confederados en la actualidad y probablemente lo estarían en la época de su
descubrimiento.
El proceso de desintegración, expuesto en los
ejemplos anteriores, se ha operado entre los aborígenes americanos durante
millares de años, hasta producir, según sabemos, cuarenta lenguas troncales
sola mente en América del Norte, cada una de las que integra un número
de dialectos de otras tantas tribus independientes.
Su experiencia, probablemente no era sino una repetición de la que, bajo
condiciones correspondientes, habían realizado las tribus de Asia, Europa y
Africa.
De lo que precede, resulta que la tribu de indios
americanos es
una organización bien sencilla y modesta. No
requería más que
unos centenares, o cuando mucho, unos pocos miles
de personas, para
constituir una tribu y colocarla en situación
respetable en la familia
ganowaniana.
Falta exponer las funciones y atributos de la tribu
india, que sé pueden dilucidar bajo las siguientes proposiciones:
La
posesión de un territorio y un nombre.
La
posesión exclusiva de un dialecto.
El
derecho de investir sachems y jefes elegidos por las gentes.
El
derecho de deponer estos sachems y jefes.
La
posesión de una creencia y culto religiosos.
Un
gobierno supremo compuesto de un consejo de jefes.
Un
jefe supremo, en algunos casos.
Bastará hacer una breve referencia de cada uno de
estos diferen tes atributos de la tribu.
1. L a p o s e s ió n d e un t e r r i t o r i o y
u n n o m b r e
El territorio comprendía la ubicación de sus
poblados actuales y la comarca circundante que recorría la tribu cazando y
pescando y que era capaz de defender de las incursiones de otras tribus. Más
allá de esta zona quedaba un ancho margen de tierras neutrales, que los
separaba de sus vecinos más próximos si éstos eran de lengua dife rente, y que
ninguno de los dos pretendía; pero menos amplio y me nos claramente definido,
cuando ambos hablaban un dialecto de la misma lengua. El territorio así
imperfectamente deslindado, fuera extenso o limitado, era dominio de ía tribu,
reconocido por las otras como tal, y defendido como tal.
Coll.
Temaux-Compans". IX, pág. 181-83. no LEWIS H. MORGAN
A su tiempo la tribu llegó a individualizarse por
un nombre, que dado su carácter usual, en muchos casos debe haber sido for
tuito más bien que deliberado. Así, los sénecas se llamaban a sí mismo La Gente
del Gran Cerro (Nun-da wa-o-no); los tuscaroras
Gente que lleva Camisa (Dus-ga -o-whe-o-nó)-, los sissetous Pue
blo del Estero (Sis-se
to-wan); los ogalallas Muda Campos (O-ga-
laid)-, los omahas Gentes
de Aguas Arriba (O-ma ha); los
iowas
Narices Polvorientas (Pa-hd cha)-, los minnitarees, Gentes
venidas
de Lejos (E-nafza);
los cheroqueses Gran Gente [Tsa-lokee), los
shawnees, Sudistas (Sa^wan-aoakee ); los mohicanos, Gente de la
Costa del Mar (Mo-he-kim-e-uk);
los indios del Lago Slave, Gen
tes de las Tierras Bajas ( Acha o-tin-ne). Entre los indios pueblos
de Méjico, los sochimilcos se decían Nación de las Semillas de
Flores ; los chalcanos, Gentes con Bocas ; los tepanecanos, Gen
tes del Puente ; los tezcucanos o culhuas, Gentes Torcidas , y los
stascalanos Hombre
del Pan (61). Cuando se inició la
colonización
europea en la parte norte de América, se obtenían
los nombres
de las tribus más bien por otras tribus que por
ellas mismas, y de ahí que éstas les hayan designado con nombres diferentes de
los verdaderos. Como consecuencia, la historia nos hace conocer una cantidad de
tribus bajo nombres que ellas mismas no reconocen.
2. La p o s e s i ó n e x c l u s i v a d e u n d i
a l e c t o
Substancialmente la tribu y el dialecto son
co-extensivos, pero hay excepciones derivadas y de circunstancias especiales-
Así, las
doce bandas de los dacota hoy son en rigor tribus,
porque son dis tintos sus intereses y organización, pero fueron precipitadas a
una separación prematura por el avance de los americanos sobre su territorio
primitivo, lo que las empujó a las praderas. Antes de esto su trabazón había
sido tan íntima que sólo se había comenzado a formar un nuevo dialecto: el
Teeton, en el Missouri, siendo el Isauntie en el Mississippi, la lengua
original. Hace pocos años, los cheroqueses, contaban veintiséis mil almas, el
mayor número de indios hallado en los Estados Unidos, que hablaban la misma
lengua. Pero en las comarcas serranas de la Georgia se había producido
una ligera divergencia en la lengua, bien que no lo
suficiente mar cara para ser calificada de dialecto. Existen otros pocos casos
simi lares, pero no alteran la regla general de que la tribu y el dialecto
eran co-extensivos en el período aborigen. Los ojíbwas, que toda-
A c
o s t a : The Natural and Moral History of the East and West In dies ,
Londres, edición de 1604, trad, de Grimsíone, páginas 500-503.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 171
vía no son horticultores en su mayoría, existen en
número de quince mil en la actualidad, y hablan el mismo dialecto; y las tribus
dacota colectivamente, en número de veinticinco mil, quienes, como se dijo,
hablan dos dialectos estrechamente ligados. Estas diversas tribus son
excepcionalmente numerosas.
Las tribus comprendidas dentro de los Estados
Unidos y la Colombia Británica, no darían como promedio ni dos mil personas por
tribu.
E l
d e r e c h o d e i n v e s t i r s a c h e m s y j e f e s
ELEGIDOS POR LAS CENTES
Entre los iroqueses el elegido no era jefe hasta
tanto no fuera investido del cargo por un Consejo de Jefes. Como los jefes de
las gentes componían el consejo de la tribu, con jurisdicción sobre los
intereses comunes, era manifiesta la propiedad de reservar al consejo tribal la
función de la investidura. Pero luego de constituidas la confederación, la
facultad de investir sachems y jefes fue trans ferida del consejo tribal al de
la confederación. Con respecto a las tribus en general, los antecedentes asequibles
son insuficientes para explicar sus costumbres en cuanto al modo de investir.
Es uno de
los numerosos asuntos pendientes que requiere mayor
investigación antes de que se pueda exponer completamente el sistema social de
las tribus indias.
El cargo de sachems y de jefe era universalmente
electivo entre las tribus del Norte de Méjico, y bastan los testimonios
respecto a otras partes del continente para no dejar duda acerca de la univer
salidad de la regla.
Entre los delaware cada gens tenía un sachem
(Sa-keinaa) cuyo cargo era hereditario en la gens, además de dos jefes
ordinarios y dos jefes de guerra (formando un total para las tres gentes de
quince), los que constituían el consejo de la tribu. Entre los ojibwaas, en
cada poblado generalmente predominaban los miembros de una
gens. Cada gens, tenía un sachem, cuyo cargo era
hereditario den tro de la gens, y varios jefes ordinarios. Cuando en una misma
loca lidad vivía gran número de miembros de una determinada gens, revelaban
una organización semejante. No existía límite prescriptó
en el número de jefes. Sin duda, existía en las
diversas tribus indias un cuerpo de procedimientos relativos a la elección e
investidura de sachems y jefes, pero éstos nunca han sido recopilados. Su co
nocimiento sería valioso. En el capítulo que sigue,
se dará una ex plicación del método de los iroqueses para investir sachems y
jefes.
172 LEWIS H. MORGAN
4. E l d e r e c h o d e d e p o n e r l o s s a c
h e m s y j e f e s
En el origen esta facultad era privativa de la gens
a la que perteneciera el sachems o los jefes; pero el consejo de la tribu
gozaba de la misma facultad, y podía proceder con independencia
de la gens, y aún en oposición a sus deseos. En el
estadio del sal vajismo, y en el inferior y también el medio de la barbarie,
el cargo era vitalicio o dependiente de la buena conducta. Los hombres no
habían aprendido a limitar un cargo electivo a un número de años.
De ahí que se hiciera esencial el derecho de
deponer en defensa del principio de autonomía y gobierno propio. Esta facultad
im portaba una siempre latente declaración de la soberanía de la gens y
también de la tribu, soberanía escasamente comprendida pero que no por ello
deja de ser una realidad.
Al modo de los bárbaros, los indios americanos era
gente re
ligiosa. Por lo regular las tribus celebraban
festivales religiosos en determinadas estaciones del año, los que se realizaban
con prác ticas del culto, ' "l de la Medicina" era en
varios meses de anticipación, la creación de una
Logia de Medicina , a fin de despertar interés general en sus ceremonias. El
régimen religioso de los aborígenes es otro asunto que ha sido investigado sólo
en parte. Es rico en materiales para el investigador futuro. La experiencia de
estas tribus al desarrollar sus creencias religiosas
y prácticas de culto, es parte de la experiencia
del género humano, y los hechos ocuparán un lugar importante en la ciencia de
la re ligión comparada.
El sistema de ellos era más o menos vago e
indefinido, y cargado
de pueriles supersticiones. Se puede señalar, entre
las tribus prin cipales, el culto a los elementos, con una tendencia al
politeísmo
en
las avanzadas. Los iroqueses, por ejemplo, reconocían un Gran y un Mal
Espíritu, y una multitud de seres espirituales inferiores, la inmortalidad del
alma y una vida futura. Su concepto del Gran Espíritu le asignaba forma humana
así como al Mal Espíritu de He -no, el Espíritu del Trueno, Ga -oh, el Espíritu
de los Vientos, y de las Tres Hermanas, el Espíritu del Maíz, el Espíritu de la
Judía y el Espíritu de la Calabaza. A esta última se llamaba colec tivamente
Nuestra Vida y Nuestros Sostenes . Había, además, espíritus de diversas
variedades de árboles, de plantas y de corrien tes de agua.
Los conceptos de la existencia y atributos de estos
numerosos
L a p o s e
s i ó n d e u n a c r e e n c i a y c u l t o r e l i g i o s o s muchas tribus
costumbre anunciar con
LA SOCIEDAD RRIMniVA 173
seres espirituales eran muy imprecisos Entre las
tribus del estadio inferior de la barbarie, la idolatría era desconocida (62).
Los aztecas tenían divinidades personales, con ídolos para representarlos, y su
culto en el templo. Si se conociera con precisión los pormenores de
su sistema religioso, es probable que resultaría
manifiesto su origen, de las creencias comunes de las tribus indias.
La danza era una forma del culto entre los
aborígenes america
nos, y constituía parte de las ceremonias en todo
festival religioso. En ninguna otra parte del mundo, entre bárbaros, la danza
ha ob tenido un desarrollo más estudiado.
Toda tribu tiene de diez a treinta danzas
principales, cada una
de las cuales tiene su nombre propio, sus cantos,
instrumentos musi cales, pasos, plan e indumentaria personal. Algunas de
ellas, como la danza de guerra, era común a todas las tribus. Determinadas
danzas eran de propiedad exclusiva de la gens,
o bien de una asociación organizada para su
conservación, a la que de tiempo en tiempo se permitía el ingreso de nuevos
miembros. Las danzas de los dacota, cries, ojibwas, iroqueses y los indios
pueblos de Nuevo Méjico, son iguales en carácter general, pasos, plan y música;
y lo mismo reza para las danzas de los aztecas en
lo que de ello se sabe con precisión.
Es un sistema único en todas las tribus indias, y
se relaciona directamente con el sistema de creencias y cultos religiosos.
6. U n g o b i e r n o s u p r e m o p o r u n c o
n s e j o d e je f e s
El Consejo, tenia su base natural en las gentes,
cuyos jefes lo integraban. Respondía a una necesidad real, y d.ebía perdurar
mien tras durase la sociedad gentilicia. Así como la gens estaba represen
tada por sus jefes, del mismo modo la tribu estaba representada por un consejo
compuesto de los jefes de las gentes. Era uno de los fac tores permanentes del
régimen social, y asiento ulterior de autoridad sobre la tribu. Reunido bajo
circunstancias conocidas de todos, ce lebrado en medio del pueblo, y franco a
sus oradores, era seguro que procedería de acuerdo con las influencias
populares. Bien que oligárquico en forma, el gobierno era una democracia
representativa, siendo los representantes de carácter vitalicio, pero sujetos a
la de posición. La confraternidad de los miembros de cada gens, y el principio
electivo respecto a los cargos, eran el germen y piedra
(62) En las postrimerías del siglo pasado los
séneca-Lrcqueses de un pobla
do sobre el río Alleghany, levantaron un ídolo de
madera, en'cuyo derredor eje cutaron danzas y otras ceremonias religiosas. Mí
informante, el finado Villiam Parker, vio este ídolo en el rio a que había sido
arrojado. No pudo averiguar a quién personificaba.
174 LEWIS H . MORGAN
fundamental del principio democrático.
Imperfectamente desarro llada como lo estaban también en este primer tiempo
del progreso, otros grandes principios, la democracia puede jactarse de un
linaje muy antiguo entre las tribus del género humano.
Incumbía al consejo salvaguardar y proteger los
intereses co munes de la tribu. La existencia y prosperidad de ésta descansaba
en la inteligencia y valor del pueblo, y en la
sabiduría y previsión del consejo. Sus incesantes guerras con otras tribus
promovían cues tiones y exigencias que reclamaban el ejercicio de todas estas
cua lidades para afrontar y solucionar. Por consiguiente, era inevitable que
el elemento popular disfrutara de un influjo predominante.
Como regla general, el consejo se franqueaba a
quien quisiera so meterle un asunto de interés público. Hasta las mujeres
tenían derecho a exponer sus deseos y opiniones por medio de un orador de su
propia elección. Pero el consejo era quien resolvía. La una nimidad era ley
fundamental de su acción entre los iroqueses; pero no estoy habilitado para
afirmar que esto fuese costumbre general. Las operaciones militares usualmente
se libraban a la iniciativa individual. Teóricamente cada tribu estaba en guerra
con todas las
que no hubiesen concertado un tratado de paz con
ella. Cualquiera podía reunir una banda de guerra y dirigir una expedición
cuando lo desease. Anunciaba su proyecto ofreciendo una danza de guerra e
invitando voluntarios. Este método somería a una prueba práctica la popularidad
de la empresa. Si lograba reunir una banda, que se compondría de aquellos que
le habían acompañado en la danza, partían enseguida mientras durase el primer
enardecimiento. Cuan do amenazaba un ataque, la tribu organizaba bandas de guerra
para salir al encuentro, con un procedimiento más o menos igual. En casos en
que las fuerzas así reunidas formasen un solo cuerpo, cada una era mandada por
su propio jefe de guerra, y sus operacio nes de conjunto se fijaban por un
consejo de estos jefes. Habiendo entre ellos un jefe de guerra de prestigio
reconocido, él vendría a ser, por orden natural, el jefe principal. Estos
postulados correspon den a tribus en el estadio inferior de la barbarie. Los
aztecas y tlas-calanos marchaban en fratrías, encabezada cada subdivisión por
su propio jefe, y distinguiéndose por su indumentaria y distintivos. Las tribus
indias y aún la confederación, eran órganos débiles
para operaciones militares. Las de los iroqueses y
las de los aztecas fueron las más destacadas para maquinaciones de agresión.
Entre
las tribus del estadio inferior de la barbarie, los
iroqueses inclusive, la obra más destructora era realizada por bandas guerreras
de poca consideración que continuamente se organizaban y realizaban ex-
(ediciones
a regiones distantes. Su abastecimiento de alimentos se ormaba de maíz torrado,
reducido a harina, que cada guerrero llevaba en una bolsa pendiente del cinto,
y la caza y pesca que se
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 175
lograse en la marcha. La partida de estas bandas de
guerra, y su recepción pública, al regreso, constituían hechos destacados en la
vida del india No se solicitaba la sanción del consejo para tales expediciones
ni tampoco era necesaria.
El consejo de la tribu tenía facultad para declarar
la guerra y celebrar la paz, enviar y recibir embajadas y concertar alianzas.
Ejercitaba todas las facultades requeridas para un gobierno tan sencillo y
limitado en sus negocios. La comunicación entre tribus independientes era
efectuada por los hombres-sabios y les jefes, constituidos en delegaciones.
Cuando una tribu aguardaba a una tal delegación, se convocaba un consejo para
su recepción y para tratar sus negocios.
7. U n j e f e s u p r e m o d e la t r i b u e n
ajlounos casos
En algunas de las tribus indias uno de los sachems
era recono cido como jefe supremo, superior en rango a sus colegas.
Hasta cierto punto, existía la necesidad de una
cabeza oficial, de la tribu que la representara cuando el consejo no estaba en
se sión; pero las funciones y facultades del cargo eran reducidas. Bien que el
consejo fuera supremo en autoridad, sus sesiones eran raras y podrían
suscitarse cuestiones que exigieran una solución provisio nal por alguien
calificado para representar la tribu, sujeto a la ra tificación de sus actos
por el consejo. Esta era la única razón de ser, que sepa el autor, para la existencia
del cargo de jefe supremo. Existía en cierto número de tribus, pero en una
clase de autoridad tan floja como para estar debajo del concepto de un
magistrado ejecutivo. En el lenguaje de algunos escritores de los primeros
tiem pos, se les designaba como reyes, lo que no pasa de ser una carica tura.
Las tribus indias no habían progresado lo bastante en el cono cimiento del
arte del gobierno, para desarrollar la idea de un ma
gistrado principal ejecutivo. La tribu iroquesa no
reconocía ningún jefe principal, ni la confederación ningún funcionario
ejecutivo. La calidad electiva del cargo de jefe y el hecho de estar la persona
expuesta a ser destituida fijaban el carácter del cargo.
En sí, el consejo de los jefes indios carece de
importancia; pero como germen del parlamento, congreso y legislatura modernos,
la posee, en grado sumo, para la historia de la humanidad.
El crecimiento del concepto de gobierno comenzó con
la orga nización de las gentes en el salvajismo. Presenta tres grandes etapas
de desarrollo progresivo entre sus comienzos y la implantación de
la sociedad política, luego de alcanzada la
civilización. La primera etapa era el gobierno de una tribu por un consejo de
jefes, elegidos por las gentes. Puede designarse gobierno de un poder, a saber:
el
176LEWISH.MOBC-AN
consejo. Prevalecía en general en las tribus del
estado inferior de la barbarie. La segunda etapa fue un gobierno coordinado
entre
un consejo de jefes y un comnandante militar
general; representando aquel los intereses civiles y el otro las funciones
militares. Esta se gunda forma comenzó a manifestarse en el estadio inferior
de la barbarie, después de haberse organizado las confederaciones, y se hizo
definitiva en el estadio medio.
El cargo de general o comandante militar principal
fue el germen del de un magistrado ejecutivo principal, el rey, el emperador y
el presidente. Puede designarse gobierno de dos poderes, a saber: el consejo de
jefes y el general. La tercera etapa fue el gobierno de un pueblo o nación por
un consejo de jefes, una asamblea del pueblo
y un comandante militar general. Hizo su aparición
en las tribus que habían alcanzado -el estadio superior de la barbarie, así,
los griegos de Homero y las tribus latinas de la época de Rómulo. Un gran
aumento en el número del pueblo reunido en nación, su residen cia en villas
cercadas y la producción abundante de la tierra y de las manadas y rebaños,
trajo la asamblea del pueblo como órgano
de gobierno. El consejo de jefes, que aún
perduraba, encontró ne cesario, ante la exigencia popular, someter las más
importantes me didas públicas a una asamblea del pueblo, para su aceptación o
re chazo; de aquí, la asamblea popular. Esta asamblea no tomaba la iniciativa
de medidas. Su función era aprobar o rechazar, y su de cisión era definitiva.
Desde su primera aparición se convirtió en poder
permanente en
el gobierno. El consejo ya no dictaba medidas
importantes de orden público, pero se convirtió en consejo de pre-consideración
con facul tad para iniciar actos populares, dándoles forma definitiva a los
que solamente la asamblea podría dar validez. Puede designarse go bierno de
tres poderes, a saber: un consejo de preconsideración, una asamblea del pueblo
y el general Esto perduró hasta la institución
de la sociedad política, como, por ejemplo, entre
los atenienses, cuan do el consejo de jefes vino a ser el senado, y la
asamblea del pue blo, la ecclesía o asamblea popular. Las mismas
organizaciones han llegado a los tiempos modernos en las dos cámaras del
parlamento,
del congreso y de las legislaturas. Del mismo modo
el cargo de co mandante militar en jefe ha sido, como antes se dijo, el germen
del cargo de magistrado ejecutivo principal de los tiempos modernos.
Volviendo a la tribu, era limitada en número de
individuos de escasas fuerzas y pobre de recurso, y, sin embargo, era una
sociedad integralmente organizada. Pone de manifiesto la condición del gé nero
humano en el estadio inferior de la barbarie. En el estadio medio hubo sensible
aumento de número en la tribu, y una condición mejorada, pero con la
continuación de la sociedad gentilicia sin
cambio esencial. La sociedad política era todavía
imposible por falta
LASOCIEDADPRIMITIVA177
de adelanto. Las gentes organizadas en tribus
continuaban como
antes; pero las confederaciones debieron haber sido
más frecuentes.
En algunas comarcas, como en el Valle de Méjico, se
desarrolla
ron números más considerables bajo un gobierno
común, con pro
gresos en las artes de la vida, pero no existe
testimonio de que haya
habido entre ellos desplazamiento de la sociedad
gentilicia y su reem
plazo por la sociedad política. Es imposible
encontrar una sociedad
política o un estado basado en gentes. Un estado
debe descansar
sobre territorio y no sobre personas, sobre la
villa como unidad de un
sistema político, y no sobre la gens que es la
unidad de un sistema
social. Se necesitaba tiempo y una experiencia que
fuera más allá de
la de las tribus de indios americanos para preparar
un cambio tan
fundamental de sistemas. También exigía hombres del
nivel mental de los griegos y romanos, y con la experiencia derivada de un
dila tado encadenamiento de antepasados, para discurrir e introducir gra
dualmente el nuevo régimen de gobierno, bajo el cual las naciones civilizadas
hoy se desarrollan.
En prosecución de la serie orgánica ascendente,
debemos ahora
considerar la confederación de tribus, en la que
las gentes, las fratrías y las tribus aparecerán bajo nuevas relaciones.
Quedará así nueva mente expuesta la notable adaptación de la organización
gentilicia a las necesidades y condiciones del género humano.
V
LA CONFEDERACIÓN IROQUESA
Existiría, naturalmente, entre tribus afines y
vecinas, una ten dencia a confederarse para la mutua defensa Luego que la
expe riencia positiva hubiese acreditado las ventajas de la unión, la orga
nización, al principio una liga, se consolidaría gradualmente en una unidad
federal. El estado de perpetua guerra en que vivían, im pulsaría esta
tendencia natural a la acción entre aquellas tribus que hubiesen adelantado lo
suficiente en inteligencia y las artes de la vida, para darse cuenta de sus
beneficios. Sería simplemente el pro greso desde una organización más baja a
una más elevada, por la extensión del principio que había unido a las gentes en
tribu. Tal como se hubiera podido esperar, existían en Norteamérica
al tiempo de ser descubierta, en diferentes partes,
varias confede raciones, algunas de las cuales eran realmente notables en plan
y estructuras. Entre ellas se pueden señalar la confederación de los iroqueses,
de cinco tribus independientes, la confederación de los cries, de seis, la
confederación de otawas, de tres, la liga, de dacota de los "Siete Fuegos
de Consejo , la confederación de moquis en
Nuevo Méjico, de siete pueblos y la confederación
azteca de tres tribus en el Valle de Méjico. Es probable que los indios pueblos
de otras comarcas de Méjico, y en la América del Sur y Central, estuvie sen
casi generalmente organizados en confederaciones compuestas de dos o más tribus
afines. El progreso necesariamente se orientaba en este sentido, en virtud de
sus instituciones, y por la ley que regía su desarrollo.
Asimismo la constitución de una confederación, con
semejantes materiales y con relaciones geográficas tan inestables, era empresa
ardua. Para los indios pueblos, por la vecindad de sus aldeas y por la escasa
extensión de sus territorios, era de más fácil realización, pero en algunos
casos fue alcanzada por tribus en el estadio inferior de la
l a so c ie d a d p r i m i t i v a 179
barbarie, y notablemente por los iroqueses.
Dondequiera se hubiese formado una confederación, este hecho, por sí solo,
comprobaría la superior inteligencia del pueblo.
Los dos más altos ejemplos de confederaciones
indias en Norte américa, eran la de los iroqueses y la dé los aztecas. De su
recono cida superioridad como potencias militares, y de su respectiva po
sición geográfica, estas confederaciones, en ambos casos, produjeron resultados
notables. Nuestros conocimientos de la estructura y prin cipios de la primera
son definitivos y completos, pero de la última distan mucho de ser
satisfactorios. La confederación azteca ha sido de tal manera manipulada
históricamente, que nos deja la duda de
si era simplemente urna liga de tres tribus afines,
ofensiva y de fensiva, o bien una confederación sistemática, semejante a la de
los iroqueses. Es probable que, en sentido general, lo que reza para ésta, es
igualmente valedero para aquélla, de suerte que el cono cimiento de la una,
tenderá a dilucidar el de la otra.
Las condiciones bajo las cuales las confederaciones
nacen a la vida, y los principios en que se basan, son notablemente sencillos.
Surgen naturalmente, con el tiempo, de elementos preexistentes. Allá donde una
tribu se había segmentado en varias, y estas sub divisiones ocupaban
territorios independientes pero contiguos, la confederación las reintegraba en
una organización más elevada, a base de las gentes que en común poseían, y de
los dialectos afines de su habla. Los elementos materiales de la confederación
estaban en el sentimiento de parentesco encamado en la gens en el linaje común
de las gentes, y en sus dialectos mutuamente inteligibles. De ahí que la
confederación tuviese la gens como base y centro,
y a la lengua troncal de circunferencia. No se ha
encontrado ninguna que traspasara los límites de los dialectos de un lenguaje
común. De haberse salvado esta barrera, se hubieran impuesto elementos
heterogéneos en la organización. Se han comprobado casos de restos de tribus no
ligados por el habla, como los natchez (63), que han sido admitidos en una
confederación existente; pero esta excepción no invalidaría el postulado
general. Era imposible que surgiera una potencia india en el continente
americano a base ae una confede ración de tribus organizadas en gentes y que
alcanzara supremacía general, a no ser que su número se desarrollara de su
propio tronco. La explicación de no haberlo alcanzado está en la multitud de
len guas troncales. No había medio posible de vincularse en igualdad de
condiciones con una confederación, sin la vinculación gentilicia de tribu y
lingüística.
Cabe observar aquí, en forma de paréntesis, que era
imposible que
Fueron
admitidos a la confederación de los cries, después de su de rrota frente a los
franceses.
LEWIS H. MORGAN
en el estadio inferior, en el medio o en el
superior de la barbarie, surgiese en parte alguna de la ti cimiento natural, un
observación en los comienzos de esta investigación, para fijar más precisamente
la atención en la estructura y principios de la socie dad antigua, en su
organización de gentes, fratrías y tribus. La mo narquía es incompatible con
el gentilismo. Corresponde al período posterior de la civilización. En algunos
casos aparecieron despo tismos en las tribus griegas en el estadio superior de
la barbarie, pero estaban fundados en la usurpación, eran tenidos por
ilegítimos por el pueblo, y eran en efecto ajenos a las ideas de la sociedad
gentilicia. Las tiranías griegas fueron despotismos
fundados en la usurpación, y fueron el germen del que surgieron los reinos
poste riores; mientras que los presuntos reinos de la edad heroica no eran más
que democracias militares.
Los iroqueses ofrecen un excelente ejemplo de cómo
se forma una confederación por crecimiento natural, auxiliada por una hábil le
gislación. En el origen, emigrantes de más allá del Mississippi y pro
bablemente una rama del tronco dacota, se abieron camino hasta el Valle de San
Lorenzo, y se establecieron cerca de Montreal. Obliga dos por las hostilidades
de las tribus vecinas a desalojar este lugar, buscaron la región central de
Nueva York. Tras una navegación por las orillas del lago Ontario, en canoas,
pues su número era reducido, fijaron su primer establecimiento en la boca del
río Oswego, donde, según sus tradiciones, permanecieron largo tiempo.
Constituían en ese tiempo por lo menos tres tribus distintas: los mohawks, los
onon-dagas y los sénecas. Posteriormente, una tribu se estableció en las
cabeceras del lago Canandaigua, y se transformó en la séneca.
Otra tribu se ubicó en el Valle Onondaga, y vino a
ser la onon-daga. La tercera se encaminó al oriente, estableciéndose primero en
Oneida, cerca del sitio de Utica, lugar desde el cual la masa se tras ladó al
Valle Mohaw, y vinieron a ser los mohawks. Los que no se trasladaron se
llamaron oneidas. Una parte de los onondagas o de
los sénecas se estableció en la orilla oriental del
lago Cayuga, y vi nieron a ser los cayugas. Antes de su ocupación por los
iroqueses, Nueva York parece haber correspondido a la zona de los algon-quinos.
Según las tradiciones iroquesas, ellos desalojaron gradual mente a los
anteriores ocupantes, a medida que extendieron sus es tablecimientos hacia el
oriente, hasta el Hudson, y hacía el occidente, hasta el Tennessee. Añaden sus
tradiciones que transcurrió un largo tiempo después de su primer establecimiento
en Nueva York, antes
de que se constituyera la confederación, durante
este tiempo hicieron causa común contra sus enemigos, y así pudieron darse
cuenta de
las ventajas del principio de federación, tanto
para la agresión como para la defensa. Moraban en poblados generalmente
rodeados dé
reino a base de las instituciones atrevo a hacer
esta
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 181
empalizadas y vivían de la caza y de- la pesca y de
productos de una limitada horticultura. Su número en ningún tiempo pasó de
veinte mil almas, si es que en algún tiempo han alcanzado esa cifra. En
todas las tribus aborígenes, incluso también la de
los indios pueblos, el incesante guerrear y lo precario de la subsistencia,
detenían el creci miento. Los iroqueses estaban rodeados de las grandes selvas
que
en ese tiempo cubrían a Nueva York,' y contra las
que eran impo tentes para luchar.
Fueron descubiertos por vez primera en 160S.
Alrededor del año 1675 alcanzaron su punto culminante, cuando su dominio se
extendió a una región notablemente grande, comprendiendo la ma yor parte de
Nueva York, Pensilvanía y Ohio (64) y partes del Ca nadá, al norte del Lago
Ontario. En la época de su descubrimiento eran los representantes más
caracterizados de la Raza Roja, al norte de Nuevo Méjico, en inteligencia y
adelanto, aunque quizás inferio res a algunas de las tribus del Golfo, en las
artes de subsistencia. Por la extensión y calidad de sus dotes mentales, están
entre los más adelantados indios de América. No obstante haber mermado en
número, todavía existen cuatro mil iroqueses en Nueva York, alre dedor de mil
en el Canadá, v aproximadamente otros tantos en el Oeste; ejemplificando así
tanto la eficacia como la persistencia de
las artes de la vida de barbarie, para conservar la
existencia. Se dice ahora que aumentan lentamente.
Cuando fue constituida la confederación, por los
años 1400 a
1450 (65), existían ya las circunstancias citadas.
Los iroqueses eran cinco tribus independientes, que ocupaban territorios
contiguos en tre sí, y hablaban dialectos de la misma lengua que les eran
mutua mente inteligibles. Por otra parte, algunas gentes eran comunes a varias
tribus, como se ha demostrado. En sus recíprocas relaciones como segregaciones
de la misma gens, estas gentes suministraban
una base natural y duradera para una confederación.
Con la exis tencia de estos elementos el constituir una confederación se hacía
cuestión de inteligencia y habilidad. En diferentes partes del con tinente
existían en gran número tribus que se encontraban precisa mente en las mismas
relaciones, sin confederar. El hecho de que
las tribus iroquesas realizaran la obra es
testimonio de su capacidad superior. Por otra parte, como la confederación era
la etapa última
(64) Alrededor del año 1651-5 expulsaron a la tribu
afín de los eries de
la región entre el río Tennessee y el lago Erie, y
poco después, a las naciones neu trales del río Niágara, adueñándose así del
resto de Nueva York, con la excep ción del bajo Hudson y Long Island.
Los
iroqueses afirman que habían transcurrido ciento cincuenta a dos cientos años
antes de que por primera vez vieran a los europeos. Las genera ciones de
sachems en la historia de David Cusik (un tuscarora) le darían, al hecho, mayor
antigüedad.
182 LEWIS H. MORGAN
de organización entre los aborígenes americanos, se
debía comprobar su existencia únicamente entre las tribus más adelantadas.
Afirman los iraqueses que la confederación fue
organizada por un consejo de hombres-sabios y jefes de las cinco tribus,
reunido al efecto en la ribera norte de] lago Onondaga, cerca del sitio de
Sira cusa. y que antes de levantarse la conferencia, quedó perfeccionado el
organismo y puesto en inmediata vigencia. En sus consejos pe riódicos para
investir caciques, todavía exponen su origen como resultado de un esfuerzo
prolongado de legislación. Fue probable mente consecuencia de una alianza
anterior de defensa mutua, cuyas ventajas habían reconocido y procuraban darle
permanencia.
El origen del plan se atribuye a un personaje
mitológico o por
los menos tradicional, Ha-yo-went -ha, el Hiawatha
del célebre poe ma de Longfellow, quien estaba presente en este consejo y era
el personaje central de su gobierno. En sus comunicaciones con el con sejo
utilizaba los servicios de un "hombre-sabio de los onondagas. Da-ga-no-we
-da, como intérprete y orador para exponer la estructura y principios de la
proyectada confederación. La misma tradición de clara que cuando la obra se
hubo logrado, Ha-yo-went -ha desapa reció milagrosamente en una canoa blanca, que
lo elevó por los aires y lo llevó fuera de la vista. Otros prodigios, según
esta tradición, acompañan y señalan la formación de la confederación, que
todavía es celebrada entre ellos como la obra maestra de la sabiduría india. Y
la verdad que lo era;, y perdurará en la historia como monumento
de su genio en el desarrollo de instituciones
gentilicias. También será recordada como ejemplo de lo que han podido alcanzar
tribus hu
manas en el arte de gobierno, estando aún en el
estadio inferior de la barbarie y luchando con las desventajas que esta
institución implica. Es difícil determinar cuál de los dos personajes fue el
fundador
de la confederación. El silencioso Ha-yo-went -ha,
es probable que fuera un personaje real de linaje iroqués (66); pero la
tradición ha envuelto de tal manera su personalidad con lo sobrenatural, que
pierde su lugar como uno de sus componentes. Si
Hiawatha fue per sonaje verdadero, Da-ga-no-we -da debe ocupar un puesto
subalter no; pero si fue un personaje fabuloso, invocado circunstanciaimente,
le corresponde el mérito de haber planeado la confederación.
Los iraqueses afirman que la confederación
constituida de tal suerte, por este consejo, con sus poderes, funciones y
régimen de administración, les ha llegado a través de muchas generaciones hasta
el tiempo presente, con ligeras variantes en sus detalles de orga nización
interna. Cuando más tarde fueron admitidos los tuscaroras, se permitió
cortésmente a sus sachems que se sentaran como iguales
Mi
amigo Horacio Hale, eminente filólogo, me ha informado que él llegó a idéntica
conclusión.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 183
en el consejo general, pero no fue aumentado el
número originario de los sachems, y en rigor estos tuscaroras no formaban parte
alguna del cuerpo gubernativo.
Los caracteres generales de la confederación
iroquesa se pueden sintetizar en las siguientes proposiciones:
La
confederación era una unión de cinco tribus, compuesta de gentes, comunes, con
un gobierno a base de igualdad; mante niendo cada tribu su independencia en
todo lo concerniente a la autonomía local.
Ella
crealra un Consejo General de sachems limitado en nú mero, iguales en rango y
autoridad, e investido de supremas facul tades para todo lo concerniente a la
confederación.
Fueron
creados, a perpetuidad, cincuenta cargos de sachem
en determinadas gentes de las diversas tribus;
pudiendo dichas gen tes llenar las vacantes, cada vez que se produjeran,
mediante elec ción entre sus propios miembros, y deponerlos del cargo con
causa justificada; pero el Consejo General se reservaba el derecho de in
vestir a estos sachems en sus funciones.
Los
sachems dé la confederación eran a la vez sachem en sus respectivas tribus, y
juntos con los jefes de estas tribus, constituían el consejo de cada una
respectivamente, el que era supremo en todos los asuntos que pertenecían en
forma exclusiva a la tribu.
En
el consejo de la confederación era esencial la- unanimidad
para todo acto público.
6. .En el Consejo General los sachems votaban por
tribu, lo que daba a cada uno un voto negativo sobre las otras.
El
consejo de cada tribu tenía facultad para convocar el Con sejo General; pero
éste no tenía facultad para convocarse a sí mismo.
S. El Consejo General estaba abierto a los oradores
del pueblo
para el debate de cuestiones de orden público; pero
el consejo por sí solo decidía.
La
confederación carecía de magistrado ejecutivo supremo, o cabeza oficial.
Advertidos
por la experiencia de la necesidad de un coman dante militar general, crearon
el cargo en número dual, de manera que uno neutralizara al otro. Los dos jefes
principales de guerra eran iguales en autoridad.
Se pasará a considerar estas diversas
proposiciones, pero sin ob servar la forma precisa u orden en que han sido
expuestas.
Al instituirse la confederación se crearon y fueron
designados cin cuenta cargos de sachem, y ungidos a perpetuidad en las gentes
a las que fueron respectivamente asignados. Con excepción de dos, que fueron
llenados una sola vez, ellos han sido desempeñados por tantas
personas diferentes sucesivamente, como
generaciones hayan pasado
184
LEWIS H. MORCAN
desde aquel tiempo hasta el presente. El nombre de
cada cargo de sachem es también el nombre personal del sachem mientras desem
peñe el cargo y cada sucesor toma el nombre de su predecesor. Estos sachems
reunidos en sesión, formaban el consejo d éla confederación, investido de los
poderes ejecutivos, legislativos y judiciales, bien que la distinción de
funciones aún no había llegado a ser un hecho. Para garantizar el orden de
sucesión, las diversas gentes en que estos car gos eran hereditarios, estaban
facultadas para elegir sucesores entre sus propios miembros, para cuando
ocurriese una vacante, como ya
se ha explicado. Para mayor salvaguardia de su
propia entidad, cada sachem, después de la elección y confirmación, era
investido del car go por el consejo de la confederación. Al quedar así
instalado, su nombre le era quitado y se le daba el del cargo de sachem, siendo
después conocido solamente por este nombre. Eran'todos iguales en rango,
autoridad y privilegios.
Estos cargos de sachem eran distribuidos
desigualmente entre las cinco tribus; pero sin que se diera a ninguna-
preponderancia de auto ridad; y desigualmente entre las gentes de las tres
últimas tribus. Los mohawks tenían nueve sachems; los oneidas, nueve; los
onondagas, catorce; los cayugas, diez, y los sénecas, ocho. Fue éste el número
en el principio y ha subsistido hasta el tiempo
presente. A conti nuación va un cuadro de estos cargos de sachem, con sus
designacio nes en el dialecto séneca, y su ordenación en clases para facilitar
la obtención de unanimidad en el consejo.
En la nota (67) se encontrará la significación de
estas designacio nes y las gentes a que correspondían.
Estos
nombres tienen la siguiente significación: 1, Neutral o Escudo; 2. Hombre que
peina; 3, Inagotable; 4, Habla Pequeña; 5, En las puntas; 6, En el Gran Río; 7,
Arrastra sus Cuernos; 8, Ecuánime; 9, Cabalgando Cascabeles. Los sachems de la
primera clase, pertenecían a la gens" Tortuga; los de la se gunda clase,
a la gens" Lobo, y los de la tercera clase, a la gens" Oso.
10. Hombre Cargado; 11, Hombre cubierto de pelusa
de cola de gato; 12, Claro en el Monte; 13. Cuerda Larga; 14, Dolorido de la
Cabeza; 15, Tra gándose a sí mismo: 16, Sitio del Eco; 17, Mazo de Guerra en
el Suelo; 18, Hombre que se da Vapor. Los sachems de la primera clase
pertenecen a la "gens" Lobo; los de la segunda, gens" Tortuga, y
los de la tercera a la gens" Oso; 19, Enredado, gens" Oso; 20. Que
Vigila, gens Oso. Este sa chem y el anterior eran consejeros hereditarios del
To-do-da-ho, y ambos ocupa ron los cargos de sachem más ilustres; 21. Cuerpo
Amargo, gens Becasina; 22, gens" Tortuga; 23, este sachem era el custodio
hereditario del wampum; gens" Lobo. 1, "gens" Ciervo; 2, id.,
id.; 3, gens" Tortuga; 4, gens" Oso; 5, Dando un vistazo, gens"
Ciervo; 6, Boca Grande, gens" Tortuga; 7, Más allá del Arroyo, gens"
Tortuga; 8. Hombre asustado, gens" Ciervo; 9, gens" Garza; 10,
gens" Oso; 11, id., id.; 12 gens Oso; 13. No se pudo averiguar. 14, Muy
frío, gens Tortuga; 15, gens Garza; 16, gens" Garza; 17, id., id.: 18,
Lago Hermoso, gens" Tortuga; 19, Cielo Llano, gens" Becasina; 20,
gens Tortuga; 21, Gran Frente, "gens" Gavilán; 22, Ayudante,
"gens" Oso; 23, Día que cae, "gens" Becasina; 24, Se ha
quemado el cabello, gens" Becasina; 25, Puerta Abierta, "gens"
Lobo.
EA SOCIEDAD PRIM TOVA 135
Cuadro de los cargos de sachem de los iraqueses,
fundados al ins tituirse la Confederación, con los nombres atribuidos a los
sachems sucesivos, desde su fundación hasta el tiempo presente.
MOHAWKS
I. 1. Da-ga-e'-o-gá (1); 2. Há-yo-went -há (2); 3.
Da-gá-no-we -dá (3).
4.
So-á-e-wáah (4); 5. Da-yoTio-go (5); 6. O-á-á go-wá (6).
III. 7. Da-an-no-gá'-e-neh (7); 8. Sá-da
-gá-e-wa-deh (8); 9. Has-da-weh'-se-ont-ha (9).
ONEIDAS
I. 1. Ho-das -há-teh (10); 2. Ga-no-gweh'yo-do
(11); 3. Da-yo-ha-gwen-da (12).
4.
So-no-sase (13); 5. To-no-á-ga -o (14); 6. Ha-de-á-dun-nent -há (15).
III. 7. Dá-wa-dá -o-dá-yo (16); 8. Ga-ne-a-dus
ha-yeh (17); 9. Ho-wus -há-da-o (18).
ONONDAGAS(6)
I . 1. To-do-há-ho (19); 2. To-nes'-:se-ah; 3.
Da-at-ga-dose (20).
4.
Ga-neá-da-je-waake (21); 5. Ah-v/á ga-yat (22); 6. Da-a-gat -gwa-e.
III. 7. Ho-no-we-ná -to (23).
IV. 8. Gá-vva-na san-do (1); 9. Há-e -ho (2); 10.
Ho-yo-ne-á'-ne (3); 11. Sa-dá -kwá-seh (4).
V. 12. Sa-go-ga-há (5); 13. Ho-sa-há'-ho (6); 14.
Ska-no -wxm-de (7).
CAYUGAS
L 1 .
3.
5.
6.
8.
III. 9.
Da-gá-a-yo (8); 2. Da-je-no dá-weh-o (9);
Ga-dá -gwá-sa (10); 4. So-yo-wase (11);
Há-de-ás -yo-no (12).
Da-yo-o-yogo (13), 7. Jote-ho-weh -ko (14);
De-a-wáte'-ho (15).
To-da-he-ho (16);
10. Des-ga-heh (17).
LEWIS H. MORGAN
SÉNECAS
I. 1. Ga-ne-o-di -yo (IS); 2. Sá-dá-gá-o-yasc (19).
II. 3. Gá-no-gi -e (20); 4. Sa-geh -jo-wa (21).
5.
Sa-de-a-no -wus (22); 6. Nis-ha-ne-a'-nent (23).
IV. 7. Ga-no-go-e-da'-we (24); S. Do-ne-ho-ga-weh
(26).
Dos de estos cargos de sachem se han llenado
solamente una vez desde su creación. Ha-yo-went-ha y Da-ga-no-we -da
consintieron en aceptar el cargo entre los mohawks, y que sus nombres se
mantuvie ran en la lista, a condición de que después de su muerte los dos que
darían siempre vacantes. Bajo estas condiciones fueron instalados
y la estipulación ha sido respetada hasta el día de
hoy. En todos los consejos al investir los sachems, se pasa lista a sus nombres
con los de los otros, como tributo de respeto a su memoria. Así, el Consejo
General se componía de solamente cuarenta y ocho
miembros. Cada sachem tenía un sachem auxiliar, elegido por la g ens del
titular de entre sus miembros, y quien era puesto en posesión con idénticas
formas y ceremonias. Se le intitulaba ayudante . Era su deber en las ceremonias
colocarse detrás de su superior, y hacer de mensajero suyo, y en general
obedecer sus instrucciones. Esto dio al ayudante la función de jefe, con la
probabilidad de ser elegido en reemplazo del titular a ía muerte de éste. En su
lenguaje figurado estos ayudantes de los sachems se llamaban Tirantes de la
Casa Larga , lo que simbolizaba la confederación.
Los nombres dados a los primeros sachems quedaron
para sus sucesores a perpetuidad. Así, por ejemplo, a la muerte de Ga-ne-o-di
-yo uno de los ocho sachems de los sénecas su sucesor sería elegido por la gens
Tortuga, a la cual correspondía el cargo por de recho hereditario, y al ser
investido por el consejo general recibiría este nombre en sustitución del
propio como parte de la ceremonia.
En varias ocasiones distintas he asistido a los
consejos en que se ungía a los sachems, tanto en las Reservas Onondaga, como en
la Séneca, y
he sido testigo de las ceremonias referidas. Aunque
hoy sólo existe una sombra de la antigua confederación, se halla, sin embargo,
plena mente organizada, con la integridad de sus sachems y ayudantes, con
excepción de la tribu mohawk, que se trasladó al Canadá, allá por el año 1775.
Siempre que ocurre una vacante, el cargo se vuelve a lle nar, y el consejo
general es convocado para investir a los nuevos sa chems y sus ayudantes. Los
iroqueses de hoy se hallan perfectamente familiarizados con la estructura y
principios de la antigua confede ración.
En todo lo relativo al gobierno de tribus, estas
cinco eran inde pendientes entre sí. Sus territorios estaban delimitados por
líneas fi jas, y eran distintos sus intereses de tribu. Los ocho sachems de
los
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 187
sénecas, conjuntamente con los otros jefes de los
mismos, constituían el consejo de la tribu, que administraba sus negocios,
dejando a cada una de las otras tribus el mismo administrador sobre sus
intereses par ticulares. Como organización, la confederación no debilita ni
menos caba a la tribu. Cada una desarrollaba su vida vigorosa dentro de su
esfera apropiada, presentando alguna analogía con nuestros propios estados
dentro de la república que los comprende. Es digne de re cordar que ya en
1775, los iroqueses recomendaron a nuestros ante pasados una unión de las
colonias a semejanza de la de ellos. Ellos vieron en los intereses comunes y en
la lengua común de las diversas colonias los elementos para una confederación,
que era hasta donde podía penetrar su vision.
Las tribus gozaban de entera igualdad en la
confederación, en derechos, privilegios y obligaciones. Aquellas inmunidades
especiales que eran concedidas a una u otra no representaban la intención de
establecer un pacto desigual, o de otorgar privilegios desiguales. Exis tían
preceptos orgánicos que aparentemente investían a tribus de terminadas de
poderes superiores, como por ejemplo: a los onondagas
se les concedían catorce sachems y a los sénecas
sólo ocho; y era natural que una delegación mayor de sachems influyera más en
el consejo que una menor. Pero en este caso, no daba poder adicional, porque
los sachems de cada tribu tenían voz igual para adoptar una decisión y para
vetar a las otras. En el consejo, los acuerdos se toma ban,por tribu, y era
esencial a todo acto de orden público la unani midad de pareceres. Los
onondagas eran designados para Custodios
del Wampum y Custodios de la Brasa del Consejo ,
los mohawks, para Recaudadores de Tributos de tribus sometidas, y los sénecas
para Custodios de la Puerta de la Casa Larga. Éstas
y algunas otras resoluciones obedecían a propósitos de beneficio común.
El principio de cohesión de la confederación no
nacía exclusiva mente de los beneficios de una alianza de mutua defensa, sino
que tenía raíces más hondas en el vínculo del parentesco. Ostensiblemente la
confederación descansaba sobre las tribus, pero con primacía, sobre las gentes
comunes. Todos los miembros ae una misma gens, fuesen mohawks, oneídas,
onondagas, cayugas o sénecas, eran herma nos y hermanas entre sí, en virtud de
que descendían de un antepasa do común; y así se reconocían entre ellos con suma
cordialidad. Al encontrarse, lo primero que preguntaban era el nombre de la
gens
de cada uno, y en seguida el linaje inmediato de
los respectivos sa chems; después de lo cual, bajo su peculiar sistema de
consanguinidad podían (68) determinar el parentesco que existía entre ellos.
Tres de
(68) Los hijos de hermanos, son hermanos y hermanas
entre sí; los hijos
de éstos también lo eran entre sí, y así
descendiendo indefinidamente; cosa idén tica sucedía respecto a los hijos y
descendientes de hermanas. Los hijos de un
LEWIS H. MORCAN
las gentes, a saber: Lobo, Oso y Tortuga, eran
comunes a las cinco tribus; éstas y otras tres eran comunes a tres tribus. En
efecto, la gens Lobo, por la subdivisión de una tribu originaria en cinco
tribus, contaba con cinco divisiones de las que había una en cada tribu. Pa
saba otro tanto con la gens Oso y Tortuga.
Las gentes Ciervo, Becasina y Gavilán eran comunes
a los sé necas, cayugas y onondagas. No obstante hablar diferentes dialectos
de una misma lengua, subsistía entre las partes disgregadas de cada gens una
vinculación de fraternidad que unía a las naciones con la zos indisolubles.
Cuando un mohawk de la gens Lobo reconocía como hermano a uno de la misma gens,
de los oneidas, onondagas, séne cas o cayugas, y cuando procedían de idéntica
manera los miembros
de otras gentes divididas, el parentesco no era
meramente ideal, sino un hecho basado en la consanguinidad y en la fe de un
linaje cierto, más antiguo que sus dialectos y coetáneo de su unión como un
solo pueblo. Para el criterio de un iroqués, todo miembro de su propia gens, de
la tribu que fuese, era tan ciertamente su pariente como podia serlo su propio
hermano. Este parentesco cruzado entre perso nas de la misma gens de tribus
diferentes, se conserva y reconoce aun hoy entre ellos con todo su vigor primitivo.
Así se explica la tenacidad con que se mantienen
vinculados los restos de la antigua confederación. Si alguna de las cinco
tribus se hubiese separado de la confederación, con ello hubiera roto el
vínculo de parentesco, por más que el golpe fuera poco sensible. Pero si hu
biesen chocado entre ellas, esto hubiera puesto en lucha a la gens Lobo con su
parentela gentilicia'. Oso contra Oso; en una palabra, hermano contra hermano.
La historia de los iraqueses comprueba la realidad, así como la persistencia del
vínculo de parentesco y la fi delidad con que fue respetado. A través del
largo período que perdu ró la confederación, jamás cayeron en la anarquía ni
sufrió ruptura alguna la organización.
La Casa Larga (Ho-de -no-sote) hacía de símbolo de
la confe deración, y se llamaban: Pueblo de la Casa Larga -Ho-de -no-sau-nee).
Éste era el nombre, y el único, con que se distinguían ellos mis mos. La
confederación produjo una sociedad gentilicia más compleia que la de una sola
tribu. Era, empero, una etapa de progreso hacia la nación, porque la
nacionalidad se alcanza bajo instituciones gentili cias. La fusión es la
última etapa de este proceso. Las cuatro tribus atenienses se unieron en el
Ática en una nación, por el cruzamiento de
tribus en la misma zona, y la gradual desaparición
de límites geográ-
hermano y hermana, son primos: ¡os hijos de éstos
son primos, y así descen diendo indefinidamente. Nunca se pierde el
conocimiento del parentesco entre los miembros de una misma gens .
LA SOCIEDAD PBIMmVA 189
fíeos entre ellas. Quedaron, como antes, en plena
vitalidad, los nom bres y las organizaciones en tribus, pero sin la base de un
territorio independiente. Cuando se instituyó la sociedad política a base del
demos o pueblo y todos los residentes de éste constituyeron un cuerpo político,
sin distinción de gens o tribu, la unión quedó perfeccionada. La unión de las
gentes latinas y sabinas en el pueblo y la nación romana, fue resultado de los
mismos procesos. En todos por igual,
la gens, fratría y tribu fueron las tres primeras
etapas de la orga nización. Siguió la confederación en cuarto lugar. Pero no
se puede demostrar que hubiese sido algo más que una débil liga para objetos
ofensivos y defensivos, entre las tribus griegas o entre las latinas, del
período posterior de la barbarie. Nuestros conocimientos de los de talles de
la organización de las confederaciones griega y latina son limitados e
imperfectos, porque los hechos yacen enterrados en las lobregueces del período
de lo fabuloso. El proceso de fusión surge
en la sociedad gentilicia más tarde queja
confederación; pero era un paso necesario y vital, merced al cual se había de
alcanzar, al fin, la nación, el estado y la sociedad política. Entre las tribus
iroquesas no se había producido.
El valle de Onondaga, como asiento de la tribu
central y el lugar donde se presumía que la Brasa del Consejo ardía
eternamente, era
el sitio usual, aun cuando no el exclusivo, para la
celebración de los consejos de la confederación. En. los tiempos antiguos era
convocado en el otoño de cada año; pero exigencias de orden público solían
imponer mayor frecuencia en sus reuniones. Cada tribu tenía facultad para
convocar el consejo, y señalar la fecha y lugar de reunión en la Casa del
Consejo de cualquiera de las tribus, si las circunstancias aconsejaban un
cambio respecto al local usual de Onondaga. Pero el Consejo no tenía facultad
para convocarse él mismo.
En su origen el objeto principal del consejo era el
de investir los sachems a fin de llenar vacantes en el cuerpo gubernativo,
provenien tes de fallecimientos o deposiciones, pero también diligenciaba
todos los otros asimtos que interesaban al bien común. Con el transcurso del
tiempo, multiplicándose en número y con la ampliación de sus relaciones con
tribus extranjeras, el consejo vino a ofrecer tres carac teres distintos:
civil, fúnebre y religioso. El primero declaraba la guerra y celebraba la paz,
enviaba y recibía embajadas, celebraba tratados con tribus extranjeras,
reglamentaba los asuntos de tribus so juzgadas y dictaba todas las medidas
necesarias para fomentar el bienestar general. El segundo investía sachems y
los ponía en po sesión del cargo. Recibía el nombre de Consejo Fúnebre, porque
la primera de sus ceremonias era una lamentación por el jefe extinto, cuya
vacante se debía llenar. El tercero se convocaba para la ob servancia de un
festival religioso de carácter general. Servía de oca sión para que las tribus
confederadas se reunieran, bajo los auspi-
IXWISH.MORGAN
oíos de un consejo general, en la práctica de ritos
religiosos comu nes. Pero como en el consejo fúnebre se observaban muchas de
las mismas ceremonias, con el tiempo vino a servir para ambos. Es hoy el único
consejo que celebran, puesto que los poderes civiles de la
confederación se extinguieron con la supremacía del
Estado sobre ésta.
Es necesario exponer algunos de los pormenores
referentes al sistema de tramitación de los negocios en los consejos civil y
fúne bre. De ninguna otra manera se podría ilustrar tan brevemente la
condición arcaica de la sociedad bajo instituciones gentilicias.
Si alguna tribu extranjera iniciaba una negociación
ante la con federación, podía procederse por intermedio de cualquiera de las
cinco tribus. Era prerrogativa del consejo de la tribu interpelada de terminar
si el asunto era de suficiente importancia como para con vocar el consejo de
la confederación. Obtenida una contestación afirmativa, se enviaba un heraldo a
la tribu más próxima en ubica ción, al oriente y al occidente, con un cinto de
wampum que conte nía un mensaje en el sentido de que sería celebrado un
consejo civil (Ho-de-os -seh) en tal lugar y fecha, y para tal objeto,
especificán dose cada uno de estos detalles.
La tribu que recibía el mensaje tenía el deber de
transmitirlo
a la tribu que le seguía en ubicación, hasta tanto
la notificación que dara cumplida (69). No se reunía nunca un consejo, salvo
que fuera convocado en la forma prescripta.
Un
consejo civil, que podía ser convocado por cualquiera de Jas na ciones,
habinialmente era llamado y abierto de la siguiente manera: Si, por ejemplo,
los onondagas hacían el llamado, enviaban heraldos a los oneidas. al oriente, y
a los cayugas al occidente, con cintos conteniendo una invitación para que se
reunieran en el bosque del consejo de onondagas, en tal día de tal luna, para
los objetos que también se determinaban. Sería entonces obli gación de los
cayugas enviar el mismo mensaje a los sénecas, y de los oneidas notificar a los
mohawks. Si el consejo debía reunirse con propósitos de paz. entonces cada
sachem debía traer consigo un haz de cedro blanco, emblema
de la paz; y si con propósitos de guerra, entonces
los haces debían ser de ce dro rojo, emblema de guerra.
El día señalado los sachems de las diversas
naciones, con su gente, que or dinariamente llegaban uno o dos días antes y
permanecía acampada a cierta distancia, eran recibidos en forma por los sachems
onondagas a! salir el sol. Se ponían en marcha en procesiones separadas, cada
uno con su manto de pieles y su haz de leños, desde sus campamentos hasta el
Bosque del Consejo, donde los aguardaban los sachems onondagas con una
concurrencia de gente. Luego los sachems formaban círculo, ocupando el centro
un sachem onondaga, que había sido designado maestro de ceremonias: A una señal
giraban rompiendo la marcha hacia el norte. Puede observarse aquí que el borde
del círculo, hacia
el norte, es designado el lado frío"
(o-tó-wa-ga); el del oeste, el costado hacia el sol poniente"
(ha-ga-kwas-gwa); el del sur, el costado del sol alto (en-de-ih'-kwa), y el del
este el costado del sol naciente" (t ka-gwit-has-gwa). Después de dar
vuelta tres veces en círculo en una sola fila, estando juntos los dos extremos
de la columna, el primero se detenia delante del costado del sol na-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 191
Cuando los sachems se reunían en consejo, en el día
y lugar se ñalados, cumplidas las ceremonias de ritual, se ordenaban en dos
divisiones, sentándose en lados opuestos a la hoguera. De un lado estaban los
sachems de los mohawks, onondagas y sénecas. En el consejo, las tribus que
ellos representaban eran tribus hermanas entre sí y tribus paternas respecto a
las otras dos. Del mismo modo sus sachems eran .hermanos entre sí y padres de
los del frente opues to. Constituían uña fratría de tribus y sachems, por una
extensión del principio que unía a las gentes en una fratría. Del lado opuesto
a la hoguera se hallaban los sachems oneidas y cayugas, y en una época
posterior, los tuscaroras. Las tribus que representaban eran
tribus hermanas entre sí e hijas de las tres
opuestas. Sus sachems también eran hermanos entre sí e hijos de los del lado
opuesto. Constituían una segunda fratría de tribus. Como los oneidas eran una
subdivisión de los mohawks, y los cayugas una subdivisión de los onondagas o
sénecas, eran en realidad tribus menores; de ahí su relación de mayores y
menores y la aplicación del principio de fratría. Cuando en el consejo se
nombraba a las tribus, los mohawks, por primacía, eran nombrados en primer
término. Su epíteto de tribu era El Escudo (Da-ga-e-o -da). Les seguían los
onondagas con el
cíente y depositaba delante de sí su haz de leños.
Le imitaban los demás, uno por uno. siguiendo por el norte, formando así un
círculo interior de haces. Después de esto, cada sachem extendía su manto de
pieles en el mismo orden, y se sentaba encima, con Las piernas cruzadas, detrás
de su haz de leños, y a sus espaldas, de pie. permanecía su sa'cbem ayudante.
Después de una pausa de tiem po, el maestro de ceremonias extraía de su bolsa
dos pedazos de leña seca y un trozo de yesca, con les que procedía a obtener
fuego por fricción. Cuando conse guía esto, penetraba dentro del círculo y
prendía fuego a su propio haz. y luego a los demás en el orden de su
colocación. Una vez que estaban bien encendi dos y a una señal' del maestro de
ceremonias, los sachems se ponían de pie y giraban tres veces alrededor de!
círculo de fuego, siguiendo, como antes por e! norte. Cada uno daba vueltas de
tiempo en tiempo, a fin de exponer todas
las partes de su cuerpo a la influencia calorífera
del fuego. Esto significaba
que ellos avivaban sus afectos unos por los otros a
fin de poder despachar los
asuncos del consejo en buena armonía y unión. Luego
se volvían a sentar, cada
uno encima de su manto. El maestro de ceremonias
volvía a ponerse de pie,
cargaba y encendía la pipa de La paz en su propio
fuego. Dando tres boca
nadas, una tras Otra, expelía la primera hacia el
cénit, la segunda hacia el sue
lo, y la tercera bada el sol. Por la primera rendía
gradas al Gran Espíritu por
haberle conservado la vida durante el año
transcurrido y permitido que estuviese
presente en este consejo. Por la segunda, daba
gracias a su madre, la Tierra,
por los variados productos que habían contribuido a
su sostén. Y por la tercera
rendía gracias al sol, por su luz que nunca falta,
alumbrando siempre a todos.
No se pronunciaban palabras, pero ésta era la
significadón de los actos
mismos. Pasaba la pipa al primero a su derecha
hacía el norte, quien repetía las
ceremonias, pasando después al siguiente, y así
hasta completar el Círculo de
fuego. La ceremonia de fumar el calumet significaba
también que se comprome
tían entre ellos con su fe, su amistad y su honor.
Estas ceremonias daban por inidado el consejo,
declarándose que ya estaba listo para tratar los negodos que habían motivado la
convocatoria.
192 LEWIS H. MORGAN
epíteto Porta Nombre" (Ho-de-san-no -ge-ta),
porque ellos habían sido ios designados para elegir y nombrar los cincuenta
primeros sachems (70). Venían luego, por orden de procedencia, los sénecas, con
el epíteto de Custodio de la Puerta (Ho-nan-ne-ho -onte). Eran ellos los
custodios perpetuos de la puerta occidental de la Casa Larga. Los oneidas,
llamados Árbol Grande" (Ne-ar'-de -on-dar -go-war), y los cayugas con el
epíteto de Gran Pipa" (Somus -ho-gwar-to-war), eran llamados en cuarto y
quinto lugar. Los tuscaroras, que fueron incorporados a la confederación en una
época posterior, eran llamados en último término, y carecían de epíteto
distintivo. En la sociedad antigua, estos procedimientos tenían una importan
cia mayor de lo que se supone a primera vista.
Era costumbre de que una tribu extranjera fuese
representada en el consejo por una delegación de hombres sabios y jefes, que
traían su proposición y la presentaban personalmente. Una vez abier to
formalmente el consejo y presentada la delegación, uno de los sachems
pronunciaba una breve oración, en la que daba gracias al Gran Espíritu por
haberles conservado la vida y permitido que se
reunieran, después de lo cual anunciaba a la
delegación que el con sejo estaba pronto para escucharlos acerca del asunto
que había mo tivado la convocatoria. Uno de los delegados presentaba en forma
su proposición, apoyándola con los argumentos de que dispusiera. Los miembros
del consejo escuchaban con atención a fin de darse cuenta clara del asunto en
trámite.
Terminada la exposición, la delegación se retiraba
del consejo
para aguardar a la distancia el resultado de sus
deliberaciones. Los sachems debían entonces ponerse de acuerdo sobre la
contestación,
a base del procedimiento ordinario de debate y
consulta. Acordada la decisión, se designaba un orador para comunicarla al
consejo y se llamaba de nuevo a la delegación para hacérsela conocer. Por lo
regular, el orador era designado de entre la tribu a cuya instancia había sido
convocado el consejo. Era costumbre que él pasara revis ta a todo el asunto,
en un discurso formal, en cuyo curso anunciaba la aceptación integral o parcial
de la propuesta, o su rechazo, con las razones que lo motivaban. Cuando se llegaba
a un convenio se canjeaban cintos de wampum como testimonio de sus acuerdos.
Con estos procedimientos se clausuraba el consejo.
Este cinto guarda mis palabras , era expresión
común de un
jefe iroqués en el consejo. Luego hacía entrega del
cinto como tes timonio de lo dicho. En el curso de una negociación se
entregarían varios de estos cintos a la parte opuesta. Al contestar, ésta
devol-
(70) La tradición reza que los ooondagas delegaron
a un bombre-sabio
que visitara los territorios de las tribus y
escogiera y nombrara los nuevos sa chems según las circunstancias lo
aconsejaran; lo que explica la distribución dis pareja de los cargos entre las
diversas tribus.
LASOCIEDADPRIMITIVAT9-
vería un cinto por cada proposición aceptada. Los
iroqueses com prendían la necesidad de alguna forma de registro preciso de una
propuesta cuya ejecución comprometía su fe y honor, e ingeniaron este método
para ponerlo fuera de discusión.
La unanimidad entre los sachems era exigida para
toda cuestión
de orden público, y era esencial para la validez de
todo acto de esa naturaleza. Era ley fundamental de la confederación (71).
Adopta ron un sistema para indagar las opiniones de los miembros del con
sejo, que hacían innecesaria la votación. Por otra parte, ignoraban por
completo el principio de las mayorías y minorías en la activi dad de los
consejos. En el consejo votaban por tribus y los sachems de cada tribu debían
estar de acuerdo para llegar a una decisión. Reconociendo como principio
necesario la unanimidad, los fun dadores de la confederación dividieron los
sachems de cada tribu en clases, como medio para lograrla. A ningún sachem le
era permitido expresar en el consejo una opinión respecto al carácter del voto
sin antes haber convenido con el sachem o los sachems de su clase acer ca de
la opinión a exponer y haber sido designado informante de
su clase. Así, los ocho sachems sénecas,
constituyendo cuatro clases, sólo podían tener cuatro opiniones, y contando el
mismo número de clases los diez sachems cayugas, también sólo tenían cuatro
opinio nes. De esta manera, los sachems de cada clase debían primero estar
acordes entre ellos. Luego se realizaba la consulta entre los cuatro sachems
designados para hablar en nombre de las cuatro clases; y cuando se habían
puesto de acuerdo, designaban a uno de entre ellos para exponer la opinión
resultan-te, que era la contestación de la tribu.
Cuando por este ingenioso medio los sachems de las
diversas tribus habían adoptado separadamente un parecer, restaba compa
rar los diversos dictámenes, y si estaban acordes
quedaba hecha la decisión del consejo. Si no lograban ponerse de acuerdo, la
propues ta era rechazada, y el consejo levantaba su sesión. Las cinco perso
nas designadas para expresar la decisión de las cinco tribus posible mente
expliquen la designación y funciones de los seis electores, así llamados en la
confederación azteca, de que se tratará en otra parte. Mediante este sistema de
llegar al acuerdo, se reconocía y man-
(71) En los comienzos de la revolución americana,
los iroqueses no pu
dieron convenir en una declaración de guerra contra
nuestra confederación, por falta de unanimidad en el consejo. Varios de los
sachems oneidas la resistieron y finalmente rehusaron su consentimiento. Siendo
imposible la neutralidad con los mohawks y sénecas resueltos a luchar, convino
que cada tribu podía ir a
la guerra o permanecer neutral bajo su propia
responsabilidad. Las guerras con tra los enes, contra las naciones neutrales y
contra ios susquehannocks, y las diversas guerras contra los franceses, fueron
resueltas en consejo general. Nues tros registros coloniales se hallan llenos
de negociaciones con la confederación iroquesa.
194 LEWIS H. MORCAN
tenía la igualdad e independencia de las diversas
tribus. Si algún sachem era terco o poco razonable, se trataba de convencerlo
senti mentalmente, lográndose su adhesión en una forma que poc.as ve ces le
resultaba un inconveniente o una molestia el haberse someti do. Cuando hubiese
fracasado todo intento de llegar a la unanimi dad, se dejaba de lado el
asunto, pues era imposible toda otra solu ción.
La investidura de nuevos sachems era un
acontecimiento de sumo
interés para el pueblo, y no menos para los
primeros, que así rete
nían algún contralor sobre la introducción de
nuevos miembros en
su cuerpo. El Consejo General fue originariamente
instituido para
cumplir la función de investir los
sachems. Se le dio en ese tiem
po, o más adelante, el nombre de Consejo Fúnebre
(Hen-mm-do-
nuh -seh), porque comprendía el doble objeto de
lamentar la muer
te del sachem extinto e instalar a su sucesor. A la
muerte de un sa-
1 ' 'T 1 ' ¦
J ;ho para convocar un
un heraldo con un cinto de wampum, generalmente el
cinto oficial que había sido dado al sachem finado en su instalación, el que
con tenía el mensaje lacónico: El nombre (citando el del extinto ¦efe) j llama
a Consejo." También anunciaba el día y lugar de la convo catoria. En
algunos casos el cinto oficial del sachem era enviado al fuego del consejo
central en Onondaga, inmediatamente después
del entierro del extinto, como notificación de su
fallecimiento, y más tarde se fijaba la fecha para la convocatoria del consejo.
El consejo fúnebre con las festividades que seguían
a la inves tidura de los sachem ejercía una notable atracción en los
iroqueses. Se venían en tropel desde las localidades más alejadas, llenos de
celo y entusiasmo. El consejo era abierto y llevado con muchas prác ticas y
ceremonias y por lo regular duraba cinco días. El primer día se dedicaba a
lamentaciones de ritual por el extinto sachem, lo que, como acto religioso,
comenzaba con la salida del sol. A esa hora, los sachems de la tribu donde se
celebraba el consejo, acompañados de
su gente, salían a recibir a los sachems y gente de
las otras tribus que habían llegado antes, y permanecían acampados a cierta
dis tancia, a la espera del día señalado. Luego de cambiar saludos, se formaba
una procesión, y las lamentaciones eran cantadas en verso, con responsos, por
las tribus unidas, marchando del lugar del en cuentro al del consejo. Las
lamentaciones, con responsos en coro, eran tributo de respeto al finado sachem,
en el que participaban
no solamente su gens y su tribu, sino también la
confederación misma.
Por cierto que era un testimonio de homenaje y
cariño más deli cado que el que se podía esperar de un pueblo bárbaro. Este
cere monial, con la apertura del consejo, daba término a los actos del
reunión. Se enviaba
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 195
primer día. En el segundo día se daba comienzo a
las ceremonias de instalación, que habitualmente se prolongaban hasta el cuarto
día. Los sachems de las diversas tribus se sentaban en dos divisiones, tal como
en el Consejo Civil. Cuando el sachem a investir pertenecía a alguna de las
tribus mayores, el ceremonial era cumplido por los sachems de las tribus
menores y el nuevo sachem era instalado
como padre. De idéntico modo, si pertenecía a
alguna de las tres tribus menores, el ceremonial correspondía a los sachems de
las mayores, y el nuevo sachem era instalado como hijo. Se citan estas
circunstancias especiales para señalar el carácter peculiar de su vida
gubernamental y social. Para los iroqueses estas formas y este len guaje
'figurado estaban preñados de significado.
Entre otras cosas, los antiguos cintos de wampum,
ante los cua les habían sido hablados , según su expresión, los principios y
estructuras de la confederación, eran sacados a luz y leídos o inter pretados
para instrucción del nuevo sachem. Un hombre sabio , no necesariamente uno de
los sachems, tomaba estos cintos, uno des pués de otro, y, paseándose entre
las dos divisiones de los sachems, leía en ellos los hechos que registraban.
Según el concepto indio, estos cintos, por medio de un intérprete, pueden dar a
conocer la regla precisa, precepto o transacción, que les hubiese sido
"dicho en la época, y de los que ellos eran el registro único. Una trenza
de wampum consistente en hileras de cuentas de concha blancas y púr puras, o
bien un cinto tejido con figuras formadas por cuentas de diferentes colores,
representaban por asociación un hecho particu lar con una hilera o figura
particular, dando así un orden seriado a los hechos, como también fidelidad a
la memoria. Estos cintos y trenzas de wampúm eran los únicos registros visibles
de los iroque ses; pero ellos exigían intérpretes instruidos para extraer de
sus hi leras y figuras los hechos encerrados en su recuerdo.
Uno de los sachems onondagas (Ho-no:we-na -to) era
designado
Custodio del Wampum , y junto con él eran
investidos dos ayu dantes, quienes debían estar tan versados en la
interpretación como el sachem titular. En el discurso del hombre sabio, la
interpretación de estos cintos y trenzas daba cuenta cronológica de los sucesos
en la formación de la confederación. La tradición era reproducida en pleno,
robusteciéndose sus partes esenciales con referencias a los registros
contenidos en los cintos. Así el consejo para investir sa chems vino a ser un
consejo de enseñanza, que mantenía eterna mente fresca en la memoria de los
iroqueses la estructura v prin cipios de la confederación, como también la
historia de su crea ción. Estos actos duraban hasta el mediodía de cada día,
dedicán dose la tarde a juegos y distracciones. Cada atardecer se servía la
comida en común, de lo que participaba la totalidad de los presen tes. Se
componía, de caldo y carne hervida, preparada cerca de la
196 LEWIS H. MORGAN
casa del consejo, y servida directamente de la olla
en tazas, fuentes y cucharones de madera. La fiesta comenzaba con una acción de
gracias. Era ésta una exclamación prolongada, de
una sola persona, en un tono alto y agudo, que bajaba en cadencias hasta el
silencio, seguida de responsos por todo el pueblo en coro. Las noches se des
tinaban a las danzas. Con estas ceremonias continuadas durante va rios días, y
con las festividades que las acompañan, se realizaba la investidura de los
sachems.
Al investir a los sachems de sus cargos por medio
de un consejo general, los autores de la confederación tuvieron en vista varios
fi nes: la perpetua sucesión de los sachems; los beneficios de una elec ción
libre entre sus miembros y una fiscalización final de la elección merced a la
ceremonia de la investidura. Para que aquélla hiera po sitiva, debía comportar
el derecho de rechazar al designado. Si el derecho de investidura era puramente
funcional, o bien si compren día el derecho de excluir, es cuestión que no
podría yo dilucidar. No se cita ningún caso de rechazo. El sistema adoptado por
los iro-
queses para conservar un cuerpo gubernativo de
sachems puede,
bajo varios conceptos, reclamar el mérito de
originalidad, como así
de adaptación a
su estado. En su forma era. raía oligarquía en el
mejor sentido del término; pero era asimismo una
democracia re
presentativa de tipo arcaico. Todo el organismo
estaba compenetra
do de un poderoso elemento popular, que influía en
su acción Se le
comprueba en el derecho de las gentes de elegir y.
deponer sus
sachems y jefes, en el derecho del pueblo a ser
oído en el consejo
mediante oradores de su propia elección, y en el
sistema volunta
rio de servicio militar. En éste y en el siguiente
período étnico, los principios democráticos eran el elemento vital de la
sociedad gen tilicia.
El nombre iroqués de sachem (Ho-yar-na-go'-war),
-que significa
un consejero del pueblo , era singularmente
apropiado para el go bernante ae una especie de democracia Ubre. No sólo
define bien el cargo, sino que también sugiere la designación análoga de los
miem bros del consejo de jefes griegos, Los jefes griegos eran designados
concejales del pueblo (72). Dada lá naturaleza y carácter de la tenencia del
cargo entre los iroqueses, los sachems no eran señores con mando por derecho
propio, sino representantes delegados de
las gentes por elección libre. Es digno de notar
que un cargo origi nado en el salvajismo y continuado durante los tres
subperíodos de la barbarie descubriera tanto de su carácter arcaico entre los
grie gos, después que la organización gentilicia hubo llevado a esta parte de
la familia humana hasta los confines de la civilización. De-
E s
q u ilo : The Seven against Thebes ,
1005.
X-A SOCIEDAD PRIMITIVA 197
muestra también qué hondas raíces había echado el
principio de )a democracia en la mente humana, bajo la institución gentilicia.
El nombre para un jefe de segunda categoría (Ha-sa-no-wa-na), "un nombre
elevado , indica en los bárbaros una justa estimación de los motivos ordinarios
de la ambición personal. También revela la identidad de la naturaleza del
hombre, ya esté muy arriba o muy abajo en los peldaños de la escala del
progreso. Los oradores céle bres, los hombres sabios y los jefes de guerra de
los iroqueses fue ron, casi sin excepción, jefes de segunda categoría. Una efe
las razo nes para ello puede hallarse en el precepto orgánico que limitaba los
deberes del sachem a los negocios de la paz. Otra pudo haber sido la de excluir
del cuerpo gobernante a los hombres más hábiles, para evitar que sus miras
ambiciosas perturbaran su acción. Como
el oficio de jefe era otorgado como premio al
mérito, recaía necesa riamente en sus hombres más hábiles.
Red-Jacket, Brandt, Garangula, Complanter, Farmer's
Brother, Frost, Johnson y otros iroqueses bien conocidos eran jefes en con
traposición a sachems. En los anales americanos ninguna de las lar gas
sucesiones de sachems se ha distinguido, con excepción de I o-gan (73), Lago
Hermoso (74), y, en una fecha reciente, Ely S. Par ker (75).
Los demás no han dejado más recuerdo suyo que el
que puede existir entre los iroqueses mismos.
En la época de la organización de la confederación,
To-do-da'-ho era el más destacado e influyente de los jefes onondagas. Fue
mira da como altamente meritoria' su adhesión a un plan de confedera ción
según el cual él experimentaría disminución en el poder. Fue investido como uno
de los sachems onondagas y su nombre coloca
do primero en la lista. Fueron investidos con él
dos sachems ayu dantes que serían sus auxiliares y debían situarse de pie a
sus espal das en los actos públicos. Así dignificado, este cargo de sachem es
desde entonces mirado por los iroqueses como el más ilustre de los cuarenta y
ocho, en mérito de los servicios prestados por el primer To-do-da -ho. Esta
circunstancia fue aprovechada tempranamente
por los investigadores de la colonización para
juzgar a la persona que desempeñaba el cargo como rey de los iroqueses; pero el
error fue refutado, y las instituciones iroquesas se libraron de una carga
imposible. En el Consejo General se sentaba con sus iguales. La Confederación
no tenía un magistrado ejecutivo principal.
Bajo la confederación de las tribus aparece, por
primera vez, el cargo de general (Hos-ga-a-geh -da-go-wa) Gran Soldado de Gue-
Uno
de los sachems cayugas.
Uno
de los sachems sénecas, y fundador del Nuevo Culto de los iio-queses.
U n
o de los sachems sénecas.
IJSWTS H . MORGAN
rra . Ahora ocurrirían casos en que las diversas
tribus en su capaci dad confederada se hallarían en guerra y se haría sentir
la necesi dad de un comandante general para dirigir la acción de las bandas
unidas. La introducción de este cargo como elemento permanente
del gobierno fue un gran acontecimiento en la
historia del progreso humano. Fue el comienzo de la diferenciación del poder
militar del civil, la que una vez cumplida cambió esencialmente las manifes
taciones externas del gobierno.
Pero aun en etapas posteriores de progreso, cuando
predominaba
el espíritu militar, el carácter esencial del
gobierno no sufrió altera ción.. El gentilismo detenía a la usurpación. Con el
advenimiento del cargó de general, el gobierno gradualmente se transformó de
go bierno de un solo poder en gobierno de dos poderes. En el curso
del tiempo, las funciones de gobierno se
coordinaron entre los dos.
Este nuevo cargo fue el germen del de magistrado
ejecutivo princi
pal, pues del general salió el rey, el emperador y
el presidente, como
en otro lugar se ha dicho ya. El cargo fue
engendrado por las nece
sidades militares de una sociedad, y tuvo su
desenvorvimíento ló
gico. Es por esta razón que su primera aparición y
subsiguiente cre
cimiento ocupan un lugar importante -en este
estudio. En el curso
del presente trabajo intentaré señalar el
desenvolvimiento progresi
vo de este cargo, desde el "Gran Soldado de
Guerra" de los iroque-
ses, y el Teuctli de los aztecas, hasta el Basileus
de los griegos, y el
Rex de las tribus latinas; entre todos los cuales,
a través de tres pe
ríodos étnicos sucesivos, el cargo fue el mismo, a
saber: el de gene
ral de una democracia militar.
Entre los iroqueses, los aztecas y los romanos, el
cargo era elec
tivo y confirmativo por un electorado.
Presuntivamente fue lo mismo entre los griegos del período tradicional. Se
sostiene que entre las tribus griegas del período homérico, el oficio de
Basileus era here ditario de padre a nijo. Pero esto es dudoso. Significa un
alejamien to tan grande y definitivo de la tenencia originaria del cargo, que
exige testimonios positivos que comprueben el hecho. Bajo las ins tituciones
gentilicias todavía se requeriría una elección o confirma ción por un cuerpo
electoral. Si en numerosos casos se supiese que el oficio había pasado de padre
a hijo, esto podría dar pie a la de ducción de una sucesión hereditaria, que
hoy se acepta como verdad histórica, siendo así que la sucesión en esta forma
no existía. Des graciadamente falta por completo el conocimiento íntimo de la
or ganización y usos sociales en el período tradicional. Los grandes
principios de la acción humana ofrecen la guía más segura, cuando
su intervención debe haber sido necesaria. Es lo
más probable que la sucesión hereditaria, cuando recién apareció, fuera
impuesta por la fuerza y no por consentimiento libre del pueblo, y que no
existió entre las tribus griegas del período homérico.
LA SOCIEDAD p r i m it iv a 199
Al formarse la confederación iroquesa, o poco
tiempo después, fueron creadas y llenadas dos jefaturas de guerra permanentes,
y ambas fueron destinadas a la tribu séneca. Una de ellas, Ta-wan-ne-ars, que
significa el que quiebra agujas , se hizo hereditaria en la gens Lobo, y la
otra, So-no-so-wa, que significa la gran concha de ostra , en la gens Tortuga.
La razón dada para asignar ambas a los sénecas consistía en el mayor peligro de
ataque por la frontera occidental de sus territorios. Eran elegidos en la misma
forma que los sachems, investidos por un Consejo General, y de igual rango y
poder. Según otra crónica, ambas jefaturas fueron creadas más tarde.
Inmediatamente después de organizada la confederación des cubrieron que la
estructura de la Casa Larga era incompleta, por que no había funcionarios para
cumplir las órdenes militares de aquélla. Fue convocado un consejo para
remediar la falta, el que creó las citadas dos jefaturas militares perpetuas.
En su calidad de comandantes generales tenían a su cargo los asuntos militares
de la confederación y el comando de sus fuerzas unidas en las expedicio nes
comunes.
El gobernador Blacksnake,- fallecido recientemente,
desempeña
ba la primera de esas jefaturas, demostrando así
que la sucesión se había cumplido regularmente. La creación de dos jefaturas
mili tares principales en vez de una sola, y con poderes iguales, eviden cia
una política sutil y calculadora, para evitar el predominio de un hombre único
aun en los asuntos militares. Procedieron sin expe riencia ' precisamente como
lo hicieron los romanos, al crear dos cónsules en lugar de uno solo, después de
haber abolido el oficio de rex. Con dos cónsules se mantendría el equilibrio
del poder militar entre ambos, evitando que cualquiera de ellos se hiciera
supremo. Entre los iroqueses el oficio jamás se hizo influyente.
En la etnografía india los asuntos de importancia
principal son
la gens, la fratría, la tribu y la confederación.
Ellos muestran la or ganización de la sociedad. Les sigue la tenencia y
funciones de los cargos de sachem y de jefe, las funciones del consejo de jefes
v la tenencia y funciones del oficio de jefe principal de guerra. Cuando éstos
hayan sido indagados, será conocida la estructu
ra y principios de su régimen de gobierno.
Completará el cuadro el conocimiento de sus usos y costumbres, de sus artes e
invenciones y de su plan de vida. En la obra de los investigadores americanos
muy poca atención ha sido dedicada a lo primero. Ofrecen todavía
campo fértil para cosechar muchos antecedentes.
Nuestros conoci mientos, por ahora generales, debieran ser más minuciosos y
com parados.
Las tribus indias del estadio inferior y del medio
de la barbarie representan dos de las grandes etapas en el progreso del
salvajismo hasta la civilización. Nuestros propios remotos antepasados pasaron
LEWIS H . MORGAN
a través de los mismos estadios, unos tras otros, y
apenas puede dudarse que hayan poseído instituciones idénticas o similares y
muchas de las mismas costumbres y usos. Por poco que nos inte resen
personalmente los indios americanos, la experiencia suva nos toca de cerca-,
como ejemplificación de una experiencia de nuestros propios ascendientes.
Nuestras instituciones primarias están arraiga das en una sociedad gentilicia
anterior en la que la gens, la fratría y la tribu constituían la serie
orgánica, y en la que el consejo de jefes era el instrumento de gobierno. Los
fenómenos de su antigua socie dad deben haber presentado muchos puntos de
contacto con los de
las tribus iroquesas y otras tribus indias. Este
aspecto del asunto añade un interés más al estudio comparado de las
instituciones hu manas.
La confederación iroquesa es un excelente ejemplo
de una so
ciedad gentilicia bajo este régimen. Parece dar
vida a todas las po sibilidades de las instituciones gentilicias en el estadio
inferior de la barbarie, dando la oportunidad para mayores desarrollos, pero
nin
gún plan de gobierno, hasta el de las instituciones
de la sociedad política, fundada sobre el territorio y la propiedad, con cuva
im plantación sobrevendría el derrumbe del régimen gentilicio. Las etapas
intermedias fueron de transición, manteniéndose has
ta el fin como democracias militares, salvo donde
algunas tiranías, cimentadas en la usurpación, las sustituyeran
provisoriamente. La confederación de los iraqueses era esencialmente
democrática, por que estaba constituida por gentes, cada runa organizada sobre
los principios comunes de la democracia, no del tipo más elevado, sino de uno
primitivo, y porque la tribu se reservaba el derecho del pro pio gobierno
local. Vencieron a otras tribus y las mantuvieron some tidas, como, por
ejemplo, los delaware; pero éstos continuaban bajo el gobierno de sus propios
jefes y no añadían nada a la fuerza de la confederación. En este estado social
era imposible unir bajo un go bierno tribus que hablaban un lenguaje
diferente, o someter tribus conquistadas, bajo tributo, sin más beneficio que
el tributo mismo. Esta exposición de la confederación iroquesa dista mucho de
agotar los hechos, pero es suficiente para-
responder al propósito aquí presente. Los iraqueses eran un pueblo valiente,
vigoroso e inteli gente, con un volumen cerebral próximo al promedio de los
arios. Elocuentes en la oratoria, vengativos en la guerra y de una perse
verancia indómita, se han conquistado un sitio en la historia. Si sus proezas
militares están empeñadas por las atrocidades de la guerra salvaje, ellos han
dado prueba de algunas de las más elevadas vir tudes humanas en sus relaciones
recíprocas. La confederación que organizaron debe ser mirada como un notable
producto de la sabidu ría y de la sagacidad. Uno de sus objetos declarados era
el mante nimiento de la paz, quitar los motivos de contienda mediante la
LA SOCIEDAD PíUMITTVA 201
unión de sus tribus bajo un gobierno, y luego
extender éste median te la incorporación de otras tribus del mismo nombre y
linaje. Ellos instaron a los eries y a la nación, neutral a hacerse miembros de
la
confederación, y ante su rechazo, los expulsaron de
sus fronteras. Tal penetración de los más altos objetos del gobierno es prueba
de su inteligencia. Eran escasos en número, pero contaban en sus filas con una
gran cantidad de hombres capaces. Esto testifica el alto grado de la raza.
Merced a su ubicación y poderío militar, ejercieron
una notable influencia en el curso de los acontecimientos entre ingleses v
fran ceses, en su rivalidad por la supremacía en Norteamérica. Como en
el primer siglo de la colonización los dos eran
casi iguales en fuerzas y recursos, los franceses pueden culpar a los iroqueses
en no peque ño grado del derrumbe de sus planes imperiales en el Nuevo Mundo.
Con el conocimiento de la gens en su forma arcaica
y de su ca pacidad como unidad de un régimen social, estaremos mejor habili
tados para comprender las gentes de los griegos y de los romanos que aún faltan
considerar. Al llegar a los umbrales de la civiliza ción, con la experiencia
sobreañadida de dos períodos étnicos ente ros, los encontraremos con el mismo
régimen de gobierno compues
to de gentes, fratrías y tribus en una sociedad
gentilicia. Entre ellos la descendencia se transmitía por la línea masculina;
los hijos he redaban los bienes en lugar de los parientes agnaticios, y la
fami lia ya asumía la forma monógama. El crecimiento de la propiedad,
que ahora se hacía elemento dominante, y el aumento
de los indi viduos reunidos en ciudades cercadas, iban demostrando lentamen
te la necesidad del segundo plan de gobierno; el político. El viejo régimen
gentilicio iba quedando imposibilitado para hacer frente a las exigencias de la
sociedad a medida que se acercaba a la civili zación. En las mentes griegas y
romanas surgía la visión de un esta do fundado sobre el territorio y la
propiedad, frente al cual debían desaparecer gentes y tribus. Para penetrar en
el segundo plan de gobierno era necesario sustituir las gentes por municipios v
distri tos; reemplazar el régimen gentilicio por el territorial. El derrumbe
de las gentes y el surgimiento de municipios organizados señalan,
en forma muy aproximada, la linea divisoria entre
el mundo bárbaro y el civilizad. 0 , entre la sociedad antigua y la moderna.
f
VI
LA GENS EN OTRAS TRIBUS DE LA FAMILIA
GANÓWANIANA
Cuando por primera vez se descubrieron las diversas
regiones de América, los aborígenes fueron hallados en dos condiciones distin
tas. En primer lugar, se hallaban los indios pueblos, cuya subsistencia
basábase casi exclusivamente en la horticultura; tales eran las tribus de este
estadio en Nuevo Méjico, Méjico y América- Central y en la meseta andina. En
segundo lugar, estaban los indios no horticultores, que vivían de raíces
farináceas, de la pesca y de la caza; tales eran los indios del valle del Columbia,
del territorio de la bahía de Hud son, de ciertas regiones del Canadá y de
algunas otras de América. Entre estas tribus y conectando los extremos por
gradaciones insen sibles, estaban los indios que en parte eran pueblos y en
parte hor ticultores, como los iroqueses, los indios de Nueva Inglaterra y
Vir ginia, los cries, choctas, cheroqueses, minnitarees, dacota y shaw-nees.
Las armas, artes, costumbres, invenciones, danzas,
arquitectura de la vivienda, forma de gobierno y régimen de vida de todos, lle
van por igual el sello de una mente común, y revelan, a través de sus amplios
alcances, las etapas sucesivas de desarrollo del mismo con cepto original.
Nuestro primer error consistió en valorar el progre
so comparativo de los indios pueblos, y el segundo,
el menospreciar el de los indios no horticultores y el de los casi indios
pueblos, de donde resultaba un tercero: el de separar unos de otros teniéndoles
por razas diferentes. Había diferencias notables en las condiciones en que res
pectivamente se les halló, pues muchas de las tribus no hosticultoras se
hallaban en el estadio superior del salvajismo, las tribus interme dias en el
estadio inferior de la barbarie, y los indios pueblos en el estadio medio. Las
comprobaciones de su comunidad de origen se han
LA SOCIEDAD PBIMnTVA 203
acumulado hoy en tal grado, que no dejan lugar a
una duda razonable al respecto, aunque esta conclusión no sea aceptada
umversalmen te. Los esquimales pertenecen a una familia diferente.
En una obra anterior expuse el régimen de
consanguinidad y afinidad de unas setenta tribus americanas; y sobre la base de
su posesión común del mismo régimen y testimonios de su derivación de una
fuente común, me animé a reclamar para ellas el rango dis tintivo de una
familia del género humano, bajo la designación de Ganowaniana, la Familia del
Arco y Flecha (76).
Habiendo considerado los atributos de la gens en su
forma arcai ca, queda por indicar la amplitud de su predominio en las tribus
de la familia ganowaniana. En este capítulo se señalarán las huellas de la
organización entre ellas, circunscribiendo la exposición a los nom bres de las
gentes en cada tribu, con sus regímenes de descendencia y herencia respecto a
la propiedad y cargos. Cuando hagan falta,
se darán otras explicaciones. El eje del debate
será la demostración de la existencia o inexistencia de la organización
gentilicia entre ellas. Dondequiera que la institución haya sido hallada en
estas di versas tribus, es igual en todo lo esencial a la gens de los
iroque-ses, y, por tanto, no necesita mayor exposición a este respecto.
Salvo que se exprese lo contrario, se entenderá que
la existencia de la organización fue averiguada por el autor en la tribu india
o me diante algunos de sus miembros. La clasificación de tribus es la adop
tada en Sistemas de Consanguinidad .
1. T r ib u s H o d e n o s a u n ia n a
Iroqueses.
Las gentes de los iroqueses ya han sido conside radas (77).
Wyandotes.
Esta tribu, remanente de los antiguos hurones, se compone de ocho gentes, como
sigue:
1, Lobo; 2, Oso; 3, Castor; 4, Tortuga; 5, Ciervo;
6, Serpien te; 7, Puercoespín; S, Gavilán (78).
La descendencia sigue la rama femenina, con
prohibición de ma trimonio dentro de la gens. El cargo de sachem o jefe civil
es here ditario en la gens, pero electivo entre sus miembros. Cuentan siete
(76) Systems of Consanguinity and Affinity of the
Human Family. Smith sonian Contributions to Knowledge. Vol. XVII, 1871. pág.
131.
(77) 1, Lobo, Tor-yoh -no; 2, Oso, Ne-e-ar-guy'-ee;
3, Castor, Non-gar-nc -e-ar-goh; 4, Tortuga. Ga-ne-e-ar-the-go'-wa; 5, Ciervo,
Na-o -geh; 6, Becasina, Doo-eese-doo-we ; 7, Garza, Joas -seb; 8, Gavilán,
Os-sweb-ga-da-gg'-ah.
(78) 1, Ah-na-rese'-kwa, Roedores de huesos; 2,
Ah-nu-yeh', Moradores en árboles; 3, Tso-ta'-ee, Animal arisco; 4, Ge-ah -wish,
Bella tierra; 5, Os-kcn-o-toh. Errante; 6, Sine-gain'-see, Gateando; 7,
Ya-ra-hats'-see, Árbol alto; 8. Da-soak\ Volando.
LEWIS H. MORGAN
sachems y siete jefes militares, habiéndose
extinguido ahora la gens
Gavilán. El cargo de sachem se transmite de hermano
a hermano, o
de tío a sobrino; pero el de jefe de guerra es un
premio al mérito, y no tiene carácter hereditario. Los bienes eran hereditarios
en la gens; por consiguiente, los hijos no heredaban nada del padre, pero
heredaban los bienes de la madre. Donde se cite esta regla se en tenderá que
los solteros están incluidos, tanto como los casados. Cada gens tenía facultad
tanto para quitar como para elegir sus je fes. Los wyandotes han estado
separados de los iroqueses, por lo menos, cuatrocientos años; pero aun conservan
cinco gentes en co mún, aunque los nombres hayan sufrido cambios que
imposibilitan su identificación o hayan sido sustituidos por nombres nuevos.
Las tribus eries, nación neutral, nottoways,
tutelos (79) y susque-hannocks (80), hoy extintas o refundidas en otras,
pertenecen al mis mo linaje. Presuntamente estuvieron organizadas en gentes,
pero las comprobaciones se han perdido.
2. T r ib u s D a c o t a
Un crecido número de tribus están incluidas en esta
gran fami lia de aborígenes americanos. Al tiempo de su descubrimiento se
habían dividido en cierto número de grupos, y su lengua, en cierto número de
dialectos; pero en su mayor parte habitaban territorios contiguos. Ocupaban las
cabeceras del Mississippi y ambas orillas del Missouri, en una extensión de más
de mil millas.
Con toda probabilidad los iroqueses y sus tribus
cognaticias eran una ramificación de este tronco.
i.° Dacota o sioux. Los dacota, que hoy están
formados por
unas doce tribus independientes, han dejado caer en
desuso la or ganización gentilicia. Parece muy seguro que en un tiempo la po
seían, porque sus congéneres más próximos, las tribus del Missouri, están
organizadas así en la actualidad. Tienen sociedades con nom bres de animales,
análogas a las gentes, pero éstas ahora no existen. Carver, quien estuvo entre
ellos en 1767, observó que toda agru pación separada de indios está dividida
en bandas o tribus. Dicha banda o tribu constituye una pequeña comunidad dentro
de la
nación a que pertenece. Así como la nación tiene un
símbolo particu lar que la distingue de otras, cada tribu tiene una divisa por
la cual es designada: como ser Águila , Pantera , Tigre , Bisonte", etc.
Horacio
Hale ha comprobado recientemente la vinculación de los tu telos con los
iroqueses.
Francisco
Parkman, autor de una brillante serie de obras sobre la co lonización de
América, fue el primero que comprobó la vinculación de los susquehannocks con
los iroqueses.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 2C5
Una banda de los naudowíssies (sioux) es
representada por una ví bora, otra por una tortuga, una tercera por una
ardilla, una cuarta por un lobo y una quinta por un bisonte. En todas las
naciones se individualizan de la misma manera, y el más insignificante entre
ellos recordará su linaje y se distinguirá por su respectiva fami lia (81).
Visitó los dacota del Este en el Mississippi. A base de esta manifestación
específica no encuentro razón para dudar de que
la organización gentilicia estaba en plena
vitalidad entre ellos. Cuan do visité a los dacota orientales en 1861, y a los
occidentales en 1862, no pude encontrar entre ellos huellas de gentes. Entre
esas fechas sobrevino un cambio de régimen en la vida de e.Uos al ser empuja
dos hacia las praderas y desmembrados en bandas
nómadas, lo que, posiblemente, explica la decadencia del gentilismo entre
ellos.
Carver también notó dos jerarquías de jefes entre
los indios del Oeste que se han explicado tal como existen entre los iroqueses.
Toda banda dice él tiene un jefe a quien llaman el Gran Jefe
o el Guerrero Jefe, y a quien escogen en
consideración a su expe riencia en la guerra y su reconocido valor, para
dirigir sus opera ciones militares y administrar todo lo concerniente a este
departa mento. Pero dicho jefe no es tenido por cabeza del estado; además del
gran guerrero, que es elegido por sus aptitudes militares, existe otro que goza
de preeminencia por derecho hereditario y ejerce la más inmediata dirección de
sus asuntos civiles. Este jefe pudiera denominarse con mayor propiedad el sachem,
cuyo asentimiento es exigido en todo contrato o tratado, al que sella con la
marca de su tribu o nación (82).
2.° Tribus Missouri. 1. Punkas. Esta tribu está
compuesta de ocho gentes, como sigue:
1, Oso Gris; 2, Mucha Gente; 3, Alce; 4, Zorrino;
5, Bisonte; 8, Víbora; 7, Medicina; 8, Hielo (83).
En esta tribu, contrariamente a la regla general,
la descendencia sigue la línea masculina y los hijos pertenecen a la gens del
padre. Está vedado el matrimonio dentro de la gens. El cargo de sachem
es hereditario en la gens, recayendo la designación
por elección; pero son elegibles los hijos del sachem difunto. Probablemente el
cambio de la forma arcaica es reciente, desde que entre los otoes y los
missouri dos de las ocho tribus del Missouri y también entre los mandans,
todavía la descendencia sigue la línea femenina. Los bie nes son hereditarios
en la gens.
Travels
in North America, Phila., ed. 1796, pág. 164.
Travels
in North America, pág. 165.
1,
Wa-sa -be; 2, De-a-ghe -ta; 3, Na-ko-poz-na; 4, Moh-kuh ; 5, Wa-sfia-ba; 6,
Wa-zha-zha; 7, Noh -ga; 8, Wah -ga.
2C6 LEWIS H . MORGAN
Omahas.
Esta tribu está compuesta de las doce gentes si guientes:
1, Ciervo; 2, Negro; 3, Pájaro; 4, Tortuga; 5,
Bisonte; 6, Oso; 7, Medicina; 8, Kaw; 9, Cabeza; 10, Rojo; 11, Trueno; 12,
Muchas Es taciones (84). -
La descendencia, herencia y ley del matrimonio son
las mismas que las de los punkas.
Iowas.
De la misma suerte, los iowas tienen ocho gentes,
como sigue:
1, Lobo; 2, Oso; 3, Bisonte Hembra; 4, Alce; 5,
Águila; 6, Palo ma; 7, Víbora; 8, Búho (85).
En un tiempo existía entre los otoes y iowas una
gens Castor (Pa-kuh-tha), pero hoy está extinguida. La descendencia, herencia y
prohibición de matrimonio dentro de la gens rigen como entre los punkas.
Otoes
y missouris. Estas tribus se han refundido en una, y cuentan las ocho gentes
siguientes:
1, Lobo; 2, Oso; 3, Bisonte Hembra; 4, Alce; 5,
Águila; 6, Palo ma; 7, Víbora; 8, Búho (86).
La descendencia de los otoes y missouris sigue la
línea femeni na, perteneciendo los hijos a la gens de la madre. Son
hereditarios dentro de la gens el cargo de sachem y la propiedad, y está vedado
el matrimonio entre miembros de la misma.
Kaws.
Los kaws (Kaw-za) tienen las catorce gentes si
guientes:
1, Ciervo; 2, Oso; 3, Bisonte; 4, Águila (Blanca);
5, Águila (Ne
gra); 6, Pato; 7, Alce; S, Coatí; 9, Lobo de la
Pradera; 10, Tortuga; 11, Tierra; 12, Rabo de Ciervo; 13, Tienda; 14, Trueno
(87).
Los kaws se hallan entre los más salvajes de los
aborígenes ame ricanos, pero son un pueblo inteligente e interesante. Los
regíme nes de descendencia, matrimonio y herencia son los mismos que los de
los punkas. Se notará que hay dos gentes Águila y dos Ciervo, lo que ofrece un
buen ejemplo de la segmentación de una gens; la
1,
Wa-chese-ta; 2, Ink-ka -sa-ba; 3, La -ta-da; 4, Ka-ih: 5, Da-lhun'-da: 6,
Wa-sa-ba; 7, Hun -ga; 8. Kun- -za; 9, Ta -pa; 10, In-gra -zhe-da; 11, Ish-da -
sun-da; 12, O-non-e -ka-ga-ha.
1,
Me-je'-ra-ja; 2, Too-num -pe; 3, Ah -ro-wha; 4, Ho -dash; 5. Cheh -
he-ta; 6, Lu'-chih; 7, Wa-keeh ; 8, Ma -kotch. ,
La H representa un profundo sonido gutural. Es muy
general en los dialectos de las tribus del Missouri, y también entre los
minnitarees y los cornejas.
1,
Me-je -ra-ja; 2, Moon'-cha; 3. Ah'ro-wha; 4, Hoo'-ma: 5, Kha -a: 6, Lute'-ja:
7, Wa-ka; 8, Ma -kotch.
1.
Ta-ke-ka-she -ga; 2, Sin ja-ye-ga; 3, Mo-e'-kwe-ah-ha; 4, Hue -ya:
5, Hun-go-tin -ga; 6, Me-ha-shung -ga; 7, O -pa; 5,
Me-ka ; 9, Sho'-ma-koo-sa;
10, Do-ha-keí -ya; 11, Mo-e'-ka-ne-ka -she-ga; 12,
Da-sin-ja-ha-ga; 13, Ic -ha-she;
14, Lo-ne -ka-she-ga.
L A SO C IE D A D P R I M m V A 207
gens Águila, probablemente, se fraccionó en dos,
distinguiéndose con los nombres de blanca y negra. Más adelante, la Tortuga
ofre cerá un nuevo ejemplo de este mismo hecho.
Cuando visité las tribus missouris en 1859 y 1860
no pude llegar hasta los osages y quappas. Las ocho tribus que llevan estos
nom bres hablan dialectos estrechamente vinculados a la lengua troncal dacota
y la presunción de que los osages y quappas están organi zados en gentes es
prácticamente decisiva. En 1869 los kaws, ya muy mermados, contaban unos
setecientos, lo que daría un prome dio de no más de cincuenta por gens.
El lugar de residencia de estas diversas tribus se
hallaba a lo
largo del Missouri y sus tributarios, desde la boca
del río Gran Sioux hasta el Mississippi y a lo largo de la orilla oeste del
último hasta el Arkansas.
3.° Winnebagoes. En la época de su descubrimiento,
esta tribu habitaba en las cercanías del lago de su nombre, en-Wisconsin. Como
vástago del tronco dacota, al parecer ellos seguían la huella de los ircqueses
hacía el Este, hasta el valle del San Lorenzo, cuando
su marcha en esa dirección fue detenida por las
tribus algonquinas entre los lagos Hurón y Superior.
Su vinculación más próxima es con las tribus
missouri. Cuentan ocho gentes, como sigue:
1, Lobo; 2, Oso; 3, Bisonte; 4, Aguila; 5, Alce; 6,
Ciervo; 7, Ví bora; 8, Trueno (88).
Los regímenes de descendencia, herencia y
matrimonio son igua
les a los de los punkas. Sorprende que tantas
tribus de este tronco hubiesen cambiado la descendencia de la línea femenina
por la masculina, pues cuando fueron conocidas, el concepto de propiedad estaba
apenas desarrollado, o se hallaba en el período de gestación, y difícilmente
pudo haber sido, como lo fue entre los griegos y romanos, la causa
determinante. Es probable que se haya producido en tiempos recientes, bajo la
influencia de americanos y de misio neros. Carver, en 1787, halló entre los
winnebagoes huellas de descendencia por la línea femenina. Algunas naciones
dice cuan
do la dignidad es hereditaria, limitan la sucesión
a la línea femenina. A la muerte de un jefe le sucede el hijo de su hermana,
con prefe
rencia a su hijo propio y si no tuviere hermana, la
parienta más próxima asume la dignidad. Así se explica- que una mujer estu
viese a la cabeza de la nación winnebago, lo que me extrañó cuando todavía no
conocía sus leyes (89). En 1869 los winnebagoes surna-
1,
Skonk-chun -ga-da; 2, Hone-cha -da; 3, Cba ra; 4, Wabk-cha -he-da; 5,
Hoo-wun'-na; 6, Cha ra; 7. Wa-kon'-na; 8, Wa-kon -cha-ra.
Travels,
loe. cít., pág. 166.
LEWIS H. MORGAN
ban unos mil cuatrocientos, lo que daría un
promedio de ciento cincuenta personas por gens.
4.° Tribus del alto Missouri:
1. Mandans. Los mandans aventajaban a sus
congéneres en las artes de la vida y en inteligencia, lo que probablemente
debían a los minnitaries. Estaban divididos en siete gentes, como sigue:
Lobo;
2, Oso; 3, Pollo de la Pradera; 4, Buen Cuchillo: 5, Agui la; 6, Cabeza Chata;
7, Villa Alta (90).
La descendencia sigue la línea femenina, con cargos
y bienes hereditarios en la gens. Está vedado el matrimonio entre miembros de
ésta. Llamaría la atención la descendencia por la línea femenina entre los
mandans, cuando tantas tribus del mismo tronco seguían la línea masculina, si
no fuera que la primera es la forma arcaica de la que las otras tribus hace
poco se habían alejado.
Esto robustece la presunción de que,
originariamente, imperaba
la línea femenina en todas las tribus clacota.
Estos antecedentes res pecto de los mandans, se obtuvieron en la antigua Villa
Mandan so bre el alto Missouri, en 1862, y fueron dados por José Kip, cuya
madre era una mandan. El confirmó el hecho de la descendencia al nom
brar la gens de su madre, como la suya propia.
Minnitaries.
Esta tribu y los upsarocas (upsar -o-kas) o corne
jas, son subdivisiones de un pueblo originario-.
Son miembros dudosos de esta rama de la familia ganowaniana; bien que les haya
colocado lingüísticamente con estas tribus missouris y dacota, por la cantidad
de voces de sus dialectos que les son comunes. Han tenido una expe riencia
anterior de la que muy ,poco se sabe. Los minnitaries trajeron a esta región la
horticultura, la vivienda con armazón de madera y
un régimen peculiar de culto, lo que enseñaron a
los mandans. Existe la posibilidad de que desciendan de los Mound-Builders
(Constructores -de Túmulos). Tienen las siete gentes como sigue: 1, Cuchillo;
2, Agua; 3, Logia; 4, Pollo de la Pradera; 5, Pueblo de la Colina; 6, Animal
Desconocido; 7, Bonete (91).
La descendencia sigue la línea femenina, el
matrimonio dentro
de la gens está prohibido y el cargo de sachem y la
propiedad son hereditarios dentro de la gens. En la- actualidad los minnitaries
y los mandans habitan el mismo poblado. En su aspecto personal están entre los
más hermosos ejemplares de pieles rojas que en la actuali dad pueda presentar
Norteamérica.
Upsarocas
o cornejas. Esta tribu cuenta con las siguientes
gentes-.
1, Perro de las Praderas; 2, Polainas Malas-, 3,
Zorrino; 4, Logias
1,
Ho-ra-ta mu-make; 2, Ma-to -no-make; 3, See-poosh'-ka; 4, Ta-na-tsu -ka; 5,
Ki-ta'-ne-make; 6, E-sta-pa'; 7, Me-te-ah -ke.
1,
Mit-che-ro -ka; 2, Min-ne-pa'ta; 3, Ba-ho-ha -ta; 4, Seech-ka-be-ruh-pa-ka; 5,
E-tish-sho'-ka; 6, Ah-nah-ha-na-me-te; 7, E-ku -pa-be-ka.
LA SOCIEDAD PRLVQTIVA 209
Traicioneras; 5, Logias Perdidas; 6, Malos Honores;
7, Carniceros;
8, Logias Movientes; 9, Montaña de la Plata de Oso;
10, Logias de los Pies Negros; 11, Pescadores; 12, Antílope; 13, Cuervo (92).
La descendencia, herencia y prohibición de casarse dentro de la gens rigen como
entre los minnitaries. Varias de las designaciones de los cornejas son raras, y
más bien indican bandas que gentes. En un principio yo no quería darles
crédito, pero su régimen de descen dencia y matrimonio, y de herencia de
bienes, comprobaba clara mente la existencia de la organización en gentes. Mi
intérprete entre los cornejas era Roberto Meldrum. en aquel tiempo uno de los
agen tes de la American Fur Company, que había vivido entre ellos cua renta
años y era uno de sus jefes. Había dominado la lengua a tal punto que pensaba
en ella. Entre sus costumbres particulares respecto a las herencias recordó las
siguientes; si una persona a quien se le había dado algún objeto de propiedad,
fallecía teniéndolo en su poder y el donante había fallecido, el objeto volvía
a la gens del último. Los bienes fabricados o adquiridos por la esposa,
pasaban,
a su muerte, a sus hijos, mientras los de su marido
después de su muerte, correspondían a su gens. Si alguno hacía un regalo a otro
y fallecía, este último estaba obligado a realizar
algún acto en señal de duelo, como el seccionarse la coyuntura de algún dedo en
el
acto de la inhumación, o de lo contrario, devolver
el regalo a la gens de su extinto amigo (93).
Los cornejas tienen una costumbre respecto al
matrimonio que
he comprobado en no menos de cuarenta tribus, y se
puede mencionar aquí, porque se ha de utilizar en un capítulo posterior. Si un
hombre se casa con la hija mayor de una familia, tiene derecho a tomar como
esposas adicionales a todas las demás hermanas, al llegar éstas a ser adultas.
Podrá dejar de hacer uso del derecho, pero si insiste, su prioridad de derecho
será reconocida por la gens de ella. La poliga mia es admitida por los
aborígenes americanos en general, pero nun ca se propagó mucho por la dificultad
para un hombre de mantener más de una familia. La esposa de Meldrum ofrecía una
prueba di recta de la costumbre, siendo ella entonces mujer de veinticinco
años de edad. En un malón a los pies negros fue capturada y se
1,
A-che-pa-be'-cha; 2, E-saach -ka-buk; 3, Ho-ka-rut -cha; 4, Ash-bot-chee-ah; 5,
Ah-shin -na-de -ah; 6, Ese-kep-ka -buk; 7, Oo-sa-bot see; 8, Ah-ha-chick; 9,
Ship-tet za; 10, Ash-kane'-na 11, Boo-a-da'-sha; 12, O-hot-du sha; 13,
Pet-chale-ruh-pa-ka.
Esta
práctica, como expresión de duelo, es muy común entre los corne
jas, y también como ofrenda religiosa cuando
celebran una Logia de Medici na ; gran ceremonia religiosa. Me han dicho que
después de una Logia de Medicina , algunas veces se encontraban cincuenta y
hasta cien coyunturas de dedos en un cesto colocado para este objeto, que
babían sido ofrendadas. En un campamento de los cornejas en el Alto Missouri vi
una cantidad de hombres y mujeres con las manos mutiladas por esta práctica.
210 LEWIS H. MORGAN
convirtió en cautiva de Meldrum. El indujo a su
suegra a adoptar la criatura en su familia y gens, con lo que la cautiva venía
a ser hermana menor de la que era entonces su esposa, y le daba derecho a él
para tomarla como otra esposa cuando fuese adulta. Se apoyó
en esta costumbre de la tribu para hacer valer su
derecho. Esta cos tumbre tiene gran antigüedad en la familia humana. Es una
super vivencia de la antigua usanza punalúa.
3. T r ib u s d e l g o l f o
1. Muscoquis o cries. La confederación de los cries
consistía en
seis tribus, a saber: los cries, hitchetes,
yoochees, alabamas, coosates y natches, todas las cuales hablaban dialectos de
la misma lengua, salvo los natches, que fueron admitidos en la confederación
después de su derrota por los franceses.
Los crios son veintidós g entes, como sigue:
1, Lobo; 2, Oso; 3, Zorrino; 4, Caimán; 5, Ciervo;
6, Pájaro; 7, Tigre; 8, Viento; 9, Sapo; 10, Topo; 11, Zorro; 12, Coatí; 13,
Pez; 14, Maíz; 15, Patata; 16, Nuez del Hickory; 17, Sal; 18, Gato Mon tes;
19, (?); 20, (?]; 21, (?); 22, (?) (94).
Las restantes tribus de esta confederación han
tenido la orga nización en gentes, según los informes del Rev. S. M.
Loughridge, quien fue por muchos años misionero entre los cries, y quien me dio
los nombres citados. Expuso también que la descendencia entre los cries seguía
la línea femenina; que el cargo de sachem y la propie dad eran hereditarios en
la gens, y que se hallaba vedado el matrimo nio dentro de ésta. En la
actualidad, los cries están parcialmente civilizados con un régimen de vida
transformado. Han substituido por un sistema político su sistema social
arcaico, de suerte que dentro de unos pocos años se habrán borrado las huellas
de sus antiguas insti tuciones gentilicias. En 1869 contaban unas quince mil
personas, lo que daría un término medio de quinientos cincuenta por gens.
Choctas.
Entre los choctas, la organización en fratrías se destaca netamente, porque
cada fratría tiene su nombre, y es clara mente visible como tal. Sin duda, la
fratría existió en la mayor parte de las tribus ya citadas, pero el asunto no
ha sido materia de investi-
1,
Ya-ha-; 2, No-kuse'; 3, Ku'-cnu; 4, kai-put'-lu; 5, E -cho; 6, Tus'-wa; 7, Kat
chu; 8, Ho-tor -lee; 9, So-pak -tu; 10, Tuk-ko: 11. Chu'-la; 12. Wo'kto; 13, Hu
-hlo; 14, U -che; 15, Ah -afa; 16, O-ché; 17, Ok-chun-wa; 18, Ku-wa -ku-che;
19, Ta-muT-kee; 20, Ak-tu-ya-chul -kee; 21, Is-fa-nul -ke; 22, Wa-blak-kul-kee.
(El signo de interrogación significa que se ha
perdido el sentido de tales desig naciones.)
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 211
gaciones especiales. La tribu de los cries se
compone de ocho gentes distribuidas en dos fratrías, compuesta cada una de
cuatro gentes como entre los iroqueses.
I. Pueblo dividido (¡primera fratría)
1, Junco; 2, Ley Okla; 3, Lulak; 4, Linoklusha.
II. Pueblo Amado (segunda fratría)
I, Puebo Amado; 2, Pueblo Pequeño; 3, Pueblo
Grande; 4, Can grejo (95).
El matrimonio estaba prohibido entre miembros de la
misma fra
tría, pero los miembros de cualquiera de las
primeras gentes se podían casar en cualquier gens de las otras y viceversa.
Esto muestra que los choctas, como los iroqueses, habían empezado con dos
gentes, cada una de las cuales más tarde se fraccionó en cuatro, y que la
prohi bición originaria de matrimonio dentro de la gens había seguido al
proceso de separación.
Entre los choctas la descendencia seguía la línea
femenina. La propiedad y el cargo de sachem eran hereditarios dentro de la
gens. En 1869 contaban unos doce mil, lo que daría un término medio de mil
quinientos por gens. Los informes que preceden fueron dados
al autor por el finado doctor Cyrus Byíngton, quien
entró .a actuar de misionero en esta tribu en 1820, mientras ellos habitaban
aún su antiguo territorio, al Este del Mississippi. Se trasladó con ellos al
territorio indio, y falleció en el desempeño de su
misión allá por el año 1868, después de haber desempeñado durante cuarenta y
cinco años sus tareas de misionero. Hombre de singular excelencia y pu reza de
carácter, dejó tras de sí un nombre y un recuerdo del que puede enorgullecerse
la humanidad.
En una ocasión, un chocta manifestó al doctor
Byíngton su aspi ración de convertirse en ciudadano de los Estados Unidos, por
la razón de que así sus hijos heredarían sus bienes, en lugar de sus parientes
gentilicios de acuerdo con la vieja ley. Según las costumbres choctas, después
de su muerte sus bienes corresponderían a sus her manos y hermanas y a los
hijos de-sus hermanas. Asimismo él podría donar sus bienes a sus hijos en vida,
en cuyo caso su derecho pri-
(95) Primera. Ku-shap'-. Ok -la.
1, Kush-ik -sa; 2, Law-ok -Ia; 3, Lu-lak Ik'-sa; 4,
Lin-ok-lu'sha.
Segunda, Wa-tak-i. Hu-la'ta.
1, Chu-fan-ik -sa; 2, Is-ku-!a-n¡; 3, Chito; 4,
Shak-chuk -la.
212 LEWIS H. MORGAN
varía sobre el de la tribu. En la actualidad muchos
indios poseen bienes considerables consistentes en animales domésticos y en
casas
y tierras de propiedad individual, y entre éstos se
generaliza la cos tumbre de hacer la repartición en vida, para evitar la
herencia genti licia. A medida que aumentaba la propiedad crecía la oposición
al desheredamiento de los hijos en beneficio de la gens; y en algunas
de las tribus, entre ellas los choctas, el uso
antiguo fue abolido hace pocos años, y el derecho hereditario fue conferido,
exclusivamente
los
hijos del extinto. La mudanza, empero, vino con la substitución del régimen
gentilicio por un sistema político con un consejo y ma gistratura electiva en
reemplazo del antiguo gobierno de jefes. Según el régimen anterior, la esposa
no heredaba nada del marido,
ni éste de aquélla; pero los bienes de la esposa se
repartían entre sus hijos, y en defecto de éstos, entre sus hermanas.
3. Chickasas. Del mismo modo los chickasas estaban
organi
zados en dos fratrías, de las que la primera
contiene cuatro gentes y la otra ocho.
I. Fratría Pantera
1, Gato Montés; 2, Pájaro; 3, Pez; 4, Ciervo.
II. Fratría Español
1, Coatí; 2, Español; 3, Real; 4, Hus-ko-ni; 5,
Ardilla; 8, Caimán; 7, Lobo; 8, Mirlo (96).
La descendencia seguía la línea femenina estaba
vedado el matri monio dentro de la gens-, y la propiedad, como también el
cargo de sachem, eran hereditarios en la gens.
Los antecedentes que preceden fueron suministrados
por el Rev. Carlos C. Copeland, misionero americano residente en esta tribu. En
1869 contaban unas cinco mil personas, lo que daría unas cuatro cientas por
gens. Según parece, a raíz de su comunicación con los españoles, se organizó
una nueva gens con esta denominación, o quizá se substituyó con este nombre por
alguna razón desconocida, el nombre primitivo. Una de las fratrías también
lleva el nombre de Español.
4. Cheroqueses. Esta tribu antiguamente se componía
de diez (96) Primera. Koi.
1, Ko-in-chush; 2, Ha-atk-fu-shi; 3, Num-ni; 4,
Is-si. Segunda. Ish-pan-ee.
1, Sha-u-nee; 2, Ish-pan-ee; 3, Ming-ko; 4,
Hush-ko-ni; 5, Tun-ni; 6. Ho-chon-chab-ba; 7, Ná-sho-lá; 8, Chun-hlá.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 213
gentes, dos de las cuales: Bellota (Ah-nedsu la), y
Pájaro (Ah-ne-dsé-skwa), se han extinguido. Son las que siguen:
1, Lobo; 2, Pintura Roja; 3, Pradera Larga; 4,
Sordo (Un pájaro);
5, Acebo; 6, Ciervo; 7, Azul; 8, Cabello Largo
(97).
La descendencia sigue La línea femenina, y está
vedado el matri monio entre miembros de la gens. En 1869 los cheroqueses
contaban unos catorce mil, lo que daría un promedio de mil setecientas
cincuenta personas por gens. Esto por lo que se sabe, es el número más alto que
se haya, comprobado en una sola gens entre los aboríge nes americanos. En la
actualidad los cheroqueses y los ojibwas supe ran a cualquier otra tribu
habitante de los Estados Unidos, en el número de personas que hablan el mismo
dialecto. Se puede observar de paso que nunca hubo, probablemente, en los
Estados Unidos o parte alguna de Norteamérica, cien mil indios que hablaran el
mismo dialecto. Las tribus aztecas, tezcucanas y tlascaltecas son las únicas a
quienes se pudiera, con algún viso de verdad, atribuir tan crecido número; y
con respecto a éstas, es difícil comprender cómo se podría fijar tales cifras
en la época de la conquista española, de un modo que mereciera fe.
La nutrida población excepcional de los cries y los
cheroqueses
se debe a la posesión de animales domésticos y a la
labranza de cam pos, bien desarrollada . Hoy ostentan una civilización
mediana, ha biendo substituido el antiguo régimen de gentes, en rápida
decaden cia, por un gobierno constitucional electivo.
Semioles.
Esta tribu desciende de los cries. Se dice que están organizados en gentes,
pero no se dispone de datos al respecto.
4. T r ib u s P a w n is
No se ha podido indagar si los pawnis están o no
organizados
en gentes. El Rev. Samuel Allis, quien fuera
antiguamente misionero entre ellos, manifestó al autor su creencia de que sí lo
estaban, a pesar de no haber estudiado esto en particular. .Indicó las
siguientes gentes que creía que existían entre ellos:
1, Oso; 2, Castor; 3, Aguila; 4, Búfalo; 5, Ciervo;
6, Búho. En una ocasión me encontré con una banda de pawnis en el Missouri,
pero no pude hallar un intérprete.
(97) 1, An-ne-whi'-yá; 2, Ah-ne-wbo -teh; 3,
Ah-ne-ga-tá-ga -nih; 4, Dsú-
ni-li'-a-ná; 5, U-ni-sdá-sdi; 6, Ah-nee-ká-wih; 7,
Ah-nee-sá-hok'-nih; 8, Ah-nú-
ka-lo -bigb.
Ah-nee significa el plural.
2 1 4 LEWIS H . MORGAN
Los arickaris, cuya villa es vecina de la de los
Minnitaries, son los congéneres más próximos de los pawnis, y se tropezó con la
misma dificultad respecto a ellos. Estas tribus, los huecos, y otras dos o tres
tribus pequeñas que habitan sobre el Río Canadá, siempre han vivido al Oeste
del Missouri y hablan una lengua troncal indepen diente. Si los pawnis
practican el régimen de gentes, es de presumir que también rige en estas
tribus.
5. T r ib u s A lg o n q u in a s
En la época de su descubrimiento, este gran tronco
de los aborí genes americanos ocupaba la región comprendida desde las Monta
ñas Rocosas hasta la Bahía de Hudson, al sur de Siskatchewun, y de
ahí al Este, hasta el Atlántico, incluyendo ambas
orillas del lago Su perior, menos sus cabeceras y ambas orillas del San
Lorenzo, debajo del lago Champlain. Su área se prolongaba al sur, por la costa
del Atlántico hasta Carolina del Norte, y por la orilla oriental del Mis
sissippi en Wisconsin e Illinois hasta Kentucky. En la zona oriental de esta
inmensa región, los iroqueses y sus tribus afiliadas eran gente intrusa, y los
únicos que disputaban la supremacía a aqué llos dentro de esos límites.
1) Tribus Fitchigamianas (9S). 1) Ojibwas. Los
ojibwas hablan
el mismo dialecto y están organizadas en gentes de
las que se han conseguido los nombres de veintitrés, sin poder asegurar que
éste sea su número total. En el dialecto ojibwa, la voz totem, que se pronuncia
indiferentemente dodeim, significa la divisa o símbolo de una gens; así, la
figura de un lobo era el totem de la gens Lobo. De aquí que Schooleraft emplee
el término sistema totémico para expresar la organización gentilicia, lo que
sería perfectamente acep table si no fuera que contamos con la terminología
latina y griega para cada cualidad y carácter del régimen, que es ya histórico.
Pue de emplearse, sin embargo, con alguna ventaja. Los ojibwas cuentan con las
siguientes gentes-.
1, Lobo; 2, Oso; 3, Castor; 4, Tortuga (del Barro);
5, Tortuga (Mordiscadora); 6, Tortuga (Pequeña); 7, Reno; 8, Becasina; 9, Gru
lla; 10, Milano; 11, Águila Pelada; 12, Somorgujo; 13, Pato; 14, Pato; 15,
Víbora; 16, Muskrat; 17, Marta; 18, Garza; 19, Cabeza de Toro; 20, Carpa; 21,
Bagre; 22, Esturión; 23, Sollo (99).
(9S) Del Ojibwa, gi-tchi = grande" y ga -me =
lago , el nombre abo rigen del Lago Superior y de otros grandes lagos.
(99) 1, My-een gun; 2, Má-kwá; 3, Ah-mik ; 4,
Me-shc -ká; 5, Mik-o-noh';
6, Me-skwá-da'-re; 7, Ab-dik ; 8,
Chu-e-skwe'-ske-wá; 9, O-jee-jok ; 10, ka-ka-ke; 11, O-me-gee-ze ; 12, Mong;
13, ah-ah -weh; 14, She-shebe ; 15. Ke-na'-big; 16 Wa-zhush'; 17, Wa-be-zhase ;
18, Moosh-ká-oo-ze'; 19, Ah-wah-sis -sa; 2o' Ná-ma -bin; 21, ........... 22,
Ná-ma'; 23, Ke-no zhe.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 215
La descendencia signe la línea masculina, y los
hijos pertenecen
a la gens del padre. Existen varias razones para
inferir que origina
riamente seguía la línea femenina y que el cambio
es relativamente
reciente. En primer lugar, los delaware, a quienes
todas las tribus
algonquinas reconocen como los más antiguos de su
linaje y a quie
nes todos por igual tratan de abuelos , todavía conservan la descen
dencia por la linea femenina. Lo mismo sucede en
muchas otras
tribus algonquinas. En segundo lugar existen aún
constancia de que
hasta dos o tres generaciones atrás la
descendencia, con respecto al
cargo de jefe, correspondía a la rama femenina
(100).
En tercer lugar, las influencias americanas y de
los misioneros
en general le han sido contrarias. Para los
primeros misioneros, edu cados en una escuela muy distinta, el régimen que
desheredaba a
los hijos varones era falto de razón y de justicia;
y no es improba ble que en muchas tribus, los ojibwas incluso, el cambio se
verifica ra a base de las enseñanzas de aquéllos. Y, finalmente, desde que
varias tribus algonquinas todavía conservan la descendencia por la línea
femenina, es fundada la conclusión de que antiguamente di cha forma -fue
universal en la familia Ganowaniana, siendo también la forma arcaica de la
institución.
Se halla vedado el matrimonio dentro de la gens, y
tanto la pro piedad como los cargos son hereditarios en la misma. En la
actuali dad, empero, los hijos heredan la mayor parte, por exclusión de su
parentela gentilicia. Las propiedades y bienes de la madre pasan
a sus hijos, y a falta de éstos, a sus hermanas,
propias y colaterales.
Del mismo modo el hijo puede suceder al padre en el
cargo de sachem; pero habiendo varios hijos varones, la designación se hace de
acuerdo con el principio electivo. Los gentiles no solamente eli gen, sino que
también conservan el derecho de deposición. En la actualidad los ojibwas
cuentan con unos dieciséis mil, lo que daría un término medio de cerca de
setencientos por gens.
Pottawattamies.
Esta tribu tiene quince gentes, como sigue: 1, Lobo; 2, Oso; 3, Castor; 4,
Alce; 5, Somorgujo; 6, Águila; 7,
(100) Un sachem ojibwa, Ke-we'-kons, que falleció
allá por el año 1S40
a la edad de noventa años, en respuesta a mi
informante, quien le preguntaba por que no se retiraba del cargo y lo dejaba a
su hijo, contestó que éste
no- le sucedería; que el derecho de sucesión
correspondía a su sobrino, E'-kwa'-ka-mik, y a él pasaría el cargo. Este
sobrino era hijo de una de las hermanas del sacbem. De esta manifestación
resulta que antiguamente y hasta una fe
cha reciente, la descendencia seguía la línea
femenina. No se desprende de esta declaración que el sobrino ascendiera por
derecho hereditario, sino que se hallaba en la línea directa de sucesión y que
su elección estaría substancialmente asegurada.
216 LEWIS H. MORGAN
Esturión; S, Carpa; 9, Águila Pelada; 10, Trueno;
11, Conejo; 12, Cuervo; 13, Zorro; 14, Pavo; 15, Gavilán Negro (101).
La descendencia, herencia y régimen de matrimonio
son los mis mos que entre los ojibwas.
Otawas
(102). Los ojibwas, los otawas y los pottawattamies
eran subdivisiones de una tribu originaria. Cuando
recién fueron conocidas estaban confederadas. No cabe duda de que los otawas
estaban organizados en gentes, pero no se ha logrado obtener sus designaciones.
Cries.
En la época de su descubrimiento esta tribu estaba
en posesión de la orilla noroeste del lago
Superior, y de ahí se ex tendía hasta la bahía de Hudson, y al oeste, hasta el
río Colorado del Norte. En una época posterior ocupaban la región del
Siskatche-wun, y el sur de ésta. Á.si como los dacota han perdido su régimen
gentilicio que, presuntivamente, en un tiempo regía entre ellos. Ba jo el
punto de vista lingüístico su relación más próxima es con los ojibwas con los
que tienen mucha semejanza en maneras, costum bres y apariencia personal.
Tribus del Mississippi. Los algonquinos del Oeste
agrupados bajo esta designación ocupaban las orillas orientales del Mississippi
en Wisconsin e Illinois, y se extendían al sur, hasta Kentucky, y al este,
hasta Indiana.
1. Miamíes. Los congéneres inmediatos de las
miamíes, como
son los weas, piankeshaws, peorías y kaskaskias,
conocidos en los primeros tiempos bajo la designación colectiva de los
Illinois, son hoy pocos en número y han abandonado sus usos antiguos dedicán
dose a una vida agrícola sedentaria. No se ha podido averiguar si antiguamente
practicaban el régimen de gentes, pero es probable que sí. Los miamíes tienen
las diez gentes siguientes;
1, Lobo; 2, Somorgujo; 3, Aguila; 4, Busardo; 5,
Pantera; 6, Pavo;
7, Coatí; 8, Nieve; 9, Sol; 10, Agua (103).
Con el cambio de condiciones y disminución de la
población el régimen gentilicio desaparece rápidamente. Cuando empezó la de
cadencia, la descendencia seguía la línea masculina, estaba vedado casarse
dentro de la gens, y ésta poseía derecho hereditario al cargo de sachem y a los
bienes y propiedades.
2. Shawnis. Esta tribu notable y muy adelantada, el
más ele
vado representante del tronco algonquíno, conserva
todavía sus sen-
(101) Mo-ha'; 2, M -ko ; 3, Muk; 4, Mis-sha'-wa; S,
Maak; 6, K'noü;
7, Ñ'-Ma; 8, N -ma-pe-na ; 9, M -ge-ze -wa; 10»
Che'Kwa; 11, Wa-bo'-zo; 12.
Ka-kag -sbe; 13, Wake-shi ; 14, Pen -na; 15, M
-ke-eash -she-ka-kah.
Pronunciase
O-ta -wa.
1,
Mo-wha wa; 2, Mon-gwa ; 3, Ken-da-wa'; 4, Ah-pa -kose-e-a; 5.
Ku-no-za-wa; 6, Pi-la-wa ; 7, Ah-se-pon -na; S,
Mon-na -to; 9, kul-swa; 10. (No se pudo obtener).
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 217
tes, no obstante haber sustituido el antiguo
régimen gentilicio por una organización civil, con un primer y segundo jefe
supremo v un consejo, elegidos anualmente por sufragio popular. Cuentan trece
gentes, que conservan para fines sociales y genealógicos, como sigue: 1, Lodo;
2, Somorgujo; 3, Oso; 4, Busardo; 5, Pantera; 6, Búho;
7, Pavo; S, Ciervo; 9, Coatí; 10, Tortuga; 11,
Víbora; 12, Caballo;
13, Conejo (104).
Los regímenes de descendencia, herencia y
matrimonio son los mismos que los de los miamíes. En 1S69 los shawnis no eran
más de setecientos, lo que daría un promedio de unos cincuenta por sens. En un
tiempo ascendían a tres o cuatro mil personas, lo que supera ba al término
medio de las tribus indias americanas.
Existía entre los shawnis una práctica, también
observada por los miamíes, los sauLs y los zorros, efe ponerles nombres a sus
criaturas de la gens del padre o de la madre, o de cualquiera otra gens, bajo
ciertas restricciones que merecen una breve mención. Se ha expuesto cómo entre
los iraqueses cada gens tenía sus nombres de personas especiales que ninguna
otra gens tenía derecho a usar (105). Es pro bable que esta costumbre fue
general. Entre los shawnis estos nom bres aportaban los derechos de la gens a
que pertenecieran, de suerte que el nombre fijaba la gens de la persona. Como
en todos los casos el sachem debe pertenecer a la geñs que le ha investido de
autoridad, no sería de extrañar que esta práctica diera lugar al cam bio de
descendencia de la línea femenina por la masculina; en pri mer término, para
que el hijo pudiese suceder al padre, y luego para que los hijos pudieran
heredar la propiedad del padre.
Si al ser bautizado el hijo recibía un nombre
perteneciente a la gens de su padre, quedaría incluido en la gens del padre y
en el orden de sucesión, pero sujeto al principio electivo. Entretanto, el
padre no tenía intervención en este asunto. La gens lo delegaba a varias
personas, las más de ellas matronas, a quienes se debía con sultar cuando se
trataba de dar nombre a una criatura, y que tenían facultad para fijar el
nombre que sería puesto. Por ciertos arreglos entre las gentes de los shawnis,
tales personas disfrutaban de dicha facultad, y una vez asignado el nombre de
acuerdo con lo expre sado, éste incorporaba la persona a la gens a la que
pertenecía. Quedaban rastros del régimen arcaico de descendencia entre los
(104) 1, M -wa-wa ; 2, Ma-gwa ; 3, M -kwa ;
We-wa-see; 5, M -se'-pa-se: 6, M'-ath-wa'; 7, Pa-la-wa'; S, Psake-the; 9,
Sha-pa-ta ; 10, Na-ma-tha'; 11, Ma-na-to ; 12. Pe-sa-wa ; 13, Pa-take-e-nothe'.
(105) En toda tribu el nombre indicaba la sens. Así
entre los sauks
y ios zorros. Cuerno Largo es nombre perteneciente
a la gens Ciervo: Lobo Negro, a la gens Lobo. En la gens Aguila se encuentran
los siguientes nom bres: Ka'-po-na = Águila que arrastra su nido; Ja-ka-kwa-pe
= Águila posa da con la cabeza erguida. Pe-a-ta-ka-hok = Águila que vuela
sobre una rama.
LEWIS H. MORCAN
shawnis, de lo que se puede citar el siguiente
ejemplo, tal como le fue comunicado al autor. La-ho -weh, sachem de la gens
Lobo, en artículo mortis, expresó el deseo de que le sucediera un hijo de una
dé sus hermanas, en lugar de su hijo propio. Pero su sobrino Kos-kwa -the era
de la gens Pez, y su hijo de la gens Conejo, de manera que ni uno ni otro
podría sucederle sin antes obtener la transferencia, por cambio de nombre, a la
gens Lobo, en la cual el cargo era hereditario. Su última voluntad fue respetada.
Después de su muerte el nombre del sobrino fue cambiado por el de
Tep-a-ta-go-the , uno de los nombres de la gens Lobo, y fue elegido para el
cargo. Esta concesión es sintomática de la decadencia de la or ganización
gentilicia, pero tiende a demostrar que en una época no remota la descendencia
entre los shawnis seguía la línea femenina.
Sauks
y Zorros. Estas tribus están consolidadas en una sola, y cuenta las siguientes
gentes:
1, Lobo; 2, Oso; 3, Ciervo; 4, Alce; 5, Gavilán; 6,
Águila; 7, Pez; 8, Búfálo; 9, Trueno; 10, Hueso; 11, Zorro; 12, Mar; 13,
Esturión; 14, Árbol Grande (106).
. Los regímenes de descendencia, herencia y
matrimonio son los mismos de los miamíes. En 1869 no contaban más de
setencientos, lo que daría unos cincuenta por gens. El número de gentes que
aún conservan testifica en cierta forma que en los
dos siglos ante riores habían sido mucho más numerosos.
Menominis
y Kikapus. Estas tribus, que son independien
tes unas de otras, siguen el régimen de gentes;
pero no se ha podido obtener los nombres. Basándose en una manifestación hecha
al autor en 1859 por Antonio Gookie, miembro de la tribu Menomini, se
puede inferir que la descendencia seguía la línea
femenina. Con testando a una pregunta sobre el régimen de herencia, dijo:
"Si yo muriera, mis hermanos y tíos maternos le robarían a mi mujer e
hijos mis bienes. Hoy abrigamos la esperanza de que nuestros hijos nos hereden,
pero no hay seguridad de ello. La antigua ley da mis bienes a mis parientes más
cercanos, que no son mis hijos, sino mis hermanos y hermanas y tíos matemos.
Esto demuestra que la propiedad era hereditaria en la gens, pero restringida a
los parien tes agnados de la línea femenina.
Tribus de las Montañas Rocosas. 1. Pies negros de
Sangre.
Esta tribu se compone de las siguientes cinco
gentes:
1, Sangre; 2, Comedores de Pescado; 3, Zorrino; 4,
Animal Ex tinto; 5, Alce (107).
(106) 1, Mo-whá-wis so-uk; 2, Ma-kwis -so-jik; 3,
Pá-sha -ga-sa-wis-so-uk:
4, Ma-sha-wa-uk ; 5, Ka-ka-kwís'-so-uk; 6,
Pa-mis-so-uk; 7, Na-ma-sis'-so-uk; 8, Na-nu-sus -so-uk; 9, Na-na-ma'-kew-uk;
10, Ah-kuh -ne-nak; 11, Wa-ko-a-wis'-so-jik; 12, Ka-che-kone-a-we -so-uk; 13,
Na-ma-we -so-uk; 14, Ma-she -ma-tak.
1,
Ki'-no; 2, Ma-me-o -ya; 3, Ah-pe-ki*; 4, A-ne -po; 5, Po-no-kix'.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 219
La descendencia sigue la linea masculina, pero el
matrimonio dentro de la gens está vedado.
Pies
Negros Piegan. Esta tribu cuenta las siguientes ocho gentes-.
1, Sangre; 2, Zorrino; 3, Gordura Palmaria; 4,
Gordura Interna; 5, Brujos; 6, Nunca Ríe; 7, Famélico; 8, Carne Medio-muerta
(IOS). La descendencia sigue la línea masculina y está vedado el ma trimonio
en la gens. Varios de los nombres citados son más apropia dos a bandas que a
gentes; pero como los datos fueron recogidos di rectamente de los Pies Negros
por medio de dos intérpretes compe tentes (el señor Alejandro Culberts y su
esposa, que era una Pies
Negros), los tengo por fehacientes.
Es posible que en algunos casos los nombres
primitivos hayan cedido a los apodos.
6. T r ib u s d e l A t l á n t i c o
Delaware.
Según se ha expuesto ya, en el transcurso de su existencia aislada los delaware
son una de las tribus más antiguas de los algonquino's. En la época de su
descubrimiento su comarca domiciliaria se hallaba en la región circundante y
norte de la bahía de Delaware. Cuenta tres gentes, como sigue:
1, Lobo (Took seat, Pata Redonda); 2, Tortuga
(Poke-koo-un -gc, Gateando); 3, Pavo (Pul-la -cook, Que no rumian).
Estas subdivisiones tienen el carácter de fratrías,
porque cada una está compuesta de doce sub-gentes, cada una de las cuales tiene
al gunos de los atributos de una gens (109). Los nombres son perso-
(108) 1, Ah-ah'-pi-tá-pe; 2, A-pe-ki'e; 3, Ih-po
-se-má; 4, Ka-ka -po-ya; 5, Mo-tá-to-sis; 6, Káti'-ya-ye-mix; 7, Ká-ta
-ge-má-ne; 8, Eko -to-pis-taxe.
(109) I. Lobo: Took -seat; 1, Ma-arf-greet: Pies
Grandes; 2, Wee-sow-betko: Árbol amarillo; 3, Pá-sa-kun-á -mon; Arrancando
maíz; 4, Wc-yar-nih -ká-to: Entrada Cuidada; 5, Toosb-war-ka -ma: Allende el
Río; 6, O-lum- -a-nc: Berme llón; 7, Pun-ar'-you: Perro atado junto a la
Lumbre; 8, Kwin-cck -cha: Cuerpo Largo; 9, Moon-bar-tar -ne: Cavando: 10,
Non-har -min: Bogando Aguas Arri ba; 11, Long-ush-bar-kar'-to; Tronco de
Maleza; 12, Maw-soo-toh': Trayendo Consigo.
ü. Tortuga: Poke-koo-un'-go; 1, O-ka-ho'-ki: Jefe;
2. Ta-ko-ong -o-to: Ri bera Alta; 3, See-har-ong'-o-to-, Arrastrando Cuesta
Abajo; 4, Ole-har-me - kar-to: Elector; 5, Ma-har-o-luk -ti: Valiente; 6,
Toosh-ki-pa-kwis-i: Hojas Verdes; 7, Tung-ul-ung -si: Tortuga más pequeña; 8.
We-lun-ung-si: Tortuga Pequeña; 9, Lee-kwin-a-ti': Tortuga Mordiscadora; 10,
Kwís-aese-kees'-to: Ciervo. Las dos subgentes restantes se han extinguido.
TIL Pavo: Pul-Ja -ook; 1, Mo-haar-a-la: Pájaro
Grande; 2, Le-le-wa -you:
Grito de ave; 3, Moo-kwng-wa-ho -ki: Dolor de Ojo;
4, Moo-har-mo-wi-kar'-nu:
Araña de la senda; 5, O-ping-bo -kj: Tierra de
Oppossum; 6, Muh-ho-we-ka-ken:
Canilla Vieja; 7, Tong-o-naa'-o-to: Tronco que
sobrenada; 8. Nool-a-mar-lax
mo; Viviendo en el Agua; 9, Muh-krent-har -ne:
Cavador de Raíces; 10, Muh-
karm-huk-se.; Cara Roja; 11, Koo-wa-bo ke: Pinares;
12. Oo-chuk'-ham; Ara ña-tierras.
220 LEWIS H. MORGAN
nales y los más, si ño todos, de mujeres. Como ese
hecho es poco usual, me ocupé en I860, en la reserva Delaware en Kansas, en
desentrañarlo lo mejor posible, con el auxilio de Guillermo Adams, un delaware
instruido.
Resultó imposible dar con el-origen de estas
subdivisiones, pero éstas parecían engendrarse en varios ascendientes epónimos
a quie nes los miembros de las gentes, respectivamente, atribuían su des
cendencia. También enseña la generación natural de las fratrías sali das de
las gentes.
La descendencia entre los delaware sigue la línea
femenina, lo que robustece la probabilidad de la antigua universalidad de esta
forma en las tribus algonquínas. El cargo de sachem era heredita rio en la
gens, pero electivo entre sus miembros, los que tenían el derecho de elegir y
quitar. También la propiedad era hereditaria en la gens. Originariamente los
miembros de las tres gentes prime ras no podían casarse dentro de su propia
gens; pero en los años recientes la prohibición se ha circunscrito a las sub-gentes.
Por ejem plo, los del mismo nombre en la gens Lobo, devenida parcialmente
fratría. no pueden casarse entre ellos, pero sí pueden casarse los de
nombres diferentes. La práctica de poner a las
criaturas nombres de la gens del padre también existe entre los delaware, y se
ha in troducido la misma confusión de descendencia que exhiben las shawnis y
los miamíes. La civilización americana y las comunica ciones necesariamente
produjeron un sacudimiento en las institu ciones indias, bajo cuyo impulso la
vida étnica de los pueblos gra dualmente se derrumba.
Algunos casos de sucesión del ¦ cargo suministran
los ejemplos más patentes de la ley aborigen de descendencia. Una mujer dela
ware, después de manifestar al autor que ella y sus hijos pertene cían a la
gens Lobo y su marido a la gens Tortuga, observó que cuando falleció el
anterior jefe principal o sachem de la gens Tor tuga, capitán Ketchum (Ta-whe
-la-na), le sucedió en el cargo su sobrino, Juan Conner (Ta-ta-ne s-sha), hijo
de una de las hermanas del extinto sachem, quien también era de la gens Tortuga.
El extin to dejó un hijo varón, pero como pertenecía a otra gens, estaba in
habilitado para sucederle. Entre los delaware, como entre los iro-queses, el
cargo pasaba de hermano a hermano, o de tío a sobrino, porque la descendencia
seguía por la linea femenina.
2. Munsis. Los Munsis son vástagos de los delaware,
v cuen
tan las mismas gentes: Lobo, Tortuga y Pavo. La
descendencia si gue por la línea femenina, está vedado el matrimonio dentro de
la gens, y el cargo de sachem, como también la propiedad, son heredi tarios en
la gens.
Mohicanos.
Todos los indios de Nueva Inglaterra, al sur del
río Kannebeck, de los que los mohicanos formaban
parte, se halla-
LA SOCIEDAD PKIMmVA 221
ban estrechamente vinculados por su idioma y
entendían mutuamen
te sus dialectos. Ya que los mohicanos estaban
organizados en gen
tes, cabe presumir que los pequots, narrangansetts
y otras bandas
menores no solamente practicaban igual régimen,
sino también que
contaban las mismas gentes. Los mohicanos tienen
las mismas tres
de los delaware, Lobo, Tortuga y Pavo, cada una de
las cuales se
compone de un número de gentes. Esto demuestra su
vinculación
por descendencia con los delaware y munsis, y
también revela, como
ya se dijo en otra parte, el proceso de
disgregación, según el cual
una gens originaria se fracciona en varias, que
permanecen unidas
en una fratría. También en este caso se observa
cómo la fratría surge naturalmente bajo la institución gentilicia. Es raro
entre los aborí genes americanos hallar tan claramente como en este caso las
evi dencias de segmentación de gentes originarias.
Las fratrías de los mohicanos se destacan más
conspicuamente
que las de cualquiera otra tribu de aborígenes
americanos, porque
abarcan las gentes de cada una e incumbe citar las
fratrías para ex
plicar la clasificación de las gentes; pero sabemos
de ellas menos
que de las de los iroqueses.
Son los siguientes:
I. Fratría Lobo (Took-se-tuk ):
1, Lobo; 2, Oso; 3, Perro; 4, Zorra Mochilera.
II. Fratría Tortuga (Tone-ba-o):
1, Tortuga Pequeña; 2, Tortuga del Barro: 3,
Tortuga Gran
de; 4. Anguila Dorada.
III. Fratría Pavo:
1, Pavo; 2, Grulla: 3, Pollo (110).
La descendencia sigue la linea femenina; está
vedado el matri monio dentro de la gens, y el cargo de sachem es hereditario
en ésta, pasando de hermano a hermano o de tío a sobrino. Entre los
pequots y los narrangansetts, la descendencia
seguía la línea feme nina, según me informó una mujer narrangasett con quien
me en contré en Kansas.
4. Abenaquíes. El nombre de esta tribu, Wa-be-a
-kee, signi-
I.
Took-se-tk'; 1, Ne-h'ja-o; 2, Ma'-kwa; 3, N -de-ya -o; 4, Wa-pa-
kwe'.
II. Tone-ba-o. 1, Gak-po-muie ; 2,
....................; 3, Tone-ba'-o; 4, We-saw-maa -un.
m . Pavo: 1, Na-ha-ma o; 2, Ga-h'-ko; 3,
................
222 LEWIS H. MORGAN
fica Pueblo del Sol Naciente (111). Su vinculación
es más estrecha con los micmacs que con los indios de Nueva Inglaterra del Sur
del río Kennebeck. Cuentan catorce gentes, como sigue:
1, Lobo; 2, Gato Montes (Negro); 3, Oso; 4, Víbora;
5, Animal Manchado; 6, Castor; 7, Caribou; 8, Esturión; 9, Muskrat (Almiz
cle); 10, Milano; 11, Ardilla; 12, Sapo Manchado; 13, Grulla; 14, Puercoespín
(112).
La descendencia sigue ahora la línea masculina; el
matrimonio dentro de la gens era prohibido antiguamente, pero la prohibición ha
perdido hoy la mayor parte de su fuerza. El cargo de sachem era hereditario en
la gens. Se notará que varias de las gentes precitadas son las mismas que entre
los ojibwas.
7. T r ib u s A t h a p a s c o -a p a c h e s
Es cuestión que aún no se ha podido averiguar si
los athapas canos del territorio de la Bahía de Hudson y los apaches de Nuevo
Méjico, que son subdivisiones de un tronco originario, están o no organizados
en gentes. Cuando visité aquel territorio en 1S61, pro curé indagar el asunto
entre los athapascanos Liebre y Cuchillo Rojo , pero fracasé por falta de
intérpretes competentes; con todo, parece probable que, de haber existido el
régimen, se hubieran des cubierto rastros, aún con medios imperfectos de inteligencia
mutua. El finado Roberto Kennicott intentó, para el autor, una indagación
semejante entre los A-cha -o-ten-ne, o indios de los athapascanos del Slave
Lake (Lago del Esclavo), con igual falta de éxito. Comprobó reglas especiales
para el matrimonio y la sucesión del cargo de sachem, que parecían indicar la
existencia de gentes, pero no pudo obtener informaciones satisfactorias. Los
kutchin (Louchoux) de la región del río Yukon, son athapascanos..
El tinado Jorge Gibbs escribió al autor lo
siguiente: En una carta que tengo de un caballero de Fuerte Simpson, río
Mackenzie, se menciona que entre los Louchou o Kutchin, existen tres grados o
clases de sociedad" sin duda un error, queriendo decir totem, bien que los
totem probablemente difieren de rango, desde que él pro sigue el hombre no
contrae matrimonio dentro de su propia clase, sino que busca mujer en otra; y
que un jefe de la casta más alta podrá casarse con una mujer de la más baja,
sin perder su casta.
En
Systems of Consanguinity se podrán hallar los nombres aborí genes de las
principales tribus indias y su significado.
1,
Mals-sum; 2, Pis-suh ; 3, AJh-web soos; 4, Skooke; 5, Ahlunk'-so;
6, Ta-ma-kwa; 7, Ma-guh-le-loo ; 8, Ka-hab -seh; 9,
Moos-kwa-suh ; 10, K -che-ga-gong -go; 11, Meh-ko-a'; 12, Cbe-gwa -lis; 13,
Koos-koo ; 14, Ma-da-weh-soos.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 223
Los hijos pertenecen a la clase de la madre, y los
miembros de un mismo grado en las diferentes tribus, no guerrean unos con otros
. Entre los Kolush de la costa noroeste, quienes tienen vinculación
lingüística, aunque no estrecha, con los athapascanos, existe la orga nización
en gentes. Observa Gallátin que son como los indios nues tros, divididos en
tribus o clanes; distinción ésta de la que, según Hale, no existe vestigio
entre los indios-.,de Oregón. Los nombres de las tribus (gentes) son los de los
animales, a saber: Oso, Aguila, Cuervo, Marsuino y Lobo... El derecho de
sucesión sigue la línea femenina, de tío a sobrino, excepto el jefe principal,
quien es general mente el más poderoso de la familia (113).
S. T r i b u s in d ia s d e l a c o s t a n o r o
e s t e
En algunas de estas tribus, además de la de los
Kolush, impera la organización gentilicia. Antes de partir del estuario de
Puget ma nifiesta el señor Gibbs en una carta al autor , tuve la suerte de
encontrarme con representantes de tres familias principales de los que llamamos
indios del Norte, los habitantes de la Costa Noroeste que se extiende desde el
extremo superior de la Isla de Vancouver, dentro de las posesiones rusas, hasta
los confines con los esquimales. Por éstos pude cerciorarme con certeza que el
sistema del totem existe por lo menos entre tres de ellos. Las familias de que
hablo son, comenzando por el noroeste: Tlinkitt, que comúnmente se llaman
Stíkeens, por una de sus bandas; los Tlaidas, y Chimsyans, que Ga llatin llama
Weas. Hay totems comunes a éstos, la Ballena, el Lobo, el Aguila y el Cuervo.
Ningún individuo se puede casar con otro del mismo totem, aún cuando sea de una
nación o familia distinta. Lo
2 ue es notable es que estas naciones constituyen
familias enteramente iferentes. Quiero decir con esto que sus idiomas son
esencialmente desiguales, no presentando analogía perceptible alguna . Dalí en
su obra sobre Alaska, escrita más tarde, observa
que los Tlinkets están divididos en cuatro totems-, el Cuervo (Yehl), el Lobo
(Kanu kh), la Ballena y el Aguila (Chethl)... Solamente los totems opuestos se
pueden casar entre ellos, y el niño por lo general toma el totem de la madre
(114)-.
Hubert H. Bancroft, expone con mayor amplitud su
organización, señalando dos fratrías y las gentes que corresponden a cada una.
Dice de los Tlinkets que la nación está dividida en dos grandes divisiones o
clanes, uno de los cuales se llama el Cuervo y el otro el Lobo. El tronco
Cuervo a su vez está subdividido en subclanes
Trans.
Am. Eth. Soc. II. Intro., CXLIX.
Alaska
and its Resources, pág. 414.
2 2 4 LEWIS H. MORGAN
llamados el Sapo, el Ganso, el Lobo Marino, el Búho
y el Salmón.
La familia Lobo comprende al Oso, Aguila, Delfín,
Tiburón y Alca... Las tribus del mismo clan no deben guerrear entre sí y a su
vez los miembros de un mismo clan no deben casarse entre ellos. Así el joven
guerrero Lobo debe buscar su compañera entre los Cuer vos (115).
Los esquimales no pertenecen a la familia
ganowaniana. Su ocu pación del continente americano, en comparación con la de
aquella familia, fue reciente o moderna. Ellos también carecen de gentes..
T r
ib u s S ajlish, S a h a p t t n y K o o t e n a y Las tribus del Valle de
Columbia, de las que las nombradas
representan los troncos principales, carecen de
organización gentilicia. Nuestros distinguidos filólogos Horacio Hale y el
finado jorge Gibbs quienes dedicaron especial estudio a la cuestión , no
alcanzaron
a hallar rastro alguno de la institución entre
ellas. Existen fundadas razones para creer que esta región notable fue cuna de
la familia ganowaniana, desde la cual, como punto de partida de sus migra
ciones, se esparcieron por ambas divisiones del continente. Es, por tanto,
probable, que sus antepasados poseyeron el régimen de gentes, el que
gradualmente decayó y por último desapareció.
10. T r ib u s s h
o s h o n is
Los comanches de Tejas,
como también las tribus Ute, los Bonnak
los Shoshonis, y algunas
otras tribus, pertenecen a este tronco. Mateo
Walker, un mestizo wyandote, informó al autor en 1859, que había
vivido entre los Comanches
y que ellos tenían las siguientes
gentes-.
1, Lobo; 2, Oso; 3,
Alce; 4, Ciervo; 5, Topo; 6,
Antílope.
Si los comanches practicaban el sistema de las gentes, se puede
presumir que las demás
tribus de este tronco también lo harían.
Esto completa nuestra reseña el sistema social de las tribus indias
de Norteamérica, al
norte de Nuevo Méjico. En la época
del descu
brimiento europeo, la mayor parte de las tribus
citadas se hallaban
en el estadio inferior de la barbarie, y las otras en el estadio superior
del salvajismo. A base de la difundida y casi universal práctica de la
organización en gentes, se puede dar por sentado,
con fundada razón,
que antiguamente su
imperio entre ellos era universal, con descenden
cia por la línea femenina.
Su régimen era puramente social, teniendo
Natives
Races of the Pacific States; I. 109.
LA S0CIEDAP PRIMITIVA 225
a la gens por unidad, y a la fratría, tribu y
confederación, como miem bros restantes de la serie orgánica.
Estas cuatro etapas sucesivas de integración y
reintegración, expresan su total experiencia en el desarrollo del concepto de
gobier no. Siendo así que las principales tribus arias y semíticas poseían la
misma serie orgánica cuando emergían de la barbarie, el sistema era
prácticamente universal en la sociedad antigua, y por inferencia tuvo origen
común. El grupo punalúa, que más adelante será descrito con mayores detalles en
relación con el desarrollo del concepto
de familia, evidentemente creó las gentes, de modo
que las familias aria, semítica, uralia, turania y ganowaniana del género
humano, señalan con una claridad inconfundible un tronco común punalúa
.con la organización en gentes como injerto, del
cual todas derivan y se diferenciaron finalmente en familias.
Creo que esta conclusión se impondrá al fin, cuando
las futuras investigaciones hayan desarrollado y verificado los hechos con más
pormenores. Semejante gran serie orgánica, capaz de mantener la sociedad del
género humano durante la última parte del período del salvajismo, a través del
período entero de la barbarie, y en los primeros tiempos de la civilización, no
surgió accidentalmente, sino que fue el desenvolvimiento natural de elementos
preexistentes.
Su interpretación racional y rigurosa parece
demostrar la unidad de origen de todas las familias del género humano que
poseyeron la organización en gentes.
11. I n m o s P u e b l o s
1. Indios Moqui. Las
tribus Moqui aún se hallan en la tranqui
la posesión de sus antiguas casas comunales, siete
en número, cerca del Colorado Menor, en Arizona, anteriormente una parte de
Nuevo Méjico. Todavía rigen para ellos sus instituciones antiguas, y sin duda
representan hoy la típica vida de los indios pueblos, que im peraba desde Zuñí
a Cuzco, en la época del descubrimiento. Zuñí, Acoma, Taos y varios otros
pueblos de Nuevo Méjico, presentan la misma estructura que cuando las halló
allí Coronado en 1540-42.
No obstante lo aparentemente fácil de su acceso, en
realidad sabemos muy poco de sus instituciones domésticas y modo de vida. No se
ha realizado nunca una investigación sistemática.
La escasa infor mación que ha visto la luz pública es de carácter general y
acci dental.
Los Moqui están organizados en gentes, de las que
tienen nueve, como sigue:
1, Ciervo; 2, Arena; 3, Lluvia; 4, Oso; 5, Liebre;
6, Lobo de las Praderas; 7, Víbora Cascabel; 8, Planta de Tabaco; 9, Pasto
Fuerte.
226 LEWIS H. MORGAN
El doctor Ten Broeck, cirujano auxiliar del
Ejército de Estados Unidos, proporcionó a Schoolcraft la leyenda Moqui de su
origen que le habían referido en uno de sus poblados. Cuentan ellos que nace
muchos años la Gran Madre (116) trajo de su morada en el Oeste, nueve razas de
hombres, en la siguiente forma: Primero la raza Ciervo; segundo la raza Arena;
tercero la raza Lluvia (Agua); cuarto la raza Oso; quinto la raza Liebre; sexto
la raza Lobo de la Pradera; séptimo la raza Víbora de Cascabel; octavo la raza
Planta de Tabaco; y noveno la raza del Pasto Fuerte.
Habiéndolas plantado en los sitios donde hoy están
instalados sus poblados, las transformó en hombres, quienes edificaron los
pueblos actuales; y la tradición de raza se mantiene hasta hoy. Uno me dijo que
él era de la raza Arena, otro de la Ciervo, etc., etc. Son cre yentes
convencidos de la- metempsícosis, y dicen que cuando mueran volverán a sus
formas originales, y se transformarán en osos, ciervos, etc., nuevamente...
El gobierno es hereditario, pero no se transmite,
necesariamente,
al hijo del usufructuario, pues, si prefieren
cualquier otro pariente consanguíneo, se elige a éste (117). Desde que en este
caso se pasó del estadio inferior al estadio medio de la barbarie y se halló la
organización en gentes en pleno desarrollo, queda demostrada su adaptación al
cambio de su condición. Resulta probable su existen cia entre los indios
pueblos en general. Pero desde este punto hacia adelante, en el resto de
Norteamérica, y en toda Sudamérica, nos hallamos sin informes precisos, salvo respecto
a los Lagunas.
Esto demuestra cuan incompleto es el trabajo en la
Etnología Americana; que el elemento unitario de su sistema social apenas si ha
sido parcialmente descubierto y que su significación no ha sido comprendida.
Asimismo existen rastros en los trabajos de escri tores españoles antiguos y
ciertos conocimientos directos de esto
en algunos pocos escritores posteriores, que,
cuando se correlacionen dejarán escaso fundamento para dudar del antiguo
imperio uni versal del régimen gentilicio en toda la familia india.
Circulan en muchas gentes tradiciones como la de
los Moquis, sobre la transformación de sus primeros progenitores del objeto
animal o inanimado que vino a ser el símbolo de la gens, en hombres o mujeres.
Así los Grullas de los ojibwas, tienen la leyenda
de que un casal de grullas voló por la vasta región que se extiende desde el
Golfo hasta los Grandes Lagos, y desde las praderas del Mississippi hasta el
Atlántico, en busca de un lugar donde los víveres fueran
Los
shawnis adoraban antes a una deidad femenina llamada Go-gome-tha-ma = Nuestra
grande Madre.
Schoolcraft,
History, etc., of Indian Tribes, IV, 86.
LA SOCIEDAD PJEUMTITVA 227
abundantes, y por fin eligieron los rápidos
desagües del lago Superior, posteriormente famoso por sus pesquerías.
Habiéndose posado en la ribera del río, y cerrado las alas, el Grande Espíritu
inmediata mente los transformó en un hombre y una mujer, los que vinieron
a ser los progenitores de la gens Grulla de los
ojíbwas. En las diver sas tribus hay numerosas gentes que se abstienen de
comer el animal cuyo nombre llevan; pero esto dista mucho de ser universal.
2. Lagunas. Los indios pueblos Laguna están
organizados en
gentes, con descendencia por la línea femenina,
según resulta de una conferencia dada por el Rev. Samuel Gorman ante la
Sociedad Histó rica de Nuevo Méjico, en 1860. Cada pueblo es clasificado en
tribus o familias, y cada uno de estos grupos lleva el nombre de algún animal,
ave, hierba, madera, planeta o uno de los cuatro elementos. En el pueblo de
Laguna, que es de más de un millar de habitantes, hay diecisiete de estas
tribus; algunos se llaman Oso, otros Ciervo, otros Víbora de Cascabel, otros
Maíz, otros Lobo, otros Agua, etc., etc. Los niños son de la tribu de la madre.
Y, según la vieja costum bre, les está prohibido el matrimonio a dos personas
de la misma tribu;- pero últimamente esta costumbre se observa con menos rigor
que antiguamente .
Las tierras las tienen en común, como propiedad de
la comunidad, pero luego que una persona haya cultivado un lote, adquiere sobre
él un título personal, que puede enajenar a favor
de otra de la misma comunidad; o si no, cuando muere, pertenece a su viuda e
hijas;
o si era hombre soltero, queda para la familia de
su padre" (118).
Que la esposa o hija heredara al padre es dudoso.
Aztecas,
Tezcuanos y Tlacopanes. La cuestión de la organi
zación de éstas y de las restantes tribus Nahuatlac
de Méjico en gentes, será considerada en el capítulo que sigue.
Mayas,
de Yucatán. Herrera hace referencia tan frecuente a
los parientes , y especialmente con respecto a las
tribus de Méjico, Centroamérica y Sudamérica, que da a entender la existencia
de
una agrupación de personas organizada a base de
consanguinidad, mucho más numerosa de lo que se hallaría fuera de las gentes.
Así, aquel que matara un hombre libre debía dar satisfacción a los hijos y
parientes (119). Se trataba de los aborígenes de Nicaragua,
y a haberse aplicado a los iroqueses, entre los
cuales existía el mismo uso, el vocablo parientes hubiera sido el equivalente
de gens.
Y otra vez hablando en general de los indios mayas
de Yucatán, observa: Cuando se debía satisfacer una indemnización, si aquel que
estaba condenado a pagarla quedaba reducido a- la indigencia,
Address,
pág. 12.
General
History of America. Lond. ed. 1726. Traduc. de Stevens, m , 299.
228 LEWIS H. MORGAN
los parientes contribuían (120). En esto se debe
reconocer otra práctica del sistema gentilicia Oria vez dice hablando de los
azte cas: si ellos eran condenados, ningún favor o pariente podría sal varlos
de la muerte (121).
Procede una cita más en el mismo sentido, referente
a los indios
de la Florida, organizados en gentes. Observa:
profesaban un cariño entrañable por sus hijos, esmerándose en su cuidado, y los
padres
y parientes guardaban luto por los que morían,
durante un año en tero (122). Los investigadores de los primitivos tiempos
repararon que, como peculiaridad de la sociedad india, un gran número de
personas estaban ligadas por el vinculo, del parentesco, y de ahí que tales
agrupaciones vinieron a ser designadas la parentela . Pero no profundizaron
tanto la investigación como para darse cuenta de
lo que probablemente era la verdad que la parentela
formaba una gens, y, como tal, la unidad de su sistema social.
Herrera también hace constar que los mayas solían
cuidar mucho su genealogía, y de ahí se tenían todos por emparentados entre sí
y se auxiliaban mutuamente... No se casaban con madres ni cuñadas, ni con
ninguno que llevase el mismo nombre que su padre, por considerar este hecho
contrario a la ley (123). La genealogía de un indio no tendría significación
bajo su sistema de consanguinidad aparte de la gens, pero pasando por alto
esto, no había bajo las instituciones indias medio alguno por el cual un padre
y sus hijos pudiesen llevar el mismo nombre, salvo por una gens, que confería
un nombre gentilicio común a todos sus miembros. Además, exigiría la
descendencia por la línea masculina para colocar a padre e hijos en la misma
gens.
La exposición también señala que entre los mayas,
el matrimo
nio dentro de la gens era prohibido. Presuponiendo
la exactitud de las manifestaciones de Herrera, son prueba concluyente de la
exis tencia de gentes entre los mayas, con descendencia por la línea mas
culina. Tylor, en su valiosa obra Early History of Mankind , que es un conjunto
de informaciones etnológicas, ampliamente investiga das y sumamente ordenadas,
cita el mismo caso de otra fuente, con esta observación: La analogía de la
costumbre de los indios nor teamericanos, con la de los australianos, está en
hacer que el víncu lo de clan por la línea femenina, sea impedimento para el
matrimonio, pero si seguimos más al Sur hasta Centroamérica, vemos que la
costumbre contraria, como en la China, hace su aparición. Diego de Landa dice
del pueblo de Yucatán, que no tomaban por esposa a
Ib.
IV. 171.
Ib.
HI, 203.
Ib.
IV, 33.
General
History of America, TV, 171.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 229
una persona de su mismo nombre por parte de padre,
porque para ellos sería una vileza, pero podían casar con primas hermanas por
parte de madre (124).
12. T r i b u s in d i a s s u d a m e r ic a n a s
En todas las regiones de Sudamérica se han hallado
rastros de
la gens, como también de la presencia actual del
sistema ganowania-no de consanguinidad, pero el asunto no ha sido plenamente
inves tigado. Hablando de las numerosas tribus de los Andes, sometidas por los
incas en una especie de confederación, expone Herrera que esta diversidad de
idiomas nace de estar las naciones dividiaas
en razas, tribus o clanes (125). Aquí, en los
clanes, se descubre la existencia de gentes. Discurriendo Tylor sobre las
reglas respecto al matrimonio y la descendencia, dice: ' más al sur, allende el
istmo, tanto el vinculo del clan como la prohibición reaparecen por la linea
femenina. Cuenta Bejmau que entre los Arrawak de la Guayana Bri
tánica la
casta deriva de la madre y los hijos pueden contraer ma
trimonio con miembros de la familia del padre, pero
no con los de
la familia de la madre - Finalmente, el Padre
Martín Dobrizhoffer
declara que los guaraníes evitan como altamente
criminal el casa
miento con los parientes más alejados; y al hablar
de los abipones
manifiesta: ...Los
Abipones, instruidos por la naturaleza y por el
ejemplo de sus antepasados, aborrecen la mera idea
de casamiento
con alguien emparentado con ellos por el más remoto
vínculo de pa
rentesco" (126). Estas referencias al sistema
social de los aborígenes
son vagas; mas, a la luz de los hechos ya
expuestos, la existencia de
gentes con descendencia por la línea femenina, y
con prohibición de
casamiento dentro de la gens, se toma inteligible.
Dice Brett de las
tribus indias de la Guayana que están divididas en familias, cada
una de las cuales tiene un nombre distinto, como
los Siwidi, Karuafudi,
Onisidi, etc. A semejanza de las familias nuestras,
todas éstas tienen
la descendencia por la línea femenina, y ningún
individuo de uno u
otro sexo puede casarse con otro que lleva el mismo
nombre de
familia. Así, una mujer de la familia Siwidi lleva
el mismo nombre
que su madre, pero ni su padre ni su marido pueden
ser de la misma
familia. Los hijos de ella y los hijos de las hijas
de ella también
serán Siwidi, pero les está prohibido tanto a sus
hijos como a sus
hijas contraer enlace con otro individuo del mismo
nombre; bien
que pueden casar en la familia del padre, si
quieren. Estas cos-
Early
History of Mankind, pág. 287.
General
History Of Amer., IV, 231-
Early
History of Mankind, pág. 287.
230 LEWIS H. MORGAN
timbres se observan estrictamente, y cualquier
infracción sería con siderada como pecado (127).
En la familia de este escritor se descubre desde
luego la gens en su forma arcaica. En la época de su descubrimiento todas las
tribus sudamericanas citadas, con excepción de las andinas, se halla ban en el
estadio inferior de la barbarie o bien en el estadio del salvajismo. Muchas de
las tribus peruanas agrupadas bajo el gobierno instituido por los indios
pueblos incas, se hallaban en el estadio in ferior de la barbarie, si es que
se puede formar una opinión en base a los informes incompletos de Garcilaso de
la Vega sobre sus ins tituciones domésticas.
Nuestra atención recae, naturalmente, sobre los
indios pueblos de Norte y Sudamérica, cuya cultura indígena los había conducido
hasta cerca de las postrimerías del período medio de la barbarie,
al rehacer la historia transitiva de las gentes. Se
ha expuesto ya la constitución arcaica de la gens; quedan aún por ser
presentadas sus fases ulteriores en las gentes de los griegos y ae los romanos;
pero los cambios intermediarios, tanto de descendencia como de herencia,
que se realizaron en el período medio, son
esenciales para la historia completa de la organización gentilicia. Nuestra
información es per fectamente amplia con respecto a las etapas primeras y
últimas de esta gran institución, pero deficiente en cuanto al período de tran
sición. Dondequiera que se encuentren gentes en cualquiera tribu del género
humano, en su forma más evolucionada, sus remotos ante pasados deben haberlas
tenido en forma arcaica, pero la crítica histó rica exige pruebas afirmativas más
que deducciones.
Estas pruebas existieron otrora en los indios.
Tenemos ahora la seguridad plena de que su régimen era social y no político.
Los miem bros superiores de la serie, a saber, la tribu y la confederación,
nos salen al encuentro en muchos puntos, con evidencia positiva de la
gens, la unidad del sistema, en muchas de las
tribus de los indios pue blos. Pero no estamos capacitados para hablar de las
gentes entre los indios pueblos en general, con la misma precisión de informes
su ministrados por las tribus en el estadio inferior de barbarie. La valiosa
oportunidad la tuvieron y la perdieron los conquistadores y colonizadores
españoles, aparentemente inhabilitados para compren der una condición de
sociedad de la que el hombre civilizado, en su marcha hacia el progreso, tanto
se ha alejado. Sin el conocimiento
de la unidad de su sistema social que imprimía su
carácter al orga nismo íntegro de la sociedad, las historias españolas fallan
por com pleto en el retrato de las instituciones de ese gobierno.
Un vistazo a los restos de la antigua arquitectura
en Centroamé-
Indian
Tribes of Guiana, p. 98, citado por Lubbock en Origin of Civilization. pág. 98.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 231
rica y Perú, comprueba eficazmente que el período
medio de la barbarie fue de gran progreso para el desarrollo humano, de saber
creciente y de un despliegue de inteligencia. Fue seguido por un período aún
más notable en el hemisferio oriental después que la invención del proceso de
la fabricación del hierro dio al progreso humano ese grande impulso ulterior,
que debía transportar una parte de la humanidad a la civilización. Nuestra
apreciación de la magnitud de la carrera del hombre en el período último de la
barbarie, cuando las invenciones y descubrimientos se multiplicaban con tanta
rapi dez se intensificaría si pudiésemos conocer "con certeza la
condición de la sociedad en el período medio, ejemplificada tan notablemente
por los indios pueblos. Mediante un gran esfuerzo, acompañado de labor
paciente, tal vez todavía se podría recuperar tan siquiera urna gran parte de
los tesoros de conocimientos que se han dejado perder. Basándonos en el
resultado actual de nuestras investigaciones* pode mos afirmar categóricamente
que, en la época del descubrimiento europeo, las tribus indias americanas,
universalmente, estaban orga nizadas en gentes y las pocas excepciones
comprobadas no bastan para alterar la regla general.
.
VII
LA CONFEDERACIÓN AZTECA
Los conquistadores españoles que se apoderaron del
pueblo de
Méjico sostuvieron, acerca del gobierno azteca, la
teoría errónea de que era una monarquía análoga, en puntos esenciales, a los
existen tes en Europa. Esta opinión fue acogida en general por los escrito
res españoles de los primeros tiempos sin investigar minuciosamente la
estructura y principios del sistema social azteca. Este concepto erróneo
engendro una terminología no concordante con sus institu ciones, la que ha
viciado la narración histórica casi tan completa mente como si fuera una
invención calculada. Con la pérdida de la única plaza fuerte que poseían los
aztecas quedó destruido su orga nismo gubernativo, substituyéndolo el dominio
español y el asunto de su organización interna y sistema político se dejó caer
práctica mente en el olvido (128). Los aztecas y sus tribus confederadas no
conocían el hierro, y por consiguiente, tampoco los implementos de hierro; no
tenían moneda, y comerciaban a base del cambio de mer caderías; pero
trabajaban los metales, nativos, cultivaban por medio del riego, fabricaban
géneros bastos de algodón, construían casas de
habitación común de adobe o de piedra, y elaboraban
una alfarería de excelente calidad. Por tanto, nabían alcanzado el estadio me
dio de la barbarie. Todavía poseían las tierras en común, vivían en grandes
hogares compuestos de un número de familias emparenta-
(128) Las historias de la América Española merecen
fe en cuanto se re
fieren a los hechos de los españoles y a los hechos
y características personales de los indios,, y en todo cuanto tenga relación
con sus armas, implementos
y utensilios, manufacturas, vestidos, alimentación
y cosas de carácter similar. Pero en todo lo que respecta a la sociedad y
gobierno indio, su régimen social y plan de vida, carecen casi por completo de
valor, porque nada aprendieron ni nada conocieron de uno ni de otro.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 233
das, y como existe buena razón para creerlo,
practicaban el comu nismo en la vida del hogar. Se puede dar por lógicamente
cierto que tenían sólo una comida preparada por día, para lo cual se separaban,
comiendo primero los hombres solos, y después las mujeres y niños. Como no
disponían de mesas ni de sillas para el servicio de la co mida, no habían
aprendido a consumir su única comida diaria a la usanza de las naciones
civilizadas. Bastan estos rasgos de su con dición social para fijar su estado
relativo de adelanto.
Juntamente con los indios pueblos de otras comarcas
de Méjico y Centroamérica y del Perú, ellos ofrecen el mejor modelo de este
esta do de la sociedad antigua, que en ese tiempo todavía existiera en la
Tierra. Representaban una de las grandes etapas del progreso hacia la
civilización en que se exhiben las instituciones derivadas de un an terior
período étnico, ya en mayor adelanto, las que en el curso de la experiencia
humana debían ser llevadas a una condición étnica todavía más elevada, y sufrir
aún mayor desarrollo antes que fuera posible la civilización. Pero los indios
pueblos no estaban destinados a alcanzar el estadio superior de la barbarie,
tan bien representado por los griegos de Homero.
Los indios pueblos del valle de Méjico dieron a
conocer a los eu ropeos una condición perdida de la sociedad antigua, que era
tan notable y peculiar que despertó en este tiempo una insaciable curiosi dad.
Se ha escrito sobre los aborígenes mejicanos y la conquista espa ñola más
tomos (en la proporción de diez a uno) que sobre cualquiera otro pueblo del
mismo adelanto, o sobre cualquiera otro aconteci miento de parecida
importancia. Y sin embargo, no hay pueblo del
qüe se conozca menos exactamente sus instituciones
y plan de vida. El notable espectáculo presentado, de tal modo inflamaba la
imagi nación, que el romanticismo se apoderó del campo, y se mantiene en él
hasta la hora presente. El fracaso resultante al pretender indagar la
estructura de la sociedad azteca entrañó una pérdida grave para la historia de
la humanidad. No debía esto ser causa de inculpa ción a ninguno, pero sí de
hondo pesar... Hasta aquello mismo que
se ha escrito con tan trabajoso cuidado, acaso
resulte aprovechable para algún ensayo futuro de reconstrucción de la historia
de la con federación azteca. Subsisten ciertas constancias positivas de las
cua-. les cabe deducir otros hechos; de suerte que no es improbable que
una investigación nueva bien dirigida pueda todavía
recuperar, por lo menos en alguna medida, los rasgos esenciales del régimen
social azteca.
El Reino de Méjico, que figura en las primeras
historias, v el Im perio de Méjico, que aparece en los posteriores, es un
producto de la imaginación. En aquel tiempo parecía existir una razón para
descri bir el gobierno como monarquía: la ausencia de conocimientos fide
dignos de ¿us instituciones; pero ya no se puede defender ese con-
LEWIS H. MORGAN
cepto erróneo. Lo que hallaron los españoles fue
sencillamente una confederación de tres tribus indias, a semejanza de las que
existían en todas partes del continente, y en sus descripciones no tuvieron
motivo para ir más allá de este único hecho. El gobierno era ad ministrado por
un consejo de jefes, con la cooperación de un coman dante general de los
cuerpos militares. Era un gobierno de dos pode res: el civil, representado por
el consejo, y el militar, por un jefe guerrero principalmente. Ya que las instituciones
de las tribus con federadas eran esencialmente democráticas, el gobierno se
podría de signar como una democracia militar si es que se quiere una desig
nación más precisa que la de la confederación.
La confederación azteca reunía tres tribus, los
aztecas o mejica nos, los tezcucanos y los tlacopanos, lo que da los dos
miembros supe riores de la serie orgánica social. De si poseyeron o no el
primero
y el segundo, a saber, la gens y la fratría, no
existe constancia ex-, plícita en ninguno de los escritores españoles; sin
embargo, ellos han descrito vagamente ciertas instituciones, que únicamente
puedea in terpretarse como reemplazando a los miembros perdidos de la serie.
Mientras la fratría no es indispensable, no pasa lo mismo con la gens, porque
es la base unitaria en que descansa el régimen social. Sin penetrar en el vasto
e intrincado laberinto de la cuestión azteca, tal como hoy aparece en la historia,
me permitiré llamar la atención so bre irnos pocos detalles solamente del
régimen social azteca, que pueden tender a ilustrar su verdadero carácter. Pero
antes de em prender esto, cuadra tomar cuenta de las relaciones de los confe
derados, respecto a las tribus que los rodeaban,
Los aztecas eran una de las siete tribus afines que
habían emigra do desde el norte, y se habían asentado en el valfe de Méjico y
sus cercanías, y que en la época de la conquista española eran de las tribus
históricas de ese país. En sus tradiciones se decían ellos co lectivamente,
los Nahuatlacs. Acosta, quien visitó Méjico en 1585,
y cuya obra fue publicada en Sevilla en 1580,
refiere las tradiciones corrientes nacionales de sus migraciones, una después
de otra, desde Aztlán, con sus nombres y lugares de asiento. Expone el orden de
su llegada como sigue: 1) Sochimilcas, Nación de
las semillas de flores , la que se asentó sobre el lago Xochimilco, en el
declive sur del valle de Méjico. 2) Chalcas, Pueblo de las Bocas , que se
vinie ron mucho después de los primeros y se establecieron cerca de ellos, en
el lago Chalco. 3) Tepanecanos, Pueblo del Puente , que se es tablecieron en
Azcapozalco, al oeste del lago Tezcuco, en el declive occidental del valle. 4)
Culhuas, Pueblo Encorvado , los que se fija ron en el lago oriental del lago Tezcuco,
y más tarde fueron conocidos como los Tezcucanos. 5) Tlatluicanos, Hombres de
la Sierra , los que, hallando ocupado el valle alrededor del lago, cruzaron la
sie rra hacia el sur, y se establecieron del otro lado. 6) Tlascalanos,
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 235
Hombres de Pan , los que, después de habitar un
tiempo con los Tepanecanos, finalmente se establecieron más allá del valle, al
Este, en Tlascala. 7) Aztecas, que vinieron los últimos y ocuparon el sitio de
la actual ciudad de Méjico (129). Acosta agrega que ellos vinieron desde
lejanos países situados al norte, donde ahora han encontrado un reino que
llaman Nuevo Méjico (130). Herrera da la misma tra dición (131), como también
Clavijero (132). Se notará que no se menciona a los Tlacopanos. Es muy probable
que fueron una sub división de los Tepanecanos, los que permanecieron en el
territorio
originario de esa tribu, mientras que el resto
parece haberse corrido a una zona inmediata al sur de los Tlascalanos, donde se
les encon tró bajo el nombre de Tepeacas. Estos conservaban la misma leyenda
de las siete cavernas, y hablaban un dialecto de la lengua Nahu-atlac (133).
Esta tradición encarna un hecho significativo de
tal carácter que no pudo haber sido inventado, a saber: que las siete tribus
eran de un origen inmediato común, hecho corroborado por sus dialectos; y un
segundo hecho de importancia: que vinieron del norte. Ello comprueba que fueron
originariamente un sólo pueblo que se había segregado en siete o más tribus por
el proceso natural de la segmen tación. Por otra parte, este era el mismo
hecho, que hacía posible, como también probable, la confederación azteca, porque
una lengua común era la base esencial de tales organizaciones.
Los aztecas hallaron ocupados los mejores sitios,
en el valle, y después de varios cambios de ubicación, acabaron por
establecerse en un pequeño espacio de tierra firme en medio de una ciénaga
rodeada de terrenos de pedregal y con charcas naturales. Aquí fun daron la
célebre ciudad de Méjico (Tenochtitlán), en el año 1325, según Clavijero,
ciento noventa y seis años antes de la conquista española (134). Eran pocos en
número y de pobre condición. Mas, para suerte de ellos, los desagües de los
lagos Xochimilco y Chalco y los riachos de las sierras del Oeste, corrían
frente a ellos hasta el lago Tezcuco.
Siendo lo bastante sagaces como para darse cuenta
de las ven
tajas de esta situación, lograron, por medio de
terraplenes y diques, rodear al pueblo de un foso con agua, de considerable
extensión, cuyas aguas las suministraban las fuentes citadas; y siendo en aquel
tiempo el nivel del lago Tezcuco más alto que en la actualidad, les
The
Natural and Moral History of the East and West Indies, Lon dres, ed. 1604.
Traducción de Grimstone, págs. 497-504.
Id.,
pág. 499.
General
History of America. Lond. ed. 1725. Trad'. Stevens. Ill, 188.
History
of Mexico, Philadelphia, ed. 1871. Trad. Cullen, I, pág. 119.
H e
r r e r a : History of America, III, pág. 110.
History
of Mexico, loe. cit., I, pág. 162.
LEWIS H . MORGAN
proporcionó, cuando el trabajo estuvo terminado, la
posición más segura de cuanta tribu habitara el valle. La ingeniería mecánica,
mediante la cual lograron este resultado, fue una de las más grandes proezas de
los aztecas y sin ella probablemente no se hubieran ele vado sobre el nivel de
las tribus vecinas. La independencia y la pros peridad fueron sus frutos, y
con el tiempo, el predominio sobre las tribus del valle. Fue de este modo y en
esta fecha relativamente re ciente, que tuvo lugar la fundación del poblado
según las tradicio nes aztecas, que deben aceptarse como substancialmente
fidedignas. En la época de la conquista española, cinco de las siete tribus,
a saber: los aztecas, los tezcucanos, los
tlacopanos, los sochimilcas y los chalcas, habitaban el valle, que era una
comarca de reducidas dimensiones, más o menos iguales a las del Estado de Rhode
Island. Era una hondonada en una sierra o terreno elevado, sin desemboca dura,
de forma ovalada, siendo más larga de Sur a Norte, de ciento veinte millas de
perímetro, y que comprendía unas mil seiscientas millas cuadradas excluyendo
las superficies cubiertas por las aguas. El valle está rodeado por una serie de
colinas, que se elevan unas tras otras con hondonadas entre ellas, y encierran
el Valle ron una barrera de montañas. Las tribus citadas habitaban unos treinta
po
blados, de los que Méjico era el mayor. No existe
constancia de que alguna parte considerable de estas tribus hubiese colonizado
la re gión fuera del valle y de los declives vecinos; pero, por el contrario,
abundan pruebas de que las demás regiones que hoy forman Méjico moderno eran
habitadas entonces por numerosas tribus que hablaban
una lengua diferente del Nahuatlac y en su mayoría
independientes. Los tlascalanós, los cholulanos, una presunta fragmentación de
aquéllos, los tepeacas, los huexotzincos, los meztitlanos, una presunta
subdivisión de los tezcucanos, y los tlatluicanos, constituían las res tantes
tribus Nahuatlac, que habitaban fuera del valle de Méjico, to das las que eran
independientes, salvo los últimos, y los tepeacas. El resto de Méjico
correspondía a un gran número ae tribus que for maban más o menos diecisiete
grupos territoriales y hablaban otras tantas lenguas troncales. Su estado ae
desintegración e independencia ofrece una reproducción casi exacta del de las
tribus de los Estados Unidos y de la América Británica, en la época de su
descubrimiento, un siglo más tarde.
En la época anterior a la organización de la
confederación azteca, en 1426, fueron muy escasos los acontecimientos de
importancia his tórica en el valle. Eran tribus desumidas y beligerantes, sin
influen cia fuera de sus territorios inmediatos. Fue por este tiempo que em-
{ jezó a manifestarse la superioridad de ubicación
de los aztecas, con a preponderancia de número y de poderío. Guiados por su
jefe de guerra, Itzcoatl, echaron abajo la anterior supremacía de los tez
cucanos y tlacopanos, constituyendo una liga o confederación como
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 237
consecuencia de las guerras habidas entre ellos.
Fue una alianza ofensiva, entre las tres tribus, con estipulaciones acerca de
la pro porción en la subdivisión del botín de guerra, y de los tributos pos
teriores de las tribus sometidas (135). Estos tributos, compuestos de géneros,
tejidos y productos agrícolas de los pueblos sometidos, eran impuestos de
acuerdo a un sistema y con rigor de exacción.
Se ha perdido el plan de organización de esta
confederación. En
la ausencia de pormenores es difícil hoy precisar
si era sencillamente una liga que subsistía o se disolvía a voluntad; o bien
una organiza ción consolidada, semejante a la de los íroqueses, en que se
ajustaban las partes componentes en relaciones permanentes y definidas. Cada
tribu era independiente en los asuntos de autonomía local; pero fuera de esto,
las tres eran un solo pueblo en lo concerniente a la agresión o a la defensa.
Mientras que cada tribu tenía su propio consejo de jefes y su propio jefe mayor
de guerra, el jefe de guerra de los az tecas era el comandante en jefe de las
bandas confederadas. Cabe inferir esto del hecho de que los tezcucanos y los
tlacopanos tenían voz tanto en la elección como en la confirmación del jefe de
guerra azteca. El que lbs aztecas hubiesen adquirido el mando supremo tiende a
demostrar que su influjo era dominante al establecer los términos de la
confederación de las tribus.
Nezáhualcojotl fue depuesto, o por lo menos,
desposeído de su cargo como jefe de guerra mayor de los tezcucanos y en esa
época (1426) fue repuesto por intervención de los aztecas. Se puede tomar este
suceso como fecha de la constitución de la confederación, liga o la que fuera.
Antes de considerar el limitado número de
antecedentes que ilus tran el carácter de esta organización, cuadra una breve
referencia a lo que la confederación había logrado durante el corto período de
su existencia, en el sentido del dominio territorial.
Desde 1426 hasta 1520, un período de noventa y
cuatro años, la confederación se halló comprometida en frecuentes guerras con
las
tribus circunvecinas, y especialmente con los
débiles indios pueblos del Sur del valle de Méjico hasta el Pacífico, y de aquí
al Este hasta muy cerca de Guatemala. Comenzaron con los más próximos, y mer
ced a su superioridad numérica y a su acción
concentrada, los con quistaron y sometieron a tributo. En esta zona los
poblados eran nu merosos, pero pequeños, compuestos en muchos casos de un solo
edifi cio grande de adobe o piedra, y en otros, de varios edificios similares
agrupados. Estas viviendas comunes ofrecieron una traba seria a la conquista
azteca, pero no insalvable. Las irrupciones o malones se re petían de tiempo
en tiempo con el objeto manifiesto de haber botín.
C l
a v i j e r o : History of Mexico, I, pág. 229; H e r r e r a : III, págin
a
312; P r e s c o t t: Conq. o f Mexico, I, pág. 18.
LEWIS H. MORGAN
de imponer tributos y de lograr prisioneros para el
sacrificio (136), hasta que finalmente fueron conquistadas y sometidas a
tributo, las tribus principales de la región citada, con algunas excepciones,
in cluyendo las dispersas aldeas de los totonacas, cerca de la actual
Veracruz.
No hubo ningún intento de incorporar estas tribus a
la confede ración azteca, lo que, por otra parte, hubiera sido imposible bajo
sus instituciones, por el impedimento del idioma diferente. Se las dejó bajo el
gobierno de sus propios jefes, y la práctica de sus pro pios usos y
costumbres. En algunos casos residía entre ellos un re caudador de tributos.
Los estériles resultados de estas conquistas des cubre el carácter verdadero
de sus instituciones. El predominio del fuerte sobre el débil, sin más objeto
que el de imponer un tributo mal dispuesto, ni siquiera tendía a la formación
de una nación. Si practicaban la organización en gens, no había otro medio para
que
el individuo llegase a ser miembro del gobierno que
la gens, y no había otro medio para la admisión de la gens que su incorporación
entre los aztecas, tezcucanos y tlacopanos.
La confederación azteca pudo haber recurrido,
respecto a las tribus conquistadas, al plan que se átribuye a Rómulo, de
trasladar
a Roma las tribus latinas sometidas; pero no se
hallaba lo suficiente mente adelantada para idear semejante concepto, aún
cuando se hubiese podido salvar la traba de la diferencia de lengua. Y tam
poco, por la misma razón, hubiera podido tener éxito el envío de co lonos que
preparasen la asimilación de las tribus conquistadas, a fin de incorporarles al
régimen social azteca. Tal como era la confedera ción no se robustecía con el
terrorismo que inspiraba ni con man tener a estas tribus cargadas de tributos,
llenas de enemistad y siem-
(136) Así como los indios del norte, los aztecas no
canjeaban ni libertaban
a sus cautivos. Entre aquéllos el prisionero era
destinado a la hoguera, si no lo salvaba la adopción; pero entre los aztecas,
de acuerdo con las enseñanzas de sus sacerdotes, el desventurado cautivo era
ofrecido como sacrificio al dios principal de su culto. La más alta concepción
dé la primera jerarquía sacerdo tal en el orden de las instituciones, era
aprovechar la vida del cautivo, enajen ada
según los usos inmemorables de salvajes y bárbaros,
como prenda para el culto de los dioses.
Entre los aborígenes americanos el sacerdocio
organizado aparece en el estadio medio de la barbarie; y se exhibe vinculado a
la invención de ídolos y de sacrificios humanos, como medio de adquirir
autoridad sobre los hom bres a base de sentimientos religiosos. Es probable
que su historia sea igual en todas las principales tribus del género humano. En
los tres subperíodos
de la barbarie aparecen tres costumbres sucesivas
con respecto a los cautivos. En la primera se los destinaba a la hoguera; en la
segunda eran sacrificados para los dioses, y en la tercera se los esclavizaba.
Todos procedían de acuerdo con el principio de que
la vida del cautivo
era propiedad de su apresador. Este principio había
hechado tan hondas raíces en la mente humana, que fue necesario que la
civilización y el cristianismo se combinaran para desalojarlo.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 239
pre dispuestas a sublevarse. Sin embargo, parece
ser que en algunos casos empleaban los cuerpos armados de tribus conquistadas y
les daban participación en el botín de guerra. Lo único que podían hacer los
aztecas después de organizar la confederación, era hacerla exten siva a las
restantes tribus Nahuatlac; pero no lograban realizarlo. Los xochimilcas y los
chalcas no eran miembros constitutivos de la con federación, y aunque
tributarios, disfrutaban de una independencia nominal.
Esto es todo lo que ahora se puede afirmar de las
bases materiales del supuesto reino o imperio de los aztecas. La confederación
se en frentaba con tribus hostiles e independientes al oeste, noroeste, no
reste, este y sudeste; como ser, los mechoacanos al oeste, los otomíes al
noroeste (habían sido sometidos a tributo grupos dispersos de los otomíes en
las vecindades del valle), los chichimecas o tribus sal vajes al norte de los
otomíes, los meztitlanos al noreste, los tlascala-nos al este, los cholulanos y
huexotzincos al sudeste, y más allá de ellos las tribus del Tabasco, la de los
chíapas y zapotecas. En estas direcciones diversas el dominio de la
confederación azteca no se ex tendía más allá de cien millas del valle de
Méjico, una parte de cuya zona limítrofe era indudablemente tierra neutral que
separaba a la confederación de sus eternos enemigos. Con tan limitado material
inventaron las crónicas españolas el Reino de Méjico, magnificado más tarde
como el Imperio Azteca de la historia corriente.
Es necesario añadir algunas palabras acerca de la
población del valle y de la vida de Méjico. No existe medio para precisar el
nú mero de almas de las cinco tribus nahuatlac que habitabán el valle.
Cualquier cálculo será forzosamente conjetural. Así, como una con jetura
basada en lo que se sabe de su horticultura, sus medios de subsistencia, sus
instituciones, su limitado territorio, y sin olvidar los tributos que recogían,
es probable que un número total de doscientas cincuenta mil personas sería excesivo.
Daría un promedio de cerca
de ciento sesenta personas por milla cuadrada,
equivalente a casi el doble del actual promedio de habitantes del Estado de
Nueva York, y que es, más o menos, el del Estado de Rhode Island.
Es difícil comprender bien las razones por las que
se ha asignado semejante cifra a todos los poblados del valle, que se ha dicho
ser de treinta a cuarenta. Los que insisten en un número más alto están
obligados a demostrar cómo un pueblo bárbaro, sin rebaños ni ma nadas, y sin
labranza de campos, pudo mantener en territorios igua les en área, un número
de habitantes superior al que hoy puede mantener un pueblo civilizado, dotado
de esas ventajas. No podrían demostrarlo por la sencilla razón de que no es verdad.
De esta po-
240 LEWIS H. MORGAN
blación acaso se pueda atribuir unos treinta mil al
pueblo de Mé jico (137).
No será necesario considerar la posición y las
relaciones de las tribus del valle más de lo que se ha hecho. Corresponde
desterrar de la historia de los aborígenes americanos la monarquía azteca, no
solamente como fantástica, sino también como una
mala representa
ción de los indios, que ni habían desenvuelto ni
inventado las institu ciones monárquicas. El gobierno que formaron era una
confedera
ción de tribus, y nada más, y probablemente
inferior en plan y sime tría a la de los iroqueses. Al tratar de este
organismo, bastarán los títulos de comandante de guerra, sachem y jefe, para
distinguir sus personajes oficiales.
La villa de Méjico era la más grande de América.
Pintorescamen
te ubicada en medio de un lago artificial, con sus
espaciosas vivien das comunes revocadas de cemento, lo que les daba un blanco
des lumbrante, separadas por aceras, presentaba, desde lejos, a los es
pañoles, un espectáculo sorprendente y encantador. Era la revelación de una
sociedad antigua, yacente dos etapas étnicas detrás de la so ciedad europea, y
muy a propósito, por su ordenado plan de vida, para despertar la curiosidad e
inspirar entusiasmo. Era inevitable cierta dosis de extravagancia en las apreciaciones.
Se han expuesto algunos pocos detalles tendientes a
señalar el progreso azteca, a los que ahora cabe agregar otros más. Había jar
dines de adomo, almacenes de armas y vestiduras militares, trajes más
perfeccionados, géneros tejidos de algodón de elaboración esme rada,
implementos y utensilios mejorados, y una mayor variedad de alimentos; la
escritura simbólica,' empleada principalmente para in dicar el tributo en
especies que cada aldea sometida debía satísfacer; un calendarlo para medir el
tiempo, y mercados al aire libre para
(137) Difieren los cálculos sobre la población de
Méjico que exponen
las historias españolas, pero varias de ellas
concuerdan en el número de casas, que, por extraño que parezca, se fija en
sesenta mil. Zuazo, quien visitó Mé jico en 1521, dio sesenta mil- habitantes
(Prescott, Conq. of Mexico, II, página 112, nota); el Conquistador Anónimo que
acompañó a Cortés, también dio sesenta mil habitantes, sobante mille habitants
(H. Ternaux-Compans, X, 92). pero Gomara y Martyr dieron sesenta mil casas, y
este cálculo ha sido adoptado
por Clavijero (Hist, of Mex., II, pág. 360), por
Herrera (Hist, of Amer., II, 360) y por Prescott (Conq. of Mex., II, 112).
Solis dice sesenta mil familias
(Hist. Conq. of Mex., loe. cit., I, 393). Este
cálculo daría una población de-300.000, aun cuando en este tiempo Londres sólo
comprendía 145.000 almas (Black, London, pág. 5). Por último, Torquemada,
citado por Clavijero, escri be atrevidamente 120.000 casas. Poco puede dudarse
de que las casas en este poblado eran en general grandes viviendas comunes,
semejantes a las de Nue vo México del mismo período, con capacidad para alojar
de diez a cincuenta
y hasta cien familias en cada una. Con cualquiera
de ests cifras el error es no table. Zuazo y el Conquistador Anónimo son los
que más se acercan a un cálculo verosímil, puesto que no hacen más que duplicar
el número probable.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 241
el trueque de mercaderías. Habían sido creados-
cargos administra tivos para atender a las exigencias de la creciente vida
municipal; se había establecido un saderdocio para el culto en los templos, y
un ritual que comprendía sacrificios humanos. El cargo de jefe prin cipal de
guerra también había aumentado de importancia. Estas y otras circunstancias de
su estado, que no necesitan ser mencionadas, suponen un desenvolvimiento
correlativo de sus instituciones. Tales son algunas de las diferencias entre el
estadio inferior y el medio de la barbarie, según las. ilustran las condiciones
relativas de los iro queses y los aztecas, tribus que, sin duda, han tenido
las mismas instituciones originales.
Expuestas estas indicaciones preliminares, quedan
por considerar
las tres cuestiones más importantes y arduas
relativas al régimen so cial de los aztecas, Se refieren en primer término a
la existencia de
gentes y fratrías; segundo, a la existencia y
funciones de un consejo de jefes; y tercero, a la existencia y funciones del
cargo de coman dante militar general desempeñado por Moctezuma.
1. La e x i s t e n c i a d e g e n t e s y f r a t r í a
s
Podrá parecer extraño que los primeros escritores
españoles no
se dieran cuenta de las gentes de los aztecas, si
es que, en realidad, existían; pero el caso, es el mismo que ha sucedido con
los iroque ses, bajo la observación de nuestra propia gente por más dé
doscien tos años. Ya en una fecha lejana se había señalado la existencia entre
ellos de clanes, designados con nombres de animales, pero sin com prenderse
que era la unidad de un régimen social, sobre el cual
se apoyaba tanto la tribu como la confederación
(138). El no haber advertido los investigadores españoles la existencia de la
organiza ción gentilicia entre las tribus de la América Española no sería
prue ba de que dicha organización no existiera; pero si existió, probaría
sencillamente que sus trabajos han sido superficiales al respecto.
En las obras de^ los escritores españoles se
encuentran muchos testimonios fragmentarios e indirectos que señalan la
existencia de la fratría tanto como la de la gens, algunos de los cuales serán
some tidos ahora a consideración. Se ha hecho referencia al frecuente uso del
vocablo parentela , por Herrera, lo que indica que se había ad vertido
agrupaciones de personas ligadas por afinidad de sangre. Estas, por sus
dimensiones, parecen exigir la gens. Algunas veces
se emplea el término linaje para indicar una
agrupación todavía mayor, implicando una fratría.
La villa de Méjico se hallaba dividida
geográficamente en cuatro (138) L e a g u e o f th e Ir o q u o i s, pág. 78.
242 LEW IS H . MORGAN
cuarteles, ocupado cada uno por un linaje, una
agrupación de per sonas más ligadas entre ellas por la consanguinidad, que
respecto a los habitantes de los otros cuarteles.
Presuntivamente cada linaje era una fratría. A su
vez cada cuartel estaba subdividido, y cada subdivisión local estaba ocupada
por una comunidad de personas ligadas entre sí por algún vínculo común
(139). Presuntivamente esta comunidad era una gens.
Los hechos casi reaparecen idénticos en la tribu afín de los tlascalanos. Su
pueblo se halla dividido en cuatro cuarteles, cada uno ocupado por un linaje.
Tenían su Teuctli propio, o jefe principal dé guerra, su. indumen taria
militar característica y su propio pendón y estandarte (140). En calidad de un
solo pueblo se hallaban bajo el gobierno de un consejo de jefes, que los
españoles honraron con el nombre de senado tlascalana (141).
De igual suerte Cholula se dividía en seis
cuarteles, que Herrera llama barrios, lo que se presta a iguales
interpretaciones (142). Como los aztecas en sus subdivisiones sociales se
habían distribuido entre ellos partes del pueblo que debían ocupar, estas zonas
geográficas resultarían de su sistema de asiento. Si leemos a la luz de esta
inter pretación la breve relación que hace Herrera, siguiendo a Acosta,
de estos cuarteles en la fundación de Méjico, nos
acercaremos mucho a la verdad del asunto. Después de mencionar la construcción
de una capilla de cal y canto para el ídolo , sigue Herrera: Cuando esto se
nubo hecho, el ídolo ordenó a un sacerdote mandar a los hombres principales que
se dividieran con sus parentelas y agrega dos en cuatro barrios o cuarteles,
dejando la casa que acababan de construir para morada de él en el centro, y que
cada bando edificara como mejor le pareciere. Estos son los cuatro cuarteles de
Méjico hoy designados de San Juan, Santa María la Redonda, San Pablo y
San Sebastián. Habiéndose hecho la división en la
forma ordenada,
el ídolo dispuso que se distribuyeran entre sí los
dioses que él desig naría, y cada cuartel señalaría lugares especiales donde
serían adora dos los dioses; y así cada cuartel contiene varios barrios
menores según el número de dioses que su ídolo les mandó que adorasen...
Así fue fundado Méjico, Tenochtitlán... Cuando se
hubo hecho la expresada división, aquellos que se tenían por perjudicados, con
sus parentelas y agregados, se marcharon en busca de otro sitio (143), a saber:
Tlatelueco, que era un lugar vecino.
Es una razonable interpretación de esta versión, la
de que prime-
H e
r r e r a , III, 194, 209.
H e
r r e r a , II, 279, 304. C l a v i j e r o , I, 146.
C l
a v i j e r o , I, 147. Los cuatro jefes.de guerra eran ex oficio miem
bros
del Consejo, ib., II, 137.
H e
r r e r a , II, 310.
H e
r r e r a . III, 194.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 243
ro se dividieron por parientes en cuatro divisiones
generales, y éstas en subdivisiones menores, lo cual es la fórmula usual para
exponer conclusiones. Pero el proceso real fue precisamente al revés, a saber:
cada grupo de parientes se ubicó por sí mismo en una zona de tal suerte que los
más íntimamente emparentados estuviesen en con
tacto geográfico entre sí. Dando por sentado que la
subdivisión me nor era una gens, y que cada cuartel era ocupado por una
fratría, constituida por gentes emparentadas, se hace perfectamente inteli
gible la distribución primaría de los aztecas en su poblado. Sin esta
afirmación no puede llegarse a una explicación satisfactoria. Cuando un pueblo
organizado en gentes, fratrías y tribus, se asentaba en una villa o ciudad, se
distribuía en gentes y tribus como consecuencia necesaria de su régimen social.
De esta manera se asentaron en sus ciudades las tribus griegas y romanas.
Por ejemplo, las tres tribus romanas estaban
organizadas en gen tes y curias, siendo la curia análoga a la fratría, y se
ubicaron en Roma por gentes, por cuiias y por tribus. Los ramnes ocuparon el
Monte Palatino. Los ticíes principalmente ocuparon el Quirinal, y los luceres,
en su mayoría, el Esquilmo. Si los aztecas contaban con gentes y fratrías,
desde que eran una sola tribu, necesariamente ha brían sido hallados en tantos
cuarteles como fratrías tuviesen, y cada gens de la misma fratría, en general, ubicada
por sí misma. Siendo así que marido y mujer eran de gentes diferentes, y los
hijos corres pondían a la gens del padre o de la madre, según fuera la
descenden cia por la línea masculina o por la femenina, preponderarían en cada
localidad, los de una misma gens.
Su organización militar estaba basada en estas
divisiones socia
les. Así como Néstor aconsejó a Agamenón organizar
sus tropas por
fratrías y tribus, los aztecas parecen haberse
organizado por gentes
y fratrías. En la Crónica
Mexicana del autor indígena Tezozomoc
(cita de la que soy deudor a mí amigo Ad. F.
Bandelier, de High
land, Illinois, quien se ocupa en la actualidad de
su traducción), se
hace referencia a una proyectada invasión a
Michoacán. Axavcatl
habló a los capitanes mejicanos Tlacatecatl y
Tlacochcalcatl y a
todos los demás, preguntándoles si todos los
mexicanos están listos,
según los usos y costumbres de cada barrio, cada
cual con su capitán;
y si así era debían iniciar la marcha, debiendo
todos reunirse en
Matlazinco Toluca (144).
Esto indica que la organización militar
era por gentes y fratrías.
Por inferencia, la existencia de gentes entre los
aztecas, surge también de su régimen de tenencia de la tierra. Observa
Clavijero que las tierras que eran llamadas Altepetlalli (altepetl-pueblo), es
Crónica
Mexicana, de Femando de Alvarado Tezozomoc, cap LI, pág. 83; Kingsborough, V,
IX.
LEWIS H. MORGAN
decir, las de las comunidades de villas y aldeas se
subdividían en tantas partes como distritos hubiesen en la villa, y cada
distrito po seía la propia, enteramente distinta e independiente de toda otra.
Estas tierras no podían ser enajenadas bajo concepto alguno (145), En cada una
de estas comunidades se nos impone reconocer una
gens cuya localización era consecuencia necesaria
de su régimen so cial. Clavijero pone el distrito por la comunidad, mientras
era ésta la que formaba el distrito y poseía en común las tierras. El factor
parentesco que unía cada comunidad, omitido por Clavijero, es dado por Herrera.
Había otros señores, llamados padres mayores (sa chems), cuya propiedad en
tierras pertenecía toda a un linaje (gens) que habitaba en un distrito, y había
muchos de ellos cuando las tie rras fueron distribuidas en la época en que se
pobló Nueva España;
y cada linaje recibió lo suyo y lo ha poseído hasta
hoy; y estas tierras no pertenecían a ninguno en particular, sino a todos en
común, y el que las poseyera no podía venderlas, bien que las usufructuaba
en vida, y las legaba a sus hijos y herederos; y si
se extinguiera una casa quedaban para el pariente más próximo al que eran dadas
y a ningún otro, quien administraba el mismo distrito o linaje (146).
En esta notable exposición nuestro autor se veía en
figurillas para armonizar los hechos con la teoría corriente de las
instituciones az tecas. Nos exhibe un señor azteca que posee un derecho sobre
la tierra como propietario feudal y un título del rango que le pertenece, que
los transmite a su hijo y heredero. Pero en honor a la verdad expone el hecho
esencial de que las tierras eran propiedad de un cuerpo de consanguíneos, del
cual él es intitulado el padre mayor, ejemplo: él era el saehem, se puede presumir,
de la gens, y ésta era dueña de las tierras en común. La idea de que él poseía
las tierras en calidad de custodio no significa nada. Hallaron jefes indios
vin culados con la gens; cada gens poseía un lote de tierras en común, y
cuando moría el jefe, su lugar era ocupado por su hijo, según
Herrera. Hasta ahí podía ofrecer analogía con una
heredad española
y su jerarquía; y el error de concepto surgió por
la falta de cono
cimientos acerca de la naturaleza y tenencia del
cargo de jefe. En
algunos casos comprobaron que el hijo no sucedía al
padre, sino que
el cargo pasaba a alguna otra persona; de ahí el
agregado de que
si alguna casa (otro rasgo feudal) se extinguía,
ellas (las tierras)
pasaban al más próximo padre mayor , ejemplo: otra
persona era ele
gida para saehem, según la conclusión más
aproximada que pueda
desprenderse de estas palabras. Lo poco que nos han
dado los es
critores españoles respecto a los jefes indios y a
la tenencia de las
tierras por las tribus, está viciado por el empleo
de términos adap-
History
of Mexico, II, 141.
History
of América, III, 314.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 245
tados a las instituciones feudales, que no tenían
existencia entre ellos.
En este linaje estamos autorizados para reconocer
una gens az
teca; y en este señor, un saehem azteca, cuyo cargo
era hereditario en la gens, en el sentido antes expuesto, y electivo entre sus
miem bros. Si la descendencia era por la línea masculina, recaería la elec
ción en uno de los hijos del saehem fallecido, propio o colateral, en un nieto,
por uno de sus hijos, o en un hermano, propio o colateral. Pero si la
descendencia seguía la línea femenina, recaería en un her mano o sobrino,
propio o colateral, como ya se ha explicado en otra parte. El saehem no tenía título
alguno sobre las tierras, y por lo tanto, nada que transmitir a otros. Se le
creyó dueño porque desem peñaba un cargo perpetuamente ejercido, y porque
existía un espa cio de tierra que pertenecía perpetuamente a la gens de la que
él era saehem . Esta mala inteligencia del cargo y de su tenencia ha sido
fuente inagotable de innumerables errores en nuestras historias aborígenes. El
linaje de Herrera, y las comunidades de Clavijero, eran evidentemente
organizaciones, y la misma organización. Sin caer en cuenta del hecho, hallaron
en este cuerpo de parientes la unidad del régimen social la gens, como lo
debemos presumir.
Los jefes indios son intitulados señores por los
escritores espa ñoles, e investidos de derecho sobre las tierras y las
personas, qúe jamás fueron suyas. Es un error de concepto llamar señor, en el
sen tido europeo, a un jefe indio, porque esto implica una condición de
sociedad que no tenía existencia. El señor posee rango y jerarquía por derecho
hereditario, que se lo garantiza mía legislación especial, en derogación de los
derechos del pueblo como un conjunto. Des
pués del derrocamiento del feudalismo este rango y
jerarquía no com prometen obligaciones cuyo cumplimiento pueda ser exigido por
el rey o el reino, como uso de un derecho.
Al contrario, el jefe indio desempeña un cargo, no
por derecho hereditario, sino por voto de un electorado que se guarda el dere
cho de deponerlo con causa. El cargo lleva en sí la obligación de cumplir
ciertos deberes en bien de la comunidad. No tenía autoridad alguna sobre las
personas, bienes o tierras de los miembros de la gens. Aquí se ve que no existe
analogía alguna entre el señor y su jerarquía, y un jefe indio y su cargo. Uno
pertenece a la sociedad política y representa una agresión de los pocos contra
los muchos; mientras que el otro pertenece a la sociedad gentilicia, y se funda
en el interés común de los miembros de la gens. Los privilegios de siguales no
encuentran sitio en la gens, la fratría o la tribu. Han de aparecer aún otros
rastros de la existencia de la gens az teca. Por lo menos, se ha probadp a
prima facie, la existencia de gen tes entre ellos. Había también un
antecedente de probabilidad en el mismo sentido, en la presencia de los dos
mieníbros superiores de la
246 LEWIS H. MORCAN
serie orgánica, la tribu y la confederación, y en
el predominio gene ral del régimen en otras tribus. Con un pequeño estudio
detenido
de parte de los escritores españoles de los
primeros tiempos, el asun to hubiera quedado libre de duda, y, como
consecuencia, la historia azteca hubiese presentado muy distinto aspecto.
Las reglas de herencia de la propiedad entre los
aztecas nos han llegado en forma confusa y contradictoria. Ellas no forman
parte de este estudio salvo en cuanto revelan la existencia dé cuerpos de con
sanguíneos y la herencia de los padres por los hijos. Si esto último fuera un
hecho, comprobaría la descendencia por la línea masculina, como también un
adelanto extraordinario en el conocimiento de los bienes como propiedad. No es
probable que los hijos disfrutaran de una herencia exclusiva, ni tampoco que azteca
alguno fuese dueño
de un palmo de tierra que pudiese llamar suyo
propio, con facultad de venderlo y transmitirlo a quien quisiera.
2. L a e x i s t e n c i a y f u n c i o n e s d e
l c o n s e j o d e j e f e s
La existencia de semejante consejo entre los
aztecas, pudo ser
predicha por la constitución necesaria de la
sociedad india. En teo
ría hubiera sido compuesto por aquellos jefes,
distinguidos como
sachems, que representaban agrupaciones de
parentela, investidos de
un cargo peipetuamente desempeñado. Aquí también
como en otra
parte, surge la necesidad de ia gens, cuyo jefe
principal representa
ría al pueblo en las últimas subdivisiones
sociales, como entre los
indios del norte. Las gentes aztecas son
lógicamente necesarias para
explicar la existencia de un consejo azteca; pero
no existe constancia
del número de sus miembros ni de sus funciones.
Brasseur de Bour-
bourg hace la observación general de que casi todos los pueblos o
tribus están divididos en cuatro clanes o cuarteles
cuyos jefes cons
tituyen el gran consejo (147).
No está claro si él quería limitar el número a un
jefe por cada cuartel; pero en otra parte él limita el consejo azteca a cuatro
jefes. Diego Durán, que escribió su obra en 1579-81, precediendo así a Acosta,
tanto como a Tezozomoc, dice-, Primero debemos saber que
en Méjico, después de haber elegido un rey,
eligieron cuatro señores de los hermanos o parientes cercanos de este rey a los
que dieron
el título de príncipes de entre los cuales debían
elegir rey. (A estos cargos da él los nombres de Tlacachcalcatl, Tlacatecal,
Ezuauuacatl
y Fillancalque)... Estos cuatro Señores, después de
haber sido ele gidos príncipes, fueron considerados consejo real, como
presidentes y jueces del consejo supremo, sin cuya opinión nada se podía hacer
Popol
Vuh. Introd. p. 117, nota 2.
LA SOCIEDAD PBIMITIVA 247
(148). Accsta, después de citar los mismo cargos y
calificar de elec tores los que los desempeñaban, observa que, todas estas
cuatro dignidades eran del gran consejo, sin cuyo dictamen el rey no podía
hacer nada de importancia (149). Y Herrera, después de colocar estos cargos en
cuatro rangos, continúa: Estas cuatro clases de nobles eran del consejo
supremo, sin cuyo dictamen el rey no podía hacer nada de importancia, y ningún
rey podía ser escogido, sino uno de estas cuatro órdenes (150).
El empleo del término rey para describir un jefe
principal de gue rra, y de príncipe para describir jefes indios, no pueden
crear un es tado o una sociedad política donde no existió; pero como designa
ciones mal aplicadas todavía rellenan y desfiguran nuestra historia aborigen, y
por esta razón deben ser eliminadas. Cuando los Huexo-tzincos enviaron
delegados a Méjico, proponiendo una alianza contra los tlascalanos, Moctezuma,
según Tezozomoc, les dirigió la palabra como sigue: Hermanos e hijos, os doy la
bienvenida, descansad un rato, porque si bien soy rey, yo sólo no puedo
satisfaceros, sino sola mente con todos los jefes del sagrado senado Mexicano
(151). Las relaciones citadas reconocen la existencia de un consejo supremo,
con autoridad sobre la acción del jefe de guerra
principal, lo que es el punto primordial. Esto tiende a demostrar que los
aztecas se guardaban de un déspota irresponsable, al someter su acción a un
consejo de jefes, haciendo que su cargo fuese electivo y estuviese sujeto a ser
depuesto. Si los antecedentes incompletos y limitados de estos autores
significan reducir éste consejo a cuatro miembros, como parece darlo por
entendido Durán, la limitación es improbable.
Como tal, el consejo representaría, no la tribu
azteca, sino el corto número de parientes entre los cuales se elegiría el
comandante
militar. No es esta la teoría de un consejo de
jefes. Cada jefe repre senta un electorado, y la junta de jefes representa a
la tribu. Algunas veces se hace una selección de entre ellos para formar un
consejo general pero es a base de un precepto orgánico que fija su número
y provee a su perpetuación. Se dice que el consejo
tezcucano se com ponía de catorce miembros (152), mientras que el consejo en
Tlascala era un cuerpo numeroso. La estructura y principios ele la sociedad
india requieren un consejo entre los aztecas, y por tanto se debía contar con
su existencia. En este consejo podemos reconocer el ele-
History
of de Indies of New Spain and Island of the Main Land. Mexico, 1867. Ed. por
José F. Ramírez, pág. 102, publicado del manuscrito original. Traducción de
Bandelier.
The
Natural and Moral History of the East and West Indies, London, ed. 1604.
Traducción de Grimstone, pág. 485.
History
of America, 111, 224.
Crónica
Mexicana, cap. XCVII. Trad. Bandelier,
Ixtlilxochitl.
Hist. Chichimeca. Kingsborough. Mex. Antiq., IX, pá gina 243.
LEWIS H. MORGAN
mentó perdido de la historia azteca. Es esencial el
conocimiento de sus funciones para la comprensión de la sociedad azteca.
En las historias corrientes este consejo figura,
desde que es la
junta consultiva de quien toma consejo Moctezuma,
como un consejo
de ministros de su propia creación; así dice
Clavijero: En la his
toria de esta conquista hallaremos a Moctezuma en
frecuente deli
beración con su consejo, sobre las pretensiones de
los españoles. No
conocemos el número de cada consejo ni tampoco los
historiadores
nos suministran las luces necesarias para ilustrar
tal asunto (153).
Era una de las primeras cuestiones que exigían
investigación, y el
hecho de que los escritores de los primeros tiempos
fracasaran al
indagar su composición y funciones, es prueba
concluyente del ca
rácter superficial de sus trabajos. Nos consta,
empero, que el conse
jo de jefes es institución que vino con las gentes,
que representa un
electorado, y que desde tiempo inmemorial fue
convocado y tenía
sus .poderes originarios de gobierno.
Hallamos un consejo tezcucaño y tlacopano, uno
trascalano, uno cholulano y uno michoacano, compuestos todos por jefes. Los
tes timonios concuerdan en establecer la existencia de un consejo azteca de
jefes; pero cuando se lo limita a cuatro miembros, todos del mis mo linaje, se
lo presenta en forma improbable. Fuera de toda duda fundada, cuanta tribu había
en Méjico y Centroamérica tenía su consejo de Jefes. Era el cuerpo gubernativo
dé la tribu, y fenómeno constante en toda región de la América aborigen. El
consejo de jefes es la más antigua institución de gobierno del género humano.
Puede exhibir una sucesión ininterrumpida en los diversos continentes, des de
el estadio superior del salvajismo, a través de los tres subperío-dos de
barbarie, hasta el comienzo de la civilización, cuando, ha biéndose
transformado con el nacimiento de la asamblea del pueblo
en un consejo de previa consideración, dio ser a la
moderna legis latura de dos cuerpos.
No parece que haya habido un consejo general de la
confedera
ción azteca, compuesto de los jefes principales de
las tres tribus, distinto de los consejos separados de cada una. Este punto
necesita ría ser completamente dilucidado antes de poder saber si la orga
nización azteca era simplemente una liga, ofensiva y defensiva, o una
confederación en que las partes se integraban en un todo simétrico. Este
problema aguarda una futura solución.
History
of Mexico, II, 132.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 249
L a
t e n e n c i a y f u n c io n e s d e l ca r go d e l j e f e p r i n c i p a
l d e g u e r r a
Según la información más fidedigna que ha sido
posible obtener la designación del cargo desempeñado por Moctezuma, era simple
mente Teuctli, que significa Jefe de Guerra. En calidad de miembro
del consejo de jefes se le decía algunas veces
Tlatoani, que significa: El que habla . El cargo de comandante militar general
era el más alto conocido entre los aztecas. Era el mismo cargo y provisto de
iguales condiciones que el de jefe principal de guerra en la confe deración
iroquesa. La persona que lo desempeñaba era ex officio, miembro del consejo de
jefes, según se infiere del hecho de que en algunas tribus el jefe principal de
guerra gozaba de prelación en el consejo, tanto en el debate como en la exposición
de su dicta men (154).
Ninguno de los escritores españoles atribuye este
título a Moc tezuma o a sus sucesores. Fue substituido por el impropio título
de rey. Ixtlilxochitl, que era de descendencia mestiza, tezcucana y es pañola,
designa a los jefes principales de guerra de Méjico, Tezcuco y Tlacopan, con el
solo título de jefe de guerra, con un agregado para indicar la tribu. Después
de hablar de la división de poderes, al constituirse la confederación, entre
los tres jefes, y la reunión de és tos en esa oportunidad, continúa: El rey
Tezcuco fue saludado con
el título de Aculhua Teuctli, y también con el de
Chiehimecatl Teuc tli, que habían llevado sus antepasados, y que era la señal
del im perio; Itzcoatzin, su tío, recibió el título de Cuíhua Teuctli, porque
remaba sobre los Toltecas-Culhuas; y Totoquihuatzin, el de Tecpa-nuatl Teuctli,
que había sido el título de Azcaputzalco. Desde enton ces sus sucesores han
recibido el mismo título (155). Itzcoatzin, (Itzcoatl), a quien aquí se
menciona, era jefe de guerra de los az tecas cuando se constituyó la confederación.
Como el título era
jefe de guerra, que también correspondía a varios
otros en esa fecha, la distinción honrosa consistía en vicuíarlo a una
designación de tribu. En el habla india el cargo desempeñado por Moctezuma,
equi valía a jefe de guerra principal, y en inglés a general. Clavijero
reconoce este cargo en varias tribus Nahuatlac, pero
(154) El título de Teuctli se agregaba como
apellido al nombre apelativo
de la persona elevada a esta dignidad, como ser,
Chichimeca-Teuctli , Pil-Teuctly y otros. El teuctli tenía prelación sobre
todos los demás en el Senado, tanto en el orden de asiento como en el de votar,
y se les permitía tener a sus espaldas un sirviente con un asiento, lo que se
tenía por privilegio del más alto honor . Clavijero, II, 137. Ésta es una
reaparición del sub-sachem de (os iraqueses, detrás de su jefe.
Historia
Chichimeca, cap. XXXII. Kingsborough. Mex. Antiq., IX, 250 LEWIS H. MORGAN
nunca lo atribuye al jefe de guerra azteca. El más
elevado rango de nobleza en Tlascala, en Huexotzingo y en Cholula era el de
Teuc-tli. Para alcanzar este rango se exigía ser de cuna nobiliaria, haber dado
en varios combates pruebas del mayor arrojo, haber cumplido cierta edad, y
disponer de grandes riquezas para hacer frente a los enormes gastos
indispensables para la representación de semejante dignidad (156). Después de
ensalzar a Moctezuma en potentado ab soluto, investido de poderes civiles
tanto como militares, se deja en
la penumbra la naturaleza y poderes del cargo que
él desempeñaba; en una palabra, sin investigar. En su calidad de comandante
militar general disponía de los medios de granjearse el favor y afianzarse én
el respeto popular.
Era cargo peligroso pero necesario para la tribu y
la confedera ción. En toda la experiencia humana, desde el estadio inferior de
la barbarie hasta los tiempos presentes, ha sido siempre un cargo peli groso.
La seguridad actual de las naciones civilizadas, hasta donde exista, se afianza
en constituciones y leyes. Con toda probabilidad, un organismo de usos y
costumbres se desarrolló en las tribus ade lantadas indias y entre las tribus
del valle de Méjico, que regla mentaba las facultades y preceptuaba los
deberes del cargo. Existen razones generales para fundamentar la suposición de
que
el consejo de jefes de los aztecas era supremo, no
sólo en los asuntos civiles, sino también en los militares, comprendiendo a la
persona
y desempeño del jefe de guerra. No cabe duda de que
el incremento de población y el progreso material hacían más complejo el
régimen político de los aztecas, y por esta misma razón hubiera sido de lo más
instructivo el conocimiento preciso del mismo. Si fuera dado indagar los
detalles exactos de su organización de gobierno, ellos serían tan notables como
para no necesitar adornos de ninguna na turaleza.
Concuerdan en general los escritores españoles al
afirmar que el cargo desempeñado por Moctezuma era electivo y restringida la
elección a una familia determinada. Se comprobaba que el cargo era transmitido
de hermano a hermano, o de tío a sobrino. No su pieron explicar, empero, por
qué en algunos casos no se transmitía de padre a hijo. Desde que el régimen de
sucesión era musitado para los españoles, había menos posibilidad de error
respecto al hecho principal. Por más datos, se produjeron dos sucesiones bajo
la ob servación directa de los conquistadores. A Moctezuma sucedió Cui-tlahua.
En este caso el cargo pasaba de hermano a hermano, bien que, no reconociendo su
régimen de consanguinidad no podemos sa ber si eran hermanos propios
colaterales. A la muerte de éste último fue elegido Cuatemozin para sucederle.
Aquí el cargo pasa de tío
History
of Mexico, loe. cit., II, 136. LA SOCIEDAD FLEMITrVA 251
a sobrino, pero no nos consta si era sobrino propio
o colateral (Véa se Tercera Parte, cap. III). En casos anteriores el cargo
había sido transmitido de hermano a hermano y también de tío a sobrino (157).
Un cargo electivo presupone un electorado; pero en
este caso, ¿quiénes formaban el electorado? Para hacer frente a esta pregunta
se presentan los cuatro jefes mencionados por Durán (supra) como electores, a
los que se agrega un elector de Tezcuco y uno de Tla-copan, resultando seis los
que ahora están investidos de la facultad de escoger para jefe de guerra
principal a uno de una determinada familia. No es esta la teoría, de un cargo
electivo indio, y se le puede hacer a un lado como improbable. Sahagún indica
un electorado mucho más amplio. Cuando moría el rey o Señor dice todos
los senadores llamados Tecutlatoques, y los hombres
ancianos de la tribu llamados Achcacauhtli, y también los capitanes y viejos
gue rreros llamados Yautequioaques, y otros capitanes prominentes en asuntos
de guerra, y también los sacerdotes llamados Tlenamacaques, o Papasaques, todos
se reunían en las Casas Reales. Entonces de liberaban y determinaban quién
había de ser el Señor, y escogían uno del más noble linaje de los señores
antiguos, que debía ser hombre valiente, experimentado'en asuntos de guerra,
atrevido y arrojado...
Cuando hubiesen llegado a un acuerdo en seguida lo
nombraban
Señor, pero esta elección no se verificaba con
papeletas o votos, sino conferenciando todos juntos hasta convenir sobre un
mismo indivi duo. Elegido el Señor, elegían también otros cuatro, que'eran
como senadores y tenían que acompañar siempre al Señor y estar al tanto de los
negocios del reino (158).
Este sistema de elección por una numerosa asamblea
bien que señala el elemento popular que indudablemente existía en el ré gimen
de gobierno, está fuera del método de las instituciones indias. Antes de que
puedan hacerse inteligibles la tenencia y forma de elec ción de este cargo, es
necesario saber si ellos estaban o no organizados en gentes si la descendencia
seguía la línea masculina o la femenina,
y conocer algo de su régimen de consanguinidad. De
practicar el sistema comprobado en muchas otras tribus de la familia
Ganowa-niana, lo que es probable, el hombre llamaría hijo al hijo de su her
mano v sobrino al hijo de su hermana; diría padre al hermano de
su padre, y tío al hermano de su madre; hermanos y
hermanas a los hijos del hermano de su padre, y primos a los hijos del hermano
de su madre y así por el estilo. De estar organizados en gentes con des
cendencia por la línea femenina, el hombre tendría hermanos, tíos, sobrinos y
abuelos y nietos colaterales dentro de su propia gens; pero
C l
a v i j e r o , II, 126.
Historia
General, cap. XVIII.
252 LEWIS H. MORGAN
ni padre ni hijo propios, ni abuelo en línea
directa. Sus propios hijos y los hijos de su hermano pertenecerían a oirá gens.
Por ahora no se puede afirmar que los aztecas
estuviesen organi zados en gentes, pero la sucesión del cargo de jefe
principal de gue rra es de suyo un fuerte indicio del hecho, porque ofrecería
la ex plicación completa de esta sucesión. Así, con la descendencia por
la línea femenina, el cargo sería hereditario en
una gens determinada, pero electivo entre los miembros. En tal caso el cargo se
transmitiría por elección dentro de la gens, de hermano a hermano, o de tío a
sobrino, precisamente como sucedía entre los aztecas, pero nunca de padre a
hijo. En ese mismo tiempo, entre los iroqueses, los cargos
ae sachem y jefe principal de guerra pasaban de
hermano a herma no, o de tío a sobrino, según recayera la elección, pero nimca
al hijo. Era la gens, con la descendencia por la línea femenina, la que daba
este régimen de sucesión, la que no hubiera podido asegurarse por ningún otro
medio concebible. En presencia de estos hechos es difícil resistir la
conclusión de que los aztecas estaban organizados en gentes, y que, por lo
menos con respecto a este cargo, la descen dencia todavía seguía la línea
femenina.
Cabe entonces sugerir, como explicación posible,
que el cargo desempeñado por Moctezuma era hereditario en una gens (el águila
era el blasón o totem de la casa ocupada por Moctezuma) entre cuyos miembros se
hacía la elección; que luego su designación era some tida separadamente a los
cuatro linajes o divisiones de los aztecas (que se conjetura fueran fratrías),
para su aceptación o rechazo; y también a los tezcucanos y los tlaeopanos, que
estaban directamente interesados en la elección del comandante general. Cuando
cada cual había considerado y confirmado la designación, cada división nombraba
una persona para expresar su acuerdo; de ahí los errónea mente llamados
electores. No es improbable que los cuatro altos jefes de los aztecas, que
muchos autores llaman electores, fuesen en ver dad los jefes de guerra de las
cuatro divisiones de los aztecas, tal como los cuatro jefes de guerra de los
cuatro linajes de los tlascala-
nos. La función de estas personas no era la de
elegir, sino de ave riguar en conferencia con cada una de las otras, si la
elección rea lizada por la gens había coincidido y, en caso afirmativo,
anunciar el resultado. Lo que antecede se presenta como explicación conje
tural, a base de los fragmentos de testimonio que aún nos restan del sistema de
sucesión del cargo azteca de jefe principal de guerra. Se ve que se concilia
con los usos indios y con la teoría del cargo de un jefe indio electivo.
El derecho de deponer es consecuencia necesaria del
derecho de elegir, cuando el período es vitalicio. De este modo se convertiría
en un cargo que duraba mientras se lo desempeñaba correctamente. En estos dos
principios de elección y deposición universalmente encar-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 253
nados 'en el régimen social de los aborígenes
americanos, existe tes timonio suficiente de que el poder soberano permanecía
práctica mente en manos del pueblo. La facultad de deponer, aún cuando
rara vez ejercida, era vital para la organización
gentilicia. Moctezu ma no era excepción en esta regla. Bajo las circunstancias
especiales del caso, se necesitaba tiempo para alcanzar este resultado, puesto
que hacía falta una razón grave. Cuando intimidado Moctezuma se
dejó conducir desde su lugar de residencia a los
cuarteles de Cortés, donde fue puesto en prisión, los aztecas quedaron
paralizados por
un tiempo, por la falta de un comandante militar.
Los españoles se posesionaron tanto del hombre como del cargo (159).
Ellos aguardaron unas semanas, en la esperanza de
que los espa ñoles se marcharían; pero cuando cayeron en cuenta de que éstos
pensaban quedarse, hicieron frente a la situación, como existe razón para
creerlo, con la deposición de Moctezuma por falta de reso lución, y eligieron
a su hermano como reemplazante. Acto continuo emprendieron el asalto a las
posiciciones españolas, con gran furia, y lograron desalojarlos del poblado.
Esta conclusión respecto a la deposición de Moctezuma encuentra amplia corroboración
en la ex posición de Herrera. Después de iniciado el ataque, Cortés, al notar
que los aztecas obedecían a un nuevo comandante, se dio cuenta en el acto de la
verdad, y envió a Marina a preguntar a Moctezuma
si creía que habían puesto el mando en sus manos
(160), ejemplo: en las manos del nuevo comandante. Se dice que Moctezuma
contestó: que no se atreverían a escoger un nuevo rey en Méjico mientras
él viviera (161). Luego él subió a la azotea de la
casa y se dirigió a sus paisanos, diciéndoles entre otras cosas: que se le
había infor mado que ellos habían elegido otro rey porque él estaba preso y
amaba a los españoles , a lo que contestó agriamente un guerrero azteca: Calla,
tú, villano afeminado, nacido para hilar y tejer; estos perros te tienen
prisionero; ¡tú eres un cobarde! (162). Luego le
Los
españoles descubrieron en las islas de las Antillas que cuando
tomaban prisionero al cacique de una tribu y lo
mantenían cautivo, los indios, se desmoralizaban y se negaban a combatir.
Aprovechando este conocimiento, cuando entraban a tierra firme se ingeniaban
para apresar al jefe principal, por la fuerza o por engaño, y mantenerlo
prisionero hasta tanto hubiesen al canzado su objeto. Cortés sencillamente se
guió por esta experiencia cuando se apoderó de Moctezuma y lo mantuvo cautivo
en su cuartel general, y Pizarro procedió del mismo modo cuando hizo prender a Atahualpa.
De acuerdo con
las usanzas indias, cuando un prisionero sufría
pena de muerte, si era un
jefe principal, el cargo volvía a la tribu y se
llenaba en seguida. Pero en estos casos el prisionero seguía en vida y en
posesión de su cargo, de suerte
que no cabía llenarlo de nuevo. La acción del
pueblo quedó paralizada por circunstancias nuevas. Cortés colocó a los aztecas
en esta situación.
History
o f Mexico, III, 66.
Ibidem
IH, 67.
Clavijero,
II, 406.
LEWIS H . MORGAN
tiraron con flechas y lo apedrearon, de efectos de
lo cual, v de su profunda humillación, corto tiempo después falleció. El jefe
de gue rra en el ataque de los aztecas fue Cuitlahua, hermano de Mocte zuma,
y su sucesor (163).
Respecto a las funciones de este cargo, muy poca
información satisfactoria proporcionan los escritores españoles. No existe
razón alguna para suponer que Moctezuma tuviera atribuciones respecto
a los asuntos civiles de los aztecas. Más bien
todas las presunciones le son contrarias. En campaña tenía las facultades de un
general respecto a los asuntos militares, pero es probable que el consejo de
cidía sobre las operaciones militares. Es interesante señalar que las funciones
de sacerdote estaban comprendidas en las de jefe prin cipal de guerra, y,
según se pretende, también las de juez (164). La temprana aparición de estas
funciones en el crecimiento natural del cargo militar, motivarán nueva referencia
al tratar las del basileus. No obstante ser el gobierno de dos poderes, es
probable que el con sejo fuese supremo en casos de conflicto de autoridad, y
en asuntos civiles y militares. Debe tenerse presente que el consejo de jefes
era el de mayor antigüedad, y tenía una sólida base de facultades
en las necesidades públicas y en el carácter
representativo del cargo de jefe.
La tenencia del cargo de jefe principal de guerra y
la presencia de un consejo investido de la facultad de deponer, tienden a
demos trar que las instituciones de los aztecas eran esencialmente demo
cráticas. El principio electivo con respecto al jefe de guerra, que de bemos
suponer existía en cuanto al sachem y jefe, y la presencia
de un consejo de jefes, fijan el hecho principal.
Una democracia pura del tipo ateniense no era conocida en el- estadio inferior,
o en el medio, ni aún en el superior de la barbarie; pero es muv impor tante
saber si las instituciones de un pueblo son esencialmente de mocráticas o
esencialmente monárquicas, cuando tratamos de inter pretarlas. Las
instituciones de aquella clase se hallan tan alejadas de las de ésta, como la
democracia de la monarquía. Sin cerciorarse de
la unidad de su régimen social, sí, como es
probable, estuvieron or ganizados en gentes, y sin lograr el conocimiento del
sistema que efectivamente existiera, los escritores españoles inventaron audaz
mente para los aztecas, una monarquía absoluta, con altos atributos feudales, y
lograron ubicarla en la historia. Por culpa de la indolen cia americana esta
mala inteligencia ha perdurado todo lo que me reció perdurar,
La confederación azteca se exhibía claramente a los
españoles como liga o confederación de tribus. Solamente la más burda fal
lí 63) C l a v i j e r o , II, 404.
H e
r r e r a , III, 393. LA SOCIEDAD PKIMTnVA 255
sedad de hechos patentes pudo haber habilitado a
los escritores es pañoles a fabricar una monarquía azteca a base de una
organización democrática.
En teoría, los aztecas, tezcucanos y tlacopanos,
debieron haber tenido cada cual su sachem principal para representar a la tribu
en los asuntos civiles cuando el consejo ae jefes no estaba reunido, y
para dar iniciativa a sus trabajos. Se encuentran
huellas, entre los aztecas, de un funcionario semejante, en el Ziahuacatl,
algunas ve ces llamado segundo jefe, así como al jefe de guerra se le llama el
primero. Pero los antecedentes disponibles al respecto son demasiado limitados
para fundar la discusión de este asunto.
Se ha expuesto cómo entre los iroqueses los
guerreros podían comparecer ante el consejo de jefes y expresar sus vistas
sobre asun tos de interés público; y cómo las mujeres podían hacer otro tanto
por intermedio de oradores de su propia elección. Esta participación popular en
el gobierno condujo, con el tiempo, a la asamblea po pular con facultad de
aprobar o rechazar medidas de interés pú blico, presentadas por el consejo.
Respecto a los indios pueblos no existe constancia, tanto como sabe el autor,
de que hubiese asamblea popular con facultad de considerar asuntos de interés
público y re solverlos, És probable que los cuatro linajes se reunieran con
pro pósitos especiales, pero esto es muy distinto de una asamblea general para
asuntos de orden público. Dado el carácter democrático de sus instituciones y
su condición adelantada, los aztecas se aproximaban estrechamente a la época en
que se podría esperar que apareciera la asamblea del pueblo.
El desenvolvimiento del concepto de gobierno entre
los aborí genes americanos se inició, como en otra parte se ha observado, con
la gens, y acabó con la confederación. Sus
instituciones eran sociales y no políticas. Mientras la noción de la propiedad
no progresó mucho más allá del punto que ellos habían alcanzado, era imposible
subs tituir con la sociedad política, la gentilicia. No existe un sólo hecho
que compruebe que alguna parte de los aborígenes, por lo menos en Norteamérica,
hubiese alcanzado concepto alguno del segundo
gran plan de gobierno, basado sobre el territorio y
sobre la propie dad. El espíritu del gobierno y la condición del pueblo
armoni zan con las instituciones bajo las que viven. Cuando predomina
el espíritu militar, como entre los aztecas, surge
naturalmente una democracia militar bajo instituciones gentilicias. Tal
gobierno no suplanta al espíritu libre del pueblo ni debilita los principios de
la democracia, sino que actúa con ellos en armoniosa concordancia.
VIII
LA GENS GRIEGA
Se puede decir que la civilización dio sus primeros
pasos entre los griegos asiáticos, con la composición de los poemas homéricos,
aproximadaménte en el año 850 (a. de J. C.); y, entre los griegos europeos,
como un siglo más tarde, con la composición de los poe mas hesiódicos. Con
anterioridad a estas épocas, transcurrió un lapso de varios millares de años,
durante el cual las tribus helénicas re corrían el período posterior de la
barbarie y se preparaban para su entrada en el ciclo de la civilización. Sus
más antiguas tradiciones los halla ya establecidos en la península griega,
sobre la ribera oriental del Mediterráneo, y en las islas inmediatas y
adyacentes. Una rama más antigua del mismo tronco, de la cual los pelasgos eran
los principales representantes, los había precedido en la ocupación de la mayor
parte de estas zonas y con el tiempo fue helenizada
por ellos u obligada a emigrar. La anterior
condición de las tribus helénicas y de sus predecesores se puede deducir de las
artes e in ventos que trajeron del período anterior; del estado de desenvol
vimiento de su lengua; de sus tradiciones y de sus instituciones so ciales,
que sobrevivieron individualmente hasta el período de la civilización. En
general, nuestro estudio se circunscribirá a los he chos de la última
categoría.
Los pelasgos y los helenos, por igual, estaban
organizados en
gentes, fratrías (165) y tribus; que luego se
unificaron en naciones. En algunos casos la serie orgánica no se completó.
Fuese en tribus
o en naciones, su gobierno descansaba sobre la gens
como factor unitario de la organización, y dio por resultado una sociedad o
pue-
Las
fratrías no eran comunes en las trib u s dóricas. M Ü i a e r: Do rians, trad,
de Tu fuer y Law, ed. Oxford, II, 82.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 257
blo gentilicio muy distintos de una sociedad o
estado político. El órgano de gobierno era un consejo de jefes, con la
cooperación de una ágora o asamblea del pueblo, y de su basileus o comandante
militar.
El pueblo era líbre, y democráticas sus
instituciones, A impulso de nuevas ideas y necesidades, la gens había
evolucionado de su forma arcaica a su forana definitiva. Las irresistibles
exigencias de una so ciedad en evolución le habían impuesto modificaciones;
más, no obstante sus cesiones, la incapacidad de la gens para hacer frente
a estas exigencias, se ponía cada vez más de
manifiesto. Las mo dificaciones principales se limitaban a tres detalles:
primero, la descendencia se transfirió de la línea femenina a la masculina; se
gundo, el matrimonio dentro de la gens fue consentido en el caso de huérfanas y
herederas; y tercero, los hijos lograron la herencia exclusiva de sus padres.
En otro lugar se procurará seguir, breve mente, las huellas de estos cambios y
las causas que los produjeron. Los helenos eran, en su mayoría, tribus fragmentarias,
que ex hibían en su gobierno las mismas características que las tribus bár
baras en general, mientras se hallan organizadas en g entes y en el mismo grado
de adelanto. Su condición era precisamente la que
se podía esperar que existiera bajo instituciones
gentilicias, y por tanto no presentaba nada de notable.
Cuando la sociedad griega fue por primera vez
observada histó ricamente, al tiempo de la primera Olimpiada (776 a. de J.
C.), y si guiendo hasta la legislación de Clístenes (509 a, de J, C.), se
hallaba comprometida en la solución de un gran problema. Era nada menos que un
cambio fundamental en la forma de gobierno que entrañaba
un gran cambio en las instituciones. El pueblo
procuraba pasar de la sociedad gentilicia en que había vivido desde tiempo
inmemorial, a la sociedad política, basada en la propiedad y el territorio,
ahora esenciales para su marcha hacia la civilización. En una palabra, pro
curaba establecer el Estado, el primero en la experiencia de la fami lia aria,
y de situarlo sobre una base territorial, tal como lo ha esta do desde ese
tiempo hasta el presente.
La sociedad antigua descansaba sobre una
organización de per sonas y era regida por las relaciones de las personas con
la gens o tribui pero las tribus griegas iban sobreponiéndose a este viejo plan
de gobierno y comenzaban a sentir la necesidad de un sistema polí tico. Para
alcanzar este resultado sólo era necesario inventar el demos o municipio,
circunscripto por vallas, darle un nombre y or ganizar sus habitantes como un
cuerpo político. El pueblo, con sus extramuros, la propiedad fija que contenía,
y sus habitantes actuales, debía ser la unidad de organización del nuevo plan
de gobierno.
En adelante el gentil, convertido en ciudadano,
sería considerado por el Estado de acuerdo con sus relaciones territoriales y
no per-
258 LEWIS H. MORGAN
sonales con la gens. Sería enrolado en el pueblo de
su residencia, y este enrolamiento sería el testimonio de su ciudadanía;
votaría en su
pueblo y sufriría el gravamen de los impuestos, y
sería convocado por su pueblo para el servicio militar. No obstante parecer una
idea sencilla, su logro exigió siglos de tiempo y una completa revolución en
los conceptos preexistentes de gobierno.
Como antes se ha dicho, la gens, que por tan largo
tiempo había
sido el factor unitario del régimen social, había
demostrado ser ina decuada para resolver las exigencias de una sociedad en
progreso. Pero por la naturaleza del caso, era medida de extrema dificultad
el dejar a un lado esta organización, junto con la
fratría y ia tribu y substituirla por comarcas fijas, cada una con su comunidad
de ciu dadanos. Las relaciones del individuo con su gens, que eran persona
les, necesitaban ser transferidas al pueblo o villa y convertirlas en
territoriales; y el. Demarca del pueblo (autoridad principal del demos o pueblo
antiguo de Grecia), ocupaba en cierto sentido el lugar del jefe de la gens. El
pueblo con su propiedad fija sería permanente, y la población reunida participaría
también de este carácter mientras que la gens era un conglomerado fluctuante de
personas más o menos dispersas y ahora volviéndose incapaces de permanecer en
una cir cunscripción localizada.
Siendo anterior a toda experiencia, el pueblo como
unidad de un
sistema político, era un concepto abstruso que
debía poner a prueba
hasta lo más fundamental de las capacidades de los
griegos y de los
romanos, antes que el concepto pudiera llegar a
tomar forma y ser-
puesto en práctica. La propiedad fue el nuevo
elemento que gra
dualmente fue remodelando las instituciones
griegas, preparando así
el camino para la sociedad política, de la que fue
resorte principal
a la vez que cimiento. No fue tarea fácil realizar
un cambio tan
fundamental, por sencillo y obvio que hoy pueda
parecer, porque
toda la experiencia anterior de las tribus griegas
estaba enlazada a'
las gentes, cuyas facultades ahora debían
transferirse a los nuevos
cuerpos políticos.
Transcurrieron varios siglos, tras las primeras
tentativas para fundar un nuevo régimen político, antes que pudiera quedar re
suelto el problema. Después que la experiencia comprobó que las gentes no eran
capaces para formar la base de un estado, se ensaya ron varios regímenes
distintos de legislación en diversas comunida des griegas, copiándose los unos
de los otros y todos tendiendo al mismo resultado. Entre los atenienses, cuya
experiencia nos ofrecerá los principales ejemplos, se puede citar la legislación
de Teseo, auto rizada por la tradición; la de Draco (624 a. de J. C.); la de
Solón (594 a, de J. C.); y la de Clístenes (509 a. de J. C.), de las que las
últimas tres caen dentro del período histórico. El desenvolvimiento de la ruda
e instituciones municipales, la acumulación de riqueza en
LASOCIEDADPRIMITIVA259
las villas demarcadas y los grandes cambios que
esto produjo en la vida, prepararon el camino para la caída de la sociedad
gentilicia y su substitución por la política.
Antes de intentar señalar la transición de la
sociedad gentilicia a la política, con lo que se identifican las postrimerías
de la historia de las gentes, cuadra primero considerar la gens griega y sus
atri butos.
Las instituciones atenienses son típicas de las
griegas en general
en todo lo relativo a la constitución de la gens y
de la tribu, hasta el fin de la sociedad antigua entre ellos. En los comienzos
del período histórico los jonios del Atica, como es bien sabido, se hallaban
sub divididos en cuatro tribus (Geleontes, Hopletes, Egicores y Argades) que
hablaban el mismo dialecto y habitaban un territorio común. Se habían fusionado
en una confederación de tribus; pero es probable
que tal confederación haya existido en épocas
anteriores (166). Cada tribu ática se componía de tres fratrías, y cada fratría
de treinta gentes con un total de doce fratrías y trescientas sesenta gen tes
en las cuatro tribus. Esto es en general lo que se da por sentado, siendo
constante el hecho con respecto al número de tribus v al nú mero de fratrías
en cada una de éstas, pero sujeto a variación en el número de gentes en cada
fratría. De la misma manera a los dorios
se les encontraba generalmeste en tres tribus
(Hylleis, Pamphyli y Dymanes), no obstante constituir un número, de
nacionalidades: como en Esparta, Argos, Sicyon, Corínto, Epidaurus y Troezen; y
más allá del Peloponeso, en Megara, y en otras partes. En algunos casos se
hallaban unidas con ellos una o más tribus no dóricas, como en Corinto, Sicyon
y Argos.
Én todos los casos la tribu griega presupone la
gens, pues el vínculo de parentesco y de habla constituía la base sobre la que
descansaba su unión en tribu; pero la tribu no presuponía la fratría, que, como
organización intermediaria, bien que muy común entre
todas estas tribus, podía o no existir. Había en
Esparta subdivisiones de las tribus llamadas Obes, de las que cada tribu
comprendía diez
y eran análogas a las fratrías, pero existe alguna
incertidumbre acer ca de las funciones de estas organizaciones (167).
Tomaremos en cuenta ahora las gentes atenienses,
tal como se.
(166) H erm a n n m enciona las confederaciones de
E g ina, A tenas, Prasia,
N a u p lia, etc. Political Antiquities of Greece.
O x ford trans. cap. 1, párrafo 11.
(167) E n el
antiguo Rhetra de Licurgo se preceptúa que las tribus y las
obes se m a n tengan sin alterar; pero la afirm
ación de O . M ü ller y Boeckh, de que había por todo treinta obes, diez por
cada tribu, n o tiene m á s com p robación que una puntuación particular en
dicha Rhetra que varios otros críticos
rechazan, al parecer con m u y buenas razones. Q u
edam o s así sin antecedentes respecto a la obe, aun cuando n o s consta que
fue una subdivisión antigua per
m a n ente, peculiar al pueblo de Esparta .
History, jof Greece. G rote. Ed. M u rr ay,
II, 362. V é a se Dorians, de M ü ller, loe. cit.,
II, 80.
260LEWISH.MORGAN
exhibieron en su forma última y en plena vitalidad,
pero con refe rencia a los elementos de una civilización incipiente, ante la
que re trocedían paso a paso, y que debía derribarlas juntas con el régimen
social que habían creado. Bajo algunos aspectos, es el capitulo más interesante
de la historia de esta notable organización, que había rescatado del salvajismo
a la sociedad humana, conduciéndola a tra vés de la barbarie hasta las
primeras etapas de la civilización.
El régimen social de los atenienses descubre la
siguiente serie: primero, la gens (genos), basada en el parentesco; segundo, la
fratría (phratra y phratria), una fraternidad de gentes derivada probable
mente de la segmentación de una gens originaria; tercero, la tribu (phylon, más
tarde phyle) compuesta de varias fratrías, cuyos miem bros hablaban el mismo
dialecto; y cuarto, un pueblo o nación, com puesto de varias tribus reunidas
por fusión en una sociedad genti licia, y ocupando un mismo territorio. Estas
organizaciones integra les y ascendentes agotaron su sistema social bajo las
gentes, excep tuando la confederación de tribus que ocupaban territorios
indepen dientes, la que, como ocurrió, en algunos casos dentro del período
primario y nació naturalmente de las instituciones gentilicias, no condujo a
resultados importantes.
Es probable que las tribus atenienses se
confederaron antes de producirse la fusión, sobreviniendo ésta después que se
hubieron
reunido en un territorio, bajo la presión de otras
tribus. Si fuera exacto respecto a ellas, sería igualmente cierto de las tribus
dóricas y demás. No existía un término para designar este resultado fuera
de un nombre nacional, cuando estas tribus formaron
una nación. Con instituciones muy similares los romanos se decían Populas Ro
manas lo que expresaba con precisión el hecho. Eran entonces sim plemente un
pueblo, y nada más; que era todo lo que podía resultar de una reunión de
gentes, curias y tribus. Las cuatro tribus atenien ses constituían una
sociedad o pueblo, que en el período legendario llegó a ser completamente
autónoma bajo el nombre de atenienses.
En todas las comunidades primitivas de los griegos,
la gens, la fra tría y la tribu fueron fenómenos constantes de sus regímenes
sociales, con la ausencia ocasional de la fratría.
Grote ha reunido con tan hábil facultad crítica los
hechos prin cipales referentes a las gentes griegas, que no hay mejor prueba
que sus propias palabras, que serán citadas donde él se ocupa de ellos en
sentido general. Después de comentar las divisiones en tribus de los griegos,
continúa como sigue: Pero las fratrías y las gentes son una distribución
completamente distinta de ésta. Parecen ser englo-bamientos de unidades
primitivas pequeñas en otras más grandes;
son independientes de la tribu y no la presuponen;
surgen separada y espontáneamente, sin unidad preconcertada, y sin referirse a
un propósito político común; el legislador los halla como preexistentes,
LASOCIEDADPRIMITIVA261
y los adapta o los modifica para responder a un
plan nacional. Cua dra distinguir el hecho general de la clasificación y
sucesiva subor dinación en la escala, de las familias en la gens, de las
gentes en la fratría, y de las fratrías en la tribu de la precisa simetría
numérica de que es investida esta subordinación, tal como la leemos treinta
familias a cada gens, treinta gentes a cada fratría y tres fratrías a cada
tribu".
Si alguna vez se hubiese logrado tan precisa
igualdad numé
rica, por imposición legislativa, actuando sobre
elementos naturales preexistentes, las proporciones no hubieran podido
mantenerse per manentemente. Pero cabe la razonable duda de si ha existido
así...
Que cada fratría comprendía un número igual de
gentes, y cada gens un número igual de familias, es una suposición apenas
admisible, sin mejores constancias de las que disponemos. Pero aparte de esta
dudo sa precisión de la escala numérica, fueron las fratrías y las gentes
asociaciones verdaderas, antiguas y permanentes entre los atenienses, lo que es
muy importante para que sean comprendidas. La base de todo era la casa, hogar o
familia, un número mayor o menor de los que formaban la gens o genos. Por tanto,
esta gens, era un clan, famiHa o confraternidad agrandada y parcialmente
artificial, ligada entre sí por: 1) Ceremonias religiosas comunes, y privilegio
exclu sivo al sacerdocio, en honor del mismo dios, tenido por antepasado
originario y caracterizado por un nombre especial. 2) Por un enterra miento
común (168). 3) Por mutuos derechos de sucesión a los bienes.
Por
deberes recíprocos de auxilio o defensa y reparación de daños.
Por
mutuos derechos y obligaciones de matrimonio dentro de la
gens en algunos casos determinados, particularmente
donde .existiera una hija huérfana o heredera. 6) Por la posesión, al menos en
algu nos casos, de bienes en común, un arconte y tesorero propio.
Tales fueron los derechos y obligaciones que
caracterizaban' la unión gentilicia. La unión frátríca, que ligaba a varias
gentes era menos íntima, pero con todo comprendía algunas obligaciones y de
rechos mutuos de carácter análogo; en especial, una comunidad de
ritos sagrados particulares y privilegios
recíprocos en el caso de haber
sido muerto un frator . Se daba por sentado que
cada fratría perte necía a una de las cuatro tribus, y todas las fratrías de
una misma tribu participaban en una comunión periódica de ritos sagrados,
bajo la presidencia de .un magistrado llamado el
Phylo-Basilens, o rey de tribu, elegido de entre los Eupatriadas (169).
La similitud entre las gentes griegas y las
iroquesas se verá de inmediato. También se distinguirán diferencias
características na cidas de una condición más adelantada de la sociedad griega
y del
D e
m ó s t e n e s : E u b u lides, 1.307.
H
isto r y o f G r e e c e, III, 53 y siguientes.
LEWISH.MORGAN
mayor desarrollo de su sistema religioso. No será
necesario com probar la existencia de los diversos atributos de la gens,
citados por Grote, desde que la prueba está patente en las autoridades
clásicas. Fuera de duda, correspondían a la gens griega otros atributos, aún
cuando sea difícil comprobar la existencia de todos ellos; como ser:
La
limitación de la descendencia a la línea masculina. 8) La pro hibición del
matrimonio en la gens, salvo en el caso de herederas.
El
derecho de adopción de extraños en la gens; y 10) El derecho de elegir y
deponer a los jefes.
La recapitulación de los privilegios, derechos y
obligaciones de los miembros de la gens griega, con los agregados citados,
sería la que sigue:
1. Ritos religiosos comunes.
2. Enterramiento común.
3. Derechos mutuos de la sucesión a los bienes dé
miembros fallecidos.
4. Deberes recíprocos de auxilio, defensa y
reparación de daños.
5. El derecho de casarse en la gens en el caso de
hijas huérfa-, ñas y de herederas'. -
6. La posesión de bienes en común, un arconte y un
tesorero.
7. La limitación de la descendencia a la línea
masculina.
8. El deber de no contraer matrimonio dentro de la
gens, hiera de los casos especificados.
9. El derecho de adopción de extraños en la gens. ¡
10. El derecho de elegir y deponer jefes.
Corresponde hacer una breve referencia a las
características agre gadas.
L i
m i t a c i ó n d e l a d e s c e n d e n c i a a l a l í n e a m a s c u l i n
a
No cabe duda de que existió tal regla, porque sus
genealogías lo comprueban. Yo no he podido hallar, en ningún autor griego, una
definición de la gens, o de un gentil, que suministrara una compro bación
suficiente del derecho de una persona determinada a una vinculación gentilicia.
Cicerón, Varro y Festo han definido la gens romana y el gentil romano, que eran
análogos a los griegos, con bastante amplitud para demostrar que la
descendencia se transmitía por la línea masculina. Por su naturaleza, la gens
limitaba la des cendencia a la línea masculina o a la femenina, y solamente
podía incluir una parte de los descendientes del fundador. Es precisamente como
entre nosotros mismos. Los que descienden de varones llevan
el patronímico de familia y constituyen en el pleno
sentido del tér mino una gens, pero en estado de dispersión y sin vínculo de
unión, salvo para los de grado más próximo. Las mujeres pierden con el
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 263
matrimonio el nombre de familia, y, con sus hijos,
son transferidas a otra familia. Observa Grote que Aristóteles era hijo de un
médico nicómaco, quien pertenecía a la gens de los Asklepiades (170)
De si Aristóteles fue o no de la gens de su padre
depende la otra cuestión de si ambos fueron descendientes de Esculapio,
exclusiva mente por varones. Esto lo enseña Laercio, quien dice que Aristó
teles fue hijo de Nicómaco... y Nicómaco fue hijo de Machaon,
el hijo de Esculapio (171). Por más que puedan ser
producto de la imaginación los más altos miembros de la serie, el modo de
señalar la descendencia indica la gens de una persona. La afirmación de
Hermann, apoyado en Isaeus, también se refiere al caso: Toda cria tura era
registrada en la fratria y chin de su padre (172).
El ser registrado en la gens del padre demuestra
que sus hijos eran de su gens.
E l
d e b e r d e n o c o n t r a e r m a t r i m o n i o d e n t r o D E L A g e n
s S IN O E N CA S O S E S P E C I F IC A D O S
De las consecuencias del matrimonio se desprende
este deber.
Por el matrimonio la esposa perdía los ritos
religiosos de su gens y adquiría los de la de su marido. La regla está
enunciada en forma tan general, como para significar que el matrimonio
habitualmente se realizaba fuera de la gens. La virgen que sale de la casa de
su padre dice Wachsmuth , ya no es más partícipe en el hogar
paterno de sacrificio, sino que se incorpora a la
comunidad religiosa de su marido, y esto santificaba el vínculo matrimonial
(173). El hecho de su registro lo refiere Hermann como sigue: Toda mujer recién
casada, siendo de por sí ciudadana, era por esto enrolada
en la fratría de su marido (174). Los ritos
religiosos especiales eran comunes a las gentes griegas y latinas ( sacra
gentilicia). Yo no podría afirmar si por el matrimonio la esposa sacrificaba
sus derechos agnáticos, como entre los romanos. No es probable que el
matrimonio rompiera todos los lazos con su gens, y sin duda, la esposa se
contaría como de la gens de su padre.
La prohibición del matrimonio dentro de la gens era
fundamental en el período arcaico; y no cabe duda de que se mantuvo después
de haber sido cambiada la descendencia a la línea
masculina, con la
H
istory o f G r e e c e, H I, 60.
D i
o g e n e s L a e r c i o : V it. A r is to tle, V . 1.
P o
litical A n tiqu ities o f the G r e e k s, cap. V , párrafo 100 y ver E u b u-
lides de D e m ó stenes, 24.
H
istorical A n tiq u ities o f the G r e e k s. Trad, de W o o lrych, O x ford
ed.,
1837,1.451.
P o
litical A n tiquities, etc., etc., cap. V , párrafo 100.
LEWISH.MORGAN
excepción de herederas y huérfanas, para las que
regían providencias especiales. Aunque una tendencia al matrimonio libre, más
allá de ciertos grados de consanguinidad, se manifestara con la cimentación
completa de la familia monógama, la vigencia de la regla que pre ceptuaba la
realización del matrimonio fuera de la gens, podría per sistir mientras la
gens continuara siendo la base de su régimen social. El precepto especial
respecto a las herederas tiende a corro borar esta suposición. Becker dice a
propósito de la cuestión, que
"con escasas excepciones, el parentesco no era
traba al matrimonio, que podía realizarse dentro efe todos los grados de
anchisteia o sttn-geneia, aunque, naturalmente, no en la gens misma (175).
9. E l d e r e c h o d e a d o p t a r e x t r a ñ
o s e n l a g e n s
Este derecho fue ejercido en una fecha posterior,
al menos por las familias; pero se realizaba con formalidades públicas, y sin
duda se limitaba a casos especiales (176). La pureza de linaje vino a ser
asunto de grave importancia para las g entes áticas, y sin duda opo nían
serias trabas al ejercicio del derecho, salvo por razones de peso.
10. E l d e r e c h o d e e l e g i r y d e p o n e
r j e f e s
Fuera de duda este derecho existió entre las gentes
griegas en los tiempos primitivos. El mismo derecho existió, según se puede
presumir razonablemente, en el estadio superior de la barbarie. Cada gens tenía
su arconte, que era el nombre común del jefe. Si el cargo era electivo, por
ejemplo, en el período homérico, o transmisible por derecho hereditario al hijo
mayor, queda por resolver. No fue ésta la antigua teoría del cargo; y un cambio
tan grave y radical, que afectaba los derechos personales y la independencia'
de los miembros de la gens, exige pruebas positivas para vencer la presunción
contra ria. El derecho hereditario a un cargo, que comporta autoridad so bre
los miembros de la gens, y deberes de parte de éstos, es asunto muy diferente
de un cargo otorgado por elección libre, con la fa cultad de deponer reservada
para los casos de mala conducta. El espíritu libre de las gentes atenienses
hasta la época de Solón y de Clístenes, niega la suposición, en cuanto a ellas,
de que se hubiesen desprendido de un derecho tan vital para la independencia de
los miembros de Jas gentes.
Cháñeles.
Trad, de M e tcalfe, L o n d o n, 1866, pág. 4 7 7 , citando Isaeus de Cir.
her., 217; Demosthenes adv. Eubul, 1304; Plutarch. Temisch, 32; Pausanias, I,
7, 1; Achill Tat., I, 3.
H e
r m a n n : Loe. cit.t V , párrafos 100 y 101.
LASOCIEDADPRIMITIVA265
No he podido dar con ninguna explicación
satisfactoria de la te
nencia de este cargo. La sucesión hereditaria, si
es que existió, indica ría un notable desarrollo del elemento aristocrático en
la sociedad anti gua, en derogación de la constitución democrática de la gens.
Sería, además, un indicio del comienzo, por lo menos, de su decadencia. Todos
los miembros de una gens eran libres e iguales, gozando de
los mismos derechos y privilegios ricos y pobres, y
reconociéndoselos así los unos a los otros. Hallamos tan claramente expresadas
la li bertad, la igualdad y la fraternidad en la constitución de las gentes
atenienses, como en las de los iroqueses. El derecho hereditario al cargo mayor
de la gens, es absolutamente inconsistente para con la más antigua doctrina de
derechos y privilegios iguales.
Otra cuestión es la de si los cargos y oficios más
elevados de anax, koiranos y basileus eran transmitidos por derecho hereditario
de padre a hijo, o si eran electivos o confirmativos por un electorado más
numeroso. Esta será tratada más adelante. El primer caso indi caría la
subversión, y el segundo, la conservación de las instituciones gentilicias. A
falta de constancias positivas en contra, toda presun ción es adversa al
derecho hereditario.
Cuando se tomen en consideración las gentes
romanas, se obten drán algunas nuevas luces sobre el asunto. Es posible que
una nueva
y prolija investigación del carácter de la tenencia
de este cargo, exija modificar esencialmente la versión corriente al respecto.
Se puede tener por prácticamente seguro que las gentes de los griegos eran
dueñas de los diez atributos principales citados. Todos menos tres, a saber: la
descendencia en la línea masculina, el ma trimonio en la gens en el caso de
herederas, y la posible transmisión por derecho hereditario de los más altos
cargos militares, se encuen tran con ligeras variaciones en los iroqueses. De
aquí resulta que tanto las tribus griegas como las iroquesas poseían las mismas
ins tituciones originales, ofreciendo las primeras la gens en su forma
posterior y las otras, en su forma arcaica.
Volviendo ahora a las exposiciones de Gíote, se
puede observar
que, de haber estado él al tanto de la forma
arcaica de la gens y de las diversas formas de la familia anteriores a la
monógama, es pro bable que hubiera modificado esencialmente algunas partes de
sus manifestaciones. Hay que exceptuar su postulado de que la base del régimen
de familia de los griegos, fue la casa, hogar o familia Es evidente que ante el
criterio del distinguido historiador, la forma de la familia era la romana,
bajo la férrea voluntad del pater fa milias, a la que se aproximaba la familia
griega de la época homé rica, con el dominio absoluto del padre sobre el grupo
familiar. Esta hubiera sido igualmente insostenible si sé hubiera tenido
presente otras y más antiguas formas de la familia.
La gens es, en su origen, más antigua que la
familia monógama.
LEWISH.MORGAN
más antigua que la familia sindiásmica, y
prácticamente contemporá nea a la punalúa. En ningún sentido fue fundada sobre
ninguna de ellas. No reconoce como parte constituyente suya a la familia en
forma alguna. Por el contrario, toda familia, tanto en el período ar caico,
como en el posterior, estaba parcialmente dentro y parcial mente fuera de la
gens, porque marido y mujer debían pertenecer a gentes diferentes. La
explicación es, a la vez, sencilla y completa; a saber: que la familia nace con
independencia de la gens, con en tera libertad para evolucionar de un grado
más bajo a uno más alto, mientras que la gens es constante, como unidad del
sistema social. La gens se incorporaba íntegramente a la fratría, la fratría se
incorpo raba íntegramente a la tribu y la tribu se incorporaba íntegramente a
la nación; pero la familia no podía incorporarse íntegramente a la gens, porque
marido y mujer debían pertenecer a gentes diferentes. El punto que aquí se
plantea es importante, desde que no sola mente Grote, sino también Niebuhr,
Thirlwall, Moine, Mommsen y muchos otros investigadores capacitados y sagaces
han adoptado el mismo postulado con respecto a la familia monógama del tipo pa
triarcal, como factor integrante, alrededor del cual se integraba la so ciedad
en el sistema romano y griego. Nada absolutamente se funda
ba en la familia en cualquiera de sus formas,
porque ésta estaba incapacitada para incorporarse a una gens como unidad. La
gens era homogénea, y en gran parte de duración permanente, y como tal, base
natural de un sistema social. Una familia del tipo monó gamo pudo llegar a ser
individualizada y poderosa en una gens y en la sociedad como un todo; y sin
embargo, la gens no podía de pender ni reconocería a la familia como parte
integrante suya. Esta observación es igualmente cierta respecto a la familia
mo derna y la sociedad política. Por más que estuviese individualizada por
derechos de propiedad y privilegios, y reconocida como entidad legal por leyes
promulgadas, la familia no es la unidad del sistema político. El Estado
reconoce los distritos que lo forman; el distrito, sus ciudades; pero las
ciudades no tienen en cuenta a la familia; así
la nación reconocía a las tribus de que estaba
compuesta; la tribu,
sus fratrías; y la fratría, sus gentes; pero la
gens no tomaba en cuenta a la familia. Al tratar de la estructura de la
sociedad, sólo las rela ciones orgánicas deben ser consideradas. La ciudad
ocupa con rela ción a la sociedad política el mismo lugar que la gens en la
sociedad gentilicia. Cada una es la unidad de un sistema.
Existe un número de observaciones valiosas de Grote
sobre las
gentes griegas, que deseo incorporar a esta
exposición sobre ellas, aun cuando dichas observaciones parecen suponer que no
cuentan mayor antigüedad que la mitología existente de entonces o jerarquía de
los dioses de los cuales algunas de las gentes pretendían que descendían sus
antepasados epónimos. A la luz de los hechos presentados, las
LASOCIEDADPRIMITIVA267
gentes parecen haber existido mucho tiempo antes de
que hubiese sido desenvuelta esta mitología y de que la mente humana hubiese
concebido a Júpiter o Marte, Neptuno o Venus.
Prosigue Grote: Así se exhibía la primitiva unión
religiosa y so cial del pueblo de Atica, en su escala gradualmente ascendente
en distinción a la unión política, probablemente de introducción poste rior
representada en un principio por las trityes y naukraries y más adelante por
las diez tribus clisténeas, subdivididas en trityes y de mos. El vínculo de
familia y religión fue el primero en orden de tiempo, pero el político, aun
cuando se inició más tarde, se verá que adquiere una influencia siempre creciente
a través de la mayor parte de esta historia. En el primero, la característica
esencial y predomi nante es la persona de relación, a la que se hallaba
subordinada la re lación local; en el político, la propiedad y la residencia
son las con sideraciones primordiales, y el elemento personal sólo cuenta en
la medida de los factores a que acompaña. Todas estas asociaciones frátricas y
gentilicias, tanto las mayores como las más pequeñas, se fundaron sobre los
mismos principios y tendencias del pensamiento griego; una fusión dpi concepto
de culto religioso, con el de los ante pasados, o de la comunión en ciertos
ritos religiosos particulares con la comunión de sangre, real o supuesta. El
dios o héroe a quien los miembros reunidos ofrecían el sacrificio, era
concebido como el an tepasado primero al cual ellos debían su origen; con
frecuencia a través de una larga lista de nombres intermediarios, como en el
caso del Hekataeus Milesiano, a quien, ya se ha hecho repetida referencia. Cada
familia tenía sus propios ritos sagrados y conmemoraciones fúnebres de
antepasados, celebrados por el señor de la casa, que ninguno, fuera de los
miembros de la familia, podía presenciar... Las asociaciones mayores, llamadas
gens, fratría o tribu, eran formadas por la extensión del mismo principio de la
familia considerada como una fraternidad religiosa, rindiendo culto al mismo
dios o héroe común, bajo un nombre apropiado, y reconociéndolo como antepa
sado común; y la festividad de Theoenia y de
Apaturia, (la primera ática y la otra común a toda la raza jónica), reunía
anualmente a los miembros de estas fratrías y gentes para el culto,
festividades y man tenimiento de relaciones afectivas, robusteciendo así los
vínculos mayores, sin borrar los menores... Pero el historiador está obligado a
aceptar como hecho fundamental el estado más primitivo de cosas que sus propios
testigos le hacen conocer, y en el caso que tenemos por delante, las uniones
frátricas y gentilicias son asuntos en cuyos comienzos no podemos pretender
penetrar (177).
Las gentes en Atenas, como en otras partes de
Grecia, llevaban
(177) H istory o f G r e e c e, III, 55..
268LEWISH.MORGAN
un nombre patronímico, sello de su supuesta
paternidad común (178). Pero en Atenas, por lo menos después de la revolución
de Clístenes, no se empleaba más el nombre gentilicio; se designaba al
individuo únicamente por su propio nombre seguido primero por el de su pa dre
y luego por el del demos (pueblo) a que perteneciera, por ejem plo: Aeschinés,
hijo de Atrométus, un Kothókid... La gens era cor poración cerrada, tanto
respecto a los bienes como a las personas. Hasta el tiempo de Solón ningún
hombre tenía derecho a dictar dis posiciones testamentarias. Si moría sin
dejar hijos, sus g entiles le sucedían en la propiedad, y subsistió este
régimen aún después de Solón, si fallecía intestado. Una huérfana podía ser
reclamada en matrimonio, por derecho, por cualquier miembro de la gens, con
pre ferencia para el más próximo agnado; si ella era pobre y él no tenía
voluntad de casarse con ella, la ley de Solón le imponía otorgarle una dote
proporcionada a su escala registrada de propiedad, y darla en matrimonio a
otro... En caso de asesinato, primero sus parientes más próximos, y después sus
gentilicios y fratores, tenían facultad y obligación de seguir el proceso ante
la ley; mientras que sus paisanos o habitantes del mismo demos, no gozaban de
este derecho de en juiciar.
Todo lo que se nos cuenta de las más antiguas leyes
atenienses
está basado en las divisiones en fratrías o gentes,
de las que se trata siempre como de extensiones de la familia. Se debe advertir
que
esta división es completamente independiente de
toda calificación a base de propiedad, estando comprendidos ricos y pobres en
la misma gens. Además, las diferentes gentes eran de diversos rangos, prove
nientes generalmente de ceremonias religiosas exclusivas, y de carác ter
hereditario, las que siendo en ciertos casos consideradas de supre ma santidad
con. referencia a toda la villa, fueron, por esta razón, nacionalizadas. Así
los Eumolpides y los Kerykes que debían suminis trar el hierofante, y superintendente
de los misterios de la Demeter de Eleusina; y los Butades, que daban las
sacerdotisas de Palas Ate nea, como también el sacerdote de Poseidón
Ereschtheus, en el Acrópolis, parecen haber gozado de reverencia muy por encima
de las demás gens (179).
H a
llam o s a los A sclepíades en m u c h a s partes de G recia, los A leua-des en
T e salia, lo s M idylídes, Psalychides, Belpsiades, Euxenides en E g ina. los
Bránchid'es en Mil'eto, lo s N ebrides en K o s, los Lam ides y K lytiades en
O lim p ia, los A k estorides en A r g o s, los K
inyrades en Chipre, los Penthi lides en
M itilene, los T a ltybiadcs en Esparta, no m e n o
s que los K o d rides, Eum o lpides.
Phytalides, L y k o m e d e s, Butades, Eunídes, H
esychides, Brytiades, etc., en Á ti
ca. A cada uno de éstos correspondía un antepasada
m itológico m á s o m enos conocido, y tenido por el prim er padre, com o tam b
ién por héroe ep ó n im o de la gens: K o d rus, E u m u lpus, Butes, Phytalus,
H esychus, etc.". G r o t e : H istory
o f G r e e c e, III, 62.
H
isto r y o f G r e e c e, III, 62 y siguientes.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 269
Grote habla de
la.gens como de una extensión de la
familia, y
como presuponiendo su existencia, señala que la familia
fue lo pri
mario y la gens lo secundario. Este concepto es insostenible,
por
las razones ya
dadas. Los dos organismos siguen su proceso bajo
principios distintos, y son independientes el uno
del otro. La gens abarca una parte solamente de los descendientes de un
supuesto an tepasado común, y excluye a los demás; también abarca una parte
solamente de una familia y excluye el resto. Para ser parte constitu tiva de
la gens, la familia debía entrar enteramente en su círculo, lo que era
imposible en el período arcaico, y solamente constructivo
en el posterior. En la organización de la sociedad
gentilicia, la gens es primaria; forma a la vez la base y la unidad del
sistema. La familia también es primaria, y es más antigua que la gens,
habiéndole pre cedido en orden de tiempo la familia punalúa y la consanguínea;
pero no fue en la sociedad antigua miembro de la
serie orgánica, como no lo es en la moderna.
La gens existió en la familia aria en la época en
que las tribus de habla griega, latina y sánscrita eran un pueblo, como lo
comprueba
la existencia en sus dialectos del mismo vocablo
(gens, genos y gánas) para distinguir la organización. Lo heredaron de sus
antepasados bár baros y, más remotamente, de sus progenitores salvajes. Si,
como es probable, la familia aria se diferenció en época tan temprana como
en el período medio de la barbarie, debieron
heredar la gens en su forma arcaica.
Después de este acontecimiento, y durante los
largos períodos de tiempo que debieron haber transcurrido entre la separación
de estas tribus entre sí y el comienzo de la civilización, debieron haberse
efec tuado aquellos cambios en la constitución de la gens, que se han
mencionado como hipotéticos. Es imposible concebir a la gens como apareciendo
por primera vez en otra forma que en su forma arcaica;
por consecuencia, la gens griega debió haber
tenido, originariamente, esta forma. Luego, si se pueden reunir antecedentes
adecuados para explicar un cambio tan grande como el de la descendencia de la
línea femenina por la masculina, la tesis quedaría integrada, por más que, en
definitiva, substituyó en la gens el antiguo por un nuevo cuerpo de parientes.
El desarrollo del concepto de la propiedad y el progreso de la monogamia
suministraban motivos bastante enérgicos para po
der reclamar y lograr este cambio, a fin de traer a
los hijos a la gens del padre y a la participación de los bienes de su
testamentaría.
La monogamia hacía ciertas la paternidad de los
hijos, la que era desconocida cuando fueron instituidas las gentes, y ya no
cabía, en lo posible, la exclusión de los hijos en la herencia. Enfrentada con
esas nuevas circunstancias, la gens se vería forzada a reconstruirse o a
disolverse. Cuando se comparan la gens de los iraqueses, tal como
se presenta en el estadio inferior de la barbarie,
con la gens tal como 270 LEWIS H . MORGAN
la exhiben las tribus griegas en el estadio
superior, es imposible no advertir que tienen la misma organización, una en su
forma arcaica
y la otra en su forma ulterior. Las diferencias que
manifiestan son precisamente aquellas que las exigencias del progreso humano
im pondrían.
Junto a estos cambios en la constitución de la
gens, se observan cambios paralelos en el régimen de la herencia. La propiedad,
que fue siempre hereditaria en la gens, fue primariamente hereditaria en tre
los gentilicios; después hereditaria entre los agnados con exclu sión de los
restantes gentilicios; y ahora, por último, hereditaria entre los agnados en
sucesión, en orden a su proximidad al extinto, lo que daba la exclusividad de
herencia a los hijos, como agnados más próximos. La persistencia con que hasta
el tiempo de Solón se mantuvo el principio de que los bienes quedaron en la
gens del pro pietario fallecido, manifiesta la vitalidad de la organización a
través de todos estos períodos. Fue este régimen el que obligaba a la here
dera a casarse dentro de su propia gens, a fin de
que su matrimonio no transfiriese los bienes a otra gens. Cuando Solón concedió
el de recho de disponer, de los bienes por testamento, cuando no exis tían
hijos, realizó el primer asalto a los derechos de propiedad de la gens.
Se ha hecho cuestión de la proximidad de parentesco
de los miembros de una gens y de si existía en efecto parentesco alguno.
Observa Grote que Pólux nos cuenta distintamente que los miem bros de una
misma gens en Atenas, por lo común, no estaban uni dos por vínculos de sangre
, y aun sin este testimonio expreso pu diéramos haber previsto el caso. Hasta
qué grado, en la desconoci da época de su formación, la gens se fundaba sobre
parentesco efec tivo, carecemos de medio de determinarlo respecto a las gentes
ate-niensese o romanas, que en sus extremos mayores eran análogas. El
gentilismo es de suyo un vínculo distinto de los vínculos de fami lia, pero
presuponiendo su existencia, y extendiéndolo por analogía artificial, en parte
fundada en convicciones religiosas y en parte en un convenio positivo, de
manera que comprenda extraños en san
gre. Todos los miembros de una gens, y aun de una
fratría, se creían
descendientes no precisamente de un abuelo o
bisabuelo común, pero
sí del mismo antepasado divino o heroico... Y esta
creencia funda
mental, que con tanta facilidad acogía la mente
griega, fue conver
tida por convenio positivo en principio gentilicio
y frátrico de unión...
Sin duda, Niebuhr, en su valioso estudio de las
antiguas gentes ro manas, tiene razón en suponer que no eran familias
verdaderas, en gendradas por un antepasado histórico común.
Con tocto, no es menos cierto (bien que él parece
pensar de otro
modo) que el concepto de la gens envuelve la
creencia en un pri
mer padre común, divino o heroico, una genealogía
que con propie-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 271
dad podemos llamar fabulosa, pero que tenía
consagración y cré dito entre los propios miembros de la gens y servía como
uno de los más importantes vínculos de unión entre ellos... Por supuesto, las
fa milias naturales cambiaban de generación en generación, difundién dose
unas mientras otras se reducían o se extinguían; pero la gens
no sufría modificación fuera de la procreación,
extinción o subdivi sión de estas familias componentes. En consecuencia, las
relaciones de las familias con la gens se hallaban en perpetua fluctuación y la
genealogía ancestral gentilicia, no obstante adaptada a la condición primitiva
de la gens, con el tiempo se hizo parcialmente caduca e-impropia. Rara vez
oímos hablar de esta genealogía, porque sola mente se exhibía en público en
determinados casos preeminentes y venerables. Pero las gentes más humildes tenían
sus ritos comunes, y su antepasado sobrehumano y genealogía comunes lo mismo
que
las gentes ricas; para todos era igual el plan y la
base ideal (ISO). Las diversas versiones de Pólux, Niebuhr y Grote son ciertas
en algún sentido, pero no en absoluto. El linaje de lina gens se remon taba
más allá ae un antepasado .reconocido y, por tanto, la gens de fecha antigua no
podía haber tenido un progenitor conocido: tam poco admitiría su sistema de
consanguinidad indagar una vinculación de sangre; sin embargo, los gentiles no
solamente creían en su des cendencia común, sino que también estaban
justificados en creer esto. El régimen de consanguinidad correspondiente a la
gens en su forma arcaica, y que en un tiempo probablemente regía entre los
griegos, conservaba el conocimiento del parentesco de todos los miembros de la
gens entre sí. Con el progreso de la familia monó gama esto cayó en desuso,
como procuraré demostrarlo en otra par te. El nombre gentilicio creaba una
genealogía al lado de la cual la
de la familia era insignificante. Era función de
este nombre conser var el hecho de la descendencia común de todos los que lo
llevasen, pero el linaje de la gens era tan antiguo que sus miembros no podían
comprobar el parentesco efectivo que existiera entre ellos, salvo en limitados
casos a base de un ascendiente común reciente. De suyo
el nombre era testimonio de descendencia común y
concluyente, sal vo cuando hubiese sido interrumpida por adopción de extraños
en sangre en la historia anterior de la gens.
Los postulados de Pólux y de Niebuhr, que importan
negar todo parentesco entre los miembros de la gens y cambiarían ésta en una
asociación puramente ficticia, no tienen base en qué asentarse. Una gran
proporción de ellos podían probar su parentesco por la des cendencia de un
antepasado común dentro de la gens, y en cuanto a los restantes, el nombre
gentilicio que llevaban era testimonio su ficiente de una descendencia común
para los fines prácticos. Por lo
History
of Greece, III, 58 y siguientes.
LEWISH.MOHGAN
regular, la gens griega no era muy numerosa.
Treinta familias por gens, no contando las esposas de los jefes de familias,
darían un promedio de ciento veinte personas por gens.
En su calidad dé base unitaria del régimen social,
la gens sería naturalmente el centro de la vida y actividad social. Estaba
orga nizada como cuerpo social, con su arconte o jefe, y tesorero; con tierras
hasta cierto punto comunes, un cementerio común y ritos religiosos comunes.
Junto con éstos hallábanse los derechos, privi legios y deberes que la gens
confería e imponía a todos sus miem bros. Fue en la gens que tuvieron origen
las actividades religiosas de los griegos, que se difundieron sobre las fratrías
y culminaron en festividades periódicas comunes a todas las tribus. Trata
admira blemente bien el asunto M. de Coulanges en su reciente obra La ciudad
antigua .
A fin de darse cuenta de la condición de la
sociedad griega ante rior a la constitución del Estado, es menester conocer la
constitución y principios de la gens griega, porque el carácter de la unidad
de termina el de sus compuestos en la serie ascendente; y sólo ella pue de
suministrar los medios de explicarlos.
IX
LA FRATRIA, LA TRIBU Y LA NACIÓN GRIEGAS
Como se ha visto, la fratría-fue el segundo peldaño
en la organi zación del régimen social de los griegos. Se componía de varias
gen tes unidas con propósitos, especialmente religiosos, que eran comu nes a
todos. Tenía su base natural en el vínculo de parentesco, desde que las gentes
en una fratría eran probablemente subdivisiones de una gens originaría, cuyo
recuerdo se conservaba en la tradición. Todos los miembros contemporáneos de la
fratría de Hekateus,
dice Grote, tenían a un dios común por su
antepasado en el grado decimosexto (181), lo que no se hubiera podido afirmar a
no ser que las diversas gentes comprendidas en la fratría de Hekateus fue ran
tenidas como derivadas de una gens originaria, por segmen tación...
Esta genealogía, aunque en parte obra de la
fantasía, habría
sido trazada de acuerdo con los usos gentilicios.
Dikearchus supuso que la práctica de determinadas gentes, de proveerse de
esposas entre sí, condujo a la organización de la fratría para la celebración
de ritos religiosos comunes. Esta explicación es valedera, porque
tales matrimonios producirían la fusion de la
sangre de las gentes.
Por el contrario, las, gentes constituidas en el
curso del tiempo, por la subdivisión de una gens y por nuevas subdivisiones
posteriores, da
ría a todos un linaje común y ofrecería una base
natural para su reintegración en una fratría. Como tal, la fratría sería un
crecimien to natural, y como tal solamente puede explicarse como institución
gentilicia. Las gentes así unidas eran gentes hermanas, y la asocia ción misma
era una fraternidad, como lo indica su nombre. Stephanos de Bizancio ha
conservado un fragmento de Dikear-
18
(181) History of Greece, III, 58.
274 LEWIS H. MORGAN
chus; es en el que se sugiere una explicación del
origen de la g ens,
fratría y tribu. No es, con respecto a ninguna de
éstas, bastante com
pleto para valer como definición; pero es valioso
como reconocimien
to de las tres etapas en la organización de la
antigua sociedad grie
ga, Él emplea patria en lugar de gens, como lo hizo
Píndaro en nu
merosos casos y alguna vez Homero. El pasaje se
puede traducir:
Patria es una de las tres formas de la unión social
entre los grie
gos, según Dikearchus, que llamamos respectivamente
patria, fratría y tribu. Nación patria cuando el parentesco, originariamente
soli tario, alcanzó la segunda etapa (el parentesco de padres con hijos
y de hijos con padres), y deriva su epónimo del más
antiguo y princi pal miembro de la patria, como Aicidas, Pelópidas.
Pero vino a ser denominada fatria y fratría cuando
algunas de ellas dieron sus hijas en matrimonio a otra patria. Porque la mujer
dada en matrimonio ya no participaba más en los ritos sagrados pa ternos, sino
que era enrolada en la patria de su marido: así que, en cambio, de la unión
antes existente por cariño entre hermanos y hermanas fue establecida-otra unión
basada en comunidad de ritos religiosos, que ellos denominaron fratría; y así
otra vez, mientras la patria tuvo su origen en la forma que antes hemos
mencionado,
por la relación de sangre entre padres e hijos y de
hijos y padres, la fratría tuvo su origen en el parentesco entre hermanos.
Pero las tribus y los miembros de ellas se llamaban
así por la
unión en comunidades y naciones así denominadas,
porque cada
uno de los cuerpos que se unían era llamado una
tribu (182).
Se advertirá que aquí se reconoce como costumbre el
matrimo
nio fuera de la gens y que la esposa era enrolada
en la gens, más
bien que en la fratría de su esposo. Dickearchus,
quien fue discípu
lo de Aristóteles, vivió en una época en que la
gens existía mayor
mente como genealogía de individuos, habiendo sido
transferidas
sus potestades a nuevos cuerpos políticos. Él
deriva el origen de la
gens de los tiempos primitivos; pero su afirmación
de que la fratría
tuvo origen en la práctica matrimonial de la gens,
probablemente
exacta en cuanto a la práctica, no pasa de ser una
opinión acerca
del origen de la organización. El intercambio
matrimonial con ritos
religiosos comunes afianzaría la unión frátrica;
pero el linaje común
de las gentes de que era compuesto ofrece una base
más satisfac
toria para la fratría. Se debe recordar que las
gentes tienen una
historia que se remonta a través de los tres
sub-períodos de la bar
barie, al período anterior del salvajismo y precede
aún la existencia
de las familias aria y semítica. Se ha mostrado
cómo la fratría apa
reció entre los aborígenes americanos en el estadio
inferior de la
Historical
Antiquities of the Greeks, de Wachsmuth, I, 449, ap. por
texto.
LA SOCIEDAD PBIMOTVA 275
barbarie, mientras que los griegos sólo conocían
bien aquella parte de su historia que correspondía al estadio superior de la
barbarie, Grote no intenta definir las funciones de la fratría fuera de gene
ralidades. Sin duda eran principalmente de índole religiosa: pero quizás se
manifestaban, como entre los iroqueses, en la inhumación
ae los muertos, en los juegos públicos, en
festivales religiosos, en los consejos y en el agora del pueblo, donde la
agrupación de jefes y pueblo sería por fratría más bien que por gentes. También
se exhi biría naturalmente en el ordenamiento de las fuerzas militares, de
lo que Homero nos da un notable ejemplo en el
discurso de Néstor a Agamenón (183),
Separa las tropas por tribus y fratrías, Agamenón,
de suerte que fratría sostenga a fratría y tribu a tribu. Si tú así obras, y
obedecen los griegos, entonces te cerciorarás de cuáles de los jefes y cuáles
de los soldados son cobardes, y cuál de ellos será un valiente, porque
ielearán
lo mejor que puedan. El contingente de una gens en una uerza militar sería
demasiado pequeño para servir de base de orga nización de un ejército; pero
las agrupaciones mayores de la fratría y de la tribu sí serían suficientes. Dos
cosas se infieren del consejo de Néstor: que ya la organización de ejércitos
por fratría v tribu había cesado de ser común, y segundo, que en los tiempos
antiguos aquél había sido el orden usual de organización de ejércitos, cuyo
recuerdo no se había desvanecido. Hemos visto que los tlascalanos
y los aztecas, que estaban en el estadio medio de
la barbarie, orga nizaban y enviaban sus ejércitos por fratrías, que en su
condición era, probablemente, el único método por el cual se podía organizar
una fuerza militar. Las antiguas tribus germanas practicaban la mis ma
organización de sus ejércitos para el combate (184). Es interesan te notar
cuán estrechamente aferradas a la teoría de su sistema so cial han estado las
tribus de la humanidad.
En un principio, la gens del muerto tenía la
obligación de reali zar la venganza de sangre, que más tarde se convirtió en
el deber de acusar al asesino ante los tribunales de ley; pero también esta
obligación era compartida por la fratría, y más tarde fue un deber de ésta
(185). En Eumenides de Esquilo, las Eriunias, después de hablar de la muerte de
su madre por Orestes, plantean la pregun ta: ¿Qué agua lustral de sus fratores
le aguardará? (186); lo que
E arece indicar que si el criminal escapaba al
castigo, la purificación nal era efectuada por su fratría en lugar de su gens.
Además, la ex-
Iliad.,
II, 362.
T á
c it o : Germania, cap. VII.
G r
o t e : History of Greece, III, 55. Ei Tribunal del Areópago se arro gó la
jurisdicción sobre los homicidios, Ib. III-79.
Eum.,
656.
276 LEWIS H. MOHGAN
tensión de la obligación de la gens a la fratría
supone un linaje co mún de todas las gentes de una fratría.
Desde que la fratría era intermediaria entre la
getis y la tribu, y no estaba investida de funciones de gobierno, era menos
fundamen tal e importante que cualquiera de éstas; pero era una etapa co mún,
natural y acaso necesaria en la reintegración de ambas.
Si fuera dado recuperar el conocimiento íntimo de
la vida social de los griegos en esa época primaria, es probable que el
fenómeno se centralizaría en la organización frátrica más conspicuamente de
lo que nos permiten inferir nuestros escasos
antecedentes. Es pro bable que gozara de más poder e influencia de los que
generalmen te se le atribuyen como organización. Entre los atenienses sobrevi
vió al derrumbe de la gens como base de un sistema, y retuvo, bajo el nuevo
régimen político, algún contralor sobre el registro de ciu dadanos, la
inscripción de matrimonios y el enjuiciamiento del ase sino de un frator ante
los tribunales de justicia.
Se acostumbra considerar a las cuatro tribus
atenienses como di vididas cada una en tres fratrías, y cada fratría en
treinta gentes; pero esto es solamente por comodidad de descripción. Un pueblo
bajo las instituciones gentilicias no se reparte en
divisiones y subdi visiones simétricas. El proceso natural de su formación era
precisa mente el opuesto; las gentes formaron fratrías, y ulteriormente
tribus, a que a su vez se unieron en una sociedad o pueblo. Cada una era
un crecimiento natural. Que el número de gentes en
cada fratría ateniense fuera de treinta es un hecho notable incapaz de ser
expli cado por causas naturales. Un propósito bastante poderoso, como
ser el deseo de una organización simétrica de
fratrías y tribus, pudo conducir a la subdivisión de gentes, con su
consentimiento, hasta alcanzar la cifra de treinta en cada una de estas
fratrías, y cuando se excedía el número en una tribu, medíante la consolidación
de gentes afines, hasta reducir el número a treinta.
Un medio más probable sería el admitir en las
fratrías que nece sitasen un aumento de número algunas gentes extrañas. A base
de un número determinado de tribus, fratrías y gentes, por crecimien to
natural, se hubiera podido así lograr la reducción a uniformidad
de estas dos últimas en las cuatro tribus. Una vez
fijada esta escala numérica de treinta gentes en la fratría y tres fratrías en
la tribu, sería fácil mantener la proporción por siglos enteros, salvo, quizás,
en cuanto al número de gentes en cada fratría.
La vida religiosa de los griegos tenía su fuente y
centro en la
gens y la fratría. Se debe suponer que en estas
organizaciones, y por ellas mismas, se fue perfeccionando ese maravilloso
sistema politeís ta, con su jerarquía de dioses, sus símbolos y formas de
culto, que tan fuertemente impresionó el pensamiento del mundo clásico. En
buena parte esta mitología fue la inspiración de las grandes hazañas
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 277
de los períodos legendario e histórico y engendró
ese entusiasmo que creó el templo y la arquitectura decorativa, en los que el
mundo moderno tanto' se deleita. Algunos de los ritos religiosos originarios de
estos grupos sociales quedaron nacionalizados en mérito de la suprema santidad
que se les atribuía, lo que enseña hasta qué punto la gens y la fratría fueron
cuna de la religión. Los sucesos de este período, extraordinario bajo muchos
aspectos, el más cargado de acontecimientos en la historia de la familia aria
principalmente, están perdidos para la historia. Sus restos literarios se
componen de genealogías legendarias y narraciones, mitos y fragmentos de poe
sías, dando fin con los poemas homéricos y hesiódicos. Pero sus ins
tituciones, artes, inventos, sistema mitológico, en una palabra, la substancia
de civilización que ellos elaboraron y trajeron consigo fueron la herencia que
legaron a la nueva sociedad que estaban des tinados a fundar. Es posible
todavía que la historia de este período llegue a ser reconstruida merced a
estas varias fuentes de antece dentes, reproduciendo los rasgos principales de
la sociedad gentili cia, tales como se exhibían poco antes de la institución
de Ja socie dad política.
Así como la gens tenía su arconte, que oficiaba de
sacerdote en las ceremonias religiosas de la misma, también la fratría tenía su
fratriarca, que presidía sus reuniones y oficiaba
en la solemnización
de los ritos religiosos. La fratría dice M. de
Coulanges tenía
sus asambleas y sus tribunales y podía dictar
decretos. En ella había,
como en la familia, un dios, un sacerdocio, un
tribunal de ley y un
gobierno (187).
Los ritos religiosos de la fratría eran una expansión
de los de las gentes que la componían. Para
entender la vida religio
sa de los griegos es necesario dirigir la atención
a estos factores.
Seguía la escala ascendente de organización: la
tribu compuesta
de varias, fratrías, cada una formada por gentes.
Los individuos de cada fratría eran de linaje común y hablaban un mismo
dialecto. Como se ha dicho ya, entre los atenienses cada tribu se componía de
tres fratrías, lo que les daba una organización similar a cada una. La tribu
corresponde a la tribu latina, y también a la de los aborígenes americanos,
faltando un dialecto independiente en cada tribu para completar la analogía con
éstos. La concentración en zonas peque ñas de aquellas tribus griegas fusionadas
en un pueblo, tendía a re primir variaciones dialécticas que más tarde un
lenguaje escrito y una literatura propia reprimirían aún más. Sin embargo, las
exigen cias de un régimen social basado en relaciones personales y ciertas
costumbres añejas tenían localizada a cada tribu, más o menos en una zona fija.
Parece probable que cada tribu haya tenido su con-
The
Ancient City. Traduc. de Small, pág. 157, Boston, Lee y Shepard.
278 LEWIS H. MORCAN
sejo de jefes, con jurisdicción suprema en todo lo
referente a la tribu exclusivamente.
Pero desde que se ha dejado caer en el olvido las
funciones y poderes del consejo general de jefes que administraba los negocios
generales de las tribus unidas, no se debía esperar que se hubiese conservado
el recuerdo de los de un consejo inferior y subordinado. Si tal consejo ha
existido como es probable, dadas las exigencias de su régimen social, debía
componerse de jefes de las gentes.
Cuando las diversas fratrías de una tribu se
reunían en conme moración de sus ceremonias religiosas, la tribp había
alcanzado su mayor constitución orgánica más alta. Como tal, según lo vemos
expresado, estaban bajo la presidencia de un phylo-basUeus, que
era el jefe principal de la tribu. No estoy al
tanto de si era su co mandante en los asuntos militares. Estaba investido de
funciones sacerdotales, siempre inherentes al cargo de basileus, y de jurisdic
ción criminal en casos de asesinato; pero si también juzgaba y pro cesaba al
criminal, no lo sabría decir. Las funciones sacerdotales y judiciales
atribuidas al cargo de basileus tienden a explicar la digni dad que alcanzaba
en los períodos legendario y heroico. Pero la au sencia de funciones civiles,
en el sentido estricto del término, de cuya existencia no tenemos testimonio
satisfactorio, basta para cali ficar de nombre impropio el de rey, tan
constantemente empleado en la historia como equivalente de basileus.
Entre los atenienses tenemos el basileus de tribu,
término usado por los griegos mismos, tan legítimamente como cuando se aplica
el comandante general militar de las cuatro tribus
unidas. Cuando se pinta a cada uno como rey, se incurre en el solecismo de
cuatro tri bus, cada una de su rey por separado, y cuatro tribus unidas bajo
otro rey. He aquí una cantidad mayor de realeza ficticia que la que el caso
requiere. Además, cuando nos consta que las instituciones de los atenienses en
ese tiempo eran esencialmente democráticas, llega a ser una caricatura de la
sociedad griega. Muestra la conveniencia de volver al lenguaje sencillo y original,
empleando el término basi leus donde los griegos lo emplean y rechazando el de
rey como
equivalente falso. La monarquía es incompatible con
las institucio nes gentilicias, por la razón de que éstas son esencialmente
demo cráticas. Cada gens, fratría y tribu era un cuerpo autónomo comple
tamente organizado, y allá donde varias tribus se fusionaron en nación, el
gobierno resultante estaría constituido en armonía con los principios que
animaran a sus partes constituyentes.
La cuarta y última etapa de la organización era la
nación, unida en una sociedad gentiücia. Cuando varias tribus se fusionaban en
un pueblo, como los atenienses y los espartanos, se engrosaba a la sociedad,
pero el resultado era simplemente un duplicado más com plejo de la tribu. Las
tribus ocupaban en la nación el mismo sitio
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 279
que la fratría en la tribu y la gens en la fratría.
No había nombre para la organización (188), que era simplemente una sociedad
(so-cietas), pero en su reemplazo surgió un nombre para el pueblo o nación. En
la descripción de Homero de las fuerzas reunidas contra Troya se especifican
los nombres de estas naciones, cuando los ha bía, como atenienses, etolios,
locrios; pero en otros casos se les des cribe con el nombre de la ciudad o el
país de donde procedían. Se alcanza así el hecho final de que en la época
anterior a Licurgo y Solón, los griegos sólo tenían las cuatro etapas de la
organización social (gens, fratría, tribu y nación) que era casi universal en
la so ciedad antigua, y que se ha demostrado existía en parte en el esta dio
de salvajismo, completa en los estadios inferior, medio y supe rior de la
barbarie y todavía en píe cuando se hubo iniciado la civi lización. Esta serie
orgánica expresa el crecimiento y extensión del concepto de gobierno entre los
hombres, hasta la institución de la sociedad política. Tal era el régimen
social griego. Daba una so ciedad, compuesta de una serie de agrupaciones de
personas, con
las que el gobierno trataba por medio de sus
relaciones personales con la gens, fratría o tribu. Era también una sociedad
gentilicia dis tinta a una política, de la que variaba fundamentalmente y en
forma fácil de comprobar,
La nación ateniense de la edad heroica presenta en
su gobierno
tres .poderes o departamentos distintos, en cierto
sentido coordina dos, a saber: primero, el consejo de jefes; segundo, el ágora
o asam blea popular, y tercero, el basileus o comandante militar general.
Bien que las crecientes necesidades de su situación
hubiesen im puesto la creación de un gran número de cargos subordinados mu
nicipales y militares, los poderes principales dé gobierno correspon dían a
los tres órganos citados. No me encuentro capacitado para discutir en forma
adecuada las funciones y poderes del consejo del ágora o del basileus, y me
conformaré con algunas apreciaciones sobre asuntos de suficiente importancia
como para merecer una nue va investigación de parte de historiadores helenistas.
I. E l c o n s e j o d e je f e s
El oficio de basileus ha llamado más la atención
que el consejo
o el ágora en las tribus griegas. Como
consecuencia, ha sido indebi damente magnificado, a la vez que el consejo y el
ágora han sido menospreciados o desconocidos. Sabemos, empero, que desde los
primeros tiempos de que tenemos conocimiento, hasta la institu-
Aristóteles,
Tucídides y otros autores emplean el término basileia para los gobiernos del
período heroico.
280 LEWIS H. MORGAN
ción de la sociedad política, el consejo de jefes
fue un fenómeno constante en toda nación griega. Su permanencia como órgano de
un régimen social es testimonio concluyente de que sus funciones eran
sustanciales, y que, por lo menos presuntivamente, sus poderes fue ron
supremos y finales. Esta presunción nace de lo que se sabe del carácter arcaico
y de las funciones del consejo de jefes en las insti tuciones gentilicias y de
su orientación. Nos faltan informes claros sobre cómo fue constituido en la edad
heroica, y del mecanismo de
la tenencia del cargo de jefe; pero es una
deducción razonable la de que estaba compuesto de los jefes de las gentes. Ya
que el número de miembros del consejo generalmente era menor que el de las
gen-fes, debió hacerse de alguna manera una selección entre el grupo de jefes.
No tenemos constancia del modo como se hiciera esta
selección.
La función del consejo como cuerpo legislativo
representante de las principales gentes y su crecimiento natural bajo el
régimen gentili cio lo hacían, desde luego, supremo, y robustecen la
presunción de que así se haya conservado hasta el fin de su existencia. Algún
cam bio en las relaciones del consejo con los negocios de orden público debía
resultar de la creciente importancia del cargo de basüeus, y los nuevos cargos
que el aumento de población y riqueza imponía crear en el orden municipal y en
el militar, y acaso de ahí resúltara alguna disminución de su importancia, pero
no cabía suprimirlo sin antes operarse un cambio radical en las instituciones.
Por consi guiente, parece probable que todo cargo de gobierno, desde el más
elevado hasta el más bajo, debía dar cuenta al consejo de sus actos oficiales.
El consejo era fundamental en su régimen social
(189) y los grie
gos de aquel período eran pueblos libres y
autónomos, bajo institu
ciones esencialmente democráticas. Se puede tomar
de Esquilo un
solo ejemplo de la existencia del consejo,
simplemente para demos
trar que en el concepto griego siempre estaba
presente y listo para
actuar. En Los
siete contra Tebas Eteocles es
representado como
al mando de la ciudad, y su hermano Polinices, como
uno de los
siete jefes que han puesto asedio a la ciudad. El
asalto fue rechaza
do, pero ambos hermanos cayeron en un combate
personal en una de las puertas. Después de este suceso un heraldo proclama: Es
necesario que yo anuncie el decreto y la voluntad de los consejeros del pueblo
de esta ciudad de Cadmo. Se ha resuelto, etcétera (190). Un consejo que puede
en cualquier momento dictar y promulgar un decreto que el pueblo debe acatar es
dueño de los poderes supremos de gobierno. Aun cuando en este caso Esquilo
trata de acontecimíen-
Dionysius,
2, XII.
E s
q u ilo : The Seven against Thebes, 1005.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 281
tos del período legendario, reconoce al consejo de
jefes como parte necesaria del sistema de gobierno de todo pueblo griego. El
boulé de la antigua sociedad griega fue el prototipo y modelo del senado en el
sistema posterior del estado político.
II. E l a g o r a
Aun cuando fue establecida en el período legendario
la asam blea popular, con poder para aceptar o rechazar medidas de orden
público sometidas por el consejo, no es tan antigua como el consejo. Este
último aparece con la institución de gentes; pero es dudoso que
el ágora, con las funciones citadas, haya existido
más allá del estadio superior de la barbarie. Se ha enseñado que entre los
iroqueses, en
el estado inferior, el pueblo sometía sus deseos al
consejo de jefes por intermedio de oradores escogidos por él mismo, y que en
los negocios de la confederación se hacía sentir una influencia popu lar; pero
una asamblea popular, con facultad para aceptar o recha zar medidas de orden
público, ¦ evidenciaría un progreso en inteli gencia y en conocimientos que
está más allá del de los iroqueses. Cuando aparece por vez primera el agora
según la muestran Ho
mero y las tragedias griegas, exhibe los mismos
rasgos que conser vaba, más tarde en la ecclesia de los atenienses, y en la
comitia cu-ñata de los romanos. Era prerrogativa del consejo de jefes elaborar
medidas de orden público, y luego someterlas a la,asamblea popular para su
aceptación o rechazo, y su decisión era final. Las funciones del ágora se
limitaban a este solo acto. No podía iniciar medidas, ni intervenir en la
administración de los negocios; sin embargo, era un poder positivo,
eminentemente adaptado a la defensa de sus libertades.
Con seguridad el ágora es un fenómeno constante en
las tribus griegas de la edad heroica, y más lejos, en el período legendario;
vinculada con el consejo, es prueba concluyente de la constitución democrática
de la sociedad gentilicia durante estos periodos. Tene mos razón para suponer
que, por el ejercicio de su inteligencia, se creaba en el pueblo un sentimiento
popular sobre toda cuestión im portante que el consejo de jefes hallaba
conveniente y necesario consultar, tanto para el bien público como para la
conservación de su propia autoridad. Después de oír la discusión del asunto
presen tado, en la que podía tomar parte todo aquel que lo deseara (191), la
asamblea popular tomaba su decisión, en los tiempos antiguos ge neralmente,
levantando las manos (192)'. Mediante su participación
Eurípides:
O r e s tes, 884.
E s
q u ilo : The Suppliants, 607.
LEWIS H. MORGAN
en los negocios públicos que afectaban los
intereses de todos, el pue blo progresaba constantemente en el arte del
gobierno propio, y una parte de él, como los atenienses, se disciplinaba para
la democracia plena establecida más tarde por las constituciones de Clístenes.
La asamblea del pueblo, cuya función era la de deliberar sobre todo asunto de
orden público, no pocas veces menospreciada como popu lacho por autores
incapaces de comprender los principios de la democracia, fue el germen de la
ecclesia de los atenienses y de la cámara de representantes de los cuerpos
legislativos modernos,
III. E l b a s il e u s
Este funcionario llegó a ser personaje conspicuo de
la sociedad griega en la edad heroica, y de igual relieve en el período
legenda rio. Ha sido colocado por los historiadores en el centro del sistema.
El título del cargo fue empleado por los mejores escritores griegos para
caracterizar al gobierno, que se intitulaba una basileia. Los autores modernos,
casi sin excepción, traducen el término basileus como rey, y la basileia como
reino, sin calificativo, como sinónimos exactos. Deseo llamar la atención sobre
este cargo de basileus, tal como existió entre los griegos, y poner en cuestión
la exactitud de tal interpretación. No existe semejanza alguna entre la
basileia de los antiguos atenienses y el reino o monarquía moderna; por lo me
nos, no la suficiente para justificar el empleo de un mismo término para
describir a ambos. Nuestro concepto de un gobierno real es
esencialmente de un tipo en el que un rey, rodeado
de una clase privilegiada y jerárquica, dueña y poseedora de las tierras,
gobierna por su propia voluntad y deseo mediante edictos y decretos, pre
tendiendo un derecho hereditario al gobierno, pues no puede alegar el
consentimiento de los gobernados. Tales gobiernos se han impues to ellos
mismos a base del derecho hereditario, al cual el clero ha procurado añadir un
derecho divino. Son ejemplos de estos reinos los Tudor en Inglaterra y los
Borbones en Francia.
La monarquía constitucional es un desenvolvimiento
moderno, esencialmente diferente de la basileia de los griegos. La basileia no
era monarquía ni absoluta ni constitucional; tampoco era tiranía ni despotismo.
Queda entonces planteada la cuestión: ¿qué fue? Grote sostiene que el primitivo
gobierno griego es esencialmen
te monárquico, asentado en sentimiento personal y
derecho divi
no (193);
y para ratificar ese juicio agrega que
el memorable dic
tado de la Iliada es apoyado por todo lo que se nos
cuenta de la
práctica efectiva: el gobierno de muchos no es cosa
buena; tenga-
History
of Greece, 11,69. LA SOCIEDAD PfUMTCTVA 283
mos uno solo que mande un rey , aquel a quien Zeus
ha dado el cetro, con las sanciones tutelares (194). Este juicio no es sólo de
Grote, cuya eminencia como historiador todos se complacen en re conocer, sino
que ha sido sentado con generalidad y convicción por historiadores
especializados en temas griegos, hasta llegar a ser acó-, gido como hecho
histórico. Nuestro criterio de los asuntos griegos y romanos ha sido moldeado
por autores acostumbrados al gobierno monárquico y las clases privilegiadas,
los que quizá estaban conten tos de remontarse a los más tempranos gobiernos
conocidos de las tribus griegas en busca de esta forma de gobierno, así a la
vez natu ral, esencial y primitiva.
La verdadera exposición, como se presenta a un
americano, es precisamente al revés de la de Grote, a saber: que el primitivo
go bierno griego fue esencialmente democrático, basado en gentes, fra trías y
tribus, constituidas como cuerpos de gobierno propio, y de acuerdo con los
principios de libertad, igualdad y fraternidad. Esto lo corrobora todo cuanto
sabemos de la institución gentilicia, que se ha visto descansa sobre principios
esencialmente democráticos. Luego, la cuestión es de si en realidad el ofitfíb
de basileus se trans mitía de padre a hijo por derecho hereditario, lo que, de
ser cierto, tendería a comprobar una subversión de esos principios. Hemos
visto que en el estadio inferior de la bar|?$rie el
oficio de jefe era hereditario en la gens, lo que significa que siempre que se
produ jera una vacante era llenada con los miembros de la misma gens.
Si la' descendencia seguía la línea femenina como
entre los iraque ses, se designaba generalmente a un hermano del extinto para
suce-derle, y si seguía la línea masculina, como entre los ojibwas y oma-has,
al hijo mayor. Mientras no existían objeciones hacia la persona, se hizo regla;
pero subsistía el principio electivo, que era la esencia del gobierno propio.
No se pueden aducir pruebas satisfactorias de que el hijo mayor del basileus, a
la muerte del padre, tomara el cargo por derecho hereditario absoluto. Éste es
el hecho esencial, y para sentarlo se necesitan pruebas concluyentes.
El hecho de que generalmente le sucedía el hijo
mayor o uno
de los hijos, lo que se admite, no prueba el asunto
en cuestión; por que por costumbre él reunía las probabilidades de sucesión en
una elección libre de un electorado. Frente a las instituciones griegas, la
presunción es contraria a la sucesión del cargo de basileus por de
recho hereditario; y se pronuncia por una elección
libre, o por el voto confirmativo del pueblo mediante sus instituciones
reconocidas,
History
of Greece, II, 69 e Iliada, II, 204.
LEWIS H. MOBGAN
como en el caso de Rex Romano (195). Siendo
transmitido el oficio de basileus en la última forma citada, el gobierno
continuaría en manos del pueblo. Porque sin la elección o confirmación, aquél
no podía asumir el cargo, y también porque el derecho de elegir o de confirmar
supone el derecho reservado de deponer.
El ejemplo que Grote toma de la Ilíada carece de
valor para la cuestión planteada. La cita es tomada del discurso de Ulises, que
hablaba del comando de un ejército delante de una ciudad sitiada. Lo mismo
Hubiera podido decir: No es posible que todos los grie gos manden aquí. El
mando de muchos no es cosa buena. Tengamos
un koiranos, un basileus, a quien Zeus ha^a
confiado el cetro, y las sanciones divinas, a fin de que nos mande . Koiranos y
basileus son empleados como equivalentes, porque ambos significaban por igual
un comandante militar general.
No era el momento de que Ulises discurriera o
apoyase un plan cualquiera de gobierno; pero tenía razones suficientes para
abogar porque se obedeciera a un solo jefe en el ejército sitiador de una
plaza.
La basileia puede definirse como una democracia
militar, siendo libre el pueblo, y, lo que es esencial, democrático el espíritu
del gobierno. El basileus era su general, investido del oficio más eleva do,
influyente e importante que conociera su régimen social. A falta de un término
más preciso para ello, los autores griegos adoptaron basileia para describir su
gobierno, porque comportaba el concepto de generalato que ya se había hecho
rasgo conspicuo de su régimen
de gobierno. Si se exige una definición más
especializada de esta for ma de gobierno, en que coexistían el consejo y el
ágora con el basi leus, es por lo menos razonablemente exacto dar la de
democracia militar; mientras que el empleo del término reino, con el sentido
que forzosamente entraña, sería un nombre falso.
En la edad heroica las tribus griegas habitaban
villas muradas,
y crecían en número y en riqueza, por la labranza
de campos, indus trias fabriles y la crianza de rebaños. Se hacían necesarios
nuevos cargos, como también algún grado de división de sus funciones,, y su
creciente inteligencia y necesidades aceleraban el desarrollo de sus regímenes
municipales. Fue también período de incesante lucha militar por la posesión de
las zonas más apetecidas. No cabe duda de que junto al crecimiento de la
población y bienes creció el ele mento aristocrático y fue la causa principal
de los disturbios que
Gladstone,
quien presenta a sus lectores los jefes griegos de la edad heroica como reyes y
príncipes, con la añadidura de cualidades caballerescas, se ve obligado a
admitir que en suma, parece ser que tenemos la costumbre
o ley de primogenitura suficientemente definida,
pero no de una manera muy nítida . Juventus Mundi, ed. Little y Brown, pág.
428.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 285
agitaron a la sociedad ateniense, desde el tiempo
de Teseo hasta el de Solón y de Clístenes.
Durante este período y hasta la abolición final del
cargo, algún tiempo antes de la primera Olimpíada (776 a. de J. C.), por la
índole de sus funciones y el estado de la época, el basileus llegó a ser más
prominente y más poderoso que ninguna otra persona
sola en su anterior experiencia. Las funciones de sacerdote y de juez eran
inhe rentes al cargo o se le agregaban; y parece haber sido ex officio,
miembro del consejo de jefes. Era éste un cargo tan grande como necesario, con
los poderes del general sobre el ejército en campaña y sobre la guarnición en
la ciudad, lo que también le proporciono los medios de adquirir influencia en
los negocios civiles. Pero no parece que haya estado investido de estas funciones
civiles. Observa el pro fesor Mason que no son suficientemente amplios y
minuciosos nues tros antecedentes de los reyes griegos en la época más
histórica, como para que pudiéramos elaborar un plan detallado de sus funcio
nes (196).
Se está medianamente al tanto de las funciones
militares y sa cerdotales del basileus; las judiciales se conocen
imperfectamente, y en cuanto a las civiles, no puede decirse en verdad que
hayan exis tido. Bajo las instituciones gentilicias, los poderes de tal oficio
har fa rían sido poco a poco definidos por la experiencia, pero acompaña dos
de una tendencia constante de parte del basileus a arrogarse
otros nuevos poderes peligrosos para la sociedad.
Ya que el consejo de jefes perduraba como constituyente del gobierno, puede
decirse que representaba el elemento democrático de su régimen social tan bien
como la gens, mientras que el basileus muy pronto vino a re presentar al
principio aristocrático, Es probable que hubo perpetua lucha entre el consejo y
el basileus para contener a éste dentro de los límites de las facultades que el
pueblo estaba dispuesto a confiar al cargo. También la abolición de éste por
los atenienses hace proba ble que lo hallaran no desempeñable e incompatible
con las insti tuciones gentilicias, por su propensión á usurpar poderes
adicionales. Entre las tribus espartanas, y a base de una experiencia pare
cida, fue instituido el eforato en tiempos muy
primitivos, para limitar el poder del basileus. Aun cuando no se conocen con
precisión las funciones del consejo en el período homérico ni en el legendario,
su constante presencia es testimonio suficiente de que sus facultades eran
reales, esenciales y permanentes. Con la existencia simultánea del ágora, y a
falta de pruebas de un cambio de instituciones, se im pone la conclusión de
que, de acuerdo con costumbres afianzadas, el consejo era supremo soore gentes,
fratrías, tribus y nación, v que el basileus debía responder ante este consejo
de sus actos oficiales. La
Die.,
de Smith, art. Rex. Pág. 991.
LEWIS H . MORGAN
libertad de las gentes, representadas por el
consejo, presupone la in dependencia de éste, como también su supremacía.
Tucídides se refiere incidentalmente a los
gobiernos del período tradicional, en los siguientes términos: Ahora, cuando
los griegos se hacían más poderosos y adquirían la posesión de bienes aún más
que antes, fueron establecidas en las ciudades muchas tiranías, por engrosarse
sus rentas; mientras que, anteriormente, habían basileias hereditarias con
poderes especificados" (197). El oficio era heredita rio en el sentido de
su perpetuidad porque se llenaba cada vez que
se produjera una vacante, pero no en una gens,
efectuándose la de signación por elección libre de sus gentiles, o,
posiblemente, por de signación del consejo y confirmación por las gentes, como
en el caso del Rex de los romanos.
Aristóteles es quien ha dado, de entre todos los
autores griegos
la definición más satisfactoria de la basileia y
del basileus del pe ríodo heoroico. Estas son las cuatro clases de basilem que
da: la primera es la del período heroico, que era el gobierno que regía a un
pueblo libre porque el basileus era su general, su
juez y su primer sacerdote con derechos restringidos en algunos casos; la
segunda el de los bárbaros, es un gobierno despótico hereditario, regulado por
leyes; la tercera es la que llaman estjmnética, y es una tiranía elec tiva; la
cuarta es la lacedemónica, que no es más que un generalato hereditario (198).
Dígase lo que se quiera de las tres últimas, la primera no corresponde al tipo
de un reino absoluto, ni ninguna for ma conocida de monarquía. Aristóteles
describe con notable nitidez las principales funciones del basileus, ninguna de
las que supone poderes civiles, y todas compatibles con un cargo vitalicio,
desempe ñado por tenencia electiva. También son compatibles con su com pleta
subordinación a un consejo de jefes. Los derechos restringi dos y los poderes
especificados de estos autores, tienden a de mostrar que el gobierno había
adquirido esta forma en armonía con instituciones gentilicias y bajo ellas. El
elemento esencial en la de finición de Aristóteles es la libertad del pueblo,
que en la sociedad antigua significa que el pueblo conservaba bajo su contralor
los po deres del gobierno, que el cargo de basileus era otorgado voluntaria
mente, y que podía ser anulado por causa justificada.
Un gobierno tal como lo describe Aristóteles, puede
entenderse como una democracia militar que como forma de gobierno bajo ins
tituciones libres, surgió naturalmente del régimen gentilicio cuando
predominaba el espíritu militar, cuando aparecieron las riquezas y la población
numerosa, con vida habitual en ciudades amuralladas,
T
ucídides: I, 13.
A r
i s t ó t e l e s : P o l i t i c s , III, cap. X.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 287
y antes que la experiencia hubiese abierto el
camino para la demo cracia pura.
Bajo las instituciones gentilicias con un pueblo
compuesto de gen tes, fratrías y tribus, cada una organizada como cuerpo
autónomo independiente, este pueblo necesariamente sería libre. Resultaría sim
plemente imposible en una sociedad semejante el mando de un rey
por derecho hereditario y sin la obligación directa
de rendir cuenta. La imposibilidad emerge del hecho que las instituciones
gentilicias son incompatibles con un rey o un gobierno regio. Para vencer la
presunción que surge de la estructura y de los principios de la an tigua
sociedad griega, se necesitaría, lo que creo no puede propor cionarse, la
prueba absoluta de un derecho hereditario al cargo de basileus, con la
existencia de funciones civiles. Un ciudadano inglés bajo su monarquía
constitucional es tan libre como un americano
bajo la república, y sus derechos y libertades
gozan de iguales garan tías; pero él debe esa libertad y garantías a un cuerpo
de leyes po sitivas, creadas por legislación y a las cuales dan vigor los
tribuna les de justicia. En la. antigua sociedad griega, el derecho consue
tudinario, y las costumbres hacían las veces de leyes escritas, y el in
dividuo fiaba su libertad y garantías a las instituciones del régimen social.
Su seguridad estaba preeminentemente en tales instituciones, como lo implica la
tenencia electiva de] cargo.
Del mismo modo, los rex de los romanos eran
comandantes mili
tares, con funciones sacerdotales adheridas al
cargo; y este supuesto gobierno regio, cae en la misma categoría de democracia
militar.
El rex. como antes se ha dicho, era designado por
el senado y con firmado por la comitia curiata, y el último de ellos fue
depuesto. Con su deposición el cargo fue abolido, como incompatible con lo que
restaba del principio democrático, después de la institución de la so ciedad
política romana.
La mas próxima analogía a los reinos, entre los
griegos, la presen tan las tiranías que, en una temprana época, surgieron acá
y allá en diferentes partes de Grecia. Fueron gobiernos impuestos por la
fuerza, y los poderes pretendidos no eran mayores que los de los reyes feudales
de los tiempos medievales, Para completar la analogía se necesitaría la
transmisión de cargo de padre a hijo durante algunas generaciones, para
sobreañadir el derecho hereditario. Pero tales gobiernos eran incompatibles con
el concepto griego, y tan ajenos a sus instituciones democráticas, que ninguno
de ellos pudo arraigarse en Grecia; Observa Grote que si algún hombre enérgico
lograba,
por audacia y engaño, echar abajo la constitución y
hacerse gober nante permanente según su propia voluntad y deseo aún cuando
gobernase bien , jamás lograría inspirar al pueblo un sentimiento de deber para
con él. Su cetro era, desde el comienzo, ilegítimo, y hasta el quitarle la
vida, lejos de ser vedado por este sentido moral que
288 LEWIS H. MORGAN
en otros condenaba al que vertiera sangre, era
reputado meritorio (199). No fue tanto la ilegitimidad del cetro lo que
despertara la hos tilidad de los griegos, sino el antagonismo entre ideas
democráticas
y monárquicas, siendo las primeras inherentes a las
instituciones gen tilicias.
Cuando los atenienses fundaron el nuevo sistema
político a base de territorio y propiedad, el gobierno era una democracia pura.
No se trataba de una teoría nueva, ni invento especial de la mente ate niense,
sino de un régimen antiguo y familiar, con una antigüedad tan remota como la de
las g entes mismas. Desde tiempo inmemorial habían existido las ideas
democráticas en la ciencia y práctica de sus antepasados, y ahora se expresaban
en una forma mejor elaborada y, bajo muchos respectos más perfeccionada de
gobierno. El elemento falso, el de la aristocracia, que se había introducido en
el régimen y fue causa de muchas contiendas en el período de transición, se
había vinculado con el cargo de basileus, y perduró después de la supresión de
dicho cargo; pero ahora el nuevo régimen logró su derrumbe.
Con más éxito que las restantes tribus griegas, los
atenienses pudieron llevar adelante sus conceptos de gobierno hasta sus conse
cuencias lógicas. Este es uno de los motivos de que ellos alcanzaran a ser,
para su número, la raza más distinguida, más intelectual y de mayores
condiciones que la familia humana haya producido hasta
el día de hoy. Solamente por sus especulaciones
intelectuales son to davía la admiración del género humano. Esto se debió a
que las ideas que venían germinando a través del anterior período étnico,
y que se habían hecho carne hasta en la última
fibra de su cerebro, hallaron campo propicio en el estado constituido
democráticamente. Bajo sus impulsos generadores de vida, se produjo el
desenvolvimien to de su más alta mentalidad.
El plan de gobierno instituido por Clístenes
rechazaba el cargo
de magistrado ejecutivo principal pero retuvo el
consejo de jefes en
un senado electivo y el ágora en la asamblea
popular. Es evidente
que el consejo, el ágora y el basileus de las
gentes fueron los gérme
nes del senado, la asamblea popular y el magistrado
ejecutivo prin
cipal (rey, emperador y presidente) de la sociedad
política moderna.
El último de estos cargos fue engendrado por las
exigencias militares
de la sociedad organizada, y su desenvolvimiento
con el progreso as
cendente del hombre es sumamente instructivo. Se
pueden seguir
sus huellas desde el jefe de guerra común, primero,
en el Gran Sol dado de Guerra de la confederación de los iroqueses; segundo,
en el mismo jefe militar en una confederación de tribus más adelantadas,
con el oficio de sacerdote anexo, como los Teuctli
de la confedera-
History
of Greece, II, 61 y véase 69.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 289
ción azteca; y tercero, en el mismo jefe militar de
una nación cons tituida por fusión de tribus, anexas al cargo las funciones de
sacerdo te y juez, como el basileus de los griegos; y finalmente, en el primer
magistrado de la sociedad política moderna.
El arconte electivo de los atenienses, que fue
sucesor del basileus, y el presidente de las repúblicas modernas, fueron
consecuencias' na turales del gentilismo, por el carácter electivo de sus
cargos. Somos deudores a la experiencia de los bárbaros, de las tres
instituciones principales de gobierno, hoy tan generalmente incorporadas al
plan gubernativo de los estados civilizados y que ellos crearon y desarro
llaron. La mente humana, específicamente la misma en todos los in dividuos,
tribus y naciones del género humano, limitada en sus fa cultades, debe obrar y
obra uniformemente y dentro de estrechos límites de variación. Sus conquistas
en regiones desvinculadas del espacio y en períodos ampliamente separados de
tiempo, se articulan en una lógica cadena de experiencias comunes. Todavía en
la gran suma total se pueden distinguir algunos gérmenes primarios de pen
samiento que actúan sobre necesidades primarias de la humanidad, los que,
merced al proceso natural de desenvolvimiento, han alcan zado tan vastos
resultados.
a»
x
LA INSTITUCIÓN DE LA SOCIEDAD POLITICA GRIEGA
Las diversas comunidades griegas sufrieron una
experiencia subs tancialmente igual en su traslación de la sociedad gentilicia
a la política; pero la historia ateniense ilustra mejor el proceso de tran
sición, porque los hechos respecto a este pueblo son los que mejor han sido
conservados. Bastará para nuestro objeto, una mera delinca ción de los sucesos
principales, pues no es nuestro propósito seguir el crecimiento del concepto de
gobierno más allá de la inauguración del nuevo sistema político.
Es evidente que la iniciativa de despojar a las
gentes, fratrías y tribus de todos los poderes civiles, y adjudicarlos a nuevos
cuerpos, tuvo origen en la incapacidad de aquéllas para hacer frente a las
complejas exigencias de la sociedad. El proceso fue gradual y se prolongó
durante un largo período de tiempo, encarnado en una se rie sucesiva de
ensayos, en busca de un remedio para los males ac tuales. La entrada del nuevo
régimen fue tan gradual como la desa parición del viejo, coexistiendo ambos por
un tiempo. La índole y propósitos de los ensayos realizados nos permitirán ver
la incapa cidad de la organización gentilicia para atender a las exigencias
so ciales, la necesidad de la subversión de g entes, fratrías y tribus como
fuentes de poder, y los medios por los cuales fue lograda.
Mirando hacia atrás sobre la línea del progreso
humano, se ad vierte que la aldea con empalizada fue el albergue habitual de
la tribu en el estadio inferior de la barbarie. En el estadio medio apa rece
la vivienda colectiva de adobe y de piedra, especie de fortaleza Pero en el
estadio superior aparecen, por primera vez, en la experien cia humana, las
villa rodeadas de terraplenes, y más tarde de muros de sillería. Fue un gran
paso hacia adelante el que se dio, cuando la idea se tradujo en obra, al rodearse
una zona amplia, para una
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 291
población numerosa, con un muro defensivo de
sillería, con torres, parapetos y puertas, destinadas a proteger por igual a
todos y a ser defendido por el esfuerzo común. Las villas de esta categoría,
supo nen la existencia de una agricultura estable y desarrollada, la pose
sión de animales domésticos en rebaños y manadas, de mercaderías
en grandes cantidades y de la propiedad en casas y
tierras. La villa trajo consigo, al crear un cambio en el régimen social,
nuevas nece sidades en la organización del gobierno. Surgió gradualmente la
ne cesidad de magistrados y jueces, funcionarios militares y municipa les de
diferentes categorías, y un modo de reunir y mantener fuer zas militares que
haría indispensable un sistema de rentas públicas. La vida y las exigencias
municipales debieron acrecentar mucho los deberes y las responsabilidades del
consejo de jefes y posiblemente excedieron su capacidad de gobierno.
Se ha demostrado que en el estadio inferior de la
barbarie el go bierno era de un poder, el consejo de jefes; que en el estadio
medio fue de dos poderes: el consejo de jefes y comandante militar-, y que
en el estadio superior fue de tres poderes: el
consejo de jefes, la asam blea popular y el comandante militar. Pero al
principio del estadio de la civilización, la diferenciación de los poderes de
gobierno había adelantado aún más. El poder militar, en el comienzo atribuido
al basileus, correspondía ahora a capitanes y generales con mayores
restricciones. Mediante una diferenciación ulterior, el poder judicial aparecía
ahora entre los atenienses. Su ejercicio correspondía a los arcontes y
dicastas. Las facultades de magistrado se transmitían aho
ra a los magistrados municipales. Paso a paso, con
el progreso de la experiencia y adelanto, el progreso de diferenciación fue
quitando al primitivo consejo de jefes estos diversos poderes, en la medida en
que pueda decirse que el pueblo los hubiese entregado a este con sejo como
cuerpo representativo.
La creciente magnitud y complejidad de sus asuntos
impuso la creación de estos cargos municipales. Las instituciones gentilicias
se derrumbaban bajo la carga cada vez más pesada. Existía desór denes
innumerables, tanto por los conflictos de autoridad, como por el abuso de
facultades aún no bien definidas. El breve y magistral bosquejo que hace
Tucídides de la condición de las tribus griegas
en el período de transición (200), y el testimonio
concordante de otros autores en el mismo sentido, no dejan lugar a duda de que
el viejo gobierno se derrumbaba y el progreso exigía uno nuevo. El bienes tar,
como la seguridad de la sociedad, reclamaban una distribución más amplia de los
poderes de gobierno, su más clara definición, y la estricta obligación de
rendir cuenta de parte de los funcionarios; y, más especialmente, la ley
escrita, dictada por autoridad competente,
T
ucídides, lib. I, 2-13.
LEWIS H. MORGAN
en lugar de usos y costumbres. Los conocimientos
experimentales ad quiridos en éste y en el anterior período étnico por los
griegos, daban nacimiento en su mente al concepto de una sociedad política o
Es tado. Fue un desarrollo lento a través de siglos, desde la primera idea de
la necesidad de un cambio de régimen de gobierno, hasta al canzar al fin un
resultado definitivo.
Se atribuye a Teseo, y por lo tanto, descansa en la
tradición, el
primer ensayo de subvertir el régimen gentilicio y
constituir uno
nuevo entre los atenienses; pero existen ciertos
hechos que tienen
carácter de históricos y confirman, por lo menos en
parte, su pre sunta legislación. Bastará considerar a Teseo como representando
un período, o una sucesión de acontecimientos. Según Tucídides, desde el tiempo
de Cécropes hasta Teseo, el pueblo ático siempre había vivido en ciudades, con
sus propios printaneos y arcontes, y salvo en caso de peligro, no consultaban a
sus basileus, sino que gobernaban sus asuntos separadamente de acuerdo con sus
consejos. Pero cuando Teseo fue designado basileus, los persuadió a deshacer
los consejos y magistraturas de sus diversas ciudades y ponerse en relación con
Atenas, con un consejo (bouleuterios) y un printaneo, que dos abar caría a
todos (201).
Esta versión comprende o implica varios hechos
importantes, a
saber: que el pueblo ático se hallaba organizado en
varias tribus in dependientes, dueña cada una de su propio territorio, en que
el pue blo estaba localizado con su propio consejo y printaneo, y que, sien
do sociedades de gobierno propio, se hallaban, probablemente, con federadas
para protección mutua, y elegían sus basileus o general, para comandar las
fuerzas comunes. Es el cuadro de comunidades
de régimen democrático, cuya condición exigía un
comandante mili tar, pero no investido de funciones civiles que excluía su
régimen gentilicio. Con Teseo se obtuvo su unión en un pueblo, con Atenas como
sede, logrando así una forma de gobierno más perfeccionada de la que hasta
entonces hubiesen alcanzado. Allá donde las tribus ocupan, territorios
independientes la unión en nación es posterior a la confederación. Es un
proceso de índole más elevado. Mientras que las gentes siempre habían estado
entremezcladas por el matrimonio, se entremezclaban ahora las tribus con la
desaparición de límites territoriales y con el empleo de un consejo y printaneo
comunes. El
T u
c ídides,. lib., II cap. 15. Plutarco se expide casi en el mismo sen tido. 6
radicóla todos los habitantes de Ática en Atenas, y los hizo un pue-'blo en una
ciudad, los que anteriormente habían estado dispersos por acá y acullá, y
difícilmente podían ser reunidos en algún caso urgente de bien públi co...
Así, disolviendo las asociaciones, los consejos y los tribunales en cada ciudad
particular, hizo construir un solo printaneo y sala de consejo, donde se
encuentra hasta el día de hoy... Unió bajo el nombre común de Atenas la
ciu-dadela con sus dependencia y la villa vieja y la nueva . Plutarco, Vit,
The seus , cap. 24.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 293
hecho atribuido a Teseo explica el progreso de la
sociedad gentilicia de una forma más baja a una más elevada, que debe haber
sucedido en algún tiempo, y probablemente se verificó en la forma citada.
Pero también se atribuye a Teseo otro hecho que
significa un
plan más radical, como así la convicción de la
necesidad de operar
un cambio fundamental en el régimen de gobierno. El
dividió el
pueblo en tres categorías, sin distinción de
gentes, llamadas respec
tivamente Eupatridas, o bien nacidos , Geomori, o labradores y
Demiurgi, o artesanos . A la primera categoría se.
asignaban los car
gos principales, tanto en la administración civil
como en el sacer
docio. Esta clasificación no sólo importaba
reconocer la propiedad y
el elemento aristocrático en el gobierno social,
sino que también era
una acción directa contra los poderes de gobierno
de las gentes.
La intención evidente era la de reunir a los jefes
de las gentes con sus familias y los hombres acaudalados de las diversas gentes
en una misma clase, con derecho a los principales cargos investidos de los
poderes de la sociedad. La separación de los restantes en dos cate gorías
volvía a subvertir las gentes. Hubieran podido sobrevenir re sultados
importantes si se hubiese privado a las gentes, fratría y tribus del derecho de
sufragio, transfiriéndolo a las clases, sujeto al derecho
de la primera a ocupar los cargos principales. No
parece haberse hecho esto, aunque era absolutamente necesario para dar.
vitalidad a las categorías. Además, no cambió esencialmente el orden anterior
en cuanto al desempeño de cargos. Los ahora designados Eupatridas, eran
probablemente los que, en las diversas gentes, siempre habían sido llamados al
desempeño de los cargos. El plan de Teseo murió porque no hubo en realidad
transferencia de poder de las gen
tes, fratrías y tribus a las categorías, y porque
tales categorías eran inferiores a las gentes como base de un régimen.
Los siglos que transcurrieron desde el desconocido
tiempo de
Teseo hasta la legislación de Solón (549 a. de J.
C.), constituyeron uno de los períodos más importantes en la historia de los
atenienses; pero sólo se conoce imperfectamente la sucesión de los hechos. Con
antelación a la Primera Olimpiada (775 a. de J. C.), había sido abo lido el
oficio de basileus, estableciéndose en su reempla 2 0 el de arcante. Parece ser
que este cargo fue hereditario en una gens, y se cuenta que fue hereditario en
una determinada familia en la gens, designándose los primeros doce arcontes
como los Medontidas, de Medon, y siendo el primer arconte, presunto hijo de
Codrus, el úl timo basileus.
Subsiste respecto a estos arcontes que desempeñaban
un cargo vitalicio, la misma cuestión ya planteada respecto a los basileus: si
era necesaria una elección o confirmación por un electorado, antes que pudiera
efectuarse la investidura del caTgo. La presunción es contraria a la
transmisión del cargo por derecho hereditario. En 771
294 LEWIS H. MORGAN
(a. de J. C.),el desempeño del cargo de arconte fue
limitado a diez años y otorgado por elección libre a la persona reputada más
digna de ocuparlo. Nos hallamos ya en el periodo histórico, aun cuando todavía
en los umbrales, donde encontramos claro y completamente establecido el
principio electivo con respecto al cargo más alto otor-gable por el pueblo. Es
lo que, precisamente se hubiera esperado de la constitución y principios de las
gentes, aun cuando debemos supo ner que el principio aristocrático se había
robustecido con el incre mento de la propiedad, y fue el origen del derecho
hereditario donde éste existiera. La subsistencia del principio electivo con
relación a los arcontes posteriores, no carecen de significación con respecto a
la cuestión de la práctica anterior de los atenienses. En 683 (a. de J. O , el
cargo fue hecho anual por elección, el número fue aumentado a
nueve, y sus funciones eran ministeriales y
judiciales (202). Estos hechos nos muestran un progreso gradual del
conocimiento
en lo relativo a la tenencia del cargo. Los
atenienses habían heredado de sus remotos antepasados el cargo de arconte como
jefe de la gens. Según es lícito suponer, fue hereditario en la gens y electivo
entre sus miembros. Después del cambio de la descendencia a la línea mas
culina, los hijos del extinto jefe estarían habilitados para sucederle, y, en
ausencia de reparos personales sería probable su designación. Pero ahora
volvieron a este cargo originario para designación de su más alto magistrado,
hicieron electivo el cargo sin distinción de gens, y limitaron su desempeño,
primero a diez años, y finalmente,
a un año. Anteriormente, la tenencia habitual era
vitalicia. Tanto en el estadio inferior como en el medio de la barbarie, ha
llamos electivo y vitalicio el cargo de jefe, o
sujeto a la buena conduc ta, pues esta condición fluye del derecho de la gens,
a la deposición. Es presunción razonable qué el cargo de jefe de una gens
griega des cansaba en una elección libre y con la citada tenencia. Debe ser
mirado como un notable adelanto del conocimiento en
ésta época temprana, que las tribus atenienses hubiesen limitado el número de
años para el cargo más importante y permitido la competencia de
(202) De los
nueve arcontes, cuyo número subsistió sin alteración desde
683 a. de J.C. hasta el fin de la democracia, tres
llevaban designaciones espe ciales: el Arconte Epónimo> de cuyo nombre se
tomaba la designación del
año y era citado como el Arconte ; el Arconte
Basileus (Rey), o más frecuen temente, el Basileus ; y el Polemarca... Los
otros seis estaban comprendidos en el nombre general de Tesmoetes... El Arconte
Epónimo juzgaba en toda
disputa sobre las relaciones de familia, las
gentilicias y las frátricas; era el d e
fensor legal de viudas y huérfanos.
El Arconte Basileus (o Rey Arconte) tenía
jurisdicción en ofensas al senti miento religioso y en casos de homicidio.
El Polemarca (con referencia a los tiempos
anteriores a Clístines) era jefe de las fuerzas militares y juez en
controversias entre ciudadanos .y no ciuda danos . G r o t e : History of
Greece, 1 c. Ill, 74.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 295
candidatos. De esta manera elaboraron la teoría
integral de un cargo electivo y representativo, y lo colocaron sobre su base
verdadera. También se advierte que en el tiempo de Solón se había creado
el Tribunal del Areópago, compuesto de ex-arcontes,
con jurisdicción en los casos criminales y censura en los morales y además, un
nú mero de cargos nuevos en el orden militar, naval y administrativo. Pero el
acontecimiento más importante de este tiempo fue la ins titución de los
naücraries, doce en cada tribu, y por todos, cuarenta y ocho; cada uno de los
cuales era una circunscripción local de amos de casa, de la que se tomaban las
levas para el servicio militar y na val, y de la que probablemente se recaudaban
los impuestos. El ñau-crarie fue el incipiente demos o pueblo que debía ser,
cuando el concepto de una base territorial hubiese alcanzado plena madurez, el
fundamento del segundo grande plan de gobierno. No se sabe
por quién fueron creados los nmicraries. Dice
Boeckh: "Deben haber existido aún antes del tiempo de Solón, con.
anterioridad a la época de su legislación, se encuentra mención de los
funcionarios que pre sidían a los naücraries; y cuando Aristóteles atribuye su
creación a Solón, debemos atribuir este dato solamente al hecho de estar
confir mado en la constitución política de Solón (203).
Doce naücraries, constituían un trittyes,
circunscripción territo rial más grande, pero no estaban necesariamente
contiguos. Fue, de igual manera, germen del distrito, la agregación territorial
mayor, en escala ascendente, que el municipio.
No obstante los grandes cambios producidos en. los
órganos de ad ministración de gobierno, todavía el pueblo mantenía la sociedad
gentilicia y vivía bajo instituciones gentilicias. Subsistían en plena
vitalidad y como fuentes reconocidas del poder, la gens, la fratría y la tribu.
En la época anterior a Solón, ninguno podía llegar a incor porarse a esta
sociedad salvo por intermedio de una gens o de una tribu. Todos los demás
estaban al margen del gobierno. Subsistía el consejo de jefes como órgano de gobierno
consagrado por la tra dición, pero los poderes gubernativos estaban ya
coordinados entre él, el ágora o asamblea popular, el Tribunal del Areópago y
los nue ve arcontes. Era fuero del consejo iniciar y elaborar medidas de or
den público para someter al pueblo, lo que le habilitaba para orien tar la
política de gobierno. Sin duda, la correspondía la administra ción de las
finanzas, y fue hasta el fin, como lo había sido en su principio, la figura
principal del gobierno. La Asamblea Popular había aumentado de importancia.
Todavía sus funciones se limitaban
a aceptar o rechazar medidas de orden público
sometidas por el consejo; pero comenzaba a influir poderosamente sobre los
asuntos
públicos. El más seguro testimonio del adelanto del
pueblo atenien-
Public
Economy of Athens. Trad, de Iamb, ed. Little y Brown 353.
LEWIS H. MORCAN
se en ciencia e inteligencia, está en el incremento
de esta asamblea como poder en el gobierno. Es lamentable que sólo se hayan
con servado imperfectamente y dilucidado sólo en parte las funciones y los
poderes del consejo de jefes y de la Asamblea Popular en estos primeros
tiempos.
En 624 (a. de J. C.) Dracón había dictado un cuerpo
de leyes para los atenienses que son notables principalmente por su innecesario
rigor; pero éste código demostraba que ya se avecinaba el día en la historia
griega, en que los usos y costumbres debían ceder el sitio a la ley escrita.
Hasta ahora los atenienses no habían aprendido el arte de dictar leyes a medida
que se hacían necesarias, lo que supon dría una noción más elevada de las
funciones legislativas de la que ellos hubiesen alcanzado. Se hallaban en
aquella etapa en que apa rece el legislador, y la legislación, bosquejada o
terminada, está bajo la sanción de un nombre personal. Así lentamente se
desenvuelven los grandes procesos del progreso humano.
Cuando Solón alcanzó el grado de arccmte (549 a. de
J. C.), los males- imperantes en la sociedad se habían vuelto intolerables. La
lucha por la posesión de bienes, que ya constituían un interés do minante,
había acarreado resultados singulares. Una parte de los atenienses había caído,
en la esclavitud por deudas, pues a falta de pago la persona del deudor era
pasible de esclavitud; otros habían empeñado sus tierras y no les era posible
levantar el gravamen; y como consecuencia de estas y otras trabas la sociedad
se devoraba ella misma. Además de un cuerpo de leyes, algunas de ellas noveles,
pero correctivas de las principales dificultades financieras, Solón renovó el
proyecto de Teseo de organizar la sociedad por categorías, no según el oficio,
como antes, sino según el monto de la propiedad de cada uno.
Es instructivo seguir el curso de estos ensayos
para implantar un sistema nuevo al de las gentes, porque hallaremos a los
romanos del tiempo de Servio Tulio, empeñados en el mismo ensayo. Solón cla
sifico al pueblo en cuatro categorías de acuerdo con sus bienes, y,
adelantándose a Teseo, invistió a cada categoría de determinados po deres, y
les impuso determinadas obligaciones. Transfirió de las gen tes, fratrías y
tribus a las categorías de propietarios, una parte de los poderes civiles. A
medida que la substancia del poder fuese quita
da a aquéllas y atribuidas a éstas, serían
debilitadas las gentes y co menzaría su decadencia. Pero mientras las
categorías constituidas
de personas sustituyeran a las gentes compuestas de
personas el go bierno todavía estaría basado en la persona y sobre relaciones
pura mente personales. El plan fallaba en cuanto a la substancia de la
cuestión. Por otra parte, el convertir el consejo de jefes en un senado de
cuatrocientos, se tomaba un número igual de cada tribu y no de las categorías.
Pero se advertía oue Solón tomaba el concepto de pro-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 297
piedad como base de sistema de gobierno, al
incorporarla a su nuevo plan de clases propietarias. Sin embargo, no alcanzaba
el concepto
de la sociedad política, que debe apoyarse tanto en
el territorio como sobre la propiedad, y ponerse en contacto con las personas
por me dio de sus relaciones territoriales. Solamente la primera clase era
elegible para los altos cargos, la segunda prestaba servicio militar
a caballo, la tercera como infantería, y la cuarta
como tropa ligera. Esta última contaba la mayoría numérica. No estaban
calificados para desempeñar cargos y no pagaban impuestos; pero en la asam
blea popular de que eran miembros, tenían voto sobre la elección
de magistrados y funcionarios, con facultad para
exigirles rendición
de cuentas y responsabilidades. También tenían
facultad para aceptar
y rechazar toda medida de orden público, que les
fuese sometida
por el senado. Bajo la constitución de Solón sus
poderes fueron rea
les y permanentes, y fue duradera y substancial su
influencia sobre
los negocios públicos. Hasta cierto punto, todos
los hombres libres,
aún cuando no estuvieran vinculados con una gens o
una tribu, al
adquirir el carácter de ciudadanos y miembros de la
Asamblea Po
pular, venían ahora a formar parte del gobierno.
Fue éste uno de los
resultados más importantes de la legislación de
Solón.
Se advertirá, además, que entonces el pueblo estaba
organizado
como un ejército, compuesto de tres divisiones: la
caballería, la in fantería pesada o de línea y la infantería ligera, cada una
con su propia oficialidad de diversos grados. La forma de la versión limita la
línea de batalla a las tres últimas clases, colocando a la primera en la
situación antipatriótica de apoderarse de los principales cargos de gobierno,
sin compartir el servicio militar. Esto indudablemente debería modificarse. El
mismo plan de organización, pero compren didas las cinco clases, reaparecerá
entre los romanos bajo. Servio Tulio, quien organizó el cuerpo del pueblo como
un ejército (exer-citus), con oficialidad y equipos completos en cada división.
Reaparece con un ropaje nuevo, tanto en la constitución de Ser
vio Tulio como en la de Solón, el concepto de la
democracia militar, de organización diferente, pero en teoría igual a la del
período an terior.
En adición al elemento de propiedad, que entraba en
los funda mentos del nuevo sistema, fue parcialmente incorporado el territo
rial, por medio de los naucraries ya citados, que probablemente com prendían
el registro cívico y de la propiedad, para base de levas mili tares y de
imposición de gravámenes. Estas providencias, con el se nado, la Asamblea
Popular que ahora se denominaba la ecclesia, los nueve arcontes, y el Tribunal
del Areópago, daban a los atenienses un gobierno mucho más complejo del que antes
hubiesen conocido,
y que demandaba un grado más alto de inteligencia
para su gestión. También era esencialmente democrático, en armonía con sus
antece-
LEWIS H. MORCAN
dentes de ideas e instituciones; en efecto, como
consecuencia lógica de ellas, y solamente explicable como tal.
Pero para ser sistema puro fallaba en tres puntos:
primero, no
estaba basado en territorio; segundo, no todas las
dignidades públicas estaban abiertas a cualquier ciudadano; y tercero, ignoraba
el prin cipio del gobierno propio en organizaciones primarias, salvo en cuan
to haya podido existir en forma imperfecta en los naucraries. Con servaban aún
plena vitalidad las gentes, fratrías y tribus, pero con poderes disminuidos.
Este era un estado de transición, que reclama ba mayor experiencia para
desenvolver la teoría de un sistema po lítico, en cuyo sentido ya era un gran
adelanto. Así, lenta pero fir memente, se desenvuelven las instituciones
humanas, desde una for
ma más baja a otra más alta, mediante las lógicas
operaciones de la mente del hombre, que va siguiendo surcos uniformes, pero
prede terminados.
Hubo una razón de peso para el derrocamiento de las
gentes y
su sustitución por un nuevo plan de gobierno. Es
probable que fue se reconocido por Teseo, y sin duda lo fue por Solón. A causa
de los
disturbios en las tribus griegas, y de las
inevitables mudanzas de in dividuos en el período tradicional y en las épocas
anteriores á Solón, muchas personas se habían trasladado de una nación a otra,
perdien do así la vinculación con su propia gens, sin adquirirla con otra. Es
to se repetiría de tiempo en tiempo por el aguijón de la aventura personal, el
espíritu de comercio y las exigencias de la guerra, hasta que en cada tribu se
hubiese desarrollado un número considerable, con su posteridad, desvinculado de
toda gens. Como se ha dicho antes, todas esas personas estarían al margen del
gobierno, con el cual no podía haber trato sino por medio de una gens o tribu.
Oróte toma nota del hecho: Es probable que las fratrías y las gentes en ningún
tiempo huebiesen comprendido la población total del país,
y la población no incluida en ellos tendía a
engrosarse más y más en los tiempos anteriores a Clístenes, como también
después (204). Ya en época tan temprana como la de Licurgo hubo una gran
migración en Grecia, procedente de las islas del Mediterráneo v de las ciudades
jónicas efe sus riberas orientales, la que aumentaba el número de personas
desvinculadas de toda gens. Cuando llegaban constituyendo familias, traerían
consigo un fragmento de una nueva gensi pero continuarían como extranjeros a no
ser que la nueva gens fuese admitida en la tribu. Es probable que esto
ocurriera en nume rosos casos, y puede ayudar a explicar el número desigual de
gentes en Grecia. Las gentes y las fratrías eran corporaciones cerradas, que
hubieran sufrido adulteración por la absorción de estos extranjeros al
adoptarlos en una gens nacional. Las personas de distinción podían
History
of Greece, III, 65...
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 299
ser adoptadas en una gens, o lograr la admisión de
su propia gens en alguna tribu; pero a las clases pobres le estaban negados uno
y otro privilegio. No cabe duda de que en época tan remota como la de Teseo, y
más especialmente en el tiempo de Solón, se había en grosado mucho el número
de la clase desvinculada, sin contar escla vos. Careciendo de gens y de
fratría, carecían también de privilegios religiosos directos, que eran
inherentes y exclusivos de dichos regí menes. No es difícil descubrir en esta
clase de personas un creciente elemento de descontento, peligroso para la
seguridad de la sociedad. Los sistemas de Teseo y de Solón proveían
imperfectamente a su admisión a la ciudadanía por medio de las clases o
categorías; pero como continuaban las gentes y fratrías, de las que ellos
estaban ex cluidos, el recurso era incompleto. Añade Grote que no es fácil
dis tinguir la posición política de las antiguas gentes y fratrías, tal como
las dejó Solón. Las cuatro tribus consistían integralmente de gentes
y fratrías, de tal suerte que ninguno podía ser
incorporado a una de las tribus sin ser miembro de una gens o fratría. Gomo el
nuevo senado proboulético o de previa consideración, se componía de cua
trocientos miembros, cien de cada tribu, las personas no incorpora das a
alguna gens o fratría no podrían tener acceso a él.
De acuerdo con la antigua costumbre, las
condiciones de elegibi lidad eran las mismas que para los nueve arcontes, y
por supuesto también para el senado del Areópago. De suerte que sólo quedaba la
Asamblea Popular en la que podía participar un ateniense sin ser miembro de
alguna de estas tribus; sin embargo, era ciudadano desde que podía votar por
arcontes y senadores y tomar parte en el juicio anual de su responsabilidad,
además de exigir a los arcontes repara ciones de agravios personalmente,
mientras el extranjero sólo lo po día hacer por intermedio de un ciudadano
fiador o Prostetes. De
ahí parece ser que todas las personas no incluidas
en las cuatro tri
bus, fuese cual fuere su rango o fortuna, ocupaban
en cuanto a de rechos políticos el mismo nivel de la clase cuarta y más pobre
del censo de Solón. Se ha observado ya que, aun en la época anterior a Solón,
el número de atenienses no incluidos en las gentes o fratrías era probablemente
bastante considerable; tendía a engrosar más y más, desde que dichas
corporaciones eran cerradas e infranqueables, mientras que la política del
nuevo legislador tendía a invitar a Ate nas a los hombres trabajadores de otras
partes de Grecia (205).
Los plebeyos romanos tuvieron precisamente el mismo
origen. No eran miembros de ninguna gens y, por tanto, no formaban parte del
Populas Romanas. Los hechos expuestos pueden suministrar una de las razones de
la incapacidad del régimen gentilicio para hacer frente a las exigencias de la
sociedad. En la época de Solon la socie-
History
oj Greece, III, 133. 300 LEWIS H. MORGAN
dad se había agrandado más allá de la capacidad de
gobernar de dicho régimen, pues la marcha de sus negocios había dejado muy
atrás la condición en que tuvieron origen las gentes. Ellas ofrecían una base
demasiado estrecha para el estado, de acuerdo con lo que el pueblo había
crecido.
También se hacía cada vez más difícil mantener
reunidas local mente las gentes, fratrías y tribus. Como partes componentes de
una serie orgánica de gobierno, esta localización era de suma necesidad.
En el período anterior la gens tenía sus tierras en
común, las fratrías tenían en común determinadas tierras para usos del culto, y
es pro bable que la tribu tuviera también otras tierras en común. Cuando
se radicaban en un país o villa, se ubicaban
localmente juntos, por gentes, por fratrías y por tribus, como consecuencia de
su régimen social. En general, cada gens estaba sola, no con todos sus
miembros, porque cada familia representaba dos gentes, sino el cuerpo que
propagaba a la gens. Las gentes pertenecientes a una misma fratría buscarían,
naturalmente, ubicaciones contiguas o por lo menos veci nas, y otro tanto
pasaría con las fratrías de una tribu. Pero en la épo ca de Solón, las tierras
y las casas habían llegado a ser propiedad
de individuos como dueños únicos, con facultad de
enajenar las tierras, pero no las casas, fuera de la gens.
Se haría, sin duda, más y más difícil mantener
localmente reuni dos los miembros de una gens, por las variantes relaciones de
las-personas con la tierra y por el establecimiento de nuevas propieda des por
sus miembros en otras localidades. La unidad de su régimen social llegaba a ser
inestable en lugar y también en carácter. Sin detenemos a desarrollar más este
hecho, de su condición, debemos considerarlo como una de las razones del
fracaso del viejo plan de gobierno. Con su propiedad fija y la población que
contaba en ese tiempo, el pueblo ofrecía el elemento de estabilidad de que
ahora carecía la gens. La sociedad había hecho inmensos progresos desde su
anterior condición de extrema simplicidad. Era muy distinta de aquella que
debía regir la organización gentilicia cuando fue institui da. Solamente la
intranquilidad e incesante guerrear de las tribus atenienses, desde su
radicación en el Atica hasta el tiempo de Solón, pudieron salvar del derrumbe a
esta institución. Después de su esta blecimiento en villas muradas, sobrevino
el desarrollo rápido de la prosperidad y de la población que sometió a la
prueba final a las gentes y comprobó su incapacidad para regir un pueblo que se
acer caba a paso acelerado a la civilización. Pero aun así su desaparición fue
asunto de largo tiempo.
La experiencia de los atenienses ilustra de una
manera notable
las dificultades a vencer para poder crear una
sociedad política. En el tiempo de Solón, Atenas ya había producido hombres
capaces; las artes útiles alcanzaban un desarrollo considerable; el comercio
ma-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 301
rítimo tenía ya un interés público; la agricultura
y la industria fabril señalaban un sensible adelanto; y habían comenzado las
composi
ciones escritas en verso. Era, en efecto, un pueblo
civilizado, y lo había sido desde dos siglos atrás; pero sus órganos de
gobierno toda vía eran gentilicios y del tipo imperante en el período
posterior de la barbarie.
El nuevo régimen de Solón había comunicado un gran
impulso
a la República de Atenas; asimismo, debía
transcurrir casi una cen turia, acompañada de muchos desórdenes, antes . que
la idea del estado alcanzara pleno desarrollo en la mente ateniense. Nacido del
naucrarie, el concepto del pueblo, por último, tomó forma como unidad de un
sistema político; pero exigía un hombre del más pre claro genio, y también de
grande influencia personal, que adueñán dose de este concepto en su plenitud
le diera encamación orgánica. Apareció al fin este hombre en Clístenes (509 a. de
J. C,), a quien se debe mirar como el primero de los legisladores atenienses,
fundador del segundo plan de gobierno humano, bajo el cual están constituidas
las naciones civilizadas modernas.-
Clístenes fue al fondo de la cuestión y colocó el
sistema político ateniense sobre las bases que perduraron hasta el fin de su
existen cia como estado independiente. Dividió el Atica en cien demos o
pueblos, deslindando cada uno por mojones y límites y distinguido por un
nombre. Se impuso a todo ciudadano el deber de ser regis trado, con sus
propiedades y bienes, en el demos de su residencia. El registro era el
testimonio y el fundamento de sus fueros civiles. El demos desalojó al
naucrarie. Sus habitantes eran un cuerpo polí tico organizado, con poderes de
gobierno propio, como un munici pio americano moderno.
Éste es el rasgo vital y destacado del régimen.
Descubre, desde luego, su carácter democrático. En la primera de la serie de
organi zaciones territoriales el gobierno estaba en las manos del pueblo. Los
demotas elegían un demarca encargado de la custodia del registro público;
también tenía facultad para convocar los demotas para la elección de
magistrados y jueces, para la revisión del registro cívico y para la
inscripción de los que alcanzaran la mayoría de edad du rante el año. Ellos
elegían un tesorero y proveían a la fijación y re caudación de impuestos, y a
la reunión del contingente de tropas
que el demos necesitaba para el servicio del
estado. También elegían treinta dicastas o jueces, con jurisdicción en todo
asunto iniciado en el demos, cuando la cuantía comprometida fuese menor de una
cifra determinada.
Además de estos poderes de gobierno propio local,
que son esen cia de un régimen democrático, cada demos tenía su propio templo
y culto religioso y su propio sacerdote, también
elegido por el demo ta. Prescindiendo de detalles menores, descubrimos el
hecho notable
LEWIS H. MORGAN
e instructivo de que el municipio, tal como estaba
primeramente ínstitutido, era dueño de todos los poderes de gobierno local, y
hasta en forma más amplia y completa que en un municipio americano.
También es de notar la libertad de cultos,
entregada como corres ponde en justicia al contralor del pueblo. Excepto la
elegibilidad para los cargos más elevados, todos los ciudadanos registrados
eran
libres y gozaban de iguales derechos y privilegios.
Tal fue la nueva unidad en la organización de la sociedad política ateniense, a
la vez modelo de una sociedad libre y maravilla de ciencia y sabidu ría. Los
atenienses comenzaron con una organización democrática
en el punto de comienzo para todo pueblo que desee
crear un esta do libre y entregar a manos de sus ciudadanos el control del go
bierno.
El segundo miembro de la serie orgánica territorial
se compo
nía de diez demos, reunidos en un distrito
geográfico mayor. Se le atribuyó la designación de tribu local, para conservar
alguna parte de la terminología del viejo régimen gentilicio (206).
Cada distrito llevaba el nombre de un héroe ático,
y era análogo al moderno. De ordinario los demos de cada distrito eran
contiguos, lo que, para que la analogía fuese perfecta, debía haber ocurrido en
todos los casos; pero en algunas ocasiones uno o más de los diez se hallaban
desprendidos, probablemente en consecuencia de la se paración local de
porciones de la originaria tribu consanguínea, que deseaban que su demos fuese
incorporado al distrito de sus parientes inmediatos. También los habitantes de
cada distrito constituían un cuerpo político, con ciertos poderes de gobierno
propio local. Elegían un phytarca que comandaba la caballería; un taxiarca que
coman
daba la infantería y un general que comandaba a
ambos, y como cada distrito debía concurrir con cinco trirremes, es probable
que eligieran otros tantos trierarcas para comandarlos. Clístenes aumentó el
senado a quinientos miembros, asignando cincuenta a cada dis trito. Eran
elegidos por sus habitantes. Es probable que este cuerpo político mayor tuviera
también otras funciones, pero han sido im perfectamente explicadas.
El tercer y último miembro de la serie territorial
fue el estado o república ateniense, constituido por diez tribus locales o
distritos. Era un cuerpo político organizado, que comprendía la suma de los
ciudadanos atenienses. Su representación estaba en el senado, la
El
término latino tribus (tribu), significaba originariamente una tercera
parte", y se empleaba para designar una tercera parte del pueblo cuan do
se componía de tres tribus, pero a través del tiempo, después que las tri bus
latinas se hicieron locales en vez de consanguíneas, como las tribus locales
atenienses, el término tribu perdió su significación numérica, y al igual del
Phylon de Clístenes, se convirtió en designación local. Véase Mommsen, Hist, of
Rome, 1, c. I, 71.
LA SOCIEDAD PBIMITTVA 303
ecclesia, el Tribunal del Areópago, los arcontes,
los jueces y un cuer po elegido de jefes militares y navales.
Así, los atenienses fundaron sobre el territorio y
la propiedad su segundo gran plan de gobierno. Sustituyeron la serie ascendente
de conglomerados de personas por una serie de conglomerados territoriales. Como
plan de gobierno descansaba sobre el terri torio, necesariamente permanente, y
sobre la propiedad más o menos localizada; y se entendía con los ciudadanos,
ahora locali zados en demos, a base de sus relaciones territoriales. Para ser
ciudadano del estado era necesario ser ciudadano de un demos El in dividuo
votaba y era imponible en su demos, y era su demos el que
le llamaba al servicio militar. De la misma suerte,
era por el distri to mayor de la tribu local suya que era elegido para el
senado o para el comando de una división del ejército o armada. Sus relaciones
con la gens o fratría cesaron de regir sus deberes como ciudadano. El contraste
entre los dos sistemas es tan marcado como fundamental sus diferencias. La
fusión del pueblo en cuerpos políticos en zonas
territoriales quedó ahora perfeccionada.
Las series territoriales están comprendidas en el
plan de gobier no de las naciones modernas civilizadas. Entre nosotros, por
eiem-plo, tenemos el municipio, el distrito, el estado y los Estados Uni dos;
los habitantes de cada una de las cuales tienen organización de cuerpo político
con poderes de gobierno propio local. Cada orga nización posee plena vitalidad
y cumple sus funciones dentro de una esfera definida, en la que es suprema.
Francia posee una serie similar en la comuna (unidad municipal), el arrondissement
(distrito), el departamento y el imperio, hoy república. En la Gran Bretaña
la serie es 1?. parroquia, el condado (shire), el
reino y los tres reinos. En el período sajón, el hundred (ciento) parece haber
sido análogo al municipio (207), pero ya privado de los poderes de gobierno
propio local, con excepción del tribunal del hundred. Los habitantes de es
tos diversos distritos estaban organizados como
cuerpos políticos, pero con poderes muy limitados para los que son inferiores a
los más altos. La tendencia de centralización de Jas instituciones monárqui
cas ha atrofiado prácticamente a todas las organizaciones inferiores. Como
consecuencia de la legislación de Clístenes, las gentes, fra trías y tribus
fueron privadas de su influencia, porque sus poderes les fueron quitados y
cedidos al demos, a la tribu local y al estado, que desde entonces fueron las
fuentes de todo poder político. No fueron disueltas, empero, ni aun después de
esta caída, sino que per duraron por siglos como genealogía y linaje y como
fundamento de
la vida religiosa. En algunas de las oraciones de
Demóstenes, donde los asuntos entrañaban derechos personales o de bienes,
deseenden-
Anglo
Saxon Law, de Henry Adams y otros, págs. 20, 23.
LEWIS H. MORGAN
cía o derechos de sepultura, tanto las gentes como
las fratrías apare cen como organizaciones vigorosas en ese tiempo (208). El
nuevo régimen no los turbaba en cuanto concernía a su vinculación con ritos
religiosos, con determinados procedimientos criminales, y con. ciertas
prácticas sociales, lo que detenía su disolución. Entre tanto, las clases,
tanto las instituidas por Teseo como las posteriores de Solón, desaparecieron
después de Clístenes (209).
Por lo general, se considera a Solón como al
fundador de la de mocracia ateniense, mientras algunos' autores atribuyen
parte de la obra a Teseo y a Clístenes. Nos aproximaremos a la verdad si con
sideramos a Teseo, Solón y Clístenes como vinculados a tres gran des
movimientos del pueblo ateniense, no jpara fundar una demo cracia, pues la
democracia en Atenas era mas antigua que cualquie ra de ellos, sino para
cambiar el plan de gobierno del régimen genti licio al político. Ninguno de
ellos procuró mudar los principios exis tentes de democracia que habían
sido-heredados de las gentes, Con tribuyeron en sus respectivas épocas al gran
movimiento oara la constitución de un estado, lo que exigía la substitución de
la orga nización gentilicia por la política. La invención del municipio y la
organización de sus habitantes en cuerpo político fue el punto prin cipal del
problema. A nosotros nos puede parecer asunto sencillo; pero exigió a fondo la
capacidad de los atenienses, antes que el con cepto de municipio hallara
expresión en una creación positiva. El genio de Clístenes la inspiró y
permanece como obra maestra de una mente superior. Ellos hicieron real en la
nueva sociedad política aquella democracia que ya existía en todo principio
esencial, pero que reclamaba un cambio en el plan de gobierno para darle más
campo y una expresión más acabada. Es precisamente
en esto, a juicio del autor, que hemos sido inducidos en error por la versión
inexacta del gran nistoriador Grote, cuya visión
general de las ins tituciones griegas es tan clara y precisa, de que los
gobiernos primi tivos de las tribus griegas fueron esencialmente monárquicos
(210),
Con
tal postulado se requeriría una revolución de instituciones para explicar la
existencia de aquella democracia ateniense, bajo la cual tuvieron lugar las más
grandes conquistas mentales de ese pue blo. No sobrevino tal revolución, ni
tampoco hubo ningún cambio radical de instituciones, por la razón de que eran y
siempre habían sido esencialmente democráticas. No es improbable que ocurrieran
usurpaciones, seguidas de controversias, para la restauración del or den
anterior; pero jamás perdieron sus libertades, o aquellos con-
Véase
particularmente las Oraciones contra Eubulides y Marcatus.
H
ermann: Political Antiguities of Greece, 1 c., pág. 187.
El
primitivo gobierno griego es esencialmente monárquico, descan
sando en el sentimiento personal y el derecho
divino . History of Greece, II, 69.
305 j LA SOCIEDAD PRIMITIVA
ceptos de libertad y de derecho al gobierno propio, que habían sido
su herencia de todos los siglos.
Volvamos por un 'instante al basileus, el cargo que
tendió más
que cualquier otro a destacar al individuo
en sus negocios. Fue el
primer personaje que atrajo las miradas del historiador, quien lo
metamorfoseó en rey, bien que lo hizo reinar,
por derecho divino,
sobre una democracia ruda. Como general de una
democracia militar,
el basileus se hace inteligible, sin violar las instituciones que efec-
tivamente
existían. La introducción de este cargo no cambiaba los principios de las
gentes, fratrías y tribus que, en su régimen, eran esencialmente democráticas,
y necesariamente imprimieron ese ca rácter a su sistema gentilicio. No se
necesitan pruebas de que el ele mento popular fue constantemente activo para
resistir las usurpacio nes a sus derechos personales. El basileus pertenece al
período tra dicional, cuando los poderes de gobierno estaban más o menos inde
finidos; pero el consejo de jefes existía como centro del sistema, y también
las gentes, fratrías y tribus en. plena vitalidad. Éstas son su ficientes para
fijar el carácter del gobierno (211).
El gobierno, tal como fue reconstituido por
Clístenes, ofrecía un gran contraste con el anterior del tiempo de Solón. Pero
la transición era no solamente natural, sino inevitable si el pueblo seguía sus
ideas hasta sus resultados lógicos. Era un cambio de plan, pero no de prin
cipios ni aun de órganos. El consejo de jefes perduraba en el sena do; el
agora en la ecclesia; los tres arcontes principales eran como antes,
respectivamente, ministros de estado, de culto y de justicia, mientras que los
seis arcontes inferiores desempeñaban funciones ju diciales en relación con
los tribunales, y con el numeroso cuerpo de dicastas, ahora elegidos anualmente
para dichas funciones. Una de
las peculiaridades notables de este sistema era qué
en él no existía ningún funcionario ejecutivo. El que se le aproximaba más era
el pre sidente del senado, elegido por sorteo por un solo día, y sin posibi
lidad de reelección durante el año. Por un solo día presidía la Asam blea
Popular, y custodiaba las llaves de la ciudadela y del erario público.
Bajo el nuevo gobierno la substancia del poder
estaba en la Asamblea Popular, la que guiaba los destinos ae Atenas. El nuevo
elemento que daba estabilidad y orden al estado fue el demos o mu-
En
el período de civilización Esparta todavía retenía el oficio de bnsileus. Fue
generalato dual y hereditario en una determinada familia. Los poderes de
gobierno estaban coordinados entre el Gerousia o consejo, la
asamblea popular, los cinco ephoras y dos jefes
militares.
Los ephoras eran elegidos anualmente, con
facultades similares a las de los tribunos romanos. La realeza en Esparta
reclama calificación. Los basileus mandaban el ejército, y en su carácter de
altos sacerdotes, ofrendaban los sacrificios a los dioses.
- ti '
306 LEWIS H. MORGAN
nicipio, con su completa autonomía y gobierno local
propio. Cien demos así organizados determinarían la orientación general del
esta do. Este conjunto tendría el carácter de partes que lo integraban. Es
aquí, como antes se ha advertido, que debe comenzar el pueblo
si quiere aprender el arte del gobierno propio y
hacer regir leyes iguales y privilegios y derechos equitativos. El pueblo debe
retener todos los .poderes sociales no necesarios al estado para cumplir una
gestión general eficaz y, además, el control de la administración misma.
Bajo el nuevo sistema político Atenas creció
rápidamente en in flujo y distinción. Aquel, admirable desarrollo de genio e
inteligen cia, que elevó a Atenas a la cima entre las naciones históricas del
género humano, se produjo bajo la inspiración de instituciones de mocráticas.
Con la institución de la sociedad política bajo
Clístenes, la orga nización gentilicia fue dejada a un lado como una parte de
los res tos de la barbarie. Sus antepasados habían vivido por siglos sin
número en el gentilismo, en el que habían conquistado todos Jos ele mentos de
la civilización, incluso un lenguaje escrito, y además pe netrado ya en la
civilización misma. La historia de la organización gentilicia quedará como
monumento perpetuo de épocas anteriores, identificada como lo está con la experiencia
más notable y prolon gada de la humanidad. Por siempre ha de ocupar el rango
de una de las instituciones más admirables de la familia humana.
En esta breve e incompleta reseña, el estudio se ha
circunscripto
a los hechos principales de la historia ateniense.
Se verá que lo que reza para las tribus de este pueblo es substancialmente
exacto para las restantes tribus griegas, aun cuando no expuesto en tan amplia
o gran escala. El estudio tiende a dar mayor
relieve a uno de los principales postulados planteados: que en todas las tribus
del género humano el concepto de gobierno ha sido un crecimiento a través de
etapas sucesivas de desenvolvimiento.
XI
LA GENS ROMANA
Cuando los Jatinos y sus congéneres los sabelianos,
los oscos y los umbríos penetraron en la península italiana, posiblemente como
un solo pueblo, poseían ya anímales domésticos y es probable que cultivaran
cereales y plantas (212).
Los
pueblos indo-germánicos formaban un solo cuerpo y.hablaban todavía una misma
lengua, cuando ya se habían elevado a un cierto grado
de civilización; y su vocabulario, cuya riqueza
estaba en relación con sus pro gresos, formaba un tesoro común en donde todos
bebían con arreglo a leyes precisas y constantes... Así es como en esta época
tan remota se nos mues tran los progresos de la vida pastoril de estos pueblos
por nombres invariables, que sirven para designar los animales domesticados: el
gaus del, sánscrito es el bous de los griegos, el bos de los latinos.
Encontramos en el sánscrito la pala bra ovis, correspondiente a la latina a v
is y a la griega o is, y por el mismo or
den tenemos además las palabras comparadas acvas,
equus, hippos; hansas, anser
y ch e n ... No puede asegurarse del mismo modo que
hubiese ya comenzado en aquella época la agricultura. La lengua parece
demostrar lo contrario . H istory o f R o m e, de Mommsen, trad, de Dickson,
ed. de Scribner, 1871, I, 37. Mommsen observa en una nota: Al Nor-Este de A n a
h , en la orilla derecha
del Eufrates, crecían el trigo, la cebada y el
espelta silvestres. El trigo y la c e
bada indígenas de la Mesopotamia son también
mencionados por el historiador Beroso .
Kick dice, a propósito del mismo asunto, lo que
sigue: Mientras la vida pastoril fue evidentemente la base de la convivencia
social primitiva, no halla mos en ella sino muy ligeros trazos del comienzo de
la agricultura. Por cierto, que conocían pocos granos y el cultivo de los
mismos se realizaba en forma
muy incidental, para lograr la provisión de leche y
carne. La subsistencia del pueblo no descansaba, en manera alguna, sobre la
agricultura. Esto se pone cla ramente en evidencia, por el corto número de
palabras primitivas que se refieren a la agricultura. Estas palabras son: y a v
a, fruta salvaje; varka, azada o ara do;
rava, hoz, juntamente con pío, pinsere (hornear) y
m a k, en griego m a s s o, que se refieren a la trilla y molienda de
granos". P r im itive U n ity o f Indo-E u ropean
Languages, de Pick, Goettingen, 1873, pág. 280. Ver
también C h ips fro m a G e rm a n W o rkshop, II, 42.
Respecto a la posesión de la agricultura por los
pueblos greco-itálicos, ver Mommsen, I, pág. 47 y siguientes.
308 LEWIS H . MORGAN
Habían recorrido, por lo menos, un largo trecho
dentro del esta dio medio de la bar ~ J r primera vez caen bajo la ob-umbrales
de la civilización.
La historia tradicional de las tribus latinas de la
época anterior a Rómulo es mucho más oscura e incompleta que la de las tribus
griegas, cuya relativa cultura literaria más temprana e inclinación a las
letras más desarrollada les permitió conservar una cantidad mayor de relatos
tradicionales. En cuanto a su existencia anterior la tradición no va más allá
de su vida primitiva en los Montes Albanos y a lo largo de los Apeninos al Este
de Roma. Tribus tan adelanta das en las artes de la vida, habrán necesitado
una larga permanen cia en Italia para borrar todo recuerdo del país del cual
vinieron. En la época de Rómulo (213) ya formaban, por segmentación, treinta
tribus independientes unidas débilmente en una confederación para protección
mutua.
También ocupaban zonas territoriales contiguas. Los
sabelianos, los oscos y los umbríos presentaban el mismo estado general; sus
tribus respectivas observaban idéntica relación y sus áreas territoria les,
como puede suponerse, estaban demarcadas por el dialecto. To
das por igual, incluso las tribus vecinas del
Norte, los etruscos, esta ban organizadas por gentes, con instituciones
similares a las de las tribus griegas. Tal era su condición general cuando por
vez primera aparecen e históricamente se les conoce.
La historia romana se ha ocupado ligeramente de los
pormeno
res de la vasta experiencia anterior a la fundación
de Roma, apro ximadamente en el año 753 (a. de J. C.). Por ese entonces las
tribus italianas habían crecido en número y población; llegaron a ser estric
tamente agricultoras; poseían manadas de animales domésticos y
>rogresaron
grandemente en las artes de la vida. También habían ogrado la forma monóga ma
de familia. Todo esto está demostrado
por la condición en que se hallaban cuando por
primera vez fueron observados; pero los pormenores de su desenvolvimiento de un
nivel
inferior a otro superior escapan, en su mayoría, a
nuestro conoci miento. Estos pueblos estaban atrasados con respecto al
desarrollo de la idea de gobierno, ya que la confederación de tribus era todo
cuanto habían logrado hasta entonces. Si bien las treinta tribus se hallaban
confederadas, su unión tenía el carácter de una liga de defensa mutua que no
era lo suficientemente íntima o estrecha como para constituir una nacionalidad.
Las tribus etruscas estaban confederadas, y es
probable que
(213) El empleo de la palabra Rómulo y de los
nombres de sus suceso
res, no supone la adopción de las antiguas
tradiciones romanas. Estos nom bres personifican los grandes movimientos que
nos interesan más especialmente, ocurridos en esas épocas.
servación histórica estadio superior, casi en los
LA SOCIEDAD PWMJXLVA 309
igual cosa ocurriera con las de los sabelianos,
oscos y umbríos. Mien tras las tribus latinas poseyeron numerosas villas
fortificadas y plazas fuertes en la campaña, se hallaban diseminadas por la
superficie del territorio, dedicadas a la labranza y al cuidado de sus rebaños
y manadas.
Ninguna concentración o coalición, que llegara a
ser notablemen te sensible, se produjo antes del gran movimiento atribuido a
Rómu-Jo que dio como resultado la fundación de Roma. Estas tribus lati nas,
débilmente unidas, fueron el elemento principal del cual toma ría sus fuerzas
la nueva ciudad. La crónica de estas tribus, desde la época de la supremacía de
los jefes de Alba hasta la de Servio Tubo, proviene, en su mayor parte, de
fábulas tradicionales; pero ciertos Lechos que perduraron en las instituciones
y costumbres so ciales y pasaron al período histórico tienden a revelar, de
una ma nera notable, su condición primitiva. Ellos son aún más importantes que
un bosquejo histórico de hechos reales.
Entre las instituciones de las tribus latinas
existentes en los co mienzos del período histórico, se encontraban las gentes,
curias y tribus sobre las cuales Rómulo y sus sucesores cimentaron el pode río
de Roma. El nuevo gobierno no era, en todos sus aspectos, un desarrollo
natural, pues al surgir las primeras legislaciones se modi ficaron los
miembros superiores de las series orgánicas. Las gentes, sin embargo, que
formaban las bases de la organización, sí eran ge neraciones naturales y
principalmente de descendencia común o cognada. En efecto, las gentes latinas
eran del mismo linaje, mien tras que las sabinas y demás gentes, con excepción
de las etruscas, eran de descendencia cognada. En la época de Tarquino Prisco,
cuar to sucesor de Rómulo, la organización estaba sometida a una escala
numérica, a saber: diez gentes por curia, diez curias por tribu y tres tribus
romanas, dando un total de trescientas gentes integradas en una sociedad
gentilicia.
Rómulo fue bastante sagaz para advertir que una
confederación
de tribus compuesta de gentes que ocupaban zonas
separadas no
tenía ni la unidad de propósitos ni la fuerza
suficiente para lograr
algo más que la conservación de una existencia
independiente.
La tendencia a la desintegración malograba las
ventajas del prin cipio federal. La concentración y coalición fueron los
remedios pro puestos por Rómulo y los hombres sabios de su tiempo. Éste fue un
movimiento notable para su época, y más notable aún en su des envolvimiento
desde la época de Rómulo hasta la institución de la sociedad política bajo
Servio Tulio. Siguiendo el camino de las tribus atenienses y concentrándose en
una ciudad, lograron con trabajo,
durante cinco generaciones, un cambio similar y
completo de su plan de gobierno, de una organización gentilicia a una
organización
310 LEWIS H. MORGAN
Bastará recordar al lector los siguientes hechos
generales: que Rómulo reunió en el Monte Palatino y sus alrededores cien gentes
la tinas, organizadas como tribu: los Ramnes, que por una feliz coin cidencia
un grupo numeroso de sabinos, cuyas gentes aumentaron
más adelante a cien, fue agregado a la nueva
comunidad y organi zado como una segunda tribu: los Ticíes, y que en la época
de Turquino Prisco se formó una tercera tribu, los Luceres, compuesta
de cien g entes, reunidas entre las tribus de los
alrededores, incluso la de los etruscos. De este modo se reunieron en Roma, en
el espa cio de cien años, trescientas gentes completamente organizadas, con un
consejo de jefes que se denominó entonces senado romano, una asamblea popular
que tomó el nombre de comitia curiata y un co mandante militar, el rex, y con
un propósito: conquistar el predo minio militar en Italia.
Bajo la constitución de Rómulo y la legislación
posterior de Servio Tulio, el gobierno fue esencialmente una democracia
militar, pues el espíritu militar imperaba en el gobierno. Pero puede hacerse
notar de paso que ahora se hallaba incorporado en el centro del sistema social
un nuevo y antagónico elemento, el senado romano, que con fería rango de
patricio a sus miembros y a los descendientes de és tos. Fue así como se creó
de pronto una clase privilegiada que invade primeramente la sociedad gentilicia
y más adelante la sociedad polí tica, para provocar, por último, el derrumbe
de los principios demo cráticos emanados de la gens. El senado romano, con la
clase de patricios que creó, fue quien produjo el cambio de las instituciones y
del destino del pueblo romano, apartándolo del camino semejante
al seguido, por los atenienses y al cual lo
guiaran, natural y lógica mente, los principios democráticos heredados.
En sus líneas generales, la nueva organización era
una obra maes tra de sabiduría con fines militares. Muy pronto los elevó sobre
las restantes tribus italianas, y, por último, conquistó la supremacía de la
península entera.'
La organización en gentes de las tribus latinas y
otras tribus ita lianas ha sido investigada por Niebuhr, Hermann, Mommsen,
Ixmg
y otros; pero sus diversas crónicas no llegan a
constituir una expo sición clara y completa de la estructura y principios de
la gens ita liana. Esto se debe en parte a la oscuridad que rodea los hechos
y a la falta de detalles minuciosos en los autores
latinos, y también, parcialmente, se debe a una mala interpretación de las
relaciones entre la familia y la gens por los autores nombrados. Ellos conside
raron a la gens como compuesta de familias, cuando en realidad lo estaba de
partes de familias, de modo que la gens, y no la familia, era la unidad del
régimen social. Podrá ser difícil llevar la investi gación más allá del punto
en que ellos la dejaron; pero los conoci mientos que se desprenden de la constitución
arcaica de la gens
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 311
pueden contribuir a dilucidar algunas de sus
características todavía oscuras.
Acerca del predominio de la organización en gentes
de las tribus italianas, Niebuhr observa lo siguiente: "Si alguien
sostuviese aún que no puede sacarse ninguna conclusión del cotejo del carácter
de los genetas atenienses y de los gentilicios romanos, tendría que de mostrar
cómo una institución que se mantuvo a través de todo el
mundo antiguo llegó a tener un carácter
completamente diferente en Italia y Grecia... Cada grupo de ciudadanos estaba
dividido de esta manera: Gephyreanos y Salaminos, los atenienses; Tusculanos,
los romanos" (214).
Además de la existencia de la gens romana, es
conveniente cono
cer también la naturaleza de la organización, sus
derechos, privile gios y obligaciones, y las relaciones de las gentes entre
sí, como miem bros de un régimen social. Luego de esto, quedará por considerar
sus relaciones con la curia, tribu y pueblo
resultante del que forman parte, lo que se hará en el capítulo siguiente.
Después de recoger de diversas fuentes todos los
datos posibles sobre estas cuestiones, todavía resultarán incompletas en muchos
puntos, quedando librados a la conjetura algunos atributos y funcio nes de la
gens. Antes de los comienzos. de la composición histórica entre los romanos Ies
habían sido quitadas a las gentes sus faculta des y transferidas a las nuevas
organizaciones políticas. De ahí que los romanos no sintieran la necesidad
práctica de conservar las ca racterísticas particulares de un régimen
sustancialmente derrumba do. Gayo, quien escribió sus "Institutes en los
comienzos del se gundo siglo de nuestra era, tuvo oportunidad de observar que
todo
el jus gentilicium había caído en desuso y que, por
tanto, era super-fluo tratar este asunto (215). Pero en la época de la
fundación de Roma, y durante varios siglos después, la organización gentilicia
es taba en plena actividad.
La definición de la gens y del gentil, según los
romanos, v la línea que seguía la descendencia, deberán considerarse antes que
las características de la gens. Cicerón, en su
Tópica , define al gentil diciendo que son gentiles los que llevan un nombre
igual entre ellos. Esto es insuficiente. Los que nacieron de padres libres. Aún
así no es suficiente. No lo son aquellos que cuentan un esclavo entre sus ante
pasados. Todavía falta algo. Los que nunca hayan sufrido disminución capital.
Quizá esto sea suficiente, pues no estoy enterado de que Scaevola el Pontífice
agregue algo a esta definición (216). Hay otra de Festo: "El gentil es descripto
como nacido de un mismo tronco
History
of Rome, 1, c. I, 241, 245,
Inst.
HI, 17.
C
iceró n , Tópica, 6.
312 LEWIS H. MORGAN
y llamado con un mismo nombre (217). También Varro
tiene una definición: Así como de un Aemilius los hombres nacen Aemilii y
gentiles, así del nombre Aemilius derivan términos pertenecientes al gentilismo
(218).
Cicerón no intenta definir la gens, sino más bien
suministrar ciertas pruebas mediante las cuales pueda comprobarse el derecho
al vínculo gentilicio o su falta. Ninguna de estas
definiciones mues tra la composición de la gens, es decir, si toda o solamente
una parte de la descendencia de un presunto fundador-generador tenía derecho
a llevar el nombre gentilicio, y si solo una parte
tenía derecho, cuál de las partes era. Con descendencia en la línea masculina,
la gens incluiría únicamente a los que pudieran comprobar su descendencia
de varones exclusivamente, y con descendencia en la
línea femeni na, a los que la comprobaran por mujeres solamente. Si la descen
dencia no estaba limitada a línea alguna, todos los descendientes serían
incluidos.
Estas definiciones deben haber dado por sentado que
la descen dencia por la línea masculina era un hecho por todos conocido. De
otras fuentes se desprende que solamente pertenecían a la gens los
que podían señalar su descendencia por la línea
masculina. las genealogías romanas suministran la prueba. Cicerón omitía el
hecho esencial de que eran gentiles los que podían demostrar su descen dencia,
por los varones exclusivamente, de un antepasado reconocido dentro de la gens.
Esto lo suministraban, en parte, Festo y Varro. De un Aemilius, dice este
último, los hombres nacen Aemilii y gentiles; cada uno debe nacer de un varón
de nombre gentilicio. Pero la de finición de Cicerón también demuestra que un
gentil debe llevar nombre gentilicio.
En la plática del tribuno romano Canuleo (445 a. de
}. C.). sobre un proyecto para derogar una ley existente que prohibía el matri
monio entre patricios y plebeyos, hay un enunciado que supone la descendencia
por la línea masculina. ¿Qué más da dice él que un patricio contraiga
matrimonio con una plebeya o un plebeyo con una patricia? En definitiva, ¿qué
derecho queda vulnerado? Los hi jos, sin duda, siguen al padre (219).
Un ejemplo práctico, tomado de nombres gentilicios
transmiti dos, probará en forma concluyente que la descendencia seguía la
línea masculina. Julia, hermana de Cayo Julio César, se casó con
Citado
por Sm ith. Die. Gk. & Rome. Ant., art.
Gens .
V a
r r o , De Lingua Latina, lib. VIII, cap. 4.
Livro,
lib. IV, cap. 4.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 313
Marco Attio Balbo. Su nombre prueba que pertenecía
a la gens Ju-Su hija Attia, de acuerdo con las costumbres, tomó el nombre
gentilicio de su padre y pertenecía a la gens Attia. Attia se casó con Cayo
Octavio y fue madre de Cayo Octavio, primer emperador romano. El hijo, según la
costumbre, tomó el nombre gentilicio de su padre y perteneció a la gens Octavia
(221). Después que llegó a ser emperador, agregó a sus nombres los de César
Augusto.
En la gens romana la descendencia seguía la línea
masculina des de Augusto, retrocediendo hasta Hómulo, y durante un período
des conocido anterior a la época de éste. No eran gentiles sino aquellos que
podían señalar su descendencia, por varones exclusivamente,
de un antepasado reconocido dentro de la gens. Pero
no se exigía, porque hubiera sido imposible que todos pudieran señalar su
descen dencia de un mismo antepasado común, y mucho menos de un an tepasado
epónimo.
En los casos expuestos, a los que podrían agregarse
muchos otros, se verá que las personas se casaban fuera de su gens. No cabe
duda de que ésta era la costumbre general, consagrada por el derecho con
suetudinario.
La gens romana se caracterizaba por los siguientes
derechos, pri vilegios y obligaciones:
Derechos
mutuos de sucesión en los bienes de un gentil fa llecido.
Posesión
de un cementerio común.
Ritos
religiosos comunes; sacra gentilicia.
Obligación
de no contraer matrimonio dentro de la gens.
Posesión
de tierras en común.
Obligaciones
recíprocas de auxilio, defensa y reparación de daños.
Derecho
de llevar el nombre gentilicio.
Derecho
de adoptar extraños en la gens.
Derecho
de elegir y deponer sus jefes (?).
Estos diversos atributos serán considerados en el
orden citado.
(220) Cuando
solamente había una hija en una
familia, se la llamaba
por el nombre de la gens,
con ser; Tulia, hija de Cicerón; Julia, hija de César;
Octavia, hermana de Augusto,
etc., y conservaban el mismo nombre después de
casadas. Habiendo dos hijas, se las llamaba Mayor y
Menor, respectivamente.
Habiendo más de dos, se las distinguía por su número, como ser: Prima, Se
cunda, Tertía, Quarts, Quinta, o más suavamente. Tertulia, Quartilla, Quintilla,
etcétera... Durante el período floreciente de la República,
los nombres de gentes
y apellidos de familia fueron fijos e inevitables. Eran comunes a todos los miem
bros de una familia, y pasaban a sus descendientes. Pero después de la subver
sión de la libertad, se cambiaron y confundieron . Adams. Roman Antiquities,
Glasgow, 1825, pág. 27.
Suetonio,
vit. Octavianus, cap. 3 y 4. 314 LEWIS H. MORGAN
D e
r e c h o s m u t u o s d e su c e s ió n e n l o s b ie n e s d e u n
GENTIL FALLECIDO
Cuando fue promulgada la ley de las Doce Tablas
(451 a. de Jesucristo), la antigua regla según la cual presuntivamente la
heren cia era distribuida entre los gentiles, había sido reemplazada por
preceptos más adelantados. Los bienes del intestado pasaban ahora: primero, a
sus sui heredes, es decir, a su hijos; y cuando no había hi jos, a sus
descendientes directos por línea masculina (222). Los hijos existentes
compartían por igual la herencia, y los hijos de los hijos fallecidos se
repartían por igual la hijuela ae su padre. Se notará que los bienes quedaban
en la gens. Los hijos de los descendientes femeninos del intestado, por
pertenecer a otra gens, quedaban ex cluidos. Segundo, cuando no había sui
heredes, de acuerdo con la misma ley, los bienes pasaban a los agnados (223).
Parientes agnados eran todos los que podían
comprobar su des cendencia por varones, de un mismo antepasado, común con el
in testado. En virtud de tal descendencia todos ellos llevaban el mis mo
nombre gentilicio, tanto mujeres como varones, y eran de grado más próximo al
extinto que los demás gentilicios. Los agnados de grado más próximo tenían la
preferencia; primero, los hermanos y hermanas solteras; segundo, los tíos y
tías solteras del intestado, si guiéndose así hasta agotar la parentela agnaticia,
y tercero, no ha biendo parientes agnados, la misma ley llamaba a los
gentilicios a la herencia (224).
Esto sorprende a primera vista, pues los hijos de
las hermanas del intestado quedaban excluidos de la herencia, dándose, en cam
bio, preferencia a parientes gentilicios tan lejanos que su parentesco con el
intestado no podía ser comprobado, y existía tan sólo, en vir tud de un
antiguo linaje mantenido por un nombre gentilirio. Sin embargo, la razón es
clara. Los hijos de las hermanas del intestado pertenecían a otra gens, y el
derecho gentilicio predominaba sobre los más íntimos vínculos de consanguinidad,
pues el principio que retenía la propiedad dentro de la gens era fundamental.
Se deduce fácilmente de la ley de las Doce Tablas que la herencia se inició
en el orden inverso y que las tres categorías de
herederos represen tan las tres reglas sucesivas de herencia, a saber:
primero, los gen tiles; segundo, los agnados, entre los que figuraban los
hijos del ex tinto después que la descendencia fue cambiada a la línea
masculi na, y tercero, los hijos, con exclusión de los demás agnados.
Gayo,
I n s t i t u t e s , lib. Ill, 1 y 2. La esposa era coheredera con
los bijos.
lb.,
lib. 111, 9.
Gayo,
In s t. Ill, 17.
LA. SOCIEDAD PRIMITIVA 315
Por el matrimonio la mujer experimentaba lo que
técnicamente
se denominaba pérdida de franquicias o disminución
capital (demi-ñutió capitis), por la cual quedaba desposeída de sus derechos
agna-ticíos. Nuevamente aquí la razón salta a la vista. Si una vez casada
pudiese heredar como agnada, sacaría de su propia gens los bienes heredados
para transferirlos a la gens de su marido. De aquí que la hermana soltera
pudiese heredar y la casada no.
Teniendo ya un concepto de los principios arcaicos
de la gens podemos enfocar la época remota en que la descendencia en la gens
latina seguía la línea femenina y los bienes no eran materia
de consideración y se los distribuía entre los
gentiles, y no es ne cesario que esto se baga durante el curso de la vida de
la gens la tina, ya que su existencia se remonta a un período anterior al de
su radicación en Italia. El paso de la gens romana de su forma arcaica
a la histórica está señalado en parte por la
restitución de bienes a los gentiles en casos determinados (225).
El derecho de heredar los bienes de miembros
intestados y sin parientes observa Niebuhr fue el que se mantuvo durante un
período más largo; tan prolongado, en efecto, que concentró la aten ción de
los juristas, y, aunque ciertamente nada más que como hecho histórico, también
la de Gayo, cuyo manuscrito desgraciadamente es ilegible en esta parte (226).
2. P o s e s ió n d e u n c e m e n t e r io c o m
ú n
El sentimiento de gentilismo parece haber sido más
profundo en
el estadio superior de la barbarie que en los
tiempos más primitivos,
(225) Una cuestión interesante fue la que se
planteó entre loa Marcelli y
los Claudii, dos familias de la gens Claudia, con
motivo de los bienes dejados por un hijo de un liberto de los Marcelli; los
primeros reclamaban amparados en el derecho de familia, y los últimos invocaban
el derecho de la gens. De acuerdo con la ley de las Doce Tablas, los bienes de
un liberto, cuando éste moría intestado y sin sui heredes, debían adjudicarse a
su antiguo amo, quien por el acto de manumisión se convertía en su patrono;
pero la ley no contem plaba el caso de la hija de un liberto. El hecho de que
los Claudii eran de fa milia de patricios y los Marcelli no, no influía en
este asunto. El liberto.no adquiría, por su manumisión, derechos gentilicios
dentro de la gens de su amo, si bien le estaba permitido adoptar el nombre
gentilicio de su patrono; por ejemplo, Tiro, liberto de Cicerón, se llamaba M.
Tulio Tiro. No se conoce la sentencia de este caso, mencionado por Cicerón (De
Oratore, 1, 39) y comen tado por Long (Die. GK. & Rom. Antiq., de Sm it h
, art. Gens ) y Niebuhr; pero este último supone que fue resuelto en contra de
los Claudii (Hist, of Rome, I, 245 nota). Es difícil explicarse cómo los
Claudii y los Marcelli pudieron reclamar los bienes, sino como una
interpretación jurídica de la ex tensión del derecho de patronato. Éste es un
caso digno de notar, pues revela cuán profundamente arraigado estaba el
concepto de los derechos mutuos en la gens con respecto a la herencia de
bienes.
History
of Rome, I, 242.
LEWIS H.. MORGAN
debido a una organización más perfeccionada de la
sociedad y a un mayor desarrollo moral e intelectual. En general, cada gens
tenía un cementerio para uso exclusivo de sus miembros, como lugar de se
pultura. Unos pocos ejemplos bastarán para demostrar las costum
bres romanas respecto a las inhumaciones.
Apio Claudio, jefe de la gens Claudia, se trasladó
de Regili, ima villa de los sabinos, a Roma, en la época de Rómulo, donde fue
elegido senador y, por tanto, convertido en patricio. Llevó consigo a la gens
Claudia y a tal número de clientes que su advenimiento a Roma fue considerado
como un suceso de importancia. Suetonio re fiere que esta gens recibió del
estado tierras a orillas del Anio para sus clientes y un cementerio para ellos
mismos cerca del Capito
lio (227). Esta afirmación implica que ya se
consideraba indispen sable en esa época que la gens tuviera su cementerio
propio. Los Claudii, habiendo roto su vinculación con los sabinos e
identificán dose con el pueblo romano, recibieron numerosas fracciones de tie
rra y un cementerio para la gens, que les fueron otorgados con el propósito de
colocarlos en igualdad dé condiciones con respecto a las gentes romanas. Este
hecho revela una de las costumbres de la época.
En el tiempo de Julio César, él panteón de la
familia no había desalojado aún completamente al de la gens, como puede verse
en el caso de Quintilio Varo, quien, habiendo perdido su ejército en suelo
germano, se dio muerte, y su cuerpo cayó en poder del enemigo. Cuenta
Paterculus, que su cadáver medio incinerado fue mutilado por el enemigo
salvaje; su cabeza seccionada fue enviada a Maro-boduus, quien, a su vez, la
envió a César, y al fin pudo ser sepultada con los honores debidos, en el
sepulcro gentilicio (228).
En su tratado sobre las leyes, Cicerón, se refiere
a las costumbres de su época respecto a los sepelios, en los términos
siguientes: la santidad de los cementerios es ahora tan grande que se considera
un agravio realizar los sepelios sin las ceremonias religiosas de la gens. En
este sentido se pronunció A. Torquatus, en los tiempos de nues tros
antepasados, respecto a la gens Popília (229). El sentido de esta versión es
que se consideraba un deber religioso enterrar a los muer tos con ceremonias
sagradas y, si era posible, en la tierra que per-, tenecía a su gens. Además,
parece ser que la cremación e inhuma
ción se practicaban antes de la promulgación de las
Doce Tablas, que prohibía las incineraciones o los sepelios dentro de la ciudad
(230). El columbiarum, que generalmente tenía capacidad para varios cente
nares de urnas funerarias, se adaptaba preferentemente a los usos
S u
e tonio, Vit. Tiberius, cap. 1.
Velleius
Paterculus, II, 119.
De
Leg., II, 22.
(230)
C iceró n , De Leg., II, 23.
JLA SOCIEDAD PRIMITIVA 317
de la gens. En épocas de Cicerón la organización
gentilicia había caído en decadencia, pero subsistían determinadas costumbres
que le eran peculiares, entre otras, el cementerio común. Al producirse la
completa autonomía de la familia en las primitivas gentes. el pan teón
familiar fue ocupando el lugar del panteón gentilicio; no obstante aún
persistían en cierto modo restos de antiguas usanzas gentilicias en cuanto a lo
que se refiere a las ceremonias fúnebres, que todavía se' conservan frescos en
la historia de] pasado.
3. R it o s r e l ig io s o s c o m u n e s, sa c r
a g e n t i l ic ia
La sacra romana encama nuestro concepto de culto
divino, y po día ser pública o privada. Las ceremonias religiosas que
celebraba
la gens se llamaban sacra private y sacra
gentilicia. La gens la rea lizaba periódicamente en fechas fijas (231). Se han
referido casos en que el desembolso que originaban llegó a ser gravoso para la
gens,
por el corto número de sus miembros. Se adquirían o
se perdían se gún las circunstancias, por ejemplo, por adopción o por
matrimonio (232). El hecho de que los miembros de la gens romana tuvieron
ceremonias religiosas comunes -^observa Niebuhr es bien conocido. Tenían
sacrificios determinados para ciertas fechas y lugares (233). Las ceremonias
religiosas, tanto públicas como privadas, eran regidas exclusivamente por
reglamentación pontificia y no estaban sujetas a la jurisdicción civil (234).
Los ritos religiosos de los romanos parecen
vincularse primitiva mente más bien con la gens que con la familia. Con el
tiempo tomó forma y llegó a establecerse un colegio de pontífices, amones y
augu res, con un sistema completo de culto bajo estos sacerdocios; pero dicho
sistema era tolerante y libre. En general, el sacerdocio era elec tivo (235).
El jefe de cada familia también era sacerdote en su hogar (236). Las gentes de
los griegos y romanos fueron las fuentes de las cuales surgió la mitología maravillosa
del mundo clásico. En los tiempos primitivos de Roma, muchas gentes tenían Su
propio sacellum para la realización de sus
ceremonias religiosas. Va-
Existían
ciertos ritos religiosos (sacra gentilicia) pertenecientes a una gens, a cuya
observancia estaban obligados todos sus miembros, en su calidad de tales, ya
fueran miembros por nacimiento, adopción o adrogación. Un individuo quedaba
libre de la observancia de dicha sacra y perdía los privilegios inherentes a
los derechos gentilicios, cuando perdía su gens . S m i t h
,
Pic. Antiq., Gens.
C
ice r ó n , Pro Domo, c. 13.
History
of Rome, I, 241.
C
iceró n , De Leg., II, 23.
Dionysius,
II, 22.
Ib.
II, 21.
LEWIS H. MORGAN
rías gentes realizaban sacrificios especiales que
les habían sido trans mitidos de generación en generación y se consideraban
obligatoriosj como los de los Nautii a Minerva, Fabii a Hércules y los de los
Ho-ratii en expiación del sororicidio perpetrado por Horacio (237). Basta para
mi propósito haber demostrado, en forma general, que cada gens tenía sus ritos
religiosos particulares como uno de los atributos de dicha organización.
O b
l ig a c ió n d e no c o n t r a e r m a t r im o n io d e n t r o DE LA g e n
s
Los reglamentos gentilicios eran costumbres con
fuerza de ley. La obligación de no casarse entre miembros de la misma gens era
una de ellas, No se ha comprobado que esta obligación se convirtie se en ley
en épocas posteriores, pero hay numerosos testimonios de que esa fuera la regla
de la gens. Las genealogías romanas demues tran que el matrimonio se realizaba
fuera de la gens, de lo que ya hemos dado algunos ejemplos. Como vemos, esta
era la regla arcaica por razones de consanguinidad. Por su matrimonio, da mujer
perdía sus derechos agnados. Esta regla no tenía excepción. Su objeto era
evitar la transferencia de los bienes, los que por el matrimonio, pasa rían de
una gens a otra, es decir, de la gens a que pertenecía la es posa por su
nacimiento, a la gens de su esposo. Idéntico objeto tenía la exclusión de los
hijos de una mujer, de todo derecho a la herencia de un tío materno o de un
abuelo materno. Como la mujer estaba obligada a casarse fuera de la gens, los
hijos forzosamente pertene
cían a otro gens, la de su padre, y, por lo tanto,
no podía existir coparticipación de herencia entre miembros de gentes
diferentes
5. P o s e s ió n d e t ie r r a s e n co m ú n
Entre las tribus bárbaras fue tan general la
posesión de tierras en común que no puede sorprender la existencia de la misma
cos tumbre entre las tribus latinas. Desde tiempos muy remotos, parece ser que
partes de sus tierras estaban en posesión de individuos que las tenían como
propiedad privativa. No se puede precisar el mo mento en qué esto dejó de
ocurrir; pero primero fue probablemente el derecho posesorio de tierras de
ocupación efectiva, al que nos hemos referido con frecuencia, y cuya existencia
se remonta al esr tadio inferior de la barbarie.
Entre las tribus rústicas latinas, las tierras eran
poseídas en común
N
ieb u h r, History of Rome, I, 241.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 319
dentro de cada tribu, otras eran tenidas por las
gentes y otras per tenecían a cada hogar.
La distribución de lotes de tierra entre individuos
llegó a ser '
común en Roma en la época de Rómnlo, haciéndose más
adelante
completamente general. Tanto Varro como Dionisio
refieren que Ró-
mulo concedió dos jugera (aproximadamente dos acres
y cuarto) a
cada hombre (238). También se ha afirmado que más
tarde Numa y
Servio Tulio efectuaron distribuciones parecidas.
Este fue el comien
zo de la propiedad privativa absoluta y presupone
una residencia
fija, así también como un mayor desarrollo
intelectual. La propiedad
no solamente era medida, sino también transferida
por el gobierno,
lo que resultaba muy distinto del derecho posesorio
de tierras ema
nado de un acto individual. El concepto de
propiedad privativa ab
soluta fue engendro de la experiencia y su logro
completo pertenece
al período de la civilización. Estas tierras, sin
embargo, fueron to
madas de las que tenía en común el pueblo romano.
Después del
comienzo de la civilización, las gentes, curias y
tribus poseían ciertas
tierras en común fuera de las tenidas por los
individuos como pro
piedad privativa.
Dividíase en un principio el territorio romano
refiere Momm sen en cierto número de circunscripciones pertenecientes cada
cual a una sola familia y que se agrupaban entre sí para formar los antiguos
cantones o circunscripciones rurales (tribus rusticae)... Las denominaciones no
se tomaban en aquellos tiempos de las localida des, como veremos que se hace
después para las aglomeraciones más recientes, sino que reproducen el nombre de
la familia.. (239). Cada gens ocupaba un distrito independiente y necesariamente
debía radicarse en éf. Fue un paso hacia adelante, si bien era la práctica que
prevalecía no solamente en los distritos rurales, sino también
en Roma, que las gentes se ubicaran en zonas
separadas. Mommsen refiere luego: Así como la casa tiene su campo, así también
la aldea o las casas de la comunidad tienen su territorio' determinado el cual,
como más adelante veremos, se cultiva mucho tiempo como campo patrimonial, es
decir, con arreglo a la ley de la comunidad.. En un principio no formaron estas
comunidades de familia otros tantos cen tros independientes unos de otros,
sino que fueron considerados muy luego como elementos integrantes de un cuerpo
político (cwitas, po-pulus).
La ciudad se compone de un cierto número de pagos
que tienen su origen común, hablan una misma lengua, obedecen a los mismos
usos, están obligados a asistirse unos a otros con
justicia y ley igua-
V
arro, De Re Rustica, lib, I, cap. 10.
History
of Rome, I, 62. Nombra a los Camillii, Galerii, Lemon»,
Pollíi, Pupinii, Voltinii, Aemilii, Cornellii,
Fábii, Horatii, Menenii, Papirii, Ro-milii, Sergii, Venturii. lb., pág. 63 (y
pág. 59 ed. castellana).
320 LEWIS H. MORGAN
les y asociados para la defensa y para el ataque 5
(240). Mommsen,
o su traductor, emplea los términos
circunscripciones y familia (clan en la versión inglesa que cita Morgan) en
lugar de gens; y en otra parte emplea el término cantón en lugar de tribu, lo
que es tanto más de extrañar desde que la lengua latina cuenta con términos
específi cos para estas organizaciones, que han llegado a ser históricas.
Mommsen representa la stribus latinas anteriores a la fundación de Roma como
poseyendo la tierra por hogares, por gentes y por tribus; más adelante muestra
las series ascendentes de la organización social en estas tribus, cuya
comparación con las de los iroqueses revela un estrecho paralelismo, ,a saber:
la gens, la tribu y la confederación (241). No se menciona la fratría, aunque
es probable que existiera. El hogar al que nos hemos referido, rara vez debe
haber estado constitui do por una sola familia. No es improbable que se
compusiera de fa milias emparentadas que ocupaban en común una vivienda y
practi caban el comunismo en la vida de hogar.
6 . O b l i g a c i o n e s r e c í p r o c a s d e
a u x i l i o , d e f e n s a y
REPARACIÓNDEDANOS
Durante el período de la barbarie, la dependencia
mutua de los gentiles para el resguardo de sus derechos personales, había sido
constante; pero después de establecida la sociedad política, los gen tiles,
convertidos ahora en ciudadanos, se dirigían hacia las leyes y el estado para
procurar esa protección ejercida antes por la gens. Esta característica del
antiguo sistema sería, frente al nuevo, una de las primeras en desaparecer. Las
referencias de los autores antiguos respecto a esas obligaciones mutuas son
sumamente breves. Esto no
H
istory o f R o m e, I, 63 (y pág. 60 ed. castellana).
Lo
mismo la ciudad que la gens (fam ilia) tiene siempre su asiento determinado en
un punto cualquiera del territorio. Pero como los ciudadanos, miembros de las
diversas gentes, habitaban en sus respectivas aldeas, pudo su ceder que la
ciudad propiamente dicha estuviese sólo constituida por una aglo meración de
habitantes, que no fuese más que el foru m de la asamblea general, que
encerrase el lugar d e l consejo y de la justicia y los Santuarios com u n e s,
en.
la cual los habitantes se reunirían cada ocho días
para sus fiestas o para sus negocios y hallarían, en caso de guerra, un abrigo
más seguro contra las incur siones del enemigo, para ellos y para sus rebaños.
Pero este centro, ni es regular ni está muy poblado. ...Los pagos, con su
fortaleza por capital, o las asociaciones formadas por un cierto número de
gentes o familias, son, pues, verdaderas unidades políticas constituidas ya en
el momento que va a abrirse la historia de Italia. ...Todas estas ciudades
fueron autónomas en un principio; cada cual se regía por su príncipe con la
asistencia de los ancianos y de la asamblea de los ciudadanos armados. La
comunidad de la lengua y de la raza produjo demás otros efectos: una
institución política y religiosa de la mayor importancia, el p a c to de etern
a alianza entre todas las ciudades latinas, ti ene:
evidentemente su causa en la estrecha afinidad que
las unía . H ist, o f R o m e,
I, 64-66 (pegs. 63-64 ed. castellana).
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 321
significa» sin embargo, que, en el período anterior
los gentiles no practicaban estos deberes recíprocos. Por el contrario, la
conclusión de que lo hicieron, es una de las más lógicas que se desprenden de
la organización gentilicia. A comienzos del período histórico apare cen restos
de estas costumbres particulares, en ciertas circunstancias. Cuando Apio
Claudio fue hecho prisionero (aproximadamente en el
año 432 ,a. de J. C.), tanto Cayo Claudio, a la
sazón enemigo suyo como la gens Claudia íntegra, vistieron luto (242).
La calamidad o deshonra que caía sobre uno de los
miembros de la comunidad repercutía en.todos los demás. Durante la segunda
guerra púnica refiere Niebuhr , los gentiles se unieron para pa gar el rescate
de los miembros que habían caído prisioneros; pero el senado les prohibió
llegar a efectuarlo. Esta obligación es una carac terística de la gens (243).
En el caso de Camilo, quien acusado por un tribuno a propósito del botín de
Veyes, reunió en su casa la vís pera del día fijado para el juicio, a sus compañeros
de tribu y clien tes para pedirles su parecer; se le contestó que
recolectarían cual quier suma de dinero que se le condenase a pagar, pero que
absol verlo era imposible (244). El principió activo del gentilismo está ple
namente revelado en estos casos. Niebuhr añade más adelante que
la obligación de ayudar a los gentiles necesitados
recaía sobre los miembros de la gens romana (245).
7. D e r e c h o d e l l e v a r e l n o m b r e g
e n t i l ic io
Este derecho se desprende necesariamente de la
índole misma de
la gens. Todos aquellos que por su nacimiento eran
hijos (varones o
mujeres) de un miembro masculino de la gens, eran
miembros a su
vez, y tenían derecho a usar el nombre gentilicio.
Con el andar del
tiempo llegó a ser imposible que los miembros de la
gens pudieran
señalar su descendencia a través de una serie de
miembros cono
cidos y, por consiguiente; también imposible que
las diversas familias
que componían la gens comprobaran su vinculación
con un antepasa
do común más reciente. Mientras esta imposibilidad
demostraba la
antigüedad del linaje, no era una prueba de que
estas familias no
hubieran descendido de un remoto antepasado común.
El hecho de
que las personas hubieran nacido en la gens, y que
cada una pudiera
señalar su descendencia desde el
antepasado-fundador de la misma,
de la gens, era testimonio suficiente de su
descendencia gentilicia y prueba vigorosa de la .afinidad de sangre de todos
los gentiles.
I.tvio,
VI, 20.
History
of Rome, I, 242.
Livio,
V, 32.
History
of Rome, I, 242; citando a Dionisio, II, 10.
LEWIS H. MORGAN
Pero algunos investigadores, entire ellos Niebuhr
(246), han nega do la existencia de lazos de sangre entre las familias de una
gens, puesto que no podían demostrar su vinculación con un antepasado común.
Esta afirmación considera a la gens como una organización puramente ficticia;
por lo tanto, es insostenible. La conclusión que Niebuhr deriva de la
definición de Cicerón en contra de un lazo
de sangre no puede sostenerse. Si se pusiera en
duda el derecho de una persona a llevar el nombre gentilicio, la prueba de este
derecho
consistiría no en demostrar su descendencia desde
el antepasado-fundador, sino desde un número de antepasados reconocidos dentro
de la gens. Sin registros escritos, sería limitado
el número de genera ciones a través de las cuales pudiera señalarse una
genealogía. Al gunas familias de una misma gens podrían estar inhabilitadas
para señalar al antepasado común, pero esto no significaría que ellas no
tuvieran una descendencia común con respecto a un antepasado re moto dentro de
la gens (247).
Después de cambiada la descendencia a la línea
masculina, los antiguos nombres de las gentes, que probablemente habían sido
to mados de animales (248), y de objetos inanimados, cedieron su lugar a los
nombres personales.
Ciertas personas que se distinguieron en la
historia de la gens llegaron a ser su antepasado epónimo, y no es improbable
que estas personas fuesen, como ya se ha dicho, reemplazadas por otras en el
transcurso de largos períodos de tiempo. Cuando una gens se dividía como
consecuencia de la separación territorial, una de las partes po día adoptar un
nombre nuevo; pero este cambio de nombre no influía en el parentesco sobre el
cual descansaba la gens. Cuando se conside raba que el linaje de las gentes romanas,
con algunos cambios de nombre, se remonta a la época en que latinos, griegos y
habitantes de la India de habla sánscrita formaban un solo pueblo, se tiene un
concepto de su antigüedad, aun cuando no lleguemos a su origen.
La pérdida del nombre gentilicio en cualquier
momento y experi mentado por cualquier individuo, era el más improbable de los
he chos que podían ocurrir. Por lo tanto, su posesión era la mejor prue-
History
of Rome, I, 240.
Sea
como quiera, el hecho es que el parentesco de sangre ha sido
en Roma el lazo omnipotente de las razas, y
principalmente de las familias;
y cualquiera que haya sido la influencia que la
ciudad ha ejercido sobre ellas, no ha destruido nunca su carácter esencial ni
su ley de afinidad. Mommsen, History of Rome, I, 103 (y pág. I ll , ed.
castellana).
(248) Es un hecho curioso que Clístenes de Argos
cambiara los nombres de
tres tribus dóricas de Sicyon, por los de Hyatae,
Oneatae y Choereatae, que sig nifican respectivamente jabalí, asno y cerdo
pequeño. Ellos fueron puestos como un insulto a los habitantes de Sicyon, pero
se mantuvieron toda su vida y aun durante sesenta años después. ¿Sé tomaría de
la tradición la idea de poner nombres de animales? Ver G r o t e , History of G
reece, III, 33, 36.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 323
ba de que el sujeto compartía con sus gentiles el
mismo linaje an tiguo. Había un medio, y solamente uno, de adulterar la
descenden cia gentilicia: la adopción en la gens de extraños en sangre.
Esta práctica prevaleció, pero fue de cortos
alcances. Si Niebuhr hubiese sostenido que los lazos sanguíneos que unían a los
gentiles se habían atenuado en forma considerable, entre algunos de ellos, no
habría nada que objetar a su posición; pero la negación de todo parentesco que
transforma a la gens en una agrupación ficticia de personas sin ningún vínculo
de unión, controvierte el principio que engendró a la gens y que la mantuvo a
través de tres períodos ét nicos completos.
En otra parte, he llamado la atención sobre el
hecho de que la gens nació con un sistema de consanguinidad que reducía todos
los consanguíneos a un pequeño número de categorías, y retenía a sus
descendientes indefinidamente en su seno. El parentesco de las per sonas
podría trazarse fácilmente sin que importara lo lejano que es tuviese el
antepasado común efectivo. En una gens iroquesa de qui nientas personas todos
sus miembros están emparentados entre ellos
y cada uno conoce o puede averiguar su parentesco
con los demás; de modo que el hecho del parentesco está presente perpetuamente
en la gens del período arcaico. Con el nacimiento
de la familia mo nógama aparece un nuevo sistema de consaguinidad,
completamente distinto, bajo el cual el parentesco entre colaterales no tardó
en desaparecer. Este fue el sistema de las tribus griegas y latinas en los
comienzos del período histórico. El que lo precedió fue, presun tivamente por
lo menos, el Turanio, bajo el cual el parentesco de los gentiles entre ellos
sería conocido.
Después de comenzada la decadencia.de la sociedad
gentilicia de jaron de formarse nuevas gentes por el antiguo proceso de
segmen tación y algunas de las existentes desaparecieron. Esto tendió a acre
centar la importancia de la descendencia gentilicia como linaje. En los tiempos
del Imperio, nuevas familias de otros países se establecían continuamente en
Roma y adoptaban nombres gentilicios para lograr ciertos privilegios sociales.
Considerando que esta práctica era un abuso, el Emperador Claudio, que reinó
desde el año 40 al 54 de nuestra era, prohibió a los extranjeros que adoptaran
nombres roma nos y esencialmente nombres de antiguas gentes (249). Las
familias romanas, perteneciendo a gentes históricas, cotizaron más alto su
linaje, tanto durante la República como bajo el Imperio.
Todos los miembros de la gens eran libres e.
iguales en derechos y deberes, tanto el más pobre como el más rico, el más
descollante como el más obscuro, y compartían por igual cualquiera que fuese la
dignidad que el nombre gentilicio les confería, el que heredaban
S u
e tonio, Vit. Claudius, cap. 25. 324 LEWIS H. MORGAN
como derecho de nacimiento. Libertad, igualdad y
confraternidad eran los principios cardinales de la gens romana, así como lo
eran también de las gentes de los griegos y de los indios americanos.
8. D e r e c h o d e a d o p t a r e n la " g
e n s e x t r a ñ o s e n san g
r e
En tiempos de la República y también del Imperio
existía la cos tumbre de que la familia adoptara extraños, costumbre que
incorpo raba la persona adoptada a la gens de esa familia. Pero estas prác
tica estaba rodeada de formalidades que la hacían difícil. Toda per sona sin
hijos, y que por su edad ya no podía tenerlos, tenía el de recho de adoptar
una criatura con el consentimiento de los pontífices y de la comitia curiata.
El Colegio de Pontífices era el señalado en estos casos a fin de que los ritos sagrados
de la familia que adoptaba la persona no sufrieran menoscabo' (250), como
también la asamblea,
a nn de que el adoptado recibiese el nombre
gentilicio y pudiese heredar los bienes de su padre adoptivo. De las medidas
precaucio-nales existentes todavía en tiempos de Cicerón, se desprende como
consecuencia lógica que bajo el régimen anterior, que era puramen
te gentilicio, las restricciones debían haber sido
mayores y los casos más raros. No es probable que en los tiempos primitivos se
permitie ra la adopción sin consentimiento de la gens y de la curia a las cua
les pertenecía; y aún así, el número de adoptados debe haber sido limitado.
Pocos detalles poseemos de las costumbres antiguas refe rentes a la adopción.
9 . D e r e c h o d e e l e g i r y d e p o n e r
sus je f e s
Lo incompleto de nuestros conocimientos de las
gentes romanas
se pone de manifiesto en la ausencia de información
directa con res-
>ecto
al desempeño del cargo de jefe (princeps). Con anterioridad a a institución de
la sociedad política, cada gens tenía su jefe, v, pro
bablemente, más de uno. Al producirse la vacante
del cargo, debía ser llenada necesariamente, ya fuese por elección de un
gentil, como entre los iroqueses, o por derecho hereditario. Pero la falta de
prue bas de derecho hereditario y la existencia del principio electivo con
respecto a casi todos los cargos en la época de la República y ante riormente,
en tiempos de los reges, conducen a la conclusión de que el derecho hereditario
era ajeno a las instituciones de las tribus latinas. El cargo más alto, el rex,
era electivo; el de senador era elec-
C ic
e r ó n, Pro Domo, cap. 13.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 32 5
tivo o por nombramiento, y así el de cónsules y
magistrados infe riores.
Esto variaba con respecto al colegio de pontífices,
instituido por Numa. Al principio, los pontífices mismos llenaban las vacantes
por elección. Livio habla de la elección de un pontifex maximus por la comitia,
aproximadamente en el año 212 a. de }. C. (251). La lex Domitia transfería al
pueblo el derecho de elegir los miembros de los diversos colegios de pontífices
y de sacerdotes, pero la ley fue modificada posteriormente por Sulla (252). La
presencia del prin cipio activo de elección entre las gentes latinas, aesde
que aparecen por vez primera en la historia hasta la República, robustece
sensible mente la presunción de que la tenencia del cargo de jefe era
electiva.. Las características democráticas de su régimen social, que se
revelan en tantos detalles, fueron heredadas de las gentes. Sería menester una
prueba positiva de que el cargo se llenaba por derecho heredita rio para
derribar la presunción contraria. El derecho de elegir lleva en sí el derecho
de deponer, cuando la tenencia es vitalicia.
Estos jefes, o una selección de ellos, componían,
antes de la fun dación de Roma, el consejo de las diversas tribus latinas,
principal instrumento de gobierno. Entre las tribus latinas, como entre las
griegas, aparecen ciertos trazos de estos tres poderes coordinados en el
gobierno, a saber: el consejo de jefes, la asamblea popular a la que debemos
suponer se le sometían las medidas públicas más importantes para su adopción o
rechazo, y el comandante militar. Mommsen refiere que "Todas estas ciudades
(tribus) fueron autóno mas en un principio: cada cual se regía por su príncipe
con la asis tencia de los ancianos y de la asamblea de los ciudadanos arma
dos" (253).
El orden del postulado, de Mommsen necesita ser
invertido y el postulado mismo calificado. Este consejo, por sus funciones y
por
su posición central en el sistema social del cual
emanara, ejercía ne cesariamente el poder supremo en los asuntos civiles. El
que gober naba era el consejo y no el comandante militar. "En todas las
ciuda des de las naciones civilizadas a orillas del Mediterráneo observa
Niebuhr , el senado fue un órgano de gobierno no menos esencial
e indispensable que la asamblea popular; era un
cuerpo escogido de ancianos; tal consejo dice Aristóteles , existe siempre ya
sea aris tocrático o democrático; aún en las oligarquías, por corto que sea el
número de participantes en la soberanía, ciertos consejeros son nombrados para
preparar medidas de orden público" (254).
El senado de la sociedad política fue el sucesor
del consejo de
Livio,
XXV, 5.
Smith,
Die., art. Pontifex.
History
of Rome, I, 66 (pág. 63-4 ed. castellana).
Ib-,
I, 258.
LEWIS H. MORGAN
jefes de la sociedad gentilicia. Rómulo creó el
primer senado romano con cien ancianos y, como en ese entonces sólo existían
cien gentes, puede deducirse lógicamente que ellos eran los jefes de esas
gentes. El cargo era vitalicio y no hereditario; de aquí la conclusión final de
que el cargo de jefes en esa época era electivo. Si hubiese sido en otra forma,
todas las probabilidades serían de que el senado ro mano había sido instituido
como un cuerpo hereditario. La eviden cia de la constitución esencialmente
democrática de la sociedad an-tigua salta a la vista en muchos puntos, pero
este hecho no ha logra do hallar su curso en las exposiciones históricas
modernas sobre la sociedad gentilicia griega y romana.
Respecto al número de personas de la gens romana,
poseemos, afortunadamente, algunos antecedentes. Por el año 474 a. de J C., la
gens Fabia propuso al senado emprender como gens la guerra contra los
habitantes de Veyes, lo que, según decían, exigía un ejército más bien
permanente que poderoso (255). El ofrecimiento fue aceptado
trescientos
seis soldados, todos patricios, salieron de Roma entre los aplausos de sus
compatriotas (250). Después de una serie de triun fos fueron aniquilados
totalmente en una emboscada. Pero habían de jado tras suyo, en Roma, un único
varón que aún no llegaba a la
edad de la pubertad, quien quedaba solo, para
perpetuar la gens Fabia (257). Resulta increíble el hecho de que trescientas
personas no dejaran en sus familias más que un solo niño varón impúber, pero
esta es la versión. Este número ae personas indicaría un número pro porcional
de mujeres, quienes, con los hijos de los varones, darían un total de
setecientos miembros, por lo menos, para la gens Fabia. Si bien los derechos,
obligaciones y funciones de la gens romana han sido presentados en forma
incompleta, se han considerado sufi cientes para demostrar que esta
organización fue la fuente de su vida social, gubernamental y religiosa. Como
unidad de su sistema social imprime su carácter a las organizaciones más
elevadas de las cuales es parte integrante. Para la comprensión íntegra de las
ins tituciones romanas en sus orígenes y desenvolvimiento, es necesario un
conocimiento de su gens mucho más completo que el que po seemos.
L iv
io , II, 48.
Ib.,
II, 49.
T
rescen tos sex perisse satis conven it: unum pro b e pubescent aetate relictum
stirpem gente Fabiae, dubiisque rebus popu li R o m a n i sepe do m i b e-
llique vel m á x im u m futurum auxilium . L iv i o
, II, 50, y ver O v id io , F a sti, II, 193.
LA CURIA, LA TRIBU Y EL POPULUS ROMANOS
Habiéndonos ocupado de la gens romana, queda aún
por consi
derar la curia, compuesta de varias gentes, la
tribu, compuesta de va rias curias, y finalmente, el pueblo romano, compuesto
de varias tribus. Al proseguir este estudio, la investigación se limitará a la
constitución de la sociedad tal como se encontraba desde la época
de Rómulo hasta la de Servio Tulio, con alguna
noticia de los cambios producidos en los primeros tiempos de la República,
mientras el sis tema social iba desapareciendo y se establecía el nuevo
régimen político.
Se verá que durante cierto tiempo, como entre los
atenienses,
coexistieron dos regímenes de gobierno, uno junto
al otro, y que mientras el más antiguo iba cediendo su lugar al nuevo, éste se
afian zaba cada vez más. El primero fue una sociedad (societas), basada en las
gentes; y el segundo un estado (civitas), basado en el territorio y la
propiedad, que, gradualmente, fue suplantando a aquél. Un gobierno que
atraviesa un período de transición, es forzosamente complejo, y, por
consiguiente, difícil de comprender. Estos cambios no fueron violentos, sino
paulatinos; comenzados en la época de Ró mulo, fueron más adelante completados
por Servio Tulio aunque
no íntegramente, abarcando así un presunto período
de doscientos años, preñado de sucesos de gran trascendencia para el estado na
ciente. Para continuar la historia de las gentes hasta el derrocamiento de su
influencia por el estado, será necesario, después de habernos ocupado de la
curia, la tribu y la nación, explicar sucintamente el nuevo régimen político.
Este último será objeto de estudio en el capítulo siguiente.
La sociedad gentilicia entre los romanos, presenta
cuatro etapas de organización: primero, la gens, que era una agrupación de con-
328 LEWIS H. MORGAN
sanguíneos y la unidad del régimen social; segundo,
la curia, análo ga a la fratría griega, formada por diez gentes enlazadas en
una organización más elevada; tercero, la tribu, formada por diez curias, que
poseía algunos de los atributos inherentes a una nación bajo instituciones
gentilicias; y cuarto, el pueblo romano (Populas Ro-manus), compuesto en la
época de Tullo Hostílio, por tres de esas tribus fusionadas en una sociedad
gentilicia, y que abarcaba tres-cientes gentes. Hay hechos que garantizan la conclusión
de que, en los comienzos del período histórico, todas las tribus italianas
ofre cían una organización similar; pero con la diferencia, quizá, de que la
curia romana presentaba una organización más avanzada que la fratría griega o
que las organizaciones correspondientes en las res tantes tribus italianas; y
que la tribu romana, debido a su aumento forzado, llegó a presentar una
organización más comprensiva que
las demás tribus del tronco italiano. A
.continuación citaremos algu nos casos como testimonio de esta afirmación.
Con anterioridad a la época de Rómulo, las tribus
italianas, en sus diversas ramas, habían llegado a ser un pueblo numeroso. El
gran número de tribus pequeñas en que se había subdividido demues tra ese
estado de inevitable desintegración que acompaña a las ins tituciones
gentilicias. Pero el principio federal se había hecho sen tir entre las otras
tribus italianas tanto como en las latinas, aunque no llegó a constituir una
confederación que .alcanzara resultados de importancia. Mientras subsistía este
estado de cosas, se produjo ese gran movimiento atribuido a Rómulo, a saber: la
concentración de
cien gentes latinas a orillas del Tiber, que fue
seguida de una reunión parecida de gentes sabinas, etruscas, latinas y otras,
hasta abarcar doscientas gentes más, que finalmente se fusionaron formando un
solo pueblo. Fue así como se echaron los cimientos
de Roma a los que seguirían el poderío y la civilización romanos. Esta
consolida ción de gentes y tribus bajo un gobierno, comenzada por Rómulo y
terminada por sus sucesores, fue la que preparó el camino del nuevo régimen
político: el paso de un gobierno basado en personas y en relaciones personales
a otro basado en el territorio y la propiedad. No interesa que los siete
personajes conocidos como los reyes
de Roma fuesen reales o legendarios, ni que la
legislación atribuida a alguno de ellos haya sido verdadera o fabulosa, en
cuanto importa a este estudio, porque los hechos referentes a la constitución
pri mitiva de la sociedad latina quedaron incorporados a las institu
ciones romanas y pasaron así af período histórico.
Afortunadamente, sucede que los acontecimientos del progreso humano se encaman,
in dependientemente de los individuos, en un registro material que ha
cristalizado en instituciones, usos y costumbres y se han conservado a través
de inventos y descubrimientos. Los historiadores, por una especie de necesidad,
dan a los individuos gran trascendencia en la
LA so c ied a d p r im it iv a 329
producción de los acontecimientos, colocando así a
las personas, que son transitorias, en el lugar de los principios, que son
perdurables. La labor de la sociedad en su totalidad, por la que se producen
todos los acontecimientos, se atribuye en gran escala, a individuos, y en grado
ínfimo a la capacidad colectiva. Se reconocerá que, en general, la esencia de
la historia humana está ligada al desarrollo de las ideas, las que son
elaboradas por el pueblo y expresadas en sus instituciones, costumbres, inventos
y descubrimientos.
El ajuste numérico antes señalado, de diez gentes
por curia, diez curias por tribu y tres tribus para el pueblo romano, fue el
resultado de una acción legislativa no más antigua, en las dos primeras tribus,
3 ue la época de Rómulo. Esto fue posible por las
incorporaciones e gentes en las tr ibus vecinas, ya fuese por su voluntad o por
conquista, las cuales se agregaron principalmente a
los tictes y a los
luceres, a medida que se iban formando. Pero una
precisión numé
rica tal, no podía mantenerse invariable a través
de siglos, especial
mente, con respecto al número de gentes de cada
curia.
Hemos visto que la fratría griega, fue más bien una
organización social y religiosa, que una organización política. Ocupando una
po sición intermedia entre la gens y la tribu, sería menos importante que
cualquiera de éstas mientras no se le agregaran funciones guber nativas. Entre
los iraqueses aparece en forma rudimentaria-, destacán dose desde un principio
su carácter social en contraposición al gu bernamental. Pero la curia romana,
fuese lo que fuese, en el periodo anterior, se convirtió en una organización
más integral y guberna mental que la fratría de los griegos; sin embargo, se
conoce más de esta última que de la primera. Es probable que las gentes
compren didas en cada curia fuesen, en su mayoría, gentes emparentadas; y que
su reunión en una organización más elevada, se cimentase pos teriormente por
su matrimonio dentro de la curia, por el cual las gentes de una misma curia se
proveían de esposas dentro de ésta.
Los autores antiguos no hacen referencia al
establecimiento de la curia, pero esto no significa que sea creación de Rómulo.
Figura por primera vez mencionada, como institución romana, en la legisla ción
de éste, habiéndose establecido el número de curias de dos de
las tribus en su época. La organización, como
fratría, existía probable mente entre las tribus latinas desde tiempo
inmemorial. Hablando Livio del favor que gozaban las sabinas después que,
merced a la intervención de ellas, se restableció
la paz entre latinos y sabinos, refiere que cuando Rómulo dividió el pueblo en
treinta curias les puso los nombres de dichas mujeres (258).. Dionisio em plea
el término fratría como equivalente de curia pero también da
(258) Livio, I, 13.
330 LEWIS H. MORGAN
este último (259), y observa, más adelante, que
Rómulo dividió
la curia en décadas, siendo, por supuesto, gentes
estas diez divisiones (260). En el mismo sentido Plutarco se refiere al hecho
de que cada tribu contenía diez curias, las que según algunos dice , lleva
ban nombres de mujeres sabinas (261). Su forma de
expresarse es más precisa que la de Lávio y Dionisio, cuando afirma que cada
tribu contenía diez curias, y no que cada una se dividía en décadas, porque las
curias estaban formadas por gentes como unidades ori ginarias y no por gentes
salidas de una curia por subdivisión. La obra realizada por Rómulo, fue el
ajuste del número de gentes de cada curia y del número de curias de cada tribL
lo que pudo realizar merced al aumento de individuos venidos de tribus vecinas.
Teóricamente, cada curia debía estar formada de gentes derivadas
por segmentación de una o más gentes, y la tribu
sería un creci miento natural originado en la formación de más de una tribu,
cada una de las cuales estaría; formada por gentes ligadas entre ellaá por el
vínculo del dialecto común.
Las cien gentes de los ramnes eran gentes latinas.
Rómulo en
su organización en diez curias, respetó
indudablemente el vínculo de parentesco, colocando gentes emparentadas en la
misma curia,
en la medida de lo posible, y logrando así, ajuste
numérico, tomando arbitrariamente el exceso de gentes de una curia originaria
para com pensar la deficiencia de otra. Las cien gentes de los tictes eran, en
su mayoría, gentes sabinas. También se hallaban distribuidas en diez curias y,
muy probablemente, obedeciendo al mismo principio. La tercera tribu, los
laceres, se formó más tarde por incorporaciones continuas y por las conquistas.
Esta tribu era heterogénea en sus elementos, conteniendo, entre otras, cierto
número de gentes etruscas. Había sido ordenada de acuerdo con la misma escala
numérica en
diez curias, cada una de las cuales se componía de
diez gentes. Bajo esta reconstitución, mientras la gens, unidad de la
organización, per manecía pura e invariable, la curia fue elevada sobre su
nivel lógi co y obligada a incluir, en ciertos casos, un elemento extraño que
no pertenecía a una fratría originaria estricta; y
la tribu también fue elevada sobre su nivel lógico y obligada a abarcar
elementos extraños que no pertenecían a una tribu desarrollada naturalmente.
Mediante esta imposición legislativa, las tribus, con sus curias y gentes,
fueron igualadas, mientras que la tercera tribu era, en gran parte, una
creación artificial bajo la presión de las circunstancias. La vinculación
lingüística de los etruscos es todavía materia de dis cusión. Se presume que
su dialecto no era completamente ininteli-
Dionisio,
Antiq. o f Rome, II, 7.
ídem.
P l
u t a r c o , Vit, Romulus, cap. 20.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 331
gible para las tribus latinas, pues de otro modo no
habrían sido ad mitidos dentro del régimen social romano, que a la sazón era
pu ramente gentilicio. La proporción numérica así lograda facilitaba la acción
gubernativa de la sociedad como unidad.
Niebuhr, que fue el primero en tener una concepción
exacta
de las instituciones romanas en este período,
reconoció el hecho de que el pueblo era soberano, que los llamados reyes
ejercían un poder delegado y que el senado se basaba en el principio de repre
sentación, teniendo cada gens un senador; sin embargo, estuvo en desacuerdo con
los hechos evidentes, al afirmar, refiriéndose a esta escala proporcional, que
tales proporciones numéricas son una prue ba irrefutable de que las casas
romanas (g entes) (262), no eran más antiguas, que la constitución, sino corporaciones
formadas por un legislador en armonía con el resto de su plan (263). Es
innegable que un pequeño elemento extraño fue agregado a las curias de la
segunda y tercera tribu y, especialmente, de la tercera; pero fue
sencillamente imposible que una gens fuera cambiada
en su composi ción o reconstruida o hecha. Un legislador no podría hacer una
gens, ni una curia, a menos que lo hiciera combinando las gentes existen tes
alrededor de un núcleo de gentes emparentadas; pero podía aumentar o disminuir,
recurriendo a la fuerza, el número de gentes de una curia y aumentar o
disminuir el número de curias de una tribu.
Niebuhr ha mostrado también que la gens era una
organización antigua y universal entre los griegos y romanos, lo que hace aún
más incomprensible su declaración precedente. Además, parece que la fratría era
universal entre los griegos jónicos* y es probable que la curia, quizá bajo
otro nombre, fuera igualmente antigua entre las tribus latinas. Las
proporciones numéricas a las que nos hemos re ferido fueron sin duda el
resultado de acción legislativa en la épo ca de Rómulo, y poseemos numerosas
pruebas de las fuentes de for mación de las nuevas gentes con las que pueden
haberse obtenido esas proporciones.
Los miebros de las diez gentes unidas en una curia
se, llamaban curiales entre ellos. Elegían un sacerdote, el curio, que era el
jefe de la fraternidad, Cada curia tenía sus ritos sagrados, en cuya ob
servancia participaba la fraternidad, su sacellum como lugar de práctica del
culto, y su lugar de asamblea, donde se reunían para
la realización de negocios. Además de los curios,
que tenían a su cargo la parte principal de sus asuntos religiosos, los
curiales tam-
(262) Si Niebuhr usó el término "casa en lugar de gens o si fue fan
tasía de sus traductores, no podría decirlo.
Thirlwall, uno de los traductores, aplica este término frecuentemente a la gens
griega, lo que, por lo menos, es objetable.
History
of Rome, I, 244. 332 LEWIS H. MORGAN
bién elegían un sacerdote .auxiliar, el flamen
curialis, quien desem peñaba el cargo inmediato en los asuntos religiosos.
La curia dio su nombre a la asamblea de las gentes,
la comitia curiata, que era el poder soberano en Roma, en un grado mayor
que el senado bajo el régimen gentilicio. Tal era
en términos gene rales, la organización de la curia o fratría romana (264).
A continuación en la escala ascendente venía la
tribu romana compuesta de diez curias y de cien gentes. Cuando la tribu era el
resultado de un crecimiento natural sin influencias externas, sería una reunión
de gentes derivadas por segmentación de una gens ori ginaria o de dos gentes,
todos cuyos miembros hablarían un mismo dialecto. Mientras la tribu no se
dividió por el proceso señalado, in cluía a todos los descendientes de los
miembros de esas gentes. Pero la tribu romana, a la cual nos concretaremos ahora,
fue agrandada artificialmente con miras y por medios especiales, siendo su base
y su organismo, un crecimiento natural.
En la época anterior a Rómulo cada tribu elegía un
funcionario
jefe, con deberes jurídicos, militares y religiosos
(265). Desempeñaba en la ciudad funciones jurídicas, así como administraba su
sacra, y dirigía también sus fuerzas militares en campaña (266). Probable
mente era elegido por las curias reunidas en asamblea general; pero aquí
nuevamente nuestra información es incompleta. Es indudable
que fue un cargo de carácter peculiar, antiguo en
las tribus latinas y otorgado por elección. Fue asimismo el germen de un cargo
más elevado aún: el rex o comandante militar general, cuyas funciones
(264) Dionisio ha dejado un análisis profundo y
circunstancial de la or
ganización atribuida a Rómulo, a pesar de que una
parte parece pertenecer a
un período posterior. Es interesante por el
paralelo que traza entre las insti tuciones gentilicias de los griegos, con
las cuales estaba igualmente familiari zado, y la de los romanos. En primer
término, dice, hablaré del orden de su política que considero el más suficiente
de todos los arreglos políticos tanto en tiempo de paz como de guerra. Era el
siguiente: después de dividir a toda
la multitud en tres grupos, designó jefe al hombre
más prominente en cada gru po; luego al dividir cada grupo en diez, a su vez,
designó los jefes más va lientes de cada grupo, que tenían entre ellos la
misma categoría; llamó tribus a los grandes grupos y curias a los más pequeños,
como todavía se los llama siguiendo esa costumbre. Estos nombres interpretados
en griego serían: tribus una tercera parte, una phylé, curia", una fratría
y también grupo más o menos numeroso; y los hombres que ejercían la dirección
de las tribus eran filarcas y IrtiarcaS, a los que los romanos llamaban
tribunos ; y los que estaban al fren te de las curias, fratriarcas y locagoi,
curiones para los romanos. Las fratrías estaban divididas en décadas y el jefe
de las mismas era el decadarca. Y cuan
do todos estuvieron divididos en tribus y fratrías,
dividió la tierra en treinta partes iguales dándole una parte entera a cada
fratría, eligiendo una parte suficiente para ceremonias religiosas y templos, y
dejando una porción dfe tierra para uso común. Antiqu. of Rome, II, 7.
Dionisio,
II, 7.
Smith,
Die., I. c., art. Tribuno.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 333
eran similares al que nos ocupa. Los jefes de las
tribus eran lla
mados dirigentes por Dionisio (267). Cuando las
tres tribus romanas
se reunieron como un pueblo, bajo el senado, la
asamblea popular y
el comandante militar, el cargo de jefe de la tribu
quedó obscure
cido y se hizo menos importante; pero la
subsistencia continuada
del cargo por tenencia electiva confirma la
deducción de su primitivo
carácter popular.
También la asamblea de la tribu debe haber existido
desde tiem pos remotos. En la época anterior a la fundación de Roma todas las
tribus italianas eran prácticamente independientes, a pesar de estar más o
menos unidas en una relación de confederación. Como cuerpo
de. gobierno propio cada una de estas tribus
antiguas tenía su consejo de jefes que eran sin duda los jefes de las gentes,
su asamblea po pular y los jefes que dirigían las fuerzas militares. Estos
tres ele mentos de la organización de la tribu, a saber: el consejo, el jefe
de la tribu y la asamblea de la tribu, fueron los moldes donde se plas maron,
posteriormente, el senado romano, el rex romano y la comitia curiata. Es muy
probable que el jefe de la tribu fuese llamado rex antes de la fundación de Roma,
y lo mismo puede decirse de los nombres de los senadores ( senex) y de la
comitia (con-ire). Por lo que se sabe de la condición y organización de estas
tribus, se de duce que sus instituciones eran esencialmente democráticas. Des
pués de la unión de las tres tribus romanas, el carácter individual de la,
tribu se confundió en una organización más elevada; pero aún perduraba como
elemento integrante necesario en las series or gánicas.
La cuarta y última etapa de la organización fue la
nación o pue blo romano formado, como se ha dicho, por la unión de tres
tribus. Esta organización final se manifiesta exteriormente por un senado
(senatus), una asamblea popular (comitia curiata) y un comandante militar
general (rex). Más adelante se manifestó también por una ma gistratura de
ciudad, una organización militar y un sacerdocio na cional común de distintos
órdenes (268).
Desde el principio la idea céntrica de sus
regímenes gubernamen tal y militar, fue la de una organización urbana poderosa
que colo
caba a todo territorio fuera de Roma en situación
de provincia de
ésta. Bajo la democracia militar de Rómulo, bajo la
organización
mixta democrática y aristocrática de la República y
bajo el imperialis-
Dionisio,
II, 7. ¦
Los
treinta enviones estaban organizados, como un cuerpo, en un
colegio de sacerdotes, desempeñando uno de ellos el
cargo de curio M a x im u s. éste era elegido por la asamblea de gentes.
Además, existía el colegio de augu res que, según la ley Ogulnía (300 a. de
J.C.), se componía de nueve miembros incluso su funcionario principal (m a g is
ter collegii), y el colegio de pontífic es
compuesto, según la misma ley, por nueve miembros
incluso el pon tifex m a x im u s.
LEWISH.MORCAN
mo posterior, el gobierno tenía una gran ciudad en
su centro, núcleo permanente al que se le agregaban por las conquistas
elementos que se añadían como incrementos, en lugar de formar con la ciudad,
ele mentos constituyentes del gobierno. No figura en la historia de la
humanidad nada semejante a esta organización romana por el po derío que llegó
a adquirir y el progreso de esa raza. Ella perdurará siempre como una maravilla
de los siglos.
Bajo la organización de Rómulo, los romanos se
titulaban Po pulas Romanus, con entera propiedad. Ellos no formaron otra cosa
que una sociedad gentilicia. Pero el rápido crecimiento de su número y el
aumento aún más grande que se produjo entre este período y el de Servio Tulio,
demostró la necesidad de un cambio fundamental
en su régimen de gobierno. Rómulo y los hombres
sabios de su tiempo habían sacado de las instituciones gentilicias todo cuanto
éstas podían dar. Debemos a su legislación el gran esfuerzo realiza do para
organizar, sobre las gentes, una gran potencia nacional y militar; y, por esto,
algún conocimiento del carácter y estructura de instituciones que, de otro
modo, hubieran permanecido en la obs curidad, si es que no se hubiesen borrado
del recuerdo. El engran decimiento del poderío romano a base de instituciones
gentilicias fue un acontecimiento notable en la experiencia humana. No es de
extrañar que los hechos que acompañaron este movimiento nos hayan llegado
alterados a través de relatos sentimentales, por no decir en vueltos en
leyendas fabulosas. Roma vino al mundo por una feliz concepción atribuida a
Rómulo y continuada por sus sucesores: con centrar en una nueva ciudad el
mayor número posible de gentes,
bajo un solo gobierno y con todas sus fuerzas
militares a las órdenes de un único jefe, el comandante militar. Su propósito
fue esencial mente militar: conquistar la supremacía en Italia, y por lo
tanto, no debe sorprendemos que la organización tomara la forma de una de
mocracia militar.
Eligiendo una magnífica situación a orillas del
Tiber, donde este río después de descender por las laderas penetra en la
campaña. Rómulo ocupó, con una tribu latina de la que era jefe, el Monte
Palatino, lugar de una antigua fortaleza. La tradición deriva su des cendencia
de los jefes de Alba, pero esto tiene una importancia se cundaria. La nueva
población creció con rapidez maravillosa, con tando la tradición de que a su
muerte las fuerzas militares ascendía a 46.000 soldados de infantería y 1.000 de
caballería, lo que supone una población de 200.000 almas en la ciudad y en los
alrededores
que estaban bajo su protección. Refiere Livio que
era un viejo recurso (¦vetus consilium) de los fundadores de ciudades atraerse
una multitud
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 335
obscura y sencilla y luego plantear para su
progenie la reclamación autóctona (269).
Se afirma que Rómulo, siguiendo esta vieja
práctica, instaló un asylum (lugar de refugio) cerca del Palatino e invitó a
todas las per sonas de las tribus vecinas, sin distinción de carácter ni
condición, a compartir con su tribu el destino de la nueva ciudad. Añade Livio
más adelante que una gran muchedumbre huyó hacia éste lugar,
desde todos los contornos, tanto esclavos como
libres, constituyendo así la primera incorporación de fuerzas extrañas a la
nueva empresa (270). Tanto Plutarco (271), como Dionisio (272), hacen
referencia al asylum cuya instalación con el objeto y éxito descritos, fue un
hecho probable. Este tiende a demostrar que el pueblo de Italia había llegado a
ser numeroso para bárbaros y que el descontento reinaba entre ellos, sin duda
por la protección deficiente de los de rechos personales, la existencia de la esclavitud
doméstica y el te mor a la violencia. Es indudable que, en un estado semejante
de co sas, un hombre sagaz, con genio militar suficiente para manejar la clase
de individuos así reunida, sabría aprovechar la situación. Otro hecho
importante que sigue al anterior en esta narración en parte sentimental y
fabulosa, y que debemos recordar al lector, es el asalto de los sabinos para
vengar al rapto de las vírgenes de su tribu, con vertidas ahora en honorables
esposas de sus raptores. Esto dio por resultado un arreglo inteligente por el
cual latinos y sabinos se unie ron, en una sociedad, si bien conservando cada
división su propio jefe militar, Los sabinos se ubicaron en los montes Quirinal
y Ca pitolio. Fue así como se produjo la incorporación de la mayor parte
de la segunda tribu, los tides, bajo su jefe
militar Ticio Tacio. Des pués de su muerte todos ellos cayeron bajo el comando
militar de Rómulo.
Pasando por alto a Numa Pompilio, sucesor de
Rómulo, quien es tableció en una escala más amplia, las instituciones
religiosas de los romanos, nos ocuparemos de Tullo Hostilio, su sucesor, quien
se apoderó de la ciudad latina de Alba y trasladó su población íntegra a Roma,
ubicándola en el Monte Coelia con los mismos privilegios que los ciudadanos
romanos. Dice Livio que entonces el número de ciudadanos fue doblado (273);
pero no es probable que lo fuese ex clusivamente de esta fuente. Ajic o
Marcio, sucesor de Tullo, tomó la ciudad latina de Politorium, y siguiendo la
práctica establecida,
Livio,
I, 8.
Eo
ex jinitimis populis turba omnis sine discrimine, liber an servus esset, avida
novarum rerum perfugit; idque primum ad coeptam magnitudinem roboris jut.
Livio, I, 8.
Vit.
Romulus, cap. 20.
Ant.
of Rome, II, 15.
Livio,
I, 30.
336 LEWIS H. MORGAN
hizo trasladar toda la población a Roma (274). Se
le asignó el Monte Aventino, con fueros similares. Poco después los habitantes
de Te-llini y Ficana, fueron sometidos y conducidos a Roma, donde tam bién
ocuparon el Aventino (275). Se advertirá que en todos los casos las gentes
traídas a Roma, como las primitivas gentes latinas y sa binas, continuaban
ubicadas separadamente. Era usanza universal
en la sociedad gentilicia, tanto en el estadio
medio de la barbarie como en el superior, que al comenzar a reunirse las tribus
en for talezas y ciudades amuralladas, las gentes se ubicaran localmente
juntas, por gentes y fratrías (276). De esta manera se establecieron
las gentes en Roma. La mayor parte de estas
incorporaciones esta ban fusionadas en la tercera tribu, los luceres, lo que
le daba una amplia base de gentes latinas. Esta no estuvo totalmente completa
hasta la época de Tarquíno Prisco, el cuarto jefe militar desde Ró-mulo, quien
incorporó nuevas gentes, algunas de las cuales eran etruscas.
Por este y otros medios, fueron reunidas en Roma
trescientas
gentes y organizadas allí en curias y tribus, que
diferían un tanto en sus linajes de tribu; pues los ramnes, como se ha dicho,
eran latinos; los tides, sabinos en su mayor parte; y, los luceres,
probablemente latinos en su mayoría y una gran parte de agregados de diversos
orí genes. Fue así como el pueblo romano y su organización se desarro llaron,
llegando a constituir, por incorporaciones más o menos im puestas, curias; de
las curias llegaron a las tribus y de éstas a una sociedad gentilicia. Pero el tipo
de cada una de estas organizaciones, con excepción de la última, había existido
entre ellos y sus antepa sados desde tiempo inmemorial, con una base natural
para cada curia en el parentesco de las gentes actualmente unidas en cada una
de aquéllas, y una base semejante para cada tribu
en el linaje común
de la mayor parte de las gentes reunidas en cada
una. La única no
vedad en la organización era la proporción numérica
de las gentes
con respecto a la curia, de las curias para con las
tribus y la fusión
de éstas últimas en un pueblo. Puede llamársela
crecimiento bajo
compulsión legislativa, porque las tribus así
formadas no estaban en
teramente exentas de la intromisión de elementos
extraños; de aquí
nació el nuevo nombre de tribus, que significaba
una tercera parte
del pueblo, y que surgió para distinguir esta
organización.
(274)
Ib., I, 33.
(275) Livio, I, 38.
(276) Entre los indios pueblos de Nuevo Méjico,
todos los ocupantes de
una vivienda pertenecían a la misma tribu y ,en
algunos casos, una gran vi vienda común contenía a una tribu. Según se ha
referido, en la villa de Mé jico había cuatro cuarteles principales, cada uno
de los cuales estaba ocupado por un linaje, probablemente una fratría, mientras
los tlatelulcos ocupaban un quinto distrito. También en Tlascaía había cuatro
cuarteles ocupados por cua tro linajes, probablemente fratrías.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 337
La lengua latina debe haber tenido un término
equivalente al griego phylon que significa tribu, pues los latinos tenían la
misma organización; pero si así fue, ha desaparecido. La invención de este
nuevo término prueba, en parte, que las tribus romanas contenían elementos
heterogéneos mientras que las tribus griegas eran puras y el linaje de las
gantes que las formaban seguía una misma descen dencia.
Nuestro conocimiento de la constitución primitiva
de la sociedad latina tiene su origen, principalmente, en la constitución
atribuida a Rómulo, desde que ésta trae a la vista la organización anterior de
las tribus latinas con las mejoras y modificaciones que sugiriera la ciencia de
la época. Dicha organización se manifiesta en el senado como un consejo de
jefes, en la comitia curiata como una asamblea popular de curias, en el cargo
de comandante militar general y en las series ascendentes de organizaciones. Se
le ve más especialmente en la presencia de gentes con privilegios, obligaciones
y derechos re conocidos. Por otra parte, el gobierno instituido por Rómulo y
per feccionado por sus sucesores inmediatos, presenta a la sociedad gen
tilicia en la forma estructural más elevada que pudo alcanzar la familia
humana. La época a que se ha hecho referencia es la inme diatamente anterior a
la institución de la sociedad política por Ser
vio Tulio.
El primer acto de trascendencia de Rómulo, como
legislador, fue la institución del senado romano. Estaba compuesto de cien
miem bros, uno por gens o diez por curia. El consejo de jefes como órgano
primario ae gobierno no era nuevo para las tribus latinas. Desde tiempo
inmemorial se habían acostumbrado a su existencia y a su autoridad.. Pero es
probable que, con anterioridad a Rómulo, se hu biere transformado, como los
consejos de Grecia, en órgano de pre consulta, obligado a preparar y elevar
las medidas de orden público más importantes, a la asamblea popular, para su
adopción o rechazo. Este fue en efecto la reasunción por parte del pueblo, de
los poderes antes atribuidos al consejo de jefes. El solo hecho de que ninguna
medida de orden público de carácter esencial podía ponerse en vi gencia hasta
tanto no recibiera la sanción de la asamblea popular, demuestra que el pueblo
era soberano, y no el consejo o el jefe militar. Revela también cuán
profundamente compenetrado de prin cipios democráticos estaba su régimen
social. El senado instituido por Rómulo, a pesar de que sus funciones eran sin
duda substan cialmente semejantes a las del primitivo consejo de jefes, fue un
adelanto en muchos sentidos. Estaba compuesto ya por jefes o por hombres sabios
de las gentes, enviando cada gens su decurión que era su regidor (277), como
refiere Niebuhr , para que la re-
History
oj Rome, I, 258.
LEWIS H. MORGAN
presentara en el senado. Fue así, en el comienzo,
un cuerpo repre sentativo y electivo y permaneció desempeñándose por elección
o selección hasta el imperio. El cargo de senador era vitalicio, único período
de tenencia conocido entonces por ellos, y por lo tanto, co rriente. Livío
atribuye la selección de los primeros senadores roma nos a Rómulo, afirmación
probablemente errónea pues contradice
la teoría de sus instituciones. Él afirma que
Rómulo eligió cien se nadores, ya fuese porque el número era suficiente o
porque no ha bía sino cien que podían ser creados Padres. Indudablemente el
título de Padre se les dio teniendo en cuenta la dignidad del cargo que
desempeñaban. A sus descendientes se les llamó patricios (278). La índole del
senado como cuerpo representativo, el título de Pa dres del Pueblo dado a sus
miembros, la tenencia vitalicia del cargo, y sobre todas estas consideraciones,
la distinción de patricios con ferida a perpetuidad a sus hijos y
descendientes directos, implantó de golpe, en el centro de su sistema social,
una jerarquía de rangos que se arraigó profundamente. El senado romano por su
alto destino, su composición, y el rango de patricio que otorgaba a sus
miembros
y transmitía a sus descendientes, ocupó una
situación privilegiada en el nuevo Estado. Fue este elemento aristocrático,
introducido ahora por vez primera en el gentilismo, el que dio a la República
su ca rácter bastardo y que, como pudo preverse, culmino en un impe rialismo
y con éste, en la disolución de la raza. Es posible que aumen tara la gloria
militar y extendiera las conquistas de Roma, cuya as piración fue, desde un
principio, la supremacía militar; pero truncó la carrera de este gran y extraordinario
pueblo y demostró el pos tulado de que el imperialismo necesariamente debe
destruir cualquier raza civilizada. Bajo la república, en parte aristocrática y
en parte democrática, los romanos alcanzaron su fama, por lo que no puede dejar
de pensarse que ésta hubiese sido mayor y sus frutos más dura deros, si la
libertad y la igualdad hubiesen formado parte de su ré gimen y no los
principios desiguales y la más cruel esclavitud. La constante lucha de los
plebeyos para desalojar al elemento aristocrá
tico representado por el senado y poder restaurar
así los principios democráticos primitivos, debe clasificarse entre las labores
más he roicas de la humanidad.
Después de la unión con los sabinos, el senado
aumentó su nú
mero a doscientos, con la incorporación de cien
senadores (279), de las gentes de la tribu Tides; y cuando los luceres llegaron
a contar
(278) Centum creat senatores: sive quia is numerus
satis erat: sive quia
soli centum erant, qui creari Paires possent.
Paires certe ad honore, patriciiqu e
progenies eorum appellati. Livío, I, 8, y Cicerón:
Principes, qui appellati sunt propter caritatem, paires. De Rep., II, 8.
D
ionisio, II, 47.
LA. SOCIEDAD PRIMITIVA 339
cien gens, en épocas de Tarquino Prisco, se
incorporaron otros cien de esta tribu (280).
Cicerón hace poner en duda la afirmación de Livío,
cuando dice
que Tarquino Prisco dobló el número original de los
senadores (281). Pero Schmitz sugiere razonablemente, como explicación de esta
dis crepancia que, en la fecha de este último aumento, quizá el senado
estuviese reducido a ciento cincuenta miembros y completado hasta doscientos
con las gentes de lás dos primeras tribus, en el momento en que se aumentaban
los cien de la tercera tribu. Los senadores de las tribus Ramnes y Tí cíes
fueron llamados desde entonces Padres de las Gentes Mayores (paires maiorum gentium)
y los de la Luce-res, Padres de las Gentes Menores (paires minorum gentium)
(282). Del sentido de esta versión se infiere que los trescientos senadores
representaban las trescientas gentes en proporción de un senado por gens.
Además, como cada gens tenía indudablemente su jefe (prin ceps), resultaba muy
probable que esta persona fuese elegida por
su gens para el cargo o que la curia eligiese diez
personas, de las diez gentes que la componían. Este sistema de representación y
selección está más de acuerdo con lo que se conoce de las instituciones ro
manas y gentilicias (283). Después del establecimiento de la Repú blica los
censores llenaban las vacantes por su propia elección hasta que esta tarea fue
confiada a los cónsules. La selección generalmente se hacía entre los
ex-magistrados de las categorías más altas.
Los poderes del senado eran reales y efectivos.
Toda medida de orden público debía ser iniciada en este cuerpo, tanto aquellas
en que podía actuar independientemente, como las que debía someter
a la asamblea popular para su aprobación antes de
que pudieran ponerse en vigencia. Le incumbía la vigilancia general del bien
pú blico, la dirección de las relaciones exteriores, la imposición de con-
Livío,
I, 35.
C
iceró n , D e R e p., II, 20.
C
icerón, D e R e p., n , 20.
Ésta
era en substancia la opinión de Niebuhr.
Debemos ir más lejos
y afirmar sin vacilación que, originariamente,
cuando el número de casas (gen tes) esaba completo eran inmediatamente
representadas en el senado en número proporcional a ellas. Los trescientos
senadores correspondían a las trescientas casas que, con motivo fundado se
considera que fue el número de éstas. Cada gens enviaba su decurión, que era su
regidor y presidente de sus asambleas para representarle en el senado... El
sistema originario no puede haber sido nunca el de que el senado fuese elegido
por los reyes a su entera voluntad. El mismo Dionisio supone que hubo una
elección; sin embargo, su concepto
al respecto es insostenible, y los diputados deben
haber sido elegidos, al menos primitivamente, por las casas y no por las
curias. Hist, of Rome, I, 258. La ele
c
ción por curias es más probable, en principio, si
el cargo no correspondía al jefe ex officio porque las gentes de una curia
tenían interés directo en la re presentación de cada gens. Fue por la misma
razón que un sachem elegido por los miembros de una gens iroquesa debía ser
aceptado por las demás gentes de la misma tribu, antes de que su designación
estuviese terminada.
340 LEWIS H. MORGAN
tribuciones, la convocación de fuerzas militares y
el inspector general de las gentes y gastos públicos. Si bien la administración
de los asun tos religiosos correspondía a los diversos colegios de sacerdotes,
el senado era también quien daba la última palabra en materia de cul to. Por
sus funciones y su destino fue el órgano más influyente que haya existido bajo
instituciones gentilicias.
La asamblea popular con el derecho reconocido de
actuar sobre importantes medidas de orden público, discutiéndolas a fin de
llegar a su adopción o rechazo, era desconocida en el estadio inferior y
probablemente en el estadio medio de la barbarie; pero existió en
el estadio superior en el ágora de las tribus
griegas y logró su for ma más elevada en la ecclesía de los atenienses; y
existió también en la asamblea de guerreros de las tribus latinas, alcanzando
su más alto desarrollo en la comitia curiata de los romanos. El crecimiento de
la propiedad tendió a establecer la asamblea popular como tercer poder de la
sociedad gentilicia, para la protección de los derechos per sonales y como un
escudo contra los abusos del consejo de jefes y el comandante militar. Desde el
período del salvajismo, después de la constitución de las gentes, hasta la
época de Solón y Rómulo, el ele mento popular había estado siempre presente en
la sociedad genti licia. En épocas primitivas el consejo de jefes, comúnmente
estaba abierto para los oradores del pueblo y el sentimiento público influía en
el curso de los acontecimientos. Pero cuando las tribus griegas
y latinas caen, por primera vez, bajo la
observación histórica, la asamblea popular encargada de la discusión de las
medidas de or den público para su adopción o rechazo, era un fenómeno tan
cons tante como el consejo de jefes. Estaba más perfectamente sistema tizada
entre los romanos bajo la constitución de Rómulo, que entre los atenienses de
la época de Solón. En el desenvolvimiento y pro greso de esta institución
puede descubrirse el origen y desarrollo del principio democrático.
Entre los romanos esta asamblea se llamó comitia
curiata, por
que los miembros adultos de las gentes, se reunían,
por curias, en
asamblea y votaban en la misma forma. Cada curia
tenía, un voto
colectivo, estableciéndose la mayoría por separado,
y en qué sentido
se daría el voto, en cada caso (284). Los
individuos que formaban
la asamblea de gentes eran los únicos que podían
ser miembros del
gobierno. Los plebeyos y los clientes, que ya
constituían una clase
numerosa, estaban excluidos porque no existía más
vinculación con
el populas romanas que la que se producía por
intermedio de la
gens y de la tribu. Como se ha dicho, esta asamblea
no podía iniciar
medidas de orden público ni enmendar las que le
fuesen sometidas;
pero ninguna medida de cierta importancia podía ser
puesta en
Livio,
I, 43. D ioni.io, II, 14; IV, 20,84.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 341
vigencia en tanto no era adoptada por la comitia.
Toda ley debía ser sancionada o derogada por la asamblea; todo magistrado y
alto funcionario público, incluso el rex, eran elegidos por ella previo nom
bramiento del senado (285). Por una ley de esta asamblea (lex curia
ta de imperio) se le concedía el imperium a estas
personas, que era
el sistema romano de investidura de funcionarios.
Hasta tanto el
imperium no fuera conferido de este modo, la
persona no podía
entrar en posesión del cargo, aunque la elección
estuviese terminada.
En recursos de apelación la comitia curiata era la
llamada a senten
ciar definitivamente en los juicios criminales que
comprometían la
vida del ciudadano romano. Fue por un movimiento
popular que
se abolió el cargo de rex. Si bien la asamblea
popular nunca pudo llegar a adquirir la facultad de iniciar medidas, sus
poderes eran reales e influyentes. En esta época el pueblo era soberano.
La asamblea no tenía facultades para convocarse a
sí misma pero se afirma que lo hacía por llamado del rex o, en su ausencia, del
prefecto (praefectus urbi). Bajo la república -era convocada por los cónsules,
o en su ausencia por el pretor, presidiendo sus delibera ciones, en todos los
casos, la perdona que la había convocado. El cargo de rex ha sido considerado
desde otro punto de vista.
El rex era un general y también un sacerdote, pero
sin funciones ci viles, como algunos autores han pretendido dar a entender
(286). Sus facultades como general, aunque no han sido definidas, serían for
zosamente absolutas sobre las fuerzas militares en la ciudad y en la campaña.
Si algunos casos particulares llegó a ejercer alguna fa cultad civil, debe
suponerse que lo hacía designado para esa ocasión, proclamarlo rey, en la
acepción que necesariamente entraña el vo cablo, es viciar y desfigurar el gobierno
popular al cual pertenecía y las instituciones sobre las cuales descansaba. La
forma ae gobier no bajo la que aparecieron el rex y el basileus se identifica
con las instituciones gentilicias y desaparece después de disuelta la sociedad
Numa
Pompilio (C ic e r ó n , De Rep., II, 11; L iv io , I, 17), Tullo Hos-tilio (C
ic e r ó n , De Rep., II, 17) y Anco Mareio (C ic e r ó n , De Rep., II, 18 ;
Livio,
I, 32) fueron electos, por la comitia curiata.
Refiriéndose a Tarquino Prisco, observa Livio que el pueblo por gran mayoría lo
eligió rex (I, 35). Forzosamente debió hacerlo por intermedio de la comitia
curiata. Servio Tulio presume que
el cargo fue posteriormente confirmado por la
comitia (C ic e r ó n , De Rep., II, 21). El derecho de elección reservado así
para el pueblo, demuestra que el car go de rex tenía carácter popular y que
sus poderes le eran delegados.
Leonhart
Schmitz, uno de los más capacitados defensores de la teo
ría del gobierno monárquico de los griegos y
romanos, afirma con mucha
fi anqueza que es difícil determinar Ta extensión
de los poderes reales, pues los autores antiguos interpretaron naturalmente el
período de la monarquía
de acuerdo con su propia constitución republicana y
asignan con frecuencia al rey, senado y comitia de las curias los respectivos
poderes y funciones que únicamente eran verdaderos tratándose de los cónsules,
senado y comitia de su propia época . Sm it h , Die. Gk. &. Rom. Antiq.,
art. Rex.
LEWIS H, MORGAN
de las gentes. Es una organización peculiar que no
tiene similares en la sociedad moderna y que resulta inexplicable con términos
adap tados a las instituciones monárquicas. Una democracia militar bajo un
senado, una asamblea popular y un general de su nombramiento
y ^elección, sería una caracterización aproximada
pero no absoluta de ese gobierno tan peculiar que pertenece exclusivamente a la
so ciedad antigua y descansa sobre instituciones esencialmente demo cráticas.
Rómulo con toda probabilidad, envalentonado por sus gran des éxitos, se arrogó
facultades que se consideraron peligrosas para el senado y para el pueblo,
deduciéndose claramente ae las leyendas referentes a su misteriosa desaparición
que han llegado hasta noso tros, que fue ultimado por los jefes romanos. Este
hecho, por atroz
que se considere, revela ese espíritu de
independencia inherente a las gentes, que no se sometía a un despotismo
arbitrario individual. Cuando el cargo fue abolido y se estableció en su lugar
el consulado, no es de extrañar que se crearan dos cargos de cónsul en vez de
uno. Si bien las facultades inherentes al cargo podían llevar al funcionario
hasta una altura peligrosa, no sucedería lo mismo desempeñándolo
dos personas. Igual sutileza de raciocinio movió a
los iraqueses, sin experiencia previa, a crear dos cargos de jefes guerreros en
la confe deración, en lugar de uno, para evitar que el cargo de comandante en
jefe, otorgado a un solo individuo, le diera una posición demasiado influyente.
En su carácter de sacerdote principal, el rex
invocaba, en ocasio nes importantes, los auspicios, una de las ceremonias
culminantes del culto romano y considerada por ellos tan necesaria en el campo
de batalla la víspera de un encuentro, como en la vida pública. También
celebraba otros ritos religiosos. No debe sorprender el hecho de que
en esta época, entre los griegos y los romanos, las
funciones religiosas fueran agregadas o inherentes al más alto cargo militar.
Cuando se produjo la abolición del cargo surgió la necesidad de investir a al
guna persona, de las funciones sacerdotales que le habían incumbido
al rex y que, evidentemente, tenían un carácter
especial; de aquí la creación del nuevo cargo de rex sacrificvlus, o rex
sacromm al que correspondían las funciones religiosas en cuestión.
Entre los atenienses reaparece el mismo concepto en
el segundo
de los nueve arcontes, llamado archon basileus,
quien ejercía la supe rintendencia general de los asuntos religiosos. Las
razones por las cuales las funciones religiosas estaban agregadas al cargo de
rex v de basileus entre los romanos y los griegos, y al cargo de Teuctli entre
los aztecas; y por las que una vez abolido el cargo, en los dos pri meros
casos, los sacerdotes comunes no pudieron celebrar esas cere monias, no han
podido ser explicadas.
Así fue como se mantuvo la sociedad gentilicia
romana, desde la época de Rómulo hasta la de Servio Tulio, a través de un
período
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 343
de más de doscientos años, durante el cual se
'óimentaron las bases dél período romano. El gobierno, como se ha dicho, estaba
formado por tres poderes: el senado, la asamblea popular y el comandante mi
litar. Los romanos sintieron la necesidad de leyes escritas bien de finidas
dictadas por ellos mismos para sustituir los usos y las cos tumbres. En el rex
tenían en germen la idea de un magistrado eje cutivo principal cuya falta les
apremiaba y que llegaría a una forma más perfeccionada después de la implantación
de la sociedad polí tica. Pero comprendieron que el cargo era peligroso en
esos tiempos de experiencia limitada en las más altas concepciones de gobierno,
pues los poderes del rex, en su mayor parte, no estaban definidos, y eran
precisamente difíciles de definir. Por eso debe sorprender que al producirse la
seria controversia entre el pueblo y Tarquino el So berbio, éste fuera
depuesto y el cargo abolido. No bien se encontraron frente a algo parecido al
poder irresponsable de un rey, comprendie ron que era incompatible con el
principio de libertad, y este prin cipio triunfó. Sin embargo, estaban
conformes en admitir en el sis tema de gobierno, un poder ejecutivo elevado, y
crearon el cargo
en forma dual, desempeñado por dos cónsules. Esto
aconteció des pués de la implantación de la sociedad política.
En la época anterior a Servio Tubo no se había dado
ningún paso directo para establecer el estado sobre las bases de la propiedad y
del territorio, pero las medidas ya dictadas fueron las que prepararon ese
acontecimiento. Además de las instituciones nombradas, crearon
una magistratura de ciudad y un sistema militar
completo que incluía la institución de la orden ecuestre. Bajo instituciones
puramente gentilicias Roma había llegado a ser, en los tiempos de Servio Tulio
la potencia militar más poderosa de Italia.
Entre los nuevos magistrados que creó, el más
importante era el
de custodio de la ciudad (custos urbi). Según
Dionisio, este funciona rio, que era el jefe del senado (princeps senatus),
fue nombrado pri meramente por Rómulo (287). El senado, cjue no tenía la
facultad de convocarse a sí mismo, era convocado por el. Se ha sostenido
también que el rex tenía facultades para convocarlo. Es probable que el se
nado pudiera convocarse a petición del rex, mediante el requerimien to de su
propio jefe; pero no lo es que el rex pudiera ordenar su convocación si tenemos
presente la independencia de las funciones,
la dignidad y el carácter representativo de ese
cuerpo. Después de Decemvirus el título del cargo se cambió por el de prefecto
de la ciudad (praefectus urbis), aumentándose sus poderes y haciéndose electivo
por la nueva comitia centuriata. Bajo la república, los cón sules o en su
defecto el pretor, tenían facultades para convocar al senado y también para
dirigir la comitia. Más adelante el cargo de
D
ionisio, II, 12. 344 LEWIS H. MORGAN
pretor (praetor urbanus) absorbió las funciones de
esta antigua ins titución, y llegó a ser su sucesor. El pretor romano, como
magistra do judicial, era el prototipo del juez moderno. De este modo puede
señalarse generalmente el germen de toda institución esencial guber nativa o
social, germen que, surgiendo en forma embrionaria a im pulso de las
necesidades humanas, llega, cuando es capaz de resistir la prueba del tiempo y
la experiencia, a desarrollarse y constituir una institución permanente.
Si fuese posible llegar a conocer a fondo la
tenencia del cargo
de jefe y las funciones del consejo de jefes, en la
época anterior a Rómulo, se haría mucha luz sobre la condición de la sociedad
gen tilicia romana del tiempo de este legislador. Por otra parte, el estudio
de los distintos períodos debería realizarse separadamente, porque
los factores de su condición social cambiaban con
el desarrollo de su inteligencia. El período italiano anterior a Rómulo, el
período de los siete reges y los siguientes períodos de la República y del Im
perio, están marcados por grandes diferencias en el espíritu e ín dole del
gobierno. Pero las instituciones del primer período pene traron en el segundo;
éstas a su vez fueron transmitidas al tercero y
ierduraron
con modificaciones en el cuarto. El crecimiento, desairó lo y decadencia de
estas instituciones, encierran la historia vital
del pueblo romano. Continuando el trazo de estas
instituciones, desde su germen, a través de las etapas sucesivas de su
desarrollo en la amplia escala de las tribus y naciones del género humano,
podemos seguir los grandes movimientos de la mente humana desde su in fancia
en el salvajismo, hasta el alto desenvolvimiento adquirido en la actualidad. De
las necesidades del hombre de organizar la so ciedad, nació la gens; de la
gens surge el jefe y la tribu con su con sejo de jefes; de la tribu, por segmentación,
el grupo de tribus que más tarde se reunirían en una confederación, y
finalmente, se con solidarían en una nación; de la experiencia del consejo
nace la ne cesidad de la asamblea popular con una división de los poderes del
gobierno entre sus miembros; y, por último, de las necesidades mili tares de
las tribus unidas surge el comandante militar general, quien, con el tiempo,
llegaría a constituir el tercer poder del gobierno, sí
bien subordinado a los dos poderes superiores. Este
fue el germen de los cargos subsiguientes de magistrado principal, rey o
presidente.
Las principales instituciones de las naciones
civilizadas son, sencilla mente, continuaciones de las que, germinando en el
salvajismo, se expandieron en la barbarie y aún subsisten desarrollándose
continua mente en la civilización.
El gobierno romano, tal como se encontraba a la
muerte de Ró-.
mulo, era social y no político; personal y no
territorial. Es cierto que las tribus estaban ubicadas separadamente en zonas
distintas, dentro
de los límites de la ciudad; pero esto se debía a
que aún prevalecía LA SOCIEDAD P R tíím V A .345
el sistema de ubicación bajo instituciones
gentilicias. Siendo sus re laciones entre sí y con la sociedad resultante,
puramente personales (gentes, curias y tribus), el gobierno las consideraba
como grupos de personas y, al conjunto, como al pueblo romano. Ubicados de
esta manera dentro de murallas circundantes, la
idea de un municipio o cuartel se impondría por sí misma cuando, por la
creciente com plejidad de sus negocios, se dejó sentir la necesidad de un
cambio en el plan de gobierno. Iba a ser un gran cambio el cpie pronto se
le exigiría, iba a ser realizado a través de una
legislación experimen tal; el mismo que los atenienses acababan precisamente
de iniciar poco antes de la época de Servio Tubo. Roma fue fundada, y sus
primeras victorias obtenidas bajo instituciones puramente gentibcias, pero el
fruto de estas hazañas, por su misma magnitud, demostró la incapacidad de las
gentes para constituir las bases de un estado. Fue ron necesarios dos siglos
de intensa actividad en el desenvolvimiento de la nación a fin de preparar el
terreno para la implantación del se gundo gran plan de gobierno basado en la
propiedad y en el territo rio. El sacrificio exigido consistía erf despojar de
los poderes de gobierno a las gentes, curias y tribus y conferirlos a las
nuevas insti tuciones. Semejante cambio sería únicamente posible a base de la
convicción de que las gentes no podrían llegar a dar la forma de go bierno que
exigía su condición más adelantada. Se planteaba la cuestión de permanecer en
la barbarie o entrar en la civilización. La instalación del nuevo régimen será
materia de estudio en el capítulo siguiente.
XIII
LA INSTITUCIÓN DE LA SOCIEDAD POLÍTICA ROMANA
Servio Tulio, sexto jefe de la democracia militar
romana, subió al poder 133 años después de la muerte de Rómulo, según los datos
más exactos que han podido lograrse (288). Por consiguiente, su adve nimiento,
debió producirse, aproximadamente, en el año 576 (a, de J. C.). Los romanos
deben, en gran parte, a este hombre notable, la implantación, de su régimen
político. Bastará señalar las caracterís ticas principales de éste, juntamente
con algunas de las razones que motivaron su adopción.
Desde la época de Rómulo hasta la de Servio Tulio,
los romanos
se hallaban divididos en dos clases distintas: el
populas y los plebe yos. Ambas eran individualmente libres y formaban en las
filas del ejército; pero únicamente la primera estaba organizada en gentes,
curias y tribus y desempeñaba los poderes del gobierno. En cambio, los plebeyos
no pertenecían a ninguna gens, curia o tribu, y por con siguiente, no
participaban en el gobierno (289). Estaban excluidos
de los cargos públicos, de la comitia curiata y de
los ritos religiosos de las gentes. En tiempos de Servio habían llegado a ser
casi tan numerosos como el populus. Se hallaban en una situación irregular,
pues si bien estaban sujetos al servicio militar y
poseían familia y bienes, lo que los identificaba con los intereses de Roma, no
tenían absolutamente ninguna vinculación con el gobierno. Bajo institucio nes
gentilicias, como hemos visto, no podía haber vinculación con el gobierno sino
a través de una gens reconocida, y los plebeyos ca recían de gentes. Semejante
estado de cosas, que afectaba a una gran parte de la población, era peligroso
para la república. No podiendo
D io
n isio , IV, 1.
Dice
Niebuhr: La existencia de la plebe, como
parte muy nume
rosa de la nación y reconocida como libre, puede
hacerse remontar hasta el reinado de Anco; pero en la época anterior a Servio
era solamente un conglo merado de elementos desvinculados, y no un conjunto
ordenadamente unido . History of Rome, 1, c., I, 315.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 347
ser remediado bajo instituciones gentilicias,
llegaría a ser una de las causas decisivas de la decadencia de la sociedad
basada en g entes
y de su substitución por el régimen político. Es
muy' probable que el edificio romano se hubiese derrumbado a no mediar un
recurso. Este se inició en la época de Rómulo, fue renovado por Numa Pom-pilio
y completado por Servio Tulio.
El origen, tanto de los plebeyos como de los
patricios, y sus re laciones mutuas, ha sido tema de debate y controversia.
Pueden aven turarse algunas conclusiones sobre ambos problemas.
Plebeyo era todo individuo que no fuera miembro de
una gens organizada con otras gentes en curias y tribus. Es fácil darse cuenta
del enorme número de personas que habrían quedado desligadas de
su gens originaria, en ía época incierta que
precedió y siguió a la fundación de Roma. Los aventureros de las tribus vecinas
que se congregaron en la nueva ciudad, los prisioneros de guerra a quienes se
devolvió más tarde su libertad, y los individuos sin arraigo mez clados con
las gentes transplantadas a Roma, rápidamente formaron esta clase. Puede muy
bien haber sucedido que al llegar al número de cien gentes designado para cada
tribu, se excluyeran las gentes que lo excedían, así como aquéllas cuyo número
no alcanzaba al prescripto. Estos individuos desvinculados, con los fragmentos
de gentes no reconocidas ni organizadas en curias, llegaron bien pronto, con
sus hijos y descendientes, a formar una clase numerosa y en constante
crecimiento. Estos fueron los plebeyos romanos que, como tales, no eran
miembros de la sociedad gentilicia. Del epíteto Padres de las Gentes Menores
aplicado a los senadores de los luceres, ter cera tribu romana, puede
deducirse que las gentes antiguas se mostra ban reacias a reconocer su
completa igualdad. Por una razón más
E oderosa excluyeron a los plebeyos de toda
participación en el go- iemo. Cuando l a tercera tribu romana alcanzó el número
prescripto
de gentes, el último camino de acceso quedó
cerrado, debiendo des
de entonces haber aumentado la clase plebeya con
rapidez cada
vez mayor. Sostiene Niebuhr que la existencia de la
clase plebeya
puede hacerse remontar a la época de Anco, dando a
entender así
que ésta fue la fecha de su aparición (290).
También afirma que
los clientes no formaban parte ae la clase plebeya
(291), defiriendo
en ambas informaciones de Dionisio (292), y de
Plutarco (293). Estos
History
oí Rome, I, 315.
Que
los clientes fueron completamente extraños a la comunidad
plebeya y no se fusionaron con ella hasta tarde,
cuando el yugo de la escla vitud se había aliviado, en parte, por la extinción
o decadencia de las casas de sus patronos y en parte por el avance de la nación
entera hacia la libertad,
será demostrado en el curso de esta historia ,
History of Rome, I, 315.
D
ionisio, II, 8.
P l
u t a r c o , Vit. Rom., XIII, 16.
LEWIS H. MORGAN
dos últimos autores atribuyen a Rómulo la
institución de la relación de patrono y cliente, la cual es reconocida por
Suetonio como exis tente en la época de Rómulo (294). La presencia de una
clase sin arraigo gentilicio y sin ritos religiosos, hacía sentir la necesidad
de una institución tal que los beneficiase en cuanto a la protección de sus
personas y de sus bienes y les diera participación en los privile gios
religiosos. Los miembros de una gens no carecían de esta protec ción ni de
estos privilegios; tampoco estaría de acuerdo con su dig nidad ni con los
deberes de la g ens permitir que uno de sus miem bros aceptase un patrono de
otra gens. La clase desvinculada, o en otros términos, los plebeyos, eran los
únicos que acogerían natural mente a un patrono y se convertirían en clientes
suyos. Los clientes no formaban parte del populas por las razones expuestas.
Por tanto, resulta claro, a pesar de la autoridad de Niebuhr en historia
romana, que los clientes formaban parte de la clase plebeya.
La cuestión siguiente es de extrema dificultad, a
saber: el origen
y extensión de la clase patricia; si se originó con
el senado romano y estaba limitada a los senadores y a sus hijos y
descendientes o si incluía el populus íntegro, diferenciándolo de los plebeyos.
Los auto res modernos más eminentes sostienen que el populus entero estaba
formado de patricios. Niebuhr, quien indudablemente es la primera autoridad en
la materia, sostiene este concepto (295), que comparten Long, Schmitz y otros
(296). Pero las razones aducidas no son con cluyentes. La existencia de la clase
patricia, así como la de la plebe ya, puede remontarse a la época de Rómulo
(297). Si el populus, for mado por la totalidad del pueblo organizado en
gentes, era íntegra mente patricio en esa época primitiva, la distinción sería
nominal, pues la clase plebeya carecería entonces de importancia. Por otra par
te, las exposiciones claras de Cicerón y de Livio no están de acuerdo con esa
conclusión. Es cierto que Dionisio habla de las clases patricias como
instituidas con anterioridad al senado y compuestas de un nú mero limitado de
personas distinguidas por su cuna, méritos y riqueza, y excluye así a la clase
pobre y de cuna humilde, aunque pertenecie
ra a las gentes históricas (298). Aceptando una
clase de patricios sin vinculación senatorial, quedaría aún una clase numerosa
de diversas gentes que no eran patricias. Cicerón ha dejado una afirmación
explí cita de que los senadores y sus hijos eran patricios, sin hacer referen
cia a la existencia de otra clase patricia fuera de aquélla. Cuando el senado
de Rómulo afirma , compuesto de sus mejores hombres, al
Vit.
Tiberius, cap. I.
History
of Rome, I, 256, 450.
Smith,
Die., arts., Gens, Patrici y Plebs.
D
ionisio, I, 8; P l u t a r c o , Vit., Rom., XIII.
Ib.,
II, 8.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 349
que Rómulo mismo respetaba de tal modo que quiso
llamarlos pa
dres, y a sus hijos, patricios, intentó... etc.,
etc. (299). El significado atribuido al término padres (patres), tal como está
empleado aquí, fue objeto de controversia entre los mismos romanos; pero la voz
patricii
con que se designaba la clase deriva de patres, fo
que demostraría así la vinculación necesaria de los patricios con el cargo de
senador.
Desde que en el principio, probablemente, cada
senador representa ba una gens, y los trescientos senadores representaban
todas las gen tes reconocidas, este hecho no podía por sí solo convertir en
patricios a todos los miembros de las gentes, porque la dignidad estaba limita
da a los senadores, sus hijos y su posteridad. Livio es igualmente ex plícito.
Se les llamaba padres dice , indudablemente, en mérito de
la dignidad del cargo, y a su posteridad (
progenies), patricios (300). Bajo los reges y también bajóla república, algunas
personas fueron elevadas al rango de patricios por el gobierno; pero salvo
mediante
el cargo de senador o una designación especialmente
hecha por el gobierno, no podía obtenerse ese rango. Es probable que cierto nú
mero de personas no incluidas en el senado cuando fue creado hubie sen sido
igualadas a los senadores en rango patricio, mediante una ley pública; pero
esto comprendería solamente un corto número de los miembros de las trescientas
gentes, estando todos estos comprendidos en el Populus Romanus.
Es verosímil que los jefes de las gentes hayan sido
llamados pa dres antes de la época de Rómulo, para indicar el carácter
paternal del cargo, y que su desempeño haya conferido cierto rango reconoci do
a su posteridad. Pero no tenemos una prueba directa de este he cho. Suponiendo
que éste fuese el caso, y más aún, que el senado, en el momento de su creación,
no incluía a todos los jefes principales, y todavía más, que al llenarse las
vacantes posteriores de senadores la selección se hiciese de acuerdo con los
méritos personales y no con la g ens, debió existir previamente una base para
la clase patricia, inde pendiente del senado. Estos postulados podrían servir
para interpretar el lenguaje peculiar de Cicerón, a saber: que Rómulo quiso que
los senadores fuesen llamados padres, posiblemente, porque éste era ya
el título honorable de los jefes de las gentes. De
esta manera se podrá hallar una base limitada para una clase patricia
independiente ael se nado; pero no sería tan amplia como para abarcar a todas
las gentes reconocidas. Fue con respecto a los senadores que surgió la idea de
que sus hijos y descendientes fuesen llamados patricios. Esta afirma ción es
sostenida por Paterculus (301).
D e
R e p ., II, 12.
Livio,
I, 8.
V e
l l e u s P a t e r c u l u s , I, 8.
LEWIS H. MORGAN
Se sigue que no existían gentes patricias ni
plebeyas, a pesar de que dentro de una gens hubiese un cierto número de
familias patri cias y, en otra, cierto número de familias plebeyas. También al
res pecto existe alguna confusión. Todos los varones adultos de la gens Fabia,
en número de trescientos seis, eran patricios (302). Este hecho puede
explicarse suponiendo que todas las familias de esta gens po dían demostrar
que descendían de senadores o señalar algún acto público por el cual sus
ascendientes fueron elevados al rango patri cio. Por supuesto, había familias
patricias en muchas gentes, y, en época posterior, familias patricias y
plebeyas en la misma gens. Así, los Claudii y Marcelli, de quienes nos hemos
ocupado, eran dos fa milias de la gens Claudia, de las cuales únicamente los
primeros eran patricios. Tengamos presente que en la época anterior a Ser vio
Tulio los romanos estaban divididos en dos clases: populus y plebeyos, pero
que, después de su tiempo, y especialmente des
pués de la legislación Licinia (367 a. de J. C.),
por la cual todas las jerarquías del estado eran accesibles al ciudadano, el
pueblo ro mano, en su carácter de hombre libre, constituyó dos clases
políticas que pueden distinguirse como la aristocracia y la comunidad. La pri
mera se componía de los senadores y sus
descendientes, juntamente
con aquellos que desempeñaban cualquiera de los
tres cargos cumies
(cónsul, pretor y edil curul) y sus descendientes.
La comunidad esta
ba formada ahora por ciudadanos romanos. La
organización gentili
cia estaba en decadencia y ya no podía mantenerse
la antigua división.
Individuos que en el primer período no podían
clasificarse como
plebeyos, por formar parte del populus, pasaban, en
el período si
guiente, a formar parte de la aristocracia, sin ser
patricios. Los Clau
dii podían señalar su descendencia de Apio Claudio,
quien fuera se
nador en tiempos de Rómulo; pero los Marcelli no
podían señalarla ni de éste ni de ningún otro, a pesar de haber sido, como dice
Niebuhr, iguales a los Apii en el esplendor de los honores que al canzaron, e
incomparablemente más útiles a la nación (303). Esta es una explicación
satisfactoria de la posición ocupada por los Mar celli, sin necesidad de echar
mano a la hipótesis imaginaria de Nie buhr de que los Marcelli habían perdido
su rango de patricios a través de un matrimonio denigrante (304).
La clase patricia era forzosamente numerosa, pues
los senadores, rara vez menos de trescientos, eran elegidos no bien se producía
una vacante, incluyéndose así constantemente nuevas familias, y porque confería
rango de patricios a todos los descendientes de sus miembros. De vez en cuando,
otros individuos eran elevados a este
Livio,
II, 49.
History
of Rome, I, 246.
Ib.,
I, 246.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 351
rango por obra del estado (305). Esta distinción,
probablemente de escaso valor en un principio, adquirió gran importancia con el
au mento de población, riqueza y poderío, y transformó el carácter de la
sociedad romana. Es probable que en su tiempo no se apreciara en toda su
magnitud las consecuencias de haber introducido una clase privilegiada dentro
de la sociedad gentilicia romana, y puede ponerse en tela de juicio el hecho de
que esta institución no ejerciera una influencia más perjudicial que benéfica
en el desenvolvimiento posterior del pueblo romano.
Cuando, bajo el nuevo régimen político, las gentes
dejaron de
ser organizadas con fines de gobierno, desapareció
la distinción entre populus y plebeyos; pero hasta muy avanzado el período de
la re pública se mantenía la sombra de la antigua organización y de la antigua
distinción (306)'. Los plebeyos, bajo el nuevo sistema, eran ciudadanos
romanos, pero ahora formaban la comunidad, sin tener se para nada en cuenta su
vinculación con la gens.
Desde Rómulo hasta Servio Tubo la organización de
la sociedad romana, como se ha dicho, era simplemente a base de gentes, sin
relación con el territorio y la propiedad. Se nos presenta como series de
agrupaciones de personas, gentes, curias y tribus, mediante las cuales el
gobierno se vinculaba con el pueblo, considerándolo como grupos de individuos
que formaban estas diversas unidades orgáni cas. Su condición era,
precisamente, la de los atenienses de la época de Solón, con la diferencia de
que habían creado un senado en lugar del antiguo consejo de jefes, una comitia
curiata en lugar de la an tigua asamblea popular, y el cargo de comandante
militar, con fun ciones agregadas de sacerdote y juez. Con un gobierno de tres
po deres coordinado de acuerdo con sus mayores necesidades v con la fusión de
las tres tribus, compuestas de un mismo número de gentes
y curias, en un solo pueblo, alcanzaron una
organización de gobier no más perfecta y completa de la que hasta entonces
hubiera alcan
zado cualquiera de las demás tribus latinas. Entre
tanto, se había ido desenvolviendo gradualmente una clase numerosa fuera de la
esfera del gobierno, sin privilegios religiosos, con excepción de una parte que
había pasado a la relación de clientes. Si bien no consti tuía una clase
peligrosa, su exclusión de la ciudadanía y de toda participación en el gobierno
redundaba en perjuicio de la nación.
Se iba formando un municipio de una magnitud
desconocida en su experiencia anterior, la que reclamaba una organización
especial para la dirección y manejo de sus asuntos locales. La necesidad de un
cambio en el plan de gobierno se dejaba sentir cada vez con más fuerza, en el
pensamiento de los hombres más capacitados. Puede
Livio,
IV, 4.
Livio,
IV, 51.
LEWIS H. MORGAN
afirmarse que el aumento de la población y de
bienes y lo difícil de manejar que resultaban sus asuntos día a día más
complejos por su número y por la diversidad de intereses ponían de manifiesto
que era imposible mantenerse unidos bajo instituciones gentilicias. Una
conclusión de esta naturaleza es indispensable para poder explicar los
distintos recursos que se emplearon.
Numa, sucesor de Rómulo, inició el primer
movimiento signifi cativo, porque reveló la existencia del concepto de que nn
gran poder no podía cimentarse sobre gentes, como bases de un sistema. Intentó,
como Teseo, cruzar las gentes dividiendo el pueblo en cla ses, en número de
ocho, de acuerdo con sus vocaciones y oficios (307). Plutarco, la autoridad
principal al respecto, habla de esta división del pueblo de acuerdo con su
vocación,, como de la más admirable institución de Numa; refiere más adelante que
tuvo por objeto hacer desaparecer la distinción de latinos y sabinos, tanto de
nombre como de hecho, entremezclándose en una nueva distribución. Pero como
no invistiera a las clases de los poderes ejercidos
por las g entes, esta medida fracasó, como la de Teseo, y por idéntica razón.
Según afir
ma Plutarco, cada gremio tenía su sala separada, su
tribunal y sus prácticas religiosas. Aunque tradicionales, estas historias de
ensayos técnicos idénticos en Atica y en Roma, realizados con el mismo fin
y por las mismas razones, y mediante órganos
semejantes, dan vero similitud a la conclusión de que este ensayo, en la forma
expresada, fue probado realmente en cada caso.
Servio Tubo instituyó el nuevo régimen cimentándolo
con bases sobre las que se mantuvo hasta el fin de la República, si bien pos
teriormente se le hicieron algunos cambios a fin de perfeccionarlo. Su periodo
(aproximadamente desde 576 hasta 533 a. de J. C.) sigue de cerca al de Solón
(596 a. de J. C.).y precede al de Clístenes (509 a. de J. C.). La legislación
que se le atribuye, eminentemente modelada sobre la de Solón, puede
considerarse que data desde el período indicado, porque el régimen estaba prácticamente
en vigen cia cuando se estableció la República en el año 509 (a. de J. C.).
Además, el nuevo régimen político puede serle atribuido con la misma justicia
con que a otros hombres se le atribuyen grandes me didas, aunque en ambos
casos el legislador haga poco más que formular lo que la experiencia le ha
sugerido y ha fijado en su aten ción. Los tres cambios principales que,
dejando de lado a las gentes, inauguraron la sociedad política basada en el
territorio y la propie dad fueron: primero, la substitución de clases,
constituidas en la me dida de la riqueza individual, en reemplazo de las
gentes; segundo, la institución de la comitia centuriata, como nueva asamblea
popu lar, en reemplazo de la comitia curiata, la asamblea de la.s gentes,
P l
u t a r c o , V i t. N u m a , XVII, 20.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 353
con transferencia de los poderes substanciales de
ésta o aquélla, y tercero, la creación de cuatro barrios o distritos de ciudad,
de la na turaleza de municipios, limitados y denominados como áreas territo
riales, en los que los individuos de cada barrio debían hacer regis trar sus
nombres y sus bienes. Imitando a Solón, cuyo plan de go bierno le era sin duda
familiar. Servio, de acuerdo con el monto de la propiedad personal, dividió al
pueblo en cinco clases, con el pro
pósito de reunir en una de éstas los miembros más
acaudalados de
todas las gentes (308). Luego, subdividió cada
clase de centurias,
cuyo número fijaba arbitrariamente, sin tener en
cuenta el número
efectivo de personas que contenía y asignándole a
cada centuria un
voto en la comitia. La suma del poder político
correspondiente a
cada clase estaba de este modo determinada por el
número de cen
turias otorgado a cada una. Así, la primera clase
se componía de
ochenta centurias, con ochenta votos en la comitia
centuriata; la se
gunda clase, de veinte centurias, a las que se
agregaron dos cen
turias de artesanos, con veintidós votos; la
tercera clase, de veinte
centurias, con veinte votos; la cuarta clase, de
veinte, a las que se
agregaron dos centurias de cometas y trompeteros,
con veintidós
votos, y la quinta clase, de treinta centurias, con
treinta votos. Ade
más de éstas existía otra clase, la de los equites,
compuesta de die
ciocho centurias y con dieciocho votos. Dionisio da
una sexta clase,
formada por una centuria, con un solo voto,
compuesta de indivi duos que no tenían bienes o que tenían menos de los
indispensables para ser admitidos en la quinta clase. No pagaban impuestos ni
ser vían en el ejército (309). Según Dionisio, el número total de las cen
turias de las seis clases, incluso la de los equites, ascendía a ciento noventa
y tres (310). Livio concuerda con él en cuanto al número
de centurias regulares, pero disiente al excluir la
sexta clase, con siderando a las personas que la forman como incluidas o
agregadas a la quinta clase. También reconoce tres centurias de cornetas y
trompeteros en vez de dos, y en total da una
centuria más que Dio
nisio (311). Afirma Cicerón que noventa y seis
centurias constituían
una minoría, lo que resulta igualmente cierto en
cualquiera de las
dos versiones (312). Las centurias de cada clase
estaban clasifica
das en mayores y menores. Las mayores las componían
todos los in
dividuos de más de cincuenta y cinco años de edad,
cuya obliga
ción militar se limitaba a la defensa de la ciudad.
Las centurias me-
Los
bienes asignados a la primera clase eran de (00.000 ases; a la segunda, 75.000
ases; a la tercera, 50.000; a la cuarta, 25.000, y a la quinta, 11.000 ases.
Lrvio, I, 43.
D
ionisio, IV, 20.
Ib.,
IV, 16 a 18.
Livio,
1, 43.
De
Rep., II, 20.
23
LEWIS H. MORGAN
ñores las componían todos los individuos menores de
dicha edad y mayores de diecisiete años, quienes tomaban parte en todas las em
presas militares exteriores (313). Cada clase tenía su armadura re glamentaria
diferente (314). Se advertirá que el control ejercido
sobre el gobierno, en la medida en que la asamblea
popular pudie
ra influir sobre su acción, estaba en manos de la
primera clase y de
los equites. Ellos disponían de noventa y ocho
votos que constituían
la mayoría. Cada centuria, cuando se reunían en la
comitia centu-
riata, decidía separadamente su voto, del mismo
modo que lo hicie
ran las curias reunidas en la comitia curiata. Al
efectuar la votación,
en cualquier cuestión de orden público, se llamaba
primero a los
equites, y luego a la primera clase (315). Si
estaban de acuerdo, sus
votos decidían la cuestión y no se llamaba a votar
a las restantes
centurias; pero habiendo desacuerdo entre ellos se
llamaba a la se
gunda clase, y así sucesivamente hasta lograr una
mayoría.
Las facultades ejercidas anteriormente por la
comitia curiata y transferidas ahora a la comitia centuriata fueron ampliadas,
en el pe ríodo siguiente, en algunos puntos de poca importancia. Le corres
pondía elegir a todos los funcionarios y magistrados nombrados por
el senado; aceptar o rechazar las leyes propuestas
por este cuerpo, no pudiendo ser convertida en ley ninguna medida no sancionada
por ella, derogaba leyes vigentes a propuesta del
senado, si tal era su voluntad, y sancionaba la declaración de guerra que le
elevaba el citado cuerpo. Pero, por otra parte, el senado podía concertar la
paz, sin consultar para ello a la asamblea. En todo juicio que com prometiera
la vida, cabía la apelación a la asamblea como más alto tribunal judicial del
Estado. Estas facultades tenían carácter positi vo, pero eran limitadas,
estándoles excluida la inspección de las finan zas. La mayoría de los votos,
sin embargo, correspondían a la pri mera clase, incluso los equites, la que se
supone comprendía la
masa de los patricios y los ciudadanos más
opulentos. Por consi guiente, el contralor del gobierno estaba en manos de la
propiedad, y no de mayoría. Sin embargo, con el transcurso del tiempo fueron
capaces de crear un cuerpo de leyes que amparaba a todos por igual,
contribuyendo de este modo a suavizar los peores efectos de este sistema
desigual.
Las reuniones de la comitia se celebraban
anualmente en el Campo de Marte para la elección de magistrados y funcionarios,
y también en otras ocasiones, cuando así lo demandaban las necesi dades
públicas. El pueblo se reunía por centurias y por.clases, con sus oficiales,
estando organizado como un ejército (exercitus), pues
D
ionisio, IV, 16.
Livio,
I, 43.
Livio,
I, 43. Pero Dionisio coloca a los equites en la primera clase, y afirma que
esta clase era la primera que se llamaba a votar.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 355
las centurias y las clases debían contribuir en
todos los fines de la organización civil y militar. En la primera convocación
efectuada bajo Servio Tulio se presentaron en el Campo de Marte, bajo las
armas, ochenta mil soldados ciudadanos, formando cada hombre en
su centuria correspondiente, cada centuria en su
clase y cada clase por separado (316). Todos los miembros de las centurias eran
ahora ciudadanos romanos, lo que constituía el fruto más precioso del nue vo
régimen político. En los tiempos de la República, los cónsules, y en su defecto
el pretor, tenían facultades para convocar la comitia, la que era presidida por
la persona que la hubiese convocado.
Un régimen semejante de gobierno puede antojársenos
tosco y áspero, a la luz de nuestra experiencia más avanzada; pero fue un
adelanto sensible sobre el anterior régimen gentilicio de gobierno, a pesar de
presentarse tan deficiente y estrecho de miras. Bajo este sis tema, Roma se
enseñoreó del mundo. El elemento propiedad, que
ya adquiría importancia, fijaba su carácter. Este
había dado relieve
a la aristocracia y a los privilegios, los que
supieron aprovechar la oportunidad para.desviar en gran medida el contralor del
gobierno
de manos del pueblo y entregarlo a los -hombres más
acaudalados. Fue un movimiento de sentido contrario al de los principios demo
cráticos heredados de las gentes, A través del período de la Repú blica, los
plebeyos romanos lucharon, con éxito en ciertas ocasiones, contra estos nuevos
elementos de aristocracia y privilegio, incorpo rados ahora a sus
instituciones de gobierno. Pero el rango patricio y la propiedad, en manos de
las clases más pudientes, vencieron a las más sabias y elevadas doctrinas de la
igualdad de derechos y pri vilegios, sostenidas por los plebeyos. Aun entonces
era una carga de masiado pesada para la sociedad romana, sostener una clase
privi legiada.
Cicerón, patriota y noble romano como era, aprobó y
aplaudió esta ordenación del pueblo en clases, que otorgaba a una minoría de
ciudadanos una influencia dominante en el gobierno. Dice que habiendo creado
Servio Tulio un gran número de equites de la masa común del pueblo, repartió el
resto en cinco clases, distin guiendo las mayores de las menores, con el
propósito de colocar el sufragio en manos de los hombres acaudalados y no en
las de la muchedumbre, preocupándose porque la regla que afirma que los números
mayores no ejercen los pesos mayores fuese nuestro pos tulado, así como
debería serlo en todos los gobiernos (317). A la luz de la experiencia de los
dos mil años transcurridos, puede ob servarse que la desigualdad de
privilegios y la negación del gobier no que aquí se aplauden, crearon y
desarrollaron esa masa de igno-
Livio,
I, 44, Dionisio fija el número en 84,700, IV, 22.
C
iceró n , De Rep., II, 22.
356 LEWIS H. MORGAN
rancia y corrupción que acabó por destruir tanto al
gobierno como a la nación. Poco a poco, la humanidad va aprendiendo la sencilla
enseñanza de que el pueblo, como unidad, es más sabio para el bien estar y la
prosperidad públicos que cualquiera clase privilegiada de personas, por más
culta y refinada que sea, que haya sido o que pue da ser. Aun en las
sociedades más adelantadas, el gobierno traspone todavía etapas de transición,
y, como lo afirmara, no sin razón, el presidente Grant en su último mensaje inaugural,
se encaminan ne cesaria y lógicamente hacia la democracia, es decir, hacia esa
forma de gobierno propio que representa y revela la- medida de la capaci dad y
condiciones de un pueblo libre y preparado.
Las clases propietarias sirvieron para el fin útil
de deshacer las gentes como base del régimen de gobierno, transfiriendo sus
facul tades a un organismo diferente. El objeto principal de la legisla ción
de Servio Tulio fue, evidentemente, emancipar al gobierno de las gentes, que
eran corporaciones cerradas, y dar al nuevo una base tan amplia que
comprendiese a todos los habitantes de Roma, con excepción de los esclavos.
Después que estas clases realizaron su labor, se supuso que desaparecerían,
como sucedió en Atenas, y que los barrios o distritos urbanos y los municipios
de campaña con sus habitantes organizados en cuerpos políticos habrían llegado
a sel las bases del nuevo régimen político, como lógica y l'egalmente debió
suceder. Pero la organización municipal de Roma impidió este he cho. Ella
había conquistado desde un principio y mantenido hasta el fin una posición
céntrica en el gobierno, a la cual estaban subordina das todas las demás
zonas. Presenta, así, la anomalía de un gran gobierno municipal central
expandido primero en Italia y finalmen te en las provincias conquistadas de
tres continentes. Las cinco cla
ses se mantuvieron, con ligeras modificaciones, en
el sistema de su fragio, hasta el fin de la República. La creación de una
nueva asam blea popular en reemplazo de la antigua revela la índole radical de
la constitución de Servio. Estas clases jamás hubieran adquirido vi talidad
sin una nueva asamblea que las invistiera de poderes políti cos. Con el
crecimiento de la población y de la riqueza aumentaron en alto grado las
responsabilidades y los deberes de esta asamblea. La intención de Servio Tulio fue,
evidentemente, que ella extin guiera la comitia curiata y, con ésta, el
poderío de las gentes.
Se atribuye a este legislador la institución dé la
comitia tributa, una asamblea separada de cada tribu o barrio local, cuyos
deberes principales consistían en la fijación y recaudación de impuestos y la
reunión de contingentes de tropas. Más adelante, esta asamblea eli gió los
tribunos del pueblo. El barrio fue la unidad natural de su sis tema político y
el centro donde debió haber sido colocado el gobier no propio local, si el
pueblo romano hubiese deseado crear un esta-
LA SOCIEDAD p r i m i t i v a 357
do democrático. Pero el senado y las clases
acaudaladas se le ha bían adelantado.
Una de las primeras medidas atribuidas a Servio fue
la institu ción del censo. Livio declara que el censo es la medida más salu
dable para un imperio en vías de un alto engrandecimiento, pues, según ella,
las-obligaciones de todo individuo al contribuir a las ne cesidades del
estado, tanto en tiempo de paz como de guerra, se realizarían no
individualmente, como se había hecho antes, sino en
la proporción de los bienes de cada uno (318). Todo
individuo debía enrolarse en el barrio de su residencia, haciendo al mismo
tiempo una declaración de sus bienes. Esto se llevaba a cabo en presencia del
censor, y las listas completadas constituían la base para la for mación de las
clases (319). Esta medida estuvo acompañada de otra notable para la época: la
creación de cuatro barrios o distritos ur banos, limitados por mojones y
designados con nombres apropiados.
Su institución precede aí demos ático de Clístenes,
del que difería en sus relaciones con el gobierno. El demos ático, como hemos
visto, estaba organizado como un cuerpo político, con un registro seme jante
de los ciudadanos con sus bienes; pero, por otra parte, tenía un gobierno local
propio con una magistratura, un tribunal de jus ticia y un sacerdocio
electivos. En cambio, el barrio romano era un lugar geográfico con un registro
de ciudadanos con la declaración de sus bienes, una organización local, un
tribuno y otros cargos elec tivos y su asamblea. Para ciertos propósitos
especiales, el gobierno trataba con los vecinas de los barrios a base de
relaciones territoria les. Pero el gobierno del barrio no poseía los atributos
sólidos del demos ático. Era una copia más aproximada de la anterior naucra-
cia ateniense, que, probablemente, proporcionó el
modelo, así como lo hicieron las clases de Solón para las de Servio. Refiere
Dionisio que una vez que Servio Tulio hubo encerrado las siete colinas den tro
de una muralla, dividió la ciudad en cuatro partes y puso a estas subdivisiones
los nombres de esas colinas: a la primera la llamó Palatina; a la segunda,
Suburra; a la tercera, Colina, y a la cuarta, Esquilina, e hizo que la ciudad
que anteriormente se había compuesto de tres partes lo estuviera ahora de
cuatro; y mandó a las personas que residían en cada una de estas cuatro
regiones, como aldeanos, que no tomasen otra morada, ni pagasen en otra parte
los impuestos, ni se enrolasen en otro lado como soldados, ni abonasen en otra
parte sus tasas militares y de otra índole, con las que todos debían contribuir
al bienestar público, pues en adelante todo esto no se haría de acuerdo con las
tres tribus consanguíneas, sino cón
las cuatro tribus locales que él mismo había
constituido, y designó
Livio,
1,42.
Dionisio
, TV, 15,
LEWIS H. MORGAN
comandantes para cada tribu, como filarcas o
comarcas, a quienes encargó que tomaran nota de la casa que habitaba cada uno
(320). Así como contenía cada uno la cuarta parte de la población mascu lina
afirmaba Mommsen , así también cada uno de los cuatro cuarteles debía
contribuir con su sección de milicia; cada legión y cada centuria encerraba un
contingente igual de cada uno de ellos; repartición cuyo fin era manifiesto. El
Estado quería resolver en una sola milicia todos los antagonismos de localidad
o de familia, y auxiliándose con el nivel poderoso del espíritu militar, fundir
en un solo pueblo los ciudadanos y los simples habitantes (321).
En forma análoga, el territorio circundante .que se
hallaba bajo
la jurisdicción de Roma se organizó en municipios
(tribus rusticae), cuyo número algunos autores fijan en veintiséis y otros en
trein
ta y uno, formando, con los cuatro barrios urbanos,
un total de trein ta en el primer caso, y de treinta y cinco en el otro (322).
Su núme ro total nunca excedió de treinta y cinco. Estos municipios no llega
ron a ser integrales en el sentido de que no participaron en la ad
ministración del gobierno.
El gobierno conservó durante la existencia de la
República la
misma forma que se le diera al ser establecida,
bajo la constitución de Servio, ocupando los cónsules el puesto desempeñado
anterior mente por los comandantes militares. Este no se basaba en el territo
rio en la forma exclusiva del gobierno ateniense o en la moderna,
en que, ascendiendo desde el municipio o barrio,
unidad de la or ganización, hasta el distrito o arrondissement, y de este
último al Estado, cada cuerpo está organizado e investido con funciones gu
bernamentales como elementos constituyentes de un todo El go bierno central
ensombreció y atrofió las partes. Se basaba más en la propiedad que en el
territorio, siendo aquélla el elemento dominan te, como lo atestigua el hecho
de que el contralor del gobierno es taba ejercido por las clases propietarias
más altas. No obstante esto, poseía también su base territorial, desde el
momento que recono
cía y hacía uso de subdivisiones territoriales para
la ciudadanía y para algunos propósitos financieros y militares, en los que
trataba con los ciudadanos mediante relaciones territoriales.
Los romanos se apartaron totalmente de la sociedad
gentilicia bajo este segundo gran plan de gobierno, basado en el territo rio y
la propiedad. Dejaron tras suyo el gentilismo y la barbarie, para penetrar en
un nuevo camino, el de la civilización. En ade-
D
ionisio, IV, 14.
History
of Rome, 1, c., ed. Scribner, I, 136.
D
ionisio, IV, 15. Niebuhr ha suministrado los nombres de los si guientes
distritos de campaña: Aemilian, Camilian, Cluentian, Cornelian, Fa bian,
Galerian, Horatian, Lemonian, Menenian, Paperian, Romilian, Sergian. Venturian,
Ctaudian, History of Rome, I, 320, nota.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 359
lante el reconocimiento y amparo de la propiedad
sería el objeto primordial del gobierno, además de una campaña conquistadora
pa ra la dominación de tribus y naciones distantes. Este gran cambio de
instituciones, que creara una sociedad política en contraposición
a la sociedad gentilicia, consistió simplemente en
la introducción de dos nuevos elementos, territorio y propiedad, de los cuales
el úl timo ejerció un predominio en el gobierno, que comenzara siendo nada más
que mía mera influencia. Si los barrios y municipios rura les hubiesen sido
organizados con los amplios poderes de un gobier no propio local, y el senado
elegido por los electorados locales sin distinción de clases, el gobierno
resultante habría sido una democra cia, como la de Atenas, porque estos
gobiernos locales hubiesen mo delado la nación a su semejanza. El senado por
el rango heredita rio que confería y el voto calificado en proporción a los
bienes en la asamblea popular, inclinó la balanza en contra de las institucio
nes democráticas, y produjo un gobierno mixto, en parte aristocráti co y en
parte democrático, notablemente calculado para engendrar una animosidad
constante entre las dos clases de ciudadanos crea das deliberada e
innecesariamente por una imposición legislativa. Resulta claro, a mi entender,
que el pueblo fue embaucado por la constitución de Servio y soportó un gobierno
que la mayoría hubie se rechazado, de haber comprendido plenamente sus
probables con secuencias. La comprobación de los anteriores principios
democrá ticos de las gentes es concluyente, pues si bien eran exclusivos para
los de su sociedad, se ejercían libremente entre ellos. La evidencia de este
espíritu de libertad y de sus instituciones igualmente libres es tan decisiva
que el postulado enunciado en otra parte de que el gentilismo es incompatible
con la monarquía parece ser incontro vertible,
Como un todo, el gobierno fue anómalo. El
prepotente munici
pio de Roma, convertido, por el nuevo plan de
gobierno, en centro del estado, fue una de las causas que le imprimieron su
carácter original. La organización primaria del pueblo como un ejército, con el
espíritu militar que éste fomentara, creó la fuerza de cohesión que mantuvo
unida a la República, y más tarde, al Imperio. Con un senado selectivo que
desempeñaba un cargo vitalicio y estaba do tado de facultades positivas; con
un rango personal transmitido a hijos y descendientes; con una magistratura electiva
graduada a las exigencias de una metrópolis central; con una asamblea popular
organizada en clases propietarias que poseían un sufragio desigual, pero que se
pronunciaba tanto por la afirmativa como por la negati va, a toda legislación;
y con una organización militar acabada, no ha habido en la humanidad ningún
otro gobierno estrictamente aná logo. Era artificial, ilógico, exorbitante;
pero era también capaz de adquisiciones maravillosas por su espíritu militar y
porque los roma-
360 LEWIS H. MORGAN
nos estaban dotados de notables condiciones para
organizar y diri gir sus asuntos.
Su organización fue obra de la mayor astucia de las
clases acauda ladas, las que pretendían apoderarse de la esencia del poder,
mientras simulaban respetar los derechos e intereses de todos.
Al establecerse el nuevo régimen político, el
antiguo no desapa reció en seguida. Las funciones del senado y del comandante
mi litar subsistieron; pero las clases propietarias ocuparon el lugar de las g
entes, y la asamblea formada por estas clases ocuparon el lugar de la asamblea
de las gentes. Por radicales que fueran estos cambios se limitan,
principalmente, a estos detalles, y se efectuaron sin ro ces ni violencias. A
la antigua asamblea (comitia curiata) se le per mitió conservar una parte de sus
facultades, lo que mantuvo en pie por mucho tiempo, a las gentes, curias y
tribus consanguíneas. Ella todavía otorgaba el imperium a todos los magistrados
más altos, des pués de terminada su elección; pero con el tiempo esto llegó a
ser tan solo una cuestión de forma. También consagraba ,a ciertos sacer
dotes y reglamentaba las observancias religiosas de
las curias. Este régimen se mantuvo hasta la primera guerra púnica, después de
la cual la comitia curiata perdió su importancia y no tardó en caer en el
olvido. Tanto la asamblea como las curias fueron reemplazadas más bien que
abolidas, y perecieron de inanición; pero las gevtes subsistieron hasta muy
avanzado el Imperio, no como organización, pues ésta también habíase extinguido
con el andar del tiempo, sino como genealogía y linaje. Por lo tanto, la transición
de la sociedad gentilicia a la política se efectuó acompasada pero
efectivamente, y el segundo gran plan de gobierno de la humanidad fue así
instituido por los romanos en reemplazo del primero que había regido desde
tiempo inmemorial.
Después de una permanencia largamente prolongada,
que se re
monta a la época de la existencia aislada de la
familia aria y había llegado hasta las tribus latinas, heredada de sus
antepasados remo tos, la organización entregó finalmente su vida a los romanos
ante las exigencias de la civilización. Había disfrutado la posesión ex
clusiva de la sociedad a través de esos diversos períodos étnicos y en tal
grado conquistó por la experiencia los elementos de la civili zación, que
resultó luego incapaz para su manejo. La humanidad tiene una deuda de gratitud
para con sus antepasados salvajes por haber creado una institución capaz de
guiar a la porción más ade lantada de la raza humana, desde el salvajismo
hasta la barbarie y
a través de los sucesivos estadios de ésta hasta la
civilización. Tam bién ella acumuló por experiencia la inteligencia y
conocimientos necesarios para delinear la saciedad política mientras ella aún
sub sistía. Ocupa una posición, dentro del gran cuadro del progreso hu-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 361
mano, no superada por nada en cuanto a su
influencia, sus adquisi ciones y su historia.
Como plan de gobierno, la organización gentilicia
era insuficiente para las exigencias del hombre civilizado; pero debemos
recordar
que ella fue quien desarrolló el germen de las
principales institucio nes gubernamentales de las modernas naciones
civilizadas. Entre otras, como se ha dicho, está el senado moderno que nació
del an tiguo consejo de jefes y la asamblea representativa moderna que na ció
de la antigua asamblea popular, que juntos constituyen la le gislatura
moderna; del antiguo comandante militar general surge el primer funcionario de
los tiempos modernos, sea rey feudal o cons titucional, emperador o
presidente, siendo éste último su resultante natural y lógico; y del antiguo
cusios urbi surgió por derivación, el pretor romano y el juez moderno. También
se heredaron de las
gentes los derechos y privilegios iguales, la
libertad individual y los principios cardinales de la democracia. Cuando la
propiedad tomó incremento y su poder se hizo sentir en la sociedad, aparece la
es clavitud, institución que violaba estos principios, pero sostenida por la
consideración ilusoria de que la persona convertida en esclavo era un extraño
en sangre y un enemigo hecho prisionero. La propiedad introduce además,
gradualmente, el principio aristocrático que se esforzó por la creación de clases
privilegiadas-. También fue la pro piedad la que ejerció en tan alto grado, el
contralor de la sociedad durante el período relativamente corto de ia
civilización, dando al hombre el despotismo, el imperialismo, la monarquía, las
clases privi legiadas y, finalmente, la democracia representativa. También ha
hecho que la marcha de las naciones fuese esencialmente una marcha de
adquisición de propiedad. Pero cuando la inteligencia humana
se eleve a la altura del gran problema de los
derechos abstractos de la propiedad inclusive las relaciones de la propiedad
con el estado,
así como también los derechos de las personas a la
propiedad , es de esperar la modificación de éste estado de cosas. Acaso sea
im posible concebir la naturaleza de los cambios venideros, pero es po sible
que la democracia, que llegó a ser universal en forma rudimen taria y
reprimida en muchas naciones civilizadas, esté destinada a ser nuevamente
universal y suprema.
Un americano, educado en los principios
democráticos y que lleva profundamente inculcados esos altos conceptos que
reconocen la libertad, la igualdad y la fraternidad del hombre, puede expresar,
sin trabas, su preferencia por un gobierno propio y por instituciones libres.
Al mismo tiempo, debe reconocer al derecho de los demás a aceptar y aprobar
cualquier forma de góbiemo, imperial o monár quico, que satisfaga sus
aspiraciones.
XIV
CAMBIO DE LA DESCENDENCIA DE LA LINEA
FEMENINA A LA MASCULINA
Queda por considerar una cuestión importante, a
saber: si existe algún antecedente de que, en la antigüedad, la descendencia
haya seguido la línea femenina entre las g entes griegas y latinas.
Teórica-mente, debió haber sido así en algún período anterior, entre sus
remotos antepasados, pero no debemos limitamos a apoyar esta cues tión en la
teoría solamente. Desde que el cambio a la línea masculina entrañó la casi
total alteración de la vinculación de los miembros de las gentes, debemos
señalar el proceso mediante el cual pudo haber
se cumplido. Y más aún se deberá demostrar que con
el progreso de la sociedad, la que se iba alejando paulatinamente del estadio
en el que se había originado dicha forma de descendencia, es seguro que
surgiría un motivo suficiente como para provocar ese cambio. Y final mente,
será menester presentar los testimonios existentes de que, en la antigüedad, la
descendencia seguía entre ellos, la línea femenina. La gens del período
arcaico, como hemos visto, consistía en un
S resunto antepasado, femenino y sus hijos,
juntamente con los hijos e sus hijas y de sus descendientes mujeres, por la
línea femenina,
a perpetuidad. Quedaban excluidos, por lo tanto,
los hijos de sus hijos varones y de sus descendientes varones por la línea1
masculina. Por el contrario, cuando la descendencia seguía la línea masculina,
la gens consistía en un presunto antepasado varón y sus hijos jun tamente con
los hijos de sus hijos varonés y de sus descendientes va rones a través de la
línea masculina, a perpetuidad. Quedaban ex cluidos, por lo tánto,'los hijos
de sus hijas y de sus descendientes mujeres a través de la línea femenina. Los
que quedaban excluidos
en el primer caso, serían miembros de la gens en el
otro, y viceversa. Queda entonces planteada la cuestión de cómo pudo cambiarse
la
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 363
descendencia de la línea femenina a la masculina
sin destruirse la gens.
El proceso fue simple y natural, dado que el motivo
del cambio era general, urgente e imperioso. Cuando sé efectuó, en un momento
dado y por resolución preconcertada, sólo fue necesario convenir que todos los
actuales miembros de la gens quedasen como miembros pero, en adelante,
únicamente las criaturas cuyos padres pertene cían a la gens pertenecerían a
ella y llevarían su nombre gentilicio, mientras que los hijos de los
descendientes femeninos quedaban ex cluidos. Esto no interrumpió ni cambió la
naturaleza del parentesco de la relación de las gentes existentes; pero, desde
entonces, se re
tuvieron en la gens todas las criaturas que, hasta
ese momento, ha bían estado excluidas, y se excluyeron las que antes se
retenían. Si bien este problema parece difícil de resolver, se hizo más fácil
por la presión ejercida por una causa podérosa, y bastaron unas pocas
generaciones para terminarlo. En la práctica, la descendencia cambió su línea,
de femenina ,a masculina, en algunos casos, entre los aborí genes americanos.
En la tribu Ojibwa, por ejemplo, la descendencia sigue ahora la línea masculina,
mientras que entre sus congéneres los delaware y mohicanos sigue aún la línea
femenina. Originaria mente, no hay duda de que todo el tronco algonquino
seguían la
línea de descendencia femenina. Desde que esta
forma es la más arcaica y está más de acuerdo con las condiciones primitivas de
la sociedad antigua, puede suponerse su antiguo imperio entre las gen tes
griegas y latinas. Además, cuando ha llegado a descubrirse y comprobarse la
forma arcaica de cualquier institución, no es posible concebir que su forma
original haya sido la que presenta en su estado ulterior más adelantado.
Suponiendo que haya existido entre ellos el cambio
de la des
cendencia de la línea femenina a la masculina, esto
debió ocurrir
en épocas muy distantes del período histórico. Su
historia corres
pondiente al estadio medio de la barbarie se ha
perdido completa
mente, salvo lo que en cierta medida se ha
conservado a través de
sus artes, instituciones, invenciones y
perfeccionamientos del lengua
je El estadio superior cuenta con las luces que le
proporcionan la
tradición y los poemas homéricos para damos a
conocer su expe
riencia y la medida del progreso que habían logrado
en esa época.
Pero a juzgar por la condición en que los colocan
sus tradiciones, es
probable que la descendencia por la línea femenina
no había desapa
recido del todo, al menos entre los pelasgos y las
tribus griegas, crian
do entraron en el estadio superior de la barbarie.
Cuando, la descendencia seguía la línea femenina
entre las gentes griegas y latinas, la gens presentaba, entre otras, las
siguientes ca racterísticas: Primero, el matrimonio dentro de la gens estaba
pro hibido, lo que colocaba a los hijos en una gens diferente a la de su
LEWIS H. MORGAN
presunto padre. Segundo, la propiedad y el cargo de
jefe eran here ditarios en la gens, lo que excluía a los hijos de la herencia
a los bienes y de la sucesión al cargo de su presunto padre. Este régimen había
perdurado hasta tanto surgió un motivo suficiente general e imperioso como para
demostrar la injusticia de esta exclusión en presencia de un cambio en su
condición.
El remedio natural consistía en la variación de la
línea de des cendencia, de femenina a masculina. Todo cuanto se necesitaba
para efectuar este cambio era una causa suficiente e imperiosa. Una ve2 que se
comenzó a criar animales domésticos en manadas, convirtién dolos así en una
fuente de subsistencia a la vez que en objetos dé propiedad individual, y
después que la labranza condujo a la posesión privada de casas y campos, es
indudable que debió surgir una ani mosidad hacia el régimen imperante de herencia
gentilicia, porque excluía a los hijos del propietario, cuya paternidad era
ahora más segura, para entregar los bienes a sus parientes gentilicios. La
lucha sostenida por padres e hijos para la obtención de una nueva regla
mentación de la herencia, llegó a ser motivo poderoso para provocar el cambio.
Con la acumulación de la propiedad en masa y asumiendo formas permanentes, y
con la proporción creciente de la misma, de tentada por propietarios
individuales, es indudable que la descenden cia por la línea femenina estaba
llamada a desaparecer, cediendo su lugar ¿ la descendencia por la línea
masculina. Un cambio de esta na
turaleza dejaba la herencia dentro de la gens, como
hasta entonces, pero en cambio, colocaba a los hijos en la gens de su padre y a
la cabeza de sus parientes agnados, Es muy probable que, durante un tiempo,
compartirían con los demás agnados los bienes heredados; pero una extensión del
principio por el cual los agnados excluían a los demás gentiles, dio por
resultado, con el tiempo, la colocación de los agnados más atrás que los hijos,
y la herencia exclusiva de éstos. Y más aún: el hijo estaba ahora en la línea
de sucesión del cargo de su padre.
Tal era la gens ateniense en épocas de Solón o poco
después,
cuando la herencia se repartía por igual entre los
hijos varones, con la obligación de mantener las hijas y dotarlas en
matrimonio, y cuan do, a falta de hijos, se repartía proporcionalmente entre
las hijas. Si no babía hijos, la herencia pasaba entonces a los parientes ag
nados; y si tampoco había parientes agnados, los bienes pasaban a los gentiles.
La ley romana de las Doce Tablas fue substancialmente idéntica.
Parece también ser verosímil que una vez que la
descendencia
hubo cambiado su línea por la masculina, o aún
antes, se suprimieron los nombres de animales con que se designaban a las
gentes, reem plazándolos por nombres personales. Con el progreso de la socie
dad, el aumento de la propiedad y la posesión individual de bienes,
l a s o c i e d a d p r i m i t i v a 365
se acentuó, cada vez más, la individualidad de las
personas. lo que motivó que se designaran a las gentes con nombres de héroes
ances trales. A pesar de constituirse de tiempo en tiempo nuevas gentes por el
proceso de segmentación y de desaparecer otras, el linaje de la gens se
remontaba a centenares, por no decir millares, de años. Des pués de la
supuesta substitución, el antepasado epónimo se conver tiría en un personaje
mutable, siendo reemplazado, a largos inter valos de tiempo, por alguna persona
que se hubiese distinguido pos teriormente en la historia de la gens, cuando
su recuerdo comenzaba a obscurecerse, desvaneciéndose en el pasado. El hecho de
que las gentes griegas más célebres cambiaron sus nombres, y lo hicieron en una
forma airosa, está demostrado en la retención del nombre de la madre de su
padre gentilicio y la atribución de su nacimiento a la unión de ella con .algún
dios determinado. Así, por ejemplo, Eumol po, antepasado epónimo de los
Eumólpidas áticos, era hijo presunto de Neptuno y Chione; pero las g entes
griegas eran aún más antiguas que la concepción de Neptuno.
Volviendo ahora a la cuestión principal, la
ausencia de una com probación directa de la antigua descendencia por la línea
femenina
en las tribus griegas y latinas, no es suficiente
para acallar la pre sunción a favor de esta forma de descendencia, la cual
perduro en algunas tribus vinculadas estrechamente con los griegos, dejando
también rastros en muchas tribus griegas. r
Herodoto, ese gran investigador y observador,
descubrió una na
ción, ' los licios, del linaje de los pelasgos,
pero vinculados con los griegos, entre los cuales la descendencia seguía, en su
época (440 a. de J. C.), la línea femenina. Después de referir que los licios
nacie ron en Creta, y dar algunos pormenores dé su migración a Licia,
bajo Sarpedón, dice lo siguiente: Sus costumbres
son en parte las de Creta y en parte las de Caria. Sin embargo, observan una
prác tica particular, en lo que difieren de toda otra nación del mundo.
Preguntad a un licio quién es, y os responderá dando su propio nom bre, luego
el de su madre, y continuando así a través de la línea fe menina. Por otra
parte, si una mujer libre se casa con un esclavo, sus hijos serán ciudadanos
libres; en cambio, si un hombre libre se casa
con una mujer extranjera o cohabita con una
concubina, aun cuando sea el primer personaje del Estado, sus hijos perderán
todo derecho a la ciudadanía (323). Necesariamente se desprende de estas afir
maciones circunstanciales, que los licios estaban organizados en gen tes, que
el matrimonio dentro de la gens estaba pohibido y que los hijos pertenecían a
la gens de su madre. Esta tribu presenta un ejem plo bien visible de la gens
en su forma arcaica con datos confirma tivos de las consecuencias del matrimonio
de un lício con una extran-
Raw
Likson, Herodotus, I, 173. 366 LEWIS H. MORGAN
jera, y de una licia con un esclavo (324). Los
aborígenes de Creta pertenecían a las tribus pelasgas, helénicas y semíticas,
que vivían localmente separadas. Minos, hermano de Sarpedón, era general mente
considerado como la cabeza principal de los pelasgos de Creta; pero los licios
ya estaban helenizados en la época de Herodoto, y habían llegado a sobresalir
por sus adelantos entre los griegos asiá ticos. El aislamiento de- sus
antepasados en la Isla de Creta, antes de su migración a Licia, en el período legendario,
puede suministrar una explicación de la retención de la descendencia por la
línea fe menina, hasta este último período.
Entre los etruscos prevaleció la misma forma de
descendencia. Es bastante singular observa Cramer , que dos costumbres pe
culiares de los etruscos, reveladas por sus monumentos, hayan sido registradas
por Herodoto como características de los licios y caunia-nos del Asia Menor. La
primera consiste en que los etruscos, inva riablemente, dan su ascendencia y
familia con referencia a la madre
y no al padre. La otra consiste en admitir sus
esposas, en sus fiestas y banquetes (325).
Curtius comenta la descendencia por la línea
femenina seguida
por los licios, etruscos y cretenses, en los
siguientes términos: Sería un error interpretar la costumbre referida como un
homenaje al sexo femenino. Más bien tiene su origen en las condiciones
primitivas de
la sociedad, cuando la monogamia no ofrecía aún una
seguridad tal <jue permitiera determinar con precisión, la descendencia por
la lí nea paterna. En efecto, su uso se extiende más allá del territorio que
abarcaba la nación Licia. Aún en la actualidad la encontramos en la India;
puede demostrarse que existió entre los antiguos egipcios; la mencionada
Sanchoniaton, donde se expone, sin rodeos, las razones para su adopción; y más
allá de los confines del Oriente, aparece entre los etruscos en los cretenses ,
que estaban vinculados tan estrechamente con los licios y que llamaban al suelo
nativo Madre Tierra; y entre los atenienses, como puede verse en Bachofen y
otros. Por consiguiente, si Herodoto considera esa costumbre como caracte
rística de los licios, será porque debió conservarse entre, ellos durante mucho
tiempo que entre las demás naciones afines a los griegos,
como también lo prueban las inscripciones licias.
De aquí que, en general, debamos considerar el uso del nombre materno, en la
desig nación de la descendencia, como restos de una condición imperfecta
de vida social y régimen de familia, el cual, a
medida que la vida iba
Si
un séneeá-iroqués se casa con una extranjera, sus hijos son ex tranjeros; pero
si una séneca-iroquesa se casa con un extranjero o con un onondaga, sus hijos
serán iraqueses de la tribu séneca y pertenecerán a la gens y fratría de su
madre. La mujer confiere a sus hijos su nacionalidad y su gens, quienquiera que
sea el padre de éstos.
Description
of /indent Italy, I, 153; citando Lanzi
, II, 314.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 367 ,
haciéndose más ordenada, fue reemplazado por la
costumbre, luego universal en Grecia, de dar a los hijos el nombre de su padre.
Esta diferencia de costumbres, sumamente importante para la historia de la
civilización antigua, ha sido reciéntemente expuesta por Bachofen en su obra
citada (326).
En un trabajo de vasta investigación, Bachofen ha
reunido y discutido los testimonios de autoridad femenina (derecho materno)
y de gobierno femenino (gyneocracia) entre los
licios, cretenses, ate nienses, lemnios, egipcios, orchomenios, locrios,
lesbios mantineos, y en algunas naciones asiáticas orientales (327). La
condición de la sociedad antigua sacada a luz exige para su total comprensión
la exis tencia de la gens en su forma arcaica como origen del fenómeno.
Esto colocaría a la madre y a sus hijos en la misma
gens, y, en la constitución de la vivienda común ,a- base de la gens, daría a
la de las madres, el ascendiente en el hogar. La familia, que probablemen te
había adquirido la forma sindiásmica, se hallaba todavía envuelta en los restos
de un régimen conyúgal que correspondía a una época aún más primitiva.
Semejante familia, compuesta de marido, mujer, e hijos, habría buscado
albergue, naturalmente, en compañía de fa
milias emparentadas, en una vivienda común, en la
cual las diversas
madres, con sus hijos pertenecerían a la misma gens
y los presuntos
padres de esos hijos pertenecerían a otras. Las
tierras comunes y la
labranza colectiva conduciría a la vivienda
colectiva y al comunismo
como régimen de vida; de modo que la gyneocracia
parece exigir
para su creación, la descendencia por la línea
femenina. Abaste
ciéndose en despensas comunes, las mujeres,
encastilladas en enor
mes viviendas, en las cuales predominaban en número
y sus pro
pias gentes, provocarían el fenómeno del derecho
materno y la gyneo
cracia que Bachofen ha revelado y diseñado con
ayuda de fragmen
tos legendarios e históricos. En otra parte me he
referido a la in
fluencia desfavorable para la mujer ejercida por el
cambio de des
cendencia de la línea femenina a la masculina y por
la aparición de
la familia monógama que deshizo la vivienda
colectiva y estableció
a la esposa y madre en una vivienda sola,
separándola de sus pa-
History
of Greece, ed. Scribner y Armstrong, trad, de W a r d , F, 94, nota. Los
etiocretas, cuyo héroe fue Minos, eran, sin duda, pelasgos. Ocupaban eí extremo
Este de la isla de Creta. Sarpedon, hermano de Minos, condujo a ¡os emigrantes
a Licia, donde desalojaron a los solymios, probablemente una tribu semítica;
pero los licios se habían helenizado, como muchas otras tribus pelasgas, antes
de Herodoto, circunstancia muy importante, consecuencia deí la derivación de
las tribus griegas y pelasgas de un tronco original común. En tiempos de
Herodoto, los licios estaban tan adelantados en las artes de la vida, como los
griegos europeos (C u r tiu s , I, 93; G r o t e , I, 224). Parece ser que la
descendencia en la línea femenina fue transmitida
por sus antepasados pelasgos.
Das
Mutterrecht, Stuttgart, 1861.
LEWIS H. MORGAN
rientes gentilicios, en medio de una sociedad
puramente gentili cia (328).
Es probable que la monogamia no apareciera entre
las tribus grie
gas, hasta después que éstas alcanzaron el estadio
superior de la
barbarie; y, aparentemente; en este período,
llegamos a un caos en
la relación conyugal, especialmente con respecto a
las tribus atenien ses. Bachofen, refiriéndose a estas últimas, dice: Como ya
hemos visto, antes del Cécrop los hijos únicamente tenían madre y no padre;
pertenecían tan sólo a una línea de descendencia.
La mujer, no liga da exclusivamente, sólo traía al mundo hijos espurios.
Cécrop fue quien primero puso fin a este estado de cosas; llevó la unión desor
denada de los sexos a la exclusividad del matrimonio; dio padre y madre a los
hijos y así éstos, que solamente tenían una línea de des cendencia
(unílateres), tuvieron, de este modo, dos (hilateres') (329), Lo que aquí se
describe como la unión desordenada de los sexos debe admitirse con reservas.
Hubiésemos esperado encontrar en esa época relativamente adelantada, a la
familia sindiásmica, con restos del anterior régimen conyugal nacido del
matrimonio por grupos. La familia punalúa, que la versión parece implicar,
debió desaparecer antes que ellos alcanzaran el período mencionado. Este tema
será tratado en los capítulos siguientes, en relación con el desarrollo de la
familia.
Polibio ha dejado un interesante relato referente a
las familias de los locrios en Italia. Los locrios mismos refiere me han ase
gurado que sus propias tradiciones están más en conformidad con
la versión de Aristóteles que con la de Timeo.
Ellos dan las siguien tes pruebas de esto. La primera es la de que toda la
nobleza de linaje, entre ellos, deriva de las mujeres y no de los hombres. Que
sólo son nobles, por ejemplo, los que derivan su origen de las cien familias.
Que estas familias eran nobles, entre los locrios, antes de su migración; e,
indudablemente, eran las mismas de entre las cuales fueron sorteadas cien
vírgenes, como lo ordenara el oráculo, y en viadas a Troya (330),
Es una suposición lógica, por lo menos, que el
rango que aquí
se menciona se refiere al cargo de jefe de la gens,
que ennoblecía
Hablando
Bachofen de la ciudad cretense de Lyktos, refiere que esta ciudad estaba
considerada como una colonia lacedemónica y ligada también a íos atenienses. En
ambos casos, solamente lo estaba por el lado materno, pues, las madres,
únicamente, eran espartanas; sin embargo, la vinculación ateniense se remonta a
aquellas mujeres atenienses de las cuales se decía que habían sido sacadas con
engaños por los tirrenos pelasgos del monte Brauron . Das Muiterrecht, cap. 13,
pág, 31. Con descendencia por la línea masculina, no se hubiera reparado en el
linaje de las mujeres; pero con descendencia por la lí nea femenina, los
colonos darían su genealogía sólo por la línea femenina.
Das
Muíterrecht, cap. 38, pág. 73.
P o
l i b i o , XII, extracto segundo, trad, de Hampton, III, 242.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 369
a la familia particular dentro de Ja gens, en cuyo
seno había recaído el cargo. Si esta suposición es valedera, implica la
descendencia por la línea femenina, tanto para la genealogía de las personas
como para la sucesión a los cargos. El cargo de jefe, en los tiempos ar
caicos, era hereditario en la gens y electivo entre sus miembros masculinos; y
con la descendencia por la línea femenina, pasaría
de hermano a hermano y de tío a sobrino. Pero en
ambos casos, su transmisión se haría a través de la línea femenina, dependiendo
la elegibilidad de la persona, de la gens de la madre, que era quien la
vinculaba con la gens y con el jefe extinto cuya vacante se iba
a llenar. Cualquiera que sea el cargo o rango que
se transmita ,a tra vés de mujeres, implica, necesariamente, la descendencia
por la línea femenina.
En algunos matrimonios celebrados en el período
tradicional
hay pruebas de las existencia de la antigua
descendencia por la línea femenina, entre las tribus griegas. Así, Salmoneo y
Creteo eran her manos propios, hijos de Eolo. El primero dio en matrimonio su
hija Tyro al tío de ésta. Si la descendencia hubiese seguido la línea mas
culina, Creteo y Tyro hubiesen sido de la misma
gens, y, por lo
tanto, no se hubiesen podido casar; pero siendo la
descendencia por
la línea femenina, pertenecerían a gentes
diferentes, y, por lo tanto,
no serían parientes gentilicios. En este caso, su
matrimonio no
violaba las inflexibles disposiciones gentilicias.
Es indistinto que los
personajes nombrados pertenezcan a la mitología,
pues las leyendas
aplican correctamente las costumbres gentilicias.
Este matrimonio
es explicable sobre la hipótesis de que la
descendencia seguía la línea femenina, lo que a su vez da pie a la presunción
de la existencia
de esta forma de descendencia en ese tiempo, o
bien, puede conside rarse justificado por antiguas usanzas que no se habían
extinguido del todo.
Este mismo hecho está revelado por matrimonios
celebrados en el período histórico, cuando una antigua práctica parece haber
sobrevivido al cambio de descendencia a la línea masculina, aunque violaba las
obligaciones gentilicias de las partes. Después de Solón, un individuo podía
casarse con su media hermana en el caso de ser hijos de distinta madre, pero no
a la inversa.
Si la descendencia hubiese seguido la línea
femenina, pertene cerían a gentes diferentes, y, por lo tanto, no serían
parientes gen tilicios. Su matrimonio no comprometería ninguna obligación gen
tilicia. Pero con descendencia por la línea masculina, que era la que imperaba
cuando ocurrieron los hechos citados, pertenecerían a la misma gens, y, por
consiguiente, caerían bajo la prohibición, Címón se casó con su media hermana
Elpinice, hija del mismp padre y de madre distinta. Demóstenes en su Eubulides
presenta un caso seme jante. Mi abuelo dice Euxitheus , se casó con su
hermana, no 24
LEWIS H. MORGAN
siendo ella su hermana por parte de madre (331).
Semejantes ma trimonios, contra los cuales habían surgido poderosos prejuicios
entre los atenienses, ya en la época de Solón, tienen su explicación como
supervivencia de una antigua costumbre referente al matrimonio,
que imperaba cuando la descendencia seguía la línea
femenina y que no había sido enteramente desarraigada en tiempos de
Demós-tenes.
La descendencia por la línea femenina presupone la
gens para
poder distinguir el linaje. Con el conocimiento que
ya tenemos de la difusión antigua y moderna de la organización gentilicia en
cinco continentes, incluso el australiano, y la constitución arcaica de la
gens, podríamos esperar señales de la descendencia por la línea fe menina, al
menos, en las tradiciones, sí es que no las hubiera en cos tumbres que
hubiesen perdurado hasta el período histórico. Por con siguiente, no puede
suponerse que los lidos, cretenses, atenienses
y locrios si es que bastan los antecedentes para
incluir a estos dos últimos , hayan sido los que crearan una costumbre tan no
table como la descendencia por la línea femenina. La hipótesis de que ésta
fuera la primitiva ley de las gentes latinas, griegas y gre-coitalianas,
proporciona una explicación más racional y satisfactoria de. los hechos. La
influencia que ejercía la propiedad y el afán de transmitirla a los hijos,
fueron motivos suficientes para provocar el cambio a la línea masculina.
De la costumbre de colocar a la esposa, después de
su matrimo
nio, en la fratría del marido, y a los hijos
mujeres y varones , en la gens y fratría de su padre, puede deducirse que,
entre las obliga ciones, de la gens ateniense, tanto antes como después de
Solón, figu raba la de contraer matrimonio fuera de la gens (332). El
principio fundamental sobre el que descansaba la gens era la prohibición del
matrimonio entre miembros de una misma gens, en
calidad de con sanguíneos. El número de miembros de cada gens no era crecido.
Suponiendo que en la época se registraran 60.000 individuos, v divi diéndolos
proporcionalmente en las 360 gentes áticas, no obtendría mos más de 160
personas para cada gens. La gens era una gran familia compuesta de personas
emparentadas que observaban ritos reírnosos comunes, tenían un cementerio
común, y, por lo general, tenían también tierras comunes. Por la misma naturaleza
de su cons titución, el matrimonio entre miembros de una gens era inadmisible.
El cambio de la descendencia a la línea masculina, la monogamia,,
la herencia exclusiva de los hijos y la existencia
de herederas, pre-
D e
m ó s ten e s contra E u b u h d e s, 20.
D e
m ó stenes, E u b u lides, 24. En su época el registro se efectuaba en el dem o
s; pero demostraría quiénes eran los fratores, parientes consanguíneos,
compañeros de d e m o s y gentiles de la persona registrada, como lo dice
Euxi-theus. Ver también Hermann, P o lit. A n liq . o f G r e e c e, párrafo
100.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 371
pararon paulatinamente el camino hacia el
matrimonio libre, desli gado de la gens, pero con prohibición limitada a
ciertos parientes consanguíneos cercanos. El matrimonio en la raza humana tiene
su principio en el grupo, siendo todos los varones y mujeres del mismo
excluyendo a los niños maridos y esposas comunes; pero luego
los maridos y esposas debieron pertenecer a
distintas g entes, y final mente, los matrimonios terminaron por celebrarse
solamente entre
un hombre y una mujer, con cohabitación exclusiva.
En los capítulos siguientes se tratará de bosquejar las distintas formas de
matrimonio y de familia a través de sus diversas etapas.
Con la gens surgió un régimen de consanguinidad
conocido en
Asia como turanio y en América como ganowaniano, el
cual extendió la prohibición del matrimonio dentro de la gens hasta la
viculación de hermanos y hermanas entre los colaterales. Este régimen se man
tiene aún entre los aborígenes americanos, en ciertas regiones de Asia y
Africa, y en Australia. Indiscutiblemente prevaleció entre las tribus griegas y
latinas en una misma época anterior, y sus huellas perduraron hasta el período
legendario. Podemos volver a exponer
un rasgo del sistema turanio; los hijos de hermanos
son hermanos y hermanas entre sí, y, como tales, no pueden casarse entre ellos;
los hijos de hermanas tienen el mismo parentesco y caen bajo idéntica
prohibición. Esto puede servir para explicar la célebre leyenda de las
Danaides, una de cuyas versiones proporcionó tema a Esquilo para su tragedia
Las Suplicantes. Recordará el lector que Danao y Egipto eran hermanos y
descendientes de la lo argiva. El primero tuvo cincuenta hijas de diferentes
esposas, y el segundo igual nú mero de hijos también de diferentes esposas; y,
a su debido tiempo, los hijos de Egipto pretendieron en matrimonio a las hijas
de Danao. De acuerdo con el sistema de consanguinidad, correspondiente a la
gens en su forma arcaica y que perdurara hasta que fuera reempla zado por el
sistema que introdujo la monogamia, ellos eran hermanos y hermanas, y, por esta
razón, no podían casarse entre sí.
Si en esa época la descendencia hubiese seguido la
línea mascu lina, los hijos de Danao y de Egipto habrían pertenecido a la
misma gens, lo cual hubiera sido otra razón más y de peso semejante, en contra
de su matrimonio. A pesar de esto, los hijos de Egipto pre tendieron salvar
los obstáculos y obligar a las danaides al matrimo nio. Estas huyeron entonces
de Egipto a Argos, cruzando el mar, para escapar de lo que consideraban üna
unión ilegal e incestuosa. En el Prometeo de este mismo autor, Prometeo predice
este hecho
a lo, a saber, que en la quinta generación, a
partir de su futuro hijo Epaphus, llegaría a Argos un grupo de cincuenta
vírgenes, que no vendrían por su voluntad, sino huyendo de una boda incestuosa
372 LEWIS H. MORGAN
con los hijos de Egipto (333). Su huida y el horror
que les inspiraban los matrimonios propuestos tienen su explicación en el
antiguo sis tema de consanguinidad, independiente de la ley gentilicia. Fuera
de esta interpretación, el hecho no tiene otro
significado, y su aver sión a esos matrimonios hubiese sido simple
mojigatería.
La tragedia Las Suplicantes se basa en el episodio
de su huida
a través del mar, hacia Argos, para implorar la
protección de sus parientes argivos contra los propósitos violentos de los
hijos de Egip to, que venían en su persecución. En Argos, las danaides
declaran
que ellas no salieron de Egipto exiladas, sino que
huyeron de hom bres de descendencia común, resistiéndose a una boda sacrilega
con los hijos de Egipto (334). Su resistencia se basa exclusivamente en el
hecho del parentesco, lo cual implica la existencia de una prohi bición contra
matrimonios de esa índole, que ellas debían respetar. Después de escuchar a las
suplicantes, los argivos, reunidos en con sejo, decidieron acordarles
protección, lo que supone la existencia de la prohibición de tales matrimonio y
la validez de su oposición a los mismos. En la época en que se desarrolló esta
tragedia
la ley ateniense permitía y, más aún, exigía el
matrimonio entre los hijos de hermanos, en el caso de herederas y huérfanas, si
bien la regla parece haberse limitado a estos casos excepcionales; los matri
monios a que nos refiriéramos, por tanto, no hubieran parecido ile gales o
incestuosos a los atenienses; pero la tradición de las danaides se remonta a
una época antiquísima y toda su significación estriba
en la (fuerza de la costumbre, que prohíbe esos
matrimonios. El eje alrede'dor del cual giran esta tradición y sus incidentes
es la invete rada aversión a los matrimonios propuestos, prohibidos por la ley
y las costumbres. No se aduce, ni hace falta-,
ninguna otra razón. Al mismo tiempo, su conducta es comprensible a base de la
suposición
de que tales matrimonios estaban entonces tan
prohibidos como lo está en nuestros días el matrimonio entre hermanos. El
intento de los hijos de Egipto de echar abajo la barrera- levantada por el
régi men turanio de consanguinidad señala tal vez la época en que este régimen
comenzó a ceder su lugar al régimen actual que, surgiendo con la monogamia, iba
afianzándose, y que estaba destinado a reem plazar las costumbres gentilicias
y el régimen turanio de consangui nidad, sustituyéndolos por grados establecidos
como límites de la prohibición,.
De los antecedentes presentados se deduce la
posibilidad de que
la descendencia en las tribus pelasgas, helénicas e
italianas hava se guido la línea femenina, y que, bajo la acción de la
propiedad y de la herencia, se cambió a la línea masculina. El lector estará
más ca-
Prometheus,
853.
Esquilo,
Suppliants, 9.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 373
pacitado para juzgar por sí mismo la cuestión de si
esas tribus prac ticaban, antiguamente, el sistema turanio de consanguinidad,
una vez que este sistema baya sido expuesto, con testimonio de su difundido
predominio en la sociedad primitiva.
La duración del período tradicional de estas tribus
es, por su puesto, desconocida; pero puede calcularse en millares de años. Es
probable que se remonte hasta la época de la
invención del proceso de la fundición del mineral de hierro, y, de ser así,
habríase mante nido durante el último período de la barbarie y existiría ya en
el período medio. Su estado de adelanto en el período medio debe ha berse
equiparado, por los menos, al de los aztecas, mayas y peruanos, hallados en el
período medio; y su estado en el período superior debe haber sobrepasado
inmensamente el de las tribus indias nombradas.
Se ha perdido totalmente la vasta y variada
experiencia de las tribus europeas en los dos grandes períodos étnicos
mencionados, durante los cuales conquistaron los elementos restantes de la
civilización, salvo en cuanto nos la pueden revelar sus tradiciones y, con más
amplitud, sus artes de subsistencia, sus costumbres, lenguaje e ins
tituciones, según nos lo muestran los poemas de Homero. Los reinos
y los imperios eran, necesariamente, desconocidos
en estos períodos; pero, entre las particularidades de su progreso, figuran
tribus, na ciones de relativa importancia, vida urbana y de aldea, nacimiento
y desarrollo de las artes de subsistencia y algunos adelantos de índole
material, moral e intelectual. La pérdida de los acontecimientos de estos
grandes períodos significa para el saber humano mucho más de lo que fácilmente
puede imaginarse.
XV
LA GENS EN OTRAS TRIBUS DE LA FAMILIA HUMANA
Habiéndonos ocupado de la organización en gentes,
fratrías
y tribus, tanto en su forma arcaica como en la
ulterior, queda por considerar su difusión en la familia humana, en particular
la de la geni, que fue la base del sistema.
La rama celta de la familia aria conservó la
organización en gentes, en el clan escocés y en el sept irlandés, durante un
período más prolongado que cualquiera otra rama de esa familia, salvo que los
arios de la India sean una excepción. El clan escocés, principal mente,
existió con notable vitalidad en los Highlands (Países Monta ñosos) de
Escocia, a mediados del siglo pasado. Por su organizacón
y carácter, constituía un tipo excelente de gens y
un ejemplo extraor dinario del poder que ejercía la sociedad gentilicia sobre
sus miem bros. El ilustre autor de Waverley ha perpetuado un número de ca
racteres descollantes, desarrollados en la vida del clan y que llevan impreso
el sello de sus características. Evan Dhu, Torquil, Rob Roy
y muchos otros acuden a nuestra memoria como casos
ilustres de la influencia de la gens en la formación del carácter de las
personas. Aún cuando Sir Walter haya exagerado estos caracteres amoldán dolos
a la trama de la novela, habrán tenido, asimismo, una base real. Pocos siglos
antes, cuando la vida del clan era más vigorosa y las influencias exteriores
menos marcadas, esos mismos clanes hubie ran ofrecido la comprobación de estos
cuadros. Vemos en sus ven dettas y venganzas de familia, en su organización en
gentes, en la tenencia de tierras comunes y en la fidelidad de los miembros del
clan entre sí y para con sus jefes, los rasgos
característicos y persis tentes de la sociedad gentilicia. Tal como la pinta
Scott, la vida gentilicia de esa época, fue más intensa y caballeresca que la
que nos muestran las gentes de los griegos y romanos, o, en el otro extre-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 375
rao, las de los aborígenes americanos. No consta
que la organización
en fratrías existiera entre ellos; pero es
indudable que, tanto la fratría como la tribu, existieron en un período
anterior. Es bien conocido
el hecho de que el gobierno británico se vio
obligado a deshacer los clanes de los Highlands, en su carácter de
organizaciones, para
someter al pueblo a la autoridad de la ley y a los
usos de la sociedad política. La descendencia seguía la línea masculina,
quedando en
el clan los hijos de los miembros varones, mientras
que los hijos de las mujeres pasaban a los clanes de sus respectivos padres.
Dejaremos a un lado el sept irlandés, el phis o phrara de los al-baneses, que
encaman los restos de una organización gentilicia an terior, y las huellas de
un régimen parecido en Dalmacia y Croacia, así como también el g anas
sánscrito, vocablo cuya existencia en ese idioma implica que esta rama de la
familia aria poseyó, en épocas anteriores, la misma institución. Las comunidades
de villanos de las heredades francesas de los tiempos primitivos, a las cuales
se refiere Sir Henry Maine en su reciente obra, podrían ser, como lo insinúa,
vestigios de antiguas geptes celtas. "Ahora que al fin se ha dado la
explicación dice , es indudable que estas asociacio nes no fueron en realidad
co-participaciones voluntarias, sino agru paciones de parientes; no tan
frecuentemente organizadas, sin em bargo, de acuerdo con el tipo de la
aldea-comunidad, como en el de la Casa-Comunidad, que se ha estudiado
últimamente en Dal
macia y Croacia. Cada una de ellas era lo que los
hindúes llaman
una familia conjunta indivisa, una colectividad de
presuntos descen
dientes de un antepasado común, que mantiene un
hogar común y
celebran comidas comunes, durante varias
generaciones (335).
Haremos una breve referencia a la cuestión de si
entre las tribus
germanas se notan vestigios de la organización
gentilicia cuando
por vez primera aparecen en la historia. Es
probable que heredaran
esta organización, conjuntamente con otras tribus
arias, de los ante
pasados comunes de la familia aria. Cuando los
romanos los cono
cieron atravesaban el estadio superior de la
barbarie. Difícilmente
habrían podido desarrollar la idea de un gobierno
más allá de lo
que lo hicieron las tribus griegas y latinas que se
hallaban más
adelantadas que ellos cuando fueron respectivamente
conocidos. Aun
cuando los germanos hubieran podido concebir una
idea imperfecta
del estado basado en el territorio y la propiedad,
no es probable que
tuviesen un concepto del segundo gran plan de
gobierno que los
atenienses serían, entre los arios, los primeros en
establecer. La con
dición y régimen de vida de las tribus germanas,
según los describe
César y Tácito, llevan a la conclusión de que sus
diversas asocia
ciones se vinculaban a través de relaciones
personales, con sólo una
Early
History of Institutions, ed. de Holt, 7.
LEWIS H. MORGAN
referencia muy ligera al territorio, y que el
gobierno se basaba en estas relaciones. Dos jefes aviles y comandantes
militares llegaban al cargo y lo desempeñaban de acuerdo con el principio
electivo, y constituían el consejo, instrumento principal del gobierno. Re
fiere Tácito que en asuntos de poca monta se
consultaba a los
jefes, pero en aquellos de mucha importancia se
consultaba a toda
la comunidad. Aun cuando la decisión final de las
cuestiones im
portantes correspondía al pueblo, eran consideradas
primeramente
por los jefes (336). Se advertirá la estrecha
semejanza de estas cos
tumbres con las de los griegos y romanos. El
gobierno estaba com
puesto de tres poderes: el consejo de jefes, la
asamblea popular y
el comandante militar.
Refiere César que los germanos no se preocupaban
por la agri cultura y que la mayor parte de sus alimentos consistía en leche,
queso y carne; no tenían parcelas fijas de tierras, ni deslindes indi
viduales, sino que los magistrados, anualmente, asignaban a las gentes y
parientes unidos en un cuerpo (gentibus cognationibusque
hominum qui una coerint) cierta cantidad de tierra,
en ciertos sitios convenientes, obligándolos a trasladarse, cada año, a lugares
dis tintos (337). Para dar sentido a la expresión que va entre parénte sis,
debemos suponer que halló entre ellos agrupaciones de perso nas, mayores que
una familia, ligadas a base de parentesco, a las cuales, como grupos de
personas, se le adjudicaban porciones de tierra. Esto excluía al individuo y a
la familia, fusionados ambos en la agrupación unida de ese modo para el cultivo
y la subsistencia. Del sentido de esta versión parece desprenderse que, en ese
tiem po, la forma de la familia germana era sindiásmiea y que se reunían
varias familias emparentadas, ocupando viviendas colectivas y prac ticando un
régimen de vida comunista.
Tácito se refiere a una costumbre de las tribus
germanas que consistía en ordenar sus fuerzas en el campo de batalla colocando
juntos a los individuos emparentados. Esto carecía de importancia
si el parentesco estuviese limitado a los
consanguíneos más cercanos. Ni el azar ni la reunión fortuita de sus fuerzas
componen su escua drón de caballería ni su columna en forma de cuña de
infantería,
sino que se forman de acuerdo con las familias y
los parientes ( f a r n i - liae et propinqutiates) (338), lo cual es un
poderoso incentivo para su arrojo. Ésta expresión y la anterior de César
parecen indicar, por
Germania,
cap. II.
De
Bell Gall, VI, 22.
Germania,
cap. 7. Este autor refiere que la línea de ataque se com ponía por columnas en
forma de cuñas: Acies per cuneos componitur . Ger., cap. 6. K o h l r a u s c h
observa que los confederados de una misma marca o ciento, y de una misma raza o
sept, luchaban unidos . Ed. de Appleton, trad, de J. D. Haas, pág. 28.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 377
lo menos, restos de un régimen gentilicio anterior
que por ese en tonces se encontraba cediendo su lugar a la marca o distrito
local, como base de un régimen político aún incompleto.
A los efectos de las levas militares, las tribus
germanas tenían la marca (markgenossenschaft), que existió también entre los
sajo nes ingleses, y una agrupación mayor, el gau, al que César y Tácito
designan con el nombre de pagus (339). Permanece en la duda la cuestión de si
la marca y el gau constituían, en esa época, distritos estrictamente
geográficos, en la recíproca relación de municipio y condado, cada uno con sus
límites circunscriptos y su población or ganizada políticamente. Parece más
probable que el gau fuera un grupo de poblados asociados para las levas
militares. En este senti do, la marca y el gau fueron los gérmenes del futuro
municipio y del condado, así como la naucraria y los trittyes atenienses fueron
los rudimentos del demos y de la tribu local de Clístenes. Estas or
ganizaciones, medíante las cuales las agrupaciones del pueblo se ba saban. aún
en la consanguinida, parecen ser etapas de transición entre el régimen
gentilicio y el político (340).
En procura de las huellas mas tempranas de la
organización gen tilicia, es lógico que nos dirijamos hada el continente
asiático, don de los tipo de raza humana son más numerosos y donde, por con
siguiente, es más prolongado el período de la ocupación del hombre. Pero aquí
las transformaciones de la sociedad han sido más amplias,
y la influencia de las tribus y naciones entre sí,
más continua. El temprano desarrollo de la civilización en la China y en la
India, y
D e
B e ll, G a ll., TV, 1, G e rm a n ia, cap. 6.
El
Dr. F reem a n , quien ha estudiado especialmente este asunto, dice:
La unidad menor del sistema político es la que aún
existe bajo varios nom bres, como ser: m a rca, gem e inde, com u n a y
parroquia. Como hemos visto, es una de las muchas formas de la gens o clan, en
la cual ya no es una agru pación errante o dedicada meramente al pillaje; pero
que, por otra parte, no se ha juntado con otras para formar el elemento
integrante de la república urbana,-En esta etapa, la gens toma la forma de un
grupo agricultor que trabaja la tierra en común, germen de las ager-publicu s de
Roma y de las folk la n d de Inglaterra. Éste es el m a rkgenossen schaft, la
comunidad aldeana del Oeste. Esta unidad política menor, esta reunión de
parientes verdaderos o ficticios, se com ponía de familias regida cada una por
el m u n d de su propio padre, ese
patria p o testa s que sobrevivió en Roma para
constituir un rasgo característico y perdurable de la legislación romana. Así
como la reunión de familias forma
la gens y ésta, en su aspecto territorial forma la
m a rkgenossen schaft, la reunión de varias de estas comunidades aldeanas con
sus marcas o tierras comunes for man la siguiente agrupación política más
elevada, el ciento, término que, en
una forma u otra, se encuentra en la.mayoría de las
tierras por las cuales se ha
ya difundido la raza teutónica... Después del
ciento, en la escala ascendente,
viene el pagus, el gau, el syssel danés, el shire
inglés, es decir, la tribu conside
rada como ocupante de un. territorio determinado. Y
cada una de estas divisio nes, grandes o pequeñas, tenía su jefe... El cien to
está compuesto de aldeas, m a rcas, gem e in d e s o como se llamara la unidad
menor; el shire, gau o pagu s
se componía de cientos". C o m p a r a tive P
o litics, ed. McMUIa y Cía., pág. 116.
LEWIS H. MORGAN
la influencia preponderante de la civilización
moderna han pro ducido tales cambios en la condición de los troncos asiáticos
que es difícil descubrir sus primitivas instituciones.
La descendencia por la línea femenina es todavía
muy común en
las tribus asiáticas más salvajes; pero hay
numerosas tribus entre las cuales se sigue la filiación masculina. La g ens
está señalada por la limitación de la descendencia a una u otra línea, seguida
por
la organización del grupo de consanguíneos,
separados así por un nombre común.
Refiere Latham que en la tribu de los magáres de
Nepal hay doce thums. Todos los individuos que pertenecen al mismo thum son
presuntos descendientes del mismo antepasado varón; no exi giéndose que lo
sean por la misma madre. Así, el marido y la mujer deben pertenecer a
diferentes thums. Dentro de un mismo thum
no puede haber matrimonios. ¿Deseáis esposa? Si es
así, buscadla en el thum de vuestro vecino; buscadla siempre fuera del vuestro.
Esta es la primera oportunidad que se me presenta de mencionar
esta costumbre. No será la última. Por el
contrario, el principio que ella implica es tan común que casi es universal. Lo
hallaremos en Australia, en América del Norte y en América de] Sur; lo
hallaremos en Africa y en Europa, y lo supondremos y deduciremos en mu
chos otros lugares, donde las pruebas actuales de
su existencia son incompletas (341). En este caso, tenemos en el thum la clara
evi dencia de la existencia de la gens, con descendencia por la línea
masculina.
Los munnipuris y las siguientes tribus que
habitaban las.: colinas
que rodean a Munnipur, a saber: los kupúes, los
mows, los muraros y los murring, se divide cada una en cuatro familias: Kúmul,
Lúang, Angom y Ningthajá. Un miembro, de cualquiera de estas familias puede
casarse con un miembro de otra familia; pero el casamiento entre miembros de
una misma familia está estrictamente prohibi
do (342). En cada una de estas tribus pueden
descubrirse cuatro gentes. Refiriéndose Bell al Telúsh de los circasianos, dice
que la tradición cuenta que los miembros de cada una descendían del
mismo tronco o ascendiente, y, por tanto, debían
ser considerados como otros tantos septs o clanes... Estos primos hermanos o
miem bros de la misma fraternidad están no solamente impedidos de ca sarse
entre ellos, sino que sus siervos también deben casarse con siervos de otra
fraterndiad (343). Es probable que el Telúsh fuese una g ens.
Entre los bengalenses las cuatro castas están subdivididas en
Descriptive
Ethnology, I, 80.
Mclennan,
Primitive Marriage, pág. 109.
Citado
en Primitive Marriage, pág. 101.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 379
un sinnúmero de sectas o clases diferentes, y cada
una de éstas se subdivide, a su vez; por ejemplo: yo pertenezco a la tribu
(¿gens?) Nundy, y si yo fuese noble no podría casarme con una mujer de
la misma tribu, aunque su casta fuese la misma. Los
hijos pertene cen a la tribu del padre. Los bienes pasan a los hijos. Sí no
hay hijos, a las hijas y si tampoco las hay, a sus parientes más cercanos. Las
castas están subdivididas, como Shuro, que es una de las pri meras divisiones;
ésta, a su vez, se divide en Khayrl, Tilly, Tamally, Tanty, Chomor, Kari, etc.
Un individuo que pertenezca a cualquiera
de estas subdivisiones nombradas no puede casarse
con una mujer que pertenezca a la misma (344). Estos grupos menores cuenta,
generalmente, con un centenar de miembros y conservan aún varias de las
características de la gens.
Refiere Tylor que en la India no es lícito que un
brahmán se case con una mujer que pertenezca a un clan cuyo nombre o ghotra
(literalmente: pesebre de vaca) sea el mismo suyo, prohibición que impide el
matrimonio entre parientes en la línea masculina inde finidamente. Esta ley
aparece en el código de Manú, como aplica
ble en las tres primeras castas; y los parientes
por la línea femenina tampoco pueden casarse dentro de una extensión
ampliamente li mitada (345). Y nuevamente entre los Kols de Chota-Nagpur, en
contramos muchos de los clanes Oraon y Munda que llevan nom
bres de animales, como ser Anguila, Gavilán,
Cuervo, Garza, etcé tera, ,y ellos no pueden matar o comer el animal cuyo
nombre lle van (346).
Los mongoles se asemejan mucho a los aborígenes
americanos
por sus características físicas. Están divididos en
numerosas tribus. La vinculación entre los miembros de una tribu dice Latham ,
es la de la sangre, genealogía o descendencia,
designándose a la tribu, en algunos casos, con el nombre de un patriarca
verdadero
o ficticio. La tribu, término equivalente al aimunk
o aimak nativo, es una gran división que se compone de un sinnúmero de kokhums
o insignias (347). La versión no es lo
suficientemente explícita como para dar a entender la existencia de la gens,
Sus vecinos, los tun-guses, están divididos en varias agrupaciones que llevan
nombres
de animales, como, por ejemplo, caballo, perro,
reno, etc., lo que implicaría una organización gentilicia, si bien ésta no debe
con-sidf ---- - i hecho.
De , __ , jue ningún varón puede ca-
Carta
enviada al autor por el Rev. Gopenath Nundy, un natural de Bengala, India.
Early
History of Mankind, pág. 282.
Primitive
Culture, ed. de Holt y Cía., II, pág. 235.
Descriptive
Ethnology, I, pág. 290.
calmucos, dice que, según
LEWIS H. MORGAN
sarse con una mujer de la misma horda , y
refiriéndose a los ostiales, afirma que consideraban un delito el matrimonio
con una mujer de
la misma familia o que llevara el mismo nombre de
familia . Y que cuando un Jakut (Siberia) deseaba casarse, debía elegir esposa
en otro clan (348). En cada uno de estos casos tenemos pruebas de la'
existencia de la géns, una de cuyas reglas, como ya se ha dicho, era la
referente a la prohibición del matrimonio entre los miembros de una misma gens.
Los samoiedes Yurak están organizados en gentes. Klaproth, a quien cita Latham,
afirma que esta división basada en el parentesco es tan estrictamente respetada,
que ningún samoiede elige esposa entre su parentela. Por el contrario, la busca
en cual quiera de las otras dos agrupaciones de consanguíneos (349). Entre los
chinos impera un régimen de familia característico, en
el que parece notarse las huellas de una antigua
organización genti licia. Mr. Robert Hart, de Cantón, en una carta que enviara
al autor, dice: "... la expresión china equivalente a pueblo es Pih-sing,
que significa los cien nombres de familia; pero no estoy capacitado para
afirmar si se trata de una simple figura literaria o si es un término cuyo
origen se remonta a la época en que . la familia general china se componía de
cien subfamilias o tribus (¿gentes?). En nuestros días hay, en este país, alrededor
de cuatrocientos nombres de familia, entre los que he encontrado algunos
referentes a animales, frutas, metales, productos naturales, etc., y que pueden
traducirse como sigue: caballo, oveja, buey, pez, pájaro, fénix, ciruela, flor,
hoja, arroz, floresta, río, colina, agua, nube, oro, piel, cerdas, etc. En
algu nas regiones del país se encuentran grandes aldeas en las cuales no
existe más que un solo nombre de familia; así, por ejemplo, si en
un distrito se encuentran tres aldeas, de dos o
tres mil habitantes cada una, siendo sus respectivos nombres de familia
Caballo, Oveja y Buey... Así como entre los indios de América del Norte los ma
ridos y sus mujeres pertenecen a tribus diferentes (gentes), así tam bién
entre los chinos los esposos pertenecen siempre a familias dife rentes, es
decir, a nombres diferentes. Las costumbres y las leyes prohíben el matrimonio
entre individuos de una parte de la pobla ción que lleva el mismo nombre de familia.
Los hijos pertenecen a
la familia del padre, vale decir, toman su nombre
de familia... Si el padre muere intestado, sus bienes, por lo general, se
conservan ín tegros durante la vida de la viuda, pero quedando bajo el
contralor del hijo mayor. Al morir la viuda, éste reparte los bienes entre sí
mismo y sus hermanos, quedando enteramente librada a su voluntad, la proporción
en que ha de efectuar dicho reparto .
La familia aquí descrita parece ser una gens
semejante a la de
Origin
o f Civilization, pág. 96.
Descriptive
ethnology, I, 475.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 381
Roma del tiempo de Rómulo; pero no se desprende de
esta versión que haya estado integrada con otras gentes de linaje común, en una
fratría. Además, los gentiles se hallaban todavía ubicados como gru pos
consanguíneos, ocupando zonas separadlas, tal como se ubicaban las gentes
romanas de los tiempos primitivos, y los nombres de las gentes son todavía del
tipo arcaico. Se podía esperar su aumento a cuatrocientos, por el proceso de
segmentación; pero su manteni
miento hasta nuestros días, después que el período
de la barbarie está tan lejano, es la prueba más evidente de su estabilidad
como pueblo. Puede suponerse también que la familia monógama, en estas aldeas,
no llegó a adquirir su completo desarrollo, y que el comunis mo en la vida y
en el matrimonio no fue desconocido entre ellos.
Aún puede descubrirse la gens en su forma arcaica
entre las tribus aborígenes que habitan las regiones montañosas de la China, y
cu yos dialectos difieren del mandarín. Y es precisamente en estas tri bus
aisladas donde trataremos de encontrar las primitivas institu ciones de la
China.
Se ha dicho que las tribus de Afghanistán se
hallaban divididas, de idéntica manera, en clanes; pero no ha podido
comprobarse si estos clanes constituían verdaderas gentes.
Para no cansar al lector con mayores pormenores
sobre la misma cuestión, hemos expuesto un número limitado pero suficiente de
ca sos que permitan sentar la presunción de que la organización genti licia
imperó en forma general y extensa entre los antepasados remo tos de las
actuales tribus y naciones asiáticas.
Las doce tribus de los hebreos, tal como figuran en
el libro de los Números, representan una reconstrucción de la sociedad hebrea
por ministerio de la ley. El estado de barbarie ya había pasado y la
civilización se había iniciado. El principio mediante el cual estaban
organizadas las tribus en agrupaciones de consanguíneos presupone
un régimen gentilicio anterior que habría perdurado
y estaría ahora sistematizado. En esta época no conocían otro plan de gobierno
que la sociedad gentilicia formada por grupos consanguíneos ligados por
relaciones personales. Su establecimiento posterior en Palestina, como tribus
consanguíneas, con cada uno de los distritos designados con los nombres de los
doce hijos de Jacob, exceptuando la tribu de Leví, es una demostración práctica
de que se hallaban organizados como linajes y no como comunidades de ciudadanos.
La historia de la na ción más notable de la familia semítica se concentra
alrededor de los nombres de Abraham, Isaac y Jacob y los doce hijos de este
último.
La historia hebrea comienza esencialmente con
Abraham, pues
las referencias que se hacen a sus antepasados se
limitan a dar una genealogía exenta de pormenores. Bastará citar algunos
pasajes para mostrar el progreso alcanzado entonces y la condición de adelanto
382 LEWIS H. MORGAN
que corresponde a la época en que aparece Abraham.
Se le describe como que "iba cargado en gran manera en ganado, en plata y
oro (350). Por la cueva de Macpela "pesó Abraham a Efrom el
dinero que dijo en oídos de los hijos de Jet,
cuatrocientos siclos de plata corrientes por los mercaderes (351). Respecto a
la vida do méstica y a la subsistencia puede citarse el siguiente pasaje:
Enton ces Abraham fue ,a priesa a la tienda de Sara, y díjole: Toma presto
tres medidas de flor de harina, amasa y haz panes cocidos debajo
de la ceniza (352). Tomó también manteca y leche, y
el becerro que había aderezado, y púsole delante de ellos... (353).
Refiriéndose a los utensilios, vestido y adornos: "... y él tomó en su
mano el fuego y el cuchillo... (354). Y sacó el siervo vasos de plata, y vasos
de oro, y vestidos, y dio a Rebeca; también dio cosas preciosas a su hermano y
a su madre (355). Cuando Rebeca se encuentra con Isaac tomó
el velo y cubrióse (356).
También se menciona al camello, asno,
buey, oveja, cabra, juntamente con rebaños y
manadas, al molino
para granos, al vaso para agua, aros, pulseras,
tiendas, casas y ciu
dades. Se habla también del arco y la flecha, la
espada, el trigo y
el vino, y campos sembrados de granos. Todo esto
está señalando el
estadio superior de la barbarie en la época de
Abraham, Isaac y Jacob. La escritura, probablemente, no era entonces conocida
por esta rama de la familia semítica. El grado de adelanto que implica
corresponde sustancialmente al de los griegos de la época de Homero. Las más
primitivas costumbres hebreas referentes al matrimonio señalan la existencia de
la g ens, y en su forma arcaica. Al parecer, Abraham, por intermedio de su
siervo, compró a Rebeca para darla
en matrimonio a- Isaac, regalándole las cosas
preciosas al hermano y a la madre de la novia, y no al padre. En este caso, los
presentes fueron otorgados a los parientes gentilicios, suponiendo que exis
tiera la gens, con descendencia por la línea femenina. Nuevamente se afirma
esto cuando se refiere Abraham a su matrimonio con Sara, su media hermana: Y
también mi hermana es hija de mi padre, más no hija de mi madre, y tomóla por
mujer (357).
Suponiendo la existencia de la gem y la filiación
femenina, Abra ham y Sara pertenecían a gentes diferentes, y aunque fueran
parien tes consanguíneos no serían parientes gentilicios, y, por consiguien
te, se podrían casar de acuerdo con las costumbres gentilicias. Si la
Génesis,
XIII, 2.
Ib.,
XXIII, 16.
Ib.,
XVIII, 6.
Ib.,
XVIII, 8.
Ib.,
XXII, 6.
Ib.,
XXIV, 53.
Ib.,
XXIV, 65.
Ib.,
XX, 12.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 383
descendencia hubiese seguido la línea masculina, el
caso sería com pletamente a la inversa, Nabor se casó con su sobrina, la hija
de su hermano Haran (358); y Amram, padre de Moisés, se casó con su tía, la
hermana de su padre, quien fue madre del legislador hebreo (359). En estos
casos, con la descendencia por la línea femenina, las per sonas que contraían
matrimonio pertenecían a gentes diferentes; pero si la descendencia hubiese
seguido la línea masculina, el re sultado sería totalmente opuesto. Si bien
estos casos no comprue ban en forma absoluta la existencia de la geni, Moisés
daría tal ex plicación de los mismos, que surgiría la presunción de la
existencia de la organización gentilicia en su forma' arcaica.
Cuando la civilización mosaica quedó terminada los
hebreos
constituían un pueblo civilizado, pero no lo
suficientemente adelan
tado como para instituir la sociedad política.
Según el relato que
hace la Biblia, estaban organizados en una serie de
grupos consan
guíneos en escala ascendente, semejante a la gens,
fratría y tribu de
los griegos. En las relaciones de los hebreos y en
la organización,
tanto de su sociedad como de su ejército, mientras
ocupaban la
península sinaítica, se hacen repetidas referencias
a estas agrupa
ciones consanguíneas en serie ascendente que, según
parece, son
equivalentes de la gens, fratría y tribu. De este
modo, Ja tribu de
Leví estaba compuesta de ocho gentes, organizadas
en tres fratrías,
como sigue:
TRIBU DE LEVI
Hijos de Leví
I. Gerson, 7.500 varones.
II. Caat, 8.600 varones.
III. Merari, 6.200 varones.
I. Fratría Gersonita
Gentes: 1, Lebni; 2, Semeí.
II. Fratría Caatita
Gentes: 1, Amram; 2, Jesaar; 3, Hebrón; 4, Oziel.
I I I . Fratría Merarita
Gentes: 1, Moholi; 2, Musí.
Cuenta los hijos de Leví por las casas de sus
padres, por sus familias... Y los hijos de Leví fueron éstos por sus nombres:
Gerson y Caat y Merari. Y los nombres de los hijos de Gerson por sus fami-
Ib.,
XI, 29.
Éxodo,
VI, 20.
LEWIS H. MORGAN
lias son éstos; Lebni y Semeí. Y los hijos de Caat
por sus familias:
Amram y Jesaar y Hebrón y Oziel. Item, los hijos de
Merari por
sus familias; Moholi y Musí. Éstas son las familias
de Leví por las casas de sus padres (360),.
La descripción de estos grupos comienza, unas
veces, con el miem
bro superior de la serie, y otras, con el inferior
o unidad. Por ejem plo; "De los hijos de Simeón, sus generaciones, por
sus familias, por las casas de sus padres... * ' los hijos de Simeón, con
y las casas de los padres son las gentes. Otro
ejemplo: Y el prín
cipe de la casa del padre de las familias de Caat
será Elisafan, hijo
de Oziel (362).
Aquí nos encontramos primero con la gens, luego
con la fratría y por último con la tribu. La
persona nombrada es el
jefe de la fratría. Cada casa del padre tenía
también su insignia o
bandera que la distinguía de las otras. Los hijos de Israel asenta
rán sus tiendas cada uno junto a su bandera según
las enseñas de
las casas de sus padres... (363). Estos términos describen organiza
ciones efectivas y muestran que su organización
militar se compo
nía de gentes, fratrías y tribus.
Con respecto .al primero y más pequeño de estos
grupos, la casa del padre", debía comprender varios centenares de
personas, a juz gar por las cifras dadas del número en cada fratría. El
término he breo beth ab significa casa paterna, casa del padre y casa de la
fa milia; si los hebreos poseyeron la gens, la constituía este grupo de
personas. El empleo ae dos términos para describirla suscitaría una duda, salvo
que bajo la monogamia las familias individuales hubie ran llegado entonces a
ser tan numerosas y prominentes que hicie ran necesario este circunloquio para
abarcar a toda la parentela. Li teralmente tenemos la casa de Amram, de
Jesaar, de Hebrón y de Oziel; pero como en esta época los hebreos no podían
tener un con cepto de la casa semejante al actual, es decir, el de un título
de nobleza o alcurnia, lo emplearon probablemente para designar el parentesco o
linaje (364). Desde el momento que toda división y subdivisión estaba
encabezada por un varón y que la filiación hebrea era exclusivamente masculina,
es indudable que la descendencia, en esa época, seguía, entre ellos, la línea
masculina. A continuación en la escala ascendente está la familia que parece
ser una fratría.
Números,
III, 15-20.
Ib.,
I, 22.
Ib.,
m, 30.
Ib.,
II, 2.
K j
e l y D e l i t z s c h s , com e n tando el versículo catorce del capítul
o
sexto del É x o d o , afirm a n que la casa del
padre era un térm ino técnico, apli cado a un conjunto de fam ilias designadas
con el nom b re de un antepasado
com ú n .
Ésta es una definición clara de la g e n s.
sus generaciones, constituyen familias son las
fratrías;
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 385
El vocablo hebreo con que se designa esta
organización (mishpa-cah) significa unión o reunión de clanes. La componían dos
o más casas del padre, derivadas por segmentación de un grupo primitivo y se
designaba con un nombre de fratría. Se aproxima mucho a la fratría. La familia
o fratría celebraba anualmente una fiesta de sa crificios (365). Por último,
la tribu llamada en hebreo matteh, que l significa rama, tronco o retoño, era
análoga a La tribu griega Son muy pocos los detalles que se conocen respecto a
los dere chos, privilegios y obligaciones de estas agrupaciones de consan
guíneos. La idea de parentesco, que une cada una de las organiza ciones, desde
la casa del padre hasta la tribu, está desarrollada en una forma mucho más
notable y precisa que en las organizaciones correspondientes a las de las
tribus griegas, latinas y de aborígenes americanos. Si bien la tradición
ateniense pretendía que las cuatro tribus descendían de los cuatro hijos de lo,
no se aventuraban a explicar el origen de las gentes y de las fratrías. En
cambio, la na rración hebrea no solamente hace descender las doce tribus, de
los doce hijos de Jacob, sino que también deriva las gentes y fratrías de los
hijos y descendientes de cada uno de aquéllos. La historia de la humanidad no
registra un caso análogo de desenvolvimiento de las gentes y fratrías en esta
forma tan precisa. La versión debe interpre-j tarse como la clasificación de
los grupos consanguíneos existentes, según los antecedentes conservados por la
tradición, salvándose los menores obstáculos por medio de imposiciones
legislativas.
Los hebreos se decían Pueblo de Israel y también
Congrega ción (366). Esto es el reconocimiento directo del hecho de que su
organización era social y no política.
En África nos encontramos con un caos de salvajismo
y barbarie. Las artes e inventos primitivos han desaparecido en gran parte ante
los utensilios y telas introducidas del extranjero, y el salvajismo en su forma
más baja, incluso la antropofagia y la barbarie en sus gra dos más inferiores
imperan en casi todo el continente. Las tribus del interior están algo más
próximas a una cultura indígena y a la condición normal; pero África presenta,
en general, un campo esté-| ril para la etnología.
A pesar de ser cuna de la raza negra, es notorio
que su pobla ción y las zonas que ésta ocupa son muy reducidas. Afirma Latham
con toda intención que el negro es un africano excepcional (367). Las tribus de
los asniras, aponos, ishogos y ashangos que habitan la región comprendida entre
el Congo y el Niger, y que fueron visita das por Du Chaillu, son del tipo
negro genuino. Refiere ese investi-
s
25
I.
de Samuel, XX, 6, 29.
Números,
I, 2.
Descript.
Eth., II, 184.
LEWIS H. MORGAN
gador que cada aldea tiene su jefe y que
internándose más, parece que estas aldeas estuvieran gobernadas por ancianos,
cada uno de los cuales, juntamente con su pueblo, ocupaban una parte de la
aldea. Cada clan tenía su ifoumou (que significa
fuente, origen, pa dre), foumon o jefe reconocido del clan. Nunca pude obtener
de ios nativos una explicación de la división de sus tribus en clanes; parece
que ignoraran este proceso. Actualmente entre ellos, no se proauce la formación
de nuevos clanes... La casa del jefe o anciano no es me jor que la de sus
inferiores. La forma despótica de gobierno no se conoce... Antes de ejecutarse
a un reo debe reunirse forzosamente
el consejo de ancianos. ...Los miembros de las
distintas tribus y clanes se casan entre sí, lo que crea un sentimiento
afectuoso entre todos los individuos; pero el matrimonio dentro del clan está
pro hibido. La menor consanguinidad se considera abominable, lo que
no es óbice para que el sobrino tome libremente las
esposas de su tío y, entre los balakaí, el hijo tome las esposas de su padre,
con excepción de su madre... En todas las tribus que he visitado existe la
poligamia y la esclavitud... La ley de la herencia entre las tribus del Oeste
establece que el hermano más próximo debe heredar los bie nes del mayor
(mujeres, esclavos, etc.); pero si el más joven muere,
el mayor es quien hereda. Cuando no hay hermanos
hereda el sobri
no. El cargo de jefe del clan o familia es
hereditario, siguiéndose la
misma regla de la herencia de la propiedad. En caso
de fallecimien
to de todos los hermanos, hereda-- el nijo mayor de
la hermana ma
yor, y la herencia continúa así, siguiendo esta
filiación hasta agotar
la, pues todos los clanes consideran la
descendencia por la línea fe
menina (368).
Todos los elementos de la verdadera gens están
integrados en los pormenores que acaban de darse, es decir, descendencia
limitada a una línea, en este caso la femenina, que imprime a la gens su forma
arcaica. Además, la descendencia por la línea femenina se sigue con respecto al
cargo, a la propiedad y al nombre gentilicio. El cargo de jefe pasa de hermano
a hermano, o de tío a sobrino, considerán dose sobrino al hijo de la hermana,
como entre los aborígenes ame ricanos; mientras que los hijos están excluidos
por no ser miembros de la gens del jefe fallecido. El matrimonio dentro de la
gens tam bién está prohibido. La única omisión de importancia en este relato
conciso es la de los nombres de las gentes. La reglamentación de la herencia
necesita también una explicación más completa. Livinsgtone observó entre los
banyai del río Zambesi, que era
un pueblo más adelantado que el resto de los
negros, las siguientes costumbres: El gobierno de los banyai es algo típico,
pues constitu ye un régimen republicano feudal. El cargo de jefe es electivo,
eli-
T
ravels in South A frica, ed. de Appleton, cap. 30, pág. 660.
LA SOCIEDAD PRLMITIVA 387
giéndose preferentemente al hijo de la hermana del
jefe fallecido y dejándose a un lado a su propio hijo. Cuando el candidato no
los sa tisface, ellos van en busca de un sucesor hasta las tribus más leja
nas; por lo general, lo eligen en la familia del último jefe, entre sus
hermanos o hijos de sus hermanas, pero nunca entre sus propios hijos o hijas.
... Le pertenecen las esposas, los bienes y la progenie de su predecesor (369).
Este investigador no da detalles acerca de la organización social, pero la sucesión
al cargo de jefe, de hermano a hermano y de tío a sobrino, implica la
existencia de la gens con descendencia por la línea femenina.
Según Livinsgtone, los mismos nativos consideran a
las numero sas tribus que ocupan las regiones bañadas por el Zambezi y que se
extienden nacia el Sur, hasta la Colonia del Cabo, como un tronco común con
tres grandes divisiones, los bechuanas, los basutos v los cafres (370).
Respecto a los primeros, refiere que las tribus bechua
nas llevan nombres de animales, lo .cual,
probablemente, es indicio de que en épocas remotas practicaron, como los
antiguos egipcios, el culto de los animales. La voz bakatla significa los del
mono , bakuona los del cocodrilo y batlapi los del pez , profesando cada tribu
un terror supersticioso por el animal cuyo nombre llevaban.
...La tribu no comería jamás al animal de su mismo
nombre. ... Des cubrimos vestigios de algunas tribus antiguas por ciertos
miembros individuales de esas tribus extinguidas; por ejemplo, bátan, los de
león , y banoga, los de la serpiente , son tribus que actualmente no
existen" (371). Estos nombres de tribus son, en realidad, indicios de
gentes más que de tribus. Además, el hecho de que se encuen
tren individuos aislados, cada uno de los cuales
son los últimos sobre vivientes de su tribu, sería tan verosímil si se
entendiera gens en lugar de tribu. Refiere Livingstone que entre los bangalas
del valle Cassange, en Argola, el hermano de un jefe hereda en lugar de su
propio hijo. Los hijos de la hermana pertenecen a su hermano, quien
a menudo vende sus sobrinos para pagar sus deudas
(372). Nueva mente tenemos en esto una prueba de la descendencia por la línea
femenina; pero su relato es demasiado breve y general, en éste y en otros
casos, para que se pueda comprobar, en forma definitiva, si poseyeron o no la
gens.
Entre los australianos ya nos hemos ocupado de las
gentes, en
(369) Cuando un joven se enamora de una joven de
otra aldea y los pa
dres no se oponen a la boda, está obligado a
trasladarse a esa aldea y vivir allí, U n a vez radicado debe realizar una
serie de trabajos para su madre políti ca... Si llega a cansarle esta vida
servil y desea regresar al seno de su propia familia, tiene que abandonar a sus
hijos, pues éstos pertenecen a la madre . Ib., pág. 219.
T
ravels in South A frica, pág. 219.
ib.,
pág. 471.
Ib.,
pág. 471.
388 LEWIS H. MORGAN
los kamilaroi. Por su posición étnica, los
aborígenes de esta extensa isla, se ecuentran próximos al pie de la escala.
Cuando se los descu brió, no solamente eran salvajes, sino que lo eran en la
forma más inferior de este estado. Algunas de las tribus eran antropófagas. Al
respecto, M. Fison, a quien ya hemos mencionado, escribió lo que sigue al
autor: Algunas de las tribus, al menos, son antronófagas. Las pruebas son
terminantes. Las tribus de Wide Bay no solamente comen a sus enemigos caídos en
el campo de batalla, sino también
a sus amigos asesinados y aun a los fallecidos de
muerte natural, siempre que estuvieran en buen estado. Antes de comerlos los
desue llan y conservan la piel frotándola con una mezcla de grasa y car bón
de leña. Esta piel era sumamente apreciada, pues, según ellos, poseía, en alto
grado, propiedades medicinales.
Estos cuadros que pintan la vida del hombre nos
permiten com
prender el estado de salvajismo, la índole de sus
costumbres, el gra
do de su desarrollo físico y el bajo nivel de la
vida moral e intelec
tual del pueblo. En Australia, el hombre, tal como
lo representan
sus costumbres de antropófago, está situado en el
plano más infe
rior del que se haya tenido noticia. Y esto, a
pesar de poíeer los aus
tralianos un verdadero continente por sus
dimensiones, rico en mine
rales, con un clima bastante benigno y
suficientemente dotado de
medios de subsistencia. Pero aún después de un
período que puede
calcularse en miles de años permanece todavía en la
condición sal
vaje que se acaba de describir. Abandonados a sí
mismos, es pro
bable que hubiesen seguido por otros miles de años
más, no ente
ramente estancados, pero sí con adelantos tan
imperceptibles que apenas alcanzaría a iluminar el período oscuro de su
salvajismo. Las instituciones de los australianos son normales y homogé
neas y la organización en gentes no se limita a los
kamilaroi, sino que parece ser general. Los narrinyeri de Australia meridional
que habitan cerca de la bahía Lacepede están organizados en gentes de signadas
con nombres de animales (cuadrúpedos, aves, insectos, etc.). El Rev. George
Taplin, escribiendo a mi amigo Fison, le refiere que los narranyeri no se casan
dentro de...su propia g ens, y que los hijos pertenecen a la gens de su padre,
y añade: No hay castas ni clases como en las tribus de habla kamilaroi de Nueva
Gales del Sur, Pero cada tribu y familia (y una tribu es una familia) tiene su
totem o ngaitye, y hasta algunos individuos también lo tienen. Se le conside
ra como el genio tutelar del hombre. Es algún animal cuadrúpedo, reptil, ave o
insecto. ...Los nativos cumplen estrictamente las dis posiciones
matrimoniales. La tribu (g ens) se considera como una fa milia y, por
consiguiente, el individuo no se casa jamás dentro de su tribu.
También agrega Fison que entre las tribus del
distrito de Ma-ranoa, en Queensland, cuyo dialecto es el urghi, según informes
que
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 389
me ha suministrado A. S. P. Cameron, existe la
misma clasificación que entre las tribus de habla kamilaroi, tanto en lo que se
refiere a los nombres de las clases como a los totems . Respecto a los aus
tralianos del río Darling, agrega más adelante que, según le refi riera Carlos
G. N. Lockwood,- están subdivididos en tribus (gen tes); nombrando a la emu, a
la ánade salvaje, y a la canguro, pero sin especificar si existen otras, y que
los hijos usaban el nombre de la clase de la madre y su totem (373).
De. la existencia de la organización gentilicia
entre las tribus mencionadas puede deducirse, como probable, su predominio
gene
ral entré los aborígenes .australianos, si bien la
institución, como ya se ha dicho en otra parte, está en las primeras etapas de
su desarrollo. El conocimiento que poseemos de las instituciones domésticas de
los habitantes de las islas Polinesia, Micronesia y
Papúa es aún muy limitado e incompleto. Entre los nativos de las islas Hawai,
Samoa, Marquesas o Nueva Zelandia no se han encontrado vestigios de la
organización gentilicia. Su sistema de consanguinidad aún es primi tivo,
demostrando que sus instituciones no han adelantado tanto como lo haría suponer
esta organización (374). Én algunas de las islas de Micronesia el cargo de jefe
se transmite por la línea femeni na (375), pero esta costumbre pudo existir independientemente
de
la gens. Los fiyianos están subaivididos en varias
tribus que hablan dialectos de una misma lengua madre. Una de estas tribus, la
de los rewas, consta de cuatro subdivisiones con nombres diferentes y cada una
de éstas se subdivide, a su vez. No parece probable el hecho
de que las últimas subdivisiones sean gentes, por
la razón, entre otras, de que a sus miembros les está permitido casarse dentro
de la misma agrupación. La descendencia sigue la línea masculina. De igual ma
nera, los tongas presentan estas divisiones, que también están, a su vez,
subdivididas, como las de los rewas.
Las organizaciones sociales más tempranas se
formaron simple mente alrededor de los conceptos de matrimonio y familia, de
sub sistencia y de gobierno, y es con éstos que debe comenzar toda ex
posición ae la estructura y principios de la sociedad primitiva. Ba sándonos
en la teoría del desarrollo progresivo de la humanidad mediante la experiencia
de los siglos, podemos afirmar que el aisla miento de los habitantes de
Oceania, sus zonas limitadas y los esca
sos medios de subsistencia,' determinaron un lento
desenvolvimien to de progreso. Aún hoy representan una condición del hombre en
el continente asiático de una época sumamente distante de la ac tual, y como
exhiben, indudablemente, rasgos característicos inhe-
Ver
también T y l o r: E a r ly H istory o f M a n k in d, pág. 284.
Systems
o f C o n s a n g u inity, etc., loe. cit., págs.- 451, 482.
M
ission a r y H e r a ld, 1853, pág. 90.
390 LEW IS H . MORGAN
rentes a su aislamiento, estas sociedades isleñas
representan una de las fases primitivas de la gran corriente del progreso
humano. La exposición de sus instituciones, invenciones y descubrimientos y de
sus rasgos morales e intelectuales, llenaría una de-las grandes nece sidades
de la antropología.
Esto determina el estudio de la organización en
gentes y su radio de difusión. Se ha comprobado la existencia de dicha
organización entre los australianos y'los negros africanos, como asimismo se
han notado huellas de ese régimen en otras tribus africanas. En gene ral, se
ha comprobado su predominio en aquella porción de los abo rígenes americanos
que, en la época de su descubrímento, atravesa ban el estadio inferior de la
barbarie, y también en una porción de los indios pueblos que se hallaban en el
estadio medio ae este pe ríodo. De la misma manera existe, en plena-
vitalidad, entre las tri bus griegas y latinas del estadio superior de la
barbarie, y se notan sus huellas en varias ramas de la familia aria. Esta
organización, o bien vestigios de la misma, ha sido hallada en las familias
turanias, urales y mongólicas, en los troncos tunguses y chinos; y en la fami
lia semítica, entre los hebreos. Se ha presentado un número crecido de casos
que permiten afirmar su antigua universalidad en la fami lia humana, así como
su predominio general a fines del período del salvajismo y a través de todo el
período de la barbarie. Esta investigación ha reunido también un cúmulo de
hechos ca
paces de demostrar que esta notable institución fue
origen y base de la sociedad primitiva. Fue el primer principio orgánico,
desarrollado mediante la experiencia, que supo organizar la sociedad de acuerdo
con un plan definido y mantenerla como unidad orgánica hasta el momento en que,
por sus adelantos, se transformó en una sociedad política. Su antigüedad, su
universalidad y su. vitalidad constante están suficientemente demostradas en el
hecho de haber podido per petuarse en todos los continentes hasta nuestros
días. La admirable adaptación de la organización gentilicia a las necesidades
del hom bre, en estos distintos períodos y condiciones, está plenamente com
probada por su difusión y conservación. Se la ha identificado con la parte más
notable de la historia de la humanidad.
El problema del origen de la gens, a saber, si
surgió espontánea mente en la sociedad, en un momento dado, repitiéndose el
hecho
en distintas regiones, o si se originó en un único
punto desde el cual se propagó mediante sucesivas migraciones, por toda la
superficie de la tierra, se presta para ser objeto de razonamientos teóricos.
La se gunda hipótesis, con ligeras variantes, parece ser la más -acertada, por
las siguientes razones: Nos encontramos con que dos formas' de matrimonio y dos
formas de familia precedieron a la institución de la gens. Fue necesario una
experiencia peculiar para alcanzar la se gunda forma de matrimonio y para
completar esta experiencia con
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 391
la invención de la gens. Esta segunda forma de
familia fue el resul
tado final, por selección natural, de la reducción
entre estrechos lí mites, de un notable sistema conyugal que se apoderó del
salvaje y
lo mantuvo fuertemente asido. Su emancipación final
fue demasiado notable para que pudiera repetirse en diversas épocas y en zonas
muy distantes entre sí. Las agrupaciones de consanguíneos reunidos para su
defensa y subsistencia, es indudable que existió desde la in fancia de la
familia humana; pero la gens es una asociación de parien tes muy distinta.
Ésta abarca una parte y excluye la otra; organiza la primera por el lazo del
parentesco, bajo un nombre común y con derechos y privilegios comunes. El matrimonio
dentro de una misma gens estaba prohibido para lograr los beneficios del
matrimonio con traído por personas no emparentadas. Éste fue el principio
vital de la organización, así como el más difícil de establecer. En lugar de
ser una concepción natural y manifiesta, la gens era esencialmente profunda, y
como tal, hija de una inteligencia privilegiada para la época en que se
originó. Fue necesario que transcurrieran largos períodos de tiempo, antes de
que la idea adquiriera vida, para hacer la madurar justamente con, las
costumbres que entrañaba. Los poli nesios tenían la forma de familia punalúa,
pero no lograron la gens; los australianos tenían la misma forma de familia y
poseían la gens. Ésta se originó en la familia punalúa y cualquiera de las tribus
que tuviera esta forma de familia disponía de los elementos con los cuales se
formó la gens. Ésta es la modificación de la hipótesis sugerida. En la
organización primitiva sobre la base del sexo existió el ger men de la gens.
Cuando la gens se hubo desarrollado completamen te en su forma arcaica se
propagaría sobre inmensas zonas median
te el poder superior del. linaje así creado. La
hipótesis de su propa gación es más verosímil que la de su institución. Estas
consideracio nes tienen por objeto demostrar la escasa probabilidad de la
teoría de la reproducción repetida en zonas separadas. Por otra parte, debe
admitirse el hecho de los beneficiosos resultados de haber producido un linaje
de salvajes superior a cualquiera de los entonces existentes sobre la
superficie de la tierra. Cuando los pueblos, bajo la ley del salvajismo,
comenzaron a emigrar, ya fuera por las persecuciones o
en busca de mejores tierras, el linaje se iría
difundiendo paulati namente hasta cubrir la mayor parte del globo. La
consideración de los hechos principales ya demostrados respecto a esta cuestión
parece propiciar la hipótesis del origen único de la organización en gentes,
salvo que nos remontemos más lejos, hasta las clases australianas, que crearon
la familia punalúa en la cual se originó la gens, y con sideremos a estas
clases como las bases originales de la sociedad primitiva. En tal caso, donde quiera
se hubiesen formado las clases, existía potencialmente la gens.
Presuponiendo la unidad de origen del hombre, la
ocupación de 392 LEWIS H. MORGAN
la tierra se habría producido a través de
migraciones desde un punto
céntrico original. El continente asiático debe ser
considerado enton
ces como cuna de las especies, por el gran número
de tipos origina
rios del hombre que presenta en comparación con
Europa, África y
América. También se desprendería que la separación
de ios negros y
de los australianos del tronco común debió
producirse cuando la
sociedad estaba organizada sobre la base del sexo,
y cuando la forma
de la familia era la punalúa; que la migración
polinesia tuvo lugar
más tarde, pero con la sociedad constituida de
igual manera; y, fi
nalmente, que la migración ganowaniana a América
tuvo lugar más
tarde todavía, y después de la institución de las
gentes. Estas deduc
ciones se adelantan, simplemente, como conjeturas.
Para el conocimiento preciso de la sociedad
primitiva, es absolu
tamente necesario el conocimiento de la gens, de
sus atributos y del radio de su difusión. Éste es el asunto que requiere ahora
una inves tigación especializada y extensa. Entre los antepasados de las
nacio nes civilizadas, esta sociedad alcanzó su más alto desarrollo en las
S ostrimerías de la barbarie. Pero existieron fases
de esa misma socie- ad, en época s remotas, que hoy habría que buscar entre los
pueblos
bárbaros y salvajes que atraviesan por una
condición análoga. El concepto de la sociedad organizada se ha desarrollado a
través de la existencia entera de la raza humana; sus diversas fases están ló
gicamente ligadas engendrando la una a la otra sucesivamente, y la forma de
ella que hemos tenido bajo estudio tuvo origen en la gens. Ninguna otra
institución del hombre ha alcanzado tan antigua y notable relación con el
desenvolvimiento del progreso humano. La verdadera historia de la humanidad
está contenida en la historia del nacimiento y desarrollo de las instituciones,
de las cuales la gens no es sino una. Ésta es, sin embargo, la base de todas
aquellas que
han ejercido la influencia más preponderante sobre
los actos del hombre.
I
LA FAMILIA PRIMITIVA
Estamos acostumbrados a considerar que la familia
monógama
ha existido siempre, salvo en aquellos casos
excepcionales en que
ha sido reemplazada por la forma patriarcal. Por el
contrario, el con cepto de familia es producto del desarrollo de formas
sucesivas, siendo la monógama la última de la serie. Mi propósito será demos
trar que ésta fue precedida por formas más primitivas que predomi naron
durante el período del salvajismo y en los estadios inferior y medio de la
barbarie, y que ni la forma monógama ni la patriarcal pueden remontar su origen
hasta más allá del último estadio de la "barbarie. Ellas son esencialmente
modernas. Además, no habrían
sido posibles en medio de la sociedad antigua,
hasta tanto la expe riencia previa de las formas más primitivas prepararan el
camino de su introducción en todas las razas del género humano.
Pueden distinguirse cinco formas diferentes y
sucesivas, cada una de las cuales posee un régimen de matrimonio
característico. Son las siguientes:
1, La f a m i l i a c o n s a n g u í n e a
Se basaba en el matrimonio entre hermanos y
hermanas, propios y colaterales, en grupo.
2. La f a m i l i a f u n a l ú a
Se basaba en el matrimonio entre varias hermanas,
propias y co laterales, con los maridos de cada una de las otras, en grupo, no
siendo indispensable que los maridos comunes estuviesen emparen-
LEWIS H. MORGAN
tados entre sí. Asimismo, varios hermanos, propios
y colaterales, se casaban con las esposas de cada uno de los otros, en grupo,
no sien do indispensable que estas esposas estuviesen emparentadas entre si,
aunque en ambos casos esto sucedía con frecuencia. En cada caso, el grupo de
hombres se casaba en conjunto con el grupo de mujeres.
3. L a familia sendi Ásmica o por parejas
Se basaba en el matrimonio entre parejas solas,
pero sin cohabi
tación exclusiva. El matrimonio duraba a voluntad
de las partes.
4. L a familia patriarcal
Se basaba en el matrimonio de un hombre con varias
mujeres; por lo general, estaba acompañado por la' reclusión de las esposas.
5. L a familia monógama
Se basaba en el matrimonio entre parejas solas, con
cohabitación exclusiva.
Tres de estas formas, a saber: la primera, la
segunda y la quinta, fueron radicales, pues llegaron a ser tan generales e
influyentes como para crear tres sistemas diferentes de consanguinidad los
cuales to davía se mantienen en vigor. Considerando esto a la inversa, dichos
sistemas bastan por sí mismos para comprobar la existencia anterior de las
formas de familia y de matrimonio con las cuales se relacio nan
respectivamente. Las dos restantes, la sindiásmica y la patriar cal, fueron
formas intermedias y no lo suficientemente influyentes como para crear un nuevo
sistema de consanguinidad o modificar esencialmente los que ya existían en la
época. No debe suponerse
que estos tipos de familia estuvieron completamente
separados entre si por límites bien definidos; por el contrario, el primero se
funde en el segundo, éste en el tercero, y así sucesivamente, en gradacio nes
insensibles. Los postulados a plantearse y resolverse son: que dichas formas de
familia nacieron sucesivamente, una de otra, y que representan colectivamente
el desenvolvimiento del concepto de fa milia.
Para poder explicar el desarrollo de estas diversas
formas de fa milia y de matrimonio, es necesario presentar la esencia del
sistema de consanguinidad y afinidad correspodiente a cada una. Estos siste
mas encaman testimonios decisivos y precisos, exentos de toda in tención, que
atañen directamente a este asunto. Por otra parte, ha-
LASOCIEDADPRIMITIVA397
blan con tal autoridad y certeza que no dan lugar a
que se dude de las conclusiones que de ellos se desprenden. Pero un sistema de
consanguinidad es intrincado y complejo hasta tanto no nos familia rizamos con
él. Fatigaríamos la atención del lector si insistiéramos sobre esta materia
hasta' llegar a demostrar el valor y fundamento de los testimonios que
contiene. Como ya me he ocupado extensa mente del asunto en mi obra anterior
Sistema de consanguinidad y afinidad de la familia humana (376) me limitaré ahora
a exponer los hechos principales reducidos a su menor número posible, haciendo
referencia a mi obra citada, para detalles más completos y para los cuadros
generales. La importancia de la proposición principal como parte de la historia
del género humano, a saber, que la familia ha sido producto del desarrollo de
formas sucesivas, es un motivo pode roso para la presentación y estudio de
estos sistemas, si ellos pueden en verdad establecer este hecho Será necesario
dedicar este capí tulo y los cuatro siguientes a la exposición breve y general
de la prueba.
El sistema de consanguinidad más primitivo de los
hasta aho
ra descubiertos se presenta entre los polinesios,
de los cuales elegi remos a los hawaianos como ejemplo típico. Lo he
denominado sis tema malayo. En él todos los consanguíneos, próximos o lejanos,
caen dentro de alguno de los siguientes parentescos: padre, hijo, abuelo,
nieto, hermano y hermana. No se reconoce ninguna otra vinculación de sangre.
Aparte de estos parentescos están los creados por el ma
trimonio. Este sistema de consanguinidad apareció
en la primera forma de familia, la consanguínea, y lleva consigo la prueba
princi pal de su existencia primitiva. Este hecho puede parecer base insu
ficiente para una deducción tan importante; pero si estamos habili tados para
suponer cpie cada parentesco de los reconocidos era el que de hecho existió, la
deducción queda plenamente cimentada.
Este sistema imperó, en forma muy general, en
Polinesia, si bien entre ellos la familia ha pasado de la forma consanguínea a
la puna-lúa. Se mantuvo inalterable, pues no existió un motivo suficiente
mente poderoso, no se produjo una mudanza en las instituciones tan radical como
para provocar su cambio. Cuando se establecieron las misiones americanas en las
islas Sandwich, hace cerca de cincuen ta años, el matrimonio entre hermanas y
hermanos no había des aparecido aún por completo. No puede dudarse del antiguo
predomi nio general de este sistema de consanguinidad en Asia, pues él fue
base del sistema turanio que todavía existe en dicho continente. Asi mismo,
fue cimiento del sistema chino.
Con el transcurso del tiempo un segundo sistema de
consangui-
S y
s tem s o f C o n s a n g u in ity and A f f in ity o f the H u m a n F a m
ily, Sm ith
sonian Contributions to K n o w ledge, vol. X V I
I.
LEWISH.MORGAN
nidad, el turanio, sucedió al primero, y se
difundió por una gran parte de la superficie del globo. Entre los aborígenes
norteamerica nos llegó a ser universal y en Sudamérica dejó huellas tan marca
das que permiten suponer su universalidad también en este país.
En ciertas regiones de Africa se ha notado su
influencia, pero el sistema de las tribus africanas en general se aproxima más
al mala yo. Este impera aún en la India meridional, entre los hindúes que
hablan dialectos de la lengua draviniana y también, en una forma modificada en
la India septentrional, entre los hindúes que hablan dialectos de la lengua
gaura. También prevalece en Austrialia, en forma parcialmente desarrollada,
donde parece haberse originado bien en la organización en clases o en la organización
incipiente en gentes, que conducen al mismo resultado. En las principales
tribus de las familias turania y ganowaniana, debe su origen al matrimo nio
punalúa en grupos y a la organización gentilicia, tendiendo esta última a
reprimir los matrimonios consanguíneos. Ya se ha expuesto cómo esto fue logrado
mediante la prohibición del matrimonio den tro de la gens, lo que. excluía en
forma permanente de la vincula ción matrimonial a las hermanas y hermanos
propios. Cuando, surgió el sistema turanio de consanguinidad, la forma de
familia era la punalúa. Esto está comprobado por el hecho de que el matrimonio
punalúa en grupos explica los parentescos principales según el sis tema,
demostrando que son los que realmente existirían en virtud de este régimen de
matrimonio. La lógica de los hechos nos permite de ducir que la familia
punalúa estuvo, en una época, tan difundida como el sistema turanio de
consanguinidad. Este sistema debe atri buirse a la organización gentilicia y a
la familia punalúa. Más ade lante se verá que surge del sistema malayo por el
simple cambio de los parentescos resultantes de matrimonios .anteriores entre
herma nos y hermanas, propios y colaterales, y que fueron, de hecho, cam
biados por las gentes, lo cual demuestra la íntima vinculación que hay entre
ellos. La influencia poderosa de la organización gentilicia sobre la sociedad,
y en particular, sobre el grupo punalúa, está de mostrada en este cambio de
sistema.
El sistema turanio es simplemente estupendo;
reconoce todos los
parentescos conocidos bajo el sistema ario y además
un gran núme ro que éste no tomó en cuenta. Los consanguíneos, próximos o
leja nos, están clasificados en categorías, y por medios característicos van
mucho más allá de la esfera ordinaria del sistema ario. En sus salu dos
familiares y ceremoniosos, las personas se dan el tratamiento del parentesco
que los une y no se llaman jamás por su nombre perso
nal, lo que ha contribuido en gran escala, a la
difusión del conoci miento del sistema, así como a la conservación del vínculo
con los parientes más lejanos, por su constante reconocimiento. Cuando no hay
lazos de parentesco entre dos personas, se tratan simplemente de
LASOCIEDADPRIMITIVA399
amigo mío . Ningún otro sistema de consanguinidad
hallado entre los hombres puede igualársele por la perfección de sus detalles y
el número de sus características propias.
Cuando fueron descubiertos los aborígenes
americanos, la fami
lia había pasado, entre ellos, de la forma punalúa
a la sindiásmica, de modo que los parentescos reconocidos por el sistema de
consan guinidad, no eran en muchos casos los que realmente existían en la
familia sindiásmica. Esto era la repetición exacta de lo sucedido bajo el
sistema malayo, cuando la familia pasó de la forma consanguínea
a la punalúa y el sistema de consanguinidad
permaneció inalterable; de modo que mientras los parentescos reconocidos en el
sistema ma layo son los que efectivamente existían en la familia consanguínea,
resultaban en parte falsos para la familia punalúa. Del mismo modo, mientras
los parentescos dados por el sistema turanio son los que efectivamente existían
en la familia punalúa, resultaban en parte falsos para la sindiásmica.
Forzosamente las formas de familia ade lantan con mayor rapidez que los sistemas
de consanguinidad, los cuales perduran para registrar las vinculaciones
familiares. Así como el establecimiento de la familia punalúa no proporcionó
motivos ca paces de reformar el sistema malayo, el desenvolvimiento de la fa
milia sindiásmica no dio margen a la reforma del turanio. Fue nece saria una
institución tan poderosa como la organización gentilicia para cambiar el
sistema malayo por el turanio; y fue necesario una institución tan poderosa
como la propiedad en concreto, con sus de rechos de propietario y de herencia,
juntamente con la familia mo nógama que creaba, para derribar el sistema
turanio de consangui nidad y sustituirlo por el ario.
Con el transcurso del tiempo surgió un tercer gran
sistema de consanguinidad que puede denominarse, como se guste, ario, semíti
co o uralio, y que probablemente se sobrepuso a un régimen tura nio anterior
entre las principales naciones que alcanzaron más tarde la civilización. Este
sistema es el que determina los parentescos en la familia monógama. No se basó
en el turanio como éste se basó en el malayo, sino que se sobrepuso a un
sistema turanio anterior, en las naciones civilizadas, como puede demostrarse
mediante otras pruebas.
Las últimas cuatro formas de familia se mantuvieron
hasta el pe ríodo histórico, pero la primera, o sea, la consanguínea,
desapareció. No obstante, su remota existencia puede deducirse del sistema
malayo de consanguinidad. Tenemos, por lo tanto, tres formas radicales de
familia que representan tres grandes condiciones de vida, esencial mente
diferentes, con tres sistemas de consanguinidad distintos y bien delineados,
suficientes para comprobar la existencia de estas familias, si contuviesen las
únicas pruebas restantes. Esta afirmación contribuirá a que se fije la atención
en la permanencia y persisten-
LEWISH.MORGAN
cia singulares de los sistemas de consanguinidad y
en la importancia de la evidencia que entrañaban con respecto a la condición de
la sociedad primitiva.
Cada una de estas familias se desenvolvió en un
largo proceso,
en las tribus de la humanidad, con un período de
infancia, otro de
madurez y otro de decadencia. La familia monógama
debe su ori
gen a la propiedad, así como la sindiásmica que
contenía su germen,
debió su origen a la gens. Cuando las tribus
griegas aparecen por vez
primera en la historia, la familia monógama ya
existía; pero no llegó
a implantarse completamente hasta que la
legislación primitiva fijó
su estado legal y sus derechos. El desarrollo del
concepto de propie
dad en la mente humana está íntimamente ligado a la
implantación
de esta forma de familia, por su creación y
usufructo, y, especialmen te, por la definición de los derechos legales con
respecter a la heren cia. La propiedad llegó a ser tan poderosa que su
influencia se dejó sentir en la estructura orgánica de la sociedad. La
certidumbre acerca de la paternidad de los hijos adquirió ahora un significado
hasta entonces desconocido. El matrimonio entre parejas solas ha existido desde
el período inferior de la barbarie bajo la forma de una unión
de parejas durante un plazo voluntario. A medida
que la sociedad primitiva fue ascendiendo hacia condiciones cada vez más
adelan tadas, mediante el mejoramiento de sus instituciones y el progreso de
los inventos y descubrimientos, dicha forma de matrimonio fue haciéndose más
estable; pero faltaba aún el elemento esencial de la familia monógama, esto es,
la cohabitación exclusiva. Ya en épocas remotas de barbarie el hombre comenzó a
exigir fidelidad a la mu jer, bajo castigos salvajes, pero sin corresponderle
en la misma for ma. Esta obligación debe ser necesariamente recíproca, y su
cum plimiento correlativo. Entre los griegos de la época de Homero la esposa,
dominada por el marido, estaba en una condición de aisla miento y de excesiva
desigualdad, gozando de muy pocos derechos.
El cotejo de la familia griega en las etapas
sucesivas comprendidas desde Homero hasta Pericles, nos da un notable
mejoramiento, rea lizado paulatinamente, que culmina con una institución
definida. La familia moderna es, indiscutiblemente, mucho más adelantada que
la de los griegos y romanos, porque la mujer ha
mejorado inmensa mente su posición social. De la situación de hija de su
marido, como entre los griegos y romanos, se ha ido aproximando a éste en
igualdad de rango y de derechos personales. Tenemos una crónica de la fa milia
monógama que abarca cerca de tres mil años durante los cua les puede afirmarse
que su estructura se ha ido perfeccionando en forma gradual y continua. Ella
está destinada a progresar aún más, hasta llegar a un punto en que se reconozca
plenamente la 'gualdad de los sexos y la equidad de las relaciones conyugales.
Tenemos tam bién pruebas, si bien no tan completas, del perfeccionamiento pro-
LASOCIEDADPRIMITIVA401
gresivo de la familia sindiásmica, la que,
comenzando con un tipo inferior, culminó en la monogamia. Se han recordado
estos hechos por considerarlos esenciales en la presente exposición.
En capítulos anteriores, hemos llamado la atención
del lector sobre el maravilloso régimen matrimonial que uniéndose a la huma
nidad en la infancia de su existencia, la acompañó hasta la civiliza ción, si
bien perdiendo terreno, constantemente, ante el adelanto progresivo de la
sociedad. La razón del progreso humano puede cal cularse, hasta cierto punto,
por el grado de reducción de este siste ma bajo el influjo de los elementos
morales de la sociedad que lo re sistía. Cada una de las formas sucesivas de
familia y de matrimonio
es una prueba significativa de esta reducción.
Cuando quedó redu cido a cero, y solamente entonces, fue posible la familia
monógama. Las huellas de estas familias pueden remontarse hacia el pasado,
hasta el comienzo del último período de la barbarie donde desapa rece
fundiéndose en la sindiásmica.
Es así como obtenemos un bosquejo de los siglos
transcurridos mientras estas dos formas de familia desarrollaban el proceso de
su desenvolvimiento. Pero la creación de cinco formas sucesivas de fa milia,
cada una distinta de las otras y correspondientes a condiciones de sociedad
enteramente diferentes, robustece nuestro concepto de
la duración de los períodos durante los cuales la
idea de familia se fue desarrollando a través de formas intermedias, desde la
consan guínea hasta la monógama, aún en constante progreso. Ninguna otra
institución de la humanidad posee una historia más notable y acci dentada, o
que abarque los resultados de una experiencia más pro longada y diversa. Fue
necesario el mayor esfuerzo mental y moral del hombre y el transcurso de un
sinnúmero de siglos, para conser var su existencia y para conducirla, a través
de sus distintas etapas, hasta la forma que reviste actualmente.
El matrimonio pasó de la forma punalúa a la
monógama a través de la sindiásmica sin ninguna modificación de importancia en
el sistema turanio de consanguinidad. Dicho sistema, que registra las
vinculaciones de parentesco en la familia punalúa, permaneció esen cialmente
inalterada hasta la implantación de la familia monógama, bajo la cual llegó a
ser casi totalmente contradictoria por la natura leza de la descendencia y
hasta incestuoso de acuerdo con la mono gamia. Daremos un ejemplo. Bajo el
régimen malayo un hombre
llama hijo, al hijo de su hermano, pues la esposa
de su hermano es tan esposa suya como de su hermano; y también el hijo de su
her mana es hijo suyo, pues su hermana es esposa suya. Bajo el régimen
turanio, el hijo de su hermano es también su hijo por idéntica ra zón, pero el
hijo de su hermana es ahora su sobrino, porque, de acuerdo con la organización
gentilicia, su hermana ha dejado de ser esposa suya, Entre los iraqueses, cuya
familia es sindiásmica, un 26
LEWISH.MORGAN
hombre llama aún hijo, al hijo de su hermano,
aunque la esposa de éste ha dejado de ser esposa suya; y así con un gran número
de parentescos igualmente contradictorios con la forma de matrimonio existente.
El régimen ha sobrevivido a las costumbres que le dieron origen y se mantiene
aún, si bien es incierto, en su mayor parte, res pecto a las descendencias tal
como ahora existen, No había surgido ningún motivo tan poderoso como para
provocar el derrumbe de ese grande y primitivo sistema de consanguinidad. La
monogamia fue
la que, al aparecer, proporciona ese motivo a las
naciones arias cuan do se acercaron a la civilización. Aseguró así la
paternidad de los hijos y la legitimidad de los herederos. La reforma del
régimen tura-nio, a fin de hacerlo concordar con las descendencias monógamas,
no fue posible. Falseaba la monogamia de parte a
parte. No obstan te había un remedio sencillo y completo a la vez. EÍ régimen
tura-nio fue abandonado y substituido por el método descriptivo usado
por las tribus turanias cuando querían especificar
un parentesco dado. Recurrían ,a los simples hechos de consanguinidad y
describían el parentesco de cada persona, mediante la combinación de los tér
minos primarios. Así, hablaban, del hijo del hermano , nieto del hermano ,
hermano del padre y del hijo del hermano del padre . Cada'frase describía a una
persona dejando librado el parentesco a la deducción. Este era el régimen de
las naciones arias tal como se
lo ha encontrado en su forma más antigua entre las
tribus griegas, latinas, sánscritas, germanas y celtas, así como también en la
semí tica, como lo prueban las genealogías hebreas de Las Escrituras. Entre
las naciones arias y semíticas quedaron vestigios del régimen turanio, de
algunos de los cuales nos hemos ocupado, hasta en el período histórico, pero
dicho régimen fue esencialmente dejado a un lado y reemplazado por el sistema
descriptivo. Para ilustrar y con firmar estas distintas proposiciones, debemos
considerar, por su or den de aparición, los tres sistemas y las tres formas
radicales de fa milia que surgieron respectivamente enlazadas a aquellos.
Estos se interpretan mutuamente.
Un sistema de consanguinidad considerado por sí
solo, tiene poca importancia. Limitado en el número de ideas que encierra y
descan sando aparentemente en simples sugestiones, parecería incapaz de
suministrar una información útil, y de arrojar alguna luz sobre las primitivas
condiciones de la humanidad. Tal sería, por lo menos,
la consecuencia natural de considerar en abstracto
la vinculación de un grupo de parientes. Pero si comparamos los regímenes de
diversas tribus y vemos que ocupan el rango de institución doméstica y que se
han ido transmitiendo a través de períodos inmensamente prolon gados de
tiempo, el sistema de consanguinidad adquiere un aspecto
muy distinto. Estos tres sistemas, riño tras otro,
representan el desen volvimiento completo de la familia, desde su forma
consanguínea a
LASOCIEDADPRIMITIVA403
la monógama. Desde que nos asiste el derecho de
suponer que cada una revela la verdadera vinculación que existía en la familia
en el momento de su implantación, descubre a la vez, la forma del matri monio
que prevalecía entonces, aunque ambas formas de familia
y matrimonio puedan haber avanzado hacia un estadio
más elevado mientras el régimen de consanguinidad continuaba inalterado.
Se notará también que estos sistemas son productos
naturales, in herentes al progreso de la sociedad de una condición inferior a
una superior, estando señalado el cambio, en cada caso, por la aparición de una
institución que afectaba profundamente la constitución de la sociedad. La
vinculación de madre e hijo, de hermano y hermana
y de abuela y nieto se ha podido establecer en
todas las épocas, con entera certidumbre; pero la de padre é hijo, y la de
abuela y nieto, no pudo establecerse con certidumbre hasta que la monogamia
vino
a ofrecer la mayor seguridad posible. En los
matrimonios por grupos, un cierto número de personas se hallaría comprendido en
varios de estos parentescos a la vez, con igual probabilidad. En las condicio
nes más salvajes de la sociedad primitiva estas vinculaciones, tanto las
verdaderas como las probables, se tendrían en cuenta, inventán dose términos
para designarlos. Con el tiempo, surgiría un sistema de consanguinidad de la
continua aplicación de estos términos a per sonas reunidas así en una agrupación
de parientes. Pero la forma del sistema, como se ha dicho, dependería de la
forma del matrimo nio. Si el matrimonio se celebraba entre hermanos y
hermanas, pro pios y colaterales, por grupos, la familia sería consanguínea y
el sistema de consanguinidad, el malayo. Si el matrimonio se celebraba entre
varias hermanas con los maridos de cada una de ellas en grupo, y entre hermanos
con las esposas de cada uno de ellos en grupo,
la familia sería punalúa y el sistema de
consanguinidad, el turanio; y si el matrimonio se celebraba entre parejas
solamente con cohabita ción exclusiva, la familia sería monógama, y el sistema
de consan guinidad, el ario. Por consiguiente, los tres sistemas se basan ert
tres formas de matrimonio y tratan de expresar, hasta donde pueden de
terminarse, la verdadera vinculación que existe respectivamente en
las tres formas de matrimonio. Se verá, pues, que
no descansaron en la naturaleza sino en el matrimonio; no sobre consideraciones
fic ticias sino sobre hechos;' y que cada uno de los sistemas es, a su vez,
tan lógico como verdadero. La evidencia que encierran es de mucho valor, así
como una de las más sugestivas. Revela la condición de la sociedad primitiva
con una exactitud infalible.
. Estos sistemas se resuelven en dos formas
ulteriores fundamen
tales distintas: la clasificadora y la descriptiva.
Bajo la primera, no se describe nunca a los consanguíneos sino que se les
clasifica en categorías, sin tener para nada en cuenta su proximidad o
alejamien to con el Ego; y a todas las personas de la misma categoría se le
404LEWISH.MORGAN
aplica el mismo término de parentesco. Así, mis
propios hermanos y los hijos de los hermanos de mi padre son hermanos míos por
igual; mis propias hermanas y las hijas de las hermanas de mi madre son todas
hermanas mías por igual; tal es la clasificación bajo los siste mas malayo y
turanio. En el segundo caso, los consanguíneos son descriptos, ya sea mediante
los términos primarios de parentesco o
la combinación de los mismos, especificándose de
este modo el pa rentesco de cada persona, Así, decimos hijo del hermano ,
herma no del padre e hijo del hermano del padre . Tal fue el sistema de las
famibas arias, semíticas y urales, que nació con la monogamia. La invención de
términos comunes introdujo, más adelante, un pe queño aumento en la
clasificación; pero la forma más temprana del sistema, del cual son casos
típicos el erse y el escandinavo, eran pura mente descriptiva como se ha
demostrado en los ejemplos presenta
dos. La diferencia primordial entre los dos
sistemas radicaba en que, en un caso, se celebraban numerosos matrimonios en
grupos, y en
el otro, eran matrimonios individuales entre
parejas solas. Mientras el sistema descriptivo era el mismo en las familias
arias, semíticas y uralias, el clasificador tenía dos formas distintas. La
primera fue la malaya, la más antigua por su aparición; y la segunda, la
turania y ganowaniana, esencialmente semejantes y formadas a base de la
modificación del sistema malayo anterior.
Una breve referencia a nuestro propio régimen de
consanguini dad hará destacar los principios básicos sobre los qué descansan
todos los sistemas.
El parentesco puede ser de dos clases: primero, por
consangui nidad o por la sangre; segundo, por afinidad o por matrimonio. La
consanguinidad también puede ser de dos clases: lineal y colateral.
Consanguinidad lineal es la vinculación que existe entre personas de las cuales
unas descienden de otras. Consanguinidad colateral es la vinculación que existe
entre personas que descienden de antepa sados comunes, y que no descienden
unas de otras. El parentesco creado por el matrimonio existe por la costumbre. ,
Para no profundizar demasiado la cuestión, diremos
en términos generales que, en todo sistema de consanguinidad donde se estable
ce el matrimonio por parejas solas, existe una relación lineal y va rias
colaterales, divergiendo las últimas de la primera. Todo indivi duo es centro
de un grupo de parientes, el Ego, con respecto al cual se establece el grado de
parentesco de cada persona. Su posición, ne cesariamente, está en línea recta
y esta línea es vertical. Sobre ésta deben inscribirse, hacia arriba y hacia
abajo, sus diversos antepasa dos y descendientes en series directas, de padre
a hijo, y el conjunto de estas personas constituirá su línea directa masculina.
De esta línea troncal emergen las diversas líneas colaterales masculinas y
feme ninas, que se numeran por separado. Para tener un conocimiento
LA SOCIEDAD PHJM rnVA 405
completo del sistema bastará reconocer la línea
directa principal y . una sola rama masculina y femenina de las cinco primeras
líneas colaterales, incluyendo las del lado del padre y las de la madre, yendo
en caso, del padre a uno solo de sus hijos, aunque no se abar que así más que
una pequeña porción de los paritentes del Ego, ya sea en las series ascendentes
o en las descendentes. El sistema no sería más inteligible si intentásemos
seguir todas las ramas y divisiones
de las distintas lineas colaterales, cuyo número,,
en las series ascen dentes, aumenta en proporción geométrica.
La primera línea colateral masculina, consiste en
mi hermano y sus descendientes; y la primera femenina, en mi hermana y sus des
cendientes. La segunda línea colateral masculina del lado de mi pa dre,
consiste en el hermano de mi padre y sus descendientes; v la segunda femenina,
en la hermana de mi padre y sus descendientes; la segunda masculina, del lado
de mi madre se compone del herma no de mi madre y sus descendientes; y la
segunda femenina de la hermana de mi madre y sus descendientes. La tercera línea
colateral masculina, del lado de mi padre, consiste en el hermano de mí abue
lo y sus descendientes; y la tercera, femenina, en la hermana de mi abuelo y
sus descendientes: la misma línea, del lado de mi madre, en sus ramas masculina
y femenina, se compone del hermano y de
la hermana de mi abuela y de sus descendientes
respectivos. En este último caso se verá que hemos pasado de la línea directa
del lado del padre a la del lado de la madre. La cuarta línea colateral,
masculina y femenina, comienza con el hermano y la hermana del bisabuelo y con
el hermano y la hermana de la bisabuela; y la quinta línea colateral, masculina
y femenina, con el hermano y la hermana del tatarabuelo, y con el hermano y la
hermana de la tatarabuela, y cada una de las líneas y de las ramas, continúa
desarrollándose,
como la tercera línea. Estas cinco líneas, con la
recta, abarcan el gran conjunto de nuestros parientes que pueden estar dentro
de la esfera de un conocimiento práctico.
Es necesario dar una explicación más detallada de
estas diversas líneas,. Si yo tuviese varios hermanos y hermanas, ellos
constituirían, con sus descendientes, tantas líneas, independientes entre sí,
como hermanas y hermanos tengo; pero constituyen, al mismo tiempo, mi primera
línea colateral formada por dos ramas, la masculina y la femenina. De igual
modo, los diversos hermanos y hermanas de mi
padre y de mi madre, con sus respectivos
descendientes, forman tan tas otras líneas, independientes entre sí, como
hermanos y hermanas haya; pero todos unidos constituyen la segunda línea
colateral con dos divisiones, el lado paterno y el materno, y con cuatro ramas
prin cipales, dos masculinas y dos femeninas. Si desarrolláramos comple
tamente la tercera línea colateral en sus diversas ramas obtendríámos cuatro
divisiones generales de antepasados y ocho ramas principales;
406LEWISH.MORGAN
y el número de cada una aumentaría en la misma
proporción en cada línea colateral sucesiva.
Con un número de divisiones y ramas de esta
naturaleza, que abarca tal cantidad de consanguíneos, se verá de inmediato, que
no sería una empresa vulgar obtener un método de arreglo y descrip ción que
los mantuviera claramente separados e hiciese inteligible su conjunto. Esta
tarea fue perfectamente realizada por los civilis tas romanos cuyo método fue
adoptado por las principales naciones europeas y es tan enteramente sencillo
que es digno de admira ción (377). El desarrollo de la nomenclatura en la extensión
reque
rida debió ser tan extremadamente dificultoso que
es probable que nunca se hubiese producido sino bajo el incentivo de una
necesidad imperiosa, como, por ejemplo, La de un código de descendencia que
regulase la herencia de la propiedad.
Para que la nueva forma fuese asequible era
indispensable de
finir el parentesco de tío y tía, por parte de
padre y de madre, me diante términos concretos, lo cual pudo realizarse en un
corto nú mero de lenguajes humanos. Estos términos aparecieron finalmente
entre los romanos encamados en los vocablos patruus y amita = tío
y tía por parte de padre, y avunculus y matertera =
tío y tía por parte de madre. Una vez inventados éstos, quedó implantado el mé
todo romano perfeccionado de descripción de consanguíneos (378).
Este fue adoptado, en sus características
principales, por las distintas ramas de la familia aria, con excepción ae la
erse, la escandinava y la eslava.
Cuando el régimen turanio fue abandonado, el
sistema ario ad quirió necesariamente la forma descriptiva, como en la familia
erse. Todas las relaciones de parentesco lineales, y las cinco colaterales,
hasta más de cien, se hallaban independientes unas de otras y exigían un número
igual de frases descriptivas, o la invención paulatina de términos comunes. Se
verá que las dos formas radicales, la clasifica dora y la descriptiva, señalan
casi la línea precisa de demarcación entre las naciones bárbaras y las civilizadas.
Semejante resultado pudo predecirse por la ley de progreso revelada por estas
distintas formas de matrimonio y de familia.
Los sistemas de consanguinidad no se adoptan, ni se
modifican,
ni se dejan de lado a voluntad. En su origen se han
identificado con grandes movimientos orgánicos de la sociedad que produjeron
cam bios notables de condición. Cuando llegaba a generalizarse el uso
Pandectas,
lib. X X X V I I I, capítulo X . D e gradibus, et ad finibus et nom inibus
eorum . E Institutos de Justiniano, lib. III, capítulo V I. De gradibus
cognationem .
N u
e s tro vocablo aunt (tía), deriva de am ita
, y uncle (tío)
de avunculus , agregándole el dim inutivo.
Significa, por lo tanto, abuelo pe queño. M a tertera se supone que deriva de
m a ter y altera ~ otra m adre.
LASOCIEDADPRIMITIVA407
de una forma particular, habiéndose inventado su
nomenclatura y fijado su método, su cambio, por su misma naturaleza, se
produciría muy lentamente. Todo ser humano es centro de un conjunto de pa
rientes, y por consiguiente, todas las personas están obligadas a usar y
reconocer el sistema imperante. El cambio de cualquiera de estas vinculaciones
sería extremadamente difícil. Esta tendencia a perma necer se acentúa por el
hecho que estos sistemas existen más que
por la costumbre que por imposición legislativa,
más como productos naturales que como creaciones artificíales, y por
consiguiente, el motivo de su cambio tendría que ser tan universal como el uso
mis mo. Desde que toda persona es una parte del sistema, el cana] de
su transmisión está en la sangre. Por lo tanto, han
existido podero sas influencias que han perpetuado el sistema hasta mucho
tiempo después de que las condiciones, bajo las cuales se originó, se modifi
caran o desaparecieran por completo. Este elemento de permanencia
da certidwnbre a las conclusiones que se desprenden
de los hechos y ha conservado y sacado a luz un bosquejo de la sociedad
primitiva que, de otro modo, hubiese escapado íntegramente al conocimiento
humano.
No debe suponerse que un sistema tan detallado como
el turanio, pueda haberse mantenido en las diversas naciones y familias del gé
nero humano, con absoluta igualdad. En realidad,
hay discrepancia en ciertos detalles, pero los rasgos fundamentales permanecen
inva riables. El sistema de consanguinidad de los tamiles de la India me
ridional y el de los séneca-iroqueses de Nueva York todavía son idén ticos,
después de haber atravesado doscientas vinculaciones de paren tesco. He aquí
un caso de lógica natural aplicada a hechos de la con-dición social, sin
precedentes en la historia de la mente humana. Existe también una modificación
del sistema que es una forma única
y que revela su propia historia. Es la de los
hindú, bengalí, marathí y otros pueblos de la India septentrional, formada por
una combina ción de los sistemas ario y turanio. Los brahmines que formaban un
pueblo civilizado se fusionaron con un tronco bárbaro y perdieron
su idioma en un nuevo idioma vernáculo que conservó
la estructura gramatical del habla aborigen a la que eí sánscrito dio el
noventa por ciento de sus vocablos. Esto enfrentó sus dos sistemas de consan
guinidad, basado el uno en la monogamia o sindiasmia, y el otro
en matrimonios por grupos, resultando así un
sistema mixto. Los aborígenes, que preponderaban por su número, le imprimieron
el carácter del sistema turanio, mientras que el
elemento sánscrito introdujo tales modificaciones que preservaron a la familia
monó gama de toda reconvención. El tronco eslavónico parece haber de rivado
de esta mezcla de razas. Un sistema de consanguinidad que presenta tan sólo dos
fases a través de los períodos del salvajismo y de la barbarie, y que proyecta
una tercera forma, que no es sino
408LEWISH.MORGAN
una modificación, muy avanzado el período de la
civilización, revela un elemento de permanencia digno de llamar la atención.
No será necesario considerar la familia patriarcal
basada en la poligamia. Por su limitado predominio ejerció muy poca influencia
en los destinos humanos.
La vida de hogar de los salvajes y de los bárbaros
no ha sido estudiada con la atención que este asunto merece. Entre las tribus
indias de Norteamérica la familia era sindiásmica, pero vivían, por lo general,
en viviendas colectivas, practicando en el hogar, el régimen de vida comunista.
A medida que descendemos en la escala, hacia las familias punalúa y
consanguínea, el grupo que constituye el hogar va en aumento, con un mayor
número de personas apiñadas en una mis ma vivienda. Las tribus costeras de Venezuela,
cuya forma de fa
milia parece haber sido punalúa, han sido
presentadas por los descu
bridores como habitando moradas en forma de
campana, cada una de
las cuales contenía ciento sesenta -personas (379).
Los maridos y sus
mujeres vivían juntos en un grupo dentro de la
misma casa y, por lo
general, dentro de una.misma habitación. Es una
conclusion lógica la de que este modo de vivir en el hogar, era muy general en
el sal vajismo.
En los capítulos siguientes se dará una explicación
del origen de estos sistemas de consanguinidad y afinidad. Se los presentará
sobre la base del matrimonio y de la familia que los originaran, supo niéndose
la existencia de estas formas. Si se obtuviese así una expli cación
satisfactoria de cada sistema, la existencia previa de todas las formas de
matrimonia y de familia podría deducirse del sistema expli cado. En un último
capítulo se intentará articular en una serie, las principales instituciones que
contribuyeron al desarrollo de la familia, a través de sus formas sucesivas. El
conocimiento que poseemos de la condición primitiva de la humanidad es aún tan
limitado que debe
mos fiamos en las mejores indicaciones asequibles.
La serie que va a presentarse es en parte hipotética, pero se apoya en un
cúmulo de pruebas tan suficiente como para que se le pueda tener en cuenta. Su
establecimiento definitivo debe quedar sujeto a las
conclusiones de las futuras investigaciones etnológicas.
(379) H e r r e r a : H istory o f A m e r ica , I
, 216, 218, 348.
II
LA FAMILIA CONSANGUÍNEA
La existencia de la familia consanguínea debe ser
demostrada con otras pruebas que no sean la producción de la familia en sí.
Como primera y más primitiva forma de la institución ya ha dejado
de existir aún entre las tribus salvajes más
inferiores. Pertenece a esa condición de la sociedad de la que surgieran las
porciones menos adelantadas de la raza humana. Ya dentro del período histórico
se han presentado casos aislados de matrimonio entre un hermano y su her mana,
tanto en países bárbaros como en naciones civilizadas; pero
esto no es lo mismo que el matrimonio de todo un
número de her manos en grupo, en medio de una sociedad en que dicha forma de
matrimonio predomina y ha llegado a formar las bases de un régimen social. En
Australia y en las islas de la Polinesia y Papua hay tribus salvajes que
parecen no haber salido aún de la condición primitiva; sin embargo, han ido más
allá de la condición que implica la familia consanguínea. Podemos preguntamos,
dónde está entonces la prueba
de que dicha forma de familia ha existido en algún
momento, en el género humano. Cualquiera que sean las pruebas aducidas deben
ser terminantes o de lo contrario, la proposición no podrá ser establecida.
Estos testimonios se encuentran en un sistema de consanguinidad y afinidad que
ha sobrevivido a las costumbres matrimoniales que lo originaran durante siglos,
y que perdura para atestiguar el hecho de que esa forma de familia existía
cuando el sistema fue creado.
Dicho sistema es el malayo. Define la vinculación
que existiría en una familia consanguínea y hace necesaria la existencia de
esta forma de familia para poder explicar la suya propia. Además, demuestra con
certidumbre moral, la existencia de una familia consanguínea en el momento en
que el sistema fue creado.
Este sistema, el más antiguo que hasta ahora se
haya descubierto,
LEWISH.MORGAN
va a ser estudiado a fin de demostrar, medíante sus
vinculaciones de parentesco, las principales proposiciones enunciadas. Esta
forma de fa milia es también la más primitiva de esa institución, de la que se
tenga noticia.
A no ser por la singular persistencia de los
sistemas de consangui nidad no habría podido conservarse hasta nuestros días
ese notable episodio de la primitiva condición de la sociedad. El sistema ario,
por ejemplo, se ha mantenido, sin ningún cambio radical, cerca de tres mil
años, y aún llegará en el futuro a perdurar por miles de años, siempre que la
familia monógama cuyas vinculaciones de parentesco rige, permanezca durante
todo ese tiempo. Dicho sistema describe
las relaciones que verdaderamente existen en la
familia monógama y, por lo tanto, está incapacitado para experimentar ningún
cambio mientras la familia mantenga su constitución actual. Si entre las
naciones arias apareciese una nueva forma de familia, ésta no afecta ría al
sistema actual de consanguinidad hasta tanto no llegase a ser universal; y aún
en este caso, si lo modificase en algunos detalles, no podría llegar a
abolirlo, a menos que la nueva familia fuese radical mente diferente a la
monógama. Ocurre precisamente lo mismo que sucedió con su predecesor inmediato,
el sistema turanio, y anterior mente, con el malayo, predecesor del turanio en
el orden de su desen
volvimiento derivado. El sistema malayo, que surgió
con la familia consanguínea y se mantuvo durante un largo período después de la
aparición de la familia punalúa y que con la implantación de la orga nización
en gentes parece haber sido reemplazado por el turanio
en algunas tribus, remonta su antigüedad a una
época muy lejana, perdurando a través de un prolongado período de tiempo, por
lo cual no es posible determinar su duración.
Los habitantes de Polinesia están incluidos en la
familia malaya. Su sistema de consanguinidad fue denominado malayo aunque los
mismos malayos lo habían modificado en algunos puntos. Aún hoy existe entre los
hawaianos y algunas otras tribus de Polinesia un sistema de consanguinidad que
se da en el Cuadro y que puede considerársele como el más antiguo de los
conocidos en el género humano. Las formas hawaianas y rotumanas (380) se
presentan como casos típicos de dicho sistema. Este es el más simple y, por consi
guiente el más antiguo sistema de clasificación y descubre el molde primitivo
en el que se vaciarán más adelante el turanio y el gano-waniano.
Las
form a s rotum a n a s se publiquan aquí por prim era vez. H a n sido
desarrolladas por un m isionero de W e sleya en Rotum a, el R e v. Juan Osborn,
y procuradas y rem itidas al autor por el R e v. Lorim e r F ison , Sidney,
Aust ralia.
LASOCIEDADPRIMITIVA411
Es evidente que el sistema malayo no ha podido
derivar de
ningún otro existente, porque no puede concebirse
ninguno más ele
mental que él. Los únicos lazos de sangre que se
reconocen son los
primarios, en número de cinco, sin distinción de
sexo. Todos los con
sanguíneos, próximos o lejanos, caen bajo esta
clasificación en cinco
categorías. Así, yo, mis hermanos y hermanas y mis
primos hermanos,
segundos, terceros y más remotos, varones y
mujeres, constituimos el
primer grado o categoría. Todos ellos, sin
distinción, son mis her
manos y hermanas. El término primo está empleado
aquí en su sen
tido actual, pero en Polinesia se desconocía este
parentesco. Mi padre
y mi madre, juntamente con sus hermanos y hermanas,
y sus primos
hermanos, segundos, terceros y más lejanos,
constituyen el segundo
grado.. Todos ellos, sin distinción, son mis
padres. Mis .abuelos y abue
las, por parte de padre y de madre, con sus
hermanos y hermanas y todos sus primos, constituyen el tercer grado. Todos
ellos son mis abuelos. Por debajo de mí, mis hijos e hijas, con sus diversos
primos, en la misma forma anterior, constituyen el cuarto grado. Todos ellos,
sin distinción, son mis hijos. Mis nietos y nietas, con todos sus primos,
constituyen el quinto grado. Todos ellos, de la misma manera, son
mis nietos. Además, todos los individuos del mismo
grado son herma nos y hermanas entre sí. De este modo, todos los parientes
posibles de una persona dada caen dentro de cualquiera de estas cinco cate
gorías; y cada una dá a todos los demás de su categoría el mismo tra tamiento.
Se llama la atención especialmente sobre estos cinco gra dos de parentesco del
sistema malayo, porque la misma clasificación
.aparece en los Nueve grados de parentesco de los
chinos, que han sido extendidos hasta incluir dos antepasados y dos
descendientes más, como se demostrará más adelante. Se descubre así una
relación fundamental entre los dos sistemas.
En hawaiano hay términos equivalentes ,a abuelo,
Kuppúná; a pa dre, Mákúa; a hijo, Kaikee, y a nieto, Moopúná. El género se
indica agregando las voces kána para el masculino y wáheena para el fe menino;
así, kupúná kána ~ abuelo, varón, y kupúná waeena = abue lo mujer. Ellos son
equivalentes a abuelo y abuela, y expresan, en
concreto, estas relaciones de parentesco. Cuando es
necesario espe cificar aún más el parentesco, los ascendientes y
descendientes, por encima y por debajo de los nombrados, se distinguen
numéricamente, como primero, segundo, tercero, etc.; pero comúnmente se llama
kupúná a todas las personas que están por encima del abuelo, y moo púná a
todos los descendientes que están por debajo del nieto. La relación de hermano
y hermana se concibe en la forma dual
de mayor y menor, y en cada caso se aplican
términos diferentes;
412LEWISH.MORGAN
pero ésta no se realiza en forma completa. Así, en
hawaiano, del que tomaremos los ejemplos, tenemos:
H e r m a n o m a y o r, hablando un varón,
kaikuaana . H a b lando una mujer, kaikunana .
H erm a n o m enor, hablando un varón, kaikaina . H
a b lando una m u jer, kaikunana .
H e r m a n o m a y o r, hablando un varón, kaikuw
a h eena . H a b lando una m u je r,
kaikunaana .
H erm a n a m enor, hablando un varón, kaikuw a h
eena . H a b lando una m u jer, kaikaina (381). ,
Se verá que un varón llama kaikúaána a su hermano
mayor, y que una mujer llama con el mismo término a su hermana mayor; que un
varón llama kaikaina ,a su hermano menor, y que una mujer llama igualmente a su
hermana menor; por tanto, estos términos son de género común y sugieren la
misma idea que los del sistema Karen,
es decir, la del predecesor y a la del sucesor en
el nacimiento (382). Los varones emplean un único término para designar a las
hermanas mayores y menores,, y las mujeres también para sus hermanos mayo res
y menores. De aquí resulta que mientras los hermanos de un
varón están clasificados en mayores y menores, sus
hermanas no lo están; y mientras las hermanas ae una mujer están clasificadas
en ma yores y menores, sus hermanos no lo están. Por tanto, nos encontramos
con un doble juego de términos, uno de los cuales está usado por los varones y
el otro por las mujeres, característica que reaparece en el sistema de cierto
número de tribu.s de la Polinesia (383). Entre las tri bus salvajes y entre
las bárbaras, el parentesco de hermano y hermana se concibe, a menudo, en
abstracto.
La esencia del sistema está contenida en las cinco
categorías de consanguíneos; pero se notarán ciertas características especiales
que exigen la exposición detallada de las tres primeras líneas colaterales.
Después de presentadas, la relación del sistema con el matrimonio mutuo entre
hermanos y hermanas, propios y colaterales, en un gru po, aparecerá en las
mismas vinculaciones de parentesco.
Primera línea colateral. En la rama masculina y
suponiendo que yo sea varón y me exprese como hawaiano, los hijos de mi hermano
son mis hijos e hijas, cada uno de los cuales me llama padre; y los hijos de
éstos serán mis nietos, y me llamarán .abuelo.
En la rama femenina, los hijos de mi hermana serán
mis hijos e
hijas, cada uno de los cuales me llama padre; y los
hijos de. éstos serán mis nietos, y me llamarán abuelo. Suponiendo que yo fuese
mujer.
A se
pronuncia com o en ale; á com o en father; ú com o a en at; i com o en it; ú
com o o o en food.
S y
s tem s o f C o n sanguinity, loe. cit., pág. 445.
Ib.,
págs. 525, 573.
LASOCIEDADPRIMITIVA413
el parentesco de las personas que acabo de
mencionar es el mismo en ambas ramas, con los correspondientes cambios de sexo.
Los maridos y mujeres de todos los hijos e hijas
son mis yernos
y nueras, empleando estos términos en género común
y agregándoles, respectivamente, a cada uno, prefijos para formar el masculino
y el femenino.
Segunda línea colateral. En la rama masculina, por
parte de pa dre, el hermano de mi padre es también mi padre y me llama hijo
suyo; sus hijos son mis hermanos y hermanas mayores o menores; los nietos de
éstos son mis hijos e hijas, y los hijos de éstos son mis nie tos, cada uno de
los cuales, en los casos precedentes y subsiguientes, me aplican el tratamiento
que corresponde. La hermana de mi padre es mi madre, sus hijos son mis hermanos
y hermanas mayores o me
nores; los hijos de éstos son mis hijos e hijas, y
los hijos de los últimos son mis nietos.
En la misma línea, por parte de madre, el hermano
de mi madre
es mi padre; sus hijos son mis hermanos y hermanas;
los hijos de éstos
son mis hijos e hijas, y los hijos de estos últimos
son mis nietos. La
hermana de mi madre es mi madre; sus hijos son mis
hermanos y
hermanas; los hijos de éstos son mis hijos e hijas,
y los hijos de estos
últimos son mis nietos. El parentesco de las
personas nombradas en
todas las ramas de esta línea y de las siguientes
es el mismo aun
cuando yo fuese mujer.
Las esposas de todos estos hermanos, propios o
colaterales, son tan esposas mías como de ellos. Cuando me dirijo a cualquiera
de ellas la llamo esposa, empleando el término común para expresar el lazo de
unión. Los maridos de todas estas mujeres, juntamente con migo, son mis
cuñados. Siendo yo mujer, los maridos de mis herma nas, propias o colaterales,
son tanto maridos míos como de ellas. Cuando me dirijo a cualquiera de ellos
empleo el término común que corresponde a marido. Las esposas de todos estos maridos,
que lo son juntamente conmigo, son mis cuñadas.
Tercera línea colateral. En la rama masculina de
esta línea, por parte de padre, el hermano de mi abuelo es mi abuelo; sus hijos
son mis padres y madres; los hijos de éstos son mis hermanos y hermanas,
mayores o menores; los hijos de éstos son mis hijos e hijas, y los hijos de
estos últimos son mis nietos. La hermana de mi abuelo es mi abue la, y sus
hijos y descendientes siguen el mismo orden que en el caso anterior.
En la misma línea, por parte de madre, el hermano
de mi abuela
es mi abuelo; su hermana es mi abuela, y sus
respectivos hijos y des cendientes caen en las mismas categorías que los de la
primera, rama de esta linea.
El parentesco por matrimonio es en esta línea el
mismo que el
414LEWISH.MORGAN
de la segunda línea colateral, aumentando así
considerablemente el número de los ligados por el vínculo matrimonial.
Hasta el punto más lejano al que pueda llegarse
siguiendo el pa rentesco de consanguíneos en las más remotas líneas
colaterales, el sistema que los abarca a todos es siempre idéntico en sus
clasificacio nes. Así, mi bisabuelo, en la cuarta línea colateral, es mi
abuelo; su hijo es mi abuelo también; el hijo de éste es mi padre; sus hijos
son mis hermanos, mayores o menores, y sus hijos y nietos son mis hijos y
nietos.
Se habrá notado que las diversas líneas
colaterales, tanto ascen diendo como descendiendo, están incorporadas y
fusionadas en la lí
nea recta, de modo que los antepasados y
descendientes de mis her
manos y hermanas colaterales vienen a pertenecerme
tanto como a
éstos. Esta es una de las características del
sistema de clasificación.
Ningún pariente queda excluido.
La misma simplicidad del sistema muestra cuán
fácilmente pue den conocerse y reconocerse los parentescos consanguíneos y
cómo su conocimiento se conserva de generación en generación. Bastará
una única regla para ilustrar esto; los hijos de
hermanos son hermanos y hermanas entre sí; los hijos de los últimos son también
hermanos y hermanas, y la descendencia sigue así indefinidamente. Lo mismo
ocurre con los hijos y descendientes de varias hermanas, y con los de hermanas
y hermanos.
Todos los miembros de una categoría están reducidos
a un nivel común de parentesco, sin que se tenga en cuenta el grado numérico de
su proximidad o alejamiento, considerándose a todos los de una categoría de
idéntico parentesco con respecto al Ego. Se desprende también que el
conocimiento de estos grados numéricos, sin los cua les no podría conocerse el
verdadero grado de parentesco, formaba parte integrante del sistema hawaiano.
Llama la atención el carácter simple y distinto del sistema que señala con claridad
a la unión matri monial entre hermanos y hermanas, propios y colaterales, en
grupo, como su fuente originaria.
Ni la pobreza del lenguaje ni la indiferencia hacia
los parentescos ejercieron ninguna clase de influencia en la formación del
sistema, como se verá más adelante.
El sistema, tal como se ha descrito, existió en
otras tribus de la Polinesia, aparte de las hawaianas y rotumanas, como, por
ejemplo, en las Islas Marquesas y entre las maoríes de Nueva Zelandia. Se le
encuentra también en las islas Samoa y entre los kusaienos y los habitantes de
King s Mill, en Micronesia (384), y sin duda en todas las islas pobladas del
Pacífico, salvo en aquellas en que se aproxima el turanio.
S y
s tem s o f C o n s a n g u inity, etc., 1. c., Cuadro III, págs. 542, 5
73.
LASOCIEDADPRIMITIVA415
La existencia previa de la familia consanguínea y
la clase de ma trimonio que le corresponde pueden deducirse fácilmente de este
sis tema. Es, presuntivamente, un sistema real y natural, que expresa la
verdadera vinculación de parentesco que existía cuando fue creado, en la medida
en que puede conocerse la paternidad de los hijos. Las costumbres que respecto
al matrimonio imperaban en esa época no pueden ser las mismas de la actualidad.
Para poder sostener esta deducción tampoco es necesario que lo fueran. Como ya
se ha dicho, los sistemas de consanguinidad permanecen, en substancia,
inaltera bles y en pleno vigor hasta mucho después que hayan desaparecido, en
parte o totalmente, las costumbres matrimoniales que los origina ron, El corto
número de sistemas de consanguinidad independientes creados durante el extenso
período de la experiencia humana es prue ba suficiente de su permanencia. Se
observan que no cambian, salvo cuando se enlazan* a grandes épocas de progreso.
A fin de explicar el origen del sistema malayo, a base de descendencias, es
lícito dar por sentado el sistema previo de matrimonio entre varios hermanos
y hermanas, propios y colaterales, en grupo, y si
resultase entonces que los principales parentescos reconocidos fuesen los
mismos que realmente existen bajo esta forma de matrimonio, el sistema mismo
llegaría a ser una prueba concluyente de la existencia de tales matri monios.
Se deduce fácilmente que el sistema se originó en esos ma
trimonios entre consanguíneos que incluían a los
hermanos y herma
nas propios; en rigor, se inició con el casamiento
entre éstos, y paula tinamente fue comprendiendo a los hermanos y hermanas
colaterales, a medida que se ensanchaba el campo del régimen conyugal. Con
el transcurso del tiempo se comenzó a notar los
vicios de esta primera forma de matrimonio, lo que condujo, si no a su completa
abolición, sí a la preferencia de esposas que se hallaban más allá de este
grado. Fue abolido en forma absoluta, mediante la organización en clases, entre
los australianos, y más ampliamente entre las tribus turanias, por la
organización en gentes. No es posible explicar el sistema como un desarrollo
natural sobre otra hipótesis que no sea la dada, pues únicamente esta forma de
matrimonio puede dar la clave de su inter pretación. En la familia
consanguínea así constituida, los maridos vivían en poligamia y las esposas en
poliandria, que parecen ser tan antiguas como la sociedad humana. Semejante
familia no era ni ar tificial ni extraordinaria. Sería difícil señalar
cualquiera otra forma posible para el comienzo de la familia de los primeros
tiempos. Su prolongada permanencia, en forma parcial, entre las tribus de la
hu manidad, es el mayor motivo de admiración, pues en la época' en que fueron
descubiertos los hawaianos aún no habían desaparecido del todo sus huellas.
La explicación del origen del sistema malayo dada
en este capí tulo, y la que se dará en el siguiente sobre los sistemas turamos
y
416LEWISH.MORGAN
ganowanianos, han sido discutidas y rechazadas por
John F. McLen nan, autor de El matrimonio primitivo (385), Sin embargo, no he
te nido ocasión para modificar mi posición aquí definida, que es, en sus
tancia, la misma sostenida en Sistemas de consanguinidad, etc. (386). Si
mediante esta forma de matrimonio pueden comprobarse ahora
las vinculaciones reconocidas por el sistema
malayo, se verá que des cansan sobre el matrimonio entre hermanos y hermanas,
propios y colaterales, en grupo.
Deberá recordarse que el parentesco que resulta de
la organiza
ción de la familia es de dos clases: el de la
sangre, determinado por los descendientes, y el de afinidad, establecido por el
matrimonio. Desde el momento que en la familia consanguínea hay dos grupos
distintos de personas, el de los padres y el de las madres, la filiación de los
hijos a ambos grupos sería tan vigorosa que la distinción entre parentescos de
sangre y parentescos de afinidad no podría ser reco nocida en el sistema, en
ambos casos.
I. Todos los hijos de mis diversos hermanos
varones, siendo yo varón, son mis hijos e hijas.
Razón: Hablando como si fuese hawaiano, todas las
esposas de mis diversos hermanos son tan esposas mías como de ellos. Como me
sería imposible distinguir mis propios hijos de los de mis hermanos, si llamo a
alguno hijo debo llamar hijo a todos. Es tan probable que el uno sea tan mío
como cualquiera de los otros.
Todos
los nietos de mis diversos hermanos son mis nietos. Razón: Ellos son hijos de
mis hijos e hijas,
III. Siendo yo mujer, las relaciones que .anteceden
no variarían. Esta es exclusivamente una cuestión de parentesco por matrimo
nio. Si mis diversos hermanos fuesen mis maridos, sus hijos de otras mujeres
serían mis entenados, y como esta relación de parentesco no se reconocía,
caerían naturalmente en la categoría de mis hijos e hijas. De otro modo,
quedarían excluidos del sistema. Entre nosotros se llama madre a la madrastra e
hijo al entenado.
IV. Todos los hijos de mis diversas hermanas,
propias y colate rales, siendo yo varón, son mis hijos e hijas.
Razón: Todas mis hermanas son mis esposas, del
mismo modo que lo son de mis diversos hermanos.
V. Todos los nietos de mis diversas hermanas son
mis nietos.
Razón: Ellos son hijos de mis hijos e hijas.
P r
im itive M a r riage.
S y
s tem s o f C o n sanguinity, etc.
LA SO C IED A D P B f flm V A 417
VI. Siendo yo mujer, todos los hijos de mis
diversos hermanos son mis hijos e hijas.
Razón: Los maridos de mis hermanas son maridos míos
del mismo modo que lo son de ellas. Sin embargo, hay una diferencia: puedo
distinguir mis propios hijos de los de mis hermanas, de los que sería
madrastra. Pero desde que este parentesco no está reconocido caen
en la categoría de mis hijos e hijas. De otro modo
quedarían exclui dos del sistema.
VII. Todos los hijos de varios hermanos varones
propios son her manos y hermanas entre sí.
Razón: Estos hermanos varones son maridos de todas
las madres
de estas criaturas. Los hijos pueden distinguir su
propia madre, pero no su propio padre; por tanto, como se ha dicho, una parte
son her manos y hermanas propios, y hermanastros y hermanastras del resto;
pero en cuanto a estos últimos, son hermanos y hermanas probables. Por estas
causas caen naturalmente dentro de esta categoría.
VIII. Los hijos de estos hermanos y hermanas son
también her
manos y hermanas entre sí; los hijos de estos
últimos son, a su vez, hermanos y hermanas, y este parentesco continúa en la
línea descen dente, en forma indefinida. Pasa exactamente lo mismo con los
hijos y descendientes de varias hermanas propias, y de varios hermanos y
hermanas. De este modo se creó una serie infinita que es parte fun damental
del sistema. Para explicar este régimen de series debemos suponer finalmente
que la relación matrimonial se extendía hasta don de se reconocía el
parentesco de hermano y hermana como existentes, teniendo cada uno de los
hermanos tantas esposas como hermanos tuviera, propios y colaterales, y cada
una de las hermanas tantos ma ridos como hermanas tuviera, propias y
colaterales. El matrimonio y la familia parecen formarse en el grado o
categoría y coextenderse con él. Tal fue, aparentemente, el comienzo del
admirable sistema conyugal al que con frecuencia nos hemos referido.
IX. Todos los hermanos de mi padre son mis padres,
y todas las hermanas de mi madre son mis madres.
Por las mismas razones dadas en I, III y IV.
X. Todos los hermanos de mi madre son mis padres.
Razón: Ellos son los esposos de mi madre.
XI. Todas las hermanas de mi madre son mis madres.
Por la misma razón dada en VI.
418 lew is h . M organ
XII. Todos los hijos de mis hermanos y hermanas
colaterales son mis hijos e hijas, sin distinción.
Por las mismas razones dadas en I, III, IV y VI.
XIII. Todos los hijos de estos últimos son mis
nietos.
Por la misma razón dada en II.
XIV. Todos los hermanos y hermanas de mi abuelo y
abuela, por parte de padre y madre, son mis abuelos y abuelas.
Razón: Ellos son padres y madres de mi padre y de
mi madre.
Todo parentesco reconocido por este régimen tiene
así su expli
cación por la naturaleza de la familia
consanguínea, basada en el ma
trimonio entre hermanos y hermanas, propios y
colaterales, en grupo.
Los parentescos por parte de padre se seguían hasta
donde pudiera
ser reconocida la paternidad de los hijos,
considerándose a los padres
probables de igual modo que a los verdaderos. Los
parentescos por
parte de madre están determinados por el principio
de afinidad, con
siderándose a los hijastros como si fueran hijos
propios, Volviendo ahora a la vinculación matrimonial se obtienen resulta dos
confirmatorios, como se verá en el cuadro siguiente:
TONGA
La esposa de m i her-
Hablando un varón
HAWAIANO
m a n o ..............................
La herm a n a de m i es-
U n o h o, m i esposa. W a h e e n a, m i esposa.
posa .............................
El herm a n o de mi es-
U n o h o , m i esposa.
Hablando una mujer
W a h eena, m i esposa.
poso ................................ U n o h o , m
i esposo. K ane, m i esposo.
La esposa del hijo del
herm a n o de m i pa-
Hablando un varón
dre ....................................
La esposa del hijo de
la herm ana de mi
U n o h o, m i esposa. W aheena, mi esposa.
madre ..............................
El esposo de la hija
del herm a n o de mi
U n o h o, mi esposa.
Hablando una mujer
W aheena, mi esposa.
padre ..............................
E l esposo de la hija de
la herm a n a de m i
U n o h o , mi esposo. K a ikoeka, m i cuñado.
m a d re .............................. U n o h o.
m i esposo. K a ikoeka, m í cuñad
o.
LASOCIEDADPRIMITIVA419
Siempre que el parentesco de la esposa cae en la
línea colateral, el del marido debe reconocerse en la línea recta, y viceversa
(387). Cuando se inició este sistema de consanguinidad y afinidad, los pa
rentescos, que aún se conservan, no pudieron ser otros que los que realmente
existían, a pesar de lo que después pueda haber ocurrido en las costumbres
matrimoniales.
De la evidencia misma contenida en este sistema de
consanguini dad se deduce que la familia consanguínea, como ha sido definida,
existía entre los antepasados de las tribus polinesias cuando fue im plantado
el sistema. Para poder interpretar el sistema es menester contar con una forma
de familia de esta índole. Por otra parte, ella interpreta cada uno de los
lazos de parentesco con una precisión ra zonable.
Merece atención la siguiente observación de Oscar
Peschel: "Ha llegado a considerar especialmente inverosímil que, en cierta
época y en cierto lugar, los hijos de una misma madre se hayan propagado
sexualmente, durante un período prolongado, puesto que está demos trado que
aun en organismos exentos de sangre, como las plantas, es imposible, en su
mayor grado, la fertilización recíproca de los des cendientes de padres
comunes (388). Es necesario tener presente que el grupo consanguíneo vinculado
por el matrimonio no se circuns cribía a hermanos y hermanas propios, sino que
incluía también a hermanos y hermanas colaterales. Cuanto más grande es el
grupo abarcado por el parentesco matrimonial, tanto menor es el daño que causa
la cohabitación de parientes cercanos.
Por ciertas consideraciones generales, es probable
la antigua exis tencia de una familia de esta índole. Las relaciones naturales
y ne cesarias de la familia consanguínea con la punalúa, de la punalúa con la
sindiásmica, y de la síndíásmica con la monógama, cada una de las que presupone
su predecesor, conducen directamente a esta conclusion. Ellas forman entre sí
una señe lógica, y se extienden conjuntamente, ,a través de varios períodos
étnicos, desde el salva jismo hasta la civilización.
De igual manera, los tres grandes regímenes de
consanguinidad
enlazados con las tres formas radicales de la
familia forman entre sí
una serie mida de la misma manera, paralela a
aquélla, y que indi
ca, no menos claramente, una línea semejante de
progreso humano,
desde el salvajismo hasta la civilización. Existen
razones para afirmar
que los antepasados remotos de las familias aria,
semítica y uralia
poseyeron un sistema idéntico al malayo, cuando se
hallaban en es-
Entre
los cafres de Sud Á frica, la esposa del hijo del herm a n o de m i padre, del
hijo de la herm a n a de m i padre, del hijo del herm a n o de m i m adre
y del hijo de la herm a n a de m i m adre, son
todas por igual esposas m ías a la vez que de ellos, de acuerdo con su sistem a
de consanguinidad
R a
c e s o f M a n, ed. A p p leton, 1876, pág. 232.
420LEWISH.MORGAN
tado salvaje, que más tarde fue modificado por el
turanio después del establecimiento de la organización monógama, la que
introdujo el sistema ario de consanguinidad.
No obstante la alta calidad de los testimonios
aducidos, existen to
davía otras pruebas de la antigua existencia de la
familia consanguí nea entre los hawaianos, que no deben ser pasadas por alto.
La condición en que se hallaba la sociedad en las
islas Sandwich cuando llegó a ser, por vez primera, perfectamente conocida,
hace probable su existencia anterior. Cuando fueron implantadas las mi siones
americanas en estas islas (1820) se descubrió una condición social que
horrorizó a los misioneros. Las relaciones sexuales y sus costumbres
matrimoniales los dejaron atónitos. De improviso se pre sentaba ante ellos una
fase de la sociedad primitiva en la que la fa milia monógama y la sindiásmica
eran desconocidas; pero en lugar de éstas y sin alcanzar a entender el régimen
hallaron la familia
punalúa, sin la exclusión total de hermanos y
hermanas propios, en
la que los varones practicaban la poligamia y las
mujeres la polian
dria. Les pareció que habían descubierto el nivel
más bajo de la de
gradación humana, por no decir de la depravación.
Pero los inocen
tes hawanianos, que no habían podido salir del
salvajismo, vivían
sin duda de un modo decente y honesto para
salvajes, con costumbres
y usos que para ellos tenían fuerza de ley*
Probablemente vivían en
forma tan virtuosa en su fiel observancia como
estos excelentes mi
sioneros en la suya propia. El espanto que les
produjo a éstos el des
cubrimiento muestra el enorme abismo que separa al
hombre civili
zado del salvaje. El alto sentido moral y las
sensibilidades refinadas,
productos de los siglos, se enfrentaron con el
sentido débil y las
sensibilidades groseras del salvaje de todos los
períodos pasados.
Como contraste, era total y completo. Uno de estos
misioneros expe
rimentados, el Rev. Hiram Bingham, nos ha legado
una excelente
historia de las islas Sandwich, a base de
investigaciones originales,
en la que pinta a este pueblo como practicando la
suma de las abo
minaciones humanas. "La poligamia, que
implicaba la pluralidad de
esposas y maridos dice , la fornicación, el
adulterio, el incesto, el infanticidio, el abandono de alguno de los cónyuges,
de padres y de hijos; la magia negra, la codicia y la opresión, estaban amplia
mente difundidos y difícilmente parecen haber estado prohibidos por la religión
(389). El matrimonio y la familia punalúa anulan los car gos principales de
este grave proceso y dejan a los hawaianos una probabilidad para la existencia
de su carácter moral. La existencia de la moralidad, si bien de un tipo bajo,
debe ser reconocida aún entre los salvajes, porque no puede haber habido nunca
un momento en la experiencia numana en que el principio de la moralidad no
Bingham
, Sandw ich Islands, ed., H a rtford, 1847, página 21.
LASOCIEDADPRIMITIVA421
haya existido. Wakea, el antepasado epónimo de los
hawaianos, según Bingham, se casó con su hija mayor.. En la época de estos
misione ros, los hermanos y hermanas se casaban sin vituperio. Más adelante
refiere que la unión de hermano y hermana en
los rangos más elevados se puso de moda, y continuó
hasta tanto les fue revelada la voluntad de Dios (390). No es de extrañar que
en algunos casos el matrimonio de hermanos y hermanas se hubiese transmitido de
la familia consanguínea a la punalúa, en las islas Sandwich, porque ese pueblo
no había alcanzado aún el régimen gentilicio y jiorque la familia punalúa fue
un producto de la con sanguínea aun no completamente desarrollado. Aunque la
familia fuera, en sustancia, punalúa, el régimen de consanguinidad se man
tenía sin alteración, como sucedió en la familia consanguínea, con excepción de
determinados vínculos de matrimonio.
No es probable que la familia efectiva, entre los
hawaianos,
fuese tan grande como el grupo unido en la
vinculación matrimonial.
Las exigencias de abastecimiento y defensa mutua
impondrían la subdivisión en grupos menores; pero cada familia ménor sería una
miniatura del grupo. No es improbable que, tanto en la familia pu nalúa como
en la consanguínea, el individuo pasase a voluntad de un grupo a otro, dando
lugar a ese presunto abandono de esposas entre si, y de padres respectos a sus
hijos, de que habla Bingham. El comunismo, como régimen de vida, debió
forzosamente imperar tanto en la familia consanguínea como en la punalúa, porque
era una imposición de su estado. Todavía es general entre las tribus salvajes y
entre las bárbaras.
Haremos una breve referencia a los Nueve grados de
parentes co de los chinos. Un antiguo autor chino manifiesta que todo hombre
que viene al mundo tiene nueve grados de parentesco. Mi propia generación es un
grado; Ja de mi padre es otro; la de mi abuelo es otro; la del padre de mi
abuelo es otro, y la del abuelo de mi abuelo es otro; así, por encima de mí hay
cuatro grados. La generación de mi hijo es un grado; la de mi nieto es otro; la
de] hijo
de mi nieto es otro, y la del nieto de mi nieto es
otro; así, por debajo de mí hay cuatro grados. Incluyéndome yo mismo en el
cómputo
resulta un total de nueve grados. Estos son
hermanos, y aunque cada grado pertenece a una casa o familia diferente,
asimismo son todos parientes míos, y éstos son los nueve grados de parentesco .
"Los grados de parentesco en una familia se asemejan a arro-yuelos de una
fuente, o a las ramas de un árbol; aunque los arro-yuelos estén más o menos
separados y las ramas más o menos juntas, no hay sino un solo tronco y una sola
vertiente (391).
Ib.,
pág. 23.
S y
s tem s o f C o n s a n g u inity, etc., pág. 4 ) 5 .
422LEWISH.MORGAN
El sistema hawaiano de consanguinidad practica con
más per fección que el chino de la actualidad los nueve grados de paren tesco
(considerándolos reducidos a cinco, por eliminación de los dos miembros más
altos y de los dos más bajos) (392). Mientras el se gundo se ha modificado por
la introducción de elementos turanios, y aún más por prefijos con que se
distinguen las diversas líneas cola terales, aquél se ha aferrado pura y
simplemente a los grados pri marios que, presuntivamente, era todo lo que en su
origen poseía
el sistema chino. Es evidente que tanto en el chino
como en el ha waiano, los consanguíneos están divididos en categorías, por
gene raciones, siendo hermanos y hermanas entre sí todos los colaterales del
mismo grado. Además, el matrimonio y la familia se conciben dentro del grado, y
están restringidos, en lo que se refiere a los maridos y esposas, dentro de sus
límites. Su explicación mediante las categorías hawaianas es perfectamente
inteligible. Al mismo tiempo, es indicio de una condición anterior entre los
remotos ante pasados de los chinos, de la que este fragmento nos conserva la
no ticia, precisamente análoga a la que refleja el hawaiano. En otros
términos, indica la presencia de la familia punalúa cuando estos grados fueron
formados, de la que la consanguínea es forzosamente su predecesora.
En el "Timeo de
Platón hay un reconocimiento sugestivo de
los mismos cinco grados primarios de parentesco. En
la república ideal todos los consanguíneos estarían comprendidos en cinco cate
gorías, donde las mujeres tendrían que ser esposas en común y donde los niños
tendrían padres comunes. ¿Y la procreación de los hijos? , pregunta Sócrates a
Timeo. "¿No es fácil retener lo que se dijo a causa de su novedad, que
todo lo que se refiere a los matri
monios y a los hijos sea común entre todos; que se
tomen tales pre cauciones que nadie pueda reconocer a sus propios hijos, sino
que se consideren todos padres, no viendo más que hermanos y herma nas en
todos los que puedan serlo por la edad, padres y abuelos en los que hayan
nacido antes, hijos y nietos en los que hayan venido al mundo más tarde? (393).
Platón, sin duda, estaba familiarizado con las tradiciones helenas y pelasgas,
para nosotros desconocidas, que se remontaban a los comienzos del período de la
barbarie y des cubrían rastros de una condición aún más primitiva de las
tribus griegas. Posiblemente su familia ideal derivaba de aquellas huellas,
suposición más probable de la que fuera una deducción filosófica. Se notará que
sus cinco grados de parentesco son precisamente los mis mos que los de los
hawaianos; que la familia se debía formar en
Ib.,
pág. 432, donde el régimen chino se presenta íntegramente.
T im
a e u s, cap. II, trad, de D a v is. (Transcripto de la ed. castellan
a
trad, de P. de A z cárate, Obras C o m p letas, T .
V I, pág. 150.)
LASOCIEDADPRIMITIVA423
cada grado donde el parentesco fuese de hermanos y
hermanas, y que los maridos y esposas debían ser comunes en el grupo.
Finalmente se verá que el estado de la sociedad que indica la fa milia
consanguínea señala con lógica precisión una condición an terior de
promiscuidad. No parece haber escapatoria para esta con clusión, por más que
haya sido puesta en duoa por un escritor tan eminente como Darwin (394). No es
probable que la promiscuidad
en el período primitivo se mantuviese aún en la
horda, porque ésta se disgregaría en grupos menores para su subsistencia y
formaría familias consanguíneas. Lo más que podemos aventuramos a afir
mar sobre esta difícil cuestión es que la familia
consanguínea fue la primera forma organizada de la sociedad y que
necesariamente fue
un adelanto sobre el estado anterior no organizado,
fuese el que fuere este estado. Ella encontró a la humanidad al pie de la
escala desde donde, como punto de partida, y el más bajo conocido, pode mos
comenzar la historia del progreso humano, y seguir sus huellas a través del
desarrollo de sus instituciones domésticas, invenciones y descubrimientos,
desde el salvajismo hasta la civilización. Pero ningún encadenamiento de
sucesos puede demostrarse en forma más conspicua que el desarrollo del concepto
de familia a través de sus etapas sucesivas. Una vez comprobada la existencia
de la familia consanguínea, para lo cual las pruebas aducidas parecen ser sufi
cientes, será fácil la demostración de , 1 a de las familias restantes
(394) D e s c e n t o f M a n, II, 360.
424- l e w i s H . M ORG A N
LASOCIEDADPRIMITIVA425
SISTEMA DE PARENTESCO DE LOS HAWAIANOS Y LOS
ROTUMANOS
Sonidos de las vocales: a como en ale; á como ena
t; a como en father; i i como en it; ü como oo en food. Ká -na=varón; wá-hee
na=mujer.
Descripción be las personas
M I b i s a b u e l o .
En h e r m a n o d e i
L a h e r m a n a
L a b i s a b u e l a ..
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......................................... l..........
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22 varón)
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24 varón)
23
tt »» » « m u j e r) ...
26 E l h i j o d e m i h e r m a n o
...........................................
............................ . . . ...............' " . v a r ó n) ...
27 La
esposa del hijo de mi hermano
28 La
hija de mt hermano .......................
29 £1
esposo de la hija de mi hermano __
30 El
nieto de mi hermano .............. ,.....
n i e t a
.................... ....................
bisnieto de mi hermano .................
bisnieta..................
hijo de mi
hermana ......................
esposa del hijo de mi hermana .
hija de mi
hermana .....................
esposo de la hija de mi hermana
nieto de mi hermana .....................
nieta de mi hermana ..................
.
bisnieto de mi hermana .................
bisnieta
" .................
hijo de mi
hermano ......................
esposa del hijo de mi
hermano ...
hija de mi
hermano ................
esposo de la hija de mi hermano
nieto de mi hermano ..................
nieta ..................
bisnieto de mi hermano ..................
bisnieta
" .................
hijo de mi
hermana ......................
esposa del hijo de mi
hermana
hija de mi
hermana ......................
esposo de la hija de mi hermana ...
nieto de mi
hermana ......................
nieta ".....................
bisnieto de mi hermana ..................
bisnieta " " .................
hermano de mi padre ..................
esposa del hermano de mi padre ..
h i j o
......................... "
...
31 La
32 El
33 La
34 El
35 La
36 La
37 El
38 El
39 La
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41 La
42 El
43 La
44 La
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46 El
47 La
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49 La
50 El
51 La
52 La
53 El
54 El
55 La
56 El
57 La
58 El
59 La
60 El
mujer)
P a rentesco e n haw a íano
Por el Mon. T h . M ü ller
(m a y o r h a b l a n d o v a r ó n )
vQ-S-ka-na
i-r'i<-*'á-hee'-na
tl'-kee- íó-na
ai-keB-wH-hee -n a
[noo-pá'-riá-ka-na
:|moo-p&'-na-wfi.-hee -na
ká-na
wa-hee -na
ka-na
wft-hee -na
1¡i4l-)m-i-á-na
rxi-ku-4-na
ili-kü-wi-hee'-na
icil-kd-a-a'-na
kíi-ka-l'-na
kll-kü-na-na
ül-kü-wk-hee
-na íil-kee-k& -na
¡ ¡m-no -np. hl-kee-wa-hee'-ria Jcü-no-ná '^oo-pü
-ná-ka-na wi-hee -na
n " kft-na
:] " wi-hee -na f :ái-kee-ka -na ! iü-no'-na
i¡sí-kee-wft-hee -na I iü-no -na
¦] aoo-pü-na kft-na \ " wa-hee'na poo-pü-na
kft-na
í wft-hee'-na jul-kee-ka -na "ijSú-no'-na
nl-kü-wa-hee'-na jA-no -na
j Bro-pü-na kft-na " " wft-hee -na
kk-na
... " " wa-hee -na ;s¡-kee-ka -na
bü-no'-ca -sai-kee wa -hee -na (Q-no'-na noo-pCi-na kft-na
i wft-hee'-na J * kfi-na
.1" wa-hee -na jál-kü-a-ka-na "íl-kü-a
wa-hee'-na "p-ktl-a-j'-na
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M I a b u e l o o a b u e l a
p a d r e v a r ó n
m u j e r
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j e r
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n i e t o v a r ó n
m u j e r v a r ó n m u j e r
h i j o v a r ó n n u e r a
h i j o m u j e r y e r n o
n i e t o v a r ó n n i e t o m u j e r
M I n i e t o v a r ó n m u j e r
h i j o , v a r ó n n u e r a
h i j o , m u j e r y e r n o
n i e t o v a r ó n m u j e r
v a
r ó n ' m u j e r v a r ó n n u e r a
h i j o , m u j e r y e r n o
n i e t o v a r ó n n m u j e r
v a r ó n m u j e r
p a d r e v a r ó n * m u j e r
h e r m a n o m a y o r
Parentesco en rotum a n o
Por el ñ e v. J. Osborne
m a -p i-g S -f i
h o n -l
gft-fa
hon'-'i
ol-íft oi-hon -'i le -e-fft le'-e-hon-I ma-p'i-ga fa, hon -I
ra
h o n
-I í&
hon -I
sa-si-gi
s a g -v e -v
e n -I
sag-hon-'i
sft-sl-gí
sag-ve-ven -í
sag-hon -r
sa-sí-gi
le -e-fa
le'-e-hon-'i
le'-e-hon'-l
le -e-íft
ma-pl-ga-tíft
hon'-I
f&
hon
-i le -e-fa le'-e-hon -I
íft
m a -p l-g a -ía
hon -I
raa-p i-g a-fa
hon -i le -e-fa le -e-hon -I i> n ii y!
fa
m a -p l-g a -ía
bon -I fa
hon'-í le -e-ira
hon -'i ir I» i»
fa
m ft-p l-ga-ía
hon'-¡ " fa
.............. hon -'i o l-f a
ol-hoa -i sa-sl-gl
Traducción
M i a b u e l o v a r ó n D I»
m u j e r
v a r ó n m u j e r p a d r e
m a d r e
h i j o v a r ó n m u j e r
n i e t o v a r ó n
m u j e r " v a r ó n m u j e r v a r ó n
m u j e r
h e r m a n o m a y o r
h e r m a n a
h e r m a n o m e n o r »» I»
h e r m a n a
h i j o v a r ó n
m u j e r m u j e r v a r ó n
n i e t o v a r ó n
n i e t o m u j e r
v a r ó n m u j e r
h i j o v a r ó n h i j o m u j e r m u j e r
v a r ó n
n i e t o v a r ó n
n i e t o m u j e r
n i e t o v a r ó n .
" m u j e r
h i j o v a r ó n
m u j e r i» tr
v a
r ó n n i e t o m u j e r v a r ó n
h i j o m u j e r v a r ó n
m u
j e r
v a r ó n n i e t o * m u j e r v a r ó n m u j e r
p a d r e v a r ó n m u j e r
h e r m a n o
426 LEWIS H . MORGAN LA SOCIEDAD PRIMITIVA 427
(Continuación)
Descripción de das personas Parentesco en hawaiano
Por el Mon. Th. M üller
61
62
63
84
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
SO
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
L a e s p o s a d e l h i j o d e l h e r m a n o d
e m i p a d r e .
L a h i j a " !......................................
» V ' 1» »»
>» w I> II
E l esp o s o d e la h i j a d e l h e r m a n o d
e m i p a d r e
E l h i j o d e l h i j o d e l h e r m a n o d e m
i p a d r e .........
L a h i j a " " "
....................................... ..........
E l h i j o d e la h i j a d e l h e r m a n o d e
m i p a d r e
L a h i j a ......................................
E l b i s n i e t o d e l h e r m a n o d e m i p a
d r e ..............
L a b i s n i e t a ...............
E l ta t a r a n l e n t o d e l h e r m a n o d e
m i p a d r e i .......
L a t a t a r a n i e t a " ...........
L a h e r m a n a d e m i p a d r e
............................................
........
E l e s p o s o d e la h e r m a n a d e m i p a d
r e ....................
E l h i j o " ¦'
" " ...............
L a e s p o s a d e l h i j o d e la h e r m a n a
d e m i p a d r e
L a h i j a d e l a h e r m a n a d e m i p a d r e
.........................
E l e s p o s o d e la h i j a d e l a h e r m a n
a d e m i p a d r e
E l h i j o d e l h i j o d e la h e r m a n a d e
m i p a d r e ...
L a h i j a " » "
E l h i j o d e l a h i j a d e l a h e r m a n a d
e m i p a d r e ...
L a h i j a » " * ¦' "
E l b i s n i e t o d e l a h e r m a n a d e m i p
a d r e . ...
L a b i s n i e t a "
E l t a t a r a n i e t o
L a t a t a r a n i e t a .
E l h e r m a n o d e m i m a d r e
............................................
...
L a e s p o s a d e l h e r m a n o d e m i m a d r
e ....................
E l h i j o .......................
....................
L a e s p o s a d e l h i j o d e l h e r m a n o d
e m i m a d r e ...
94 L a h i j a d e l h e r m a n o d e m i m a d r
e ...........................
....
95 E l e s p o s
o d e l a h i j a d e l h e r m a n o d e m i m a d r e ...
96 E l h i j o d e l h i j o d e l h e r m a n o d
e m i m a d r e ............
97 L a h i j a " " "
........................ .........
93 É l 'h i j o d e l a h i j a d e l h e
r m a n o d e m i m a d r e ...
99 L a h i j a ............................................................... "
- ...
100 E l b i s n i e t o d e l h e r m a n o
d e m i m a d r e ..................
.......
101 L a b i s n i
e t a -..........................
102 E l t a t a r a n i e t o d e l"
..........................
103 L a t a t a r a n i e t a..........................
104 L a h e r m a n a d e
m i m a d r e ........................................
............
105 E l e s p o s o d e la h e r m a n a d e m i m a d r e .....................
....
106 E l h i j o ...................................... .........................
.
107 E l h i j o ......................................... ......................
....
108 L a e s p o s a d e l h i j o d e la h e r m a n a d e m i m a d r e
109 L a h i j a d e l a h e r m a n a d e m i m a d r e ........................
.
110 E l e s p o s o d e l a h i j a d e l a h e r m a n a d e m i m a d r e
111 E l h i j o d e l h i j o d e l a h e r m a n a d e m i m a d r e ...
112 L a h i j a ......................... *
113 E l h i j o d e la h i j a ..................... .
114 L a h i j a " "
115 E l b i s n i e t o d e la h e r m a n a
d e m i m a d r e .................
...
116 L a 'b i s n i e t a ....................... .......................
.......
.............
117 E l t a t a r a n i e t o d e l a h e r
m a n a d e m i m a d r e .........
118 L a t á t t t
r a n i e t s ......................... " "
.........
119 E l h e r m a n o d e
l p a d r e d e m i p a d r e ........................
.
120 E l h i j o d e l h e r m a n o d e l p a d r e d e m i p a d r e .........
121 L a h i j a .............................. *...........
122 E l n i e t o. .........
123 L a n i e t a .........
124 E l b i s n i e t o d e l h e r m a n o d e l p a d r e d e m i p a d r e ..
.
125 L a b i s n i e t a ""
(m a y o r h a b l a n d o varón)
(m e n o r
(m e n o r
h a b l a n d o
h a b l a n d o
varón)
varónj
(m a y o r, h a b l a n d o varón)
(m e n o r h a b l a n d o varón)
(m a y o r,
(m e n o r.
h a b l a n d o varón)
(m a y o r, h a b l a n d o varón)
(m e n o r,
(mayot)
k81-ka-l - n a
wa-hee -n a
k a í-k t-w a-h e e - n a
kaí-k ü-w a-h e e - n a
kai-ko-ee -k á
kíii-kee-ka - n a
kal-kee w a -h e e -
n a
ka'í-kee w a - h e e - n a
m o o-pü-na k i i-n a
w a -h e e - n a k a - n a
w a -h e e -
n a
m á-kú-a w a -h e e -
n a
k i l-n a kál-kü-a-S - n a kál-ka-l - n a wa-hee -n
a
k a¡-k e e-k a'-n a k&l-ko-ee -k a
k a i-k e e-k a-n a " w a -h e e n a kll -kee
k S '-n a kil -kee w & -bee - n a | moo-pü n á k a - n a * w a -b e e - n a
raoo-pú -n a k a - n a
" w a -b e e - n a m a-kü-a k k - n a
w a -b e e n a kS i-kü-a-a - n a
k ii-k a-l - n a wi-bee - n a
k a l'-k ü-w a-b e e - n a kál-kó-ee -k a
kát-kee k a
- n a
w a -b e e -
n a
k a - n a
w S -b e e '-n a moo-pü - n á k a -n a
w A -b e e - n a ¦' k a -n a
" w
á -b e e - n a
m i-k ú -a w a -h e e - n a
¦ k a - n a k a i-k ü-á-á n a k 5 l'-k a-i-n a w
ó-hee'na
kki-kü w a -b e e - n a kki-ko-ec -k a kii-kee k a
- n a
* w a -b e
e - n a
" " k a -
n a
" w a -b e e
- n a
.U Do-pü'-na k S
- n a
................. w a -b e e '-n a " k a - n a
.................. w a -b e e '-n a ku-ptl -nS. k a
- n a
m a'-k ü -a-k a - n a
" w a -b e e - n a k i'-k tl-a-a - n a kál'-kü
w a -h e e - n a kal -kee k a '- n a
" w a
-b e e '-n a
¦Traducción
m e n o r e s p o s a h e r m a n o
c u ñ a d o
h i j o v a r ó n
m u
j e r v a r ó n m u j e r
n i e t o v a r ó n m u j e r
v a r ó n m u j e r
p a d r e m u j e r v a r ó n
h e r m a n o m a y o r m e n o r
e s p o s a h e r m a n a c u ñ a d o
h i j o , v a r ó n m u j e r
h i j o v a r ó n m u j e r
n i e t o v a r ó n m u j e r
v a r ó n m u j e r
p a d r e , v a r ó n m u j e r
h e r m a n o m a y o r m e n o r
e s p o s a h e r m a n a c u ñ a d o
h i j o , v a r ó n m u j e r
v a r ó n m u j e r
n i e t o v a r ó n m u j e r
" v a r ó n m u j e r
p a d r e , m u j e r
v a r ó n
h e r m a n o , m a y o r
m e n o r e s p o s a h e r m a n a c u ñ a d o
h i j o , v a r ó n m u j e r
v a r ó n m u j e r
n i e t o v a r ó n
m u j e r v a r ó n m u j e r
a b u e l o , v a r ó n
p a d r e , v a r ó n
" m u j e r
h e r m a n o m a y o r -
h e r m a n a
h i j o , v a r ó n
m u j e r
Parentesco en rotum a n o
Por el Rev. J. Osborne
Traducción
s a g - h o n -Y
s ó -s l-g i
le -e-i
ía
le - h o
n -I
le -e-l&
le -e -
h o n '- i
m h -p l-g a -Í S
h o n - i
i&
h o n '-'í o i-h o n -i o i- í a
s a -s i-g i i» «» >»
s a g -h o n -
i
s a -s l-g i
Ie - e -
l a
h o n -I le -e f a
h e n -i m a -p l-g a l a
................ h o n - l
la
h o n -l oi-ra
o i- b o n '- i s a -s í-g i >1 II II
s a g -b o n -
l *« *> 11
s a -s l-g l
le - e l
a
b o n - i
íá
b o n -ii m a -p l-g a -f a
b o n í-i
............. ia
............... b o n -l o l- h o n - l
o l-f a sa-si-gi ii ii ii
s a g -b o n -l
ti lt ii
sa-sí-gi
le - e l
a
b o n -í l a ¦
b o n -i ma-pi-ga ia
b o n .-l
................ la
b o n -i
............. ia oi-ia
o l-b o n -i s a -s l-g l
s a g -b o n -i le -e-ia
h e r m a n a
h e r m a n o
h i j o , v a r ó n
m u j e r v a r ó n " m u j e r
n i e t o v a r ó n m u j e r
v a r ó n m u j e r
p a d r e
v a r ó n
h e r m a
n o
h e r m a
n a
h e r m a n o
h i j o v a r ó n
, " m u j e r
h i j o v a r ó n
m u j e r
n i e t o v a r ó n
m u j e r v a r ó n m u j e r
p a d r e v a r ó n " m u j e r
h e r m a n o
h e r m a n a
h e r m a n o
h i j o v a r ó n
m u j e r v a r ó n m u j e r
n i e t o v a r ó n m u j e r
v a r ó n m u j e r
p a d r e m u j e r v a r ó n
h e r m a n o
h e r m a n a
h e r m a n o
h i j o v a r ó n
m u j e r v a r ó n m u j e r
n i e t o v a r ó n
m u j e r v a r ó n m u j e r
a b u e l o , v a r ó n p a d r e , v a r ó n m u j
e r
h e r m a n o h e r m a n a
h i j o , v a r ó n m u j e r
428 L E W I S H . M ORG A N LA SOCIEDAD PRIMITIVA
429
( Coníinuacidnj
D escripción ce las personas
126
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El tata r a n i e t o del herm a n o del padre de m
i padre ...............
L a t a t a r a n t e t a " ..................
La h e r m a n a del padre de m i padre
........................................
...
El hilo de la h e r m a n a del padre de m i padre
........................
La h i j a " .......................
El nieto " " ........................
La M e ta .......................................
........................
El bisnieto de la herm a n a del padre de m i padre
..............
La b i s M e t a " ................... ..............
El tataraM e to de la h e r m a n a del padre de m
i padre .........
La t a t a r a n i e t a 11 ..........
El herm a n o de la m a d re de m í m a d re
.....................................
El hijo del herm a n o de la m a d re de m i m a d
re .......................
L a h i j a
....................................................................
...... .......................
El nieto ........................
La n ieta " " " .......................
El bisM eto del herm a n o de la m a d re de m i m
a d re ......
La b isnieta " "
* .
El tataran ieto del h e r m a n o de la m a d re d
e m l m a d re ....
La t a taraM e ta "
La herm a ria de la m a d re de m i m a d re
......... .........................
..
El h ijo de la herm a n a de la m a d re de m i m a
d re ..............
La h i j a .................... " ..............
El n i é t o ..............................*
.....................................
......... ..............
La n ieta " ..............
El bisnieto de la h e r m a n a de la m a d re de m
i m a d re ....
La blsM e ta ' ........................... ....................
El tataraM e to de la h e r m a n a de la m a d re
de m i m a d re ....
La t a t a r a n l e t a " " "
MI esposo
......................................................................
..............................
MI esposa
......................................................................
...........................
El padre de m i esposo
.........................................................
..................
La m a d re de m i esp o s o
...................................................
.......................
El padre de m i esposa
.........................................................
...................
La m a d re de m t esposa
......................................................
...................
MI yerno
.......................................................................
...........................
MI n u e r a
...................................................................
..........................
Mi cuñad o (herm a n o del esposo)
...............................................
.....
¦ (esposo de la herm a n a, hablan d o m u jer)
.........
(esposo de la h e r m a n a de la esposa)
(herm a n o de la esposa)
............................................................
MI cu ñ a d a (herm a n a de la esposa)
..........................................
....
(herm a n a del esposo)
.......................................
(esposa del herm a n o)
............................ ...................
padrastro
m a d r a s tr a
ijastro
ijastra
del esposo)
de la esposa)
i
i
(mayor, h a b lando varón)
(hablando m ujer) ...i
Parentesco en hawaiano
Por el Mon. Th. M ü ller
Traducción Parentesco en rotum a n o
Por el Rev. J. Osborne
Traducción
mtio-pü'-ná k á -n
a tt nieto varón m á-p i-ga fá .. M e to varón
........................... w á-bee'-na . m u jer m u jer
kú-pú -na w a-bee -n a Mi abuelo, m u jer m á-pi-ga
h o n -i abuelo m u jer padre, varón ol-íá padre, varón
" wá-bee -n a m
u jer ol-hon -i padre, m u jer
¡d'-kü-a-á -n a herm a n o, m ayor sá-sí-gi herm a
n o
kái -kü-á wá-bee -n a herm a n a sag-hon -í "
h e r m a n a k5i-kee k á'-n a hijo, varón le -e í á hijo, varón
M wá-bee -n a " m u jer " v h o n -im u jer
moo-pñ -n á k á -n a " nieto varón m á-p í-ga
ifá M eto, varón
w á-bee'-na " m u jer h o n -i " m u jer
kü-pü -ná k á -n a
má'-kü-a k á -n a abuelo, várón padre, varón
ta n abuelo varón
ol-fá padre.
w
á-bee'-na m u jer oi-hon -I " m u jer kal-kü-a-á -n a herm a n o, m ayor
h e r m a n a " sá-sl-gl " herm a n o
kál -kQ. wá-bee -na sag-hon - i le -e fá
h e r m a n a
kál-kee k á -n a hijo, varón hijo, varón m u jer h
o n -i " m u jer
moo-p(V-nft k á -n a nieto varón m á-p i-ga í á
" nieto varón
' > ¦> w á-bee'-na »» m u jer
h o n -I m u jer
ktt-pñ'-na w á-bee -n a ** abuelo, m u jer abuela,
m u jer
padre, varón oi-ía padre
** m u jer ol-ho n
-i m u jer
kiU-kü-a-á -n a herm a n o m ayor Sft-fli-gí herm a
n o klU'-kú w á-bee'-na h e r m a n a sag-hon -i herm a n a iSl-kee k á'-n a
" bija* varón " m u jer
le -e í á hijo, varón
" w á-bee -n a "h o n '-i" m u jer
moo-pü -n á k á '-n a nieto varón m á-p i-ga la nieto varón
............................ w á-bee -n a ** m u
jer h o n -i m u jer
kk -na esposo ve-ven -I esposo wá-bee -n a r
esposa. ho l-e-na, y h e n esposa má-kü' á -h ü -n á -a l " suegro oi-fft
padre lí ll 1) 1» II ll suegra h o n -i m a d re H 1» t* *1 *t ** Buegro ¦ ,íá
padre
n ii > »i
ti i» suegra ho n -i m a d re
Ml-no -ná k á -n
a i* yerno le -e íá hijo, varón
w á-bee'-na *1 nuera h o n -i " m u jer kl'-na
»» esposo h o m -f u -é n cuñado
1» esposa
com p a ñ e ro intim o m e-i
kál-ko-ar-ká cuñado
m e-i cuñado
** esposa h o m -íu -e cuñada
kkl-ko-a -ká cuñ
a d a m e-i
wá-bee -n a esposa
h o m -íu -e
kM-ko-a -ká
pü-na-lü-á
cuñ a d a
com
p a ñ e ro in tim o esposa
l í »l II
má -kü-a k á'-n a " padre, varón oi-fá II
padre, varón
" w á-bee -n a m u jer ol-h o n -i ** padre, m
u jer kíl-kee ká -n a hijo, varón le -e í á ti- hijo, varón
"
wá-bee -n a m u jer le -e h o
n -i
m u jer
Ill
LA FAMILIA PUNALÚA
La familia punalúa ha existido en Europa, Asia y
América, en el período histórico, y en Polinesia, hasta el siglo actual.
Sumamente difundida entre las tribus de la humanidad entre el estadio del
sal-vajismo, perduró en algunos casos en ciertas tribus que habían ade lantado
hasta el estadio inferior de la barbarie, y en un caso el de los bretones,
entre tribus que habían alcanzado el estadio medio. En el transcurso del
progreso humano siguió a la familia con sanguínea a la que sobrepuso, y de la
que era una modificación. La transición de una ,a otra se produjo mediante la
exclusión gradual de los hermanos y hermanas propios de la relación
matrimonial, cu yos males no podían continuar escapando a la observación
humana. Tal vez sea imposible restablecer los hechos que -condujeron a la
emancipación; pero no nos faltan algunos antecedentes indicativos del modo cómo
se produjo. No obstante ser los hechos de los que
se toman estas conclusiones de un carácter pesado y
repulsivo, sólo cederán los conocimientos que contiene tras un paciente y
prolijo examen,
Dada la familia consanguínea que incluía en la
relación matri monial a hermanos y hermanas propios y también a los
colaterales, bastará excluir a los primeros y conservar a los otros en el grupo
para cambiar la familia consanguínea en punalúa. Realizar la exclu sión de una
categoría y la retención de otra fue proceso arduo, por que entrañaba un
cambio radical en la composición de la familia, por no decir en el antiguo
régimen de la vida doméstica. También exigía la entrega de un privilegio al que
los salvajes no renuncia rían fácilmente. Comenzando, como puede suponerse, en
casos ais lados y con un lento reconocimiento de sus ventajas, subsistió como
ensayo a través de inmensos espacios -de tiempo, introducida par-
LASOCIEDADPRIMITIVA431
cialmente al principio, generalizándose luego y
llegando más tarde
a ser universal entre las tribus más adelantadas,
todavía en el salva jismo, en cuyo medio se originaría este movimiento. Ella
ofrece un buen ejemplo de la manera de obrar del principio de selección na
tural.
En este sentido, el régimen de clases de los
.australianos cobra nueva significación. La manera en que fueron formadas las
clases y su régimen de matrimonio y herencia demuestran evidentemente
que su objeto primario fue excluir de la
vinculación matrimonial a
los hermanos y hermanas propios, mientras se
conservaba en ella a
los hermanos y hermanas colaterales. Lo primero
está impreso en
las clases , por una ley externa; pero lo segundo,
que no se destaca en la superficie de la organización, se descubre al seguir
las huellas efe sus descendientes (395). De este modo se comprueba que los
primos hermanos, segundos y más remotos, que bajo
su sistema de consanguinidad son hermanos y hermanas colaterales, siempre con
traen la relación matrimonial, mientras los hermanos y hermanas propios son
excluidos. En el grupo punalúa australiano el número de personas es mayor que
en el hawaiáno y su composición difiere lige ramente; pero en ambos casos se
destaca el hecho notable de que
la fraternidad de los maridos forma la base de la
relación matrimo nial en un grupo, mientras la fraternidad de las esposas la
forma en el otro. Respecto a los hawaianos, sin embargo, existió una diferen
cia, y es la de que parece ser que en esos pueblos no había clases entre las
que debieran realizarse los matrimonios. Desde que las clases australianas
engendraron el grupo punalúa, que contenía el germen de la gens, surge la
posibilidad de que esta organización en clases, a hase de sexo, haya predominado,
en un tiempo, en todas las tribus del género humano que más tarde habían de
rendirse a la organización gentilicia. No sería de extrañar si resultase que
los hawaianos, en algún período anterior, hubiesen estado organizados en clases
semejantes.
Por notable que parezca el hecho, tres de las más
importantes y difundidas instituciones del hombre, a saber: la familia punalúa,
la organización en gentes y el régimen turanio de consanguinidad, tie nen sus
raíces en una organización anterior, similar al grupo puna-lúa, en la que se
hallará el germen de cada una de aquéllas. En el estudio de esta familia
surgirán algunas pruebas de la verdad de este postulado.
Así como el matrimonio punalúa dio la familia
punalúa, ésta
(395) Los ippais y kapotas se casan en grupos.
Ippai engendra murris, quienes a su vez engendran ippais; de igual modo, kapota
engendra mata y mata a su vez engendra kapota; de manera que los nietos de
ippai y kapota son ellos mismos ippai y kapota, además de ser hermanos y
hermanas colaterales; y como tales nacen marido y mujer.
LEWISH.MORGAN
daría el régimen turanio de consanguinidad, tan
pronto como e] ré gimen existente hubiese sido reformado ,a fin de que
expresara los parentescos que efectivamente existían en esta famina. Pero se
exigía algo más que el grupo punalúa para obtener este resultado, a saber: la
organización en gentes, que excluía constantemente, por ley orgá nica, la
relación matrimonial entre hermanos y hermanas, quienes anteriormente debieron
estar comprendidos con frecuencia en dicha relación. Cuando esta exclusión fue totalmente
realizada, obraría
un cambio en todos los parentescos que nacían de
este matrimonio; y una vez que se hubo amoldado el régimen de consanguinidad al
nuevo sistema de parentesco, el régimen turanio se impondría al malayo. Los
hawaianos tenían la familia punalúa, pero no la orga nización en gentes ni
tampoco el sistema turanio de consanguinidad. Su retención del antiguo régimen
de familia consanguínea crea la sospecha, confirmada por las exposiciones de
Bingham, de que los hermanos y hermanas propios estaban con frecuencia confundidos
en el grupo punalúa, lo que hacía imposiblé la
reforma del antiguo régimen de consanguinidad. Es dudoso que el grupo punalúa
del tipo hawaiano pueda pretender una antigüedad igual a la de las clases
australianas, desde que éstas son más arcaicas que cualquiera otra institución
social de que se tenga conocimiento. Pero la exis tencia del grupo punalúa ae
uno u otro tipo era esencial para en gendrar la gens, del mismo modo que ésta
era esencial para producir el régimen turanio de consanguinidad. Las tres instituciones
serán consideradas separadamente. 1
1. L a f a m i l i a p u n a l ú a
En ciertos casos raros se ha descubierto una
costumbre en forma concreta que puede servir de clave para algunos de los
misterios de la sociedad primitiva y explica lo que antes sólo podía
comprenderse a medias. Esa costumbre es la punalúa. de los hawaianos. En I860,
el juez Lorin Andrews, de Honolulú, en una carta que acompañaba
a un cuadro del régimen hawaiano de consanguinidad,
comentaba como sigue, uno de los términos hawaianos de parentesco; El pa
rentesco de punalúa es un tanto anfibio. Nace del hecho de que dos o más
hermanos con sus esposas, o dos o más hermanas con sus maridos, se inclinaban a
la posesión entre ellos, en común; pero el sentido moderno del término es el de
querido amigo o compañero íntimo .. Su régimen de consanguinidad demuestra que
aquello que el juez Andrews menciona como una inclinación, y que en ese en
tonces pudo haber sido una práctica en decadencia, fue, en cierta época,
universal entre ellos. El Rev. Artemus Bishop, fallecido re cientemente, uno
de los más antiguos misioneros de estas islas, remi tió aj autor, ese mismo
año, un cuadro parecido, con el siguiente
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 433
comentario sobre dicho asunto: Esta confusión de
parentescos es la resultante de la antigua costumbre entre parientes de hacer
vida común de maridos y esposas . En un capítulo anterior se ha citado una
opinión de Bingham, quien escribió respecto a la poligamia lo sigiente:
implicaba una pluralidad de esposos y esposas . El doc tor Bartlett reitera la
versión: "Los nativos tenían apenas más recato o pudor que muchos
animales. Los maridos tenían muchas esposas
y las esposas muchos maridos que cambiaban a
voluntad (396). La forma cié matrimonio que descubrieron creaba el grupo
punalúa, en el que maridos y esposas se casaban conjuntamente en grupo. Cada
uno de estos grupos, incluyéndose a los hijos de estos matrimonios, constituían
una familia punalúa, porque una 1 se componía de varios hermanos con sus
esposas y la otra efe varias hermanas con sus ma ridos.
Si recurrimos ahora al cuadro del sistema hawaiano
de consan guinidad, veremos que el varón llama esposa a la hermana de su
esposa. Todas las hermanas de su esposa, propias y colaterales, son a la vez
esposas suyas. Pero el marido de la hermana de su mujer le dice punalúa, es
decir, compañero íntimo; lo mismo a todos los maridos de las distintas hermanas
de su esposa. Todos estaban casa dos entre sí en grupos. Es probable que estos
maridos no fuesen hermanos; de haber sido, el parentesco de sangre habría prevalecido
sobre el de afinidad; pero sus esposas eran hermanas propias y co laterales.
En este caso la fraternidad de las esposas sena la base sobre la que descansaba
el grupo, y los maridos ocuparían entre sí la relación de punalúa. En el otro
grupo que descansaba en la fra ternidad de los maridos, la mujer llama marido
al hermano de su marido. También eran maridos suyos todos los hermanos de su
ma rido, propios y colaterales. Pero llama punalúa a la esposa del her mano
de su marido, y todas las esposas de los hermanos de sus ma ridos están para
con ella en la relación de punalúa. Es probable, por las razones dadas en el
otro caso, que estas esposas no fuesen her manas entre sí, aunque hubiera, sin
duda, excepciones en ambos casos. Todas estas esposas guardaban entre sí la
relación de punalúa. Es evidente que la familia punalúa nació de la
consanguínea. Los hermanos dejaron de casarse con sus propias hermanas, y una
vez que la organización gentilicia hubo logrado todos sus resultados
sobre la sociedad, dejaron también de. hacerlo con
sus hermanos colaterales. Pero mientras tanto, compartían en común las
restantes esposas. De igual manera, las hermanas dejaron de casarse con sus
propios hermanos, y después de un dilatado período de tiempo, con sus hermanos
colaterales; pero compartían en común los maridos
Historical
Sketch of the Missions, etc., in Sandwich Islands, etc., pá gina 5.
2¡l
434LEWISH.MORGAN
restantes. El paso .hacia adelante dado por la
sociedad de la familia consanguínea a la punalúa fue la irrupción de un gran
movimiento
de progreso que abría camino a la organización
gentilicia, la que conduciría gradualmente hacia la familia sindiásmica y,
finalmente, a la monógama.
Otro hecho notable con respecto a la costumbre
punalúa es que forzosamente debió imperar, en la antigüedad, entre los
antepasados de las familias turania y ganowaniana, cuando se formó el régimen
de consanguinidad de éstas. La razón es sencilla y terminante. El matrimonio en
el grupo punalúa explica los parentescos del régimen. Se puede presumir que
eran los que efectivamente existían al implan tarse el régimen. Por lo tanto,
la existencia del régimen implica la prevalencia previa del matrimonio punalúa
y de la familia punalúa. Avanzando hacia las naciones civilizadas, parece
preponderar con igual energía la misma necesidad de la existencia antigua del
grupo punalúa en los remotos antepasados de todos aquellos que poseían
el régimen gentilicio griegos, romanos, germanos,
celtas, hebreos , pues es una certidumbre razonable que todas las familias de
la hu manidad que bajo el régimen gentilicio pudieron elevarse a la mo
nogamia practicaron en épocas anteriores el régimen turanio de con
sanguinidad, nacido del grupo punalúa. Se verá que este gran mo vimiento, que
se inició con la formación de dicho grujió, fue prin cipalmente obra de la
organización en gentes, y que esta antes de la implantación de . la monogamia
generalmente iba acompañada- del régimen turanio de consanguinidad.
Hasta el período medio de la barbarie se
mantuvieron dispersos
en las tribus europeas, asiáticas y americanas, en
casos excepciona les, resabios de la práctica punalúa. El ejemplo más notable
lo da César al ocuparse ae las costumbres matrimoniales de los antiguos
bretones. Expone que: por docenas y docenas los maridos poseen sus esposas en
común; y especialmente hermanos con sus herma nos y padres con sus hijos
(397).
Este pasaje revela una práctica de uniones
matrimoniales en gru po, cuya explicación está dada por el sistema punalúa. No
se debía esperar que la madre bárbara, ni como regla ni tan siquiera como
excepción, ostentara diez o doce hijos varones; pero bajo el régimen turanio de
consanguinidad, que no es lícito suponer que practicaban los bretones, siempre
se halla numerosos grupos de nermanos, por que los primos varones, próximos o
remotos, caen en dicha catego ría con respecto al Ego. Según César, varios hermanos
poseían sus esposas en común. Aquí tenemos un rasgo puro y simple del régimen
punalúa. César no sugiere directamente la existencia de la agrupa ción
correlativa que debía existir, de varias hermanas poseedoras en
(397) De Bell. Gall., 14.
LASOCIEDADPRIMITIVA435
común de los maridos; pero es verosímil que.
existiera como comple mento necesario. Advirtió algo más, y fue que los padres
compar tían con sus hijos las esposas en común. Es verosímil que estas espo
sas fuesen hermanas. Ya sea que César con este giro se- refieriese o no a la
otra agrupación, esto contribuye a señalar la extensión que los matrimonios
colectivos en grupo habían alcanzado entre los bre tones, y que fue el hecho
resaltante que atrajo la atención de este notable observador. Cuando varios hermanos
estaban casados con
las esposas de todos ellos, estas esposas estaban
también casadas con todos los esposos.
Ocupándose Herodoto de los Massagetes, que se
hallaban en el estadio medio de la barbarie, expone que cada hombre tenía una
esposa, y asimismo todas las esposas eran poseídas en común (398). De esta
versión puede deducirse que la familia sindiásmica había comenzado a
preponderar sobre la- punalúa. Cada marido se unía a una esposa, la que venía a
ser así su esposa principal; pero dentro de la. circunscripción del grupo, los
maridos y esposas continuaban siendo comunes. Si Herodoto pretendió insinuar un
estado de pro miscuidad, es probable que no existiera. Si bien no conocían el
hie rro, los Massagetes poseían rebaños y manadas, se batían a caballo,
armados de hachas de guerra fabricadas de cobre y lanzas con pun tas también
de cobre, y construían y usaban la carreta (amam). No es posible suponer que un
pueblo que hubiese alcanzado este grado de adelanto practicara la promiscuidad.
También nos cuenta que
los Agathyrsi, que probablemente se hallaban en el
mismo estadio, tenían las esposas en común a fin de ser todos hermanos, y, en
cali dad de miembros de una misma familia, no envidiarse ni odiarse entre
ellos (399). La explicación más razonable y satisfactoria de estas y otras
prácticas similares en otras tribus citadas por Herodo to estriba más bien en
el matrimonio punalúa por grupos y no en la poligamia o promiscuidad general.
Sus citas son demasiado breves para servir de ilustración del verdadero estado
de la sociedad entre ellos.
Entre algunas de las tribus más atrasadas de los
aborígenes sud americanos se descubrieron rastros de la práctica- punalúa;
pero no se han dado detalles al respecto. Así, los primeros navegantes que
visitaron las tribus costeras de Venezuela descubrieron un estado social que
exige para su explicación la existencia de las agrupaciones punalúas. No
observaban ley ni. regla en el matrimonio, sino que tomaban cuantas esposas
quisiesen, y ellas otros tantos maridos, cambiándolos a voluntad sin mengua
para ninguna de las partes. No existía entre ellos nada semejante a los celos,
pues cada cual vivía
L
ib., I, c. 216.
Lib.,
IV , c. 104.
LEW IS H . MORGAN
como mejor le placía y sin ofenderse unos a
otros... Sus viviendas eran colectivas, y tan amplias, que daban cabida a
ciento sesenta personas; estaban sólidamente construidas, aunque las techaban
con hojas de palmera, y tenían forma de campana (400). Estas tribus usaban
vasijas de barro cocido y, por lo tanto, se encontraban en el estadio inferior
de la barbarie; pero de acuerdo con estas narracio nes se habían alejado muy
poco del salvajismo. En. este caso y en los referidos por Herodoto, la relación
descansa en una observación superficial. Muestra, por lo menos, un estado
inferior de la familia y de la relación matrimonial.
Cuando América del Norte fue descubierta, en sus
diversas re giones, la familia punalúa parecía haber desaparecido ya del todo.
Por lo que a mí me consta, no existía entre ellos
tradición alguna de la antigua difusión del régimen punalúa. En general, la
familia había pasado de la forma punalúa a la sindiásmica; pero estaba en
vuelta en los resabios de un antiguo régimen conyugal que se re montaba a los
grupos punalúas. Se puede citar una costumbre de indudable origen punalúa que
todavía practican al menos cuarenta tribus de indios norteamericanos. Al
casarse un hombre con la hija mayor de una familia, adquiere derecho de esposo
sobre todas las hermanas de ésta cuando están en edad de casarse. Éste es un
de recho rara vez ejercido, por la dificultad para el varón de mante ner
varias familias, a pesar de que la poligamia, como privilegio de los varones,
estaba universalmente reconocida. Hallamos en esto los resabios de la que fue
una práctica punalúa, entre sus remotos ante pasados. No se puede dudar de que
en un tiempo las hermanas pro pias contraían el vínculo matrimonia] a base de
su fraternidad, sien do el marido de una marido de todas, pero no marido
único, pues otros varones eran maridos comunes, juntamente con él, dentro del
grupo. Una vez que la familia punalúa hubo desaparecido, quedó en pie el
derecho del marido de la hermana mayor a convertirse
en marido de todas las hermanas de ésta, si así lo
quería. Ésta puede ser considerada con razón como supervivencia genuina de una
anti gua práctica punalúa.
i Se podrían citar otras huellas de esta familia
sacadas de obras históricas, tendentes a demostrar no sólo su antigua
existencia, sino
H e
r r e r a , History of America, 1. c., I, 216. Refiriéndose a las tribus
costeras del Brasil, agrega Herrera que moran en bohios, o sea, grandes vi
viendas techadas de paja, de las que hay como ocho en cada poblado, llenas
de gente, con sus nidos o hamacas para
recostarse... Viven de manera bestial, sin un asomo de justicia o de pudor ,
lib. IV, G. Garcilaso de la Vega se manifiesta en sentido igualmente
desfavorable acerca del régimen matrimonial de algunas de las tribus más
atrasadas del Perú. Royal Com. of Peru, 1. c., p. 10 ?. 106.
LASOCIEDADPRIMITIVA437
también su gran difusión. No hace falta ampliar
estas citas, porque la anterior existencia de la familia punalúa, entre los
antepasados de todas las tribus que practiquen o hayan practicado el sistema
turanio de consanguinidad, se deduce del sistema mismo.
2. O r ig e n d e l a o r g a n iz a c ió n e n g e n t e s
Hemos insinuado ya que fue probablemente en el
período de
salvajismo que esta institución tuvo origen, en
primer lugar, porque
el estadio inferior de la barbarie la halla en
pleno desenvolvimien
to; y segundo, porque se ha comprobado su parcial
desarrollo en el
estadio del salvajismo. Además, el germen de la
gens se descubre
tan claramente en las clases australianas como en
el grupo punalúa
hawaiano. La gen.s se encuentra también entre los
australianos basa
da en las clases, con indicios aparentes de la
forma de su evolución.
No podría esperarse que una institución tan notable
como la gens
saliera de la nada o naciera perfecta, es decir,
sin una base previa
mente formada por crecimiento natural. Su cuna debe
buscarse en
tre los elementos preexistentes de la sociedad, y
se debía prever que
llegaría a la madurez largo tiempo después de su
nacimiento.
Las clases australianas descubren dos de las reglas
fundamen
tales de la gens en su estado .arcaico, a saber: la
prohibición de unio nes matrimoniales entre hermanos propios y la descendencia
por la línea femenina. Este último hecho se pone enteramente en- eviden
cia al aparecer la gens, pues entonces se comprueba
que los hijos pertenecen a la gens de la madre. La adaptación natural de las
cla ses para engendrar la gens es suficiente para.sentar la probabilidad de
que así fue en efecto. Y esta probabilidad todavía se robustece más por el
hecho de que la gens aparece aquí vinculada a una orga nización anterior y
unía más arcaica, que perduraba como factor unitario de un régimen social, cuyo
puesto correspondía en derecho a la gens.
Volviendo ahora al grupo punalúa hawaiano,
encontramos los mismos elementos que contienen el germen de la g ens. Se
circuns cribe a la línea femenina del régimen, según la cual varias hermanas,
propias y colaterales, compartían en común sus maridos. Estas her manas, con
sus hijos y descendientes por la línea femenina, exhiben la verdadera
composición de la gens de tipo arcaico. La descendencia forzosamente seguiría
la línea femenina, puesto que no se podía de terminar con certeza la
paternidad de los hijos. Tan pronto como quedó radicada esta forma especial de
matrimonio por grupos, existió la base de la gens. Se necesitaba entonces un
esfuerzo mental para trocar esta agrupación punalúa natural en una institución
circunscrita a las madres, sus hijos y sus descendientes por la línea femenina.
Aun
438LEWISH.MORGAN
cuando entre los hawaianos existiera este grupo, no
supieron elevarse a la concepción de la gens. Y, sin embargo, es precisamente a
una agrupación semejante, fundada en la fraternidad de las madres, o en la
agrupación similar australiana, basada en idéntico ^principio de unión, que se
debe atribuir el origen de la gens. Éste tomo a esta agru pación tal como la
hallara, y organizó en gentes a base de parentesco a algunos de sus miembros
con varios de sus descendientes.
La explicación precisa de cómo se originó la gens
es, por supues to, imposible. Los hechos y las circunstancias corresponden a
una antigüedad remota. Pero se puede hacer remontar la gens a un estado de la
sociedád antigua capaz de provocar su nacimiento. Es esto todo lo que he
intentado hacer. Su origen corresponde a un ni vel muy bajo del desarrollo
humano, y a una condición muy antigua de la sociedad, aunque posterior en orden
de tiempo a la aparición de la familia punalua. Es perfectamente claro que fue
engendrada por esta familia, que se componía de grupos de personas que subs
tancialmente coincidían con . los miembros de una gens.
La influencia de la organización gentilicia sobre
la sociedad an tigua fue conservadora y progresista. Una vez que hubo
alcanzado pleno desarrollo y se hubo difundido por amplias zonas, y trans
currido el tiempo necesario para que hiciera sentir todo su influjo sobre la
sociedad, la anterior abundancia de esposas se trocó en carestía, porque esto
tendía a estrechar la esfera del grupo punalúa, y, finalmente, a derrumbarlo.
Una vez que la organización gentilicia se generalizó en la sociedad antigua, la
misma familia punalúa en gendraría gradualmente la sindiásmica. Las etapas
intermedias del proceso no se conocen bien; pero dada la familia punalúa en el
esta dio del salvajismo, y la sindiásmica en él estadio inferior de la bar
barie, fluye el progreso de la primera hasta' llegar a la segunda. Des pués
que la úl$ma familia comenzó a aparecer y los grupos punalúas
a desaparecer, se inició la adquisición de esposas
por compra y por rapto. Sin entrar a discutir las pruebas aún asequibles, es
evidente que la organización gentilicia fue la causa eficiente del derrumbe
definitivo de la familia punalúa, y de la gradual reducción del nota ble
régimen conyugal del período del salvajismo. Si bien se originó en la familia
punalúa, como debemos suponerlo, asimismo supo lle var a la sociedad mucho más
allá de su nivel.
E l
r é g i m e n t u r a n i o o g a n o w a n i a n o d e c o n s a n g u i n i d
a d
Este sistema y la organización gentilicia en su
forma arcaica se encuentran comúnmente juntos. No dependen el uno del otro;
pero es probable que su respectiva aparición no se alejaba mucho en el orden
del progreso humano. Existe directa relación entre los siste-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 439
mas de consanguinidad y los regímenes de familia.
La familia repre senta un principio activo. No se estaciona nunca, sino que
avanza de un nivel más bajo a uno más alto a medida que la sociedad adelan ta,
y acaba por pasar de una forma a otr.a de grado más elevado. En cambio, los
sistemas de consanguinidad son pasivos; registran los progresos que la familia
realiza a largos intervalos de tiempo y sólo cambian radicalmente cuando la
familia ha sufrido igual cambio radical.
El sistema turanio no pudo haber sido implantado a
no ser que
en ese tiempo existiera el matrimonio punalúa y la
familia punalúa. En una sociedad en que, por uso general, varias hermanas se
casa ban en grupo con cada uno de los maridos de las demás, y varios hermanos
con las esposas de los demás en grupo, existían las con diciones necesarias
para la implantación del sistema turanio. Cual quier sistema que se ideara
para expresar los parentescos que efec tivamente existían en tal familia,
forzosamente sería el turanio, luego de implantado, sería comprobación de la existencia
de tal familia cuando se realizó la implantación.
Se procurará ahora tomar en consideración este
notable sistema tal como todavía existe en las familias turanias y
ganowanianas, y presentarlo como comprobación de la existencia de la familia
punalúa en la época de su implantación. Él ha perdurado en dos continen tes
hasta el día de hoy, después de haber desaparecido las costum bres
matrimoniales que le dieron existencia, y después que la fami lia hubo pasado
de la forma punalúa a la sindiásmica.
Para poder estimar en su justo valor el testimonio
aducido, será necesario examinar los detalles del sistema. Como típico de las
tri bus ganowanianas de América se presentará el de los séneca-iroque-ses, y
como típico de las tribus turanias de Asia, el de los tamiles de la India
meridional. Estos sistemas son prácticamente idénticos en más de doscientos
grados de parentesco de la misma persona, y fi guran en el respectivo cuadro
al final de este capítulo. En una obra anterior (401) he presentado el cuadro
completo del sistema de con sanguinidad de unas setenta tribus de indios
americanos; y el de
las tribus y naciones asiáticas, el de los tamiles,
telugos y canarenses de la India meridional, todos los cuales practican en la
antigüedad el sistema tal como se presenta en el cuadro. Dicho sistema varía en
detalles en las diferentes tribus y naciones, pero
sus rasgos funda
mentales son constantes. Todos los individuos, por
igual, se saludan
de acuerdo con el parentesco, pero con la
diferencia, que entre
los tamiles, si el saludo es dirigido a una persona
menor que el in
terlocutor, se debe emplear el término de
parentesco, pero si aqué-
Systems
of Consanguinity and Affinity of the Human Family. Smith-5onnian Contributions
to knowledge, vol. XVII.
440LEWISH.MORGAN
11 a es mayor, es optativo el término de parentesco
o bien el nombre
personal. Entre los aborígenes americanos, en
cambio, el saludo siempre corresponde ser dirigido en términos de parentesco.
Ellos emplean el sistema en los saludos porque es un sistema de consan
guinidad y afinidad. En las antiguas g entes, también era el medio por el cual
cada miembro de una gens podía señalar su vinculación con los demás, hasta que
la monogamia dio en tierra con el sistema tu-ranio. Se notará que, en muchos
casos, el parentesco de una misma persona con el Ego varía de acuerdo con el sexo
del Ego. Por esta razón ha sido necesario exponer dos veces la misma cuestión,
una vez cuando habla un varón y otra cuando habla una mujer. No
obstante estas variantes, el sistema es
fundamentalmente lógico. Para poner de relieve su carácter será necesario
recorrer sus diversas lí neas, como ya se hizo con el sistema malayo. Se
empleará el séneca-iroqués.
Los parentescos de abuelo (Hoc sote), y abuela (Oc
sote) y de nieto (Ha-ya-aa.) y de nieta (Ka-ya-da) son los más remotos en línea
ascen-dentedente y en la descendente. Los ascendientes y descendientes que
están por encima o por debajo de éstos caen en las mismas cate gorías
respectivas.
El parentesco de hermano y hermana se concibe en
forma dual
mayor y menor, y no es abstracto; para ambos hay
términos especia les, como sigue:
Hermano mayor, Ha -ge, Hermana mayor, Ah jé.
Hermano menor. Haga. Hermana menor, Ka -ga.
Estos términos son empleados por varones y mujeres,
y se apli can a los hermanos mayores o menores de la persona que habla. En
el tamil existen dos juegos de términos para estos
parentescos, pero en la actualidad se emplean indiferentemente para ambos
sexos. Primera línea colateral. Siendo yo varón y hablando como séne
ca, el hijo y la hija de mí hermano son hijo e hija
míos. (Ha-ah -^otik y ka-ah <ouk) y ambos me dicen padre (Ha-nih). Éste es
el primer rasgo distintivo del sistema. Coloca, a los hijos de mi hermano en el
mismo plano que los míos propios. Son hijos míos tanto como de
él. Los nietos de mi hermano son nietos y nietas
míos (Ha-m -da y Ka ya -da, singular), y ambos me dicen abuelo (Hoc -sote). Los
pa rentescos aquí citados son los consagrados y usados; no se conocen otros.
Algunos parentescos se distinguen como indicativo.
Comúnmente rigen a los que preceden y a los que siguen. Cuando concuerdan en
los sistemas de tribus diferentes, y aún de
familias diferentes del gé nero humano, como en el turanio y el ganowaniano,
comprueban su identidad esencial.
En la rama femenina de esta línea, siendo yo
siempre varón, los hijos e hijas de mí hermana son sobrinos y sobrinas míos
respectiva-
LASOCIEDADPRIMITIVA441
mente (Ha-ycC-wan-da y Ka-ya -wan-da), y ambos me
llaman tío (Hoc~
no -seh). Éste es un segundo rasgo indicativo.
Restringe el parentesco de sobrino y sobrina a los hijos de las hermanas del
varón propias y colaterales. Los hijos de estos sobrinos son nietos míos, como
antes, y cada cual me da el tratamiento correspondiente.
Siendo yo mujer, cambia una parte de estos
parentescos. Los hijos e hijas de mi hermano son sobrinos y sobrinas míos
(Ha-soh -neh y Ka-soh-neh), y ambos me llaman tía ( Áh-ya-huc). Se advertirá
que son diferentes los términos para los sobrinos según los emplee un varón o
una mujer. Los hijos de estos sobrinos y sobrinas son nietos míos. En la línea
femenina el hijo e hija de mi hermana son hijo e hija míos y ambos me dicen
madre (Noh-yeh ), y sus hijos son nietos míos, y me dicen abuela (Oc-sote).
Las esposas de estos hijos y sobrinos son mis
nueras (Ka -sa) y los maridos de estas nueras son mis yernos (Oc-nah -hose,
cada término singular), y me dan el tratamiento correspondiente. Segunda línea
colateral. En la rama masculina de esta línea
por parte de padre, y sin distinción de sexo del Eg
o, el hermano de mi padre es padre mío, y me dice hijo o hija, según sea yo
varón o mujer. Tercer rasgo indicativo. Todos los hermanos del padre ocu pan
el lugar del padre. Los hijos de éstos son hermanos míos, mayores o menores, y
doy a ellos el mismo tratamiento que a mis propios her manos. Cuarto rasgo
indicativo. Esto coloca a los hijos de hermanos en la relación de hermanos y
hermanas. Siendo yo varón, los hijos de estos hermanos son hijos míos y sus
hijos son nietos míos. Mientras que los hijos de estas hermanas son sobrinos y
sobrinas míos; y los hijos de éstos son nietos míos, pero siendo yo mujer los
hijos de estos hermanos son sobrinos y sobrinas míos; los hijos de estas
hermanas son hijos e hijas míos, y sus hijos son nietos míos. Así se ve que la
clasificación de la primera línea colateral se mantiene en la segunda y tercera
y hasta donde pueda señalarse la consanguinidad.
La hermana de mi padre es tía mía, y me trata de
sobrino si soy varón. Quinto rasgo indicativo. El parentesco de tía se
restringe a las hermanas de mi padre y de aquellas otras personas que ocupan
respecto a mí, la relación de padre, con exclusión de las hermanas de mi madre.
Los hijos de la hermana de mi padre son primos míos (Ah-gare -seh, singular), y
todos me llaman primo. Siendo yo varón, los hijos de mis primos varones son
hijos e hijas míos, y los de mis
g rimas son sobrinos y sobrinas míos; pero siendo
yo mujer estas clasi- caciones c ambian. Todos los hijos de mis primas son
nietos míos.
Por parte de madre, siendo yo varón, -el hermano de
mi madre es
tío mío, y me dice sobrino. Sexto rasgo indicativo.
El parentesco de tío se restringe a los hermanos de mi madre propios y
colaterales, con exclusión de los hermanos de mi padre. Sus hijos son primos
míos, los hijos de mis primos varones son hijos e
-hijas míos, y los de
LEWISH.MORGAN
mis primas son sobrinos y sobrinas míos; pero
siendo yo mujer se truecan estos últimos parentescos, y los hijos de todos por
igual son nietos míos.
En la rama femenina de la misma línea la hermana de
mi madre
es madre mía. Séptimo rasgo indicativo. Todas las
hermanas propias y colaterales, ocupan recíprocamente la relación de madre de
los hijos de todas. Los hijos efe la hermana de mi madre son hermanos míos,
mayores y menores. Octavo rasgo indicativo. Establece la rela ción de hermanos
entre sí para los hijos de hermanas. Los hijos de estos hermanos son hijos
míos, y los de estas hermanas son sobrinos míos, y los hijos de éstos son
nietos míos. Siendo yo mujer estos gra dos cambian, como en los casos anteriores.
Cada una de las esposas de todos estos hermanos y
primos, es cuñada mía (Ah-ge-ah -ne-ah), y cada una de ellas me llama cuñado
(Ha-ya -ó). No se ha podido averiguar el sentido preciso del primer término.
Cada uno de los maridos de todas estas hermanas v primas es cuñado mío, y me da
el tratamiento adecuado. Algunas de las re laciones matrimoniales de los
aborígenes americanos, descubren trazos del régimen punalúa, como ser, las que
existen entre el Ego y las esposas de varios hermanos y los maridos de varias
hermanas. En mandan, en pawni, y en arickari, la esposa de mi hermano es esposa
mía. En el idioma de los corneja, mi cuñada es mi camarada
(. Bot-ze -no-pa-che); en cric es mi ocupante
actual (Chu-hu -cho-iva) y en munsi, mi amiga (Nain-jose ). En winnebago y
achaotine ella
es mi hermana . En algunas tribus, el marido de la
hermana de mi mujer es mi hermano ; en otras, mi cuñado , y en cric, mi pequeño
separador (Un-ka^pu-che), cualquiera que sea su significado. Tercera línea
colateral. Como los grados de parentesco en las dis tintas ramas de esta línea
son idénticos a los de las ramas correspon dientes de la segunda línea, con el
agregado de un ascendiente más, bastará presentar una de las cuatro ramas. El
hermano del padre de
mi padre es abuelo mío y me llama nieto. Este es el
noveno rasgo indicativo, y el último. Esto coloca a los hermanos en la relación
de abuelos, y así impide que los ascendientes colaterales pasen de este grado
de parentesco. El principio que funde las líneas colaterales en la directa,
obra tanto en sentido ascendente como en el descenden te. El hijo de este
abuelo es padre mío; sus hijos son hermanos míos; los hijos de estos hermanos
son hijos míos; y de estas hermanas, so brinos míos; y sus hijos son nietos
míos. Como en los casos anteriores estos grados cambian siendo yo mujer. Además
en cada caso se aplica el tratamiento correspondiente.
Cuarta línea colateral. Por la razón dada, bastará
presentar una sola rama de esta línea. El hermano del padre de mi abuelo es
abue lo mío; también su hijo es abuelo mío; el hijo de éste es padre mío; los
hijos suyos son hermanos míos, mayores o menores; y los hijos
LASOCIEDADPRIMITIVA443
y descendientes suyos siguen en el parentesco con
el Ego las reglas
de los casos anteriores, En la quinta línea
colateral los grados se cla sifican en sus distintas ramas en el mismo sentido
que en las corres pondientes ramas de la segunda línea, con excepción de los
ascen dientes adicionales.
De la índole de este sistema se desprende que es
esencial el co nocimiento del grado numérico de consanguinidad para la debida
clasificación de los parientes; pero para el indio habituado a su em pleo
diario, la maraña no ofrece dificultad.
Entre las relaciones matrimoniales que aún
subsisten se encuen tran términos séneca-iroqueses equivalentes a suegro
(Oc-na -hose) para el padre de las esposas, y (Ha-ga -sa) para el padre del
marido. También el primero se emplea para designar un hijo político, lo que
demuestra que es recíproco. Además existen términos para padrastro
y madrastra (Hoc -no-ese y Oc-no-ese), y para
entenado y entenada (Ha -no y Ka -no). En muchas tribus, dos suegros y dos
suegras están emparentados y existen términos para expresar la vinculación. La
riqueza de la nomenclatura, si bien debida a la variedad de distin ciones que
encierra el sistema, es verdaderamente notable. En el cuadro, se hallan los
detalles completos del sistema séneca-iroqués y del tamil. Su identidad salta a
simple vista. Dicho sistema no sólo descubre la difusión del matrimonio punalúa
entre sus antepasados remotos, cuando el sistema fue implantado, sino también
el poderoso influjo de este régimen de matrimonio en la sociedad antigua. Es a
la vez una de las aplicaciones más extraordinarias de la lógica de la mente
humana a los hechos de un régimen social, de que tenga me moria la historia de
la humanidad.
Queda ya demostrado que el sistema turanio y el
ganowaniano fueron injertos que se hicieron a una forma malaya anterior, o a
alguna otra esencialmente conocida. Más o menos en la mitad de to-
do$ los parentescos dados, los dos son idénticos.
Si en algunos de los examinados difieren los sénecas y tamiles, respecto a los
hawaianos, se verá que la diferencia estriba en los parentescos que dependen
del matrimonio o del no-matrimonio de hermanos con hermanas. Por ejemplo, en
los dos primeros, el hijo de mi hermana es sobrino mío, y en el otro es hijo
mío. Los dos grados expresan la diferencia entre
la familia consanguínea y la punalúa. El cambio de
grados que re sulta de la substitución del matrimonio punalúa por consanguíneo
trueca el sistema malayo en turanio. Pero podría preguntarse por qué los
hawaianos que tenían la familia punalúa, no reformaron de acuer do con esto su
sistema de consanguinidad. Se ha dado ya en otra parte la respuesta, pero cabe
repetirla. La forma de familia conserva siempre ventaja sobre el sistema. En
Polinesia era punalúa mientras que el sistema era malayo; en América fue
sindiásmica, conservándo se el sistema turanio; y en Europa y Asía Occidental
se hizo monó-
444LEWISH.MORGAN
gama mientras que el sistema se mantuvo turanio por
un tiempo, para luego decaer y ser reemplazado por el ario. Además, aún cuando
la familia ha pasado por cinco formas, tanto como se sabe, sólo fueron creados
tres sistemas de consanguinidad. El cambio esencial de un sistema consagrado de
consanguinidad demandaba un cambio orgá nico de la sociedad de enormes
proporciones. Creo que la organiza ción en gentes fue lo bastante influyente y
universal para trocar el sistema malayo en turanio; y que bastó que la
monogamia se estable ciera en las ramas más adelantadas de la familia humana,
juntamente con el influjo de la propiedad, para derrumbar el turanio y poner en
su lugar el ario.
Queda por exponer el origen de aquellos parentescos
turamos diferentes ae los malayos. La base de la explicación descansa en el
régimen gentilicio y en los matrimonios punalúas.
Siendo
yo varón, todos los hijos de mis hermanos varones, pro pios y colaterales, son
mis hijos e hijas.
Razón: Hablando, como un séneca, todas las esposas
de mis di versos hermanos son tan esposas mías como de ellos. Nos estamos
refiriendo ahora a la época en que fue implantado el sistema. Es lo mismo que
en el malayo, donde se dan las razones.
Siendo
yo varón, todos los hijos de mis diversas hermanas, propias y colaterales, son
mis sobrinos y sobrinas.
Razón: Bajo el sistema gentilicio, por una
disposición de la gens, estas mujeres no podrían ser esposas mías, luego sus
hijos no pueden ser hijos míos, y están con respecto a mí en un grado más
alejado; de ahí el nuevo parentesco de sobrino y sobrina. En esto difiere del
malayo.
III. Siendo yo mujer, los hijos de mis diversos
hermanos, propios y colaterales, son mis sobrinos y sobrinas.
Por la misma razón que II. En esto también difiere
del malayo.
IV. Siendo yo mujer, los hijos de mis diversas
hermanas, propias y colaterales, y de mis diversas primas, son mis hijos e
hijas. Razón: Todos sus maridos son también maridos míos. En rigor,
estos niños serían entenados míos, y así los
clasifican los ojibwas y otras tribus algonquinas, pero los séneca-iroqueses y
los tamile si guen la antigua clasificación y los colocan en la categoría de
hijos míos, por las razones dadas en el malayo.. V
Todos
los hijos de estos hijos e hijas son nietos míos. Razón: Son hijos de mis hijos
e hijas.
LASOCIEDADPRIMITIVA445
VI. Todos los hijos de estos sobrinos y sobrinas
son nietos míos. Razón-, Estos fueron los parentescos de las mismas personas en
el sistema malayo, que presuntivamente precedió al
turanio. No ha biéndose inventado uno nuevo seguiría rigiendo el sistema
anterior.
VIL Todos los hermanos de mi padre, propios y
colaterales, son padres míos.
Razón: Son maridos de mi madre. Lo mismo ocurre en
el malayo. VIII. Todas las hermanas de mi padre, propios y colaterales, son
tías mías.
Razón: Bajo el régimen gentilicio ninguna de ellas
podía ser esposa de mi padre y sería inadmisible la anterior clasificación de
madre. Se exigía, por lo tanto, un nuevo parentesco; de aquí el de tía. IX.
Todos los hermanos de mi madre, propios y colaterales, son.
tíos míos.
Razón: Ya no son maridos de mi madre y deben ocupar
un gra
do más alejado que el de padre; de aquí el nuevo
parentesco de tío.
Todas
las hermanas de mi madre, propias y colaterales son madres mías.
Pos las mismas razones que IV.
XI. Todos los hijos de los hermanos de mi padre, y
todos los de las hermanas de mi madre, propios y colaterales, son mis hermanos
y hermanas.
Razón; Es lo mismo que en el malayo, donde se dan
las razones.
XII. Todos los hijos de mis diversos tíos y todos
los de mis diver-sas tías, propios y colaterales, son mis primos y primas.
Razón: Bajo el régimen gentilicio todos estos tíos
y tías están excluidos de la relación marital con mi padre y madre; de donde
es tos hijos no pueden estar con respecto a mí, en la relación de her manos y
hermanas como en el malayo, sino que deben ser colocados en una más remota; de
aquí el nuevo parentesco de primo.
XIII. En el tamil, y siendo yo varón, todos los
hijos de mis primos son mis sobrinos y sobrinas y todos los hijos de mis
primas, son mis hijos e hijas. Esto es precisamente la inversión de la regla de
los séneca-iroqueses. Tiende a demostrar que cuando se implantó entre los
tamiles el sistema turanio todas mis primas eran esposas mías, mientras que las
esposas de mis primos varones no lo eran.
Es un hecho singular que la divergencia en estos
parentescos sea la única de importancia entre los dos sistemas en los
parentescos con el Ego de cerca de doscientas personas.
LEWIS,H.MORGAN
XIV. Todos los hermanos y hermanas de mi abuelo y
de mi abuela son mis abuelos y abuelas.
Razón: Es la misma que en el malayo y por las
razones dadas en él.
Ahora se observa, aún más claramente, que tanto el
sistema tura-nio como el ganowaniano, que son idénticos, se sobrepusieron a un
sistema originario malayo; y que éste debe haber imperado en for ma general en
Asia, con anterioridad a la migración malaya a las islas del Pacífico. Existen,
además, buenas razones para creer que el sistema en su forma malaya, fue
transmitido juntamente con las corrientes de la sangre, de una fuente asiática
común a los antepa sados de las tres familias, y posteriormente modificado en
su forma actual por los remotos antepasados de la familia turania y
ganowa-niana.
Quedan explicadas las principales relaciones de
parentesco del sistema turanio en su origen, y resultan ser las mismas que
consigna ría la familia punalúa, en la medida en. que hubiera sido posible
fijar la paternidad de los hijos. El sistema se explica en sí como un desen
volvimiento orgánico, y como no pudo originarse sin una causa ade cuada, es
una deducción tanto legítima como necesaria la de que fue generado por familias
punalúas. Se advertirá, sin embargo, que va rios de los parentescos por matrimonio,
han sido cambiados
El sistema trata a todos los hermanos como maridos
de sus mu
tuas esposas, y a todas las hermanas como esposas
de todos los ma
ridos mutuos, y como casados en grupo. En la época
en que fue
implantado este sistema, donde quiera que un hombre
hallara un
hermano propio o colateral, y eran numerosos,
hallaba, en la esposa
de este hermano, una nueva esposa para él. De igual
manera, donde
quiera que una mujer hallara una hermana, propia o
colateral, y
abundaban, hallaba, en el marido de esa hermana, un
nuevo esposo
para ella. La base del vínculo estaba en la
fraternidad de los maridos
y de las esposas. Esto está claramente expresado en
la práctica ha-
waiana de la punalúa. En teoría, la familia, en
este período, abar
caba la agrupación unida por el vínculo
matrimonial; pero, en la
práctica, debió subdividirse en varias familias
similares más peque
ñas, para mayor comodidad en la vivienda y en su
subsistencia. Ius
hermanos bretones, que en número de diez o doce se
casaban con es
posas comunes darían el tamaño de una subdivisión
común del grupo
purmlúa. Él régimen de vida comunista parece haber
sido engendra do por las exigencias de la familia consanguínea, continuando en
la punalúa y pasando a la sindiásmica de los aborígenes americanos, entre los
que quedó como costumbre hasta la época en que fueron descubiertos. En la
actualidad el matrimonio punalúa es descono cido entre ellos, pero el sistema
de consanguinidad que creó ha so brevivido a las costumbres que lo
engendraron. No ha sido bien es-
LASOCIEDADPRIMITIVA447
tudiado el régimen de vida familiar y la habitación
de las tribus sal vajes, El conocimiento de sus usos a este respecto y de sus
medios de subsistencia arrojaría mucha luz sobre estos problemas.
Se han explicado, ..en su origen, dos formas de la
familia por dos sistemas paralelos de consanguinidad. Las pruebas parecen ser
ter minantes. Esto revela el punto de partida del género humano en
su organización social, luego de haberse elevado
desde una condición más baja y alcanzado la organización de la familia
consanguínea. La transición desde esa primera forma a la segunda fue natural:
un de senvolvimiento a base de observación y experiencia, desde un plano
inferior a otro más elevado. Fue un resultado de la posibilidad de perfección
de las cualidades mentales y morales de la especie huma na, La familia
consanguínea y la punalúa representan la esencia del progreso humano a través
de la mayor parte del período del salva jismo. Aunque la segunda representaba
un gran adelanto sobre la primera, todavía distaba mucho de la monógama. La
comparación
de las diversas formas de la familia permitirá
formarse un juicio de la lentitud del progreso en el salvajismo donde los
elementos de ade lanto eran escasos, y los obstáculos, formidables. Sin duda
alguna, el curso de los acontecimientos fue señalado por siglos y siglos de
vida substancialmente estacionaria, con avances y retrocesos; pero el impulso
general de la sociedad debió ir de un plano más bajo a uno más elevado, pues de
lo contrario, el hombre hubiera quedado estancado en el salvajismo. Es ya algo dar
con un punto seguro de partida desde el cual la especie humana se lanzó a su
maravillosa carrera de progreso, aun cuando estuviese tan cerca del pie de la
escala, y limitada a una forma de familia tan peculiar como la con sanguínea.
LEWIS H. MOBGAN
LA SOCIEDAD PBIMOTVA 449
CUADRO COMPARATIVO del sistema de parentesco de l o
s adlos séneca-iroqueses de Nu eva York y de los pueblos de la
India Meridional que hablan el dialecto I tamil de
la lengua dravidiana. En = na l
Descripción de xas personas
Parentesco
en sé neca-iroqués
Traducción Parentesco en ta m il Traducción
1 El padre de ro l bisabuelo
...................................................
................................
. hoc -sote 1 «11 abuelo En muppáddan m tercer
abuelo 2
OC"&üté a b u t/l u
3
hoc'-sote
oc'-sote
hoc'-sote abuelo
pandan
" paddi
padre
madre
hijo
;; bija
.......... r. ! no-yeh' tw.K.ltapa.n
;; íS h t o
madre
hijo , 8
9
« hija
............................................................... ...........
........
ka-ah'-wuk mákál h^ a
ha-yá-da
12
kB-yá-da
lia-ya'-da
ka-yá'-da
hs-ya'-da
nieta
nieto " Ir&ndám pérán 2.® nieto 13 nieta
pérttl " 2.* nieta
16
17
18
19
ka-y&
-da ; M'-je ah -je ha -gá
" hermano mayor hermana mayor hermano menor
hermana menor
pérttl
tamaiyan o aúnan akkárl o támákáy
" tambi
tangalchchi o tan gay sákotháree
sákothárckál
mák&n
márümákál
hermanó mayor hermana n
M hermano menor
hermana
Mis hermanos (sánscrito)
hermanas Mi hijo
" nuera y sobrina
20
21
22
23
da-yá-guá-dan -
nodá
lí-ah'-wuk
i ia'-sKh
Mis hermanos
hermanas MI hijo
" nuera 25 26
i
\ o o n a-h o s e S ia -y a -d a
y e r n o
" n i e t o
* m á r
ü m á k á n
p é r á n
y e r n o y s o b r i n o n i e t o
27
28
29
30
31
32
::
1 la -y a'-d a
ha-ya
-d a ; la-y a -d a
i h a -y a'-w a n -d a U a -s a .
i k a-y a-w a n -d a
n i
e t a n i e t o
" n i e t a
s o b r i n o n u e r a
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n d á m p é r á n
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11 m á r ü m á k á n
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2.° n i e t o 2.* n i e t a s o b r i n o h i j a
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34
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36
37
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: h a-ya
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38
39
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41
42
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44
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E l n i e t o " " ..............................................................
... ...............
L a n i e t a ..................................................................
...............
ka-soh - n e h
oc-na -h o s e
im -yá-da
k a-y á-d a
h a-y á-d a
ka-y a-d a
k
a-a h -w u k ka -sa
k a-a h '-w u k oc-ca'-h o s e
s o b r i n a M i y e r n o * n i e t o
lile t a n i e t o
m á r ü m á k á l E n m á k á n
p é r á n
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a n d á m p é r á n
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s o b r i n a M i h i j o
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b i j a 47 48 49 50 51 52 53
E l h i j o d e m i h e r m a n a
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m á r ü m á k á l
m á k á l
n u e r a y s o b r i n a
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............-. ......... *........
E l n i e t o " " ................................................-...........
L a n i e t a ..................................................................
............. i;" ;" ;» .'.'.;"
!!......................
ka-ya da
ba-yS'da
ka-yá d a
n i e t a
n i e t o
n i e t a
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ix r
a n d á n p é r á n
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s e g u n d o n i e t o * s e g u n d a n i e t a
g r a n p a d r e (si es m a y o r q u m i p a d r
e )
p a d r e c i t o (si es m e n o r q u m i p a d r
e )
" m a d r e
h e r m a n o m a y o r h e r m a n o m e n o r p r
i m a y c u ñ a d a
" h e r m a n a m a y o r
54
55
56
57
58
59
l á -n l
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{ u c-n o -ese if h&'-Je
)\ ha'-g&
I e h -g e -a h '-n e -a h ]\ ah'-Je
" p a d r e
m a d r a s t r a
h e r m a n o m a y o r " h e r m a n o m e n
o r c u ñ a d a
" h e r m a n a m a y o r
p e r l y a tá 'k k á p p á n
s e r l y a tá y
t& m a y á n ta m b i
m a l t t u n l (m a y .) a n n i (m e n .
450
f Continuación)
LEWISH.MORGAN
Descripción £ las personas
61
62
63
64
65
66
67
C
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
E l e s p o s o d e la b i j a d e l
E l h i j o d e l L i j o
L a b i j a
E l h i j o d e l a h i j a
La hija
EH bisnieto
La- bisnieta
E l esp o s o d e
E l h i j o d e
L a e s p o s a d e l h i j o
L a h i j a
e
e
E l e s p o s o d e la h i j a d e
E l h i j o d e l h i j o d e
L a h i j a d e l h i j o
E l h i j o d e la h i j a "
L a h e r m a n a d e m i p a d r e
(menor
(h a b l a n d o varón)
mujer)
varón)
mujer)
varón)
mujer)
varón)
mujer)
Parentesco en sé-
neca-iroqués
(hablando varón)
. mujer) varón) mujer)
L a h i j a d e l a h i j a d e la h e r e n &
n a d e m i p a d r e
E l b i s n i e t o
L a b i s n i e t a M
E l h e r m a n o d e m i m a d r e
L a e s p o s a d e l
L a e s p o s a
E l h i j o
d e l
L a h i j a
E 1 e s p o s o d e la h i j a
E l h i j o d e l h i j o
» >i ti »*
L a h i j a .»
»? ir '*>
E l h i j o d e la h i j a
L a h i j a *
E l b i s n i e t o
L a b i s n i e t a
E l esp o s o d e
E l h i j o
L a e s p o s a d e l
L a h i j a
E l esposo^ d e l a h i j a
E l h i j o d e l h i j o
!> *t «I II
L a h i j a "
E l h i j o d e la h i j a
L a h i j a ..................
varón)
mujeril varón)|
¦mujeiy
- vano) mujer)
(hablando varón) mu)ei)
L a h e r m a n a d e m i m a d r e
(hablando varón)
mujer) (hablando varón) " mujer) (hablando
varán) " mulo)
varón) " mujer) varón)
mujer) varón)
mujer)
(m a y o r q u e yo)1
(m e n o r "
(m a y o r q u e yo)
(m e n o r "
(hablando varón)
mujer) varón)
muJerV.: varón) (f " mujer) ó ' varón)1 mujer)
ka'-gá
ha-ya -o
b a-s h -w u k
h a-s o h -n e h
ka-ah -w u k
k a-s o b '-n e h
h a-y á-w á n -d a
h a-a h '-w u k
ta -y á '-w á n -d a
ka-ah -w u k
ha-yá -d a
ka-ya -d a
ah-ga - h u c
hoc-n o '-e s e
a h -g á r e'-s e h
a h -g á r e'-s e h
ah -g e-a h - n e - a h
ah -g á r e'-s e h
ah-gáre -s e h
ba-vá-o
ha-ah -w u k
ha-aoh'-neh
ka-ah -w u k
ka-soh -n e h
h a-y & '-w á n-d a
ha-ah'-wuk
ka-yá -w á n -d a
ka-ah -w u k
h a-y á-d a
k a-y á-d a
h o c-n o-seh
a h -g á-n é -a h
ah -g a r e '-s e h
i ah -g a r e-s e h
1 a h -g e -a h '-n e -a h
ah-gáre -s e h
ah
-g a r e-s e h
ha-ya
-o
h
a-a h -w u k
\ h a-s o h -n e h I k a-a h '-w u k
k
a-E O h'-neh j ha-ya-w & n-<la h a-a h -w u k ka-yá -w á n -d a k a-a h
-w u k ha-ya -d a
k a -y i'-d a no-yeh
hoc-no ese
i'-je
ha'-ga ah-ge-ah-ne-ah ah'-)e ka -gá ha-ya -o
a-a
h -w u k ha-soh - n e h ka-ah-wuk ka-soh -n e h ha-ya-wán-da ha-ah-wuk
ka-ya-wan-da ka-ah'-wuk
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 451
Traducción Parentesco en tam il
h e
r m a n a m e n o r c u ñ a d o
h i j o
S o
b r in o
h i j a
s o
b r i n a s o b r i n o
h i
j o
s o
b r i n a
h i
j a
n i e t o n i e t a t í a
p a
d r a s t r o
p r
i m o
p r
i m o " c u ñ a d a " p r i m a p r i m a
c u ñ a d o " h i j o
" s o b r i n o h i j a
s o
b r i n a ' s o b r i n o I " h i j o
M I s o b r i n a
h i
j a -
n i
e t o
n i e t a " tío
tí a - m a d r e " p r i m o
" p r i m o
c u ñ a d a p r i m a p r i m a
c u
f i a d o
h i
l o
s o b r i n o " h i j a
s o b r i n a " s o b r i n o h i j o
" s o b r i n a h i j a
n i e t o
n i
e t a
m a
d r e
p a d r a s t r o
h e
r m a n o m a y o r
h e
r m a n o m e n o r
c u
ñ a d a
h e
r m a n a m a y o r h e r m a n a m e n o r c u f i a d o
h i
j o
s o b r i n o " h i j a
s o b r i n a " s o b r i n o " h i j o
s o b r i n a " h i j a
¦ akkar o tamakay
tangaíchcht b. tangay m a lttünan
m á k á n m&rümákán m á k á l
m á r ü m á k á l
m á
r ü m á k á n m á k á n . "
m á r ü m á k á l " m á k á l
p é r á n p é r t t i
a t t a t " " m á m a n
" a t t á n o m a l t t ü n a n m a c b c h á
n
" ta n g a y
m á l t t ü n l
m a c h c h l b . m á c h c h á r l
a n n a n (m a y ), ta m b i (m e n .) " m á r
ü m á k á n
m á k á n
m á r ü m á k l l " m á k á l
m a k a n
" m a rüm á k á n En m á k a i
m á rüm a k á l p é r & n *
p é r t t i m i m a n
m á m e 1
m a
l t t ü n a n m a c b c h a n t& n g a y
m á
l t t ü n l 1 m á c h c h á r l
a n n a n (m a y .) ta m b i (m e n .) m a rüm á k
á n
m á k á n
'¦ m á rüm á k á l m á k á l
m á
k á n
m á rüm á k á n " m á k á l
" m á rüm á k á l i " p é r á n
p é r t t i
p é r l y á ta y (si e s m a y o r q u e y o )
" s e r l y a ta y (si es m e n o r q u e y o
)
t a k k a p a n (P . o S.) ta m a l y a n o
" ta m b i
" .m á l t t ü n l
" a k k á r l b, tá m á k á y
I ' tá n g á
l c h c h i b . ta n g a y
1
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m á
r ü m á k á n m á k á n
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Traducción
h e r m a n a m e n o r
c u ñ a d o y p r i m o
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p a d r e , g r a n d e o p e q u e ñ o h e r m a n
o m a y o r h e r m a n o m e n o r
c u ñ a d a y p r i m a
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m e n o r
c u ñ a d o y p r i m o
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fConlinuac ion)
D e s c r i p c i ó n d s l a s p e r s o n a s
E l b i s n i e t o
L a b i s n i e t a
E l h i j o d e l
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186
E l h e r m a n o d e l p a i r e d e m i p a d r e
É l h i j o d e l
Parentesco en sé-
neca-iroqués
(m a
y o r que yo)
. (m e n o r
"
(h a b l a n d o varón) mujer)
varón) " mujer)
L a h i j a d e
L a h i j a d e
L a h e r m a n a d e l p a d r e d e m i p a d r e
(h a b l a n d o varón)
mujer) varón) " mujer) varia mujer)
E l t a t a r a n i e t o
L a t a t a r a n l e t a
La hija de
L a h i j a d e
L a h e r m a n a d e la m a d r e d e m i m a d r
e
E l h i j o - d e " *'
L a h i j a
E l t a t a r a n i e t o
L a t a t a r a n l e t a
... (m a y o r que jo)
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(h a b l a n d o varón)
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varón) mujHj
E l h e r m a n o d e l p a d r e d e l p a d r e d
e m i p a d r e ............
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E l h i j o d e l
E l h i j o d e l (m
a y o r que jo)¡
E l h i j o d e l "
" ' ... (h a b l a n d o varón]
E l h i j o d e l . _ .............................
L a h e r m a n a d e l p a d r e d e l p a d r e d
e m i p a d r e ............
.....................
L a h i j a d e ¦ " -¦¦ .....................
L a h i j a d e la h i j a d e la h e r m a n a d e
l p a d r e d e l p a d r e d e m i pedir
L a h i j a d e "
" " "
................................
J (h a b l a n d o varón]
L a h i j a d e l a h i j a d e " " "
L a h i j a d e lá h i j a d e la h i j a d e l a h
i j a d e l a h i j a d e la .
........................ .
E l h e r m a n o d e l a m a d r e d e l a m a d r
e d e m i m a d r e ........
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E l h i j o d e l " ........................
E l h i j o d e l h i j o " " ...........
E l h i j o d e l h i j o " ' J
(h a b l a n d o varón]
E l h i j o d e l h i j o d e l h i j o » ¦ " " " ¦¦ J
(h a b l a n d o mujer
E l h i j o d e l h i j o d e l h i j o d e l h i j
o d e l h i j o d e l "
" " .
...........
L a h e r m a n a d e la m a d r e d e la m a d r e
d e m i madre!
L a h i j a d e '* " " " ¦' " > » »
L a h i j a d e la h i j a " ¦¦ " " " " ¦¦ » »
Sa-yi'-da
ka-yá -da
hcc'-sote
-nlb
ha-Je ha'-ga ha-ah-wuk ka-soh -neh ka-ah-wuk ka-soh -neh ha-ya'-da ka-ya -da
oc-sote ah-ga -huc ah-gáré-seh
' ah-g&ré-seh
ha-yá'-wan-da
ha-ah -wuk
ka-yá-wán-da
ka-ah'-wuk
ha-ya -da
kn-yá'-da
hoc-so-te
hoc-so-neh
ah-gárc-seh
fih-gdré-seh
ha-ah-wuk
ha-soh -neh
ka-ah'-wuk
kn-aoh'-neh
ha-ya'-da
ka-yfi'-da
oc'-sote
no-yeh'
ah -je
ka'-ga
ha-ya'-wán-da
ha-ah -wuk
ka-yá'-wan-da
ka-ah'-wuk
ha-yá'-da
ka-ya'-da
hoc'-sote
hoc'-sote
hk -nlh
ha-ah'-wuk
ha-yft -da
nc'-sot e
oc'-sote
no-yeh
ah-Je
ha-aoh'-neh
ha-ya da
hoc'-sote
hoc-sote
hoc-soh-neh
ah-g&ré-seh
ha-ah-wuk
ha-ya -da
oc'-sote
oc'-sote
no-yeh
Traducción Parentesco en tam il Traducción
n i e t o " p é r á n " n i e t o ,r n i
e t a " p é r t t l n i e t a
M I a b u e l o E n p á d d á u (P. y S.) M I a b u
e l o , g r a n d e o p e q u e ñ o
" p a d r e ta k k á p p & n (P, y S .) p
a d r e , g r a n d e o p e q u e ñ o h e r m a n o m a y o r " a n n a n
o tá m á i y a n *' h e r m a n o m a y o r h e r m a n o m e n o r ta m b l h
e r m a n o m e n o r
h i
j o " m a t a n h i j o
s o
b r i n o M m a r ü m á k á n s o b r i
n o
h i
j a '' m á k á l h i j a
s o
b r i n a " m á r ú m á k i l s o
b r i n a
n i
e t o " p é r á n " n i e t o
n i e t a p
é r t t i n i e t a
a b u e l a p á d d l (P . y S.) a b u e l a , g r
a n d e o p e q u e ñ a ,r tí a 1 tá y (P . y S .) m a d r e , g r a n d e o p
e q u e ñ a
p r i m a " tám & k á y ( m a y . ) t a n
g a y (m e n .) h e r m a n a m a y o r o m e n o r * p r i m a tá m á k á y (m
a y .)
tá n g á y (m e n .) h e r m a n a m a y o r o m e
n o r " s o b r i n o m á r ü m á k i i n ? " s o b r i n o
¦ " h i j o " m á k á n ? " h i j o
" s o b r i n a " m á r ü m a k á l? s o
b r i n a h i j a m á k á l? " h i j a
n i e t o p
é r á n " n i e t o
n i e t a p
é r t t l n i e t a
a b u e l o " p á d d á n (P . y 3.) a b u e l
o , g r a n d e o p e q u e ñ o " tío m a m a n tío
p r i m o m á i t t ú n á n p r i m o p r i m o m á
c h c h á n p r i m o
h i j o m á r ú m á k á n s o b r i n o s o b r i n
o m á k á n " h i j o
h i j a m & r ü m f ik á l s o b r i n a s o b
r i n a " m á k & l " h i j a
" n i e t o " p é r á n n i e t o
n i e t a p
é r t t l n i e t a
a b u e l a p á d d l (P . y S.) a b u e l a , g r
a n d e o p e q u e ñ a m a d r e " tá y (P . y S.) m a d r e , g r a n d
e o p e q u e ñ a
h e r m a n a m a y o r t& m á k á y h e r m a n a m a y o r
h e
r m a n a m e n o r " tá n g á y h e r m a n a m e n o r s o b r i n o m á
r ü m & k á n s o b r i n o
h i j o m
á k á n h i j o
s o b r i n a m a r (Im & k íl s o b r i n a h
i j a m á k & l M h i j a
n i e t o p
é r á n n i e t o
n i
e t a p é r t t l n i e t a
a b
u e l o lra n d & m p á d d &
m s e g u n d o a b u e l o
a b u e l o " p a d d a n (P . y S.) a b u e l
o , g r a n d e o p e q u e ñ o " p a d r e t& k á p p á n (P . y S.)
" p a d r e
" h i j o " m á k á n h i j o
" n i e t o " p é r á n n i e t o
" a b u e l a H ir a n d á m p& d d i s e g u n d a a b u e l a
" a b u e l a p á d d l (P. y S .) a b u e l a
, g r a n d e 0 p e q u e ñ a M i m a d r e E n tá y (P . y 8.) M I m a d r e ,
g r a n d e o p e q u e ñ a
h e r m a n a m a y o r " t& m á k á y b ,
tá n g á y ? h e r m a n a m a y o r o m e n o r
s o b r i n a " m á r ü m á k á l s o b r i n
a " n i e t a " p é r t t l n i e t a
a b u e l o . " lra n d & n p á d d á
u s e g u n d o a b u e l o
a b
u e l o n p a d d a u (P. o S.) a b u e l o , g r a n d e o p e q u e ñ o t¡0
" m á m á n tío
p r i m o " m á i t t u n á n p r i m o
h i j o m a r ü m á k a n " s o b r i n o n i
e t o p é r á n 11 n i e t o
" a b u e l a ir
a n d á m p á d d l M s e g u n d a a b u e l a
a b
u e l a . i p á d d l (P . o 3.) " a b u e l a , g r a n d e o p e q u e ñ
a ' m a d r e i " ta y (P . o 8 .) " m a d r e , g r a n d e o p e q
u e ñ a
L E W I S H . M ORG A N LA SOCIEDAD PRIMITIVA 455
( C o n t i n u a c i ó n )
Descbzrción de las personas
parentesco e n s é -
n e c a -i r o q u é s T r a d u c c i ó n
187 La hija de la hija de la hija " "
188 La hija de la hija de la hija de la hija "
La hija de la hija de la hija de la hija de la bija
" "
¦1 1» ii
(mayor que yo).
*' w
M i (hablando mujer)]
ih'-Je
ki-yá -wán-da
jia-yá-da
da-yake'-ne
¡da-yake-ne 1*
hermana mayor
sobrina
nieta
esposo
suegro
suegra
suegro
192
193
195
196
yerno
to'-no
ba-yá'-o
(li-ge-ah'-ne-o ba-yá -o jjih-ge-ah -ne-o
cufiado
206
207 (hermano
de mi esposa) .............. ............ ......................
t
208 (esposo
de la hermana de mi esposa) ......................
209
210
>¦ " " esposo)
;b-yá -o
211
212
" " esposo) .............:.....
...................... jah-ge-ah -ne-o
> (esposa
de nil hermano) ................... ............
213 It l) «1 ti i» It jah-ge-ah'-ne-o
214 (esposa
del hermano de mi esposo) .............
jila parentesco
215 ir " M M '
esposa) ........ ;j
!lso-no-kw -yes -
216
í ha-ah
jho-no-kw'-yes,~
Viuda
218 Mis mellizos
...............................................................
................ ..............
i ha-tth
Itas-geek -hA
Viudo
Mis mellizos
¦
P a r e n t e s c o e n ta m i l T r a d u c c i ó
n
akkárl " hermana mayor ,f makál
* pérttí hija
nieta
kánaván o purnshan esposo mainavl o peruchátti
" esposa mámán o mámanár tío y suegro mam i o mannai " tia y suegra
mámán tio y padre
mámi tia
mápillai o márümákan " yerno y sobrino "
márúmákál " nuera y sobrina
(Las viudas no pueden casarse) sérlya táy Mi
madreclta
mákán hijo makál hija
annan (may.) tambi (men.) hermano mayor o menor
akkarl (may.) tángñy (men.) " hermana mayor o
menor 1 máittünan " cuñado y primo
máittünán
" attan (may.) maíchchán n " "
máittün&n M. > " sak&lán w
sakotaran " " r*
korluntl (mny.) m<tfinal cuñada y prima
nattánac
" anni (may.) maittüní (men.) rt tt n 77
annl (may.) m&ittünt (mea.) orákatti
?11» !11 i
t&m&káy (may.) tangay (men.)
kiempun Dithambathle
jVluda
jMsllizos (sánscrito)
LAS FAMILIAS SINDIÁSMICAS Y PATRIARCAL
Cuando los aborígenes americanos fueron
descubiertos, aquella parte de ellos que cruzaba el estado inferior de la
barbarie, había logrado la forma de familia sindiásmica o de parejas. Ya habían
desaparecido los grandes grupos matrimoniales que debieron haber existido
anteriormente, estando reemplazados por parejas conyugales que constituían
familias perfectamente señaladas aún cuando sólo parcialmente individualizadas.
En esta familia se descubre el germen de la monógama, si bien era inferior a
ésta en varios aspectos esen ciales.
La familia sindiásmica fue especial y peculiar.
Comúnmente varias de ellas ocupaban una vivienda formando un hogar colectivo y
practicando el principio del comunismo en su modo de vivir. El hecho de que se
unieran varias de esas familias en un hogar colec tivo, es de suyo testimonio
de que la familia representaba un orga nismo demasiado débil para poder
afrontar, aislada, la lucha por la vida. Sin embargo, tenía como base el
matrimonio de parejas solas y ofrecía algunas de las características de la familia
monógama. La mujer era algo más que la esposa principal de su marido; era su
com pañera, la que preparaba los alimentos, y la madre de hijos, que ahora
comenzaban, con alguna certidumbre, a considerarse hijos propios. El nacimiento
de hijos que ambos cuidarían juntos, tende ría a cimentar la unión y hacerla
duradera.
Pero el régimen matrimonial era tan peculiar como
la familia.
El hombre no buscaba esposa como se la busca en la
sociedad civi lizada, es decir, por cariño, pues el sentimiento amoroso, que
les era desconocido, demandaba un desarrollo más perfecto del alcan zado por
ellos. Por lo tanto, el matrimonie no se basaba en los sen timientos, sino en
la conveniencia y en la necesidad. En efecto, co rrespondía a las madres
concertar el matrimonio de sus hijos; éste
LASOCIEDADPRIMITIVA457
se negociaba, por lo común, sin el conocimiento de
las partes contra yentes, y sin requerírseles su consentimiento previo. Así,
ocurría algunas veces que el enlace se celebraba entre personas enteramente
desconocidas entre sí. En fecha oportuna se les comunicaba cuando debía
realizarse simplemente la ceremonia nupcial. Tales fueron los usos de los
iroqueses y de muchas otras tribus indias. Era deber conformarse con la
contrata materna y las partes rara vez se mostra ban reacias. Llegó a ser una
característica de estos matrimonios, la presentación, antes del mismo, de
dádivas a los parientes gentilicios más cercanos de la novia, que tenían
carácter de donaciones a título onetosó. Sin embargo, el vinculo no tenía más
duración que la que quisieran darle las partes. Es por esta razón que con toda
propiedad se la distingue como familia de parejas. El marido podía, a volun
tad, abandonar a la esposa y tomar otra sin
menoscabo, y la mujer
gozaba del mismo derecho de abandonar al marido y
tomar otro
sin que infligiera las costumbres de su tribu y
gens. Pero con el
tiempo surgió y se afianzó un sentimiento público
en contra de tales
separaciones. Cuando se producía el desapego entre
cónyuges y se
hacía inminente su separación, la parentela
gentilicia de cada uno
E racurabá la reconciliación entre las partes y
frecuentemente logra- a su intento; pero si no conseguía salvar las
dificultades aprobaba
la separación. La esposa, entonces, abandonaba el
hogar de su ma rido llevándose a sus hijos, que eran tenidos por
exclusivamente suyos, y sus efectos personales sobre los que el marido no tenía
derecho; y cuando la parentela de la esposa predominaba en la vi vienda
colectiva, lo que generalmente sucedía, el marido abandonaba el hogar de su
esposa (402). Así la permanencia del vínculo matri monial dependía de la
voluntad de las partes.
(402) El finado Rev. A. Wright, que fuera durante
muchos años misio
nero entre los sénecas, escribió al autor en 1873,
al respecto, lo que sigue: En cuanto a su régimen de familia, mientras ocupaban
sus antiguas casas Sargas es probable que un clan dado predominara; pero la
mujer tomaba ma rido de otro clan y, a veces, por novedad, algunos de sus
hijos traían sus jó venes esposas hasta tanto se sintiesen con bríos para
dejar la madre. Como regla, las mujeres mandaban en el hogar y probablemente se
mostraban bas tante apegadas entre sí. Las provisiones eran comunes, pero ¡pobre
del marido o amante que fuese dernasiado remiso para cumplir sus obligaciones!
Sin tener en cuenta el número de sus hijos, ni los bienes que tuviese en la
casa, en cualquier momento podría ordenársele el abandono de la misma y que se
marchara con su manta; y después de semejante orden no sería prudente que in
tentara desobedecer. Se armaría en su contra el hogar y, a no ser que lo
salvase la intervención de alguna tía o abuela, debía regresar a su propio
clan; o como sucedía frecuentemente, buscar alianza matrimonial en otro clan.
Las mujeres eran el gran poder del clan, como lo eran en todas partes. No
titubeaban, cuando la ocasión lo requería en tumbar los cuernos al jefe , como
se decía técnica mente y retrogradarlo a las filas de los guerreros. Siempre
Ies correspondía a ellas la designación originaria de los jefes . Esta versión
ilustra la gineocracia discutida por Bachofen en Das Mutlerrecht. *'
LEWISH.MORGAN
Hay otro rasgo de la relación conyugal que indica
que los abo rígenes americanos en el estadio inferior de la barbarie no habían
alcanzado el adelanto moral que exige la monogamia. Entre los iro-queses, que
eran bárbaros de un alto nivel mental y, en general, entre las tribus indias
igualmente adelantadas, llego ,a imponerse la castidad de la esposa, bajo
severas penas que el marido podía aplicar; pero él no reconocía la obligación
recíproca. La castidad no podía existir en forma permanente sin reciprocidad.
Además, era universalmente consagrado el derecho del varón a la poligamia, aun
que a veces esta práctica estaba limitada por su incapacidad para soportar esta
franquicia. Existían otros usos, que no es necesario mencionar, que recalcan la
inferioridad de ellos frente al concepto de la monogamia, tal como cuadra a la
legítima definición de esta institución. Es verosímil que existieran casos
excepcionales. En ge neral, creo que reza por igual para todas las tribus
bárbaras. El ras go distintivo principal que diferenciaba la familia
sindiásmica, de la monógama, sin perjuicio de admitir numerosas excepciones,
fue
la falta de cohabitación exclusiva. Fuera de duda,
aún persistían restos de su antiguo sistema marital, cuya historia es
conservada todavía por su régimen de consanguinidad, sí bien en forma limitada
y reducida.
Entre los indios pueblos del estadio medio de la
barbarie, los hechos no presentaban mayores diferencias. El cotejo de las
costum bres de los aborígenes americanos, con respecto al matrimonio y al
divorcio, revela una similitud efectiva, suficiente para indicar la iden tidad
originaria de dichas costumbres. Solamente unas pocas pueden encontrarse.
Refiere Clavijero que entre los aztecas, los padres eran quienes concertaban
todos los casamientos, y no se realizaba nunca
uno sin consentimiento (403). Un sacerdote ataba un
extremo del huepilli o falda de la novia, con el tilmatli o capa del novio, y
en esta ceremonia consistía principalmente el contrato matrimonial (404).
Herrera, después de ocuparse de esta misma ceremonia, observa que
se trataba de conservar en la memoria todo lo que
traía la novia, para que en caso de descasarse, como se acostumbraba entre
ellos pudie ran separarse los bienes. El hombre tomaba las hijas y la esposa
los hijos, y quedaban en libertad para volverse a casar (405).
Se advertirá que el indio azteca, como el iroqués,
no buscaba personalmente la novia. Para ambos era más bien asunto público que
privado, y por esa razón, mantenido bajo el control exclusivo
de los padres. En la vida india había poco trato
social entre personas solteras de ambos sexos; y desde que no entraban en juego
los sen-
History
of Mexico, Phil., 1817, trad, de Cullen, II, 99.
History
of Mexico, II, 101.
History
of America, 1. c. Ill, 217,
LASOCIEDADPRIMITIVA459
timientos, ninguno quedaba afectado por estos
enlaces en los que no pesaban los deseos personales, de hecho sin importancia.
Más adelante se ve que entre los aztecas, como entre los iraqueses, se
conservaban separados los efectos de la esposa para el caso de se paración y
para que la esposa, como dice el autor citado, siendo común la separación,
pudiera recuperar lo suyo, según el uso indio en general. Por último, en caso
de divorcio, el marido iroqués no tenía derecho a los hijos, correspondiendo
todos a la esposa, mientras que el azteca tomaba las hijas, y su esposa los
varones; modificación ésta de una práctica antigua que implica una época
anterior en la que la regla iroquesa regía entre los antepasados aztecas.
Hablando Herrera de la población de Yucatán en
general, dice más adelante que antiguamente solían contraer matrimonio a los
veinte años de edad, y posteriormente llegaron a hacerlo a los doce o catorce,
y como no sentían cariño por las esposas, se divorciaban por cualquier
fruslería (406). Los mayas de Yucatán superaban a los aztecas en cultura y
adelanto; pero donde el matrimonio se rea lizaba a base del principio de
necesidad y no por elección personal, no es de extrañar que el vínculo fuese
inestable, y que ambas partes tuviesen derecho a la separación. Además, entre
los indios pueblos, la poligamia era derecho consagrado de los varones y parece
haber sido practicada más comúnmente que entre las tribus menos adelan tadas.
Esta rápida observación que se ha realizado sobre instituciones puramente
indias y bárbaras, revela, en alto grado, la condición efec tiva de relativo
adelanto de los aborígenes. En un asunto tan per sonal como lo es la
vinculación matrimonial, no se consultaban los deseos o preferencias de las
partes. Huelgan mayores testimonios de la barbarie del pueblo.
A continuación, consideraremos ciertos detalles que
revelan la influencia ejercida por la familia punalúa, de la cual la
sindiásmica desarrolló ciertos conceptos. En aquella existió, más o menos, la
práctica de parejas, impuesta por las exigencias del régimen social,
teniendo cada hombre una esposa principal, entre un
número de esposas, y cada; mujer un marido principal, entre un número de ma
ridos; de suerte que, en un principio, la tendencia de la familia puna-lúa, la
orientaba hacia la sindiásmica.
La creación del régimen gentilicio fue el factor
principal que contribuyó a lograr este resultado, pero a base de un proceso
gradual y prolongado. Primero, no comenzó de inmediato a deshacer el matrimonio
por grupos que halló radicado en las costumbres: pero
la prohibición del matrimonio dentro de la gens
excluía a los herma nos y hermanas propios, y también a los hijos de hermanas
propias, puesto que todos estos eran miembros de la misma gens. Todavía los
History
of America, IV, 17L 460 LEWIS H. MORGAN
hermanos y hermanas propios podían compartir sus
respectivas es posas y maridos, y, por lo tanto, la g ens no contrariaba
directamente el matrimonio punualúa, sino que estrechaba su círculo. Pero ex
cluía permanentemente de esa vinculación a todos los descendientes por línea
femenina, de cada antepasado, dentro de la gens, lo que era ya un gran adelanto
sobre el primitivo grupo punalúa. Cuando
la gens se sub dividía, la prohibición regía
también a sus ramifica ciones durante largos períodos de tiempo, como se ha
visto que su cedía entre los iroqueses. Segundo, la estructura y principios de
esta organización tendían a levantar un sentimiento en contra del ma trimonio
consanguíneo, a medida que la práctica de casarse fuera
de la gens iba poniendo de manifiesto los
beneficios de la unión de personas no emparentadas. Parece que esto tomó vuelo,
tanto, que cuando fueron descubiertos los aborígenes americanos, estaba suma
mente difundido un sentimiento público contrario a dicha costum bre (407). Por
ejemplo, entre los iroqueses, las personas emparen tadas por lazos de sangre,
enumeradas en el cuadro de consanguini dad, podían casarse entre sí. Planteada
la necesidad de buscar es posa en otras gentes, sobrevino su adquisición por
negocio y compra. A medida que la influencia del régimen gentilicio fue
generalizán dose, condujo, paulatinamente, a la escasez de esposas, en lugar
de su anterior abundancia, y, por consiguiente, a la reducción del nú mero de
cada grupo punálúa. Esta conclusión es razonable, pues existen fundamentos
suficientes para dar por sentada la existencia de tales grupos en la época de
la constitución del régimen turanio de consanguinidad. Ellos han desaparecido
yá, pero el sistema per dura. Estos grupos deben haber mermado gradualmente,
hasta de saparecer del todo con la implantación general de la familia
sindiás-mica. Cuarto, al buscar esposa no se limitaban a hacerlo dentro de la
propia tribu ni de las amigas, sino que tomaban, por la fuerza, mujeres de
tribus enemigas. Esta es una de la explicaciones de la costumbre indígena de
perdonar la vida a las cautivas, mientras
que los varones eran pasados a cuchillo. Cuando la
adquisición de esposas llegó a hacerse por compra y por actos de viva tuerza,
sien do, cada vez más, producto de esfuerzos y sacrificios, no serían tan
fácilmente compartidas con otros. Esto excluiría por lo menos, aquella porción
del grupo teórico, no vinculada directamente por necesidades de subsistencia, y
con ello estrecharía aún más la esfera de la familia y del régimen conyugal.
Prácticamente y desde el prin cipio tendería a limitar la agrupación a hermanos
propios que com partían en común las esposas comunes y hermanas propias que,
de
Uno
de los jefes de los shyans citó al autor un caso en el que primos hermanos se
casaron contrariando los usos. El hecho no tenía sanción penal;
pero tanto los ridiculizaron sus vecinos, que
prefirieron separarse voluntaria mente, antes que seguir desafiando la opinión
pública.
LASOCIEDADPRIMITIVA461
igual manera, compartían los maridos. Por último,
las gentes crearon una estructura orgánica de la sociedad, de nivel más
elevado' que la conocida anteriormente, con procesos de desenvolvimiento en ca
lidad de régimen social adecuado a las necesidades del hombre, hasta que
sobreviniese la civilización. El progreso social desarrollado bajo las gentes
preparó el camino para el advenimiento de la familia sin-diásmica.
La influencia del nuevo régimen, que colocaba en la
vinculación
marital a personas no emparentadas, debió comunicar
un notable im
pulso a la sociedad. Tendió a crear una raza más
vigorosa, tanto
física como mentalmente. La fusión de varias razas
significa una ga
nancia por acrecentamiento, la que ha ejercido gran
influencia en el
adelanto humano. Cuando dos tribus que marchan
hacia el progre
so, poseedoras dé vigorosas cualidades físicas y
mentales, se reúnen
y fusionan, por los accidentes de la vida bárbara,
en un solo pueblo,
el nuevo cerebro y cráneo resultante se ensancha y
crece hasta la
suma de las capacidades de ambas. La nueva raza
sería superior a
las dos anteriores, y esta superioridad se
manifestaría en el aumento
de la inteligencia, y de su número.
Se deduce, pues, que la propensión a formar
parejas, hoy tan poderosamente desarrollada en las razas civilizadas, no había
tenido cabida en la mente humana, hasta tanto no comenzó a desaparecer
el régimen punalúa. Fuera de duda deben haberse
producido casos excepcionales, en los que los usos consentirían el privilegio;
pero no alcanzó a generalizarse hasta que apareció la familia sindiásmica. Por
lo tanto, no se puede tener por normal esta propensión en el género humano pero
sí como desenvolvimiento de la experiencia a
la par de todas las grandes pasiones y facultades
de la mente. Cabe indicar otra influencia que conspiraba a retardar e] desen
volvimiento de la familia. La guerra entre los bárbaros es más des tructora de
vida que entre los salvajes, por las armas más perfeccio nadas y los
incentivos más poderosos. En todos los períodos y todas las condiciones de la
sociedad, los varones han desempeñado el oficio de la guerra, lo que tendió a
producir el desequilibrio de los sexos, y dejar un exceso de mujeres. Ello, manifiestamente,
tendería a fortalecer el régimen conyugal de los matrimonios en grupos. Tam
bién retardaría el progreso de la familia sindiásmica, al nutrir bajos
sentimientos acerca de las relaciones de los sexos y del carácter y dignidad de
la mujer.
Por otra parte, el mejoramiento de la subsistencia,
a raíz del cultivo del maíz y de ciertas plantas entre los aborígenes
americanos, debió favorecer el adelanto general de la familia. Esto condujo a
la radicación localizada, al empleo de artes
aplicadas, al perfecciona miento de la construcción de la vivienda y a una
vida más inteli gente. Aún cuando en grado limitado, la industria y la
moderación
46 2 LEWIS H . MORGAN
que contribuía a una mejor protección de la vida
acompañaban a las familias constituidas por parejas solas. A medida que se
comprendie ra el alcance de estas ventajas, se haría más estable la familia y
se robustecería su individualidad. Habiéndose refugiado en viviendas
colectivas, en las que un grupo de tales familias sucedió al grupo punalúa,
ella buscaba ahora su sostén en sí misma, en el hogar fa miliar y en las
gentes a las cuales pertenecían marido y mujer respec
tivamente. El gran proceso social de adelanto
representado por la transición del salvajismo al estadio inferior de la
barbarie, debía com portar el progreso corespondiente en las familias cuya
marcha de de senvolvimiento se dirigía firmemente hacia la monogamia.
Suponien
do que no existiera constancia alguna de la
existencia de la familia sindiásmica, considerando la punalúa en un extremo de
la serie y la monógama en el otro podría deducirse la existencia de esa forma
in termedia. Esta ha tenido prolongada duración en la historia del gé nero
humano. Nacida en los confines del salvajismo con la barbarie, recorrió el
período medio y gran parte del superior de ésta, siendo entonces reemplazada
por una baja forma ae la monogamia. En sombreada por los distintos sistemas conyugales
de los tiempos, pudo salir a la luz con el progreso paulatino de la sociedad.
El egoísmo del varón en contraposición con el de la mujer, retardaba la
realiza ción de la monogamia estricta hasta que sobrevino la gran fermen
tación de la mente humana precursora de la civilización.
Con anterioridad a la sindiásmica, habían aparecido
dos formas
de familia que había creado dos grandes sistemas de
consanguinidad o más bien, dos formas distintas de un mismo gran sistema; pero
esta tercera familia ni creó un sistema nuevo ni modificó sensible mente el
viejo. Algunas de las vinculaciones del matrimonio parecen haber sido
reformadas para conformarlas a las de la nueva familia; pero en sus
características esenciales el sistema no sufrió alteración. Es el caso que la
familia sindiásmica continuó durante un período
de duración desconocida, envuelta en un sistema de
consanguinidad falso, en su mayor parte, de acuerdo con los parentescos
efectivos existentes pero que ella era impotente para romper. Esto se debía a
la razón poderosa de que no alcanzaba a la monogamia la fuerza en marcha que
sería capaz de desentrañar esa maraña. No obstante carecer esta familia de su
propio sistema de consanguinidad que le permitiera comprobar su existencia,
como lo tuvieron sus antece sores, así mismo ella ha existido en época histórica
en grandes por ciones de la tierra y subsiste aún en numerosas tribus
bárbaras.
Al expresamos en forma tan positiva sobre los
diversos desenvol vimientos de la familia y su relativo orden, corremos el
riesgo de no ser bien interpretados. Nuestra intención no es la de dar a
entender que una forma haya surgido enterá en un estadio determinado de la
sociedad, e imperado universal y exclusivamente donde hubiesen
LA.SOCIEDADPRIMITIVA463
tribus de la humanidad que se hallaran en el mismo
estadio, para luego desvanecerse en otra que sería la forma siguiente más
elevada. Pueden haberse registrado en la consanguínea casos excepcionales
de la familia punalúa, y viceversa; pueden haberse
registrado en la punalúa casos excepcionales de la sindiásmica y viceversa; v
casos excepcionales de la monógama en la sindiásmica y viceversa. Hasta se
puede conceder que en la misma punalúa hayan aparecido casos
de la monógama, y en la consanguínea casos de la
sindiásmica. Ade más, algunas tribus alcanzaron una forma determinada con
anteriori dad a otras más adelantadas; por ejemplo, los iraqueses, en el es
tadio inferior de la barbarie, ya tenían la familia sindiásmica, pero los
bretones, que se hallaban en el estadio medio, todavía poseían la punalúa. La
alta civilización del litoral del Mediterráneo había propagado a Bretaña artes
e invenciones superiores al desarrollo in telectual de sus habitantes celtas y
que éstos solamente en parte po dían interpretar. Ellos parecen haber sido
salvajes en cuanto a su inteligencia pero con la indumentaria de tribus más
adelantadas. Lo que yo he procurado comprobar y las pruebas parecen ser conclu
yentes es que la familia comienza con la consanguínea en épocas
muy remotas del salvajismo, y que, mediante un
desenvolvimiento progresivo, llegó a la monógama, pasando por dos formas
intermedias perfectamente diseñadas. Cada una fue parcial en su introducción,
luego genera], y finalmente universal en extensas zonas, después de lo cual se
desvanece en la foima inmediata que le sucede, la que,
a su vez, es parcial al comienzo, luego general y
por último universal en las mismas zonas. En la evolución de estas sucesivas
formas, la dirección principal del progreso va de la consanguínea a la monó
gama. Concediendo que haya habido desviaciones de uniformidad
en el progreso a través de las diversas formas, se
verá, asimismo, que, en general, la familia consanguínea y punalúa corresponden
al estadio del salvajismo, aquélla en su condición más primitiva y ésta en la
más alta, mientras que la punalúa subsistió hasta el estadio inferior de la
barbarie; que la sindiásmica corresponde a los estados inferior y medio de la
barbarie y subsistió hasta el superior; y que la monógama corresponde al
estadio superior de la barbarie y con tinúa en el período de civilización.
No será necesario, aún cuando el espacio lo
consintiera, con tinuar el bosquejo de la familia sindiásmica a través de las
tribus bárbaras en general basado en las descripciones parciales de viajeros y
observadores. El lector podrá aplicar los testimonios aducidos, a los casos que
se le presentasen. Entre los aborígenes americanos del estadio inferior de la
barbarie, fue el régimen de familia impe rante, en la época' de su
descubrimiento. Asimismo, no cabe duda
de que fue la forma imperante en los indios pueblos
del estadio medio, a pesar de que los antecedentes suministrados por los
autores
464LEWISH.MORGAN
españoles, son imprecisos y generales. La índole
comunal de sus viviendas colectivas es, por sí sola, testimonio concluyente de
que la familia no había alcanzado a salir del régimen sindiásmico. Ésta no ofrece
ni la individualidad ni la exclusividad que supone la monogamia.
Los elementos de otros países entremezclados con
los de la cul tura nativa, en regiones del hemisferio oriental, crearon un
estado anormal de la sociedad allí donde las artes de la vida civilizada fueron
amoldadas de nuevo, de acuerdo con las aptitudes y nece sidades de salvajes y
bárbaros (408). Ciertas tribus enteramente nó madas presentan también
peculiaridades sociales, nacidas de un ré gimen excepcional de vida, que no se
interpreta bien. La cultura indígena de muchas tribus ha sido detenida, por influjos
derivados de razas más adelantadas, y adulterada hasta cambiar el curso na
tural de su progreso. Como consecuencia, sus instituciones y régimen social han
sido alterados.
El progreso sistemático de-la etnología exige que
el estado de las tribus, tanto bárbaras como salvajes, sea estudiado en su
desenvol vimiento normal en aquellas regiones donde las instituciones de los
pueblos sean homogéneas. Como se ha insinuado en otra parte, Po linesia y
Australia ofrecen los mejores campos para el estudio de la sociedad salvaje. De
sus instituciones, usos, costumbres, inventos y descubrimientos puede
deducirse, casi enteramente, la teoría de la vida salvaje. En la época de su
descubrimiento, América del Norte
y América del Sur ofrecían el terreno más propicio
para el estudio de la condición de la sociedad en los estadios inferior y medio
de
la barbarie. Los aborígenes, un solo tronco por su
sangre y su linaje, con excepción del esquimal, se habían posesionado de un
gran con tinente, más ricamente dotado para la ocupación del hombre que
el hemisferio oriental, salvo en lo que se refiere
a los animales aptos par,a la domesticación. Les ofrecía un amplia campo de
tranquilo
desenvolvimiento. Al parecer, llegaron a él en
estado salvaje; pero la ampliación del régimen de las gentes los puso en.
posesión de los principales gérmenes de progreso de que habían dispuesto los
ante pasados de los griegos y romanos (409). Alejados de este modo en
(408) Muchas tribus africanas, con inclusión de los
hotentotes,. han cono
cido Ja fundición del mineral del hierro, hasta
donde se remonta nuestro conoci miento de ellas. Luego de producir el metal,
mediante procesos primitivos adqui ridos de tribus de otras regiones, lograron
fabricar armas e implementos toscos.
Se
da por sentado el origen asiático de los aborígenes americanos. Pero éste se
consigue como consecuencia de la unidad de origen del género humano, que
también es un postulado, pero al que tienden todos los hechos
de la antropología. Ambas conclusiones descansan en
un cúmulo de antecedentes ds carácter más convincente. Su advenimiento a
América pudo no ser el resul tado de una migración deliberada, sino dé los
accidentes del mar, y de las grandes corrientes oceánicas desde Asia, en
dirección al litoral noroeste.
LASOCIEDADPRIMITIVA465
tan temprana edad, y perdida toda comunicación con
la corriente central del progreso humano, iniciaron su vida en un nuevo
continen te con las modestas cualidades morales e intelectuales de] salvaje.
La evolución independiente de los conceptos primarios que traían
se inició en un ambiente defendido de las
influencias externas. Esto rezá para el desarrollo del concepto de gobierno,
para el de la fa milia y de la, vida de hogar, así como para la propiedad y
las artes de subsistencia. Sus instituciones, inventos y descubrimientos desde
el salvajismo, a través del estadio inferior y hasta el superior de la
barbarie, son homogéneos, y todavía revelan la continuidad de des
envolvimiento de los mismos conceptos originales.
No se podría hallar en ninguna parte de la tierra,
en los tiem pos modernos, una ejemplificación más perfecta del estadio
inferior de la barbarie que la ofrecida por los iraqueses y por otras tribus de
los Estados Unidos al oriente de] Mississippi. Con sus artes indí genas y
típicas, con sus instituciones puras y homogéneas, exhiben, de la manera más
completa, la cultura de dicho período, su altura, sus elementos y sus
potencialidades. Sería necesario efectuar una exposición sistemática de estas
materias, antes de permitir la des aparición de todos estos antecedentes.
En grado más alto, todo esto es igualmente cierto
con respecto
al estadio medio de la barbarie, como lo muestran
los indios pueblos de Nuevo Méjico, Méjico, Centro América, Granada, Ecuador y
Perú,
En ninguna otra parte de la tierra podría
encontrarse en el siglo xvi semejante despliegue de la sociedad en este estadio
con sus nota bles artes e invenciones, su arquitectura perfeccionada, sus
nacien tes manufacturas y su ciencia incipiente, Los investigadores ameri
canos presentan una cuenta muy pobre de la obra realizada en este fértil campo.
En realidad fue una condición perdida de la sociedad antigua que, de pronto, se
reveló a los ojos de Europa, mediante el descubrimiento de América, pero aquélla
no alcanzó a comprender su significación ni llegó a darse cuenta de su
estructura.
Hay otra gran condición de la sociedad, la del
estadio superior de la barbarie, que en la actualidad no se halla ejemplificada
por las naciones existentes, pero que puede encontrarse en la historia y en las
tradiciones griegas y romanas, y, posteriormente, en las tribus germanas. Debe
deducirse, principalmente, de sus instituciones, in ventos y descubrimientos,
aunque también se dispone de un gran número de antecedentes ilustrativos de la
cultura de este período, especialmente en los poemas de Homero.
Cuando se hayan estudiado estas diversas
condiciones de la so
ciedad en las regiones de su mejor ejemplificación,
y se las com prenda íntegramente, el curso del desenvolvimiento humano, desde
el salvajismo hasta la civilización a través de la
barbarie, llegará a ser tan inteligible como una unidad organizada. También se
verá que,
LEWISH.MORGAN
como antes se ha insinuado, el curso de la
experiencia humana ha corrido por canales casi uniformes.
1 .a familia patriarcal de las tribu-s semíticas no
exige sino una breve reseña, por las razones expuestas en otra parte; y ésta se
limi tará a poco más que una definición. Corresponde al período supe rior de
la barbarie, y perduró, durante algún tiempo, hasta después de implantada la
civilización.. Los jefes, por lo menos, practicaban la poligamia; pero ésta no
constituía el principio básico de la ins titución patriarcal. La
característica esencial de esta familia era la agrupación de un número de personas,
libres y serviles, que forma ban una familia sujeta a la autoridad paterna,
constituida con el propósito de mantener la ocupación de tierras y criar
rebaños y ma nadas. Los de condición servil y los que formaban la servidumbre
mantenían relaciones matrimoniales, y, con el patriarca de jefe, cons tituían
una familia patriarcal. El hecho material era la autoridad sobre sus miembros y
sobre sus bienes. Lo que dio a la familia sus atributos de institución original
fue más bien la incorporación de muchos individuos a la condición servil o
dependiente, antes des conocida, más que la poligamia. El fin buscado por este
gran movi miento de la sociedad semítica que creó a esta familia fue la auto
ridad paterna sobre el grupo y, con ella, una individualidad más elevada de las
personas.
Exactamente el mismo motivo fue el que originó la
familia roma
na bajo la potestad paterna (patria potestad), con
la autoridad del padre sobre la vida y muerte de sus hijos y descendientes, así
como sobre la de los esclavos y servidores que constituían su núcleo y le daban
el nombre, y con la propiedad absoluta de todos los bienes obtenidos por ellos.
Eliminando la poligamia, el pater familias era un patriarca, y la familia que
regía, patriarcal. En grado menor, la familia antigua de las tribus griegas
presentaba las mismas caracte rísticas. Ella marca ese momento peculiar del
progreso humano en
el que la individualidad de la persona comienza a
destacarse sobre la gens, dentro de la cual había estado previamente sumergida,
.anhelando una vida independiente y un campo más
extenso de acción individual. Su influencia general tendió generosamente a la
implantación de la familia monógama, la que era esencial para el logro de los
fines apetecidos. Estos caracteres descollantes de la familia patriarcal, tan
distinta de todas las formas anteriormente co nocidas, le dieron a la misma
una posición destacada; pero las for mas hebreas y romanas fueron
excepcionales en la historia del hom bre. En las familias consanguíneas y
punalúa, la autoridad paterna fue tan imposible como desconocida; se inicia en
la sindiásmica
como débil influjo, pero se va afirmando a medida
que ésta se indi vidualiza para consolidarse en la monógama, la cual daba
certidum bre a la paternidad de los hijos. En la familia patriarcl de tipo
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 467
romano la autoridad paterna excede los límites de
lo razonable para caer en un exceso de dominación.
La familia patriarcal hebrea no creó ningún nuevo
sistema de consanguinidad. El sistema turanio armonizaría con una parte de su
parentesco; pero como esta forma de familia desapareció bien
pronto, generalizándose la monógama, fue, en
consecuencia, seguida por el sistema semítico de consanguinidad, como las
griegas y ro manas lo fueron por el ario. Cada uno de los tres grandes
sistemas, el malayo, el turanio y el ario, indican un movimiento orgánico com
pleto de la sociedad, y cada uno demuestra, con certeza infalible, la
existencia de aquella forma de familia cuyos parentescos registró.
V
LA FAMILIA MONOGAMA
Tan constantemente se ha hecho arrancar de la
familia monóga ma al origen de la sociedad, que la fecha relativamente moderna
que ahora se le asigna tiene apariencia de novedad. Aquellos auto res que han
investigado el origen de la sociedad filosóficamente, hallaron difícil concebir
su existencia sin la familia como unidad o concebir la familia misma como otra
que no fuera la monógama. También se hallaron precisados a considerar la pareja
matrimonial como núcleo de una agrupación de personas de la cual una parte era
servil, pero que íntegramente estaba bajo una autoridad, lle gando así a la
conclusión de que, en su primera organización, la familia era patriarcal. Y en
efecto, tal era la forma más antigua
de la institución que se nos ha dado a conocer
entre las tribus lati nas, griegas y hebreas. Así, por los relatos, la familia
patriarcal fue presentada como la familia típica de la sociedad primitiva
conce bida en la forma latina, o bien en la hebrea, siendo la autoridad
paterna la esencia del organismo.
La gens, tal como apareció en el último período de
la barbarie, fue bien comprendida, pero se supuso erróneamente que era pos
terior, en cuanto a tiempo, a la familia monógama. La necesidad
de tener algún conocimiento de las instituciones de
las tribus bár baras, y aún de las salvajes, se hace cada vez mayor para poder
interpretar nuestras propias instituciones. Al dar por sentado que la familia
monógama fue la unidad de la organización del régimen social se consideraba a
la gens como un conglomerado de familias, a la tribu como un conglomerado de
gentes y a la nación como un conglomerado de tribus. El error está en la
primera proposición. Ya se ha explicado que la gens entraba íntegramente en la
fratría,
la fratría en la tribu, y la tribu en Ja nación;
pero la familia no podía l a so c ied a d p r im it iv a 469
entrar íntegramente en la gens, porque el marido y
la mujer per tenecían necesariamente a gentes diferentes. Remontándonos hasta
el período más posterior, la esposa se consideraba de la gens de su padre, y,
entre los romanos, llevaba el nombre de esa gens. Como todas las partes deben
integrar el todo, la familia no podía llegar a ser la unidad de la organización
gentilicia. Ese lugar fue ocupado por la gens. Además, la familia patriarcal,
fuese del tipo romano o del hebreo, era totalmente desconocida durante todo el
período del sal vajismo, en el período inferior y, probablemente, también en
el me dio, y hasta muy adelantado el período posterior de la barbarie. Después
de la aparición de la gens transcurrieron siglos, y aun pe ríodo tras período,
antes de que la familia monógama tuviese exis tencia. No quedó firmemente
establecida sino después de iniciada la civilización.
Su aparición moderna entre las tribus latinas se
puede inferir de la significación del vocablo familia derivado de familia que
contiene los mismos elementos que famulus sirviente, que se su pone derivó del
oseo famell = servus, esclavo (410). En su sentido primitivo el vocablo familia
no tenía relación con la pareja unida
en matrimonio y sus hijos, sino con el conjunto de
esclavos y sir
vientes que trabajaban para su mantenimiento y que
se hallaban
bajo la autoridad del pater familias. El vocablo
familia, en algunas
disposiciones testamentarias, se emplea como
sinónimo de patri-
monium, que es la herencia que pasa al heredero
(411). Fue intro
ducido en la sociedad latina para definir una nueva
organización,
cuya cabeza mantenía bajo autoridad paterna a la
esposa, hijos y
servidumbre. Mommsen emplea la frase cuerpo de sirvientes
como equivalente de la significación latina de
familia (412). Este término, pues, y el concepto que encierra no cuentan más
antigüe dad que la de la férrea organización de la familia, de las tribus la
tinas, que fue posterior, en su advenimiento, al cultivo de los cam pos y á la
servidumbre legalizada, como también posterior a la separación de los griegos y
latinos. No es posible descubrir ahora si la familia anterior fue designada con
otro nombre.
En dos formas de familia, a saber, en la
consanguínea y en la punalúa, la autoridad paterna era imposible. Cuando la
gens surgió en el grupo punalúa reunió a las hermanas con sus hijos y descen
dientes por la línea femenina a perpetuidad en una gens, la que vino a ser la
unidad de organización en el régimen social que ella creó. De aquí se
desenvolvió gradualmente la familia sindiásmica,
Famuli
origo ab Oscis dependet, apud quo servus Famul nomina-buntur, unde familia
vocata. Festo, pág. 87.
Amicó
familiam suam, id est patrimonius suum mancipio dabat. Gayo, Institutes, II,
102.
History
of Rome, 1. c. 1, 95.
470LEWISH.MORGAN
y con ella el germen de la autoridad paterna. El
crecimiento de
esta autoridad, al principio débil y fluctuante, se
inició entonces y aumentó firmemente a medida que la nueva familia adquiría más
y más las características de la monogamia con el
progreso ascen dente de Ja sociedad. Cuando se comenzó a crear la propiedad en
masa,, y el anhelo de su transmisión a los hijos había cambiado la descendencia
de la línea femenina a la masculina, se estableció por vez primera una base
real para la autoridad paterna. En el momento en que nos enfrentamos con las
tribus hebreas y latinas existía entre las primeras la familia patriarcal del
tipo hebreo, y entre las segundas la del tipo romano, basadas ambas eii el
vasa llaje limitado o absoluto de un número de personas, con sus fami lias,
todas las cuales, juntamente con las esposas e hijos del pa triarca, en un
caso, y del pater familias en el otro, estaban sujetas a la autoridad paterna,
Fue un desenvolvimiento excepcional y en
la familia romana excesivo de la autoridad paterna,
que lejos de ser universal quedó en su mayor parte circunscrita a los pueblos
citados. Gayo declara que la autoridad del padre romano sobre sus hijos era
peculiar a los romanos, y que, en general, ningún otro pueblo la registraba
(413).
Bastará presentar unos cuantos ejemplos de la
primitiva familia monógama, tomados de autores clásicos, para dar una idea del
ca rácter de la misma. La monogamia aparece en forma definida en el
S eríodo superior de la barbarie. Algunas de sus
características se abían incorporado sin duda, en épocas anteriores, a la forma
pre
via de familia sindiásmica; pero el rasgo esencial
de la monógama, es decir, la cohabitación exclusiva, no puede señalarse en la
sin diásmica.
Uno de los casos más remotos e interesantes ío
presenta la fa
milia de los antiguos germanos. Sus instituciones
eran homogéneas y naturales, y el pueblo se encaminaba hacia la civilización.
En breves líneas. Tácito expone sus costumbres referentes al matrimo nio, pero
sin dar la composición de la familia ni definir sus atribu tos. Después de
expresar que el matrimonio era estricto entre ellos, y declararlo digno de
aplauso, añade, además, que ellos quizá el único caso entre los bárbaros se
contentaban con una sola esposa, exceptuando algunos que llegaron al matrimonio
plural, no por sen sualismo, sino por el rango que ocupaban. Afirma que la
esposa
no aportaba dote al esposo, sino éste a aquélla...
un caballo apare jado y un escudo, con una lanza y una espada; y que en mérito
a
Item
in potestate nostra sunt liberi nostri, quos justis nuptiis pro-creauimus, quod
jus propium ciuium Romanorum est: fere enim nulli alii sunt tomines, qui talem
in filios suos habent potestatem qualem nos habemus. Ins titutes, I, 55. Entre
otros derechos poseían el de vida y muerte-jus vitae necisqu e
LASOCIEDADPRIMITIVA471
estos dones quedaba desposada la mujer (414). Estas
dádivas, que tenían carácter de regalos interesados, se ofrecían probablemente,
en épocas anteriores, a los parientes gentilicios de la desposada, pero ahora
se le entregaban a esta misma.
Más adelante menciona los dos hechos principales
sobre los
cuales descansa sustancialmente la monogamia (415).
Primero, que
cada individuo se contentaba con una sola esposa
(singulis uxoribus
contenti sunt), y segundo, que las mujeres vivían
cercadas de cas
tidad (septae pudicitia agunt). Por lo que se
conoce de la condición
de la familia en diferentes períodos étnicos,
parece probable que
esta organización de los antiguos germanos fue
demasiado débil
para poder afrontar sola las dificultades de la
vida; y que, en con
secuencia, se amparaba en un hogar comunal,
compuesto de fami
lias vinculadas. Cuando llegó a establecerse la
esclavitud, estos ho gares fueron desapareciendo. La sociedad germana de este
tiempo
no se hallaba aún lo bastante avanzada como para
poder presentar un tipo elevado de la familia monógama.
En cuanto a los griegos de Homero, la familia, si
bien monóga
ma, era de tipo inferior. El marido exigía a la
mujer castidad, lo
que intentaba lograr, en parte, por la reclusión;
pero no reconocía
la obligación recíproca, mediante la cual
únicamente podía asegu
rar en forma permanente aquélla. Abundan en los
poemas de Ho
mero los testimonios de que la mujer disfrutaba de
escasos derechos
que el hombre debiera respetar. Aquellas mujeres
cautivas que los
caudillos griegos en camino a Troya llevaban
prisioneras en sus bar
cos eran libradas a sus pasiones sin freno. Ya sean
reales o ficticios
los hechos narrados en los poemas, pueden, de todos
modos, ser
considerados como reflejos verídicos de los
tiempos. Aunque las
personas fuesen cautivas, ellos reflejan el bajo
nivel en que se colo
caba a la mujer. Su dignidad era desconocida y sus
derechos per
sonales no tenían garantía. Para aplacar el encono
de Aquiles; Aga
menón, en el consejo de jefes griegos, propone que
se le dé, entre
otros presentes, siete mujeres lesbias de- la más
destacada belleza,
reservadas para él mismo del botín de esa ciudad,
estando la misma
Briseia incluida en el número; si se apoderaban de
Troya, tendría
también el derecho de escoger veinte mujeres
troyanas, las más be
llas después de la argiva Helena (416). Belleza y botín era la
divisa de la edad heroica, proclamada sin recato.
El trato que daban
a sus cautivas refleja la cultura de la época
respecto a la mujer en
general. El hombre que no tenía para nada en cuenta
los derechos
Germania,
c. 18.
Ib.,
c. 19.
Iliada
IX. 128.
472LEWISH.MORGAN
paternales, maritales y personales de sus enemigos
no podía haber alcanzado un concepto muy -elevado de los suyos propios.
Al describir la vida del campamento del célibe
Aqúiles v de su amigo Patroclo, Homero creyó que cuadraba al carácter y
dignidad de Aquiles en calidad de jefe mostrar que dormía en el interior, de su
espléndida tienda y que a su lado yacía una mujer, Diómeda, a quien él había
traído desde Lesbós; y que frente a él descansaba Patroclo, en brazos de la
hermosa Iris, regalo del noble Aquiles,
3 uien la había hecho cautiva en Syra (417). Tales
usos y costumbres e parte de lo s casados y los solteros, citados con
aprobación por
el gran poeta de la época, y consagrados por el
sentimiento pú blico, tienden a demostrar que la monogamia que pudiera haber
se apoyaba en una obligación impuesta a la esposa, mientras que el esposo, en
la gran mayoría de los casos, no la practicaba. Esta familia tenía tantas
características sindiásmicas como monógamas. Se supone que la situación de la
mujer en la edad heroica ha sido más favorable, y su posición en el hogar más
honrosa de lo que lo habían sido en los comienzos de la civilización, y aún des
pués, en sus mayores desenvolvimientos. Puede haber sido cierto en un período
anterior, previo al cambio de la descendencia a la línea masculina, pero en la
época a la que nos refiriéramos no parece ha ber existido mayor fundamento
para sostener la tesis. Se había pro ducido un gran cambio favorable ,a los
medios y modos de vida, pero sirvió para destacar la verdadera estimación que
se le acordaba a la mujer en el período posterior de la barbarie.
En otro lugar se ha hecho notar el hecho de que
cuando la des cendencia fue cambiada de la línea femenina a la masculina,
resultó perjudicial para la posición y los derechos de la madre y esposa. Sus
hijos fueron trasladados de la gens de ella a la de su marido, y ella enajenó
sus derechos agnaticios sin recibir una compensación equivalente. Antes del
cambio, con toda probabilidad, los miembros de su propia gens predominaban en
el hogar, lo que daba pleno vi gor al vínculo materno, y hacía que la mujer, más
que el varón, fuese el centro de la familia. Después del cambio, ella se
hallaba sola en el hogar de su esposo, aislada de su parentela gentilicia. Esto
tiene que haber debilitado el vínculo materno y contribuido poderos,amente a
rebajar su posición y detener su progreso en la es cala social. En las clases
prósperas, su condición de reclusión for zosa, unida al objeto primario
declarado del matrimonio, es decir, a la procreación de hijos de matrimonios
legalizados, permite inferir
a re su posición era menos desfavorable en la edad
heroica que en período subsiguien te, respecto al cual nuestros conocimientos
son más completos.
(417) lita d a IX . 663.
LA.SOCIEDADPRIMITIVA473
En todo momento predominó entre los griegos un
principio de egoísmo calculado de parte de los varones tendientes a menguar la
estimación de la mujer, apénas visible entre los salvajes. Se revela
en su régimen de vida doméstica, el cual, en las
clases superiores recluía a la esposa para imponer la cohabitación exclusiva,
sin re conocer la reciprocidad de esta obligación por parte del marido.
Esto implica la existencia previa de un régimen
conyugal del tipo turanio, contra el cual aquel se oponía con una barrera. Tan
pode rosamente los usos de siglos habían impreso en la mente de la mu jer
griega el sentimiento de su inferioridad, que no había podido reaccionar ni aún
en el último período del poderío griego. Quizá
fuese uno de los sacrificios exigidos a la mujer, a
fin de llevar a esta porción de la raza humana, desde la familia sindiásmica a
la monó gama. Subsiste siempre el enigma de qufe una raza dotada de po
tencias tan magnas como para que ella imprimiera su vida mental al mundo,
asimismo permaneciera tan esencialmente bárbara en el
.apogeo de su civilización, en lo que se refiere al
modo de considerar al sexo femenino. La mujer no era tratada con crueldad ni
con gro sería dentro del campo- ae los privilegios que se le reconocían; pero
su educación era superficial. Le estaba vedado el trato con el sexo opuesto y
su inferioridad era inculcada como principio hasta que llegó a arraigarse en el
espíritu de la mujer misma. La esposa no era la compañera de su marido, ni su
igual, sino que ocupaba con respecto a éste una posición de hija suya,
desconociéndose así el principio fundamental de la monogamia, tal como esta
institución debe ser interpretada en su forma más elevada. La esposa, necesa
riamente, debe ocupar el mismo plano que su marido en cuanto a dignidad,
derechos personales y posición social. Podemos así dar nos cuenta a qué precio
en experiencia y en conformidad se ha con quistado esta gran institución de la
sociedad moderna. Nuestra información respecto a la condición de la mujer
griega
y de la familia griega durante el período histórico
es completamen te amplia y precisa. Becker, con la maravillosa penetración que
ca racteriza a sus obras, ha reunido los hechos principales y los ha pre
sentado con claridad y vigor (418). Su exposición, aún cuando no
(418) La siguiente exposición sintetizada tomada de
Candes (Excursus XII,
ed. Longman, trad, de Metcalfe), contiene los
principales hechos que ilustran es te
asunto. Después de expresar la opinión de que las
mujeres de Homero ocupaban en el hogar una posición de más viso que la de las
mujeres del período histó rico, sienta los siguientes postulados respecto a la
condición de la mujer, partic u
larmente en Atenas y Esparta, en el período
culminante de la cultura griega. Manifiesta que la única cualidad que se le
atribuía no difería mucho de la de
un siervo fiel (pág. 464); que su absoluta falta de
independencia hacía que se la considerara toda su vida menor de edad; que no
había ni instituciones educa tivas para niñas, ni maestros o institutrices en
la casa, quedando librada toda su educación a la madre o a las ayas, y limitada
al arte del telar y otros me-
474LEWISH.MOBGAN
nos suministra una representación_completa de la
familia de la épo ca histórica, hasta asimismo para hacer resaltar la gran
diferencia entre la familia griega y la moderna, y también para indicar la con
dición de la familia monógama en las primeras etapas de su des arrollo. Entre
los hechos expuestos por Becker hay dos que merecen
ncsteres femeninos (pág. 465); que se hallaban casi
del todo privadas del factor más esencial de la cultura femenina el trato con
el otro sexo , estando ex cluidos tanto los extraños como los parientes
cercanos. Los mismos padres y esposos las veían poco, pues los hombres más
estaban fuera que dentro de su casa, y en ésta habitaban departamentos propios;
que el gineceo, sin ser preci
samente una prisión, ni tampoco un harem
clausurado, era aún el alojamiento limitado que se destinaba para toda la vida
a los miembros femeninos del hogar; que esto rezaba en especial para las
doncellas que sufrían la mayor reclusión basta su matrimonio, y que estaban,
por decirlo así, permanentemente bajo llave (pág. 465); que era mal visto que
la joven esposa saliera de la casa sin conocimiento de su marido, y de hecho
rara vez salía de ella, quedando así limita
da a la sociedad de sus esclavas; y que su esposo,
que así lo quería, tenía facultad para mantenerla confinada (pág. 466); que en
aquellos festivales, de los cuales lo s
hombres estaban excluidos, las mujeres gozaban de
la oportunidad de verse, tanto más grata para ellas teniendo eto cuenta su
aislamiento regular que tantas restric ciones dificultaban la salida de su
casa; que ninguna dama respetable pensaría en salir sin la compañía de su
esclava, que el marido le asignaba para ése preciso fin (pág. 469); que este
régimen de vida hacía que las niñas fuesen excesiva mente cortas de genio y
aun gazmoñas, y hasta la mujer casada se sobresaltaba y sonrojaba si, por una casualidad,
era vista en la ventana por algún varón
(página 471); que el matrimonio con respecto a la
procreación de hijos, era
considerado por los griegos como una necesidad
impuesta por sus deberes
para con los dioses, el Estado y sus ascendientes;
que por lo menos hasta una
época muy avanzada no se atribuía al matrimonio
ninguna consideración más
elevada, ni un gran cariño era causa frecuente de
casamiento (pág. 473); que
cualquiera inclinación que se experimentase, nacía
del sensualismo; y no se
reconocía entre marido y mujer otro amor que el
sexual (pág. 473); que en
Atenas, y probablemente también en los otros
estados griegos, la generación
de hijos era considerada el fin principal del
matrimonio, basándose muy rara
mente la elección de la novia en un trato previo o,
por lo menos, íntimo;
y era más importante la posición de la familia de
la doncella y la cuantía de la dote, que sus cualidades personales; que tales
matrimonios no eran propi cios a la existencia de un verdadero cariño, de
donde frecuentemente reinaba
la frialdad, la indiferencia y el descontento (pág.
477); que el marido y la mujer comían juntos siempre que ningún otro hombre
comiera con el amo de la casa,
pues ninguna mujer que no quisiera ser tenida por
cortesana consentiría, ni con el pensamiento, en participar de la symposia de
los hombres o estar presente si el marido, por casualidad, invitaba a comer a
un amigo (pág. 490); que la obliga ción de la esposa era la administración de
toda la casa y la crianza de los hijos de los varones hasta tanto se les ponía
maestro, y de las hijas hasta que se casa ban; que la infidelidad de la esposa
caía bajo sanciones rigurosas; y aun cuando cabía pensar que la reclusión
estricta de las mujeres les impediría ser infiel, no les faltaba ocasión para
engañar al esposo; que la ley imponía la regla de conti
nencia de una manera muy desigual; pues mientras el
esposo exigía a la esposa la más estricta fidelidad y castigaba severamente
cualquiera falta de ella, él se permitía el trato con las hetairas, cuya
conducta, si bien no merecía apro bación directa tampoco caía bajo censuras
severas, y mucho menos era repu tada como violación de las obligaciones
matrimoniales (pág. 494).
LASOCIEDADPRIMITIVA475
consideración especial: primero, la afirmación de
que el objeto prin cipal del matrimonio era el de la procreación de hijos en
uniones legítimas; y segundo, la reclusión de la mujer para lograr este objeto.
Existe íntima relación entre los dos, y proyectan cierta luz sobre la condición
anterior de la cual habían surgido. En primer lugar, el sentimiento amoroso era
desconocido entre los bárbaros. Ellos no
han alcanzado aún el nivel de este sentimiento, que
es engendro de la civilización y un refinamiento sobreañadido. Los griegos, en
gene ral, como resulta de sus costumbres matrimoniales, no habían alcan zado
la concepción de este sentimiento, si bien, naturalmente, hubie ron numerosas
excepciones. En la estimación de los griegos, el va limiento físico era la
medida de todas las bondades que la mujer era capaz de poseer. Por
consiguiente, el matrimonio no se fundaba en
el sentimiento, sino en la necesidad y en el deber.
Son las mismas consideraciones que imperaban entre los iroqueses y aztecas. En
rigor, se originaron en la barbarie y descubren la condición bárbara ante rior
de lps antecesores de las tribus griegas. Causa extrañeza que bas taran para
colmar el ideal griego de la relación de familia, en medio de su civilización.
En realidad fue el desarrollo de la propiedad y
el deseo de que fuese transmitida a los hijos lo
que hizo de fuerza motriz para introducir la monogamia como medio de asegurar
here deros legítimos y limitar su número a la progenie efectiva de la pare ja
conyugal. Ya en la familia sindiásmica comenzaba a tomar forma el concepto de
la paternidad de los hijos, y es evidente que de ella
fue derivación la Forma griega, pero no había
logrado el grado ne
cesario de certidumbre a causa efe la supervivencia
de cierta porción
de la antigua fura confugialia. De ahí la
explicación del nuevo uso
que aparece en el estadio superior de la barbarie,
a saber, la reclusión
de las esposas. Un indicio en este sentido surge de
la circunstancia de que en ese tiempo debió existir una necesidad para la
reclusión de la esposa, de carácter tan imperativo que el plan de vida domés
tica de los griegos en realidad fue un régimen de confinamiento y restricciones
para la mujer. Si bien los antecedentes citados rezan más especialmente con las
clases prósperas, el espíritu que trasluce era sin duda general.
Ocupándonos ahora de la familia romana, la
condición de la mujer es más favorable, pero su subordinación es la misma.
Gozaba de un tratamiento respetuoso, tanto en Roma como en Atenas, pero en la
familia romana su influencia y autoridad eran mayores. En su calidad de mater
familias era el ama de la familia. Salía a la calle libremente y sin
restricciones de parte de su marido, y frecuentaba con los varones los
teatros,. banquetes y festivales. Dentro de la casa no estaba confinada a un
aposento especial, ni tampoco estaba excluida de la mesa de los hombres. La
ausencia
de las peores restricciones impuestas a las mujeres
griegas favorecía
LEWISH.MORGAN
]a radicación de un sentimiento de dignidad
personal y de inde pendencia en las mujeres romanas. Expresa Plutarco que
después
de la paz con los sabinos, realizada por el
esfuerzo de las mujeres sabinas, les fueron conferidos a éstas varios
privilegios honrosos; los hombres debían cederles el paso al encontrarlas en la
ealle, no debían proferir palabras groseras en presencia de mujeres, ni pre
sentarse desnudos ante ellas (419). Sin embargo, el matrimonio co locaba a la
esposa bajo la dependencia de su marido (in manum viri), aparentemente por la
noción de que debía continuar bajo su jeción, una vez que se había emancipado
de la autoridad paterna,
a raíz de su matrimonio. El marido trataba a su
esposa como a una hija y no como a su igual. Además, tenía autoridad para
castigarla y derechos de vida y muerte en caso de adulterio; pero el ejercicio
de estos últimos parecen haber estado sujetos al acuerdo del con sejo de la
gens de la mujer.
A diferencia de otros pueblos, los romanos poseían
tres formas de matrimonio. Todas por igual colocaban a la esposa en manos de su
maridó, y reconocían como objeto primordial de la institución la procreación de
hijos en matrimonios legalizados (libcrorum que-rendorum causa) (420). Estas
formas (confarreatio, coemptio ij usus) perduraron durante la existencia de la
república, pero desaparecie ron bajo el imperio, con la adopción general de
una cuarta forma, el matrimonio libre, que no colocaba la esposa bajo la
dependencia del marido. El divorcio a opción de las partes existió desde los
pri meros períodos, característica ésta de la familia sindiásmica, y pro
bablemente derivada de ésta. Pero, sin embargo, no
fue frecuente hasta casi las postrimerías de la república (421).
Es muy general la idea de que la licencia que
imperaba en las ciudades romanas y griegas en la época culminante de su
civiliza ción era un retroceso desde una condición más elevada y pura de.
virtud y moralidad. Pero el hecho admite una explicación,diferente,, o por lo
menos modificada. Ellos nunca habían alcanzado, en él
Vit.
Rom., c. 20.
Quintiliano.
Con
respecto a la fidelidad conyugal de las mujeres romanas, dice
Bécker: que en los primeros tiempos eran raros los
excesos de una u otra parte , lo que sólo puede admitirse como conjetura; pero
cuando comenzó a decaer
la moralidad hallamos .grandes faltas a esta
fidelidad, y los hombres y las mu
jeres rivalizaban en lascivos abandonos. El recato
originario de las mujeres se
hacía más raro, a la vez que crecían el lujo y el
despilfarro, y se podía decir
de muchas mujeres lo que dijo Clitipo lamentándose
de sus Bacchis (Ter.,
Heaut, II, 1, 15), Mea
est petax, procax, magnifica, sumptuosa nobilis . Muchas
damas romanas, en compensación por el desvío del
marido, tenían su amante
propio, quien simulando ser el procurador de la
dama la acompañaba constan
temente. Como consecuencia natural, el celibato se
difundía cada vez más entre los hombres, y reinaba la mayor ligereza respecto
al divorcio . Gallus Excursus, I, pág. 155., ed. Longman, trad. Metcalf.
LASOCIEDADPRIMITIVA477
mutuo trato de los sexos, una moral pura de la cual
luego decaye ran. Reprimida o moderada durante la guerra y la lucha que hicie
ron peligrar la existencia nacional, la licencia revivió con la paz y con la
prosperidad, porque los elementos morales de la sociedad no se habían levantado
contra ella para extirparla. Esta licencia era, probablemente, resabio de un
antiguo régimen conyugal que nunca
se había podido -desarraigar completamente y que
había persistido desde la barbarie como lacra social, y que ahora manifestaba
sus excesos en la nueva corriente de hetaírismo. Si los griegos y roma nos
hubiesen .alcanzado a comprender y respetar la equidad de la monogamia, en
lugar de recluir las esposas en el gineceo, en un caso, y de mantenerlas
sujetas en otro, es justo pensar que su aspecto so cial hubiera sido
diferente. Desde que ni uno ni otro habían alcan zado una moral más elevada no
tenían mayor motivo para deplorar
la decadencia de la moral pública. La sustancia de
la explicación estriba en el hecho de que ninguno de los dos reconocían en su
in tegridad el principio de la monogamia, que era la única que podía asentar
sus respectivas sociedades sobre una base moral. La des trucción prematura de
la vida étnica de estas razas descollantes se debe, en no escasa medida, al
hecho de no haber desarrollado y utilizado las capacidades mentales, morales y
conservadoras de la inteligencia femenina, las que eran no - menos necesarias
que las propias para su progreso y conservación. Después de una prolongada
experiencia en la barbarie, durante la cual se habían conquistado los restantes
elementos de la civilización, murieron políticamente tras una breve carrera, al
parecer por la algazara de la nueva vida que se habían creado.
Entre los hebreos, mientras que en los primeros
tiempos la fa milia patriarcal era común a los jefes, la monógama, en la cual
la patriarcal no tardó en disolverse, era común al pueblo. Pero con respecto a
la constitución de la última y las relaciones del marido y mujer en la familia,
los antecedentes son escasos.
Sin que sea necesario multiplicar los ejemplos, se
comprende fá cilmente que la forma que presenta la familia monógama en los co
mienzos de la época clásica es el resultado de un
desarrollo produ cido desde un tipo más bajo, y que durante la época clásica
adelantó sensiblemente, si bien no llegó a alcanzar aún su tipo más elevado.
Evidentemente surgió de una forma anterior de familia, la sindiásmíca, como su
germen inmediato, y mientras se iba desen-volviendo con el progreso humano aún
no lograba asir en la época clásica su verdadero ideal. Su forma más alta y
completa conocida no fue alcanzada, por lo menos, hasta los tiempo modernos. La
des cripción de la sociedad en el estadio superior de la barbarie, que han
dejado los primeros historiadores, supone la práctica general de la monogamia,
pero acompañada de las circunstancias que in-
LEWISH.MORGAN
dicaban que era la familia monógama del futuro
luchando por su existencia bajo influencias adversas, pobre en vitalidad, en
dere chos y en inmunidades, y envuelta todavía en los restos de un anti guo
régimen conyugal.
Así como el régimen malayo exponía los parentescos
que exis
tían en la familia consanguínea y el turanio los
que correspondían a la punalúa, el ario expresaba los que existían en la
monógama, descansando cada familia sobre un regimen diferente y distinto de
matrimonio.
Dentro de nuestros conocimientos actuales no se
puede demos
trar en forma absoluta que anteriormente las
familias aria, semítica y uralia de la humanidad hubiesen practicado el sistema
turanio de consanguinidad y que éste cayera en desuso con la monogamia.
Sin embargo, tal es la presunción que surge de los
hechos conocidos. Todos los testimonios la señalan tan decisivamente que
excluyen toda otra hipótesis. En primer término, la organización en gentes tuvo
su origen natural en la familia punalúa, donde un grupo de hermanas, casadas
con los maridos de cada una de ellas creaba con sus hijos y descendientes por
la línea femenina la exacta circuns cripción, así como también el cuerpo de
una gens en su forma ar caica, Los primeros antecedentes históricos de la familia
aria la pre sentan organizada en g entes, lo que sienta la presunción de que
cuando era un pueblo indiviso se hallaba organizado en tal forma.
De este hecho nace esta presunción: que ellos
habían heredado la organización de sus antepasados remotos que vivieron bajo
ese mis mo régimen punalúa, el cual dio ser a esta institución tan notable
como difundida. .Además, el régimen turanio de consanguinidad to davía se
halla ligado a la gens en su forma arcaica, entre los abo rígenes americanos.
Esta conexión natural subsistiría inalterada has ta tanto sobreviniera un
vuelco en las costumbres sociales, tal como el que produjo la monogamia, con
energía suficiente como para desalojar a aquél. En segundo lugar existen en el
régimen ario de consanguinidad algunos indicios que señalan la misma
conclusión. Sería justo pensar que una gran parte de la nomenclatura turania
desaparecería bajo la monogamia si este régimen hubiese imperado antes entre
las naciones arias. La aplicación de sus términos a las categorías de personas
cuyo parentesco sufriría ahora distinción, im pondría' su abandono. Fuera de
esta hipótesis es imposible explicar la pobreza de condición de'la nomenclatura
originaria del régimen ário. Todo lo que hay de ella común en los diversos
dialectos arios son los vocablos con que se designan al padre y a la madre, .al
her mano y a la hermana, al hijo y a la hija; y un término común (sáns crito,
naptar; latino, nepos; griego, anepsios) aplicado indistinta mente al sobrino,
al nieto y al primo. Jamás hubieran podido alcanzar la posición de adelanto que
implica la monogamia con se-
LASOCIEDADPRIMITIVA479
mejante nomenclatura, tan pobre para los
parentescos consanguíneos. Pero con un sistema anterior, análogo al turanio, se
explica este empobrecimiento. Los términos para hermano y hermana tenían
ahora valor abstracto y eran creaciones nuevas,
porque estos paren tescos, bajo el sistema turanio, se concebían generalmente
como mayores y menores, y los diversos términos eran aplicados a cate gorías
de personas, comprendiendo a las que no eran hermanos y hermanas propios. En el
sistema ario se borra esta distinción y, por vez primera, se conciben estos
parentescos en abstracto. Bajo la mo nogamia los viejos términos no tenían
aplicación, porque se refe rían a los colaterales. No obstante, en el sistema
uralio, todavía se descubren resabios de un régimen turanio anterior, como
entre los húngaros, quienes clasifican a los hermanos y hermanas en mayores
y menores con vocablos especiales. En francés
también, además de frére y soeur, tenernos: ainé, hermano mayor; pune y cadet,
herma no menor, y ainée y cadette, hermana mayor y hermana menor. Así, también
hallamos en el sánscrito agrajar y amujar y agrajri y anwjri para estos mismos
parentescos; pero no me consta si los últimos pro vienen del sánscrito o de
fuentes aborígenes. En los dialectos arios los términos para designar al
hermano y a la hermana son las mismas palabras cambiadas dialécticamente, habiendo
los griegos substituido adelphos por phrater. Si en un tiempo existieron en
estos dialectos términos comunes para hermanos mayores y menores, su anterior
.aplicación a las categorías de personas los
habrían hecho inaplica bles, como una distinción excíuyente, a los hermanos y
hermanas propios. La desaparición en el sistema ario de este rasgo notable y
hermoso del turanio exige la acción de un móvil enérgico que estaría explicado
por la previa existencia y abandono del sistema turanio. Seria difícil
encontrar otro. No es admisible que las naciones arias carecieran de un término
para abuelo en su lengua primitiva, siendo éste un parentesco universalmente reconocido
por las tribus salvajes y bárbaras; no existe, empero, un término común en los
dialectos arios para este parentesco. En sánscrito tenemos pitameha; en grie
go, pappos; en latín, avus; en ruso, djed; en galense, hendad, que es vocablo
compuesto, como el grossvader y el grandfather inglés. Estos vocablos son
radicalmente diferentes. Pero con un término, en su sistema anterior que se
aplicaba no sólo al abuelo propio, a sus hermanos y primos varones, sino
también a los hermanos y a todos los primos varones de la abuela, éste no
podría haber sido creado para significar, bajo la monogamia, un abuelo y
progenitor lineal. Su abandono debía producirse con el transcurso del tiempo.
De esta manera puede explicarse satisfactoriamente la carencia de un tér mino
que designe este parentesco en la lengua primitiva. Finalmen te, no se
registran en los dialectos .arios términos comunes para tío y tía en abstracto
ni términos especiales para tío y tía por parte de
480LEWISH.MORGAN
padre y por parte de madre. Tenemos pitrova, pairos
y patruus para designar al tío paterno en sánscrito, griego y latín; stryc, en
eslavo, y un término común, earn, oom y oheim, en anglosajón, belga y ale mán,
y no tenemos ninguna en celta. Es igualmente inconcebible
que no hubiese en la lengua originaria aria un
término para tío ma terno, parentesco tan destacado por la gens entre las
tribus bárba ras. Si su régimen anterior hubiese sido el turanio habría
existido necesariamente un término para este parentesco, pero restringido a los
hermanos propios de la madre y a todos sus primos varones. Su aplicación a tal
número de personas en una categoría, muchas de
las cuales podrían no ser tíos bajo el régimen
monógamo, impon dría, por las razones ya dadas, su abandono. Es evidente que
algún sistema anterior debió ceder sü lugar ,al ario.
Admitiendo que las naciones arias, semíticas y
uralias hubiesen tenido anteriormente el sistema turanio de consanguinidad, la
tran sición de éste a un sistema descriptivo era sencilla y natural, una vez
que el sistema viejo resultase, por la acción de la monogamia, impropio para el
nuevo régimen de descendencia. Bajo la monogamia todo parentesco es específico.
El nuevo sistema organizado, bajo tales circunstancias, describiría la persona
a base de los términos primarios o de una combinación de éstos, tal como hijo
del hermano por sobrino, hermano del padre por tío e hijo del hermano del padre
por primo. Tal fue el sistema que originó el actual régimen de las familias
aria, semítica y uralia. Las generalizaciones que actualmente contienen fueron
introducidas posteriormente. Todas las tribus que siguen el sistema turanio al
ser interrogadas sobre la calidad de pa rentesco de una persona emplean la
misma fórmula para describirla. Siempre existió en el turanio y en el malayo un
sistema descriptivo idéntico al ario, no como régimen de consanguinidad, sino
como me dio de señalar parentescos. Es evidente, por la condición empobre
cida de las nomenclaturas de las naciones aria, semítica y uralia, que ellas
tendrían que haber rechazado algún sistema anterior de con sanguinidad. Es,
por lo tanto, una conclusión razonable la que sos tiene que cuando el régimen
monógamo se generalizó, estas naciones volvieron al viejo sistema descriptivo
siempre en uso en el régimen turanio, y dejaron extinguirse el sistema anterior
por inútil e inexac to respecto a las descendencias. Ésta sería la forma
natural v obvia de la transición del sistema turanio al ario, y ofrece una
explicación satisfactoria, tanto del origen como del carácter peculiar de este
último.
A fin de completar la exposición de la familia
monógama en re lación con el sistema ario de consanguinidad, será preciso
presentar este sistema con algunos detalles, como se ha hecho ya en los dos ca
sos anteriores.
El cotejo de sus formas en los diversos dialectos
arios descubre
LASOCIEDADPRIMITIVA481
que el que originó el sistema actual fue un sistema
puramente des criptivo (422). El erse, que es la forma típica aria, y el
estonio, que es la típica uralia, son todavía descriptivos. En el érse los
únicos términos que existen para designar los parentescos consanguíneos
son los primarios, a saber: los de padre y madre,
hermano y herma na, hijo e hija. Todos los demás parentescos se describen por
medio de éstos, pero comenzando por el orden inverso; así, hermano, hijo de
hermano e hijo de hijo de hermano. El sistema ario expresa los parentescos
efectivos bajo la monogamia, dando por sentado que es conocida la paternidad ae
los hijos.
Con el transcurso del tiempo fue injertado en el
nuevo sistema un método de descripción esencialmente diferente del celta, pero
que no modificó sus rasgos principales. Fue introducido por los ci vilistas
romanos para perfeccionar la estructura del código de des cendencias, hecho al
cual debemos su existencia. Su método perfec cionado ha sido adoptado por las
diversas naciones arias a las que alcanzara la influencia romana. El sistema
eslavo exhibe algunas características peculiares evidentemente del origen
turanio (423). Para conocer históricamente nuestro sistema actual, es preciso
recurir al romano, tal como aparece perfeccionado por los civilistas (424). Los
agregados fueron pocos, pero cambiaron el método de la descrip ción de
parentescos. Consistieron principalmente, como ya se ha
dicho, en la distinción de los parentescos de tío y
tía por parte de padre y por parte de madre, inventándose términos para
expresar estos parentescos en concreto; y en la creación del término de abue
lo para emplearlo como correlativo de nepos. Con estos términos y los primarios
acompañados de prefijos apropiados, lograban siste matizar los parentescos en
la línea directa y en las primeras cinco colaterales, las que comprendían la
masa de los parientes de todo individuo. El sistema romano es el más perfecto y
científico de con sanguinidad bajo la monogamia que haya aparecido hasta
ahora, y
se lo ha hecho más notable aún con la invención de
un número poco común de términos que expresan los parentescos creados por el
ma trimonio. Él nos da a conocer mejor que el anglosajón o el celta el nuestro
propio, que ha adoptado sus perfeccionamientos. En un cua dro al final de este
capítulo están colocadas, una junto a otra, las formas latina y árabe, como
ejemplos respectvios de los sistemas ario y semítico. El árabe parece haber
pasado por procesos similares al romano con resultados también similares.
Solamente se explicará el sistema romano.
Desde el Ego al tritavus, en la línea directa, son
seis las genera-
Systems
of Consanguinity, Cuadro I, pág. 79.
Systems
of Consanguinity, etc., 40.
Pandects,
lib., XXVTÚ, tit. X e Institutes de Justiniano, libro III, título VT.
LEWISH.MORGAN
ciones de ascendientes, y desde el mismo al
trinepos existe el mismo número de descendientes, para cuya descripción sólo se
emplean cuatro términos radicales. Si se deseara subir más allá del sexto as
cendiente, tritavus se convertiría en un nuevo punto de partida para
la descripción: así, tritovi pater el padre de
tritavus, y así ascendien do hasta tritavi tritavus, el que sería el antecesor
masculino duodé cimo del Ego, en la línea directa masculina. En nuestra
imperfecta nomenclatura debemos repetir seis veces el término abuelo del abue
lo para expresar ese mismo parentesco. De la misma
manera, trine-potis trinepos nos conduce al duodécimo descendiente del Ego en
la línea directa masculina.
La primera línea colateral masculina, que comienza
con hermano, frater, continúa así: Fratris filius, hijo del hermano; fratris
nepos, nieto del hermano; fratris pronepos, bisnieto del hermano, y así has ta
fratris trinepos, bisnieto del bisnieto del hermano del Ego. Sí fue ra
menester continuar la descripción hasta el duodécimo descendien te, fratris
trinepos se convertiría en un segundo punto de partida, dándonos como fin de la
serie, fratris, trinepotis trinepos. Por este método sencillo, frater es raíz
de la descendencia en esta línea, y toda persona que pertenece a ella, por la
fuerza de este término, viene a tener referencia a él en la descripción; y nos
consta desde luego que cada persona así descripta corresponde a la primera
línea colateral masculina. Es, por lo tanto, específico y completo. De igual
manera, la línea femenina comienza con hermana, soror, que da la
serie, sororis filia, hija de la hermana; sororis
neptis, nieta de la her mana; sororis proneptis, bisnieta de la hermana, y así
en adelante
hasta sororis trineptis, sexta descendiente, y
hasta sororis trineptis trineptis, su duodécima descendiente. Mientras las dos
ramas de la primera línea colateral originan, en rigor, en pater, el padre, que
es el vínculo común de unión entre ambas, asimismo, con tomar de
raíz de descendencia, en esta descripción, al
hermano y a la her mana se mantienen distintas no sólo la línea, sino también
su ra mas, y queda especificado el parentesco de cada persona con el Ego.
Ésta es una de las mayores ventajas del sistema,
pues se aplica a to das las líneas como medio puramente científico de
distinción y des cripción de parentescos.
La segunda línea colateral masculina, por parte de
padre, comien za con el hermano del padre, patrus, y se compone de él y sus
des cendientes., Cada individuo, mediante los términos empleados para
describirlo, es colocado con toda precisión en su correspondiente posición en
la línea, y su parentesco queda específicamente indica
do; así, patrui filius, hijo del tío paterno;
patruí nepos, nieto del tío y patrui pronepos, bisnieto del tío paterno, y así
hasta patrui
sexto descendiente de patruus. Si fuera menester
extender
hasta la duodécima generación, tendríamos, después
de
paterno,
trinepos,
la línea
l a SO C IED A D F í U M O T V A 483
haber pasado por los grados intermedios, patrui
trinepotis trinepos,
que es el bisnieto del bisnieto del patrui
trinepos, bisnieto del bisnieto de patruus. Se notará que el término primo es
rechazado en el mé
todo formal empleado por las Pandectas. Se le
describe como patrui filius, pero también se le decía hermano patrual, frater
patruelis, y vulgarmente con el término común consobrinus, del cual deriva de
nuestro término cousin (primo) (425). La segunda línea colateral fe menina,
por parte de padre, comenzaba con la hermana del padre, amita, tía paterna, y
la descripción de sus descendientes responde
al mismo plan general; así, amitae filia, hija de
la tía paterna; amitae neptis, nieta de la tía paterna, y así hasta llegar a
amitae trine.ptis y amitae trineptis trineptis. En esta rama de la línea
también el térmi no especial para la prima, amitina, es rechazado por la frase
des criptiva amitae filia.
Igualmente la tercera línea colateral masculina,
por parte de pa dre, se inicia con el hermano del abuelo, a quien se le llama
patruus, magnus, gran tío paterno. A esta altura de la nomenclatura sé agotan
los términos especiales y es necesario recurrir a los compuestos, si bien el
parentesco mismo es concreto, Es evidente que este parentes co no fue objeto
de distinción hasta una época relativamente mo derna. Hasta donde se han
extendido las investigaciones no se en cuentra otra lengua existente que cuente
con un término original para este parentesco a pesar que sin él esta línea no
puede ser descripta sino por el método celta. Si se le llamara simplemente
hermano del abuelo, la frase describiría una persona, dejando el parentesco li
brado a la deducción, pero si se le titula gran tío, expresa en con creto el
parentesco. Así definada la primera persona de esta rama
de la línea, todos sus descendientes son referidos
a ella mediante la forma de descripción, como raíz de la descendencia; y la
línea, el lado, la rama particular y el grado de parentesco de toda per sona
se expresa inmediatamente de forma acabada. Esta línea -tam bién puede ser
seguida hasta, el duodécimo descendiente, que daría las series patrui magni
filius, hijo del gran tío paterno; patrui magni nepos, y así hasta patrui
magnis trinepos, para termi
nar con patrui magni tñnepotis trinepos. La línea
femenina comien za con la hermana del abuelo, amita magna, gran tía paterna, y
sus descendientes son descritos con sujeción al mismo plan.
La cuarta y la quinta línea colateral masculina
paterna comien zan, respectivamente, con el hermano del bisabuelo, llamado
patruus major, tío paterno mayor, y con el hermano del bisabuelo del bisa-
(425) Item fratres patíneles, sórores patrueles, id
est qui quae-ve ex duobus
fratribus progenerantur; ítem consobriní,
consobrinae, id est qui quae-ve ex duóbus sororibus mascuntur (quasi
consobriní); item amitini amitinae, id est qui quae-ve ex fratre ex sorore
propagantur; sed' fere vulgos istos omnes comunr. appellatione consobrinus
vocat. Pandectas, lib. XXXVlñ, tit. X.
484LEWISH.MORGAN
buelo, llamado patruus maximus, tío paterno máximo.
Al extender
la serie, tenemos en la cuarta patrui maforis
filius, y hasta patrui ma-jores trinepos, y en la quinta, patrui maximi filius
y hasta patrui ma-ximi trinepos. Las líneas femeninas comienzan,
respectivamente, con una amita major, tía paterna mayor y amita maxima, tía
paterna má xima, y en cada caso la descripción de las personas obedfece al
mis mo orden.
Hasta aquí se han considerado solamente las líneas
paternas. Sur ge ahora la necesidad de crear términos independientes para tía
y tío por parte de madre, para completar el método romano de des cripción,
desde que los parientes matemos son igualmente numero sos y enteramente
distintos. Estos términos se hallaron en amnctdus, tío materno, y matertera,
tía materna. AI describir los parientes ma temos se substituye la línea
directa masculina por la femenina, pero la primera línea colateral permanece la
misma, En la segunda línea colateral masculina, por parte de madre, tenemos
para las series avunculus, tío materno, avunculi filius, avunculi trinepotís
trinepos. En la rama femenina, matertera, tía materna, materterae filia, y así
como en el caso anterior. La tercera línea colateral, masculina y fe menina,
comienza respectivamente con avunculus magnus y rriuter-tera magna, gran tío y
gran tía maternos; la cuarta, con avunculus major y matertera major, tío y tía
matemos mayores, y la quinta, con avunculus maximus y matertera maxima, tío y
tía matemos máxi
mos. Las descripciones de las personas en cada
línea y rama corres ponden, en forma, a las que ya se han presentado.
Desde que las cinco primeras líneas colaterales
abarcan un círcu
lo de parientes de tal magnitud como el necesario
para los fines prác ticos de un código de descendencia, la fórmula ordinaria
de los ci vilistas romanos no excedió este número.
En cuanto a las designaciones de los parentescos
matrimoniales,
la lengua materna inglesa revela su pobreza, con el
empleo de frases tan inconvenientes como ser father-in-lavo, son-in-law,
brother-in-law, step-father y step-son para expresar una veintena de
parentescos
muy comunes y cercanos, todos los cuales, con rara
excepción, cuen tan con términos especiales en la nomenclatura latina.
No será necesario ampliar más los detalles del
sistema romano, de consanguinidad. Han sido presentados sus rasgos pripcipales
y más. importantes en forma suficientemente completa como para po der ser
comprendidos perfectamente. Por la sencillez del método, fa cilidad de
descripción, claridad de ordenación en líneas y ramas y belleza de
nomenclatura, no tiene similares. Su método se halla
a la cabeza de todos los sistemas de parentesco que
ha llegado a crear el hombre, y suministra uno de los muchos ejemplos de que
todo cuanto el pensamiento romano tuvo oportunidad de organi zar lo colocó
definitivamente sobre bases sólidas.
LASOCIEDADPRIMITIVA485
No se ha hecho referencia a los pormenores del
sistema árabe, pero como en los cuadros se dan ambas formas, la explicación
dada para uno servirá para el otro, al cual es igualmente aplicable. Con el
agregado de términos especiales y su método perfeccio nado, se da por sentado
que los consanguíneos están emparentados
en virtud de su descendencia de antepasados, a
través de parejas unidas en matrimonio. Ellos se ordenan en una línea directa y
en varias colaterales, y éstas divergen constantemente de aquéllas. Son
consecuencias necesarias de la monogamia. El parentesco de cada persona con
respecto al Ego central está definido con precisión, y salvo aquellos que están
colocados en un idéntico parentesco, se distinguen de cualquier otro, por medio
de un término especial o de una frase descriptiva. Éste también da por sentado
la certidumbre de la paternidad de todo individuo, que solamente la monogamia
po dría asegurar. Además, describe los parentescos de da familia monó gama,.
tal como efectivamente existen. No puede haber nada más evidente que el hecho
de que esta forma de matrimonio creó esta forma de familia, la que a su vez
creó esta forma de consanguinidad. Las tres son partes necesarias del todo allí
donde el sistema descrip tivo es exclusivo. Se ha mostrado que lo que nos
consta por la obser vación directa ser cierto respecto de la familia monógama,
su régi men conyugal y su sistema de consanguinidad, es igualmente cierto
de la familia punalúa, su régimen conyugal y sus
sistemas de con sanguinidad; como asimismo respecto a la familia consanguínea,
su forma de matrimonio y su sistema de consanguinidad. Dada una de estas tres
partes, la existencia, en algún tiempo, de las otras dos puede deducirse con
certidumbre. Si es que puede destacarse algu na diferencia a favor de la mayor
importancia de alguna de las tres, la preferencia correspondería a los sistemas
de consanguinidad. Ellos han cristalizado los testimonios de la ley conyugal y
de La forma de la familia en el parentesco de todo individuo, y conservan de
este modo no solamente los más altos testimonios del hecho, sino tam bién
otros tantos testimonios concurrentes como miembros ligados por los vínculos de
consanguinidad. Esto proporciona una prue
ba del elevado rango de una institución doméstica
que se debe supo ner incapaz del designio de pervertir la verdad, y la que,
por lo mis mo, es digna de confianza sin reservas, en todo lo que
necesariamen te enseña. Finalmente, nuestra información es más completa con
respecto a los sistemas de consanguinidad.
Las cinco formas sucesivas de la familia
mencionadas al princi
pio acaban de ser expuestas y explicadas con todas
las pruebas de su
existencia y todos los detalles de su estructura
que han podido lo
grar nuestros conocimientos en la actualidad. A
pesar de que la con
sideración de cada una ha sido general, no ha
dejado por eso de
tocar los puntos esenciales y los atributos, y ha
asentado el postula-
LEWISH.MORGAN
do mayor de que la familia comenzó con la forma
consanguínea, y
a través de sucesivas etapas de desarrollo llegó a
la forma monóga
ma. De esta conclusión general no hay nada que no
hubiera podido
ser anticipado por consideraciones a priori; pero
se verá que los im
pedimentos y dificultades que trabaron su
crecimiento fueron mucho
más graves de lo que hubiera podido sospecharse.
Como desenvol
vimiento, a través de períodos de tiempo, compartió
todas las vici
situdes de la experiencia humana, y hoy revela, más
expresivamen
te quizá que cualquiera otra institución, la escala
graduada del pro greso humano que se extiende desde el abismo del salvajismo
primi tivo hasta la civilización, a través de la barbarie. Nos acerca a la
Vida diaria de la familia humana en las diferentes épocas de su des arrollo
progresivo, y, cuando confrontamos períodos diferentes, nos indica, en cierto
modo, sus trabajos, penurias y luchas, así como también sus conquistas.
Debiéramos valorar la gran institución de la familia, tal como existe en la actualidad,
en relación al desgaste de tiempo e inteligencia que exigió su producción, y
recibirla como el
legado más cuantioso de todos cuantos nos haya
dejado la sociedad antigua, porque entraña y registra los más elevados
resultados de su variada y prolongada experiencia.
Cuando se acepta el hecho de que la familia ha
pasado por cua
tro formas sucesivas, y actualmente atraviesa la
quinta, surge la pre gunta de si esta forma será definitiva en el porvenir. La
única res puesta lógica es la de que la familia debe progresar con el progreso
de la sociedad y cambiar en la medida que ésta lo haga, tal como ocurriera en
el pasado. Ella es engendro del sistema social, y debe reflejar la cultura del
mismo. Desde que la familia monógama se ha perfeccionado enormemente desde el
comienzo de la civilización y sensiblemente en los tiempos modernos, debemos,
por lo menos, su ponerla capaz de mayores perfeccionamientos hasta que se
logre la igualdad de los sexos. Si en vítrud del constante progreso de la civi
lización, la familia monógama, en el futuro lejano, no llegara a res ponder a
las exigencias de la sociedad, no será posible ahora pre decir la naturalez'a
de su sucesora.
SISTEMA DE PARENTESCO
DE LOS ROMANOS Y ARABES
SISTEMADEPARENTESC
DESCRIPCION DE LOS PERSONAJES
I
PARENTESCOENLATI
t Bisabuelo del bisabuelo
2 Abuelo "
Padre
4 Madre
5 Bisabuelo
6 Bisabuela
7 Abuelo ............................
8 Abuela ............................
9 Padre ..........................
0 Madre .............................
i l Hijo
..............................................................................
3 N
i e t o ....................................
14 Nieta ...................................
15 Bisnieto ..............................
16 Bisnieta .............................
17 Hijo del -bisnieto ....
18 Hija
19 Nieto "
....
>o N iea
;;
21 Bisnieto
22 Bisnieta
" ......
23 Hermanos ..........................
24 Hermanas ........................
25 Hermano ............................
..i Tritavus
.1 Atavus
..j Abavus
.. Aba vis
.1 Proayus
¦j Proa
vis
¦¦ Avus __
j
Avis __
.1 Pater ....
M.-.ter
...
Filius
.......
-! Filis .......
.! Ncpos __ Neptís ....
i Pronepos | Proneptis Abnepos Abneptis Atnepes ...
Acneptis ...
Trinepos
' Tripuepris . Fraties ......
Sototes ....
Frater .....
(Primera línea colateral)
!6 Hijo del hermano ...............
'7 Esposa del hijo del hermano
8 Hija
del hermano
19 Esposo de la hija
¡0 Nieto
"
>1 Nieta
¦2 Bisnieto
3 Bisnieta
4 Hermana
...................... .
5 Hijo
de la hermana
6 Esposa
.del hijo
7 Hija
8 1
Esposo de la hija ............
9 Nieto
.................................
0 Nieta
........ * .............. '.......
1 Bisnieto
..............................
2 Bisnieta
..............................
Fratis filius .........
Fratis íi(i¡ uxel ...
filia ..........
fiJix vis .....
tiepos ...........
" neptis ......
pronepos ....
." proneptis
Sorac ....................
Setoria fjiuras ........
* filii uxor
filia ...........
Setoria filiae vis ...
" nopes
neptís " M pronepet proneptis
(Segunda línea colateral;
3 Hermano del padre ......................
i Esposa del hermano del padre
5 hüo ; : ;
6 Esposa del hijo
7 Hija '
} Esposa de la bija " '' | _ 1 Nieto '
1 Nieu * ., I Bisnieto
i Bisnieta
i Hermana del padre ......... ...............
Patrous ..........
Patrui uxor
** filius
filii uxor " filia
" filiae vir
o e p o s .....
" neptis " pionepos " proneptis
Amita ..............
LA SOCIEDAD PRLMTT1VA 4S9
DELOSROMANOSYARABES
TRADUCCIONPARENTESCOENARABETRADUCCION
bisabuelo jid d jid
d jid d i ........................................... a b u
e l o d e l a b u e l o d e l a b u e l o m í o
abuelo " " a b i ............................................. " " " " p a d r e
m í o
o tara b u é lo jid d i
....................................................... m í
o
s i n s-itti ........................................................... a b u e
l a d e la a b u e l a m í a
bisabuelo jid d a b i
..........................................................
.. a b u e l o d e l p a d r e m í o
bisabuela s i t t a b i
........................................................
....... a
b u e l a d e l p a d r e m í o
abuelo jid d ...................................................................
.. a b u e l o m í o
?buela s i t o ....................................... .........................
.... a b u e l a m í a
padre a b i ................ :
..................................................
.... p a d r e m í o
nadie u m e n i ................................................................
m a d r e r a í a
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ib n i .....................................................................
h i j o m í o
hija ib n e t i o b i c t i
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nieto d e l b i s o i
e t o i b n i b n i b n ib n ib n ib n i .................
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nieta d e l b i s n i
e t o b i n t b i a t b i n t b ¡m b i a d .................
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bisnieto d e l b i s n i e t o th e ib n ib n ib n ib n ib n i
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bisnieta d e l b i s n i e t o b i n t b i n t b i n t b i n t b i n
t b i n t i
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herm a n as a b w a t
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herm a n o a kbi ___ i .......................................................
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hijo d e l h erm a n o ib
n a k b i ..........................................
.............. hi j o d e l h e r m a n o filio
esposa d e l hij o d e l h e r m a n o a m r a c i b n a k b i
...............
..................... ' e s p o s a d e l
h i j o d e l h e r m a n o m í o
hija d e l h erm a n o b i a t a k b i
.......................................
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nieta d e l h e r m a n o b i n t ib n a k b i
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bisnieto d e lhe rm a n o ib n ib n i b n a k b i
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bisnieta d e l h e r m a n o b i n b i n t b i n t a k b i .....................
......... h i j o d e la h i j a d e la h i j a
herm a n a a k b r i ...........................................................
....... h e r m a n a m í a
hija d e la h e r m a n a i b a a k b r i
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«posa d e l h i j o d e la h e r m a n a a m r a t
ib n a k b t i ................
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Mja d e l h i j o d e la h e r m a n a b i n t a k b t i .......................
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«poso d e la h i j a d e la h e r m a n a z ó j b i n t ............................
............................... e
s p o s o d e la h i j a
nieto d e la h e r m a n a ib n ................................................
....................... h i j o
nieta d e la h e r m a n a b i n t .............................................
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bisnieto d e la h e r m a n a i b n ib n
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i j o d e l h i j o
bisnieta d e la h e r m a n a b i n t b i n t
..................................
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tío p a t e r n o a m m i
........................................................
...... t í o p a t e r n o m í o
«p o s a d e l j í o p a t e r n o o m r á t a m m
i .............................. e
s p o i a d e l t í o p a t e r n o
hijo d e l tío p a t e r n o i b a "
...............................
esposa d e l h i j o d e l tío p a t e r n o a m r
á t i b n " .....................
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e r n o b i n t b i n t " ..............................
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54
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78
79
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31
32
hijo
Esposo
Hijo
Esposa del hijo
Hija
Esposo de la hija
Nieto
Nieta
Bisnieto
Bisnieta
Hermano de la
Esposa
Hijo
Esposa del
Hija
Esposo de la hija
Nieto
Nieta
Bisnieto
Bisnieta
Hermana
Esposo
Hijo
Esposa del hijo
Hija
Esposo de lz hija
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Nieta
Bisnieto
Bisnieta
de la hermana del padre amitae vir
" filius
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ftlii u x o r ..
filia ...............
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n e p t i s .........
" " " ** I " pronepos
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a v u n c u l u s ...................
d e l h e r m a n o d e la m a d r e
.....................-.....................
...................... J a v u n c u l i u x o r __
" " - 11 i " filius .....
filii uxor
filia __
f i l i a e v i r
n e p o s
n e p t i s
p r o n e p o s
p r o n e p t i s
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............................................ ! matertera
de la hermana de la madre.................... í
materteaer vir
filius
filii uxor
filia __
filiae vir
nepos
neptis ...
pronepos
proneptis
(Terera línea colateral)
Hermano del padre del padre
....................................................
............................. patruus magnus
del hermano del
padre...........................................................
..... I parru magni filius
Nieto " " " « » _________
Bisnieto "
" »
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Hermana m »
« i!!!!!!!!!!* *!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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Bisnieta h
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........................* *.......................
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Hijo del hermano de ia madre de ¿ madre*.!..!......
.....ü ü ....... .*!.* !!!
-Nieto "
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Bisnieto --
« !!*!!!!! ......
Hermana * " *.......
!!!!! ü !!!!!!!,
Hija de la hermana
Nieta ** M ' " »
......................................
B i s n i e t a "
" " « ...........................................................
......
(Cuarta línea colateral)
Hermano del padre del padre del padre
...................
Nieto » hermano del padre del padre del padre
Bisnieto *
Hermana
Hija de Ja hermana
Nieta "
Bisnieta "
Hermana de la madre
8 Hijo
9 Nieto
0 Bisnieto
nepos ...........
pronepo .......
amica magna ....................
amítae magna filia ...........
" nepris .......
prooetis
avunculus magnus ..........
avunculi magni filius .........
nepos ....
pronepos .
matertera magna ................
matertera magnae filia ......
.J» neptis proneptis
patruus major ........... ...
pacrini majoris filius
" nepos
pronepos
amita major ......................
amicae majoris fili ........
.........................................J " neptis ...
. *' I " " proneptis
, . , -------
de la madre de la madre ..........................................
. avunculus major .............
del hermano de la madre de la madre de la madre
.......................... avunc
uli majoris filius __
nepos
pronepos
:
TRADUCCION
esposo d e la cía p a t e r n a
hijo de la cía p a t e r n a
esposa d e l h i j o d e la t í a p a t e r n a
bija de la tía p a t e r n a
esposo d e la h i j a d e la tía p a t e r n a
nieto d e la tía p a t e r n a nieta d e la t í a p a t e r n a
bisnieto d e l a t í a p a t e r n a
bisnieta d e l a d a p a t e r n a
río m a t e r n o
esposa d e l tío m a t e r n o
hijo del tío m a t e r n o
esposa d e l h i j o d e l tío m a t e r n o luja d
e l tío m a t e r n o
esposo d e la b i j a d e t í o m a t e r n o nieto
d e l t í o m a t e r n o nieta d e l t í o m a t e r n o
bisnieto d e l t í o m a t e r n o
l
bisnieta d e l río m a t e r n o tr í a m a t e r n a
; esposo d e la tía m a t e r n a hijo d e la d a m
a t e r n a
esposa d e l h i j o d e j a tía m a t e r n a |
hija de la d a m a t e r n a
¡«poso d e la h i j a d e la d a m a t e r n a
nieto d e la tía m a t e r n a
nieta d e la tía m a t e r n a bisnieto d e la t í
a m a t e r n a j bisnieta d e la d a m a t e r n a
p an tío p a t e r n o
\ hijo d e l g r a n d o p a t e r n o
: nieto d e l g r a o t í o p a t e r n o
j bisnieto d e l g r a n t í o p a t e r n o j gran
tía m a t e r n a
hija
de la g r a n tía p a t e r n a
i nieta d e la g r a n tía p a t e r n a bisnieta d
e la g r a n d a p a t e r n a : gran t í o m a t e r n o -
i hijo del g r a n d o m a t e n o
i nieto d e l g r a n t í o m a t e r n o bisnieto
d e l g r a n t í o m a t e r n o : gran d a m a t e r n a
i hija d e la g r a n d a m a t e r n a
I nieta d e la g r a n t í a m a t e r n a I
bisnieta d e la g r a n tía m a t e r n a
^ l i o
; hijo del tío b i s a b u e l o p a t e r n o
j nieto d e l tío b i s a b u e l o p a t e r n o
-} bisnieto d e l tío b i s a b u e o p a t e r n o j tea b i s a b u e la p a
t e r n a
íj hija de la tía b i s a b u e l a p a t e r n a |
nieta d e la tía b i s a b u e l a p a t e r n a
i bisnieta d e l a tía b i s a b u e l a p a t e r
n a r río b i s a b u e lo m a t e r n o
{ hijo del cío b i s a b u e l o m a t e r n o
^ nieto d e l tío b i s a b u e l o m a t e r n o
f bisnieto d e l tío b i s a b u e l o m a t e r n
o
PA R E N T B S C O EN ARABE TRADUCCION
aras am me ti
¡bn
a r á
a m a r á* ib n
b i n t
z ó j b i n t
ib n ib n
b i n t b i n t * \
ib n i b n ib n
b i n t b i n t b i n e
k h á i i k h á l i
a m r a t
ib n
a m r á t i b n
b i n t
zó j b i n t
i b a ib n
b i n t b i n t
i b n i b n ib n
b i n t b i n t b i n e
zój ..........................
i b n ...................... i .................
a m r á t ib n ...........................
b i n t .......................................
z ó j b i n t ............................
ib n i b n ...............................
b i n t b i n t . ........................
ib n ib n ib n . . . . . . .
b i n t b i n t b i n t .............
e s p o s o d e Ja d a p a t e r n a
b i j o " \
e s p o s a d e l h i j o
h i j a » " ñ
e s p o s o d e l a h i j a
h i j o d e l h i j o " * I
h i j a d e l a h i j a ^
h i j o d e l h i j o d e l h i j o "
h i j a d e l a h i j a d e la h i j a
t í o m a t e r n o m í o
tío m a t e r n o
h i j o
e s p o s a d e l h i j o
h i j a
e s p o s o d e l a h i j a
h i j o d e l h i j o
h i j a d e la h i j a
h i j o d e l h i j o d e l h i j o
h i j a d e Ja h i j a d e la h i j a
esp o s o
h i j o
e s p o s a d e l h i j o
h i j a
e s p o s o d e la h i j a
h i j o d e l h i j o
h i j a d e l a h i j a
h i j o d e l h i j o d e l h i j o
h i j a d e Ja h i j a d e Ja h i j a
d e la tía m a t e r n a m í a
unra ábi ................................. ibn ammi
ábi ....^...... ............. ibn ibn ammi ábi ¦:............... ibn ibn ibn
ammi áb¿ .............. ammec ábi ........... bint ammet ábi ............ bint
bint amraet ábi
bint bint bint ammet ábi ......
khá! umi ......
ibn khál .......
ibn ibn khál
ibn ibn ibn khál " .......
kháler " ........
bint kháler .......
bint bint kháler " .......
bint biat bint kháler .......
t í o p a t e r n o d e l p a d r e m í o h i j o
"
h i j o d e l h i j o " M
b i s n i e t o "
cía p a t e r n a "
"
h i j a * *¦
"
n i e t a " " - "
bisnieta" ** " M
d o m a t e r n o d e la m a d r e m í a
h i j o "
n i e t o *' "
b i s n i e t o " **
tía m a t e r n a M
h i j a
n i e t a " "
b i s n i e t a " "
a m m jid d i
.....................................................
i b n a m m jid d o
.....................................
i b n i b n a m m jid d i . . . . .................
ib n ib n ib n a m m jid d i ..................
a m m e t jid d o
..................................................
b i n t a m r a e t jid d i
.....................................
b i n t b i n t a m m e t jid d i
..................
b i n t b i n t b i n t a m m e t jid d i . . . . .
.
k h á l sied
......................................................
i b n k h á l s i t t i
............................................
ib n ib n k b á l s i c t^ ;..........................
ib n ib n i b n k h á l s i t ó
........................
tío p a t e r n o d e l a b u e l o m í o
h i j o
n i e t o
b i s n i e t o H "
t í a p a t e r n a d e l a b u e l o m í o h i j a
"
n i e t a
b i s n i e t a " ** "
tío m a t e r n o d e la a b u e l a m í a
h i j o d e l t. n».
h i j o
h i j o d e l h i j o d e l h i j o
d e l a a. m í a
( Continuación)
111
112
113
114
Hermana
Hija
Nieta
Bisnieta
de la hermana "
matertera major .................. .
matertera major is
filia .........
neptis .......
" piondpiis .*
(Quinta línea colateral)
115 Hermano del padre
del padre del padre del padre ...............
116 Hijo
" ** - " ...............
117 Nieto
" " " " ...............
118 Bisnieto
" ** * * ............. .
119 Hermana M "
* ............. .
120 Hija de la hermana
" " .............
121 Nieto
** "...............
122 Bisnieta ** M " " ...............
123 Hermano de la madre de la madre de la madre
de la madre
124 H ijo
125 Nieto -
126 Bisnieto
. M " n
127 Hermana "
128 Hija de la hermana" *'
129 Nieta
"
130 Bimieta """11
patruus maximus .....................
patrua maxími filius ...............
oepos .........
" pronepos .....
amita maxima ...........................
amitae maximae filia .............
" neptis ^ ..........
proneptis
avunculus maximus ..................
avimculi maximí filius .........
nepos .......
pronepos ...
macertera maxima ...................
matertera maxima tilia ........
* neptis .........
" proneptis
(Vínculos por matrimonio)
131 Esposo .....................................................
132 Padre
del esposo .................................
133 Madre
" " .................................
134 Abuelo H ............... .
135 Abuela
H ................................
136 Esposa ........................ ti
137 Padre de la esposa .................... ........
138 Madre " * " ...........................
139 Abuelo
" * ** *
140 Abuela
" " * ................
141 Padrastro
......................... '
142 Madrastra
.......... ...........;................. ".V...
143 Hijastro
............................. .
144 Hijastra
................................ ...
145 Yerno ............. ................
146 Nuera
..... ...............................
147 Cuñado
(hermano del esposo) ............
J48 ! (esposo de la hermana) .........
149 (hermano
de la esposa)
1$0 Cuñada (hermana de la esposa)
*31 (hermana
del esposo) ...........
. " (esposa del hermano)
153 Viuda
................................
154 v iu d o ...................... .
*.7,
155 Parientes
por el lado del padre
[cS
" de la madre ....
1 del
matrimonio
v i r o m a r i t u s
s o c e r ......................
s o c r u s ................
s o c e r m a g n u s .
s o c r u s m a g n u s
u x o r o m a r i t a
s o c e r ..................
s o c r u s ........... .
s o c e r m a g n u s .
so c r u s ..................
v i t r i c u s .¿ .........
n o v e r c a ........... '
p r i v í g n u s .........
p r i v i g n a .............
g e n e r ..................
auras ..........
lever
m a r i t u s s o r o r i s
u x o r i s í r a t e r
u x o r i s s o f o r, ..
g l o s s ...................
fr a t r í a ............
v i d u a ....................
v i d u u s ............
a g o a t i ..................
c o g n a t i ..............
a f f i n e s .............
!
i
i
V
i
!
j
i
)
cía b isab u e la m a t e r n a
hija de Ja f í a b i s a b u e l a m a t e r n a
nieta d e la tía b i s a b u e l a m a t e r n a bisnieta d e la t í a b i s a
b u e l a m a t e r n a
cío t a t a r a b u e l o p a t e r n o
hijo d e l t í o ta t a r a b u e l o p a t e r n o
nieto d e l tío ta t a r a b u e l o p a t e r n o bisnieto del tío tatarabuelo
paterno ña t a t a r a b u e l a p a t e r n a
hija de la tía ta t a r a b u e l a p a t e r n a
nieta d e la tía ta t a r a b u e l a p a t e r n a bisnieta d e d a ta t a r a
b u e l a p a t e r n a tío t a t a r a b u e l o m a t e r n o
hijo d e l d o ta t a r a b u e l o m a t e r n o
nieto d e l t í o ta t a r a b u e l o m a t e r n o bisnieto d e l t í o ta t
a r a b u e l o m a t e r n o tú ta t a r a b u e l a m a t e r n a
hija d e l a t í a ta t a r a b u e l a m a t e r n
a nieta d e l a t í a ta t a r a b u e l a m a t e r n a bisnieta d e t í a ta
t a r a b u e l a m a t e r n a
esposo
suegro
suegra
gran s u e g r o
gran su e g r a
esposa
suegro
suegra
gran s u e g r o
gran suegra
padrastro
m a d rastra
hijastro
hijastra
yerno
nuera
cuñado
cuñado
hermano' de la esposa
herm a n a d e la e s p o s a
cuñada
cuñada
viuda
viudo
agnados
cognados i>
parentescos matrimonia Ies
k h á l e t s i t t i
...................................
b i n t k h á l e t s i t t i ............... ..
b i n t b i n t k h á l e t s i t t i
b i n t b i n t b i n t k h á l e t s i t t i
a m m jid d ib i
............................................
i b n a m m jid d ib i
..............................
ib n ib n a m m j i d d ib i ..................
ib n Ib n i b n a m m j i d d ib i . . . . . .
a m m e t jid d ib i
.....................................
b i n t a m m e t jid d i b i
........................
b i n t b i n t a m m e t jid d ib i . . . . . . .
. .
b i n t b i n t b i n t a m m e t jid d ib i ...
k h á l s i t e u m m i
....................................
ib n k h á l s i t e u m m i
..............................
i b n ib n k h á l s i t e u m m i ........... ..
ib n ib o i b n k h á l s i t e u m m i ....
k h á l e r s i t e u m m i
.....................................
b i n t k h á l e r s i t e u m m i . . . . .
..............
b i n t b i n t k h á l e r s i t e u m m i
...........
b i n t b i n t b i n t k h á l e r s i t e u r a m
i ..
20JÍ..........
ammi .........
amrát ammi ...
jidd 2 oji .......
sin zoji ......
amrati ........ .
ammi .....
amrát ammi ..
jidd amrátt ..
sixt «nráti ..
ammi ............
kháleti ...........
karuá ...........
karuteri .........
khatan o saha
kinnet ........
ibn ámmí
zoj akhti ......
ibn á m m í
bint ámmi
bint ámmi ..
amrr akhi
armelet .......
armel ..........
TR A D UCCION
tía m a t e r n a d e la a b u e l a m í a h i j a
d e la t. m . d e la a. m . hija de la hija
h i j a d e l a h i j a d e l a h i j a "
tío p a t e r n o d e l a b u e l o d e l p a d r e
m í o h i j o t í o p . d e l a. d e l p . i n h i j o d e l h i j o
h i j o d e l h i j o d e l h i j o d e l
cía p a t e r n a d e l a b u e l o d e l p a d r e
m í o h i j a t. p . d e l a . d e l p . m .
h i j a d e la h i j a * " *
h i j a d e l a h i j a d e l a h i j a
d o m a t e r n o d e la a b u e l a d e la m a d r
e m í a h i j o t m , d e la a. d e la m . m » h i j o d e l h i j o "
"
h i j o d e l h i j o d e h i j o *
tía m a t e r n a d e la a b u e l a d e la m a d r
e m í a h i j a " *
h i j a d e la h i j a
h i j a d e la h i j a d e la h i j a m "
e s p o s o m í o
tío m í o
es p o s a d e l tío m í o
a b u e l o d e l e s p o s o m í o
a b u e l a d e l e s p o s o m í o '
es p o s a
t í o m í o
esp o s a d e l t í o m í o
a b u e l o d e la e s p o s a m í a
a b u e l a d e la e s p o s a m í a
tío m í o
d a m í a
h i j a s t r o m í o
hijastra mía
yerno
n u e r a
h i j o d e l , t í o m í o
e s p o s o d e la h e r m a n a m í a
h i j o d e l t í o m í o
h i j o d e l t í o m í o
h i j a d e t í o m í o
e s p o s a d e l h e r m a n o m í o
v i u d a
v i u d a
SERIE DE INSTITUCIONES RELACIONADAS CON LA FAMILIA
Falta aún considerar en sus relaciones las
costumbres e institu ciones que han contribuido al progreso de la familia a
través de sus formas sucesivas. Su ordenación en series es, en parte,
hipotética; pero hay una conexión íntima e indiscutible entre ellas.
Esta serie abarca las principales instituciones
sociales y domés ticas que influyeron en el crecimiento de la familia, desde
su forma consanguínea hasta la monógama (426). Debe considerárselas en las
diversas ramas de la familia humana, principalmente en el orden expuesto y, en
general, existentes en estas ramas mientras perdu raran en el estado
correspondiente.
Primera etapa de la serie:
Trato
promiscuo.
Matrimonio
entre hermanos y hermanas, propios y colate-lúles, en grupos: que engendra.
La
familia consanguínea (primer i etapa de Ja familia): que engendra^
El
sistema malayo de consanguinidad y afinidad.
Segunda etapa de la serie:
5. Organización a base de sexo, y la costumbre
punalúa ten
diente a reprimir el matrimonio de hermanos y
hermanas que engendra.
Ésta
es una revisión de la serie expuesta en S y s tem s o f C o n s a n g u i
nity, etc., pág. 480.
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 495
6 . La familia purnlúa (segunda etapa de la
familia)', que en gendra.
La
organización en gentes que excluía a los hermanos y hermanas de la relación
conyugal: que engendra
8 . El sistema turanio y ganowaniano de
consanguinidad y afi nidad.
Tercera etapa de la serie:
Influencia
creciente de la organización gentilicia y perfeccio namiento de las artes de
la vida, con el adelanto de una par
te del género humano hasta el estadio inferior de
la barbarie-, que engendra.
El
matrimonio entre parejas solas, pero sin cohabitación ex clusiva que engendra.
La
familia sindiásmica (tercera etapa de la familia).
Cuarta etapa de la serie:
Vida
pastoral en las llanuras, en zonas limitadas, que en gendra.
La
familia patriarcal (cuarta etapa, aunque excepcional, de la familia).
Quinta etapa de la serie:
Nacimiento
de la propiedad y disposición de la herencia di recta de los bienes que
engendra.
La
familia monógama (quinta etapa de la familia) que en gendra.
Los
sistemas ario, semítico y uralio de consanguinidad y afi nidad que provocan la
caída del turanio.
Terminaremos este estudio sobre el desenvolvimiento
de Ja fami
lia con unas cuantas observaciones sobre la serie
de costumbres e ins tituciones que antecede, a fin de sentar su conexión y
relaciones. Las tribus del género humano pueden ser ordenadas, como las
distintas formaciones geológicas, de acuerdo con sus condiciones re lativas,
en estratos sucesivos. Así ordenadas muestran, con cierto gra do de
certidumbre, todo el campo del progreso humano, desde el salvajismo hasta la
civilización. El estudio detenido de cada estrato sucesivo sacará a luz lo que
hubiese de especial en su cultura y ca racterísticas y ofrecerá una concepción
definitiva del todo, en sus diferencias y relaciones. Cuando esto haya sido
realizado, las suce-
496 LEWIS H. MORGAN
sivas etapas del progreso humano se comprenderán
definitivamente. El tiempo ha sido un factor importante en la formación de
estos es tratos, y para cada período étnico habrá que asignarlo en forma
amplia. Cada período anterior a la civilización representa necesaria mente
muchos miles de años.
1. Trato promiscuo. Esto revela el estado de
salvajismo más
bajo que pueda concebirse; representa el pie de la
escala. En esta condición el hombre se distinguía apenas de los animales que lo
ro
deaban. Desconociendo el matrimonio y viviendo
probablemente en hordas, no solamente era un salvaje, sino que poseía una
inteligencia rudimentaria y un sentido moral más rudimentario aún. La esperan
za de su elevación descansaba en el vigor de sus
pasiones pues pa rece haber sido siempre valeroso , en la posesión de manos
física mente libres en la actitud de progreso de sus nacientes cualidades
mentales y morales. En parte, la disminución del volumen del cráneo y sus
crecientes características animales, a medida que retrocedemos del hombre
civilizado .al salvaje, corrobora este juicio sobre la nece saria inferioridad
del hombre primitivo. Si fuera posible llegar a los representantes más primitivos
de la especie humana, deberíamos des cender mucho más allá del ser más salvaje
que actualmente vive so bre la tierra. Los más toscos implementos de pedernal,
encontrados
en ciertas regiones del globo, y que no son
empleados por los salva jes existentes, atestiguan la extrema rudeza de su
condición después que hubo salido de su primitiva habitación, y que, en calidad
de pescador, comenzó a propagarse por diversas zonas continentales.
Es con respecto a este salvaje primitivo y
únicamente con respecto a él que puede inferirse el estado de promiscuidad.
Se podrá preguntar si existe algún testimonio de
esta condición arcaica. Como respuesta puede hacerse notar que la familia
consan guínea y el régimen malayo de consanguinidad presuponen una pro
miscuidad anterior. No es improbable que se haya limitado al período en que el
hombre era todavía frugívoro y residía en su habitación primitiva, desde que su
persistencia no habría sido posible una vez que se dedicó a la pesca y comenzó
a dispersarse sobre la tierra a base de subsistencia adquirida artificialmente.
Se formarían enton ces agrupaciones de consanguíneos, con uniones
matrimoniales en grupo, como una necesidad, de lo cual resultaría la formación
de familias consanguíneas. En todo caso, la forma más arcaica de so ciedad que
hallamos en el pasado, a base de deducciones de siste mas de consanguinidad,
es esta familia. Su carácter sería el de un pacto entre varios varones para
asegurar la subsistencia conjunta del grupo y para la defensa de sus esposas
comunes contra la violencia de Ja sociedad. En segundo término, la familia
consanguínea lleva impresas las huellas de este supuesto estado anterior.
Reconocía la
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 497
promiscuidad dentro de límites fijos, que no eran
los más estrechos,
y su misma constiución orgánica señala una
condición peor contra la
-cual ella se interponía como un escudo. Entre la
familia consan
guínea y la promiscuidad de da horda, el paso,
aunque largo, no
exige una .condición intermedia. Si ésta existió no
queda de ella ras
tro conocido alguno. La solución de este problema
no es, por otra
parte, fundamental. Por ahora, al menos, basta
haber alcanzado, en
las profundidades del salvajismo, el punto de
partida definido que
marca la familia consanguínea, el cual nos permite
llevar nuestros
conocimientos de la condición primaría del hombre
hasta muy avan
zado el período primitivo.
Los griegos y los romanos conocieron tribus de
salvajes y aun de bárbaros que han sido presentados como practicando la promis
cuidad. Entre ellos figuraban los .auseanos de Africa del Norte, men cionados
por Herodoto (427), los garamantes de Etiopía, citados por Plinio (428), y los
celtas de Irlanda, de que habla Estrabón (429). Este último sostiene una
afirmación semejante con respecto a los árabes (430). No es probable que pueblo
alguno que haya caído bajo la .observación haya vivido en un estado promiscuo
tal como
los animales gregarios. Evidentemente, hubiera sido
imposible Ja per petuación de un pueblo semejante desele la infancia de Ja
humanidad.
Una explicación más racional de los casos citados y
de muchos otros que se podrían agregar es la que afirma que los mismos
resultaban
de la familia punalúa, la que, para e] observador
de otras latitudes, con medios limitados de observación, ofrecería los indicios
externos señalados por esos autores. La promiscuidad puede ser deducida teó
ricamente, como condición necesaria anterior a la familia consan guínea; pero
queda oculta en la nebulosa antigüedad del hombre, más allá de los alcances del
saber positivo.
2. Matrimonio entre hermanos y hermanas, propios y
colatera
les en grupo. La familia tuvo su origen en esta
forma de matrimo nio. Ésta es la raíz de la institución, El régimen malayo de
consan guinidad es testimonio concluyente de su primitiva universalidad. Una
vez establecida la antigua existencia del régimen de la familia con sanguínea,
cabe explicar las restantes formas corno derivaciones unas de otras. Esta forma
de matrimonio da (3) la familia consanguínea
y ( 4 ) el régimen malayo de consanguinidad. Quedan
así resueltos los miembros tercero y cuarto de la serie. Esta familia
corresponde al estadio inferior del salvajismo.
Lib.
IV, c. 180.
Garamantes
matrimonium éxortes passim cum femines degunt. Na tural History, lib. V, c. 8.
Lib.
ÍV, c: V, par. 4.
LEWISH.MORGAN
La
costumbre punalúa. Entre los australianos, en las cate gorías de varones y
mujeres unidos en matrimonio, se descubren los grupos punalúas. También se
encuentra el mismo grupo entre los hawaianos, con el régimen matrimonial que
expresa el mismo. Ha prevalecido entre los antepasados remotos de todas las
tribus de la humanidad que poseen o que han poseído el sistema turanio de con
sanguinidad porque han debido heredarlo de antepasados punalúas. Aparentemente
no cabe otra explicación del origen de este sistema. Se ha hecho notar el hecho
de que la familia punalúa incluía las mismas personas comprendidas en la
anterior consanguínea, con la excepción de hermanos y hermanas propios,
excluidos teóricamente, si bien no en todos los casos. Es una deducción legítima
que la cos tumbre punalúa pudo alcanzar general adopción a base de las prue
bas de su benéfica influencia. Como producto del matrimonio puna-lúa vino (6 )
la familia punalúa. Se resuelve así el sexto enunciado de la serie. Es probable
que esta familia tuviera su origen en el. es tadio medio del salvajismo.
La
organización en gentes . Aquí sólo hay que conside
rar la posición de esta institución en la serie.
Entre las clases aus tralianas el grupo punalúa alcanza una amplia y
sistemática difu sión, También el pueblo está organizado en gentes. Aquí la
familia punalúa es más antigua que la gens, porque descansaría en clases
que habían precedido a las gentes. Los australianos
también practi can el régimen turanio de consanguinidad, al cual le sirvieron
de ci miento las clases al excluir los hermanos y hermanas propios del grupo
punalúa unido en matrimonio. Éstos nacían en la condición
de miembros de determinadas clases, entre las
cuales no podía haber matrimonios. Entre los hawaianos, la familia punalúa no
fue capaz de crear el régimen turanio de consanguinidad. Con frecuencia, los
hermanos propios estaban comprendidos en el grupo punalúa, lo que la cosutmbre
no prohibía, aunque tendía a evitarlo. Este sistema ne cesita para surgir
tanto de la familia punalúa como de la organiza ción gentilicia. Se desprende
que ésta vino después y se sobrepuso
a aquélla. En relación al orden, corresponde el
estadio medio del salvajismo.
8 y 9. Éstos ya han sido suficientemente
considerados.
10 y 11. Matrimonio entre parejas solas y la
familia sindiásmi-ca. Una vez que el hombre hubo salido del salvajismo y
penetrado en el estadio inferior de la barbarie, su condición mejoró inmensa
mente. Se había ganado ya más de la mitad de la lucha por la civi lización.
Debió haber comenzado a manifestarse una tendencia a reducir a menores
proporciones los grupos de matrimonios, antes de
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 499
terminarse el período del salvajismo, porque la
familia sindiásmica
es un fenómeno constante en el estadio inferior de
la barbarie. La
costumbre que entre los salvajes conducía a los más
adelantados a
reconocer entre sus esposas a una esposa principal
dio, con el tiem
po, la práctica de formar parejas y de hacer de la
esposa una com
pañera y asociada en la manutención de la familia.
Con el desenvol
vimiento de esta costumbre de formar parejas
vendría una mayor
certidumbre respecto a la paternidad de los hijos.
Pero el marido
podría deshacerse de su esposa a voluntad, y ésta
del mismo modo
abandonar a su marido, y buscar cada uno un nuevo
compañero. Ade
más, el hombre no reconocía de su parte las
obligaciones que creaba
el vínculo matrimonial, y, por consecuencia, no
tenía derecho a exi
girlas de su esposa. El antiguo régimen conyugal,
limitado ahora por
la gradual desaparición de los grupos punalúas,
todavía envolvía a
la familia que había evolucionado cada vez más y a
la que debe
ría acompañar hasta los umbrales de la
civilización. Su reducción ,a
cero era la condición previa para la introducción
de la monogamia.
Finalmente desapareció en la nueva forma de
hetairismo, que toda
vía sigue al hombre civilizado como una sombra que
envuelve a la
familia. El contraste entre las familias punalúa y
sindiásmica era
mayor que la existente entre ésta y la monógama.
Fue posterior en
su orden de aparición a la gens la que influyó
notablemente en su
creación. Evidencia el hecho de que fue una forma
de la familia
transitoria entre las dos su incapacidad para
cambiar fundamental
mente el sistema turanio de consanguinidad que sólo
la monogamia
pudo derrumbar.. Desde el río Golumbia hasta el
Paraguay, la fami
lia era sindiásmica en general, punalúa en zonas
excepcionales y
monógama quizá en ninguna región.
12 y 13. La vida pastoral y la familia patriarcal.
Se ha obser
vado en otra parte que la poligamia no era la
característica esencial de esta familia, la que representaba un movimiento de
la sociedad para afirmar la individualidad de las personas. Entre las tribus
se míticas era una organización de sirvientes y esclavos sometidos a
un patriarca quienes se ocupaban del cuidado de
rebaños, del cul tivo de las tierras y de la mutua protección y subsistencia.
La poli gamia era contingente. Con, una sola cabeza masculina y con coha
bitación exclusiva, esta familia significaba un progreso sobre la sin diásmica
y, por consiguiente, no era un movimiento retrógrado. Su influjo sobre el
linaje humano fue limitado; pero entraña él reco nocimiento de un estado
anterior de la sociedad contra el cual haría de barrera.
Nacimiento
de la propiedad y disposición de la herencia directa de los bienes. Con
independencia del movimiento que cul-
500LEWISH.MORGAN
minó en la familia patriarcal de los tipos hebreo y
latino, a medida que aumentaba en variedad y cantidad, ejerció una firme y
constante acción progresiva a favor de la monogamia. Es imposible valorar en
toda su magnitud la influencia de la propiedad en la civilización del género
humano. Fue el poder que logró arrancar las naciones arias y semíticas de la
barbarie para conducirlas hacia la civilización. El desenvolvimiento del
concepto de la propiedad en la mente humana comenzó en flaqueza y acabó por ser
una pasión soberana. Los go biernos y las leyes se instituyen con referencia
primaria a su creación, protección y goce. Ella introdujo la esclavitud humana
como instru mento de producción; y tras una experiencia de varios millares de
años causó la abolición de la esclavitud al
descubrir que el .hombre libre era una máquina productora mejor. La crueldad
inherente al corazón del hombre, que la civilización y el cristianismo han
suavi zado sin arrancarla de cuajo, traiciona aún el origen salvaje del gé
nero humano y en ningún caso más marcado que en la prác
tica de la esclavitud humana, a través de todos los
siglos de histo ria escrita. Con el establecimiento de la herencia de los
bienes por los hijos del propietario surgió la primera posibilidad de la
familia monógama estricta. Paulatinamente, si bien en forma lenta, este ré
gimen matrimonial con cohabitación exclusiva se impuso como regla más que como
excepción; pero no pudo darse por permanentemente asentado hasta tanto no se
hubo iniciado la civilización.
15. La familia monógama. Tal cómo quedó finalmente
consti
tuida esta familia aseguraba la paternidad de los
hijos, sustituía la propiedad en condominio por la propiedad individual de
bienes, tanto muebles como inmuebles, y fijaba la herencia exclusiva de los
hijos en lugar de la herencia agnaticia. La sociedad moderna des cansaba sobre
la familia monógama. Toda la experiencia previa y el progreso anterior del
género humano culminaron y se cristalizaron en esta institución preeminente.
Fue un crecimiento lento, cuyas raíces fueron echadas en las lejanías del período
del salvajismo un resul tado final hacia el cual se encaminaba firmemente la
experiencia de ¦os l siglos . Aunque esencialmente moderna, es el resultado de
una experiencia vasta y variada.
Los
sistemas arios, semítico y uralio de consanguinidad que son esencialmente
idénticos, fueron creados por la familia monóga ma. Sus parentescos son los
que efectivamente existían bajo esta forma de matrimonio y de familia. Un
régimen de consanguinidad
no es producto de un acto arbitrario, sino de una
generación natu ral. Expresa necesariamente los hechos efectivos de la
consanguini dad, tales como se manifestaban al espíritu popular en la época en
que se construyó el sistema. Así como el régimen ario indica la exis tencia
anterior de una familia monógama, así también el turanio
LA.SOCIEDADPBIMTITVA501
afirma 3a existencia anterior de una familia
punalúa, y el malayo la de una familia consanguínea. La evidencia que encierra
debe con siderarse concluyente, por el carácter convincente de cada uno de los
casos.
Confirmada la existencia de tres regímenes de
matrimonio, de
tres formas de familia y de tres sistemas de
consanguinidad, quedan verificados nueve de los dieciséis enunciados de la
serie. Existen pruebas suficientes de la existencia y de las relaciones de los
res tantes.
No dejo de comprender que las opiniones aquí
expuestas se opo
nen a un juicio que durante siglos ha tenido
general aceptación. Me refiero a la hipótesis de la degradación del hombre como
explica ción de la existencia de. bárbaros y salvajes, a los cuales se los en
contró física y mentalmente en un nivel mucho más
bajo del que
se suponía debía ocupar el presunto hombre
original. Jamás fue
éste un postulado científico, apoyado en hechos. Es
refutado por las
series conexas de inventos y descubrimientos, por
el desarrollo pro
gresivo del sistema social y por las formas
sucesivas de familia. Los
pueblos ario y semítico descendieron de antepasados
bárbaros. Que
da entonces planteado el interrogante de cómo
pudieron estos bár
baros. haber alcanzado el estadio superior de la
barbarie en el que
aparecen por vez primera, sin antes haber adquirido
la experiencia,
las artes y el desarrollo del estadio medio, y mas
.aún, cómo pudieron
haber alcanzado el estadio medio sin antes haber
pasado por el in
ferior. Y profundizando la cuestión, cómo pudo
existir un bárbaro,
sin un salvaje anterior. Esta hipótesis de la
degradación también
conduce a otra conclusión necesaria, a saber, la de
considerar a to
das las razas de la humanidad no vinculadas a la
aria o la semítica
como razas anormales, razas que, por degeneración,
habrían decaído de su estado primitivo. Cierto es que las naciones arias y
semíticas representan las corrientes principales del progreso humano, pues lo
han desarrollado hasta el punto más alto hasta ahora alcanzado; pero existen
buenas razones para creer que antes de producirse su dife renciación en tribus
arias y semíticas, formaron parte de la masa indistinguible de bárbaros. Como
estas mismas tribus nacieron remo tamente de antepasados bárbaros, y más
remotamente aún, de ante pasados salvajes, no puede sostenerse la distinción
de razas norma les y razas anormales.
Esta serie también contradice algunas de las
conclusiones de aquel grupo de eminentes eruditos que, en sus especulaciones
sobre el origen de la sociedad, han adoptado la familia patriarcal de los tipos
hebreo y latino, como la más antigua forma de familia y como simiente de la más
primaria sociedad organizada. De esta..suerte la raza humana es investida desde
su infancia del concepto de la fa milia bajo la autoridad paterna. Entre los
últimos y en primer plano
LEWISH.MORGAN
está Sir Henry Maine, cuyas brillantes
investigaciones acerca de las fuentes de la legislación antigua y de la
historia primaria de las instituciones, tanto han adelantado nuestros
conocimientos de las mismas. Es cierto que la familia patriarcal es la más
antigua que nos es dado conocer al seguir las huellas de las autoridades
clásicas semíticas, pero la investigación a lo largo de estas comentes no
permite penetrar más allá del estadio superior de la barbarie, dejando, por lo
menos, cuatro períodos étnicos enteros sin tocar, y la vinculación que existió
entre ellos sin reconocer. Se debe conve nir, empero, que los hechos
referentes a las primitivas condiciones del hombre son de reciente producción y
que el investigador juicioso se cuida de cambiar doctrinas viejas por otras
nuevas. Desafortunadamente para la hipótesis de la degradación, los in ventos
y descubrimientos se habrían sucedido unos a otros; el cono cimiento de la
cuerda debió preceder al arco y flecha, así como el conocimiento de la pólvora
debió preceder al arma de fuego y el
de la máquina de vapor al ferrocarril y al buque a
vapor; así las artes de subsistencia se siguieron unas a otras, con largos
intervalos de tiempo, y los implementos del hombre atravesaron las formas de
pedernal y piedra antes de llegar a ser fabricados de hierro. De igual suerte,
las instituciones de gobierno son desenvolvimientos de un germen primitivo del
pensamiento. Su nacimiento, desarrollo y trans misión deben explicar la
existencia de los mismos entre los pueblos civilizados. En la misma forma la familia
monógama derivó, por experiencia, de la sindiásmica; ésta de la punalúa; y
ésta, a su vez,
de la más remota, es decir, de la consanguínea. Y
si, por último, de bemos desechar la antigüedad de la familia monógama,
ganamos
en cambio el conocimiento de sus orígenes, lo cual
es más impor tante, pues descubre el precio al cual fue lograda.
La antigüedad del hombre en la tierra está ahora
asentada sobre
un cúmulo de testimonios tal, como para convencer
al juicio más
imparcial. La existencia de las razas se remonta
definitivamente al
período glacial en Europa y, más atrás todavía, a
un período ante
rior. Nos hallamos obligados a reconocer la edad
prolongada e in
mensurable de la existencia del hombre. La mente
humana siente
uná curiosidad natural y justa por saber algo de la
vida del hombre
durante los últimos cien mil o más años, ya que
tenemos la seguridad
de que existía en esa época. Todo este tiempo no
pudo transcurrir en
vano. Sus grandes y maravillosas conquistas
demuestran lo contrario,
así cómo implican el empleo de esos prolongados
períodos étnicos.
El hecho de que la civilización sea tan reciente es
significativo de
Las trabas que obstruían el camino del progreso
humano, y suminis
tra algún índice del bajo nivel desde el cual el
hombre emprendió su
marcha hacia el progreso.
LASOCIEDADPRIMITIVA503
La serie precedente puede ser modificada y tal vez
puede expe rimentar cambios esenciales en algunos de sus postulados; pero
ofre ce una explicación tan racional como satisfactoria de los hechos de la
experiencia humana en la medida que son conocidos y del desa rrollo del
progreso del hombre al desenvolver los conceptos de fa milia y de gobierno en
las tribus de la humanidad.
EL MATRIMONIO PRIMITIVO (431)
Hallándose en prensa las presentes páginas, he
logrado una edi ción aumentada de la obra precitada. Es una reimpresión del
original con varios ensayos agregados, y que aparece ahora con el título de
Studies in Ancient History Comprising a Reprint of Primitive Ma rriage (432).
En uno de los ensayos, bajo el epígrafe de The
Classificatory Sjjstems of Relationships (433). MacLennan, dedica una parte (41
páginas) a un intento de refutación de mi teoría del origen del sis tema de
clasificación, y otras (36 páginas) a la exposición de la suya sobre el origen
de dicho sistema. La primera hipótesis a que nos refiriéramos está contenida en
mi libro Systems of Consanguinity and Affinity of the Human Family (434), págs.
479-486. Los hechos y su interpretación son substancialmente idénticos a los
que han sido presentados en capítulos anteriores de la presente obra (capítulo
II y III, tercera parte), Primitive Marriage se publicó por vez primera en
1865, y Systems of Consanguinity, etc., en 1871.
Habiendo reunido los antecedentes que establecen la
existencia
del sistema de clasificación de consanguinidad, me
atreví a acompa ñar a los cuadros una hipótesis explicativa de su origen. No
puede dudarse de que las hipótesis son útiles y muchas veces indispensa bles
para lograr la verdad. La validez de la solución propuesta en dicha obra, y
repetida en la presente, dependerá de su suficiencia para interpetrar todos los
antecedentes del caso. Mientras no sea
Primitive
Marriage, de J. F. McLenann.
Estudios
de Historia Antigua que abarcan una nueva edición de El Matrimonio
Primitivo".
Sistemas
de clasificación de los parentescos.
Sistemas
de Consanguinidad y Afinidad de ¡a Familia Humana.
LASOCIEDADPRIMITIVA505
reemplazada por otra que tenga más derecho a ser
sostenida, su inclusión en mi obra es legítima y está de acuerdo con los
métodos de investigación científica,
McLennan ha criticado esta hipótesis con mucha
soltura. La sín
tesis de sus conclusiones es, más o menos, la que
sigue (Studies, etc., pág. 371): "El espacio que he dedicado a la
consideración de esta solución tal vez se considere desproporcionada para su
importancia; pero la obra de Morgan, editada en la imprenta de la Smithsoniam
Institution y auspiacíada por el Gobierno de los Estados Unidos, ha sido, en
general, considerada como una obra de autoridad, y merece que nos tomemos el
trabajo de demostrar su carácter absolutamente
no científico . Como vemos, el cargo se formula no
solamente res pecto a la hipótesis en sí, sino a la obra íntegra.
Esta obra contiene 187 páginas de Cuadros de
Consanguinidad
y Afinidad, que presenta los sistemas de 139 tribus
y naciones del género humano que, por su número, representan las cuatro quintas
partes de toda la familia humana. Es extraño que simples hechos de
consanguinidad expresados en términos de parentescos, aun pre sentados en
forma de cuadros, puedan tener carácter absolutamente
no-científico . La mayor parte de la obra está
dedicada a los áridos detalles de estos diversos sistemas. Queda un capítulo
final, que ocupa 43, de las 590 páginas, dedicadas al cotejo de estos distintos
sistemas de consanguinidad, en el que aparece la hipótesis o solu ción a la
que se ha aludido. Fue el primer estudio de un gran cú mulo de material nuevo,
y si McLennan hubiese limitado sus cargos
a este capítulo, no hubiera habido mayor necesidad
de considerar los aquí. Pero él ha dirigido su ataque principal a los Cuadros,
ne gando que los sistemas que presentan sean sistemas de consangui nidad y
afinidad, yendo así al fondo de la cuestión (435). La actitud de McLennan tiene
su explicación en el hecho de
que, en su calidad de sistemas de consanguinidad y
afinidad, son antagónicos y refutan las opiniones y teorías principales
expuestas en Primitive Marriage. Se debía suponer que el autor del libro
citado, sostendría sus opiniones preconcebidas.
En caÜdad de sistemas de consanguinidad, por
ejemplo- 1) De muestran que los nuevos términos de McLennan exogamia y
endo-gamia son de dudosa utilidad; que tal como son empleados en Pri mitive
Marriage, sus posiciones son reversibles; y que la endogamia tiene escasa
aplicación a los antecedentes tratados en la obra, a la par que la exogamia es
simplemente una regla de la gem, y qué debe ser expuesta como tal. 2) Refutan
la frase de McLennan pa-
Sin
embargo, los Cuadros son' los resultados principales de esta investigación. En
su importancia y valor, exceden a cualquier uso actual que el autor pueda
sugerir. Systems of Consanguinity, etcétera. Smithsonian Contribu ios to
Knowledge, vol. XVII, pág, 8.
LEWISH.MORGAN
rentesco solamente por la mujer al demostrar que el
mismo pueblo reconocía constantemente, tanto el parentesco por el varón como
por la mujer. 3) Demuestran que la poliandria de los nair y tibetanos, jamás
pudo haber sido general, en las tribus del hombre. 4) Niegan tanto la necesidad
como la difusión del rapto de esposa sostenido en Primitive Marriage.
El examen de los fundamentos de los cargos de
McLennan, des cubre no sólo la invalidez de sus críticas, sino también, la
insu ficiencia de las teorías sobre las cuales aquéllas se basan. Tal estudio
conduce a resultados desastrosos para su obra
entera, como se pon drá en evidencia, mediante la consideración de Jos
siguientes pos tulados, a saber:
I. Que los principales términos y teorías empleados
en Pri mitive Marriage no tienen valor en Etnología.
Que
la hipótesis de McLennan para explicar el origen del sistema de clasificación
de parentescos, no da la razón d'e su origen.
III. Que las observaciones de McLennan a la
hipótesis expuesta en Systems of Consanguinity, etc., carecen de eficacia.
Estos postulados serán considerados en el orden
expuesto.. I
I. Que los principales términos empleados en
Primitive Ma
rriage, no tienen valor en etnología. Cuando esta
obra apareció fue acogida favorablemente por los etnólogos, porque como estudio
teó rico, trataba un número de cuestiones que desde hacía largo tiempo venían
estudiando. Su lectura detenida descubre deficiencias de de finición,
postulados ilegítimos, especulaciones ingenuas y conclusiones erróneas. En su
obra Principles of Sociology (Advance Sheets, Po pular Science Monthly, enero
1877, pág. 272( Herbert Spencer ha señalado una cantidad de ellos. Rechaza al
mismo tiempo la mayor parte de las teorías de McLennan sobre infanticidio
femenino , rap to de esposas , y endogamia y exogamia . Lo que Spencer deja de
esta obra, salvo la coordinación de ciertos
antecedentes etnológicos, sería difícil precisarlo.
Bastará para este fin, considerar tres puntos:
l.° El empleo que hace McLennan de los términos
exogamia y endogamia . :
Exogamia y endogamia términos de su propia cosecha
sig nifican, respectivamente, la obligación de contraer matrimonio fuera del
grupo; y la obligación de contraerlo dentro de una determinada agrupación de
personas.
Estos términos los emplea McLennan tan imprecisa y
libremente
LASOCIEDADPRIMITIVA507
para las agrupaciones organizadas que le han hecho
conocer los
autores que él cita, que tanto su nomenclatura,
como sus conclusio
nes, tienen muy poco valor. Es una dificultad
fundamental con la
que se tropieza en Primitive Marriage el hecho de
que la gens y la
tribu, o las agrupaciones que representan, no están
separadas unas
de otras, como miembros de una serie orgánica, de
manera que no
puede saberse de cuál agrupación se afirma la exogamia y de cuál
la endogamia
. Por ejemplo, una de las ocho g entes de una tribu,
puede ser exógama"
con respecto a sí misma y endógama con
respecto a las restantes siete. Más estos términos,
en semejante caso,
a pesar de estar bien aplicados, inducen a error.
Al parecer, McLe
nnan expone dos grandes principios, representativos
de condiciones de sociedad, que han influido en el desarrollo de los sucesos
huma nos. En realidad, mientras la endogamia tiene muy escasa aplica ción a
las condiciones sociales tratados en Primitive Marriage, la exogamia se refiere
a una regla O precepto de la gens una ins titución , y como tal, unidad de un
sistema social. La gens es la que ha influido en los asuntos humanos, y ella es
el hecho primario. Nos interesa, desde luego, conocer sus funciones y
atribuciones, con los derechos, privilegios y obligaciones de sus miembros.
McLe nnan no tiene en cuenta estas circunstancias principales, y no pare ce
haber tenido el menor concepto de la gens como institución de gobierno de la
sociedad antigua. Dos de los preceptos gentilicios son los siguientes: l.° El
matrimonio dentro de la gens está prohibi
do. Esta es la "exogamia de McLennan, restringida como siempre
lo estuvo, a una gens, pero citada por él sin
referencia alguna a la misma. 2.° En forma arcaica de la gens, la descendencia
está limi tada a la línea femenina. Esto es el "parentesco solamente por
la mujer de McLennan, pero expuesto por él, sin referencia alguna a la gens.
Profundicemos un poco más el asunto. Se dan siete
definiciones del sistema de tribu, y de la tribu. (Studies, etc, pág. 113-115).
Exogamia pura . l.° Sistema de tribu (o de familia). Tribus separadas. Todos
los miembros de cada tribu de la misma sangre,
o fingiendo serlo. El matrimonio entre los miembros
de la tribu está prohibido.
2. ° Sistema de tribu. La tribu, agregado de grupos
familiares
dispuestos
en divisiones, clanes, thums, etc. Ningún connubium entre miembros de la misma
división: ccmnubium entre todas las divisiones.
3. ° Sistema de tribu. La tribu, agregado de grupos
familiares. Ningún connubium entre personas cuyos nombres de familia indica que
pertenecen al mismo tronco.
4. ° Sistema de tribu. La tribu en divisiones.
Ningún connubium entre personas de las mismas divisiones; connubium entre
algunas de las divisiones; solamente connubium parcial entre otras.
508LEWISH.MORGAN
5.°
Sistema de tribu. La tribu en divisiones. Ningún connúbium entre personas del
mismo tronco; connubium entre cada división y alguna'otra. Ningún connubium
entre algunas de las divisiones. Castas.
"Endogamia pura . 6.° Sistema de tribu {o de
familia). Las tribus separadas-. Todos los miembros de cada tribu de la misma
sangre, o fingiendo serlo. Connubium entre miembros de la misma tribu; el
matrimonio fuera de la tribu está prohibido y castigado.
7.° Sistema de tribu indistinto.
Siete definiciones del sistema de tribu debieran
definir Ja agru pación llamada tribu, con suficiente claridad para poderla
conocer. Sin embargo, la primera definición es un rompecabezas. Hay va
rias tribus en un sistema de tribu, pero falta el
término para el con junto de tribus. No se supone que formen un cuerpo unido.
No dice como las tribus separadas entran en el sistema de tribu, o como se
mantienen unidas. Todos los miembros de una tribu son de la misma sangre o
fingen serlo, y, por consiguiente, no puede haber matrimo nio entre ellos.
Esto podría rezar para la gens, pero la gens nunca se halla sola, separada de
otras gentes. En toda tribu constituida por gentes, hay varias de éstas entremezcladas
por el matrimonio. Pero McLennan no pudo haber empleado aquí el concepto tribu,
como equivalente de gens, ni como agregado de grupos familiares. Como
agrupación separada de consanguíneos unidos por un sistema de
tribu, sin definir las agrupaciones y sin explicar
el sistema, se nos ofrece algo enteramente nuevo. La definición 6 es muy
semejante.
No es probable que haya existido jamás, en parte
alguna de la tie rra, una tribu que respondiera a estas definiciones, porque
no es ni una gens, ni una tribu compuesta de gentes, ni una nación formada por
la fusión de varias tribus.
Las definiciones 2, 3, 4 y 5 son algo más
inteligibles. Muestran en cada caso una tribu compuesta de gentes o de
divisiones basadas en parentescos. Pero se aproxima más a un sistema de gentes
que a un sistema de tribus. Estando permitido el matrimonio entre los clanes,
thums o divisiones de la misma tribu, en ningún caso se pue de atribuir a la
tribu la exogamia . El clan, thum o división prac tica la exogamia con
respecto a sí mismo; .y la "endogamia
con respecto a los otros clanes, thums o
divisiones. Se afir
ma que en algunos casos existen restricciones
particulares. Cuando
McLennan aplica los términos "exogamia y endogamia a una
tribu, ¿cómo puede saberse si se trata de una tribu
separada de va
rias que forman un sistema de tribus, cualquiera
que sea su signifi
cación, o una tribu definida como un conglomerado
de grupos fa
miliares? En la página siguiente (116) observa: Las tribus separa
das endógamas son casi tan numerosas, y bajo
ciertos aspectos, tan
rudimentarias, como las tribus separadas exógamas .
Sí entiende por
LASOCIEDADPRIMITIVA509
tribu un conglomerado de grupos familiares, es
decir, una tribu for mada de g entes, no se puede afirmar entonces que sea
exógama.
No existe la más leve probabilidad de que haya
imperado jamás, en parte alguna de la tierra, la exogamia en una tribu
compuesta de gentes. Donde quiera que haya existido la organización gentilicia,
estaba prohibido el matrimonio dentro de la gens. Esto da lo que McLennan llama
exogamia . Pero como regla igualmente general,
el matrimonio entre los miembros de una gens y
entre los miembros de todas las gentes de una tribu, era perfectamente legal.
La geni-es exógama y la tribu esencialmente endógama. Ernestos casos, por lo
menos es necesario saber qué se entiende por tribu. Tómese otro ejemplo
(pág,42): Si se puede comprobar primeramente que exis ten o han existido
tribus exógamas.y segundo, que en épocas ar caicas las relaciones entre las
tribus separadas eran uniformemente o casi uniformemente hostiles, habremos
hallado un juego de cir cunstancias que hacía que el hombre sólo pudiera
conseguir esposa mediante el rapto . He aquí el punto inicial de la teoría de
McLe nnan sobre el rapto de las esposas. Para fabricar "el juego de cir
cunstancias (a saber, tribus hostiles y, por lo tanto, independientes), el
término tribu, tal como se lo emplea aquí, tiene que referirse a La agrupación
mayor, es decir, a la tribu compuesta de gentes, porque
los miembros de las distintas gentes de una tribu
se hallan entre mezclados por el matrimonio en cada familia, a- través de toda
la zona ocupada por la tribu. O todas las gentes ion hostiles, o ninguna lo es.
Si el término estuviese aplicado al grupo menor, es decir, a la gens, ésta
sería entonces exógama, y la tribu, en el caso dado, es, en sus siete octavas
partes, endógama, ¿y qué se hace del juego de circunstancias que hacían
necesario el rapto de esposas?
Los principales casos citados en Primitive Marriage
para probar
la exogamia, son los de los khonds, calmucos,
circasianos, y samoye-des yurak, y los de ciertas tribus de la India y
Austriália y algunas tribus aborígenes de América entre las cuales se hallan
las iroquesas (págs. 75-100). Las tribus americanas están generalmente formadas
de gentes. Un varón no puede casar con una mujer de
su misma gens, pero puede casar con una mujer de otra gens de su tribu. Por
ejem plo, un varón de la gens Lobo de la tribu de los séneca-iroqueses, no
puede casar con una mujer de su misma gens, no solamente dentro
de la tribu séneca, sino dentro de cualquiera de
las otras cinco tribus iroquesas restantes. Aquí tenemos la exogamia de
McLennan, sí
bien restringida, como siempre, ,a la gens del
individuo, pues un varón puede casar con una mujer de cualquiera de las siete
gentes sénecas restantes. Aquí nos encontramos con la endogamia en la tribu,
prac ticada por los miembros de cada una de las gentes de las siete gentes
sénecas restantes. Ambas prácticas han coexistido, una junto a otra, en la
misma tribu, desde tiempo inmemorial. El mismo hecho es
LEWISH.MORGAN
igualmente cierto para las tribus indígenas
americanas en general. No obstante, éstas están citadas por McLennan como
ejemplos de tri bus que practican la exogamia ; y de este modo se llega a las
bases de su teoría.
Con respecto a endogamia
, McLennan probablemente se abs
tuvo de emplearla en el caso anterior, primero
porque exogamia y endogamia* no pueden aquí representar dos principios opuestos
tal como se los representa en su imaginación; y segundo, porque, en rea lidad
sólo hay un hecho que señalar, a saber, que el casamiento entre los miembros de
una gens está prohibido. Los aborígenes americanos, en general, pueden casar
dentro de su tribu o de tribus extrañas, a voluntad, pero no pueden hacerlo
dentro de su propia gens. Mcl en-nan pudo citar un verdadero caso de endogamia
, el de los tártaros de la Manchuria (pág. 116), quienes no podían casar con
personas cuyos nombres de familia fuesen diferentes . Se han comprobado al
gunos pocos casos semejantes entre tribus que actualmente existen. Si, por
ejemplo, la organización de los samoyedes yurak de Siberia (82), los magares de
Nepaul (83) los munnipuries, koupooees, mews y
murring de la India (87), fuese estudiada a base de
testimonios ori
ginales, es sumamente probable que se la
encontraría exactamente
análoga ,a la de las tribus iroquesas, significando
gentes las divisiones
y los thums. Hablando Latham del grupo yurak o
kasovo de los
samoyedes, da la siguiente cita de Klaproth: Esta división de paren
tesco es observada tan rigurosamente que ningún
samoyede toma es posa entre sus propios parientes. Por el contrario, la busca
en una de las otras divisiones (436). Este mismo autor, hablando de los magares
afirma que tienen doce thums . Todos los individuos que pertenecen a un mismo
thum son supuestos descendientes de un mismo antepa
sado masculino, no siendo necesario, de ningún
modo, que descien
dan también de una misma antepasada. Esposo y
esposa deben perte
necer a thums diferentes. De lo contrario no puede
realizarse el ma
trimonio. ¿Buscáis esposa? Pues buscadla en el thum
de vuestro veci
no; en todo caso buscadla fuera de vuestro thum.
Esta es la primera
vez que he tenido ocasión de exponer esta práctica.
No será la últi
ma; por el contrario, el principio que sugiere es
tan común que es
casi universal (437).
Los mürring y otras tribus de la India están
organizados en divisiones, con la misma regla
respecto al matrimonio.
Es probable que éstos sean casos de tribus
organizadas en g entes, con
prohibición del matrimonio dentro de la gens. Cada
gens es exóga-
ma con
respecto a sí misma y endógama con respecto a las demás
gentes de la tribu. Sin embargo McLennan, las cita
como ejemplos de
tribus exógamas . Se sabe que las principales
tribus australianas es
tán organizadas en gentes, con prohibición de
matrimonio dentro de la
Descriptive
Ethnology, Londres, ed. 1859, I. 475.
Ib.
I. 60.
LASOCIEDADPRIMITIVA511
gens. Aquí también la gens es exógama , mientras que la tribu es
endógama . Allá donde la gens es exógama respecto
,a¡ sí misma, y endógama respecto a. las demás, ¿qué objeto práctico tiene este
juego de dos términos para aplicarlos a un hecho que es único, la prohibición
de matrimonio dentro de la gens? Exogamia v endo gamia carecen de valor como
binomio de términos, al pretender re presentar o expresar opuestas condiciones
de sociedad. No tienen aplicación en la etnología americana, ni probablemente
tampoco en la asiática y europea. Se podría tolerar exogamia por sí solo, y
aplicado únicamente al grupo menor la gens en el cual sola mente puede
afirmarse. No existen en América tribus "exógamas , pero hay abundancia de
gentes exógamas , y cuando sé comprueba
la existencia de la gens, lo que nos interesa son
sus regímenes, que debieran ser presentados siempre como regímenes de la gens.
McLen nan halló que el clan, thum, y división eran exógamos y endóga-mo el
conjunto de los clanes, thums y divisiones; pero nada dice de la endogamia .
Tampoco afirma que el clan, thum y división sean exógamos , sino que la tribu
es exógama . Pudiéramos pénsar que se proponía emplear el término tribu como
equivalente de clan, thum o división; pero tropezamos con la dificultad de que
define la tribu como "congeries de agrupaciones familiares, que se
disgregan
en divisiones, clanes, thums, etc . (114), y acto
continuo declara que las tribus separadas endógamas son casi tan numerosas, y
bajo cier tos aspectos, tan rudas, como las tribus separadas exógamas . Si nos
basamos en sus definiciones principales podremos. afirmar sin temor
a ser contradichos, que McLennan no ha presentado
en su obra un solo caso de tribu exógama .
Existe otro reparo a este binomio de términos. Se
les pone en opo
sición uno al otro, para señalar condiciones
opuestas .y diferentes de
la sociedad. ¿Cuál de las dos es la más
rudimentaria, y cuál la más
adelantada? Aquí abundan los rodeos de McLennan.
Pueden repre
sentar una progresión de la exogamia a la endogamia , o de la
endogamia a la exogamia (115); pueden
ser igualmente arcaicas
(116); y bajo
algunos aspectos son igualmente
rudimentarias (116);
pero antes de terminar la exposición de la endogamia , se eleva a
la posición superior, y se orienta hacia la
civilización, mientras que la exogamia se vuelve atrás, hacia el salvajismo.
Resultó conveniente para las especulaciones de
McLennan que
la exogamia introdujera una heterogeneidad que la endogamia
se encarga de destruir, y que ésta, a su vez,
introduce la homogenei dad; así que al fin de cuentas, la endogamia se
sobrepone a la exogamia como factor de progreso.
Uno de los errores de McLennan fue el trueque de
las posiciones de esos términos. Lo que él llama endogamia precede a la exoga
mia en el orden del progreso del hombre y corresponde a la posición
512LEWISH.MOBGAN
más baja del género humano. Remontándose a la época
en que se constituyó el sistema malayo de consanguinidad que precedió a la
gens, hallamos grupos consanguíneos con vinculación matrimonial. El sistema de
consanguinidad descubre tanto el hecho como la1 na turaleza de las
agrupaciones, y exhibe la endogamia en su vigor prístino. Adelantándonos a este
estado de cosas, el grupo pimalúa representa la primera tr.aba a la endogamia
al excluir de la vincu lación matrimonial a los hermanos y primos de todos los
demás gra dos, que todavía figuraban como hermanos y hermanas. Precisamente
la misma organización a base de sexos exhiben los
australianos. Luego, en orden de tiempo, apareció la gens, con descendencia por
la línea femenina, y prohibición de matrimonio dentro de la gens. De ahí la
exogamia de McLennan. A partir de entonces, puede considerarse
que la endogamia no influyó en las cuestiones
sociales. Según McLennan, la exogamia decayó en las comunidades grie gas y
romanas al cambiarse la descendencia de la línea femenina a
la masculina (226). Tanto dista de esto el caso,
que lo que él llama exogamia se inició en el salvajismo con la gens, continuó a
través de la barbarie, y perduró hasta la civilización. Subsistió tan entera
mente en las gentes de los griegos y romanos de los tiempos de Solón y Servio
Tulio, como hoy subsiste en la gens de los iraqueses. La endogamia y exogamia
han sido de tal manera viciadas por el
modo cómo se las emplea en Primitive Marriage, que
lo mejor que se puede hacer con ellas es dejarlas de lado.
2. La frase el sistema de parentesco por la línea
femenina úni camente .
La obra Primitive Marriage se halla abundantemente
salpicada de esta frase. Afirma que donde este, parentesco fuera reconocido,
era el único válido; y así desde luego incurre en error. Los sistemas ma layo,
turanio y ganowaniano de consanguinidad demuestran clara y concluyentemente que
el parentesco por la línea masculina era tan válido como el de la línea
femenina. El varón tenía hermanos y hermanas, abuelos y abuelas, nietos y
nietas, procedentes tanto de varones como de mujeres. La maternidad de los niños
era cierta, no siéndolo la paternidad; pero no rechazaban el parentesco por
varones sino que en la duda abarcaban a un número de personas padres putativos
colocados en calidad de padres verdaderos, hermanos pro bables colocados en
calidad de hermanos propios e hijos supuestos en calidad de hijos verdaderos.
Luego de aparecer la gens aumentó la importancia
del parentesco
)or
la línea femenina, porque ahora comprendía parentesco genti- icio, en
distinción de parentesco no gentilicio. Este rué el parentesco,
en la mayoría de los casos que conoció McLennan por
medio de los autores que él cita. Los hijos de los miembros femeninos de la
gens, quedaban dentro de ella, mientras que los hijos de los varones eran
LASOCIEDADFÍUMITCVA513
excluidos. Todo miembro de una gens, varón o mujer,
señalaba su descendencia únicamente por la línea femenina, mientras la descen
dencia correspondió a ésta; y exclusivamente por la línea masculina, cuando la
descendencia fue cambiada. Sus miembros constituían un cuerpo organizado de
consanguíneos, llevando todos un nombre gen tilicio común. Estaban ligados
entre sí por afinidades de sangre, y también por el vínculo de derechos,
privilegios y obligaciones mutuas. El parentesco por la gens, resultaba en ambos
casos, superior a otro parentesco, no porque se desconociera otro, sino porque
aportaba los derechos y privilegios de la gens. El hecho de no poder descubrir
McLennan estas diferencias, revela la investigación insuficiente del asunto.
Con descendencia por la línea femenina, el varón tenía abue los y abuelas,
madres, hermanos y hermanas, tíos, sobrinos y sobri nas, nietos y nietas, en
su gens, algunos de ellos propios y otros co laterales, a la vez que tenía los
mismos fuera de la gens con excepción de tíos; y por añadidura, padres, tías,
hijos e hijas y primos. La mujer tenía en la gens los mismos parientes que el
varón, y además hijos
e hijas, y fuera de la gens los mismos que el
varón. Que fuese dentro o fuera de la gens, el hermano era reconocido siempre
como hermano, el padre como padre, el hijo como hijo, y en todos los casos el
tér mino se aplicaba sin distinción entre ellos. La descendencia por la línea
femenina, que es todo cuando el parentesco a través de mu jeres solamente
puede indicar, se ve así que no era sino una regla de la gens. Corresponde que
sea mencionada como tal porque la gens
es uno de los factores primarios y el parentesco
gentilicio es uno de sus atributos.
En la época anterior a la organización gentilicia,
era indiscutible
la superioridad del parentesco por la línea
femenina sobre el parentes co por la línea masculina y fue sin duda la base
principal de la orga nización de las tribus más atrasadas. Pero el cúmulo de
antecedentes estudiado en Primitive Marriage tiene poca o ninguna relación con
ese estado de la humanidad que existió con
antelación al régimen gentilicio.
3. -No existen pruebas de la prevalencia general de
la poliandria de los nair y tibetanos.
Éstas formas de poliandria figuran en las teorías
de McLennan, como si fuesen universales en la práctica. Las emplea en su
intento
de explicación del origen del sistema de
clasificación de parentescos. La poliandria de los nair consiste en varias
personas ño emparentadas que tienen una esposa común (pág. 146). Esta forma se
considera la más rudimentaria. En la poliandria tibetana, varios hermanos tie
nen una esposa común. Luego hace una rápida excursión por las tri bus del
género humano para demostrar la prevalencia general de una
u otra de estas formas de poliandria, y fracasa por
completo en su intento. No parece habérsele ocurrido a McLennan que estas
formas
514LEWISH.MORGAN
de poliandria son excepcionales
promedio de tres hombres tuviese una esposa en
común (12 maridos
para una esposa era el límite nair, pág. 147), y
esto fuese general en toda la tribu, las dos terceras partes de las mujeres
nubiles carecerían de marido. Se puede aventurar sin riesgo que semejante
estado de co sas jamás pudo haberse generalizado en las tribus de la
humanidad,
y sin testimonios más auténticos no se le puede dar
crédito como aplicable a las colinas de Neilgherry o al Tibet. No son bien
conoci dos los antecedentes efectivos de la poliandria de los nair Un nair
podrá intervenir en varias combinaciones de maridos, es decir, que podrá tener
cualquier número de esposas (148). Esto, sin embargo, no auxiliaría a las
solteras para lograr marido, por más que aumentara el número de maridos efe una
mujer. No alcanza la exageración del infanticidio femenino a imponer la verdad
de la prevalencia general de estas formas de poliandria. Tampoco podría
afirmarse legítima mente que hayan ejercido una influencia general sobre los
asuntos humanos.
Los sistemas malayo, turanio y ganowaniano de
consanguinidad y afinidad, sin embargo, ponen en descubierto formas de
poliandria y de poligenia, que han influido sobre los asuntos humanos, porque
tuvieron difusión tan universal al nacer como la tuvieron los sistemas mismos.
En el sistema malayo hallamos pruebas de grupos consanguí neos fundados sobre
el matrimonio de hermanos con hermanas, pero incluyendo a hermanos y hermanas
colaterales. Aquí los varones prac ticaban la poliginia y las mujeres la poliandria.
En el turanio y en el ganowaniano hay indicios de una agrupación más adelantada
la punalúa , en dos formas. Una se basaba en la fraternidad de los maridos y la
otra en la hermandad de las esposas, estando ahora ex cluidos del vínculo
matrimonial los hermanos y hermanas propias.
En ambas agrupaciones los varones eran poliginios y
las mujeres po liandrias. En un mismo grupo se hallan ambos casos, y ambos son
esenciales para la interpretación de su régimen de consanguinidad. El último de
los citados sistemas de consanguinidad y afinidad, pre supone el matrimonio
punalúa, por grupos. Este y el malayo exhiben las formas de poliandria'y
poliginia que interesan1 a la- etnología; a la vez que las formas nair y
tibetanas de polinandria no sólo son in suficientes para explicar el sistema,
sino que ofrecen un interés ge neral.
Estos sistemas de consanguinidad y de afinidad,
como están ex puestos en los cuadros, han destruido en tal forma las opiniones
y teorías sostenidas en Primitive Marriage, que me veo ooligado a atribuir a
esto el ataque de McLennan a mi hipótesis explicativa so bre su origen, y su
intento de sustituirlos por otros, negándoles ca rácter de sistemas de
consanguinidad y afinidad.
ralidad ni aún en las serranías
LASOCIEDADPRIMITIVA515
Que
la hipótesis con la que pretende McLennan explicar el origen del sistema de
clasificación no explica dicho origen. McLennan parte de la afirmación (pág.
372) de que los fenó menos expuestos en todas las formas (del sistema de
clasificación) son finalmente asignables al régimen matrimonial, y que de
acuerdo con su origen deben ser también así -. Esta es la base de mi explica
ción, y solamente en parte lo es de la suya.
El régimen conyugal mediante el cual intenta
explicar el origen
del sistema malayo es el que exhibe la poliandria
nair; y el régimen conyugal mediante el cual intenta explicar el origen del
sistema tu ranio y ganowaniano es el indicado por la poliandria tibetana. Pero
él no posee ni el sistema de consanguinidad y afinidad nair ni el tibetano, a
fin de explicar o de verificar sus hipótesis. Parte, por tanto, sin ningún
material de fuentes nair o tibetanas y con formas de régimen conyugal que jamás
existieron entre tribus y naciones que. poseían el sistema de clasificación de
parentesco. Vemos así, desde el comienzo, que la explicación en cuestión es una
mera hipó tesis fortuita.
McLennan niega que los sistemas de los cuadros
(Consanguinity, páginas 298-382 y 523-567) sean sistemas de consanguinidad y
afi nidad. Por el contrario, afirma que reunidos forman "un sistema de
modos de dirigirse a las personas . El no es inequívoco en su ne gación, pero
el sentido de sus palabras produce ese efecto. En mi obra sobre consanguinidad
destaqué el hecho de que los indios ame ricanos en el trato familiar y en los
saludos ceremoniosos se daban entre sí el parentesco exacto que les correspondía,
el parentesco per sonal; y que la misma costumbre prevalecía en la India
Meridional
y en la China. Ellos emplean el sistema en sus
saludos porque se trata de un sistema de consanguinidad y afinidad, la cual es
una razón poderosa. McLennan desea que creamos que estos sistemas, que todo lo
abarcan, son simplemente convencionales y que han sido creados con el propósito
de que las personas puedan dirigirse entre sí en sus saludos, y con ningún otro
fin. Es esta una feliz manera de desembarazarse de estos sistemas y de dejar a
un lado las más notables constancias que existen con respecto a la condición
primi tiva de la humanidad.
McLennan imagina que debió existir en alguna parte
un sistema
de consanguinidad completamente independiente del
sistema de tra tamiento; pues es lógico pensar , afirma (pág. 373), que el
sistema de lazos de sangre y el sistema de tratamientos debieron'comenzar a
crecer juntos y, durante algún tiempo corto, debieron tener una his toria
común . Un sistema de lazos de sangre es un sistema de con sanguinidad. ¿Dónde
está, pues, el sistema perdido? McLennan ríi
lo crea, ni demuestra su existencia. Pero veo que,
hasta donde pue
de utilizarlos para sus hipótesis, hace uso de los
sistemas de los cua-
LEWISH.MORGAN
dros como si fuesen sistemas de consanguinidad y
afinidad, sin to marse la molestia de modificar su afirmación de que eran
simple modo de dirigirse a las personas .
Que las tribus salvajes y bárbaras, por todos los
ámbitos de la tierra, y por siglos y siglos, se hubiesen preocupado de tal modo
de la manera apropiada de dirigirse a los parientes, como para haber creado los
sistemas malayo, turanio y ganowaniano, en toda su ple nitud y complejidad,
par,a ese único objeto, y ningún otro sistema fuera ae estos dos: que en Asia,
Africa, Polinesia y América hubie sen convenido, por ejemplo, que el hermano
del abuelo de una per sona dada sería tratado de abuelo, que los hermanos
mayores de
uno se tratarían de hermanos mayores, y los menores
de hermanos menores, meramente por fijar un tratamiento convencional para los
parientes serían coincidencias tan notables, y de causa tan baladí, que es
suficiente que el autor de tan brillante idea la tenga por artículo de fe. Un
sistema de tratamientos de las personas sería efí mero, porque todos los usos
convencionales son efímeros.
También serían tan diversos como lo son las razas
del hombre. Mas un sistema de consanguinidad es asunto bien diferente. Sus
parentescos nacen de la familia y del régimen conyugal, y son más permanentes
que la familia misma, que progresa a la vez que el ré gimen se mantiene
inalterable. Estos parentescos expresan los hechos reales de la condición
social al construirse el sistema, y tienen una importancia de .actualidad en la
vida del hombre. Su uniformidad
a través de inmensas regiones de la tierra, y su
conservación a través de inmensos períodos de tiempo, son resultantes de su
vinculación con la ley conyugal.
Al formarse el sistema malayo de consanguinidad,
puede pensar se qué una madre se daba cuenta de que sus propios hijos ocupaban
respecto a ella una posición de parentesco que podía ser expresada en términos
apropiados; que su propia madre y fa madre de su pro pia madre ocupaban,
respecto a ella, otras posiciones de parentesco,
y que los hijos de su hija representaban todavía
otras, todas las cua les podrían ser expresadas en términos adecuados, Sería
el principio del régimen de consanguinidad basado en obvias vinculaciones de
sangre. Echaría los cimientos de las cinco categorías de parentesco en el
sistema malayo, sin referencia alguna al régimen de matri monios.
Al establecerse el matrimonio en grupos y la
familia consanguí nea, de los cuales el sistema malayo brinda sendos
testimonios, el régimen se extendería por el grupo a base de estos conceptos
pri marios. Con el matrimonio entre hermanos, propios y colaterales, en grupo,
el resultante sistema de consanguinidad y afinidad sería malayo. Fracasaría
toda hipótesis explicativa del origen del sistema malayo que desconociera estos
antecedentes. Tal régimen de matri-
LASOCIEDADPRIMITIVA517
monio y familia crearía el sistema malayo. Sería
desde sus comien zos un sistema de consanguinidad y afinidad, y solamente así
ten dría explicación.
Si este juicio es exacto, huelga considerar en
detalle los extremos de la hipótesis de McLennan, que es demasiado obscura para
una discusión filosófica, y es absolutamente incapaz de suministrar una
explicación del origen de estos sistemas.
Que
los reparos de McLennan a la hipótesis expuesta en Systems of Consanguinity,
etc., carecen de validez.
La misma mala inteligencia de los hechos y la misma
confusión
de ideas que señala su anterior trabajo aparecen
también en éste. No distingue entre los parentescos de consanguinidad y los de
ma trimonio, existentes en una misma persona; y también se equivoca en los
parentescos de los sistemas.
Fuera ocioso seguir paso a paso los reparos de
McLennan a esta hipótesis, alguno de los cuales son simples palabras, otros
rebusca dos y ninguno de ellos toca la esencia de las cuestiones a dilucidar.
El primer postulado que intenta refutar es expuesto por él como sigue: El
sistema malayo de parentesco es un sistema de paren tescos de sangre. Morgan
lo supon así, y nada dice de los obstáculos que se oponen a esta suposición
(pág. 432). Este es en parte un sistema de parentescos de sangre y en parte de
parentescos de ma trimonio. El hecho es patente. Los parentescos de padre y
madre,
de hermano y hermana mayor y menor , de hijo e
hija, de tío y tía, de nieto y nieta, y también de cuñado y cuñada, de yerno y
nuera, además de otros, son dados en los cuadros que McLennan
tiene a la vista. Estos sistemas hablan por sí
solos, y no podrán decir sino que son sistemas de consanguinidad y afinidad.
¿Cree McLen
nan que las tribus nombradas poseían otro sistema,
o uno diferente del contenido en los cuadros? Si fuera así, estaría obligado a
pre sentarlo o a comprobar la verdad de su existencia. No hace ni una ni otra
cosa.
Pueden considerarse dos o tres de sus puntos
especiales. «En efecto dice (pág. 346) , si se llama a un hombre hijo de una
mujer que no le dio el ser, el hecho exige una explicación por el principio de
las descendencias naturales. La supuesta vinculación de parentesco no es en
este caso la que realmente existe, hasta don de pudiera conocerse la
paternidad de los individuos, y que según el postulado de Morgan no queda
comprobada . A primera vista,
la cuestión no es de parentesco, sino de
vinculación matrimonial. El varón dice madre a la hermana de su madre, y ella
le dice hijo, si bien no le dio el ser. Este es el caso de los sistemas
malayos, turanio y ganowaniano. Sea el matrimonio consanguíneo o punalúa, la
her
mana de la madre de un varón es esposa de su
supuesto padre. En 518LEWISH.MORGAN
cuanto nuestro sistema pueda suministrar una
analogía, ella sería
su madrastra, y ella dice hijo al hijastro. Es
cierto que escapa a la explicación como parentesco de sangre, lo que no
pretende ser, pero como parentesco de matrimonio, que sí lo pretende, es ésta
la ex plicación. El razonamiento de McLennan es, en un número de casos,
igualmente flojo y aparente.
Pasando del sistema malayo al turanio, observa
(pág. 354): De esto se deduce que el hijo de un hombre y la hija de su hermana,
no obstante ser reputados hermano y hermana, una vez establecida la
organización en tribu, serían libres para casarse, porque correspon derían a
descendencias de diferentes tribus . Por esto se extiende en argumentos de dos
o tres páginas, para demostrar que: la ra zón dada por Morgan es insuficiente
. Si McLennan hubiese dedi cado más atención al estudio del régimen turanio y
ganowaniano de consanguinidad, hubiera aprendido que el hijo de un hombre y la
hija de su hermana no son reputados hermano y hermana . Por
el contrario, son primos. Esta es una de las
distinciones más obvias y más importantes entre los sistemas malayo y turanio,
y la que expresa las diferencias entre la familia consanguínea del malayo y la
punalúa del turanio.
El lector común apenas se tomará el trabajo de
abarcar los deta lles de estos sistemas. Salvo que estuviese habilitado para
seguir los parentescos sin esfuerzos, la discusión del sistema será más bien
enfadosa para él que asunto ameno. McLennan hace holgado em pleo de los
términos, pero no siempre con propiedad.
En otro lugar (pág. 360) McLennan me atribuye una
distinción entre el matrimonio y la cohabitación, que no me corresponde, si
guiendo con un floreo de retórica que no desmerece a lo más .selecto de
Primitive Marriage.
Finalmente, McLennan se encastilla en lo que dice
ser dos erro
res míos que vician, ,a su juicio, mi explicación
sobre el origen del sistema de clasificación. "Al intentar explicar el
origen del sistema de clasificación, Morgan incurre en dos equivocaciones
radicales. Su primera equivocación estriba en no reparar suficientemente en la
peculiaridad principal del sistema: su clasificación de personas vinculadas,
pues no buscó el origen del sistema en el origen de Ja
clasificación (pág. 360). ¿Cuál es en este caso la
diferencia entre el sistema y la clasificación? Las dos significan la misma
cosa, y en manera alguna pueden ser constreñidas a significar otra. Indagar el
origen de la una es indagar el origen del otro.
La segunda equivocación, o más bien error, fue el
de haber
sentado con tanta ligereza que el sistema era un
sistema de lazos de sangre (pág. 361). No existe tal error desde que las
personas men cionadas en los cuadros descienden de un antepasado común, o
bien están ligadas por el matrimonio con una o
varias de ellas. Son
LASOCIEDADPRIMITIVA519
las mismas personas que se describen en los cuadros
demostrativos
de los sistemas ario, semítico y uralio
(Consanguinity, págs. 79-127). En cada uno de estos sistemas ellas están
efectivamente vinculadas entre sí por consanguinidad y afinidad. En el último,
cada paren tesco está especializado; en el primero están clasificados en cate
goría; pero en todos por igual el fondo es el mismo, a saber: con sanguinidad
y afinidad verdaderas. El matrimonio en grupo en el primero, y el matrimonio
entre parejas solas en el último, señalan
su diferencia. En los sistemas malayo, turanio y
ganowaniano, hay una base sólida en el parentesco de sangre que ellos exhiben,
en la descendencia común de las personas; y para los parentescos por ma
trimonio debemos atenemos al régimen conyugal que indica. El examen y la
comparación demuestran que dos formas de matrimonio son necesarias para
explicar los sistemas malayo y turanio; de aquí que sirvan de prueba de toque
del matrimonio consanguíneo en un caso y del matrimonio punaíúa en el otro.
Mientras los términos de parentesco se emplean
constantemente
en los tratamientos, esto significará que son
términos de parentesco. El intento de McLennan de convertirlos en formas
convencionales
de tratamiento es vano. No obstante lo mucho que
recalca este jui cio, él no los utiliza como modos de tratamientos , al tratar
de explicar su origen. En cuanto hace uso de alguno de ellos, los em plea
estrictamente como términos de consanguinidad y afinidad. Era tan imposible que
un sistema de modos de dirigirse a las personas se hubiese desenvuelto con
independencia del sistema de consangui nidad y afinidad (pág. 373), como que
el lenguaje se hubiese des arrollado con independencia de las ideas que representa
y expresa. ¿Qué significado pudieran haber tenido estos tratamientos de pa
rientes, fuera del parentesco de consanguinidad o de afinidad que expresan? La
simple carencia de un sistema de tratamientos no hu biera podido dar nunca un
sistema tan estupendo, idéntico en sus menores detalles en inmensas regiones de
la tierra.
Por mi parte, y en cuanto a la diferencia esencial
entre la expli cación del origen del sistema de clasificación 'dada por
McLennan
y la que he expuesto en esta obra, es decir, si
estamos en presencia de un sistema de modos de dirigirse a las personas o ante
un sis tema de consanguinidad y afinidad, me limito a someter la cuestión al
juicio del lector.
CUARTAPARTE
DESENVOLVIMIENTO DEL CONCEPTO DE PROPIEDAD
i
I
LAS TRES REGLAS DE LA HERENCIA
Queda por considerar el desenvolvimiento de-la
propiedad en los
diversos períodos étnicos, las reglas que surgieron
con respecto a su posesión y herencia, y la influencia que ejerció sobre la
sociedad antigua.
Los primeros conceptos de propiedad estuvieron
ligados ínti
mamente a la obtención de la subsistencia, que era
la necesidad pri
mordial, Los objetos de propiedad aumentarían en
cada período
étnico sucesivo con la multiplicación de aquellas
artes de las cuales
dependía la subsistencia. De esta suerte el
desenvolvimiento de la
propiedad debió acompañar al progreso de los
inventos y descubri
mientos. Cada período étnico señala un notable
adelanto sobre su
antecesor, no sólo por el número de inventos, sino
también en la
variedad y monto de la propiedad resultante de los
mismos. La mul
tiplicación de las formas de sociedad estaría
acompañada por el
desarrollo de ciertas reglas referentes a la
posesión y a la herencia.
Las costumbres, de las cuales dependen estas reglas
de posesión y
herencia de los, bienes, están determinadas y
modificadas por la con
dición y el progreso de la organización social. De
esta manera el
desenvolvimiento de la propiedad está estrechamente
vinculado al
aumento de los inventos y descubrimientos, y al
adelanto de las ins
tituciones sociales, que señalan los diversos
períodos étnicos del pro
greso humano.
1, L a p r o p i e d a d e n e l e s t a d i o d e
l sa l v a j i s m o
Desde cualquier punto de vista, es difícil concebir
la condición del hombre en este período primitivo de su existencia cuando se lo
despoja de todo cuanto había adquirido merced a los inventos y descubrimientos,
y al desarrollo de conceptos encamados en insti tuciones, usos y costumbres.
El progreso humano desde un estado
de ignorancia e inexperiencia absoluta se
desarrolló lentamente pero
524LEWISH.MORGAN
en progresión geométrica. El camino seguido por la
humanidad en
su desarrollo puede ser recorrido, siguiéndose un
encadenamiento de deducciones necesarias, hasta un punto en el cual, sin
conocimiento
del fuego, sin lenguaje articulado y sin armas
artificiales estaba sujeta como los animales salvajes, a los productos
espontáneos de la
tierra. Lenta, casi imperceptiblemente, avanzó a
través del salva jismo, desde el lenguaje gesticulado y de sonidos imperfectos
hasta el lenguaje articulado; desde la maza, como arma primera, hasta el dardo
con punta de pedernal, y, más adelante, hasta el arco y la flecha; desde el
cuchillo y formón de pedernal, al hacha y martillo de piedra; desde el cesto de
mimbre o cañas, hasta el cesto emba durnado de arcilla que le proporcionó una
vasija para cocer los ali mentos al fuego, y, finalmente, hasta el arte de la
alfarería, que suministraba una vasija capaz de resistir el fuego. En cuanto a
los elementos de subsistencia, adelantó desde los frutos espontáneos de una
región limitada hasta los peces y mariscos de las costas del mar, y, por
último, hasta las raíces panificables y la caza. La fabricación de cuerdas e
hilos con filamentos de cortezas de árbol, una especie de paño hecho con pulpa
vegetal, la curtiembre de pieles para ves tirse o para construir tiendas, y,
finalmente, la vivienda hecha de troncos y recubierta de corteza, o bien de
tablas hechas de troncos hendidos por medio de cuñas de piedra; todo esto, más
lo citado anteriormente, corresponde al estadio del salvajismo. Entre los in
ventos menores se puede mencionar el taladrar a fuego, el mocasín y el calzado
para resguardarse de la nieve.
Antes de terminar este período, el hombre había
aprendido a mantenerse unido en grupos en forma relativa a los tiempos pri
mitivos, se había propagado por la faz de la tierra
y habían llegado a aprovechar todos los medios propicios al progreso humano de
todos los continentes. En la organización social había progresado desde la
horda consanguínea hasta la tribu organizada en gentes, adquiriendo así los
gérmenes de las principales instituciones de go bierno. El género humano era;
ahora lanzado con éxito a las grandes vías que habrían de conducirlo hasta la
civilización, la que ya en tonces, con el lenguaje articulado, entre las
adquisiciones, la alfa rería entre las artes, y la gens entre las
instituciones, se podía con siderar sustancialmente asegurada.
El período del salvajismo operó inmensos cambios en
la condi ción de la humanidad. Aquella porción que marchaba a la cabeza del
género humano había concluido por organizar la sociedad gen tilicia y, en
diversas regiones, había desarrollado pequeñas tribus con poblados, los que
tendieron a estimular sus facultades inventivas. Dedicaron principalmente sus
energías rudimentarias y sus artes
más nrdimentarias aún al problema de la
subsistencia. No habían alcanzado todavía el poblado amurallado como defensa,
ni la ali-
LASOCIEDADPRIMITIVA525
mentación farinácea, y el flagelo del canibalismo
aún los perseguía. Las artes, invenciones e instituciones citadas comprenden
casi la integridad de las conquistas del hombre en el salvajismo, con ex
cepción del maravilloso progreso del lenguaje. En suma, parecen escasas, pero
eran, de inmensas potencialidades, porque abarcaban los rudimentos del
lenguaje, de gobierno, de la familia, de la reli gión, de la arquitectura de
vivienda y de la propiedad, juntamente con los gérmenes principales de las
artes de la vida. Todo esto fue perfeccionado por sus descendientes en el
período de la barbarie, y sus actuales descendientes todavía se hallan
perfeccionándolos. Pero los bienes de propiedad del salvaje fueron de escasa
impor tancia. Sus nociones acerca de su valor, de lo deseable de su pose sión
y de su herencia eran débiles. En la vida salvaje, el grueso de los bienes lo
constituían unas toscas armas, tejidos, utensilios, ves tidos, implementos de
piedra, de pedernal y de hueso, y objetos de adorno personal. La pasión por su
posesión apenas si se había for mado en su mente, porque los bienes mismos
apenas existían. Que daba confiado al entonces lejano período de la
civilización el des arrollar la plena vitalidad de la codicia del lucro
(studium lucri), que es hoy una fuerza tan dominante en la mente humana. Las
tie rras, apenas objeto de propiedad, eran poseídas por la tribu en común, y
las viviendas eran de propiedad conjunta de sus habitan tes. Los bienes de
carácter puramente personal, que aumentaban
con el lento progreso de los inventos, eran los que
nutrían los gér menes de esta gran pasión. Los que se estimaban más valiosos
se depositaban en la sepultura del propietario fallecido, para sus me nesteres
en el mundo de los espíritus. Lo que restaba era suficiente para hacer surgir
la cuestión de la herencia. En cuanto al modG cómo se efectuaba su distribución
antes de la constitución de la gene, nuestra información es limitada, por no
decir nula. Con la institución de la gens vino la primera gran regla de la
herencia, que distribuía los efectos del fallecido entre sus gentiles. En la
práctica se apropiaban de ellos los parientes más próximos; pero regía el
principio general de que los bienes debían quedar en la gens del finado, y ser
distribuidos entre sus miembros. Este principio subsis tió entre las gentes
griegas y latinas hasta después de iniciada la civilización. Los hijos
heredaban a la madre, pero nada recibían de su supuesto padre.
La p
r o p i e d a d e n e l e s t a d i o i n f e r i o r d e l a b a r b a r i e
A partir de la invención de la: alfarería hasta la
domesticación
de 'los animales, o su equivalente, el cultivo del
maíz y plantas me díante el riego, la duración de este período debe haber sido
más breve que la del salvajismo. Este período étnico no está señalado
LEWISH.MORGAN
por ningún gran invento o descubrimiento si
exceptuamos el arte
de la alfarería, el tejido a mano y el arte del
cultivo en América, que dio la alimentación farinácea. Se distinguió más por el
desarrollo de las instituciones. El tejido a mano, con trama y urdimbre, parece
corresponder a este período y debe ser colocado entre las más gran des
invenciones, pero no puede asegurarse que fuera desconocido
en el salvajismo. Los iroqueses y otras tribus
americanas del mis mo estadio fabricaban cintos y correas, con trama y
urdimbre de excelente calidad y acabado, empleando hilos finos hechos de fila
mentos de olmo y de corteza de tilo americano (438). Se daban cuenta cabal de
los principios de este gran invento que, desde en tonces, vistió a la familia
humana, pero no supieron extenderlo a la confección de ropas. La escritura a
base de imágenes también parece haber hecho su aparición en este período. Si
efectivamente tuvo origen en un periodo anterior, recibía ahora un considerable
impulso. Es interesante como una de las etapas de un arte que debía culminar en
la invención de un alfabeto fonético. La serie de invenciones conexas parece
haber sido la siguiente: I. Lenguaje gesticulado, o bien lenguaje de símbolos
personales. II. Escritura con imágenes o símbolos ideográficos. III.
Jeroglíficos o símbolos convencionales. IV. Jeroglíficos de poder fonético o
símbolos foné ticos empleados en sílabas. V. Un alfabeto fonético o sonidos
es critos. Desde que el lenguaje de sonidos fue un proceso de desarro llo a
través de etapas sucesivas de desenvolvimiento, es interesante e importante el
conocimiento de la evolución de sus procesos ante riores. Los caracteres en
los monumentos de Copan son, aparente mente, jeroglíficos del grado de
símbolos convencionales. Enseñan que los aborígenes americanos que practicaron
las tres primeras formas llevaban su rumbo hacia un alfabeto fonético.
También parecen pertenecer a este período la
invención de la em palizada como defensa del poblado, la del escudo de cuero
sin cur tir como defensa contra la flecha convertida ahora en proyectil mor
tífero, la de las varias formas del mazo de guerra armado de una piedra
embutida o con punta de asta de ciervo. Por lo menos, los usaban en general los
indios americanos del estadio inferior de la barbarie en la época en que fueron
descubiertos. La lanza con pun ta de hueso o de piedra no era arma usual entre
las tribus de las selvas, si bien algunas veces la empleaban (439). Este arma
corres ponde al período del salvajismo, antes de la invención del arco y
flecha, y reaparace como arma principal en el estadio superior de la barbarie,
cuando entró en uso la lanza con punta de cobre y el
League
of the Iroquois, pág. 364.
Por
ejemplo, los ojibwas usaban la lanza o jabalina, Shema-gun, con punto de
pedernal o de hueso.
LA.SOCIEDADPRIMITIVA527
combate llegó a efectuarse cuerpo a cuerpo. El arco
y lá flecha y el mazo de guerra eran las armas principales de los aborígenes
ame ricanos en el estadio inferior de la barbarie. Se progresó un tanto en
la alfarería en el sentido del tamaño de las
vasijas y en su deco ración (440), pero hasta el fin de este período continuó
siendo muy tosca. Hubo un adelanto sensible en la arquitectura de la vivienda,
en las dimensiones y métodos de construcción. Entre las invencio nes menores
se cuenta la cerbatana para la caza de aves, el mortero y el triturador de
madera, para reducir el maíz a harina, y el mor tero de piedra para preparar
pinturas; pipas de pieda y de barro y el uso de tabaco; implementos de piedra y
de hueso, de grado más adelantado, y el martillo de piedra con revestimiento de
cuero sin curtir, en el mango y en la parte superior, y el mocasín y cinto
ador nados con púas de erizo. Es probable que algunos de estos inven
tos fuesen copiados de tribus que se hallaban en el
estadio medio, porque fue por este proceso constantemente repetido que las
tribus más adelantadas elevaban a las más atrasadas, a medida que éstas eran
capaces de apreciar los medios de progreso y apropiarse de los mismos.
El cultivo del maíz y de plantas dio al pueblo pan
sin levadura, el succotash y el hominy indios. También tendió a introducir
otras especies de bienes, a saber: tierras y huertas cultivadas. No obstan te
que las tierras eran poseídas en común por las tribus, se reco nocía al
individuo o al grupo un derecho posesorio sobre la tierra cultivada que ahora
llegó a ser objeto de herencia. El grupo reunido en una vivienda común era, en
su mayoría, de la misma gens, y la regla de sucesión no permitía que fuese desprendida
de la parentela. Los bienes del marido y de la mujer eran mantenidos aparte, y
después de su muerte quedaban en las gentes a las cuales pertene cieran
respectivamente. La esposa y los hijos no recibían nada del marido y padre; el
marido no recibía nada de la esposa. Entre los iroqueses, a la muerte de un
individuo que dejara esposa e hijos, sus bienes se distribuían entre sus
gentiles, de tal suerte que la mayor parte iría a sus hermanos e hijos de
éstas, y a sus tíos ma ternos. Una pequeña parte podía corresponder a sus
hermanos. A la muerte de una mujer que dejaba marido e hijos, estos hijos, las
her manas de la extinta, su madre y las hermanas de ésta, heredaban los
bienes, pero el monto principal correspondía a los hijos. En
.ambos casos los bienes quedaban dentro de la gens.
Entre los ojib-was, los bienes de la madre correspondían a los hijos, si éstos
te-
Los
cries fabricaban vasijas de barro de 2 a 10 galones (History of American
Indians, de Adair, p. 424); y los iroqueses adornaban sus cántaros y pipas con
miniaturas de rostros humanos colocados como botones. Este des cubrimiento fue
hecho recientemente por F. A. Cushing, de la Smithsonian Institution.
523LEWISH.MORGAN
nían edad para hacer uso de ellos; de lo contrario,
o cuando no había hijos, correspondían a las hermanas de la extinta y a su
madre y hermanas de ésta, con exclusión de los hermanos varones de aquélla.
Aunque hubiesen cambiado la descendencia a la línea mas culina, la herencia
todavía continuaba la regla que prevalecía cuan do la descendencia seguía la
línea femenina.
La variedad y cantidad de bienes eran mayores que
en el sal vajismo; pero aún no era suficiente como para crear un sentimiento
vigoroso en relación a la herencia. Se podrá distinguir en la men cionada
forma de distribución, como ya se ha dicho en otra parte, el germen de la
segunda gran regla de sucesión que otorgaba la propiedad a la parentela
agnaticia, con exclusión de los restantes gentilicios. La agnación y los
parientes agnaticios, como ahora se definen, presuponen la descendencia de la
línea masculina; pero
las personas comprendidas serían, muy distintas de
aquellas que seguían la descendencia por la línea femenina. El principio es
idén tico en ambos casos y los términos parecen ser de tanta aplicación en uno
como en otro. Con descendencia en la línea femenina, los agnados son aquellos
que pueden señalar su descendencia de un mismo antepasado común con el
intestado a través de mujeres ex clusivamente; en el otro caso, serían
aquéllos pue pueden señalar su descendencia a través de varones exclusivamente.
El fondo del parentesco agnaticio es la vinculación de sangre entre individuos
de una misma gens por descendencia directa de un mismo antepasado común; en una
línea determinada.
En la actualidad, las tribus indias más adelantadas
comienzan a manifestar su descontento por la herencia gentilicia. En algunas ha
sido suprimida y sustituida por el derecho hereditario exclusivo de los hijos.
En otra parte se han citado testimonios de este descontento entre los
iroqueses, los cries, los cheroqueses, los choctas, los meno-miníes, los
cornejas y los ojibwas, con referencia a las estratagemas ideadas a fin de que
los padres pudieran dejar sus bienes ahora mu cho más cuantiosos a sus hijos.
La disminución de la antropofagia, ese flagelo
embrutecedor del salvajismo, fue muy notable en el período inferior de la
barbarie, se fue dejando como práctica general; pero se mantuvo como práctica
de guerra a través de este período y hasta los
comienzos del período medio, como ya se ha dicho en otra parte. En esa forma se
com probó su existencia en las principales tribus de los Estados Unidos,
Méjico y Centro América, La adquisición de alimento farináceo fue el medio
principal mediante el cual se rescató al hombre de aquella costumbre salvaje.
Hemos recorrido ya de una sola ojeada dos períodos
étnicos
que abarcan, por lo menos, las cuatro quintas
partes de la existencia íntegra del hombre sobre la tierra. Estando en el
estadio inferior
LASOCIEDADPRIMITIVA529
comenzaron a manifestarse los atributos más
elevados de la huma nidad; la dignidad general, la elocuencia en la palabra,
el senti miento religioso, la rectitud, la virilidad y el arrojo ya eran
rasgos comunes del carácter; pero también lo eran la crueldad, la traición
y el fanatismo. Coresponden a este período el culto
de los elemen tos, en la religión, con un concepto impreciso de dioses
personales y de un gran espíritu, versificación rudimentaria, viviendas
colecti vas y el pan dé maíz. También creó la familia sindiásmica y la con
federación de tribus constituidas en gentes y fratrías. La imagina ción,
aquella gran facultad que tanto ha contribuido a la elevación del género
humano, originaba ahora una literatura oral de mitos, leyendas y tradiciones
que ya había llegado a ser un poderoso esti mulante para la raza.
La p
r o p i e d a d e n e l e s t a d i o m e d i o d e l a b a r b a r i e La
condición del hombre se ha perdido más completamente en
este período que en cualquiera otro. La exhibían en
todo su esplen dor como bárbaros, los indios pueblos del Norte y Sud América,
en la época en que fueron descubiertos. Se pudo haber conseguido el
conocimiento total de sus instituciones de gobierno, sus dogmas re ligiosos,
su régimen de vida doméstica, sus artes y sus regímenes de sucesión y herencia
de la propiedad; pero se dejó escapar la opor tunidad. Todo cuanto resta son
supervivencias dispersas de la ver dad, plagadas de erróneas interpretaciones
y de leyendas román ticas.
Este período se inicia en el hemisferio oriental
con la domesti
cación de animales, y en el occidental con la
aparición de indios pueblos que habitaban grandes viviendas colectivas
construidas de adobe y, en algunas regiones, de piedra de sillería. Le
acompaña ban el cultivo del maíz y plantas durante el riego, lo que exigía
canales artificiales y huertas distribuidas en cuadros, con bordes le vantados
para conservar el agua hasta que fuese absorbida. En la época de su
descubrimiento se hallaban muy próximos al fin del
{ jeríodo medio, habiendo, algunos de ellos,
fabricado ya en bronce, o que los ace rcaba al proceso más elevado de la fusión
del mineral
de hierro. La vivienda colectiva tenía carácter de
fortaleza y ocu paba una posición intermedia entre el poblado con empalizada
del estadio inferior y la villa amurallada del estado superior. En la épo ca
del descubrimiento no existían en América ciudades en el sen tido verdadero
del vocablo. En las artes de la guerra habían pro gresado poco, salvo en la
defensa, con la construcción de grandes casas invulnerables al asalto indio.
Pero habían inventado el manto
o capa forrada (escaupiles) de algodón, como una
nueva defensa
LEWISH.MORGAN
contra la flecha (441), y la espada de dos filos
(macmhuitl) (442), dotado cada filo de una hilera de puntas angulares de
pedernal embutidas en la hoja de madera. Todavía empleaban el arco y la flecha,
la lanza y el mazo de guerra, puñales y hachas de nedemal e implementos de
piedra (443), aun cuando poseían el formón y hacha de cobre, que, por alguna
razón, nunca fueron de uso ge neral,
Se añadía ahora el maíz, judías, calabazas y
tabaco, el algodón,, pimienta, tomates, cacao y el cultivo de ciertas frutas.
Se hacía una cerveza con la fermentación del jugo del maguey. Entre tanto, los
iraqueses ya habían fabricado una bebida similar con la fermenta ción de la
sabia del arce. Se fabricaban vasijas de barro con capa cidad para varios
galones, de fina contextura y decorado superior mediante procedimientos
perfeccionados del arte de la cerámica. Se sabe que fabricaban en abundancia
vasos, ollas y cántaros para agua. Corresponde a este período el descubrimiento
y empleo de metales nativos, primero para adornos y, más tarde, para implemen
tos y utensilios, como son el hacha y el formón de cobre. También corresponden
al mismo período en América la fusión de estos me tales en crisol, con el
empleo probable del soplete y del carbón de leña, su fundición en moldes, la
producción del bronce, toscas es culturas en piedra, vestimentas de algodón
tejido (444), la casa de piedra de sillería, ideógrafos o jeroglíficos tallados
en los maderos sepulcrales de los jefes, el calendario para llevar cuenta del
tiempo
y la piedra solsticia para señalar las estaciones,
los muros ciclópeos, la domesticación de la llama, de una especie de perro, del
pavo y
de otras aves. También en este período étnico
aparecen, por pri mera vez, un clero organizado en jerarquías, distinguiéndose
por una indumentaria especial, los dioses personales con ídolos que los
representaban y los sacrificios humanos. Surgen ahora dos grandes villas
indias, Méjico y Cuzco, conteniendo arriba de veinte mil ha bitantes, cifra
desconocida en el período anterior. Comienza a apa recer, en forma débil,
elemento aristocrático entre los jefes militares y civiles, por el aumento de
la población que estaba bajo un mismo gobierno, y la creciente complejidad de
los asuntos.
Dirigiéndose ahora ,al hemisferio oriental,
hallamos en el perío do correspondiente a sus tribus nativas en posesión de
animales do mésticos, que les suministraban una alimentación de carne y leche,
pero probablemente carente de alimentos hortícolas y farináceos-
Cuando se hizo el gran descubrimiento de que el
caballo, vaca, ove ja, cerdo y cabra salvajes eran susceptibles de
domesticación, y que
Herrera,
I, c., IV, 16.
Ib.,
III, 13; IV , 16, 137. C lavijero, II, 165.
Clavijero,
II, 238; Herrera, II, 145; IV, 133.
Hakluyt,
Coll, of Voyages, I. c., Ill, 377.
LASOCIEDADPRIMITIVA531
creados en rebaños y manadas se convertían en
fuente permanente de subsistencia, debió darse un impulso poderoso al progreso
hu mano; pero el efecto no sería; general hasta tanto se hubiese arrai gado
la vida pastoril para la cría y conservación de los rebaños y manadas. Europa,
en su mayor parte región selvática, no era apta
para la vida pastoril; pero las praderas altas de
Asia y las orillas del Eufrates, del Tigris y de otros ríos asiáticos, eran el
asiento natural de las tribus pastoriles. Tenderían por fuerza hacia esos
territorios, y es en aquellas regiones que hallamos a nuestros propios ante
pasados remotos, donde fueron encontrados enfrentándose a tribus se míticas
pastorales similares. El cultivo de cereales y plantas debió preceder a su
migración desde las praderas hacia las regiones fores tales de Asia occidental
y de Europa'. Se verían forzados a ello por las necesidades de los anímales
domésticos, incorporados ahora a su régimen de vida. Existen razones, por
consiguiente, para creer que
el cultivo de cereales por las tribus arias
precedió a su migración occidental, con excepción tal vez de los celtas. En
este período apa recen en el hemisferio oriental las telas tejidas de lino y
lana y los implementos y armas de bronce. Tales fueron las invenciones y des
cubrimientos que señalaron el período medio de la barbarie. La so ciedad
alcanzaba ahora una organización más alta, y sus asuntos
se hacían más complejos. Existían diferencias en
las culturas de los dos hemisferios como consecuencia de la desigualdad de sus
do nes naturales. Pero la corriente principal del progreso ascendía cons
tantemente hacia el conocimiento del hierro y sus empleos. Era in dispensable
para cruzar la barrera del estadio superior poseer los implementos metálicos
aptos para conservar punta y filo. El hierro era el único metal capaz de
corresponder a esta exigencia. Las tribus' más adelantadas quedaban detenidas
ante esta barrera, a la espera
de la invención del proceso de fundir el mineral de
hierro. De las consideraciones expuestas es evidente que ya se había producido
un gran acrecentamiento de la propiedad personal y se habían realizado algunos
cambios en las relaciones de las personas
con la tierra. El dominio territorial todavía
pertenecía a la tribu en común; pero una porción se distraía ahora par,a el
sostenimiento del gobierno, otra para fines relacionados con el culto y otra
más im portante, aquella de la que el pueblo obtenía su sostenimiento, se
distribuía entre las diversas gentes o comunidades de personas que habitaban en
.el mismo pueblo. No está comprobada ni es tampoco probable que el individuo
poseyera viviendas o tierras por derecho propio, con facultades para enajenarlas
,a perpetuidad a favor de quien deseara. Su modo de poseer las tierras en
condominio de gen tes o de comunidades, sus viviendas colectivas y la manera
de ubi carse por familias emparentadas impedían la propiedad individual
de casas o tierras. El derecho de vender una
participación en tales.
532LEWISH.MORGAN
ttierras o casas, y transferirla a un extraño,
acabaría con su régimen
de vida (445). Los derechos posesorios que debemos
suponer exis
tían a favor de individuos o de familias, eran
inagenables, salvo den
tro de la g ens, y al fallecer un individuo pasaban
por herencia a los herederos gentilicios del mismo. Las viviendas colectivas
señalan un plan de vida opuesto a la propiedad individual.
Los indios pueblos Moqui poseen además de sus siete
grandes poblados y sus huertas rebaños de ovejas, caballos y muías y otros
considerables bienes personales. Fabrican vasijas de barro cíe dife rentes
dimensiones y de excelente calidad y mantas de lana en te lares con hilos de
su propia producción. El mayor J. W. Powell to mó nota del siguiente caso en
el poblado de Orayben; caso que comprueba que el marido no adquiere derecho
alguno sobre los bie nes de su esposa o de los hijos del matrimonio. Un zuñiano
casó con una mujer oraybe y tuvo tres hijos de ella. Residió con ellos en
Oraybe hasta la muerte de su mujer, la que se produjo cuando el mayor Powell
estaba en el pueblo. Los parientes de la extinta se hicieron cargo de sus hijos
y de sus bienes müebles, dejándole al marido su caballo, vestido y armas. Se le
permitió tomar ciertas man tas que le pertenecían, pero no le entregaron las
que habían perte necido a su esposa. Él partió del pueblo con el mayor Powell,
di-ciéndole que lo acompañaría hasta Santa Fe y que luego volvería a
su propio pueblo en Zuñi. Otro caso semejante
ocurrió en otro de los poblados de Moqui (She-poic-e-luvih), que también llegó
a oídos de mi informante. Falleció una mujer, dejando marido, hijos y algu
nos bienes. Los parientes de. la extinta tomaron
los hijos y los bienes, y al viudo sólo se le permitió llevarse sus ropas. El
mayor Powell, que vio al individuo en cuestión, no pudo saber si se trataba de
un indio moqui o si pertenecía a otra tribu. De estos ejemplos se des prende
que los hijos pertenecían a la madre y no al padre y que
éste no podía llevarlos consigo ni aún después del
fallecimiento de la madre. Tales eran las costumbres de los iraqueses y de
otras tri bus del Norte. Además, los bienes de la esposa se conservaban sepa
rados y pertenecían a sus parientes después de su muerte. Esto tien de a
demostrar que la esposa no tomaba nada del marido, como con secuencia del
hecho de que el marido nada tomaba de su esposa. En
En
una conferencia dada ante la sociedad histórica de Nuevo Méjico, por el Rev..
Samuel Gorman, misionero entre los indios pueblos Laguna, dijo (página 12) que
el derecho de la propiedad. corresponde a la parte femenina de la familia, y se
hereda por esta línea, de madre a hija. La tierra se posee en común, como bien
de la comunidad; pero cuando un individuo ha cultivado
un lote, adquiere sobre él un derecho personal que
podrá enajenar a favor de otro de la comunidad... Generalmente Jas mujeres son
quienes administran el granero y son más previsoras que sus vecinas españolas.
Comúnmente tratan de disponer de provisiones para un año. Solamente cuando se
suceden dos años de carestía, los pueblos, como una comunidad, padecen hambre .
LASOCIEDADPRIMITIVA533
otra parte se ha expuesto que ésta era también La
costumbre de los indios pueblos de Méjico.
Es probable que la mujer, tanto como el varón,
tuviera derechos posesorios a las habitaciones o partes de la vivienda
colectiva que habitaba; y no cabe duda de que transmitían estos derechos a sus
parientes más cercanos, bajo una reglamentación fija. Necesitamos saber cómo
estas partes de cada pueblo poseían y heredaban, si el poseedor tenía facultad
para enajenar y transferir a un extraño sus bienes, y, en caso de no tenerla,
la naturaleza y límites de sus de rechos posesorios. También es preciso saber
quién hereda los bienes del varón y quién los de la mujer. Una labor no muy
ardua, pero bien encaminada nos suministraría estos conocimientos tan deseados.
Los autores españoles han hecho una maraña inexplicable de la
tenencia de la tierra en las tribus del Sur. Cuando
dieron con una comunidad de personas dueñas de la tierra en común, que no
tenían facultades para enajenar y entre los cuales uno era considerado como
jefe, tomaron esas tierras por un estado feudal, al jefe como un señor feudal y
al pueblo que poseía la tierra en común como a sus vasallos. En el mejor de los
casos, esto era la desnaturalización de los hechos. Algo salta a la vista, y es
lo que se refiere a la posesión de las tierras por una comunidad de personas;
pero se olvidaba otro hecho no menos esencial, a saber: cuál era el vínculo de
unión entre estas personas. Si se hubiese tratado de una gens o de una parte de
ella, el phoblema íntegro hubiera sido inmediatamente resuelto.
La descendencia en la línea femenina todavía se
mantenía en al gunas de las tribus de Méjico y Centroamérica, mientras que en
otras, probablemente en las más, habíase cambiado a la línea mascu lina. La
influencia de la propiedad debió provocar este cambio, a fin de que los hijos,
como agnados, pudieran participar en la herencia de su padre. Entre los mayas,
la descendencia seguía la línea mascu lina, mientras que entre los aztecas,
tezcucartos, tlascopanos y tlas-calanos es difícil precisar si se seguía a la
línea masculina o la feme nina. Es probable que entre los indios pueblos en
general se ope rara el cambio de la descendencia a la línea masculina, con
resa
bios de un régimen arcaico que se manifestaban en
ciertas formas,
como, por ejemplo, en el cargo de Teuctli El cambio
no derrumba
ría la herencia gentilicia. Sostienen muchos
escritores españoles que
los hijos, en algunos casos el mayor, heredaban los
bienes del padre
extinto; pero tales declaraciones, sin la
exposición del sistema, care
cen de valor.
Entre los indios pueblos esperaríamos encontrar la
segunda gran regla de herencia que distribuye los bienes entre los parientes
agna-ticios. Con la descendencia por la línea masculina, los hijos del ex
tinto estarían a la cabeza de los agnados, y, naturalmente, recibirían la mayor
parte de la herencia. No es probable que se hubiese esta-
534LEWISH.MORGAN
blecido entre ellos la tercera-gran regla, que
atribuye a los hijos del propietario finado la exclusividad de la herencia. El
estudio de la herencia por los primeros autores y por otros posteriores no es
sa tisfactorio y carece de una exacta información. La cuestión aún de pende
de las instituciones, usos y costumbres, los que únicamente pueden explicar el
sistema. Sin más antecedentes de los que posee mos actualmente, no es posible
afirmar la existencia de la herencia exclusiva de los hijos.
Los aborígenes de América nunca alcanzaron el
último gran pe
ríodo de la barbarie. Éste se inició en el Oriente
con la producción y empleo del hierro, de acuerdo con el plan que hemos
adoptado en esta obra.
El proceso de la fusión del mineral de hierro fue
el invento de
los inventos, como en otra parte se ha expresado,
junto al cual todos los demás ocupan una posición subalterna. No obstante el
conoci miento del bronce, el progreso del hombre se hallaba todavía dete nido
por la falta de implementos metálicos eficaces y por la de un metal de bastante
fuerza y dureza como para emplearlo en aplica ciones mecánicas. Todas estas
propiedades se hallaron reunidas por vez primera en el hierro. De esta
invención data el paso acelerado del progreso humano. Este período étnico, que
se ha hecho para siempre memorable, fue, por muchos aspectos, el más brillante
y notable de toda la experiencia del género humano. Se exhibe tan pletórico dfe
hazañas, que ante él nace la sospecha de que muchas de las obras que se le
atribuyen corresponde a un período anterior.
La p
r o p i e d a d e n e l e s t a d i o s u p e r i o r d e l a b a r b a r i e
En las postrimerías de este período, la propiedad
en masa, com
puesta de una gran variedad de bienes de posesión
individual, co
menzó a generalizarse, por el surgimiento ae la
agricultura, de las
manufacturas, del comercio doméstico y del
intercambio con el ex
terior; pero la antigua posesión de la tierra, bajo
el régimen de la
propiedad en común, sólo había cedido en parte a la
propiedad in
dividual. La esclavitud sistemática tuvo su origen
en este estadio.
Ella está directamente relacionada con la
adquisición de bienes.
Originó la familia patriarcal del tipo hebreo, y
las familias seme
jantes de las tribus latinas sometidas ,a la
autoridad paterna, así
como también una forma modificada de la misma,
entre las tribus
griegas. Por estas causas, y más particularmente
por la creciente
abundancia de alimento merced al cultivo de los
campos, comenza
ron a desarrollarse las naciones, reuniéndose
muchos millares de per
sonas bajo un sólo gobierno, mientras que
anteriormente habían sido
unos pocos. La ubicación de las tribus en zonas
fijas y en villas for-
LASOCIEDADPRIMITIVA535
tifícadas, con el .aumento de la población,
intensificó la lucha por la posesión de las tierras más codiciadas. Esto
condujo al perfecciona miento del arte de la guerra y al aumento de la
recompensa de la proeza individual. Estos cambios en el régimen y plan de vida
indi can la aproximación de la civilización, que habría de derrocar la so
ciedad gentilicia y sustituirla por la política.
Aunque los habitantes del hemisferio occidental no
participaran
de la experiencia que corresponde a este estadio,
no dejaban de se guir las mismas orientaciones que habían señalado rumbo a los
ha bitantes del hemisferio oriental. Ellos habían quedado detrás de la columna
que marchaba a la cabeza del género humano, precisa mente a una; distancia
equivalente a la duración del estadio supe rior de la barbarie más ciertos
años de civilización.
Señalaremos ahora el desenvolvimiento del concepto
de propie dad en este estadio de adelanto, según lo comprueban su reconoci
miento como un valor y los regímenes establecidos para su pose sión y
herencia.
Las primeras leyes de los griegos, romanos y
hebreos, una vez comenzada la civilización, hicieron poco más que convertir en
dis posiciones de ley los resultados de su experiencia anterior, encarna da
en usos y costumbres. Del conocimiento de las leyes posteriores
y de los anteriores regímenes arcaicos puede
inferirse, con razonable seguridad, los cambios intermedios, aun cuando no los
conozcamos manifiestamente.
Al finalizar el período posterior de la barbarie se
habían produ cido grandes cambios en la tenencia de tierras. Ésta tendía
gradual mente a dos formas de posesión, a saber: la del estado y la indivi
dual. Pero no se logró por completo este resultado hasta después de alcanzada
la civilización. Entre los griegos, como ya hemos visto, algunas tierras eran
de propiedad común de las tribus, otras comu nes a las fratrías para fines del
culto y otras comunes a las gentes; pero la mayor parte de las tierras eran de
propiedad individual pri vativa. En los tiempos de Solón, cuando todavía la
sociedad ate niense era gentilicia, la tierra, en general, pertenecía a
individuos que ya habían aprendido a hipotecarlas (446), pero la propiedad in
dividual no era entonces una novedad. Desde su primer estableci miento las
tribus romanas tenían su tierra de dominio público, el
Ager Romanus, a la vez que había tierras de la
curia para fines rela cionados con el culto de la gens y de propietarios
individuales. Des pués que caducaron estas corporaciones sociales, las tierras
que ha bían sido de propiedad común cayeron gradualmente bajo la pro piedad
privativa. Muy poco se sabe fuera del hecho de que determi nadas tierras eran
reservadas a estas instituciones para usos especía-
Plutarco,
en Solón, cap. XV.
LEWISH.MORGAN
les, mientras que los individuos, paulatinamente,
se apropiaban.de los bienes de propiedad pública.
Estos diversos regímenes de posesión tienden a
demostrar que la regla más antigua de la tenencia de la tierra era la común
ejercida por la tribu, que después se inició el cultivo de la tierra, una parte
de la tribu se repartió entre las gentes y cada una de éstas la poseía en
común; con el transcurso del tiempo, se adjudicaron individual mente, lo que
condujo, por último, a la propiedad individual priva tiva. Las tierras no
ocupadas y yermas permanecían todavía como
bien común de la g ens, de la tribu y de la nación.
Éste, en suma, pa rece haber sido el proceso de La experiencia respecto a la
posesión de la tierra. En general, los bienes personales eran de propiedad in
dividual.
La familia monógama hizo su primera aparición en el
estadio superior de la barbarie, y su desenvolvimiento de una forma previa
sindiásmica tenía íntima conexión con el incremento de la propiedad y con las
costumbres relativas a la herencia. La descendencia había cambiado ,a la línea
masculina, pero todos los bienes muebles e in muebles eran, como lo venía
siendo desde tiempo inmemorial, he reditarios en la g ens. Nuestras
principales fuentes informativas res pecto a las clases de propiedad que
existían entre las tribus griegas de este período derivan de los poemas
homéricos y de las primiti vas leyes del período de la civilización, que
reflejan usos antiguos. En la litada se hace mención de cercos que rodeaban los
campos cultivados (447) de una tierra cercada de cincuenta acres, una mitad de
la cual era apta para viñedos y la otra para la labranza (448). Se dice de
Tideo que residía en una mansión rica en recursos y que poseía campos que le
producían maíz en abundancia (449). No existe razón para dudar de que en ese
tiempo las tierras se medían y cerca ban y eran de propiedad individual. Esto
representa un considera ble grado de progreso en el concepto de .la propiedad
y sus usos. Ya existía entonces la cría de caballos notables por su excelencia
(450). Los rebaños de ovejas, poseídos en forma individual, se citan como
ovejas de un hombre rico, incontables en número (451). Todavía
no se conocía la moneda acuñada y, por
consiguiente, el comercio consistía en el trueque de menesteres, como lo
revelan las líneas siguientes: luego los griegos de cabellera larga compraron
vino, algunos por bronce, algunos por hierro pulido, otros por pieles, al
gunos por los mismos bueyes y otros por esclavos (452). Sin em-
lliada
V. 90.
Ib.,
IX, 577.
Ib.,
XIV, 121.
Ib.,
V. 265.
Ib.,
IV, 433. Trad, de Buckley.
Ib.,
VII, 472. Trad, de Buckley.
LASOCIEDADPRIMITIVA537
bargo, se menciona el oro en lingotes, valorado en
pesos y computado en talentos (453). Se hace mención de artículos fabricados
con oro, plata, bronce y hierro, y de tejidos de lino y lana de muchas for
mas, juntamente con casas y palacios. Es innecesario ampliar estos ejemplos.
Los citados son suficientes para indicar el gran adelanto conquistado por la
sociedad en el estadio superior de la barbarie en comparación con el período
inmediatamente anterior.
Una vez que las casas y tierras, rebaños y manadas
y menesteres mercables hubieron aumentado tanto en cantidad y llegaron a ser
sujeto de propiedad individual, surgiría la cuestión del derecho de su
herencia, apremiando a la mente humana con insistencia hasta que este derecho
fuera colocado sobre una base que satisfizo la creciente inteligencia del
intelecto griego. Los usos arcaicos serían modificados en el sentido de
conceptos más nuevos. Los animales domésticos eran un bien más considerable que
el conjunto de todos los bienes conocidos anteriormente. Servían de alimento,
eran tro-cables por otras mercaderías, podían emplearse para el rescate de
cautivos, para el pago de multas, para los sacrificios en la observan cia de
ritos religiosos. Además, como eran capaces de multiplicar indefinidamente su
número, su posición reveló a la mente humana, su primera concepción de la
riqueza. Siguió a esto, en orden de
tiempo, el cultivo sistemático de la tierra, que
tendía a identificar la familia con el suelo, y a hacer de ella una institución
elaborada de bienes. No tardó esto en hallar expresión en las tribus latinas
grie gas y hebreas en las familias sujetas a ia autoridad paterna que incluía
sirvientes y esclavos. Desde que la labor del padre y sus hijos se incorporaba
más y más a la tierra -con la producción de animales domésticos y con la
creación de menesteres, tendería rio solamente a individualizar la familia,
ahora monógama, sino tam bién a insinuar los derechos preferentes de los hijos
a la herencia
de la propiedad en cuya creación habían colaborado.
Antes del cul
tivo de la tierra, los rebaños y manadas caerían,
por orden natural,
bajo el dominio conjunto de personas agrupadas por
parentescos y
con fines de subsistencia. En tal condición era
probable que se impu
siera la herencia agnaticia. Pero una vez que la
tierra llegó a ser su
jeto de propiedad, y las adjudicaciones
individuales habían culmina
do en la posesión privativa, era seguro que la
tercera gran regla de
la herencia, que asignaba la propiedad a los hijos
del extinto propie
tario, se habría de sobreponer a la herencia
agnaticia. No existe evi
dencia directa de que la estricta herencia
agnaticia haya existido ja
más entre las tribus latinas, griegas o hebreas,
salvo en la reversión
establecida por igual en la ley griega, la romana y
la hebrea; pero
litada,
XH, 274.
LEWISH.MORGAN
de la reversión misma puede inferirse la existencia
de la exclusiva herencia agnaticia en un tiempo primitivo.
Cuando la labranza de los campos demostró que la
superficie íntegra de la tierra podía ser sujeto de propiedad individual, y se
vio que el jefe de la familia se hacía centro natural de la acumula ción,
quedó inaugurada la nueva marcha de la humanidad hacia la propiedad. Esta
completó su evolución antes de que finalizara el período posterior de la
barbarie. Una ligera reflexión debiera bastar para convencer a cualquiera de la
poderosa influencia que la proDÍe-dad comenzaría a ejercer ahora en la mente humana
y del gran des pertar de nuevos elementos de carácter que debía producir. Hay
varios testimonios de distintas fuentes que permiten afirmar que el bébil
impulso engendrado en la mente del salvaje se había converti
do ahora en pasión avasalladora en el espléndido
bárbaro de la edad heroica. En una condición tan adelantada, no era posible que
se mantuviera ni los usos arcaicos ni los de una época más reciente. Había
llegado el momento en que la monogamia, haciendo cierta la paternidad de los
hijos, proclamaría y sostendría el derecho exclu sivo de éstos de heredar los
bienes de su extinto padre (454). En las tribus hebreas, de cuya experiencia en
la barbarie muy
poco se sabe, existió la propiedad individual de la
tierra antes del comienzo de la civilización. Un ejemplo es la compra efectuada
por Abraham a Efron de la cueva de Macpela (455). Nó cabe duda de que ellos
habían pasado por una experiencia previa semejante a la
de las tribus arias, y, como éstas, emergieron de
la barbarie en pose sión de animales domésticos y de cereales; con el
conocimiento del hierro y del bronce, y con objetos elaborados y productos
textiles. Pero en la época de Abraham el conocimiento que tenían de la la
branza de los campos era rudimentario. La reconstrucción de la sociedad hebrea
después del Éxodo, mediante las tribus consanguí
neas, a las cuales se le asignaron, al llegar a
Palestina, áreas territo riales, demuestra que la civilización las tomó bajo
instituciones gen tilicias y por debajo del concepto de la sociedad política.
Con res pecto a la posesión y herencia de los bienes, su experiencia parece
haber coincidido con la de las tribus griegas y romanas, como pare-
(454) Cuando se conocieron históricamente, las
tribus germánicas se ha
llaban en el estadio superior de la barbarie.
Empleaban el hierro, pero en can tidades limitadas, poseían rebaños y manadas,
cultivaban los cereales y fabri caban toscas telas de liny y de lana, pero no
habían alcanzado aún el concepto de la propiedad individual de la tierra. Según
la relación de César, citada en otra parte, las tierras laborables eran
adjudicadas anualmente por ios jefes, pe ro
los campos pastoriles eran de tenencia común. De
ahí parecería resultar que el concepto de la propiedad individual de las
tierras era desconocido en Asía y en Europa, en el período medio de la
barbarie, pero que nació durante el período posterior.
(455) Génesis, XXIII, 13.
LASOCIEDADPRIMITIVA539
ce desprenderse con bastante claridad de la
legislación mosaica. La herencia tenía lugar rigurosamente dentro de la
fratría, y, con toda probabilidad, dentro de la gens llamada la casa del padre
. El ré gimen arcaico de herencia, entre los hebreos, no es conocido salvo en
lo que pueda testificar la reversión que era sustancialmente igual a la ley
romana de Las Doce Tablas. Contamos con esta ley de reversión y también con un
caso ilustrativo que demuestra que des pués que los hijos habían adquirido la herencia
exclusiva, las hijas heredaban a falta de hijos varones. Luego el matrimonio
transferi ría sus bienes de su propia gens a la de su marido, salvo que, en el
caso de herederas, se pusiera alguna restricción al derecho. Presun tiva y
naturalmente, el matrimonio dentro de la gens estaba prohi bido. Esto
planteaba la última gran cuestión que surgiera con res pecto a la herencia
gentilicia. Se planteó ante Moisés, como cues tión de herencia hebrea, y ante
Solón, como cuestión de herencia ateniense, el reclamo de la gens del derecho
supremo a retener los bienes dentro de la misma, y ambos fallaron en igual
sentido, Es una presunción razonable que la misma cuestión haya sido plantea
da en la gens romana, y fue en parte resuelta por
el precepto de que el matrimonio de la mujer producía una diminutio capitis, y
con ello la pérdida de derechos agnaticios. Esto entrañaba otro problema, a
saber: si el matrimonio debía quedar restringido al régimen que
prohibía su realización dentro de la gens. o ser
libre siendo el grado y no el hecho del parentesco la medida de la limitación.
Esta última regla debía ser La resultante final de la experiencia humana con
res pecto al matrimonio. Teniendo en cuenta estas consideraciones, el caso que
se va a citar arroja mucha luz sobre las instituciones pri marias de los
hebreos, y comprueba su similitud esencial con las de los griegos y romanos
bajo el régimen gentilicio.
Cuando falleció Salfaad, dejando hijas y no hijos,
la herencia fue adjudicada a aquéllas. Más tarde estas hijas estaban por con
traer matrimonio fuera de la tribu de José, a la que pertenecían, y los
miembros de la tribu, objetando la transmisión de los bienes, so metieron la
cuestión a Moisés, diciendo: las cuales se casarán con algunos de los hijos de
las tribus de los hijos de Israel, y la heren cia de ellas así será disminuida
de la herencia de nuestros padres y será añadida a la herencia de la tribu de
la cual serán; y será quita da de la suerte de nuestra heredad (456). Aunque
las palabras so lamente representan la exposición de los resultados de un
hecho pro puesto, implican un agravio; y el agravio sería la transferencia de
bienes fuera de la gens y tribu, a las que se entendía que pertenecían por
derecho hereditario. El legislador hebreo reconoce este derecho en los términos
de su sentencia. La tribu de los hijos de José ha
Números,
XXXVI, 3 y 4.
LEWISH.MORGAN
hablado derecho: esto es lo que ha mandado Jehová
acerca de las hijas de Salfaad, diciendo: Cásense como a ellas les agradase,
empe ro en la familia de la tribu de su padre se casarán, porque la here dad
de los hijos de Israel no será traspasada de tribu en tribu, porque cada uno de
los hijos de Israel se allegará a la heredad de la tribu de sus padres. Y
cualquiera hija que poseyere heredad de las tribus de los hijos de Israel, con
alguno de la familia de la tribu de su padre se casará, para que los hijos de
Israel posean cada uno la heredad de sus padres (457). Se exigía que casaran
dentro de su propia fratría, pero no necesariamente dentro de su propia gens.
Así las hijas de Salfaad fueron casadas con los hijos de los hermanos
de sus padres (458), quienes eran no solamente
miembros de la misma fratría, sino también de su misma gens. También eran sus
agnados más próximos.
En una ocasión anterior Moisés había fijado las
reglas de heren cia y de reversión, en los siguientes términos explícitos: Y a
los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cuando alguno muriese sin hijos,
traspasaréis su herencia a su hija; y si no tuviera hija, daréis su he rencia
a sus hermanos: Y si no tuviere hermanos daréis su herencia
a los hermanos de su padre: Y si su padre no
tuviere hermanos da réis su herencia a su pariente más cercano de su linaje,
el cual la heredará (459).
Aquí se señalan tres categorías de herederos:
primero, los hijos del extinto; segundo, los agnados en orden de proximidad; y
ter
cero, los gentiles, restringidos a los miembros de
la fratría del falle cido. La primera categoría de herederos eran los hijos,
pero se in fiere que los varones tomaban los bienes, sujetos al deber de
mante ner las hermanas. En otro lugar encontramos que el hijo mayor te
nía doble porción. A falta de hijos varones, las
hijas obtenían la he rencia. La segunda categoría la formaban los agnados
divididos en dos grados: Primero, los hermanos del fallecido, a falta de hijos,
recibían la herencia; y segundo, los hermanos del padre de aquél, a falta de
los primeros. La tercera la componían los gentiles, también en orden de
proximidad, a saber: Los parientes más cercanos de
su linaje. Como "la familia de la tribu es
análoga a la fratría, a falta de hijos y ganados, los bienes correspondían al
phrator más próxi
mo del propietario fallecido. Esto excluía de la
herencia a los cog nados, de suerte que un phrator más lejano que un hermano
del pa dre tendría preferencia a la herencia sobre los hijos de una hermana
del extinto. Esto señala que la descendencia seguía la línea mascu lina y los
bienes debían heredarse dentro de la gens. Se notara que
Números,
XXXVI, 5-8.
Ib.,
XXXVI, 11.
Ib.,
XXVII, 8-11.
LASOCIEDADPRIMITIVA541
el padre no heredaba al hijo, ni el abuelo al
nieto. En este punto, como en casi todos, la legislación mosaica está de
acuerdo con la ley de Las Doce Tablas. Ofrece un notable ejemplo de la
uniformidad
de la experiencia humana y del desarrollo de las
mismas ideas en líneas paralelas en razas diferentes.
En
una época posterior, la legislación de Levx estableció el ma trimonio sobre
una nueva base independiente de la ley gentilicia. La nueva ley prohibía su
realización dentro de determinados límites de consanguinidad y afinidad, y lo
declaraba libre fuera de estos grados. Esto arrancó de raíz los usos
gentilicios entre los hebreos, respecto al matrimonio, y hoy es la regla que
rige en las naciones cristianas. Volviendo a las leyes de Solón que se refieren
a la herencia, las hallamos sustancialmente idénticas a las de Moisés. De esta
coinci dencia surge que los usos, costumbres e instituciones primitivas de los
atenienses y de los hebreos eran más o menos los mismos con relación a la
propiedad. En el tiempo de Solón fue establecida entre los atenienses, en forma
definitiva, la tercera gran regla de la he rencia. Los hijos varones se
repartían por igual la herencia del pa dre; pero estaban sujetos a la
obligación de mantener a las hijas y
de dotarlas convenientemente cuando se casaran. No
habiendo hijos varones, las hijas heredaban por partes iguales. Esto creaba
herede ras al investir de heredades a la mujer, la que, tal como las hijas de
Salfaad, al contraer matrimonio transferían los bienes de su propia gens a la
de su marido. Fue sometida a Solón la misma cuestión so metida a Moisés, y fue
decidida en igual sentido. Para impedir la transferencia de bienes de gens a
gens, por el matrimonio. Solón pre ceptuó que la heredera casara con su agnado
varón más próximo,
aun cuando pertenecieran ,a la misma gens, y su
matrimonio hubiera estado anteriormente prohibido por la costumbre. Esto llegó
a ser de tal manera una regla fija de la ley ateniense, que M. de Conlanges,,
en su original y notable obra, expresa la opinión de que la heren cia pasaba
al agnado con la obligación de casarse con la herede ra. (460). Se producían
casos en que el agnado más próximo, casado ya, se deshacía de su esposa para
poder casarse con la heredera y adueñarse así de la heredad. Protomachus, en
Eubúlides de Demós-tenes, es un ejemplo (461). Pero es difícilmente sostenible
que la ley obligara al agnado a deshacerse de su esposa y a casarse con la
here dera o que pudiera adquirir la heredad sin ser su esposo. No ha biendo
hijos la herencia pasaba a los agnados, y a falta dé agnados,
a los gentiles del propietario extinto. La
propiedad se retenía, dentro de la gens tan inflexiblemente entre los
atenienses como entre los he-
The
Ancient City, ed. Lee and Shepard, trad, de Small, página 99.
Demosthenes
contra Eubul, pág. 41.
542LEWISH.MORGAN
breos y romanos. Solón convirtió en ley lo que
probablemente antes había sido una costumbre establecida.
El desenvolvimiento progresivo del concepto de la
propiedad es señalado por la aparición de disposiciones testamentarias
estableci das por Solón. Ciertamente este derecho acabaría por imponerse; pero
su desarrollo exigía tiempo y experiencia. Observa Plutarco que Solón adquirió
celebridad por su ley respecto a los testamentos que anteriormente no eran
permitidos, pero los bienes y las propiedades debían quedar en la g ens del
extinto. Cuando consintió que una per sona testara a favor de quien quisiera,
no teniendo hijos, rendía más honor a la amistad que al parentesco, e hizo de
los bienes una justa posesión del dueño (462). Esta ley reconocía la absoluta
posesión individual de la propiedad por una persona en vida, a lo que ahora
añadía lá facultad de disponer de ella a voluntad, por testamento, en caso de
no tener hijos; pero el derecho gentilicio a la propiedad era supremo mientras
existieran hijos que lo representasen en la gens. Así a cada paso nos salen
testimonios de que los grandes principios que hoy rigen a la sociedad fueron
elaborados grado por grado en series sucesivas, y siguiendo invariablemente la
misma orientación ascendente. Por más que varios de estos ejemplos corresponden
al período de la civilización, no hay razón para suponer que las leyes de Solón
fuesen creaciones nuevas, sin antecedentes. Más bien en carnaban, en forma
positiva, los conceptos concernientes a la pro piedad que se habían
desarrollado paulatinamente a base de expe riencia, hasta el pleno vigor de
las leyes mismas. La ley positiva sustituía ahora a la consuetudinaria.
La ley romana de Las Doce Tablas (promulgada por
vez prime
ra en el ,año 449 a. de J. C.) (463) contiene el
régimen de herencia
existente entonces. Los bienes pasaban primero a
los hijos con los
cuales la esposa del extinto era igualmente
coheredera; a falta de
hijos y descendientes por la línea masculina,
correspondía a los ag
nados en orden de proximidad; y a falta de agnados
correspondía a
los gentilicios (464). Aquí encontramos de nuevo,
como base funda
mental de la ley, que la propiedad debe quedar en
la gens. La re
versión es el único indicio que tenemos para saber
si los remotos
antepasados de las tribus griegas, romanas y
hebreas practicaron una
tras otra las tres grandes reglas de la herencia
que adquiriría en el
orden inverso al que preceptúan Las Doce Tablas;
que la herencia
por los gentiles precedió a la herencia por los
agnados, y que la he
rencia agnaticia precedió a la herencia exclusiva
de los hijos.
En el curso del período posterior de la barbarie,
tuvo marcado
Plutarco,
Vita Solón, c. 21.
Livio,
III, 54, 57.
Gayo,
Jmt., Ill, 1, 9, 17.
LASOCIEDADPRIMITIVA543
desenvolvimiento un nuevo elemento: la
aristocracia. La individua lidad de las personas y el acrecentamiento de la
riqueza, ahora de propiedad individual, echahan los cimientos de la influencia
perso nal, También la esclavitud, degradando constantemente a una parte del
pueblo, tendía a fijar contrastes de condición desconocido en los anteriores
períodos étnicos. Esto, con la propiedad y el cargo oficial, desenvolvieron
gradualmente el sentimiento de la aristocracia que
tan hondamente ha penetrado en la sociedad moderna
y antagoniza los principios democráticos creados y nutridos por las gentes. No
tardaría en perturbar el equilibrio social con la introducción de pri vilegios
desiguales y distintos rangos de individuos en un pueblo de
la misma nacionalidad, y convertirse así en fuente
de discordia y luchas.
En el estadio superior de la barbarie, la función
de jefe, en sus diversos grados, que originariamente era hereditaria en la gens
y electiva entre sus miembros, es probable que en las tribus griegas y latinas
pasara de padre ,a hijo como regla. No se podría afirmar, por los antecedentes
conocidos, que se transmitiera por derecho he reditario, pero la posesión de
alguno de los cargos de archón, phy-lobasilus o basileus entre los griegos, y
de princeps y rex entre los romanos, tendía a robustecer en sus familias el
sentimiento de la aristocracia. Pero, no obstante haber alcanzado una
existencia per manente, no era bastante vigoroso para cambiar esencialmente la
constitución democrática del gobierno primitivo de estas tribus. La propiedad y
el cargo eran las bases sobre las cuales se implantó la aristocracia.
Si este principio subsistirá o morirá es uno de los
grandes pro blemas que han preocupado a la sociedad a través de los períodos
transcuridos. Planteado como cuestión de derechos iguales y dere chos
desiguales de leyes iguales y de leyes desiguales, de derechos de riqueza, de
jerarquía y de posición oficial, y el poder de la justicia y de La
inteligencia, pocas dudas caben respecto a los resultados fi nales. No
obstante haber pasado varios millares de años sin el de rrocamiento de las
clases privilegiadas, excepto en los Estados Uni dos, no ha dejado de mostrar
su carácter oneroso para la sociedad.
A partir del advenimiento de la civilización, el
acrecentamiento de la propiedad ha sido tan inmenso, sus formas tan
diversificadas, sus empleos tan generalizados y su manejo tan inteligente para
el interés de sus dueños, que ha llegado a ser para el pueblo una poten cia
indomable. La mente humana se siente aturdida en presencia de
su propia creación. Llegará el día, sin embargo, en
que el intelecto humano se eleve hasta dominar la propiedad y defina las
relaciones del estado con la propiedad que salvaguarda y las obligaciones y
limitaciones de derechos de sus dueños. Los intereses de la sociedad son
mayores que los de los individuos y debe colocárselos en una
544LEWISH.MORCAN
relación justa y armónica. El destino final de la
humanidad no ha de ser una mera carrera hacia la propiedad, si es que el
progreso ha de ser la ley del futuro como lo na sido del pasado. El tiempo
transcu rrido desde que se inició la civilización nó es más que un fragmento
de la duración pasada de la existencia del hombre y un fragmento
de las edades del porvenir. La disolución social
amenaza claramente ser la terminación de una empresa de la cual la propiedad es
el fin y la meta, pues dicha empresa contiene los elementos de su propia
destrucción. La democracia en el gobierno, la fraternidad en la so ciedad, la
igualdad de derechos y privilegios y la educación univer sal anticipan el
próxima plano más elevado de la sociedad, al cual la experiencia, el intelecto
y el saber tienden firmemente. Será una resurrección, en forma más elevada, de
la libertad, igualdad y fra ternidad de las antiguas gentes.
Han sido expuestos ya algunos de los principios y
algunos de los resultados del desenvolvimiento del concepto de la propiedad en
la mente humana. Aim cuando la materia no ha sido adecuadamente tratada, se ha
señalado, por lo menos, su importancia.
Con un mismo principio de inteligencia y una misma
forma fí
sica, en virtud de un origen común, los resultados
de la experiencia humana han sido los mismos sustancialmente en todos los
tiempos y en todas las regiones de la misma condición étnica.
El principio de la inteligencia, aunque restringido
en su potencia
dentro de estrechos limites de variación, busca
indefectiblemente las mismas normas ideales. En consecuencia, sus operaciones y
procesos han sido uniformes a través de todas las etapas del progreso humano.
No podría sostenerse otro argumento más satisfactorio de la unidad del origen
del hombre. Tanto el salvaje, como el bárbaro y como el hombre civilizado,
presentan un principio común de inteligencia. Fue en virtud de este principio
que bajo condiciones similares el hombre produjo los mismos implementos y utensilios
y las mismas invencio nes e idénticas instituciones que desarrolló de
idénticos gérmenes originales del pensamiento. Hay algo sumamente notable en un
prin cipio que la civilización ha logrado a fuerza de asidua aplicación des
de pequeños comienzos; desde la cabeza de la flecha que manifiesta
el pensamiento en el cerebro del salvaje hasta la
fundición del mine ral de hierro, que revela la más elevada inteligencia del
bárbaro, y finalmente, hasta el ferrocarril, que puede considerarse el triunfo
de la civilización.
El hecho de que una parte de la familia humana,
hace más o
menos cinco mil años, alcanzase la civilización
debe ser considerado como un hecho maravilloso. En rigor, solamente dos
familias, la se mítica y la aria, cumplieron la tarea mediante su esfuerzo
propio.
La familia aria representa la corriente céntrica
del progreso humano, porque produjo el tipo más elevado de hombre y ratificó su
supe-
LASOCIEDADPRIMITIVA545
rioridad intrínseca al adueñarse paulatinamente del
señorío del mun do. Con todo, la civilización debe considerarse como un
accidente circunstancial. Seguramente se la lograría en algún momento; pero es
un hecho extraordinario que se la conquistara cuando lo fue. Las trabas que
ligaban al hombre al salvajismo eran poderosas y difíciles de desatar. Después
de alcanzar el estadio medio de la barbarie todavía la civilización pendía de
un hilo, mientras el bárbaro busca ba a tientas mediante experimentos con metales
nativos el proceso de la fundición del mineral de hierro. Mientras no fuera
conocido
el hierro y sus usos, la civilización no era
posible. Aun cuando la hu manidad hubiese tardado en traspasar esta barrera
hasta el momen
to actual, no habría un justo motivo de extrañeza.
Si tenemos en cuenta la duración de la existencia del hombre sobre la tierra,
las grandes vicisitudes que debió experimentar en el salvajismo y en
la barbarie y los progresos que se vio forzado a
realizar, considera remos natural que la civilización se hubiese retardado aún
varios mi llares de años, como que la hemos logrado merced a la Providencia
Divina. Nos vemos obligados a reconocer que fue el resultado de
una serie de circunstancias fortuitas. Puede servir
muy bien para re cordamos que debemos nuestra actual condición, con sus
numerosos medios de bienestar y seguridad, a los esfuerzos y sacrificios y a la
lucha heroica y labor paciente de nuestros antepasados bárbaros, y ,aún más
remotamente a nuestros antepasados Salvajes. Sus trabajos, sus penurias y sus
conquistas fueron parte del plan de la Inteligen cia del Ser Supremo que, por
desenvolvimiento del salvaje, creó al bárbaro, y por desenvolvimiento de éste,
al hombre civilizado.
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, V a r r o , 319
D e R e p ., C i c e r ó n , 338, 339, 341,
349, 353, 355
D e m o s t h e n e s
a d v . E u b u l, 264, 370,
541
D e s c e n t o f M a
n , D a r w i n , 423
D a r w i n , 423
D e s c r i p t i o n
o f A n c i e n t I t a l y , 366
D e s c r i p t i v e
E t h n o l o g y , L a tham ,
378, 379,
380, 385, 510
D i c c i o n a r i o
, S m i t h , 285, 312, 315,
317, 325,
332, 341, 348
D i o n i s i o , 149, 280, 317, 330, 332,
333, 338,
340, 343, 346, 347, 353,
354, 357,
358
D o r i a n s, M ü l l e r , 256, 259
E
E a r l y H i s t o r
y o f I n s t i t u t i o n s , 375
E a r l y H i s t o r y o f m a n k i n d , T y l o
r ,
85, 86,117,228,229,379, 389
E s t r a b o n , 101
E s t u d i o s d e H i s t o r i a A n t i g u a ,
que abarcan una nueva edición de
E l M a t r i m o n i o P r i m i t i v o , 504 E u
b u l i d e s , D e m ó s t e n e s, 261, 263
35
548 LEW IS H . MORGAN
E u m é n i d e s , E sq u il o , 149, 275
E x c u r s u s , C a r ic l e s, 473, 476
E x o d o , 383
F
F a s t i, O v id io , 326
F esto, 469
G
Gayo, 542
G e n e r a l H i s t o r y o f A m e r i c a ,
227, 228, 229, 235
G é n e s i s , 382, 538
G e o l o g i c a l S u r v e y o f I n d i a , 87
G e r m a n i a , Tácito, 275, 376, 377, 471
H
H e a u t, J e r., 476
H e r m a n n , 264
H e r o d o t u s , R a w l i n s o n , 365 H er r
e r a, 237, 240,242, 254
H i s t o r i a c h i c h i m e c a , I x t l ix Cc
h itl, 247, 249
H i s t o r i a G e n e r a l, 251
H i s t o r i c a l A n t i q u i t i e s o f th e
G r e e k s , 263
S k e t c h e s o f th e M i s s i o n s , etc. in
S a n d w i c h I s l a n d s , 433
H i s t o r y o f A m e r i c a , H er r e r a,
138, 235, 244, 247, 408, 436, 458, 459
o f th e A m e r i c a n I n d i a n s ,
o f G r e e c e , G ro t e, 142, 259, 261, 263,
267, 268, 271, 273, 275, 282, 288, 294, 298, 299, 304, 322, 367
etc., o f I n d i a n T r i b e s , S c h o o l c
r a f t , 226
o f th e I n d i e s o f N e w S p a i n
a n d I s l a n d o f th e M a i n L a n d , 247
o f I n v e n t i o n s , B eckmann, 103 o f M e x
i c o , Clavijero, 94, 235, 237, 240, 244, 248, 250, 253, 458
o f R o m e , Mommsen, 93, 139,
302, 307, 311, 315, 317, 319, 320,
321, 322, 325, 331, 337, 339, 346,
347, 348, 350, 358, 469
I
llía d a , H om e r o, 157, 275, 283/471,
472, 537
I n d i a n T r i b e s o f G u ia n a , L ubbock,
230
I n s t i t u t o s , J u s t i n i a n o , 311,
406, 469, 470, 481
I s a e u s d e C i r. h e r., 264
J
J u v e n t u s M u n d i, 284
L
L e a g u e o f th e I r o q u o i s ; L e w i s H
.
M o r ga n, 129, 142, 143, 154, 241,
526
L e t t e r s o n th e I r o q u o i s b y S k n e
n - a n d o a h , 129
Livio, 312, 321, 325, 326. 329, 335,
336, 339, 340, 341, 349, 350, 351,
353, 354, 355, 357, 542
L o n d o n , Black, 240
M
M é x i c o A n t i g ., K ingsborough, 247, 249
M i s s i o n a r y H e r a l d , 389
N
N a t i v e R a c e s o f th e P a c i f i c S t a
te s , B a n c roft, 156
N a t u r a l H i s t o r y , 497
N a t u r a l a n d M o r a l H i s t o r y o f th
e E a s t a n d W e s t I n d i e s , Acosta, 170, 235, 247
N a t u r a l i s t in B r i t i s h C o l u m b i
a , J ohn K e a t s L ord, 87
N ú m e r o s , 384, 385, 539, 540
LASOCIEDADPRIMITIVA549
O
O r e s t e s , E u r í p i d e s, 281
O r i e n t a l a n d L i n g u i s t i c S t u d i
e s , W h it n e y , 109
O r i g i n o f C i v i l i z a t i o n , T h e , L
ub bock, 230, 380
P
P a l a c i o d e P r í a m o , H om e r o, 111
P a n d e c t a s , 406, 481
P a u s m i a s , 264
Polibio, 368
P o l i t i c a l A n t i q u i t i e s o f G r e e
c e ,
H er m a n n, 259, 263, 304 370
P o p o l V u h , 246
P o t t e r y , S m i t h s o n i a n R e p o r t,
R a u, 86
P r e h i s t o r i c R a c e s o f th e U .S., F o
s t e r, 86
P r e h i s t o r i c T i m e s , L ubbock, 86 P r
i m i t i v e C u l t u r e , 379
m a n , F iguier, 110
m a r r i a g e , Mc Lennan, 117, 378, 416, 504
U n i t y o f In d o -E u r o p e a n L a n g u a
g e s , P ic k , 307
P r i n c i p l e s o f S o c i o l o g y , S pe n
c e r , 506
P r o c e e d i n g s o f th e A m . A c a d e m y
o f A r t s & S c i e n c e s , 117, 123
P r o D o m o , C ic e r ó n , 317, 324
P r o m e t e o E n c a d e n a d o , E sq u il o ,
372
P u b l i c E c o n o m y o f A t h e n s , 295
R
R a c e s o f M a n , P eschel, 86
R e t h r a , 259
R o m a n A n t i q u i t i e s , A dams, 313
R o y a l C o m m e r c e o f P e r ú , 436
R o y a l C o m m e n t a r i e s , 138
S
S a n d w i c h I s l a n d s , 420
S e v e n a g a i n t s T h e b e s , T h e , E s
q u il o , 196, 280
S o l ó n , P lutarco, 535
S u p p l i a n t s , T h e, E sq u il o , 281, 372
S y s t e m s o f C o n s a n g u i n i t y a n d
A f f i n i t y o f th e H u m a n F a m i l i y ,
L e w i s H. M o r ga n,. 120, 129, 203,
222, 389, 397, 412, 414, 416, 421,
481, 495, 504, 505
T
T i m a e u s , P latón, 422
T ó p i c a , C ic e r ó n , 311
T r a n s . A m . E t h . S o c ., 223 T r a v e l
s , L e w i s y C lark, 87 '
T r a v e l s in N o r t h A m e r i c a , 205
T r a v e l s in S o u t h A f r i c a , 386, 387 T
u c íd id e s, 286, 291,292
V
V e l l e i u s P a t e r c u l u s , 316
V i t. A r i s t o t l e , D ió g e n e s L a e r c
io, 263
V i t. C l a u d i u s , S u e t o n io , 323 V i
t. O c t a v i a n t e s, 313
V i t. R o m u l u s , P lutarco, 330
V i t. S o l ó n , P lutarco, 542
V i t. T h e s e u s , P lutarco, 292
V i t. T i b e r i u s , S u e t o n io , 316
INDICEGENERAL
Prólogo de Carmelo Lisón Tolosana 9
P r i m e r a p a r t e
DESENVOLVIMIENTO DE LA INTELIGENCIA A TRAVÉS DE
INVENCIONES Y DESCUBRIMIENTOS
I
PERÍODOS ÉTNICOS
Progreso del hombre desde el pie de la escala. I.
Estadio infe
rior del salvajismo; II. Estadio medio del
salvajismo; III.
Estadio superior del salvajismo; IV. Estadio
inferior de la
barbarie; V. Estadio medio de la barbarie; VI.
Estadio su
perior de la barbarie; VIL Estadio de la
civilización ...... 77
II
ARTES DE SUBSISTENCIA
Supremacía del hombre sobre la tierra, Predominio
sobre la
subsistencia. I. Subsistencia natural; II,
Subsistencia de
pesca; III. Subsistencia farinácea; IV,
Subsistencia a base
de carne y leche; V. Subsistencia ilimitada por
medio de la
labranza de campos. Largos intervalos de tiempo en
tre ellas
......................................................................
........... 90
552 LEW IS H . MORGAN
III
RAZÓN DEL PROGRESO HUMANO
Examen retrospectivo de las líneas del progreso
humano. Con
tribuciones principales de la civilización moderna.
De la
civilización antigua. Del período superior de la
barbarie.
Del período medio. Del período inferior. Del
período del
salvajismo Condición sencilla del hombre primitivo.
Ra
zón geométrica del progreso humano. Duración
relativa de
los períodos étnicos. Aparición de las familias
aria y se
mítica
......................................................... 99
S e g u n d a p a r t e
DESENVOLVIMIENTO DEL CONCEPTO DE GOBIERNO
I
ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD A BASE DE SEXO
Clases australianas. Organización a base de sexo.
Carácter arcaico de la organización. Gentes australianas. Las ocho clases.
Régimen del matrimonio. Descendencia de la línea
femenina. Notable sistema conyugal. Dos clases
masculi
nas y dos clases femeninas en cada gens.'
Innovación de las
clases. Gens todavía rudimentaria 115
II
LA GENS IROQUESA
La organización gentilicia. Su amplio predominio.
Defini
ción de la gens. La regla arcaica: descendencia por
la línea
femenina. Derechos, privilegios de los miembros de
la
gens. Derechos de elegir y deponer su sachem
(cacique)
y jefes. Obligación de no contraer matrimonio
dentro de la
gens. Derechos mutuos de herencia en los bienes de
miem
bros fallecidos. Obligaciones recíprocas de ayuda,
defen-
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 553
sa y desagravio de ofensas. Derechos de adjudicar
nom
bres a sus miembros. Derecho de adopción de
extraños
en la gens. Ritos religiosos en la gens. Cementerio
co
mún. Consejo de la gens ......................................................
LA FRATRIA IROQUESA
Definición de la fratría. Gentes emparentadas
reunidas en
una organización superior. Fratría de las tribus
iroquesas.
Su composición. Sus costumbres y funciones. Social
y re
ligiosa. Ejemplos. Análoga a la fratría griega.
Fratría
de los choctas. De los chicleases. De los
mohicanos. De
los thlinkits. Su probable universalidad en las
tribus de los
aborígenes americanos 14
8
IV
LA TRIBU IROQUESA
La tribu como organización. Compuesta de gentes que
hablan el mismo dialecto. La tribu, generación natural. Ejem plos. Atributos
de la tribu. La posesión de un territorio y un nombre. La posesión exclusiva de
un dialecto. Dere cho de investir y de deponer a sus sachems y jefes. La po
sesión de una creencia y cultos religiosos. Un gobierno su premo para un
consejo de jefes. Un jefe supremo de la
tribu, en algunos casos
........................................................
.. 161
V
LA CONFEDERACIÓN IROQUESA
Las confederaciones, generaciones naturales;
basadas en gentes comunes y en lenguaje común. Las tribus iroquesas. Su
establecimiento en Nueva York. Formación de la confede ración. Su estructura y
principios. Creación de cincuenta cargos de sachems. El consejo civil. Su
manera de realizar negocios. Unanimidad necesaria en sus actos. El consejo de
duelo. Manera de designar a los sachems. Comandante
militar general. Capacidad intelectual de los
iroqueses ... 178
LEWISH.MORGAN
VI
LAS GENS EN OTRAS TRIBUS DE LA FAMILIA
GANOWANIANA
División de aborígenes americanos. Gentes de tribus
indias.
Tribus
hodenosaunianas. II. Dacota. III. Del Golfo. IV. Pawnies. V. Algonquinas. VI.
Tribus del Atlántico. VII. Tribus Athapasco-Apaches. VIII. Tribus indias de la
costa noroeste. IX. Tribus Salish, Sahaptin y Kootenay. X. Tribus Shoshoni. XI.
Indios pueblos. XII. Tribus indias Sudamericanas ....................... 2 0 2
VII
LA CONFEDERACIÓN AZTECA
Falsa interpretación de la sociedad azteca.
Condición de ade lanto. Tribus Nahuatlac. -La Confederación azteca. La
existencia de gentes y fratrías . La existencia y funcio nes del Consejo de
Jefes. La tenencia y funciones del cargo
del jefe principal de guerra
..................................................
232
VIII
LA GENS GRIEGA
Condición primitiva de las tribus griegas,
Organizadas en gentes. Cambios en la índole de la gens. Necesidad de
un sistema político. Problema a resolver. La
formación de un estado. Descripción de Grote de las gentes griegas. De sus
fratrías y tribus. Derechos, privilegios y obligaciones de los miembros de la
gens. Semejantes a los de la gens iroquesa. El cargo de jefe de la gens.
Electivo o heredita rio. La ge-/is, base del sistema social. Antigüedad del
li naje gentilicio. Herencia de la propiedad. Reglamenta ción arcaica y
final. Parentesco entre los miembros de la gens. La gens, centro de influencias
sociales y religiosas. 256
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 555
IX
LA ' FRATRIA", LA TRIBU Y LA NACIÓN GRIEGAS
La fratría ateniense. Cómo se formó, Definición de
Dikear-chus. Objeto principalmente religioso. El patriarca. La tribu. Compuesta
de tres fratrías. El phylo-basileus. La nación. Compuesta de cuatro tribus. El
boule o consejo de jefes. El agora o asamblea del pueblo. El basileus. Go
biernos de la época heroica, democracias militares. Defini ción de Aristóteles
del basileus. Democracia ateniense pos terior ................................
273
X
LA INSTITUCIÓN DE LA SOCIEDAD POLÍTICA GRIEGA
Fracaso de la gens como base de gobierno.
Legislación de Te-seo. Intento de sustitución de las clases. Su fracaso. Abo
lición del cargo de basileus. El arconte. Naucraries y trit-tyes. Legislación
de Solón. Las clases propietarias.' Transferencia parcial de las facultades
civiles de las gentes a las clases. .Personas agregadas a la gens. El senado.
La ecclesiá. La sociedad política. Legislación de
Clíste-nes. Institución de la sociedad política. El demos ático o
C Mo. Su organización y facultades. Su gobierno
propio . La tribu local o distrito.- La na
ción ática. La de
mocracia ateniense
.............................................................
290
XI
LA GENS"
ROMANA
Tribus italianas organizadas en g entes. Fundación
de Roma. Tribus organizadas en democracias militares. La gens ro mana.
Definición del gentil según Cicerón. Según Festo. Según Varro. Descendencia en
la línea masculina. Matri monio fuera de la gens. Derechos, privilegios y
obligacio nes de los miembros de la gens. Constitución democrática de la
sociedad latina antigua. Número de personas de una
gens
............................................... ...........................
.......... 307
556 LEW IS H . MORGAN
XII
LA CURIA, LA TRIBU Y EL POPULUS ROMÁNUS
La sociedad gentilicia romana. Cuatro etapas de
organización:
La
gens. 2. La curia. 3. La tribu, 4. Populas romanas. Concentración de gentes en
Roma. El Senado romano.
Sus funciones. La asamblea del pueblo. Sus
facultades. El pueblo soberano. Cargo de comandante militar (Rex). Sus
facultades y funciones. Instituciones gentilicias ro
manas .................. 327
XIII
LA INSTITUCIÓN DE LA SOCIEDAD POLITICA ROMANA
El populas. Los plebeyos. Los clientes. Los
patricios. Lí mites de la orden. Legislación de Servio Tubo. Institu ción de
las clases proletarias. De las centurias. Sufragio desigual. C omitía
centuriata. Reemplaza a la comitia ca riota. El censo. Los plebeyos
convertidos en ciudada nos.. Institución de barrios urbanos. De municipios
rura les. Se hacen locales en lugar de consanguíneas. Carác ter del nuevo
sistema político. Decadencia y desaparición
de la organización gentilicia. La obra que realizó
............. 346
XIV
CAMBIO DE LA DESCENDENCIA DE LA LINEA FEMENINA
A LA MASCULINA
Cómo pudo, realizarse el cambio. Motivo: herencia
de la pro
piedad. Descendencia en la línea femenina entre los
li-
cios. Los cretenses. Los etruseos. Las cien
familias de
los locrios. 'Evidencia que se desprende de los
matrimo
nios, Sistema turanio de consanguinidad entre las
tribus
griegas. Leyenda de las dánaides 362
l a s o c i e d a d p r i m i t i v a 557
XV
LA GENS EN OTRAS TRIBUS DE LA FAMILIA HUMANA
El clan escocés. El sept irlandés. Tribus
germánicas. Ras tros de un sistema gentilicio anterior. Las gentes en las tri
bus de Asia meridional. En Asia septentrional. En
las tri
bus urales. Las cien familias de los chinos. Las
tribus
hebreas. Las gentes de las tribus africanas. En las
tribus
australianas. Subdivisión de los friyianos rewas.
Amplia
difusión de la organización gentilicia 374
T e r c e r a p a r t e
DESENVOLVIMIENTO DEL CONCEPTO DE LA FAMILIA
I
LA FAMILIA PRIMITIVA
La familia consanguínea. La punalúa. La monógama.
Las
familias sindiásmica y patriarcal
........................................... 395
II
LA FAMILIA CONSANGUÍNEA
Existencia anterior de esta familia. Demostrada por
el siste ma malayo de consanguinidad. Sistema hawaiano usado
como típico. Cinco grados de parentesco. Detalles
del sistema. Explicado en su origen por el matrimonio entre hermanos y hermanas
en grupo. Estado primitivo de la so ciedad en las islas Sandwich. Los nueve
grados de pa rentesco de los chinos. Idénticos en principio con los
ha-waiatios. Los cinco grados de parentesco en la república ideal de Platón.
Cuadro del sistema de los parentescos de los hawaianos y rotumanos ............
409
LEW IS H . MORGAN
III
LA FAMILIA PUN ALÚA
La familia punalúa reemplazó ,a la consanguínea.
Transición, cómo se produjo. La costumbre hawaiana de punalúa.
El sistema turanio de consanguinidad. Prueba de la
exis tencia de esta familia cuando se formó el sistema.. Detalles del sistema.
Explicación, de sus parentescos en el origen de los mismos. Cuadro comparativo
del sistema de parentes
co de los indios séneca-iroqueses de Nueva York, y
de los pueblos de la India meridional que hablan el dialecto tamil
de la lengua draviniana. En = mi
................................. 430
ÍV
LAS FAMILIAS SINDIÁSMICA Y PATRIARCAL
La familia síndiásmica. Cómo estaba constituida.
Sus carac terísticas. Influencia de la organización gentilicia sobre la misma,
Propensión a constituir parejas, un desarrollo pos terior. La sociedad
primitiva debiera estudiarse donde se encuentren los ejemplares más elevados.
La familia patriar cal. La autoridad paterna, característica esencial. Poliga
mia subordinada. La familia romana similar. -La autori
dad paterna desconocida en las familias anteriores
...... 456
V
LA FAMILIA MONÓGAMA
El término familia. La familia de los antiguos
germanos. De los griegos de Homero. De los griegos civilizados. Reclu sión de
las esposas. La monogamia obligatoria, pero no con
respecto a los varones. La familia romana.- Las
esposas so
metidas a la autoridad. Sistema ario de
consanguinidad.
Sistema anterior probable: el turanio. Transición
del tura
nio al ario. Sistemas romano y árabe de
consanguinidad.
Detalles del primero. La familia monógama actual.
Cua
dro del sistema de parentesco romanos y árabes
........ 468
LA SOCIEDAD PRIMITIVA 559
VI
SERIE DE INSTITUCIONES RELACIONADAS CON
LA FAMILIA
Serie hipotética en parte. Relación de estas
instituciones en el orden de su aparición. Pruebas de su aparición. Prue-bas de
su aparición en el orden dado. Consideración de la hipótesis de la degradación.
La antigüedad del hombre 494
VII
EL MATRIMONIO PRIMITIVO
Réplica a J. F. McLennan
.........................................................
.... 504
C u a r t a p a r t e
; DESENVOLVIMIENTO DEL CONCEPTO DE PROPIEDAD
LAS TRES REGLAS DE LA HERENCIA
La propiedad en el estadio del salvajismo.
Velocidad relativa del progreso. Primera regla de la herencia. La propiedad
distribuida entre los gentiles. La propiedad en el estadio inferior de la
barbarie. Germen de la segunda regla de la herencia. Condición mejorada del
hombre. La propiedad
en el estadio medio. Regla de herencia
perfectamente co nocida. Probable herencia agnaticia. La propiedad en el
estadio superior de la barbarie. Esclavitud. Tenencia de las tierras en las
tribus griegas. Cultura del periodo. Su brillo. Tercera regla de la herencia.
Exclusividad en los hijos. Tribus hebreas. Regla de herencia. Hijas de
Sal-faad. La reversión. Herencia ateniense. Exclusiva en los hijos. Herederas.
Testamentos. Herencia romana. La reversión. Aparición de la aristrocracia. La
marcha del género humano hacia la propiedad. Unidad de origen de
la humanidad
...................................................................
..... 523
ÍNDICES 547


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