© Libro N° 9717. Qué Sé Yo Del Universo. Davis, Kenneth. Emancipación. Marzo
19 de 2022.
Título original: © Qué Sé Yo Del Universo. Kenneth Davis
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Original: © Qué Sé Yo Del Universo. Kenneth Davis
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
Kenneth Davis
Qué Sé Yo Del Universo
Kenneth Davis
CONTENIDO
Introducción
I. El gran océano de verdades
II. Al otro lado del golfo
III. Donde ningún hombre ha incursionado antes
IV. El audaz asalto
V. Los secretos del viejo
Epílogo
Referencias y Recursos
Para Star Gibbs, quien me regaló mi primer cohete.
El camino al Cielo no tiene preferidos. Esta siempre del lado del hombre bueno
Lao Tzu
Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú
formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, El ser humano,
para que lo visites? Pues le has hecho poco inferior que los ángeles.
Salmo 8: 3-5
La astronomía obliga al alma a mirar hacia arriba y nos lleva de las cosas de
aquí a las de allá.
Platón, La República
El espacio no es, para nada, lejano. Quedaría a una
escasa hora de camino si pudiésemos conducir derecho hacia arriba.
Sir Fred Hoyle, en el Observer de Londres, 1979
Introducción
Perdidos en el espacio
Cuando era adolescente, hacía preguntas como: “¿Me
puedes prestar cinco dólares para ir a cine, mamá?” O, “Sra. Brown, ¿podría
darme un poco más de tiempo para terminar la composición?” O, “¿Podré salir con
alguien algún día?”
Cuando Albert Einstein era joven, se preguntaba,
“¿Cómo se vería el mundo si viajara montado en un rayo de luz?”
Realmente no sé por qué la extraordinaria pregunta
de Einstein nunca se me ocurrió en el colegio. Pero esa es la razón por la cual
Einstein revolucionó las leyes de la física y, treinta años después, su pregunta
todavía me deja rascándome la cabeza. Sin embargo, cuando lo pienso, me
sorprendo de que ninguno de mis profesores de ciencias se la haya preguntado
tampoco. Las clases de ciencias de ese entonces, largas y tediosas, nunca me
inspiraron mayor curiosidad acerca de la estructura o el funcionamiento del
universo. Para mí, como para muchos de mis compañeros, las clases no tenían el
menor interés —excepto la Biología de secundaria, y el enamoramiento platónico
que tenía por mi profesora.
Nos hablaba de cigotos, cromosomas y de
fertilización. Pero el problema grave era que no lograba quitarle los ojos de
encima cuando se sentaba en el borde del escritorio con las piernas cruzadas y
una bata blanca de laboratorio sobre su vestido. Y como si esta distracción no
fuera suficiente para un muchacho de catorce años, yo no había sido
“seleccionado naturalmente” para estudiar ciencias. Es decir, tratar de salir
adelante con la biología de 9º grado fue una verdadera lucha de supervivencia
de proporciones darwinianas.
Cuando pienso en mi educación científica antes de
la secundaria, me doy cuenta, tristemente, de que mis primeros cursos de
ciencias eran igualmente olvidables. De la Anatomía a la Zoología, lo único que
me queda de esas interminables y aburridoras horas de clase son recuerdos vagos
de tener que dibujar diagramas enormes de los globos de los ojos y de la parte
interna del oído, y de tener que memo- rizar la Tabla Periódica de Elementos
—ejercicio que todavía considero de una inutilidad total. Lo único medianamente
interesante de la clase sucedía cuando no funcionaban los sencillos
experimentos con mecheros y se producían explosiones inesperadas con humaredas
que deleitaban a los estudiantes, deseosos de algún tipo de entretenimiento.
Pero aún más sorprendente que el alto Cociente de
Aburrimiento que asocio con las clases de ciencias del colegio es el hecho de
que no recuerdo haber aprendido absolutamente nada acerca del espacio, la
astronomía o el universo. Fuera de una salida pedagógica a ver una muestra
itinerante de la NASA y de un viaje a Nueva York con mis compañeros de curso a
ver 2001: Odisea del Espacio cuando estaba en pleno furor—y
que ninguno de los profesores pudo explicar— existe un gran agujero negro en
donde debería estar mi educación acerca del universo. Todos estábamos, como lo
sugería aquel popular programa de mi niñez, perdidos en el espacio (“¡Cuidado,
Will Robinson!”).
Lo más sorprendente de esta deficiencia es que
ocurrió precisamente en el momento más memorable de la historia de la
exploración del espacio. Nací en 1954, tres años antes de que la Unión
Soviética lanzara el Sputnik—aquel satélite del tamaño de una
pelota de básquetbol que cambió la educación en Estados Unidos y que dio lugar
a la “Carrera del Espacio.” Esos fueron años gloriosos para la NASA—época en la
que las portadas de la revista Life convirtieron en
celebridades a John Glenn y a otros astronautas, lugar habitualmente reservado
hoy en día para presentadores de televisión, cantantes d e rock adolescentes y
actores de comedias de televisión. Con Walter Cronkite a la cabeza, el júbilo
nacional llegó a su máximo esplendor con las misiones a la Luna del programa
Apollo de los últimos años de la década de los sesenta y comienzos de los
setenta que capturaron la atención e imaginación del mundo entero. Recuerdo
perfectamente el abrumador entusiasmo público por el espacio y tengo memoria de
cómo nuestra familia se desvelaba por ver los lanzamientos y aterrizajes en la
Luna, realizándose con orgullo el gran reto del presidente John F. Kennedy de
poner un hombre en la Luna. Qué momentos de felicidad y casi de incredulidad
los que vivimos mientras veíamos, a una distancia de un cuarto de millón de
millas, las imágenes borrosas del 20 de julio de 1969 del momento en que Neil
Armstrong descendió el último peldaño del vehículo lunar Eagle y
declaró al mundo entero: “Es un paso pequeño para un hombre, pero salto gigantesco
para la humanidad.”
Sin embargo, por alguna razón, el entusiasmo
nacional nunca llegó a nuestros salones de clase. Los profesores, atrapados por
estrictos programas y gruesos y aburridos libros de texto, parecían ignorar el
mundo exterior. Pese a los millones de dólares invertidos en la exploración del
espacio, a la obvia fascinación con el espacio que hizo de Star Trek nuestro
programa de televisión preferido y a la curiosidad innata del hombre por lo
desconocido, el universo nunca fue prioridad en los planes de enseñanza.
Es más, las salidas pedagógicas al Museo Americano
de Historia Natural en Nueva York no incluían una visita al vecino Planetario
Hayden. Y, por la década de los setenta, cuando el planetario se modernizó y
tenía un programa a medianoche amenizado con la música de Pink Floyd, mi
atención no se fijaba propiamente en entender la diferencia entre el Gran
Cucharón y el Pequeño Cucharón—las cuales supe, con gran sorpresa, no eran
constelaciones sino figuras más pequeñas denominadas asterismos. Obviamente,
y al igual que muchos estadounidenses, no sabía mayor cosa sobre el espacio. El
cosmos era un lugar reservado para aquellos señores—y todos eran señores—en
batas de laboratorio blancas que sabían exactamente “para qué servía la regla
de cálculo.”
Es un triste análisis acerca de mis años escolares
y de mi educación en general, pero estoy seguro de no ser una excepción. Al
igual que con otros tópicos que he cubierto en la serie ¿Qué Sé Yo?, los
temas del espacio y la astronomía le resultan fascinantes a la mayoría de las
personas que tienen una curiosidad básica acerca del universo. Como nación
somos “Astronómicamente Ignorantes” en toda la extensión de la expresión. Los
libros de texto escritos por profesores y académicos para ser entendidos por
otros profesores y otros académicos nos dejaron confundidos y tristes. La
inadecuada educación, la confusión de los medios de comunicación y los mitos de
Hollywood han contribuido en buena medida a esta situación. Esta ignorancia
celestial es sorprendente, porque la fascinante historia del espacio y del
universo no se reduce a física y cohetes. Es, básicamente, una historia humana.
Después de todo, la ciencia comenzó cuando las
personas empezaron a mirar el Sol, la Luna y las estrellas y empezaron a
hacerse preguntas. ¿Para dónde se iba el sol por las noches y por qué volvía a
aparecer por las mañanas? ¿Por qué se movían las estrellas de una manera tan
predecible en el firmamento? ¿Por qué era tan regular el movimiento de la Luna?
¿Qué relación había entre las mareas y la Luna? ¿Y qué tenía esto que
ver con el ciclo de fertilidad de las mujeres?
De estas expresiones de la curiosidad humana surgió
toda la complejidad de las matemáticas, la astronomía y el calendario, al igual
que muchas leyendas y mitos de la civilización. Ahora comprendemos que varias
de las grandes estructuras de las primeras civilizaciones- desde las pirámides
y zigurates del Cercano Oriente hasta Stonehenge, los templos
mayas y los montículos funerarios imperiales chinos- fueron diseñados
utilizando cálculos astronómicos. Aunque hay muchas preguntas sin contestar
acerca de estas estructuras, aquellos cálculos antiguos representan un enorme
esfuerzo por entender qué había en el cielo—y qué sucede después de la vida en
esta tierra. En la mente humana estas dos preocupaciones siempre han estado
relacionadas. Desde los albores de la humanidad hemos intentado entender
nuestro lugar en este universo oscuro, impenetrable y casi desconocido.
Sin embargo, esta fascinación con el firmamento
puede combinarse con falsa ciencia y traer consecuencias deplorables. En la
Antigüedad se culpaba a los cielos de todo lo bueno y lo malo que les sucedía a
los humanos. Un ejemplo reciente de este peligro ocurrió en marzo de 1977,
cuando los miembros de un culto californiano denominado Heavens Cate convencieron
a sus seguidores de ellos eran extraterrestres que algún día se despojarían de
sus cuerpos terrenales. El momento crucial para el culto ocurrió con la espectacular
aparición del cometa Hale-Bopp, que se hizo visible durante varios meses en ese
año. Treinta y nueve personas se suicidaron convencidas de que la cola del
cometa venía a llevárselos y de esta manera se rindió un triste sacrificio a la
seudociencia.
Sin duda, la fascinación con otros mundos es lo que
ha hecho que la ciencia ficción tenga un impacto tan grande en la cultura
popular. La mayoría de nosotros experimenta la ciencia ficción con una mezcla
de pavor y deleite. Por un lado, nos aterrorizamos con las imágenes de La
Guerra de los Mundos o con la escalofriante paranoia de la Invasión
de los Ladrones de Cuerpos. En épocas más recientes este temor ha sido
el tema central de películas como Alien en las
representaciones de Extraterrestre o la serie Archivos X.
Por otra parte, millones de personas disfrutaron la adorable aventura de E.T., de
Steven Spielberg, y se han maravillado con el fabuloso misterio de Encuentros
Cercanos del Tercer Tipo. Toda una generación se ha deleitado con la
exuberancia infantil, de La Guerra de las Galaxias. Deseamos
creer con todo nuestro corazón, mente e imaginación, que existen otras
civilizaciones. Desde los antiguos que clasificaron las estrellas, hasta H.G.
Wells y Flash Gordon, a Apolo 13 y Armagedón, los
seres humanos siempre nos hemos maravillado con los cielos. Deseamos explorar
lugares a los que nunca hemos llegado: “la frontera final” como la llamaba el
Capitán Kirk del programa favorito de mi niñez, Star Trek.
Es sorprendente, entonces, que la mayoría de
nosotros sea tan ignorante con respecto a los datos más básicos sobre el
firmamento. Mucha gente cree que una enana blanca es una de las mejores amigas
de Blanca Nieves; que las novas saben muy bien con bagels y
queso crema y que los agujeros negros tienen que ve con Calcuta. Pero esta
confusión no quiere decir que a la gente no le importe, quiere decir, simple y
llanamente, que el sistema educativo ha logrado convertir algo fascinante e
importante en algo tedioso.
La buena noticia es que nunca es tarde para llenar
los agujeros negros de nuestra educación. “Qué Sé Yo del Universo” se
propone examinar un tema alrededor del cual existe mucha ignorancia y
conocimientos errados pero, a la vez, una extraordinaria fascinación pública.
Busca llenar estos vacíos en la educación y responder a esa curiosidad básica
de un ser humano que mira al cielo y piensa, ¿qué habrá allá arriba?
Una reacción típica de aquellos a quienes les
cuento lo que estoy haciendo es: “¡Caramba! Qué tema tan amplio.”
Y no hay duda alguna. Escribir sobre este tema es
una labor de proporciones cósmicas. Los números son sorprendentes. Sólo pensar
en la inmensidad del universo produce dolor en el pelo. Habitamos un planeta
pequeño que está en la órbita de una pequeña estrella en una galaxia de tamaño
promedio. ¡Pero allá afuera hay como cien mil millones de galaxias y cada una
de ellas contiene miles de millones de estrellas! ¿Cómo puede uno resumir algo
que toca el infinito y condensarlo en un texto simple, accesible y entretenido?
Por otro lado, después de escribir un libro sobre
la Biblia, escribir uno sobre el universo parecería una tarea simple. Durante
buena parte de los últimos dos mil años las personas se han enfrentado en
guerras por sus opiniones sobre la Biblia—libro de inspiración divina acerca de
la fe, la tradición y la ley que ha causado un considerable derramamiento de
sangre en el mundo occidental. Con sus múltiples interpretaciones y millones de
lectores apasionados, la Biblia ha sido fuente de gran controversia. En ese
contexto, pensar en la inmensidad del universo resulta tranquilizante. Es
cierto, hay muchos científicos que arguyen sobre algunos aspectos de astronomía
con el mismo fervor que otros guardan para sus creencias religiosas. Pero, por
otro lado, ningún científico ha sido asesinado en aras de las teorías del
origen del universo. No todavía. (Aun cuando supongo que el caso de Giordano
Bruno podría ser la excepción. Bruno, sacerdote italiano, fue condenado a
muerte en el siglo XVII durante la Inquisición por sus teorías poco ortodoxas
acerca del universo, entre otras herejías. Hablaremos más sobre él en la Parte
I).
A diferencia de la Biblia, con sus numerosas
interpretaciones, traducciones y versiones autorizadas, al hablar del espacio
nos basamos en un caudal de datos—verdaderos datos científicos. Y éstos
aumentan día a día. Vivimos en una época que es, en muchos aspectos, tan
revolucionaria como la de hace unos cuatrocientos años cuando Galileo apuntó un
telescopio rudimentario hacia la Luna y las estrellas y cambió el curso de la
historia. Este fue uno de los períodos más significativos de la historia y
hemos llevado el telescopio de Galileo a otras dimensiones y esto nos ha
permitido ver más allá de lo que se llegaron a imaginar generaciones anteriores
de observadores de estrellas.
Una de las razones por las cuales escogí este tema
es el sorprendente ritmo de descubrimientos sobre astronomía de los últimos
años. El telescopio espacial Hubble. Las sondas espaciales. Los avances de la
física, como la confirmación de la existencia de neutrinos tau, las
partículas de materia más pequeñas conocidas hasta el momento. Todos estos
avances han confirmado o alterado los conocimientos sobre el universo. En una
conferencia en el Planetario Hayden en 1999, un conferencista afirmó que más de
la mitad de lo que se ha escrito sobre astronomía había sido producido a partir
del año 1990 — reflexión interesante sobre el aumento considerable en la
cantidad de información disponible para los investigadores.
La mayor parte de esta información ha cambiado las
ideas aceptadas que se habían venido enseñando durante siglos. En otras
palabras, aun cuando hubiéramos tenido la suerte de aprender astronomía hace
treinta o cuarenta años, los libros han sido reescritos. Un ejemplo evidente: A
los alumnos se les enseña que existen nueve planetas, ¿cierto? Pues ha habido
un recuento. La definición de planeta ha cambiado, e inclusive, algunos
astrónomos han llegado a pensar que Plutón —el noveno planeta de nuestra niñez—no
es ni siquiera un planeta. ¿Creció usted con la idea de que había tres formas
de materia: sólida, líquida y gaseosa? Pues siento decirle que no ha oído
hablar del plasma, una forma de gas cargada eléctricamente,
considerada como la cuarta forma de materia, y de la cual están conformados el
Sol y muchas otras estrellas. Para evitar cualquier tipo de confusión, le
cuento que este plasma no tiene nada que ver con el plasma biológico —la parte
líquida de la sangre.
¡Y usted pensaba que aprender la matemática nueva
era difícil!
Pero existe otra razón más por la cual escribí este
libro. El mundo debe empezar a ver los cielos con los ojos bien abiertos en los
comienzos del nuevo milenio. (Entre otras cosas, el concepto de fecha es
bastante arbitrario y se le debe a un monje que trataba de organizar un
calendario hace unos seiscientos años y en dicha tarea confundió algunas
fechas.) Desde el final de la década de los sesenta, cuando John F. Kennedy
prometió poner un hombre en la Luna, no ha habido tanto interés por explorar el
espacio como ahora. Hoy, la preocupación poderosa y eterna por descubrir los
cielos ha sido reenergizada por las caminatas robóticas del Soujourner en
Marte, las imágenes extraordinarias del Telescopio Hubble y los pasos iniciales
emprendidos para la construcción de la Estación Espacial Internacional. Este
laboratorio, del tamaño de una cancha de fútbol, está siendo construido y
operado por un consorcio de dieciséis naciones y puede llegar a ser un
verdadero paso hacia el futuro de la humanidad en la exploración del espacio.
Nosotros y nuestros hijos seremos testigos de esta nueva fase de curiosidad
humana y descubrimiento—algo así como a haber sido parte de la tripulación de
uno de los barcos de Cristóbal Colón en 1492 o recibir los informes de Lewis y
Clark cuando se dirigían hacia el Oeste entre 1804 y 1806 y constataban el
tamaño y la belleza del Oeste de Estados Unidos adquirido por Thomas Jefferson
en la Compra de Luisiana de 1803.
El espacio y el cosmos serán parte de nuestras
vidas, y el debate sobre cómo explorarlo constituye un importante asunto de
interés público que requiere información. Hemos llegado al punto en que la
estación espacial pasará de ser una idea de la imaginación de escritores de
ciencia ficción, como Arthur C. Clarke, a ser una realidad que nuestros hijos
verán realizada. A comienzos del año 2001, los Estados Unidos y Rusia estaban a
punto de permitir a los turistas viajar a la Estación Espacial Internacional,
algo que sólo era posible en los libros de ciencia ficción. Un acaudalado
inversionista y exingeniero de la NASA, Dennis Tito, le pagó al gobierno ruso
$20 millones por permitirle viajar en la estación espacial. El astronauta Buzz
Aldrin, segundo hombre en la Luna, ha conformado un grupo para fomentar los
viajes al espacio en la siguiente década. Se llegó inclusive a sugerir que un
programa de televisión del estilo de Sobreviviente podría
realizarse en un centro de entrenamiento de astronautas y el ganador podría
viajar al espacio. Los rusos, cortos de dinero, planearon negocios capitalistas
y llegaron un paso más adelante en mayo de 2001. Según reportaron, Pizza Hut le
pagó al gobierno ruso un millón de dólares por llevar una de sus pizzas a la
Estación Espacial. Las imágenes de televisión capturaron una pizza flotando en
el aire mientras un cosmonauta gesticulaba victoriosamente. ¡Sin salchicha, por
favor!
Hablando más seriamente, la nación y el mundo
deberían preocuparse por las discusiones de la Iniciativa de Defensa
Estratégica, un controvertido sistema antimisiles que afectaría nuestros
bolsillos y nuestras relaciones internacionales. En otras palabras, pensar en
el espacio no es algo reservado exclusivamente para escritores de ciencia
ficción y para niños genios que juegan con cohetes en lugar de pelotas de
béisbol.
Qué Sé Yo del Universo tiene como propósito proporcionar información
básica que pueda guiar a aquéllos interesados en el firmamento a distinguir
entre los mitos y las confusiones proporcionándoles una ruta accesible a “la
frontera final.” Las enanas blancas, los agujeros negros y la materia oscura.
Las novas y las nebulosas, los quásares y pulsares. Los asteroides, los cometas
y los meteoros. Los sistemas solares y las galaxias. Las fases de la Luna.
Estos son sólo algunos de los fascinantes misterios celestiales que cubrirá
este libro mientras busca responder viejas preguntas e inspirar nuevas. Se
propone “conectar los puntos” de lo que ya conocemos, proporcionar un enlace
entre la Antigüedad y el siglo XXI y mostrar lo que hemos aprendido y lo que
esperamos descubrir.
Al hablar sobre el espacio y sobre la inmensidad
del universo trato de cubrir tópicos que van más allá de las preguntas sobre el
movimiento del Sol, la Luna y las estrellas, típicas de “Introducción a la
Ciencia.” Quiero plantear aquellas preguntas que hubiera querido hacer en el
colegio pero que nunca me atreví. Mis profesores de ciencias de bata blanca
nunca fueron fanáticos de la imaginación—ni del humor. En consecuencia,
siguiendo el estilo de la serie Qué Sé Yo, este libro formula
algunas preguntas que no aparecen normalmente en los libros de texto de
ciencias, a saber:
· ¿Qué tiene que ver la astronomía con la astrología?
· ¿Fueron las pirámides construidas por
extraterrestres?
· ¿Quién cavó los canales de Marte?
· ¿Es la “luna azul” realmente azul?
· ¿Fue Werner von Braun un criminal de guerra?
· ¿Existen otras civilizaciones?
· ¿Terminaremos con una explosión o con un suspiro?
Estas preguntas se formulan con el fin de estimular
la imaginación y hacer que los lectores piensen de una manera más abierta, que
examinen los conceptos vagos que tienen y que se detengan en preguntas en las
que nunca han pensado. Se incluyen preguntas irreverentes que abren una puerta
para formular respuestas serias. Estas preguntas llevan a Qué Sé Yo del
Universo a campos más amplios como la historia, la mitología y,
finalmente, la cosmología. En este camino espero aclarar cualquier duda sobre
mitos e ideas erróneas que pueda tener el lector en relación con el universo.
Si usted es de los que todavía creen que las Osas son constelaciones, pues
tendré que modificar su teoría. Ahora, si cree que la Luna es de queso, me
espera una buena labor.
La serie Qué Sé Yo tiene como
objetivo mostrar que el aprendizaje debería ser mucho más interesante de lo que
fue para muchos de nosotros. Según palabras del poeta William Butler Yeats “la
educación no consiste en llenar un balde sino en encender una hoguera,” y sus palabras
se han convertido en el lema no oficial de esta serie.
El proceso de aprendizaje da mejores resultados
cuando dejamos de lado las viejas formas de enseñanza —asignaturas separadas,
sin ninguna relación entre ellas—y empezamos a articular ideas y disciplinas.
Por ejemplo, usted no puede entender la Guerra Civil de Estados Unidos si se
limita a conocer fechas y batallas sin analizar su relación con la geografía,
la literatura, la economía o la religión. De igual manera, no se puede entender
la Biblia sin tener conocimientos de arqueología, historia de las civilizaciones
orientales, antropología o literatura. Y usted no podría entender o apreciar la
astronomía o la física espacial sin saber sobre mitología, religión, historia
antigua e historia de las ideas.
Una cosa es saber que el astrolabio era una
herramienta medieval que se utilizaba para calcular la posición de las
estrellas y otra descubrir que Geoffrey Chaucer, el autor de los Cuentos
de Canterbury, escribió alguna vez una guía para construir un
astrolabio. Es un hecho que tanto Galileo como Einstein introdujeron ideas que
cambiaron nuestra percepción del universo y que cambiaron el curso de la
historia. Otra cosa es conocer que estos dos pioneros tuvieron hijos de
relaciones extramatrimoniales. La hija de Galileo fue enviada a un convento y
desde allí se escribía con su padre. La suerte de la hija de Einstein no se
conoce del todo. Esta información se proporciona no con el fin de difundir
chismes, sino más bien para mostrar que eran seres humanos y que, como tales,
sus logros son todavía más sorprendentes.
Ver cómo la gente común y corriente puede lograr
cambios en la historia y entender las conexiones entre la vida diaria y los
sucesos históricos, contribuye a que estos temas se vuelvan más atractivos e
interesantes. Cuando vemos que Galileo era un hombre egoísta que, de vez en
cuando, se apropiaba del mérito de otros—una especie de Al Gore del
Renacimiento —esto no sólo lo hace más humano, sino que explica algunas de las
dificultades que tuvo para posicionarse entre los poderosos de la época. Ver
una pintura real —con verrugas y todo- nos permite formarnos una visión más
humana de estos gigantes históricos y hace que sea más emocionante aprender
sobre ellos y sobre sus logros. No sólo espero cortarles cosas interesantes
acerca de Galileo, sino también sobre muchos otros—algunos famosos y otros
menos conocidos—como Copérnico, Kepler, Tycho Brahe (quien tenía nariz de
metal), Newton y otros a lo largo de la historia de la astronomía.
El libro Qué Sé Yo del Universo está
organizado en cinco áreas principales:
· El Gran Océano de Verdades. El libro comienza con un repaso histórico acerca
de la fascinación del ser humano con el espacio, documentando así nuestro
progreso en la comprensión del universo. Esta sección hará énfasis en un tema
clave a lo largo de este libro: cómo ha entendido la gente de las diferentes
épocas y culturas su lugar en el universo. Se centrará en muchos de los genios
de la ciencia que han hecho descubrimientos extraordinarios acerca del espacio
y del universo y cómo lo lograron, usualmente soportando burlas, desprecio y
cosas aún peores por parte de autoridades y colegas.
· Al Otro Lado del Golfo Partiendo del Sol, esta sección ofrece un
viaje por nuestro sistema solar, incluyendo el Sol y cada uno de los planetas
con sus lunas y otros cuerpos de material celestial como asteroides, cometas y
meteoros que zumban en el sistema solar.
· Donde Ningún Hombre ha Incursionado Antes Tras examinar los
vecinos de la Tierra, esta sección se centra en otros lugares del espacio:
pasando por nuestra galaxia, la Vía Láctea, y moviéndonos hacia la inmensidad
del cosmos, dándole particular atención a otras estrellas y galaxias y a todo
su esplendor y gloria.
· El Audaz Asalto Presenta un repaso breve sobre la
extraordinaria carrera hacia el espacio durante el siglo XX y analiza la
posibilidad de vida en otro lugar del universo.
· Los Secretos del Viejo, La última sección de este libro examina preguntas
más amplias relacionadas con la estructura y naturaleza del universo y,
finalmente, con el destino del universo a largo plazo.
Esparcidas a lo largo del libro se presentan los
elementos usuales de la serie Qué Sé Yo: líneas cronológicas
que enfatizan los hitos notables—y los menos famosos —en nuestra comprensión
del espacio; y “Voces,” un amplio conjunto de frases célebres de personajes
históricos que reflejan el cambio en la forma de ver el universo y el lugar que
en él ocupamos. Como en otros libros de esta serie, éste tiene una extensa
bibliografía comentada para los interesados en leer más sobre el tema.
Al igual que con los otros libros de la serie Qué
Sé Yo, éste es un libro de preguntas. No pretende ser la última
palabra sobre este tema, sino “la primera.” Espero que satisfaga la curiosidad
de quienes lo leen, que responda preguntas y que conduzca al lector a
formularse nuevas. Aunque nos proponemos presentar un libro práctico y
sencillo, hay muchos temas que pueden estar literalmente más allá de nuestro
alcance. Formula muchas preguntas que no tienen respuestas fáciles, o que
todavía no tienen respuesta alguna.
Concluye con la difícil intersección sobre ciencia
y fe, conocimiento y creencia. Durante muchos siglos estas dos “religiones”
opuestas han luchado entre ellas por la supremacía. Pero a medida que entramos
a este nuevo milenio, muchas personas buscan la forma de armonizarlas.
Qué Sé Yo del Universo quiere ser una guía accesible a través de los
misterios del universo y tal vez pueda ayudar a los padres de familia a guiar a
sus hijos en las tareas escolares. Pero más allá de la aplicación práctica,
este libro nos permitirá a todos compartir ese gran misterio del firmamento. Al
terminar de leerlo confío en que pueda dirigir sus ojos hacia arriba con
comprensión y apreciación—en lugar de tener una mirada perdida—y ver que, de
acuerdo con las palabras de Walt Whitman, “cada pulgada del espacio es un
milagro.”
Advertencia: usted posiblemente ha leído y oído
esto antes, pero es un asunto serio. Nunca mire el sol directamente con los
ojos o con un instrumento óptico.
Todos los años muchas personas sufren daños
oculares tras observar eclipses.
La manera correcta para observar el sol es
proyectando su imagen sobre un papel blanco mediante el uso de binoculares o un
telescopio pequeño.
Es necesario usar filtros de luz para mirar el sol
sin correr ningún riesgo.
Parte I
El gran océano de verdades
¿Quién es ese que oscurece el consejo con palabras
sin sabiduría? ...¿Dónde estabas cuándo yo fundaba la Tierra? Házmelo saber, si
tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió
sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra
angular, cuando las estrellas todas del alba alababan y se regocijaban todos
los hijos de Dios?
Libro de Job 38:2-7
Para mí cada hora de lo claridad y de oscuridad es un milagro. Cada pulgada
cúbica del espacio es un milagro.
Walt Whitman Milagros
· ¿Qué sabíamos del universo y cuándo lo supimos?
· ¿Qué quiere decir astronomía y quién la inventó?
· ¿Quién fue el primer astrónomo?
· ¿Comenzó Aristóteles el furor por los cristales?
· ¿Alguien se atrevió a refutar a Aristóteles?
· ¿Por qué eran tan inteligentes los griegos?
· ¿Las pirámides fueron construidas por
extraterrestres?
· ¿En la antigüedad el ciclo nocturno era igual al de
ahora?
· ¿Es el Gran Cucharón una constelación?
· ¿Qué tiene que ver la cosmología con un estuche de
cosméticos?
· ¿Qué relación existe entre un montón de rocas
viejas y el universo?
· ¿Qué tiene que ver la astrología con la astronomía?
· ¿Por qué le dio San Agustín tan mala fama a la
astrología?
· ¿Se equivocaron los astrólogos de Hitler?
· ¿Fue la bíblica “Estrella de Belén” un fenómeno
astronómico reconocible como el Cometa Halley?
· ¿Quién era Ptolomeo y qué tuvo que ver con “los mil
puntos de luz”?
· ¿Por qué Martín Lutero calificó a Copérnico de
“tonto”?
· ¿Cómo cambió la astronomía un hombre fiestero del
siglo XVI que perdió su nariz en un duelo?
· ¿Quién descubrió cómo se mueven los planetas?
· ¿Quién le perforó la lengua a Giordano Bruno?
· ¿Por qué consideramos a Galileo el “Al Gore” del
Renacimiento, o quién inventó realmente el telescopio?
· ¿Por qué arrestó el Vaticano a Galileo?
· ¿Cayó realmente la manzana de Newton?
Seres inteligentes del Espacio Exterior
Se acuerdan del Y2K? Parecía de gran importancia en
ese entonces mientras esperábamos que ocurriera un verdadero Armagedón en el
mundo de los computadores personales. Luego vino la elección del año 2000,
aquella contienda en la que todos nos preguntábamos “¿Cómo es posible que
podamos poner un hombre en la Luna y no seamos capaces de contar votos?”
Quizás, con el pasar de los años, la apretada carrera por la presidencia del
año 2000 se destacará una y otra vez en los anales de la historia. O tal vez
podría convertirse en una nota al pie de página que servirá para hacer una
pregunta sobre trivialidades presidenciales en una futura edición de JEOPARDY.
Entonces, ¿qué fue realmente importante durante el
año 2000? Es posible que hubiera nacido un niño que pudiese cambiar el mundo en
la forma tan profunda como en algún momento lo hicieron Cableo, Newton o
inclusive Hitler. O, en algún laboratorio, un investigador anónimo pudo haber
comenzado a desentrañar los secretos de la enfermedad de Alzheimer o del
resfriado común.
Pensando en estos términos, remontémonos al año
1879, un año de poca transcendencia en términos generales. Los periódicos
europeos posiblemente se inundaron con información acerca de las manipulaciones
políticas del canciller alemán Bismark. Tal vez fueron noticia los extraños
experimentos de un investigador ruso llamado Pavlov con un perro y una campana.
Y, ciertamente, los experimentos de un jovencito llamado Edison con alambres y
filamentos eléctricos pudo haber atraído a aquellos inversionistas con visión
de futuro. Pero es muy poco probable que alguien, aparte de su familia, se haya
percatado del nacimiento de un niño llamado Albert, el día 14 de marzo de 1879
en Ulm, Alemania. No resulta difícil argüir que el nacimiento de Einstein fue
uno de los acontecimientos más importantes que tuvo lugar durante ese año. En
fin, así es cómo reportaron los medios los grandes momentos históricos.
¿Qué se dirá acerca de noviembre del año 2000?
¿Cuál será el suceso inolvidable que las generaciones futuras recordarán y
dirán “Fue aquí dónde todo comenzó”?
¿Será por las primeras operaciones de la Estación
Espacial Internacional, el laboratorio orbital inaugurado mientras George W.
Bush y Al Gore se debatían en la contienda electoral? Quizás, para las
generaciones futuras que habiten y trabajen en colonias en algún lugar lejano
del universo, este suceso será equivalente al día del Descubrimiento de
América, día de fiesta que marca el comienzo de una nueva era en la historia de
la humanidad.
Si así fuera los futuros historiadores recordarán
los primeros años del siglo veinte uno y ridiculizarán el primitivo equipo
utilizado por nuestros astronautas de la Estación Espacial Internacional.
Seguramente se sorprenderán de la forma como estos “pioneros” lograron hacer
algo con tan sencillos recursos, cosa que sucede cuando rememoramos los
acontecimientos notables del pasado.
Esta sección introductoria echa un vistazo sobre
“la historia” del espacio o, más exactamente, hace un recuento del progreso de
los seres humanos en su comprensión del universo y del lugar que en él
ocupamos. Muestra cómo, a través de los siglos, la gente utilizó la razón y la
observación y, ocasionalmente, se inventó algunas cosas para poder descifrar el
funcionamiento del universo. Describe cómo, el pensar acerca del espacio y del
universo, se pasó de la superstición al mito y a la religión hasta culminar
finalmente en la ciencia. Narra cómo la gente de los primeros albores de
nuestra civilización, al observar las innumerables estrellas, empezó a ordenar
los cielos, y describe cómo, en un breve segundo cósmico, pasamos de ver los
cielos como pinturas celestiales de osos, cangrejos y arqueros, a comprender
las leyes básicas que gobiernan el universo.
Es una historia sorprendente de realización e
imaginación humanas. Gran parte de esta historia se refiere a individuos que se
atrevieron a cuestionar las verdades aceptadas—aún en épocas en que era
peligroso dudar. Es también una historia de superstición y fe—distintas maneras
de describir aquello que la ciencia no puede contestar con certeza. Con
frecuencia damos por sentado lo que conocemos. Pero ha sido el trabajo de
muchos genios, a veces trabajando solos, a veces en grupo, lo que nos ha traído
al punto en que nos encontramos al comenzar el Tercer Milenio. Y, a lo largo de
este repaso histórico, el énfasis estará en la “faceta humana” de la
astronomía, especialmente en describir el perfil de algunos de los gigantes de
la ciencia que ayudaron a transformar la manera como vemos el mundo.
Sin embargo, también analizaremos algunas de las
ideas erróneas y de los disparates científicos, como los del mismo
Aristóteles—gran filósofo pero mediocre astrónomo. Sus ideas moldearon el mundo
durante los siguientes siglos. Lo mismo sucedió con las de Ptolomeo, sabio
griego del siglo I, cuyas ideas correctas acerca de la Tierra y el universo
fueron neutralizadas por sus pensamientos errados acerca del tamaño de la
Tierra y su posición en el centro del universo—lo que tuvo consecuencias
funestas para la humanidad. Este recuento nos lleva a los grandes pensadores
del Renacimiento y la Ilustración, como Copérnico, Kepler, Galileo y finalmente
Newton—personajes cuyas ideas y teorías, no solamente alteraron la comprensión
científica del momento, sino que a su vez cambiaron el curso de de la historia
de una forma que pocos políticos o generales han logrado.
Voces del Universo:
Aristóteles, filósofo griego (384-322 a.C.)
Las estrellas que están sobre nosotros cambian
constantemente, y las que observamos son muy distintas si uno se mueve hacia el
norte o hacia el sur. Hay unas estrellas que se ven en Egipto y en la zona de
Chipre que no vemos en las regiones nórdicas; y hay estrellas que en el norte
nunca están más allá del rango de observación... Lo cual nos lleva a concluir,
no sólo que la Tierra es circular, sino que es una esfera cuyo, tamaño no es
tan grandioso: un leve cambio de lugar no sería aparente tan rápidamente.
¿Qué sabíamos del universo y cuándo lo supimos?
Cuando pensamos en la edad del universo —cifra que
está entre los 13 y 20 mil millones de años—los intentos humanos por estudiar
el universo y por averiguar su edad y tamaño están apenas comenzando. La
astronomía como ciencia verdadera comenzó hace unos 2,500 años- período que
dura menos que un pestañazo cuando se compara con la vida del universo. Y, si
tenemos en cuenta que los telescopios se inventaron sólo hace unos 500 años,
entonces la astronomía es apenas un bebé. Por otra parte, si los primeros viajes
espaciales se hicieron hace unos cincuenta años, pues estamos apenas saliendo
de los pañales en cuanto a nuestro conocimiento sobre el universo.
Sin embargo, mucho tiempo antes de que las personas
trataran de descifrar el firmamento utilizando las matemáticas y algunas
herramientas rudimentarias, los seres humanos ya habían estudiado los cielos
tratando de darle una explicación a los misterios de la vida y del universo.
Por ejemplo, hace miles de años, según relata una antigua leyenda japonesa, la
diosa del Sol Amaterasu Omikami, la gentil fuente de toda la vida, reinaba
sobre la Planicie del Cielo. El Dios de las Tormentas era Susano, un espíritu cuyo
nombre significaba macho veloz e impetuoso. Susano deseaba a
Amaterasu y la cortejaba en una forma ruda y violenta. Destruyó el límite de
sus sembrados de arroz y profanó su templo con excrementos. Le dio muerte a un
caballo, le quitó la piel y tiró su cuerpo en el recinto en el que las doncellas
tejían vestiduras para los dioses. En términos del gurú John Gray, especialista
contemporáneo en las relaciones personales, esto representa una clásica
confrontación del tipo “Los hombres son de Marte y la mujeres son de Venus.”
Indignada por los estragos causados por Susano, la
diosa del Sol se retiró a su cueva de los cielos. Su recogimiento trajo
oscuridad, muerte y caos al mundo. Los demonios esparcieron el mal y la
perdición. Los ocho millones de espíritus creían que, sin su luz dorada, el
universo se derrumbaría.
Para que Amaterasu saliera de la cueva, un viejo y
sabio dios pidió a otra diosa más joven que danzara. Mientras bailaba, y para
el deleite de todos los espíritus congregados, esta joven diosa comenzó a
quitarse el kimono. Primero mostró sus senos y luego su vientre. Finalmente, el
kimono se abrió y cayó al suelo. Al oír risas y gritos de alegría, la diosa
quiso enterarse de lo que estaba sucediendo. Apenas se asomó, los espíritus
cerraron la cueva. El sol y el orden retornaron al mundo.
El celestial desnudamiento, parte de la antigua
mitología japonesa, sirve para explicar el cambio de las estaciones. Al igual
que en el mito griego de Perséfone, en el cual la joven diosa de la fertilidad
era llevada al infierno cada invierno y sólo le era permitido volver junto a su
madre en la primavera, la retirada de Amaterasu trajo consigo el invierno y, su
salida, la primavera. Claro está que la historia de Amaterasu es mucho más
llamativa que las explicaciones de los profesores de séptimo grado acerca de la
inclinación del eje de la Tierra como causa de las estaciones.
Tanto el antiguo mito griego de Perséfone como la
leyenda japonesa de la diosa del Sol, de quien según la tradición desciende el
emperador de Japón, son ejemplos de los esfuerzos de los antiguos por explicar
el orden del universo y su misteriosa relación con la vida humana. En la
antigua Grecia, se creía que la Vía Láctea era, literalmente, la leche de Hera,
esposa de Zeus, rey de los dioses. Para lograr la inmortalidad, el héroe griego
Hércules, hijo de Zeus y de una mortal, tuvo que beber leche de la diosa Hera.
El dios mensajero Hermes puso el bebé en el seno de Hera mientras ésta dormía.
Cuando Hera abrió sus ojos y vio a Hércules—mitad dios, mitad hombre—lo echó a
un lado. Pero ya era tarde. La leche que empezó a fluir de su seno dejó en el
cielo un rastro—la Vía Láctea. Con el tiempo, los griegos empezaron a pensar
que las luces de la Vía Láctea eran las almas de los muertos, concepto que pudo
provenir del antiguo Egipto, de donde los griegos sacaron muchas de sus ideas.
La mayoría de los mitos antiguos acerca de los cielos y de los dioses
pretendían colocar el universo en un contexto humano y varias de las
legendarias explicaciones estaban estrechamente relacionadas con la vida y la
muerte, al igual que con los ritos de fertilidad y la sexualidad humana. Pero
todos esos mitos no lograban explicar el universo.
Las explicaciones simplistas sobre la salida del
Sol o sobre el recorrido de la Luna en el cielo nocturno, o sobre el cambio de
las estaciones o el fenómeno de la lluvia y las inundaciones del Nilo se
encuentran en todos los grupos humanos. Rudyard Kipling las denominó Cuentos
de AsíEs —de gran utilidad para explicar las manchas de los leopardos,
o por qué parecen estáticas las estrellas en el cielo del norte o por qué
amanece y anochece. Pero a medida que la gente siguió mirando, aprendiendo y
pensando, la curiosidad humana nos llevó de crear ese tipo de historias a
tratar de explicar el universo y hacer los primeros esfuerzos por conocerlo.
Con el paso de los siglos y con los progresos de la civilización, la
superstición y la fe fueron reemplazadas por la razón y la observación; la
lógica y el pensamiento racional se usaron para tratar de ordenar el cosmos. Es
por esto que la astronomía es considerada la Primera Ciencia.
¿Qué quiere decir astronomía y quién la inventó?
La palabra Astronomía se deriva de
las palabras griegas astron, estrella, y nomos, ley,
y fue utilizada por primera vez por los filósofos y matemáticos griegos hace
unos dos mil quinientos años durante la extraordinaria época de desarrollo
cultural, científico y político conocido como la Época Dorada de los Griegos o
el “Milagro Griego.” En palabras sencillas, la astronomía busca explicar las
leyes de la materia en el espacio, no sólo las de las estrellas sino también
las de los demás fenómenos y cuerpos celestiales. Pero, a diferencia de los
relatos míticos que trataban de ordenar los cielos, la astronomía es una
ciencia. Y la ciencia busca observar sucesos, explicarlos en forma razonada por
medio de “teorías” y posteriormente probar y volver a probar de nuevo esas
observaciones y explicaciones.
Aun cuando en nuestras mentes modernas consideramos
los mitos de los antiguos como algo simpático y fascinante, la verdad es que
esas sociedades primitivas hicieron descubrimientos increíbles sobre el
universo. Ellos emprendieron el largo camino que nos llevaron de la
superstición, al uso del telescopio, los cohetes, las estaciones espaciales en
órbita alrededor de la Tierra y a las lunas construidas por el hombre para
proveer servicios de telefonía.
Lo que hoy en día llamamos “pensamiento científico”
se originó en Grecia, en donde un extraordinario grupo de pensadores empezó a
ver el universo de una manera diferente. Aun cuando las historias antiguas del
rey Apolo halando su carro de fuego habían sido populares durante muchos
siglos, fueron estos griegos quienes empezaron a explicar el funcionamiento del
universo en términos de leyes físicas inalterables.
Una de las primeras revoluciones de pensamiento
científico ocurrió en el año 550 a.C. en Mileto, ciudad-estado de la costa de
Turquía en donde un grupo de “filósofos jónicos” fueron de los primeros en
creer que se podía explicar el universo usando lógica en lugar de religión y
mitología. Llevados por lo que en ese momento era una peculiar visión del
mundo, esos filósofos matemáticos empezaron a buscar la causa principal de los
fenómenos naturales. Lo que podría parecer como una idea simple para las mentes
modernas fue extraordinario en ese entonces—querían mostrar que las fuerzas
personales de los dioses no tenían nada que ver con los fenómenos naturales:
desde la salida del Sol hasta la desaparición de la Luna en el horizonte, los
eclipses o la acumulación de sedimentos en el río Nilo.
Uno de estos primeros pensadores griegos fue Tales
de Mileto. Nacido en 625 a.C., Tales fue una especie de combinación griega
entre Tomás Edison y Bill Gates. Empresario exitoso y poseedor de una mente
matemática, Tales supuestamente llegó a controlar todas las prensas de aceite
de oliva de la región, las arrendó con ganancias considerables y convirtió este
monopolio en un negocio lucrativo. Pero, de acuerdo con Aristóteles, quien
vivió unos doscientos años después de Tales, al Rey del Aceite de Oliva de Mileto
no le importaba la riqueza. En su libro La Política, Aristóteles
recuerda que “sabía desde el invierno anterior que habría una gran cosecha de
olivas el año siguiente... Cuando era el momento de recogerla y eran necesarias
muchas prensas de aceite de oliva, las arrendaba al precio que quería y ganaba
mucho dinero. Así mostró al mundo que los filósofos pueden ser ricos, si así lo
desean, pero que su ambición es de otra naturaleza.”
En una decisión equivalente a que hoy en día Bill
Gates decidiera dejar Microsoft para reflexionar sobre el universo, Tales se
apartó de su negocio y volcó su atención sobre la ciencia práctica y se le
conoce como el fundador de la escuela jónica de filosofía natural. (En el año
2000, la empresa aeroespacial estadounidense Thompson-CSF cambió su nombre
a Tales convirtiéndose en la única corporación de alta
tecnología en tener el nombre de un vendedor de aceite de oliva.
Una razón por la cual los griegos empezaron a hacer
todas estas cosas maravillosas fue porque comenzaron a viajar—dejaron las
labores de pastoreo y agricultura, para convertirse en comerciantes que
viajaban por el Mediterráneo, lo que los ponía en contacto con civilizaciones e
ideas que existían desde hacía miles de años. Habiendo ido a Egipto, Tales
probablemente aprendió el oficio de topógrafo de los egipcios, quienes habían
desarrollado esta rama de las matemáticas para determinar quién poseía cuáles
territorios después de las inundaciones del Nilo y poder saber quién debía qué
al faraón después de cada cosecha. A partir de esto, Tales comenzó a establecer
algunas de las leyes básicas de la geometría, luego codificadas por Euclides.
La leyenda dice que calculó la altura de las pirámides comparando su sombra con
el tamaño de un palo. Sus viajes lo llevaron también a Mesopotamia donde
estudió el firmamento, y se dice que predijo un eclipse solar, tarea que
impresionó tanto a los habitantes de Mileto que resolvieron no declararle la
guerra a un pueblo vecino. Nadie sabe si esta historia es verdadera, pero aún
así ha durado 2500 años. Tales de Mileto buscó un principio unificador, o esencia, que
subyaciera todos los fenómenos naturales e identificó el agua como tal. Tales
creía que toda la materia provenía del agua y que inclusive la Tierra se había
formado de agua, sustancia de la cual estaban formadas también las estrellas.
Imaginó que la Tierra era un disco plano que flotaba en un océano cósmico
rodeado de agua. La idea de la existencia de un solo material como elemento
básico de la naturaleza fue posiblemente el primer intento racional o
“científico” de explicar el mundo sin recurrir a lo sobrenatural. Tales estaba
básicamente buscando la versión de una “teoría unificada” para todo el universo
—explicación que hoy los físicos buscan con tanto interés.
¿Quién fue el primer astrónomo?
Los griegos demostraron ser buenos en otro campo
—el de la transmisión de información en academias y colegios. Uno de los
pupilos o seguidores de Tales fue Anaximandro (c. 610-545 a.C.) quien introdujo
un reloj de sol primitivo y se cree que fue el primero en escribir un libro
científico, hoy desaparecido. Formuló la teoría de la evolución de la vida que
establecía que la vida se había originado en el mar a partir del “elemento
húmedo” que se había evaporado con el calor del Sol. Para Anaximandro el hecho
de que hubiera conchas y fósiles marinos en tierra firme significaba que
anteriormente el mar había cubierto la mayor parte de la Tierra, y creía que
los seres humanos se habían originado en el océano y en alguna época habían
sido parecidos a los peces. Pero también se sentía atraído por el firmamento y
algunos lo consideran el primer astrónomo. Anaximandro creía que la Tierra era
como un cilindro—como una moderna lata de refresco— que flotaba en el espacio,
sin movimiento alguno y en el centro del universo. Pensaba que los seres
humanos vivían en un extremo del cilindro. En su concepto del universo, las
estrellas eran unos chorros candentes y el Sol, una rueda de carro llena de
fuego que era la más alta en el firmamento. Quiso explicar los cuerpos celestes
aduciendo que se trataba de mundos en constante formación creados por el
Infinito para parecer y ser reabsorbidos nuevamente por el Infinito. Esto
constituye una muy buena intuición, puesto que los astrofísicos modernos han
demostrado que las estrellas realmente se reciclan (tema que será tratado en la
Parte III). Aun cuando muchas de sus ideas eran erróneas, se basaban en la
observación y en argumentos racionales, y no en la superstición tradicional.
Le siguió Anaxímedes (585-526 a.C.), también nacido
en Mileto, y quien reconoció que el arco iris era un fenómeno natural y no un
suceso místico. Creía que la forma más básica de la materia era un inmenso
océano de aire o vapor y pensaba que éste sostenía el disco plano de la Tierra.
Para él, el Sol, la Luna y las estrellas eran grandes masas de fuego y todas se
veían cual discos que se movían en ciclos y estaban unidas a una esfera de
cristal rotatoria. Sin duda, estos primeros pensadores estaban equivocados en
algunas de sus nociones pero, por otro lado, empezaron a cambiar el énfasis en
la mitología y en la intervención de los dioses en favor de explicaciones del
universo basada en leyes.
Este cambio también tuvo lugar en otras partes del
Mediterráneo, en una colonia griega de lo que es hoy el sur de Italia, fundada
por el matemático y místico Pitágoras. Sí, sin duda este nombre le traerá
recuerdos poco gratos pues posiblemente le hicieron memorizar el Teorema de
Pitágoras que dice que la suma de los cuadrados de los catetos de un triángulo
recto es igual al cuadrado de la hipotenusa, o “A al cuadrado más B al cuadrado
es igual a C al cuadrado.”
Esto es lo que la mayoría de las personas recuerdan
de las clases de matemáticas de la escuela. Pitágoras pensaba que el mundo y la
naturaleza en general podían ser explicados a partir de números, y las
relaciones geométricas y numéricas adquirían significado simbólico como parte
de la erudición secreta de Pitágoras. A Pitágoras le debemos la expresión cosmos para
definir un universo ordenado y armonioso—lo opuesto al concepto griego caos. Aunque
partían de las matemáticas, los seguidores de Pitágoras combinaron la razón con
el misticismo. La noción “mística” más importante era que la esfera—y el
círculo—era la figura perfecta, porque cada punto de su superficie era
equidistante del centro. Esta idea tuvo influencia en la noción de que los
planetas y otros cuerpos celestiales se movían formando círculos “perfectos”
alrededor de la Tierra —que Pitágoras también pensaba que era una esfera. El
reconocimiento por parte de este místico matemático de que la Tierra era una
esfera —unos dos mil años antes de Colón y Magallanes—se hubiera perdido si
Aristóteles no lo hubiera usado más tarde.
¿Comenzó Aristóteles el furor por los cristales?
Alrededor del año 340 a.C., el gran filosofo
Aristóteles retomó las ideas de Pitágoras. Escribió argumentos convincentes
sobre la redondez de la Tierra en su libro, De Caelo (“De los
cielos”). Primero, notó que los eclipses de Luna eran causados por la sombra de
la Tierra cuando ésta estaba entre el Sol y la Luna. La sombra de la Tierra
siempre era redonda, pensó Aristóteles. En segundo lugar, Aristóteles y los
griegos sabían que la Estrella del Norte se veía más abajo en el cielo en el
hemisferio Sur que en el Norte. Esto podía explicarse únicamente si la Tierra
no era plana. Finalmente, pensó que la Tierra debería ser redonda porque las
velas de un barco siempre se veían antes que el casco al acercarse a la costa.
Si la Tierra fuera plana, la totalidad del barco se vería al mismo tiempo. En
fin, que si no se lo habían dicho, Colón y Magallanes no fueron los primeros en
plantear que la Tierra es redonda.
Eso fue lo que Aristóteles entendió bien. Algunos
de sus errores fueron más importantes. Creía que la Tierra estaba inmóvil y que
el Sol, la Luna y los planetas se movían en órbitas circulares perfectas
alrededor de la Tierra. Esto tenía poco que ver con sus observaciones acerca de
la redondez de la Tierra, sino más bien con la creencia mística de que los
círculos eran la forma más perfecta, una idea que Aristóteles tomó de su
mentor, Platón. En su libro De Caelo, Aristóteles escribió que
la Tierra estaba localizada en el centro de una gran esfera celestial
conformada por cincuenta y seis esferas más pequeñas. Cada una de estas esferas
movía un cuerpo celestial en círculos perfectos alrededor de la Tierra. La
esfera más cercana a la Tierra era la de la Luna.
El concepto griego de universo planteado por
Aristóteles afirmaba que algo invisible tenía que sostener a las estrellas y
los planetas. Como la única sustancia transparente y fuerte que se conocía era
el cristal, se pensó que el Sol, la Luna, las estrellas y los planetas estaban
sostenidos por esferas de cristal y que éstas los mantenían en su sitio.
Aristóteles llamó a esta sustancia cristalina quintaesencia, o el
quinto elemento, junto con la tierra, el aire, el fuego y el agua. La tradición
griega sostenía que el firmamento era muy diferente a la Tierra. En la Tierra
todo estaba en estado de transformación constante. Los cielos eran eternos e
incorruptos y en ellos nada cambiaba —con excepción de los cometas. Como los
cometas aparecían en el cielo, duraban en él unos pocos días y luego
desaparecían, esto constituía un cambio. Los cometas, decía Aristóteles deben
ser terrenales en lugar de celestiales y deben ser como un tipo de fuego
espontáneo en la atmósfera superior, causado por “exhalaciones” de la Tierra,
(en realidad los cometas son esencialmente sucias “bolas de
nieve”—aglomeraciones de polvo congelado que vagan en el espacio, desprendiendo
polvo y gas, que se queman dejando detrás las impresionantes colas que vemos
desde la Tierra (hablaremos de ellas en la Parte III). Todos estos movimientos
eran, según Aristóteles, producidos por el Primer Motor que actuaba fuera de la
bóveda estrellada y que, más tarde, en la era cristiana, fue identificado con
Dios.
Aunque cuando Aristóteles murió en 332 a.C. a la
edad de sesenta y dos años, su estudiante, Alejandro Magno, llevó las ideas de
Aristóteles a todos los lugares a donde condujo sus tropas. El conocimiento,
las ideas, la cultura y el lenguaje griegos se esparcieron por todo Egipto y
Palestina a través de Asia Menor hasta los territorios que hoy ocupan
Afganistán y Pakistán, casi hasta la India. Y, a pesar de que Alejandro murió
menos de un año después de Aristóteles, los conceptos del viejo filósofo, sembrados
con la insignia de Alejandro Magno, dominarían en el mundo civilizado durante
los siguientes siglos.
¿Alguien se atrevió a refutar a Aristóteles?
El pensamiento de Aristóteles dominó la filosofía y
la ciencia durante casi 1,900 años, y sus ideas acerca de la física no fueron
debatidas hasta la Edad Media, cuando los sabios empezaron a cuestionar y a
retinar sus conceptos. El impacto de este filósofo era tan poderoso que
inclusive influenció a la iglesia cristiana primitiva. Sin embargo, aunque las
ideas de Aristóteles se convertían en un verdadero “evangelio,” hubo al menos
otra voz con ideas divergentes. Aristarco de Samos (310-230 a.C.) fue la primera
persona que sugirió que la Tierra podría darle vueltas a un Sol estacionario.
No se conoce mucho más acerca de Aristarco y, naturalmente, sus ideas fueron
rechazadas. La idea de que la Tierra se moviera parecía imposible, y la gente,
que no tenía conocimiento alguno sobre el concepto de gravedad —la fuerza que
mantiene nuestros pies en el suelo—pensaba que si Aristarco tuviera razón, ¿qué
hacía entonces que los objetos no salieran volando al espacio?
Voces del Universo:
Arquímedes, científico griego (aprox. 287-212 a.C.)
Aristarco de Samos sacó un libro que contenía
algunas hipótesis en las que las premisas llevaban a la conclusión de que el
universo era mucho más extenso de lo que se pensaba.
Sus hipótesis sugieren que las estrellas y el Sol permanecen estacionarios; la
Tierra le da vueltas al Sol en la circunferencia de un círculo, y el Sol está
situado en el centro de la órbita.
Aún cuando su contribución está más relacionada con
la Tierra, es importante resaltar los esfuerzos de otro griego (o libio que
vivía en Egipto) puesto que demuestran cómo los eruditos griegos aplicaban la
geometría y el razonamiento para entender el mundo. Eratóstenes, el
bibliotecario de la famosa biblioteca de Alejandría, ideó medir la Tierra
utilizando una vara y sus conocimientos de geometría. Sabiendo que durante el
solsticio de verano el Sol estaba localizado exactamente encima de Syrene
(actual Aswan, Egipto) y no daba sombra, Eratóstenes midió la sombra que el Sol
proyectaba —en el mismo día —en Alejandría. Comparó las distancias entre las
dos ciudades y usó la longitud de la sombra para determinar que la distancia de
Syrene a Alejandría debería ser 0.02 de la circunferencia de la Tierra.
Utilizando medidas antiguas que han sido ajustadas a estándares modernos,
Eratóstenes logró calcular la circunferencia de la Tierra con un sorprendente
grado de precisión. Este resultado, que traducido a medidas actuales es de
24,608 millas (39,690 kilómetros), es sorprendentemente cercano al valor real
de 24,901.55 millas (40,075.16 kilómetros). Habiendo calculado la
circunferencia de la Tierra, Eratóstenes calculó el diámetro de la Tierra como
de 7,850 millas (12,631 kilómetros), valor igualmente cercano al aceptado hoy
en día: 7,926.41 millas o 12,756.32 kilómetros.
Finalmente, en el panteón de los observadores del
firmamento tenemos a Hiparco (aprox. 146-127 a.C.), quien nació en Nicea, en la
parte norte de Turquía. Se conoce muy poco sobre su vida, pero es considerado
el padre de la astronomía sistemática y fue tal vez el astrónomo más importante
de la Antigüedad. Dependiendo de sus resultados académicos en la escuela
secundaria, quizás usted quiera maldecirlo por haber inventado la
trigonometría. En su tiempo libre inventó el astrolabio, instrumento que sirve
para medir la posición de los objetos en el cielo, que se convirtió en el
principal instrumento de los astrónomos hasta el desarrollo del telescopio unos
1,600 años después. Combinó la amplia información sobre astronomía que obtuvo
de Babilonia, en esa época una nación conquistada que era gobernada por los
sucesores de Alejandro Magno, y la combinó con sus datos para obtener la más
amplia tabla de gráficas de estrellas conocida. Contenía 850 anotaciones y
designaba coordinadas para cada estrella indicando su posición en el cielo.
Hiparco dividió las estrellas de acuerdo con su brillo o magnitud, una pauta
todavía utilizada en la actualidad.
Toda esta erudición griega —bueno, alguna provino
de Libia y de la Turquía moderna—no salió de la nada. Los griegos fueron
extraordinarios científicos, políticos, navegantes, dramaturgos y escultores
para mencionar algunas de las áreas en que brillaron. Pero tuvieron ayuda. Las
travesías por el Mediterráneo les dieron acceso a las ideas y los logros de
otras civilizaciones antiguas —en particular las de Mesopotamia y Egipto donde
las pirámides existían mucho tiempo antes de que aparecieran los griegos.
¿Por qué eran tan inteligentes los griegos?
La mayoría de nosotros aprendió sobre el esplendor
de la cultura griega en nuestros años de estudiantes. Nos contaron que fue la
cuna de la civilización occidental hace unos 2,500 años. Toda esta ciencia
griega que floreció durante el período comprendido entre 600 a.C. hasta el
primer siglo después de Cristo—la cima de sus logros en matemáticas y ciencias
—representa sólo una fracción de una era que se ha denominado el “Milagro
Griego.” Hace muchos siglos, los griegos llegaron a la cima de realización en
escultura, poesía y drama. Ellos inventaron la escritura de la historia y el
teatro occidental. Pero lo que nunca le explicaron en el colegio fue cómo un
pequeño grupo de pastores y de cultivadores de olivos llegaron a construir una
de las más extraordinarias culturas de la historia de la humanidad.
Tenían menos riqueza y tierras que los egipcios y
los babilonios. No eran un pueblo numeroso. Entonces, ¿qué fue lo que ocasionó
esta revolución, particularmente en las ciencias? Algunos historiadores
consideran que cualquier civilización si se permite su desarrollo, llegará a
“descubrir” la ciencia más tarde o más temprano. Este es el mismo argumento de
algunos que sostienen que si se le entrega a un buen número de micos
suficientes máquinas de escribir, algún día lograrán escribir la obra completa
de William Shakespeare. Es posible, pero creo que no sería entretenido esperar
a que eso suceda. Ciertamente, habiendo tenido condiciones más propicias, los
babilonios y los egipcios no lograron lo que sí alcanzaron los griegos.
Una explicación posible es que la relativa riqueza
y buenas condiciones de vida que tuvieron los egipcios los retrasó. No tenían
interés en innovar. Como dice el refrán, “la necesidad es la madre de la
invención.” Cuando uno no tiene que trabajar para ganarse la vida y las cosas
le llegan muy fácilmente, pues se vuelve perezoso. La vida en la rocosa y
pequeña Grecia, en donde unas pequeñas ciudades desarticuladas trataban de
sobrevivir era mucho más difícil. Como afirma Carl Sagan en su libro Cosmos, “algunos
de los más brillantes pensadores de Jonia eran hijos de mercaderes, de
navegantes y de tejedores. Estaban acostumbrados a trabajar, a manipular y a
hurgar, a diferencia de los sacerdotes y los escribas de otros lugares, que no
querían ensuciarse las manos. Estaban en contra de la superstición y hacían
maravillas.” Es la concepción de la necesidad como madre de todos los inventos
aplicada a la historia y es válida en este caso.
Otro aspecto clave era el océano. Como tenían poca
tierra y lluvia escasa, los griegos se volcaron hacia el Mediterráneo. A
diferencia de Egipto, que estaba apegado al Nilo, o Babilonia, donde la vida
estaba circunscrita por los ríos Tigris y Éufrates, los griegos tuvieron que
salirse de su entorno cercano para sobrevivir. Aunque el comercio era
importante para estas dos civilizaciones, para los griegos era una forma de
supervivencia económica que se convirtió en una forma de vida. El comercio no
sólo era rentable, sino que significaba un intercambio de ideas y de
conocimientos. Los griegos construyeron un imperio comercial en el
Mediterráneo, y esto fue una de las claves de su éxito mercantil. Una vez que
la sobrevivencia quedó garantizada, tuvieron tiempo para pensar. Los griegos se
convirtieron en un poder militar marino por la misma razón por la que después
se convirtieron Japón e Inglaterra en imperios —los tres eran islas pequeñas
con recursos limitados y se vieron forzados a salir a comerciar. Esos contactos
externos enriquecieron a los comerciantes y les proveyeron nuevas ideas.
Claro está, Grecia no era perfecta. Las mujeres
eran consideradas ciudadanas de segunda. Y Grecia posteriormente se volvió una
cultura esclavista que según muchos historiadores fue la causa de su caída. Una
vez que una cultura se vuelve dependiente de una clase esclava, el incentivo
para la invención y el descubrimiento se pierde.
Voces del Universo:
El libro de Ezequiel (aprox. 593 a.C.)
Y miré, y he aquí que un viento tempestuoso venía
del alquilón, una gran nube, con un fuego envolvente, y en derredor suyo un
resplandor, y en medio del fuego una cosa que parecía como de ámbar. Y en medio
de ella figura de cuatro animales...Y cada uno caminaba derecho hacia adelante;
hacia donde el espíritu era que anduviesen, andaban; cuando andaban no se
volvían. Cuanto a la semejanza de los animales, su parecer era como de carbones
de fuego encendidos como parecer de hachones encendidos; discurría entre los
animales; y el fuego resplandecía, y del fuego salían relámpagos. Y los
animales corrían y tornaban a semejanza de relámpagos
Y estando yo mirando los animales he aquí que vi una rueda en la tierra junto a
los animales, a sus cuatro caras.
¿Las pirámides fueron construidas por
extraterrestres?
En una serie de libros populares, el escritor Erich
von Daniken ha planteado que la Tierra fue visitada hace miles de años por
extraterrestres que llegaron en naves espaciales. Su libro más famoso, Las
Carrozas de los Dioses (1968), que ha vendido millones de copias
alrededor del mundo y ha sido traducido a treinta idiomas, se basa en las
similaridades que existen entre ciertas leyendas, obras de arte primitivas
encontradas en distintos lugares y estructuras antiguas que pertenecen a
diversas civilizaciones que no tenían forma de comunicarse entre sí. Un grabado
en una tumba maya se dice que representa un astronauta al mando de un cohete.
Una pintura aborigen en Australia supuestamente muestra una figura con un casco
espacial. En la planicie peruana de Nazca existe una serie de diagramas
antiguos que parecen ser un aeropuerto para los extraterrestres. Según Daniken,
estos invasores foráneos no eran los intrusos malévolos representados en las
películas de Hollywood sino, más bien, unos magníficos constructores.
Estos constructores extraterrestres fueron
responsables de la construcción de los enormes megalitos de Stonehenge en
Inglaterra, los templos mayas de América Central y del Sur, los zigurates de
Mesopotamia, las colosales estatuas de la Isla de Pascua en el Pacífico y las
pirámides egipcias, entre otros misterios antiguos. Daniken arguye que aunque
estos extranjeros eran excelentes constructores, fueron también destructores.
Un acto de destrucción que se les atribuye es el cataclismo que redujo a Sodoma
y a Gomorra a cenizas, según la historia de Lot narrada en el libro del Génesis de
la Biblia. Muchas personas, entre ellas, Daniken, señalan que la visión bíblica
del profeta hebreo Ezequiel (ver arriba) es una prueba de “encuentros
cercanos,” noción que continúa inspirando a Hollywood, como se ve en ciertos
episodios de los Archivos X o en escenas de películas de
ciencia ficción como Stargate.
Desde el punto de vista de la ciencia pura, no
existe prueba alguna de tales visitas de extraterrestres. Las pruebas que citan
los partidarios de esa teoría son generalmente misteriosos objetos, dibujos y
esculturas antiguas que han sido objeto de muchas conjeturas. Al no tener
suficiente información o datos comprobables, muchos prefieren creer en los
gigantes extraterrestres para explicar los antiguos misterios.
Sin embargo, lo que sí es claro en la historia es
que hubo un gran desarrollo alrededor del mundo en el año 3000 a.C. Por
ejemplo, por esa época, en la antigua Mesopotamia —la famosa “cuna de la
civilización”—se desarrollaron la agricultura, la escritura, la cerámica y los
barcos de vela. También se inventó la cerveza. Este pueblo vivía en las
planicies entre el Tigris y el Éufrates—la palabra “Mesopotamia” viene del
griego y quiere decir “entre dos ríos.” Alrededor del año 2000 a.C. esta tierra
fértil, en donde hoy queda Irak, fue el centro de una civilización sofisticada
que había comenzado a mirar al cielo para orientarse. Los antiguos escritos
sumerios atribuían su conocimiento a un “regalo de los dioses,” lo cual ha sido
interpretado por algunos como visitas de extraterrestres. Usted puede aceptar
esta teoría o situarla en el espectro de la pseudociencia, junto con las
regresiones a vidas pasadas y los viajes astrales, pero lo que no podemos negar
es el hecho de que esta fascinación, u obsesión, con los encuentros con
extraterrestres de épocas pasadas muestra algo muy importante acerca de los
seres humanos—nuestro inmenso deseo de saber lo que no podemos ver. Y esto es
especialmente cierto cuando hablamos del cielo.
¿En la antigüedad el cielo nocturno era igual al de
ahora?
En el mundo moderno vivimos amontonados alrededor
de áreas metropolitanas superiluminadas en donde el humo y otros contaminantes
industriales se combinan y no permiten ver la luz de las estrellas, de modo que
nos perdemos el maravilloso espectáculo de la noche. Si puede encontrar un
lugar poco poblado, preferiblemente en una región alta, sentirá la
extraordinaria experiencia que debieron tener las personas de la Antigüedad,
puesto que su visión del cielo no era entorpecida por las luces artificiales y
la contaminación. Sin televisión o juegos en video—y sin libros para leer—las
personas tenían más tiempo libre para contemplar el firmamento. En el pasado,
el majestuoso despliegue de estrellas fugaces y la bóveda en movimiento llena
de estrellas, que muchos de nosotros nunca logramos ver, debió haber sido
espectacular.
Lo que observaron con el transcurso de los siglos
era que el cielo era una bóveda de luces—con frecuencia llamada esfera
celestial— cuyos movimientos eran regulares y predecibles. La rutina
del Sol no era difícil de predecir; cada mañana salía por el oriente y se
ocultaba en el occidente. La Luna mostraba la misma regularidad. Inclusive las
incontables luces de la noche tenían trayectorias predeterminadas. La
preocupación por las estrellas y los planetas se vio reflejada en todo, desde
sus creencias religiosas hasta los calendarios y las maravillas
arquitectónicas.
Los habitantes de Mesopotamia fueron los primeros
en estudiar las estrellas y los planetas y produjo el primer mapa de los
cielos. Como muchas civilizaciones antiguas, trataron de adivinar el futuro a
partir de la naturaleza, ya fuera leyendo las vísceras de las ovejas o mirando
los cielos. Cuando miraban las estrellas, lo que más les interesaba era
averiguar sobre las estaciones. ¿Sería posible distinguir en el cielo nocturno
cuándo vendrían las lluvias? Los sumerios, la primera de las culturas de Mesopotamia,
fueron pioneros en registrar los movimientos en el firmamento y lo hicieron
durante siete siglos. Con esa extensa colección de información organizaron los
patrones regulares de la Luna, el Sol y los planetas en un ritmo cíclico
ordenado. En otras palabras, inventaron el primer calendario. Usando el
calendario que habían heredado de los sumerios, los babilonios instituyeron más
las estaciones, los meses y, usando un sistema de números muy avanzado, basado
en el número sesenta, dividieron el día en veinticuatro horas, la hora en
sesenta minutos y el minuto en sesenta segundos. Los babilonios le asignaron a
la semana siete días que nombraron a partir del Sol, la luna y cinco
“estrellas” brillantes que eran realmente planetas. Los vestigios de este
concepto babilónico sobreviven en los tiempos modernos en los nombres de los
siete días de la semana. En otras palabras, estos habitantes del Cercano
Oriente primero inventaron la cerveza y luego inventaron el fin de semana.
La observación diaria de la Luna y el Sol se
convirtió en la clave para la predicción de patrones—especialmente cuando
empezó la agricultura hace cinco mil años en Mesopotamia y Egipto. Las siembras
y los festivales religiosos que se generaron alrededor de ello están
estrechamente relacionados con el paso de la Luna y el Sol —el comienzo del
calendario que marcó la civilización humana. Una de las formas más sencillas
para marcar el paso de tiempo era el ciclo de veintinueve o treinta días que
transcurría entre las dos lunas llenas. Un “año” equivalía a doce meses
sucesivos. Las palabras inglesas Moon (Luna) y month (mes), se
derivan del latín menses, que quiere decir mes, como en la
palabra “menstrual.” Al tratar de conectar el mundo natural con la vida, los
antiguos conectaron la trayectoria regular de la Luna con los ciclos de
fertilidad de las mujeres. Con el paso del tiempo, la Luna se convirtió en
símbolo de fertilidad —clave de la vida en un mundo supersticioso.
Sin embargo, además de que no tiene nada que ver
con la fertilidad, la Luna es un reloj imperfecto. Un calendario lunar basado
en las fases de la Luna no es la forma más precisa de calcular un “año
solar”—el tiempo que demora la Tierra en darle la vuelta al Sol, o sea
aproximadamente 365.25 días. Un año lunar de doce meses equivale a sólo 354
días. Muchos calendarios lunares fueron ajustados con la adición de un mes,
como sucede aún hoy con los calendarios judío, chino e islámico. En la Roma
antigua los sacerdotes controlaban el calendario y lo cambiaban de manera
arbitraria—a veces a cambio de dinero. Pero, a medida que la agricultura fue
cobrando importancia para los primeros agricultores, era imperioso tener una
forma más práctica de calcular el tiempo para sembrar y para recolectar
cosechas.
Poco a poco, la gente se fue dando cuenta de que
las estaciones estaban más relacionadas con el movimiento del Sol y las
estrellas que con el de la Luna. Fue en Egipto, lugar de un elaborado culto al
Sol, donde se inventó el primer calendario basado en el año solar. Pero este
culto no es la misma adoración al sol que vemos en St. Tropez y en el sur de
California, y que consiste en embadurnarse de aceite y exponerse al sol durante
varias horas. Los egipcios crearon una sociedad y una religión alrededor de la
veneración por el Sol, con diferentes dioses para simbolizar las distintas
horas del día. Place cuatro mil años los egipcios creían que un bote sagrado
llevaba diariamente al dios Ra (o Re como también se le conoce) de paseo por el
cielo. Para explicar por qué el bote de Ra se levantaba en el oriente y luego
desaparecía en el occidente inventaron una compleja mitología. Pensaban que el
viaje nocturno de Ra era un paso a través del infierno donde debía enfrontar
demonios y peligros. Cada noche, este poderoso dios se enfrentaba a las fuerzas
oscuras y volvía triunfante al día siguiente.
No resulta difícil entender por qué una sociedad
que surgió en las orillas fértiles del río Nilo, el más largo del mundo,
tuviese esa adoración por el Sol. Los egipcios dependían de las inundaciones
anuales de ese gran río. Al subir las aguas del Nilo, se inundaban las tierras
de cultivo de la zona adyacente al río y quedaba una tierra enriquecida para
futuros cultivos de trigo y otras cosechas. Naturalmente, estas inundaciones
regulares, y su estrecha relación con la provisión de víveres, eran de gran importancia
para los egipcios. Con el tiempo, los observadores del universo se dieron
cuenta de que la estrella Sothis — que los griegos y los astrónomos modernos
llaman Sirio —aparecía al amanecer en el horizonte justo antes de que
ocurrieran las inundaciones del Nilo cada año. Midiendo el tiempo que
transcurría entre cada elevación de la estrella Sothis (Sirio) los egipcios
produjeron un calendario que tenía 365.25 días, es decir, el año moderno del
calendario actual.
La trayectoria diaria de Ra y la importancia de las
inundaciones del Nilo hicieron que los egipcios fueran atentos observadores del
cielo. Los faraones que gobernaron a Egipto no eran tontos. A medida que la
civilización egipcia se volvió más sofisticada, comenzaron a fomentar la
creencia de que el faraón también era un dios y que descendía directamente de
Ra. Los egipcios pensaban que la Vía Láctea era la contraparte celestial del
Nilo, un río de estrellas en el que cada faraón que moría ocupaba un lugar junto
a otros dioses celestiales. Con el tiempo, los faraones necesitarían grandes
tumbas, y el concepto de pirámide surgió no solo de la necesidad de albergar
los restos mortales de los faraones y perpetuar su memoria, sino también como
un escalón para dar comienzo al viaje celestial.
Las ruinas de treinta y cinco pirámides se pueden
ver en la actualidad a orillas del Nilo, y cada una fue construida para un
monarca egipcio. Estas construcciones muestran una sofisticación sorprendente
en su diseño y construcción. Su majestuosidad, que ha sido parcialmente
erosionada por siglos de viento y desgaste y más recientemente por la
contaminación, y las dificultades técnicas de construir estos monumentos con
herramientas primitivas y maquinaria sencilla, siguen intrigando a los
estudiosos del tema. Las bases están alineadas con tal precisión geométrica que
es difícil pensar que sean el producto de una civilización antigua. Están
también relacionadas con la visión egipcia del universo, que se basaba en su
astronomía. Los cuatro lados inclinados de las pirámides parecen representar
los rayos de luz por los cuales ascendía el alma del faraón al cielo.
Recientemente se han relacionado muchas creencias
pseudocientíficas y supernaturales con las pirámides. Erich von Daniken en su
libro Carrozas de los Dioses habla de intervenciones
extraterrestres; llegó a sugerir incorrectamente que los egipcios nunca
tuvieron suficientes árboles, cuerdas ni fuerza de trabajo para construir las
pirámides. Las tres ideas han sido rechazadas, pues los egipcios tenían acceso
a muchos bosques y sus grabados muestran constructores usando cuerdas. Con
relación a la fuerza de trabajo, se sabe hoy que las pirámides fueron
construidas por los agricultores reclutados durante las inundaciones del Nilo.
Los egipcios—no los esclavos- voluntariamente trabajaban parte del año en la
construcción de los grandes monumentos. (Las pirámides fueron construidas mucho
tiempo antes de las posibles fechas de llegada de los bíblicos hijos de Israel,
suceso que no está registrado en los documentos egipcios.)
Otra teoría reciente dice que las pirámides fueron
construidas de tal forma que representaban un mapa de las estrellas del
“cinturón de Orion” en la constelación conocida como Orion, el Cazador. Los
egipcios conectaron esta agrupación con Osiris el rey de la resurrección. Esta
teoría sugiere que las tres grandes pirámides de Giza fueron construidas en
alineación con las tres estrellas, una de las cuales era la estrella que los
egipcios denominaban Thuban. Sin embargo, la última vez que estas estrellas de
la constelación Orion estuvieron perfectamente alineadas con las pirámides fue
hace unos 12,000 años. En noviembre del año 2000 un investigador usó la
orientación de las estrellas que se alineaban con la base de la pirámide para
establecer la fecha de la pirámide de Giza: 2478 a.C. Esta fecha concuerda con
la noción de la fecha de construcción de las pirámides—por los egipcios, no por
extraterrestres.
¿Es el Gran Cucharón una constelación?
La astronomía moderna reconoce ochenta y ocho áreas
denominadas constelaciones en las que está dividido el
firmamento con el propósito de identificar y nombrar los cuerpos celestiales.
Algunas de estas son tan familiares como los doce símbolos del zodiaco de la
astrología popular. Las constelaciones antiguas eran agrupaciones de estrellas
identificadas por los babilonios, los primeros en conectar patrones celestiales
de estrellas con las figuras de la mitología. Observaron igualmente que estas
estrellas se movían en forma regular junto con el Sol y la Luna, formando una
trayectoria conocida como la eclíptica. Los griegos adoptaron
este concepto de los babilonios y añadieron otras figuras mitológicas griegas
como Hércules, el gran héroe, Andrómeda, encadenada a una roca y Pegaso el
caballo con alas.
Hoy, el concepto de constelación es una
conveniencia, una dirección a la cual dirigirse al mirar el cielo. Aunque las
estrellas parecen estar cercanas y relacionadas, no podemos determinar
solamente con mirarlas que pueden estar separadas millones de años luz, medida
estándar de distancia entre las estrellas. Con el paso de los siglos se han
reconocido muchas constelaciones más y la carta celestial se ha expandido en
particular después de que las expediciones de los siglos XVI y XVII dieran
acceso al hemisferio Sur, donde el cielo es muy diferente al del hemisferio
Norte.
Dentro de estas constelaciones hay unas
agrupaciones más pequeñas que se denominan asterismos. El Gran Cucharón, por
ejemplo, el agrupamiento de estrellas más fácil de reconocer, es un asterismo
dentro de la constelación de Ursa Major, la Osa Mayor. El Pequeño Cucharón o la
Cucharita es otro asterismo que se encuentra dentro de la constelación Ursa
Minor u Osa Menor.
¿Qué tiene que ver la cosmología con un estuche de
cosméticos?
Existe otro nombre para el estudio de los cielos.
Mientras la astronomía se concentra en movimientos de los cuerpos celestes,
la cosmología, vocablo griego que quiere decir “ordenar el
universo”, busca darles a los movimientos de los planetas y de las estrellas
algún tipo de orden. Hace cuatro mil años los babilonios podían predecir los
movimientos aparentes de la Luna, las estrellas, los planetas y del Sol, y
llegaban inclusive a predecir los eclipses. Al hablar de “cosmología” con
respecto a civilizaciones antiguas, la palabra tiene un significado amplio que
se refiere al modo en que estas civilizaciones entendían el funcionamiento del
mundo—iba más allá de los movimientos de las estrellas y abarcaba conceptos
religiosos y la comprensión del origen de la vida.
Tiempo después, los griegos se apropiaron de
sabiduría babilonia y trataron de construir su propio modelo “cosmológico” para
tratar de explicar los movimientos de los astros. Cuando introdujeron la
ciencia en la ecuación, le quitaron a la cosmología el tinte de
superstición y creencia. Para aclarar términos, la cosmetología, el arte y la
ciencia de usar productos de belleza, viene del vocablo cosmos que
significa orden. En realidad, la cosmetología es una forma de organizar, o de
ordenar, la cara.
En el siglo IV antes de Cristo, los griegos creían
que las estrellas estaban fijas a una esfera celestial y que rotaban alrededor
de la Tierra esférica cada veinticuatro horas, y que los planetas, el Sol y la
Luna, se movían en una especie de “éter” entre el Sol y las estrellas.
El estudio del cielo no era exclusivo de los
habitantes del Cercano Oriente. Todas las civilizaciones observaban el
firmamento tratando de usar los cielos para organizar sus mundos y crear una
mitología alrededor de esos temas. Lo que los habitantes del Cercano
Oriente y del Mediterráneo no sabían era que los
chinos estaban muy adelantados en sus conocimientos de los cielos. Situados a
miles de millas hacia el oriente, los chinos comenzaron a examinar el
firmamento al mismo tiempo que los babilonios. Las observaciones sistemáticas
habían comenzado alrededor del año 3000 a.C. en la China, habían calculado un
año de 365 días y eran expertos en predecir eclipses. Los chinos habían
identificado constelaciones en forma parecida a como lo hicieron los babilonios
y, tanto los chinos como los babilonios, habían identificado la constelación
aún conocida como Draco como un dragón.
¿Qué relación existe entre un montón de rocas
viejas y el universo?
Otro monumento sorprendente de la cosmología
antigua—o, para los que creen en los extraterrestres, otra prueba de la visita
de los extraterrestres—fue logrado por los observadores de estrellas de la
antigua Gran Bretaña. Hace unos tres mil años se llevó a cabo la construcción
de lo que hoy se conoce como Stonehenge, lugar que ha dado lugar a todo tipo de
especulaciones. (Su nombre se deriva de la palabra inglesa “stanenge”
literalmente “pivote de piedra”) Construida y reconstruida muchas veces durante
los últimos dos mil años—hasta alrededor de 1100 a.C. —es una compleja
estructura de rocas localizada en el sureste de Inglaterra. El Stonehenge ha
inspirado gran especulación e investigación científica. La fascinación pública
con este lugar fue tan grande que tuvo que ser cercado con alambre eléctrico
para evitar su destrucción por vándalos o por visitantes atraídos por intereses
sobrenaturales. En los últimos tres mil años, la erosión y los coleccionistas
de recuerdos del lugar, le han cambiado la cara a Stonehenge. Lo que queda hoy
en día es sólo una parte de la estructura inicial. Algunos estudios recientes
indican que probablemente tuvo unos treinta o más grandes bloques de piedra
organizados en forma de círculo. Sobre estos bloques había unas piedras más pequeñas,
colocadas horizontalmente, que formaban un círculo. Un segundo círculo de
piedras encerraba un grupo todavía más pequeño de piedras en forma de
herradura. En la actualidad sólo quedan algunos bloques del círculo externo y
algunas de las piedras internas.
Se cree que los constructores de este monumento
fueron los druidas, o sacerdotes antiguos cuya función, aunque misteriosa,
estaba relacionada con la astronomía. Es interesante pensar que estas piedras,
cuya existencia misma es difícil de explicar, pudieran haber sido un
“observatorio antiguo.” Algunas partes de Stonehenge están alineadas con la
posición del Sol y de la Luna durante los solsticios (palabra
latina que significa “Sol inmóvil”). Los solsticios son los días que marcan los
días más largos y más cortos del año. Naturalmente, estos son días importantes
para los adoradores del Sol y para los campesinos, que no tenían calendarios, y
que debían ingeniárselas para saber cuándo sembrar sus cultivos. Si uno se para
en el centro de Stonehenge, puede observar los rayos de luz en el solsticio de
verano alineándose con una piedra denominada Piedra del Talón.
El propósito exacto de Stonehenge y las
características de su construcción, aunque misteriosos, no indican, de manera
alguna, la presencia de extraterrestres. Pero la atracción que suscitan en las
generaciones modernas es una indicación de la fascinación de las personas con
el cosmos. Cuando hablamos de druidas, o astrónomos antiguos, la palabra cosmología se
usa vagamente para indicar su visión de los cielos. Pero en el sentido moderno
de la palabra, cosmología significa el estudio científico de
la materia en el espacio, especialmente de las posiciones, distribución,
movimiento, composición, energía y evolución de cuerpos celestiales y de
fenómenos. Es un campo matemático y teórico lejano del mundo de los druidas y
de los sacerdotes egipcios. Sin embargo, la atracción antigua persiste, no
siempre explicada a partir de la luz “pura” de la ciencia. Las creencias, la
superstición, la fe, la curiosidad, nos persiguen todavía.
Voces del Universo:
William Shakespeare
He aquí la excelente estupidez del mundo; que,
cuando nos hallamos a mal con la fortuna, lo cual acontece con frecuencia por
nuestra propia falta, hacemos culpables de nuestras desgracias al sol, a la
luna y a las estrellas; como si fuésemos villanos por necesidad, locos por
compulsión celeste; picaros, ladrones y traidores por el predominio de las
esferas; beodos, embusteros y adúlteros por la obediencia forzosa al influjo
planetario, (El Rey Lear)
La culpa, mi querido Bruto, no es de nuestras estrellas sino de nosotros
mismos... (Julio César)
¿Qué tiene que ver la astrología con la astronomía?
Algunos periódicos estadounidenses traen un mapa
del espacio todos los días. Con él, usted puede salir en una noche despejada y
mirar el cielo que lo cubre. Para muchas personas esta herramienta es tan
extraña o arcana como lo son los valores futuros de la soya y la carne de cerdo
que vemos en la sección de negocios.
De la misma manera, muchos periódicos del mundo
traen otro tipo de información diaria, que sí es seguida por millones y
millones de personas—el horóscopo —que a veces es llamado “Señales de Amor” o
“Señales del Sol” y que ha enriquecido a astrólogas como Linda Goodman y Jean
Dixon. La mayoría de los directores de periódicos dirá que esa información está
allí para entretener solamente y que muchas personas miran el horóscopo por
simple curiosidad—al igual que leen los mensajes de las galletas chinas. Por
otro lado, diariamente millones de personas toman muy en serio el zodiaco,
llegando al punto de que se convierte en guía para la toma de decisiones.
La creencia de que las posiciones de la Luna, el
Sol y los planetas influencian el curso de las acciones de la humanidad es tan
vieja como la fascinación con el universo. Desde los inicios del estudio de los
cielos, la astrología y la astronomía estuvieron íntimamente ligadas. Como
“ciencia,” la astrología fue utilizada para predecir y afectar los destinos de
los individuos, grupos o inclusive naciones. Los griegos construyeron basándose
los conocimientos de los egipcios y de los mesopotámicos, pero comenzaron a
aplicar las nuevas reglas de la geometría para describir la órbita de los
planetas. Desarrollaron la idea de las doce constelaciones del zodiaco y el
concepto de que las posiciones de los planetas, el Sol y la Luna en el momento
del nacimiento determinaban el destino de las personas, idea aceptada por
muchos universalmente. Inclusive, se llegó a pensar que los cielos gobernaban
el dinero, el matrimonio y hasta la muerte. La medicina griega, que dio enormes
pasos científicos, consideraba que los órganos del cuerpo humano podían
depender de las distintas combinaciones de planetas y constelaciones.
Los romanos, que un tiempo después adoptaron o
adaptaron muchas ideas de los griegos, prefirieron sus propias formas de
adivinar el futuro, aunque la astrología griega posteriormente fue aceptada en
los tiempos romanos. El Emperador Augusto elevó la astrología al nivel de arte
real. Y el escritor romano Séneca, nacido alrededor de los tiempos de Cristo, y
quien fuera tutor del famoso emperador Nerón, afirmaba, “¿Cree usted que tantos
miles de estrellas brillan en vano?... Incluso aquellas estrellas que no se
mueven o que, por su velocidad, van al ritmo del resto del universo y parecen
no moverse, no dejan de dominarnos.”
¿Por qué le dio San Agustín tan mala fama a la
astrología?
En la era cristiana, la astrología comenzó a dar
tumbos. San Agustín (354-430), el pensador más influyente de la Edad Media,
resumió las objeciones a la astrología. En su libro Confesiones, San
Agustín recordaba que antes de renunciar a su educación pagana había consultado
a algunos astrólogos. Pero no creyó en ellos y pensó que “las predicciones
mentirosas y poco piadosas” de los astrónomos eran obra del diablo. En La
Ciudad de Dios, escribió que el mundo era regido por la Divina
Providencia y no por la suerte y el destino. Para San Agustín, la prueba de
esto provino de una historia narrada por un amigo: Dos niños nacieron en el
mismo hogar y en un mismo momento, por tanto, sus destinos deberían haber sido
iguales. Sin embargo, uno era hijo del patrón y el otro era hijo de un esclavo.
La posición de las estrellas no les cambió el destino. La misma lógica se
aplicaría al nacimiento de dos gemelos; y San Agustín mencionó el caso de los
hermanos bíblicos Esaú y Jacobo, nacidos con segundos de diferencia y quienes
tuvieron temperamentos y destinos totalmente distintos.
Pese a las objeciones de San Agustín, la astrología
siguió floreciendo durante la era cristiana y muchos papas consultaban a los
astrólogos antes de tomar ciertas decisiones. La llegada del Renacimiento y de
la Ilustración no debilitó su fuerza. Es más, a lo largo de la historia de la
astronomía, muchos de los responsables de hallazgos importantes recurrían a la
práctica de la astrología para pagar sus cuentas. Copérnico, Tycho Brahe,
Kepler y Galileo hacían cartas astrológicas para sus clientes. Se dice que el
gran Newton se interesó en la astronomía después de leer un libro sobre
astrología. (Hablaremos de estos astrónomos más adelante en este capítulo.)
Habían sido precedidos por grandes eruditos de la Edad Media como Alberto Magno
y Santo Tomás de Aquino, el influyente pensador de la iglesia, y ambos habían
reconocido que las estrellas tenían una gran influencia sobre la vida humana. A
su vez, argüían que el libre albedrío del hombre le permitía resistirse a esos
poderes.
Como “pseudociencia,” la astrología debe ser vista
como diametralmente opuesta a los descubrimientos y teorías de la ciencia
occidental moderna. Según el filósofo judío Maimónides (1135-1204): “La
astrología es una enfermedad, no una ciencia.”
¿Se equivocaron los astrólogos de Hitler?
A pesar de la ciencia, muchas personas tienen una
especial fascinación por los astrólogos, pues asocian sus vidas con el continuo
movimiento de las estrellas. El fallecido Carl Sagan comenta en su conocido
libro Cosmos que el lenguaje moderno aún muestra la influencia
de la astrología. Por ejemplo, dice Sagan, “El vocablo desastre que
en griego quiere decir 'mala estrella,’ o influenza, vocablo
italiano que significa 'influencia’ (astral), o mazeltov, en
hebreo—y en babilonio —que quiere decir constelación buena”
La preocupación de Hitler por la astrología está
muy bien documentada. Se ha dicho que basándose en lo que los astrólogos veían
en su mapa astral, Hitler no atacó a Inglaterra en ocasiones en que hubiese
podido tener éxito. De hecho, durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno
británico consultó con algunos astrólogos para investigar qué estarían diciendo
los astrólogos de Hitler.
El principio básico de la astrología dice que los
cuerpos celestes en alguna forma influencian lo que sucede en la Tierra. Los
astrólogos demostraron esta influencia por medio de una gráfica llamada horóscopo (que
viene del griego antiguo “hora” y “observador”) y que muestra la posición de
los planetas en relación con la Tierra y las estrellas en un momento
determinado. Al buscar pruebas de la influencia de los planetas, los
proponentes de la astrología señalan que el Sol y la Luna afectan las mareas en
la Tierra. Piensan ellos que si esto es cierto, por qué no pueden también
influenciar la vida humana, ya que el agua es fundamental para la vida y los
seres humanos están compuestos fundamentalmente de agua. La lógica no es el
fuerte de los astrólogos.
Los horóscopos tradicionalmente sitúan la Tierra en
el centro del sistema solar—o inclusive del universo—porque cuando se
establecieron las reglas de la astrología se pensaba que así era. La astrología
considera “planetas” al Sol y a la Luna junto con los otros ocho planetas
conocidos (aunque sólo se conocían cinco planetas en Babilonia y Grecia). La
astrología afirma que los planetas tienen más influencia que otros cuerpos
celestiales. Otro elemento clave del esquema astrológico es el zodiaco, una
banda de estrellas que rodea la Tierra y que está dividida en doce partes
iguales—los conocidos signos.
Las Constelaciones del Zodiaco Astrológico:
· Aries (el Carnero)
· Taurus (el Toro)
· Gemini (los Gemelos)
· Cáncer (el Cangrejo)
· Leo (el León)
· Virgo (la Virgen)
· Libra (la Balanza)
· Escorpio (el Escorpión)
· Sagitario (el Centauro, conocido también en la
historia de la astrología como el Arquero)
· Capricornio (la Cabra, relacionada con el dios Pan)
· Acuario (el que carga agua)
· Piscis (el Pez)
Es difícil identificar estas figuras en el cielo
hoy en día, pero muchas civilizaciones vieron las mismas configuraciones
durante siglos.
Cada signo tiene ciertas características, y el
signo, combinado con un planeta particular, es el que determina el carácter de
una persona. Finalmente, la superficie de la Tierra se divide en doce partes,
llamadas casas, cada una de las cuales representa ciertas
características. Los planetas, los signos y las casas son los elementos
astrológicos que determinan el carácter y el destino.
Existen muchas objeciones racionales para refutar
que el orden del cosmos pueda tener “influencia” sobre los sucesos de la
Tierra, más allá de la fuerza de gravedad. En primer lugar, la astrología
tradicionalmente ha considerado a la Tierra como el centro alrededor del cual
se mueven los otros planetas—idea desacreditada desde hace más de quinientos
años. Si los cinco planetas visibles fueron alguna vez la fuerza principal de
la astrología, entonces, ¿cómo cambiaron las predicciones astrológicas con el descubrimiento
de planetas desconocidos? Es difícil darle mucho crédito a la astrología si
tenemos en cuenta la inmensidad del universo, el número de estrellas y las
enormes distancias a que están situadas, la presencia de tantos cuerpos
celestiales que pueden acercarse sin previo aviso y la existencia de fuerzas
invisibles al ojo humano como los rayos electromagnéticos, los agujeros negros
y la “materia oscura” de la cual, para muchos astrónomos, está formada la mayor
parte del universo. (Para aclarar estos conceptos vea la Parte IV.)
Además, desde el tiempo de los babilonios y los
griegos, las constelaciones se han movido, en parte debido a que la Tierra se
“bambolea” cuando gira sobre su eje, fenómeno conocido como precesión
de los equinoccios, descubierto por Hiparco, astrónomo griego. Pero,
durante muchos siglos, “las estrellas fijas” se han movido en relación con la
Tierra. En otras palabras, los astrólogos trabajan con datos anticuados.
Aún así, millones de personas creen ciegamente en
el zodiaco. En este punto, el científico tiene que disentir del “creyente.” Esa
era una de las razones por las cuales. Shakespeare podía negar la influencia de
la astrología—como hizo en el Rey Lear y Julio César—y utilizarla
en Romeo y Julieta, cuando dice que los astros no permitieron
el amor entre ellos, o cuando hace que un personaje de Hamlet afirme,
“Hay más cosas en la Tierra y en el cielo, Horacio, que las que sueña su
filosofía.”
Incluso los padres de la iglesia, que se negaron a
aceptar la astrología, la adoptaban cuando lo consideraban necesario. Afirma
Daniel J. Boorstin:
“Los teólogos medievales utilizaron la creencia
en la astrología para reforzar las verdades del cristianismo. Les gustaba
evocar la predicción astrológica del nacimiento virginal de Jesucristo. Si
Jesucristo no estaba regido por las estrellas, las estrellas sí marcaron su
advenimiento.”
(Los Descubridores)
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Hitos en la historia del universo: |
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15-20 mil millones de años? |
El Big Bang. Marca el
nacimiento teorético del universo; el más aceptado por los astrónomos
modernos. En un instante de cataclismo cósmico, toda la materia, la energía,
el espacio y el tiempo se crearon a partir de una explosión de calor.
Posiblemente mil millones de años después de este instante de Creación, se
formaron nubes de gases y nacieron las primeras estrellas. (El Big Bang se
trata en profundidad en la parte IV.) |
|
5 mil millones de años |
Nació nuestra estrella, el Sol y empezó a
formarse el sistema solar. La Tierra se formó hace 4,500 millones de años. |
|
9000-8000 a.C. |
Los mayas de Centroamérica realizan
inscripciones y construcciones astronómicas. |
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5508 a.C. |
Año de la Creación (Esta fecha fue adoptada
en Constantinopla en el siglo VII d.C. y usada por la Iglesia Ortodoxa
Oriental). |
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5490 a.C. |
Año de la Creación. (Esta fecha fue
reconocida por los primeros cristianos de Siria.) |
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aprox. 4241 a.C. |
Se desarrolla el calendario egipcio. Es el
primero que se conoce basado en 365 días, o doce meses de treinta días y
cinco días de festivales. |
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4004 a.C. |
Año de la creación. (Esta fecha fue
calculada por el clérigo irlandés James Ussher en 1650 d.C. y fue aceptada
por la mayor parte del mundo europeo hasta que los geólogos y los biólogos la
refutaron hacia finales del siglo XIX. Es todavía aceptada por algunos
“creacionistas”) |
|
3760 a.C. |
Año de la Creación (Esta fecha fue
reconocida por el calendario hebreo que se ha usado desde el siglo XV d.C.) |
|
aprox. 3000 a.C. |
Los babilonios predicen eclipses. |
|
2500 a.C. |
Los chinos usaron un palo vertical para
proyectar la sombra del cielo con el fin de estimar la hora, el tiempo. |
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2296 a.C. |
Los observadores chinos dejan constancia de
un cometa, el primer registro conocido sobre la detección de un cometa. |
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aprox. 2200 a.C. |
Los sumerios usan un calendario solar de un
año de 360 días y doce meses, junto con un calendario de 354 días lunares; el
calendario tiene un mes más cada ocho años para sincronizarlo con las
estaciones. |
|
aprox. 1900 a.C. |
Stonehenge es construido en algún momento
en los tres siglos siguientes, en la Edad de Bronce de Gran Bretaña,
posiblemente como un monumento para calcular los movimientos del Sol, la Luna
y los planetas. |
|
aprox. 1750 a.C. |
Se compilan catálogos de estrellas y
registros planetarios en Babilonia durante el reinado de Hammurabi. |
|
aprox. 1660 a.C. |
Los astrólogos caldeos identifican el
zodiaco en Mesopotamia. |
|
1500 a.C. |
Los egipcios utilizan el gnomon —indicador
en forma de L—como reloj de Sol. |
|
aprox. 1000 a.C. |
Se redactan por primera vez las Leyes de
Moisés, el comienzo de la Biblia hebrea. |
|
aprox. 850 a.C. |
De acuerdo con el historiador Heródoto, el
poeta ciego Homero escribe la Ilíada y la Odisea. |
|
585 a.C. |
Tales de Mileto predice correctamente un
eclipse en lo que es hoy Turquía el 28 de mayo de 585. Pensando que era un
mal presagio, los medos y los lidios no se lanzan a la guerra. |
|
aprox. 528 a.C. |
Nace el budismo en la India. |
|
aprox. 520 a.C. |
Anaximandro de Mileto realiza el primer
intento conocido de representar la Tierra basándose en principios
científicos. Su concepto era que la Tierra es un cilindro con una curvatura
de norte a sur. Hace un mapa del mundo conocido basado en esa idea. |
|
aprox. 500 a.C. |
Los pitagóricos afirman que la Tierra es
una esfera. |
|
aprox. 480 a.C. |
Se cree que el filósofo griego Oenópides es
el primero en calcular el ángulo de inclinación de la Tierra con respecto al
plano de su órbita. El valor de 24 grados tiene sólo medio grado de
diferencia con el valor aceptado hoy de 23.5. |
|
aprox. 480 a.C. |
El filósofo pitagórico Filolao sugiere que
existe un fuego central alrededor del cual giran la Tierra, el Sol, la Luna y
los planetas. Dice también que la Tierra rota. |
|
aprox. 400 a.C. |
Se empiezan a vender en Caldea horóscopos
que marcan las posiciones de los planetas en el momento en que nacen las
personas. |
|
aprox. 380 a.C. |
Demócrito, filósofo griego, afirma que la
Vía Láctea está compuesta de numerosas estrellas, que la Luna es similar a la
Tierra y que la materia está compuesta de átomos. |
|
352 a.C. |
Observadores chinos ven una supernova, la
primera observación de una supernova de que se tiene constancia. |
|
aprox. 350 a.C. |
Aristóteles, filósofo griego y tutor de
Alejandro Magno cree que la Tierra es el centro del universo. |
|
aprox. 300 a.C. |
Los astrónomos chinos Shih Shen, Can De y
Wu Xien, cada uno por separado, realizan mapas de estrellas que serán usados
durante los siguientes siglos. |
|
aprox. 270 a.C. |
Aristarco de Samos (una isla cerca de
Turquía) refuta los trabajos de Aristóteles al asegurar que el Sol está en el
centro del sistema solar y que los planetas giran alrededor de él. Estima la
distancia entre el Sol y la Tierra observando el ángulo entre el Sol y la
Luna cuando está medio llena. |
|
aprox. 240 a.C. |
Eratóstenes calcula la circunferencia de la
Tierra, obteniendo una cifra sorprendentemente cercana a la aceptada hoy:
24,901,55 millas (40,075,16 kilómetros). |
|
165 a.C. |
Los astrónomos chinos reportan haber
observado manchas oscuras en el Sol, probablemente la primera observación
correctamente fechada del fenómeno. |
|
46 a.C. |
Se introduce en Roma, bajo Julio César y,
por recomendación del astrónomo griego Sosígenes, un calendario de tres años
de 365 días seguido por uno de 366 días (el calendario juliano); como
resultado de los cambios hechos para “cuadrar las estaciones,” el año 46 a.C.
tiene 445 días, convirtiéndolo en el más largo registrado en la historia. |
|
44 a.C. |
Julio César es asesinado en los idus de
marzo (15 de marzo). El monte Etna en Sicilia erupciona y el polvo de estas
erupciones oscurece los cielos. Los astrónomos romanos reportan haber visto
un cometa rojo que es visible a la luz del día. Aunque su color rojo se debe
al polvo volcánico en el aire, los romanos creen que el cometa representa a
Julio César divinizado subiendo al cielo. |
|
28 a.C. |
Las historias oficiales de la China
imperial comienzan a reportar manchas en el Sol, proceso que continuará hasta
1638 d.C.; el registro de 28 a.C. menciona un “vapor negro tan largo como una
moneda”. |
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7-5 a.C.? |
El niño Jesús nace en Belén, cerca a
Jerusalén, de acuerdo con las Escrituras. |
|
(Nota: Muchos expertos e historiadores
optan por los términos A.E.C. (antes de la era común) y E.C. (era común). En
este libro, he escogido usar los términos a.C. (antes de Cristo) y d.C.
(después de Cristo) que son más cercanos al lector promedio.) |
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Voces del Universo:
El Evangelio según San Mateo (2:1-2)
Y como fue nacido Jesús en Belén de Judea, en días
del rey Herodes, he aquí que unos magos vinieron del oriente a Jerusalén,
diciendo, ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? Porque su estrella
hemos visto en el oriente y venimos a adorarle.
¿Fue la bíblica “Estrella de Belén” un fenómeno
astronómico reconocible como el Cometa Halley?
Pocas leyendas de astrología han cambiado el mundo
como la historia de la estrella de Belén. Proviene, claro está, de la Biblia, y
se encuentra en el Evangelio según San Mateo. Para muchas generaciones de
cristianos alrededor del mundo, esta es la historia más conocida de la Sagrada
Escritura.
Leída cada Navidad, como parte de la narración del
Nacimiento de Jesús, describe el viaje de los “Reyes Magos” del Oriente guiados
por una estrella. Se cree que eran tres, puesto que entregan tres regalos, pero
su número nunca es mencionado en la Biblia. Al llegar a Jerusalén van a la
corte del Rey Herodes, el rey de los judíos que gobierna según órdenes del
emperador romano Augusto. Estos magi o “sabios” le cuentan a
Herodes que han seguido la estrella a Belén, lugar del nacimiento de Jesús.
Herodes, a quien la historia ha juzgado duramente por el tratamiento criminal
que dio a su familia y su nación, les agradece la noticia y los despide. Luego
ordena matar a todos los niños varones menores de dos años, temiendo que le
quitaran su reino.
Los sabios y los historiadores han debatido,
durante siglos, muchos aspectos de esta historia. Varias generaciones de
cristianos han alterado y adaptado la tradición de los Reyes Magos y la
estrella. Pero hay una pregunta que permanece en la mente de todos: ¿Pudo una
estrella u otro fenómeno celestial haber inspirado realmente la historia de la
Estrella de Belén?
La mejor respuesta es “posiblemente.” Pero los
astrónomos han discutido durante siglos sobre cuál suceso celestial la inspiró.
Han pensado que fue un cometa, o una conjunción de planetas o una supernova (objeto
celestial poco frecuente, muy brillante y de corta duración, posiblemente el
resultado de una explosión de la mayor parte de una estrella que está
muriendo). El Cometa Halley (véase la página 166) se hizo visible en el año 10
a.C. pero esa fecha es muy temprana para relacionarla con el nacimiento de Jesús.
Algunos lo consideran un milagro y otros creen que es parte de un mito, escrito
mucho después de los sucesos que narra, con el fin de acomodar el nacimiento de
Jesús en las profecías de las antiguas escrituras.
Pero en un libro reciente, The Star of Bethlehem:
The Legacy of the Magi (Rutgers University Press, 1999), el físico y astrónomo
Dr. Michael Molnar propuso un novedoso candidato astronómico para la estrella
del escritor del Evangelio de San Mateo. Molnar propuso que la estrella no era
realmente una estrella, sino el planeta Júpiter visto como parte de la
constelación de Aries, el Carnero. Inclusive da la fecha de su aparición: abril
17 del año 6 antes de Cristo. Esta fecha se corresponde con la visión tradicional
de que Jesús nació antes de la muerte del Rey Herodes en el año 4 a.C., aun
cuando algunos historiadores bíblicos arguyen que Herodes murió en 1 a.C., lo
cual haría menos probable la fecha del Dr. Molnar.
El argumento de Molnar está basado en pruebas
astronómicas e históricas. Por ejemplo, los antiguos consideraban que Júpiter
era una estrella real y, por tanto, era lógico que pensaran que podía anunciar
el nacimiento de un rey. Como era parte de Aries, constelación del firmamento
del este, pudo ser haber vista en el oriente en ese momento. Molnar no cree lo
del cometa, pues en esa época se asociaban con algo malo o inestable y no con
el nacimiento de un nuevo rey. En cuanto a las supernovas, o no se conocían o
fueron ignoradas por los astrólogos del momento, de acuerdo con el Dr. Molnar,
quien investigó textos astrológicos de ese tiempo. Otro argumento clave fue el
descubrimiento de una moneda antigua que Molnar compró por $50 y que fue
acuñada en Siria alrededor del año 6 después de Cristo. La moneda muestra una
estrella brillante sobre el carnero, símbolo de la antigua Judea, que en esa
época había sido anexada por los romanos. Claro está que la verdad literal de
esta historia bíblica es como la de muchos otros sucesos presentados en la
Biblia. Algunos pueden documentarse y otros pueden relacionarse con sucesos
históricos específicos, como la caída de Jerusalén. Pero, en última instancia,
la Biblia es cuestión de fe. La historia de Navidad probablemente es el ejemplo
más permanente del significado de los presagios para el mundo antiguo y—para
millones de cristianos modernos.
Voces del Universo:
Ptolomeo
(Claudio Ptolomeo de Alejandría)
Siendo mortal como soy, sé que nací por un día;
pero, cuando sigo la multitud de estrellas apiñadas en su trayectoria circular,
mis pies se levantan de la tierra; asciendo hacia Zeus para deleitarme con la
ambrosía, el manjar de los dioses.
¿Quién era Ptolomeo y qué tuvo que ver con “los mil
puntos de luz”?
Casi todas las civilizaciones antiguas practicaron
la astrología en una u otra forma pero fue un hombre el que organizó en forma
sistemática los principios astrológicos básicos aceptados aún hoy en día. La
persistente influencia de la astrología en el mundo moderno no es la única
contribución de este científico griego del siglo II llamado Ptolomeo. Sus ideas
acerca del mundo, expresadas en el libro Geografía, introdujeron
nociones como latitud y longitud y propusieron un mapa del mundo que tuvo una
gran influencia sobre Cristóbal Colón. Para bien o para mal, es un legado
admirable de un misterioso hombre que vivió hace casi dos mil años y de quien
poco sabemos.
La mayoría de las personas piensa que en una noche
clara, el número de estrellas que son visibles constituyen un número incontable
de millones o tal vez miles de millones de ellas. Los descubrimientos recientes
han confirmado que hay cientos de miles de millones de galaxias compuestas por
cientos de miles de millones de estrellas en el universo. Pero la idea de que
el cielo nocturno tenga un número incontable de estrellas es una equivocación.
Cuando George Bush pronunció su famoso discurso de nominación en la Convención
Republicana Nacional de 1988, en el cual habló de “los mil puntos de luz” no
estaba muy lejos de la realidad. Parecería que hay millones de puntos de luz
allá arriba pero, inclusive bajo condiciones perfectas, una persona con buena
vista puede detectar cerca de tres mil estrellas, y el número usual es mucho
menor. La dificultad para contar tantos objetos hace que su número se vuelva
abrumador. A menos que uno sea Ptolomeo.
Claudio Ptolomeo (100-170?) fue un astrónomo griego
que vivió en Egipto durante el reinado de los emperadores romanos Adriano y
Marco Aurelio. No se conoce mucho sobre su vida privada, pero podemos asumir
que era meticuloso y paciente—el bibliotecario perfecto. Pasó gran parte de su
vida catalogando y contando estrellas. Ptolomeo contó 1,022 estrellas con sus
propios ojos. (No tenía telescopio, pues éste fue inventado 1500 años después.)
Cuando Cristóbal Colón propuso navegar hacia el
oeste para llegar al Oriente, una de las pruebas que citó para justificarlo fue
una obra de Ptolomeo llamada Megale syntaxis tes astronomis (“Gran
Composición Astronómica”) que contenía observaciones que datan de 127 d.C. a
141 d.C. (Escribió otros libros más y se cree que vivió hasta el año 170 d.C.)
Entre las obras de Ptolomeo está un catálogo de más de 1000 estrellas, aunque
algunos historiadores creen que plagió la lista que Hiparco había compilado en
el año 130 a.C.
La obra de Ptolomeo se hubiera podido perder, con
catastróficas consecuencias para la historia, de no haber sido por una serie de
curiosas circunstancias. Trescientos años después de que Ptolomeo, cayó Roma y
comenzó la “Edad Oscura.” En varias oportunidades, durante los siglos
siguientes, la biblioteca de Alejandría donde Ptolomeo había trabajado fue
destruida y atacada por los romanos y posteriormente por el populacho cristiano
durante el siglo IV. El sistema de Ptolomeo se conoce únicamente porque, por alguna
razón, una copia de sus trabajos fue a dar a un monasterio en lo que hoy es
Irán. En el año 765, poco después de la fundación de Baghdad, los árabes
entraron en contacto con la biblioteca y descubrieron el tesoro científico y
filosófico que procedieron a traducir al árabe. Fascinados con los adelantos
astronómicos de los griegos, los árabes comenzaron a llamar el libro de
Ptolomeo Al Magiste (“El Más Grande”), nombre que
posteriormente se convirtió a Almagest A medida que el islam
se fue expandiendo hacia el occidente durante los siguientes siglos, esos
textos en árabe fueron llevados hacia el oeste hasta llegar a manos del Rey
Alfonso “el Sabio,” uno de los primeros reyes cristianos en lo que había sido
la España musulmana, quien tradujo los textos árabes al latín. Las tablas de
estrellas y las reglas de astrología de Ptolomeo cruzaron siglos y continentes
hasta llegar a Europa.
El libro es una descripción de todo lo que se sabía
sobre astronomía en la época de Ptolomeo y reúne las creencias de eruditos
griegos anteriores, como Aristóteles y Pitágoras. Claro está que la mayoría de
estos sabios creía que la Tierra era el centro del universo, y Ptolomeo nunca
los contradijo. A partir de modelos geométricos y tablas, el libro describía
los movimientos del Sol, la Luna y los planetas. La parte más importante
del Almagest es la descripción de lo que se llamó el “Sistema
Ptolomeico” en el cual la Tierra es el centro del universo, y el Sol y la Luna
se mueven alrededor de la Tierra formando círculos perfectos.
El Almagest se convirtió en una
norma clave para la astronomía y la astrología durante la Edad Media. La
astronomía todavía estaba basada en el principio de Platón que establecía que
todos los movimientos de los objetos celestiales observados tenían que ser explicados
en términos de trayectorias circulares. La visión de Ptolomeo y de Aristóteles
se incorporó al dogma de la iglesia en gran parte por el esfuerzo de Santo
Tomás de Aquino. Apoyado por la Iglesia, el modelo de Ptolomeo del universo y
su astrología, como Carl Sagan anota en Cosmos, “contribuyó a
evitar el avance de la astronomía durante un milenio”.
|
Hitos en la historia del universo: |
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|
aprox. 140 d.C. |
El astrónomo griego Ptolomeo escribe
en Megale Syntaxis tes astronomis o Almagest (“El
Más Grande”). |
|
635 |
Se describe en la China la regla acerca de
que la cola del cometa siempre está en dirección contraria al Sol. |
|
675 |
Se construye en Newcastle el primer reloj
de sol inglés. |
|
827 |
Se traduce al árabe la obra de
Ptolomeo Megale Syntaxis |
|
832 |
Se funda en Baghdad la “Casa de la
Sabiduría;” uno de los numerosos centros de estudio que aparecieron en el
imperio islámico; tenía un observatorio astronómico. Se tradujeron
importantes documentos griegos al árabe. |
|
1066 |
Se vislumbra un gran cometa. Se relaciona
esta aparición con la invasión a Inglaterra por parte de Guillermo de
Normandía, “el Conquistador,” y se representa en el famoso tapiz de Bayeux.
Hoy se le conoce como el Cometa Halley (Véase la página 166). |
|
1271 |
Marco Polo (1254-1324) comienza su
legendario viaje al Lejano Oriente y llega al Japón. Vuelve a Italia en el
año 1295. Aun cuando la veracidad de sus relatos se ha cuestionado, sus
descripciones del Oriente y del lujo y la riqueza de esas tierras cautiva la
atención de los europeos. |
|
1391 |
Geoffrey Chaucer, quien empezó a escribir
los Cuentos de Canterbury en 1387 escribe Un Tratado
Sobre el Astrolabio. En él muestra cómo construir un astrolabio,
aparato que se utiliza para calcular la posición de las estrellas. |
|
1453 |
Los turcos toman Constantinopla, forzando a
muchos de los eruditos griegos a huir a ciudades europeas, trayendo con ellos
gran conocimiento. Esto marca un momento clave para el comienzo del
Renacimiento. |
|
1492 |
Cristóbal Colón llega a las Antillas en su
primer viaje. |
|
1500 |
Wan Lu, legendario científico chino,
aparentemente une cuarenta y siete cohetes de pólvora a la parte trasera de
un asiento con el fin de construir una máquina voladora. El aparato explota
causando la muerte de Wan Lu. |
|
1517 |
Martín Lutero publica sus Noventa y
Cinco Tesis inaugurándose la Reforma Protestante. |
|
1543 |
La obra de Copérnico De
Revolutionibus orbium coeles- tium (Sobre las Revoluciones de los
Cuerpos Celestes) propone la teoría del movimiento de los planetas basada en
la noción de que la Tierra y los otros planetas se mueven en órbita alrededor
del Sol. |
|
1558 |
Isabel I asciende al trono de Inglaterra,
inaugurando una era de exploración e invención en Gran Bretaña. |
|
1572 |
Tycho Brahe observa una nueva estrella que
denomina nova y que hoy en día sería llamada supernova. Tan
brillante como Venus, la estrella, que también es registrada por los
astrónomos chinos, permanece visible durante quince meses. |
|
1577 |
Tycho Brahe trata de determinar la
distancia entre la Tierra y el cometa de 1577; sus observaciones son lo
suficientemente buenas como para demostrar que el cometa debe estar al menos
cuatro veces más lejos que la Luna. |
|
1583 |
El filósofo y sacerdote italiano Giordano
Bruno expresa sus ideas metafísicas en Della Causa, Principio ed uno (De
la Causa, el Principio y la Unidad). |
|
1584 |
La obra de Bruno La Cena della
cenen (“La Cena de las Cenizas”) defiende la teoría de Copérnico. |
|
1590 |
El libro de Galileo, De Mota (“Del
movimiento”) refuta la física aristotélica y explica sus
experimentos sobre la caída de los cuerpos. |
|
1592 |
El libro Mysterium Cosmographicum (“El
Misterio del Universo”) de Johannes Kepler plantea el concepto de que la
esfera de cada planeta está inscrita o circunscrita en uno de los cinco
sólidos normales de Platón. |
|
1600 |
Kepler se convierte en ayudante de Tycho
Brahe en su observatorio de Praga. |
|
1602 |
Se publica el libro póstumo de Brahe Astronomiae
Instauratae Progymnasmata (“Introducción a la Nueva Astronomía”);
contiene la localización detallada de 777 estrellas y la descripción de 1572
supernovas. |
|
1603 |
El astrónomo alemán Johann Bayer introduce
en Uranome- tria el método para describir la posición de las
estrellas y nombrarlas con las letras griegas y por las constelaciones a las
que pertenecen que se usa hasta el presente. Constituye el primer intento por
hacer un atlas celestial. |
|
1605 |
Francis Bacon escribe contra la magia y
fomenta el desarrollo de métodos científicos en Avance de la
Investigación. |
|
1607 |
Es fundada Jamestown, Virginia. Es la
primera colonia inglesa permanente en Norteamérica. |
|
1608 |
Hans Lippershey, fabricante de lentes,
inventa el telescopio. |
|
1609 |
Galileo construye su primer telescopio y,
con algunas modificaciones y mejoras, obtiene un aumento de casi 30. |
|
1610 |
Galileo ve las lunas de Júpiter, los
anillos de Saturno, las estrellas individuales de la Vía Láctea y las fases
de Venus. Reporta estos descubrimientos en Siderius Nuncius (“Mensajero
Estelar”) y se vuelve famoso en Europa |
|
1611 |
Galileo, Thomas Harriot, Johannes Fabricius
y el Padre Christopher Schneider descubren, al mismo tiempo, las manchas
solares, aunque Galileo afirma haberlas visto cuatro años antes. Arguye con
el astrónomo Christopher Scheiner, un sacerdote jesuita, sobre cuál de los
dos fue el primero en verlas. |
|
1616 |
Galileo recibe una amonestación del
cardenal Robert Bellarmine para que no defienda la doctrina de Copérnico que
decía que la Tierra giraba alrededor del Sol. El libro De
Revolutionibus, de Copérnico, es incluido el en índex
librorum probibitorum de la Iglesia y no será retirado de ésta sino
hasta el año 1835. |
|
1619 |
El astrónomo suizo Johan Cysat descubre la
nebulosa Orion. |
|
1632 |
El libro de Galileo Dialogo sopra i
due massimi sistemi del mondo, tolemaico e copernico (Diálogo Sobre
los dos Sistemas Principales del Mundo: Copernicano y Ptolomeico) le produce
conflictos con el papa y se prohíbe el libro. |
|
1633 |
La Inquisición de la Iglesia Católica
obliga a Galileo a retractarse de la idea de que la Tierra gira alrededor del
Sol. |
|
1639 |
El astrónomo inglés Jeremiah Horrocks
observa el Tránsito de Venus a través del Sol, suceso que había predicho, el
24 de noviembre. |
|
1642 |
Galileo muere en Arcetri, cerca a
Florencia, Italia, el 8 de enero. |
Voces del Universo:
Nicolás Copérnico (1473-1543)
Finalmente pondremos al Sol en el centro del
Universo. Tal como lo indica la procesión sistemática de los sucesos y la
armonía de todo el universo.
Martín Lutero, líder de la Reforma Protestante refiriéndose al “advenedizo
astrólogo” Nicolás Copérnico:
Este tonto quiere cambiar toda la ciencia astronómica, pero la Sagrada
Escritura nos dice que Josué le ordenó al Sol detenerse, no a la Tierra.
¿Por qué Martín Lutero calificó a Copérnico de
“tonto”?
El “tonto” era un astrónomo polaco que desarrolló
la idea de que la Tierra era un planeta en movimiento, por lo cual es
considerado “padre de la astronomía moderna.” En 1510, momento en el que
quienes analizaban los cielos aceptaban todavía las ideas de Aristóteles y
Ptolomeo de 1400 años atrás, Nicolás Copérnico (Mikolaj Kopernik en polaco)
tuvo una revolucionaria idea acerca del universo. Pero, temiendo que su teoría
fuese ridiculizada o, peor, considerada herética —fue profético en esto —demoró
la publicación de sus ideas durante trece años.
Había nacido en el hogar de una familia adinerada
en Thorn (hoy Torun, Polonia). Copérnico tenía diez años cuando murió su padre
y fue educado por su tío, un poderoso obispo que logró que fuera canónigo, o
funcionario eclesiástico, garantizándole al joven sabio un buen salario y pocas
obligaciones. A los dieciocho años, Copérnico ingresó a la Universidad de
Cracovia, estudió pintura y matemáticas y desarrolló su interés en la
astronomía. En 1497 viajó a Italia, en ese momento el centro del Renacimiento que
estaba transformando las ciencias, el arte, el gobierno y la cultura en Europa
y durante los diez años siguientes estudió astronomía en Bolonia, y medicina
—una carrera todavía medieval—y derecho canónico en Ferrara. Cuando su tío fue
nombrado obispo de Ermland (Prusia Oriental, en Europa del norte), Copérnico
fue nombrado su médico y asistente personal. Después de la muerte de su tío, en
1512, ejerció como sacerdote, pero su verdadera inclinación era hacia las
matemáticas y la astronomía, y comenzó a estudiar a los antiguos griegos.
Descubrió a Aristarco de Samos (nacido en 300 a.C.), un pitagórico que había
sido uno de los primeros en sugerir la noción de que la Tierra giraba alrededor
del Sol. Este era el concepto del Renacimiento resumido: El renacimiento de
las ideas griegas en la Europa del siglo XVI.
Intrigado por aquella idea considerada absurda
durante siglos, Copérnico empezó a basar sus cálculos en un modelo centrado en
el Sol (heliocéntrico). De acuerdo con el modelo geocéntrico aceptado en la
época y derivado de Ptolomeo y Aristóteles, algunos de los planetas se movían
de maneras extrañas en relación con la Tierra. Por ejemplo, Marte, Júpiter y
Saturno parecían moverse hacia atrás (movimiento retrógrado). Ptolomeo había
explicado esto con lo que llamaba epiciclos: círculos más pequeños o círculos dentro
de una órbita circular mayor. Copérnico comprendió que este movimiento era una
ilusión que tiene lugar debido a las diferentes longitudes de las órbitas del
planeta. En su modelo centrado en el Sol, Marte, Júpiter y Saturno estaban
mucho más lejos del Sol y sus órbitas eran mayores que la órbita de la Tierra.
En otras palabras, la Tierra “se adelantaba” a los otros planetas a medida que
giraba alrededor del Sol en su órbita más corta. Es un fenómeno parecido a los
corredores en una pista de carreras: el corredor que está en el carril interno
recorre menos distancia que los corredores de los carriles de afuera.
Hacia 1514, Copérnico les entregó a sus amigos un
ensayo en el que describía su teoría heliocéntrica. Siendo cauteloso, no quiso
publicarlo, decisión reafirmada por la carta de un cardenal que le pidió en
1536 que no hiciera pública su teoría.
Casi treinta años después de ser concebida, y
cuando estaba a punto de morir, se publicó en 1543 la gran obra de su
vida De Revolutionibus (“Sobre las Revoluciones de las Esferas
Celestes”). Hacia el final de su vida, un joven matemático de nombre Rheticus
(1514-1574) lo había persuadido para que lo publicara. (El verdadero nombre de
Rheticus era Georg Joachim pero había adoptado un pseudónimo porque a su padre,
un médico del mismo nombre, lo habían decapitado por hechicería). Finalmente,
Andreas Osiander (1498-1552), un ministro luterano, se hizo cargo de la
publicación de la obra de Copérnico. Temiendo la condena de Martín Lutero, que
se oponía a la idea de que la Tierra se moviera, Osiander le añadió un prefacio
que “supuestamente” había sido escrito por Copérnico. Decía, en efecto, que la
Tierra no se movía pero que sus cálculos eran más fáciles de entender si se
asumía su movimiento. Unas cuantas copias se imprimieron un mes antes de la
muerte de Copérnico pero no es claro si él lo vio impreso. Se dice que en su
lecho de muerte le entregaron un ejemplar, pero estaba tan débil que no podía
sostenerlo en sus manos.
Escrito en lenguaje técnico y matemático, el libro
no era fácil de leer. Pocos podían entenderlo, y el prefacio falso que negaba
lo que Copérnico quería demostrar, lo hacía contradictorio. El golpe más
devastador fue que la Iglesia Católica lo colocó en el índice de libros
prohibidos en 1611, donde permaneció hasta 1835.
Copérnico, un “tonto” según el hombre que
revolucionó la religión con la Reforma, ha sido reconocido como uno de los
gigantes que revolucionó la ciencia, y fue inmortalizado dándole su nombre a un
cráter de la Luna. Y para marcar el aniversario número quinientos de su
nacimiento, la NASA le puso su nombre a un observatorio espacial que funcionó
de 1972 a 1981, en honor a este astrónomo polaco que literalmente puso de
cabeza al universo.
¿Cómo cambió la astronomía un hombre fiestero del
siglo XVI que perdió su nariz en un duelo?
Además de Martín Lutero y de la Iglesia Católica,
otro hombre que estuvo en desacuerdo con Copérnico fue el astrónomo danés Tycho
Brahe. Nacido tres años después de la muerte de Copérnico, fue uno de los
personajes más peculiares de la historia de la astronomía y pasó la mayor parte
de su vida desarrollando un método sistemático para observar las estrellas y
los planetas. Pero, como no se había inventado el telescopio, Brahe usó sus
ojos e instrumentos tan simples como los astrolabios y cuadrantes—dos palos en
forma de cruz—para calcular las posiciones de los cuerpos celestiales. Sus
observaciones fueron mucho más precisas que las de otros astrónomos que se
habían apoyado en el trabajo de Ptolomeo, escrito 1,400 años antes. Pese a no
haber tenido en cuenta a Copérnico, las observaciones de Brahe sirvieron de
punto de partida a importantes descubridores que seguirían.
Brahe, el hijo mayor de un noble danés, estudió en
la Universidad Luterana de Copenhague, donde se enseñaba el programa clásico
del trivium (gramática, retórica y lógica) y el quadrivium (geometría,
astronomía, aritmética y música). Entre estos estudios estaba la
astrología—lado práctico de la astronomía —que comprendía también la medicina,
pues se creía que los planetas tenían influencia sobre el cuerpo. Tenía
reputación de fiestero y vivía como los jóvenes nobles daneses de la época.
Tras una discusión con un compañero que era más hábil para las matemáticas que
el, lo retó a un duelo en diciembre de 1566. Durante la pelea, Brahe perdió
gran parte de su nariz que fue reemplazada con una prótesis de oro, plata y
cera.
En su adolescencia, Tycho vio un eclipse parcial de
Sol y se fascinó con la astronomía. El 11 de noviembre de 1572 vio lo que creyó
ser una nueva estrella, lo que los astrónomos llamaban nova y
que luego describió en su libro De Stella Nova (“De la Nueva
Estrella”). Era ésta tan brillante, que podía verse a la luz del día. (Lo que
Brahe observó fue en efecto una supernova, que es la muerte explosiva de una
gran estrella. Refiérase a la Parte III para ver una explicación detallada de las
novas y supernovas). Aunque hoy es todavía considerado un suceso inusual, en la
Europa del siglo XVI constituía un descubrimiento estremecedor. De acuerdo con
la idea del universo aceptada en esa época—la idea aristotélica del universo
perfecto y sin cambios, que era parte de la doctrina de la Iglesia—no era
posible que surgiera una nueva estrella. No había posibilidad de cambio en los
cielos, más allá de la órbita de la Luna, pues cualquier modificación implicaba
que la Creación de Dios no era perfecta. Lo que Brahe había observado rebatía
los conceptos de la época y la doctrina de la Iglesia. Como en esta época la
gente podía ir a la guerra o al calabozo por opiniones de religión, una idea
como ésta era más que una simple curiosidad científica.
Con este descubrimiento, y con su fama bien
establecida, Brahe recibió del rey danés un pedazo de tierra en la pequeña isla
de Hven. Con su dinero y con las rentas que pagaban los habitantes de la isla,
construyó un extraordinario observatorio denominado Uranisborg (Castillo del
Cielo) equipado con los mejores aparatos astronómicos disponibles y con un
grupo de asistentes cuya misión era elaborar un mapa del firmamento. Esto, sin
embargo, no era ciencia “pura,” Brahe, como muchos de sus contemporáneos, estaba
convencido del valor de la astrología, que todavía era considerada parte
importante de la astronomía. Tener mapas más precisos de las estrellas
permitiría hacer predicciones astrológicas más exactas. Brahe pensaba que “la
astrología era más confiable que lo que uno creería,” especialmente si las
posiciones de las estrellas se conocían con mayor exactitud.
Las observaciones de Uranisborg posteriormente se
publicaron en un catálogo de mil estrellas con todas sus posiciones
cuidadosamente detalladas. En 1577 Brahe observó la trayectoria de un cometa
brillante y calculó que estaba mucho más lejos que la Luna, contrariamente a la
creencia de que los cometas aparecían entre la Luna y la Tierra. Utilizando su
información, pero rechazando la de Copérnico, Brahe desarrolló un modelo del
universo en el que el Sol y la Luna giraban alrededor de la Tierra y los demás
planetas lo hacían alrededor del Sol.
Las parrandas de Tycho y su abuso de los habitantes
de la isla lo desacreditaron y finalmente tuvo que irse a Praga donde se
convirtió en matemático imperial.
Su mayor logro fue quizás haber contratado a
Johannes Kepler en Praga en el año 1600. Diferían en temperamento y en
formación. Mientras Kepler era en el fondo un pensador místico y muy religioso,
Tycho era parrandero y bebedor. Tras un festín en 1601, Tycho contrajo una
infección urinaria y murió once días después. En su lecho de muerte le entregó
a Kepler sus observaciones y se dice que sus últimas palabras fueron: “Que no
parezca que viví en vano.”
Voces del Universo:
Mystenum cosmographieum (“El Misterio del Cosmos”) Johannes Kepler (1596)
No preguntemos con qué propósito útil cantan los
pájaros, porque el canto es su placer, ya que fueron creados para cantar. No
preguntemos tampoco por qué la mente humana busca desentrañar los secretos de
los cielos... La diversidad de fenómenos de la naturaleza es tan grande, y los
tesoros escondidos tan ricos, precisamente para que nunca le falte alimento a
la mente humana.
¿Quién descubrió cómo se mueven los planetas?
Johannes Kepler nació en Weil, cerca a Stuttgart,
en el sur de Alemania, en 1571. De niño, estudió en el seminario protestante
para ser clérigo. Hijo de la Reforma Protestante, creció en medio de los
conflictos entre protestantes y católicos. Mientras estaba en el colegio,
Kepler conoció a un profesor de matemáticas que apoyaba las ideas de Copérnico
y Kepler quedó fascinado con la teoría heliocéntrica. Detectó fallas en el
sistema de Copérnico y las atacó con el fervor de los que peleaban por ideas
religiosas. Le dijo a su maestro, “Quería ser teólogo. Durante mucho tiempo me
sentí confundido. Sin embargo, ahora, gracias a mi esfuerzo, Dios es celebrado
en la astronomía.”
Para Kepler, Dios era geometría. En su concepción,
el universo se componía de las órbitas de los planetas, como esferas,
amontonadas dentro de los cinco cuerpos sólidos regulares de la geometría
clásica. Aunque estaba tratando de establecer una base sagrada para sus ideas,
esto serviría posteriormente para estremecer el dominio que tenía la Iglesia
sobre la astronomía.
Su familia, caída en desgracia cuando el padre de
Kepler fue a pelear a Holanda como mercenario contra los protestantes, no pudo
mantenerlo en el colegio. Entonces se dedicó a enseñar matemáticas en la
pequeña población de Graz, Austria, donde complementaba sus ingresos haciendo
horóscopos. Hasta los genios necesitan alimentarse y, para Kepler, la
astrología era la principal fuente de ingresos. En 1998, un astrónomo del
Observatorio Lick de California estaba revisando unos documentos y se encontró
un papel muy viejo que resultó ser el horóscopo que Kepler había diagramado
para un noble nacido el 10 de septiembre de 1586 a las 5 de la tarde.
Kepler enseñaba en Graz cuando apareció Mysterium
cosmographicum, su primera defensa de las teorías de Copérnico
publicada en 1596. Pero en el mundo de Kepler intervenían fuerzas mayores y las
batallas entre católicos y protestantes ocasionaron el cierre del colegio donde
trabajaba en 1598. Kepler se quedó sin trabajo, estaba prácticamente en la
inopia cuando recibió la invitación de Tycho Brahe invitándolo a trabajar con
él en 1600.
Fue una relación tormentosa. Kepler, el místico
matemático pobre. Brahe, el noble rico y vividor. De su jefe alguna vez dijo
Kepler, “Tycho es increíblemente rico, pero no sabe usar su riqueza.” Sin
embargo, Kepler reconocía el valor de sus observaciones y quería participar en
los descubrimientos de Brahe. Su primer trabajo consistió en hacer un mapa de
la trayectoria de Marte, tema que había tenido perplejos a los astrónomos
durante siglos. Para un observador, Marte parecía desplazarse hacia atrás en su
movimiento, lo que se conoce como movimiento retrogrado. Desde
los griegos, los astrónomos habían tratado de explicar el comportamiento de
Marte en un marco lógico y matemático. Kepler pensaba que resolvería el
problema en ocho días. Le tomó ocho años. Después de la muerte de Brahe, Kepler
ocupó el puesto de astrónomo imperial del emperador austríaco. En 1606
escribió De Stella nova (“Sobre la Estrella Nueva”) en donde
se refería a la nova de 1604, conocida como la Estrella de Kepler. Luego, en
1609, publicó Astronomia Nova (La Nueva Astronomía) que
contenía dos leyes revolucionarias en matemáticas basadas en su investigación
sobre Marte. Había concluido que Marte no giraba formando un círculo—la forma
perfecta aceptada por todos los pensadores desde el tiempo de Pitágoras y
Aristóteles—sino en forma de elipse u óvalo, lo que cambió la visión sobre la
Tierra y su lugar en el Universo.
Leyes de Kepler
1. Todos los planetas siguen una trayectoria u órbita,
ovalada, alrededor del Sol, llamada elipse. El Sol se encuentra en uno de los
de la órbita elíptica. A consecuencia de ello, los planetas están más cerca del
Sol en ciertos momentos de su recorrido orbital.
2. Una línea imaginaria trazada desde el centro del
Sol al centro de un planeta recorre la misma área en un tiempo determinado.
Esto significa que los planetas se mueven más rápido cuando están cerca del Sol
y más despacio cuando están más lejos. Diez años más tarde, Kepler introdujo
una tercera ley en su libro La Armonía del Mundo, en donde reunió sus
descubrimientos:
3. El tiempo que toma un planeta para completar una
órbita alrededor del Sol se llama período orbital. El cuadrado de ese período
(el período multiplicado por sí mismo) dividido por el cubo de la distancia
(distancia multiplicada dos veces por sí misma) es la misma para todos los
planetas. En términos más simples: un planeta que está cuatro veces más lejos
del Sol que otro planeta se demora ocho veces más en girar alrededor del Sol.
Pero estos sorprendentes descubrimientos no
evitaron que se le criticara o que tuviera dificultades. En 1612 perdió a su
esposa y a su hijo, víctimas de la peste, y fue excomulgado por sus ideas. En
un mundo dominado por la superstición, tuvo que defender a su madre de
acusaciones de brujería. Mujer quisquillosa, fue acusada de envenenar a sus
vecinos y estuvo en la cárcel donde la amenazaron con tortura y muerte en la
hoguera. Seis mujeres habían sido ya incineradas por brujería. Kepler salvó a
su madre de la ejecución pero ella tuvo que huir de su pueblo—severo
recordatorio de cómo el mundo de este matemático durante la Reforma en Europa
estaba dominado por la superstición y por la implacable autoridad de la
iglesia.
La seguridad de su madre no alivió sus problemas.
Apenas publicó Kepler dos de sus tres leyes, su mundo se hizo añicos. Praga, su
ciudad adoptiva, era un punto crítico en las guerras santas que literalmente
dividieron a Europa. Específicamente, la vida de Kepler en Praga se vino abajo
al comienzo de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Empezó como una
guerra civil entre católicos y protestantes en el territorio dominado por los
reyes de Austria, y se expandió por todo el continente, convirtiéndose en un
conflicto mucho mayor por territorio y poder. Su causa radicaba en la
hostilidad entre protestantes y católicos en Europa Central (lo que hoy ocupan
Alemania, Austria y parte de Italia y la República Checa). En 1618, el
arzobispo de Praga ordenó la destrucción de una iglesia protestante. Los
protestantes de la aldea se rebelaron en mayo de 1618 y lanzaron por la ventana
a dos funcionarios del emperador, incidente que se conoció como la
“Defenestración de Praga.”
Con la guerra en furor, Kepler no tuvo apoyo
económico y se vio obligado a salir de Praga. Permanecería como astrónomo real
elaborando tablas astronómicas para el Duque de Wallestein hasta su muerte en
1630. Según palabras de Carl Sagan, “Kepler estuvo en la cúspide la historia de
la astronomía; el último astrólogo científico y el primer astrofísico.” Su
contribución al conocimiento del universo-demostró cómo los planetas se mueven
en sus órbitas propias—significó un paso gigante y un punto de partida para otros
grandes. En su propio epitafio Kepler escribió:
Medí los cielos y ahora las sombras.
Mi mente en la bóveda celeste.
Mi cuerpo descansa en la Tierra.
Una de las pequeñas pero importantes contribuciones
de Kepler: En 1610 acuñó la palabra “satélite” para describir las lunas de
Júpiter.
Voces del Universo:
Giordano Bruno, Sobre el Universo y los Mundos Infinitos: Quinto Diálogo
(1584)
Nuestro ojo físico nunca encontró el fin se perdió
en la inmensidad del espacio... No hay en el Universo ni centro, ni
circunferencia.
¿Quién le perforó la lengua a Giordano Bruno?
¿Por qué causa permanecería usted siete años en
prisión, desnudado, con la boca tapada, atado a un palo, paseado por las calles
de Roma con la boca tapada, con un clavo en la lengua y otro en el paladar? Y
después de todo esto, saber que su único futuro es ser quemado vivo.
Posiblemente usted lo haría por su familia. ¿Tal
vez por su país? ¿Por su religión? ¿Lo haría por una idea?
Hace cuatrocientos años, el 19 de febrero de 1600
un brillante y peculiar pensador, que había enseñado en las grandes
universidades de Paris, Oxford y Wittenberg, sufrió tal suerte. Es curioso que
su nombre no sea más conocido entre los héroes de la humanidad. Giordano Bruno
nació en Ñola, Italia, alrededor de 1548. Se educó en el colegio dominico de
Nápoles, famoso por ser el lugar donde enseñara el filósofo medieval Tomás de
Aquino. En 1565, Bruno entró a la orden dominica y fue ordenado como sacerdote
en 1572. Pero, a medida que progresó su educación, se desencantó de la Iglesia
y de su ideología basada en la lógica de Aristóteles y en la visión de la
Tierra como centro del universo.
Salió de la orden en el año 1576 y empezó a viajar
por Europa como filósofo viajero. En su libro sobre el desarrollo
científico, Los Descubridores, Daniel Boorstin sostiene que
era como un “vagabundo inspirado;” daba discursos en las universidades de
Francia y allí empezó a enseñar las habilidades secretas de memoria de los
dominicos. Sus ideas, basadas en el principio de asociación, que todavía se
enseñan en las técnicas para mejorar la memoria, quedaron plasmadas en un libro
llamado El Arte de la Memoria que lo hizo famoso, algo así
como el “Increíble Kreskin” del siglo XVI.
Las enseñanzas de Bruno sobre la memoria le
hicieron muy famoso en Europa y fue invitado por varios reyes a sus cortes.
Tuvo audiencias con el Rey Enrique III de Francia y con la Reina Isabel de
Inglaterra. Pero conversar con esta última no era una buena idea, dado que
Isabel I era la cabeza de la iglesia protestante. Cuando publicó su libro La
Cena della cenen (“La cena de las cenizas”), que explicaba la nueva
teoría de Copérnico, fue calificado de hereje por la Iglesia.
Bruno finalmente se excedió ante los ojos de los
eclesiásticos con su libro Dell Infinito universo e mondi (Del
Infinito, el Universo y el Mundo).
A diferencia de Copérnico, quien le antecedió, y de
Galileo, quien le siguió, Bruno no era astrónomo sino filósofo. Las ideas de
Copérnico le intrigaban y considerar que la Tierra no era el centro del
universo lo llevó en una dirección filosófica distinta. Si las estrellas,
aparentemente incontables, del universo fueran todas soles, entonces cuántos
mundos habría como la Tierra? Un “número infinito,” pensaba él y con la
posibilidad de encontrar seres como nosotros. Pero la idea de otros mundos no
estaba de acuerdo con las enseñanzas de la
Iglesia que predicaba que la Tierra y los seres
humanos eran únicos dentro de las obras de Dios.
Atraído por la promesa de un trabajo, Bruno viajó a
Roma, donde se le acusó de herejía y fue entregado a la Inquisición en 1593. La
Inquisición Universal había sido establecida por el Papa Pablo III en 1542 para
reprimir el surgimiento de la Reforma Protestante. Un concilio de dominicos
(“los perros de Dios”) era el encargado de juzgar a los herejes, después de
someterlos a penosísimas torturas. Durante ocho años, Bruno permaneció
encadenado en el Castillo Sant’ Angelo en Roma, donde fue interrogado sin piedad
por la Inquisición. Finalmente, fue sentenciado a muerte después de un juicio
regido por el cardenal jesuita Roberto Bellarmine, uno de los más brillantes
pensadores de la Iglesia en ese momento. Nunca se arrepintió: “No necesito
retractarme ni voy a hacerlo,” le dijo al Cardenal Bellarmine. “No tengo nada
de que retractarme.” Cuando oyó la sentencia de muerte les dijo a sus
acusadores: “Su miedo al pronunciar mi sentencia es mayor que el mío al oírla.”
Después de escuchar esto, los padres dominicos y jesuitas se aseguraron de que
no se arrepintiera. Le pusieron una mordaza de hierro en la quijada y le
insertaron un clavo en el paladar y otro en la lengua. Luego, el sábado 19 de
febrero de 1600, fue llevado en carreta por las calles de Roma por un grupo
encapuchado conocido como la Compañía de Misericordia y Piedad (!). Después de
quitare la ropa, los sacerdotes quemaron a Bruno atado a una estaca.
Considerado un hereje, o al menos un filósofo
descarriado, Bruno no produjo un impacto indeleble en la astronomía o en la
cosmología excepto por su visión visionaria de otros mundos, considerada
posible por los astrónomos modernos que buscan vida en otros planetas. Uno de
sus contemporáneos ciertamente debió haber tomado nota del futuro de Bruno.
Pero Galileo Galilei probablemente pensó que él, un científico y matemático con
amigos influyentes, tenía muy poco en común con el excéntrico sacerdote que fue
quemado contra un poste por sus ideas inaceptables.
El mayor legado de Bruno para la posteridad es un
cráter en la Luna que lleva su nombre. Se cree que este cráter se originó al
estrellarse un meteoro contra la superficie lunar el 25 de junio de 1178, según
reporte de unos monjes ingleses.
Voces del Universo:
Galileo Galilei II Saggiatori (“El ensayista”), 1623
La filosofía está escrita en este libro—quiero
decir, el universo—que está siempre abierto ante nuestros ojos, pero que no
puede ser entendido, a menos que entendamos su lenguaje e interpretemos los
caracteres en que está escrito. Está escrito en el lenguaje de las matemáticas
y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas sin las
cuales es humanamente imposible entender una palabra sobre él; sin ellas uno
deambula en un laberinto oscuro
¿Por qué consideramos a Galileo el “Al Gore” del
Renacimiento, o quién inventó realmente el telescopio?
Siempre se ha dicho que la necesidad es la madre de
todos los inventos. Pero, tal vez la guerra pueda ser el padre de todos los
inventos. La computadora moderna nació gracias a una necesidad militar. En
Inglaterra, durante la Segunda Guerra, mientras el matemático Alan Turing
trataba de descifrar un código alemán llamado Enigma, su equipo diseñó el
Colossus, un precursor de la computadora electrónica, hecho que cambió
dramáticamente el curso de la historia. Al mismo tiempo, el Laboratorio de
Investigación Balística de Aberdeen, Maryland, le pidió a la Universidad de
Pennsylvania que inventara una máquina que pudiera calcular trayectorias
rápidamente. El resultado de este esfuerzo fue el ENIAC, la primera computadora
electrónica que salió a la luz en 1946. Inclusive el Internet nació en el
Laboratorio de Investigación del Departamento de Defensa.
El pasado no fue muy diferente. En el año 1500, en
la época en que Leonardo da Vinci estaba esbozando ideas para sus aparatos
voladores y helicópteros, un científico chino llamado Wan Hu supuestamente
amarró cuarenta y siete cohetes a una silla con el fin de construir un aparato
volador. El aparato explotó y mató a Wan, la primera muerte de un piloto de
ensayos. El desarrollo de armas ha dado lugar a unos avances tecnológicos
enormes.
Aunque no consideremos el telescopio como un arma,
en cierta forma lo fue. En 1609, un matemático y astrónomo italiano se enteró
de un invento en una exposición en Venecia. Se trataba de un “tubo óptico” que
acercaba los objetos. Su inventor, Hans Lippershey, estaba tratando de patentar
la idea cuando el profesor italiano supo de ella. Cuando unos fabricantes de
lentes holandeses llevaron el primer anteojo de larga vista a Venecia en 1609,
el profesor italiano pensó que lo podía mejorar, cosa que, en efecto, logró.
Más tarde dijo haberlo logrado en sólo veinticuatro horas. Esto era algo
exagerado, casi análogo a la presunción de Al Gore de ser “el padre del
Internet” El primer anteojo de larga vista de Galileo era tan potente como los
binoculares modernos. El nombre se lo inventaría luego un amigo de Galileo,
quien lo tomó de la expresión griega para “observador para ver de lejos.” Uno
de los primeros telescopios de Galileo fue entregado al dogo (magistrado
principal elegido) de Venecia quien reconoció su valor comercial y militar. Por
vez primera, los buques que estaban a dos horas del puerto podían ser
avistados.
Al igual que muchos genios, este profesor de
matemáticas llamado Galileo Galilei reconoció la utilidad de estos aparatos y
se dedicó a perfeccionar el telescopio y otras invenciones útiles. La
reputación de Galileo creció. Le doblaron el salario y tuvo trabajo garantizado
toda la vida. Le contrataron como matemático de la corte de Florencia y sin
responsabilidades docentes, lo cual resultó ser un arma de doble filo. Afirma
la historiadora Kitty Ferguson que Galileo —genio de la auto promoción
—“desarrolló tal talento para interpretar las ideas de los demás y llevarlas a
cabo con celeridad que estaba ya perdiéndose en el horizonte cuando el creador
de una idea aún estaba en la línea de salida (Measuring the Universe). Pero
su éxito no le ayudó a ganar amistades o a tener influencias en ese mundo
italiano de académicos, religiosos y políticos del siglo XVI. Esta era la
Italia que había producido El Príncipe e introducido en el
mundo el concepto “maquiavélico” como sinónimo de poder, manipulación y
ambición. La gran fortuna de Galileo no agradaba o otros intelectuales que
pensaban que se había apoderado de una idea ajena y la había aprovechado. Pasó
el resto de su vida enfrentando enemigos.
Nacido cerca de Pisa en 1564, Galileo —como
Giordano Bruno en algunos aspectos—tuvo una vida poco convencional. Fue enviado
a un monasterio durante su niñez, donde se le preparaba para el sacerdocio,
pero él y su padre, un músico poco exitoso, tenían otras ideas al respecto.
Sacó al niño del monasterio, pues claramente no le atraía hacer caso a las
autoridades. Entró a estudiar medicina en la Universidad de Pisa, pero atraído
más hacia las matemáticas y la filosofía, dejó el plantel a la edad de diecisiete
años sin obtener título alguno. A pesar de no tener diploma, Galileo se
convirtió en tutor, luego en instructor de matemáticas en Pisa, donde se
presume que tuvo lugar su famoso experimento de la Torre Inclinada.
La historia sobre la torre que se enseña en los
colegios sostiene que Galileo quería refutar la creencia de Aristóteles de que
la velocidad de los cuerpos que caían era proporcional a su peso —en otras
palabras, las cosas más pesadas caen más rápido que las livianas—y se lo
demostró a sus estudiantes al lazar dos pedazos de plomo, posiblemente dos
balas de cañón, de manera simultánea desde la Torre Inclinada. Esto cuenta la
historia de un biógrafo amigo escrita poco después de su muerte. Haya sido
cierta o no esta historia, el asunto es que no podemos negar que Galileo tenía
razón. Pensaba que el viejo griego era un “ignorante.” Sin embargo, contradecir
a Aristóteles no era “políticamente correcto” y Galileo fue despedido de la
Universidad de Pisa. Al poco tiempo ingresó a la Universidad de Padua.
Hasta este momento de la historia de las ciencias,
los conceptos básicos sobre astronomía y física se “debatían” a partir de los
métodos de la lógica aristotélica, en lugar de hacerlo con investigación y
observación—de acuerdo con “el método científico.” Galileo pensaba que el
método filosófico de los griegos estaba errado y creía que las medidas precisas
eran más importantes que la lógica formal y los debates. El método, las ideas y
los escritos de Copérnico, Brahe y Kepler mostraban que Galileo no estaba solo.
En 1597 Galileo leyó el libro de Kepler, Mysterium Cosmographicum, (“El
Misterio del Cosmos”) y se escribió con el matemático místico de Graz, quien
compartía su creencia de que Copérnico tenía razón. Pese a su imagen de
científico lanzado, Galileo no estaba listo para dar el paso. Escribió a
Kepler, “He reunido muchos argumentos para refutar la teoría (aristotélica),
pero no los publico por temor a correr la misma suerte de nuestro maestro
Copérnico. Aun cuando él ha ganado fama inmortal entre algunos, para otros
(¡tan grande es el número de los tontos!) se ha convertido en objeto de
ridiculización y desprecio. Si hubiese más personas como usted, lo publicaría,
pero no siendo ese el caso, me abstengo.”
Kepler le insistió en que lo hiciera, pero Galileo
estaba más interesado en las pruebas que en las especulaciones, y aparentemente
estaba más interesado en sus ganancias que en la posteridad. Posteriormente
esas ganancias provinieron de las armas —lo que en la actualidad llamaríamos un
contrato de defensa. En la época en que se comunicaba con Kepler, Galileo
inventó un “compás militar y geométrico.” En esencia, era un aparato instalado
en un cañón que se usaba para medir la distancia y la elevación del disparo y
así conferir exactitud al tiro. El compás fue un éxito total y le dio a Galileo
los medios económicos que este ambicioso hijo de un frustrado músico siempre
había deseado. A su vez, le trajo desventuras. Alguien dijo haber inventado el
aparato primero y acusó a Galileo de plagio. Esta acusación fue refutada, pero
la denuncia de que Galileo tomaba ideas de los demás y las presentaba como
propias le persiguió una y otra vez.
Con el telescopio sucedió algo similar, pero le
proporcionó a Cableo una fortuna y, a su vez, logró la prueba científica que
buscaba. Durante los meses siguientes en 1609 se dedicó a refinar y a
perfeccionar su telescopio y al enfocarlo al firmamento hizo algunos de los
descubrimientos más importantes de la astronomía. Observó los cráteres y las
montañas de la Luna y se sorprendió de como se parecía ese lugar a la Tierra.
Observó la superficie lunar y encontró que no era lisa sino, más bien, llena de
montañas, valles y cráteres. Observó que la parte oscura de la Luna estaba
ligeramente iluminada por la Tierra, fenómeno que denominó brillo terrestre.
Con esta información demostró que la Tierra brilla tanto como los otros
planetas y por tanto debe reflejar la luz del Sol.
Al dirigir su telescopio hacia otros planetas
descubrió que, a diferencia de las estrellas que aparecían como pequeños puntos
en su lente, los planetas se veían como pequeños discos o, en el caso de Venus,
como una luna creciente en miniatura. Esto último lo llevó a concluir que las
estrellas estaban mucho más lejos que los planetas. Hizo descubrimientos
importantes acerca de los planetas como, por ejemplo, sobre el movimiento de
Venus. Comprendió las dimensiones de la Vía Láctea; descubrió que estaba formada
por numerosas agrupaciones de estrellas y observó manchas solares que le
ayudaron a determinar que el Sol giraba.
En sus observaciones sobre Júpiter demostró que
estaba rodeado por “cuatro estrellas” —en ese tiempo tanto las estrellas como
los planetas se llamaban “estrellas.” Llamó aquellas lunas como las denominamos
hoy en día, “estrellas Medicianas” en honor a la adinerada familia Medici, que
gobernaba en Florencia y que eran poderosos mecenas de Galileo. Si usted vivía
en Italia en 1600 era importante tener a los Medici del lado suyo. Al observar
el movimiento de estas “estrellas” alrededor de Júpiter llegó a la conclusión
de que deberían estar girando alrededor del planeta, como la Luna giraba
alrededor de la tierra. Esto parecería tener poca importancia para nosotros
pero, para Galileo—y para muchos de los Padres de la Iglesia que estaban
tratando de detener la reforma Protestante y la Ilustración con la Inquisición
—su descubrimiento fue clave, pues demostró que el sistema Luna-Tierra no era
único en la Creación perfecta de Dios.
Galileo publicó una descripción de sus
observaciones en marzo de 1610 en un folleto denominado Siderius
Nuncius (“El Mensajero Estelar”). El libro convirtió a Galileo en una
absoluta sensación y en palabras del biógrafo James Restan, Jr.; “se convirtió
en el libro más importante del siglo XVII.” (Calileo: A Life).
Voces del Universo
El Mensajero Estelar, Galileo
Todas las disputas que han atormentado a los
filósofos de todas las épocas se resuelven inmediatamente por las...pruebas
ante nuestros ojos, y así nos libramos de largas discusiones sobre este tema,
pues la Galaxia no es sino una enorme masa de estrellas apiladas en conjuntos.
Hacia donde sea que dirija uno el telescopio, de inmediato se encuentra con una
multitud de ellas
Aunque Galileo estaba muy cercano a probar lo que
Copérnico había escrito, todavía le faltaba información. Quería Galileo recoger
suficientes pruebas para desbaucar la doctrina de la Iglesia y, sin embargo,
tenerla de su lado si le era posible. De hecho, había hombres en la Iglesia que
querían oírlo, lo que pudo verificar cuando visitó Roma para asistir a una
audiencia con Pablo V y otros funcionarios en 1611 y constató que algunos de
los directivos de la iglesia querían mirar por el telescopio que había llevado.
Intrigados, todavía no estaban seguros de que la creencia de Galileo en
Copérnico estuviese bien fundamentada.
¿Por qué arrestó el Vaticano a Galileo?
El año 1616 no fue bueno para la literatura;
Cervantes y Shakespeare murieron ese año. Fue también el año en el que el
tratado de Nicolás Copérnico sobre el sistema solar, De Revolutionibus
orbium coelestium (“Sobre las Revoluciones de los Cuerpos Celestes”),
que había sido publicado más de setenta y cinco años antes, en 1543, fuera
puesto en la lista de libros prohibidos de la Iglesia, el Index
librorum prohibitorum. No necesita uno saber mucho latín para entender
lo que significan estas palabras.
La Iglesia no estimaba mucho al astrónomo polaco
Copérnico, quien aseguraba que la Tierra se movía alrededor del Sol y no al
contrario. Esta noción contradecía dogmas de la Iglesia del momento. (El libro
permaneció vetado hasta 1835, y la Iglesia continuó negando las teorías de
Copérnico hasta el año 1922.)
En ese año de 1616, el astrónomo y matemático
italiano de cincuenta y seis años fue amonestado por uno de los cardenales de
la Iglesia Católica, Robert Bellarmine. Galileo recibió instrucciones de no
continuar promoviendo o defendiendo las ideas de Copérnico. Estas advertencias
pudieron haber estado acompañadas de una visita a las prisiones papales donde
los prisioneros de la Inquisición eran tratados con las ingeniosas técnicas que
habían sido inventadas por los padres de la Iglesia para garantizar una fe pura.
Posiblemente Galileo pudo haber olido la piel tostada de Giordano Bruno.
Pero Galileo no dejaba de hablar de sus ideas y, en
1616 ya había sacado de casillas a algunos de los representantes del Vaticano.
Mientras sus mejoras a los telescopios existentes tenían consecuencias
prácticas para generales y almirantes, Galileo estaba más interesado en sus
ideas sobre el cielo.
Todos los descubrimientos que hizo Galileo le
confirmaron que Copérnico tenía razón. Posiblemente si se hubiese limitado a su
telescopio, Galileo no hubiera tenido problemas. Los profesores de la vieja
escuela aristotélica tenían mucho peso ante la Iglesia y las ideas de Galileo
les daban sobrantes justificaciones para acusarlo. En una carta abierta,
Galileo sostuvo que la Biblia no debía ser tomada literalmente y que no tenía
ninguna autoridad en cuestiones científicas. Dijo que a la Iglesia le correspondía
demostrar que Copérnico estaba errado. Fue llamado a Roma en 1616 por el
jesuita Cardenal Robert Bellarmine, quien le hizo la consabida amonestación con
nuevas admoniciones papales. Galileo pasó entonces varios años en relativo
silencio, publicando en 1623 su obra Il Saggiatore (“El
Ensayista”).
En el año de 1632 no pudo quedarse más tiempo en
silencio y publicó Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo.
Tolemaico e Copérnico (“Diálogo Sobre los Dos Sistemas del Mundo: El
Ptolemaico y el Copernicano”). A diferencia de la mayoría de los libros
científicos del momento, estaba escrito en italiano y no en latín.
Irónicamente, fue aprobado por los censores de la Iglesia Católica. Presentaba
un diálogo ficticio entre los hombres de las teorías que se enfrentaban:
Ptolomeo, para quien la Tierra era el centro del universo, y Copérnico, que
sostenía que la Tierra se movía alrededor del Sol. Un tercer personaje era un
hombre razonable que escuchaba los argumentos de estos dos. El antagonista de
Copérnico era presentado como un hombre estúpido. Un enemigo de Galileo, un
jesuita llamado Christopher Scheiner, convenció al Papa Urbano VIII de que este
personaje, Simplicio, era el propio papa. Era una venganza. Scheiner y Galileo
se disputaban el título de descubridor de las manchas solares. Galileo decía que
había sido él y Scheiner lo desmentía. (De hecho, ambos fueron derrotados por
Thomas Harriot, un inglés que estaba realizando un mapa de la Luna, en total
anonimato, y por el holandés Johannes Fabricius.) Aunque era un hombre mucho
más científico que sus predecesores, el papa estaba furioso.
El ambiente del momento estaba en contra de
Galileo. La expansión del protestantismo había obligado a la Iglesia Católica a
defenderse demostrando la pureza de la doctrina católica. Desde su lecho de
enfermo, Galileo, que tenía setenta años, fue citado por la Inquisición en 1633
bajo cargos de “sospecha de herejía.” Le pidieron que dejara de divulgar las
teorías de Copérnico, orden que obedeció, posiblemente razonando que los
astrónomos muertos no cuentan historias. Su libro fue quemado y la sentencia contra
Galileo fue leída públicamente en todas las universidades. La sentencia a
prisión perpetua le fue conmutada por arresto domiciliario.
Cuenta la leyenda que cuando Galileo salió de la
Inquisición después de retractarse de su visión de que el Sol era el centro
alrededor del cual giraba la Tierra, exclamó en voz baja “E pursi muove” (“Sin
embargo, se mueve.”) Es improbable que lo haya dicho en una voz lo
suficientemente alta como para que lo oyeran; en esa época quemaban a las
personas por ofensas menores.
La Iglesia oficialmente negó la teoría de Copérnico
hasta 1922. En 1984, una comisión papal reconoció que la Iglesia se había
equivocado en relación a Galileo, pero no se retractó de su condena hasta 1992,
es decir, 350 años después de su muerte.
¿Tuvo el tratamiento de Galileo, por parte de la
Iglesia, un efecto negativo sobre los otros científicos e intelectuales de la
época? Pensemos en las palabras de Descartes, el famoso filósofo francés quien
escribió lo siguiente en 1634:
“Sin duda, ustedes saben que Galileo fue
recientemente censurado por los Inquisidores de la fe y sus ideas sobre el
movimiento de la Tierra fueron condenadas como heréticas. Debo decirles que
todas las cosas que expliqué en mi libro, entre ellas la doctrina sobre el
movimiento de la Tierra, dependían tan estrechamente unas de otras que no es
suficiente descubrir que una pueda ser falsa para concluir que todos los
argumentos que expongo carecen de fundamento. Aunque pensé que estaban basados
en pruebas ciertas y evidentes, no desearía por nada en el mundo ir en contra
de la autoridad de la Iglesia... Quiero vivir en paz y continuar viviendo la
vida que he empezado bajo el lema para vivir bien, es necesario
pasar desapercibido.”
Mientras pagaba su sentencia, Galileo continuó su
trabajo y produjo un libro final en 1638 antes de quedarse ciego, debido
posiblemente al daño causado por mirar el Sol con el telescopio. Murió el 8 de
enero de 1642 en Arcetri, Italia.
El día de Navidad de ese año nació un bebé en
Woolsthorpe en la campiña del noroeste de Inglaterra. Se llamó Isaac Newton.
Voces del Universo
Sir Isaac Newton (1642-1727)
No sé lo que piense el mundo de mí; pero recuerdo
haber sido un niño que jugaba en la playa recreándose al encontrar piedras más
lisas o más bonitas que las comunes y corrientes. Mientras tanto, frente a mis
ojos, se encontraba un gran océano de verdades sin descubrir.
¿Cayó realmente la manzana de Newton?
¿Cómo llamaría usted a un solterón, supuestamente
virgen, que vivió con su compañero de universidad gran parte de su vida adulta?
Podría llamarlo uno de los hombres más inteligentes que haya vivido: Isaac
Newton, el de la manzana.
Es muy probable que las dos manzanas más famosas de
la historia occidental nunca hayan existido. La primera, claro está fue, la de
Eva en el bíblico Jardín del Edén. Una rápida lectura del Génesis nos deja en
claro que la fruta prohibida de la Biblia no fue propiamente una apetitosa
McIntosh ni una Red Delicious. (Un higo sería un candidato más apropiado para
haber sido la fruta prohibida de Eva).
La segunda manzana famosa fue la que vio caer Sir
Isaac Newton y que le inspiró para descubrir las leyes de la gravedad. La
historia aparentemente la originó el escritor francés Voltaire, quien se
fascinó con Newton durante una estadía en Inglaterra. La había oído de la
sobrina de Newton. Pero se desconoce cómo la supo ella, y es muy posible que
haya sido inventada. En su vejez, Newton repetía la historia, pero ya se había
convertido en el tipo cuento que repiten los viejos sobre su juventud, como las
distancias que tenían que recorrer en la nieve para ir a la escuela.
Nació el día de Navidad de 1642 y fue un bebé
prematuro. Isaac Newton fue un niño pequeño, enfermizo cuyo padre, un
agricultor, había muerto antes de su nacimiento. Es una de esas preguntas
hipotéticas de la historia: ¿Y si el padre de Newton no hubiese muerto? Uno de
los más agudos pensadores de la historia habría seguido los pasos de su padre
en la granja y es posible que no hubiera recibido educación alguna.
Cuando Newton tenía tres años, su madre se casó con
Barnabas Smith, rector de North Witham, y se fue a vivir con él, dejando al
pequeño Newton al cuidado de su abuela materna. Newton nunca le perdonó el
abandono, y años más tarde escribió con rencor sobre este episodio. Siete años
más tarde, el rector Smith murió y la madre de Newton volvió a su antiguo hogar
con tres hijos más. A los doce años, Newton fue enviado al colegio de primaria
de Grantham. El aprendizaje del latín—el lenguaje internacional de los intelectuales—
le permitió leer todas las obras importantes sobre matemáticas. Demostró
interés por inventar cosas y le atraían inmensamente los relojes de Sol.
Newton era en términos modernos la polilla de la
escuela. Cuando había tormentas salía al jardín a saltar contra el viento para
tratar de medir su fuerza. Como es de imaginar, sus compañeros no lo querían, y
su madre terminó sacándolo de la escuela, pero sabiendo que a Newton no le
atraía la vida de agricultor, su tío y el rector del colegio la convencieron de
que lo dejara prepararse para la universidad.
Nacido en la época del Protectorado, cuando la
monarquía inglesa fue reemplazada por el protestantismo restrictivo de Cromwell
— sin teatros, baile o diversión alguna —Newton creció durante la Restauración,
época en que Carlos II recibió una monarquía transformada. Y, en el Trinity
College de Cambridge, que fuera antes un foco de puritanismo, los monárquicos
estaban en su apogeo. Al llegar allí en 1661, Newton era un “sízar” o estudiante
pobre —la forma más baja de vida universitaria. Los estudiantes de esta
categoría ocupaban cargos de sirvientes. Sólo comían las sobras en el comedor.
A los dieciocho años, era cuatro años mayor que la mayoría de sus compañeros.
Pero allí conoció a John Wickins, de quien se hizo muy amigo y con quien
viviría durante los siguientes veinte años. Poco se sabe de la vida de este
último pero, aparentemente, lo apoyaba en sus actividades y era un excelente
copista.
Pese a que las obras de Aristóteles eran de estudio
requerido, Newton conoció la obra de Kepler, Copérnico y Galileo. Le atraía
mucho la astrología, y había comprado un libro sobre este tema en una feria en
1663. En 1665 recibió su título, pero Trinity fue clausurado durante un año
debido a una epidemia de peste bubónica. La gran peste de Londres acabó con la
vida de más de setenta y cinco mil víctimas—dieciséis por ciento de la
población de Londres. Durante los “años de peste,” Newton regresó por un período
de dos años a Woolsthorpe, lugar de su nacimiento en la campiña inglesa.
Sin mayor trabajo que hacer, Newton reescribió las
leyes de la ciencia. Prácticamente se inventó el cálculo. Experimentando con un
prisma descubrió el espectro y la naturaleza de la luz. Y fue por esta época
que cayó la manzana, lo que le hizo pensar a Newton por qué no se caía la Luna
sobre la tierra. Su respuesta dio origen a la ley de la gravitación universal.
Si la Luna se estuviera inmóvil como la manzana, se caería, atraída por la
gravedad de la Tierra. Pero la velocidad de la Luna la mantiene en órbita
alrededor de la Tierra. Newton inventó una forma para relacionar la masa con la
velocidad y con la fuerza de la gravedad.
Pero todos estos conceptos los tuvo en su cabeza
durante los siguientes veinte años. Sólo después de un encuentro con el
astrónomo Edmond Halley (1656-1742) expresó Newton sus ideas. Cuenta la
historia que el astrónomo Robert Hooke les contó a Halley y al famoso
arquitecto Christopher Wren que había descubierto las leyes del movimiento de
los planetas. Wren pensó que Hooke estaba errado y ofreció un premio a quien
pudiera resolver el problema. Halley visitó a Newton y le preguntó cómo serían
las órbitas planetarias si los planetas fuesen atraídos por el Sol. Newton
respondió de inmediato, “Una elipse, ya lo he calculado.”
Halley convenció a Newton de que publicara sus
ideas y pidió ayuda financiera de la Real Sociedad. Al negarla esta entidad,
Halley se encargó del proyecto y publicó el trabajo de Newton en 1687. Conocido
como Principia, el título completo es Principios
Matemáticos de la Filosofía Natural. En el tercer volumen Newton acuñó
el término “gravedad,” del latín gravitas, que significa peso
o pesadez, y describió los movimientos de los planetas alrededor del Sol. En
los doscientos años que han pasado pocos cambios se le han hecho a su obra.
Si Halley no hubiera hecho nada más que contribuir
con esta publicación, su lugar en la ciencia estaría garantizado, pero como
astrónomo obtuvo un lugar inmortal al predecir en 1705 que un gran cometa
regresaría en el año 1758. Halley murió en 1742 pero su cometa regresó tal como
había predicho y se le conoce como el Cometa de Halley.
Las ideas de Newton eran tan revolucionarias y
complejas que pocos lograban comprenderlas y no se enseñaron ampliamente sino
hasta unos cincuenta años después.
En los años posteriores, el discreto Newton sufrió
de ataques de nervios. Algunos historiadores creen que pudo haber ingerido
mercurio durante los experimentos de ciencias y que esto influyó en su estado
anímico. Cualquiera sea la causa, en sus últimos años se dedicó lanzar fuertes
ataques a sus críticos y rivales, particularmente a Robert Hooke. Newton y
Hooke siempre habían tenido toda suerte de controversias de tipo académico y
experimental. Cuando se publicó Principia, Hooke acusó a
Newton de plagio. Hooke, quien era más conocido por sus trabajos en biología,
pudo haber estado en la misma ruta de Newton con respecto a la física y la
astronomía, pero nunca llegó a la misma estación. Newton no tenía un espíritu
generoso. Después de que Hooke lo acusó, sacó de Principia las
referencias alusivas al trabajo de éste. Al morir Hooke, lo reemplazó en la
Sociedad Real y mandó destruir su retrato. De igual manera, Newton tuvo
desacuerdos con el matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibniz y con el
astrónomo real John Flamsteed, cuyos nombres fueron extraídos de las ediciones
posteriores de Principia. Al final de su vida, se dedicó a
trabajar en una cronología basada en la Biblia, pero que se remontaba a las
mitologías griega y egipcia. Aunque en público era un anglicano devoto, sus
cronologías parecen sugerir que consideraba al cristianismo como un vástago de
cultos religiosos anteriores.
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Hitos en la historia del universo: |
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1644 |
El filósofo y matemático francés René
Descartes incluye en su libro Principia philosophiae (“Principios
de filosofía”) su teoría acerca del origen y estado del sistema solar que él
entiende en términos de un torbellino de materia. |
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1647 |
Johannes Hevelius publica Selenographia, donde
elabora el primer mapa sobre el lado de la Luna que es observable desde la
Tierra. |
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1650 |
El obispo irlandés James Ussher establece
la fecha de la Creación en el año 4004 a.C. y la fecha del diluvio de Noé en
2349 a.C. a partir de las historias bíblicas. Sus fechas son aceptadas
durante siglos y continúan siendo aceptadas por algunos cristianos. |
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1656 |
El matemático y astrónomo holandés
Christiaan Huygens descubre que los “manubrios” que Galileo había observado
sobre Saturno son realmente anillos. Descubre Titán, la luna más grande de
Saturno. |
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1659 |
Huygens se convierte en la primera persona
en observar los accidentes de la superficie de la Luna. |
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1660 |
Comienza la Restauración en el Reino de
Inglaterra. |
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1663 |
Las obras de Descartes son incluidas en
el Index librorum prohibitomm de la Iglesia Católica. |
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1664 |
El libro Le Monde (“El
Mundo”) de René Descartes, publicado después de su muerte, reafirma las
teorías de Copérnico. Descartes había abandonado este proyecto después de
conocer los problemas de Galileo con la Iglesia. |
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1665 |
Giovanni Domenico Cassini (1625-1712) mide
la velocidad de rotación de Júpiter. |
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1666 |
Cassini observa los casquetes de hielo
polar en Marte. |
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1668 |
Newton inventa el telescopio de reflexión. |
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1671 |
Giovanni Domenico Cassini, quien llegara a
París en 1669 y fuera director del Observatorio de París, descubre Iapetus,
un satélite de Júpiter. Cassini calcula también la distancia de la Tierra a
Marte y esto le permite establecer la distancia de todos los planetas desde el
Sol. Sus cálculos son muy cercanos a los modernos. |
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1672 |
El médico francés N. Cassegrain inventa el
telescopio de reflexión que lleva su nombre. |
|
1675 |
Cassini descubre que los anillos de Saturno
no consisten en un disco plano que rodea al planeta; la ruptura que existe en
los anillos todavía se conoce como la División Cassini. El Rey Carlos II de
Inglaterra funda el Observatorio de Greenwich. |
|
1679 |
Cassini publica Cañe de la lune, un
mapa de la Luna. |
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1682 |
Edmond Halley observa el “gran cometa” que
recibirá su nombre después de que predice correctamente que éste regresará en
1758. |
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1684 |
Cassini descubre Dione y Thetys, satélites
de Saturno. |
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1686 |
Newton presenta el manuscrito De
motu corponi (“El Movimiento de los Cuerpos”), primer volumen de
su Principia. |
|
1687 |
Newton presenta Philosophiae
naturalis principia mathematica (“Principios Matemáticos de la
Filosofía Natural”), conocida como Principia, que establece
sus tres Leyes del Movimiento y la Ley de Gravitación Universal. |
Un hilo conductor que comenzó en la Grecia antigua
hace unos 2,500 años con esos extraños nombres griegos—Tales, Hiparco,
Aristarco—se extendió a través de los siglos hasta la Inglaterra del siglo XVII
de Newton. Cada científico añadió su contribución a la complicada red tejida
por los que le antecedieron. El propio Newton le escribió a su colega, el
astrónomo Robert Hooke: “Si he visto más lejos, es porque me he parado sobre
los hombros de gigantes.” (Irónicamente, estos dos tuvieron una pelea en los últimos
años de Newton y éste se dedicó a hacerle la vida imposible, impidiendo su
entrada a las sociedades científicas.)
Pero, usando los términos de la genealogía bíblica,
podemos afirmar que Aristarco engendró a Ptolomeo, Ptolomeo engendró a
Copérnico, Copérnico engendró a Brahe, Brahe engendró a Kepler, Kepler engendró
a Galileo y Galileo engendró a Newton.
Más allá de la revolución científica que estos
hombres generaron—los antiguos griegos y agitadores como Bruno y Galileo, y
finalmente genios científicos como Newton, pueden llevarse el crédito de haber
dado lugar a otras revoluciones. La razón, con su cualidad liberadora, sirvió
para que la ciencia se zafara del yugo de la Iglesia. En cuestión de poco
tiempo, la filosofía política siguió los mismos pasos. En cierto sentido, se
podrían relacionar claramente las leyes naturales de Newton con los cambios en
la filosofía democrática que estaba comenzando a moldear a la Inglaterra del
momento. Las ideas de Newton, que ayudaron a liberarse de las ataduras de la
superstición y de la ortodoxia religiosa, inspiraron a hombres de la
Ilustración como el filósofo político John Locke (1632-1704), quien escribió en
Los Derechos Inalienables del Hombre, “Un gobierno no es libre
de hacer su voluntad. La ley de la Naturaleza, como la reveló Newton, se
mantiene como una regla eterna para todos los hombres.” Las ideas de Locke
fueron un elemento clave en la formulación de la Declaración de Independencia
de Thomas Jefferson.
Estos son los hilos de la historia, que entrelazan
a científicos y filósofos-desde el mundo antiguo generador de ideas
democráticas—a lo largo de siglos regidos por la superstición y la
imposibilidad de cuestionar a la autoridad, hasta la época en que los
intelectuales que se atrevieron a cuestionarla cambiaron la visión del hombre
sobre el universo y el mundo en que vivimos.
Parte II
Al otro lado del golfo
Denme el espléndido y silencioso sol con sus
destellos deslumbrantes.
—Walt Whitman
Denme el Espléndido y Silencioso Sol, 1865
Mira la luna ascendiendo
Se eleva desde el Oriente,
la redonda y plateada Luna,
Hermosa sobre los techos de las casas,
luna lívida y fantasmal Inmensa y silenciosa luna.
—Walt Whitman Canción del Universal, 1881
El espacio—la frontera final... Estos son los viajes de la Enterprise. Su
misión durante cinco años: explorar los nuevos y extraños mundos, buscar vida
nueva y nuevas civilizaciones e ir audazmente a donde el hombre no ha
incursionado antes.
—Gene Roddenberry, Star Trek, 1966-69
· ¿Qué es el espacio?
· ¿Hay alguien encargado del espacio?
· ¿Cuándo y cómo se creó el sistema solar?
· ¿De qué tamaño es el sistema solar?
· ¿Qué es un planeta?
· ¿En qué se diferencia un planeta de una estrella?
· ¿De qué tamaño es el Sol?
· ¿Qué clase de estrella es el Sol?
· ¿Por qué hay manchas en el Sol?
· ¿Hace ruido el Sol?
· ¿Qué diferencia hay entre un eclipse solar y uno
lunar? ¿Qué son las auroras boreales?
· ¿Siempre saldrá el Sol?
· ¿Por qué es tan difícil ver a Mercurio?
· ¿Por qué es tan caliente Venus?
· Si Venus es un planeta, ¿por qué se llama la
“Estrella de la
· Noche”?
· ¿Qué es el tránsito de Venus?
· ¿Por qué hay vida en la Tierra?
· ¿La Tierra se tambalea?
· ¿Cuánto dura un mes lunar: 27 ó 29 días?
· ¿Qué pasa con el hombre en la Luna?
· ¿De dónde salió la Luna?
· ¿Es la “luna azul” realmente azul?
· ¿Quiénes eran los lunáticos?
· ¿Es la Luna el único satélite de la Tierra?
· ¿Es Marte realmente rojo?
· ¿Quién excavó los canales de Marte?
· Marte: ¿desierto o pantano?
· Marte: ¿Vivo o muerto?
· ¿Iremos a Marte algún día?
· ¿Exterminó un asteroide a los dinosaurios?
· ¿Qué es el Gran Punto Rojo de Júpiter?
· ¿Podría ser Júpiter una estrella incipiente en el
centro de un sistema solar que fracasó?
· ¿Qué son los anillos de Saturno?
· ¿Por qué Urano no se llama Jorge?
· ¿Cómo encontraron a Neptuno sin ayuda de un
telescopio?
· ¿Quién halló el Planeta X?
· ¿ Iremos a Plutón algún día?
· “Estrellas fugaces” y cometas: ¿Cuál es la
diferencia?
· ¿De dónde vienen los meteoros?
· ¿Qué es un cometa?
· ¿Quién era Halley?
· ¿Qué le pasó al Cometa Shoemaker-Levy 9?
· ¿Qué pasaría si un cometa chocara contra la Tierra?
· Si los meteoros provienen de los cometas, ¿de dónde
vienen meteoritos?
· ¿Trae un meteorito póliza de seguro contra
accidentes? ¿Existen otros planetas en el sistema solar?
El fin del sistema solar ¡La cena está lista!
En el Principio.. .había gas y polvo.
No suena muy impresionante, ¿verdad? Ciertamente no
es el mejor comienzo para un libro inspirado por Dios.
Gas y polvo. A algunos de nosotros, estas palabras
nos recuerdan una parada en la carretera para ir al baño y encontrarnos con una
estación de gasolina destartalada y con un baño mugriento. ¡Eso sí que es un
pensamiento cósmico!
Sin embargo, nos dicen los científicos, el gas y el
polvo son los ingredientes básicos que contribuyeron al comienzo del universo y
al sistema solar en que vivimos.
Existen muchas formas de estudiar y comprender el
universo. Este libro nos sitúa a nosotros—pequeño pero singular pedazo de roca
que denominamos Tierra —en el centro de este circo cósmico. La historia
comienza, claro está, hace 10 ó 20 mil millones de años con el Big Bang, el
comienzo teórico de la materia, la energía, el espacio y el tiempo. Tras
abrirse camino, llega finalmente a este punto insignificante que denominamos
Tierra, una pequeña protuberancia en un sistema solar de una galaxia promedio.
Esta sección de ¿Qué Sé Yo del Universo? comienza
con una mirada a nuestro vecindario —o patio celestial —el sistema solar que
gira alrededor de nuestra estrella, el Sol. El sistema solar en el que reside
la Tierra consta del Sol —aunque con frecuencia se le describe como una
estrella típica, es especial en muchos aspectos—y los nueve cuerpos que lo
rodean (algunos dicen que son sólo ocho), sus lunas, asteroides y cometas. Todo
esto suena como una cantidad de cosas, pero el Sol realmente contiene 99.86 por
ciento de la totalidad de la masa del sistema solar. Si no se había sentido
insignificante antes, váyase acostumbrando. Este libro le hará caer en cuenta
del pequeñísimo punto que ocupamos en el espacio los habitantes de la Tierra.
Existimos en un pequeño rincón del universo —en un
planeta pequeño que gira alrededor de nuestra estrella, junto a miles de
millones de otras estrellas amontonadas en una galaxia que se mueve por el
inmenso universo, que a su vez, está lleno de cientos de miles de millones de
otras galaxias—y todo esto moviéndose a través del espacio.
¿Qué es el espacio?
“El espacio,” como nos recordaba el Capitán Kirk de
la serie original de Star Trek, al comienzo de cada episodio,
es la “frontera final.”
Esto puede ser verdad pero, ¿qué es el espacio?
Para ponerlo en términos sencillos y según el diccionario American
Heritage, el espacio es “la expansión en la que el sistema solar, las
estrellas y las galaxias existen: el universo.” En otra versión, el espacio es
“la región de esta expansión que está más allá de la atmósfera de la Tierra.”
La palabra “espacio” se deriva del vocablo latino spatium.
Para ponerlo en términos simples, espacio es todo
lo que está “Allá Afuera.” Claro está, que nosotros, los habitantes de la
Tierra, pensamos en el espacio como algo que está “allá afuera.” Pero en
efecto, nuestro pedazo de roca llamado Tierra también está “perdido en ese
espacio.” Viaja regularmente alrededor del Sol mientras nuestro sistema solar
se está moviendo en la galaxia de la Vía Láctea, que, a su vez, está viajando
por el universo que, a su vez, está expandiéndose en todas las direcciones y
nadie sabe hasta dónde. Esta es una idea que le preocupa profundamente al alter
ego de Woody Alien, un niño de 5 años, en la clásica película Annie
Hall. Al ser llevado al doctor por su impaciente madre judía, el niño,
preocupado—podría decirse neurótico—le dice al doctor que le han dicho que el
universo se va a expandir hasta destruirse. El médico, riéndose, cigarrillo en
mano y soplándole humo en la cara, le dice al pequeño que esto no sucederá en
miles de millones de años. El doctor puede tener razón, pero el tema no deja de
ser complicado, ¿verdad
A medida que vamos pasando por la oscuridad
infinita del universo—lo que los astrónomos, cosmólogos y físicos llaman
“espacio tiempo”—todo lo que separa a la Tierra del espacio es una manta muy
delgada llamada “atmósfera.” Tal vez “saco amniótico” sea un término más
apropiado. En lugar de ser un fluido que sustenta la vida, la delicada membrana
que rodea nuestro planeta está conformada por una variedad de gases que nos
proporcionan el agua y el aire que hacen posible la vida, nos protegen de la
radiación dañina y ayudan a mantener el clima del planeta y hacen posible la
continuación de la vida.
A todos los Padres de los Niños que Hacen la Eterna
Pregunta “¿Por qué es azul el cielo?,” he aquí la respuesta: Esta
atmósfera es la que hace que el cielo se vea azul. Las partículas
diminutas de materia y las moléculas de aire interceptan la luz blanca del Sol
y actúan como un prisma separando las ondas de luz, cada una de las cuales
tiene un color distinto para nuestros ojos. Las ondas luminosas más cortas (azules)
son más visibles que las rojas, que son las más largas. Y por eso el cielo se
ve azul, y por eso también vemos esos amaneceres rosados y esos atardeceres
rojos. A esas horas del día, el ángulo de la luz del Sol cambia. La luz viaja
más lejos a través del aire y las ondas azules se dispersan haciendo que se
vean más las ondas rojizas.
Semejante a la frazadita de seguridad de Lino—de la
caricatura Carlitos—la atmósfera es una capa muy delgada de
protección si se le compara con la inmensidad del sistema solar y de las
galaxias. Al estudiar muestras de hielo y resina fosilizada de árboles —como el
ámbar que inspiró la película Jurassic Park—los científicos han
descubierto que la atmósfera ha permanecido igual durante los últimos cientos
de millones de años, excepto unos cambios pequeños que explican la Edad de
Hielo y las extinciones de los dinosaurios. Se compone de 78 por ciento de
nitrógeno, 20 por ciento de oxígeno, un poco de argón y dióxido de carbono,
indicios de hidrógeno, neón, helio, criptón, xenón, metano y ozono. La
atmósfera es una mezcla sorprendente que ha permitido el desarrollo de la vida.
Si no nos metiéramos con ella, permanecería igual por unos millones de años
más. Es decir, si dejamos de entremeternos con la Madre Naturaleza. De acuerdo
con un número de científicos cada vez mayor, todos los gases que se han emitido
a partir de la incineración de combustibles fósiles y de la tala de árboles
durante los últimos doscientos años- desde que la Revolución Industrial —han
puesto en peligro ese balance. Hay verdadero temor por los estragos que se le
están causando al manto suave que nos rodea, que permite que la vida continúe y
que nos protege de la fría eternidad del universo. Esta atmósfera consta de
cinco capas: la troposfera, la estratosfera, la mesosfera, la termosfera y la
exosfera.
Partiendo de la superficie de la Tierra hacia
afuera, la capa más cercana es en la que vivimos; es la única en la que pueden
vivir los humanos sin protección alguna. Calentada por el sol, cuyo calor se
acumula en la tierra y en el agua, la troposfera llega hasta un promedio de 7.5
millas (11 kilómetros) por encima de la superficie de la Tierra. (La troposfera
es ligeramente más ancha en la zona del Ecuador y más delgada en los Polos.) A
medida que nos aproximamos a la troposfera, la temperatura cae a razón de 10 ºF
por cada 3000 pies (900 metros). A medida que uno sube a esta parte baja de la
atmósfera, el nivel de oxígeno disminuye y hay un marcado aumento en la
radiación ultravioleta (UV). Es por esto que los alpinistas necesitan un tanque
de oxígeno y protector solar cuando suben a elevaciones considerables.
La segunda capa de la atmósfera se llama
estratosfera y comienza a una altura de 6 millas (10 kilómetros) en las
regiones polares y a 10 millas (16 kilómetros) en la zona cercana al ecuador.
El aire es considerablemente más enrarecido y, a medida que vamos subiendo, se
empieza a calentar debido a que la exposición al Sol aumenta. La estratosfera,
libre de nubes y muy seca, llena de fuertes corrientes, es el lugar donde a los
pilotos les gusta “planear” y donde recorren más distancia en menos tiempo. En la
estratosfera se encuentra la conocida capa de ozono, una banda
de gas que no es respirable, pero que es crucial para la vida en la Tierra. El
ozono, una forma de oxígeno, provee la capa de protección contra la dañina luz
ultravioleta (UV) del Sol, radiación que pondría en peligro la vida en la
Tierra si llegara a ésta en grandes cantidades. La detección, hace unos diez
años, de un hueco en la capa de ozono, prendió las alarmas sobre el incremento
en la radiación del sol que penetra a la superficie de la tierra. Un resultado
inmediato: el aumento de casos de cáncer de piel.
La tercera capa, que comienza a una altura de 30
millas (48 kilómetros) y se extiende a unas cincuenta millas (80 kilómetros),
se denomina mesosfera y llega hasta unas 55 millas (85 kilómetros) por encima
de la superficie terrestre. Aunque esta capa de la atmósfera es demasiado
enrarecida para respirar, constituye un elemento importante para la vida en la
Tierra. La mesosfera actúa como un “escudo”
contra los desperdicios espaciales. El polvo de las
colas de los cometas y de los meteoritos que llegan a la Tierra se quema en la
mesosfera. Al ser calentadas por la fricción, estas fracciones de desecho
espacial — casi unas 50,000 toneladas anuales—que viajan a velocidades de
44,000 millas (71,000 kilómetros) por segundo, se vuelven inofensivas al
convertirse en cenizas. (Una pequeña fracción de éstas sí atraviesa la
mesosfera y termina en térra firma. De esto hablaremos al
final de esta sección.)
A una altura de 53 millas (85 kilómetros) sobre la
superficie de la Tierra, comienza la termosfera y continúa por unas 300 millas
(480 kilómetros) en el espacio. Al estar completamente expuesta a la radiación
del Sol, la termosfera sólo tiene una pequeñísima fracción de los gases que
están en la atmósfera. Aunque enrarecida, tiene suficiente aire —sobre todo
oxígeno—para atrapar el calor del Sol. Las temperaturas en la termosfera suben
de—135 ºF. (-93 ºC) a una altura de 55 millas (89 kilómetros) a más de 2700 ºF
(1500 ºC) en la termo- pausa que es la capa superior de la termosfera.
Finalmente, llegamos a la última capa, la exosfera,
que comienza en la termopausa y finalmente se une con el viento solar. Está
compuesta principalmente de helio e hidrógeno y se extiende unas 625 millas
(1000 kilómetros) por encima de la superficie terrestre, disminuyendo
gradualmente hasta la culminación de la atmósfera. La exosfera tiene tan poco
aire que los satélites y los transbordadores espaciales que circulan la Tierra
no encuentran resistencia alguna, y los átomos y moléculas del aire viajan tan
rápidamente que superan la fuerza de la gravedad de la Tierra y se escapan al
espacio. La mala noticia de esto es que la Tierra está perdiendo lentamente su
atmósfera. La buena noticia es que este proceso durará miles de millones de
años. ¡Bienvenidos al espacio!
¿Hay alguien encargado del espacio?
Hasta que no llegue la famosa federación de Star
Trek, o hasta que el imperio de la Guerra de las Galaxias se
apodere de él, el espacio lo compartimos todos. En 1967, se firmó el Tratado de
la Naciones Unidas sobre el Espacio, que establece normas para la exploración
pacífica y la explotación del espacio, la Luna y otros cuerpos celestes. Se
basa en la noción humanista de que el espacio nos pertenece a todos y que todas
las naciones tienen derecho a usarlo y a explorarlo. Ha sido ratificado por
noventa y cuatro estados y firmado por un número adicional de veintisiete hasta
el año de 1999.
La Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre
los Usos Pacíficos del Espacio (UNISPACE III) se llevó a cabo en Viena en julio
de 1999. Al terminar la Guerra Fría y con el cambio de énfasis de una posible
guerra de misiles a la comercialización del espacio, el objetivo de UNISPACE
era crear un documento para la exploración práctica y pacífica del mismo. La
reunión de Viena de 1999 estableció diversas áreas de usos pacíficos del
espacio durante el siglo XXI. Entre estos se encuentran la protección del entorno
de la Tierra y de los recursos marítimos, el uso de aplicaciones espaciales
para la seguridad, el desarrollo y el bienestar humanos, y el fomento de la
educación y el entrenamiento y, finalmente, la concientización del público
acerca de la importancia de las actividades espaciales.
El espacio, como tema internacional, es de suprema
importancia debido al plan del Congreso de los Estados Unidos de establecer un
programa de defensa basado en misiles. En medio de la Guerra Fría, cuando los
planes militares norteamericanos y soviéticos se basaban en la disuasión
nuclear, la única protección contra un ataque de misiles era el miedo a la
“Destrucción Mutua Garantizada” en que ambas partes finalmente se dieron cuenta
de que una guerra nuclear frontal significaba una proposición sin salida. Se
firmaron numerosos tratados durante la década de los setenta y los ochenta y
gradualmente se redujo la posibilidad de un enfrentamiento nuclear. Pero, en
1983, el Presidente Ronald Reagan creyó que había una mejor solución: un escudo
protector en el espacio que pudiera destruir los misiles enemigos. A esta idea
se la conoció como la Iniciativa de Defensa Estratégica, pero se le puso el
burlón sobrenombre de “Guerra de las Galaxias,” nombre que perduró. El
Pentágono invirtió cuantiosas sumas de dinero en tecnologías no probadas y esto
incitó a la Unión Soviética a no quedarse atrás. Algunos historiadores insisten
en que la costosa carrera armamentista aceleró la caída del corrupto e
ineficiente modelo económico soviético, trayendo como consecuencia el fin del
comunismo soviético y de la Guerra Fría. (No todo el mundo está de acuerdo con
esta aseveración, incluyendo a Mijail Gorbachov, el arquitecto de la caída de
la Unión Soviética. En el año 2001, Gorbachov afirmó que el armamentismo de
Reagan no tuvo influencia alguna en la caída del régimen soviético. “La Unión
Soviética fue víctima de batallas internas,” le dijo Gorbachov a la
revista Newsweek. “La gente no estaba contenta, no eran libres
y esto no podía ignorarse. La carrera armamentista no fue un factor decisivo.”)
Pero, a pesar de la disminución de las amenazas de
la Unión Soviética, muchos estrategas militares ven una posible intimidación
por parte de naciones delincuenciales o inclusive de terroristas que se han
comprado armas de vieja tecnología soviética. Y la idea de la Iniciativa de
Defensa Estratégica no ha sido abandonada. Se han invertido alrededor de mil
millones de dólares en desarrollar tecnología para un sistema de defensa de
misiles basado en el espacio y esto, aseguran los críticos, violaría algunos de
los acuerdos firmados con anterioridad. Al comenzar su mandato en el año 2001,
la administración Bush había señalado que el desarrollo de la protección contra
los misiles sería una de sus prioridades militares. Sin embargo, el destino de
esta tecnología, que divide a la comunidad científica, no se ha decidido. Tal
como afirmaran los editores de la revista Scientific American en
un editorial de junio de 2001:
Con respecto a la defensa estratégica de misiles,
los investigadores han llegado a la conclusión de que no es un sistema
confiable... Hasta que [los proponentes del sistema de defensa] no puedan
proporcionar pruebas sólidas con respecto al funcionamiento del sistema en caso
de ataque, cualquier discusión de comprometerse a construir uno—y mucho menos
de hacer un cronograma —sería prematura. Una cosa es que una compañía de
software cree una expectativa con respecto a un producto y deje de
desarrollarlo, y otra, un fracaso con armas nucleares.
El desarrollo de esta investigación,
tecnológicamente poco viable, posiblemente será muy costoso. Y el costo para
los Estados Unidos dada su relación con otros países es, a su vez, cuestionado
por los escépticos que sienten que los aliados de Estados Unidos estarán más
expuestos a ataques por parte de aquéllos que quieran evitar la culminación de
este sistema de defensa. Un tercer argumento en contra de su desarrollo: ningún
sistema de defensa en la historia ha sido infalible. Desde la Gran Muralla de China
hasta la Línea Maginot, la historia muestra que aparecerán nuevas armas
destinadas a derrotar la más brillante de las defensas. Finalmente, hay muchos
científicos que piensan que el espacio debe seguir siendo una “zona
desmilitarizada” Aunque esto parezca quijotesco, dada la historia de la
humanidad, eso es lo que pide el tratado de la Naciones Unidas.
Además del fin de la “carrera espacial” entre los
Estados Unidos y la Unión Soviética, de la era de la Guerra Fría, la mayor
diferencia entre las preocupaciones del pasado y los tópicos del presente está
en la participación de la empresa privada en las mesas de concertación
espacial. Varios comerciantes se han dedicado a explorar y a explotar el
espacio. Desde la manufactura en ingravidez hasta el turismo espacial, se abre
ante nuestros ojos una nueva era de comercio. ¿Quién será el primer
patrocinador de un viaje a Marte? El término “espacio para
anuncios” adquirirá un nuevo significado.
¿Cuándo y cómo se creó el sistema solar?
“Noticia de última hora: Los científicos que
observan el vacío han sido testigos de una fuerte explosión. En un término de
pocos segundos, se creó todo en el universo.”
Habría sido muy fácil si CNN hubiese estado allí.
Si hubiera habido cámaras de video en el momento que llamamos Big Bang, el
instante teórico en el cual se crearon toda la energía y la materia. No más
debates acerca de la Creación, el Génesis, Dios, ni ninguno de los cientos de
explicaciones míticas, religiosas o filosóficas sobre los comienzos del
universo. Pero, naturalmente, no hay tal reporte periodístico. La mejor
explicación para la historia del sistema solar—y del universo —se ha tejido a
partir de pruebas obtenidas durante los últimos treinta años.
El sistema solar en que se encuentra la Tierra
parece haber comenzado como una gran nube de gas y de polvo que empezó a
derrumbarse bajo su peso, por la fuerza de su propia gravedad, hace cerca de
4,600 millones de años. Al contraerse, la nube empezó a girar y se aplanó en
forma de disco. Posteriormente, el centro comenzó a calentarse a medida que las
partículas de polvo y gas se estrellaban unas contra otras formando la estrella
que denominamos Sol. El resto del material se convirtió en planetas, lunas, asteroides,
cometas y otros materiales de desecho que forman parte del sistema solar.
En una época, el sistema solar parecía un lugar
sencillo y sus miembros conformaban una jerarquía ordenada: una estrella
central, nueve planetas en órbitas regulares, una docena o más de lunas
muertas, un cometa ocasional y una colección de asteroides. Durante los últimos
treinta años, esa visión se ha transformado. Las lunas pueden ser más grandes
que los planetas, y hay trillones de cometas pasando muy rápidamente. Así que
aquí lo tienen. Les presento a su sistema solar.
Sistema Solar: Estadísticas Vitales
Edad: 4,600 millones de años
Planetas conocidos: 9, pero el número es debatible
Planetas que sustentan vida: 1
Satélites: al menos 63, pero seguimos descubriendo otros nuevos constantemente
Planeta más grande: Júpiter (318 veces la masa de la tierra) Planeta más
pequeño: Plutón (0.2 del diámetro de la Tierra)
¿De qué tamaño es el sistema solar?
Una vez que empieza uno a medir distancias fuera de
un área relativamente pequeña alrededor del Sol, no tiene sentido usar medidas
terrestres como las millas (o los kilómetros) porque los números se vuelven
inmanejables. Por esta razón, los astrónomos miden las distancias dentro del
sistema solar utilizando unidades astronómicas (UA). Una
unidad astronómica es la distancia promedio entre el Sol y la Tierra, que es de
unos 93 millones de millas (150 millones de kilómetros).
Entonces, para ponerlo en perspectiva: La distancia
entre el Sol y el planeta Júpiter es de un promedio de 5 UA (465 millones de
millas; 750 millones de kilómetros). Plutón, el planeta más distante, está a 39
UA del Sol, o 3,650 millones de millas (5,900 millones de kilómetros). Si
consideramos que el sistema solar incluye todo lo que está dentro de la órbita
de Plutón, esa área se expande geométricamente a un número extremadamente
grande.
Pero Plutón ni siquiera está al final del sistema
solar. El objeto conocido más distante del sistema solar se llama 1996 TL66 y
se encuentra a una distancia ochenta veces mayor que la que existe entre el Sol
y la Tierra y dos veces mayor que la distancia que hay entre el Sol y Plutón.
¿Qué es un planeta?
Esta pregunta solía ser muy fácil de contestar:
Cualquiera de los nueve cuerpos grandes que orbitan alrededor del Sol. O, en
sentido más amplio, cualquier cuerpo celeste en órbita alrededor de una
estrella. Pero aquí es donde se han complicado las cosas en los últimos años.
“Me llaman el andariego,” dice una vieja canción
de rock Ó roll. “Doy vueltas y vueltas y más vueltas.” Eso es
lo que hacen los planetas, giran alrededor del Sol en órbitas regulares que han
sido observadas y registradas durante siglos. Así los denominaron los antiguos
griegos. La palabra “planeta” viene del vocablo griego que significa
“andariego,” porque los planetas parecían moverse alrededor de la luz
aparentemente fija de las estrellas.
Para ponerlo en términos menos poéticos, un planeta
es un gran cuerpo celeste, compuesto de roca, gas o metal, que está en una
órbita alrededor de una estrella. No producen luz, pero sí reflejan la de su
estrella materna —el Sol, en el caso de los planetas de nuestro sistema solar.
Los movimientos regulares de los planetas son de
dos clases: revolución y rotación. Cada planeta circula
o revoluciona alrededor del Sol. Cada una de estas
revoluciones equivale a un año planetario —365 días en el caso de la Tierra.
Cada planeta da vueltas constantemente como los trompos y a esto se le
denomina rotación. Una rotación equivale a un día del planeta
—lo que en el caso de la Tierra equivale a 24 horas.
Desde el descubrimiento de Plutón en 1930, los
astrónomos han establecido que existen nueve planetas en el sistema solar. Los
cuatro más cercanos son relativamente pequeños y rocosos y se denominan
planetas interiores o “terrestres:”
· Mercurio
· Venus
· Tierra
· Marte
Los planetas exteriores —con la excepción de Plutón
—se denominan “planetas jovianos” o “gigantes gaseosos
· Júpiter
· Saturno
· Urano
· Neptuno
· Plutón
Plutón es una excepción, pues tiene más en común
con las lunas de los planetas externos y no es ni terrestre ni joviano. Algunos
astrónomos se preguntan si se le debería llamar planeta. De hecho, si usted
visita el planetario Rose Center for Earth and Space de Nueva York, uno de los
más famosos del mundo, notará que el rango de Plutón es definitivamente
ambiguo. El Planetario Rose Center sacó a Plutón de la categoría de los nueve y
lo clasificó como uno de los trescientos o más cuerpos de hielo que circulan
más allá de Neptuno en una región del sistema solar conocida como el Cinturón
de Kuiper (pronunciar Ky-per). Aunque la mayoría de los astrónomos
tradicionales no está de acuerdo con la decisión del planetario, este asunto
nos lleva a algo importante, y es que los “datos” de la ciencia con frecuencia
tienen que ser replanteados para responder a nuevos descubrimientos.
¿En qué se diferencia un planeta de una estrella?
He aquí una clave. “Titila, titila, estrellita.”
Las estrellas parecen titilar cuando las vemos desde la Tierra. Cuando la luz
de una estrella distante pasa por las capas de la atmósfera, la diferencia de
temperatura entre las capas de la atmósfera produce un brillo similar al de los
resplandores que vemos en las carreteras durante el verano. A diferencia de las
estrellas, los planetas no “titilan” en el cielo nocturno sino, más bien,
tienen una luz muy firme y brillante. Pero, más allá de la apariencia, ¿en qué
otras cosas difieren?
En términos sencillos, los planetas son cuerpos
opacos que giran alrededor de las estrellas. No producen luz como las
estrellas, pero reflejan la luz de una estrella cercana, en el caso de nuestro
sistema solar, del Sol.
La mayoría de las luces que vemos en la noche, sean
éstas brillantes o débiles, son bolas de gas y plasma situadas en el cielo a
unas distancias extraordinarias de la Tierra. Nosotros tendemos a llamar
“estrellas” a todos estos destellos de luz, pero algunos de éstos son planetas
de nuestro sistema solar. Cinco de los planetas (Mercurio, Venus, Marte,
Júpiter y Saturno) se conocen desde tiempos inmemoriales y revelaron su
verdadera naturaleza al moverse lentamente, noche tras noche, en un escenario
de estrellas fijas. Junto con el Sol, la Luna y la Tierra, estos cinco planetas
han sido muy reconocidos en la historia y han sido parte de mitos y religiones
desde los albores de la humanidad.
Los otros tres planetas no se reconocieron durante
mucho tiempo, en parte por la falta de telescopios para detectarlos. Urano fue
descubierto en 1781 (aunque extremadamente pálido, Urano puede ser detectado
bajo condiciones climáticas ideales). Neptuno fue descubierto en 1846 y,
finalmente, en 1930 se reconoció la presencia de Plutón a partir del estudio de
fotografías del cielo nocturno.
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Hitos en la historia del universo: |
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1703 |
Newton es elegido presidente de la Sociedad
Real. |
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1735 |
Franceso Algarotti escribe una versión
simplificada de la óptica de Newton titulada Newtonianismo per le
dame (“Newtonianismo para las damas”) y se convierte en una de las
explicaciones más populares de la física de Newton. |
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1743 |
Benjamín Franklin funda en Filadelfia la
Sociedad Americana de Filosofía, primera sociedad científica de los Estados
Unidos, en la misma época que inventa la estufa que lleva su nombre. |
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1745 |
El Conde Georges-Louis Leclerc de Buffon
propone que la Tierra se formó cuando un cometa colisionó con el Sol. |
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1746 |
La Universidad de Harvard establece el
primer laboratorio de física experimental bajo la dirección de John Winthrop. |
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1749 |
Gabriel Emilie le Tonnelier de Breteuil,
Marquesa de Chátelet completa la única traducción de los Principia de
Newton que se haya hecho al idioma francés. Muere al dar a luz al final de
ese año. Su amante, Voltaire, la ha estimulado, a hacer la traducción y
escribe el prólogo para la primera edición de 1759. |
|
1751 |
Diderot y Jean Le Rond D’Alembert publican
el primero de los diecisiete volúmenes de la Encyclopedia, diccionario
racional de ciencias y arte. |
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1752 |
En junio, Benjamín Franklin realiza su
famoso experimento con una cometa que muestra que los rayos son una forma de
electricidad. El siguiente año, Georges Wilhelm Richman muere al tratar de
hacer un experimento similar. En 1760, Franklin comienza a poner pararrayos
en Filadelfia. Gran Bretaña y las trece colonias adoptan el calendario
gregoriano pasando directamente del 3 al 14 de septiembre. |
|
1755 |
El filósofo alemán Immanuel Kant
(1724-1804) en su obra Allgemeine Naturgeschichte und theorie des
bimmels (Historia Natural y Teoría Generales de los Cielos) sugiere
que las nebulosas que se ven en el cielo son grandes sistemas de estrellas,
como la Vía Láctea, y que el sistema solar se originó de una nube de polvo. |
|
1759 |
John Harrison completa el Número Cuatro, el
cronómetro que posteriormente ganará el premio del British Board of Longitude
para un método práctico de establecer la longitud en el mar. En 1765 se
le adjudica medio premio, pero celosos competidores no permiten que le sea
entregada la otra mitad hasta veinte años después. |
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1761 |
Se hace un gran esfuerzo en varios lugares
del mundo por observar el Tránsito de Venus. Esta información se utilizará
para calcular la distancia del Sol a la Tierra. |
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1768 |
Comienza la publicación de la Enciclopedia
Británica en entregas semanales. La primera edición encuadernada de
tres volúmenes aparece en el año 1771. |
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1769 |
El viaje del Capitán James Cook al Pacífico
Sur demuestra que no hay otro continente en el sur, excepto Australia. |
|
1779 |
El Conde de Buffon argumenta en Epoques
de la nature (“Epocas de la Naturaleza”) que han pasado 75,000 años
desde la Creación. Esta es la primera especulación de que la Tierra es más
vieja de lo que sugiere la Biblia, que es como de 6,000 años. |
|
1781 |
El 13 de marzo de ese año, William Herschel
(1732-1822) descubre el planeta Urano. Inicialmente cree que es un cometa. |
|
1783 |
Tras una erupción volcánica en Islandia,
que acaba con la quinta parte de la población, Benjamín Franklin cree que el
gas y el polvo del volcán pueden bajar las temperaturas al bloquear la
radiación del Sol. |
|
1801 |
Giuseppe Piazzi descubre el primer
asteroide, Ceres. |
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1802 |
Heinrich Wilhelm Olbers (1578-1840)
descubre el segundo asteroide, Pallas. |
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1804 |
Karl Ludwig Harding descubre el tercer
asteroide, Juno, y Olbers descubre el cuarto, Vesta. |
Voces del Universo:
La morsa y el carpintero, de Lewis Carroll
El Sol brillaba sobre el océano
Destellando todo su poder;
Haciendo que las ondas
fueran suaves y brillantes —
Y todo esto era extraño,
porque era la media noche.
La Luna brillaba con mal humor
Porque pensaba que el Sol
No tenía porque estar allí
Después de culminar el día—
“Es muy rudo de su parte, ” dijo ella,
“Venir a estropear la diversión. ”
EL SOL
Si usted fuera al Sol
La luz del Sol penetra por la ventana, caliente,
placentera. Desde los primeros albores de la humanidad, el papel del Sol como
fuente de vida ha sido evidente. En casi todas las culturas, el Sol ha tenido
un papel central en la mitología. Los egipcios desarrollaron uno de los más
elaborados cultos al Sol hace cinco mil años, y consideraban que el Faraón era
la encarnación del Rey Sol. Para los griegos, el Dios Sol, Apolo, cuya carroza
dorada transportaba al Sol durante su travesía, era el Dios de la Luz y poseía
dotes intelectuales y morales especiales. Una visión más pesimista de la
mitología surgió entre los aztecas de Mesoamérica que pensaban que eran el
“Pueblo escogido por el Sol.” Para asegurarse de que el Sol saliera todos los
días, el emperador azteca tenía un pacto mítico con los dioses del Sol, y esto
requería grandes cantidades de “agua preciosa,” la sangre de las víctimas que
sacrificaban. Uno de los dioses aztecas del Sol era Tezcatlipoca y, en la
capital azteca, un joven viviría en medio de lujos durante un año, como la
encarnación del rey, después de lo cual sería asesinado con un cuchillo de
obsidiana y su corazón ofrecido a los dioses. La idea de la centralidad del Sol
estaba todavía “viva” en tiempos más recientes. Recordemos que Luis XIV, rey de
Francia de 1643 a 1715, se llamó a sí mismo el Rey Sol y se hacía pintar como
el dios Apolo.
Aún hoy, cuando vamos a la playa a asolearnos nos
llaman “adoradores del Sol.” Y es importante anotar que esa deliciosa luz que
uno siente cuando se acuesta en la playa sobre una cobija, es luz que salió del
Sol ocho minutos antes. Eso es lo que tarda la luz en hacer el recorrido de 93
millones de millas (149 millones de kilómetros) desde el Sol. Si fuera posible
viajar al Sol en una nave espacial, a una velocidad de 25,000 millas (40,200
kilómetros) por hora, nos demoraríamos 154 días en hacer el mismo viaje que la
luz hace en 8 minutos; ¡un jet viajando a una velocidad típica se demoraría
diecisiete años!
Pero la energía solar que viajó tan rápidamente
realmente salió del centro del Sol —su núcleo —hace millones de años. Eso es lo
que se demora la energía que sale de la “caldera nuclear” situada en el corazón
del Sol hasta llegar a la superficie.
En un segundo, el Sol irradia más energía de la que
las personas han producido durante toda la vida en la Tierra. Sin embargo, la
Tierra sólo recibe una fracción —dos milimillonésimas—de la energía total del
Sol. El resto fluye hacia el espacio. La solución de los problemas energéticos
de la tierra provendrá de encontrar la forma de capturar y almacenar esta casi
ilimitada potencia.
El Sol: Estadísticas Vitales
Diámetro: cerca de 865,000 millas (1,392,000
kilómetros), aproximadamente 109 veces el de la Tierra.
Distancia desde la Tierra: más corta—cerca de 91,400,000 millas (147,100,000
kilómetros), más larga —cerca de 94,500,000 millas (152,000,000 kilómetros)
Promedio—cerca de 93 millones de millas (149 millones de kilómetros)
Edad: unos 4,600,000,000 de años
Período de rotación: cerca de 1 mes
Período de revolución en la Vía Láctea: cerca de 200 millones de años a una
velocidad de 150 millas (250 kilómetros) por segundo demora el Sol en ir
alrededor del centro de la galaxia.
Temperatura: superficie—unos 10,000 ºF (5,500 ºC); centro-unos 27,000,000 ºF
(15,000,000 ºC)
Masa: 98.8% de la masa del sistema solar; cerca de 333,000 veces el tamaño de
la Tierra.
Composición: hidrógeno, cerca de 75%; helio, casi 25%; por lo menos otros
setenta elementos constituyen el 1 ó 2% restante.
¿De qué tamaño es el Sol?
El Sol es un poco más grande, más caliente, y más
brillante que la mayoría de las demás estrellas. Y, claro, hace que la Tierra
se vea enana. Cerca de 109 Tierras podrían acomodarse, una tras otra, a lo
largo del diámetro del Sol (864,950 millas ó 1,392,000 kilómetros) y se
necesitarían cerca de 333,000 Tierras para igualar la masa del Sol. La masa, para
ponerlo en términos sencillos, es la cantidad de materia que algo contiene. Es
similar al peso, excepto que la masa que flota en el espacio no pesa nada. Es
por eso que los astronautas tienen que entrenarse para flotar cuando no pesan.
¡Más de un millón de Tierras cabrían dentro del
Sol!
¿Qué clase de estrella es el Sol?
El Sol es como las demás estrellas que brillan en
el cielo nocturno, pero lo sentimos más caliente y lo vemos más grande por lo
cerca que está de la Tierra en comparación con la siguiente estrella más
cercana. Para ser más exactos, está 250,000 veces más cerca. Genera luz y calor
porque cada segundo cinco millones de toneladas de materia se convierten en
energía a partir de las reacciones nucleares que ocurren en el interior del
Sol. Es como si millones de bombas de hidrógeno explotaran al mismo tiempo. El Sol
produce esta energía a razón de 92 mil millones de bombas nucleares de un
millón de toneladas explotando cada segundo.
En tiempos antiguos se pensaba que el Sol era una
bola de fuego. La ciencia ha evolucionado con respecto a este concepto y sigue
haciéndolo. En los últimos años el Sol y otras grandes estrellas se denominaban
bolas gigantes de gas, pero ahora, los astrónomos dicen que éstas están
constituidas en su mayoría de plasma, una cuarta forma de la
materia, que se produce cuando las partículas atómicas eléctricamente
cargadas (iones) se calientan mucho. En la Tierra, el plasma
creado artificialmente es visible cuando la electricidad convierte el gas,
dentro de un tubo de neón, en luz, o cuando un soldador usa electricidad para
generar las altas temperaturas que son necesarias para las soldaduras. Este
plasma no tiene nada que ver con el plasma sanguíneo que es el fluido
transparente de la sangre.
La energía del Sol se genera en el núcleo a partir
de las reacciones de fusión nuclear que convierten el hidrógeno, el elemento
más abundante del universo, en helio. Cada vez que esto sucede, una diminuta
cantidad de materia se convierte en energía. Por cada onza de materia que se
destruye, se genera una potencia equivalente a la necesaria para encender una
bombilla de 100 vatios durante unos 750,000 años.
Pero esa energía aún no es luz visible. Está
presente en forma de energía invisible para el ojo humano. Gradualmente, los
rayos gamma llegan a la superficie del Sol y posteriormente se convierten en
luz visible. La energía pasa primero por la zona de convección donde
enormes corrientes de gas llevan mucha de la energía hacia arriba. El principio
que rige este fenómeno es familiar para nosotros: El aire caliente sube y el
aire frío baja —lo que permite que los globos de aire caliente se eleven.
La energía llega luego a la siguiente capa del Sol,
la superficie visible denominada fotosfera (“esfera de luz”). Es en esta capa
en donde aparecen las manchas del Sol o manchas oscuras
visibles. Estas son oscuras debido a que son relativamente más frías que las
del resto de la superficie solar.
La radiación del Sol viaja en una gran variedad de
otras ondas y, cada longitud de onda lleva una cantidad diferente de energía.
Aun cuando las ondas de luz son las únicas que vemos, los rayos infrarrojos se
sienten como calor y los rayos ultravioleta pueden broncear—y hasta quemar—la
piel. Algunas ondas de radio llegan a la Tierra y hacen posible escuchar el
radio. Y ya sabemos de sobra qué hacer con las ondas del microondas: ¡preparar
palomitas de maíz rápidamente! Las formas más altas de radiación no pasan por
la atmósfera de la Tierra pero se estudian constantemente por medio de
telescopios y otros aparatos especiales a bordo de los satélites.
Radiación solar, o Las Ondas del Sol (desde el
espectro más alto hasta el más bajo)
Rayos gamma
Rayos-X
Ultravioleta
Visibles
Infrarrojos
Microondas
Ondas de radio
Cada una de éstas tiene una diferente frecuencia
—es decir, el número de ondas que pasa por un punto dado en un tiempo dado.
Esta frecuencia se caracteriza por el número de veces por segundo que vibra la
carga eléctrica en la onda y se mide en hertz (ciclos por segundo) en honor al
físico alemán Heinrich Rudolph Hertz (1857-1894).
Por encima de la fotosfera está la cromosfera, que
puede ser vista, durante un eclipse, como un anillo dorado alrededor del Sol.
Esta capa presenta llamas solares—que son chorros calientes y
brillantes de gas. Por encima de esto está la atmósfera del Sol o corona, anillo
de gas caliente que rodea al Sol. Las partículas cargadas que hierven en la
corona fluyen hacia afuera y forman el viento solar, un gas
electrificado, plasma, que se esparce por el sistema solar a una velocidad de
cerca de un millón de millas (1.6 millones de kilómetros) por hora. La
actividad del Sol, incluyendo las manchas solares, las llamas y las
prominencias, los aumentos y disminuciones durante el ciclo solar (que tiene
sus puntos máximos cada once años más o menos) parecen estar conectados con el
campo magnético solar.
¿Por qué hay manchas en el Sol?
Cuando los astrónomos chinos vieron marcas oscuras
en el Sol, en un verano hace 2,800 años, no pudieron explicarlo. El gran
astrónomo italiano Galileo dijo haber visto estas huellas oscuras en 1610,
aunque esto le generó conflicto con quienes decían haberlas visto primero.
Galileo sí las estudió lo suficiente como para deducir que el Sol rotaba. Han
sido objeto de escrutinio durante siglos y, en alguna época, se llegó a pensar
que eran como tornados en la superficie solar.
Lo que Galileo y los astrónomos chinos vieron eran
manchas. Estos gigantescos puntos oscuros que se observan en la superficie
solar pueden ser más grandes que la Tierra misma. La mancha solar más grande
que se haya visto fue reportada en abril de 1947 y tenía un superficie 35 veces
mayor que la de la Tierra. Galileo no pudo explicarlas, pero llegó a la
brillante conclusión de que si se movían en la superficie solar era porque el
sol rotaba. En la actualidad sabemos que se trata de “puntos fríos” en los que la
temperatura es unos 3,500 ºF más fría que el área circundante. Estas manchas
usualmente ocurren en grupos (hasta cien a la vez) y perduran desde medio día
hasta varias semanas. Pese a su variación de tamaño y duración, y a su oscura
apariencia, éstas ocurren en zonas activas del sol en donde la agitada
actividad magnética penetra la fotosfera, capa más caliente de gas.
Las manchas solares pueden ser de gran significado
para la Tierra. Se ha determinado que la Tierra se enfría cuando hay pocas
manchas solares. Durante un período de setenta años —desde 1645 hasta 1715
—cuando había pocas manchas solares, el globo terrestre se enfrió. Esta época
fue parte de un ciclo de enfriamiento más largo que duró desde 1400 hasta 1850
y que se ha llamado “Pequeña Edad de Hielo.” Algunos científicos sostienen que
los glaciares han aumentado y disminuido de acuerdo con la actividad de las
manchas solares.
¿Hace ruido el Sol?
Tiempo antes de que la obra El Fantasma de
la Ópera, de Sir Andrew Lloyd Weber, hubiese convertido “La Música de
la Noche” en una frase familiar, existía otra idea llamada “Música de las
Esferas.” Se tenía la noción de que las estrellas y los planetas producían
sonido a medida que se movían por el espacio—idea que se remonta a la antigua
Grecia o antes. Pitágoras (Véase la Parte I) enseñaba que las esferas, o
planetas, hacían ruidos armoniosos al circular en el firmamento. Platón
sostenía que había una sirena, sentada en cada planeta, cantando una dulce canción
que armonizaba con las canciones de los otros planetas. Chaucer, Milton y
Shakespeare creían en esta teoría y lo expresaron en su poesía. El análisis
científico más puro con relación a este concepto fue el de Kepler, quien
expresó sus ideas sobre la música celestial en el libro Harmonice mundi (“La
Armonía del Mundo”) (1619). Kepler, el primer hombre en entender el movimiento
de los planetas, quiso descifrar las notas que producían los planetas al
aumentar o disminuir su velocidad en las órbitas. Escribió al respecto, “Los
movimientos celestiales no son más que una música continua de varias voces que
puede ser comprendida por el intelecto pero no por el oído.” En el libro en que
estableció la Tercera Ley dijo que la velocidad de cada planeta correspondía a
ciertas notas de la escala musical y escribió en el pentagrama las notas que
creía eran generadas por los planetas individuales durante su movimiento
alrededor del Sol. Escribió, inspirado, que “Con esta sinfonía de voces el
hombre puede tocar la eternidad del tiempo en menos de una hora y puede
paladear las delicias de Dios, el artista supremo.
Pero, ¿existe tal música? No en la forma en que
Pitágoras creía o como Kepler la describió. Desde comienzos de la década de los
sesenta, los astrónomos han sabido que la superficie del Sol tiene pulsaciones
rítmicas. Estas oscilaciones solares son causadas por ondas de sonido de baja
frecuencia que quedan atrapadas dentro del Sol y que retumban como las
vibraciones de una campana. Así como los geólogos pueden usar las ondas
sísmicas para explorar el interior de la Tierra, los astrónomos usan las
oscilaciones solares para estudiar la estructura del Sol.
Desde 1966 hemos podido oír, más de cerca, el
“latido” del corazón del Sol gracias al Observatorio Solar y Helioscópico
(OSH), que es una especie de estetoscopio. Producto de un trabajo conjunto
entre la NASA y la Agencia Espacial Europea (AEE), el OSH es un satélite de
1.85 toneladas construido por la AEE y lanzado al espacio en un cohete de la
NASA el 2 de diciembre de 1995. Fue instalado en abril de 1996, para un período
de dos años. Revolotea a una distancia de aproximadamente 1 millón de millas
(1.5 millones de kilómetros) de la Tierra.
En sus primeros cinco años, el OSH ha tenido un
rendimiento científico excelente y ha revelado:
El sorprendente latido del corazón: Las corrientes
de gas situadas por debajo de la superficie visible, aumentan y disminuyen la
velocidad cada dieciséis meses—un pulso totalmente sorprendente.
Rayos solares mucho más brillantes: El OSH ha visto
cómo el Sol ha aumentado su luminosidad en un 1%, como se esperaba, y ha
aumentado el número de manchas solares entre 1996 y 2000. Al estudiar las
variaciones en detalle, los científicos estiman que los rayos ultravioleta de
alta energía del Sol se han vuelto 3% más fuertes en los últimos trescientos
años.
Ahí vienen las erupciones: La mayoría de las
explosiones de gas del Sol llamadas expulsiones coronarias masivas nunca llegan
a la Tierra. El OSH puede identificar de manera confiable cuáles vienen en
nuestra dirección al relacionar los halos de expansión alrededor del Sol con
los choques observados en la atmósfera de la cara de la Tierra observada.
Miles de explosiones diarias: La sucesión de
pequeñas explosiones observadas por el OSH explica por qué la atmósfera del Sol
es mucho más caliente que su superficie visible. Estas explosiones son el
resultado del continuo reajuste de los campos magnéticos.
Las fuentes del viento solar: El OSH detecta el gas
que sale de las esquinas de un panal magnético de burbujas, especialmente en
las regiones polares, produce un rápido viento solar. En la zona ecuatorial del
Sol se ve escapar un viento lento de las esquinas de estructuras cuneiformes
llamadas cascos.
Aceleración del viento solar: Los átomos cargados
que alimentan el viento ganan velocidad rápidamente, evidentemente potenciados
por poderosas ondas magnéticas en la atmósfera externa del Sol.
Elementos en el viento solar: El OSH detectó
fósforo, cloro, potasio, titanio, cromo y níquel por primera vez, y otros
isótopos no conocidos de seis elementos más comunes.
Terremotos solares gigantescos: Después de una
llamarada solar, el OSH detecta ondas que se aceleran rápidamente a través de
la superficie visible del Sol, como las que deja una piedra al caer sobre una
laguna.
Enormes tornados solares: El OSH descubrió la
presencia de tornados del ancho de África, de los que salían espirales de gas
caliente en las regiones polares del Sol. La velocidad de los vientos típicos
de 31,068 millas (50,000 kilómetros) puede aumentar hasta diez veces más en las
ráfagas.
¿Que diferencia hay entre un eclipse solar y uno
lunar?
La palabra eclipse literalmente
significa bloqueo completo o parcial de un cuerpo celeste por otro. (Los
astrónomos usan la palabra ocultación para señalar esta acción
de encubrimiento.) Aunque otros cuerpos del sistema solar pueden eclipsarse
mutuamente, desde la perspectiva de la Tierra, los eclipses ocurren cuando el
Sol, la Luna y la Tierra están en línea recta. Un eclipse solar ocurre
cuando la Luna pasa entre el Sol y la Tierra y bloquea temporalmente la luz del
Sol, oscureciendo total o parcialmente el Sol. Un eclipse total ocurre
cuando la Luna pasa entre la Tierra y el Sol bloqueando completamente el disco
solar, convirtiendo el día en noche. En un eclipse parcial, la
Luna cubre sólo parte del Sol. Un eclipse lunar ocurre cuando
la Tierra pasa entre el Sol y la Luna, proyectando una sombra por la cual pasa
la Luna.
Durante un eclipse de Sol, la sombra de la Luna se
mueve por la superficie de la Tierra de oeste a este, a una velocidad de 2000
millas (3200 kilómetros) por hora. Aunque el Sol es cuatrocientas veces más
grande que la Luna, la Luna está, coincidencialmente, cuatrocientas veces más
cerca de la Tierra. Es por esto que el Sol y la Luna parecen de igual
tamaño—haciendo posible un eclipse de Sol.
La Luna oscura aparece en el borde occidental del
Sol y se mueve a través de éste. En el momento de un eclipse total aparece un
halo brillante alrededor del Sol oscuro. Este halo es la corona o atmósfera
externa del Sol. Después de unos minutos, la Luna se mueve hacia el oriente.
Aunque un eclipse promedio dura más o menos dos minutos, el período de
oscuridad total puede durar hasta siete minutos.
La imagen de la Luna oscureciendo completamente el
Sol es un espectáculo que ha inspirado mitos y leyendas a lo largo de la
historia. La superstición relacionada con los eclipses se remonta a los
comienzos de la observación celestial. Los antiguos chinos creían que los
eclipses solares ocurrían cuando un dragón en el cielo quería devorarse al Sol.
Durante estos eclipses, toda la población salía de sus hogares a hacer ruido
para espantar la “bestia.” Como estos sucesos eran de tanta importancia para
los chinos, comenzaron a elaborar gráficas de eclipses, y con el tiempo,
descubrieron patrones que utilizaban para predecirlos. Era una tarea que
tomaban muy seriamente.
Cuenta la historia china que dos astrónomos de la
corte se equivocaron en la predicción de un eclipse en el año 2136 a.C. y
fueron ejecutados por el error.
La idea china de salvar al Sol haciendo ruido se
practicaba también en Europa. De Italia a Escandinavia, la gente estaba
convencida de que el Sol, o se iba a morir, o iba a ser víctima de un cruel
hechizo. A este ruido lo denominaron pandemónium (“demonios
por doquier”).
En el Nuevo Testamento los evangelios narran un
largo e inesperado eclipse que coincidió con la crucifixión de Cristo. Durante
la Edad Media, en Europa se conocían las causas naturales de los eclipses. Sin
embargo, los eclipses se asociaban con el advenimiento de desastres. Cuentan
que Cristóbal Colón se quedó varado en Jamaica en 1504. Colón llevaba un libro
que incluía un cronograma de los eclipses y, basándose en él, intimidó a los
nativos y los convenció de que le dieran comida ya que él era capaz de oscurecer
el día. El eclipse Lunar ocurrió el 29 de febrero de 1504, de acuerdo con el
cronograma, y los nativos, asustados, complacieron a Colón.
Las supersticiones alrededor de los eclipses
continuaron hasta el siglo XX. Por ejemplo, en América del Sur, se le echó la
culpa de una epidemia de influenza en 1918 a un eclipse solar.
Los eclipses solares totales sólo pueden verse en
ciertas partes del mundo. El más reciente ocurrió el 11 de agosto de 1999 y fue
visible en el Atlántico Norte, Europa Central y Asia Central. El 21 de junio de
2001 un eclipse de casi cinco minutos fue observado desde el océano Atlántico
Sur hasta Australia y el sur de África.
|
Eclipses Solares Totales: Recientes y
Futuros |
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4 de diciembre de 2002 |
Sur de África y de Australia |
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23 de noviembre de 2003 |
Antártida |
|
8 de abril de 2005 |
Pacífico del Sur |
|
29 de marzo de 2006 |
África, Turquía, Azerbaijan, Kazakhastan,
Rusia |
|
1 de agosto de 2008 |
Groenlandia, Siberia y China |
|
22 de julio de 2009 |
India, China y Océano Pacífico |
|
11 de julio de 2010 |
Pacífico del Sur |
|
13 de noviembre de 2012 |
Australia y Océano Pacífico |
¿Qué son las auroras boreales?
“No hay pluma ni lápiz que pueda describir sus
veleidosos matices, su resplandor, su grandeza,” escribió el explorador polar
William H. Hooper. Con estas palabras describía una de las imágenes más
espectaculares de la naturaleza. A veces la aurora parece como unos
resplandores de colores suaves en el cielo. Otras veces, semeja cortinas de luz
moviéndose con la brisa. Pueden ser de una gama de colores y a lo largo de la
historia han inspirado a muchos poetas. Para los inuits de Alaska y del Canadá,
la aurora borealis, o aurora boreal, representaba el nivel más
alto de los cielos donde bailaban los muertos. En Escocia se le ha llamado
“bailarines celestiales” ó “ejércitos peleando en los cielos” y “charcas de
sangre en el firmamento.” Los romanos las llamaron “lluvia sangrienta” y los
chinos “dragón de llamas.” Han sido observadas y admiradas durante siglos. En
el año 37 d.C., el emperador romano Tiberio envió soldados a apagar lo que se
pensaba era un incendio en el puerto de Ostia y se encontró con el resplandor
de la aurora boreal. En 1591 un espectáculo de luces sobre Nürenberg, Alemania,
ocasionó un pánico masivo porque la gente pensó que el cielo estaba en llamas.
Durante la Segunda Guerra Mundial fueron enviados a contienda unos aviones de
guerra con el objetivo de interceptar enemigos fantasmas que resultaron ser
luces de la aurora boreal.
Existen dos diferentes conjuntos de aurorae (plural
de aurora): la aurora borealis, o aurora boreal, vista en el
Polo Norte, y la aurora australis, o aurora austral, que
aparece cerca del Polo Sur. Sólo recientemente se ha entendido que esta
maravilla de la naturaleza es generada por la interacción entre partículas
cargadas que fluyen del Sol con el viento solar y el campo magnético que rodea la
Tierra. Este campo magnético desvía la mayoría de las partículas dañinas, pero
las fuerzas electromagnéticas atraen estas partículas hacia la atmósfera de la
Tierra en las regiones polares, donde chocan con átomos y moléculas de gas
produciendo los maravillosos espectáculos de luces.
Las aurorae aparecen en diferentes
colores porque cada gas de la atmósfera brilla con un matiz distinto cuando las
partículas solares chocan contra él. El color varía también dependiendo de las
cargas eléctricas y de la concentración del gas. El color más común de la
aurora, un verde brillante, aparece cuando el oxígeno se estrella con el gas a
bajas alturas. La aurora roja que se observa a veces ocurre cuando las
partículas chocan con el oxígeno a grandes altitudes. Los átomos de nitrógeno
emiten luz verde o púrpura cuando reciben el impacto de la luz ultravioleta
contenida en la luz del Sol.
¿Por qué molestamos con este espectáculo de luces? Las auroras son indicadores clave de
interacciones solares y terrestres, llamadas clima espacial, que son generadas
por el viento solar. Aunque se le llama “viento,” no tiene nada que ver con los
flujos de aire de la Tierra. Estos flujos son de plasma—partículas cargadas y
magnetismo — que sale continuamente del Sol. Cuando surgen perturbaciones
solares como las llamaradas, el viento solar aumenta y se convierte en
ventarrón. Este tipo de “caos” de alta energía produce hermosas auroras, pero
puede también causar estragos en la Tierra como alteraciones en las
comunicaciones de radio, sistemas de radar, líneas de transmisión de
electricidad, cables de teléfono y satélites, de los cuales depende, más y más,
la humanidad. Se considera que una hermosa subtormenta auroral dejó sin luz a
Quebec durante nueve horas.
¿Siempre saldrá el Sol?
Sí, Annie. “El Sol saldrá mañana.” Y muchas otras
mañanas. Pero no saldrá para siempre.
Todas las estrellas tienen un ciclo de vida, y el
Sol, que nació hace casi 5 mil millones de años, está cercano a la edad madura,
o el equivalente a tener “treinta y tantos” años. En algún momento, a medida
que se aproxime al final de su vida, el Sol comenzará a hincharse hasta llegar
a cien veces el tamaño de su diámetro llegando hasta la órbita de Marte. Cuando
las estrellas están en esta fase se les conoce como gigantes rojos. A
medida que sus capas externas comiencen a disiparse en el espacio, el Sol se
encogerá hasta su núcleo y se convertirá en una enana blanca del
tamaño de la Tierra. (Los términos “gigantes rojos” y “enana blanca” se
comentarán en la Parte III.)
¿Qué sucederá con los planetas entonces? A media que el Sol se expanda hasta adquirir
el tamaño de un gigante rojo, comenzará a perder masa y su fuerza gravitacional
que atrae a los planetas disminuirá y éstos comenzarán a vagar por el espacio.
(Recordemos que la palabra griega para planeta quiere decir “vagabundo” o
“errante.”) Sólo Mercurio, el planeta más cercano al Sol, se recalentará. La
Tierra se escapará de la fuerza gravitacional del Sol junto con los otros
planetas. Pero esto ocurrirá cuando todo en la Tierra esté bien calcinado. Pero
no hay que preocuparse de este escenario. Después de todo, al Sol le faltan
otros seis billones de años de vida plena antes de que comience a decaer.
MERCURIO
Si usted fuera a Mercurio
Pequeño, desolado, oscuro y gris. No, no es la
descripción de un estudio en Manhattan. Mercurio, el planeta más cercano al
Sol, es el segundo planeta más pequeño; solamente Plutón es de menor tamaño.
Debido a que recorre la órbita del Sol tan rápidamente—en sólo ochenta y ocho
días—Mercurio recibió su nombre en honor al mensajero de los dioses y dios del
comercio de los romanos. (En la mitología griega lo llamaron Hermes.) Pese a
que su órbita es rápida, su rotación no lo es. Mercurio se demora cerca de cincuenta
y nueve días terrestres en completar una rotación.
Tostado por la radiación solar y sin atmósfera, la
superficie de Mercurio puede llegar a temperaturas de 800 ºF durante el día y
bajar a -290 ºF durante la noche, condiciones que no han permitido su
exploración. Pero en la década de los setenta, la nave espacial Mariner
10 llegó cerca a Mercurio y envió fotografías de un planeta rocoso
similar en muchos sentidos a la Luna de nuestra Tierra. Está lleno de cráteres,
y su tamaño es como el de la Luna, 1.5 veces mayor. Carece de atmósfera y su
superficie ha permanecido igual durante miles de millones de años. Lo que más
llama la atención en su superficie son unas crestas escarpada que serpentean, a
veces durante más de cien millas, y que pueden llegar a los 10,000 pies de
altura. Estas montañas pueden haber surgido cuando el planeta se “encogió,”
posiblemente al enfriarse el núcleo del planeta. Lo más conocido sobre Mercurio
es el Cráter Caloris, un cráter del tamaño de Texas que parece haber sido el
resultado de una colisión contra una enorme roca. En Mercurio hay cráteres de
todos los tamaños generados a partir de choques con materiales de desecho
espacial hace unos cuatro mil millones de años. Estos impactos dejaron marcas
blancuzcas alrededor de los cráteres que han recibido nombres de reconocidos
artistas, escritores y compositores: Beethoven, Rafael, Shelley, Keats,
Vivaldi, etc.
Mercurio: Estadísticas Vitales
Diámetro: 3,031 millas (4,880 kilómetros)
Distancia promedio al Sol: 36 millones de millas (58 millones de kilómetros)
Distancia a la Tierra: más corta —57,000,000 millas (91,700,000 kilómetros) más
larga —136,000,000 millas (218,900,000 kilómetros)
Duración del año: 87.97 días terrestres
Período de rotación: 58.65 días terrestres
Temperatura de la superficie: 801 ºF a—279 ºF (427 ºC a— 127 ºC)
Atmósfera: oxígeno, sodio, hidrógeno y helio
Composición probable: núcleo grande de hierro y materiales de silicato en la
capa
Satélites conocidos: ninguno
¿Por qué es tan difícil ver a Mercurio?
Mercurio es visible únicamente una hora antes del
amanecer y una hora después del atardecer. Por su cercanía al Sol, se produce
un resplandor que hace difícil su observación y nunca puede ser visto en un
cielo oscuro.
Voces del Universo
Canto de los indígenas norteamericanos en honor a Venus
La estrella de la mañana parece un hombre
completamente cubierto de pintura roja. Ese es el color de la vida. Lleva una
capa y unas polainas. Sobre su cabeza luce una pluma suave de águila pintada de
rojo. Esta pluma representa la suave y liviana nube que flota en las alturas...
La estrella de la mañana nos alienta y nos renueva... El día viene tras ella.
VENUS
Si usted fuera a Venus
De todos los cuerpos celestes, con excepción del
Sol y la Luna, Venus es el que más mitos ha inspirado. El segundo planeta con
relación al Sol, lleva el nombre de la diosa romana del amor y la sensualidad.
A casi todo sus accidentes se le han dado nombres de mujer. Sus dos masas
principales o continentes, Terra Ishtar y Terra Afrodita, han sido llamados en
honor de las diosas babilonias y griegas del amor.
Pero, para otros, Venus representó un planeta
maligno. En México, en la antigüedad, la gente cerraba las puertas y las
ventanas antes del amanecer para protegerse del planeta que, según su creencia,
transmitía enfermedades peligrosas. (Venéreo proviene de la
misma palabra latina que Venus.) Para los mayas y los aztecas, Venus era un
símbolo de muerte y renacimiento.
Su órbita lo acerca a una distancia de 26 millones
de millas (41 millones de kilómetros) de la Tierra, de manera que es el planeta
más cercano a nosotros. Los dos planetas se formaron al mismo tiempo, del mismo
material, y alguna vez tuvieron atmósferas similares. Tienen el mismo tamaño y
masa, características que han hecho pensar que pudo haber vida en este planeta
gemelo de la Tierra. Sin embargo, las investigaciones de las últimas décadas
nos han dado una idea bastante clara de Venus (la nave espacial Magdlan logró
hacer un mapa del 99% de su superficie), y hoy sabemos que Venus es árido,
carece de vida y no tiene agua. Cualquier cantidad de agua que haya podido
tener, se evaporó debido al intenso calor. Las altísimas temperaturas, la
presión agobiante y la sofocadora atmósfera de Venus no permitirían vida
similar a la del planeta Tierra.
Si uno pudiera ir, se encontraría con un paisaje
lleno de enormes volcanes rodeados de planicies de lava atravesadas por
extensísimos canales de lava. Existen unos cráteres de buen tamaño pues sólo
los meteoritos más grandes han podido penetrar la atmósfera de Venus.
Venus: Estadísticas Vitales
Diámetro: 7,521 millas (12,104 kilómetros)
Distancia promedio al Sol: 67,230,000 millas (108,200,000 kilómetros)
Distancia a la Tierra: más corta—25,700,000 millas (41,400,000 kilómetros) más
larga— 160,000,000 millas (257,000,000 kilómetros)
Duración del año: 225 días terrestres
Período de rotación: 243 días terrestres
Temperatura: 864 ºF (462 ºC)
Atmósfera: dióxido de carbono, nitrógeno, vapor de agua, argón, monóxido de
carbono, neón, dióxido de azufre
Composición: la superficie consiste más que todo de silicatos y puede tener
mineral de hierro o níquel similar al de la Tierra
Satélites: ninguno conocido
Dado que Venus se demora 243 días en rotar sobre su
eje, y veinticinco días en ir alrededor del Sol, es el único planeta que se
demora más en girar sobre su propio eje que en rotar. Es decir, en Venus un día
es más largo que un año.
En relación con los demás planetas del sistema
solar, Venus gira sobre su eje de para atrás. Debido a que gira hacia el oeste,
el Sol sale por el oeste y se pone en el oriente. No se conoce la razón de este
movimiento retrógrado. La teoría más aceptada es que cuando se estaban formando
los planetas, un inmenso cuerpo celeste pudo haberse estrellado contra este
planeta ocasionándole un cambio en su rotación.
¿Por qué es tan caliente Venus?
Los científicos piensan que la atmósfera original
de Venus y de la Tierra se formó a partir de los gases que emanaban de los
volcanes cuando estos planetas se estaban formando y había una intensa
actividad volcánica. Pero, como Venus queda tan cerca del Sol, “el efecto
invernadero,” el proceso en el que el calor es atrapado dentro de la atmósfera,
ocasionó un aumento en la temperatura y la consecuente evaporación del agua de
la superficie. Al llegar el agua a la atmósfera, la intensa radiación ultravioleta
del Sol separó las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno. El hidrógeno se
escapó al espacio y el oxigeno se combinó con otros elementos químicos en la
atmósfera. La Tierra, por el contrario, se enfrió, se formaron los océanos y se
desarrolló la vida. Mientras en la Tierra se generó vida, Venus, a pesar de
tener conexiones con la diosa de la fertilidad y del amor, permaneció sin vida.
Si Venus es un planeta, ¿por qué se llama la
“Estrella de la Noche”?
Este es uno de esos casos en los que el habla
popular tiene precedencia sobre la exactitud científica. Después de la Luna,
Venus es el cuerpo celeste más brillante de la noche, y los antiguos creían que
era una estrella brillante. Venus se ve luminosa por su proximidad con la
Tierra y porque su superficie nebulosa refleja el 75 por ciento de la luz que
recibe. A veces se le llama “Estrella de la Mañana” porque es visible al
amanecer y al atardecer.
¿Qué es el tránsito de Venus?
Si usted contesta “Una novela erótica escrita por
Anaís Nin,” posiblemente no tiene su mente puesta en las estrellas. (El erótico
libro de Nin se llama. El Delta de Venus).
A veces, tanto Mercurio como Venus, se ven como
puntos que pasan frente al Sol. Ese fenómeno se denomina tránsito. Kepler fue
el primero en intuir que tales tránsitos debían existir y cuándo debían
ocurrir. Con los cálculos de Kepler en mano, Pierre Gassendi (1592-1655) pudo
observar el tránsito de Mercurio en 1631, un año después de la muerte de
Kepler. Jeremiah Horrocks mejoró los cálculos de Kepler y fue el primero en
observar un tránsito de Venus el 24 de noviembre de 1637. Horrocks pensó que si
el tránsito de Venus podía verse simultáneamente desde varios lugares de la
Tierra, entonces, era posible utilizar esa información para calcular la
distancia a Venus y la distancia de la Tierra al Sol.
En 1761, un grupo de astrónomos viajó a la India,
Santa Helena y otros lugares de observación. La guerra y las condiciones
climáticas no permitieron hacer las observaciones necesarias, pero se hicieron
algunos descubrimientos importantes, entre ellos el de la atmósfera de Venus.
El tránsito más famoso ocurrió ocho años después,
cuando el explorador inglés James Cook utilizó la primera parte de su viaje de
exploración para observar este tránsito desde Tahití. Partió de Inglaterra en
el Endeavour el 26 de agosto de 1768, hizo observaciones en
Tahití y volvió a Inglaterra el 17 de julio de 1771. Este viaje de Cook no fue
el único realizado para estudiar el tránsito de 1769. Los rusos viajaron a
Siberia para observar el gran suceso y también otros exploradores partieron a
distintos puntos de la Tierra.
A mediados del siglo XIX, Johan Franz Encke
(1791-1865) usó este tránsito para calcular la distancia de la tierra al Sol:
153,000,000 de kilómetros (95,300,000 millas), el cálculo más preciso hasta ese
momento.
Voces del Universo:
Génesis 1:1-10
En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Y la tierra estaba desordenada y vacía; y las tinieblas estaban sobre la haz
del abismo. Y el espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas.
Y dijo Dios: Sea la luz: y fue la luz
Y vio Dios que la luz era buena: y apartó Dios la luz de las tinieblas.
Y llamó Dios a la luz día y a las tinieblas llamó noche: y fue la tarde y la
mañana un día.
Y dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las
aguas.
Y hizo Dios la expansión y apartó las aguas que estaban debajo de la expansión,
de las aguas que estaban sobre la expansión: y fue así
Y llamó Dios a la expansión cielos: y fue la tarde y la mañana el día segundo.
Y dijo Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar y
descúbrase la seca; y fue así.
Y llamó Dios a la seca Tierra; y ala reunión de las aguas llamó mares: y vio
Dios que era bueno.
TIERRA
Tierra: Estadísticas Vitales
Diámetro (zona ecuatorial): 7,926.71 millas
(12,756.32 kilómetros)
Circunferencia ecuatorial (distancia alrededor de la Tierra en la zona
ecuatorial): 24,901.55 millas (40,075.16 kilómetros)
Distancia promedio desde el Sol: 93 millones de millas
(150 millones de kilómetros)
Duración del año: 365 días, 6 horas, 9 minutos, 9.54 segundos
Duración del día: 23 horas, 56 minutos, 4.09 segundos
Temperatura promedio en la superficie: 57 ºF (14 ºC)
Composición: hierro, níquel, silicona, aluminio
Atmósfera: nitrógeno, oxígeno, argón, con pequeñas cantidades de otros gases
Satélites: 1 (¡y muchos artificiales!) Luna
¿Por qué hay vida en la Tierra?
¿Se acuerdan de Ricitos de Oro y del potaje del
Osito Pequeño en el cuento de Los Tres Osos? No muy caliente. No muy frío.
Perfecto. La Tierra es, esencialmente, el potaje del Oso Pequeño del sistema
solar—y, hasta donde sabemos, de todo el universo. Está lo suficientemente
cerca al Sol como para calentarse, y lo suficientemente lejos como para no
recalentarse.
La Tierra se originó del magma derretido hace 4,500
millones de años, pero posteriormente se enfrió y se solidificó. En ese proceso
se formaron fisuras en la corteza caliente y la lava y los gases que queda ron
atrapados subieron a la superficie, formando la atmósfera primitiva de la
Tierra. El vapor de agua se condensó, subió, se enfrió y cayó en forma de
lluvia. La historia del Génesis, en la cual la Tierra siguió a los mares, es
una buena versión poética de este proceso. Excepto que debió haber llovido muchísimo.
A medida que pasó el tiempo, la corteza se saturó, la lluvia se depositó en los
valles y se crearon los primeros océanos. Pruebas recientes sugieren que la
temperatura de la Tierra se pudo haber enfriado lo suficientemente como para
retener los océanos hace 4,400 millones de años. Investigaciones de un gramo de
zirconio muestran que 100 millones de años después de que la Tierra se formó a
partir de los pedazos que sobraron de la formación del Sol, las temperaturas
del joven planeta habían descendido a un valor cercano o por debajo del punto
de ebullición del agua. Este dato es significativo, porque el agua líquida es
una precondición para la vida.
La luz del Sol comenzó a caer sobre el agua y la
tierra. Y esto fue conveniente. Muy conveniente. El sol, el agua y la
electricidad —en forma de rayos—fueron algunos de los ingredientes de la sopa
que dio origen a la vida después de mil millones de años. Basados en análisis
de microfósiles, los científicos consideran que hace 3,500 millones de años,
las bacterias primitivas y más tarde, las algas verde azules, organismos con
características de plantas, empezaron a poblar los océanos. Durante millones de
años, algunos de éstos evolucionaron hasta convertirse en plantas que podían
utilizar la luz del Sol para producir su alimento —por medio de un proceso
denominado fotosíntesis. Las plantas absorbían el dióxido de
carbono y lo convertían en azúcar. Los productos de desecho eran el agua y el
oxígeno. Eran tan eficientes las plantas para realizar este proceso, que
terminaron cambiando la atmósfera de la Tierra. El oxígeno se acumuló y es
parte del aire que hoy respiramos.
¿Cómo pudieron esas moléculas que flotan en el aire
—nitrógeno, oxígeno, dióxido de carbono, amoníaco y metano —convertirse en
bacterias, plantas y, finalmente, en usted y yo? Sólo hay teorías, pero algo
así debió haber sucedido. La atmósfera turbulenta de la Tierra recién formada,
los violentos estruendos del movimiento de volcanes y terremotos y el bombardeo
continuo desde el espacio, dieron lugar a un gigantesco Cuisinart de la vida.
En otras palabras, Mr. Bond, la
Tierra original se sacudió pero no se revolvió. Una
nueva e importante área de investigación retorna a los océanos del Génesis en
busca de respuestas. Bajo de la superficie del mar hay unas chimeneas
volcánicas que “escupen” calor y una extraña mezcla de químicos. ¿Será que
estas chimeneas fueron la fuente de vida?
A medida que pasaron millones y millones de años,
las plantas acuáticas subieron a la superficie seca. Lo mismo hicieron los
organismos parecidos a los peces que habían comenzado a evolucionar en los
mares hace 350 millones de años. Regresemos por un instante a hace 225 millones
de años; algunos de esos seres parecidos a los peces se adaptaron a sus
alrededores y se convirtieron en reptiles—los más grandes entre ellos serían
los dinosaurios. Luego, algo extraño sucedió hace unos 65 millones de años y la
mayoría de ellos desapareció en una de las mayores extinciones de la historia
de la Tierra. ¿Fue algo que comieron? ¿No hacían suficiente ejercicio?
¿Ingerían mucho colesterol? ¿O fue un asteroide?
Los pequeños organismos que sobrevivieron la
extinción posteriormente crecieron en la edad de los mamíferos, la edad en que
vivimos todavía los humanos. Pero los humanos somos unos recién llegados;
nuestros antecesores sólo han estado en esta Tierra durante unos pocos millones
de años. Aunque tenemos un récord de fósiles que prueba la presencia del
“bípedo peludo,” no fue hasta hace solamente unos cincuenta mil años—un
pestañazo cósmico —cuando empezaron a aparecer los seres humanos. Y, una de las
primeras cosas que hicieron fue grabar imágenes sobre piedras. En algunas de
ellas percibimos dibujos de estrellas, pista que nos indica que desde los
albores de la humanidad hubo fascinación por los cielos.
Entonces, ¿somos únicos en el planeta y en el
sistema solar? Hasta el momento parece que sí. No hemos encontrado nada en el
universo parecido a esta “tercera roca desde el Sol” y a sus condiciones
ideales para albergar la vida—tal y como la conocemos. Pero, a los arqueólogos
les gusta decir que la “ausencia de pruebas no es prueba de ausencia.” O sólo
porque no hemos encontrado otra posible Tierra todavía—ya que, literalmente,
sólo estamos comenzado a hurgar la superficie del resto del universo —no quiere
decir que no haya más Tierras por allá.
Voces del Universo
Charles Robert Darwin (1809-1882)
¡Podemos afirmar que cualquier parte del mundo es
habitable! Ya sean lagos de salmuera o fuentes de agua mineral calientes bajo
las montañas volcánicas—las amplias y profundas aguas del océano—las regiones
más altas de la atmósfera—e inclusive las nieves perpetuas—todas albergan las
cosas orgánicas.
¿La Tierra se tambalea?
¿Se siente un poco mareado? ¿Como si la habitación
le estuviera dando vueltas? Si su respuesta es afirmativa, no le eche la culpa
a la Tierra. Sí, ella no gira perfectamente, sino que se tambalea un poco, como
cuando un trompo está comenzando a disminuir su velocidad. La Tierra tiene un
leve tambaleo en los polos denominado precesión de los equinoccios. Esto
explica por qué Polaris, la Estrella del Norte que siempre se observa sobre el
Polo Norte, no es la misma que vieron los egipcios en el año 3000 a.C. y que
llamaban Thubán. Pero no hay que preocuparse —esto toma mucho tiempo, algo así
como 27,000 años. En el futuro, la Estrella del Norte, Polaris, no será la
misma estrella. Será reemplazada por otra estrella llamada Vega. Pero no vaya a
cambiar sus mapas estelares todavía, esto no sucederá sino en unos 12,000 años.
Voces del Universo:
Neil Armstrong 20 de julio de 1969
Al llegar a la Luna: “Houston, ésta es la 'Base
Tranquility’. El Eagle ha aterrizado”
Al pisar la Luna por vez primera: “Este es un paso pequeño para un hombre, pero
un salto gigantesco para la humanidad.”
LA LUNA
Si usted fuera a la Luna
La Luna, la compañera más cercana de la Tierra,
viaja con ella en el espacio alrededor del Sol, en lo que constituye la escena
más común del firmamento nocturno. La Luna, un desierto gris, está salpicada de
cráteres ocasionados por colisiones con meteoritos. A diferencia de otros
planetas del sistema solar, aquí sí podríamos decir, “¿Qué pasaría si uno la
visitara?” La Luna es el único lugar que ha sido visitado por el hombre. Han
pasado treinta años desde que enviamos astronautas a la Luna, pero un reciente
descubrimiento de agua ha estimulado de nuevo el interés por volver.
Las principales características de la Luna:
Cráteres: La superficie de la Luna está llena de
cráteres de impacto, posiblemente formados hace muchos años por meteoritos que
chocaron contra la Luna. Algunos son enormes, como el Copérnico (57 millas ó 91
kilómetros) o Tycho (57 millas u 87 kilómetros de ancho). Los cráteres de los
polos nunca reciben la luz del Sol y en 1998 se encontraron rastros de agua
congelada. Aunque la mayoría de éstos se formó hace miles de millones de años,
hay pruebas de uno que se haya formado hace relativamente poco.
En 1178, un grupo de monjes ingleses estaba
observando la Luna. De acuerdo con un texto de esa época, “súbitamente, el
cuerno de arriba se dividió en dos. De la mitad de esta abertura emergió una
antorcha encendida... cuyas llamas se expandían a una distancia considerable,
expulsando fuego, carbones calientes y chispas.” Es muy posible que hayan visto
un meteoro golpeando la superficie lunar. Llamado hoy en honor de Giordano
Bruno, el cráter es relativamente pequeño —alrededor de 13.5 millas de diámetro—y
posiblemente fue causado por un meteoro pequeño.
Maria (o mares, plural del latín more, océano):
Las áreas más oscuras de la superficie lunar. Son depresiones creadas por el
impacto de meteoritos gigantes que se llenaron de lava oscura que fluyó por los
suelos de estos valles esparciéndose por toda la superficie.
Regiones montañosas: Las áreas brillantes de la
Luna son serranías escarpadas cuyas rocas claras reflejan la luz del Sol. Esto
contrasta con las rocas oscuras de los mares de lava que absorben la luz.
Rayos: Algunos cráteres están rodeados de líneas
brillantes que irradian en forma circular y que se forman a partir de los
desechos polvorientos que salen del cráter en el momento del impacto. Estos
raros están formados por rocas trituradas.
Polvo lunar: La Luna está cubierta de un polvo muy
fino llamado regolitio. Formado de roca pulverizada por los
innumerables impactos de meteoritos. Algunos de estos pedazos ele piedra tienen
forma de lágrima, lo que hace pensar que son rocas que se han derretido v se
han estrellado contra la superficie lunar.
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¿Cuánto dura un mes lunar: 27 días o 29 días?
Los libros de astronomía y los calendarios lunares
algunas veces mencionan dos diferentes cifras con relación al mes lunar. Esta
confusión viene del hecho de que los científicos miden las revoluciones de la
Luna alrededor de la Tierra de dos maneras diferentes: meses sinódicos y meses
siderales. La mayoría de las personas piensa en las fases de la Luna
en términos del mes sinódico que equivale a 29.5 días. Este es el tiempo que
transcurre entre una Luna nueva y la siguiente. Es el tiempo que tarda la Luna
en girar alrededor de la Tierra en relación con el Sol. Si la Luna comenzara su
órbita en un punto exactamente en medio del Sol y la Tierra, volvería al mismo
lugar en 29.5 días.
Por otro lado, el mes sideral —de 27.33 días —es el
tiempo que demora la Luna en girar alrededor de la Tierra en relación con las
estrellas. Si uno marcara el comienzo de las revoluciones de la Luna con una
estrella específica, volvería a la misma posición 27.33 días después.
Un mes sinódico es más largo que el sideral porque
la Tierra viaja alrededor del Sol mientras la Luna viaja alrededor de la
Tierra. Después de que la Luna ha hecho una revolución alrededor de la Tierra,
ésta ha dado un treceavo de revolución alrededor del Sol. Esto significa que la
Luna tiene que viajar una distancia mayor para estar en la misma posición en
relación con el Sol.
A medida que la Luna da vueltas alrededor de la
Tierra, pasa por fases de luz solar reflejada. Cuando la Luna está entre el Sol
y la Tierra no podemos verla, porque la luz del Sol le está dando sobre su lado
lejano. Esa es la luna nueva. A medida que se va moviendo alrededor de la
Tierra, la luz del Sol comienza a iluminar la parte de la Luna que empieza a
ser visible en la Tierra. Cuando la Luna está en ángulo recto con la Tierra,
(el primer cuarto) vemos sólo media luna Cuando la Tierra está entre el Sol y
la Luna, la cara de la Luna se ilumina totalmente con la luz del Sol y vemos
una luna llena. Luego se mueve hasta colocarse en ángulo recto al otro lado, a
medida que comienza a menguar o a desaparecer. En el último cuarto, vemos media
luna, luego una luna menguante hasta que la Luna completa el recorrido: de
vuelta a la posición de luna nueva. Estas fases ocurren habitualmente, dado que
la Tierra y la Luna no están alineadas en una línea recta perfecta. Cuando
ocurre esta alineación, la Tierra bloquea la luz del Sol y no permite que le
llegue a la Luna. El resultado es un eclipse lunar total.
Voces del Universo:
Enouma Elish, Épica babilónica de la Creación, aprox. 1700 a.C
En un comienzo, los dioses Anou, Enlil y Ea
dividieron todo entre los dos dioses que cuidaban el cielo y la Tierra... Sin y
Shamash recibieron partes iguales, el día y la noche.
¿Qué pasa con el hombre en la Luna?
Aparte del Sol, la Luna ha sido el cuerpo celeste
que más ha inspirado al ser humano. Su cercanía, su regularidad y su belleza
han sido objeto de mitos, religiones, poesía y arte. Igualmente ha dado pie a
algunas estupideces como la idea de un “Hombre en la Luna” y el de que esté
hecha de queso verde.
Los primeros en escribir sobre la Luna fueron los
babilonios, cuyas historias sobre la Creación, conocidas como Enouma
Elish, y compuestas hace cuatro mil años, decían que el Sol y la Luna
habían nacido al mismo tiempo. Algunas civilizaciones de Mesoamérica tenían las
mismas creencias. Para los babilonios, la Luna, al pasar por sus fases
normales—aparición, crecimiento y desaparición —era el símbolo perfecto de la
vida. El ciclo de la Luna, tan similar a los ciclos de fertilidad femenina, se
asoció con los ritos de fertilidad.
Debido a que la Luna y la Tierra están unidas en
una danza eterna en la que la rotación de la Luna es similar a la de la Tierra,
siempre vemos el mismo lado de la Luna. A lo largo de la historia, la gente le
ha visto una cara humana a la Luna, un “hombre en la Luna.” Algunos hasta
vieron sus 'rasgos’ en los mana. El Mare Nubium era
la boca. Y los ojos estaban formados por el Mare Serenitatis y
por el Mare Imbrium. Un concepto popular era que el hombre en
la Luna era realmente una persona que había sido llevada allí como castigo y a
quien habían dejado 'clavada’ para dar ejemplo de justicia.
¿De dónde salió la Luna?
No lo sabemos, pero tenemos dos teorías. Una de
estas teorías sostiene que la Tierra capturó en su órbita a un pequeño planeta,
debido a la fuerza gravitacional, durante el primer período de la formación del
sistema solar. Sin embargo, la mayoría de los científicos cree en lo que
llamamos teoría del impacto gigante. Basados en el estudio de
las rocas recogidas durante la misión Apollo Moon, los investigadores creen que
la Luna fue parte de la Tierra, pues parecen tener la misma edad. Es posible
que durante la formación de la joven Tierra, ésta haya sido bombardeada durante
500 mil millones de años por lluvias de meteoritos—pedazos que sobraron de la
formación del sistema solar. Hace unos 4,450 millones de años, un objeto del
tamaño de Marte posiblemente pudo haber golpeado a la Tierra haciendo que se
desprendieran fragmentos en forma de roca vaporizada caliente. Estos
fragmentos, lanzados hacia el espacio, se combinaron posteriormente para formar
la Luna.
¿Es la “luna azul” realmente azul?
“Luna Azul/Me viste solitario.”
Rogers y Hart ciertamente estaban pensando en
términos poéticos cuando escribieron esta famosa canción. Una luna azul no
tiene nada que ver con el color. Pero más sorprendente aún es el hecho de que
la explicación más frecuente de este término es muy inexacta. Durante mucho
tiempo, la gente pensó que “una luna azul” ocurría cuando había dos lunas
llenas durante el mismo mes. Sin embargo, en 1999 la revista Sky Ó
Telescope reportó que este concepto errado se debía a un error
aparecido en un artículo publicado por la revista en 1946. La definición
exacta, de acuerdo con un viejo ejemplar del Farmers Almanac, es
que cuando una de las cuatro estaciones contiene cuatro lunas llenas, a la
tercera se le denomina luna azul.
El ciclo de la Luna no es exactamente igual todos
los meses, varia de 29.2 días a 29.9 días con un promedio de 29.53 días.
Entonces, la expresión “una vez en cada luna azul,” que implica que algo sucede
muy raramente, es inexacta. Las lunas azules son muy predecibles y generalmente
ocurren cada tres años. El año 1999 fue una excepción, puesto que hubo dos
lunas azules en el mismo año y con tres meses de diferencia: dos lunas azules
en enero, no hubo luna llena en febrero y hubo dos lunas llenas en marzo. Una
secuencia de esta naturaleza no había ocurrido en más de ochenta años. No habrá
dos lunas azules en el mismo año hasta el año 2018.
En cuanto al color, hay situaciones en las que se
ve un tinte azuloso. Pero esa coloración se debe a condiciones atmosféricas
inusuales, como la cantidad de polvo en el ambiente después de una erupción
volcánica o de incendios forestales. Las partículas de hollín que se depositan
en la atmósfera de la Tierra absorben selectivamente partes del espectro de la
luz roja ocasionando el cambio en el color. En 1950, se vio una hermosa luna
azul alrededor del globo terrestre, posiblemente como resultado de incendios
forestales en el Canadá.
Entonces, si la Luna azul no es realmente azul,
¿por qué la llamamos así? Un proverbio de 1528 explica:
Si ellos dicen que la luna es azul
Debemos creer que dicen la verdad.
El contexto del proverbio quería decir: “no des
valor a lo absurdo.” Era ridículo pensar que la Luna fuese azul, puesto que
nunca lo había sido. Con el paso del tiempo, el significado de “luna azul”
evolucionó de algo que nunca ocurría a ser un suceso muy raro.
¿Cuántas lunas azules tendremos en el futuro?
Incluimos algunas recientes:
|
Año |
Fecha |
|
2001 |
30 de noviembre |
|
2004 |
31 de julio |
|
2007 |
30 de junio |
|
2009 |
31 de diciembre |
|
2012 |
31 de agosto |
|
2015 |
31 de julio |
|
2018 |
31 de enero |
|
2018 |
31 de marzo |
|
2020 |
31 de octubre |
|
2023 |
31 de agosto |
|
2026 |
31 de mayo |
|
2028 |
31 de diciembre |
Fuente: Sten Odenwald, The Astronomy Cafe.
Voces del Universo:
William Shakespeare:
Sueño de una noche de verano
El lunático, el amante y el poeta son todo imaginación.
¿Quiénes eran los lunáticos?
En 1764 se fundó la Sociedad Lunar en Birmingham,
Inglaterra. Aunque no tiene nada que ver con el estudio de la Luna, esta
sociedad ocupa un lugar en la historia de la ciencia y de la revolución
industrial de Inglaterra. Entre sus miembros estaban James Watt, el inventor de
la máquina de vapor; Joseph Priestley, uno de los grandes químicos de la época;
Josiah Wedgewood, el ceramista que dio fama a los conocidos platos y que logró
grandes avances en aplicaciones científicas de la cerámica; William Withering,
quien descubrió el uso de la planta digitalis para el
tratamiento de enfermedades coronarias; William Murdoch, quien desarrolló el
gas a partir de carbón, y Benjamín Franklin, miembro correspondiente.
Era como una versión de Mensa del siglo XVIII, una
sociedad de genios que se reunía para discutir avances científicos e
intercambiar información. El nombre de la sociedad se derivó de que se reunían
los lunes cercanos a la luna llena, para que la luz los guiara por la noche de
regreso a casa. Pero la gente los llamaba lunáticos. La
palabra lunático, que literalmente quiere decir persona
afectada por la Luna, se utilizó en Inglaterra hacia 1920, pero se remonta a la
época de los romanos, cuando se creía que la Luna podía tener influencia sobre
la mente.
Existen leyendas que hablan del aumento de casos en
las salas de urgencia y mitos sobre personas que se convertían en lobos, pero
no hay prueba alguna que corrobore que la luna llena pueda tener algún efecto
sobre la mente.
¿Es la Luna el único satélite de la Tierra?
La Luna es, por definición, un satélite. Cualquier
cuerpo que gire alrededor de un planeta es un satélite, y hay muchas lunas
orbitando otros de los planetas del sistema solar. Cuando se hizo el último
conteo había más de sesenta, y el número sigue aumentando a medida que avanza
la tecnología. Los telescopios orbitales como el Hubble son también satélites
pero, por supuesto, construidos por el hombre. De hecho, cada vez que lanzamos
un objeto que se quede en la órbita se le considera un satélite.
El hombre ha puesto en órbita numerosos satélites
desde los albores de la era espacial. El Comando del Espacio de los Estados
Unidos reportó que en septiembre de 2000 había 2,698 satélites artificiales
orbitando la Tierra. Sólo un tercio de ellos funciona todavía, los otros están
“muertos,” pues han agotado todo el combustible. Tal como dice el dicho, “Lo
que sube baja.” Y las órbitas de estos “muertos” en algún momento comienzan a
deteriorarse. Atraídos por la gravedad de la Tierra, caen hacia ella y se queman
al reentrar a la atmósfera. Usualmente sucede esto. Dos satélites, una estación
soviética y el Skylab estadounidense, cayeron a la Tierra, pero no se
desintegraron. El ruso cayó en una sección remota de Australia y el
estadounidense cayó sobre los Andes. En abril de 2001 los soviéticos bajaron la
estación espacial Mir después de 15 años en el espacio y la dejaron estrellarse
en el océano Pacífico.
La Luna: Estadísticas Vitales
Diámetro: unas 2,160 millas (3,476 kilómetros)
Circunferencia: unas 6,790 millas (10,927 kilómetros)
Distancia de la Tierra: más corta —221,456 millas (356,399 kilómetros) más
larga — 252,711 millas (406,699 kilómetros) promedio —238,857 millas (384,403
kilómetros)
Edad: unos 4,600 millones de años
Período de la revolución alrededor de la Tierra: 27 días,
7 horas y 43 minutos
Velocidad promedio alrededor de la Tierra: 2,300 millas (3,700 kilómetros) por
hora
Duración del día y de la noche: unos 15 días terrestres cada uno
Temperatura en la zona ecuatorial: cuando el Sol está directamente sobre los
mana 270 ºF (127 ºC); noche lunar en los mana -280 ºF (-173 ºC)
Atmósfera: poca o ninguna
Voces del Universo:
H. G. Wells, La Guerra de los Mundos, 1897
Nadie se hubiera imaginado que en los últimos años
del siglo XIX este mundo estuviera vigilado tan cuidadosamente por
inteligencias superiores a la del hombre pero tan mortales como él. Mientras
los hombres se ocupaban de sus numerosos quehaceres, eran escrutinados y
estudiados tan detalladamente como lo hace un investigador frente al
microscopio al observar las criaturas que se multiplican en una gota de agua.
Con gran complacencia, los hombres se ocupaban de sus pequeños asuntos, serenos
en su posición de poder y control sobre la materia... A nadie se le ocurrió que
los viejos mundos del espacio pudieran ocasionar peligro alguno, y la idea de
que existiera vida en ellos era improbable. .. Si acaso, los hombres pensaron
que pudiera haber otros hombres en Marte, tal vez inferiores y listos para
recibir una misión. Pero al otro lado del golfo, mentes que son para nosotros
como las nuestras son para las bestias que mueren, intelectos enormes, fríos e
insensibles, nos miraban con envidia y lenta y fríamente diseñaban planes
contra nosotros.
El Día de Halloween de 1938, buena parte del este
de los Estados Unidos entró en pánico debido a la versión radial de La
Guerra de los Mundos producida y dirigida por Orson Wells y divulgada
ampliamente por la radio. Millones y millones de estadounidenses, aterrados ya
por la perspectiva de una guerra en Europa, llegaron a pensar que los marcianos
estaban atacando.
MARTE
Si usted fuera a Marte
Es el cuarto planeta a partir del Sol y uno de los
vecinos más cercanos de la Tierra. Marte es un planeta pequeño, rocoso y uno de
los que más ha despertado la imaginación humana. Los escritores de ciencia
ficción como H.G. Wells y la gente de Hollywood siempre han considerado a Marte
un terreno fértil para historias de terror. La imagen amenazante de Marte, cuyo
nombre heredó del dios romano de la guerra, es atribuida al color de su cielo.
Es rojo, así que la conexión con la sangre y la destrucción comenzó en la mente
humana desde la antigüedad. Es más frío que la Tierra y un poco más grande que
la mitad de ésta, pero en otros aspectos es bastante similar a nuestro planeta.
Está inclinado sobre su eje, como la Tierra, tiene días y estaciones, un
atmósfera enrarecida y—según investigaciones recientes— tiene grandes reservas
de agua en forma de hielo subterráneo. Marte tiene un verano relativamente
caliente, las temperaturas en el hemisferio sur pueden llegar a 68 ºF, pero, a
su vez, un invierno frío en el que las temperaturas caen a -284 ºF.
Flace miles de millones de años, Marte estaba lleno
de volcanes— lo mismo que la Tierra—y posiblemente tenía agua en su superficie,
que se depositaba después de inundaciones, cavando canales en su recorrido.
Después de la Luna, Marte ha sido el otro planeta que más se ha explorado. Pero
no ha sido fácil. Con frecuencia pensamos en Marte como un objeto estacionario
en el espacio, pero recordemos que está moviéndose todo el tiempo—como la
Tierra. Lanzar naves espaciales a 200 millones de millas de distancia no es lo
mismo que lanzar manzanas a una canasta. La historia de la exploración de Marte
lo comprueba. Desde 1960 se habían enviado dieciocho sondas a Marte —cuatro
estadounidenses y catorce rusas—sin que ninguna llegara a él. Cinco de las
sondas soviéticas enviadas en la década de los sesenta ni siquiera salieron de
la órbita de la Tierra. El Mariner 3 de los Estados Unidos fue
enviado, inútilmente, a una órbita alrededor del Sol. Durante la década de los
70, cinco sondas soviéticas fallaron por una variedad de razones. La Unión
Soviética envió dos naves a Marte en 1989. Estados Unidos envió la sonda Mars
Observer en septiembre de 1992. El 21 de agosto de 1993, tres días
antes de que la sonda entrara a la órbita alrededor de Marte, los encargados de
la misión perdieron contacto con el aparato.
Pero, si al comienzo no tiene éxito... El 4 de
diciembre de 1996, los Estados Unidos lanzaron la sonda Pathfinder, que
aterrizó en Marte el 4 de julio de 1997 en lo que fue una de las más
espectaculares misiones espaciales desde la época del programa Apollo Moon. El
clímax ocurrió dos días después, el 6 de julio, cuando luego de una corta
demora, un vehículo de seis ruedas llamado Sojoumer descendió
de una rampa del Pathfinder y pisó el suelo marciano. El Sojoumer era
un robot de control remoto que parecía construido por un niño genio a partir de
un juego Erector. Pero el mundo entero comenzó a ver imágenes del
anciano planeta rojo diez minutos después de ser enviadas a la Tierra. Lo que
millones de personas vieron fue un maravilloso paisaje seco, escarpado
y desértico, similar al del suroeste estadounidense. La diferencia
es que no había restaurantes de comida rápida con burritos o con recuerdos
baratos como esas camisetas que dicen, “Mi robot
fue a Marte y lo único que me trajo fue esta camiseta fea”
La búsqueda de agua—y vida—en el planeta Marte ha
sido lo que ha motivado el programa espacial estadounidense. Pero
el éxito del PathfinderlSoujoumer fue seguido de varios desastres,
pues los últimos dos intentos de la NASA por
explorar Marte terminaron con la pérdida de
ambas naves antes de llegar a su destino.
NASA-UNIDAD DE EXPLORACIÓN DE MARTE Esto lo explica
todo
En lo que constituyó una de las situaciones más
vergonzosas para la NASA, el Mars Climate Orbiter se salió de
su ruta en 1999. Aparentemente, un controlador se equivocó al convertir del
sistema linear al métrico. Sí, señores, sí hay una diferencia entre pulgadas y
centímetros. O, como dice el carpintero, “Mida dos veces, corte una vez.”
Luego, a fines del 99, mientras millones de personas esperaban que el Mars
Polar Lander aterrizara y pudiera ser seguido en Internet, el gran
momento se esfumó. Nunca llegaron las señales. Y no sabemos qué sucedió, si se
estrelló o si falló el equipo de comunicaciones.
Es un misterio que tendrá que esperar hasta que
volvamos a Marte. Para la NASA, empresa espacial que alguna vez fue un orgullo
nacional, estos fiascos han sido una catástrofe científica y de relaciones
públicas.
Los principales accidentes de Marte son:
Polo Norte: Compuesto de dióxido de carbono (“hielo
seco”) y agua helada. La capa de hielo del sur se desaparece casi totalmente
durante el verano.
Monte Olimpo: El volcán más grande del sistema
solar. Casi extinto, se eleva 17 millas por encima de las planicies y tiene 375
millas de superficie.
Cañón del Valle Marineris: Un cañón gigante situado
que atraviesa una de las caras de Marte, tiene 3,125 millas de largo; es tan
grande que las Montañas Rocosas cabrían ampliamente dentro de él.
Planicie Argyre: Uno de los numerosos valles
creados hace miles de millones de años por el impacto de asteroides. El cráter
Galle tiene unas 125 millas de largo.
Marte tiene dos pequeñas lunas—Phobos y Deimos—que
recorren el planeta en ocho horas y en treinta horas respectivamente. En la
mitología griega, Phobos y Deimos eran los hijos de Ares (Marte) y Afrodita
(Venus) y se encargaban de cuidar a su padre. Phobos era el dios del pánico en
el campo de batalla y su hermano Deimos era el dios del miedo.
¿Es Marte realmente rojo?
Dos tercios de la superficie de Marte presentan un
color entre anaranjado y rojo. Son regiones secas, desérticas, cubiertas de
polvo, arena y rocas. El material de la superficie parece contener un mineral
color ladrillo, denominado Himonite, que también encontramos
en los desiertos de la Tierra. Hay vientos continuos de 125 millas por hora que
levantan torbellinos de polvo rojizo —lo que le ha dado a Marte el nombre de
“el Planeta Rojo.” El color no es rojo intenso como el de la sangre, sino rojo
oxidado, derivado de la alta proporción de hierro que tienen las rocas—el doble
de lo que hay en la Tierra.
¿Quién excavó los canales de Marte?
El mito más grande acerca de Marte tiene que ver
con los “canales.” La idea de que hay canales reales construidos por los
marcianos ha permanecido en la imaginación humana durante muchos años, pero en
realidad, esta idea fue el resultado de un error en una traducción de hace
muchos años. Mientras observaba Marte en 1877, el astrónomo italiano Giovanni
Schiaparelli (1835-1910) vio por su telescopio lo que él describió como canali. En
una versión posterior de su trabajo, se tradujo la palabra como canal estableciendo
la noción de que eran acueductos artificiales construidos por marcianos
avanzados. Lo que hay, en verdad, son características naturales del terreno
como cráteres y cañones.
Pero Percival Lowell, un miembro de una acaudalada
y distinguida familia de Massachusetts seguía intrigado con esta idea. Con los
dineros de la familia estableció en Flagstaff, Atizona, un observatorio para
estudiar a Marte. En 1906 se publicó Mars and Its Canals. Al
notar Lowell que los conductos parecían cambiar con las estaciones, creyó que
los marcianos eran capaces de transportar agua desde las cumbres heladas.
Los conductos de Lowell o los canali de
Schiaparelli son realmente una ilusión óptica.
Marte: ¿Desierto o pantano?
No hay canales. Pero eso no quiere decir que no
haya agua. Recientemente se ha investigado y especulado acerca del agua de
Marte más que sobre cualquier otra cuestión de astronomía. A finales del año
2000, la NASA anunció que las fotografías tomadas por el Mars Global
Surveyor presentaban una buena evidencia de la existencia de agua. Las
capas de sedimento dentro de los valles son posiblemente el resultado de
grandes lagos presentes en los antiguos cráteres de Marte. En el polo Norte
marciano hay agua en el hielo; en el polo Sur hay dióxido de carbono congelado
(hielo seco).
Si esto es cierto, impone la pregunta: ¿De dónde
salió el agua? Una teoría es que estaba debajo de la superficie, en el interior
caliente del planeta, y que de allí brotó. Algunos estudios de rocas marcianas
—meteoritos que han caído en la Tierra y cuyo origen parece ser marciano
—concluyeron que el magma (la roca que se forma al enfriarse la lava de las
erupciones volcánicas) era seca. Sin embargo, un estudio reciente reportado en
la revista Nature en el año 2000 concluye que el magma pudo haber
tenido agua. Esta conclusión se obtuvo de los estudios de un meteorito de 175
millones de años denominado Shergotty.
La teoría se basa en lo que sabemos acerca de los
volcanes. En un volcán—y Marte tiene varios, entre ellos el más grande del
sistema solar—la lava caliente derretida proviene de muy adentro. Al subir, se
encuentra con rocas más frías, que contienen hidrógeno; el magma derrite estas
rocas dejando salir el hidrógeno para formar agua.
Marte: ¿Vivo o muerto?
En 1984, los científicos descubrieron un meteorito
del tamaño de una papa, un pedazo de basalto llamado ALH84001, hallado en el
hielo de las Alien Hills de la Antártida (de ahí la designación ALH). Los
estudios de carbono 14 han demostrado que esta roca tiene 4,500 millones de
años. Posiblemente se desprendió de la superficie de Marte al ser golpeado por
un asteroide o cometa, y los trozos de roca que resultaron de este golpe se
esparcieron por el espacio. Después de flotar por miles de años, la roca fue atraída
por la gravedad de la Tierra y terminó en la Antártida hace entre 11,000 y
13,000 años. Los científicos arguyen que esta roca se originó en Marte porque
su composición química es similar a la del suelo traído por las sondas
espaciales que aterrizaron en Marte en 1976.
Después de estar guardada en un laboratorio por más
de una década, la roca ocupó las primeras páginas de los periódicos. En una
conferencia de prensa, el 6 de agosto de 1996, un equipo de la NASA dirigido
por David S. McKay reportó haber encontrado en la roca rastros de fósiles
microscópicos similares a nuestras antiguas bacterias-sugiriendo que había vida
en Marte hace más de 3,600 millones de años.
LAS FOTOS DE LA NASA SUGIEREN LA PRESENCIA DE AGUA
EN MARTE
Pero no estamos hablando de Marvin el Marciano,
invasores de Marte u hombrecitos verdes con escopetas de rayos. Por medio de de
barrido, los científicos vieron lo que parecían ser cuerpos elongados en la
superficie de la roca. Fue un descubrimiento sorprendente, pues se asemejaban
mucho a las nanobacterias, los organismos más pequeños de la Tierra. Estos
corpúsculos en forma de tubos y de esferas con medidas entre 20 y 100
nanómetros se parecen a los fósiles de bacterias de la Tierra, pero son mucho
más pequeñas. Un nanómetro es la millonésima parte de una milésima de un metro.
La mayoría de los corpúsculos tienen entonces, el 0.001 del grosor de un
cabello humano. A comienzos de 2001 se encontró una prueba adicional: Unos
cristales organizados en línea que sólo podían haber sido formados por seres
vivos. Hay científicos que tienen otras teorías. Sugieren que la vida en Marte
o en otras partes del universo pudo haber sido anterior a la de la Tierra y que
las simientes de la vida en la Tierra llegaron en un meteorito, una teoría
bastante controversial conocida como panspermia. Este concepto
tiene enormes implicaciones y cuenta con muchos escépticos. Es bastante
improbable que un ser vivo haya sobrevivido el viaje espacial y las radiaciones
y el calor extremo al entrar en la Tierra.
Cuando se anunciaron los primeros descubrimientos
sobre esta roca en 1996, los periódicos rápidamente publicaron la historia y
escribieron grandes titulares acerca de la vida en Marte. La NASA anunció que
daría muestras del meteorito a otros científicos del mundo para que ayudaran a
probar o a refutar esta teoría. Los científicos planean seguir adelante con
estos experimentos porque las pruebas que tienen no permiten todavía llegar a
conclusiones. Los escépticos consideran que las formas de la roca son poco
confiables y circunstanciales. Pero, el pedazo de basalto encontrado en la
Antártida ha dado suficientes pruebas potenciales para revivir la intrigante
posibilidad de que hubiese habido vida en Marte. Muchos científicos creen, sin
embargo, que no habrá respuesta definitiva hasta que las sondas o el hombre
puedan llegar hasta Marte.
¿Iremos a Marte algún día?
La posibilidad de la existencia de agua y fósiles
de vida pasada hacen de este planeta un excelente lugar para explorar. Pero,
dejando de lado la ciencia ficción, es una tarea de enorme complejidad, costo y
peligro.
Teóricamente, una manera de explorarlo es por medio
de un proceso llamado terraforming que consistiría en tratar
de transformar el entorno marciano para que se pareciera al de la Tierra.
Existen grupos de serios proponentes de la investigación de Marte, como la
Sociedad de Marte, organización de cuatro mil personas, que busca colonizar a
Marte, planeando crear un “efecto de invernadero” — elevando la temperatura del
planeta y derritiendo los polos. Este ambicioso proyecto implicaría crear las
condiciones que doscientos años de incineración de combustibles sólidos han
producido en la Tierra —una nube gaseosa sobre el planeta que atrape el calor
del Sol y eleve la temperatura. Irónicamente, este es el proceso que la mayoría
de los científicos cree que debe revertirse en la Tierra para prevenir
desastres ecológicos, ya que las altas temperaturas y el derretimiento de los
polos están ocasionando un aumento en el nivel de los océanos en el globo.
El terraforming de Marte es un proyecto que presenta muchas
dificultades—casi imposibilidades—técnicas y no se toma muy en serio.
El primer problema que habría que solucionar es
cómo llevar los astronautas hasta Marte —un viaje demasiado largo. El recorrido
de 470 millones de millas que tuvo que hacer el Mars Polar Lander para
llegar a Marte es 2000 veces más largo que la distancia entre la Tierra y la
Luna. Con la tecnología actual, y encontrando un momento propicio que reduzca
la distancia entre la Tierra y Marte, el viaje duraría cerca de seis meses.
Pero, además de la distancia, existen otros peligros imponderables tales como
los niveles de radiación, los meteoritos y los posibles daños a las naves
imposibles de solucionar para los astronautas. Debido a las fallas de los
viajes anteriores, la posibilidad de un viaje tripulado a Marte ni siquiera se
planea todavía. En abril de 2001, la nave espacial Odyssey emprendió un
recorrido de 286 millones de millas hacia Marte, el primer intento por llegar
al planeta rojo después de los humillantes desastres de 1999. Después de un
viaje de seis meses, el Odyssey pasará dos años y medio
realizando una exploración geológica en busca de agua en la superficie o debajo
de ella — agua que daría algún indicio de vida. Están planeadas seis misiones
robóticas a Marte para la próxima década. Una misión planeada para el 2008 está
diseñada para aterrizar en Marte y regresar a la Tierra con muestras de rocas y
suelo marciano.
Marte: Estadísticas Vitales
Diámetro: 4,223 millas (6,796 kilómetros)
Distancia promedio al Sol: 141,600,000 millas (227,900,000 kilómetros)
Distancia de la Tierra: más corta —34,600,000 millas (55,700,000 kilómetros)
más larga —248,000,000 millas (399,000,000 kilómetros)
Duración del año: 687 días terrestres
Período de rotación: 24 horas, 37 minutos
Temperatura: -225 ºF a 63 ºF (-143 ºC a (17 ºC)
Atmósfera: dióxido de carbono, nitrógeno, argón, oxígeno, monóxido de carbono,
neón, criptón, xenón, vapor de agua
Composición: silicio, hierro
Número de satélites conocidos: 2: Phobos y Deimos
Tiene alrededor de 2,500 millones de años —más o
menos la mitad de la edad del sistema solar. Las dos lunas pudieron haberse
formado tras una colisión después del nacimiento del sistema solar.
Posiblemente son asteroides pequeños atraídos por la fuerza gravitacional de
Marte.
¿Exterminó un asteroide a los dinosaurios?
Nuestra próxima parada es de otra naturaleza,
porque no se trata de un planeta. Entre las órbitas de Marte y Júpiter hay una
enorme banda en el espacio conocida como el Cinturón de Asteroides. El sistema
solar contiene millones de rocas—realmente son planetas pequeños puesto que
están en órbita alrededor del Sol—llamados asteroides que en griego quiere
decir “como las estrellas.” Pero no tienen nada que ver con las estrellas. Son
residuos espaciales y pedazos de roca que van desde el tamaño de una piedrecilla,
hasta enormes rocas como Ceres, que tiene un diámetro de 584 millas (940
kilómetros). Compuestos de roca y de hierro, se cree que son los desechos de la
Creación, fragmentos que sobraron tras la formación del sistema solar. El
noventa por ciento de los asteroides está en el Cinturón de Asteroides y se han
calculado las órbitas de unos siete mil de ellos. El otro diez por ciento se
encuentra en otras partes del sistema solar.
Como los planetas, los asteroides rotan mientras
van en la órbita del Sol y demoran entre tres y seis años en completar una
órbita. Algunos asteroides están en órbitas por fuera del Cinturón, como sucede
con el grupo de asteroides que sigue a Júpiter (véase más abajo). Algunos se
desvían y cruzan las trayectorias de los planetas interiores. Otro grupo
denominado Asteroides Cercanos a la Tierra está en la órbita en la zona
interior del sistema solar y ocasionalmente cruzan las órbitas de Marte y de la
Tierra. Es por eso que son tan intrigantes—y tan peligrosos para nosotros.
Cerca a la costa de Yucatán, México, bajo el mar,
hay un cráter denominado Chicxulub. Tiene un diámetro de 190 millas (300
kilómetros) y muchos científicos creen que fue el resultado del impacto de un
objeto de 10 millas de ancho que chocó contra la Tierra hace 65 millones de
años. La explosión debió haber generado tsunamis de 300 pies
de alto, ocasionado incendios que quemaron continentes enteros y generado nubes
espesas de polvo y humo. Al bloquear la luz solar por meses e inclusive años,
esta nube debió haber producido un efecto llamado “invierno nuclear” que debió
acabar con toda la vegetación y cortó la cadena alimentaria. Esta gigantesca
colisión posiblemente acabó con todos los dinosaurios.
Los dinosaurios son las víctimas más famosas de un
asteroide, pero algunos descubrimientos recientes sugieren que no fueron las
únicas. Ha habido por lo menos cinco extinciones masivas en la historia de la
Tierra, y la de los dinosaurios es la más famosa y la más reciente. Basados en
estudios de fósiles de todo el mundo, se especula que hace 250 millones de
años—antes de que existieran los dinosaurios- habían perecido más de tres
cuartos de todas las especies. La desaparición de estos organismos parece haber
sido una de las razones por las cuales los dinosaurios, que evolucionaron de
los lagartos, lograron dominar el planeta.
La teoría de la colisión cósmica es aceptada, pero
no de manera unánime, por los científicos. Algunos no creen posible que este
desastre hubiese eliminado a todos los dinosaurios. Pero queda la duda de qué
fue lo que chocó con la Tierra. Hay toda clase de debates sobre si fue un
asteroide, un pedazo de hielo o un cometa. Las pruebas recientes sugieren que
un asteroide fue el culpable. Frank Kyte, un geoquímico de UCLA, reportó haber
encontrado un pedazo de roca en sedimento oceánico proveniente del océano Pacífico.
Este sedimento contenía altos niveles de iridio —un mineral típico de la capa
de la tierra correspondiente al final del período cretáceo, hace 65 millones de
años, la época en que desaparecieron los dinosaurios. Dentro de esta roca había
un pedazo más pequeño cuya textura y composición química indican que es un
fragmento de un asteroide y no de un cometa.
Pero hay una pregunta todavía mejor. ¿Podría pasar
otra vez? En Hollywood creen que sí, como lo sugieren dos películas recientes
de ciencia ficción. En la popular película Armageddon, un
grupo de astronautas es enviado al espacio en una misión —posiblemente
suicida-para desviar un asteroide que se aproxima. Y, en Impacto
Profundo, se describe el resultado de la extinción: unos tsunamis enormes
inundan las áreas costeras de Washington D.C. y Nueva York; unas rocas
gigantescas se estrellan contra la Tierra con la fuerza de una bomba nuclear y
el cielo se ennegrece con humo y cenizas tapando completamente el Sol.
Entonces, ¿qué posibilidad existe de que la Tierra
sea golpeada otra vez? Y, si ese es el caso, ¿qué podremos hacer? Podrían
surgir algunas respuestas de un gran proyecto de la NASA instaurado en 1996 y
que empezó a dar frutos en el año 2000. Se diseñó una nave espacial denominada
NEAR-Shoemaker para el estudio de los asteroides. Sus siglas provienen de una
frase en inglés que significa “encuentro cercano entre la Tierra y los
asteroides” y se le añadió el nombre de Gene Shoemaker, geólogo que impulsó el
estudio de los asteroides y quien falleció en un accidente automovilístico en
1997.
El aparato es del tamaño de un carro, nueve pies de
largo, y posee cuatro paneles solares que proporcionan energía.
“Lo único que digo es que este es el momento de
desarrollar la tecnología para desviar los asteroides
La nave NEAR condujo el primer estudio cercano y a
largo plazo de un asteroide llamado Eros, uno de los asteroides más grandes
cercanos a la Tierra. “Cercano a la Tierra” es un término relativo, pues Eros
está a más de 196 millones de millas (316 millones de kilómetros) de la Tierra.
En un golpe publicitario la NASA anunció el contacto de NEAR con Eros—así
llamado en honor al Dios del Amor— el día de San Valentín del año 2000.
Eros fue escogido como el destino del amor celeste
por su tamaño. Parece una papa de Idaho en el espacio: tiene 21 millas (33
kilómetros) de largo y 8 millas (13 kilómetros) de ancho, y más o menos este
grosor. (La mayoría de los asteroides cercanos a la Tierra tienen un poco más
de media milla (800 metros) de ancho. Eros es uno de esos asteroides que está a
una distancia de 121 millones de millas (195 millones de kilómetros) de la
Tierra. Esto puede sonar como un espacio inmenso pero, en términos celestes no
lo es. Después de unos pocos meses en órbita alrededor de Eros, la nave NEAR
proporcionó pruebas detalladas acerca de las características del asteroide y de
su composición geológica, datos que ayudarán a explicar el origen de los
asteroides. En febrero del año 2001, un año después de su encuentro con Eros,
la nave NEAR descendió y aterrizó sobre Eros. Durante dos semanas, la NEAR
envió información muy valiosa acerca de la composición de la roca. A fines de
febrero de 2001, la NASA anunció que rompería todos sus lazos con NEAR, que era
una de las primeras y más exitosas naves de nueva generación de la NASA, y
parte del programa Discovery cuyo objetivo era ser “más baratos, rápidos y
mejores” que los anteriores.
Eros no representaba ninguna amenaza para la
Tierra, sin embargo, uno de los objetivos clave de la nave NEAR-Shoemaker era
investigar más acerca de la posibilidad de un impacto con un asteroide y cómo
detectar otros asteroides que pudieran chocar con nuestro planeta.
Y, en caso de detectarlos, ¿qué podríamos hacer?
Existen básicamente dos teorías sobre cómo salvar a la tierra del impacto de un
asteroide. Ambas son costosas y difíciles de implementar, en términos técnicos,
pues requieren el uso de cohetes para destruir o alterar el asteroide. La
primera consiste en utilizar nuestro arsenal nuclear para destruir el
asteroide. El problema es que esto generaría una enorme cantidad de residuos
radioactivos que podrían caer sobre nuestras cabezas. Lo ideal sería desviar el
asteroide utilizando un proyectil para alterar su curso y alejarlo de la
Tierra, o inclusive lanzar un cohete impulsor para convertir el asteroide en
una nave que pueda ser controlada. Uno de los objetivos de la nave NEAR es
determinar en dónde está el centro de Eros, puesto que cualquier empuje tendría
que estar dirigido al centro del asteroide. La determinación de su composición
y densidad es también un objetivo clave para saber cuán frágil es y evitar
romperlo en multitud de pedazos pequeños y peligrosos que puedan posteriormente
llegar a la Tierra.
Pero no estamos hablando de ciencia ficción. Como
se evidencia con el cráter de Yucatán y el de Barringer en Atizona, la Tierra
ha sido impactada en varias oportunidades a lo largo de los años. En marzo de
1989, un asteroide pasó a una distancia de 414,000 millas (690,000 kilómetros)
de la Tierra. Casi no se vio porque la intensidad de la luminosidad de la Luna
lo opacó. En otra oportunidad, dos astrónomos del Jet Propulsión Laboratory
calcularon las órbitas de asteroides conocidos y concluyeron que cerca de cien
asteroides podrían aproximarse a 24 millones de millas (40 millones de
kilómetros) de la Tierra. Cada año los astrónomos descubren nuevos asteroides
cercanos a ésta; en 1994, hubo un encuentro cercano, pues el asteroide 1994 XLI
se aproximó a unas 65,000 millas (cerca de 100,000 kilómetros) de la Tierra
—cuatro veces más cerca que la Luna.
Un problema que tenemos es que con frecuencia no
podemos ver los asteroides sino “hasta el último momento” por lo pequeños que
son. Pero, aun los pequeños pueden causar gigantescos estragos en nuestro
planeta. Un asteroide de 82 yardas (75 metros) de ancho podría destruir grandes
áreas metropolitanas. Uno de 383 yardas (350 metros) de ancho podría destruir
un área del tamaño de un estado pequeño y produciría tsunamis catastróficos si
cayera en el océano. Un asteroide de 4 millas (7 kilómetros) significaría una
extinción masiva global y cambios climáticos a largo plazo.
La buena noticia es que después de haber ignorado
el problema durante tanto tiempo, numerosos laboratorios observan las
trayectorias de los asteroides con técnicas cada vez mejores. Al realizar un
conteo en el 2001 de los asteroides de al menos un kilómetro de diámetro, y
cercanos a la Tierra, se concluyó que hay la mitad de lo que antes se había
calculado, es decir, entre quinientos y mil. Sin embargo, la amenaza, aunque
pequeña, es real. Un comunicado expedido en el 2001 por la Unión Astronómica
Internacional señaló: “Dado que se ha detectado y seguido una pequeña fracción
de los OCT (Objetos Cercanos a la Tierra), el peligro de un posible impacto es
bastante real. La historia nos recuerda que los impactos catastróficos son
raros, sólo ocurren en intervalos de miles o inclusive millones de años... Los
astrónomos deben prestar particular atención a cada descubrimiento nuevo, como
en efecto lo están haciendo.”
JÚPITER
Si usted fuera a Júpiter
Es el quinto planeta a partir del Sol. Recibió ese
nombre en honor al rey de los dioses romanos, nombre apropiado para el planeta
más grande del sistema solar. Su masa equivale a la del 70 por ciento de los
demás planetas combinados—es 318 veces más grande que la Tierra. Más de 1,300
Tierras cabrían dentro de él. Tiene una capa de nubes heladas en su
superficie—fundamentalmente hidrógeno líquido caliente, probablemente con un
núcleo rocoso más grande que la Tierra. Júpiter tiene un complejo sistema climático
que produce grandes bandas de nubes que circulan sobre su superficie y se
caracteriza por el Gran Punto Rojo, una enorme nube de gases que es el elemento
más destacado del planeta. Al igual que sus vecinos del sistema solar exterior,
Júpiter posee tres anillos alrededor de la zona ecuatorial. Son mucho más
pálidos que los de Saturno (véase más abajo) y parecen estar conformados de
partículas de polvo muy finas. Después de la Luna y de Venus, Júpiter es el
objeto más brillante del cielo nocturno. En este momento solamente Marte se ve
a veces más brillante, cuando se encuentra en el punto más cercano a la Tierra.
¿Qué es el Gran Punto Rojo de Júpiter?
Aunque suena como una pesadilla de la adolescencia,
el Gran Punto Rojo es bastante más impresionante que un grano bien horrible en
la punta de la nariz.
Es la característica más sobresalid i le ele la
superficie ele Júpiter, un remolino de gas, parecido a un huracán, identificado
por primera vez en 1665 por el astrónomo franco-italiano Giovanni Cassini. El
borde del torbellino circula a una velocidad de unas 225 millas (360
kilómetros) por hora y los científicos no están seguros de qué es lo que
alimenta esta gran tormenta. El punto rojo permanece a la misma distancia del
ecuador, pero se mueve lentamente hacia el este y el oeste. Pero no estamos
hablando de cualquier tormenta —el diámetro de este gran punto rojo es, en su
punto más ancho, ¡tres veces más grande que el diámetro de la Tierra! Aunque
normalmente es rojo, el color del punto cambia de color ladrillo a color café y
a veces a gris y blanco. La coloración puede deberse a pequeñas cantidades de
azufre y de fósforo en los cristales de amoníaco o a una fosfina química que se
vuelve roja en la presencia de la luz solar.
“Hoy la temperatura en Júpiter es de menos
doscientos grados, con la atmósfera inusualmente cargada de amoníaco y metano.”
¿Podría ser Júpiter una estrella incipiente en el
centro de un sistema solar que fracasó?
Dado que Júpiter es tan grande y tiene tantos
satélites a su alrededor, muchos científicos creen que puede ser una estrella
que nunca se graduó. Júpiter irradia más energía que la que recibe del Sol—casi
el doble. Pero, a diferencia de la ermita nuclear de las estrellas, Júpiter
irradia calor porque se está encogiendo lentamente bajo la presión de su propia
gravedad. Esto hace que el gigante gaseoso se comprima y se caliente. Los
científicos se preguntan si Júpiter pudo haber sido todavía más caliente en épocas
remotas. La mayoría considera que para generar la presión necesaria para
desencadenar las reacciones nucleares que hace que las estrellas brillen,
Júpiter tendría que tener entre ochenta y cien veces el tamaño que tiene hoy.
Además de su gran tamaño, otra razón para hacer
esta especulación es que Júpiter tiene dieciséis satélites conocidos. Los
cuatro más grandes en orden de distancia a Júpiter son: lo, Europa, Ganímedes y
Calisto. Estas cuatro lunas se denominan satélites de Galileo porque él las
descubrió en 1610 utilizando uno de los primeros telescopios, en lo que
constituyó uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la
astronomía. Para Galileo, estos satélites que rotaban alrededor de un planeta
“madre” eran una prueba más para corroborar la idea de Copérnico de que no
todas las estrellas estaban fijas rotando alrededor de una Tierra estacionaria.
· lo tiene numerosos volcanes activos que producen
gases azufrados. La superficie amarillo-naranja de lo posiblemente contiene
grandes cantidades de azufre sólido depositado tras erupciones.
· Europa es uno de los satélites más pequeños, tiene
un diámetro de 1,950 millas (3,138 kilómetros) y su superficie es helada, plana
y con fisuras.
· Ganímedes es el más grande de los satélites de
Galileo; es más grande que el planeta Mercurio, tiene un diámetro de 3,273
millas (5,268 kilómetros). Descubierto en 1610 por Cableo, fue Simón Marius, un
astrónomo alemán, quien le puso el nombre. En la mitología griega, Ganímedes
era un hermoso niño, el hijo más joven del Rey Tros de Troya. Zeus (el
equivalente griego de Júpiter) lo vio pastoreando el rebaño, se enamoró del
muchacho y lo raptó. Fue llevado por un águila al Monte Olimpo (hogar de los
dioses) donde era copera de ellos.
· Calisto tiene un diámetro de 2,986 millas (4,806
kilómetros) es un poco más pequeño que Mercurio. Ganímedes y Calisto parecen
estar constituidos por hielo y residuos rocosos y ambos satélites tienen
numerosos cráteres. Calisto tiene un lugar doble en el espacio. En la
mitología, ella era una ninfa muy admirada por Zeus. En un arranque de celos,
la esposa de Zeus, Fiera, convirtió a Calisto en una osa. Zeus luego la colocó
en el cielo en forma de constelación: Ursa Major u Osa Mayor.
Los otros doce satélites de Júpiter son mucho más
pequeños que las lunas de Galileo. Amalthea e Himalia son las más grandes.
Amalthea tiene forma de papa, con una longitud de 168 millas (270 kilómetros).
Flimalia tiene 116 millas (186 kilómetros) de diámetro. Los satélites más
pequeños fueron descubiertos entre 1892 y 1974 por los astrónomos usando
telescopios desde la Tierra y, en 1979, por científicos que analizaban las
fotos tomadas por la nave espacial Voyager.
Júpiter: Estadísticas Vitales
Diámetro: 88,846 millas (142,984 kilómetros)
Distancia promedio al Sol: 483,600,000 millas (778,400,000 kilómetros)
Distancia a la tierra: más corta —390,700,000 millas (628,760,000 kilómetros)
más larga —600,000,000 millas (970,000,000 kilómetros)
Duración del año: 12 años terrestres
Período de rotación: 9 horas, 55 minutos Temperatura promedio: -250 ºF (-157 C)
Atmósfera: hidrógeno, helio, metano, amoníaco, monóxido de carbono, acetileno,
fosfina, vapor de agua
Composición: hidrógeno, helio, metano
Satélites conocidos: 16
Voces del Universo:
John Keats (1795-1821) de “Hyperion” (Poemas 1820)
Sumido en la tristeza sombría de un valle Alejado
del saludable aliento matutino,
Lejos del mediodía fogoso y de la estrella de la noche, Reposaba el viejo
Saturno, quieto como una piedra.
SATURNO
Si usted fuera a Saturno
Es el sexto planeta a partir Sol y el segundo
planeta más grande del sistema solar. Únicamente lo supera Júpiter. Toma su
nombre del dios de la agricultura. Saturno es muy famoso por sus brillantes
anillos que lo hacen uno de los objetos más preciosos del sistema solar.
Saturno, el planeta más lejano de la Tierra para
los astrónomos antiguos, puede ser visto sin necesidad de telescopio. La
mayoría de los científicos considera que es una enorme bola de gas que no tiene
superficie sólida, pero que puede tener un núcleo sólido y caliente constituido
por hierro y residuos rocosos. Alrededor de este núcleo central hay una capa
probablemente formada por amoníaco, metano y agua. Por encima de ella hay una
región con hidrógeno y helio de una textura semejante a la melaza. El hidrógeno
y el helio se vuelven gaseosos cerca de la superficie del planeta y se unen con
la atmósfera de Júpiter que consiste, posiblemente, de nubes de amoníaco
congelado. Los científicos dudan de que pueda existir algún tipo de vida allí.
Voces del Universo:
Galileo le escribe en código a Johannes Kepler, 1610
SMAISMRMILMEPOETALEUMIBVNENUGTTAVIRAS
¿No puede descifrarlo? No se sienta mal. Tampoco pudo hacerlo Kepler, uno de
los grandes genios de la historia de la ciencia. Es un anagrama que mezcla las
letras del enunciado en latín, “Altissimum Planetam Tergeminum” (He observado
el planeta más lejano como una estrella triple). Cuando vio por primera vez a
Saturno, Galileo pensó que tenía “asas.” Luego creyó que no era una sola
estrella (o planeta) sino tres juntas. Seguro de que Galileo había hecho un
gran descubrimiento, Kepler se sintió mal de no haber podido resolver el
acertijo. Cuando Kepler le contó de la adivinanza al emperador austríaco
Rodolfo II, se le pidió a Galileo una explicación y éste afirmó: “Saturno no es
una sola estrella sino tres juntas que se tocan.” Trabajando con un telescopio
de poca magnificación, Galileo no pudo confirmar su teoría y luego tuvo dudas
acerca de lo que había observado.
¿Qué son los anillos de Saturno?
Galileo no pudo ver los anillos con claridad
utilizando su pequeño telescopio. En 1656, usando uno más potente, Christiaan
Huygens, astrónomo holandés, describió un anillo delgado y plano alrededor de
Saturno. Pensaba que el anillo era una lámina de material sólido.
Sin embargo, en 1675, el astrónomo franco-italiano
Gian Domenico Cassini anunció que había descubierto dos anillos separados
constituidos por multitud de satélites. Al igual que otros astrónomos, Cassini
fue contratado inicialmente para trabajar en el observatorio de un acaudalado
noble haciendo predicciones astrológicas. Para asegurarse de que sus presagios
fueran exactos, le dotaron el laboratorio con los mejores instrumentos de la
época. Lo que no sabía el noble jefe era que Cassini estaba empeñado en probar
que la astrología era una tontería. En 1669, Cassini fue invitado a París por
uno de los ministros de Luis XIV para trabajar en el nuevo Observatorio Real.
Aceptó el trabajo, optó por usar la versión francesa de su nombre,
Jean-Dominique, y dirigió el nuevo observatorio con
el apoyo del monarca, mejor conocido como el Rey Sol. Por esta razón, Luis XIV
fomentó el estudio de la astronomía y las ciencias. Puso particular interés en
que el Observatorio Real fuera tan extravagante y lujoso como el Palacio de
Versalles. Fue en este observatorio donde Cassini descubrió los anillos de
Saturno.
Con el progreso en los telescopios, sabemos hoy que
Saturno tiene siete anillos delgados y planos que rodean el planeta en la zona
ecuatorial, pero no lo tocan. Están formados por miles de anillos delgaditos
constituidos por miles de millones de pedacitos de hielo que giran alrededor
del planeta. Estos pedazos pueden ser del tamaño de un grano de polvo o trozos
de hielo de hasta 10 pies (tres metros) de diámetro.
Los anillos de Saturno son muy anchos. El más
externo, por ejemplo, puede medir casi 180,000 millas (300,000 kilómetros) de
ancho. Sin embargo, son tan delgados que no pueden verse cuando están en línea
directa con la Tierra. Varían en grosor de 660 a 9,800 pies (200 a 3,000
metros) y están separados por espacios vacíos de hasta 2,000 millas (3,200
kilómetros) de ancho.
Júpiter, Neptuno y Uranio son los otros planetas
que sabemos que tienen anillos, aunque nunca tan brillantes como los de
Saturno.
Saturno: Estadísticas Vitales
Diámetro: 74,898 millas (120,536 kilómetros)
Distancia a la Tierra: más corta: 762,700,000 millas (1,277,400,000 kilómetros)
más larga: 1,030,000,000 millas (1,658,000,000 kilómetros)
Duración del año: unos 29.5 años terrestres Período de rotación: 10 horas, 39
minutos Temperatura: -288 ºF (-178 ºC)
Atmósfera: hidrógeno, helio, metano, amoníaco, fosfina
Composición: Se cree que tiene un núcleo constituido por roca y hierro, rodeado
de hielo y cubierto por una capa espesa de nitrógeno líquido.
Satélites conocidos: 22. Hasta hace poco se conocían 18 lunas de Saturno. Pero
en octubre de 2000, los astrónomos anunciaron el descubrimiento de 4 nuevas
lunas. Lo poco que se sabe de ellas es que son pequeñas y que están a 9
millones de millas (15 millones de kilómetros) de la superficie del planeta.
Voces del Universo:
Henry David Thoreau 1817-1862 de Journal, 1841
Un sonido tenue me levanta en la noche y siento que
la vida es inexplicablemente serena y grandiosa. Puede ser en Urano o en el
postigo de la ventana
URANO
Si usted fuera a Urano
Urano es el séptimo planeta a partir del Sol. Urano
es una bola gigante de líquido y gas. Su diámetro es más de cuatro veces mayor
que el de la Tierra, y lo que podemos ver de la superficie son unas nubes
verde-azules formadas por pequeños cristales de metano provenientes de la
atmósfera del planeta. Por debajo de las nubes visibles es probable que haya
capas de nubes más gruesas constituidas por agua líquida y por cristales de
amoníaco. Aún más abajo —a 4,700 millas (7,500 kilómetros) por debajo de las
nubes visibles—pudiera haber un océano de agua líquida con amoníaco disuelto.
Es posible que en el centro del planeta haya un núcleo rocoso del tamaño de la
Tierra. Dadas estas condiciones, es muy poco probable que haya vida en Urano.
Urano tiene una forma de rotación única en el
sistema solar. Rota en un eje horizontal, cual anhelada rueda de parque de
diversiones.
Algunas imágenes captadas por el Voyager 2
y procesadas por computadoras de alto contraste, muestran bandas muy tenues en
las nubes paralelas al ecuador. Estas están constituidas por diferentes
concentraciones de smog generado por la descomposición del gas metano. Además,
se ven unos puntos en la superficie del planeta que se presume sean torbellinos
de gases similares a un huracán.
¿Por qué Urano no se llama Jorge?
Urano, el séptimo planeta a partir del Sol no fue
descubierto hasta 1781 por Wilhelm Herschel, un organista y profesor de piano
alemán que aprendió música como miembro de una banda militar en la Guerra
Franco-Indígena. Cuando descubrió que el oboe no era una buena arma de defensa,
el joven Herschel cambió su nombre por el de William y partió hacia Inglaterra.
Más tarde, mientras se dedicaba a tocar el órgano en una iglesia y a acompañar
a su hermana Caroline, que era cantante, en la ciudad balneario de Bath,
Herschel contrajo la “fiebre astronómica.” Herschel, astrónomo aficionado, cayó
en cuenta de que podía fabricar sus propios telescopios y lo hizo con la finura
y precisión de los instrumentos musicales. Se volvió tan bueno para esto, que
él y su hermana Caroline—cuya contribución a la astronomía fue mucho más que
traerle emparedados mientras trabajaba—se dedicaron a hacer telescopios toda la
vida. Después de muchos años de aguantar noches y mañanas heladas con una capa
sobre la cabeza que le ayudaba a bloquear la luz innecesaria, Herschel vio el
fruto de su trabajo el 13 de marzo de 1781. Visualizó un punto verde pálido que
consideró era un planeta. Así como Galileo había nombrado las estrellas en
honor a sus patrocinadores, los Medici, Herschel decidió llamar el planeta
“Georgium Sidus” (“Estrella de Jorge”) en honor al rey Jorge III de Inglaterra
—otro alemán desplazado como Herschel. No sabemos si Jorge III, que estaba
pasando en ese momento por una crisis nerviosa, pensó que darle su nombre a un
planeta era suficiente consuelo por la pérdida reciente de otra propiedad de
bienes raíces—las trece colonias de Norteamérica. Lo que sí sabemos es que
nombró a Herschel astrónomo real y le asignó un salario anual. Herschel y su
hermana, quien también recibía un salario, lograron vivir de la astronomía y
abandonar sus lecciones de música y el canto.
Pero los astrónomos europeos no aceptaron que se
nombrara un planeta en honor al rey inglés y optaron por Urano, el primer dios
del cielo y padre de Saturno en la mitología griega. ¿Por qué nos demoramos
tanto en descubrir a Urano? Porque está muy, muy lejos. Casi a dos mil millones
de millas del Sol, es decir, al doble de la distancia de Saturno, el sexto
planeta. Con este descubrimiento, Herschel duplicó el área del sistema solar
conocido.
Urano tiene veintiún satélites conocidos, uno menos
que Saturno con las veintidós que tiene tras los recientes descubrimientos. Los
astrónomos descubrieron los cinco satélites más grandes entre 1787 y 1948. Las
fotografías del Voyager II tomadas en 1986, revelan diez más.
Por medio de un telescopio terrestre se descubrieron dos más en 1977 y,
recientemente, se descubrieron cuatro más.
Los cinco que podemos ver desde la Tierra tienen
los nombres de personajes de Shakespeare, al igual que las descubiertas
recientemente, como Puck, una pequeña luna.
· Miranda: el más pequeño de los cinco satélites
tiene algunas características distintas a las de otras formaciones del sistema
solar. Tiene tres regiones “ovoides” cuya longitud es de 120 a 190 millas (200
a 300 kilómetros). Las áreas externas de cada ovoide semejan una pista de
carros con cañones y montes paralelos a los bordes. En el centro, estas
estructuras se cruzan de manera desordenada.
· Ariel
· Umbiel
· Titania: el más grande, tiene un diámetro de 981
millas (1,578 kilómetros)
· Oberón
Urano: Estadísticas Vitales
Diámetro: 31,763 millas (51,138 kilómetros)
Distancia promedio al Sol: 1,800 millones de millas (2,900 millones de
kilómetros)
Distancia a la Tierra: más corta—1,607,000,000 millas (2,587,000,000
kilómetros) más larga —1,961,000,000 millas (3,156,000,000 kilómetros)
Duración del año: 30.685 días terrestres
Período de rotación: 17 horas, 8 minutos
Temperatura: -357 ºF (-216 ºC)
Atmósfera: hidrógeno, helio y metano
Composición: compuesto en su mayoría de hidrógeno, helio y metano, pero pudiera
contener también elementos más pesados
Satélites conocidos: 21
NEPTUNO
Si usted fuera a Neptuno
El remoto Neptuno, en algunos momentos el más
lejano de los planetas, situado a más de treinta veces la distancia de la
Tierra al Sol, no se conoció hasta hace unos ciento cincuenta años. Su año es
tan largo que no ha completado una órbita completa desde que se descubrió en
1846. No sabíamos nada de Neptuno, nombre del rey romano del mar, hasta que
el Voyager 2 pasó cerca de él en 1989. Aunque el Voyager mostró
que comparte algunas características con Júpiter, Saturno y Urano, Neptuno no
ha revelado su gran secreto: cuál es la fuente del calor que brota del núcleo y
produce las violentas tormentas de su atmósfera.
Es uno de los dos planetas que no puede ser visto
sin un telescopio. Es generalmente el octavo planeta, pero cada 248 años
Neptuno y Plutón intercambian sus posiciones, por así decirlo. Plutón se mueve
dentro de la órbita de Neptuno durante veinte años y en ese período está más
cerca al Sol que Neptuno. Plutón cruzó la órbita de Neptuno el 23 de enero de
1979 y permaneció allí hasta marzo de 1999.
Los científicos creen que Neptuno está formado
fundamentalmente por hidrógeno, helio, agua y silicatos. Los silicatos son
minerales que están presentes en concentraciones altas en la corteza terrestre,
aunque Neptuno no tiene una superficie sólida como la de la Tierra. El interior
del planeta comienza con una región de gases fuertemente comprimidos. Más al
interior, estos gases se mezclan para formar una capa líquida que rodea el
núcleo del planeta, compuesto de roca y hielo. La inclinación del eje de Neptuno
hace que el Sol caliente el norte y el sur del planeta de manera alternada, lo
cual produce estaciones y cambios de temperatura.
En 1989, la nave espacial Voyager 2 descubrió
que Neptuno tiene un área oscura en donde hay remolinos de gases que semejan un
huracán, y comprobó que Neptuno tiene los vientos más rápidos del sistema
solar. Se cree que alcanzan velocidades de 1,500 millas (2,500 kilómetros) por
hora. En comparación, el viento más rápido registrado en Estados Unidos fue en
Mt. Washington, New Hampshire, y el viento más rápido de un huracán terrestre
es de 155 millas (cerca de 250 kilómetros) por hora. Esta área conocida como el
Gran Punto Oscuro es similar al Gran Punto Rojo de Júpiter. Pero en 1994 el
telescopio Hubble descubrió que este Punto Oscuro había desaparecido.
¿Cómo encontraron a Neptuno sin ayuda de un
telescopio?
Neptuno fue el primer planeta que se descubrió a
partir de las matemáticas y no de la observación. Después del descubrimiento de
Urano, los astrónomos notaron que este planeta, que
pensaban que era el más distante, no siempre se comportaba como debería.
Especularon que la fuerza gravitacional de algún planeta debería estar
influyendo en el comportamiento de Urano.
En 1843, John C. Adams, un estudiante universitario
inglés, se propuso hallar este planeta desconocido. Predijo que el planeta
debería estar mil millones de millas (1,600 millones de kilómetros) más lejos
del Sol que Urano. Completó este extraordinario y preciso trabajo en septiembre
de 1845. Adams se lo envió a Sir George B. Airy, el astrónomo real de
Inglaterra, pero los miembros de esta sociedad no le pusieron mayor atención.
Al mismo tiempo, un joven matemático francés a
quien Adams no conocía, J.J. Leverrier, comenzó a trabajar en este acertijo
astronómico. A mediados de 1846, Leverrier también predijo la posición de
Neptuno. Envió sus predicciones, que eran similares a las de Adams, al
Observatorio Urania de Berlín, donde Johann G. Galle, director del
observatorio, había empezado a hacer mapas de las estrellas fijas del área
donde se suponía que estaba el planeta. El 23 de septiembre de 1846, Galle y su
asistente Heinrich L. D’Arrest encontraron a Neptuno muy cerca del lugar donde
había predicho Leverrier. Tanto Leverrier como Adams reciben el crédito de
haber descubierto a Neptuno.
Neptuno: Estadísticas Vitales
Diámetro: 30,800 millas (49,500 kilómetros)
Distancia promedio al Sol: 2,798,800,000 millas (4,504,300,000 kilómetros)
Distancia a la tierra: más corta—2,680,000,000 millas (4,313,000,000
kilómetros) más larga—2,910,000,000 millas (4,683,000,000 kilómetros)
Duración del año: unos 165 años terrestres
Período de rotación: 16 horas, 7 minutos
Temperatura: -353 ºF (-214 ºC)
Atmósfera: hidrógeno, helio, metano y acetileno
Composición: hidrógeno, helio, metano; una capa de hielo en el polo Norte
Satélites conocidos: 8; Una de estas lunas, Tritón, es el cuerpo celeste más
frío que se haya explorado en el sistema solar. Tiene una temperatura en la
superficie de -235 ºC
PLUTÓN
Si usted fuera a Plutón
Es el Rodney Dangerfield de los planetas, nadie lo
respeta. Algunas personas ni siquiera lo consideran un planeta. Pequeño y
lejano, nos demoraríamos 9,500 años en llegar si manejáramos a 55 millas (95
kilómetros) por hora. Es el más pequeño de los planetas conocidos; tiene sólo
un quinto del diámetro de la Tierra y es más pequeño que los siete satélites
(lunas) más grandes del sistema solar, entre ellos nuestra Luna. De hecho,
Plutón es tan pequeño que se creía que podía haber sido una luna que se había
salido de la órbita de Neptuno. Aunque algunos astrónomos se preguntan si se le
debe considerar planeta, la mayoría de las agencias astronómicas todavía lo
consideran uno de los nueve del sistema solar.
El otro problema de Plutón es que es el planeta más
lejano excepto por esos momentos en que se mete a la órbita de Neptuno y se
acerca más al Sol que Neptuno y se convierte en el octavo planeta a partir del
Sol. Pero las órbitas no se cruzan y, en consecuencia, nunca se estrellarán uno
contra otro.
En 1996, el Telescopio Hubble tomó las primeras
imágenes detalladas de Plutón. Muestran doce áreas oscuras o brillantes. Las
regiones brillantes entre las que se encuentran las zonas polares, posiblemente
contienen nitrógeno líquido. Las áreas oscuras pueden contener escarcha de
metano descompuesto químicamente por la luz ultravioleta del Sol.
Plutón gira alrededor del Sol una vez cada 248 años
a una distancia de 4,600 millones de millas (7,600 millones de kilómetros).
Pese a la falta de datos, los astrónomos han establecido que Plutón es un mundo
rocoso, con hielo y que, a veces, hasta tiene atmósfera.
Plutón está treinta y nueve veces más lejos del Sol
que la Tierra. Y eso significa que los astrónomos no saben mucho de su tamaño o
condiciones de la superficie. Se calcula que Plutón tiene un diámetro de 1,430
millas (2,300 kilómetros), menos de un quinto del de la Tierra. Su superficie
es uno de los lugares más fríos de todo el sistema solar. Plutón, aparentemente
cubierto de gas metano congelado y con una atmósfera enrarecida compuesta
fundamentalmente de metano, no debe permitir el desarrollo de ningún tipo de
vida.
En 1978, los astrónomos de Flagstaff, Arizona,
detectaron un satélite de Plutón que denominaron Carente, en honor al remero
griego que llevaba almas a través del río Estigia hasta el Flades, el mundo de
los muertos donde gobierna Plutón. Carente tiene un diámetro de 740 millas
(1,190 kilómetros). Esta luna es tan similar en tamaño a su planeta que algunos
astrónomos creen que son los únicos “planetas dobles” del sistema solar.
(Para añadir otro elemento de confusión: en 1977 se
descubrió otro objeto, más allá de Saturno, que denominaron Quirón —un planeta
menor—y se llegó a pensar que fuera un décimo planeta. Llamado así en honor de
un mítico centauro griego, Quirón, parece ser un ‘sobrante’ de la creación del
sistema solar que no fue capturado como luna de otro planeta más grande.)
¿Quién halló el Planeta X?
Parece como un título para una mala película de
ciencia ficción. ¡La Búsqueda del Planeta X! “Muy pronto en un
teatro cercano.” Pero de hecho fue la búsqueda de un verdadero Planeta X la que
culminó con el descubrimiento de Plutón, el último planeta encontrado en el
sistema solar en 1930. La posible existencia de Plutón fue sugerida en el siglo
XIX como explicación de los leves bamboleos de la órbita de Urano. En 1905,
Percival Lowell, el astrónomo estadounidense que investigó los canales de Marte
(véase más arriba), halló que la fuerza de gravedad de algún planeta
desconocido parecía afectar las órbitas de Neptuno y Urano. En 1915, predijo la
localización de un nuevo planeta y comenzó a buscarlo desde su observatorio en
Flagstaff, Arizona. Utilizó un telescopio para fotografiar un área del cielo
donde pensaba que estaba el planeta. Murió en 1916 sin haberlo encontrado. Pero
este juego de “encontrar el objeto que falta en el espacio” finalmente tuvo
éxito en febrero de 1930. La incansable tarea de investigar multitudes de fotos
de la noche continuó hasta 1929 cuando Clyde W. Tombaugh, un asistente del
laboratorio de Lowell, usó las predicciones hechas por Lowell y de otros
astrónomos y fotografió el cielo con un telescopio gran angular más poderoso.
En 1930, al observar las fotografías de una misma área en diferentes momentos,
Tombaugh pudo distinguir la imagen de Plutón como si éste le hubiese “guiñado
el ojo.” Tombaugh no solamente encontró a Plutón —el planeta que buscaba —sino
que descubrió un cometa, seis cúmulos de estrellas, un super conjunto de
galaxias y más de 750 asteroides. El nombre Plutón —el dios griego de la
riqueza y del infierno o Hades en la mitología griega —fue sugerido por una
niña de once años que pensó que el planeta debía ser medio triste. A su vez, se
le rindió homenaje a Percival Lowell, pues las iniciales de su nombre son las
dos primeras letras de Plutón.
¿Iremos a Plutón algún día?
A comienzos de 2001, la NASA anunció que estaba
buscando propuestas para desarrollar la primera misión a Plutón. Aun cuando la
propuesta Pluto Kuiper Express había sido escogida, el trabajo que en ese
momento se llevaba a cabo en el Laboratorio Jet Propulsión de Pasadena,
California, fue cancelado cuando la NASA determinó que los costos de desarrollo
y producción eran extremadamente altos y en la nueva era de ajuste fiscal no
podía justificarlos. Esta agencia estaba pasando por un mal momento debido al fracaso
de las dos sondas para la investigación en Marte y otro desastre anterior en un
viaje a Marte.
El reto es duro—llegar al planeta más distante del
sistema solar antes del 2015 —¡y hacerlo por menos de 500 millones de dólares!
La NASA abrió una licitación esperando obtener buenas propuestas en una época
en que el lema no era “Alcanzar las estrellas” sino “Más rápido, mejor y más
barato ”
La misión planeada es explorar Plutón y a su luna
Caronte para después explorar los pequeños objetos de hielo que se encuentran
en el Cinturón de Kuiper, esa gigantesca región del sistema solar (véase más
abajo) que está más allá de Plutón. Con la ayuda de un una sonda impulsada por
energía nuclear que se podría lanzar en el 2004, el aparato podría cruzar el
espacio profundo durante muchos años llegando a su destino alrededor del año
2012.
Plutón: Estadísticas Vitales
Diámetro: 1,430 millas (2,300 kilómetros)
Distancia al Sol: 3,666,200,000 millas (5,900,100,000 kilómetros)
Distancia a la tierra: más corta—2,670,000,000 millas (4,290,000,000
kilómetros)
más larga—4,670,000,000 millas (7,520,000,000 kilómetros)
Duración del año: unos 248 años terrestres
Período de rotación: unos 6 días terrestres
Temperatura: aproximadamente -387 ºF a -369 ºF (-233 ºC a -223 ºC)
Atmósfera: posiblemente nitrógeno, metano y monóxido de carbono
Composición: roca, hielo, metano congelado.
Satélites conocidos: 1
Voces del Universo:
Robert Burns (1759-1796), de La Visión (1786)
Por la fantasía del rayo de la estrella seducido,
Por la pasión impulsado;
Pero la luz que lo desvió Era una luz del cielo.
“Estrellas fugaces” y cometas: ¿Cuál es la
diferencia?
Sólo por el hecho de que hayamos visto nueve
planetas no crea usted que ya acabamos con el sistema solar. Espere un poco,
éste se agranda. A esta altura de la lectura tal vez tenga una imagen clara de
lo grande que realmente es el sistema solar. Cerca de los
límites del sistema solar, aparecen cuerpos celestes más pequeños, residuos de
material flotante, polvo, rocas y hielo, que quizás sean sobrantes de la
creación del sistema solar. Esos residuos nunca lograron adherirse a otros
trozos de roca como lo hicieron muchos residuos de material para formar los
planetas nacientes que surgieron hace más de cuatro mil millones de años. Pero
a pesar de su menor tamaño, estos cuerpos que pueblan los límites del sistema
solar pueden tener un efecto sorprendente sobre la vida de la Tierra. A lo
largo de la historia, estos objetos del firmamento han maravillado y asustado a
todos aquellos que se preguntaban qué peligros escondían los destellos y
resplandores de luces en el firmamento. Ocasionalmente, esas luces llegaban a
la atmósfera de la Tierra o inclusive caían sobre ella, a veces con
consecuencias desastrosas, como en el caso de los asteroides de que hablamos
con anterioridad.
Sin embargo, a pesar de que las estrellas fugaces y
los cometas han estimulado la imaginación humana durante siglos, estos dos
conceptos se han malinterpretado y confundido. Entonces, les presento una guía
sencilla para entender lo que son esas luces que espero nunca vayan a terminar
en su habitación o en su carro.
Una “estrella fugaz” no es en absoluto una
estrella, sino el nombre común que se le da a un meteoro. Un
meteoro no es más que un grano de polvo que entra en contacto con la atmósfera
de la Tierra. Un observador casual lo ve como un reflejo de luz en el cielo y
puede creer que son estrellas que caen del cielo o que atraviesan el cielo
nocturno. Los meteoros más brillantes se denominan “bolas de fuego.”
Un meteoro aparece cuando una partícula tan pequeña
como un grano de polvo o una pizca de material metálico o de piedra—denominado
meteorito —entra a la atmósfera de la Tierra desde el espacio a velocidades de
hasta 45 millas (70 kilómetros) por segundo y se quema debido a la fricción con
la atmósfera a una altura de unas 6 millas (10 kilómetros). Como la fricción
calienta el meteoroide, éste brilla y produce una cola resplandeciente de gases
y partículas derretidas. La mayoría de los meteoroides que producen estrellas
fugaces son más pequeños que granos de arena los cuales resplandecen durante un
minuto y luego se desintegran; otros pueden llegar a tener el tamaño de una
piedrecilla. Se vuelven visibles a una altura de entre 40 y 75 millas (65 a 120
kilómetros) por encima de la Tierra, y se desintegran a una altura de entre 30
y 60 millas (50 a 95 kilómetros).
La Tierra recibe un promedio de 16,000 toneladas de
material meteórico cada año y millones de meteoros entran a la atmósfera
diariamente.
¿De dónde vienen los meteoroides?
La zona del sistema solar donde está la Tierra está
llena de residuos interplanetarios—polvo espacial —que reciben el nombre
de meteoros esporádicos, la “estrella fugaz” ocasional y los
‘chorros’ de meteoritos que producen lluvias de meteoros. En
una noche clara podemos ver varios meteoros esporádicos cada hora. Pero, varias
veces al año, la Tierra colisiona con cantidades columnas de polvo que se
desprenden de los cometas (véase más abajo). Estas tormentas
de polvo en el espacio dan lugar a lluvias de meteoros que parecen irradiar
desde un área específica del cielo —área de donde recibe el nombre la lluvia de
meteoros. La lluvia de meteoros Perseidas por ejemplo, que produce alrededor
del 12 de agosto de cada año entre sesenta y cien meteoros por hora, parece
originarse en Perseo, la constelación así llamada en honor del héroe griego que
le cortó la cabeza llena de serpientes a Medusa. La lluvia meteórica más
brillante que se haya registrado ocurrió en 1833, cuando se observó una
majestuosa lluvia en Norteamérica el 12 de noviembre. Miles de meteoros
atravesaron el cielo cada hora y todos parecían originarse en la constelación
de Leo. Los científicos cayeron en cuenta después que la lluvia meteórica
ocurría cada treinta años y que venía ocurriendo desde 902 d.C.
Estas lluvias regulares aparecen sin falla en
ciertas fechas del año en que la Tierra pasa por una nube de residuos que se
han dispersado en la órbita de la cola del cometa—probablemente en los últimos
siglos. En otras palabras, los meteoros son producto de los cometas. La persona
que hizo esta conexión fue el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli que
descubrió los canali de Marte. En 1866, Schiaparelli hizo la
conexión entre la aparición de los meteoros de Perseidas y un cometa denominado
Swift Turtle que había sido identificado cuatro años antes.
Voces del Universo
Un comunicado de prensa de National Geographic de
1951: Los cometas son lo más cercano a no ser nada y aún ser algo.
¿Qué es un cometa?
¿Alguna vez le lanzó una bola de nieve sucia a un
amigo cuando era niño? De esas bolas hechas con nieve que se había calentado y
derretido un poco y que quedaban llenas de piedrecitas y de mugre. Comparándola
con una bola de nieve fresca y pura, esas bolas sucias no tenían belleza
alguna. Pero, al tirarlas, se esparcían por todos lados la mugre y las
piedrecillas. Esta es una buena imagen terrestre de lo que es un cometa.
Es un cuerpo que gira alrededor del Sol compuesto
en su mayoría de hielo mezclado con polvo —aunque considerablemente más grande
que las bolas de nieve que tiraba cuando era niño. En lugar de ser un puñado de
hielo, un cometa es una bola de nieve con un núcleo central que tiene varias
millas de diámetro. En realidad piense en un “témpano de hielo” más grande que
el que lanzó a Leonardo di Caprio al fondo del Titanic. Está
hecho de varias tipos de hielo y de fragmentos y polvo de roca que se adhieren
al hielo. Un ochenta por ciento del hielo es agua helada, un quince por ciento
es monóxido de carbono congelado, y un cinco por ciento lo constituyen otros
gases congelados.
Cuando el cometa se aproxima al Sol, la superficie
comienza a vaporizarse. Los gases resultantes y las partículas que se habían
adherido al hielo comienzan a volar creando una atmósfera nublada
denominada coma. Los comas de algunos cometas alcanzan
diámetros de cerca de un millón de millas (1.6 millones de kilómetros). El
polvo y el gas también se esparcen para formar una o más colas, y las colas de
algunos cometas se extienden a distancias de cien millones de millas (160
millones de kilómetros) siendo esta la razón por la cual son tan visibles y
majestuosos en el cielo nocturno.
Las partículas de polvo que salen del núcleo del
cometa forman una estela porque la luz del Sol las empuja. Al mismo tiempo, el
viento solar—las partículas eléctricamente cargadas del Sol, o plasma
—interactúan con los gases del cometa. El viento solar empuja los gases
formando una estela o cola. Es su cola, que se extiende desde la brillante luz
del núcleo, la que le da su nombre. La palabra griega kometes quiere
decir de “pelo largo,” y la cola de los cometas debió haberles hecho pensar a
los observadores antiguos en los rizos de cabello que adornan la cabeza de una
mujer. Debido a estos efectos, las estelas de los cometas siempre apuntan en
dirección contraria al Sol. Cuando vuelven al sistema solar interno, los
cometas pierden parte del hielo y el polvo y finalmente se quedan sin hielo. O
se desintegran en nubes de polvo o se convierten en objetos similares a
asteroides. Algunas de estas partículas entran a la atmósfera de la Tierra y
brillan como meteoros o estrellas fugaces.
Los astrónomos creen que los cometas se formaron al
mismo tiempo que los planetas—hace unos 4,600 millones de años. Los planetas se
formaron a partir de una colección de gas, hielo, rocas y polvo, y la mayor
parte del hielo y del polvo se incorporó a los planetas más grandes como
Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Los residuos de hielo y polvo se
convirtieron en cometas.
Los astrónomos clasifican los cometas como de
período largo y corto, dependiendo de cuánto se demoran en dar vueltas
alrededor del Sol. Los cometas de período corto demoran menos de doscientos
años en realizar el viaje; los cometas de período largo demoran doscientos años
o más. Miles de millones de ellos pueden residir en un halo conocido como la
“Nube Oort” (llamada así en honor al astrónomo holandés Jan Hendrik Oort, quien
sugirió su existencia en 1950), que está localizada más allá de la órbita de Plutón
en los límites externos del sistema solar. De forma más o menos esférica, la
Nube Oort es un depósito de residuos oscuros y congelados. Ocasionalmente,
parte de estos residuos se desprenden de la nube y terminan en órbitas más
cercanas a la Tierra. Los cometas de período largo llegan de la Nube Oort.
Algunos de éstos pasan una vez por el Sol y luego desaparecen. Otros regresan
al sistema solar, una y otra vez, y sus estelas resplandecen en el cielo
nocturno. La mayoría de los cometas le dan una vuelta al Sol y regresan al
espacio distante y no se les vuelve a ver durante millones y millones de años.
Pero a los cometas periódicos se
les alteran las órbitas debido a las fuerzas gravitacionales de los planetas,
de tal manera que reaparecen cada doscientos años o menos. Los cometas
periódicos parecen provenir del Cinturón de Kuiper, una zona que está un poco
más allá de los planetas Neptuno y Plutón, usualmente el planeta más lejano del
sistema solar. Aunque la idea de este cinturón fue originalmente propuesta a
mediados del siglo XX por Gerard Peter Kuiper, un astrónomo holandés, las
pruebas de su existencia sólo fueron descubiertas recientemente por los
astrónomos David Jewitt de MIT y Jane Luu de Harvard, quienes encontraron el
primer Objeto del Cinturón de Kuiper en 1992. Los objetos de este Cinturón no
se detectaron inicialmente porque a distancias promedio de 3,000 millones de
millas (5,000 millones de kilómetros) del Sol, los objetos son muy difíciles de
percibir. Se cree que el cinturón es tan antiguo como el sistema solar (4,500
millones de años) y que se formó a partir de los mismos materiales básicos que
éste—rocas, agua, hielo y gases congelados denominados planetesimales—que
no se unieron para formar un planeta y se alejaron del sistema solar interno
atraídos por los planetas gigantes. El Cinturón de Kuiper está a distancias
extraordinarias del Sol: se cree que su borde interno está a 2,800 millones de
millas (4,800 millones de kilómetros) y el externo está entre 4,400 millones y
93,000 millones de millas (aproximadamente entre 7,000 y 155,000 millones de
kilómetros).
De los ochocientos o más cometas cuyas órbitas han
sido calculadas, cerca de 160 vuelven al sistema solar interno una y otra vez.
El que tiene el período más corto se llama “Cometa Encke” y gira alrededor del
Sol cada 3.3 años. Uno de los más brillantes y activos de los cometas
periódicos, el Hale Bopp, se acercó a la Tierra en marzo de 1997. Los primeros
en detectarlo, en 1955, fueron Alan Hale y Thomas Bopp, dos astrónomos que
observaban el cielo desde diferentes puntos del suroeste estadounidense. La estela
del Hale Bopp, de gas y polvo, lo hacía tan luminoso que fue descubierto
estando a más de 600 millones de millas del Sol, dos años antes de que fuera
visible desde la Tierra. El cometa Hale Bopp se acercó a una distancia de la
Tierra de 122 millones de millas (197 millones de kilómetros) en marzo de
1997—su primera visita al vecindario de la Tierra desde 2213 a.C. No es que se
haya acercado mucho para un cometa, pero se le vio muy bien por su inusual
núcleo gigantesco que esparció una extraordinaria cantidad de polvo y gas. Su
núcleo era aproximadamente de 18 a 25 millas (30 a 40 kilómetros) de diámetro.
La conexión entre los suicidios que ocurrieron en
el culto Heavens Cate y el Hale Bopp nos ofrecen un triste recordatorio de la
función que han tenido los planetas en la historia humana y en la superstición.
Aunque majestuosos y de gran belleza, los cometas producen temor. Una
superstición antigua narra que los cometas aparecen cuando el diablo enciende
su pipa y arroja el fósforo todavía encendido. Pero desde el tiempo de
Aristóteles la mayoría de las personas aceptaba la noción griega de que los
cometas eran exhalaciones de la Tierra—emisiones de volcanes u otros orificios
de la Tierra que lanzaban objetos a grandes distancias. Aristóteles consideraba
que los cielos eran incambiables y por tanto los cometas esporádicos no debían
provenir del cielo. Fue en el año 1577 cuando Tycho Brahe, astrónomo danés,
refutó la teoría de Aristóteles. Brahe logró calcular las distancias entre los
cometas y las estrellas, y fue el primero en descubrir que los cometas se
movían más allá de la Luna en lugar de permanecer en la atmósfera de la Tierra
como había sugerido Aristóteles.
Con frecuencia, los cometas eran considerados como
portadores de malas noticias, especialmente la muerte de un gobernante, y
desafortunadamente existen ejemplos históricos que parecían confirmarlo. El rey
inca Atahualpa, encarcelado por el conquistador Francisco Pizarra en 1533, se
enteró de que se había visto un cometa en el cielo. Sabiendo que la muerte de
su propio padre había ocurrido tras la aparición de un cometa, se angustió
mucho. Al poco tiempo, el presagio se convirtió en realidad. Pizarra mandó estrangular
al rey inca. Una de las primeras referencias sobre cometas registradas en la
historia fue en China, hace unos tres mil quinientos años. Una sola frase en el
documento chino establece que “Cuando Chieh ejecutó a sus fieles consejeros
apareció un planeta.” En la Historia Natural, el escritor
Plinio el Viejo (23-79 d.C.) expresa que los cometas son estrellas que siembran
el miedo. Cuando se detectó un cometa en la época de la muerte de Julio César,
se pensó que era el mismo Julio en forma divina subiendo a los cielos. Así
mismo, la ascensión al trono de Nerón fue marcada por la presencia de un
cometa. En ese caso, al menos en Roma, el terror fue real —aunque el cometa no
tuviera nada que ver.
Otro rey cuya suerte fue presagiada por un cometa
fue la de Flaroid de Inglaterra. Su caída ocurrió en el famoso año 1066, y
sabemos que el cometa estaba presente por esos días, porque quedó registrado en
el tapiz que ilustra la Batalla de Hastings, en virtud de la cual Guillermo el
Conquistador se convirtió en rey de Inglaterra. Tenemos inclusive el nombre del
cometa que trajo malas noticias para Harold, pero buenas para Guillermo. Hoy lo
llamamos el Cometa Halley.
¿Quién era Halley?
Si usted ha oído de algún cometa, con seguridad es
éste, especialmente si creció en la década de los cincuenta o de los sesenta
oyendo la banda de Bill Halley y los Cometas y su canción “Rock Around the
Clock.” Este brillante cometa, que hace su aparición cerca a la Tierra cada
setenta años, fue bautizado así en honor del astrónomo inglés Edmond Halley,
quien a su vez era muy brillante. Halley identificó el cometa que más tarde se
asociaría con su nombre en el año 1705, cuando publicó A Synopsis of
the Astronomy of Coméis y predijo correctamente su regreso en el año
1758.
Halley nació en Londres en el año 1656, hijo de un
exitoso fabricante de jabón. Asistió a la Universidad de Oxford desde 1673, una
época revolucionaria para la ciencia y la religión. Aun cuando las ideas de
Copérnico, Kepler y Galileo eran enseñadas en los países protestantes más que
en los católicos, el funcionamiento del universo no dejaba de ser un misterio.
Halley se interesó mucho por la astronomía y se convirtió en observador del
Observatorio de Greenwich, donde su mentor fue el astrónomo real John Flamsteed,
que había comenzado a compilar un catálogo de las estrellas del hemisferio
Norte en el año 1675. A Halley le dieron la tarea de navegar a Santa Helena,
isla en el Atlántico Sur donde después sería exilado Napoleón, para comenzar un
estudio similar sobre las estrellas del hemisferio Sur. La importancia de tener
mapas de estrellas confiables era un asunto clave para los ingleses, quienes se
estaban convirtiendo por ese entonces en una potencia marítima. Halley realizó
después los primeros mapas magnéticos de los océanos Atlántico y Pacífico, otra
gran ayuda para los navegantes del siglo XVIII.
Por razones de celos, o por otra causa desconocida,
Halley y Flamsteed tuvieron una fuerte rivalidad. Flamsteed objetaba
fuertemente que Halley atacara la exactitud de la Biblia con respecto a la
Creación como se narra en el Génesis. Pese a que Inglaterra era protestante, la
validez literal de la Biblia era reconocida. Flamsteed no permitió que Halley
fuera nombrado profesor en Oxford, pero este último se desquitó al ser nombrado
astrónomo real en 1720, tras la muerte de Flamsteed. La viuda de éste se vengó
sacando todo el equipo de astronomía del laboratorio aduciendo que era de su
fallecido marido.
Si Halley no hubiese hecho nada más, se le
recordaría por haber catalogado las estrellas y por la ayuda que le prestó a su
colega Isaac Newton (véase la Parte I). Después de instar a Newton a que
publicara sus teorías en Principia, Halley se convirtió en su
mecenas y se encargó de publicar sus teorías después de que la Real Sociedad se
negara tras haber perdido dinero con la publicación de la History of
Fisbes. Halley no sólo pagó, sino que se convirtió en el mejor
comercializador del libro, enviando copias del libro a los grandes pensadores
de Europa e inclusive entregando al rey una versión simplificada, una especie
de “Newton para Tontos.”
Antes de Halley, la mayoría de las personas creía
que los cometas aparecían al azar y que viajaban en el espacio sin destino
fijo. Pero Halley se dio cuenta de que la trayectoria de los cometas detectados
en 1531 y en 1607 era la misma del cometa de 1682. Sus observaciones indicaban
que se trataba de la trayectoria de un sólo cometa que viajaba en una órbita
fija alrededor del Sol, y predijo que reaparecería en el año 1758 y a
intervalos regulares posteriormente. Halley murió en 1742 sin alcanzar a ver su
profecía, pero el cometa si reapareció en 1758 y fue nombrado en su honor.
Lo que Halley nunca supo fue que las primeras
observaciones de ese cometa fueron hechas por astrónomos chinos en el año 240
a.C. En el año 66 d.C., el mismo cometa fue observado y se le asoció con la
toma de Jerusalén por los romanos. En el año 451 apareció cuando Atila el Huno
era derrotado por los romanos y los bárbaros. La peste de 684 d.C. fue
atribuida al cometa y éste también fue visible durante la batalla de Hastings
en 1066, cuando Guillermo de Normandía conquistó Inglaterra. En 1222 se observó
en el momento de la muerte de uno de los reyes de Francia.
Solamente podemos ver el cometa Halley en su órbita
cuando se aproxima al Sol. El 16 de octubre de 1982, los astrónomos del
Observatorio Palomar en California fotografiaron el cometa cuando estaba a mil
millones de millas (1,600 millones de kilómetros) del Sol. El cometa se acercó
al Sol el 9 de febrero de 1986. En marzo de ese año, algunas naves espaciales
no tripuladas se acercaron al cometa y recogieron información sobre su
composición y el tamaño de su núcleo. La Tierra pasa por la órbita del cometa
cada mayo y cada octubre, y el polvo que deja detrás entra a la atmósfera y se
quema produciendo lluvias de meteoros —llamadas Oriónides — durante estos
meses.
¿Dejó de verlo en 1986? Pues tendrá que esperar
hasta el año 2062 para volver a tener esa oportunidad.
Voces del Universo:
Shakespeare, de Julio César (1599)
Cuando muere un mendigo no aparecen cometas. La
muerte de los príncipes inflama los propios cielos.
|
Cometas Famosos |
||
|
Nombre |
Primera Observación |
Período en la Órbita Solar (en Años) |
|
Swift Tuttle |
69 a.C |
130 |
|
Temple Tuttle |
1366 |
33 |
|
Cometa de Tycho Brahe |
1577 |
desconocido |
|
Cometa de Biela |
1772 |
6.6 |
|
Cometa de Encke |
1786 |
3.3 |
|
Flaugergues |
1811 |
3,100 |
|
Gran Cometa |
1843 |
513 |
|
Gran Septiembre |
1882 |
759 |
|
Ikeya-Seki |
1965 |
880 |
|
Bennett |
1969 |
1,678 |
|
Kohoutek |
1973 |
desconocido |
|
Cometa West |
1975 |
500,000 |
|
Shoemaker-Levy |
1993 |
Antes de chocar contra Júpiter en julio de
1944, este cometa estaba en una órbita de 2 años alrededor de Júpiter |
|
Hale-Bopp |
1995 |
2,380 |
|
Hyakutake |
1996 |
63,400 |
¿Que le pasó al Cometa Shoemaker-Levy 9?
Si hubiera estado mirando el cielo nocturno con un
telescopio el 16 de julio de 1994 y si hubiera volteado a mirar a Júpiter,
habría sido testigo de una escena majestuosa. Protagonizando un espectáculo de
pirotecnia pocas veces visto en el cielo, un cometa se estrelló contra el
planeta Júpiter. Había sido descubierto en marzo de 1993 por los astrónomos
Carolyn Shoemaker, Eugene Shoemaker y David Levy, el noveno cometa periódico
descubierto por este trío y llamado Shoemaker-Levy 9. Un cometa inestable, posiblemente
alguna vez dio vueltas alrededor del Sol, como lo hacen la mayoría de los
cometas, pero fue atraído por la gravedad de Júpiter a una de sus órbitas.
Cuando se descubrió el planeta, se había roto en veintiún pedazos,
probablemente al pasar cerca de Júpiter.
Los fragmentos cayeron mientras Júpiter le “daba la
espalda” a la Tierra. Pero la rotación del planeta dejó ver los lugares del
impacto al cabo de media hora. Los impactos causaron explosiones enormes
debidas, posiblemente, a la compresión, calentamiento y rápida expansión de los
gases atmosféricos, dispersando residuos por todas partes—algunos de diámetro
más grande que la Tierra.
Voces del Universo:
Testimonio de un testigo con relación a una misteriosa “explosión” en
Siberia el 30 de junio de 1908
Me encontraba sentado en el pórtico de la estación
de Vanovara a la hora del desayuno y miraba hacia el norte. Acababa de elevar
el hacha para colocarle un suncho a un barril cuando súbitamente... el cielo se
partió en dos y sobre el bosque todo el cielo del norte parecía de fuego. En
ese momento sentí como si mi camisa se hubiera encendido. .. Quería quitármela
y lanzarla lejos de mí, pero en ese instante sentí un estruendo en el cielo y
se escuchó un choque terrible. Me lanzó al suelo... Y quedé inconsciente
durante unos momentos. El golpe fue seguido de un ruido como de piedras que
caían del cielo o de armas que se disparaban. La Tierra tembló y estando en el
suelo me cubrí porque temía que me cayeran piedras en la cabeza. En ese mismo
instante, el cielo se abrió y un viento caliente como de cañón pasó cual ráfaga
desde el norte hacia las chozas.
Dejó su marca en el suelo...
¿Qué pasaría si un cometa chocara contra la Tierra?
Los científicos que vieron el impacto del
Shoemaker-Levy 9, la pregunta de qué pasaría si sucediera algo así pasa de la
teoría a la realidad. Si un cometa parecido al Shoemaker-Levy 9 colisionara con
la Tierra, sería catastrófico. Las explosiones serían terribles. Producirían
una neblina que enfriaría la atmósfera y oscurecería el planeta. Si la neblina
durara mucho, la vida vegetal en la Tierra moriría, así como las personas y los
animales que dependen de las plantas. Esta es la teoría que explica la extinción
de los dinosaurios comentada con anterioridad.
Tenemos una idea de lo que pasaría si un asteroide
chocara contra la Tierra. Muchos creen que esto ya ha sucedido, aunque puede
haber sido un golpe tangencial y no un impacto directo. En 1908 algo extraño
sucedió alrededor del río Tunguska en Siberia. Aunque esta región era poco
poblada, se oyó una enorme explosión y, poco después, se descubrió un bosque de
20 millas (32 kilómetros) totalmente derribado y chamuscado. Está claro que
nada cayó sobre Tunguska, puesto que no se abrió cráter alguno. Pese a que numerosos
episodios de los Archivos X se centran en el misterio de
Tunguska, no hay prueba tampoco de un aterrizaje de extraterrestres. La mayor
parte de los científicos cree que un cometa—o posiblemente un asteroide—se
acercó a la Tierra o pasó rasando sobre la atmósfera, saltando cual piedra
sobre el agua, pero ocasionando un enorme daño. La verdad es, a veces, más
extraña que la ficción.
CRÁTERES DE MAYOR TAMAÑO: Numerosos objetos, desde
meteoritos hasta asteroides y posiblemente cometas, han cruzado la atmósfera de
la Tierra durante sus 4,500 millones de años de existencia. Pero son pocos los
cráteres de impactos visibles que han quedado, y algunos están bajo los
océanos. Otros han sido borrados por la erosión del viento y de la lluvia. Pero
hay un buen número de pruebas de algunos impactos. A continuación presentamos
los de mayor tamaño en orden de magnitud:
|
Lugar |
Diámetro |
Antigüedad |
|
Vredefort, Sudáfrica |
187 millas |
12,000 millones de años |
|
Sudbury, Ontario |
156 millas |
1,850 millones de años |
|
Chicxulub, México |
125 millas |
165,000 millones de años |
|
Manicouagan, Quebec |
62 millas |
35 millones de años |
|
Acraman, Australia |
56 millas |
570 millones de años |
|
Puchezh-Katunki, Rusia |
50 millas |
220 millones de años |
|
Kara, norte de Rusia |
40 millas |
73 millones de años |
|
Beaverhead, Montana |
37 millas |
600 millones de años |
Si los meteoros provienen de los cometas, ¿de dónde
vienen los meteoritos?
Generados por los cometas, los meteoros son de gran
belleza y básicamente inofensivos. La mayoría de los meteoroides son sólo
granos de polvo que provienen de la cola de los cometas. Pero sus primos, los
meteoritos, son otro cuento. Cuando un poco de residuo espacial es un poco más
grande y logra atravesar la atmósfera, se gradúa al rango de meteorito. No son
entonces un espectáculo atractivo, sino que se convierten en un peligro
potencial. De mayor tamaño y más rocosos que sus polvorientos primos, los meteoritos
provienen de los asteroides. Algunos de los meteoritos son tan antiguos como el
sistema solar. Otros pueden haberse originado en la Luna o en Marte (como la
roca de Alien Hills encontrada en Antártida) de donde se desprenden después de
una explosión provocada por el impacto de un asteroide. Estos residuos líticos
(rocosos) cruzan la trayectoria de la Tierra produciendo espectaculares bolas
de fuego cuando penetran a la atmósfera. Numerosos meteoritos caen al
océano—tres cuartos de la Tierra está cubierta de agua y, naturalmente, la ley
de la probabilidad se aplica —otros caen en lugares inhabitados, pero algunos
caen sobre la Tierra y muchos han sido hallados en Antártida, donde se
encuentran conservados en hielo.
Todos los días entran a la atmósfera de la Tierra
cientos de toneladas de meteoroides. Pero sólo los más grandes entran a la
superficie para convertirse en meteoritos. Para poder llegar a la Tierra, deben
tener el tamaño apropiado para viajar por la atmósfera. Los pequeños se queman
y se desintegran y los grandes pueden explotar antes de llegar a la superficie
de la Tierra. En general, los meteoritos que logran aterrizar pesan como mínimo
cuatro onzas, usualmente pesan una libra o más. El más grande que se haya
detectado pesaba sesenta toneladas y cayó en Hoba, en una finca cerca de
Grootfontein, en Namibia. Sin embargo, algunos cuerpos de mayor tamaño, como
los asteroides y los cometas, pueden golpear la Tierra, convirtiéndose
oficialmente en meteoritos.
Cuando los asteroides y los cometas colisionan con
los planetas, no sólo crean un desastre, sino que producen cráteres o valles
que pueden medir hasta diez millas (16 kilómetros) de diámetro. En la Tierra se
han encontrado más de 120 cráteres. Uno de los más famosos es el Meteoro o
Cráter Barringer de Arizona que mide cerca de 4,180 pies (1,275 metros) y 570
pies (175 metros) de profundidad. Se formó hace cincuenta mil años al golpear
la Tierra un meteorito de hierro que pesaba 330,000 toneladas (300,000 toneladas
métricas). La mayoría de los cráteres o valles más grandes que este cráter se
han erosionado o han sido cubiertos por rocas y residuos a medida que la
superficie de la Tierra ha ido cambiando.
CRÁTERES DE METEORITOS FAMOSOS:
· Aouelloul, Mauritania: Tiene un ancho de un cuarto
de milla; se cree que este cráter, localizado en África del Norte, tiene más de
tres millones de años.
· Brent, Ontario, Canadá: Tiene 2.5 millas de ancho;
se calcula que este cráter canadiense se formó hace 450 millones de años.
· Lago Clearwater, Quebec, Canadá: Es el cráter más
grande de Norteamérica, tiene 14 millas de ancho, y se formó hace 290 millones
de años.
· Kara, Rusia: Está situado en una zona remota del
noroeste de Rusia, tiene un cráter de 31 millas de ancho y se calcula que tiene
57 millones de años.
· Cráter del Meteoro, Arizona: Es el cráter más
conocido de Estados Unidos, tiene solamente tres cuartos de milla de ancho y es
uno de los más recientes, tal vez sólo tenga unos 50,000 años.
· Popigay, Rusia: Con 62 millas, es el cráter más
grande que se conozca, y tiene 39 millones de años.
· Taban Khara Obo, Mongolia: Tiene menos de una milla
y se calcula que tiene 30 millones de años.
¿Trae un meteorito póliza de seguro contra
accidentes?
El 25 de julio de 2000 la agencia de noticias
Associated Press reportó, “Cuatro años después de que una roca golpeara el
vidrio de su automóvil estacionado, un hombre se enteró de que la roca provino
del espacio y que ésta es más antigua que la Tierra. El dueño del carro, Rick
Wirth, un soldador de Wisconsin, supo el lunes, por conducto de un profesor de
Geología de la Universidad de Minnesota, que se trataba de un meteorito formado
hace 4,560 millones de años. Colisionó con el carro del Sr. Wirth, estacionado
frente a su casa, el 21 de octubre de 1996”.
Dado que a la atmósfera entra una cantidad tan
grande de residuos espaciales, cerca de 100 toneladas de meteoritos impactan la
Tierra cada año—¿por qué no escuchamos más sobre el tema? Los meteoritos
pequeños pierden gran parte de su velocidad al pasar por la atmósfera. Aun así,
aterrizan con la velocidad de una piedra que cae de un edificio alto. Los
meteoritos más grandes, que pesan unas pocas libras, caen a velocidades mayores
y probablemente matarían instantáneamente a quien golpearan.
Pero el riesgo es bajo. Primero, un bajo porcentaje
de la Tierra está poblado y, segundo, como la Tierra está compuesta en su
mayoría de agua, la probabilidad de que un meteorito caiga en medio del océano
es alta. Además, tenemos muchos sitios despoblados como los desiertos, la
Antártida y las cumbres de las montañas. Por eso nunca hemos oído de muertes
ocasionadas por meteoritos, aunque algunos registros chinos antiguos sí
mencionan muertes causadas por piedras que caían de los cielos. Además del
meteoro de Wisconsin, recientemente ha habido unos “encuentros cercanos” como
los llaman las empresas aéreas, o “golpes cercanos” como los llaman los
realistas. En 1992, una mujer de Peekskill, Nueva York, sufrió una “colisión
cósmica” al caer una roca espacial de veintisiete libras sobre su Chevy Malibu.
Los registros astronómicos no indican si la compañía de seguros pagó los daños,
dejando sin respuesta la pregunta de si las aseguradoras cubren las colisiones
con meteoritos.
Además de las colisiones con automóviles, los
meteoritos también han golpeado a las personas. En 1992, un niño que estaba
jugando fútbol en Uganda fue golpeado en el brazo por un meteorito. Aunque
quedó estupefacto, salió ileso del incidente. De acuerdo con la revista Sky
ó Telescope, el único accidente personal registrado ocurrió cuando
Mrs. Hewlett Hodges, de Alabama, fue golpeada en la cadera el 30 de noviembre
de 1953, afortunadamente sin mayores consecuencias.
Y, en diciembre de 1997, una explosión en Irlanda
del Norte que había sido atribuida a terroristas políticos, resultó ser el
resultado de un meteorito que dejó un hueco de 1.2 metros (4 pies) de diámetro.
Es sorprendente que haya tan pocas historias dada
la cantidad de residuos espaciales que llegan continuamente a la Tierra. Se
estima que en un día cualquiera, la Tierra es bombardeada por diecinueve mil
meteoritos que pesan más de 3.5 onzas; sin embargo, menos de diez son
reportados anualmente. De hecho, la única muerte conocida en el siglo XX debida
a un meteorito fue la de un perro, en Nakhla, Egipto, en 1911, causada por una
lluvia de cuarenta y ocho piedras espaciales provenientes posiblemente de Marte.
Hablando del Medio Oriente, parece apropiado
mencionar el meteorito más respetado de la Tierra. Se trata de la Piedra Negra
que está en el Templo de Caaba, en la ciudad sagrada de Mecca. El templo, que
es el santuario más sagrado del Islam, es un pequeño edificio en forma de cubo
con techo plano cerca del centro de la Gran Mesquita de la Mecca. Los
Musulmanes en todas partes voltean sus rostros hacia Caaba cuando rezan. La
famosa Piedra Negra enmarcada por una banda de plata está situada en la esquina
sur oriental de Caaba. De acuerdo con la tradición musulmana, la Caaba fue
construida por Abraham e Ismael (también conocido como Ibrahim o Isma’il) y la
Piedra Negra fue entregada a Abraham por el arcángel Gabriel. Los musulmanes,
hoy en día, besan la piedra tal como lo hacía el profeta Mahoma. Debido al
significado religioso, la piedra nunca ha sido sometida a ninguna investigación
científica. Su significado puede rastrearse a los tiempos preislámicos en los
que las “piedras negras”—posiblemente meteoritos—eran adoradas como símbolos de
la diosa de la Luna, Hubal. En el año 930, los miembros de una secta iraquí
tomaron la Piedra Negra y la rompieron en multitud de pedazos. Estos fueron
pegados y sujetados por medio de la banda de plata. Son estos pedazos pegados
los que veneran los musulmanes.
|
Los meteoritos mas pesados encontrados en
la tierra |
||
|
Nombre/Lugar |
Peso |
Año de Descubrimiento |
|
Hoba West, Namibia |
60 toneladas |
1920 |
|
Ahnighito, Groenlandia |
30 toneladas |
desconocido |
|
Bacuberito, México |
27 toneladas |
1863 |
|
Mbosi, Tanzania |
26 toneladas |
1930 |
|
Agpanlik, Groenlandia |
20 toneladas |
desconocido |
|
Armanty, Mongolia |
20 toneladas |
1935 |
|
Chupaderos, México |
14 toneladas |
conocido por siglos |
|
Willamette, Oregon |
14 toneladas |
1902 |
|
Campo del Cielo, Argentina |
13 toneladas |
desconocido |
|
Mundrabilla, Australia Occidental |
12 toneladas |
desconocido |
¿Existen otros planetas en el sistema solar?
Hasta finales del siglo XVIII, solamente sabíamos
de la existencia de media docena de planetas en nuestro sistema solar. Desde
esa época, se han encontrado otros tres y, dado que nos falta tanto por
explorar, hay posibilidades de encontrar al menos un planeta más. Los
astrónomos piensan que si existe tal planeta, su órbita debe estar muy lejos,
más lejos que Plutón. Y, al igual que Plutón, posiblemente será pequeño, porque
un planeta grande habría ejercido un impacto medible sobre la órbita de Plutón,
lo cual no se ha observado.
Básicamente, quiere decir que es difícil que un
planeta juegue “a las escondidas,” especialmente ahora que contamos con
sofisticados telescopios. Lo único que podría indicar que exista algo grande es
que los astrónomos sugieren que la forma del Cinturón de Kuiper puede estar
afectada por la fuerza gravitacional de un planeta desconocido. Los datos no
apoyan la existencia de otro Planeta X—el número romano para “10” y el símbolo
más utilizado para denotar un factor desconocido. Pero el universo es sorprendente
y tendremos que esperar para saber.
La próxima década de exploración espacial aclarará
este misterio. Desafortunadamente, el mejor candidato para resolverlo, el
Pluto- Kuiper Express, una misión de la NASA que se había planeado para el año
2001, fue cancelada. Esta misión estaba plagada de sobrecostos y fue una de las
primeras víctimas en medio de los ajustes presupuestarios bajo el gobierno de
George W. Bush. Pero otros telescopios espaciales y sondas pueden darnos luces.
El Telescopio Espacial Hubble ya ha fotografiado un planeta cercano a un par de
estrellas que están a una distancia de 450 años luz y, ciertamente, podrá
visualizar uno en nuestro sistema solar. El Telescopio Especial Próxima
Generación (TEPG); que se pondrá en órbita más allá de la Luna, será aún más
potente.
|
Hitos en la astronomía |
|
|
1821 |
La Iglesia Católica retira la prohibición
de enseñar del Sistema Copernicano. |
|
1822 |
La Iglesia Católica retira de su lista de
libros prohibidos, Index, el “Diálogo Sobre los dos Sistemas
Fundamentales del Mundo,” de Galileo, 190 años después de su publicación. |
|
1835 |
El cometa Halley vuelve a verse, según lo
predicho. |
|
1829 |
Se inaugura el Observatorio de Harvard en
los Estados Unidos; en 1847, un refractor de 38 cm es instalado allí, el más
grande del mundo hasta ese momento. |
|
aprox. 1840 |
William Draper es el primero en tomar
daguerrotipos de la Luna |
|
1844 |
Samuel B. Morse usa su telégrafo para
enviar un mensaje de Washington a Baltimore: “¿Qué nos ha forjado Dios?” |
|
1845 |
Hippolyte Fizeau y Léon Foucault toman
buenos daguerrotipos de las manchas del Sol. |
|
1847 |
John Herschel culmina el estudio del cielo
del Sur, comenzado por Edmond Halley, y lo reporta en Resultados de
las Observaciones en el Cabo de la Buena Esperanza. |
|
1848 |
George Phillips Bond descubre a Hyperion,
la octava luna de Saturno. |
|
1849 |
Hippolyte Fizeau calcula la velocidad de la
luz en el aire al medir el tiempo que demora un rayo de luz en pasar por los
dientes de un embrague en movimiento; la luz es reflejada en un espejo y
detenida en el siguiente diente del embrague. El resultado, 196,000 millas
por segundo (315,000 kilómetros por segundo), difiere en 5% del valor
aceptado hoy en día. |
|
1850 |
William Crach Bond toma el primer
daguerrotipo nítido de la Luna. |
|
1851 |
Léon Foucault utiliza un péndulo suspendido
en una iglesia para demostrar la rotación de la Tierra. |
|
1852 |
Henry Giffard construye y hace volar el
primer dirigible impulsado por vapor. |
|
1856 |
George Phillips Bond descubre que las
fotografías de las estrella revelan sus magnitudes. |
|
1858 |
Se instala el primer cable telegráfico del
Atlántico. |
|
1859 |
Gustav Kirchhoff y Robert Bunsen introducen
el espectroscopio para el análisis químico de metales puestos sobre una
llama; lo utilizan también para estudiar la estructura química del Sol. |
|
1862 |
Léon Foucault mide la distancia de Tierra
al Sol; en 1864, los astrónomos se ponen de acuerdo en que
esta distancia equivale a 91 millones de millas (147 millones de kilómetros);
la medida promedio aceptada en la actualidad es 92.96 millones de millas
(149.6 millones de kilómetros). |
|
1863 |
Sir William Huggins usa el espectro de las
estrellas para demostrar que los elementos de las estrellas son iguales a los
de la Tierra, negando la idea griega de que las estrellas están compuestas de
elementos distintos a los de la Tierra. |
|
1865 |
La novela de Julio Verne De la
Tierra a la Luna describe la historia de tres científicos y un
periodista que son enviados a la Luna desde un enorme cañón situado en el
Cabo Cañaveral, en la Florida. |
|
1873 |
James Clerk Maxwell escribe Electricidad
y Magnetismo, en el cual explica las leyes básicas del
electromagnetismo y predice, con gran detalle, fenómenos como las ondas de
radio y la presión causada por los rayos de luz. |
|
1877 |
Se funda el 9 de julio la Bell Telephone
Company. |
|
1880 |
La primera planta de generación de
electricidad de Thomas Edison se inaugura en Londres; dos años más tarde abre
la estación de Pearl Street, trayendo así la luz eléctrica a los Estados
Unidos. |
|
1883 |
El Puente de Brooklyn con su innovador
método de hilado de cable es inaugurado el 24 de mayo. |
|
1884 |
Se conectan Boston y Nueva York por medio
de cables telefónicos. |
|
1887 |
Se termina e instala el primer telescopio
del mundo situado sobre la cima de una montaña en monte Hamilton, cerca de
San Francisco. |
|
1888 |
Johann L .E. Dreyer publica Nuevo
Catálogo General de Nebulosas y Cúmulos de Estrellas; la designación
“NGC” para un objeto astronómico se refiere al Nuevo Catálogo General de
Dreyer, en el cual describe 7,840 nebulosas y cúmulos de estrellas. En la
actualidad se sigue utilizando. |
|
1891 |
Maximilian Wolf descubre el primer
asteroide basándose en fotografías. Descubre cerca de quinientos asteroides
más—un tercio de los que se conocen —utilizando el método fotográfico. |
|
1892 |
Edward Emerson Barnard descubre una quinta
luna en Júpiter, el primer satélite de Júpiter hallado desde Galileo;
Amalthea, como se le llamó, fue el último satélite planetario encontrado sin
necesidad de usar sondas espaciales ni fotografías. |
|
1894 |
Percival Lowell funda su laboratorio en
Flagstaff, Arizona, y comienza a buscar un noveno hipotético planeta. |
Parte III
Donde ningún hombre ha incursionado antes
Porque una estrella es diferente de otra en gloria.
I Corintios 15:41
Pero soy constante como la estrella polar, que por su fijeza e inmovilidad no
tiene semejanza con ninguna otra del firmamento.
Shakespeare, julio César
Cuando escuché al astrónomo culto,
Cuando las pruebas y los números se encontraban frente a mí, Cuando me
presentaron diagramas y mapas, para sumarlas, dividirlas y medirlas,
Cuando sentado oí al astrónomo exponer sus argumentos con gran aplausos en la
sala de conferencias,
Me acogió una sensación de aburrimiento, y enfermo me levanté y solitario me
deslicé en el místico aire húmedo y de vez en cuando
Miraba el silencio perfecto de las estrellas.
—Walt Whitman “Cuando oí al Astrónomo Culto”
· ¿Qué diferencia hay entre una constelación y una
galaxia?
· Si las estrellas son parte de las galaxias, ¿por
qué nos preocupamos por esas viejas constelaciones?
· ¿Estamos en la Edad de Acuario?
· Si la Vía Láctea no es una de las constelaciones,
entonces, ¿qué es? Y si estamos dentro de ella, ¿por qué podemos verla en el
cielo?
· ¿Son parecidas todas las galaxias?
· ¿Qué galaxias están más cerca de la Vía Láctea?
· ¿Cuándo una galaxia no es una galaxia?
· Las galaxias parecen hélices, discos y balones de
fútbol aplanados, ¿por qué los objetos espaciales no se parecen a las bananas o
a los cubos de azúcar?
· ¿Qué son las estrellas y por qué titilan?
· ¿Cómo se forman las estrellas y por qué brillan?
· ¿Qué es el polvo estelar?
· Los gigantes rojos, las enanas blancas y los
agujeros negros.
· ¿Cómo cambian y mueren las estrellas?
· ¿Alguien ha encontrado un agujero negro?
· ¿Quién les pone nombre a las estrellas?
· ¿Existen otros sistemas solares en el espacio?
MARTHA STEWART SE ADUEÑA DEL UNIVERSO. 1: Cena formal para veinticuatro en
Marte. ¡Asegúrese de que la luz sea apropiada! 2: Brunch del domingo para ocho
personas en Plutón ¡Las flores frescas son obligatorias! 3: Cena Navideña ultra
perfecta para doscientas personas en el Sistema Alfa Centauro. ¡No olvide los
platos personalizados para limpiarse los dedos!
El hombre siempre ha soñado con volar, con escapar
de la Tierra, con llegar a las estrellas y a los cielos. En la mayoría de las
mitologías o religiones, a los dioses no les gusta que los hombres se
entrometan en su territorio. Por ejemplo, miremos los problemas de la Torre de
Babel. El esfuerzo del hombre por construir una pirámide altísima que lo
llevara al cielo hizo que Dios se enfureciera y acabara con esa ambición
confundiendo los lenguajes de los hombres. Los griegos tienen de ejemplo a
Prometeo, que cometió el error de darle el fuego divino a la humanidad. A los
dioses no les gustó que lo hiciera. Y está el caso de Dédalo, el brillante
ingeniero y arquitecto del mito griego que construyó alas con cera y plumas.
Aunque le advirtió a su hijo Ícaro que no volara muy alto, pues corría el
riesgo de que el Sol derritiera la cera, el muchacho no oyó a su padre y
terminó cayendo al océano. Otra advertencia sobre el deseo de alcanzar los
cielos.
Existen historias no documentadas sobre un
científico chino llamado Wan Hu quien en 1500 trató de volar en una silla
valiéndose de cohetes. Explotó junto con la silla, convirtiéndose en el primer
piloto de prueba que murió en el intento. Por esa misma época, Leonardo da
Vinci empezaba a dibujar ideas fabulosas sobre helicópteros, máquinas con alas
y paracaídas. Ninguna de estas ideas pasó de su cuaderno a la etapa
experimental, pero el mensaje, en palabras de una canción clásica del
grupo Animáis era el mismo: “Tenemos que irnos de aquí.”
Finalmente, hace unos cien años, lo logramos.
Primero utilizando globos y luego con los aviones, a comienzos del siglo XX. En
un sorprendente avance en el desarrollo de la humanidad, pasamos de aviones
improvisados, de madera y lino, a la Luna, en un período de setenta años—la
vida de un ser humano. Pero, en las dos últimas décadas, hemos empezado a ir a
“donde el hombre no ha incursionado antes,” tal como lo señala aquel visionario
de ciencia ficción,
Gene Roddenberry, antes de comenzar cada episodio
de Star Trek. Las sondas no tripuladas como el Voyager I,
que se convirtió en 1998 en el objeto fabricado por el hombre más lejano de la
Tierra, nos están llevando a los sitios recónditos del sistema solar. El
Telescopio Espacial Hubble, aquel problemático aparato que fue lanzado en 1990
y que tuvo que ser arreglado en el 93 y luego en el 99, nos ha permitido ver el
universo de una manera diferente. Se han descubierto nuevos planetas, estrellas
distantes y han surgido nuevas teorías. Con la Estación Espacial Internacional
y con el futuro reemplazo del Telescopio Espacial Hubble, en el 2009, se
expandirá nuestra visión del universo y tendremos descubrimientos
inimaginables. Y cada descubrimiento de algo más lejano permitirá ver todavía
más atrás en el pasado. La luz proveniente de las estrellas es antigua. Cuando
miramos hacia el espacio, realmente estamos devolviéndonos hacia el pasado y
acercándonos más y más al comienzo de todo esto.
Al ir más allá de nuestro sistema solar, este viaje
nos llevará a ver el resto de lo que hay allá afuera. Nos embarcaremos en un
viaje “interestelar,” viajaremos entre las estrellas y luego entre las
galaxias, empezando por la Vía Láctea, galaxia en la que residimos. Las medidas
del sistema solar deben haberlo dejado perplejo tanto a usted como su
calculadora. Pero al salir del entorno amigable de nuestro sistema solar, los
números son todavía más asombrosos. El Sol es sólo una entre una multitud de
estrellas, y ahora empezamos a contemplar los miles y miles de millones de
estrellas, galaxias y cúmulos de galaxias que ocupan los interminables alcances
del universo.
¿Qué diferencia hay entre una constelación y una
galaxia?
Con buena imaginación, en una noche clara y lejos
de las luces de una ciudad grande, usted podrá identificar algunos de los
antiguos dibujos de estrellas en el cielo, especialmente si sabe lo que está
buscando. Pero lo que los antiguos desconocían era que esas estrellas que
parecían estar agrupadas, estaban muy separadas unas de otras y que constituían
una insignificante fracción del verdadero número de estrellas que realmente hay
el universo. Aunque algunos de los astrónomos griegos creían que había muchas
más estrellas, su noción sobre un infinito número de estrellas
fue descartada por considerarse improbable. Cuando Giordano Bruno sugirió que
el universo era infinito, se le calificó de hereje. Fue Galileo, con ayuda de
su telescopio, el que empezó a comprender que existía un inconmensurable número
de estrellas. Las estrellas de las constelaciones eran literalmente una gota de
agua en el mar—unos granos de arena en la playa estelar.
La constatación científica de que existían
congregaciones de millones o miles de millones —hasta decenas de billones—de
estrellas, dispersas por el universo, agrupadas en galaxias, es reciente.
Una galaxia es un sistema de estrellas, polvo y gas unidos por
la gravedad. La mayoría de la materia del universo está concentrada en estos
gigantescos cuerpos. La mayoría de las galaxias se hayan en agrupaciones que
tienen desde unos pocos hasta miles de miembros. La galaxia en que habitamos,
la Vía Láctea, es una entre miles de millones, y nuestro sistema solar está
situado en la mitad de esta galaxia, cerca del borde. La palabra galaxia se
deriva de un vocablo griego que significa “círculo de leche” y había sido usada
desde el siglo XVIII como sinónimo de Vía Láctea. Cualquier astrónomo que se
refería en aquel entonces a “galaxia” estaba hablando específicamente de la Vía
Láctea.
Edwin Hubble (1889-1953), uno de los personajes más
importantes de la astronomía, en cuyo honor se bautizó el telescopio orbitante,
descubrió en 1924 que nuestra Vía Láctea no era la única galaxia. Hubble creció
en Chicago y estudió en la Universidad de Oxford, en Inglaterra, con una beca
Rhodes. Regresó a los Estados Unidos con un título en derecho, pero se interesó
tanto en la astronomía que, en 1914, se unió al Observatorio Yerkes de la
Universidad de Chicago para realizar estudios de doctorado en astronomía. Fue
voluntario durante la Primera Guerra Mundial, prestó servicios en Europa y
posteriormente ocupó un cargo en el Laboratorio Mount Wilson de Pasadena,
California. Con excepción de un período durante la Segunda Guerra Mundial en
que trabajó en el centro de armamentos Aberdeen Proving Grounds, Hubble
permaneció en Mount Wilson durante el resto de su vida profesional, desde 1919
hasta 1953.
En Mount Wilson, tras estudiar durante años muchas
fotografías tomadas con telescopio, Hubble fue el primero en demostrar que el
universo contenía sistemas de estrellas diferentes a las de nuestra galaxia.
Sin embargo, Hubble no fue el originador de esta idea, pues otros astrónomos la
veían debatiendo durante algún tiempo. Apoyándose en el trabajo de Harlow
Shapley, que había sido el primero en determinar que el lugar del Sol en la Vía
Láctea no era propiamente en el centro como se había creído, Hubble se dio
cuenta de que algunas estrellas eran del mismo tipo que las estrellas de la Vía
Láctea, pero estaban fuera de los confines de nuestra galaxia y, por tanto,
pertenecían a una galaxia diferente. A estas galaxias separadas las denominó
“islas de universos”. Hubble calculó las distancias hasta nueve galaxias
diferentes— un número que ha crecido en la astronomía actual a más de cien
mil millones de galaxias, cada una con unos cíen mil millones
de estrellas.
Cinco años después de investigar las galaxias,
Hubble se asoció con un peculiar personaje, Milton Humason, y unidos
descubrirían algo sorprendente. Humason no había concluido su educación
secundaria y trabajaba llevando suministros al Observatorio Palomar, donde
llegó a realizar trabajos de limpieza. Posteriormente, se convirtió en
observador de medio tiempo, y muy pronto se destacó por su habilidad para
fotografiar el universo a través del telescopio. La extraña pareja formada por
un ganador de la beca Rhodes y un asistente de limpieza descubrió que las
galaxias se movían y que, cuanto más lejanas estaban, más rápido se alejaban de
nosotros. El universo, según Hubble, no era estático ni fijo como habían
pensado los astrónomos durante generaciones, sino que en realidad estaba en
expansión —las distancias entre las galaxias eran cada día más grandes. Esta
idea es clave en la fundamentación de la teoría del “Big Bang,” la explicación
más aceptada para explicar el origen del universo (véase Parte V).
Si las estrellas son parte de las galaxias, ¿por
qué nos preocupamos por esas viejas constelaciones?
En la astronomía moderna, “constelación” es una
región específica del cielo, que con frecuencia enmarca la antigua “figura” que
imaginaron por primera vez nuestros antepasados hace miles de años, pero
también al área circundante. Las constelaciones son las regiones designadas en
la esfera celeste —una cuadrícula imaginaria del cielo que
rodea a la Tierra. Si usted pudiera imaginarse la Tierra encerrada dentro de
una gran burbuja, esa esfera gigantesca sería la esfera celeste. La astronomía
moderna ha dividido esta bola imaginaria que está alrededor de la Tierra en
ochenta y ocho áreas con el objetivo de poder identificar y nombrar objetos
celestes. Al hacer un mapa del cielo, los astrónomos han situado las
constelaciones, tal como se hace con los continentes y los países, en un mapa.
Cada región celestial pertenece a una constelación particular. Entonces, aunque
los astrónomos no usan estas figuras para adivinar el futuro, como lo hacían
los astrónomos-adivinos de la antigüedad, sí se tiene un punto de referencia
útil y uniforme para dividir el cielo en regiones medibles.
Las constelaciones antiguas eran simplemente
conjuntos arbitrarios de estrellas en los que los hombres primitivos
visualizaban dioses, bestias sagradas y héroes mitológicos. A las cuarenta y
ocho constelaciones que se conocían en la época de Ptolomeo se las llama
“constelaciones antiguas.” Con el paso de los años se han agregado las
constelaciones del hemisferio sur que empezaron a diagramarse entre 1600 y
1754. Las constelaciones modernas a veces eran denominadas en honor a amigos,
mecenas o inventos recientes como el telescopio y el microscopio.
Algunas de estas constelaciones contienen figuras
identificables más pequeñas denominadas asterismos. Probablemente, la más
famosa de todas es el Gran Cucharón, un asterismo contenido dentro de la Osa
Mayor, y el Pequeño Cucharón, un asterismo dentro de la constelación Osa Menor.
El concepto de constelación, considerado alguna vez
de gran influencia sobre los asuntos de los hombres, es en la actualidad una
herramienta útil para indicar en qué dirección del cielo se encuentra un
determinado objeto espacial.
Como el ojo humano no logra distinguir
profundidades y distancias en el espacio, las estrellas que vemos en el cielo
siempre parecen estar a distancias similares y en el mismo plano. Pero la
mayoría de estas estrellas están lejos unas de otras, y las que logramos ver
con nuestros ojos están separadas por cientos o inclusive miles de años luz.
Todo es cuestión de perspectiva. Es como si miráramos un mapa de los Estados
Unidos y asumiéramos que la Ciudad de Nueva York y Denver son del mismo tamaño
y están a la misma altura porque son dos puntos en una hoja de papel. Las
estrellas que vemos en un plano del firmamento están a diferentes distancias y
hay mucha variación en sus distancias a la Tierra. Por ejemplo, las estrellas
que conforman el asterismo del Gran Cucharón parecen estar agrupadas a la misma
distancia. De hecho, la mayoría de las estrellas del Gran Cucharón están a
cincuenta y cien años luz de la Tierra. La estrella Dubhe, que en árabe quiere
decir “oso,” y la estrella que está en el “pico” del Gran Cucharón, están a más
de cien años luz de la Tierra. “Alkaid,” la primera estrella que está en el
mango del Gran Cucharón, está a más de doscientos años luz.
Hasta 1930, estas constelaciones tenían bordes y
nombres arbitrarios. Pero, un grupo de astrónomos, la Unión Internacional
Astronómica (wwwaau.org), que se fundó en 1919, se encargó de establecer
designaciones y nombres específicos para estas ochenta y ocho constelaciones
reconocidas.
¿Estamos en la Edad de Acuario?
La década de los sesenta, inmortalizada en la obra
musical Hair, recibió el nombre de la Era de Acuario, el
comienzo de una época de armonía universal, paz y júbilo. Bueno, al cabo no
resultó tan maravillosa.
¿Será ésta la Era de Acuario? No. Esta es otra de
las confusiones entre la astronomía y la astrología. Una determinada edad,
concepto heredado de las creencias astrológicas, es identificada por el nombre
de la constelación, es decir, el área del cielo en donde aparece el Sol el
primer día de primavera (el equinoccio vernal).
Pero vamos a lo esencial. Para alguien que esté en
la Tierra, el Sol parece moverse en el cielo del oriente al occidente. También
aparece alto o bajo en el firmamento dependiendo de la estación (y de la
localización en la Tierra). En general, el Sol en verano está más alto en el
cielo y en invierno está más bajo. ¿Cómo se explica esto? En síntesis: “La
Tierra está inclinada sobre su eje,” ¿Correcto? Pero usted si comprende bien que
la Tierra se mueve alrededor del Sol. (Sí lo entiende, ¿no es cierto?) Los primeros
astrónomos, que también se interesaban por la astrología, hicieron un mapa de
la aparente trayectoria del Sol por el cielo en relación con la posición de las
otras estrellas y denominaron este camino imaginario el eclíptico. ¿Estamos
de acuerdo? Este eclíptico se dividía en los doce signos del tradicional
zodíaco. La constelación o signo del zodíaco en que aparecía el Sol durante el
equinoccio vernal determinaba la “era” astrológica.
Durante un largo período, la localización del Sol
en el equinoccio vernal pasa de signo en signo como resultado de la precesión
—e 1 bamboleo del eje de la Tierra. En este momento, el equinoccio
vernal tiene lugar en Aries. Por esta razón, para ser precisos, estamos en la
“Era de Aries.”
“Acuario” puede haber sonado bien en términos
líricos, pero la verdad es que el Sol no estará en Acuario durante el
equinoccio vernal hasta dentro de unos seiscientos años. Tal vez por eso no
tuvimos toda esa paz y armonía de que hablamos antes.
LAS CONSTELACIONES
Como hemos visto, a las doce constelaciones
originales de la astrología se han añadido otras. La astronomía moderna divide
el cielo en ochenta y ocho áreas con el fin de nombrar e identificar objetos
celestes. La lista se divide a su vez en constelaciones del norte y del sur.
LAS CINCUENTA Y CUATRO CONSTELACIONES DEL NORTE:
Estas constelaciones son visibles desde el
hemisferio norte, aunque algunas de ellas pueden verse hasta 30 grados al sur
del ecuador. Los antiguos griegos habían identificado cuarenta y ocho
constelaciones; en la siguiente lista las constelaciones modernas están
identificadas por un asterisco.
Andrómeda La Princesa o Dama Encadenada. Aduciendo ser
más hermosa que las ninfas del mar, Andrómeda enfureció a Poseidón. El dios del
mar envió a Ceto, un monstruo marino, a arrasar el país de Andrómeda. Para
evitar el desastre, se les pidió a los padres de ésta que la sacrificaran. La
encadenaron a una roca y la abandonaron para que Ceto la devorara, pero fue
rescatada por el valeroso Perseo.
Acuario El Portador de Agua. Acuario, una de las
constelaciones más antiguas, representa un niño regando agua de una urna. En el
mito de Sumeria (antigua Babilonia), formaba parte de la antigua historia del
diluvio universal que fue adaptada luego por los hebreos en el relato bíblico.
Alquila El Águila. Otra constelación antigua, Aquila
fue identificada como un pájaro alrededor del año 1200 a.C.
Aries El Carnero. Consta solamente de tres estrellas pequeñas. Aries es
otra de las constelaciones más antiguas.
Auriga El Cochero. En la mitología griega se le
considera el inventor de la carroza.
Boötes El Pastor. Tiene la forma de una cometa, y en
la leyenda es el que conduce a “los perros de caza” (ver más abajo).
*Camelopardalis La Girafa. Esta constelación moderna fue
identificada en 1624. Su nombre en latín se debe al hecho de que en la
antigüedad se pensaba que la girafa tenía cabeza de camello y manchas de
leopardo.
Cáncer El Cangrejo.
*Canes Venatici Los Perros de Caza. Concebida en 1687,
representa dos perros de caza persiguiendo unos “Osos” (véase más abajo).
Canis Major El Can Mayor. Originalmente este nombre se
refería a Sirio, la estrella más brillante del cielo nocturno; ahora incluye
una constelación completa.
Canis Minor El Can Menor. Es una de las constelaciones
más pequeñas, sólo tiene tres estrellas.
Capricornio La Cabra o la Cabra Marina. Puede haber sido
la primera constelación reconocida en los tiempos prehistóricos. Unas tabletas
de arcilla de Babilonia, de alrededor de 300 a.C., muestran el grupo de
estrellas, y de antiguos griegos la asociaban con Amaltea, la cabra que
amamantó al pequeño Zeus.
Casiopea La Reina. En esta luminosa configuración los
griegos veían una mujer sentada que pensaban que era la reina y madre de la
princesa Andrómeda.
Cefeo El Rey. Los griegos identificaron al viejo Cefeo como el rey
sentado, esposo de Casiopea y padre de Andrómeda.
Ceto El Monstruo Marino o Ballena. Fue una de las primeras
constelaciones que se identificaron. Los babilonios la asociaban con el mítico
dragón Tiamat, mientras que los griegos vieron en ella al monstruo marino que
amenazó a Andrómeda y que luego fue asesinado por Perseo.
*Coma Berenices La Cabellera de Berenice. Como semeja el
cabello trenzado de una mujer, se le llamó así en honor de la reina Berenice
II, esposa del rey egipcio Ptolomeo III (aprox. 247-221 a.C.). A diferencia de
las figuras míticas, Berenice era una persona real y había prometido cortarse
el cabello si su esposo volvía sano y salvo tras una peligrosa expedición
militar. Al regresar éste, se cortó el cabello y lo colocó en el templo de
Afrodita, la diosa de la belleza, de donde desapareció. El astrónomo de la
corte explicó que la diosa había colocado la cabellera trenzada en el cielo
para que todos pudieran verla.
Corona Borealis La Corona del Norte. Un conjunto de estrellas
en forma de U que representa una corona y que los griegos asociaban con la
corona de Ariadne, hija del rey de Creta. Pero, para la tribu shawnee de
Norteamérica, ésta representaba un círculo de mujeres bailando.
Corvus El Cuervo. Este pájaro legendario fue enviado
a recoger una copa de agua para Apolo, pero fue muy lento y se le condenó a
mirar la Copa (véase más abajo) y nunca beber de ella.
Cráter La Copa. Representa la copa de la leyenda
utilizada para atormentar al Cuervo. Se pensaba también que esta agrupación era
la copa del néctar bebido por los dioses del Olimpo.
Cignus El Cisne. Conocida también como la Cruz del
Norte, esta gran constelación es brillante, tiene forma de cruz, y parece un
pájaro con las alas extendidas.
Delphinus El Delfín. Un grupo que muestra un animal que
siempre ha sido reconocido en la mitología como amigo y salvador de hombres y
dioses.
Draco El Dragón. Con un patrón sinuoso, este grupo de estrellas ha
representado a los dragones mitológicos de muchas culturas. Una de las
estrellas del grupo, Thuban, fue considerada la Estrella del Norte hace cuatro
mil años, cuando los egipcios orientaron las pirámides hacia ella. Debido al
bamboleo de los polos de la Tierra (precesión), Polaris es
ahora la Estrella del Norte.
Equuleus El Caballo Pequeño o Potro. Es un conjunto
que semeja una cabeza de caballo, pero es diferente de Pegaso, el caballo con
alas (véase más abajo).
Eridanus El Río Celestial. La segunda constelación más
grande después de la Hydra (véase más abajo), los egipcios vieron en ella al
río Nilo y los babilonios al río Éufrates.
*Fornax El Horno. Creación de un astrónomo del siglo
XVIII, consta solamente de tres estrellas muy tenues.
Gemini Los Gemelos. Son Cástor y Pólux, hijos de
Leda y Zeus y hermanos de Helena de Troya.
Hércules El Hombre Fuerte. Llamado así en honor del
legendario héroe griego, este conjunto de estrellas fue asociado con Gilgamesh,
héroe de la épica sumeria. Parece estar arrodillado con el mazo o garrote
levantado y apoyando un pie sobre la cabeza de Draco, el Dragón.
Hydra La Serpiente Marina. Los griegos vieron en este grupo de estrellas
al monstruo de seis cabezas que Hércules mató.
*Lacerta El Lagarto. Constelación moderna definida por
el astrónomo alemán Johannes Hevelius alrededor de 1687, cuando la describió
como un lagarto o una salamandra.
Leo El León. Los antiguos griegos y sumerios reconocieron en ella a un
león, los chinos a un caballo y los incas a un puma. La cabeza de Leo está
formada por un asterismo denominado La Hoz.
*Leo Menor El León Pequeño. Es una constelación moderna,
fue definida en 1687 a partir de unas pocas estrellas tenues.
Lepus La Liebre o el Conejo. Desde los tiempos antiguos,
este grupo fue asociado con la Luna, conexión fundamentada en la fertilidad de
los conejos y en la asociación del ciclo lunar con los ciclos de fertilidad
femeninos.
Libra La Balanza o Escala. Un antiguo miembro del zodíaco, este grupo
fue en algún momento llamado “la Garra” y se le consideró parte de Escorpión,
la constelación adyacente. Sin embargo, durante los tiempos de los romanos, el
Sol aparecía en Libra alrededor del equinoccio otoñal, en el cual el día y la
noche son iguales, y por esto se le ha asociado con la balanza desde entonces.
*Lynx El Lince. Un grupo de estrellas definido en 1687 por Johannes
Hevelius, quien dijo que para lograr ver unas estrellas tan pálidas era
necesario tener “ojos de lince.”
Lyra La Lira. En la mitología griega representaba el instrumento que
Orfeo tocaba para convencer a Hades, dios de los infiernos, de que liberara a
su esposa Eurydice.
*Monoceros El Unicornio. Una agrupación reciente,
llamada así en 1625 y basada en el mítico unicornio de los asirios e
influenciada por visiones de rinocerontes.
Ophiuchus El Portador de Serpientes. Una de las
constelaciones más conocidas, muestra a un hombre enrollado por serpientes
(véase más abajo). Se le identifica con el legendario dios de la medicina,
Esculapio, el médico intachable de la Ilíada de Homero.
Orión El Cazador. Posiblemente una de las constelaciones más reconocidas
por ser fácil de identificar y porque está formada por estrellas muy
brillantes. En la leyenda griega, Orion, el cazador pretencioso, que se jactaba
de su atractivo físico, quedó ciego luego de violar a una princesa. Orion
recobró su vista un tiempo después, pero fue asesinado y puesto en el cielo
cuando trató de seducir a Artemis, la cruel diosa de la caza.
Pegaso El Caballo Alado. El caballo alado nació en
la mitología griega cuando Perseo mató a la Medusa Gorgona y su sangre se
mezcló con la espuma del océano.
Perseo El Héroe. Uno de los grandes héroes de la
mitología griega, mató a Medusa y luego rescató a Andrómeda de las garras de
Ceto, el monstruo marino. Las lluvias luminosas de meteoros Perseidas (véase
la Parte II) visibles a mediados de agosto, parecen originarse en esta
constelación.
Piscis Los Peces. Desde tiempos remotos, estas
estrellas se asemejaban a un par de peces.
Piscis austrinus El Pez de Sur. Otra constelación antigua, se
le representaba como un pez tomando agua vertida por Acuario, la constelación
situada directamente al norte.
Sagitta La Flecha. Se creía que la alineación de las
estrellas representaba distintas flechas, entre ellas la que Apolo había
utilizado para matar a los ciclopes de la mitología griega, y la flecha de
Cupido.
Sagittarius El Arquero. Este grupo fue identificado por
los sumerios como el dios de la guerra y posteriormente considerado por los
griegos como un sátiro o un centauro —mitad hombre y mitad caballo. Es difícil
ver al arquero y, en cambio, es fácil identificar en esta agrupación el
asterismo conocido como la Tetera.
Escorpión El Escorpión. Este grupo fue llamado así
por el escorpión que picó y mató a Orion.
*Scutum El Escudo o Escudo de Sobieski. Una
agrupación reciente que fue llamada así en honor del rey polaco del siglo XVII
Juan III Sobieski y que parece representar su escudo de armas.
Serpens La serpiente. Es la única constelación que se
aprecia en dos partes. Su cabeza y su cola están en lados distintos del
portador de serpientes.
*Sextans El Sextante es una agrupación recientes
llamada así por Johannes Hevelius en honor del sextante, herramienta que se
utilizó para hacer los primeros mapas precisos de las estrellas.
Taurus El Toro. Una de las constelaciones más
viejas, representaba la fuerza y la fertilidad para numerosas culturas
antiguas.
Triangulum El Triángulo. Los egipcios vieron en esta
pálida agrupación la representación del Delta del Nilo, y los griegos y romanos
identificaron la isla triangular de Sicilia.
Ursa Major La Osa Mayor. Después de Orion, es la
constelación más conocida. Los antiguos griegos y las tribus indígenas de
Norteamérica veían un oso grande que incluía las estrellas luminosas del Gran
Cucharón.
Ursa Minor La Osa Menor. Es a su vez una constelación y
un asterismo. Forma parte de ella la Estrella del Norte, Polaris. La Osa Menor
fue reconocida inicialmente por Tales de Mileto en el año 600 a.C.
Virgo La Virgen o Joven Soltera. La segunda constelación más grande y
una de las más reconocidas desde la antigüedad, se le ha asociado con bellezas
legendarias de la mitología, como Ishtar de Babilonia, Isis de Egipto y Atenea
de Grecia.
*Vulpécula La Zorra. Fue llamada así por Johannes
Hevelius en 1690. Originalmente se representaba como un ganso pero en la
actualidad los diagramas de estrellas muestran únicamente una zorra.
LAS CONSTELACIONES DEL SUR
Antlia La Bomba de Aire. Al igual que sucede con
varias constelaciones recientes, este grupo de estrellas no tiene la forma de
su nombre, pero fue llamado así en honor de la bomba de aire comprimido,
aparato clave en la Revolución Industrial.
Apus Ave del Paraíso. Se le llamó así en honor de los espectaculares
pájaros originarios de Nueva Guinea.
Ara El Altar. Fue nombrada así en honor del centauro Quirón,
considerado como una de las criaturas más sabias de la Tierra, y a quien se le
atribuye haberle enseñado a los mortales cómo dibujar las líneas que conectan
las estrellas de las constelaciones.
Caelum El Cincel. Una de las constelaciones más
pálidas y más pequeñas, fue llamada así en honor al astrónomo francés Nicholas-
Louis de Lacaille.
Carina La Quilla. Es una de las cuatro
constelaciones que tienen el nombre de partes de un barco.
Centauro El Centaturo. No debe confundirse con
Sagitario, el otro centauro del cielo, aunque se dice que ambos son el sabio
Quirón.
Camaleón El Camaleón. Una agrupación muy pálida
identificada por primera vez en 1603.
Circinus Los Compases de Dibujo. Agrupación casi
desconocida dibujada en el siglo XVIII.
Columba La Paloma. Constelación registrada por
primera vez en 1679.
Corona Australis La Cruz del Sur. Aunque queda en el sur,
Ptolomeo la incluyó en su libro de las cuarenta y ocho constelaciones
originales.
Crux La Cruz del Sur. Aunque es la constelación más pequeña, tiene una
forma muy distintiva.
Dorado El Pez Dorado o Delfín. Johann Bayer la
registró primero en el año en 1603. No es el pez dorado de multitud de hogares,
sino un pez marino conocido en las islas de Hawaii como mahi- mahi.
Grus La Grulla. Grupo delineado en 1603.
Horologium El Reloj. Registrada en 1750, fue
llamada así en honor al reloj de péndulo de Galileo.
Hydrus La Serpiente Acuática. Se elaboró su mapa en
1603; no debe confundirse con la otra Hydra que es más grande y más antigua.
Indus El Indio. Definida en 1603, se le conoce también como el Indio
Americano, porque recibió ese nombre durante la época de la exploración de
América.
Lupus El Lobo. A pesar de ser una de las constelaciones conocidas por
los antiguos, es relativamente pequeña y no tiene estrellas conocidas.
Mensa La Mesa o Meseta. Llamada así en honor de un observatorio cercano
a Cape Town, Sudáfrica.
Microscopium El Microscopio. Llamado así en 1750 junto con
el telescopio (véase más abajo).
Musca La Mosca. En 1603 se le denominaba la Abeja. Luego Edmond Halley
la llamó la “Abeja Voladora” y, posteriormente, se le conoció como “La Mosca”.
Norma El Nivel o la Regla. Otra de las constelaciones nombradas en 1750;
se refiere a la herramienta de los carpinteros.
Octans El Octante. En 1750 fue llamada así porque
representaba la herramienta usada por los astrónomos para medir el ángulo entre
el horizonte y los objetos celestiales. Esta herramienta se convirtió luego en
un sextante y ha sido utilizada por los marineros de todas las épocas. Ha
perdido importancia a partir de la aparición de los instrumentos de
posicionamiento satelital (GPS) que permiten mediciones muy precisas de la
posición de los objetos.
Pavo El Pavo Real. Johann Bayer consideró en su atlas de
1603 que era el ave sagrada de Hera, esposa de Zeus.
Phoenix El Fénix. Otra constelación que apareció en
el Atlas de Bayer de 1603; fue llamada así por el mítico pájaro que fue
consumido por las llamas y que luego surgió de las cenizas como un ave nueva.
Pictor El Pintor. Un grupo poco conocido de
estrellas descrito por el astrónomo francés Nicholas-Louis de Lacaille que lo
denominó “El Caballete del Pintor.”
Plippis La Popa. El nombre se refiere a la popa de un
barco, y se le ha relacionado con la embarcación mitológica Argos, en
la que el héroe griego Jasón navegó en busca del Vellocino de Oro.
Pyxis La brújula.
Retículo La Red.
Sculptor El Escultor. Este grupo ocupa un lugar,
extenso pero insignificante, en el cielo. El astrónomo francés de Lacaille
originalmente lo denominó “El Taller del Escultor.”
Telescopium El Telescopio. De Lacaille formó esta
constelación agrupando estrellas de constelaciones más grandes y las denominó
“Tubus Astronomicus.”
Triangulum Australe El Triángulo del Sur. Agrupación de estrellas
pequeñas registrada en 1603 por Bayer.
Tucana El Tucán. Definida por Bayer en 1603, se
refiere a los conocidos pájaros tropicales de pico grande.
Vela Las Velas. Localizada en el cielo del sur, es una de las cuatro
constelaciones definidas por el astrónomo de Lacaille al dividir la
constelación denominada Argos, que incluye a Puppis, Pyxis y
Carina.
Volans El Pez Volador. Agrupación definida por Bayer
y registrada en el catálogo de 1603.
Voces del Universo:
Carl Sagan (1934-1996) Cosmos (1980)
Una galaxia está compuesta de gas y de polvo y de
estrellas-miles y miles de millones de estrellas. Cada estrella puede ser un
sol para otros seres. Dentro de una galaxia existen estrellas y mundos y,
posiblemente, proliferaciones de cosas vivas, de seres inteligentes y de
civilizaciones espaciales. Pero, desde lejos, una galaxia me hace pensar más en
una colección de hermosos objetos encontrados—tal vez conchas, o
corales—productos del trabajo de la naturaleza durante eones de vida en el
océano cósmico.
Si la Vía Láctea no es una de las constelaciones,
entonces, ¿qué es? Y si estamos dentro de ella, ¿por qué podemos verla en el
cielo?
La Vía Láctea es una galaxia que incluye al Sol, a
la Tierra, al resto de nuestro sistema solar y a todas las estrellas que
podemos ver. Vista desde el globo terráqueo, la Vía Láctea parece una banda de
luz que se extiende sobre el cielo nocturno. Observamos brechas oscuras
formadas por nubes de polvo y gas que bloquean la luz de las estrellas que
están detrás. Los griegos veían esta nube blancuzca como “leche derramada” y
esta idea prevaleció en el mundo occidental. Pero otras personas percibieron
esta nube blanca en otra forma. Los esquimales del Ártico pensaban que era el
camino nevado del Gran Cuervo, el dios juguetón que podía viajar entre cielo,
Tierra y el fondo del océano—los tres mundos que componen su universo. Los
tártaros del Cáucaso en Rusia veían a un ladrón cargando consigo atados de paja
robada. En el mundo musulmán, los creyentes pensaban que la Vía Láctea era el
camino que conducía a los peregrinos a la ciudad sagrada de la Mecca. Y para
los chinos era el río celestial, un camino que unía al cielo con la Tierra.
Este río culminaba en un abismo en el que las madres del Sol y la Luna bañaban
a sus hijos cada día, antes de ocupar sus posiciones en el cielo.
Ahora sabemos que nuestro Sol es únicamente una de
cerca de los doscientos mil millones de estrellas que conforman la Vía Láctea.
Podemos ver alrededor de tres mil estrellas en una noche clara, pero las
estrellas de la Vía Láctea suman cuarenta millones de veces esa cifra.
Claramente, la Vía Láctea es enorme, como los son
otras galaxias, y los astrónomos utilizan diferentes maneras de describir
grandes distancias en el espacio, donde millas o kilómetros pierden todo
significado. La medida más frecuente es el año luz, que
combina distancia, espacio y tiempo. Un año luz (abreviado al) es
la distancia que viaja la luz en un año. La luz viaja a una velocidad de 186,000
millas por segundo (299,792 kilómetros por segundo). Esto equivale a
5.88 billones de millas (9.6 billones de kilómetros). Es decir, un seis seguido
de doce ceros. Recuerde que la luz del Sol se demora sólo ocho minutos en
cruzar 93 millones de millas para llegar a la Tierra. Para distancias más
grandes, la astronomía emplea una medida de distancia, parsec, que
es igual a 3.26 años luz, o un poco más de diecinueve billones de millas (30
billones de kilómetros). El punto clave está en entender que cuando estamos
hablando en años luz, debemos damos cuenta de que la distancia es tiempo.
Cuando decimos que “una estrella está a diez años luz de distancia” queremos
decir que la luz que vemos salió de la estrella hace diez años. Por esa razón,
cuando miramos al espacio vemos a través del tiempo. ¿Se está sintiendo más
insignificante todavía? Espere un poco. Estamos empezando a comprender lo
grande que es esta galaxia, la vía Láctea tiene entre 100,000 y 130,000 años
luz de diámetro.
Si pudiéramos verla desde un sitio externo a
nuestra galaxia, la vía Láctea se vería como un disco con una gran
protuberancia en el centro de unos 15,000 años luz de diámetro. En la
protuberancia central hay un enorme número de estrellas más viejas. La protuberancia
y el disco están rodeados por una esfera de estrellas a las que se les conoce
como el halo. El halo está compuesto por estrellas viejas, agrupadas en densas
bolas circulares llamadas racimos globulares. Alrededor de la
protuberancia rota un disco más o menos circular—la Vía Láctea tiene un grosor
de 10,000 años luz en su parte central y se aplana hacia los lados, donde se
reduce su grosor a 2,000 años luz. Estrellas, polvo y gases salen del centro de
la galaxia como si fueran brazos espirales similares a las paletas de una
hélice giratoria. Estos brazos están delineados por luminosas estrellas y nubes
de polvo y gas que denominamos nebulosas y en las cuales nacen
las estrellas nuevas.
Claro está que podemos ver la Vía Láctea desde la
Tierra, aunque seamos parte de ella, debido a su gran tamaño. Irónicamente, no
podemos estar seguros de la exactitud de algunos datos, porque estamos metidos
en su interior. Las nubes de polvo y gases no nos permiten ver muy profundo
hacia el centro de la galaxia. Sin embargo, durante la última década, gracias a
los descubrimientos hechos por el Telescopio Espacial Hubble y el explorador
COBE— satélite de exploración cósmica lanzado en 1988 —ha sido posible obtener
valiosa información con respecto a la Vía Láctea.
Nuestro sistema solar está situado en las afueras
de la galaxia, como a unos 25,000 años luz del centro. La distancia entre las
estrellas de nuestra sección de la Vía Láctea tiene un promedio de 5 años luz,
pero las estrellas en el centro galáctico están amontonadas más densamente,
casi cien veces más. Todas las estrellas y cúmulos de estrellas presentes en la
Vía Láctea dan vueltas en la misma dirección. Por esta razón, todo el sistema
galáctico parece rotar alrededor de un eje o núcleo.
Los astrónomos que estudian las ondas de radio y
los rayos infrarrojos—que pueden penetrar las nubes—han descubierto que esta
región central emite grandes cantidades de energía. A su vez, estudios
realizados con telescopios especiales han descubierto una poderosa fuerza
gravitacional que parece provenir del núcleo de la galaxia. Los astrónomos
ahora sugieren que el centro de la Vía Láctea es un gigantesco agujero
negro, un objeto invisible cuya fuerza gravitacional es tan grande que
ni la luz puede salir de allí (véase más abajo).
¿Son parecidas todas las galaxias?
Desde los descubrimientos de Hubble en 1924, ha
habido numerosos cambios en la comprensión de las galaxias, a medida que la
tecnología nos han permitido ver y entender cada vez más la formación de las
estrellas. El Telescopio Espacial Hubble identificó tres clases de
galaxias: espirales, elípticas e irregulares.
· Una galaxia espiral, como La Vía Láctea, está conformada por un
conjunto de estrellas dispuestas en forma de disco aplanado, con una
protuberancia central llena de estrellas viejas rodeada de un disco de
estrellas más jóvenes. Se ha demostrado que las estrellas nuevas se forman
continuamente a partir de gas y polvo provenientes de los brazos espirales. La
Vía Láctea es una galaxia espiral en la que el Sol está situado en unos de los
brazos espirales. Existe otro tipo de galaxia espiral descrita como una espiral
con barras que tiene una franja recta de estrellas en el centro. Es
como una palanqueta de gimnasio con pesos circulares en los extremos, de dónde
salen los brazos de la galaxia.
· Las galaxias elípticas tienen formas variadas, que van desde
círculos perfectos hasta globos aplanados. Aunque algunas se parecen a los
balones de fútbol norteamericano, otras son más redondas, y algunas parecen
balones de fútbol aplanados. No podemos determinar la forma verdadera de una
galaxia, porque la vemos desde un sólo ángulo.
Las galaxias elípticas están compuestas por
estrellas viejas y tienen poco gas; entre ellas están las galaxias más grandes
que conocemos, que pueden tener hasta un billón de estrellas. Algunas galaxias
elípticas pueden rotar, aunque más lentamente que las espirales. Las elípticas
tienen mucho menos polvo y gas que las espirales, de manera que no hay
formación de estrellas nuevas. Parece que algunas galaxias elípticas se forman
a partir de uniones de galaxias espirales. Pero esta unión no es “amigable” y
parece más una colisión cósmica entre generaciones anteriores de galaxias
espirales.
· Una subclase de las galaxias elípticas se
denomina galaxias radiales y se cree que son también producto
de la colisión de otras galaxias. Aunque estas galaxias emiten ondas de
radio—una de las formas de radiación electromagnética que producen las
estrellas—las que se originan en las galaxias radiales son mucho más potentes
que las de las galaxias típicas. Con frecuencia, las emisiones más fuertes
provienen de dos nubes que pueden extenderse millones de años luz a ambos lados
de la galaxia. Un candidato para ser la fuente de toda esta cantidad de
energía, como es el caso del núcleo de la Vía Láctea y posiblemente el del
centro de todas las galaxias, es un gran agujero negro.
· Las galaxias irregulares, como su nombre lo indica,
no tienen patrones ni estructura típica. La Gran Nube de Magallanes y la
Pequeña Nube de Magallanes, que son visibles en el hemisferio sur, son ejemplos
de galaxias irregulares. Fueron llamadas así en honor de Fernando de Magallanes
(aprox. 1480-1521), quien primero las describió durante su intento de navegar
alrededor del globo. Magallanes murió en las Filipinas, pero su grupo completó
la primera vuelta al globo y trajo descripciones de estas “nubes,” que durante
siglos nadie identificó como galaxias.
¿Qué galaxias están más cerca de la Vía Láctea?
Sólo tres de los miles de millones de galaxias del
universo son visibles al ojo humano. Estas tres galaxias se ven como pequeños y
borrosos parches de luz. En el hemisferio norte, la Galaxia Andrómeda, que está
a 2.9 millones de años luz, aparece como un manchón de leche en el cielo;
recuerde que a esa distancia está la luz de Andrómeda que vemos tiene cerca de
tres millones de años—luz que empezó a viajar antes de la existencia del hombre
sobre la Tierra. Su presencia fue registrada en 964 d.C. por el astrónomo árabe
As-Sufi, quien lo llamó “pequeña nube.” Andrómeda es nuestra galaxia espiral
completa más cercana, y aunque es similar en estructura y composición a la Vía
Láctea, es mucho más grande. Su diámetro es de 150,000 años luz, y puede
contener cuatrocientos mil millones de estrellas, dos veces más que la Vía
Láctea. Durante siglos, los astrónomos consideraron a Andrómeda como una
“nébula,” una nube de polvo y gas dentro de la Vía Láctea. (La definición
astronómica moderna de nébula es una nube de gas y polvo de la
cual nacen las estrellas.) Edwin Hubble descubrió que Andrómeda tenía muchas
estrellas, y esto lo llevó a concluir que Andrómeda era otra galaxia,
y que estaba a una grandísima distancia.
En el hemisferio sur pueden verse dos galaxias,
ambas irregulares. La Gran Nube de Magallanes se extiende sobre las
constelaciones Dorado y Mensa. Situada a 169,000 años luz de la Tierra, tiene
cerca de un tercio del diámetro de la Vía Láctea. La Pequeña Nube de Magallanes
está en Tucana, situada a una distancia de 180,000 años luz, y tiene un quinto
del diámetro de la Vía Láctea.
En épocas más recientes fue descubierta otra
galaxia denominada la Enana Sagitario, situada a unos escasos 80,000
años luz de distancia. Esta “enana elíptica” es una de las dos galaxias en
miniatura que están cercanas a nosotros, pero son relativamente pálidas debido
a la luminosidad vecina y por estar escondidas detrás de nubes de gas y polvo.
Algunos astrónomos creen que la Vía Láctea se estrellará contra la Enana
Sagitario y que ésta será engullida por nuestra galaxia que es mayor. No hay
que preocuparse todavía, esto no sucederá sino hasta dentro de cien millones de
años.
En uno de los recientes descubrimientos del
Telescopio Espacial Hubble, anunciado en enero de 2001, las dos galaxias se
veían unidas por una banda de gas y polvo que salía de una galaxia y era
absorbida por otra. Existe la posibilidad de que las dos galaxias algún día se
unan —más o menos en unos 20 millones de años.
Aunque estas galaxias son visibles para nosotros,
son parte de lo que los astrónomos llaman el “Grupo Local,” un cúmulo de
treinta o más galaxias, cada una con sus movimientos propios, pero que se
desplazan al unísono. Las galaxias están distribuidas en forma desigual en el
espacio. Mientras algunas están aisladas en el espacio, más del sesenta por
ciento de las que conocemos están agrupadas en conjuntos llamados cúmulos. Los
cúmulos de galaxias van en tamaño desde unas pocas docenas hasta varios
centenares de ellas. Este “Grupo Local,” que suena como a “transporte colectivo
cósmico,” es otro conglomerado de números imponderables. La región ocupada por
el Grupo Local tiene un ancho de tres millones de años luz. Además de Andrómeda
y de las Nubes de Magallanes, este grupo incluye otro sistema espiral grande,
la Galaxia Triangulum, una espiral más pequeña que la Vía Láctea que órbita la
Galaxia Andrómeda.
Todo esto puede parecer muy impresionante, pero es
pequeño comparado con el Cúmulo Virgo. Situado a 50 o 60 millones de años luz
de la Vía Láctea, es un supercúmulo compuesto por más de dos
mil galaxias. Es suficientemente grande como para atraer al Grupo
Local hacía él a una velocidad de cerca de un millón de millas (alrededor de
1.7 millones de kilómetros) por hora.
Y cuando ya pensábamos que las cosas no podían ser
más grandes, el universo nos vuelve a sorprender. En enero de 2001, los
astrónomos del Centro de Vuelos Espaciales Goddard, de la NASA, anunciaron
haber encontrado un supercúmulo de galaxias que contenía miles de millones de
estrellas—posiblemente el objeto más grande conocido en el universo. Situado a
6,500 millones de años luz, la luz proveniente de estas galaxias, descubierta
con un telescopio del Observatorio Interamericano Cerro Tololo, en la cordillera
de los Andes chilenos, comenzó su viaje cuando el universo era mucho más joven
—cuando tenía aproximadamente un tercio de la edad actual.
¿Cuándo una galaxia no es una galaxia?
Hace un tiempo, en la edad media de los aparatos
electrodomésticos—por allá por la década de los setenta —se empezó a
promocionar un nuevo tipo de televisor llamado “Quasar.” El nombre sonaba
moderno y revolucionario en ese entonces. Los inteligentes especialistas en
mercadeo habían adoptado una nueva palabra de la astronomía: quasar, uno
de los grandes misterios del universo, cuya naturaleza y existencia todavía se
explora y se trata de comprender.
Parte del fabuloso descubrimiento del enorme
supercúmulo que tenía al menos once galaxias consistió en descubrir que tenía
dieciocho quásares. Descubiertos en 1963, con el uso de radiotelescopios, se
cree que los quásares son las fuentes de energía de las galaxias distantes. El
nombre es el resultado de un acrónimo en inglés (quasistellar radio
source: fuente de señal de radio cuasiestelar) pero a los quásares se
los describe ahora como “objetos cuasiestelares” (OQS). Aunque el nombre
significa “como una estrella”—dado que los quásares parecían estrellas—son muy
diferentes a ellas. Están extremadamente lejos y, sin embargo, son muy
brillantes, pues emiten más energía que cien galaxias gigantes. Los quásares
pueden brillar con la energía de un billón de soles y, de acuerdo con teorías
recientes, se cree que son galaxias con núcleos muy activos y brillantes
posiblemente alimentados por agujeros negros. Los más lejanos están a doce mil
millones de años luz de la Tierra. Estas misteriosas fuentes de energía están
localizadas en el borde del universo visible —en el mismo comienzo del tiempo.
Las galaxias parecen hélices, discos y balones de
fútbol aplanados, ¿por qué los objetos espaciales no se parecen a las bananas o
a los cubos de azúcar?
La manzana de Newton cae al suelo. La Luna cae
sobre la Tierra. La Tierra cae sobre el Sol. El Sol cae hacia el centro de la
Vía Láctea, la Vía Láctea cae sobre Andrómeda. El Cúmulo Local cae sobre el
Cúmulo Virgo.
Una sola regla explica el comportamiento de la
manzana y del supercúmulo: la gravedad. El “superpegamento” del universo. La
atracción gravitacional es una de las propiedades fundamentales de la materia,
la fuerza de atracción que une todos los objetos debido a sus masas, es decir,
a la cantidad de materia de que están hechos. La ciencia nos enseña que hay
cuatro fuerzas fundamentales en el universo: las fuerzas nucleares
fuertes y débiles, que operan dentro de los átomos; la fuerza
electromagnética, que le proporciona estructura a la materia; y
la gravedad. Pese a ser la más débil de todas, la gravedad es
la fuerza que observamos más fácilmente. Hasta un niño puede entender el
concepto básico de gravedad cuando se cae de un columpio en el parque. La
gravedad atrae los objetos que están sobre o cerca de la Tierra hacia ésta, ya
sea la Luna, un meteorito o una flecha lanzada al aire. La gravedad retiene los
gases calientes del Sol. Sostiene a los planetas en sus órbitas alrededor del
Sol y a todas las estrellas de la galaxia en sus órbitas alrededor de su
centro.
La Tierra es redonda debido a la gravedad. El Sol,
la Luna, los otros planetas y las estrellas, son también redondos porque la
atracción gravitacional de cada pedacito de materia sobre otros pedazos de
materia hace que se forme una bola—que es la forma de materia que requiere la
menor cantidad de energía para mantenerse unida.
La fuerza gravitacional fue un enigma durante mucho
tiempo. Aristóteles decía que los objetos más pesados caían más rápido que los
livianos, y su punto de vista fue aceptado durante siglos. Pero, a comienzos de
1600, Galileo introdujo un concepto diferente. Galileo sostenía que todos los
objetos caían con la misma aceleración a menos que la resistencia del aire o
alguna otra fuerza los demorara. Galileo estaba “llegando al meollo del asunto”
pero realmente fue Sir Isaac Newton quien mostró la conexión entre la fuerza
que atrae los objetos a la Tierra y la forma en que se mueven los planetas.
Newton se dio cuenta de que la misma fuerza que hace que los objetos caigan al
suelo es la que produce mareas en los océanos, mantiene a la Luna en su órbita
y propulsa a los planetas en sus interminables viajes alrededor del Sol.
Newton basó su trabajo en el cuidadoso estudio de
los movimientos planetarios realizado con anterioridad por Tycho Brahe y
Johannes Kepler. A partir de leyes descubiertas por Kepler, Newton mostró cómo
la atracción gravitacional del Sol disminuía con la distancia. Infirió que la
gravedad de la Tierra se comportaba de la misma forma.
La teoría de la gravitación establece que la fuerza
gravitacional entre dos objetos es proporcional al tamaño de las masas. Es
decir, cuanto más grande sea la masa, mayor será la fuerza entre los dos
objetos. La teoría habla de la masa y no del peso porque el peso de un objeto
en la Tierra es realmente la fuerza que ejerce la gravedad de la Tierra sobre
ese objeto. En los diferentes planetas, el mismo objeto tiene diferente peso,
pero la masa siempre es la misma. La segunda parte de la teoría establece que la
fuerza gravitacional es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia
entre los centros de gravedad de los dos objetos. Por ejemplo, si la distancia
entre los dos objetos se dobla, la fuerza entre ellos sería un cuarto de la
atracción original. En otras palabras, esta es la razón por la cual un cometa
aumenta su velocidad a medida que se acerca al Sol y disminuye cuando se aleja
de éste —la fuerza gravitacional del Sol sobre el cometa disminuye cuando se
aparta.
En 1915, Albert Einstein puso en crisis esta noción
al mostrar que la teoría de Newton no era válida en ciertos casos como, por
ejemplo, cuando se trata de explicar la órbita de Mercurio alrededor del Sol.
La verdad es que la diferencia es pequeña, y todavía podemos confiar en Newton
para explicar el comportamiento del universo.
|
Hitos en el universo |
|
|
1895 |
Konstantin E. Tsiolkovski, un científico
ruso, publica su primer artículo científico sobre los vuelos espaciales; en
Rusia se le considera el “Padre de los Vuelos Espaciales.” En 1903 propuso
que el oxígeno líquido podía ser usado como combustible para los vuelos
espaciales. |
|
1896 |
El Observatorio Lick de California publica
el primer álbum fotográfico de la Luna. Samuel Pierpont Langley pone a prueba
su máquina de vuelo a vapor en el Potomac; vuela 1.2 kilómetros antes de
estrellarse. |
|
1901 |
Annie Jump Cannon completa la Clasificación
de las Estrellas de Harvard. Se producen la primera máquina de escribir
eléctrica, la primera aspiradora, la primera hoja de afeitar; se realiza la
primera transmisión telegráfica por radio. |
|
1903 |
Wilbur y Orville Wright realizan con éxito
el primer vuelo en avión en Kitty Hawk, Carolina del Norte. |
|
1905 |
Percival Lowell predice la existencia de un
noveno planeta que órbita a Neptuno. Albert Einstein entrega su primer ensayo
sobre la teoría de la relatividad, “Electrodinámica de los Cuerpos en
Movimiento.” Su teoría establece que la velocidad de la luz es constante para
todas las condiciones, y afirma que el tiempo transcurre a diferentes
velocidades para los objetos que están en movimiento relativo constante. |
|
1906 |
Tiene lugar una misteriosa explosión cerca
a Tunguska, Siberia, que asola una enorme región y derriba millones de
árboles; no se encuentra meteorito alguno en el área ni se determina la causa
de la explosión. |
|
1909 |
Louis Blériot completa el primer vuelo
exitoso a través del Canal de la Mancha volando desde Calais hasta Dover en
treinta y siete minutos. |
|
1910 |
Eugene Ely se convierte en la primera
persona en despegar en avión desde la cubierta de un barco. |
|
1911 |
Un meteorito del tamaño de una pelota de
básquetbol mata a un perro en Nakla, Egipto, convirtiéndose en el primer caso
en que un meteorito mata a un animal: setenta y cinco años más tarde los
científicos determinan que ese meteorito provenía de Marte. |
|
1912 |
El Titanic se hunde en su
viaje inaugural. |
|
1914 |
Comienza la Primera Guerra Mundial |
|
1915 |
Albert Einstein concluye su teoría de la
gravitación conocida también como teoría general de la relatividad. |
|
1918 |
Concluye la Primera Guerra Mundial el 11 de
noviembre. |
|
1919 |
El Smithsonian Institute publica la obra de
Robert Goddard Método Para Llegar a Alturas Extremas. Goddard
sugiere enviar un vehículo pequeño a la Luna utilizando cohetes. Es
ridiculizado en la prensa. |
|
1921 |
Einstein gana el premio Nobel de Física por
su descubrimiento del efecto fotoeléctrico. |
|
1922 |
Aleksandr A. Friedmann predice que el
universo está en expansión, basado en las teorías de Einstein. |
|
1924 |
Edwin Hubble demuestra que las galaxias son
sistemas independientes y no partes del sistema de la Vía Láctea. |
|
1926 |
Robert Goddard lanza el primer cohete
impulsado con combustible líquido que llega a una altura de 56 metros (184
pies) de altura y alcanza una velocidad de 60 millas (97 kilómetros) por
hora. |
|
1927 |
George F. Lemaître, sacerdote belga,
propone que el universo fue creado a partir de una explosión de una
concentración de materia y energía que él denomina “huevo cósmico o “átomo
primordial,” primera versión de la teoría del “Big Bang” sobre el origen del
universo. |
|
1929 |
Edwin Hubble determina la distancia de la
constelación Andrómeda desde nuestro sistema solar. |
¿Qué son las estrellas y por qué titilan?
Las galaxias están llenas de estrellas, muchas de
ellas, más de las que uno pueda llegar a imaginarse jamás. ¿El número diez mil
trillones de estrellas le dice algo? Según un cálculo, si dividiéramos en
números iguales todas las estrellas que existen, cada persona del mundo tendría
que contar más de medio billón de estrellas. Si esto se hiciera a razón de mil
estrellas por segundo, durante las veinticuatro horas del día, tomaría unos
cincuenta años contarlas todas.
He aquí algunos datos básicos sobre las estrellas:
· La mayoría de ellas son incomprensiblemente
enormes, y las palabras alcanzan a describirlas. El Sol es una estrella
mediana, pero su diámetro es más de cien veces más grande que el de la Tierra.
· Las estrellas más grandes tienen un diámetro que es
mil veces mayor que el del Sol. Sin embargo, hay estrellas que son más pequeñas
que la Tierra, como las estrellas neutrón, que tienen un diámetro de doce
millas (20 kilómetros).
· Las estrellas están muy, muy lejos. Inclusive las
estrellas más grandes se ven como puntos en el cielo por estar tan distantes de
la Tierra. Aparte del Sol, la estrella más cercana, está a 25 millones de millones
de millas (40 millones de millones de kilómetros) de distancia.
· Las estrellas parecen titilar cuando las vemos
desde la Tierra porque su luz viaja a través de las capas de aire que rodean la
Tierra. El Sol es una estrella y no titila. Las estrellas se verían iguales al
Sol si estuvieran tan cerca como éste. Las estrellas brillan todo el tiempo,
pero sólo podemos verlas cuando el cielo es oscuro y claro a la vez, es decir
cuando el Sol nos permite verlas.
· Por la noche, las estrellas se mueven a través del
cielo como lo hacen el Sol y la Luna, pero el movimiento que percibimos es
causado por la rotación de la Tierra, no por el movimiento de las estrellas.
Las estrellas se mueven, pero su movimiento no puede ser visto debido a su
lejanía de la Tierra. Es similar a lo que sucede cuando vemos que un jet parece
moverse perezosamente en el cielo a pesar de que su velocidad pueda ser de mil
millas por hora, mientras que uno que vuele más bajo parece moverse más rápidamente.
Los astrónomos miden las posiciones cambiantes de las estrellas, llamadas movimientos
propios, comparando fotografías tomadas en intervalos regulares.
· Son muy, pero muy, muy viejas. La mayoría de las
estrellas comenzaron a brillar hace 10,000 millones de años, pero en todo
momento se están formando nuevas estrellas dentro de las nubes de gas y polvo
de la Vía Láctea y de otras galaxias.
¿Cómo se forman las estrellas y por qué brillan?
La vida de la mayoría de las estrellas dura miles
de millones de años. Naturalmente, nadie ha observado todo el proceso de vida
de una estrella específica, es decir, su formación, cambios y finalmente su
muerte. Sin embargo, los astrónomos han observado estrellas en los diferentes
procesos de su existencia y han desarrollado teorías acerca de formación
estelar a partir de leyes físicas y químicas conocidas.
Pero volvamos a reflexionar sobre el viejo gas y el
polvo. Una estrella comienza su vida como una nube de gases interestelares
formada básicamente de hidrógeno mezclado con polvo. Esta nube sufre los
efectos de la presión y comienza a derrumbarse a causa de las fuerzas
gravitacionales. Estas nubes en formación se ven como oscuras manchas redondas
frente a las estrellas brillantes y distantes de la Vía Láctea. La nube puede
contener los residuos de una estrella que ha explotado o puede provenir de una
colección de gases que sale de la superficie de estrellas gigantes. Los
astrónomos nunca han visto una estrella cobrar la vida, pero sí han observado
nubes interestelares oscuras y circulares que podrían ser estrellas empezando a
formarse.
Con el paso de millones y millones de años, la nube
de gas y polvo se contrae a medida que la gravedad la cohesiona. A medida que
el material se compacta en forma de masa redonda, la presión del gas aumenta y
las partículas son absorbidas a velocidades cada vez más rápidas. Mientras esta
estrella se contrae, el gas del centro de la masa redonda adquiere temperaturas
muy altas y la nube se convierte en lo que denominamos una protoestrella.
Cuando la temperatura del centro llega a niveles
extremos, comienza una reacción de fusión nuclear. Los átomos
de hidrógeno del centro se convierten en átomos de helio y esta fusión genera
cantidades considerables de energía nuclear. Como resultado de estas
reacciones, se forma un núcleo de helio a partir de cuatro núcleos de
hidrógeno. Esta reacción de fusión produce energía. Esta energía que es similar
a la producida cuando explota una bomba de hidrógeno. La energía producida
calienta el gas que rodea al centro y este gas caliente comienza a brillar.
¡Ha nacido una estrella!
¿Qué es el polvo estelar?
“De la tierra a la tierra, de las cenizas a las
cenizas y del polvo al polvo” señalan las palabras de las ceremonias fúnebres
del Libro de Oraciones. Qué poético y qué acertado. El espacio no es la
frontera final, ¡sino una gran caneca de reciclaje!
Las estrellas nacen de los restos de las estrellas
viejas. Algunas estrellas mueren en explosiones que generan una nube que
contiene el helio y los elementos pesados que conformaban la estrella anterior.
Con el tiempo, el material de esta nube se mezcla con gases interestelares y
este gas enriquecido es el material del cual se formarán estrellas nuevas. Por
ejemplo, el Sol—y la Tierra y los demás planetas del sistema solar—se formaron
hace 4,600 millones de años a partir de material—polvo estelar—enriquecido por
generaciones anteriores de estrellas. La mayoría del polvo de las estrellas
proviene de generaciones anteriores de estrellas que completaron sus ciclos de
vida y expulsaron su material al espacio interestelar. El oxígeno del aire, el
hierro en la sangre y el calcio de los huesos, es decir, todos los átomos de
nuestro cuerpo con excepción de los de hidrógeno, se formaron en el interior de
estrellas que explotaron mucho antes de que se formara el sistema solar.
Los gigantes rojos, las enanas blancas y los
agujeros negros.
¿Cómo cambian y mueren las estrellas?
Sucede algo parecido a lo que pasa en Hollywood.
Después de que una estrella brilla por su actuación, empieza a cambiar
lentamente, como le sucede al humilde y encantador actor joven cuyo ego se
apodera de él cuando adquiere fama.
En el espacio, después de que una estrella comienza
brillar, comienza a cambiar lentamente. La velocidad de los cambios de una
estrella depende de la rapidez del proceso de producción de energía nuclear. La
velocidad de este proceso, a su vez, depende de la masa de la estrella. A mayor
masa, mayor luminosidad y temperatura—y mayor velocidad de cambio. ¡La analogía
con los actores de Hollywood se mantiene!
Las estrellas que tienen una masa diez veces mayor
a la masa del Sol se demoran unos pocos millones de años en cambiar. Las
estrellas más pequeñas, que tienen una masa equivalente a un décimo de la masa
del Sol tardan miles de millones de años en cambiar. Una estrella cambia cuando
su fuente de hidrógeno disminuye y, cuando esto ocurre, el centro de la
estrella se contrae y aumentan la temperatura y la presión dentro de este
centro. Paralelamente, la temperatura de la parte externa empieza a disminuir. La
estrella se expande considerablemente y se convierte en un gigante
rojo.
Lo que ocurra después de la fase de gigante rojo
depende de la masa de la estrella. Una estrella con una masa parecida a la del
Sol libera al espacio sus capas exteriores, que se ven como gas brillante, y a
las cuales se denomina nebulosas planetarias. El núcleo que
queda después de expulsar esas capas se enfría y la estrella se convierte
en enana blanca. Una estrella que tenga tres veces la masa del
Sol se convierte en una supergigante. Dentro del núcleo de
ésta se pueden formar algunos elementos tan pesados como el hierro, y éstos
pueden explotar convirtiendo la estrella en una supernova. Si
después de la explosión de la supernova ésta tiene menos de tres veces la masa
del Sol, se convierte en una estrella de neutrones. Si una
estrella queda con más de tres veces la masa del Sol, se colapsa y se convierte
entonces en un agujero negro.
Voces del Universo:
Dr. Michael García, Centro de Astrofísica Harvard- Smithsonian (Enero de
2001)
Al detectar tan poca energía en estos candidatos a
agujeros negros tenemos nuevas pruebas de que hay acontecimientos en el
horizonte de eventos. Es extraño pensar que hayamos descubierto algo—sin haber
visto nada, pero eso es, en esencia, lo que hemos hecho.
¿Alguien ha encontrado un agujero negro?
Los agujeros negros han sido comparados con un gato
negro en un sótano oscuro. Con un pájaro negro en el cielo nocturno, o con una
aspiradora o el sifón de una bañera en el espacio capaces de “tragarse” todo a
su alrededor. Han inspirado películas, mitos, y han producido a muchos dolores
de cabeza —un objeto del espacio cuya gravedad es tan grande, que nada en
teoría puede escapar de él, ni siquiera la luz. Un agujero negro, si hubiese
sonido en el espacio, haría un estruendoso ruido de succión.
Hoy en día se considera que los agujeros negros son
el último capítulo evolutivo de las grandes estrellas—las que tienen, al menos,
de diez a quince veces la masa del Sol. Los astrónomos creen que un agujero
negro se forma cuando a una gran estrella se le agota su combustible nuclear y
se destruye y comprime debido a su propia fuerza de gravedad. Mientras están
quemando el combustible, las estrellas producen un empuje que contrarresta la
acción de compresión de la gravedad. Pero una vez agotado el combustible, la
estrella no puede soportar su propio peso y, en consecuencia, explota
produciendo una supernova. La explosión expulsa las capas más externas, y el
núcleo que queda comienza a comprimirse hasta un punto en que toda la masa de
la materia está concentrada con una densidad infinita. La fuerza gravitacional
es muy fuerte en los puntos cercanos al agujero negro porque la materia está
concentrada en un único punto central. Los físicos llaman este punto una singularidad. Se
cree que es mucho más pequeño que el núcleo de un átomo. Los rayos de luz
emitidos por la estrella quedan atrapados en ella. Debido a que no puede salir
luz alguna, se le denomina agujero negro.
Existen dos clases de agujeros negros, los que
rotan y los que no lo hacen. Ambos tienen una superficie esférica llamada
horizonte de eventos de la cual no puede salir absolutamente nada. El radio de
este horizonte de eventos es utilizado por los astrónomos para especificar el
tamaño del agujero negro. Una vez que un objeto pasa por este horizonte de
eventos, desaparece de nuestro universo para siempre. O, como dice Porky: “Esto
es todo, señores.”
Debido a que los agujeros negros son invisibles,
los astrónomos sólo tienen pruebas indirectas de su existencia. Nadie ha
descubierto un agujero negro, pero pocos dudan que existan. La mayoría de los
astrónomos considera que la Vía Láctea, nuestra galaxia, contiene agujeros
negros. Las pruebas provienen de observaciones de rayos X emitidos por un par
de estrellas que se orbitan mutuamente y que se denominan estrellas
binarias. En los últimos años, a partir de observaciones obtenidas por
el Telescopio Espacial Hubble y el Observatorio de Rayos X Chandra, los
astrónomos han obtenido pruebas de al menos siete agujeros negros en la Vía
Láctea y en una galaxia cercana. Cada sistema es una fuente de intensos rayos
X, lo cual llevaría a pensar que tiene una estrella de neutrones o
una estrella muy pequeña que se ha comprimido hasta un estado superdenso o
“agujero negro.”
En 1994, los astrónomos utilizaron el Telescopio
Espacial Hubble para buscar pruebas de la existencia de un agujero negro en el
centro de la galaxia M87. Esta galaxia está en la constelación Virgo, a 50
millones de años luz de distancia de la Tierra.
Recientemente, los dos observatorios espaciales de
la NASA, Hubble y Chandra, proporcionaron lo que podría ser la mejor prueba de
la existencia de un horizonte de eventos, característica inequívoca de un
agujero negro. Un horizonte de eventos es el límite alrededor del cual nada
puede escapar. Los agujeros negros son los únicos objetos que pueden tener un
horizonte de eventos. En el 2001, diferentes grupos de investigadores
encontraron evidencia nueva de agujeros negros. Si un objeto fuera un agujero
negro, se escaparía una pequeña cantidad de energía antes de llegar al
horizonte de eventos. Según palabras de un miembro del grupo de Chandra: “Ver
escapar esta pequeñísima cantidad de materia de la fuente de un agujero negro
es como sentarse en contra de la corriente y ver el agua desaparecer sobre el
borde. La explicación más directa de nuestras observaciones es que estos
objetos tienen horizonte de eventos y, por tanto, son agujeros negros.”
Otro científico, Joseph Dolan, del Centro de Vuelos
Espaciales Goddard de la NASA, pasó años buscando un horizonte de eventos, y
anunció la existencia de uno a comienzos del 2001. Al examinar las pruebas
proporcionadas por un objeto encontrado en la Vía Láctea denominado Cignus
XR-1, Dolan observó brotes de radiaciones ultravioleta brillantes que
desaparecían. En la teoría del agujero negro, cuando una ampolla de gas
caliente llega al horizonte de eventos—el punto teórico de no hay retorno—el
inmenso tirón de la gravedad estira tanto las ondas de la luz que dejan de ser
visibles.
Las teorías, claro está, no pueden ser demostradas,
sólo pueden ser refutadas. No importa cuántas veces el resultado de un
experimento esté acorde con la teoría, no hay certeza de que un futuro
experimento o prueba no la pueda refutar. Pero cada vez que los datos
corroboran la teoría, ésta adquiere mayor validez. Las pruebas recientes
refuerzan la teoría de los agujeros negros. Como indicara Dolan al anunciar su
descubrimiento, “Si estuviésemos tratando de condenar en una corte a Cygnus
XR-1 de ser un agujero negro, ganaríamos el caso civil por la preponderancia de
las pruebas, pero no ganaríamos el caso criminal que demanda probar la
culpabilidad más allá de una duda razonable.”
GUÍA DE TÉRMINOS ESTELARES
Las estrellas pueden clasificarse en diferentes
formas como, por ejemplo, según su brillo, color, tamaño y masa. Recuerde: La
masa es la cantidad de materia que contienen, lo cual es diferente al tamaño o
al peso. Un objeto muy grande puede estar compuesto de gas y entonces su masa
será pequeña. Un objeto pequeño puede constar de material muy denso y por tanto
tendrá una mayor masa. Entonces, una pelota de playa o un globo pueden ser muy
grandes y tener menor masa que una canica o que una pelota de golf. (Recuerde
también que la masa y el peso no son lo mismo; el peso de algo depende de su
localización en el espacio; pero la masa permanece constante, no importa dónde
se encuentre el objeto. Usted pesa más en la Tierra que en la Luna pero su masa
no cambia.)
La siguiente lista de palabras y términos es un
resumen de algunos de los conceptos fundamentales relacionados con las
estrellas y con sus ciclos de vida.
Estrellas Binarias Son pares de estrellas que se mueven en
órbitas alrededor de un centro de masa común. La mayoría de las estrellas son
binarias e inclusive múltiples. Por ejemplo, el sistema de estrellas más
cercano al Sol, el Alfa Centauro es una estrella binaria.
Existen diversas categorías de binarias:
· Binarias Eclípticas—estrellas dobles que consisten de pares de
estrellas moviéndose una alrededor de la otra. Las estrellas orbitan de tal
manera que periódicamente una bloquea la luz de la otra.
· Binarias Visuales —estrellas que al ser vistas a través de un
telescopio parecen dos estrellas dando vueltas una alrededor de la otra. Una
revolución de estas estrellas puede durar cien años.
· Binarias Espectroscópicas—estrellas que parecen estrellas individuales, aún
a través del telescopio. Están tan unidas que no pueden verse de manera
individual, y reciben el nombre del espectroscopio, aparato que esparce luz en
un espectro, una banda de colores similar a la del arco iris. Algunas
características del espectro identifican la luz como proveniente de una
binaria. Las binarias espectroscópicas completan sus revoluciones alrededor de
cada una en unos pocos días o pocos meses.
· Enana Marrón: En esencia, es una estrella que no se graduó. Una
enana marrón es un objeto espacial más pequeño que una estrella, pero más
pesado que un planeta. Difíciles de detectar, las enanas marrón no tienen
suficiente masa para dar origen a reacciones nucleares en sus centros. La
primera fue captada en 1995 en la constelación Lepus. Tiene de veinte a
cuarenta veces la masa de Júpiter, pero emite solamente uno por ciento de la
radiación de la estrella más pequeña que se conoce.
· Estrellas de secuencia principal: Son estrellas “ordinarias” como el Sol.
Constituyen el noventa por ciento de las estrellas que pueden verse desde la
Tierra. Entre ellas hay estrellas de numerosos colores y grados de brillantez.
Las estrellas de secuencia principal tienen diámetros medianos. Son mucho más
pequeñas que las gigantes y las supergigantes, y a veces se las conoce como
enanas de secuencia principal. Todas las estrellas de secuencia principal
convierten el hidrógeno en helio a partir de fusión nuclear en su núcleo. Las
estrellas de tamaño mediano conocidas como “estrellas enanas” son casi tan
grandes como el Sol. Sus diámetros varían desde un décimo del diámetro del Sol
hasta diez veces su tamaño.
· Nebulosa: Una nube de gas y polvo en el espacio
—usualmente brillante debido a que refleja, absorbe o irradia luz de las
estrellas cercanas. Estas son consideradas las “fábricas” o lugares de
generación de nuevas estrellas. Algunas nebulosas (nebulosas
planetarias o restos de supernovas) son producto del gas
expulsado por estrellas que agonizan. Las nebulosas se clasifican de acuerdo
con su emisión, absorción o reflexión de luz.
· Nebulosa de Emisión —una nebulosa, como la de Orion, que brilla
intensamente porque su gas recibe la energía de las estrellas que se han
formado dentro de ella.
· Nebulosa de Reflexión —una nebulosa como la que rodea las estrellas
de la agrupación de las Pléyades, en la cual la luz del Sol refleja los granos
de polvo dentro de ella.
· Nebulosa Oscura —una nube densa compuesta de hidrógeno
molecular que absorbe parcial o completamente la luz que tiene detrás, como es
el caso de la nebulosa Cabeza de Caballo en Orion. La Nebulosa del Cangrejo, la
más famosa de los residuos de las supernovas, que fue llamada así por su forma
de cangrejo, es una nube de gas que está a 6,000 años luz de la Tierra en la
constelación Taurus. Son los restos de una estrella que, de acuerdo con los
registros chinos, explotó el 4 de julio de 1054 y se vio como un punto brillante
de luz—y que ahora se sabe que es una supernova. En su centro había un púlsar
que resplandecía treinta veces por segundo.
Estrella de Neutrones: La próxima vez que usted quiera insultar a
alguien por falta de inteligencia, le podría decir algo como “usted es tan
denso como una estrella de neutrones.”
Las estrellas de neutrones son las más pequeñas. Son estrellas que se han
comprimido hasta un estado “superdenso” en el cual los átomos se han integrado,
sus electrones se han apretujado entre los protones convirtiéndoles en
neutrones. (Para aquellos cuyos recuerdos de las clases de ciencias se limitan
a los mecheros defectuosos y a la disección de ranas, los neutrones son uno de
tres componentes de un átomo: los protones y neutrones están contenidos en el
núcleo central rodeados por los electrones.) Se cree que estas pequeñas
estrellas superdensas se forman cuando las grandes estrellas explotan como
supernovas, proceso en el cual los protones y los electrones de los átomos de
la estrella se integran debido a su gran fuerza gravitacional. Las estrellas
neutrón se comportan como las estrellas normales, pero son tan compactas que un
fragmento del tamaño de un cubo de azúcar pesaría tanto como toda la población
del mundo. Tienen la misma masa del Sol, pero son tan compactas que sólo tienen
doce millas (20 kilómetros) de diámetro.
Novas: Este término es algo, confuso especialmente
si uno piensa que “nova” quiere decir “nuevo.” Si usted es de los que cree que
nos estamos refiriendo a un tipo de pescado que combina muy bien con bagels, pues
tiene que actualizarse. Una nova es una estrella que se ilumina intensa y
rápidamente, permanece brillante durante algunos días y luego se desdibuja
gradualmente hasta tener su apariencia pálida. Se cree que las novas son el
resultado de una explosión de materia que se acumula en la superficie de una
enana blanca (véase más abajo) en un sistema binario.
Nebulosa Planetaria: A pesar de su nombre, no tiene nada que ver
con los planetas. Es la envoltura gaseosa liberada por una estrella gigante
roja, etapa cercana a la muerte de una estrella. Esta capa de gas se ilumina
debido a los fotones ultravioleta que se escapan de la enana blanca caliente
que queda. Se cree que este residuo de las estrellas agonizantes se convierte
en material nuevo para la formación de estrellas nuevas como parte del
reciclaje cósmico.
Púlsar: Se cree que son estrellas de neutrones
giratorias que emiten pulsos regulares de energía. Fueron descubiertas en 1967.
Gigante Roja: Una estrella grande y brillante, que tiene de
diez a cien veces la masa del Sol; tiene la superficie fría y se piensa que
está cercana al final de su ciclo de vida. La temperatura relativamente baja de
esta estrella le da su color rojizo. A medida que la estrella gasta su
combustible, se expande, su superficie se enfría y libera su atmósfera exterior
(que se convierte en una nebulosa planetaria). El diámetro de Aldebarán, por
ejemplo, mide cerca de cuarenta y cinco veces más que el del Sol. Las estrellas
más grandes en su fase gigante se denominan supergigantes.
Supergigantes: Son las estrellas más grandes y más luminosas
de las que conocemos. Son las estrellas agonizantes, cuyo diámetro es hasta mil
veces mayor que el del Sol. Son estrellas de gran masa, que han gastado todo el
combustible de hidrógeno y han comenzado a expandirse y a enfriarse. Son las
estrellas más grandes, y entre ellas están Antares y a Betelgeuse. Antares
tiene un diámetro 330 veces más grande que el del Sol. Betelgeuse se expande y
se contrae. Su diámetro varía entre 375 y 595 veces el del Sol. Algunas
supergigantes, como Betelgeuse, brillan con un color rojo, aunque otras
supergigantes, como Deneb, brillan con luz azul, lo que indica que tienen
temperaturas más altas.
Supernova: Es la explosión de una supergigante. Es la
muerte explosiva de una estrella que adquiere la luminosidad temporal de 100
millones de soles o más. Una supernova puede brillar tan intensamente como una
pequeña galaxia durante unos días o semanas. Los astrónomos piensan que esto
puede ocurrir en una galaxia grande una vez cada cien años. La supernova más
famosa ocurrió en la Vía Láctea en 1054 y produjo una enorme nube de gas en
expansión denominada la Nebulosa del Cangrejo. La Nebulosa del Cangrejo tiene
una estrella de neutrones en rotación —una estrella pulsar—en su centro.
Estrella Variable: Las propiedades de estas estrellas, como el
brillo, varían dependiendo de sus pulsaciones.
Enana Blanca: Es una estrella pequeña, caliente y densa que
se encuentra en el último estadio de la vida de una estrella como el Sol.
Ocurre después de que un gigante rojo libera sus capas externas en forma de
nebulosa planetaria; esta es la última etapa de una estrella agonizante y da
lugar a estrellas superdensas que tienen el tamaño de una planeta, pero son tan
pesadas como las estrellas normales. Las enanas blancas constituyen el diez por
ciento de las estrellas de la Vía Láctea. La mayoría son mucho más calientes
que el Sol, pero no son tan luminosas, dado su tamaño.
La gravedad comprime los electrones y los protones
de una enana blanca de forma increíble. Una cucharada del material de este tipo
de estrella pesaría varias toneladas en la Tierra. Se cree que son los restos
“encogidos” de estrellas que han agotado sus fuentes de energía y, en
consecuencia, se enfrían y su luz se debilita. Los astrónomos sugieren que la
gravedad contenida dentro de las enanas blancas las ha encogido a su pequeño
tamaño. La enana blanca más pequeña, la estrella Van Maanen, tiene un diámetro
de 5,200 millas (8,370 kilómetros) — menos que la distancia de occidente a
oriente de Asia. Las enanas blancas son mucho más pequeñas que las estrellas de
secuencia principal, pero sus temperaturas son mayores. Las enanas blancas no
poseen una fuente de energía a partir de la fusión. En algún momento perderán
su resplandor y quedarán hechas ascuas, como le sucederá a nuestro Sol en 5,000
ó 7,000 millones de años.
¿Quién les pone nombre a las estrellas?
Gracias a la película Beetlejuice, protagonizada
por Michael Keaton, Betelgeuse es una de las pocas estrellas cuyo nombre es
reconocido por todo el mundo, además de la Estrella del Norte, cuyo verdadero
nombre es Polaris. Es un nombre árabe que significa la “Axila del Gigante.”
Varios nombres de estrellas son árabes porque después de la caída de Roma y
durante el período medieval en Europa, la mayoría de la astronomía científica
era practicada por los árabes. Durante el Renacimiento, cuando el conocimiento griego
fue introducido en Occidente, se conservaron muchos de los nombres árabes de
las estrellas. Aún así, había demasiadas estrellas por nombrar, y por esto en
1603 el astrónomo alemán Johann Bayer instituyó una forma sistemática de
identificar las estrellas en su libro Uranometría. Bayer
asignó a cada estrella una letra griega minúscula seguida del nombre posesivo
de la constelación en que ésta se encontraba. Desde entonces, a medida que
nuestro conocimiento del universo ha crecido, también ha mejorado la
clasificación de las estrellas. Annie Jump Cannon, una de las grandes
“estrellas” de la astronomía y científica del Observatorio de Harvard, afirmó
alguna vez, “Clasificar las estrellas es el problema más grande que se le ha
presentado a la mente humana.” Luego clasificó casi todas las 250,000 estrellas
que se encuentran en el catálogo del Observatorio de la Universidad de Harvard.
En 1919 se fundó la Unión Astronómica Internacional
(UAI) para promover y proteger la astronomía. Este grupo se encargó de
coordinar y mantener en orden todos los sistemas de clasificación de las
estrellas. En 1930, la UAI se convirtió en la autoridad reconocida con respecto
a la identificación y clasificación de todos los objetos celestes, es decir,
también todas las otras cosas que encuentran los astrónomos además de las
estrellas.
Sólo unas pocas estrellas tienen nombres. Los
antiguos observadores del firmamento nombraron las estrellas más radiantes como
Betelgeuse y Rigel en la constelación Orion. Pero los astrónomos y los
observadores del cielo utilizan diferentes sistemas para reconocer las
estrellas y demás objetos nocturnos. La mayoría de las estrellas en un atlas
del cielo ha sido clasificada de acuerdo con la nomenclatura Bayer, en la cual
una letra griega denota la luminosidad de la estrella en una constelación
particular (“alpha” es la más radiante y “omega” es la menos brillante) y
existe una abreviatura de tres letras para la constelación. En otras palabras,
Sirio, la estrella más luminosa de todas, que forma parte de la constelación
del Can Mayor, se conoce oficialmente como aCma. Los astrónomos han encontrado
constelaciones con más de veinticuatro estrellas (el número de letras griegas)
y han utilizado números y letras del alfabeto romano. A medida que se
perfeccionaron los telescopios, se desarrollaron nuevos sistemas para
clasificar otros objetos, además de las estrellas, que se iban encontrando. Uno
de los sistemas recientes de clasificación, el Catálogo Messier, fue compilado
en el siglo XVIII por el astrónomo francés Charles Messier; las estrellas
nombradas por Messier siempre comienzan con la letra M (Andrómeda, por ejemplo,
es conocida como M31). En 1786, William Herschel publicó el Catálogo de
las Nebulosas, que se convirtió en el Nuevo Catálogo General (NCG)
desarrollado para organizar cientos de objetos recientemente
descubiertos-agrupaciones de estrellas, nebulosas y galaxias. Su suplemento es
el Catálogo Indexado (IC). A pesar de que estos listados se encuentran en la
mayoría de los libros sobre el firmamento, los nombres nuevos de las estrellas
y otros objetos son propiedad de la UAI y no pueden —aparentemente—ser
comprados.
Pero, cada año, especialmente alrededor del día de
San Valentín, se oyen anuncios de empresas que venden la posibilidad de
bautizar una estrella con el nombre de quien recibe este privilegio como
regalo. Prometen registrar el nombre en algún libro y enviar una placa y un
documento de certificación. Si usted ha comprado una de estas estrellas de
regalo, puede ser que se la agradezcan muchísimo, pero no tiene validez en el
mundo de la astronomía. Así que, si a usted lo convencieron de esto, cuídese de
que quieran venderle el Puente de Brooklyn o una fabulosa propiedad en la
Florida. La mejor forma de que le pongan el nombre de uno a algo es ...
descubriéndolo—¡como en el caso de un nuevo cometa!
¿Existen otros sistemas solares en el espacio?
Ahora que tenemos un mayor dominio de la inmensidad
del universo, viene la pregunta obvia. ¿Existen otros planetas? ¿Otras Tierras?
¿Es posible, como sugieren algunos científicos, que la Tierra sea un
extraordinario accidente, una en muchos miles de millones de posibilidades? ¿O
existirán otras Tierras en la inmensidad del universo?
Hasta comienzos de 1990 la respuesta era “tal vez.”
Pero a partir de 1995 hemos logrado reunir un impresionante conjunto de datos.
Sí, existen otros planetas allá lejos. A comienzos de 2001 se habían
descubierto cuarenta planetas “extrasolares,” aunque diferentes al concepto de
planeta que tenemos y muy diferentes a la Tierra.
Pero este punto de vista también está cambiando. En
el año 2000
se obtuvo evidencia de la posible existencia de
otros nueve o diez planetas circulando alrededor de las estrellas. Como bien lo
expresara Geoffrey Marcy, investigador de la Universidad de California en
Berkeley, “Estamos en un momento en el que estamos encontrando planetas más
rápidamente de lo que podemos investigarlos y escribir resultados.”
Algunos descubrimientos recientes publicados en la
revista Nature del 4 de enero de 2001 sugieren la posibilidad de
que numerosas estrellas cercanas pueden tener los mismos componentes de los
sistemas solares. Algunos investigadores han encontrado cantidades
sorprendentes de gas hidrógeno, crítico para la formación de planetas gigantes
como Júpiter, circulando alrededor de tres estrellas cercanas. El estudio
reportado en Nature halló suficiente hidrógeno alrededor de
una de las estrellas como para formar seis planetas similares a Júpiter. Unamos
esto a la idea de que esos gigantes gaseosos son necesarios para la formación
de planetas más pequeños como la Tierra, y tendremos las bases teóricas de los
planetas y su papel en la formación de sistemas solares. De acuerdo con las
teorías de formación de sistemas solares, los gigantes gaseosos son un
requisito fundamental para el desarrollo de planetas más pequeños que puedan
sustentar vida. Los gigantes gaseosos actúan como “aspiradoras” cuya gravedad
limpia asteroides potencialmente peligrosos y cometas.
Las tres estrellas en ese estudio son relativamente jóvenes—tienen
entre ocho y treinta millones de años—comparados con la edad de nuestro Sol de
cinco mil millones de años. Cada estrella está a menos de 260 años luz de
distancia.
Es claro que la búsqueda de otros planetas y el
creciente número de ellos que estamos encontrando nos hace pensar en la
pregunta que más atrae a la persona común y corriente que está menos
interesadas en cosmología y en el futuro del universo ¿Estamos solos?
|
Hitos en el universo |
|
|
1930 |
Clyde Tombaugh descubre el planeta Plutón
el 18 de febrero. |
|
1934 |
El ingeniero Wernher von Braun desarrolla
un cohete impulsado con combustible líquido que alcanza una altura de 1.5
millas (2.6 kilómetros). |
|
1936 |
La Alemania de Hitler construye en
Peenemünde una base secreta para la construcción de cohetes experimentales
con combustible líquido. |
|
1937 |
Japón invade China. |
|
1938 |
Hans Bethe y Carl Friedrich von Weizsäcker,
de manera independiente, proponen la teoría de la causa de la energía
producida por las estrellas: la fusión nuclear del hidrógeno para producir
helio. Este concepto básico es aceptado en la actualidad con algunos cambios
pequeños. |
|
1939 |
J. Robert Oppenheimer que será el director
del Proyecto Manhattan, calcula que si la masa de una estrella es 3.2 veces
mayor que la masa del Sol, tendrá lugar un colapso de la estrella ocasionado
por la falta de radiación interna y la masa de la estrella se concentrará en
un punto creando lo que se conoce como un “agujero negro.” |
|
1941 |
El ataque japonés a Pearl Harbor, el 7 de
diciembre, precipita la entrada de los Estados Unidos a la Segunda Guerra
Mundial. Un día antes, el presidente Roosevelt había firmado la orden de
desarrollar el proyecto de la bomba atómica que se lanzaría sobre Japón en
1945. |
|
1944 |
Las fuerzas armadas alemanas comienzan a
utilizar la bomba volante V-l, impulsada por un motor de propulsión a chorro,
contra el Reino Unido; en septiembre entra en operación una bomba impulsada
por un cohete de combustión líquida, la V-2. |
|
1945 |
Alemania se rinde el 7 de mayo; Hiroshima
es bombardeada el 6 de agosto con una bomba atómica de uranio. Una bomba de
plutonio destruye a Nagasaki el 9 de agosto; Japón se rinde el 14 de agosto. |
Parte IV
El audaz asalto
Oscuridad, oscuridad, oscuridad. Todo penetra a las
tinieblas. A los espacios interestelares vacíos, lo vacío a lo vacío.
T. S. ELLIOT, Cuatro Cuartetos, 1940
Soy un pasajero en la Nave Espacial Tierra.
R. Buckminster Fuller Manual de Operación para la Nave Espacial Tierra, 1969
La Verdad está allá afuera.
Los Archivos X
· ¿Cómo cambiaron la historia un satélite del tamaño
de una pelota de básquetbol y una perra llamado Laika?
· ¿Fue Wernher von Braun un criminal de guerra?
· ¿Caminó realmente el hombre en la Luna?
· ¿Fue fiel a la realidad la película A polo
13?
· ¿Quiénes eran los “13 de Mercurio”?
· ¿Qué le pasó al trasbordador espacial Challenger?
· Celulares y Speedos: NASA, ¿qué ha hecho por mí
últimamente?
· Regreso al futuro: El regreso de John Glenn al
espacio, ¿fue bueno para la ciencia o sólo una maniobra publicitaria?
· Si uno rompe un espejo en el espacio, ¿quiere decir
que va a tener siete años de mala suerte?
· Espacio, inodoros y sexo: ¿Cómo funcionará la
estación espacial? ¿Ha sido alguien secuestrado por extraterrestres?
· ¿Quién anda a la búsqueda de la vida?
LA NASA REDUCE LOS OBJETIVOS DE SUS MISIONES. Prepárese para la aventura...
En abril de 1997, Celestis I, un
cohete de una nueva generación de naves espaciales comerciales, salió disparada
al espacio con un contenido extraño. En lugar de llevar equipos de
telecomunicaciones o instrumentos para medir el clima, este pequeño satélite
llevaba los restos cremados de veinticuatro personas. Esta misión tenía como
objetivo llevar a cabo el primer entierro de seres humanos en el espacio. Entre
los restos que se enviaban estaban los de Gene Roddenberry, creador de Star
Trek, Gerard K. O’Neill, promotor de la colonización espacial, y el gurú
psicodélico de la década de los sesenta, Timothy Leary. De las cenizas a las
cenizas. Del polvo al polvo espacial
El universo, sabemos en la actualidad, se recicla
constantemente. Toma los residuos de estrellas muertas y los convierte en
galaxias, estrellas y planetas. Pero, ¿es eso todo? ¿Está el espacio destinado
a convertirse en el vertedero final de la humanidad, en el lugar de descanso
eterno de los restos humanos enviados al espacio para reducir la congestión en
los cementerios? ¿Fue el “pequeño paso” de Neil Armstrong un salto realmente
gigantesco para la humanidad —o para las funerarias?
Este capítulo se enfoca en una historia que comenzó
cuando la primera persona miró a las estrellas y pensó en ir allá algún día.
Desde el mítico Dédalo a Leonardo da Vinci y Kepler, hasta Julio Verne y H. G.
Wells y los hermanos Wright, el ser humano ha tratado siempre de escapar los
confines de la Tierra. Nos tomó cientos de años, pero finalmente salimos del
planeta Tierra. Lo que sigue es una historia del interés por llegar a los
cielos, un resumen de los programas espaciales del siglo XX que le han permitido
a la humanidad finalmente escapar de los “tempestuosos límites de la Tierra”
como lo expresara el poeta Gillespie Magee Jr.
La búsqueda del espacio, la “frontera alta,” ha
sido generalmente aceptada y aplaudida por el terrestre común y corriente.
Pero, esta es una historia llena de tramas como para una película sobre alguna
conspiración internacional—ambiciones personales, intrigas y espionaje entre
naciones y decisiones morales cuestionables que nunca salieron a la luz del día
mientras los medios de comunicación de Estados Unidos alababan los desarrollos
técnicos.
A medida que el programa espacial empezó a crecer,
se contestaron muchas preguntas. Pero nuestras misiones enviadas a otros mundos
también crearon muchas dudas. Tal vez la pregunta más grande de todas, aquella
que se ha vuelto más inquietante con los descubrimientos más recientes, es:
¿Estamos solos? Al lanzarnos a los inconmensurables límites del espacio,
¿encontraremos otras formas de vida?
Voces del Universo:
John Gillespie Macee Jr. Alto Vuelo, 1941
Me he escapado de los tempestuosos límites de la
Tierra
Y con alas plateadas he danzado risueño en los cielos;
Me he elevado al Sol y me he unido al regocijo
De nubes resplandecientes—y he hecho cientos de cosas
Que jamás había soñado poder hacer—he dado vueltas,
He subido y me he mecido en medio del silencio
Iluminado por el Sol. Revoloteando,
He perseguido al estruendoso viento y he piloteado
Mi ansiosa nave a través de pasillos de aire, sin tocarlos.
Alto, muy alto, en el extenso, delirante y ardiente azul,
He sobrevolado con gracia las alturas acariciadas por el viento
Que ninguna alondra o águila ha alcanzado —
Y, caminando por la santidad del espacio resguardado,
con mi mente silenciosa y elevada
He extendido mi mano y he tocado el rostro de Dios.
John Gillespie Magee Jr., hijo de misioneros
estadounidenses radicados en China, estudiaba en Inglaterra cuando estalló la
guerra. Se unió a la Real Fuerza Aérea Canadiense y escribió este poema en el
reverso de una carta que envió a sus padres a los Estados Unidos. Murió en una
colisión aérea cuatro días antes del ataque japonés a Pearl Harbor. Tenía
diecinueve años. El poema se hizo famoso cuando el Presidente Reagan lo leyó
durante las exequias de los astronautas que fallecieron en el accidente del trasbordador Challenger (véase
la página 262).
¿Cómo cambiaron la historia un satélite del tamaño
de una pelota de basquetbol y una perra llamada Laika?
Hasta el 4 de octubre de 1957, seguía siendo un
sueño. Ese día, la Unión Soviética lanzó el Sputnik, el primer
satélite artificial en orbitar la Tierra. Desde el espacio, la nave envió una
transmisión estable: beep, beep, beep, que fue escuchada por
los radioyentes de todo el mundo. Los soviéticos habían sorprendido a los
estadounidenses, y al mundo, al ser la primera nación en poner en órbita, con
éxito, un satélite construido por el hombre. Constituía una propaganda estupenda
para la Unión Soviética; su sistema, anunciaron con orgullo, había demostrado
ser superior. De acuerdo con el reporte de la agencia Tass: “Los
satélites artificiales pavimentarán el camino para los viajes interplanetarios
y, aparentemente, nuestros contemporáneos serán testigos de la forma en que los
libres y conscientes trabajadores de esta nueva sociedad socialista harán
realidad uno de los sueños más valorados por el hombre.” Un punto para la madre
Patria.
El mundo occidental reaccionó con sorpresa, miedo y
ansiedad al lanzamiento del Sputnik y, al menos en el mundo
científico, con respeto. El primer ministro soviético, Nikita S. Krushchev,
ordenó financiar generosamente nuevos proyectos espaciales que continuaron
sorprendiendo y fascinando al mundo. En los Estados Unidos, los líderes prometieron
hacer todo lo posible por no quedarse atrás. Había comenzado la ‘carrera
espacial.’
En palabras de Tom Wolfe, en su libro The
Rigbt Stuff, sobre la conquista estadounidense del espacio:
“La ‘carrera espacial’ se convirtió en un presagio
de todo el conflicto de la Guerra Fría entre las ‘superpotencias,’ la Unión
Soviética y los Estados Unidos. Las encuestas demostraron que la gente
consideraba el lanzamiento de cohetes de esa manera... como una competencia por
el poder destructor... Pero en estos tiempos neosupersticiosos, esto
significaba mucho más. Significaba la capacidad tecnológica e intelectual de
dos naciones, y la fuerza y determinación del espíritu nacional. Esto llevó a
John McCormack a expresar ante la Cámara de Representantes que los Estados
Unidos estaban próximos a la ‘extinción nacional’ si no superaban a la Unión
Soviética en su carrera espacial.
Un mes después del lanzamiento del Sputnik, los
soviéticos se anotaron otro gol. Lanzaron al espacio un segundo satélite,
el Sputnik 2, que llevaba una perra terrier mestiza llamada
Laika (“ladrador”). En un compartimiento presurizado, con comida, dispensadores
de agua y electrodos que monitoreaban los signos vitales, Laika demostró que
los animales podían sobrevivir los efectos desconocidos de la micro- gravedad y
de la radiación. Pero, en la carrera por ganarles a los norteamericanos, los
soviéticos no se concentraron en perfeccionar la entrada y recuperación en la
atmósfera terrestre. Laika murió a bordo del Sputnik 2 tras
una inyección de veneno, un sacrificio en el altar de la ciencia.
El éxito del lanzamiento doble sorprendió a Estados
Unidos y condujo al país en una nueva dirección. El éxito de la Unión Soviética
tuvo lugar en medio del auge de la paranoia de la Guerra Fría, el “Gran Miedo”
o el “Miedo Rojo,” durante el cual cada movimiento del gobierno estadounidense
estaba animado por su interés en la derrota del comunismo soviético. Era la
época en que los políticos paranoicos o perniciosos, como el senador Joseph
McCarthy, creían que el comunismo y los comunistas estaban en todas partes,
desde Hollywood hasta el Departamento de Estado y el ejército. Los soviéticos
tenían “la Bomba,” una realidad que muchos norteamericanos atribuyeron a que
los espías “Rojos” habían robado documentos secretos de Estados Unidos. Había
muchos estadounidenses que creían que los soviéticos debían haber robado los
diseños secretos de satélites y de cohetes. Ahora, los “Rojos” tenían cómo
dejar caer armas atómicas sobre Estados Unidos. La gente de cierta edad no sabe
lo que significó el “agáchese y cúbrase” para una generación de estudiantes que
fue entrenada para esconderse tras los pupitres y bajar al sótano para pararse
contra la pared en caso de un ataque de misiles.[1]
Pero, al comienzo de la carrera, el corredor
estadounidense tambaleó. Las cosas pasaron de temibles a desastrosas. El 6 de
diciembre de 1957, unos meses después de los exitosos vuelos del Sputnik y
Laika, la respuesta estadounidense al Sputnik estalló en la rampa de
lanzamientos. El lanzamiento del cohete Vanguard fue observado
por millones de personas durante el primer conteo televisado de la historia. La
altura alcanzada por Vanguard: cuatro pies.
Era claro que si los soviéticos estaban tan
adelantados era porque había algo que no andaba bien en la educación, la moral
y la determinación de los estadounidenses. Para responder a estos
señalamientos, la nación se embarcó en una campaña masiva, que rayaba en la
histeria, por modernizar y actualizar las escuelas que, según varios políticos,
se habían vuelto blandas y poco exigentes. El interés por entregar fondos a los
colegios tras el Sputnik, especialmente en las áreas de
ciencias y matemáticas tenía como propósito cerrar la brecha con respecto a la
educación soviética. La historiadora Kitty Fergusson, en su libro Measuring
The Universe recuerda la ansiedad de aquellos días: “El pánico llegó a
mi escuela de Texas que, evidentemente, no era tan buena para producir
científicos como lo eran los colegios soviéticos. Se compraron mejores libros
de física y de matemáticas y equipos de laboratorio, las profesoras comenzaron
a entrenarse y a todos se les pidió que tomaran más clases en sus asignaturas.
Las acciones de mi hermano menor, un genio para las computadoras y un físico
subieron. Las mías, como estudiante de música clásica, bajaron. En la
Universidad de Texas, mi futuro esposo fue calificado de antipatriótico por los
profesores de matemáticas al no escoger la carrera de matemáticas.”
Otro hecho clave fue la decisión que llevó en 1958
a la creación de una agencia espacial civil llamada la Administración Nacional
de Aeronáutica y del Espacio (NASA). La NASA impulsó la carrera espacial
agrupando varios laboratorios espaciales militares y a varios investigadores en
aeronáutica. Aunque era una organización civil, la NASA fue, desde un comienzo,
manejada para satisfacer deseos y necesidades militares, y así permanecería. En
consecuencia, tres cuartos de los satélites enviados por los Estados Unidos
durante las décadas de la Guerra Fría fueron satélites del ejército.
La victoria del Sputnik soviético
y el nacimiento de la NASA fueron la culminación de los sueños relacionados con
la posibilidad de viajar al espacio. En el siglo XVII, el astrónomo alemán
Johannes Kepler (véase la Parte I), quien había determinado las trayectorias de
los planetas, se convirtió en el primer científico en describir viajes a otros
mundos en su libro Somnium. En este libro, que era en parte un
tratado científico, un hombre recibe lecciones sobre la Luna de un demonio
conjurado por su madre. (Recuerde que la propia madre de Kepler fue acusada de
brujería.) Este demonio viaja a la Luna durante los eclipses y describe la
apariencia de la Luna y la de sus habitantes, a quienes atribuye rasgos de
serpiente.
Durante los siglos XVIII y XIX, otros escritores
serios empezaron a proponer ideas para viajar a otros mundos. Entre ellos se
destaca el francés Julio Verne (1828-1905), un vendedor de acciones convertido
en escritor y a quien se le conoce como “padre de la ciencia ficción.” Su
novela de 1865 De la Tierra a la Luna no sólo inspiró a toda
una generación de interesados en cohetería, sino que presagió de manera
sorprendente algunos sucesos, entre ellos, la localización del lugar de
lanzamientos en la Florida, un cohete lanzado desde un gigantesco cañón y una
“sumersión” en el océano Pacífico. Entre los lectores de Julio Verne hubo
varios científicos que comenzaron a tomar en serio esta ciencia ficción durante
el siglo XX. En 1903, Konstantin E. Tsiolkovski, un profesor ruso de enseñanza
secundaria, parcialmente sordo, completó el primer ensayo científico sobre el
uso de cohetes en los viajes espaciales. A diferencia de los escritores de
ciencia ficción del siglo XIX, el ensayo de Tsiolkovski se fundamentó en “ciencia
dura” y demostró que los viajes al espacio eran una posibilidad real. Cuando
Stalin subió al poder, puso al desconocido profesor a cargo de un nuevo
programa que debía transformar la naturaleza con el objetivo de construir la
utopía soviética. (Este esfuerzo implicó un extenso daño para el medio ambiente
y un costo muy alto para el pueblo soviético.) Años más tarde, el pionero en
cohetería, Robert H. Goddard, y el científico de Transilvania, Hermann Oberth,
se interesaron en los viajes espaciales. Estos tres hombres, trabajando de
manera independiente, se enfrentaron a los problemas técnicos de los cohetes y
se les conoce como los padres de los vuelos espaciales.
El gran pionero de la cohetería estadounidense,
Robert Goddard (1882-1945), nació en Worcester, Massachusetts, y se enamoró de
los vuelos espaciales luego de leer en su niñez la Guerra de los
Mundos en 1898, historia que fue señalizada en un periódico de Boston.
En 1919, Goddard, entonces profesor de la Universidad de Clark de Massachusetts
y un verdadero apóstol de los viajes espaciales, explicó cómo los cohetes
podían usarse para explorar la atmósfera superior en un trabajo escrito para el
Smithsonian Institute llamado “Método para Llegar a Alturas Extremas.” En este
ensayo describía también cómo lanzar cohetes a la Luna. Las ideas de Goddard
fueron ridiculizadas por la prensa popular. Ante esto, se retiró de la luz
pública, pero encontró un gran seguidor en Charles Lindbergh, el gran héroe de
la aviación estadounidense, quien consiguió financiación privada para Goddard.
Con este apoyo, Goddard construyó y lanzó el primer cohete impulsado por
combustible líquido en la finca de su tía Effie en Auburn, Massachusetts, en
1926. Hacia 1935, trabajando solo, Goddard empezó a construir y a lanzar
cohetes de combustible líquido cerca de Roswell, Nuevo México.
Por esa misma época, Hermann Oberth escribió en
1923 El Cohete hacia el Espacio Interplanetario, en el cual
analizaba los problemas técnicos de los viajes espaciales. Rápidamente se
convirtió en un libro ampliamente leído en Europa, aunque Goddard sentía que le
habían plagiado su trabajo. Pero Oberth había estado desarrollando sus ideas de
manera independiente y una parte del libro describía una nave espacial, vuelos
espaciales y una estación espacial primitiva. Su trabajo inspiró la creación de
la Sociedad para los Viajes Espaciales, creada en Berlín en 1927. En 1929,
Oberth trabajó como consejero técnico del afamado cineasta Fritz Langon en su
película Niña a la Luna. Poco tiempo después conoció a un
científico de cohetería, Wernher von Braun, con quien desarrollaría los cohetes
para Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.
Voces del Universo:
Tom Lehrer, satirista político de la década de los sesenta
No diga que él es un hipócrita,
Diga mejor que es apolítico
“Si los cohetes se elevan, ¿qué importa dónde caen?
Eso no me corresponde, ” afirma Wernher von Braun.
Algunos critican a este renombrado científico,
Pero otros creen que le debemos gratitud,
Entre ellos, las viudas y los minusválidos de Londres
Que reciben cuantiosas pensiones gracias a Wernher von Braun.
¿Fue Wernher von Braun un criminal de guerra?
A través de la historia, la tecnología ha sido
aliada de las armas. En la antigua Grecia, Arquímedes supuestamente inventó un
escudo reflector que podía ocasionar incendios en los barcos enemigos. Galileo
diseñó un aparato para mejorar la exactitud de los cañones. Y los inventores
chinos del siglo XII desarrollaron “flechas de fuego” que podían utilizar
contra los enemigos. Aunque la mayoría de las personas tiene la imagen de que
la investigación científica es realizada por individuos de bata blanca, honestos,
inclinados sobre un microscopio tratando de hacer mejoras para la humanidad, la
verdad es que la historia no cuadra del todo con esta descripción. El más
grande de los proyectos científicos que se haya articulado fue el “Proyecto
Manhattan,” esfuerzo estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial para
construir y perfeccionar la bomba atómica—y particularmente lograrlo antes que
los alemanes, japoneses, o soviéticos, en ese entonces aliados de guerra.
Empleando millones de trabajadores por todo el país, para el Proyecto Manhattan
se construyeron ciudades enteras, como Oak Ridge, en Tennessee, y Hanford, en
el estado de Washington; igualmente, se transformó un colegio para varones
situado en un sitio aislado de los Alamos, Nuevo México, lugar de nacimiento de
la bomba atómica. A lo largo de la historia, y especialmente durante el siglo
XX, los militares han estado—como dijo Willie Sutton, famoso ladrón de
bancos—“donde está el dinero.” Los físicos desarrollaron bombas nucleares, los
químicos, armas químicas, y los biólogos, armas biológicas. Y para muchos
investigadores, que soñaban con llegar al cielo, el programa espacial no era
muy distinto.
Es irónico pensar que fueran los alemanes los que
empezaron a desarrollar la cohetería, porque el Tratado de Versalles, que le
puso fin a la Primera Guerra Mundial, limitaba el tamaño del ejército alemán y
el desarrollo de artillería. Debido a que los cohetes no eran considerados
artillería, la investigación sobre naves espaciales fue patrocinada por los
militares alemanes en los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial.
Durante ésta, los expertos alemanes en cohetería desarrollaron los misiles guiados,
series A-l y V-2. Miles de estas “armas de venganza” fueron lanzadas en
ciudades Europeas como París y Antwerp, pero especialmente en Londres, causando
enorme destrucción y acabando con la vida de doce mil personas, en su mayoría
civiles. Los cohetes nazis fueron producto de un programa liderado por Wernher
von Braun.
Hijo de un acaudalado aristócrata alemán que se
convirtió como Ministro de Agricultura de la República de Weimer, Wernher von
Braun (1912-1977) nació en lo que hoy es Polonia. Desde pequeño se interesó en
la astronomía y estaba en la universidad cuando el ejército alemán ofreció
subsidiar su educación y se convirtió en director técnico del programa alemán
de cohetería en 1932. En 1933, el partido nazi tomó el control de Alemania.
Teniendo en cuenta los éxitos anteriores de von Braun, el ejército alemán y la
fuerza aérea, o Luftwaffe, se comprometieron a dar fondos para el desarrollo de
naves espaciales y se construyó una base de Peenemünde, en un lugar recóndito
del Mar Báltico. Habiendo recibido orden de hacerlo, se unió al partido nazi, y
más tarde a las SS, la temida policía nazi, por órdenes de Heinrich Himmler. Se
podría afirmar que no cumplir con las órdenes de Himmler era equivalente a
suicidarse. De hecho, en 1944, von Braun y varios miembros de su grupo fueron
arrestados por las SS y acusados de traición. Estuvieron detenidos dos semanas
antes de ser liberados.
Después de la invasión alemana a Polonia en 1939, y
el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, von Braun se enfocó en el diseño del
cohete A-2. La inteligencia británica supo de estos planes y en 1943 bombardeó
a Peenemünde. El lugar de producción fue trasladado a Mittelwerk, también
conocido como Dora. Bajo la dirección de Von Braun, la Alemania nazi transformó
el cohete A-4 en lo que se conoció como el V-2 (Arma de Venganza 2) usada por
primera vez en Londres el 8 de septiembre de 1944. Fue construida con trabajo
esclavo en Dora. Las condiciones aterradoras de este campo eran similares a las
de los campos de concentración de Auschwitz y Treblinka. La mitad de los
sesenta mil trabajadores rusos, polacos, franceses y judíos obligados a
trabajar en la planta, murieron allí, ejecutados o a causa de enfermedades.
Perecieron más personas allí que el número que murió a causa de los cohetes.
Los cohetes nazis eran costosos y, a fin de cuentas, no ayudaron en nada a la
guerra. Algunos historiadores militares y nazis, entre ellos Albert Speer, el
“Arquitecto de Hitler,” afirmaban después que los fondos empleados en la
cohetería podrían haberse usado más efectivamente, particularmente para evitar
el bombardeo de los aliados a Alemania, que cambió el rumbo de la Segunda
Guerra.
Previendo una derrota al final de la guerra, en
1945, Wernher von Braun y otros ingenieros se dieron cuenta de que debían hacer
una elección: luchar en las ruinas del Tercer Reich, donde los programas
científicos eran impensables, o jugar a “lleguemos a un acuerdo” con los
soviéticos y los estadounidenses. El 2 de mayo de 1945, el día después del
suicidio de Hitler, Von Braun y otros se entregaron al ejército de Estados
Unidos. Varios de estos científicos, ansiosos por continuar la investigación en
cohetería, decidieron trabajar para el gobierno estadounidense en el desarrollo
de misiles. Sin mayor debate y, según términos militares, “bajo el manto de la
oscuridad,” Von Braun y otros que habían desarrollado secretamente armas para
Hitler entraron a los Estados Unidos en lo que se conoció como la “Operación
Paperclip” El ejército estadounidense se había apoderado de materiales para la
construcción de V-2, los cuales fueron introducidos a los Esta dos Unidos.
Dennis Piskiewicz condena a von Braun en su libro El hombre que vendió
la Luna: “Con las piezas de los cohetes, los documentos y los
científicos, el Ejército de los Estados Unidos empezó su propio programa de
cohetería.”
Cientos de científicos alemanes, investigadores e
ingenieros se fueron a trabajar en otros proyectos militares, como los aviones
de propulsión a chorro y los torpederos avanzados. Traídos inicialmente a
Norteamérica para ayudar contra los japoneses—lo que continuó hasta que las
bombas atómicas fueron lanzadas sobre Nagasaki e Hiroshima en agosto de 1945
—muchos de ellos encontraron un hogar en los Estados Unidos y permanecieron
allí hasta que comenzó una nueva guerra—la “Guerra Fría” contra la Unión Soviética,
aliada de Estados Unidos contra Hitler. Había poco conflicto moral sobre el
dilema de contratar al enemigo. Se trataba de ponerlos a trabajar para los
Estados Unidos o de que trabajaran para los comunistas ateos de la Unión
Soviética, quienes habían reclutado a varios científicos alemanes durante los
últimos días de la guerra también. Estos antiguos diseñadores de cohetes fueron
los mismos que sorprendieron al mundo con el Sputnik en 1957,
más de una década después de la culminación de la guerra.
En El Nuevo Océano, una dramática,
definitiva e interesante historia sobre los viajes espaciales, William E.
Burrows resume el trato faustiano logrado por los científicos alemanes y, en
consecuencia, por los directivos militares y políticos de Estados Unidos: Las
pruebas indican que la mayoría de los alemanes que desarrollaron cohetes, así
como sus contrapartes soviéticas que se unieron al Partido Comunista, eran
ideológicamente apáticos. Sus carnés del partido significaban una licencia para
trabajar y una aceptación dentro de una sociedad bastante cerrada. Los carnés
los situaban en un lugar seguro en un momento en el que estar fuera podía ser
muy peligroso. Era más fácil mirar a sus mesas de dibujos que dentro de
sus almas” (las cursivas son mías).
Durante el curso de los siguientes treinta años,
Von Braun se convirtió en el niño lindo del programa espacial estadounidense.
Resultó un excelente vendedor y promotor del programa, escribió artículos sobre
el espacio para revistas como Colliers, tenía un espacio
regular en el programa de Walt Disney para hablar sobre el espacio y se
convirtió en asesor de La Tierra del Mañana (Tomorrowland) de
Disneyland. Pero lo más significativo fue haber ayudado a desarrollar y
construir el primer misil de largo alcance en 1953 y haber puesto el primer
satélite de los Estados Unidos en el espacio en 1958. En 1960 se unió a la NASA
y durante la siguiente década, trabajó diseñando y desarrollando el
cohete Saturno 5 que posteriormente llevaría a los astronautas
a la Luna en el Apolo. En 1964, la película de Stanley
Kubrick, Dr. Strangelove, se estrenó en los teatros
protagonizada por un científico brillante pero inestable que se dirigía al
presidente como “Mein Führer,” una clara alusión a von Braun.
La vida de Wernher von Braun como nazi fue
convenientemente maquillada a medida que crecieron sus contribuciones al
programa espacial. Llegó a ser idolatrado por los que apoyaban la carrera
espacial tanto dentro como fuera del gobierno. Ni él ni muchos otros de los que
llegaron a los Estados Unidos tuvieron que hablar públicamente sobre su pasado.
Con una excepción. Aunque el gobierno de los Estados Unidos parecía no tener
problemas para emplear a los antiguos diseñadores de cohetes nazis, más tarde
los Estados Unidos no estuvieron dispuestos a apoyarlos. Arthur Rudolph,
supervisor de las operaciones de Dora, estuvo entre los principales diseñadores
del cohete Saturno 5 que llevó a los astronautas a la Luna en
el Apolo. En 1982 Rudolph fue identificado por la Oficina de
Investigaciones Especiales (OSI) del Departamento de Justicia, formada a
iniciativa de la congresista de Nueva York, Elizabeth Floltzman, para
investigar a los criminales de guerra nazis que vivían en Estados Unidos. En
lugar de defenderlo, el gobierno le propuso un trato: o se enfrentaba a un
juicio, o perdería su pensión y tendría que renunciar a su ciudadanía. Para
evitar un juicio, Rudolph accedió a dejar su hogar en San José y, en 1984, a la
edad de setenta y cinco años, se exiló en Alemania, aunque trató de obtener la
ciudadanía estadounidense nuevamente. Murió en 1995, habiendo pasado, en
cincuenta años, de nazi héroe del espacio anónimo a criminal de guerra nazi.
“La OSI investigó a otros miembros del grupo de
diseñadores de cohetes, pero no tomó ninguna acción en su contra. No investigó
a Von Braun con el mismo vigor con que lo hizo con Rudolph o los otros,” según
afirma el historiador Dennis Piszkiewicz. Pero éste no deja duda alguna de la
culpa de Von Braun: “Wernher von Braun se unió voluntariamente a la causa nazi
y fue su cómplice en esos crímenes con el objetivo de construir cohetes y
seguir su propia carrera... Dada su incansable promoción se convirtió en el
hombre que vendió la Luna. Sin embargo, por su complicidad con los nazis,
vendió también su alma para alcanzar ese objetivo” (Wernher von Braun
El Hombre que Vendió la Luna).
|
Hitos en el universo |
|
|
1946 |
Tiene lugar la primera reunión de la
Naciones Unidas. |
|
1948 |
Se termina el Telescopio Hale en Palomar,
California. |
|
1949 |
Se inaugura un lugar de pruebas espaciales
en Cabo Cañaveral, Florida. |
|
1950 |
Las tropas de Corea del Norte invaden a
Corea del Sur; las Naciones Unidas intervienen en la Guerra de Corea. |
|
1955 |
Muere Albert Einstein el 18 de abril en
Princeton, New Jersey. |
|
1957 |
Sputnik, el primer satélite artificial de la
Tierra, es lanzado por la Unión Soviética el 4 de octubre. |
|
1958 |
En enero, el primer satélite de los Estados
Unidos, el Explorer 1, es lanzado por el grupo de Wernher
von Braun, convirtiéndose en la primera órbita exitosa de la Tierra para los
estadounidenses. |
|
1959 |
Una serie de satélites rusos enviados hacia
la Luna tienen diferentes destinos. Uno se va a la órbita del Sol; otro se
estrella contra la superficie de la Tierra y un tercero, Luna 3, llega
a la Luna y envía fotografías de la parte posterior de ésta (octubre). |
|
1960 |
Son lanzados el primer satélite para
investigaciones climáticas y el primer satélite de navegación
estadounidenses. |
|
1961 |
El cosmonauta soviético Yuri Gagarin se
convierte en el primer hombre en ir al espacio al orbitar la Tierra el 12 de
abril a bordo de la nave espacial Vostok I. Gagarin sale
catapultado de la nave y aterriza por separado después de 1 hora y 48
minutos, procedimiento seguido por los siguientes pilotos del Vostok. |
|
1962 |
El 20 de febrero, John Glenn se convierte
en el primer estadounidense en darle vueltas a la Tierra en su cápsula Friendsbip 7. |
|
1963 |
El Syncom 2 es lanzado el
14 de febrero, y se convierte en el primer satélite geosincrónico; su órbita
concuerda con la de la rotación de la Tierra de manera que permanece
directamente encima de un lugar sobre la superficie de la Tierra. |
|
1964 |
La sonda espacial norteamericana Ranger 7
toma las primeras fotos cercanas de la Luna. Envía 4,316 fotos de la Tierra. |
|
1965 |
Arno Penzias y Robert W. Wilson
accidentalmente encuentran restos de ondas de radio del Big Bang mientras
tratan de afinar sus equipos de radio; su descubrimiento ayuda a validar la
teoría del Big Bang, que es apoyada en la actualidad por la mayoría de los
astrónomos. |
|
1966 |
La sonda soviética Luna 9 aterriza
en el Océano de las Tormentas (3 de febrero,), ejecutando el primer
“aterrizaje suave” sobre la Luna. |
|
1967 |
El 27 de enero los astronautas
estadounidenses Virgil I. (Gus) Grissom, Edward H. White y Roger B. Chaffee
perecen en un incendio durante ensayos terrestres de la nave Apolo. |
|
1968 |
El Surveyor 7 se convierte
en el primer vehículo en aterrizar en la Luna sin daño alguno (9 de enero).
Envía 21,000 fotografías de la superficie lunar. |
|
1969 |
Se realiza el enlace de dos naves
tripuladas, la Soyuz 4 y la Soyuz 5, con
transferencia de tripulantes (14 de enero). |
Voces del Universo:
Presidente John F. Kennedy Discurso ante la sesión conjunta del Congreso, 25
de mayo de 1961
Considero que esta nación debería concentrarse en
enfrentar el gran reto de llevar un hombre a la Luna y devolverlo ileso a la
Tierra antes de que culmine esta década.
Aunque que el programa Apolo y el aterrizaje sobre
la superficie lunar en 1969 se convirtieron en las joyas de la corona del
programa espacial estadounidense, éste no fue siempre popular. Una encuesta de
Gallup tomada inmediatamente después del aterrizaje demostró que el 58% de los
estadounidenses se oponía a la idea. Numerosos ciudadanos y políticos se
oponían a los gastos de exploración espacial, debate que aún hoy continúa.
¿Caminó realmente el hombre en la Luna?
La pregunta no es tan sencilla como puede aparecer
a primera vista. Hay mucha gente que todavía cree que el programa Apolo y los
aterrizajes sobre la Luna de comienzos de la década de los setenta fueron
“montados.” El viejo rumor sobre una conspiración renació cuando la cadena Fox,
que había presentado los Archivos X y la Autopsia del
Extraterrestre, transmitió un programa llamado Teoría Sobre
una Conspiración: ¿Aterrizamos en la Luna? En él se afirmaba que dada
la desaforada carrera por competir con los soviéticos, se había escenificado
todo el programa Lunar. Según el episodio de televisión, la prueba más
contundente sobre esta afirmación era que no se veían estrellas en ninguna de
las fotos en que aparecían los astronautas. Pero, ¿saben una cosa? Tampoco hay
estrellas en las fotos tomadas en la Tierra a la luz del día. El Sol brilla
mucho para permitir ver estrellas durante el día. Esto es cierto igualmente en
la Luna, en donde el Sol y las cámaras impedían visualizar cualquier estrella.
¿Otra prueba? Las rocas de la Luna son piedras
comunes y corrientes. Pues no, las rocas de la superficie lunar son únicas y
carecen de algunas sustancias que hay en las rocas terrestres.
Entonces la respuesta fácil a todo esto es “Sí, los
hombres sí caminaron sobre la superficie lunar. A menos que miles de personas y
una docena de astronautas hayan conspirado para montar una mentira de
proporciones cósmicas.”
Cómo, por qué y si fue una buena idea o no, es otro
problema.
El mundo cambió cuando la Unión Soviética lanzó el
primer satélite artificial Sputnik. Durante los primeros años
de la conquista del espacio por parte de los Estados Unidos y de la Unión
Soviética, el éxito espacial se convirtió en una competencia por la supremacía
en las ciencias, la ingeniería y la defensa nacional entre las dos naciones. Se
podría decir que era similar a cuando dos vecinos tratan de competir para ver
quién tiene las mejores luces de Navidad o cuando dos adolescentes tratan de
conquistar a la misma jovencita. Claro está, que estas dos analogías no
presentan el peligro que sí pudo haber ocasionado esta carrera al mundo entero.
Actuaban como adolescentes que hubieran podido acabar con la raza humana en un
instante llamado MAD (Destrucción Mutuamente Asegurada.)
En la medida en que la intensa rivalidad de la
Guerra Fría pasó de una década a la siguiente, trayendo consigo “guerras
calientes” en todo el mundo, la competencia se manifestó en todos los aspectos
geopolíticos, en la cultura internacional e inclusive en los Juegos Olímpicos,
además de la “Carrera Espacial.” Se vio en situaciones como la Crisis de los
Misiles en Cuba, que fue el tema de la película Trece días, o
en la deserción de algunos integrantes del ballet Bolshoi. A lo largo de la
década de los sesenta y los setenta, este enfrentamiento entre las
superpotencias, que con frecuencia se centraba en la supremacía científica,
condujo a ambas naciones a importantes logros y, a veces, a pronunciamientos
inciertos. Cuando el presidente Kennedy pronunció su famoso discurso
prometiendo un hombre en la Luna, hubo reacciones negativas, pues muchos
consideraban que había necesidades más urgentes dentro del país que enviar un
hombre a la Luna. Se oyeron expresiones de crítica por doquier, como la del
artista Pablo Picasso, quien expresó, “No significa nada para mí,” hasta la del
periodista Amitai Etzioni, quien demeritó el programa especial en su
libro The Moon-Doggle.
El trabajo real de llegar allí había antecedido la
elección de Kennedy en 1960. Parte de la misión estaba basada en la noción
errada de muchos militares de que la Luna proporcionaría una base desde la cual
se podrían lanzar cohetes dirigidos al enemigo soviético. Aunque es evidente
que esta idea carecía de sentido práctico, nos muestra el nivel de paranoia que
subyacía en la política de defensa estadounidense hacia el final de la década
de los cincuenta. Al final de esta década, tanto los Estados Unidos como la
Unión Soviética comenzaron a lanzar sondas hacia la Luna. La primera sonda en
llegar cerca de la Luna fue la Luna I soviética, lanzada el 2
de enero de 1959, que se aproximó a 3,700 millas (6,000 kilómetros) de la Luna.
Dos meses después, los Estados Unidos enviaron su sonda Pioneer 4, que
también se acercó, pero no llegó. La sonda soviética Luna 2,
lanzada el 12 de septiembre de 1959, fue la primera en tocar la Luna, y un mes
después, la Luna 3 le dio vueltas a la Luna y fotografió su
cara oculta.
El 12 de abril de 1961, los soviéticos se le
adelantaron a los estadounidenses al enviar al primer hombre al espacio; se
trataba de un piloto de veintisiete años, Yuri Gagarin, quien alguna vez había
considerado trabajar en la construcción de tractores en una acería. Viajando en
la nave Vostok I, Gagarin le dio una vuelta a la Tierra en 108
minutos y regresó ileso. Un piloto automático controlaba la nave espacial
durante todo el viaje. Poco tiempo después, en agosto de ese año, el cosmonauta
Gherman Titov, a bordo del Vostok 2, realizó un vuelo de
veinticinco horas y le dio diecisiete vueltas a la Tierra.
En la carrera por no quedarse atrás, el programa
estadounidense Mercurio envió a su primer tripulante en mayo 5 de 1961. Alan B.
Shepard Jr. fue lanzado en una cápsula llamada Freedom 7,
desde un cohete Redstone, y realizó un vuelo suborbital de quince minutos que
fue seguido por un segundo vuelo suborbital el 21 de julio de 1961, comandado
por el astronauta Virgil I. Grissom. Esta misión casi termina de manera
trágica—y todavía genera controversia. Luego de caer en el océano Atlántico, la
compuerta lateral se abrió rápidamente y la cápsula se llenó de agua.
Grissom logró salvarse, pero quedó la duda de que
él hubiera sido culpable del accidente al haber abierto la compuerta antes de
tiempo. Tristemente Grissom se convirtió después en una de las primeras
víctimas del programa espacial estadounidense, cuando él y otros dos compañeros
del programa Mercurio, Roger Chaffe y Edward White, murieron en un incendio el
27 de enero de 1967 mientras preparaban el primer vuelo tripulado por
estadounidenses a la Luna. Aparentemente, un corto circuito ocasionó un incendio
en la cápsula, el cual se propagó vorazmente por el oxígeno puro que tenía la
nave. Aunque inicialmente la NASA dijo a la prensa que los tres habían muerto
instantáneamente, hoy se sabe que los restos de dos de los astronautas que
trataban de abrir la compuerta fueron muy difíciles de separar. Pocos meses
después de este incidente, los soviéticos sufrieron también una tragedia cuando
la cápsula Soyuz 1, comandada por Vladimir Komarov—que debía
reunirse con otra cápsula tripulada—tuvo problemas al enredarse el paracaídas,
ocasionando la caída del Soyuz y la muerte de Komarov.
El programa espacial tuvo un momento glorioso en su
carrera con los soviéticos cuando el astronauta John Glenn se convirtió en el
primer estadounidense en orbitar la Tierra el 20 de febrero de 1962. Glenn
completó tres órbitas en menos de cinco horas. Posiblemente el astronauta
estadounidense más famoso, Glenn se convirtió en un verdadero héroe. Después de
su carrera espacial fue senador del Estado de Ohio, candidato a la presidencia
y, más tarde, en 1998, participó en una misión que generó escepticismo y, al
mismo tiempo, admiración, pues regresó al espacio a la edad de setenta y siete
años.
Hacia 1963, la Unión Soviética tuvo éxito con
el Luna 9, en enero de 1966, después de una serie de fallas
con naves de descenso duro. El programa US Surveyor realizó una serie de
aterrizajes suaves a partir de 1966, y continuó con cinco sondas
denominadas Lunar Orbiters que fotografiaron la superficie
lunar.
Después de considerar varios proyectos para una
misión lunar tripulada, la NASA decidió ejecutar el denominado Lunar-Orbit
Rendezvous (Encuentro en la Orbita Lunar). Utilizarían una nave que constaba de
tres partes—el módulo del comando (MC), el módulo de servicio (MS), y el módulo
lunar (ML)—para llevar a tres astronautas a orbitar en torno a la Luna. Un
astronauta permanecería en el módulo de comando en forma de cono, desde donde
se dirigiría la misión. El módulo de servicio llevaba el combustible, el oxígeno,
el agua y el sistema eléctrico y de propulsión de la nave. Estas dos unidades
permanecerían unidas durante casi toda la misión como el módulo de
control/servicio (MCS) que estaría en órbita alrededor de la Luna mientras que
los otros dos astronautas descendían a la superficie lunar en el módulo lunar
que constaba de dos partes, una de ascenso y otra de descenso. Ambas
aterrizarían sobre la Luna, pero sólo la de ascenso regresaría.
Un cohete Saturno 5 lanzaría la
nave hacia la Luna, desde donde entraría la órbita lunar. El módulo lunar se
separaría y llevaría a los dos astronautas a la superficie. A finales de 1968,
los Estados Unidos habían rediseñado el módulo de comando-servicio y estaban preparados
para la misión, pero el módulo lunar no estaba listo. Sabiendo que los rusos
estaban planeando una misión tripulada para acercarse a la Luna, la NASA
decidió tomar la delantera y envió una nave tripulada a orbitar la Luna sin el
módulo lunar. Tendría como objetivo probar la navegación y las comunicaciones
en el entorno lunar.
El Apolo 8, con la primera
expedición tripulada a la Luna, salió del Centro Espacial Kennedy en Cabo
Cañaveral, Florida, el 21 de diciembre de 1968 con Frank Borman, James Lovell
Jr. y William A. Anders a bordo, en un proyecto que un funcionario de la NASA
denominó “la jugada más osada de toda la historia de la navegación espacial.”
Parte de la misión consistía en pasar veinte minutos en la parte lejana de la
Luna, donde no era posible la transmisión de radio. Fueron los veinte minutos
más largos de la exploración espacial, que terminaron al reestablecerse la
comunicación por radio. Era la víspera de Navidad y los tres astronautas, en un
desafío deliberado a los comunistas ateos, leyeron la narración de la Creación
del libro del Génesis. Acelerando el motor para salir de la órbita lunar,
Lovell afirmó, “Quiero informarles que sí existe Santa Claus, el despegue fue
satisfactorio.” Aterrizaron sobre el mar el 27 de diciembre de 1968.
El 16 de julio de 1969 salió el Apolo 11 llevando
a tres astro nautas—Neil A. Armstrong, Edwin E. Aldrin Jr. y Michael Collins.
Era la primera misión para llevar hombres a la Luna. Las dos primeras fases del
cohete Saturno 5 llevaron la nave a una altura de 115 millas
(185 kilómetros) a una velocidad de 15,400 millas (24,800 kilómetros) por hora,
un poco menos que la velocidad orbital. La tercera fase se encendió brevemente
para acelerar el vehículo a la velocidad deseada. Después se apagó mientras el
vehículo navegaba en la órbita. Luego los astronautas empezaron a hacer una
extraordinaria serie de maniobras. Revisaron la nave y planificaron la
trayectoria del vuelo a la Luna. Encendieron la tercera fase del cohete y
aumentaron la velocidad a 24,300 millas (39,100 kilómetros de la Tierra) por
hora—velocidad necesaria para salir de la gravedad de la Tierra. Camino a la
Luna, la tripulación desprendió el módulo de comando- servicio de la nave Saturno, le
dieron la vuelta a este módulo y lo fijaron al modulo lunar, que continuaba
unido a Saturno. Luego se desconectaron de Saturno.
Durante tres días, el Apolo 11 se dirigió
hacia la Luna; a medida que se alejaba de la Tierra, la atracción de la
gravedad se debilitó y la nave disminuyó su velocidad. Cuando estaba a 215,000
millas (346,000 kilómetros) de la Tierra su velocidad se había reducido a
2,000 millas (3,200 kilómetros) por hora. En ese
momento volvió a actuar la gravedad y la nave aceleró otra vez, ahora atraída
por la gravedad de la Luna. Estando ya en la órbita lunar, Aldrich y Armstrong
separaron el módulo lunar denominado Eagle (Aguila),
encendieron la fase de descenso y comenzaron a bajar. Collins permaneció dentro
del módulo de comando mientras sus dos compañeros cumplían una cita con la
historia.
Pese a que la computadora del módulo de aterrizaje
controlaba todas las maniobras, el piloto podía anular cualquier decisión que
considerara necesaria y, para el aterrizaje final, Armstrong miró por la
ventana y escogió un sitio apropiado. Cuando el modulo estuvo a 5 pies (1.5
metros) de la superficie, se apagó el motor y la nave tocó el Mar de la
Tranquilidad de la Luna el 20 de julio de 1969. Momentos después, Armstrong
envió por radio el famoso mensaje: “Houston, aquí Base de la Tranquilidad. El Eagle ha
aterrizado.”
Cuando se bajaron de la nave, una cámara de
televisión instalada en el costado del módulo Lunar envió a la Tierra imágenes
borrosas de los astronautas. Armstrong pisó la Luna y exclamó, “Es un paso
pequeño para un hombre, pero un salto gigantesco para la humanidad.” (De
acuerdo con Armstrong, la mayoría de los televidentes no oyeron claramente
el un antes de la palabra hombre por un
problema de transmisión.) Más tarde, le dijo a Aldrin, quien estaba con él
sobre la superficie lunar, “¿No es divertido?”
Habían pasado 2,974 días desde que el presidente
Kennedy había prometido llegar a la Luna. Los dos astronautas colocaron una
bandera de los Estados Unidos y dejaron una placa con la siguiente inscripción:
AQUÍ HOMBRES DEL PLANETA TIERRA PISARON LA
SUPERFICIE LUNAR POR PRIMERA VEZ EN JULIO DE 1969 D.C. VINIMOS EN PAZ EN NOMBRE
DE TODA LA HUMANIDAD
El segundo vuelo a la Luna fue tan exitoso como el
primero, y el Apolo 12 aterrizó con precisión el 19 de
noviembre de 1969. Los astronautas Charles (Pete) Conrad Jr. y Alan L. Bean
caminaron hacia una sonda espacial estacionada, el Surveyor 3, y
tomaron muestras para investigación.
Voces del Universo:
Astronauta del Apolo 13, John L. Swigert Jr.
OK, Houston, se nos ha presentado un problema.
¿Fue fiel a la realidad la película Apollo
13?
El vuelo del Apolo 13 tenía como
objetivo aterrizar por tercera vez en la Luna, pero terminó en un desastre
inmortalizado en la fidedigna película de Ron Howard, Apolo 13. El
viaje de 1970 se convirtió en una misión de rescate desesperada para salvar la
vida de tres astronautas-james A. Lovell Jr., Fred W. Haise y John L. Swigert
Jr. Durante su aproximación a la Luna, uno de los dos tanques de oxígeno que
proporcionaban tanto el oxígeno para respirar como el combustible para los
sistemas eléctricos de los módulos de comando y de servicio explotó, dejando
inutilizable el tanque restante. Momentos después, Swigert exclamó, “OK,
Houston, se nos ha presentado un problema.” (En la película se dijo, “Houston,
tenemos un problema.”)
Dándose cuenta de que los astronautas no tenían
suficiente oxígeno y energía para volver a la Tierra, los controladores de la
Misión de Control en Houston rápidamente ordenaron a la tripulación encender el
módulo lunar, que tenía su propia energía y fuente de oxígeno, pero que no
estaba diseñado para tres astronautas. La tripulación apagó los módulos de
comando y servicio tratando de ahorrar el suministro de energía hasta que ésta
fuera absolutamente necesaria para el descenso a la tierra. Usando el mínimo de
energía durante el viaje de regreso de tres días, los tres astronautas
sobrevivieron.
Después de investigar el accidente, la NASA
determinó que los cables que conectaban un termostato dentro del tanque no
habían sido probados correctamente. Durante el vuelo ocurrió un corto circuito
que causó fuego en el entorno del tanque, ocasionando una explosión. La NASA
rediseñó los módulos de comando y de servicio.
Los astronautas del programa Apolo aterrizaron seis
veces en la Luna entre 1969 y 1972. La última misión lunar, la Apolo
17, aterrizó en los montes Tauro el 11 de diciembre de 1972. Eugene A.
Cernan y Harrison H. Schmitt, cuyo doctorado en Geología le convertía en el
único científico en haber tripulado en la misión Apolo, se destacó en este
viaje. Los dos establecieron un récord al manejar una distancia de veintiuna
millas por la superficie lunar en unos de los carritos similares a los que se
utilizan en las canchas de golf.
En la Unión Soviética, la posición oficial era que
ellos nunca habían tenido un programa equivalente al del Apolo. Pero a finales
de los ochenta, la Unión Soviética empezó a revelar información con respecto a
un ambicioso, pero fallido, programa lunar.
Las expediciones Apolo lograron el deseo del
presidente Kennedy de demostrar la superioridad tecnológica de Estados Unidos;
la carrera a la Luna culminó con un rotundo triunfo estadounidense. ¿Valió la
pena? La NASA informó que el costo final del programa Apolo había sido $25 mil
millones, más otros 4,500 millones gastados en los programas anteriores:
Mercurio, Gemini y otros programas tripulados. En retrospectiva, parece una
ganga. Pero el programa espacial siempre ha tenido críticos. Algunos piensan que
cualquier programa espacial significa un desperdicio del dinero de quienes
pagan impuestos y de los que creen que la investigación espacial debería
hacerse en una forma totalmente diferente, con más énfasis en exploraciones no
tripuladas que reducen el riesgo a la vida humana. Quienes defienden los
programas dicen que las misiones han proporcionado información que hubiera sido
imposible conseguir mediante el uso exclusivo de sondas. Además, es importante
tener en cuenta el “dividendo espacial” (véase más abajo). Apolo contribuyó al
desarrollo de tecnologías que fueron después aplicadas a otras tareas más
cotidianas: los avances en microelectrónica y equipos médicos, que han
permitido salvar vidas en la Tierra, son algunos de los ejemplos de las
ventajas derivadas del programa espacial.
Pero, finalmente, se trata más que todo del
espíritu humano. ¿Valió la pena la expedición de Lewis y Clark? ¿Eran
necesarios los viajes de Magallanes que terminaron costándole la vida? Son
ejemplos de los adelantos que han requerido el coraje y la osadía que amplían
la experiencia humana. Es importante tener en cuenta el momento histórico del
programa Apolo. La década de los sesenta fueron los peores y los mejores
tiempos. El presidente que presentó el reto de ir a la Luna había muerto a
manos de un asesino. En 1968, el reverendo Martin Luther King y Robert Kennedy,
un hermano menor del presidente, también habían sido asesinados. El país estaba
pasando por la pesadilla de la Guerra de Vietnam y había una inestabilidad
social que erróneamente se conoce como “los sesenta.” El problema racial
dividía a los estadounidenses. El programa Apolo fue un suceso regenerativo
para la nación. Aun los críticos del programa quedaron mudos ante el
extraordinario espectáculo de la Tierra vista desde la Luna. El impacto práctico
de las misiones Apolo—y del mismo programa espacial —puede debatirse y
analizarse. Pero el espíritu humano, si la historia nos sirve de guía, exige
que la humanidad continúe avanzando, rompiendo nuevas barreras. Y que lo haga,
idealmente, basándose en las lecciones del pasado.
A fin de cuentas, es difícil refutar la afirmación
del historiador de la era espacial William E. Burrows; él llamó a las misiones
Apolo, “la más grande aventura humana, la Odisea del milenio.”
¿Quiénes eran los “13 de Mercurio”?
Usted ha oído hablar de John Glenn, Neil Armstrong,
Alan Shepard y los demás astronautas famosos. ¿Pero alguna vez ha oído hablar
de Jerrie Cobb? Uno de los miembros más destacados en el programa de
entrenamiento fue Jerrie Cobb. Pero fue eliminado por la NASA, junto a otros
doce candidatos, por no contar con un requisito básico. Eran mujeres.
Uno de los capítulos olvidados en la historia del
espacio es la existencia de un grupo de mujeres aspirantes a astronauta. Fueron
escogidas en 1959 y pasaron por el mismo proceso de selección que los hombres
del Mercurio 7. Tenían excelente salud, títulos universitarios
y eran pilotos con experiencia. Entre estas se encontraba Jerrie Cobb, que
había empezado a volar a los doce años. Uno de los diez mejores pilotos del
mundo, con cuatro premios por velocidad, distancia y altura, fue escogida para
las pruebas de calificación. No solamente las pasó, sino que quedó clasificada
entre el 2 por ciento más sobresaliente del programa de los astronautas. Las
“palancas” políticas no sirvieron en el caso de las mujeres del Mercurio
13. Dentro de ese grupo se encontraba Jane Flart, la esposa del
senador de Michigan, Philip A. Flart. Además de tener experiencia pilotando
aviones, había sido la primera persona en obtener la licencia para volar
helicópteros en su estado. Había dado a luz a ocho hijos y esto, decía ella,
servía para enfatizar que cualquiera que hubiese pasado por varios partos tenía
“lo que se necesita” para vencer el estrés del espacio, y que si los hombres
tuvieran que dar a luz, probablemente habría un monumento en honor de los
Héroes de la Sala de Maternidad. De hecho, había gente que pensaba que las
mujeres hubieran sido mejores candidatos, especialmente para las primeras
naves, por su menor tamaño y por la capacidad ascensional de los primeros
cohetes.
Pero en 1960 la NASA acabó con las oportunidades
para las mujeres. Se cambiaron las reglas al final para que las mujeres no se
metieran en la carrera. Oficialmente, fueron eliminadas por no tener
experiencia pilotando aviones de propulsión a chorro, que en esa época
pertenecían al ejército, y las mujeres no tenían acceso a ellos. El sexismo en
la NASA, característico de los años cincuenta, el temor al escándalo que se
produciría si una mujer moría en un accidente y las objeciones de los
astronautas hombres que no querían que compitieran con ellos por la gloria, son
algunas de las razones que sustentaron la decisión. Las 13 del Mercury—K.
Cagle, Jerrie Cobb, Jan Dietrich, Marión Dietrich, Wally Funk, Jane Flart, Jean
Flixson, Gene Nora Jessen, Irene Leverton, Sara Ratley, B. Steadman, Jeri
Truhill y Rhea Woltman—fueron eliminadas en 1960. Tres años después, Valentina
Tereshkova, una trabajadora de textiles de veintiséis años, fue enviada al
espacio, otro golpe certero para el programa espacial soviético. Pasarían otros
veinte antes de que Sally K. Ride se convirtiera en la primera mujer
estadounidense en viajar al espacio en 1983.
¿Qué le pasó al trasbordador espacial Challenger?
Si el programa Apolo representó la cúspide de los
logros humanos y uno de los momentos más brillantes para la NASA, su punto más
bajo ocurrió en la fría mañana del 28 de enero de 1986. Se trataba del décimo
lanzamiento del trasbordador espacial Challenger y de la
misión número veinticinco. El comandante de la misión era Francis R. (Dick)
Scobee. Los otros cinco miembros de la tripulación eran Gregory B. Jarvis,
Ronald E. McNair, Ellison S. Onizuka, Judith A. Resnik y Michael J. Smith. Pero
esta misión era distinta; en la tripulación estaba Christa McAuliffe, una
profesora de secundaria de Concord, New Hampshire, madre de dos hijos y
ganadora de un concurso para convertirse en el primer “pasajero” en viajar al
espacio. La elección de McAuliffe era parte de las acertadas campañas de
relaciones públicas de la NASA. Su conocimiento del clima, la ingeniería y la
física deberían haber sido así de impecables.
El programa de trasbordadores espaciales, después
de haber reavivado entusiasmo de los estadounidenses por el espacio, se había
vuelto monótono para la opinión pública. Enviar naves de ida y vuelta al
espacio era tan predecible como volar en aviones comerciales. Y la NASA, como
las aerolíneas, se atrasaba en sus cronogramas. En 1986 estaba muy retrasada y
sobregirada en el presupuesto. Los halcones del presupuesto del Congreso
empezaban a buscar culpables, y la NASA y el programa espacial se habían convertido
en una burocracia relativamente ineficiente desde la década de los sesenta en
que eran intocables. Como ya se había hecho habitual, esta misión del Challenger había
sido pospuesta varias veces. Pese a las advertencias de los constructores del
trasbordador, los ingenieros de la NASA desatendieron sus inquietudes y
programaron el lanzamiento para las 11:38 a.m., con una temperatura de 36 ºF en
la Florida. Después de escasos setenta y tres segundos de vuelo, mientras la
nación observaba a la primera astronauta del trasbordador típicamente
estadounidense, el Challenger se desintegró y se convirtió en
una bola de fuego a una altura de 46,000 pies (14,020 metros). Dentro del grupo
que observaba el lanzamiento se encontraban los padres y la hermana de
McAuliffe. Las cámaras de televisión captaron el desgarrador instante en
aquellos rostros que pasaron, en cuestión de segundos, de una enorme
fascinación a la incredulidad al darse cuenta de que algo andaba terriblemente
mal.
El desastre del Challenger se
convirtió en el día más negro de una historia que se remonta a los años
cincuenta y sesenta, cuando los diseñadores de aviones comenzaron a desarrollar
el concepto de cohetes con alas que podían aterrizar en aeropuertos comunes y
corrientes. La idea era simple: construir una nave espacial, reusable y más
barata, que pudiera lanzarse como cohete y que aterrizara como avión. Diseñadas
para ser lanzadas más de un centenar de veces, iban a ser las “camionetas” del
espacio, es decir, vehículos confiables que conducirían al programa espacial a
un segundo nivel de exploración y desarrollo con fines prácticos para la
humanidad. La NASA empezó a desarrollar vehículos espaciales reusables al mismo
tiempo que continuaba con el programa Apolo y, en 1972, Richard M. Nixon firmó
la orden que oficialmente daba inicio al proyecto del trasbordador espacial.
Tal como fue diseñado, el trasbordador espacial
constaba con tres componentes: un orbitador, un tanque externo y dos cohetes
impulsores. La nariz del orbitador alado tenía la cabina presurizada, parecida
a la cabina de un avión. Los pilotos podían mirar por las ventanas frontales y
las laterales. El tanque externo, unido al fuselaje de la nave, contenía los
combustibles líquidos utilizados por los motores principales. Los dos cohetes
impulsores de la nave —con combustible sólido —estaban unidos a los lados del
tanque externo. Después del lanzamiento, estos impulsores se desprendían, caían
sobre el océano y eran recuperados para ser reutilizados después.
En 1977, la NASA condujo vuelos de prueba del
primer trasbordador espacial, el Enterprise, llamado así por
la nave imaginaria de la serie Star Trek, complaciendo la
petición de muchísimos “Trekkies,” los ávidos seguidores de la serie. La NASA
no estaba contenta con nombrar una de sus naves en honor a un símbolo de la
cultura popular, pero el público y los medios de comunicación lo adoptaron gustosamente.
El orbitador fue montado sobre un jumbo 747 modificado para su
fase de ensayos.
La primera misión del trasbordador empezó el 12 de
abril de 1981. Ese día fue lanzado el trasbordador Columbia, con
los astronautas John W. Young y Robert L. Crippen al mando. La misión de
cincuenta y cuatro minutos fue perfecta. Siete meses más tarde, el vehículo
realizó un segundo vuelo, demostrando así que podían ser reutilizados. Aun
cuando los primeros vuelos sólo llevaban dos pilotos, el tamaño de la
tripulación fue aumentando primero a cuatro y luego a siete u ocho. Además de
los dos pilotos, las tripulaciones empezaron a incluir “especialistas de la
misión,” expertos en la investigación científica que debía llevarse a cabo y
“especialistas de carga,” un término que supuestamente se aplicaba a los
expertos en la operación de la nave, pero que con el tiempo empezó a incluir,
por ejemplo, a un príncipe de Arabia Saudita o a un senador estadounidense,
pasajeros cuya presencia era más ceremonial que científica. Estos eran los
“pasajeros ciudadanos,” un grupo que la NASA quería que en un futuro llevara artistas
y periodistas. La profesora Christa McAuliffe fue uno de estos “pasajeros
ciudadanos.” Se planeaba que ella diera lecciones desde el espacio en un
esfuerzo de la NASA por crear una opinión pública favorable.
Tras el desastre, se pararon todas las misiones
mientras se determinaba la causa del accidente. La comisión nombrada por el
presidente Reagan constaba de catorce miembros liderados por el antiguo
Secretario de Estado William P. Rogers, quien aclaró desde el comienzo que la
NASA saldría sin mancha, al menos públicamente, e incluía a Neil Armstrong y a
Sally Ride, la primera mujer en ir al espacio. En junio de 1986, la comisión
determinó que la causa del accidente había sido un anillo de caucho en el impulsor
derecho de combustible sólido.
¿Un anillo de caucho? Piense en el redondel de
caucho que tienen las botellas de conservas Masón. Pues unas versiones más
sofisticadas de estos anillos sellaban la unión entre los dos segmentos
inferiores del impulsador. El momento más dramático de las audiencias fue
cuando Richard P. Feynman, un veterano del proyecto Manhattan y uno de los
físicos más prominentes del país, introdujo un pedazo de anillo de caucho en un
vaso de agua helada y usó unas pinzas compradas en una ferretería para
demostrar que el caucho frío era quebradizo y frágil. Las fallas en el diseño
de la unión y el clima inusualmente frío ocasionaron el deterioro de los
anillos de caucho, un problema previsto en algún informe de uno de los
contratistas del trasbordador.
Esta fue la causa física del desastre, pero en
última instancia el problema se debió a la decisión de apresurar el lanzamiento
para justificar el proyecto que estaba demorado y cuyos costos eran superiores
a lo estipulado. El hecho de que la NASA hubiera querido mantener intacto el
plan de clase de Christa McAuliffe también influyó en la decisión del
lanzamiento, al igual que el itinerario del presidente Reagan. El debía
pronunciar un discurso ante el Congreso y quería referirse al lanzamiento y a
la profesora Christa. Los críticos consideran que hubo presión por parte de la
Casa Blanca para que el viaje saliera según el cronograma
Como suelen decir muchas profesoras como Christa
McAuliffe a sus alumnos de primaria, “De la carrera no queda sino el
cansancio.”
Voces del Universo:
William E. Burrows, Este Nuevo Océano, 1998
Perdimos a Challenger porque la NASA llegó a creer
su propia propaganda. La agencia tenía el concepto de que la tecnología—la
ingeniería en particular—siempre triunfaría sobre los desastres fortuitos si se
seguían ciertas reglas. Los ingenieros convertidos en tecnócratas no podían
aceptar la psicología de las máquinas sin abandonar el principio fundamental de
su propia fe: las ecuaciones, la geometría y la repetición—las leyes de la
física, los diseños precisos y los ensayos—debían superar al caos. No importaba
que hubieran muerto astronautas y cosmonautas en máquinas cuidadosamente
diseñadas y probadas. La ingeniería, siempre sólida, ofrecía un margen de
seguridad, porque los ingenieros creían que los números proporcionaban la
protección requerida. Esto los volvió arrogantes. (pág. 560)
Celulares y Speedos: NASA, ¿qué ha hecho por mí
últimamente?
Desde camas para hospitales hasta equipos de esquí
y piscinas, la tecnología de la Era Espacial ha contribuido a mejorar la vida
sobre la Tierra, y éste ha sido el gran beneficio adicional del programa
espacial. A través de las décadas, se han criticado los costos del programa,
teniendo en cuenta las numerosas necesidades que hay en el planeta Tierra. Pero
la verdad es que el programa ha sido una inversión muy positiva, y los
dividendos han sido grandes para muchos sectores de la población. Inclusive en
la época del Apolo, se estimó que el costo del programa espacial para cada
estadounidense era de 50 centavos de dólar. Al menos esto es lo que afirma la
NASA. La agencia se ve a sí misma como una gran piedra arrojada a una piscina.
Los dólares empleados en investigación, equipos y salarios relacionados con el
programa espacial han tenido incidencia sobre varios aspectos de la economía.
Según información de la NASA, por cada dólar utilizado para el programa se
generaron siete dólares de negocios nuevos en la economía de Estados Unidos.
Una misión del trasbordador en la actualidad cuesta alrededor de $500 millones.
Obviamente, los satélites hacen más que mirar a las estrellas—proporcionan
pronósticos climáticos más acertados que pueden salvar vidas y cosechas, ayudan
a que sus celulares funcionen mejor y le transmiten los Juegos Olímpicos en
vivo y en directo.
DIVIDENDOS TERRENALES DEL SISTEMA ESPACIAL:
La siguiente lista resalta los inventos y la
tecnología derivados de la tecnología desarrollada por la NASA para el programa
espacial.
· Los detectores de humo diseñados para el Skylab son
usados en millones de hogares en el mundo entero.
· La cirugía de los ojos con láser se deriva de
estudios atmosféricos satelitales.
· Los bloqueadores de radiación utilizados en los
lentes de sol filtran ondas peligrosas y protegen los ojos.
· La terapia de bombeo usada para controlar las
inyecciones de drogas para la diabetes se deriva de la tecnología satelital.
· Tempur, un material para colchones que ayuda a
aliviar los dolores de espalda, se deriva de tecnología desarrollada para
disminuir las fuerzas de gravedad experimentadas en el momento del despegue.
· El aislamiento térmico usado en ropa, equipos de
protección contra incendios, aparatos de supervivencia y protección contra
químicos tóxicos.
· La estimulación neuromuscular eléctrica para ayudar
a las víctimas de daños en la columna.
· El sistema de optometría facilita los exámenes
ópticos—la detección temprana ayuda a prevenir la ceguera en los niños.
· Las mejoras en aparatos prostéticos logradas a
partir de un diseño ideado para mantener los tanques de combustible
extremadamente fríos.
· La tecnología de Imágenes de Resonancia Magnética
(MRI) — desarrollada a partir de los aparatos de detección a distancia de los
satélites.
· Las máquinas para ejercicios desarrolladas para los
astronautas que pasan largos períodos en el espacio, donde la ingravidez y
otras condiciones afectan muchos aspectos del cuerpo.
· La terapia luminosa que ayuda a quienes padecen del
Desorden Afectivo Estacional —enfermedad causada por falta de luz—y
desarrollada para ayudar a los astronautas a controlar el ciclo de
sueño/vigilia.
· Los detectores de fuego que evidencian la presencia
de llamas visibles e invisibles y que detectan a las personas inconscientes en
lugares llenos de humo.
· La tecnología de búsqueda y rescate—la aplicación
del programa espacial que más vidas ha salvado—desarrollada a partir de
programas satelitales para monitoreo ambiental y climático.
· Las imágenes satelitales que han sido utilizadas
para detectar descubrimientos arqueológicos extensos como la localización de
las antiguas civilizaciones en Costa Rica y en Ubar, la ciudad de cinco mil
años de Mesopotamia, hoy Irak.
· Los mapas satelitales que proveen información vital
sobre la disponibilidad de agua y alimentos.
· ¡Salvemos a los delfines! Un aparato desarrollado
para la localización de las naves espaciales ahora se instala en las redes de
pesca. El aparato emite un sonido de advertencia que es detectado por los
delfines y que les ayuda a escapar.
· La ampliación de imágenes computarizadas para
mejorar los “exámenes de barrido” del cerebro y permitir imágenes corporales
tridimensionales.
· Los sistemas computarizados de calentamiento solar
del agua, basados en sistemas de control de temperatura usados en el Skylab.
· La inspección geológica precisa para detectar
recursos o establecer fugas en las tuberías.
· La elaboración de mapas infrarrojos para la
planificación urbana.
· Las plantas de purificación de aguas
fecales—jacintos acuáticos ricos en proteínas cultivados para la depuración de
aguas negras.
· Los filtros de agua electrolíticos diseñados para
las naves espaciales son la base de los purificadores de agua domésticos.
· Los revestimientos para protección de
superficies—uno fue utilizado para proteger la estatua de la Libertad.
· Los zapatos para correr adaptados de la tecnología
de los trajes espaciales.
· La búsqueda de fórmulas para la reducción del
consumo de combustibles originó los rebordes de silicona que se utilizan para
los vestidos de baño de competencia. ¡Speedos!
· Los productos para evitar que se empañen las
superficies, diseñados por un astronauta retirado, se están usando en variedad
de productos como ventanas, cámaras fotográficas y cascos para pilotos y
motociclistas.
· La carrera del espacio y el desarrollo de las
computadoras han sido paralelos. La NASA ha estado involucrada en la creación
de la supercomputadora más grande del mundo que comunicará a usuarios de la
industria, el gobierno y la academia de todo el país.
· El diseño de asientos ergonómicos para los
astronautas se está utilizando en sillas para los ancianos, asientos de soporte
para los parapléjicos y asientos de escritorio que reducen los daños
relacionados con el trabajo.
· Las aplicaciones de robótica pueden contribuir a
ayudar a los parapléjicos y minusválidos en las tareas diarias.
· El desarrollo de chips de
computadoras en un ambiente totalmente libre de impurezas.
· La mayor eficiencia en el diseño de productos, que
permite crear productos que ahorran energía y son menos contaminantes.
· Los sistemas de limpieza a propulsión diseñados
para limpiar la superficie de los cohetes impulsores reusables del
transbordador reemplazan, los productos de limpieza químicos tóxicos.
· Los sistemas de control del tráfico que ayudarán a
manejar la congestión vehicular y a elevar la seguridad en las carreteras.
Esta lista fue adaptada del libro Inventions
From Outer Space, de David Baker. New York: Random House, 2000.
La siguiente fase en el desarrollo del espacio y
sus consecuencias prácticas ocurrirá cuando el sector privado expanda su
iniciativa a lo que se considera función exclusiva de la NASA y comience a
sacar dividendos de la exploración espacial. Por ejemplo, a finales de 1999,
dos empresas, Lockheed Martin Astronautics y SpaceDev anunciaron que
trabajarían juntas para desarrollar y comercializar acceso espacial más
económico para cargas pequeñas. De la misma manera en que Federal Express salió
al mercado y transformó el correo de Estados Unidos, los inversionistas
privados del espacio están buscando competir con la NASA para colocar en el
espacio satélites comerciales.
En la edición de noviembre/diciembre de 1999 de Ad
Asirá, revista de la Sociedad Nacional del Espacio, una organización dedicada a
la exploración espacial, los ejecutivos de SpaceDev ofrecieron la posibilidad
de tomar pedidos para Marte, prometiendo llevar satélites pequeños a los
alrededores de Marte por un valor fijo de $ 24 millones. El costo de la NASA
para tal misión es mucho más alto que el de SpaceDev. Durante una convención de
la Sociedad de Marte, el presidente de SpaceDev, Jim Benson, afirmó: “Misiones
a los planetas interiores como ésta pueden hacerse hoy por el costo de un jet
privado.”
La mayoría de estos planes estuvieron ligados al
desarrollo de la industria de telecomunicaciones que se disparó junto con el
mercado de acciones Nasdaq en la década de los noventa. Con “un teléfono
celular en cada olla y dos antenas satelitales en cada jardín,” el espacio
estaba convirtiéndose no en la “nueva frontera,” metafóricamente hablando, sino
en una lotería. Pero, con el comienzo del tercer milenio, algunos de esos
sueños se desmoronaron. Una compañía llamada Iridium, que había planeado enviar
docenas de satélites al espacio, se arruinó. Tuvo que acogerse al Capítulo 11
al no poder conseguir suficientes suscriptores para un sistema telefónico
satelital que costaba más de $5,000 millones. Iridium iba a dejar caer a la
Tierra los satélites que había enviado, pero el Pentágono accedió a gastar $72
millones por el uso durante dos años del servicio satelital de Iridium, y
Boeing aceptó operar el sistema satelital bajo contrato. Por el momento, el
futuro del espacio como lugar de entretenimiento para el capital de los
inversionistas había regresado a tierra.
La mayoría de los visionarios del espacio considera
que el futuro de la exploración espacial podrá ser jalonado más por el comercio
que como curiosidad científica o por necesidades militares. Edwin “Buzz”
Aldrin, el segundo hombre en pisar la Luna, es uno de ellos. Arthur C. Clarke,
el creador de 2001: Odisea Espacial dice lo mismo. En el 2001
Aldrin fundó ShareSpace, una organización sin ánimo de lucro, cuya misión era
abrir al público los viajes al espacio. En esa época, predijo que las aventuras
de viajes espaciales serían una realidad en diez o doce años. Clarke, un
proponente de la colonización espacial durante décadas, estaba de acuerdo con
Aldrin, pero vio un lado más práctico en ese potencial espacial. De acuerdo con
Clarke, la colonización de otros planetas proveerá la única posibilidad de
supervivencia ante el hacinamiento y degradación inevitables en la Tierra, o en
caso de alguna colisión catastrófica.
Durante la Guerra Fría, el espacio era un lugar
exclusivo de los gobiernos—en realidad, de dos gobiernos. El final de la Guerra
Fría, la caída de la Unión Soviética, y la Rusia post comunista—que
recientemente, en vista de la necesidad económica, ha vendido gran parte de su
anticuado equipo del espacio —han dejado abierta la oportunidad para que tomen
la iniciativa otros intereses comerciales. Hoy en día, la empresa privada está
invirtiendo más en el espacio que el gobierno. La Guerra Fría se acabó y la privatización
del espacio ha comenzado. Hay arcos amarillos en Moscú y en Beijing. En poco
tiempo los veremos instalados en el Mar de la Tranquilidad.
Regreso al futuro: el regreso de John Glenn al
espacio, ¿fue bueno para la ciencia o sólo una maniobra publicitaria?
El trasbordador espacial reinició sus vuelos el 29
de septiembre de 1988 con el lanzamiento de la nave rediseñada, Discovery. Durante
los siguientes años, se realizaron muchas misiones que habían sido pospuestas.
Las sondas Cableo, Magellan y Ulysses fueron
enviadas al espacio. Grandes satélites científicos como el Telescopio Espacial
Hubble, el Observatorio Comptom de Rayos Gamma, satélite de investigación de la
atmósfera superior, y el Observatorio Chandra de Rayos-X, fueron puestos en
órbita. El Spacelab, un laboratorio que operaba dentro de la sección de carga
del trasbordador, fue utilizado para estudiar astronomía y medicina espacial.
Y las naves espaciales de los Estados Unidos y de
Rusia volvieron a comenzar operaciones conjuntas veinte años después de la
misión Apolo-Soyuz. El 29 de Junio, después de tres años de negociaciones,
planeación y prácticas, el trasbordador Atlantis llegó a la
Estación Espacial Mir de los rusos. El Atlantis llevaba una
tripulación rusa de reemplazo, y trajo de vuelta a la Tierra la que se
encontraba en la estación. Entre los que regresaron se encontraba el
astronauta, Norman Thagard había viajado a la estación Mir el
14 de marzo de 1995. Thagard había permanecido 115 días en el espacio,
rompiendo el record anterior de 84 días. El 22 de marzo de 1995, tres
cosmonautas que estaban en la estación Mir cuando Thagard
llegó, volvieron a la Tierra; entre ellos se encontraban Valerie Polyakov quien
estableció el record internacional al permanecer durante 438 días en el
espacio. El 15 de julio de 1996, la astronauta Shannon Lucid, rompió el record
de Thagard al permanecer en la estación 116 días consecutivos y, el 7 de
septiembre de 1996, Lucid rompió el record de las mujeres de 168 días
consecutivos en el espacio, récord que había sido establecido por la cosmonauta
Yelena Kondakova en 1995. El 26 de septiembre, Lucid volvió a la Tierra en
el Atlantis, después de 188 días consecutivos en el espacio.
Pero pocos de estos logros obtuvieron el
reconocimiento mundial que tuvo el lanzamiento del trasbordador Discovery lanzado
en octubre de 1998, en el cual viajaba el senador John Glenn, el Niño Dorado de
la Era Espacial. A la edad de setenta y siete años, se con vertía en el hombre
más viejo en ir al espacio. Según la NASA, querían investigar la relación entre
el espacio y el proceso ele envejecimiento. Los aspectos “científicos” del
viaje de Glenn tomaron un giro distinto, antes de despegar, pues lo sacaron de
uno de los experimentos en los que supuestamente debía participar. Hasta
quienes apoyaban el viaje de Glenn fueron bastante cínicos con la justificación
de la NASA. El periódico The New York Times escribió en su
editorial, “La justificación dada para este viaje es una racionalización
insignificante del sueño del Sr. Glenn, quien llevaba dos años cabildeando para
este viaje... No hay ninguna necesidad de estudiar el efecto de la ingravidez
en los procesos físicos de una persona de edad... Algunos críticos piensan que
este vuelo es un pago del presidente Clinton por protegerlo de críticas
lanzadas contra él. Pero la explicación más sencilla es que los administradores
de la NASA ven un gran valor en el Regreso de John Glenn” (New York
Times, enero 17 de 1998.)
El periódico tenía razón. Si la “Geriatría
Espacial” era lo que querían investigar, una cosa era cierta: la NASA sabía
cómo ocupar la primera página de los periódicos. La misión de Glenn, que no
tuvo inconvenientes, fue la más explotada por los medios de comunicación en
muchos años.
Aunque el reportaje de la noticia tuvo su toque de
burla, y los programas cómicos de la noche tuvieron material jugoso para
trabajar, la NASA se regocijó con el regreso triunfal de Glenn. El
administrador de la Agencia, Daniel Goldin, afirmó que la decisión sobre este
tipo de misiones del trasbordador con personas de edad se tomaría en un año o
dos. A comienzos del 2001, no se habían realizado tales misiones. Pero la
memoria es de corto plazo. Aunque la gente no haya olvidado el desastre
del Challenger, la NASA ha redescubierto la magia de hacer las
cosas bien otra vez.
Si uno rompe un espejo en el espacio, ¿quiere decir
que va atener siete años de mala suerte?
Pese a que la trágica memoria del Challenger se
desvanecía, y seguía adelante el programa de la NASA, existía mucha presión
política. Durante el mandato del presidente Reagan, la agencia tenía, más que
nunca, que justificar los costos. Concebido en 1960, el Gran Telescopio
Orbital, primer nombre que recibió, fue diseñado como el más grande, poderoso y
complejo observatorio que se haya mandado al espacio. Pero, se le llamó
Telescopio Espacial Hubble (TEH) en honor del astrónomo estadounidense que
había determinado que el universo estaba en expansión.
Fue enviado en 1990 y rápidamente se convirtió en
una vergüenza pública para la NASA, aunque no tanto como la del Challenger.
Escogió la agencia un espejo que salía más económico para darse cuenta un mes
más tarde que presentaba fallas. Las palabras “lo barato sale caro” se oían en
los corredores de la NASA. Hubo críticas y burlas en el mundo entero. Según
palabras de Jay Leño, el comediante de televisión, “Hubble funciona muy bien,
pero el universo está borroso.”
Era urgente corregir el espejo. En 1993, los
astronautas del trasbordador Endeavour le pusieron al Hubble
un par de anteojos nuevos. Durante una caminata espacial, los astronautas le
quitaron una cámara dañada y le pusieron unos costosos lentes nuevos.
Pero si usted le pregunta a algún astrónomo o
científico del espacio, le dirá que valió la pena la tarea. Hubble comenzó a
sorprender a los críticos más duros. Hubble le mostró al mundo entero galaxias
en formación: 40 miles de millones de galaxias en los extremos del universo
conocido. En diciembre de 1995, el telescopio Hubble fue enfocado hacia un área
celeste “vacía” cerca de la Osa Mayor, conocida como Campo Profundo del Hubble.
Con el tiempo, más de 1,500 galaxias, en su mayoría nuevas, fueron fotografiadas.
En mayo de 1997, tres meses después de que los astronautas instalaron nuevos
equipos, científicos de Estados Unidos reportaron que el Hubble había hecho
descubrimientos extraordinarios—entre ellos, la prueba de la existencia de un
agujero negro 300 veces más grande que el Sol localizado en la galaxia M87, en
la constelación de Virgo.
El Hubble ha revolucionado la astronomía, pues ha
permitido expandir la visión humana a galaxias distantes, pero tiene sus
límites. En el año 2009, el sucesor del Hubble va a dar el paso siguiente. El
Telescopio Espacial la Próxima Generación tendrá una superficie reflectiva diez
veces más grande, pero menos pesada, que la del Hubble. Según los planes, el
espejo se retractará como el pétalo de una flor durante el lanzamiento, pero se
expandirá al llegar a su destino, en una órbita a un millón de millas de la
Tierra, un lugar donde la gravedad de la Luna, el Sol y la Tierra se
neutralizan, pero que está mucho más allá del alcance del trasbordador. Es
decir, no habrá quien pueda ir a repararlo, y tendrá que funcionar bien desde
un comienzo.
Espacio, inodoros y sexo: ¿Cómo funcionará la
estación espacial?
En 1982, el presidente Ronald Reagan, tal vez
evocando deliberadamente al presidente Kennedy casi veinticinco años después,
públicamente expresó la necesidad de tener una “presencia más permanente en el
espacio.” Dos años después, Reagan autorizó la construcción de una estación
espacial permanente en “la siguiente década” e invitó a otras naciones a unirse
en el esfuerzo. En una era de déficits presupuestarios, la estación espacial se
encontraba en la unidad de cuidados intensivos, siempre bajo el peligro de que
el Congreso le desconectara su soporte vital y con los militares que no querían
que se construyera. Típicamente, el programa era rescatado por aquellos
legisladores en cuyos distritos había contratistas importantes para los
componentes de la estación espacial. (En caso de se haya preguntado por qué
queda en Tejas el Comando Espacial, la respuesta es que Lyndon B. Johnson fue
un senador poderoso de ese estado antes de ser vicepresidente de Kennedy.
Localizarlo en Houston fue el resultado de las hazañas presupuéstales de Lyndon
B. Johnson.)
A medida que los diseños para la nueva estación
cambiaban, y el costo se elevaba, el Congreso estaba decepcionado con la NASA,
que ya había perdido credibilidad después de la tragedia del Challenger. La
fecha de terminación del proyecto se seguía dilatando. El presidente Bill
Clinton ordenó redireccionar el programa, reducir los costos y el tiempo de
construcción, y los Estados Unidos, Canadá, Japón, Rusia y la agencia Europea
del Espacio se unieron para rediseñar la estación espacial. La Estación Espacial
Internacional se construiría a partir de módulos presurizados y paneles de
energía solar enviados por separado desde los trasbordadores y construidos en
el espacio. Inclusive esa decisión fue controversial, porque era posible
construir la estación espacial y lanzarla como una sola unidad.
Al comienzo de su operación en el 2001, la Estación
Espacial Internacional se convirtió en el proyecto científico internacional más
grande de la historia y en el cual participan 16 naciones: Estados Unidos,
Alemania, Rusia, Canadá, Bélgica, Dinamarca, Francia, Italia, Holanda, Noruega,
España, Suecia, Suiza, Gran Bretaña, Japón y Brasil. Cuando se termine, contará
con seis laboratorios, tendrá vivienda hasta para 7 personas y la energía
provendrá de un acre de paneles solares.
La estación parece la creación de un niño genio
jugando con Legos. Empezó a construirse en noviembre de 1998, cuando el módulo
ruso Zarya fue lanzado por un cohete—el primer intento por
ensamblar la estación. El 4 de diciembre de 1998, el módulo conectar
estadounidense Unity fue enviado en el trasbordador Endeavour y
la tripulación unió a Unity con Zarya. En mayo de
1999, el Discovery llevó suministros en su primer desembarque
en la Estación Espacial Internacional, ahora denominada “Alpha”—la primera. En
noviembre de 2000, dos cosmonautas rusos, Yuri Gidzenco y Sergei Krikalev, y el
astronauta estadounidense Bill Sheperd, se convirtieron en la primera
tripulación a tiempo completo de Alpha. En febrero de 2001, el laboratorio
Destiny, construido por los estadounidenses, fue enviado en trasbordador y
unido exitosamente a la estación espacial, expandiendo así sus áreas de
trabajo, sus laboratorios y su capacidad de informática. La estación espacial
requerirá superar el reto logístico más grande de la historia —llevar
provisiones regularmente a la estación. De esta tarea se encargarán unos
módulos fabricados por los italianos—que no dejarán de inspirar muchos chistes
sobre si también entregarán pizzas. Estos módulos llevarán comida fresca,
equipos, y experimentos de ciencias y luego traerán a la Tierra los
desperdicios y los resultados de los experimentos.
La estación espacial ofrecerá comodidades
excelentes. Las preguntas más frecuentemente formuladas se refieren al uso del
excusado y otras funciones corporales. Incluso el presidente Harry Truman en el
comienzo de la Era Espacial tuvo curiosidad. Cuándo le mostraron la
cápsula Mercurio, se dice que preguntó, ¿Cómo hacen para
orinar estos tipos? Esa tecnología ha avanzado desde la época remota del Mercury, cuando
los primeros astronautas usaban pañales especiales. Todavía usan ropa de máxima
absorción (RMA) en las caminatas espaciales y durante los lanzamientos. Pero a
los astronautas, como a los niños pequeños, antes de salir a pasear se les
recuerda que no deben tomar muchos líquidos y que deben ir al baño. La nueva
generación de excusados opera como aspiradoras gigantes, pues no utilizan agua
sino que los residuos sólidos son aspirados dentro de un recipiente. Vienen con
barras que ayudan a sostenerse para evitar que flote el usuario. El residuo
líquido es coleccionado en un recipiente y la orina es guardada con fines de
investigación al volver a la Tierra.
En cuanto al sexo en el espacio, a la NASA se le
hace esta pregunta con frecuencia, debido a que cada vez hay más estadías
mixtas y duran más tiempo, pero la agencia no tiene nada que decir al respecto.
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Hitos en el universo: |
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1970 |
Apolo 13: Una tercera misión lunar, tripulada
por James A. Lovell Jr., Fred W. Haise y John Swigert, casi termina en
desastre; el aterrizaje lunar es abortado por fallas. El módulo de servicio
explota cincuenta y cinco horas después de partir. La tripulación regresa
usando el módulo lunar a manera de salvavidas. |
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1971 |
Alan B. Shepard Jr. y Edgard Mitchell
recogen 98 libras de rocas lunares durante la misión Apolo 14; el
piloto Stuart A. Roosa se queda orbitando la Luna. |
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1972 |
La tripulación del Apolo 16 aterriza
en la Luna en abril y realiza tres caminatas. (Ken Mattingly, navegando en el
orbitador lunar, realiza vuelo individual más largo en la historia de los
Estados Unidos. |
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1973 |
Es lanzada la primera de tres misiones
Skylab de ese año; la tripulación se encargará de hacer experimentos
científicos y médicos y de recoger información para viajes más extensos. |
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1974 |
Una sonda espacial soviética aterriza en
Marte. |
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1975 |
Es lanzado el proyecto Apolo-Soyuz, primera
cooperación espacial entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Una
tripulación de tres hombres de Apolo se enlaza con una tripulación de dos
soviéticos. |
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1976 |
Las sondas estadounidenses Voyager
I y Voyager 2 son lanzadas en misiones hacia Júpiter y otros
planetas lejanos; Voyager I pasó cerca de Saturno en 1980. |
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1979 |
Skylab, la estación estadounidense que
había sido abandonada, cae a la atmósfera de la Tierra debido a un intenso
viento solar causado por la actividad de las manchas solares. Tras un intenso
despliegue de los medios de comunicación, cae desintegrado sobre Australia,
pero no causa ningún estrago. |
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1980 |
El radiotelescopio VLA comienza a operar en
Socorro, Nuevo México. |
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1981 |
Investigadores de la Universidad de
Wisconsin descubren la estrella más grande conocida; la R136a es cien veces
más brillante que el Sol y su masa es 2,500 veces mayor. |
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1982 |
El Columbia realiza dos
viajes de prueba adicionales y el 11 de noviembre es enviado en su primera
misión operacional; pone en órbita dos satélites de comunicaciones. |
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1983 |
El 18 de junio se lanza el segundo
trasbordador espacial, el Challenger. Entre su tripulación
de cinco, viaja la primera mujer estadounidense astronauta, Sally K. Ride. En
el tercer vuelo, en agosto, el Challenger lleva al primer
astronauta afroamericano de Estados Unidos, Guión Bluford, al espacio. |
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1984 |
Durante la quinta misión del Challenger, dos
astronautas utilizan Unidades de Maniobra Tripuladas (MMU: Manned Mission
Units) para realizar las primeras caminatas espaciales sin ataduras. |
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1985 |
Comienza en la isla de Maui, Hawai, la
construcción del Telescopio KECK, el más grande del mundo. |
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1986 |
El 28 de enero explota el trasbordador
espacial Challenger, setenta y tres segundos después de
partir. Mueren en el desastre seis astronautas—Dick Scobee, Mike Smith,
Judith Resnik, Ronald McNair, Ellison Onizuka y Gregory Jarvis—y la profesora
Christa McAuliffe. La sonda estadounidense Voyager 2 se
acerca a Urano. |
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1987 |
Dos miembros de la tripulación del Soyuz completan
un año en el espacio. Es un nuevo récord. |
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1988 |
El trasbordador rediseñado Discovery es
lanzado por primera vez después del desastre del Challenger. |
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1989 |
Es lanzado en mayo el trasbordador
espacial Atlantis. Es la primera vez que una nave tripulada
envía una nave planetaria, el Magellan, a la órbita de
Venus. |
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1990 |
En abril, el trasbordador Discovery pone
en órbita el Telescopio Espacial Hubble (TEH), que llega a una altura récord
de 319 millas (820 kilómetros); poco después, el Discovery pone
en órbita la nave Ulysses para investigar el espacio
interestelar y el Sol. |
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1991 |
La sonda Cableo toma la
fotografía más cercana que se haya tomado de un asteroide, Gaspra.
Después, Cableo se convierte en la primera nave en entrar a
la atmósfera de Júpiter y orbitar ese planeta. La comunicación con el Cableo se
pierde en 1993, después de lanzar las sondas hacia la superficie de Júpiter. |
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1992 |
El trasbordador Endeavour recoge
un satélite y lo vuelve a poner en órbita; tres miembros de la tripulación
realizan una caminata espacial durante ocho horas y media y rompen el récord
anterior. |
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1993 |
En diciembre, el Endeavour repara
el Telescopio Espacial Hubble. Se establece un nuevo récord de caminata
espacial: 29 horas y 40 minutos. |
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1994 |
A bordo del Discovery, Sergei
Krikalev se convierte en el primer ruso en viajar a bordo de una nave
estadounidense. |
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1995 |
El Discovery llega a la
estación Mir. Eileen Collins es la primera mujer en pilotear
un trasbordador. |
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1996 |
El Atlantis lleva a la
astronauta Shannon Lucid a Mir; permanece durante 188 días,
un récord para una mujer estadounidense. |
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1997 |
En febrero una misión Soyuz lleva una
tripulación nueva a la estación Mir, ya con problemas. La tripulación
sobrevive un incendio y una colisión con una nave de abastecimientos. |
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1998 |
El Endeavour llega a
la Mir llevando agua y carga. |
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1999 |
La tripulación del Endeavour comienza
la construcción de la Estación Espacial Internacional. La tripulación une el
módulo estadounidense Unity con el módulo de control ruso Zarya enviado
con anterioridad. |
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2000 |
El Endeavour usa un radar
para elaborar el mapa topográfico de la Tierra más completo que se conozca. |
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2001 |
En enero, la detección de emisiones de
rayos X ofrece la mejor prueba hasta la fecha de la existencia de horizonte
de eventos, confirmando la existencia de agujeros negros. |
Voces del Universo:
Carl Sagan tomado de Cosmos (1980)
Nuestro mundo está colmado de vida, ¿de dónde
surgió? ¿Cómo se formaron las moléculas orgánicas en la ausencia de vida? Cómo
aparecieron los primeros seres vivos?... ¿Existirá vida en los innumerables
planetas que dan vueltas alrededor de otros soles? Si existe vida
extraterrestre, ¿estará basada en las mismas moléculas orgánicas de la vida en
la Tierra? ¿Se parecerán a nosotros los seres de otros mundos? ¿O serán
extremadamente diferentes—otras adaptaciones a otros entornos? ¿Qué otras cosas
son posibles? La naturaleza de la vida en la Tierra y la búsqueda de vida en
otros lugares son dos lados de la misma pregunta—la necesidad de saber quiénes
somos.
Hemos caminado sobre la Luna—a pesar de los
pseudodocumen- tales que le hayan hecho creer lo contrario. Hemos llevado
robots a la superficie de Marte y enviamos uno al planeta rojo como si fuera un
carrito de control remoto. En la actualidad hay gente trabajando
permanentemente en una estación espacial. Nuestras naves espaciales han salido
del sistema solar llevando la tecnología de la Tierra a donde “ningún hombre ha
incursionado” jamás. Una nueva generación de telescopios y observatorios ha
podido observar los confines del universo y ha permitido descubrir planetas
nuevos. Hemos empezado a entender el misterio de las estrellas. El sorprendente
éxito en la exploración del firmamento —particularmente en los cincuenta años
que han transcurrido desde que el hombre salió de los límites de la
Tierra—continuará.
La idea de continuar con la exploración espacial
puede parecerle emocionante a la persona común o puede hacerla bostezar o
incluso enfurecerse por el supuesto desperdicio de dinero de los
contribuyentes. Pero hay una pregunta que llama la atención de todo el mundo,
ya sea en la fila del supermercado o en la sala de cine, ¿Existe algo o alguien
fuera de la Tierra?
Acepte por un momento que la respuesta es un
rotundo “No.” No hay marcianos, ni klingones, ni romulanes. No hay
extraterrestres que Sigourney Weaver pueda perseguir. No hay ni wookies ni
Jabba the Hut. Ni un Yoda ni un Ewok. ¿Puede imaginarse un universo sin otros
seres vivos? A lo largo de la historia de la humanidad, siempre nos hemos
imaginado que existen otras criaturas en algún lado. Allá afuera. En algún
lugar. Para muchos, ha sido cuestión de fe: debe haber otras vidas, otras
civilizaciones. En 1820, un matemático alemán quería deforestar un triángulo de
bosque en Siberia para demostrarle a los extraterrestres que entendíamos la
geometría. Otro astrónomo alguna vez sugirió encender gigantescos incendios en
el Sahara a modo de saludo cósmico.
La creencia en la existencia de extraterrestres no
es consecuencia de la exploración espacial del siglo XX. Fue popularizada a
comienzos del siglo XIX por el astrónomo francés Camille Flammarion, uno de los
primeros científicos que trató de explicar los conocimientos sobre ciencias
para el lector promedio. Creía en ciertas formas de espiritualidad, como la
reencarnación, y escribió un libro especulativo de “no ficción”
denominado Mundos Reales e Imaginarios, en el cual describía
la presencia de plantas y animales creados por la divinidad en otros mundos. En
esa época escribía también otro francés más famoso, Julio Verne, cuya obra de
ficción De la Tierra a la Luna (1865) basada en datos
concretos de la astronomía, influenciaría a la primera generación de
diseñadores de cohetes como Goddard, Tsiolkovsky y Hermann Oberth. Pero
posiblemente la obra más influyente sobre la existencia de extraterrestres fue
la del escritor inglés H. G. Wells, La Guerra de los Mundos, que
apareció como una serie en los Estados Unidos y en Europa en 1987, y fue
publicada en forma de libro en 1898. Wells narraba la espeluznante invasión de
Londres por los marcianos, que finalmente son vencidos por una terrible
enfermedad terrestre. La historia estableció las bases para una gran cantidad
de películas de segunda y obras de ciencia ficción sensacionalistas.
En el transcurso de los cien años transcurridos
desde que Wells aterrorizó a los terrestres, ha habido dos corrientes de
pensamiento. La primera se basa en la creencia en objetos extraños no
identificados, secuestradores extraterrestres, visitantes foráneos y carrozas
de los dioses, es decir, en una colección de conceptos pseudocientíficos que
tienen en común la existencia de visitantes extranjeros maliciosos que
circundan la Tierra. La película E.T. de Steven Spielberg
mostró otro tipo de visitantes: unos benévolos y sofisticados seres a “quienes
les gusta visitar la Tierra pero no vivir en ella.” Curiosamente, a ambos
grupos les gusta llegar de visita, tomarse una taza de café y salir
rápidamente. Las visitas de extraterrestres han sido la inspiración de trabajos
de ciencia ficción como La Guerra de los Mundos y Los
Archivos X. Existe un grupo grande de individuos que cree firmemente
en los extraterrestres, lo cual para algunos científicos es una forma de
locura.
“No hay ninguna prueba científica para hacer tales
aseveraciones.” La evidencia que existe es anecdótica, (“Vi luces extrañas
anoche”), basadas en percepciones de fenómenos naturales (auroras, meteoros), o
de invención humana (jets y globos meteorológicos) como el del infame
documental Autopsia del Extraterrestre, presentado en
televisión y que resultó ser una farsa completa. (Obviamente la audiencia fue
extraordinaria.)
Todo, desde las primeras observaciones de platillos
voladores, los misterios de Roswell, Nuevo México (hoy se sabe que se trató de
un globo meteorológico) hasta la posibilidad de que el “Area 51” de la Fuerza
Aérea sea un lugar de prueba para la futura generación de aviones militares,
puede ser explicado. Pero esto no le quita popularidad a los mitos modernos de
los cazadores de objetos volantes no identificables (OVNI). El hecho es que
mucha gente cree en ello simplemente porque quiere creerlo. Para la mayoría de
nosotros, los extraterrestres son más interesantes, atractivos y comprensibles
que la física cuántica. La gente cree en lo que quiere creer, sea entretenido e
interesante, como Los Archivos X o Contacto de
Carl Sagan, o los titulares de los tabloides (“Los Extraterrestres se Comieron
a mi Madre”) que nos cautivan en la fila de salida del supermercado.
Voces del Universo:
“Entonces, ¿dónde están?” le preguntó el físico
Enrico Fermi a sus colegas del Proyecto Manhattan, refiriéndose a los
extraterrestres.
“Están entre nosotros,” replicó Leo Szilárd, físico húngaro y uno de los padres
de la energía atómica. “Pero dicen llamarse húngaros.”
¿Ha sido alguien secuestrado por extraterrestres?
Un conocido, pero pésimo, chiste es aquel del
comediante Henny Youngman en el que ruega “Por favor llévese a mi esposa.” Pues
bien, la versión moderna de este chiste muestra a un hombre diciéndole lo mismo
a los tripulantes de una nave espacial. Así como Estados Unidos pasó por un
período de fascinación con los objetos volantes no identificables en la década
de los sesenta, en este momento la tendencia ha cambiado hacia los secuestros
cometidos por extraterrestres. En los casos que han sido investigados no se han
hallado pruebas (tal como testigos o pruebas físicas o médicas) y podrían
explicarse de la manera siguiente: La gente ha comenzado a reportar estos
encuentros porque están influenciados por lo que oyen o leen. Particularmente
populares son los Archivos X y el libro de Whitley Streiber
titulado Comunión, en el que el autor describe un secuestro
típico. Streiber narra cómo fue llevado a bordo de una nave en la cual le
sometieron a exámenes médicos y a todo tipo de experimentos. Las mujeres,
supuestamente raptadas, describen haber sido impregnadas por extra- terrestres
como parte de un plan para colonizar la Tierra. El libro de Streiber ayudó a
crear una fiebre por los extraterrestres en una sociedad que parece preferir
aceptar las explicaciones sobre conspiraciones a los razonamientos científicos
sobre los sucesos.
“Very nice, but I understood there where to be
bizarre sexual experimente. ” (“Muy bonitas, pero tenia la idea de que iba a
haber unos fantásticos experimentos sexuales.”)
Muchos de los que hacen estos reportes trabajan con
hipnotistas que pueden haber influenciado o inclusive “dado forma” a estos
cuentos de secuestros. Muchos de los “secuestrados” pueden haber soñado estas
experiencias o, inclusive, haber tenido alucinaciones. Finalmente, muchos de
estos cuentos son engaños o burlas, o el resultado de enfermedades mentales.
¿Quién anda a la búsqueda de vida?
En cuestión de vida extraterrestre, la ciencia está
dividida en dos campos extremos—los creyentes y los cínicos—con un grupo grande
en el medio que clama, “Demuéstrenmelo.” El que los científicos no crean en los
“secuestradores extranjeros” no quiere decir que no crean en la vida
extraterrestre. No hay que olvidar que “la ausencia de pruebas no es prueba de
ausencia.”
Por el contrario, ha habido numerosos esfuerzos por
contestar la pregunta sobre otra vida “allá afuera.” La búsqueda científica
sobre la vida en el universo ha tomado dos enfoques. La primera es usar sondas
u otros métodos que no necesiten la presencia humana para recoger pruebas en
Marte y en otros lugares del sistema solar, en aquellos sitios donde el
ambiente pueda permitir formas de vida parecidas a las que conocemos. Por
“vida,” los científicos entienden desde una bacteria para arriba —no Marvin el
Marciano. Esta búsqueda supone esfuerzos por encontrar estrellas fuera del
sistema solar con planetas que sustenten la vida—interés primordial de las
futuras sondas no tripuladas.
Por otro lado, tenemos a aquellos dedicados
científicos que están buscando “vida nueva” desde la Tierra a partir de una
intensa investigación sobre el universo. Estos son los “buscadores de vida
extra- terrestre” como el fallecido Carl Sagan y el astrónomo Frank Drake.
Ellos han basado su fe en la vida extraterrestre en el factor de probabilidad
que ha sido expresado en su modelo matemático conocido como la “Ecuación
Drake.” Se trata de una ecuación diseñada por el astrónomo Frank Drake, quien
la presentó a la edad de treinta años (en 1961) y a partir de la cual calcula
la posibilidad de encontrar seres vivos en la Vía Láctea que estén tratando de
comunicarse con nosotros por medio de transmisiones de radio.
N = R* × fP × nT × fV × fI × fC × V
¡No se asuste! Parece más aterradora de lo que en
realidad es. Para explicarla en términos más sencillos, la ecuación Drake
calcula el número de civilizaciones avanzadas activas en la Vía Láctea que
están en capacidad de transmitir ondas de radio.
R* = la velocidad a la cual se crean estrellas que puedan permitir
vida en la galaxia cada año. Sabemos que se forman estrellas nuevas todo el
tiempo. La Vía Láctea tiene 4,000 millones de estrellas y 10,000 millones de
años, entonces este número equivale a cuatro por año.
fP = la fracción de estrellas que tienen planetas o, en otras
palabras, otros sistemas solares. Se ha progresado en la identificación de
estrellas que tienen al menos cincuenta planetas en su órbita.
nT = el número de planetas como la Tierra, por sistema solar, capaces
de incubar y sustentar la vida. En nuestro sistema solar este número es, como
mínimo, uno, basado en la Tierra, con Marte como un posible segundo. En la
actualidad no se conocen otros en ningún sistema solar.
fV = la fracción de planetas como la Tierra donde se desarrollará la
vida, una cifra bastante especulativa.
fl = la fracción de planetas que desarrollarán vida
inteligente, una cifra bastante especulativa.
fC = la fracción de planetas con vida inteligente que desarrollarán
la technología para comunicarse, otra vez, una cifra bastante especulativa.
V = la vida (duración) de una civilización tecnológica. También una
cifra especulativa, puesto que sólo tenemos un ejemplo con el cual trabajar, el
nuestro, que, a su vez, ha demostrado la capacidad de autodestrucción.
La resolución de esta ecuación se puede convertir
en un juego de salón puesto que uno puede introducir la cifra que desee.
Incluso el mismo Drake ha admitido que nadie conoce los valores de muchos de
los factores de la ecuación, aunque unos son más predecibles que otros. El
fallecido astrónomo y divulgador de la ciencia Carl Sagan dedujo que N debería
ser igual al menos a un millón de civilizaciones en la Vía Láctea solamente,
una cifra muy optimista. Soluciones más conservadoras han reducido ese número a
unas diez mil civilizaciones en la Vía Láctea. Claro está, si añadimos el resto
del universo a la mezcla, el número aumenta de manera astronómica, para ponerlo
en términos sencillos. Sin embargo, dado que la mayoría de los términos en la
ecuación son cuestión de presunción —o de fe, dependiendo del punto de vista
—la ecuación de Drake resulta interesante pero especulativa. Numerosos
científicos la han comparado con la pregunta sobre cuántos ángeles pueden
pararse en la cabeza de un alfiler.
Para continuar con el argumento, supongamos que el
número de civilizaciones que hay “allá afuera” tratando de enviarnos un mensaje
es de 10,000. Y si existen, ¿cómo las encontramos? En 1960 Frank Drake propuso
que la mejor forma de encontrar vida inteligente era escuchando el firmamento.
Comenzó el Proyecto OZMA en honor a un personaje de la serie OZ de L. Frank
Baum, que naturalmente incluía al Mago de OZ. Pero su idea no
era cuento de niños. Drake empezó a tratar de detectar señales de radio del
espacio utilizando un telescopio de ochenta y ocho pies de ancho en Creen Bank,
West Virginia. Desde entonces, el trabajo se ha concentrado en lo que se conoce
como SETI, sigla en inglés que significa Búsqueda de Inteligencia
Extraterrestre. Usando radiotelescopios como el que aparece en la
película Contact y basados en la novela de Carl Sagan del
mismo nombre, varios investigadores trabajan en este tema en Arecibo, Puerto
Rico. Hace varios años, la NASA consideró apropiado financiar el programa, pero
el Congreso no estuvo de acuerdo. Actualmente, la financiación del proyecto es
privada, contando con especial apoyo de dos ex alumnos de la Universidad de
Berkeley quienes donaron $50,000. Los astrónomos escuchan las señales del
cosmos que puedan ser transmisiones de otros planetas. La búsqueda se ha extendido
a mensajes encontrados en destellos de luz provenientes posiblemente de
láseres.
La gran diferencia con SETI ahora es que cualquier
persona puede unirse a la búsqueda y convertirse en la versión del personaje de
Jodi Foster en la película Contact. Usted puede escuchar la
búsqueda en el sitio en Internet de SETI. Además, existe un programa de
computadora, creado en 1999, que puede usarse en el hogar. Mediante
“SETI@home,” cualquiera puede analizar algunos de los miles de millones de
datos que SETI ha acumulado, pero que no puede procesar. Al poner este caudal
de información a disposición de miles de aficionados que trabajan desde las
computadoras de sus casas —en el año 2000 más de un millón de internautas se
habían inscrito para participar en SETI@home —el SETI ha creado una liga de
miles de radio-astrónomos aficionados a la búsqueda de extraterrestres. Sin
embargo, a pesar de la ayuda, no se ha encontrado nada nuevo hasta el momento.
Existe un grupo de serios y analíticos científicos
que no cree en el concepto de SETI. A la cabeza de ellos está Donald C.
Brownlee, el astrónomo que dirige la misión Stardust de la NASA, cuyo
presupuesto es de $166 millones, y Peter D. Ward, un geólogo que se especializa
en extinciones masivas. En su libro de 1999 Rare Earth: Wby Complex
Life is Rare in the Universe, estos científicos claman por la
presentación de pruebas en lo que se refiere a la vida extraterrestre. Dicen
que a pesar de los números que los seguidores de Sagan puedan exhibir para
llenar la ecuación de Drake, la pregunta, conocida como la “Paradoja de Fermi,”
persiste. Parafraseando al físico que ayudó a construir la bomba atómica,
“¿Dónde están?”
Flay unas respuestas posibles. Sí hay vida en otra
parte del universo, pero no la hemos encontrado todavía. O, no ha evolucionado
en la misma forma que en la Tierra. En otras palabras, puede haber formas
simples de vida como bacterias, amebas u hongos, que no han salido de su estado
primitivo o cuya existencia no hemos podido detectar. Teóricamente, hubo o pudo
haber dinosaurios en otro planeta, como los hubo en la Tierra alguna vez,
durante mucho más tiempo de lo que han estado en ella los seres humanos. Y,
ellos también, pudieron haberse extinguido o no se desarrollaron lo
suficientemente como para poder enviar señales de radio. Y, finalmente, puede
ser que la Tierra sea la única que sustenta la Vida y, en ese caso, en lugar de
ser un “Planeta Mediocre,” la Tierra es un lugar privilegiado.
De acuerdo con Brownlee y Ward, algunos de los
elementos clave que hacen que la Tierra sea como el Jardín del Edén son:
· La distancia correcta al Sol, que modera las
temperaturas.
· La masa apropiada del Sol, que proporciona órbitas
planetarias estables en las cuales los otros planetas del sistema solar no
crean un caos orbital.
· La masa planetaria correcta, que permite que la
Tierra contenga su atmósfera y sus océanos.
· Júpiter está localizado a la distancia correcta; el
planeta grande actúa como un neutralizador: protege contra cometas y asteroides
que pueden colisionar con la Tierra, con resultados cataclísmicos.
· Presencia de placas tectónicas que elevan la masa
terrestre y contribuyen a aumentar la biodiversidad.
· Tiene la proporción correcta de océanos.
· Posee una Luna grande, a la distancia correcta, que
estabiliza la inclinación de la Tierra.
· Ha habido pocos impactos catastróficos en la
historia terrestre. Al menos dos, y posiblemente cinco, de tales impactos
parecen haber sido responsables de la extinciones masivas ocurridas; una de
éstas tuvo lugar hace 250 millones de años y una segunda, hace 65 millones de
años, que se cree fue responsable de la muerte de los dinosaurios.
· La cantidad perfecta de carbón; suficiente para
sustentar la vida, pero no lo suficiente como para crear un efecto invernadero
como ocurre en Venus.
· La evolución biológica—la trayectoria que originó
la complejidad en las plantas y animales.
· La posición correcta del sistema solar en la
galaxia—no en el centro, donde estaría sujeta a una radiación intensa (Rare
Earth, páginas xxvii-xxviii).
Por éstas y por otras razones, Ward y Brownlee
creen que la Tierra es única. Sin embargo, los dos científicos, que son
profesores de la Universidad de Washington en Seattle, no consideran que sus
conclusiones sean razón suficiente para cerrar el programa de SETI o que se
concluya la búsqueda de vida en otros lugares del universo. Por el contrario,
apoyan la investigación sobre la presencia de microbios y la búsqueda de
civilizaciones extraterrestres. Afirman sentir “favoritismo por la Tierra” y
creen que la vida en otras partes sería totalmente diferente.
Pero dejando de lado lo especulativo, ¿cuál es la
mejor prueba de la presencia de vida en otras partes del universo? Primero, el
descubrimiento de posibles planetas (tratado en la Parte III). Se han
encontrado estrellas como el Sol y grandes planetas como Júpiter. Hasta el
momento no hay evidencia de planetas parecidos a la Tierra, lo cual puede
deberse, en parte, a que no hemos podido ver de cerca los planetas lejanos.
Adicionalmente, tenemos la controversial roca
marciana encontrada en la Antártida con vestigios de bacterias fosilizadas.
Todavía hay mucho debate sobre eso. Existe también la posibilidad de que haya
habido agua líquida en abundancia en Marte. La lógica nos dice que si Marte
tuvo agua alguna vez, y la Tierra todavía la tiene, entonces otros planetas
podrían tenerla, y éste es un factor clave para la génesis de vida. Para
reforzar esta idea, en febrero de 2001, los astrónomos reportaron que los
observatorios orbitales que investigan las estrellas nacientes y las que están
a punto de morir han encontrado vapor de agua y vestigios de moléculas de
carbón, las cuales pueden jugar una papel fundamental en la química
orgánica,—es decir, los elementos básicos de la vida. Puesto que fueron
descubiertos en el polvo y en el gas que rodea a las estrellas, se refuerza la
teoría de que la “sopa cósmica” puede existir en otras partes del universo.
¿Cuáles son las ramificaciones de encontrar vida en
otra parte o de no encontrarla? Encontrar vida en otra parte sería el
descubrimiento del milenio, aún si se trata de bacterias u otros organismos
primitivos. Tal descubrimiento cambiaría radicalmente la forma como nos vemos
en el espacio. Después de todo, la vida comenzó hace unos pocos miles de
millones de años en unos charcos de agua caliente en la Tierra con organismos
unicelulares que se convirtieron en plantas capaces de realizar la fotosíntesis
que generó el oxígeno.
Pero tras este argumento científico hay un debate
teológico. Si la Tierra es única, ¿no volvería a ocupar el pedestal que ocupó
antes que Copérnico y Galileo la bajaran un poco de categoría? Hasta el
Vaticano está de acuerdo con Copérnico y Galileo en que la Tierra no es el
centro del Universo. Sin embargo, ¿qué significa que seamos los únicos en la
inmensidad del cosmos? ¿La Tierra fue seleccionada naturalmente para ser la
corona de la creación? ¿O hubo algún diseño en esa selección? Lo cual nos
conduce a una pregunta más grande todavía. ¿Quién fue el Diseñador?
Parte V
Los secretos del viejo
El tercer ángel tocó su trompeta y cayó de los
cielos una enorme estrella cual antorcha ardiente, y cayó sobre un tercio de
los ríos y de los manantiales. Esa estrella se llama Amargura. Un tercio de las
aguas se acibarraron y muchos perecieron al tomar el agua porque era amarga. El
cuarto ángel tocó su trompeta y un tercio del Sol se oscureció, y un tercio de
la Luna y un tercio de las estrellas, pues su luz se ensombreció; un tercio del
día dejó de brillar al igual que la noche. Luego miré y oí un águila gritando
en voz alta mientras volaba en el firmamento, “Infortunio, infortunio,
infortunio a los habitantes de la Tierra.”
La Revelación de San Juan el Profeta 8:10-13
La mecánica cuántica es digna de reconocimiento. Pero una voz interior me dice
que no estamos todavía en el camino correcto. La teoría produce mucho, pero no
nos acerca a los secretos del Viejo. Yo, al menos, estoy convencido de que Él
no juega a los dados.
Albert Einstein, en una carta de 1926
Existe un pequeño agujero negro en el espacio A través del cual, dicen nuestros
astrónomos,
Toda la maldita cosa, el universo,
Puede caer algún día. No hay más que hablar.
Howard N eme ROY, Cosmíc Cómics, 1975
· ¿Cuándo ocurrió la Creación?
· ¿Cómo logró cambiar el mundo un trabajador de la
Oficina de Patentes suiza?
· ¿Qué pasó con el cerebro de Einstein?
· El Big Bang: ¿Fue tan grande e hizo tanto ruido?
· “Se corre al rojo, al azul, un, dos, tres.” ¿Eso no
es de un libro del
· Dr. Seuss?
· ¿Qué tienen que ver los excrementos de las palomas
con el Big Bang?
· ¿Qué había antes del Big Bang?
· ¿Qué otra explicación tenemos para la creación del
universo, además del Big Bang?
· ¿Qué son la teoría inflacionaria, la materia oscura
y la quintaesencia?
· Abierto, cerrado o plano: ¿Cómo terminará el
universo?
· ¿Qué relación hay entre GUTs, TOEs, las cuerdas y
el universo?
“Yes, a hole in space three hundred million
light-years across does make me pause and feel tiny and insignijicant, but a
glance around at mypeers usually restores my equanimity. ” (“Si, un agujero en
el espacio de trescientos millones de años luz de ancho me hace reflexionar y
sentirme un poco pequeño e insignificante, pero una mirada a mis compañeros me
devuelve la ecuanimidad.”)
Una cosa es pensar en ir a la Luna y regresar. O
aprender a usar el excusado cuando la gravedad es cero. O si debemos mandar
gente al espacio. O si estamos solos en el universo. Esas son todas preguntas
razonables y prácticas. Pero al pensar en el espacio surgen otro tipo de
preguntas completamente distintas. Ahora reflexionemos sobre las Grandes
Preguntas, sobre los enigmas sublimes de la cosmología del siglo XX. Estas son
las interrogantes que encontraremos en esta última parte, que mira al pasado
tanto como es factible y hacia el futuro con toda la imaginación posible. El
pensamiento sobre el espacio y sobre el universo sufrió una gran transformación
durante el siglo XX. Para comenzar, esta historia regresa al comienzo del
tiempo. Se trata de las Grandes Ideas. El Comienzo del Universo. Cómo empezó
todo. La Cosmología. Luego viene una Pregunta Muy Grande. Es importante, pero
tal vez menos importante que otras de las preguntas de este libro, porque no
vamos a estar presentes para la “Respuesta Final.” ¿Cómo terminará todo esto?
La interrogante sobre el destino del universo es
una de esas Grandes Preguntas especulativas en la que confluyen ciencia y fe,
conocimiento y creencia. Es un lugar donde no caben ni las reglas de cálculo ni
las calculadoras. Es allí, en “la sanüdad inquebrantada del espacio,” donde
tendremos la respuesta ñnal. Los científicos y filósofos que se centran en las
leyes de la naturaleza y que descartan la intervención de una mano divina—los
herederos del viejo Tales de Mileto—¿la contestan correctamente? ¿O continuaremos
buscando y extenderemos la mano hasta que el ser humano pueda algún día
alcanzar las estrellas y tocar el “rostro de Dios”?
Voces del Universo:
James Ussher: Los Anales del Mundo (1658)
De acuerdo con nuestra cronología, [la creación del
mundo] sucedió al entrar la noche anterior al veintitresavo día del mes de
octubre del año 710 del calendario Juliano [4004 a.C.].
¿Cuándo ocurrió la Creación?
El obispo James Ussher de Armagh, Irlanda, tenía
una teoría. Bueno, uno la podría llamar una idea o inclusive una inspiración.
Pensaba que a partir de la lectura cuidadosa de la Santa Biblia, la infalible
y— desde el punto de vista de Ussher, incuestionable —Palabra de Dios, uno
podría reconstruir exactamente la cronología del mundo. Usando este método de
calcular eras bíblicas según las citas de los libros de la Biblia comenzando
por el Génesis, Ussher retrocedió en las Escrituras hasta que encontró la respuesta.
De acuerdo con el obispo, Dios creó el mundo al comenzar la noche del día
veintitrés de octubre de 4004 a.C
El buen obispo trabajaba hacia 1658, claro está, y
antes de considerarlo ingenuo o cegado por su fe, piense en que tanto Johannes
Kepler como Isaac Newton—las grandes mentes científicas de la
Ilustración-estaban interesadas en calcular esta fecha. Ambos hombres llegaron
a fechas cercanas a la de Ussher utilizando métodos diferentes. Sin embargo,
los cálculos del obispo Ussher fueron aceptados por la mayoría del mundo
occidental durante los dos siglos y medio siguientes—de hecho, eran impresos
con frecuencia en los márgenes de la Biblia, confiriéndoles el carácter de
sagrada escritura. Después de dos siglos y medio de progreso científico, muchas
personas descartan la cronología de Ussher y la consideran un error divertido;
sin embargo, hay otros que la aceptan. No es que el obispo fuera tonto o ciego.
Simplemente estaba trabajando con información incompleta y, a veces, errónea.
Luego vino la ciencia. Al final del siglo XIX,
personas como Charles Darwin sugirieron una ruta muy distinta para explicar el
desarrollo de la vida en la Tierra. Su teoría de la “selección natural” ha sido
ampliamente apoyada durante el siglo pasado. Inclusive el Estado de Kansas,
donde los fundamentalistas religiosos sacaron del programa de estudios la
teoría de Darwin, volvió a incluirla en el año 2001. Junto con Darwin hubo una
generación de geólogos y científicos que empezaron a entender que la Tierra era
mucho más antigua de lo que la cronología del obispo Ussher podía justiñcar.
A ñnes del siglo XX, la cosmología del obispo había
sido trastornada. La evolución, el cataclismo geológico, “la deriva
continental”
(conocida ahora como “placas tectónicas globales”)
y el descubrimiento de la radiación, fueron pasos muy grandes para la
definición de la historia y edad de la Tierra. Pero nos dejaron un misterio más
grande: el nacimiento y edad del universo.
Entonces, en 1905, Albert Einstein, un joven
matemático alemán relativamente (nótese el adverbio) desconocido, publicó su
teoría de la relatividad en la que mostraba que las medidas de espacio y tiempo
cambiaban de acuerdo con el movimiento del observador, y que la masa y la
energía eran equivalentes. Dos años después, un matemático ruso llamado Hermán
Minkowski, que había sido profesor de Einstein, y quien lo había calificado de
“perezoso,” formuló una visión del universo en la cual las tres dimensiones tradicionales
del espacio se combinaban con otro elemento adicional: el tiempo. “Las nociones
de espacio y tiempo que quiero presentarles provienen del campo de la física
experimental y ahí radica su fuerza,” escribió Minkowski en un ensayo de 1908.
“Son radicales. En consecuencia, el tiempo como tal y el espacio como tal están
condenados a desaparecer y sólo un tipo de unión entre los dos los conservará
como una realidad independiente.”
Einstein recogió esa pelota y salió corriendo con
ella. En 1916, en su teoría general de la relatividad, describió la gravedad
como una curvatura en la geometría del espacio-tiempo producida por masa y
energía. Einstein escribió después otro ensayo “Consideraciones Cosmológicas de
la Teoría General de la Relatividad,” que reflejaba los efectos de la materia y
la energía en la geometría del universo. Su trabajo se convirtió en piedra
angular de la cosmología moderna, particularmente cuando Sir Arthur Eddington,
un astrónomo británico, pudo medir la inclinación de la luz durante un eclipse
solar en 1919 y confirmar así las predicciones de Einstein. Por esa misma
época, el astrónomo holandés Willem de Sitter (1872-1934) usó la teoría de la
relatividad para describir un universo en expansión. Y, en 1922, un matemático
y meteorólogo ruso, Aleksandr Friedmann, sugirió que el universo se estaba
expandiendo a partir de un estado denso anterior. Poco tiempo después, en 1927,
un sacerdote jesuíta belga que también era matemático —¿o debemos decir que era
un matemático belga que también era sacerdote jesuíta? —llamado Georges LemaT-
tre, sugirió que el universo no sólo se estaba expandiendo, sino que
retrocediendo en el tiempo —como había tratado de hacer el obispo Ussher—uno
llegaría hasta “un día sin un ayer.”
La teoría de Lemaítre sugería que todo había
comenzado desde un punto en particular que él llamaba “átomo primordial” o
“huevo cósmico,” cuando el espacio era infinitamente curvo y toda la materia y
la energía habían explotado y se habían expandido. El llamó esta erupción el
“gran ruido.” La idea no fue tomada en serio por muchos científicos, algunos de
los cuales descartaban la idea por provenir de un sacerdote —un jesuíta como
los que habían juzgado a Galileo trescientos años antes. Además, las ideas de este
sacerdote implicaban un momento preciso para la creación, y esto sonaba
vagamente bíblico.
Muchas de estas ideas fueron pura teoría hasta el
descubrimiento de Edwin Hubble en 1929 que demostró que las galaxias distantes
se separaban entre sí. La única explicación posible era que el universo
estuviera en expansión.
De acuerdo con la teoría del Big Bang, el universo
comenzó hace diez o veinte mil millones de años. Algunos descubrimientos
recientes lo han aproximado a 12,500 millones de años con un margen de error de
dos o tres mil millones, lo cual nos sitúa en una cifra entre 10 y 15,500
millones de años.
Dar una cifra para la edad del universo entre 10 y
15,000 millones de años nos recuerda una famosa frase del senador Everett M.
Dirk- sen —hablando del presupuesto federal, no de cosmología: “Mil millones
por aquí, mil millones por allá y muy pronto estaremos hablando de dinero en
serio.”
Pues bien, mil millones de años por aquí, mil
millones de años por allá, y muy pronto estaremos hablando de un universo bien
viejo.
Voces del Universo:
Albert Einsein, a los dieciséis años
¿Cómo se vería el mundo si yo estuviese sentado
sobre un rayo de luz, moviéndome a la velocidad de la luz?
¿Cómo logró cambiar el mundo un trabajador de la
Oficina de Patentes suiza?
Las aplicaciones para unas patentes que este joven
tenía que procesar al comienzo del siglo XX parecían divertidas, irónicas e
innecesarias desde la perspectiva de comienzos del milenio: una era para una
cerbatana y la otra para controlar corrientes eléctricas alternas. La última,
dijo el trabajador, era “incorrecta, inexacta y confusa.” Estaba en lo
correcto. Uno podría decir que cuando Albert Einstein hablaba todos le ponían
atención. Excepto que en 1906 no mucha gente le ponía atención. Y si lo hubieran
hecho, no hubieran entendido lo que estaba diciendo este trabajador.
Albert Einstein (1879-1955) es un icono
umversalmente reconocible de los tiempos modernos. Su nombre es sinónimo de
genio, o de la falta de genialidad, como cuando decimos, “Usted no es ningún
Einstein.” Su imagen fue utilizada por la empresa Apple para ayudar a anunciar
su campaña “Piense diferente” con la que lanzaron una nueva generación de
computadoras Macintosh, y por Pepsi en otros comerciales. Ha inspirado
películas mediocres—Walther Mathau lo protagonizó en una comedia romántica
titulada I.Q.—y se han tejido toda clase de mitos y leyendas
acerca de sus capacidades en la niñez, su hija ilegítima, su cerebro y sus
andanzas.
Nacido el 14 de marzo de 1879 en Ulm, Alemania,
Albert Einstein se demoró en hablar y no fue buen estudiante durante los
primeros años de su vida. Parece que sufría de dislexia, pero esto nunca se ha
confirmado; posiblemente lo que pasaba era que se aburría con lo que le
enseñaban por estar más adelantado que sus compañeros. A los cinco años le
regalaron un compás que le gustó mucho y un violín que le hizo interesarse en
la música y en las matemáticas. Tenía dos tíos que le hicieron interesarse
mucho por las matemáticas y la física. Es muy posible que no le gustara el
régimen riguroso de los colegios alemanes de la época. A los quince años fue
expulsado del colegio por indisciplinado, a lo cual comentó: “La humillación y
la opresión mental de parte de profesores ignorantes y envidiosos puede causar
desastres irreversibles con la mente de un joven y ejercer una influencia
nefasta en su futuro.”
Sin duda, “pensaba diferente,” como aducía Apple,
desde muy joven. Alguna vez afirmó en una entrevista, “A los doce años, al
enfrentarme a las matemáticas, me emocionó ver que era posible encontrar la
verdad a partir del razonamiento, sin la ayuda de experiencias externas... me
convencí de que hasta la naturaleza podía entenderse a partir de estructuras
matemáticas relativamente sencillas.” Pitágoras debe haber sonreído al escuchar
estas palabras.
No logró entrar a la prestigiosa Academia
Politécnica de Zurich por ser demasiado joven, pero fue aceptado allí en 1896,
el mismo año en que renunció a la ciudadanía alemana porque no le gustaba el
militarismo alemán. Mientras estaba en la academia conoció a Mileva, su futura
esposa. Después del colegio buscó entrar al mundo académico sin mayor éxito y
luego se dedicó a trabajar como profesor privado hasta que un amigo le ayudó a
conseguir un puesto en la Oficina de Patentes Suiza en 1902.
En 1903, pocos meses después del nacimiento de su
hija Lieserl, Einstein se casó con Mileva. La suerte de su hija, que sufría de
fiebre escarlatina y quien parece haber sido entregada en adopción, es un
verdadero misterio. Einstein temía que si sus superiores se enteraban de que
había tenido una hija ilegítima no le darían el trabajo. Lieserl nunca vivió
con sus padres, y Einstein jamás la vio ni se refirió a ella en una sola carta.
Se perdió todo rastro de ella. (En su libro de 1999, La hija de
Einstein: En búsqueda de Eíeserf Michele Zacheim concluye que Lieserl,
quien murió de fiebre escarlatina en 1903, pudo haber sido retrasada mental o
haber padecido de síndrome de Down.)
Mientras trabajaba en la Oficina de Patentes Suiza,
Einstein montaba en tranvía para ir a trabajar, examinaba aplicaciones para
patentes y después de terminar su trabajo se iba al Café Bollwerk, donde se
encontraba con algunos de sus estudiantes a quienes daba clases para
complementar su salario. En 1905, Einstein publicó una serie de ensayos que
cambiaron la ciencia y las matemáticas tan profundamente como lo hiciera Newton
con sus Principia. En el libro “Sobre la Electrodinámica de
los Cuerpos en Movimiento” contestó la famosa pregunta que se había hecho a los
dieciséis años acerca de lo que sería “ir montado sobre un rayo de luz.” Esta
teoría, llamada la “teoría especial” de la relatividad, mostraba esencialmente
que las medidas de espacio y tiempo cambian de acuerdo con el movimiento del
observador. En otras palabras, los pasajero que viajan tranquila mente en un
tren no pueden saber si se están moviendo a menos que miren por la ventana.
Esta situación se torna diferente si el tren acelera. En ese caso, los
pasajeros sentirán un empuje en la dirección opuesta a la del movimiento del
tren. En un escrito relacionado, estableció la diferencia entre masa y energía
—que en el texto original decía: “Si un cuerpo emite la energía L en forma de
radiación, su masa decrece en L/V2.” En un manuscrito de 1912, de
acuerdo con una colección de ensayos de Einstein titulada. The Expanded
Quota- ble Einstein, Einstein reescribió la ecuación de la manera
conocida: E=mc2. Al relacionar la masa, la energía y la velocidad de
la luz, Einstein estableció los fundamentos de la bomba atómica. El tercero de
los cinco ensayos que escribió durante ese año trataba sobre el efecto
fotoeléctrico por el cual ganó el Premio Nobel dieciséis años después.
En 1906, Einstein recibió su doctorado de la
Universidad de Zurich y una promoción en su trabajo. Ahora era “Experto Técnico
de Segunda Categoría,” probablemente sería el experto técnico de segunda
categoría más inteligente de la historia universal. Demoró tres años más en
obtener un puesto de profesor, lo que le permitió abandonar definitivamente la
Oficina de Patentes.
En 1916, en medio de la Primera Guerra Mundial,
Einstein publicó “Los Orígenes de la Teoría General de la Relatividad,” en
donde describió la gravedad como una curvatura en la geometría del
espacio-tiempo producida por la masa y la energía. La predicción de Einstein
sobre la curvatura o desviación de la luz fue primero confirmada por el
astrónomo inglés Arthur Eddington en 1919 durante un eclipse total del Sol.
Trabajando desde Africa, Eddington pudo fotografiar las estrellas en el cielo
oscurecido temporalmente. Los resultados de su expedición confirmaron la teoría
de Einstein —los rayos de luz que provienen de las estrellas eran curvos, tal
como Einstein lo había predicho. Mucho después, en 1976, las sondas
espaciales Viking, que llegaron a Marte obtuvieron una
confirmación más precisa de la teoría de la relatividad general. El Sol desvía
y demora las ondas de radio, y esta demora fue medida enviando señales de radio
entre Marte y la Tierra. Según la relatividad general, los grandes cuerpos que
están en la órbita de otros cuerpos emiten ondas gravitacio- nales. Las
observaciones posteriores desde el espacio han confirmado la validez de las
teorías de Einstein.
Por esa época ya Einstein era famoso mundialmente.
En 1920 afirmó, “En el momento, todos los meseros y los cocheros opinan sobre
si la teoría de la relatividad es correcta.” Sin embargo, todos los éxitos con
la relatividad enmascaraban sus problemas familiares. De su matrimonio con
Mileva nacieron dos hijos más: Hans Albert (1904-1973 y Eduard (1910-1965),
quien sufría de esquizofrenia y murió en un hospital psiquiátrico. Después de
salir de Europa en 1933, Einstein dejó de comunicarse con su segundo hijo por
razones que él mismo dijo no entender. Se divorció de Mileva en 1919 y poco
tiempo después se casó con su prima Elsa Lowenthal, con quien había tenido una
relación extramarital desde 1912. Según parece, primero quiso casarse con una
de las dos hijas de Elsa, Use, y al negarse ella, se casó con su madre.
En 1933, después de que los nazis subieron al
poder, Einstein salió de Alemania con rumbo a Estados Unidos, a donde llegó ese
otoño, radicándose en Princeton, Nueva Jersey, donde habría de pasar el resto
de su vida. En 1939, firmó una famosa carta dirigida al presidente Franklin D.
Roosevelt advirtiéndole sobre las implicaciones militares de la energía
atómica. Esa carta fue el “motor” del Proyecto Manhattan para la construcción
de la bomba atómica.
El trabajo de Einstein contenía dos supuestos
adicionales: el universo es homogéneo — lo que quiere decir
que es igual en todas partes—e isotrópico — es decir, igual en
todas las direcciones. Aplicado a la cosmología, el trabajo de Einstein
predecía que el universo debe expandirse o contraerse, conclusión que no le
gustaba mucho. Para ajustar esta aparente contradicción, Einstein introdujo una
constante que denominó “constante cosmológica,” término que permitiría que el
universo fuera estático, idea que más tarde llamó “el desatino más grande de mi
vida.” De hecho, algunos descubrimientos recientes sugieren que no estaba tan
desatinado. Los análisis de las fotografías de la explosión de una estrella
tomadas por el Telescopio Espacial Hubble confirman la suposición de Einstein:
Todo el espacio está lleno de una forma invisible de energía que crea una
repulsión mutua entre los objetos que normalmente se atraen por gravedad. La
confirmación de la teoría de “la gravedad repulsiva” debería haber merecido
otro Premio Nobel según opinión de numerosos científicos, (véase la pregunta
sobre la “quintaesencia”).
Voces del Universo:
Albert Einstein refiriéndose a las armas atómicas
No sé cómo nos enfrentaremos en la Tercera Guerra
Mundial, pero sí les puedo decir qué armas se utilizarán en la Cuarta—¡piedras!
(Tomado de una entrevista de 1949 en Liberal judaism)
Cometí un error en mi vida—cuando firmé la carta aquella dirigida al presidente
Roosevelt apoyando la construcción de la bomba. Pero tal vez se me pueda
perdonar, porque todos estábamos seguros de que los alemanes ya estaban
trabajando en este problema y pensamos que iban a tener éxito e iban a usar la
bomba atómica para convertirse en la raza superior (tomado de una conversación
grabada en el diario de Linus Pauling, The Expanded Quotable Einstein, pag.
185).
¿Qué pasó con el cerebro de Einstein?
Albert Einstein, “El Hombre del Siglo” según la
revista Time, murió en el Hospital de Princeton el 18 de abril
de 1955. Durante su vida, y desde su muerte, inspiró anécdotas, mitos y citas
imaginarias que daban autoridad y peso a afirmaciones supuestamente hechas por
él. Por ejemplo, no es cierto que Einstein haya dicho, “Usamos solamente el
diez por ciento de nuestros cerebros.” Ni tampoco dijo que “su sueño dorado era
convertirse en geógrafo.”
Hacia el final de la guerra, Einstein se unió a
otros físicos en un movimiento contra el armamentismo. En 1947, Einstein, que
se había convertido en un promotor del desarmamentismo mundial, le dijo a un
reportero de la revista Newsweek: “Si hubiera sabido que los
alemanes no iban a poder construir la bomba atómica, no habría levantado un
dedo”. Se convirtió en pacifista y clamó por un gobierno mundial que protegiera
a la humanidad de la autodestruc- ción. Su muerte ocurrió después de escribir
su última carta firmada urgiendo a las naciones a renunciar a las armas
nucleares. En ella escribió: “Hay frente a nosotros, si así lo queremos, la
posibilidad de progreso continuo hacia la felicidad, el conocimiento y la
sabiduría. ¿Escogeremos, por el contrario, la muerte, porque no podemos
resolver nuestras diferencias? Como seres humanos, hacemos un llamado a los
seres humanos: acuérdense de su humanidad y olvídense del resto.”
Tales sentimientos, en época de la Guerra Fría,
produjeron sospecha, y el FBI, de J. Edgar Hoover lo consideró como un
potencial subversivo en ese clima de desconfianza de los años cincuenta. Se
recopiló un archivo de 1,500 páginas sobre Einstein, a quien el gobierno no
había dado permiso para trabajar en el Proyecto Manhattan durante la guerra.
Curiosamente, pocos aspectos de su vida y muerte
han atraído tanta atención como su cerebro. Su cerebro y sus ojos fueron
preservados por dos patólogos que realizaron una autopsia, posiblemente en
contra de los deseos de Einstein. Temiendo manifestaciones exageradas, pidió
que su cuerpo fuera cremado y las cenizas arrojadas en secreto sobre el río
Delaware. Al enterarse de la extracción del cerebro, la familia aceptó que se
usara con fines científicos, mas nunca comerciales. El Dr. Harvey guardó el
cerebro de Einstein en un frasco en su casa de Kansas y envió secciones de éste
a diversos investigadores durante años. El cerebro de Einstein era de tamaño y
peso normal, y uno de los investigadores, Marian Diamond, de Berkeley,
California, reportó que contenía un número mayor que el promedio de células
gliales, que alimentan las neuronas de la parte izquierda del cerebro. Y en
junio de 1999, la neurocientífica canadiense Sandra Witelson escribió que la
parte del cerebro de Einstein que se relacionaba con el pensamiento matemático
era más ancha de lo normal, y que la fisura o hendidura que tiene el cerebro a
todo lo largo, no iba hasta el final en el caso de Einstein. Pero estas
observaciones no son aceptadas por otros neurólogos. Los ojos de Einstein, que
fueron extraídos por el Dr. Henry Adams, quedaron en su posesión.
Voces del Universo:
Steven Weinberg, Los Primeros Tres Minutos, (1977)
Al comienzo hubo una explosión... Cerca de un
centésimo de segundo [después] ... la temperatura del universo se elevó a unos
cien mil millones de grados centígrados. Esto es mucho más caliente que el
centro de la estrella más caliente, tan caliente que ninguno de los componentes
de la materia ordinaria, moléculas o átomos o inclusive los núcleos de los
átomos, hubiesen podido mantenerse unidos. En lugar, la materia que se esparció
por todos lados consistía en su mayoría de partículas llamadas elementales.
A medida que continuó la explosión, la temperatura disminuyó... llegando a
treinta mil millones de grados centígrados después de un décimo de segundo...
La energía liberada en esta anulación de materia disminuyó temporalmente la
velocidad con que se enfriaba el universo, pero la temperatura siguió
disminuyendo hasta llegar a unos mil millones de grados después de tres
minutos. En ese momento ya estaba lo suficientemente fría como para que los
protones y los neutrones formaran núcleos complejos, empezando con el núcleo
del hidrógeno pesado...
El Big Bang: ¿Fue tan grande e hizo tanto ruido?
¿Se acuerda haber aprendido en el colegio acerca
del Sacro Imperio Romano? Probablemente se le hayan olvidado algunos de los
detalles de este imperio germánico en la parte occidental y central de Europa
que comenzó en 962 d.C. Pero lo que usted tal vez puede recordar es aquella
frase pronunciada por muchas profesoras: “El Sacro Imperio Romano. Ni fue
sacro, ni fue romano, ni fue un imperio”.
El concepto del comienzo del universo conocido como
el Big Bang es con frecuencia descrito como una explosión. Lo cual es parecido
al cuento del Sacro Imperio Romano. No fue grande, no fue ruidoso y no fue una
explosión, al menos no del estilo de los espectáculos de fuegos artiñciales que
vemos el 4 de Julio.
La idea del surgimiento del universo tras una
ruidosa explosión se remonta al comienzo del siglo XX y al trabajo teórico de
Einstein. Pero la noción de “big bang” es más reciente. En la historia de los
insultos, pocos han tenido tantos resultados no intencionales
como éste. En 1950, el astrónomo británico Fred Hoyle—es decir, Sir Fred—tenía
un programa de radio en la BBC llamado “La Naturaleza del Universo.” (En una
era en que las estaciones de radio están dominadas por Howard Stern y Rush Limbaugh,
la idea de un físico hablando de la creación no es muy creíble.) A Hoyle le
preguntaron acerca del comienzo del universo y él, de manera burlona, caliñcó
de “Big Bang” la noción de que el universo hubiera comenzado
con una explosión que originó el espacio y la materia.
Esta teoría, nacida a comienzos del siglo pasado, a
partir del trabajo de Einstein, Sitter, Friedmann y Lemaítre, encontró un
adepto en el emigrante ruso George Gamow (1904-1968), antiguo estudiante de
Aleksandr Friedmann. En la década de los cuarenta, Gamow, trabajando con dos
colegas más jóvenes, Ralph Alpher y Robert Hermán, razonó que si el universo
joven era pequeño y denso, era debió haber sido también caliente, enfriándose
después. Inclusive calcularon la temperatura a la cual los residuos cósmicos se
habrían enfriado. Fue ésta la idea que Hoyle caliñcó de “Big Bang.”
En síntesis, el Big Bang, o como algunos cosmólogos
prefieren llamarlo, “El Modelo Estandard de la Cosmología,” es algo así: Hace
cerca de 15,000 millones de años, el universo surgió de un suceso enorme y
hasta el momento inexplicable—a veces se le denomina una “singularidad” —del
cual se crearon el espacio y toda la materia. Por esta razón, no podemos decir
que fuera una explosión. La nada no puede explotar. Y en el
momento del Big Bang no existía nada. Es como un episodio cósmico de Seinfeld,
el programa sobre nada. No sucedió en ninguna parte —es decir, en un solo
lugar—sino en todas partes. En otras palabras, como el espacio no existía, no
había un lugar en donde ocurriera el Big Bang. O, como Gertrude Stein alguna
vez dijera sobre Oakland, California, “Allí no había allí.”
Para la mayoría de las personas que están
acostumbradas a ver, oír, tocar y oler nuestro mundo, este es un concepto
difícil de entender. ¿Puede imaginarlo? Es que algo salga de la nada, que todo
venga de ninguna parte.
En fracción de un segundo de tiempo —0.00001 de un
segundo, para ser más exactos—se crearon toda la materia y la energía. Antes de
eso, todo estaba unificado, teóricamente hablando, en una semilla cósmica o
huevo prístino como el padre Lemaítre solía llamarlo. La temperatura del
universo, millonésimas de segundo después de este suceso —se calentó. No
solamente caliente. Extremadamente caliente. Más caliente que el picante
tejano. Más caliente que la Ciudad de Nueva York en agosto. Números que no
significan mucho para nosotros—como diez billones de billones de veces más
caliente que el núcleo del Sol. De acuerdo con la Scíentífic American
Science Desk Reference, “Los científicos han calculado que una
millonésima de una millonésima de una millonésima de una millonésima de una
millonésima de una millonésima de segundo después del Big Bang, el
universo tenía el tamaño de una arveja y la temperatura era de 10.000 millones
de millones de millones de millones de grados centígrados/18,000 millones de
millones de millones de millones de grados Fahrenheit. Un segundo después del
Big Bang, la temperatura era de 10.000 millones de ºC/18,000 millones de ºF.
En ese instante de la expansión cósmica, toda la
materia, energía, tiempo y espacio fueron creados, pero no como los conocemos
hoy. A medida que pasó el üempo, el universo se expandió y empezó a enfriarse.
Inmediatamente después del Big Bang, el universo consistía esencialmente en
fuertes radiaciones. Esta radiación formó una región de rápida expansión
denominada bola de fuego primordial.
A medida que el universo se expandía y se enfriaba,
los primeros pedacitos de materia primitiva —llamados quarks—empezaron
a unirse para conformar las formas más primitivas de átomos. La materia, lo
mismo que la radiación, disminuyó en densidad después de la explosión. Con el
tiempo, la materia se separó formando trozos enormes. Estos se convirtieron en
galaxias, estrellas y, posteriormente, planetas, los cuales surgieron a medida
que estos trozos de elementos se agruparon por acción de la atracción gravitacional.
Parte de por lo menos un enorme trozo de materia se convirtió en un grupo de
planetas—el Sistema Solar.
Durante cientos de miles de años, la materia era
una masa candente de partículas subatómicas extremadamente calientes,
bombardeadas por radiación de alta energía. Hoy el universo es frío y tranquilo
en comparación, pero en su extremo los astrónomos detectan el brillo del Big
Bang—y con él, el comienzo del tiempo.
La teoría del Big Bang, como todas las teorías, no
puede ser “demostrada”—pero podría ser refutada. Sin embargo, ha sido
respaldada y sustentada durante muchos años por gran cantidad de pruebas que
apoyan su veracidad y su amplia aceptación. Hoy, básicamente, descansa en
algunos hechos esenciales que podríamos llamar “todo lo que necesita saber”
acerca del Big Bang:
1. El universo se está expandiendo. Sabemos esto
gracias al descubrimiento de Mr. Edwin Hubble (véase la siguiente pregunta); es
un hecho que ha sido respaldado ampliamente desde que Hubble lo descubrió en
1929.
2. La radiación cósmica de microondas o el entorno
cósmico de microndas (ECM) llena el espacio—los residuos de un comienzo más
caliente y más denso
3. Esa radiación se ha enfriado a la temperatura
exacta que los astrónomos calcularon que debería enfriarse.
4. Hay abundancia de deuterio y de helio en el
universo—lo cual tiene senüdo si éste fue mucho más caliente alguna vez.
“Se corre al rojo, al azul, un, dos, tres.” ¿Eso no
es de un libro del Dr. Seuss?
Uno de los adelantos más significativos de la
astronomía tuvo lugar a finales del siglo XIX cuando astrónomos y físicos
empezaron a desarrollar un método para determinar el movimiento de las
estrellas que se acercan o se alejan de la Tierra. El astrónomo inglés William
Hug- gins (1824-1910) y el físico francés Armand-Hippolyte-Louis Fizeau
(1824-1910) descubrieron que los colores en el espectro de luz—la separación de
la luz en rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta cuando pasaban a
través de un prisma —se comportaban de manera similar a las ondas de sonido, lo
que se conoce como el Efecto Dop- pler Llamado así en honor al físico austríaco
que lo descubrió en 1842, el Efecto Doppler es el cambio en frecuencia del
sonido, la luz o las ondas de radio causado por el movimiento relativo de la
fuente de las ondas y de quien las observa. Por ejemplo, la frecuencia de un
carro de la policía o de la sirena de una ambulancia parece más alta a medida
que se acerca y más baja después de que pasa y empieza a retirarse. En
realidad, la frecuencia de la sirena permanece constante.
Huggins y Fizeau descubrieron que los astrónomos
podían estudiar la velocidad de una estrella midiendo el cambio aparente en la
frecuencia de sus ondas luminosas. Estimaron la distancia y el movimiento de
una galaxia o una estrella midiendo su corrimiento al rojo, un
aparente alargamiento de las ondas electromagnéticas irradiadas por un objeto a
medida que éste se aleja de la Tierra. Este corrimiento al rojo puede ser
observado cuando la luz de una galaxia o de una estrella se difracta en una
banda de colores conocida como el espectro. Las líneas de
ciertos colores se corren hacia el final rojo del espectro si la galaxia o
estrella está retrocediendo o alejándose de la Tierra; se correrán hacia el
azul cuando se están acercando. En 1869, Huggins determinó que Sirio se alejaba
de la Tierra a una velocidad de veinte millas por segundo.
Después de descubrir en 1924 que las galaxias eran
diferentes, Edwin Hubble utilizó la información acerca del cambio en el
espectro para enunciar el segundo descubrimiento más importante de la
astronomía del siglo XX. Hubble descubrió que el corrimiento en la luz de las
galaxias que se alejan aumentaba en proporción a su distancia de nosotros. Es
decir, el universo está expandiéndose y las estrellas más lejanas se mueven más
rápidamente. Las galaxias se están separando y las mejores pruebas apuntan a que
se seguirán separando siempre.
¿Qué tienen que ver los excrementos de las palomas
con el Big Bang?
En 1965, dos científicos de los Laboratorios Bell
descubrieron que había radiación por todo el firmamento. Se trata de la
luminosidad residual del Big Bang.
La radiación cósmica se generó cuando el universo
tenía cerca de trescientos mil años, mucho antes de la formación de las
estrellas, cuando el cosmos era mil veces más caliente y mil veces más pequeño
de lo que es en la actualidad. Hasta ese momento, era tan caliente y tan denso
que la radiación estaba “íntimamente ligada a la materia” y no podía escaparse
hasta que el universo se enfriara un poco. Una vez que se escapó, se dispersó
rápidamente con el universo en expansión.
En 1964, dos radio astrónomos que trabajaban en los
Laboratorios Bell (después llamados AT&T y posteriormente tecnologías
Lucent) estaban trabajando en una antena para el nuevo sistema satelital de
telecomunicaciones Telstar. Arno Penzias y Robert Wilson notaron que no
importaba hacia donde dirigían la antena en forma de cuerno, siempre detectaban
un silbido. Para tratar de eliminarlo, los dos hombres desalojaron unas palomas
y limpiaron los restos de excrementos depositados.
Pero el silbido continuaba. Lo que Penzias y Wilson
descubrieron por accidente estaba siendo investigado por unos científicos de
Princeton. Posteriormente descubrieron que el ruido provenía de residuos de
radiación de la bola de fuego cósmica en que se creó el universo. Penzias y
Wilson recibieron el Premio Nobel por ese descubrimiento. Este “entorno cósmico
de radiación de microondas” se ha enfriado durante los 13,000 a 16,000 millones
de años transcurridos desde el Big Bang, pero todavía está en los cielos.
Cuando los cosmólogos la midieron en detalle, declararon estar viendo “la
escritura de Dios.” Uno puede ver esta escritura de Dios en la casa: Cuando
vemos la pantalla de la televisión como “llena de nieve”, es porque estamos
recibiendo radiación del entorno.
En 1990, después de estar operando durante nueve
minutos, el Explorador del Entorno Cósmico, (COBE), recogió más información
sobre radiación ambiental de lo que se había descubierto desde 1965. Con un
lujo de detalles que sorprendió a los astrónomos, COBE logró confirmar que el
universo irradiaba en la temperatura que habían predicho Gamow, Alpher y Hermán
desde 1940. También confirmó lo que Wilson y Penzias habían descubierto y
demostró que esta radiación existe en el universo de manera uniforme y en todas
partes.
Voces del Universo:
Stephen Hawking, Breve Historia del Tiempo
Uno podría decir que el tiempo comenzó con el Big
Bang en el sentido en que los tiempos anteriores simplemente no serían
definidos. Debería enfatizarse que este comienzo en el tiempo es muy diferente
de aquéllos que se habían considerado anteriormente. En un universo
incambiable, un comienzo en el tiempo tiene que haber sido impuesto por un ser
superior; no existe necesidad física para un comienzo. Uno puede imaginarse a
Dios creando el universo en el momento del Big Bang, o incluso después, de tal
forma que pareciera que hubo un Big Bang. Pero no tendría sentido suponer que
fue creado antes del Big Bang. Un universo en expansión no es incompatible con
un creador, pero sí pone límites en cuanto a cuándo hizo él el trabajo.
¿Qué había antes del Big Bang?
“Tengo mucho de nada/y nada es suficiente para mí,”
cantaba Porgy en Porgy y Bess, de Ira Gershwin.
Es una muy buena respuesta para esta pregunta.
Puede que haya habido algo antes del Big Bang, pero tenemos suficiente de nada
en cuanto al conocimiento de lo que sucedió exactamente. Los científicos no
pueden explicar con certeza por qué ocurrió el Big Bang, luego es pura
especulación pensar qué pasó “antes.” Puede ser interesante contemplar el
universo y divagar sobre él pero, por el momento, no tiene mayor sentido
hacerlo, a menos que a usted le guste argumentar sobre los aspectos más
exquisitos de la cosmología y la teología. El tiempo—junto con el espacio, la
materia y la energía, se crearon durante el Big Bang, de modo que no existe un
“antes.” El Big Bang teóricamente fue la creación de algo desde la nada. No
podemos preguntar qué había antes pues no hay pruebas a partir de las cuales
podamos elucubrar una teoría. En otras palabras, el Big Bang ha sido
ampliamente aceptado para explicar todo lo que observamos en el universo pero
que no podemos explicar. No tenemos la más remota idea sobre la fuente del Big
Bang.
¿Qué otra explicación tenemos para la creación del
universo, además del Big Bang?
Fuera del Libro del Génesis y de los mitos sobre la
Creación de casi cualquier sociedad y cultura que haya existido, la mayoría de
los cien tíficos diría que “No hay otra explicación.” Pero éste no ha sido
siempre el caso. Durante el siglo XX hubo varios modelos cosmológicos de los
cuales han sido descartados—mientras que el Big Bang se ha solidificado y
reforzado durante los últimos cuarenta años con pruebas sustanciales.
Durante mucho üempo, la mayor contrincante era la
teoría del estado constante. Fue diseñada en 1948 en Cambridge, Inglaterra, por
tres colegas, oponentes del Big Bang: Fred Hoyle, Hermann Bondi y Thomas Gold.
La teoría del estado constante sostiene que el universo siempre ha existido en
su estado actual. A medida que las galaxias se separan, la materia nueva que se
está creando constantemente forma nuevas galaxias que reemplazan aquellas que
han retrocedido a distancias infinitas. Esta teoría nos deja sin saber de dónde
proviene la materia. Varias observaciones astrológicas recientes, especialmente
las del entorno de radiación cósmica, han relegado la teoría de “estado
constante” a un estado de extinción.
Voces del Universo:
Vera Rubín sobre la “Materia Oscura del Universo”
(The Scientific American Book ofthe Cosmos)
Los nuevos instrumentos, lo mismo que las nuevas
formas de pensar, nos han ayudado a entender la estructura de los cielos. Hace
menos de cuatrocientos años, Galileo colocó un pequeño lente en un extremo de
un tubo de cartón y una gran mente en el otro extremo. Al hacerlo, descubrió
que la banda pálida a lo largo del cielo, denominada Vía Láctea, estaba
compuesta por miles de millones de estrellas aisladas y de cúmulos de
estrellas. Súbitamente, el ser humano comprendió lo que era una galaxia. Tal
vez en el próximo siglo, otra gran mente—que puede no haber nacido—pondrá su
ojo en un ingenioso instmmento nuevo y contestará definitivamente, ¿Qué es la
materia oscura?
En 1965, la astrónoma Vera Rubin se convirtió en la
primera mujer en observar las estrellas desde el Observatorio Palomar. Es
miembro del equipo del Instituto Garnegie de Washington D.C. y una de las más
distinguidas científicas de la historia reciente. Recibió de manos del
presidente Clinton la Medalla Nacional de la Ciencia en 1993. A ella se le
atribuye la teoría que sustenta la “materia oscura.”
¿Qué son la teoría inflacionaria, la materia oscura
y la quintaesencia?
Aunque durante la mayor parte de la década de los
noventa, Alan Greenspan, director de la Reserva Federal, pueda haber parecido
el Amo del Universo, hay otras fuerzas en movimiento, entre ellas una nueva
línea de pensamiento denominada teoría inflacionaria que nada
tiene que ver con el Indice del Precio al Consumidor ni con la Junta Directiva
de la Reserva Federal. La teoría inflacionaria básicamente establece que, en
sus primeras etapas, el universo se expandió a una velocidad mayor de lo que lo
hace hoy en día. Basada en el trabajo del Dr. Alan Guth en 1980, y expandida
por cosmólogos como el Dr. Andrei Linde de la Universidad de Stanford, esta
inflación no reemplaza al Big Bang, pero sí le añade complejidad. Trata de
explicar por qué las regiones del universo, aunque separadas por enormes
distancias, son parecidas. La teoría sugiere que el universo recién nacido, ese
pequeño punto de “la nada primordial” que se llenó de intensa energía, dobló su
tamaño exponencialmente en la más pequeña fracción de üempo después
del nacimiento del universo. Luego de este período inicial de inflación, el
universo cambió su velocidad de expansión a una expansión linear. La
diferencia entre exponencial y linear puede representarse por medio de números:
exponencial quiere decir que se dobla cada vez (1, 2,4, 8, 16) y linear que va
de uno en uno (1, 2, 3, 4, 5...).
Una posibilidad interesante de la teoría
inflacionaria es que la inflación hubiera creado universos más lejanos que el
nuestro. Los cosmólogos están empezando a considerar la posibilidad de multíver-
sos. Y usted probablemente estaba pensando que un universo
era demasiado para contemplar y comprender.
Junto con la aceptación del Big Bang—con o sin la
adición de la inflación —que ha ganado adeptos en años recientes, la mayoría de
los científicos ha aprendido a aceptar la existencia de la materia
oscura. Aunque parece material para un episodio de Star Trek,
se pensó que el noventa por ciento del universo estaba conformado por este
elemento extraño. Desde los años treinta, los astrónomos comenzaron a darse
cuenta de que existía materia en el universo que no podía verse —o
detectarse—pero que debía estar allí. ¿Pero por qué lo creían? Porque algo
proporcionaba la gravedad que mantenía todo en su sitio. El descubrimiento más
importante lo hizo Vera Rubin, estudiante de George Gamow y a quien la
Universidad de Princeton le había comunicado que le sería biológicamente
imposible obtener un doctorado de esa institución —no aceptaban mujeres en esa
época. Rubin descubrió que las estrellas más externas dentro de las galaxias
circulaban tan rápidamente como las interiores. Algo tenía que explicar la
velocidad de las estrellas exteriores y su permanencia en sus órbitas.
Las pruebas para demostrar que la mayoría de la
masa del universo consiste de materia oscura agrupada alrededor de las galaxias
son bastante sólidas. Pero no hay consenso con respecto a lo que es la
materia oscura. Hay dos grupos de opinión, y para demostrar que los astrónomos
sí tienen sentido del humor, han llamado a los diferentes tipos de materia
oscura, MACHOs (“machos”) y WIMPs (“llorones”).
MACHO son las siglas en inglés de “Objetos de Halo
Compacto Masivo” y pueden ser estrellas agotadas, enanas blancas, enanas marrón
y polvo. En 1996, los astrónomos descubrieron que la mitad de la materia oscura
en la Via Láctea estaba compuesta por MACHOs.
Los WIMPs, o Partículas Masivas de Interacción
Débil, son objetos muy pequeños que no han sido detectadados y que zumban en la
noche.
Si hay inflación, los WIMPs y los MACHOs no esperan
a que uno esté deseando un asiento cómodo en el cual depositar toda la materia;
espere un poco. Un nuevo avance de la cosmología puede complicar este aspecto
aún más. Desde mediados de los noventa, algunos cosmólogos han sugerido que la
suma de los elementos conocidos y de la materia oscura no explica todos los
contenidos del universo, sólo responde por menos de la mitad. La última teoría
es que esta “energía chistosa,” también llamada “energía oscura,” posiblemente
podría componer más de la mitad del universo. El truco de esta “energía
oscura,” altamente teórica, es que es repelente. Literalmente. A diferencia de
todo lo demás en el universo que se atrae, la energía oscura repele las cosas.
La gravedad jalona los elementos químicos y otra materia hacia las galaxias,
pero la energía oscura puede estar empujándolos en dirección contraria. Según
la teoría, es esta fuerza repulsiva, la que hace que el universo se acelere,
conclusión que ha encontrado cierto apoyo.
Recientemente, los cosmólogos han empezado a
llamar quintaesencia a esta energía. Quintaesencia significa
“quinto elemento,” un recuerdo de la cosmología griega del tiempo de
Aristóteles que sugería que la Tierra estaba compuesta de cuatro elementos:
tierra, agua, aire y fuego y que un quinto elemento — una
sustancia cristalina —era la que se encargaba de mantener unidos el Sol, la
Luna y los planetas.
La mayoría de los científicos espera que se puedan
contestar muchas más preguntas sobre inflación, materia oscura y quintaesencia
mediante el uso de la Sonda de Anisotropía de Microondas que fue diseñada para
proporcionar una imagen completa del firmamento. La sonda costó $145 millones y
su lanzamiento, planeado para junio de 2001, la colocará en una órbita más
lejana de la Tierra que la de su predecesor, el Explorador del Entorno Cósmico
(COBE). Este satélite recogerá mucha más información acerca de la radiación
cósmica, lo cual constituye la mejor información para determinar cómo era el
universo. Debería proporcionar información sobre las distintas clases de
materia del universo—tanto de la materia de las estrellas y de la gente como de
la materia oscura y, tal vez, de la quintaesencia.
Abierto, cerrado o plano: ¿Cómo terminará el
universo?
La ciencia trata de preguntar “Cómo” y cada
respuesta es una victoria. Pero preguntarse cómo sucedió algo es muy diferente
a preguntar cómo va a suceder en un futuro. Preguntarse cómo terminará el
universo es una de esas preguntas.
Los expertos difieren en su respuesta sobre la
expansión indefinida del universo. Hay tres posibilidades generalmente
aceptadas. Durante muchos años, los astrónomos creían que la velocidad de
separación de las galaxias, que se habían estado separando desde el Big Bang,
parecía estar disminuyendo. Sin embargo, las pruebas recientes contradicen este
supuesto. El momento explosivo del Big Bang puede haber disparado el material
de la creación con tanta energía como para escapar a la atracción gravitacional
del resto del material. Es análogo a mandar un cohete lo suficientemente rápido
para escapar la gravedad de la Tierra. Si se adquiere esa “velocidad de
escape,” el universo podría estarse expandiendo siempre. Los astrónomos y los
cosmólogos denominan a esto un universo abierto.
Por otro lado, si el material no viajara con
suficiente energía para continuar indefinidamente, el universo dejaría de
extenderse y se derrumbaría sobre sí mismo. A este fenómeno se le
denomina universo cerrado.
Una tercera posibilidad es que el universo continúe
expandiéndose, pero que la velocidad de expansión disminuya con el tiempo, de
tal forma que continuará expandiéndose indefinidamente. A este supuesto teórico
se le denomina universo marginalmente abierto o universo
plano.
Si el primer o tercer supuesto será el futuro de
nuestro universo, saque la ropa de invierno y comience a cantar esa canción
favorita: “Apague la luz, la fiesta ha terminado.” Un universo abierto o plano
continuará expandiéndose hasta que se haya agotado la última estrella. Lo único
que quedaría sería un gran número de estrellas muertas separadas por enormes
extensiones de espacio. Será muy frío y muerto. Este destino del universo se
denomina la Gran Helada.
Por otro lado, si el segundo supuesto es correcto—y
el universo es cerrado, caerá sobre sí mismo en lo que se conoce como la
Gran Aplastada. Un resultado posible de este supuesto es que al
contraerse hasta un punto infinitamente denso, la “aplastada” podría dar origen
a otro Big Bang y empezaría de nuevo el proceso.
Los astrónomos y los cosmólogos esperan y confían
en que las expediciones planeadas para el Telescopio Espacial de Próxima
Generación y otros observatorios basados en el espacio contesten estas
preguntas. Uno de ellos, la Sonda de Anisotropía de las Microondas, cuyo costo
fue de $145 millones, permitirá que todo el universo sea diagramado como
hicieron los exploradores de siglos anteriores con los océanos. Sus
observaciones pueden ayudar a explicar cuán rápida es la expansión del
universo, y nos darán pistas sobre dónde terminará todo esto.
Voces del Universo:
Steven Hawking, Breve historia del tiempo (1988)
Si descubrimos una teoría [unificada] completa [del
universo], ésta debería ser entendida por todos, no sólo por unos pocos
científicos. Entonces todos nosotros, filósofos, científicos y gente común
podremos discutir por qué existimos y por qué existe un universo. Si
encontramos respuesta, será el último triunfo de la razón humana—porque
entonces llegaremos a entender la mente de Dios.
¿Qué relación hay entre GUTs, TOEs, las cuerdas y
el universo?
El brillante físico Steven Hawking—quien se sienta
en “la silla” alguna, vez ocupada por Isaac Newton en la Universidad de
Cambridge—está hablando de una teoría que lo explica todo —una Teoría de Todo,
o TOE por sus siglas en inglés, una explicación del hecho de que algunas leyes
del universo entran en conflicto con otras. Esta idea que Hawking, de manera
poéüca bautiza “la mente de Dios,” ha recibido un nombre mucho menos poético:
GUT, siglas en inglés de la Gran Teoría Uniñcada. Los físicos que están buscando
una GUT están tratando de unir, en términos matemáücos, las fuerzas de la
naturaleza—la fuerza gravitacional que mantiene unidos a las estrellas y a los
planetas; la fuerza electromagnética que mantiene ligados a los átomos; la
fuerza atómica débil que causa un decaimiento lento de las partículas conocido
como decaimiento radioactivo; y la fuerza atómica fuerte que mantiene la unidad
del núcleo. En resumen, esperan mostrar que cada fuerza es la misma cosa que
ocurre de maneras distintas.
En un sentido podríamos decir que estamos en la
mitad del camino. En 1979, el Premio Nobel de Física fue entregado a Steven
Weinberg, Abdus Salam y Sheldon Glashow por su trabajo de combi nar las fuerzas
electromagnéticas y las interacciones débiles en lo que se denominó “fuerza
electrodébil ”
En los últimos años, los cosmólogos y los físicos
han empezado a concentrarse en un candidato para ser la Gran Teoría Uniñcadora,
conocido como la “teoría de cuerdas ” En términos simples, esta teoría trata de
describir el universo y toda la naturaleza como compuesta por pequeñísimas
cuerdas unidimensionales que vibran en varias dimensiones—las tres dimensiones
habituales más la cuarta dimensión de espacio-tiempo. Desarrollada en 1980, la
teoría de cuerdas describe partículas elementales que son más pequeñas que los
protones. Brian Greene explica así la teoría en su popular libro El
Universo Elegante: “De acuerdo con la teoría de cuerdas, si pudiéramos
examinar estas partículas con mayor precisión—una precisión que es varios
órdenes de magnitud mayor que nuestra capacidad tecnológica — encontraríamos
que cada partícula es como una curva unidimensional y no como
un punto. Al igual que una banda de caucho infinitamente delgada, cada
partícula contiene un filamento vibrante, oscilante y saltarín que los físicos denominan... cuerda. Green
continúa: “Así como las cuerdas de un violín o de un piano tienen frecuencias
de resonancia en las que prefieren vibrar... lo mismo es cierto para las curvas
de la teoría de cuerdas...
En principio, la teoría de cuerdas puede explicar
todas las fuerzas de la naturaleza. Pero inclusive los proponentes de la teoría
aceptan que sus ecuaciones son aproximaciones —aunque muy buenas.
Otros descartan la “física de cuerdas” —uno casi que puede oir una risita como
la de Fred Hoyle cuando dijo que el “Big Bang”—por ser imposible de demostrar.
¿Qué tiene que ver toda esta discusión sobre
“cuerdas” incomprensibles con los GUTs y con el resto de nosotros? Brian Green
contesta de manera sucinta, “El descubrimiento de la T.O.E. —la explicación
fundamental del universo a su nivel microscópico, una teoría que no se atiene a
ninguna otra explicación más profunda — proporcionaría las bases más firmes
sobre las cuales construir nuestra comprensión del mundo.”
Principios y finales. Preguntas cósmicas. Conceptos
complejos que ponen en jaque nuestras ideas sobre lo que es real o posible.
Este libro concluye en el punto en nos dejan Steven Hawking y la cosmología
moderna, la intersección complicada entre ciencia y fe, conocimiento y
creencia. Durante siglos, estas “creencias” opuestas—la ciencia y la religión
—se han debaüdo por la supremacía. La cosmología, como la entendían los
griegos—el orden del universo—ha ganado mucho terreno, pero no puede contestar
la pregunta de “Dios.” (Usted podría, claro, sustituirlo por alguno de los
sinónimos para un ser superior.) Esto no ha evitado que la gente conünúe
intentándolo. En la ñlosofía tradicional las respuestas se han encasillado en
amplias categorías:
· El Argumento Cosmológico: Esta idea se remonta a
Aristóteles y sostiene que uno puede encontrar las relaciones de causa efecto
sólo hasta cierto punto. En algún momento, tiene que empezar en alguna parte,
con una Primera Causa o el Motor Inmóvil de Aristóteles. Los filósofos han
recogido este concepto desde la Ilustración, empezando con la idea de que no
hay razón para creer que no existen infinitas series de causas.
· Argumento Ontológico: Esta línea de pensamiento se
deriva de San Anselmo y puede simplificarse de la siguiente manera: Reconocemos
que existe la perfección. Dios es perfecto. Debe existir, porque si no
existiera no sería perfecto. Esto puede sonarle como un perro persiguiendo su
propia cola, pero así es como lo ven muchos filósofos.
· Argumento desde el diseño (es decir, el Argumento
Teológico).
· Hace mucho tiempo, ésta era la teoría del
constructor de relojes cósmicos. Si uno se encontraba en el bosque un reloj de
bolsillo perfectamente diseñado pensaría que era porque había sido diseñado con
un objetivo. Este argumento básicamente dice que si el universo está
perfectamente diseñado, es porque algo o alguien tuvo que haberlo planeado. No
implica que el fabricante de relojes esté involucrado en los detalles
cotidianos del funcionamiento del reloj. “El” lo hizo, pero no tiene que
echarle cuerda para que funcione.
Todos estos argumentos son enfrentados por nociones
“ateas” de la cosmología moderna, como las sobre el azar y el caos. En su
libro The Whole Shebang, Timothy Ferris afirma, “Si el mundo
nació del caos y funciona por casualidad, ¿Qué papel juega entonces un creador
omnisciente?” (página 309).
Para complicar aún más las cosas, Ferris contradice
su propia pregunta: “El encontrar pruebas de casualidad en la naturaleza no
quiere decir que no exista Dios... En primer lugar, es imposible probar de
manera definitiva que aquello que parece hecho al azar realmente lo sea...
Y, si el universo nació del caos, un creyente podría argüir que Dios eligió el
caos porque era lo mejor para cumplir ese propósito.” (página 310).
Los argumentos de Ferris y los argumentos
contrarios nos conducen a otro tipo de razonamientos que inicialmente crearon
controversia en un contexto distinto. El libro más escéptico y, de muchas
formas el más cínico, que se haya escrito jamás es un cuento tradicional
semítico que se conoce como el Libro de Job. Fue redactado alrededor del siglo
VI a.C., posiblemente cuando los judíos estaban exilados en Babilonia, y Job
pudo haberse basado en un cuento tradicional más antiguo del Cercano Oriente
que hace la muy moderna pregunta: “¿Por qué le suceden cosas malas a las
personas buenas?”
Job, un hombre feliz, adinerado y justo, con una
familia grande y dueño de rebaños, es víctima de plagas, enfermedades
contagiosas y pérdidas cuando Satanás reta a Dios a que lo despoje de sus
pertenencias. Satanás cree que Job maldecirá a Dios si se destruyen sus
posesiones mundanas. Sin advertencia alguna, Dios le quita todo, hasta sus
hijos. Animado por algunos amigos, Job cuestiona la acción divina creyendo no
merecerlo.
Dios, airado, aparece como un torbellino.
Reprendiendo a Job por haber tenido la osadía de cuestionarlo a El, le dice:
“¿Puedes tú unir las cadenas de las Pléyades, o
desatarás las ligaduras del Orion?
¿Sacarás tú a su tiempo los signos de los cielos?
O guiarás el Arcturo con sus hijos?
¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos?
¿Dispondrás tú de su potestad en la Tierra?
Job arrepentido y lleno de humildad le responde a Dios:
‘Yo conozco que todo lo puedes,
Y que no hay pensamiento que se esconda de ti....
Por tanto yo denunciaba lo que no entendía;
Cosas que me eran ocultas y que no conocía”
No cabe duda de que no hemos aprendido las
lecciones de Job. Ni las lecciones de la Torre de Babel. Ni las de ícaro, Wan
Hu o Giordano Bruno. Somos los hijos de Job, todavía llenos de osadía para
cuestionar. En el Libro de Job, Dios pregunta también: “¿Dónde estabas cuando
yo fundaba la Tierra?... ¿Quién ordenó sus medidas, ¿lo sabes?” No todavía.
Pero no podemos parar de ensayar. Recuerde, después de todo, aquella vieja
historia de la Biblia,—¿la de la fruta prohibida? Era la fruta del árbol de la
sabiduría. Adán y Eva comieron de ella y no hemos cesado de buscar respuestas.
Epílogo
¿De que color es su universo?
A Kermit la Rana le hubiera gustado mucho. En enero
de 2002, dos investigadores de la Universidad de Johns Hopkins anunciaron que
el universo era verde. A partir de datos recogidos por el Telescopio Espacial
Hubble y otras sondas del espacio lejano, los astrónomos analizaron la
información con un espectroscopio y concluyeron que el color predominante del
universo, basado en su composición química, era el verde. Realmente verde-azul.
Llámelo turquesa. Este anuncio pretendía ser una información agradable y divertida
en medio de una investigación más seria.
Pero hubo un problema de informática. Se descubrió
un programa defectuoso y dos meses más tarde, en Marzo de 2002, los mismos
científicos se retractarían. La información realmente revelaba que el universo
era de color... beige.
En mi introducción a este libro señalé que lo que
conocemos sobre el espacio cambia continuamente. Y, desde que terminé de
escribir este libro en el 2001, el increíble ritmo de exploración, innovación,
investigación y descubrimiento ha continuado. Entonces, lo que sigue a
continuación son aquéllos avances importantes que han tenido lugar desde que se
publicó este libro.
Por ejemplo, ahora que creemos saber de qué color
es el universo, sabemos también cuán tan grande es. En marzo de 2002, Space.com
reportó que los astrónomos de Hawai habían detectado una galaxia que se calculó
que estaba a una distancia de 15,500 millones de años- luz, el objeto más
distante observado hasta el momento. Sabemos también que existen más de cien
planetas “extrasolares,” o planetas que circulan alrededor de las estrellas por
fuera de nuestro sistema solar. (Para mayores detalles sobre el tamaño y edad
del universo véanse las páginas 89, 303-304.)
Dentro de nuestro sistema solar, se reportan nuevos
descubrimientos. Logramos que una nave espacial aterrizara en un asteroide y
tuvimos otra nave siguiendo a un cometa. En julio de 2001 los astrónomos
anunciaron el descubrimiento de doce satélites, o lunas, no vistos antes que
circulaban alrededor de Saturno. Utilizando telescopios equipados con
detectores de luz muy sensibles elevaron el número de satélites a treinta.
Luego, en mayo de 2002, los astrónomos de Hawai detectaron once lunas nuevas en
la órbita de Júpiter, elevando el número a treinta y nueve, convirtiéndolo en
el planeta más “lunero.” Hasta el momento, esa es la situación. Posiblemente
encontraremos más lunas en nuestro sistema solar a medida que las misiones
futuras escudriñen aún más el sistema solar. Por ejemplo, hay un lugar cercano
a Júpiter, el planeta más grande, que aún no ha sido investigado.
Eso le costará $238 mil millones. ¿Desea papas
fritas también?
Los trágicos y asoladores sucesos del 11 de
septiembre de 2001 alteraron nuestras vidas de muchos modos. Hubo un cambio en
las prioridades presupuestarias del gobierno. Los gastos en defensa, ya
apoyados por Bush, subieron a la cabeza de la lista. Los defensores del
controversial programa del Sistema de Defensa Estratégica, alguna vez conocido
como “Guerra de las Estrellas,” justificaron la continuación de este proyecto.
Aunque sus críticos señalan que las operaciones terroristas a menor escala, o
los ataques biológicos o químicos, son una amenaza mucho mayor para la
seguridad de Estados Unidos que los misiles de otras naciones, se le dio
especial apoyo a la Iniciativa de Defensa Estratégica.
En marzo del 2002, el Pentágono anunció que una
prueba de un método de intercepción rudimentario había sido exitosa y que se
había destruido un misil. Claro está, dicen los contradictores, que se conocían
ciertos parámetros, cómo cuál era el blanco, dónde se dirigía y cuándo se
lanzaría. Al mismo tiempo, una investigación del Congreso reveló fallas
técnicas y posibles fraudes en las pruebas de los componentes del misil. El
debate sobre el desarrollo y despliegue del sistema continúa.
Cualquiera sea el resultado, en el año 2002 la
Oficina del Presupuesto Congresional le puso un precio al programa de la
administración Bush para impedir los ataques de misiles: $238 mil millones para
el año 2025 (véanse más detalles sobre la Guerra de las Galaxias en páginas
xxiii, 87-88).
¿Agua en Marte?
La respuesta definitivamente es “Sí.” Pero llevemos
patines y dejemos el traje de baño.
Marte no se podía ni mencionar alrededor de las
oficinas de la NASA tras la pérdida de dos naves espaciales en 1999, un enorme
fiasco para la agencia espacial. Pero en el 2001 la nave Mars
Odyssey le dio a la NASA razones para celebrar. Lanzada en abril de
2001, la Odyssey llegó a Marte el 24 de octubre de 2001 y
entró en órbita sobre el Planeta Rojo. A diferencia de las otras naves que se
lanzaron en 1999 y que se estrellaron o desaparecieron, la Odyssey se
situará a una distancia de 249 millas (400 kilómetros) del planeta y elaborará
un mapa de su terreno y composición. Ya ha rendido dividendos enormes al
mostrar enormes depósitos de agua congelada. La presencia de agua es un
requisito fundamental para la existencia de vida en otro planeta.
Cirugía al transbordador
Otro éxito para la NASA fue haber logrado, en marzo
de 2002, que el transbordador Columbia le hiciera reparaciones
y mejoras al Telescopio Hubble. Tras capturar el telescopio de cuatro pisos en
una operación que requirió largas caminatas en el espacio, los astronautas
trabajaron minuciosamente durante treinta y seis horas para arreglar el
telescopio de diez años, algo parecido a una operación de corazón abierto en el
espacio. Se le pusieron nuevas alas solares que le añadirán potencia para que
conünúe funcionando hasta el 2010, y equipos nuevos, como una cámara que
permitirá ver a mayor distancia en el universo. (Para mayor información sobre
la historia del Hubble, véanse las páginas 274-275). Poco después del arreglo,
el telescopio empezó a mandar espectaculares fotografías del espacio profundo
como, por ejemplo, las de galaxias previamente desconocidas.
¿Fue un asteroide el culpable de la desaparición de
Barney y sus Amigos?
Cuando un científico sugirió que el impacto de los
asteroides era el causante de la extinción masiva de los dinosaurios, se
descartó la idea. Sin embargo, décadas de investigación parecen apoyar la
teoría, y muchos científicos creen que los impactos catastróficos con un objeto
de origen espacial produjeron una nube de polvo que bloqueó el Sol y que acabó
con la mayoría de los seres vivos de la Tierra. Tal impacto pudo haber acabado
con los dinosaurios y, además, es posible que hubiera otras cuatro extinciones
masivas en los casi cinco mil millones de años de historia de la Tierra.
Otra nueva teoría se suma o contradice la historia
del impacto del asteroide. Un grupo de científicos cree que los cambios
climáticos resultantes de las drásticas variaciones en los niveles del mar
pueden haber afectado el entorno antes de que cayera el asteroide. En Disco-
ver, (junio de 2002), el “cazador de dinosaurios” Jack Horner especula
que el impacto del asteroide fue el “giro de gracia en una pelea que los
dinosaurios ya habían perdido”.
Pero hay quienes opinan lo contrario. Algunos
científicos desear-
tan las teorías anteriores. Nuevamente, según Discovery (mayo
de 2002), el geólogo Kevin Pope argumenta que inclusive un asteroide muy grande
no pudo haber causado una nube tan grande que acabara con la vida terrestre.
Pero, en lugar de descartar la teoría completamente, Pope dice que el impacto
no sólo creó una nube de polvo, sino una nube de ácido sulfúrico que bloqueó
toda la luz solar. Ese fue el verdadero culpable de la muerte de los
dinosaurios.
Encuentros cercanos del tipo aterrador
Aunque la teoría del asteroide asesino tiene sus
críticos, la amenaza de un impacto ha atraído mucha atención del público y ...
de Hollywood. La seriedad de la potencial amenaza fue resaltada recientemente.
En julio de 2002, se observó una enorme bola de fuego en el este de Estados
Unidos y hubo llamadas a las autoridades desde Toronto hasta Virginia. Los
astrónomos atribuyeron este espectáculo, observado a medio día, a un asteroide.
Los pedazos del asteroide se quemaron antes de entrar a la atmósfera de la
Tierra, ocasionando brillantes luminosidades denominadas “bolas de fuego.”
Después, en marzo de 2002, un asteroide de 165 pies
de ancho, es decir, lo suficientemente voluminoso como para demoler una ciudad
grande, pasó a 288,000 millas de la Tierra. Los astrónomos no se dieron cuenta
del “casi choque” sino cuando lo vieron por el “retrovisor.” Este asteroide
venía de la dirección del Sol, así que fue como cuando un jardinero de béisbol
pierde la pelota en el aire por la intensa luminosidad. No fue posible ver el
asteroide sino cuando ya había pasado la Tierra.
Unas semanas más tarde, se oyeron noticias de un
asteroide todavía más grande, conocido como el 1950 DA, que se dijo tenía una
posibilidad de 1 en 300 de chocar contra la Tierra. La buena noticia es que
tenemos suficiente tiempo como para saber qué hacer si este asteroide se queda
en la trayectoria de la colisión: el 1950 DA no se acercará a la Tierra hasta
dentro de ochocientos años. En otras palabras, no es necesario sacar un
seguro... todavía. (Para mayor información sobre los impactos de asteroides véanse
las páginas 138-143).
¿Quién puede ir a la estación espacial?
Ya no se oyen chistes acerca de pasajeros infelices
o insoportables en los aviones, puesto que se han reforzado las medidas de
seguridad. Pero, ahora que el turismo espacial se está convirtiendo en una
realidad, ¿qué pasará con los pasajeros inmanejables en el espacio? Tras el
exitoso viaje de Denis Tito, un acaudalado estadounidense, y de Mark
Shuttleworth, un millonario surafricano, que pagaron, cada uno, $20 millones
por volar a la Estación Espacial Internacional, será necesario establecer unas
recomendaciones para este tipo de viajes. A comienzos del 2002, la NASA y sus
compañeros de la Estación Espacial Internacional estuvieron de acuerdo en
instituir reglas para futuros viajeros a la estación espacial.
Entonces, si usted desea hacer una reservación,
esto es lo que tiene que saber: no puede haber delinquido, ni haber tenido mal
comportamiento en empleos anteriores; no puede haber tenido conductas
criminales, deshonestas, infames ni escandalosas (lo cual excluye a casi todos
los políticos, atletas, ejecutivos de empresas y contadores); no puede haber
abusado del alcohol, los narcóticos, las drogas u otras sustancias; no puede
haber apoyado ni pertenecido a organizaciones que afecten de manera adversa la
confianza del público. En resumidas cuentas, después de haber mirado todos esos
requisitos, las únicas personas que podrán ir serán unas damas de una iglesia
de Des Moi- nes, Iowa. Lo malo es que no han expresado interés alguno en hacer
el viaje hasta el momento.
¿Es necesario lavarse las manos en el espacio?
Si su madre siempre le advirtió sobre los gérmenes
en las manos, imagínese lo que diría en la Estación Espacial. Investigaciones
recientes han demostrado que la producción de bacterias aumenta en un
doscientos por ciento en el espacio.
¿Quién quiere todas esas bacterias? Las nuevas
generaciones de antibióticos provendrán de investigación con bacterias, y el
futuro de la investigación y producción de antibióticos puede venir de
bacterias cultivadas en el espacio. La producción de antibióticos en la Tierra
es una industria de $20 mil millones de dólares. Las compañías de medicamentos
que apoyan la investigación se preguntan si los antibióticos pueden hacerse más
eficientemente y en forma más rentable en el espacio. (Para mayor información sobre
la Estación Espacial Internacional véanse las páginas xxii-xxiii, 275-277.)
La trágica experiencia del septiembre 11 obviamente
nos enfrentó con una triste realidad. La combinación entre tecnología e
imaginación humana puede ser mortal y aterradora. La historia nos ha demostrado
que cuando los inventos son usados con fines destructivos por parte de los
terroristas o los gobiernos, éstos pueden tienen un potencial increíble y
horrible. En cierta forma, la exploración del espacio representa el otro
extremo del espectro—lo mejor de lo que puede alcanzarse al combinar las
hazañas tecnológicas con la imaginación humana. Lo que he querido iluminar e
ilustrar en este libro es la eterna fascinación humana con el espacio y cómo
esta fascinación se ha traducido en progreso. Los aterrizajes en la Luna, los
trasbordadores y las sondas del espacio profundo han transformado nuestras
ideas sobre el espacio y sobre la vida en la Tierra. Cuando el Sputnik, primera
nave espacial, fue lanzada hace cuarenta y cinco años, a pocas personas les
pasó por la imaginación que hombres y mujeres estadounidenses y rusos pudieran
vivir juntos en una estación espacial. Pero esa es la realidad. Antes enemigos,
ahora son colegas y amigos. Ciertamente, esta es una razón para tener esperanza
y creer en uno de los mensajes de este libro.
Espacio a Tierra: “Podemos volverlo a hacer.”
Referencias y Recursos
Los constantes descubrimientos que se hacen en los
campos de la astronomía y la cosmología, así como la inmensa cantidad de
información que proporcionan el Telescopio Espacial Hubble y otras sondas que
viajan por el espacio, hacen que buena parte de la literatura publicada antes
de 1995 sea ya obsoleta. La siguiente lista muestra las obras publicadas más
recientemente en el campo de la astronomía, así como algunas importantes y
populares obras clásicas, que deben ser leídas teniendo en cuenta que parte de
la información que proporcionan ya no es considerada correcta.
Además de los libros que se incluyen en la lista,
gran parte de ellos destinados al público general, esta guía de fuentes de
consulta también incluye publicaciones periódicas y sitios de Internet. Hay
muchas revistas de interés general que abordan en sus páginas los
descubrimientos más importantes realizados en astronomía y otros campos de
estudio relacionados con ella.
El cambio más importante ocurrido en la década
pasada ha sido la explosiva proliferación del Internet. La información de los
sitios de Internet se puede cambiar a diario, y los sitios que aparecen en la
lista son fuentes de referencia confiables, y la mayoría de ellos están
asociados con grupos de investigación astronómica. Muchos de ellos tienen
excelentes enlaces a otros sitios. Sin embargo, cuando se navega en Internet en
busca de información es importante comprobar la seriedad de la fuente de información
que se consulta. El “Sitio de Astronomía de Juanita
Pérez” no es equiparable al portal de Internet de
la NASA. Los sitios que aparecen en la lista representan una fracción de los
muchos que hay en Internet dedicados al tema de la astronomía. Estos sitios
estaban activos en el momento de redactar esta guía, pero muchos de ellos están
sujetos a cambios de nombre y dirección abruptos y sin explicación. Además, los
sitios de Internet muchas veces contienen información obsoleta. Cuando se
navega en Internet, los investigadores serios siempre comprueban la fecha en
que cada sitio fue actualizado por última vez.
LIBROS
· Andreadis, Athena. To Seek out New Life:
The Biology of Star Trek. New York: Crown, 1998. Basándose en la
popular serie de televisión, este libro analiza las posibilidades científicas
del conocido programa televisivo.
· Asimov, Isaac. Isaac Asimov’s Cuíde to
Earth and Space. New York: Ballantine Books, 1991. Una guía breve, en
forma de preguntas y respuestas, sobre los aspectos básicos del espacio escrita
por uno de los más prolíferos escritores de libros populares de ciencia.
· Baker, David. Seíentífic American
Inventíons from Outer Space: Every- day Uses for NASA Technology. New
York: Random House, 2000. Una interesante colección de miles de productos que
se han originado a parür del programa espacial que demuestran el valor práctico
de dicho programa.
· Barnes-Svarney, Patricia, ed. The New York
Public Library Science Desk Reference. New York: Macmillan, 1995.
· Berlinski, David. Newtorís Gift: How Sir Isaac
Newton Unlocked the System of the World. New York: Free Press, 2000.
Un detallado estudio de las contribuciones de uno de los más importantes
pensadores científicos de la historia.
· Bodanis, David. E=mc2: A Biography
of the World’s Mosí Famous Equa- tíon. New York: Walker
& Co., 2000. Un interesante recuento, destinado al público general, de los
antecedentes y la formulación de la famosa, pero generalmente mal entendida,
ecuación de Einstein.
· Bolles, Edmund Blair. Galileo’s Commandment
2,500 Years of Great Science Writing. New York: Freeman, 1997. Una
colección de ensayos y selecciones de libros de importantes escritores
científicos, desde los antiguos, como Flerodoto, hasta los modernos, como
Stephen Jay Gould.
· Boorstin, Daniel J. The Discoverers: A
History of Man s Search to Know His World and Himself New York: Random
House, 1983. Un exhaustivo pero fascinante estudio de los grandes avances de la
civilización.
· Bova, Ben, y Byron Preiss, eds. Are We
Alone in the Universe: The Search for Alien Contact in the New Millmnium. New
York: ibooks, 1999. Una colección de ensayos de varios escritores sobre la
existencia de extraterrestres y los esfuerzos científicos por descubrirla.
· Brian, Denis. Einstein: A Life. New
York: John Wiley, 1996. Una profunda y detallada biografía de reciente
publicación.
· Brody, David Eliot y Arnold R. Brody. The
Science Class You Wish You Had: The Seven Greatest Scientific Discoveries in
History and the People Who Made Them. New York: Perigee Books, 1996.
Un ameno recuento de los descubrimientos de Galileo, Newton y Einstein, así
como otros importantes descubrimientos cientíñcos.
· Bronowski, J. The Ascent of Man. Boston:
Little, Brown, 1973. Una obra clásica que aborda el tema del surgimiento de la
civilización y el pensamiento cientíñco a través de largos períodos de la
historia.
· Burrows, William E. This New Ocean: The
Story of the First Space Age. New York: Random Flouse, 1998. Obra
ñnalista de los Premios Pulitzer de 1999, un exhaustivo y detallado recuento de
la historia de la exploración espacial.
· Columbia Encyclopedia, 5th edition. New York: Columbia University
Press, 1993.
· Crowe, Michael J. Modem Theories of the
Universe. New York: Dover, 1994. Un profundo estudio de las más
recientes teorías del campo de la física, destinado a lectores interesados en
un conocimiento más complejo y científico de la física moderna.
· Crowe, Michael J. Theories of the World
from Antiquity to the Coper- nican Revolution. New York: Dover, 1990.
Un profundo estudio sobre antiguas teorías científicas.
· Davis, Kenneth C. Dorít Know Much About
Geography. New York: Morrow, 1992. Una introducción a la geografía que
explica cómo han cambiado las ideas de los seres humanos sobre su mundo a
través de la historia; Dor’t Know Much About the Bible. New
York: Morrow, 1998.
· Una introducción a la historia bíblica desünada al
público general.
· Davis, T. Neil. The Aurora Watchers
Handbook. University of Alaska Press, 1992. Una guía básica para el
estudio de las auroras boreales.
· De Pree, Christopher, y Alan Axelrod. The
Complete Idíot’s Cuide® toAstronomy. Indianapolis: Alpha Books, 1999.
Introducción básica a la astronomía a partir de la observación del ñrmamento.
· Engelbert, Phillis, y Diane L. Dupuis. The
Handy Space Answer Book®. Detroit: Visible Ink, 1998. Una breve guía
sobre los conceptos básicos de la astronomía en forma de preguntas y
respuestas.
· Ferguson, Kitty. Measuríng the Universe:
Our Historie Quest to Chart the Horizons of Space and Tíme. New York:
Walker & Co., 1999. Un recuento breve y ameno de los descubrimientos
astronómicos que se han realizado a través de la historia.
· Ferris, Timothy. Corning of Age in the
Mílky Way. New York: Morrow, 1988. Una detallada pero interesante
historia de la cosmología.
· Ferris, Timothy. The Whole Shebang: A State
of the Universe(s) Report. New York: Touchstone, 1997. Un profundo
estudio de la astronomía que ha tenido un sorprendente éxito de venta.
· Gallant, Roy A. National Geographic Picture
Atlas of the Universe. Washington, D.C.: National Geographic Society,
1994.
· Gleick, James. Genius: The Life and Science
of Richard Feynman. New York: Random House, 1992. Una popular
biografía del notable físico estadounidense Richard Feynman.
· Gleiser, Marcelo. The Dancing Universe:
From Creation Myths to the Big Bang. New York: Dutton, 1997. Un
resumen de las teorías cosmológicas de gran complejidad cientíñca.
· Greene, Brian. The Elegant Universe:
Superstrings, Hidden Dimen- sions, and the Quest for the Ultímate Theory. New
York: W.W. Norton, 1999. Un resumen de los más recientes avances de la “teoría
de las supercuerdas”, la rama de la física que intenta unificar todos los
fenómenos físicos en un solo modelo teórico. A pesar de su complejidad, esta
obra ha tenido un gran éxito comercial.
· Gribbin, John, ed. A Brief History of
Science. New York: Barnes & Noble Books, 1998.
· Hawking, Stephen. A Brief History ofTime
(The Updated and Expan- ded Tenth Anniversary Edition). New York:
Bantam Books, 1996. Una conocida obra del más famoso exponente de las teorías
sobre los agujeros negros.
· Hazen, Robert M., con Maxine Singer. Why
Arerít Black Holes Black? The Unanswered Questíons at the Frontíers of Science. New
York: Anchor Books, 1997.
· Hazen, Robert M., y James Trefil. Science
Matters: Achieving Scienti- fcLiteracy. New York: Doubleday, 1991. Un
resumen con variada información básica sobre la ciencia.
· Hellemans, Alexander, and Bryan Bunch. The
Tímetables of Science. New York: Simón and Schuster, 1987.
· Hoskin, Michael, ed. The Cambridge
Illustrated History ofAstronomy. Cambridge, England: Cambridge
University Press, 1997. Un resumen profusamente ilustrado, al estilo de los
libros de texto, de los avances de la astronomía, desde la antigüedad hasta los
tiempos modernos.
· James, Peter, y Nick Thorpe. Ancient
Mysteries. New York: Ballantine Books, 1999. Un interesante estudio de
misterios como las estatuas de la isla de Pascua, los druidas, la Esfinge y las
pirámides.
· Jastrow, Robert. God and the Astronomers
(New and Expanded Edí- tion). New York: Norton, 1992. Un estudio de la
cosmología y las tradiciones religiosas.
· Jastrow, Robert. Red Gíants and White
Dwarfs (New Edition). New York: Norton, 1990. Una guía clásica, aunque
un poco antiguada, para el estudio del sistema solar y las estrellas.
· Koestler, Arthur. The Sleepwalkers: A
History of Mans Changíng Vision of the Universe. London: Penguin
books, 1959. Una original, aunque un poco antiguada, historia de la astronomía
en la que se analizan las contribuciones de científicos como Kepler y Galileo.
· Krauss, Lawrence M. The Physícs of Star
Trek. New York: Basic Books, 1995. ¿Podemos “teleportarnos”? ¿Qué
cosas de las que suceden en la famosa serie de televisión y cine son realmente
posibles?
· Krupp, E.C. Echoes of the Ancient Skíes:
The Astronomy ofLost Civi-
· lizations. New York: Oxford, 1983. Un estudio académico
y algo anticuado de los conceptos astronómicos de los griegos, los chinos, los
babilonios y otros pueblos.
· Leeming, David, y Margaret Leeming. A Díctíonary
of Creatíon Myths. New York: Oxford University Press, 1994.
· Levy, David H., ed. The Scienüñc
American Bookofthe Cosmos. New York: St. Martin’s Press, 2000.
Una compilación de artículos de diversos escritores, desde Albert Einstein
hasta Carl Sagan, extraídos de la revista de ciencias más antigua y conocida
del mundo.
· Light, Michael, y Andrew Chaikin. Full
Moon. New York: Knopf, 1999. Libro conmemoraüvo del treinta
aniversario de la llegada a la Luna de la nave Apollo 11, ilustrado con
espectaculares fotografías.
· Maddox, John. WhatRemains to Be Díscovered:
Mapping the Secrets of the Universe, the Origins of Life, and the
Future of the Human Race. New York: Free Press, 1998. Un fascinante
estudio de los más grandes descubrimientos que quedan por realizar.
· Moring, Gary F. The Complete Idioís Guíde®
to Understanding Einstein. Indianapolis: Alpha Books, 2000. Una
interesante guía para entender las ideas de Einstein, destinada al público
general.
· Odenwald, Sten. The Astronomy Cafe: 365
Questions and Answers from Ask the Astronomer. New York: W. H.
Freeman, 1998. Preguntas y respuestas sobre astronomía extraídas del sido Web
de este conocido escritor.
· Paterniti, Michael. Driving Mr. Albert: A
Trip Across America with Einstein’s Brain. New York: Dial Press, 2000.
Un divertido relato de un viaje en auto a través de los Estados Unidos con el
cerebro de Einstein en un recipiente plástico y el patólogo que hizo la
autopsia del famoso físico.
· Pirani, Félix, y Christine Roche. Introducing
the Universe. Cambridge, England: Icón Books, 1993. Un humorístico
resumen de cosmología con ilustraciones en el estilo de las historietas
infantiles.
· Piszkiewicz, Dennis. Wernher von Braun: The
Man Who Sold the Moon. Westport, Connecticut: Praeger, 1998. Un
revelador análisis del pasado nazi del famoso científico basado en documentos
recientemente desclasificados por el gobierno.
· Rankin, William. Introducing Newton. Cambridge,
England: Icón Books, 1993. Un resumen de la biografía y las contribuciones
científicas de Newton en el estilo de las historietas infantiles.
· Reston, James Jr. Galileo: A Life. New
York: HarperCollins, 1994. Una exhaustiva biografía de una de las más grandes
mentes de la historia de la ciencia, su conflicto con la Iglesia católica y el
juicio que tuvo que enfrentar.
· Sagan, Carl. Cosmos. New York:
Random House, 1980. Popular libro que complementa la serie de televisión de PHS
que se transmitió en 1980, escrito por uno de los más famosos partidarios de la
exploración del espacio.
· Sobel, Dava. Galileo’s Daughter: A
Historical Memoir of Science, Faith, and Love. New York: Walker &
Co., 1999. Un recuento de la compleja relación entre el genio italiano y su
hija, que vivía en un convento. Esta obra, de gran éxito comercial, ofrece una
enjun- diosa biografía de Galileo.
· Sproul, Barbara C. Primal Myths: Creatíon
MythsAround the World. New York: HarperCollins, 1991. Un resumen de
las ideas sobre el origen del universo en diferentes culturas.
· Stott, Carole. New Astronomer. New
York: DK Publishing, 1999. Guía práctica de técnicas y destrezas para la
observación del firmamento, destinada a los jóvenes lectores.
· Trefil, James. 101 Thíngs You Dorít Know
About Science and No One Else DoesEither. Boston: Houghton Mifflin,
1996. Un estudio de los más importantes retos que enfrenta la ciencia en
diversos campos como la astronomía y la física, escrito por el conocido
escritor de libros de difusión científica. Other Worlds: Images of the
Cosmos from Earth and Space.
· Washington, D.C.: National Geographic, 1999. Una
colección de extraordinarias fotografías del universo en el estilo tradicional
de la National Geographic Society.
· Verdet, Jean-Pierre. The Sky: Mystery,
Magic and Myth. New York: Abrams, 1987. Un estudio profusamente
ilustrado de cómo la astronomía ha sido reflejada en el arte.
· von Daniken, Erich. Translated by Michael
Heron. Charíots of the Gods: Ensolved Mysteries of the Past. New
York: Berkley Books, 1999. Una obra de sensacional éxito comercial que en buena
medida dio origen al creciente interés en la posible visita de extra-
terrestres a nuestro planeta en la antigüedad.
· Weinberg, Steven. The First Three Minutes:
A Módem View of the Ori- gin of the Cosmos. New York: Basic Books,
1993. Una versión actualizada de la explicación clásica de la teoría del Big
Bang escrita por el ganador del Premio Nobel de Física de 1979.
· Williams, William F., ed. Encyclopedia
ofPseudoscience: From Alien Abductions to Zone Therapy. New York:
Facts on File, 2000. Un catálogo de numerosas creencias populares que tiene
como objetivo refutarlas a partir de pruebas y datos científicos.
· Wolfe, Tom. The Rigbt Stuff. New
York: Farrar, Straus & Giroux, 1979. La historia de los astronautas y sus
familias que la NASA no quiere revelar.
· Wolke, Robert L. Wbat Einstein Told His
Barben More Scientific Ans- wers to Everyday Questions. New York: Dell
Publishing, 2000. Un entretenido estudio sobre las preguntas que tanta gente se
hace como, por ejemplo, qué pasa con la bala cuando se hace un disparo al aire.
· World Almanac and Book of Facts 200 L Cleveland: World Almanac Books, 2001.
· Youngson, Robert. Scientific Blunders: A
Brief History of How Wrong Scientisis Can Sometimes Be. New
York: Carroll & Graf, 1998. Un entretenido recuento de los sucesos más
ridículos de la historia de la ciencia.
PUBLICACIONES PERIODICAS
· AdAstm. Publicación de la National Space Society.
· Astronomy. Publicación mensual destinada a astrónomos
aficionados serios.
· Discover. Una entretenida revista de ciencias destinada
al público general con frecuentes artículos sobre astronomía e investigaciones
espaciales, así como la conocida columna “Sky Lights”, de Bob Berman, dirigida
a los observadores del firmamento.
· National Geographic. La clásica revista de reportajes fotográficos
frecuentemente contiene artículos sobre el espacio.
· Natural History. Revista del American Museum of Natural
History y el Rose Science Center Planetarium afiliado al museo. Publica
artículos sobre diversos aspectos de la astronomía y el universo que pueden ser
de interés para el público general.
· Planetary Report. Revista bimensual de la Planetary Society,
una organización dedicada a la exploración del espacio.
· Scientific American. La más antigua revista de ciencias del país,
y aún hoy una de las mejores, aunque sus artículos generalmente son de una gran
complejidad científica.
· Sky ó Telescope. Otra excelente revista para astrónomos
aficionados.
SITIOS WEB
· El Internet puede maravillarnos y confundirnos.
Cuando se hace una búsqueda con la palabra clave “space” (espacio) en America
OnLine, aparecen más de 64,000 sitios. Si se busca “astronomy” (astronomía),
aparecerán otros 8,000. La siguiente lista abreviada está conformada por sitios
de probada seriedad con enlaces a otros muchos sitios confiables, entre ellos
enlaces directos a las páginas de Internet de naves espaciales como la Estación
Espacial Internacional, el Telescopio Espacial Hubble, el Observatorio Chandra
X-Ray y muchas otras naves que actualmente trasmiten información desde el
espacio.
· astronomy.com Revista de astronomía en Internet, es la más
popular revista dedicada a la observación del firmamento. badastronomy.com Sitio
dirigido por el astrónomo Phil Plaitt y dedicado a rebatir los mitos y aclarar
las confusiones que muchas personas tienen sobre la astronomía. iau.org Sitio
oficial de la Unión Astronómica Internacional. nasa.gov Portal
de Internet de la National Air and Space Adminis- tration (NASA).
· sohowww.nascom.nasa.gov Sitio de la NASA dedicado a los estudios sobre el Sol llevados a
cabo en el satélite SOHO. neat.jpl.nasa.gov Sitio oficial de
la NASA que muestra el rastreo de asteroides y otros objetos cercanos a la
Tierra.
· nationalgeographic.com Portal de Internet de la famosa revista, con
fotos y artículos sobre el espacio.
· planetary.org Portal de Internet de la Planetary Society,
un grupo privado dedicado a la continua exploración del espacio. sciam.com Portal
de Internet de la revista Scientific American. space.com Un
sitio comercial, con publicidades, pero incluye excelentes enlaces a otros
varios sitios.
· seti-inst.edu Sitio oficial de Search for Extraterrestrial
Intelligence. lplarizona.edulspacewatcb Un sitio de la
Universidad de Arizona que mantiene récord de los asteroides. nss.org Sitio
oficial del National Space Society. nss.orgladastralbome El
National Space Society y su revista Ad As ira.
· fly.biwaay.mtl~bal5lspace-links.sbtml Más de cinco mil enlaces válidos sobre el
espacio, mantenido por una rama del National Space Society.
· planetary.org Sitio oficial del Planetary
Organization seds.org Sitio mantenido por los estudiantes del
Exploration and Development of Space, alojado por la Universidad de
Arizona sci.esa.mtlindex.cfm Sitio oficial del European Space
Agency, con enlaces al satélite Hipparcbos.
· wbyfles.org Un sitio de la Universidad de Wisconsin que
provee respuestas a preguntas sobre las ciencias, incluyendo astronomía. yaboo.comlsciencelastronomy Un
directorio de Yahoo! con enlaces a sitios de ciencia y astronomía.
Notas:
[1] Lo que no conocíamos era lo inútiles que eran esas medidas. Si
usted vivía cerca de Nueva York o en otras ciudades grandes, estaría en el
blanco de un misil soviético, en cuyo caso “agachar” la cabeza detrás del
escritorio y “cubrirse” la cabeza con las manos era una idea ridicula. Como
mínimo, el escritorio habría sido desintegrado en segundos junto con usted y
sus compañeros. O moriría a causa de la explosión, el calor o la radiación
rápidamente.


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