© Libro N° 9547. Historia De Teruel. Blasco Y Val, Cosme. Emancipación. Enero
29 de 2022.
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HISTORIA DE TERUEL
Cosme Blasco Y Val
Historia De Teruel
Cosme Blasco Y Val
Title: Historia de Teruel
Author: Cosme Blasco y Val
Release Date: November 5, 2008 [EBook #27167]
Language: Spanish
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DE TERUEL ***
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HISTORIA
DE
TERUEL.
por
DON COSME BLASCO,
CATEDRATICO.
Imprenta de J. Alpuente.—Año 1870.
Es propiedad de su autor.
ÍNDICE.
|
PRIMERA PARTE. |
||
|
Cap. |
Teruel la antigua.—Punto que ocupaba.—Sus primeros
pobladores.—Diferentes nombres que ha recibido.—Su demolición.—Desgracia de
sus habitantes.—El río Guadi-Albiar.—Villa-Vieja. |
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La moderna ciudad de Teruel.—Los árabes.—Su conquista por el rey de
Aragón.—Opiniones sobre su población.—El Toro y la estrella de las armas de
Teruel.—Cual es la opinión mas verosímil. |
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|
|
Importancia de la nueva ciudad de Teruel.—Servicios prestados al rey
por el caballero D. Pascual Sanchez Muñoz.—Resultado de la primera expedición
a Valencia.—Conquista de esta ciudad.—Los Muñoces y Marcillas. |
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|
|
Continúan los célebres bandos de Teruel.—El rey D. Pedro IV concede a
Teruel el título de ciudad.—Guerras entre D. Pedro de Aragón y D. Pedro de
Castilla.—Las Comunidades.—Las Córtes celebradas en la Iglesia de Santa
María.—El Juez de Teruel D. Francisco Villanueva.—Los reyes católicos en
Teruel. |
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|
|
Comunidad de Teruel.—Teruel en 1591 y 1592. |
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Teruel desde el reinado de Felipe II, hasta la conclusión de la guerra
civil.—Noticias de diversas épocas.[27] |
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|
|
Los Amantes de Teruel. |
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Los esqueletos de los Amantes de Teruel. |
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Los Obispos de Teruel. |
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Los Obispos de Teruel. (Conclusión.) |
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Hijos notables de Teruel. |
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|
SEGUNDA PARTE. |
||
|
Cap. |
Situación de la moderna ciudad de Teruel.—Sus barrios.—El escuche del
Molino nuevo.—Los ríos, puentes, vega, ermitas y demás alrededores de Teruel. |
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|
Aspecto esterior e interior de Teruel.—La puerta de San Salvador.—La
de la Anda-quilla.—La de la Traición.—El auto de fe.—El Acueducto de Teruel. |
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|
Las Calles, las Plazas, las Fuentes y los Algibes de Teruel. |
|
|
|
La antigua Iglesia de Santa María de Media-Villa, ahora la
Catedral.—S. Pedro.—S. Martín. |
|
|
|
Las Iglesias de S. Juan, S. Andrés, San Salvador, Santiago, y San
Miguel.—Los conventos y los ex-conventos de Teruel. |
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|
|
Continuación de los ex-conventos.—El Seminario.—La Sala Capitular. |
|
|
|
El Hospital.—La Casa provincial de Beneficencia.—La Casa de la
Comunidad.—Las Casas Consistoriales de Teruel. |
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|
|
La instrucción pública en Teruel.—El periodismo.—El Casino
turolense.—El Teatro.—La plaza de Toros.—El Cementerio.—El Torreon de
Anibeles.—La Torre Lombardera.—La Muralla de Teruel. |
|
|
|
Calidad y circunstancias del terreno de Teruel.—Paseos y medios de
comunicación con otras poblaciones.—Correos.—Fondas.—Producciones del
país—Artes e industria.—Comercio.—Ferias y mercados de Teruel.—Las armas y
títulos de esta ciudad. |
|
|
Capítulo
adicional. El barranco de las Calaveras. |
||
AL
Excmo. Ayuntamiento Constitucional
DE LA MUY NOBLE, FIDELISIMA, HEROICA, VENCEDORA Y EXCELENTISIMA
CIUDAD DE TERUEL.
EXCMO. SEÑOR.
Nacido en el hermoso suelo aragonés, cuna del valor y de la lealtad, he
admirado siempre las glorias de las tres provincias que constituyen este
antiguo reino, de inmortal memoria.
Un deseo vehemente de que el noble y generoso pueblo turolense, de quien
V. E. es dignísimo representante, tuviera un libro que guardase las glorias de
sus mayores; ha sido el único móvil que he tenido para escribir la Historia de Teruel, humilde obra que hoy, lleno mi corazón
de indecible gozo, tengo el distinguido honor de dedicar a V. E.
Si tiene a bien aceptarla y ponerla bajo su égida, será para mi el mayor
galardon que V. E. puede concederme.
Excmo. Sr.
Cosme Blasco.
Omnia mutantur naturæ lege creata:
Nec se cognoscunt terre vertentibus annis.
Manilio.
HISTORIA DE TERUEL.
PRIMERA PARTE.
Teruel la antigua.—Punto que ocupaba.—Sus primeros
pobladores.—Diferentes nombres que ha recibido.—Su demolición.—Desgracia
de sus habitantes.—El rio Guadi-Alviar.—Villa-vieja.
No es nuestro propósito escribir una historia completa de la Ciudad de
Teruel, proponémonos sólo dar a conocer algunos apuntes tomados de los libros
que hemos visto[1], y que por cierto no se ocupan mucho de nuestro
asunto; y de los datos que nos han suministrado varias personas de las mas
ancianas de la población.
Como obra humana, como obra de un jóven, de esperar es que contenga
alguna que otra inexactitud; pero no dudamos que de todo seremos dispensados,
siquiera sea por nuestra confesión franca y sincera, y lo que es más, por
nuestro buen deseo de publicar las invidiables, preclaras e imperecederas
glorias de Aragón, país para nosotros tan querido, país que al ojear una tras
otra las páginas de su historia, llénase de noble orgullo nuestro corazón.
¡Dichosos aquellos hombres, que escapados por fortuna de la general
esclavitud, echaron sobre las cumbres del Uruel la primera raíz de aquel árbol
que fragante y pomposo, había de extender su sombra hasta los cristalinos mares
de Sicilia y Constantinopla!
¡Preciosa tradición que repite en su murmullo el torrente al
precipitarse de lo alto de las nevadas montañas!
¡Magnífica epopeya que parece relatarnos el viento que gime por entre
los jarales del Pirineo!
Teruel la antigua, llamada Turba o Túrbula,
que, según el P. Traggia contaria de setenta a ochenta vecinos, se hallaba
situada en el lugar que hoy ocupa el ex-convento de Capuchinos, que se
encuentra como a un cuarto de hora del punto en que hoy está la ciudad, frente
al puente llamado del Cubo y a la izquierda de la carretera de Zaragoza, yendo
de esta capital a la que es objeto de las presentes líneas.
A nuestro humilde juicio y conformes con el de personas competentes que
han estudiado el terreno, ocupaba la antigua población principalmente una gran
parte del sitio en que hoy se extiende el Barrio de las Cuevas, barrio que
viene a terminar por casi detrás de la actual Casa provincial de Beneficencia,
y designado con aquel nombre por las muchas cuevas que hay, y por los restos de
otras que en su tiempo serían tal vez ocupadas por los moros.
Créese por algunos, que los primeros pobladores de la primitiva ciudad
fueron los fenicios, y que el nombre de esta era Turba, palabra que
deriban unos de Turba oppidum, latino; otros de Turba-lium,
griego, pueblo turba, compuesto de este nombre y de leos, pueblo: no falta
quien como el erudito D. Miguel Cortés le haga venir también del hebreo Thor y bat,
que significa lo que Domus tauri: admisible hasta cierto punto
parece esta esplicación, si atendemos a que la voz bat, o bet,
se halla en la composición de muchos nombres de nuestra primitiva nomenclatura
geográfica, que lejos de repugnar a la explicación hebraica de Cortés, podría
citarse aun en su corroboración: lo mismo sucede con la voz Thor,
pues, aunque por diversidad de aplicaciones, parece menos segura su razón o su
significado, todos los objetos, cuyos nombres la ofrecen, tienen la esencial
circunstancia de la fortaleza y el toro, que parece símbolo de esta, pudo tener
por nombre lo que no era mas que adjetivo para los demás objetos. Aun se
confirma esto con las medallas celtíberas que se han hallado en los contornos
de Teruel, «en las que se ve el buey arrodillado, en ademán de recibir las
divinas influencias de la diosa Venus, representada en el lucero, con caracteres
celtíberos en el exergo, que a lo que podemos congeturar, quieren decir: Santo
Dios Toro.» (Cortés.)
Otros, en su afán de acumular nombres, vengan o no al caso, se acomoden
o no a la historia y geografía; la aplican los de Tintania, Turupia,
y Tiar-Julia, y hasta el de Turdeto o Turbeto,
suponiendo haberla fundado los turdetanos que los cartaginenses enviaron de la
Bética o Andalucía, para oponerlos a Sagunto confederada de los romanos: el
mismo poco caso que hacemos de estas palabras, hacémoslo extensivo a la
de Terulium, que Don Juan de la Serna trae en su diccionario
geográfico.
En lengua fenicia se llamó Thorbat o Thorbet; Turba en
la celtíbera y Túrbula en la latina: con este último nombre la
designa Tolomeo.
Esta ciudad, tanto por su situación en territorio que fue de los
celtíberos, como por la alusión de los nombres, es indudablemente la
famoso Turba o Túrbula de la España
primitiva: sus habitantes los turditanos, turboletas o turbuletas, cuya capital
fue Turba, estuvieron en guerra con los de Sagunto por cuestión de
límites: es consiguiente que aquellos, no solo no se opondrían a la ruina de la
desgraciada ciudad, sino que serían los primeros en acometerla al frente de su
poderoso auxiliar el ejército de los cartagineses, de quienes Turba fue
constante aliada.
Cuando los saguntinos pidieron condiciones honrosas para evitar la total
ruina que llegaron a mirar de cerca, una de las que se les impuso fue la
restitución de los territorios que tenían usurpados a los turbuletas. Estos
vieron por fin colmados sus deseos con la destrucción de Sagunto, heroica
ciudad digna de mejor suerte, y entraron en posesión de los territorios
cuestionados, mientras aquellos de sus enemigos que habían sobrevivido a los
horrores de tan terrible guerra, eran vendidos por esclavos.
Condición tan desgraciada, poco haría temer ya a los turboletas o
turbuletas de la rivalidad saguntina, mayormente en vista de lo que había
valido a esta asolada ciudad la decantada amistad romana, y que su destructor
Aníbal tramontaba los Pirineos y los Alpes en ademán de llevar igual suerte
sobre la misma Roma.
Pero.... eran otros los decretos del destino. Tres años después los
Escipiones, victoriosos de los ejércitos cartagineses por toda la España
citerior, libertan del cautiverio a los desgraciados saguntinos, les restituyen
sus ruinas, y sus campos y aldeas quedaron tributarios de sus antiguos émulos.
Tolomeo hace mención del río Pallantia (Turia), que en
tiempo de Festo Avieno se llamó Canus flumen o río blanco, con
cuyo nombre le hallaron los árabes, y le llamaron Guadi-Albiar, que
quiere decir también río blanco: el nombre primitivo de este río, fue Turia,
derivado de Tur-iar, esto es, río de Turba.
Tiempos después de ser destruida la antigua Turba, se
edificó en la parte mas llana del mismo sitio una ermita dedicada a N.ª S.ª de
la Cabeza, ermita que, cuando el convento de Capuchinos se quitó del punto que
hoy ocupa el paseo del Obalo, y se trasladó a donde estaba Turba,
quedó encerrada en una Iglesia mayor, obra que tuvo lugar por los años 1797:
desde la fundación de dicha ermita, se celebra en ella por la Pascua de
Resurrección una fiesta a la Virgen de la Cabeza; muchos vecinos de Teruel y
sus barrios acuden a allí en animada romería, y raro es el que, además de otras
viandas, no lleva una tortilla: de esta antigua costumbre viene el que la clase
humilde del pueblo de Teruel llame a aquella Pascua, «la de las tortillas.»
Junto a dicha Iglesia, hay un edificio bastante espacioso, reedificado
en parte y arreglado todo por disposición del Obispo (hoy difunto) D. Francisco
de Paula Gimenez, en el año 1867, y ocupado por los Paules desde este año hasta
el mes de Octubre de 1868.
Muy cerca también de la misma Iglesia hay una fábrica de bayetas y otros
efectos, y algunas casas de mediano aspecto donde viven los que trabajan en el
establecimiento: los Teruelanos distinguen este sitio con el nombre de Villavieja,
sin duda por haber estado allí la antigua Turba.
La moderna ciudad de Teruel.—Los árabes.—Su conquista por el rey de
Aragón.—Opiniones sobre su población.—El toro y la estrella de las armas de
Teruel.—Cual es la opinión mas verosímil.
Afirma el Sr. Cortés que la fábrica de los muros y torres de Teruel, sus
magníficas puertas de grandes sillares etc., son restos de su antigüedad
romana, pero todo lo que se dice de esta ciudad relativamente a Cesar es
imaginario y así mismo cuanto se quiera aumentar respecto de la edad de los
romanos; pues ni la gran diligencia con que aquel escritor buscó las
antigüedades de Teruel, de la que dio origen al pueblo de su naturaleza, bastó
a proporcionarle otras noticias hasta la invasión de los árabes, época en que
empezamos a encontrar datos, verdaderos en su mayor parte, sobre la moderna
ciudad que nos ocupa.
El Sr. Cean Bermudez, al tratar del origen y nombre de esta, dice
que parece que después que los romanos demolieron la
antigua Turba y vendieron por esclavos a todos sus habitantes,
la repararon después los moros con murallas sobre los cimientos antiguos, entre
los que se encontró una figura de toro, la que con una estrella adoptaron los
vecinos por armas en campo rojo, y dándole otro nuevo nombre de Torbél.
Hasta aquí el Sr. Bermudez, reservemos nuestra opinión para después, y
veamos ahora como explican los manuscritos antiguos y las personas mas ancianas
de la ciudad, la fundación y población de la moderna Teruel.
En el año 1170 el rey D. Alonso II de Aragón venció a los moros de las
riberas de Alfambra y Guadalaviar, y en el siguiente de 1171, según Zurita,
fundó y pobló en las riberas del segundo de estos ríos la ciudad de Teruel;
duró uno y otro hasta el 1177, esto es, seis años, estando en guerra con los
moros que se oponían con gran resistencia a llevar a cabo la obra, que se
inició así:
Conquistando iba dicho rey, el terreno que ocupaban los moros, cuando
llegó frente a un pequeño cerro cubierto en su mayor parte de espeso bosque y
malezas (cerro que hoy ocupa Teruel), y conociendo los caballeros que componían
el principal acompañamiento de D. Alonso, que aquel sitio era favorable para
fortificarse y dejar gente que pudiera quedar allí para sostener el empuje de
los enemigos, caso de tener ellos que retirarse; o de punto de descanso, caso
de seguir avanzando, determinaron echar los cimientos a una nueva ciudad:
ocurrió, que al dirigirse al bosque, divisaron un toro que apenas les vio,
empezó a mugir fuertemente y a retirarse hacia el interior, observando al
propio tiempo en el firmamento una estrella, que al parecer de los caballeros
seguía la misma dirección que el toro. Creyendo este suceso providencial,
internáronse mas en el bosque, y encontraron casi en la cumbre del cerro al
mismo animal, parado y sin demostrar fiereza alguna, debajo precisamente de la
estrella cuya dirección habían seguido: con este motivo fundaron allí la nueva
ciudad, que pusieron por nombre Toro-el (el Toro), que por
corrupción ha venido a cambiarse en Teruel, y hé aquí porque el
toro y la estrella se encuentran en las armas, escudos, monumentos y demás
objetos que se refieren a la ciudad de que hablamos.
Lo que acabamos de narrar aparece confirmado en el M. S. que se conserva
en la Biblioteca de la Academia de la Historia, Colección del P. Traggia, t.
XIX, confirmación que, escrita con la sencillez primitiva no exenta de la
tosquedad y rudeza propias de la edad media, dice así:
«Según cuentan los viejos, en el tiempo pasado de Teruel ayusso toda la
tierra hera de moros. En aquel tiempo vino el noble señor D. Alfonso por gracia
de Dios rey daragon, compte de Barcelona et marqués de Proenza a da quel lugar
que hera de Santa María de la villa vieja de Teruel con buena gent et de grant
esfuerzo de tener frontera contra los moros. Et el dito señor Rey tractaba et
ordenaba entre sí si pudiese en esta comarca hacer una villa. Empezó vidiendo
que hera muy peligrosa cossa defer por la grant meltitud de moros q. heran
arededor a todas partes; temiose q. no podrie haver cabo de q. se perderien en
casa mucha gent, por esso hecholo assi en olvido, et la buena gent q. heran
allí con el Rey entendieron la voluntat de el dito Rey.
«Et el gran dubdó, et con gran esfuerzo, digerónle; Señor, dadnos
aquellos fueros, franquezas et libertades q. nos vos demandaremos por vos et
por todos los vuestros et por todos tiempos para nos, et para los nuestros
presentes et advenideros, et nos con ayuda de Dios poblarémos una villa en esta
comarca, por la cual fiamos por Dios que conquerreremos et ganaremos mas tierra
adelante.
«Et el Rey, visto el gran peligro et dificultat dijo q. él no lo queríe,
ni le otorgaba, que grant vergüenza le seríe et menosprecio de comenzar obra
non valedera, et dijoles que si tal cosa querien fer, que la ficiesen por sí,
mas no por él, ni en su nombre, antes los agenaba et desnaturaba de sí como no
vasallos suyos pda. (pérdida o prendida) lux obra no hubiese cabo, que a él no
fuese vergüenza, ni le pudiese seyer retrahido q. había comenzado tal obra, et
que no le había dado cabo. Et la buena gent con grant esfuerzo digeron que
ellos si querían aventurar a la merced et ayuda de Dios. Et de si dejolos el
Rei con grant horrencia, et encomendolos a Dios, et a la buena gent que aquí
fincaron, amándose como a buenos hermanos et teniéndose buena voluntat los unos
a los otros.
«En el nombre de Dios pusieron en obra la dicha población et andaron por
todas las otras muelas que están cerca esta villa, et non hubieron tan buenos
señales como en esta muela do es agora la villa de Teruel. Et los adalides[2] et los mas sabidores de tal fecha subieron a
la muela et allí do es agora la plaza de mana en el alba trobaron un bel toro
et andaba una bella estrella sobre él. E luego que los vido el toro comenzó a
bramar et fuir et luego lo trobaron manso et digeron los adalides que aquí
habían buenas señales por fer la población do aquel toro les clamaba; et daquel
encuentro daquel toro tomaron señal.
«Et por esto facen en la señal toro y estrella.....
«Et luego con gran traballo comenzaron a fer los muros de la villa, no
solament con agua et con tierra et con piedra, mas aun con sangre, por que los
unos lanzaban los muros et los otros defendienlos et combatiense con los moros.
Et de primero ficieron un antipecho con que se defendiesen, et fendo aquel et
lidiando con los moros, murien los homes cada día sobre los fundamientos de los
adarves, volviendo hi lur sangre, sobre la qual sangre multiplicaban los
adarves.»
Sentadas estas opiniones, diremos que, a nuestro humilde juicio,
pudieron muy bien los moros construir gran parte de los cimientos de la nueva
ciudad y alguno que otro edificio y destruir a su huida lo poco o mucho que
pudieran, aprovechando después los caballeros del Rey D. Alonso aquellas ruinas
para elevar y fortificar las murallas, y levantar nuevos edificios.
Importancia de la nueva ciudad de Teruel.—Servicios prestados al Rey por
el caballero D. Pascual Sanchez Muñoz.—Resultado de la primera expedición a
Valencia.—Conquista de esta ciudad.—Los Muñoces y Marcillas.
Dio el Rey el feudo y honor de Teruel, como se usaba entonces a un rico
hombre de Aragón, llamado D. Berenguer de Estenza, y señaló a los caballeros[3] que la poblaron, para su régimen y gobierno,
el fuero antiguo que el Rey D. Sancho el Mayor y anteriormente los Condes
Fernan Gonzalez y García Fernandez habían dado a los habitantes de Sepúlveda.
Desde los primeros años de la repoblación adquiere suma importancia el
naciente puesto avanzado de Teruel; allí se preparan todas las expediciones que
hacen los caballeros cristianos al reino de Valencia; secreto presentimiento
les está diciendo que no tardará en derrumbarse el poderío musulmán por aquella
parte de España; que pronto caerá Valencia en sus manos, y allá van a Teruel
cuantos quieren enriquecerse con el botín de la victoria.
El año 1225, mandó el Rey despachar cartas de llamamiento a los ricos
hombres que tenían las villas y lugares, para que se reuniesen en Teruel con
sus correspondientes mesnadas; el Rey trataba de entrar en el Reino de Valencia
y apoderarse de algún lugar muy principal, para cuya empresa le sirvió con
espléndidos donativos Don Pascual Sanchez Muñoz, que había sido privado del Rey
D. Pedro III y pertenecía a las mejores y mas principales familias que se
establecieron en Teruel, habiendo ofrecido dar el Rey para aquella guerra, el
dinero que fuese necesario, y encargándose además de facilitar a la gente de
armas, los víveres que se necesitaran para el consumo de tres semanas.
Esta primera expedición no tuvo resultado, por culpa de D. Pedro Ahones,
magnate poderoso que arrastró a los ricos hombres a la confederación y liga que
se hizo en Alagon; con este motivo el Rey se volvió a Teruel, partió para
Zaragoza, y dada orden para prender a Ahones, este al huir, fue matado de una
lanzada.
A principios del año 1232, supo el mismo Rey que los del concejo de
Teruel se habían apoderado de Ares, lugar fuerte en los confines del reino de
Valencia, y casi al mismo tiempo le llegaron mensajeros con la noticia de que
Morella se había rendido a D. Blasco de Alagon, oriundo de la villa de Sallent,
valle de Tena en el Alto-Aragón; en vista de esto, marchó a Teruel, y allí
recibió el homenage que le tributó Zeit-Abu-Zeyt[4], emir destronado de Valencia, de serle fiel
valedor y amigo en la proyectada conquista, llevada a cabo en 1238.
En 1322 empezaron los célebres bandos de Teruel entre las dos familias
rivales de Muñoces y Marcillas, que durante mucho tiempo se disputaron la
supremacia del gobierno de la ciudad. Zurita cuenta que fue allá un hijo de
Alfonso IV para apaciguarlos. Tan encrespados estaban los ánimos que un día en
presencia del infante vinieron a las manos estando en su mismo palacio, y solo
pudo dominar por entonces aquellas turbulencias, desterrando a Juan Sanchez
Duran, verdadero promovedor, por cuatro años fuera del reino.
Continúan los célebres bandos de Teruel.—El Rey D. Pedro IV, concede a
Teruel el título de ciudad.—Guerras entre D. Pedro de Aragón y D. Pedro de
Castilla—Las Comunidades—Las Córtes celebradas en la Iglesia de Santa María.—El
Juez de Teruel D. Francisco Villanueva.—Los Reyes Católicos en Teruel.
Algún tiempo después del en que hemos dejado la narración de los sucesos
de Teruel volvieron a renacer las rivalidades entre las familias Muñoces y
Marcillas, pues en los Anales de la ciudad háblase de muchas muertes y heridas
en 1356; de haber sido quemado vivo en la plaza del Mercado de Teruel, Ramiro,
hijo de Ferránt-Sanchez Muñoz, en 1366; y de otra refriega que hubo en la plaza
en 1461, durante las fiestas que se hicieron para obsequiar a los infantes de
Aragón que habían ido a la ciudad.
El año 1348, año de triste recuerdo en la historia de Aragón por la
peste desoladora que afligió el reino, las Córtes que se celebraban en
Zaragoza, hubo necesidad de trasladarlas a Teruel que ya estaba libre de la
epidemia.
Durante la estancia del rey D. Pedro IV, recibió Teruel el título de
ciudad y por disposición del mismo monarca fueron restauradas sus puertas y
murallas que ya se encontraban en ruinoso estado: los teruelanos, agradecidos
por la predilección que manifestaba el Rey a su ciudad, diéronle repetidas
muestras de lealtad auxiliándole en la guerra de la Unión, y en 1347, tomaron
parte en la batalla de Játiva, en la cual murió su jefe Pedro Muñoz.
Mucho sufrió Teruel, durante las guerras que hubo entre D. Pedro de
Aragón y D. Pedro de Castilla, guerras que causaron innumerables daños en
varios pueblos, sobre todo en los que están situados en la zona comprendida
entre Daroca (en la carretera de Zaragoza) y Sarrion (en la de Valencia):
muchas aldeas fueron quemadas, y otras en el partido de Teruel quedaron
despobladas; entre ellas Alcamin, Alcarria de Bellestar, Cañada de García
Lopez, Castellon de Cabras, Gazapos, Cuevas de Rocin, Gallél, Hornos, Malezas,
Piedra del Salz, Vallidau, Fuentes de Garcia y Villar de Menga.
Lo mas recio del empuje castellano lo tuvieron que resistir las
comunidades de Calatayud, Daroca, y especialmente Teruel; y para proveer en lo
que convenía a la defensa del reino, nombró en 1363 Don Pedro IV, por capitanes
de la Comunidad de Teruel (cuya casa se conserba en esta ciudad), a D. Guillen
Ramón de Ceruelo y a un caballero llamado Garcia Ganosa, entrambos muy
valientes y prácticos en las cosas de la guerra, y dispuso que se derribasen
los lugares y fortalezas de aquella comarca, que no estuvieran en disposición
de defenderse y que la gente se guareciera en los lugares fuertes: nombrose
igualmente a D. Pedro, Conde de Urgel y sobrino del Rey, Capitán general de la
Comunidad y ciudad de Teruel, plaza fuerte que, después de nueve días de sitio,
y merced a una traición fue tomada por los Castellanos en 1364, y estuvo en
poder de estos hasta el 5 de Abril de 1367.
En 1427, estando en Valencia el Rey Alfonso V, mandó convocar Córtes del
reino de Aragón para la ciudad de Teruel, y se reunieren el 19 de Noviembre del
mismo año, celebrándose las primeras sesiones en la Iglesia de San Martín de
Teruel y por disposición del Monarca se trasladaron luego a la de Santa María
de Mediavilla (parte de la Catedral actual).
Estas Córtes duraron hasta el mes de Abril de 1488, y una de las
cuestiones importantes que en ellas se trataron fue, la unificación monetaria
en toda la corona de Aragón, para cuyo efecto llegaron comisionados de
Barcelona, de Valencia y de Mallorca.
Alfonso V dio algunas disposiciones sobre la integridad de los antiguos
fueros de Teruel, disposiciones que, así como algunos odios personales,
suscitaron la oposición vigorosa de Francisco Villanueva, juez que era de la
ciudad de Teruel en aquel año: no quiso doblegarse al mandato del Rey, y pagó
con la vida su entereza pues murió ahogado en las antiguas casas consistoriales
y arrojado su cuerpo desde el balconaje a la plaza del Mercado.
Su cadáver fue enterrado en la Iglesia de San Pedro, el día seis de
Diciembre de 1427, y para sustituirle fue nombrado juez de Teruel, D. Martín de
Orihuela.
En 7 de Enero de 1482, los Reyes Católicos que venían de Valencia,
entraron en Teruel acompañados de numeroso séquito, del cual formaban parte el
Cardenal Mendoza, y muchos grandes de Castilla y de Aragón; fueron recibidos
del vecindario con extremado regocijo y grandes fiestas; juraron los reyes en
la Iglesia de Santa María los privilegios y libertades de la ciudad, recibiendo
de esta un donativo de doscientos florines de oro: Teruel, durante la
permanencia de las regias personas, fue ricamente engalanada con tapices y
caprichosos arcos de triunfo, por las noches estuvo profusamente iluminada, y
sus calles pobladas a toda hora de los habitantes de los pueblos inmediatos,
que acudieron a danzar y cantar ante los reyes católicos, a quienes ofrecieron
ricas telas, exquisitas frutas, buenas maderas de construcción, y minerales de
muchísima estimación.
Dos años después de la llegada de las augustas personas, promoviéronse
en Teruel algunos alborotos con motivo del establecimiento de la inquisición,
en los que peligró la vida del Inquisidor Juan de Solivella: el 7 de Enero de
1486 se celebró un auto de fe, del que hablaremos mas adelante.
Comunidad de Teruel.—Teruel en 1591 y 1592.
El origen de la Comunidad de Teruel,[5] se remonta al reinado de D. Alonso II, que
hizo donación a los pobladores de la villa de un estenso territorio que no
abarcaba menos de cien aldeas, número que fue disminuyendo con el tiempo hasta
quedar reducido a noventa que tenía en los últimos años del siglo pasado: el
mismo rey les concedió los fueros de Sepúlveda o de Estremadura, que diferían
bastante de los generales de Aragón.
Durante los dos primeros siglos después de la reconquista, conservose
intacta la supremacia de Teruel sobre las aldeas, pero a medida que estas
fueron aumentado su riqueza y su vecindario, quisieron naturalmente intervenir
de una manera mas eficaz y directa en la administración de justicia, y de aquí
las prolongadas contiendas que empezaron a mediados del siglo XV, y no
terminaron hasta el reinado de Cárlos II.
Ciento cincuenta años antes de la época citada, esto es, por el año
1300, ya se habían separado las aldeas de la villa, en lo tocante a los asuntos
puramente administrativos, formando su concejo independiente al que se llamaba
el Común de las aldeas, sin que para evitar esta separación bastara la
influencia del mismo Rey de Navarra, lugarteniente del Reino que en 1450 fue a
Teruel; al fin terminó todo en 1601, pues se deslindaron por el Rey los
derechos de cada parte.
El mecanismo de la organización y gobierno de la Comunidad de Teruel,
era el siguiente: de conformidad con los fueros de Sepúlveda, había en la
ciudad de Teruel un juez universal para todos los pueblos de la Comunidad y
alcaldes que conocían de las causas civiles y criminales: de las decisiones del
juez de Teruel, parece que no se admitía apelación en la Audiencia del Reino,
pudiendo hacerse solo por el recurso llamado de Perorencia: según el fuero se
nombraban los jueces por suerte, pero desde 1444 fueron nombrados por los
reyes.
Los pastos, maderas y leñas de los montes y dehesas de la Comunidad,
eran de uso común para todos los pueblos que la componían, pero el pago de
décimas y de los impuestos reales, así como todo lo que se refiere a la
jurisdicción local, era propio y esclusivo de los Concejos de las aldeas, que
obraban en esto con completa independencia de la Comunidad: esta comunión de
intereses no se limitaba únicamente al goce y aprovechamiento de los términos,
sino que se estendía a los servicios que de tropas y dinero se hacían a los
reyes, y como quiera que desde tiempo inmemorial hubiese querellas sobre la
cantidad con que debían contribuir la villa y respectivamente las aldeas, se
declaró por varias sentencias, que las últimas contribuyesen con tres partes, y
la primera con lo restante, o sea una cuarta parte, cuya jurisprudencia estuvo
en uso hasta que se establecieron las leyes de Castilla.
A principios del siglo XIV, cada pueblo de la Comunidad tenía su concejo
particular que lo regía en el orden político, económico y contencioso, con
subordinación a los jueces de Teruel: con delegación de todas las aldeas se
formaba una junta general, presidida por el procurador general, y a la cual
asistían seis regidores llamados de sexma, a causa de estar todo el
territorio dividido en seis trozos o partes, compuesto cada uno de doce o trece
pueblos: existía además otra junta llamada Pliega general, compuesta
del Procurador general, regidores de sexma, y un jurado y prohombre de cada
pueblo, ascendiendo a ciento cincuenta el número total de miembros, y a cuyo
cargo estaba la determinación de los asuntos mas arduos de la comunidad.
Los jueces de Teruel fueron nombrados por elección popular, hasta que
Don Fernando el Católico, bajo pretesto de que aquellos funcionarios no tenían
fuerza para dominar los bandos y discordias que había en la ciudad, y entre
esta y las aldeas, decidió que en lo sucesivo fueran de nombramiento real.
Cárlos V. siguiendo la tradición de sus abuelos, así en Aragón como en los
antiguos reinos de la monarquía, envió a Teruel, entre otros a Juan Perez de
Escanilla, que murió en una conmoción popular que había salido a sosegar;
viniendo después por orden de Felipe II D. Matías de Moncayo, Señor de Ráfales,
que aparece en la historia con el nuevo dictado de presidente de Teruel.
Los de esta ciudad favorecían las pretensiones de D. Pedro Fernandez de
Heredia al priorato de Alfambra, (pueblo inmediato a Teruel), del cual querían
desposeer al Comendador Bou que le tenía en secuestro; y siendo contrario a
este intento el presidente Moncayo, hallándose en una junta celebrada en
Rubielos (villa de la provincia), los jurados de Teruel quisieron escluirle de
ella, presentándole al efecto una Firma o decreto de la Córte
del Justicia de Aragón.
Sabedor de esto Felipe II decidió que Moncayo sostuviera su autoridad y
que no permitiera la invasión y el intento de los de Teruel, y en 30 de Junio
de 1562, le mandó que procediese contra los jurados de Teruel y demás que le
hubiesen presentado las firmas, como infractores del fuero promulgado por Pedro
IV, en virtud del cual estaba prohibido a la ciudad y comunidad de Teruel
recurrir al Justicia de Aragón por vía de firmas y manifestaciones.
Reacios los firmantes, tomó el rey una resolución definitiva: comisionó
al Duque de Segorbe para que fuese a Teruel con dos mil soldados y defendiese
su autoridad, si con la fuerza fuere atacada: entró el Duque en la ciudad medio
en son de guerra, y para mas seguridad y mayor significación del encargo que
llevaba, mandó reedificar un antiguo castillo[6] que estaba casi derruido y puso en él fuerza
bastante para defenderlo.
No se intimidaron los turolenses con la presencia del Duque y de sus
soldados; antes por el contrario, se querellaron por conducto de su juez
ordinario y alcaldes, a la Córte del Justicia y obtuvieron firmas y provisiones
de aquel tribunal: mandó el Duque proceder contra aquellos funcionarios, y
estos, lejos de ausentarse, y dando pruebas de un valor cívico, muy común
entonces, se estuvieron quietos en sus casas, y el Duque los mandó poner presos
en el castillo, sin que por ello desfalleciese el ánimo de aquellos dignos
ciudadanos. Nueve años duró su prisión, y bien se alcanza que si resultaran
culpables, no perdiera la ocasión de castigarles el inexorable Felipe II; pero
salieron libres en 1580 por mandamiento del mismo rey.
Bien merece, que consignemos en este lugar, los nombres de tan ilustres
patricios, que fueron: Pedro de la Capilla, juez ordinario; Bernardino de la
Mata, alcalde; Miguel Juan y Francisco Malo, individuos de familias
distinguidas; Gerónimo Dolz, asesor del juez de Teruel, y Gerónimo de la Mata,
síndico; de los cuales, el último, fue muy versado en las leyes y privilegios
de la comunidad, y los teruelanos le comisionaron, juntamente con el doctor Gil
Garnier, para que fuese a la córte de Felipe II a informar y reclamar lo que
mas conviniera en el asunto que se debatía: con tal obgeto escribió y presentó
al rey y al Supremo Consejo de Aragón un tratado en forma de memorial, en que
se daba noticia de las leyes de la Comunidad, de su uso, y de los sucesos desde
el año 1570 hasta el 1579, y del temperamento que daban de si estos mismos
sucesos.
La lucha entre los poderes locales y el poder central, fue por aquellos
tiempos en estremo porfiada, especialmente en Aragón, y sobre todo en la ciudad
de Teruel, y aunque las Córtes de Monzon celebradas en 1585 decidieron que las
ciudades y comunidades de Albarracin y Teruel podían acudir al Justicia como
todos los aragoneses, pero que no podían hacerlo en los casos en que se lo
prohibiese algún fuero o ley particular: esta sentencia no dejó satisfechos ni
a los partidarios de la autoridad real ni a los defensores de los fueros: cada
cual la interpretaba a su modo cuando era menester aplicarla, y en tal estado
las cosas, llegaron las alteraciones y sublevación de Zaragoza, de los años
1591 y 1592.
El desenlace de tales hechos fue, en Zaragoza la decapitación del
Justicia mayor D. Juan de Lanuza, y algún tiempo después las de Pedro Fuertes,
Dionisio Perez, Francisco Ayerbe, Don Diego de Heredia y D. Juan de Lunas; y en
Teruel, fueron descuartizadas nueve personas en castigo de la muerte de los
hermanos Novellas[7], que se habían mostrado propicios a la autoridad
real, y que espada en mano, se defendieron heroicamente.
Teruel desde el reinado de Felipe II hasta la conclusión de la guerra
civil—Noticias de diversas épocas.
La ciudad, objeto de este libro, no siguió el impulso de Aragón, y
abrazó la causa de Felipe V, manteniendo a sus espensas un batallon de
seiscientos hombres, que hizo la guerra desde 1705 a 1715.
Durante la guerra de la Independencia sufrieron la ciudad y la provincia
las varias alternativas de aquella prolongada lucha, y muchos de sus habitantes
fueron a reforzar, como buenos aragoneses, las huestes de los zaragozanos en
los memorables sitios, y las de otros puntos donde sus hermanos peligraban, no
apartando entre tanto su vista de Teruel, a la que acudieron a socorrer en el
sitio que sufrió de los franceses.
Parte no menos activa tomó en la guerra fratricida que llenó de luto a
las familias de España: no queremos recordar hechos que para bien de unos y
otros quisiéramos ver borrados del universal libro de la Historia; consignemos
solo que en los dos bandos diéronse pruebas de valor y hubo verdaderos héroes;
como también hubo distinguidas heroínas en la provincia de Teruel; tal fue en
Montalban Manuela Cirugeda, de veintidos años, hija de la misma
villa, que sirvió en el sitio de esta como el nacional mas denodado, corriendo
los puestos de mayor peligro, hasta del cansancio y las fatigas, se le originó
una enfermedad, de que sanó en la sala de distinguidos del hospital de
Zaragoza; tal fue, por último, la heroína de Monreal del Campo, Francisca
Latorre, de cuarenta y un años, que mereció y obtuvo la Cruz de San
Fernando por su heroico comportamiento.
Espuestas ya las noticias anteriores, tomadas en parte de la Crónica
general de España, obra en la que aparece un trabajo sobre la provincia de
Teruel, firmado por el malogrado jóven D. Pedro Pruneda; vamos a dar otras
sueltas que comprenden épocas distintas de la historia que nos ocupa, aunque
sea a trueque de faltar a una relación ordenada.
—La primera casa que se hizo en Teruel fue la que tiene dos arcos en la
plaza del Mercado, propia del Escribano D. Juan Dolz.—En 1222, existían ya las
Comunidades de Teruel y sus villas: mas adelante de la notable casa de la
Comunidad, cuyo frente da a la plaza de la Marquesa, (hoy de la Libertad).—En
1336 enterraron vivo en Teruel a D. García de la Foz por haber matado
traidoramente a un compañero suyo.—En 1364, día de San Marcos, fue la toma de
Teruel por los Castellanos reinando D. Pedro IV en Aragón, y D. Pedro el Cruel
en Castilla.
—En 1375 fue muy rigoroso el invierno en dicha ciudad, y el miércoles de
ceniza del mismo año a la hora de maitines hubo un fuerte terremoto que alarmó
considerablemente a la población.—En 1379, llovió casi sin cesar desde el día
26 de Marzo hasta el 10 de Mayo: el trigo llegó a venderse hasta cinco sueldos[8] la fanega, y el centeno a dos y a cuatro
dineros.—En 1402, hubo tantas mariposas que se comieron casi todas las hojas de
árboles y viñas y fue un año abundantísimo en frutas.
—En 1405, llovió sin cesar en Teruel, tres días, y cubrió el agua toda
la vega, desde la acequia de la Peña, hasta la del baño llamado de Pero
Carmelo, y se llevó todas las paredes de los huertos.—En 1407, nevó tanto que
había en tierra llana mas de ocho palmos de nieve que duró mas del mes de
Marzo.
—En 1413, fue a Teruel, San Vicente Ferrer y estuvo detenido en la
Iglesia de Santiago.—En 1418, D. Francés de Aranda, consejero y elector de
reyes, noble caballero, intrépido soldado, monge fervoroso, alma templada para
los grandes hechos y corazón formado para el bien, para la conmiseración y para
la caridad inagotable; dejó para los pobres, aparte de otras cosas, una limosna
de cincuenta mil sueldos de renta: murió el mismo Aranda en 1441.
—En 1420, Gil Sanchez Muñoz, hijo de Teruel, fue electo Papa.—En 1428,
se incorporó la ciudad y comunidad de Teruel, a la corona de Aragón por Don
Alfonso V.—En 1430, celebráronse Córtes en la Iglesia de Santa María de Teruel
(ahora la Catedral), en donde está la capilla de N.ª S.ª de la Salud y la de
San Felipe y Santiago.
—En 1421, (registro del notario Don Antonio Ferrer), D. Juan Galvez
Heredia, Don Martín Garcés de Marcilla, y Mosen Juan Fernandez de los Arcos,
fueron herederos de la infortunada Isabel, a la cual y su desgraciado amante D.
Diego, bien merece que les dediquemos uno o mas capítulos, tomando la relación
del hecho, de la tradición, y de algunos libros entre ellos del notable que
escribió D. Esteban Gabarda, Abogado teruelano, quien con escrituras y otros
muchos documentos justificativos probó la verdad del trágico suceso de que
vamos a tratar.
Los Amantes de Teruel.
Por los escritos que se conservan y por una constante tradición no
interrumpida hasta nuestros días, saben los vecinos y moradores de Teruel, que
a fines del siglo XII existían en esta ciudad las dos ilustres familias de los
Marcillas y Seguras.
La casa solar de estos era la que hoy es cochera de la del Conde de la
Florida y la de aquellos se hallaba al frente ambas familias pues, vivían en la
antigua calle de Ricos-hombres (ahora de los Amantes), en la que todavía se
conservan las casas de otras familias nobles, cuyas armas están sobre sus
puertas.
D. Juan Diego Martínez de Marcilla[9] hijo de D. Martín Garcés de Marcilla y de D.ª
Constanza Perez Tizon[10], profesaba desde sus mas tiernos años amorosa
inclinación a Doña Isabel de Segura, hija única de D. Pedro Segura,
amen de caballero muy rico: la sensible jóven correspondía tiernamente a la
pasión de D. Diego, quien a la edad de veintidos años manifestó a su amada, que
deseaba tomarla por esposa; Isabel le contestó que iguales eran sus deseos,
pero que tuviera entendido no lo haría sin que sus padres se lo mandasen: esta
prudente contestación encendió mas en Marcilla la llama de su amor, y buscando
ocasión propicia, hizo entender sus deseos al padre de la enamorada Isabel.
Este procuró desentenderse del casamiento de su hija con buenas
palabras, diciendo: «que ciertament el era mui bien pagado del jóven, e que
venía bien; non se quejase, e que su padre tenía otros fijos quen mas non le
podía heredar, e quel podía dar a su fija treinta mil sueldos, e que apres
tenía toda su casa, asá que non lo faría[11].
Desengañado Marcilla, y convencido de que la falta de riquezas era el
verdadero obstáculo para conseguir la mano de su adorada Isabel, informó a esta
de la contestación que le había dado su padre, y la persuadió le concediera un
plazo de cinco años, ofreciéndola «ir a treballar por mar y por tierra en dó
hubie dineros.» Colocada Isabel en la amarga alternativa de renunciar a su
pasión o de disgustar a su padre, otorgó a su amante el plazo que le pedía, y
Marcilla partió para la guerra contra moros, confiado en la fidelidad y
constancia de su amada, y decidido a todo trance en adquirir lo que le faltaba.
Durante la ausencia de Marcilla no se descuidó el Padre de Isabel en
procurar a su hija el desvanecimiento de su arraigada pasión, al efecto, evitó
que esta adquiriera noticia alguna de su amante; trató de halagarla con las
ventajas de otro casamiento y aun la hostigó para que tomase marido; pero
Isabel, con filial y respetuosa modestia, diole por respuesta que las mugeres
no se deben casar, sin que primero sepan y puedan gobernar la casa, y además
tenía hecho voto de virginidad hasta los veinte años.
Su padre, que la amaba tiernamente y que tampoco desconocía la situación
de su hija, quiso complacerla, y se resignó a esperar el plazo que ella
indicaba, tratando al mismo tiempo de evitar que recibiese cartas ni noticias
de su amante.
Llegó el día en que ya habían trascurrido los cinco años, y el padre de
Isabel conoció ser llegado el momento de triunfar de la resistencia de su hija.
Armado de su autoridad, de los halagos y de la persuasión, «Fija, la dijo: es
mi deseo que tomes tu compañía.» Isabel, acosada por el vencimiento del plazo,
ignorando la vida de Marcilla, recelosa de no haber tenido cartas suyas, y
temerosa de oponerse a la voluntad de su padre, condescendió a la propuesta, y
este aprovechando la oportunidad del rendimiento de su hija, hízola contraer
esponsales con D. Pedro Fernandez de Azagra, heredero del Señorío de
Albarracin, y al poco tiempo se celebraron las bodas.
Holgáronse de ello los padres y deudos de ambas familias, pero la novia
dio en estar de adelante melancólica y pensativa; las galas servíanla de un
torcedor y su trage era un vestido de luto. En el mismo día del convite de la
boda, penetró un page en el aposento de Isabel y la dijo: que al viejo Marcilla
acababan de darle noticia de que su hijo venía muy rico[12] y con salud, por lo que todos estaban llenos
de regocijo. Con efecto, en aquel mismo día entró Marcilla en Teruel, y en la
casa de sus padres le refirieron que Isabel se había casado con Azagra, hermano
del Señor de Albarracin.
Según antigua tradición, Marcilla fue a Teruel por el camino de San
Cristóbal, y al llegar a los Arcos oyó que daban las once en una torre de la
ciudad, e hincando espuela a su cabalgadura dijo a su escudero: «Camacho,
perdidos somos.»
Marcilla, aunque consternado con la infausta noticia del casamiento de
Isabel, procuró empero cuanto pudo recatar su profunda pesadumbre, para no
ahogar la alegría de sus regocijados padres, y se apercibió cauteloso para
tener con ella una entrevista. Logró entrar disfrazado en la casa de su amada,
la vio bailar en medio de los convidados, y traspasado de dolor abandonó aquel
sitio de tormento y se introdujo en el aposento arreglado para el tálamo de los
novios.
Concluido el festín y despedidos los convidados, se recogieron los
desposados a su cuarto y Marcilla no pudo salir del sitio donde estaba
escondido. El novio Azagra quiso usar del derecho que le concedía el
matrimonio, pero Isabel le rogó y consiguió que se abstuviese por aquella
noche, única que le faltaba para cumplir al cielo cierto voto.
Dormido ya Azagra, salió muy quedo Marcilla, y dominándose cuanto podía
por no ser oído, habló y reconvino brevemente a Isabel; esta procuró
disculparse por haber pasado el plazo, no haber recibido cartas suyas, y
haberla obligado su padre cuando estaba celosa y desdeñada. En el fuego del
amor, en el arrebato de los celos, y en premio de su fe y de sus servicios,
pidió Marcilla a Segura la fineza de un beso, pero esta se lo negó como esposa
fiel y como honrada: Marcilla una y otra vez importunó a Isabel y una otra vez
negose ella.
Luchando entonces el infeliz Marcilla entre el pundonor de caballero, la
delicadeza de cortesano, y el fuego devorador de su pasión y de los celos,
reconvino por última vez a Isabel diciéndola: «¿No consideras que sino fuera yo
tan cortesano, tomara lo que te pido a la fuerza, matando a tu esposo y mi
enemigo? Pero no lo permita el santo cielo, que no lo quiero yo sino con gusto:
hazme pues este bien: bésame que me muero.»
Dijo, y no consiguiendo que Isabel accediese a su demanda, cayó exánime
a sus pies, despidiéndose con estas palabras: a Dios, Isabel.
Luego que esta desgraciada reconoció el rostro de su amante, halló su
frente sin calor, y observó que no respiraba su pecho, se convenció de la
muerte, y prorrumpió en desesperadas voces y lamentos: despertose su marido y
enterado del suceso, para libertarse de los procedimientos de la justicia y del
enojo de los deudos de Marcilla, determinaron llevar su cadáver a la puerta de
la casa de su padre, lo que ejecutaron sin ser vistos por la cautela con que lo
hicieron, y por que, según digimos en otro lugar, la casa de los Marcillas se
hallaba frente a la de los Seguras.
Al día siguiente, la luz descubrió el infortunio que la noche conservara
oculto: los primeros que pasaron por la calle, reconocieron la identidad del
cadáver de Marcilla y le hallaron cubierto el rostro con su montante al lado.
Noticiáronlo a su padre, quien sobre dicho cadáver de su hijo, entre deudos y
amigos, tributó el justo homenaje de paternal sentimiento y desahogó su pecho
con imprecaciones de venganza.
Tan lamentable caso escitó la piedad de los sensibles teruelanos, y
hasta el mismo esposo de Isabel acudió a la casa de Marcilla para quitar
sospecha, y consolar al afligido padre. Luego que el sentimiento dio lugar a la
reflexión, determinaron enterrar a D. Diego al día siguiente y prepararon tan
triste acto con toda la pompa que se merecía un jóven tan célebre y
distinguido, como funestamente desgraciado.
A la sazón Teruel era plaza de armas en la empresa que el rey D. Jaime
quería hacer contra los moros de Valencia; había diez banderas de soldados y
corporaciones eclesiásticas; componíase su población de aquellos soldados
ilustres y aguerridos que, haciéndose superiores a los peligros y fatigas de la
guerra, habían sabido levantar, según digimos antes, las murallas y fortalezas
de la ciudad, contrarestando los continuos ataques de numerosos ejércitos
moriscos.
En la Iglesia de San Pedro se celebraban las exequias de Marcilla; y el
lúgubre clamor de las campanas anunció a Teruel la hora del funeral aparato:
hombres y mugeres de distintas edades acudieron a la casa del difunto, así como
los eclesiásticos de San Pedro y de las demás parroquias: el entierro marchaba
en esta forma: iban delante los soldados en orden de batalla, detrás cuatro
capellanes llevaban en hombros el cuerpo de Marcilla; seguían los oficios con
hachas encendidas, los capuces, las gramallas[13] de los deudos y amigos; y en pos de todos una
pequeña escolta y casi todo el pueblo de Teruel.
La desconsolada Isabel apenas oyó desde su retrete los tristes cánticos
del entierro, hizo que la dueña que la acompañaba, subiese con ella a la reja
mas alta de la casa, para ver el funeral concurso: así que descubrió el féretro
donde iban los últimos despojos de su malogrado amor, quedó pasmada por algunos
momentos, y abandonándose luego a las irresistibles inspiraciones de su
corazón, se despojó de todas sus galas vistiose con un mongil de bayeta, y
despeinado el cabello, bajó a la calle muy apresurada, y confundiéndose entre
las muchas mugeres que acompañaban el duelo, pudo seguir llena del mayor
abatimiento: en el tránsito se reconvenía de haber sido la causa de la
desgracia de Marcilla y ella misma se acusaba y condenaba, haciendo a la vez de
fiscal, de juez y de reo.
Entró el entierro en la Iglesia de San Pedro, el cadáver de Marcilla fue
colocado en un gran túmulo y diose principio al Oficio. La infeliz Isabel, no
pudiendo resistir mas, abrió al dolor la llave, dio rienda suelta al llanto, y
abalanzándose cubierta a donde estaba el féretro, esclamó:
¿Es posible que estando tu muerto, tenga yo vida? No tengas de mi fe
duda que pueda vivir un solo punto; ¡ay! perdona mi tardanza, que al instante
contigo me tendrás.
Dijo, y descubriéndole la cara le dio un beso tan fuerte que se oyó en
toda la Iglesia, y con un ¡ay! faltole el aliento en un instante y la Parca
puso un sello en sus ojos.
Creyeron los circunstantes sería alguna deuda o hermana del difunto,
pero cuando el clero principiaba el In exitu, fueron a apartarla y
la encontraron inmóvil: llámanla hasta tercera vez, y no responde; descubren el
manto que la velaba el rostro, y ven era Isabel que tenía su boca pegada a la
de Marcilla, y su cuerpo sirviéndole de losa sepulcral: la sensible y virtuosa
Isabel, después de haber apurado el cáliz amargo de dilatadas penas, buscó en
alas de la muerte la compañía de su amante hasta el mismo templo de la
eternidad.
La estraña singularidad del suceso, el respeto imponente del lugar
sagrado, el pavoroso aparato funeral, y la melancólica gravedad de todos los
semblantes, dejaron absortos a cuantos se hallaban en el templo: Azagra, esposo
de Isabel, procuró entonces quitar de esta toda sospecha y refirió en voz alta
el trágico suceso de su casa en la noche precedente.
Todos quedaron perplejos, y nadie se atrevía a proponer la resolución
que debía adoptarse, hasta que un viejo, pariente de Marcilla, de mucha
autoridad y cuyas razones pasaban por oráculo, sacó al concurso de la duda.
«Supuesto, dijo, que es verdad cierta que Isabel y Diego, desde niños se
tuvieron entrañable amor, y que en su ausencia larga han pasado los dos una
pena y un tormento, y que juntos ambos han padecido un género de muerte; y
supuesto también que se ligaron los dos con palabra y juramento de esposos,
primero que Azagra, será razón que se entierren los dos juntos en un sepulcro.»
Oído este parecer, mereció la aprobación de los padres de Isabel y de D.
Diego, del Justicia y Regimiento: Azagra consintió también en ello, y colocaron
juntos en un sepulcro de alabastro a los dos Amantes, honrando su
fidelidad con muchos epitafios.
Esto sucedió en el año 1217, siendo juez de Teruel D. Domingo Celada:
este y algunos eclesiásticos y vecinos de la parroquia de S. Pedro, dejaron por
escrito consignado el hecho para memoria de la posteridad.
Los esqueletos de los Amantes de Teruel.
Según resulta de las apuntaciones del archivo de S. Pedro, y de
Escrituras públicas y demás documentos justificativos que en su citado libro
trae el Sr. Gabarda; el año 1555, siendo juez de Teruel Miguel Perez Arnal, al
labrarse una capilla antigua de la Iglesia de San Pedro, se hallaron los
cuerpos de D. Diego Martínez de Marcilla y de Doña Isabel de Segura,
en un sepulcro y enteros, sin estar casi nada gastados.
En 13 de Abril de 1619, fueron encontrados sepultados juntos en la
capilla de los Santos Médicos Cosme y Damian, en la misma parroquia de San
Pedro, los esqueletos de dichos Amantes, con señales evidentísimas de ser los
pertenecientes a D. Diego y D.ª Isabel.
En 1708, con motivo de la nueva obra que se hizo en la Iglesia de San
Pedro, fueron trasladados al claustro inmediato que tiene la parroquia y que
servía de cementerio, y allí se colocaron los dos juntos, puestos en pie, en un
armario metido en la pared, donde recibían las visitas de casi todos los
forasteros estrangeros o nacionales, que aun cuando solo se detengan pocas
horas en Teruel, rara vez dejan de acudir a satisfacer su curiosidad.
Sobre dicho armario se leía:
Aquí yacen los celebrados Amantes de Teruel, D. Juan Diego Martínez de
Marcilla y D.ª Isabel de Segura. Murieron en 1216 y en el de 1708 se
trasladaron a este panteon.
En el año 1814 cuando pasó el rey D. Fernando VII por Teruel, se sacaron
del armario los dos esqueletos de los Amantes y los colocaron adornados en la
sacristía de la Iglesia de S. Pedro donde fueron visitados por el rey y la
grandeza de su comitiva, restituyéndolos después a su morada ordinaria.
En Mayo de 1854, después de haber adquirido los fondos necesarios para
erigir a los dos esqueletos un sitio mas decente y que correspondiera a su
justa celebridad, fueron trasladados con gran regocijo de los teruelanos al
salón que se les tenía hecho en el mismo claustro de la Iglesia parroquial de
S. Pedro, y se les colocó en una magnífica urna de nogal con preciosos
embutidos, construida por el ebanista D. Antonio Lacarrier, natural de París y
concluida por su discípulo D. Policarpo Serrano, también ebanista y vecino de
Teruel.
Dicha Urna, que hemos examinado detenidamente, es un
templete de orden corintio, sostenido por ocho columnas, que se le puede dar
vuelta al rededor y ser vistos los Amantes con toda claridad:
la figura es octógona y tiene un metro y noventa centímetros de ancho, y cuatro
metros, cuarenta y cinco centímetros de alto: se compone de seiscientas quince
piezas de pino para la armazón interior, de ochocientas noventa y seis de nogal
y de cuatro mil nuevecientas veinticinco de doradillo, que al todo hacen 6436
piezas.
El Salón, que es una nave rectangular, está dividido por su
longitud en cuatro espacios de tres metros: tiene cuatro pilastras por lado que
limitan los espacios, y en cada uno de ellos hay un cuadro apaisado con
molduras de relieve, y encima de la puerta de entrada por la parte interior hay
otro cuadro igual a los anteriores: sobre dichas pilastras descansa el
cornisamento y se elevan unos esbeltos arcos apuntados y decorados con
molduras, y el todo está cubierto por bóveda de arista, formando el conjunto de
este salón, una bella nave que pertenece al orden gótico-bizantino.
Los esqueletos de los Amantes, están bien conservados, y
solo cubiertos con unas enaguas cortas de gasa muy trasparente, para que puedan
ser vistos y examinados por los que les visiten: el de D.ª Isabel está a la
derecha del de D. Diego, y es de admirar como después de tanto tiempo se hallan
en tan buen estado.
¡Y qué diferente efecto, dice el Sr. Gabarda, produce la vista de estos
ilustres esqueletos a la curiosa multitud que los visita! El vulgo admirador se
sobrecoge por un especie de pavor sagrado; el liviano superficial sale haciendo
asquillos, porque sus ojos no han visto mas que los materiales despojos de la
humanidad; el ilustrado naturalista contempla absorto el prodigio de este
fenómeno físico; y el sabio, que penetra el poder de las pasiones y la
moralidad de las acciones humanas, esperimenta en su presencia un recogimiento
respetuoso, que evocando los pensamientos mas serios, le hace esclamar en el
silencio de su corazón; ¡Padres de familia! procurad con la educación, con
vuestro ejemplo, con la persuasión y hasta con vuestra autoridad, precaver a
vuestros hijos del trato e inclinaciones con aquellas personas, que vuestra
prudencia no juzgue convenientes para unir con ellas la sangre, la fortuna y el
nombre de vuestra alcurnia; pero si vuestro descuido, o la imperiosa voz de la
naturaleza, en fuerza de irresistibles simpatías, han llegado a crear la
necesidad de la unión de dos almas sensibles, respetad este inesplicable
enajenamiento del amor, esta pasión que consume y alienta, que no se enciende
mas que una vez en la vida, y que sacrificada con violencia, termina
desastrosamente castigando la terquedad de los padres con dolorosos
remordimientos, que les acompañan hasta las tristes sombras del sepulcro.
Sobre los AMANTES DE TERUEL han escrito: Juan Yagüe de Salas,
un poema; Juan Perez de Montalvan, una comedia; Andrés Rey
de Artieda, una tragedia; D. Juan Eugenio Hartzenbusch, un
drama; Renato de Castel-Leon, una novela histórica; D.
Isidoro Villarroya, una novela; D. Esteban Gabarda, una
historia y además en distintas épocas han escrito en menor estensión sobre
dichos AMANTES, Blasco de Lanuza, Don Isidoro Antillon, D.
Pedro Albentosa, y algunos otros.
Los Obispos de Teruel.
Pocos años después de la fundación de Teruel, su primitiva Iglesia de
Santa María fue parroquial, como luego lo fueron las de San Salvador, S.
Miguel, San Juan, San Pedro, San Andrés, Santiago, San Martín y San Esteban, la
cual fue unida a la de S. Pedro en 1292: la misma de Santa María se hizo
Colegiata en 1423, con autoridad de Don Alonso, Obispo de Zaragoza; dándole
constituciones en 1425. El Rey D. Pedro el IV ennobleció a Teruel con el título
de Ciudad, aunque solicitó de la Santa Sede la erección de Catedral, no tuvo
efecto hasta que a petición de Felipe II fue erigida por Gregorio XIII en 30 de
Julio de 1577, y arreglada por Sisto V en Bula de 5 de Octubre de 1587, y
confirmada después por Clemente VIII por la suya de 3 de Julio de 1593.
Al fallecimiento de D. Fernando de Aragón, Arzobispo XIII de Zaragoza,
ocurrido en 29 de Enero de 1577, fue nombrado en este año Obispo de
Teruel, D. Juan Perez de Artieda, Canónigo de Zaragoza, pero como
murió antes de ser consagrado no empezamos por él el Catálogo de los Obispos, y
sí por el que realmente lo fue.
PRIMER OBISPO DE TERUEL, Don Andrés Santos: este Prelado
nació en Quintanar de la Vega, diócesis de Leon: fue inquisidor en los
tribunales de Llerena, Cuenca, Córdoba, Valladolid y Zaragoza: tomó posesión en
20 de Diciembre de 1578, y fue muy estimado de los teruelanos por sus virtudes,
talento y prudencia: hizo varios reglamentos conforme a los cánones y
disciplina de la Iglesia, y de algunos se hace memoria en las Constituciones
Synodales de su sucesor: la Iglesia de Teruel le debe su primer forma y orden,
cuyos servicios fueron tan agradables al Rey que le trasladó a la metropolitana
de Zaragoza en Marzo de 1579; salió de Teruel en 28 de Julio del mismo año, y
la mayor parte de los vecinos de esta ciudad le acompañaron hasta una gran
distancia, habiendo sido sentida por todos su partida, especialmente por los
pobres. Asistió después a las Cortés de Monzon, murió en 13 de Noviembre de
1585, y fue enterrado con la mayor solemnidad en el templo del Salvador de la
ciudad de Zaragoza.
2. D. Jayme Gimeno de Lobera: natural de Ojos negros pueblo
de la provincia de Teruel: era Arcediano de la Cámara de Huesca y Jaca, y Juez
de competencias de Aragón: fue nombrado Obispo de Teruel en 25 de Noviembre de
1579 y tomó posesión en 10 de Junio de 1580, edificó la casa episcopal,
gastando en está obra doce mil ducados; hizo Estatutos para el buen gobierno de
la Catedral que aprobó y confirmó Clemente VIII en su Bula de 3 de Julio de
1593: se celebró con su autoridad en la ciudad de Teruel el primer Sínodo
diocesano en el mes de Febrero de 1589, cuyas constituciones arreglaron el buen
orden en el culto divino y funciones de dicha Iglesia. Visitó el Obispado
dejando en todas partes memoria de su liberalidad y misericordia con los
pobres, y consagró la Iglesia de Camañas, pueblo de la provincia de Teruel. En
la Catedral hay un Crucifijo de marfil en Cruz de plata dorada y otras alhajas
que recuerdan su episcopado. En las alteraciones del orden en el Reino, fue
nombrado Virrey, y después de haber procurado la paz se restituyó a su Iglesia,
en donde murió en 12 de Diciembre de 1594. Sus entrañas fueron sepultadas en el
Presbiterio de la Santa Iglesia Catedral de Teruel, y su cuerpo fue trasladado
a Zaragoza a la Iglesia del Pilar y colocado en la capilla de San Miguel, que
había sido construida a sus espensas.
3. D. Francisco de Val, natural de Cogolludo en el Obispado
de Sigüenza, era Arzobispo de Callér en Cerdeña cuando fue nombrado para la
Iglesia de Teruel, y habiendo pasado a Roma murió allí y no se verificó su
residencia.
4. D. Martín Ferrer, natural de Daroca, provincia de
Zaragoza, fue Colegial Mayor de San Ildefonso en Alcalá de Henares y Canónigo
de la metropolitana de la capital de Aragón: en 1593 fue electo Obispo de
Albarracin en donde permaneció tres años y algunos meses, dando ejemplos de su
piedad con los pobres socorridos por sus limosnas; a su costa se edificó la
torre de aquella Catedral, Iglesia que nunca olvidó pues en 1604 dotó
competentemente la solemnidad de la octava de la fiesta al Smo. Sacramento. Fue
trasladado a la silla episcopal de Teruel y tomó posesión de ella en 25 de
Setiembre de 1596, y la gobernó por espacio de diez y ocho años, aclamándosele
universalmente con el tierno título de—Padre de los pobres. Dio perfección a la
obra de la casa episcopal, y en sus días y a costa suya fueron levantadas las
naves laterales de la Catedral, la cual conserva también otras memorias de su
liberalidad, como son: el terno negro de terciopelo bordado en oro, un palio de
tisú y cenefa de terciopelo carmesí, y el verjado y sillería del coro: fundó un
Colegio en la Universidad de Alcalá de Henares para estudiantes teólogos de
Aragón, con dotación de mil escudos anuales: en Daroea se construyó a sus
espensas una capilla y capellanía, cuyo patronato es de la casa del Marqués de
Villalba. En el año 1612 celebró Sínodo en Teruel y en él se formaron
constituciones muy importantes para el servicio de Dios y provecho de los
fieles: después de haber gobernado diez y siete años la Iglesia de Teruel, fue
promovido a la de Tarazona en Abril de 1614, continuando los ejemplos de
humildad y caridad con los pobres: en los años 1614 y 1615 asistió al Concilio
provincial de Zaragoza, en donde hizo brillar su celo y doctrina. Murió en 28
de Noviembre de 1631 y fue sepultado en su capilla de Daroca.
5. D. Tomás Cortés: natural de Huesca, Canónigo de aquella
Iglesia; del Obispado de Jaca fue trasladado al de Teruel, y tomó posesión de
esta Silla en 5 de Noviembre de 1614; gobernó este Obispado con mucha prudencia
y paz en medio de algunas discordias que ocurrieron entre los pueblos: murió en
Huesca el 9 de Diciembre de 1624 y fue sepultado en el presbiterio de la
Iglesia de San Lorenzo en la que había fundado un priorato y raciones.
6. D. Fernando Valdés y Llano, natural de Cangas de Tineo,
del Obispado de Oviedo en el Principado de Asturias; fue inquisidor de
Barcelona, Salamanca y Toledo; electo Obispo de Teruel, entró en esta ciudad el
13 de Diciembre de 1625. En Octubre de 1627 celebró Sínodo diocesano: en 1632
fue trasladado al Obispado de Leon. De allí pasó al Arzobispado de Granada, y a
instancia del Conde Duque de Olivares, le nombró S. M. para Presidente del
Consejo de Castilla, y en el desempeño de este honorífico empleo, murió.
7. D. Pedro Apaolaza, hijo de Moyuela, pueblo del partido de
Belchite en la provincia de Zaragoza; nació en 13 de Julio de 1567, siguió su
carrera literaria en la Universidad Cesaraugustana, donde fue graduado de
Maestro en Artes y de Doctor en Sagrada Teología: siendo Beneficiado de la
Iglesia de su pueblo, pasó a Rector de la Iglesia de Santa Cruz de Zaragoza, y
después de la de Torres los Negros, lugar del Arzobispado. En sus curatos dio
los mayores ejemplos de celo y piedad; su virtud y literatura hiciéronle digno
de la Abadía de San Victorian en 1612, con cuyo carácter fue diputado del Reino
de Aragón en 1620, y luego fue elegido Obispo de Barbastro y tomó posesión en
19 de Noviembre de 1622, en que fue trasladado a la Silla de Teruel, habiendo
renunciado antes los Obispados de Orihuela, Lérida y Mallorca: en 18 de Agosto
de 1635 y después de gobernar su Obispado por espacio de diez años, fue
promovido a la Metropolitana de Zaragoza de la que tomó posesión en 1.º de
Marzo de 1635: en todos los Obispados manifestó el caudal de su doctrina, su
celo en la reforma de costumbres, e hizo brillar su paciencia en algunas
persecuciones que padeció; su humildad se insinuaba en su trato que se llevaba
tras de sí el respeto y la admiración de las gentes; en sus frecuentes visitas
diocesanas dejó decretos muy edificantes y empleó sus rentas en el socorro de
los pobres; cincuenta de estos asistieron en Teruel a su mesa el día y octava
de su cumple-años el primer año de su Obispado en la misma ciudad: dejó
fundaciones piadosas en la Iglesia de su patria; renovó la capilla de N.ª S.ª
de la Blanca en la Metropolitana del Salvador de Zaragoza; dotó las cátedras de
Filosofía y Teología en su Universidad; dio a conocer su literatura en los dos
tomos que escribió con el título de Mensa Eucharistica paraneticis
excursionibus illustrata, y en otras diferentes obras y sermones que se
hallan impresos: su oratoria sagrada es digna de compararse con la de los
Santos Padres de la Iglesia y sus sermones eran tan frecuentes que en ocasión
de haber enfermado de gravedad en Teruel el orador cuaresmero, predicó él en
días alternados, llamando tanto la atención que la Catedral el día de sermon
llenábase de oyentes de la población y de fuera, que se disputaban la entrada
por colocarse donde poder oírle mejor: otra vez en la Iglesia del Hospital de
Zaragoza faltó también el orador de cuaresma a consecuencia de haber tenido que
salir de la ciudad por muerte de su madre y una hermana; con este motivo el
ilustrado paisano y Obispo de que hablamos, predicó todos los días con el mayor
fruto, siendo la admiración de todos los zaragozanos, quienes le regalaron un
precioso terno: también los teruelanos le hicieron regalo de un anillo de
muchísimo valor, pero él pidió permiso para venderlo y su producto fue
repartido entre los mendigos, quienes le dieron el honroso dictado de El
Obispo de los pobres. Desempeñó su ministerio apostólico con gloria
inmortal, y murió en olor de santidad en Zaragoza en 25 de Junio de 1643: fue
depositado su cadáver en dicha capilla del Salvador y al año siguiente
trasladado a la Iglesia de Moyuela.
8. D. Juan Cebrian, natural de Perales, pueblo de la
provincia de Teruel; su familia noble es conocida con el título del Condado de
Fuenclara: entró religioso mercenario en el convento del Olivar donde profesó
solemnemente y cultivó su talento en los estudios literarios, logrando todos
los grados del Orden hasta el Magisterio general de la misma electo en Toledo
en 1617. Noticiosa la Córte de sus virtudes y saber, el rey D. Felipe IV, le
nombró Obispo de Albarracin, cuya Iglesia gobernó desde 1632 hasta el 12 de
Febrero de 1635, que fue promovido a la silla episcopal de Teruel, de la que
tomó posesión en 31 de Agosto del mismo año, y la gobernó hasta el 21 de Junio
de 1644, que fue nombrado Arzobispo de Zaragoza: la presencia del rey, y las
públicas aclamaciones de la nobleza, el clero y el pueblo, hicieron solemnísima
su entrada en aquella ciudad, acompañándole desde su convento de San Lázaro
hasta la Iglesia. El Rey le nombró de su Consejo de Estado Embajador y para
acompañar a la reina D.ª Mariana de Austria que venía a casarse con el rey.
Desempeñó la comisión de conducir el cadáver del Príncipe D. Baltasar al
sepulcro del Escorial, con la mayor magnificencia. El mismo Rey le dio el
nombramiento de Capitán general de Aragón. Sus virtudes pastorales fueron de
acuerdo con su política y se vio su caridad en el socorro de los enfermos en la
peste del año 1651, y sus limosnas con los pobres fueron estraordinarias: como
obras debidas a su piedad citaremos la renovación de su convento del Olivar, la
fundación del Colegio de San Pedro Nolasco para los estudios de los religiosos
de la provincia, y el convento de Capuchinas de Zaragoza débele toda su
perfección: casi en vísperas de perder para siempre la salud, marchó a
Juslibol, pueblo cercano a Zaragoza y construyó de su bolsillo varias casas
sobre cuyas puertas se lee el nombre de su fundador: murió en el mismo pueblo
el día 27 de Diciembre de 1662, dejando dispuesto que su corazón se llevase a
su Iglesia de Perales y su cadáver fuera enterrado en la Iglesia de las Capuchinas.
9. D. Domingo Abad y Huerta, natural de Cubél, provincia de
Zaragoza; fue inquisidor de Barcelona donde sufrió mucho por su fidelidad en
los días de las turbaciones de aquel Principado, pero el Rey Felipe IV le
premió nombrándole Obispo de Teruel, de que tomó posesión en 19 de Setiembre de
1644: los breves días de su pontificado privaron a esta Iglesia de las
esperanzas que concibió en los ensayos de su celo por la paz y felicidad de los
teruelanos: murió al año y medio de su residencia en 16 de Mayo de 1646: su
cuerpo fue enterrado al lado derecho del Presbiterio de la Catedral, quedó
heredera y enriquecida con sus preciosos pontificales.
10. D. Diego de Chueca, hijo de Calcena, villa de la
diócesis de Zaragoza, en cuya ciudad hizo su carrera literaria, obtuvo el grado
de Teología, desempeñó cátedra de la facultad y consiguió la Canongía Magistral
de la Iglesia metropolitana donde frecuentemente predicó la palabra divina con
mucho fruto y edificación: el Rey Felipe IV le nombró Obispo de Barbastro y
luego de Teruel, donde tomó posesión en 5 de Setiembre de 1647, verificando su
entrada en la ciudad el día 29 del próximo mes: celebró Sínodo diocesano en
1657 y en él se arreglaron todas las cosas pertenecientes al buen gobierno de
la Catedral, de las parroquias de la ciudad y las de las aldeas, tanto en sus
rentas como en sus funciones eclesiásticas. De acuerdo con el Cabildo procuró
la dotación competente de la renta de la fábrica de la Iglesia Catedral y
contribuyó para ello anualmente con sumas considerables de sus rentas, gastando
también en equipar de ornamentos la sacristía mayor. En sus días se hizo la
fundación del convento de Monjas descalzas de Santa Teresa, en cuya fábrica
gastó mas de 40,000 escudos, y al regreso de su primera diputación del Reino se
trajo de Zaragoza, en 1660, las Madres fundadoras que salieron del convento de
aquella ciudad, conocido con el nombre de su fundador Diego Fecét, con el
vulgar de las Fecetas, debiéndose a su piedad este virtuoso establecimiento,
que desde entonces ha estado sujeto a la jurisdicción de los Obispos: murió en
Zaragoza el 18 de Junio de 1672.
11. D. Diego Antonio Francés, hijo de Zaragoza, estudió
jurisprudencia en su Universidad, fue Arcipreste de Daroca, dignidad de la
Iglesia metropolitana, luego Obispo de Barbastro y después de Teruel: tomó
posesión en 18 de Mayo de 1673, y en 22 de Junio siguiente pasó a Tarazona.
12. D. Andrés Aznar, natural de Zaragoza, religioso
agustino, Obispo de Jaca, y luego de Teruel, del que tomó posesión en 17 de
Julio de 1674, y haciendo la visita de la diócesis murió en Bueña en 5 de Mayo
de 1682.
13. D. Gerónimo Zolivera, nació en Barbastro, electo Obispo
de Teruel, tomó posesión en 20 de Abril de 1683, fue a Zaragoza diputado del
Reino en 1685: en sus días se reedificó la nave mayor de la Catedral de Teruel,
a él se debe la capilla que hay frente a la nave izquierda dedicada a María
Santísima, enriqueció la sacristía con varias alhajas, y a sus espensas hízose
un magnífico aparato fúnebre con terno, cubierta de tumba y blandones para los
Oficios de Difuntos; perfeccionó la obra de la casa Episcopal, formando una
portada de buen orden de arquitectura en donde se ve el escudo de sus armas,
todo de piedra: en sus días edificáronse también los graneros de Camarillas y
la Puebla para la recolección de los frutos de la Mensa episcopal: murió en 28
de Marzo de 1700, y su corazón fue depositado en su capilla, llamada
vulgarmente el Diario.
14. D. Manuel Lamberto Lopez, natural de Zaragoza, de
familia nobilísima, conocido con el título del Marqués del Risco, que heredó su
hermano D. Juan Luis Lopez, Regente del Supremo Consejo de Aragón: estudió
Jurisprudencia en aquella Universidad, fue Catedrático de Cánones, Dignidad de
Chantre de la metropolitana, e inquisidor del santo oficio en Zaragoza y
Valencia. Felipe V, le nombró Obispo de Teruel; tomó posesión en 4 de Junio de
1701; hizo muchas limosnas, y costeó el retablo mayor de la Iglesia de San
Martín, el de las Monjas descalzas de Teruel, y el de las Agustinas de
Rubielos: murió en su cuarto habitación repentinamente al llegar de paseo el
día 1.º de Abril de 1717: su pérdida fue llorada universalmente y fue enterrado
con gran pompa en la Catedral.
15. D. Felipe Analso de Miranda Ponce de Leon, natural de la
villa de Grado en el Principado de Asturias, de la familia del Marqués de
Valdecarza: estudió Jurisprudencia y Cánones en Salamanca, se hizo Bachiller en
Cánones en la Universidad de Oviedo, y después Obispo de Teruel,[14] habiendo tomado posesión en 8 de Noviembre de
1720; en los primeros años de su Pontificado trató de construir un Seminario
conforme al Santo Concilio Tridentino y no siéndole posible por las
dificultades que se presentaron, se contentó con fundar uno clerical, para
instrucción de los que se dedicaban al estado eclesiástico; y al efecto fue
construido el edificio en Villavieja; constantemente procuró con oportunas
providencias la mejor instrucción del clero; decoró todos los templos de
Teruel; contribuyó con sus caudales para la erección de una capilla dedicada a
San Francisco de Paula en la Iglesia de San Andrés; fue muy limosnero, y
consagró al Obispo de Albarracin Don Juan Navarro y Alonso: murió en 20 de
Agosto de 1731 y fue sepultado en la Iglesia de Santa Teresa.
Los Obispos de Teruel.
(Conclusión.)
16. D. Francisco Perez Prado y Cuesta, natural de Aranda de
Duero en el Reino de Leon, fue inquisidor de Córdoba y Sevilla, el Rey Felipe V
le nombró en 1732, Obispo de Teruel, de cuyo cargo tomó posesión en 7 de
Noviembre del mismo año. En casi los veintitres de su Pontificado, no hubo día
que dejara señalado con los rasgos mas brillantes de las virtudes propias del
Obispado, hallándose retratados en tan digno Prelado todos los caracteres
retratados en la carta del Apóstol a Timoteo; su espíritu verdaderamente
apostólico estuvo siempre solícito del bien de la Iglesia; desposado con la de
Teruel por su ordenación y consagración, nunca quiso dejarla, renunciando la
mitra de Jaén y de Palencia que le fueron ofrecidas, y solamente se vio
obligado a ansentarse de su silla, por la causa pública de la Religión y del
Estado, a la Córte de Madrid a donde Fernando VI le llamó, nombrándole
inquisidor general de las Españas y Comisario general de la Cruzada, sin
olvidar por esta separación la solicitud de su amada Iglesia de Teruel, como
los primeros años de su residencia en ella, tomando noticia exacta de todas las
necesidades públicas y particulares de su diócesis, aplicando los remedios
oportunos en todo lance y favoreciendo siempre todas las piadosas empresas que
animaba con sus facultades.
El Hospital general de Teruel débele toda su perfección en la obra de la
Iglesia, ensanche de las habitaciones, arreglo y aumento de sus rentas, en que
gastó 14,475 rs: todas las comunidades religiosas fueron participantes de sus
limosnas en que empleó mas de cien mil pesos: familias enteras le debieron su
subsistencia, entre ellas algunas de las mas distinguidas, cuyos gastos con las
cantidades repartidas en las limosnas diarias esceden de treinta y cuatro mil
pesos: en las Monjas de Santa Teresa costeó la obra de la enfermería y cerca;
en las de Rubielos la obra de escalera; en la Catedral de Teruel hizo la
Custodia de plata, fabricada en Córdoba, en la que gastó veintidos mil pesos;
ropas de la sacristía y varias alhajas de plata para el altar mayor fueron
regaladas por el mismo: la capilla de la Concepción detrás del claustro del
altar mayor le costó cuatro mil pesos; la dotación de su fiesta y octava mas de
cinco mil pesos: en el Capítulo general dotó igual solemnidad por otra segunda
octava: en varios templos de la ciudad y Obispado cuidó de erigir capillas en
honor de la Purísima Concepción, como en la de San Pedro que consagró: en la de
S. Miguel procuró colocar dicha imagen en el altar mayor cuyo retablo levantó a
sus espensas grabando allí sus armas, y contribuyendo a la fábrica con copiosas
limosnas hasta que vio concluida obra tan magnífica: en resumen, en gastos de
Iglesia empleó 7,666 pesos.
La fundación, dotación y construcción del colegio de los Jesuitas
ocuparon la atención del célebre Prelado de que hablamos, en los últimos años
de su Pontificado, y la dirección y política de aquellos P. P. consiguieron en
siete años ver levantada su fábrica y edificio con la mayor magnificencia,
empleando en dicha obra mas de ciento trece mil pesos, sin contar las pinturas
y alhajas que se colocaron después en la Iglesia y en el Oratorio, sagrados
lugares que justamente llaman la atención del viagero.
El mismo Sr. Obispo murió en Madrid el 10 de Julio de 1755, a la edad de
78 años, y fue depositado en la Iglesia del Colegio Imperial y trasladado a los
seis años de su fallecimiento a la del Colegio de Teruel, celebrándose sus
exequias el día 13 de Octubre de 1761, habiendo asistido todas las
corporaciones civiles y militares de la población y muchas comisiones de las
ciudades, villas y lugares de la provincia: su cuerpo fue colocado en un
magnífico sepulcro de mármol al lado derecho del Presbiterio.
17. D. Francisco Perez de Baroja, natural de Autól, diócesis
de Calahorra; siendo Canónigo Magistral de Valladolid fue presentado para
Obispo de Teruel, y que tomó posesión en 30 de Enero de 1756 y murió en 29 de
Marzo de 1757, siendo sepultado en el panteon de la Catedral.
18. D. Francisco José Rodriguez Chico, natural de la Nava
del Rey, villa del Reino de Castilla la vieja: estudió en Salamanca, fue
Canónigo en Leon, haciéndose notable ya por su asistencia diaria a los enfermos
pobres, entre quienes repartía todo lo que tenía: el Rey Fernando VI le nombró
Obispo de Teruel, de cuya silla tomó posesión en 27 de Noviembre de 1757, y al
cabo de los cuatro meses de su llegada, comenzó su visita con el fin de mejorar
el estado de sus Iglesias: la dotación de los curatos, la unión de beneficios
incongruos, los planes de dotación de las raciones de los templos de la ciudad
y la buena administración de sus rentas, sus desvelos por el buen gobierno del
Hospital general, la economía de su vida para dar de comer a un crecido número
de pobres en unos años estériles, su celo en procurar la instrucción de los
eclesiásticos y del pueblo de todo su Obispado; son un testimonio de su
pastoral solicitud. Pero en donde trabajó con el mayor esmero fue en los tres
establecimientos debidos a su ilustración y caridad: fue el primero, la Casa para
la enseñanza de las niñas, cuya obra hizo a sus espensas, aseguró la dotación y
proveyó de maestras útiles para la instrucción de las educandas en toda labor
de mano, y en las letras y catecismo: el segundo fue el de la Biblioteca
pública dentro de la misma casa episcopal, enriquecida con abundantes
libros para la instrucción de los amantes de la sabiduría, proveyéndola de un
Bibliotecario dotado suficientemente con una pensión de trescientos ducados
sobre la Mitra: fue el establecimiento tercero, el Seminario Conciliar,
establecido en el Colegio de Jesuitas bajo el Real patronato y soberana
protección del monarca D. Cárlos III, y sus sucesores, bajo la advocación de la
Concepción de María Santísima y Santo Toribio de Mogrovejo, como todo se halla
espreso en el decreto de erección, constituciones, dotación, gobierno y
enseñanza, dado en su Palacio episcopal de Teruel a 10 de Setiembre de 1776:
son bien notorios los felices frutos que goza la ciudad y obispado con este
santo y útil establecimiento debido al celo constante y prudente de su Illmo.
Fundador, que murió en 12 de Marzo de 1780, siendo sepultado en el panteon de
la Catedral.
19. D. Roque Martín Merino, natural de Fuentes de Don
Bernardo en Castilla la vieja, provincia de Palencia: fue beneficiado de la
Iglesia de su pueblo, Canónigo lectoral de Coria, hizo oposiciones en Burgos,
Zamora, Salamanca y Santiago, y a pesar de su vasta erudición y admirable
elocuencia, sufrió los reveses de la ingratitud con ánimo sereno: el Rey D.
Cárlos III, le nombró capellán mayor de la Iglesia primada de Toledo, y
desempeñando este alto cargo se dio a conocer en varias obras que escribió y en
otras que corrigió, entre estas el breviario mozárabe conforme al rito gótico:
el mismo monarca le elevó al obispado de Teruel: apenas tomó posesión, giró una
visita por las Iglesias de su diócesis, examinó a casi todos los eclesiásticos
y a cada uno colocó en el lugar que le correspondía, administró muchas veces la
confirmación en la Iglesia de la Merced (en el arrabal de Teruel), y la arregló
hasta igualarla con las de la ciudad; se llevó y mantuvo en el palacio a todos
los religiosos del convento de San Francisco, cuando este fue inundado por
haber salido de madre los ríos Guadalaviar, Turia y Alfambra, y cubierto las
aguas toda la vega, ocasionando este desbordamiento desgracias personales y
pérdidas de gran consideración; no pudo llevar a cabo su pensamiento de renovar
el estilo arquitectónico y ensanchar la Catedral, dio cuatro mil pesos para la
fábrica, parte de los cuales empleó después el Cabildo en blanquearla y
enriquecer la Sacristía con preciosos pontificales; el ilustrado Obispo que nos
ocupa, murió en 6 de Noviembre de 1794, siendo enterrado en el panteon.
20. D. Félix Chico, hijo de Castalla en el reino de
Valencia, en cuya Universidad estudió Teología y Cánones. Fue Abogado de los
Reales Consejos, beneficiado de la parroquia de San Andrés, Arcediano de la
Iglesia de Santa María del Mar en Barcelona, Canónigo Doctoral de la
metropolitana de Valencia, Censor de la Real Sociedad de Amigos del País, y
Caballero gran Cruz de la Real y distinguida orden de Cárlos III: el Rey Don
Cárlos IV le nombró Obispo de Teruel y tomó posesión en 10 de Julio de 1795,
distinguiéndose desde luego por su celo en colocar a todo su Obispado al nivel
de los mas notables de España, y la obra grande de su piedad que hará eterna su
memoria en Teruel y su provincia fue, la fundación de la Casa-Hospicio
de Misericordia; en ella agotó toda la actividad y desvelos de su celo,
trazó los planos un sabio arquitecto de la Academia de Zaragoza, conforme al
magnífico diseño de la Casa de la capital y procurando competir con esta en la
magnificencia: el Monarca, el Obispo, el Clero, el Ayuntamiento y el Pueblo,
todos contribuyeron a dar cima a la obra, cuya primera piedra colocó y bendijo
el Señor Rico, el cual después no pasaba día por malo que fuese que no hiciera
su visita al sitio donde tan benéfica casa se edificaba. Murió en 31 de Mayo de
1799, y se le hizo el entierro el 4 de Junio siguiente, al que asistió todo el
pueblo y cuantas niñas y niños había en la Misericordia.
21. D. Francisco Javier Lizana, nació en Arnedo, Obispado de
Calahorra, estudió gramática y filosofía con los jesuitas de Calatayud,
jurisprudencia civil y canónica en la antigua Universidad de Oñate y en la no
menos antigua de Zaragoza[15] donde recibió los grados de Licenciado y de
Doctor y el claustro le nombró Presidente de la numerosísima Academia de dicha
facultad: fue Doctoral de Sigüenza, Penitenciario de Zamora, Gobernador de esta
Mitra, Obispo Auxiliar del Arzobispado de Toledo, y después por nombramiento
del Rey D. Cárlos IV, Obispo de Teruel en cuya ciudad hizo su entrada el cuatro
de Diciembre de 1799; el mismo día, esplicó su celo por el decoro del Templo y
dio orden de hacer colgaduras de terciopelo carmesí y galones de oro para el
Presbiterio y de damasco para las columnas, colocándose todo a sus espensas: al
día siguiente manifestó su misericordia y beneficencia, llevando la primera
atención de sus visitas los pobres enfermos y encarcelados a quienes socorrió
con largueza y con saludables exhortaciones que repetía casi todas las semanas,
atrayendo con su ejemplo a muchos de los sacerdotes que le ayudaban en estas
laudables tareas: manifestó mucho celo por las Iglesias de su Obispado, formó
una Congregación de ministros del Señor para predicar al pueblo en la Iglesia
del Seminario y sus oficinas fueron notables por la diligencia y acierto con
que eran despachados cuantos asuntos afluían a ellas: en 1802 fue promovido al
Arzobispado de Méjico, sintiéndose mucho en la provincia la ausencia de tan
ilustrado y laborioso Prelado.
22. D. Blas Joaquin Alvarez de Palma, nació en Jerez de la
Frontera, Arzobispado de Sevilla, fue presbítero confesor y predicador en
varias diócesis, hízose licenciado en Teología en la Universidad de Granada, y
siendo Obispo de Albarracin fue trasladado al de Teruel en 1802, tomó posesión
en 24 de Febrero de 1803, y en 19 de Diciembre de 1814 fue promovido al
Arzobispado de Granada.
23. D. Felipe Montoya y Diez, natural de Griota, Obispado de
Palencia: siendo Lectoral de Plasencia, fue electo para la Silla de Teruel en
22 de Julio de 1815, tomó posesión en 28 de Setiembre del mismo año, y murió en
Valencia el 12 de Marzo de 1825.
24. D. Jacinto Rodriguez Rico, natural de Villamayor,
diócesis de Leon: siendo Dean de Zamora fue nombrado Obispo de Teruel: tomó
posesión en 20 de Marzo de 1826, y fue trasladado a Cuenca en Junio de 1827.
25. D. Diego Martínez Carlón y Teruel, hijo de Lorca,
diócesis de Cartagena: era Chantre de Almería, cuando fue electo Obispo de
Teruel, y preconizado en Roma en 25 de Junio de 1827: tomó posesión en 8 de
Octubre del mismo año, y fue trasladado a Jaén en 23 de Febrero de 1832.
26. D. José Asensio de Ocón y Toledo, natural de Albarracin,
de la misma diócesis: siendo Obispo de Palencia fue trasladado a la silla de
Teruel, en 24 de Febrero de 1832, tomó posesión en 13 de Junio del mismo año, y
murió en 2 de Diciembre de 1833.
27. D. Antonio Lao y Cuevas; nació en Tiñana, villa de la
diócesis de Guadix; era Abad mayor de la Colegiata del Salvador de Granada, fue
nombrado Obispo de Teruel en 16 de Agosto de 1847, tomó posesión en 17 de
Diciembre del propio año y trasladado a Guadix en 1849.
28. D. Jaime Solér y Roquér, natural de San Juan de las
Abadesas en Cataluña, fue Canónigo Magistral de la Catedral de Vich, y nombrado
Obispo de Teruel en 21 de Julio de 1847, tomó posesión en 7 de Octubre de 1850,
y murió en Segorbe el 21 de Marzo de 1851.
29. D. Francisco Landeira y Sevilla, hijo de Ribeira de
Santa Eugenia, pueblo de Galicia; fue Catedrático de Teología en la Universidad
de Madrid, y electo Obispo de Teruel, entró en esta ciudad en la tarde del 7 de
Diciembre de 1852:—Dos o tres días habían trascurrido desde esta entrada,
cuando supo que desde la guerra civil el Seminario se hallaba ocupado
militarmente y la Iglesia convertida en depósito de armas y proyectiles:
enseguida empezó sus gestiones para que estos efectos desapareciesen de allí y una
vez conseguido, hizo mejoras en el Seminario, volvió a su Iglesia las imágenes
que se hallaban distribuidas en los templos de la ciudad, se llevó
procesionalmente la imagen de la Virgen de los Dolores, y con motivo de la
bendición de la Iglesia se celebró una fiesta solemnísima como pocas veces se
ha visto en Teruel, y jamás los vecinos de esta capital han contemplado la
misma Iglesia tan ricamente engalanada y con tanta profusión alumbrada. Este
Obispo fue uno de los mas queridos de los teruelanos, y de los pueblos de la
provincia, ya por su celo en el buen gobierno de sus diocesanos, ya por sus
reconocidas virtudes, ya por su vasta erudición, ya por la afabilidad de su
trato, ya, en fin, porque estendido el cólera en la capital y pueblos de su
diócesis, fue el consuelo de los enfermos pobres atacados de aquella epidemia,
entrando en sus casas, acompañándoles muchos ratos y llegando su anhelo por
socorrer sus necesidades hasta el punto de vender su coche y las mulas, cuyo
producto en dinero lo distribuyó enseguida entre los enfermos mas pobres.
¡Nunca olvidará la provincia de Teruel el nombre de tan buen Obispo! ¡No era de
estrañar que fuese tan sentida su traslación a Murcia en el año 1862!
30. D. Francisco de Paula Gimenez y Muñoz, nació en 8 de
Abril de 1807 en Bliecos, pueblecillo de la provincia de Soria, diócesis de
Osma: estudió en el Seminario Conciliar del Burgo de Osma, recibió el grado de
Bachiller en Teología en la Universidad de Zaragoza y los de Licenciado y
Doctor en la misma facultad en la de Valladolid; hizo oposiciones a la Lectoral
de Osma, y a las Penitenciarías de Sigüenza, Avila y Segovia: obtuvo por
oposición la Magistral de Salamanca, de cuyo Seminario fue Catedrático: presentado
para la Silla de Teruel en 25 de Setiembre de 1861, preconizado en Roma en 23
de Diciembre del mismo año, y consagrado en Salamanca en 27 de Abril de 1862,
entró en Teruel el día 3 de Junio de 1862. Este Obispo, Caballero gran Cruz de
Isabel la Católica y Socio correspondiente de las Academias Española y de la
Historia, visitó con celo verdaderamente apostólico toda la diócesis,
administrando el santo Sacramento de la Confirmación hasta en los pueblos mas
pequeños, y dirigiendo en todos ellos su paternal y cariñosa voz a los fieles:
reedificó la escuela de la enseñanza y reconstruyó el ex-convento de Capuchinos
en las inmediaciones de Teruel, para establecer en él como estableció una casa
de misión y corrección[16]. Escribió y publicó varios artículos en la Revista
Católica, Pastorales y discursos llenos de erudición, entre ellos el que
pronunció en Madrid por encargo de la Academia Española, en el aniversario de
Cervantes, año 1864. Después de una larga y penosa enfermedad que sufrió con
edificante conformidad y resignación, falleció el día 3 de Junio de 1869.
Hijos notables de Teruel.
Mucho podríamos estendernos en este Capítulo, pero atendiendo a los
límites que nos hemos señalado, y reservándonos ocasión para tratar de este
asunto, en otro o en otros volúmenes; vamos a dar noticia de algunos turolenses
que se han distinguido en las ciencias, artes y letras.
D. JUAN ANTONIO MUÑOZ, dominico, notable por su ilustración y por sus
buenas dotes oratorias; hizo traducir del griego vulgar en idioma
aragonés, las Vidas de Plutarco.
D. JUAN CEBRIAN, Maestro en Teología, Canónigo de la Santa Iglesia
metropolitana de Zaragoza, después de la mitad del siglo XV; fue muy erudito y
virtuoso, escribió algunas observaciones y notas eclesiásticas y
una Memoria geológica sobre los alrededores de Teruel.
FR. PEDRO GARCÉS DE MARCILLA, octavo Obispo de Albarracin, hombre de
muchísimo carácter y de un talento poco común, hizo varias mejoras en las
Iglesias de aquella ciudad, especialmente en la Catedral; dejó escritos Varios
tratados y papeles relativos a la Unión de las Iglesias de Albarracin y Segorbe
y forma canónica de su establecimiento.
D. ANTONIO SANCHEZ MUÑOZ, oriundo de la antigua y noble familia de este
apellido, y de la línea de Don Pascual Muñoz, ilustre ciudadano de Teruel, del
que trata el Rey D. Jaime I de Aragón en su Historia, alabándole por su
industria y bienes con que le sirvió en la conquista de Valencia: el de que
ahora hablamos, estudió en la Universidad de Salamanca, fue Doctor en Cánones,
Catedrático de esta facultad, Obispo de Albarracin y Segorbe, asistió al
Concilio general de Leon que celebró el Papa Gregorio X en el año 1274, y
escribió una docta Defensa y Memoria sobre las pretensiones de los
Arzobispos de Toledo y Tarragona para enclavar en su diócesis la Iglesia de
Albarracin.
GIL SANCHEZ MUÑOZ: Aislado vivía en Peñiscola D. Pedro Martínez de
Lunas, que años atrás había sido elegido Papa, con el nombre de Benedicto XIII;
y aunque el Concilio de Constanza lo declaró cismático, escomulgado y anti-papa
el 26 de Junio de 1417, y el rey de Aragón D. Fernando I le negó la obediencia,
siguió inalterable en su propósito hasta el último instante de su vida,
haciendo jurar a los cardenales que tenía a su lado que le nombrarían sucesor.
Así lo cumplieron, eligiendo a D. Gil Sanchez Muñoz, natural de la ciudad de
Teruel, canónigo de Barcelona y muy afecto a la causa de Benedicto: decidiose
Sanchez Muñoz a admitir el cargo por las vivas instancias de Alonso V de
Aragón, que por motivos políticos y personales, quería valerse de él en contra
de ilegítimo pontífice Martíno V. Esto sucedía en 1429, pero en 1434, hizo
renuncia Gil Muñoz de la tiara dejando el nombre de Clemente VIII que había
tomado, y contentándose con el obispado de Mallorca con que le agració el
verdadero pontífice, terminando así aquel gran cisma que había durado cincuenta
años. En otro lugar volveremos a hablar de este Obispo, debiendo añadir ahora
que en el archivo de Teruel se guarda la carta que escribió a los teruelanos,
participándoles su renuncia del pontificado, en obsequio de la paz de la
Iglesia.
FRANCÉS DE ARANDA. Nació también en Teruel en 1396, fue consejero de los
reyes de Aragón D. Juan I y D. Martín, y fue elegido para representar al reino
de Aragón en el Parlamento de Caspe: ya de edad madura, se retiró a la Cartuja
de Portaceli (Valencia), de donde no quiso salir a pesar de las reiteradas
instancias que se le hicieron para volver a su antigua privanza. Fundó la Santa
Limosna de Teruel para socorro de pobres vergonzantes, y dotación de doncellas
menesterosas, para cuyo objeto dejó las salinas de Armillas que le pertenecían,
redactando el mismo los Reglamentos para la buena
administración de su pio legado. Murió en Portaceli a la edad de 85 años en
1441.
D. GERÓNIMO RIPALDA: sabio jesuita que nació en 1536, y a la edad de
quince años entró en el instituto de San Ignacio de Loyola: gran parte de su
vida residió en Toledo, donde esplicó con lucimiento humanidades, filosofía y
teología, y donde murió en 1618 a la edad de 84 años, dejando escrito el Catecismo
y esposición breve de la doctrina cristiana, que aun sirve de texto en las
escuelas públicas, y del cual se han hecho innumerables ediciones en España y
en todas las naciones católicas de Europa, dejando también traducido el libro
de Kempis Contemptus Mundi, o sea la Imitación de Cristo.
D. JUAN YAGUE DE SALAS: Hijo y ciudadano de Teruel y secretario de su
Concejo; tuvo cierta popularidad en su época, y ha llegado su nombre hasta
nosotros por su poema titulado: Los Amantes de Teruel, impreso en
Valencia en 1616, obra de escasa valía como producción literaria, pero que no
carece de importancia bajo el punto de vista histórico, ya por las noticias que
contiene sobre la historia antigua de Aragón, historia la mas notable de los
antiguos reinos de España; ya por reunir las tradiciones que se conservaban en
su tiempo sobre el patético episodio de los Amantes.
D. JUAN MARTINEZ SALAFRANCA: Nació en la misma ciudad el 9 de Mayo de
1677, en cuya parroquial de San Pedro fue bautizado: siguió la carrera
eclesiástica, y aunque pudo alcanzar altas dignidades en la iglesia, nunca
quiso salir de su modesta posición de presbítero. Residió muchos años en
Madrid, consagrado al egercicio de su ministerio y a estudios históricos y
literarios. En 1737 se asoció con D. Francisco Manuel Huerta y con D. Leopoldo
Gerónimo Puig, para la publicación del Diario de los literatos, el
primer periódico que se publicó en España: fue esta publicación de crítica
literaria, y sus redactores no carecían de la ilustración, entereza y criterio
que requieren esta clase de trabajos; pero ya fuese por la oposición de
escritores coetáneos, ya consistiera en que la nación no estaba todavía en
estado de apreciar la delicadeza de su crítica, ello es que no vivió el Diario,
mas que un año y nueve meses, en cuyo tiempo se publicaron siete tomos en
octavo. Salafranca reunía dotes de escritor de primer orden, pues además de
estar muy versado en los idiomas del latín, griego, hebreo, francés e italiano,
era grandísima su erudición en ciencias eclesiásticas, historia y bellas artes,
y su estilo puro, correcto y de una sencillez elegante: fue académico cofundador
de la Academia de la Historia: escribió muchas obras, entre las cuales solo
citaremos las siguientes: Memorias eruditas para la crítica de artes y
ciencias: se publicaron dos tomos y dejó manuscritos el tercero y cuarto.—Gramática
italiana, castellana, latina, hebrea y griega.—Población de Teruel y
noticias sacadas de los antiguos anales de esta ciudad que se conservan en su
Archivo.—Advertencias pertenecientes a la ciudad de Teruel y sus jueces.—Método
de estudios.—Reyes que han visitado la ciudad de Teruel.
SEGUNDA PARTE.
Situación de la moderna ciudad de Teruel.—Sus barrios.—El escuche del
Molino nuevo.—Los ríos, puentes, vega, ermitas y demás alrededores de Teruel.
Asentada sobre una meseta o altura de bastante consideración en la
carretera de Zaragoza a Valencia y a la izquierda del río Turia, se halla
la Ciudad de Teruel, capital de la provincia del mismo nombre,
cuyos viejos muros, en parte desmoronados, atestiguan su respetable antigüedad.
Cual centinelas que la guardan, tiene a su rededor los ocho barrios
siguientes: 1.º el de San Julian, así llamado por una antigua
ermita de su nombre, denominada hoy de San Antonio Abad, en cuyo día celébrase
allí una fiesta al fin de la cual, los labradores con sus bien enjaezadas
caballerías dan carreras por el camino de Valencia que atraviesa el barrio. 2.º
el de las Ollerías, porque en él están las alfarerías que proveen a
Teruel, y a muchos pueblos de la provincia y de fuera, de cántaros, ollas,
jarros, baldosas, ladrillos y demás objetos de tierra cocida, tierra que con
abundancia le proporcionan los cerros vecinos. 3.º el del Arrabal,
próximo al anterior y a la parte alta de la ciudad. 4.º el de las Estaciones,
nombre que recibe de las cruces y escenas de la Pasión que se hallan hechas en
baldosa sobre pedestales de ladrillo en el camino del cementerio[17] 5.º el de las Cuevas, denominado
así a causa de las que había en la antigüedad habitadas por los moros, y
convertidas hoy en casas de mediano aspecto, habiendo alguna que otra cueva que
revela bien lo que fue especialmente la marcada con el número 114, que se
encuentra a la derecha del camino que desde el molino viejo conduce a
Capuchinos por detrás de la casa de Beneficencia. 6.º el del Cármen,
que comprende las casas de campo que hay desde la cárcel pública hasta algo mas
allá de la ermita de aquel título, sita en la carretera de Zaragoza. 7.º el
de San Francisco, así llamado del ex-convento de este nombre. Y 8.º
el barrio de la Florida; sin duda denominado de este modo por
formarle las casas que se encuentran en la vega, desde el paseo del Obalo hasta
el Molino nuevo; frente al cual, en la ribera izquierda del río, y
subiendo a una pequeña altura dejando a la izquierda la torre o casa de campo
del Sr. Arcipreste Don Martín Sanchez, está el llamado por muchos, Escuche
del Molino nuevo, porque efectivamente, levantando allí algo la voz,
vuelven a oírse con muchísima claridad las palabras pronunciadas, como si otra
voz las repitiese en el sitio de enfrente por donde pasa la carretera de
Cuenca, entre cuyos dos puntos hay una distancia bastante regular.
Al hablar de los ríos debemos citar el Guadalaviar, o
Guadi-Albiar, el Alfambra o Alhambra, tierra roja
y el Turia: el primero, que significa río blanco, lleva sus aguas
con aquel nombre hasta mezclarlas con las del segundo, y desde esta unión
siguen las aguas por toda la vega, formando el río Turia. Antes de
llegar a San Blas, pueblecito distante una hora de Teruel, hay un puente de
piedra sobre el río Guadalaviar, y antes de encontrarse con el Alfambra, se ve
una acequia cuyo alcantarillado no queda duda que fue obra de arquitectura
árabe: sobre el Alfambra, hay un puente de piedra, llamado del Cubo, que da
paso a la carretera de Zaragoza, cerca del cual se construye ahora una
ferrería: sobre el río Turia se encuentra, siguiendo la corriente un hermoso y
sólido puente de hierro, obra que data del año 1867, sirviendo de paso a la
carretera de Cuenca, y mas abajo hay otro llamado de Tablas: también debajo de
los Arcos hay otro puente de madera denominado de la Reina, por el que pasa la
carretera de Alcañiz.
Los ríos citados riegan la vega de Teruel, vega pequeña pero muy bien
trabajada: los campos, huertos y viñas que se hallan al rededor de la ciudad,
presentan en determinadas épocas del año un alegre panorama.
Además de la Iglesia-ermita del ex-convento de Capuchinos, donde estuvo
la antigua ciudad y donde además de un batán hay varias casas y una buena
fábrica de bayetas que hoy está cerrada; se encuentra en la carretera de
Zaragoza la ermita de Ntra. Sra. del Cármen, y en el barrio de San Julian la de
San Antonio Abad; antiguamente junto al portal de Valencia había un pequeño
cerro en cuya cumbre se elevaba una bonita ermita llamada de San
Redentor, a la que el día de Santa Cruz de Mayo iba el clero de la Catedral
y después de bendecir desde allí los términos, se celebraba con este motivo una
fiesta muy solemne: en la carretera de Alcañiz y a la vista todavía de Teruel,
se ve el llano de San Cristóbal, donde antes estuvo el Fonsal o
cementerio de los judíos[18]: se llama de S. Cristóbal, porque había una ermita
dedicada a este Santo, en cuyo día los teruelanos iban a ella en animada
romería y se corría ensogado y embolado un toro llamado El Toro de la
Ciudad, que llevaba una estrellita en el testuz y una mantilla con toretes
y estrellas bordados.
Los alrededores de Teruel dan a entender claramente al observador, que
allá en tiempos estuvo todo cubierto por las aguas de un gran lago, pues aparte
de otras pruebas, encuéntranse multitud de impresiones de yerbas, peces,
caracolillos etc. etc.: en cuanto a lo demás por allí se encuentra tierra
arcillosa, por allá canteras de piedra, por acullá depósitos de piedra de yeso,
y por do quiera vetas de turba, de donde tal vez algunos dieran
este nombre a Teruel, cuyos contornos así como casi todo el terreno de la
provincia, encierra en sus entrañas riquezas inmensas, del reino mineral, que
sin lugar a duda hacen en esto a la provincia de Teruel la mas rica de
todas las de España. ¡Sensible es que no se esplote mas! ¡Lástima que el
proyectado ramal de ferro-carril de Calatayud a Teruel, no se lleve a cabo,
para facilitar esa esplotación y animar la vida de la capital y de sus pueblos!
Aspecto esterior e interior de Teruel.—La puerta de San Salvador.—La de
la Anda-quilla.—La de la Traición.—El auto de fe.—El Acueducto de Teruel.
Vista por fuera la ciudad de Teruel admira por su posición soberbia y
por la magestad de sus altas y moriscas torres coronadas de
caprichosos arabescos y levantadas sobre arcos que por su pie abren paso a la
calle con pintoresca osadía.
No tan bella parece la ciudad en su interior, antes bien produce una
impresión algo desagradable lo empinado de sus cuestas, lo tortuoso de muchas
lóbregas calles, y el mezquino y ruinoso aspecto de sus edificios, entre los
cuales descuellan por su solidez y grandes proporciones, ya que no por su
artística belleza, la casa de la Comunidad y el Seminario, edificios situados
el primero en la antigua plaza de la Marquesa, ahora de la Libertad, y el
segundo en la plaza de su nombre dando ya fuera de la ciudad.
La distribución interior de las casas, es antigua y de poco gusto,
ofreciendo por lo general en su esterior un aspecto poco ventajoso y sin ningún
orden arquitectónico: en los últimos años, sin embargo, se han mejorado y cada
día se mejoran mas algunos edificios, y se construyen o se reedifican otros,
según el gusto moderno.
No se busque en Teruel, ni tampoco en su provincia, los nuevos adelantos
de la industria y del comercio, ni los goces refinados de la civilización
moderna: pero bastante pureza de costumbres, nobleza de carácter, franca
hospitalidad mezclada con alguna rudeza y pueblos esencialmente agrícolas, eso
si se encontrará.
De las siete puertas que antes daban entrada en Teruel, solo hoy están
en pie las tres siguientes:
1.ª La de San Salvador, nombre que recibe del templo y de la
calle a que da paso; es toda de piedra y de gran solidez y se cree fue
construida muy poco después de la fundación de la ciudad.
2.ª La de la Anda-quilla, hecha en la misma muralla, y cuyo
nombre, según algunos, procede de que cuando D. Diego Garcés de Marcilla,
llegaba a Teruel montado en una jaca la noche en que se cumplía el plazo de
espera dado por su amada D.ª Isabel de Segura, al entrar por aquella puerta oyó
la primera campanada de un reloj que daba las once y que D. Diego creyó las
doce, y entonces hincando la espuela a su cabalgadura para llegar a tiempo a la
casa de Isabel, dijo a su escudero: «Camacho perdidos somos» y a la jaca
«Anda, jaquilla,» palabra que corrompida hoy la pronuncia el pueblo «Anda-quilla.»
3.ª La puerta de la Traición,[19] situada junto al sitio que por la parte de la
ciudad empieza el acueducto: la traición conserva sin duda ese nombre, a causa
de haber penetrado por ella llevándolo todo a sangre y fuego, las tropas de D.
Pedro I de Castilla (el Cruel o el Justiciero), durante la guerra de los nueve
años: no faltó denuedo a los teruelanos para defender sus hogares: por espacio
de nueve años sostuvieron las embestidas de los ballesteros castellanos y no
les intimidaron la ruina y mortandad que producían las enormes piedras que
desde fuera lanzaban las bombardas. Rindiose Teruel, según dice el P.
Traggia, el día negro de Santa Cruz—1365—Miércoles al medio día por
tracto malo et falso.
Siguiendo la muralla en la parte mas alta del Tozal[20], se hallaba la puerta de Zaragoza,
porque antes empezaba desde ella el camino que conducía a dicha ciudad: entre
ambas puertas hay una pequeña planicie, en la cual el día 7 de Enero de 1486,
tuvo lugar un auto de fe: fueron allí quemados por heréticos o judaizados,
nueve vecinos de Teruel, siete hombres y dos mugeres: desplegose fúnebre e
inusitada pompa para el cruento espectáculo: escoltados por mucha gente armada
de a pie y de a caballo llevaron a los presos por la carretera de la cárcel,
desde las casas llamadas del Arzobispo, hasta la plaza llamada del Mercado, en
la cual habían erigidos dos cadalsos: subieron al uno el inquisidor y sus
ministros con trages negros; ocuparon el otro las víctimas con sambenitos
amarillos y mitras de color negro: después de una arenga que les dirigió el
inquisidor, leyose a cada uno su proceso y deposición de testimonios, y luego
llevados a la planicie mencionada, y en la era de Pero Pancha fueron quemados
en las grandes hogueras que al efecto se habían encendido.
He aquí los nombres de los condenados: Jaime Martínez Santangel, mayor;
Francisco Tristán, mayor; Francés de Puigmija; Diego de Toledo; Pero Pomar,
mayor, Jaime Pomar, su hermano; el notario Joan Sanchez De xarch (a) el Royo;
la muger de Ferrando Rám y la de Gil de Gonzalvo Roiz.
Algunos meses antes de este suceso, del que el cronista, testigo
presencial, dice con ingenua conmiseración, que era piedad ver una cosa tan
nueva en Teruel, algunos meses antes, decíamos, el 30 de Agosto de 1485, habían
sido también quemados en la plaza del Mercado, Berenguer Rám; Gonzalvo Royz,
mayor; su hijo Gil de Gil Royz, y Violante de Santangel, su muger. La mayor
parte pertenecían a las familias mas distinguidas de Teruel, especialmente la
de los Santangel, que era una de las mas poderosas y opulentas.
El Acueducto de Teruel, o los Arcos, como le
llaman comunmente, es uno de los monumentos mas notables por su construcción y
por el buen servicio que presta a la población: junto a la puerta de la
Traición se levantan los esbeltos arcos que le forman: en el año 1537[21], el insigne arquitecto Pierres Bedel empezó a
fabricar esta escelente obra que se hizo para conducir el agua de una fuente
que dista media legua de la ciudad para el abasto de esta: fue preciso taladrar
un monte de piedra picada, con el fin de que en dicho trecho reposase el agua;
coronando esta obra al remate de ella, para pasar un valle, con ocho arcos de
tanta altura y maravilloso primor, que se tiene por obra de las mas admirables
de España: tiene cada arco de concavidad noventa y cuatro palmos geométricos y
costó mas de cincuenta mil escudos.
En la parte del suelo del barranco hay dos grandes arcos, y encima de
estos hay seis, por cuya parte superior atraviesa el cauce del agua para surtir
las fuentes de la capital; el punto de donde arrancan los seis arcos sirve de
puente para pasar al camino y barrio de las Estaciones.
Dicho acueducto, pertenece a la clase de los aparentes, está
construido con grandes piedras sillares, la canal por donde va el agua está
revestida interiormente de un cimiento muy duro, los arcos están sostenidos por
seis pies derechos y sobre el punto de donde salen los pilares del segundo
orden, hay grandes almohadillados que contribuyen a hacer mas admirable el
acueducto y a dar mas solidez a la obra.
Dejando a la izquierda el barrio citado poco ha, encuéntrase otro arco
sólido pero de poco gusto que da paso al agua que vá por el acueducto descrito,
y siguiendo adelante, cerca ya del cementerio se halla una fuente de un caño
sobre del cual se lee: Desde este punto a la mina del Collado se varió
la cañería y se colocó de hierro:—año 1866.—Efectivamente desde este sitio
sigue la cañería, y pasan por debajo del Collado o cerro de Santa Bárbara, al
depósito de donde parten las aguas para recorrer todo el trayecto que desde el
acueducto hemos venido recorriendo.
Las Calles, las Plazas, las Fuentes y los Algibes de Teruel.
Las calles de Teruel son por lo general estrechas, tortuosas y
medianamente empedradas, pero muchas hay muy aseadas y algunas con
alcantarillas: para el sistema de las calles puede considerarse la ciudad
dibidida en dos partes; por la del Salvador que unida al Mercado y calle del
Tozal, corre de E. a O. formando una línea semicurva desde la puerta del
Salvador a la antigua de Zaragoza. En el lado izquierdo de esta línea hay
veintisiete calles; la mayor parte en línea recta y paralelas entre sí,
distribuidas con bastante regularidad, siendo las principales la del Seminario,
por que conduce a la plaza donde está este establecimiento: antes se llamaba
de Acuavera por vivir en ella una de las mas antiguas familias
de Teruel; la de los Amantes, porque allí habitaron estos y sus
familias; antes se llamó de Ricos-Hombres, por las familias nobles que en ella
vivían y en cuyas casas se ven todavía los escudos de armas: la de S.
Juan que conduce a la plaza de su nombre: la de los Mártires,
por haber vivido en ella los compatronos de Teruel, San Juan de Perusia y San
Pedro de Saxoferrato: la de Francés de Aranda, en memoria de este
ilustre y caritativo personaje; también se llamó esta calle la de la
Pescadería, porque antes era el único punto donde se vendía el pescado: la
de Santa María, así llamada porque conduce a la Catedral conocida
antiguamente por «Iglesia de Santa María de Media-Villa» a causa de que ocupaba
precisamente el centro de la villa de Teruel: en esta calle, al buscar tierra
firme para levantar el cimiento de la casa de Lagasca, se encontró a unos
treinta metros de profundidad un espacioso subterráneo sostenido por columnas
de piedra; la parte de un lado parecía baño árabe, y la del otro que se dirigía
hacia la plaza del Mercado, tenía a una distancia regular, cavidades largas a
manera de pesebres: se cree con fundamento ser todo esto obra de moros, y mas
si se fija la atención en una pequeña mezquita que hay casi debajo y delante de
la fuente de la plaza del Mercado, con la que tal vez se comunicaba el subterráneo
encontrado en la casa de Lagasca: todavía hay personas en Teruel que en tiempos
de la guerra estuvieron en dicha mezquita, ya casi desconocida.
Plazas, Fuentes y Algibes. Se
encuentran catorce plazas en Teruel, la Mayor o del Mercado,
cuya figura es un polígono, tiene quinientas treinta y siete varas cuadradas y
soportales en sus contornos bien pavimentados: en esta plaza se ven las
principales tiendas de comercio y fuera de los soportales el abundante mercado
de artículos de consumo de todas clases y diferentes puestos, que se
llaman paradas: Valencia, Sagunto y otros puntos surten a esta
población de cuanto se cría en aquellas fértiles huertas y de todo lo demás que
necesita: hubo un tiempo en que en la plaza de que tratamos se dieron corridas
de toros, a las que asistían muchísimos espectadores habiendo llegado a pagar a
media onza el asiento en uno de los espaciosos balcones que todavía existen: en
ella está también la antigua casa de Ayuntamiento, desde cuyo balconage
dirigieron la palabra al pueblo teruelano por diferentes veces, los que después
fueron mártires Fr. Juan y Fr. Pedro de Pisa, con el fin de calmar los ánimos,
pues a consecuencia de la trágica muerte de los Amantes, del dolor
y lástima pasaron las circunstancias a la ira, volviendo a recrudecerse los
bandos y parcialidades que dividían la población principalmente entre los
Muñozes, Garceses y Seguras, quienes hubieran acudido a las armas a no mediar
con su palabra aquellos venerables religiosos.
Casi en medio de dicha plaza hay una antigua fuente de construcción
irregular, que tiene cuatro caños de agua la que va a parar a un pilón tal cual
ancho: en el centro se eleva una columna, sin mérito alguno artístico y en su
parte superior hay un toro que le sirve de adorno: al pie próximamente de esta
fuente,[22] hay una piedra que cubre una angosta escalera
que da a un recinto fuerte y abovedado, parecido a una mezquita de la cual nos
hemos ocupado poco ha. Cerca de allí debajo del pavimento, hay tres algibes,
que, según un manuscrito conservado en la Academia de la Historia, Colección
del P. Traggia, tomo XIX,[23] los comenzó a obrar en el año 1375, el Sr.
Castellan de Amposta, et después día domingo a 30 días de Octubre, faciendo hi
una almoneda de D.ª Juana de Alcañiz, sumiose la cubierta del uno con
veinticuatro homes et cuatro mullieres, y no escapó mas de uno.
La plaza de la Marquesa, (ahora de la Libertad), es de
figura cuadrilátera de cuatrocientas veinte varas de superficie: está decorada
con las fachadas de la Comunidad y la de la Marquesa de la Cañada, con una
fuente pública en el lado del Oeste.
La de la Catedral, es un polígono de trescientas ochenta y
nueve varas de superficie con una fuente en el costado del Norte, y las
fachadas de las casas consistoriales y la Catedral. La de Santiago,
de figura cuadrilátera con sesenta y seis varas de superficie, y una fuente al
lado del Oeste. La del Seminario, figurando un polígono de
cuatrocientas treinta y seis varas, está decorada con el frontispicio del
Seminario conciliar de quien toma el nombre. La de San Miguel, de
forma cuadrilátera con setenta y dos varas de superficie. La del Paseador,
que tiene ochocientas veintitres. La de Bolanár, treinta y ocho. La
de San Andrés, cincuenta y siete con una fuente en medio. La
del Tremedal, de ciento treinta y cinco varas. La del Gobernador,
de forma cuadrilátera y de ochenta y siete varas. La de San Juan,
de ochocientas treinta y ocho, llamada así del templo que hay en ella. Las dos
primeras corridas de toros que se celebraron en Teruel con motivo de unas
fiestas reales por Fernando VII, diéronse en esta plaza, habiéndose invertido
una cuantiosa suma en madera para formar tendido y cerrar la plaza: en ella se
encuentra la antigua casa de los Barones de Escriche y el Hospital, del que nos
ocuparemos mas adelante.
Por último la plaza de la Judería, de trescientas sesenta y
siete varas de superficie: se llama así por que en ella y en algunas calles
vecinas habitaron los judíos, quienes por la noche cerraban con grandes puertas
el barrio que ocupaban, en el que todavía existe la casa donde residía el
caudillo, y que mas tarde ocupó el Rey D. Alonso; siendo digno de particular
mención el techo de madera de la habitación principal por sus notabilísimas
pinturas de figuras, monstruos, sierpes, toros con estrella y alguna que otra
representación quimérica, pinturas que han llamado estraordinariamente la
atención de cuantos curiosos y amigos de antigüedades han ido a examinar
aquella casa, hoy ocupada por la honrada familia de un tejedor. Tenía
comunicación con un torreón de piedra llamado castillo de Ambeles,
que hay en el paseo-ronda de este nombre, y que, según voz común, había a su
pie una puerta por la que subterráneamente se podía salir al cerro de Santa
Bárbara que está en la sierra vecina, dándosele aquel nombre porque dicha Santa
tuvo erigida allí una ermita: cerca de ella hay una cueva de regular
profundidad, que por tener tres agujeros para entrar, se conoce por la Cueva
de las tres puertas.
La antigua Iglesia de Santa María de Media-Villa, ahora la Catedral.—San
Pedro.—San Martín.
La fábrica de todos los templos de Teruel, es de igual antigüedad, y los
restos que aun se conservan en algunos desde su primera planta respiran aquel
gusto de la arquitectura arábiga como son las torres para los campanarios,
únicos restos que han quedado de la antigüedad, por que lo demás de los
edificios se han renovado en la sucesión de los siglos, y algunos han llegado a
la mejor forma y perfección de la arquitectura.
Por lo que hace al templo que nombramos primeramente en el epígrafe de
este capítulo, diremos que, antes tenía la advocación de Santa María de
Media Villa, por ocupar el medio o centro de la entonces villa de Teruel:
en un principio era simple parroquia, hasta que en 1423 se erigió en Colegiata
a solicitud de los teruelanos, hallándose en Teruel el Arzobispo de Zaragoza D.
Alonso Argüello y el Rey D. Alfonso V. celebrando Córtes con los aragoneses: En
6 de Octubre de 1347, el Rey D. Pedro el IV solicitó de la Santa Sede, la
elevación de la Colegiata a Catedral, pero no se consiguió hasta que reiterada
la petición por el monarca Felipe II al Papa Gregorio XIII, este, en 30 de
Julio de 1577, espidió una bula accediendo a la solicitud del Rey. Nuevamente
se reiteró por Sisto V en bula de 5 de Octubre de 1587, confirmada después por
otra del Pontífice Gregorio VIII, fecha 3 de Julio de 1593.
Consta de tres naves paralelas con un crucero, sobre el cual descansa un
cimborio de dos cuerpos al estilo gótico: la nave de enmedio y el tras-altar
han sido renovados de arquitectura moderna: los adornos del templo son bastante
escasos por cierto, siendo muy regular el techo de las naves laterales. El
altar mayor en cuanto a su arquitectura es de estilo medio o plateresco, pero
el de la escultura es mas grandioso, pertenece a la escuela florentina del
tiempo del célebre Miguel Angel. En doce tableros colocados en los diferentes
cuerpos del retablo se ven asuntos de la vida y pasión del Redentor con figuras
casi totalmente relevadas: en el parage principal está la Asunción de Nuestra
Señora, de escultura y treinta y tres estátuas colocadas en los nichos del
retablo. En el libro de estatutos y otras memorias de la Catedral se lee: El
año 1536, M. Juan Navarro y los Canónigos, hicieron hacer el retablo mayor de
masonería; hízolo Maestre Gabriel Francés, y año 1538, murió dicho oficial:
está enterrado en la puerta del Coro, costó, como está en blanco y sin dorar,
veinte mil escudos.—En otros asientos dice: Aniversario, día de San
Josef por Maestre Gabriel Yoli, imaginario de quince sueldos a cargo de la
fábrica.
A la derecha del crucero hay un magnífico cuadro de las Once mil
Vírgenes firmado en 1628, pinxit Antonius Bisquert; este eminente
artista era valenciano, se estableció en Teruel en 1620, y murió en 1646. Al
lado de la Epístola y propiedad de los Duques de Villahermosa está la capilla
de los Santos Reyes; todas las pinturas del retablo honran sobremanera al
artista, pero muy particularmente la de la Epifanía representada en el parage
principal: es copia de otra de Rubens, ejecutada por Francisco Gimenez, natural
de Tarazona: atribuyese la muerte de Bisquert, a la melancolía que le ocasionó
el haber intentado en valde hacer igual pintura. En dos urnas colocadas a cada
lado de la capilla, se encierran las reliquias de los santos mártires
Alejandro, Jacinto, Leon y Eugenio; y las de las vírgenes Gerónima, Margarita y
Escolástica.
La reja del Coro, de gusto gótico, se ve adornada con grandes follages,
y algunos ramilletes ejecutados con el mayor primor: su sillería, regalo del
Obispo de Teruel D. Martín Ferrer, después de ser promovido a la de Tarazona, a
principios del siglo XVII, es de orden dórico con columnas istriadas entre los
asientos.
Varias son las alhajas que se conservan en este templo tales son: una
custodia de plata de orden plateresco con seis columnas abalaustradas; en el
tabernáculo ovalado y entre los dos ángeles que sostienen la sagrada Hostia,
hay un pequeño dosél y un arco para el monumento, todo del mejor gusto,
teniendo la siguiente inscripción: Humilium celsitudini Petrus Martínus
Rubio, Decanus Turolensis, surdinæ vice Regia Gubernator, sacræ Romanæ Rotæ
auditor. Posteriormente el Obispo de Teruel, D. Francisco Perez Prado
y Cuesta, regaló, según digimos al tratar de los Obispos, otra preciosa
custodia labrada en Córdoba, en 1742 por Bernabé García de los Reyes: consta de
mas de catorce arrobas de plata, su estilo es churrigueresco, su forma la de un
templete de dos cuerpos sobrepuestos, sostenidos por columnas con relieves y
adornos de buen gusto, y terminando en una corona imperial: costó dos mil
pesos.
Otra reliquia notable es la cabeza de Santa Emerenciana, vírgen y
mártir, patrona de Teruel, cuya festividad se tiene trasladada a la feria
tercera después de la Ascensión: fue proporcionada esta preciosísima reliquia
el año 1361, por D. F. Juan de Heredia, Gran Maestre de Rodas. La imagen de
esta Santa, es de plata, como también la de la Asunción de Nuestra Señora, y la
de Santa Gerónima.
Nada mas de notable contiene este templo: tiene dos puertas, una que da
a la plaza que lleva su nombre, y otra al Palacio Episcopal, edificio formado y
estendido con otros adyacentes, y en el que nada llama la atención del artista
ni del curioso, si se esceptua su patio compuesto de un intercolumnio jónico
labrado con buen gusto.
El templo de la parroquial de San Pedro, acaso se conserva,
a pesar de su renovación en 1741, en general, como en su primitiva fundación:
parece atestiguarlo así su anchura y aplastada nave gótica, única de que
consta: estátuas colosales y de muy mediano gusto, representando en su mayor
parte el apostolado, se ven esculpidas en los postes. El altar mayor, como obra
de un mismo artífice, aunque mas en pequeño, es igual en su orden al de la
Catedral, con la diferencia de que así como en este se representan pasages y
misterios de la vida del Redentor, en aquel son concernientes a la vida y
martirio del santo Apóstol: también es obra de Gabriel Yoli, otro retablito al
lado de la Epístola, con relieves en miniatura, y en cuya parte principal se
ven representados de escultura, los médicos San Cosme y San Damian: aquí se
encontraron los cadáveres de los Amantes de Teruel. Como se
incorporó a esta parroquia la de San Esteban, se ve este santo colocado en el
testero de la reja de hierro de la puerta donde fina el arco sobre que se
halla, a manera de la de San Martín y San Salvador, fundada su torre. Rebajada
en 1795, perdió todo su mérito artístico, porque se adulteró su primer cuerpo,
y se hizo el segundo de bastante mal gusto.
Cual perenne centinela se descubre por la carretera de Zaragoza, la
arabesca Torre de San Martín, pegada a su Iglesia e inmediata a la
puerta de la Anda-quilla: levantada la torre sobre un arco que abre paso para
la mencionada puerta, al verla, asalta a la imaginación la idea de si fue o no
árabe su artífice, por lo arabesco de su construcción, por sus adornos del
mismo género, y por las almenas que en el último término la ciñen. Fundida al
parecer en un mismo molde que la de San Salvador, tienen ambas en sus cuatro
lados multitud de compartimientos, cornisas y frisos sobrepuestos, y cuadros en
que están intercaladas algunas pequeñas columnas de barro cocido y embarnizado
de varios colores, multitud de ladrillos formando una especie de mosaico muy
grato a la vista.
Consta el cuerpo superior de una galería de arcos ojivos, sobre los
cuales se dejan ver otros menores de forma también arábiga: desgastada por los
cimientos, tratose de su reparación en 1549, con cuyo objeto se citaron los mas
hábiles profesores que a la sazón había en el territorio: presentó cada uno su
plan, y por juzgarlo mas basado en principios y por consiguiente de mas prontos
y felices resultados, fue admitido el de Pedro Bedel, francés; que se hallaba
entonces labrando la Iglesia de Mora (provincia de Teruel). Apuntaló la torre
perfectamente y con tal maestría, que sostenida por las vigas abrió el cimiento
y lo obró de cal y canto hasta la cara de la tierra, dejando suspendida la
torre y la obra en este estado para que formara asiento por espacio de un año;
y en 1551, comenzó a ir cortando y reparando poco a poco, hasta que la dejó tal
como en el día se encuentra, con gran admiración y aplausos de todo el pueblo
teruelano que acudió a ver quitar el andamiage el día señalado al efecto. Fue
la construcción de los andamios y puntales tan portentosos, que ávidos corrían
los viajeros instruidos a estudiarlos, los curiosos a embeberse en su
contemplación, y no pocos trasladáronse a Teruel, con el único y esclusivo
objeto de admirar la obra del inmortal y modesto Bedel, que se concluyó en el
mismo año. Como homenage digno a su genio, se le encomendó después el
acueducto, y merced a su fama hubo de construir la célebre mina de Daroca, la
fuente de Celadas y últimamente la Catedral de Albarracin, donde murió en 1567:
el jornal de Bedel en los días que trabajaba era el de diez sueldos: pago harto
mezquino a tanto mérito.
La Iglesia de San Martín es una de las mejores de Teruel, y de orden
dórico sencillo; separada de su torre en la memorable guerra de la
Independencia, se reconstruyó con el objeto de volverla a unir por Mosen Rafael
Perez, prior que era del Capítulo, todo el crucero del trascoro, pero tan
perfectamente y tan bien continuado el orden arquitectónico, que es necesario
hasta el mas inteligente, que se le advierta la renovación para conocerla:
tiene esta Iglesia dos copias bastante bien acabadas de Güercino y Aníbal
Caraci, y un retablo en la sacristía de dos cuerpos con cuatro columnas
corintias, cuyas pinturas son de Antonio Risquért.
Las Iglesias de San Juan, San Andrés, San Salvador, Santiago y San
Miguel.—Los conventos y los ex-conventos de Teruel.
Poco tiene de notable el templo de la parroquia de San Juan;
su torre que data desde 1342, parece hallarse levantada sobre un torreón árabe,
que, con otros dos de igual orden que se hallaban donde hoy está el ex-convento
de Dominicos, y otro denominado la Torre del Redentor, formaban el punto mas
fuerte de Teruel que se llamaba la Ciudadela; el templo se renovó a
principios del siglo 18; sus altares respiran regular gusto artístico: fue
profanada esta Iglesia por las tropas a las que sirvió de cuartel, pero después
fue renovada y restaurada celebrándose en memoria de esto último una solemne
fiesta el día 7 de Febrero en que se abrió nuevamente al culto, habiéndose
encontrado enterrada, no sabemos con que objeto una imagen de Jesucristo, que
mas tarde fue restablecida en la mayor veneración por su hallazgo, y devoción
general de los teruelanos.
Sobre la puerta de la parroquia de San Andrés, dascuella la
torre cuadrilonga y almenada, remedo de la de San Martín y Salvador, pero con
escasísimo número de labores: la Iglesia renovada también nada tiene de notable
en su orden arquitectónico: el altar mayor es de figura de templete y en el
centro se ve de bulto el santo patrono: en esta Iglesia descansan las cenizas
de D. Antonio Sanchez Muñoz, Obispo de Albarracin y Segorbe, y miembro del
Concilio Lugdunense en 1274: murió en Teruel su patria en 1.º de Setiembre de
1318: este ilustre Señor y su familia debieron ser decididos patronos de esta
Iglesia, puesto que sus armas se ven pródigamente repetidas en el cimborio y
bóvedas del templo.
La Iglesia parroquial de San Salvador, dedicada en un
principio a la Epifanía, es de gran buque, pero de mal gusto: venérase en este
templo un Cristo (colocado ahora en el altar mayor y antes en la capilla de
Santa Ana,) llamado el de las tres manos, a causa de verse una
pegada en el costado derecho[24]: es la imagen en que mas fe tienen los turolenses,
y a quien muy devotos acuden en sus lances mas apurados de sequía, epidemias y
catástrofes, como la mejor áncora de su salvación. Cuando el Rey D. Jaime
hallábase en Teruel en disposición de emprender la conquista de Valencia,
adelantáronse los teruelanos a buscar al enemigo sin orden del rey, y al tiempo
de partir sacaron procesionalmente al mismo Cristo hasta fuera de la población
como en señal de despedida. En Junio de 1867, hallándose los habitantes de
Teruel en el estado mas aflictivo por la grande escasez de aguas, causa del
aspecto desconsolador que presentaban los frutos de la tierra, agostados por
los abrasadores rayos del sol; se llevó a la Catedral en solemne procesión
rogativa dicha Sacratísima Imagen, a la que asistió el pueblo entero de Teruel:
concluido el tiempo de novena, durante el cual llovió aunque poco, fue vuelta
con la misma solemnidad a su Iglesia de San Salvador, y al regresar el clero y
demás acompañamiento a la Catedral llovió de una manera tan abundante como
pocas veces han visto los ancianos de Teruel, algunos de los cuales así como
los documentos que hemos consultado, confirman lo que acabamos de consignar
acerca del Santísimo Cristo del Salvador.
Con referencia a papeles antiguos podemos añadir sobre esta Imagen, que
con favorable éxito fue sacada de su templo y llevada a la Catedral en solemne
procesión rogativa en el siglo pasado, en las fechas siguientes y por los
motivos puestos a continuación.—En 7 de Mayo de 1702 por sequía; en 1,º de
Setiembre de 1703, por epidemia: en 15 de Mayo de 1712, en 13 de Octubre de
1751, y en 29 de Setiembre de 1752, por sequía: en 24 de Marzo de 1754, por
terremotos; y en 2 de Junio de 1780, por sequía. Consérvase en este mismo
templo un esqueleto en el mejor estado, de una estatura colosal, ignorándose
hasta la fecha su auténtica procedencia, si bien se supone sería algún militar,
por descubrirse en su cuerpo un agujero de la figura de un balazo.
En la primera capilla, entrando en la Iglesia parroquial de Santiago,
hay un magnífico retablo de Antonio Bisquert; no cediéndole en mérito otro
retablito que hay en la sacristía: su torre, según la tradición, fue cárcel del
tiempo de los romanos, y en ella estuvieron presos en su paso para Valencia S.
Vicente Martir y su maestro San Valero: también según la tradición, fue esta
Iglesia mezquita; y palacio árabe el convento inmediato de religiosas de Santa
Clara, o de las Monjas de Arriba, como le dicen en la ciudad.
La Iglesia de San Miguel, parroquia de este nombre, consta
de tres naves iguales, separadas por ocho antas de arquitectura moderna: fue
renovada a mediados del siglo pasado: el altar mayor, costeado casi todo por el
Ilmo. Sr. Obispo turolense D. Francisco Perez de Prado, tiene en su parte
principal la Purísima, con cuya condición el prelado ayudó con sus fondos
particulares a la construcción: al lado de la Epístola y en una urna, se ve a
Santa María Magdalena, de bulto, en actitud penitente y contemplativa,
perfectamente acabada: debajo del órgano hay un altar de San Jorge, de bastante
mérito, y que se supone con mucho fundamento ser de la época del Rey D. Jaime,
así como un Nazareno con la Cruz a cuestas, que va en las procesiones de Semana
Santa: el mencionado Rey D. Jaime, cuyo retrato se conserva al lado del
retablito de San Jorge, fundó en 1262 una cofradía de Caballeros de Teruel,
siendo el monarca el primer cofrade: hay en la Secretaría de esta Iglesia un
San Juan Bautista de cuerpo entero, que patentiza la valentía del pincel que le
esculpió en el lienzo.
El Convento de Monjas Claras, de arriba, fundado
por los Reyes de Aragón D. Pedro IV, y D.ª Leonor en 1367; tiene una Iglesia de
tres naves, en donde se ven algunos frescos de Vicente Vidal: su titular es
Santa Catalina Martir, cuya imagen se halla en el lienzo del altar mayor: todo
el edificio revela la antigüedad y magnificencia de sus reales fundadores.
El Convento de Monjas descalzas de Santa Teresa, o Monjas
de Abajo, es de una nave con cruz latina: para esta fundación dejó
sus bienes D. Domingo de Vencochea, natural de la ciudad de Teruel, pero no
siendo suficientes, se proporcionaron mayores con la piedad del pueblo, y sobre
todo con los generosos auxilios del Ilmo. Sr. Obispo D. Diego de Chueca, que
dirigió la obra con la mayor magnificencia y tuvo el grato consuelo de
consumarla y establecer las fundadoras que llevó de Zaragoza en 1660.
El ex-convento de San Francisco, es de la mayor antigüedad y
es de los días del Santo Fundador, quien envió a dos religiosos llamados San
Juan de Perusia y San Pedro de Saxoferrato, italianos, los que fueron admitidos
en Teruel a principios del año 1217 precisamente en el que ocurrió el trágico
suceso de los Amantes, en cuya época tomaron posesión de la ermita
de San Bartolomé, que les concedió el Ayuntamiento de Teruel, ermita que hoy se
conserva dentro de los que fueron claustros de dicho convento: cada uno se
arregló su habitación a los dos lados de la ermita, conservándose todavía el
pozo llamado de los Mártires a cuyas aguas atribuyen, algunas personas piadosas
de Teruel, la virtud de curar varias enfermedades: dichos religiosos edificaron
al pueblo con sus buenos ejemplos y llevados del celo de la religión pasaron a
Valencia en donde sufrieron el martirio, siendo rey de los moros, Zeit-Abu-Zeit
que algunos llaman Azoto, el cual se levantó con el título de Christíanorum
maximus persecutor, grandísimo perseguidor de los Cristianos.[25]—El pueblo de Teruel pronuncia siempre con gran
respeto los nombres de aquellos Santos Mártires, a quienes tiene por
compatronos, y recuerda con su respeto los beneficios que hicieron, ora
llevando la paz a muchas familias, ora aquietando los ánimos de los bandos de
Teruel, en la época de los Amantes; ora, en fin, estendiendo su
consuelo en la mayor parte de los pueblos enclavados en la provincia de Teruel.
Al ser arrojados los moros de Valencia, en cuya empresa distinguieronse no poco
los hijos de la capital que historiamos, pidieron por este motivo y por los
indicados, los cuerpos de aquellos ilustres Mártires que se conservan en la
Catedral. En 1225 se hallaba ya bastante número de religiosos que continuaron
la empresa de sus Santos Fundadores. En 1399 D. García Fernandez Heredia,
Arzobispo de Zaragoza, favoreció la renovación y fábrica de este convento, y a
sus espensas se hizo la Iglesia que fue magnífica por su solidez y arquitectura
aunque de una sola nave y adornada con buenos altares. Se celebraron allí
algunos capítulos provinciales, y allí también hacían antes mansión todos los
Obispos a su arribo a Teruel, y después de descansar del viaje y recibir las
primeras visitas, entraban solemnemente en la ciudad a tomar posesión de su
Silla.
El extinguido Convento que nos ocupa, situado extramuros de Teruel en la
ribera del Turia, a juzgar por la gran exornación de la puerta, el gablete, las
ventanas subdivididas, así como los rosones en gemelas secundarias con
columnitas fasciculadas, cruciformes y bases sencillas con un solo toro
bastante complanado; pertenecía a la arquitectura gótica (estilo ojivál.)
En 1783, siendo Obispo de Teruel, D. Roque Martín Merino, inundose toda
la vega y llegó el agua hasta el mismo altar mayor, penetrando también por todo
el convento, con cuyo motivo dicho Prelado se llevó a su Palacio mantuvo a
todos los religiosos. Muchos años antes siendo prados todo lo que hoy es la
vega y a la sazón que se mantenían en ellos un número considerable de animales,
especialmente de ganado vacuno, hubo grandes tronadas, aumentáronse las aguas
de los ríos sobre todo las del Guadalaviar, y arrastraron cuantos animales
había en los prados ocasionando además perjuicios sin cuento a los vecinos de
Teruel: en virtud de este triste acontecimiento, y para evitar en lo posible su
repetición, se construyó una magnífica compuerta y se colocó mas arriba del
puente de piedra que hay pasado el pueblecillo de San Blas, cerca de la masía
llamada de los Frailes, logrando con esto y con acequias que abrieron, contener
por un lado y desaguar poco a poco por otro la corriente del Guadalaviar:
andando el tiempo, no se tuvo cuidado de sostener esta buena precaución, y
ahora está espuesta con poca diferencia la vega de Teruel, a las mismas
inundaciones.
Continuación de los ex-conventos.—El Seminario.—La Sala Capitular.
La fundación del Convento de Religiosos Mercenarios, es casi
tan antigua como su instituto: los Reyes de Aragón ayudaron mucho al patriarca
en esta empresa en la época precisamente en que el Rey D. Alonso II había
creado en Teruel la orden militar llamada del Redentor, que por la semejanza en
sus objetos fue una imagen de este instituto; y este establecimiento que aquí
tuvo su origen y centro, fue posteriormente incorporado a la compañía de los
caballeros de San Jorge de Alfambra y en la Iglesia parroquial de San Miguel de
Teruel, consérvase una capilla y altar antiquísimo que pertenecía a dicha
orden. Por disposiciones capitulares fue agregado este convento a la provincia
de Valencia y en todos tiempos hubo en él religiosos doctos y ejemplares: el
edificio era muy hermoso, el templo muy digno de admiración, y su titular era
el Salvador: quedó dicho convento muy arruinado en la guerra contra
los franceses, casi del mismo modo que el que fue Trinidad, y que hoy está
destinado a escuelas públicas.
El Convento de Capuchinos, que por incidencia hemos nombrado
en otro lugar, fue fundado por los mismos religiosos en lo que ahora es paseo
del Obalo, ausiliados por D. Lupercio Arbizú, Caballero de la orden militar de
San Juan de Jerusalem y Comendador de Caspe, habiéndose gastado en ello pingües
rentas: El Obispo D. Fernando Valdés dio su aprobación y el Ayuntamiento y el
pueblo teruelano prestaron su consentimiento y contribuyeron con la mayor
liberalidad a su engrandecimiento que les fue correspondido con usura por los
religiosos del convento, cuyo edificio se arruinó totalmente en los calamitosos
tiempos de la guerra: después la piedad del Rey y la del Obispo D. Felipe
Montoya proporcionaron a los religiosos en Setiembre de 1816 un nuevo convento
en el sitio de Villa-Vieja.
La fundación del convento de Carmelitas descalzos,
preséntase en la historia en una época mas moderna, y aunque hubo que vencer
algunas dificultades para su admisión, se les dio sitio para ello en la misma
entrada de la ciudad y fue edificado con la mayor magnificencia, siendo su
Iglesia de bella forma, su titular era San José y tenía destinados para su
conservación bienes de la noble casa de Castellót, amen de muchísimas limosnas
de los fieles, que después eran devueltas a un número considerable de pobres que
iban al convento a demandar la caridad. Destruido este convento después de la
fatal guerra civil, fue demolida su Iglesia por donde hoy pasa la carretera de
Zaragoza, y el resto del edificio se destinó a cuartel de la tropa que guarnece
la ciudad: ahora está convertido en graneros desde los sucesos de 1868, y la
guarnición ocupa parte del Seminario.
El convento de Predicadores de la orden de Santo Domingo,
ocupado ahora por el Instituto, Oficinas de Hacienda y Guardia civil, se
hallaba fundado en el sitio que fue la Ciudadela o principal fuerte de la
ciudad de Teruel en el muro de la misma: hízose esta fundación en el año 1611,
por D. Miguel Andrés, vecino de la capital cuya historia venimos escribiendo, y
su titular era San Raymundo de Peñafort: gastó sumas muy considerables en la
fábrica suntuosa de la Iglesia y Casa que sirvió de Colegio de estudios con
muchísima utilidad del pueblo y lugares comarcanos, concurriendo a sus aulas un
crecido número de discípulos, y de este mismo establecimiento y del Seminario
salieron hombres notables hasta tal punto, que además de haber desempeñado
altos cargos y dignidades, honraron dentro y fuera de España la ciudad de
Teruel y los muchos pueblos de los que hoy constituyen su provincia. ¡Cuanto
nos alegraríamos que esta saliese de su marcada apatía en la instrucción y se
colocara a la altura de las capitales de España! Permítannos los hijos de
Teruel y sus comprovincianos que deploremos su estado en esta digresión, somos
aragoneses, nacidos en Zaragoza, y deseamos con toda nuestra alma, que tanto
aquella ciudad siempre heroica que con delirio amamos, como las de Huesca y
Teruel, no degeneren en nada de lo que fueron en otro tiempo, y sigan con la
nobleza de carácter que las distingue, el camino de la gloria científica,
artística y militar que la legaron sus mayores, triple gloria que constituía el
mas rico florón de la antigua corona Aragonesa.
Reciban desde las pobres páginas de esta nuestra humilde Historia,
el tributo de la mas entusiasta admiración y gratitud, los aragoneses
contemporáneos nuestros que no se dan punto de reposo en honrar con su pluma o
con su palabra el noble país en que nacieron, entre los que figuran los nombres
de D. Gerónimo Borao, Don Manuel Andreu, D. Manuel
Lasala, Don José Nadál, D. Bienvenido Comin, Don
Mauricio Martínez, D. Bartolomé Martínez, D. Vicente
Ventura, D. José Puente, D. Narciso Ena, D.
Custodio, Don Mariano y D. Vicente Carderera, D.
Angel Gallija, D. Tomás Lalaguna, D. José María Huici, D.
Esteban Gabarda, D. Miguel Ferrer, D. Joaquin Mateo, D.
Martín Sanchez, D. Leon Ros, y D. José Ríos y
una distinguida pléyade de jóvenes aragoneses en cuyo número se cuentan D.
Eusebio Blasco, D. Joaquin Tomeo, D. Martín Villar, D.
Pablo Gil, D. Juan Clemente Cavero, D. Joaquin Marton D.
Agustin Paraiso, D. Julio Monreal, D. Joaquin Gil
Verges, D. Mariano Viscasillas, D. Eugenio Borao, D.
Francisco Codera, D. Constantino Gil, Don Juan Pablo
Solér, D. Francisco Navarro, D. Santos Pina, D.
Bruno Solano, el vizconde de Torres-Solanot, D. Iñigo
Figueras, D. Cándido Campo, Don Marceliano Isabal, D.
Leon Abadías, D. Mariano Supervia, D. Antonio Aparicio, D.
Mariano Baranda, D. Pedro Andrés Catalan, D. Andrés
Cabañero, D. Joaquin Torres, D. Mariano Martín, D.
Pedro Pomar, D. Elías Vicente, D. Filomeno Cueva,
y, en fin, otros muchos jóvenes que nos dispensarán si no les nombramos por
sernos infiel la memoria al entrar en prensa estas páginas, y que todos dan y
esperamos que darán días de gloria al país aragonés.
Contiguo al ex-convento de la Trinidad, descuella el Seminario,
edificio de colosales dimensiones pero sin ningún orden arquitectónico marcado:
fue en un principio colegio de jesuitas, parque en la guerra civil, seminario
después, y ahora en su mitad cuartel de infantería: en toda época por su
solidez, por sus proporciones y por su situación, ha sido considerado como el
mejor punto militar, y por consiguiente en todas las guerras ha sido destinado
para este objeto: tiene una magnífica Iglesia de una nave con cruz latina, si
bien aglomeradísimos y confusos los adornos y frescos, de los que los hay de
perfección rara y muy bien conservados: lo mejor de este templo (en donde se
ven unos cuantos centenares de armas en mal estado e inútiles), es el busto de
su fundador el Obispo de Teruel e inquisidor general D. Francisco Perez
de Prado, ejecutado por D. Felipe de Castro.
Espulsados de España los jesuitas, por real pragmática de 2 de Abril de
1767, ocupáronseles al mismo tiempo sus temporalidades, con la reserva empero
de adjudicarlas, muy particularmente sus edificios, a los objetos que se
considerasen mas útiles, previos informes en especial de los diocesanos
respectivos: Hallábase a la sazón ocupando la Silla de Teruel el Ilmo. Sr. D.
Francisco José Rodriguez Chico, quien impetró del Rey Cárlos III, la concesión
del Colegio e Iglesia de la extinguida orden y algunas de sus rentas para
Seminario Conciliar, gracia que concedió el monarca en 25 de Agosto de 1769.
Concedido que fue, se hizo preciso atender a su sostenimiento presupuestado en
cinco mil pesos, no habiéndose podido reunir por de pronto mas que mil
ochocientos treinta y dos; luego, merced a una módica cantidad proporcional en
dinero, que debía satisfacerse en los meses de Mayo y Junio de cada año,
impuesta a todos los partícipes de diezmos del Obispado, se reunió la suma
total de tres mil doscientos cuarenta y tres pesos, que si bien no llenaba
absolutamente el presupuesto, esto no obstante, era ya suficiente a lo mas
necesario y perentorio. En este estado se abrió el Seminario en el que se han
venido dando con ligeras interrupciones, las enseñanzas peculiares a esta clase
de establecimientos.
La Sala Capitular, llamada así por ser un local destinado
para celebrar sus reuniones el Capítulo general, es un paralelógramo bastante
espacioso y cómodo con su techado de bóveda: está situado en la calle del
Seminario en la acera opuesta al teatro y frente al lienzo de pared que mira al
norte de la Iglesia de Santiago: a la izquierda entrando tiene un altar
dedicado a la Inmaculada Concepción, patrona de la corporación, y en el segundo
cuerpo Santa Emerenciana, patrona de la ciudad. En el testero de enfrente
colocada en una urna, existe la cabeza auténtica y embalsamada del célebre y
eminente D. Gil Sanchez Muñoz, con una inscripción en un cuadro colocado en el
lado izquierdo, del tenor siguiente:
«El rostro de este busto, que embalsamado se ha conservado por la
familia de los ilustres señores Sanchez Muñoz, barones de Escriche, es del
Ilmo. Señor D. Gil Sanchez Muñoz, racionero de la Iglesia de San Martín de esta
ciudad, canónigo de Santa María de la misma, canónigo de la metropolitana de
Barcelona, y electo Papa en el día 10 del mismo Junio del año 1423 por los
cardenales de la obediencia del llamado Benedicto XIII. Renunció tan alta
dignidad por la paz de la Iglesia, cuya determinación participó al Ayuntamiento
y capitulares de Teruel en 26 de Julio de 1429. Quedose con el Obispado de
Mallorca, en cuyo gobierno murió, y su cuerpo yace en la sala capitular de
aquella Santa Iglesia.»
El capítulo general en obsequio de tan digno y benemérito individuo,
construyó esta urna y se colocó en la sala el día 6 de Junio del año 1825: la
conservación de este precioso, auténtico, e inestimable monumento se debe al
benemérito prior D. Rafael Perez.
En otro cuadrito se conserva una carta del beato Juan de Ribera,
patriarca, arzobispo, virrey y capitán general de Valencia, escrita con la
ortografía y términos que siguen:
A los muy Rdos. y magníficos Señores el Prior y Capítulo general de la
ciudad de Teruel:
Magníficos y muy Rdos. Señores con la carta de Vs. ms. y El recaudo que
de su parte me a dado El Rdo. maestro pons e Recibido muego contentamiento,
pues se offrece cosa que en esta casa ayan de mandar, y en ella les podamos
servir conforme a lo que yo Edeseado. Y el piadoso zelo que Vs. ms. tienen del
prouecgo de mis feligreses en el servicio de me Señor me obliga mas, La
doctrina del padre fray Moreno donde qaiera que aestado agecgo siempre muego
fruto acompañada de subuena vida y exemplo y estoy mux satisfecgo de que El
resida en esta mi diócesi: pero, por lo que dicgo tengo procuraré con sus
superiores que para el tiempo que Vs. ms. señalan le den licencia que torne a
essa ciudad y en todo lo demás que ocurriere Vs. ms. no dexen de mandar en esta
casa donde ay muy entera voluntad para servilles, cuyas muy Rdas. personas
ntro. Señor guarde y acreciente en su sto servicio de Valencia A XX de Octubre
de 1575.»
En ambos costados de la Sala están los patronos de las parroquias, los
retratos de D. Raymundo de Castrocol, Obispo de Zaragoza, que en 1217 concordó
sobre décimas con el Ayuntamiento y Capítulo eclesiástico de Teruel. El de D.
Pedro el IV. El de D. Alonso II y el del Sr. D. Gil Sanchez Muñoz.
El Hospital.—La Casa provincial de Beneficencia.—La Casa de la
Comunidad.—Las Casas Consistoriales de Teruel.
El Hospital de Teruel situado en la plaza de San Juan,
frente a la antigua casa de los barones de Escriche, fue en un principio una
casa destinada a los leprosos, con la denominación de San Lázaro, fundada por
algunos vecinos de Teruel, antecesores de Magdalena de la Cañada,
quien, habiéndola habitado desde la niñez, y gobernádola y servido con su
persona y bienes, trató después de elevarla a hospital impetrando con este
objeto de D. Alonso el IV, le concediera para sí y los suyos, el derecho
privativo sobre la mencionada casa de San Lázaro, el privilegio perpetuo de
administración y todos los derechos del hospital, gracia que le fue concedida
por el monarca en Teruel a 16 de Marzo de 1333. El Rey D. Pedro el IV confirmó
dicho privilegio a Francisca Fillol, nieta de Magdalena de la
Cañada, en Valencia a 10 de Marzo de 1362. El mismo Rey a Garcia Fillol,
en Zaragoza a 5 de Febrero de 1381. D. Martín de Aragón a Juana Fillol en
Altura a 10 de Noviembre de 1401. Don Fernando el Católico a García Fillol y
Bartolomé Fillol en Burgos a 8 de Julio de 1508. Finalmente, Mariano Martín
Fillol, clérigo, con la calidad de heredero del hospital y sus derechos, lo
vendió y cedió a favor de la ciudad de Teruel en 2 de Octubre de 1555.
Tiene este edificio cuatro salas muy cómodas y ventiladas en donde
anchurosamente pueden acomodarse de ochenta a noventa enfermos: dos de ellas
destinadas a enfermedades de medicina y las otras dos a las de cirugía: tiene
una Iglesia ovalada con cuatro tribunas y en cuyo retablo mayor está la
Asunción.
La Casa de Misericordia. Al observar la constante emigración
de familias a la ciudad y reino de Valencia por la esterilidad del terreno de
la ciudad y partido de Teruel, y que otras en bastante número mendigaban, y de
aquí la multitud de ociosos que por do quier pululaban, los Ilmos. Sres.
Obispos Don Francisco Rodriguez Chico, y D. Roque Martín Merino, trataron ya de
fundar un hospicio de Misericordia, no pudiendo, sin embargo, llevar a cabo sus
buenos deseos. Igual pensamiento y con los mismos resultados tuvieron con
respecto a una casa de expósitos; pero el Ilmo. Sr. D. Félix Rico prohijó y dio
cima a tan filantrópicas ideas, autorizado para ello por cédula expedida en
Aránjuez a 3 de Abril de 1796. Designose para edificio el Seminario de
Villavieja, pero las consideraciones de su distancia y que importaría tanto su
reedificación como si se construyera de nuevo, hiciéronle desistir de este
proyecto. Esto, no obstante, mientras se edificaba la nueva obra, habilitó
aquel Seminario, y en él empezaron ya por de pronto a mejorar su suerte los
mendigos y los expósitos. Después de vacilar por algún tiempo acerca del sitio
que debía ocupar la nueva casa, se decidió por el que hoy existe, con cuyo
objeto compró un huerto de los racioneros de San Martín y otro de Don Alejandro
Barrachina. En seguida Don Francisco Roca, académico de la de San Fernando y
Director de arquitectura de la de San Luis de Zaragoza, levantó el plano muy
parecido a la de aquella ciudad, si bien mas en pequeño, nombrándose director
de obras a D. Ramón Pardo, arquitecto y vecino de la capital de Aragón.
Abriéronse las zanjas y en el día 9 de Febrero de 1798, a las tres en punto de
su tarde se colocó la primera piedra entre una concurrencia numerosísima de lo
mas selecto de la ciudad convidada al efecto: la colocación de esta piedra fue
en el ángulo derecho saliendo de la casa a la parte de O: finalizó la obra a
principios del presente siglo: hasta el año 1821 hubo una fábrica de paños
bastante acreditada; hoy hay algunos telares de lienzo, alpargatería y varios
se dedican también a trabajar esparto: está situada en las afueras de la
ciudad, a la izquierda del río Turia y de la carretera de Zaragoza.
En la plazuela de la Marquesa o de la Libertad, se halla la casa de
la Comunidad. En ella estuvo el Instituto provincial, en ella
celebró sesiones la Diputación, en ella se recibían los quintos de la ciudad y
de la provincia, y en ella existe hoy el casino llamado del Porvenir.
Este edificio fue construido en el siglo XVI, con el objeto de reunirse en él
para deliberar los comunistas: es de una solidez poco común: su fachada
principal de sillería, tiene el carácter de romana; el pórtico se compone de un
intercolumnio corintio, terminando el frontispicio con una galería de arcos
esféricos apoyados sobre columnas dóricas: el interior es de poco gusto y
escasa comodidad.
Las Casas Consistoriales, cuyo frente principal da a la
plaza de la Catedral, están en regular estado de solidez, y tienen de notable
que fue la casa solariega de D. Francisco Fernandez Perez de Aranda, ayo y
preceptor del infante D. Fernando, hijo del rey de Aragón D. Juan I, eminente
diplomático, fundador de la Santa Limosna, monje lego en la cartuja de
Portaceli, y uno de los miembros de la asamblea celebrada en Caspe en 14 de
Marzo de 1412, con el objeto de la legitimidad del derecho a la corona de Aragón,
entre sus varios pretendientes por la muerte sin sucesión y sin heredero
alguno, cuyo derecho fue indisputable, del rey D. Martín I, recayendo la corona
en el infante Don Fernando de Castilla. Murió Perez de Aranda en Portaceli en
1438. Está enterrado en el mencionado monasterio en el ángulo de la obediencia.
Frente al costado izquierdo del edificio, hay levantado otro al gusto
moderno y también para casa consistorial, pero paradas las obras hace ya
bastante tiempo, existe todavía sin poder servir para el Ayuntamiento.
La instrucción pública en Teruel.—El Periodismo.—El Casino Turolense.—El
Teatro.—La Plaza de Toros.—El Cementerio.—El Torreon de Ambeles.—La Torre
Lombardera. La Muralla de Teruel.
Como primer establecimiento de Instrucción pública de la provincia,
debemos citar el Instituto de segunda enseñanza, el cual está
dotado de los Catedráticos que marca la ley y con arreglo al plan se la
instruye también a los alumnos: tiene un gabinete de física bastante regular y
una biblioteca compuesta de 391 obras completas en 1323 tomos, y 217
incompletas en 620 volúmenes, lo que constituye un total de 808 obras y 1943
volúmenes.
Como bibliotecas de alguna consideración merecen citarse la del Palacio
episcopal, la del Seminario, la particular del Sr. Lanzarote y alguna otra.
En el Seminario se da hoy la enseñanza de
Teología.—La Escuela normal se suprimió algunos meses ha.—Para
la instrucción primaria hay varias escuelas de niñas y niños en la ciudad y en
la casa de Beneficencia, a cuyo frente se hallan maestros suficientemente
ilustrados y celosos por el aprovechamiento de sus discípulos.
Desde el año 1840, se han publicado en Teruel, los periódicos El
Centinela de Aragón, El Constitucional, El Avisador, El
Teruelano, El Turia, La Voluntad, El Órgano
de Móstoles, El Duende, y después El Tio Pelamangos, La
Fraternidad, luego La Idea, La Concordia, y
la Unión del Magisterio: los dos últimos de primera enseñanza, el
Duende, el Órgano de Móstoles y el tío Pelamangos, satíricos, y los demás
políticos.
El Casino Turolense, sito en la calle de los Amantes, antes
de Ricos Hombres, ocupa la casa que fue de los padres de la desgraciada D.ª
Isabel de Segura, frente a la cual se ve el solar de la que fue de los de D.
Diego Garcés de Marcilla: el gabinete de lectura es bastante bueno y si mal no
nos han informado estuvo allí la alcoba de D.ª Isabel y Azagra, alcoba donde
exhaló el postrer suspiro en la mas terrible agonía el mismo D. Diego,
caballero digno de mejor suerte Tanto este Casino como el del Porvenir, están
suscrito a muchos periódicos y en ambos el servicio es bastante bueno.
La figura esterior del Teatro es la de un paralelógramo
y la interior de una aproximada elipse: caben unas setecientas personas: tiene
dos órdenes de palcos, sostenidos y divididos por columnas de madera con
capiteles toscanos: el palco escénico no ofrece muchas comodidades; tiene un
telar, algunos escotillones, dos vestuarios y algunas decoraciones en regular
estado: este edificio fue cuartel de caballería: construyose el teatro por
varios vecinos en sociedad: la propiedad del edificio pertenece al Ayuntamiento.
A la distancia de un cuarto de hora próximamente de Teruel, está
la Plaza de Toros, cuya figura es un polígono regular de
veinticuatro codos y su total diámetro consta de ochenta varas castellanas:
tiene setenta y dos palmos, grada cubierta y tendido y puede dar cabida a mas
de 9000 personas, quedando para la lid un circo de 50 varas de diámetro: es
sumamente cómoda y espaciosa en toda su distribución: tiene café, enfermería,
pieza de guadarnés, cuadra y cuatro puertas a los cuatro puntos cardinales. Al
frente de la del O. y en la parte esterior se hallan nueve toriles, dispuestos
de modo que, todos tienen salida a un patio común con objeto de sacar el toro
que se quiera, sin necesidad de incomodar a los demás.
La construcción y decoración esterior de la plaza consiste en un zócalo
en todo su perímetro, de mampostería compuesta: sobre este una faja horizontal,
de la cual arrancan en sus veinticuatro ángulos, igual número de fajas
perpendiculares, que juegan con otra de coronación, y hace el lugar de
arquitrave o friso, componiendo la parte de cornisa los solerones inferior y
superior, con sus canecillos y terminando con el tejado a dos vertientes. El
todo de la obra es de buen gusto, por sus bellas proporciones, pero en lo que
mas resalta este es en la atinada alternativa y variada combinación de los
vanos, en lo cual parece que fijó mas la atención el Director de la obra D.
Hermenegildo Lopez.
Cerca de esta plaza y en lo mas elevado de la colina del llano de San
Cristóbal, del que ya hicimos mérito en otro lugar, está el Cementerio
nuevo, muy regular y de una capacidad bastante.
Casi desde el ex-convento de Santo Domingo, empiezan a descubrirse
perfectamente los antiguos muros, y en el Oriente de la ciudad, en su punto mas
elevado, se levanta el Torreon de Ambeles, de arquitectura romana,
de sillares de una magnitud regular: su figura es la de una estrella con sus
ángulos interpolados, mas y menos salientes, que no llegan a la base: está
abierto por la parte de la ciudad, y desde el centro de su elevación principia
una escalera de caracol: según la tradición, fue el alcázar de la antigua
fortaleza, teniendo vías subterráneas de comunicación con otros torreones y con
el río Turia.
Reconstruidos los muros en tiempo de D. Pedro el IV de Aragón, cúpole a
la puerta de Zaragoza, vulgo del Tozal, entre E. y N. un
torreón a cada costado, que hoy están embebidos en los edificios, y con
respecto a los murales ordenó aquel monarca lo siguiente:
Item que sian fetas duas torres veques tró en egual del andador del múr,
en la entrada de la porta de Zaragoza, que hajan de front cinh soldes, e isquen
del mur a fora cuatro soldes, e vian ben valletjadas, ab ponts llevadizos, e
entre las duas torres sia lo pasaetje de la porta, e que se continuen a lo mur,
e sian envestidas en las altras duas torres vellas que y sontjá, pertal com las
torres aquellas son flacas, e no ixen fora lo mur 11 de abril de 1847.
Al N. de la ciudad se encuentra otro torreón de arquitectura árabe
llamado Torre Lombardera: construido de sillares en los ángulos, de
mampostería vasta algo mas de la mitad de su altura, y el resto de tapia de
yeso, cal y canto. Entre O. y N. existe otro cuadrado, y fundado sobre un
peñasco, constituye parte de la muralla, siendo el contorno de esta de figura
irregular, su construcción de tabiques de medio pie de espesor con sus
aspilleras correspondientes, y esplanadas en los ángulos salientes, por los cuales
se comunica a otra parte de la fortificación interior que se llama muro.
¡Verdadera lástima es que no se haya conservado en pie toda la muralla o
al menos una gran parte de ella, ora para admirar su muchísima solidez, ora
para hacer recordar a los actuales teruelanos que la argamasa para unir las
piedras se tintó muchas veces con la sangre de los que las construían,
edificando y peleando a un mismo tiempo contra los enemigos de la Cruz!
¡Cuántos hijos de Teruel, han perecido en dicha muralla, ya conquistando el
país, ya defendiendo heroicamente la ciudad en el reinado de D. Pedro, en la
guerra de la independencia, y en la triste lucha de hermanos contra hermanos!
Calidad y circunstancias del terreno de Teruel.—Paseos y medios de
comunicación con otras poblaciones.—Correos.—Fondas.—Producciones del
país.—Artes e industria—Comercio.—Ferias y mercados de Teruel.—Las armas y
títulos de esta ciudad.
Por lo que atañe a la calidad y circunstancias del terreno,
diremos que en lo general es lo que se llama duro y poco asequible a ciertas
producciones como olivos, viñedos y frutas, produciendo casi principalmente
cáñamo, trigo, cebada, centeno y avena.
A Teruel fáltanle paseos, aunque con este nombre existen el
llamado Obalo, sin duda por su figura, y el de la Glorieta,
que ahora nada tiene de esto, pero sin embargo, es un regular sitio en algunas
épocas del invierno: sirven de paseos las afueras de la ciudad y cruceros de la
vega que si bien no merecen este nombre por faltarles flores y arbolado, pueden
suplirlos: en cuanto a las afueras, la mejor es la carretera de Zaragoza, por
cuyo punto la entrada en Teruel es amena y agradable, dominándose desde ella
toda la vega. La carretera de Valencia, los trozos de las de Alcañiz y Cuenca,
bastante bien construidos suplen la falta de paseos.
Yendo de Zaragoza a Teruel, muy poco antes de llegar a la Casa
provincial de Beneficencia, y en el mismo lado, se encuentra un hermoso vivero
que compró la Diputación de la provincia para surtir de árboles a los paseos y
carreteras que sirven de comunicación con otras poblaciones importantes.
Donde se nota diariamente la verdadera animación en Teruel, es en el
paseo del Obalo entre diez y una del día: allí, donde existen dos posadas y una
fonda, afluyen el correo que va de Valencia y vuelve a salir luego de Teruel,
allí acuden los muchos carreteros de Zaragoza, Sigüenza, Molina, Valencia y
otros puntos: allí, en fin, acostumbra venderse la caza, la leña, el carbón y
otras cosas que llevan los naturales o vecinos de los pueblos inmediatos. El
día que el proyectado camino de ferro-carril llegue a realizarse, no dudamos
que la ciudad y provincia de Teruel, ha de entrar en una nueva vida, pero vida
próspera y animada: entonces el comercio recibirá mayor actividad, los pueblos
podrán vender con mas facilidad sus mercancías, serán mas fáciles los medios de
comunicación, y la provincia toda no podrá menos de recojer los inmensos
beneficios que ha de traerla la esplotación de las muchísimas minas que
encierra en sus entrañas.
La Administración de correos de Teruel está bien servida, y a pesar de
la actividad desplegada para la mas pronta circulación de la correspondencia,
no puede conseguirse que a Madrid, Zaragoza, Valencia, Alcañiz etc. puedan
salir de Teruel y llegar en un día a su destino o al contrario las cartas o
impresos; efecto todo de las inmensas distancias que separan a la ciudad de que
tratamos de las poblaciones mas principales que aunque lejos rodean la
provincia.
Las fondas de Teruel son la de Fortea, en el paseo del
Obalo; la llamada de Mochola, en la calle del Pozo; la del Tozal,
en la calle de su nombre; la de Zapater, en la calle de los
Amantes; y algunas posadas y regulares casas de huéspedes.
Las producciones del término municipal de Teruel, dijimos antes que eran
algo escasas, menos el cáñamo, que es el ramo que constituye esencialmente la
riqueza de la vega: arbolado se ve ya bastante.
Hay tenerías en el barrio de la Florida y una fábrica de bayetas al otro
lado del Turia: la agricultura es la ocupación especial en Teruel, sin que,
como dejamos indicado, sean conocidos hasta ahora, los preciosos resultados del
vapor y demás agentes motores.
En cuanto al comercio, los efectos o artículos que se importan en la
capital, son en pequeñas cantidades, algunos cereales procedentes del río Cella
y del campo de Visiedo judías, arroz, naranjas de la provincia de Valencia, y
géneros de distintas especies de Cataluña y Zaragoza: la esportación está
circunscrita al cáñamo, tanto en hilaza como trabajado.
Respecto de ferias y mercados, el 30 de Mayo y 21 de Setiembre, se
celebra feria en Teruel: en lo general se compone de contrataciones, ventas y
permutas de ganado lanar, vacuno y caballar: los mercados son semanales, y a
ellos acuden las gentes de los pueblos inmediatos a proveerse de los artículos
que necesitan.
La Muy Noble, Fidelísima, Heroica, Vencedora y Excelentísima Ciudad de
Teruel, que cuenta unos once mil, cuatrocientos treinta y
dos habitantes, ha usado desde la mas remota antigüedad un escudo de armas
consistente en dos cuarteles ovalados entre banderas del pabellón Nacional,
conteniendo el primero las barras de Aragón en campo rojo; y el segundo en
campo azul, el toro y la estrella que simbolizan la localidad, estando
enlazados y sostenidos por un murciélago, emblema de la gran parte que tomaron
los hijos de Teruel en la conquista de Valencia por el rey D. Jaime de Aragón,
y con corona ducal; y por servicios distinguidos en todos tiempos defendiendo
con tesón y denuedo la causa de la patria, y por haber resistido Teruel el
sitio que la puso el brigadier Enna a fines de Junio de 1843, a pesar de la
gran constancia y valor con que la atacaron las tropas sitiadoras, el gobierno
provisional de la Nación por decreto de 11 de Setiembre de 1843, concedió a su
Ayuntamiento el tratamiento de Excelencia, y el añadir a sus armas
un nuevo cuartel en campo rojo, con un cañón y un obús cruzados, y en su centro
una pila de balas como emblema del ataque sufrido y de la victoria conseguida,
confirmando a la ciudad los títulos que de tiempo inmemorial goza de Muy
Noble, Fidelísima, Heroica y Vencedora. Tiene por
distintivo el Excelentísimo Ayuntamiento, según Real cédula de 9 de Noviembre
de 1819, en vez de la banda de tafetán encarnada, concedida por Real orden de
27 de Julio de 1807, una cinta roja de aguas de una mano o algo mas de ancho,
con los cantos de color de plata, dos borlas de oro a sus estremos y el escudo
de armas de la ciudad en el pecho con una orla, y en ella el siguiente
lema: En premio de lealtad.
El barranco de las Calaberas.
A una hora de la ciudad de Teruel, próximamente, se halla el pueblo
de Concúd, en cuyas inmediaciones está el barranco objeto de estos
renglones: la arcilla terciaria forma su base: es un depósito de huesos fósiles
en bancos de mucho espesor, alternando con alguno de conglomerado y calizo.
Saliendo del lugar hacia el N. se suben y bajan tres colinas pequeñas, y
después se llega a una que llaman Cavarrubia, por una especie de tierra roja,
que las aguas del barranco han descubierto. Este tiene cerca de doscientos
pasos de largo, treinta de ancho y ochenta de profundidad: la línea de la
colina que bordea el barranco es de una peña parda de cal, mas o menos dura, en
capa de dos y tres pies de grueso, llena de conchas terrestres y fluviales: hay
también en el centro de las mismas peñas muchos huesos, que Bowles cree que son
de buey y dientes de caballo y de jumento, con otros huesecillos de animales
domésticos.
Muchos de estos huesos se conservan como los que se ven en los
cementerios, otros se han calcinado, y se hallan algunos sólidos y otros que se
deshacen en polvo: otros se encuentran también que, al citado naturalista y
algunas personas entendidas les han parecido tibias y femures humanos, cuya
cabidad está llena de una materia cristalina.
Al otro lado del barranco hay un corral[26], en que se hallan aun después de haber sacado
muchos los curiosos, bastante cantidad de huesos: la crónica de la provincia
dice que en otro tiempo existía una cueva, donde se vieron huesos en una capa
de tierra de mas de sesenta pies de altura.
El barranco de las Calaberas, es acaso el mas admirable depósito de
fósiles que se encuentra en toda Europa.
Antes de conocerse la ciencia geológica, y cuando aun no se habían hecho
estudios paleontológicos, se ocuparon de dicho barranco, mas bien como objeto
de curiosidad que como motivo de esploración científica, el Padre Feijóo, el
naturalista Bowles, el geógrafo Antillon y el abate Juan Andrés.
Es de notar que casi todos los que se han ocupado del barranco de las
Calaveras, han creído encontrar en él huesos humanos en estado fosíl, a cuya
creencia ha contribuido no poco, la tradición que aun se conserva, de haberse
dado una gran batalla en aquellos llanos en tiempos remotísimos. La historia ha
conservado también la memoria de la derrota que allí sufrieron los celtíberos,
mandados por Budar, siendo Pretor Quinto Minucio Termo.
Hemos llegado a la conclusión de nuestro trabajo: la ciudad de Teruel
tiene ya su Historia, aunque escrita quizá de una manera
desaliñada; otro tal vez consiga levantar el edificio en el que hemos colocado
una piedra; y puesto que hemos escrito sobre una parte de Aragón, permítasenos
antes de hacer punto, nombrar aquí a nuestros paisanos D. Paulino
Sabiron y Estevan, D. Mariano Pescador, Don Andrés
Doméc, D. Agapito Diaz, Don Manuel Lopez y D. Mariano
Judez, que por olvido involuntario no mencionamos al hablar en capítulo
anterior y que no menos que los demás jóvenes honran el país donde nacieron;
séanos lícito también en medio del entusiasmo de que estamos poseídos, de
enviar nuestro afectuosísimo saludo y un cariñoso abrazo a nuestros amigos
aragoneses, D. GERONIMO BORAO, incansable literato y autor de la Imprenta
en Zaragoza y de la Historia de su Universidad; a D.
JOAQUIN TOMEO y a D. JOSE LOSTAL, que escribieron sobre la Historia de
Zaragoza; a DON NICOLAS SANCHO, que escribió sobre la de Alcañiz;
y a D. CARLOS SOLER, laborioso Catedrático del Instituto oscense, y autor de
la Historia de Huesca, el cual, aunque no paisano nuestro, es tan
amantísimo como nosotros de las glorias de Aragón y muy interesado en
publicarlas. Por último, demostramos nuestra gratitud al anticuario y
Catedrático del Instituto de Teruel, Don Pedro Garcés, por las
noticias que nos ha dado para esta obra.
OBRAS
de D. Cosme Blasco.
De Geografía e Historia.
·
1.ª Curso de Geografía-histórico-antigua, con los periplos
de Hannon y de Himilcon.
·
2.ª Curso de Geografía universal moderna, con un compendio
de la antigua, y noticias de los hombres mas célebres en cada una de las
provincias de España.
·
3.ª Estudio Elemental de Geografía aplicada a la Historia.
·
4.ª Los Cometas, su descripción, preocupaciones vulgares
sobre su aparición, principales observados hasta el día.
·
5.ª Programa de las lecciones de Geografía histórica,
esplicadas por el autor, siendo Auxiliar de la Facultad de Filosofía y Letras
en la Universidad literaria de Zaragoza.
·
6.ª Definicionario geográfico-físico, ilustrado con notas.
·
7.ª Noticia de los principales descubrimientos geográficos.
NOTAS:
[1]Cortés y López. Diccionario Geográfico.—Colección del
P. Traggia.—Diferentes manuscritos antigüos.—Estudio y observaciones del
autor, y otros que se citarán.
[2]Los Anales que contiene el Libro verde que
se conserva en el archivo del Ayuntamiento de Teruel, mencionan como los mas
principales, a Sancho Sanchez Muñoz y Blasco Garcés de Marcilla y
nosotros podemos añadir que se les unieron después los Dolz y Garci
Fernandez de Heredia.
[3]Entre los pobladores de Teruel pocos ignoran los
claros nombres de Cuevas, Marcillas y Muñoces.
D. Isidoro Antillon, en sus cartas a Don Ignacio Lopez de Ansó, sobre la
antigua legislación municipal de Teruel y Albarracin, página 58. 1799.
[4]Este Zeit se convirtió mas adelante a la fe
cristiana, y residía en Teruel cuando el Rey le confirmó la donación que le
había hecho para durante su vida, de las villas de Ricla y Magallon.
[5]Las Comunidades de Aragón alcanzaron su mayor
esplendor en los siglos XIII y XIV y empezaron casi al mismo tiempo que la
reconquista, fueron cuatro, a saber: la de Teruel. la de Albarracin,
la de Daroca y la de Calatayud.
[6]El de Ambeles, situado en la ronda del
mismo nombre.
[7]D. Baltasar y Don Melchor.
[8]En el siglo XII un sueldo valía en Aragón cuatro
dineros de plata. Asso. Hist. de la economía política de
Aragón, página 430 y siguientes.
[9]Marcilla es su apellido en el teatro, y en la boca
del pueblo se dice Marsilla.
[10]El capitán D. Joseph Tomás Garcés, caballero de la
orden militar de Ntra. Sra. de Montesa, etc. descendiente de la rama de D.
Diego Garcés de Marcilla, llamado el Amante, presentó a S. M. en el
año 1780, una Memoria sobre la genealogía de esta familia y afirma en fe de los
mas seguros documentos: que los Garceses de Marcilla traen su origen de sangre
real, siendo su progenitor y cabeza Fortun Garcés, hijo del infante
D. García, y nieto del rey de Navarra D. García I, tomando el nombre de Garcés
del propio de su padre D. García.—Hijo de Fortun Garcés fue D. García Fortunez,
que casó con Doña Toda, y tuvieron a D. Lope y a D. Gimeno Garcés.—De D. Lope
procedió Fortun Garcés, famoso por su esfuerzo militar entre los que
concurrieron en 1096 a la conquista de Huesca.—Hermano de este, y por
consiguiente hijo de Lope, fue García Garcés de Marcilla, llamado así por la
villa de este nombre en Navarra, de la que era señor, (de Don García y de Doña
Sancha Gomez Subira, nació D. Martín Garcés de Marcilla que
casó en Teruel con Doña Constanza Perez Tizon, y tuvieron a D.
Sancho, D. DIEGO EL AMANTE, y D. Pedro Garcés y Marcilla.) (Memorial literario
de Madrid, publicado en 1785.)
[11]Son palabras de una escritura pública, y de un
papel de letra muy antigua, titulado: Historia de los Amantes de Teruel,
que se conservaba a principios del siglo XVII en el archivo de la ciudad,
copiado por el secretario Juan Yagüe y testificado por el mismo como notario
público, existente en el día en el archivo de la Iglesia de San Pedro, y
publicado por el Sr. Antillon en sus noticias históricas sobre los Amantes de
Teruel, párrafo 1.º página número 5.
[12]Según una escritura pública «Marcilla,
revolviéndose contra moros ganó en cinco años cien mil sueldos.» Consta
asimismo que tomó parte en la batalla de las Navas de Tolosa, y que fue el que
con el Rey de Navarra rompió el palenque de las cadenas que tenía la tienda del
Rey moro; y por esta razón los Reyes de Navarra pusieron las cadenas en el
escudo de Marcilla, cómo se ve en el escudo de armas de los Garceses de
Marcilla, que hay en la capilla de San Juan Bautista de Albarracin, con tres
fajas, la cruz, la corona real y las esmeraldas.
[13]Gramalla: vestidura
larga hasta los pies, a manera de bata, como la de los religiosos Agustinos, de
que se hizo mucho uso en la antigüedad.
[14]Antes de este fue nombrado Obispo de Teruel, D.
Juan Andrés Capero, natural de Castellon de la Plana, siendo ya Obispo de
Lugo, pero al ir a tomar posesión de su nuevo Obispado, murió en Valencia el 10
de Marzo de 1719.
[15]No podemos menos de aprovechar esta ocasión para
recomendar a nuestros lectores la Historia de la Universidad de
Zaragoza, escrita por la envidiable pluma del que fue nuestro ilustrado
Maestro y nuestro imparcial Mecenas, y ahora nuestro verdadero amigo, D.
GERONIMO BORAO, justamente llamado Príncipe de los literatos aragoneses
contemporáneos.
[16]Esta casa se halla cerrada desde los sucesos
políticos de 1868.
[17]En este mismo camino encuéntrase en una casa una
ventana verdaderamente morisca, y otra existe también en la calle del Mercado
casi frente a la puerta falsa del templo llamado de San Salvador.
[18]Debió estar en el camino de las Estaciones donde
hace pocos años se encontraron restos de sepulturas antiguas.
[19]El pueblo la llama de San Miguel, por estar cerca
de este templo.
[20]Tozal, lugar alto
y eminente.
[21]Nos referimos a la Memoria que se
conserva en el archivo municipal de Teruel.
[22]En los alrededores de Teruel están las llamadas
de Atarazanas, la del Orispo, la de Mosen
Morante, la de la Fuenfresca, la del Gallo, la de
los Fabianes, la del Chorro, la del puente de hierro y
otras.
[23]Este manuscrito se titula: Libro que trata
de la fundación de Teruel y las cosas numerables y señaladas que desde entonces
han acaecido.». Este libro lo copió el P. Traggia, a fines del siglo
pasado, en la librería del convento de Santo Domingo de Teruel; estaba casi
completo, puesto que solo faltaba una hoja comprensiva de los años 1525, 26, 27
y principios del año 1528. El manuscrito que vio el P. Traggia en Teruel, debió
ser copia del Libro de los anales, que aun se conserva en el
archivo del Ayuntamiento, pero sin duda la conservada en el convento de Santo
Domingo debió sacarse antes de que se perdieran las hojas que ahora faltan al
original, que está mucho mas incompleto que la copia.
[24]¿Podrá pertenecer esta imagen a algún paso de
descendimiento, y ser la mano del costado la de alguna de las figuras que
ayudaban a bajar de la Cruz a Jesucristo?
[25]Así consta del libro: Cifra histórica, vida
de los Santos Mártires San Juan de Perusia y San Pedro de Saxoferrato,
compuesto por Fr. José Herrera y Esmir, Predicador y Cronista del reino de
Aragón, y dedicada desde Zaragoza a la muy antigua, muy noble y muy leal ciudad
de Teruel, en sus inclitos Cónsules y Jurados, en el día 7 de Marzo del año
1690.
[26]Los del pueblo le llaman Corral de las
Maravillas.
[27]En este capítulo, página 40, línea 9, hay una
errata notable; dice—villas: mas adelante de la notable casa—Debe decir: villas
mas adelante hablaremos de la notable casa etc., las demás erratas son
de poca importancia y dejamos su corrección al buen juicio del lector.
End of Project Gutenberg's Historia de Teruel, by Cosme Blasco y Val
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