© Libro N° 9054. Las Verdes Colinas De La Tierra. Heinlein, Robert A.. Emancipación. Septiembre 18 de
2021.
Título
original: © Las Verdes Colinas De La
Tierra. Robert A. Heinlein
Versión Original: © Las Verdes Colinas De La Tierra.
Robert A. Heinlein
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LAS VERDES COLINAS DE LA TIERRA
Robert A. Heinlein
Las Verdes Colinas De La
Tierra
Robert A. Heinlein
Las verdes colinas de la tierra -ROBERT A. HEINLEIN
I
Esta es la historia de Rhysling, el Cantor Ciego de
los Espacios, pero no en su versión oficial. En el colegio se cantan sus
palabras:
Oremos por un último aterrizaje
en el globo que me vio nacer;
déjame posar mis ojos en los cielos aborregados
y las frescas y verdes colinas de la Tierra.
O quizá cantéis en francés, o en alemán. O acaso en
esperanto, mientras el arco iris de la Tierra se extiende sobre nuestras
cabezas.
El lenguaje no tiene importancia, era con toda
certeza una lengua terrestre. Nadie ha traducido jamás «Verdes colinas» al
suave idioma venusiano, jamás un marciano lo ha croado ni susurrado en los
áridos corredores. Es nuestro. Nosotros, los habitantes de la Tierra, lo hemos
exportado todo, desde las películas de Hollywood a las substancias radiactivas
sintéticas, pero esto pertenece exclusivamente a la Tierra, y a sus hijos e
hijas doquiera que se encuentren.
Todos hemos oído referir muchas historias de
Rhysling. Cualquiera de vosotros puede incluso ser uno de los muchos que han
tratado de graduarse o sed aclamados a través de versiones escolares de sus
obras publicadas... Canciones del Espacio, El Gran Canal y otros Poemas, Alto y
Lejos y ¡Arriba, Nave!
Sin embargo, pese a que habéis cantado sus
canciones y leído sus versos en el colegio y otros sitios toda vuestra vida,
podría hacerse una ventajosa apuesta, a menos que seáis también un hombre del
espacio, de que no habéis oído siquiera hablar de la mayoría de las canciones
inéditas de Rhysling, como, por ejemplo, Desde que el avión se encontró con mi
primo, la muchacha pelirroja del Venusberg, ¡Conserva los pantalones Capitán! o
Un traje del espacio para dos.
Ni es posible tampoco insertarías en una revista
familiar.
La reputación de Rhysling quedó protegida por un
cuidadoso ejecutor testamentario y por la feliz casualidad de que no fue nunca
intentado. Canciones de los Espacios apareció la semana de su muerte cuando
llegó a ser un «best seller», las historias publicitarias que le hacían
referencia fueron reunidas en lo que el público recordaba acerca de él, más las
anécdotas subidas de color que fueron añadidas por sus editores. La imagen
pictórica resultante de Rhysling es tan auténtica como el hacha de Jorge Washington
o las galletas de King Georges.
En la realidad, no os hubiera gustado verlo en
vuestros salones; no era socialmente aceptable, tenía quemaduras de sol, unas
quemaduras permanentes que se rascaba continuamente, y no añadían nada a su
despreciable belleza. Su retrato, pintado por Van der Voort para la centésima
edición Harriman de sus obras maestras, muestra una figura de tragedia griega,
una boca solemne, unos ojos sin vista, ocultos por una venda de seda negra. ¡No
era nunca solemne! Tenía la boca siempre abierta, cantando, riendo, bebiendo o
comiendo. La venda solía ser un harapo, generalmente sucio. Cuando perdió la
vista, se fue volviendo más y más descuidado de su persona.,
"Noysi" Rhysling era un aviador a chorro,
de segunda clase, con unos ojos tan buenos como los vuestros, que había firmado
para un vuelo circu1ar a los asteroides de Júpiter en el R.S. Goshawk. Las
tripulaciones firmaban relevos para cualquier cosa en aquellos días; un
asociado de 1os Uoyds se hubiera reído en vuestras barbas si le hubieseis
hablado de asegurar un hombre del espacio. Del Acta de Precaución del Espacio
no había oído hablar nadie, y la Compañía respondía únicamente de los sueldos
cuando había lugar a ello. La mitad de las naves que fueron más allá de Luna
City no regresaron nunca. A los hombres del espacio no les importaba; de
preferencia firmaban a cambio de acciones y, cualquiera de ellos hubiera estado
dispuesto a apostar que era capaz de saltar del piso 200 de Harrirnan Tower, a
poco que les hubieseis ofrecido tres a dos y pudiese gastar suelas de goma para
el aterrizaje.
Los aviadores a chorro eran los más despreocupados
de todos y los más ínfimos. Comparados con ellos, los capitanes, operadores de
radar y astrogadores (no había cenas ni camareros en aquellos días), eran
pacíficos vegetarianos. Los aviadores a chorro sabían demasíado. Los otros
confiaban en la pericia del capitán para llevarlos, salvos y sanos a tierra;
los aviadores a chorro sabían que la pericia era inútil contra los ciegos y
caprichosos demonios encadenados en el interior de los cohetes del motor.
La Goshawk fue la primera de las naves de Harriman
que fue convertida de combustible químico a pilas de energía atómica, o, mejor
dicho, la primera que no saltó en pedazos. Rhysling la conocía muy bien; era
una vieja unidad que había realizado el circuito de Luna City, estación del
espacio de SupraNueva York a Leyyport y regresó antes de ser convertida en nave
del espacio. Cuando abandonó el recorrido de la Luna, realizó su primer viaje
al espacio profundo. Itywatets, en Marte, y regresó con asombro de todos.
En los tiempos en que se enganchaban para la vuelta
a Júpiter, hubiera sido nombrado seguramente ingeniero jefe, pero después del
viaje de exploración de Drywaters, había sido despedido, puesto en la lista
negra y desembarrado en Luna City por haber pasado el tiempo escribiendo
canciones y versos cuando hubiera debido estar vigilando sus instrumentos. La
Canción se llamaba El capitán es un padre para sus hombres; con el escandaloso
e impublicable estribillo final.
La lista negra no lo inquietó. Ganó un acordeón en
la barraca de un chino en Luna City, haciendo trampas, y desde entonces anduvo
cantando a cambio de bebidas y propinas hasta que un súbito roce entre
aviadores fue causa de que el agente de la Compañía le diese otra oportunidad
de probar suerte. Estuvo un par de años alejado de la Luna, volvió al espació
abierto, contribuyó a dar a Venusberg su original y madura reputación, recorrió
las orillas del Gran Canal cuando se estableció una segunda colonia en la antigua
capital de Marte y se heló los pies y las orejas durante el segundo viaje a
Titán.
Las cosas iban aprisa en aquellos tiempos. Una vez
la locomoción por pilas de energia fue aceptada, el número de naves que
emprendieron el recorrido del sistema Luna-Tierra quedó limitado únicamente por
el número de tripulaciones disponibles. Los aviadores a chorro eran escasos;
las precauciones eran reducidas a un mínimo para evitar peso y todos hombres
casados no querían correr el posible riesgo de una exposición a la
radiactividad. Rhysling no tenía ninguna intención de ser padre de familia, de
manera que los empleos estuvieron siempre a su disposición durante los días de
bullicioso apogeo. Cruzó y volvió a cruzar el sistema solar, cantando las
monstruosidades que le pasaban por el cerebro y acompañándose al acordeón.
El capitán del Goshawk le conocía; el capitán Hicks
había sido astrogador durante el viaje de Rhysling en la nave.
-Bienvenido a bordo, "Noisy" - lo había
saludado Hicks -. ¿Está usted sereno o firmo el rol por usted?
-Es imposible émborracharse con el jugo de chinches
ese que venden aquí, capitán.
Firmó y se fue abajo, acompañado de su acordeón.
Diez minutos después regresaba.
- Capitán - dijo sombríamente -, el chorro número
dos no está en condiciones, los reguladores de cadmio están torcidos.
- ¿Por qué me lo dice usted a mí? ¡Dígaselo al
jefe!
- Se lo he dicho, pero dice que funcionaran. se
equivoca.
El capitán se inclinó sobre el rol.
- Borre su nombre y lárguese. Zarpamos dentro de
treinta minutos.
Rhysling lo miró, se encogió de hombros y se volvió
abajo.
Hay un buen salto hasta los planetoides de Júpiter.
Una nave del tipo Hawk tiene que lanzar explosiones durante tres guardias antes
de entrar en vuelo libre. Rhysling tenía la segunda guardia. La regulación se
hacía entonces a mano, con un mecanismo de multiplicación y una válvula de
seguridad. Cuando la válvula se puso roja, trató de corregirla... y no tuvo
suerte.
Los aviadores a chorro no esperan; por esto son
aviadores a chorro. Se precipitó hacia el armario de herramientas y se lanzó
contra la válvula con las tenazas. las luces se apagaron, pero él siguió
trabajando. Un aviador a chorro tiene que conocer el cuarto de máquinas como la
lengua conoce el interior de la copa. En el momento de apagarse las luces
dirigió una rápida mirada por encima del colector de plomo. El resplandor
radiactivo azul no le ayudó en absoluto; echó la cabeza atrás y siguió
orientándose por el tacto. Una vez hubo llegado donde quería, dijo por el tubo:
- ¡Chorro número dos fuera de servicio! Y por lo
que más quieran, tráiganme un poco de luz aquí...
Había luz en el circuito de urgencia, pero no para
él. El resplandor azul radiactivo fue la última cosa a los que respondió su
nervio óptico.
II
"Mientras el Tiempo y el Espacio se arquean de
nuevo para formar esta estrellada escena;
las tranquilas lágrimas del trágico júbilo siguen
vertiendo su plateado resplandor;
a lo largo del Gran Canal se yerguen todavía las
frágiles Torres de la Verdad;
su alada gracia defiende este lugar de belleza,
suave y serena.
- Quebrantados los huesos de la raza que elevó
estas Torres; olvidas son sus ciencias;
ha tiempo desaparecieron los dioses que vertieron
lágrimas que lamieran estas cristalinas riberas.
- Lentas pulsaciones del corazón de Marte, agotado
por el tiempo bajo estos cielos helados;
el aire tenue susurra sin ver que todo lo que vive
tiene que morir...
Pero todavia las agujas de encaje de la Verdad
cantan madrigales de belleza.
Y morará para siempre jamás en las orillas del Gran
canal
(De "El Gran Canal", con autorización de
"Lux Tranacriptions Ltd.", Londres y Luna City.)
Durante el vuelo de regreso desembarcaron a
Rhysling en Marte, en Drywaters; los muchachos pasaron el sombrero y el capitán
dejó caer en él la paga de medio mes. Eso fué todo... finis, otra victima del
espacio que no tuvo la buena suerte de acabar su carrera cuando la suerte lo
abandonó. Estuvo con los investigadores y arqueólogos durante un mes o dos y
hubiera podido permanecer probablemente más a cambio de sus canciones y su
acordeón, pero los hombres del espacio mueren si permanecen en un sitio; embarcó
en otra nave en Drywaters y de allí fue a Marsópolis.
La capital estaba en plena prosperidad. Las
progresivas instalaciones flanqueaban el Gran Canal por ambas orillas y
mancillaban las antiguas aguas con la suciedad de sus detritus. Esto ocurría
antes de que el Tratado de los Tres Planetas prohibiese deteriorar reliquias
culturales con fines comerciales; la mitad de las esbeltas y maravillosas
torres habían sido derribadas, otras estaban desfiguradas para adaptarlas a las
viviendas presurizadas de los terrestres.
Pero Rhysling no vio jamás ninguno de aquellos
cambios, nadie le hizo una descripción de ellos; cuando de nuevo vio Marsópolis
lo imaginó como había sido, antes de que fuese racionalizado para el comercio.
Tenía buena memoria. Se detuvo en la explanada ribereña donde los antiguos
grandes de Marte habían distraído sus ocios y vio su belleza desplegarse ante
sus ojos ciegos; helada llanura azul no turbada por las mareas, inmaculada por
la brisa, reflejando serenamente las agudas y brillantes estrellas del cielo
marciano, y más allá de las aguas, los arbotantes de encaje y las aladas torres
de una arquitectura demasiado delicada para nuestro vulgar y pesado planeta.
El resultado fue El Gran Canal.
El sutil cambio de orientación que le permitía ver
belleza donde no la había ya, comenzaba ahora a afectar toda su vida. Todas las
mujeres eran bellas para él . Las reconocía por la voz, amoldando sus facciones
a sus sonidos. Un espíritu muy mezquino tiene que ser quien sea capaz de hablar
a un ciego de otra forma que con suave gentileza; arpías que no daban punto de
reposo a sus maridos, suavizaban su voz al hablar con Rhysling.
Poblaba este mundo de bellas mujeres y hombres
amables La Oscura Estrella Fugaz, EL Cabello de Berenice, Canción de Muerte de
un Potro Salvaje,y sus demás canciones de amor de los vagabundos; los aviadores
del espacio sin mujeres, eran la consecuencia directa del hecho de que su
concepto de las cosas no estaba mancillado por las abyectas verdades. Todo
suavizaba su aproximación a aquélla; cambiaba su obstinación en verso, y
algunas veces incluso en poseía.
Disponía de mucho tiempo para pensar, tiempo, para
evocar todas las palabras bellas y obstinarse en un verso hasta que sonaba bien
a sus oídos. El monótono compás de Canción de Chorro...
"Cuando el campo está libre, los informes ya
listos cuando la compuerta se cierra y las luces brillan verdes,
Cuando la comprobación está hecha, cuando es hora
de orar,
Cuando el capitán asiente, cuando la nave zarpa…
¡Oye los chorros! ¡
¡Óyelos roncar a tu espalda
Cuando estás atado a tu sillón!
¡Siente tus costillas aplastar tu pecho,
siente tu cuello crujir y descansar!
¡Siente el dolor en tu nave,
Siente la tensión de su fuerza!
¡Sientela elevarse! ¡Siéntela avanzar!
¡Acero potente, cobra vida, Bajo los chorros!"
…se le ocurrió, no mientras era a su vez un aviador
a chorro, sino más tarde, cuando andaba errante de a Venus haciendo compañía a
un viejo compañero de guardia.
En los bares de Venusberg cantó su nueva canción y
algunas de las antiguas. Alguien pasaba el sombrero por el; solía regresar con
la remuneración normal de un trovador, doblada o triplicada como reconocimiento
al galante espíritu que se ocultaba tras aquellos ojos vendados.
Era una vida fácil. Cualquier puerto del espacio
era su hogar y cualquier nave su vehículo privado. No habia capitán capaz de
negarse a llevar el excedente de peso del ciego Rhysling y su caja de música;
saltaba de Venusberg a Leyport, de Leyport Driwaters a New Shanghai o regreso
según era su antojo.
Jamás se acercó a la Tierra a menos de la estación
del espacio de Supra-Nueva York. Incluso cuando fírmó el contrato de las
Canciones del Espacio puso su impresión digital en un camarote de primera de
una nave, entre Lima City y Ganimedes. Horowitz, el editor original, estaba a
bordo durante su segunda luna de miel y oyó a Rhysling cantar durante una
fiesta. Horowitz era hombre muy ducho en materia publicitaria; en cuanto lo
oyó, el contenido íntegro de las canciones pasó ciertamente a la cinta magnetofónica
de la sala de comunicaciones de la nave antes de perder a Rhysling de vista.
Los siguientes tres volúmenes fueron sacados a Rhysling en Venusberg, donde
Horowitz había mandado a un agente para que lo hiciese beber hasta que hubiese
cantado todo lo que pudiese recordar.
UP SHIP! (¡Arriba, nave!) no es una composición
característica de Rhysling. La mayor parte es suya, -no cabe duda, y Canciones
de Chorro es indiscutiblemente suya, pero la mayoría de los versos fueron
recopilados después de su muerte por gente que lo había conocido durante sus
andanzas.
Las Verdes Colinas de la Tierra fueron creciendo
durante veinte años. La forma primitiva qué conocemos fue compuesta antes de
quedarse ciego, durante una francachela en compañía de algunos de los
desdentados habitantes de Venus. Los versos hacían principalmente referencia a
las cosas que los trabajadores pensaban hacer en la Tierra cuando una vez
pagadas sus deudas, podían regresar a ella con permiso. Algunas de las estrofas
eran vulgares, otras no, pero el coro era identificable con el de las Verdes Colinas.
Sabemos exactamente de dónde y cuándo vino la forma
final de Verdes Colinas.
En Venus, Ellis - Island, se encontraba una nave
despachada para el salto directo a los Grandes Lagos, IIIinois. Era el viejo
Falcon el más reciente de los tipo Hawk y la primera nave a la que se aplico la
nueva política del Trust Harriman de tarifa extraordinaria del servicio exprés
entre las ciudades de la Tierra y cualquier colonia con paradas previstas.
Rhysling decidió regresar a la Tierra quizá su
propia canción se le había metido en el alma, o acaso fuese tan sólo el deseo
de volver a ver sus Ozarks natales.
La Compañía no autorizaba ya viajeros gratis;
Rhysling lo sabía, pero jamás se le ocurrió que la medida pudiese aplicarse a
él. Se iba haciendo viejo, Era un hombre del espacio, ¿y estaba un poco
engreído de sus privilegios. No era una cosa senil, sabia simplemente que era
uno de los jalones del espacio como el cometa Halley, los Anillos y la Sierra
de Brewstet Entraba en el alojamiento de la tripulación en cualquier puerto,
bajaba y se encontraba como en su casa en la primera litera de aceleración.
El capitán lo encontró en el momento que hacia su
última vuelta de inspección.
¿Que hace usted aquí? - le preguntó.
Vuelvo otra vez a la Tierra capitán.
Rhysling no necesitaba ojos para ver los cuatro
galones de un capitán.
No puede usted volver en esta nave, ya conoce el
reglamento. Levante una pierna y lárguese de aquí. Vamos a arrancar en
enseguida.
E1 capitán era joven; había entrado en servicio
cuando Rhysling había abandonado ya el activo, pero Rhysling conocía el tipo...
cinco años de Harriman Hall con solo algunos viajes de prácticas como cadete en
lugar de una sólida y profunda experiencia del espacio. Los dos hombres no
tenían ninguna semejanza, ni de fondo ni de espíritu; el espacio cambiaba.
- Veamos, capitán, no le va usted a negar a un
viejo el regresar a casa.
El capitán vacilaba; algunos tripulantes se habían
detenido a escuchar.
- No puedo; "Acta de Precaución del Espacio
cláusula Seis». Nadie puede penetrar en el espacio fuera de un miembro enrolado
de la tripulación de una nave registrada, o como pasajero de pago de tal nave,
de acuerdo con los reglamentos establecidos, de acuerdo con esta Acta.
Levántese y márchese.
Rhysling retrocedió, poniéndose las manos detrás dé
la cabeza.
- Si tengo que marcharme, maldito sea si camino.
Que me lleven.
- ¡Oficial de guardia! - gritó el capitán -.
¡llévese a este hombre!
El policía de a bordo levantó la vista hacia el
techo.
- No puedo, capitán. Me he dislocado un hombro.
Los demás miembros de la tripulación, presentes un
momento antes, se habían desvanecido detrás del muro.
- Bien, pues que venga el capataz.
- Se ha marchado ya, capitán.
- Oiga, capitán - dijo nuevamente Rhysling -, no
nos enojemos por esto. Tiene usted también un articulo que le permite llevarme,
si quiere; la cláusula «Hombre del Espacio en Peligro».
- ¡«Hombre del Espacio en peligro», un cuerno! No
es usted un hombre del espacio en peligro; es usted un abogado del espacio. Ya
sé quién es usted, lleva años rondando por todo este sistema. Bien, pues no lo
hará usted en mi nave. La cláusula se refiere a hombres que han perdido su
nave, no a hombres que quieren pasearse gratis por el espacio.
- Bien entonces, capitán, ¿no podría usted decir
que he perdido mi nave? No he estado en la Tierra desde mi último viaje como
tripulante en activo. La ley dice que tengo derecho a un viaje de regreso.
- Pero de esto hace años. Ha tenido usted ya muchas
oportunidades.
- ¿Y no la tengo ahora? La cláusula no dice una
palabra acerca del plazo en que hay que utilizar el regreso; dice únicamente
que es un derecho. Vaya a comprobarlo, mi capitán. Si me equivoco, no solamente
me iré por mis propios pies, sino que le pediré humildemente perdón delante de
todos sus hombres. Vaya... véalo. Sea noble.
Rhysling podía casi sentir la mirada del capitán,
pero éste se limitó a dar media vuelta y marcharse.
Rhysling sabía que había utilizado su ceguera para
poner al capitán en una situación embarazosa, pero esto, lejos de turbarlo, le
divertía.
Diez minutos más tarde sonaron las sirenas, oyó dar
órdenes y la gran bocina que indicaba la ascensión. Cuando el suave suspiro de
las compuertas y el ligero cambio de presión en sus oídos le dijeron que el
despegue era inminente, se dirigió a la sala de energía, porque quería estar
cerca de los chorros en el momento en que comenzasen las explosiones. No
necesitaba a nadie que lo guiase para llegar donde fuese en una nave del tipo
Hawk.
La cosa ocurrió durante la primera guardia.
Rhysling había estado sentado en el sillón del inspector, jugueteando con las
teclas de su acordeón y buscando una nueva versión de Verdes Colinas.
Dejadme respirar de nuevo el aire no racionado
donde no hay carencia ni escasez...
Pero no acababa de gustarle. Había un algo. Probó
de nuevo.
Dejad que me cure la fresca brisa
mientras giran en torno al perímetro
de nuestro adorado planeta maternal
de las frescas y verdes colinas de la Tierra…
-Eso estaba mejor- pensó.
-¿Qué te parece eso, Archie? - preguntó dominando
el rugido.
- Muy bonito. Suéltalo todo.
Archie Macdougal, primer oficial de chorro, era un
viejo amigo, tanto en medio del espacio como en los bares; había servido como
aprendiz bajo las órdenes de Rhysling hacia muchos años y muchos millones de
millas atrás, Rhysling lo complació y dijo,:
- Vosotros, los jóvenes, lo tenéis todo fácil. Todo
es automático. Cuando yo le retorcía la cola tenía que estar despierto…
- Hay que estar despierto, todavía...
Les gustaba hablar del oficio y Macdougal le mostró
el nuevo dispositivo de distribución que había reemplazado el nonio manual
usado en tiempos de Rhysling. Este probó los controles e hizo preguntas hasta
que se hubo familiarizado con la nueva instalación Su vanidad era considerarse
todavía piloto de chorro e imaginar que su actual ocupación, en tanto que
trovador, era tan sólo un expediente durante una de sus querellas con la
Compañía como cualquiera podía tener.
- Veo que todavía tenéis instaladas las viejas
placas de distribución a mano - observó, tocando las instalaciones con sus
ágiles dedos.
- Todo menos las varillas de conexiones. Las he
desmontado porque tapaban las esferas.
- Hubieran debido traerlas a bordo. Puedes
necesitarlas.
- No sé. Me parece...
Rhysling no supo nunca lo que le parecía a
Macdougal, porque fue en aquel momento cuando la cosa comenzó. Macdougal fue
alcanzado de pleno por una explosión de radiactividad que lo abrasó donde
estaba.
Rhysling tuvo la sensación de lo ocurrido. Reflejos
automáticos de los viejos hábitos se apoderaron de él. Cerró el inyector y dio
la alarma a la cámara de mando simultáneamente. Entonces recordó que las
conexiones no estaban montadas. Debía sacarlas a tientas hasta que las
encontrase, mientras reducía la marcha tanto como fuese posible para sacar el
máximo beneficio de los colectores. Solo le preocupaba localizar las
conexiones. El lugar para él tan iluminado como pudiese estarlo, conocía todos
los rincones, todos los controles, lo mismo que conocía el teclado de su
acordeón.
- ¡Aquí! ¡Sala de energía! ¡Sala de energía! ¿Qué
alarma es ésa?
- ¡No entren! La sala está caliente - gritó. Sentía
el calor en su rostro y sus huesos, sol en un desierto.
Consiguió poner las conexiones en su sitio,
maldiciendo a todo el mundo, a todos por no haber tomado la llave inglesa que
necesitaba. Después comenzó por tratar de reducir la situación a mano. Era un
trabajo largo y delicado. Finalmente decidió que había que cerrar el chorro,
pila y todo. Primero el parte.
-¡Control!...
- ¡Control al habla! ,¡Cierre el chorro tres,
peligro!
- ¿Habla Macdougal?
- Macdougal está muerto. Habla Rhysling, de
guardia. Prepárese a anotar...
No hubo respuesta; el capitán debió de quedar
atónito pero no podía entrar en una sala de energía en momentos de peligro.
Tenía que tener en cuenta los pasajeros, la nave y la tripulación. Las puertas
tenían que permanecer cerradas.
El capitán debió de quedar más sorprendido todavía
por el parte que Rhysling transmitió:
"Nos podrimos en los aledaños de Venus
nos combamos bajo su pútrido aliento.
Falsas son sus inundadas selvas,
serpenteando con la sucia muerte"
Mientras seguía trabajando Rhysling iba catalogando
el Sistema Solar...
"duro suelo brillante de la
Luna...","...anillos irisados de Saturno…",
"…heladas noches de Titán...", abriendo
al mismo tiempo el chorro y limpiándólo. Terminó con un coro alternado:
-"Hemos explorado cada átomo giratorio del espacio y reconocido su
verdadero valor; llévanos de nuevo a los hogares de los hombres, ¡Las frescas y
verdes colinas de la Tierra!
Después, casi inconscientemente, se puso a hilvanar
y enlazó con su primer verso revisado:
"El arqueado cielo está llamando
a los hombres del espacio fuera de su ruta.
¡Todos a punto! ¡Pronto! ¡Caída libre!
Y las luces debajo nuestro se apagan.
Los hijos de la Tierra se alejan
con distantes viajes de estruendosos chorros,
ahí salta la raza de los hombres,
fuera, lejos, alejándose aún..."
La nave estaba salvada y a punto de llegar a la
Tierra con un solo chorro. En cuanto a sí mismo, Rhysling no estaba seguro. El
«calor del sol» iba apretando, le parecía. Era incapaz de ver la neblina roja y
ardiente en que trabajaba, pero sabía que estaba allí. Siguió en su tarea de
renovar el aire por la válvula exterior, repitiendo la operación varias veces
para permitir al nivel de radiactividad disminuir hasta un grado, que el hombre
pudiese soportar bajo una armadura adecuada. Mientras tal hacía, mandó nuevos
versos, el último fragmento del más auténtico Rhysling que jamás pudiese
existir:
Oremos por un último aterrizaje
sobre el globo que nos vio nacer.
Fijemos nuestros ojos en el cielo aborregado
y las frescas, verdes colinas de la Tierra.


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