© Libro N°. 3049. Nacido Del Hielo. Kenyon, Sherrilyn. Colección
E.O. Agosto 20 de 2016.
Título original: © Nacido Del Hielo. Sherrilyn Kenyon
Versión Original: © Nacido Del Hielo. Sherrilyn Kenyon
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Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
NACIDO DEL HIELO
Sherrilyn Kenyon
ARGUMENTO
En el Universo Ichidian Universe, la Liga y sus crueles asesinos
continúan con su misión de hacer cumplir las normas. Pero, ¿a qué precio?
Bienvenido a regreso al futuro... y a un mundo completamente nuevo.
Él es un forajido que no ofrece tregua...
Devyn Kell pasó casi toda su vida al servicio de La Liga hasta
que se dio cuenta de los dobles métodos que usaban y las puñaladas por la
espalda que le costaban la vida a inocentes. Así que se negó a seguir jugando a
la política y se convirtió en un fugitivo traficando con armas, medicinas y
todos los suministros necesarios para la supervivencia. Quizás los dioses
tengan clemencia con aquellos que se cruzan en su camino, porque él no la
tendrá en absoluto.
Ella está huyendo de un pasado que podría terminar con su
vida...
Alix Garran es una mujer que trata de escapar de un pasado del
que no puede huir. Contratada para trabajar para Devyn como ingeniera de
sistemas, encuentra una causa por la que la luchar, y un hombre al que puede
respetar. Y mientras el pasado de Alyx regresa para amenazarla y los viejos
enemigos de Devyn se vuelven más letales, ambos tendrán que luchar
conjuntamente... o arriesgarse a perderlo todo.
PRÓLOGO
—Ese de ahí es el peor hijo de puta que jamás nacido.
Devyn Kell levantó la cabeza de los papeles al oír la profunda
voz familiar que cruzó la habitación.
No. No podía ser…
Apenas contuvo la sonrisa al ver instantáneamente al recién
llegado entre la formación de soldados que se interponían en el comedor.
Adron Quiakides. Fanfarrón. Mujeriego. Lunático…
Y su mejor amigo desde que nació.
Solo un puñado de años mayor que él, Adron tenía el pelo blanco
como la nieve que le caía trenzado por la espalda. Un asesino de La Liga, Adron
llevaba bien el uniforme. Tan negro que absorbía la luz, era un claro contraste
con el pelo y moldeaba todos los músculos que el asesino poseía.
Tenía los ojos cubiertos por un par de gafas de sol opacas, pero
aun así, Devyn conocía su color mejor que el propio. Cuando era un niño, había
salvado el ojo derecho de la ceguera después de que hicieran una carrera a
través de un zarzal que casi se lo había arrancado.
Devyn había ganado la carrera. Pero Adron reclamaba que solo fue
así debido a que casi pierde el ojo.
Como si eso pudiera alguna vez frenar a alguno de ellos…
Llevaba sin ver a Adron casi seis meses, un record para su
estrecha amistad. Definitivamente se alegraba de verle ahora.
—¿Se refieres a Kell? —La voz del comandante de Devyn se ahogó
mientras Adron le pasaba el brazo por los hombros a Quills—. ¿Está drogado,
comandante? Es un puto médico. La única parte de mí que le teme son mis
amígdalas.
Adron chasqueó la lengua al comandante de Devyn, que no había
hecho nada excepto tomarle el pelo durante los últimos dos meses desde que
Devyn había sido reasignado a su unidad. El hombre era realmente afortunado de
que Devyn hubiera aprendido a controlar su temperamento.
La mayoría de los días, en cualquier caso.
Adron golpeó al comandante en la espalda tan fuerte, que Quills
realmente se tambaleó por el golpe.
—Sí, eso es lo que quiere que pienses. Pero confía en mí.
Conozco sus habilidades de primera mano. Su padre era el notorio ratero y
asesino, C.I. Syn. Su madre la legendaria Seax, Shahara Dagan.
Devyn apretó fuertemente la mandíbula para evitar desenfundar el
blaster y disparar a su mejor amigo por desvelar un secreto que había tratado
endemoniadamente de guardar.
Gilipollas.
Quills jadeó ante ambos.
—Él… ¿Kell es su hijo?
—Oh, sí. Y te lo haré mejor. Ha sido entrenado para el combate
desde su nacimiento por el mejor asesino de La Liga jamás creado.
Quills se burló.
—¿Quieres decir que hay alguien ahí fuera mejor que su padre?
Adron sacudió la cabeza mientras empujaba a Quills apartándole.
—No, idiota. Mi padre le entrenó. —Le disparó una sonrisa
maligna a Quills—. Solo para tu información, mi padre también es su padrino.
Así que querrás ser realmente agradable con Dev. Todos nosotros nos lo tomamos
como algo personal cuando la gente no lo es.
Devyn se puso de pie mientras Adron acortaba la distancia entre
ellos.
Tendió la mano y dejó que su amigo le atrajera a un fuerte
abrazo.
—Es bueno verte de nuevo, aridos. Pero realmente… algo de
discreción habría sido agradable. Fuera de la naturaleza de tu podrido culo,
pero agradable.
Adron se rió de buen grado mientras le soltaba.
—Vamos, Dev. Necesitas permitir que esos gilipollas sepan lo que
puedes hacer. Quien eres en realidad. Si creen que eres débil, pasaran por
encima de ti.
La verdadera filosofía del asesino, pero no estaba en la
naturaleza de Devyn imponerse a la gente que le rodeaba. Era demasiado
tolerante para eso.
Bueno… de nuevo, la mayoría de los días.
Devyn miró por la habitación, observando que eran los
destinatarios de demasiada atención.
Sin embargo confirmando las palabras de Adron, ahora los
soldados de la habitación mantenían un respeto en sus miradas hacia Devyn que
nunca habían tenido antes.
—Ser un fanfarrón arrogante simplemente no funciona para mí.
Adron se tomó el insulto con calma.
—Deberías intentarlo. Realmente crece en ti, confía en mí.
Devyn se rió hacia su amigo, que era mucho más como un hermano
mayor para él.
—Bueno, ¿qué te trae por aquí?
—Gente que necesitaba matar. —El tono de Adron era completamente
estoico sobre su brutal trabajo—. Actualmente me estaba dirigiendo de vuelta a
La Liga y oí que tu unidad se había dejado caer por aquí. Solo quería decirte
hola antes de irme.
—¿Quién era tu objetivo?
Adron se inclinó para susurrar y que nadie más pudiera saber a
quien había matado.
—El emperador Abenbi.
Devyn estaba sorprendido ante el nombre.
—¿El líder Probekein? —Abenbi había ordenado una vez el
secuestro y muerte de la madre de Adron. Era una historia que todos conocían
bien, y así fue como los padres de Adron, al igual que los suyos, se habían
conocido—. ¿Era algo personal?
—Fue una misión… —Un tic surgió en la mandíbula de Adron—. Y fue
algo personal por lo que hizo pasar a mi madre. Ha tardado demasiado tiempo en
llegar, en mi opinión, pero fue legal, por lo que mi padre debe estar
orgulloso.
—Siempre está orgulloso de ti, Adron.
Adron no hizo ningún comentario.
—¿Cuánto tiempo estarás aquí?
—Estamos evacuando tropas de una zona caliente y tenemos algunos
suministros para los civiles. Unos pocos días y estaremos fuera.
—Bien. No quiero llevar tu cuerpo a casa de tu madre.
—Sí, probablemente te haría daño si lo hicieras.
—Probablemente. —Adron sonrió con picardía—. En todo el
universo, tu madre es la única cosa que realmente me asusta, especialmente en
lo que a ti concierne. No quiero nunca encontrarme con su lado oscuro.
—Ja, ja. Y necesito recordarte que mi madre no era la única que
gritaba cuando fuiste arrojado dentro de la piscina.
—Sí, está bien, así que ambos tenemos madres irracionales y
neuróticas. De todos modos, tengo que salir de aquí. La misión me llevó un poco
más de tiempo del que se suponía y si no me presento… No quiero ser cazado y
tener que eliminar a otro asesino lo suficientemente tonto como para venir tras
de mí. —Le dio otro abrazo rápido a Devyn—. Ten cuidado, hermanito.
—Tú también, A. Te veré por ahí.
Adron inclinó la cabeza hacia él antes de dirigirse hacia las
puertas.
Tan pronto como Adron se hubo ido, Quills dio un paso adelante.
—¿La ha cagado completamente con sus padres?
Devyn tuvo que esforzarse para no poner los ojos en blanco. Si
solo el hombre supiera la verdad. Veneno letal corría a través de su sangre por
ambos lados de la familia. Había sido criado para la supervivencia y le habían
crecido los dientes en actividades que este hombre no podía siquiera imaginar.
—No, señor.
—Entonces si sus padres son Syn y Dagan, ¿por qué su nombre es
Kell?
Porque era el nieto de unos de los criminales más despiadados
que jamás hubo nacido y sus padres habían hecho todo lo posible para protegerle
de la gente que le juzgaría y discriminaría basándose solo en su ascendencia.
Esa conexión paterna a un loco había arruinado la vida de su padre dos veces
antes del nacimiento de Devyn, y se le había insistido en el deber de
mantenerlo siempre en secreto.
Y no era asunto del comandante Quills.
—Tengo que preguntárselo a mi padre, señor. No escogí mi nombre.
Lo hicieron él y mi madre. —Dioses, como odiaba ser tan complaciente con estos
gilipollas. ¿Por qué se había vuelto a unir a los militares?
Para ayudar a la gente…
Sí, pero cada vez era más difícil aguantar esa basura y
agradecerles que metieran las narices.
Su comandante en jefe estrechó la mirada sobre él.
—¿Se está haciendo el listo conmigo, capitán?
Devyn arqueó una ceja burlona. ¿Tan estúpido era Quills que no
podía decirle que era una gran afirmación?
Antes de poder responder, el enlace de comunicación de Quills se
disparó.
—¿Comandante? Hay un ataque en la carretera a unos 20
kilómetros. Tenemos órdenes de salir. Ahora.
Quills se fue y dejó a Devyn solo con el teniente que estaba
sentado cerca de él. La cara del joven estaba pálida y demacrada.
Devyn frunció el ceño.
—¿Estás bien?
—Nunca antes había estado en combate.
Pobre muchacho, pero iba a aprender.
—No se preocupes, teniente. Su entrenamiento entrará en acción y
todo irá bien.
—Y si no, le tendré allí para parchearme. ¿Verdad, doctor?
—Absolutamente.
Inclinando la cabeza, el chico se fue.
Devyn agarró la mochila y el arma. No le gustaba la idea de la
batalla más que al novato, pero eso era para lo que le habían contratado…
Esto no era para lo que le habían contratado.
Devyn estaba furioso mientras se arrodillaba en el suelo donde
un niño yacía en un caos sangriento. No tenía más de diez años, su cuerpo había
sido destrozado por una mina mientras el niño y su pueblo, habían quedado
atrapados bajo el fuego cruzado de las tropas de La Liga que estaban tratando
de expulsar a un grupo de rebeldes. Había perdido un brazo y la pierna
izquierda nunca sería la misma.
Con tal de que no perdiera eso, también.
—No quiero morir —lloró el chico—. Quiero a mi mamá.
Desafortunadamente, Devyn estaba bastante seguro que ella estaba
entre los cuerpos que cubrían la carretera y el pueblo.
Le temblaban las manos mientras trataba de reducir la hemorragia
del niño.
—¿Cuál es tu nombre, chico?
—Omari.
—¿Cuántos años tienes?
—Nueve. —Omari sollozó, tratando de quitarse la sangre de los
ojos castaños. La piel marrón oscura había sido lacerada por multitud de
lesiones—. Mi cumpleaños es el próximo mes. No voy a morir antes de mi
cumpleaños, ¿verdad? Mi mamá dijo que por fin podría tener un cachorro si era
bueno, y he sido realmente bueno para poder tener uno. No quiero morir sin mi
cachorro.
La garganta de Devyn se cerró ante el miedo y la angustia del
niño. Tenía que tranquilizarle.
—¿Vas a la escuela, Omari?
Negó con la cabeza.
—La Liga la explotó. Estaba enfermo en casa ese día. Todos mis
amigos fueron asesinados. —Volvió a romper a llorar en desgarradores sollozos
mientras continuaba llamando a su madre a todo pulmón. Funestos gritos que
fueron ahogados por los sonidos de los láseres, blasters y bombas explotando a
su alrededor.
Devyn tuvo que contener una maldición. Se había unido a La Liga
para proteger a la gente. Para evitar que los depredadores hicieran lo que sus
propios soldados le habían hecho a esa gente.
La ira ardió a través de él tan cruda y fétida que podía
saborearla.
—¿Kell? ¿Qué infiernos crees que estás haciendo?
Miró a su comandante en jefe mientras alcanzaba otro vendaje.
—Tratando de salvar una vida. —Tuvo que obligarse a terminar la
frase—. Señor. —Pero no había manera de evitar que el veneno y el disgusto que
sentía se filtraran en el tono.
Quills pateó el suelo.
—Él no es nada para nosotros. Tenemos soldados sangrando. Mueve
el culo y atiéndelos.
Devyn miró a los hombres que estaban heridos, pero ni mucho
menos tan mal como el chico que tenía enfrente. Si no detenía la hemorragia, el
niño no tendría ninguna posibilidad.
—Estaré allí en un minuto.
—Harás lo que te he dicho, soldado. ¡Ahora muévete!
Devyn se negó a ceder.
—En un minuto.
Entonces Quills cometió el peor error de su vida.
Le apuntó con el blaster.
—Muévete o muere.
Devyn se burló amargamente mientras oía la frase favorita de su
madre filtrándose en su cabeza. Estrechó la mirada sobre su comandante en jefe.
—Nunca le des a alguien la elección que no le deje otra salida
que hacerte daño.
—¿Qué?
—¿Quieres que me mueva? —Devyn se puso rápidamente de pie y sacó
el blaster de manos de Quills más rápido de lo que él podía parpadear—. ¿De
esta manera?
—¡Arrestadle!
Los soldados de La Liga se abalanzaron sobre él desde todas las
direcciones. Pero a Devyn no le importaba. La única cosa que le importaba era
el niño que tenía a los pies.
Omari.
No se había puesto este uniforme para masacrar civiles. Para
cortar los suministros de la ciudad y castigar a los mineros que protestaban
por la crueldad que La Liga les infringía. Esto estaba mal, y se negaba a ser
parte de un sistema corrupto.
Estampó la culata del blaster sobre el brazo del primer hombre
que le alcanzó. Otro le disparó. Eludió la descarga que derribó a otros dos
hombres antes de derribar al hombre que buscaba su cabeza. Sacó los cuchillos y
fue a por el siguiente que trataba de matarle.
Dándose la vuelta, alcanzó a otro atacante en el pecho, al
siguiente en el brazo y la garganta.
Uno a uno, usando las habilidades que sus padres y tíos le
habían enseñado, derribó a todos los soldados lo suficientemente estúpidos para
atacarle antes de quedarse solo.
Su convicción de sólido acero, se desplazó de vuelta a su
comandante, que estaba lloriqueando en el suelo.
—Deberías haber escuchado a Adron. Soy el peor hijo de puta que
jamás haya nacido. Y tú… —golpeó a su comandante dejándole inconsciente—. Eres
un pedazo de mierda sin valor.
Y Quills tenía suerte de que Devyn tuviera suficiente de su tía
Tessa en él, para tener la suficiente misericordia justo ahora cuando realmente
quería matar al hijo de puta. Cualquiera de sus padres le habría cortado la
garganta ahí donde estaba. Pero no podía ser tan frío…
Esta noche.
Devyn se detuvo mientras miraba a los hombres que había herido.
A los que no estaban muertos, de todos modos. Yacían sujetándose las heridas,
pero no hacían la intención de atacarle.
Había conseguido un punto. Solo porque era médico no quería
decir que fuera un cobarde.
Habían aprendido una valiosa lección esta noche sobre atacar a
la gente que no consideraban una amenaza.
Pero mientras permanecía allí, la realidad le golpeó. Por lo que
había hecho, había declarado la guerra a La Liga. No había vuelta atrás. Le
cazarían como a un animal y le acosarían de noche y de día.
Que así fuera.
Después de todo, era un Wade hasta la médula. Y si los Wades
eran algo, eran firmes supervivientes.
Que los dioses tuvieran misericordia de aquellos lo
suficientemente tontos para ir tras él, porque él no la tendría.
Dándose la vuelta, cogió a Omari del suelo.
—No te preocupes, chico. Te protegeré. Nadie jamás te hará daño
otra vez.
Dado que mataría a cualquiera que amenazara alguna vez a este
chico.
CAPÍTULO 1
Nueve años más tarde.
«Devyn Kell es el mismo diablo. No tendrá piedad de ti y te
matará si se entera de lo que eres y el porqué estás allí. Confía en mí. He
enterrado a todos los agentes que hemos enviado tras él, machos, hembras y todo
lo de en medio. Dado que puede detectar a un operativo tres segundos después de
encontrase con uno, tal vez una civil pueda reventarle el culo sin ser
descubierta».
«No falles».
Alix Gerran mantuvo esas palabras muy cerca del corazón cuando
entró en el hangar donde estaba atracada la nave de Kell.
No quiero hacer esto...
Pero no tenía elección. O descubría cualquier prueba para llevar
ante la justicia a Kell o vería morir a su madre y a su hermana. Tenía tres
semanas antes de que el Ministro de Justicia Ritadarion las ejecutara. Y cada
día que pasaba, su familia se sentaba en una celda de la cárcel, pudriéndose.
Ella era su única esperanza.
Puedes hacerlo.
Ella todavía no entendía por qué Merjack simplemente no mataba
al hombre, si le odiaba tanto. Pero el MJR1 había sido firme en que Kell debía
tener un juicio público. Sin importar por qué psicópata razón, un contrato de
asesinato no era lo suficientemente bueno para Kell.
Tal vez Kell había atropellado al perro de Merjack...
«Ya nos hemos encargado de su ingeniero, así que tienes una
vacante en su personal de abordo que hemos hecho a medida para ti. Tienes que
llevarlo ante la ley, vivo para el juicio, así que ayúdame o violaré a tu
familia yo mismo y luego te arrojaré a la peor calaña de criminales y miraré
mientras ellos toman turnos contigo».
Cualquiera cosa que Kell le hubiera hecho al MJR tuvo que haber
sido cruel. No había ninguna otra razón para un odio tan fuerte.
—¿Cómo me he metido en medio de esto?
Pero entonces, lo supo. Su padre había sido un transportista
hasta hacía seis meses, cuando su primer oficial hubo huido con todo el
capital. Sin ningún ahorro, su familia se vio obligada al contrabando.
Desafortunadamente, su padre había resultado ser verdaderamente
pésimo en ese negocio, hacía dos semanas que había sido detenido y ejecutado a
las veinticuatro horas de su condena. Así que, ella, su madre y su hermana eran
esclavas, que habían sido destinadas a la subasta para pagar el juicio y la
ejecución.
Hasta que Merjack había visto a Alix.
Al parecer, ella tenía un asombroso parecido con alguien del
pasado de Kell por quien él se había preocupado, y sólo eso le había impedido
ser vendida a un burdel.
Así que aquí estaba...
Dirigiéndome a morir.
Basta, Alix. Puedes hacerlo.
Estaba cansada de esa agotadora letanía. Lo menos que la voz en
la cabeza podía hacer era no sonar tan triste cuando se la recitaba.
¡Puedes hacerlo!
Sí, ahora sonaba como si estuviera drogada.
Tragándose el miedo, se dirigió a la bahía Delta Alpha 17-4,
donde estaba atracada a nave de Kell, La Talia.
Simplemente no le dejes matarme tres segundos después de
conocerme. Eso arruinaría seriamente el ya jodido día.
Pasó numerosas naves de carga y cazas, la mayoría de los cuales
eran obsoletos e ilegales para el vuelo. Típico, realmente. La mayoría de las
personas que visitaban la estación de Solaras eran bandidos, estafadores,
prostitutas, moradores de la frontera o pilotos que necesitaban el pago extra
por peligrosidad que se ofrecía a cualquiera lo suficientemente estúpido como
para volar a través del sistema Solaras. El dinero para ellos era tan escaso
como lo era para ella.
Pero al doblar la esquina, se congeló ante la vista de lo que
tenía que ser la nave más bonita que jamás hubiera visto. Se quedó
boquiabierta.
Lo que daría por algo como eso.
Era absolutamente impresionante, con líneas suaves y sin ninguna
arista afilada en toda su superficie. Pintada de un oscuro bermellón con
reflejos dorados, dominaba el hangar. Esa nave era definitivamente una dama que
avergonzaría a cualquier otra nave espacial que estuviera atracada aquí. En
realidad, avergonzaba a todas las naves que Alix hubiera visto nunca fuera de
los anuncios y catálogos vigentes.
Dejando escapar una lenta respiración apreciativa, se obligó a
ni siquiera soñar con una y comenzó a buscar La Talia.
«Es probablemente una oxidada cisterna o un carguero no mejor
que la nave que mantenía tu padre. Definitivamente vas a tener las manos muy
ocupadas tratando de mantenerla en el espacio».
No permitas que Kell sea tan desagradable como la tripulación de
mi padre.
Esa era la peor parte de los transportistas y contrabandistas.
No tenían ninguna higiene. Era como un distintivo de honor que ellos se
expulsaran el hedor los unos a los otros.
Mira el lado bueno, al menos de esta manera no tienes que dormir
con su maloliente piel.
Cierto. Con esta misión, sólo tenía que encontrar o fabricar la
prueba para condenar a Kell antes de que la matara.
¡Adelante!
Apartando ese atemorizante pensamiento, contó las bahías al
pasar por ellas.
—Una... dos... tres…
Se detuvo cuando vio la nave que había llamado su atención.
No. No podía ser.
Verificó nuevamente los números y, efectivamente, lo era.
La Talia.
Whoa… Una ráfaga de emoción la atravesó hasta que recordó que en
realidad no estaba aquí para trabajar. Estaba aquí para tender una trampa o
capturar a un cruento criminal.
Un asesino.
—Maldición, Vik. ¿Cómo puedes no saber lo que va mal con esta
cosa? ¿No puedes comunicarte con ella o algo así?
Ella vaciló ante esa profunda y retumbante voz que sonaba como
un trueno. Ligeramente acentuada, le envió un escalofrío por la espalda. Con el
corazón latiendo con fuerza, ella se asomó a la parte trasera y se congeló
totalmente en sus pasos.
Si había pensado que la nave era algo, no era nada comparado con
el grupo de hombres que parecían ser su tripulación.
Oh. Dios. Mío.
El que había hablado debía medir uno noventa de altura. Esculpido
con perfectas proporciones, era delgado y musculoso. Anchos hombros
convergiendo hasta las estrechas caderas y lo que tenía que ser el mejor culo
que jamás había visto en su vida, podría rebotar un crédito en él.
O romperse un diente mordiéndolo.
Tenía el pelo negro muy corto, pero la parte delantera de éste
caía sobre un par de ojos tan oscuros que se mezclaban perfectamente con las
pupilas. Oscuras cejas acuchilladas paralelamente remarcando los afilados
pómulos y, en la mandíbula, empezaba a tener una contracción nerviosa.
Oooh, eso era totalmente lamible, también.
Poder y fuerza sangraba por cada poro de su cuerpo. Una imagen
que se perpetuó por el traje negro Armstich abrazando cada recoveco y curva de
los músculos y los blasters enfundados que llevaba a las caderas.
Sí, este hombre hablaba en serio y estaba listo para problemas.
Y los hombres que le acompañaban no eran diferentes. Había uno,
un Hyshian por su aspecto general, a su derecha. Unos centímetros más bajo, el
Hyshian no era menos musculoso. El pelo negro le caía en largas trenzas hasta
la mitad de la espalda. Parecía ser de la misma edad que el primer hombre que
había observado.
En lugar de negro, vestía de marrón oscuro con aun más armas
atadas al cuerpo. El largo abrigo era sin mangas, mostrando los protuberantes
brazos. Gruesos brazaletes de oro rodeaban ambas muñecas y una estrecha banda
le envolvía el bíceps izquierdo, una señal de matrimonio en su mundo.
Sí, él era igual de mortífero.
El tercero sospechaba que era un humanoide. Unos dos centímetros
más alto que el que había hablado, tenía el pelo de color azul oscuro y la piel
azul más claro. Con ese tono de piel, parecía un Rugarion, pero los labios y
ojos eras negros en lugar del azul más oscuro que ellos tenían. Al igual que
los otros, era absolutamente magnífico. Y musculoso y perfectamente esculpido.
También parecía muy molesto, algo impresionante, ya que era
difícil conseguir programar emociones en una perfeccionada inteligencia
artificial.
El androide miró furiosamente al que había hablado.
—Mi nombre no es Maldición Vik, y me parece irónico que creas
que puedo comunicarme con todos los seres de metal cuando tú apenas puedes
comunicar tu punto de vista a tus propios padres. Y te dieron a luz. Yo no di a
luz a esta nave. La última vez que me examiné era macho y eso sería imposible a
una multitud de niveles.
El otro hombre se echó a reír.
—¿Qué te parece, Dev? ¿Podemos hacer un modelo de Vik para que
pudiera dar a luz?
El androide frunció el ceño.
—Cuidado, Sway, podría fácilmente encerrarte en tu habitación de
nuevo… accidentalmente, por supuesto.
El Hyshian sacó un arma y le apuntó a la cabeza.
—Lo sabía bastardo de metal.
El hombre al que había llamado Dev dejó escapar un suspiro
irritado antes de desarmar al Hyshian.
—¿Vamos a estar aquí lanzando disparos unos contra otros? ¿O
podemos centrar nuestra colectiva atención para conseguir salir de este agujero
de mierda?
Sway le fulminó con la mirada.
—Mira, nadie quiere salir de este agujero más que yo. Estoy
abierto a sugerencias, Capitán Puedo Hacerlo Por Mí Mismo. ¿Tienes alguna idea
de lo que es esa señal de aviso?
Dev le lanzó una jocosa mirada que le envió un escalofrío por la
espalda.
—Sí, el sistema de avería que no nos deja despegar.
Vik resopló.
—Yo sugerí que contratáramos a un nuevo ingeniero, pero nadie me
hizo caso.
Él deslizó la mirada hacia Dev.
Dev hizo una mueca.
—¿Y qué se supone que debía hacer? ¿Cagar uno? En caso de que no
lo hayas notado, no hay una plétora de ingenieros por aquí.
—¿Plétora? —Se burló Sway—. ¿Qué clase de palabra marica es esa?
Dev se lanzó hacia su cuello, sólo para que Vik se interpusiera
entre ellos.
Vik apartó de un empujó al Hyshian.
—Sway, no magullarás la sagrada entidad. No quiero que me
desmantelen debido a que profanaste la mágica semilla. Ahora, ambos os
comportaréis como si en realidad fuerais hombres crecidos.
Alix frunció el ceño. Era como ver a un grupo de niños en un
parque.
Niños, mortíferos y espeluznantes, pero...
Tienes que llegar allí y subirte a su nave.
No quiero ir.
Sólo hazlo.
Tomando una respiración profunda, se obligó a caminar hacia
adelante. Por favor, no permitas que me disparen.
—Disculpen, señores. Su estabilizador trasero está roto.
Tres pares de ojos se volvieron hacia ella con una intensidad
que era absolutamente aterradora. Tuvo que luchar contra el impulso de huir.
En lugar de eso, se mantuvo firme mientras se enfrentaba a
ellos.
Devyn se congeló ante el sonido de la ronca voz femenina que
tanto le recordaba a una suave y fresca caricia deslizándose por su espalda
desnuda. Sin un esfuerzo consciente, en su mente apareció una imagen de la
mujer que poseía esa voz. Su cuerpo rugió a la vida por la perspectiva de pasar
algún tiempo con ella.
De repente, la idea de permanecer en esta sofocante estación un
poco más le pareció atractiva. Una astuta sonrisa curvó sus labios cuando se
volvió hacia la mujer de sus sueños.
Su sonrisa se desvaneció cuando una descarga eléctrica le
sacudió y vio el rostro de una mujer que no había visto en años...
El último rostro que jamás hubiera esperado volver a ver.
No es ella.
Está muerta.
La mataste.
No, esta no era Clotilde. Mientras que compartían matices y
características muy similares, Clotilde había sido diminuta y baja. La mujer
delante de él era casi tan alta como Sway y constituida para la batalla. Su
cuerpo estaba bien afinado y era fuerte. Por no hablar de que parecía un
cachorro perdido, algo que nunca había sido Clotilde. Incluso a primera hora de
la mañana, siempre había estado vestida a la perfección. Siempre con un control
total y absoluto de cada situación.
Excepto la noche en que la mataste...
Alejó ese pensamiento antes de que prendiera fuego a su
temperamento.
Un desteñido gorro rojo cubría la cabeza de la mujer,
escudándola los ojos de él. El cabello rubio pálido le caía sobre el hombro en
una gruesa trenza colgando hasta la cintura. Llevaba un holgado traje de
batalla marrón que había visto mejores días. Incluso las botas estaban raídas y
desgastadas.
—¿Qué dijiste? —le preguntó.
Un intrigante sonrojo se propagó a través de las mejillas
mientras mantuvo inclinada la cabeza, mirándose los pies. Ella señaló a la
parte trasera de la nave.
—El estabilizador trasero está roto. Creo que podría ser lo que
usted está buscando.
Devyn estaba agradecido que alguien supiera exactamente que le
ocurría a esa condenada cosa. Se movió para comprobarlo.
—¿Es usted el capitán Kell? —le siguió un paso detrás, mientras
que el resto de la tripulación intercambiaron miradas con amplios ojos.
Hijos de puta sin valor...
Devyn abrió de un golpe la plancha del estabilizador colocándolo
en su posición original y lo cerró. Sospechando, se volvió hacia ella. Había
aprendido hacía mucho tiempo a ser extremadamente prudente con las personas que
venían a buscarle, sin importar lo inocente que en principio pudieran parecer.
En particular con alguien que se parecía a Clotilde.
—¿Y tú eres?
Ella le extendió una pequeña mano, los rasgos eran severos y
decididos.
—Alix Gerran. He oído que está buscando un nuevo ingeniero y me
gustaría solicitar el puesto.
Le tomó la mano y tomó nota de los callos cuando la sacudió.
Ella no aparentaba ser mucho mayor que una adolescente, pero las manos le
dijeron que estaba acostumbrada a trabajar duro.
Normalmente, no consideraría a una persona tan joven para un
miembro del equipo, pero ahora aceptaría al mismo diablo con tal de que pudiera
manejar los controles de vuelo y llevar a La Talia hacia el espacio.
—¿Tienes experiencia?
—Bueno, nací en un carguero y trabajé en uno desde que tuve edad
suficiente para mantener una llave inglesa —cambió de posición la mochila que
llevaba al hombro y levantó la cabeza con una arrogancia que encontró admirable
para su edad—. Sé cómo ejecutar el vuelo preliminar, mantener el diario de
abordo y puedo arreglar cualquier avería del motor con un pedazo de cuerda y
una gota de sellador.
Devyn arqueó una ceja. Por alguna razón, no dudó de ese último
alarde en lo más mínimo.
Se apoyó en su nave con una mano y entornó los ojos hacia ella.
—Mi último ingeniero murió en combate. Yo no huyo de las peleas
con nadie. Nunca. Si te enrolas conmigo, tienes que compartir esta convicción
básica. ¿Tienes algún problema con eso?
Ella le miró sin pestañear y él se dio cuenta de la extraña
sombra de color azul oscuro de los ojos, muy diferente del par verde avellana
que rondaba sus pesadillas. El fuego dentro de esa intrépida mirada le dijo que
era una luchadora, también, y no tendría miedo a afrontar lo que el infierno
lanzara contra ellos.
Eso era algo que podía respetar.
—No tengo ningún problema con ello.
Devyn se apartó de la nave, se sacó un paño del bolsillo trasero
y se limpió la grasa de las manos.
—¿Qué edad tienes? —no quería ayudar a un fugitivo joven.
—Veintisiete —respondió ella sin vacilar.
Él recorrió el delgado cuerpo con el ceño fruncido. Él no le
habría echado más de dieciséis años.
—¿Tienes alguna identificación?
Ella se metió la mano en el bolsillo, sacó una cartera pequeña y
se la entregó.
Devyn estudió la imagen y la fecha de nacimiento. Tenía un buen
ojo para las falsificaciones, y esta identificación era o bien la mejor que
jamás había visto o auténtica. Se decidió sobre ésta última y se la devolvió.
—Hay un largo camino desde Praenomia.
Ella encogió los delgados hombros.
—Mi nacimiento fue registrado allí, pero nunca he pasado en mi
vida más de unos pocos días en un planeta.
—Entonces, estás acostumbrada al agua y aire reciclado.
—Y la mala comida, el aburrimiento y la nariz tapada —añadió con
un suspiro nostálgico.
—Entonces, ¿por qué quieres enrolarte de nuevo en una nave?
Ella se metió las manos en los bolsillos y le miró con
exploradores ojos que tocaron la fibra sensible olvidada por mucho tiempo
dentro de él, una fibra sensible de la que hubiera esperado separarse para
siempre.
Ella no es Clotilde...
Sin embargo, esa parte de él que odiaba a la perra quería
apalear a la mujer que tenía delante. Afortunadamente para ella, tenía
suficiente control para detenerse.
—Es mi hogar y tengo que ganarme la vida. No sé hacer otra cosa.
Esa era una de las razones que Devyn entendía. Algo acerca de la
tranquilidad del oscuro espacio parecía confortar incluso al alma más
atormentada.
Incluso la suya.
Echó un vistazo a su postura competente. Ella parecía lo
suficientemente honesta y capaz. En el peor de los casos, tenía que ser mejor
en el mantenimiento que su actual tripulación de incompetentes.
Con respecto a ellos, les miró para ver lo que pensaban de ella.
Vik le lanzó una inquieta mirada.
—Me gustaría expresar una opinión, pero como nunca te importa lo
que pienso, no voy a desaprovechar la energía.
Miró a Sway, quien se encogió de hombros.
—Nera está sólo a cuatro días. Podemos darle una oportunidad, y
si no es tan buena como afirma, dejamos allí su culo. Si nos molesta antes de
llegar, siempre podemos lanzarla al espacio por una exclusa de aire.
Devyn volvió a mirarla para ver su gesto horrorizado.
—El trabajo es tuyo, si lo deseas.
Pero en este punto, no se sorprendería si le decía dónde
metérselo.
Una mirada perpleja le cruzó el rostro.
—¿No quieres algunas credenciales o referencias?
Él se encogió de hombros.
—La mayoría de la gente no tiene ninguna para este tipo de
trabajo. Tú detectaste el estabilizador sin apenas esfuerzo. Diablos, he
perdido casi media hora buscándolo —miró a su tripulación—. Y no hablo del
tiempo que el Equipo Inútil pasó con ello. Es obvio que sabes algo sobre naves.
Sway le hizo un gesto obsceno.
Alix sonrió y él se quedó encantado con el hoyuelo de la mejilla
izquierda.
Devyn se sujetó mientras sus hormonas se incendiaban. ¿Qué
estaba mal con él para que ella pudiera afectarle tan fácilmente? Especialmente
teniendo en cuenta lo mucho que se parecía a una mujer que hizo su sangre
correr fría y su furia encenderse.
Tal vez Sway tuviera razón y necesitara echar un polvo.
—Nos estamos preparando para el lanzamiento, así que si tienes
algún equipaje o despedidas sólo…
—Sólo estos efectos personales —se apartó la mochila del
hombro—. Y no hay despedidas.
Devyn frunció el ceño ante el tono de la voz.
—¿Ninguna?
Ella apretó los dientes, y él tuvo la extraña sensación de que
luchaba contra las lágrimas, pero los ojos no revelaban nada excepto el más
feroz de los espíritus.
—Mi padre murió muy recientemente. Yo... Yo no tengo a nadie
más.
Él asintió con compasión. Nunca había perdido a alguien cercano,
pero podía imaginarse lo difícil que sería perder a uno de sus padres.
—Lo siento.
Ella miró alrededor de la bahía como si sus palabras la
avergonzaran.
—No te preocupes. No interferirá con mi trabajo.
—Bueno, entonces, eh… —Devyn se detuvo en un esfuerzo por
recordar su nombre.
—Alix —dijo ella con una media sonrisa extraña—. Mi padre quería
un hijo —se miró el cuerpo y estiró el holgado material sobre los pechos—.
Supongo que no falló por mucho.
Devyn tomó nota de la amargura en la voz, y una oleada extraña
de proteccionismo le recorrió el cuerpo.
—A mí no me pareces un chico.
Ella volvió a sonreír y le envió una ola de calor directamente a
la polla.
Sí, definitivamente necesitaba echar un polvo.
Antes de que él pudiera hacer comentarios, su comunicador zumbó.
Sway resopló con desdén.
—Déjame adivinar. ¿Mamá? —su tono sonó burlesco.
—Cállate, Sway —Devyn comprobó la identificación y le dio la
espalda a su amigo.
Sí, era su madre... probablemente porque su frecuencia cardiaca
era elevada.
Con un suspiro de frustración, se puso el enlace de plata en la
oreja, pero no contestó.
—Alix, te presento a nuestro primero de abordo, Sway Trinaloew.
Sway la estrechó la mano.
—Encantado de conocerte, Alix.
—Vik es nuestro…
—Hombre-Gruñón —añadió Sway con una maligna sonrisa.
Vik le lanzó una letal y fría mirada.
Devyn ignoró su interrupción.
—Seguridad y tecnología.
En lugar de estrecharla la mano, Vik se la besó.
—Estoy encantado por tu belleza, mi señora. Bienvenida a bordo.
Tú eres un más que bienvenido suplemento a nuestro duro trabajo… oliendo
encantadoramente, también.
—Gracias, Vik —dando un paso atrás, ella se quitó la gorra de la
cabeza. Se pasó la mano por el húmedo flequillo y se metió la gorra en el
bolsillo trasero—. No dejéis que interrumpa vuestra rutina normal. Considerarme
un fantasma.
Devyn inclinó la cabeza cuando el comunicador sonó de nuevo.
Sway se rió.
—Será mejor que contestes.
Él le lanzó una amenazante mirada a su primero.
—Sway, muéstrale a Alix donde acomodarse. Y tú —señaló a Vik—,
prepara la nave para el lanzamiento —luego se golpeó ligeramente el oído para
abrir el canal.
—Hola, mamá... No, no me molestas en absoluto. Siempre es bueno
saber de ti.
Alix frunció el ceño cuando él entró en la nave mientras
amablemente hablaba con su madre, como cualquier persona. Qué extraño. Parecía
tan incongruente que un hombre tan fiero fuera tan respetuoso con su madre.
Sway le sonrió abiertamente.
—Te acostumbrarás a ello. Dev es hijo único y su madre es
extremadamente protectora en lo que a él respecta. En realidad, su padre es aún
peor. Él perdió a su hijo mayor y entra en pánico cuando Dev está fuera de su
vista más de tres segundos.
—¿No saben lo que hace para ganarse la vida?
—Sí, es por lo que le llaman todo el tiempo para ver cómo está.
Diablos, me sorprende que no esté marcado.
Marcado era un término coloquial utilizado para el chip
insertado en mascotas, soldados de La Liga y esclavos para que sus propietarios
pudieran localizarlos.
Un chip como el incrustado en su propio brazo, que era uno de
los motivos por lo que tenía que hacer lo que Merjack dijera. No había manera
de huir con el chip. Mientras Merjack localizara su frecuencia, la encontraría.
Si sólo supiera como extraerlo, pero ellos habían cometido un
error cuando se lo pusieron y ahora estaba incrustado en el hueso.
Sway la miró de reojo mientras la guiaba al interior de la nave.
—¿Estás completamente horrorizada por nosotros?
—No… completamente.
Pero estaba asustada de esta ruda pandilla. Si bien había un
espíritu juguetón en sus cáusticas púas, también había un aura de: voy a
patearte el culo de regreso a la Edad del Acero, si tan sólo respiras mi aire
de manera equivocada.
Así que tendría que ser cuidadosa hasta conocerles mejor o les
tuvieran en custodia.
—Sígueme.
Alix caminaba por el estrecho pasillo de la nave, con el corazón
golpeando contra las costillas. Odiaba estar en una nave nueva, rodeada de
extraños. Por primera vez en su vida, no conocía todas las grietas de las
máquinas, cada resquicio de las frías paredes de titanio.
Quería ir a casa. Sin embargo, el único hogar que había conocido
ahora pertenecía a quien la había comprado en una subasta. Con un nudo en la
garganta, apretó los dientes, negándose a derramar más lágrimas por su nave
perdida. Ella había hecho lo que debía, y no había vuelta atrás.
Ahora tenía al resto de su familia por la que preocuparse, lo
que significaba que tendría que encontrar rápido pruebas de actividades
ilegales de Devyn para que pudieran liberarlas. Cada minuto que estaban en la
cárcel era por su culpa.
—Puedes acomodarte aquí dentro —Sway presionó los controles para
abrir una puerta.
Los ojos de Alix se ampliaron ante el gran camarote. La cama en
la habitación ocupaba tanto espacio como había ocupado toda su cámara privada
en el carguero de su padre. Una lujosa alfombra azul revestía el suelo. Había
creído que sólo los aristócratas tenían naves con alfombras en ellas.
Sin decir una palabra, entró y miró sin disimulo el resto de los
muebles.
—Estoy seguro que Devyn querrá mostrarte el resto de la nave,
pero probablemente esperará hasta después del despegue.
Le resultaba extraño que se refiriera a Kell por su nombre de
pila. Normalmente, la tripulación era más formal que eso.
—¿Cuántas personas conforman la tripulación?
Sway apoyó la espalda contra el marco de la puerta abierta y
cruzó los brazos sobre el pecho. La miró suspicazmente.
—Sólo los que conociste. ¿Tienes algún problema con eso?
Alix frunció los labios mientras examinaba el cuerpo de Sway. Le
recordaba un montón al Capitán Kell, ambos tenían problemas de actitud y una
letal corriente oculta que decía que podían derribar incluso a un asesino de La
Liga sin ni siquiera empezar a sudar.
También tenían la misma constitución resistente y musculosa,
pero Sway no era bastante guapo para ella. Por supuesto, los Hyshians nunca
había sido su debilidad, y los amarillentos ojos de Sway la ponían nerviosa.
—Nunca he tenido muchos problemas con los hombres sobrios
persiguiéndome alrededor de las cubiertas, si eso es lo que quieres decir. Con
tal de que ninguno se desespere o se emborrache, creo que puedo ingeniármelas.
Sway se rió.
—Creo que encajarás muy bien con nosotros —se colocó una de la
multitud de trenzas negras detrás de la oreja izquierda—. Esto no es sexista ni
nada por el estilo pero, ¿sabes cocinar?
Alix se sorprendió por la insólita pregunta.
—Nada de lujo, pero lo hago muy bien con lo básico.
—Oh, gracias a Dios. Estoy harto de comer alimentos sintéticos.
—Y yo estoy harto de escuchar quejarte sobre ello, vieja.
El corazón de Alix se aceleró por el sonido de la profunda voz
de Devyn. Se dijo a sí misma que no podía sentirse de esta manera. El corazón y
el cuerpo lo habían hecho antes y había sido aplastada.
Incluso a día de hoy, podía ver la burlona mueca de Edwin.
«Confía en mí, nena. No hay suficiente mujer en ese cuerpo de muchacho que
posees para alguna vez seducir a un hombre de verdad».
Sí, eso le había enseñado que nunca más le permitiría saber a un
hombre que ella estaba interesada en él. Y Edwin no había sido ni de lejos tan
guapo como Devyn.
Además, estaba aquí para arruinar al capitán. Algo que la
mataría si no tenía cuidado.
Devyn golpeó a Sway ligeramente en el brazo.
—Si no os importa, creo que es hora de que salgamos de aquí.
Sway inclinó la cabeza y se fue.
A solas con el capitán, la torpeza la consumió. Alix se
estudiaba los pies, deseando poder pensar en algo que decir. Pero, como de
costumbre, cuando tenía alrededor a un hombre ardiente, el cerebro no podía
concentrarse en otra cosa que la forma en que su camisa se aferraba a sus
músculos.
Gah, podría relamer a ese hombre toda la noche y no era el tipo
de mujer que tenía esos pensamientos. Demasiados años siendo el único
“entretenimiento” en la nave de su padre le había dejado asqueada con los
hombres en general y con el sexo en particular.
Sin embargo, ninguno de los tripulantes de su padre jamás la
había mirado así. Y ese hecho la hizo preguntarse si Devyn realmente sería
bueno en la cama.
Basta. Él es tu capitán y el hombre al que tienes que tender una
trampa.
Él se aclaró la garganta.
—Tu unidad de refrigeración no está abastecida, pero nos
encargaremos de eso en nuestra próxima parada. Hay un montón de agua y otros
líquidos en la cocina, si comienzas a deshidratarte... Tómate tu tiempo para
desembalar y cuando estés lista, el puente está en la proa de la nave.
Alix asintió con la cabeza, todavía sin estar dispuesta siquiera
a mirarle.
Escuchó deslizarse la puerta al cerrarse. Tragándose el nudo de
la garganta, finalmente miró la puerta y suspiró. Había visto la incredulidad
en los ojos de Devyn cuando le había dicho su edad. Su reacción era normal,
pero por alguna razón, le molestó que él la hubiera tenido.
—¿Qué te pasa? —Tiró la mochila sobre la cama para poder sacar
las cosas—. Deberías estar contenta de estar con hombres que saben cómo
utilizar realmente una ducha.
La voz burlona de su padre hizo eco en su mente. «Nadie quiere a
una mujer como tú. Infiernos, eres más hombre que la mayoría de nosotros con un
pene. Y mírate... toda sucia y grasienta. ¿Qué hombre quiere eso? Tienes suerte
de que la tripulación no se desespere lo suficiente como para usarte, aunque
para ser sinceros, yo preferiría masturbarme».
Se estremeció y endureció su decisión. ¿Qué le importaba, de
todos modos? No tenía el menor interés en los hombres. El amor era dar y
recibir, cuanto más dabas, más cogía la gente. Bastaba con mirar a sus padres.
Su padre podría haber liberado a su madre en cualquier momento, pero no...
Había permitido que todas fueran esclavas hasta que no tuvieron otra opción,
salvo soportarlo. Ahora que estaba muerto, estaban sujetas a los caprichos de
su próximo propietario.
Bastardo.
Ella no tenía ningún uso para los hombres o el amor, ambos eran
egoístas hasta el final. Ni para las personas, para el caso. La vida era
bastante difícil sin su drama.
Se concentró en la tarea que tenía entre manos e hizo caso omiso
de todo lo demás.
No tardó mucho tiempo en desembalar de la mochila: los dos pares
de pantalones, tres camisas, pantalones cortos, dos tops y dos trajes pantalón
y colocarlos en el armario. Dobló la mochila guardándola junto a la ropa y,
entonces, decidió unirse a los hombres para el despegue.
Poco a poco, se dirigió por el pasillo, arrastrando el dedo a lo
largo de la lisa y fría pared de titanio. Todo estaba tan limpio y nuevo. Esta
era una nave impresionante...
Una suave inclinación le dijo que estaban saliendo de la
estación, pero la suavidad del recorrido la asombró. En su viejo carguero,
nadie podía estar de pie, y mucho menos caminar, durante un lanzamiento.
Mientras se acercaba al puente, escuchó...
Eso era...
¿Música?
Repiqueteaba en el pasillo en un tono que ella supo debía ser
ensordecedora desde el interior. El ritmo era intenso y la letra In your face2.
No era el tipo de música que solía escuchar, pero parecía encajar con lo que el
capitán estaba haciendo.
Frunciendo el ceño, presionó el control para abrir la puerta y a
punto estuvo de caer de espaldas por la fuerza de la pulsación. Devyn la miró
por encima del hombro.
—Espero que no te moleste mi gusto en música. Me gusta un poco
de ritmo de fondo cuando despego.
Sway se burló de ella.
—Espera hasta que estés en una batalla con él. Esa mierda te
hará sangrar los oídos.
Devyn puso los ojos en blanco.
—Juro que eres una mujer.
—Me gustaría responder a eso, pero no quiero distraerte mientras
estás tratando de propulsarnos y mi vida depende ello.
—Sí, claro.
Alix vaciló.
—¿Queréis que me vaya de nuevo a mi habitación?
Devyn negó con la cabeza.
—Más vale que te acostumbres a nosotros. Mejor enterarte en un
viaje corto si vamos a ponernos de los nervios. Odio hacer viajes largos con la
gente que me molesta —lanzó una mirada señalando a Sway.
Sway le hizo un gesto obsceno.
Devyn le ignoró.
Qué tripulación tan extraña. Su padre habría golpeado a Sway por
eso. Pero era obvio que Sway era más amigo que empleado. O tal vez
“amistosamente enemigo” podría ser un término más adecuado para su relación.
Se recostó en el cómodo y acolchado asiento del ingeniero que se
amoldó a su cuerpo. Oh, sí, podría acostumbrarme a esto.
Pero notó que faltaba alguien.
—¿Dónde está Vik?
Sway respondió.
—Está en la cubierta superior. Le gusta ver los colores cuando
accionamos el tubo de lanzamiento.
Bien...
Alix repasó la configuración de la nave, sorprendida por el
equipo actualizado. La Talia tenía lo último de todo. Ni siquiera había soñado
con estar en algo tan bonito.
—Tienes una gran nave, Capitán. Sé que estás orgulloso de ella.
Sway sonrió.
—Si vas a volar, vuela sólo en lo mejor.
La nave se estabilizó al entrar en la ruta de navegación a
través del sistema.
Devyn puso el piloto automático y se levantó.
—Vamos, Alix. Te enseñaré el interior de la nave.
—Ooooh — murmuró Sway—. Señala la fecha, Vik. Dev confía en mí
para volar.
Devyn hizo un rudo sonido.
—No te ofendas, pero quiero vivir. Vik, asume el mando.
La insidiosa risa de Vik llegó a través de un interfono sobre
sus cabezas.
—Mira, Sway, eso es lo que obtienes por fracasar seis veces en
la prueba de piloto... lo cual estoy bastante seguro que es un record de algún
tipo. Si no por tu fracaso actual, definitivamente por la persistencia en
seguir con algo para lo que obviamente no tienes aptitud. Personalmente, no te
dejaría volar ni el avión por control remoto de un niño.
Sway frunció los labios.
—Cállate antes de que encuentre un abrelatas.
Reprimiendo la risa por la hosca amenaza, Alix dejó su asiento
para seguir a Devyn. La guió alrededor de la nave, explicándole los diferentes
detalles del motor y la ubicación de los medidores que ella se encargaría de
verificar y mantener.
Mientras repasaba el diario de a bordo, frunció el ceño por su
destino final para este viaje.
—¿Estamos volando hacia Paradise City? —un temblor de
nerviosismo la recorrió.
—Sí, nos detendremos en Nera VII en cuatro días, luego nos
dirigiremos a PC. ¿Hay algún problema con eso?
Pues bien, sí. Ella también quería vivir.
—He oído que es un lugar difícil desde que la rebelión estalló.
Ni siquiera los transportistas o asesinos están seguros allí. Los rebeldes han
estado acorralando y ejecutando a quienes consideran una amenaza.
Devyn se encogió de hombros.
—No te preocupes. No me asustan.
Alix arqueó una ceja, dudando de su capacidad mental. Le había
parecido bastante cuerdo al principio, pero ahora se lo estaba preguntando.
—Está bien, pero si mi masa cerebral termina manchando una
pared, nunca te lo perdonaré.
Devyn se inclinó sobre el panel delante de ella, con la cabeza a
menos de tres centímetros de la suya, y presionó un par de interruptores. El
olor fresco y viril de su piel y cabello la llenaron los sentidos. Ella le miró
los planos del rostro, preguntándose cómo se sentiría al tocar la piel
oscurecida por el sol con los dedos y sentir esa flexible mandíbula...
¿Cómo sabrían sus labios...?
Él levantó la vista y ella apartó la mirada, avergonzada por sus
pensamientos.
—No permito que mi gente sea herida —dijo con una ruda
sinceridad.
—¿Qué pasa con tu último ingeniero?
Riéndose, él volvió la mirada hacia el panel.
—Mentí acerca de eso. Terminó en una pelea y fue detenido por
los locales. Traté de sacarle, pero se negaron a liberarle bajo fianza. Pobre
bastardo. No había nada que pudiera hacer por él.
Ella alzó las cejas, conmocionada por su confesión.
—¿Por qué mentiste sobre ello?
Él continuó programando coordenadas en el registro del equipo.
—Pensé que eras un niño tratando de dejar la estación porque
estabas enfadado con tus padres. Pensé que mis palabras te harían pensarlo dos
veces antes de enrolarte en una nave, especialmente con un grupo de hombres que
no conocías.
Alix sonrió por su bondad, aunque antes de que pudiera decir
nada, un pitido rasgó el aire.
—¡Devyn! —Interrumpió la ansiosa voz de Sway—. Tengo naves de La
Liga preguntando por el capitán. Trae tu culo hasta aquí. ¡Ahora!
Devyn se apartó del panel.
—Mejor ponte el cinturón. Parece que vamos a tener un poco de
problemas.
Alix se puso rígida, sabiendo demasiado bien al tipo de
problemas que se refería.
—¿Quieres que coja las armas?
Él negó con la cabeza.
—No. Somos transportistas, no contrabandistas.
—¿Hay alguna diferencia?
Le lanzó una extraña mirada que ella no pudo definir.
—Los transportistas están motivados por mucho más que dinero —se
fue corriendo por el pasillo.
Ella le siguió.
Cuando llegaron al puente, el canal de llamada zumbaba en sus
oídos. El capitán de la nave principal exigía su código de identificación y su
lista del cargamento. Devyn hizo caso omiso del estridente tono y se aseguró
con el cinturón mientras Vik empezó poniendo otra fuerte canción.
Alix miró a Sway.
—¿Cuánta carga dudosa llevamos?
—La suficiente como para meternos a todos en la cárcel hasta que
hayamos duplicado nuestra edad en la vejez —Sway se giró en el asiento y le
lanzó una bolsa— mantenla a mano.
—¿Por qué?
Antes de que pudiera responder, Devyn tomó los controles, y la
nave dio un bandazo a la derecha en un ángulo que no hubiera creído posible
para una máquina de este tamaño. Agradecida de no haber tomado un gran
almuerzo, se aferró a los brazos del asiento.
Los cañones láser detonaron cuando las naves de La Liga abrieron
fuego contra ellos. Durante casi diez minutos, la nave se sacudió y buceó como
una enloquecida bestia tratando de desmontar a un jinete. El sudor le cubría la
cara mientras luchaba por no humillarse vomitando el estómago.
De repente, Devyn disparó los retrocohetes y la nave se sacudió
con fuerza avanzando lentamente. Alix levantó la vista con el ceño fruncido,
sólo para desear no haberlo hecho.
Ante ellos, tres naves de guerra esperaban con una red tractora,
extendida en dos direcciones. Otros rastreadores estaban acercándose por detrás
de ellos.
Un hilo de sudor corría por la mejilla. Se tragó el nudo de la
garganta y apretó el agarre en los apoyabrazos.
Estaban a punto de ser capturados y encarcelados.
CAPÍTULO 2
—Entregue su nave, tripulación y cargamento —demandó una ronca
voz a través de las interferencias del canal.
La respuesta de Devyn fue corta y directa al grano.
—Vete a tomar por culo.
La nave disparó una ráfaga de advertencia cruzando la proa.
—Ésta es su última oportunidad. La próxima vez alcanzará la
cabina.
Devyn ni siquiera se sobresaltó al tiempo que reía ante la
amenaza.
—Lo veremos.
—¿Debería concentrar poder extra en los escudos? —preguntó Vik.
—¡Sí! —gritaron Alix y Sway al unísono.
Devyn sacudió la cabeza como si fueran afeminados.
Sway subió las piernas hasta el pecho, apoyó la cabeza sobre las
rodillas, y se la cubrió con los brazos.
—Dev, realmente odio cuando haces esto.
Alix tragó con miedo. Por ahora había aprendido bastante acerca
del capitán para darse cuenta de que no se iba a rendir. De hecho, él observaba
las naves de los alrededores con una mirada en el rostro que evidenciaba cuánto
estaba disfrutando de la amenaza. Aunque para ser honestos, ella no tenía idea
cómo iban a salir de eso. Las naves de La Liga tenían su fuente de energía
bloqueada, así que no tenían esperanza de huir de ellos.
No podían escapar.
Y estaban seriamente armados.
Pero nada de eso parecía detener a Devyn de intentarlo.
—Alix —dijo Devyn—. Baja la cabeza y toma una respiración
profunda.
No la miró, pero por el tono de voz podía imaginarse el brillo
de sus ojos. Rápidamente, imitó la postura de Sway.
Las manos de Devyn volaban sobre el panel de control, haciendo
ajustes en las programaciones de la nave.
—¿Vik? ¿Estás listo?
Un seco y arrogante tono provino por el intercomunicador de la
nave.
—Por tu estupidez es por lo que vivo, capitán. ¿Hago los
cálculos habituales?
—Si quieres vivir, sí.
—Hecho. Liberando seguridades en tres… dos… uno.
Devyn tomó el control de la computadora al tiempo que los
controles electrónicos y de seguridad fueron quitados y la nave cambió a
control completamente manual.
Ah, Dios, vamos a morir…
Nada evitaría que se estrellaran contra algo o inclinarse
demasiado fuerte o…
No pienses en ello.
Por un milagro de sus habilidades de pilotaje, la nave descendió
en el mismo instante en que La Liga abrió fuego sobre ellos. El estómago de
Alix se agitó. El campo de gravedad de la nave se apagó automáticamente, y la
inesperada ingravidez la golpeó como un asteroide.
Se aferró las piernas, tenía el cuerpo rígido de expectación.
Combatientes aparecieron para dispararles y eliminarles. Devyn
se inclinó al tiempo que dos disparos impactaron en el costado. Un crucero de
batalla lanzó su red de tracción. Devyn presionó los calibradores, haciendo que
dispararan más allá de su proa, apenas errándoles.
Aparecieron dos naves más.
Devyn pasó justo por debajo de ellos, girando la nave para
evitar que las explosiones les dieran.
Luego, justo cuando pensaba que definitivamente vomitaría,
detuvieron el descenso. Se deslizaron durante medio latido de corazón antes de
que Devyn encendiera los motores traseros. La súbita fuerza la lanzó de
espaldas contra el asiento con un impacto que estaba segura de que le dejaría
un gran moretón sobre la espina dorsal.
Los disparos danzaban a su alrededor, algunos alcanzando a la
nave certeramente. Afortunadamente, los escudos se mantenían y todo lo que
causaron fue que se mecieran y giraran.
En un minuto, golpearon una abertura natural del hiperespacio y
fueron arrojados fuera del sector.
Alix contuvo el aliento hasta que estuvo segura de que sus
perseguidores no los habían seguido. Chequeó a la distancia, que confirmó su
alivio. Parecía que estaban a salvo.
—¿Estáis todos bien? —preguntó Devyn al tiempo que volvía a
activar la gravedad.
Sway gruñó irritablemente al desenvolverse.
—Creo que acabo de nacer. Maldición. ¿Y yo soy el que suspendió
el examen de piloto?
Vik soltó su propio sonido de agitación.
—Si realmente quieres meterle en problemas, atrapa uno de sus
trucos y envíaselos a su madre por mail. Le zurrará el culo por ello.
Devyn sacudió la cabeza.
—¿Alguna queja más de la tripulación geriátrica? Qué grupo de
ancianas. ¿Debería contratar a otra tripulación femenina para que os cambien
los pañales nocturnos mientras estoy ocupado? La próxima vez dejaré que La Liga
os atrape. —Encendió el panel de baja luz—. Vik, te delego el control de nuevo.
—Es por lo que vivo. A propósito, las formas de vida orgánica no
son las únicas que se han ensuciado. ¿No puedo tener un minuto para atender a
mis necesidades, Capitán Idiota?
Devyn soltó un sonido de supremo disgusto.
—Podría esperarse que alguno de vosotros dijera: Gran vuelo,
Capitán. Gracias por salvar nuestros culos sin valor.
Las palabras la divirtieron, pero no podía traer una sonrisa a
los temblorosos labios. Sin embargo, tenía razón. Ese había sido uno de los
mejores vuelos que había visto alguna vez.
Sway se frotó la frente cubierta de sudor con el brazo.
—Un día, alguien va a hacer las marcaciones sobre ésta nave, y
entonces vamos a estar absolutamente jodidos.
Devyn se encogió de hombros ante la advertencia.
—Podrían, pero nunca ha nacido un rastreador de La Liga que
pudiera ganarle a un Dagan y lo sabéis.
Alix alzó la mirada ante la pronunciación del apellido Dagan.
Todos en el negocio de la navegación o del comercio conocían a la infame
familia de contrabandistas. Sus hazañas eran legendarias, especialmente Caillen
Dagan. Ese hombre había sido un dios entre los contrabandistas y había
desaparecido misteriosamente en la cima de su carrera.
Y la relación de Devyn con ellos era algo extremadamente
importante que Merjack había olvidado contarle durante su reunión con él.
Cualquiera relacionado con esa familia era de hecho alguien a tener en cuenta.
Sway se burló.
—Tu tía y tío estarían orgullosos de ti, sin duda. Pero tu madre
pediría tu cabeza si alguna vez te viera hacer lo que haces.
Devyn giró el asiento para así quedar frente a Alix.
—¿Alguna queja que quieras agregar a la de él?
Sobresaltada por la súbita atención sobre ella, enfocó la mirada
en sus peligrosos ojos marrones. No estaba acostumbrada a los hombres que
bromeaban acerca de la vida y la muerte, y las cosas entre ellas.
Su padre y su tripulación no habían poseído ningún sentido del
humor de ninguna clase.
Una extraña oleada de emoción la inundó, pero no podía
totalmente nombrar la sensación. Negó con la cabeza.
—Ninguna queja, Capitán, pero tan pronto como mis piernas puedan
caminar de nuevo, creo que necesitaré acostarme.
Sway sacudió la cabeza.
—Ves, Dev, ya has lisiado a nuestra nueva ingeniera. Buen
trabajo, idiota.
Ignorándole, Devyn se desató del asiento.
—Vamos, te ayudaré a ir a tu habitación.
Alix iba a comenzar a protestar, pero las palabras se le
atascaron en la lengua al tiempo que alzaba la mirada hacia él que estaba
erguido ante ella. Tal vez era la iluminación, o los temblorosos nervios, o
quizás el miedo dejado de lado. No estaba segura de qué le causaba el súbito
mutismo, pero mientras le miraba, apenas podía respirar.
Cortés, era sexy y perturbador.
La desató y la ayudó a alzarse de la silla. Una media sonrisa
apareció en los labios con un devastador efecto en ella. Ya no estaba segura si
sus temblorosas piernas eran resultado del vuelo o del hombre, se desplomó
contra el largo y firme cuerpo.
Devyn se pasó el brazo derecho de ella sobre los hombros y la
sostuvo por la muñeca con la mano derecha. Envolvió el otro brazo alrededor de
su cintura. Ella tragó ante el íntimo contacto.
—Creo que me las puedo arreglar para ir por mí misma.
La mirada de él quemó la de ella, y por un momento temió que
pudiera ser capaz de ver a través de sus defensas y detectar la forma en que él
la amilanaba.
O peor, ver su engaño.
—Vamos. No es frecuente que represente a un héroe galante para
una damisela que afligí. No interfieras con mi buena obra de la década. Te
aseguro, éstas son escasas y muy separadas.
Bien, ya que lo expresaba de esa manera…
El calor de su cuerpo la caldeaba al tiempo que él la conducía
fuera de la cabina a lo largo del corredor.
Dios, olía delicioso. Era una penetrante y especiada esencia…
Todo hombre y todo bueno.
Tragó al tratar de pensar en algo que pudiera distraerla de sus
pensamientos.
—Ese fue un verdadero buen vuelo, Capitán. ¿Cómo supiste que
había allí una abertura en el hiperespacio?
Esa malvada sonrisa retornó.
—Heredé los mapas de estrellas de mi tío que detallan cada
abertura en las trigalaxias. La mayoría de ellas son desconocidas por todos
excepto por mi familia. Las he encontrado inmensamente útil siempre que La Liga
piensa que tienen mi fuente de energía bloqueada. —Sus ojos centellearon con la
débil luz—. Pueden bloquear nuestra nave, pero no pueden bloquear la galaxia
entera.
Alix frunció el ceño.
—¿Tu tío?
—Caillen Dagan.
El estómago se la cayó al suelo. Caillen Dagan era el más malo
de los malos. Incluso aunque había desaparecido cuando ella había estado usando
pañales, contrabandistas y oficiales de La Liga aún se mojaban siempre que su
nombre era mencionado. Su reputación era material de leyendas.
—Oí que estaba muerto.
Él no respondió ni para confirmarlo ni para negarlo.
Estrechó la mirada en él.
—¿Realmente eres un Dagan?
Devyn asintió, las facciones serias.
—Hijo de un Seax Dagan y del igualmente notorio C.I. Syn.
Suficiente prueba es que terminé del lado cuestionable de la ley.
Alix se detuvo completamente. C.I. Syn era el más infame ladrón
y asesino que alguna vez vivió. De nuevo, su sólo nombre enviaba terror a
través de los corazones de cualquiera que lo oyera.
Y allí estaba ella, parada junto a su hijo. ¿Cuánta de la brutalidad
de su padre había heredado Devyn?
Él le dedicó una penetrante mirada.
—¿Tienes algún problema con mi historia?
Agradable actitud.
Obviamente estaba a la defensiva en cuanto a sus padres. No era
que le culpara. Ella estaría un poco sensible, también, si tuviera un enlace
genético a personas como esas.
Negó con la cabeza honestamente.
—No, pero tengo curiosidad en cómo se conocieron tus padres.
La pregunta pareció divertirle.
—Mi madre fue contratada para rastrear a mi padre y arrestarle.
—Supongo que le dejó ir.
—No. Le disparó y le apuñaló la primera vez que se encontraron
y, de hecho, lo entregó a las autoridades… dos veces.
Estaba completamente estupefacta por lo que había descripto.
—¿Y él le permitió vivir?
Él se encogió de hombros.
—Mi padre es un hombre que perdona en lo que respecta a mi
madre.
Obviamente. Aún así, ¿cómo podía ser alguien tan tolerante? No
podía imaginarse jamás perdonando a alguien que le hubiera disparado.
—Y yo que pensé que mis padres tenían una relación jodida.
Devyn arqueó una ceja.
—Sé que tu padre dirige un buque de carga. ¿Y qué hay de tu
madre?
Ella detuvo su repentino estallido de pánico antes de delatarse.
Nunca debía saber nada acerca de su madre y su hermana. No podía ni siquiera
pensar acerca de ello ahora mismo sin que tuviera un vahído y la vista se le
enturbiara en un terror mortal.
No tenía duda de que ese hombre feroz la mataría absolutamente
si en algún momento se enterara que estaba allí para traicionarlo a él y a su
tripulación.
—Ella… —Alix hizo una pausa mientras trataba de inventar una
mentira creíble. Bajó la mirada al suelo, esperando que él no pudiera detectar
el engaño—. Ella desapareció cuando era tan solo una niña. Realmente ni la
recuerdo.
Asustada debido al giro de la conversación, se alejó de él y
corrió el resto del camino hacia su habitación.
Devyn frunció el ceño ante su precipitada partida.
—¿Alix?
Ella ni siquiera se detuvo.
¿Cuán extraño era eso? Pero no hubo ninguna confusión con
respecto a la aterrada mirada que había visto en su rostro cuando le había
preguntado acerca de su madre. Tentado de ir tras ella, decidió que sería mejor
darle tiempo para que se acostumbrara lentamente a todos ellos.
Confiar en extraños no era fácil para la mayoría de las
personas. Con total honestidad, envidiaba la sospechosa naturaleza de ella. La
confianza ciega le había jodido más veces de las que podía contar.
Está bien, Alix. Guarda tus secretos. Siempre que ellos no
amenacen a la tripulación, te dejaré vivir.
Alix se sentó sobre la cama, temiendo lo que iba a tener que
hacer, examinar los diarios de vuelo de la nave buscando probar las actividades
criminales de Devyn, luego transmitírselas a Merjack. Pero honestamente, temía
ser descubierta. ¿Qué le harían a ella?
Matarte.
Muy probablemente. Posiblemente será brutal, también. Podrían
incluso alimentar a los perros contigo.
No tiene un perro.
Sí, bueno, podría conseguir uno tan solo para alimentarlo
contigo.
Nunca había sido la clase de persona que dejara que algo tan
ridículo como la lógica racional interfiriera con el temor. Y mientras se
sentaba con indecisión, la reseca garganta suplicaba por algo para beber.
Bueno, no tenía demasiada elección. Tenía que ir a encontrar
algo para beber antes de que la deshidratación la enfermara.
Se incorporó y decidió tratar primero en la cabina. Si su suerte
se mantuviera, Sway o Vik estarían allí, y Devyn estaría haciendo algo más.
Alcanzando la puerta, presionó la cerradura activable por tacto.
El portal se abrió y suspiró de disgusto. ¿Desde cuándo la suerte había estado
alguna vez de su lado? Devyn estaba parado a la derecha, inclinado sobre un
panel en el que estaba trabajando. Elevó la mirada hasta ella.
—Estoy contento de que estés aquí. Creí que iba a tener que
despertarte.
Alix frunció el ceño ante el tono, que se encontraba en algún
lugar entre la frustración y el alivio.
—¿Qué anda mal?
—Tengo una fluctuación en el escudo de radiación y creo que los
rayos gama están filtrándose. Vik no puede localizarlo.
Los ojos de Alix se abrieron de par en par. No le gustaba cómo
sonaba todo eso para nada. Acercándose al panel, siguió los calibradores.
Habían salido del hiperespacio y estaban viajando al cincuenta por ciento de la
velocidad de la luz. Miró el test de diagnóstico que Devyn estaba rodando y vio
la filtración.
—Por curiosidad, ¿A dónde fue Vik? No lo he visto desde que
despegamos.
—Está trabajando en la nave. —Devyn elevó la mirada—. Vik, di
hola a la dama.
—¿Debo hacerlo cuando estoy tratando de encontrar una
filtración? Al contrario de lo que crees, sólo porque soy un androide, no soy
inmune a ello. Podría derretir mi instalación eléctrica tan fácil como puede
mutarte a ti.
Devyn puso los ojos en blanco.
—Es un bastardo malhumorado. Te acostumbrarás a él.
No estaba tan segura acerca de ello, y si él era parte de la
nave, eso hacía su trabajo mucho más difícil. Vik sabría al instante que ella
había comenzado a extraer información sobre Devyn.
—Entonces, ¿dónde está la fuente de poder del escudo?
—Te lo mostraré. —Devyn la dirigió de nuevo al corredor.
A mitad de camino en el pasillo, se detuvo y presionó los
controles de un elevador hacia la cubierta inferior.
—El aire se vuelve un poco enrarecido. Si comienzas a sentirte
mal, házmelo saber.
—Créeme, si comienzo a sentirme mal, serás el primero en saberlo
ya que estoy segura de que estará todo por encima de ti.
Sin responder a su sarcasmo, él se dirigió al elevador. Alix lo
siguió, pero rápidamente deseó no haberlo hecho. El pequeño compartimento los
forzó a estar en una íntima proximidad que encontró horriblemente incómoda. Se
mordió el labio y trató de no rozarse contra el firme y musculoso cuerpo.
Demasiado bien, recordaba cómo se sentía estar en sus brazos.
—¿Cuándo notaste la filtración? —preguntó, tratando de
distraerse de aquellos pensamientos acerca de él.
—Unos minutos atrás. Estaba por llamar a tu habitación para que
investigaras esto. —Bajó la mirada hasta ella y sonrió—. Entonces ¿qué te hizo
salir?
Ella se lamió los labios resecos.
—Deshidratación.
Un profundo fruncimiento le arrugó la frente.
—¿Por qué no dijiste algo antes de que te trajera aquí abajo?
El enojo en su voz la sobresaltó.
—¿Por qué me estás gruñendo?
—No lo sé. Estoy frustrado, y deberías haberme dicho que estabas
sedienta. No es algo con lo que jugar aquí afuera. —En tal razonable respuesta,
el tono de su voz oscilaba con violencia.
—Bueno, prefiero morir de sed que de contaminación por
irradiación. Me parece que es menos doloroso.
Devyn se relajó un poco.
—Supongo que tienes razón.
Alix le contempló. Nunca en su vida se había sentido tan atraída
por un hombre. Quizás el saber que no podría tenerle causaba la fuerte
atracción. ¿O era su fiera reputación que la tentaba así? Sabía que él era
capaz de matar a cualquiera que se pusiera en su camino…
Especialmente a ella.
Cualquiera que fuera la fuente de la atracción, todo lo que
quería era saborear sus labios y sentir sus brazos alrededor de ella una vez
más.
Con un suave zumbido, la puerta se abrió. Aliviada, Alix salió
primero. Pasando junto a ella, Devyn la condujo hacia la sala de máquinas y
presionó una secuencia de claves para abrir la puerta.
—El código para entrar a la sala es ClAria 1-8-4-9-3-. La C y la
A del medio en mayúsculas.
Una oleada de decepción la atravesó ante la mención del nombre
de una mujer y la nota de obvio afecto en su voz cuando hablaba de ella. ¿Se
trataba de la mujer que Merjack había dicho a la que ella se parecía?
—¿Claria?
—La esposa de Sway.
Había sabido por la banda dorada en su brazo que Sway estaba
casado, pero aún así la atrapó con la guardia baja.
—¿No es ella parte de la tripulación? —Ya que los
contrabandistas podían pasar meses en una misión, no era inusual que un hombre
casado tuviera a su esposa a bordo.
—No. Claria es una senadora subalterna del gobierno Hyshian.
Como viaja demasiado, y no tienen ningún niño para que él cuide, Sway se queda
conmigo.
Alix frunció el ceño.
—Eso suena raro.
Él se encogió de hombros.
—Sólo para la mayoría de los humanos estándar. Los Hyshians son
obscenamente matriarcales. Los machos no pueden hacer nada sin el
consentimiento femenino. Los hombres inclusive portan el nombre de su esposa.
Encontró su buen humor contagioso, al tiempo que él la miraba
con aquellos ojos oscuros. Aún así, el pensamiento de poseer a alguien, incluso
por matrimonio, era repugnante para ella. Habiendo sido una esclava durante
toda su vida, no podía imaginarse voluntariamente sometiéndose a alguien más.
—¿Cómo lo soporta?
—La ama más que a su propia vida. Pero puede ser difícil para él
someterse. Los machos Hyshian son agresivos como cualquier otro. Se ha dicho
que algunas esposas drogan a sus esposos para mantenerlos dominados. Algunas
incluso los alteran quirúrgicamente.
—¿Y su cultura lo permite?
Él sostuvo las manos en alto en rendición.
—Te informo. Créeme, estoy agradecido a los dioses el no ser uno
de ellos. Pero en defensa de su cultura, la madre de Sway nunca fue así.
Probablemente porque el padre de ella era humano. Jayne siempre ha sido
respetuosa con su marido y sus hijos, y Claria es de la misma forma… la mayor
parte del tiempo. Es por eso que le permite a Sway viajar conmigo incluso
aunque aguanta un montón de mierda de parte de su familia y otros por no
dominarle. Es una buena mujer, así que me mantengo fuera del asunto.
El entró en la sala y comenzó a comprobar la lectura del
sistema.
—Dicho eso, debido a sus leyes, para Sway’s soy su carabina
legal, es por lo que me da tanta lata con las llamadas de mi madre. Él lo
considera justo en compensación a mis burlas.
Alix se cuestionaba las palabras.
—Así que ¿cómo terminaste siendo su carabina?
—Nuestros padres son amigos íntimos y crecimos como hermanos.
Cuando se casó, Dana quería mantenerle feliz, así que me pidió que le
custodiara. Me sentí algo raro al tener que amparar a alguien mayor que yo,
especialmente al principio, pero no quería que se viera obligado a vivir con la
madre de Dana, quien lo hubiera vuelto loco con sus reglas de mierda por su
comportamiento. —Apartó la mirada del panel—. ¿Qué hay sobre ti? ¿Tienes algún
hermano?
Un frío y agitado nudo se le formó en el estómago, y temió por
un momento que se pondría enferma.
No pienses en ello.
Porque cuando lo hacía, quería llorar. Su hermana sólo tenía
quince, y haría lo que fuera para mantener a Tempest a salvo.
Sin mencionar a su madre.
Pero no podía contarle a Devyn nada sobre ellas. Si lo hiciera,
querría saber dónde estaban y por qué ella las había dejado.
Alix bajó la mirada por encima del panel de control buscando la
filtración en el escudo.
—Te dije que no tengo ningún lazo familiar.
—Lo siento, lo olvidé.
No había querido ser tan seca al responder. Trató de ignorar la
culpa, y su presencia, al tiempo que se concentraba en su tarea, pero no era
fácil.
No le tomó mucho el identificar la filtración y corregirla.
—Allí. —Se apartó para mostrarle—. Está todo arreglado.
Devyn revisó los calibradores.
Ella estudió su gesto de preocupación y sonrió.
—¿Cómo es que un piloto con tus habilidades no sabe nada del
mantenimiento de una nave?
Él se encogió de hombros.
—Mi padre trató de enseñarme lo mejor que pudo todo acerca de la
mecánica durante toda mi niñez, pero me falta ese gen, demasiado parecido a mi
madre. Por alguna razón, no puedo aplicar mi mente en nada de la mecánica. Todo
lo que sé es revisar cosas, volarlas y dispararlas cuando realmente me cabrean.
¿Qué hay sobre ti? ¿Puedes pilotar?
—Puedo hacer una secuencia de despegue, pero eso es todo. No
podría acercarme a los controles de dirección al menos que mi padre se desmaye.
Se mordió el labio, estupefacta, ante el desliz que había
cometido, pero parecía no poder evitarlo. Había algo acerca de Devyn que
derribaba todas las cuidadosas barreras que había edificado para protegerse. A
pesar del hecho de que él era letal, era alguien muy fácil con quien mantener
una conversación.
Una pizca de enfado apareció en los ojos de Devyn, pero
rápidamente desapareció, y la hizo preguntarse por qué.
—¿Es por lo que te convertiste en ingeniera?
Ella se pasó la mano por la mejilla, rozando la pequeña cicatriz
justo debajo del ojo derecho de cuando su padre la había arrojado contra un
panel de control unos años atrás después de haber cometido un simple error.
—No. Mi padre no quería pagar el dinero extra para contratar un
ingeniero, así que un día me entregó una llave y un manual y me dijo que
arreglara el estabilizador lateral o me fuera de la nave.
Devyn la contemplaba con incredulidad. El indiferente tono de la
voz le decía más acerca de ella que las palabras mismas. Su padre había sido un
verdadero bastardo. A pesar de eso, no había permitido que él la detuviera. Una
oleada de admiración surgió en él.
—Apuesto a que lo reparaste como nuevo.
Ella soltó un indecoroso bufido.
—No. Me fui incluso antes de completar el despegue. Terminé
averiando los compartimentos de carga y perdiendo la mitad de nuestro
cargamento. No fue uno de mis mejores momentos, eso de seguro.
Devyn estudió su sonrisa sin entusiasmo.
—Lo tendré en mente si alguno de los nuestros alguna vez se
estropea.
Le dirigió una mirada mesurada que le hizo arrepentirse de sus
palabras. Había tenido la intención de ser gracioso, pero obviamente ella no lo
apreció. Así que lo catalogó como un tema para nunca volver a mencionar, ni
siquiera en broma.
Mientras ella se encontraba a su lado, él observó sus ojos. Eran
de un inusual tono, escrutadores, inteligentes y llenos de dolor. Por alguna
razón, quería aliviar la agonía que llameaba en desafío hacia él y al universo
entero.
A pesar de sus rudas y espinosas defensas, era una mujer
atractiva con una tranquila seguridad en sí misma que encontraba refrescante.
Las mujeres que había conocido eran sutilmente manipuladoras,
pero ella no parecía serlo. Era muy directa y profesional. Le gustaba eso.
A diferencia de Clotilde…
Era todo lo que podía hacer para no dar un respingo. Incluso
muerta, no estaba lo bastante muerta. Su malignidad vivía en su memoria y le
hacía querer desenterrarla para así matarla de nuevo.
Y ahora mismo, sabía que tenía que alejarse de Alix. Era un
miembro de su tripulación, y negocios y placer no deberían mezclarse. Pero
parecía no poder evitar tocarla la suave mejilla, o rozarla los labios con el
pulgar.
Esto es acoso sexual. Vas a hacer que te demanden.
Sin embargo ahora mismo…
Realmente no le importaba.
Alix abrió la boca para hablar, pero ningún sonido salió de
ella. La mejilla le ardía bajo el peso de sus dedos. Deseaba su beso, y una
pequeña voz dentro de ella le decía que era más que mero deseo. Le necesitaba.
Su experiencia con los hombres había sido severamente
contaminada por sus “deberes” con la tripulación de su padre. Ninguno de ellos
que la habían besado valía un comino. Pero sospechaba que Devyn Kell no sería
torpe en su intento. Ni trataría de hacerle una amigdalotomía.
Apostaría a que su beso sería material de leyendas.
La mano de él se detuvo en su mejilla. Cerró los ojos y reclinó
la cabeza contra ella.
—¿Dev? ¿Dónde estás?
Silenciosamente, Alix maldijo la sincronización Hyshian de Sway
para la interrupción. Sólo unos segundos más y podría haber llamado sin que
ella quisiera estrangularle.
¿Era un único beso decente en su vida mucho pedir?
Devyn parpadeó con confusión, como si estuviera saliendo de un
sueño, luego dejó caer las manos de su rostro y retrocedió un paso.
La piel de ella aún ardía, Alix quería desesperadamente volver
al estado emocional anterior, pero era demasiado tarde.
Sway lo había destruido.
Suspiró con disgusto. La suerte nunca sería su aliada.
Devyn se movió hacia la pared de intercomunicación.
—¿Qué necesitas?
—Necesito que traigas tu culo aquí arriba y le asegures a Claria
que Alix es humana y que no vas a dejarme solo con ella. Le va a dar una
apoplejía debido a los estúpidos celos. Juro que debería haberle mentido.
Devyn puso los ojos en blanco con obvia frustración.
Alix rió.
—Estoy en camino.
Ella se alejó de él.
—¿Nunca deseaste que las transmisiones sub-espaciales fueran
imposibles?
—Sólo cada vez que mi madre o Claria llaman.
Su sonrisa se amplió.
Permanecieron en silencio todo el trayecto de regreso a la
cubierta principal. Devyn salió primero del elevador.
—La galería está al final del corredor hacia la izquierda. Busca
en la unidad refrigeradora hasta que halles algo que te agrade.
Alix le observó mientras caminaba hacia la cabina, asombrada de
que recordara su sed.
La garganta se le estrechó al tiempo que el anhelo crecía en
ella.
No vas a colarte por él.
No, estaba allí para algo siniestro, y la culpa por ello era
insoportable.
Quizás podrías confiar en él…
Sí, claro. Las personas eran basura y traicionaban. Lo sabía
mejor que nadie. Si le dijera lo que estaba sucediendo, la mataría y dejaría
que su madre y hermana ardieran.
Había vivido toda su vida bajo espantosas amenazas y
aniquiladoras del alma, y eso había provenido del hombre que la engendró. El
hombre que se suponía que debía amarla.
Sólo imaginaba lo que un extraño podría hacerla.
Con un determinante paso, cruzó los brazos sobre el pecho y se
dirigió a la galería.
Lo que no daría por tener el tipo de amistad que Devyn y Sway
compartían. Alguien con quien pudiera hablar de las cosas, aliviar el oscuro
secreto de su alma.
No lo hagas. Mientras mantengas cerrada tu boca, nadie nunca
sabrá lo que eres. Estarás libre.
Libre. Era la única cosa que siempre había deseado. Y si fuera
la última cosa que hiciera, se emanciparía.
Incluso si eso significara la vida de Devyn.
—¿Qué estás haciendo?
Alix saltó en el escritorio al tiempo que la retumbante voz de
Vik la sobresaltó. Venía a través de un altavoz en el techo de encima de su
cabeza.
—Nada. —Gah, esperaba que no oyera en su voz el pánico y el
miedo que sentía.
—No estás autorizada para ver los diarios de navegación del
Capitán o alguno de los archivos a los que estás tratando de acceder. Están
estrictamente restringidos.
Había temido que dijera eso, pero al menos no estaba intentando
arrestarla o notificárselo a Devyn.
—Estaba simplemente curioseando acerca de los tipos de misiones
que realizamos.
Allí, casi sonaba normal.
—Entonces puedes preguntar lo que quieras saber.
Pero eso no le daría la prueba que necesitaba para entregársela
a Merjack. Maldito Vik por estar tan alerta.
—Así que, ¿qué clase de misiones realizamos?
—No a mí, saco de huesos. Tendrás que preguntarle a Devyn.
Sí, pero podría sospechar y entonces, ¿dónde estaría ella?
Lanzada al espacio, muy probablemente.
—¿No sería más fácil que tú me lo dijeras?
—No, para mí no lo sería, y no estoy aquí para hacer tu vida más
fácil.
Lo que la hacía preguntarse para qué estaba allí él.
—Entonces, ¿cuál es tu programación?
—Proteger a Devyn a toda costa y contra todos los enemigos.
Ese era una perspectiva tenebrosa.
—¿Incluso ante tu propio riesgo?
—Estoy aquí para morir por él de ser necesario. No porque esté
en mi programación, sino porque le quiero. Su supervivencia es mucho más
importante para mí que la mía propia.
Eso no tenía sentido. Él era un IA3 y no debería tener
verdaderos sentimientos. Sólo los simulados. Sin embargo, no había error en la
lealtad que había distinguido en la voz.
Pero eso no era importante.
Tenía que encontrar evidencia para usar contra el Capitán Kell.
—¿Hay algo que puedas enseñarme?
Hizo surgir una imagen en directo de ella sentada ante el
escritorio en sus habitaciones.
—No eres exactamente de ayuda, Vik.
—No es verdad. Soy extremadamente de ayuda. Sólo que no para la
gente que no conozco. Lo que, en caso de que haya perdido mi sutileza, serías
tú. Nadie accede a nuestros registros a menos que pase mi examen de seguridad y
Devyn lo autorice.
—¿Y cómo hace uno eso?
—Arriésgate con Devyn y hablaremos.
En otras palabras, el bastardo metálico no iba a confiar en ella
para nada.
¿Qué voy a hacer?
—No te agrado demasiado, ¿verdad? —le preguntó.
—No te conozco. Hasta entonces agradar y desagradar son términos
inaplicables. De cualquier forma, quiero a Devyn y Sway. Así que creo que me
perdonarás el que sea protector con mis custodios. Son todo lo que me importa.
Ella sonrió tristemente. Cómo deseaba tener tal lealtad en su
vida por parte de un amigo, inclusive de uno artificial.
—Te perdono, Vik, y te respeto por ello. Eres un buen hombre.
—Quieres decir Androide.
Ella elevó la mirada al intercomunicador por el que él hablaba.
—No, eres más hombre que la mayoría de los que he conocido.
Buenas noches, Vik.
Él vaciló antes de hablar.
—Buenas noches, Alix. ¿Ajusto tu ambiente antes de que te
retires?
Su oferta la conmovió. Nadie nunca se había preocupado antes si
estaba cómoda o no cuando dormía.
—No, gracias. Estoy bien.
Aún así, él descendió las luces para ella.
—No te preocupes. No espiaré en tu habitación mientras estás
dormida o te muevas por ella. Soy un paladín, no un pervertido. Sólo tengo los
monitores encendidos ahora porque estás actuando sospechosamente.
Ella dejó salir una risa nerviosa.
—Gracias. Lo aprecio.
Retrocediendo la silla, se alzó y luego se congeló en el lugar
al tiempo que la realidad de su entorno la golpeaba. Estaba a bordo de una nave
que era de primera categoría, con una tripulación de hombres que la trataban
como a un ser humano. Hombres que parecían estar cuidándola.
Ni en sus sueños más loco había creído tener incluso un solo día
así.
Y les he traicionado a todos.
Era tan injusto. Por otro lado, así era la vida. La injusticia
se había deslizado por su garganta desde el momento en que había aprendido a
tragar.
De alguna manera tendría que aprender a evitar el sistema de
seguridad de Vik y obtener la prueba de las actividades ilegales de Kell.
Quizás cuando aterrizaran en Nera, sería capaz de quedarse a
bordo mientras él los seguía a ellos a su reunión. Entonces podría escanear los
archivos sin tener a Vik vigilando.
Eso esperaba.
El siguiente día pasó volando al tiempo que ella se
familiarizaba con la nave y con sus sutiles matices y peculiaridades. La
maquinaria era como las personas, cada una era una única entidad para ser
conocida. Pero debía ser dicho que Vik debía ser la más irritante cosa jamás
creada. No importaba cuánto había tratado de encontrar evidencia contra Kell, o
si estaba escaneando su cargamento o tratando de obtener un manifiesto del
vuelo, él estaba allí para preguntarle sobre ello.
Como una araña.
Y debido a que era un androide, no dormía o iba al baño. No se
bañaba. Nada.
¡Ugh!
Van a morir y va a ser todo por mi culpa.
No podía soportar la constante presión que tenía sobre los
hombros, amenazando con llevarla a la locura.
¿Qué voy a hacer?
Tenía que encontrar o implantar algo incriminatorio, pero cada
vez que se acercaba a la computadora para abrir el inventario, Vik metía la
nariz en ello.
Incapaz de lograrlo, fue a la sala de recreo, esperando
encontrar alguna rutina de ejercicios que le pudiera ayudar a controlar el
pánico. Pero al tiempo que ingresaba en la oscurecida habitación, se congeló.
Devyn estaba allí.
Vistiendo un ceñido traje de RV4 de color negro que estaba
adornado con verde y plateado, parecía estar llevando a cabo un ejercicio de
entrenamiento. Cautivada, observaba mientras luchaba contra enemigos que sólo
él podía ver.
Vaya… su cuerpo entero era una sinfonía de vigor y gracia. Y se
movía como un rayo.
Feroz. Fuerte. Fluido. Honestamente, nunca había sabido que un
hombre pudiera moverse así. Dudaba que ni siquiera un asesino pudiera igualar
su habilidad.
Nunca quisiera estar en el lado receptor de ello.
Las luces en la habitación resplandecieron antes de que Devyn se
detuviera. Con la respiración alterada, se quitó el casco.
Maldición…
El sudor hacía que la bronceada piel brillara, y el cabello
negro estaba aplastado contra las perfectas facciones. La visión de él así la
puso húmeda instantáneamente al tiempo que él se lamía los labios y se pasaba
la mano por los húmedos mechones para retirarse el cabello de los ojos.
Y cuando la vio, la sonrisa que se extendió a lo largo de su
rostro hizo las cosas más extrañas a su voluntad.
—No te oí entrar. Lo siento. —Se abrió el cierre del traje de RV
y se lo quitó hasta que sólo quedó vistiendo una camiseta sin magas gris y un
par de ceñidos shorts negros.
Quería responder, pero tenía la lengua demasiado pesada para
cooperar. En todo en lo que se podía focalizar era en cuán increíble era ese
firme cuerpo.
Quiero tanto un pedazo de eso.
Alix, céntrate.
Sí, pero el problema era que sólo quería centrarse en él. Oh,
querido señor, estaba excelente.
Es un asesino. Un criminal.
Es la cosa más sexy sobre dos piernas.
No había forma de negarlo.
Él recogió una toalla para secarse el cabello.
—¿Has venido a hacer ejercicio?
—Sí. —Verdad, su voz estaba sin aliento, pero al menos esa vez
se las arregló para pronunciar una sílaba entera.
—¿Quieres que reinicie la maquina?
No. Quiero cabalgarte hasta que me implores por misericordia.
Aclarándose la garganta, trató de eliminar la imagen de su
mente.
—Eso estaría genial. Gracias.
Y quítate el resto de tus ropas mientras lo haces.
Ella rechinó los dientes con frustración por aquellos
pensamientos que parecían no poder detener. ¿Por qué estaba su cuerpo
haciéndole esto? Nunca había reaccionado de esa forma hacia un hombre.
«Eres una perra frígida. Juro que tienes hielo en las venas».
Se encogió ante el recuerdo de la voz de Irn en la cabeza. Había
sido un repugnante bastardo. Coger todo el dinero de su padre había sido el
mínimo de sus crímenes. La verdad era que se había sentido aliviada cuando se
fue. Su mayor miedo había sido que violara a su hermana mientras dormían. Aún
estaba sorprendida de que lograran sobrevivir sin que eso sucediera.
Probablemente sólo debido a que su madre dormía en la habitación
con ellas y todos sabían que Alix dormía completamente armada. Nunca
voluntariamente sería una víctima para nadie. Su padre podría haberla
convertido en la puta de la tripulación, pero se rehusaba a ser violada.
Devyn frunció el ceño ante el continuo silencio de Alix. La
miró, sólo para que ella apartara la mirada rápidamente. Una lenta sonrisa
apareció en el rostro al percatarse que ella había estado contemplándole el
culo. Mientras estaba distraída, él recorrió sus curvas con la mirada. Aunque
no era el tipo de mujer delgada que le atraía, sin embargo quitaba el aliento.
Era obvio que hacía ejercicio y que tenía la clase de cuerpo que un hombre
amaría tener a su alrededor todos sus días.
Y su cabello.
Siempre le había atraído el cabello largo. Sin embargo, por
alguna razón, todas las mujeres con las que había salido lo llevaban corto. El
de Alix se veía tan suave que la palma le escocía por sentirlo.
Más que eso, deseaba enterrar el rostro en él e inhalar hasta
que estuviera borracho con su esencia.
Has pasado demasiado tiempo sin una mujer.
Eso era ciertamente verdadero. Después de la última mujer con la
que se había liado, había decidido que estaba cansado del drama que venía con
la mayoría de los paquetes bien proporcionados. Le gustaba su vida sin
complicaciones y las relaciones honestas.
Y breves.
Sin embargo, por alguna razón, continuaba encontrando mujeres
que removían mierda y le mentían acerca de las cosas más básicas. Después de
que finalmente logró sacarse de su espalda a la última empalagosa bestia,
decidió que prefería encargarse de él mismo que enfrentarse con sus temas.
Aún así, Alix le atraía a un nivel que había olvidado que
existía. Sacudiendo la cabeza para aclarar la imagen de ella bajando sobre él,
terminó de reiniciar el programa.
—Tenía una secuencia de lucha andando. ¿Quieres algo más
mundano?
Ella se retiró el cabello del rostro y se lo sujetó con una
banda elástica.
—Sip. Ponlo.
—Desierto, urbanidad, playa, campo…
—Campo.
Él frunció el ceño. No le parecía de la clase rural de mujer.
—¿Seguro?
Ella asintió.
—Me gusta la naturaleza y el follaje. Cuando era pequeña, solía
tratar de sembrar plantas en la nave de mi padre.
Eso debió ser difícil. A la mayoría de las cosas vivientes no
les agradaba el aire reciclado y la falta de luz natural.
—¿Funcionó?
Negó con la cabeza.
—Nunca pude lograr la hidroponía5 o la luz correctas.
—Lo siento. —Se alejó de la maquina y recogió su traje—. Si te
hace sentir mejor, una vez traté de sembrar un mono.
—¿Un mono?
Él se rió ante el recuerdo.
—¿Conoces el dulce “Monkey Seeds”? —No eran más que pasas
cubiertas de chocolate, un dulce asqueroso, realmente, pero era uno de los que
su padre más amaba y era algo que la madre de Devyn siempre tenía en gran
cantidad para él.
—Sí.
—Creí que si los plantaba, crecerían monos.
Alix rió ante la imagen del feroz capitán probando su habilidad
para el cultivo. Y para algo tan ridículo… Debió haber sido adorable.
—¿Qué edad tenías?
—Cinco o seis. Corría todas las mañanas para ver si mis monos
habían brotado. Mi madre no tenía el corazón para decirme que estaba perdiendo
el tiempo. Así que mi padre creó un cuerpo de mono para Vik y lo enterró en el
jardín. Emergió una mañana mientras estaba regando mis semillas.
—No, no lo hizo.
—Sí, lo hizo. Ya que mi padre había también alterado su tono de
voz, me llevó una hora entera antes de darme cuenta que el mono era Vik.
—¿Te enfadaste?
—No. Pero Vik, siendo Vik, finalmente me explicó porque era el
único mono que alguna vez tendría.
—Y he sido tu mono desde entonces.
Una encantadora mueca cruzó por el rostro de Devyn al tiempo que
alzaba la mirada al altavoz.
—Nah. No eres mi mono, Vik. Eres mi perra.
—Por supuesto que lo soy. Y lo recordaré la próxima vez que la
puerta de tu ducha esté atascada y quieras que te la abra… Espera. Eso me hace
tu perra, ¿cierto? Maldición, estoy muerto.
El humor de Alix desapareció al tiempo que Devyn se acercó y
ella vio la horrible cicatriz dentada sobre su brazo izquierdo que giraba justo
por encima del codo hasta la muñeca.
—Tiene la apariencia de haber dolido.
Él bajó la mirada y se encogió de hombros.
—Lo hizo.
—¿Qué hiciste para obtenerla?
—Una pelea a cuchillo con un Partini.
Estaba impresionada. Los Partini eran reconocidos por sus
habilidades en la lucha.
—¿Y sobreviviste?
—Obviamente.
—¿Qué hay sobre tu oponente?
—No tuvo tanta suerte. No me gusta ser atacado, especialmente
cuando no es provocado. Eso nunca resulta bien para el agresor.
—¿Realmente le mataste? —Prácticamente no se había oído que un
humano matara un Partini.
Él le dirigió una insondable mirada.
—Era un soldado de la Liga, Alix. He matado a un montón de
personas en mi carrera.
Eso era otra cosa que Merjack había olvidado mencionarla.
—¿Por cuánto tiempo rendiste servicio?
Devyn se quedó callado al tiempo que recordaba su trabajo. No
podía creer que hubiera sido tan estúpido como para alistarse. Gah, cuán idiota
había sido.
—Casi cuatro años. —Los más miserables de su vida.
Él lo esperaba.
—Sin duda puedes luchar muy bien.
Él bufó ante ello.
—Confía en mí, eso no proviene de La Liga. Sabía cómo pelear
mucho antes de unirme.
—¿Tu padre?
—Entre otros. Fui criado por La Sentella.
Alix retrocedió involuntariamente. La Sentella era el único
grupo que se había contrapuesto satisfactoriamente a La Liga. Creado mucho
tiempo antes de que ella naciera, y era dirigido por forajidos y criminales,
era legendario.
—No estás bromeando.
—¿Por qué lo haría?
Sí, ¿por qué lo haría? No era como si estuviera tratando de
conquistarla o impresionarla.
—No lo sé. Mucha gente hace ese tipo de cosas.
—Yo no. Odio las mentiras.
Y él nunca te perdonará por las mentiras que estás diciendo.
¿Qué importa?
Su hermana y su madre eran las únicas personas que amaba y haría
cualquier cosa para mantenerlas a salvo.
Devyn se detuvo a su lado. Dada su sudada condición, esperaba
que él apestara. Pero no lo hacía. Su cuerpo tenía una cálida y deliciosa
esencia.
Mmm, podría inhalarla durante toda la noche.
Elevó la mirada y encontró el hambre en sus ojos. Era cautivante
y la ponía incluso más caliente.
Más húmeda.
Todo lo que deseaba era una única probada de esos hermosos
labios.
Devyn se decía a sí mismo que se alejara, sin embargo no podía.
Cuando la miraba, recordaba aquellos días que pasó con Clotilde. Ese sentido de
asombro y descubrimiento.
El sexo que le había hecho arder.
No es Clotilde.
No, era Alix. Competente y dulce. Nunca había habido nada dulce
o ni siquiera tierno en el disfraz de Clotilde. Había sido maligna y letal. A
veces no podía recordar por qué había incluso querido casarse con ella, excepto
por el hecho de que era increíble en la cama. Esa mujer había tenido un método
de utilizar la boca que no tenía rival y había gastado sus sábanas.
Pero al mirar los oscuros ojos azules de Alix, se sentía como si
se estuviera ahogando. Y todo lo que quería era saborear sus labios. Sentir sus
manos sobre la piel.
Me estoy volviendo loco.
—Devyn… Omari está llamando.
La voz de Vik le sacó de eso y le bajó de nuevo al mundo real
donde los capitanes no pasaban el tiempo con sus ingenieros.
—Dile que enseguida voy.
Alix frunció el ceño a Devyn literalmente al salir corriendo de
la habitación como si hubiera sido propulsado de un cañón de protón.
Preguntándose por sus acciones, alzó la mirada al intercomunicador.
—¿Vik? ¿Quién es Omari?
—El hijo de Devyn.
Las palabras la golpearon como una almádena. ¿Devyn tenía un
hijo?
—¿Su hijo vive con su madre?
—No tengo libertad de comentar nada acerca del Amo Omari o su
paradero. Tendrás que preguntarle a Devyn sobre él.
—Está bien, pero ¿puedo al menos preguntar si el capitán está
casado?
—No.
Eso no era exactamente de ayuda, y tenía el presentimiento de
que a Vik le gustaba ser enrevesado.
—¿No, no está casado, o no, no puedo preguntar sobre ello?
Él rió antes de contestar.
—No está casado.
—Gracias, Vik. —Alix fue hacia el reproductor para encenderlo
mientras sus pensamientos se mantenían en el hecho de que Devyn era padre.
Cada vez que se giraba había otra sorpresa.
¿Quién era ese hombre que iba a tener que enviar a la cárcel?
¿Cuántos años tenía su hijo? No quería dejar a alguien sin padre. Mientras que
el de ella apestaba, al menos había estado allí, y herir a un niño…
Detente. No importa.
CAPÍTULO 3
Alix gruñó mientras trataba de impulsar suficiente fuerza de
torsión para aflojar el tornillo en el panel que estaba intentando abrir. ¿Por
qué no conseguía que esa estúpida cosa cediera?
De la nada, apareció Devyn.
—¿Necesitas una mano?
Empezó a rechazarlo, pero él cogió la llave de su mano e hizo
saltar el panel abriéndolo con una facilidad tan frustrante que la disgustó.
Oh, si tuviera un minuto de esa fuerza...
—Gracias, Capitán.
—Sabes que puedes llamarme Devyn. No somos exactamente formales
por aquí.
Ella no hizo ningún comentario mientras introducía la cabeza por
la abertura para observar la tubería que había estado mirando en los esquemas.
Mientras estuviera tratando de tenderle una trampa al hombre, realmente no
quería familiarizarse demasiado con él.
Devyn suspiró por el frío distanciamiento. Realmente no la
entendía. A veces ella le miraba como si estuviera imaginándoselo desnudo y en
otras ocasiones, era absolutamente gélida. Era como si estuviera tratando de
mantener algún tipo de barrera entre ellos. Y por alguna razón, eso le
molestaba.
Bajó la mirada y cayó directamente en su bien formado culo
mientras ella se esforzaba por alcanzar algo en el interior. El calor le
despertó totalmente la polla, que se endureció al instante ante la perspectiva
de lo que quería hacer con ella.
Maldita sea, tengo que echar un polvo.
Porque ahora en todo en lo que podía pensar era en despojarla de
la ropa y degustar cada centímetro de su flexible cuerpo. ¿Qué gusto tendría?
¿Sería una gritona o más calmada?
Ella se volvió para mirarle.
Él subió la mirada hacia su cara y tuvo que reprimir una sonrisa
cuando ella se sonrojó.
—Tenemos un problema. Hay un defecto en dos juntas que están
causando la fuga de radiación. Tenemos que reemplazarlas.
Genial. Miró hacia la cámara desde donde Vik vigilaba la nave.
—¿Vik?
—¿Sí, mi señor y torturador?
—¿Tenemos alguna junta de repuesto para los reflectores?
—No.
—¿Alguna razón en particular de por qué no?
—Sway es un idiota y no lo pidió cuando gastamos el último lote.
—¿No es ese tu trabajo?
—No. Yo soy el sub-idiota. Sway es el idiota jefe porque la
compañía se niega a tratar con humanoides. Como no soy orgánico, creen que no
puedo pagar.
—Gracias, Vik.
—Siempre es un placer fastidiarte, señor.
Devyn miró a Alix.
—Y continúa el sarcasmo sin fin. Me enorgullece. En serio —se
puso serio—. ¿Es algo que pueda esperar?
—Depende de la cantidad de radiación a la que quieras ser
expuesto. Los niveles son de clase dos.
Él arqueó una ceja cuando el médico en él entró en acción.
—No queremos tener hijos de tres cabezas.
—Me gustaría cumplir con eso y conservar también mi pelo.
Una sonrisa jugueteaba en los bordes de los labios de él.
—¿Vik? ¿Dónde está la parada más cercana?
Vik dejó escapar un dramático suspiro.
—Como si no pudieras realizar una búsqueda por ti mismo,
¿verdad?
—Sólo tienes que ejecutar la maldita búsqueda.
—Hay una en Miremba II. A un par de horas de aquí.
Él gruñó con irritación. Miremba IV era propiedad del Gourish,
pero la II...
—Eso es territorio Rit, ¿no?
—La última vez que miré, sí.
Devyn maldijo.
Alix estaba confundida por su cólera.
—¿Cuál es el problema con los Rits? —aparte del hecho de que
Merjack, el Ministro de Justicia Ritadarion, le buscaba para torturarle y
matarle.
—Una mala historia familiar con los Rits. Trato de mantenerme
fuera de su territorio, si puedo... ¿Vik? ¿Hay algún otro sitio?
—¿No te parece que a estas alturas he aprendido a leer un mapa?
Si hubiera habido otro lugar adonde ir, lo hubiera sugerido. Sí, hay otros
lugares, a varios días de aquí. Pero eso no fue lo que me preguntaste.
Devyn soltó otro salvaje gruñido.
—Establece el curso y permanece alerta.
—Sí, Capitán Valiente.
Alix deslizó el panel para cerrarlo. Devyn lo mantuvo en su
lugar mientras ella apretaba los tornillos.
—¿Puedo preguntar qué sucedió con los Rits?
Devyn comenzó a decirle que se ocupara de sus propios asuntos
pero, ¿qué más daba? De todos modos, si ella hiciera una simple búsqueda de sus
padres, lo averiguaría todo.
—Mis padres derrocaron su casa gobernante unos años antes de que
yo naciera. Como consecuencia, los Rits guardan rencor contra cualquier Dagan o
Syn que puedan encontrar. Siendo su único hijo, soy un pedazo de regalo para
los Rits.
—Pero tu apellido es Kell.
La sonrisa fue incluso más encantadora.
—Y ahora sabes el porqué. Mis padres estaban paranoicos por si
alguno de los Rits se vengaba en mí por lo que hicieron, así que nunca he
llevado sus nombres. Infiernos, sus verdaderos nombres ni se citan en mi
partida de nacimiento.
Se quedó asombrada con eso. En estos tiempos donde todo se regía
por la identificación, ¿cómo lo había hecho para ir a la escuela o incluso ser
propietario de algo?
—Entonces, ¿cómo…?
—Ellos tenían identificaciones falsas que usaban cada vez que
tenían que registrarme en algo cuando era niño. Mantenerme a salvo y vivo
siempre ha sido su principal objetivo.
No podía entender esa clase de amor. Su padre gustosamente la
habría arrojado a los peores depredadores para mantenerse a salvo a sí mismo.
Y eso se acercaba bastante al porqué Merjack estaba tan deseoso
de atraparle. Se trataba de un ajuste de cuentas con los que habían derrocado a
su familia.
—¿Alguna vez has hecho algo contra los Rits?
—No. Como he dicho, nos quedamos fuera de su territorio. Aunque
estoy cabreado por lo que hicieron con mi padre cuando él era un niño, los que
le torturaron murieron hace mucho por sus manos. No soy quién para aplicar mi
cólera sobre inocentes.
Era un hombre mejor que Merjack, y eso envió una ola de
culpabilidad a través de ella. Pero se negó a escuchar a su conciencia. Esa
misma conciencia gritaría aún más fuerte si algo le pasaba a su familia porque
les había fallado.
Lo cual le hizo recordar...
—¿Tienes un hijo?
Una sonrisa orgullosa frunció los labios.
—Sí lo tengo. Es un gran chico, a pesar de haber crecido a mí
alrededor.
—¿Pero él no viaja contigo?
—Normalmente lo hace, de hecho es mi copiloto. Se ha ido con
algunos amigos durante un par de semanas y es lo más importante que recogeremos
en Nera cuando logremos llegar.
Le encantaba la forma en que su rostro se iluminaba mientras
hablaba de ver a su hijo. Eso la calentó de una manera que nunca hubiera creído
posible.
—Ah, entendido.
—Te gustará Omari. Él es bastante parecido a mí, sólo que con
mejor aspecto.
Ella no se lo podía imaginar.
—Estoy segura de que le adoraré.
Devyn no supo por qué esas palabras le quemaron, pero lo
hicieron. Más que eso, provocaron que una imagen de ella sosteniendo a un bebé
le pasara como un relámpago por la mente. Eso probablemente asustaría a la
mayoría de los hombres, pero habiendo criado parcialmente a Omari, quería más
hijos. Había disfrutado completamente viendo a Omari crecer y aprender cosas al
mismo tiempo que se convertía en un infierno de hombre. Si alguna vez
encontraba a la mujer adecuada, le encantaría tener una casa llena de niños.
Y ese pensamiento le dio vueltas en la mente hasta lo que sería
necesario para crear un bebé...
Lo que le llevó de vuelta a la imagen desnuda de Alix.
Tengo que echar un polvo...
Esto era ridículo.
—Me dirijo a mi oficina. Dime si necesitas algo.
—Gracias.
Alix observó como Devyn se alejaba. Maldita sea, tenía el mejor
culo que hubiera visto nunca. Podría mirar a ese hombre durante todo el día.
Era cada vez más difícil conciliar su despiadada reputación con
la de un hombre que amaba tanto a su hijo. Uno con quien era tan fácil hablar y
quien se ocupaba de ella.
Con un suspiro, se dirigió a su habitación para prepararse para
desembarcar y comprar la pieza que necesitaban.
En cuanto atracaron en Miremba, Alix se reunió con Sway y Devyn
en la rampa. Sway estaba vestido de gris oscuro, mientras que Devyn, recién
duchado, estaba delicioso de negro. Su simple olor fue suficiente para
calentarla.
Sway sonrió burlonamente a Devyn, quien se rehusó siquiera a
mirarla.
—Feliz caza, amigo. Que los dioses estén contigo.
—Jódete, Sway —gruñó él.
Y salió disparado por la rampa tan pronto como terminó de
extenderse.
Alix le dirigió a Sway una expresión de desconcierto.
—¿Qué fue eso?
Sway rió maliciosamente.
—Devyn tiene un caso grave de pelotas azules, que, aunque es
común para mí, es una condición extremadamente rara en él. Él espera encontrar
un poco de alivio mientras que tú y Vik compráis lo que falta y reparáis la
nave. Me quedo atrás para asegurarme de que nadie jode La Talia.
—Vaaaaaale —dijo ella, haciendo hincapié en la palabra—. Es más
de lo que necesitaba saber sobre el capitán.
—En realidad no. Tú eres quien se las puso así —Sway se volvió
riéndose mientras se alejaba.
Alix sólo pudo quedarse con la boca abierta cuando Vik se unió a
ella. La cara explotó ruborizándose.
—Deberías sentirte halagada.
Ella le arqueó una ceja a Vik.
—¿Cómo es eso?
—Uno, que Devyn te quiere de mala manera y dos, que piensa lo
bastante en ti como para no toparse contigo, otra cosa que es rara para él. Por
lo general, cuando quiere a una mujer que desea, la consigue bastante
fácilmente.
Ella le lanzó al androide una cómica mirada.
—Sabes que eso no significa que se sienta atraído por mí, sino
que soy la única mujer a bordo, de ese modo le recuerdo el sexo.
—Sigue creyéndolo, bizcocho. Yo soy el que monitorea sus datos
biométricos y he notado que cada vez que se te acerca, su ritmo cardíaco y
respiración se elevan y su sangre se precipita a cierta parte de su anatomía.
Confía en mí, conozco los signos de la excitación sexual cuando los veo. Y sólo
se producen cuando está cerca de ti. Lo cual es realmente bueno porque
definitivamente no le quiero haciéndome insinuaciones amorosas. Definitivamente
no está en mi programación o descripción de trabajo.
Ahora estaba tan avergonzada, que quería meterse debajo de algo.
—No estarás monitoreando mis bios, ¿verdad?
—No, en absoluto. Sin ánimo de ofender, no me importa si vives o
mueres. No eres mi responsabilidad.
—Qué manera de afianzar mi autoestima, Vik. Te lo agradezco.
La guió fuera de la nave.
—Bueno, si la verdad ofende...
Poniendo los ojos en blanco, ella lo siguió a través del hangar
hacia el sector de piezas que había sido instalado para la comodidad de las
tripulaciones que se trasladaban hasta aquí.
No les tomó mucho tiempo encontrar la pieza y comprarla, pero
cuando regresaban, no pudo evitar que sus pensamientos se dirigieran a Devyn y
lo que estaba buscando.
No te importa con quién duerme. No es nada para ti.
Era cierto, y sabía más sobre los hombres y sus más bajos
instintos de lo que ella quisiera. Esa había sido la parte de sus funciones en
el carguero de su padre que despreciaba más que nada.
«Necesito su atención centrada en sus trabajos. Ve a
manosearlos, Alix. Haz algo útil para variar».
Por no mencionar que si ella los mantenía felices y agotados, no
volvían sus atenciones sobre Tempest. Algo que se había vuelto más y más
difícil en el último año. En verdad, estaba casi feliz de que su padre
estuviera muerto. Su mayor temor fue que le hiciera a su hermana lo que le
había hecho a ella.
Convertirla en la puta de la tripulación.
—¿Estás bien?
Levantó la vista hacia Vik.
—Sí, ¿por qué?
—De repente, estás muy triste. ¿Te he hecho daño con mis
comentarios? No era mi intención.
—No has hecho nada, Vik. Sólo estaba pensando en otra cosa.
—Entonces siento que ese pensamiento te causara tanto dolor.
Pareces una mujer muy agradable y aunque sé que soy un poco irreflexivo a veces
con mis comentarios, yo nunca querría causarte tanto daño.
Su sinceridad la conmovió.
—Gracias, Vik.
Abrió la puerta de la nave para ella.
—Es un placer.
Devyn se detuvo mientras examinaba a las mujeres de su entorno
en el bar. La mitad eran prostitutas y la otra mitad eran como él, en este caso
para encontrar a alguien que aliviara el dolor en sus entrepiernas.
Una pelirroja seriamente constituida, enfundada con un escaso
top de cuero y pantalones flojos se le acercó mientras pedía una bebida.
Recorrió su cuerpo ávidamente y le sonrió.
—¿Estás interesado en compañía femenina?
Sí… pero mientras que podía fácilmente tomar un bocado de la
manzana, sabía que tendría hambre de nuevo tan pronto como terminara.
Ya que él no deseaba manzanas.
Quería algo más picante.
Estoy tan jodido. ¿Cómo podía desear a una mujer que se parecía
a la perra que casi le había matado?
La pelirroja le frotó los pechos contra el brazo.
—¿Qué dices?
Él bajó la vista hacia la profunda hendidura entre sus pechos y
se imaginó lo que sería enterrar la cara allí. La boca se le hizo agua.
—Digo que tienes una de las más finas piezas de culo que haya
visto nunca y nada me gustaría más que joderte hasta que me pidas misericordia.
Ella hizo un mohín seductor.
—¿Por qué tengo la sensación de que hay un pero?
Devyn suspiró.
—Porque no sería a ti a quien viera mientras lo hago.
Ella le deslizó la mano por el pecho hasta la cadera, luego la
movió más abajo hasta que ahuecó la hinchada polla en la mano.
—No me importa, cariño. Incluso puedes llamarme por su nombre,
si lo deseas.
Él apretó los dientes mientras su mano le provocaba. Oh, sí… Eso
es lo que había estado deseando.
—Hay una sala atrás si deseas privacidad.
El problema era que estaba tan caliente, que podría follarla
aquí mismo, delante de todos.
Pero con ese pensamiento vino una imagen de Alix. Más que eso,
era el recuerdo del olor de Alix. Y mientras la mujer frente a él era
verdaderamente hermosa, mucho más que Alix, no tenía esos precavidos ojos azul
oscuro o largo cabello rubio.
Decidido a olvidarse de eso, arrastró a la mujer contra él y la
besó. La lengua barrió contra la suya.
Ella le mordió los labios mientras se retiraba.
—Vamos, nene. Déjame comerte.
Él dio un paso con ella, entonces maldijo.
No quiero estar con ella.
¿Has perdido tu maldita cabeza? Mira su cuerpo.
Es. Todo. Tuyo.
Y aún así no se movió. Sabía por experiencia que comer algo
porque fuera conveniente no lo hacía satisfactorio. Esto no le calmaría nada.
Tan pronto como regresara alrededor de Alix, volvería a estar caliente de
nuevo.
Apartó a la pelirroja de los brazos y le dio un suave beso.
—Eres una mujer impresionante y bella, y yo soy un idiota por
hacer esto. Pero por mucho que me encantaría estar dentro de ti ahora mismo, no
puedo hacerlo.
Ella dio un suspiro triste.
—Tu novia debe ser algo distinta.
—Sí... lo es.
Ella extendió la mano y jugueteó con el lóbulo de la oreja.
—Espero que ella sepa lo afortunada que es —se inclinó hacia
delante para soplarle y le susurro al oído—. Para que quede constancia… estás
pasando de una de las mejores folladas de tu vida.
Casi gimoteó cuando ella se marchó y se dirigió hacia otro tipo.
Sway tiene razón, soy una mujer. Peor aún, estoy fustigándome por alguien a la
que aún no he besado.
Disgustado, se volvió y se bebió la bebida de un trago, y luego
le hizo un gesto al camarero para que volviera.
—Continúa sirviéndome hasta que esté inconsciente.
Alix se descolgó del estrado del motor y bajó por la
escalerilla. La reparación había sido un dolor en el culo. Pero al menos estaba
hecha. Pasándose un paño por la grasa de las manos, usó el codo para presionar
el botón y cerrar la escotilla.
Estaba tan concentrada asegurando el sellado, que estaba ajena a
todo lo que la rodeaba.
Al menos, hasta que alguien la agarró por detrás.
Asumiendo que eran Devyn, Vik o Sway entrometiéndose con ella,
no reaccionó hasta que las ásperas manos le apretaron los pechos.
—¿Qué haces aquí sola? ¿Robando partes de la nave de alguien
para tu padre?
La sangre de Alix se congeló ante el sonido de una voz que la
enfermó. Irn Soilent. El hombre que había arruinado a su padre y les había
costado todo.
Aumentó el agarre sobre ella, deslizándola la mano dentro de la
camisa.
—Ahora, ¿dónde está esa puta hermana tuya? Todavía quiero un
pedazo suyo antes de que alguien más me lo gane.
Gritando de indignación, ella le atacó.
Irn maldijo cuando ella le reventó el labio de un puñetazo.
—¡Puta inútil! —le devolvió el golpe alcanzándola a lo largo de
la mandíbula.
La cabeza le chasqueó con tanta fuerza, que se aturdió por un
momento.
Hasta que él fue a golpearla de nuevo.
Ella le dio un puñetazo en el estómago, deseando tener un arma
para separarle el fétido corazón del pecho.
—¡Cogedla! —gruñó a los hombres que se encontraban cerca.
Alix se aterrorizó al darse cuenta que había un total de diez. Y
aunque era buena en una pelea, no podía ganar contra ese número.
Evadió al primero de ellos en llegar a ella y corrió en busca de
la rampa de la nave. Otro hombre le cortó la retirada.
Dándole un rodillazo en la ingle, ella le apartó a empujones.
Pero antes de que pudiera pasar por delante de él, un enorme oso corpulento de
hombre la agarró por detrás y la levantó en vilo. Él la giró para hacer frente
a Irn, quien la miraba con odio.
Irn escupió sangre en el suelo.
—Vas a pagar por esto, perra.
Alix intentó patear y retorcerse para liberarse de la sujeción,
pero no podría hacerse nada más que daño a sí misma. Aun así, no flojeó
mientras se reían de ella.
—¿Desde cuándo eres tan selectiva? —Irn les lanzó a los demás
una malévola sonrisa—. Sé que ella no parece gran cosa, pero confiar en mí, es
bastante para satisfacernos a todos nosotros y además cogerlo es gratis —se
acercó para besarla.
Ella gritó de rabia, intentando girar la cara.
Él la agarró por la barbilla para mantenerla inmóvil mientras el
hombre de detrás aumentaba la presión sobre los brazos, manteniéndola encerrada
entre ellos.
Tan pronto como los labios de Irn hubieron tocado los suyos, su
cabeza fue sacudida hacia atrás y él se giró para enfrentar al mismo diablo.
Alix se congeló mientras miraba la cara de furia de Devyn. Este
era el hombre que Merjack había descrito. Frío. Letal. Terrorífico.
No había piedad en la tenebrosa mirada. Nada en la expresión,
salvo la promesa de la muerte para aquellos que le habían cabreado.
Un hombre fue hacia él. Devyn levantó el brazo, bloqueando el
puñetazo antes de que diera un porrazo tan duro al hombre, que cayó al suelo
gimiendo. El siguiente que le atacó fue lanzado sobre la espalda de Devyn.
Devyn le golpeó en el suelo y le torció el brazo, rompiéndoselo. El hombre
gritó de dolor.
Devyn se volvió y cogió al siguiente corpulento atacante por la
garganta. Le empujó sobre otros dos antes de girarse rápidamente hacia Irn y
golpearle con el revés de la mano.
El hombre que la sujetaba la lanzó de un empujón al suelo antes
de rugir y correr hacia Devyn.
Devyn esquivó el golpe, después, le dio un cabezazo. No había
emociones en la cara de Devyn mientras golpeaba al hombre.
Ella se levantó, pero antes de que pudiera unirse a la lucha,
Sway y Vik estaban allí. Los amigos de Irn se fueron corriendo, dejando al
corpulento hombre que la había sujetado y al hombre que Devyn estaba tratando
de matar, era Irn.
Sway le apartó de Irn.
—Déjalo ir, Dev. Casi le matas.
Devyn pisoteó a Irn una vez más antes de recogerle del suelo.
Arrastró a Irn de pie delante de ella y le mantuvo allí para que ella pudiera
ver las gotas de sangre que le corrían por la frente, sien y nariz.
—Discúlpate con ella ahora mismo, animal.
—Yo no le pido perdón a ninguna puta.
La furia descendió sobre el rostro de Devyn de tal manera que
estuvo segura de que mataría a Irn donde estaba.
—Nunca vuelvas a tratar a una mujer así. Pídele perdón o te
sacaré los ojos y te los empujaré por tu garganta.
Irn gimió antes de que él la mirara con la promesa en los ojos
de que un día le haría pagar por esto.
—Lo siento.
Devyn le arrojó lejos.
—Fuera de aquí. Si alguna vez vuelvo a veros de nuevo, no
viviréis lo suficiente para lamentarlo —no se movió hasta que se hubieron ido.
Luego se volvió hacia Vik y Sway con una furia que hizo a Alix
retroceder.
—¿Dónde diablos estabais vosotros dos?
Los ojos de Sway se oscurecieron mientras se tensaba
manteniéndose firme.
—No me vengas con eso, muchacho. Tienes mejor criterio.
Pero Devyn no cedió ni renunció.
—Tener mejor criterio, cojones. Ella casi es violada mientras
vosotros os masturbabais. ¿Por qué no estabais aquí vigilándola?
Antes de que pudieran hablar, Alix intervino.
—Les dije que estaría bien sola.
Entonces Devyn la miró ceñudo.
—¿Tú qué?
Ella se sujetó el palpitante brazo al costado. Estaba herido por
la forma en la que el corpulento hombre la había agarrado y sujetado. Todo lo
que ella quería hacer era ir a esconderse de su ira, pero no podía dejar que
Vik y Sway se metieran en problemas por alguien tan inútil como ella. Decidida
a defenderles, se armó de valor.
—Por favor, no les culpes. Todo fue por mi culpa. Les dije que
no se preocuparan por mí. No había nadie aquí en ese momento, y si no hubiera
habido tantos atacándome, podría habérmelas arreglado por mi cuenta. Siento
mucho haber provocado que esto sucediera. Tendré más cuidado en el futuro.
El corazón de Devyn se sacudió ante sus disculpas después de la
manera tan brutal que había sido atacada. Tenía la mejilla hinchada con un
cardenal formándose ya bajo el ojo izquierdo. Y, sin embargo, los ojos todavía
brillaban con furia y dolor refrenado.
Él vio la vergüenza en las miradas de Vik y Sway a quienes ella
estaba protegiendo.
—No hiciste nada como para disculparte.
—Debería haber estado armada o gritar pidiendo ayuda.
Simplemente ocurrió tan rápido... Me cogieron con la guardia baja. Prometo que
no volverá a suceder, Capitán.
Ella mantenía la barbilla bien alta, pero aún así, vio las
lágrimas en sus ojos cuando ella se abrió paso de regreso a la nave.
Sway sacudió la cabeza.
—Lo siento mucho, Dev. Estaba hablando con Claire. Si hubiera
sabido... Tenías razón. Debería haber estado vigilándola.
Devyn le palmeó en la espalda mientras su cólera disminuía por
alguna tierna emoción que no podía ni siquiera nombrar.
—No te preocupes. Estoy enojado conmigo mismo por no haber
estado aquí y desquitarme a costa de vosotros dos. Nunca debería haberme ido.
Vik se aclaró la garganta.
—Hablando de... es mejor que salgamos de aquí antes que uno de
los culos pateados vaya a las autoridades e informe del asalto. No creo que
ninguno de nosotros quiera ser detenido en territorio Rit.
Sí, ni en broma. Eso no le iría bien a ninguno de ellos.
—Tienes razón. Saquemos nuestros culos de aquí mientras que
todos aún tengamos uno.
Alix se apoyó contra la puerta cerrada, temblando. Eso había
estado tan cerca. ¿Qué hubiera pasado si Irn le hubiera dicho a Devyn que era
una esclava? Si no hubiera estado tan aturdido por la ferocidad del ataque de Devyn,
probablemente lo habría hecho.
Y Devyn…
Ahora conocía el alcance de sus habilidades, y eran
verdaderamente aterradoras. Él había destrozado a esos hombres sin ayuda de
nadie.
Oh, Dios mío...
¿Qué haría con ella si alguna vez conocía su secreto? Una imagen
de él pisoteando a Irn le pasó por la mente con tanta claridad que la contrajo
el pecho.
—No puedo creer que ni siquiera echaras un polvo, después de
todo eso. Maldita sea, Dev, eres un idiota.
Ella se congeló cuando escuchó a Sway y Devyn caminando por
delante de su cuarto.
—No sigas por ese camino, Sway. Estoy bastante jodido.
—No hueles a jodido, hueles a borracho. ¿Lo estás?
—No lo estaría si hubiera follado, así que necesitaba algo para
calmarme, lo que no ayudó ni siquiera un poco. Juro por los dioses que estoy a
punto de reventar mis costuras.
Sway se echó a reír.
—No me extraña que les destrozaras de la forma que lo hiciste.
—Tienen suerte que no les arrancase los brazos por tocarla.
Sway chasqueó la lengua.
—Sabes que hay maneras de aliviar ese dolor por tu cuenta.
—No es lo mismo, y tú entre toda la gente lo sabes. Gah, no sé
cómo lo soportas. Siento un nuevo respeto hacia ti... En realidad, eso no es
cierto. Sigo pensando que eres un idiota, pero estoy demasiado borracho como
para importarme ahora mismo.
Siguieron hablando, pero ella ya no pudo entender sus palabras.
Permaneció de pie en su habitación, perpleja por esa revelación.
Así que Devyn no se había acostado con nadie mientras había estado fuera... Por
alguna razón, eso la emocionó.
No vayas por ahí.
Pero no podía evitarlo. Ningún hombre jamás la había defendido
antes. Nadie se había preocupado nunca de quién la maltrataba o se acostaba con
ella.
Ni siquiera su propio padre.
Devyn la había protegido de Irn y de sus malolientes amigos. Ese
conocimiento rompió algo profundamente en su interior. Trató de decirse que él
habría hecho lo mismo por cualquier miembro de su tripulación. Eso no
significaba nada para él, y sin embargo...
«Tienen suerte que no les arrancase los brazos por tocarla».
Fue lo más amable que alguien había dicho por ella. Abrazando
esas palabras, se apartó de la puerta y fue a ponerse hielo en la hinchada
mejilla. Apenas había llegado a la nueva unidad de refrigeración cuando oyó un
ligero golpe en la puerta.
Ella fue a abrir y se encontró a Devyn de pie en el pasillo,
parecía contrito.
¿Por qué? ¿De qué tenía que disculparse?
—¿Necesitas algo, Capitán?
Devyn saboreó el profundo contralto de su voz que le puso aún
más duro y más desesperado por ella. Maldita sea, estoy borracho. Él levantó el
botiquín.
—Quería echar un vistazo a tu mejilla. Asegurarme de que no
tienes ningún hueso roto.
—Estaré bien.
—Soy médico, Alix. Quiero verlo y no hay discusión conmigo.
Alix parpadeó confusamente por sus palabras, no estaba segura de
haberle oído bien.
—¿Qué?
Él hizo un arrogante saludo con la cabeza.
—Titulado e instruido en humanos, Andarion, Hyshian, medicina
Trisani y cirugía. Puedo ir a buscar el título si realmente quieres verlo.
Ahora déjame entrar.
Ella dio un paso atrás, sobrecogida por otro descubrimiento en
lo que a él concernía.
—¿Por qué un médico es un transportista?
Él no respondió mientras la movió hasta sentarla en la silla
junto a la cama. Sacando un escáner del maletín, se lo pasó por encima del
palpitante lateral del rostro. Podía oler el alcohol en su aliento, pero a
diferencia de con su padre, no podía decir que estuviera borracho. Parecía
completamente sobrio.
Devyn trató de no pensar en la suave piel bajo los dedos
mientras revisaba suavemente la hinchazón de la mejilla. No estaba rota, pero
le habían regalado un infernal moretón. Apretó los dientes contra la explosión
de ira queriendo destrozarlos otra vez.
—Debí haber matado a esos hijos de puta.
—No creo que vayan a olvidar pronto su encuentro contigo.
Él no respondió mientras le pasó la mano por encima del labio
partido.
—¿Golpearon algún diente que se te cayera?
—No lo creo. No tengo tanta sangre en la boca.
Su furia se oscureció. El hecho de que ella supiera lo que debía
buscar y que no estuviera sollozando por lo que le habían hecho le hizo
preguntarse cuántas veces había sido herida de la misma manera en el pasado.
Obviamente no era nada nuevo.
—Si quieres, regreso y los mato.
Una ceja se disparó.
—No... —Alix se refrenó antes de terminar la frase.
Había comenzado a decir que no quería que él fuera a la cárcel,
aunque era precisamente lo que ella estaba a punto de provocar.
La hipocresía la punzó.
—No necesitas ese problema —concluyó débilmente.
—Muy bien. Pero si cambias de opinión, házmelo saber y nos
pondremos a ello.
—¿Tan borracho estás?
Él esbozó una diabólica sonrisa.
—Lo suficiente para que Vik no me dejara despegar la nave.
Estaba completamente asombrada por eso.
—Realmente no parece que hayas tomado ninguna bebida en
absoluto.
—Sí, lo sé. Al igual que mi padre. Al menos eso es lo que dice
mi madre. Aunque en realidad nunca he visto a mi padre tomar un trago. Pero
toda mi familia jura que fue un furioso alcohólico durante muchos, muchos años.
Como su padre... sólo que su padre había sido amable con su
hijo.
—¿Qué le hizo dejar de beber?
Devyn retornó el escáner al maletín.
—Él amaba a mi madre más que a la botella y él me dijo una vez
que nunca quería tener la posibilidad de hacer algo estúpido mientras estuviera
borracho que pudiera provocar perderla.
—¿En serio?
—Sí. Mis padres tienen el tipo de matrimonio con el que todos
sueñan. Incluso después de todos estos años, todavía son como dos adolescentes
robándose besos y cogiéndose de las manos.
—Y te quieren.
—Sí, soy muy afortunado y lo sé. Mis padres, ambos, tuvieron una
educación dura y adquirí experiencia en las historias de horror de su pasado.
Hizo una pausa para mirarla.
—Es difícil a veces conciliar las historias que escucho de otros
acerca de ellos y sus reputaciones, con la realidad de los padres que conozco y
quiero —sonrió—. He visto a hombres adultos mearse ante la sola mención del
nombre de mi madre y todo en lo que puedo pensar es que es la mujer que me
limpiaba la nariz y me abrazaba jugando conmigo cuando era niño. ¿Sabes? Y
entonces mi padre... —dejó escapar un largo suspiro—. He oído las historias,
pero nunca le he visto perder los estribos conmigo, ni siquiera cuando incendié
la casa siendo niño, quemándole una parte importante de su cara colección de
arte.
Se quedó asombrada con eso.
—¿No te mató?
Devyn sacudió la cabeza.
—Yo estaba sentado con los bomberos, temiendo la azotaina ya que
sabía que me la merecía. Cuando por fin vi llegar a mi padre y vino corriendo
hacia mí, sólo pensaba en que él iba a destrozarme, ¿no? Sé que recordarás esa
sensación de Oh, mierda, estoy jodido de la infancia cada vez que haces algo
realmente estúpido y créeme, no había nada más tonto que incendiar la casa.
Quería correr tan lejos, pero estaba demasiado asustado para moverme. Entonces
me agarró y me abrazó contra él hasta que no pude respirar. No creí que alguna
vez fuera a soltarme. Estaba tan agradecido porque no hubiera resultado herido
que nunca mencionó lo que le había hecho a la casa o a su arte. Fue un
accidente por mi parte, pero hasta hoy, me siento como una mierda sobre ello.
—¿Cuántos años tenías?
—Once. Como castigo por faltar a la escuela con un amigo, me
había quedado en casa con mi niñera para hacer los deberes. Estaba jugando con
mi juego de química cuando encendí el escritorio de mi padre, debido a los
productos químicos se extendió como nada que alguna vez hubiera visto.
Un músculo operó en la mandíbula mientras sacudía la cabeza con
tristeza.
—Es la única vez que vi llorar a mi madre. No por la casa, sino
porque pensó en un principio cuando llegó que yo todavía estaba en el interior.
Cuando se enteró de que estaba a salvo, me abrazó y lloró como un bebé. Gah,
aún puedo sentir su temblor. Creo que me asustó más que cualquier otra cosa.
Alix trató de imaginar a sus padres siendo tan protectores. Pero
honestamente, sus padres la habrían matado por algo parecido.
—Mis padres tenían su temperamento. Mi padre mucho más que mi
madre. Aunque ella siempre me ha querido y lo sé. Era su manera de ser tan
protectora.
Él frunció el ceño.
—¿Quieres decir hasta que salió corriendo cuando eras pequeña?
Alix se sobresaltó al darse cuenta de su desliz. Mejor ser más
cuidadosa antes de que me mate.
—No significa que no quieras a tu madre, Capitán. Cuando la
crueldad es todo lo que conoces, haces concesiones ante los defectos de la
gente. Incluso los malos padres son mejores que no tenerlos.
Él soltó un bufido.
—Mi padre definitivamente discutiría sobre eso, y según lo que
mi abuelo le hizo, no le culpo. Pero no presionaré. Sé por mis padres cuánto
escuecen esos recuerdos incluso décadas después de que hayan pasado. Realmente
nunca consigues sobreponerte a una mala niñez.
Sacó una compresa fría del maletín y la activó, entonces se la
presionó contra la mejilla.
—Mantén la mejilla fría. Me voy a la cama antes de que pierda el
conocimiento.
Puso tres paquetes más en la mesa y luego se despidió.
Fue sólo después de que se hubo ido cuando se dio cuenta de que
la sangre en los paquetes era de sus lesiones.
Lesiones que había conseguido gracias a ella...
Quería llorar, mientras pensaba en el dolor que ella le iba a
infligir y el terror de lo que sus padres podrían hacerla por eso. Si lo que
decía era verdad, no se cruzarían de brazos y dejarían que hirieran a su único
hijo.
La perseguirían con todo lo que tenían y algo más.
¿Qué voy a hacer?
Salvar a su familia. No tenía otra opción. Pero en primer lugar,
quería agradecérselo al hombre que había evitado el haber sido violada.
Devyn siseó mientras se vertía un antiséptico sobre los
sangrantes nudillos. Aquél cabrón había tenido una mandíbula de acero.
—Es lo que te pasa por ser estúpido.
Y seguía estando tan duro, que podría clavar un clavo con la
erección.
¿No se supone que el alcohol calma el dolor? La lucha
probablemente te dejó sobrio.
Oh, sorpresa. Cogiendo una botella de whisky Tondarion, fue a
sentarse en su escritorio. Empezó a buscar un vaso, y luego decidió que no
valía la pena el esfuerzo. Desenroscó la tapa y bebió directamente de la
botella, mientras que las visiones de Alix en su cama le atormentaban.
¿Por qué no aceptaste la oferta de la pelirroja? Al menos te
habría saciado un poco.
Porque soy un puto idiota.
Sí, lo era. Tomó otro trago.
De pronto, alguien tocó vacilantemente a la puerta. La polla se
le sacudió porque no había forma de que Sway o Vik fueran tímidos ni siquiera
llamando.
Justo lo que necesito. Más tortura.
—Adelante —gritó, sin ganas de levantarse ni moverse en este
momento.
Se abrió la puerta para mostrarle el hermoso rostro de su peor
atormentador. Maldita sea, necesito estar más borracho.
—¿Olvidé algo? —preguntó.
Alix vaciló cuando le vio con la botella en la mano. Si continúa
bebiendo, deberás correr. Siempre que su padre bebía había sido tan perverso
que la volvió temerosa de cualquier hombre que bebía. Pero no pudo. Ella se lo
debía y, más que eso, quería hacer esto. Tener un momento con un hombre que no
le ponía la piel de gallina cuando la tocaba.
¿Cómo sería dormir con un hombre al que realmente deseara?
Sólo una vez.
Reuniendo valor, cruzó la habitación y se arrodilló frente a la
silla.
Devyn frunció el ceño mientras la miraba. Ella le contemplaba
por entre las rodillas y el aliento se le quedó atrapado. Quería preguntarle
qué estaba haciendo, pero la hambrienta mirada en los ojos aplastó todo
pensamiento racional.
Y cuando ella alcanzó la bragueta, pensó que podría ser otra
fantasía causada por su ebrio estupor. El corazón le latía con fuerza mientras
la miraba lentamente bajando la cremallera de los pantalones hasta que la polla
estuvo libre.
Sin una palabra, ella bajó los labios para tomarle profundamente
en el interior de la boca.
Él dejó caer la botella y apretó los dientes mientras el placer
le atravesó el cuerpo entero. Ahuecándole la cara, se deleitó con la sensación
de la ardiente boca acariciándole mientras la veía saborearle. Era la cosa más
caliente que alguna vez hubiera visto y prendió fuego a cada molécula de su
cuerpo.
Alix gimió por el sabor salado, pero fue la suavidad de sus
manos en la cara lo que la sorprendió. Realmente la acariciaba mientras le
complacía. Nadie le había hecho eso antes. Normalmente le tiraban del pelo y
empujaban contra ella, sin importarles si la hacían daño o no.
Pero él le apartaba el pelo de la cara, mientras sus dedos
jugaban contra el cuero cabelludo, enviando escalofríos sobre ella. Levantó la
vista para verle mirándola. La ternura en los ojos la abrasó.
Sonriendo, lamió un camino hacia abajo hasta la base con el fin
de disfrutar el resto de él.
Devyn gruñó ante la sensación de la lengua lamiéndole. Sentía
como si todo el cuerpo estuviera en llamas. Incapaz de soportarlo, él la
levantó para poderla besar.
La cabeza de Alix nadó con la sensación de sus labios sobre los
de ella. Feroz, aunque tierno, le exploró cada centímetro de la boca. Y la dejó
sin aliento. Había tenido toda la razón. Su beso fue electrizante cuando la
levantó y la colocó sobre el escritorio.
Levantó la blusa con una lenta y suave mano. Con los ojos
oscuros ardiendo, dejó sus labios para saborearle los pechos. Ella le ahuecó la
cabeza contra el pecho mientras él la lamía y acariciaba el pezón. Tembló
cuando las ondas de placer le sacudieron el cuerpo de una manera que nunca
había esperado. Cada lametazo enviaba un pequeño temblor a través de ella.
Oh, Dios mío, él es increíble...
Sentía la sangre espesa cuando él sumergió la mano bajo la
cinturilla hasta que estuvo tocando la parte de ella que estaba al rojo vivo
por la necesidad.
Devyn gruñó por lo mojada que estaba y lo profundo que quería
hundirse en su interior.
Ella es tu ingeniero. No deberías estar haciendo esto.
En el fondo lo sabía, pero ella había venido a él. Si hubiera
estado sobrio, podría haber sido capaz de rechazarla. Pero en este momento...
No había manera.
Y mientras él hundía los dedos profundamente en su interior,
ella le siseó en el oído. Ese sonido resonó a través de él.
—Dime lo que quieres, Alix.
Se frotó contra él.
—Te quiero a ti, Devyn.
Sonrió cuando ella finalmente utilizó su nombre. La besó antes
de hablar de nuevo.
—Quiero saborearte, pero no puedo esperar. Te deseo demasiado.
Si tienes paciencia conmigo, te juro que te compensaré.
Alix no lo comprendió mientras él daba un paso atrás para
quitarle los pantalones. Antes de que pudiera preguntarle qué quería decir, se
enterró profundamente en su interior. Mordiéndose el labio, gimió por lo bien
que le sentía allí. Levantó la vista para verle observándola.
Él le tomó la mano entre las suyas y le besó tiernamente la
palma mientras empujaba contra sus caderas.
Ella envolvió las piernas alrededor de su cintura y arqueó la
espalda para atraerlo aún más profundamente en su interior. Él bajó la cabeza
para saborear los pechos mientras aceleraba los embates.
La cabeza de Devyn daba vueltas por el calor del cuerpo bajo el
suyo. No tenía ni idea de por qué la quería de esta manera, por qué le atraía,
pero en este momento, se había perdido en ella. Le rozó con los dedos los
labios, admirando el pequeño arco de Cupido. Ella envolvió los brazos alrededor
de él y le mantuvo cerca.
Y por alguna razón que no llegaba a comprender, su abrazo
apaciguó una parte de él que ni siquiera se había dado cuenta que le doliera.
Sus brazos le hicieron sentir...
Ni siquiera estaba seguro de poder explicarlo.
Cerrando los ojos, saboreó esa sensación. Su cuerpo fue lanzado
al borde de la liberación. Se mordió el labio, tratando de mantenerla bajo
control. La había desatendido bastante en los juegos preliminares. No iba a
defraudarla en esto también.
Deslizó la mano hacia abajo entre ellos hasta que encontró la
hendidura. Ella se sacudió en el instante en que la tocó. Con la respiración
entrecortada, escuchó su cuerpo hasta que encontró el ritmo adecuado para ella.
Alix se estremeció cuando la mano de Devyn jugó a la vez que
sentía sus embates. Aumentaba su placer a un nivel que nunca antes había
conocido.
—Eso es, nena —la murmuró en el oído—. Córrete para mí —se
propulsó más profundamente para enfatizar esas palabras.
No estaba segura de lo que estaba pidiendo. Lo único que sabía
era que nunca había sentido algo así. Tenía el cuerpo completamente derretido.
En el pasado, había estado mirando el reloj, haciendo cualquier cosa que
pudiera para acelerar el proceso de manera que acabara y pudiera volver a lo
que había estado haciendo antes.
Pero con Devyn...
Nunca quería que esto terminara. Le encantaba la forma en que lo
sentía dentro. Y entonces sintió explotar algo en su interior. Procedía de
algún lugar profundo y la sacudió todo el cuerpo. Antes de que pudiera
evitarlo, gritó.
Devyn se rió en su oído mientras aceleraba el ritmo, aumentando
el placer. Cada una de sus fuertes y profundas embestidas la lanzaba aún más
alto.
Y entonces ella sintió su liberación. Se quedó sin aliento un
instante antes de sentirla estremecerse a su alrededor. La cogió de la mano y
entrelazó los dedos conjuntamente en un acto tan dulce que la marcó el corazón.
Con los cuerpos todavía unidos, se apartó para besarle la punta
de la nariz. Extendió los besos por sus labios, su cuello, y luego sus pechos,
mientras yacía asombrada.
—¿Qué fue eso?
Él frunció el ceño.
—¿Qué fue el qué?
—Lo que me hiciste. Nunca he sentido nada igual... Fue
increíble.
A Devyn le tomó un minuto entender lo que le estaba diciendo.
—¿Nunca antes has tenido un orgasmo?
Su ceño fruncido igualó el suyo.
—¿Una mujer puede tener un orgasmo?
Si no hubiera sido por la profunda sinceridad en sus ojos, él
habría pensado que estaba bromeando. Sabía que no había sido el primero en
hacer el amor con ella, pero...
—¿Realmente no sabías que una mujer podía tenerlos?
Ella negó con la cabeza.
—Sabía que los hombres sí. Pero no. Nunca he tenido uno antes.
El corazón se le rompió por ella. ¿Con qué clase de egoístas
hijos de puta había estado que no habían pensado en sus necesidades? Maldita
sea. De haber sabido eso, le habría dedicado mucho más tiempo.
Al final, había sido tan egoísta como todos los demás que la
habían utilizado para nada más que sus propias necesidades. Soy tan capullo.
—¿Estás protegida?
—No entiendo la pregunta.
Él dio un respingo al darse cuenta de lo insensible que había
sido de nuevo. Sin su madre y con lo que evidentemente era totalmente una
tripulación masculina en la nave de su padre, ¿cómo iba a saber algo acerca de
la sexualidad femenina?
Él conocía de primera mano el tipo de hombres moralmente
cuestionables de desafortunados cargueros que las usaban como trabajadores. Y
eso le hizo preguntarse si alguno de ellos la habría violado alguna vez.
Maldita sea. Era un idiota y debería haber estado sobrio antes
de tocarla.
Bueno, estoy sobrio ahora.
Él apoyó la frente contra la de ella y sacudió la cabeza.
—¿Por qué viniste a mí?
—Me sentía culpable.
—¿Por qué?
—Por causar tu estado y luego interrumpir tu oportunidad... de
encargarte de eso. Si no te hubieras metido en una pelea, podrías haberte
quedado hasta que encontraras a alguien con quien acostarte.
Eso lo dejó casi sin habla.
E insultado.
—¿Te acostaste conmigo porque te sentías obligada?
—No del todo —el calor le explotó en la cara un instante antes
de que la ira ensombreciera su mirada—. ¡No soy una puta! —le empujó hacia
atrás, pero él se mantuvo en su posición.
—Shh —dijo él, abrazándola para calmarla—. No te estoy acusando
de ser una puta — joder, ¿qué le habían hecho su padre y su tripulación?—.
Simplemente no quiero que pienses que parte de tus obligaciones en esta nave es
cuidar de mí cuando estoy excitado sexualmente. Nunca.
Alix se calmó al ver la sinceridad en los ojos. ¿Por qué tenía
que ser tan dulce y hermoso?
¿Por qué tengo que traicionar al único hombre decente que he
conocido?
Era tan injusto.
—Está bien —susurró—. Sólo sé que los hombres tienen necesidades
y cuando no pueden conseguir lo que quieren, toman lo que está disponible. No
te molestaré de nuevo.
Devyn la envolvió con los brazos, impidiéndole recuperar los
pantalones del suelo.
—Alix... Tuve la oportunidad de dormir con la pelirroja más
asombrosa que he visto nunca. Ella estaba encima de mí antes de que me
emborrachara y créeme, casi me desnudó.
Esas palabras le dolieron.
—Eres un cabrón por decirme eso —luego frunció el ceño ante su
confesión, no lo entendía—. ¿Por qué no te acostaste con ella?
—Porque no eras tú.
—Estoy confundida otra vez.
Le tomó la mano entre la suya y se la llevó a la polla, que ya
estaba comenzando a endurecerse de nuevo.
—Como has dicho, tú eres la que me hizo esto. No quería lo que
estaba disponible, Alix. Yo te quería a ti.
—¿Por qué?
Devyn estaba horrorizado por el hecho de que no pudiera aceptar
el hecho de que él se sentía atraído por ella porque era más ardiente que el
infierno.
—Eres inteligente. Divertida. Valiente, y vienes sin toda esa
mierda y drama que la mayoría de las mujeres acarrean. No haces juegos
mentales. No me dices que estás bien cuando no lo estás. Eres competente, no
llorona... y los dioses saben que no soporto a las mujeres lloronas,
incompetentes que no pueden valerse por sí mismas —hundió la mano en su pelo—.
Y tienes el pelo y los ojos más bonitos que he visto nunca. Lo mejor de todo es
que no sólo entiendes mis comentarios sarcásticos, sino que además los devuelves
—le sonrió—. Me gusta una mujer descarada.
Ella gimió cuando él bajó la cabeza para besarla de nuevo. La
polla se endureció aún más, mientras él atrapaba su mano entre los cuerpos.
Él se retiró gruñendo antes de quitarse de un tirón la camisa
por la cabeza. Tomándola de la mano, la levantó y tiró de ella hacia el cuarto
de baño. Se quedó paralizada al ver lo bonito que era. Tres veces el tamaño del
suyo y con elementos de oro y mármol negro. Todo era tan hermoso... Era como un
sueño.
La soltó para poder abrir la ducha. Mientras ajustaba el agua,
ella se quitó la blusa y el sujetador.
Contuvo la respiración mientras observaba el juego de músculos
bajo la piel. Era absolutamente magnífico. Con excepción de varias cicatrices
graves, su cuerpo era perfecto.
Y cuando se volvió sonriéndole, se estremeció. Él tendió su mano
hacia ella.
—¿Te gustaría unirte a mí?
Tomó la mano y le permitió tirar de ella dentro, donde el agua
caliente se deslizó sensualmente sobre su piel.
Devyn cogió la esponja para lavarse rápidamente con el fin de
poder empezar a enjabonar el cuerpo de ella.
Alix suspiró de placer mientras Devyn suavemente bañaba sus
pechos. Usó las manos y la esponja para aumentar el placer hasta que ella
volvió a tener hambre. Y cuando él se aproximó a sus piernas separándolas para
lavarle el centro de su cuerpo, apenas se podía mantener en pie. Presionó la
espalda contra la pared mientras sus dedos jugueteaban con ella. Tembló
mientras su aliento le acariciaba la piel. Él rodeó el lóbulo antes de trazar
el contorno completo de la oreja con la lengua.
Ella se corrió de nuevo con un orgasmo tan feroz que puso en
ridículo el anterior. Él soltó una risa baja y ligera en su oreja mientras se
hundía suavemente frente a ella.
Su sonrisa era contagiosa mientras él la contemplaba y capturaba
su mirada. Jadeante, ella todavía estaba recuperándose cuando él la tomó con la
boca.
Dejó escapar un complacido chillido.
—Oh... Dios... —la cabeza le daba vueltas mientras él le ofreció
tres orgasmos más.
Sólo entonces él se deslizó hacia arriba y entró en su cuerpo
otra vez.
Devyn cerró los ojos mientras saboreaba cada centímetro de su
cuerpo mientras se empujaba contra ella. Esto era lo que había estado anhelando
durante días. Su olor y su tacto eran diferentes a todo lo que había conocido
nunca.
Y cuando él se corrió, enterró la cara y las manos en las
mojadas hebras de su largo cabello.
Alix acunó a Devyn contra sí, mientras el agua seguía lloviendo
sobre ellos.
—¿No estamos desperdiciando recursos?
Él se echó a reír.
—Eres la única que pensaría en eso ahora mismo —retirándose, la
besó ferozmente.
Ella gimió al sentir su sabor.
Por último, la soltó y rápidamente se lavó mientras ella
observaba. De pronto se sintió incómoda mientras trataba de taparse con las
manos. ¿Debía irse?
¿Sería descartada ahora que había terminado con ella?
Cuando empezó a irse, la cogió para otro impresionante beso.
Él le apartó un mechón de pelo de la cara antes de pellizcarla
suavemente la barbilla.
—Te ves realmente incómoda en este momento, así que te dejaré
para que termines — le puso la esponja en la mano—. Espero que te quedes
conmigo esta noche y no vuelvas a tu habitación —se apartó para hacer una
pausa—. Y eso no es una orden, Alix. No quiero que te quedes a menos que lo
desees.
Esas palabras la provocaron un nudo en la garganta.
—Me quedaré.
Él mordisqueó sus labios y luego la dejó sola.
¿Qué estoy haciendo? Tengo que entregarle a las autoridades.
Y ellos le arruinarían y luego le matarían. ¿Cómo iba a vivir
alguna vez consigo misma?
Devyn frunció el ceño cuando Alix salió del baño envuelta en una
toalla. Ella retorcía una de las esquinas. Encontró la incertidumbre de su
gesto absolutamente encantador y adorable.
—Um... necesito coger el pijama de mi habitación.
Él retiró las mantas.
—No, no lo necesitas.
Ella arqueó una ceja cuestionándole lo que le encantó aún más.
—¿Quieres que duerma desnuda… contigo?
—No es como si no te hubiera visto.
—¿Qué pasa con Sway y Vik?
—No quiero dormir desnudo con ellos.
El rostro se volvió rosa brillante.
—Eso no es lo que quise decir.
—Lo sé. Está bien. Te lo prometo, sólo quiero abrazarte mientras
duermo. Te aseguro que no tengo suficiente energía para hacer nada más.
Alix vaciló antes de cruzar la habitación. Nunca había hecho
algo como esto antes. Y la parte más aterradora era lo mucho que quería dormir
con él de esa manera.
Esto está mal.
Aún así, se metió bajo las matas antes de quitarse la toalla.
Devyn la envolvió con los brazos y apretó su espalda contra el
pecho.
—Gracias por quedarte.
Quiso darle las gracias, también, pero no podía hablar. Estaba
demasiado abrumada por todo lo que había sucedido. Con su amabilidad y
consideración. ¿Cómo alguien aprende a ser tan bueno?
Especialmente con alguien como ella, que definitivamente no se
merecía otra cosa que su desprecio y odio.
Y cuando empezó a dormitar, su comunicador zumbó. Ella saltó del
susto a la vez que él maldecía.
Girándose, él cogió el audífono. Se lo insertó y, a
continuación, le dio un golpecito para abrir el canal.
—Sí, mamá... No, no estoy haciendo ejercicio o luchando. Estaba
tratando de dormir —lanzó un suspiro de cansancio, mientras la escuchaba—. Sí.
Te llamaré por la mañana. Te quiero, también —deslizó una tímida mirada hacia
Alix antes de lanzarle un beso a su madre.
Ella contuvo una sonrisa cuando devolvió el enlace a la mesita
de noche.
—Eso es muy dulce.
—Humillante, quieres decir.
—Me parece refrescante que muestres tu respeto. La mayoría de
los hombres no lo harían.
Él se rió en voz alta.
—Dices eso porque nunca has conocido a mi madre. O le muestras
respeto o te patea el culo. Confía en mí, es pequeña, pero cruel.
—Estoy segura de que nunca pateó el tuyo.
—Te sorprenderías. Era cariñosa, aunque difícil a veces. Mi
madre no aguantaba las impertinencias de nadie... excepto tal vez de Vik. Y
nunca las soportó de mí. Su filosofía básica es: "Te traje a este mundo y
yo te sacaré de él" —volvió a abrazarla estrechamente.
—No creo que tu madre nunca te hiciera daño.
—Digamos que no tengo ninguna intención de averiguarlo —enterró
el rostro en su pelo y respiró hondo.
Ella tragó saliva mientras bajaba la miraba hacia el brazo que
la cubría. Su piel era tan oscura en comparación a la suya. Los dedos largos y
delgados. Potente y hermoso. Una parte de ella se calentó por el recuerdo de
cómo se había sentido cuando hicieron el amor.
Y mientras ella absorbía el calor de su cuerpo acurrucado junto
al suyo, la ternura por él la asfixió. Debería arrepentirse por lo que habían
hecho esta noche, pero no pudo reunir ese sentimiento. Ella lo había querido, y
ahora sabía exactamente lo cariñoso que podría ser Devyn Kell.
Incluso cuando estaba borracho...
Alix permaneció allí durante horas, escuchándole respirar
mientras dormía.
Y se odiaba por lo que estaba a punto de hacer. No tengo
alternativa.
Trató de levantarse con cuidado para no despertarle, dirigiéndose
al ordenador. Con un poco de suerte, Vik no lo estaría monitoreando mientras
estuviera con Devyn. Sin duda, el ordenador del capitán sería inmune al
fisgoneo del androide.
El corazón retumbaba cuando tocó el teclado para sacarlo del
modo suspensión. El monitor destelló cuando se puso en línea. Echó una mirada a
Devyn para asegurarse de que seguía durmiendo antes de buscar los antiguos
manifiestos.
Ella tocó el primer archivo que subió para abrirlo.
En lugar de una hoja de cálculo, se trataba de una foto de un
joven Devyn sentado sobre los hombros de un hombre con unas características tan
similares que estuvo segura de que era su padre. La única diferencia era el
brillo salvaje en los ojos de su padre. Era como si pudiera ver directamente a
través del alma, incluso a través de la fotografía.
Tenía que ser verdaderamente aterrador en persona. Tan intenso y
poderoso como era Devyn, no tenía nada que hacer con el hombre que le había
engendrado. No cabía duda del asesino despiadado que vivía dentro de su padre.
Lo cerró y luego abrió el siguiente archivo. Era una lista de
carga...
Eso no le dijo nada. Se parecía a un millón de otros documentos
de embarque legales. Así que ella avanzó al siguiente.
—¿Qué estás haciendo?
Saltó ante el bajo y afilado tono de Devyn, mientras rápidamente
cerraba el archivo y la búsqueda. Por suerte, él todavía estaba en la cama y no
hizo ningún movimiento para ver lo que estaba haciendo.
—Yo... estaba tratando de incrementar el núcleo de la nave para
asegurarme de que todo estaba correcto.
Devyn bostezó.
—Vuelve a la cama y no te preocupes por eso. Vik nos hará saber
si algo sucede. Él lo sabrá antes siquiera que llegue al sistema de
exploración.
Ella cliqueó apagándolo con el fin de que no pudiera encontrar
su búsqueda y regresó a la cama.
Pero mientras yacía allí, no podía dejar de temblar.
Aquello había estado demasiado cerca. Si se hubiera levantado,
habría visto su búsqueda...
—¿Estás bien?
Asintió con la cabeza.
—Bien.
—¿Por qué estás temblando?
—Frío.
Él le acarició el cuello y la abrigó con los brazos mientras la
atraía aún más cerca. Cada centímetro de ese delgado y duro cuerpo se apretaba
contra el suyo. Protector. Dulce. Malvado.
—Te calentaré.
Me quemaré en el olvido por esto... Pero cada vez que ella se
sentía culpable por entregarle, todo lo que tenía que hacer era ver el rostro
de su madre y su hermana y su conciencia era aplastada.
Esperaba...
Y sin embargo, yaciendo aquí entre sus brazos, nunca se había
sentido más segura.
Estimada.
Él no tiene ese sentimiento hacia ti. Ha sido simplemente un
hombre con una necesidad y tú eras un cuerpo conveniente para él. Ni siquiera
le conoces.
Eso era difícil de decir de manera convincente ya que él estaba
desnudo con ella. Definitivamente le conocía ahora... su tacto y olor estaban
marcados en la memoria. Dándose la vuelta, clavó los ojos en los planos de su
hermoso rostro. Con los ojos cerrados, parecía casi vulnerable.
A excepción de las manos. Seguían siendo robustas, incluso
mientras el resto de su cuerpo estaba relajado. Y mientras estaba allí,
observándole, no podía dejar de preguntarse cómo sería tener un hombre como él
en su vida. Uno que estuviera allí cuando ella le necesitara.
Alguien que pudiera amarla.
No se atrevió a soñar con un marido. Estaba demasiado usada y
cansada para ir más allá.
Pero profundamente en su interior, en un lugar donde le daba
casi miedo mirar, había un pequeño núcleo de esperanza que la crueldad de su
padre no había matado. Esa pequeña luz parpadeante se encendió y la torturó con
imágenes de un hogar y alguien como Devyn que podía amarla a pesar de todo.
Eres una tonta melancólica.
¿Cuántas veces en su vida sería pateada en los dientes por el
destino antes de que comprendiera que los finales felices y la felicidad no
formaban parte de una basura sórdida como ella? Era para mujeres libres que
habían nacido en agradables y normales familias.
Sí, pero ¿y si?
Estirándose, le puso la mano en la mejilla. Su incipiente barba
le raspó la palma de la mano. Y por un momento, imaginó la vida que le hubiera
gustado tener.
Y ese sueño poco realista fue lo que la envió al sueño más feliz
de su vida.
Devyn se despertó con algo presionando con fuerza contra la
espalda. Al principio pensó que estaba dormido en el asiento del piloto, hasta
que oyó un ligero y suave ronquido.
Alix.
Una lenta sonrisa le curvó los labios, cuando se giró para
encontrar su rodilla en la espalda y su mano en el pelo. Las luces bajas
resaltaron lo suficiente de su cuerpo desnudo para que al instante se
endureciera.
Era tan confuso sentirse atraído por una mujer cuyo rostro se
parecía tanto a su ex. No había nada más que compartieran, a excepción de la
forma en que su cuerpo reaccionaba. Debería estar bien satisfecho después de la
noche anterior y sin embargo...
Quería un bocado de su suculenta piel.
—¿Devyn?
Suspiró por la voz baja del androide. No había duda de que había
estado monitoreando sus signos vitales para saber cuándo estaba despierto.
—¿Qué, Vik?
—Estoy recogiendo algo extraño. Creo que es posible que desees
venir aquí y verlo.
—¿No puedes mandarlo a mi ordenador aquí dentro?
—Realmente creo que tienes que venir aquí y verlo.
Eso encendió las alarmas en su interior. ¿Qué estaba pasando?
Vik no era un ser tímido cuando se trataba de algo que les amenazaba.
Agradecido de que Alix aún durmiera, se deslizó de la cama, se
vistió rápidamente y se dirigió al puente.
Las luces se encendieron de inmediato.
Devyn fue a su asiento.
—¿Dónde está Sway?
—Dormido.
—Bueno, entonces, ¿qué pasa?
Vik transfirió los datos a la computadora principal frente a él.
—Creo que estamos marcados —marcado significaba que alguien les
había puesto un señalizador y podían rastrearlos.
—¿Quién?
—Ni idea y es realmente sofisticado. Algo que a tu padre se le
ocurriría.
Devyn arqueó una ceja. Cuando se trataba de computadoras y
equipos electrónicos, su padre no tenía rival.
—Mi padre no me hubiera pinchado en secreto —conocía qué
dispositivos había plantado su padre en la nave y en su cronómetro. Sus padres
eran paranoicos como el infierno, pero al menos, eran abiertamente aborrecibles
al respecto—. ¿Puedes interferir la señal?
—Permíteme volver a la parte donde dije que es como algo que a
tu padre se le ocurriría.
—Tú podrías darle alcance, Vik.
—La adulación ahora mismo te podría conseguir un disparo. He
estado tratando de aislarlo, pero es impresionante. He tratado de interceptarlo
y todo lo demás. Sea lo que sea, está más allá de mis capacidades.
Eso era sumamente interesante.
—¿Quién habría hecho algo como esto?
—Alguien queriendo vigilarte concienzudamente. Puesto que no sé
quién, creo que es mejor que asumamos que son hostiles.
Devyn resopló ante un comentario tan estúpido que no podía creer
que hubiera salido de la boca de Vik.
—¿Tú crees?
—Oh, los comentarios sarcásticos te conseguirán definitivamente
un disparo. Especialmente en este momento del día.
—Lo siento, V. Tú sabes que es mi estrés liberándose.
—Te sugiero que aprendas a canalizarlo en una nueva dirección
que no acabe contigo sangrando en el suelo.
—Gracias, Vik. Te quiero, también, hombre. Sólo por curiosidad,
¿por qué no me dijiste esto en mi habitación?
Él vaciló antes de responder.
—Porque no estoy muy seguro de que Alix no sea la fuente de
esto.
El estómago de Devyn se estrelló en el suelo, cuando todas las
alarmas del cuerpo entraron en estado de máxima alerta.
—¿Qué quieres decir?
—Tengo sospechas en lo que a ella concierne.
Las IA técnicamente no eran capaces de tener sospechas. Pero el
padre de Devyn había engarzado un sistema central nervioso humano en Vik, y más
que eso, había cruzado el ADN humano con una parte del cableado. Aunque Vik no
podía haber nacido de una madre, estaba malditamente cerca de un humano en
todos los sentidos.
Todos las formas.
Lo que significaba que sus poderes de observación eran
irreprochables. Si sospechaba, Alix era básicamente culpable de algo.
—¿Qué ha hecho disparar tus preocupaciones?
—No puedo poner el dedo en la llaga sin tener pruebas. Sólo la
he cogido en un intento de acceder a algunos de nuestros registros. Manifiestos
navieros y el inventario de la carga.
—Eso podría ser curiosidad natural. Si yo fuera en una nave y
pudiera ir a la cárcel por mis obligaciones, también me gustaría saber lo que
llevaban.
—Tal vez. Pero se me hace raro.
Devyn lo discutiría con él si no hubiera tenido una mala
experiencia con Clotilde. Después de eso, había perdido toda la fe en su
capacidad de juzgar a las personas. A Vik nunca le había gustado esa perra y si
él le hubiera escuchado entonces, le hubiera salvado de una eternidad de dolor.
Se apartó de la consola.
—Mantén un ojo en ella y dime si ves algo en concreto.
—Supongo que no quieres que la vigile mientras está contigo.
—Ni qué decirlo.
—Me lo imaginaba. Por cierto, está despierta y vestida en tu
habitación.
Mierda. Pero si ella era un enemigo, entonces no debería
importarle lo que hacía.
Algo mucho más fácil de decir que de hacer.
Esto definitivamente no era lo que habría querido al despertar.
Lamer a Alix durante unas horas... ese había sido el plan.
—Por cierto, gracias por arruinar mis planes para esta mañana,
Vik. Te lo agradezco.
—Siempre tengo el placer de irritarte, embrión.
Con un suspiro, Devyn se dirigió a la puerta.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
Él frunció el ceño cuando se detuvo en medio del puente.
—Claro que sí.
—Entiendo la naturaleza física del sexo, pero ¿por qué no
dormiste con la pelirroja en la estación?
Una ola de irritación pasó a través de él al darse cuenta de que
había sido espiado.
—Vik…
—No es culpa mía. Aumentó tu ritmo cardíaco y fisgoneé sólo para
asegurarme de que estabas bien. Oí un poquito y luego cerré inmediatamente mi
supervisión.
Se enfadaría si el monitoreo de sus órganos vitales no formara
parte de las obligaciones de Vik. Además, no había malicia auténtica en él,
sólo una curiosidad innata acerca de las relaciones humanas.
—Es complicado. Tener sexo, no me entiendas mal, es una buena
cosa. Pero no es tan buena como cuando tienes una conexión con alguien. Ese
tipo de sexo es colosal.
—No entiendo.
Devyn sonrió.
—Yo tampoco la mayoría de los días. Es sólo algo acerca de que
es más satisfactorio cuando estás con alguien que conoces —levantó la vista
hacia el altavoz—. Es una de esas cosas que tienes que experimentar para
entender, Vik.
—Entonces nunca lo sabré.
Devyn oyó el tono melancólico y se sintió mal por su amigo. Si
bien era curioso sobre el comportamiento humano, Vik siempre se había mantenido
al margen de él. Era casi como si el humanoide tuviera miedo de la parte humana
de sí mismo. No es que Devyn le culpara por ello.
Había veces que él estaba asustado de ser humano.
Deseando poder ayudar al humanoide se dirigió a la cocina para
empezar con el desayuno.
Tan pronto como terminó de vestirse Alix, fue a buscar agua y
una tableta matutina. Pero en el momento en que entró, se congeló. Algo olía
maravillosamente.
Debido al coste, muy pocas veces olía a beicon. Era un olor
maravilloso, inconfundible e le hizo retumbar el estómago mientras miraba a
Devyn cocinándolo.
Ella frunció el ceño.
—Pensaba que no cocinabas.
—No lo hago. No quiere decir que no sepa cómo hacerlo sino que
lo odio apasionadamente.
—¿Por qué?
Él le dio la vuelta a dos trozos chisporroteantes.
—Mi tía Kasen. Quiero a la mujer cariñosamente, pero puede
agotar la paciencia de un ángel y cometí el error siendo un niño de preguntarle
cómo se hacían esos cereales con forma de copa que solía darme. Tres minutos
después, supe que estaba jodido —levantó la voz en un falsete—. No, Devyn, eso
no es correcto. Alto. Bátelo así. No, de esta manera —dejó escapar un suspiro
de disgusto—. Dos de las peores horas de mi vida para hacer un plato de quince
minutos. Después de eso, cada vez que me pillaba cerca de una cocina volvía a
comenzar otra vez. Así que tengo que apretar automáticamente mi esfínter cada
vez que cojo una olla.
Ella se rió de su dicción.
—Entonces, ¿por qué estás cocinando ahora?
Él se inclinó y la besó dejándola sin sentido.
—Estoy sufriendo por ti, cariño.
¿Estoy soñando? Esto no podía estar ocurriéndole. Irn la buscaba
a tientas con sus frías y sucias manos cada vez que la atrapaba sola. Arkley
agarrándola cuando necesitaba liberación... eso era normal.
Un hombre como Devyn Kell cocinando para ella.
Imposible.
Sin embargo, mientras él se ponía de nuevo a terminar de hacer
el desayuno, sabía que no estaba soñando. Esto era real y era maravilloso.
Pero no lo entendía.
—¿Por qué eres tan bueno conmigo?
Devyn hizo una mueca ante la pregunta.
—¿Qué quieres decir?
—No entiendo por qué me estás tratando de esta manera.
Maldita sea, ¿qué le habían hecho para que no pudiera comprender
a un hombre haciendo su comida después de que se hubiera acostado con ella?
Apagó la cocina y tiró de ella a sus brazos.
—Querida, así es como la gente con la que he estado alrededor se
comportan unos con otros. Preparar tu desayuno después de la noche que me diste
no es nada. Me agotaste y necesito energía para el día que se avecina. Ahora
cómetelo antes de que se enfríe —la soltó y puso el beicon en un plato antes de
ofrecérselo.
Alix tomó el plato que le entregó. Cuando se dirigió a la mesa,
Sway entró y le dedicó una sonrisa.
—Ah, hombre, pensé que Vik estaba fastidiándome enviándome el
olor de auténtica comida —agarró a Devyn para un abrazo y en broma le dio un
beso en la mejilla—. Te quiero, tío. ¡Tú mandas! Gracias por la comida. Me has
tocado profundamente en mi parte tierna.
Devyn se erizó ante el juguetón asalto.
—No quiero saber nada acerca de tu parte tierna, monstruo.
Cuando Sway trató de coger el plato de Devyn, éste se lo
arrebató de nuevo.
—Consigue tu propio plato, giakon. Tengo hambre.
—Mamón —Sway danzó alrededor de él para hacerse con su plato.
Mordió el tocino y gimió—. Siempre se me olvida lo bien que cocinas.
—Sí, bueno, tú ya estás casado, así que aparta tus ojos de mí.
Sway se sentó junto a Alix.
—¿Comes beicon?
—Sí.
Él le transmitió a Devyn una sonrisa.
—Ella necesita más beicon.
Devyn le dirigió una mirada burlona.
—¿Quieres más beicon? Háztelo tú mismo.
—Siempre se quema. Alix, ¿no quieres más beicon?
Ella sostuvo en alto las manos en señal de rendición.
—No quiero estar en medio de esto.
Pero en su interior, le gustaba bromear y jugar, y les envidiaba
por haber crecido así. Sólo ahora empezaba a comprender un mundo donde el miedo
no era parte de todos los días. Nadie la gritaba. Nadie la agarraba.
Y al pensar en el futuro, el estómago se contrajo. Una vez que
Devyn se hubiera ido, ¿qué sería de ella? No sabía hacer otra cosa que trabajar
en una nave.
Su madre y Tempest no tenían ni idea de nada. No tenían ninguna
educación ni habilidades en absoluto.
—¿Estás bien?
Parpadeando, se encontró con la preocupada mirada de Devyn.
—Bien.
Pero sabía que no le creyó. No es que él debiese, ya que ella
mentía, y ese pensamiento hizo que se sintiera mucho peor.
Tal vez podrías confiar en él.
Sí, claro. ¿Decirle que había sido enviada aquí por sus enemigos
para arrestarle? Eso no acabaría bien. Si lo hiciera él la mataría. Sólo eso
tendría sentido. Si bien habían tenido relaciones, no había nada más entre
ellos. Ninguna lealtad. Ni siquiera amistad.
Ella era su enemiga.
La gente como Devyn mataba a sus enemigos...
CAPÍTULO 4
Los siguientes dos días pasaron rápidamente mientras Alix
trataba de mantener ignorante a Vik sin alertarle de lo que estaba haciendo.
Maldito sea por ser tan atento. Nada de lo que probaba
funcionaba. Era como si el androide estuviera en todas partes.
Y con cada día que pasaba, se acercaba más a Devyn y Sway. La
enseñaron como jugar juegos de realidad virtual, algo que su padre nunca les
hubiera permitido hacer a bordo de la nave de carga. Mientras que se apiadaban
de ella en el combate y en los juegos de carreras, eran despiadados el uno con
el otro.
Le encantaba escucharles insultarse en broma y burlarse el uno
del otro. Le hizo añorar a su hermana y deseó que ella no tuviera que hacerles
daño.
Pero aún mejor que los días eran las noches que pasaba con
Devyn. Le enseñó cosas acerca de su cuerpo que nunca había conocido. Su simple
toque podía emocionarla como nada y los besos…
Podía pasar la eternidad entre sus brazos.
Ahora estaba sentada en la cama, escuchando el zumbido de los
motores mientras Devyn metía La Talia en los muelles de Nera VII. La habían
invitado a cenar en uno de los pubs locales y había hecho todo lo posible por
declinarla.
Al parecer “no” no estaba en el vocabulario de Devyn. Así que
planeaba ir y comer, para después directamente regresar y llevar a cabo la
misión.
Mientras esperaba que atracaran, deslizó el lazo de la coleta y
dejó el largo, grueso y pesado cabello colgar por la espalda. Lo habría cortado
hace mucho tiempo, pero su padre se negaba a gastar dinero en algo que él
consideraba una pérdida ridícula de créditos. Así que había sido relegada a lo
que su madre pudiera hacer con él, que no era nada más que cortarlo en línea
recta.
Pero un día...
Un día iba a tener el dinero para entrar en un salón, ella,
Tempest y su madre, y derrochar en cortes y estilos de corte de cabello para
las tres.
Por lo menos ése era el plan, pero si su suerte no cambiaba
pronto, eso parecía tan probable como ver a Devyn cayendo de rodillas y
prometiéndole amor eterno.
Con un hondo suspiro, se pasó la mano por el áspero material del
traje pantalón gris oscuro, deseando haber tenido ropa más adecuada. Sólo una
vez, le gustaría verse al menos medio atractiva. Pero era inútil. Su padre ni
consideraba el pagar a una esclava por hacer su trabajo, y la ropa había sido
comprada basándose en una estricta necesidad.
«Nadie estará mirándote, de todos modos, tan fea como eres, y no
quiero a ningún hijo bastardo en esta nave. Las ropas masculinas son para gente
como tú. En cualquier caso, es todo lo que vales. Tengo otras cosas en que
gastar mi dinero que en tu inútil culo».
Cuánto le gustaba pensar en su padre.
Sinceramente, tenía suerte de tener las pocas cosas que tenía.
De haber sido su padre menos puritano, probablemente la hubiera mantenido
desnuda.
Un golpe sonó en la puerta.
—Adelante.
La puerta se deslizó hacia arriba para mostrar a Devyn, quien
estaba vestido todo de negro. Maldición, parecía lo suficientemente bueno para
lamerlo por un tiempo. Había un aura de poder y peligro que se aferraba a él y
sin embargo era neutralizado por esa malvada sonrisa que tenía.
—Nos dirigimos fuera. ¿Estás lista para salir?
Asintió con la cabeza.
—¿Cuánto tiempo estaremos aquí?
—No demasiado. Tan pronto como comamos y canjeemos el
cargamento, nos vamos. No tienes que estar presente en la última parte. Tan
pronto como hayas terminado con la comida, puedes regresar.
Bien. Eso debería darle el tiempo suficiente para comenzar el
escaneo del diario de a bordo, accidentalmente había encontrado lo que esperaba
fuera una puerta trasera en los archivos encriptados de Devyn hacía un par de
horas. Mientras Vik estuviera ocupado fuera de la nave, podría tener alguna
oportunidad de abrir una brecha. Aunque a ella le pareció extraño que Devyn
fuera tan abierto acerca del canje de su cargamento. La mayoría de los
transportistas preferían hacerlo en secreto.
Definitivamente no era un transportista típico.
—Entonces, ¿dónde iremos a comer?
Devyn no oyó la pregunta al principio. Estaba demasiado ocupado
observando la forma en que el traje pantalón se ajustaba en los pechos. No
indecentemente, pero lo suficiente como para ser atrayente. Durante días
enteros, esta imagen le había causado obsesión. No porque estuviera haciendo
nada para atraerle. Ni mucho menos. Si bien habían hecho el amor hasta que
estuvo...
Bien, todavía no estaba saciado, pero estaba completamente
nerviosa a su alrededor. Sin embargo, no podía apartar los ojos buscándola cada
vez que ella apartaba la mirada.
Había algo acerca de ella que le impelía. Era una seductora
combinación de ruda inocencia. Y todo lo que quería hacer era enterrar la cara
en la curva de su cuello e inspirarla.
Para tenerla recostada contra él cuando le pasara las manos
sobre el cuerpo y la hiciera ronronear.
Miró a su alrededor con nerviosismo.
—Um... ¿dónde iremos a comer?
Parpadeó y obligó a sus pensamientos a permanecer en la
conversación y no en tener sexo con ella.
—A la Guarida del Transportista.
Alix meneó la cabeza. Ahora comprendía su falta de secretismo.
Sin duda todos en ese local serían criminales. Era un lugar donde su
tripulación no llamaría la atención.
—¿Por qué no me sorprende?
Devyn no hizo ningún comentario. En cambio, extendió el brazo
hacia ella.
—¿Vamos? Tengo suficiente hambre como para comerme las
malolientes botas de Sway.
Contra su voluntad, el corazón le latía con fuerza en respuesta
a su gesto. Antes de que pudiera detenerse, metió la mano en el hueco del codo,
donde podía sentir los flexibles músculos. Tragó saliva por el contacto, el
cuerpo estaba caldeándose.
Ajeno a los efectos que le provocaba, Devyn la condujo fuera de
la nave y a la bahía de aterrizaje, donde Sway y Vik estaban en un extremo
hablando con un grupo de hombres.
Los hombres que no conocía se tensaron visiblemente cuando
vieron acercarse a Devyn. Era obvio que estaban mostrando su mejor
comportamiento, como si estuvieran aterrorizados por él. A diferencia de Vik y
Sway, que nunca parecían tomarlo demasiado en serio.
Devyn se dirigió hacia ellos. El hecho de que no apartara el
brazo le sorprendió. Nunca nadie la había reclamado públicamente antes.
Hizo una pausa y se la presentó al grupo de corredores que
justamente se iban. Luego se volvió a Sway.
—¿Está Taryn aquí?
—Nos ganaron por casi una hora.
—Figúrate. Pequeño bastardo competitivo —Devyn inclinó la cabeza
hacia la salida—. Vamos a buscarle y a encargarnos del negocio.
Apenas habían dado tres pasos cuando una profunda voz resonó.
—¡Papá!
Alix comenzó a ignorarlo hasta que vio el gesto en la cara de
Devyn. Una amplia sonrisa apareció antes de que abriera los brazos y alguien
casi igual de alto corriera hacia ellos.
Devyn se reía mientras se abrazaban, y un enorme perro llegó
corriendo ladrando y rodeándoles.
Sway señaló hacia los dos y le murmuró a ella el nombre de
Omari.
Sacudió la cabeza y se rió.
—Me lo imaginé.
El perro corrió hacia ella y mirando hacia arriba, ladró. Tenía
una oreja negra y el color negro le cubría los ojos como una máscara, dejando
el resto del pelaje blanco como la nieve. También tenía un par de ojos dorados
que parecían resplandecer.
Le acarició la cabeza mientras estudiaba a Omari. En su
adolescencia, era absolutamente guapo con la piel color café oscuro y un
alboroto de rizos que colgaban en un perfecto caos hacia la fuerte mandíbula.
Vestido con un largo abrigo verde oscuro que estaba adornado con
pesados bordados, llevaba las mangas retiradas, sobre los codos. Aun así, la
mano derecha estaba cubierta con un grueso guante negro que llegaba hasta el
extremo de la manga doblada. Sus armas parecían cuchillos y dagas que estaban
sujetos a distintas partes de su cuerpo.
Definitivamente no es lo que esperaba como el hijo de Devyn.
Aparte de lo obvio, no había una gran diferencia en sus edades.
Devyn le dio una palmada en la espalda y le soltó.
—Me alegro de verte, muchacho. Te he echado de menos.
Omari se enjugó la nariz.
—Sí, lo sé. Te extrañé, también, pero he aprendido un montón de
cosas interesantes.
Sway soltó un bufido.
—Tal como nuevas formas para molestarme, estoy seguro.
Omari dejó escapar una malvada risa.
—Tú lo sabes. —Se puso serio al ver a Alix mimando a su perro—.
Tú debes ser el nuevo ingeniero. —Le tendió la mano a ella.
—Soy Alix. —Vaciló cuando le tocó la mano enguantada. Era
bastante más resistente de lo que había esperado. Más fuerte.
Omari se sonrojó antes de retirarla.
—Lo siento si accidentalmente te hice daño. Tengo un brazo y una
pierna cibernéticos. A veces es difícil saber cuánta presión estoy aplicando en
algo.
—No me hiciste daño.
El perro corrió hacia Omari.
—Este es Manashe. Manny, saluda a la amable señora.
El perro ladró, y luego levantó una pata.
Impresionada, le cogió la “mano” al perro.
—Encantada de conocerte, Manashe.
Brincó y le lamió la mejilla.
Mientras le acariciaba las orejas, observó a Devyn y Omari,
tratando de ver algún parecido. Aunque los dos eran muy guapos, realmente no
tenían nada en común.
Omari se frotó el cuello como si le incomodara la atención.
—Soy adoptado.
—Lo que no cambia nada —el tono de Devyn era afilado.
Omari levantó las manos en señal de rendición.
—Estoy de acuerdo, papá. Estaba explicando a la mujer por qué no
nos parecemos en nada y por qué tú habrías sido más joven que yo cuando nací.
No quiere decir que no te quiera porque sabes que lo hago —luego se quejó en
voz baja—. Haz un comentario mocoso estando colérico cuando tienes doce años,
atraviesa la pubertad y consigues crecer, y lo pagas por el resto de tu vida.
Los padres no tienen ningún sentido del humor.
La mandíbula de Devyn empezó con el tic.
—No acerca de eso, no lo hago. Nunca. —Atrajo de nuevo a Omari
en un abrazo que hizo que el adolescente se sonrojara profundamente.
Alix se encontró con la mirada de Vik y se congeló. La forma en
que la miraba fijamente... era como si supiera algo.
Omari retrocedió y llamó al perro.
—Déjame recluir a Manny y os veré en el restaurante.
Devyn le dirigió una severa mirada.
—Vik…
—Vigila al cachorro. Lo he entendido.
Omari puso los ojos en blanco.
—No tengo diez años, papá.
—Sí, lo sé. Me sentiría mejor si los tuvieras. Vigílalo, Vik.
Vik se movió rígidamente, como un androide anticuado.
—Vigilar… niño. Vigilar… niño No… com… puta… dora.
—No me obligues a dispararte, imbécil. No me gustaría tener que
llamar a mi padre para repararte.
—Sí, y me dolería.
Riendo, Omari se dirigió a La Talia con Vik detrás de él.
Salieron de la bahía y entraron en el largo corredor principal
que rodeaba en círculos la estación espacial.
Como en la mayoría de estaciones, las tiendas se alineaban a
ambos lados del pasillo. Pasaron junto a un gran número de personas y
forasteros, con los brazos llenos de una variada colección de mercancías. Otros
se arremolinaban o conversaban por sus comunicadores cuando pasaban de largo.
Devyn se detuvo ante una puerta pintada con un carguero dentro
de un círculo, el signo universal de refugio para un transportista o
contrabandistas. Alix le soltó el brazo, ya no tan cómoda cerca de él. Por no
hablar de la clientela que sería probablemente brutal y si él tenía que pelear,
no quería interponerse.
Sway abrió la puerta y los condujo hacia la sala oscura cuando
Vik y Omari se les unieron. Las fuertes voces y la música se mezclaban en el
aire, haciéndola vibrar los oídos. Nunca le habían importado este tipo de
lugares. Demasiados años apartando a su padre borracho fuera de ellos mientras
la maldecía, por lo que le había dejado amargos recuerdos que ella deseaba
poder borrar.
Desterrando el pensamiento, siguió a Devyn mientras se abrían
paso trabajosamente a través de la cantina, hacia una de las mesas en la parte
trasera.
Caminó más despacio al ver hacia dónde se dirigían. Había tres
de los hombres con el aspecto más mortífero que hubiera visto nunca, reunidos
alrededor de una gran mesa redonda.
A primera vista, uno de ellos tenía cara casi de niño.
Corpulento y alto, iba vestido de negro y tenía un par de opacas gafas
cubriéndole los ojos. Sería fácil para la mayoría de la gente descartarle como
el menos dañino del grupo.
Pero eso sería estúpido y muy probablemente fatal. Había un aura
inconfundible de sed de sangre rodeándole, y era algo que ella conocía al
dedillo.
El hombre junto a él era absolutamente impresionante. Tenía el
pelo rubio oscuro y el crecimiento de varios días de incipiente barba en las
mejillas. Los plateados ojos no perdían detalle. Vestido de marrón oscuro,
mantenía una mano en el blaster a pesar de estar reclinado en la silla,
engañosamente aparentando estar a gusto.
Y cuando dirigió la mirada al tercero, se quedó sin respiración.
Letal y fiero eran las únicas palabras para describirle. Llevaba el pelo negro
azabache corto y tenía un brazo colgando sobre el respaldo de la silla mientras
bebía Fuego Tondarion directamente de la botella.
Podía sentir la quemadura del potente whisky, que era tan
fuerte, que había sido prohibido en la mayoría de los planetas.
Estaba sentado con una mueca de disgusto mientras escuchaba una
historia que el hombre “cara de niño” le estaba contando. Pero cuando vio a
Devyn, los rasgos se relajaron y una sonrisa se extendió lentamente por la
cara, haciéndole aún más deslumbrante.
—Áridos —le saludó, usando la palabra Ritadarion para hermano—.
Qué bueno verte de nuevo. —Se puso de pie y le tendió la mano a Devyn.
Devyn la tomó y se la apretó fuertemente.
—Pareces malhumorado como siempre.
El hombre rubio se burló mientras cruzaba los brazos sobre el
pecho.
—Es siempre malhumorado —miró a Sway—. ¿Estás seguro que no
puedo sobornarte para intercambies el puesto de trabajo conmigo?
Sway se echó a reír.
—Dices eso sólo porque no vuelas con el Capitán Cabeza Caliente.
Si lo hicieses, tendrías mejor criterio. Confía en mí. Está más chiflado que
Taryn.
—Sí, claro. Sigues diciendo eso porque no quieres que te reemplace.
Sway dio un paso atrás y, en un gesto arrogante, abrió los
brazos.
—Nunca me podrías reemplazar, Sphinx.
—Sí —dijo Devyn, riendo—. Gracias a los dioses que sólo hay un
Sway. ¿Te imaginas si hubiera otro más?
Todos se rieron.
Devyn retiró una silla para ella. Sorprendida por el gesto, Alix
se sentó enfrente del guapo de aspecto oscuro, quien la miró con curiosidad.
—¿Quién es tu amiga?
Devyn tomó asiento a su derecha y Sway a su izquierda. Omari se
sentó entre Sway y Vik.
—Es mi nuevo ingeniero. —Devyn inclinó la cabeza al hombre de
pelo oscuro—. Alix, te presento a otro de mis amigos de la infancia, Taryn
Quiakides.
Frunció el ceño por el apellido de un hombre tan feroz que había
aterrorizado a La Liga hasta la concesión de inmunidad a un asesino, algo que
nunca habían hecho ni antes ni después.
Aún más impresionante que eso, el hombre que había soportado ese
nombre había pasado a convertirse en el Emperador de Trioson y Andarion. Y
nadie se cruzaba con el Emperador asesino, quien era conocido por no tener
misericordia ni compasión por cualquier enemigo.
No era un nombre común, y sólo lo había conocido siendo usado
para referirse a él.
—¿Relacionado con el Emperador Nykyrian Quiakides?
—Mi padre.
El estómago se le cayó al suelo. Esto se ponía interesante. No
era de extrañar que Merjack quisiera una prueba concluyente de las actividades
de Devyn. Si Devyn tenía amistad con la familia Quiakides...
Tenía un montón de influencia política.
Colosal influencia política. Del tipo que podría conseguir
matarle a uno si no obedecían la letra exacta de la ley. Santa mierda. Ir tras
él era cada vez menos prometedor.
Taryn inclinó la cabeza hacia ella.
—Encantado de conocerte, Alix.
—Yo también… —Fue una respuesta poco convincente, pero ¿qué otra
cosa podía decir? Ella, una insignificante esclava, estaba sentada frente a un
príncipe de la realeza. No tenía experiencia en nada ni remotamente similar a
esto.
¿Se suponía que tenía que hacer una reverencia?
—Um, Su Alteza —concluyó débilmente.
Taryn ondeó las manos.
—No seas tan formal. No usamos esa mierda aquí. Si no estamos en
la Corte o en una función pública con mis padres, no soy de la realeza. Lanzó
una mirada en torno a sus hombres—. Dios sabe que mi tripulación no me besa el
culo, no importa lo mucho que yo les patee el suyo.
Sphinx cogió la botella de Taryn y bebió de ella antes de
contestar.
—Eso depende en todo caso si estas empuñando un arma en tu mano.
Devyn se echó a reír.
—Sí, Taryn apesta como el resto de nosotros. Más aún, casi todos
los días.
—Jódete, Devyn. —Las palabras fueron duras, pero el tono de
Taryn fue ligero.
—No eres mi tipo, Tar. Pero puedo…
Taryn le lanzó un cuchillo.
Devyn lo atrapó sin inmutarse y lo puso sobre la mesa, entre
ellos.
—Irritable, malhumorado. ¿Qué te tiene de tan mal humor?
Taryn frunció los labios en una mueca de disgusto supremo.
—Reen vuela conmigo. ¿Necesito decir más?
Alix frunció el ceño.
—¿Reen?
Omari dejó escapar una disimulada risita.
—Su hermanita. En realidad, se llevan bien.
—Sí, tiene diecisiete queriendo ser mayor, y está consiguiendo
que mis nervios acaben en una apoplejía. Juro que si mis padres no estuvieran
tan apegados a ella, la enviaría de cabeza por una esclusa de aire.
Devyn sacudió la cabeza.
—¿Por qué está contigo?
—Ciertamente no quería quedarse allí. La pequeña mocosa ha
estado rondando mi cuello como un nudo corredizo. Traté de dejarla en la sede,
pero se coló a bordo de mi nave cuando nos dirigíamos aquí para reunirnos
contigo. La vendería a un esclavista, pero no quiero enfrentarme a mi padre,
nunca se sabe cuándo esos reflejos de asesino erradicarán toda noción de
instinto paternal. —Hizo una pausa y miró a Vik—. Hey, Vik, alguna posibilidad
de que tú pudieras…
—Olvídalo, saco de huesos. A tu padre no le gustan los
androides.
—No se lo tomes como algo personal. Tampoco le gusta la gente.
Infiernos, la mayoría de los días apenas me tolera.
Devyn se echó a reír.
—Eso es porque no es verdad.
Vik habló sobre él para responderle a Taryn.
—Pero no te desmontaría. A mí, por otra parte...
Taryn le chasqueó la lengua.
—Eres un cobarde, androide.
—Por supuesto. No sería de otra manera.
Apoyándose más cerca de Alix, Devyn indicó al hombre rubio junto
a Taryn.
—Ese es Sphinx, quien, además de mí, es el mejor piloto en el
universo.
Taryn arqueó una ceja.
—Eso seriamente me molesta.
Devyn se encogió de hombros.
—Que te moleste lo que quieras, pero es la verdad. —Miró a
Alix—. Las habilidades de Taryn son más como las de mi padre. Robar y matar.
Sphinx le tendió la mano a Alix.
—Encantado de conocerte.
—Igualmente.
El otro hombre lanzó su largo cabello rizado sobre el hombro
antes de inclinarse hacia delante.
—Soy Mered. Y soy muy bueno en la cama.
Con los ojos muy abiertos por la inesperada introducción, miró a
su alrededor a los otros hombres, quienes estaban poniendo los ojos en blanco o
burlándose.
Taryn dejó escapar un largo suspiro de resignación.
—La falta de autoestima nunca ha sido un problema para Mered.
Obviamente.
Sphinx se rió maliciosamente.
—No, pero la falta de higiene si lo ha sido.
Mered se erizó.
—Apestoso bastardo. ¿No ves que estoy tratando de echar un
polvo?
—¿Con la ingeniero de Devyn? Déjalo, amigo. Él te castraría si
tuvieras éxito.
Mered miró a Devyn.
—Dev, échale una mano a un hermano.
—No soy tu chulo, muchacho. Será mejor que vuelvas tus
desesperados ojos a otro sitio. Lo que Alix haga en su tiempo libre es asunto
suyo. Pero estoy seguro que tiene mejor sentido y gusto que perder el tiempo
con un apestoso grano como tú.
Mered suspiró cansado.
—Voy a dejar de funcionar mientras estoy en tierra siendo
brutalmente pateado por personas que se supone son mis amigos... pero recordaré
esto. —Tomó un trago de whisky—. Bastardos.
Sphinx le hizo morritos.
—Pobre niño. ¿Los perversos viejos están fastidiándote de nuevo
e hiriendo tus sentimientos? —Extendió la mano con simpatía.
Mered se apartó el brazo del hombro.
—Tú eres el que no está bien de la cabeza, vete a la mierda.
Ignorándoles, Devyn se inclinó hacia delante y llamó la atención
de Taryn.
—¿Conseguiste todos los suministros médicos que pedí?
Taryn se cruzó los brazos sobre el pecho.
—Los tengo, pero debes saber que los guardias de La Liga en
Paradise City han estado examinando los cargamentos por perillian y
antibióticos durante las últimas dos semanas. Alguien les dijo que estaba a
punto de llegar un gran cargamento, y que su destino eran los rebeldes
apostados fuera de las minas. No saben que eres tú, pero planean poner al que
encuentren con ello en la cárcel.
Su corazón dio un vuelco. Lo último que quería era un encuentro
con La Liga. Una organización militar de élite, La Liga tenía concesión estatal
de todos los principales gobiernos que le otorgaban el derecho de actuar como
juez, jurado y verdugo en contra de cualquiera que considerara una amenaza para
la paz intergaláctica. Más de un rumor reclamaba que La Liga se servía a sí
misma, y supo que cruzarse con La Liga sería el último error que ella o Devyn
debían alguna vez cometer, incluso con su influencia política.
Ni siquiera el padre de Taryn podría salvarles.
Devyn entornó los ojos sobre Taryn. Esa fría e implacable mirada
hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.
—¿Tienes idea de quién lo filtró?
Taryn negó con la cabeza.
—No, pero yo sería muy cuidadoso. Sabes lo duramente que La Liga
ha estado sobre ti, de cualquier manera. Literalmente matarían por echarte esto
encima.
—Protegeré mi espalda.
—¡Y yo protegeré el resto de ti!
Taryn soltó una sucia maldición.
Alix se dio la vuelta ante el sonido de una voz sensual de
mujer. Su boca se abrió con atónita sorpresa. La mujer más hermosa que había
visto en su vida se inclinó ante Devyn y le besó la mejilla.
Pelo negro como el espacio caía en cascada desde la parte
superior del casquete de un asesino hasta la diminuta cintura de la mujer.
Increíblemente alta y vestida con un escaso traje negro que apenas le cubrían
las partes necesarias del cuerpo, la mujer tenía una figura por la que ella
mataría. Llevaba un blaster sujeto en la cadera izquierda, y el mango de plata
de una daga asomaba por la parte superior de las brillantes botas negras hasta
los muslos.
Encontrándose con la amigable mirada de la mujer, se dio cuenta
que la desconocida era Andarion, una raza feroz de depredadores que se
rumoreaba comían carne humana.
Pero ni siquiera la rareza de los ojos Andarion, iris blancos
rodeados por un anillo muy delgado de rojo o sus largos colmillos apocaba la
belleza del rostro.
Devyn le devolvió el besó en la mejilla.
—Alguien tiene que atarte una campana. Odio la forma en que
furtivamente te acercas a mi espalda.
La mujer se echó a reír antes de abrirse paso alrededor de la
mesa para abrazar a Sway, a continuación, a Vik.
—Oh, os he echado de menos chicos. —Hizo hincapié en sus
palabras con un fuerte apretón a Vik—. ¿Dónde está Golan?
Devyn se burló.
—Fue detenido y encarcelado. Alix es nuestro nuevo ingeniero.
—Hola. —Tomó asiento entre Sway y Omari—. Soy Zarina, pero
puedes llamarme Rina. —Lanzó una mirada hostil a su hermano—. No Reen. Yo
realmente odio eso.
—Gah, voy a tatuármelo en la frente. —Taryn miró a Sphinx—.
¿Conoces un buen artista en esta estación?
Sphinx lo golpeó juguetonamente en el brazo.
—Un día te disparará y me reiré hasta morir mientras sangras.
Taryn no parecía preocupado en lo más mínimo cuando volvió la
atención a su hermana menor.
—¿Encerraste a Strife en el aseo de señoras otra vez? Te lo
juro, Reen, si tengo que sacarle bajo fianza una vez más porque…
—Relájate, odioso moco-pirata. Sólo le pateé —señaló hacia la
puerta.
Alix se volvió para ver a un magnífico hombre acercándose. Al
igual que Omari, tenía una cabeza llena de alborotados rizos que caían contra
los afilados y casi perfectos rasgos, sólo que tenía el pelo castaño oscuro en
lugar del marrón oscuro de Omari. Con una pequeña perilla, estaba vestido con
un traje de batalla gris oscuro.
Sujetándose la entrepierna, estaba cojeando y mirando con el
ceño fruncido a Zarina. El mero hecho de que aún pudiera parecer ardiente
haciendo eso…
Se lo decía todo.
—Tú… —gruñó a Taryn—. No. Me. Pagas. Bastante. Quiero un aumento
de sueldo ahora mismo o renuncio.
Taryn miró airadamente a su hermana.
—Esto sale de tu fondo fiduciario.
—Oh, eso no es justo.
—Sí, lo es. No puedo reemplazar a Strife. Es el mejor maldito
asesino en el universo. Tú, por otra parte... Tengo otra hermana.
Le hizo un grosero ruido.
—Perdona, Señor Yo tengo un Gemelo. Eres menos insustituible que
yo y debo decir que Tiernan es el más agradable de vosotros dos.
—Entonces, por favor, ve a quedarte con él. Vendería mi alma
para deshacerme de ti. —Miró a Sphinx—. ¿No puedes empujarla hacia la sumisión?
—¿Estás bromeando? ¿Con lo terca que es? Freiría mi cerebro
intentándolo.
Alix estaba aún sorprendida por la apariencia de Zarina. No
podía creer que su hermano la dejara desfilar alrededor vestida con algo tan
escaso para su edad, y el hecho de que estuviera armada...
Asombroso.
Devyn se inclinó y susurró al oído de Alix. Escalofríos le
bajaron por los brazos cuando su aliento le hizo cosquillas en la piel.
—¿Puedo pedirte un favor enorme?
Por favor, déjale comenzar con las palabras “Desnúdate en mi
habitación”.
—Claro que sí.
Se sacó la tarjeta de crédito y se la entregó.
—¿Podrías llevarte a Rina a otro lugar para comer mientras yo
hago negocios?
No estaba tan segura de esto. Zarina no parecía exactamente
maleable.
De hecho, la chica ya estaba mirándoles encolerizadamente.
—No me digas. —Sus siguientes palabras fueron pronunciadas en un
tono burlón—. Tenemos negocios que discutir. ¿Te importaría darnos unos minutos
porque eres una chica y vamos a jugar a ser hombres?
Taryn inclinó la botella hacia su hermana en un saludo fingido.
—Puesto que sabías nuestras intenciones, ¿por qué nos molestas?
Le perforó con una malévola mirada.
—Sorbe una baya de asteroides, moco-pirata. —Echó una mirada a
los hombres a su alrededor, todos los cuales estaban tratando de sofocar la
risa ante sus palabras.
Al darse cuenta de que no iban a interferir en su nombre, inhaló
con disimulado dolor.
—Bien. —Alzó la barbilla desafiante—. Holgazanear asnos
desconsiderados… y te preguntas por qué ninguno de vosotros estáis casados.
Sway se aclaró la garganta de manera significativa.
Zarina se burló de él.
—Oh, cállate. Tú no cuentas. Tuviste un matrimonio concertado.
Estos perdedores no pueden mantener una chica durante más de tres minutos y la
mitad de ellos los usan para avergonzarse a sí mismos con sus débiles manoseos
que siempre decepcionan.
Fue el turno de Vik para aclararse la garganta.
—En nombre de la población robótica, nosotros no sufrimos de
ciertas debilidades biológicas que afectan a las formas de vida orgánicas.
—Gracias, Vik —dijo Taryn con sarcasmo—. Qué forma de
defendernos, colega.
—Bueno, he dicho…
—Uh uh uh —Taryn cortó a Vik—. Ya has hecho bastante daño,
androide. Sólo quédate ahí sentado y en silencio antes de que nosotros los
orgánicos busquemos venganza.
Zarina se puso de pie.
—Ya sabes, Alix, hombres mamones. En serio. Son de lo peor. Ven
conmigo. Necesito una solución de estrógeno antes de que los defectos
cromosómicos me contaminen más.
Aún un poco confundida, Alix siguió a Zarina fuera del pub.
No sabía qué pensar de esto. Una parte de ella le decía que
debía quedarse y espiar lo que los hombres estuvieran haciendo, pero no era una
prueba el testimonio de oídas. Necesitaba la documentación fehaciente de las
actividades de Devyn, y no daban la impresión de ser tan estúpidos como para
llevarlo encima en un foro público.
Ni siquiera en este lugar, donde las actividades ilegales
sucedían por todas partes.
Zarina se detuvo en el pasillo, se volvió, y miró enfadada hacia
la puerta. Los ojos le brillaban maliciosamente mientras se apoyaba contra la
pared exterior, se cruzó de brazos sobre el pecho, y se dio unos golpecitos con
los dedos contra el antebrazo superior.
—¿Cómo se puede amar y odiar tanto a alguien?
Alix no tenía ni idea. Nunca había tenido emociones tan
conflictivas. Las suyas eran básicas. Amaba a su madre y hermana, y odiaba a su
padre. Aunque, su vida siempre había sido un modo de supervivencia simplista.
Sueños, esperanzas, planes futuros... eran cosas que pertenecían
a ciudadanos libres. Así que ante la insistencia de su madre, había desterrado
ese tipo de pensamientos a una edad temprana. Sólo ahora, cuando tenía una
esperanza de ser libre para hacer su propia vida, comenzaba a pensar en el
mañana como algo mejor.
Zarina entornó los ojos antes de reanudar su acalorada perorata.
—Juro que un día le mataré —resopló—. ¿Tienes hermanos?
—No.
—Qué suerte. Yo tengo cuatro. ¿Quieres uno?
Alix se echó a reír.
—Si todos te dan ganas de matarles, entonces paso. Creo que
estoy bien sin ninguno.
—Sabia mujer. Aunque para ser honestos, no todos son capullos
totales. Jayce y yo nos llevamos bien, y solía ser la mejor amiga de Adron...
Frunció el ceño ante el tono de Zarina.
—¿Solías ser?
Sus ojos se oscurecieron.
—Mi hermano mayor era un asesino de La Liga y tuvo un mal
encuentro con un animal psicópata que le dejó lisiado. Nunca será el mismo de
nuevo, me temo. A pesar de que sobrevivió, una parte de él murió esa noche, y
echo de menos al hermano que solía tener. Dicho esto, estoy agradecida a Dios
por tenerle todavía, incluso con lo arisco que es. Así que no me quejaré de él
en absoluto. Los gemelos, sin embargo…
—¿Te vuelven loca?
—Eso es. —Dejando escapar un largo suspiro, tomó el brazo de
Alix y tiró de ella hacia un restaurante muy acogedor—. Pero no vamos a hablar
de mis hermanos. Tengo algo mucho más interesante que discutir contigo.
—¿Y eso es?
—El hecho de que tenemos que meter a Devyn en tu cama lo antes
posible.
¿De dónde había salido eso? Este era un tema con el que
definitivamente no se sentía cómoda hablando con alguien tan joven.
CAPÍTULO 5
—Así que, ¿qué te traes con ese nuevo ingeniero tuyo?
Dev levantó la vista de la caja que estaba almacenando para
encontrarse a Taryn de pie detrás de él.
—Te juro que voy a atar una campana alrededor tuyo, descomunal,
si no empiezas a hacer ruido cuando caminas.
Taryn sonrió.
—Yo le echo la culpa a mi padre y a su súper audición. O
aprendes a moverte sin hacer ruido o te atrapaba cada vez que exhalabas fuerte,
lo que para mí era cada minuto que estaba despierto.
Devyn se echó a reír. Eso era totalmente cierto. Cuando eran
niños, la audición de Nykyrian había sido una grave dificultad cuando habían
intentado ciertas cosas. A pesar de la severidad del hombre, nunca les había
levantado la mano y ni siquiera la voz a ninguno de ellos.
Por otra parte, Nykyrian era tan aterrador, que no tenía que
hacerlo. Su sola mirada furiosa podría congelar instantáneamente a los niños
más que gritándoles justo donde se encontraban.
—Y me di cuenta de que no has respondido a mi pregunta.
Devyn empujó la caja en su lugar y salió de la bodega para
colocarse frente a Taryn. Se secó la frente con la manga.
—No hay nada que decir. Ella es mi empleada.
Con quien estoy durmiendo porque soy estúpido.
—Quien resulta tener un parecido a…
Devyn levantó la mano para cortar esa frase antes que Taryn
terminara.
—Ella no es ella así que no vayas por ahí.
A pesar de que tenía que recordárselo a sí mismo de vez en
cuando, todavía le crispaba lo mucho que las dos mujeres se parecían.
Pero a diferencia de Clotilde, Alix tenía una conciencia.
Taryn le golpeó ligeramente en el pecho, justo donde se
encontraba la cruel cicatriz sobre el corazón.
—Si dices que estás bien, no insistiré. Pero sé que no lo estás.
Una traición como esa nunca desaparece. Especialmente no cuando se trata de la
mujer que se suponía era tu otra mitad para el resto de tu vida.
Se trataba de un vínculo desafortunado que ambos compartían. Sin
embargo, la novia de Taryn no había tratado de acuchillarle el corazón en su
camino hacia la puerta. Ella sólo se había aprovechado de todo ello.
—Alix no es un asesino a sueldo que viene detrás de mí. Ella no
tiene una agenda que tenga que ver conmigo.
Odiaba la tensión de su voz cuando hablaba. Como Taryn había
dicho, algunas traiciones nunca sanaban y la de Clotilde aún ardía en su
interior brutalmente.
Cómo odiaba a esa perra.
Había sabido que Clotilde era una asesina cuando se conocieron.
Lo que nunca había considerado fue que, después de una relación de tres años y
justo unos días antes de casarse, ella aceptaría el dinero para matarle. En
especial, no después de todo lo que había hecho por ella.
Perra mortal.
Apartando ese pensamiento, se trasladó a la siguiente caja que
estaba en el suelo esperando ser cargada.
—¿Por qué no está Vik embarcando la carga por ti?
—Está vigilando a Omari, quien necesita reemplazar su consola de
juegos virtual. Dada la tosca multitud de aquí, no quise que deambulara solo
por ahí fuera. Demasiados podrían confundirle con una presa fácil y, aunque él
puede defenderse, no quiero correr el riesgo de que alguien acierte a meterle
un disparo. O peor aún, que Omari mate a alguien a su edad y tenga que hacer
frente a esa situación.
Tanto él como Taryn se habían visto obligados a segar una vida
antes de que hubieran cumplido los veinte años. Era algo que un hombre nunca
superaba.
Esa primera muerte.
Él quería evitarle a su hijo el sufrimiento si podía.
Taryn entornó los ojos.
—¿Y Sway?
—Con Claria.
Gruñendo bajo, Taryn cogió la caja de sus manos.
Devyn maldijo al tratar de recuperarla.
—No estoy desvalido.
Taryn la mantuvo fuera de su alcance.
—No, pero no es necesario que te agotes y lo sabes. Tu corazón
no puede soportarlo.
Devyn sintió que en la mandíbula empezaba a tener un tic
mientras su ira se encendía. Sí, ese fue el regalo de Clotilde que le mantenía
flojeando. También era la verdadera razón por la que sus padres mantenían
constantes comprobaciones sobre él. Habían estado demasiado cerca de perderle
esa noche. Si su padre no se hubiera dirigido a la casa de Devyn, estaría
muerto ahora. Su padre le había salvado la vida, pero el costo por ella era un
corazón defectuoso que limitaba seriamente lo que podía hacer.
Y odiaba ser débil.
Podría ser peor. Podrías estar muerto.
O podrías ser Adron...
Cierto. No tenía derecho a quejarse de sus limitaciones físicas
mientras permanecieran ocultas y desconocidas para sus enemigos. Aunque fuera
un dolor en el culo, el fisurado corazón no le impedía hacer muchas cosas.
Sin embargo, odiaba cada vez que alguien le trataba como a un
inválido.
—Eres un bastardo, Taryn.
Él sonrió.
—Lo sé, Reen. Gracias.
Devyn puso los ojos en blanco cuando Taryn le llamó por el
nombre de su hermana.
—Entonces, ¿cómo está Adron? —pensaba mucho en su viejo amigo.
Pero Adron apenas hablaba con él alguna vez. Estaba aislado en
un mundo de dolorosa amargura que no dejaba pasar a todos los que le querían.
Taryn dejó la caja en el suelo y suspiró.
—Igual que siempre. Cabreado con el mundo y queriendo matar a
Jayce.
Su hermano Jayce había sido el que salvó la vida de Adron, y por
eso, Adron odiaba a su hermano con pasión. El código del asesino era morir en
caso de estar imposibilitado para sus deberes. Si otro asesino te encontraba
seriamente comprometido, estaba obligado a matarte. Pero Jayce había sido
incapaz de matar a su propio hermano.
Y aunque Adron quería morir, no quiso hacer daño a su familia
suicidándose. Así que se quedó atrapado en un cuerpo que no iba a funcionar
mientras vivía un absoluto sufrimiento de dolor constante.
—¿Está Jayce mejor? —preguntó Devyn.
—No. Ninguno de nosotros lo está —sus ojos oscuros brillaron—.
Por eso no quiero que te esfuerces. Ya tengo un terco agobiado por el suicidio.
No necesito a otro.
Devyn levantó las manos en señal de rendición.
—Por supuesto, consigue una hernia. Desmáyate. Los dioses no
permitan que yo te detenga. No me pasé diez años en la escuela de medicina para
saber cuándo tengo que sentarme.
Taryn le hizo un gesto obsceno antes de sopesar otra caja.
Pero con toda seriedad, Devyn entendía el porqué Adron odiaba el
mundo. Había momentos en que él lo hacía, también. Nada como ser seriamente
jodido por alguien que amabas para quitarte la voluntad de vivir. Esta no era
la vida que él había soñado cuando era un niño.
Había imaginado un mundo de justicia donde lucharía por La Liga
para proteger a los inocentes. Un mundo que incluía a una mujer que
permanecería fiel a su lado.
No una que le sonreiría a la cara mientras dirigía un cuchillo
para atravesarle el corazón.
Literalmente.
Y los bebés… Había imaginado un montón de niños. Omari sería un
infierno de hermano mayor para alguien.
No tienes derecho a quejarte.
Cierto.
Todo estaba bien. Tenía un gran hijo del que se sentía orgulloso
y, más que eso, estaban todos alimentados y ninguno muerto. Esa había sido
siempre la filosofía de su tío. Mientras esas dos cosas fueran atendidas, nada
más realmente importaba.
Él vio una imagen de Alix en su mente y realmente se sobresaltó.
Más que cualquier cosa, ella le recordaba esos sueños largamente olvidados que
había compartido una vez con Clotilde. Maldita fuera por parecerse tanto a
ella.
Y maldita fuera por ser tan tentadora como para querer olvidarse
de Clotilde y empezar de nuevo.
No...
Tenía un nuevo futuro en el que centrarse. Uno que no incluía
nada más que mantener a su equipo seguro y ayudar a los rebeldes que se oponían
a La Liga. Eso era lo único en lo que tenía que gastar sus energías.
—No estoy interesada en Devyn.
Eres tan mentirosa.
Pero era algo que Alix tenía que aprender a creerse.
Zarina hizo un sonido muy poco digno de desacuerdo.
—Cariño, miras a ese hombre como si pudieras saborearle. Conozco
esa mirada. La he tenido una o dos veces. No por Devyn, porque... ¡ejem! Eso es
como fantasear sobre uno de mis hermanos, pero conozco el apetito cuando lo veo
y conozco a ese hombre lo suficiente como para saber que no es inmune a ti,
tampoco. Devyn está muy interesado.
Sí, claro. Alix era cualquier cosa menos estúpida, y sabía que,
si bien Devyn era amable con ella en la cama, no tenía sentimientos más
profundos hacia ella que eso. Los sueños eran para los tontos y los hombres
sólo utilizaban a las mujeres a su alrededor. Una vez hecho, se marchaban.
A menos que poseyeran a la mujer. Entonces la utilizaban a sus
anchas sin tener en cuenta sus sentimientos. Esa era probablemente la razón por
la que los Hyshians habían elegido esclavizar y someter a sus hombres.
Pero eso no era ni lo uno ni lo otro. Devyn era la llave para su
libertad y era lo único que alguna vez podría ser.
Alix apartó la mirada cuando el camarero trajo el postre. Había
estado intentando durante la última media hora cambiar de tema, pero Zarina no
se dejaba influenciar. Era de personalidad obsesiva que tenía una brutal
determinación que sólo alguien de tres años de edad podría envidiar.
—Yo no soy su tipo.
Zarina le lanzó una burlona mirada.
—¿Sabes siquiera quién lo es?
Alix suspiró.
—No, pero estoy bastante segura de que para empezar tiene que
ser hermosa, lo cual está muy lejos de mí.
—¿Tienes un espejo?
—Sí. Lo tengo.
Y ella lo había usado lo suficiente como para saber que no tenía
curvas, que era demasiado pálida y demasiado frágil también. En palabras de su
padre, parecía algo que un lobo había engullido y cagado por el otro lado de
una montaña.
Zarina puso los ojos en blanco antes de hurgar en su bolso.
Después de unos segundos, sacó un pequeño reproductor fotográfico virtual y se
desplazó a través de él. Se lo tendió a Alix.
—¿Estabas diciendo?
El aliento de Alix quedó capturado mientras bajaba la mirada y
veía a una mujer que tenía un extraño parecido con ella. La única diferencia
era que la otra mujer llevaba un montón de maquillaje y tenía el pelo corto.
Y su actitud era completamente diferente. A diferencia de Alix,
parecía confiada.
No...
Desafiante.
Había algo en la mujer de la foto que parecía frío y mortal. A
pesar de que estaba apoyada en un Devyn más joven y sonriente, había algo en
ella que no estaba bien. Parecía demasiado calculadora y fría. Como si sólo
estuviera interesada en lo que pudiera coger del mundo.
Alix le entregó la foto a Zarina.
—¿Quién es ella?
—Clotilde Renier.
—Es hermosa.
—Y tú eres absolutamente su doble.
Alix meneó la cabeza negando.
—No del todo. Nunca me he visto así. En primer lugar, estoy
bastante segura de que nací con más ropa de la que ella lleva puesta en esa
foto —volvió a comer su postre—. ¿Es la novia de Devyn?
—Ella era su prometida.
Se detuvo por la forma en que Zarina lo había dicho.
—¿Era?
—Él la mató.
Alix sintió desvanecerse el color de su rostro por la nota
mortal en la voz de Zarina. Ella había sabido que Devyn era letal, pero ¿matar
a su prometida?
Va a hacerte trizas...
—¿Él hizo qué?
Zarina ondeó la mano alejando su temor.
—Relájate. Estaba justificado.
Sólo la hija de un asesino podría pensar así.
—¿Cómo se justifica matar a tu prometida?
Zarina se guardó el reproductor fotográfico en el bolso.
—Ella trató de matarle primero y casi lo logró. Al principio de
su ataque, Devyn se negó a luchar, pero ella no le dio opción. Si él no la
mataba, ella le habría matado a él.
Alix no pudo respirar mientras que la realidad se estrellaba
contra ella. ¿Había sabido eso Merjack? ¿Qué demonios había estado pensando
para enviarla a tender una trampa a Devyn cuando había matado a la mujer a
quien ella se parecía?
Estás tan jodida...
Y Merjack era un monstruo de primer orden por hacer algo tan
cruel.
Zarina le palmeó la mano.
—No estés tan asustada.
Si la mujer sólo supiera por qué estaba tan aterrorizada.
—En realidad todo está bien. Sólo quería que vieras lo que
podrías parecer si quisieras.
—Sí, bueno, creo que prefiero parecerme a mí y no tener al
Capitán Kell girándose y masacrándome durante algún episodio psicótico en el
que piense que yo soy ella.
¿Estaba chiflada Zarina tratando de juntarles? Era asombroso que
Devyn incluso la hubiera dejado acercarse a su nave, menos prestar atención a
su cuerpo.
Ella negó con la cabeza.
—Alix, tienes esperanzas.
—Sin esperanza. Yo sólo conozco las reglas y los hombres como el
Capitán Kell no se involucran con mujeres como yo —en muchos, muchos niveles.
—Y las bailarinas de renombre no se casan con asesinos
proscritos de La Liga. Sin embargo, aquí estoy, la hija de la pareja más
improbable en el universo. En segundo lugar tal vez los padres de Dev —le lanzó
una dura mirada—. Yo creo en lo imposible. Sucede todos los días.
—Yo creo en la realidad.
—La realidad es aburrida.
No, no lo era. Era peligrosa y aterradora. Pero Alix no trató de
contradecirla mientras se terminaba el helado. Honestamente, sólo quería
regresar y terminar con esto para poder ver a su madre y hermana otra vez.
Zarina le dio un respiro mientras saludaba a alguien sentado en
otra mesa.
Alix frunció el ceño cuando se volvió para ver a dos hombres
grandes y fornidos, no muy lejos de ellas.
—¿Qué estás haciendo?
—Reconociendo a mis guardaespaldas.
Ahora estaba completamente confundida.
—Pensé que Sphinx era tu guardaespaldas.
—Quieres decir Strife. Y no... Él estaba siguiéndome de cerca
por órdenes de mi hermano para mantenerme fuera de problemas.
—¿No es eso lo que hacen los guardaespaldas?
—No. Mis guardaespaldas no interfieren con lo que quiero hacer.
Sólo se aseguran de que nadie me molesta. El apropiadamente llamado Strife, por
otra parte, es un gran aguafiestas que siempre acaba con la diversión que
encuentro. A su vez, le maltrato por ello.
—Eso es realmente un desastre.
—Dímelo a mí —Zarina retiró la silla—. Tengo que ir al baño de
señoras. Voy y vengo.
Alix no se movió cuando vio a los dos hombres seguir a Zarina.
Wow. ¿Cómo no se había percatado de ellos? Pero, por otra parte,
no solía prestar atención a cosas así.
Tal vez debería.
—¿Qué crees que estás haciendo?
Ella saltó ante la profunda y desconocida voz en su oído.
—¿Perdón?
A pesar de que el hombre era por lo menos veinte años mayor que
ella, era increíblemente guapo, con unos rasgos bien definidos y una
constitución delgada. El oscuro pelo le caía sobre un par de helados ojos color
avellana.
—Merjack te dio órdenes que no incluían un almuerzo con una
mimada princesa y llevando una vida muy por encima de tu podrido puesto.
La sangre se le heló por las airadas palabras. ¿Cómo sabía eso?
—¿Quién eres?
Él le mostró la placa de un investigador Ritadarion.
—Teniente Paden Whelms. Soy tu contacto hasta que termines tu
misión.
Ella frunció el ceño mientras él se guardaba la credencial.
—No entiendo.
Él se inclinó para gruñirle:
—Merjack no puede abandonar su puesto, ni puede ser visto
comunicándose con un esclavo. Pero como su agente, soy capaz de mantener mi
mira en ti. ¿Has encontrado algo que podamos usar?
Ella se tragó el miedo ante su intensa y hostil mirada.
—N no todavía.
Él maldijo antes de posar su maníaca mirada de nuevo en ella.
Había tanto odio reflejado en esos ojos que ella no podía comprenderlo. ¿Qué le
había hecho ella?
—Ni siquiera se te ocurra jugársela al MJR, niñita. Él se come
la basura como tú para almorzar.
—Yo nunca lo haría. Kell es un hombre muy cuidadoso y no he sido
capaz de acceder a nada... todavía. Pero lo haré.
—El tiempo se acaba —sujetó un reproductor fotográfico ante su
cara que mostraba a su madre y su hermana. Las lágrimas se erizaban en sus
pestañas mientras se abrazaban la una a la otra—. Espero los archivos que
necesitamos en tu próxima parada, que será en Charisis, pasado mañana.
Ella negó con la cabeza.
—No vamos allí.
—Sí irás. He hecho los preparativos para un pequeño fallo que no
verás hasta que estés en el espacio. El único lugar cercano será Charisis. Tú
estarás allí y, de una manera u otra, esto terminará. Confía en mí.
Es curioso cómo esas dos palabras le daban escalofríos.
Él sostuvo en alto la imagen una vez más.
—Sus vidas están en tus manos. No falles.
Alix quiso abofetear la arrogancia de su cara. Odiaba estar a su
merced. Por encima de todo, odiaba verse obligada a herir a un hombre que había
sido más que amable con ella.
Devyn no se merecía esto...
Con un desdeñoso fruncimiento del labio, Whelms giró sobre sus
talones y se fue.
Ella le vio salir mientras su ira hacia él y Merjack se
acumulaba.
—Conseguiré la libertad de mi familia —dijo ella en voz baja—. Y
luego los mataré a ambos.
Eso sería siempre y cuando Devyn no la matara a ella primero.
CAPÍTULO 6
—¿Alguna vez has tenido la sensación de que hay algo extraño en
nuestra nueva ingeniera?
Devyn se detuvo mientras finalizaba su registro actual. Levantó
la mirada para encontrar a Sway reuniéndose con él en el puente.
—Creí que tú y Claria estabais… —se aclaró la garganta de manera
significativa—. Ocupados.
Sway se rascó la barbilla en un gesto irritado.
—Ella tenía que atender una llamada que no estoy autorizado a
escuchar.
Devyn resopló ante la típica mierda del gobierno y la paranoia.
—Siento que interrumpieran tu diversión.
—Sí, yo también. ¿Entonces? ¿Qué te parece?
Guardó el trabajo antes de hablar de nuevo.
—Creo que ella desconfía de nosotros, no es sorprendente en una
mujer de su edad en un equipo formado por hombres. Yo también me encontraría
nervioso entre lamentables burros como nosotros —volvió a mirar a Sway—. ¿Has
notado algo más?
—No puedo poner el dedo en la llaga. Sólo que hay algo en ella
que no me huele bien.
—¿Aparte del hecho de que te recuerda a Clotilde, a quien
siempre odiaste?
—Así es, y no será por un “Te lo dije” en lo que respecta a esa
perra, así que no vayas por ahí. Pero no, esto es algo más. Es como si
estuviera ocultando algo… puedo sentirlo.
Devyn se encogió de hombros quitándole importancia.
—Todos ocultamos algo, aridos. Mi linaje dudoso y mi salud, la
reputación de tu abuelo, las habilidades de Omari y la programación especial de
Vik. Si no tuviera algo de similar naturaleza que esconder de nosotros,
definitivamente no sería congruente con este equipo.
Sway le dirigió una dura mirada.
—Estás poniendo excusas de nuevo. Pensé que habías dicho que
nunca harías eso por otra mujer.
Devyn se congeló ante el recordatorio. Sway tenía razón. Había
puesto excusa tras excusa para Clotilde. Incluso cuando cada instinto le había
dicho que algo no iba bien, lo había descartado.
Si se hubiera escuchado…
¿Estaba haciendo eso otra vez?
La idea le serenó.
—La vigilaré de cerca.
Sway inclinó la cabeza.
—Aquí estás. Me preguntaba dónde te habías escapado.
Devyn sonrió al ver a Claria unirse a ellos. Alta y esbelta, era
una belleza exquisita de largo pelo negro que llevaba en trenzas haciendo juego
con las de Sway, otra costumbre Hyshian. Maldita sea, por tener derecho a ella,
se habría vendido como esclavo, también.
Sway era un hombre afortunado.
Ella desvió la atención hacia Devyn.
—Sway dice que le has estado cuidando realmente bien para mí.
Él se rió.
—Bueno, su madre hizo un gran trabajo domesticándole, así que no
requiere demasiado trabajo. Por no hablar que a Vik no le importa pasearle una
vez al día. Está todo bien.
Ella puso los ojos en blanco.
—Eres un listillo.
—Soy honesto. Has conocido a mis padres. Lo entiendes.
Sacudiendo la cabeza, se puso seria mientras miraba a Sway.
—Por cierto, deberías saber que tu Alix es un fantasma.
Devyn arqueó una ceja a Sway.
—¿Tuviste a Claria investigando a Alix?
—No —dijo Claria rápidamente—. Yo misma tomé la iniciativa.
Quiero saber quién está en el equipo con mi marido.
—¿Y no encontraste nada?
Claria negó con la cabeza.
—Está completamente fuera de la red.
Devyn dejó que ese conocimiento le penetrara.
—¿Cómo es posible?
—Dímelo tú. He encontrado su certificado de nacimiento y nada
más.
Esto realmente no era una buena señal.
—¿Qué pasa con sus padres?
—Nada de cualquiera de ellos. Sólo sus nombres en el certificado
de nacimiento de ella.
Devyn sintió como si todo el oxigeno hubiera sido succionado de
la sala. Los fantasmas eran raros y normalmente significaban un espía de alguna
clase.
O un infernal maestro criminal.
Su padre era el rey de los fantasmas imposibles de encontrar,
así que era consciente que podría significar que ella no lo hacía nada más que
para protegerse. Pero también podría indicar que estaba aquí para hacer quién
sabía qué.
Bien podía ser un peligro para todos ellos.
Claria le dirigió una dura mirada.
—Creo que deberías despedirla. Para seguridad de todos.
—Quiero saber más antes de cumplir con esa demanda —cogió su
enlace.
Ella le frunció el ceño.
—¿Qué estás haciendo?
—Llamando a mi padre. Si alguien puede encontrar su pasado, es
él —nadie escapaba de los escáneres de su padre.
Alix miraba a través del escaparate de la tienda mientras Omari
y Vik se reían por algo que Omari había dicho mientras miraban a los jugadores
de la consola de juegos virtual. Incluso a pesar que era anormal para un
androide y un humano, su amistad hizo que algo en su interior doliera con
nostalgia.
Echaba tanto de menos a su hermana…
Tempest era la única amiga que había tenido nunca, y las dos
siempre habían sido un frente unido contra su padre y su hostil animosidad
hacia ellas. Si sólo pudiera oír la voz de Tempest y saber que estaba bien.
—¿Estás bien?
Parpadeó mientras Zarina se reunía con ella. Había desaparecido
dentro de una tienda en la que Alix había declinado entrar. Era una exclusiva
boutique especializada en ropa de diseño de alta calidad y Alix había tenido
miedo de echar un vistazo en caso de que la cobraran sólo por mirar.
Y con su suerte, podrían.
—Estoy bien.
Zarina le frunció el ceño.
—Pareces tan triste. ¿Tienes nostalgia del hogar?
No, tenía nostalgia de su hermana, pero no podía admitir eso.
—Sólo estoy cansada.
Zarina se burló.
—Sabes, la gente siempre dice eso cuando no es verdad. Apenas
nos conocemos la una a la otra y no quieres que te presione. Lo entiendo
—sostuvo una bolsa hacia ella—. Toma.
Ahora era su turno de fruncir el ceño.
—¿Qué es esto?
—Algo que creo te gustará.
Alix sacudió la cabeza. Probablemente solo la bolsa costaría más
que ella.
—Oh, no, no puedo.
—Puedes y lo harás.
—Zarina…
—¡Ah! —Zarina estiró la mano imperiosamente—. Ni se te ocurra.
No lo voy a escuchar. Toda mujer se merece algo que la haga sentir hermosa y
tengo la sensación de que tu guardarropa consiste mayormente en la clase de
ropa de servicio que estás usando, la cual, aunque es atractiva en ti, no es
realmente divertida. Todos necesitamos algo de diversión. Abraza tu juventud
mientras aún la tengas.
Alix tragó mientras se le cerraba la garganta. Nadie nunca había
sido tan amable con ella.
—Gracias.
Zarina la abrazó.
—No hay por qué darlas. Ahora vamos a Tadaro.
—¿Qué es Tadaro?
Con un gesto en la cara de fingido dolor, Zarina se puso la mano
sobre el corazón.
—Oh, cariño, has estado tan privada —la tomó de la mano y tiró
de ella por el pasillo hacia una tienda de maquillaje.
Alix no estaba tan segura sobre esto, tampoco. Todo parecía tan…
Femenino.
—Entonces ¿qué te gusta más? —Zarina se detuvo junto a un mostrador
de perfumes.
Miró todas esas variadas lociones y pociones y no tenía ni idea.
—Nunca he usado maquillaje.
Zarina jadeó.
—No lo dices en serio.
Asintió con la cabeza. Su padre se habría cortado un brazo antes
que permitirle gastar el dinero en algo tan frívolo. Sólo él podía gastar el
dinero en algo que no fuera absolutamente necesario.
—¿Ni siquiera lápiz de labios?
—Nada.
Zarina le puso una mano amable en el hombro.
—Pobre niña. Has estado tan desfavorecida —hizo un gesto a un
dependiente para que fuera a ayudarlas—. Tengo una emergencia cosmética aquí y
necesito lo mejor de todo para subsanarla.
—Zarina…
Hizo un sonido silbante, cortando a Alix mientras alzaba la
mano.
—Ni siquiera empieces. Ninguna mujer por encima de los catorce
años debería caminar con la cara desnuda. No es que no seas hermosa, pero…
todas podemos usar un realce —se volvió de nuevo al dependiente—. Equipa a mi
hermana.
Alix literalmente se sintió como el único pedazo de carne en una
perrera cuando el equipo de mujeres descendió sobre ella para cortarle el pelo,
depilarle las cejas algo que tenía que haber sido inventado por un sádico y
maquillarle la cara.
—¡Ay! —apartó la mano de la mujer que estaba trabajando en sus
uñas—. No sabía que ser una mujer pudiera ser tan doloroso.
Zarina le echó una mirada triste.
—Mi amor, la belleza es dolor y es parte de quién y qué somos.
Sí, pero ella realmente no tenía tiempo para esto.
Necesitaba volver a la nave.
¿Cómo escaparía alguien de Zarina? Se sentía atrapada y
abrumada.
Que alguien me ayude…
—Zarina, realmente necesito volver. Yo yo tengo obligaciones que
atender.
—Siéntate ahí y calla. No hay nada que Devyn necesite hacer que
no pueda esperar. Además, estarás tan hermosa cuando volvamos que no le
importará. Ni siquiera le quedará sangre en el cerebro para que piense.
—Pero…
—Nada de peros. Siempre gano. Renuncia ahora antes de que me
molestes.
Alix suspiró mientras se daba cuenta de que Zarina era un poder
en sí misma. Era mejor ceder y acabar de una vez que luchar contra un adversario
omnipotente.
No sólo era frustrante. Era imposible.
Por favor, sácame pronto de aquí.
—Hola, papá. ¿Dónde está Alix?
Devyn levantó la vista de la documentación que estaba
falsificando para ver a Omari y Vik entrar en el puente. Manashe corrió de
donde había estado durmiendo a los pies de Devyn para saltar sobre Omari.
—Estaba fuera con Rina la última vez que la vi.
Omari se estremeció mientras acariciaba las orejas a Manashe.
—Pobrecita. Me pregunto qué estará haciendo Rina con ella.
¿Deberíamos enviar un equipo de búsqueda?
Devyn se echó a reír.
—Tal vez no sea mala idea. Voto por enviar a Taryn para
rescatarla. No tiene nada por lo que vivir.
Vik arqueó una ceja.
—Bueno, al menos esta vez no me tuviste en cuenta.
—¿Te sientes dejado de lado?
—No en lo que concierne a la Princesa Terca. Feliz de ser
excluido, jefe. Gracias por la inusual consideración. ¿Te sientes bien, o hay
algún mal funcionamiento en tu cerebro del que tenga que ser consciente antes
de que tu padre me quite partes que podría echar en falta?
Omari se rió.
—Sabes, me gustaría haber visto a Vik en sus días de pajarera.
Debe haber sido un alboroto.
Devyn sonrió con nostalgia al recordar la vieja forma mecánica
de Vik.
—En realidad no. Sólo ocupaba menos espacio y era capaz de
acercarse sigilosamente a mí con más facilidad. El día más feliz de mi vida fue
cuando mi padre le hizo humano.
—Feliz para ti, saco de huesos… Me costó mi novia.
Omari arqueó una ceja mientras sacaba una chuchería del bolsillo
y se la daba a Manashe.
—¿Tenías una novia?
Devyn se rió entre dientes.
—Era una lámpara, Vik, no una novia.
Vik suspiró con nostalgia.
—Realmente amaba a esa lámpara. Iluminaba mi mundo entero.
Omari frunció el ceño mientras miraba a Devyn.
—¿Es real para él?
—Eso temo. Solía llevarla con él hasta que dejó de funcionar.
Creo que tu abuelo le quitó los procesadores cuando le abrió.
Vik le dio una colleja a Devyn.
—Respeta a tus mayores, embrión.
Devyn siseó mientras se frotaba la parte trasera del cráneo.
—Podría no saber cómo repararte, Vik, pero sé cómo romperte en
pedazos pequeños.
—Como si pudieras.
Decidiendo que estaba perdiendo esta discusión, Devyn señaló la
bolsa que tenía Omari en la mano con una inclinación de la barbilla.
—Entonces ¿qué has sacado?
Justo cuando Omari comenzaba a hablar, el intercomunicador
zumbó.
Devyn se reclinó hacia atrás y lo habría ignorado si no hubiera
sido de la estación de seguridad. Abrió el canal.
—Kell al habla.
—Capitán Kell, tenemos una orden aquí para revisar su carga y
comprobar su manifiesto y registros. Necesitamos que esté presente. Ahora.
—En camino.
Pero a su ritmo. Podían esperar hasta que llegara allí. No
respondía bien a las órdenes.
Suspirando, miró a Omari.
—Lo siento, muchacho. Lo veré mas tarde.
—No hay problema. Déjame ir a encerrar a Manashe para que no se
escape mientras están buscando contrabando y luego iré a advertir a Sway en
caso de que vayan a su habitación… ya sabes.
—Sí, lo sé.
Devyn salió del puente hacia la rampa donde las autoridades
estaban esperando. Tan pronto como la rampa de carga se extendió, subieron para
poder fanfarronear frente a él. Como si ellos pudieran alguna vez asustarle.
El capitán le entregó una copia impresa de la orden.
—Queremos ver su bodega y hacer un barrido por su nave.
Hacía todo lo que podía para no reírse de ellos.
—Lo que sea.
Se quedó atrás mientras dos docenas de guardias pululaban por su
nave. Esto iba a ser muy entretenido.
Abrió la documentación y el registro falsos en la pantalla de la
puerta, después se hizo a un lado para que el capitán los revisara.
—Sólo por curiosidad, ¿por qué estáis aquí, chicos?
—Nos dieron un chivatazo de que tenías contrabando ilegal a
bordo.
—¿Un chivatazo de quién?
—El teniente Whelms.
Devyn frunció el ceño ante un nombre que nunca había oído antes.
No tenía sentido que alguien de aquí le entregara. Por otra parte, tampoco
tenía sentido que alguien le entregara en… esta época.
Curioso.
Comenzó a discutir hasta que su mirada fue del gordo oficial a
la hermosa mujer que subía por la rampa.
Le tomó diez segundos completos reconocerla.
¿Alix?
Sí, era ella, y estaba deliciosa. Alguien le había aclarado el
pelo un par de tonos, haciendo el rubio aun más vibrante. Los labios estaban
pintados de un rojo brillante y lo que quiera que le hubieran hecho en los ojos
los hacía brillar. Eran oscuros y seductores ahora.
Una imagen de ella desnuda en su cama pasó a través de él tan
rápido, que casi pudo sentir su piel contra la suya.
Durante un momento no pudo respirar y de hecho tuvo el
momentáneo temor de poder estar babeando.
Ella frunció el ceño ante el oficial mientras se detenía frente
a él.
—¿Qué está pasando?
Te quiero desnuda…
Sí, esto era una mala idea cuando estaban en medio de una
crisis.
Aclarándose la garganta, desvió la atención de vuelta a las
fuerzas del orden.
—Estamos siendo registrados.
El pánico brilló en los ojos de ella, pero se contuvo.
—¿Por qué?
—Alguien informó que hacíamos actividades ilegales.
El oficial se volvió hacia ella.
—¿Quién es usted y qué hace aquí?
Devyn miró al hombre ante el afilado tono.
—Es mi ingeniera.
—¿Tiene papeles?
Alix sacó la identificación y se la dio.
El capitán apenas le echó un vistazo antes de devolvérsela y
volver a revisar la documentación.
Devyn le guiñó un ojo a ella. Está bien, le dijo con los labios
a espaldas del oficial.
Nada más hacer eso seis oficiales volvieron corriendo hacia su
capitán.
—Señor, tenemos un problema.
El capitán parecía absolutamente esperanzado, como si ya pudiera
imaginarse el ascenso que llegaría por arruinarles.
—¿Encontrasteis algo?
—Sí, señor. La senadora Hyshian Claria Tninaloew está a bordo y
está… está realmente enfadada, señor.
—Enfadada es un término suave para lo que siento ahora mismo.
Alix se volvió para ver a la que tenía que ser una de las más
hermosas mujeres que jamás había existido. Alta, esbelta y majestuosa, Claria
tenía una suave e inmaculada piel oscura. Los ojos oscuros exploraron a los
hombres y mujeres frente a ella como si ya estuviera saboreando su castigo.
La senadora echó una malévola mirada escalofriante a los
guardias.
—¿Tengo un tiempo limitado para estar con mi marido y aquí tú y
tu gente os atrevéis a interrumpirlo con esta clase de mierda estúpida? Cómo os
atrevéis. Os quiero fuera de esta nave inmediatamente. Y para aquellos de
vosotros incapaces de comprender esa palabra, significa ahora.
Salieron corriendo literalmente de la nave.
Excepto por el capitán ejecutor. Se quedó allí, temblando.
—Perdonadnos, señora. No teníamos ni idea de que estabais a
bordo. Se nos dijo…
—No quiero oírlo. Vete antes de que avise a mis guardias y te
detenga con cargos.
Prácticamente dejó una estela de vapor tras de sí.
Devyn cerró los registros antes de volverse y sonreírle.
—Gracias, Claria.
Ella le dirigió una mueca de fastidio.
—¿Por qué, chicos, no os dedicáis a algo sano y seguro por una
vez como gestionar conejos, zapatillas o algo así?
—Eso no sería divertido.
Ella puso los ojos en blanco.
—No puedo creer que dejara que Sway viajara contigo. Debo estar
loca.
—Sí, pero me quieres.
—No, hoy no lo hago. Mejor vigila tu espalda, Kell. Podría no
estar aquí la próxima vez que quieran registrarte —miró a Alix y estrechó la
mirada—. Debes ser la nueva ingeniera.
Alix vaciló cuando un rotundo escalofrío le bajó por la columna
vertebral. Percibía que la esposa de Sway no pensaba bien de ella…
¿Sabía Claria que era una esclava?
—Lo soy.
La senadora inclinó la cabeza mientras pasaba una mirada
lentamente sobre el cuerpo de Alix de una manera bastante descortés. Con esa
mirada, hizo sentir a Alix menos que nada.
—¿En qué nave estuviste antes de esta?
Gusano inútil indigna de respirar el mismo aire que yo… Claria
no dijo las palabras pero su tono las transmitió en voz alta y clara.
Devyn gruñó:
—Claria…
Ella levantó la mano para silenciar a Devyn con un gesto
imperioso.
—No uses ese tono conmigo, Kell.
Devyn se envaró y se apoderó de él un aire verdaderamente
aterrador.
—No soy tu perra, Claria. Nunca me hables así —echó una mirada
de reojo a Alix—. Es miembro de mi tripulación. Si tienes un problema con ella,
lo tratas conmigo.
De la nada, apareció Sway. Antes de que Alix pudiera parpadear,
estaba entre Devyn y Claria. Agarró a Devyn por la camisa y le empujó hacia
atrás.
—No uses ese tono con mi esposa.
Devyn rompió el agarre y le devolvió a Sway el empujón.
—¿Quieres comenzar alguna mierda, muchacho? Vamos fuera.
—Oh, bien. Llego justo a tiempo para otra ronda de Gran
Sobredosis de Testosterona. Ooooh, Alix, Claria… ¿Alguien tiene palomitas? ¿O
tal vez debería traer a Taryn? Entonces podremos insultar su hombría y verle
estallar, también —el humor de Zarina tuvo éxito rompiendo la tensión mientras
los hombres se apartaban el uno del otro.
Devyn volvió esa mirada hostil sobre Zarina.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Yo también te quiero, Osito Pookie —alzó una bolsa—. Alix
olvidó esto.
Claria los observaba muy de cerca antes de volver su atención
otra vez a Devyn.
—Todavía quiero saber algo sobre ella, Devyn. Y teniendo en
cuenta el hecho de que tu hijo está a bordo de esta nave, tú también deberías.
Así que eso era lo que estaba pasando…
Claria sospechaba de ella. Genial. Simplemente genial. Eso era
todo lo que necesitaba. No es que la mujer no debiera desconfiar, ya que ella
estaba aquí para arruinarlos.
Pero aún así…
Alix alzó la barbilla con un orgullo que realmente no sentía
ahora mismo.
—El Starfire. Era un carguero propiedad de mi padre, que murió
hace dos semanas. Era un patético alcohólico que rara vez hacía el papeleo.
Vivíamos fuera de la red porque era un conspiracionista de La Liga que se
despertó un día después de una borrachera de cuatro días con un tatuaje en el
brazo que parecía un código de barras de alguna clase. Juró que se lo había
puesto ahí un soldado de La Liga y que se estaban preparando para rodearnos a
todos nosotros y esclavizarnos. Personalmente creo que nuestro artillero lo
hizo para ajustar cuentas, pero mi padre no prestó atención. ¿Qué más quieres
saber?
No lo habría creído posible, pero Claria se las arregló para
parecer aún más soberbia.
—¿Dónde fuiste a la escuela?
—No lo hice. Una vez más, mi padre no pensaba dejar un rastro
para localizarnos y no creía en la educación de las mujeres.
En realidad, eso no era cierto. No creía en la educación de la
propiedad, y para él las mujeres eran propiedad, así que…
—Entonces ¿cómo sabes leer?
Devyn dio un paso adelante.
—Claria…
—Está bien. —Alix se negó a parpadear mientras se encontraba con
la penetrante mirada de la senadora, estaba segura que la usaba para intimidar
a gente mucho más importante que ella—. Aprendí sola porque estaba cansada de
que la gente me llamara estúpida. Usaba el buscador verbal online para
encontrar los textos que necesitaba y pasaba a través de ellos hasta que pude
hablar y leer en seis lenguas, incluida la universal. No tengo ningún título y
no tengo entrenamiento formal. No tengo ahorros ni dinero. Nada excepto un saco
lleno de ropa gastada al que llamar propio —tragó saliva—. Y es obvio que no
crees que sea lo suficientemente buena para estar en esta nave con tu marido.
Lo entiendo y está bien. Tampoco mi padre pensó nunca que fuera lo
suficientemente buena para su nave.
Con estas palabras, salió pasando a Claria y se dirigió a su
habitación para que la mujer no pudiera ver realmente lo herida que estaba.
Devyn miró a Claria.
—Eso fue cruel.
Claria se negó a retractarse o disculparse.
—No sabes nada sobre ella.
—Y te dije que lo averiguaría. No tenías que humillarla de esa
manera.
Ella miró a Zarina.
—¿Me ayudarás con esto?
Zarina alzó las manos en señal de rendición.
—Sin ofender, pero estoy aparte en esto. Acabo de pasar la tarde
con esa mujer y realmente me gusta. Es muy dulce y sin pretensiones.
Claria les frunció los labios.
—Ambos sois tontos y no voy a dejar a mi gatito con vosotros.
Devyn aspiró el aliento con fuerza ante la palabra “gatito”, un
término despectivo Hyshian de propiedad. ¿Se había dado siquiera cuenta de su
desliz?
Por la actitud de Sway, era obvio que él si lo había captado.
Claria giró la cabeza hacia su marido y, en un tono que era un
grave error, dijo:
—Recoge tus cosas. Te voy a llevar a casa conmigo.
Sway se congeló.
—No me voy.
Ella cerró la distancia entre ellos y le susurró al oído, pero
su furia era tan grande que Devyn fácilmente oyó las palabras.
—Harás lo que te diga y no discutirás conmigo. ¡Ahora muévete!
Devyn le indicó a Zarina que le siguiera para poder darle
privacidad a Sway y Claria. Conocía a su amigo lo suficiente como para adivinar
que iba a desatarse una infernal batalla, y sería peor para Sway si hubiera
testigos de la misma. Sway podría luchar hasta la muerte para defender a su
esposa, pero ni siquiera ella podía ordenarle así.
Sway odiaba las órdenes tanto como él. Probablemente más aun,
dada la forma en la que había crecido Sway. Ese era el porqué no se quedaba con
la familia de Claria, algo habitual en los maridos que no tenían hijos. Que los
dioses ayudaran a sus parientes femeninas si pensaban que podían persuadirle.
En su planeta, Sway sería golpeado cada hora por su
insubordinación.
Tan pronto como cerraron las puertas blindadas y se desplazaron
por el pasillo, Zarina arqueó una ceja.
—¿Qué parásito hostil está excavando a través del esfínter de
ella?
—Ni idea, pero no ha hecho un uso prudente de su autoridad. Sway
odia ser cuestionado incluso más que ella.
—¿Debimos dejarlos solos?
—Definitivamente. No va a hacerle daño y será capaz de calmar su
temperamento si la autoridad de ella sobre él no está siendo cuestionada en
presencia de testigos.
Zarina negó con la cabeza.
—No puedo imaginar ser propiedad de alguien. Tiene que ser
horrible.
—Te puedo decir por mi temporada en La Liga, que apesta. Odiaba
estar bajo control de otro.
Ella le echó una mirada perpleja.
—Todavía no sé por qué lo hiciste.
Él suspiró al recordar la estupidez de su juventud.
—No quería estar encerrado dentro de un hospital, bajo el
control de los administradores y la mierda burocrática. Tus hermanos se
alistaron y parecían felices, así que pensé en darle una oportunidad.
Ella se rió de él.
—Mis hermanos eran y son asesinos, Dev. Hay una gran diferencia.
—Me doy cuenta de eso… ahora.
Ella le acarició suavemente el brazo.
—Sabes, hay veces en las que “eres tonto” simplemente no lo
suficiente.
—Gracias, Rina.
—No hay de qué. Así que, ¿vas a dejarme viajar ahora contigo?
—Infiernos, no.
Ella sacó el labio en una mueca que nunca había fallado
doblegando a sus hermanos o a su padre a sus caprichos.
—Vamos, Dev, sé la dulzura que sé que puedes ser. Sería una gran
adición a tu tripulación.
Afortunadamente, él era inmune a su mirada triste.
—Infiernos. No —repitió con más fuerza—. Tu padre me mataría y
el mío probablemente le ayudaría.
Ella suspiró.
—Apestas.
La puerta se abrió.
Sway entró, pero no había señal de Claria. Su cara era una
mezcla de ira y angustia cuando les miró.
—Esto no fue bien.
Zarina arqueó las cejas mientras él se detenía a su lado.
—¿Qué pasó?
—No soy una mujer, Reen.
Ella pasó una mirada confusa entre los dos.
—¿Qué significa eso?
Él no respondió mientras pasaba junto a su lado.
Ella miró a Devyn.
—Dale tiempo suficiente para encontrar algo de Fuego Tondarion y
tomar unos tragos de él. Entonces hazle esa pregunta. Hasta que no esté
cargado, no estará dispuesto a compartir sus sentimientos con nadie.
Ella puso los ojos en blanco.
—Estoy tan contenta de no ser un hombre —le dio la bolsa que
había traído para Alix—. Con respecto a eso, déjame ir a buscar a mi hermano y
llevarlo a una botella, también. Tal vez entonces se le afloje el nudo del culo
y sea humano de nuevo —besó a Devyn en la mejilla—. Cuídate.
—Tú también. Y hagas lo que hagas, no envenenes a Taryn. Todos
le echaríamos de menos si estuviera muerto —la acompañó a la puerta antes de ir
a buscar a Alix.
Alix se miró en el espejo, con ganas de morir. Se había quitado
todo el maquillaje y todavía no ayudaba.
«Eres fea y patética…»
¿Por qué no podía sacarse la voz de su padre de la cabeza?
«No eres más que una esclava inútil. No eres apta para estar con
tus superiores».
A veces podía olvidar eso, pero todo lo que necesitaba era una
mirada de alguien como Claria y se sentía tan débil como cuando su padre la
pisoteaba.
Llamaron a la puerta.
Sacudiéndose el pelo del nudo que se había puesto para
mantenerlo fuera de la cara mientras se lavaba, cruzó la habitación y abrió.
Devyn se congeló cuando vio a Alix. Su cara estaba rosada como
si se la hubiera frotado fuerte. Pero era el dolor en sus ojos lo que le llevó
un malestar al pecho. Nunca había visto a nadie con un aspecto tan miserable.
Ella dio una inspiración entrecortada.
—Estaba a punto de hacer las comprobaciones, capitán. Siento
haberte hecho esperar.
La atrapó antes de que saliera por delante de él y tiró
deteniéndola. Ella clavó los ojos en el suelo.
Cogiéndola de la barbilla, la hizo enfrentar su mirada.
—¿Estás bien?
Alix tragó cuando vio la sincera preocupación en sus ojos. A
nadie que no fuera su madre y su hermana le había importado nunca cómo se
sentía. No sabía por qué, pero aquello la conmocionó.
—Siempre estoy bien.
—Claria no quiso hacerte daño. Sólo es sobreprotectora cuando se
trata de Sway.
La cosa era, que esta disculpa debería proceder de Claria, no de
él. Pero entonces, la senadora nunca se dignaría a pedirle disculpas a alguien
tan inferior como ella.
—Está bien —trató de pasarle, pero de nuevo él le bloqueó el
paso.
Cuando no habló, ella arqueó una ceja.
—¿Hay algo más?
—Nadie puede hacerte sentir inferior a menos que se lo permitas.
No seas estúpida, Alix —le pasó la mano ligeramente por la mejilla—. Y eres muy
hermosa. Sólo pensé que debías saberlo —dejando caer la mano, le dio la bolsa
que ella había olvidado.
Sin una palabra, se dio la vuelta y la dejó allí.
Alix se quedó mirándole mientras el corazón le latía con fuerza.
No sabía por qué le había dicho eso, pero la animó inmensamente.
Ojalá las cosas fueran diferentes…
Es demasiado buen hombre para que le traiciones.
¿Pero qué alternativa tenía? Matarían a su hermana y su madre si
no lo hacía.
Suspirando, miró la bolsa y se percató de una pequeña tarjeta.
La sacó, esperando que fuera de Zarina.
No lo era.
Tic tac. No seas estúpida.
Recuerda, te estoy vigilando.
PW
La ira la atravesó porque Whelms fuera tan estúpido como para
poner eso donde Devyn o alguien más podría haberlo visto. Pero más que eso era
el temor de cómo había metido la nota en su bolsa…
¿Podría verla en este momento?
Por supuesto que no.
Si sólo pudiera convencerse de eso. Pero por lo que sabía, podía
haber manipulado la alimentación de la nave…
No, si hubiera hecho eso, habría sido capaz de conseguir la
evidencia que necesitaba sin ella.
Y sin embargo entró en pánico.
Aterrorizada, destrozó la nota y se aseguró de que caía en la
tolva de la basura de camino a su puesto.
CAPÍTULO 7
—¿Alix? Tenemos un problema. ¿Podrías por favor venir al puente?
Acababa de colgar el vestido que Zarina había comprado para
ella, de un precioso color negro que era tan suave que debía ser pecado. Sabía
que nunca se lo pondría.
Pero Tempest podría algún día.
A condición de que sobrevivamos a esto.
—Voy, Vik. —Presionó el botón que cerraba el armario y salió. No
dudaba que era el “regalo” de Whelms lo que los otros habían encontrado.
Al entrar en el puente, vio a Devyn y Vik sobre un panel,
discutiendo una fuga de combustible.
Qué extraño era que Vik estuviera aquí después del lanzamiento.
Pero ese pensamiento se desvaneció mientras apretaba los dientes
cuando vio la fuga. Muchas gracias, idiota. Una perdida como esa podría
matarles.
Puso una mirada inocente mientras se enfrentaba a los hombres y
fingía no saber que le habían hecho a su nave.
—¿Qué está pasando?
Devyn señaló la zona roja en los esquemas de la nave.
—Nos estalló una junta y estamos perdiendo combustible por todas
partes.
Tuvo que obligarse a no reaccionar ante la estupidez de Whelms
cuando vio su otro regalo.
—Y nuestro sistema hidráulico, también.
Devyn se volvió con el ceño fruncido.
—¿Qué?
Ella apuntó al diagrama.
—Ahora no tienes híper-velocidad, y control del estabilizador
limitado. No practicarás ninguno de tus trucos de pilotaje hasta que lo
arreglemos. —Y si se cruzaban con algún residuo inesperado en el espacio,
tendrían dificultades para evitarlos, lo que podría suponer también la muerte.
Sí, Whelms no tenía unas ideas brillantes.
La frente de Devyn estaba fruncida por el desconcierto.
—¿Cómo se pudo hacer un preliminar de lanzamiento sin
contratiempo?
Ella esperaba que no pudiera detectar la mentira.
—Tal vez algo se rompió mientras estábamos en lanzamiento.
Él maldijo.
—¿Puedes arreglarlo?
—Puedo intentarlo.
La mirada de Devyn fue a Omari, que estaba durmiendo en la
silla, y ella vio el temor que brilló en los ojos oscuros. Ese instinto
protector la conmovió. A diferencia de su padre, Devyn moriría por proteger a
su hijo.
—Necesitamos estar plenamente operativos. Inmediatamente.
—Lo haré, capitán. —Se dirigió a la puerta solo para tener a Vik
siguiéndola.
Ella frunció el ceño.
—¿Necesitas algo?
—Voy a echarte una mano en caso de que lo necesites.
Genial. Justo lo que necesitaba. Algo más que la pusiera
nerviosa.
—¿No deberías estar en tu puesto?
—Lo estaba, pero la fuga estaba interfiriendo con mi enlace, y
por eso salí a decirle a Devyn lo que estaba pasando y ver si él podía
repararlo.
—Encuentro extraño que sepas tan poco del mantenimiento de la
nave.
—¿Porque soy un androide?
Ella asintió.
—No es diferente a que tu no seas un médico. Solo porque seas un
ser humano no significa que tengas una habilidad innata par realizar cirugía en
los de tu propia raza o incluso tratar una enfermedad leve, ni que decir de
algo más serio.
—Cierto, pero tampoco puedo cargar un programa y aprender algo
extremadamente complicado en unos pocos minutos.
Él presionó los controles del ascensor.
—Tampoco puedes ser pirateada por esquemas, diagramas y
vulnerabilidades del sistema.
Ella se detuvo ante eso.
—¿Qué?
Él entró y presionó el botón del piso inferior.
—No tengo conocimiento autónomo del trabajo de la nave debido a
que el padre de Devyn teme que alguien pueda piratear una de mis bases de datos
y usarla contra Dev. De hecho, no tengo conocimiento de las debilidades de
Devyn, historial médico o nada que pudiera ser usado en su contra. Omari
tampoco, para el caso.
Ahora eso la sorprendió.
—¿En serio?
Él asintió.
—Entonces ¿cómo controlas la seguridad de la nave?
—Tengo que estar enchufado a la nave para verlo. Todo va a un
caché temporal mientras estoy allí. Una vez separado de mi puesto, los datos se
eliminan.
Así que esa era la verdadera razón por la que estaba tan
limitado cuando iniciaban el vuelo. Ahora todo tenía sentido.
—¿Tan paranoico es su padre?
—No. Su padre es muy inteligente. Syn comprende a las
computadoras y los androides a un nivel aterrador. Hay veces en las que me
pregunto si es más androide que yo. Sabe exactamente como violar una red segura
y encriptada y saber cosas de la gente que te sorprenderían. Nunca he visto a
nadie como él. Puede controlar el universo entero con unas pocas pulsaciones de
teclado bien realizadas.
Se le cayó el estomago al suelo al considerarle haciendo una
búsqueda en segundo plano sobre ella.
No entres en pánico. No hay manera de que pueda piratear el
sistema del gobierno. Merjack había asegurado que habían eliminado todos los
rastros de su pasado.
Ahora era un fantasma, y ni siquiera un pirata podría encontrar
su historial.
Devyn recogió el comunicador mientras continuaba escaneando la
nave en busca de otros problemas. Comprobó el identificador de número y vio el
número de sus padres. Poniéndoselo al oído, pulsó la tecla de encendido.
—Hola, mamá.
—Es la otra unidad parental. No tan bonita o feroz como tu
madre, pero amorosa no obstante.
Sonrió al oír la profunda voz de su padre en el oído.
—Lo siento, papá. Es esa hora del día. Solo asumí que eras mamá
queriendo comerme.
Su padre se echó a reír.
—Sí, y querrá eructarte también, estoy seguro.
—Probablemente. Así que ¿encontraste a nuestro fantasma?
Su padre titubeó antes de responder.
—¿Está por ahí para escuchar algo?
—No.
—Bien, porque definitivamente hay algo raro sobre su situación.
Devyn se miró el cronometro. En menos de dos horas desde que
había pedido la búsqueda ya tenía una respuesta… que podría ser un record
incluso para su padre.
Y pensar que los “expertos” de Claria no habían encontrado nada
después de días de búsqueda.
—Ilumíname.
—Su padre, Tyson Gerran, era el típico carguero, debiendo su
culo a media docena de acreedores. Provenía de las filas más bajas del desierto
Kronobian y es hijo de una tribu nómada de Boudins. Su padre le vendió al
ejército cuanto tenía diecisiete años y fue reclutado para la tripulación del
Águila de plata.
—¿Una nave de La Liga?
—No. Militares locales estrictamente. Su historial es pacífico y
suave. Nada fuera de lo común, en un sentido u otro. Realizó quince años de
servicio y obtuvo su libertad. Luego volvió por su padre y vendió a ese
bastardo, junto con su madre y sus hermanos menores, a la esclavitud y utilizó
el dinero que hizo para el pago inicial de su propia nave.
Devyn aspiró aire ante una traición tan cruda que apenas podía
comprenderla.
—Maldición, es frío. Pero ¿qué tiene que ver con Alix?
—En pocas palabras, es una esclava. Al igual que su madre,
Doria, y su hermana de quince años, Tempest. Todos pertenecían a su padre, que
marcó a sus hijas en el mismo momento en que nacieron… hasta que hace unas
pocas semanas fue ejecutado por contrabandista.
Devyn se iba quedando helado a medida que cada revelación le
pegaba como un golpe físico. ¿Solo cuantas mentiras más le había dicho?
¿Alix tenía una hermana viva?
¿Una madre?
Y era una esclava…
—¿Por quién fue ejecutado?
—Los Rits.
El corazón de Devyn dejó de latir ante el tono de su padre. Su
padre era un Ritadarion… uno que no era amigo de ese gobierno desde que él y la
madre de Devyn habían derribado su casa gobernante varios años antes de que
Devyn hubiera nacido.
Esto se estaba poniendo más feo a cada minuto.
—No crees que sea una coincidencia.
Su padre se burló.
—¿Y tú?
—Realmente no. No creo en ellas.
—Sabía que te había criado bien.
Eso hizo, y justo ahora, cada instinto de Devyn estaba en máxima
alerta.
—¿Averiguaste algo más?
—Estaba programada para ser subastada, junto con su madre y
hermana. El gobierno Rit lo suspendió literalmente justo antes de que fueran
arrastradas a la plataforma.
—¿Por qué?
—De eso, no hay registro. Solo se muestra la subasta cancelada.
Devyn dejó escapar un lento suspiro. ¿Eso no era interesante?
—Entonces ¿quién es su dueño?
—El gobierno Rit. Respaldados por las deudas de su padre, ya que
les debe el costo de su juicio y ejecución. Tienes que adorar a los Rits y su
sentido de la ironía.
Hijo de puta…
Eso solo dejaba a Devyn con una conclusión sobre todo esto.
—Es una espía.
Su padre hizo un sonido de conformidad.
—Apostaría dinero a que Merjack la está utilizando para obtener
información sobre ti para poder usarla y freírte.
—¡Mátala, bebé! No dejes que esa perra te haga daño.
Devyn sonrió ante la orden sedienta de sangre de su madre que le
gritaba desde el otro lado de la habitación. Dios amaba a esa mujer, tenía un
gatillo en su temperamento que no tenía rival. Él era la única persona que la
frenaba.
—Dile a mamá que no se preocupe.
—Es más fácil decirlo que hacerlo. Ya está preparada y lista
para reunirse contigo en la próxima parada para poder matar a Alix ella misma.
He tenido que desarmarla tres veces desde que comencé la búsqueda, que es por
lo que me tomó tanto tiempo encontrarlo todo. Estas haciendo mi vida un
infierno, amigo. No salgas lastimado o nunca lo superaré.
—Estoy en ello.
Su padre le dedicó una risa sarcástica.
—Es en serio, no se a que juego están jugando. Pero sabes cuánto
le gustaría a Merjack tener un pedazo de nosotros. Quédate fuera del territorio
Rit hagas lo que hagas.
—No te preocupes. Un hombre sabio me enseñó una vez que un
enemigo conocido es mejor que uno desconocido, y siempre que sepas con quien y
que estás tratando podrás manejarlo.
—Sí, pero lo que yo estoy dispuesto a enfrentar y lo que estoy
dispuesto a dejar que mi hijo enfrente son dos cosas completamente diferentes.
Ve con precaución en cada paso del camino.
—Así lo haré, papá. Lo prometo. Os amo chicos. Hablaré contigo
mas tarde.
—¡Lanza a esa perra en una bolsa de aire antes de que sea
demasiado tarde!
Sacudió la cabeza ante el tono enfadado de su madre.
Su padre suspiró.
—Te queremos también. Si necesitas cualquier cosa, llama.
—¿Devyn, bebé? —Su madre debía haber arrebatado el enlace a su
padre. Su voz ahora se escuchaba clara en su oído y era alta y letal—. Mátala,
¿me oyes? No arriesgues tu seguridad. Quiero su corazón en mis manos. No te
atrevas a dejar que tu compasión te gobierne. Sácala antes de que te haga daño
a ti o a Omari.
—¿Ese es tu consejo maternal?
—Absolutamente. Aunque sólo te arranque un pelo de tu cabeza, la
destrozaré en tantos pedazos, que rogará para que la mate. Nadie toca a mis
bebés.
Devyn tuvo que contener una risa ante la amenaza que sabía que
estaba más que dispuesta a cumplir. Como su padre había dicho, su madre era
pequeña, pero feroz.
—Está bien, mamá. Ahora tengo que irme. No puedo matarla
mientras estoy hablando contigo.
—Esto no es una broma, Devyn —le espetó.
Él echó una mirada a Omari, que ahora estaba roncando mientras
Manashe dormía sobre sus botas.
—Créeme, lo sé. Voy a manejarlo. No voy a poner en peligro a
Omari más de lo que tú me pondrías a mí en peligro.
—Bien. Te quiero, precioso.
—Yo también te quiero.
—¿Y?
Él se encogió. La única cosa que odiaba de hablar con su madre…
La única penosa y detestable cosa en la que ella insistía…
Hizo un sonido de besos.
Ella le devolvió el beso.
—Buenas noches, bebé. Duerme en paz… después de que mates a esa
perra.
—Buenas noches, mamá. —Desconectó y se pasó una mano por el pelo
mientras debatía sobre lo que debía hacer.
¿Enfrentarlo o esperar?
Si enfrentaba a Alix, solo mentiría de nuevo. En ese punto,
había perdido la cuenta de cuantas mentiras habían venido de ella.
Pero si esperaba… podría ser capaz de devolverle la pelota a
Merjack. El hombre odiaba a sus padres. Incluso a pesar de que el padre de
Merjack casi había matado al de Devyn había arruinado la vida de Syn en la
primera mitad de la misma Merjack todavía quería su sangre.
¿Y para qué?
¿Debido a que el abuelo y el padre de Merjack habían cometido
asesinato, y que el padre de Devyn había descubierto la evidencia y había sido
llevado a la justicia por ello?
Era evidente que la cordura corría poco profunda en su acervo
genético.
Pero eso no le importaba en ese momento. Lo hacía el derrocar al
traidor que tenían entre ellos.
Y ahora que lo pensaba… jodida misericordia y retorcido engaño.
No estaba en su código genético jugar con la cabeza. Devyn Kell podría ser un
montón de cosas, pero un cobarde no era una de ellas.
Ya era hora de enfrentar al diablo en su medio y hacerla
chillar. Podría haber sido sorprendido por Clotilde.
Pero esta vez, la ventaja estaba con él.
—Así que ¿Devyn tiró toda su carrera militar por salvar a Omari?
Asintiendo, Vik la ayudó a reparar el sistema hidráulico, que
era de lo único que podía hacerse cargo sin piezas de repuesto. Estaba
desviando las bobinas lurine para compensar. Si fueran atacados, les daría el
impulso y la estabilidad que necesitaban sin destrozar los motores.
Vik alzó la línea más alta para que ella pudiera llegar a la
rosca.
—Ama a ese chico más que a nada.
Ella frunció el ceño ante el susurro.
—¿Pero no encuentras el concepto de amor inusual?
—No, en absoluto. Entiendo el amor completamente. Es el odio el
que me intriga. No entiendo como encuentra placer en la crueldad.
Ella se detuvo para mirarle.
—Sabes, Vik, a veces eres increíblemente humano.
—Lo sé. Pero me pregunto si los sentimientos que tengo son
reales o solo simulaciones eléctricas en mi córtex que simulan la emoción
humana. Me gustaría saber si son reales o imaginarias.
Alix le sonrió.
—Y eso te hace completamente humano, cariño. Todos tenemos esas
dudas.
—¿De verdad?
—Cada día. De hecho, mi madre siempre dice que las emociones son
lo que los dioses nos dieron para distraernos del dolor de la vida. Son las que
hacen la vida llevadera y lo que nos mantiene sin importar lo difícil que se
ponga.
—¿Y qué pasó con tu madre?
Ella se dio la vuelta para encontrar a Devyn detrás de ellos.
¿Cuándo había llegado? No comprendía por qué se enfadaba tanto con Zarina
cuando era tan silencioso cuando se movía.
Preparándose para el engaño, ella dejó caer la mirada de nuevo
sobre su trabajo.
—Murió.
—¿Cuándo?
Vik le frunció el ceño.
—¿Estás bien, Devyn? Siento una elevación en tu ritmo cardiaco.
—Estoy bien. ¿Por qué no te vas a conectar y comprobar las cosas
por mí? Quiero ver si hay alguna cosa más que no funcione correctamente.
No había duda sobre la acusación del tono. De alguna manera
estaba sobre ella. Lo sabía.
Vik le entregó la llave en la mano y les dejó solos.
Alix tragó mientras un escalofrío helado le recorrió la espalda.
Algo no iba bien.
¿Cómo lo sabe? ¿Qué le había dado un indicio de su traición?
Más allá de las sensaciones recogió su hostilidad. Podía verlo
en las profundidades de esos ojos oscuros. Verlo en la manera en que tenia
apretada la mandíbula.
Definitivamente lo sabe.
—¿Hay algún problema, capitán?
Él se acercó más a ella con el paso de un depredador feroz. El
aire a su alrededor se estremecía por la furia contenida, haciéndola sentirse
atrapada. Sofocada. Si no estuviera en su nave, habría corrido. Pero no había
un lugar para esconderse donde no pudiera encontrarla.
—Tengo curiosidad.
Ella trató de actuar con indiferencia ante la frialdad del tono.
—¿Acerca de qué?
—De ti.
Estás tan cansada.
No entres en pánico. No lo sabes con seguridad. Es tu paranoia
nerviosa. No hay manera de que pueda saberlo todo.
Sí, claro. El sudor le perlaba la piel mientras sentía el aire
entre ellos espesarse con la furia creciente y el miedo de ella. Era demasiado
consciente de lo enorme que era.
Cuan peligroso.
—Háblame de tu madre, Alix. ¿Cómo murió?
Ella se humedeció los labios mientras una gota de sudor le
corría por la espalda.
—No me gusta hablar de mi madre.
Devyn quería estrangularla. Tanto como para jugar fríamente.
Había tenido buenas intenciones, hasta que la vio hablando tan cómodamente con
Vik. Encantando al androide. Tan pronto como se les acercó, su genio se
encendió.
Maldita sea, soy como mi madre. Suicida en el momento en que mi
temperamento golpea.
Su padre habría mantenido la calma y jugado con ella hasta que
confesara. Desafortunadamente, prefería sacarla la verdad sacudiéndola.
Un velo cayó sobre su rostro mientras le enfrentaba.
—Lo sabes, ¿verdad?
Miente. Dale una dosis de lo que ella te dio. Pero no estaba en
él jugar a esos juegos. Era un soldado, no un político.
—Sí, lo sé todo sobre tu madre y tu hermana.
Alix quería llorar mientras oía la ira en su voz. El temor la
atenazó. Ella amenazaba a su tripulación.
A su hijo.
Eso solo justificaría que él quisiera su sangre.
—Entonces ¿qué vas a hacer conmigo?
—Eso depende.
—¿De?
—De que me ayudes o no.
Sus palabras la pillaron con la guardia baja. ¿Qué podría querer
de ella?
—No lo entiendo. ¿Ayudarte a hacer qué?
—Merjack te envió tras de mí, ¿no?
Ella asintió. No tenía sentido protegerle o siquiera mentir. No
ahora.
—Entonces quiero que me ayudes a derribarle. Fuertemente.
Ella se burló ante su oferta. Como si…
—No puedo hacer eso. Matarían a… —se mordió los labios para
evitar decir nada más.
—¿Tu madre?
Ella hizo una mueca y asintió.
—Y mi hermana. No puedo dejarlas morir o ser violadas, lo que es
otra amenaza por lo que no debería cooperar.
Las aletas de la nariz de él llamearon mientras esos ojos
oscuros la chamuscaron.
—Deberías habérmelo dicho.
—Ni siquiera te conozco, Devyn. En realidad no. ¿Por qué debería
confiar en ti de todos modos?
—Porque hice un juramento de ayudar a la gente. De protegerlos
de La Liga y de cualquier gobierno corrupto.
—Sí, y conozco a la gente mejor que eso para creerlo ni siquiera
un instante. El altruismo está muerto. La gente te usa y toma hasta que no eres
nada excepto un cadáver ensangrentado a sus pies.
Devyn apretó los dientes ante lo que ella describía. Tenía
razón, el mundo era duro. Pero no todo el mundo era un animal.
—Afortunadamente para ti, no es así. Si lo fuera, estarías
siendo lanzada al espacio ahora mismo.
Él vio la duda en sus ojos.
—¿Realmente no me vas a matar?
Una parte de él se sentía como un canalla por asustarla, pero
ella necesitaba ese temor. Porque al final, si todo se redujera a ella u Omari
o Sway o Vik, ella perdería. Sin dudas.
—Eso depende de ti.
—Definitivamente voto que no me mates.
Él lo encontraría más divertido si no estuviera tan cabreado.
—Entonces ¿qué le hiciste a mi nave?
Alix alzó las manos. No le digas nada… Pero en ese punto, él lo
sabía todo. Toda mentira no haría más que meterla en más problemas.
—Mira, tú hiciste tu juramento y yo también. Desde el día en que
nació Tempest, he sido la que la protegía de lo que mi padre y los otros
hombres de nuestra dotación le harían. Justo ahora, está sola y en peligro.
Ella y mi madre. Júrame sobre la vida de Omari que las ayudaras y te lo diré
todo.
—Acabas de decir que no confías en la gente. ¿Qué diferencia
habría en mi juramento?
—Amas a tu hijo. Lo sé. —Parpadeó para apartar las lágrimas que
le llenaban los ojos—. No tengo a nadie en este mundo, Devyn. Nadie. Soy la
única y mi familia depende de mí. Si algo les pasa debido a mí… —Sus palabras
se rompieron en un sollozo por todas las semanas de abuso, humillación y terror
combinado en su interior.
«¡Alix! ¡No dejes que me lleven, por favor!» La visión de la
cara de Tempest mientras se estiraba hacia ella estaba marcada al rojo en el
corazón. Los hombres de Merjack las habían separado. Sin embargo, los gritos de
su hermana habían resonado y estaban grabados dentro de ella ahora.
Ese recuerdo finalmente tuvo éxito en hacer que las lágrimas
corrieran.
Devyn se tensó cuando ella se puso a llorar. Su primera reacción
era de rabia por ser manipulado. Era algo que Clotilde siempre había prefijado.
Pero su dolor no era fingido. Sus sollozos venían de muy adentro y le
atravesaban las entrañas.
Antes de poder detenerse, la cogió entre los brazos.
—Está bien, Alix. Todo está bien.
—No, no lo está. —Se apartó de él—. Estoy tan cansada de esto.
Cansada de ser la que tiene que conseguir las soluciones. Y no sé qué hacer
ahora. —Le miró y él vio la desesperada sinceridad en sus ojos—. ¿Crees que
mentirte ha sido fácil? No es así. No me gusta usar a la gente y odio mentir.
Eres un buen hombre. El único que he conocido nunca. Pero no puedo dejarles
matar a mi familia más de lo que tú puedes salvarme si eso significa ver a
Omari maltratado y asesinado. —Se apartó con enojo las lágrimas—. Quiero la
cabeza de Merjack de una forma que no te puedes imaginar. Si me juras que me
ayudaras a conseguirlo, entonces confiaré en ti.
Devyn la atrajo de nuevo entre los brazos y besó las mejillas
húmedas. Cerrando los ojos, inhaló el aroma de ella y debatió la cordura de
confiar en ella. Clotilde le había arrancado el corazón.
¿Cómo podía abrirse a Alix después de eso?
Y sin embargo, comprendía su motivación. Habría hecho lo mismo.
—Déjame contarte una historia, Alix —la apartó para mostrarle
los alrededores de la nave—. Esta nave… ¿la Talia? Se llama así por la hermana
mayor de mi padre.
Tragó saliva al ver la imagen del infantil rostro de su tía
maltratado mirándole desde la única foto que su padre tenía de ella.
—Se suicidó cuando tenía catorce años debido a que no podía
soportar seguir viviendo con el horror de su vida otro día. Con su muerte,
condenó y liberó a mi padre del monstruo de su padre. Nunca conocí el dolor de
la vida de ella o de él. Pero llamé a esta nave como a ella para recordarme a
todos los niños por ahí fuera como ella y Omari… niños como tú y tu hermana que
permanecen en silencio con su dolor. No tienen voz ni esperanza.
Él le dirigió una dura mirada.
—Pero yo les oigo. Cada vez que pienso en mis padres. Cada vez
que veo a Omari, oigo los sollozos contenidos por temor de que hagan sus vidas
peor, y no voy a esperar y ver a tu hermana desgarrada por un animal. Ayúdame a
derribarle y te lo juro, derribaré a Merjack a tus pies y le mantendré allí
mientras te tomas tu venganza.
Alix se mordió el labio al oír las palabras que nunca había
pensado oír. ¿Realmente las quería decir?
Tragó saliva.
—Voy a confiar en ti, pero sé que no está en mi naturaleza. Si
me traicionas…
—No te traicionaré.
Ella extendió la mano para ahuecarle la áspera mejilla con la
mano. Confiar era tan difícil…
Creo en ti, Devyn.
—No hice nada en tu nave. El agente de Merjack, el teniente
Whelms, lo hizo. Quiere que yo te tenga aterrizando en la estación Charisis
para las reparaciones. Se supone que tendré la evidencia que él pueda usar para
poder arrestarte.
—¿Y si no puedes conseguir la evidencia?
—Quería que yo las fabricara.
La mandíbula de él hizo un tic bajo su mano.
—¿Incriminarme?
—De acuerdo con Merjack, llevarte ante la justicia.
Él gruñó bajo en la garganta mientras se apartaba.
—Ese sórdido bastardo. Te das cuenta de que si me arrestan, eso significa
que toda la tripulación será derribada, incluida tú.
—Me ofrecieron inmunidad para testificar en tu contra.
—¿Y les creíste?
—No. No soy tan estúpida. Estoy segura que de alguna manera
terminaré siendo vendida de nuevo. Es lo que soy, ¿verdad? Propiedad sin valor.
Vio la humillación en sus ojos mientras decía eso, y aunque
pudiera estar enfadado por lo que ella había hecho, no quería que ella
escuchara esas voces inolvidables.
—No eres una persona sin valor, Alix. Pero en este momento,
tengo que decir que no me gustas demasiado como antes de que todo esto saliera
a la luz. No me gusta que jugueteen conmigo o ser traicionado.
Alix se abrazó a sí misma cuando esas palabras la golpearon como
un martillo. Él había matado a la última mujer que se había atrevido a hacerle
eso pero al menos no iba a matarla a ella. Todavía.
?Así que, ¿Qué vamos a hacer?
Sus ojos brillaron con malicia.
?Vamos a poner nuestra propia trampa.
CAPÍTULO 8
—Creo que deberíamos matarla.
Devyn le dirigió a Sway una mirada dura mientras se sentaban
alrededor de la mesa del consejo para idear un plan de acción.
—¿Qué? —Sway en verdad logró parecer inocente, dentro de su
sangre fría y crueldad—. Ella me fastidió el día por completo. Hizo que me
peleara con mi mujer y ahora me dices que es una espía enviada para meternos a
todos en la cárcel. ¿En qué parte de “mata a tus enemigos antes de que ellos te
maten” te dormiste? Tu padre fue un asesino, igual que mi madre. No me quieras
engatusar ahora, chico. Sabes lo que harían si estuvieran aquí. Caramba, tu
propia madre la despedazaría, le escupiría en pedazos y sin pestañear.
—Tienes razón —Alix estuvo de acuerdo—. Ninguno de vosotros
tenéis ninguna razón para ayudarme. ¿Por qué debería importaros? —hizo un clic
en la pantalla de vídeo y apareció una foto de una chica adolescente.
Una que tenía un parecido espeluznante con Alix excepto que su
hermana tenía una cualidad casi angelical en sus facciones.
—Esa es mi hermana pequeña, Tempest Elenari Gerran. Su
cumpleaños fue anteayer. Cumplió los dieciséis años en prisión con mi madre.
Puedo estar equivocada, pero apostaría a que cuando vosotros llegasteis a los
dieciséis, tuvisteis una celebración con regalos y amigos deseándoos felicidad.
Hizo clic en la siguiente foto de una mujer de aspecto frágil,
de alrededor de la edad de la madre de Devyn. Con el cabello rubio salpicado de
gris retirado de la pálida cara. La derrota y la desesperación merodeaban en
los ojos gris pálido. A diferencia de sus hijas, que todavía tenían fuego en
las miradas, la de ella había sido rota por la dureza de su vida.
Alix se encontró con la hostilidad de Sway sin sobresaltarse.
—No sólo me matarás. Las matarás, también. Tempest está en la
edad del florecimiento sexual y es virgen. ¿Tienes idea de la primera cosa que
su nuevo dueño le hará cuando sea vendida? —Bajó la mirada hacia la mesa antes
de agregar—. No quiero que alguna vez conozca el horror que fue mi decimosexto
cumpleaños.
El estómago de Devyn dio un bandazo ante la idea.
Un tic comenzó en la mandíbula de Sway.
—¿De cuántos días disponemos para liberarlas?
—Me dieron tres semanas para conseguirlo, pero Wheims dijo que
quería algo sobre Devyn pasado mañana.
Devyn dejó escapar un aliento irritado.
—La Talia todavía corre a baja capacidad. He contactado con
Taryn. Él y Starla se dirigen para darnos apoyo en caso de encontrarnos con
algo desagradable mientras estemos en camino.
Sway se mofó de su eufemismo.
—Desagradable... ¿cómo cruceros de combate de La Liga para
ahorcar a una tripulación de idiotas?
Omari bufó.
—No somos todos idiotas, Sway. Sólo tú. Recuerda que pudiste
haberte ido a casa con Claire y elegiste quedarte con nosotros.
—Siléncialo, punk. No estoy de humor —Sway se giró de nuevo
hacia Devyn—. Starla está por llegar, ¿eh? ¿Estás de acuerdo con eso?
—No realmente. Pero no hay mucho que pueda hacer al respecto.
Alix miró ceñudamente ante el nombre poco familiar. Por la
mirada en la cara de Devyn, podría decir que había una historia entre ellos.
—¿Quién es Starla?
Sway sonrió burlonamente antes de contestar.
—La única hija de Darling Cruel y tercer lugarteniente al mando
de la Sentella.
Alix se quedó boquiabierta ante los nombres. Darling Cruel era
un aristócrata con fuertes lazos políticos que incluso Taryn envidiaba. Él
tenía bajo su mando a la Sentella, que era la organización más importante que
se oponía a la autoridad de La Liga. Excepto que, debido a que exteriormente no
quebrantaban ninguna ley, La Liga no podía suspender sus operaciones.
—¿Cómo conoces a los Cruel?
Devyn le transmitió una sonrisa.
—¿No has aprendido nada hasta ahora? Todos nosotros crecimos con
Starla y todos queremos estrangularla. Ella lleva todo al límite, en tu cara, y
tiene más testosterona que todos nosotros juntos.
Eso la confundió aún más.
—Si no podéis soportaros mutuamente, ¿por qué viene?
—Somos familiares y es una pelea. Nunca querría ser excluida.
—Ni tampoco yo.
Alix saltó cuando una nueva voz se agregó al grupo. Se dio la
vuelta en su silla para hacer frente al inesperado recién llegado.
Santo...
Era magnifico a un nivel inhumano. Alto y letal, tenía los ojos
grises más fríos que ella alguna vez hubiera visto. Vestido todo de negro,
tenía el pelo recogido hacia atrás en una floja cola de caballo. El cuello de
la chaqueta estaba levantado, con botones de plata que caían en una línea del
cuello a la cintura. Tenía un aire de gracia imperial y de feroz brutalidad.
Hizo que el vello de la nuca se le erizase.
Devyn no pareció estar tan intimidado mientras dejaba escapar un
sonido de disgusto absoluto.
—¿Qué estás haciendo aquí, Nero?
Él acercó una silla al lado de Omari y se recostó como si
poseyera la nave.
—Tu padre llamó y me envió con una pieza de repuesto. No te
quiere averiado ni durante un segundo. Debo también aquí, citar a tu padre:
“Jode a cualquiera que se abalance sobre ti” —Nero extendió el brazo y una
botella de agua se disparó del frigorífico de en medio de la mesa hacia su
mano.
Los ojos se le ampliaron mientras finalmente comprendía cómo
había llegado a estar en la nave y en la sala sin abrir una puerta.
—¿Eres Trisani?
Los Trisani eran una raza casi mítica de personas cuyas
habilidades psíquicas eran cosa de leyendas. Y los machos Trisani eran aún más
raros debido a que sus poderes eran tan fuertes que normalmente mataban a los
varones antes de que dejaran la pubertad.
Nero tomó un sorbo de agua antes de hablar otra vez.
—Encantado de conocerte, Alix.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Como notaste, soy Trisani —le guiñó el ojo.
Omari bufó.
—Sí, se cuidadosa con qué pensamientos hay en tu cabeza. Los
puede extraer sin siquiera intentarlo.
Nero le cruzó una mirada burlona.
—Y estaré tan emocionado cuando finalmente eches un polvo y
detengas los... Oh, espera, eres del sexo masculino. Nunca detendrás esos
pensamientos. Demonios, necesito encontrar un depurador.
Devyn se rió.
—Así es que ¿dónde está mi pieza?
—Ya la he instalado. No me sirve de nada traerla aquí y luego
dejarla en el suelo.
Sway dejó escapar un silbido bajo y apreciativo.
—Hombre, mataría por tener esos poderes.
Y ahí estaba el problema. Muchas personas lo harían.
Nero se frotó el pulgar a lo largo de la mandíbula.
—Así que, ¿qué proyectamos?
—El suicidio —Devyn se recostó en el asiento—. Me alegro de que
puedas unirte a nosotros para eso.
Nero puso los ojos en blanco antes de mirar a Omari.
—¿Cómo van tus estudios, deportista?
—No estoy muerto aún. Eso es algo bueno.
—Qué bien. Toda esa cosa de la combustión espontánea puede ser
un verdadero fiasco. También te jode la ropa. Tómalo de alguien que lo sabe
—Nero devolvió la atención hacia Devyn—. Así que, ¿mataremos a Merjack?
Alix estaba intrigada por el trastorno de déficit de atención
del hombre y la velocidad con la cual había ido de un tema al siguiente.
Pero Devyn no estaba tan sediento de sangre como Nero. O tal
vez, el término correcto sería estúpido.
—A menos que podamos encontrar una razón que podamos vender a La
Liga y conseguir una autorización para su asesinato, no podemos hacerlo.
Nero frunció los labios.
—Bah, eres el hijo de tu madre —escupió las palabras como si
fueran nauseabundas para él—. Confía en mí, Dev. Conozco más de doscientas
formas de matar a alguien y todas menos dos de ellas parecerán accidentes.
Alix sacudió la cabeza mientras se encontraba con el ceño
fruncido aturdido de Devyn.
—Te juntas con las personas más sedientas de sangre.
Nero la miró como si fuera estúpida.
—Es lo que ocurre cuando los asesinos engendran. Tienden a legar
genes de guerra directamente a sus hijos —se volvió a Devyn—. Te digo que ahora
mismo podría provocarle un aneurisma y nadie lo sabría.
Alix le hizo una mueca.
—¿No te molesta esa clase de asesinato en absoluto?
La mirada de él se volvió crispada.
—Dado todo lo que las personas me han hecho en mi vida, niñita,
especialmente en mi infancia cuando estaba desvalido contra ellos, la humanidad
tiene suerte de que no esté en una perpetua juerga de asesinato. Por lo que
respecta a los Merjacks... Les debo una que ninguna cantidad de violencia por
mi parte saldará. Así que, no. Nada sobre matarles me molestaría.
—Pero ésta no es tu pelea —dijo Devyn, apartando la mirada
helada de Nero lejos de ella—. Es la mía. Es mi familia detrás de la que va y
seré yo quien la resuelva.
Nero se mofó de la bravuconada.
—No seas estúpido, Devyn.
—No lo soy. Ésta es una contienda de sangre. El hombre no me
quiere a mí, quiere herir a mis padres. Terminaré con esto.
Nero negó con la cabeza.
—El aneurisma es más rápido. Simplemente es lo que digo.
Devyn no estaba divertido por su persistencia.
—Merjack necesita sufrir por lo que le hace a la familia de
Alix. Si él muere, serán aún esclavas. Legalmente, una posesión. Y serán
vendidas al mejor postor... Después de que hayan sido violadas. Tenemos que
liberarlas y luego lidiar con él.
Nero dejó escapar un sonido de disgusto supremo.
—Todavía no sé por qué no le puedo matar y después las compras a
ellas. No es como si no tuvieras el dinero, Dev. Los únicos que podrían
presentar una mejor oferta que tú son tu propia familia y ellos no se
atreverían. Incluso si lo hicieran, nunca las lastimarían, a ella o a su familia.
Devyn quiso estrangularle por su obstinación.
—Scalera, no es tan simple. A: el gobierno no tiene que
venderlas. Pueden optar por mantenerlas como esclavas y no hay nada que pueda
hacer al respecto. B: porque son esclavas propiedad del Gobierno, los Rits
podrían simplemente matarlas sin razón. La eliminación de la propiedad... que
es el pan de cada día para esos bastardos.
—Ese es un buen punto.
Alix miró a Nero.
—¿No puedes tele transportarlas a una zona segura? ¿Tal y como
hiciste con la pieza?
—No. La pieza no era orgánica o tan pesada. No se mueve y drena
mis poderes o pelea contra mí. Puedo aparecer dentro y fuera con personas, pero
para sacar a dos mujeres de allí la distancia que tendría que recorrer...
Quemaría mis neuronas cerebrales y me dejaría como un vegetal.
Sway rió.
—¿Eso sería diferente a tu estado normal?
Omari ignoró la puya mientras se inclinaba hacia adelante.
—Tal vez, ¿podríamos encontrar algo que Merjack quiera y
cambiarlo por ellas?
—Eso es tu padre, cachorro —dijo Nero mientras hacía rodar su
botella hacia delante y hacia atrás—. ¿Quieres hacer ese intercambio?
—Eh… Hoy no. No me ha disgustado mucho.
Devyn se acarició la barbilla como si considerara las opciones.
—Tiene que haber algo sucio en él. Su familia es demasiado
corrupta para que él sea el único inocente.
—La suciedad siempre está bien —Nero estuvo de acuerdo—. ¿Qué
crees tú?
—No estoy seguro. Déjame comentar con mi padre esto y ver lo que
puede averiguar acerca del pasado de Merjack. Tiene que haber algo que esconda.
Algo que podamos usar.
Alix lamentaba no poder creer en eso.
—Y, ¿qué pasa si estamos equivocados? ¿Qué pasa si no hay nada
sucio en Merjack?
—Oh, puedo contestar a eso —Omari levantó la mano como si
estuviera en una clase, después, la dejó caer al costado—. Todos nosotros
moriremos.
Nero bufó.
—Me encanta la angustia adolescente. A propósito, chico, hay
peores cosas en la vida que morir.
—¿Como qué?
Alix contestó antes de que Nero pudiera.
—Vivir como un esclavo.
Nero le envió una mirada que le dijo que comprendía exactamente
lo que quería decir, y la hizo preguntarse si él compartía un pasado tan
similar al suyo para que lo supiera.
La garganta de Devyn se apretó por el dolor que oyó en la voz de
Alix. Quiso confortarla, pero este no era el momento para eso.
—Está bien, chicos y señorita. Tenemos un día y medio para tener
todo preparado. Merjack quiere pruebas y nosotros queremos a Merjack. Esperemos
que el mejor equipo gane.
Omari se aclaró la garganta.
—De otra manera, estamos jodidos.
Alix llamó al cuarto de Devyn. Probablemente no debería estar
aquí, pero quería hablar con él a solas y darle las gracias por una bondad que
nunca había esperado, especialmente después de haberle mentido.
La puerta se abrió.
Devyn estaba sentado en el escritorio frente a ella, donde
trabajaba en su ordenador.
—¿Qué puedo hacer por ti?
Estaba indecisa mientras entraba y cerraba la puerta.
—Sólo quería agradecerte el no arrojarme por una esclusa de aire
y por ayudarme a mí y a mi familia. Es algo que nunca esperé.
—Está bien. Ayudar a las personas es lo que hacemos.
—Sí, pero a diferencia de los demás, no tengo forma de pagarte
por ello.
Él se congeló como si acabara de insultarle.
—¿Crees que recibo pago por lo que hago?
—Por supuesto. Por eso trabajas. Se cobra bastante más que por
transportar.
Él frunció los labios.
—No he recibido y nunca recibiré un sólo crédito por lo que
hago. Realizamos misiones humanitarias para esos que no tienen nada. Lo que
hacemos se hace por compasión, no por lucro.
Alix estaba tan perpleja por su indignación como lo estaba por
las palabras.
—No entiendo. ¿Cómo puedes permitirte una nave como esta si no
se te pagan?
—Tengo mucho dinero, Alix. En el sentido más indecente de esa
palabra.
—No lo entiendo.
Su padre era un ladrón retirado y su madre una rastreadora. Por
más lucrativo que lo hubiera hecho su padre, esas no eran exactamente
profesiones que enriquecieran a las personas.
—Además, aparte de ser dueño de una parte de La Sentella, mi
padre posee Transportes Precisión.
Alix se quedó boquiabierta. Transportes Precisión era la
compañía de carga número uno en el universo. Tenían contratos con todo el
mundo. Literalmente.
—Y mi madre es copropietaria de Dagan Investment Group.
Eso la aturdió aún más. DIG era la organización de beneficencia
más grande que existía. Financiaban escuelas, cooperativas, hospitales… lo que
nombraras.
Su mirada penetró la de ella.
—La única persona en esta nave que recibe pago por lo que hace
eres tú, Alix. El resto de nosotros vivimos a base de nuestros recursos
financieros y destinamos esos fondos para nuestras misiones humanitarias. Hago
lo que hago porque no puedo soportar ver a la gente inocente intimidada por un
gobierno corrupto.
»No quiero ver a un bebé pasar hambre y morir porque algún
político gordo quiere introducir a sus padres en el suelo en busca de un
mineral que la mayor parte de ellos ni siquiera pueden pronunciar.
Se sintió enferma ante sus palabras y lo mal que le había
juzgado.
—Lo siento tanto, Devyn. No tenía ni idea. No puedo creer que
casi conseguí que te mataran.
—Bueno, no eres la primera persona en juzgarme mal. Dudo que
seas la última.
Sí, pero se sentía fatal mientras se acercaba más a él.
—No lo comprendo, entonces. Si no sacas ganancia de las
personas, ¿por qué La Liga va tras de ti?
—Simple. Yo era un soldado de La Liga que derroté a mi
comandante y a la mitad de mi unidad. El padre de Taryn, el Emperador
Quiakides, me libró de los cargos, pero no significa que La Liga no vaya
todavía tras de mí. Después de todo, burlar rápidamente un bloqueo de La Liga
cuando han cortado totalmente suministros para una población civil es
considerado traición. Atrapan a alguien haciendo eso y se acabó.
—¿Por qué acabaste con tu unidad?
—Querían que dejara a Omari para que muriera.
Estaba consternada ante eso.
—Vik me dijo que habías dejado La Liga para salvar a Omari, pero
no sabía que los habías atacado cuando lo hiciste. Pensé que estaba siendo
metafórico cuándo dijo que habías arruinado tu carrera por él —horrorizada,
negó con la cabeza—. ¿Cómo te pudieron pedir que abandonaras a tu propio hijo?
—Él no era mi hijo entonces. Era simplemente un niño herido,
llorando por su madre que yacía muerta en la zanja junto a él, víctima de un
ataque de La Liga. Fui criado para no herir a los niños. No importa lo que
hagan, deberían ser apreciados.
Clavó los ojos en él asombrada.
—¿Tienes un solo vicio?
Se rió mientras se recostaba.
—Más de los que quisiera.
—¿Cuáles?
El humor huyó de sus rasgos.
—Maté a la mujer con la que se suponía iba a casarme.
—Mientras estaba intentando matarte.
—Sí, pero la mayoría de los hombres no lo habría hecho. Tengo un
temperamento altamente sensible que explota. Y aunque tengo un código, mataré a
cualquiera que me amenace a mí o mi familia.
—Excepto Merjack.
—Merjack vive sólo porque quiero que esto se detenga. Le mato y
su hijo vendrá por nosotros, etcétera, etcétera. Mi meta es romper la cadena y
asegurarme de que cuando termine con Merjack, no tenga alguna vez las agallas o
la habilidad para perseguir a mi familia otra vez.
—¿Y si no puedes?
—No poder no está en mi vocabulario. Lo haré caer. Duro. Y esto
terminará la contienda de una vez por todas.
Un pequeño temblor de respeto mezclado con deseo le recorrió la
espalda. Le amaba cada vez que se ponía feroz, especialmente cuando protegía a
los que quería, la hacía desear haber nacido en una estación y tiempo
diferente.
Pero esos eran sueños estúpidos. Él era el hijo de un exportador
rico y ella una esclava sin valor.
Descorazonada, dejó caer la mirada hacia el marco de fotos en el
escritorio de Devyn. Una sonrisa jugó en los bordes de los labios mientras veía
a una hermosa mujer con el pelo castaño rojizo oscuro.
—¿Tu madre?
Él asintió mientras la pantalla parpadeaba para mostrar a una
pareja.
—Ese es mi padre con ella.
—Te pareces a él.
—Eso es lo que ellos me dicen, pero no lo veo. Excepto por
nuestros ojos.
La siguiente foto era de él y Zarina cuando era una niñita,
después una sucesión de fotos con él y dos varones rubios.
—Los hermanos de Zarina, Adron y Jayce —explicó.
—Tu familia es enorme.
—No me hables. No tuve privacidad mientras crecía. Adron siempre
iba a quedarse en casa porque quería espacio —se rió—. El chico vivía en un
palacio diez veces el tamaño de nuestra casa, la cual, no me entiendas mal, era
bastante grande, pero aún así…
Entonces, ella vio a Taryn y su gemelo, junto con varias fotos
de Omari creciendo.
Tocó una foto de él sujetando a Manashe cuando Manashe era un
cachorro.
—Omari es hermoso, ¿verdad?
—Sí. No podría estar más orgulloso o podría quererlo más si le
hubiera engendrado.
Alix sonrió ante el orgullo en la voz mientras se inclinaba para
besarle. Él arqueó una ceja por sus acciones.
—¿Estás poniéndote juguetona otra vez?
—Me pongo juguetona cada vez que estás junto a mí. En realidad,
no te puedo agradecer suficiente lo que estás tratando de hacer.
Sus ojos se oscurecieron mientras ella le abría la camisa.
—No tienes que hacerlo para agradecérmelo.
—No lo hago.
Estaba haciendo esto porque quería sentirse segura otra vez y el
único lugar donde alguna vez lo había estado, fue entre sus brazos.
Devyn se puso de pie y empezó a caminar hacia la cama.
Bajó la mirada de nuevo hacia las fotos y cuando apareció otra,
su sonrisa y su deseo murieron instantáneamente. Ella extendió la mano y congeló
la exposición.
No...
No podía ser.
Aunque no había equivocación en esa cara. Era una versión menor
del hombre, pero era él. Definitivamente.
Ella miró a Devyn con total horror e impacto.
—¿Por qué tienes una foto del teniente Whelms?
CAPÍTULO 9
Devyn se quedó en un atontado silencio. Su hermano le quería
muerto… No, no muerto.
Condenado.
¿Por qué?
Simplemente no lo podía creer. Nunca le había hecho nada a su
hermano. Demonios, ni siquiera conocía a Paden. Sólo las historias que le había
contado su padre.
—¿Estás bien?
Estaba completamente aturdido cuando vio el ceño fruncido de
Alix.
—En realidad no… ¿Estás segura de esto?
Ella asintió con la cabeza.
—Créeme, él me dejó huella. Ese hombre —señaló la imagen de
Paden— quiere tu cabeza en una bandeja. Vi su identificación y todo. Si Paden
Whelms es el nombre de tu hermano, entonces se supone que debo entregarte a él.
La última vez que lo había oído, el nombre de su hermano era
Paden Belask, pero era demasiado similar para no creerla. Después de todo, la
gente cambiaba sus nombres, y aunque nunca había conocido el apellido Whelms,
no significaba que no fueran la misma persona.
—No tiene ningún sentido. Nunca le conocí.
—¿No conoces a tu propio hermano?
Él negó con la cabeza.
—Mi padre le tuvo con su primera esposa. Después de su divorcio,
Paden no quiso saber nada de él, y yo nací después de que se hubiera hecho
mayor. Honestamente, no le reconocería si estuviera frente a mí.
—Entonces, ¿por qué tienes una foto de él?
—En caso de que alguna vez me topara con él por accidente. Sólo
quería conocer el aspecto de mi medio hermano.
Alix estaba desconcertada por todo esto.
—Pero eso no explica por qué va detrás de ti.
—Lo único que se me ocurre es que quiere usarme para herir a mi
padre.
Ella ladeó la cabeza.
—¿Tu padre ha hecho algo contra él?
—No. De hecho, es todo lo contrario. Se ha encargado de Paden
toda su vida. Ese cabrón tiene un fondo fiduciario gracias a mi padre. Paden,
por otra parte, odia sus agallas y no quiere tener nada que ver con él.
—¿Por qué?
—En mi opinión, porque es un idiota egoísta. Pero honestamente,
no lo sé. En realidad no es algo de lo que mi padre hable conmigo. Simplemente
tengo la foto, y eso sólo para recordarme que tengo un hermano ahí fuera.
Esperaba el día que nos conociéramos, aunque no porque viniera detrás de mí
para detenerme.
—¿Vas a decírselo a tu padre?
Devyn lo consideró, pero sabía que no podría.
—Nada bueno podría salir de esto. Paden le hizo mucho daño al
rechazarle. Pero escuchar esto… mataría a mi padre.
Ella no sabía nada de eso, así que lo tomó literalmente.
—Bueno, puedo decirte esto, tu hermano no es un buen hombre.
—¿No me digas? Yo hubiera pensado que era un amorcito de tipo.
Su sarcasmo le divertía. Era extraño cómo podía hacerla sonreír
sin importar la gravedad del momento.
—Entonces, ¿qué piensas hacer?
—No te ofendas, pero no voy a confiártelo. Todavía no estoy
seguro de si puedo confiar en ti.
Esas palabras la lastimaron, pero las entendió. No tenía motivos
para confiar, teniendo en cuenta lo que había averiguado sobre ella hoy.
—Muy bien. Entonces volveré a mi cuarto, y me pondré de mal
humor.
Devyn no dijo nada cuando le dejó. Una parte de él quería ir
tras ella, pero ¿por qué? Si su padre no hubiera descubierto su engaño, ella
todavía le perseguiría.
Para proteger a su familia.
Sí, pero…
Tú habrías hecho lo mismo y lo sabes.
Quería discutir que él no lo haría, pero al final sabía la
verdad.
Y ahora mismo, tenía otro enemigo al que investigar.
Alix se dirigió a la cocina para reabastecer de agua su
habitación. Se detuvo al encontrarse allí a Omari alimentando a Manashe. Pero
eso no fue lo que la sorprendió.
Fue cuando él tendió la mano y abrió la puerta de la unidad de
enfriamiento, pero sin tocarla. Más que eso, una botella de soda se elevó y...
Cayó de golpe al suelo.
Omari maldijo.
—Nunca voy a cogerle el truco a esto. Me mata que Nero lo haga
parecer tan fácil.
Manashe ladró en su dirección, lo que hizo que Omari la mirara
directamente. El gesto sobresaltado en el rostro de él sería probablemente un
reflejo del suyo.
—¿También eres Trisani?
Un tic apareció en la mandíbula mientras se dirigía a por la
soda y la recogía con su brazo cibernético. Podía ver el pánico en sus ojos.
—Está bien, Omari. No le contaré a nadie tu secreto. ¿Tu padre
lo sabe?
—Sí —devolvió el refresco al enfriador—. Es por eso que viví con
mi padre en vez de en casa de mis abuelos. Era más difícil para los Chillers
encontrarme.
Chillers, un término para esos que estaban entrenados para
cazar, esclavizar y matar a los Trisani. Eran una parte de La Liga que estaba
sólo a un paso por detrás de los asesinos cuando se trataba de brutalidad.
—¿Tu padre lo sabía cuando te salvó?
—No. Ni siquiera yo lo sabía. Mis poderes no se manifestaron
hasta que llegué a la pubertad. No tenía ni idea de por qué mi familia se movía
tanto. Mi madre siempre decía que el trabajo de mi padre biológico nos mantenía
en movimiento. No fue sino hasta que fui mayor y recordé, que comencé a atar
cabos del porqué nos desplazábamos en mitad de la noche y que mi madre era
humana mientras que mi padre no.
Habían estado huyendo de aquellos que les querían esclavizar.
Pobre chico. No podía imaginar lo difícil que debió haber sido para él.
—Echas de menos a tus padres, ¿verdad?
Él se encogió de hombros mientras le daba a Manashe una
golosina.
—No demasiado. Mi verdadero padre fue un cabreado imbécil que
odiaba a todo el universo. A él se lo comió vivo el resentimiento. Pero sí echo
de menos a mi madre... y a mi hermano y hermana. Mi madre era la clase de mujer
que podría hacer que el peor día mejorara. No importaba lo mal que fueran las
cosas, ella siempre encontraba algo bueno.
—Lo siento, Omari.
—Está bien. Soy muy afortunado de que mi padre renunciara a su
carrera militar por mí, y yo nunca olvido eso. Me pudo haber costado un brazo y
una pierna, pero valió la pena. Realmente no podría pedir una familia mejor que
la que tengo ahora. Sé que a mi padre no le gusta vivir aquí, en el espacio,
todo el tiempo. Al igual que mi madre, saca el máximo partido de nuestros
viajes humanitarios, pero veo la forma en que mira las imágenes de la familia y
sé lo mucho que les echa de menos.
Su corazón sufrió por los dos.
—¿No les visita?
—En realidad no. No se detiene más que unas pocas horas porque
no quiere que los Chillers me encuentren. Por cierto, no le digas a mi padre
que conoces mis poderes. Él se vuelve loco cada vez que alguien se entera.
—No lo haré. Y puedes confiar en mí, Omari.
—Créeme, este es el único equipo que merece confianza. No hay
nada que no harían los unos por los otros.
Alix se trasladó a coger agua de la unidad de refrigeración para
su habitación.
—Gracias, cariño.
Él le ofreció una sonrisa diabólica.
—Sabes, realmente no tienes nada que ver con Clotilde. Pero es
raro escuchar tu voz saliendo de su cara.
Sus palabras la hicieron detenerse.
—¿La conocías?
—Sí —sacó una caja de dulces del armario junto a ella—. Ella era
repugnante. Era muy amable conmigo cada vez que papá estaba presente y
entonces, en el momento en que se iba, se volvía psicópata. Su mente daba un
giro total y se convertía en una insultante y dominante perra.
—¿Alguna vez se lo dijiste?
—No. Él la amaba y ella lo trataba bien. Creí que no me
correspondía arruinar lo que tenía con ella.
—No creo que tu padre quisiera conseguir su felicidad a expensas
de la tuya.
—Ahora lo sé, pero cuando era niño… Yo era un estúpido.
—No —le dedicó una sonrisa—. Eras decente. La mayoría de los
niños no serían tan compasivos o altruistas.
—Yo no diría que fui totalmente altruista. Todavía había una
parte de mí en ese entonces que se mantenía esperando que mi padre me
abandonase, y por eso no quería decir nada contra ella por si acaso me dejaba.
—¿Con excepción de aquel comentario sobre que él no era tu
verdadero padre?
Él se echó a reír.
—Sí, eso fue realmente duro. Justo antes de que conociera a
Clotilde, le dije que no era mi verdadero padre y que yo no tenía que
escucharle. Que no tenía ningún derecho para decirme qué hacer.
Ella le dio unas palmaditas en el brazo.
—Todos hemos dicho cosas similares a nuestros padres.
—Sí, pero pareció tan herido cuando lo hice. Como si le hubiera
dado un rodillazo en la entrepierna. No quiero hacerle sentir de esa manera
nunca.
—Estoy segura de que no. Puedes ver en sus ojos lo mucho que
significas para él y lo orgulloso que está de ti.
—Gracias. Por cierto, para que lo sepas, papá nunca miró a
Clotilde de la manera en que te mira a ti.
—¿Perdona?
Él abrió la caja de dulces y cogió un puñado de cubitos
azucarados.
—No soy estúpido, Alix. Estoy bastante seguro de que habéis
estado juntos. Hay… algo diferente en mi padre cuando te mira. Es como si te
viera. No es lo que él quiere que seas, sino lo que realmente eres. Nunca lo
había hecho con Clotilde. Lo que vio en ella fue una fantasía.
—Eso no me hace sentir mejor.
Él se echó a reír.
—Lo siento. No me refiero a fantasía como si él quisiera
quitarle la ropa y pasear con ella por la habitación. Vio la vida que quería
para sí mismo, pero ella no quiso la misma.
—¿Y qué vida quería?
—Él quiere lo que tienen mis abuelos. Una pareja que le cubrirá
la espalda mientras todo el infierno llueva sobre él.
—Sabes, Omari, lo más triste de eso es que creo que todos lo
queremos.
Lástima que sea un mito hecho para soñadores e idiotas.
Devyn se encontraba solo. Se había asegurado de expulsar a Vik
de su habitación mientras trabajaba. Lo que estaba haciendo… No quería que se
informara a su padre.
Ya era hora de ponerse a trabajar y no quería testigos. Lo que
nadie sabía, y lo que nunca admitiría, era que tenía todas y cada una de las
habilidades de su padre cuando se trataba de piratería.
Y quería llegar al fondo de lo que estaba ocurriendo. Así, en la
soledad de su cámara privada, utilizó la señal de rastreo que los Rits habían
puesto en el chip incrustado en el brazo de Alix para localizar su fuente...
No era de Ritadaria. Volvió a transmitir usando una frecuencia
del subespacio que estaba sólo a unos pocos instantes de ellos.
El muy cabrón lo utilizaba para rastrear su posición.
—Está bien —Devyn iba a usarlo para rastrear a Paden.
Entornando los ojos, se abrió paso hasta que pudo captarlo en
audio.
Genial. Paden estaba follando. No era lo que quería escuchar.
Bajando el volumen, se aprovechó de esa distracción para abrir
brecha en el ordenador de Paden. Mientras su hermano estuviera ocupado, no se
daría cuenta de que alguien más estaba hurgando en sus archivos.
En unos pocos segundos, había localizado las simples órdenes
encriptadas que Paden había recibido directamente de Merjack.
Consigue a Kell a cualquier precio.
Repugnante, en realidad. Pero, ¿qué más podía esperar después de
lo que Alix le había dicho? Todavía le dolía que el hermano que nunca había
conocido les odiara tanto a él y a su padre como para tratar de acabar con
ambos.
Qué jodido bastardo. Poco sabía Paden que si tenía éxito,
tendría que lidiar con la madre de Devyn. Que los dioses le ayudaran. No habría
misericordia para él.
Pero eso estaba bien. Paden no sabía lo mortífero y decidido que
era Devyn. Y esas órdenes le dieron la huella digital que necesitaba para
rastrear el archivo hasta su origen.
Merjack.
Perdió la noción del tiempo mientras buscaba a través de los
registros de Merjack. La parte frustrante era que todo parecía legal.
Todo.
—Vamos, hijo de puta. Sé que tiene que haber algo…
Su comunicador zumbó.
Lo cogió y respondió sin mirar el identificador.
—Tenemos un problema, colega.
Le tomó un segundo captar la voz por encima de las
interferencias.
—¿Sphinx?
—Sí. ¿Adivinas dónde está Taryn?
—En la cama con alguna mujer.
—Ya quisieras tú… No. Está preso.
Las cejas de Devyn se elevaron rápidamente ante esa inesperada
respuesta.
—¿Qué?
—Creo que nuestra nave tiene escuchas y alguien se enteró de que
íbamos a ir a echaros una mano. Es un cargo de mierda para retener a Taryn,
pero suficiente para detenernos hasta que los administradores de su padre
lleguen hasta aquí. Mientras tanto, Starla ha sido detenida por una avería de
la nave que la tiene bloqueada por las autoridades que no le permitirán ponerse
en marcha hasta que sea reparada. Ahora, que uno de nosotros tenga una
desgracia... posible. ¿Ambos? No lo creo. Esto es una jodida mierda, hermano.
Jodida mierda.
No podía estar más de acuerdo.
—¿Estáis todos bien?
—Aparte de estar pegado a Zarina, sí. Taryn quiere que salga a
buscarte en un caza para que tengas al menos a uno de nosotros cubriéndote las
espaldas.
—No —miró alrededor, preguntándose si alguien estaría
escuchándoles en ese momento. Si así fuera, no estaba dispuesto a darles algo
que pudieran utilizar—. No necesitamos más suministros. Estamos bien surtidos
en comestibles.
—Fingiendo ignorancia pequeño bastardo. Lo pillo. Todavía
podemos enviar a alguien más.
—Está bien. No comemos tanto. Somos muy cuidadosos con la
basura, y tengo más de un compresor a bordo para encargarme de ella.
—Entiendo. Pero si nos necesitas… tienes a Nero para avisarnos,
preferiblemente a tiempo para que realmente podamos ayudarte y, tan pronto como
podamos, nos reuniremos.
—Sí, comida para llevar. Ha pasado mucho tiempo, pero podría
necesitar alguna.
Sphinx se echó a reír.
—Muy bien. Cuida tu espalda.
—Tú también.
Devyn apagó el enlace y apretó los dientes de rabia.
Esto estaba poniéndose muy feo.
Conmutó su consola para grabar el actual canal porno de Paden
antes de ir a informar a su equipo que podían estar intervenidos, también. Lo
cual tenía sentido. Qué mejor prueba que tener sus propias voces hablando sobre
las actividades ilegales. Y mientras trabajaba, la preocupación se disparó.
¿Qué le había dicho a Alix? ¿Había admitido haber hecho algo ilegal?
Maldita sea, siempre fue tan cuidadoso en eso. Pero ¿la había
jodido?
Seguro que lo había hecho. La única pregunta era quién lo había
oído y si lo habían grabado.
Qué suerte… sabes que lo habrán hecho.
Soy tan idiota.
Sabía que siempre había una posibilidad, aunque… en la comodidad
de su propia nave, era fácil olvidarse de que alguien podría teóricamente tener
acceso a su audio. Debido a la complejidad del mismo, la mayoría no lo hacía.
Pero podrían…
Disgustado por su descuido, encontró a Sway en el puente,
estimulándose sexualmente con su esposa a través del audio. Genial. Todo el
mundo estaba teniendo sexo esta noche excepto él.
Bueno, si alguien estaba escuchando a su equipo, los juegos
previos de Sway deberían joderle la cabeza. Se aclaró la garganta mientras
Claire lamía oralmente una parte de la anatomía de Sway sobre la que Devyn no
quiso pensar.
Sway se enderezó y dejó mudo el audio.
—¿Qué diablos estás haciendo aquí?
—Es mi nave, y la última vez que lo comprobé, era el capitán. Lo
siento por el coitus interruptus. Si bien me alegro de que los dos os hayáis
reconciliado, tenemos un problemilla. Necesito que te despidas de tu esposa,
pongas el piloto automático, agarres a Vik y a Nero y os reunáis conmigo en la
sala de control.
Sin esperar confirmación, se dio la vuelta y se fue a buscar a
Alix y a Omari.
Estaban en la cocina, hablando con la puerta abierta. Se detuvo
al oír su nombre.
—Creo que tu padre es maravilloso, pero no soy estúpida, Omari.
Sé lo que le sucede a los esclavos como yo. Todo lo que quiero es salvar a mi
hermana y mi madre si es posible. Lo que me pase a mí no es importante.
Simplemente no quiero que a Tempest le hagan más daño.
—No vamos a permitir que te lastimen a ti, tampoco.
—Sé que tienes las mejores intenciones. Pero no creo en los
sueños. Sólo en la realidad, y es una cosa muy dura.
Manashe levantó la cabeza cuando finalmente atrapó el olor de
Devyn. Se levantó moviendo la cola, alertando a Omari de que no estaban solos.
Devyn avanzó para acariciar la cabeza del perro. Les hizo una
señal para que permanecieran en silencio antes de que los llevara a la sala de
control. Los demás ya estaban allí y sentados.
Vik frunció el ceño.
—¿Qué está pasando?
Devyn no contestó mientras escogía la más fuerte y ofensiva
música que tenía para volar a través del intercomunicador.
Alix y Nero se sobresaltaron y se cubrieron las orejas.
—¿Qué demonios es esta mierda? —gruñó Nero.
Devyn recogió el notebook de la mesa y lo desconectó de la
computadora a fin de que sus palabras no entraran en su posiblemente
comprometida red. Escribió sobre él.
“Taryn ha sido arrestado. Starla está siendo retenida. Tenemos
razones para creer que estamos siendo espiados. Todo lo que decimos está
comprometido”.
Pasó el notebook alrededor del grupo, uno por uno, para que
pudieran leerlo.
Sway cambió al lenguaje por señas militar, pero Devyn lo detuvo.
Hizo un gesto hacia la videocámara.
Vik puso los ojos en blanco antes de conectarse a la ranura del
circuito en la pared.
—Joder, vaya mierda… ya —la música se detuvo al instante—. Tengo
la sala asegurada.
Devyn le miró con escepticismo.
—¿Estás seguro?
—Absolutamente.
—¿Mi padre puede conseguir acceso?
—Probablemente.
Devyn levantó el notebook.
—Entonces, usamos esto... por si acaso.
«¿Tan paranoico o tan grave?» la voz de Nero le explotó en la
cabeza.
Miró a Nero y le disparó su pensamiento hacia él. «Tan grave».
Nero asintió con su cabeza. «¿Puedo hacer algo?»
«Sal de mi cabeza y déjame pensar mientras escribo».
Nero levantó las manos en señal de rendición antes de que se
cruzara de brazos y esperó a que Devyn escribiera lo que estaba pasando. Una
vez hubo terminado, pasó el bloc a todo el mundo.
“Sé que nos estamos dirigiendo a una trampa. Quiero a Omari
fuera de la nave inmediatamente. Nero, ¿puedes lanzar una cápsula de escape y
llevártelo?”
—Oh, diablos, no —Omari gruñó tan pronto como lo vio—. Olvídalo.
—No te atrevas a discutir conmigo. Soy tu padre.
—Y yo tu hijo. Un hombre adulto. Es hora de que te des cuenta de
que puedo ponerme mis propias botas, ¿sabes? Ya no necesito que me limpies la
baba de la barbilla nunca más. ¿Si el abuelo estuviera en peligro, te
marcharías y le dejarías?
Devyn apretó los dientes mientras la ira luchaba con su sentido
común.
Pero al final, supo que Omari tenía razón.
Completamente. No sería capaz de irse y dejar a su padre en
peligro, y Omari, a pesar de la negativa de Devyn, era un hombre. A su edad, él
había estado en la mitad de su residencia médica con la vida de personas
dependiendo de sus habilidades. Y no quiso ni pensar en lo que sus padres
hubieran estado haciendo con la edad de Omari.
El chico había madurado.
Sway le arrebató el notebook y escribió en él rápidamente.
“Estamos en esto hasta el final”. Luego añadió una palabra. “Idiota”.
Devyn se echó a reír.
—Te odio.
Sway le lanzó un sarcástico beso.
Devyn volvió a la escritura. “Muy bien, entonces. Vamos al menos
a tratar de controlar la situación”.
—¿Cómo, genio? —preguntó Vik.
“No lo sé. Esperaba que alguno de vosotros lo hiciera”.
Sway le hizo un gesto obsceno.
Vik se desenchufó de la pared.
—Sabes, Capitán Obvio, la pieza que necesitamos sólo está
disponible en Charisis. Creo que deberíamos detenernos allí y conseguirla.
Devyn articuló sin pronunciar las palabras:
—¿Qué estás haciendo?
—Sígueme. —articuló Vik sin pronunciar tampoco—. Tengo un plan.
Sway añadió con voz afectada.
—Si ese es el único lugar donde podemos ir...
—Bien entonces —Vik cortó antes de que Sway revelase el plan con
esa actuación tan mala—. Vosotros, orgánicos descansar un poco. Dejar al
androide la manipulación.
—Muy bien, Vik —Sway utilizó el mismo discurso entrecortado—. Os
veré a todos mañana.
Alix no se movió cuando la sala se despejó. Sus pensamientos
estaban con su familia.
Sin pensarlo, cogió a Devyn al pasar junto a ella.
—Lo siento mucho —dijo con voz tensa—. Me gustaría poder volver
atrás y…
—¿Y hacer qué? ¿Qué podrías haber hecho diferente? Además, si no
te hubieran enviado a ti, habrían enviado a algún otro.
Ella miró a su alrededor con nerviosismo, mientras el calor de
su mano le penetraba en la piel.
—¿Crees que nos pueden oír?
—Probablemente.
—¿Crees que tenemos alguna posibilidad?
—Siempre hay una posibilidad. En este caso no es buena. Pero
siempre hay algo.
Alix suspiró. Realmente la había jodido esta vez. La frase
Ninguna buena acción queda sin castigo resonó en su mente. Todo lo que había
querido hacer era darle a su familia una oportunidad. Una vida mejor que la que
ella había tenido.
Un sabor de libertad.
Y ahora se había arriesgado, causando que todos a bordo de esta
nave pudieran perder sus propias vidas.
¿Cómo podía haber sido tan egoísta? Mirando a los ojos de Devyn
le hirió hasta la médula. Él era el único hombre que alguna vez la había
tratado decentemente, y por eso, toda su tripulación y la nave se encontraban
en grave peligro.
Él no podía morir.
No por ella.
Ni por las mentiras que había dicho para ayudar a su familia.
Un torbellino de emociones la atravesó. ¿Cómo se había vuelto
todo tan complicado?
—Lo siento —levantó la mirada, esperando que no la odiase.
Debería odiarla. Debería detestar estar en la misma habitación
con ella. Al igual que su padre siempre había hecho. Excepto por la forma en
que la miraba.
Devyn gruñó interiormente, mientras su mirada se encontraba con
la suya. Casi podía creer que ella realmente lo sentía. La suavidad de su
rostro, la forma en que ella era tan resistente aunque femenina. Había hecho
mucho para ponerlos en peligro, y sin embargo...
No podía odiarla.
Alix entrelazó los dedos con los de él. Largos dedos
delicadamente entrelazados con los suyos y la vista de ellos le hizo posesivo.
La quería. La quería con todo su ser.
Aquí mismo.
Ahora mismo.
Atrayéndola hacia él, fundió el cuerpo al suyo.
—Lo siento —repitió ella, palabras tan sinceras que casi la
creyó.
Una lágrima brotó por el rabillo del ojo y él maldijo por dejar
que le desgarrara completamente. ¿Qué tenía que haber sido ella?
Bueno, valía algo. Valía más de lo que ella nunca podría
imaginar, y estaba a punto de mostrarle lo que significaba para él.
Bajó la boca hacia la de ella y la besó lentamente. Pequeños
gemidos escaparon de ella mientras los labios se encontraban con una pasión que
casi le puso de rodillas.
Alix realmente lo sentía, pero con la boca de Devyn en la suya
lo único que lamentaba en ese momento era no tenerle en su interior.
Peligro inminente radió a través de ella. Acechando a todos los
miembros de la tripulación. Todos podrían estar muertos en cuestión de minutos,
y lo único en lo que podía pensar era en Devyn y la forma en que la hacía
sentir.
Especial.
Querida.
Importante.
En sus brazos, ella no era un cuerpo al alcance para aliviar una
necesidad que tuviera. Era un ser humano con sentimientos que parecía
importarle.
Dios, no se merecía su dedicación, sin embargo, la tenía. La
dureza de su pecho contra el suyo mientras sus labios la dominaban. La punta de
su lengua enredada con la suya y lo único que podía hacer era deleitarse con su
sabor.
Devyn gimió en su boca cuando las manos de Alix se deslizaron
sobre el pecho y descendieron. Si la nave estaba en peligro y si era el fin,
tendría un último placer.
Alix.
Gimió cuando ella apretó los muslos más cerca. Maldita sea,
estaba tan duro, que podría explotar. Tomando aire, Devyn apretó los dientes al
sentir el contacto de sus caderas rozándole la polla. Acarició su largo y suave
pelo, acercando su rostro, saboreándola.
Probándola.
Alix gimió desde el fondo de la garganta. La sensación de la
erección de Devyn contra el cuerpo le recordó lo que era el placer. Era el
único hombre que alguna vez le había dado un orgasmo, y el recuerdo tocó
pesadamente en su mente con la sensación de él rozándose contra ella.
El hombre era puro cielo. Tal vez no un pedazo que ella pudiera
reclamar para siempre, ¿pero no se merecía un pequeño bocado?
Mientras la besaba ciegamente, Devyn deslizó las fuertes manos a
la parte baja de su cuerpo para detener el calor entre las piernas. Ella estuvo
mojada al instante. Él se frotó ligeramente, sólo lo suficiente para hacer que
el cuerpo anhelara más. Ella suspiró en su boca mientras los besos se hicieron
más posesivos. En todos sus años, nunca había soñado que podría ser así.
¿Qué había hecho? ¿Qué estaba haciendo ahora? Tal vez su padre
tuviera razón después de todo. Ella era simplemente una mancha en el género
humano. No era digna del amor de nadie. Con todo lo que le había hecho a Devyn,
con el peligro en que había puesto a su familia, todavía la tocaba como si
fuera de la realeza.
El peso de su culpa fue demasiado.
Retirándose de su tacto…
—Yo… yo no puedo.
Devyn frunció el ceño.
—¿Por qué no? —parecía insultado cuando se apartó de él—. ¿Hice
algo mal?
Quería llorar. Después de todo lo que le había hecho, le
preocupaba haber hecho algo para ofenderla.
—No, no eres tú —Alix dio un paso atrás.
Era muy difícil pensar cuando estaba tan cerca. Siempre que
Devyn estaba cerca, quería que estuviera encima y dentro de ella.
Se desplazó hacia la mesa, sentándose en el borde. Tenía que
mantener la compostura, si quería salir de esto.
—¿Qué es, entonces?
—¿Cómo puedes soportar mirarme?
Devyn estaba perplejo.
—¿Qué quieres decir?
—Yo… Esto es culpa mía. Todo.
—No voy a discutir eso.
Alix suspiró.
—Todos podríamos morir en cualquier momento. Por lo que sé,
están escuchando ahora mismo.
—Sí.
Quería darle un puñetazo por tomarlo tan bien. Debería estar
lanzando insultos contra ella, haciéndola sentir como la escoria que era. En
cambio, ¿estaba de acuerdo con ella?
Ella se hundió, apoyando las manos sobre la mesa y sintiéndose
como una mierda total.
—No merezco tu bondad. Nada —la verdad fue más difícil de
admitir de lo que ella hubiera esperado.
Sin duda, fue punzante mientras la dejaba salir.
Devyn se merecía a alguien que le amara a él y a su hijo. Era un
buen hombre.
El tipo de hombre que bien podría hacer añicos a alguien si le
miraba mal, pero no obstante, un tipo absolutamente bueno.
Y los buenos tipos no querían a mugre como ella.
Se acercó a ella, pasándole un único dedo por la mejilla.
—Cariño, merecer no tiene nada que ver con esto —con toda la
delicadeza de sus labios, Devyn se inclinó y la besó, con tanta ternura, que
ella quiso llorar. El calor se extendió por todo su cuerpo, y en ese momento,
se convirtió en masilla en sus manos.
Devyn no podía creer lo poco que ella pensaba de sí misma. Era
la mujer más increíble que jamás había conocido e incluso más. Se merecía más
de lo que jamás podría imaginar. Merecía ser amada por quién y qué era,
maravillosa.
Poco a poco, Devyn le desabrochó los botones de la camisa y la
deslizó de sus hombros. La vista de su vulnerabilidad frente a él causó un
proteccionismo creciendo tan fuerte en él, que le dio miedo. Nadie nunca le
haría daño otra vez.
No mientras él mantuviera un solo aliento.
Alix no podía creer la intensidad con que Devyn la miraba. Sus
labios capturaron de nuevo los suyos antes de arrastrarlos hacia el cuello. Él
tomó el pezón entre los dedos y jugueteó con él. Ella echó la cabeza hacia
atrás y cerró los ojos, disfrutando de la forma en que sus manos se sentían
sobre el cuerpo. Tomó un fuerte aliento mientras él se movía de un pecho al
otro.
Con la otra mano en la parte más baja de su espalda, la puso de
espaldas sobre la mesa, besándola y acariciándola en todo momento.
La polla, dura a través del pantalón, la tentaba mientras él se
asentaba entre sus muslos. El material que los separaba la estaba volviendo
loca.
Devyn siseó cuando Alix le agarró el pene a través de los
pantalones. Cómo deseó estar libre y entre su cálido y acogedor abrazo, pero
esto no se trataba de él. Esto era para asegurarse de que ella sentía lo que
era ser deseada. Por una vez en su vida, y si este en realidad era su último
momento, quiso asegurarse de que ella experimentara el amor. Era lo menos que
podía hacer.
Continuó friccionándola hasta que realizó pequeños gemidos. Se
retiró de ella por un corto tiempo, el suficiente para liberarse a sí mismo y a
ella del material que los separaba.
Una vez que lo hizo, se permitió recorrer su cuerpo con la
mirada.
Delicioso.
Nunca había visto un espectáculo tan hermoso.
Afirmó su posición sobre ella y rezó para que vivieran hasta el
final de este momento. Todo lo demás podría condenarse, mientras él lo tuviera.
Alix se deleitaba con la forma en que Devyn la miraba. Tal vez
le importaba más de lo que había pensado. Tal vez no la odiaba por lo que le
había hecho.
¿Se atrevería a tener esperanzas?
Él se inclinó y la tomó las dos manos entre las suyas. Una vez
sobre ella, se las colocó por encima de la cabeza y entró en ella.
Se quedó sin aliento por la forma en que la llenaba, perfecta y
completamente. Estaba tan duro que pensó que podría partirla en dos. El placer
le nubló el pensamiento. Golpe a golpe, él se deslizó profundamente en su
interior hasta que ella se retorció de placer.
Él mordisqueó su oreja, susurrándole con cada embestida.
—Eres increíble. Tan hermosa.
Alix cerró los ojos y rezó para que esto no fuera un sueño. Su
cuerpo le veneraba. No había otra palabra para describir la forma en que la
tocaba. Ella quería liberar las manos y darle placer. Podía haberlas liberado
si hubiera querido, pero él las sujetaba allí con sólo la fuerza suficiente.
Ella tiró una vez.
—No —suspiró él, negando con la cabeza—. Esto es para ti.
Esas palabras le hicieron quererle aún más. Ella abrió más las
piernas mientras él se sumergía más profundamente en su interior. La presión se
construía con cada caricia. Arrastraba besos por el cuello y sobre la boca,
cada vez murmurando dulces palabras para ella.
Si iba a morir, que fuera ahora. Que fuera al mismo tiempo que
estaba soñando y amando. Por una vez. ¿Era mucho pedir que esto fuera real?
Luego, cuando no pudo aguantar más, todo se fracturó a su
alrededor y gritó su nombre.
Devyn sonrió de satisfacción cuando su nombre escapó de sus
labios. Él quiso reunirse con ella, pero todavía no. No hasta que ella se
corriera una y otra vez. Este era su momento. Él no era un bastardo egoísta que
sólo tomaba y nunca daba a cambio.
Les giró, quedando sobre la espalda y dejando que ella tomara
las riendas.
Alix se limitó a mirarle, desconcertada. Nunca había estado
encima de un hombre y no estaba segura de saber qué hacer. Ninguno de los
capullos egoístas en la nave de su padre la había permitido tener el control.
—¿Estás bien?
Tratando de recuperar el aliento, Alix asintió con la cabeza.
Sólo esperaba no defraudarle.
Percatándose de sus dudas, Devyn extendió la mano y la agarró
por las caderas, guiándola hacia abajo encima de él. Cuando descendió, él
gimió. Ella seguía siendo tan dócil, tan húmeda sobre él, y la forma en que
ella ponía los ojos en blanco casi le hacía correrse en el acto.
Alix se mordió los labios. Tras unos cuantos embates, comenzó a
disfrutar montándole. Le podía acoger completamente y la locura era que no
apartaba la mirada de ella. Sus pesados párpados le hicieron saber que lo
estaba haciendo perfectamente.
Elevándose hasta ella, Devyn la tomó del cuello y apartó el pelo
de la cara antes de arrastrarla hacia abajo para otro beso. La otra mano logró
tomar el pezón entre los dedos de nuevo.
Todo fue demasiado. En cuestión de segundos, la presión se
disparó y gritó su nombre.
Una vez más.
Devyn pronto se unió a ella, y se desplomó sobre él.
Yacía quieta en sus brazos, queriendo que durara para siempre. Y
él la abrazaba como si pudiera...
Pero eso era lo que le sucedía a otras personas.
No a los esclavos.
Y definitivamente no a ella.
Esa elección nunca se le había dado a ella, y era algo que debía
aceptar. Al final de todo esto, si vivían, tendría que dejarle.
La sola idea de ser separada de él la desgarraba como nada
alguna vez lo había hecho.
Esto es todo lo que tenemos. Este único momento.
Aférrate a él.
Pero no fue suficiente. Él la había hecho egoísta y quería vivir
este sueño para siempre.
Devyn quiso saborear la imagen de ella sobre él para siempre. A
ninguna mujer la había sentido nunca mejor entre los brazos. Y el mayor placer
había sido observarla explotar mientras le estaba mirando.
Quería verlo otra vez.
Con ese pensamiento en mente, se retiró de ella para vestirse.
Le entregó su ropa y disfrutó de la vista de su acicalamiento junto a él.
Una vez que terminaron, la levantó en brazos como si fuera una
novia.
Alix frunció el ceño mientras él le hacía sentirse diminuta y
menuda. Liviana.
Por encima de todo, la hacía sentirse valorada.
—¿A dónde me llevas?
Él le sonrió.
—Lee mi mente, amor. A continuación, te tomaré en mi cama.
Después, probablemente, en el suelo y en el baño. Y donde sea que aparezca en
mi fantasía.
—¿Fantasía? —qué palabra tan extraña para que él la usara.
Estaba tan fuera de lugar.
—La palabra favorita de mi tía Tessa. Yo no la uso mucho, pero
parecía encajar.
Lograron llegar a su habitación, donde de inmediato la colocó
sobre la cama y se quitó la ropa tan rápido que era como si hubieran sido tele
transportados.
Incluso después de haber tenido dos orgasmos, Alix todavía tenía
una mirada hambrienta en los ojos.
—Ven aquí —ordenó ella.
—Creo que he creado un monstruo.
Pero estaba amando cada minuto de eso.
—En lo que a ti se refiere, Capitán, no creo que nunca pueda
tener bastante.
Esa admisión le hizo endurecerse nuevamente. ¿Qué pasaba con él?
Me estoy volviendo adicto sin remedio.
Lo triste era que no quería una cura. Especialmente si
significaba renunciar a ella.
Alix amaba estar en su cama. Su olor, masculino y poderoso,
permanecía mucho tiempo entre las sábanas. Quería enterrar la nariz en ellas e
inhalar el delicioso olor cálido durante días enteros. La suavidad de las
sábanas de seda moviéndose sobre el cuerpo desnudo le hacía sentirse femenina.
Deseada.
Algo que sólo Devyn alguna vez la había hecho sentir. Y allí en
su cama, él le hizo el amor hasta que estuvo agotada y sin aliento.
Cuando estuvo segura de que su cuerpo nunca funcionaría otra
vez, él se retiró para mirarla.
—Todo esto me ha hecho necesitar una ducha —sonrió, se levantó y
caminó hacia el baño.
Ella gruñó al ver su perfecto culo mientras salía de la
habitación.
Unos segundos más tarde, el agua empezó a correr y no pasó mucho
tiempo antes de que volviera tendiéndole la mano para que se reuniera con él.
En un instante estaban en la ducha, con el agua vertiéndose
sobre los cuerpos, y besándose tan apasionadamente, que Alix se preguntó si
moriría por el mero placer de estar cerca de él.
Aunque de qué manera. Ella no podía imaginar mejor muerte que
ahogándose en sus besos.
Él enredó los dedos a través de su mojado pelo y la levantó
contra la pared de la ducha. Antes de darse cuenta, se deslizó dentro de ella.
Resbaladizo por la ducha y duro como un clavo.
—¿Sabes lo que me haces?
Devyn la contempló con una mirada tan intensa, que fue un
milagro que no se rompiera por el peso de la misma. Luego se condujo a su
interior una vez tras otra hasta que ambos se corrieron.
Pasaron el resto de la ducha bañándose el uno al otro. Fue
increíblemente tierno mientras le lavaba el pelo. Tomándose el tiempo necesario
para acondicionarlo y enjuagarlo.
Era puro cielo.
Cariñosamente.
Incluso le masajeó los hombros mientras los calientes riachuelos
del agua se deslizaban sobre los cuerpos. Ahora podría morir feliz.
Terminaron la ducha y se dirigieron de nuevo a la habitación.
Mientras se vestía, él le recorrió el cuerpo con otra hambrienta
mirada que la hizo temblar.
—Todavía podría comerte, pero ya he gastado demasiado tiempo en
distracciones. Tengo un enemigo que rastrear.
Y ella tenía obligaciones que atender. Así que le besó y vio
cómo la dejaba sola en su habitación.
Ella acabó de ponerse la ropa y se congeló al darse cuenta de lo
que les esperaba.
CAPÍTULO 10
Devyn permaneció fuera de la cocina, viendo como Alix y Omari
intentaban guisar algo conjuntamente. Manashe corría entre ellos, buscando
pequeños restos caídos mientras ellos se reían y trabajaban. Los ojos de Alix
brillaban de una manera que hacían resplandecer toda su cara.
Y Omari...
Estaba accesible y feliz, algo que Devyn no había visto en mucho
tiempo. Habían puesto música de fondo y de vez en cuando, Omari giraba dando
vueltas al ritmo de la misma.
—¡E-E-espera! —Dijo Alix emocionada cuando sumergió una cuchara
en la olla—. Tienes que probar esto —la sostuvo en alto para él con la mano
puesta debajo para evitar cualquier derrame.
Omari abrió la boca y dejó que ella lo alimentara. Gimió cuando
lo saboreó.
—Oh, Dios mío. ¿Quién le dio un sabor así? ¿Tú o yo?
—Definitivamente uno de nosotros. Lo hicimos bien, creo, y estoy
encantada de dejarte obtener el crédito por ello.
Él cogió otra cuchara para comer más y una cierta cantidad del
contenido le chorreó por el mentón.
Sonriendo, Alix tomó una servilleta y le limpió, igual que haría
una madre.
Algo dentro de Devyn se contrajo con fuerza al ver eso. La única
cosa que siempre había querido darle a Omari...
Pero su hijo era demasiado mayor para una madre, y cuando miraba
a Alix, vio bastante más que simplemente su bondad.
Vio un futuro del que él quería que ella formara parte.
Has perdido tu jodida cabeza.
Sí, lo había hecho y lo había provocado la más improbable de las
causas. Un desliz con una mujer que era una extraña mezcla de competencia e
inseguridad. Más que eso, aún podía oler su dulce aroma. Sintiéndola tocarle la
piel.
¿Qué había hecho con él? Y en tan poco tiempo, también.
Nunca había sido la clase de hombre que dejaba que las emociones
le dominaran. Incluso con Clotilde, le había llevado un año antes de haberse
sentido así con ella.
Sin embargo, con Alix...
Quería estar con ella. Para mantenerla y protegerla. Despertó
algo profundo en su interior que no se había dado cuenta aún de que estuviera
dormido.
Y cuando ella se volvió divisándole y sonrió, el cuerpo le hizo
erupción otra vez, incluso después de las horas que habían estado haciendo el
amor. Era como si cada terminación nerviosa dentro de él estuviera a tono con
ella.
Así como cada parte de él imploraba por ella.
Omari se volvió y sonrió.
—Oye, papá, tienes que probar lo que acabamos de hacer. Es
realmente bueno.
Manashe ladró estando de acuerdo.
Moviéndose para unirse a ellos, permitió que Alix cogiera una
cuchara nueva y le diera de comer como había hecho con Omari. En el momento que
la salsa conectó con su paladar, gimió.
—Eso está bueno. ¿Qué le pusisteis?
Ellos se rieron.
Alix alzó la barbilla orgullosamente.
—No tengo ni idea. Simplemente añadimos especias hasta que no
absorbió más.
Su risa era contagiosa y antes de que siquiera se diera cuenta
de lo que estaba haciendo, bajó la cabeza para capturar sus labios.
La cabeza de Alix daba vueltas ante el sabor inesperado de
Devyn, pero lo aceptó ahuecándole la cara mientras su lengua bailaba con la de
ella. Nunca en su vida había pensado sentirse así. Sentirse segura con quien
podía hacerla reír y divertirse, incluso estando amenazados... mientras que
todo se caía a pedazos...
Esto no está sucediendo.
Es un sueño.
—Um, ¿debería dejaros solos?
Devyn retrocedió cuando la voz de Omari penetró a través de su
lujuria.
—Lo siento, Fideo.
—No te disculpes. Siempre y cuando no trates de besarme así,
todo estará bien.
Devyn le cogió mediante una llave por el cuello.
—Eres un listillo.
Omari rió mientras se soltaba del agarre.
—Lo aprendí del mejor.
Alix se apartó mientras Nero y Sway se unían a ellos y todos se
sentaron a comer. Mientras charlaban y bromeaban, una extraña sensación se
apoderó de ella. Al igual que un sueño nebuloso. Este momento de paz era tan
surrealista y difícil de aceptar.
Toda su vida había sido un aprendizaje en insultos y
degradación. Sin embargo, con Devyn y su familia… había encontrado un lugar del
que quería formar parte.
Y, demasiado pronto el momento terminó, Vik les notificó que
estaban entrando en Charisis.
Se encontró con la mirada de Devyn y el corazón se deslizó al
estómago. Una sensación de mal presentimiento la golpeó con fuerza.
—Lo limpiaré todo mientras tomamos tierra.
—Te ayudaré, Alix —se ofreció Omari—. Es justo ya que inicié el
desorden.
Devyn les saludó con la cabeza antes de que él y los otros se
fueran al puente.
Fiel a su palabra, Omari le ayudó a limpiar la mesa.
—No estés tan triste, Alix. Todo irá bien.
Ella hizo una pausa mientras recogía el plato de Devyn.
—Dijiste que te mantuviste esperando a que tu padre te
abandonara cuando eras más joven. ¿Cuánto tiempo transcurrió antes de que
perdieras esa sensación?
La expresión de Omari era de tormento.
—La perdí la noche en la que Clotilde casi le mató.
Qué cosa más extraña había dicho. ¿Cómo podría algo así quitarte
el miedo? En todo caso, podría pensar que lo empeoraba.
—No lo entiendo.
Un músculo resaltó en su mandíbula.
—Yo estaba con mi abuelo esa noche. Habíamos ido a jugar juntos
para darle tiempo a mi padre a solas con Clo. Cuando papá llamó, vi la mirada
en el rostro de mi abuelo y supe que era malo. Ni siquiera puedo describirlo.
Era como mirar a la cara del infierno. Un segundo estábamos conduciendo con
normalidad entre el tráfico, y en el siguiente, vi un lado de mi abuelo, que
espero no volver a ver nunca. Me llevó a casa tan rápido, que todavía creo que
rompió una especie récord de velocidad terrestre.
Omari se quedó en silencio mientras aquella noche se repetía en
su mente. Su abuelo todavía estaba en plena forma, y aunque sabía que el hombre
era mucho más viejo, definitivamente no lo parecía. Syn estaba en mejor forma
que la mayoría de los hombres con la mitad de su edad.
—Me dijeron que me quedase fuera, pero no escuché.
Había seguido a su abuelo para encontrar a Clotilde muerta en el
vestíbulo.
Aterrorizado y enfermo, la había mirado a los ojos abiertos,
paralizado por el horror de su muerte. La sangre había salpicado por todas las
paredes blancas y encima de la mesa de mármol, mostrándole exactamente lo
brutal que había sido la lucha. Los cuadros y pinturas se habían caído de las
paredes y hecho añicos. Había marcas de quemaduras de los disparos del blaster
a través de los muebles, en las paredes, suelo y techo.
El gran arreglo floral que siempre había estado en el centro de
la mesa del vestíbulo había sido derribado al suelo, donde el jarrón se había
roto, y las flores yacían flotando en la sangre.
«Quédate conmigo, Devyn. ¡Maldita sea, muchacho, no te atrevas a
morirte! ¿Me oyes? ¡Quédate conmigo!»
Esas palabras le apartaron de su espantosa pose agónica y se
dirigió hacia la sala, donde su abuelo estaba de rodillas junto a su padre,
tratando de detener el flujo de sangre que brotaba de su pecho. Podía ver el
camino marcado por la sangre de su padre que había dejado mientras se
arrastraba desde el vestíbulo a la mesita de café para obtener su comunicador
para poder llamarles.
Y en ese mismo instante, había vuelto al día en que su familia
había sido asesinada por La Liga. Y él había oído a su madre pidiéndole que
sobreviviera costara lo que costase.
«¡Devyn! ¡Mírame!»
En cambio, su padre le había mirado a él cuando entró en la
habitación. El primer instinto de Omari había sido el de huir y esconderse como
había tratado de hacer cuando su madre había sido asesinada. Pero cuando se
encontró con la mirada de su padre, supo que no podría.
Omari sacudió la cabeza mientras esos recuerdos quemaban.
—Mi padre estaba en el suelo, tosiendo sangre. Su piel ya se
estaba poniendo azul —las lágrimas se agolparon en los ojos mientras miraba a
Alix—. Se estaba muriendo. Yo lo sabía. A pesar de que mi abuelo es uno de los
mejores cirujanos en el universo, no creía que pudiera salvarle. Pero cuando
miré a los ojos de mi padre, vi un fuego salvaje comenzar a arder —una lágrima
le resbaló por la mejilla y él la apartó—. Él trató de alcanzarme y le cogí de
la mano. Su agarre era tan débil que creí que iba a decirme adiós...
Incluso así, su padre había tirado de él lo suficientemente
cerca como para poder susurrarle al oído.
«No te preocupes, chico. No te dejaré solo».
Había sido la misma promesa que su padre le había hecho cuando
le había salvado de La Liga.
—Se abrió camino de regreso desde el borde de la muerte para
mantenerme a salvo. Para mantener la promesa que me había hecho. Y entonces
supe que él nunca me abandonaría. Ni siquiera la muerte le mantendría separado.
Mi padre puede ser muchas cosas, pero no es un mentiroso ni un cobarde.
No podía estar más de acuerdo, y el hecho de que no la hubiera
matado por su pacto con Merjack le convertía en un verdadero héroe.
No permitiría bajo ningún concepto que fuera lastimado.
Esperaba.
Alix se congeló cuando vio a Devyn reuniéndose con ellos ante la
puerta de la nave. Este no era el hombre que hacía bromas con Sway o que amaba
a su hijo.
Este era el capitán que había visto a su llegada. De sangre fría
y letal.
La entregó un chip de archivos que había falsificado.
Se le secó la garganta cuando su mano se demoró en la suya. Era
su vida lo que sostenía...
—Como habíamos planeado.
Ella asintió con la cabeza.
Devyn la observó mientras se iba. Intercambió un asentimiento
con Nero antes de sacar el arma y dispara a Omari, donde se encontraba. Devyn
le atrapó rápidamente antes de que cayera al suelo.
Sway se quedó boquiabierto.
—No, no lo hiciste.
Devyn le pasó su hijo a Nero.
—Sácalo de aquí.
—Estará cabreado con nosotros dos.
—Lo sé. Pero no puedo correr el riesgo. No puede controlar sus
poderes cuando está emocionalmente comprometido y no voy a dejarle que se
produzca a si mismo un daño cerebral por ayudarme.
—Muy bien. Le mantendré ocupado —relampagueó desapareciendo con
Omari en los brazos.
Sway sacudió la cabeza.
—Maldita sea. ¿Planeas dispararme después?
Devyn enfundó el blaster.
—Depende. ¿Vas a cabrearme?
—No intencionadamente.
—Entonces podría dejarte estar consciente.
Vik ladeó la cabeza mientras trataba de computarizar todo lo que
estaba sucediendo.
—Entonces, ¿cuál es el plan que tienes?
—Ya lo verás.
Alix se estremecía mientras iba al encuentro de Whelms.
El medio hermano de Devyn. ¿Qué podría hacer a alguien volverse
tan cruelmente contra su familia? Sobre todo contra alguien tan decente como
Devyn.
Él se merecía un padre como el que yo obtuve. Eso le hubiera
enseñado apreciar un padre que le amaba.
Como prometió, la estaba esperando en una pequeña cafetería
donde estaba sentado consultando el correo electrónico en un pequeño
dispositivo de mano. Sus rasgos se volvieron de piedra al verla acercarse.
Enderezando la columna, se movió hasta quedar de pie ante su
mesa y se dio cuenta de que él no la invitaba a sentarse.
Porque no eres lo suficientemente buena.
—¿Tienes pruebas para mí?
Le tendió el chip.
Él lo miró con desconfianza antes de cogerlo de su mano y
conectarlo a su portátil. Y siguió dejándola de pie.
Asqueada a todos los niveles, vio la presumida satisfacción
brillando en sus ojos.
—¿Es todo lo que necesitas?
Él apagó el dispositivo.
—¿Es esto real o inventado?
—Inventado. Realmente no infringe ninguna ley. Su nave tiene
licencia a través de la empresa de su padre y transporta la carga para él.
La compañía de tu padre que te mantiene alimentado, también,
canalla.
—Te dije que eso no tiene importancia para Merjack.
—Yo creo que debería ser importante para ti.
Él le hizo una mueca.
—¿Para mí? ¿Por qué?
Porque eres su hermano. No es que ellos se favoreciesen el uno
al otro en demasía. Lo único que ella podía ver que fuera similar era el
mortífero brillo en sus ojos. Aparte de eso...
Paden era un cabrón perdedor.
—¿No es parte de tu trabajo el cumplimiento de las leyes? Yo
creía que tenderle una trampa a un hombre inocente iría en contra de tus principios.
Sus ojos se crisparon.
—No me sermonees con la ley o mis deberes, esclava. Después de
todo, no soy el que le ha tendido una trampa. Has sido tú.
—Porque no me diste elección.
Él la rastrilló con una burlona sonrisa.
—Cualquier mentira que te permita dormir por las noches, niñita
—acomodó su portátil en el bolsillo—. Ahora tus servicios ya no son necesarios.
—¿Qué pasa con mi familia?
—Eso depende de Merjack —se levantó y sacudió la barbilla en su
dirección mientras se dirigía a los hombres que estaban en la mesa de al lado—.
Arrestar a esta vagabunda.
Alix se quedó asombrada por la orden mientras los hombres se
levantaron para llevarla a cabo.
—¿Qué?
—Eres una esclava fugitiva. Vamos a detenerte.
¡No! Mentirosos bastardos...
¿Qué voy a hacer? Si la arrestaban como un esclavo, no tendría
derechos en absoluto. Ninguna manera de ayudar a su familia. Nada que decir
sobre su propio cuerpo o futuro.
Y cuando trataron de alcanzarla, el pánico se asentó con garras
de acero. Antes de que pudiera replantearse sus acciones, agarró la bebida de
Paden y se la tiró a la cara del primer agente a su alcance. Ella pateó al otro
y corrió por todo lo que estaba en juego.
Cruzó por la puerta y bajó corriendo por el pasillo hasta que
vio a Devyn, que se dirigía hacia ella con Sway un paso por detrás.
Él la cogió entre los brazos.
—¿Qué demonios?
—Van a detenerme.
—¿Por qué?
—Por ser un esclavo fugitivo.
La mandíbula de Devyn se aflojó. Los esclavos fugitivos no eran
simplemente arrestados. Eran torturados públicamente como advertencia para
otros que pudieran pensar en dejar a sus amos.
Tomándola de la mano, echó a correr sólo para ver a un grupo de
guardias cortándoles la retirada.
—Suelta a la esclava —ordenó el capitán.
Devyn dio media vuelta corriendo hacia la cafetería. La sangre
se le heló cuando se encontró con su medio hermano. Alix había tenido razón. No
había duda de los rasgos de Paden.
Y cuando ellos se enfrentaron, Paden levantó un blaster y apuntó
directamente a la cabeza de Devyn.
—Entrega a la esclava o renuncia a tu propia libertad.
CAPÍTULO 11
El corazón de Alix se deslizó hacia el estómago al ver la fría y
dura mirada en el rostro de Devyn. La falta de compasión en los ojos de Sway.
Sinceramente, no les culparía por entregarla a sus enemigos.
Había estado dispuesta a hacérselo a ellos. Su crueldad no
merecía nada más que su desprecio combinado.
Pero todavía la hería profundamente en su interior saber que
estaban relegándola. Que Devyn, después de todo lo que habían compartido, le
hiciera por su inoperancia.
Si los Rits realmente la trataban como a un esclavo fugitivo,
sería desnudada y golpeada ante una transmisión en directo como castigo. El
precio de la emisión, sus castigadores y los guardias que la custodiaran, así
como su recompensa, sería algo que ella tendría que rembolsar, lo que
garantizaba que en toda su vida jamás sería libre.
Es lo que te mereces.
Su alma se enfermó más y trató de soltar la mano de Devyn. Pero
él se negó a dejarla en libertad ofreciéndole a Sway una inclinación sutil de
cabeza.
Para su completa estupefacción, él deslizó el blaster fuera de
la pistolera más rápido de lo que podría parpadear y abrió fuego contra los
Rits. Él tiró de ella retrocediendo hacia la bahía de atraque mientras Sway les
cubría la retirada.
—¿Qué estás haciendo?
—Jodiendo mi vida otra vez, estoy seguro.
Él envió varias rondas más de disparos detrás de ellos.
—No puedes hacer esto.
Él soltó un bufido.
—Un poco tarde para eso. No creo que: Policía, mi dañina arma
accidentalmente falló dos docenas de rondas de disparos, surta efecto para
sacarme de aquí —maldijo cuando su comunicador comenzó a zumbar.
Disparando una nueva ronda, contestó.
—Hola, mamá... Sí, sé que mi frecuencia cardiaca es
peligrosamente elevada —esquivó una ráfaga que casi cubrió la pared con los
restos de su cabeza—. ¿Ese sonido? Estoy recibiendo disparos, Ma. Tengo que
dejarte. Te quiero mucho. Abrazos y besos —dio un golpecito en la oreja para
cerrar el canal—. ¿Dónde diablos está Sway?
Antes de que pudiera responder, Vik salió de la nada. Pasó
corriendo junto a ellos para encontrar y escudar a Sway mientras ella y Devyn
corrían en busca de la nave.
Cuatro guardias ya estaban allí, esperando. Devyn finalmente la
soltó. En una carrera mortal, él fue hacia ellos. Dispararon contra él mientras
esquivaba las ráfagas. Sorprendida por su habilidad, vio cómo caía de rodillas
y se deslizaba entre ellos, disparando mientras lo hacía.
Dos cayeron y los otros se pusieron a cubierto.
Devyn se puso rápidamente en pie al llegar a la nave y manipuló
los controles para ampliar la rampa. Disparó a los guardias para mantenerlos
inmovilizados.
—¡Alix! Muévete.
Corrió tan rápido como pudo hacia la nave, donde Nero la estaba
esperando.
—Conecta la nave en condición de lanzamiento —ordenó Nero con los
dientes apretados con fuerza.
Relampagueó desapareciendo esperando poder ayudar a Devyn junto
a los demás.
Se dirigió hacia el puente para encender los motores y empezar
los preliminares. Mientras trabajaba, miraba fuera para ver a Devyn, Sway, Vik
y Nero luchando contra los guardias.
Por ella.
Las lágrimas le inundaron los ojos. Por primera vez en su vida
se sintió como si tuviera una familia. Una que estaba dispuesta a morir por
ella.
—¿Alix?
Ella se dio la vuelta ante el sonido de la voz de Omari. Se
apoyaba en el marco de la puerta como si estuviera enfermo.
—¿Estás bien? —preguntó ella.
Él sacudió la cabeza como si estuviera tratando de aclararse la
visión.
—Papá me disparó.
—¿Qué?
Él se pasó una temblorosa mano por el pelo.
—Papá me sorprendió justo después de que te fuiste... ¿Qué está
pasando? ¿Dónde están todos?
Ella señaló al monitor.
—Irónicamente, tratando de dispararse entre ellos mismos.
Tenemos que conseguir despegar la nave tan pronto estén seguros dentro.
Eso lo motivó. Prácticamente voló a la silla de Devyn para
iniciar la preparación del vuelo.
—Ah, maldición, me duele la cabeza. Te juro que le voy a matar
por esto.
—Estoy segura de que lo hizo para mantenerte fuera de problemas.
—Sí, pero maldito… estoy viendo las estrellas… Oh, espera, estoy
viendo las estrellas. Estoy mirando la trayectoria del rumbo. Heh.
Alix puso los ojos en blanco mientras revisaba el sistema
principal y los mecanismos para asegurarse que La Talia estaba lista para
funcionar. Oyó el motor de la rampa. Devyn y los otros debían estar dentro.
Unos segundos después, estaban en el puente.
—Levántate, Baby Judy. Arriba —Devyn codeó a Omari a un lado.
Él se deslizó de la silla y se sentó en el suelo, siseando
mientras se acunaba la cabeza entre las manos.
—La próxima vez, simplemente déjame inconsciente. Esta
impresionante mierda duele.
—Lo siento —Devyn encendió los elevadores.
La nave se elevó y se estrelló contra el techo.
Sway se burló cuando se aseguró en su asiento.
—No está despejado para el lanzamiento.
—No me digas —Devyn se dirigió a Nero—. ¿Puede ocuparte de la
puerta?
—Estoy en ello —un extraño resplandor amarillo le emanaba del
cuerpo mientras miraba fijamente hacia las puertas de la bahía—. Juro que eres
hijo de tu padre.
Alix se ató cuando Devyn propulsó los motores y voló
arremetiendo contra las puertas cerradas. Encogiéndose de miedo, esperó
estrellarse contra ellas y desintegrarse.
Devyn no dio marcha atrás, incluso aumentó un poco la velocidad.
Empujó los obturadores hacia adelante con un brillo en los ojos que decía que
estaba apenas a medio paso de la locura.
Vamos a morir. Vamos a morir.
Alix se preparó para el impacto.
Tan pronto llegaron a las puertas, se abrieron de golpe y La
Talia voló directamente fuera.
Nero se tambaleó hacia atrás, maldiciendo mientras se llevaba la
mano a la cabeza.
—Eso es un mojo doloroso. Gracias por la migraña, Dev. Te lo
agradezco.
Devyn le dirigió una mirada feroz y divertida.
—Te dije que sacaras a Omari fuera de esto. Si hubieras hecho lo
que te pedí, no te dolería la cabeza ahora.
—Sí. Eso duró unos segundos, hasta que oí allí sus planes para
la Srta. Gerran. Sabía que nunca dejarías que se la llevaran así que no tuve
más remedio que regresar y salvar tu grosero culo. Además, conozco a Fido-Fido,
quedaría fuera de combate el tiempo suficiente mientras yo os rescataba.
Omari miró al Trisani.
—No soy un perro, Nero.
Nero no le hizo caso.
—Por cierto, seriamente, tíos, estáis jodidos en este momento.
—Lo sabemos —dijeron al unísono.
Nero cruzó la mirada con Devyn.
—Sí, bueno, lo que no sabes es lo agradecida que tu chica está
contigo. Sólo pensé que deberías saber que eres un héroe para ella... y piensa
que todos somos idiotas.
Alix le lanzo una mirada molesta.
—Gracias por exponerme.
Él le guiñó un ojo.
—Cuando quieras, bizcocho. Ahora llevaré mi culo psíquico a la
cama. Esa puerta me azotó. Levantadme cuando La Liga venga a detenernos.
Sway apartó la cabeza de la consola hacia Nero.
—¿Es una premonición?
Él le mandó a Sway una sarcástica mirada.
—No es necesario ser psíquico para saber que vendrán. Tíos,
vosotros simplemente apretasteis fríamente el gatillo, ellos tienden a tomar
ese tipo de cosas como algo personal.
Luego desapareció.
Devyn encontró su mirada.
—Debemos sacar ese localizador de tu brazo inmediatamente.
Antes de que ella pudiera responder, un hombre apareció en la
pantalla frente a ellos.
Alix se congeló por el rostro que estaba segura pertenecía al
padre de Devyn. El pelo era más largo, cayendo sobre los hombros, y tenía una
pequeña perilla. Aunque esos oscuros ojos, cabello negro y rasgos eran
inconfundibles.
—¿Qué hiciste? —su acusatoria voz era espesa con un acento
Ritadarion.
Devyn se aclaró la garganta.
—Este no es momento para una conferencia, papá. Estoy muy
ocupado.
—Sí, lo estás. Localicé tu virus con Vik y él lo ha desactivado.
Ahora tienes que sacar el chip de la mujer. Inmediatamente.
—Eso es lo que estaba a punto de hacer —Devyn frunció el ceño—.
¿Dónde está mamá?
—No hagas preguntas para las que no quieres oír su respuesta
—luego cambió de tema—. En este momento, Merjack ha llamado a todo el mundo
para tu detención. Hay una recompensa de tres millones de créditos por vuestras
cabezas… cada una… para que le seas entregado. La buena noticia es que te
quiere vivo. La mala noticia…
—Por esa cantidad de dinero todo el mundo estará detrás de
nosotros.
Él asintió con la cabeza.
—Aterriza esa maldita nave antes de que te hagan estallar en el
espacio.
—Papá…
—No me des ninguna excusa, muchacho. No has tenido que huir
realmente de las autoridades. Acéptalo de un experto. Saca el chip de ella
ahora y destrúyelo. Tengo otra nave sin marcar para ti en Trinaro y un equipo
dispuesto a cubrirte. Trata de llegar.
Un tic apareció en la mandíbula de Devyn mientras sostenía una
mirada que decía que quería discutir, pero sabía que era inútil.
—Muy bien. Cambio el rumbo.
El alivio brilló en los ojos de su padre.
—¿Y Devyn?
—¿Sí?
—Te quiero —su mirada fue a Omari y a Sway—. Os quiero a todos.
No me hagáis lamentar haberos enseñado a volar —cortó la transmisión.
Devyn giró el asiento para emitir las órdenes.
—Omari, toma el mando. Vik, escanea y haznos saber si alguien
sale en nuestra búsqueda. Sway, comprueba las armas y asegúrate de que estamos
listos para cualquier cosa —le hizo un gesto a Alix para que le siguiera.
La condujo por el pasillo a la enfermería.
Y tan pronto como se cerró la puerta, ella le agarró y le besó
apasionadamente. Todavía no podía creer lo que había hecho por ella. Lo que él
había arriesgado.
—Gracias, Devyn.
Devyn la abrazó apretadamente mientras inspiraba su aroma.
—Soy el mayor idiota alguna vez nacido.
—No. Eres un héroe. Podrías haber dejado que me llevaran y no lo
hiciste —apretó los brazos alrededor de él—. No puedo creer que lo hicieras por
nada como yo.
—Tú no eres nada, Alix, y yo soy más que estúpido por las
personas que me importan.
Esas palabras la golpearon. ¿Se atrevería a creerlas?
—¿Qué?
Devyn vaciló mientras miraba esos ojos azules que le hacían
arder.
Dile que la amas.
Ni siquiera la conozco.
No le importaba a su corazón. A los confusos sentimientos en su
interior. Tanto si él se lo dijera o no, esta noche había adquirido un enorme
compromiso con ella. Infiernos, se pudo haber entregado a sí mismo a la
esclavitud.
La besó en los labios y luego se obligó a dar un paso atrás.
—Tenemos que conseguir desmarcarte.
Ella fue a tumbarse sobre la camilla para que él pudiera extraer
el localizador.
—¿Sabes dónde está?
Ella se señaló una cicatriz en el brazo.
—Probablemente debería decirte que cometieron un error cuando lo
pusieron. Está incrustado en el hueso.
Devyn hizo una mueca.
—¿Qué edad tenías cuando lo hicieron?
—Tres.
Eso le hizo maldecir. Se suponía que nadie por debajo de
dieciséis era marcado. Los riesgos eran demasiado grandes. Pero es obvio que su
padre nunca había querido tener una hija.
Sólo la propiedad.
—Voy a tener que romper el hueso.
—Lo que sea necesario —le sostuvo la mirada—. Confío en ti,
Devyn.
No sabía por qué, pero esas palabras le provocaron un dolor en
el pecho. Besándola la mejilla, él se apartó y preparó la sala para la cirugía.
Alix estaba en silencio, mientras luchaba con el miedo. No por
ella misma. Realmente no le importaba lo que le sucediera. Eran los que la
habían ayudado los que tenían importancia.
Y, sobre todo...
—¿Qué crees que les estarán haciendo a mi familia?
Devyn se detuvo a su lado para mirar hacia abajo mientras ella
le observaba de cerca.
—Nada.
—No seas condescendiente. No soy estúpida. Vi la manera en la
que Whelms se volvió contra mí. Ahora he puesto a mi madre y hermana en la
línea de fuego.
—Escúchame, Alix. Tengo un amigo que vela por ellas desde el
interior de la cárcel. Si alguien se acercara a ellas, no vivirá lo suficiente
para lamentarlo.
—¿Qué?
Él sonrió.
—Vengo de una familia de asesinos, y no todos ellos están
ligados a La Liga. Créeme, nadie va a hacerles daño. Nos aseguraremos de que no
queden atrapadas en fuego cruzado —le depositó la máscara sobre el rostro.
Alix inhaló la anestesia, mientras sus pensamientos iban a la
deriva. Quería creerle, lo quería.
Pero Merjack era más tramposo que eso.
Y mientras Devyn podría saber cómo vivían los forajidos y
asesinos, no sabía nada acerca de los esclavos.
Por favor, por favor no les dejes violar a mi hermana.
—¿Cómo es de grave?
Nero hizo una mueca por el sonido de la voz de Syn en la oreja
mientras sentía la cabeza como si estuviera a punto de estallarle. Nunca
debería haber contestado al comunicador mientras estaba echando una siesta.
Pero él sabía que su viejo amigo estaba fuera de sí por la preocupación y había
pensado estúpidamente hacerle sentir mejor.
—No me lo estarías preguntando si ya no lo supieras.
Syn maldijo.
—No lo entiendo. ¿Por qué lo arriesgaría todo por ella?
— También conoces la respuesta. La ama.
—Sí, y la última mujer que amaba casi le mata.
—Esta no es tu lucha, Syn. Es la de Devyn.
Podía sentir la confusión, la ira y el miedo que se escondía en
la estoica voz de Syn.
—Háblame de ella. ¿Necesitamos ejecutarla?
Ese comentario podría haber sido rudo proviniendo de cualquier
otro, pero Nero entendió a su amigo y lo que le había hecho tener la sangre
fría. Y la verdad era, que Nero también sería igual de duro con su hijo.
—Ella le ama.
—Lo mismo hizo Clotilde.
—No. Clo se amaba a sí misma, lo que traté de decírselo y no me
escuchó. Alix es totalmente diferente. Apenas piensa en sí misma como ser
humano.
—Entonces, ¿qué hacemos?
—Mantenerles a salvo.
Syn hizo una pausa antes de volver a hablar.
—¿Puedes hacerlo?
—Ahora no, cabrón. Mi cabeza me está matando. Tengo que recargar
mi poder o seré más inútil que las tetas de un jabalí.
—Muy bien. Pero, ¿estás seguro de sus sentimientos por Devyn?
—Sé que no me acabas de preguntar algo tan estúpido. Si pensara
por un minuto que ella le traicionaría, créete que la habría dejado con los
Rits.
—Muy bien. Recárgate. Los dioses saben que vas a necesitar cada
gramo de tus poderes para proteger a mis chicos. Merjack lo está sacando todo
para ir tras vosotros.
Y él sabía la única cosa que Syn no estaba diciendo. El rencor
de Merjack contra Nero dejaba en ridículo lo que tuviera contra Syn. Syn sólo
había derrocado a la familia del bastardo.
En su caso, no era algo que le hubiera hecho al padre o abuelo
de Merjack.
Era personal.
Devyn retiró la máscara del rostro de Alix y la dejó respirar
normalmente otra vez. Le había quitado el chip destruyéndolo. Después le había
tejido el hueso y sellado la herida. El que le había implantado el chip había
sido torpe y estúpido.
Pero por supuesto, todo el mundo en su vida había sido de esa
manera con ella. Eso era algo que agradecía no poder entender. Él había sido
siempre una prioridad para sus padres. Incluso cuando le gritaban y le
castigaban, nunca había sido hecho con malicia. Nunca habían hecho nada aparte
de quererle y desear protegerle para que fuera una mejor persona.
Le apartó el pelo de la pálida cara.
—Desearía poder apartarlo todo de ti.
Pero ahora mismo, todas sus vidas estaban en peligro.
—¿Dev? —Dijo la voz de Sway por el intercomunicador—. Te
necesitamos. Ahora.
—Estoy en camino. ¿Puedes venir a cuidar a Alix, mientras tomo
los mandos?
La puerta se abrió mostrando a Sway.
—Hecho. Tenemos una cantidad enorme de cazas ahí fuera con tu
nombre en ellos. Ve a mandarlos al infierno.
Devyn inclinó la cabeza ante él.
—Gracias, por cierto.
—¿Por qué?
—Por ser mí amigo. No tenías que ayudar a defenderla.
Sway se burló.
—Yo no la estaba ayudando. Yo te estaba ayudando a ti, amigo.
Sigo pensando que eres un idiota. Pero sé lo que yo haría para mantener a
Claire a salvo y sé que estarías conmigo hasta la muerte —le tendió la mano—.
Hermanos para siempre.
Devyn tomó la mano y tiró de él para un rápido abrazo.
—Vigílala.
—Saca a esos gilipollas de nuestras espaldas.
Asintiendo con la cabeza, corrió hacia el puente, donde vio a
Omari y Manashe ya con los cinturones.
Él se deslizó en su asiento cuando las alarmas de aviso
comenzaron a sonar con gran estruendo a través de la nave.
—¡Atención, tripulación de La Talia, se os ordena a todos ser
custodiados por La Liga, con efecto inmediato. Preparaos para ser abordados.
—Aborda esto —Devyn abrió fuego contra ellos.
Vik maldijo a través del interfono mientras liberaba los
controles para que Devyn pudiera volar manualmente.
—Oh, eso no es inteligente.
—Y yo no voy a dejar que nos aborden, Vik. Recuerda que llevamos
la carga de contrabando que están buscando y no disponemos de los manifiestos
auténticos. Si La Liga sube a esta nave, ayudar a un esclavo fugitivo será el
menor de nuestros crímenes.
—Oh, sí.
Omari dejó escapar un silbido.
—Están llegando más. Maldición, papá, parece que la flota entera
de la Armada del Oeste ha sido enviada tras nosotros.
Devyn se ladeó totalmente a la izquierda mientras las otras
naves devolvían el fuego. Varios disparos impactaron en el casco, oscureciendo
las luces y sacudiendo toda la nave. El estómago se tambaleó al perder la
gravedad.
—Están apuntando a nuestros direccionales —advirtió Vik.
Él se ladeó de nuevo, tratando de huir del campo de acción de
sus cañones de iones. Algo mucho más fácil de decir que de hacer cuando tres
cruceros más salieron de la híper velocidad.
Uno de ellos se materializó directamente delante de ellos.
—¡Mierda! —Devyn golpeó los retro propulsores y se desvió para
evitar a la nueva incorporación, pero ya era demasiado tarde.
Sus laterales habían sido golpeados.
Con fuerza.
El sonido del choque, y la rotura del titanio y el sistema de
circuitos, reverberó con fuerza mientras fallaban las luces.
—Los escudos han bajado al uno por ciento —la voz de Vik
desmentía el dolor que debía estar sufriendo.
Él debía haber recibido el mismo golpe que la nave.
—¿Estado?
—Jodido.
—¡Vik! Maldita sea, responde a la pregunta.
—Necesitamos a nuestro ingeniero para bloquear el núcleo, que se
ha fisurado. Oh, espera, ella todavía está inconsciente. Nuestro sistema de
aire no filtra, hay fuga. Estamos perdiendo el soporte de vida, y a menos que
Nero pueda hacer algo importante, es mejor que te rindas antes de que nos
bombardeen otra vez.
Nero apareció sobre el puente.
—No puedo tratar con esto. Si estuviera a pleno rendimiento, tal
vez. Pero en este momento… —negó con la cabeza.
Devyn respiró profundamente mientras contemplaba las naves de
fuera. Las naves con sus tripulaciones estaban decididas a matarles a todos
ellos.
Pero todo se reducía a una simple cosa.
—No creo en la rendición.
Vik maldijo.
—Devyn. Van a matarnos.
—Adelante —subió los tres aceleradores y empujó la nave lo más
rápidamente que pudo.
Viajaron dando bandazos hacia adelante, mientras volaba a través
de escombros y explosiones.
Por la repentina aceleración Nero se golpeó contra el suelo. Sin
miedo ni comentarios, Omari se unió a él en el timón, tripulando las armas para
destruir cualquier cosa que se interpusiera en su camino. Sus poderes Trisani
le ayudaron para apuntar y ver las trampas que se acercaban antes de que
llegaran.
—Los motores están fallando —gritó Vik.
Devyn apretó los dientes con cruda determinación.
—Mantenlos durante cincuenta segundos más.
—¿Por qué?
—Porque entonces seremos atraídos por la fuerza gravitacional de
ese planeta de clase-M de allí.
Omari frunció el ceño.
—¿Colisionaremos?
—Sí —dijo Devyn de modo inquietante—. Colisionaremos.
CAPÍTULO 12
Omari señaló el monitor frente a la cara de Devyn. No era que no
lo hubiese visto, pero el chico estaba preocupado con razón.
—Están viniendo tras nosotros.
—Lo sé —tendría que haber estado ciego para no darse cuenta del
masivo número que parecía una mancha moviéndose tras ellos.
Devyn alzó la vista al intercomunicador.
—¿Vik? ¿Algún escudo más que puedas activar a la parte trasera?
—El generador está muerto y enterrado.
—Están disparando —la voz de Nero sonaba calmada, pero el pánico
subyacente era difícil de pasar por alto.
Devyn maldijo mientras se inclinaba y el motor trasero
petardeaba, después falló. La nave se estremeció alrededor de ellos.
El comandante de La Liga les llamó de nuevo.
—Es tu última oportunidad, Kell. Rinde tu tripulación o
piérdelos.
Devyn miró alrededor a todas las caras cuya libertad dependían
de él y lo más importante, sus vidas. Era la única esperanza que tenían.
Ella cumplió los dieciséis en la cárcel…
Miró a Omari y tomó una decisión.
Devyn le pegó a los propulsores con todo lo que tenían. La nave
se sacudió hacia delante y se inclinó. Pero el movimiento finalmente los lanzó
a la atracción gravitacional del planeta. Dejó escapar un suspiro de alivio.
Costase lo que costase no podían ser capturados. Ninguno de
ellos.
Las naves de La Liga se desviaron inmediatamente. Sus naves de
combate eran demasiado grandes para aterrizar y los cazas eran de categoría
espacial tres, lo que significaba que no tenían la capa protectora que se
necesitaba para aterrizar. Cualquier intento para entrar en la atmosfera les
despedazaría.
El Talia, sin embargo…
Era una mujer dura. Pero por el momento, se encontraba herida y
cojeaba. A pesar de que fue diseñada para aterrizar en cualquier parte, no
estaba seguro de que lo lograra en la condición actual.
Devyn abrió el canal de comunicación para avisar a Sway y Vik de
lo que se avecinaba.
—Apretaos los cinturones. Vamos a efectuar un aterrizaje
agitado.
Sway zumbó detrás de él.
—Dev, ¿estás tratando de decirme que estamos a punto de
estrellarnos?
—Sí, nos estamos estrellando.
Sway hizo una última replica hosca.
—Gilipollas.
Sacudiendo la cabeza, Devyn se preparó lo mejor que pudo. La
fricción atmosférica contra el casco les hizo sentir como si estuvieran
viajando a través del acero. Sin los amortiguadores, el sonido era
insoportable.
Las chispas volaban de los circuitos dañados, mientras Manashe
gemía en respuesta al sonido. Nero se ató el cinturón.
¿Era una medida de precaución, o sabía algo que ellos no?
Sin tiempo para pensar en eso, Devyn hizo lo mejor que pudo con
lo que tenía. Pero para el momento en que irrumpieron a través de la atmosfera
normal del planeta, apenas podía dirigir.
—Intentémoslo en algún lugar blando —sugirió Omari.
Devyn resopló.
—¿Qué tal si trato de evitar las montañas?
—Esa idea es aun mejor.
Pero no había manera de evitar estrellarse contra los árboles.
Todo parecía ir más lento mientras aparecían, giraban y caían a través de
ellos, hasta que Devyn perdió todo sentido de la orientación. Ahora mismo, por
todo lo que sabía podrían estar volando al revés.
Finalmente aterrizaron con una dura sacudida en medio del
bosque.
Maldijo cuando el dolor en el cuerpo le golpeó. La herida del
costado se desgarró aun más, pero sabía que no tenía tiempo de preocuparse por
eso. Miró a Omari.
—¿Cómo estas, hijo?
—Todavía no he muerto.
Asintió.
—¿Nero?
—No has ayudado con la migraña —el tono era seco y sarcástico.
Manashe ladró.
—Eso ayudó aun menos.
Devyn le ignoró.
—¿Vik?
El silencio le respondió.
El corazón de Devyn se detuvo mientras entraba en pánico. ¿Se
habría herido el androide en el accidente?
¿O peor… muerto?
—¡Vik!
Una vez más nada.
Nero levantó la mirada de donde estaba acunando la cabeza entre
las manos.
—Las comunicaciones pueden estar cerradas.
Tal vez.
—¿Sway? —intentó Devyn.
Y de nuevo no hubo respuesta. Sin esperar a los demás, Devyn
saltó del asiento e ignoró las protestas de su cuerpo.
Por favor no estéis muertos. Su mente le torturó con imágenes de
lo que podría encontrar.
Fue a ver a Alix y Sway primero. El corazón le latía fuertemente
mientras el miedo se apoderaba de él.
Maldición, ¿cuándo había llegado la nave a ser tan grande?
Parecía como si fuera creciendo mientras corría.
Finalmente, les encontró en la enfermería justo donde les había
dejado. Alix estaba atada sobre la mesa, pero Sway…
Estaba en el suelo a unos pocos metros de distancia. Y no se
movía en absoluto. Ni siquiera un leve estremecimiento.
El terror le consumía mientras corría hacia él. Le volvió de
espaldas para ver la herida abierta en el centro del pecho.
¡No!
El cuerpo entero de Devyn se estremeció al ver la magnitud del
daño causado a Sway. Tenía contusiones en la cabeza y los brazos. Una herida
grave sobre el ojo, y estaba cubierto de sangre.
Sway tosió mientras le miraba.
—Me resbalé.
Devyn quería maldecirle por su condición, pero no era culpa de
Sway.
Era suya.
Le había hecho esto a su mejor amigo, y por el aspecto que
tenía, no iba a sobrevivir.
—Nunca podrás caminar en una línea recta, torpe imbécil.
Sway se rió, después hizo una mueca y se quejó.
—Me estoy muriendo, ¿no?
—No a mi vista.
Devyn levantó la mirada para ver a Nero uniéndose a ellos. Con
una cruda determinación brillándole en los ojos, se arrodilló en el suelo y
puso una mano sobre el pecho de Sway. Era evidente la cantidad de dolor que esa
acción le causó, pero no dijo nada mientras le sanaba. Se limitó a poner una
mueca de dolor.
Sorprendido, Devyn jadeó mientras el color de Sway volvía a la
normalidad. Nero, por otro lado…
Parecía a punto de vomitar…
Nero soltó a Sway y se echó hacia atrás.
—¿Estás bien?
Nero sacudió la cabeza lentamente.
—Dolor de cabeza… peor. Realmente no me siento bien.
—Realmente no te ves bien.
Y por supuesto, vomitó.
Devyn comenzó a acercarse para ver como estaba, pero Nero alzó
la mano para detenerle.
—Ve a Alix. No necesito una madre.
—Tal vez no, pero pareces necesitar un médico.
Nero le apartó.
—Solo necesito recargar. No hay una maldita cosa que puedas
hacer para ayudarme en este momento.
Levantando las manos en señal de rendición, Devyn fue a
comprobar a Alix, que aún seguía inconsciente de la cirugía menor. El claro
cabello estaba extendido, haciéndola parecer un vulnerable ángel, mientras la
desataba de la mesa.
Se tomó un momento para poner los dedos sobre la cálida mejilla,
agradecido de que estuviera viva e ilesa.
Alix parpadeó abriendo los ojos para encontrar a Devyn sobre
ella con un ceño severo. Puso mala cara en respuesta, mientras la cabeza le
latía y recordaba la eliminación del chip. ¿Ya estaba hecho?
Miró alrededor de la habitación en ruinas. Las cajas estaban
esparcidas a través de la habitación, habían caído fuera de los armarios que
ahora estaban abollados y colgaban abiertos. El cristal se había roto y los
frascos de medicinas estaban esparcidos por todas partes.
Más que eso, estaban extrañamente inclinados.
—¿Qué paso?
—Nos estrellamos.
No era broma. Ya había deducido eso en gran parte.
—¿Dónde?
—No estoy muy seguro. No tuvimos tiempo para averiguar nada más
que el hecho de que puede mantener nuestra forma de vida sin soporte vital.
Eso era definitivamente importante, pero no era lo único a
saber.
—Así que ¿estamos caminando hacia la muerte?
—Dioses, espero que no. No tengo las botas adecuadas para eso.
Estas solo son buenas para unas suaves patadas en el culo.
A Alix no le divertía su intento humorístico. Le dolía mucho y
su situación era demasiado grave.
Omari asomó la cabeza por la puerta.
—La Liga está enviando exploradores por nosotros. Tenemos que
salir de aquí… hace diez minutos.
Devyn asintió. Tomando la mano de Alix, la llevó al puesto de
Vik en el puente superior para encontrar al androide inmovilizado por los
escombros y restos. Bordeó a su alrededor, tratando de encontrar el asiento.
Algo mucho más fácil de decir que hacer.
Alix le ayudó a cavar alrededor hasta que encontró a Vik tendido
de espalda, todavía atado a la silla. El androide parecía haber perdido algunos
fluidos, pero por lo demás no estaba en muy mala forma. Especialmente teniendo
en cuenta que una gran viga había caído y le cubría.
—¿Vik? ¿Estás bien?
Abrió los ojos para clavar una mirada sobre Devyn que habría
encogido a alguien que fuera menos hombre.
—No realmente. Y para que conste, odio a tu padre por darme
emociones humanas y sensibilidades. Me gustaba más cuando no podía sentir el
dolor.
—Créeme, conozco ese sentimiento —él, Sway y Nero movieron la
viga mientras Alix le desataba de la silla y le sacaba de debajo de los
escombros.
Tan pronto como estuvo libre, Vik fulminó a Devyn con la mirada.
—El que te dio la licencia de piloto debería ser fusilado.
—Gracias, V. También te quiero.
—Entonces ¿por qué casi conseguiste asesinarme? No te ofendas,
pero prefiero que me odies, ya que pareces abusar de tus enemigos mucho menos
de lo que haces con tus amigos.
Alix tuvo que aguantar la risa ante el tono arisco.
Nero se adelantó.
—Sin ánimo de ofender, gente, tenemos una crisis de tiempo.
Debemos irnos.
Devyn asintió antes de conducirles a través de la nave latente,
que podría arder en cualquier momento. Pero salir iba a ser un problema.
El accidente había empujado la puerta, obstruyéndola.
Devyn dejó escapar un suspiro irritado mientras daba un paso
atrás para tratar de abrirla con el hombro.
—¿Alguien tiene un abrelatas?
Nero le dirigió una cómica mirada.
—Vosotros chicos no vais a estar felices hasta que me friáis el
cerebro, ¿verdad?
Omari avanzó.
—Déjame hacerlo.
Nero puso los ojos en blanco.
—Eres un embrión.
Pero Omari se negó a retractarse.
—Puedo hacerlo.
—Omari…
—Lo tengo, papá. Confía en mí.
Devyn le miró con incredulidad.
Sway le dirigió una mirada inexpresiva a Alix.
—¿Dónde has visto esa cara recientemente?
—Estoy bastante segura que fue cuando el padre de Devyn le dijo
lo mismo.
—Sí, aterrador, ¿verdad?
Sacudiendo la cabeza, Devyn retrocedió.
—Bien. Hazte también con un dolor de cabeza. ¿Qué me importa?
Nero se movió para quedar detrás de Omari y así poder guiarle.
—Cierra los ojos y concéntrate. Mira la puerta y lo que quieres
que haga. Respira lentamente, y si comienzas a sentir que tu cerebro se está
derritiendo, detente. Porque lo estará haciendo.
—No derretir el cerebro. Lo tengo —Omari cerró los ojos y
respiró hondo.
El metal de la puerta comenzó a crujir casi al instante. Alix
pudo ver los músculos moviéndose en la cara y brazos de Omari mientras
físicamente se esforzaba por ejecutar su magia mental.
Vik se señaló el dispositivo en el oído que le permitía
controlar la comunicación de sus enemigos.
—Ya casi están aquí —le dijo a Devyn con los labios.
Nero maldijo, entonces lanzó su brazo e hizo volar la entrada
con su propia telequinesis. La puerta salió disparada mientras la sangre
comenzaba a manar de la nariz de Nero.
Se la secó con rabia.
Alix estaba preocupada por él.
—¿Estás bien?
Él inclinó la cabeza atrás para detener algo del flujo.
—Sí. ¿Qué es un poco de daño cerebral, de todos modos? No es
como si alguien pudiera darse cuenta.
Omari le miró indignado.
—Podría haberlo hecho sin tu ayuda, sabes.
—Sí, pero estamos a punto de tener compañía.
Devyn agarró a Omari por el brazo y le empujó a través de la
puerta. Tan pronto como salieron, pudieron oír el sonido de los motores
acercándose. Vik tenía razón, los agentes de La Liga estaban prácticamente
sobre ellos.
Omari palideció.
—Estamos tan jodidos.
Sway le tiró del brazo.
—Solo si nos cogen.
Con las entrañas retorciéndose, Devyn miró a Vik mientras
sopesaba las opciones. Pero en ese punto, era como elegir entre una lenta y
agonizante muerte y otra aún más agonizante y lenta.
—¿Todavía puedes captarlos?
—Les están diciendo que os lleven a ti y Alix vivos. El resto
somos prescindibles.
Omari jadeó.
—No me siento prescindible.
Devyn ignoró el arrebato.
—Bueno, entonces, si es una lucha lo que quieren… Sway, tú y Vik
llevad a Alix y Omari hacia el pueblo que se supone está a cinco grados al
norte de aquí. Nos reuniremos en cualquiera que sea la bahía de aterrizaje que
tengan.
A Alix no le gustaba como sonaba eso. Sabía que tenían algo
planeado, y conociendo a Devyn, seria aterrador.
—¿Qué hay de ti y Nero?
—No te preocupes por nosotros.
Sí, claro. El hombre estaba loco y Nero no estaba mucho mejor.
Así que Alix se mantuvo en sus trece.
—No creo que debamos dividirnos.
La expresión en su cara era dura y sincera.
—Soy un soldado entrenado, Alix, y Nero es un superviviente.
Créeme, no serán capaces de tocarnos. Pero os necesitamos a vosotros fuera de
peligro, o de lo contrario no tendremos ninguna posibilidad —se inclinó para
susurrarle al oído palabras que enviaron un escalofrío sobre ella—. Por favor,
por mi cordura, ponte a salvo. Estuve malditamente cerca de perder a Sway hoy.
No hagas que te pierda también a ti.
Alix tiró de él acercándole y le besó. No fue hasta que dio un
paso apartándose de ese beso que miró hacia abajo y se vio algo rojo en la mano
donde le había tocado a él en el costado.
Sangre.
De Devyn. El corazón se la tambaleó, pero antes de poder
preguntarle al respecto, una ráfaga de color chisporroteó por delante de la
mejilla. Tan cerca que pudo sentir el calor de la misma.
—¡Corre! —Gritó Sway—. Nos veremos en el punto de encuentro.
Devyn sacó el arma y comenzó a disparar contra sus
perseguidores.
—¡Vete! —la ordenó.
—No sin ti —Alix le cogió del brazo y tiró de él tras los otros.
Devyn habría protestado, pero en ese punto, estaban siendo
rodeados, y no había tiempo para discutir con nadie.
Infiernos, apenas tenían tiempo para correr.
Tomándola de la mano, cortó a través de la maleza, deseando
tener trajes con blindaje térmico que evitarían que los perseguidores captaran
el calor corporal a través de receptores de infrarrojos. Justo ahora, eran
blancos móviles, y no tenía ni idea si los demás habían sido detenidos o no.
Pero más que eso, sentía el apretón en la muñeca que le advertía
que se estaba presionando mucho. Era su sensor de alerta que le monitoreaba el
cuerpo.
Mierda.
Alix frenó al darse cuenta que Devyn se estaba quedando atrás.
Volvió sobre sus pasos a su lado.
—Tenemos que darnos prisa.
Él sacudió la cabeza.
—Sigue tú. Te cubriré.
—No seas…
—¡Alix! —replicó—. No discutas conmigo. No puedo seguir contigo.
—Por supuesto que puedes.
La miró fijamente.
—No, no puedo. Tengo una enfermedad cardiaca grave.
Ella frunció el ceño antes las palabras y la nota de pánico en
su voz.
—No entiendo.
—Cuando Clotilde me atacó, me atravesó el corazón. Debido a que
soy medio Rit y medio humano, no hay donantes. La anatomía Rit es muy diferente
de la de los humanos. Una de las mayores diferencias es que tengo un corazón de
seis cámaras. Lo que tengo dentro es un corazón mecánico que mi padre me hizo,
pero no aguanta este tipo de abuso. No puedo seguir corriendo o explotará y me
matará.
Ella dio un respingo al darse cuenta de lo que eso significaba.
Iba a ser capturado.
Y estaba dispuesto a sacrificarse por ella.
Pero mirando esos ojos marrón oscuro que la perseguían, sabía
que no podía dejarle a sus enemigos.
—Entonces me quedaré contigo.
—No seas ridícula.
Ella le miró.
—No estarías aquí si no fuera por mí —era la que les había
puesto a todos en peligro—. No te dejaré.
Devyn quería decirle que clase de tonta pensaba que era, pero
mientras la miraba, se dio cuenta de algo.
La amo.
A pesar de las mentiras. El engaño y la irritación. A pesar de
todo, esa mujer significaba el mundo para él. Y no quería verla herida.
—No quiero perderte, Alix.
—Entonces comprendes como me siento sobre ti.
Él la acercó a los labios para un rápido beso.
—Muy bien. Hagamos esto juntos, entonces.
Ella inclinó la cabeza hacia él.
—Juntos.
Pero entonces se dio cuenta exactamente de cuántos soldados
habían sido enviados tras ellos. Era realmente ridículo hacer tal esfuerzo por
evadirlos. Eran de lejos los peores criminales en el universo.
Infiernos, estaba relacionado con la mayoría de ellos.
La atención habría sido halagadora si hubiera estado de mejor
humor. Como si fuera…
Quiso patear sus culos por el olvido.
Alix le llevó por una pequeña pendiente en los bosques que les
proporcionaba un grado de protección frente a sus perseguidores.
—Creo que tengo una idea. ¿Puedes volar uno de sus airbees?
—Sí.
Ella asintió y él pudo verla haciendo cálculos mentales.
—¿Cuánta carga tienes en tu blaster?
—Tres cuartas partes.
Ella sonrió.
—Muy bien, entonces. Vamos a jugar al muerto.
Devyn no estaba seguro acerca de su plan mientras ella le hacía
tenderse sobre la hierba. Luego se tendió a su lado. Tenía una idea de lo que
quería, pero prefería abrirse camino.
Confía en ella. Algo mucho más fácil de decir que hacer, pero al
final, escuchó.
En cuestión de segundos, los exploradores estaban allí para
comprobarles. Devyn esperó hasta que el primero se bajó de su airbee y se
acercó. En el momento que tocó a Devyn, este le agarró por el brazo y tiró de
él. Su compañero disparó, quemando el pecho del hombre.
Él gritó mientras caía. Devyn sacó el blaster y disparó al otro.
Agarró el comunicador del que había caído más cerca de él y se lo puso en el
oído para poder vigilar a los demás.
—Se dirigen hacia aquí.
Alix asintió mientras se deslizaba en el asiento del airbee.
Devyn se subió delante de ella. Pasándole los brazos alrededor de la esbelta
cintura, se deslizó más cerca de él y se agarró fuerte mientras trataba de
ignorar lo bien que se sentía al tenerle entre los brazos.
Devyn pateó los propulsores a alta velocidad. Se elevaron y
salieron disparados hacia delante a una velocidad aterradora. Aunque ella había
visto los airbees antes, nunca había montado una realmente.
Era aterrador.
Y cuando los soldados se dieron cuenta que había dos de ellos
sobre uno, se lanzaron en su persecución.
—Agárrate fuerte —advirtió Devyn.
Alix enterró la cara contra su hombro y se apretó contra él con
ambas rodillas y los brazos.
Devyn se disparó a través de la maleza, esperando sacudirse a
los perseguidores. Pero no era una hazaña fácil. Especialmente dado el hecho
que siendo dos, estaban en una desventaja grave de velocidad. Los airbee
estaban diseñados para una sola persona, y mientras que Alix no pesaba mucho,
era suficiente para hacerlo mortal para ellos.
A través del comunicador, pudo oír que les estaban preparando
una trampa.
Se dirigió hacia la izquierda, lejos de la trampa, más
profundamente en el bosque. Los pequeños bastardos no se lo estaban haciendo
fácil.
¿Por qué habrían de hacerlo?
Porque no quiero morir…
Y mientras los soldados se cerraban sobre ellos, comenzó a ver
el triste final de su persecución.
Hasta que Alix sacó su blaster de la cartuchera y abrió fuego
hacia ellos.
Para su conmoción, era una tiradora increíble, mientras
derribaba uno a uno.
—Chica, me lo habías ocultado.
Ella se rió en su oreja.
—Era la artillera de mi padre.
—Puedo confirmarlo.
Riendo, Devyn se dirigió a la ciudad. No tardaron mucho en
llegar, pero a medida que entraban, se dio cuenta que estaba lleno de enemigos.
En todas partes que miraba, veía a un oficial uniformado, local o de La Liga.
Maldición, quien lo hubiera pensado…
Abandonó el airbee robado entre un montón, con la esperanza de
que no lo encontraran durante un buen tiempo.
Alix miró alrededor nerviosamente.
—¿Crees que los demás han sido capturados?
—No. No han dicho nada a través del comunicador. Todavía están
cazándonos a nosotros.
Alix dejó escapar un suspiro de alivio.
—¿Dónde crees que están?
—Espero que en algún lugar esperándonos.
Rodearon a un grupo de oficiales que estaban interrogando a los
lugareños.
—¡Ahí están!
Devyn dejó escapar una exclamación que la hizo ruborizarse antes
de que tirara de ella hacia un callejón. Los guardias les dispararon, fallando
por poco.
Él se volvió a la derecha y corrió por un callejón incluso más
estrecho que doblaba bruscamente a la izquierda. Alix corrió delante de él
hasta que se encontró frente a una verja que le cortó el paso.
Devyn la levantó.
—Trepa.
Ella se movió tan rápido como pudo hasta que estuvo al otro
lado. Él aterrizó a su lado. Recostado contra la verja, se aferró el pecho como
si le doliera el corazón.
—Están pidiendo refuerzos.
A ella se le hundió el estómago.
CAPÍTULO 13
Devyn giró rápidamente, apuntando su blaster hacia cualquier
loco que pensara en detenerles. Pero cuando su mirada se enfocó, no pudo
respirar mientras fijaba la mirada en un rostro que siempre había deseado
conocer.
Su hermano mayor.
El tiempo pareció suspendido mientras se miraban el uno al otro,
inmovilizados con una incredulidad momentánea.
La pérdida de esta única persona había perseguido a su padre de
formas en las que él no podía ni empezar a entender. Cada año, en el
aniversario del cumpleaños de Paden, su padre encendía una vela y rezaba por
él. Sobre todo le deseaba suerte, incluso aunque Paden no estuviera allí para
oírlo. También le enviaba un regalo a Paden donde fuera que estuviera viviendo.
Un regalo que siempre era devuelto sin abrir.
Y su padre continuaba intentándolo, negándose a darse por
vencido con su hijo. Era una de las muchas cosas que Devyn admiraba de su
padre. Pero también era una fuente de ira para él.
Cada vez que ese regalo era devuelto, veía cómo una parte de su
padre moría. Siempre, año tras año, su padre alargaba la mano para recibir una
bofetada de Paden por su esfuerzo.
A los doce años, se enfadó lo suficiente como para preguntarle a
su padre.
—¿No soy suficiente hijo para ti que tienes que ansiar y
reclamar a uno que te odia?
Su padre le encerró en un feroz y apabullante abrazo.
—Eres el mejor hijo que un hombre podría tener y eres mucho
mejor de lo que yo alguna vez he merecido. Mi amor por Paden no le resta nada a
cómo me siento hacia ti, y nunca lo hará. Pero tienes que entender que crecí
sin un padre y ese es un dolor que me alegro de que tú no conozcas. Paden fue
traído a este mundo contra su deseo, y no quiero que él piense nunca que su
padre no le quiere. Sí, duele ser pateado cuando se niega a hablar conmigo,
pero he sido golpeado mucho más fuerte en mi vida y si él no quiere tener nada
que ver conmigo, está bien. Eso nunca cambiará la parte de mí que le quiere. La
parte de mí que le enseñó cómo atarse los zapatos y cepillarse los dientes,
igual que te enseñé a ti.
Peinó el pelo de Devyn hacia atrás y le besó la frente.
—Al menos de este modo, sabe que alguien ahí fuera aún le
quiere. A veces eso es todo lo que tenemos en el mundo. Cuando todo lo demás
falla a nuestro alrededor, el simple conocimiento de que hay otra persona que
te echa de menos cuando nos hemos ido, es suficiente para ayudarnos a atravesar
nuestros momentos más oscuros. Nunca menosprecies lo poderoso que ese
conocimiento puede ser.
Sólo después de que Devyn adoptara a Omari comprendió lo que su
padre había querido decir aquel día. La sangre no hace una familia.
Lo hace el cariño.
Y ahora estaba cara a cara con el hijo por el que su padre aún
sufría.
La mirada de Paden se estrechó peligrosamente. Sus dedos se
tensaron sobre el gatillo.
Justo cuando Devyn pensaba que iba a dispararle, Paden apuntó su
blaster sobre su hombro y disparó al ejecutor que estaba detrás de él.
Confundido, Devyn no reaccionó cuando Paden le agarró por la camiseta
y le empujó a través de una puerta. Tiró de Alix detrás de él y le hizo una
señal para que estuviera callada mientras cerraba la puerta. La habitación era
la pequeña oficina de alguien, completada con una mesa, una silla de oficina y
dos sillas acolchadas enfrente de un ordenador.
Devyn intercambió un desconcertado ceño con Alix mientras Paden
cerraba las cortinas para ocultar su presencia a los de fuera.
Los ojos de Paden llameaban mientras se acercaba a Alix.
—¿Por qué cojones no hiciste simplemente lo que te mandaron?
—Hizo un gruñido profundo con la garganta—. Nos has jodido a todos ahora. Buen
trabajo. De verdad. Esto es lo que consigo por pensar que un esclavo me
obedecería sin pensar en sí mismo.
Ella sacudió la cabeza.
—¿De qué estás hablando?
Él se inclinó sobre Alix con un feroz desprecio.
—Iba a utilizar la fabricación de tus pruebas para condenar a
Merjack. He estado intentando destruir a ese bastardo desde siempre, pero es
demasiado listo. Siempre esconde lo que hace y no deja huellas para que podamos
pillarle. Su odio por Kell era su única debilidad. Ahora... maldición. Lo has
arruinado todo.
Devyn se quedó atónito ante la perorata de Paden mientras unía
las piezas y deseaba que fueran verdad las motivaciones de su hermano.
—¿No estabas intentando matarme tú mismo?
Ahora fue el turno de Paden de parecer perplejo.
—¿Por qué debería hacer eso?
—Oh, no sé... —dijo con una voz que chorreaba sarcasmo—, ¿por
nuestra historia y tu odio hacia mi padre?
La cara de Paden palideció.
—¿Sabes quién soy?
—Mi hermano mayor.
Esperó que Paden lo negara, pero no lo hizo. En cambio movió su
cabeza con incredulidad.
—No creo que Syn te hablara de mí.
—¿Por qué no? Él te quiere. Siempre lo ha hecho.
—Gilipolleces. Ni siquiera es mi padre.
Devyn estaba disgustado por la traición de su hermano y su
continua negación de un padre que lo único que quería era amarle.
—¿Cómo puedes decir eso sobre alguien que te quiere tanto?
Honestamente, creo que es idiota por no superar tu pérdida después de la forma
en que le has tratado. Pero...
Paden sacó el blaster y lo sujetó contra su cabeza.
—No sabes nada de mí. No soy su hijo.
Devyn le desarmó tan rápido que Paden no pudo hacer nada más que
quedarse con la boca abierta. Apretó el agarre sobre el arma, tentado de
golpearle con ella.
—No soy tu puta, chico. No sujetes un arma en mi cabeza a no ser
que vayas a dispararla. No sería bueno para ti. Y mejor que estés contento de
que nuestro padre te quiera porque ahora mismo eso es lo único que te está
salvando la vida.
Paden se burló mientras continuaba mirándole fijamente con total
incredulidad.
—Realmente no lo sabes, ¿verdad?
—¿Saber qué?
—Syn no es mi padre biológico.
Devyn entrecerró los ojos al escuchar lo último que esperaba
oír.
—¿Qué?
—Mi madre tuvo un lío con otro médico en el hospital donde él
trabajaba. No estamos realmente emparentados.
No podía ser. Seguramente su padre no seguiría corriendo detrás
de un niño que no era suyo... ¿Por qué se maltrataría a sí mismo por alguien
que...?
—¿Lo sabe mi padre?
—Por supuesto que lo sabe.
Devyn estaba totalmente anonadado. Eso sólo lo empeoraba todo en
su opinión. El hecho de que su padre se preocupase de alguien a quien no le
debía realmente nada...
—Eres aún más bastardo de lo que pensaba. ¿Hizo tu verdadero
padre alguna vez algo por ti?
Vio la vergüenza en los ojos de Paden.
—No, y escupes sobre el único que se preocupó de ti incluso
cuando no tenía por qué hacerlo. Eres detestable.
—Yo quizá sea detestable, pero ahora mismo soy la única
oportunidad que tienes de salir de esto.
Devyn le miró secamente.
—¿Necesito recordarte que eres la única razón de que esté en
este lío? Yo estaba...
—Infringiendo la ley.
—Pruébalo —provocó Devyn.
Eso era lo único que tenía en común con Merjack. Cuando se
trataba de cubrir electrónicamente sus huellas... ni siquiera su padre podía
igualar sus habilidades.
Alix se movió para ponerse entre ellos.
—Caballeros, ¿podrían por favor centrarse por un minuto? Tenemos
una situación grave aquí y mientras que entiendo vuestra mutua desconfianza y
enfado, ahora mismo tenemos algo más importante en lo que pensar.
Paden resopló.
—No sabes ni la mitad de ello.
—Entonces ilumínanos, por favor.
Él la recorrió con desprecio.
—No contesto a esclavos patéticos. Nunca.
Devyn le golpeó con fuerza.
—Mejor será que cambies el tono con ella. No me gusta ese. Le
ofrecerás el respeto debido a un ser humano o te daré la paliza que mereces por
ser un gilipollas insensible. Tú eliges.
Paden escupió sangre en el suelo mientras se ahuecaba la
mandíbula inflamada y miraba a Devyn como si pudiera matarle.
—Hijo de puta.
Devyn no estaba en absoluto intimidado.
—De acuerdo con lo que has dicho ahora mismo, tú eres el único
hijo de puta en esta habitación. Mi madre nunca engañó a mi padre, y estoy
bastante seguro que la de Alix tampoco lo hizo.
Paden echó a andar hacia él, pero Alix se interpuso.
—Por favor, ¿podemos centrarnos en lo que es importante? ¿Cómo
nuestras vidas? —Entonces barrió su propia mirada mordaz sobre Paden—. Y
mientras que yo soy un esclavo sin importancia, tú me has ayudado a escapar de
la detención, lo que te hace cómplice tanto como a Devyn. Una palabra y tendré
que admitir tu amabilidad.
Devyn le frunció el ceño mientras se daba cuenta de cuánta razón
tenía Alix.
—¿Por qué nos ayudaste?
—Porque no soy el cabrón sin corazón que piensas. Quise a Syn
tanto como un hijo podría hacerlo. Cuando me enteré de que no era mi padre, era
sólo un niño estúpido y le culpé a él por ello. Entonces, cuando conocí la
historia familiar y quién era realmente, estuve agradecido a los dioses por no
compartir su ADN. Estaba mortificado con el pensamiento de que alguien
descubriese que un hombre como ese había estado casado con mi madre —hizo un
pausa para fulminar ardientemente con la mirada a Devyn—. No me mires así. He
notado que tú tampoco compartes su nombre.
Eso hizo que se enfureciera y siempre había sido una fuente de
irritación extrema para él.
—Devyn Wade Kell. Llevo su nombre y estoy orgulloso de llamarle
padre. Sin importarme su pasado o su familia, él es el mejor hombre que nunca
conoceré. Y no me importa una mierda que mi abuelo fuera Idirian Wade. A
diferencia de mi padre, a mí personalmente no me importa quién lo sepa. Sólo
acepto el Kell porque ese es el nombre que mis padres me pusieron de niño,
mientras que ellos temía que gilipollas como tú abusaran de mí antes de que
fuera lo suficientemente mayor como para defenderme a mí mismo. Personalmente,
como el padre al que quiero, no creo en huir de nada. Como el tío Digger
siempre dice: los Wades no huyen. A veces queremos. A veces deberíamos. Pero
los Wades no huyen.
Paden le recorrió con una mirada de supremo disgusto.
—Tú no eres mejor que yo.
—Nunca dije que lo fuera. Eres el único en esta habitación que
parece tener un complejo de inferioridad. Alix y yo estamos a gusto con nuestro
lugar en el mundo.
Paden apartó la mirada mientras la verdad detrás de esas
palabras le atravesaba. A causa del odio de su madre por su padre, se había
sentido sucio e indigno la mayor parte de su vida. De manera que necesitaba
probarse a sí mismo ante su madre, quien le odiaba por lo que su padre había
hecho.
No fue culpa suya. Él no fue el único al que ella se había
quitado de encima. Todo lo que siempre quiso de ella era su amor y su
aprobación.
«Pero incluso en su lecho de muerte ella le maldijo. Eres tan
inútil y patético como tu padre. Debería haberte matado cuando eras un niño.
Ahora vete y déjame morir en paz. No quiero llevar tu despreciable cara conmigo
a la eternidad».
La única persona que siempre le había querido era el hombre que
él había despreciado en un intento de ganarse el favor de su madre.
«Es él o yo, y si le eliges a él, estarás escupiendo sobre el
universo entero. Ellos nunca te verán como algo más que la patética basura que
eres. Continúa y sé el hijo de un ladrón inútil. Entonces todos sabrán
exactamente lo despreciable que eres».
Esa era la razón por la que nunca se casó. No quería que una
mujer se volviera en su contra como su madre había hecho con Syn.
Pero nada de eso importaba ahora mismo.
La esclava tenía razón. Salvándoles había puesto su propia
cabeza sobre el tajo, y si ella abría la boca, lo perdería todo.
Incluso su propia libertad.
Paden dejó escapar un suspiro frustrado.
—No sé cómo sacarnos de aquí ahora. El plan original era dejar
que Merjack abusara de su poder colgándote —le dijo a Devyn— y entonces usar tu
encarcelación injusta para destruirle. Pero ahora lo habéis hecho volar todo al
infierno.
Alió frunció el ceño.
—¿Qué pasa con mi familia?
Él se rió de ella de forma amarga, como si fuera idiota.
—Realmente no estarás pensando que Merjack os habría liberado
alguna vez a alguna de vosotras ¿verdad? Pretendía vender vuestro lote tan
pronto como tuviera la evidencia que necesitaba para condenar a Kell. Bueno,
excepto a tu hermana. Pretendía quedársela para sí mismo.
—¿Y tú estabas de acuerdo con eso?
—No, yo desprecio la esclavitud, pero no lo podía arreglar yo
solo. Todo lo que podía hacer es asegurarme de que Merjack era capturado.
Después de todo, ese era el plan hasta que vosotros dos lo jodisteis por no
seguir las órdenes. ¿Por qué no podías haberme escuchado y hacer lo que te
dije?
Alix estaba consternada por su ira hacia ella, habida cuenta de
que la había relegado.
—¡Cómo te atreves! Bien, debes perdonarme si la idea de tus
ganancias políticas palidece en comparación conmigo y mi familia pasando el
resto de nuestras vidas como esclavas. Perdona si tu promoción me parece un
poco estúpida.
Él frunció los labios como si ella le diera asco, entonces
prestó atención a Devyn.
—¿Cómo puedes aguantar su bocaza?
Devyn pasó una orgullosa mirada sobre ella que la calentó de
pies a cabeza.
—Creo que es adorable y su boca es una de las cosas que
encuentro más agradables. En más de una situación.
Antes de que Paden pudiera responder, Devyn se puso serio
mientras presionaba el comunicador de la oreja.
—Están empezando a buscar por los edificios. Aún no hay noticias
de Omari y los otros. Quizá, sólo quizás, eso sea algo bueno.
Paden le echó una mirada jocosa.
—No contaría con eso. No con tu suerte.
Devyn maldijo mientras escuchaba el siguiente trozo de
información de sus “amigos”. Las noticias le revolvieron el estómago.
—Sí. Todo se ha dado la vuelta. La Liga ha traído un grupo de
asesinos para ayudar en nuestra búsqueda.
A diferencia de los ejecutores, los asesinos estaban muy
entrenados. Nada escapaba a su vigilancia y no tenían compasión por nadie.
También era un equipo nervioso, y la última cosa que quería era que hirieran a
Omari porque él se resistía a su arresto.
—No veo cómo salir de esto.
Taladró a su hermano con una mirada furiosa.
—Tengo que pedirte un favor.
—¿Y eso es?
—Lleva a Alix y los demás a Gouran.
Paden le miró como si estuviera loco.
—¿Por qué Gouran?
—Mi padrino es el emperador Quiakides. Él se asegurará de que
ellos y tú estéis a salvo de La Liga y de Merjack.
—¿Qué pasará contigo?
—Yo me entregaré.
Alix negó con la cabeza.
—¿Te has vuelto loco? No puedes hacer eso.
Su preocupación le emocionó, pero eso no cambiaba nada. Y mucho
menos, su intención. La apartó el pelo de la cara y apreció la mirada
preocupada en sus ojos azul oscuro.
—Confía en mí, Alix. Esta es la única manera. A esta hora, la
Talia ha detonado y no van a encontrar nada excepto escombros derretidos. Como
dijo Paden, no tienen nada contra mí excepto los archivos inventados que les
diste, los cuales podemos probar que son tonterías. Gouran no reconoce la
esclavitud, así que serás libre en el momento en que pongas un pie en su suelo,
y tío Nyk no dejará que Sway, Omari, Nero, Vik o Manashe sean heridos. Todos
estaréis a salvo.
—¿Qué pasará con mi madre y mi hermana?
—Mira a ver qué puede hacer Nyk para liberarlas. Hará lo
imposible. Te lo prometo —la atrajo hacía sí y la sujetó con fuerza—. Confía en
mí, Alix, conseguiré librarme de ellos.
Ella envolvió los brazos alrededor de él y él se deleitó con el
toque. Realmente lo significaba todo para él.
Paden puso los ojos en blanco.
—¿Tienes idea de cuántos agujeros tiene ese plan?
—Realmente no.
Dio un paso atrás y liberó a Alix hacia su hermano.
—Entonces sácala de aquí y reúnete con los otros —hizo una
pausa—. A propósito, confío en ti... hermano —alargó la mano hacia Paden—. No
me falles.
Paden tomó la mano en la suya.
—Que los dioses caminen contigo.
—Y contigo. Recuerda que estás cuidando las cosas más
importantes del mundo para mí.
Devyn se encontró con la mirada aterrada de Alix y quiso
confortarla.
—No te preocupes. Sacaré a tu familia de esto. Lo prometo.
—Tus promesas han sido las únicas con las que yo siempre he
podido contar, y no es sólo por ellas por lo que tengo miedo. No hagas nada
estúpido, Devyn. No quiero que tu vida sea el precio a pagar por su libertad.
Sonriendo, Devyn besó su mano. Aspiró el aroma de su piel antes
de alzar la cabeza y reclamar sus labios.
—Te protegeré.
Ella asintió incluso mientras imágenes de él bailaban en su
cabeza.
—Mantente a salvo.
—Tú también —miró hacia Paden—. Yo iré primero. Una vez que me
hayan cogido, saca a los otros de aquí.
—Lo haré.
Devyn echó otra mirada a Alix, esperando que no fuera la última
vez que la viera. Estaba desaliñada por todo lo que habían pasado y todavía era
la mujer más hermosa del mundo para él.
Las heridas le palpitaban, pero ni aun el dolor podía anular el
deseo que sentía por ella.
Parte de él quería olvidar a los demás y correr con ella, pero
amaba a Omari y a su equipo demasiado.
Esta era la única manera de salvarlos a todos. Su vida por la de
ellos. Era un pacto, de verdad.
Con el corazón afligido, se dio la vuelta y dejó la habitación,
entonces se encaminó abajo donde estaba el mayor grupo de soldados esperando
fuera del edificio. En el momento en que le vieron, salieron en tropel.
Le costó cada onza de voluntad que poseía no luchar con ellos
mientras le esposaban las manos a la espalda. Esto era por los otros.
Sí, pero el sometimiento apestaba.
Solamente no dejes que Paden me traicione.
Estaba poniendo mucha confianza en alguien que podría fácilmente
apuñalarle por la espalda y matar a aquellos que estaba intentando salvar
desesperadamente.
Pero en este punto ya no tenía ninguna opción.
Alix miró a Paden con cautela. No había sido exactamente
amigable o confiable en todo esto, y aún no estaba segura de que el plan de
Devyn no fuera una locura. Por favor, que todo vaya bien. No podría ser capaz
de vivir consigo misma si le hubiera enviado a la muerte para salvar a su
familia.
—¿Le estabas mintiendo?
Paden le echó una mirada severa.
—No, acerca de ti no—entonces añadió secamente—, sé que crees
que soy un cabrón sin valor y realmente no me importa.
Pero ella notó el temblor en el tono de voz. Uno que le dijo
algo que él no decía.
—Quieres a tu hermano.
Paden apartó la mirada, pero ella notó el gesto de vergüenza en
sus ojos como si la idea de ello le avergonzara.
—Mis sentimientos por él y por mi padre no son de tu
incumbencia. Ahora muévete, esclava. Si ellos dan contigo o conmigo, no seré
tan estúpido como Devyn.
Las palabras la ofendieron, pero encontró extraño que se
refiriera a ellos como familia ahora que Devyn no estaba aquí para oírle.
Antes de que pudiera profundizar en ello, la agarró del brazo y
la sacó a rastras de la habitación.
—¿Dónde se supone que os encontraríais? —le preguntó mientras
recorría el camino hacia la puerta trasera del edificio, donde tendrían la
última oportunidad de ser vistos y capturados.
—La bahía de aterrizaje.
La miró con ceño.
—¿La bahía de aterrizaje? ¿Estáis locos? Ese lugar va a estar
lleno hasta arriba de ejecutores.
—Bien, ese era el plan de juego.
Él dejó escapar un sonido de supremo asco.
—Bien.
Alix movió de un tirón el brazo para liberarlo.
—Me estás haciendo daño.
—Como si me importara —pero no volvió a cogerla del brazo
mientras la guiaba cuidadosamente hacia la bahía.
Alix no se sentía segura ante esto mientras entraban en la bahía
a través de una puerta lateral. Tuvo un mal presentimiento en el estómago que
no se pudo sacudir.
No habían ido muy lejos cuando entendió el porqué. Detrás de
ellos, oyó una profunda y espeluznante voz.
CAPÍTULO 14
La mirada de Alix fue directamente a dos de los hombres de
aspecto más mortífero que jamás hubiera visto. Vestidos con uniformes negros de
La Liga, no había duda de su ocupación.
Eran asesinos.
Uno tenía el pelo rubio platino que llevaba trenzado a la
espalda, la forma acostumbrada por un asesino. Las mangas llevaban la marca de
color borgoña profundo de una daga rematada con una corona. Eso denotaba que
era el más malo de lo malo.
Un comandante asesino de primer orden.
Y a su lado lo que parecía ser un Andarion con el pelo corto
negro que llevaba en una serie de rizos en espiral. No había duda de sus
colmillos ya que se pasó la lengua por uno como si los estuviera midiendo para
la cena. O era un novato o algo le había pasado a su largo pelo.
Ambos llevaban gafas oscuras, una opción de vestuario diseñada
para poner nerviosos a los que les rodeaban. Y chico, siempre funcionaba.
También impedían que la gente supiera a quien estaban mirando los asesinos.
O, mejor dicho, apuntando.
Aunque en este momento, los blasters que les apuntaban le dieron
una buena idea de que los objetivos du jour 6eran ella y Paden.
El asesino de cabello oscuro se acercó para desarmar a Paden y
cachearla. Le tomó toda su contención no protestar o luchar, pero confrontar a
un asesino entrenado no era precisamente un acto que adjudicara un premio a la
inteligencia.
El asesino le dio la identificación de Paden al rubio, que la
abrió y frunció el ceño. Miró otra vez a Paden y estudió sus facciones.
—No te pareces a Syn.
Paden frunció el ceño.
—Disculpa.
El Andarion le olfateó.
—Digo que le matemos solo para estar seguros.
El rubio frunció los labios.
—No sé. Podría arruinar el día de Syn, lo que nos arruinaría el
nuestro, y puedo pasar sin otra perra sesión. —Se detuvo mientras miraba hacia
abajo, a la identificación—. Fastídiate, deja pasar al bastardo. Siempre
podemos matarle más tarde.
¿Qué en los mundos conocidos?
Pero a medida que les miraba, Alix tuvo una extraña sospecha
sobre lo que esos dos hombres eran.
—¿Vuestra gente conoce a nuestra gente?
El rubio esbozó una sonrisa que le quitó todo el aspecto de
cabrón. No le extrañaba que los asesinos no se rieran o bromearan,
especialmente no cuando eran tan guapos como estos dos. Bajó el blaster y le
tendió la mano a ella.
—Comandante Jayce Quiakides. Encantado de conocerte.
Arqueó una ceja ante un nombre que reconoció.
—¿El hermano de Zarina y Taryn?
—En los días que los reclamo. —Jayce señaló al asesino a su
lado—. Este es el capitán DJ Hauk.
Trató de no reaccionar ante el nombre. DJ no encajaba con su
aura letal. Era el nombre que alguien daba a un hijo, no un asesino.
—¿DJ?
Le dirigió una mirada furiosa a Jayce.
—En realidad es Darion. Fui llamado así por mi tío. Nadie me
llama DJ a excepción de cierto grupo de vagabundos y mis padres.
Jayce dejó escapar una sonrisa diabólica.
—Podría ser peor. Su padre se llama Dancer.
A DJ eso no le hizo la más mínima gracia.
—No vayas por ahí, Jay. Soy el que mata para convertirme en un
comandante asesino. Sería una maldita vergüenza que al que tuviera que matar
fueras tú.
Jayce soltó un bufido.
—No eres tan bueno, mocoso. Ahora llevémosles al interior con
los demás.
Alix vaciló, insegura de si eran amigos de Devyn y su familia.
—¿Estamos bajo custodia?
DJ asintió.
—Sí, del tipo protector. ¿Dónde está Devyn?
—Entregándose.
Ambos jadearon hacia ella.
—¿Qué? —preguntó Jayce con un tono feroz.
—Traté de hablar con él, pero no creo que necesite decirte lo
terco que es.
Jayce le envió una mirada de fastidio a DJ.
—No, no lo hagas. La obstinación corre espesa a través de su
patrimonio genético.
DJ resopló.
—Sí, debido que pasa directa a través de ti. Conoces a tu
hermana, ¿verdad?
Jayce le empujó.
Paden dio un paso adelante para interrumpir su amistoso combate.
—Mirad, si vosotros chicos os la quedáis, quiero regresar y
comprobar a Devyn.
Jayce ladeó la cabeza.
—No te ofendas, pero no se cuanto puedo confiar en ti. —Se
volvió a Darion—. Ve con él, y si comienza a parecer sospechoso…
—Mátale antes de que tenga que llamarte para avisarte. Lo tengo,
jefe.
—Buen hombre.
DJ agarró a Paden por el brazo y se lo llevó.
Tan pronto como se hubieron ido, Jayce la llevó a una lanzadera
de La Liga donde Omari, Nero, Sway, Vik y Manashe estaban sentados como si
estuvieran completamente cómodos con el entorno y ajenos a cualquier peligro.
Omari levantó la vista cuando entró y dejó de lado a Manashe
para abrazarla fuertemente.
Le apretó fuerte, agradecida de que esto no fuera una trampa de
algún tipo.
—Estoy tan contenta de veros, chicos.
—Y a ti, también. —Omari la soltó y dio un paso hacia atrás—.
¿Dónde está papá?
Odiaba ser la que respondiera a eso.
—Se entregó para ganar tiempo y que pudiéramos salir de esto.
Cada varón maldijo. Y en su interior, ella también.
—Eso fue estúpido —se burló Nero—. ¿Dónde tenía la cabeza?
—Obviamente en su esfínter. —El tono de Vik era sarcástico y
seco.
Alix trató de explicarlo.
—No sabía que Jayce y Darion estaban aquí. Solo estaba tratando
de salvarnos.
—Sigue siendo estúpido —dijeron Vik y Nero simultáneamente.
Tuvo que darles la razón, y no valía la pena discutir ese punto
ya que en realidad estaba de acuerdo.
—Lo sé. Intenté por todos los medios posibles convencerle, pero
no quiso escuchar.
—Está bien. —Jayce se acercó—. Envié a DJ. Mantendrá un ojo
sobre él.
Nero puso los ojos en blanco.
—¿Tienes el puchero vigilando al caldero? Te lo juro, Jayce,
debes haber recibido daño cerebral cuando Adron te empujó por las escaleras
cuando eras un niño pequeño.
—Estará bien —les aseguró ella—. Devyn dijo que una vez que se
dieran cuenta de que la evidencia estaba fabricada, le dejarían ir.
Sway pareció enfermar ante las noticias.
—Alix, tuvimos que hacerlas reales para venderlas por este plan.
—No lo entiendo.
—No fabricó la evidencia. Todo es cierto. Devyn sólo se envió a
la cárcel para mantenernos a todos a salvo.
Paden llegó justo cuando estaban cargando a Devyn en una
lanzadera para transportarlo a Ritadaria. Captó la mirada de furia en el rostro
de Devyn cuando vio a Paden, y al instante comprendió la fuente de la misma.
Tan pronto como pudo, le dijo con los labios a su hermano:
—Están a salvo. Lo prometo.
Sin embargo, su escepticismo le quemaba. No es que culpara a
Devyn por ello. Tampoco confiaría en él.
—Buen trabajo, teniente Whelms —dijo el capitán mientras se unía
a ellos para el traslado—. Al Comandante en Jefe le gustaría hablarle
inmediatamente.
Paden inclinó la cabeza antes de entrar en el cubo privado de
comunicaciones para llamar a Merjack y ver que quería el bastardo.
—¿Señor? —preguntó tan pronto la cara de Merjack apareció en la
pared—. Aquí el teniente Whelms.
Hubo un destello de maldad en los ojos del hombre mientras le
ofrecía una sonrisa satisfecha.
—Teniente, he oído que las felicitaciones están en orden.
—No lo sé, señor, pero Kell está bajo custodia.
—¿Y los otros?
—Muertos, señor.
Merjack alzó una ceja arrogante ante eso.
—¿Incluso la esclava?
—Sí, señor.
Merjack chasqueó la lengua.
—Una maldita pena. Parecía que iba a ser divertida por una noche
o dos. Oh, bueno. Tendré que consolarme con su hermana… Mientras tanto, quiero
que me traigais a Kell tan pronto como lleguéis.
—Sí, señor.
Con un gesto brusco, Merjack cortó la transmisión. Paden echó la
cabeza hacia atrás mientras debatía sobre qué hacer. Pero al final, sabía que
no tenía poder contra alguien como Merjack.
Dejar libre a Devyn iba a requerir mucho más músculo del que
tenía y en su interior sabía la verdad a la que no quería hacer frente.
Acababa de enviar a su único hermano a la cárcel.
Devyn estaba sentado solo en una celda mientras le trasladaban
volando hacia Ritadaria y a un futuro que no quería hacer frente. ¿Por qué no
le dije que la amo?
Debería haberlo hecho. Pero por alguna razón, las palabras no
salieron.
Debería haberlo hecho. De todos modos, nunca había sido un
montón de palabras dulces. Era una de las cosas de las que Clotilde más se
había quejado.
Echando la cabeza atrás, cerró los ojos y convocó una imagen de
Alix desnuda en sus brazos. Sí, eso ayudaba un montón.
—Nunca he visto a nadie parecer tan feliz mientras se dirige a
la cárcel.
Abrió los ojos para encontrar a Paden mirándole.
—No estoy feliz.
—No deberías estarlo. Acabo de ver los archivos. ¿Qué coño has
hecho?
—Salvé a mi familia.
—Eres un idiota, Devyn. ¿Tienes alguna idea de lo que van a
hacer?
—Sí, la tengo. He visto las cicatrices de la espalda de mi padre
de la cárcel. Y he oído las historias que Nero ha contado que papá niega. Sé
exactamente a lo que me estoy enfrentando. Pero al menos soy un hombre y no un
niño como era papá cuando entró.
Paden maldijo.
—No te entiendo. Podrías haber entregado a la esclava y ser
libre.
—La libertad comprada a espaldas de un ser querido no vale una
mierda.
—Es una esclava.
Devyn le fulminó con la mirada.
—Mejor agradece que esté esposado o estarías buscando tus
dientes ahora mismo. Alix Gerran no es una esclava. Es una dama, y moriría por
ella.
Sacudió la cabeza.
—Espero que todavía sigas diciendo eso cuando Merjack te
ejecute.
Alix paseaba por el suelo del transbordador mientras aterrizaban
sobre Gouran. La culpabilidad la rodeaba furiosamente por lo que Devyn había
hecho.
Tan pronto como la autorizaron a abandonar la nave, corrió hacia
la puerta.
Vik la cogió antes de poder llegar al final de la rampa.
—¿Qué estás haciendo?
—Tengo que llegar a Devyn.
—Alix, no hay nada que puedas hacer.
—Tengo que intentarlo. No puedo dejarle allí. No lo entiendes,
Vik. Le quiero, y no puedo dejarle pagar por algo que yo hice. No me importa lo
que se necesite, tenemos que salvarle.
—Esas palabras, pequeña, acaban de salvarte la vida.
Alix se volvió hacia la voz de mujer que provenía de detrás de
ella. Alta, esbelta y hermosa, llevaba un traje Armstich azul oscuro que
abrazaba sus curvas de una manera que decía que había sido hecho a medida para
ella.
Y en un instante, supo que esta era la madre de Devyn. Aunque no
se parecían demasiado, no había duda en la aureola letal o el resplandor
mortal.
Involuntariamente dio un paso hacia atrás.
—No tienes que temerme. Si te quisiera muerta, ya estarías
sangrando. —Miró a Vik—. ¿Cómo le dejaste hacer esto?
—Se que no vas a acusarme por esto, Shay. Yo no crié a la
criatura. Lo hiciste tú. Eso es lo que te pasa por enseñarle cosas como el
honor, el amor, el coraje y la lealtad. —Hizo un sonido burlón—. Si le hubieras
dejado asustarse al pequeño mocoso, todavía estaría viviendo en tu sótano.
—No tengo un sótano.
—Sí, pero habrías construido uno si él lo hubiera querido.
Shahara puso los ojos en blanco.
—Estoy tan enfadada contigo ahora mismo, Vik, es posible que
desees contener tu lengua antes de que olvide lo mucho que Syn y Dev te
quieren.
—¡Abuela!
Shahara se volvió mientras Omari venía corriendo. Le cogió en un
abrazo feroz que le hizo levantar a Alix una ceja. Uno, porque la empequeñecía,
y dos, Shahara realmente no parecía ser lo suficientemente mayor para ser la
madre de Devyn, por no hablar de la abuela de Omari.
Le dio un fuerte apretón a Omari antes de soltarle.
—Te juro que eres más guapo cada vez que te veo.
—Siempre dices eso.
—Porque es verdad. —Pasó delante de él mientras Nero bajaba por
la rampa—. Nero, necesitamos un informe completo. Ahora.
—¿Qué estás planeando?
—Traer a mi bebé de vuelta y matar a cualquiera que se
interponga en mi camino.
Alix escuchó como Shahara, Nykyrian, Syn, Nero, Jayce, Sway,
Vik, Darling Cruel y el legendario tío de Devyn, Caillen, todos discutían sobre
cómo liberar a Devyn del arresto. Pero a medida que pasaban los minutos, se preocupaba
cada vez más por él.
—Puedo abrirme camino a tiros sin problemas —gruñó Shahara.
Syn sacudió la cabeza.
—Al infierno con lo que dices. No eres tan buena, nena. Te
derribarían.
—Es todo un espectáculo, ¿verdad?
Alix volvió la cabeza al escuchar la voz de Zarina.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Le indicó con el dedo que se reuniera con ella en el exterior.
Curiosa, Alix la siguió por el pasillo a una pequeña habitación.
Se le cayó la mandíbula al suelo.
Su madre y Tempest estaban de pie en medio de la habitación,
mirando alrededor con nerviosismo. Con el corazón desbocado, corrió hacia
ellas.
—¡Alix! —Chilló Tempest, tirando de ella en un apretado abrazo.
Riendo, miró a las dos, que no parecían tener peor aspecto.
—No lo entiendo. ¿Cómo habéis llegado hasta aquí?
Su madre señaló a Zarina.
—Ella y otra señora vinieron y nos liberaron.
Alix miró a Zarina buscando una explicación.
—Mientras Jayce y DJ os atendían, Devyn nos tenía a mí, Taryn y
a la hermana de DJ consiguiendo los certificados de libertad de la alta
justicia Ritadarion.
No, eso no era posible.
—¿Qué?
Zarina sonrió.
—Bueno, sabes que es ilegal mantener a un esclavo liberado como
esclavo. Puedes ser multado hasta diez veces por su valor y cuando uno de ellos
es ante todo una hembra virgen… digamos que el guardián las dejó ir sin luchar.
—No lo entiendo. No son esclavas liberadas.
—Oh, sí, también lo eran. Tu padre las liberó y a ti, hace cinco
años en Kirovar. —Zarina le guiñó un ojo.
Alix finalmente comprendió lo que estaba diciendo.
—¿Falsificaste los documentos?
Parpadeó inocentemente.
—La falsificación es ilegal. Nunca haría algo así.
Sí, claro. Porque eso sería incorrecto.
—Gracias, Zarina.
CAPÍTULO 15
Paden se paseaba fuera de la sala de interrogatorios, mientras
trataba de pensar en alguna forma de salvarle la vida a Devyn. Durante horas
Merjack le había estado torturando, y con el corazón debilitado de su hermano,
sabía que Devyn no podría aguantar mucho más.
Merjack ya no quería un juicio público para Devyn. Quería
torturarle y matarle, y luego enviar la cinta a los padres de Devyn.
Psicótico bastardo.
Había enviado a Darion para ver si podía conseguir que la Liga
transfiriera a Devyn lejos de las manos de Merjack. Pero no había tenido ni una
sola palabra de él.
Y con cada segundo que pasaba, Devyn estaba más cerca de la
muerte.
Lo único que podía hacer era esperar y rezar para que su hermano
aguantara y no tuviera un ataque al corazón antes de que pudieran salvarle.
Oyó que alguien se acercaba.
Esperando que fuera Darion con buenas noticias, esperó hasta que
un grupo de soldados de la Liga apareció. Efectivamente, Darion y Jayce estaban
con ellos. Una oleada de alivio le atravesó mientras pasaban al lado de él y
entraban en la habitación con Devyn.
Darion se detuvo frente a él y le guiñó un ojo.
—¿Qué has hecho? —le preguntó Paden.
—Nada. No pude. Nadie me hizo caso. —Señaló a los soldados con
el pulgar—. Todo esto es de la oficina de la supervisora.
Paden frunció el ceño. La supervisora era la máxima autoridad en
el Universo Ichidian. Su voluntad era la ley, y todos seguían sus reglas,
incluida la Liga.
—¿Por qué se ha involucrado?
—Alix es dinamita. No quiero volver a estar en su lista negra.
Sacudiendo la cabeza, Paden siguió a los soldados al interior de
la habitación para ver a Devyn inmovilizado y sangrando contra la pared más
lejana. Merjack había hecho un coladero con él.
Los soldados rodearon a Merjack y le alejaron de Devyn.
Jayce le acorraló.
—Uriah Jonas Merjack, queda detenido bajo la custodia de la
supervisora.
La cara de Merjack enrojeció.
—¿Por qué?
—Falso encarcelamiento, tortura, trata de esclavos liberados y
terrorismo.
Merjack se horrorizó con los cargos.
—¿Qué? ¿Quién se atreve?
Y fue entonces cuando Merjack lo entendió todo al ver la
procesión detrás de los guardias. Los emperadores Nykyrian Quiakides y Caillen
de Orczy, junto con Darling y Ren Cruel. Llevaron a Shahara y Syn dentro de la
habitación.
Sí, era la brigada de poderosos soldados con la que nadie en su
sano juicio se cruzaría.
Y en la parte de atrás de la compañía vio a una humilde esclava,
que corrió a consolar a Devyn tan pronto como le vio.
Paden sacudió la cabeza con incredulidad al ver la suerte que
tenía su hermano en realidad. Porque en su corazón sabía que si él fuera el que
estuviera encadenado a la pared, no habría ni una sola alma que diera un paso
adelante en su nombre.
Ni una.
Paden vio a su padre correr al lado de Devyn mientras se perdía
entre la multitud. No era parte de la familia y sin embargo, sentía una morbosa
curiosidad por ellos. Tanto era así que no se atrevía a dejarlos aunque le
hiriera ver a Devyn con todo lo que él anhelaba.
Alix corrió al lado de Devyn mientras su padre le liberaba.
—¿Devyn?
Tenía los ojos tan hinchados por la paliza que apenas podía
abrirlos.
—¿Alix?
Se atragantó con un sollozo cuando le abrazó, agradecida de que
estuviera vivo aún.
—Soy yo, cariño. Siento haber tardado tanto en llegar.
—¿Devyn, cariño? —Su madre le apartó los sangrientos mechones de
pelo de la cara—. ¿Puedes oírme?
—Te oigo mamá.
Pero su voz era tan débil que hacía que los ojos le escocieran
por las lágrimas. Podía matar a Merjack por haberle hecho esto.
Syn cogió a Devyn mientras Caillen le liberaba de los ganchos
que lo ataban a la pared y dejó que cayera por el costado de Syn. Nykyrian le
agarró por el otro lado, le pasó el brazo por los hombros, y juntos se
dirigieron a la puerta.
Pero no llegaron muy lejos antes de que Merjack dejara escapar
un grito de rabia e indignación. Cogió el blaster del soldado que tenía más
cerca, y se parapetó detrás de los tres.
Alix se puso delante de Devyn para protegerle, al mismo tiempo
que Merjack abría fuego.
Pero no estaba apuntando a Devyn.
Era a Syn.
Los pocos segundos siguientes se hicieron borrosos cuando
alguien los empujó a Devyn y a ella lejos y placó a Syn. Devyn y ella cayeron
al suelo mientras Nykyrian sacaba su propia arma. La explosión que estaba
destinada a Syn aterrizó sólidamente en el cuerpo que estaba detrás de él.
Merjack fue derribado duramente por Darion y Jayce.
Shahara palideció al ver a su marido en el suelo.
—¿Syn?
—Estoy bien.
Mientras se desligaba de su rescatador, Alix jadeó al
reconocerle.
—¿Paden?
Syn se congeló.
—¿Qué has dicho?
Señaló al hombre que le había salvado la vida a Syn.
—Ese es Paden.
Syn le dio la vuelta con cuidado. Le dio un tic en la mandíbula
cuando vio el rostro de su hijo retorcido por el dolor.
Paden estaba sangrando mucho. La explosión le había dado en
pleno abdomen.
Syn maldijo repugnantemente mientras examinaba la irregular
herida.
—¿Por qué has hecho eso?
—No podía dejar que te matara.
—¡Syn! —Gritó Shahara—. Devyn está teniendo un paro cardíaco.
Alix sintió que el estómago se le caía al suelo mientras mecía
la cabeza de Devyn en el regazo. Las lágrimas la cegaron.
—Quédate conmigo, Devyn. No te atrevas a morirte. ¿Me oyes? No
te atrevas a dejarme.
Syn entró en pánico y se hirió al llegar al lado de Devyn para
examinarle.
—El estrés ha causado otro desgarro en su corazón. Tenemos que
conseguirle un soporte. Inmediatamente.
Paden extendió la mano y tocó el brazo de Syn.
—Necesita un donante.
—No hay ninguno.
—Coge el mío.
Syn sacudió la cabeza.
—Tú no eres de su tipo.
Paden se echó a reír con amargura.
—Sí, lo soy. Incluso tenemos el mismo tipo de sangre. Mamá te
mintió acerca de mí. Yo soy tu hijo.
Syn se burló.
—Me hice la prueba de ADN a mí mismo.
—No. Su amante falsificó los resultados. Creyó que la dejarías
si pensabas que te había engañado y que yo era suyo. Después se enteró de quién
era y se negó a tenerme en su casa. Mamá me odió desde ese momento porque y le
recordaba a ti y todo lo que le había costado.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Estaba enfadado contigo por mi nacimiento. Enfadado por hacer
que mi madre me odiara. Pero después de un tiempo me di cuenta de lo idiota que
había sido, pero estaba demasiado avergonzado para disculparme —miró a Devyn—.
Es mejor hombre que yo y tu verdadero hijo, papá. Sálvale.
Alix vio cómo los médicos entraron y pusieron a Devyn y a Paden
en un elevador y se los llevaban para operarles. Empezó a ir con ellos.
—¡Esto no ha terminado! —gritó Merjack, haciendo que se parara—.
¿Me oís? ¡Acabaré con todos vosotros aunque sea lo último que haga!
Algo dentro de Alix se desgarró con esas palabras, mientras
miraba la dolorosa condición de Devyn. ¿Cómo se atrevía Merjack a amenazar a
cualquiera de ellos después de todo lo que les había hecho? No había manera de
que permitiera a ese inútil hijo de puta seguir haciendo daño o intimidando a
otra persona inocente. Y antes de que se diera cuenta de lo que estaba
haciendo, cogió la blaster del soldado más cercano y abrió fuego.
La única cosa que ocurrió, fue que no estuvo sola.
Cuando el sonido se desvaneció y Merjack yacía en el suelo en un
montón de sangre, había diez blasters apuntándole: Syn, Shahara, Jayce, Darion,
Nykyrian, Darling, Caillen, Vik, Sway y ella.
—Wow —dijo Jayce—. ¿Creéis que alguien perseguirá a un pelotón
de fusilamiento? Ni siquiera podrán estar seguros de cuál fue el disparo mortal
ya que básicamente todos tuvieron algo de fatal.
—No te preocupes por eso —dijo Nykyrian en un tono de voz sin
emociones—. Tenemos un contrato por su vida. Su muerte será considerada como un
servicio público por la Liga.
Darion puso los ojos como platos.
—En ese caso, ¿puedo cobrarlo? Quiero mi ascenso.
Syn inclinó la cabeza hacia él.
—Cógelo.
Porque ellos ahora tenían algo más importante por lo que luchar.
La vida de Devyn.
Alix se secó las lágrimas de los ojos mientras esperaba una
palabra por parte de Syn de Devyn. Los habían estado operando durante horas, y
no había podido dejar de llorar como un bebé.
Agg, ¿qué está mal conmigo?
Pero entonces, lo supo. El único hombre al que había amado, el
único que le había mostrado su bondad, estaba acostado en una sala de cirugía y
podría alejarse de ella en cualquier momento. Una y otra vez, veía su sonrisa y
sentía sus caricias.
Recordaba cada detalle de él. ¿Cómo podía haber llegado a
significar tanto para ella tan rápidamente?
Y si se llegaba a morir... ella querría morir también.
Se atragantó con más lágrimas.
—Aquí.
Levantó la vista cuando Shahara le trajo una taza de chocolate
caliente y se la puso entre las frías manos. La madre de Devyn había sido
increíblemente amable y atenta con ella. Por encima de todo, estaba
terriblemente compuesta.
—Gracias.
Shahara inclinó la cabeza ante ella.
—Realmente odio los hospitales.
—Yo también. —Tomó un sorbo del cacao, todavía impresionada por
la compostura de Shahara—. ¿Cómo puedes estar tan tranquila?
La mirada de Shahara la quemó.
—Sé que mi marido no permitirá que nuestro bebé muera.
—Pero ¿y si...?
—Shh, Alix. No hay ¿y si...? Syn moverá cielo y tierra para
mantener a Devyn vivo. Tengo fe en él. Además, si me falla, le mataré donde
esté.
Ahora comprendía de dónde había salido el morboso sentido del
humor de Devyn.
—Me sorprende que me hables después de todo lo que ha ocurrido.
—Yo también, para ser honesta. Nunca he sido capaz de soportar a
ninguna mujer que mi hijo haya llevado a casa.
—Entonces, ¿por qué yo de entre todas las personas?
Sonrió amablemente mientras le ponía un mechón a Alix detrás de
la oreja.
—Porque he visto mucho de mí en ti, y porque tú eres una de los
nuestros. Pusiste por delante a tu familia y cuando Merjack amenazó a Syn y a
Devyn, respondiste de la misma manera que nosotros. Hiciste lo que fue
necesario para pararle. Sin dudarlo. Por encima de todo, mi hijo y mi nieto te
aman. Incluso Vik y Sway te quieren, y eso no es una tarea fácil. Vik aún me
odia la mayor parte del tiempo.
Esas palabras significaron mucho para ella.
—Me reiría si no estuviera tan asustada.
Frotó el brazo de Alix.
—Lo sé, cariño. Pero ten fe. Me llevó mucho tiempo aprenderlo.
Ahora no sé cómo vivía antes de que Syn se catapultara a mi vida.
Como respuesta a sus palabras, Syn salió por la puerta de
entrada restringida. Alix no podía apartar la vista de las manchas de sangre de
la manga derecha.
La sangre de Devyn en la operación.
Pero por su comportamiento aliviado, supo que Devyn estaba vivo.
Fue hacia Shahara y la abrazó.
—¿Está bien?
—¿Crees que estaría aquí frente a ti desarmado si no lo
estuviera? —Syn la besó en la frente—. Se está recuperando y estará en pie de
nuevo en unas pocas semanas.
Por primera vez, vio una grieta en la armadura de Shahara
mientras lloraba de felicidad.
—¿Qué pasa con Paden?—preguntó Alix.
—No podía matar a un hijo para salvar al otro. Llevó un poco,
pero le arreglaron. Se está recuperando, también.
Shahara se aclaró la garganta y recuperó la compostura.
—¿Cómo arreglaste lo de Devyn?
Syn esbozó una sonrisa que le recordó tanto a la de Devyn que
sintió un escalofrío recorriéndole la espalda.
—Soy el mejor, cariño. Cogí partes de Vik y reconstruí otra
cámara para él. Su corazón debería ser más fuerte ahora.
Shahara se inclinó hacia su marido mientras miraba a Alix.
—Creo que, definitivamente, tienes razón, Syn. Su corazón es
mucho más fuerte ahora.
Devyn se despertó con el peor dolor imaginable. Se sentía como
si alguien le hubiera destrozado en pedazos. Pero cuando parpadeó al abrir los
ojos, se sorprendió al ver a Alix a su lado, agarrándole la mano.
La sonrisa de ella, le deslumbró.
—Hola, dulzura.
Se quejó a medida que el dolor aumentaba.
—¿Qué me hiciste?
—Ese fue tu padre, cariño. Tenía que hacerte algunas
reparaciones en el corazón.
Respiró lentamente, intentando mitigar el dolor.
—Supongo que sigo vivo, aunque no tenga muchas ganas ahora
mismo.
—Cabrón, cabrón, cabrón. La mayoría de la gente sólo estaría
agradecida por estar vivos después de todo lo que pasó.
Se echó a reír hasta que vio a sus padres, a Vik y a Omari en
una esquina.
—¿Por qué estáis siendo tan tímidos?
Su madre sonrió.
—No queríamos entrometernos.
—Oh, por favor. ¿Y desde cuándo os preocupa eso?
La mirada de su padre se dirigió hacia Alix.
—Desde que finalmente has encontrado una mujer a la que tu madre
aprueba. Y yo también, ya que estamos.
Devyn fue a preguntar cómo lo estaba llevando Paden, pero antes
de que pudiera pronunciar las palabras, Paden se apoyó en el marco de la
puerta. Al igual que él, vestía una bata de hospital azul.
—La enfermera dijo que estabas despierto.
Devyn le tendió una mano cuando se acercó a la cama, y Alix le
dejó un sitio.
—Escuché lo que dijiste cuando te dispararon. Eres un mentiroso
saco de mierda. No sé si creerme que estabas preocupado.
Paden giró la cabeza hacia su padre.
—Moriría por vosotros, chicos. Sabes que puedes creer eso. ¿Es
que importa algo más?
Devyn miró a Alix cuando se dio cuenta de que sentía lo mismo
por ella.
—No, no, no lo estaba.
Su madre se adelantó y tiró suavemente de Paden.
—Vamos a salir y a hacer que Paden regrese a su cama antes de
que se desmaye. Vosotros tenéis algunas cosas que deciros el uno al otro y
estoy segura de que no queréis tener espectadores para ello.
Sacaron cuidadosamente a Paden, junto con Omari y Vik.
Alix no habló hasta que estuvieron solos nuevamente.
—Devyn, quiero decirte...
—Alix, he estado pensando...
Sonrieron cuando cada uno habló por encima del otro.
—Tú primero —dijo Devyn. Como siempre, era un caballero.
Alix respiró profundamente cuando le miró.
—Quería decirte que te agradezco todo lo que has hecho por mí.
De verdad. Muchas gracias.
Devyn arqueó una ceja cuando sus palabras le atravesaron.
—¿Eso es todo?
Le miró confusa por la pregunta.
—¿Qué? ¿Es que esperabas que te dijera que te quiero?
Bueno, sí. Especialmente ya que era lo que estaba intentando
decirle a ella.
Pero se condenaría si iba a decir algo si ella no sentía lo
mismo hacia él.
Así que apartó la mirada.
—No. ¿Por qué habría de esperarlo?
Arrugó la nariz de una manera tan adorable que hizo que se
pusiera realmente duro.
—¿Puede que sea porque lo hago? —Se inclinó sobre él hasta que
estuvieron prácticamente nariz con nariz—. Te quiero, Devyn Wade Kell, con todo
mi ser. Pero está bien si tú no sientes lo mismo. Sé que sólo soy un pedazo de
basura en tu mundo y no espero que compartas mis sentimientos.
Le cogió el rostro entre las manos y la lanzó una mirada
enfadada.
—No vuelvas a decirme eso otra vez.
Alix sintió que las lágrimas le picaban en los ojos ante su
reacción. Aunque había tenido miedo de decirle cómo se sentía, nunca había
pensado que su amor haría que se enfadara.
¿Cuándo voy a aprender?
Sin embargo, sus ojos despedazaban su alma con su ira.
—La basura es algo que la gente tira, Alix. Yo tengo la
intención de quedarme contigo el resto de mi vida.
Sus palabras la sorprendieron tanto que el dolor se desvaneció.
—¿Qué has dicho?
Le lanzó una brillante sonrisa que la desarmó.
—Que te quiero, cariño. Y quiero que te quedes conmigo. Para
siempre.
EPÍLOGO
Un año después.
Alix se hizo a un lado mientras Devyn, Paden, Omari, Sway y Vik
ayudaban a los rebeldes de Paradice City a descargar los suministros que ellos
habían traído para sus esposas e hijos a la vez que su madre ayudaba a repartir
ropas.
Nunca en su vida había visto un grupo más feliz, y estaba
emocionada de formar parte de él.
Comprendió por qué Devyn hacía esto de forma gratuita. Había
cosas en la vida a las que nadie podía ponerles precio, y con cada día que
pasaba junto a él, aprendía eso y más.
Tempest se acercó corriendo hacia ella, sosteniendo un
comunicador.
—Está vibrando.
—Gracias, renacuajo —se lo colocó en la oreja y contestó
mientras Tempest iba a ayudar a repartir los suministros.
—¿Cómo está mi hija?
Ella sonrió ante el sonido de la voz de Shahara en el oído.
—Bien, mamá, ¿Cómo estás tú?
—Preocupada por mis bebés como siempre. ¿Interrumpo?
Sonrió al escuchar las dos cosas que Shahara decía siempre que
llamaba.
—Nunca interrumpes, estoy mirando a tus bebés ahora mismo, y
están bien.
Devyn se acercó y le dio un beso en la mejilla.
—¿Le contaste la noticia?
—¿Noticia? —preguntó Shahara.
Alix se mordió el labio antes de hablar.
—Vamos a tener un bebé.
El grito de felicidad en el oído casi la deja sorda.
—Muy bien, cuídaos chicos. Tengo que irme a hacer unas llamadas.
Si pensasteis que la boda fue grande esperad a ver la fiesta del bebé.
Alix rió mientras colgaba y rodeaba a Devyn con los brazos.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por todo.
Él frotó la nariz contra la suya.
—Confía en mí, soy yo el que está agradecido. Pensé que lo tenía
todo hasta que te inmiscuiste donde no te llamaban.
Y ella no había tenido nada hasta el día que le encontró. Ahora…
ahora tenía una vida que valoraba y tenía la intención de pasar el resto de
ella disfrutándola al máximo.
FIN
1 MJR: Ministro de Justicia Ritadarion
2 In your face: Canción del grupo Children of Bodom
3 IA= Inteligencia Artificial
4 Realidad Virtual
5 Hidroponía: método utilizado para cultivar plantas usando
soluciones minerales en vez de suelo agrícola.
6 “Du jour” significa “del día” (En francés en el original)


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