© Libro N°. 3009. Mi Preparacion Para Ganimedes. Ibrahim, Yosip. Colección
E.O. Agosto 6 de 2016.
Título original: © Mi Preparacion Para Ganimedes. Yosip Ibrahim
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Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
MI PREPARACION PARA GANIMEDES
Yosip Ibrahim
PROLOGO
Desde
que se diera al público la Primera Edición de mi libro "YO VISITE
GANIMEDES...", han llegado hasta mí centenares de cartas, remitidas por
lectores que deseaban comunicarse conmigo para consultar diversos problemas
personales, o para inquirir sobre la forma en que pudieran prepararse a fin de
lograr una comunicación directa con nuestros Hermanos Mayores de aquel distante
satélite de Júpiter.
A
medida que el libro fue difundiéndose por todos los países, la correspondencia
en tal sentido ha ido aumentando, sin que yo pudiera atender todas esas
solicitudes, pues, como lo expuse desde un principio, mucho antes de salir a la
luz pública la obra, yo había decidido prepararme junto con los míos para
abandonar la Tierra y poder alcanzar el nivel que se requiere en un mundo tan
adelantado como ése. Esta es la razón por la que me he visto impedido de
atender, personalmente, a la multitud de solicitudes similares que todos los
días llegan a poder de mis Amados Hermanos José A. Rosciano y Evaristo Alprecht
del Alcázar, que, junto con otros de Nuestra Antigua y Soberana Orden, han
tomado sobre sus hombros la difícil tarea de hacer llegar a nuestra dolorida
humanidad los mensajes luminosos de esa otra humanidad tan distante y, al mismo
tiempo, tan cercana a nuestra Tierra. Porque, en verdad, desde que conociera la
maravillosa existencia de un mundo tan diferente al nuestro, me propuse aceptar
el ofrecimiento de mi querido Hermano "Pepe" y preparar a los míos
para merecer, lo más pronto posible, la dicha de ingresar a un mundo y a una
civilización que, comparados con lo que en este planeta conocemos, son un
verdadero paraíso.
Y
ello implicaba el alejamiento paulatino de todo lo que nos rodea en las
turbulentas ciudades y en el alocado fárrago de la diaria vida a que estamos
acostumbrados, para poder alcanzar la calma y la tranquilidad de cuerpo y de
espíritu que se necesitan si deseamos lograr, a corto plazo, la transformación
integral de nuestro "Yo Supremo" que nos piden los Hermanos Mayores
de Ganímedes como requisito esencial de quienes aspiren a ingresar en su
maravilloso mundo. Todos los que hayan leído "YO VISITE GANIMEDES..."
sabrán, perfectamente, a lo que me estoy refiriendo.
Y
ahora me decidí poner al alcance de todos ellos, los métodos y lecciones que mi
esposa, mis hijos y yo estamos viviendo y practicando, con el propósito de
alcanzar la meta de una perfecta armonía y de un elevado equilibrio integral de
nuestro "ser", podrán comprender quienes no recibieron respuesta
directa y personal mía, los motivos de fuerza mayor que me impidieron hacerlo.
A todos ellos, a todos cuantos han tenido y tengan el noble anhelo de superarse
y merecer una vida mejor en un mundo superior, les abro las puertas, con este
nuevo mensaje, a la superación personal y colectiva que nos enseñan, como
ejemplo, nuestros Hermanos Mayores de Ganímedes.
Para
todos los que lean este nuevo llamado a la PAZ y la ILUMINACIÓN, vayan nuestras
palabras de aliento y de confraternidad, en la elevada esperanza de que sean
muchos quienes logren escuchar y seguir el SENDERO que a nosotros se nos está
ya mostrando... Quiera la Divina Providencia que esta humanidad doliente
recapacite en sus errores y que la amarga experiencia de sus muchas fallas le
permita vislumbrar en forma clara los resplandecientes horizontes de otras
humanidades superiores...
Janlitpur,
Julio de 1974.
YOSIP
IBRAHIM
PRIMERA
PARTE
CAPITULO
I
Nuestro
Viaje a Janlitpur
En
mi libro anterior, "YO VISITE GANIMEDES...", explicaba cómo fui
aleccionado por nuestro Muy Amado Hermano "Pepe" sobre la forma en
que él podría continuar instruyéndonos desde ese lejano satélite del planeta
Júpiter, a través del receptor―transmisor que trajera de allá y que dejó en mi
poder, con instrucciones específicas y concluyentes. Ante todo, quiero explicar
el porqué del apelativo de "Muy Amado Hermano" empleado por mí en
varios pasajes de esta obra: es el título que acostumbramos darnos los miembros
de la Antigua y Soberana Orden a la que pertenecemos todo el grupo que trabaja,
abnegada y firmemente, en la misión de hacer conocer a la humanidad los trascendentales
mensajes de estas horas cruciales para nuestro mundo. Y quienes leyeron
"YO VISITE GANIMEDES..." estarán enterados de que esa pequeña y
maravillosa máquina, del tamaño de una simple y muy chica máquina fotográfica
moderna o de una radio a transistores, me ha servido para seguir comunicándome,
a través de más de setecientos sesenta millones de kilómetros, con nuestro
Hermano, desde los días en que dejó la Tierra para siempre.
De
tal manera, cumpliendo estrictamente sus instrucciones, fui arreglando mis
asuntos profanos para estar en condiciones de alejarme, lo más pronto posible,
de mis ocupaciones y compromisos diarios de todo orden, a fin de conseguir que
mi familia pudiese cambiar de vida y de domicilio en el momento oportuno. Al
escribir estas líneas han transcurrido algo más de dos años de la fecha en que
"Pepe" abandonara definitivamente la Tierra, como se narra con lujo
de detalles en mi anterior libro. En ese lapso, me preparé con todo esmero a
fin de estar listo a viajar con mi esposa y mis hijos, a un lejano lugar de
Asia a donde seríamos conducidos en cuanto estuviéramos en condiciones de
olvidamos, para siempre, de la vida que, hasta entonces, habíamos llevado. Esto
fue lo que motivó nuestro paulatino alejamiento del ambiente que nos rodeara, y
la consigna dada a nuestros Amados Hermanos mencionados en el prólogo, a fin de
no ser molestados ni interrumpidos en el adiestramiento previo a nuestro viaje.
Así
llegó el momento ansiado, y también, por qué no decirlo, confusamente temido
―temido por nuestra aún débil contextura psíquica, y la poderosa influencia de
este mundo al que tantos años de experiencia terrena todavía nos unía― de salir
de nuestra América Latina, de nuestra patria peruana, para alojarnos en un
desconocido y misterioso monasterio perdido entre las nevadas cumbres de los
Himalayas. Ya lo expliqué, muchas veces, al escribir "YO VISITE
GANIMEDES...", cómo me sentía, a cada paso, enormemente confuso,
profundamente aturdido por culpa de mi atraso mental y psíquico en comparación
con nuestro Hermano "Pepe"... y todo lo que Él nos enseñara, a manera
de base elemental de nuestra futura preparación, sólo era un leve prólogo de lo
mucho que teníamos que aprender si queríamos estar en condiciones de aspirar a
conocer Ganímedes. Pero nuestra ignorancia y temor fueron dominándose, poco a
poco gracias a la amorosa ayuda de Pepe, que todas las semanas, sin faltar una
sola y en dos días cada una, se comunicaba con nosotros a través del mencionado
aparatito. De tal suerte, seis meses después de su partida, estábamos listos
para dejar nuestro hogar, nuestras ocupaciones acostumbradas y nuestras
amistades, para emprender la marcha hacia el enigmático lugar en donde sería
realizada la profunda transformación de todo el grupo.
Se
me dijo que nos llevarían a un apartado valle enclavado entre las imponentes
cumbres de los Himalayas, y que ese lugar era conocido solamente por muy pocos,
vale decir por aquellos que han tenido el privilegio de recibir una adecuada
educación iniciática espiritual, mental y psíquica, dentro de una cerrada
Escuela u Orden que no figura ni en la Historia ni en los mapas... Pepe me
aleccionó en el sentido de no preocuparnos, mayormente, por el equipaje que
sería menester, pues nuestra vida en ese sitio habría de cambiar, íntegramente,
de todo lo conocido hasta entonces. Y nos previno que el viaje se efectuaría en
una de las astronaves que el vulgo llama "platillos voladores"...
Quienes
han leído mi libro anterior, repito, estarán familiarizados con la casa de
Monterrico, en la zona residencial de la capital peruana, Lima, conocida con
ese nombre. Esta casa, que fuera de Pepe y desde la cual fue transportado en un
OVNI cuando viajó a Ganímedes, casa que me legara y en donde viví hasta el día
de nuestra partida para el Asia, ha servido, otra vez, como aeropuerto de
salida en nuestro viaje al Oriente. Debo pedir perdón a mis lectores por las
continuas alusiones a ese libro, pues ha de tenerse en cuenta hechos
importantes que fueron referidos en tal obra y que resultarían incomprensibles
a quienes leyeran estas líneas sin haber conocido los hechos narrados en el
anterior trabajo. Y uno de esos hechos es el referente al jardín de nuestra
casa de Monterrico, en el cual, por su amplitud, pudo descender, varias veces,
una de aquellas astronaves conocidas vulgarmente como OVNI.
Los
que en el Perú, más concretamente en Lima, conocen aquella hermosa zona
residencial, todavía no poblada totalmente, y en la que existen amplias áreas
cubiertas de frondosos prados y magníficos jardines, sabrán, también, que ese
lugar de la periferia urbana de la Gran Lima es visitado frecuentemente por las
máquinas extraterrestres mencionadas, y tal conocimiento es común, en
particular, a los miembros de nuestra Orden que, en varias oportunidades
también, han llegado a realizar contactos directos con OVNIS en esa zona. Por
tanto, no debe extrañar a nadie que la máquina encargada de conducirnos al
Oriente descendiera por nosotros en nuestro propio jardín.
Nuestro
amigo y Hermano Pepe nos había comunicado, con antelación, la fecha en que
vendría a llevarnos. Y lo mismo que en el caso anterior, cuando él se fue,
tuvimos el tiempo suficiente para preparar nuestra partida, sin dejar en esa
parte del mundo nada que pudiera ser motivo de preocupación posterior. Todos
mis asuntos personales, económicos y sociales, fueron liquidados, a fin de no
dejar atrás nada que pudiese ocasionar ulteriores preocupaciones o molestias a
nadie. Y la educación y experiencias recibidas por los míos y por mí durante
esos seis meses que mediaron entre la partida de Pepe y nuestro viaje de
adiestramiento al Oriente, fueron suficientes para que, llegado el momento, ya
no sintiéramos la tremenda impresión que nos causó, en otro tiempo, la
presencia de un OVNI y su descenso en nuestro propio jardín.
Se
nos había prevenido, como dije, la fecha exacta en que bajarían por nosotros.
Como de costumbre, la hora sería en la madrugada, cuando todo el vecindario
duerme y no hay posibilidad en esa extensa zona para intromisión de curiosos.
Listos nosotros y dos Hermanos nuestros que quedarían a cargo de la casa y de
algunas últimas diligencias de Nuestra Orden, nos reunimos esa noche en una
cena fraternal de despedida. Para ninguno del grupo iba a ser una novedad
aquello. Tanto nuestros en territorio del Nepal; pero me dijo que nadie, en el
exterior, conoce aquel sitio, pues está enclavado entre altas montañas nevadas
en una zona verdaderamente inaccesible, a la que únicamente se puede llegar por
el aire, con helicópteros, porque no tiene absolutamente pistas de aterrizaje,
o por un pasaje secreto, a través de la montaña, que es sólo conocido por los
monjes que allí viven.
Rosciano
guardó silencio. Se paseó un rato por el salón, como si se concentrara en algún
pensamiento muy íntimo, y de pronto, mirándome con fijeza, me dijo:
―Eso
está vinculado a lo "Nuestro", ¿verdad?
―Sí;
es una rama de Nuestra Orden...
―Ya...
comprendo que no se puede hablar en público...
Miramos
a los demás. Mi esposa daba algunas instrucciones a la criada. Mis hijos
estaban en el jardín, oteando el cielo en su afán por ver llegar al OVNI, y
nuestro Hermano Pedro hojeaba una revista, cómodamente arrellanado en un
sillón.
El
reloj de pared marcaba tres minutos para las dos de la madrugada. Mi inquietud
se iba acentuando. Rosciano, dando vueltas en tomo mío, volvió a sonreírse y me
guiñó un ojo.
―Ya
falta poco ―me dijo.
En
aquel momento mis hijos nos llamaron a gritos.
―¡Hay
luz en el cielo! ¡Parece un OVNI!
Todos
corrimos al jardín. Efectivamente, una luz como un gran lucero se movía en el
firmamento, como si viniera en dirección a nosotros. Yo sentí como un ligero
escalofrío que me recorría la espalda. Me volví hacia Rosciano, que me tomó el
brazo presionándolo como para darme aliento. El corazón me palpitaba con
fuerza. Mi esposa se acercó a mí y me tomó de la mano. Todos habíamos formado
un grupo junto a la puerta del comedor. La luz se acercaba a gran velocidad. Ya
podía percibirse una circunferencia luminosa que parecía girar sobre sí misma y
que en pocos segundos llegó a colocarse exactamente sobre nosotros. Estaría más
o menos a unos quinientos metros de altura, y podíamos apreciar con claridad
que se trataba de una gran máquina redonda rodeada por un círculo de luces
parpadeantes... Comenzó a descender, suavemente, y de su centro brotó un
poderoso haz de luz blanca―amarillenta que iluminó el jardín.
Nos
miramos todos en silencio. Mi esposa me apretó la mano. Rosciano y Pedro me
sonreían, como deseando confortarme. Yo sentía un ligero estremecimiento... La
astronave estaba ya a punto de tocar tierra, y los chicos gritaron:
―¡Qué
grande es el "platillo...!
Les
hice una seña de que guardaran silencio y esperamos.
El
OVNI acababa de posarse, lentamente, sobre el grass. Vimos que se abría como un
mamparo en la cúpula central y una escalerilla mecánica se compañeros como mi
esposa, mis hijos y yo, habíamos estado prevenidos y no era la primera vez que
pudiéramos ver de cerca un OVNI.
Pero
nunca habíamos viajado en una de esas máquinas, y esto no dejaba de causarnos
cierto desasosiego. Mi esposa y los chicos, a quienes yo había dado
intervención en todas las sesiones en que recibíamos instrucción comunicándonos
con Pepe por intermedio del receptor―transmisor, estaban ya acostumbrados a
cuanto se relacionaba con los OVNIS, y, aparentemente, lo que demostraban era
una marcada curiosidad por conocer la astronave y a sus tripulantes. Yo ―debo
confesarlo―, sintiendo esa misma curiosidad, no dejaba de experimentar un
ligero temor, algo imperioso, pero que se manifestaba en una nerviosidad que, a
duras penas logré disimular.
Mi
Hermano Rosciano me observaba en silencio. Varias veces lo vi sonreír; al fin,
en un aparte, me dijo:
―Te
noto excitado... ¿qué te pasa, Yosip?
―No
sé... quizá sea que anoche no pude dormir bien... Tú comprendes... Tantas
cosas...
―Es
natural; para Uds. representa un cambio de vida total.
―Y,
no quiero que ellos se den cuenta, ¿entiendes?... Pero ¿cómo será la vida en
ese sitio?... ¿dónde quedará Janlitpur?
―¿Pepe
no te ha dicho dónde queda?
―Claramente,
no. Sólo me ha explicado que es un lugar muy apartado proyectó hasta el suelo.
Una figura humana, vestida con un ajustado "buzo" de aspecto metálico
resplandeciente bajó por ella y se dirigió hacia nosotros.
―
¡Pepe! ―gritamos al unísono.
En
efecto, era nuestro Hermano "Pepe". Corrimos a su encuentro y
lágrimas de alegría nos abrazamos todos. Estaba igual a como lo viéramos la
noche de nuestra despedida, en ese mismo lugar, dos años y meses atrás.
Entramos con él al comedor y allí pudimos apreciar mejor la vestimenta que
llevaba. Era, como ya dije, una especie de mameluco ajustado, algo así como el
traje que usan nuestros hombres―rana para sumergirse. El material parecía
metálico; pero demostraba una flexibilidad comparable a la más fina tela, y
sumamente brillante. Le cubría todo su cuerpo, dejando solamente el rostro
descubierto, pues las manos llevaban algo así como guantes del mismo tipo.
―Veo
que todo está igual ―comentó, paseando su vista por los contornos de la que
fuera su casa―. Y ahora, se empieza a cumplir mi promesa―de llevarlos a
Ganímedes... Mejor dicho, a "nuestro" "REINO DE MUNT"...
―¿Has
dicho "NUESTRO" Reino? ―le preguntó Rosciano.
―Sí,
Hermano; ya soy de aquel mundo... Y espero que ustedes, algún día, también lo
serán... Pero no perdamos tiempo. Nuestros Hermanos esperan en la nave y
después de llevarlos a ustedes a Janlitpur tienen que cumplir otras misiones
importantes en lugares diferentes de nuestro sistema solar. Yo he venido con
ellos para acompañarlos en el viaje y darles mayor fuerza, porque todavía no
están lo suficientemente preparados para desechar el infantil temor que veo en
todos... Pero una vez que los hayamos instalado allá, deberé regresar a
Ganímedes a continuar mi labor diaria.
―¿Ya
estás trabajando allá?
―Naturalmente;
en ese mundo, como ya te había explicado, no se conoce la ociosidad. Todos
desempeñan algún tipo de labor...
―Y
¿cuál es la tuya?
―Junto
con varios de nuestros hermanos de la Tierra, trasladados en otros tiempos
trabajamos en un instituto que se dedica a readaptar a los que van llegando de
este planeta y que necesitan un régimen de vida especial para su completa
adaptación a ese mundo.
―¿Son
muchos los que están llevando de acá?
―Un
número regular... pero serán más a medida que transcurra el tiempo y se
acerquen las fechas de los grandes cambios terrestres.
Todos
nos miramos en silencio. Pepe nos pidió ser breves. Salimos al jardín y nos
aproximamos a la máquina. Era una gigantesca lenteja metálica, refulgente.
Tendría irnos veinte metros de diámetro, y a través de las ventanillas de la
cúpula central vimos a varias personas que nos observaban, sonrientes.
Con
un emocionado abrazo y el Beso Sagrado de Nuestra Orden, me despedí de mis dos
Hermanos, que quedaban a cargo de la casa y de mis últimos asuntos en el Perú,
y subiendo la escalerilla tras de Pepe ingresamos en la astronave. El interior
era una estancia circular, amplia, Ilota de tableros de control, botones y
llaves, y una serie de pantallas parecidas a nuestros televisores. Allí nos
esperaban tres personas, vestidas en forma igual a nuestro amigo. No parecía
existir gran diferencia entre aquellos seres y nosotros. Solamente los ojos, un
poco rasgados y de un brillo extraordinario. Lo que más me sorprendió fue que
nos hablaron en perfecto castellano. No necesité expresar mi sorpresa: me
leyeron, seguramente, el pensamiento, y el que parecía el jefe me respondió:
―Podemos
hablar cualquier idioma... .
En
seguida, se colocaron cada uno frente a un tablero de controles. No vi que
movieran ninguna llave con las manos. Pero los mamparos de entrada se cerraron
y se escuchó un leve silbido en la máquina, y noté un ligero movimiento
vibratorio. Pepe me indicó que nos acercáramos a una ventanilla y me quedé
pasmado al ver que ya nos estábamos remontando con creciente rapidez. El jardín
de nuestra casa y nuestros dos Hermanos aparecían como un pequeño tablero de
ajedrez y dos piezas del mismo juego, y a los pocos segundos se habían
confundido entre las lejanas luces de la Gran Lima, que se iban perdiendo en la
distancia...
A
poco, sólo vimos la obscuridad de la noche tachonada de estrellas. La astronave
volaba sin el menor ruido y daba la impresión de que estuviera estática en el
espacio. Nos apartamos de la ventana y me puse a observar el ambiente que nos
rodeaba. Era una cabina redonda, con techo enteramente abovedado y circular,
como una semiesfera de una altura máxima de 2,80 a 3.00 metros, en la que
estábamos cómodamente instaladas las ocho personas. Repartidos en la estancia
había cuatro sillones de aspecto metálico y rígido; pero al sentarse uno en
ellos resultaban tan suaves y mullidos cual él más confortable de nuestros
mejores muebles de la Tierra. Los tableros y pantallas de control estaban
ubicados equilibrada y armónicamente entre los espacios ocupados por las ventanillas,
desde las que podía apreciarse la forma y extensión exterior de la máquina, que
a nuestra vista aparecía como una plataforma circular ligeramente convexa, en
todo el contorno de la cúpula central en la que nosotros íbamos. Todo el
aparato despedía una extraña luminiscencia que nos destacaba de la oscuridad
reinante en torno nuestro. Los tres tripulantes seguían atentos a los
mecanismos de control; pero, de rato en rato volteaban a mirarnos, sonrientes y
amables,' con una expresión que me pareció algo paternal, como cuando los
adultos, en la Tierra, observamos a los niños que juegan...
―No
te extrañe ―me dijo Pepe, sin que yo le hubiera preguntado―― para ellos somos
como niños... Nos separa un millón de años de adelanto...
Lo
miré en silencio. Me había adivinado el pensamiento y así se lo dije. ''
Sonrió, y en sus ojos observé un brillo inusitado.
―Tú
también, y los tuyos, alcanzarán a conocer el pensamiento ajeno una vez que
hayan ingresado a esa sociedad maravillosa, porque allá no hay egoísmos ni
hipocresías... Desde que lleguen a Ganímedes se les irá preparando para que, un
día, logren ser como ellos..―. Sólo así podrá cumplirse el prodigioso destino
de quienes, más tarde, serán los padres de la nueva raza que pueble una nueva
Tierra, ya regenerada y lista a cumplir las promesas Crísticas...
Nos
miramos en silencio y de aquel fugaz aparte nos distrajo un lejano resplandor
que aparecía a través de las ventanas.
―Es
el Sol del nuevo día.
―¿Qué...
si apenas son las dos y media de la madrugada? ―Eso crees tú, Yosip... Pero la
hora que marca tu reloj es la del Perú, en estos momentos, y te has olvidado
que volamos rumbo al Oriente y a una velocidad que nos permite hacer en minutos
lo que los más veloces aviones de la Tierra tendrían que emplear muchas horas.
Y estamos acercándonos a las costas de África y en Asia es ahora de día.
Nos
asomamos todos a los ventanales. Los tripulantes sonreían y mi mujer, mis hijos
y yo contemplamos, absortos, cómo se iba iluminando el horizonte. Pero no
veíamos tierra, sino un lejano mar de nubes. ―Viajamos a más de veinte mil
metros de altura ―nos explicó Pepe―. Así no nos exponemos a interferir ninguna
línea de vuelo terrestre y no nos pueden ver desde abajo.
En
esos pocos segundos ya era de día. Pero aún nos resultaba imposible ver sobre
qué región volábamos. Quise reajustar mi reloj, y mi amigo volvió a sonreír.
―Espera;
ya lo harás cuando lleguen a Janlitpur. Todavía falta un poco, pero la
diferencia en horas sería no obstante de importancia...
Nos
sentamos un rato. No era que estuviésemos cansados. Era, más bien, la impresión
penosa de nuestra inferioridad. Pepe nos reanimó de nuevo. Nos habló
cariñosamente, diciéndonos que debíamos tratar de acostumbrarnos con rapidez a
los muchos cambios que habríamos de experimentar en estos tiempos de arduo
adiestramiento. Miró las pantallas de control y nos llamó a las ventanillas.
―Ya
estamos llegando ―nos dijo―. ¿Ven esos picos nevados hacia los que nos
dirigimos?... Son los Himalayas. Dentro de unos minutos estaremos descendiendo
en Janlitpur.―
Yo
miré mi reloj. Marcaba las dos y treinta y cinco: 35 minutos, solamente, desde
nuestra salida del Perú...
Está
de más explicar la emoción que nos embargaba. Rosita me miraba, confusa,
nerviosa. Mis hijos no se apartaban de la ventana. Los tripulantes tornaban a
sonreír y mirarnos paternalmente. Y nuestro Hermano, leyendo, probablemente,
nuestros pensamientos, nos acercó de nuevo al ventanal. El paisaje, ahora, se
veía con toda claridad. Volábamos suavemente sobre una región montañosa de
impresionante belleza: grandes picos nevados contrastaban con negras laderas y
profundos valles en los que, entre aterradores precipicios, aparecían algunos
verdes prados. Las gigantescas moles de la más allá cordillera de la Tierra, se
nos mostraban en toda su majestuosa potencia. Era un paisaje agresivo,
imponente, formidable. Los milenarios glaciares y los heleros que se adentraban
en el corazón de esa maraña orogénica, alternaban su formidable reciedumbre con
los apacibles vallecitos en algunos de los cuales distinguimos, ya, ganados
pastando y poblados pequeñitos. Los rayos del Sol matizaban con un concierto de
luces doradas, rosas y celestes medias tintas, ese extenso panorama de rocas y
de nieve. Y frente a nosotros, que ya viajábamos a marcha lenta, se divisaban
las grandes moles de un conglomerado de picos al cual parecía que nos estábamos
dirigiendo. ―Allá está Janlitpur―nos explicó Pepe.
―La
máquina seguía descendiendo lentamente. Llegamos hasta aquel macizo montañoso
y, al trasponer las altas cumbres nevadas, nos encontramos sobre un hermoso y
profundo valle, rodeado por gigantescos farallones de roca viva, en medio del
cual serpenteaba un pequeño río de aguas cristalinas. Una recia construcción,
al parecer de piedra, se levantaba no lejos del curso de agua, y un poco más
hacia la derecha se veía una moderna mansión, de estilo inglés antiguo. Entre
ambas, en un amplio espacio abierto rodeado de jardines, había un grupo de
personas vistiendo blancas túnicas, que parecían esperarnos.
―Hemos
llegado ―fue la lacónica explicación del jefe de tripulantes.
La
astronave se posó lentamente sobre el grass de aquella explanada, y el mamparo
de salida se abrió. Pepe nos invitó a salir. Nos despedimos respetuosamente de
los tres tripulantes, que nos desearon una feliz estadía, y bajamos por la
escalerilla metálica. Yo conducía la única valija con el escaso equipaje que
lleváramos, pues ya Pepe nos había prevenido que no íbamos a necesitar de nada
en ese sitio, porque allí nos proporcionarían todo lo necesario para nuestra
nueva vida. Más tarde comprendimos la razón de aquella advertencia.
Cerca
al OVNI nos aguardaba el grupo que habíamos visto desde el aire. Pepe nos
presentó al que parecía el jefe. Era un hombre de estatura mediana, enjuto, de
piel tostada y cabeza rapada íntegramente, como los monjes budistas. Sus
facciones, regulares, denotaban su origen indostano y sus ojos, de mirar
profundo y suave, despedían un extraño brillo. Nos saludó con una reverencia y,
a su vez, nos presentó al resto del grupo con las siguientes palabras, en
perfecto español:
―Muy
amados Hermanos: Llegan hoy hasta nosotros estos nuevos Hermanos en busca de La
Luz y La Verdad... Vienen de un lejano país de Sud América, y han sido
previamente recomendados por este Muy Alto y Muy Amado Hermano nuestro
―señalando a Pepe― y esperamos que sepan corresponder a la confianza que en
ellos hemos puesto, al permitirles llegar hasta nosotros. Que sean bien venidos
y que puedan encontrar aquí la Paz, El Amor y La Luz que tanto anhelan y«que
tanto faltan en el resto de la Tierra...
CAPITULO
II
El
Monasterio de Janlitpur
Pepe
nos había presentado al personaje central de aquel grupo como el Muy Alto y Muy
Amado Hermano Rahmojan Dumpbahar, Director Supremo del Monasterio de Janlitpur.
Y en verdad qué el personaje impresionaba. Se advertía en él una mezcla de gran
autoridad y de suave y paternal dulzura. Su expresión era noble y digna, su
mirar penetrante pero amable, sus modales delicados y majestuosos, su voz
extrañamente melodiosa y a veces con inflexiones indescriptibles qué atraían al
interlocutor. Todo en él desprendía grandeza, inspirando respeto y simpatía.
Parecía
un lama, y sin embargo, no vestía como los monjes budistas. H y los demás, del
grupo, usaban unas rúnicas de lana blanca, sin ningún adorno apreciable. Entre
ellos advertimos la presencia de una dama, al parecer europea, de cabellera
rubia, ojos azules, rostro agraciado y edad indefinible. Junto a ella estaba un
hombre alto, fornido, de tipo claramente sajón y modales finos, pero algo
bruscos, aun cuando se desprendía de él una extraña simpatía. Su rostro, con
cierto aire militar, despedía franqueza y jovialidad. Los otros eran tres
jóvenes netamente orientales: de ojos rasgados, tez aceitunada y cabezas
rapadas; daban la impresión de los monjes principiantes de cualquier lamasterio
de la India.
Después
de los saludos de presentación, fuimos invitados a ingresar en la casa estilo
inglés que habíamos visto desde el aire. Pepe no aceptó.
―Les
ruego que me perdonen. He cumplido mi misión de acompañar hasta acá a estos mis
Amados Hermanos, porque sabía que haría falta mi presencia para infundirles más
ánimo y confianza en este primer viaje en una nave extraterrestre. Pero no
puedo abusar de la bondad de mis Hermanos Superiores que me esperan para
cumplir con otra importante misión que les ha sido encomendada.
Y al
decir así indicó la astronave, en cuyas ventanillas vimos a los tripulantes
hacernos señales de despedida. . ―
―Te
comprendemos, Hermano ―le dijo Dumpbahar, al tiempo en que se abrazaban y se
daban Nuestro Beso Sagrado―. Quiera Nuestro Divino Maestro y Señor que volvamos
a vernos, alguna vez...
Y
puso su mano como si le impusiera un signo de Paz en la frente. Nosotros
sentimos que nos embargaba una profunda emoción. Mi esposa, con lágrimas en los
ojos, lo abrazó y lo besó en la mejilla. Mis hijos lo besaron y yo,
conteniéndome pan dominar mi emoción lo abracé y lo besé en la frente. Me
pareció que su piel era tan caliente cual á estuviese con mucha fiebre. El me
sonrió, enigmáticamente, y al besarme, susurró:
―Ya
lo comprenderás... ¡ojalá sea pronto!
Los
demás hicieron lo mismo que el Director y Pepe se encaminó a la máquina, subió
y penetró en su interior sin voltear. El mamparo se cerró y chorros de fuego
partieron de los contornos de aquel enorme "plato" que empezó a
elevarse, primero con suavidad y luego, desde cierta altura, a gran velocidad,
hasta que lo perdimos de vista en el luminoso cielo...
***
Comenzaba,
para nosotros, una nueva vida, en aquel lejano rincón del ―mundo, perdido entre
las solitarias cumbres nevadas de los Himalayas. Era un lugar bellísimo. Nos
encontrábamos en el centro de una amplia explanada cubierta de bien cuidado
césped. Al fondo, a unos doscientos metros de donde estábamos, se levantaba el
recio edificio que viéramos desde el aire, mezcla― de convento y fortaleza, a
juzgar por su aspecto exterior, rodeado por frondoso parque. Ya poca distancia
de nosotros estaba la casa estilo inglés ya mencionada. Más allá de la sólida
construcción de piedra del monasterio, había una hermosa laguna formada por el
riachuelo que divisamos desde el OVNI, y floridos jardines rodeaban las dos
mansiones.
Al
acercamos a la puerta de la casa a la que nos invitara Dumpbahar, salió
corriendo a recibirnos una joven de cabellos negros y ojos muy vivaces, que con
marcado acento español nos saludó disculpándose de no haber podido hacerlo
antes.
―Acá
todos andamos ocupados, y yo quería terminar de aderezar un postre que he
preparado para recibirlos adecuadamente, ya que ustedes son peruanos, y los
peruanos se parecen mucho a nosotros―los españoles. ―¿Sabían acá de nuestra
llegada?
―Naturalmente;
nuestro Maestro nos lo había comunicado.
Y al
decir esto indicó respetuosamente al Director. En seguida nos pidió acompañarla
para mostrarnos el alojamiento que nos tenían dispuesto. Subimos una amplia
escalera que conducía a un gran hall de distribución, enteramente amoblado al
estilo Tudor, y en un pasillo aledaño ingresamos a un confortable departamento.
Eran dos piezas con su baño anexo. Las camas, una grande de matrimonio en una
de ellas, y dos comunes en la otra, y el mobiliario no dejaban nada que desear.
Como si pertenecieran a un hotel elegante de cualquier ciudad occidental. Yo le
manifesté mi asombro y la española nos explicó que el local había sido
reformado, hacía algunos años bajo la dirección de un ingeniero inglés, el
caballero a quien conociéramos al descender del OVNI.
―Pero
esta parece una mansión europea antigua―comenté.
―Bueno,
no es mucho. Dicen que fue construida el siglo pasado, dedicándola a Hogar, o
Pensión, de los alumnos extranjeros. La modernización de los cuartos y los
baños es reciente: fue realizada en los años entre 1930 y 1935.
―Y
¿dice usted que el señor a quien acabamos de conocer dirigió estas obras?
―Así
es...
Pero
si de ese entonces ahora han pasado casi cuarenta años, y aquel caballero no
representa más de cuarenta, o a lo sumo, cincuenta...
La
joven sonrió. Nos miró un rato en silencio y, al fin, como si tomara una
decisión algo difícil, respondió:
―Es
un poco extraño para quienes llegan por primera vez acá; pero ya comprenderán,
después, que todos los que aquí estamos aparentamos una edad muy distinta de la
que, en realidad, tenemos. Yo estaba ya acá en esa época, y puedo asegurarlo...
―¡Usted
bromea! ¡Si es una muchacha...!
―Sí...
una muchacha de ochenta y tres años ―exclamó riendo, nuestra interlocutora.
Ni
Rosita ni yo tomamos en serio esas declaraciones. Al repetirle que
considerábamos una broma sus palabras, cambió de expresión.
―Comprendo
que para ustedes resulte difícil aceptarlo; pero más adelante habrá oportunidad
de probarles que nací en 1890... Ahora, tengan la bondad de arreglarse para el
almuerzo. Ya deben estar esperándonos abajo. En otro momento conversaremos,
porque van a tener muchas sorpresas de esta índole...
Y
haciendo un gracioso mohín, salió corriendo.
Mi
mujer y yo nos miramos. Yo le guiñé un ojo. Estábamos convencidos de que la
española bromeaba. Y dejando la valija en un rincón, nos aseamos un poco y
bajamos.
En
el comedor, una amplia estancia estilo Tudor, contigua al gran hall de entrada,
nos esperaban Rahmojan Dumpbahar, la dama rubia y el caballero inglés, junto
con dos nuevos personajes: uno era un botánico israelita, y el otro, un médico
egipcio, según las explicaciones que nos dieran en las respectivas
presentaciones. Invitados por Dumpbahar nos sentamos todos a la mesa. La
españolita permaneció de pie y nos dijo que iba a servimos, que todos allí se
servían por turno, unos a otros y que ese día le tocaba a ella atender a sus
"hermanos".
La
comida fue frugal. Una sopa y un guisado, muy agradables, pero enteramente
vegetarianos. Notamos la absoluta ausencia de licor. Sólo agua, muy fresca y
cristalina. Luego, un postre en forma de torta, bañada en crema de leche y de
consistencia gelatinosa exteriormente. Era sabroso, pero no pudimos identificar
los ingredientes. Así se lo hicimos saber a la muchacha, que ya había tomado
asiento junto a nosotros.
―¡Ah!
¡Ese es un secreto! ―exclamó riendo―. Pero ya se los enseñaré... lo mismo que
lo de mi verdadera edad. Porque nuestros nuevos "hermanos" ―añadió
dirigiéndose a los demás― han creído que bromeaba al decirles cuántos años
tenía.
Todos
se miraron y sonrieron levemente. El Director, que presidía la mesa, nos miró
profundamente y con calma, subrayando las palabras, expresó:
―No
es broma que Maruja haya confesado tener ochenta y tres años. Aquí todos
alcanzamos edades bastante apreciables. Ese ha de ser uno de los muchos
conocimientos que tendrán ustedes que aprender. Desde mañana comenzaremos a
educarlos en nuestras ciencias, y adentrarlos, poco a poco, en los Secretos de
la Naturaleza que les han de ser necesarios para su especial adiestramiento.
Por ahora, que les baste saber que conocemos el secreto de la longevidad....
***
Más
tarde, en nuestro departamento, aprovechando que disponíamos de una hora para
el reposo, comentaba con mi mujer las declaraciones del Maestro. Le hice ver
que él había leído, posiblemente, el pensamiento de la joven al mencionar lo
que ella nos manifestara, o se habían puesto de acuerdo para decir lo mismo,
ambos. Aún no estaba conforme con aquello. Nos parecía una broma que después
nos explicarían. La española representaba, a lo más, treinta años. Su vivacidad
y su frescura eran las de una muchacha. Corría y saltaba, jugueteando coma si
fuera, todavía, menor. Y sus ojos no denotaban, en absoluto, la menor huella de
tiempo. Todos sabemos que el conjunto del rostro puede conservarse, más o
menos, hasta los cincuenta años con determinada lozanía, si la vida y las
costumbres de la mujer, ayudadas por un selecto maquillaje, logran mantener el
aspecto juvenil de la piel. Pero el contorno de los ojos es imposible, de no
mediar una intervención quirúrgica de tratamiento estético, que no muestre los
estragos del tiempo y las arrugas que van formando la risa y los gestos
diarios. En la española no había la menor huella de todo eso. Era una verdadera
muchacha en toda la lozanía de su rostro y en la agilidad de sus movimientos.
Pepe
nos había explicado, en los seis meses que recibimos instrucción preparatoria,
que en Ganímedes viven varios siglos. Esto ya fue explicado por mí en mi libro
anterior. Pero a mí se me hacía duro pensar que acá en la Tierra se conociera
el secreto de la longevidad. Sin embargo, Dumpbahar lo había afirmado en el
almuerzo. Y nos había prometido que llegaríamos a conocer ese secreto y otros
más. Por lo tanto, Rosita y yo estábamos bastante confusos en nuestras
apreciaciones, cuando, vencida la hora, bajamos a reunimos con el inglés que
nos invitara a dar un paseo por nuestra nueva morada. El nos esperaba en el
hall de entrada. Salimos con mis hijos y nos dirigimos hacia la laguna frente
al monasterio.
Era
una tarde encantadora. El sol bañaba con sus vivificantes rayos todo un paisaje
idílico. Estábamos en el centró de un valle de regular extensión, encerrado
totalmente por las laderas casi cortadas a plomo, de las gigantescas murallas
de roca formadas por los picos nevados que traspusimos en el OVNI al llegar.
Parecía como si la Naturaleza hubiese querido construir un asilo inexpugnable
en medio de las soledades de la formidable cadena de los Himalayas. Por donde
volviésemos la vista, en todos los contornos del valle, sólo veíamos altísimos
precipicios de rocas azules y negras en cuyas cumbres distantes brillaban las
nieves perpetuas. No se distinguía ningún camino ni sitio por donde se pudiese
bajar. Los farallones pelados, con alturas imponentes, circundaban, totalmente
aquel lugar. Y, al fondo, a nuestra derecha, como un lejano hilo de plata que
brillaba al sol, descendía desde las cumbres nevadas un estrecho torrente que
alimentaba el cristalino riachuelo que viéramos desde la astronave, y que atravesaba
todo el valle en dirección a un hermoso bosquecillo que había en el extremo
izquierdo a donde nos hallábamos. Todo el terreno, de varios kilómetros
cuadrados de área, estaba cubierto de vegetación.
―De
todos estos campos sacamos nuestro alimento ―nos explicó el inglés―. Habrán
notado ustedes que no había nada de carne en el menú.
―Pero
el guisado tenía apariencia de carne ―arguyó mi esposa.
―Es
un preparado a base de gluten y soya, al que se le puede dar la consistencia,
forma y sabor que uno desee. Producto de esos prados que ustedes están viendo.
Y al
decir así nos mostraba extensos campos cuidadosamente cultivados.
―Y
¿quiénes se encargan de cultivarlos? ―pregunté.
―En
realidad, casi todos participamos en su cuidado; pero son los monjes menores
los que hacen la labor principal.
―¿Los
monjes menores?
―Sí;
en el monasterio viven unos treinta "hermanos estudiantes", como los
que vieran junto con el Maestro, esta mañana.
―Y
¿cómo hacen para entrar o salir de este valle; porque, a juzgar .por lo que
veo, no hay posibilidad de subir o bajar por esos farallones?
―Efectivamente;
no hay un solo sitio por donde se pueda escalar la montaña. Pero existe una
salida secreta que les ruego me perdonen el no poder revelarla, mientras el
Maestro no lo autorice.
―Comprendo.
Y ahora, pasando a otra cosa: ¿hace mucho que vive usted aquí?
―Más
o menos unos cincuenta años.
―
¿Vendría usted muy niño?
―No;
ya era ingeniero y tenía cuarenta y ocho años...
Yo
me reí, y palmeándole amistosamente el brazo, le dije que los encontraba, a
todos, muy bromistas.
―No
bromeamos. Es verdad, aunque usted no lo crea. Más tarde te mostraré mis
documentos personales. Tengo ciento dos años cumplidos... Guardé silencio y
miré a mi mujer. La expresión del hombre era impasible. No inspiraba risa ni
duda. Pero sólo aparentaba unos cincuenta años, a lo más. No quise insistir, y
continuamos paseando. Los niños se nos habían adelantado y jugaban en un
remanso de la corriente. Comenté sobre la limpidez del agua.
―Es
el agua más pura que yo he conocido en el mundo ――nos explicó nuestro
Interlocutor―. Agua de deshielo que, en su correr milenario por este curso, no
se contamina con nada, como pasa en nuestras ciudades, cada día más cargadas de
impurezas y de todos los venenos que produce nuestra mal llamada
"civilización"...
capitulo
III
El
Extraño Relato del Inglés
Aquella
noche, después de una cena en la que predominaran las frutas en varias formas,
y en la que el Director del Monasterio nos participó que al día siguiente
comenzarla nuestra preparación, volvimos a reunimos con nuestro compañero de la
tarde, quien nos había dicho llamarse Charles O'Connor, y que familiarmente lo
trataban por Charly. A mi señora y a mí nos condujo a su departamento, parecido
al nuestro, con la única diferencia que la segunda pieza la usaba él como
salita―escritorio. Los chicos habían quedado en la planta baja, con la
española, escuchando radio, y de tal modo podíamos disponer del tiempo a
nuestro antojo.
De
una gaveta del escritorio extrajo un viejo portafolio de cuero en el que se
guardaba gran cantidad de documentos. Rebuscó entre ellos y nos alcanzó una
libreta empastada, muy vieja y con algunas picaduras de polilla. Era su
pasaporte. Estaba extendido en Londres, en el año 1919, y en él constaba que
Charles Richard O'Connor había nacido en Edimburgo, Scotland, el 5 de Mayo de
1872. La fotografía, resellada, mostraba a Charly algo más joven, pero
exactamente como era en esos momentos. No cabía duda...
Nos
mostró, también, una serie de documentos que probaban su condición de
ingeniero, su participación en la primera guerra mundial de 1914―1918, en la
que alcanzara el grado de capitán de ingeniería; varias fotografías de la época
vistiendo el uniformé militar; cartas y diplomas de diferentes instituciones, y
en un viejo y apolillado estuche, una condecoración que resultó ser la Cruz de
Guerra de Francia. Las pruebas eran contundentes; aquel hombre no había
bromeado ni mentido. Tenía, en efecto, ciento dos años...
Sonriente,
al ver nuestra expresión de asombro, nos explicó la forma en que el Destino lo
pusiera en contacto con Rahmojan Dumpbahar, diciendo―nos que le debía la vida y
todo lo relacionado a su maravillosa conservación; ― ―Corrían los años de la
década del 20 ―empezó su narración cómodamente arrellanado en una antigua
chaiselongue.― Yo trabajaba, entonces, en la zona cercana a Bettiah, en la
India, no lejos de la frontera con Nepal. Estábamos construyendo una carretera
y había hecho amistad con los lamas de un lamasterio vecino. En esos días, el
Maestro era Lama y se encontraba pasando una temporada en dicho lamasterio.
Instruía a toda la comunidad, que le demostraba gran respeto y veneración. Los
otros lamas me hablaban de su gran sabiduría y de virtudes prodigiosas que
poseía. Como aquella región agreste el lamasterio era el único lugar habitado,
yo dejaba muchas veces el campamento para pasar horas de descanso con ellos.
Así nuestra amistad se fue haciendo más íntima, y el constante contacto con
Dumpbahar me fue inspirando, también, una respetuosa admiración por sus muchos
conocimientos, la afabilidad de su trato y la poderosa influencia de su
personalidad. Así las cosas, un día tuvimos un malhadado accidente: al explotar
una de las cargas de dinamita que debía abrir parte de un hacinamiento de rocas
para el camino, un derrumbe me alcanzó, cayendo bajo varías pesadas peñas que
me aplastaron las dos piernas. Cuando los obreros y los otros ingenieros
lograron liberarme, me había desmayado... Al volver en mí estaba en la sala del
hospital de campaña del campamento. Los médicos atendían mis heridas y me
habían reanimado con calmantes. Tenía rotas ambas piernas y el diagnóstico era
sombrío. A poco, me entablillaron provisionalmente, porque las heridas no
permitían enyesarme. De tal manera, con los recursos de esa época, en que no se
conocían aún los antibióticos, mi situación se fue agravando. Se me infectaron
ambas piernas y los médicos hablaban de operarme. No me lo decían; pero yo me
di cuenta por ciertos preparativos y por la expresión del doctor jefe, al que
le exigí decirme la verdad. La infección aumentaba y temían una gangrena. Según
ellos, no cabía otro recurso que la amputación de ambos miembros para salvarme
la vida.
―Comprenderán
ustedes ―continuó, después de servirse un vaso de agua con jugo de naranja―
cuál sería mi estado de ánimo. Me sentía aniquilado. Mi desesperación tomaba,
por momentos, caracteres de furiosa demencia, llegando hasta el extremo de
pedir, a gritos, que me mataran antes de dejarme inválido. Cuál no sería mi
desastroso estado de ánimo, que me habían amarrado al catre en el temor de que
atentara contra mi vida.
En
tales circunstancias, los lamas, que no dejaron de visitarme todos los días, me
aconsejaron que no me dejara cortar las piernas.
―El
Gran Lama Rahmojan puede curarte ―me dijeron todos ellos―. Y me explicaron cómo
aquél hombre había realizado curaciones maravillosas. Los médicos insistían en
la amputación inmediata. Ya se presentaban los primeros síntomas de gangrena, y
la situación no admitía demora. Pero yo no autorizaba la operación, aferrado a
un explicable deseo de salvar mis piernas. En esos momentos, Dumpbahar me
habló. El había estado visitándome, con» los otros, pero nunca me dijo que
pudiera salvarme. Recuerdo, perfectamente ese instante supremo. Estaba cayendo
la tarde y los médicos habían decidido operar al día siguiente. El Lama acababa
de entrar. Yo le conté lo que roe comunicara el doctor y, con toda la fuerza de
mi carácter, que no me habla amedrentado ni en las trincheras de Francia, no
pude impedir que en un acceso de desesperación se me salieran las lágrimas y
llorara como una mujer...
―Cálmate,
Hermano mío ―fueron sus palabras― Si tú me autorizas yo te curaré... ¡No
perderás tus piernas...!― Pero debes decirle a los médicos que no permites que
te toquen y que quieres, con tu propia voluntad, ser trasladado,
inmediatamente, al lamasterio.
En
tales circunstancias no tenía alternativa. El Lama me ofrecía curarme. Su
expresión y el tono de su voz denotaban absoluta seguridad de sí mismo. Las
historias que de él me refirieran los otros lamas llevaban a mi afana una luz
de esperanza. En cambio los médicos del campamento habían decidido operarme,
porque en esos tiempos, en que aún no existía el transporte aéreo, el viaje
hasta Calcuta, la capital del ese entonces Imperio de la India, resultaba
absolutamente imposible en tal situación.
Una
lucha tremenda se operó en mi alma. Pero estaba seguro que nuestros galenos
carecían de recursos y conocimientos para evitar la amputación. Eso significaba
o la muerte o la invalidez...
Contra
la oposición unánime de mis médicos, exigí ser trasladado al Lamasterio. Se me
trató de loco y se me amenazó con operarme a la fuerza. Ellos creían que no
había otro camino. Pero una energía insospechada renació en mí y el resultado
de la rápida lucha entre la ciencia occidental, vencida por el Destino, y la
luz de la esperanza, fue que, esa misma tardé, con las últimas luces del
crepúsculo, hiciera mi ingreso en el viejo lamasterio, sobre una camilla y en
hombros de varios de mis amigos los lamas...
―No
quiero cansarlos ―nos dijo Charly― con los detalles de mi tratamiento, ni los
métodos, para mí extraños, a que se me sometió allí. Baste decir que, en cuanto
ingresé, me condujeron a una pobre celda, pero muy limpia y con los enseres
precisos para poder reposar en una amplia cama moderna. Rahmojan me quitó,
inmediatamente, todos los vendajes. Me inspeccionó detenidamente las heridas.
Hizo llevarse todo cuanto hasta entonces entablillara y cubriera mis piernas
rotas y, después de lavar cuidadosamente las partes afectadas con un agua
caliente que le trajera otro lama en una reluciente vasija de cobre, me pidió
relajar todos los músculos y prepararme a dormir. Con asombro vi que no me
aplicaba ningún medicamento. Me miraba profundamente y sus ojos parecían
despedir un brillo extraño. Una especie de sopor se apoderó de mí y me quedé
dormido... No sé cuánto duró mi sueño... Me sentía transportado por los aires a
través de las montañas y alguien, a quien no podía ver, me conducía de la mano.
Así llegamos, volando, a un hermoso valle en donde ingresamos en un viejo
edificio de piedra. Allí nos esperaban otros hombres vestidos con túnicas
blancas, iguales a las que usamos en este lugar... Y entonces, pude reconocer
en el que me guiaba a Rahmojan Dumpbahar. Sin embargo, lo veía ahora rodeado
por un extenso nimbo luminoso. Todo su cuerpo brillaba como un Sol, y su
rostro, resplandeciente, se acercó a mí y me sopló con suavidad en la frente...
Me
desperté. Estaba de nuevo en la celda del lamasterio a donde me condujeron. A
mi lado se encontraba Rahmojan y a los pies de la cama estaba el lama que había
servido de ayudante. Sentí que los dolores de las piernas habían desaparecido y
que las tenía cubiertas con una tela muy blanca y algo como una masa tibia y
pegajosa me las envolvía totalmente. Era de noche, pues a' través del tragaluz
del cuarto se apreciaba el cielo estrellado.
―Te
sientes mejor― me preguntó.
―Sí...
parece que me dormí.
―Efectivamente:
rías dormido dos horas que te hacían mucha falta. Ahora deberás tomar un poco
de alimentó y volverás a dormirte, para que mañana estés mejor.
―¿Qué
es lo que tengo en las piernas...?
―Un
emplasto de tierra y yerbas especiales. Pero no te preocupes. Mañana estarás
mejor y pronto podrás levantarte y caminar.
―¡Caminar...!
―Sí;
antes de un mes podrás hacerlo. Hubiera sido posible en menos tiempo; pero
tienes varias fracturas que deben soldar sólidamente. Si no hubieras perdido
tanto tiempo con los tratamientos de tus médicos, habríamos podido economizar
casi quince días. Pero no importa. Lo principal es que curarás, y volverás a
caminar como si no hubiera pasado nada...
Está
de más decir que me sentí confuso y asombrado. Sin embargo, tal como el Lama lo
anunciara, un mes después estaba dando mis primeros pasos por los jardines del
Lamasterio...
―
Una vez restablecido, acepté la invitación que me hizo Dumpbahar para visitar
este monasterio. El debía regresar acá, y yo lo acompañé. Los médicos del
campamento no daban crédito a lo que veían. No tuvieron más que rendirse a la
evidencia de los hechos. Y yo, con el Maestro y dos jóvenes estudiantes del
lamasterio, iniciamos el largo viaje, en muías, hasta este lugar.
―Y
¿cómo pudieron llegar, si parece que estamos rodeados de precipicios? ―inquirí
yo, tímidamente.
―Por
el camino secreto que ya conocerán ustedes, oportunamente. En esos tiempos aún
no se conocían los helicópteros. Tenía que usarse, forzosamente, esa vía. Ahora
poseemos una de esas máquinas, que está guardada en el edificio central. Yo me
ocupo de su cuidado y manejo cuando es necesario:.. Y, a propósito, no está de
más que les diga que, cuando llegamos en ese viajé, por primera vez, mi
sorpresa fue muy grande al reconocer todos estos sitios como los que viera en
el sueño famoso, la noche que me internaron en aquel lejano lamasterio...
―Cuando
Usted llegó ¿existía ya esta casa?
―Sí;
pero era algo distinta. Después hemos modificado algunas secciones. Las
habitaciones que ahora ocupamos eran muy viejas y no tenían baños, como las
antiguas casonas inglesas.
―La
señorita española nos dijo que Usted había modernizado todo esto.
―Así
es; todos estos departamentos fueron cambiados. Las alcobas conservaban un
estilo propio del siglo XVIII, y algunas ya empezaban a sufrir los estragos del
tiempo.
―
¿Tiene muchos años esta mansión? ^
―Yo
le calculo casi dos siglos. Nuestra Hermana Nancy, la dama que ustedes
conocieron al llegar, me aseguró, ―una vez, que había sido construida a
principios del siglo pasado, por un arquitecto inglés que vivió acá muchos
años.
―Entonces
todo esto es muy antiguo.
―Sí;
el edificio del Monasterio data de la Edad Media...
―Pero
¿quiénes y por qué levantaron esta casa en un lugar tan lejano?
O'Connor
guardó silencio. Nos miró un rato, pensativo, y al fin repuso.
―Hay
cosas que sólo nuestro Maestro puede contestar. Lo que les he narrado es algo
que me pertenece. Lo demás, si ustedes me perdonan, preferiría que se lo
pregunten a él...
Callarnos
un rato. Pero mi curiosidad no estaba satisfecha.
―Disculpe
otra pregunta: La señorita española nos dijo que ella lo habla visto trabajar a
Usted en esta obra...
―Es
cierto. Ella y My Lady estaban aquí cuando yo vine.
―¿My
Lady...?
―Sí:
la señora inglesa a quien llamamos Nancy... Es de origen noble, aunque nunca
habla de ello. Parece que no le agrada hablar de su pasado. Pero el Maestro me
dijo, una vez hace tiempo, que había pertenecido a la Corte de la Reina
Victoria.
―¡De
la Reina Victoria!... ¡Mucho más de un siglo!
―Así
parece... aunque también esos asuntos no me incumben...
Comprendimos
que el ingeniero no quería o no podía, hablar. Ya nos dijo, anteriormente, que
él sólo explicaba lo que a sí mismo le pasara. Y por no ser imprudentes optamos
por levantarnos.
―La
noche avanza y mañana estamos citados por Dumpbahar fue nuestra excusa―. Mucho
le agradecemos tan interesantes informes, y confiamos en que, más adelante,
podremos conversar mucho...
―Así
lo espero... y les ruego perdonar que no pueda darles mayores datos. Con el
tiempo conocerán y podrán comprender mejor muchas cosas... Aquí se aprende a
cultivar la discreción v el silencio.
CAPITULO
IV
Nuestra
Primera Clase con el Lama
Aquella
noche dormí poco. La conversación con el inglés y nuestra cita del día
siguiente con el Lama, nos tenía nerviosos a Rosita ya mí. Tantas novedades en
tan corto lapso eran bastantes para que nuestro cerebro diera vueltas y vueltas
a todos los sucesos, verdaderamente extraños para nosotros. Así, con las
primeras luces del alba, nos levantamos. Una gran curiosidad nos embargaba por
saber qué hablaríamos con el Maestro, y esperamos, nerviosos, que llegara la
hora en que nos citara al Monasterio.
El
desayuno consistió de yogurt, leche de cabra y unas frutas. Rodeamos la mesa
Chafly, Manija la española, la dama inglesa, que ahora, vestía un sacón
oriental y pantalones además de un gran sombrero de paja estilo chino, el
judío, el egipcio y nosotros. Los dos últimos hablaban poco. Sus conocimientos
del castellano eran casi nulos. En cambio Nancy lo hablaba con fluidez y nos
estuvo explicando que ella cuidaba de los jardines, ayudada por un joven monje.
Y en efecto, terminado el refrigerio, salió para ocuparse de su labor. Cada uno
del grupo desempeñaba una misión determinada: O'Connor tenía a su cargo una
pequeña fábrica en que se elaboraban ciertos artículos para el consumo general
de todos los que allí vivían. El israelita y el egipcio trabajaban en el campo,
y la española cuidaba de la casa y de la alimentación, Nosotros, mientras nos
dirigíamos al viejo edificio, comentamos qué labor nos iría a tocar en el
reparto de actividades de la colonia.
Cuando
llegamos a la puerta principal del Monasterio, salió a recibirnos un monje de
edad avanzada. Con ademanes respetuosos, nos condujo hasta un amplio salón
escuetamente amoblado al estilo hindú. Nos pidió, en inglés, que tuviéramos la
bondad de esperar unos instantes, y penetró por una puerta del fondo. Pasaron
unos minutos. La puerta se abrió y Rahmojan Dumpbahar vino a nuestro encuentro.
―Me
agrada ver que son puntuales. Vengan conmigo para mostrarles nuestra morada ―y
haciendo una venia nos invitó a los cuatro a pasar a la otra estancia.
Era
una sala bastante amplia. Una gran chimenea de piedra guardaba los rescoldos
humeantes de brasas mortecinas. Grandes anaqueles rodeaban el contorno de las
paredes, y en ellos había una enorme cantidad de libros y documentos de
distintas clases: Viejos rollos de manuscritos, seguramente muy antiguos;
volúmenes de diferentes tamaños empastados en amarillentos pergaminos; y
también otros cuyos relucientes lomos denotaban contener obras recientes. Una
gran mesa―escritorio, cubierta de documentos, y un confortable sillón de cuero
y ebanistería tallada en negro, eran el sitial del Maestro, en una de las
esquinas de la habitación. Y un juego de cómodos y mullidos confortables de
cuero, de puro estilo Reina Victoria, completaban el mobiliario de aquel
despacho.
―Veo
que es usted aficionado a los estilos ingleses ―comenté.
―Me
agradaban, en efecto... He vivido muchos años en Inglaterra y Escocia; además,
no olvides que Nuestra Augusta Orden es de allá...
Nos
invitó a sentarnos y, paseándose por el cuarto, comenzó a hablar en tono
mesurado como si fuera midiendo sus palabras:
―Comienza
para ustedes una etapa importantísima en sus vidas. No tomen a mal si les digo
que les falta mucho para alcanzar el nivel requerido por nuestros Hermanos
Mayores de Ganímedes. Deben tener en cuenta que una de las muchas virtudes que
habrán de practicar es la de la sinceridad. Entre nosotros estamos
acostumbrados a ser francos. Y si he de conseguir que progresen con rapidez,
tengo que hablarles, siempre, sin ambages. Nuestro Muy Amado Hermano
"Pepe" me ha pedido que los prepare cuidadosamente para que podáis
estar en condiciones de viajar a ese mundo antes que otros. Y eso es lo que voy
a hacer.
―Perdone,
Maestro ―me atreví a interrumpirlo―; ¿Ha sido usted muy amigo de Pepe?
―Nos
conocemos hace mucho: él estudió acá largos años, mucho antes de que nosotros
llegáramos a comunicamos con los habitantes de ese otro mundo sideral al que
ahora pertenece. Esta fue la escuela de que te hablara cuando te explicó que
había estado un largo tiempo en el Oriente. De ese entonces han pasado ya casi
cuarenta años...
―Perdone,
Maestro, ¿fue la época en que Usted curó al ingeniero O'Connor?
―Poco
después. Cuando traje al Hermano O'Connor acababa yo de venir de un largo viaje
por Europa... Mas, dejemos por ahora, esos detalles1, y volvamos a ustedes. Acá
se aprende muchas cosas; pero lo principal, en esta escuela, como todo lo
relacionado con la Orden, igual que lo exigido por Ganímedes, es cuanto se
relaciona con la evolución moral del ser. De nada vale acumular conocimientos,
avanzar en el camino de la Sabiduría, develar secretos de la Naturaleza y del
Cosmos, si nuestra Alma no se purifica, si nuestro YO SUPREMO no se ennoblece y
se eleva en la "escala" de los eternos e inmutables valores de la
VIDA... ¿Qué lograríamos con acumular conocimientos, con aplicarlos a la
obtención de poderes, despertando las facultades dormidas en nuestra
maravillosa "máquina corpórea" integral si nuestra psiquis, nuestro
"cuerpo astral" o Alma, no se ha despojado de todas sus impurezas, de
todo el lastre ancestral que lo arrastra hacia los más bajos niveles de
existencia expresados en las múltiples formas de deseo, de pasiones y
ambiciones equivocadas que llevan al hombre común hacia los tristes terrenos de
la animalidad inconsciente?... ¿Sería cuerdo y aceptable adiestrar a un ser en
el conocimiento y aplicación dé secretos del Cosmos, si aquel ser no es preparado,
previamente, para hacer un buen uso de esos nuevos instrumentos que la
sabiduría progresiva le va dando...? En caso contrario, ¿no equivaldría a
proporcionar a un niño armas mortíferas para que jugase con la inconsciencia de
un irracional...?
El
Lama calló. Nos miraba profundamente. Nosotros guardábamos respetuoso silencio.
Yo sentía como si esa mirada me llegara hasta lo más hondo de mí mismo. Cual si
fueran rayos que penetrasen en la intimidad de mi conciencia.
―Por
todo eso ―continuó― es que dedicaremos la mayor parte del tiempo a cultivar la
pureza del Alma. Y ello sólo se consigue trabajando sobre el pensamiento y la
voluntad, las dos grandes palancas de todo el desarrollo y la evolución del
hombre. Y, al decir hombre, no piensen que me refiero, únicamente, al sexo
masculino... Estoy hablando en forma genérica: al hombre en su sentido de
especie humana, hombre y mujer, porque en estos estudios, de la transformación
del Alma, las diferencias sexuales no cuentan. Lo que educamos es al ser
interno, al YO INMORTAL, y ése no tiene sexo... Ustedes recibirán las lecciones
en el curso de su diario vivir junto a nosotros. No serán clases separadas como
en las aulas comunes de un colegio mundano. Al entrar en esta "escuela"
han ingresado a una escuela superior: a la Gran Escuela de la VIDA, en donde
aprenderán, día tras día, con la palabra y el ejemplo, cómo se transforma un
Alma y cómo se reforma un cuerpo... En vuestras mentes leo, ahora, que os
preocupa la idea, curiosa, de conocer la verdad sobre los Hermanos que acabáis
de encontrar en esta casa. Esa curiosidad infantil que os embarga, también
tendrá que ser controlada por cauces adecuados a un perfecto y equilibrado
dominio de todo vuestro "yo" interior... ―Perdón, Maestro ―me atreví
a decir, aprovechando de la pausa que él hiciera―; ¿pero sería exagerado
preguntarle sobre la asombrosa longevidad de que aquí se habla, y que hemos
podido comprobar conversando con O'Connor?
―No,
en absoluto. Es uno de los aspectos comunes a nuestra preparación integral. Y
aún cuando, para los profanos, pueda resultar extraño o maravilloso, los que
aquí viven se acostumbran a considerar dicho tema como la cosa más natural.
Incluso al correr los días y los meses, verán ustedes que una parte de la
enseñanza general se dedica a la conservación de toda nuestra Fisiología para
conseguir que esta maravillosa máquina de nuestro cuerpo se mantenga en las más
óptimas condiciones... Los hombres comunes en ese mundo que llaman,
equivocadamente, "civilizado", se matan antes de tiempo, envejeciendo
por culpa de su ignorancia...
―Y
¿todos los que viven acá siguen el mismo régimen de vida?
―Todos.
―Entonces
ésta es una colonia de inmortales
―Inmortales,
no. Pero sí, longevos...
―Y
¿todos van a ser llevados a Ganímedes?
―No.
Aquí estamos preparando para ese mundo, hasta ahora, solamente a tres monjes
estudiantes, los que ustedes vieron conmigo al llegar. Ustedes cuatro y los dos
Hermanos últimos, el israelita y el egipcio, que fueron traídos no hace mucho.
O'Connor, Maruja y Nancy hace muchos años que viven conmigo. Están encariñados
con todo esto y no quieren abandonarme. Ya les ha explicado "Pepe"
que a Ganímedes no llevan a nadie contra su voluntad, y yo tengo mucho por
hacer, todavía, en la Tierra...
El
tono de sus últimas palabras nos pareció enigmático. Guardamos unos segundos de
silencio. Yo volví a preguntar:
―El
ingeniero nos ha dicho que la señora inglesa era noble...que había estado en la
Corte de la Reina Victoria...
―Es
verdad. Yo la conocí allá...
Volvimos
a mirarlo con expresión asombrada. El sonrió. Se acercó a Su escritorio y de
una gaveta extrajo un cartapacio lleno de papeles. Entre muchos documentos
amarillos por el tiempo, sacó una vieja foto. Pero no era una fotografía sino
un antiguo daguerrotipo firmado y fechado en 1875. Representaba a la reina
Victoria de Inglaterra y llevaba la firma y sello real de la soberana, con la
siguiente dedicatoria: "Al distinguido Maestro, Lama Rahmojan
Dumpbahar".
Está
de más decir que nos quedamos mudos. Pensamos que, en 1875, una soberana
europea había dedicado especialmente un retrato suyo a aquel hombre; esto,
lógicamente, denotaba que el Lama, en esa época ya era un hombre digno de
recibir un favor real de tal naturaleza... entonces ¿cuántos años tenía el
Maestro...?
El,
leyendo seguramente nuestro pensamiento, sin que pronunciáramos una sola
palabra, respondió:
―Sí,
tengo muchos años... a medida que pase el tiempo conocerán nuevos detalles de
mi vida. Ya les he dicho que en esta escuela se aprende muchas' cosas, y
también se tienen muchas sorpresas.
―Y
la señora inglesa ¿está con ustedes desde entonces?
―La
conocí desde esos años, pero se unió a nosotros mucho después, a la muerte de
su esposo. Es una historia larga y triste. Sufrió mucho y estaba al borde de la
muerte, mas la Providencia quiso que yo pudiera ayudarla, como a otros, y, con
el correr del tiempo, su Destino la trajo hasta aquí. De esos días han pasado
sesenta años...
Volvimos
a callar, todos. El Lama guardaba en su escritorio los papeles, y nosotros nos
mirábamos absortos. Esa dama representaba, a lo más, unos cincuenta años,
llenos de vigor y alegría, y, en verdad, sobrepasaba, largamente, un siglo.
Dumpbahar
tornó a clavar la vista en nosotros. Sonrió enigmático, tomó asiento en uno de
los amplios sillones y con voz lenta y mateando las palabras continuó:
―No
me extraña vuestra turbación. Es natural en quienes por vez primera se
enfrentan a tales hechos. Pero recordad que no es sobrenatural, que ya, en
otros tiempos, como lo narra la Biblia hubieron hombres en la Tierra que
alcanzaron muchos siglos de existencia. Ese es uno de los conocimientos comunes
a la civilización que hay en Ganímedes. Nuestra Augusta Orden ha estado en
contacto con ellos, a través de Nuestro Supremo Triángulo. Comprendo que
algunas de estas cosas no hayan sido de vuestro conocimiento, por lo mismo que
sabéis, o sea que los secretos de todo nivel van siendo revelados a los
diferentes miembros de Ella según van adelantando en su graduación. Nuestro
Hermano "Pepe" ya lo conocía antes de ponerse en contactó con la
tripulación del OVNI, Por eso le fue más fácil todo lo demás. A vosotros
también os llegará a ser familiar, todo ello en su oportunidad. Y a muchos, en
distintos lugares de la Tierra, Nuestra Orden les está enseñando lo mismo, con
idénticos propósitos. Nada es nuevo, bajo el SOL. Sólo que se necesita estar
"maduro"...
Y
para alcanzar la "madurez" debemos aprender, estudiar, esforzarnos.
La vida es una gran escuela, ya lo he dicho, y en ella hay que trabajar, luchar
por conquistar las cumbres gloriosas de la LUZ, de la VERDAD y del AMOR... El
triunfo no es de los ociosos ni de los pusilánimes. La victoria, como en los
campos de batalla, se gana con esfuerzo, con valor y sacrificio. Quienes
quieran ganar los laureles de la Gloria, han de merecerla... Y en la larga
senda de la Vida, las cumbres luminosas de la MONTAÑA sólo se alcanzan con el
largo peregrinaje de su Sendero, que no es de rosas sino de espinos, y con el
esfuerzo heroico que hacen, dentro de sí mismos, quienes desean dejar de
arrastrarse como gusanos por la tierra, para volar como águilas en demanda dé
las cumbres...
Ustedes,
como otros, han prometido trabajar en esa forma. Ahora tendrán que demostrarlo.
Tendrán que empeñarse en cultivar, a cada paso, y cada día las virtudes que
iluminan el "Yo interno"; esas cualidades que en todos hay» latentes;
pero que muchos dejan de mirar, porque han sido deslumbrados por los fulgores
engañosos de un mundo de falsedad, de avaricia, de lujuria y de crueldad...
Para dejar de ser gusano, rastrero y debilísimo, fácil de aplastar a cada
instante, debe estudiarse, debe ejercitarse la voluntad y el pensamiento. Es
preciso enfocar las metas luminosas de la VERDAD y EL AMOR, porque sin AMOR no
puede entenderse la VERDAD, y si no comprendemos la VERDAD y no abrimos
nuestros ojos espirituales a LA LUZ, jamás podremos alcanzar la SABIDURÍA que
nos abre las puertas de la PERFECCIÓN...
Pensad
bien, hermanos míos, en estas palabras que ahora os digo: Sin AMOR no hay LUZ,
ni VERDAD ni PERFECCIÓN. Deberéis aprender a Amar, no como entiende la mayoría
de los humanos el amor. No con ese amor sofisticado que a muchos conduce ala
animalidad. No con eso que, en estos tiempos está llenando las arcas de
caudales para quienes comercian con la sensualidad y los vicios. No con esas
bacanales a las que concurren, por millones, seres con formas humanas pero con
almas bestiales... Recordad que, los mismos animales, en su irracionalidad,
sólo hacen uso del sexo para fines de preservación de la especie, y en
condiciones de instinto natural que cumple una misión divina de la
Naturaleza... No como tantos seres humanos., la mayor parte de nuestra
humanidad, que usan del sexo como medio de diversión, hasta llegar a los más
abominables excesos y a las más repugnantes aberraciones... No, Hermanos míos,
eso no es amor, como no es amor, tampoco, halagar, favorecer, darle la mano al
prójimo, cuando tales acciones han de producirnos beneficio, aun cuando éste
sea, solamente, en vanidad...
Por
eso os dije al comienzo, que la preparación para Ganímedes, como la que se
hiciera hacia un paraíso, debe comenzar, de todos modos, por la transformación
moral de cada uno. Es un adiestramiento para el camino de la pureza y del Amor,
sin los que toda otra disciplina espiritual seria estéril...
El
Lama calló. Nos miró largo rato en silencio y, levantándose, extrajo de un
anaquel un pequeño libro. ―
―Tomad.
En este librito hay pensamientos que os ayudarán a meditar., De ahora en
adelante, cuando no estemos juntos en las distintas clases que os iré dando,
esta obrita puede seros de suma utilidad. Muy particularmente cuando, no
teniendo nada que hacer, podáis caer en la peligrosa ociosidad, que muchas
veces atenta contra la tranquilidad y la pureza de nuestros pensamientos...
Cuando no tengáis nada en qué ocuparos, o que pueda distraer, constructivamente
vuestro pensamiento, recurrid a la lectura de estas máximas. Ellas os darán
motivo y tema para entretener esos ocios... y, ahora, os voy a mostrar―algunas
partes de este viejo edificio.
Abrió
una pequeña puerta al costado de la chimenea, y penetramos a un largo y umbroso
corredor. Al fondo, una puerta entreabierta dejaba escapar intensa luz:
Entramos. Era otra enorme sala iluminada profusamente con pantallas
fluorescentes. Todo en su interior, contrastaba enteramente con el vetusto
edificio al que pertenecía esa estancia. Las paredes y techo estaban retocados
y pintados todo de blanco. Grandes mesas cubiertas de retortas, alambiques,
tubos de ensayo y frascos, amén de otros aparatos no familiares para mí, nos
indicaron que se trataba de un amplio laboratorio. Dos jóvenes monjes, de
cabeza rapada, trabajaban en un extremo, vigilando el funcionamiento de un
aparato de vidrio de regular tamaño. Y en otra mesa, nuestro amigo O'Connor
anotaba en una libreta los resultados que indicaba una pantalla de control. Los
tres vestían blancos delantales y todo ese ambiente nos dio la impresión de
encontrarnos en un moderno hospital o algo por el estilo. Al vernos entrar,
Charly detuvo su trabajo. Rahmojan le dijo que quería que fuéramos conociendo
nuestra nueva morada.
―Pues
aquí me tienen ―comentó risueño el inglés―. Esta es mi "fabriquita",
como les había dicho. De aquí salen varias de las cosas que usamos en nuestra
alimentación, y también lo que nos ayuda a conservamos jóvenes... ―y
maliciosamente, nos guiñó un ojo.
El
Maestro sonrió paternalmente.
―Ya
conocerán todo, poco a poco... Recién llegan y no los vamos a abrumar con
novedades que han de comprender a su debido tiempo.
Y
dando un paseo por el laboratorio, se detuvo ante un aparato parecido a un
alambique, pero con una serie de tubos y piezas que yo no conocía, en las que
circulaba, lentamente, un líquido rojo.
―Esto
tiene estrecha relación con la longevidad que1 tanto os impresiona ―dijo el
Lama, señalando ese líquido― Más tarde os explicaré en qué consiste...
Saludó
con la mano al ingeniero y a sus ayudantes, y salimos por una puerta lateral.
Daba a un patio interior, rodeado por arquerías de piedra y una serie de
puertas en los portales.
―Son
las celdas de nuestros Hermanos ―explicó.
Atravesamos
el patio e ingresamos en otro corredor. Al fondo había una gran puerta de
bronce. La abrió con una vieja llave que colgaba de un gancho en la pared, y
nos invitó a entrar. Era un local muy amplio, con techo abovedado y aspecto de
templo. La penumbra que reinaba en el sólo nos permitió ver, al fondo, algo así
como un ara sobre la que ardía la mortecina llama de una lámpara de bronce.
Cuando nuestros ojos se hubieron acostumbrado, percibimos a ambos lados, junto
a las desnudas paredes de piedra, dos hileras de bancas. Sobre un pedestal, en
uno de los rincones al fondo, ardía suavemente un trozo de incienso en un
pebetero de bronce finamente cincelado. Ninguna imagen, pintura o decoración
especial se veía en ese lugar. Sobre un estrado, exactamente detrás del ara en
que ardía la lámpara de aceite, había un gran sillón a manera de trono, y a un
costado, sobre una mesilla alta y enteramente de bronce labrado, un aguamanil
de cobre con su correspondiente jofaina. Todas esas piezas denotaban una―respetable
antigüedad, y a la tenue y movediza luz de la llama que alumbraba desde el ara,
ofrecían un aspecto de místico recogimiento. Las sombras y el silencio, el
perfume del incienso y la luz mortecina de la lámpara votiva nos impresionaron.
Sentimos que una respetuosa unción se apoderaba de nosotros, e instintivamente,
nos persignamos. El Lama nos contempló sin decir nada. Luego, en tono bajó y
suave, nos explicó que aquel era el santuario en donde hacían sus oraciones y
meditación. Salimos lentamente. Volvió a cerrar con llave y, regresando al
patio central, nos dijo:
―Hoy
han visto ustedes los principales compartimientos de esta mora―' da. Por ellos
han discurrido las vidas de varios centenares de hombres que buscaron la paz y
la superación a través de varios siglos. Su influencia ha quedado como
impregnada en las viejas piedras de estos muros, y cuando hayan transcurrido
algunos meses, podrán ustedes darse cuenta de que esa huella nos alcanza a
todos con el tiempo...
CAPITULO
V
Las
Claves de la Longevidad
Corrieron
los días íbamos acostumbrándonos, lentamente, a la nueva vida en ese lejano
rincón del mundo, perdido entre las solitarias cumbres de los Himalayas. Era
todo tan distinto a lo que hasta entonces conociéramos, a lo que nos había
rodeado, tantos años, en medio de una humanidad a la que, ahora, sólo nos
comunicaba, parcialmente, las noticias de la radio instalada en el hall central
del "Hogar", como llamaban nuestros compañeros a la casa en que vivía
nuestro reducido grupo.
En
verdad, Janlitpur era algo inconcebible para quienes estuvieron acostumbrados a
la turbulenta vida de la civilización occidental. Mientras en ese mundo que
dejáramos reinaba la premura, la agitación y la intranquilidad; la angustiosa
lucha del diario bregar por los diferentes intereses; el tormentoso torrente de
las pasiones en pugna y las turbulentas corrientes encontradas que llevan a los
hombres a perseguirse y matarse como fieras... aquí, en el suave silencio de
este paisaje idílico, entre las frondas con perfumes de flores y de hierba
fresca, o ante la mansedumbre de las cristalinas aguas de la fronteriza laguna,
o en la penumbra de los claustros conventuales y las salas de estudio del viejo
monasterio, reinaban una paz y una tranquilidad hasta entonces no encontradas
en ninguna parte.
Era
una comunidad en la que la confianza, la amistad sencilla y desinteresada, la
camaradería franca y espontánea, se hacían presente en los menores detalles de
la diaria convivencia. ¡Qué distintas las noticias que a veces, escuchábamos
por radio, de todo lo que, ahora, estábamos viviendo!... Al otro lado de las
imponentes murallas de roca y de nieves que nos circundaban, se debatía una
humanidad enloquecida, torturada por sus mismas pasiones, perseguida por su
propia avaricia y crueldad, por su insano egoísmo y su falaz hipocresía...
Guerras y traiciones, persecución y muerte...
En
cambio, entre nosotros, comprobaba a cada paso el deseo de una mutua y
recíproca cooperación; de un afectuoso alternar de los unos y tos otros; de un
olvido, al parecer ya sincero y efectivo, de las comunes preocupaciones y de
los comunes prejuicios que tanto hacen sufrir en todas partes. No podría
referirme, aún, a los miembros orientales de esa comunidad monástica, por no
estar yo en condiciones, todavía, de penetrar en la vida íntima del monasterio.
Pero me basta observar al pequeño grupo de los que habitábamos en el
"Hogar". Y siendo tan diferentes unos de otros, encontraba en todos
un verdadero deseo de agradar, de cooperar y de comunicarse mutuamente la
alegría que cada uno parecía experimentar. El inglés, que me pareciera brusco
al conocerlo, era un hombre franco, sencillo, campechano; servicial y pronto a
prestar ayuda en lo que fuese menester. La española, jovial, alegre y
bulliciosa como una castañuela de su patria, se había convertido en la
inseparable compañera de mi mujer a la que estaba iniciando en lo secretos
culinarios de la dieta vegetariana que a todos nos servían. Y Nancy, la antigua
dama de la Reina Victoria, de quien nos contara Dumpbahar que en esos tiempos
había sido sumamente orgullosa y que había estado a punto de suicidarse, en su
juventud, por dramáticos sucesos y traición de su marido, era, también,
simpatiquísima. Muy medida y cuidadosa en su trato; pero el tiempo y las
lecciones del Maestro la habían transformado. Ella misma lo decía sin entrar en
pormenores de su vida pasada, que también nosotros respetamos, narraba a menudo
interesantes anécdotas y buscaba, siempre, temas alegres y conversaciones
amables, como si estuviese deseando, en todo instante, alejar posibles
recuerdos pesarosos.
―Quiero
gozar del perfume de mis flores, y que ellas nos halaguen, por igual a todo el
grupo, sin que nunca, puedan hincarnos sus espinas... ―decía, con frecuencia,
al discurrir por los jardines.
En
cuanto al egipcio y el judío, siendo relativamente nuevos aquí, se les notaba
como niños recién ingresados a una casa extraña. Ambos hablaban inglés
correctamente y en esa forma nos comunicábamos; sólo Maruja, que hablaba poco
inglés, tenía dificultad de entenderse con ellos. Pero su bondad y cariño se
los demostraba en toda forma. Rahmojan les estaba dando clases de castellano, y
me había pedido ayudarlo en tal sentido. Por ello, procurando enseñarles
nuestro idioma, me estaba familiarizando día a día con los dos. Se trataba de
magníficos muchachos. Uno de 30 y el otro de 38 años, resultaban acá la prueba
viva de la falsedad de nuestras convicciones políticas y religiosas que, al
otro lado del mundo, arrastraban a la masa de sus pueblos a perseguirse y
matarse a cada instante... En cambio, en Janlitpur, esos dos hombres trabajaban
como hermanos y se sentían hermanos... Así me lo dijeron muchas veces. Y la
prueba era que habían sido traídos, como nosotros, por un OVNI para ser
adiestrados, también, para Ganímedes...
Así
estaban las cosas, cuando una mañana, el Maestro me invitó a dar un paseo .por
el campo. Rosita y los muchachos se entretenían, con la española, en arreglar y
asear la casa, y los demás estaban en sus respectivas ocupaciones. Fuimos
bordeando la laguna, y continuamos junto al riachuelo en dirección hacia el
extremo del valle por donde descendían de las cumbres los hilos de plata de los
arroyuelos que alimentaban ese curso de agua. Llegados al lugar, Rahmojan se
detuvo ante los matorrales de un pequeño bosquecillo a cuyo fondo se divisaba
una gran oquedad en la pared rocosa del elevado farallón.
―Todo
este tiempo ―me dijo― te he instruido sobre la necesidad de gobernar nuestras
pasiones, de transformar nuestros instintos y deseos, de controlar todos los
impulsos de nuestra psiquis para convertirnos en los dueños y señores de
nosotros mismos; para no ser títeres de las circunstancias ni del prójimo; para
vencer todas las tendencias hacia el mal, y practicar el bien... Hemos ido
analizando cómo destruye el mal y cómo construye el bien, porque el BIEN y el
MAL son fuerzas ciegas que coexisten en el Universo y que pueden influir sobre
nosotros según nosotros estemos preparados para recibirlas. .. Les he enseñado,
también a ustedes, que todas las fuerzas del Cosmos nos afectan, en una u otra
forma, según como nosotros nos encontremos en esa "escala" simbólica
del sueño de Jacob, que va ustedes conocen, que significa el Camino de la
Evolución... Por tanto, las fuerzas del BIEN o del MAL influirán sobre cada uno
en la medida en que cada ser se encuentre más o menos cerca o más o menos lejos
de los peldaños inferiores de la mencionada "escala". Esto significa
―ya ustedes también lo conocen,― que cada ―escalón o nivel representa un grado
menor o mayor de adelanto o atraso en la milenaria marcha hacia el Progreso...
La fórmula sapientísima de Hermes Trismegisto: "Como es Arriba es
Abajo" se cumple en todo el Universo, o sea que lo más ínfimo es como lo
más grande, y que todo en el Universo y en el Cosmos marcha desde lo más
pequeño y primitivo, hasta lo más grandioso y supremo...
Y
siendo las fuerzas del MAL el resultado de la imperfección primita va en sus
más amplios alcances, y siendo las fuerzas del BIEN, la resultante de la
sublimación de valores en el otro extremo del Cosmos y de la Vida, o sea el
simbolismo de la "Escala de Jacob", el problema se reduce a ir
subiendo los peldaños de la escalera, esforzándonos por alcanzar los niveles
superiores que cada uno, paso a paso, nos aleja de las fuerzas inferiores, o
del MAL, y nos acerca a las fuerzas superiores, o del BIEN... Pero en este
trabajo, que alegóricamente parece tan sencillo, entra el juego de todas las
fuerzas del Cosmos, o sea las infinitas influencias de todo orden que nos
rodean, constantemente, en el curso de la Vida, tanto material, como psíquica y
espiritual. Por eso es necesario cuidar, prolijamente, cuanto se relacione con
nuestra evolución. No podemos llegar con rapidez a la Perfección, si no estamos
debidamente preparados, si no contamos con las armas e instrumentos adecuados a
la eterna lucha hacia el progreso; si no sabemos cuates son esas armas y cómo
usarlas. Tú, al ser miembro de Nuestra Antigua Orden, sabes ya cuanto se
relaciona con la marcha de la Evolución, los niveles o Planos de la Vida y la
Ley de Pluralidad de Existencias o de la reencarnación... Pero te falta mucho,
todavía, para conocer los secretos de la Naturaleza y los medios de que Esta se
vale para ayudamos a subir en la simbólica escalera... Y muchos de esos
secretos se refieren a la mejor conservación y cuidado de nuestro cuerpo
físico, porque no hay que olvidar que somos un todo integral, un conjunto
homogéneo y maravilloso de cuyo mejor o peor funcionamiento somos íntegramente
responsables.
La
mayoría de la gente, el hombre común de las ciudades y los campos, en mundos
atrasados, aún como es el nuestro, ignora en su totalidad, cómo somos, cómo
estamos formados, de dónde venimos y a dónde vamos... Cómo debemos portarnos y
tratarnos si queremos vivir bien y ser felices... Si queremos avanzar en la
escala del progreso, y si deseamos alcanzar las cumbres luminosas de la
FELICIDAD y de la SUPERACIÓN... Y por esa ignorancia, desde los más remotos
tiempos nuestra humanidad ha sufrido y sufre, muchas veces inútilmente...
porque muchos sufrimientos son útiles cuando se conoce la verdad oculta de
ellos... pero el que está ciego y sordo todavía, ni puede ver el abismo que lo
acecha ni puede oír las voces de alarma que lo prevengan contra el mismo...
Y
entre los muchos elementos que nos sirven de prevención, de ayuda y protección
en nuestra marcha, está la forma como alimentamos y cuidamos nuestro cuerpo.
Pues esta máquina maravillosa, como toda máquina material, requiere de cuidados
y necesita combustibles adecuados. Si a cualquier máquina de acero la tratamos
mal, no le damos el combustible adecuado, ni nos preocupamos por el lubricante
que requiere, esa máquina marchará mal, se descompondrá y terminará por
destruirse o malograrse... ¿Nos extraña que nuestro cuerpo, una máquina
finísima, responda mal si la tratamos mal y no la alimentamos con los elementos
adecuados para su normal funcionamiento...?
Mientras
él hablaba habíamos ido avanzando, paso entre paso, por el bosquecillo. Ahora
estábamos frente al gran boquerón que se adentraba en la pared rocosa del
farallón. El Lama hizo una pausa, y mostrándome aquella oquedad me dijo que lo
siguiera. Penetramos en una especie de túnel que se anchaba hasta formar una
espaciosa caverna. Rahmojan prendió una linterna que trajera consigo y el
recinto apareció enteramente cubierto de estalactitas y estalagmitas que
brillaban con diferentes coloraciones al ser iluminadas. El espectáculo era
bello en verdad. Las formas cristalinas se adentraban en el corazón de la
montaña perdiéndose en la obscuridad del fondo. El ambiente estaba saturado de
humedad y un frío intenso me obligó a arroparme nuevamente con la gruesa túnica
que me quitara en el trayecto por los templados rayos del sol.
―Sólo
estaremos un rato ―me dijo el Maestro―. He querido mostrarte este lugar para
que veas algo que te va a interesar. Mira...
Y
dirigió la luz de la linterna hacia un rincón. Allí se veía un pequeño charco
de agua en medio de unas peñas cubiertas por un musgo negro, y en todo el
terreno aledaño a esos pedruscos crecían unas plantas raquíticas, de hojas
carnosas de color azul obscuro, parecidas a los cactus.
―No
las toques ―me advirtió―; son venenosas. Aun al tacto pueden irritar la piel en
forma grave... De esta planta sale el elixir que viste hace un tiempo en
nuestro laboratorio. Aunque parezca absurdo: su jugó venenoso es transformado
en un extracto que ayuda a conservar y prolongar la lozanía y juventud de los
tejidos de todo nuestro cuerpo... Para cosecharlas hay que trabajar con pinzas,
hasta el momento de su neutralización... Pero si esto tiene especial
importancia como coadyuvante en todo el proceso, lo principal consiste en el
género de vida, costumbres y alimentos que se empleen. Las claves de la
longevidad podrían ser aplicadas por todos los seres. Pero en este mundo son
muy pocos los que saben lograrlas, pues implican sacrificios, disciplinas y fortaleza
de espíritu y de voluntad que no todos llegan a aceptar. Salgamos, y por el
camino seguiré hablándote de este secreto milenario...
Los
rayos del sol volvieron a confortarme. La cueva, con toda la belleza de sus
estalactitas, me había causado una impresión penosa. Y la explicación acerca de
esas plantas me había intrigado.
Mi
estado de ánimo no pasó inadvertido para el Lama, Con una sonrisa burlona y su
acostumbrado tono paternal, me recomendó activar mis esfuerzos por sobreponerme
a las emociones.
―Quien
no pueda dominar sus emociones, jamás podrá avanzar en los terrenos de la
superación personal y de la transmutación del YO SUPREMO. Y quien no logre ser
el dueño absoluto de su ser interno, de su psiquis, no puede pretender el
triunfo en la conquista dé la perpetua juventud... Mucho pueden hacer ciertos
alimentos, ciertas dietas y esa esencia de la planta que le acabo de mostrar...
Pero la clave principal de este proceso está en nuestra alma...Aunque pueda
parecerte exagerado, según el alma de cada uno, según e1 estado y
funcionamiento de nuestro "Cuerpo Astral" o Alma, así será la marcha
y los resultados posteriores en la evolución del cuerpo físico. Todos los
metafísicos, los conocedores de los planos superiores de la vida, saben cómo y por
qué las partes espirituales y fluídicas de todo el conjunto de nuestro YO,
Influyen, actúan y modifican en las partes materiales, por la misma razón que
en los mundos invisibles a partir de la Cuarta Dimensión, se planifican,
dirigen y vivifican todos los hecho y las cosas del mundo material... Si
tenemos en cuenta esta verdad esotérica, no nos será difícil comprender que
nuestros pensamientos y acciones puedan influir decisivamente en la fisiología
y desarrollo de toda nuestra vida orgánica. Las emociones, ideas y pasiones
actúan directamente sobre todos y cada uno de los órganos de nuestro cuerpo
físico. Este es un hecho ampliamente conocido. Todos sabemos que, por ejemplo:
un violento acceso de ira o de terror puede producir un colapso cardíaco. Y es
común el caso en que un gran temor o un gran susto devengan en trastornos del
aparato digestivo y urinario. Muchas personas delicadas del hígado, acusan
síntomas comunes de excitabilidad nerviosa y hasta caracteres irascibles
coincidentes con crisis hepáticas y reversiblemente, determinadas emociones
fuertes pueden motivar trastornos en dicho órgano... La gama de relaciones
entre lo visible y lo invisible es infinita. Por eso, la base de un
adiestramiento hacia la longevidad radica en nuestra parte psíquica... Si dejamos
que nuestros pensamientos, nuestras formas de idear y de actuar, sean
violentos, depravados, venenosos, estamos cargando de venenos mentales y
fluídicos nuestro organismo. Es como si echáramos limaduras de hierro en el
lubricante de un motor, o si mezcláramos el combustible con substancias
neutralizantes y ajenas a la combustión. Malograríamos por completo ese
motor... Así también, malogramos, a cada instante, el normal funcionamiento de
todos los órganos de nuestro cuerpo, según introduzcamos en él elementos
físicos o psíquicos inapropiados. Y esto es lo que hace, cada día, la
generalidad de los humanos...
Caminábamos,
otra vez, junto al riachuelo. El Lama se detuvo, contempló un rato las
vertientes iluminadas por el Sol y dijo, como si hablara consigo mismo: ―Qué
lindo espectáculo... tenemos el agua más pura que se podría desear... Miles de
años han sido lavadas esas rocas por las aguas de deshielo de las cumbres, y
acá no hay nada ni nadie que enturbie o contamine esta corriente.
―Permítame,
Maestro; ¿cómo es posible que vivan esas plantas en la obscuridad de la
caverna?
―Es
una especie que no pertenece a este mundo. Fue traída por Hermanos Superiores
de aquel otro astro que tuvieron comunicación con Nuestra Orden desde hace más
de tres siglos. Ya tú sabes, y lo has dicho en tu libro, que los habitantes de
Ganímedes vinieron muchas veces, en distintas épocas, a visitar y ayudar a
determinadas personas o pueblos. Sabes también, que Nuestra Orden es muy
antigua... Mi Maestro me explicó lo mismo, y me enseñó lo que yo les enseño a
Uds... Esas plantas fueron traídas en envase hermético, pues la luz del sol las
malogra por completo. Así también, tenemos que sacarlas de la cueva cuando se
necesita cosechar una parte. Bastan pequeñas cantidades de los carnosos tallos
para la producción del elíxir, porque éste, a su vez, es empleado sólo por
gotas. Más adelante irás conociendo todo cuanto sea necesario; pero debes tener
presente que el uso de tal fármaco requiere conocimientos y preparación
especiales: no todos lo pueden emplear, pues si lo usaran quienes no observen
simultáneamente el régimen de vida y alimentación que nosotros seguimos, podría
tener resultados fatales...
CAPITULO
VI
Venenos
y Antídotos Psíquicos
En
páginas anteriores de esta obra, he dicho, varias veces, que mi propósito es
complementar las enseñanzas recibidas y que se encuentran en mi libro "YO
VISITE GANÍMEDES...", con las nuevas lecciones que estamos aprendiendo.
Eso implica, por tanto, el previo conocimiento de todo cuanto se explicó en el
libro anterior, muy particularmente lo que se refiere a conocimientos
esotéricos y a lo que se revelara acerca de la Cuarta 'Dimensión.
De
otra manera, resultaría incomprensible mucho de lo que ahora explico en este
trabajo. Y no puede ser de otro modo, porque siendo este libro la continuación
del anterior, estaríamos duplicando inútilmente la información [trascendental
sobre temas que no están enfocados hacia el lector frívolo, o el simple
curioso. Estas páginas, como las de mi mensaje de entonces, están dedicadas a
quienes, con sinceridad y propósito firme de conocer La Verdad y recibir más
LUZ, desean aprender y trabajar, seriamente, en el Sendero de su propia
PERFECCIÓN...
Por
tanto, prescindo hoy de explicar las nociones básicas sobre los Planos de la
Vida, sobre las Leyes cósmicas de la Evolución, de la Pluralidad de Existencias
y la Mecánica de la Reencarnación, fundamentos que, con la estructuración
básica del Cosmos, fueron ya explicados en "YO VISITE GANÍMEDES..." a
manera de los cimientos del edificio de nuestra preparación física, psíquica,
mental y espiritual.
Veamos,
entonces, cómo procede nuestra humanidad, a ciegas, y cómo deben proceder
aquellos que ya anhelan una luminosa y elevada superación.
Ya
se ha dicho que nuestra humanidad se mata antes de tiempo, exclusivamente por
motivos de ignorancia. No voy a ocuparme, ahora, de la muerte ocasionada por
unos contra otros en las tantas formas conocidas por la Historia y las crónicas
mundiales No... voy a tratar acá, de la forma personal en que cada ser, cada
individuo, acelera, inconscientemente, el proceso de su propia destrucción. Los
humanos en la Tierra, se envenenan día a día sin saberlo, pues quienes saben la
verdad oculta del fenómeno conforman una reducida minoría, repartida,
escasamente, por el Orbe.
En
todas partes, cuando se habla de venenos, se piensa, únicamente en tóxicos
físicos, en substancias materiales de efecto letal, en agentes externos que al
introducirse en et organismo producen la muerte. En determinados círculos
técnicos, se conoce, también, que muchas de las cosas que la gente consume a
diario, pueden tener efectos más o menos tóxicos en circunstancias especiales.
Y un sector de los médicos repartidos por el mundo, puede conocer hasta qué
punto llegaría a ser nociva la acción de tal o cual substancia empleada para la
alimentación común y general, al tratarse de personas afectadas por algún
trastorno orgánico o funcional. Sobre esto vamos a ocuparnos más adelante.
Pero
aparte, de todo eso, existe un amplio campo de acción, en donde los venenos
psíquicos y mentales se ponen de manifiesto para quienes conocen de estos
temas. Esta ha sido una de las partes más importantes de la enseñanza integral
de todas las escuelas esotéricas, y uno de los pilares principales de todo
adiestramiento iniciático desde la más remota antigüedad. La mente y el
pensamiento, en primer término, y la voluntad al actuar sobre toda nuestra vida
interna, moldean, sin que nosotros nos demos cuenta, el conjunto de efectos
reflejos de nuestras acciones diarias, y esos efectos, en relación directa con
las causas que los generan, pueden provocar una serie de situaciones o acciones
específicas en la marcha total de nuestra fisiología. No olvidemos que todo
nuestro cuerpo funciona bajo el estricto control del sistema nervioso, o mejor
dicho, de los varios sistemas nerviosos. Y estos dependen del cerebro y de la
médula espinal que a su vez, reciben las órdenes y actualizan en el mundo
físico lodos los impulsos y sugerencias de la parte astral y mental de los
planos suprafísicos. Así nuestra PSIQUIS gobierna y controla el proceso total
de desarrollo y evolución del ser.
Si
comprendemos esto y calculamos sus alcances, entenderemos cómo es verdad que
nuestra vida física depende, en íntima y estrecha relación, de nuestra vida
psíquica y mental. Entonces ya no resulta absurdo hablar de venenos psíquicos y
de sus antídotos. Y esta gran verdad, evidenciada por todos los Grandes
Iniciados de la Historia, por todos los Maestros, Adeptos y Discípulos
ocultistas, tiene su aplicación directa en las normas de vida, regímenes,
disciplinas, y dietas especiales conocidas desde la más remota antigüedad y
practicadas por quienes llegaron al convencimiento profundo de estas ciencias.
Ya
lo dijo el Sublime Maestro y Señor de nuestro sistema solar, Jesús, El Cristo,
cuando expresara que según fuéramos en nuestro corazón, así sería nuestra
vida... Quería decir que nuestra vida física se normaría conformé a nuestro
modo de pensar. Y por lo tanto, veamos con ejemplos simples, de qué manera
actúa nuestra vida psíquica en el comportamiento general de nuestro cuerpo. Ya
todos saben cómo ciertas emociones producen efectos inmediatos sobre la marcha
normal de nuestros órganos internos. Cuántas veces hemos visto que después de
un violento ataque de ira, la persona ha sufrido un síncope cardíaco, o que la
cólera mal reprimida en horas de ingerir los alimentos ha causado trastornos
digestivos, descomposición y diarreas. De igual manera conocemos que un susto,
una súbita impresión de miedo, puede ocasionar iguales consecuencias, o la
repentina e incontenible emisión de orina. Y para todos no es extraño que
cualquier gran preocupación nos impida dormir y nos llegue a producir dolores
de cabeza... La medicina moderna sabe hasta qué punto las preocupaciones, las
angustias prolongadas, la ansiedad constante de la gran mayoría de las personas
en la intensa lucha por la vida, son causas inequívocas de las úlceras
gástricas, porque trastornan el normal funcionamiento y las secreciones
internas del aparato digestivo.
Y en
estos tiempos en que tanto se habla del sexo, ¿no se sabe, también, que
pensamientos de temor o de adversión pueden producir una momentánea impotencia,
impidiendo la consumación del acto sexual entre dos personas mal avenidas?...
La gama de las manifestaciones anormales de nuestra fisiología o nuestro
metabolismo por influencia de nuestros estados de ánimo, de nuestras emociones
o modos de pensar, puede decirse que son tan vastos como sea el dominio que
nuestra vida psíquica ejerza en cada uno. Así como estemos esclavizados por
nuestras pasiones y resultemos títeres de nuestra subconciencia, así será la
mayor o menor relación que en nosotros exista entre los síntomas morbosos y las
malas formas de pensamiento que en nosotros se encuentran.
Es
por eso que todo ser humano debería conocer esa estrecha relación entre lo
físico y lo suprafísico. Entre lo visible y lo invisible; entre la máquina
material de nuestro organismo y las fuerzas invisibles que sobre ella actúan.
Estamos formados por varios conjuntos, elementos o estructuras, vehículos o
cuerpos, como prefiramos llamarlos, que se compenetran los unos a los otros en
la construcción integral de todo nuestro YO. Como en la estructuración de la
más complicada máquina moderna y aún más, porque en los más avanzados productos
de nuestra moderna electrónica podemos separar en dos campos lo que es material
de lo que es energético o potencial. Pero en el ser humano esta división llega
hasta la clasificación de siete y diez estados o niveles de sustancia, esencia
y fuerza... Estados o niveles que corresponden a otras tantas divisiones en que
la MATERIA y la ENERGÍA se presentan y manifiestan en el COSMOS, o en la
Naturaleza. Ya de esto nos habíamos ocupado al tratar de la Cuarta Dimensión en
nuestro libro anterior. Recordemos, solamente, que a cada una de esas
divisiones o planos de vida en la construcción integral del Universo,
corresponden determinadas características propias e independientes de las leyes
que en cada plano o mundo actúan o tienen su esfera de influencia, ajenas, en
cierto modo a las de los demás planos o niveles de vida y manifestación. Esto
que puede ser conocido ampliamente a través de las muchas obras que describen
la constitución del Cosmos en las abundantes bibliotecas esotéricas repartidas
por todo el planeta, especialmente las numerosas obras rosacruces o teosóficas,
de las que recomendaríamos leer "'CONCEPTO ROSACRUZ DEL COSMOS", por
Max Heindel, que se encuentra en cualquiera buena librería esotérica, es la
verdadera clave para comprender, primero, y poner en práctica, después, el
método que puede enderezar nuestra sinuosa y desequilibrada vida.
Porque
la mayoría de las gentes ignoran cómo están formadas y cómo deberían actuar si
desean evitarse molestias y sufrimientos inútiles, muchos de los cuales sólo
provienen de la ignorancia de todos ellos acerca de estos temas y al
desequilibrio permanente que, por esa misma ignorancia, están produciendo, día,
a día en lo que debería ser la marcha armoniosa y perfecta de todo su YO...
Para
que podamos vivir, actuar, desarrollarnos en un mundo como nuestro planeta
Tierra, es preciso que se conjuguen y se compenetren, uno con otro, todos
aquellos cuerpos o diferentes porciones del completo mecanismo del YO INTEGRAL
de nuestra persona. Porque entre la parte más material, o sea el cuerpo físico
visible, audible y tangible, y el espíritu inmortal que lo anima, o sea el YO
SUPREMO, sólo puede establecerse una comunicación permanente y adecuada si se
entrelazan los elementos intermedios correspondientes a los diferentes planos o
estados de materia y energía que existen entre el Reino del Espíritu y el Mundo
Físico, o de las formas de materia y energía que estamos acostumbrados a
conocer en el mundo profano... Y entre esos elementos, niveles o vehículos de
acción y de propulsión, están la MENTE, o manifestación del mundo del
PENSAMIENTO; el ALMA, o Cuerpo Astral como la llaman en Oriente, vehículo
específico de todas las formas de Deseo, de Emoción y de Pasión, o sea la parte
de nuestro YO que norma y dirige toda nuestra vida emocional; y el DOBLE
ETERICO o Cuerpo Vital, que impregna todos los átomos, moléculas y células de
nuestro Cuerpo Físico, para permitirle recibir y asimilar las diferentes formas
de energía, externas e internas, necesarias para su vida y desarrollo. Este
último, sin cuya presencia y trabajo no puede tener vida ni relación alguna el
edificio o máquina constituida por el Ser, es como el puente entre los mundos o
planos superiores de existencia, con el ESPÍRITU en la cumbre, y su vehículo de
manifestación terrestre, el cuerpo material visible.
Y si
entre ambos se interpone el ALMA, o vehículo de la vida emocional, gobernante
de toda nuestra vida psíquica, y su influencia es ejercida más o menos
poderosamente sobre ese puente o lazo de unión pon la parte orgánica, o sea el
fluídico e invisible Cuerpo Vital o DOBLE ETERICO vivificante del Cuerpo
Físico, podemos comprender cómo podrá ejercer su tremenda influencia en todo
nuestro organismo, en su fisiología y en su metabolismo, la más o menos
tiránica acción del Alma en todos los fenómenos de nuestra vida de relación y
en el desarrollo de nuestra personalidad y en nuestra total existencia.
Por
eso es que el Pensamiento, fuerza y manifestación de nuestro mundo MENTAL, al
evidenciarse a través del Alma y de su mundo psíquico, puede actuar en una u
otra forma según sea su mayor o menor energía. Si nuestra energía mental es
débil, si nuestro pensamiento no posee el vigor necesario para imponerse al
MUNDO ASTRAL, al Reino del Alma, y se deja dominar por todas las tremendas
fuerzas negativas que operan en este vasto plano de la Naturaleza, al
manifestarse en el mundo físico llevará en sí el cúmulo de influencias nocivas
de que se impregnó al pasar por ese mundo psíquico; así como puede llevar,
también, los influjos y tendencias nobles y armoniosas de los niveles
superiores del mundo del Alma, cuando éste sea guiado, ya, por la Sabiduría y
el Amor de los Planos Superiores, en seres que han logrado superarse y dominar
todas las bajas y nefastas influencias de los subplanos inferiores del MUNDO
ASTRAL.
Con
este elemental bosquejó podremos, ya, comprender mejor el proceso que sigue
nuestra vida interna psíquica y su ultima relación con el funcionamiento de
todo el organismo. Los conocedores de estas ciencias, a través de largo
estudio, saben de la existencia de centros vitales de energía cósmica y
magnética dentro de aquel DOBLE ETERICO, correspondientes con la ubicación en
nuestro cuerpo de las glándulas endocrinas o de secreción interna. En el
Oriente se les llama "chacras". No vamos a ocuparnos ahora de esto,
porque su estudio y conocimiento requieren una más avanzada preparación, ajena
al mundo profano. Bástenos saber que a través de tales errores, la vida interna
del ser humano se desarrolla y modifica, según el comportamiento de su mundo
psíquico, y la mayor o menor capacidad del sujeto para dominar y guiar todas
las sugestiones que surjan de ese poderoso MUNDO ASTRAL.
Si
nuestro MUNDO MENTAL es todavía imperfecto, débil o enfermizo y no alcanza en
vigor y en elevación la suficiente energía para imponerse y avasallar a nuestro
MUNDO PSÍQUICO o del Alma, las consecuencias se harán ostensibles en la
imperfección de nuestra vida, tanto externa cuanto interna. Por eso hemos
dicho, al comenzar, que existen venenos y antídotos psíquicos. Todas las bajas
pasiones, los apetitos groseros, los instintos bestiales que nos acercan a la
animalidad, producen en todo ese conjunto invisible que acabamos de bocetar,
una serie, más o menos grave, de efectos incidentes, en la marcha del Doble
Etérico y de su armonioso funcionamiento sobre nuestro organismo. Cada tipo de
emoción, cada impresión recibida por nosotros, actúa directamente sobre ambos.
Para los poseedores de la facultad de la clarividencia desarrollada y
consciente, es fácil ver cómo se desenvuelve el proceso en el interior de un
sujeto: según sea la clase dé emoción o la impresión recibida, un torrente de
fuerzas, negativas o positivas, emanan de aquellos centros de potencia vital o
mortífera, antes mencionados. Todo, en el Universo, es VIBRACIÓN, y las
vibraciones tienen imágenes, visibles en los dominios de la Cuarta Dimensión.
(Ver lo explicado en mi libro "YO VISITE GANIMEDES..."). Así puede
apreciarse de qué manera afecta un órgano determinada pasión, emoción o impulso
del Alma, actuando a través de ese torrente de partículas luminosas, de todos
los colores del espectro, en gamas de alcances infinitos, íntimamente ligadas a
las vibraciones más altas o más bajas, en ese concierto cósmico dé valores en
que los más bajos niveles de toda expresión vital corresponden a los más
nocivos agentes de morbosidad para el equilibrado funcionamiento del conjunto,
así corno los más puros y elevados anhelos sublimizan y vitalizan los fluidos y
los etéricos controles de nuestro CUERPO VITAL...
De
tal suerte, resultan venenos psíquicos las diferentes pasiones comunes a
nuestra humanidad: la ira, en sus distintos aspectos, desde una mal reprimida
sensación de cólera, que nos mortifica sordamente, hasta la explosión
incontenible de furor que nos lleva a realizar un acto de violencia
incalculable y feroz. El odio, desde sus formas hipócritas o disimuladas en un
reservado sentimiento de aprensión, hasta los más virulentos accesos de
venganza y destrucción. El egoísmo, ese insidioso enemigo del alma, que tanto
se confunde con un mal entendido amor propio. El orgullo, que también pretende
disimularse con falsos conceptos del honor y con antojadizas pretensiones de un
exagerado amor propio. La vanidad, su hermana, que lleva a los hombres a las
más variadas y sutiles formas de ostentación. La avaricia, con toda su corte de
especulaciones y sus más disimuladas variantes en que la ambición llega a
trastornar las relaciones humanas en todos los campos de la diaria actividad...
Y ¿qué diremos de la lujuria, cuando, al cegar a los humanos llega a
convertirlos en despreciables guiñapos, repugnantes, malévolos y criminales...?
Y
así, aquella larga lista de todas las deformaciones de que es susceptible el
alma humana. Y no se piense que cometo un error al decir "el alma
humana", pues los animales también poseen un alma... Pero en nuestros
hermanos menores en la Creación, los seres del reino animal, su alma está
exenta de la malicia que a nosotros nos asedia a cada instante. Son inocentes
y, por lo tanto, puros. De allí que a un animal le sea mucho más fácil curarse,
sin medicinas, ni médicos, que al hombre. Y todavía, en el reino vegetal, esa
pureza es aún mucho más grande y vemos, también, cómo las plan―las se curan y
se rehacen de los más torpes ataques, de las más tremendas mutilaciones,
subsistiendo hasta de los mis pequeños brotes, con la frescura y alegría
propias de quien vive en perfecta armonía con el Universo...
Una
fórmula muy simple de conocer, de inmediato, si estamos pensando o actuando
mal, es la Crística recomendación de hacer con el prójimo como quisiéramos que
se hiciese con nosotros... ¿Puede haber un procedimiento más sencillo? Con este
termómetro en la mano auscultemos nuestra propia consciencia, y conforme sean
los resultados del examen, apliquemos los antídotos correspondientes. Para ello
no hacen falta médicos, ni enfermeras, ni farmacéuticos. Nosotros mismos
podemos recetarnos la medicina psíquica requerida por el veneno que trastorna
nuestra vida interior. Pero para eso es necesario ya, una preparación previa,
en que muchas veces hará falta la ayuda de un buen amigo y consejero. Porque
muchos, la mayoría, pueden estar ciegos, todavía, para reconocer sus propias
faltas, sus debilidades enfermizas, esos "talones de Aquiles" que
todos tenemos, puntos vulnerables de nuestra consciencia y de nuestra alma... Y
en tales casos, la presencia de un maestro, de un consultor, sí puede ser
precisa, como es necesaria para el enfermo común la asistencia de un galeno...
Y si
se aplica el antídoto, o sea la virtud opuesta al vicio que nos trastorna,
veremos cómo, poco a poco, desaparecen los mates que nos estaban torturando,
las misteriosas dolencias que nos aquejaban y que en muchos casos eran sólo las
derivaciones o reflejos de la desarmonía interna establecida por las causas
invisibles, en todo el complicado sistema de nuestra persona física, al ser
dominado por ése Cosmos infinito como la gota de agua en la inmensidad de los
mares...
CAPITULO
VII
Las
Influencias de la Luna Negra
Pasaba
el tiempo y nos íbamos acostumbrando a la nueva vida en Janlitpur. No había
lugar para aburrirse, pues todos teníamos algo que hacer diariamente. Yo
alternaba mis horas libres de lección entre labores del campo, junto con
algunos monjes y los dos Hermanos últimos, el árabe y el israelita, y otras
veces ayudando a la inglesa en el cuidado de los jardines. Mi esposa, trabajaba
en el cuidado del Hogar, acompañando a la española y en esas labores domésticas
también tomaban parte los dos niños.
Así
fuimos intimando con todos. Y de esa amistad aumentada día a día, salieron
nuevas relaciones en cuanto a la personalidad y la historia individual dé cada
uno de esos nuevos compañeros. Maruja, con su alegría y locuacidad hispánicas,
fue la que más pronto se confió en nosotros. Su constante permanencia al lado
de mi mujer se tradujo en una íntima confianza que nos hizo participar del
panorama de su vida: Huérfana desde muy niña, había crecido al amparo de una
madrina rica, en la casona de una orgullosa familia de la España de fines del
siglo XIX. Y en tales circunstancias quedó trazado su destino como criada de
confianza de aquellos señorones. Su madrina, la señora de la casa, tenía dos
hijos, siendo el menor el más engreído. Mimado hasta la exageración por la
madre, era un muchacho egoísta, caprichoso y enfermizo, acostumbrado a que le
dieran gusto en todo, recurriendo a las rabietas y el llanto cuando lo
contradecían en sus antojos. El otro, diez años mayor, estudiaba medicina y ya
estaba de novio con una joven hija de amigos íntimos de la familia.
Al
pasar los años, Manija se convirtió en una hermosa adolescente, dedicada a las
labores domésticas de la casona, junto con un viejo mayordomo de toda la
confianza de los patrones. Y el niño mimado era ya un mozo en la plenitud de
sus pujantes veinte años, acabado de regresar, por vacaciones, de la
Universidad Agronómica donde el padre lo obligara a internarse, en el deseo de
hacer de él un ingeniero y de curarlo de los engreimientos maternos. Así las
cosas, la mucama fue asediada, desde un principio, por el estudiante, que no
era mal parecido y alardeaba―de una audacia muy propia de su edad y de las
circunstancia favorables que se le presentaban en aquella casa en donde, por
entonces, era ya el único huésped filial, pues el otro hijo, ya recibido de
médico, se había casado y vivía fuera con su esposa.
No
es de extrañar que la criada, adolescente, bella y bien dotada por la
Naturaleza, constantemente perseguida por el mozo, cayera al fin en la trampa y
fuera a parar a los brazos desnudos del pujante seductor... El se había valido
de la vieja estratagema de prometerle cielo y tierra. Y ella, sin más mundo que
las cuatro paredes y los rostros severos de sus patrones, porque su madrina era
orgullosa, cedió al ardid y obedeció al deseo sexual, ante él apasionado ataque
del nuevo tenorio...
Después,
fue lo de siempre... A las noches furtivas de pasión y de promesas, a las
caricias de fuego y los orgasmos del sexual deleite, sucedieron los días de
alejamiento y abandono, las horas de incertidumbre y ansiedad, mientras la
naturaleza iba avanzando en su normal proceso y se acercaba el momento en que
ya no se podría ocultar el embarazo...
Y al
descubrirse el hecho y rechazar el padre la paternidad del hijo por / nacer,
vinieron las horas de calvario para la futura madre. Su vida de encierro y por
tanto de pureza, fueron pruebas que evidenciaban cómo había sido seducida,
únicamente, por el engreído y egoísta hijo de la familia. Pero el honor de ésta
debía ser guardado, había que salvar las apariencias y solucionar el
problema... Y la solución estuvo a mano: el hijo mayor, médico y cirujanos se
prestó, por consideraciones a ese "honor de la familia", a cometer el
crimen de eliminar una vida inocente en el claustro materno...
Corrió
el tiempo. El secreto fue mantenido por todos, y a duras penas pudo continuar
Maruja viviendo en esa casa, como retribución y precio de su silencio, y el
debilitado concepto del madrinazgo con su patraña. Pero el aborto minó su
salud. Las preocupaciones y el mal trato hicieron mella en su cuerpo, y los
venenos psíquicos acumulándose en ese organismo al que el hecho antinatural
convirtiera en frágil, degeneraron en una grave dolencia pulmonar. La
tuberculosis atacó a Maruja. Y en esos lejanos días en que la ciencia no
contaba, aún, con los medios de que hoy dispone para dominar el mal, iban
acentuando la crisis. El temor de la familia determinó el aislamiento completo
de la enferma, y ese mismo temor, en parte, fue el camino de que se valió la
Providencia para abrirle las puertas al nuevo Destino...
Por
eso días, el dueño de casa había hecho conocimiento con Rahmojan Dumpbahar,
quien realizaba determinados estudios de historia española en la universidad
del lugar. El Lama frecuentaba la casona y tenía en ella gran predicamento.
Enterado de la enfermedad que aquejaba a la joven, se interesó por ella.
Maruja, al recordar aquellos días, nos dice, con gran emoción:
―La
presencia del Maestro fue para mí como el despertar de un nuevo día; de una
etapa nueva de luz y de esperanza... Desde su primera visita a mi lecho de
enferma, sentí por él una atracción muy extraña: como si en sus ojos hubiera un
imán que me iba a juntar con él para toda la vida... Y no era un tipo de
atracción humana ni sexual... Era algo así como el respetuoso sentimiento de
adoración que pueda inspirar un ser divino... Al verlo y hablar con el Maestro,
experimenté una serie de emociones encontradas. Vergüenza y deseo de
expansionar mi alma, de comunicarte mi secreto, de pedirte su consejo y su
ayuda, porque, sin saber por qué, me encontraba ansiosa de ser auxilia―da por
ese hombre, sereno y majestuoso en todos sus ademanes, en todas sus palabras. Y
el prodigio tuvo lugar. Me visitó varias veces y, al fin, puede hablar un día a
solas con él. No pude contenerme y le conté todo lo que había sufrido...
terminé llorando, con lagrimas que me salían del alma. . El Maestro me escuchó,
silencioso; me miraba, como escrutando el fondo de mi conciencia... al fin
habló:
―Tranquilízate,
hija mía; yo te voy a sanar...
―No
sé ―continuó narrando la española― lo que hablaría con mis amos. Pero el
resultado fue que pocos días más tarde me condujeron al campo, a una pequeña y
hermosa casita en donde vivía el Lama. Allí, desde el primer momento, me hizo
dejar la cama y salir a diferentes horas para tomar el sol y aspirar
profundamente las frescas brisas de la mañana y los cálidos vientos del medio
día... Me hacía beber unos jugos de hierbas y tres veces, por día, me
administraba cucharadas de una sustancia amarga y lechosa que dijo ser la savia
de una planta... Al cabo de tres o cuatro meses, estaba como nueva. Me sentía
alegre y feliz. Llena de paz y alegría. Trabajaba en la casa limpiando y
cuidando de las frugales comidas del Maestro. Había recuperado mis buenos
colores y aumentado de peso, y la tos, y otros síntomas de la enfermedad
desaparecieron por completo. Así llegó el momento en que Dumpbahar me dijo que
estaba curada totalmente... Nuestra amiga hizo una pausa. Nosotros le
preguntamos:
―Y
¿cómo fue que viniste hasta acá?
―Poco
después del día en que terminó mi tratamiento, el Maestro me comunicó que se
preparaba para regresar a la India. Yo me sentí consternada y le rogué que no
me abandonara... El contestó que lo pensaría. Pasaron varios días y, como me
viera llorar con frecuencia, una mañana, al tomar el desayuno de frutas de
costumbre, me miró paternalmente y sonriendo, como si hablara a una chica, me
anunció: ―Te voy a llevar conmigo a Janlitpur...
***
Nuestras
lecciones con el Maestro continuaban normalmente. Algunas veces las recibíamos
juntos, Rosita y yo. Otras, era yo solo el que concurría a las diarias citas
con el Lama. En tales casos, transmitía a mi mujer las indicaciones de
Dumpbahar, y ambos nos encargábamos de enseñar a nuestros hijos. Los meses iban
corriendo y me sentía ya como renovado. Una sensación de paz y de confianza
había reemplazado en nosotros la antigua ansiedad con que, muchas veces,
despertáramos, al tener que enfrentarnos a los problemas de cada día. Y nuestra
íntima manera de pensar se fue modificando poco a poco. Ahora veíamos las cosas
como a través de lentes nuevas, y comprobábamos, a cada paso, la poderosa
influencia de esa nueva vida en la profunda intimidad de nuestro ser.
Los
pensamientos deformados y malévolos que antiguamente nos asaltaran a menudo, se
habían alejado de nosotros, que nos sentíamos cual si un bálsamo reconfortante
y una serenidad cada vez más grande recorriera, diariamente, nuestras venas y
alegrara en todo instante las horas que pasábamos en Janlitpur...
Al
comentar estos síntomas, esta transformación tan notable, con Rahmojan, éste,
paternalmente, nos decía:
―Es
el resultado dé la eliminación paulatina de los venenos psíquicos de vuestras
almas... La constante observación que se lleva a cabo sobre cada una de las
diferentes manifestaciones de la vida interna, y la paz externa que nos rodea,
obran como si fueran medicinas que tomarais para transformar lo negativo en
positivo, lo superfluo en útil, lo maligno en provechoso... Por una parte, el
régimen vegetariano, exento de toxinas materiales, que tenéis en vuestra
alimentación, aleja los trastornos naturales del metabolismo, o sea el
desequilibrio orgánico producto de una dieta cargada de toxinas, como la qué
generalmente consume la mayoría de nuestra humanidad, que altera el normal
curso metabólico, o de asimilación general y ese régimen vegetariano, equilibrado,
al asegurar un óptimo aprovisionamiento de materiales para una perfecta
asimilación, está proporcionando a vuestro cuerpo los materiales adecuados a su
mejor asimilación... Porque el normal funcionamiento de nuestro cuerpo se basa
en la perfecta armonía entre los tres sistemas que lo constituyen: el sistema
digestivo, el sistema circulatorio y el sistema nervioso. El primero, o
digestivo, con todos sus órganos, desde la boca hasta el ano, cumple la misión
de transformar los alimentos en linfa y plasma sanguíneo. El sistema
circulatorio desde su puerta de entrada, o sea la nariz, hasta su salida por la
uretra, transforma el plasma sanguíneo en fluido nervioso, o energía néurica. Y
el tercero, o sistema nervioso, asimilando la luz, convierte dicho fluido en energía
magnética y da forma al pensamiento... Así pues, lo que comemos y el aire que
aspiramos deben ser de singular pureza para asegurar la perfecta salud del
cuerpo y de la mente. Las enfermedades de ambos acusan un inadecuado empleo de
materiales equivocados, de elementos que trastornan las normales funciones de
algunos de esos tres sistemas, y por ende, al producir desequilibrios, rompen
la perfecta armonía del conjunto y sus malsanos efectos se traducen en
enfermedades del cuerpo y del alma... Pero también debo tenerse en cuenta los
factores exógenos, o de influencia externa inmaterial, y entre éstos, que ya
iréis conociendo todos, poco a poco, voy a ocuparme, ahora, de la notable
influencia que en la mayoría de la persona pueda ejercer nuestro satélite: La
Luna.
Es
conocida la influencia de ese astro sobre una serie de fenómenos de la
Naturaleza. Interviene en la producción de las mareas, en la circulación de la
savia de la plantas y en su crecimiento, fenómenos conocidos en todo el mundo
por los agricultores para normar las siembras, podas y cosechas. Tiene
importante intervención en ciertos efectos telúricos; y sobre el hombre es muy
profunda su influencia, especialmente en los temperamentos fuertemente
nerviosos.
Las
fases del ciclo lunar acusan notables efectos sobre la conducta y actividad de
muchísimas personas, y es particularmente notable, en algunas, la fuerte
influencia de la fase llamada "luna nueva" o "Luna Negra",
y su opuesta o "Luna Llena".
Durante
mucho tiempo, el escepticismo ha tratado de conceptuar como supersticiones
tales conocimientos. Pero la verdad de los hechos, comprobada a través de los
siglos por la experiencia, ha puesto en su correspondiente lugar la realidad de
tales influencias. La ciencia ha comprobado cómo influye la Luna en los ciclos
menstruales de la mujer, en las funciones de apareamiento y de procreación de
los animales, en la maduración de los frutos, en la evolución de ciertos
procesos morbosos, en las crisis febricientes y hasta en la cicatrización de
las heridas, alargando o disminuyendo la duración de los procesos...
Es
muy larga la serie de observaciones acumuladas en el Tiempo. Y si concretamos
la variedad de fenómenos, refiriéndonos a nuestra vida psíquica en particular,
tenemos un vasto campo de estudio y de experimentación que realizar. Hay muchos
que han comprobado, con metódica observación de años, cómo se altera el diario
desenvolvimiento de sus actividades, no sólo en el campo psíquico sino también
en el de todas las tareas, negocios o trabajo corriente, según pasen por los
períodos conocidos de las fases lunares: Luna llena, cuarto menguante, Luna
nueva o "Negra" y cuarto creciente. En los más sensitivos, esa
influencia se manifiesta de manera muy notable, no solamente en su modo de
pensar, en su carácter habitual, en sus reacciones y trato con los demás, sino
también en la marcha normal de sus operaciones, ocupaciones o negocios. Tales
sujetos, cuando son estudiosos y observadores, pueden advertir que durante la
luna que no se ve, o vulgarmente llamada negra, todas las manifestaciones de su
diaria vida y actividad se dificultan, entran en un ritmo lento o negativo,
sufren trastornos de diversa Índole y llegan hasta fracasar algunos de sus
planes o negocios. En cambio, a medida que el satélite inicia las nuevas fases
luminosas, con los catorce días que transcurren en la primera aparición del
cuarto creciente a la luna llena, va aumentando la euforia y la actividad del
sujeto y, por ende, las operaciones y tareas de su normal ocupación que
alcanzan un máximo exponente con el plenilunio. Luego, con el menguante, vuelve
a disminuir el flujo favorable hasta entrar, de nuevo, en la fase negativa y
hasta algunas veces perjudicial de la "luna negra".
Son
millones, a través del Tiempo y del Espacio, quienes sintieron y comprobaron
este fenómeno cíclico. Y ello se debe a uno de aquellos secretos de la
Naturaleza que sólo conocieron y conocen los iniciados de las escuelas
esotéricas, iniciáticas, de todas las épocas, y sus alumnos o discípulos: Que
la Luna no está desierta, que la Luna es la mansión de una clase de seres vivos
y en cierta forma inteligentes, capaces de influir sobre nuestro mundo y sus
habitantes...
Puede
parecer absurda una afirmación como ésta, muy particularmente ahora, que el
hombre ha posado su planta en aquel astro. Pero la población de ese mundo no es
de tipo material como estamos acostumbrados en la Tierra a imaginar la vida, a
través de nuestros cinco sentidos y en un mundo de tres dimensiones: la
población lunar corresponde a esos diferentes tipos de entidades que pueblan la
Cuarta Dimensión, Plano Astral o Mundo del Alma.. Seres fluídicos, etéricos,
invisibles para el ojo humano común, pero visibles y audibles por el sexto
sentido, ese "tercer ojo" que llaman los orientales a la facultad de
clarividencia y clariaudiencia, de la cual existen, también, muchos poseedores
entre nuestra humanidad. El que nuestros astronautas no hayan podido verlos ni
imaginar su existencia, es únicamente debido a que no son clarividentes. La
clarividencia es una facultad conocida por todos los estudiosos ~ de las
escuelas esotéricas, y si ha sido negada y hasta ridiculizada por los
ignorantes de todos los tiempos, no por ello es menos real y extendida a la
multitud astronómica de los seres que habitan en los millones de mundos,
superiores a nuestro planeta Tierra. Los Hermanos Mayores de Ganímedes la
poseen desde niños, como sexto sentido natural y poderoso. Y en la tierra han
sido y son muchos los que han logrado desarrollarla y dominarla a voluntad. Se
llamaron y se llaman Iniciados, Maestros, Adeptos o Discípulos Adelantados...
Y si
nuestros astronautas, al llegar a la Luna, hubieran sido poseedores de esa
facultad, de ese sexto sentido, habrían visto y oído a la multitud de los seres
que pueblan ese mundo y que, en la Cuarta Dimensión se comunican con nosotros y
dejan sentir su influencia en todos los reinos vivos de nuestro planeta. Pero,
en su mayoría, pertenecen a los niveles inferiores de la vida en ese plano de
la Naturaleza denominado Mundo Astral o Cuarta Dimensión. Y por eso mismo
prefieren habitar en la penumbra y en las sombras, porque la luz los intimida y
los perturba. No solamente la luz que nosotros conocemos del Sol. Más que todo
esa otra LUZ que irradian los mundos superiores más allá de la esfera de
influencia del plano etérico o mundo vitalizador que viene a ser el doble de
todos los cuerpos o formas físicas concretas. Porque la luz solar que nos
conforta y vivifica mediante su asimilación por ese doble etérico, a plantas,
animales y seres humanos, oculta otra Luz, mucho más intensa, poderosa y bella,
que sólo puede captarse en los dominios de la Cuarta Dimensión, por ser LUZ
ESPIRITUAL y por lo tanto inextinguible, invencible y eterna... Y ante esa LUZ,
todos los seres inferiores de la Creación, débiles, cobardes y malignos, huyen
despavoridos para guarecerse en los tenebrosos planos de la Naturaleza que la
imaginación de los hombres entendidos ha bautizado como "Reino de las
Tinieblas"... Como la luz solar en el mundo físico está integrada también
por esa otra luz suprafísica, los seres inferiores, o elementales, y sus
congéneres, espíritus de la naturaleza en los subplanos inferiores, que pueblan
nuestro satélite, prefieren agruparse en la parte obscura del mismo, y cuando
toda la superficie selenita está en la sombra, como sucede con la Luna cuando
se encuentra dentro del cono de obscuridad proyectado por la Tierra, todos esos
seres quedan libres de actuar directamente sobre nosotros pues el Tiempo y el
Espacio no existen para ellos en la Cuarta Dimensión. Así juegan y se solazan a
sus anchas interviniendo en la vida y en el pensamiento de los humanos, que, si
son débiles y no conocen de estas cosas, caen fácilmente bajo su control
momentáneo, mientras duren las condiciones favorables para aquellos invasores
invisibles y más o menos traviesos o malignos.
Cuando
el hombre conoce ya todo esto y, a fuerza de estudio y del ejercicio, logra
depurar su YO interno, su AURA, o envoltura fluídica de la Cuarta Dimensión, se
hace cada vez más luminosa y bella, porque las vibraciones de todo su ser van
generando rayos de mayor pureza, esplendor y elevación, como los nimbos de
gloría que envuelven a los santos. En tales condiciones los seres inferiores
del Astral son rechazados automáticamente por el esplendor del aura, y no
pueden tener acceso a la conciencia del sujeto, quedando fuera de su influencia
todo el sistema neuro―cerebral de la persona y, por ende, sus pensamientos y
acciones. De ahí la gran diferencia entre la conducta de unos y otros seres
humanos, y la necesidad imperiosa de que los secretos de la Naturaleza y del
Cosmos sean conocidos y difundidos a la mayor parte de nuestra humanidad. Pero,
como en la Biblia se dice: ..."que tengan ojos para ver y oídos para
oír..." mientras el nivel de evolución de cada individuo no alcance el
promedio de altura, o madurez, que le permita comprender estas grandes
verdades, su primitivismo lo llevará a caer en la esfera de influencia de los
seres inferiores del mundo astral, que pululan en todos los planos más bajos de
la Vida en el Universo por la misma afinidad vibratoria que atrae y junta a los
semejantes, como en la vida material del mundo físico se juntan las persona
afines en modo de pensar o de actuar. Esto corresponde a una de la grandes
leyes de la Naturaleza, la Ley de Afinidad o de los Semejantes, que más adelante
comentaremos al tratar sobre el grupo de Leyes que deben ser conocidas por
todos cuantos deseen, sinceramente/avanzar con rapidez por el sendero de su
autosuperación.
CAPITULO
VIII
El
Pasaporte para Ganímedes
En
anteriores capítulos manifesté que del grupo reunido en el Hogar, solamente
nosotros, el israelita y el egipcio, nos preparamos para ser conducidos a
Ganímedes. Los demás preferían continuar su vida en Janlitpur. Y esto hacía
honor a la sabia y hermosa organización de aquel monasterio perdido en las
soledades y el secreto de aquella minúscula colonia de nuestra Augusta, Antigua
y Soberana Orden... Porque no es un lugar abierto a todos, ni un sitio
específicamente dedicado a preparar voluntarios para el satélite de Júpiter. Ya
dije al comienzo de este libro, que al sobrevolar las altas cumbres nevadas que
rodean este valle, no se podían descubrir ni el monasterio ni el Hogar,
cubiertos y disimulados por el follaje de los bosquecillos circundantes. Sólo bajando
al nivel del suelo es que se ven los edificios, y esto ha protegido aquel
lugar, durante siglos, de la curiosidad o de la ambición de muchos... ¿Quién
podría suponer de los que pasaran por esas grandes alturas solitarias, que allá
abajo, perdida en la enormidad de los Himalayas, palpita la vida y el sosiego
de una reducida colonia de seres que prefieren alejarse de las locuras del
mundo para lograr la paz y la felicidad de los altos niveles morales, mentales
y físicos de la Vida...? Un sitio distante de todas las rutas aéreas
comerciales, al que solo puede llegarse como lo hicimos nosotros o en
helicóptero, amén del paso secreto utilizado en otros tiempos, es el refugio
seguro, como todos, los de nuestra Orden, para el adiestramiento especial de
quienes merecieron tal privilegio en diferentes épocas. Y al estar nuestra
Orden en contacto directo con nuestros Hermanos Mayores de Ganímedes, no hubo
inconveniente para que miembros de ella, como nuestros Hermanos ya mencionados,
fuesen conducidos por Ovnis hasta ese lugar. Los otros tres, la española,
O'Connor y la inglesa, eran discípulos escogidos por el Lama con toda su
sabiduría, justicia y autoridad...
Ya
hemos conocido la historia de Maruja; la andaluza. Ahora, puede ser interesante
la de Nancy, pese a su notable discreción, muchas veces rayaba en hermetismo.
Con el correr de los meses y aprovechando la confianza que me brindaba mi
continua cooperación en su trabajo de jardinería, pude ir conociendo muchos de
los detalles de esa vida que, en su juventud, estuviera llena de amargas
experiencias.
De
noble alcurnia, emparentada con familias de la rancia nobleza de Inglaterra,
cuyo linaje se remontaba hasta los tiempos de Tudor, prefería siempre evitar
mencionar su verdadero título y sus apellidos de cuna. Sobre este tema,
guardaba silencio. Pero el Lama, con su acostumbrada discreción, me había
asegurado que pertenecía a una de las más orgullosas casas de la vieja Escocia.
Conducida a la Corte de Londres desde muy niña, había conocido en su
adolescencia, a un muchacho hijo de nobles segundones y empobrecidos, de quien
se enamoró con la fogosidad del primer amor. El le correspondía con igual
devoción, pero sus padres se opusieron a la unión de los jóvenes por razones de
dinero. Habían pensado para su hija un mejor partido y persiguieron a los
enamorados, hostilizándolos y tratando de separarlos en toda forma. A tal punto
llegó la severa oposición, que la muchacha fue retirada de la Corte y conducida
nuevamente a Escocia, para alejarla en definitiva del doncel. Pasaron meses, en
que Nancy sufrió a solas en el castillo de sus mayores, vigilada como un preso
por su terco padre. Pero una mañana, que la vigilancia de éste le permitió
pasear a caballo por el frondoso parque del feudo, su sorpresa fue tremenda al
sentirse llamada por su nombre y ver aparecer, detrás de unos arbustos, a su
amado pretendiente... La sorpresa dio paso a la emoción del encuentro y ambos
se estrecharon en un beso de apasionada unión. Rápidamente le explicó él que
había venido a buscarla dispuesto a todo, y que si ella lo aceptaba se fugarían
juntos tratando de llegar, en secreto, hasta la costa en donde un amigo del
muchacho le prometía conducirlos en un balandro hasta las costas de Francia.
Eran
los días en que se jugaba, en el Continente, la suerte del Segundo Imperio,
bajo los tambaleantes dedos de Napoleón III, amenazado por la invasión
prusiana. Los jóvenes decidieron hacerlo, confiando pasar inadvertidos en aquel
país, ante la confusión ocasionada por el arrollador avance de los germanos.
Así,
aprovechando los pocos momentos en que ella conseguía dar un furtivo paseo a
caballo, los enamorados tuvieron varios encuentros y acordaron el plan de fuga
para una obscura noche sin luna. El, aprovechando de las sombras y el reposo
nocturno, llegaría hasta el castillo y trataría de escalar el muro para poder
alcanzarle a ella, una escala de cuerdas con que pudiese bajar, y luego huirían
en el caballo de él escondido entre el bosque vecino.
Tal
como lo pensaron prepararon los detalles y aguardaron la noche propicia. Días
después se presentó la oportunidad. Era una noche lóbrega y de fuerte viento
que aullaba entre los árboles del parque. Nancy, pretextando cansancio y frío,
se había retirado temprano a su alcoba. Al mediar las horas, cuando ya todos
dormían, pudo escuchar el ulular de un búho, señal convenida con su novio.
Abrió lentamente la ventana y entre las sombras logró distinguir el bulto
cauteloso que se escondía, tres pisos bajo el ventanal. Arrojó a su galán una
cuerda formada por varias sábanas anudadas, y éste ató a ella una larga soga de
nudos. La muchacha izó la improvisada escala y amarró el extremo a un viejo
clavo de sujetar cortinas en el marco de la ventana. Pero vino lo peor: que
ella no tenía práctica en tales menesteres y sentía un miedo cerval a
deslizarse hacia el vacío desde tanta altura y en una noche tan sombría y con
el viento que agitaba la cuerda sin cesar. No podían hablarse por temor a ser
descubiertos y Nancy, sentada en el alféizar del ventanal no se atrevía a
descender. El mozo al darse cuenta de la situación, optó por subir para
animarla. Estaba ya por llegar hasta ella cuando sonó un crujido en la madera
del marco y el grueso clavo que sujetaba la cuerda saltó al vacío, con escala y
todo, y ella lanzó un grito de espanto...
Pocos,
minutos más tardé el castillo entero estaba en movimiento. Sus padres habían
acudido a los gritos desesperados de la joven y la servidumbre corría para
averiguar qué pasaba fuera. Alumbrándose con linternas, algunos criados
llegaron hasta el sitio en que cayera el muchacho. Estaba inconsciente y le
manaba abundante sangre de una herida en el cráneo. Al ser entrado en hombros
se retorció como en una convulsión y dejó de respirar: tenía la cabeza
destrozada y parte de la masa encefálica se escurría con la sangre...
La
tragedia afectó de tal manera a la joven,* que tuvo que ser conducida a Londres
y guardar cama y tratamiento médico por varios meses... Después, el tiempo fue
haciendo su labor de bálsamo. Pasaron algunos años y, al fin conoció en la
Corte al que sería su esposo. Esta vez era un hijo de familia rica y sus padres
muy bien vinculados: él, miembro de la Cámara de los Lores; ella, dama de honor
de la reina Victoria. El novio era simpático, amable y muy entretenido. Un tipo
de aquellos que triunfan en los salones de la alta sociedad, y por lo mismo,
solicitado por las mujeres. La buena acogida de los padres de Nancy favoreció
el romance y meses después se casaban con toda la pompa tradicional de la vieja
nobleza de la Gran Bretaña. Los primeros tiempos fueron alegres y dichosos,
pero con los años comenzaron los problemas. Ella no podía tener hijos, y el
marido, hombre buenmozo y de gran mundo, ansiaba tener un heredero. Poco a
poco, las sombras del desencanto iban interponiéndose entre ellos. Cada vez
eran más largos los días de alejamiento que, con un pretexto u otro, buscaba su
cónyuge, y las labores oficiales de ella, como dama de la Reina, no bastaban a
mitigar su preocupación constante. Su carácter se tornaba cada vez más
melancólico, a tal punto, que no pasó inadvertido para la Soberana. Ante las
repetidas preguntas al respecto que le hiciera Victoria, no tuvo otro remedio
que confesarle el motivo de su desasosiego. Se habla enterado que su esposo
mantenía una amante, con la que viajaba al campo frecuentemente. La Reina le
demostraba afectuosa predilección, y al enterarse, quiso intervenir. Ella le
había rogado no hacerlo. Pero las cosas fueron de mal en peor. El marido llegó
a despreocuparse por completo de su legítimo matrimonio; con todo descaro hacía
público alarde de su donjuanesca conducta, y ello colmó la paciencia de la
Soberana, quien lo hizo llamar para amonestarlo.
Ante
la real actitud, el hombre estalló. Olvidando toda consideración a su clase y a
su honor, se portó con Nancy cual el más vulgar y matonesco hijo de vecino: la
misma noche, de regreso de la cita real, la insultó y vejó, declarándola que
estaba ya harto de ella, y en un acceso de furor llegó has―la a golpearla con
excesiva crueldad. Y eso no fue todo. Al día siguiente, hizo preparar sus
valijas y se marchó a vivir fuera de Londres en una casa de campo en donde
instaló a la querida. Como el escándalo trascendiera,―la Reina Victoria, a modo
de castigo, lo destinó a una lejana guarnición en la India, en la esperanza de
separarlo de su amante, a la que también había amonestado aparte.
Pero
de nada sirvió todo ese cambió. En su dorado destierro de militar, aumentó su
afición por el licor y, un día, Nancy, tuvo la triste sorpresa de encontrar á
su marido en la cama de su propia casa con la otra mujer. Esto determinó una
nueva explosión de furor, del cónyuge, que la abofeteó en presencia de la
rival... Aquella noche, desesperada, intentó suicidarse. El veneno habría
surtido sus efectos de no mediar una circunstancia providencial. Tenía una
criada hindú que le había tomado gran afecto, viéndola llorar de continuo. La
muchacha la acompañaba a todas partes y esa noche, como si presagiase algo, se
había ocultado tras las cortinas de la alcoba. Al ver que apuraba el contenido
del frasco de veneno, salió corriendo para impedirlo. Ya el tóxico estaba en el
estómago y la joven corrió despavorida en busca de ayuda. En el despacho de su
marido se encontraba, entonces, Rahmojan Dumpbahar consultando unos asuntos
privados de su lamasterio. A los gritos de la hindú, acudieron todos y,
consternados por la noticia, el Lama pidió le permitieran asistir a la presunta
suicida... '
Está
de más decir que con su ayuda se conminó el peligro.
―Ese
fue el comienzo de nuestra larga amistad ―nos comentó la inglesa, la tarde en
que, bebiendo una taza de té, terminaba de narrarnos su turbulenta crisis de
esos tiempos―. Después, regresé a Inglaterra y, traté de separarme de mi
marido. Pero los convencionalismos de la Corte pesaban sobre mí y sobre mis
ancianos padres. Tuve que resignarme y continuar aparentando una vida frívola
que detestaba. La hipocresía y el egoísmo me rodeaban y sólo pude soportar dos
años más aquel infierno. Mi esposo continuaba en la India y quienes lo habían
visitado me dijeron que se había convertido en un borracho empedernido. El
Maestro Dumpbahar pasaba una temporada de estudios en Londres y nos visitaba
con frecuencia a mis padres y a mí. Un día llegó la noticia de su muerte en un
accidente del servicio. Quedaba sola con mis ancianos. Al año siguiente
falleció mi padre y año y medio después mi madre.
Me
sentí desolada. La vida me hastiaba. Una terrible neurastenia se había
apoderado de mí. La confianza que me inspirara el Lama fue lo único que evitó
un nuevo intento de suicidio. No tuve ambages para confesarle que deseaba
acabar con mi existencia. Y, en tales circunstancias, sintiéndome enferma del
alma y del cuerpo, ya que, por entonces experimentaba síntomas extraños y
dolores en todo el cuerpo, el Maestro me propuso venir con él a Janlitpur.
Me
dijo que estaba padeciendo de un cáncer incipiente, fruto de mis largos
trastornos psíquicos y nerviosos; pero que en este lugar cambiarla mi vida por
completo, y adquiriría una nueva salud desconocida en ese mundo torturado por
la falsedad y el egoísmo de los hombres...
Y
levantándose del asiento hizo un ademán como si alejara de su mente una larga
pesadilla.
―De
eso han pasado, ya, cien años ―dijo, cual si hablara consigo misma―... y el
milagro se ha cumplido...
***
Quienes
lean este libro en busca de lecciones prácticas de autosuperación, pueden
preguntar quizás, qué relación habría entre un positivo adiestramiento en tal
sentido, y las breves historias personales de mis compañeros en el Hogar de
Janlitpur. En apariencia, muy poco o nada. Pero si son observadores, y analizan
pacientemente cada una de esas sintéticas reseñas, encontrarán la enseñanza
oculta en ellas, la moraleja o mensaje que esas vidas relatadas con tanta
concisión, nos dan para comparar lo que estamos acostumbrados a ver, a cada
paso, en este mundo, y lo que se obtiene con la metódica y sabia práctica de
las normas de vida en un ambiente o mundo organizado en conformidad con el
equilibrio y la armonía de la Leyes cósmicas de la Naturaleza. Y para ello no
es menester abandonar la Tierra emigrando a lejanos mundos, porque en éste,
igualmente, es posible encontrar la Paz y la Felicidad, cuando se cumple con
esas leyes y se vive en un medio en donde reinen la Armonía, la Pureza y el
Amor...
Esto
es lo que buscan implantar en nuestro planeta aquellos habitantes de Ganímedes
que periódicamente nos visitan. Ya lo expuse en mi libro anterior y debo
recordarlo ahora. Ellos, como ejecutores del PLAN CÓSMICO, desean conseguir que
en la Tierra se prepare las nuevas condiciones de vida y de cultura capaces de
permitir que la promesa Crística tenga su realización, una vez desarraigados de
este mundo todos los males que lo aquejan, todas las causas de desequilibrio y
de sufrimiento que, por la ignorancia general, torturan y destruyen a sus
habitantes. Pero, en aquellos pocos seres que, en distintas épocas y lugares,
pudieron aislarse del contaminado ambiente, viviendo una comunidad fraternal
bajo el signo del AMOR, en esos, muy escasos sitios, pudo y puede vivirse en
condiciones paradisíacas... Lamentablemente esto no sucede por lo común en la
Tierra, y de ahí que tales seres o instituciones tuvieran que protegerse,
adecuada y sabiamente, de la contaminación externa. Por tal razón, como defensa
legítima contra cualquier forma de mal exterior, es que las escuelas ocultas de
todos los tiempos debieron encerrarse en el secreto dé sus reglas y en el
hermetismo de sus lugares de reunión y convivencia... Y nuestra Orden, la más
antigua de todas, no podía ser una excepción.
Es
por eso también, que desde hace muchos siglos nuestros Hermanos de la Quien, en
sus niveles más altos de la Jerarquía, estuvieron en contacto directo con sus
Hermanos Instructores de los mundos o planos superiores, y con los Hermanos de
Ganímedes. Siempre en misiones de PAZ y de AMOR...
Porque
la Paz interior y el Amor supremo, son, en verdad, el "pasaporte" que
exigen, los habitantes del gran satélite de Júpiter a quienes ambicionen llegar
hasta su mundo. No importa mayormente, que la cultura general del aspirante sea
muy elevada y completa, que pueda ser un exponente de la sabiduría terrenal en
los diferentes campos de la ciencia o de la técnica. Si no es un ser puro, de
alma limpia, como dice el vulgo, por mucho que sepa en cualquier materia de la
cultura terrenal, no puede entrar en ese mundo superior. En cambio, los
"limpios de corazón" mencionados en la Biblia; aquéllos de "las
blancas vestiduras del Reino" a que se refiere en el Apocalipsis y en el
Evangelio de San Mateo, Cap. 25, al hablar del Juicio Final, ésos sí pueden
ingresar a su mundo, porque llevan consigo el "pasaporte" exigido: la
pureza de corazón y de pensamiento... Lo demás, pueden aprenderlo allá... Y es
fácil comprender tos sabios motivos de tal discriminación: Tas luces de la
ciencia y de la técnica, del estudio― especializado en todos y cada uno de los
múltiples terrenos del saber humano, pueden hacer de un sujeto un sabio de la
Tierra. Pero eso no implica el que tal sujeto sea, también, un inmoral, un
vicioso, un tirano, un egoísta, un lúbrico, un avaro... en fin, un individuo
dominado por una o varias de las comunes pasiones que enferman el alma humana.
¡Cuántos casos, como éste nos da la Historia! Y ¿puede pensarse que un hombre
así, al ingresar en un mundo de paz y de armonía no llevaría los gérmenes del
desequilibrio, no contaminaría el ambiente con sus malignas vibraciones, no
sería rechazado automáticamente por esas mismas vibraciones contrarias, como se
rechaza, acá en la Tierra a los portadores del virus de una epidemia leal,
aislándolos y sometiéndolos a la cuarentena y el tratamiento específico, en
defensa de un país o de una ciudad?...
Con
cuánta mayor razón, dentro de un mundo, de una humanidad y una civilización tan
superiores a lo nuestro en las actuales condiciones... Además, para los
conocedores de estas ciencias, para quienes poseen el profundo conocimiento de
la ley de vibraciones del Cosmos y las leyes dé afinidad o rechazo cósmicas, no
escapa la reacción inmediata que en determinados planos puede experimentar un
ser cuyas vibraciones sean muy distantes, en la escala de frecuencias, de las
vibraciones dominantes en un ambiente muy distinto al suyo... Esto ya lo saben
nuestros físicos modernos.
Por
todo ello es preciso lograr, antes que nada la necesaria pureza de espíritu, o
sea la limpidez de nuestra alma, que genera, automáticamente, la limpidez,
esplendor y belleza de nuestra AURA, que no otra cosa es el simbólico
"pasaporte" que buscan los Hermanos de Ganímedes en sus constantes
observaciones sobre todos los lugares habitados de este mundo...
CAPITULO
IX
Leyes
de la Naturaleza que Debemos Conocer
Entre
todas las leyes que rigen el Cosmos, o sea el Universo Integral ―visible e
invisible― la primera debe ser, y de hecho lo es, LA LEY ME AMOR. Ley de la
atracción y de la unión de todos los seres y de todos los cuerpos. Es la ley de
la CREACIÓN por la que todo existe y sin la cual sólo sería el caos. Es la ley
de la UNION y la ARMONÍA. Por ella existen tos mundos, los sistemas estelares,
las nebulosas y galaxias. Ella norma las relaciones de los seres que permiten
la continuidad de las especies en que se manifiesta la Vida. Ella rige la
atracción de los elementos en la conformación de las substancias y los cuerpos
para los prodigios de la Química. Es la que dirige las fuerzas que llevan a la
Unidad del Todo. La que interviene en la fuerza centrípeta que atrae a los
astros en la unión de sus sistemas... La que lleva, igualmente, en los átomos a
la formación de las moléculas, base fundamental de todos los cuerpos, de todas
las combinaciones que permiten la existencia de los reinos de la afinidad,
fuerza creadora que construye y modifica. Entre los animales gobierna los
instintos y preserva de la separación y la extinción de la especie, Y en la
humanidad es la simpatía, que atrae a los irnos y a los otros, que los lleva a
juntarse, a fomentar el cariño, la confraternidad, la abnegación, el altruismo
hasta llegar al heroísmo en el sacrificio por amor al prójimo...
El
que también exista la repulsión (el odio, los rencores, la destrucción y la
muerte) no implica la invalidez ni la inexistencia de la Ley de Amor. Ello se
debe a la coexistencia de otra de las leyes principales del Cosmos: La de los
contrarios, o de las fuerzas antagónicas del Universo, que más adelante
trataremos.
En
segundo lugar hemos de tener en cuenta LA LEY CÓSMICA DEL MOVIMIENTO o Ley de
Vibración Universal.― El Universo es Vibración, porque la vida es movimiento.
Lo contrario, o el reposo absoluto, equivalen a la muerte, o sea la inercia.
Pero al no existir el movimiento continuó absoluto, la vida se manifiesta en un
constante movimiento alternado con reposo relativo para mantener y recuperar el
desgaste de las fuerzas en tensión. Por eso vemos la vigilia y el sueño, el día
y la noche, el descanso y el trabajo, los ciclos de existencia visible e
invisible, la vida y la muerte, la luz y las tinieblas en la rotación de los
astros, como en los mundos microscópicos o pequeños, en la inmensidad del
Cosmos, vibran (o se mueven) las ondas de luz, de sonido y las frecuencias de
la electricidad o el magnetismo en su variadísima amplitud... Sin esta Ley
sería incomprensible, también, la existencia de los mundos y de sus variados
habitantes en todos los confines del Universo.
Luego
hemos de conocer la LEY DE EVOLUCIÓN o de Pluralidad de Existencias, que
implica la marcha inexorable de todo ser vivo en demanda, o aspiración, de
niveles y formas cada vez más adelantadas, superiores, más perfectas. Es la
ley, que junto con la Ley del Amor, y con la de Movimiento o Vibración, conduce
a todos los seres vivientes desde las más primitivas formas, desde los niveles
más ínfimos, hasta los más avanzados. Es la que impulsa al Hombre a salir del
primitivismo, marchando adelante en la escala del Progreso, en busca de la
superación, por su propia conveniencia, y por latente deseo de mejorar su vida,
ascendiendo los niveles que han de llevarlo hacia las cumbres del mejoramiento
gradual, en su larga peregrinación por alcanzar la suprema gloria y la
felicidad...
La
evolución, o marcha continua a través de la Vida también nos ofrece el ejemplo
de su íntima relación con las dos leyes mencionadas anteriormente, pues la de
Amor se une a ella para estimular el deseo de mejorar, de perfeccionar todo
cuanto rodea y forma parte de la vida personal de cada ser. Y la ley de
Movimiento regula esa marcha y llega a normarla en ciclos que requieren de la
actividad y del reposo en todos los niveles y en todas las frecuencias
vibratorias. Pero como los cuerpos o formas en que se manifiesta la vida, no
pueden ser eternos, por el natural desgaste del uso y del trabajo, cuando un
cuerpo o forma ha llegado al límite de su rendimiento, debe ser desechado. Esto
es la Muerte, y el mecanismo que sigue la evolución para asegurar el desarrollo
ininterrumpido del ser, en intelecto, en psiquismo y en constitución física y
corpórea, para esa meta de máxima perfección sólo puede conseguirse con la
utilización de nuevos cuerpos, formas y organismos de los distintos planos que
conforman al ser integral. Y para ello se requiere de ciclos en dónde se
alternan la Vida y la Muerte, para permitir al espíritu inmortal, nuevas
experiencias y nuevas lecciones de la Vida hasta la suprema perfección... Todo
este proceso ha sido explicado en detalle en el libro anterior, "YO VISITE
GANIMEDES...", lo que me releva de mayores explicaciones en esta obra,
pues se supone que el lector conozca ya el primero, sin el cual no podría
comprender mucho de lo que en el presente se refiere.
Otra
es la LEY DE LA ARMONÍA, o de La Adecuada Relación entre las Partes y el Todo.
Esta Ley nos enseña cómo todo en el Universo requiere de la equilibrada y
armónica función entre las partes y el conjunto, entre tos miembros, órganos o
diferentes elementos que constituyen un mecanismo, una institución, un sistema,
un TODO, en general. Sin esa armonía, sin ese regular y justo comportamiento de
las partes a la finalidad y justeza de funciones del conjunto, nada puede tener
un fin eficaz y perfecto. La Naturaleza nos lo prueba a cada paso: en los
campos de la sociología, o de la política, si los distintos elementos de una
sociedad o de un partido, marchan cada uno egoístamente por su lado, según sus
propios intereses o inclinaciones, sin armonizar su trabajo y sus ideas, esa
sociedad, ese partido, o institución; cualquiera, no puede subsistir, se
destruye, muere.
Lo
mismo vemos en el terreno de la biología: Si las partes constitutivas de un
organismo, de un ser, de un sistema, no funcionan equilibrada y armónicamente,
cooperando a la función y plan total, ese organismo, ese conjunto, ese ser se
trastorna hasta destruirse. El cuerpo humano es un perfecto exponente de la
necesidad imperiosa de esta ley, por la que cada parte, cada porción, cada
órgano, debe trabajar, cooperar a la armonía del todo, sin lo cual sobreviene
la enfermedad y la muerte...
En
la música, por ejemplo, la ley de la armonía se manifiesta de manera clarísima.
Quienes sepan de música comprenderán qué la armonía estriba en el orden,
proporción, combinación y medida según el tiempo y espacio de las partes, o
notas, con el conjunto total de la partitura... Y para que una orquesta pueda
ejecutar acertadamente la composición de un músico, requiere de la ordenada
intervención de cada instrumento, según los tiempos y el compás, bajo la
dirección del director que controla la justa participación de cada uno en el
conjunto total, o concierto.'
La
marcha general de las nebulosas y galaxias en la inmensidad del Cosmos, nos da
la más formidable prueba de la presencia de esta ley universal. ¿Podríamos
imaginar el magno concierto de los mundos que giran por millones en los
insondables terrenos que la astronomía nos muestra, sin un perfecto
ordenamiento en que cada astro mantenga su equilibrada posición en el todo? Sin
la ley de la Armonía Universal, no existiría el Universo...
Ahora,
veamos otra Ley: LA DE LOS CONTRARIOS, o Ley de los OPUESTOS COMPLEMENTARIOS.
―Nada puede existir en d Universo sin su contrario, o sea su opuesto que lo
complementa. ¿Cómo podríamos apreciar o conocer el BIEN si no existiera el MAL?
¿Podría comprenderse, la sombra si no existiera la luz?... Todo movimiento
presupone la existencia de dos fuerzas contrarias: la centrífuga y la
centrípeta, sin las cuales no existiría la vibración y ya sabemos que el
Universo es Vibración... Si meditamos en esta gran verdad, encontraremos la
comprobación de que la Ley de Los Contrarios está presente en todo lo que
existe: La vida y la muerte; la verdad y la mentira; la virtud y el vicio,
¿podrían existir sin que existiera lo contrario que pone de manifiesto su
existencia? ¿Cómo podríamos apreciar la verdad de no existir la mentira? ¿Qué
concepto tendríamos del DIA si no existiera LA NOCHE? ¿Y qué opinión habría de
la salud de no existir la enfermedad?... Los ejemplos pueden llegar a lo
infinito si vamos meditando cómo es cierto que no puede existir nada si no
existe su opuesto que lo complementa en la manifestación de su existencia...
Otra
de las más importantes leyes de la Naturaleza es la LEY DE CAUSAS Y EFECTOS o
de Acción y Reacción.
Todos
los actos o fenómenos de la vida tienen una causa, y generan, a su vez un
efecto o reacción automática de la Naturaleza. Esta ley natural nos demuestra
que nada es casual sino causal en el Universo. La casualidad supondría que algo
pueda existir sin haber tenido una causa de su existencia, y ello equivaldría a
aceptar que algo ha salido de la Nada; pero el Universo o la Naturaleza nos
están demostrando que la nada no existe, porque hasta el mismo vacío espacial
interastral no es vacío absoluto porque en él existen y circulan todas las
ondas o vibraciones que se trasmiten de un astro a otro en ese océano de la
vida que es el Cosmos.
Esta
ley nos lleva, por tanto, a la conclusión de la existencia de DIOS como CAUSA
primordial del COSMOS y del Universo pues si no existiera esa causa primigenia,
todo habría salido de la nada; pero si la NADA no existe ¿cómo podría generar a
TODO?...
Y
esta ley nos demuestra, también, la justicia inmanente del Creador en toda la
Creación; porque si todo efecto, proviene de una causa, todo lo que hacemos o
pensamos ha de generar sus correspondientes acciones o pensamientos de
reacción, matemáticamente realizados, como todo dentro del automatismo de
acción y reacción en la Naturaleza. En otras palabras, que todo lo que
cosechamos será el fruto natural de lo que sembremos... Y ahí está la
explicación que nos lleva a comprender esa maravillosa y sapientísima Justicia
Divina que a todos les da según sus obras, sus pensamientos, sus emociones y
ambiciones... Y justifica, igualmente; los resultados benéficos o maléficos de
toda una existencia, que no podemos achacar a Dios, pues EL nos ha dejado, con
nuestro libre albedrío, elegir entre tal o cual acción, entre este o aquel modo
de pensar o de actuar, y la conducta de cada uno es el fruto natural de su
mayor o menor grado de evolución en la maravillosa "escala" de los
valores o niveles de la Vida.
De
tal manera, nadie debe quejarse de su suerte ni protestar contra la Divina
Providencia por los sufrimientos o desgracias que lo aflijan, pues son los
directos resultados de lo que uno va sembrando en su camino. Si sembramos odio,
crueldad y egoísmo, no vamos a pensar en cosechar amor, dulzura y abnegación
para con nosotros... Si actuamos con ignorancia, no esperemos que la naturaleza
nos responda con frutos de sabiduría. Y si nuestra ceguera sobre todas estas
leyes naturales nos lleva a cometer errores y delitos, no vamos a pretender que
la vida nos premie y nos ensalce. Es justo y lógico esperar que los resultados
de cada paso nuestro sean las consecuencias directas de lo que hemos hecho. Y
esto, más tarde o más temprano, según la fuerza o la importancia de los hechos,
redundará en beneficio o desgracia para su autor.
Pero
aún hay más en esta Ley de Causas y Efectos: su influencia y acción en todo el
Cosmos persiste, naturalmente, en los diferentes planos de la Vida, en esos
otros mundos invisibles en donde se desarrolla nuestra vida psíquica, mental y
espiritual, después del sepulcro. En nuestro mensaje anterior "YO VISITE
GANIMEDES...", se ha explicado con amplitud la mecánica de ese proceso al
tratar de la Cuarta Dimensión―y de la Reencarnación. Es lógico y justo que el
espíritu, el YO SUPREMO, para avanzar en la senda del progreso, de la
superación integral hacia la suprema perfección y felicidad eternas, requiere
de muchas encarnaciones, de muchas manifestaciones de la vida en la materia,
sin las cuales no podría abarcar la sabiduría total de todas las formas de existencia
en la insondable magnitud del Universo. Y eso no puede lograrse en una sola
etapa de manifestación, o involución en los planos de la materia o vida física.
Al tener que hacerlo, muchas veces, como se ha explicado en mi primer libro, la
ley de Causas y Efectos sigue actuando, naturalmente, sobre cada uno, y muchas
de las causas que, por su naturaleza, no han podido obtener el completo ajuste
de sus reacciones en la existencia anterior, lo hacen por la fuerza de esta Ley
en posteriores encarnaciones. Eso explica todas las desigualdades humanas,
todos los diferentes estados o posiciones del ser con respecto a su relación
con los demás. Los distintos grados o niveles de vida. Las diferentes
cualidades o facultades innatas. La astronómica variedad de caracteres y de
potencialidades entre unos y otros seres humanos. Todo ello no esotra cosa que
el fruta correspondiente a lo que cada uno ha sembrado y cosechado en
existencias pasadas. Y si ha dejado al partir al "más allá" ―como el
vulgo llama a los mundos invisibles para el ojo humano―deudas o compromisos
pendientes, también en su regreso a la materia, deberá pagarlas; y las formas
de saldar las cuentas de la Vida en la Naturaleza, o Cosmos, son tan variadas y
extensas como lo son también todas las formas o modos de errar o delinquir en
la insondable magnitud de la Creación...
***
Por
último veremos, entre las muchas otras leyes de la Naturaleza, la LEY DE
SELECCIÓN Y JERARQUÍA.
En
la sinuosa y dura marcha que la Vida impone a todo ser viviente, muy
especialmente al Hombre, sé opera una constante selección entre los más hábiles
y fuertes, entre los mejor dotados y los menos, entre los más inteligentes o
más torpes. De allí resultan las diversas posiciones y la obligatoria selección
de los mejores para todos los puestos o situaciones de esa misma vida, ley que
norma la promoción y ascenso de todos los seres en los diferentes planos y
mundos que pueblan el Universo. Esto es, también, el proceso regulado por la
Ley de Evolución, en consuno con esta, de Selección y Jerarquía. Es lo que nos
muestra el estudio y la experiencia de todos los seres vivos, desde las más
ínfimas especies, hasta los más inteligentes y elevados especimenes que pueblan
la inmensidad de mundos en los dilatados confines del Cosmos...
La
selección es constante, rígida, ineludible. Y conlleva, en sí misma, la
necesidad de dirección y mando. Lo superior subordina a lo inferior, en todos
los niveles de la VIDA, en todos los campos del saber, en todas las
manifestaciones de existencia. Y ello es la base fundamental de la Jerarquía,
en todos los aspectos de esa misma Vida. La autoridad que confiere un nivel más
elevado debe ser respetada por quienes se encuentran en posición inferior. Esto
norma las relaciones entre los reinos de la Naturaleza, y las relaciones y.
actitudes entre los diversos seres que pueblan la Creación. Se observa, por el
estudioso, en la correlación de planos y mundos; y cuando el hombre llega a
desarrollar el sexto sentido la clarividencia y clariaudiencia comprueba que
esta Ley rige, también, en todos los niveles de los mundos invisibles, al
apreciar cómo se manifiesta en las diversas jerarquías de entidades que los
pueblan...
Su
fuerza y fatalismo no puede ser ignorada ni menos evitada por nadie. Por ello,
en los terrenos de la sociología y de la política, siempre los conatos de
rebeldía han terminado por demostrar la ineludible influencia de esta ley de la
Naturaleza, porque del desorden o caos momentáneo, siempre surge, al cabo, el
nuevo líder o los nuevos jefes. La humanidad no puede sustraerse a las fuerzas
de la Naturaleza, porque esas fuerzas la dirigen y gobiernan... Y ello nos
prueba, una vez más, la Suprema Causa o Ser, al que, en todas partes y en todos
los idiomas, se ¡LE HA DENOMINADO DIOS...!
CAPITULO
X
La
Orden Más Antigua y Hermética del Mundo
En
los centenares de cartas que mis Hermanos y yo hemos recibido de todas partes,
la mayoría se interesa por comunicarse, en alguna forma, con nuestra Orden.
Tengo que pedir a todos ellos que me comprendan y disculpen de no poder
satisfacer este noble anhelo, por las razones que se desprenden del contenido
de este capítulo que, en cierta manera, ha de ser la respuesta a todos ellos.
En
primer lugar, como lo hago en el Prólogo, quiero satisfacer ese deseo de
mejoramiento, de superación de muchos, poniendo en sus manos este nuevo mensaje
que lleva los conocimientos y la práctica de las lecciones que estoy
recibiendo, para que ellos, también, puedan conocerlas, practicarlas y
aprovecharlas. Pero no he podido, ni puedo, dirigirme personalmente a todos y
cada uno, por la misma razón que motiva este nuevo libro: Me he apartado del
mundo, de la vida de relación con todo lo que basta ahora era nuestro mundo en
común, para cumplir, con los míos, el plan trazado en conformidad con mis
maestros superiores para estar en condiciones favorables, según sus exigencias,
de viajar a ese otro mundo maravilloso de nuestro sistema solar. Y ello implica
necesidad de aislamiento y de disciplina de observación de normas y reglas que
no podemos romper. Por eso es que escribo este libro como respuesta fraterna a
todos vosotros.
Y en
segundo lugar, a los que específicamente manifestaran deseos de vincularse con
nuestra Orden, dedico este capítulo para que puedan sacar sus propias
conclusiones, dentro de lo que me está permitido revelar sobre Ella...
Al
decir que es la más antigua y hermética de todas las Ordenes Esotéricas del
Mundo, debo explicarlo. Y para ello, he de remontarme a las épocas lejanas del
inicio de las más antiguas civilizaciones pertenecientes al Gran Ciclo
evolutivo, o Revolución Cósmica a que corresponde nuestra era actual. Me
refiero a ese período de 28.791 años que termina el año 2.001 de nuestra etapa
última conocida por la Era Cristiana en los calendarios modernos. Y en este
lapso no tenemos datos concretos de una civilización más antigua que la del
Egipto de los Faraones, porque la etapa atlante, muy anterior en el tiempo,
aunque dejó muchas huellas, no podemos investigarla al detalle por haberse
perdido en la noche milenaria del pasado al sumergirse en las profundidades del
Océano Atlántico.
―Es
por tanto, en el Egipto, que se inicia la historia oficial de nuestra actual
civilización, y por ende la evolución conocida por todos los pueblos de la
Tierra en un lapso de más o menos 10.000 años. Y en tal período, todas las
escuelas iniciáticas o de misterios, como antiguamente se llamaban, nacen como
las ramas de un árbol, del poderoso tronco arraigado en el Egipto. Es en las
riberas del Nilo donde florecen los primeros conocimientos esotéricos, las
primeras nociones de la ciencia hasta hace poco denominada "oculta"
por la necesidad de guardar sus secretos y defender a sus poseedores de la
terrible ignorancia, del fanatismo feroz y de la incomprensión general, que,
hasta hoy mismo, ha ridiculizado y perseguido a los sabios... Ejemplos hay por
miles en la larga historia humana. Y a cada paso, todavía en esta época de los
magnos descubrimientos y de la salida del Hombre a la conquista de los espacios
siderales, vemos' con» se ridiculiza y veja a quienes se atreven a revelar
noticias o conocimientos de campos aún inexplorados, sólo por el ancestral
defecto de nuestra humanidad en no aceptar lo que no se le demuestre con sus
propios medios de análisis y por sus propios métodos... Y en los terrenos de
las dimensiones superiores a la tercera que en este mundo conocemos, es
imposible la demostración directa que requiere de sentidos e instrumentos
correspondientes a la vida en la Cuarta Dimensión, o a planos superiores al
Mundo Astral.
Cuando
el antiguo Egipcio ingresa en la Historia o sea la sucesión de hechos aceptados
oficialmente por esta humanidad― ya en el valle del Nilo existían una
organización y un pueblo con una civilización muy avanzada. Grandes ciudades,
magníficos templos y majestuosos monumentos se levantaban en las orillas del
Nilo, mucho antes que Menes, el fundador de la primera dinastía de Faraones,
reuniera bajo su cetro a todos los jefes militares de distrito ―algo así como
los caballeros feudales de la Edad Media― estableciendo la unificación del
Egipto y el trono de sus reyes, que se extendería a un largo período de sesenta
siglos aproximadamente.
Pero
cuando esto sucedió, la historia del Egipto ya contaba más de dos mil años;
siglos en que su civilización había ido floreciendo bajo un sistema de gobierno
teocrático encabezado por una casta sacerdotal heredera del poder celestial
"de los Dioses" que bajaron del "Reino Divino" para enseñar
y gobernar a los hombres, según rezan los viejos papiros y las pétreas
inscripciones de esas épocas. Fue la etapa del gobierno de los Shesu―Hor, o
mensajeros de Horas, que se decían receptores de la sabiduría divina y de las
órdenes del Cielo...
En
las viejas crónicas de esos tiempos se menciona el descenso de
"dioses" que iniciaron la cultura y civilización en las orillas del
gran río, para dar al mundo su sabiduría y ayudar a los hombres en un sendero
de vida elevada que les permitiera avanzar hacia la superación y los
convirtiera en hijos 'de Dios... De esto se ha hablado en detalle en mi libro
anterior varias veces mencionado. Es lógico pensar ―como en las revelaciones de
"YO VISITE GANIMEDES..." se informa― que fueron extraterrestres tos
seres considerados por los egipcios de la prehistoria con» "dioses".
Y los habitantes de Ganímedes lo han manifestado así: que fueron ellos quienes,
primero desviaron el Nilo, para permitir que floreciera allí esa gran
civilización, y luego formaron una clase de sabios sacerdotes para delegar en
éstos sus labores de instrucción y mando.
Todo
eso, que figura en las antiquísimas crónicas, muy anteriores a las épocas de
los primeros Faraones, confirma la verdad histórica de una etapa considerada
legendaria y fabulosa. Pero hoy que los superhombres de Ganímedes han
declarado, categóricamente haber sido ellos los autores de todo ese asombroso
florecimiento cultural, demostrado por, los grandes monumentos que hasta ahora
causan el asombro de los ingenieros, en algunos casos, no cabe llamar
"leyenda" a lo manifestado por los viejos escribas de esos tiempos.
El traslado obligatorio de monolíticos monumentos como los colosos de Memnón,
que pese a todo el adelanto moderno, no pudieron ser cambiados de sitio sino
cortándolos en trozos, cuando hubo que retirarlos del Valle de los Reyes, al
construirse la Represa de Asuán, nos prueba que los egipcios contaron con ayuda
de tal magnitud, para ciertas construcciones, que ni las más poderosas y
gigantes grúas modernas, empleadas hoy para la construcción de la mencionada
represa, fueron capaces de realizar un trabajo ejecutado miles de años antes
por los egipcios. Y hay que tener en cuenta que dichos colosos de piedra
corresponden a una época muy posterior al período llamado
"legendario" por los escépticos...
Y,
entrando en materia, debemos tener presente que al iniciarse la era faraónica
por el primer Rey Menes, ya existía en el Valle de Gizeh la misteriosa y
formidable Esfinge. Este enorme monumento de granito rojo, que ha intrigado a
la humanidad a través de ocho mil años, fue construido en ese lugar, por
entonces completamente desierto, para coronar un templo y un santuario secreto,
con todas sus amplísimas dependencias, dedicados a la escuela de misterios,
sede oculta de los estudios iniciaticos en donde se preparaba a los sacerdotes
elegidos para gobernar aquel país en los primeros tiempos, bajo la dirección de
los maestros extraterrestres, sucesores de Hermes Trismegisto.
Es
la revelación que hicieran sobre el misterio de la Esfinge, los superhombres de
Ganímedes. Y ese fue en el nuevo período de florecimiento de la civilización
correspondiente a este ciclo, la primera Orden o Fraternidad esotérica, cuna y
madre de muchas otras que al correr de los siglos, se extendieron por el mundo.
El gran misterio de que se rodeaban sus miembros, que podía llegar hasta la
muerte impidió que se conociera su nombre y el secreto de sus reuniones. Pero
con el transcurso del tiempo en las riberas, del Nilo comenzó a difundirse
temerosamente el nombré que las gentes daban a los miembros de esa hermandad
secreta, a quienes no podían conocer personalmente, pero a los cuales se
referían, dentro de la más sigilosa discreción, con» si se hablase de figuras
fantasmas, y ese nombre popular y misteriosamente comentado, fue el de
"HERMANOS DE LA ESFINGE"...
Esta
poderosa organización, de la que salían, al principio, los gobernantes
teocráticos del período de los Shesu―Hor, extendió su influencia a todos los
confines del imperio, y más allá hasta las tierras de la Nubia y el Sudán. Del
templo oculto de la Esfinge partían los grandes iniciados que se destinaba al
gobierno del país del Nilo en aquellos lejanos tiempos. Y cuando, tras una
larga etapa de guerras y conflictos suscitados por los "monarcas" o
jefes, militares de distrito, en su afán por dominar a los grandes
sacerdotes―reyes, culminó esa época al fundar Menes la unión de todo Egipto
bajo su cetro, los Hermanos de la Esfinge, en su acostumbrado hermetismo,
continuaron en secreto ejerciendo su misterioso poder sobre la mayoría de los
Faraones, hasta los tiempos de la decadencia de las últimas dinastías.
Pero
la sabiduría y poder de esa hermandad oculta no se redujo solamente a la clase
sacerdotal. Con el correr de los siglos, milenios más tarde, fueron miembros de
aquella escuela de misterios, hombres laicos y grandes maestros de las ciencias
profanas, como Imhotep, el enigmático y sorprendente constructor de la Gran
Pirámide, y Moisés, el Gran Profeta y libertador de los judíos. A medida que
pasaba el tiempo, esa hermandad de la Esfinge se fue extendiendo más allá de
las fronteras del Egipto, y llevando, secretamente, su influencia y su
sabiduría a tierras cada vez más lejanas. Así nacieron los famosos libros
sagrados que constituyen el Zend―Avesta, fundamentos del "mazdeísmo"
o religión de Zarathustra, o Zoroastro, como se le ha denominado en Occidente,
religión de la antigua Persia, hoy Irán.
Y
siglos más tarde, nace la fraternidad esenia entre los Israelitas. La orden o
Hermandad de los Esenios, una de las más nobles y puras del pueblo hebreo,
conserva mucho del hermetismo egipcio, y su sigilo y discreción, así como su
sabiduría, le aseguran un papel destacado en la historia de ese pueblo. Nunca
perdió el contacto con sus primitivos maestros, los Hermanos de la Esfinge, y
en mi libro anterior se narra la importancia de esa vinculación al explicar el
enigma de la Estrella de Belén.,
Y
los Hermanos de la Esfinge, en esa milenaria marcha por el mundo, cumpliendo la
misión secreta de llevar la antorcha de la LUZ interna a todos los confines de
la tierra, fundan también con su acostumbrado hermetismo, las bases que en
Grecia, con nuevos Ropajes, se conocería después como los Misterios Eleusinos o
de Eleusis, establecidos en la ciudad del mismo nombre, cercana a Atenas. La
sabiduría eterna iba sembrando la verdad oculta en su Sendero de Amor y de
Verdad. Y grandes nombres son conocidos por la antigüedad como los pioneros de
una filosofía que habría que sentar las bases de la naciente civilización
occidental: Sócrates, Platón, su discípulo; Aristóteles, discípulo predilecto
del anterior; Pitágoras; Hipócrates, padre de la medicina; y otros van
construyendo el camino luminoso por donde avanzaría el mundo greco―romano,
padre moderno de la actual cultura...
La
estrella del Egipto declinaba. La decadencia de las últimas dinastías, ya de
sangre extranjera, hacían presagiar el ocaso definitivo, y los Hermanos de la
Esfinge se dispersan en secreto, en los tiempos finales del Imperio, antes de
llegar las horas trágicas de los últimos Faraones de sangre griega, y de la
final conquista del país del Nilo por los romanos...
Roma
dominaba al mundo antiguo, y sus confines alcanzaban ya hasta las costas
lejanísimas de la Britania, hoy Inglaterra. El misterio de la Esfinge
descansaba, al parecer, mientras en las tierras―dominadas por las águilas
romanas, se levantaba, entonces, una nueva antorcha de Luz y de Amor: el
mensaje sublime del Crucificado, la ley del Amor y del Perdón del Cristo, Rey
del Sol...
Y
mientras las legiones de los Césares imponían su política y vigilaban su
religión, heredada de los griegos, la doctrina crística se iba abriendo paso en
todos los confines del Imperio. Así llegaron los días en que la fe del nuevo
culto, abonada por la sangre de los mártires, barrió con las creencias y los
ritos del antiguo paganismo, y el signo de la Cruz se fue extendiendo por la
Europa bárbara...
Pero
los días de amor y sacrificio, de la pureza y de la austeridad primitiva, que
sembrara el Maestro, fueron alejándose, mientras la influencia del lujo y las
tentaciones del poder, a imagen de los Césares, se iban infiltrando, con los
siglos, en el alma de los nuevos jerarcas del cristianismo. El alma humana es
débil ―ya lo sabemos― y la tentación de los reinos de la Tierra con su oropel y
sus riquezas, con el poder y los honores,― fueron dominando a los obispos del
Medioevo, hicieron presa en los jefes de la Cristiandad, y un nuevo imperio
religioso y mundano, más parecido a los tronos de la Tierra que al Reino
Celestial predicado por el Divino Maestro, se enseñoreó del mundo conocido en
esos tiempos, levantando estandartes y tropas, vendiendo el privilegio de los
délos y bendiciendo las espadas que iban a derramar la sangre hermana...
Ante
ese panorama, tan triste y tenebroso, en el silencio y el sigilo de herméticos
lugares, el símbolo cristiano de la Cruz ―el hombre con los brazos abiertos al
Amor― recibió de nuevo el impulso de los viejos INICIADOS... Había que salvar
la Luz Eterna, la Eterna Verdad y el Camino del Amor para que no muriese, en el
caos de las humanas ambiciones, la Senda luminosa hacia los cielos... Y un
símbolo sagrado y esotérico fue extendiéndose, en silencio, por la Europa
Medioeval: el signo de la ROSA Y DE LA CRUZ...
Y en
las nuevas escuelas Rosa―Cruces, volvieron a encontrarse los milenarios
emblemas alegóricos, los simbolismos eternos que hablan de las cósmicas
verdades, las enseñanzas del Amor, de la Paz y de la Luz, de la intima
preparación para el camino de los Cielos, que miles de anos antes enseñaran los
Hermanos de la Esfinge, en las fértiles riberas del gran río...
Corrieron
los años. Pasaron los siglos y, a medida que se alejaban las centurias de
superstición y de ignorancia del Medioevo, en el mundo occidental iban entrando
las antorchas de luz de diferentes escuelas esotéricas. Ya se hablaba, con
sigilo y con temor, de varios nombres: Rosacruces, Lamaístas del Tibet o de la
India, Caballeros de San Juan, Caballeros del Tempo o Los Templarios,
Caballeros de la Mesa Redonda, y otros nombres eran pronunciados, todavía en
círculos cerrados y secretos, porque aún persistía en muchas partes la
terrible, fanática y cruel persecución de la mal llamada Santa Inquisición, y
eran tratados como herejes y brujos los sabios que buscaban y enseñaban las
grandes verdades de la Naturaleza y los grandes conocimientos sobre el Cosmos...
Así
corría el Tiempo, y a esa lista de nombres y de Ordenes secretas vinieron a
juntarse otros nuevos, tales como los de Martinistas, Francmasones, Teósofos y
ahora los Acuarianos de la Oran Fraternidad Universal.
Pero
el conocedor de este terreno, el versado en temas esotéricos, el estudioso y
observador comparativo de las enseñanzas de las diferentes Ordenes, encuentra
en todas ellas, tras del ropaje externo de los símbolos y de las alegorías, de
los ritos o ceremonias más o menos esotéricas, la misma esencia, igual
metodología sustancial, iguales metas y ejercicios para alcanzar las cimas
luminosas de la Perfección y de la Gloria... En otras palabras, como dije al
comenzar: el mismo árbol frondoso que alimentó muchas ramas en el correr de los
siglos, pero que mantuvo fresco y puro el añoso tronco...
¿A
cuál de esas ramas pertenecemos el grupo que recibiera esta misión?
---preguntarán ustedes---. Y esto sí que no puedo contestar porque los Hermanos
menores de nuestra Orden debemos guardar un voto de silencio acerca de muchos
aspectos de la institución. Básteles saber que ese nombre se encuentra en la
lista de las más antiguas, y que si todas son ramas de un mismo tronco, ¿qué
más da uno u otro nombre...?
Hipócrates
y el Caduceo
Antes
de terminar este capítulo debo mencionar algo que ha de tener repetida
influencia en el método de educación y en el desarrollo del proceso de
transformación personal de los educandos: el profundo significado hipocrático
de las lecciones y de las dietas alimenticias, cuando entremos a explicarlas.
Al
decir "hipocrático" todos van a pensar, inmediatamente, que se trata
de aspectos relacionados con la medicina, pues es por todos conocida la figura
del sabio griego, padre de la Medicina. En cierto modo sí tendrá alguna
relación, en cuanto se refiera a determinados regímenes y a varios de los
ejercicios y normas de conducta que el discípulo ha de practicar. Pero lo más
importante, lo verdaderamente trascendental, es lo concerniente a la parte o
faceta esotérica del famoso médico y maestro de Grecia en el siglo V antes de
Cristo.
Hipócrates
fue médico y su fama como tal lo ha llevado a ser patrono y paradigma de esa
ciencia en nuestra humanidad. Mas, al mismo tiempo, era un iniciado, secreto
como todos, en los Misterios de Eleusis, y su famoso CADUCEO, adoptado por la
Medicina como símbolo mundial, es en verdad, una lección oculta del proceso que
sigue el Hombre para alcanzar la suprema perfección.
Esto
no ha sido conocido por la generalidad de las gentes, ni aun por los mismos
médicos en su mayor parte. El Caduceo, esa figura que representa una varilla
con una esferita como cabeza, con dos alas de águila un poco más abajo y dos
serpientes o víboras que se enfrentan una a otra entrelazándose en torno a la
varilla, aparece en toda la Tierra, como el emblema o signo de la Medicina y
sus diversas ramas. Pero debemos conocer su verdadera historia y el porqué de
su uso por Hipócrates, que lo hizo pasar a la posteridad.
Los
profanos, y entre ellos la mayoría de los médicos en todo el mundo, piensan del
Caduceo como una figura caprichosa escogida al azar entre el fárrago de
alegorías fabulosas de la mitología griega. Los mismos diccionarios de todos
los tiempos, muy particularmente los modernos, atribuyen un significado que no
es el real, o sea el verdadero significado oculto que Hipócrates le diera, al
tratar con sus discípulos en la hermética situación de los pocos escogidos para
el camino iniciático.
La
explicación profana se basa en una leyenda o fábula que se refiere al dios
Mercurio, representado en las estatuas con un Caduceo en una mano: Dicen que
Mercurio, dios del Comercio en la mitología helénica, pasaba un día por un
camino y vio a dos víboras empeñadas en feroz combate. Apiadado de los
reptiles, los separó con su báculo evitando que se mataran. Como se ve, no
puede ser una explicación más infantil ni inútil.
En
cambio, el significado hipocrático es profundo y abre las puertas del alma a
todo un estudio que abarca la evolución completa del Ser. La varilla representa
al Hombre, al ser humano sin distinción de sexo. La esfera o bola superior de
la vara alude a la cabeza. Las dos serpientes que se entrelazan en torno,
manteniendo sus cabezas frente a frente a un mismo nivel, son las fuerzas del
BIEN y el MAL, constantemente en lucha en el alma humana; fuerzas cósmicas a
las cuales hay que dominar para que un perfecto equilibrio mantenga la armonía.
Y las alas dé águila bajo la bola superior de la vara, son el emblema de la
PERFECCIÓN, o dominio absoluto y superación del Ser, que, a manera de las
águilas, puede "volar a las cumbres de la Gloria" cuando ha dominado
todas las pasiones y, señor absoluto de sí mismo, es capaz de elevarse a las
cumbres esplendorosas de la SABIDURIA, del PODER y del AMOR...
SEGUNDA
PARTE
Los
Pilares del Entrenamiento
CAPITULO
XI
La
Visita al Pasaje Secreto
Habían
pasado varios meses desde nuestro arribo a Janlitpur. El Maestro se mostraba
satisfecho con nuestra conducta y trabajo. Según él, íbamos progresando, y nos
avisó que nos preparásemos para un viaje corto, de tres días, en que nos
llevaría a conocer el pasaje secreto que sirvió, durante siglos, a los antiguos
Hermanos para ingresar o salir de aquel lugar, cuando no se conocía, aún, los
helicópteros. Marcharíamos con él, dejando a los niños al cuidado de la
española.
Mi
mujer y yo estábamos intrigados por los preparativos: cada uno de nosotros
deberíamos cargar con un pesado equipaje en el que figuraban ropas muy gruesas,
tipo masculino iguales a las que usan los escaladores de los nevados picos de
los Himalayas. También, en cada carga personal, conducíamos un par de gruesas y
compactas botas que fácilmente se podían usar encima de nuestros zapatos
corrientes. Además llevaríamos alimentos conservados, de los que se elaboran en
el laboratorio―taller mencionado en capítulos anteriores, amén de linternas de
aceite y utensilios para cocinar y comer.
No
supimos el porqué de tanto equipo para una salida tan corta. Pero Rahmojan nos
dijo que esos tres días serían muy útiles a nuestra preparación, que en ese
viaje aprenderíamos lecciones muy importantes. Y nuestra curiosidad no pudo ser
satisfecha, tampoco, por nuestros compañeros del Hogar, pues al preguntárseles
sobre ese tópico, sonreían y guardaban discreto silencio. Ante nuestra
insistencia con la española, a la que más confianza le teníamos, se había
limitado a contestar:
―Ya
verán ustedes; el Maestro nunca hace nada por capricho. Siempre tiene una razón
y un motivo importante... Esperen y verán, por sí mismos, lo que tiene que
enseñarles...
Así
llegó la mañana en que nos pusimos en marcha. Después del desayuno de frutas,
pan integral y leche de cabra con yogurt, salimos con Dumpbahar, cargados con
gruesas mochilas en que nos repartimos la carga, cuidando que Rosita condujera
el menor peso. Un detalle que me había intrigado sobremanera fue que los tres
bultos iban dentro de fundas herméticas a prueba de agua. Como le preguntara al
Maestro el porqué de tal precaución, me miró con su característica sonrisa, y
en el toso serio y paternal de siempre, repuso: ―
―Debes
acostumbrarte a dominar la curiosidad, cuando se te ha dicho que te van a
enseñar algo nuevo. Ya sabes que no se puede avanzar en el Sendero si no
dominamos todos nuestros impulsos y deseos... En el momento oportuno sabrás
para lo que sirve todo esto...
Caminábamos
siguiendo el cursó del riachuelo, en dirección opuesta a la cueva de las
estalactitas, y pasábamos por los campos de cultivo en que se daba todos los
elementos vegetales de nuestra diaria alimentación. Allí, en diferentes
sectores, se cosechaba las hortalizas, las verduras y las frutas, los granos y
legumbres empleados para el sostenimiento general de la colonia. Y a un
extremo, a la derecha del río, llegamos a pasar delante de los corrales en
donde pastaban las cabras que nos proporcionaban su leche, requesón y yogurt.
Ya los habíamos visitado otras veces y yo, con el israelita y el árabe,
trabajamos, periódicamente, en ese sitio.
Seguimos
de frente, hacia el fondo del valle. Era una mañana muy hermosa. El sol
alumbraba de lleno y sus cálidos rayos temperaban la fresca brisa que bajaba de
las cumbres. Nos sentíamos alegres y animados, marchando como colegiales
traviesos en un paseo de rutina con el profesor. Cerca de una hora que
saliéramos del Hogar, y ya veíamos un pequeño bosquecillo, al fondo, en cuya
dirección se perdía el curso de agua.
―Descansen
un rato ―indicó el Lama―. Tu señora merece un premio por su fuerza y voluntad.
Pero debemos guardar energías para el trayecto; aún estamos comenzando y nos
falta lo más duro...
Nos
descargamos las mochilas y nos sentamos sobre unas piedras.
―Sé
que arden en deseos por conocer el motivo de este viaje. En él van a practicar
nuevos ejercicios y aprender algo que sólo con la experiencia personal se puede
grabar en cada uno... Pero las explicaciones han de venir después, cuando
llegue su momento... Sin embargo, ya ustedes saben que lo principal, en este
adiestramiento es fortalecer la voluntad, para con ella trabajar en el dominio
absoluto del pensamiento. Han venido aprendiendo las lecciones básicas de la
teoría fundamental. Pero la teoría, sin la práctica no vale gran cosa. Conoces,
ya, que toda la vida interior del Ser gira en torno a su manera de pensar,
porque según el hombre piense así serán sus acciones, así será so vida.
Nuestros actos son el fruto de nuestras ideas, y si nuestra mente es débil,
enfermiza por falta de energía y dé pureza, así, igualmente, será el resultado
de nuestras acciones. Nuestras pasiones, actuando libremente sobre nuestra vida
interna, generarán toda la serie de errores que vemos en la humanidad. Y las
pasiones, las influencias nocivas de nuestra Alma enferma no se pueden arrancar
si no tenemos el carácter suficientemente fuerte para reconocer, primero, su
artero ataque y oponer, después, toda la fuerza de nuestra voluntad al tratar
de liberamos de su nefasta influencia. Para ello, por tanto, hemos de educar la
voluntad, fortalecerla en toda forma, de manera que seamos vencedores y no
vencidos. El cultivo de la voluntad requiere de ejercicio, de adecuado
entrenamiento, como la gimnasia que práctica el deportista para desarrollar y
fortalecer sus músculos.
Igual
pasa con la voluntad cuando queremos desarrollarla. No basta conocer los
métodos. Hay que practicar los ejercicios y enfocar las metas que nos
proponemos alcanzar. Y uno de los principales blancos a los que debemos
apuntar, como quien practica el deporte del tiro, es la conquista del valor y
la destrucción del miedo. Porque el fantasma del miedo, el temor común que a
todos acomete, en diferentes grados y con infinidad de motivos, en la diaria
lucha por la vida, es lo quemas contribuye a trastornar la vida interna,
afectando, incluso, hasta la fisiología y d metabolismo. Los cobardes no pueden
aspirar al triunfo y dominio de los planos superiores de existencia. Menos
podrán pretender ingresar a mundos superiores al nuestro, en donde sólo tienen
cabida los que han vencido las bajas pasiones, los pueriles temores y la
debilidad propia de los seres primitivos o subdesarrollados. En esta travesía
vais a poder practicar algo de esto, para ayudar a fortalecer vuestro carácter,
sin lo cual no podríamos continuar adelante hacia lecciones que requieren, cada
vez más, de una fuerte voluntad y de un cada vez más educado pensamiento...
Había
transcurrido un cuarto de hora. El Maestro decidió continuar el viaje, y
recuperando las mochilas nos pusimos en marcha nuevamente. Nos acercábamos a un
gran muro de rocas enormes, como una pared gigantesca en que la montaña se
elevaba a cientos de metros del lugar, en que ahora llegáramos. Un pequeño
grupo de árboles y abundantes matorrales cubrían la base de aquel precipicio, y
en ese diminuto boscaje penetraba el riachuelo, perdiéndose entre el monte. .
Ingresamos
en la espesura, guiados por el Lama, y nos encontramos ante la obscura abertura
de algo así como un túnel que se adentraba en la montaña. Por el centro de ese
boquerón corría el curso de agua en dirección a las entrañas del cerro. Nos
detuvimos.
―Saquen
las botas y cálcenlas, sin quitarse los zapatos.
Abrimos
las mochilas, imitando a Rahmojan, y después de ponernos las gruesas y pesadas
botas, que nos cubrían hasta las rodillas, miramos al Maestro.
―Ahora,
cierren bien la envoltura hermética impermeable, asegurándose deque las bandas
de plástico adhesivo tapen todos los intersticios del cierre y síganme..;
Nuevamente
con las mochilas puestas, penetramos tras él en la obscura senda. Dumpbahar
marchaba adelante llevando en una mano el farolillo de aceite, encendido, y
tanteando el piso con su vara. Nosotros hicimos lo mismo y nos fuimos
adentrando en las entrañas de la montaña. Caminábamos con lentitud
alumbrándonos con los faroles. Las botas eran muy pesadas y de un material duro
y muy grueso, con un barniz impermeable y acolchadas por dentro, lo que
molestaba, algo, al caminar. Además, la completa obscuridad reinante en ese a
manera de túnel, posiblemente horadado por la acción de las aguas durante
milenios, y la irregularidad del suelo, no permitían hacerlo en otra forma
íbamos en columna india, el Lama adelante, mi esposa al centro y yo atrás.
Seguíamos al borde del riachuelo, en los sitios en que sé podía pisar en firme
y seco; pero, a cada instante, había que penetrar en el curso de agua, de muy
poco volumen, hasta encontrar nuevos tramos con orillas secas.
Así
estuvimos andando por aquel pasaje en un largo trayecto, rodean―do enormes
rocas y pequeños remansos, del sinuoso riachuelo que se adentraba en el seno de
la cordillera, sin saber cuánto duraría tan extraño viaje. Calculé que habrían
pasado, por lo menos, dos largas horas. Nos sentíamos cansados. La humedad y el
aire viciado nos molestaban y fatigaban. De rato en rato el Maestro se volvía a
mirarnos. Sonreía en silencio, y continuaba su marcha. Mi mujer se apoyaba en
mi brazo y me miraba, sin atreverse a decir nada. Pasó otra media hora, en mi
reloj, y creí que no podríamos continuar, Pero saqué fuerzas de flaqueza.
Recordaba las palabras de Rahmojan, y no quería parecer un niño engreído.
De
pronto el camino se agrandó. Llegamos a una amplia caverna en cuyo centro se
veía una extensa laguna alimentada por el riachuelo. En una pequeña playa,
cubierta de peñascos, nos detuvimos por indicación del Lama y nos sentamos en
el suelo.
―Muy
bien; veo que se portan muy satisfactoriamente ―comentó―. Descansaremos un rato
para recuperar energías pues todavía falta un buen trecho...
Nos
sentíamos agotados, sin fuerzas ni para hablar. No dijimos nada. El inspeccionó
previamente el lugar hurgando todos los rincones con el farol y la vara.
Después se tendió en d suelo junto a nosotros y cerró los ojos. Pensamos que
iba a dormir, pero no nos animamos a imitarlo. Aquel recinto, a la parpadeante
luz de las linternas, ofrecía una serie de aspectos fantasmagóricos. Las
sombras de las rocas se movían por la vacilante luz de las tres llamas de
aceite, y el efecto daba la impresión de que tuvieran vida y movimiento. Mi
mujer se había recostado en mi hombro, y yo velaba nervioso y cansado pero sin
atreverme a cerrar los párpados.
No
sé cuánto duró ese descanso. Me desperté al sentir que alguien me movía el
hombro. Me había quedado dormido, sin darme cuenta, y el Lama estaba junto a
mí, de pie, sonriendo. Nos dijo que teníamos que despojarnos de las ropas,
conservando sólo las prendas interiores, porque íbamos a vadear la laguna, la
única manera de poder continuar. Yo miré a mi mujer en silencio. Ella,
confundida, no sabía qué partido tomar.
―No
duden ―dijo él, con voz autoritaria―; deben recordar lo que hemos hablado del
carácter... y estamos en la intimidad de Hermanos unidos en un mismo
propósito...
Dando
el ejemplo, se quitó las botas, conservando las sandalias; guardó sus ropas
dentro de la mochila y se quedó sólo con una misa. Yo lo imité y Rosita no tuvo
más remedio que hacer lo mismo, permaneciendo únicamente con el sostén y el
calzón. La temperatura en la caverna era templada, pero el agua estaba muy
fría. El nos guiaba. A la luz de los faroles no se alcanzaba a ver el otro
extremo de la laguna. La profundidad no era mucha: nos llegaba hasta la
cintura. Así avanzamos un buen trecho; pero nos dimos cuenta que la profundidad
iba aumentando, hasta que el agua nos llegaba ya hasta el cuello. Rahmojan
seguía imperturbable y nosotros no podíamos hacer otra cosa que seguirlo. Al
fin distinguimos que la cueva se angostaba hasta llegar a un nuevo túnel. El
piso subía casi con brusquedad, y en pocos minutos estábamos otra vez fuera de
la laguna, avanzando por el lecho del río. Así caminamos unos minutos más, y
llegamos a otra minúscula playa.
―No
salgan del agua ―previno el Lama―; voy a inspeccionar si no hay víboras...
Y
con precaución alumbró todos los contornos de ese espacio abierto y las piedras
que en él habían.
―Podemos
vestirnos con tranquilidad ―comentó sentándose en una roca y abriendo la
mochila.
Mi
mujer y yo seguimos su ejemplo. Nos despojamos de las prendas mojadas y nos
vestimos de nuevo. Por indicación de él, esta vez nos pusimos toda la ropa que
traíamos y dos pares de medias gruesas bajo las botas.
―Ahora
tenemos que caminar con mucho cuidado ―nos dijo― porque vamos a entrar al
último tramo, y antes de salir hemos de pasar por una zona llena de víboras.
Mi
mujer hizo un gesto. Yo le apreté suavemente la mano. Rahmojan se rió.
―Hay
que dominar el miedo. Recuérdenlo bien. Por eso hemos traído estas botas
especiales...
Volvimos
a cargar con las mochilas y nos metimos otra vez en el cauce del riachuelo.
Caminábamos despacio y alumbrando el suelo con los faroles. El ―Lama
inspeccionaba detenidamente los contornos y hurgaba con la vara antes de
avanzar. Así continuamos un rato hasta que una lejana luz nos anunció la
cercanía de la salida. Pero a medida que nos aproximábamos al término del
túnel, vimos qué a ambos lados del curso de agua brillaban en la oscuridad
puntitos luminosos que aparecían y desaparecían. Comprendí que eran los ojillos
de un regular número de ofidios que, entre las peñas, huían asustados por la
luz de las linternas. Estábamos cerca ya, a un boquerón por donde penetraban
los rayos del sol y a la luz del atardecer pudimos ver que por las orillas del
riachuelo y entre las peñas de la ribera, se deslizaban numerosas serpientes.
Mi
mujer no pudo contener un grito ahogado. Yo la abracé. Dumpbahar nos miró en
silencio y prosiguió su marcha impertérrito. ―¡No se detengan!
Haciendo
un esfuerzo, obligué a Rosita a seguir, abrazándola. En efecto, había que salir
de ese lugar lo antes posible. Y mirando dónde poníamos los pies, dentro
siempre del agua, que ahora corría tumultuosamente, llegamos hasta la salida
del boquerón. Allí, en ambos lados, crecían matas que bien podían ocultar
alguna víbora. En el momento de trasponer los últimos peñascos de la entrada,
vi que un objeto, con la rapidez del rayo, saltó sobre la pierna del Lama. Una
serpiente como de medio metro de largo había clavado sus dientes en la gruesa
bota, quedando unos segundos, como prendida del duro material. Sin embargo fue
tiempo suficiente para que el Maestro, con un rápido golpe de vara la arrojase
contra una piedra, aplastándole la cabeza con otros dos golpes más...
Corrimos
fuera. Estábamos en una quebrada descendente, en las estribaciones de una
majestuosa cumbre nevada, y por ella se despeñaban las aguas del riachuelo
hasta perderse en la distancia. Más o menos a unos trescientos metros abajo del
sitio donde nos habíamos detenido, se divisaba una cabaña en la soledad de
aquel paraje. Fuera de ese detalle, no se advertía la menor señal de vida
humana o animal en todos los contornos.
―Vamos
para allá ―nos explicó nuestro guía―. Ya está cayendo la tarde y en ese sitio
podemos pasar la noche para regresar mañana temprano.
Por
el trayecto nos contó que se trataba de un albergue construido por los monjes,
muchos años atrás, cuando aún no disponían del helicóptero; y que allí
reposaban, a la ida y al regreso, cada vez que tenían que viajar por algún
motivo de importancia.
―Después,
ya nadie le ha dedicado mayor atención. Este lugar está alejado de todas las
rutas conocidas, y si alguien hubiera venido hasta aquí habría supuesto que se
tratara de un albergue de "sherpas" o guías de los montañistas.
Al
llegar a la cabaña la encontramos con huellas inconfundibles de no haber sido
utilizada en mucho tiempo. Pero se hallaba en buen estado de conservación. Las
paredes de piedra resistieron bien el paso de los años, y las maderas que
sostenían el techo de paja aún cumplían su cometido. Por lo demás, en un páramo
desierto como ése, no dejaríamos de contar con cierta relativa comodidad.
Adosados a las paredes vimos hasta cinco toscos lechos de piedras cubiertos con
pieles de cabra, y en el centro de la estancia se apreciaba, aún, los restos de
un hogar en el que se había encendido fuego muchas veces, a juzgar por las
cenizas. Lo único que faltaba era la puerta. Al parecer, nunca la tuvo.
―No
importa ―comentó el Lama― Aquí sólo han pasado, siempre, una noche... y con
nuestros modernos sacones de dormir no nos irá del todo mal.
Eran
las cinco de la tarde y sentíamos hambre. Teníamos una cocinilla portátil de
kerosene y dos ollas, amén de los alimentos que portáramos en las tres
mochilas. Rosita se dispuso a preparar la cena y, mientras tanto, yo me puse a
conversar con Dumpbahar. El estaba satisfecho de cómo nos habíamos comportado.
Esta experiencia iba a sernos muy útil para retemplar el carácter y acentuar
nuestro sentido de la obediencia y afirmar la disciplina encaminada al mejor
logro de nuevas pruebas, en el proceso de afianzamiento del YO superior
interno. Nos explicó muchas de las pruebas que, en todos los tiempos, han
tenido que cumplir los aspirantes a la Iniciación, y nos adelantó que, dentro
de poco, pensaba prepararme para un primer ensayo de ingreso voluntario y consciente
en la Cuarta Dimensión.
―Pero
eso no es posible intentarlo mientras no se haya vencido totalmente el fantasma
del miedo. Tenemos que ser absolutamente serenos. Evitar toda forma de temor,
como ya les he dicho. Si no logramos alcanzar una calma absoluta, una serenidad
a toda prueba, no podemos pensar en enfrentarnos a los peligros morales,
mentales, intelectuales, psíquicos y físicos de la Cuarta Dimensión. Una cosa
es que en ella actuemos, todos los días y todas las noches, de manera
inconsciente, y otra, que pretendamos hacerlo a plena consciencia. Todas las
noches, al dormir, penetramos en la Cuarta Dimensión. Pero lo hacemos sin
conciencia de lo que está sucediendo. O sea que no nos damos cuenta cabal del
fenómeno que estamos viviendo. Y así, pasamos por ella, o actuamos en ella sin
que nuestro cerebro capte directamente nada, porque, en cierta forma, está
desconectado de nuestro YO interno. Se encuentra reposando, como lodo el
organismo físico, para el trabajo de recuperación que hace, entonces, nuestro
Doble Etérico o Cuerpo Vital. Pero al mantener el contacto con el cerebro, en
el pase consciente, las manifestaciones de este plano de la Naturaleza pueden
atacar, directamente, a nuestro organismo psíquico y físico. Debe recordarse
que la Cuarta Dimensión es el asiento de todos los diferentes aspectos de la
vida emocional, y que en ese mundo o plano de la Naturaleza, habitan multitud
de seres, desde los más elementales, como este mismo nombre da a entender,
hasta los más puros y bellos exponentes de la superación humana y suprahumana.
Pero no están juntos, por lo regular. Los superiores se encuentran en los
subplanos más elevados y, aun cuando pueden pasar o ingresar en los niveles
inferiores, no lo hacen de continuo sino en casos especiales, o en cumplimiento
de misiones específicas. En cambio, los seres más atrasados, los múltiples
exponentes de la degradación humana y de las fuerzas inferiores de la
Naturaleza, no pueden subir a los subplanos superiores y se encuentran
pululando en los bajos niveles que, precisamente, son a los que de manera
forzosa han de entrar quienes estudian todo esto...
Cuando
se ingresa voluntaria y conscientemente, y eso tiene que ser de forzosidad por
los planos inferiores, quienes no han alcanzado los niveles superiores de la
evolución ―y así está la mayoría de nuestra humanidad― se ven rodeados por una
multitud de seres de las más grotescas, repugnantes y horribles formas que sea
dable imaginar. Engendros verdaderamente diabólicos acosan al visitante, se
burlan de él y lo amenazan. Porque las entidades que. pueblan esos subplanos
constituyen las más bajas y atrasadas formas de vida entre los espíritus de la
Naturaleza, y junto a ellas se encuentran en esos niveles las almas de los más
atrasados especimenes de nuestra humanidad.
Todos
los criminales, viciosos y pecaminosos seres que han fallecido en tal estado en
nuestro mundo físico, habitan en esos subplanos hasta que su gradual adelanto
moral y espiritual les permita subir a niveles superiores.
De
tal suerte es lógico suponer el sufrimiento, las mortificaciones y terribles
impresiones que esperan en tales lugares del Cosmos a quienes penetren en ellos
sin la debida preparación. Cuando este ingreso es involuntario e inconsciente,
como puede suceder, durante el sueño,― esas reacciones no afectan directamente
al ser integral, porque su parte física, incluyendo el cerebro y el sistema
nervioso están separados del alma, que es la que penetra en aquellos sitios.
Esta es la razón de algunos sueños terribles que suelen tener determinadas
personas. Pero la impresión es pasajera al no llegar, de lleno al organismo
físico. Sin embargo, muchos tendrán recuerdo de las impresionantes experiencias
y hasta del malestar físico experimentado en tales ocasiones. Además, en esos
casos, nuestros protectores invisibles, aquellos seres que las religiones
denominan "el ángel guardián" protegen al durmiente que
involuntariamente se ha puesto en contacto con aquellos subplanos... Pero,
cuan―do en uso del libre albedrío, se ingresa voluntariamente en ellos, tal
protección queda anulada y es de toda responsabilidad para el sujeto sus
acciones y, por tanto, las correspondientes reacciones o efectos que ha de
tener, como ya lo viéramos al tratar de la Ley de Causas y Efectos. Y el que no
está preparado adecuadamente, ha de sufrir, con toda justicia y lógica, las
con―secuencias de su irresponsable conducta. De ahí los nocivos y variados
resultados que tal incursión pueda ocasionar al ignorante y al imprudente. Las
consecuencias, dentro de la gran variedad de casos que se puede presentar,
llegan a una infinidad de fenómenos psíquicos, mentales y físicos que van desde
pequeños trastornos en el sistema nervioso y cerebral, hasta tremendas
conmociones de todo el organismo, graves enfermedades mentales, desequilibrios
orgánicos y hasta la misma muerte violenta por súbitas reacciones sobre el
sistema cardio―vascular. Muchos ejemplos de todo esto los tenemos en las
diversas manifestaciones que presentan algunos viciosos, como los alcohólicos
en los casos de delirium tremens, y el de los drogadictos que, mediante una u
otra pócima alucinógena de las que hoy se emplean, desgraciadamente, en muchos
sitios, pueden, momentáneamente, romper la barrera del mundo astral, con toda
la secuela de terribles consecuencias que ello ocasiona y que tos médicos
psiquiatras conocen perfectamente en sus tristes resultados.
Pero
a los que su preparación adecuada les ha permitido un previo desenvolvimiento
de todas sus facultades, una transformación gradual y positiva de todo su ser,
alcanzando la pureza moral y la fortaleza integral de sus respectivos vehículos
fluídicos superiores, aquella experiencia no entraña el menor peligro ni
molestia, pues al haber logrado tal adelanto de su YO interno, poseen ya un
aura resplandeciente y el poder luminoso de esa aura ahuyenta, pone en fuga a
todos esos engendros, porque es muy cierto el aforismo antiguo y popular de que
"la luz vence a las tinieblas"... Los rayos de diversa coloración y
de diferente energía luminosa de las auras, según las condiciones en que se
encuentren sus poseedores, atraen o repelen a las entidades del astral o Cuarta
Dimensión, por lo mismo que hemos explicado al tratar sobre las leyes de
atracción y repulsión, de afinidad y semejanza... Y un aura sucia, débil y poco
luminosa, con rayos emitidos por las bajas pasiones y la imperfección del ser,
atraen a los elementos semejantes; como el esplendor y hermosa luminosidad de
las auras fuertes y puras repelen, dominan y hacen huir á sus contrarios... Por
todo esto, quien penetra en esos planos de la vida en tales condiciones es como
si estuviera protegido por una invulnerable armadura, y puede discurrir por
esos subplanos sin verse afectado por ellos y pasar a los subplanos superiores
sin la menor molestia, en la misma forma en que lo hacen todas las almas y
espíritus elevados y puros.
Mi
mujer terminaba de preparar la comida. Las últimas luces del Crepúsculo
alumbraban tenuemente la cabaña, y nos sentamos en los toscos lechos de piedra
para repartirnos, fraterna y alegremente, la frugal cena, consistente en una
sopa de legumbres y un guisado a base de carne vegetal, mezcla de pasta de soya
y gluten, con arroz, y una porción de pan integral preparado con harina de
camote y soya, amén de las correspondientes porciones de requesón con miel de
abejas. ,
Terminada
la cena, sin desvestimos, nos metimos en nuestras bolsas de dormir, cada uno en
su camastro, y nos dispusimos al reposo que buena falta nos hacía...
***
Con
los primeros resplandores de la aurora estábamos ya listos para emprender el
regreso. Después de un desayuno de fruta, pan y requesón con miel, cargamos
nuestros bultos y nos dirigimos cuesta arriba hacia el boquerón de las víboras.
Al llegar, el Lama recogió tres ramas fuertes y secas y con ellas preparamos
unas teas amarrando en los extremos paja embebida en grasa disuelta con
kerosene de la hornilla.
―Ahora
vas a marchar tú por delante― me dijo.
Comprendí
que quería probarme. Y encendiendo las antorchas, penetramos en el boquerón
caminando, otra vez, por el centro del curso de agua. Avanzamos con toda
prudencia, alumbrándonos con las teas, que proyectaban una fuerte luz, y
moviéndolas hasta cerca del suelo para ahuyentar a las serpientes. Esta vez me
sentía más seguro de mí mismo y pude ver claramente cómo los ofidios huían al
avanzar nosotros, por temor al fuego. Así pudimos caminar más rápido, hasta
llegar a la pequeña playa en donde nos habíamos vestido al salir de la laguna.
Ahora, el asunto era a la inversa. Con la experiencia anterior, todo fue más
fácil. Cruzamos la laguna y nos cambiamos al salir de ella. Pero estábamos
frescos, y no hubo necesidad de descansar como la otra vez.
De
tal suerte, el viaje de regreso nos pareció mucho más corto, y al promediar el
día llegábamos a nuestro Hogar, en donde nos esperaban con un suculento
refrigerio vegetariano. Los chicos nos abrumaban a preguntes, y nuestros
compañeros de vivienda, guiñando un ojo, nos preguntaban, con sorna, cómo nos
había ido. En particular, Maruja, la española, que al servir las viandas, se
dio tiempo a comentar:
―No
podíamos decirles nada, para que pudieran aprender esas lecciones por cuenta
propia...
capitulo
XII
Cultura
del Pensamiento y de la Voluntad
Conforme
se ha manifestado en capítulos anteriores, la base de toda enseñanza esotérica,
encaminada hacia el logro de la superación personal, radica, enteramente, en él
fortalecimiento de la voluntad y su aplicación al control o dominio del
pensamiento, para que no seamos juguetes de una mente indisciplinada y loca,
sino los dueños absolutos de ella. Y esto no puede lograrse tan fácilmente como
pudieran suponer los neófitos. El profano se imagina que es muy sencillo
gobernar su pensamiento. Pero, en la práctica, tan fútil, como ligera creencia,
resulta equivocada, ante los escollos que hay que sortear y las dificultades
que surgen desde los primeros ensayos.
No
hay nada más difícil que dominar el pensamiento, para quienes no están
entrenados. La mayoría de las personas piensa ligera y frívolamente. Sus ideas
se suceden unas a otras, muchas veces sin la menor hilación de unas con otras.
Juegan como niños en recreo, saltando de uno a otro asunto, y no se fijan en
algo sino cuando una preocupación mayor acomete al sujeto.
Así,
la mayoría de la gente pierde un tiempo de valor inestimable; pero, también,
desconoce cuánto podría ganar, en todo sentido, si pudiera fijar su atención en
motivos de cierta importancia, en temas de indiscutible utilidad, en fines
benéficos y positivos, en vez de malgastar horas, días y años en futilezas,
cuando no en negativas metas y perniciosos propósitos. Ya se ha dicho que
seremos según pensemos. Que el pensamiento moldea la acción, y que ninguna
acción mala puede provenir de un pensamiento bueno, como ningún acto bueno
puede ser fruto de una mala idea.
En
los más diversos campos de la actividad humana, es primero el pensamiento el
que planea los hechos, y las acciones de todos son el reflejo directo de su
modo de pensar. Y si se piensa mal, se actúa mal. No podemos imaginar una idea
deforme, incompleta o malévola, generando una acción armónica, eficaz y buena.
El .pensamiento alocado no puede lograr consecuencias equilibradas y firmes. El
planteamiento ideológico de algo, ha de producir hechos o fenómenos
directamente relacionados con el motivo de ese mismo plan y estrictamente
vinculados al mismo. Todo lo contrario sería absurdo.
Pero
cuando tratamos de mantener nuestro pensamiento enfocando hacia determinado
punto o tema, si no estamos acostumbrados a concentrarnos y retener la atención
en un sólo sentido, en una sola dirección, vemos que el pensamiento vuela como
una mariposa de flor en flor... Hagamos la prueba. Tratemos de fijar la mente,
durante cierto ―tiempo, en un motivo cualquiera. Comprobaremos que, a los pocos
segundos o minutos, el pensamiento se nos escapa, salta de un asunto a otro,
corre en una serie dé antojadizas imágenes, de una a otra cosa, como un niño
travieso a quien quisiéramos mantener junto a nosotros, y que nos burla a cada
instante... Por lo tanto, si queremos prosperar en el camino de nuestra propia
superación, debemos aprender a dominar nuestro modo de pensar, a fijar todo el
tiempo que se nos antoje nuestro pensamiento y obligarlo a ser nuestro fiel
servidor, en vez de ser él quien nos maneje como títeres.
Y
esto no se consigue sino a costa de un largo entrenamiento, para lo que hace
falta una firme voluntad; pues si no tenemos voluntad no podemos realizar gran
cosa, y una voluntad fuerte y capaz de vencer cualquier tropiezo, requiere de
ejercicios continuados como la gimnasia de los deportistas necesita de
continuos ejercicios para el desarrollo de sus músculos.
Cuando
la voluntad se ha fortalecido, encauzándola hacia el trabajo mental, los
resultados se benefician recíprocamente: la energía volitiva crece y ayuda a
fijar y gobernar al pensamiento, y la energía mental fortalecida y multiplicada
en su acción, contribuye a desarrollar, cada vez más, la voluntad y carácter.
Así puede llegarse a niveles tan grandes, tan elevados, que los resultados, en
el tiempo y en el espacio, alcancen a realizar prodigios...
Todos
conocemos el ejemplo de los fakires de la India. En la mayoría de los casos,
por no decir en la totalidad, los fenómenos prodigiosos que realizan vienen a
ser fruto de una voluntad y de una mente ejercitado y dominado en forma
absoluta por su poseedor. Y en los casos en que intervengan el hipnotismo,
también ese poder se ha logrado gracias al dominio de la voluntad y de la
mente.
Más
arriba hemos dicho que el trabajo conjunto de esas dos facultades modifica y
desarrolla voluntad y carácter. Debemos aclarar qué se entiende por carácter, o
que significa "el carácter", pues muchas personas, la mayoría quizás,
confunden carácter con mal genio, con humor desagradable y violento, con
temperamento irritable y explosivo. Esto es un craso error. Las personas de mal
genio, de temperamento impulsivo y duro, propensas a dejarse arrastrar por la
ira, fáciles de explotar, a cada instante, con dureza y groseros o autoritarios
modales, no son personas de carácter, sino todo lo contrario: pobres débiles
mentales, sin ningún dominio sobre su pensamiento ni sobre su voluntad, que se
dejan arrastrar por los impulsos sin control, y pueden llegar a cometer actos
de los cuales tengan, más tarde, que arrepentirse. A esta clase de seres
pertenece gran parte de nuestra humanidad, y entre ellos se cuentan los
representantes de los más bajos fondos de la sociedad, que no son, por cierto,
ni dechados de virtud ni exponentes de una esmerada cultura. Y si se trata de
personas que hayan recibido una buena o esmerada educación, y que, sin embargo,
hacen alarde de su irascibilidad y su violencia en el trato con los demás, sólo
demuestran que no saben lo que es el carácter ni tienen el menor dominio de sí
mismos, porque el verdadero carácter es esto último: el dominio absoluto de sí
mismo...
Y
cuando un hombre ha logrado ese dominio, jamás puede ser impulsivo ni violento,
pues se supone que al alcanzar el triunfo sobre su YO INTERNO, ha logrado
superar la influencia de todos los agentes del desequilibrio y la desarmonía...
y un hombre así ha de ser un exponente de la serenidad y cordura en todos sus
actos...
Veamos,
entonces, cómo trabajar por obtener tan bellos resultados: Y sepamos, de
antemano, que al llegar al dominio de uno mismo, estaremos abriendo las puertas
al dominio de facultades superiores del alma, que nos pondrán, a su vez, ante
las puertas doradas de los planos superiores de la VIDA.
***
Lo
primero que tenemos que hacer, para iniciar este entrenamiento, es disponer de
un sitio en el que podamos estar solos, con toda tranquilidad. Un lugar en
donde nadie nos moleste ni nos interrumpa cuando nos dediquemos a los
ejercicios que habrá que realizar. Esto no significa el que tengamos que
alquilar o buscar un local alejado de nuestra vida diaria, no. Puede ser
nuestra misma alcoba, si en ella podemos pasar momentos de soledad sin
exponernos a que nos molesten cuándo estemos estudiando o practicando algún
ejercita―miento, pues lo único indispensable es contar con un aposento en que
podamos retirarnos a trabajar cuando nos venga en gana, sin interrupciones.
Y
cuando contemos con ese requisito, emprenderemos los primeros pasos hacia
nuestra educación y disciplina internas. Ya hemos dicho que lo fundamental es
cultivar y desarrollar la voluntad, que es la palanca sin la cual no podemos
hacer nada. Los ejercicios para ello son de una variedad infinida. Pero vamos a
ir recomendando muchos, que en forma gradual han de proporcionarnos lo que
buscamos.
Para
comenzar a ejercitar la voluntad hemos de formarnos un concepto claro de lo que
esa fuerza significa, para que no cometamos el error de elegir motivos gratos y
acciones o pensamientos que dé antemano nos agraden. Es obvio que si vamos a
echar mano de lo que nos gusta, para ejercitar esa fuerza, no ganamos nada,
porque estamos haciendo lo que nos satisface, o sea que seguimos practicando lo
que toda la vida hicimos... no adelantamos nada pues en nada obligamos a
nuestra voluntad a actuar.
Pero
si nos proponemos realizar cosas o actos contrarios a nuestras costumbres y
hábitos, si queremos que nuestra voluntad se fortalezca, hemos de elegir
motivos que nos cuesten determinado esfuerzo; que puedan causarnos alguna
dificultad al principio, e incluso que sean en apariencia molestos para nuestra
manera de ser. Si por ejemplo, estamos acostumbrados a levantarnos tarde en las
mañanas, a reposar algún tiempo antes de abandonar la cania, nos propondremos
hacer lo contrario: nos levantáremos temprano y saltaremos del lecho en cuanto
nos hayamos despertado. Si nuestro sueño es pesado, consíganlos un despertador
y nos ayudaremos con él hasta que su uso deje de ser necesario por habernos
habituado a despertar temprano. Sepamos que los seres adiestrados en esto no
necesitan despertadores mecánicos, porque en su cerebro han adecuado el
mecanismo propio que les permita despertar a la hora que, voluntariamente,
elijan. Y este nuevo hábito nos será de mucho provecho, pues dispondremos de
más tiempo en nuestra diaria labor. Si no se requiere de esas horas para el
tipo de ocupaciones que tenemos, no importa. Podremos emplearlas en adquirir
nuevos conocimientos o en este mismo entrenamiento.
Y al
levantarnos más temprano, dediquemos por lo menos un cuarto de hora, todos los
días, a meditar, con entera tranquilidad, sobre la imperiosa necesidad de
fortalecer nuestra voluntad y de dominar nuestro pensamiento. Al principio nos
ayudaremos escribiendo en ese cuarto de hora, una frase corta alusiva a dicho
propósito, por ejemplo: "Quiero fortalecer mi voluntad" o "Debo
dominar mi pensamiento". Repitamos la escritura de la frase elegida, que
debe ser concisa, breve, para impresionar con mayor fuerza nuestra mente. Y su
repetición constante, en el papel y en nuestra mente, ayudará a grabarla,
aunque, al principio se nos antoje este ejercicio como una niñería. Es la
necesidad de impactar nuestro subconsciente que, poco a poco irá haciendo suya
esta idea hasta que ya no necesitemos escribirla.
Si
somos fumadores, nos propondremos dejar el vicio. Y lo haremos de inmediato, no
cigarrillo por cigarrillo; así jamás podríamos lograrlo. Hay qué pensar:
"No debo fumar más", y no volver a fumar uno solo desde ese momento.
El vicio nos causará una constante inquietud por encender un pitillo; pero si
nos mantenemos firmes, al poco tiempo ya no nos será necesario y habremos
ganado en fuerza de voluntad y en salud. Así debemos proceder con infinidad de
cosas de las que nos rodeen y que no sean indispensables a nuestra existencia.
Otra
disciplina a la que debemos someternos será la de dedicar las noches, antes de
dormirnos, un cuarto de hora, también, para meditar en el mismo ejercicio de la
mañana, pero esta vez no escribiremos nada. Nos contentaremos con encender una
lamparita de aceite como las que se usaban antiguamente para alumbrar las
imágenes de santos. Si no la tenemos a la mano, por ser de poco uso en estos
tiempos, es posible improvisarla muy fácilmente con un vaso o copa no muy
grandes, en que se ponga el aceite de comer, y en el que colocaremos el
flotador y la mecha, improvisados, así mismo, con un pedazo de corcho al que le
abriremos un agujero central para que pase una mecha de pabilo hasta el aceite.
Para evitar que la llama queme el corcho, la mecha debe llevar un pedacito muy
pequeño de lata agujereado con un clavo para pasarla y así colocado sobre el
corchó. Todo este trabajo no debe parecer ridículo ni infantil, pues si no
empezamos con estas pequeñeces, menos podremos tener voluntad dispuesta a
vencer en otras pruebas mayores, como veremos más adelante. Y ahora
comprenderemos, paso a paso, por qué debemos estar solos y tener un sitio, por
muy reducido que sea, en donde trabajar y guardar nuestros actos fuera de la
curiosidad y burla de quienes no estén preparados para comprender lo que nos
estamos proponiendo. De lo contrario, la incomprensión y el ridículo se
cebarían en el principiante y lo desanimarían...
Los
profanos se preguntarán ¿qué tonterías son éstas?... Precisamente, el que nos
parezca tonto comenzar con ejercicios así nos va preparando a nuevas y mayores
pruebas, pues si no nos decidimos a comenzar por lo más simple, nunca
llegaremos a vencer en disciplinas que exijan mayor fuerza de voluntad.
Recordemos que para aprender a caminar tuvimos que gatear, como animalitos,
primero... Y en estos primeros pasos, la fuerza volitiva será más fácilmente
ejercitada, ayudando a la realización de posteriores pruebas. En cuanto al
ejercicio nocturno, el no escribir como en la mañana, nos obliga a un mayor
esfuerzo por mantenernos despiertos durante ese cuarto de hora, venciendo a la
fatiga por un lado, y acostumbrando a fijar nuestra atención en un sólo
pensamiento: la frase que hayamos elegido. Para ello, también, es de gran
importancia el mantener fija nuestra mirada en la luz de la lamparita, que nos
impide dormirnos mientras ejecutamos dicha gimnasia y que nos ayudará,
subconscientemente, después, a grabar la idea que ha de imprimirse en nuestra
mente hasta hacerla indeleble...
***
Cuando
hayamos logrado realizar estos primeros ejercicios con toda facilidad, y
estemos acostumbrados a cumplirlos sin faltar ni una mañana ni una noche, es
llegada la oportunidad para adelantar algo más. Teniendo grabada en nuestra
mente la certeza de lo que nos ha sugerido la frase elegida, y siéndonos ya
fácil repetir día a día esa gimnasia mental, elijamos un nuevo motivo para
fijar el pensamiento sobre él: éste puede ser alguno de nuestros defectos más
notables. Nadie está exento de debilidades y errores naturales, peculiares a su
personalidad, y debe buscar entre ellos los más saltantes. Supongamos que somos
irascibles o violentos. O que nos dejamos dominar por algún vicio o por
determinado hábito. No busquemos comenzar por lo más arraigado, Nos expondríamos
a fallar y a desanimarnos prontamente. Aquí podemos aplicar lo que antes
dijimos del vicio de fumar. O si somos tímidos y nos cuesta trabajo hacer algo
en nuestra diaria actividad, concentremos nuestra atención del ejercicio
matinal y nocturno en eso. Pensemos en la noche que hemos de ser fuertes,
desechar esa timidez, o esa violencia que nos acompaña en todas las actividades
de costumbre, y por4a mañana escribamos, tantas veces como sea posible, dentro
del cuarto de hora, una frase corta sobre el fenómeno que queremos cambiar; por
ejemplo: "Debo dominar mi timidez y ser audaz"... No construyamos
frases largas, pues complican su retención y su efectividad. Y así, con
cualquier defecto menor o hábito no saludable. Cuando se haya uno acostumbrado
a aceptar como necesaria la modificación de ese hábito, viene la obligación de
ejecutar, en la práctica, lo que nos hemos fijado mentalmente conseguir... Al
principio nos parecerá difícil o imposible, pero si nos esforzamos, lo
conseguiremos.
***
Los
que hayan leído el libro anterior, "YO VISITE GANIMEDES..." estarán
enterados de que nunca estamos solos. Que siempre está juntó a nosotros aquel
hermano Invisible a quien la religión menciona como "el ángel
guardián" y que en Cosmología se conoce como el "protector". Por
muy escépticos que seamos sobre estas cosas, no debemos desecharlas.
Precisamente, si queremos adelantar en este camino, debemos llegar a
comprobarlas. El que no quiera creer en esto, que se olvide de pretender ahora
estos entrenamientos... Pero al aceptar este axioma, debe poner desde el
principio, su fe en la ayuda del Hermano Invisible, del "protector".
Diariamente debe dedicar, unos minutos, ya sea en la mañana o en la noche, a
establecer como una visita o diálogo con "El"... Basta con pensar en
un ser que nos acompaña amorosamente a todas partes y pedirle que nos ayude a
conseguir el triunfo de nuestros propósitos. Pronto nos daremos cuenta de que,
en verdad, hemos sido escuchados y que vamos avanzando en lo que antes pudo
parecemos ridículo o imposible. Esta es una de las formas como el ser humano
puede llegar hasta DIOS....
***
En
cuanto nos hayamos convencido acerca de la positiva realidad de todo ello,
habrá llegado el momento de adelantar un paso más. El de procurar iniciar el
propio examen... Recordemos que todas las escuelas antiguas, muy
particularmente las de Sócrates y Platón, pedían a sus discípulos:
"Conócete a ti mismo"... Esto puede parecer muy fácil; pero es lo más
difícil, porque, quien más quien menos, todos tenemos un concepto incompleto de
nosotros mismos. El amor propio, ese ególatra retrato que nos formamos sobre
nuestra personalidad, sobre nuestro verdadero "YO", es, casi siempre,
una disimulada falsedad. Todos creen ser superiores a cómo son, cuando no se
consideran "perfectos", en los tristes casos de los orgullosos y
soberbios. La soberbia, al cegar al hombre sobre sus propios defectos, lo
lleva, muchas veces, a juzgarse, estúpidamente, perfecto... Para un ser de tal
naturaleza, será muy poco o nada lo que pueda hacerse en este terreno...
Y si
somos sinceros con nosotros mismos, si anhelamos conocer nuestros verdaderos
errores y defectos, el Hermano Invisible nos lo facilitará, descubriendo a
nuestro YO interno las fallas que debemos eliminar, y ayudándonos, con amor, a
reemplazarlas por las cualidades contrarias. Porque a los bien intencionados se
les facilita la tarea desde la Cuarta Dimensión o Mundo Astral. Y al comprobar
cómo es cierto que existe esa cooperación invisible pero positiva, nuestra fe
se fortalecerá y podremos avanzar, cada día, con mayor rapidez y seguridad.
Cuando
sepamos cuáles son los defectos más notables de nuestra personalidad,
aplicaremos a su eliminación el mismo método que venimos describiendo. No
pretendamos atacar de un golpe todas las debilidades y vicios de nuestro YO.
Sería demasiado. Vayamos por partes, comenzando por transformar, poco a poco,
lo menos grave que, al lograrlo, habremos fortalecido cada vez más nuestra
voluntad y habremos demostrado con hechos nuestra sinceridad a las entidades
superiores a través de la diaria vigilancia de nuestro "Protector"...
Así no trabajaremos solos, y nuestra labor se hará más fácil y llevadera; pues
el descubrir nuestros defectos, en aquellos que están muy atrasados, es una
obra de gran envergadura, para la que hará falta ayuda externa, y si no contamos
con un consejero eficiente y sabio que nos pueda guiar en esa parte de nuestro
adiestramiento, no nos quedará más remedio que confiamos a la protección
interna de los guías espirituales invisibles que, por intermedio del Protector,
acuden inmediatamente en auxilio de los seres que demuestran una firme y
honrada disposición de enmendar sus yerros y procurar su elevación moral y
espiritual...
Más
adelante volveremos a ocuparnos del método progresivo que estamos describiendo,
pues ahora conviene tratar, en un próximo capítulo, de otras .facetas muy
interesantes, del mismo proceso.
CAPITULO
XIII
La
Cripta de los Antepasados
Poco
tiempo después de la visita al pasaje secreto de las víboras, el Maestro me
llevó a conocer otro de los lugares confidenciales del monasterio: La Cripta en
donde reposaban las cenizas de los Maestros Gobernantes de Janlitpur.
Bajamos
por una escalera de piedra cuya entrada está en el piso del Santuario, detrás
del Ara, al fondo del templo, cerrado con una antigua reja de bronce. Es una
sala de tamaño casi igual a las dimensiones del local superior, con las paredes
adornadas con viejas inscripciones en sánscrito. En el centró arde una lámpara
de aceite, de bronce primorosamente cincelado, sobre un gran pedestal de ébano
finamente tallado. Y en torno a las paredes del recinto hay una veintena de
pedestales, también de ébano artísticamente adornado con incrustaciones de
bronce, soportando cada uno una pequeña urna de bronce cincelado en finos
arabescos, bajo la cual vi pequeñas placas del mismo metal con inscripciones
sánscritas. Me llamó la atención que una de las urnas, en un extremo, no tenía
placa.
―Es
la mía ―explicó el Lama, lacónicamente.
Al
fondo de la cripta advertí dos muebles parecidos a mesas bajas o lechos, con el
tablero de mármol negro y jaspes amarillentos. Al preguntar sobre su
significado, Rahmojan respondió, con cierto aire misterioso: Mañana lo
sabrás... Quiero que te prepares a pasar la noche de mañana en este lugar, por
donde han pasado todos los que fueron iniciados en Janlitpur... Debes prevenir
a tu esposa que no se preocupe... Que vas a recibir una nueva lección...
A la
noche siguiente, después de cenar, fuimos con Dumbahar al Santuario. Abrimos la
reja de bronce y bajamos a la Cripta. Allí, él extrajo del bolsillo una
llavecita y abrió una puerta disimulada tras uno de los paneles con las
inscripciones en sánscrito. Me invitó a entrar y me encontré en una: pequeña
estancia con un gran horno en la pared del fondo. Era todo lo que había, y a la
luz de la linterna que encendiera el Lama vi que en esa habitación no existían
ni muebles ni la menor decoración en las paredes de tosca piedra. '
―Acá
incineramos a nuestros muertos ―me explicó―. Y las cenizas de Los Maestros
Directores son conservadas en las urrías que has visto fuera. Las de los
Hermanos comunes, después de un servicio religioso arriba, son llevadas en una
urna corriente basta la entrada del boquerón del pasaje secreto y vaciadas en
las aguas del río para que, sin contaminar nuestras aguas, vuelvan a la Madre
Tierra de donde salieron... Volvamos a la Cripta.
Salimos
y me llamó la atención que no cerrara la puerta. Creí que era una distracción,
pero él me respondió:
―Déjala
abierta; así será mejor por esta noche... Y ahora oremos un rato antes de
retirarme, porque tú vas a permanecer, solo, toda la noche. Debes repasar, en
tu mente, cuanto has aprendido hasta este momento, y recordar que, pase lo que
pase, no has de sentir el menor temor. Ya has avanzado bastante en el Sendero,
y se acerca la hora en que podrás intentar la primera salida hacia el Astral.
Por eso, aprovecha de esta noche para concentrar todas tus energías y estar
pronto a enfrentarte con el Más Allá... Sabes muy bien que la Muerte no existe,
que las cenizas de los Antepasados sólo son los restos materiales de sus
cuerpos físicos, y que Ellos siguen vivos, como todos los difuntos, en los
confines de los Planos Superiores del Cosmos. Piensa en Ellos y pídeles que te
acompañen y te ayuden, porque Ellos han alcanzado a ser Uno con el Amor
Cósmico, y pueden responder a quien se ha preparado como tú te has preparado.
Ya lo sabes; pues usar uno de estos camastros de mármol para recostarte y
confío en que sepas aprovechar de esta noche y no dejarte llevar por el
temor... Mañana vendré a buscarte.
Me
puso una mano en el hombro y se retiró. Sentí que cerraba y echaba llave a la
reja de bronce, y me quedé suspenso y aturdido. Miraba a todos los rincones de
la Cripta, alumbrados tenuemente por la llama ondulante de la lámpara de
aceite, y paseaba mi vista de las urnas funerarias a la puerta abierta del
cuarto del horno, cuya obscuridad era impresionante. Me senté en uno de esos
extraños lechos y procuré mantener mi tranquilidad. Junto a la lámpara vi,
recién un pequeño pebetero, también de bronce. Me acerqué y encontré que
contenía algunos trozos de carbón. Al lado había una cajita conteniendo
incienso, con unas pinzas y una cucharilla que no viera el día anterior.
Comprendí lo que esto significaba, y cogiendo con las pinzas uno de los
trocitos de carbón lo encendí en la llama de la lámpara. Luego, colocándolo de
nuevo en el pebetero, soplé hasta que el fuego se propagó a los demás trozos.
Les rocié con el incienso y retorné a mi asiento de mármol.
El
humo perfumado me tranquilizó. Experimenté los efectos balsámicos de la resina
litúrgica, y procuré serenamente, pues no dejaba de experimentar cierto
desasosiego ante mi insólita posición. Era la primera vez que me encontraba
solo, en un lugar tan extraño como impresionante. Estaba en una catacumba,
rodeado por las cenizas de seres que vivieran desde remotos siglos, y frente a
la obscura puerta del sitió en que fueran incinerados sus cuerpos... y debía
pasar, así toda la noche... Mi vista paseaba desde la puerta del cuarto del
horno y las urnas de los antepasados. Me sentí tentado para cerrar el portón
que no dejaba de molestarme un poco por su negra boca. Pero recordé las
palabras del Maestro y me contuve.
Eché
más incienso en el pebetero y, reanimado por su perfume, pensé en la
recomendación del Lama. "Oremos" ―me había dicho―. Y mirando otra vez
las urnas de bronce, me tendí sobre el frío mármol. Dominé la emoción que me
embargaba y traté de imaginar a los viejos monjes que habían dirigido aquel
oculto monasterio perdido entre las soledades de las desiertas cumbres de los
Himalayas. Respirando con calma y profundamente, pedí PAZ, AMOR y LUZ, que me
ayudaran a triunfar en mi propósito de superarme enteramente. Me fui serenando
y cerré los ojos, procurando concentrar mi pensamiento en ese momento
completamente nuevo para mí. Mi mente volaba en torno a los míos, tan cercano a
mí y tan alejado, en esos instantes, de la prueba que estaba pasando. Rogué por
ellos... pedí que tuvieran también PAZ, AMOR y LUZ para avanzar junto conmigo
en este Sendero hacia la superación de todos... La tranquilidad iba alejándose
de los temores pueriles que sintiera, en verdad, los primeros minutos, y ahora
me sentía como si me estuviera elevando, subiendo a una región llena de luz...
Una gran calma se había apoderado de mí, y una luz dorada me fue rodeando, poco
a poco, hasta encontrarme en el centro de esa gran luminaria, incomprensible
todavía para mi mente...
En
medio de esa luz, que se había agrandado hasta iluminar todo el recinto, se fue
materializando una figura humana resplandeciente como un sol... Yo estaba
absorto. Me había incorporado en el lecho de piedra y miraba asombrado la
brillante figura que ahora se encontraba de pie frente a mí. En su rostro, que
parecía como reluciente, creí reconocer los rasgos del Maestro; pero estaban
modificados por una inusitada belleza, y la luz que despedía aquel rostro se
confundía con los maravillosos rayos que salían de todo su cuerpo, envuelto en
una rutilante vestidura como túnica blanca y vaporosa... Aquel ser maravilloso
extendió hacia mí una mano que también relucía, y me dijo con voz suave y
melodiosa:
―Ven,
Hermano mío... Te voy a mostrar lugares a donde podrás penetrar muy pronto...
―¿Eres
tú, Maestro? ―balbuceé, incrédulo y asombrado.
―Sí,
yo soy... y estoy satisfecho de tu comportamiento. Ahora ven conmigo...
Me
tomó de la mano y sentí que nos elevábamos, pasando a través del techo y de las
paredes del monasterio. Todo en el valle parecía dormir un sueño plácido y yo,
envuelto en aquel enorme halo de luz que despedía el Maestro, me sentí como
transportado a una región desconocida. Era dé día, pero un día de luz dorada
muy diferente a la luz corriente del sol. Estábamos en una especie de llanura,
cubierta de hermosas plantas desconocidas y de flores de perra―mes
paradisíacos. Dulces y melodiosas armonías invadían el ambiente, y una
.placidez arrobadora se había apoderado de mí, que parecía flotar y no caminar
por aquel llano. Frente a nosotros se veía una construcción monumental, con
murallas como de pórfido y diamantes, por la brillantez de luces que despedían.
Grandes puertas de ero bruñido engastado con piedras preciosas de rutilantes
destellos, se abrían en el centro de las murallas, y por ellas entraban y
salían numerosas personas cubiertas con túnicas blancas y resplandecientes
igual que las vestiduras del Maestro.
―Estás
a las Puertas del Reino de la Luz Dorada... ―me explicó el Lama―. Y esas
personas son las almas puras de los Bienaventurados que alcanzaron la suprema
felicidad en su Evolución... Cuando hayas logrado llegar a su nivel, podrás
ingresar por esas puertas y conocer las maravillas del Reino, cuyas
"fronteras" ―como se diría en nuestro mundo físico de la materia
pesada― comienzan en los niveles superiores del Mundo del Alma, o Cuarta
Dimensión, y se extienden más allá del Mundo de la Mente, o Quinta Dimensión,
hasta los confines del Reino de los Espíritus Virginales, en esa escala de
Valores que simboliza de manera magistral el sueño, o visión dé Jacob... Más
allá, todavía, se encuentran los límites de los planos, o Reinos
correspondientes al MUNDO DE DIOS...
―Y
este Reino de la Luz Dorada ¿es el Reino de Cristo...?
―En
cierta forma, relativamente, sí. Son sus confines... ~
Paseamos
un rato por aquel maravilloso lugar. Desde lejos, los seres que salían y
entraban por aquellas esplendorosas puertas, nos saludaban con bondadoso ademán
y sus luminosos rostros denotaban una placidez y dicha que ningún rostro humano
en la Tierra podía demostrar. Me encontraba embelesado y cuando el Maestro me
dijo que debíamos volver, sentí como una gran pena... Nuevamente experimenté
como una sensación de descenso... Los esplendores se extinguieron y abrí los
ojos... Junto a mí se hallaba Dumpbahar, sonriente.
―Levántate,
que ya ha pasado la noche.
Lo
miré sorprendido. Tenía el cuerpo pesado y me costó algún esfuerzo incorporarme
sobre la losa de mármol.
―¿Ha
sido, entonces, un sueño...?
―Sí,
y no... Viajaste, mientras tu cuerpo descansaba, por las altas regiones del
Astral. Yo té protegía; pero pronto podrás renovar esta visto de manera más
independiente, cuando tus vanos temores infantiles, que aún no has abandonado,
te permitan salir de tu vehículo físico sin el menor riesgo... ― Lo miré,
avergonzado. Estaba claro que sabía lo que me había sucedido por la noche, en
mi lucha conmigo mismo al quedarme solo en la Cripta.
―No
te mortifiques ―repuso, con su paternal sonrisa― A todos les pasa igual...
Ahora vamos a desayunar con los demás.
Cerró
la puerta del cuarto del Horno, subimos al Templo y cerramos la reja. Cuando
salimos, el sol iluminaba alegremente los jardines. Eran las 7:00 de la mañana
y yo tenía el cuerpo un poco adolorido por la dureza del camastro en que pasara
la noche; pero una profunda alegría inundaba mi alma y una gran paz reinaba en
todo mi ser...
***
Durante
la semana entera mis lecciones versaron sobre el dominio del' miedo. Este
defecto es uno de los más comunes y difundidos en la humanidad. Quien más,
quien menos, todos son afectados por el fantasma del miedo, en las variadas e
infinitas formas como puede atacar a los humanos. El que pretenda negarlo,
miente. Porque no es, solamente, el temor pueril que se puede sentir por causas
nimias comunes a muchas personas mayores. También hay maneras de verse
molestado por este vago sentimiento en todas las actividades de la vida
diaria... ¿No se teme, infinidad de veces, por cualquier circunstancia que se
desarrolle en la lucha por la vida? ¿No es verdad que, diariamente, se nos
presentan acontecimientos o situaciones en nuestra profesión, en nuestro
trabajo habitual, en el empleo con el que nos ganamos el sustento, que nos
causan determinado temor, que nos angustian por el resultado más o menos
adverso que pueda tener una determinada situación o fenómeno de esa perpetua
lucha? Cuando esto sucede ¿no perdernos el sueño, muchas veces, pensando con
pavor en los resultados que se pueden derivar de los hechos que estamos
viendo?... Nadie está libre del fantasma del miedo en sus variadas e infinitas
formas de atacarnos. Algunos, los más fuertes o de mayor fe, logran soportar
sus ataques y sacudirse de sus perjudiciales consecuencias. Pero la enorme y
mundial mayoría, sufre sus efectos en infinidad de casos y ocasiones. Y en el
Sendero de la superación personal, en el adiestramiento hacia el triunfo del
dominio interno y de la elevación suprema del YO, debe extirparse esta
enfermedad del alma, porque, no otra cosa es el MIEDO...
Si
en el mundo físico, en el diario trabajo por vivir y sustentarnos, el miedo nos
causa, a veces, trastornos y perjuicios que pudieron evitarse aprendiendo a
pensar con serenidad, a tomar decisiones con calma y tener fe en la ayuda que
toda persona de bien puede encontrar en los Hermanos Invisibles, en los
Protectores particulares que todos tenemos, cuánto mayor es la importancia de
eliminar este fantasma, cuando nos preparamos a dar los pasos trascendentales
de una comunicación directa, voluntaria y consciente con los dominios del
Astral o Cuarta Dimensión... Ya lo he mencionado anteriormente. Y debo
repetirlo, porque, al ser uno de los más ocultos defectos de nuestra alma, es,
también, uno de los más difíciles de arrancar de ella en todas sus formas, pues
adquiere manifestaciones tan sutiles que, en algunos casos, cuando
aparentemente hemos vencido sus formas de común conocimiento, puede asaltarnos,
de improviso, ante una situación imprevista e impresionante. Y esto sucede,
siempre, al pretender conocer los mundos inferiores de la Naturaleza que forman
parte del Plano Astral.
Al
que se desdobla y busca el ingreso a esas regiones de la VIDA, lo asaltan, casi
siempre, cuando su viaje astral pretende ser conducido a los mundos internos,
los habitantes atrasados o primitivos de las bajas subregiones o niveles
inferiores. Y asumen las más variadas y mortificantes formas. Pueden
envolverlo, sentir y ver cómo un enjambre de monstruos de diferentes tamaños y
de los más absurdos tipos, pululan en torno de él, lo amenazan y se burlan dé
su terror. Y ese terror puede llegar, como ya se expresó en otro capítulo,
hasta la pérdida del sentido y de la mente, extraviada en un mundo de tinieblas
del que sea difícil escapar con los propios medios... Y todo, por culpa del
miedo; a causa de no tener la fuerza de voluntad y dominio de sí mismo para
rechazar esos engendros, muchos de los cuales, también, pueden ser fruto de la
propia imaginación ofuscada en tales planos.
Pero
al que ha purificado su mente y su corazón, o alma, ya no le ocurre tal cosa.
Está protegido por su aura luminosa y bella, y sabe que todos esos seres
atroces y repugnantes no le pueden hacer nada. La Fe y la fuerza de su voluntad
que lo acompañan en todo momento, lo mantienen sereno, ecuánime, y firme; y
ante esa firmeza y esa Fe inquebrantable en su superioridad, que producen rayos
cada vez más brillantes y hermosos en el aura, los seres inferiores del Astral
se ahuyentan y se alejan despavoridos por lo mismo que ya se dijo antes: que
los hijos de la LUZ siempre vencen a los hijos de las TINIEBLAS...
***
Tres
veces, en menos de quince días, volví a dormir en la cripta por orden del Lama.
Ya me habla acostumbrado al lugar y a la incómoda cama de piedra. Y no me
extrañó cuando me dijo, por quinta vez, que iba a pasar la tarde en ese lugar.
Pero sí me llamó la atención que en esta oportunidad me recomendara llevar una
almohada y una manta.
Acostumbrado
a no preguntar cosas necias, llegué al monasterio con mi consabido equipaje.
Rahmojan me esperaba y juntos penetramos en el Templo. Esta vez no cerró con
llave la reja de bronce; y al ingresar en la Cripta pude ver que en uno de los
lechos de mármol había una manta y una almohada como las que yo traía.
―Vamos
a estar juntos ―explicó lacónicamente―.
Yo
me alegré, porque entendí que iba a someterme a la tan ansiada prueba. No dije
nada ni era necesario, pues me leyó el pensamiento y repuso:
―Es
verdad; hoy vamos a salir juntos y realizar tu primer viaje astral a plena
conciencia...
Nos
tendimos en nuestros respectivos lechos, arropándonos cada uno con nuestras
mantas. El me recordó rezar, mentalmente, la oración corta que me había
enseñado en las dos últimas semanas y luego me ordenó poner en práctica el
ejercicio especial que, durante quince días había estado practicando. (Ruego a
mis lectores que me perdonen de no poder explicar en detalle tales ejercí―dos
por tratarse ya de un primer grado iniciático, sólo confiable a quienes se
encuentren debidamente preparados. Las razones se desprenden de lo explicado
anteriormente).
Tendidos
así en los camastros de mármol, relajando todos los músculos del cuerpo y
buscando la mayor comodidad posible, para que nada me molestara y que mi cabeza
descansase plácidamente sobre la almohada, inicié el ejercicio mental
correspondiente... Poco a poco en todo mi cuerpo se produjo como un hormigueo.
Sentí algo parecido a una suave corriente eléctrica y una laxitud general en
todos mis miembros. Cerré los ojos para que nada turbase el reposo de mi cuerpo
y, a medida que se acentuaba el hormigueo de todo mi organismo experimenté como
una pequeña sacudida y la sensación de que me estaba elevando. La impresión
hízose más real y me sentí en el aire. Miré hacia abajo y me vi tendido en la
cama de piedra, envuelto en la manta y, al parecer dormido. Junto a mí estaba
el Lama, cuyo cuerpo, igualmente, descansaba en el otro lecho. Me sentí
sorprendido y era la reproducción exacta del cuerpo que reposaba en mi
camastro.
―Ya
lo lograste―me dijo el Maestro―.
Pero
me di cuenta que ahora sus palabras no las escuchaba, sino que las sentía
dentro de mí mismo.
―Deja
reposar tu cuerpo físico y ven conmigo a realizar un primer y bello viaje. Si
estuvieras solo perderías mucho tiempo en acostumbrarte a los primeros
movimientos y en la elección del lugar por visitar, porque en el primer
desdoblamiento voluntario y consciente es natural que uno se sienta confuso,
indeciso... Pero nunca debes experimentar temor, pues nada te puede suceder de
malo, estando ya tan bien preparado y con la pureza que ya has logrado
adquirir... Ven conmigo. Iremos a visitar tu antigua casa y tu lejano país.
Me
tomó de la mano y mi pensamiento siguió su indicación. Atravesamos los muros de
piedra y los techos del Monasterio y sentí que volábamos raudamente por el
espacio, pasando sobre las cumbres iluminadas por el hermoso sol de la tarde y
viendo cómo se perdían en la distancia los verdes valles y los oscuros bosques
de la India... No experimentaba ni frío ni calor. Una sensación de libertad
desconocida me embargaba y no me afectaba en nada el vertiginoso viaje que
hacía entonces por el espacio. Ahora atravesábamos por encima de un extenso
mar, que Rahmojan me dijo ser el Océano Indico, y a poco íbamos ya sobre el
continente africano... Luego me di cuenta que cruzábamos sobre el Atlántico y
en un abrir y cerrar de ojos trasponíamos las costas orientales de la América
del Sur... y luego la Cordillera de los Andes, ahora de noche.
Estábamos
bajando y me sentí emocionado al reconocer la amplia bahía de nuestra Gran Lima
y las luces familiares de mi ciudad natal. Estábamos ya en el jardín de mi casa
de Monterrico. Tres cordones plateados salían de la casa y otros dos del
departamento de servició. Supongo que mis lectores sabrán a lo que me estoy
refiriendo, o sea al "Cordón Plateado" que une al Espíritu y sus
vehículos intermedios con el cuerpo físico, al separarse de éste durante el
sueño. Dumpbahar me preguntó si quería penetrar en la casa. Hice un esfuerzo y
me opuse a lo que hubiera sido mi natural deseo, que, con sólo pensarlo se
habría realizado. Pero no consideré honesto penetrar en el secreto íntimo de
los inquilinos durmientes, que habían puesto como condición muy especial al
contratar la casa, el no ser molestado, en ninguna forma, con visitas
relacionadas a mi persona y a mi vinculación con los OVNIS... Claro está que se
trataba de una visita en cuerpo astral, invisible. Pero también los inquilinos
eran dueños de su legítimo reposo, y aunque estuviesen lejos del lugar en ese
instante, nuestra visita a la casa podría atraerlos por mi mismo pensamiento...
y no quise romper una promesa aun cuando se tratase de mi forma astral...
El
Maestro sonrió.
―Te
felicito. Quise probarte y veo que mereces mi confianza. En efecto, no era
justo ni conveniente; pero deseaba saber tu reacción... Ahora, regresemos. Es
suficiente para una primera salida y para que te vayas acostumbrando a los
viajes astrales, pues espero, llevarte pronto, de esta manera, en una visita
hasta Ganímedes...
Volvimos
a elevarnos y después de dar un paseo por sobre la ciudad dormida, recorriendo
en lento vuelo por encima de sus principales avenidas: Salaverry, Leguía o mal
llamada Arequipa, Javier Prado, Brasil, Plaza Bolognesi, Paseo Colón, Paseo de
la República, Plaza San Martín y Plaza de Armas, emprendimos el regreso...
A
los pocos minutos ―casi con la velocidad del pensamiento, porque no estábamos
apurados le pedí al Maestro permitirme gozar unos instantes al atravesar los
Continentes― llegamos, de nuevo, a Janlitpur. Descendimos, como antes, a través
de los techos y los muros y, ya en la Cripta, me recordó el Lama la precaución
de ingresar en mi cuerpo con cuidado y lentitud, para no causarle trastornos
posteriores al cerebro. Lenta y suavemente me tendí sobre mi otro Yo físico.
Rahmojan hacía lo propio con el suyo, y experimenté algo así como uña sensación
de frío y de opresión de la ligereza y deliciosa libertad de movimientos de que
había gozado en mi salida. Pensé que debía reposar hasta el siguiente día, y me
propuse dormir serenamente algunas horas...
CAPITULO
XIV
El
Problema del Miedo
Muchos
pensarán que insisto demasiado sobre el fantasma del miedo. Pero los que conocemos
un poco más de estas cosas, vemos la verdad de este problema. La mayoría de las
gentes no tiene una idea exacta acerca de la importancia capital de dominar,
por completo, a tan poderoso enemigo de nuestro triunfo en todos los aspectos
de la VIDA; así, con mayúsculas. Porque, si analizamos detenidamente nuestra
diaria vida, veremos que, a cada paso, el temor en sus distintas formas, afecta
nuestras decisiones, paraliza muchas de nuestras acciones y es factor de muchos
fracasos.
¿Cuántas
veces nos habremos propuesto realizar algo y nos hemos detenido por culpa de un
necio temor al "qué dirán"? ¿No es verdad que ese temor nos acecha y
nos cohíbe a menudo? Cuántos hay que hubieran podido realizar grandes empresas,
si no hubiesen temido a verse criticados hasta por sus mismos parientes y
amigos, a ser víctima de la censura o del ridículo. Han existido y existen
muchos a quienes se les han ocurrido grandes ideas; pero la burla de sus
contemporáneos o la oposición de sus allegados les impidió realizarlas. Si
Cristóbal Colón hubiera sentido temor de lanzarse a su aventura no habría
descubierto la América y nadie sabría hoy nada de él. Pero su fe, su confianza
en sí mismo y en la ayuda de Dios, lo llevaron al triunfo. Y si Francisco Pizarra
no hubiese tenido una gran confianza en su propósito y el valor suficiente para
llevar adelante su idea, contra la oposición de los demás, no habría salido de
España y quizás, habría muerto como un mísero pastor de puercos...
La
Historia está llena de ejemplos de seres que triunfaron en la vida, por haber
tenido fe y haber confiado en sí mismos, a despecho del temor al "qué
dirán" y de la burla de otros. Así ha pasado siempre con aquellos que, por
tener mayor visión que los demás, pudieron vencer al miedo y realizaron obras
que, más tarde causaron la admiración y alabanza. Si San Martín o Bolívar se
hubiesen dejado atemorizar, vencer por el fantasma del miedo, nunca hubieran
libertado América del Sur ni hubieran llegado a la gloria de las posteriores
generaciones, porque en esos tiempos tuvieron que vencer, también, a las
críticas, a los prejuicios y al baldón de muchos de sus contemporáneos... El
común temor al "qué dirán" entorpece y ata a los débiles, pero es
pisoteado por los fuertes y los grandes triunfadores. Claro está que no nos
referimos a la crítica de acciones o ideas malignas. Pero, ¿cuántos magníficos
propósitos son entorpecidos o anulados por la ignorancia ó la mala comprensión
de los demás? Y en lo que respecta a nuestra vida interior, a nuestra
superación personal, ¿tiene alguien el derecho de entrometerse y darnos pautas,
cuando no se trate de un verdadero Maestro? Muchas veces, hasta los mismos
padres, por intolerancia, falta de comprensión o capricho, han sido la causa
del fracaso de sus hijos, al oponerse a una vocación, a una idea genial y mal
interpretada, o a un verdadero amor. ¡Cuántos matrimonios desgraciados fueron
el fruto de una tiránica autoridad paterna o de una mezquina idea de lucro de
padres que sólo veían su egoísmo y avaricia, o su soberbia y vanidad al obligar
a su hija o a su hijo, a unirse contra su voluntad! En tales casos, el temor a
la omnímoda voluntad paterna generó funestas consecuencias para la existencia
futura de los hijos consecuencias que, a veces, llegaron a malograr hasta la
vida de los seres inocentes de tan mahadadas uniones...
El
mundo está lleno de ejemplos de la tiranía de unos y del temor de los otros.
Así vemos a cuántos les impide avanzar por la senda del progreso, el temor a
perder una posición mediocre y no lanzarse audazmente en procura de otra mejor.
La falta de fe en Dios y en sí mismo es la causa del envilecimiento y
postergación de muchos... Y sólo es problema de no saber que todos podemos
alcanzar lo que querremos, con la única condición de proponérnoslo con firme
voluntad y fe en el triunfo.
Querer
es poder reza un viejo aforismo romano. Y es cierto. Pero hay que saber querer,
y cómo poder realizar lo que queremos. Aquí volvemos a encontrarnos con la
repetida necesidad de educar nuestra voluntad y dominar nuestro modo de pensar.
Si deseamos lograr algo, cualquiera cosa en la vida, que no sea una quimera
loca, podremos obtenerla con sólo poner en movimiento las dormidas fuerzas de
nuestro YO superior. Porque el YO interno de todos está en muchos dormido. La
ignorancia y la falta de carácter son los obstáculos que se oponen a su
despertar. ¿Cuántos son los que conocen que la generalidad de las gentes
trabaja, solamente, con un 10 o un 15% de su capacidad cerebral, de su
potencial mental...? Los genios de la humanidad han despertado esa porción dormida
en un mayor porcentaje, y de ese porcentaje dependió la cosecha que esa vida
les diera. ¿Por qué no lo hacen los demás? Casi siempre por ignorancia o por
temor... He aquí, nuevamente, el fantasma del miedo. Pero si en verdad en un
fantasma, ¿por qué no nos liberamos de él?
Si
alguien ―y son muchos― tiene miedo a la obscuridad de algunos recintos, lo más
sencillo para convencerse de tan fútil temor es hacer un esfuerzo de voluntad,
pensar que no hay razón para ello y que se debe entrar a esa pieza o piezas
obscuras. Cuando se haya vencido, ese temor, y sobreponiéndose en un arranque
de audacia, veremos que allí o había ningún motivo para atemorizarnos y
angustiarnos, como tantos. Y al vencer ese miedo se habrá fortalecido la
voluntad y el carácter, y se habrá dado un nuevo paso en la senda hacia el
progreso y al triunfo.
De
la misma manera podemos hacer con cualquiera otra situación. Es cuestión de
utilizar nuestra imaginación, nuestro pensamiento. Darle vuelo con entera
confianza en lo que quisiéramos conseguir. Pero al decir que le dé vuelo, no
pretendemos insinuar que imaginemos locamente. No debemos divagar ni exponernos
a delirios de inconsciente. Precisamente para ello es que debe aprenderse a
gobernar el pensamiento para que la imaginación no se lance a correr como
caballo desbocado. Tenemos que pensar bien lo que buscamos. Meditar una y
muchas veces acerca del propósito que anhelaríamos convertir en realidad. Fijar
con toda atención nuestro pensamiento en lo que deseamos, apartando la
imaginación de cualquiera otra cosa que pueda distraerla. Ya vimos
anteriormente cómo la imaginación, el pensamiento, vuela fácilmente de uno a
otro asunto, de una a otra imagen; se distrae con facilidad y nos hace perder
el tiempo, que es muy valioso.
Controlemos
el pensamiento. No lo dejemos saltar de un lado a otro. Hagamos como el jinete
cuando su caballo se muestra díscolo o se le encabrita. Mantengamos bien las
riendas de nuestra mente y obliguemos a nuestra imaginación a detenerse y
estudiar todas las formas convenientes para el logro de un mismo asunto. Así
iremos fijando ese asunto en nuestra mente, hasta que lo veamos en toda su
magnitud y factibilidad. Confiemos en que es posible realizarlo (siempre que no
sea un absurdo). Y una vez analizado en todos sus detalles, pongamos en
práctica los medios necesarios para hacerlo realidad. Así han procedido siempre
los más afortunados, los más altos exponentes de nuestra humanidad, los grandes
inventores, los triunfadores de la VIDA.
Y
ello requiere una fuerte voluntad. Porque sin voluntad no podremos ni siquiera
dominar nuestra imaginación; menos, lograr poner en práctica un proyecto,
vencer las dificultades que se presenten, obtener los medios para ello y lograr
el triunfo. Sin voluntad fracasaremos al menor tropiezo, nos desanimaremos ante
las primeras fallas, que pueden ser modificadas, eludidas, desechadas. Y si
fortalecemos, con la lucha en tal sentido nuestra voluntad, habremos logrado
formarnos un carácter firme y alcanzaremos a tener confianza en nuestras
propias fuerzas. Esto ya es gran avance, pues el que tiene fe en sí mismo puede
conseguir todo lo que se proponga. Es el significado del aforismo romano:
"Querer es poder"...
Y la
fuerza de voluntad se adquiere con ejercicio. Ya lo dijimos antes. Empecemos
desde lo más sencillo, haciendo todos los días la gimnasia volitiva necesaria.
Y cuando hayamos vencido en los ejercicios fáciles, adelantemos con otros más
difíciles, hasta que veamos cómo es cierto que la voluntad se fortalece lo
mismo que los músculos: cuanto más avanzamos en lo sencillo, más fuerza de
carácter alcanzaremos en lo complejo, hasta que llegará el día en que nada nos
parecerá difícil. Entonces podremos lograrlo todo, muy especialmente en los
dominios del espíritu, en donde, además nos ayudarán las fuerzas invisibles del
Cosmos... ―
Otro
de los campos hacia el que debemos encauzar nuestro pensamiento, si queremos
avanzar en el sendero de la superación material y espiritual; si deseamos
triunfar en la meta de llegar a mundos superiores, espirituales o físicos como
Ganímedes, es el conocimiento de la Muerte: saber que la muerte no existe. Esto
puede parecer una locura, un absurdo, para los profanos. Pero ya lo hemos dicho
muchas veces, y es la gran verdad en todo el universo. Si batamos solamente de
mundos como el nuestro, puede ser cierta, desde el punto de vista meramente
material. Mas el estudio de libros esotéricos, de toda clase y los tratados
especializados en espiritismo, nos demostrarán que es verdad que la Muerte no
existe en el Cosmos sino como fenómeno transitorio hacia mundos superiores. Ya
se ha explicado en mi libro anterior y lo he mencionado en capítulos pasados. Y
el conocimiento exacto del papel que juega la muerte en el desenvolvimiento
humano nos ayuda, magistralmente, a desarrollar la enorme fuerza volitiva y
mental necesarias para el triunfo en las duras y difíciles pruebas que ha de
vencer quien pretenda ser el amo de sí mismo y el señor de su destino. Porque,
de todas las formas de miedo que puedan conocer los humanos, el miedo á la
muerte es la mayor y más contundente...
Ya
sea directamente, temiendo nuestro propio deceso, o indirectamente, por ese
generalizado temor a lo fallecido, a los seres de ultratumba, toda una
humanidad como la nuestra se sobrecoge y tiembla ante el espectro de la Muerte.
Y por ese temor llegan a ser dominados, la mayoría, en infinitos casos. El
terror que la muerte inspira, puede convertir a muchos en traidores, en
delincuentes, en verdaderos guiñapos humanos esclavizados por cualquier forma
de tiranía o de expoliación. ¡Cuántos hay que viven aterrorizados por haber―se
convertido en esclavos de alguien que los amenaza con matarlos, si no le
obedecen! Esta es la forma más corriente de chantajear que usan algunos; y el
medio más contundente para arrancar determinados secretos, de que se valen la
policía y los servicios de inteligencia de todas las naciones, pues para
resistir a una amenaza de muerte se necesita ser un héroe para no ceder... y
héroes no hay muchos.
Mas
aquellos que han conocido la verdad sobre la muerte, y que han tenido pruebas
de esa otra vida, tan hermosa y feliz para los justos y los puros de corazón,
sí pueden llegar a la entrega suprema y al heroísmo. Ejemplos abundan en la
Historia y los hay de tal magnitud como las masivas ejecuciones de mártires
cristianos en los primeros siglos de la cristiandad. Y en la historia de todos
los pueblos hay también infinidad de ejemplos de heroísmo que nos prueban cómo
es posible superar el temor a la muerte cuando la prueba suprema es exigida por
las circunstancias a un hombre de valor y de carácter, en aras de un ideal muy
noble y alto... Entonces, la muerte deja de ser aquel espectro terrorífico para
quien vale más el honor o el altruismo, que una existencia de cobardía y de
bajeza...
La
manera más sencilla de comprobar que la muerte es sólo un fenómeno transitorio
entre dos existencias, y que la vida no es extingue, está en acudir al
espiritismo. Pero debe tenerse cuidado al buscar las personas que nos pueden
vincular con él. Desde la más remota antigüedad ha sido practicado el
espiritismo. En siglos lejanos hicieron uso de él determinados círculos, por lo
general secretos y premunidos de ciertas garantías y requisitos muy severos
para la admisión de miembros. Formaron parte de muchas de las escuelas de
misterio y en distintas épocas y pueblos, fue privilegio de las altas castas
sacerdotales. Pero esto lo trataremos en el próximo capítulo.
CAPITULO
XV
El
espiritismo: Sus Virtudes y sus Vicios
En
estos tiempos es común, en todo el mundo, hablar y practicar el Espiritismo.
Pero a quienes todavía no conozcan o no entiendan de qué se trata, hemos de
explicarles qué es en sí esta ciencia tan vieja en la humanidad, pues su
conocimiento se remonta a las más remotas épocas, aun cuando su vulgarización
en el gran público date, relativamente, de mediados del siglo pasado, cuando en
Francia se funda la Sociedad de estudios espiritistas presidida por Allán
Kardec, el padre moderno de la divulgación de los conocimientos y prácticas
organizadas sobre la Materia de los Fenómenos Psíquicos.
Podemos
definirlo como el estudio y la investigación de los fenómenos que nos prueban
la posibilidad de comunicación entre los seres encarnados, o "vivos",
según entienden los profanos, y los seres desencamados, o "muertos",
como denominan quienes ignoran todas estas leyes de la Naturaleza, a los que
han dejado en la Tierra su cuerpo fisco o envoltura carnal.
Hemos
dicho que esto fue conocido y practicado desde la más remota antigüedad, porque
desde los egipcios era práctica generalizada entre las diferentes escuelas de
misterios. Así mismo, las diferentes escuelas iniciáticas derivadas de los
Hermanos de la Esfinge, como vimos anteriormente, tenían entre sus ritos y
secretos el oculto saber de estas cosas, y pruebas de ello abundan en las
investigaciones realizadas, siglos después, en algunas de aquellas sociedades o
hermandades secretas. Entre los esenios de Judea, en las riberas del Mar
Muerto, y entre los Magos de la Persia antigua; en las escuelas griegas de
Platón y de Pitágoras, se practicaba ya el espiritismo. El Oráculo de Delfos,
también no era otra cosa que un caso de notable mediumnidad. Y entre los
Druidas de la antigua Britania era, igualmente, una práctica generalizada.
Pero
en todos esos casos, como todavía hoy suele suceder, era objeto de un cuidadoso
hermetismo y de práctica realizada por grupos muy cerrados y secretos. Débese a
León Hipólito Dinisart Rivail, más conocido mundial―mente con el seudónimo de
Allán Kardec, la divulgación de todo lo referente a esta antiquísima ciencia, y
a la organización de entidades repartidas hoy por todo el mundo para el estudio
y la práctica de esta rama del esoterismo.
Los
que no han tenido oportunidad de saber cómo es, en verdad, el fenómeno de la
Muerte, pueden conocerlo y comprobar fácilmente, con el Espiritismo, que la
vida no se acaba en el sepulcro y que los mal llamados "muertos"
siguen viviendo y gozan de mayores atributos que los que pudieran haber tenido
en su permanencia en la materia, en el período comprendido entre los años que
duró una encamación. Esto se desprende, inmediatamente, de cualquier
manifestación espiritista elevada, aun cuando el simple hecho de poder
comunicarse con el espíritu de una persona fallecida, aunque tal fenómeno no
reúna los requisitos de altura y selección más recomendables, lo está
demostrando intrínsecamente.
Si
sabemos que el ser humano, al separarse de su parte material más densa, el
cuerpo carnal visible, continúa viviendo y conserva todas las cualidades o
defectos que tenía durante su vida física, nos será más fácil entender que
pueda encontrar un medio, una forma de acercamiento con los seres que siguen
actuando y viviendo en sus cuerpos de carne y hueso, como vulgarmente se dice.
Y esa manera de acercarse, que es común por estar todos ocupando un mismo
espacio, diferenciado sólo por las diferentes condiciones de sustancias o
materia de que están formados los vehículos o cuerpos de ambos, es lo que
permite realizar la comunicación ostensible cuando el sujeto encarnado posee
las condiciones de sensibilidad convenientes. Casi todas las personas pueden
conseguir la mediumnidad, o sea la facilidad de sentir y permitir el contacto y
la manifestación de un ser desencarnado, y dichas condiciones pueden ser
innatas o adquiridas mediante cierta gimnasia psíquica; pero la comunicación
efectiva, en ambos casos, presenta la misma manera o forma: El espíritu
desencarnado ocupa, momentáneamente, una parte del organismo del encarnado.
Puede posesionarse en ese lapso, de un brazo o de los dos del médium; y en
otros casos, ocupar durante un determinado período de tiempo, generalmente
corto, la cabeza del sujeto. Por lo general, este fenómeno se realiza gracias a
la voluntad del médium que permite esa operación, pues si la persona encarnada
no se presta al experimento, es casi imposible que éste se realice. Empero, hay
casos en los cuales, la posesión del miembro del encarnado puede hacerse
involuntariamente, cuando el sujeto encarnado es víctima de una excesiva
sensibilidad, y el desencarnado posee una fuerte energía y pocos escrúpulos
para hacerlo sin importarle que se lo permitan o no. Pero de estos casos hemos
de ocuparnos más adelante.
Veamos
ahora el mecanismo general de tales fenómenos. Ya sabemos que todos estamos
envueltos por un cuerpo fluídico, el Doble Etérico, o Cuerpo Vital, que
impregna molécula por molécula todo el cuerpo físico. Cuando este doble se
separa de una parte o del total de nuestro organismo denso, aquella porción
queda inerte e insensible. Esta es la base del fenómeno de la anestesia, en
medicina. El Desencarnado también «posee una envoltura fluídica, que en
espiritismo se denomina periespíritu, y con ella impregna momentáneamente el
brazo o cabeza del médium, que ha cedido dicha parte de su cuerpo para el
experimento. Así el fallecido puede actuar a través del miembro que se le ha
prestado. De esa manera, en caso de mediumnidad escribiente, generalmente entre
los que prestan su brazo para ello, puede realizarse el trabajo de la
comunicación. Y en caso de posesión de la parte superior del cuerpo, incluyendo
la cabeza, la manifestación puede ser mental, o sea parcial, o total, lo que
produce efecto verbal con el desencarnado que hace uso, directamente, del
cerebro y órganos de la voz, de la audición y del pensamiento del médium.
Puede
fácilmente comprenderse que si la persona posee una débil voluntad, puede caer
bajo la influencia del espíritu que penetra en su cuerpo de aquella manera, y
éste es uno de los peligros del espiritismo a los que nos vamos a referir
después. Ahora bien, si hemos entendido el mecanismo de esta operación, veremos
que no hay mayor dificultad para el desencamado en hablar o escribir como si lo
estuviera haciendo con sus propios órganos, porque está utilizando los del
médium y la energía vital del mismo.
Esto
nos lleva a considerar una serie de aspectos en tales fenómenos, aspectos que
pueden tener consecuencias benéficas o perjudiciales según los casos y las
personas que en ellos intervengan. Sabiendo que los espíritus o
"egos" (del latín: yo) más allá de la muerte siguen conservando sus
cualidades o defectos, su identidad psíquica igual que la tuvieran en la vida
física no nos será extraño comprender la necesidad de comunicarse con egos de
condición moral más adelantada que los seres de baja estofa. Porque éstos
siguen pensando y actuando como lo hicieran en la Tierra. Y por lo tanto, a
nadie que no fuera un ser de igual condición ha de gustarle entenderse con un
delincuente, con un vicioso, o con espécimen de las más bajas pasiones de
nuestra humanidad. Y debe tenerse en cuenta que éstos son los que más pululan
en tomo a los humanos encarnados, por la misma razón de que, estando todavía
muy atrasados, sienten fuertemente la atracción del mundo inferior terrestre,
pues aun les es difícil comprender formas de vida superiores a las que
conocieran y vivieran acá. Para ello se requiere un paulatino avance, una lenta
evolución integral del YO interior, y los que no han logrado, aún, dicho
avance, al no conocer hasta más tarde las superiores condiciones de la vida
espiritual, les causa un sufrimiento horrible el verse despojados de su cuerpo
físico y del único mundo, que, en su ignorancia, conocían. Por eso buscan
afanosamente, comunicarse con los encamados; y si alguien, por ignorancia,
pretende comunicarse empíricamente, con el "más allá" lo menos que
puede sucederle es establecer contacto con aquellos exponentes de los más bajos
niveles de la humanidad, habitantes de los planos inferiores del mundo astral o
Cuarta Dimensión. Y esto explica la multitud de manifestaciones absurdas,
groseras y malignas, muchas veces, que sufren quienes incursionan en el
espiritismo sin la debida preparación y conocimientos previos.
Otro
de los aspectos muy importantes del problema es el derivado de la Ley de
Afinidades, o sea la que nos enseña que lo semejante atrae a lo semejante.
Esto, que tiene comprobación en todas las esferas de la Vida, es uno de los más
importantes factores que deben normar las reuniones espiritistas, si se quiere
obtener los mejores resultados. Si en las reuniones de toda clase en el mundo
físico, vemos que las personas se agrupan en conformidad con sus gustos y
opiniones, ese mismo fenómeno sucede en las de orden espiritista. No podemos
imaginar que un ser elevado que goza en los niveles espirituales de una
posición alta, y por lo tanto feliz, agradable y bellísima en los infinitos
niveles de la gracia, pueda aceptar descender, frívolamente, hasta la materia,
que para esos estados superiores significa un retroceso y una mortificación,
por dar gusto a un grupo de personas de la Tierra que, por curiosidad o por
tantos mezquinos deseos que impelen a muchos a buscar a los espíritus, se
hallan reunidos en una sesión de espiritismo... ¿Acudiría una persona notable,
culta y de elevada moral a una reunión de bebedores o de juerguistas de bajo
nivel en algún garito de ésos en que se emborrachan y se suscitan sangrientos
altercados a cada paso? Claro que no. Y ¿se sentiría cómodo un ser acostumbrado
a frecuentar centros de alta cultura, entre una reunión de ignorantes que sólo
buscasen embrutecerse con demostraciones de torpeza y de prácticas brutales?...
Así mismo sucede en las tenidas encaminadas a convocar a los espíritus. Acuden
aquellos que sienten agrado en sentirse acompañados por encarnados de su propia
condición. Es por eso que en las grandes escuelas metafísicas, de todos los
tiempos, se educó primero a los discípulos, hasta alcanzar los niveles de
purificación y adelanto debidos para tales prácticas, y nunca se ha llamado, o
evocado, a entidades que puedan aportar algún adelanto cultural o realizar una
obra útil de amor y de enseñanza, mientras no se reunieran los elementos
premunidos de la más seleccionada idoneidad. Así trabajaban en este terreno los
antiguos Maestros y así, también, lo hacen los modernos...
En
cambio, entre los exponentes, encarnados, de todas las bajas estofas de la
sociedad humana, abundan quienes buscan el contacto con esa multitud de seres
malignos del Astral, para procurar efectos de perniciosa influencia. A estos
grupos corresponden los llamados brujos o los médiums populares que explotan a
las masas con infinidad de supercherías, o de acciones protervas. La
perversidad de muchos los impele a buscar a dichos seres, en el deseo maligno
de saciar una venganza o pretender un beneficio de lucro indebido. Toda la gama
de las más bajas pasiones ha buscado, en todos los pueblos y en todas las
épocas saciar la sed impura de su lodo interno en alianzas de tal índole. Pero
no saben, estos desgraciados, que la primera víctima de tales hechos resultan
ellos mismos, por la misma fuerza de la Ley de Causas y Efectos que ya hemos
estudiado en anteriores capítulos. En primer lugar, los espíritus que se
prestan a tales trabajos, son de tan baja condición, y aun más baja todavía,
que aquellos que los evocan. Y un malvado no tiene escrúpulo por jugar y hacer
víctima de sus instintos depravados a los mismos con quienes se junta. Así,
pues, los que hacen daño, son dañados ellos mismos... Y, en segundo lugar, por
la misma Ley Cósmica de Causas y Efectos, cada acción o pensamiento maligno
genera la correspondiente reacción en los planos psíquicos y físicos, aumentada
en potencia hasta alcanzar consecuencias que se extiendes en tiempo y espacio a
muchas existencias sucesivas.
Recomendamos
a quienes se interesen por estudiar a fondo todo lo relacionado con esta
antigua ciencia, las magníficas obras escritas desde el siglo pasado por Allán
Kardec, y que se encuentran en todas las buenas librerías, muy especialmente
las dedicadas a libros esotéricos. Entre dichas obras sugerimos: "¿QUE ES
EL ESPIRITISMO?", "EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS", "EL LIBRO DE
LOS MEDIUMS", "EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO".
Son
muy diversas las formas como los espíritus pueden manifestarse a las personas
encarnadas. Las más comunes suelen ser: las apariciones, o sea la figura del
muerto que, de manera más o menos visible discurre por los sitios en que
acostumbraba vivir en la Tierra. Este fenómeno se explica por un grado bastante
fuerte de condensación del periespíritu o envoltura fluídica del ser,
ocasionada por la propia voluntad del espíritu, causada en la mayoría de las
veces, por el intenso deseo de actuar ostensiblemente en aquellos lugares que
fueran su ambiente acostumbrado en una última encarnación anterior: De tal modo
se explican las diferentes apariciones de fantasmas, de las que hay abundantes
referencias en la historia de algunos países; y ciertas materializaciones en
tenidas espiritistas. Algunos egos han quedado tan apegados a su anterior
existencia que no llegan, en mucho tiempo, a darse cuenta de su nuevo estado, y
la fuerza del deseo de visitar lo que antes constituyera su vida, los lleva a
tales visitas, que pueden alcanzar un grado visible de condensación de la
sustancia fluídica. Pero también puede obedecer tal fenómeno al deseo de
cumplir una determinada misión, muchas veces útil, y tal es la razón de muchas
apariciones de santos o personas que han traído algún mensaje del "más
allá". Entre estos casos, lo más elevado y concreto son las apariciones de
Cristo a sus discípulos en el período de cuarenta días posteriores a su
crucifixión. Los que estudien, con detención y conocimiento metafísico del
asunto, los. Evangelios, verán claramente que el Salvador no se presenta en su
cuerpo físico en ninguna de ellas. Todos los detalles de cada una de esas
manifestaciones, son claros y verdaderos signos de que actúa en su cuerpo
fluídico, condensado a tal extremo, en una materialización asombrosa, que puede
ser tocado, como en él caso de Tomás, al meter sus dedos en las llagas. Y el
prodigioso poder de Cristo llega hasta el extremo de comer y beber junto con
los discípulos sin que la materia sólida y líquida de los alimentos afecte en
nada a ese cuerpo fluídico tan maravillosamente condensado. En Verdad, tal
prodigio sólo ha podido lograrlo un semidiós, como EL.
Pero
la realidad de la sustancia de ese cuerpo, y por tanto la verdad del fenómeno
espiritista, reside y se explica en la forma de su aparición: siempre lo hace
de improviso, pasando a través de los muros y de las puertas cerradas, y eso no
se puede realizar, de ninguna manera con un cuerpo de materia física común. Y
recalco estas últimas palabras, porque para todo conocedor de la metafísica y
la Cosmología, es corriente el saber que la materia puede asumir infinitas
graduaciones de densidad, según los planos o mundos en que se esté actuando, y
el Doble Etérico así como el Alma, son también, formas de materia diferentes a
las conocidas por nosotros en la Tierra, correspondientes a niveles y leyes
superiores de la Naturaleza. Por eso es que fía podido pesarse el Alma en
experimentos a los que me referí en mi libro anterior, "YO VISITE
GANIMEDES..." y todo esto se explica, igualmente, en las obras dé Allán
Kardec mencionadas más arriba, muy especialmente en el libro "El Evangelio
y d Espiritismo", para quienes deseen profundizar en la investigación y
aclaración de estos puntos.
Otra
de las formas acostumbradas en la manifestación espirita, es la de ruidos o
golpes fácilmente identificables por los encarnados. De esto hay, igualmente,
una variedad infinita dé ejemplos, que ya la mayoría de la gente conoce. El
fenómeno en tales casos es algo similar al de las apariciones. La diferencia
radica en que la fuerza de voluntad del espíritu se ha dirigido a llamar la
atención ejerciendo su energía sobre un objeto inanimado o sobré el sentido del
oído de quien lo advierte. Pero siempre es una intervención de la voluntad del
desencarnado a través de la sustancia fluídica invisible, entonces de su
periespíritu. Este fenómeno tiene estrecha relación con los de movimiento de
objetos que en muchas sesiones espiritistas se han realizado, como el
movimiento de sillas y levantamiento de mesas y hasta de personas, que la
ciencia de que estamos tratando conoce miles de casos a través de los siglos y
de los países. En estas manifestaciones, la energía magnética y vital de los
encarnados es utilizada en parte para reforzar el experimento. El desencarnado
emplea parte de esa energía, y de ahí que, después de algunas sesiones
espiritistas, pueden sentirse algo cansados los asistentes. En tales
modalidades, el espíritu que se manifiesta utiliza directamente, por tal medio,
el objeto u objetos con los que se está manifestando. Esta es la explicación
del fenómeno de las mesas y sillas parlantes por medio de golpes, los de las
copitas que recorren un tablero o una mesa, y el de la moderna
"guija" con lápices o lapiceros, hoy muy extendidos en todas partes,
Y así como operan sobre los objetos inertes, pueden hacerlo sobré las personas,
actuando directamente sobre un miembro o sobre la casi totalidad del cuerpo
físico del médium, como ya vimos al comenzar este capítulo, Réstanos, ahora,
ocuparnos de los aspectos positivos y negativos del Espiritismo.
***
Ya
se ha dicho que el Espiritismo ha sido estudiado y practicado por una gran
cantidad de instituciones desde tiempo inmemorial. Y también se ha declarado
que tal manera de comunicación con los espíritus dé los fallecidos do sólo es
posible sino que puede utilizarse con fines muy diversos, según sean las
personas y entidades que intervengan en cada caso. Veremos, ahora, cómo
actuaron y actúan los elementos inspirados por un fin benéfico, noble, elevado
y sus correspondientes consecuencias; y después, veremos lo contrario. En las
Hermandades ocultas, de todos los tiempos, y en las instituciones de
investigación científica de propósitos culturales y humanitarios, siempre se
tuvo gran cuidado en seleccionar a los participantes en tales prácticas, por lo
mismo que ya explicáramos con relación a la Ley de Causas y Efectos, o Ley
Cósmica de Causación. Por tal razón, los espíritus evocados eran de categoría
superior, o por lo menos de un grado evolutivo mayor al común de los mortales.
Así se aseguraba una comunicación perfecta y un resultado positivo en los
contactos. Cuando un grupo de personas que han logrado superar su YO interno, y
purificar su mente y su alma, proceden a tal trabajo, nunca lo hacen
empíricamente ni en público. Tales grupos cuidan mucho de aislarse de las
interferencias perjudiciales, y de las influencias negativas de personas no
calificadas para dichas relaciones. De tal manera se asegura la posibilidad de
concurrencia de espíritus bien intencionados y dispuestos a trabajar con
elevación, nobleza y amor. Y debe saberse que en esos planos invisibles de la
Naturaleza nadie está ocioso, como pudiera creerse con las pueriles
explicaciones que ciertas religiones pretenden dar sobre el "más
allá". Esos "cielos" de concepción infantil que nos muestran
―particularmente el Catolicismo―, las diferentes iglesias cristianas
reformadas, vulgarmente llamadas protestantes, el islamismo o religión
musulmana, derivada del cristianismo, y una serie de sectas modernas vinculadas
a dichas religiones, son verdaderos frutos de la ignorancia extendida en
Occidente por los siglos de obscuridad, egoísmo y avaricia de quienes
recibieron un Mensaje Divino de Cristo y no lo supieron conservar en toda su
pureza y amplitud.
Porque
en los fundamentos de la doctrina cristiana y de sus primitivas y puras
enseñanzas estaba presente, a cada paso, el conocimiento y la verdad de las
viejas religiones que sabían y practicaban el espiritismo con fines de
superación y de altruismo. Y los mismos padres de la Iglesia, en los primeros
años y siglos lo enseñaron y lo practicaron, como los grandes iniciados de la
antigüedad. Ese conocimiento oculto del más allá fue el secreto de la fuerza
heroica demostrada por los primitivos cristianos ante las bárbaras torturas y
los cruentos sacrificios a que fueron sometidos los mártires cristianos de los
primeros siglos. Y esa fuerza irreprimible dio el triunfo a la naciente
religión. Pero, con el correr de los siglos y la paulatina desmoralización de los
conductores en la Edad Media, al ocultar primero, y combatir después tal
enseñanza que perjudicaba su ambicioso anhelo de construir un imperio mundano a
imagen y semejanza de los reinos de la Tierra, en lugar de asegurar una senda
positiva para los reinos celestiales, fue la causa de la corrupción en que se
hallara el cristianismo en los finales del medioevo, y de todas las sangrientas
luchas que vinieron después con la Reforma. Y quienes lo practicaron en secreto
fueron llevados a la hoguera de los tiempos terribles de la Inquisición, como
herejes y brujos...
Como
veníamos diciendo, en esos "cielos" nadie está ocioso. Se trabaja de
continuo por lo mismo que no hay cuerpos físicos que requieran de reposo cada
cierto número de horas. Y cuando se ha llegado a los niveles altos o
intermedios, ya todo se encamina al cumplimiento de la Ley de Amor Universal. Y
si en la Tierra, una persona o un grupo de personas se ocupa de hacer el bien y
prodigarlo, esos espíritus desencarnados los ayudan. Y es fácil entender que si
pueden ayudar sin que el encarnado se entere, mucha mayor ayuda se puede
obtener cuando se trabaja de común acuerdo. Y ésta es una de las grandes
fuerzas cósmicas que entran en juego para la superación de todas las
humanidades y de todos los pueblos.
Las
Hermandades secretas que de esa manera han trabajado miles de años, han hecho
más por el Progreso y por la Civilización, así con mayúsculas, que todas las
religiones juntas...
Empero,
si consideramos los aspectos negativos, debemos saber cómo evitar los males
que, también, son susceptibles de producir los malos usos de esta ciencia. Pues
si un grupo de personas mal intencionadas llega a pactar con los espíritus
inferiores, que son los verdaderos "demonios", los resultados han de
ser tan malignos como de malignos sean quienes en ese caso intervengan. La
brujería popular, cuando no es materia de estafa y de farsa para engañar a los
incautos, puede, igualmente, hacer tanto daño como bien hacen los otros. Así ha
pasado en todos los tiempos. Ya sabemos que el BIEN y el MAL marchan a la vera
del camino en todas partes; y si han existido Hermandades de Hijos de la Luz,
también ha habido cofradías tenebrosas de Hijos de las Tinieblas...
Y en
ellas se ha practicado todo lo que de maligno y detestable pueda tener cabida
en el alma humana. Y como los espíritus no dejan de ser lo que eran al pasar al
otro plano, una alianza de tales condiciones puede lograr abominables
resultados. Ejemplos existen muchos en la Historia... Más no sólo es
susceptible de hacer daño un espiritismo de tal clase, a los demás. Las
primeras víctimas de tales prácticas son los mismos que las ejercen. Ya lo
dijimos antes. La multitud de seres que pueblan las bajas regiones del Plano
Astral, por su mismo atraso, por su misma inconsecuencia y maldad, en su
obscura inteligencia aún no desarrollada ni depurada, no tiene el menor
escrúpulo de burlarse y hacer daño a los mismos que los evocan. Y como su
atraso evolutivo todavía no les permite vislumbrar las altas cumbres de la
Evolución y los luminosos mundos que esperan a quiotes han logrado subir más
escalones de la Vida, al morir están desesperados por haber perdido su cuerpo
físico y tratan, a toda costa, de procurarse uno nuevo, robándolo, si pueden,
al incauto que se atreva a conectarse con ellos. Esta es la razón de muchas
locuras incurables y de muchos trastornos psíquicos incomprensibles y rebeldes
a la psiquiatría. Y, del mismo modo, muchos accesos de furor que terminan en la
delincuencia, sin que sus autores puedan, más tarde explicárselos ellos mismos,
son, en verdad, casos reales de posesión de un alma débil por uno de aquellos
malignos intrusos que se han apoderado del incauto e indefenso YO del
encarnado...
En
casos menos graves, las personas que tratan de comunicarse con los
"muertos", sin tener la debida preparación y adelanto, se exponen a
ser víctimas de las más desagradables supercherías, pues caen en manos de seres
que se entretienen en burlarse de los ignorantes y de los crédulos. Esto es la
mayoría de los casos en las sesiones de espiritismo empírico y con grupos
heterogéneos. Al no descender a ellas sino espíritus mediocres, frívolos, y
dados a todo lo que fuera una vida común y grosera, sus resultados no pueden
ser otros que los que se obtendría de reuniones entre encamados con igual nivel
social, intelectual y moral... exactamente lo mismo que en la Tierra, con el
agravante de que no se sabe con quién se está tratando ni se le puede castigar,
como se haría en este mundo ante un engaño, una estafa o una burla...
Y no
sólo hay engaños y burlas provenientes de los espíritus. Hay, también, mediums
farsantes y operadores que tratan de sacar partido y lucro a costa de los
incautos e ignorantes. Gran parte de las "sesiones de espiritismo"
que sé realizan en muchas partes, en muchas casas, solamente son superchería y
teatro organizados por chantajistas y estafadores que procuran negociar en su
beneficio a costa de los necios que les creen todas sus artimañas. Una persona
que se precie de honrada y que conozca la verdad del Espiritismo, jamás se
presta para farsas ni para bajas maniobras de lucro personal, sean los médiums
o los que los soliciten. Porque es necesaria, a veces, una gran experiencia en
la materia para no dejarse engañar por falsos mediums que llegan a realizar
verdaderos alardes de prestidigitación para embaucar a los crédulos clientes.
Pero,
quien posea una buena experiencia en el asunto, puede descubrir fácilmente los
muchos trucos a que se exponen los incautos e ignorantes en el tema. Vemos,
pues, que no es recomendable incursionar en el espiritismo sin una adecuada
preparación, espiritual y técnica. Y vuelvo a sugerir, a los que esto deseen
investigar más profundamente, el estudio de los magníficos libros de Allán
Kardec recomendados anteriormente.
CAPITULO
XVI
MI
Viaje Astral a la Luna
Pasaron
varias semanas desde mi primer desdoblamiento y la visita que, en compañía del
Maestro, hiciéramos al Perú. Durante ese lapso, practiqué dos veces más la
salida consciente de mi cuerpo, siempre vigilado por él, y me sentí muy feliz
cuando me dijo que me preparara para hacer un viaje de ensayo a nuestro
satélite, la Luna. Esto era ya un notable progreso. Todas mis reservas
anteriores habían sido superadas, y esperaba con verdadera ansia el momento de
poder salir de la Tierra y aventurarme en el espacio a conocer nuevos mundos.
Dumpbahar
me explicó el motivo de tal viaje, manifestando que deseaba asegurarse de mi
satisfactorio estado y preparación, a fin de intentar, con toda seguridad, una
visita a Ganímedes en próxima oportunidad. Así pues, recibí con alegría su
orden de estar listo para ir a la Luna, con él, a la noche siguiente. Esta vez
había escogido un horario nocturno para disponer de todo el tiempo necesario en
una prueba tan importante como interesante. De tal suerte, al llegar el momento
propicio, me encontraba como el escolar cuando su profesor le anuncia un
premio...
Eran
las nueve de la noche escogida. Acabábamos de reposar la cena con un rato de
amena charla en el''grupo de compañeros del Hogar cuando Rahmojan me hizo seña
de salir. Ya tenía las cosas dispuestas y todo preparado en la Cripta. Me
despedí de mi mujer, mis hijos y los demás, que ya estaban enterados del plan,
y salimos juntos para el Templo.
―Vas
á conocer nuevas experiencias, de gran valor ―me dijo, mientras ingresábamos en
el Monasterio―. La Luna, contra lo que todos los profanos creen, está habitada;
pero por seres astrales invisibles para el ojo y los instrumentos humanos de
hoy. Tú lo vas a comprobar y no debes atemorizarte con lo que veas y escuches,
pues estarás protegido por mí en todo momento. Además, ya tu aura posee rayos
muy hermosos y la potencia lumínica suficiente para protegerte de aquéllos, y
esta experiencia te servirá de ensayo para realizar, con mayor seguridad, una
próxima visita al mundo en donde se encuentra nuestro Hermano Pepe...
Una
vez en la Cripta, nos tendimos en nuestros respectivos camastros de mármol, a
los que ya había llevado las mantas y almohadas en la tarde. Oramos como de
costumbre, y relajando todo el cuerpo me dispuse a ejecutar el ejercicio ya
conocido. Pocos minutos después me separaba lentamente del cuerpo físico que
ahora reposaba en profundo letargo. El Maestro me esperaba ya, flotando en el
aire a los pies de su cuerpo, y me invitó a seguirlo. Igual que la vez
anterior, pasamos a través de los muros de la Cripta y del Templo y nos
encontramos volando por encima del valle. Dumpbahar había esperado para este
viaje una noche de plenilunio, magnífica. El astro iluminaba bellamente las
cumbres plateadas de las montañas, y parecía como si nos llamara, sonriente y
bondadoso. Con nuestro pensamiento iniciamos la gira raudamente; pero el Lama
me dijo que controlara ese mandato mental para no realizar un vuelo
instantáneo. Quería que gozara de la maravillosa experiencia y me fuera
compenetrando en la asombrosa pero común facultad de viajar astralmente fuera
de nuestro mundo. Y yo gozaba, como un niño en paseo de vacaciones, de aquellos
momentos de inefable plenitud y de absoluta libertad de todas las trabas de la
Tierra. Nuestro planeta se veía ahora, como una enorme bola azul plateada en la
negrura del cielo tachonado de estrellas, y la Luna se iba agigantando a
nuestra vista igual que un disco o un reflector que, cada minuto crecía y
crecía hasta volverse mucho más grande que la Tierra ya lejana. Veíamos
marcarse los relieves, las montañas y los cráteres, cada vez con mayor nitidez,
y poco después volábamos en torno de ella como podríamos haberlo hecho dentro
de una nave espacial. Pero en nuestro estado fluídico, la visión era completa y
libre de todo obstáculo. Pensé que nuestros astronautas emplean casi tres días
en ese viaje, que nosotros estábamos realizando en minutos. Rahmojan captó mi
pensamiento y me sonrió. Dimos una vuelta completa en tomo al satélite y
descendimos sobre uno de los extensos cráteres que nuestros astrónomos
denominan "mares". No me llamó demasiado la atención, porque
recordaba haber visto algo igual en la televisión cuando los astronautas
llegaron a la Luna. No se veía a nadie, pero pude percibir claramente, alo
lejos, como un rumor de torrentes, marejada embravecida o el rugir del viento
huracanado. Naturalmente, allí no había ni agua ni aire. Dumpbahar leyó mi
mente y me dio la respuesta:
―Esos
rumores provienen de la otra parte, la obscura, que está a espaldas nuestras.
Son los habitantes de quienes te hablé cuya multitud se agolpa en la cara del
astro que no recibe la luz solar. No podrían soportarla aquellos seres, como ya
te expliqué en mis clases anteriores. Ahora vamos a ir para allá y te prevengo
de no atemorizarte. Ya sabes que nada debe causarte miedo, pues, aunque vas a
contemplar escenas terroríficas nada podrán hacerte estando yo contigo...
Con
la rapidez del pensamiento volamos a la otra parte del astro. Era,
verdaderamente, horrible cuanto allí se veía. Un enjambre gigantesco de seres
de formas a cual más grotescas y repugnantes, se debatía en toda la superficie
de la Luna desconocida por los hombres. Era cual una muchedumbre de animales
fantásticos, engendros caricaturescos de humanoides mezclados con las más
variadas formas zoológicas. Entidades repugnantes, mezcla de reptiles y de
pájaros, volaban sobre la masa de bestias que se arrastraba o saltaba sobre el
suelo... Grandes murciélagos que, al desplazarse, cambiaban de forma, como si
se diluyeran en el espacio, espectrales figuras con rostros deformes y cuerpos
alargados como serpientes, que se enroscaban unos en otros y producían una infernal
algarabía... Las más espantables descripciones del Dante, y las figuras
fantásticas más repulsivas de los dibujos de Alberto Durero, el gran pintor del
Medioevo, serían pálidos reflejos ante la muchedumbre de seres heterogéneos y
terroríficos ahora contemplados por nosotros. Todas las formas de reptiles de
la Tierra; infinidad de engendros mezcla de animal y de humanoide, y figuras
espectrales que se desvanecían y volvían a formarse, nos rodeaban y muchas de
ellas se acercaban haciendo muecas y ademanes amenazadores; pero el aura del
Maestro resplandecía con rayos intercambiantes de hermosas tonalidades entre
blanco celeste y dorado, y aquella multitud de seres se alejaba de nosotros
huyendo del radio de acción de la luz de nuestras auras, a medida que
avanzábamos. Al acercarnos, aullaban, silbaban y rugían con todas las formas de
estridencias que sería imposible interpretar por no tener parangón en nuestro
mundo...
―Ya
estás comprobando, por ti mismo, lo que te había prometido. Esta es la
población limar que nuestros astronautas ni siquiera han podido imaginar.
Hubiera sido necesario que se tratara de clarividentes y clariaudientes, para
poder saber que la Luna tiene esta clase de habitantes. Pero sólo en la Cuarta
Dimensión podemos conocerlo... Ahora bien; esto tiene una influencia tremenda
en las relaciones astrales de uno y otro mundo. Voy a mencionarte cómo, en
verdad, estos seres, en sus infinitas variedades y formas, llegan a tener
contacto con nuestro mundo y pueden influir sobre los hombres. Mas, ahora que
ya sabes de su existencia, volvamos a la Tierra, con calma, sin apresurarnos,
porque en el trayecto voy a darte esas lecciones que de esta manera, se grabarán
mejor en tu conciencia...
***
Sabemos
bien que la Luna influye, notablemente, en diferentes aspectos de la vida en
nuestro planeta. Su atracción determina las mareas en los océanos, y su
magnetismo se deja sentir en los fenómenos climáticos. La agricultura conoce,
muy bien la influencia selenita en los movimientos de la savia en los
vegetales, y sirve de ayuda para normar las siembras y las cosechas, lo cual ha
sido de conocimiento general desde antaño. También la Luna actúa como
reguladora de muchos procesos vitales, como los ciclos periódicos de la mujer,
y por tanto, entra en relación con las fechas propicias o ineficaces de la
procreación. Y, lógicamente, esa influencia alcanza, también, a la gestación y
fecha de nacimiento de los fetos. En cirugía, se ha podido comprobar que ciertos
períodos en las fases limares, favorecen la cicatrización de las heridas, y
otros la alargan. El cabello, la barba y las uñas crecen con mayor rapidez
cuando fueron cortados en las fases dé cuarto creciente y plenilunio, y muchos
aspectos de procesos quirúrgicos o de ciertos tratamientos médicos son
afectados directamente por nuestro satélite. Esto era conocido por los
astrólogos desde la más remota antigüedad, y algunos galenos actuales ―muy
pocos en verdad― lo saben y lo observan, aunque no se lo digan al paciente,
pues es preciso que ambos lo sepan, o de lo contrario se expondría el médico a
caer en el ridículo de la profana ignorancia...
Pero
que es muy poco conocido: mejor dicho, conocido por aquellos que participan de
la sabiduría cósmica de los iniciados, es la influencia que ejercen en los
seres de este mundo esos otros seres invisibles que habitan el lado obscuro de
nuestro satélite. A muchas personas se les llama "lunáticas" en el
lenguaje popular, por la manera de comportarse en determinadas ocasiones. Y el
apodo, común en todos los pueblos de acuerdo a las modalidades de lenguaje de
cada país, no es otra cosa que el fruto de la experiencia milenaria, a pesar de
que nadie sepa explicar el "porqué". Y, sin embargo, todos conocemos
que la Luna puede afectarnos, más o menos, según sea la sensibilidad y la mayor
o menor fuerza nerviosa y volitiva de cada uno. Nadie segará que hay personas
que, en ciertos períodos mensuales se sienten deprimidos, a diferencia de otros
días del mes en que están más eufóricos y animados. La psiquiatría conoce,
también, cómo determinados enfermos se 'manifiestan de diferente manera en unas
semanas o en otras, y yo puedo asegurar, por experiencia propia y de varios de
mis hermanos de la Orden, cómo observé, desde hace muchos años, la influencia
lunar en el desarrollo de mi diaria vida y actividad.
Pude
apreciar, y ahora lo comprendo, perfectamente, cómo en los catorce días de las
fases de menguante y luna nueva, o luna negra, iban disminuyendo para mí las
probabilidades de éxito en cualquiera gestión. Se me dificultaban los negocios;
se entorpecían las relaciones con ciertas personas, se alteraba mi normal
serenidad y me veía, muchas veces, enfrentado a situaciones capaces de hacer
perder la ecuanimidad a la generalidad de las personas. Yo mismo, antes de
lograr los frutos de este adiestramiento, caí, a menudo en esos equivocados
accesos de cólera, de descontrol y de abatimiento. Y siempre coincidían los
períodos mencionados negativos, con las susodichas fases de la Luna: el cuarto
menguante y la Luna negra. En cambio, al comenzar el cuarto creciente y llegar
al plenilunio, o Luna llena, su carácter cambiaba y mis asuntos se iban
arreglando, hasta lograr éxitos que antes desconfiara obtener. Tales
observaciones, repetidas durante largos años, en conexión con mis estudios en
la Orden, me llevaron a conclusiones que determinaron el hecho de repartir mi
tiempo y mis ocupaciones en conformidad con las fases del satélite. Desde
entonces, todo se fue modificando y pude comprobar cómo, en verdad, dichas
fases influían notablemente en la marcha de mi vida diaria.
Pero
la verdadera causa; la forma en que esa influencia era ejercida sobre mí, igual
que sobre todos los humanos, no me había sido revelada, aún, sino de manera muy
subrepticia. Sabía, ya, adecuarme a las influencias lunares para sacar el mejor
partido en mi diaria lucha por la vida. Pero sólo ahora llegaba para mí la
verdadera causa, el motivo intrínseco y real de aquellas influencias tan
notables, al conocer la población lunar y el mecanismo de su acción sobre la
Tierra.
Varias
de las otras interferencias, en el campo de la física y del magnetismo, según
lo anotado al principio, son lógicos resultados de las fuerzas físicas y
magnéticas del satélite actuando sobre nuestro mundo. Pero ¿pueden influir
estas fuerzas en los campos de vida espiritual, mental, intelectual, psíquica y
moral?... ¿Es aceptable suponer que los hechos y las relaciones de seres vivos
e inteligentes, en su vida íntima y en su comunicación con otros seres vivos e
inteligentes, como los seres humanos, se vean modificados o alterados en su
relación sustancial y en la manera de pensar o de actuar de consuno por causas
meramente físicas? No es lógico. Es posible pensar que ciertos hechos de orden
físico tales como alteraciones de la corteza terrestre, meteoros, fenómenos
telúricos y otros, puedan alterar ciertas relaciones entre las personas con
respecto a determinados planes. Pero no es aceptable que tales fenómenos
lleguen a modificar maneras de pensar o de actuar a largos plazos, ni menos
alterar de modo intrínseco las normas de la vida de un sujeto en plazos tan
cortos como los que median entre las cuatro fases mensuales de la Luna. Ello
sólo puede obedecer a causas igualmente de orden psíquico, a la intervención de
fuerzas vivas actuando sobre las energías vivas de los seres... a fuerzas
mentales influyendo en la voluntad y la mente de los otros seres... a
organismos fluídicos introduciéndose en los otros cuerpos fluídicos del
hombre... En fin, que efectos de orden moral, mental y psíquico no pueden ser
modificados sino por otros agentes o causas de igual orden y entonces tenemos
que aceptar que tales influencias de la Luna no pueden ser atribuidas a la masa
inerte del astro, con su magnetismo y sus fuerzas de atracción y repulsión,
sino que requieren la presencia y la acción de fuerzas vivas y con cierta dosis
de inteligencia...
Tenemos,
entonces, explicado el problema. Existiendo allá una población de seres como
los que acabamos de describir, dicha influencia obedece a la acción directa de
los mismos, actuando en los momentos en que mejor, pueden ejercerla, o sea en
los períodos en que pueden ponerse en contacto, libremente, con la Tierra.
Sabemos que por su condición de atraso en la evolución, permanecen confinados
en la parte obscura durante los días en que la Luna recibe la luz solar que los
afecta. A medida que esa luz va desapareciendo, se van diseminando hacia las
partes obscuras del satélite, y pueden, como formas astrales que son, llegar
hasta la Tierra y actuar, también, en las. horas y en los lugares mas propicios
y desprovistos de luz del planeta, atacando a los humanos en relación directa
con su mayor o menor sensibilidad y falta de dominio, y entorpeciendo con su
alocado entrometerse, todos los asuntos sujetos a la voluntad de los hombres,
tales con» negocios, relaciones públicas, familiares e institucionales, etc.,
hasta que en su máximo desarrollo, cuando la luna negra les es más propicia,
alcancen a su máximo poder de manifestación...
Si
meditamos bien en esto, tal ver logremos desentrañar el misterio de muchos de
nuestros problemas, a través del largo peregrinaje por la vida en este mundo. Y
también podremos hallar la manera de contrarrestar dichas influencias. Para
ello, nuevamente, habremos de aprender a desarrollar nuestra voluntad y a
dominar nuestro pensamiento y gobernar nuestros impulsos, única senda para
lograr el triunfo en nuestra vida y en la evolución total...
CAPITULO
XVII
La
Juventud y las Drogas
Uno
de los problemas de mayor trascendencia en los tiempos que estamos viviendo, es
el de la toxicomanía, o el uso de drogas estupefacientes y alucinógenas por una
gran mayoría de personas en todo el mundo. Y lo más nefasto en la mayor parte
de los países resulta el alarmante incremento que tal práctica va tomando en
grandes sectores de la juventud de todos los pueblos. El índice de toxicómanos
aumenta día a día, y es decepcionante comprobar cómo, desde hace algunas
décadas, los jóvenes drogadictos van engrosando las filas de ese ejército de la
depravación y de la muerte, para beneficio de los criminales que negocian con
la salud y el alma de los futuros ciudadanos, que hoy resultan fuciles presas
por su mismo anhelo de buscar un mundo nuevo, una humanidad mejor.
Porque
no es posible pensar que los jóvenes de hoy caigan en el vicio por simples
motivos de placer efímero... Muchos de ellos habrán que lo hagan por
inconsistencia de principios morales o por falta de una adecuada educación.
Pero hay muchos, también, que han ido a parar en las garras de una droga por
estar cansados de la hipocresía y la inconsecuencia de la vida social y
material de este mundo que se debate en los estertores de una civilización
agonizante, como vimos en mi anterior libro. Nuestra civilización agoniza―ya lo
expuse en "YO VISITE GANIMEDES..."― y uno de los síntomas de esa,
mortal enfermedad no es otro que el uso de las drogas, perseguido publicar
mente por la generalidad de los gobiernos, y amparado, secretamente por varios
de ellos...
Y la
juventud, en todas partes, encuentra un mundo cada vez más corroído por un
materialismo que sólo busca realizar pingues ganancias y negocios, muchas veces
turbios e inconfesables, para saciar, cueste lo que cueste, la desmedida
ambición de los grandes consorcios y de los mezquinos intereses egoístas de
grupos de poder económico, empeñados en manejar el mundo entero como si fuera
un gran feudo...
Y
entre esos nefastos grupos se encuentran mañas que negocian con las drogas,
que, hasta ahora, no es posible erradicar definitivamente del planeta. Y ese
tremendo tráfico mortal está haciendo pingues utilidades con las grandes masas
de la juventud en todas partes. Porque a la curiosidad que despierta lo
desconocido, se une la inconsciente complicidad de los mismos viciosos,
quienes, una vez dominados por el morboso hábito, no trepidan en buscar nuevos
acompañantes en el engañoso placer de los primeros días, que los lleva, lenta
pero ineludiblemente, a la degeneración, la ruptura moral y física y, al final,
a la más despreciable condición humana y la muerte...
Casi
siempre el drogadicto es un débil y un ignorante de la verdadera acción que
ejerce la droga, cualquiera que ella sea. Trátese de la morfina, la heroína, el
opio, el haschis, la marihuana o el LSD, todas ellas son mortíferas a más o
menos plazo, y todas producen una lenta pero segura degradación en sus
víctimas. Hemos dicho que una de las causas, la más común, es la ignorancia al
respecto. No se pretende, con eso, decir que el drogadicto sea un tipo
ignorante. De ningún modo; ni que sea falto de inteligencia. No...
Precisamente, muchos intelectuales, y bastantes elementos estudiosos de las más
difíciles profesiones, han caído, a veces, en la toxicomanía. Si hemos empleado
el término "ignorante" es refiriéndonos a la ignorancia sobre los
verdaderos efectos de la droga, para cuya evaluación se requiere, en último
término, conocimientos de cosmología y metafísica que no abundan en el mundo.
Porque
a los efectos inmediatos de cualquiera de las mencionadas sustancias; conocidos
por todos los que las usan, se unen, artera y secretamente, las distintas
consecuencias internas que ellas ejercen sobre los "chacras" (palabra
sánscrita) o sea los centros de fuerza y de poder fluídicos internos, cuya
coincidencia con las glándulas endocrinas es muy grande y secreta, y gobierna,
en cierta forma, todas las manifestaciones de nuestra vida interior. Y por eso
hemos dicho que la causa primordial de la toxicomanía es la ignorancia, pues
quienes conocen de estos secretos de la naturaleza jamás caen en ninguna
desviación de la vida natural y equilibrada; por tanto, nunca pueden caer en un
vicio...
Es
lamentable ver cómo, jóvenes de notable inteligencia, que pueden tener un
porvenir brillante con la cultura que van acumulando, se dejan arrastrar al
vicio, como si fueran unos pobres polichinelas, meros títeres humanos de las
circunstancias y de la falsa amistad. Se puede ser inteligente y educado;
instruido y moralmente apto para grandes logros en la vida. Pero si no se tiene
carácter para no dejarse arrastrar por otros, de nada vale la instrucción y los
buenos propósitos, los buenos modales y los pensamientos en busca del progreso:
sin voluntad se puede caer en cualquier cosa, hasta en las más abyectas... Ya
lo dijo una vez Florencio Sánchez, célebre autor teatral uruguayo: "Los
hombres sin carácter son muertos que caminan"...
Y
los seres dominados por cualquiera de los vicios de la humanidad de este
planeta, incluso las drogas, son muertos que caminan, porque, tarde o temprano,
llegarán a convertirse en guiñapos humanos despreciables, o muertos ambulantes
que perdieron su alma. Porque las drogas no perdonan. Y a la lista anterior
debemos adjuntar, también, el alcohol, aunque no esté incluido, normalmente en
el término "droga". Pero es tan vicio y tan terrible como el que más,
en la larga y tenebrosa secuela de los hábitos malignos.
Los
tristes resultados de cualquiera de―estos vicios destruyen igualmente la
personalidad, la dignidad y la salud de quienes caen en sus garras. Los
síntomas y efectos exteriores los conocemos todos. Pero los efectos interiores
los desconocen hasta los médicos, en muchos casos, pues es necesario ser un
metafísico y un cosmólogo para llegar a dominar toda la gama de efectos
internos que cada droga puede ocasionar. Es necesario saber qué son los
"chacras" y cómo actúan dentro de nuestro organismo, en conjunto con
las glándulas endocrinas. Y esto sólo es conocido por muy pocos médicos...
Es
sensible que no se pueda divulgar, en un trabajo público como este libro, la
importante relación de esos centros fluídicos invisibles para el ojo y los
actuales instrumentos de nuestra ciencia, con las glándulas endocrinas. Ya los
médicos saben que hay muchas facetas desconocidas en la actuación que esas
glándulas tienen dentro de nuestro organismo. Y las más ocultas son,
precisamente, las relacionadas con los "chacras" por ser
conocimientos que caen absolutamente dentro del secreto de los terrenos de la
Cuarta Dimensión, donde no es posible penetrar sin la previa preparación de un
"iniciado". Vale decir, con el previo adiestramiento integral que
tantas veces hemos mencionado en el curso de mis dos libros...
Y
tal conocimiento nos permite asegurar que, cada una de las mencionadas drogas
actúa de modo particular sobre uno o varios chacras, y de esa manera las
consecuencias resultan más o menos dañinas, pero siempre son nefastas todas
ellas. Todos los órganos de nuestro cuerpo son afectados por su acción, sus
efectos inmediatos visibles, se manifiestan ostensiblemente. Pero las
consecuencias mediatas, o a mayor plazo, vienen con el tiempo, ya que la acción
en la Cuarta Dimensión, que ya sabemos que domina a todo el organismo integral,
son más o menos progresivas y seguras en su destructor avance, de no extirpar
de raíz el vicio. Y quien no ha tenido voluntad para oponerse a entrar en él
¿puede tenerla para dejarlo? Recordemos, como ilustración comprensible del problema,
lo que sucede con la anestesia, fruto de determinada droga empleada legalmente
en medicina. Ya hemos explicado, anteriormente, este fenómeno. Según sea el
medicamento empleado el cuerpo etérico, o Doble Vital, es expulsado fuera de
determinado órgano o porción de nuestro cuerpo, lo que produce la
insensibilidad de dicha porción del organismo. Esto, en mayor escala, es el
resultado de cada una de las drogas empleadas para el vicio. Y sus resultados
son la respuesta directa del cuerpo etérico dentro de nosotros. Es fácil
comprender que si tal acción se repite de continuo, sus efectos serán cada vez
más perjudiciales para toda nuestra fisiología y metabolismo, pues la vida
celular de los órganos afectados se trastorna y esa perturbación puede ocasionar
consecuencias incurables dentro de la economía general de nuestro cuerpo. Un
vicioso puede haber sido un ser inteligente, de inteligencia brillante incluso;
pero si el ataque artero de la droga va dañando paulatinamente las células de
su cerebro, llegará a convertirse, poco a poco, en un torpe, embrutecido por el
vicio antes de llegar a la muerte... Otros, como en el caso del alcohol, verán
entorpecerse su cerebro, ennublarse su conciencia y caer en la más despreciable
abyección, antes de morir con el hígado desecho, como casi todos los
embrutecidos alcohólicos sempiternos. Y los trastornos a la médula espinal, a
los pulmones y al corazón son tan comunes que no merecen mayores explicaciones
al respecto. No hay órgano que no sea afectado,― más o menos directamente. Y en
este ataque general a la propia fortaleza de nuestro cuerpo, unas y otras, con
mayor o menor rapidez, realizan su demoledora acción en todo nuestro ser...
Ya
conocemos cómo se comporta el morfinómano, el opiómano, el marihuanero, al
perder totalmente el control de sí mismo... Y si recordamos que, en términos
generales esos tan mencionados "chacras" se convierten de servidores
sumisos y obsequiosos en carceleros y verdugos, tendremos que pensar en el
terrible cuadro que le espera al drogadicto a corto plazo... Si entendemos
esto, ¿por qué no oponernos a la destrucción total?... ¿Por qué no hacer un
esfuerzo de voluntad, una demostración de personalidad consciente, de verdadera
consistencia humana, y apartar la droga?... ¿Puede considerarse un ser
consciente quien se deja arrastrar por un simple agente químico, por una
sugerencia necia de un amigo, por una momentánea tentación de experimentar
sensaciones nuevas, cuando sabe que se va a causar daños que pueden llegar a
ser irreparables?... Creo que es demostrar una imbecilidad mayúscula, si quien
así procede ha podido razonar. Claro está que quien no razone ¿merece llamarse
ser humano?...
¡Y
un ser humano tiene tanto en qué pensar! Hay tantos problemas que requieren
atención en nuestro mundo, ¡que no merezcan el esfuerzo de nuestras juventudes
para su resolución!... Porque, en verdad, creo que los jóvenes, en todas
partes, se están retrayendo, se están aislando, por un falso concepto de valor
humano para enfrentarse a las circunstancias y a los verdaderos causantes de la
decadencia actual de nuestro mundo. No es formando grupos aislados ni
entregándose a las drogas como puede salvarse nuestra humanidad. Así, los
verdaderos tiranos, los culpables de la situación mundial que repudian,
honestamente, las juventudes; los responsables anónimos, escondidos tras las
bambalinas del teatro de la Vida en este mundo, seguirán medrando en la sombra
y hundiendo, cada vez más, a esta pobre humanidad...
Creo,
sinceramente, que el fenómeno de la rebeldía juvenil que estamos contemplando,
obedece a motivos muy plausibles, a deseos muy puros y encomiables. Ellos, los
jóvenes de este siglo XX, están convirtiéndose en los jueces insobornables de
este mundo... Su rebeldía, ante las atrocidades que cometen quienes conducen
esta humanidad a la hecatombe, tiene mucho de .estoicismo negativo ante la
proximidad de los desastres. Lleva, en su fuero Viten», mucho de la resignación
de los mártires y del conformismo del esclavo, que se ampara en la noche de la
droga, para olvidarse de la injusticia y la crueldad de los hombres... Pero
este no es el camino. Esta no puede ser la solución. Sería como el camello que
hunde la cabeza en la arena creyendo salvarse del peligro o la amenaza... Los
jóvenes de hoy en día anhelan «8 mundo mejor, una forma de convivencia más pura
y más franca, un mundo sin tapujos ni embelecos de pasadas épocas, que hoy, en
la era atómica, se deje de engañifas y sofismas, que escudan su hipocresía y su
bajeza para alcanzar utilidades tenebrosas, y emprenda la conquista de una
mejor civilización, sin lacras ni compromisos del pasado...
Y
ese mundo nuevo, esa nueva civilización regenerada, no se logra con las drogas
ni se construye con el aislamiento estéril. ¿Puede esperarse de quien no tuvo
carácter para evitar un vicio, que pueda convertirse en el apóstol o el líder
de una causa grande y sagrada como la regeneración de un mundo...? Para ello se
requiere de una voluntad de acero. De una moralidad a toda prueba, porque un
inmoral no puede pretender que lo sigan quienes aspiren a reformar la
civilización actual, Y para ello se necesita de sacrificios heroicos, los que
implican cualidades excepcionales que, de hecho, han perdido aquellos que no
tuvieron el valor de decir "no" al amigo drogadicto que pretendió
arrastrarlo al vicio...
CAPITULO
XVIII
El
Por Qué de la Delincuencia Juvenil
Al
estudiar el panorama mundial, no sólo encontramos, entre los múltiples
problemas que aquejan a nuestra humanidad, el de la amenaza de las drogas a la
juventud, sino, también, la escabrosa faceta de la delincuencia entre los niños
y los adolescentes. Las noticias mundiales están llenas de hechos que,
verdaderamente, asombran a quienes estamos acostumbrados a considerar a esos
seres como criaturas aún tiernas y dignas de la más grande consideración.
Pero,
cuando llegan a nosotros informaciones de asesinatos pavorosos, cometidos por
menores de edad. Cuando leemos, como ha sucedido en los Estados Unidos de Norte
América, que un niño de 15 años disparó dos tiros de revólver al corazón de su
madre, porque la pobre mujer, enferma, se había negado a proporcionarle 36
dólares para comprar una máquina que el muchacho quería para hacer experimentos
caprichosos... O aquel otro caso de una chica de 14 años que, por haber sido
reprendida por su padre a causa de las malas notas del colegio, fue a buscar la
escopeta del autor de sus días y le descerrajó, a quemarropa, los dos cartuchos
de la misma, fulminándolo instantáneamente. Y qué diremos de ese otro muchacho
de 16 años que, por una discusión familiar, sacó el fusil que su padre guardaba
en el desván y se fue a sentar sobre una roca, frente a la carretera que pasaba
cerca de su casa, y desde allí empezó a disparar contra todos los autos que
transitaron por ella, matando así a tres personas e hiriendo a más de siete,
todas víctimas inocentes que nada tenían que hacer con la molestia surgida en
la casa del muchacho...
¿Qué
podemos pensar de ese otro grupo de jóvenes, entre los 16 y los 19 años, que,
reunidos en pandilla, se dedicaban a visitar las cantinas de Manhattan,
consumían lo que querían y, en vez de pagar, regalaban al cantinero y a los
mozos con una lluvia de balas, matando sin asco a multitud de inocentes... y
ese otro muchacho de 17 años que se había especializado en perseguir a los
mendigos inválidos y, al amparo de las sombras de la noche los atacaba,
torturándolos con cuchillas antes de darles la puñalada fina!...?
De
tales casos hemos leído una larga lista infamante en los diarios y revistas,
muy especialmente de las grandes ciudades norteamericanas. Es notable la
afluencia de informaciones de tal índole provenientes del país del "Tío
Sam”. Es verdad que la delincuencia juvenil se da en la mayoría de todos los
pueblos, pero muy particularmente entre los habitantes de las grandes urbes del
mundo occidental, y en especial en los centros superpoblados de las llamadas
grandes potencias de Occidente. Y entre todos éstos, el mayor porcentaje
corresponde a las ciudades yankis. ¿Es que allá se han concentrado, en mayor
cantidad, los factores negativos generadores de tales tipos de delincuencia...?
―Esto lo vamos a analizar a la luz de conocimientos suprafísicos en investigaciones
realizadas bajo la dirección de mi Maestro, en largas sesiones de estudio que
tuviera bajo su control.
Pero
antes de proceder a dicho estudio, permítaseme anotar algunos otros casos que
conmueven, profundamente, al observador imparcial de tales hechos. En Sydney,
Australia, hace poco, un grupo de cuatro muchachos encontró a William Henry
Hill, de 55 años, dormido en un autobús desocupado. Rociaron sus ropas con
alcohol y le prendieron fuego, quemándolo vivo... ¿Qué motivo pudo haber para
tal atrocidad? ―La revista "La Pura Verdad" de Pasadena, California,
EE.UU. informa detalladamente de estos y otros casos como los que siguen: En
San Francisco, California, un estudiante de secundaria, Rodney García, de 17
años, resultó muerto y otro, John Santiago, de 16, fue herido seriamente en un
muslo, por los ocupantes (seis jóvenes) que llegaron de improviso ante la zona
de estacionamiento de un restaurante y comenzaron a disparar, a ciegas, contra
los presentes en dicho lugar. Agentes de la policía que minutos más tarde
lograron detener al automóvil desde el que se hicieron los disparos, vieron que
se trataba de seis muchachos con edades comprendidas entre los 15 y 20 años. En
el auto hallaron una escopeta recortada y las cápsulas vacías de las municiones
disparadas.
Mientras
esto sucedía en California, dos jóvenes en Atlanta, Georgia, furiosos por no
haber conseguido que se tocara en una fiesta los discos que ellos deseaban,
salieron, fueron a sus casas a buscar armas y regresando al auto se dedicaron a
disparar por las calles, a diestra y siniestra, contra todo lo que se moviera
delante de ellos. Hubo dos muertos y varios heridos, todos ajenos a la disputa
que tuvieran horas antes en la fiesta...
Y
qué diremos de la organización montada por el siniestro asesino juvenil Masson,
en California, en la que participaron muchachos y muchachas, cometiendo una
serie de crímenes en víctimas inocentes que nada tenían que ver con sus
victimarios quienes parecen que actuaron como si realizaran rituales
sangrientos, llevados por una furia satánica absurda e incomprensible...
Tales
casos y los muchos más que nos abstenemos de mencionar por no alargar
inútilmente la lista, nos llevan a preguntamos: ¿Qué explicación lógica puede
haber de tan abominables hechos? ¿Puede haber esa explicación...? Los
sociólogos, los educadores de diferentes países, muchos padres y madres en
todas partes, se han hecho esta misma pregunta... y nadie, hasta ahora, llega a
dar una respuesta satisfactoria porque nadie, en estos momentos de gran
confusión y de predominio de las ideas materialistas en la educación moderna,
se acuerda o conoce la verdadera estructura del ser humano y su íntima relación
con los planos invisibles de la Vida. Pero esa respuesta existe y la conocemos
todos los que hemos caminado por los senderos metafísicos de alguna escuela seria
de instrucción esotérica.
Es
un problema que sólo tiene respuesta en los dominios de la Cuarta Dimensión.
Para quienes conocemos cómo está formado el ser humano, y cómo se relaciona
toda su vida con los distintos niveles de ese mundo astral al que denominamos
la "Cuarta Dimensión", este problema tiene una clara visión del
conjunto y una completa información que poder proporcionar a los interesados en
tan escabroso tema.
Vamos
a adelantar que tal fenómeno estaba ya previsto en los libros sagrados, y que
en el Apocalipsis de San Juan se habla de que "en los tiempos que han de
llegar, Satán será desencadenado para tener amplio dominio sobre la
Tierra..." ¿Qué significado tiene esto? ―Lucifer, Satán, las figuras
simbólicas del Reino de las Tinieblas, que no ha sido nunca explicado por la
Religión, pues ello implicaría la necesidad de abordar temas de cosmología y
metafísica que fueron vedados desde la Edad Media por no convenir a los
intereses mundanos de la Iglesia, representan la multitud de entidades malignas
y atrasadas que pueblan los planos inferiores de ese mundo astral o Cuarta
Dimensión, entidades, en su mayor parte provenientes del mismo mundo humano,
que se encuentran en dichas regiones de la Naturaleza que fueron explicadas en
"YO VISITE GANIMEDES..." como parte integrante de ese gran mundo
psíquico llamado por los orientales "Plano Astral" y conocido por
nosotros como "Cuarta Dimensión".
Ya
sabemos que ese mundo, o región importantísima de la Naturaleza, está formado
por una infinita serie de divisiones o regiones, subplanos o niveles de vida,
en donde discurre gran parte de la existencia de todos los seres humanos,
además de ser, también el mundo en que se desarrollan infinidad de seres
infrahumanos y suprahumanos, desde las más primitivas y elementales formas de
vida hasta muy elevados niveles de desarrollo para las entidades que por ese
plano tienen que pasar y permanecer, mas o menos tiempo según su menor o mayor
grado de adelanto en el proceso de desenvolvimiento que todos los seres o
criaturas siguen en el Universo.
Y
conocemos, también, que las regiones o niveles inferiores corresponden a lo que
se conoce teológicamente como "Reino de las Tinieblas", pues en
parte, dicha denominación proviene del atraso, u obscuridad mental, moral y
espiritual correspondiente a dicho plano de la Naturaleza, y de igual modo
porque allí la Luz del Espíritu no ha podido abrirse paso todavía, y la
obscuridad moral corre pareja con formas de obscuridad ambiental que hacen de
tales regiones el verdadero reino de todo lo tenebroso que puede darse en la
Vida. En esos niveles de la Evolución tienen su asiento los llamados
"Infiernos" y "Purgatorios" de las religiones, y no han
sido explicados por la Iglesia Católica Romana, ni por las iglesias ortodoxas y
protestantes, porque su verdadera interpretación, no la teológica que ya
adolece de sofismas medievales, sino la científica y natural, corresponde a
conocimientos y verdades que fueron prohibidas y ocultadas desde la Edad Media
por la Iglesia cuando la ambición de poder y de riquezas llegó a dominar en las
altas jerarquías, llevando a sus dirigentes a construir un imperio terrenal,
que detentara fortuna y poder materiales, en vez de ese otro reino espiritual
humilde y pobre predicado por el Sublime Maestro Jesús y sus discípulos...
Era
imposible conciliar una enseñanza esotérica, como la de los dos primeros siglos
del Cristianismo, con la ambición de poder y de riquezas que tentó y dominó,
posteriormente, a los obispos del medioevo. La historia nos: lo prueba, pues en
ella vemos que, en vez de un reino espiritual y pobre, se levantó un imperio
lleno de orgullo y de soberbia, que acumuló ingentes riquezas materiales y creó
ejércitos y empleó la fuerza de las armas para dominar a los pueblos, hasta los
tiempos en que el Papado fue despojado de su poder temporal a fines del siglo
pasado.
Y
para construir ese imperio material con un pretexto espiritual, no se podía
enseñar ―como lo hicieron durante dos siglos los primeros padres de la Iglesia,
entre ellos Orígenes― las verdades de la evolución del espíritu a través de su
peregrinación por la Materia y su sucesiva serié de transformaciones en niveles
cada vez más adelantados en demanda de la perfección, pues hubieran tenido que
enseñar el lógico proceso de la Reencarnación o "Ley de Pluralidad de
Existencias" enseñada por Cristo, como consta en los Evangelios, pero
disimulada, prohibida y perseguida desde el siglo cuarto por los que
ambicionaron la construcción del imperio terrenal y para ello crearon el mito
de una sola existencia, en la cual habría de decidirse sin apelación la
salvación o condena del alma... ¡Tremendo absurdo que nos ha dado la idea
deforme de un Dios vengativo y cruel que hizo a los hombres, a capricho, ricos
y pobres, inteligentes y torpes, todopoderosos y siervos, humillados y
pisoteados los unos y encumbrados y felices los otros..;1 Ese mundo absurdo ha
sido el fruto de la ignorante y maliciosa interpretación proporcionada por los
dogmas medievales, desde los tiempos en que se ocultara, para siempre, las
luminosas enseñanzas esotéricas de los dos primeros siglos del Cristianismo. Y
de allí, salió, más tarde, en el siglo sexto, el llamado sacramento de la
confesión, que no existía en los siglos anteriores: Porque era más fácil
dominar a los pueblos y a los reyes haciéndoles creer que sólo se podía salvar
el alma obteniendo la absolución y para ello, los únicos autorizados eran los
miembros de la Iglesia... y también, en esa forma, podía asegurarse el máximo
poder del nuevo imperio, conociendo el modo de pensar y los secretos más
íntimos de reyes, señores y vasallos...
Todo
esto impidió, a través de los siglos, que se conociera la verdadera senda por
la que camina el alma en demanda de su superación, en el anhelo justo y divino
de que todos puedan alcanzar la perfección a que aspira el ser humano una vez
que ha logrado despojarse de las vendas que nublan su razón y que traban su
mente. Por eso siempre se ha dicho en los textos sagrados del Nuevo testamento:
"que los que tengan oídos, oigan: y los que tengan ojos, vean..."
Y
quienes tienen, ya abiertos los ojos y los oídos a la luz y a las armonías de
los planos superiores de la Cuarta Dimensión, saben lo que significa la
alegoría apocalíptica mencionada en párrafos anteriores sobre el
desencadenamiento de Satán en los tiempos del cumplimiento de esa tremenda
profecía: es la proliferación en la Tierra de legiones de espíritus
provenientes de los más bajos niveles del mundo astral, o mundo del alma que
están encarnando de nuevo en las etapas postreras de estos últimos años de la
civilización actual, civilización agonizante como se explicó en mi libro
anterior, que cumple inexorablemente lo escrito en la predicción de la Isla de
Patmos, porque ya los "tiempos han llegado"... Si tenemos en cuenta
que en estos años postreros de un ciclo o revolución cósmica, gran número de
espíritus desencarnados correspondientes a los más bajos niveles de ese mundo
invisible vuelven a encarnar en masa en todos los confines de la Tierra,
atraídos, especialmente hacia los lugares donde más se ha pronunciado el
materialismo de las costumbres y la frivolidad de la vida diaria, no hemos de
extrañarnos al contemplar esa profusión de hechos bochornosos, abominables y
sin explicación para el investigador profano. Si nos detenemos a meditar qué
puede hacer un ser en cuyo interior se debate un alma todavía atrasada, un alma
que no ha llegado a superar los niveles del salvajismo o de la barbarie más
cruel, un espíritu imperfecto que sólo conoció en sus encarnaciones anteriores
las manifestaciones de una vida brutal y feroz, tenemos, entonces, la
explicación lógica y cabal del porqué de los anteriores fenómenos descritos al
ocuparnos de la delincuencia juvenil que hoy se desborda por el mundo. Es que
los tiempos han llegado y la profecía se cumple.
Y a
los que preguntan cómo Dios permite todo esto, también podemos responderles. En
la Justicia infinita del Creador, y en su infinito Amor, que busca todos los
medios que permitan al Hombre poder aprovechar las menores coyunturas para
prosperar en la Senda de su superación, éste fenómeno de la proliferación de
almas imperfectas en la Tierra tiene por objeto la oculta y sapientísima
intención de procurar que esas almas, que antes de encarnar de nuevo reciben
una advertencia de entidades angélicas de la Cuarta Dimensión para aprovechar
de esa nueva oportunidad y última contingencia para poder dar un salto heroico
hasta el nivel de superación que les permita evitar el terrible destino que
espera, en Hercólubus a todos lo que no hayan alcanzado, en el Juicio final, el
nivel vibratorio conveniente, es la prueba de cómo el PADRE vela siempre,
amorosamente, por el constante mejoramiento de todas sus criaturas... Si muchos
de ellos no comprenden la lección y no aprovechan la oportunidad, allá ellos...
Quien
piense, detenidamente, en esto, comprenderá la lógica y sencilla relación entre
las palabras enigmáticas del Apocalipsis y los absurdos e incomprensibles
fenómenos de la delincuencia juvenil de los tiempos actuales...
CAPITULO
XIX
La
Precocidad Infantil de los Ultimos Tiempos
Paralelamente
a los aspectos negativos reseñados en los dos capítulos anteriores, vemos hoy
una notable afluencia de niños superdotados, de criaturas que asombran por sus preclaras
dotes de inteligencia y sus tempranas y precoces manifestaciones de genialidad.
Abunda en todas partes, muy particularmente entre los pueblos considerados como
subdesarrollados de la América Latina, un incremento asombroso de nacimientos
felices de seres que, desde los primeros años de la infancia hacen gala de una
inteligencia muy superior a las de sus progenitores y, en ciertos casos, tan
marcada luminosidad mental e intelectual que han merecido menciones especiales
de la prensa y premios de estímulos de las autoridades.
Este
fenómeno, coincidente con los otros de tipo lamentable ya estudiados, merece
ser explicado también porque, igual que en los otros casos, no tiene respuesta
satisfactoria en los medios comunes de investigación y de cultura profana.
Para
ello debemos recordar la ley cósmica de los contrarios, o de los pares
opuestos, que hemos conocido en capítulos anteriores, todo en el universo tiene
su antítesis, como ya lo analizamos entonces, y así como están naciendo grandes
cantidades de espíritus atrasados, en busca de una última oportunidad, en la
Tierra, de encontrar un nivel mayor que les permita en las horas postreras
alcanzar las vibraciones protectoras contra la atracción que ejercerá
Hercólubus a su paso cercano a nuestro mundo; de igual manera la Divina
Providencia permite que en ésta etapa crucial, en estos veinticinco años de
definición para la humanidad de este planeta, encarnen acá nuevamente, los
espíritus de muchos maestros del pasado en misión amorosa de ayuda a sus
congéneres. ¿Qué otra explicación puede tener la aparición de tantos
niños―prodigio, de criaturas que demuestran estar superdotadas hasta llamar
poderosamente la atención de sus conciudadanos? ―Los conocimientos científicos
profanos callan ante este fenómeno, como callaron cuando se trató de
interpretar los otros fenómenos contrarios. Y la única explicación lógica es la
de que están encarnando en la Tierra, en todas partes, verdaderos maestros de
la luz y del amor, para ayudar a sus contemporáneos a soportar las tremendas
pruebas que se avecinan.
De
tal suerte podemos comprobar que, mientras en algunos casos la estulticia y la
violencia dominan en ciertos ambientes, en la generalidad de los pueblos nacen
y se multiplican los grupos de jóvenes ansiosos de saber cada vez más, de
aprender el verdadero sentido de la Vida, y descubrir los medios más eficaces
para un mayor desenvolvimiento y supervisión integral de todos. No podemos
negar que hoy, desde hace relativamente pocos años, aproximadamente un cuarto
de siglo, han aumentado en todo el mundo las escuelas de disciplina espiritual.
Hay ansia de saber y de mejorar. Ya no satisface a la mayoría, especialmente a
las juventudes, la carcomida maraña de sofismas doctrinales de las religiones.
Se ha visto, claramente, en todas partes, la marcada influencia comercial de
las estructuras religiosas, siempre inclinadas a un sentido mercantilista de
sus procedimientos, que, aunque trate de disimular el afán utilitario de las
organizaciones, deja traslucir, siempre, un innegable propósito de
aprovechamiento mercantil en sus agentes. Y esto no ha pasado inadvertido a los
más inteligentes jóvenes de hoy. Y por eso se ha llegado hasta el absurdo de
modificar rituales y liturgias, quitando la solemnidad y la seriedad a las
ceremonias religiosas para convertirlas, a veces, en verdaderas manifestaciones
circenses... La misa católica, antes solemne, misteriosa y llena de unción y de
respeto en el conjunto del oficiante y de la feligresía, llega hoy, con las
enmiendas en ella introducidas, a perturbar el deseo sincero de meditación y de
elevación espirituales, ante el absurdo y chabacano procedimiento de
convertirla en un espectáculo teatral y muchas veces ridículo. Y todo ello,
porque los jerarcas, al comprobar el cada vez mayor ausentismo de las gentes,
han pretendido atraer a las masas dándoles circo, igual que los romanos del
paganismo, en vez de una enseñanza verdaderamente espiritual.
Y
ante este espectáculo tan triste, las juventudes buscan ansiosas los centros de
estudio elevados en donde puedan saciar su sed de verdad, de luz y de
mejoramiento humano. Los soldados de ese ejército del Vaticano pudieron darles
esa luz y esa verdad, si hubieran podido explicar lo que explican las escuelas
esotéricas, como en los dos primeros siglos de la Iglesia. Pero ya es muy tarde
para ello. Sería preciso romper con el pasado, anular una serie de falsos y
necios dogmas, destruir una estructura dé diecisiete siglos, o sea desde los
tiempos en que comenzó la persecución de las verdades ocultas y prohibidas. Y
esto no lo pueden hacer, porque equivaldría a derrumbar el castillo que han
construido.
Pero,
una vez más, como siempre en el Cosmos, las grandes entidades que gobiernan el
Universo todo, ponen las cosas en su sitio y mandan a la Tierra a grandes
espíritus encargados de la misión luminosa de alumbrar las conciencias y
enseñar los verdaderos caminos. Muchos de esos niños―prodigio, muchas de esas
criaturas que asombran con su inteligencia desde los primeros años de la
infancia, son viejos espíritus, llenos de sabiduría y de amor que vienen a
servir de guías y de antorchas en los tiempos postreros de esta civilización
que agoniza. Muchos, sin que les fuera preciso, aceptaron tal misión en
momentos en que la Tierra va a sufrir las pruebas necesarias para su
purificación y transformación en el conjunto armónico de nuestro sistema solar.
Ya se explicó en mi anterior libro cuáles serán esas pruebas y cómo ha de
suceder todo lo predicho en las viejas profecías que se están cumpliendo. Si
comparamos todo lo explicado en "YO VISITE GANIMEDES..." con lo que
estamos diciendo ahora, veremos la claridad meridiana del "porqué" de
todo ello en la ineludible necesidad cósmica de realizar en la Tierra los
cambios que le permitan estar en condiciones de cumplir las promesas postreras
de Cristo al asegurar que "Su Reino bajaría a la Tierra". Y tal reino
no puede asentarse en una Tierra habitada por bestias feroces como son,
todavía, los seres humanos en la actualidad...
Para
poder enrumbar a los espíritus hacia la nieta luminosa de la Verdad y el Amor,
hacen falta maestros que guíen a los hombres hacia su superación, en la forma
más rápida y por el camino más seguro, porque ya no pueden hacerlo aquellos que
se han llamado, pomposamente, "ministros del Señor"... Hace falta
espíritus llenos de LUZ y de VERDAD, que muestren el verdadero CAMINO... Y ya
los otros fracasaron, desde hace muchos siglos. Por eso han nacido, en este
siglo, tantos guías espirituales repartidos por los distintos pueblos. Y han
venido, otra vez a la Tierra, muchos de los que en los días del Nuevo
Testamento, dieran su sangre por amor al Cristo... Debe saberse que, en
distintos lugares del planeta, están hoy encarnados, nuevamente, seis de los
discípulos que tomaron asiento en la Ultima Cena y varios de los discípulos
secretos del grupo formado en esos tiempos por José de Arimatea, siendo nada
menos que éste uno de los que trabajan hoy por la regeneración humana.
Es
imposible revelar quiénes son en los momentos actuales. Se les perseguiría como
farsantes y estafadores. Se les abrumaría con las impertinencias de la prensa
sensacionalista. Se les escarnecería, como siempre lo hicieron los ignorantes y
los ambiciosos y egoístas falsos apóstoles y fariseos... Pero en su silenciosa
misión, van repartiendo por todo el mundo las aguas vivas de la antigua ciencia
de la Vida, para todos aquellos que tienen verdadera sed de Luz, de Amor y de
Verdad. No podemos negar, repito, que hoy proliferan en todas partes, los
grupos y las organizaciones espirituales abocados a la prédica de las
verdaderas ciencias. Si estuviéramos en los tiempos del apogeo del imperio
terrenal de la Iglesia, ya se habrían levantado las horcas y las hogueras para
quemar por herejes a esos maestros de la LUZ. Varios de los que hoy están
trabajando, silenciosa y humildemente en el planeta, sufrieron, en otras
encarnaciones, en las hogueras de la Inquisición... Pero hoy, la omnipotencia
divina ha permitido que los sicarios de ese ejército de asesinos denominado
sarcásticamente, el "Tribunal del Santo Oficio", haya quedado
relegado a una mera institución decorativa dentro de las carcomidas estructuras
de la Iglesia.
Y
quienes trabajan por amor a Dios, miran aquellos recuerdos del pasado como
simples experiencias que sirvieron para iluminar sus almas y fortalecer su
espíritu, en la senda maravillosa de la Perfección y de la Gloria...
Ayudemos
a que esas almas puras, que van naciendo día a día, en una misión a veces
heroica ―pues que vienen a trabajar junto a nosotros sin que, muchos de ellos
lo necesitaran ya― pueda alcanzar el fruto apetecido por su amoroso anhelo de
mostrar a los ciegos el camino y a los sordos la armonía de las esferas
superiores. Ya nuestro mundo se hunde en la noche de las pruebas,― para renacer
a la aurora del día de la PAZ y del AMOR, en el próximo milenio. Pero los
actuales días de prueba necesitan del valor y de la serenidad que tuvieron los
antiguos cristianos perseguidos en la Roma de tos Césares. Para ello han
bajado, otra vez, los líderes del pasado, los maestros que inculcaron en los
mártires la fe y la alegría dé quienes sabían que no morían para siempre, que
los esperaba la patria de la LUZ y de la PAZ... Y ahora, que muchos se sienten
solos, porque en la religión no han encontrado nada sólido ni veraz, que
satisfaga a su razón, las palabras eternas, repetidas a través de las edades,
en todos los confines de la Tierra, por los maestros de la Senda Oculta,
vuelven a constituir la fuente de aguas vivas que siempre estuvo lista a saciar
la sed de los sinceros y los justos...
CAPITULO
XX
Paz
en la tierra a los hombres de buena voluntad
Hoy
vuelven a escucharse en el mundo las palabras angélicas de antaño: "Paz en
la Tierra a los Hombres de Buena Voluntad"... Pero no son pronunciadas,
ahora, por aquellos que debieron enseñarlas. Estos, los soldados del ejército
del Papa, han cambiado, nuevamente, el sentido de las palabras sagradas por una
fórmula blasfema: "Paz en la Tierra a los Hombres que Ama el
Señor"... ¿No se dan cuenta, en su orgullo y su soberbia, que así están
presentando, otra vez, la imagen de un dios que se aleja del concepto de la
divinidad por no ser un dios de amor sino un dios de odio para muchos? ―El
concepto de Dios es el de la suprema bondad y del supremo amor. Y ¿puede
pensarse que un dios, todo bondad y amor pueda establecer divisiones entre sus
criaturas, amando a unos y desechando a otros, prometiendo paz a un grupo
escogido y discriminado en la Creación a otros, estableciendo una separación
abominable entre sus criaturas, pues al no amar a todas ha de repudiar u odiar
a muchas...? ―Nuevamente, la descomposición interna de la Iglesia deja escapar
un nuevo signo, o síntoma que revela cómo se ha dejado influir por las bajas
pasiones humanas hasta llegar a la aberración de cambiar la frase de los
Evangelios según su propio modo de pensar: amando a unos y odiando a otros...
No
es de extrañar que eso suceda en quienes, por herencia, siguen experimentando
los mismos sentimientos que llevaron antaño, a sus antecesores, a bendecir las
armas homicidas de un pueblo contra otro, a lanzar miles de hombres a las
guerras de religión, a asesinar hombres, mujeres y niños inocentes en la
terrible noche de San Bartolomé, contra los protestantes, a quienes hasta hace
poco incitaban desde el pulpito a las feligresías a perseguir con piedras y con
palos a los predicadores de esas iglesias, y que, durante muchos siglos,
vejaron y trataron como seres indignos de toda consideración a los miembros de
otras religiones, olvidando las enseñanzas de amor del Sublime Maestro y sus
muestras de cariño y de consideración para los que, en ese entonces, eran
considerados como gentiles.
Pero
la suprema sabiduría del SEÑOR ha permitido que las palabras angélicas vuelvan
a ser pronunciadas, en su justo valor, por los maestros ocultos que, repartidos
por el Orbe, siguen enseñándolas, como vamos a hacerlo, acá, para beneficio de
muchos. "Paz en la Tierra a los Hombres de Buena Voluntad"... Así
proclamaron los coros celestiales, y así puede suceder en todos los tiempos
entre todos los que, justos y con honrado criterio, anhelan conseguir la paz
del alma...
Porque
la paz espiritual, la serenidad interior, síntoma inequívoco de la pureza de un
alma, no se consigue mediante fórmulas de intermediarios ni con absoluciones
otorgadas por monjes muchas veces tan pecadores como el mismo penitente. La
prueba está, precisamente, en el estado de conciencia de quienes, por
ignorancia, no tienen otro camino al que recurrir sino el de la confesión. ¿No
comprobamos cómo, después de la penitencia, la mayoría de quienes pasaron por
un confesionario vuelven a cometer los mismos errores y, a veces, otros cada
vez mayores, dando todo ello por resultado la constante perturbación anímica de
todos y el continuo regreso de los feligreses al mítico procedimiento, sin que
logren de manera estable, encontrar la paz dentro de ellos mismos? ―Es que
nadie puede lograr por intermedio de otro esa armonía interna, ese equilibrio
permanente que acompaña a la justa conducta de quien, en verdad, se propone
elevar su propia alma. El que esto desea, tiene que proceder por sí mismo a
educar toda su constitución interior; todo el edificio de su propia superación
depende, exclusivamente, de la forma como se comporte y como piense,
abstracción hecha de toda ceremonia o todo rito ejecutados por seres ajenos a
sí mismo. El edificio de nuestra personalidad solo podemos levantarlo nosotros
mismos. Es falso, enteramente falso, que existan hombres autorizados para
anular los erectos de nuestras propias culpas. Y vamos a ver, cómo podemos
alcanzar la paz del alma sin necesidad de confesionarios ni de absoluciones
falaces...
La
preparación del Terreno
Como
en la construcción de todo edificio, para la edificación de una personalidad
sólida y limpia, susceptible de lograr la suprema Serenidad, debemos, antes que
nada, conocer perfectamente el terreno en que se ha de trabajar. El terreno, en
este caso, es nuestra verdadera conformación anímica, nuestra conciencia,
nuestro YO interno. Es imposible conseguir ningún resultado positivo si
previamente no analizamos, con sinceridad y justeza, cómo somos, en verdad. Es
el viejo procedimiento que siguieron siempre todos los discípulos de las
escuelas de superación personal: conocerse a sí mismo. Ya esto lo hemos dicho
anteriormente, en los primeros capítulos. Pero vamos a proceder en forma
adecuada y con método, para facilitar a quienes en ello se interesen, una senda
progresiva de conocimientos y prácticas útiles que les sirvan de pauta segura
en el trabajo de su íntima transformación.
Ya
expresamos, varias veces, lo difícil qué es hacer un retrato exacto de sí
mismo. La mayor parte de los seres humanos son incapaces de formarse un
concepto justo de su propio Yo. Es común considerarse mejor de lo que se es. Se
disimulan los defectos, se ignoran muchos de los errores de la vida diaria, tal
vez no por malicia, sino por no estar acostumbrados a valorizar en su justa
posición nuestras costumbres y hábitos de vida. Y en cuanto a las pasiones
dañinas, la mayor parte cree que son ideas o sentimientos normales, sin llegar
a pensar que se trata de anomalías y de errores gravísimos para nuestro avance
hacia los planos superiores de la Vida. Por lo general, los seres humanos no
están acostumbrados a calificar sus propios actos o pensamientos, y los
consideran equivocadamente, como facetas naturales y manifestaciones inocuas de
su personalidad. Pero nada podrá lograrse, en el camino de la superación
personal, si no se hace el propio examen, con un criterio sano y una justa
valoración de cada cosa. Una fórmula muy sencilla y que proviene de los tiempos
bíblicos y de las enseñanzas crísticas, es la de imaginar como si fuéramos a
juzgar a un extraño y no a nosotros mismos. Procuremos ver de qué manera nos
comportamos con los otros. Cómo reaccionamos en diversas circunstancias de la
vida diaria. Cuáles son los hábitos más saltantes de nuestra personalidad. Qué
hacemos, cada día y cómo pensamos diariamente.
Si
para ello nos ayudamos con la vieja Tabla de Moisés, los Diez Mandamientos, y
comparamos nuestras acciones y pensamientos dominantes con el antiguo Decálogo,
podremos ir descubriendo, fácilmente, en dónde estamos equivocados, qué errores
constituyen la norma de nuestra conducta, y en qué puntos debemos recapacitar y
poner atención para su enmienda y total evitamiento, si somos sinceros en
nuestro propósito de buscar la propia superación. Esto es fundamental. El que
no encuentre en la Tabla de Moisés nada que se oponga a su proceder de cada
día, o es ya perfecto, y en tal caso ha logrado ya la paz interna, o es un
necio que, en su ceguera, no quiere darse cuenta de sus propias imperfecciones.
En ambos casos está de más seguir adelante...
Pero
el que vea, clara o turbiamente, los defectos de su propia conciencia al
compararla con las normas del Decálogo, habrá dado el primer paso positivo y
sabrá, ya, en dónde están los reajustes que tiene que hacer en su fuero
interno. Si, además de esto, puede contar con el consejo desinteresado y noble
de alguna persona mejor capacitada para absolver consultas de orden moral, y
con la suficiente confianza para volcar ante ella su alma, habrá dado otro gran
paso en la preparación del terreno interno para su transformación.
Conocidos
los defectos comunes, se empezará por proponerse la enmienda de todas aquellas
fallas encontradas. Deberá hacerse una lista escrita y secreta de todos los
errores que encontramos en nuestra conciencia, porque el escribirla y guardarla
con nosotros nos facilitará el poder repasarla, a cada instante, para no
olvidar la disciplina de nuestro Yo interno a que habremos de someternos,
voluntaria y firmemente. Y si pensamos, a cada momento, en el decidido
propósito de enmendar nuestros errores, podremos aplicar, también, a la
constante lectura del Decálogo, la fórmula crística de simple sabiduría:
Haz
a otros lo que quisieras que hagan contigo...
Los
Cimientos del Edificio
Preparado
el terreno en la forma antes dicha, debemos cimentar la construcción de las
estructuras fundamentales de nuestra propia personalidad. Ello significa
adquirir los conocimientos elementales de la conformación integral del ser
humano, para poder trabajar adecuadamente sobre una base verdadera y sólida, y
no sobre suposiciones erróneas de cómo está constituido el hombre. Si no
tenemos a la mano algún centro serio y honrado de entrenamiento esotérico,
alguna escuela metafísica y elevada en donde podamos aprender los rudimentarios
conocimientos de metafísica y cosmología acerca de la constitución del Hombre y
su relación con el Cosmos y el Universo, busquemos en las buenas librerías un
tratado que nos ayude a educarnos en forma autodidacta en ese campo del saber.
Sugiero, en tal caso, las siguientes obras: "CONCEPTO ROSACRUZ DEL
COSMOS", por Max Heindel "EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS", por Allán
Kardec; "EL CIELO Y EL INFIERNO, O LA JUSTICIA DIVINA", por Allán
Kardec.
Con
estos libros puede iniciarse el proceso metodizado en el camino de una
instrucción autodidacta. Conoceremos, así, las bases fundamentales del
conocimiento esotérico de la humanidad y de sus relaciones con el Cosmos, y
podremos sentar los cimientos para la construcción de un progresivo estudio y
disciplina de todo el edificio de nuestra personalidad superada. Porque no es
posible avanzar a ciegas por el camino que ha de llevarnos a lograr la paz
interna. Previamente hemos de conocernos a nosotros mismos, saber cómo estamos
organizados y cuáles son las relaciones con el mundo en que vivimos y con todos
los diferentes planos de la Naturaleza, o mundos invisibles que nos rodean y
que integran nuestro propio ser. Y esto nos permitirá adelantar rápidamente en
el sendero que nos estamos proponiendo seguir.
Al
estar enterados, ya, de cómo funciona el Universo y cuál es nuestra verdadera
posición en el, habremos comprendido que nadie, sino nosotros mismos, puede
hacernos avanzar un solo paso, si nosotros, por nosotros mismos, no lo damos...
Las
Columnas Fundamentales de la Obra
Una
vez adquiridos tos conocimientos básicos de lo que somos, de dónde venimos y a
dónde vamos en la Vida, que nos permitan despejar la nebulosa en que siempre
estuvo el hombre encerrado por los dogmas y los misterios creados por una
religión egoísta y avara, podemos iniciar con confianza el trabajo efectivo de
nuestra autoeducación espiritual. Veremos, con la lectura de los textos
recomendados, cuánto ha habido de falso y de mistificación en las enseñanzas
que nos inculcaron desde niños las congregaciones religiosas encargadas de
educar a las masas, no para su positivo adelanto espiritual sino para su
aprovechamiento en los seculares planes de explotación que desde la Edad Media
pusieron en práctica, en la mayor parte de los casos.
Y
con el estudio de esos textos, podremos comprender, ya, la utilidad de los
ejercicios y de las disciplinas a que habremos de someternos si queremos
triunfar en el propósito de conseguir la paz del alma. Porque ésta no se
consigue fácilmente, sino a fuerza de trabajo paciente y firme en el mencionado
sendero. Nada de valor se consigue fácilmente. Cuanto más vale una cosa, tanto
mayor es su precio. Y ¿cómo ha de ser barato el triunfo de la superación
espiritual que transforme a un ser de mezquino y débil en sabio, poderoso y
grande...? Pero ese precio no se paga en dinero sino en trabajo, abnegación y
sacrificio de nuestras íntimas debilidades. Si deseamos cambiar nuestras vidas
y gozar de las cumbres luminosas de la sabiduría y de la PAZ, habremos de esforzarnos
en realizar todo aquello que asegure un resultado positivo y no vanos intentos
de mediocres principiantes. La victoria es de los fuertes y los hábiles, y para
ello deberemos prepararnos, fortaleciendo y dominando los dos puntales o
columnas fundamentales de todo el edificio: la energía poderosa de nuestra
voluntad y el dominio absoluto de nuestro pensamiento...
Ya
mencionamos en capítulos anteriores estos dos instrumentos esenciales de toda
disciplina espiritual: voluntad y pensamiento. Sin ello no podemos adelantar un
solo paso. Pues la voluntad es la llave maestra que abre todas las puertas, y
el pensamiento, la llave secreta de todas las acciones y de todos los estados
del alma. Si no aprendemos a desarrollarlos, de nada nos servirá conocer su
verdadero valor, si no lo ponemos en práctica.
Y
¿cómo se logran esas llaves? ―Con paciencia y perseverancia. Ya se ha dicho, y
lo repito ahora, que es cuestión de tiempo y de esfuerzo renovado, día a día,
en un firme propósito por vencer en toda la línea. La voluntad se desarrolla
paulatinamente a medida que la ejercitamos, y para ello ha de comenzarse con
pruebas y ejercicios pequeños, que no demanden un gran esfuerzo. A medida que
vayamos avanzando en su cultura, veremos cómo nos resulta cada vez más fácil
realizar cualquier ejercicio, porque la energía volitiva, al ir creciendo, nos
va ayudando a resolver los trabajos más fuertes. Siempre se empieza por lo
sencillo para llegar a lo difícil y lo grande. Sería imposible pretender, desde
el principio, desarraigar de nosotros un mal hábito, una pasión dominante, una
costumbre que practicamos durante gran parte de nuestra existencia. Pero si
vamos haciendo pequeños ejercicios que nos fortalezcan la voluntad
progresivamente, al cabo de un tiempo esa misma fuerza de voluntad que nos
sirvió para preservar en el sendero, nos ayuda a vencer el mal hábito y
triunfar en el empeño de alejar de nosotros la pasión que, antes, pudo
dominarnos.
Si
somos avaros, apegados excesivamente al dinero y poco inclinados a compartirlo
con el prójimo, tendremos que acostumbrarnos a considerar el dinero como un
medio para poder hacer el bien en la vida, ayudando con él a los necesitados y
compartiendo la alegría de dar a otros alimento, salud y tranquilidad, entre
otras muchas cosas que con el dinero pueden lograrse en la Tierra.
Si
somos iracundos y nos violentamos fácilmente, procuremos dominar nuestros
impulsos, reprimir nuestra fácil ira y soportar con paciencia las
impertinencias que los demás tengan para con nosotros, pensando que la
humanidad no es perfecta y que debemos perdonar los errores ajenos si queremos
que se perdonen los nuestros. ¡Qué mejor ejemplo que el de Cristo en la cruz,
pidiendo el perdón para los que lo insultaban, lo golpeaban y escupían...!
Si
somos lúbricos, o excesivamente inclinados a entregarnos a los placeres de
Venus, habremos de moderar nuestros impulsos, normalizando nuestras relaciones
sexuales dentro de un régimen natural que permita el cumplimiento de la misión
creadora y no excediéndonos hasta convertir al sexo en un instrumento de
aberraciones y de bestialidad monstruosa. Recordemos, además, que quienes usan
el sexo en demasía, que abusan de él y lo pervierten en prácticas contra
natura, son las primeras víctimas de ese abuso, pues el sexo está íntimamente
ligado a las funciones del cerebro y de la médula espinal, y todo exceso de
desgaste energético en materia sexual se paga con un desgaste de energías
mentales e intelectuales que pueden llegar a extremos de embotamiento y anulación
de las mencionadas facultades, acarreando un paulatino e ineludible
embrutecimiento en tos seres que se entregan a los vicios del sexo. Muchos
idiotas han llegado a tal estado sólo por el abuso de las funciones sexuales
que dejan su marca indeleble en la inteligencia y la razón de quienes
cometieron tales errores.
No
pretendemos decir que no se use del sexo. Pero si su uso normal, especialmente
en el matrimonio, es sagrado y produce un bienestar general de todo el
organismo, su abuso produce degeneración moral, intelectual, mental y física en
el sujeto. Por eso, al tratar de conseguir la superación espiritual, debe
regularse las funciones sexuales. No quiere esto significar la abstención de
ellas. Eso únicamente está reservado a ciertos niveles de entrenamiento para
grados superiores de las altas Iniciaciones. Pero en el propósito de lograr la
paz del alma, la tranquilidad y felicidad en la Tierra, basta con normalizar
esas funciones dentro de un régimen sano y equilibrado, muy particularmente
dentro del estado de vida matrimonial, que nos aleja de los peligros del mal
uso y de los vicios en este terreno.
Y
pasando a otros aspectos de la necesaria disciplina interior, si somos
propensos a los errores correspondientes al octavo mandamiento del Decálogo,
aficionados a la mentira, a la falsedad, a la maledicencia y todo aquel fárrago
de consecuencias que se desprende de no hablar noblemente y con verdad y
honradez, habremos de esforzarnos en corregir tales errores, acostumbrarnos,
poco a poco, a decir siempre la verdad y no entrar en chismorreos ni
habladurías falaces que puedan dañar al prójimo. Recordemos siempre la fórmula:
"No hagas al prójimo lo que no quisieras que te hagan a ti"...
Y si
hemos sido fácil presa de los errores contenidos en el séptimo mandamiento,
llegando a hurtar lo que a otros pertenece, a engañar y estafar a otros,
habremos de parar, desde el principio, tan funesta inclinación, madre de
infinidad de vicios y puerta de entrada a la degradación moral y material de
tantos seres. Debemos disciplinarnos con toda energía para no tomar ni siquiera
un simple papel que no nos pertenezca. Hay muchas personas que, sin ser
ladrones en formas ya escandalosas, tienen el mal hábito de apropiarse,
ilícitamente, de pequeños objetos, haciéndolo como si quisieran conservar un
souvenir. Esto, conocido en psiquiatría como cleptomanía, puede obedecer,
también, a desviaciones morales de orden psíquico. Como enfermedad, porque
realmente lo es, deberemos ponernos en cura en tales casos. Y para ello, no hay
como fortalecer nuestra voluntad y dominar nuestro pensamiento fijando a todas
horas la idea de no tocar ni un alfiler que no nos pertenezca...
Y en
el campo de la gula ¡cuántos se dejar arrastrar fácilmente por la glotonería,
sin saber el daño enorme que se hacen!... Corazón, riñones, hígado, páncreas y
estómago, sufren las ingratas consecuencias de una desmedida afición a comer
desmesuradamente. Este vicio está muy extendido, porque nadie lo considera como
tal. Se hace gala de tener magnífico paladar y estar acostumbrado a los
placeres de una buena y abundante mesa. Pero, ¿nos damos cuenta que el exceso
en las comidas y bebidas desequilibra nuestro metabolismo y, por tanto, ataca
de manera constante nuestra fisiología, llenando de venenos nuestro cuerpo?
―Con esta aberración no atentamos contra el prójimo; pero nos estamos
suicidando, lentamente, al trastornar toda la economía funcional de nuestro
organismo. Es difícil, muy difícil, alcanzar la paz plena, si estamos dominados
por la gula...
Y
¿qué decir del tan extendido vicio de buscar en la mujer o en el marido de otro
ser, lo que podemos tener con nuestro cónyuge? ―El triángulo amoroso ha sido,
desde la remota antigüedad, uno de los vicios más comunes... El adulterio fue
practicado en todos los tiempos por nuestra atrasada humanidad. Pero nunca,
igual que como hoy día, se practica con mayor descaro y con los más
desaprensivos alardes. El cinismo ha dado lugar a que la práctica del divorcio
haya establecido patente de pública aceptación en todos los pueblos, y con ello
se ha llegado a una de las más tristes consecuencias; la destrucción del hogar
y la familia... ¡Cuántos males en nuestra civilización actual, sólo obedecen a
esa desorbitada costumbre moderna de repudiar un enlace cuando ya los cónyuges
se cansaron el uno del otro! ―Claro está que tales uniones no han sido
perfectas. La mayor parte de los casos fueron frívolas y pasionales, pero no
por verdadero amor. Cuando dos seres se unen por un amor verdadero, nunca
dejarán de amarse, porque el amor crece con la unión y llega a ser tan fuerte
que lleva a los dos seres a una estrecha comunión espiritual que cumple la
simbólica frase ritual del matrimonio: "Ya no sois dos sino una sola
carne"... Y esta gran verdad la comprobamos a cada paso al contemplar el
ejemplo de tantos matrimonios que llegan a la más avanzada ancianidad, unidos
tiernamente, como si estuvieran en los días venturosos de su lejano noviazgo...
Felices aquellos que lograron esto, pues en la paz de esos matrimonios es mucho
más fácil encontrar la paz interna...
***
Meditando,
profunda y detenidamente sobre todo esto, podremos llegar a organizar el
trabajo efectivo que, diariamente, nos permita acercarnos a la meta de la
iluminación interna que trae por consecuencia la inefable serenidad, madre de
la PAZ ESPIRITUAL. Ya hemos dicho, y lo repetimos antes de terminar este
capítulo, que las columnas fundamentales de todo el edificio han de ser el
desarrollo de nuestra voluntad y el dominio que con ella podremos lograr del
pensamiento. Con las primeras disciplinas, encaminadas a conocemos últimamente
y descubrir nuestros defectos, habremos conseguido preparar el terreno. Y con
las prácticas del propio examen, al saber lo que tenemos que eliminar y lo que
debemos reforzar, habremos conseguido estructurar el plano verdadero de toda
nuestra obra. Conociendo los defectos estaremos en situación de conocer las
cualidades que se deben desarrollar, y llegado ese momento, podremos poner en
práctica los ejercicios que se detallan en el último capítulo de este trabajo,
dedicado a todos aquellos, que con sinceridad y honradez, aspiran a encontrar
la paz del alma en medio de este mundo conmovido por todas las fuerzas del Mal
en los momentos postreros de una civilización que agoniza...
CAPITULO
XXI
Fórmulas,
Recetas y Ejercicios
Antes
de entrar de lleno en la descripción de ejercicios y prácticas de carácter
objetivo, debo hacer una última aclaración acerca de muchas preguntas que, en
miles de cartas, se me hizo en cuanto al aspecto profético encerrado en la
última frase del capítulo anterior: los momentos postreros de una civilización
que agoniza.
Muchos
me preguntaron que, si nuestro planeta va a ser arrasado por una serie de
plagas y cataclismos, como se explica en mi primer libro, ¿de qué sirve el
prepararse a una superación integral del individuo...? Y esto es de
trascendental importancia tener de antemano conocida la respuesta.
Todos
los que hayan leído mi libro anterior, "YO VISITE GANIMEDES...",
están enterados de lo que significa el "Juicio Final" a que se
refiere el Evangelio de San Mateo, que ha sido explicado en detalle y
ampliamente en dicho libro. Por él sabrán que, a fines de este siglo, pasará
cerca de la Tierra ese gran planeta del sistema estelar de Tila, conocido con
el nombre de Hercólubus, y que su influencia magnética y de todo orden
producirá enormes trastornos en la Tierra, entre ellos el cambio del eje de
rotación de este planeta. Es lógico pensar los cataclismos que ha de causar tal
fenómeno, y tales consecuencias han sido explicadas, con lujo de detalles, en
el mencionado libro. Así mismo, fueron explicados en detalle las alegorías
finales del Apocalipsis de San Juan, referentes, por una parte, a los tiempos
postreros de esta civilización y, luego, la reconstrucción de este mundo para
la nueva etapa, verdaderamente paradisíaca, en que crecerá en la Tierra una
nueva raza superior y un nuevo mundo de paz y de perfecta armonía, cumpliendo
la promesa crística de que SU REINO bajaría a este mundo.
Y si
tenemos en cuenta lo explicado sobre la atracción directa y poderosa que
Hercólubus ejercerá, especialmente en la Cuarta Dimensión, sobre toda la
población de espíritus concentrada en torno a la Tierra, llevándose a ese astro
a todos los espíritus que no hayan logrado desarrollar un nivel de frecuencia
vibratorias mayor, o más elevado, que el de las frecuencias vibratorias de
Hercólubus, tendremos que tomar el peso del terrible destino que espera, para
entonces, a todos aquellos que se mantuvieron en un atraso moral, mental y
espiritual capaz de ser atraído, en conformidad de la Ley de atracción de los
Semejantes, a un mundo tan atrasado en comparación con el nuestro, que podemos
decir ―como ya se ha explicado en el libro anterior que será un verdadero
infierno para quienes renazcan en él. En cambio, todos los espíritus que
lograran alcanzar niveles espirituales superiores a las frecuencias vibratorias
de Hercólubus, no serán afectados por dicha atracción, permaneciendo en torno a
la Tierra para renacer en ella en la próxima etapa, en cuerpos nuevos mucho más
avanzados que los actuales, o sea la famosa "nueva raza" de las
profecías, tanto bíblicas cuanto de otras fuentes. Así pues, tal destino
ineludible para todos los seres humanos de este planeta, sólo puede modificarse
mediante un esfuerzo en pro de un mejoramiento efectivo de nuestras condiciones
anímicas, que nos haga aptos para gozar de nuevas encarnaciones superiores y de
completa dicha.
Nadie
puede eludir este destino. La evolución se cumple inexorablemente para todos
los seres vivientes, y quienes conozcan sus leyes comprenderán cuan importante
es conseguir que las nuevas encarnaciones sean mejores, muy particularmente en
momentos cruciales como el que está viviendo nuestra actual humanidad. Y si no
podemos evadirnos del Destino o Ley del Karma, tenemos que rendirnos a la
evidencia de que, o nos esforzamos en estos últimos momentos de la civilización
presente para subir nuestras vibraciones en la escala moral, intelectual,
mental y espiritual, a fin de conseguir nuevas existencias de verdadera
felicidad, o nos quedamos atrasados y aseguramos así un terrible destino de
muchos y muchos milenios en Hercólubus, astro que hoy pasa por estado evolutivo
como el que tenía la Tierra hace más de un millón de años...
Recomiendo
leer detenidamente los capítulos respectivos de mi libro anterior, en donde
quedó explicado ampliamente todo lo relativo a este proceso apocalíptico. Y,
ante tal situación, es muy claro que debe procederse a mejorar nuestra alma,
precisamente en estos últimos años, porque es la única oportunidad que hoy
tiene toda nuestra humanidad, de salvarse de tan terribles consecuencias... Por
eso las religiones han insistido, constantemente en que "debemos
salvarnos" pero no han podido explicar por qué ni cómo, por los mismos
motivos ya anotados en páginas anteriores. Nadie puede eludir la marcha
progresiva de la evolución. Nadie puede sustraerse a las fuerzas cósmicas que
lo conducen, lo guían y lo impulsan a marchar hacia adelante en la senda eterna
de la Vida. Nadie puede detener el Destino. Y si ahora estamos enfrentados a
las puertas simbólicas de lo que las religiones llaman "EL CIELO" y
"EL INFIERNO" ya explicados, también en mi libro anterior, creo que
nadie ha de ser tan necio de escoger el segundo, pudiendo obtener el primero...
Esta
es la respuesta a quienes, sin llegar a comprender la tremenda importancia de
los momentos actuales, no se explicaban cómo podía un hombre aprovechar su
perfeccionamiento positivo en un mundo que se va a acabar... Pero si sabemos
todo lo antes dicho, comprenderemos la enorme verdad y el trascendental mensaje
de esperanza para los que logren abrir sus ojos a la LUZ y sus oídos a las
gloriosas armonía de un nuevo mundo de PAZ, de AMOR y de VERDAD...
***
Ahora
veremos una serie de ejercicios prácticos, y de recomendaciones, que puedan
servimos para transformar nuestra vida psíquica, mental, moral' y espiritual.
Ante todo, tengamos en cuenta lo que se dijo, al respecto, en capítulos
anteriores de este mismo libro.
Lo
primero que tenemos que asegurar, como ya se recomendó, es un lugar en donde
poder recluirnos, por un rato, sin que nadie nos moleste, sin que nadie nos
interrumpa, durante el tiempo que dediquemos a estos trabajos. Esto no es
difícil: en última instancia puede servirnos nuestro mismo dormitorio, si en él
podemos permanecer por lo menos, un cuarto de hora diaria solos y sin
intromisión de extraños. Porque lo principal es evitar que nos molesten,
perturben o interrumpan cuando estemos dedicados a nuestro trabajo espiritual.
De no ser así, poco hemos de avanzar, pues se requiere gozar de absoluta
tranquilidad y silencio, muy particularmente en los primeros tiempos, hasta que
hayamos logrado tal avance que nos permita actuar, libremente, en lugares
públicos.
Ya
se ha indicado la importancia capital de realizar el propio examen. El trabajo
enfocado a conocernos, íntegramente, tal como somos en nuestro ulterior y no
como pensamos que somos, en apariencia. Pero para ello, es necesario,
previamente, adiestrar nuestra voluntad y nuestro pensamiento. Ya dimos algunas
pautas en los capítulos anteriores. Ahora vamos a recapitular.
Primeros
Ejercicios
Nos
propondremos hacer, todos los días, en la mañana y en la noche, un cuarto de
hora de retiro absoluto, en el lugar que se haya escogido para ello. Deberemos
contar con la comodidad de poder descansar nuestro cuerpo, si fuera posible,
echados, como en la cama, o sobre algún mueble que nos permita extender nuestro
cuerpo en una posición de verdadero y completa descanso. Relajemos todos los
músculos, como hacen los gatos cuando se estiran, para que no haya la menor
tensión en ninguno de ellos. Estando así, plenamente descansados, fijemos
nuestro pensamiento en una frase corta y contundente, relacionada con nuestro
propósito, por ejemplo: "Debo dominar mi pensamiento"... O, "Voy
a controlar mi mente". Procuremos no apartar, ni un sólo instante, la
imaginación, de la frase que hayamos escogido para este primer ejercicio. Y
mantener fija la atención durante un cuarto de hora» que puede ser controlado,
al principio, con un despertador. Andando el tiempo, cuando ya dominemos
nuestro pensamiento, no necesitaremos de reloj. Este ejercicio se hará,
repetidamente, día y noche, que puede ser al levantarse y antes de acostarse,
basta que hayamos logrado apartar de nosotros cualquiera idea ajena a lo
propuesto y mantener ese cuarto de hora la mente fija en la frase escogida.
Debe
tenerse gran cuidado de que, en todo momento, podamos estar con el cuerpo
cómodamente descansado y respirando tranquila y pausadamente, para que todo
nuestro organismo se mantenga en perfecto equilibrio. Al cabo de pocos días,
con el primer pensamiento, cambiemos la frase propuesta por: "Debo
purificar todo mi ser"... manteniendo esa idea, no sólo durante el cuarto
de hora de disciplina diaria, sino que escribiremos esa frase en un papel que
llevaremos con nosotros a todas partes. Es lógico que tal procedimiento no deba
ser visto por nadie, para evitar burlas e incomprensiones de extraños. Tal idea
debe quedar grabada, indeleblemente, en nuestra conciencia, y por eso
llevaremos, ocultamente la frase escrita y la leeremos cuantas veces nos sea
posible, en momentos fugaces de que podamos disfrutar en nuestras ocupaciones
diarias.
Cuando
la idea "DEBO PURIFICAR TODO MI SER" resuene a cada instante en
nuestra memoria, en nuestro yo interno, esa idea habrá tomado forma en nuestro
subconsciente y podremos pasar a una nueva fórmula, pero sin abandonar la idea
madre mencionada.
Una
nueva idea deberá ser fijada por nosotros: "Tengo que conocer mis
defectos"... Para ese entonces, ya nos habremos acostumbrado a mantener la
mente fija durante un cuarto de hora. Entonces, dedicaremos un cuarto de hora a
la idea anterior y un cuarto de hora a la nueva frase. Si lo hacemos sin
distraernos ni abandonar, un sólo día, ese ejercicio, habremos empezado a
desarrollar una fuerza volitiva de verdadera importancia. Si lo hemos logrado,
repitiendo día a día esas frases―ideas fundamentales, estaremos llegando al
momento de nuestro examen interno. El retrato de nuestra íntima personalidad.
Entonces,
escribiremos en―una libretita que podamos llevar a todas partes, la frase
"VOY A CONOCERME A MI MISMO"... y leeremos dicha frase en cuantas
oportunidades se nos presenten de dar un vistazo a la libretita.
Ahora,
en nuestra sesión de retiro diario, empezaremos a buscar los defectos
inherentes a nuestra alma. Para ello, debemos ayudarnos con un instrumento de
consulta inequívoca: La Tabla de los Diez Mandamientos de Moisés. Allí
encontraremos una pauta para no desviamos del camino a seguir. Leeremos los
diez mandamientos antes de comenzar la concentración de un cuarto de hora, y
durante el lapso mencionado, fijaremos nuestra atención en uno solo de cada
mandamiento, cada día. Este ejercicio, repetido, deberá darnos, al cabo de
pocas semanas, una imagen clara de dónde se encuentran los errores más comunes
de nuestra vida interior, nuestras fallas más corrientes y nuestras debilidades
más saltantes. Fijaremos la mente, a cada instante, sobre los principales motivos
de error que hay en nuestra alma, refiriéndolos a la vida diaria de relación
con otros seres y habrá llegado el momento de comparar nuestra conducta con la
fórmula crística por excelencia: "No hagas a otro lo que no quisieras que
te hagan a ti"... Cuando apliquemos esta fórmula a nuestro trato diario
con el prójimo, descubriremos cuántos errores, secretos y silenciosamente
descuidados, hemos estado cometiendo en nuestra vida intima.
Habrá
llegado, entonces, el momento de enmendarnos, de aplicar a la limpieza de todas
esas llagas morales, la fuerza que hemos ido desarrollando, fuerza de voluntad
y dominio de pensamiento.
Con
el mismo procedimiento de concentración y meditación acerca de uno de los
defectos encontrados en nosotros mismos, tomaremos como sujeto de
experimentación, para comenzar la limpieza, los más simples defectos, para que
nos sea más fácil su eliminación y acostumbrarnos a no cejas, en ningún caso,
de la tarea propuesta. Si por ejemplo, somos aficionados al juego, cartas,
dados, apuestas hípicas, etc., nos propondremos, con toda firmeza, dejar ese
hábito para siempre. Si somos fumadores, abandonaremos el tabaco, de golpe,
pues de otra manera es engañoso y difícil.
La
determinación debe cumplirse en el mismo momento en qué tomemos la resolución
de hacerlo. Si titubeamos, estamos perdiendo fuerza volitiva, y si no nos
mantenemos firmes, no podremos triunfar en la campaña total de nuestra
regeneración. Para ello, la ayuda del ejercicio diario de las mañanas y las
noches es capital. Pero, a medida que el tiempo transcurre, la fijación de
nuestra menté irá manifestándose en otros momentos de nuestra labor diaria,
logrando que la idea―forma de nuestro propósito vaya dominando toda nuestra
vida interna. Sólo así podremos triunfar y desarraigar de nosotros los errores
fundamentales de nuestra anterior personalidad.
Cuando
hayamos vencido los más sencillos defectos de nuestras diarias costumbres;
cuando notemos que podemos dominar fácilmente y mantener fijo nuestro
pensamiento en la idea que elegimos para modus operandi, habrá llegado el
momento de prepararnos a librar la gran batalla de nuestra liberación interna.
Tendremos que confesarnos, paladinamente, los grandes defectos, las grandes,
pasiones que dominan nuestra alma. Con el mismo procedimiento, y con la ayuda
siempre, del Decálogo y de la fórmula crística de no hacer a otros lo que no
deseamos que se haga con nosotros, iremos a enfrentarnos a los grandes enemigos
de nuestra superación y de nuestra paz espiritual.
Si
somos avaros y acaparamos el dinero como si fuera algo vital pata nuestra
existencia, aprendamos la verdad de que el dinero debe usarse como un medio y
no como un fin. Un medio para subsistir, pero también para ayudar a los demás
altruistamente. Nos propondremos emplearlo, sin egoísmo ni mezquindades,
compartiéndolo en casos de necesidad ajena con el prójimo. Y si somos egoístas,
lo cual podremos descubrir comparándolo con la fórmula crística, haremos el
firme propósito de darnos, cuanto podamos, a mejorar nuestras relaciones con
los demás... Esto nos abrirá un campo ilimitado de horizontes cada vez más
amplios en donde emplear nuestras fuerzas y nuestros medios de acción. Y al
irse ampliando los alcances de nuestra concienciarlos panoramas de la vida que
nos rodea, iremos, descubriendo posibilidades de acción y de pensamientos
útiles que hasta entonces no imaginábamos que pudieran existir. Esto será el
síntoma inequívoco de que nuestra conciencia se está ampliando y de que nuestro
interior comienza a iluminarse... Ha llegado el momento de reforzar nuestra
disciplina y de exigir cada vez más fuerza en el cumplimiento de nuestro
propósito de enmienda general. Y aquí podremos confiar, también, en la ayuda
exterior de las altas entidades del mundo invisible, que siempre vigilan y
están dispuestas a ayudar a todos los que requieran su auxilio para una rápida
transformación.
Es
el momento de elevar nuestro pedido de ayuda y de protección espiritual.
Recordemos la oración por excelencia que el Sublime Maestro nos dejara: el
Padre Nuestro. Pronunciándolo, con toda unción, en los ejercicios de la mañana
y de la noche, antes de comenzar la concentración y la meditación, confiemos en
que vamos a ser escuchados con toda seguridad. Al poco tiempo de realizar dicha
práctica, veremos, en verdad, sus resultados positivos. A medida que avancemos
en la eliminación de las pasiones que antes nos dominaban, notaremos cómo al
pronunciar con todas las fuerzas del alma el sencillo "PADRE
NUESTRO", entrará en nosotros una luz nunca soñada... una placidez que se
extenderá por todos los ámbitos de nuestra conciencia y que nos hará sentimos
transformados...
Si
nuestra fuerza de voluntad nos lleva a realizar toda esta paciente y magnífica
labor, en poco tiempo habremos llegado a sentirnos nuevos, a notar que aquel
sujeto imperfecto de antaño, es ya cosa del pasado, porque en nosotros está
naciendo un hombre nuevo... Y habrá llegado, también, el momento en que podamos
pedir con toda fe y seguridad, la Paz del Alma...
Al
vencer nuestros defectos, al enmendar nuestros errores y arrancar, de nosotros
mismos las pasiones tan comunes a nuestra humanidad, habremos dado el gran
salto hacia los cielos donde se encuentran los justos. Una vida nueva abrirá
ante los ojos del alma, abiertos, ahora, a las luces inefables de los remos
superiores. Una armonía cada vez más grande se irá apoderando de nosotros, al
sentirnos como fuera de este mundo y sus bajezas, y una gran serenidad irá
reemplazando nuestras anteriores angustias, porque iremos conociendo que, en
verdad, es cierto aquello que se dijo en las riberas del roldan, desde hace ya
veinte siglos:
LLAMAD
Y OS ABRIRÁN... PEDID Y SE OS DARÁ...
***
Hemos
trazado un esquema, sencillo y práctico del procedimiento a seguir. Los que no
conocen, todavía de estas cosas; pensarán que es demasiado―simple para ser
eficaz. Y se engañan como se engañaron, siempre, los que antaño le pedían al
Salvador las fórmulas para su propia salvación... Porque las fórmulas siempre
fueron simples, como la dulce doctrina que Él mismo predicaba: "No hagáis
a otros lo que ―no quisierais que se haga con vosotros"... No cabe mayor
simplicidad, porque el verdadero camino del REINO es sencillo y simple como las
almas inocentes de los niños... Si queréis, en verdad, llegar al Reino de Dios,
a ese Reino de la Luz Dorada que se ha explicado detenidamente en mi libro
anterior, al final de vuestras disciplinas y ejercicios, veréis que es el
camino de la sencillez inmaculada de la almas de los niños tiernos...
Lo
que hace falta, para lograrlo, es la fuerza de voluntad que nos dará la
perseverancia, y el dominio absoluto de nuestros pensamientos, que es la mágica
varita del control general de nuestra vida interna. Ya se ha dicho y lo repito:
Nosotros somos así como pensamos. Por tanto, el edificio total de nuestra vida
interna es sólo el resultado de nuestra manera de pensar, pues no hay acción
que no provenga de una previa idea... Si aprendemos a pensar noble y
elevadamente, seremos nobles y elevados en nuestras diarias acciones. Y si
ambicionamos la paz de espíritu, tendremos que establecerla con nuestro propio
pensamiento en el templo interior de nuestra limpia conciencia, eliminando con
la fuerza de nuestra voluntad, todo lo que se oponga a su firme y perpetua
estabilidad...
***
En
los actuales días que se viven en el mundo, son muchos los que padecen de
angustias mil, por la agitada vida moderna. Muchas de esas angustias, a veces,
obedecen a neurosis fáciles de contrarrestar, en atención al funcionamiento de
los sistemas nerviosos afectados por la vida caótica de las grandes urbes. Para
ellos, como una ayuda auxiliar, aparte del procedimiento recomendado en las
páginas precedentes, voy a dar aquí una sencilla receta que cualquiera se puede
preparar, con sólo el trabajo de conseguir los ingredientes, que son todos
fáciles de obtener, en su mayor parte de origen vegetal:
●
Gramos
●
Extracto blando de Sauce Blanco 50
●
Tintura de Crataegus Oxiacantha 100
●
Extracto Fluido Passiflora Incarnata 100
●
Agua Destilada 50
●
Glicerina Q.P.
●
250 Jarabe de azúcar para completar un litro.
Mezclando
los extractos, tintura y agua destilada, filtrando a través de una tela fina y
añadiendo la glicerina y el jarabe, se obtiene un jarabe de sabor muy agradable
que se puede tomar, a razón de dos cucharadas al día, o sea una cucharada en la
mañana y otra antes de dormir. Es un medicamento muy útil para el sistema
nervioso, y que en nada se opone a cualquier dieta o régimen alimenticio, ni
forma hábito como las drogas de orden sintético hoy tan comunes en la
farmacopea moderna.
***
En
cuanto a las dietas alimenticias coadyuvantes en el proceso de transformación
espiritual y psíquica, debo aclarar que, si es muy importante su empleo en una
disciplina integral en tal sentido, debe tenerse en cuenta que no todas las
personas pueden someterse, por igual, a los mismos regímenes. Todos los
organismos no son, estrictamente, iguales en su funcionamiento, en su
metabolismo y en las necesidades particulares de cada uno. Hay personas que,
por determinada circunstancia fisiológica, no pueden prescindir de las carnes
como fuente de proteínas en su diaria alimentación por no tolerar ciertas
formas de proteína vegetal, como sucede con algunos pacientes de dolencias
crónicas de origen hepático. Es un absurdo creer que sólo con las dietas
vegetarianas se puede lograr la pureza integral del ser. Recordemos que nuestro
Sublime Maestro Jesús de Nazareth también comió carnes, muchas veces...
Lo
peor, en materia de alimentación, es el abuso de alimentos fuertes, y de
bebidas espirituosas. Pero el que un buen discípulo, honradamente encaminado en
la senda de los ejercicios ya descritos, coma o deje de comer carnes es
secundario. Otra cosa sería fanatismo, y, antes que nada, es preciso alejar de
nosotros, todo conato de fanatismo. Esto hace tanto daño como cualquiera de las
pasiones comunes de nuestra humanidad. Claro está que, si nuestro organismo lo
admite, la abstención de carnes es muy importante, porque acelera y ayuda a
moderar nuestras costumbres, desintoxica nuestro cuerpo físico eliminando de
hecho los venenos físicos de las carnes y alejando de nosotros los venenos
psíquicos derivados de las influencias astrales contenidas en los tejidos
animales. Debe recordarse que todas las pasiones, en humanos o animales, tienen
asidero físico en la sangre, y por tanto sus influencias astrales quedan
grabadas en los tejidos alimentados por la sangre. De allí que las personas de
alimentación carnívora, como los mismos animales carnívoros, sean más propensas
a la violencia en sus reacciones, que los vegetarianos. Es un fenómeno que se
puede comprobar, fácilmente, dejando un tiempo de consumir carne. Al cabo de
algún tiempo, se nota cómo nuestras relaciones dejan de ser impulsivas y
violentas, para apaciguarnos lentamente. Pero no debe suprimirse la carne si no
se puede reemplazar su proteína con proteína vegetal. Y a quienes ciertas
proteínas de origen vegetal no les caen bien en su metabolismo, no les queda
más recurso que seguir consumiendo carnes, aunque los fanáticos vegetarianos
digan lo contrario.
Ahora
bien, dentro de condiciones fisiológicas favorables, veamos cómo pueden
organizarse dietas que contengan todos los elementos necesarios para la
perfecta nutrición, y que estén exentas de los venenos físicos y psíquicos de
las carnes.
Es
de todo punto imprescindible que en la dieta diaria se incluya alimentos que
proporcionen suficiente proteína al organismo. Esta puede obtenerse,
abundantemente, de alimentos derivados del fríjol soya, cuya proteína es mucho
más nutritiva que las de origen animal, y está exenta de las toxinas contenidas
en las carnes. También puede suplirse ésta con el gluten que se obtiene lavando
la harina de trigo amasada con agua. La masa es sometida a un lavado minucioso
que elimina el almidón, dejando una pasta viscosa y blanda, algo pegajosa, que
es el gluten en cuyas mallas se retenía el almidón ' de la harina, que puede
ser recogido en el fondo de un recipiente amplio» después de dicho proceso. Con
el gluten, adicionado de pasta de soya, se puede confeccionar infinidad de
guisos que, según se desee, pueden reemplazar, ventajosamente, muchos
preparados a base de carnes, tales como bifes, asa* dos, estofados, parrillas y
otros guisos, con apariencia de carne, cuyo sabor sólo depende de los
condimentos y salsas que se les adicione. Su valor nutritivo es igual o mayor
que los preparados a base de carne, pero con la ventaja de no llevar al
organismo los venenos físicos y psíquicos que aquélla contiene.
Teniendo
como base la mezcla de soya―gluten, puede confeccionarse,, infinidad de menús,
muy variados y nutritivos, a la par que debidamente balanceados, si se cuida
bien de confeccionarlos con ingredientes en los que intervengan una mezcla
diaria de verduras, hortalizas, frutas, leguminosas y cereales. Los menús, es
lógico, dependen del gusto de cada persona y de la facilidad para conseguir los
distintos alimentos. Pero en todas partes es fácil, encontrar la lista de
especimenes que vamos a recomendar a continuación:
Verduras
Espinacas,
acelgas, col, coliflor, lechuga, apio y berros. Pueden comerse en distintas
formas, de preferencia en ensaladas, con una ligera cocción para no
desnaturalizar los principios vitamínicos de las mismas. En cuanto a la col,
debe preferirse comerla cruda, bien lavada, cortada menudamente, para servirla
como ensalada, a la que se puede agregar el apio, también crudo, y aderezadas
con adición de aceite puro de oliva y limón, u otras salsas a gusto.
Hortalizas
Patatas
(papas), alcachofas, tomates, cebollas, ajos, berenjenas y espárragos.
Todo
el mundo conoce cómo preparar estos alimentos; pero debe hacerse una especial
mención acerca de algunas de ellas: las patatas deben ser, de preferencia,
cocidas con cáscara, para conservar al máximo las cualidades de la porción del
tubérculo que se encuentra directamente bajo la piel, lo que es mucho mis
efectivo que mondarlas, con lo cual se pierde la parte más alimenticia que es
precisamente la que se encuentra bajo su fina epidermis. Además, al hervirlas,
debe conservarse el agua, que resulta un cocimiento magnífico para la artritis,
tan común en todas partes, y que puede tomarse como sopa o mezclada en otras
formas, o simplemente como bebida.
En
cuanto a las cebollas y los ajos, son dos vegetales de un valor inestimable
para la salud y el buen mantenimiento de nuestro organismo. La cebolla es
desintoxicante de todos los órganos, depurativa en caso de úlceras, abscesos,
llagas, etc., y desinflamante de las vías respiratorias, que se pueden aliviar
con jarabe preparado a base de cebolla cruda y azúcar. Su valor medicamentoso y
profiláctico del organismo es inestimable. No debe faltar en ningún menú
diario. De igual modo los ajos, son bulbos maravillosos por sus muchas
aplicaciones en terapéutica naturista, y un alimento perfecto que controla en
forma admirable la hipertensión, hoy tan extendida. Entre las farmacopeas de
Hipócrates, Galeno y Paracelso, el ajo tiene infinidad de aplicaciones, y figura
como tónico administrado diariamente, durante los treinta años que demoró la
construcción de la gran pirámide de Keops, a tos cien mil obreros que
trabajaban en ella. Su empleo, también, debe ser diario, en todos los menús que
se elabore, pues entra entre los agentes secretos que en la alimentación
contribuyen, en el metabolismo, a prolongar la salud y alargar la vida.
Entre
las raíces comestibles, las mejores son la zanahoria, la remolacha y los nabos,
que pueden incluirse en todos los menús, en varias formas:
Las
leguminosas
La
principal de todas ha de ser la soya, o fríjol―soya, ya mencionado, las judías
o frijoles comunes, los paulares, arvejitas, habas, lentejas y garbanzos, todas
ellas ampliamente conocidas y empleadas en la cocina de todas las familias.
Tienen propiedades nutritivas de primera fuerza, y no deben faltar, por lo
menos dos veces a la semana en las dietas familiares. De todas ellas, las de
menor importancia, por ser más laboriosas para la digestión, son las habas, sin
dejar de ser un alimento concentrado de gran fuerza.
Los
Cereales
Trigo,
avena, arroz, maíz y cebada, ampliamente conocidos, entre los que recomendamos,
de preferencia el trigo y la avena. El trigo, que puede comerse en grano,
pelado y cocido, en varías formas, y su harina que nos sirve para la
preparación del pan y de las mezclas a base de gluten ya mencionadas. En cuanto
al pan, debe preferirse el de tipo integral o sea el completo, llamado,
también, pan negro, por ser el más nutritivo y de mejor digestión. La avena,
que ha sido mundialmente popularizada como "quaker", es invalorable
en la dieta diaria, especialmente para los desayunos, mezclada con leche y
azúcar, pero mejor con miel, y especialmente si ésta fuera de abejas. En cuanto
al maíz, la forma más sencilla y digestible es el de las mazorcas frescas y
cocidas con agua hirviente, comúnmente llamadas "choclos".
Todos
estos alimentos, combinados en forma agradable y sin que se prescinda de
ninguno en las dietas semanales, acompañados, siempre de alguna fruta, aseguran
un bienestar y una salud permanentes. En cuanto a las frutas, la mejor de todas
es la naranja. Todo el mundo debería consumir, por lo menos, un par de naranjas
diariamente, pues la madre naturaleza nos ha dado, con ellas, un verdadero
tesoro de valor inestimable para el mantenimiento de la salud. Limpia,
desintoxica, nutre, vigoriza, desinfecta interiormente, refresca y tonifica
todo el organismo, siendo una verdadera panacea. Y junto a ella, las uvas y los
plátanos ocupan los puestos principales en la larga lista de frutas que podemos
comer diariamente. Debe tenerse en cuenta que estas tres frutas solas, pueden
sostener durante largo tiempo a una persona, con sólo adicionarles proteína de
soya.
Si a
todo lo anteriormente expuesto, añadimos el uso de la leche, los huevos, el
queso y el yogurth, tendremos todos los elementos para una dieta diaria y un
régimen alimenticio que nos asegura una larga vida, sana y fuerte, si no median
otros agentes extraños de desequilibrio, como los de orden psíquico tantas
veces mencionados en otros capítulos. Pero lo que más hay que tener en cuenta
es que el volumen y cantidad de elementos nutritivos no sea exagerado. Ya hemos
dicho que mucha gente se enferma y se mata por la boca: los glotones y los
viciosos de la gula deben dar marcha atrás a sus diarias francachelas. Basta
con comer, lo suficiente para una alimentación equilibrada y que reemplace el
desgaste diario. Hay que comer para vivir, no vivir para comer. En este caso
sobrevienen los trastornos digestivos y hepáticos, la adiposidad que puede
llegar a extremos de obesidad, trastorno casi letal pues entorpece el
funcionamiento de todos los órganos vitales, y los estados de autointoxicación
por los excesos de alimento.
La
buena salud es, como todo, equilibrio y armonía. Si nos atenemos a un desayuno
frugal, con frutas y cereales en cantidad normal, y un poco de leche, y a dos
comidas en el resto del día, con platos que contengan verduras, hortalizas,
proteínas e hidratos de carbono que pueden provenir de un postre, nos
mantendremos sanos y fuertes, y podremos dedicar a nuestras labores y estudios
toda la energía que sea menester.
El
Despertar de las Facultades Latentes
La
mayor parte de las personas que se interesan por los estudios esotéricos,
ambicionan, de primera intención, lograr los poderes que constituyen el
galardón de los Iniciados. Pero en todo momento, los Maestros de todas las
Escuelas advirtieron a sus discípulos que esos poderes sólo podrían obtenerse
una vez que el discípulo hubiese demostrado su calificación, o merecimiento,
para ellos. Es que no se puede pensar en entregar a un neófito un poder o
facultad de tal naturaleza, que sería como poner en manos de un niño una
metralla o una bomba explosiva. ~
El
desdoblamiento o facultad de salir voluntariamente de nuestro cuerpo físico,
conocido también como don de ubicuidad, pone a quien pueda realizarlo
conscientemente, en condiciones de averiguar muchos secretos de la vida íntima
de los demás. Claro está que no debe ser usado sino por personas que hayan
purificado íntegramente su Yo interno; que vivan ya una limpieza de alma tan
completa que les impida toda tentación de hacer mal uso del don, y que sean tan
fuertes y equilibrados para estar seguros, con toda certeza, de no cometer ni
la más mínima ligereza en tal sentido.
De
igual modo sucede con el poder, o facultad de la clarividencia y
clariaudiencia. Y todavía en menor grado, pues estas dos facultades se
desarrollan casi parcialmente con el don de ubicuidad, lo que da al sujeto una
superioridad y un poder tan grandes sobre sus semejantes, que dichas fuerzas no
pueden estar en manos sino de lo» mas puros y probados. Cualquier otro ser que
llegase a detentar esas fuerzas ocultas, podría sentirse tentado de emplearlas
para el mal, o hacer mal uso de ellas. Y esto, felizmente, no es fácil de
obtener por cualquiera.
Pero
en aquellos en quienes ya se ha logrado el dominio absoluto del pensamiento y
el control de una poderosa voluntad, puesta al servicio de un alma limpia, la
iluminación interior es como una llave maestra que está lista para abrir las
puertas de esas dos facultades maravillosas. Al limpio de corazón y de
pensamiento, con la iluminación interna se le abren las puertas del REINO, pues
con ambas facultades puede, en cualquier momento, llegar hasta Ellas y
trasponerlas... Recordemos aquel pasaje de capítulos anteriores, cuando
conducido por mi Maestro, me vi ante las Puertas del Reino de la Luz Dorada y
se me hizo la promesa de que, al término de mi adiestramiento, podría penetrar
tras de ellas...
No
es posible pretenderlo antes de que una completa purificación haya iluminado el
alma. Pero cuando el alma es ya pura, toda nuestra maquinaria interna está
vibrando en frecuencias nuevas, en tipos de vibración tan altos que los
.chacras o centros de poder secretos en la Cuarta Dimensión de nuestro
organismo, están ya listos para abrir las puertas sagradas, con una simple
orden de nuestro YO SUPERIOR, como el "Sésamo, Ábrete" del cuento de
"Las Mil y Una Noches"...
Si
queremos gozar de aquellos dones, aprendamos, antes, a merecerlos. Trabajemos
en la transformación integral de nuestra personalidad, para hacer de un ser
mediocre y débil un paladín de las luminosas huestes del REINO... Y cuando esto
se haya realizado en nosotros, no necesitaremos, ya, buscar ningún maestro
humano, porque la Luz generada por nuestro propio espíritu será la antorcha
deslumbrante que atraerá―, de inmediato a cualquiera de los Maestros Invisibles
que siempre, en la Cuarta―Dimensión, están prontos a tomar de la mano al nuevo
Iniciado para hacerlo ingresar, con todos los honores, en la GLORIOSA MANSION
DE LOS JUSTOS.
Así,
de esta manera, sin necesidad de pasar, ya, por la muerte física, el despertar
espontáneo de las dormidas facultades, como premio sublime a la paciencia y el
valor con que se consiguió triunfar, habrán hecho que se cumpla en el nuevo
soldado del REINO, esa otra promesa de CRISTO:
BUSCAD
EL REINO DE LOS CIELOS, QUE TODO LO DEMÁS OS SERA DADO POR AÑADIDURA.
EPILOGO
Han
pasado ya dos años desde el día en qué llegáramos a Janlitpur; y ayer, el
Maestro nos convocó en su despacho a los cuatro, junto con el Hermano israelita
y el Hermano egipcio. El anuncio de tal reunión, enteramente fuera de lo
acostumbrado hasta ahora, no dejó de sorprendernos, y esperamos ansiosos qué
sería lo que nos iba a decir.
Después
del desayuno, estuvimos todos puntuales a la cita. Dumpbahar nos esperaba de
pie en el centro de la sala y, tras abrazarnos a cada uno, nos miró un rato en
silencio con aire paternal y en tono suave y lento, comenzó a hablar:
―Ha
llegado la hora en que debo anunciaros que vuestra prepararon acá, toca ya a su
fin... EL YO INTERNO de cada uno de vosotros se ha ido transformando,
superándose día a día, mes a mes, hasta alcanzar el nivel de purificación
requerido por nuestros Hermanos Mayores de Ganímedes... En vuestras almas ya no
existe ni el egoísmo ni la envidia. Se ha eliminado de ellas el odio y el
rencor, tan comunes en este mundo... Y habéis aprendido a ser verdaderos
hermanos entre vosotros y con todos los demás seres de la Creación, probándolo
y ratificando vuestras nuevas cualidades, porque sabéis ahora que no es posible
apartarse de las demás criaturas del Universo, como los animales y las plantas,
a quienes se debe amar y cuidar con esmero, si queremos ser merecedores de la
amorosa consideración de nuestros Hermanos Mayores de otros Mundos y de otros
Planos de la Naturaleza, como las Divinas Entidades que dirigen y controlan
todos los aspectos de la VIDA en el COSMOS...
La
pureza de vuestras almas ha eliminado, también, la avaricia y la ambición
desmedida y malsana que lleva a la generalidad de los hombres a cometer los más
crasos errores, posponiendo los deberes de humanidad ante tos dictados
mezquinos de intereses mucha veces inconfesables, como los que hoy día están
impulsando a los líderes del mundo hacia una nueva y. terrible conflagración...
Porque
el panorama mundial no puede ser, ya más lóbrego y amenazador, con una serie de
focos de discordia capaces, cada uno, de servir como detonantes de la terrible
explosión de una tercera guerra mundial... Basta mirar lo que sucede en el
Medio Oriente, o lo que se realiza en Vietnam o en Camboya; o la aguda crisis
del petróleo que no tardará en producir fricciones y choques entre las grandes
potencias empeñadas en lograr su hegemonía... Todavía no aprende la humanidad a
posponer los intereses pequeños de grupo o de nación en bien de los intereses
generales de todo un mundo... Aún no aprenden los hombres la necesidad de
cooperar los unos con los otros por el bienestar general, posponiendo los
regionalismos, los anticuados conceptos de nacionalismos chauvinistas y los
grandes bloques financieros y económicos que dominan a los pueblos; llegando a
un acuerdo en favor de la cooperación mundial, que aprovechase los recursos
naturales en beneficio de toda la humanidad, como nos lo demuestran nuestros
Hermanos de Ganímedes en un mundo sin fronteras y con un gobierno mundial que
elimine, para siempre, el espectro de las guerras, como ahora vemos en la
Tierra, extenderse por doquier el fantasma de una horrenda hecatombe...
Yo
he podido comprobar, satisfecho, cómo ha crecido en todos y cada; uno de
vosotros la fuerza del verdadero AMOR, de ese amor universal y cósmico, elevado
y puro, que sublimiza a todos los seres del Universo, acercándolos a DIOS... Y
por eso, al haber vencido, igualmente, la frívola vanidad, el nefasto orgullo y
la soberbia que emponzoña las almas, podéis ahora recibir este anuncio de una
final aprobación de vuestros esfuerzos, disciplina y estudios, para disfrutar,
dentro de poco, el premio de ser conducidos a un mundo superior al nuestro...
Ya no anidan en vosotros las bajas pasiones que enturbian la conciencia humana,
y tenéis la fortaleza de espíritu y de voluntad que os han permitido triunfar
de todas las pruebas necesarias para vuestra integral transformación... Hoy
sois puros en alma y cuerpo, y esa pureza está reflejada en la brillantez de
vuestras auras, que han sido contempladas por nuestros Hermanos Mayores del
gran satélite de Júpiter, mientras vosotros descansabais plácida y serenamente
en el sueño. Sin que lo supierais, hemos sido visitados por una nave de
aquellas que ya conocéis, que, en la noche, hace pocos días, observó nuestra
humilde morada y pudo comprobar el estado de las auras de cada uno...
Rahmojan
hizo una pausa y nos miró detenida y profundamente, como lo hiciera siempre que
nos daba algunas de sus lecciones. Luego, con medida lentitud, prosiguió:
―Ayer
se comunicó telepáticamente conmigo nuestro Muy Amado Hermano Pepe... Me dijo
que habéis sido aceptados y que, dentro de siete días a contar de hoy, vendrán
a conduciros a Ganímedes...
Todos
nos miramos sorprendidos. El auto―control que ya tenemos nos mantuvo serenos,
ante tal noticia; pero la alegría del grupo se manifestó en una sonrisa general
que intercambiamos, sin alterar en nada nuestra posición, ni dejarnos arrastrar
por demostraciones que, en otros, habrían sido ruidosas y exageradas. El
Maestro sonrió, a su vez, y cambiando de tono, continuó:
―Los
Tiempos han llegado... Las viejas profecías se cumplen y la locura desatada
entre los hombres que gobiernan al mundo, por la soberbia, la ambición y el
odio, los va acercando, ciegamente, a la realización del horrendo sacrificio...
El Apocalipsis está en su pleno desarrollo, y pronto vamos a presenciar el
comienzo de las tristes consecuencias que una terrible ceguera moral y
espiritual ha de acarrear a esta pobre humanidad... Un entendimiento mundial
evitaría la catástrofe, pero, ¿dónde están, quiénes son los que pueden
lograrlo?... ¿No vemos que, día a día, se agravan y complican las relaciones
entre unos y otros pueblos, desoyendo las prudentes y dramáticas advertencias
del Supremo Pontífice Pablo VI, y acrecentando hora tras hora los motivos del
odio entre los unos y los otros, como un presagio sangriento del apocalíptico
holocausto?...
Por
eso, en todo el mundo, se multiplican las misteriosas visitas de los Hermanos
de Ganímedes, que, a despecho de quienes tratan aún, de negarlos y
ridiculizarlos, siguen cumpliendo su amorosa misión de sacar de la Tierra a los
que se han capacitado para ello. No sois los únicos que ahora van a dejar este
mundo amenazado por la locura y el odio: en diferentes lugares del planeta, con
distintos Maestros y en variadas formas, se preparan muchos seres cuyas auras
están alcanzando la luminosidad requerida. Y por eso bajan, cada vez 'con más
frecuencia, las máquinas extraterrestres que vienen a recoger, de los lugares
marcados y previamente conocidos por ellos, a las personas que completaron y
siguen completando su purificación y adiestramiento. En otros lagares en donde
no se cuenta con tas condiciones especiales que nosotros tenemos aquí, se ven
forzados a hacer sus visitas de noche, cuando los demás duermen y no se exponen
a situaciones desagradables por la intromisión de seres todavía no aptos para
su contacto con ellos,.. Vosotros conocéis, muy bien, la ceguera y los
trastornos que ocasiona la falta de preparación adecuada en estos casos...Y
nuestros Hermanos Mayores no tienen ningún interés de perder su precioso tiempo
con seres atrasados o malévolos... Pero todo el que sea puro y sincero en su
propósito de alcanzar la perfección, podrá lograrlo trabajando dentro de sí
mismo, como vosotros y los demás en otros pueblos, ya lo han hecho...
El
Maestro calló. Nos miró profundamente, y nos recomendó estar listos para la
próxima semana. No necesitaríamos llevar ningún equipaje. Nos explicó la
inutilidad de ello, pues, desde el momento de subir a la astronave, seríamos
provistos de todo lo necesario para el viaje. Y en ese nuevo mundo se nos
proporcionaría cuanto pudiésemos requerir para nuestra vida diaria. Así, pues,
sólo teníamos que esperar y distribuir entre nuestros amigos del Hogar, las
pocas pertenencias que aún nos quedaban en la Tierra.
Cuando
retornamos a nuestro alojamiento, estábamos aún confusos y sorprendidos. No
creímos que fuera tan pronta nuestra conversión. Pensábamos que hubiera sido
preciso mayor tiempo; y lo mismo nos dijeron el israelita y el egipcio. Todavía
no éramos clarividentes. Sólo habíamos podido llegar a realizar viajes
astrales, como se explicó en capítulos pasados. Pero Rahmojan, en
conversaciones posteriores, nos explicó ampliamente que este punto no era
indispensable, en absoluto.
―En
el nuevo mundo al que vais a ser llevados, se os dará eso y mucho más. La
mayoría de las gentes cree que .deben ser clarividentes y tener poderes
extrasensoriales para alcanzar la perfección. Y están equivocadas. La
PERFECCIÓN se logra con la pureza del alma cómo base; sin ésta no hay
PERFECCIÓN. La clarividencia y los demás poderes, que muchos ambicionan
frívolamente y no con elevado anhelo, son consecuencias posteriores de la
verdadera purificación del Alma. Pueden venir espontáneamente cuando el YO SUPREMO
haya triunfado en su elevación total sobre la Materia; pero no antes... Y en
seres como ustedes, serán despertados en cuanto lleguéis a ese mundo superior.
Pero la entrada a ese mundo ya la habéis obtenido con la total pureza lograda
en vuestras almas. Esperad que se haga la Voluntad de Nuestro Padre
Celestial...
Y en
tal estado, aguardando el ansiado momento, repartimos lo que aún poseíamos; mi
esposa le obsequió a Maruja, la española, un juego de objetos de tocador que la
había acompañado muchos años, y su reloj pulsera de oro. A Nancy le entregó un
medallón de oro que siempre había llevado, consigo. Yo le di a Charly varios
libros que había traído conmigo del Perú, mi lapicero de oro y mi portafolios
de cuero. Estábamos ya listos para el viaje...
***
(Nota
final proporcionada por el Ingeniero Mr. Charles O'Connor).
Son
las 12:00 del día 15 de Octubre de 1974.
En
la explanada central del Monasterio de Janlitpur nos hemos reunido todos los
miembros de nuestra comunidad fraternal. Los monjes y discípulos del Monasterio
se encuentran a las puertas del mismo, y los Hermanos del Hogar, en compañía
del Maestro Rahmojan Dumpbahar, esperamos a la puerta de nuestra mansión. En el
claro y límpido cielo azul que se extiende sobre las cumbres nevadas que
circundan nuestro valle, se puede apreciar, ya, una pequeña mancha redonda y
brillante, como una minúscula gota de plata resplandeciente, que se mueve en
raudo vuelo en dirección a nosotros. En pocos segundos se ha ido agrandando
hasta poder ver que se trata de una maquina en forma de plato, que refleja los
rayos del sol de manera irresistible. Se encuentra, muy alto, sobre las
cumbres, y parece disminuir su velocidad. Todos estamos profundamente
impresionados. La astronave, que ya se ve con perfecta claridad, se ha detenido
a una altura de más o menos mil metros. El Hermano Yosip estrecha una mano a su
esposa, que con el otro brazo retiene junto a sí a los dos niños. Los otros dos
futuros viajeros cambian una sonrisa y algunas palabras, mientras miran hacia
arriba. '
La
máquina ha comenzado a descender, lentamente. Ya está en nivel de los picos
nevados y penetra dentro del perímetro del valle. Debo confesar que experimento
una rara emoción. La astronave se acerca al suelo con gran suavidad... Ya se ha
posado en Tierra. Es un aparato enorme, de unos treinta a cuarenta metros de
diámetro, y en las ventanas que circundan su cúpula central vemos varias
personas que nos observan. Una escalerilla de metal se está proyectando hacia
el suelo, y se abre una especie de puerta corrediza en la cúpula sobre la
escalera. En el marco de la abertura aparece un hombre vestido con una ajustada
escafandra o buzo, brillante. Nos saluda con la mano. Es nuestro Hermano Pepe,
que ahora baja y viene hasta nosotros.
Salimos
a su encuentro, tras nuestro Maestro. Pepe se abraza con él. Lo mismo hacen el
Hermano Yosip, su señora y los niños. Luego, los otros dos Hermanos que van a
viajar estrechan sus manos con él. Los monjes y discípulos se mantienen,
respetuosamente, en la puerta del Monasterio. La conversación es breve. E1
recién llegado nos explica que tienen todo listo para recibir a los viajeros.
Que han venido ahora en una astronave de mayor tamaño, con capacidad para mayor
número de personas, y que puede realizar su viaje hasta el "REINO DE
MUNT" en sólo tres días de los nuestros... Nos dice, también, que en el
trayecto serán preparados los viajeros para acondicionarlos mejor a su nuevo
mundo, sin que puedan temer trastornos de ninguna clase, porque en esos tres
días recibirán cuidados especiales como sucedió con él mismo en su primera
oportunidad.
Ha
llegado el momento supremo de la partida. Pese a nuestra disciplina
acostumbrada, todos estamos emocionados. El Maestro se despide, paternalmente,
de cada uno de los viajeros. La esposa de Yosip está llorando pese a sus
esfuerzos por dominarse. Ibrahim se contiene a duras penas. Al abrazarnos a
cada uno, su emoción es tan grande que no puede articular palabras. Nos besamos
todos en la frente, y nos encaminamos hacia la máquina que resplandece a los
rayos del sol. Es un platón gigantesco, de un metal bruñido parecido a la plata
o al acero inoxidable, que se ha posado en el suelo sobre cuatro bases a manera
de patas, que sobresalen de la estructura central, que tiene forma de cúpula o
cabina rodeada de ventanas. Varias personas nos observan desde adentro y nos
hacen señales amistosas con las manos.
Acompañamos
a nuestros Hermanos hasta la escalera metálica. Los primeros en subir son el
médico egipcio y el botánico judío. En seguida, los dos hijos de Yosip, su
esposa, él y Pepe. Nos apartamos todos de la astronave, regresando a nuestro
lugar de antes, y esperamos. Una emoción más fuerte que nuestra voluntad nos
embarga, y en los ojos de Manija tiemblan dos lágrimas. El Maestro está sereno;
pero se le nota triste...
Se
cierra la puerta metálica corrediza. La escalerilla se retrae dentro del
aparato. Vemos que nuestros Hermanos nos saludan desde las ventanas, y un leve
zumbido llega hasta nosotros en momentos en que la máquina comienza a
levantarse del suelo. Me sorprende no ver niego ni ningún efecto que pueda
anunciar un proceso de retropropulsión. Simplemente, la astronave se va
elevando con lentitud, como si flotara en el aire... Cuando la altura ha
alcanzado unos doscientos metros, mas o menos, vemos que las cuatro patas
metálicas se retrae», desapareciendo bajo el centro del platón; toda la
estructura de éste en su parte exterior cambia de color, apareciendo una
tonalidad dorado―carmesí, y el aparato se eleva a velocidad cada vez más
acentuada... Contemplamos cómo se aleja en el espacio, hasta perderlo de vista,
y retornamos a nuestro Hogar con la mente fija en los queridos Hermanos que, en
esos momentos, se dirigen a un lejano mundo de nuestro sistema solar en donde
reinan la VERDAD, la JUSTICIA y el AMOR.
FIN


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