© Libro N°. 2991. Los Fundamentos
Del Leninismo. Stalin, J. Colección E.O. Agosto 6 de 2016.
Título original: © J. Stalin. Los Fundamentos Del Leninismo
Versión Original: © J. Stalin. Los Fundamentos Del Leninismo
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J. Stalin
Los fundamentos del Leninismo
Conferencias pronunciadas en la Universidad Sverdlov
Escrito: 1924
Digitalización: Aritz
Esta Edición: Marxists Internet Archive, año 2002
Indice
I.
Las raíces históricas del leninismo
II.
El método
III.
La teoría
IV.
La dictadura del proletariado
V.
La cuestión campesina
VI.
La cuestión nacional
VII.
Estrategia y táctica
VIII.
El Partido
IX.
El estilo en el trabajo
A la
promoción leninista
Los
fundamentos del leninismo: el tema es vasto. Para agotarlo, haría falta un
libro entero. Más aún: haría falta toda una serie de libros. Por eso es natural
que mis conferencias no puedan ser consideradas como una exposición completa
del leninismo. Serán tan sólo, en el mejor de los casos, un resumen sucinto de
los fundamentos del leninismo. No obstante, estimo útil hacer este resumen, a
fin de ofrecer algunos puntos fundamentales de partida, necesarios para
estudiar con fruto el leninismo.
Exponer
los fundamentos del leninismo no es aún exponer los fundamentos de la
concepción del mundo de Lenin. La concepción del mundo de Lenin y los
fundamentos del leninismo no son, por su volumen, una y la misma cosa. Lenin es
marxista, y la base de su concepción del mundo es, naturalmente, el marxismo.
Pero de esto no se desprende, en modo alguno, que la exposición del leninismo
deba comenzar por la de los fundamentos del marxismo. Exponer el leninismo es
exponer lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin, lo aportado
por Lenin al tesoro general del marxismo y lo que está asociado a su nombre de
modo natural. Sólo en este sentido hablaré en mis conferencias de los
fundamentos del leninismo.
¿Qué
es, pues, el leninismo?
Unos
dicen que el leninismo es la aplicación del marxismo a las condiciones
peculiares de la situación rusa. Esta definición contiene una parte de verdad,
pero dista mucho de encerrarla toda. En efecto, Lenin aplicó el marxismo a la
realidad de Rusia, y lo aplicó magistralmente. Pero si el leninismo no fuese
más que la aplicación del marxismo a la situación peculiar de Rusia, el
leninismo sería un fenómeno pura y exclusivamente nacional, pura y
exclusivamente ruso. Sin embargo, sabemos que el leninismo es un fenómeno
internacional, que tiene raíces en todo el desarrollo internacional, y no un
fenómeno exclusivamente ruso. Por eso, yo entiendo que esa definición peca de
unilateral.
Otros
dicen que el leninismo es la resurrección de los elementos revolucionarios del
marxismo de la década del 40 del siglo pasado, a diferencia del marxismo de
años posteriores, que, según ellos, se hizo moderado y dejó de ser
revolucionario. Si pasamos por alto esa división necia y vulgar de la doctrina
de Marx en dos partes, una revolucionaria y otra moderada, hay que reconocer
que incluso esa definición, íntegramente defectuosa e insatisfactoria, tiene un
algo de verdad. Ese algo de verdad consiste en que Lenin resucitó,
efectivamente, el contenido revolucionario del marxismo, enterrado por los
oportunistas de la II Internacional. Pero esto no es más que un algo de verdad.
La verdad entera del leninismo es que no sólo hizo renacer el marxismo, sino
que dio un paso adelante, prosiguiendo el desarrollo del marxismo bajo las
nuevas condiciones del capitalismo y de la lucha de clase del proletariado.
¿Qué
es, pues, en fin de cuentas, el leninismo?
El
leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución
proletaria. O más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la
revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del
proletariado en particular. Marx y Engels actuaron en el período
prerrevolucionario (nos referimos a la revolución proletaria), cuando aún no
había un imperialismo desarrollado, en un período de preparación de los
proletarios para la revolución, en el período en que la revolución proletaria
no era aún directa y prácticamente inevitable. En cambio, Lenin, discípulo de
Marx y de Engels, actuó en el período del imperialismo desarrollado, en el
período en que se despliega la revolución proletaria, cuando la revolución
proletaria ha triunfado ya en un país, ha destruido la democracia burguesa y ha
inaugurado la era de la democracia proletaria, la era de los Soviets.
Por
eso el leninismo es el desarrollo ulterior del marxismo.
Suele
destacarse el carácter extraordinariamente combativo y extraordinariamente
revolucionario del leninismo. Esto es muy cierto. Pero esta particularidad del
leninismo se debe a dos causas: en primer lugar, a que el leninismo brotó de la
entraña de la revolución proletaria, cuyo sello no puede por menos de ostentar;
en segundo lugar, a que se desarrolló y se fortaleció en las batallas contra el
oportunismo de la II Internacional, combatir al cual ha sido y sigue siendo una
premisa necesaria para luchar con éxito contra el capitalismo. No hay que
olvidar que entre Marx y Engels, de una parte, y Lenin, de otra, media todo un
período de dominio indiviso del oportunismo de la II Internacional, la lucha
implacable contra el cual no podía menos de ser una de las tareas más
importantes del leninismo.
J.
Stalin
I
Las
raices históricas del leninismo
El
leninismo se desarrolló y se formó bajo el imperialismo, cuando las
contradicciones del capitalismo habían llegado ya a su grado extremo, cuando la
revolución proletaria se había convertido ya en una cuestión de la actividad
práctica inmediata, cuando el antiguo período de preparación de la clase obrera
para la revolución había llegado a su tope, cediendo lugar a un nuevo período,
al período de asalto directo del capitalismo.
Lenin
llamó al imperialismo "capitalismo agonizante". ¿Por qué? Porque el
imperialismo lleva las contradicciones del capitalismo a su último límite, a su
grado extremo, más allá del cual empieza la revolución. Entre estas
contradicciones, hay tres que deben ser consideradas como las más importantes.
La
primera contradicción es la existente entre el trabajo y el capital. El
imperialismo es la omnipotencia de los trusts y de los sindicatos monopolistas,
de los bancos y de la oligarquía financiera de los países industriales. En la
lucha contra esta fuerza omnipotente, los métodos habituales de la clase obrera
-los sindicatos y las cooperativas, los partidos parlamentarios y la lucha
parlamentaria resultan absolutamente insuficientes. Una de dos: u os entregáis
a merced del capital, vegetáis a la antigua y os hundís cada vez más, o
empuñáis un arma nueva: así plantea la cuestión el imperialismo a las masas de
millones de proletarios. El imperialismo lleva a la clase obrera al umbral de
la revolución.
La
segunda contradicción es la existente entre los distintos grupos financieros y
las distintas potencias imperialistas en su lucha por las fuentes de materias
primas, por territorios ajenos. El imperialismo es la exportación de capitales
a las fuentes de materias primas, la lucha furiosa por la posesión monopolista
de estas fuentes, la lucha por un nuevo reparto del mundo ya repartido, lucha
mantenida con particular encarnizamiento por los nuevos grupos financieros y
por las nuevas potencias, que buscan "un lugar bajo el sol", contra
los viejos grupos y las viejas potencias, tenazmente aferrados a sus
conquistas. La particularidad de esta lucha furiosa entre los distintos grupos
de capitalistas es que entraña como elemento inevitable las guerras imperialistas,
guerras por la conquista de territorios ajenos. Esta circunstancia tiene, a su
vez, la particularidad de que lleva al mutuo debilitamiento de los
imperialistas, quebranta las posiciones del capitalismo en general, aproxima el
momento de la revolución proletaria y hace de esta revolución una necesidad
práctica.
La
tercera contradicción es la existente entre un puñado de naciones
"civilizadas" dominantes y centenares de millones de hombres de las
colonias y de los países dependientes. El imperialismo es la explotación más
descarada y la opresión más inhumana de centenares de millones de habitantes de
las inmensas colonias y países dependientes. Extraer superbeneficios: tal es el
objetivo de esta explotación y de esta opresión. Pero, al explotar a esos
países, el imperialismo se ve obligado a construir en ellos ferrocarriles,
fábricas, centros industriales y comerciales. La aparición de la clase de los
proletarios, la formación de una intelectualidad del país, el despertar de la
conciencia nacional y el incremento del movimiento de liberación son resultados
inevitables de esta "política". El incremento del movimiento
revolucionario en todas las colonias y en todos los países dependientes, sin
excepción, lo evidencia de modo palmario. Esta circunstancia es importante para
el proletariado, porque mina de raíz las posiciones del capitalismo,
convirtiendo a las colonias y a los países dependientes, de reservas del
imperialismo, en reservas de la revolución proletaria.
Tales
son, en términos generales, las contradicciones principales del imperialismo,
que han convertido el antiguo capitalismo "floreciente" en
capitalismo agonizante.
La
importancia de la guerra imperialista desencadenada hace diez años estriba,
entre otras cosas, en que juntó en un haz todas estas contradicciones y las
arrojó sobre la balanza, acelerando y facilitando con ello las batallas
revolucionarias del proletariado.
Dicho
en otros términos: el imperialismo no sólo ha hecho que la revolución sea
prácticamente inevitable, sino que se hayan creado las condiciones favorables
para el asalto directo a la fortaleza del capitalismo.
Tal
es la situación internacional que ha engendrado al leninismo.
Todo
eso está bien, se nos dirá; pero ¿qué tiene que ver con esto Rusia, que no era
ni podía ser el país clásico del imperialismo? ¿Qué tiene que ver con esto
Lenin, que actuó, ante todo, en Rusia y para Rusia? ¿Por qué fue precisamente
Rusia el hogar del leninismo, la cuna de la teoría y de la táctica de la
revolución proletaria?
Porque
Rusia era el punto de convergencia de todas estas contradicciones del
imperialismo.
Porque
Rusia estaba preñada de revolución más que ningún otro país del mundo, y eso
hacía que sólo ella se hallase en estado de resolver estas contradicciones por
vía revolucionaria.
Señalaremos
en primer lugar que la Rusia zarista era un foco de todo género de opresión
-capitalista, colonial y militar- en su forma más inhumana y más bárbara.
¿Quién ignora que, en Rusia, la omnipotencia del capital se fundía con el
despotismo zarista; la agresividad del nacionalismo ruso con las atrocidades
del zarismo contra los pueblos no rusos; la explotación de zonas enteras
-Turquía, Persia, China-, con la anexión de estas zonas por el zarismo, con las
guerras anexionistas? Lenin tenía razón cuando decía que el zarismo era un
"imperialismo militar-feudal". El zarismo era la condensación de los
aspectos más negativos del imperialismo, elevados al cubo.
Además,
la Rusia zarista no sólo era una importantísima reserva del imperialismo
occidental porque abría sus puertas de par en par al capital extranjero, que
tenía en sus manos ramas tan decisivas de la economía nacional de Rusia como
los combustibles y la metalurgia, sino también porque podía poner al servicio
de los imperialistas occidentales millones de soldados. Recordad el ejército
ruso de catorce millones de hombres, que derramó su sangre en los frentes
imperialistas para asegurar fabulosas ganancias a los capitalistas
anglo-franceses.
Además,
el zarismo no sólo era el perro de presa del imperialismo en el Oriente de
Europa, sino también el agente del imperialismo occidental para exprimir de la
población centenares de millones: los intereses de los empréstitos que el
zarismo obtenía en París y en Londres, en Berlín y en Bruselas.
Finalmente,
el zarismo era el aliado más fiel del imperialismo occidental en el reparto de
Turquía, de Persia, de China, etc. ¿Quién ignora que el zarismo hacía la guerra
imperialista aliado a los imperialistas de la Entente y que Rusia era un
elemento esencial en esta guerra?
Por
eso, los intereses del zarismo y del imperialismo occidental se entrelazaban y
acababan fundiéndose en una sola madeja de intereses del imperialismo.
¿Acaso
podía el imperialismo del Occidente resignarse a la pérdida de un puntal tan
poderoso en el Oriente y de una fuente tan rica en fuerzas y en recursos, como
era la vieja Rusia zarista y burguesa, sin poner a prueba todas sus fuerzas
para sostener una lucha a muerte contra la revolución en Rusia, a fin de
defender y conservar el zarismo? ¡Naturalmente que no!
Pero
de aquí se desprende que quien quería golpear al zarismo, levantaba
inevitablemente la mano contra el imperialismo; que quien se sublevaba contra
el zarismo, tenía que sublevarse también contra el imperialismo, pues quien
derrocara al zarismo, si en realidad no pensaba sólo en derribarlo, sino en
acabar con él definitivamente, tenía que derrocar también al imperialismo. La
revolución contra el zarismo se aproximaba de este modo a la revolución contra
el imperialismo, a la revolución proletaria, y debía transformarse en ella.
Entretanto,
en Rusia iba en ascenso la más grande de las revoluciones populares, a cuyo
frente se hallaba el proletariado más revolucionario del mundo, un proletariado
que disponía de un aliado tan importante como los campesinos revolucionarios de
Rusia. ¿Hace falta, acaso, demostrar que una revolución así no podía quedarse a
mitad de camino; que, en caso de triunfar, debía seguir adelante, enarbolando
la bandera de la insurrección contra el imperialismo?
Por
eso Rusia tenía que convertirse en un punto de convergencia de las
contradicciones del imperialismo, no sólo porque en Rusia precisamente estas
contradicciones se ponían de manifiesto con mayor facilidad a causa de su
carácter tan escandaloso y tan intolerable, y no sólo porque Rusia era el
puntal más importante del imperialismo occidental, el puntal que unía al
capital financiero del Occidente con las colonias del Oriente, sino también
porque solamente en Rusia existía una fuerza real capaz de resolver las
contradicciones del imperialismo por vía revolucionaria.
Pero
de esto se desprende que la revolución en Rusia no podía menos de ser
proletaria, no podía menos de revestir, desde los primeros momentos de su
desarrollo, un carácter internacional, y no podía, por tanto, menos de sacudir
los cimientos mismos del imperialismo mundial.
¿Acaso
los comunistas rusos podían, ante semejante estado de cosas, limitarse en su
labor al marco estrechamente nacional de la revolución rusa? ¡Naturalmente que
no! Por el contrario, toda la situación, tanto la interior (profunda crisis
revolucionaría) como la exterior (la guerra), los empujaba a salirse en su
labor de ese marco, a llevar la lucha a la palestra internacional, a poner al
desnudo las lacras del imperialismo, a demostrar el carácter inevitable de la
bancarrota del capitalismo, a destrozar el socialchovinismo y el
socialpacifismo y, por último, a derribar el capitalismo dentro de su país y a
forjar para el proletariado un arma nueva de lucha -la teoría y la táctica de
la revolución proletaria-, con el fin de facilitar a los proletarios de todos
los países el derrocamiento del capitalismo. Los comunistas rusos no podían
obrar de otro modo, pues sólo siguiendo este camino se podía contar con que se
produjesen en la situación internacional ciertos cambios, capaces de garantizar
a Rusia contra la restauración del régimen burgués.
Por
eso, Rusia se convirtió en el hogar del leninismo, y el jefe de los comunistas
rusos, Lenin, en su creador.
Con
Rusia y con Lenin "ocurrió" aproximadamente lo mismo que había
ocurrido con Alemania y con Marx y Engels en la década del 40 del siglo pasado.
Entonces, Alemania estaba preñada, como la Rusia de comienzos del siglo XX, de
una revolución burguesa. Marx escribió entonces en el "Manifiesto
Comunista":
Los
comunistas fijan su principal atención en Alemania, porque Alemania se halla en
vísperas de una revolución burguesa y porque llevará a cabo esta revolución
bajo las condiciones más progresivas de la civilización europea en general, y
con un proletariado mucho más desarrollado que el de Inglaterra en el siglo
XVII y el de Francia en el XVIII, y, por lo tanto, la revolución burguesa
alemana no podrá ser sino el preludio inmediato de una revolución proletaria.
Dicho
en otros términos: el centro del movimiento revolucionario se desplazaba a
Alemania.
No
cabe duda de que precisamente esta circunstancia, apuntada por Marx en el
pasaje citado constituyó la causa probable de que fuese Alemania la cuna del
socialismo científico, y los jefes del proletariado alemán, Marx y Engels, sus
creadores.
Lo
mismo hay que decir, pero en mayor grado todavía, de la Rusia de comienzos del
siglo XX. En ese período, Rusia se hallaba en vísperas de la revolución
burguesa y había de llevar a cabo esta revolución en un ambiente más progresivo
en Europa y con un proletariado más desarrollado que el de Alemania en la
década del 40 del siglo último (sin hablar ya de Inglaterra y de Francia);
además, todo indicaba que esta revolución debía servir de fermento y de prólogo
a la revolución proletaria.
No
puede considerarse casual el hecho de que ya en 1902, cuando la revolución rusa
estaba todavía en sus comienzos, Lenin dijese, en su folleto "¿Qué
hacer?", estas palabras proféticas:
La
historia plantea hoy ante nosotros (es decir, ante los marxistas rusos. J. St.)
una tarea inmediata, que es la más revolucionaria de todas las tareas
inmediatas del proletariado de ningún otro país.
...la
realización de esta tarea, la demolición del más poderoso baluarte, no ya de la
reacción europea, sino también (hoy podemos afirmarlo) de la reacción asiática,
convertiría al proletariado ruso en la vanguardia del proletariado
revolucionario internacional (v. t. IV, pág. 382).
Dicho
en otros términos: el centro del movimiento revolucionario debía desplazarse a
Rusia.
Sabido
es que el desarrollo de la revolución en Rusia ha justificado, y con creces,
esta predicción de Lenin.
Y,
siendo así, ¿tiene algo de asombroso que el país que ha llevado a cabo
semejante revolución y que cuenta con semejante proletariado haya sido la
patria de la teoría y la táctica de la revolución proletaria?
¿Tiene
algo de asombroso que el jefe del proletariado de Rusia, Lenin, haya sido, a la
par, el creador de esta teoría y de esta táctica y el jefe del proletariado
internacional?
II.
El método
He
dicho más arriba que entre Marx y Engels, de una parte, y Lenin, de otra, media
todo un período de dominio del oportunismo de la II Internacional. Para ser
exacto, debo añadir que no se trata aquí de un predominio formal del
oportunismo, sino de un dominio efectivo. En apariencia, al frente de la II
Internacional se encontraban marxistas "fieles",
"ortodoxos": Kautsky y otros. Sin embargo, la labor fundamental de la
II Internacional seguía, en la práctica, la línea del oportunismo. Los
oportunistas, por su innato espíritu de adaptación y su naturaleza
pequeñoburguesa, se amoldaban a la burguesía; los "ortodoxos", a su
vez, se adaptaban a los oportunistas, para "mantener la unidad" con
ellos, en aras de la "paz en el partido". Resultaba de todo esto el
dominio del oportunismo, pues la política de la burguesía y la de los
"ortodoxos" eran eslabones de una misma cadena.
Fue
ése un período de desarrollo relativamente pacífico del capitalismo, el período
de anteguerra, por decirlo así, en que las contradicciones catastróficas del
imperialismo no habían llegado aún a revelarse en toda su evidencia; un período
en que las huelgas económicas de los obreros y los sindicatos se desenvolvían
más o menos "normalmente"; en que se obtenían triunfos
"vertiginosos" en la lucha electoral y en la actuación de las
fracciones parlamentarias; en que las formas legales de lucha se ponían por las
nubes y se creía "matar" al capitalismo con la legalidad; en una
palabra, un período en el que los partidos de la II Internacional iban echando
grasa y no querían pensar seriamente en la revolución, en la dictadura del
proletariado, en la educación revolucionaria de las masas.
En
vez de una teoría revolucionaria coherente, tesis teóricas contradictorias y
fragmentos de teorías divorciados de la lucha revolucionaria viva de las masas
y convertidos en dogmas caducos. Naturalmente, para guardar las formas se
invocaba la teoría de Marx, pero con el fin de despojaría de su espíritu
revolucionario vivo.
En
vez de una política revolucionaria un filisteísmo fláccido y una politiquería
de practicismo mezquino, diplomacia parlamentaria y combinaciones
parlamentarias. Naturalmente, para guardar las formas se adoptaban resoluciones
y consignas "revolucionarias", pero con el único fin de meterlas bajo
el tapete.
En
vez de educar al partido y de enseñarle una táctica revolucionaria acertada, a
base del análisis de sus propios errores, se eludían meticulosamente los
problemas candentes, se los velaba y encubría. Naturalmente, para guardar las
formas hablaban a veces de los problemas candentes, pero era con el fin de
terminar el asunto con cualquier resolución "elástica".
He
ahí cuáles eran la fisonomía, los métodos de trabajo y el arsenal de la II
Internacional.
Entretanto,
se acercaba un nuevo período de guerras imperialistas y de batallas
revolucionarias del proletariado. Los antiguos métodos de lucha resultaban, a
todas luces, insuficientes y precarios ante la omnipotencia del capital
financiero.
Se
imponía revisar toda la labor de la II Internacional, todo su método de
trabajo, desarraigando el filisteísmo, la estrechez mental, la politiquería, la
apostasía, el socialchovinismo y el socialpacifismo. Se imponía revisar todo el
arsenal de la II Internacional, arrojar todo lo herrumbroso y todo lo caduco y
forjar nuevas armas. Sin esta labor previa, no había que pensar en lanzarse a
la guerra contra el capitalismo. Sin esto, el proletariado corría el riesgo de
encontrarse, ante nuevas batallas revolucionarias, mal armado o, incluso,
inerme.
El
honor de llevar a cabo la revisión general y la limpieza general de los
establos de Augias de la II Internacional correspondió al leninismo.
Tales
fueron las circunstancias en que nació y se forjó el método del leninismo.
¿Cuáles
son las exigencias de este método?
Primera:
comprobar los dogmas teóricos de la II Internacional en el fuego de la lucha
revolucionaria de las masas, en el fuego de la práctica viva; es decir,
restablecer la unidad, rota, entre la teoría y la práctica, terminar con el
divorcio entre ellas, porque sólo así se puede crear un partido verdaderamente
proletario, pertrechado de una teoría revolucionaria.
Segunda:
comprobar la política de los partidos de la II Internacional, no por sus
consignas y sus resoluciones (a las que no se puede conceder ningún crédito),
sino por sus hechos, por sus acciones, pues sólo así se puede conquistar y
merecer la confianza de las masas proletarias.
Tercera:
reorganizar toda la labor de partido, dándole una orientación nueva,
revolucionaria, con el fin de educar y preparar a las masas para la lucha
revolucionaria, pues sólo así se puede preparar a las masas para la revolución
proletaria.
Cuarta:
la autocrítica de los partidos proletarios, su instrucción y educación mediante
el análisis de los propios errores, pues sólo así se pueden formar verdaderos
cuadros y verdaderos dirigentes de partido.
Tales
son los fundamentos y la esencia del método del leninismo.
¿Cómo
se ha aplicado este método en la práctica?
Los
oportunistas de la II Internacional tienen varios dogmas teóricos, de los
cuales arrancan siempre. He aquí algunos de ellos.
Primer
dogma: sobre las condiciones de la toma del Poder por el proletariado. Los
oportunistas afirman que el proletariado no puede ni debe tomar el Poder si no
constituye la mayoría dentro del país. No se aduce ninguna prueba, pues no hay
forma de justificar, ni teórica ni prácticamente, esta absurda tesis. Admitamos
que sea así, contesta Lenin a los señores de la II Internacional. Pero, si se
produce una situación histórica (guerra, crisis agraria, etc.), en la cual el
proletariado, siendo una minoría de la población, tiene la posibilidad de
agrupar en torno suyo a la inmensa mayoría de las masas trabajadoras, ¿por qué
no ha de tomar el Poder? ¿Por qué el proletariado no ha de aprovechar una
situación internacional e interior favorable, para romper el frente del capital
y acelerar el desenlace general? ¿Acaso no dijo ya Marx, en la década del 50
del siglo pasado, que la revolución proletaria en Alemania podría marchar
"magníficamente" si fuera posible apoyarla, digámoslo así, con una
"segunda edición de la guerra campesina"? ¿No sabe, acaso, todo el
mundo que en Alemania había en aquel entonces relativamente menos proletarios
que, por ejemplo, en Rusia en 1917? ¿Acaso la experiencia de la revolución
proletaria rusa no ha puesto de manifiesto que este dogma predilecto de los
héroes de la II Internacional no tiene la menor significación vital para el
proletariado? ¿Acaso no es evidente que la experiencia de la lucha
revolucionaria de las masas rebate y deshace ese dogma caduco?
Segundo
dogma: el proletariado no puede mantenerse en el Poder si no dispone de
suficientes cuadros, de hombres ilustrados y de administradores ya hechos,
capaces de organizar la gobernación del país. Primero hay que preparar estos
cuadros bajo el capitalismo, y luego, tomar el Poder. Admitámoslo, contesta
Lenin. Pero ¿por qué no se pueden hacer las cosas de modo que primero se tome
el Poder, se creen las condiciones favorables para el desarrollo del
proletariado, y luego se avance a pasos agigantados para elevar el nivel
cultural de las masas trabajadoras, para preparar numerosos cuadros dirigentes
y administrativos de procedencia obrera? ¿Acaso la experiencia de Rusia no ha
demostrado que bajo el Poder proletario los dirigentes de procedencia obrera se
forman de un modo cien veces más rápido y mejor que bajo el Poder del capital?
¿Acaso no es evidente que la experiencia de la lucha revolucionaria de las
masas también deshace implacablemente este dogma teórico de los oportunistas?
Tercer
dogma: el método de la huelga general política es inaceptable para el
proletariado, ya que resulta teóricamente inconsistente (v. la crítica de
Engels), prácticamente peligroso (puede desorganizar la marcha normal de la
vida económica del país y puede dejar vacías las cajas de los sindicatos) y no
puede sustituir a las formas parlamentarias de lucha, que constituyen la forma
principal de la lucha de clase del proletariado. Bien, contestan los
leninistas. Pero, en primer lugar, Engels no criticó toda huelga general, sino
un determinado tipo de huelga general: la huelga general económica de los
anarquistas, preconizada por éstos en sustitución de la lucha política del
proletariado. ¿Qué tiene que ver con eso el método de la huelga general
política? En segundo lugar, ¿quién ha demostrado, y dónde, que la forma
parlamentaria de lucha sea la forma principal de lucha del proletariado? ¿Acaso
la historia del movimiento revolucionario no demuestra que la lucha
parlamentaria no es más que una escuela y una ayuda para la organización de la
lucha extraparlamentaria del proletariado, y que, bajo el capitalismo, las
cuestiones fundamentales del movimiento obrero se dirimen por la fuerza, por la
lucha directa de las masas proletarias, por su huelga general, por su insurrección?
En tercer lugar, ¿de dónde se ha tomado eso de la sustitución de la lucha
parlamentaria por el método de la huelga general política? ¿Dónde y cuándo han
intentado los partidarios de la huelga general política sustituir las formas
parlamentarias de lucha por las formas extraparlamentarias? En cuarto lugar,
¿acaso la revolución rusa no ha demostrado que la huelga general política es
una gran escuela de la revolución proletaria y un medio insustituible para
movilizar y organizar a las más amplias masas del proletariado en vísperas del
asalto a la fortaleza del capitalismo? ¿A qué vienen esas lamentaciones de
filisteo sobre la desorganización de la marcha normal de la vida económica y
sobre las cajas de los sindicatos? ¿Acaso no es evidente que la experiencia de
la lucha revolucionaría destruye también este dogma de los oportunistas?
Y
así sucesivamente.
Por
eso Lenin decía que "la teoría revolucionaria no es un dogma" y que
"sólo se forma definitivamente en estrecha relación con la experiencia
práctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente
revolucionario" ("La enfermedad infantil"), porque la teoría
debe servir a la práctica, porque "la teoría debe dar respuesta a las
cuestiones planteadas por la práctica" ("Los "amigos del
pueblo"), porque debe contrastarse con hechos de la práctica.
En
cuanto a las consignas políticas y a los acuerdos políticos de los partidos de
la II Internacional, basta recordar la historia de la consigna de "guerra
a la guerra" para comprender toda la falsedad y toda la podredumbre de la
práctica política de estos partidos, que encubren su obra antirrevolucionaria
con pomposas consignas y resoluciones revolucionarias. Todo el mundo recuerda
las aparatosas manifestaciones hechas por la II Internacional en el Congreso de
Basilea, en las que se amenazaba a los imperialistas con todos los horrores de
la insurrección, si se decidían a desencadenar la guerra, y en las que se lanzó
la temible consigna de "guerra a la guerra". Pero ¿quién no recuerda
que, poco tiempo después, ante el comienzo mismo de la guerra, la resolución de
Basilea fue metida bajo el tapete, dándose a los obreros una nueva consigna: la
de exterminarse mutuamente para mayor gloria de la patria capitalista? ¿Acaso
no es evidente que las resoluciones y las consignas revolucionarias no valen nada
si no son respaldadas por los hechos? No hay más que comparar la política
leninista de transformación de la guerra imperialista en guerra civil con la
política de traición de la II Internacional durante la guerra, para comprender
toda la trivialidad de los politicastros del oportunismo y toda la grandeza del
método del leninismo.
No
puedo por menos de reproducir aquí un pasaje del libro de Lenin "La
revolución proletaria y el renegado Kautsky", en el que Lenin fustiga
duramente la tentativa oportunista del líder de la II Internacional C. Kautsky
de no juzgar a los partidos por sus hechos, sino por sus consignas estampadas
sobre el papel y por sus documentos:
Kautsky
lleva a cabo una política típicamente pequeñoburguesa, filistea,
imaginándose... que con lanzar una consigna cambian las cosas. Toda la historia
de la democracia burguesa denuncia esta ilusión: para engañar al pueblo, los
demócratas burgueses han lanzado y lanzan siempre todas las
"consignas" imaginables. El problema consiste en comprobar su
sinceridad, en contraponer las palabras con los hechos, en no contentarse con
frases idealistas o charlatanescas, sino en indagar su fondo de clase (v. t.
XXIII, pág. 377).
No
hablo ya del miedo de los partidos de la II Internacional a la autocrítica de
su costumbre de ocultar los errores, de velar los problemas espinosos, de
disimular los defectos con una ostentación de falsa prosperidad que embota el
pensamiento vivo y frena la educación revolucionaria del partido sobre la base
del análisis de sus propios errores, costumbre que Lenin ridiculizó y puso en
la picota. He aquí lo que en su folleto "La enfermedad infantil"
escribía Lenin acerca de la autocrítica en los partidos proletarios:
La
actitud de un partido político ante sus errores es uno de los criterios más
importantes y más seguros para juzgar de la seriedad de ese partido y del
cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su clase y hacia las masas
trabajadoras. Reconocer abiertamente los errores, poner al descubierto sus
causas, analizar la situación que los ha engendrado y discutir atentamente los
medios de corregirlos: eso es lo que caracteriza a un partido serio; en eso
consiste el cumplimiento de sus deberes; eso es educar e instruir a la clase, y
después a las masas (v. t. XXV, pág. 200).
Hay
quien dice que el poner al descubierto los errores propios y practicar la
autocrítica es peligroso para el Partido, pues eso puede aprovecharlo el
enemigo contra el Partido del proletariado. Lenin consideraba fútiles y
completamente erróneas tales objeciones. He aquí lo que decía al respecto en su
folleto "Un paso adelante" ya en 1904, cuando nuestro Partido era aún
débil y pequeño:
Ellos
(es decir, los adversarios de los marxistas. J. St.) observan con muecas de
alegría maligna nuestras discusiones; procurarán, naturalmente, entresacar para
sus fines algunos pasajes aislados de mi folleto, consagrado a los defectos y
deficiencias de nuestro Partido. Los socialdemócratas rusos están ya lo
bastante fogueados en el combate para no dejarse turbar por semejantes
alfilerazos y para continuar, pese a ellos, su labor de autocrítica, poniendo
despiadadamente al descubierto sus propias deficiencias, que de un modo
necesario e inevitable serán enmendadas por el desarrollo del movimiento obrero
(v. t. VI, pág. 161).
Tales
son, en general, los rasgos característicos del método del leninismo.
Lo
que aporta el método de Lenin encerrábase ya, en lo fundamental, en la doctrina
de Marx, que, según la expresión de su autor, es, "por su propia esencia,
crítica y revolucionaria". Este espíritu crítico y revolucionario,
precisamente, impregna desde el principio hasta el fin el método de Lenin. Pero
sería erróneo suponer que el método de Lenin no es más que una simple
restauración de lo aportado por Marx. En realidad, el método de Lenin no se
limita a restaurar sino que, además, concreta y desarrolla el método crítico y
revolucionario de Marx, su dialéctica materialista.
III.
La teoría
Analizaré
tres cuestiones de este tema:
a)
importancia de la teoría para el movimiento proletario,
b)
crítica de la "teoría" de la espontaneidad,
c)
teoría de la revolución proletaria.
1)
Importancia de la teoría. Hay quien supone que el leninismo es la primacía de
la práctica sobre la teoría, en el sentido de que para él lo fundamental es
aplicar los principios marxistas, "dar cumplimiento" a estos
principios, al tiempo que manifiesta bastante despreocupación por la teoría.
Sabido es que Piejánov se burló más de una vez de la
"despreocupación" de Lenin por la teoría, y en especial por la
filosofía. También es sabido que muchos leninistas ocupados hoy en el trabajo
práctico no son muy dados a la teoría, por efecto, sobre todo, de la enorme
labor práctica que las circunstancias les obligan a desplegar. He de declarar
que esta opinión, por demás extraña, que se tiene de Lenin y del leninismo es
completamente falsa y no corresponde en modo alguno a la realidad; que la
tendencia de los militantes ocupados en el trabajo práctico a desentenderse de
la teoría contradice a todo el espíritu del leninismo y está preñada de grandes
peligros para la causa.
La
teoría es la experiencia del movimiento obrero de todos los países, tomada en
su aspecto general. Naturalmente, la teoría deja de tener objeto cuando no se
halla vinculada a la práctica revolucionaria, exactamente del mismo modo que la
práctica es ciega si la teoría revolucionaría no alumbra su camino. Pero la
teoría puede convertirse en una formidable fuerza del movimiento obrero si se
elabora en indisoluble ligazón con la práctica revolucionaria, porque ella, y
sólo ella, puede dar al movimiento seguridad, capacidad para orientarse y la
comprensión de los vínculos internos entre los acontecimiento que se producen
en torno nuestro; porque ella, y sólo ella, puede ayudar a la práctica a
comprender, no sólo cómo se mueve y hacia dónde marchan las clases en el
momento actual, sino también cómo deben moverse y hacia dónde deben marchar en
un futuro próximo. ¿Quién sino Lenin dijo y repitió decenas de veces la
conocida tesis de que "Sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco
movimiento revolucionario"? (v. t. IV, pág. 380).
Lenin
comprendía mejor que nadie la gran importancia de la teoría, sobre todo para un
partido como el nuestro, en virtud del papel de luchador de vanguardia del
proletariado internacional que le ha correspondido y de la complicada situación
interior e internacional que lo rodea. Previendo en 1902 este papel especial de
nuestro Partido. Lenin consideraba ya entonces necesario recordar que:
Sólo
un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de
combatiente de vanguardia (v. t. IV pág. 380).
No
creo que haya necesidad de demostrar que ahora, cuando la predicción de Lenin
sobre el papel de nuestro Partido se ha convertido ya en realidad, esta tesis
de Lenin adquiere una fuerza y una importancia especiales.
Quizá
la expresión más clara de la alta importancia que Lenin otorgaba a la teoría
sea el hecho de que fuera precisamente él quien asumió el cumplimiento de una
tarea tan acuciante como la de sintetizar, desde el punto de vista de la
filosofía materialista, los más importantes adelantos de la ciencia en el
período comprendido desde Engels hasta Lenin y de someter a profunda crítica
las tendencias antimaterialistas entre los partidarios del marxismo. "Cada
descubrimiento trascendental -decía Engels- obliga al materialismo a cambiar de
forma". Es sabido que fue precisamente Lenin quien, en su libro
"Materialismo y empiriocriticismo", cumplió esta tarea en relación
con su época. Es sabido que Plejánov, a quien gustaba burlarse de la
"despreocupación" de Lenin por la filosofía, no se decidió siquiera a
abordar seriamente la realización de semejante tarea.
2)
Crítica de la "teoría" de la espontaneidad, o sobre el papel de la
vanguardia en el movimiento. La "teoría" de la espontaneidad es la
teoría del oportunismo, la teoría de la prosternación ante la espontaneidad en
el movimiento obrero, la teoría de la negación práctica del papel dirigente de
la vanguardia de la clase obrera, del Partido de la clase obrera.
La
teoría de la prosternación ante la espontaneidad es una teoría decididamente
contraria al carácter revolucionario del movimiento obrero, contraria a la
orientación del movimiento hacia la lucha contra los fundamentos del
capitalismo; aboga por que el movimiento marche exclusivamente por la senda de
las reivindicaciones "posibles", "aceptables" para el
capitalismo, aboga de manera absoluta por la "vía de la menor
resistencia". La teoría de la espontaneidad es la ideología del
tradeunionismo.
La
teoría de la prosternación ante la espontaneidad es decididamente contraria a
que se imprima al movimiento espontáneo un carácter consciente, regular, es
contraria a que el Partido marche al frente de la clase obrera, a que el
Partido haga conscientes a las masas, a que el Partido marche a la cabeza del
movimiento; aboga por que los elementos conscientes del movimiento no impidan a
éste seguir su camino, aboga por que el Partido no haga más que prestar oído al
movimiento espontáneo y se arrastre a la zaga de él. La teoría de la
espontaneidad es la teoría de la subestimación del papel del elemento
consciente en el movimiento, es la ideología del "seguidismo", la
base lógica de todo oportunismo.
Prácticamente,
esta teoría, que salió a escena ya antes de la primera revolución rusa, llevó a
que sus adeptos, los llamados "economistas", negaran la necesidad de
un partido obrero independiente en Rusia, se manifestasen contra la lucha
revolucionaría de la clase obrera por el derrocamiento del zarismo, predicaran
una política tradeunionista en el movimiento, y, en general, abandonasen a la
burguesía liberal la hegemonía en el movimiento obrero.
La
lucha de la vieja "Iskra" y la brillante crítica de la teoría del
"seguidismo" hecha por Lenin en su folleto "¿Qué hacer?" no
sólo derrotaron al llamado "economismo" sino que, además, sentaron
las bases teóricas para un movimiento realmente revolucionario de la clase
obrera rusa.
Sin
esta lucha, ni siquiera hubiera podido pensarse en crear en Rusia un partido
obrero independiente, ni en el papel dirigente de éste en la revolución.
Pero
la teoría de la prosternación ante la espontaneidad no es un fenómeno
exclusivamente ruso. Esta teoría se halla muy extendida -cierto es que bajo una
forma algo distinta- en todos los partidos de la II Internacional, sin
excepción. Me refiero a la llamada teoría de las "fuerzas
productivas", vulgarizada por los líderes de la II Internacional, teoría
que lo justifica todo y reconcilia a todos, que registra los hechos, los
explica cuando ya todo el mundo está harto de ellos y, después de registrarlos,
se da por satisfecha. Marx decía que la teoría materialista no puede limitarse
a interpretar el mundo, sino que, además, debe transformarlo. Pero a Kautsky y
Cía. no les preocupa esto y prefieren no rebasar la primera parte de la fórmula
de Marx.
He
aquí uno de tantos ejemplos de aplicación de esta "teoría". Dícese
que, antes de la guerra imperialista, los partidos de la II Internacional
amenazaban con declarar la "guerra a la guerra", en el caso de que
los imperialistas la comenzaran. Dícese que, en vísperas de la guerra, estos
partidos metieron bajo el tapete la consigna de "guerra a la guerra"
y aplicaron la consigna contraria, la consigna de "guerra por la patria
imperialista". Dícese que este cambio de consignas causó millones de
víctimas entre los obreros. Pero sería un error pensar que alguien tuvo la
culpa de ello, que alguien fue infiel o traidor a la clase obrera. ¡Nada de
eso! Ocurrió lo que tenía que ocurrir. En primer lugar, porque resulta que la
Internacional es un "instrumento de paz", y no de guerra; y, en
segundo lugar, porque, dado el "nivel de las fuerzas productivas" en
aquel entonces, ninguna otra cosa podía hacerse. La "culpa" es de las
"fuerzas productivas". Así, exactamente, "nos" lo explica
la "teoría de las fuerzas productivas" del señor Kautsky. Y quien no
crea en esta "teoría", no es marxista. ¿El papel de los partidos? ¿Su
importancia en el movimiento? Pero ¿qué puede hacer un partido ante un factor
tan decisivo como el "nivel de las fuerzas productivas"?...
Podríamos
citar todo un montón de ejemplos semejantes de falsificación del marxismo.
No
creo que sea necesario demostrar que este "marxismo" contrahecho,
destinado a cubrir las vergüenzas del oportunismo, no es más que una variante a
la europea de esa misma teoría del "seguidismo" combatida por Lenin
ya antes de la primera revolución rusa.
No
creo que sea necesario demostrar que demoler esa falsificación teórica es una
condición preliminar para la creación de partidos verdaderamente
revolucionarios en el Occidente.
3)
Teoría de la revolución proletaria. La teoría leninista de la revolución
proletaria parte de tres tesis fundamentales.
Primera
tesis. La dominación del capital financiero en los países capitalistas
adelantados; la emisión de títulos de valor, como una operación importantísima
del capital financiero; la exportación de capitales a las fuentes de materias
primas, como una de las bases del imperialismo; la omnipotencia de la
oligarquía financiera, como resultado de la dominación del capital financiero;
todo esto pone al descubierto el burdo carácter parasitario del capitalismo
monopolista, hace cien veces más doloroso el yugo de los trusts y de los
sindicatos capitalistas, acrecienta la indignación de la clase obrera contra
los fundamentos del capitalismo y lleva las masas a la revolución proletaria
como única salvación. (v. "El imperialismo", de Lenin).
De
aquí se desprende la primera conclusión: agudización de la crisis
revolucionaria en los países capitalistas; acrecentamiento de los elementos de
un estallido en el frente interior, en el frente proletario de las
"metrópolis".
Segunda
tesis. La exportación intensificada de capitales a las colonias y los países
dependientes; la extensión de las "esferas de influencia" y de los
dominios coloniales, que llegan a abarcar todo el planeta; la transformación
del capitalismo en un sistema mundial de esclavización financiera y de opresión
colonial de la gigantesca mayoría de la población del Globo por un puñado de
países "adelantados"; todo esto, de una parte, ha convertido las
distintas economías nacionales y los distintos territorios nacionales en
eslabones de una misma cadena, llamada economía mundial; de otra parte, ha
dividido a la población del planeta en dos campos: el de un puñado de países
capitalistas "adelantados", que explotan y oprimen vastas colonias y
vastos países dependientes, y el de la enorme mayoría de colonias y países
dependientes, que se ven obligados a luchar por liberarse del yugo imperialista
(v. "El imperialismo").
De
aquí se desprende la segunda conclusión: agudización de la crisis
revolucionaria en las colonias; acrecentamiento de la indignación contra el
imperialismo en el frente exterior, en el frente colonial.
Tercera
tesis. La posesión monopolista de las "esferas de influencia" y de
las colonias; el desarrollo desigual de los países capitalistas, que lleva a
una lucha furiosa por un nuevo reparto del mundo entre los países que ya se han
apoderado de los territorios y los que desean obtener su "parte"; las
tierras imperialistas, como único medio de restablecer el
"equilibrio" roto; todo esto conduce al fortalecimiento del tercer
frente, del frente intercapitalista, que debilita al imperialismo y facilita la
unión de los dos primeros frentes -el frente proletario revolucionario y el
frente de la liberación nacional contra el imperialismo" (v. "El
imperialismo").
De
ahí se desprende la tercera conclusión: ineluctabilidad de las guerras bajo el
imperialismo e inevitabilidad de la coalición de la revolución proletaria de
Europa con la revolución colonial del Oriente, formando un solo frente mundial
de la revolución contra el frente mundial del imperialismo.
Lenin
suma todas estas conclusiones en una conclusión general: "El imperialismo
es la antesala de la revolución socialista" (v. t. XIX, pág. 71).
En
consonancia con esto, cambia el modo mismo de abordar el problema de la
revolución proletaria, de su carácter, de su extensión y profundidad, cambia el
esquema de la revolución en general.
Antes,
el análisis de las premisas de la revolución proletaria solía abordarse desde
el punto de vista del estado económico de tal o cual país. Ahora, este modo de
abordar el problema ya no basta. Ahora hay que abordarlo desde el punto de
vista del estado económico de todos o de la mayoría de los países, desde el
punto de vista del estado de la economía mundial, porque los distintos países y
las distintas economías nacionales han dejado ya de ser unidades autónomas y se
han convertido en eslabones de una misma cadena, que se llama economía mundial;
porque el viejo capitalismo "civilizado" se ha transformado en
imperialismo, y el imperialismo es un sistema mundial de esclavización
financiera y de opresión colonial de la inmensa mayoría de la población del
Globo por un puñado de países "adelantados".
Antes
solía hablarse de la existencia o de la ausencia de condiciones objetivas para
la revolución proletaria en los distintos países o, más exactamente, en tal o
cual país desarrollado. Ahora, este punto de vista ya no basta. Ahora hay que
hablar de la existencia de condiciones objetivas para la revolución en todo el
sistema de la economía imperialista mundial, considerado como una sola entidad;
y la presencia, dentro de este sistema, de algunos países con un desarrollo
industrial insuficiente no puede representar un obstáculo insuperable para la
revolución, si el sistema en su conjunto o, mejor dicho, puesto que el sistema
en su conjunto está ya maduro para la revolución.
Antes
solía hablarse de la revolución proletaria en tal o cual país desarrollado como
de una magnitud autónoma, que se contraponía, como a su antípoda, al respectivo
frente nacional del capital. Ahora, este punto de vista ya no basta. Ahora hay
que hablar de la revolución proletaria mundial, pues los distintos frentes
nacionales del capital se han convertido en otros tantos eslabones de una misma
cadena, que se llama frente mundial del imperialismo y a la cual hay que
contraponer el frente general del movimiento revolucionario de todos los
países.
Antes
se concebía la revolución proletaria como resultado exclusivo del desarrollo
interior del país en cuestión. Ahora, este punto de vista ya no basta. Ahora,
la revolución proletaria debe concebirse, ante todo, como resultado del
desarrollo de las contradicciones dentro del sistema mundial del imperialismo,
como resultado de la ruptura de la cadena del frente mundial imperialista en
tal o cual país.
¿Dónde
empezará la revolución?, ¿dónde podrá romperse, en primer lugar, el frente del
capital?, ¿en qué país?
Allí
donde la industria esté más desarrollada, donde el proletariado forme la
mayoría, donde haya más cultura, donde hay más democracia, solían contestar
antes.
No,
objeta la teoría leninista de la revolución, no es obligatorio que sea allí
donde la industria esté más desarrollada, etc El frente del capital se romperá
allí donde la cadena del imperialismo sea más débil, pues la revolución
proletaria es resultado de la ruptura de la cadena del frente mundial
imperialista por su punto más débil; y bien puede ocurrir que el país que haya
empezado la revolución, el país que haya roto el frente del capital, esté menos
desarrollado en el sentido capitalista que otros países, los cuales, pese a su
mayor desarrollo, todavía permanezcan dentro del marco del capitalismo.
En
1917, la cadena del frente imperialista mundial resultó ser más débil en Rusia
que en los demás países. Fue aquí donde se rompió, dando paso a la revolución
proletaria. ¿Por qué? Porque en Rusia se desarrollaba una gran revolución
popular, a cuya cabeza marchaba el proletariado revolucionario, que contaba con
un aliado tan importante como los millones y millones de campesinos oprimidos y
explotados por los terratenientes. Porque frente a la revolución se alzaba aquí
un representante tan repulsivo del imperialismo como el zarismo, falto de todo
ascendiente moral y que se había ganado el odio general de la población. En
Rusia, la cadena resultó ser más débil, aunque este país estaba menos
desarrollado en el sentido capitalista que Francia o Alemania, Inglaterra o los
Estados Unidos, pongamos por caso.
¿Dónde
se romperá la cadena en el próximo futuro? Volverá a romperse allí donde sea
más débil. No está excluido que la cadena pueda romperse, por ejemplo, en la
India. ¿Por qué? Porque en la India hay un proletariado joven, combativo y
revolucionario, que cuenta con un aliado como el movimiento de liberación
nacional, aliado indudablemente fuerte, indudablemente importante. Porque
frente a la revolución se alza allí un enemigo de todos conocido, el
imperialismo extranjero, privado de crédito moral y que se ha ganado el odio
general de las masas oprimidas y explotadas de la India.
También
es perfectamente posible que la cadena se rompa en Alemania. ¿Por qué? Porque
los factores que actúan, por ejemplo, en la India, empiezan a actuar también en
Alemania; y se comprende que la inmensa diferencia entre el nivel de desarrollo
de la India y el de Alemania no puede dejar de imprimir su sello a la marcha y
al desenlace de la revolución en Alemania.
Por
eso, Lenin dice:
Los
países capitalistas de la Europa Occidental llevarán a término su desarrollo
hacia el socialismo... no por un proceso gradual de "maduración" del
socialismo en ellos, sino mediante la explotación de unos Estados por otros,
mediante la explotación del primer Estado entre los vencidos en la guerra
imperialista, unida a la explotación de todo el Oriente. Por otra parte, el
Oriente se ha incorporado de manera definitiva al movimiento revolucionario,
gracias precisamente a esta primera guerra imperialista, viéndose arrastrado
definitivamente a la órbita general del movimiento revolucionario mundial (v.
t. XXVII, págs. 415-416).
Resumiendo:
como regla general, la cadena del frente imperialista debe romperse allí donde
sus eslabones sean mas débiles y, en todo caso, no necesariamente allí donde el
capitalismo esté más desarrollado, o donde los proletarios constituyan un
determinado tanto por ciento de la población, los campesinos otro tanto por
ciento determinado, etc., etc.
Por
eso, los cálculos estadísticos sobre el porcentaje de proletariado en la
población de un país determinado pierden, cuando se trata de resolver el
problema de la revolución proletaria, la importancia excepcional que gustaban
de atribuirles los exégetas de la II Internacional, que no han sabido comprender
el imperialismo y temen a la revolución como a la peste.
Además,
los héroes de la II Internacional afirmaban (y siguen afirmando) que entre la
revolución democrático-burguesa, de una parte, y la revolución proletaria, de
otra, media un abismo o, por lo menos, una muralla de China, que separa la una
de la otra por un lapso de tiempo más o menos largo, durante el cual la
burguesía, entronizada en el Poder, desarrolla el capitalismo, y el
proletariado acumula fuerzas y se prepara para la "lucha decisiva"
contra el capitalismo. Generalmente, este lapso se cuenta por decenios y
decenios, si no más. No creo que sea necesario demostrar que, en el
imperialismo, esta "teoría" de la muralla de China carece de toda
base científica y no es ni puede ser más que un medio para encubrir, para
disimular con bellos colores los apetitos contrarrevolucionarios de la
burguesía. No creo que sea necesario demostrar que en el imperialismo, preñado
de colisiones y guerras, que en la "antesala de la revolución
socialista", cuando el capitalismo "floreciente" se convierte en
capitalismo "agonizante" (Lenin) y el movimiento revolucionario crece
en todos los países del mundo; cuando el imperialismo se coaliga con todas las
fuerzas reaccionarias, sin excepción, hasta con el zarismo y el servidumbre,
haciendo así necesaria la coalición de todas las fuerzas revolucionarias, desde
el movimiento proletario del Occidente hasta el movimiento de liberación
nacional del Oriente; cuando se hace imposible derrocar las supervivencias del
régimen feudal y de la servidumbre sin una lucha revolucionaria contra el
imperialismo; no creo que sea necesario demostrar que en un país más o menos
desarrollado la revolución democrático-burguesa tiene que aproximarse, en estas
condiciones, a la revolución proletaria, que la primera tiene que transformarse
en la segunda. La historia de la revolución en Rusia ha evidenciado que esta
tesis es cierta e indiscutible. Por algo Lenin, ya en 1905, en vísperas de la
primera revolución rusa, presentaba la revolución democrático-burguesa y la
revolución socialista, en su folleto "Dos tácticas", como dos
eslabones de la misma cadena, como un lienzo único y completo de la magnitud de
la revolución rusa.
El
proletariado debe llevar a término la revolución democrática, atrayéndose a la
masa de los campesinos, para aplastar por la fuerza la resistencia de la
autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía. El proletariado debe
llevar a cabo la revolución socialista, atrayéndose a la masa de los elementos
semiproletarios de la población, para romper por la fuerza la resistencia de la
burguesía y paralizar la inestabilidad de los campesinos, de la pequeña
burguesía. Tales son las tareas del proletariado, que los partidarios de la
nueva "Iskra" conciben de un modo tan estrecho en todos sus
razonamientos y resoluciones sobre la magnitud de la revolución (v. Lenin, t.
VIII, pág. 96).
Y no
hablo ya de otros trabajos posteriores de Lenin, en los que la idea de la
transformación de la revolución burguesa en revolución proletaria está
expresada con mayor realce que en "Dos tácticas", como una de las
piedras angulares de la teoría leninista de la revolución.
Según
algunos camaradas, resulta que Lenin no concibió esta idea hasta 1916, y
anteriormente consideraba que la revolución en Rusia se mantendría dentro de un
marco burgués y que, por lo tanto, el Poder pasaría de manos del organismo de
la dictadura del proletariado y del campesinado a manos de la burguesía, y no a
manos del proletariado. Se dice que esa afirmación se ha deslizado incluso en
nuestra prensa Comunista. Debo señalar que esa afirmación es completamente
falsa, que no corresponde, en lo más mínimo, a la realidad.
Podría
remitirme al conocido discurso pronunciado por Lenin en el III Congreso del
Partido (1905), en el que no calificó la dictadura del proletariado y del
campesinado, es decir, el triunfo de la revolución democrática, de
"organización del "orden"", sino de "organización de
la guerra" (v. t. VII, pág. 264).
Podría
remitirme, además, a los conocidos artículos de Lenin "Sobre el gobierno
provisional" (1905), en los que, describiendo la perspectiva del
desarrollo de la revolución rusa, plantea al Partido la tarea de
"conseguir que la revolución rusa no sea un movimiento de algunos meses,
sino un movimiento de muchos años, que no conduzca tan sólo a obtener pequeñas
concesiones de los detentadores del Poder, sino al derrumbamiento completo de
éste", y en los que, desarrollando todavía más esta perspectiva y relacionándola
con la revolución en Europa, prosigue:
Y si
esto se logra, entonces..., entonces las llamas del incendio revolucionario
prenderán en Europa; el obrero europeo, cansado de la reacción burguesa, se
levantará a su vez y nos enseñará "cómo se hacen las cosas"; entonces
el impulso revolucionario de Europa repercutirá a su vez en Rusia y hará de una
época de algunos años de revolución una época de varios decenios de
revolución... (v. lugar citado, pág. 191).
Podría
remitirme, asimismo, a un conocido artículo de Lenin, publicado en noviembre de
1915, que dice:
El
proletariado lucha y seguirá luchando abnegadamente por la conquista del Poder,
por la república, por la confiscación de las tierras..., por la participación
de las "masas populares no proletarias" en la obra de liberar a la
Rusia burguesa del "imperialismo" militar-feudal (es decir, el
zarismo). Y el proletariado aprovechará inmediatamente esta liberación de la
Rusia burguesa del yugo zarista, del poder de los terratenientes sobre la
tierra, no para ayudar a los campesinos acomodados en su lucha contra los
obreros agrícolas, sino para llevar a cabo la revolución socialista en alianza
con los proletarios de Europa (v. t. XVIII, pág. 318).
Podría,
finalmente, remitirme al conocido pasaje del folleto de Lenin "La
revolución proletaria y el renegado Kautsky", en que, refiriéndose al
pasaje más arriba citado de "Dos tácticas" sobre la magnitud de la
revolución llega a la siguiente conclusión:
Ha
ocurrido tal y como nosotros dijimos. La marcha de la revolución ha confirmado
la certeza de nuestro razonamiento. Al principio, con "todos" los
campesinos, contra la monarquía, contra los terratenientes, contra el
medievalismo (y en este sentido, la revolución sigue siendo burguesa,
democrático-burguesa). después, con los campesinos pobres, con el
semiproletariado, con todos los explotados, contra el capitalismo, comprendidos
los ricachos del campo, los kulaks, los especuladores, y, por ello, la revolución
se transforma en revolución socialista. Querer levantar una artificial muralla
de China entre ambas revoluciones, separar la una de la otra por algo que no
sea el grado de preparación del proletariado y el grado de su unión con los
campesinos pobres, es la mayor tergiversación del marxismo, es adocenarlo,
reemplazarlo por el liberalismo (v. t. XXIII, pág. 391).
Me
parece que con eso basta.
Bien,
se nos dirá, pero ¿por qué, en este caso, Lenin combatió la idea de la
"revolución permanente (ininterrumpida)"?
Porque
Lenin proponía "sacar todo el partido posible" de la capacidad
revolucionaria del campesinado y utilizar hasta la última gota su energía
revolucionaria para la destrucción completa del zarismo, para pasar a la
revolución proletaria, mientras que los partidarios de la "revolución
permanente" no comprendían el importante papel del campesinado en la
revolución rusa, menospreciaban la fuerza de la energía revolucionaria de los
campesinos menospreciaban la fuerza y la capacidad de proletariado ruso para llevar
tras de sí a los campesinos y, de este modo, dificultaban la liberación de los
campesinos de la influencia de la burguesía, la agrupación de los campesinos en
torno al proletariado.
Porque
Lenin proponía coronar la revolución con el paso del Poder al proletariado,
mientras que los partidarios de la revolución "permanente" querían
empezar directamente por el Poder del proletariado, sin comprender que, con
ello, cerraban los ojos a una "pequeñez" como las supervivencias del
régimen de servidumbre y no tomaban en consideración una fuerza tan importante
como el campesinado ruso, sin comprender que semejante política únicamente
podía ser un freno para la conquista de los campesinos por el proletariado.
Así,
pues, Lenin no combatía a los partidarios de la revolución
"permanente" por la cuestión de la continuidad, pues el propio Lenin
sostenía el punto de vista de la revolución ininterrumpida, sino porque
menospreciaban el papel de los Campesinos, que son la reserva más importante
del proletariado, y no comprendían la idea de la hegemonía del proletariado.
No
puede decirse que la idea de la revolución "permanente" sea una idea
nueva. El primero que la formuló fue Marx, a fines de la década del 40, en su
conocido "Mensaje" a la "Liga de los Comunistas" (1850). De
este documento fue de donde sacaron nuestros "permanentistas" la idea
de la revolución ininterrumpida. Debe señalarse que, al tomar esta idea de
Marx, nuestros "permanentistas" la modificaron un tanto, y, al
modificarla, la "estropearon", haciéndola inservible para el uso
práctico. Fue necesario que la mano experta de Lenin corrigiese este error,
tomase la idea de Marx sobre la revolución ininterrumpida en su forma pura e
hiciese de ella una de las piedras angulares de la teoría leninista de la
revolución.
He
aquí lo que dice Marx, en su "Mensaje", sobre la revolución
ininterrumpida (Permanente), después de haber enumerado. Una serie de
reivindicaciones revolucionario-democráticas, a cuya conquista llama a los
comunistas:
Mientras
que los pequeños burgueses democráticos quieren poner fin a la revolución lo
más rápidamente que se pueda, después de haber obtenido, a lo sumo, las
reivindicaciones arriba mencionadas, nuestros intereses y nuestras tareas
consisten en hacer la revolución permanente hasta que sea descartada la
dominación de las clases más o menos poseedoras, hasta que el proletariado
conquiste el Poder del Estado, hasta que la asociación de los proletarios se
desarrolle, y no sólo en un país, sino en todos los países predominantes del
mundo, en proporciones tales, que cese la competencia entre los proletarios de
estos países, y hasta que por lo menos las fuerzas productivas decisivas estén
concentradas en manos del proletariado.
En
otras palabras:
a)
Marx no proponía, en modo alguno, comenzar la revolución, en la Alemania de la
década del 50, directamente por el Poder proletario, contrariamente a los
planes de nuestros "permanentistas" rusos;
b)
Marx sólo proponía que se coronase la revolución con el Poder estatal del
proletariado, desalojando paso a paso de las alturas del Poder a una fracción
de la burguesía, tras otra, para, una vez instaurado el Poder del proletariado
encender la revolución en todos los países. De completo acuerdo con lo
enunciado está todo lo que enseñó y llevó a la práctica Lenin en el transcurso
de nuestra revolución, aplicando su teoría de la revolución proletaria en las
condiciones del imperialismo.
Resulta,
pues, que nuestros "permanentistas" rusos no sólo menospreciaban el
papel del campesinado en la revolución rusa y la importancia de la idea de la
hegemonía del proletariado, sino que modificaban (empeorándola) la idea de Marx
sobre la revolución "permanente", haciéndola inservible para su
aplicación práctica.
Por
eso Lenin ridiculizaba la teoría de nuestros "permanentistas",
calificándola de "original" y de "magnífica" y acusándolos
de no querer "reflexionar acerca del por qué la vida llevaba diez años, ni
más ni menos, pasando de largo por delante de esta magnífica teoría" (el
artículo de Lenin fue escrito en 1915, a los diez años de aparecer en Rusia la
teoría de los "Permanentistas". Véase t. XVIII, pág. 317).
Por
eso Lenin tildaba esta teoría de semimenchevique, diciendo que "toma de
los bolcheviques el llamamiento a la lucha revolucionaria decidida del
proletariado y a la conquista del Poder político por éste, y de los
mencheviques, la "negación" del papel de los campesinos" (v. el
artículo de Lenin "Sobre las dos líneas de la revolución", lugar
citado).
Eso
es lo que hay en cuanto a la idea de Lenin sobre la transformación de la
revolución democrático-burguesa en revolución proletaria, sobre el
aprovechamiento de la revolución burguesa para pasar "inmediatamente"
a la revolución proletaria.
Además,
antes se creía imposible la victoria de la revolución en un solo país,
suponiendo que, para alcanzar la victoria sobre la burguesía, era necesaria la
acción conjunta de los proletarios de todos los países adelantados o, por lo
menos, de la mayoría de ellos. Ahora, este punto de vista ya no corresponde a
la realidad. Ahora hay que partir de la posibilidad de este triunfo, pues el
desarrollo desigual y a saltos de los distintos países capitalistas en el
imperialismo, el desarrollo, en el seno del imperialismo, de contradicciones
catastróficas que llevan a guerras inevitables, el incremento del movimiento
revolucionario en todos los países del mundo; todo ello no sólo conduce a la
posibilidad, sino también a la necesidad del triunfo del proletariado en uno u
otro país. La historia de la revolución en Rusia es una prueba directa de ello.
Únicamente debe tenerse en cuenta que el derrocamiento de la burguesía sólo
puede lograrse si se dan algunas condiciones absolutamente indispensables, sin
las cuales ni siquiera puede pensarse en la toma del Poder por el proletariado.
He
aquí lo que dice Lenin acerca de estas condiciones en su folleto "La
enfermedad infantil":
La
ley fundamental de la revolución, confirmada por todas las revoluciones, y en
particular por las tres revoluciones rusas del siglo XX, consiste en lo
siguiente: para la revolución no basta con que las masas explotadas y oprimidas
tengan conciencia de la imposibilidad de seguir viviendo como viven y exijan
cambios; para la revolución es necesario que los explotadores no puedan seguir
viviendo y gobernando como viven y gobiernan. Sólo cuando los "de
abajo" no quieren y los "de arriba" no pueden seguir viviendo a
la antigua, sólo entonces puede triunfar la revolución. En otras palabras, esta
verdad se expresa del modo siguiente: la revolución es imposible sin una crisis
nacional general (que afecte a explotados y explotadores). Por consiguiente,
para hacer la revolución, hay en primer lugar, que conseguir que la mayoría de
los obreros (o en todo caso la mayoría de los obreros conscientes, reflexivos,
políticamente activos) comprenda profundamente la necesidad de la revolución y
esté dispuesta a sacrificar la vida por ella; en segundo lugar, es preciso que
las clases gobernantes atraviesen una crisis gubernamental que arrastre a la
política hasta a las masas más atrasadas..., que reduzca a la impotencia al
gobierno y haga posible su rápido derrocamiento por los revolucionarios (v. t.
XXV, pág. 222).
Pero
derrocar el Poder de la burguesía e instaurar el Poder del proletariado en un
solo país no significa todavía garantizar el triunfo completo del socialismo.
Después de haber consolidado su poder y arrastrado consigo a los campesinos, el
proletariado del país victorioso puede y debe edificar la sociedad socialista.
Pero ¿significa esto que, con ello, el proletariado logrará el triunfo
completo, definitivo, del socialismo, es decir, significa esto que el
proletariado puede, con las fuerzas de un solo país, consolidar definitivamente
el socialismo y garantizar completamente al país contra una intervención y, por
tanto, contra la restauración? No. Para ello es necesario que la revolución
triunfe, por lo menos, en algunos países. Por eso, desarrollar y apoyar la
revolución en otros países es una tarea esencial para la revolución que ha
triunfado ya. Por eso, la revolución del país victorioso no debe considerarse
como una magnitud autónoma, sino como un apoyo, como un medio para acelerar el
triunfo del proletariado en los demás países.
Lenin
expresó este pensamiento en dos palabras, cuando dijo que la misión de la
revolución triunfante consiste en llevar a cabo "el máximo de lo
realizable en un solo país para desarrollar, apoyar y despertar la revolución
en todos los países" (v. t. XXIII, pág. 385).
Tales
son, en términos generales, los rasgos característicos de la teoría leninista
de la revolución proletaria.
IV.
La dictadura del proletariado
Analizaré
tres cuestiones fundamentales de este tema:
a)
la dictadura del proletariado como instrumento de la revolución proletaria;
b)
la dictadura del proletariado como dominación del proletariado sobre la
burguesía;
c)
el Poder Soviético como forma estatal de la dictadura del proletariado.
1)
La dictadura del proletariado como instrumento de la revolución proletaria. La
cuestión de la dictadura del proletariado es, ante todo, la cuestión del
contenido fundamental de la revolución proletaria. La revolución proletaria, su
movimiento, su amplitud, sus conquistas, sólo toman cuerpo a través de la
dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado es el instrumento de
la revolución proletaria, un organismo suyo, su punto de apoyo más importante,
llamado a la vida, primero, para aplastar la resistencia de los explotadores
derribados y consolidar las conquistas logradas y, segundo, para llevar a
término la revolución proletaria, para llevarla hasta el triunfo completo del
socialismo. Vencer a la burguesía y derrocar su poder es cosa que la revolución
podría hacer también sin la dictadura del proletariado. Pero aplastar la
resistencia de la burguesía, sostener la victoria y seguir avanzando hasta el
triunfo definitivo del socialismo, la revolución ya no puede si no crea, al
llegar a una determinada fase de su desarrollo, un organismo especial, la
dictadura del proletariado, que sea su principal apoyo.
"La
cuestión del Poder es la fundamental en toda revolución" (Lenin). ¿Quiere
esto decir que todo queda limitado a la toma del Poder, a la conquista del
Poder? No. La toma del Poder no es más que el comienzo. La burguesía, derrocada
en un país, sigue siendo todavía durante largo tiempo, por muchas razones, más
fuerte que el proletariado que la ha derrocado. Por eso, todo consiste en
mantenerse en el Poder, en consolidarlo, en hacerlo invencible. ¿Qué se precisa
para alcanzar este fin? Se precisa cumplir, por lo menos, las tres tareas
principales que se le planteaban a la dictadura del proletariado "al día
siguiente" de la victoria:
a)
vencer la resistencia de los terratenientes y capitalistas derrocados y
expropiados por la revolución, aplastar todas y cada una de sus tentativas para
restaurar el Poder del capital;
b)
organizar la edificación de modo que todos los trabajadores se agrupen en torno
al proletariado y llevar a cabo esta labor con vistas a preparar la supresión,
la destrucción de las clases;
c)
armar a la revolución, organizar el ejército de la revolución para luchar
contra los enemigos exteriores, para luchar contra el imperialismo.
Para
llevar a cabo, para cumplir estas tareas, es necesaria la dictadura del
proletariado.
El
paso del capitalismo al comunismo -dice Lenin- llena toda una época histórica.
Mientras esta época histórica no finaliza, los explotadores siguen,
inevitablemente abrigando esperanzas de restauración, esperanzas que se
convierten en tentativas de restauración. Después de la primera derrota seria
los explotadores derrocados, que no esperaban su derrocamiento, que no creían
en él, que no aceptaban ni siquiera la idea de él, se lanzan con energía
decuplicada, con pasión furiosa, con odio centuplicado, a la lucha por la
restitución del "paraíso" que les ha sido arrebatado, por sus
familias, que antes disfrutaban de una vida tan regalada y a quienes ahora la
"canalla vil" condena a la ruina y a la miseria (o a un trabajo
"vil"...). Y tras de los capitalistas explotadores se arrastra una
vasta masa de pequeña burguesía, de la que decenios de experiencia histórica en
todos los países nos dicen que titubea y vacila, que hoy sigue al proletariado
y mañana se asusta de las dificultades de la revolución, se deja llevar del
pánico ante la primera derrota o semiderrota de los obreros, se pone nerviosa,
se agita, lloriquea, pasa de un campo a otro (v. t. XXIII, pág. 355).
La
burguesía tiene sus razones para hacer tentativas de restauración, porque
después de su derrocamiento sigue siendo, durante mucho tiempo todavía, más
fuerte que el proletariado que la derrocó.
Si
los explotadores son derrotados solamente en un país -dice Lenin-, y éste es,
naturalmente, el caso típico, porque la revolución simultánea en varios países
constituye una excepción rara, seguirán siendo, no obstante, más fuertes que
los explotados (v. obra citada, pág. 354).
¿En
qué consiste la fuerza de la burguesía derrocada?
En
primer lugar, "en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la
solidez de los vínculos internacionales de la burguesía" (v. t. XXV, pág.
173).
En
segundo lugar, en que, "durante mucho tiempo después de la revolución, los
explotadores siguen conservando, inevitablemente, muchas y enormes ventajas
efectivas: les quedan el dinero (no es posible suprimir el dinero de golpe) y
algunos que otros bienes muebles, con frecuencia valiosos; les quedan las
relaciones, los hábitos de organización y administración, el conocimiento de
todos los "secretos" (costumbres, procedimientos, medios,
posibilidades) de la administración; les quedan una instrucción más elevada y
su intimidad con el alto personal técnico (que vive y piensa en burgués); les
queda (y esto es muy importante) una experiencia infinitamente superior en lo
que respecta al arte militar, etc., etc." (v. t. XXIII, pág. 354).
En
tercer lugar, "en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña
producción. Porque, desgraciadamente, queda todavía en el mundo mucha,
muchísima pequeña producción, y la pequeña producción engendra capitalismo y
burguesía constantemente, cada día, cada hora, espontáneamente y en
masa"..., porque "suprimir las clases no sólo significa expulsar a
los terratenientes y a los capitalistas -esto lo hemos hecho nosotros con
relativa facilidad-, sino también suprimir los pequeños productores de
mercancías; pero a éstos no se les puede expulsar, no se les puede aplastar;
con ellos hay que convivir, y sólo se puede (y se debe) transformarlos,
reeducarlos, mediante una labor de organización muy larga, lenta y
prudente" (v. t. XXV, págs. 173 y 189).
Por
eso, Lenin dice:
La
dictadura del proletariado es la guerra más abnegada y más implacable de la
nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya
resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento... La dictadura del
proletariado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica,
militar y económica, pedagógica y administrativa contra las fuerzas y las
tradiciones de la vieja sociedad (v. obra citada, págs. 173 y 190).
No
creo que sea necesario demostrar que es absolutamente imposible cumplir estas
tareas en un plazo breve, llevar todo esto a la práctica en unos cuantos años.
Por eso, en la dictadura del proletariado, en el paso del capitalismo al
comunismo, no hay que ver un período efímero, que revista la forma de una serie
de actos y decretos "revolucionarísimos", sino toda una época
histórica, cuajada de guerras civiles y de choques exteriores, de una labor
tenaz de organización y de edificación económica, de ofensivas y retiradas, de
victorias y derrotas. Esta época histórica no sólo es necesaria para sentar las
premisas económicas y culturales del triunfo completo del socialismo, sino
también para dar al proletariado la posibilidad, primero, de educarse y
templarse, constituyendo una fuerza capaz de gobernar el país, y, segundo, de
reeducar y transformar a las capas pequeñoburguesas con vistas a asegurar la
organización de la producción socialista.
enéis
que pasar -decía Marx a los obreros- por quince, veinte, cincuenta años de
guerras civiles y batallas internacionales, no sólo para cambiar las relaciones
existentes, sino también para cambiar vosotros mismos y llegar a ser capaces de
ejercer la dominación política (véase: C. Marx y F. Engels, Obras, t. ViII,
pág. 506).
Continuando
y desarrollando la idea de Marx, Lenin escribe:
Bajo
la dictadura del proletariado, habrá que reeducar a millones de campesinos y de
pequeños propietarios, a centenares de miles de empleados, de funcionarios, de
intelectuales burgueses, subordinándolos a todos al Estado proletario y a la
dirección proletaria; habrá que vencer en ellos los hábitos burgueses y las
tradiciones burguesas"; habrá también que "...reeducar... en lucha
prolongada, sobre la base de la dictadura del proletariado, a los proletarios
mismos, que no se desembarazan de sus prejuicios pequeñoburgueses de golpe, por
un milagro, por obra y gracia del espíritu santo o por el efecto mágico de una
consigna, de una resolución o un decreto, sino únicamente en una lucha de masas
prolongada y difícil contra la influencia de las ideas pequeñoburguesas entre
las masas (v. t XXV, págs. 248 y 247).
2)
La dictadura del proletariado como dominación del proletariado sobre la
burguesía. De lo dicho se desprende ya que la dictadura del proletariado no es
un simple cambio de personas en el gobierno, un cambio de "gabinete",
etc., que deja intacto el viejo orden económico y político. Los mencheviques y
oportunistas de todos los países, que le temen a la dictadura como al fuego y,
llevados por el miedo, suplantan el concepto dictadura por el concepto
"conquista del Poder", suelen reducir la "conquista del Poder"
a un cambio de "gabinete", a la subida al Poder de un nuevo
ministerio, formado por individuos como Scheidemann y Nosde, MacDonald y
Henderson. No creo que sea necesario explicar que estos cambios de gabinete y
otros semejantes no tienen nada que ver con la dictadura del proletariado, con
la conquista del verdadero Poder por el verdadero proletariado. Los MacDonald y
los Scheidemann en el Poder, dejando intacto el antiguo orden de cosas burgués,
sus gobiernos -llamémoslos así- no pueden ser más que un aparato al servicio de
la burguesía, un velo sobre las lacras del imperialismo, un instrumento de la
burguesía contra el movimiento revolucionario de las masas oprimidas y
explotadas. Esos gobiernos los necesita el capital como pantalla, cuando para
él es inconveniente, desventajoso, difícil, oprimir y explotar a las masas sin
una pantalla. Naturalmente, la aparición de esos gobiernos es síntoma de que
"entre ellos" (es decir, entre los capitalistas), "en
Chipka", no reina la tranquilidad, pero, no obstante, los gobiernos de
este tipo son, inevitablemente, gobiernos del capital enmascarados. De un
gobierno MacDonald o Scheidemann a la conquista del Poder por el proletariado
hay tanto trecho como de la tierra al cielo. La dictadura del proletariado nos
es un cambio de gobierno, sino un Estado nuevo, con nuevos organismos de Poder
centrales y locales; es el Estado del proletariado, que surge sobre las ruinas
del Estado antiguo, del Estado de la burguesía.
La
dictadura del proletariado no surge sobre la base del orden de cosas burgués,
sino en el proceso de su destrucción, después del derrocamiento de la
burguesía, en el curso de la expropiación de los terratenientes y los
capitalistas, en el curso de la socialización de los instrumentos y los medios
de producción fundamentales, en el curso de la revolución violenta del
proletariado. La dictadura del proletariado es un Poder revolucionario que se
basa en la violencia contra la burguesía.
El
Estado es una máquina puesta en manos de la clase dominante para aplastar la
resistencia de sus enemigos de clase. En este sentido, la dictadura del
proletariado realmente no se distingue en nada de la dictadura de cualquier
otra clase, pues el Estado proletario es una máquina para aplastar a la
burguesía. Pero hay aquí una diferencia esencial. Consiste esta diferencia en
que todos los Estados de clase que han existido hasta hoy han sido la dictadura
de una minoría explotadora sobra una mayoría explotada, mientras que la
dictadura del proletariado es la dictadura de la mayoría explotada sobre la
minoría explotadora.
En
pocas palabras: la dictadura del proletariado es la dominación del proletariado
sobre la burguesía, dominación no limitada por la ley y basada en la violencia
y que goza de la simpatía y el apoyo de las masas trabajadoras y explotadas
(Lenin, "El Estado y la revolución").
De
aquí se desprenden dos conclusiones fundamentales.
Primera
conclusión. La dictadura del proletariado no puede ser "plena"
democracia, democracia para todos, para los ricos y para los pobres; la
dictadura del proletariado "debe ser un Estado democrático de manera nueva
(para los proletarios y los desposeídos en general) y dictatorial de manera
nueva (contra la burguesía)" (v. t. XXI. pág. 393). Las frases de Kautsky
y Cía. sobre la igualdad universal, sobre la democracia "pura", la
democracia "perfecta", etc., no son más que la tapadera burguesa del
hecho indudable de que la igualdad entre explotados y explotadores es
imposible. La teoría de la democracia "pura" es una teoría de la
aristocracia obrera, domesticada y cebada por los saqueadores imperialistas.
Esta teoría fue sacada a luz para cubrir las lacras del capitalismo, para
disfrazar el imperialismo y darle fuerza moral en la lucha contra las masas
explotadas. Bajo el capitalismo no existen ni pueden existir verdaderas
"libertades" para los explotados, aunque no sea más que por el hecho
de que los locales, las imprentas, los depósitos de papel etc., necesarios para
ejercer estas "libertades", son privilegio de los explotadores. Bajo
el capitalismo, no se da ni puede darse una verdadera participación de las
masas explotadas en la gobernación del país, aunque no sea más que por el hecho
de que, bajo el capitalismo, aun en el régimen más democrático, los gobiernos
no los forma el pueblo, sino que los forman los Rothschild, los Rockefeller y
los Morgan. Bajo el capitalismo. la democracia es una democracia capitalista,
la democracia de la minoría explotadora basada en la restricción de los
derechos de la mayoría explotada y dirigida contra esta mayoría. Sólo bajo la
dictadura proletaria puede haber verdaderas libertades para los explotados y
una verdadera participación de los proletarios y de los campesinos en la
gobernación del país. Bajo la dictadura del proletariado, la democracia es una
democracia proletaria, la democracia de la mayoría explotada, basada en la
restricción de los derechos de la minoría explotadora y dirigida contra esta
minoría.
Segunda
conclusión. La dictadura del proletariado no puede surgir como resultado del
desarrollo pacífico de la sociedad burguesa y de la democracia burguesa; sólo
puede surgir como resultado de la demolición de la máquina del Estado burgués,
del ejército burgués, del aparato burocrático burgués, de la policía burguesa.
"La
clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal
existente y ponerla en marcha para sus propios fines", dicen Marx y Engels
en el prefacio al "Manifiesto del Partido Comunista". La revolución
proletaria debe "...no hacer pasar de unas manos a otras la máquina
burocrático-militar, como venía sucediendo hasta ahora, sino demolerla..., y
ésa es la condición previa de toda verdadera revolución popular en el
continente", dice Marx en una carta a Kugelnlann, escrita en 1871.
La
salvedad hecha por Marx respecto al continente ha servido de pretexto a los
oportunistas y mencheviques de todos los países para gritar que Marx admitía la
Posibilidad de transformación pacífica de la democracia burguesa en democracia
proletaria, por lo menos en algunos países que no forman parte del continente
europeo (Inglaterra, Norteamérica). Marx admitía, en efecto, esta posibilidad,
y tenía fundamento para ello en el caso de Inglaterra y Norteamérica en la
década del 70 del siglo pasado, cuando aún no existía el capitalismo
monopolista, cuando no existía el imperialismo y estos países no tenían aún
debido a las condiciones especiales en que se desenvolvieron, un militarismo y
un burocratismo desarrollados. Así fue hasta la aparición del imperialismo
desarrollado. Pero luego, treinta o cuarenta años más tarde, cuando la
situación en estos países cambió radicalmente, cuando el Imperialismo se
desarrolló, abarcando a todos los países capitalistas, sin excepción, cuando el
militarismo y el burocratismo hicieron su aparición en Inglaterra y en
Norteamérica, cuando desaparecieron las condiciones especiales del desarrollo
pacífico de Inglaterra y de Norteamérica, debía desaparecer, por sí sola, la
salvedad hecha con respecto a estos países.
Ahora,
en 1917, en la época de la primera gran guerra imperialista -dice Lenin-, esta
salvedad hecha por Marx pierde su razón de ser. Inglaterra y Norteamérica, los
principales y los últimos representantes -en el mundo entero- de la
"libertad" anglosajona en el sentido de ausencia de militarismo y de
burocratismo, han rodado definitivamente al inmundo y sangriento pantano, común
a toda Europa, de las instituciones burocrático-militares, que todo lo someten
y todo lo aplastan. Ahora, en Inglaterra y en Norteamérica es "condición
previa de toda verdadera revolución popular" demoler la "máquina
estatal existente" (que ha sido llevada allí, en los años de 1914 a 1917,
a la perfección "europea", a la perfección común a todos los países
imperialistas) (v. t. XXI, pág. 395).
En
otras palabras: la ley de la revolución violenta del proletariado, la ley de la
destrucción de la máquina del Estado burgués, como condición previa de esta
revolución, es una ley inexcusable del movimiento revolucionario en los países
imperialistas del mundo.
Claro
está que, en un porvenir lejano, si el proletariado triunfa en los países
capitalistas más importantes y el actual cerco capitalista es sustituido por un
cerco socialista, será perfectamente posible la trayectoria
"pacífica" de desarrollo para algunos países capitalistas, donde los
capitalistas debido a la "desfavorable" situación internacional,
juzguen conveniente hacer "voluntariamente" al proletariado
concesiones importantes. Pero esta hipótesis sólo se refiere a un porvenir
lejano y probable. Para un porvenir cercano, esa hipótesis no tiene ningún
fundamento, absolutamente ninguno.
Por
eso Lenin tiene razón cuando dice:
La
revolución proletaria es imposible sin la destrucción violenta de la máquina
del Estado burgués y sin su sustitución por una máquina nueva (v. t. XXIII,
pág. 342).
3)
El Poder Soviético como forma estatal de la dictadura del proletariado. El
triunfo de la dictadura del proletariado significa el aplastamiento de la
burguesía, la destrucción de la máquina del Estado burgués, la sustitución de
la democracia burguesa por la democracia proletaria. Eso está claro. Pero ¿por
medio de qué organizaciones se puede llevar a cabo esta gigantesca labor?
Difícilmente podrá dudarse de que las viejas formas de organización del
proletariado, surgidas sobre la base del parlamentarismo burgués, son
insuficientes para ello. ¿Cuáles son, pues, las nuevas formas de organización
del proletariado aptas para desempeñar el papel de sepultureras de la máquina
del Estado burgués, aptas, no sólo para destruir esta máquina y no sólo para
sustituir la democracia burguesa por la democracia proletaria, sino para
constituir la base del Poder estatal proletario?
Esta
nueva forma de organización del proletariado son los Soviets.
¿En
qué consiste la fuerza de los Soviets, en comparación con las viejas formas de
organización?
En
que los Soviets son las organizaciones de masas del proletariado más vastas,
pues los soviets, y sólo ellos, encuadran a todos los obreros, sin excepción.
En
que los Soviets son las únicas organizaciones de masas que engloban a todos los
oprimidos y explotados, a los obreros y los campesinos, a los soldados y los
marinos, y que. en consecuencia, permiten a la vanguardia de las masas, el
proletariado, ejercer con la mayor sencillez y la mayor plenitud la dirección
política de la lucha de las masas.
En
que los Soviets son los organismos más poderosos de la lucha revolucionaria de
las masas, de las acciones políticas de las masas, de la insurrección de las
masas, organismos capaces de destruir la omnipotencia del capital financiero y
de sus apéndices políticos.
En
que los Soviets son organizaciones directas de las mismas masas, es decir, las
organizaciones más democráticas y, por tanto, las que gozan de mayor prestigio
entre las masas. Los Soviets facilitan al máximo la participación de las masas
en la organización del nuevo Estado y en su gobernación y abren el máximo campo
de acción a la energía revolucionaria, a la iniciativa y a la capacidad
creadora de las masas en la lucha por la destrucción del antiguo orden de
cosas, en la lucha por un orden de cosas nuevo, por un orden de cosas
proletario.
El
Poder Soviético es la unificación y estructuración de los Soviets locales en
una organización general de Estado, en la organización estatal del proletariado
como vanguardia de las masas oprimidas y explotadas y como clase dominante, su
unificación en la República de los Soviets.
La
esencia del Poder Soviético consiste en que las organizaciones más de masas y
más revolucionarias de las clases que, precisamente, eran oprimidas por los
capitalistas y terratenientes, constituyen ahora "la base permanente y
única de todo el Poder estatal, de todo el aparato del Estado", en que,
"precisamente a estas masas, que hasta en las repúblicas burguesas mas
democráticas", aun siendo iguales en derechos según la ley, "se veían
apartadas de hecho, por mil procedimientos y artimañas, de la participación en
la vida política y privadas de los derechos y de las libertades democráticos,
se les da ahora una participación permanente, ineludible, y además decisiva, en
la dirección democrática del Estado" (v. Lenin, t. XXIV, pág. 13).
Por
eso, el Poder Soviético es una nueva forma de organización estatal, que se
distingue por principio de la vieja forma democrático-burguesa y parlamentaria,
un nuevo tipo de Estado, no adaptado para la explotación y la opresión de las
masas trabajadoras, sino para la liberación completa de estas masas de toda
opresión y de toda explotación, adaptado para las tareas de la dictadura del
proletariado.
Lenin
tiene razón cuando dice que, con la aparición del Poder Soviético, "la
época del parlamentarismo democrático-burgués ha terminado y se abre un nuevo
capítulo de la historia universal: la época de la dictadura proletaria".
¿En
qué consisten los rasgos característicos del Poder Soviético?
En
que el Poder Soviético es la organización del Estado más de masas y más
democrática de todas las organizaciones del Estado posibles mientras existan
las clases, pues, siendo e! terreno en que se realiza la alianza y la
colaboración de los obreros y de los campesinos explotados en la lucha contra
los explotadores, y apoyándose para su labor en esta alianza y en esta
colaboración, constituye, por ello, el Poder de la mayoría de la población
sobre la minoría, el Estado de esa mayoría, la expresión de su dictadura.
En
que el Poder Soviético es la más internacionalista de todas las organizaciones
estatales de la sociedad de clases, que, destruyendo toda opresión nacional y
apoyándose en la colaboración de las masas trabajadoras de distintas
nacionalidades, facilita, por ello, la agrupación de estas masas en una sola
entidad estatal.
En
que el Poder Soviético facilita, por su misma estructura la dirección de las
masas oprimidas y explotadas por su vanguardia, por el proletariado, el núcleo
más cohesionado y más consciente de los Soviets.
"La
experiencia de todas las revoluciones y de todos los movimientos de las clases
oprimidas, la experiencia del movimiento socialista mundial -dice Lenin-, nos
enseña que sólo el proletariado es capaz de reunir y de llevar tras de sí a las
capas dispersas y atrasadas de la población trabajadora y explotada" (v.
t. XXIV, pág. 14). Y la realidad es que la estructura del Poder Soviético
facilita la aplicación de las enseñanzas de esa experiencia.
En
que el Poder Soviético, al fundir el Poder legislativo y el Poder ejecutivo en
una organización única de Estado y sustituir los distritos electorales de tipo
territorial por las unidades de producción -las fábricas-, pone a las masas
obreras, y a las masas trabajadoras en general, en relación directa con el
aparato de dirección del Estado y las enseña a gobernar el país.
En
que sólo el Poder Soviético es capaz de liberar al ejército de su subordinación
al mando burgués y de convertirlo, de un instrumento para oprimir al pueblo,
como es bajo el régimen burgués, en un instrumento que libera al pueblo del
yugo de la burguesía, tanto de la propia como de la ajena.
En
que "sólo la organización soviética del Estado puede en realidad demoler
de golpe y destruir definitivamente el viejo aparato, es decir el aparato
burocrático y judicial burgués (v. lugar citado).
En
que sólo la forma soviética de Estado, que incorpora la participación
permanente e incondicional en la dirección del Estado a las organizaciones de
masas de los trabajadores explotados, es capaz de preparar la extinción del
Estado, lo que constituye uno de los elementos fundamentales de la futura
sociedad sin Estado, de la Sociedad comunista.
La
República de los Soviets es, por lo tanto, la forma política buscada, y al fin
descubierta, dentro de cuyo marco puede alcanzarse la liberación económica del
proletariado, el triunfo completo del socialismo.
La
Comuna de París fue el germen de esta forma. El Poder Soviético es su
desarrollo y su coronamiento.
Por
eso, Lenin dice que:
La
República de los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos no es sólo
una forma de instituciones democráticas de tipo más elevado, sino la única
forma capaz de asegurar el tránsito menos doloroso al Socialismo (v. t XXII,
pág. 131).
V.
La cuestión campesina
Analizaré
cuatro cuestiones de este tema:
a)
planteamiento de la cuestión;
b)
el campesinado durante la revolución democrático-burguesa;
c)
el campesinado durante la revolución Proletaria;
d)
el campesinado después de la consolidación del Poder.
1) Planteamiento
de la cuestión. Algunos piensan que lo fundamental en el leninismo es la
cuestión campesina, que el punto de partida del leninismo es la cuestión del
campesinado, de su papel, de su peso específico. Eso es completamente falso. La
cuestión fundamental del leninismo, su punto de partida, no es la cuestión
campesina, sino la cuestión de la dictadura del proletariado, de las
condiciones en que ésta se conquista y de las condiciones en que se consolida.
La cuestión campesina, como cuestión del aliado del proletariado en su lucha
por el Poder, es una cuestión derivada.
Sin
embargo, esta circunstancia no reduce en lo más mínimo la grande y candente
importancia que tiene, sin duda, esta cuestión para la revolución proletaria.
Es sabido que, entre los marxistas rusos, la cuestión campesina empezó a
estudiarse a fondo en vísperas precisamente de la primera revolución (1905),
cuando el derrocamiento del zarismo y la realización de la hegemonía del
proletariado se plantearon en toda su magnitud ante el Partido y la cuestión
del aliado del proletariado en la revolución burguesa inminente adquirió un
carácter palpitante. Es sabido también que la cuestión campesina cobró en Rusia
mayor actualidad todavía durante la revolución proletaria, cuando la cuestión
de la dictadura del proletariado, de su conquista y de su mantenimiento planteó
el problema de los aliados del proletariado en la revolución proletaria
inminente. Es comprensible: quien marcha hacia el Poder y se prepara para él,
no puede dejar de interesarse por el problema de sus verdaderos aliados.
En
este sentido, la cuestión campesina es una parte de la cuestión general de la
dictadura del proletariado y, como tal, una de las cuestiones más palpitantes
del leninismo.
La
indiferencia, e incluso la actitud francamente negativa de los partidos de la
II Internacional ante la cuestión campesina, no se debe sólo a las condiciones
específicas del desarrollo en el occidente Se debe, ante todo, a que esos
partidos no creen en la dictadura del proletariado, temen la revolución y no
piensan en llevar el proletariado al Poder. Y quien teme la revolución, quien
no quiere llevar a los proletarios al Poder, no puede interesarse por la
cuestión de los aliados del proletariado en la revolución; para esa gente, la
cuestión de los aliados es una cuestión sin importancia, sin ninguna
actualidad. Los héroes de la II Internacional consideran su actitud irónica
hacia la cuestión campesina como de buen tono como marxismo
"auténtico". En realidad, esta actitud no tiene ni un ápice de
marxismo, pues la indiferencia ante una cuestión tan importante como la
campesina, en vísperas de la revolución proletaria, es el reverso de la
negación de la dictadura del proletariado, un síntoma indudable de franca
traición al marxismo.
La
cuestión se plantea así: ¿están ya agotadas las posibilidades revolucionarias
que, como resultado de determinadas condiciones de su existencia, encierra en
su seno la masa campesina o no lo están? Y, si no lo están, ¿hay la esperanza
de aprovechar estas posibilidades para la revolución proletaria, de convertir
al campesinado, a su mayoría explotada, de reserva de la burguesía, como lo fue
durante las revoluciones burguesas del Occidente y lo sigue siendo en la
actualidad, en reserva del proletariado, en aliado de éste?, ¿hay fundamento
para ello?
El
leninismo da a esta pregunta una respuesta afirmativa, es decir, reconoce la
existencia de una capacidad revolucionaria en la mayoría de los campesinos y la
posibilidad de aprovechar esa capacidad en interés de la dictadura del
proletariado.
La
historia de tres revoluciones en Rusia confirma plenamente las conclusiones del
leninismo a este respecto.
De
aquí la conclusión práctica de apoyar a las masas trabajadoras del campo en su
lucha contra el sojuzgamiento y la explotación, en su lucha por redimirse de la
opresión y de la miseria. Esto no significa, naturalmente, que el proletariado
deba apoyar todo movimiento campesino. Debe apoyar, concretamente, los
movimientos y las luchas de los campesinos que contribuyan directa o
indirectamente al movimiento de liberación del proletariado, que, de una u otra
forma, lleven el agua al molino de la revolución proletaria, que contribuyan a
convertir a los campesinos en reserva y aliado de la clase obrera.
2)
El campesinado durante la revolución democrático-burguesa. Este período se
extiende de la primera revolución rusa (1905) a la segunda (febrero de 1917)
inclusive. El rasgo característico de este período consiste en que los
campesinos se emancipan de la influencia de la burguesía liberal, en que los
campesinos se apartan de los demócratas constitucionalistas, en que giran hacia
el proletariado, hacia el Partido Bolchevique. La historia de este período es
la historia de la lucha entre los demócratas constitucionalistas (burguesía
liberal) y los bolcheviques (proletariado) por conquistar a los campesinos. La
suerte de esta lucha la decidió el período de las Dumas, pues el período de las
cuatro Dumas fue para los campesinos una lección palmaria, y esa lección les
hizo ver con toda nitidez que de manos de los demócratas constitucionalistas no
recibirían ni la tierra ni la libertad, que el zar se hallaba por entero al
lado de los terratenientes y que los demócratas constitucionalistas apoyaban al
zar; que la única fuerza con cuya ayuda podrían contar eran los obreros de la
ciudad, el proletariado. La guerra imperialista no hizo más que confirmar la
lección del período de las Dumas, apartando definitivamente a los campesinos de
la burguesía, aislando definitivamente a la burguesía liberal, pues los años de
guerra demostraron qué vano y qué ilusorio era esperar la paz de manos del zar
y de sus aliados burgueses. Sin las palmarias enseñanzas del período de las
Dumas hubiera sido imposible la hegemonía del proletariado.
Así
fue como se llegó a la alianza de los obreros y los campesinos en la revolución
democrático-burguesa. Así fue como se llegó a la hegemonía (dirección) del
proletariado en la lucha conjunta por el derrocamiento del zarismo, hegemonía
que llevó a la revolución de febrero de 1917.
Las
revoluciones burguesas del Occidente (Inglaterra, Francia, Alemania, Austria)
siguieron, como es sabido, otro camino. Allí la hegemonía no perteneció al
proletariado, que por su debilidad no era ni podía ser una fuerza política independiente,
sino a la burguesía liberal. Allí, los campesinos no obtuvieron su liberación
del régimen de servidumbre de manos del proletariado, poco numeroso y mal
organizado, sino de manos de la burguesía. Allí, los campesinos marchaban
contra el antiguo orden de cosas al lado de la burguesía liberal. Allí, los
campesinos eran una reserva de la burguesía. Allí, la revolución se tradujo,
por las causas señaladas, en un enorme aumento del peso político de la
burguesía.
En
Rusia, por el contrario, la revolución burguesa tuvo resultados diametralmente
opuestos. En Rusia, la revolución no se tradujo en el fortalecimiento, sino en
el debilitamiento de la burguesía como fuerza política; no aumentó sus reservas
políticas, sino que le hizo perder su reserva fundamental: el campesinado. En
Rusia, la revolución burguesa no colocó en primer plano a la burguesía liberal,
sino al proletariado revolucionario, agrupando en torno a éste a los millones y
millones de campesinos.
A
ésta, entre otras razones, se debe el que la revolución burguesa en Rusia se
transformase, en un plazo relativamente breve, en revolución proletaria. La
hegemonía del proletariado fue el germen de su dictadura, el peldaño que llevó
hasta ella.
¿A
qué se debe este fenómeno peculiar de la revolución rusa, este fenómeno sin
precedente en la historia de las revoluciones burguesas del Occidente? ¿Cuál es
el origen de esta peculiaridad?
Débese
a que la revolución burguesa tuvo lugar en Rusia en condiciones de un mayor
desarrollo de la lucha de clases que en el Occidente, a que el proletariado
ruso constituía ya, a la sazón, una fuerza política independiente, mientras que
la burguesía liberal, asustada por el espíritu revolucionario del proletariado,
había perdido todo tinte revolucionario (particularmente después de las
enseñanzas de 1905) y había girado hacia una alianza con el zar y con los
terratenientes contra la revolución, contra los obreros y los campesinos.
Conviene
fijar la atención en las siguientes circunstancias, que determinaron el
carácter peculiar de la revolución burguesa rusa:
a)
La extraordinaria concentración de la industria rusa en vísperas de la
revolución. Es sabido, por ejemplo, que el 54% de todos los obreros de Rusia
trabajaban en empresas de más de 500 obreros, mientras que en un país tan
desarrollado como los Estados Unidos sólo trabajaban en empresas análogas el
33% de los obreros. No creo que sea necesario demostrar que ya esta sola
circunstancia, unida a la existencia de un partido tan revolucionario como el
Partido Bolchevique, hacía de la clase obrera de Rusia la fuerza más importante
en la vida política del país.
b)
Las escandalosas formas de explotación que imperaban en las empresas, unidas al
intolerable régimen policíaco de los esbirros zaristas, hacían de toda huelga
importante de los obreros un acto político formidable y templaban a la clase
obrera como una fuerza consecuentemente revolucionaria.
c)
La flaqueza política de la burguesía rusa, que después de la revolución de 1905
se transformó en servilismo ante la autocracia zarista y en contrarrevolución
manifiesta, no sólo porque el espíritu revolucionario del proletariado ruso
hizo a la burguesía rusa lanzarse en brazos del zarismo, sino también porque
esta burguesía dependía directamente de los encargos del gobierno.
d)
La existencia de los vestigios más escandalosos y más intolerables del
feudalismo en el campo, complementados por la omnipotencia de los
terratenientes, circunstancia que echó a los campesinos en brazos de la
revolución.
e)
El zarismo, que ahogaba todo lo vivo e intensificaba con sus arbitrariedades la
opresión ejercida por los capitalistas y los terratenientes, circunstancia que
fundió la lucha de los obreros y de los campesinos en un solo torrente
revolucionario.
f)
La guerra imperialista, que fundió todas estas contradicciones de la vida
política de Rusia en una profunda crisis revolucionaria y dio al empuje de la
revolución una fuerza increíble.
En
estas condiciones, ¿hacia dónde podían orientarse los campesinos? ¿En quién
iban a buscar apoyo contra la omnipotencia de los terratenientes, contra las
arbitrariedades del zar, contra la guerra desastrosa, que arruinaba sus
haciendas? ¿En la burguesía liberal? La burguesía liberal era enemiga; así lo
había demostrado la larga experiencia de las cuatro Dumas. ¿En los eseristas?
Los eseristas eran, naturalmente, "mejores" que los demócratas
constitucionalistas y tenían un programa "aceptable", casi campesino;
pero ¿qué podían darles los eseristas, si pensaban apoyarse sólo en los
campesinos y eran débiles en la ciudad, de donde, ante todo, sacaba sus fuerzas
el enemigo? ¿Dónde estaba la nueva fuerza que no se detendría ante nada, ni en
el campo ni en la ciudad, que se situaría valientemente en las primeras filas
en la lucha contra el zar y los terratenientes, que ayudaría al campesinado a
romper las cadenas de la esclavitud, de la falta de tierra, de la opresión, de
la guerra? ¿Existía, en general, en Rusia semejante fuerza? Si, si que existía.
Era el proletariado ruso, que había puesto ya de manifiesto en 1905 su fuerza,
su capacidad para lucha hasta el fin, su valentía, su espíritu revolucionario.
En
todo caso, no existía ninguna otra fuerza semejante, no había de dónde sacarla.
Por
eso, los campesinos, después de apartarse de los demócratas constitucionalistas
y de acercarse a los eseristas, llegaron a comprender la necesidad de someterse
a la dirección de un jefe de la revolución tan valiente como el proletariado
ruso.
Tales
fueron las circunstancias que determinaron el carácter peculiar de la
revolución burguesa en Rusia.
3)
El campesinado durante la revolución proletaria. Este período se extiende de la
revolución de febrero (1917) a la Revolución de Octubre (1917). Es un período
relativamente breve, en total ocho meses, pero, desde el punto de vista de la
formación política y de la educación revolucionaria de las masas, esos ocho
meses bien pueden ser equiparados a largos decenios de desarrollo
constitucional ordinario, pues son ocho meses de revolución. El rasgo
característico de este período es que los campesinos se hacen más
revolucionarios, se desengañan de los eseristas, se apartan de ellos y dan un
nuevo viraje para agruparse de manera directa en torno al proletariado, como
única fuerza revolucionaria consecuente hasta el fin, capaz de llevar el país a
la paz. La historia de este período es la historia de la lucha de los eseristas
(democracia pequeñoburguesa) y de los bolcheviques (democracia proletaria) por
conquistar a los campesinos, por ganarse a la mayoría de los campesinos.
Decidieron la suerte de esta lucha el período de la coalición, el período de la
kerenskiada, la negativa de los eseristas y los mencheviques a confiscar las
tierras de los terratenientes, la lucha de los eseristas y los mencheviques por
la continuación de la guerra, la ofensiva de junio en el frente, la pena de
muerte para los soldados y la sublevación de Kornílov.
Si
antes, en el período anterior, la cuestión fundamental de la revolución era
derrocar al zar y el Poder de los terratenientes, ahora, en el período
siguiente a la revolución de febrero, en el que ya no había zar, y la guerra,
interminable, daba el golpe de gracia a la economía del país, arruinando
enteramente a los campesinos, la cuestión fundamental de la revolución era
acabar con la guerra. El centro de gravedad se había desplazado, sin dejar
lugar a dudas, de las cuestiones de carácter puramente interior a la cuestión
fundamental: a la cuestión de la guerra. "Poner fin a la guerra",
"librarse de la guerra": tal era el clamor general del país extenuado
y, sobre todo, de los campesinos.
Ahora
bien, para librarse de la guerra, había que derrocar al Gobierno Provisional,
había que derrocar el Poder de la burguesía, había que derrocar el Poder de los
eseristas y los mencheviques, porque eran ellos, y sólo ellos, quienes
dilataban la guerra hasta "la victoria final". En realidad, no había
más camino para salir de la guerra que el derrocamiento de la burguesía.
Fue
aquélla una nueva revolución, una revolución proletaria, porque arrojaba del
Poder a la última fracción, a la fracción de extrema izquierda de la burguesía
imperialista, a los partidos eserista y menchevique, para crear un nuevo Poder,
un Poder proletario, el Poder de los Soviets, para llevar al Poder al Partido
del proletariado revolucionario, al Partido Bolchevique, al Partido de la lucha
revolucionaria contra la guerra imperialista y por una paz democrática. La
mayoría de los campesinos apoyó la lucha de los obreros por la paz, por el
Poder de los Soviets.
Para
los campesinos no había otra salida. No podía haber otra salida.
El
período de la kerenskiada fue, por tanto, la enseñanza más palmaria para las
masas trabajadoras del campo, pues demostró evidentemente que, bajo el Poder de
los eseristas y de los mencheviques, el país no se libraría de la guerra y los
campesinos no obtendrían ni la tierra ni la libertad; que los mencheviques y
los eseristas sólo se distinguían de los demócratas constitucionalistas por sus
discursos melifluos y sus promesas engañosas, practicando, en realidad, la
misma política imperialista que los demócratas constitucionalistas; que el
único Poder capaz de sacar al país del atolladero era el Poder de los Soviets.
La prolongación de la guerra no hizo más que confirmar lo acertado de esta
lección, espoleando la revolución e impulsando a millones y millones de
campesinos y soldados a agruparse de manera directa en torno a la revolución
proletaria. El aislamiento de los eseristas y de los mencheviques llegó a ser
un hecho indudable. Sin las enseñanzas palmarias del período de la coalición,
no hubiera sido posible la dictadura del proletariado.
Tales
fueron las circunstancias que facilitaron el proceso de transformación de la
revolución burguesa en revolución proletaria.
Así
se llegó en Rusia a la dictadura del proletariado.
4)
El campesinado después de la consolidación del Poder Soviético. Si antes, en el
primer período de la revolución, la cuestión consistía principalmente en
derrocar el zarismo, y más tarde, después de la revolución de febrero,
consistía, ante todo, en salir de la guerra imperialista mediante el
derrocamiento de la burguesía, ahora, después de terminada la guerra civil y
consolidado el Poder Soviético, pasan a primer plano las cuestiones de la
edificación económica. Reforzar y desarrollar la industria nacionalizada;
ligar, a este efecto, la industria con la economía campesina a través del
comercio regulado por el Estado; sustituir el sistema de contingentación por el
impuesto en especie, para luego, disminuyendo gradualmente este impuesto, pasar
al cambio de artículos industriales por productos de la economía campesina;
reanimar el comercio y desarrollar la cooperación, atrayendo a ésta a millones
de campesinos: así esbozaba Lenin las tareas inmediatas de la edificación
económica, encaminada a sentar los cimientos de la economía socialista.
Dicen
que esta tarea puede ser superior a las fuerzas de un país campesino como
Rusia. Algunos escépticos llegan incluso a afirmar que esta tarea es puramente
utópica, irrealizable, porque los campesinos son campesinos, es decir, pequeños
productores, y no pueden, por tanto, ser utilizados para organizar los
cimientos de la producción socialista.
Pero
los escépticos se equivocan, porque no toman en consideración algunas
circunstancias que tienen, en este caso, una importancia decisiva. Veamos las
principales.
Primera.
No hay que confundir al campesinado de la Unión Soviética con el campesinado
del Occidente. Un campesinado que ha pasado por la escuela de tres
revoluciones, que ha luchado del brazo del proletariado y bajo la dirección del
proletariado contra el zar y el Poder burgués un campesinado que ha recibido de
manos de la revolución proletaria la tierra y la paz y que, por ello se ha
convertido en reserva del proletariado, este campesinado no puede por menos de
diferenciarse del campesinado que ha luchado en la revolución burguesa bajo la
dirección de la burguesía liberal, ha recibido la tierra de manos de esta
burguesía y se ha convertido por ello, en reserva de la burguesía. Huelga
demostrar que el campesino soviético, acostumbrado a apreciar la amistad
política y la colaboración política del proletariado y que debe su libertad a
esta amistad y a esta colaboración, no puede por menos de estar
extraordinariamente predispuesto a colaborar económicamente con el
proletariado.
Engels
decía que "la conquista del Poder político por el partido socialista se ha
ido dibujando como una meta próxima, que, "para conquistar el Poder
político, este partido tiene antes que ir de la ciudad al campo y convertirse
aquí en una potencia" (v. Engels, "El problema campesino". ed.
1922). Engels escribió estas palabras en el último decenio del siglo pasado,
refiriéndose a los campesinos del Occidente. ¿Es necesario demostrar que los
comunistas rusos, que han llevado a cabo en este terreno una labor gigantesca
en el Transcurso de tres revoluciones. han conseguido crearse ya en el campo
una influencia y un apoyo con los que nuestros compañeros del Occidente no
pueden ni siquiera soñar? ¿Cómo es posible negar que esta circunstancia no
puede por menos de facilitar de modo radical el establecimiento de la
colaboración económica entre la clase obrera y los campesinos de Rusia?
Los
escépticos repiten machaconamente que los pequeños campesinos son un factor
incompatible con la edificación socialista. Pero escuchad lo que dice Engels a
propósito de los pequeños campesinos del Occidente:
Nosotros
estamos resueltamente de parte del pequeño campesino: haremos todo cuanto sea
admisible para hacer más llevadera su suerte, para hacerle más fácil el paso al
régimen cooperativo, caso de que se decida a él, e incluso para facilitarle un
largo plazo de tiempo para que lo piense en su parcela, si no se decide a tomar
todavía esta determinación. Y lo hacemos así, no sólo porque consideramos
posible el paso a nuestro lado del pequeño campesino que trabaja su tierra,
sino además por un interés directo de partido. Cuanto mayor sea el número de
campesinos a quienes ahorremos su caída efectiva en el proletariado, a quienes
podamos ganar ya para nosotros como campesinos, más rápida y fácilmente se
llevará a cabo la transformación social. No está en nuestro interés el tener
que esperar, para esta transformación, a que se desarrolle en todas partes,
hasta sus últimas consecuencias, la producción capitalista, a que hayan caído
en las garras de la gran producción capitalista hasta el último pequeño
artesano y el último pequeño campesino. Los sacrificios materiales que haya que
hacer en este sentido en interés de los campesinos, a costa de los fondos
públicos, podrán ser considerados, desde el punto de vista de la economía
capitalista, como dinero tirado, pero serán, a pesar de eso, una excelente
inversión, pues ahorrarán, tal vez, una cantidad decuplicada en los gastos de
la reorganización de la sociedad en general. Por tanto, en este sentido
podremos proceder con los campesinos muy generosamente (V. obra citada).
Así
hablaba Engels, refiriéndose a los campesinos del Occidente. Pero ¿no está
claro, acaso, que lo que Engels dice no puede llevarse a cabo en ningún sitio
con tanta facilidad ni plenitud como en el país de la dictadura del
proletariado? ¿Acaso no está claro que sólo en la Rusia Soviética puede darse
sin dilación e íntegramente "el paso a nuestro lado del pequeño campesino
que trabaja por su cuenta" y que los "sacrificios materiales" y
la "generosidad respecto a los campesinos", necesarios para ello, así
como otras medidas análogas en beneficio de los campesinos, se aplican ya en
Rusia? ¿Cómo puede negarse que esta circunstancia tiene, a su vez, que
facilitar e impulsar la edificación económica del País Soviético?
Segunda.
No hay que confundir la agricultura de Rusia con la del Occidente. En el
Occidente la agricultura se desarrolla siguiendo la ruta habitual del
capitalismo, en medio de una profunda diferenciación de los campesinos, con
grandes fincas y latifundios privados capitalistas, en uno de los polos y, en
el otro, pauperismo, miseria y esclavitud asalariada. Allí son completamente
naturales, a consecuencia de ello, la disgregación y la descomposición. No
sucede así en Rusia. En nuestro país, la agricultura no puede desarrollarse
siguiendo esa ruta, ya que la existencia del Poder Soviético y la
nacionalización de los instrumentos y medios de producción fundamentales no
permiten semejante desarrollo. En Rusia el desarrollo de la agricultura debe
seguir otro camino, el camino de la cooperación de millones de campesinos
pequeños y medios, el camino del desarrollo de la cooperación en masa en el
campo, fomentada por el Estado mediante créditos concedidos en condiciones
ventajosas. Lenin indicaba acertadamente, en sus artículos sobre la
cooperación, que el desarrollo de la agricultura de nuestro país debía seguir
un camino nuevo, incorporando a la mayoría de los campesinos a la edificación
socialista a través de la cooperación, introduciendo gradualmente en la economía
rural el principio del colectivismo, primero en la venta de los productos
agrícolas y después en su producción.
En
este sentido, son sumamente interesantes algunos fenómenos nuevos que se
presentan en el campo, en relación con la cooperación agrícola. Es sabido que
en el seno de la Unión de Cooperativas Agrícolas han surgido, en diferentes
ramas de la economía rural -en la producción de lino, de patata, de manteca,
etc.-, nuevas y fuertes organizaciones con un gran porvenir. Entre ellas
figura, por ejemplo, la Cooperativa Central del Lino, que agrupa a toda una red
de cooperativas campesinas de producción de lino. La Cooperativa Central del
Lino se ocupa de suministrar a los campesinos semillas e instrumentos de
producción, compra después a los mismos campesinos toda su producción de lino,
la vende en gran escala en el mercado, garantiza a los campesinos una participación
en los beneficios y, de este modo, liga la economía campesina, a través de la
Unión de Cooperativas Agrícolas, con la industria del Estado. ¿Qué nombre debe
darse a semejante forma de organización de la producción? Se trata, a mi
juicio, de un sistema doméstico de gran producción agrícola socialista de
Estado. Hablo de un sistema doméstico de producción socialista de Estado por
analogía con el sistema de trabajo a domicilio del capitalismo, por ejemplo, en
la industria textil, donde los artesanos, que recibían del capitalismo la
materia prima y los instrumentos de trabajo y le entregaban toda su producción,
eran de hecho obreros semiasalariados a domicilio. Este es uno de los numerosos
ejemplos indicadores del camino que debe seguir en nuestro país el desarrollo
de la agricultura. Ya no hablo aquí de otros ejemplos de la misma índole en
otras ramas de la agricultura.
No
creo que sea necesario demostrar que la inmensa mayoría de los campesinos
seguirán de buen grado esta nueva vía de desarrollo, rechazando la vía de los
latifundios privados capitalistas y de la esclavitud asalariada, la vía de la
miseria y de la ruina.
He
aquí lo que dice Lenin de las vías del desarrollo de nuestra agricultura:
Todos
los grandes medios de producción en poder del Estado y el Poder del Estado en
manos del proletariado; la alianza de este proletariado con millones y millones
de pequeños y muy pequeños campesinos; asegurar la dirección de los campesinos
por el proletariado, etc., ¿acaso no es esto todo lo que se necesita para
edificar la sociedad socialista completa partiendo de la cooperación, y nada
más que de la cooperación, a la que antes tratábamos de mercantilista y que
ahora, bajo la NEP, merece también, en cierto modo, el mismo trato; acaso no es
esto todo lo imprescindible para edificar la sociedad socialista completa? Eso
no es todavía la edificación de la sociedad socialista, pero sí todo lo
imprescindible y lo suficiente para esta edificación (v. t. XXVII, pág. 392).
Hablando
más adelante de la necesidad de prestar apoyo financiero y de toda otra índole
a la cooperación, como a un "nuevo principio de organización de la
población" y a un nuevo "régimen social" bajo la dictadura del
proletariado, Lenin dice:
Todo
régimen social surge exclusivamente con el apoyo financiero de una clase
determinada. Huelga recordar los centenares y centenares de millones de rublos
que costó el nacimiento del "libre" capitalismo. Ahora debemos
comprender, para obrar en consecuencia, que el régimen social al que en el
presente debemos prestar un apoyo extraordinario es el régimen cooperativo.
Pero hay que apoyarlo en el verdadero sentido de la palabra, es decir, no basta
con entender por tal apoyo la ayuda prestada a cualquier cambio cooperativo,
sino que por tal apoyo hay que entender el prestado a un cambio cooperativo en
el que participen efectivamente verdaderas masas de la población (v. lugar
citado, pág. 393).
¿Qué
nos dicen todas estas circunstancias?
Nos
dicen que los escépticos no tienen razón.
Nos
dicen que quien tiene razón es el leninismo, que ve en las masas trabajadoras
del campo la reserva del proletariado.
Nos
dicen que el proletariado en el Poder puede y debe utilizar esta reserva, para
vincular la industria a la agricultura, para impulsar la construcción
socialista y dar a la dictadura del proletariado la base que necesita y sin la
cual es imposible el paso a la economía socialista.
VI.
La cuestión nacional
Analizaré
seis cuestiones de este tema:
a)
la estrategia y la táctica como la ciencia de dirigir la lucha de clase del
proletariado;
b)
las etapas de la revolución y la estrategia;
c)
los flujos y reflujos del movimiento y la táctica;
d)
la dirección estratégica;
e)
la dirección táctica;
f)
la táctica reformista y la táctica revolucionaria.
1)
La estrategia y la táctica como la ciencia de dirigir la lucha de clase del
proletariado. El período en que dominó la II Internacional fue, principalmente,
un período de formación y de instrucción de los ejércitos políticos proletarios
en unas condiciones de desarrollo más o menos pacífico. Fue el período del
parlamentarismo como forma preponderante de la lucha de clases. Las cuestiones
de los grandes choques de clases, de la preparación del proletariado para las
batallas revolucionarias, de las vías para llegar a la conquista de la
dictadura del proletariado, no estaban entonces -así lo parecía- a la orden del
día. La tarea reducíase a utilizar todas las vías de desarrollo legal para
formar e instruir a los ejércitos proletarios, a utilizar el parlamentarismo
adaptándose a las condiciones dadas, en las cuales el proletariado asumía y
debía asumir -así lo parecía- el papel de oposición. No creo que sea necesario
demostrar que, en ese período y con semejante concepción de las tareas del
proletariado, no podía haber ni una estrategia coherente ni una táctica bien
elaborada. Había pensamientos fragmentarios, ideas aisladas sobre táctica y
estrategia, pero no había ni táctica ni estrategia.
El
pecado mortal de la II Internacional no consiste en haber practicado en su
tiempo la táctica de utilizar las formas parlamentarias de lucha, sino en haber
sobreestimado la importancia de estas formas, considerándolas casi las únicas;
y cuando llegó el período de las batallas revolucionarias abiertas y el
problema de las formas extraparlamentarias de lucha pasó a primer plano, los
partidos de la II Internacional volvieron la espalda a las nuevas tareas,
renunciaron a ellas.
Una
estrategia coherente y una táctica bien elaborada de la lucha del proletariado
sólo pudieron trazarse en el período siguiente, en el período de las acciones
abiertas del proletariado, en el período de la revolución proletaria, cuando la
cuestión del derrocamiento de la burguesía pasó a ser una cuestión de la
actividad práctica inmediata, cuando la cuestión de las reservas del
proletariado (estrategia) pasó a ser una de las cuestiones más palpitantes,
cuando todas las formas de lucha y de organización -tanto parlamentarias como
extraparlamentarias (táctica)- se revelaron con toda nitidez. Fue precisamente
en este período cuando Lenin sacó a la luz las geniales ideas de Marx y Engels
sobre táctica y estrategia, emparedadas por los oportunistas de la II Internacional.
Pero Lenin no se limitó a restaurar las distintas tesis tácticas de Marx y
Engels. Las desarrolló y las completó con nuevas ideas y principios,
compendiándolas en un sistema de reglas y principios de orientación para
dirigir la lucha de clase del proletariado. Obras de Lenin como "¿Qué
hacer?", "Dos tácticas", "El imperialismo", "El
Estado y la revolución", "La revolución proletaria y el renegado
Kautsky" y "La enfermedad infantil" serán, indiscutiblemente,
una valiosísima aportación al tesoro general del marxismo, a su arsenal
revolucionario. La estrategia y la táctica del leninismo son la ciencia de la
dirección de la lucha revolucionaria del proletariado.
2)
Las etapas de la revolución y la estrategia. La estrategia consiste en
determinar la dirección del golpe principal del proletariado, tomando por base
la etapa dada de la revolución, en elaborar el correspondiente plan de
disposición de las fuerzas revolucionarias (de las reservas principales y
secundarias), en luchar por llevar a cabo este plan a todo lo largo de la etapa
dada de la revolución.
Nuestra
revolución ha pasado ya por dos etapas y ha entrado, después de la Revolución
de Octubre en la tercera. De acuerdo con esto, ha ido cambiando de estrategia.
Primera
etapa. De 1903 a febrero de 1917. Objetivo: derrocar el zarismo, suprimir por
completo las supervivencias medievales. Fuerza fundamental de la revolución: el
proletariado. Reserva inmediata: el campesinado. Dirección del golpe principal:
aislar a la burguesía liberal monárquica que se esforzaba en atraerse a los
campesinos y en poner fin a la revolución mediante una componenda con el
zarismo. Plan de disposición de las fuerzas: alianza de la clase obrera con los
campesinos. "El proletariado debe llevar a término la revolución
democrática, apoyándose en la masa de los campesinos, para aplastar por la
fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la
burguesía" (v. Lenin, t. VIII, pág. 96).
Segunda
etapa. De marzo de 1917 a octubre de 1917. Objetivo: derrocar el imperialismo
en Rusia y salir de la guerra imperialista. Fuerza fundamental de la
revolución: el proletariado. Reserva inmediata: los campesinos pobres. Como
reserva probable, el proletariado de los países vecinos. Como factor favorable,
la guerra, que se prolongaba, y la crisis del imperialismo. Dirección del golpe
principal: aislar a la democracia pequeñoburguesa (mencheviques y eseristas),
que se esforzaba en atraerse a las masas trabajadoras del campo y en poner fin
a la revolución mediante una componenda con el imperialismo. Plan de
disposición de las fuerzas: alianza del proletariado con los campesinos pobres.
"El proletariado debe llevar a cabo la revolución socialista, atrayéndose
a la masa de los elementos semiproletarios de la población, para romper por la
fuerza la resistencia de la burguesía y paralizar la inestabilidad de los
campesinos y de la pequeña burguesía" (v. lugar citado).
Tercera
etapa. Comienza después de la Revolución de Octubre. Objetivo: consolidar la
dictadura del proletariado en un solo país, utilizándola como punto de apoyo
para vencer al imperialismo en todos los países. La revolución rebasa el marco
de un solo país; comienza la época de la revolución mundial. Fuerzas
fundamentales de la revolución: la dictadura del proletariado en un país y el
movimiento revolucionario del proletariado en todos los países. Reservas
principales: las masas semiproletarias y las masas de pequeños campesinos en
los países desarrollados, así como el movimiento de liberación en las colonias
y en los países dependientes. Dirección del golpe principal: aislar a la
democracia pequeñoburguesa, aislar a los partidos de la II Internacional, que
son el puntal más importante de la política de componendas con el imperialismo.
Plan de disposición de las fuerzas: alianza de la revolución proletaria con el
movimiento de liberación de las colonias y de los países dependientes.
La
estrategia se ocupa de las fuerzas fundamentales de la revolución y de sus
reservas. Cambia al pasar la revolución de una etapa a otra, permaneciendo, en
lo fundamental, invariable a lo largo de cada etapa en cuestión.
3)
Los flujos y reflujos del movimiento y la táctica. La táctica consiste en
determinar la línea de conducta del proletariado durante un período
relativamente corto de flujo o de reflujo del movimiento, de ascenso o de
descenso de la revolución; la táctica es la lucha por la aplicación de esta
línea de conducta mediante la sustitución de las viejas formas de lucha y de
organización por formas nuevas, de las viejas consignas por consignas nuevas,
mediante la combinación de estas formas, etc., etc. Mientras el fin de la
estrategia es ganar la guerra, supongamos, contra el zarismo o contra la
burguesía, llevar a término la lucha contra el zarismo o contra la burguesía,
la táctica persigue objetivos menos esenciales, pues no se propone ganar la
guerra tomada en su conjunto, sino tal o cual batalla, tal o cual combate,
llevar a cabo con éxito esta o aquella campaña, esta o aquella acción, en
correspondencia con la situación concreta del período dado de ascenso o
descenso de la revolución. La táctica es una parte de la estrategia, a la que
está supeditada, a la que sirve.
La
táctica cambia con arreglo a los flujos y reflujos. Mientras que durante la
primera etapa de la revolución (de 1903 a febrero de 1917) el plan estratégico
permaneció invariable, la táctica se modificó varias veces. En 1903-1905, la
táctica del Partido fue una táctica ofensiva, pues se trataba de un período de
flujo de la revolución; el movimiento iba en ascenso, y la táctica debía partir
de este hecho. En consonancia con ello, las formas de lucha eran también
revolucionarias y correspondían a las exigencias del flujo de la revolución.
Huelgas políticas locales, manifestaciones políticas, huelga política general,
boicot de la Duma, insurrección, consignas revolucionarias combativas; tales
fueron las formas de lucha que se sucedieron durante este período. En relación
con las formas de lucha, cambiaron también, en este período, las formas de
organización. Comités de fábrica, comités revolucionarios de campesinos,
comités de huelga, Soviets de Diputados Obreros, el Partido obrero más o menos
legal: tales fueron las formas de organización durante este período.
En
el período de 1907-1912, el Partido viose obligado a pasar a la táctica de
repliegue, pues asistíamos a un descenso del movimiento revolucionario, a un
reflujo de la revolución, y la táctica no podía por menos de tener en cuenta
este hecho. En consonancia con ello, cambiaron tanto las formas de lucha como
las de organización. En vez del boicot de la Duma, participación en ella; en
vez de acciones revolucionarias abiertas fuera de la Duma, acciones dentro de
la Duma y labor en ella; en vez de huelgas generales políticas, huelgas
económicas parciales, o simplemente calma. Se comprende que el Partido hubo de
pasar en este período a la clandestinidad; las organizaciones revolucionarias
de masas fueron sustituidas por organizaciones culturales y educativas, por
cooperativas, mutualidades y otras organizaciones de tipo legal.
Otro
tanto puede decirse de la segunda y la tercera etapas de la revolución, en el
transcurso de las cuales la táctica cambió decenas de veces, mientras los
planes estratégicos permanecían invariables.
La
táctica se ocupa de las formas de lucha y de organización del proletariado, de
los cambios y de la combinación de dichas formas. Partiendo de una etapa dada
de la revolución, la táctica puede cambiar repetidas veces, con arreglo a los
flujos y reflujos, al ascenso o al descenso de la revolución.
4)
La dirección estratégica. Las reservas de la revolución pueden ser:
Directas:
a) el campesinado y, en general, las capas intermedias del país; b) el
proletariado de los países vecinos; c) el movimiento revolucionario de las
colonias y de los países dependientes; d) las conquistas y las realizaciones de
la dictadura del proletariado, a una parte de las cuales puede el proletariado
renunciar temporalmente, reservándose la superioridad de fuerzas, con objeto de
sobornar a un adversario fuerte y conseguir una tregua.
Indirectas:
a) las contradicciones y conflictos entre las clases no proletarias del propio
país, contradicciones y conflictos que el proletariado puede aprovechar para
debilitar al adversario y para reforzar las propias reservas; b) las
contradicciones, conflictos y guerras (por ejemplo, la guerra imperialista)
entre los Estados burgueses hostiles al Estado proletario, contradicciones,
conflictos y guerras que el proletariado puede aprovechar en su ofensiva o al
maniobrar, caso de verse obligado a batirse en retirada.
No
vale la pena detenerse en las reservas de la primera categoría, ya que su
significación es clara para todo el mundo. En cuanto a las reservas de la
segunda categoría, cuya significación no es siempre clara, hay que decir que
tienen a veces una importancia primordial para la marcha de la revolución.
Difícilmente podrá negarse, por ejemplo, la inmensa importancia del conflicto
entre la democracia pequeñoburguesa (eseristas) y la burguesía liberal
monárquica (demócratas constitucionalistas) durante la primera revolución y
después de ella, conflicto que contribuyó, indudablemente, a liberar al
campesinado de la influencia de la burguesía. Y aun hay menos razones para
negar la importancia gigantesca que tuvo la guerra a muerte librada entre los
principales grupos imperialistas en el período de la Revolución de Octubre,
cuando los imperialistas, ocupados en guerrear unos contra otros, no pudieron
concentrar sus fuerzas contra el joven Poder Soviético, siendo precisamente
esta circunstancia la que permitió al proletariado entregarse de lleno a
organizar sus fuerzas, a consolidar su poder y a preparar el aplastamiento de
Kolchak y Denikin. Es de suponer que hoy, cuando las contradicciones entre los
grupos imperialistas se acentúan cada vez más y se hace inevitable una nueva
guerra entre ellos, esta clase de reservas tendrá para el proletariado una
importancia cada vez mayor.
La
misión de la dirección estratégica consiste en saber utilizar acertadamente
todas estas reservas, para conseguir el objetivo fundamental de la revolución
en cada etapa dada de su desarrollo.
¿En
qué consiste el saber utilizar acertadamente las reservas?
En
cumplir algunas condiciones necesarias, entre las que deben considerarse
principales las siguientes:
Primera.
Concentrar contra el punto más vulnerable del adversario las principales
fuerzas de la revolución en el momento decisivo, cuando la revolución ha
madurado ya, cuando la ofensiva marcha a todo vapor, cuando la insurrección
llama a la puerta y cuando el acercar las reservas a la vanguardia es una
condición decisiva del éxito. Como ejemplo demostrativo de lo que es saber
utilizar de este modo las reservas puede considerarse la estrategia del Partido
en el período de abril a octubre de 1917. Es indudable que el punto más
vulnerable del adversario durante este período era la guerra. Es indudable que,
tomando precisamente este problema como el problema básico, fue como el Partido
agrupó en torno a la vanguardia proletaria a las más amplias masas de la población.
La estrategia del Partido en dicho período consistía en entrenar a la
vanguardia en acciones de calle, por medio de manifestaciones y demostraciones,
y, al mismo tiempo, en acercar las reservas a la vanguardia, a través de los
Soviets en la retaguardia y de los comités de soldados en el frente. El
resultado de la revolución demostró que se había sabido utilizar acertadamente
las reservas.
He
aquí lo que a propósito de esta condición del empleo estratégico de las fuerzas
revolucionarias dice Lenin, parafraseando las conocidas tesis de Marx y Engels
sobre la insurrección:
1)
No jugar nunca a la insurrección, y, una vez empezada ésta, saber firmemente
que hay que llevarla a término.
2)
Hay que concentrar en el lugar y en el momento decisivos fuerzas muy
superiores, porque, de lo contrario, el enemigo, mejor preparado y organizado,
aniquilará a los insurrectos.
3)
Una vez empezada la insurrección, hay que proceder con la mayor decisión y
pasar obligatoria e incondicionalmente a la ofensiva. "La defensiva es la
muerte de la insurrección armada".
4)
Hay que esforzarse en pillar al enemigo desprevenido, hay que aprovechar el
momento en que sus tropas se hallen dispersas.
5)
Hay que esforzarse en obtener éxitos diarios, aunque sean pequeños (incluso
podría decirse que a cada hora, si se trata de una sola ciudad), manteniendo a
toda costa la "superioridad moral" (v. t. XXI, págs. 319-320).
Segunda.
Descargar el golpe decisivo, comenzar la insurrección, cuando la crisis ha
llegado ya a su punto culminante, cuando la vanguardia está dispuesta a luchar
hasta el fin, cuando la reserva está dispuesta a apoyar a la vanguardia y el
desconcierto en las filas del enemigo ha alcanzado ya su grado máximo.
Se
puede considerar completamente maduro el momento de la batalla decisiva -dice
Lenin- si "(1) todas las fuerzas de clase que nos son adversas están
suficientemente sumidas en la confusión, suficientemente enfrentadas entre sí,
suficientemente debilitadas por una lucha superior a sus fuerzas"; si
"(2) todos los elementos vacilantes, volubles, inconsistentes,
intermedios, es decir, la pequeña burguesía, la democracia pequeñoburguesa, que
se diferencia de la burguesía, se han desenmascarado suficientemente ante el
pueblo, se han cubierto suficientemente de oprobio por su bancarrota
práctica": si "(3) en las masas proletarias empieza a aparecer y a
extenderse con poderoso impulso el afán de apoyar las acciones revolucionarias
más resueltas, más valientes y abnegadas contra la burguesía. En ese momento es
cuando está madura la revolución, en ese momento nuestra victoria está
asegurada, si hemos sabido tener en cuenta... todas las condiciones indicadas
más arriba y hemos elegido acertadamente el momento" (v. t. XXV, pág.
229).
La
insurrección de Octubre puede considerarse un modelo de esa estrategia.
El
incumplimiento de esta condición conduce a un error peligroso, a lo que se
llama "perder el ritmo", que es lo que ocurre cuando el Partido queda
a la zaga de la marcha del movimiento o se adelanta demasiado, exponiéndose al
peligro de fracasar. Como ejemplo de lo que es "perder el ritmo",
como ejemplo de desacierto al elegir el momento de la insurrección hay que
considerar el intento de una parte de los camaradas de comenzar la insurrección
deteniendo a los miembros de la Conferencia Democrática, en septiembre de 1917,
cuando en los Soviets se notaban aún vacilaciones, el frente estaba aún en la
encrucijada y las reservas no habían sido aún aproximadas a la vanguardia.
Tercera.
Seguir firmemente el rumbo tomado, por encima de todas y cada una de las
dificultades y complicaciones que se interpongan en el camino hacia el fin
perseguido. Esto es necesario para que la vanguardia no pierda de vista el
objetivo fundamental de la lucha y para que las masas, que marchan hacia ese
objetivo y se esfuerzan por agruparse en torno a la vanguardia, no se desvíen
del camino. El incumplimiento de esta condición conduce a un enorme error, bien
conocido por los marinos, que lo llaman "perder el rumbo". Como
ejemplo de lo que es "perder el rumbo" hay que considerar la conducta
equivocada de nuestro Partido inmediatamente después de la Conferencia
Democrática, al acordar tomar parte en el anteparlamento. Era como si el Partido
se hubiese olvidado, entre tanto, de que el anteparlamento era una tentativa de
la burguesía para desviar al país del camino de los Soviets al camino del
parlamentarismo burgués y de que la participación del Partido en una
institución de esta índole podía confundir todas las cartas y desviar de su
camino a los obreros y campesinos, que libraban una lucha revolucionaria bajo
la consigna de "¡Todo el Poder a los Soviets!". Este error fue
corregido con la retirada de los bolcheviques del anteparlamento.
Cuarta.
Saber maniobrar con las reservas con vistas a un repliegue ordenado cuando el
enemigo es fuerte, cuando la retirada es inevitable, cuando se sabe de antemano
que no conviene aceptar el combate que pretende imponernos el enemigo, cuando,
con la correlación de fuerzas existente, la retirada es para la vanguardia el
único medio de esquivar el golpe y de conservar a su lado las reservas.
Los
partidos revolucionarios -dice Lenin- deben completar su instrucción. Han
aprendido a desplegar la ofensiva. Ahora deben comprender que esta ciencia hay
que completarla con la de saber retirarse acertadamente. Hay que comprender -y
la clase revolucionaria aprende a comprenderlo por su propia y amarga
experiencia- que no se puede triunfar sin aprender a desplegar la ofensiva y a
retirarse con acierto (v. t. XXV. pág. 177).
El
fin de esta estrategia consiste en ganar tiempo, desmoralizar al adversario y
acumular fuerzas, para luego pasar a la ofensiva.
Puede
considerarse modelo de esta estrategia la firma de la paz de Brest-Litovsk, que
permitió al Partido ganar tiempo, aprovechar los choques en el campo del
imperialismo, desmoralizar a las fuerzas del enemigo, conservar a su lado a los
campesinos y acumular fuerzas para preparar la ofensiva contra Kolchak y contra
Denikin.
Concertando
la paz por separado -dijo entonces Lenin-, nos libramos, en el mayor grado
posible en el momento actual, de ambos grupos imperialistas contendientes
aprovechándonos de su hostilidad y de su guerra -que les dificulta el cerrar un
trato contra nosotros- así conseguimos tener las manos libres durante cierto
tiempo para proseguir y consolidar la revolución socialista (v. t. XXII, pág.
198).
Ahora,
hasta el más necio ve -decía Lenin tres años después de firmarse la paz de
Brest-Litovsk- que la paz de Brest-Litovsk fue una concesión que nos fortaleció
a nosotros y dividió las fuerzas del imperialismo internacional (v. t. XXVII,
pág. 7).
Tales
son las principales condiciones que aseguran una dirección estratégica
acertada.
5)
La dirección táctica. La dirección táctica es una parte de la dirección
estratégica, a cuyos objetivos y exigencias se supedita. La misión de la
dirección táctica consiste en dominar todas las formas de lucha y de
organización del proletariado y en asegurar su empleo acertado para lograr,
teniendo en cuenta la correlación de fuerzas existente, el máximo resultado
necesario para la preparación del éxito estratégico.
¿En
qué consiste la utilización acertada de las formas de lucha y de organización
del proletariado?
En
cumplir algunas condiciones necesarias, entre las cuales hay que considerar
como principales las siguientes:
Primera.
Poner en primer plano precisamente las formas de lucha y de organización que
mejor correspondan a las condiciones de flujo y de reflujo del movimiento en el
momento dado y que faciliten y permitan conducir a las masas a posiciones
revolucionarias, incorporar a millones de hombres al frente de la revolución y
distribuirlos en dicho frente.
Lo
que importa no es que la vanguardia se percate de la imposibilidad de mantener
el antiguo orden de cosas y de la inevitabilidad de su derrocamiento. Lo que
importa es que las masas, millones de hombres, comprendan esa inevitabilidad y
se muestren dispuestas a apoyar a la vanguardia. Pero las masas sólo pueden
comprenderlo por experiencia propia. Dar a las masas, a millones de hombres, la
posibilidad de comprender por experiencia propia que el derrocamiento del viejo
Poder es inevitable, poner en juego métodos de lucha y formas de organización
que permitan a las masas comprender más fácilmente, por la experiencia, lo
acertado de las consignas revolucionarias esa es la tarea.
La
vanguardia habría quedado desligada de la clase obrera, y la clase obrera
hubiera perdido el contacto con las masas, si el Partido no hubiese resuelto
oportunamente participar en la Duma, si no hubiese resuelto concentrar sus
fuerzas en el trabajo en la Duma y desenvolver la lucha a base de esta labor,
para facilitar que las masas se convenciesen por experiencia propia de la
inutilidad de aquella Duma, de la falsedad de las promesas de los demócratas
constitucionalistas, de la imposibilidad de un acuerdo con el zarismo, de la
necesidad inevitable de una alianza entre los campesinos y la clase obrera. Sin
la experiencia de las masas durante el período de la Duma, habría sido
imposible desenmascarar a los demócratas constitucionalistas y asegurar la
hegemonía del proletariado.
El
peligro de la táctica del otsovismo consistía en que amenazaba con desligar a
la vanguardia de sus reservas de millones y millones de hombres.
El
Partido se habría desligado de la clase obrera y la clase obrera hubiera
perdido su influencia en las amplias masas de campesinos y soldados, si el
proletariado hubiese seguido a los comunistas de "izquierda", que
incitaban a la insurrección en abril de 1917, cuando los mencheviques y los
eseristas no se habían desenmascarado aún como partidarios de la guerra y del
imperialismo, cuando las masas no habían podido aún convencerse por experiencia
propia de la falsedad de los discursos de los mencheviques y de los eseristas
sobre la paz, la tierra y la libertad. Sin la experiencia adquirida por las
masas durante el período de la kerenskiada, los mencheviques y los eseristas no
se habrían visto aislados, y la dictadura del proletariado hubiera sido
imposible. Por eso, la táctica de "explicar pacientemente" los
errores de los partidos pequeñoburgueses y de luchar abiertamente dentro de los
Soviets era entonces la única táctica acertada.
El
peligro de la táctica de los comunistas de "izquierda" consistía en
que amenazaba con transformar al Partido, de jefe de la revolución proletaria.
en un puñado de conspiradores vacuos y sin base.
Con
la vanguardia sola -dice Lenin- es imposible triunfar. Lanzar sola a la
vanguardia a la batalla decisiva. cuando toda la clase, cuando las grandes
masas no han adoptado aún una posición de apoyo directo a esta vanguardia o, al
menos, de neutralidad benévola con respecto a ella... sería no sólo una
estupidez, sino, además un crimen Y para que realmente toda la clase, para que
realmente las grandes masas de los trabajadores y de los oprimidos por el
capital lleguen a ocupar esa posición, la propaganda y la agitación, solas son
insuficientes. Para ello se precisa la propia experiencia política de las
masas. Tal es la ley fundamental de todas las grandes revoluciones, confirmada
hoy, con fuerza y realce sorprendentes, no sólo por Rusia, sino también por Alemania.
No sólo las masas incultas, y en muchos casos analfabetas de Rusia, sino
también las masas de Alemania muy cultas, sin un solo analfabeto, necesitaron
experimentar en su propia carne toda la impotencia, toda la veleidad, toda la
flaqueza, todo el servilismo ante la burguesía, toda la infamia del gobierno de
los caballeros de la II Internacional, toda la ineluctabilidad de la dictadura
de los ultrarreaccionarios (Kornílov en Rusia, Kapp y Cía. en Alemania), única
alternativa frente a la dictadura del proletariado, para orientarse
decididamente hacia el comunismo (v. t. XXV, pág. 228).
Segunda.
Encontrar en cada momento dado, en la cadena de procesos, el eslabón particular
que permita, aferrándose a él, sujetar toda la cadena y prepara las condiciones
para obtener el éxito estratégico.
Se
trata de destacar, entre las tareas que se le plantean al Partido, precisamente
la tarea inmediata cuya solución constituye el punto central y cuyo
cumplimiento garantiza la feliz solución de las demás tareas inmediatas.
Podría
demostrarse la importancia de esta tesis con dos ejemplos, uno tomado del
pasado lejano (del período de la formación del Partido) y otro, de un pasado
reciente (del período de la Nep).
En
el período de la formación del Partido, cuando los innumerables círculos y
organizaciones no estaban aún ligados entre si, cuando los métodos artesanos de
trabajo y el espíritu de círculo corroían al Partido de arriba abajo, cuando la
dispersión ideológica era el rasgo característico de la vida interna del
Partido, en este período, el eslabón fundamental de la cadena, la tarea
fundamental entre todas las que tenía planteadas el Partido, era la fundación
de un periódico clandestino para toda Rusia (de la "Iskra"). ¿Por
qué? Porque sólo por medio de un periódico clandestino para toda Rusia podía
crearse dentro del Partido, en las condiciones de aquel entonces, un núcleo
sólido, capaz de unir en un todo único los innumerables círculos y organizaciones,
preparar las condiciones para la unidad ideológica y táctica y sentar, de este
modo, los cimientos para la formación de un verdadero partido.
En
el período de transición de la guerra a la edificación económica, cuando la
industria vegetaba entre las garras de la ruina y la agricultura sufría escasez
de artículos de la ciudad, cuando la ligazón entre la industria del Estado y la
economía campesina se convirtió en la condición fundamental del éxito de la
edificación socialista; en este período, el eslabón fundamental en la cadena de
los procesos, la tarea fundamental entre todas era el desarrollo del comercio.
¿Por qué? Porque, en las condiciones de la Nep, la ligazón entre la industria y
la economía campesina sólo es posible a través del comercio; porque, en las
condiciones de la Nep, una producción sin venta es la muerte para la industria;
porque la industria sólo puede ampliarse aumentando la venta mediante el
desarrollo del comercio; porque sólo después de consolidarse en la esfera del
comercio, sólo dominando el comercio, sólo dominando este eslabón, puede
ligarse la industria con el mercado campesino y resolver con éxito otras tareas
inmediatas, a fin de crear las condiciones para echar los cimientos de la
economía socialista:
No
basta con ser revolucionario y partidario del socialismo, o comunista en
general... -dice Lenin-. Es necesario saber encontrar en cada momento el
eslabón particular al cual hay que aferrarse con todas las fuerzas para sujetar
toda la cadena y preparar sólidamente el paso al eslabón siguiente...
En
el momento actual... ese eslabón es la reanimación del comercio interior,
regulado (orientado) con acierto por el Estado. El comercio, he ahí el
"eslabón" de la cadena histórica de acontecimientos, de las formas de
transición de nuestra edificación socialista en 1921-1922 al cual hay que
aferrarse con todas las fuerzas... (v. 1. XXVII, pág. 82).
Tales
son las principales condiciones que garantizan el acierto en la dirección
táctica.
6.
La táctica reformista y la táctica revolucionaria. ¿En qué se distingue la
táctica revolucionaria de la táctica reformista?
Algunos
creen que el leninismo está, en general, en contra de las reformas, de los
compromisos y de los acuerdos. Eso es completamente falso. Los bolcheviques
saben tan bien como cualquiera que, en cierto sentido, "del lobo, un
pelo"; es decir, que en ciertas condiciones las reformas, en general, y
los compromisos y acuerdos en particular, son necesarios y útiles.
Hacer
la guerra -dice Lenin- para derrocar a la burguesía internacional, una guerra
cien veces más difícil, prolongada y compleja que la más encarnizada de las
guerras corrientes entre Estados, y renunciar de antemano a toda maniobra, a
explotar los antagonismos de intereses (aunque sólo sean temporales) que
dividen a nuestros enemigos, renunciar a acuerdos y compromisos con posibles
aliados (aunque sean provisionales, inconsistentes, vacilantes, condicionales),
¿no es acaso, algo indeciblemente ridículo? ¿No viene a ser eso como si, en la
difícil ascensión a una montaña inexplorada, en la que nadie hubiera puesto la
planta todavía, se renunciase de antemano a hacer a veces zigzags, a desandar a
veces lo andado, a abandonar la dirección elegida al principio para probar
otras direcciones? (v. t. XXV, pág. 210).
No
se trata, evidentemente, de las reformas o de los compromisos y acuerdos en si,
sino del uso que se hace de ellos.
Para
el reformista, las reformas son todo, y la labor revolucionaria cosa sin
importancia, de la que se puede hablar para echar tierra a los ojos. Por eso,
con la táctica reformista, bajo el Poder burgués, las reformas se convierten
inevitablemente en instrumento de consolidación de este Poder, en instrumento
de descomposición de la revolución.
Para
el revolucionario, en cambio, lo principal es la labor revolucionaria, y no las
reformas; para él, las reformas son un producto accesorio de la revolución. Por
eso, con la táctica revolucionaria, bajo el Poder burgués, las reformas se
convierten, naturalmente, en un instrumento para descomponer este Poder, en un
instrumento para vigorizar la revolución, en un punto de apoyo para seguir
desarrollando el movimiento revolucionario.
El
revolucionario acepta las reformas para utilizarlas como una ayuda para
combinar la labor legal con la clandestina, para aprovecharlas como una
pantalla que permita intensificar la labor clandestina de preparación
revolucionaria de las masas con vistas a derrocar a la burguesía.
En
eso consiste la esencia de la utilización revolucionaria de las reformas y los
acuerdos en las condiciones del imperialismo.
El
reformista, por el contrario, acepta las reformas para renunciar a toda labor
clandestina, para minar la preparación de las masas con vistas a la revolución
y echarse a dormir a la sombra de las reformas "otorgadas" desde
arriba.
En
eso consiste la esencia de la táctica reformista.
Así
está planteada la cuestión de las reformas y los acuerdos bajo el imperialismo.
Sin
embargo, una vez derrocado el imperialismo, bajo la dictadura del proletariado,
la cosa cambia un tanto. En ciertas condiciones, en cierta situación, el Poder
proletario puede verse obligado a apartarse temporalmente del camino de la
reconstrucción revolucionaria del orden de cosas existente, para seguir el
camino de su transformación gradual, "el camino reformista", como
dice Lenin en su conocido artículo "Acerca de la significación del
oro", el camino de los rodeos, el camino de las reformas y las concesiones
a las clases no proletarias, a fin de descomponer a estas clases, dar una
tregua a la revolución, acumular fuerzas y preparar las condiciones para una
nueva ofensiva. No se puede negar que, en cierto sentido, este camino es un
camino "reformista". Ahora bien, hay que tener presente que aquí se
da una particularidad fundamental, y es que, en este caso, la reforma parte del
Poder proletario, lo consolida, le da la tregua necesaria y no está llamada a
descomponer a la revolución, sino a las clases no proletarias.
En
estas condiciones, las reformas se convierten, como vemos, en su antítesis.
Si
el Poder proletario puede llevar a cabo esta política, es, exclusivamente,
porque en el período anterior la revolución ha sido lo suficientemente amplia y
ha avanzado, por tanto, lo bastante para tener a donde retirarse, sustituyendo
la táctica de la ofensiva por la del repliegue temporal, por la táctica de los
movimientos de flanco.
Así,
pues, si antes, bajo el Poder burgués, las reformas eran un producto accesorio
de la revolución, ahora bajo la dictadura del proletariado las reformas tienen
por origen las conquistas revolucionarias del proletariado, las reservas
acumuladas en manos del proletariado y compuestas por dichas conquistas.
Sólo
el marxismo -dice Lenin- ha definido con exactitud y acierto la relación entre
las reformas y la revolución si bien Marx tan sólo pudo ver esta relación bajo
un aspecto, a saber: en las condiciones anteriores al primer triunfo más o
menos sólido, más o menos duradero del proletariado, aunque sea en un solo
país. En tales condiciones, la base de una relación acertada era ésta: las
reformas son un producto accesorio de la lucha revolucionaria de clase del
proletariado... Después del triunfo del proletariado, aunque sólo sea en un
país, aparece algo nuevo en la relación entre las reformas y la revolución. En
principio, el problema sigue planteado del mismo modo, pero en la forma se
produce un cambio, que Marx, personalmente, no pudo prever, pero que sólo puede
ser comprendido colocándose en el terreno de la filosofía y de la política del
marxismo... Después del triunfo, ellas (es decir, las reformas. J. St.) (aunque
en escala internacional sigan siendo el mismo "producto accesorio")
constituyen además, para el país en que se ha triunfado, una tregua necesaria y
legítima en los casos en que es evidente que las fuerzas, después de una
tensión extrema no bastan para llevar a cabo por vía revolucionaria tal o cual
transición. El triunfo proporciona tal "reserva de fuerzas", que hay
con qué mantenerse, tanto desde el punto de vista material como del moral, aun
en el caso de una retirada forzosa (v. t. XXVII, págs. 84-85).
VIII.
El Partido
En
el período prerrevolucionario, en el período de desarrollo más o menos
pacífico, cuando los partidos de la II Internacional eran la fuerza
predominante en el movimiento obrero y las formas parlamentarias de lucha se
consideraban las fundamentales, en esas condiciones, el Partido no tenía ni
podía tener una importancia tan grande y tan decisiva como la que adquirió más
tarde, en las condiciones de choques revolucionarios abiertos. Kautsky,
defendiendo a la II Internacional contra los que la atacan, dice que los
partidos de la II Internacional son instrumentos de paz, y no de guerra, y que
precisamente por eso se mostraron impotentes para hacer nada serio durante la
guerra, en el período de las acciones revolucionarias del proletariado. Y así
es, en efecto. Pero ¿qué significa esto? Significa que los partidos de la II
Internacional son inservibles para la lucha revolucionaria del proletariado,
que no son partidos combativos del proletariado y que conduzcan a los obreros
al Poder, sino máquinas electorales, apropiadas para las elecciones al
parlamento y para la lucha parlamentaria. Ello, precisamente, explica que,
durante el período de predominio de los oportunistas de la II Internacional, la
organización política fundamental del proletariado no fuese el Partido, sino la
minoría parlamentaria. Es sabido que en ese período el Partido era, en
realidad, un apéndice de la minoría parlamentaria y un elemento puesto a su
servicio. No creo que sea necesario demostrar que, en tales condiciones y con
semejante partido al frente, no se podía ni hablar de preparar al proletariado
para la revolución.
Pero
las cosas cambiaron radicalmente al llegar el nuevo período. El nuevo período
es el de los choques abiertos entre las clases, el período de las acciones
revolucionarias del proletariado, el período de la revolución proletaria, el
período de la preparación directa de las fuerzas para el derrocamiento del
imperialismo y la conquista del Poder por el proletariado. Este período plantea
ante el proletariado nuevas tareas: la reorganización de toda la labor del
Partido en un sentido nuevo, revolucionario, la educación de los obreros en el
espíritu de la lucha revolucionaria por el Poder, la preparación y la
concentración de reservas, la alianza con los proletarios de los países
vecinos, el establecimiento de sólidos vínculos con el movimiento de liberación
de las colonias y de los países dependientes, etc., etc. Creer que estas tareas
nuevas pueden resolverse con las fuerzas de los viejos partidos
socialdemócratas, educados bajo las condiciones pacíficas del parlamentarismo,
equivale a condenarse a una desesperación sin remedio, a una derrota
inevitable. Hacer frente a estas tareas con los viejos partidos a la cabeza,
significa verse completamente desarmado. Huelga demostrar que el proletariado
no podía resignarse a semejante situación.
He
aquí la necesidad de un nuevo partido, de un partido combativo, de un partido
revolucionario, lo bastante intrépido para conducir a los proletarios a la
lucha por el Poder, lo bastante experto para orientarse en las condiciones
complejas de la situación revolucionaria y lo bastante flexible para sortear
todos y cada uno de los escollos, que se interponen en el camino hacia sus
fines.
Sin
un partido así, no se puede ni pensar en el derrocamiento del imperialismo, en
la conquista de la dictadura del proletariado.
Este
nuevo partido es el Partido del leninismo.
¿Cuáles
son las particularidades de este nuevo partido?
1)
El Partido como destacamento de vanguardia de la clase obrera. El Partido tiene
que ser, ante todo, el destacamento de vanguardia de la clase obrera. El
Partido tiene que incorporar a sus filas a todos los mejores elementos de la
clase obrera, asimilar su experiencia, su espíritu revolucionario, su devoción
infinita a la causa del proletariado. Ahora bien, para ser un verdadero
destacamento de vanguardia, el Partido tiene que estar pertrechado con una
teoría revolucionaria, con el conocimiento de las leyes del movimiento, con el
conocimiento de las leyes de la revolución. De otra manera, no puede dirigir la
lucha del proletariado, no puede llevar al proletariado tras de sí. El Partido
no puede ser un verdadero partido si se limita simplemente a registrar lo que
siente y piensa la masa de la clase obrera, si se arrastra a la zaga del
movimiento espontáneo de ésta, si no sabe vencer la inercia y la indiferencia
política del movimiento espontáneo, si no sabe situarse por encima de los
intereses momentáneos del proletariado, si no sabe elevar a las masas hasta la
comprensión de los intereses de clase del proletariado. El Partido tiene que
marchar al frente de la clase obrera, tiene que ver más lejos que la clase
obrera, tiene que conducir tras de sí al proletariado y no arrastrarse a la
zaga del movimiento espontáneo. Esos partidos de la II Internacional, que
predican el "seguidismo", son vehículos de la política burguesa, que
condena al proletariado al papel de instrumento de la burguesía. Sólo un
partido que se sitúe en el punto de vista del destacamento de vanguardia del
proletariado y sea capaz de elevar a las masas hasta la comprensión de los
intereses de clase del proletariado, sólo un partido así es capaz de apartar a
la clase obrera de la senda del tradeunionismo y hacer de ella una fuerza
política independiente.
El
Partido es el jefe político de la clase obrera.
He
hablado más arriba de las dificultades de la lucha de la complejidad de las
condiciones de la lucha, de la estrategia y de la táctica, de las reservas y de
las maniobras, de la ofensiva y de la retirada. Estas condiciones son tan
complejas, si no más, que las de la guerra. ¿Quién puede orientarse en estas
condiciones?, ¿quién puede dar una orientación acertada a las masas de millones
y millones de proletarios? Ningún ejército en guerra puede prescindir de un
Estado Mayor experto, si no quiere verse condenado a la derrota. ¿Acaso no está
claro que el proletariado tampoco puede, con mayor razón, prescindir de este
Estado Mayor, si no quiere entregarse a merced de sus enemigos jurados? Pero
¿dónde encontrar ese Estado Mayor? Sólo el Partido revolucionario del
proletariado puede ser ese Estado Mayor. Sin un partido revolucionario, la
clase obrera es como un ejército sin Estado Mayor.
El
Partido es el Estado Mayor de combate del proletariado.
Pero
el Partido no puede ser tan sólo un destacamento de vanguardia, sino que tiene
que ser, al mismo tiempo, un destacamento de la clase, una parte de la clase,
íntimamente vinculada a ésta con todas las raíces de su existencia. La
diferencia entre el destacamento de vanguardia y el resto de la masa de la
clase obrera, entre los afiliados al Partido y los sin-partido, no puede
desaparecer mientras no desaparezcan las clases, mientras el proletariado vea
engrosar sus filas con elementos procedentes de otras clases, mientras la clase
obrera, en su conjunto, no pueda elevarse hasta el nivel del destacamento de
vanguardia. Pero el Partido dejaría de ser el Partido si esta diferencia se
convirtiera en divorcio, si el Partido se encerrara en sí mismo y se apartase
de las masas sin-partido. El Partido no puede dirigir a la clase si no está
ligado a las masas sin-partido, si no hay vínculos entre el Partido y las masas
sin-partido, si estas masas no aceptan su dirección, si el Partido no goza de
crédito moral y político entre las masas.
Hace
poco se dio ingreso en nuestro Partido a doscientos mil obreros. Lo notable
aquí es la circunstancia de que estos obreros, más bien que venir ellos mismos
al Partido, han sido enviados a él por toda la masa de los sin-partido, que ha
intervenido activamente en la admisión de los nuevos afiliados, que no eran
admitidos sin su aprobación. Este hecho demuestra que las grandes masas de
obreros sin-partido ven en nuestro Partido su partido, un partido entrañable y
querido, en cuyo desarrollo y fortalecimiento se hallan profundamente
interesados y a cuya dirección confían de buen grado su suerte. No creo que sea
necesario demostrar que sin estos hilos morales imperceptibles que lo unen con
las masas sin-partido, el Partido no habría podido llegar a ser la fuerza
decisiva de su clase.
El
Partido es parte inseparable de la clase obrera.
Nosotros
-dice Lenin- somos el Partido de la clase, y, por ello, casi toda la clase (y
en tiempo de guerra, en época de guerra civil, la clase entera) debe actuar
bajo la dirección de nuestro Partido, debe tener con nuestro Partido la ligazón
más estrecha posible; pero sería manilovismo y "seguidismo" creer que
casi toda la clase o la clase entera pueda algún día, bajo el capitalismo,
elevarse hasta el punto de alcanzar el grado de conciencia y de actividad de su
destacamento de vanguardia, de su partido socialdemócrata. Ningún
socialdemócrata juicioso ha puesto nunca en duda que, bajo el capitalismo, ni
aun la organización sindical (más rudimentaria, más asequible al grado de
conciencia de las capas menos desarrolladas) esté en condiciones de englobar a
toda o a casi toda la clase obrera. Olvidar la diferencia que existe entre el
destacamento de vanguardia y toda la masa que gravita hacia él, olvidar el
deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a capas cada
vez más amplias a su avanzado nivel, sería únicamente engañarse a sí mismo,
cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas, restringir nuestras
tareas (v. t. VI, págs. 205-206).
2)
El Partido como destacamento organizado de la clase obrera. El Partido no es
sólo el destacamento de vanguardia de la clase obrera. Si quiere dirigir
realmente la lucha de su clase, tiene que ser, al mismo tiempo, un destacamento
organizado de la misma. Las tareas del Partido en el capitalismo son
extraordinariamente grandes y diversas. El Partido debe dirigir la lucha del
proletariado en condiciones extraordinariamente difíciles de desarrollo
interior y exterior; debe llevar al proletariado a la ofensiva cuando la
situación exija la ofensiva; debe sustraer al proletariado de los golpes de un
enemigo fuerte cuando la situación exija la retirada; debe inculcar en las
masas de millones y millones de obreros sin-partido e inorganizados el espíritu
de disciplina y el método en la lucha, el espíritu de organización y la
firmeza. Pero el Partido no puede cumplir estas tareas si él mismo no es la
personificación de la disciplina y de la organización, si él mismo no es un
destacamento organizado del proletariado. Sin estas condiciones, ni hablar se
puede de que el Partido dirija verdaderamente a masas de millones y millones de
proletarios.
El
Partido es el destacamento organizado de la clase obrera.
La
idea del Partido como un todo organizado está expresada en la conocida fórmula,
expuesta por Lenin en el artículo primero de los Estatutos de nuestro Partido,
donde se considera al Partido suma de sus organizaciones, y a sus miembros,
afiliados a una de las organizaciones del Partido. Los mencheviques, que ya en
1903 rechazaban esta fórmula, proponían, en su lugar, el "sistema",
de autoadhesión al Partido, el "sistema" de extender el
"título" de afiliado al Partido a cualquier "profesor" y a
cualquier "estudiante", a cualquier "simpatizante" y a
cualquier "huelguista" que apoyara al Partido de un modo u otro,
aunque no formara ni desease formar parte de ninguna de sus organizaciones. No
creo que sea necesario demostrar que este original "sistema", de
haber arraigado en nuestro Partido, habría llevado inevitablemente a inundarlo
de profesores y estudiantes y a su degeneración en una "entidad"
vaga, amorfa, desorganizada, que se hubiera perdido en el mar de los
"simpatizantes", habría borrado los límites entre el Partido y la
clase y malogrado la tarea del Partido de elevar a las masas inorganizadas al
nivel del destacamento de vanguardia. Huelga decir que, con un
"sistema" oportunista como ése, nuestro Partido no habría podido
desempeñar el papel de núcleo organizador de la clase obrera en el curso de
nuestra revolución.
Desde
el punto de vista del camarada Mártov -dice Lenin- las fronteras del Partido
quedan absolutamente indeterminadas, porque "cualquier huelguista"
puede "declararse miembro del Partido". ¿Cuál es el provecho de
semejante vaguedad? La gran difusión del "título". Lo que tiene de
nocivo consiste en que origina la idea desorganizadora de la confusión de la
clase con el Partido (v. t. VI, pág. 211).
Pero
el Partido no es sólo la suma de sus organizaciones. El Partido es, al mismo
tiempo, el sistema único de estas organizaciones, su fusión formal en un todo
único, con organismos superiores e inferiores de dirección, con la
subordinación de la minoría a la mayoría, con resoluciones prácticas,
obligatorias para todos los miembros del Partido. Sin estas condiciones, el
Partido no podría formar un todo único y organizado, capaz de ejercer la
dirección sistemática y organizada de la lucha de la clase obrera.
Antes
-dice Lenin-, nuestro Partido no era un todo formalmente organizado, sino,
simplemente, una suma de diversos grupos, razón por la cual no podía de ningún
modo existir entre ellos más relación que la de la influencia ideológica. Ahora
somos ya un partido organizado, y esto entraña la creación de una autoridad, la
transformación del prestigio de las ideas en el prestigio de la autoridad, la
sumisión de las instancias inferiores a las instancias superiores del Partido
(v. t. VI. pág. 291)
El
principio de la subordinación de la minoría a la mayoría, el principio de la
dirección de la labor del Partido por un organismo central suscita con
frecuencia ataques de los elementos inestables, acusaciones de
"burocratismo", de "formalismo", etc. No creo que sea
necesario demostrar que la labor sistemática del Partido como un todo y la
dirección de la lucha de la clase obrera no serían posibles sin la aplicación
de estos principio. El leninismo en materia de organización es la aplicación
indefectible de estos principios. Lenin califica la lucha contra estos
principios de "nihilismo ruso" y de "anarquismo señorial",
digno de ser puesto en ridículo y repudiado.
He
aquí lo que dice Lenin, en su libro "Un paso adelante" a propósito de
estos elementos inestables:
Este
anarquismo señorial es algo muy peculiar del nihilista ruso. La organización
del Partido se le antoja una "fábrica" monstruosa; la sumisión de la
parte al todo y de la minoría a la mayoría le parece un
"avasallamiento"... la división del trabajo bajo la dirección de un
organismo central le hace proferir alaridos tragicómicos contra la
transformación de los hombres en "ruedas y tornillos"... la sola
mención de los estatutos de organización del Partido suscita en él un gesto de
desprecio y la desdeñosa... observación de que se podría vivir sin estatutos.
Está
claro, me parece, que los clamores contra el famoso burocratismo no son más que
un medio de encubrir el descontento por la composición de los organismos
centrales, no son más que una hoja de parra... ¡Eres un burócrata, porque has
sido designado por el Congreso sin mi voluntad y contra ella! Eres un
formalista, porque te apoyas los acuerdos formales del Congreso, y no en mi
consentimiento. Obras de un modo brutalmente mecánico, porque te remites a la
mayoría "mecánica" del Congreso del Partido y no prestas atención a
mi deseo de ser cooptado. Eres un autócrata, porque no quieres poner el poder
en manos de la vieja tertulia de buenos compadres! (v. t. VI. págs. 310 y 2).
3)
El Partido como forma superior de organización de clase del proletariado. El
Partido es el destacamento organizado la clase obrera. Pero el Partido no es la
única organización de la clase obrera. El proletariado cuenta con muchas otras
organizaciones, sin las cuales no podría luchar con éxito contra el capital:
sindicatos, cooperativas, organizaciones fabriles, minorías parlamentarias,
organizaciones femeninas sin-partido, prensa, organizaciones culturales y
educativas, uniones de la juventud, organizaciones revolucionarias de combate
(durante las acciones revolucionarias abiertas), Soviets de Diputados como
forma de organización del Estado (si el proletariado se halla en el Poder),
etc. La inmensa mayoría de estas organizaciones son organizaciones sin-partido,
y sólo unas cuantas están directamente vinculadas al Partido o son
ramificaciones suyas. En determinadas circunstancias, todas estas
organizaciones son absolutamente necesarias para la clase obrera. pues sin
ellas no sería posible consolidar las posiciones de clase del proletariado en
los diversos terrenos de la lucha, ni sería posible templar al proletariado
como la fuerza llamada a sustituir el orden de cosas burgués por el orden de
cosas socialista. Pero ¿cómo llevar a cabo la dirección única, con tal
abundancia de organizaciones? ¿Qué garantía hay de que esta multiplicidad de
organizaciones no lleve a incoherencias en la dirección? Cada una de estas
organizaciones, pueden decirnos, actúa en su propia órbita y por ello no pueden
entorpecerse las unas a las otras. Esto, naturalmente es cierto. Pero también
lo es que todas estas organizaciones tienen que desplegar su actividad en una
misma dirección, pues sirven a una sola clase, a la clase de los proletarios.
¿Quién -cabe preguntarse- determina la línea, la orientación general que todas
estas organizaciones deben seguir en su trabajo? ¿Dónde está la organización
central que no sólo sea capaz, por tener la experiencia necesaria, de trazar
dicha línea general, sino que, además, pueda, por tener el prestigio necesario
para ello, mover a todas estas organizaciones a aplicar esa línea, con el fin
de lograr la unidad en la dirección y excluir toda posibilidad de
intermitencias?
Esta
organización es el Partido del proletariado.
El
Partido posee todas las condiciones necesarias para lo primero, porque el
Partido es el punto de concentración de los mejores elementos de la clase
obrera, directamente vinculados a las organizaciones sin-partido del
proletariado y que con frecuencia las dirigen; segundo, porque el Partido, como
punto de concentración de los mejores elementos de la clase obrera, es la mejor
escuela de formación de jefes de la clase obrera, capaces de dirigir todas las
formas de organización de su clase; tercero, porque el Partido, como la mejor
escuela para la formación de jefes de la clase obrera, es, por su experiencia y
su prestigio, la única organización capaz de centralizar la dirección de la
lucha del proletariado, haciendo así de todas y cada una de las organizaciones
sin-partido de la clase obrera organismos auxiliares y correas de transmisión
que unen al Partido con la clase.
El
Partido es la forma superior de organización de clase del proletariado.
Esto
no quiere decir, naturalmente, que las organizaciones sin-partido, los
sindicatos, las cooperativas, etc., deban estar formalmente subordinadas a la
dirección del Partido. Lo que hace falta es simplemente, que los miembros del
Partido que integran estas organizaciones, en las que gozan de indudable
influencia, empleen todos los medios de persuasión para que las organizaciones
sin-partido se acerquen en el curso de su trabajo al Partido del proletariado y
acepten voluntariamente la dirección política de éste.
Por
eso, Lenin dice que el Partido es "la forma superior de unión de clase de
los proletarios", cuya dirección política debe extenderse a todas las
demás formas de organización del proletariado (v. t. XXV. pág. 194).
Por
eso, la teoría oportunista de la "independencia" y de la
"neutralidad" de las organizaciones sin-partido, que produce
parlamentarios independientes y publicistas desligados del Partido,
funcionarios sindicales de mentalidad estrecha y cooperativistas imbuidos de
espíritu pequeñoburgués, es completamente incompatible con la teoría y la
práctica del leninismo.
4)
El Partido como instrumento de la dictadura del proletariado. El Partido es la
forma superior de organización del proletariado. El Partido es el factor
esencial de dirección en el seno de la clase de los proletarios y entre las
organizaciones de esta clase. Pero de aquí no se desprende, ni mucho menos, que
el Partido pueda ser considerado como un fin en sí, como una fuerza que se
baste a sí misma. El Partido no sólo es la forma superior de unión de clase de
los proletarios, sino que es, al mismo tiempo, un instrumento del proletariado
para la conquista de su dictadura, cuando ésta no ha sido todavía conquistada,
y para la consolidación y ampliación de la dictadura, cuando ya está
conquistada. El Partido no podría elevar a tal altura su importancia, ni ser la
fuerza rectora de todas las demás formas de organización del proletariado, si
éste no tuviera planteado el problema del Poder, si las condiciones creadas por
el imperialismo, la inevitabilidad de las guerras y la existencia de las crisis
no exigieran la concentración de todas las fuerzas del proletariado en un solo
lugar, la convergencia de todos los hilos del movimiento revolucionario en un
solo punto, a fin de derrocar a la burguesía y conquistar la dictadura del
proletariado. El proletariado necesita del Partido, ante todo, como Estado
Mayor de combate, indispensable para la conquista victoriosa del Poder. No creo
que sea necesario demostrar que, sin un partido capaz de reunir en torno suyo a
las organizaciones de masas del proletariado y de centralizar, en el curso de
la lucha, la dirección de todo el movimiento, el proletariado de Rusia no
hubiera podido implantar su dictadura revolucionaria.
Pero
el proletariado no necesita del Partido solamente para conquistar la dictadura;
aún le es más necesario para mantenerla, consolidarla y extenderla, para
asegurar la victoria completa del socialismo.
Seguramente
-dice Lenin-, hoy casi todo el mundo ve ya que los bolcheviques no se hubieran
mantenido en el Poder, no digo dos años y medio, sino ni siquiera dos meses y
medio, sin la disciplina rigurosísima, verdaderamente férrea, de nuestro
Partido, sin el apoyo total e indefectible prestado a él por toda la masa de la
clase obrera, es decir, por todo lo que ella tiene de consciente, honrado,
abnegado, influyente y capaz de conducir tras de sí o de arrastrar a las capas
atrasadas (v. t. xxv, pág. 173).
Pero
¿qué significa "mantener" y "extender" la dictadura?
Significa inculcar a las masas de millones y millones de proletarios el
espíritu de disciplina y de organización; significa dar a las masas proletarias
cohesión y proporcionarles un baluarte contra la influencia corrosiva del
elemento pequeñoburgués y de los hábitos pequeñoburgueses; reforzar la labor de
organización de los proletarios para reeducar y transformar a las capas
pequeñoburguesas; ayudar a las masas proletarias a forjarse como fuerza capaz
de destruir las clases y de preparar las condiciones para organizar la
producción socialista. Pero todo esto sería imposible hacerlo sin un partido
fuerte por su cohesión y su disciplina.
La
dictadura del proletariado -dice Lenin- es una lucha tenaz, cruenta e
incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y
administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad. La
fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones de hombres es la
fuerza más terrible. Sin un partido férreo y templado en la lucha, sin un
partido que goce de la confianza de todo lo que haya de honrado dentro de la
clase, sin un partido que sepa pulsar el estado de espíritu de las masas e
influir sobre él, es imposible llevar a cabo con éxito esta lucha (v. t. XXV,
pág. 190).
El
proletariado necesita del Partido para conquistar y mantener la dictadura. El
Partido es un instrumento de la dictadura del proletariado.
Pero
de esto se deduce que, con la desaparición de las clases, con la extinción de
la dictadura del proletariado, deberá desaparecer también el Partido.
5)
El Partido como unidad de voluntad incompatible con la existencia de
fracciones. La conquista y el mantenimiento de la dictadura del proletariado
son imposibles sin un partido fuerte por su cohesión y su disciplina férrea.
Pero la disciplina férrea del Partido es inconcebible sin la unidad de
voluntad, sin la unidad de acción, completa y absoluta, de todos los miembros
del Partido. Esto no significa, naturalmente, que por ello quede excluida la
posibilidad de una lucha de opiniones dentro del Partido. Al revés: la
disciplina férrea no excluye, sino que presupone la crítica y la lucha de
opiniones dentro del Partido. Tampoco significa esto, con mayor razón, que la
disciplina debe ser "ciega". Al contrario, la disciplina férrea no
excluye, sino que presupone la subordinación consciente y voluntaria, pues sólo
una disciplina consciente puede ser una disciplina verdaderamente férrea. Pero,
una vez terminada la lucha de opiniones, agotada la critica y adoptado un
acuerdo, la unidad de voluntad y la unidad de acción de todos los miembros del
Partido es condición indispensable sin la cual no se concibe ni un Partido
unido ni una disciplina férrea dentro del Partido.
En
la actual Época de cruenta guerra civil -dice Lenin-. el Partido Comunista sólo
podrá cumplir con su deber si se halla organizado del modo más centralizado, si
reina dentro de él una disciplina férrea, rayana en la disciplina militar; y si
su organismo central es un organismo que goza de gran prestigio y autoridad,
está investido de amplios poderes y cuenta con la confianza general de los
afiliados al Partido (v. t. XXV, págs. 282-283).
Así
está planteada la cuestión de la disciplina del Partido en las condiciones de
la lucha precedente a la conquista de la dictadura.
Otro
tanto hay que decir, pero en grado todavía mayor, respecto a la disciplina del
Partido después de la conquista de la dictadura:
El
que debilita, por poco que sea -dice Lenin-, la disciplina férrea del Partido
del proletariado (sobre todo en la época de su dictadura), ayuda de hecho a la
burguesía contra el proletariado (v. t. XXV, pág. 190).
Pero
de aquí se desprende que la existencia de fracciones es incompatible con la
unidad del Partido y con su férrea disciplina. No creo que sea necesario
demostrar que la existencia de fracciones lleva a la existencia de diversos
organismos centrales y que la existencia de diversas organismos centrales
significa la ausencia de un organismo central común en el Partido, el
quebrantamiento de la unidad de voluntad, el debilitamiento y la descomposición
de la disciplina, el debilitamiento y la descomposición de la dictadura.
Naturalmente, los partidos de la II Internacional, que combaten la dictadura
del proletariado y no quieren llevar a los proletarios a la conquista del
Poder, pueden permitirse un liberalismo como la libertad de fracciones, porque
no necesitan, en absoluto, una disciplina de hierro. Pero los partidos de la
Internacional Comunista, que organizan su labor partiendo de las tareas de
conquistar y fortalecer la dictadura del proletariado, no pueden admitir ni el
"liberalismo" ni la libertad de fracciones.
El
Partido es la unidad de voluntad, que excluye todo fraccionalismo y toda
división del poder dentro del Partido.
De
aquí, que Lenin hablara del "peligro del fraccionalismo para la unidad del
Partido y para la realización de la unidad de voluntad de la vanguardia del
proletariado, condición fundamental del éxito de la dictadura del
proletariado". Esta idea fue fijada en la resolución especial del X
Congreso de nuestro Partido "Sobre la unidad del Partido".
De
aquí, que Lenin exigiera "la supresión completa de todo
fraccionalismo" y "la disolución inmediata de todos los grupos, sin
excepción, formados sobre tal o cual plataforma", so pena de
"expulsión incondicional e inmediata del Partido" (v. la resolución
"Sobre la unidad del Partido").
6)
El Partido se fortalece depurándose de los elementos oportunistas. El
fraccionalismo dentro del Partido nace de sus elementos oportunistas. El
proletariado no es una clase cerrada. A él afluyen continuamente elementos de
origen campesino, pequeñoburgués e intelectual, proletarizados por el
desarrollo del capitalismo. Al mismo tiempo, en la cúspide del proletariado
compuesta principalmente de funcionarios sindicales y parlamentarios cebados
por la burguesía a expensas de los superbeneficios coloniales, se opera un
proceso de descomposición. "Esa capa -dice Lenin- de obreros aburguesados
o de "aristocracia obrera", enteramente pequeñoburgueses por su
género de vida, por sus emolumentos y por toda su concepción del mundo, es el
principal apoyo de la II Internacional, y, hoy día, el principal apoyo social
(no militar) de la burguesía. Porque son verdaderos agentes de la burguesía en
el seno del movimiento obrero, lugartenientes obreros de la clase de los
capitalistas 1/4, verdaderos vehículos del reformismo y del chovinismo"
(v. t. XIX, pág. 77).
Todos
estos grupos pequeñoburgueses penetran de un modo o de otro en el Partido,
llevando a éste el espíritu de vacilación y de oportunismo, el espíritu de
desmoralización y de incertidumbre. Son ellos, principalmente, quienes
constituyen la fuente del fraccionalismo y de la disgregación, la fuente de la
desorganización y de la labor de destrucción del Partido desde dentro. Hacer la
guerra al imperialismo teniendo en la retaguardia tales "aliados", es
verse en la situación de gente que se halla entre dos fuegos, tiroteada por el
frente y por la retaguardia. Por eso, la lucha implacable contra estos
elementos, su expulsión del Partido es la condición previa para luchar con
éxito contra el imperialismo.
La
teoría de "vencer" a los elementos oportunistas mediante la lucha
ideológica dentro del Partido, la teoría de "acabar" con estos
elementos dentro del marco de un partido único es una teoría podrida y
peligrosa, que amenaza con condenar al Partido a la parálisis y a una dolencia
crónica, que amenaza con entregar el Partido a merced del oportunismo, que
amenaza con dejar al proletariado sin Partido revolucionario, que amenaza con
despojar al proletariado de su arma principal en la lucha contra el imperialismo.
Nuestro Partido no hubiera podido salir a su anchuroso camino, no hubiera
podido tomar el Poder y organizar la dictadura del proletariado, no hubiera
podido salir victorioso de la guerra civil, si hubiese tenido en sus filas a
los Mártov y a los Dan, a los Potrésov y a los Axelrod. Si nuestro Partido ha
conseguido forjar dentro de sus filas una unidad interior y una cohesión nunca
vistas, se debe, ante todo, a que supo librarse a tiempo de la escoria del
oportunismo y arrojar del Partido a los liquidadores y a los mencheviques. Para
desarrollar y fortalecer los partidos proletarios, hay que depurar sus filas de
oportunistas y reformistas, de social-imperialistas y social-chovinistas, de
social-patriotas y social-pacifistas.
El
Partido se fortalece depurándose de los elementos oportunistas.
Teniendo
en las propias filas a los reformistas, a los mencheviques -dice Lenin-, no es
posible triunfar en la revolución proletaria, no es posible defenderla. Esto es
evidente desde el punto de vista de los principios. Esto lo confirman con toda
claridad la experiencia de Rusia y la de Hungría... En Rusia, hemos atravesado
muchas veces por situaciones difíciles, en que el régimen soviético habría sido
irremediablemente derrotado si hubiesen quedado mencheviques, reformistas,
demócratas pequeñoburgueses dentro de nuestro Partido... En Italia, donde,
según la opinión general, las cosas marchan hacia batallas decisivas entre el
proletariado y la burguesía por la conquista del Poder del Estado. En tales
momentos, no sólo es absolutamente necesario expulsar del Partido a los
mencheviques, a los reformistas, a los turatistas, sino que puede incluso
resultar útil apartar de todos los puestos de responsabilidad a quienes, siendo
excelentes comunistas, sean susceptibles de vacilaciones y manifiesten
inclinación hacia la "unidad" con los reformistas... En vísperas de
la revolución y en los momentos de la lucha más encarnizada por su triunfo, la
más leve vacilación dentro del Partido puede echarlo todo a perder, hacer
fracasar la revolución, arrancar el Poder de manos del proletariado, porque
este Poder no está todavía consolidado, porque las arremetidas contra él son
todavía demasiado fuertes. Si en tal momento, los dirigentes vacilantes se
apartan, eso no debilita al Partido, sino que fortalece al Partido, al
movimiento obrero, a la revolución (v. t. XXV, págs. 462, 463 y 464).
IX.
El estilo en el trabajo
No
se trata del estilo literario. Me refiero al estilo en el trabajo, a lo
específico y peculiar que hay en la labor práctica del leninismo y que crea el
tipo especial del militante leninista. El leninismo es una escuela teórica y
práctica, que moldea un tipo especial de dirigente del Partido y del Estado,
que crea un estilo especial de trabajo, el estilo leninista.
¿Cuáles
son los rasgas característicos de este estilo? ¿Cuáles son sus
particularidades?
Estas
particularidades son dos:
a)
el ímpetu revolucionario ruso y
b)
el sentido práctico norteamericano.
El
estilo leninista es la combinación de estas dos particularidades en la labor
del Partido y del Estado.
El
ímpetu revolucionario ruso es el antídoto contra la inercia, contra la rutina,
contra el conservadurismo, contra el estancamiento mental, contra la sumisión
servil a las tradiciones seculares. El ímpetu revolucionario ruso es la fuerza
vivificadora que despierta el pensamiento, que impulsa, que rompe el pasado,
que brinda una perspectiva. Sin este ímpetu, no es posible ningún movimiento
progresivo.
Pero
el ímpetu revolucionario ruso puede muy bien degenerar en vacuo manilovismo
"revolucionario", si no se une al sentido práctico norteamericano en
el trabajo. Ejemplos de este tipo de degeneración los hay sobrados. ¿Quién no
conoce la enfermedad del arbitrismo "revolucionario" y de la
planomanía "revolucionaria", cuyo origen es la fe puesta en la fuerza
del decreto que puede arreglarlo y transformarlo todo? Un escritor ruso, I.
Ehrenburg, dibuja en el cuento "El homcomper" ("El hombre
comunista perfeccionado") un tipo de "bolchevique" atacado de
esta enfermedad, que se ha propuesto trazar el esquema del hombre idealmente
perfecto y... se "ahoga" en esta "labor". El cuento exagera
mucho la nota, pero es indudable que pinta la enfermedad con acierto. Sin
embargo, yo creo que nadie se ha burlado de esos enfermos con tanta saña y de
un modo tan implacable como Lenin. "Presunción comunista": así
calificaba Lenin esa fe enfermiza en el arbitrismo y en la decretomanía.
La
presunción comunista -dice Lenin- significa que una persona que está en el
Partido Comunista y no ha sido todavía expulsada de él por la depuración, cree
que puede resolver todos los problemas a fuerza de decretos comunistas... (v.
t. XXVII, págs. 50-51).
Lenin
solía oponer a la verborrea "revolucionaria" el trabajo sencillo,
cotidiano, subrayando con ello que el arbitrismo "revolucionario" es
contrario al espíritu y a la letra del auténtico leninismo.
Menos
frases pomposas -dice Lenin- y más trabajo sencillo, cotidiano. Menos estrépito
político y mayor atención a los hechos más sencillos pero vivos... de la
edificación comunista... (v. t. XXIV, págs. 343 y 335).
El
sentido práctico norteamericano es, por el contrario, un antídoto contra el
manilovismo "revolucionario" y contra las fantasías del arbitrismo.
El sentido práctico norteamericano es una fuerza indomable, que no conoce ni
admite barreras, que destruye con su tenacidad práctica toda clase de
obstáculos y que siempre lleva a término lo empezado, por mínimo que sea; es
una fuerza sin la cual no puede concebirse una labor constructiva seria.
Pero
el sentido práctico norteamericano puede muy bien degenerar en un utilitarismo
mezquino y sin principios, si no va asociado al ímpetu revolucionario ruso.
¿Quién no conoce la enfermedad del practicismo mezquino y del utilitarismo sin
principios, que suele llevar a algunos "bolcheviques" a la
degeneración y al abandono de la causa de la revolución? Esta enfermedad
peculiar ha encontrado su reflejo en el relato de B. Pilniak "El año
desnudo", en el que se pinta a tipos de "bolcheviques" rusos
llenos de voluntad y de decisión práctica, que "funcionan" muy
"enérgicamente", pero que carecen de perspectiva, que no saben
"el porqué de las cosas" y, debido a ello, se desvían del camino del
trabajo revolucionario. Nadie se ha burlado con tanta saña como Lenin de esta
enfermedad del mezquino utilitarismo. "Practicismo cretino",
"utilitarismo estúpido": así calificaba Lenin esta enfermedad. Lenin
solía oponer a esto la labor revolucionaria viva y la necesidad de una
perspectiva revolucionaria en toda nuestra labor cotidiana, subrayando con ello
que el utilitarismo mezquino y sin principios es tan contrario al auténtico
leninismo como el arbitrismo "revolucionario".
La
unión del ímpetu revolucionario ruso al sentido práctico norteamericano: tal es
la esencia del leninismo en el trabajo del Partido y del aparato del Estado.
Sólo
esta unión nos da el tipo acabado del militante leninista y el estilo del leninismo
en el trabajo.


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