© Libro N°. 2974. Los Viajes De Marco Polo. Colección
E.O. Julio 30 de 2016.
Título original: © Los Viajes De Marco Polo. Sin Autor
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RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
LOS VIAJES DE MARCO POLO
Sin
Autor
Los viajes de Marco Polo, conocido también como El libro de las Maravillas o El Libro del Millón: acortamiento de El Libro del Millón de costeras de Oriente:
Japón, India, Sri Lanka y el Sudeste de Asia, así como la costa oriental de
África. El cuarto libro trata de las guerras que mantuvieron poco antes
entre sí los mongoles, y describe también algunas regiones bastante más al
norte, como Rusia.
El libro alcanzó un éxito nada frecuente en la época anterior a
la invención de la imprenta. Se tradujo a varias lenguas europeas ya en vida de
su autor, pero los manuscritos originales se han perdido.
Puede decirse sin duda, que es un documento importante, cuya
lectura nos introduce de facto a la mentalidad predominante en el occidente
cristiano medieval. El libro está más allá de la simple anécdota, una
multiplicidad de significados lo rodea.
En principio el libro es una especie de estudio de mercado, en
donde se nos señalan distancias, precauciones, consejos sobre productos y
mercaderías, así como las previsiones que el comerciante debe tomar antes de
adentrarse en determinada ciudad. Como toda exploración es imperfecta, antes
bien es una guía rudimentaria para aquellos aventureros que decidieran
establecer algún tipo de intercambio con el oriente.
Michel Mollat en este sentido dice:
(...) el libro de Marco Polo ha sido comparado con todos esos
manuales de mercaderes que, en el curso del siglo XIV, puso en gran boga la
Practica della mercatura, de Pegoloti. De hecho, más de la mitad de la
Descripción du monde [como le llama Mollat] indica las distancias entre las
ciudades en jornadas y en millas, proporciona consejos prácticos para el viaje,
enumera los objetos del comercio, anota los pesos y medidas, las formas de
pago, en metálico y en papel moneda.
Fuente: WIKIPEDIA
LOS
VIAJES DE MARCO POLO
INDICE
VIAJES
I -
Aquí
empieza la rúbrica de este libro denominado: la división del
mundo
II -
De
cómo micer Nicolás y micer Mafeo fueron de Constantinopla en
busca
del mundo
III
-
De
cómo se fueron micer Nicolás y micer Mafeo de la Soldadía
- IV
-
De
cómo los dos hermanos pasaron el desierto y llegaron a la ciudad
de
Bojaria
V -
De
cómo los dos hermanos prestaron fe al emisario del Gran Khan
- VI
-
De
cómo los dos hermanos llegaron en territorio del Gran Khan
-
VII -
De
cómo se informa el Gran Khan de los asuntos de los cristianos
-
VIII -
De
cómo el Gran Khan envió a los dos hermanos como embajadores al
Papa
de Roma
IX -
De
cómo el Gran Khan da a los dos hermanos las tabletas de oro de su
mensaje
X -
De
cómo los dos hermanos llegaron a la ciudad de Acre
XI -
De
cómo los dos hermanos partieron de Venecia para regresar al país
del
Gran Khan y se llevaron a Marcos, el hijo de micer Nicolás
-
XII -
De
cómo los dos hermanos y Marcos partieron de Acre
XIII
-
De
cómo los dos hermanos fueron a Roma a ver al Papa
XIV
-
De
cómo los dos hermanos y Marcos llegaron a la ciudad de Clemeinfú,
en
donde se hallaba a la sazón el Gran Khan
XV -
De
cómo los dos hermanos y Marcos fueron al palacio del Gran Khan
-
XVI -
De
cómo el Gran Khan envía a Marcos como embajador
XVII
-
De
cómo volvió Marcos de su misión y lo que refirió al Gran Khan
-
XVIII -
De
cómo micer Nicolás y micer Mafeo piden permiso al Gran Khan para
volver
a su tierra
XIX
-
Donde
trata de la despedida, de los hermanos y Marco Polo del Gran
Khan
XX -
Aquí
se habla de la Armenia Menor
XXI
-
En
donde se habla de la provincia de Turcomania
XXII
-
La
Armenia Mayor
XXIII
-
Donde
se habla del rey de Georgia y de su hacienda
XXIV
-
En
donde se habla del reino de Mosul
XXV
-
De
cómo fue tomada, la gran ciudad de Bagdad
XXVI
-
De
la gran maravilla que sucedió en las montañas de Bagdad
XXVII
-
Del
miedo que tuvieron los cristianos de cuanto les dijo el califa
-
XXVIII -
De
cómo vino la revelación a un obispo de que un zapatero haría
mover
la montaña
XXIX
-
De
cómo la oración del cristiano hizo mover la montaña
XXX
-
En
donde se habla de la ciudad de Tauris
XXXI
-
Dejemos
a Tauris y pasemos a Persia
XXXII
-
Relación
de los Reyes Magos que vinieron a adorar a Dios
XXXIII
-
Los
ocho reinos de Persia
XXXIV
-
De
la ciudad de Yasdi
XXXV
-
Del
reino de Kerman
XXXVI
-
De
la ciudad de Camandi
XXXVII
-
De
la segunda meseta inclinada
XXXVIII
-
De
cómo se internó por una comarca salvaje y pobre
XXXIX
-
La
grande y noble ciudad de Cobinan
XL -
De
cómo se pasa por un desierto
XLI
-
En
donde se trata del Viejo de la montaña y de sus asesinos
XLII
-
De
cómo el Viejo de la montaña convierte a la obediencia y a la
disciplina
a sus asesinos
XLIII
-
De
cómo los asesinos se entrenan para el mal
XLIV
-
De
la villa de Sapurgan
XLV
-
De
la noble y gran ciudad de Balc
XLVI
-
En
donde se menciona la montaña de sal
XLVII
-
De
la gran provincia de Balacian (Badakchan)
XLVIII
-
En
donde se habla de la provincia de Pasciai
XLIX
-
De
la provincia de Kesimur (Cachimira)
L -
Del
gran río Balacian (Badakchan)
LI -
Del
reino de Cascar (Caschgar)
LII
-
De
la gran ciudad de Samarcanda
LIII
-
Aquí
trata de la provincia de Yarcan (Yarken)
LIV
-
De
la provincia de Cotan (Khotan)
LV -
De
la provincia de Pem
LVI
-
Aquí
empieza el relato de la provincia de Ciarcian
LVII
-
De
la ciudad de Lop
LVIII
-
De
la provincia de Tangut
LIX
-
En
donde se menciona la provincia de Camul (Khamil)
LX -
En
donde se habla de la Provincia de Gkingkintalas
LXI
-
De
la provincia de Succu
LXII
-
De
la ciudad de Campiciú
LXIII
-
De
la ciudad de Eçina
LXIV
-
De
la ciudad de Caracoron
LXV
-
De
cómo Gengis fue el primer Khan de los tártaros
LXVI
-
De
cómo Gengis Khan arma su gente para ir contra el Preste Juan
-
LXVII -
De
cómo el Preste Juan, con sus gentes, fue al encuentro de Gengis
Khan
LXVIII
-
De
la gran batalla entre el Preste Juan y Gengis Khan
LXIX
-
Relato
de los Khanes que reinaron después de Gengis Khan
LXX
-
Del
dios de los tártaros y de su ley
LXXI
-
De
la llanura de Bargu y de varias costumbres de los indígenas
-
LXXII -
Del
gran reino de Erginul
LXXIII
-
De
la provincia de Grigaia
LXXIV
-
De
la provincia de Tenduc
LXXV
-
De
la ciudad de Ciandu y del maravilloso palacio del Gran Khan
-
LXXVI -
Donde
trata de los hechos del Gran Khan que reina presentemente,
llamado
Cublai Khan, de cómo rige a su corte y administra justicia;
de
sus gestas y proezas
LXXVII
-
De
la gran batalla librada entre el Gran Khan y el rey Nayan, su tío
-
LXXVIII -
De
cómo el Gran Khan fue al encuentro de Nayan
LXXIX
-
En
donde empieza la batalla del Gran Khan y de su tío Nayan
LXXX
-
De
cómo el Gran Khan hizo matar a Nayan
LXXXI
-
De
cómo el Gran Khan vuelve a la ciudad de Cambaluc
LXXXII
-
De
la prestancia y majestad del Gran Khan
LXXXIII
-
De
los hijos del Gran Khan
LXXXIV
-
Del
palacio del Gran Khan
LXXXV
-
Del
palacio del hijo del Gran Khan, que reinará después de su muerte
-
LXXXVI -
De
cómo el Gran Khan se hace guardar por 12.000 hombres a caballo
-
LXXXVII -
Relato
de la gran fiesta que celebra el Gran Khan el día de su
aniversario
LXXXVIII
-
Continuación
de la fiesta que celebra el Gran Khan el día de su
aniversario
LXXXIX
-
De
la fiesta que celebra el Gran Khan el primero de año
XC -
De
los 12.000 barones que asisten a las fiestas
XCI
-
De
cómo el Gran Khan dispone para que le traigan los venados
-
XCII -
De
los leones, leopardos, lobos, linces, gerifaltes, halcones,
búhos,
gavilanes y otros pájaros
XCIII
-
De
los hermanos del Gran Khan que están al cuidado de los perros de
caza
XCIV
-
De
cómo se ocupa de cetrería
XCV
-
Más
relatos sobre la corte del Gran Khan
XCVI
-
De
la ciudad de Cambaluc, de su grandeza y su numerosa población
-
XCVII -
De
cómo el gran señor acuña moneda
XCVIII
-
De
los 12 barones que asisten en sus actos al Gran Khan
XCIX
-
De
cómo desde la ciudad de Cambalue se va por diferentes vías a las
provincias
C -
De
cómo el Gran Khan ayuda a sus súbditos cuando tienen malas
cosechas
o pierden el ganado
CI -
De
como el Gran Khan hace plantar árboles en los caminos
CII
-
Del
vino que beben en Catai
CIII
-
De
una especie de piedra que arde como la madera
CIV
-
De
cómo el Gran Khan hace almacenar trigo para proveer a su gente en
tiempo
de calamidades
CV -
De
cómo el Gran Khan hace la caridad a los pobres de su Imperio
-
CVI -
De
la provincia de Catai y del río Pulisanghin
CVII
-
De
la gran ciudad de Giongiu
CVIII
-
En
donde se habla del reino de Taianfu
CIX
-
En
donde trata de un castillo llamado Caiciu
CX -
De
cómo el Preste Juan hizo apresar al rey Dor
CXI
-
En
donde se habla del gran río de Caramoran
CXII
-
De
la gran ciudad de Quengianfu
CXIII
-
De
los confines de Catai y Mangi
CXIV
-
De
la provincia de Acbaluc Mangi
CXV
-
De
la gran provincia de Sindufu
CXVI
-
De
la provincia del Tíbet
CXVII
-
En
donde sigue la relación del Tíbet
CXVIII
-
De
la provincia de Gaindu
CXIX
-
De
la gran provincia de Caragian
CXX
-
En
donde se sigue la descripción de la provincia de Caragian
-
CXXI -
En
donde se habla de la gran provincia de Cardandan
CXXII
-
De
cómo el Gran Khan conquistó el reino de Mien y de Bengala
-
CXXIII -
De
la batalla entre el Gran Khan y el rey de Mien
CXXIV
-
En
donde prosigue el relato de la misma batalla
CXXV
-
De
cómo se desciende por una gran pendiente
CXXVI
-
De
la ciudad de Mien
CXXVII
-
En donde
se habla de la gran provincia de Bangala (Bengala)
CXXVIII
-
De
la provincia de Cangigu
CXXIX
-
De
la provincia de Aniu
CXXX
-
De
la provincia de Toloman
CXXXI
-
De
la provincia de Ciugiu
CXXXII
-
Donde
se habla de la ciudad de Cacianfu
CXXXIII
-
De
la ciudad de Ciangiu
CXXXIV
-
De
la ciudad de Ciangli
CXXXV
-
De
la ciudad de Tandinfu
CXXXVI
-
De
la noble ciudad de Singiumato
CXXXVII
-
De
la gran ciudad de Lingin
CXXXVIII
-
De
la ciudad de Pingiu
CXXXIX
-
De
la ciudad de Cingiu
CXL
-
De
cómo conquistó el Gran Khan la provincia de Mangi
CXLI
-
De
la ciudad de Coigangiu
CXLII
-
De
la ciudad de Pauchin
CXLIII
-
De
la ciudad de Caiu
CXLIV
-
De
la ciudad de Tingiu
CXLV
-
De
la ciudad de Yangiu
CXLVI
-
De
la provincia de Nanghin
CXLVII
-
De
la ciudad de Saianfu
CXLVIII
-
De
la ciudad de Singiu
CXLIX
-
En
donde se trata de la ciudad de Caygiu
CL -
De
la ciudad de Cinghianfu
CLI
-
De
la ciudad de Cangiu
CLII
-
De
la ciudad de Sugiu
CLIII
-
En
donde se habla de la muy noble ciudad de Quinsai
CLIV
-
De las
alcabalas que saca el Gran Khan de Quinsai
CLV
-
De
la ciudad de Tanpingiu
CLVI
-
Del
reino de Fugiu
CLVII
-
De
la ciudad de Fugiu
CLVIII
-
De
la ciudad de Çaiton (Cantón)
CLIX
-
Aquí
empieza el libro sobre la India, que hablará de todas las
maravillas
que contiene y de las costumbres de sus gentes
CLX
-
En
donde se trata de la isla de Cipango (Japón)
CLXI
-
De
cómo la gente del Gran Khan que había escapado al temporal tomó
la
ciudad de sus enemigos
CLXII
-
Donde
se habla del culto de los idólatras
CLXIII
-
De
la región de Ciamba
CLXIV
-
De
la isla de Java
CLXV
-
De
la isla de Sondur y de la de Condur
CLXVI
-
De
la isla de Pentan
CLXVII
-
Aquí
se menciona la isla de Java la menor
CLXVIII
-
En
donde se habla del reino de Sumatra
CLXIX
-
Del
reino de Dagroian
CLXX
-
Donde
se habla de Lambri
CLXXI
-
Del
reino de Fansur
CLXXII
-
De
la isla de Necuveran
CLXXIII
-
De
la isla de Angaman
CXXIV
-
De
la isla de Seilán (Ceilán)
CLXXV
-
De
la provincia de Maabar (Malabar)
CLXXVI
-
Del
reino de Mutfili
CLXXVII
-
Donde
se trata del lugar que guarda el cuerpo de Santo Tomás Apóstol
-
CLXXVIII -
De
la provincia de Lar, en donde nacieron los abrayamanes
CLXXIX
-
En
donde se habla nuevamente de la isla de Seilán
CLXXX
-
De
la muy noble ciudad de Cail
CLXXXI
-
Del
reino de Coilum
CLXXXII
-
De
la ciudad de Comari
CLXXXIII
-
En
donde se habla del reino de Eli
CLXXXIV
-
Del
reino de Melibar
CLXXXV
-
Del
reino de Goçurat
CLXXXVI
-
Del
reino de Tana
CLXXXVII
-
Del
reino de Cambaet
CLXXXVIII
-
Del
reino de Semenat
CLXXXIX
-
En
donde se habla del reino de Kesmacoran
CXC
-
En
donde se habla de las islas llamada Varón y Mujer
CXCI
-
De
la isla de Socotora
CXCII
-
De
la isla de Mogdasio (Madagascar)
CXCIII
-
De
la isla de Zanzíbar
CXCIV
-
Aquí
empieza la descripción de Abasce, que pertenece a la India
Central
CXCV
-
En
donde se habla de la provincia de Aden
CXCVI
-
De
la ciudad de Escier
CXCVII
-
De
la ciudad de Dufar
CXCVIII
-
De
la ciudad de Calatu
CXCIX
-
De
la ciudad de Curmos
CC -
En
donde se habla de la Gran Turquía
CCI
-
Lo
que dice el Gran Khan del daño que le hizo Caidu
CCII
-
La
historia de la hija del rey Caidu, de su fuerza y valentía
-
CCIII -
De
cómo Abaga envió a su hijo Argón a la guerra
CCIV
-
De
cómo Argón heredó la señoría de su padre
CCV
-
De
cómo Acomat va con su ejército para combatir a Argón
CCVI
-
De
cómo Argón reunió en Consejo a sus barones para pelear contra
Acomat
CCVII
-
De
cómo respondieron los barones de Argón
CCVIII
-
De
los emisarios que Argón envió a Acomat
CCIX
-
De
cómo Acomat contestó a los emisarios
CCX
-
De
la gran batalla entre Argón y Acomat
CCXI
-
De
cómo concertaron los barones de que Argón recobrara su libertad
-
CCXII -
De
cómo Argón fue libertado
CCXIII
-
De
cómo Argón recobró la soberanía
CCXIV
-
De cómo
Argón hizo matar a su tío Acomat
CCXV
-
Del
pleito homenaje que rindieron los barones a Argón
CCXVI
-
De
cómo Cuiaratu tomó el poder después de la muerte de Argón
-
CCXVII -
De
cómo Baidu tomó la señoría después de Cuiacatu
CCXVIII
-
Del
rey Canci que reina en tramontana
CCXIX
-
En
donde se trata de la provincia que está en la oscuridad
CCXX
-
En
donde se habla de la gran provincia de Rusia y de su gente
-
CCXXI -
En
donde se habla del estrecho del Mar Grande
CCXXII
-
De
los reyes de los tártaros de Poniente
CCXXIII
-
De
la guerra que surgió entre Alan y Berca y de las batallas que
libraron
CCXXIV
-
De
cómo Berca y sus huestes encuentran a Alan
CCXXV
-
De
cómo Alan habla a sus gentes
CCXXVI
-
De
la gran batalla que hubo entre Alan y Berca
CCXXVII
-
De cómo
Berca se porta heroicamente
CCXXVIII
-
De
cómo Totamangu fue señor de Poniente
CCXXIX
-
De
cómo Toctai manda venir a Nogai para pedirle cuenta de la muerte
de
Tolobuga
CCXXX
-
De
cómo Toctai envía otro mensaje a Nogai
CCXXXI
-
De
cómo Toctai fue al encuentro de Nogai
CCXXII
-
De
cómo Toctai habló a su gente
CCXXXIII
-
Del
arrojo y valor del rey Nogai
La división del mundo
I -
Aquí empieza la rúbrica de este libro denominado: la división
del mundo Señores emperadores, reyes, duques y marqueses, condes, hijosdalgos y
burgueses y gentes que deseáis saber las diferentes generaciones humanas y las
diversidades de las regiones del mundo, tomad este libro y mandad que os lo
lean, y encontraréis en él todas las grandes maravillas y curiosidades de la
gran Armenia y de la Persia, de los tártaros y de la India y varias otras
provincias; así os lo expondrá nuestro libro y os lo explicará clara y
ordenadamente como lo cuenta Marco Polo, sabio y noble ciudadano de Venecia,
tal como lo vieron sus mortales ojos. Hay cosas, sin embargo, que no vio, mas
las escuchó de otros hombres sinceros y veraces. Por lo cual referimos las
cosas vistas por vistas y las oídas por oídas para que nuestro libro resulte
verídico, sin tretas ni engaños.
Y todo hombre que leyere y entendiere este libro debe creer en
él, pues todas estas cosas son verdad, y os certifico que desde que Dios
nuestro Señor plasmó con sus manos a Adán y Eva, nuestros primeros padres,
hasta hoy día, no hubo cristiano ni pagano ni tártaro ni indio ni hombre alguno
de ninguna generación que tanto supiere ni buscare como el dicho mi señor
Marcos averiguó y supo; por eso os digo que sería gran desventura no quedaran
escritas todas las grandes maravillas que vio y oyó para quelas gentes que no
las vieron ni conocieron tengan de ellas razón en este libro. Y os repito que
para enterarse de ello vivió en estas diferentes regiones y provincias más de
veintiséis años. Y ello fue que, estando encarcelado en Génova, hizo exponer
todas estas cosas a maese Rustichello de Pisa, que se hallaba también en la
misma prisión en el año 1298 del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.
II -
De cómo micer Nicolás y micer Mafeo fueron de Constantinopla en
busca del mundo Fue en tiempo de Baduino, emperador deConstantinopla en el año
1250 de la Encarnación de nuestroSeñor Jesucristo: Hallándose con sus
mercancías en Constantinopla, procedentes de la ciudad de Venecia, micer
Nicolás Pol (padre de Marco Polo) y su hermano micer Mafeo Pol, prudentes,
nobles y avisados comerciantes, reuniéronse en consejo y decidieron embarcar en
la mar grande para hacer prosperar sus asuntos. Después que hubieron comprado
joyas de gran valor, partieron de Constantinopla en un barco hacia la tierra de
Soldadía.
III -
De cómo se fueron micer Nicolás y micer Mafeo de la Soldadía
Cuando hubieron residido un tiempo en Soldadía decidieron irse aún más lejos.
Pusiéronse en camino, y tanto cabalgaron que no hubo aventura que les detuviese
hasta que llegaron al reino de Barca Caan, que era dueño de una parte de
Tartaria, situada entre Bolgara y Sara. Barca Caan recibió con grandes honores
a micer Nicolás y micer Mafeo y celebró con regocijo su llegada. Los dos
hermanos diéronle las joyas que habían traído. Aceptolas Barca con gran
complacencia y le plugieron muchísimo. Hízoles entonces entregar dos veces
tanto cuanto valían las joyas y les invitó a pasar una temporada en varias
partes del reino, en donde halláronse con gran contentamiento.
Al año de residir en tierras de Barca encendiose una guerra
entre Barca y Alan, señor de los tártaros de Levante. Fuéronse el uno contra el
otro con gran violencia, combatiéronse ferozmente y hubo gran pérdida de gentes
de una parte y otra, y Alan fue vencedor. Y en estas circunstancias no hubo
hombre que pudiera pasar por esos caminos sin caer prisionero, y como ésa era
la dirección por donde habían venido y sólo podían seguir en dirección
contraria, los dos hermanos se dijeron: «Ya que no podemos volver a
Constantinopla con nuestras mercancías, sigamos hacia Levante; así podremos
volver quizá a tierras del soldán.» Se equiparon convenientemente y se
separaron de Barca, yéndose a una ciudad denominada Uchacca, que era al confín
sur del reino de este señor. Y partiéronse de Uchacca pasando el Tigre,
atravesando un desierto que era largo diecisiete jornadas, no encontrando a su
paso ni ciudades ni castillos, sino tribus tártaras que vivían del pastoreo en
sus tiendas de campaña.
IV -
De cómo los dos hermanos pasaron el desierto y llegaron a la
ciudad de Bojaria Y cuando hubieron pasado el desierto llegaron a una ciudad
que se llamaba Bojaria, noble y hermosa ciudad. También la provincia
denominábase Bojaria y el rey se llamaba Barac. Era ésta la más bella ciudad de
Persia. Una vez llegados a ella no podían ya ni adelantar ni retroceder, y en
vista de esto permanecieron en ella tres años. Mientras esto sucedía vino un
emisario de Alan, el señor de Levante, que era enviado por el gran señor de
todos los tártaros, llamado Cublai. Y fue gran asombro el de este emisario
cuando vio a micer Nicolás y a Micer Mafeo, pues jamás habíase visto un latino
en esos parajes. Dijo a los dos hermanos: «Señores, os advierto que el gran
señor de los tártaros jamás vio un latino y tiene gran deseo de trabar
conocimiento con ellos; así que si queréis venir conmigo, os aseguro que os
verá muy de su agrado y os llenará de honores y bienes» Los dos hermanos
contestáronle que lo harían gustosos si era cosa factible, y él replicó que
llegarían sanos y salvos y sin ninguna impedimenta si se iban en su compañía.
V -
De cómo los dos hermanos prestaron fe al emisario del Gran Khan
Cuando oyeron las razones del mensajero enviado, aparejaron sus caballerías y
decidieron seguirle. Pusiéronse en camino y viajaron durante un año a través de
las montañas, y tomando por atajos y vericuetos llegaron al cabo de él. Y
encontraron grandes maravillas y cosas extraordinarias, que no os referimos
porque micer Marcos, hijo de micer Nicolás, que ha visto también todas estas
cosas, os las contará más adelante en este mismo libro.
VI -
De cómo los dos hermanos llegaron en territorio del Gran Khan Y
cuando llegaron en presencia del Gran Khan, éste les hizo muchas fiestas y les
recibió con grandes honores y cortesía, y fue grande su alegría al verles. Les
hizo varias preguntas sobre muchas cosas. Ante todo sobre los emperadores, de
cómo mantienen el poder y administran justicia, cómo combaten y, en fin, cómo
viven y lo que hacen, y los interrogó luego respecto a los reyes, a los
príncipes y barones.
VII -
De cómo se informa el Gran Khan de los asuntos de los cristianos
Y se informó luego del Papa y de todos los hechos de la cristiandad y de la
Iglesia romana y de las costumbres de los latinos. Micer Nicolás y Mafeo le
dijeron toda la verdad y cada uno a su vez, como conviene a hombres prudentes y
cultos conocedores de la lengua de los tártaros: el tártaro.
VIII -
De cómo el Gran Khan envió a los dos hermanos como embajadores
al Papa de Roma Cuando el gran señor que tenía por nombre Cublai Khan, señor de
todos los tártaros del mundo y de todas las provincias, reinos y regiones de
esta gran parte del mundo, hubo escuchado las gestas de los latinos contadas
por los dos hermanos tan llanamente, quedó muy complacido y prometiose a sí
mismo enviarles como embajadores al Papa. Y pidioles a los hermanos encargarse
de esta misión con uno de sus barones. Contestáronle que lo harían como les
mandase, como si fuera su propio señor, el Dux. Entonces el Gran Khan hizo
llamar a uno de sus barones, llamado Cogatai, y le dijo quería fuera
acompañando a los hermanos a ver al Papa. Éste le contestó: «Vuestro siervo soy
y pronto a vuestro mandato.» Hizo luego el gran señor preparar sus credenciales
en turco y las dio a los dos hermanos y a su barón, y les encargó lo que debían
decir de su parte al Pontífice. Es menester que os diga lo que contenía el
documento y la embajada que enviaba: Pedía que le enviara hasta cien sabios de
la cristiandad que supieran las siete artes, que supieran discutir a los
idólatras y a los gentiles que todos los ídolos que tenían en sus casas eran
obras del diablo y que supieran probar por razonamientos que la ley cristiana
es mejor que la de ellos. Además, encargó a los hermanos que trajeran aceite de
la lámpara que alumbra el sepulcro de Dios nuestro Señor en Jerusalén. Ya
estáis enterados de lo que decía el mensaje que el gran señor enviaba al Papa
por medio de los dos hermanos.
IX -
De cómo el Gran Khan da a los dos hermanos las tabletas de oro
de su mensaje Cuando les hubo entregado el mensaje que enviaba al Papa les hizo
dar unas tabletas de oro en las cuales decía que los tres embajadores deberían
recibir allí donde fueran y donde pasaran: caballos, arreos y escolta de un
país a otro. Y cuando micer Nicolás y Mafeo estuvieron listos y bien
guarnecidos de cuanto necesitaron, se despidieron del gran señor, montaron a
caballo y emprendieron el camino. Al poco tiempo el barón tártaro cayó enfermo
y no pudo continuar. Quedose atrás en una ciudad, y cuando los hermanos vieron
que no se reponía, le dejaron y continuaron su viaje, y os diré que por doquier
se velan honrados y bien servidos en cuanto se les antojaba. Cabalgaron tanto,
que llegaron a Laias, para lo cual emplearon tres años, y esto sucedió porque
no siempre podían proseguir su ruta, por el mal tiempo y la nieve y porque los
ríos que tenían que vadear eran considerables.
X -
De cómo los dos hermanos llegaron a la ciudad de Acre
Y dejaron Laias para llegar a la ciudad de Acre, y esto sucedió
en el mes de agosto del año 1200 de la Encarnación. Allí se enteraron que el
Papa había fallecido, y cuando supieron que el Papa, que tenía por nombre
Clemente, había muerto, se encaminaron en busca del Legado de la Iglesia romana
en el reino de Egipto. Este varón ilustre, de mucha autoridad, se llamaba
Tealdo de Plasencia. Le expusieron de qué importante misión eran mandatarios de
parte del Gran Khan al Papa, y cuando el Legado les hubo oído, le pareció gran
maravilla y que lo que los hermanos decían era de gran honra y provecho para la
cristiandad. «Señores - les dijo -, ya que veis que el Papa ha muerto, os
aconsejo esperar que haya otro Papa, y entonces le lleváis vuestra embajada.»
Viendo que el Legado les decía cosa razonable, pensaron que en ese intervalo
irían a Venecia a ver a sus familias. Y fueron de Acre a Negroponte. Y en
Negroponte se embarcaron en una galera, que les llevó a Venecia. Micer Nicolás
encontró que en este interregno su mujer había muerto y le quedaba un hijo de
edad de quince años, que se llamaba Marcos, y éste es el que habla en este
libro. Micer Nicolás y micer Mafeo quedaron cerca de dos años en Venecia, en
espera de la elección de un nuevo Pontífice.
XI -
De cómo los dos hermanos partieron de Venecia para regresar al
país del Gran Khan y se llevaron a Marcos, el hijo de micer Nicolás Después de
esperar el tiempo que habéis oído, y viendo que no elegían nuevo Papa, pensaron
que habían demorado bastante para regresar cerca del Gran Khan, y decidieron
volver. Entonces se fueron de Venecia, llevándose a su hijo Marcos, directamente
a San Juan de Acre, en busca del Legado antedicho. Con él platicaron sobre
estos asuntos y le pidieron venia de ir a Jerusalén a recoger el aceite de la
lámpara del sepulcro de Jesucristo, ya que el Gran Khan había expresado el
deseo de poseerlo. El Legado les dio permiso. Fueron luego al Santo Sepulcro, a
Jerusalén, y habiendo cogido el aceite volvieron a Acre a decirle al Legado:
«Señor, mucho hemos tardado en volver a ver al Gran Khan, y como aún no hay
Papa, creemos es nuestro deber el írselo a decir.» Y el Legado (que es el más
importante personaje de la Iglesia de Roma) les dijo: «Puesto que queréis
volver hacia la tierra del Gran Khan, os doy mi pláceme.» Escribió entonces su
misiva al Gran Khan, explicándole de cómo micer Nicolás y micer Mafeo le habían.
traído su embajada; pero no pudieron cumplirla por entero por no haber aún un
nuevo Papa.
XII -
De cómo los dos hermanos y Marcos partieron de Acre En cuanto
los dos hermanos estuvieron en posesión de las credenciales, pusiéronse en
camino para volver a la tierra del Gran Khan. Y tanto anduvieron, que llegaron
a Laias. Mas no bien hubieron llegado, fue elegido Papa el Legado que tenía por
nombre Gregorio de Plasencia. Grande fue la alegría que experimentaron al oír
esta nueva, y no tardó en llegar a Laias un emisario del Papa diciendo a micer
Nicolás y Mafeo que retrocedieran a ver al Pontífice. No quiero deciros la
alegría que esto les causó, y le contestaron que allá iban de buen grado.
Entonces el rey de Armenia hizo armar una galera para que en ella embarcaran y
los envió así, con grandes honores, al Legado.
XIII -
De cómo los dos hermanos fueron a Roma a ver al Papa Y cuando
llegaron a Acre fueron a Su Santidad el Papa y se prosternaron humildemente
ante él. Les recibió con gran deferencia, dándoles su bendición y haciéndoles
gran fiesta. Y el Papa acordó darles para que les acompañaran a dos de los
predicadores, los más sabios de toda la provincia, y éstos se llamaban Nicolás
de Vicenza y Guillermo de Trípoli. El Papa expidió sus breves y cédulas que
contenían el mensaje que enviaba al Gran Khan, y dando a todos su santa
bendición, se fueron los cuatro con Marcos, hijo de micer Nicolás.
Encamináronse seguidamente a Laias; mas no bien hubieron llegado, cuando
Bondocdero, sultán de Babilonia, vino a Armenia con un numeroso ejército, que
causó estragos en toda la comarca, y nuestros embajadores viéronse en peligro
de muerte. Considerando esto, los dos hermanos predicadores dudaron si debían
proseguir. Entregaron por fin a micer Nicolás y Mafeo sus breves y cartas y se
separaron de ellos, regresando con el maestre de campo.
XIV -
De cómo los dos hermanos y Marcos llegaron a la ciudad de
Clemeinfú, en donde se hallaba a la sazón el Gran Khan Y micer Nicolás, Mafeo y
Marcos, hijo de Nicolás, se pusieron en camino y cabalgaron tanto toda la
primavera y el estío hasta llegar a la ciudad de Clemeinfú, en donde se
encontraba el Gran Khan. No haré mención, sino más adelante, de lo que
encontraron en el camino, pues deseo contároslo a su tiempo en mi libro. Sabed
sólo que emplearon tres años y medio en este viaje, pues las grandes nevadas y
las lluvias y los ríos desbordados les impedían cabalgar en invierno. Y, en
verdad, cuando supo el Gran Khan que llegaban les envió al encuentro un
mensajero con cuarenta días de anticipación, y fueron bien atendidos y servidos
por todos.
XV -
De cómo los dos hermanos y Marcos fueron al palacio del Gran
Khan Cuando Nicolás, Mafeo y Marcos llegaron a esa gran ciudad se fueron al
Palacio Principal, en donde se hallaba el Gran Khan rodeado de muchos barones.
Se arrodillaron y humillaron ante él; pero el Gran Khan les hizo levantar, les
colmó de honores y les recibió con grandísimo júbilo, interrogándoles de cuanto
habían hecho desde que se separaron. Los hermanos le aseguraron de que todo
había ido a pedir de boca, puesto que volvían sanos y salvos. Entonces
presentaron sus breves y cartas que el Papa le enviaba, que le causaron gran
alegría. Cuando el Gran Khan vio a Marcos, que era el joven bachiller, les
preguntó quién era. «Señor - dijo micer Nicolás -, es mi hijo y esclavo
vuestro.» «Sea bienvenido», dijo el Gran Khan. Mas ¿por qué extenderme en
referiros más tiempo las grandes manifestaciones de cariño y los honores con
que fueron recibidos por el Gran Khan?
XVI -
De cómo el Gran Khan envía a Marcos como embajador
Y Marcos, el hijo de micer Nicolás, aprendió tan a la perfección
la lengua y costumbres de los tártaros y su literatura, que a todos causaba
maravilla. Pues desde su llegada a la corte aprendió a escribir y a hablar
cuatro lenguas. Y como era sabio y prudente, el Gran Khan le cobró gran cariño,
estimando su valor. Y cuando vio el buen entendimiento de Marcos le envió como
embajador a una región donde era menester seis meses para llegar. El joven
bachiller cumplió su misión sabia y prudentemente. Había oído decir repetidas
veces que cuando el Gran Khan enviaba mensajeros por las varias partes del
niundo y éstos no sabían referirle más que el objeto de la misión por la cual
habían sido enviados, los trataba de necios e ignorantes, pues más le placía
oír las costumbres y curiosidades de las cortes extranjeras que lo que se
refiriera al pretexto que tomaba para enviarles. Y Marcos, que sabía esto, se
esmeró en contarle al Gran Khan cuantas novedades y cosas extrañas y
curiosidades había visto en su embajada.
XVII -
De cómo volvió Marcos de su misión y lo que refirió al Gran Khan
Cuando Marcos volvió de su misión y se halló en presencia del Gran Khan,
después de referirle la manera en que había negociado y conducido su embajada,
contó cuantas novedades había visto, tanto en el camino como en las ciudades,
tan sabia y elocuentemente que el Gran Khan quedó encantado, y cuantos le
oyeron decían entre ellos que este joven, si llegaba a tener larga vida, no
podía por menos de alcanzar fama de varón de provecho y de gran sabiduría. ¿Y
qué más os diré? Desde entonces el joven fue llamado micer Marco Polo, y así le
llamaremos más adelante en nuestro libro. Sabed, en verdad, que don Marcos
vivió con el Gran Khan diecisiete años, y no cesó de ir y venir en misión,
enviado por el Gran Khan, que viendo que le traía continuamente noticias de
doquier y cumplía tan cabalmente sus negociaciones, le tuvo en gran estimación,
le colmó de honores, no queriendo separarse de él, por cuya razón los varones
empezaron a envidiarle. He aquí por qué causa don Marcos sabe más de esta
región que ningún otro hombre, y que quizá entienda más él que los mismos
naturales, pues se aplicaba en ello con todo entendimiento.
XVIII -
De cómo micer Nicolás y micer Mafeo piden permiso al Gran Khan
para volver a su tierra Y cuando micer Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos
demoraron el tiempo que sabéis con el Gran Khan, se dijeron que era hora de
volver a su tierra natal. Pidieron autorización repetidas veces y con gran
cautela; pero el Gran Khan los quería tanto y los veía con tanta complacencia
en su corte, que no quería por nada del mundo consentir en ello. Empero la
reina Bolgana, mujer de Argón, rey de Levante, murió y la dicha reina puso en
su testamento que ninguna dama pudiera ser de Argón ni sentarse en el trono,
que no fuera de su linaje. Argón reunió a tres de sus barones: el primero
llamábase Culatai; el segundo, Apusca; el tercero, Coia, y les envió al Gran
Khan, acompañados de brillante escolta, para que le buscaran una dama que fuera
del linaje de la reina Bolgana, su difunta esposa.
Cuando los tres barones llegaron al Gran Khan y le explicaron el
objeto de su viaje, el Gran Khan les recibió admirablemente. Hizo venir a su
presencia a una dama que se llamaba Cogacin, y que era del linaje de la reina
Bolgana. Era joven y agraciada y no tenía más que diecisiete años. Y dijo a los
barones que era esta señora la que les convenía, y ellos la encontraron muy de
su agrado.
En ese entonces volvía micer Marcos de las Indias y de
diferentes mares y entretenía la corte con sus relatos sobre estas regiones, y
los tres barones, que habían trabado conocimiento con los sabios latinos micer
Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos, se dijeron entre ellos que desearían
navegar en su compañía y fueron al Gran Khan a pedirle en gracia que los
enviara por mar y que con ellos marcharan los tres latinos. El Gran Khan, que
ya sabéis cuánto los quería, accedió a esa gracia y permitió a los latinos que
se fueran con los barones y la gentil dama.
XIX -
Donde trata de la despedida, de los hermanos y Marco Polo del
Gran Khan
Cuando el Gran Khan se decidió a verles partir, les hizo venir a
su
presencia y les entregó dos tabletas como salvoconducto para que
circularan libremente por sus dominios y para que en donde
fueren hallaren
escolta, y tanto ésta como ellos, que todo fuera de libre de
gastos. Y les
encomendó un embajada al rey de Francia, al rey de España y a
otros reyes cristianos, y luego hizo aparejar 14 veleros, de cuatro mástiles
cada uno y 12 velas, y os podría referir, pero sería demasiado largo
entreteneros sobre este particular.
Cuando las naves fueron aparejadas y los tres barones y la dama
y micer Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos se despidieron del Gran Khan,
embarcáronse con una dotación de 500 personas, y el Gran Khan les hizo
aprovisionar por un plazo de dos años.
Se dieron a la mar y navegaron cerca de tres meses, hasta llegar
a una isla, hacia Mediodía, que se llama Java y en esta isla vieron muchas
cosas maravillosas, que os contaré más adelante en este libro. Dejaron luego,
la isla y navegaron en el mar de la India dieciocho meses antes de llegar a su
destino.
Cuando llegaron encontráronse con que Argón había muerto, y la
dama fue dada en esposa a Casan, hijo de Argón. Pues no os miento diciéndoos
que cuando entraron en las naves eran 600 personas, sin la marinería, y todos
habían perecido, salvo 18 de entre ellos. Encontraron al señorío de Argón
regentado por Chiacato. Le recomendaron a la dama, y así cumplieron su
embajada.
Cuando micer Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos hubieron
cumplido con la misión que les confió el Gran Khan, dio a los tres embajadores
cuatro tabletas de oro, con la orden escrita en letras de oro, que los tres
mensajeros fueron honrados y servidos por doquier, como si se tratara de su
propia persona, y que los caballos y gastos que hicieren corrieren de su
cuenta.
Otro sí os referiré para que veáis en qué gran estimación les
tenían, en razón del aprecio que de ellos hacía el Gran Khan, que les confiaron
la reina Cocacin y a la hija del rey de Mangi para que las llevaran a Argón,
señor de Levante, y así lo cumplieron. Asegurándoos que servían a estas señoras
como si fueran sus propias hijas, cuidando de que llegaran sanas y salvas. Y
éstas, que eran jóvenes y bellas, los consideraban como a sus propios padres y
le obedecían y acataban sus voluntades como a tales. Escoltáronlas hasta
dejarlas en manos de sus barones. La reina Cocacin, que era mujer de Casan -
reinante a la sazón -,quería tanto a los tres latinos, que se desvivía por
complacerles y halagarles. Y cuando se despidieron de ella para volver a su
tierra, lloró amargamente. Esto os lo cuento en elogio a la conducta de los
tres caballeros latinos, a los que fueron confiadas las damas para escoltarlas
a países tan remotos a sus reinos y señores. Dejemos ahora esto para proseguir
nuestra relación.
Cuando los tres mensajeros se despidieron de Ciacatu, pusiéronse
en camino y cabalgaron tanto que llegaron a Trebizonda y de Trebizonda a
Constantinopla, y de Constantinopla a Negroponte, y de Negroponte a Venecia. Y
esto fue el año de 1295 de la Encarnación de Cristo. Y ya que os conté el
prólogo, ahora comienza la relación del libro.
XX -
Aquí se habla de la Armenia Menor
En verdad, hay dos Armenias: la Mayor y la Menor. De la Menor es
rey un señor, cuya jurisdicción está bajo la dependencia del Tártaro. La región
es rica en villas y castillos y abundante por todos conceptos. Es tierra que
produce cantidad de caza, de animales y pájaros. Pero es una provincia de
condición malsana. Antiguamente los hombres eran gallardos y valientes
capitanes; ahora son raquíticos y viles, y no tienen más condición que la de
ser grandes bebedores. Hay en la costa una ciudad llamada Laias, que es notable
por su comercio. Todas las especias y paños de seda y brocateles pasan por esa
ciudad, y otras tantas cosas preciosas. Y todos los mercaderes de Venecia y
Génova y otros lugares vienen a adquirir aquí sus mercancías.
Y hombres y mercaderes que quieren ir a tierra firme empiezan su
ruta por esta ciudad. Os hemos informado de la Armenia Menor, y ahora os
contaremos lo referente a la Turcomania.
XXI -
En donde se habla de la provincia de Turcomania
En Turcomania hay tres suertes de habitantes, que son: los
turcos, que rezan a Mahoma y observan su ley; son gentes sencillas y de
lenguaje rudo; viven en las mesetas en donde saben que hay abundantes
pastizales, porque se dedican al pastoreo. Crían especies caballares de gran
enjundia. El resto de la población se compone de armenios y griegos, mezclados
a ellos en villas y castillos. Viven del comercio y del arte, pues sabed que
fabrican los más bellos tapices, superiores a los del resto del mundo, y también
tejen paños de seda, púrpura y otros colores, bellos y ricos cual ninguno, y
muchísimas cosas más. Las ciudades son: Conio, Cesarea y Sebasto, y hay otras
tantas villas, ciudades y castillos, de los cuales os hago gracia, para no ser
demasiado extenso. Todos están sometidos al Tártaro de Levante, que es su
señor. Y dejemos esta provincia, para ocuparnos de la Armenia Mayor.
XXII -
La Armenia Mayor
La Armenia Mayor es una provincia muy extensa; empieza en una
ciudad llamada Arçinga, en la cual se fabrican los mejores bogaranes (cuchillo
ancho de dos filos a modo de rejón). También he visto las más bellas lacas que
hay en el mundo. Tiene minas de plata riquísimas. Los habitantes son armenios y
súbditos de los tártaros. Abundan en ciudades y castillos, y la más noble es
Arçinga, que tiene un arzobispo. Las otras son Argiron y Darçiçi. Es una
provincia muy rica. En verano la viven las huestes del Tártaro de Levante,
porque hay en ella ricos pastizales para el ganado, pero en verano solamente,
porque en invierno el frío es tan intenso y la nieve tan abundante que no
dejaría vivir a los animales. Y por eso emigran en invierno a países cálidos,
adonde encuentran pastos en abundancia. En esta Armenia Mayor es donde se
encuentra el Arca de Noé en una alta montaña (el monte Ararat). Confina al
Mediodía y a Levante con un reino llamado Morul, que está habitado por
cristianos, jacobinos y nestorianos, de los cuales os contaré particularidades
más adelante. En la zona limítrofe a la Georgia hay una fuente de la cual mana
aceite en abundancia [¿petróleo?], de tal suerte que pueden cargarse cien naves
a la vez, pero no es comestible, mas combustible y sirve para ungir los
camellos contra la tiña y el forúnculo. Y los hombres vienen de muy lejos a
recoger este aceite y en toda la comarca no se quema más que esta sustancia.
Dejemos ahora bien a la gente de Armenia Mayor para ocuparnos de la provincia
de Georgia.
XXIII -
Donde se habla del rey de Georgia y de su hacienda
En Georgia hay un rey que se llama David Melic, lo que
significa, en español, rey David. También está sometido al Tártaro. En lo
antiguo todos los reyes de esta provincia nacían con un signo de águila en el
hombro derecho. Es una raza fuerte y valiente, diestra en las armas, buenos
arqueros y excelentes en la lid. Son cristianos de rito griego. Llevan el
cabello peinado a la usanza de los clérigos. De esta provincia fue de la que no
pudo pasar Alejandro cuando quiso dirigirse a Poniente, por ser el camino extrecho
y en extremo peligroso, pues de un lado hay el mar y de otro una altísima
montaña donde es imposible cabalgar. El sendero es tan menguado entre el mar y
la montaña durante más de cuatro leguas, que un puñado de hombres pueden tener
en jaque a todo un ejército. Y fue la razón que impidió pasar a Alejandro. Y
éste hizo alzar una torre para cegar el pasaje y construir una fortaleza, de
modo que la gente no pudiera atacarla, y fue llamada la Puerta de Hierro, lo
cual refiere el libro de Alejandro, de cómo encerró a los tártaros entre dos
montañas. Y no es cierto que fueran tártaros, sino un pueblo llamado Comain,
pues en aquella época allí no existían tártaros. Hay muchas ciudades y plazas
fuertes en donde tienen seda en abundancia y se tejen brocados de seda y oro de
los más hermosos que darse puedan. Tienen pájaros y gavilanes y toda especie de
cosas en gran abundancia. Viven del comercio y de la industria. En la provincia
hay montañas altísimas, desfiladeros angostos y temibles, y os digo que los tártaros
jamás pudieron apoderarse de ella.
Hay también un monasterio llamado de San Leonardo, que contiene
la especie maravillosa que os referiré: Debajo del monasterio hay un lago, que
viene de una montaña, que no tiene en todo el año ni un pez, ni grande ni
chico. En cuanto viene la cuaresma, por el contrario, llegan en grandes
cantidades los peces hasta el sábado Santo, o sea la víspera de Pascua de
Resurrección. De modo que en esta época hay miles de peces y en el resto del
año, como os digo, no queda ni uno solo. El mar del cual os hablo que está al
lado de la montaña se llama Glevechelan, y es de 2.700 millas, más o menos
alejado de todo otro mar unas doce jornadas. El Eúfrates y otros ríos
desembocan en él. Últimamente la navegaron mercaderes genoveses hasta muy
lejos. De ahí viene la seda que llaman «ghelle». Os hemos referido los límites
de la Armenia a Poniente. Ahora os hablaremos de otros confines que están hacia
Mediodía y Levante.
XXIV -
En donde se habla del reino de Mosul
Mosul es un gran reino habitado por diferentes pueblos, del cual
os hablaré ahora. Hay la población árabe que reza a Mahoma. Hay otra especie de
gente que son cristianos, pero no dependen de la Iglesia de Roma. Tienen un
patriarca que hace funciones de arzobispo, obispo y abate, que ellos llaman
católico y envía sus clérigos a la India, al Catai y a Bagdad, lo mismo que
hace el Papa de Roma. Y os digo que cuanto cristiano encontréis en estas
regiones es o bien nestoriano o bien jacobita. Los tejidos de seda y oro que
allí se fabrican son llamados «muselinas»; son finísimos y transparentes. Todas
las especias caras son de este reino. En las montañas viven unas gentes
llamadas kurdos: una parte sarracena, que adora a Mahoma, está compuesta de
mala gente: hombres de armas terribles, que saquean, si pueden, a los
mercaderes. Dejemos el reino de Mosul y hablemos de la gran ciudad de Bagdad.
XXV -
De cómo fue tomada, la gran ciudad de Bagdad
Bagdad es una gran ciudad, en donde se halla el califa de todos
los sarracenos del mundo, así como Roma es la cabeza de la cristiandad. En
medio de la ciudad pasa un gran río, por el cual se puede ir al mar de las
Indias, y mercaderes y mercancías van por él sin cesar. Habéis de saber que
hay, navegando por este río, dieciocho jornadas desde Bagdad a la mar, de
Indias. Y los mercaderes que quieren ir a las Indias van por esta vía fluvial
hasta una ciudad llamada Chisi, y entre ésta y Bagdad hay otra gran ciudad
llamada Basora y alrededor de ella se crían las mejores palmeras que hay en el
mundo.
En Bagdad se tejen los más variados brocateles y paños de oro y
seda, es decir, el nassit, nac y la púrpura, bordados de toda suerte de
animales y pájaros. Es la ciudad más noble y grande de la región. El califa de
Bagdad tiene un inmenso tesoro en oro, plata y piedras preciosas, y os diré
cómo y por qué. Es verdad que en 1295 de la era de Cristo, el gran señor de los
tártaros, cuyo nombre era Alan, hermano del que reina hoy día, reunió un gran
ejército y vino a Bagdad, la sitió y la tomó por la fuerza. Y fue un hecho muy
notorio, pues en Babilonia había más de 100.000 jinetes e infantes. Y cuando
hubo conquistado la ciudad encontró en el palacio del califa una torre llena de
oro, plata y otros tesoros, tales, que jamás se vieron mayores reunidos en un
solo lugar:
Cuando esto vio, hizo traer a su presencia al califa y le dijo:
«¿Señor, por qué reuniste tantos tesoros? ¿Qué hubieras debido hacer? ¿No
sabías que yo era tu enemigo y venía con un poderoso ejército para despojarte
de todo? Cuando esto supiste, ¿por qué no repartiste tus tesoros a tus
caballeros y soldados para defender la ciudad y tu persona?» El califa no supo
qué contestar a esto. Entonces Alan replicó: «Puesto que veo que amas tanto a
tus tesoros, voy a darte a comer de ellos.» Y al instante hizo prender al
califa, lo hizo encerrar en la torre del tesoro y mandó que nada le dieran de
comer ni de beber, y luego exclamó: «Califa, come de ese tesoro, puesto que
tanto te gustaba, ya que nunca más comerás otra cosa en tu vida.» Dicho esto,
le dejó en la torre, donde murió, después de cuatro días. Y más hubiera valido
que el califa diera los tesoros a sus hombres para la defensa de sus tierras y
sus gentes, en lugar de perecer con todos ellos y verse así despojado. Y éste
fue el último de los califas de Bagdad.
Ahora os hablarenlos de Tauris. Os podía haber referido
anteriormente sus hechos y gestas, mas como la materia se presta a un largo
relato, abrevio el mismo.
XXVI -
De la gran maravilla que sucedió en las montañas de Bagdad
Queremos relatar una gran maravilla que sucedió entre Bagdad y Mosul. Hubo en
1275 de la Encarnación de Cristo un califa de Bagdad que odiaba a los
cristianos, y día y noche pensaba el modo de convertir a éstos en sarracenos o
hacerlos perecer si no lo conseguía. Todos los días reunía en Consejo a sus
ministros y a seis sabios para preparar sus planes, pues todos ellos odiaban a
los cristianos. Es verdad que todos los moros detestan a los cristianos. El
caso es que el califa y los sabios que le rodeaban encontraron que en el
Evangelio está escrito: «Si un cristiano tiene tanta fe como un grano de anís,
obtendrá de Dios con su oración que se junten dos montañas.» Cuando hubo leído
esto el califa, se alegró inmensamente, porque vio en ello un pretexto para
convertir a los cristianos a la religión sarracena o perderlos a todos. El
califa mandó entonces reunir a todos los cristianos de su reino, y cuando se
hallaron en su presencia les enseñó el Evangelio y les hizo leer el texto.
Enterados de ello, les preguntaron si aquello era la verdad. Los cristianos
contestaron que ésa era la única verdad. «¿Decís, pues - replicó el califa -,
que un cristiano que tiene fe, por las oraciones hechas a su Dios es capaz de
juntar dos montañas?» «Esto es» - respondieron los cristianos -, «Os ofrezco
una alternativa - dijo el califa -; puesto que sois cristianos, debe de haber
entre vosotros quien tenga un poco de fe; de modo que haréis mover esa montaña
que veis desde aquí, o si no,os haré morir de mala muerte, pues si no la hacéis
mover es que no tenéis fe. De modo que os haré perecer a todos, a menos que no
os convirtáis a la ley de Mahoma y así estaréis en la fe verdadera y os
salvaréis. Os doy, pues, diez días de tiempo para conseguir esto. Si en tal
término no lo habéis hecho, os condenaré a todos a muerte.» Dicho esto, calló
el califa y despidió a los cristianos.
XXVII -
Del miedo que tuvieron los cristianos de cuanto les dijo el
califa Cuando esto oyeron los cristianos, tuvieron gran miedo de morir. Sin
embargo, confiaban en su Creador que los sacaría de tan duro trance. Los sabios
cristianos reuniéronse en consejo, pues había arzobispos, obispos y sacerdotes
entre ellos. No pudieron resolver más que rezar a Dios nuestro Señor para que
en su gran misericordia les inspirara en esta ocasión y les hiciera escapar de
una muerte segura si no hacían lo que el califa les había exigido. Sabed, pues,
que día y noche se hallaban en oración y rezaban devotamente al salvador Dios
del cielo y de la tierra para que les auxiliara en el duro trance en que se
veían.
Quedaron ocho días y ocho noches orando hombres, mujeres, niños
pequeños y grandes. Y sucedió que un ángel del Señor se apareció a un obispo,
que era hombre de vida santa e inmaculada, y le dijo: «Ve a un zapatero que no
tiene más que un ojo y le dirás que rece para que la montaña se mueva, y la
montaña cambiará de sitio.» Y os contaré cuál era la vida de este zapatero.
En verdad os digo que era un hombre honrado y casto. Ayunaba con
frecuencia y su alma no estaba mancillada por pecado alguno. Iba a misa
diariamente y frecuentaba a menudo la iglesia. Tenía maneras tan gentiles y una
vida tan ejemplar, que no había otro mejor a cien leguas a la redonda.
Atestigua una cosa que hizo el derecho a decir que era hombre de gran fe. Había
oído varias veces que en el Evangelio decía: «Si el ojo os hiciere pecar, hay
que arrancarle o hacer de modo que no haga pecar.» Un día llegó a su casa una
bella señora a comprarse zapatos. El maestro quiso verle el pie y la pierna
para saber qué zapatos pudiera calzar. Y se hizo enseñar la pierna y el pie,
que eran tan hermosos que jamás hubo otros más bellos. Cuando el maestro vio
las piernas de esta mujer, fue tentado, porque sus ojos se deleitaban en ellas.
Entonces dejó marchar a la dama y no quiso vender los zapatos. Y cuando se
alejó, el zapatero se dijo: «Ah, desleal y ladino, ¿en qué piensas? Tomaré gran
venganza en mis ojos, que me escandalizan.» Y cogiendo una lezna, se dio un
corte en el ojo, de tal suerte que se le reventó y no vio más con él. Así, este
buen zapatero se vació el ojo, y ciertamente era un santo varón.
Mas volvamos al relato.
XXVIII -
De cómo vino la revelación a un obispo de que un zapatero haría
mover la montaña Cuando tuvo el obispo la revelación de que la oración de un
zapatero tuerto haría mover la montaña, se lo comunicó a los cristianos. Y los
cristianos obtuvieron que hiciera venir el zapatero. Entonces le dijeron que
elevara una plegaria al Señor para hacer mover la montaña. Cuando el zapatero
se hubo enterado de lo que los cristianos pretendían de él, contestó que no era
tan santo para que el Señor le escuchase en tan gran milagro. Los cristianos le
instaron fervorosamente de interceder por ellos, hasta que pudieron persuadirle
de cumplir su voluntad y de elevar a su Creador esta prez.
XXIX -
De cómo la oración del cristiano hizo mover la montaña Cuando
expiró el plazo concedido por el califa, los cristianos se levantaron de
madrugada, y hombres y mujeres, pequeños y grandes, se fueron al pie de la
montaña en procesión, llevando la Cruz del Salvador. Eran más de 100.000
reunidos en la llanura los que rodeaban la Santa Cruz. El califa asistía por su
lado con un sinnúmero de sarracenos, pronto a exterminar a los cristianos en
cuanto la montaña no se moviese. Y los cristianos, grandes y chicos, tenían
gran zozobra y miedo; pero, sin embargo, esperaban en su Creador. Cuando todos,
cristianos y sarracenos, se hallaban reunidos en el valle, el zapatero se
arrodilló ante la Santa Cruz, y alzando sus brazos al cielo, imploró al
Salvador para que la montaña se moviera y para que los cristianos no tuvieran
que morir de muerte adversa. Y acabado que hubo de impetrar la clemencia del
cielo, la montaña empezó a agitarse y moverse violentamente. Y así que el
califa y los sarracenos vieron esto, llenáronse de maravilla y más de uno se
convirtió, y el califa mismo se hizo cristiano en secreto. Cuando murió le
hallaron encima una cruz, y los sarracenos no lo sepultaron en la tumba de los
demás califas, sino en lugar apartado. Y así se produjo el milagro.
XXX -
En donde se habla de la ciudad de Tauris
Tauris es una gran ciudad en una provincia llamada Irac, en la
cual hay numerosas villas y castillos; pero como Tauris es la más noble ciudad
de esta provincia, os hablaremos de ella y de sus hechos. Los hombres de Tauris
son comerciales e industriales: fabrican paños de oro y seda de gran valor. La
ciudad está tan bien situada, que desde la India, Bagdad, Mosul, Cremosor y de
otras muchas envían sus mercancías, así como los mercaderes latinos vienen a
adquirirlas desde países más lejanos. Hay abundancia de piedras preciosas. Es
ciudad en donde se enriquecen los mercaderes y los navegantes. La población es
una mezcla de mil razas: hay armenios, nestorianos, jacobitas, georgios y
persas; hay hombres que adoran a Mahoma (y éstos son la mayoría), que llaman
taorizinos. La ciudad está rodeada de hermosos jardines, llenos de abundante
fruto. Los sarracenos de Tauris son malos y desleales; la ley que les dio el
profeta Mahoma les manda hacer todo el daño que puedan a los cristianos y a los
que no participen de su fe, y que si los despojan no será pecado. Y por esta
razón harían cosas perversas si no fuera por la Señoría, que se lo impide.
Todos los sarracenos del mundo observan esta ley.
XXXI -
Dejemos a Tauris y pasemos a Persia
La Persia era antiguamente una inmensa provincia, noble e
importante, pero en el presente los tártaros la han destruido y diezmado. En
Persia se halla la ciudad de Sava, de donde partieron los tres Reyes Magos
cuando vinieron a adorar a Jesucristo. En esta ciudad están enterrados en tres
grandes y magníficos sepulcros. Encima de los cenotafios hay un templete
cuadrado, muy bien labrado. Estos sepulcros se hallan el uno junto al otro. Los
cuerpos de los Reyes están intactos, con sus barbas y sus cabellos. El uno se
llamaba Baltasar, el otro Gaspar y el tercero Melchor. Micer Marcos interrogó a
varias personas con respecto a estos tres Reyes Magos, y nadie supo dar razón
de ellos, exceptuando que eran Reyes y fueron sepultados ahí en la Antigüedad.
Pero os voy a referir lo que averiguó más tarde sobre el particular:
Un poco más lejos, y a tres días de viaje, se halla un alcázar
llamado Cala Atapereistan, lo que en español significa: «Castillo de los
adoradores del fuego.» Y esto es la verdad, pues estos hombres adoran el fuego.
Os diré por qué lo adoran: Las gentes de ese castillo cuentan que en la
Antigüedad tres Reyes de esta región fueron a adorar a un profeta que acababa
de nacer y llevarle tres presentes: el oro, el incienso y la mirra, para saber
si ese profeta era Dios, rey terrestre o médico, pues dijeron que si tomaba el
oro, era rey terrenal; si el incienso, era un Dios; si la mirra, entonces era
un médico. Cuando llegaron al sitio en donde había nacido el niño, el más joven
de los Reyes se destacó de la caravana y fue solo a ver al niño y vio que era
semejante a él, pues tenía su edad y estaba hecho como él, y esto lo llenó de
asombro. Luego f ue el segundo de los Reyes, que era de la misma edad, y
contestó lo mismo. Y creció al punto su sorpresa. Por fin, fue el tercero, que
era el más anciano, y le sucedió lo que a los otros dos. Y quedáronse
pensativos... Cuando se reunieron se contaron uno a otro lo que habían visto y
se maravillaron de ello.
Entonces decidieron ir los tres a un tiempo, encontrando al niño
del tamaño y edad que le correspondía (pues no tenía más que trece días). Ante
él se postraron ofreciéndole oro, incienso y mirra. El niño cogió las tres
cosas y, en cambio, les entregó un cofrecillo cerrado. Los Reyes Magos
volvieron después de esto a sus respectivos países.
XXXII -
Relación de los Reyes Magos que vinieron a adorar a Dios Cuando
hubieron cabalgado algunas jornadas, se dijeron que querían ver lo que el niño
les habla dado. Abriendo el cofrecillo, se encontraron que contenía una piedra.
Sorprendidos, preguntáronse qué significaría aquello, pues habiendo el niño
cogido las tres ofrendas, comprendieron los Reyes que el niño era Dios, Rey
terrestre y Médico, y debía de tener aquello un sentido oculto, y, en efecto,
el niño dio a los tres Reyes la piedra, significándoles que fueran firmes y
constantes en su fe. Los tres Reyes tomaron la piedra y la echaron a un pozo,
ignorando aún su significado, y cuando la piedra cayó al pozo, un fuego
ardiente bajó del cielo y penetró en el pozo. Cuando tal vieron los Reyes,
quedaron estupefactos y se arrepintieron de haber tirado la piedra, pues era un
talismán. Cogieron del fuego que salía del pozo para llevarlo a sus respectivos
países y ponerlo en un magnífico y rico templo. Y desde entonces está ardiendo
y le adoran como si fuera un dios. Y los sacrificios y holocaustos que hacen
son con ese fuego sagrado. Jamás toman de otro fuego que no sea de este
maravilloso, caminando leguas y leguas para conseguirlo, cuando se les acaba,
por la razón que ya os dije. Y son numerosos los que adoran el fuego en esta
región. Todo esto le contaron a mi señor Marco Polo, y también de que los tres
Reyes Magos el uno era de Sava, el otro de Ava y el tercero de Cashan. Y ahora
que os he contado esta historia os citaré otras ciudades de la Persia, sus costumbres
y gestas.
XXXIII -
Los ocho reinos de Persia
Sabed que en la Persia hay ocho reinos, porque es una extensa
provincia, y he aquí los nombres de ellos: el primero se llama Casvin; el
segundo, hacía Mediodía, Kurdistán; el tercero, Lor; el cuarto, Gulistán; el
quinto, Ispahon; el sexto, Ceraci; el séptimo, Sonkara; el octavo, Tonquín.
Todos estos reinos están hacia Mediodía, menos uno, que está cerca del árbol
solitario.
En este reino hay magníficos caballos que llevan a vender a la
India. Y sabed que son caballos de gran valor, porque se venden muy bien cada
uno en 200 libras. También tienen los asnos mejores del mundo, que valen hasta
30 marcos de plata cada uno, son grandes corredores y muy resistentes. Estas
gentes llevan los caballos hasta Chisi y a Curmosa, que son dos ciudades en el
litoral de la India; allí encuentran mercaderes que se los compran, los llevan
al interior de la India y los tornan a vender a buen precio.
En este reino hay gente muy cruel y homicida, y siempre tienen
pendencias entre ellos, que si no fuera por el temor a la Señoría de los
tártaros de Levante matarían a todos los negociantes que viajan por esos
parajes. Y a pesar de la soberanía de los tártaros, no dejan de cometer
fechorías, que si los mercaderes no van bien provistos de armas y de flechas
los matan y los maltratan. Todos son musulmanes y observan la ley del Profeta.
En la ciudad hay muchos mercaderes y artesanos que viven de su
trabajo y del tráfico de los mismos. Tejen el brocado de oro y seda de toda
especie. Hay en la comarca mucha abundancia: tienen maíz, trigo, avena, cebada
y alpiste y toda clase de vinos y frutas. Dejemos estos reinos y os contaré de
la gran ciudad de Yasdi y de todo lo que la concierne.
XXXIV -
De la ciudad de Yasdi
Yasdi es una noble y bella ciudad de la Persia. En ella se fabrican
brocados de seda que llaman «yasdi» y que los comerciantes transportan a muchas
regiones para sacar de ellos pingües beneficios. Adoran a Mahoma. Alejándose de
ella, hay que cabalgar siete jornadas en la llanura, y nohay más que tres
lugares con habitaciones donde repararse. Hay buenos caballos que tratan
magníficamente, mucha caza en los bosques, perdices y tordos en abundancia.
También hay buen número de pollinos salvajes. Al cabo de siete jornadas de
marcha hay un reino llamado Kerman.
XXXV -
Del reino de Kerman
Kerman es otro reino de la Persia y antiguamente tenía un senor
hereditario, pero después de la conquista de los tártaros ya no es así, y
tienen un gobernador impuesto por la voluntad del Tártaro. En este reino hay
semillero de piedras llamadas turquesas. Las encuentran en las montañas picando
la roca. Tienen además minas de acero y ónix. Todos los arreos de los caballos
son muy bien labrados y cincelados, tanto los frenos como las espuelas, las
sillas, las espadas, arcos, goldres y aljabas, vainas y demás armaduras en
usanza.
Las damas y damiselas bordan a la perfección sobre brocados de
seda de todos colores, animales, pájaros, flores y otros motivos. Fabrican las
gualdrapas de los barones y grandes capitanes, tan primorosamente, que es
maravilla el verlo. También confeccionan almohadones, edredones, cojines, y
todo esto con una habilidad increíble. En las montañas nacen los más variados
pájaros. Los que mejor vuelan son de una especie más pequeña: halcones pintados
de rojo en el pecho y debajo de la cola; vuelan con tanta rapidez que no hay
pájaro que los alcance y los sobrepuje. Partiendo de la ciudad de Kerman se
galopa otras siete jornadas, encontrando al paso castillos, caseríos y
alquerías en gran cantidad. El cabalgar es muy agradable por estas regiones,
habiendo abundante caza de perdices. Al cabo de las siete jornadas de marcha
por esa llanura, se da con una inmensa calzada agreste, cuya ascensión dura dos
jornadas y otras dos para bajar a la vertiente opuesta. También aquí abunda la
fruta. En otros tiempos hubo habitaciones, pero ahora es terreno de mesta en
donde sólo pastan algunas majadas conducidas por sus pastores. En esta bajada
de la ciudad de Kerman reina en invierno tal frío que hay que proveerse de
mantas y abrigos para no sucumbir.
XXXVI -
De la ciudad de Camandi
Al cabo de la pendiente, después de dos jornadas de montura, se
halla uno en un inmenso llano, en cuya desembocadura está la ciudad de Camandi,
que antaño fue muy grande y noble ciudad. Pero queda reducida hogaño, porque
los tártaros la saquearon en varias ocasiones. Esta llanura es muy calurosa.
La provincia que mencionaremos ahora se llama Reobar. Sus frutos
son los dátiles, las manzanas, los pistachos y otras especies que no crecen en
nuestras regiones nórdicas. En este llano hay una especie de pájaro que se
llama francolín, que es diferente de los francolines de otros países, pues son
negros y blancos y tienen el pico y las patas encarnadas. Los animales suelen
también ser bastante diferentes de los nuestros, y os hablaré ante todo de los
bueyes. Los bueyes son muy grandes y blancos como nieve, el pelo liso y corto,
por el calor sin duda; las astas gordas y pequeñas y nada puntiagudas. En el
lomo tienen una prominencia redonda, alta dos palmos, es decir, una joroba. Son
hermosísimos, y cuando los quieren cargar se echan como los camellos; luego
álzanse por sí solos. Llevan muy bien pesadas cargas, siendo robustísimos.
Tienen el morro grande como el de los pollinos, y la cola tan gruesa y larga
que bien puede pesar treinta libras; son grandes y gordos, y exquisitos como
alimento. En esta llanura hay varios castillos y villas fortificadas, con
murallas altas y fuertes para la defensa contra los caraunas, que son bandidos
que merodean por el país. ¿Y por qué se llaman caraunas? Porque sus madres son
indias y sus padres tártaros. Cuando esta gente recorre el país dedicándose al
pillaje, lo hacen con encantamientos y sortilegios y obras diabólicas, logrando
que la atmósfera se oscurezca de modo que nada se pueda divisar al horizonte. Y
consiguen que estas tinieblas perduren unos siete días. Conocen perfectamente
la región. Cuando han sumido al país en la oscuridad, cabalgan apretados los
unos contra los otros en grupos que llegan a formar hasta un núcleo de 10.000
(a veces más y a veces menos), de tal suerte, que ocupan casi toda la parte que
desean devastar, no escapando a su triste suerte ni hombre ni bestia ni objeto
alguno. De suerte que después de haber apresado a los hombres, matan a los
viejos y se llevan a los mozos, vendiéndolos como siervos y esclavos. Su rey se
llama Nogodar. Este Nogodar fue a la corte de Ciagatai, que era hermano del
Gran Khan, con 10.000 hombres, y vivió con él, pues era su tío y, al mismo
tiempo, un gran señor. Cuando hubo obtenido la hospitalidad, Nogodar ideó y
ejecutó una gran felonía. Ya os diré cómo: Al separarse de su tío Ciagatai, que
vivía en la Armenia Mayor, se escapó con 10.000 hombres, todos crueles y
ladinos; pasó por Badasian y por una provincia que se llama Pasciai, por otra
denominada Kesciemur, perdiendo gente y ganado, porque los caminos eran
estrechos y malos y había muchos desfiladeros. Cuando hubieron pasado todas
estas provincias, entraron en la India limítrofe a una provincia llamada
Dilivar. Se apoderaron de una hermosa ciudad llamada Dilivar, asentando en ella
sus reales y desposeyendo al rey Asidin, sultán poderoso. Ahí quedó Nogodar con
sus huestes, y no hubo nadie que mandara por encima de él, e hizo la guerra a
los demás tártaros que vivían en los vecinos reinos.
He aquí la historia de esa llanura y de las tribus que hacen la
oscuridad para dedicarse al bandolerismo. Micer Marcos fue preso por estas
gentes en la oscuridad, pero pudo escapar a un castillo llamado Canosalmi. De
sus compañeros pocos salvaron, fueron presos, muertos o vendidos. Y os contaré
ahora otras cosas más amenas.
XXXVII -
De la segunda meseta inclinada
Esta llanura se extiende al Sur, en una longitud de cinco
jornadas de marcha. Y al cabo de estas cinco jornadas se encuentra una nueva
meseta que desciende 20 millas y ofrece caminos pésimos. En ellos guarecen
gentes maleantes, y el tránsito es poco seguro y peligroso. A la bajada de esta
pendiente hay una llanura muy bella, que se llama la llanura de Formosa. Para
llegar a ella se emplean dos jornadas; hay magníficos ríos, bordeados de
palmeras por doquier. Hay abundancia de francolines, loros y otros pájaros que
no existen en nuestra tierra. Después de cabalgar otras dos jornadas, se llega
al Océano, y en la costa hay una ciudad llamada Cormos, que es puerto de mar.
Los mercaderes llegan a ella de las Indias en sus barcos, naves y galeras, y
traen toda suerte de especias y piedras finas y perlas y brocados de oro y
seda, colmillos de elefantes y otras mil mercaderías. Allí las entregan a los
naturales, que a su vez las desparraman por todo el universo. Es una ciudad
sumamente comercial. De ella dependen muchas otras villas y castillos. Es la
capital del reino, cuyo rey se llama Ruemedan Acomat. El clima es tórrido, el
sol implacable y la costa un poco encerrada, de modo que no pasa el aire. Si un
mercader extranjero llega a morir en ella, el rey se incauta de toda su
fortuna. En esta región hacen un vino de dátiles y especias que es exquisito, y
cuando los hombres lo toman se emborrachan y se purgan a la vez, lo que les
hace gran bien y les fortifica además los músculos. Los hombres no comen como
nosotros, pues si prueban el pan candeal y la carne, enferman. Para conservarse
sanos beben vino de palmera y comen pescado. También comen muchas cebollas. Su
galeras son muy malas y se van a menudo a pique, porque no están clavadas con
puntas de hierro, sino cosidas con hilo que fabrican de la corteza de Indias,
que hacen macerar y se vuelven fuertes como crines de caballo. De estos hilos o
cordeles hacen una red, con la cual cubren la carena; pero aunque dure
bastante, al cabo del tiempoel hilo se deshace en el agua del mar. Las naves
tienen un árbol, una vela y un timón; carecen de puente; cuando las cargan
cubren las mercancías con cueros. No conocen el acero, y por esta razón hacen
el espolón de madera y de cuerdas entretejidas. La navegación es muy agradable
en estas galeras, pero, como os he dicho, son inseguras y naufragan con
frecuencia, tanto más que hay grandes tempestades en el mar de la India.
La población es negra y adora a Mahoma. En verano la gente se
aleja de la ciudad porque el calor es tan intenso en ella que morirían; se van
a los alrededores, a sus jardines, en donde hay agua y ríos. A menudo sopla en
verano un vendaval de arena tan ardiente, que mataría a todo el mundo si se
quedara en la ciudad.
Siembran trigo, cebada y otros cereales en el mes de noviembre y
lo recogen en marzo, y así se hace con la recolección de todos los frutos, pues
se recoge y cuenta la cosecha en el mes de marzo; después de este mes ya no
encontráis ninguna sola hierba ni fruto, pues el sol lo abrasa todo. Las
galeras no están alquitranadas, sino untadas con una especie de aceite de
pescado.
Cuando muere algún indígena, los hombres y mujeres le guardan
mucho duelo. Las mujeres especialmente lloran a sus muertos más de cuatro años
después de la defunción, por lo menos una vez al día. Se reúnen para esta
ceremonia deudos, parientes y vecinos y celebran el duelo con gran pompa.
Dejemos ahora esta ciudad.
No os referiré aquí aún lo que atañe a las Indias, contándolo
más adelante en este libro en su tiempo y lugar. Volveremos a pasar la montaña
y regresaremos por otro camino a la ciudad de Kerman, de la cual os hablé ya,
pues para alcanzar esa región, de la que quiero hablaros, hay que volver por la
ciudad de Kerman.
Ya os dije que el rey Ruemedan Acomat, del cual nos separamos
entonces, es el que reina en Kerman. El camino de regreso de Cremosa a Kerman
está compuesto por bellas llanuras ricas en víveres. Hay baños calientes. Hay
perdices, frutos, dátiles en cantidad. El pan de trigo es tan amargo, que nadie
puede comerlo; por lo tanto, no se consume, y esto es debido a que el agua con
que se amasa es amarga. Los baños de que os hablo son fuentes termales
calientes. Son excelentes para varias enfermedades y eczemas.
Deseo hablaros ahora de otras comarcas que os iré nombrando en
mi libro hacia tramontana.
XXXVIII -
De cómo se internó por una comarca salvaje y pobre
Desde Kerman cabalgamos siete jornadas por caminos feos y aburridos.
Durante tres días no encontramos ni un solo río, y las fuentes que se hallan al
paso son saladas; el agua es de color verde como el pasto, y tan amarga, que
nadie puede beberla. Si por casualidad llega a probarla el viajero, se enferma.
La sal que da esta agua una vez evaporada es tan fuerte, que un solo grano
produce cólicos terribles. Por esta razón los hombres se llevan agua en las
alforjas de sus cabalgaduras. También sus caballerías beben a veces de ella
cuando están sedientas y les produce igualmente cólicos. Durante tres días no
se encuentra ninguna habitación; todo alrededor es desierto y de aspecto árido.
No se ve rastro alguno de animales, pues no encontrarían alimento.
Al cabo de estas tres jornadas hay otra tirada de cuatro, en las
mismas condiciones. Todo es aridez, desolación; el agua amarga, no hay ni
árboles ni animales, a excepción de algunos borricos salvajes. Por fin, después
de estas cuatro jornadas acaba el reino de Kerman y empieza la ciudad de
Cobinan.
XXXIX -
La grande y noble ciudad de Cobinan
Cobinan es una gran ciudad. Los habitantes adoran a Mahoma. Hay
hierro, acero e imán en gran cantidad. Fabrican espejos de acero grandes y
bellos. Aquí se hace la atutía, muy buena para los ojos. Os diré cómo la
obtienen: toman una tierra compuesta de cobre y calamina, que sirve para hacer
el latón; lo ponen en un horno muy fuerte, sobre el cual hay una rejilla de
hierro. El humo y la humedad que se adhieren a la rejilla forman una sustancia
llamada «atutía», y lo que queda de la tierra en el fuego es la «escoria», con
la que se hace el latón. Dejemos esta ciudad y prosigamos.
XL -
De cómo se pasa por un desierto
Cuando se aleja uno de Cobinan se atraviesa un desierto por
espacio de más de ocho días, seco, árido, sin fruta ni árboles, las aguas
amargas y pésimas, y hay que llevarse toda clase de provisiones para comer y
beber, excepto el agua para las caballerías, que, a pesar de tener mal sabor,
ellas beben con gran avidez.
Al cabo de las ocho jornadas se encuentra una provincia llamada
Tonocain. En ella hay cantidad de castillos y ciudades; confina con la Persia
hacia el poniente. En la llanura vastísima crece el árbol que los cristianos
llaman el árbol seco (álamo). Os diré cómo es: es muy grande y gordo, sus hojas
son de un lado blancuzcas y del otro verdes. La corteza es como la del castaño,
pero la madera es fuerte y amarillenta; a 100 millas a la redonda no se ve otro
árbol, salvo en una dirección, a unas 10 millas, en donde hay un arbolado de
otras especies. En este lugar es donde, según se dice, se efectuó el encuentro
entre Alejandro y Darío. Las ciudades y castillos son ricas en cosas buenas; el
clima es templado, ni demasiado frío ni demasiado caliente. Las gentes rezan a
Mahoma. El tipo de los indígenas es gallardo; las mujeres, especialmente, son
de gran hermosura.
Dejemos esta región y os hablaremos de otra llamada Muleet, en
donde tenía por costumbre vivir el Viejo de la montaña.
XLI -
En donde se trata del Viejo de la montaña y de sus asesinos
Muleet significa herético, según la ley de Sarain. Os contaré su historia, tal
como la oyó repetidas veces micer Marcos. Al viejo le llamaban en su lengua
Aladino. Había hecho construir entre dos montañas, en un valle, el más bello
jardín que jamás se vio. En él había los mejores frutos de la tierra. En medio
del parque había hecho edificar las más suntuosas mansiones y palacios que
jamás vieron los hombres, dorados y pintados de los más maravillosos colores.
Había en el centro del jardín una fuente, por cuyas cañerías pasaba el vino,
por otra la leche, por otra la miel y por otra el agua. Había recogido en él a
las doncellas más bellas del mundo, que sabían tañer todos los instrumentos y
cantaban como los ángeles, y el Viejo hacía creer a sus súbditos que aquello
era el Paraíso. Y lo había hecho creer, porque Mahoma dejó escrito a los
sarracenos que los que van al cielo tendrán cuantas mujeres hermosas apetezcan
y encontrarán en él caños manando agua, miel, vino y leche. Y por esta razón
había mandado construir ese jardín, semejante al Paraíso descrito por Mahoma, y
los sarracenos creían realmente que aquel jardín era el Paraíso.
En el jardín no entraba hombre alguno, más que aquellos que
habían de convertirse en asesinos. Había un alcázar a la entrada, tan
inexpugnable, que nadie podía entrar en él, ni por él. El Viejo tenía consigo a
una corte de jóvenes de doce a veinte años; era los que adiestraba en el manejo
de las armas, convencidos ellos también por lo que dice Mahoma, que aquello era
el Paraíso. El Viejo los hacía introducir de a cuatro, de a diez y de a veinte
en su mansión; les daba un brebaje para nadormecerles, y cuando despertaban se
hallaban en el jardín, sin saber por dónde habían entrado.
XLII -
De cómo el Viejo de la montaña convierte a la obediencia y a la disciplina
a sus asesinos Cuando los jóvenes despertaban y se encontraban en el recinto,
creían, por las cosas que os he dicho, que se hallaban en el cielo. Y damas y
damiselas vivían todo el día con ellos, tocando y cantando y dándoles todos los
gustos, sometidas a su albedrío. De suerte que estos jóvenes tenían cuanto
deseaban, y jamás se hubieran ido de allí voluntariamente. El Viejo, que tiene
su corte en una espléndida morada, hace creer a esos simples montañeses que es
el Profeta. Y así lo creen en verdad.
Cuando el Viejo quiere enviar un emisario a cierto lugar para
matar a un hombre, hace que tomen el brebaje un determinado número de entre
ellos, y cuando están dormidos les hace llevar a su palacio. Y cuando
despiertan y les dice que van a tener que ir en misión, se asombran, y no
siempre están contentos, pues por su voluntad ninguno se alejaría del Paraíso
en donde se hallan. Se humillan, sin embargo, ante el Viejo, pues creen que es
el Profeta. El Viejo les pregunta de dónde vienen; ellos contestan:
«del Paraíso», y aseguran que ese paraíso es realmente como el
que Mahoma describió a sus antepasados, haciéndoles lenguas de cuantas
maravillas contiene. Y los que no conocen aún, tienen deseos de morir y de ir
al cielo para alcanzarle pronto. Así es que cuando el Viejo quiere hacer matar
a un gran señor, escoge por asesinos a los mozos que sean más garridos. Los
envía por el país y les manda matar a ese hombre. Ellos van y ejecutan el
mandato de su señor y vuelven luego a su corte (por lo menos los que escapan
con vida, pues hay muchos de entre ellos que son ejecutados después de haber
cometido el reato).
XLIII -
De cómo los asesinos se entrenan para el mal
Cuando los que se han salvado vuelven a su señor, dicen que han
cumplido con su misión. El Viejo demuestra gran regocijo y festeja la hazaña.
Ya le han enterado de quién puso más ardimiento y diligencia en la ejecución,
pues envía a la zaga hombres que le informan de quién fue el más arrojado.
Cuando el Viejo quería quitar de en medio a algún señor u otro
hombre que le estorbaba, escogía entre sus asesinos a los más aguerridos, los
mandaba a donde quería, diciéndoles que les enviaba al Paraíso y que matarán a
tal o cual hombre, y que si éste desaparecía les estaba reservado el cielo. Lo
que les mandaba lo cumplían de muy buena gana, de manera que la víctima no
escapaba a su mala suerte cuando el Viejo así lo disponía. Así tenía en jaque a
varios reyes y varones, que no tenían ni idea de que quisiera exterminarlos.
Os he referido las artimañas del Viejo de la montaña y de sus
asesinos; ahora os contaré cómo fue derrotado y por quién. Otra cosa se me
olvidaba deciros: este Viejo tenía a otros dos sicarios, que eran sus cómplices
y tenían sus malas costumbres. El uno lo envió a Damasco y el otro al
Kurdistán. Pero dejemos esto, y veamos cómo acabó. Hacia el año 1262 del
nacimiento de Cristo, Alan, el señor de los tártaros de Levante, enterado de
las horribles hazañas de este Viejo, decidió que había que destruirle. Reunió a
sus barones, los envió bien provistos de gentes de armas y pusieron cerco al
castillo durante tres años; pero era tan fuerte, que no pudieron tomarle. No
hubiesen podido apoderarse de él si los sitiados hubieran estado bien provistos
de todo; pero al cabo de los tres años se acabaron los víveres, y entonces el
Viejo de la montaña, de nombre Aladino, hubo de rendirse con toda su gente, y
pereció infamemente. Desde aquella época hasta hoy no hubo más asesinos y acabó
el terror que el Viejo de la montaña sembrara en el pasado. Y dejemos ahora
esto y prosigamos nuestra relación.
XLIV -
De la villa de Sapurgan
Dejando este castillo se cabalga por hermosos llanos y valles
con ricos pastizales, frutos, hierbas en gran abundancia. Los ejércitos se
complacen en quedarse en ellos por la gran cantidad de cosas que hallan para su
sustento. Esta región se cabalga en ocho días, pasando por villas y castillos.
Los habitantes adoran a Mahoma.
Hay trozos en que hay que cabalgar por un desierto de 60.000
millas, en donde escasea el agua, que conviene llevar consigo. En cuanto a los
animales, aguantan sin beber hasta encontrar una fuente. Después de cabalgar
ocho días se llega a una ciudad llamada Sapurgan. Es una ciudad rica y
abundante. En ella se encuentran los mejores melones del mundo, en gran
cantidad, que ellos tienen por costumbre de secar del modo siguiente: los
cortan alrededor como correas, los ponen luego al sol a secar y sevuelven más dulces
que la miel. Con ellos comercian y los venden en los alrededores. También hay
multitud de pájaros y caza. Dejemos esta villa y os contaremos de otra llamada
Balc.
XLV -
De la noble y gran ciudad de Balc
Balc es una noble y gran ciudad. En lo antiguo fue más próspera,
pero la invasión de los tártaros y otros pueblos la han echado a perder. Tenía
antes magníficos palacios y casas de mármol, pero éstas fueron destruidas. Aquí
fue donde Alejandro tomó por esposa a la hija de Darío. Los habitantes adoran a
Mahoma. Hasta aquí llega la tierra del señor de los tártaros de Levante, y esta
ciudad es limítrofe a la Persia. Dejemos esta ciudad y hablemos de otro país
llamado Dogana. Abandonando la ciudad de Balc, se cabalgan doce jornadas sin
encontrar rastro alguno de habitaciones, porque la gente huyó toda a la montaña
y se refugió en las fortalezas, por miedo a los bandidos, que les tenían
atemorizadas.
Hay agua en gran cantidad, caza y leones.
No se hallan víveres con facilidad durante estos doce días, así
que hay que proveerse de ellos para sí y las caballerías.
XLVI -
En donde se menciona la montaña de sal
Después de andar doce días se halla una ciudad fortificada,
llamada Taican; en ella hay alhóndiga. Es una región muy hermosa, y las
montañas de Mediodía son grandes y dan mucha sal. De todas partes vienen a
cogerla, hasta de veinte jornadas de distancia, porque la sal es excelente. Es
tan dura, que no puede partirse más que con la picota de hierro, y la hay en
tanta abundancia, que durará hasta el fin del mundo. Hay tres jornadas de
marcha desde esta ciudad, entre Nordeste y Levante, siempre entre poblados y
una comarca rica en frutas, trigo y viñedos. Beben mucho y frecuentan a menudo
las tabernas, pues tienen muy buen vino cocido. No se tocan la cabeza más que
con una banda retorcida de diez palmos de larga, con la cual se la envuelven.
Son buenos cazadores, y se dedican también a la cetrería. No se visten más que
con pieles de animales, que ellos mismos cazan, cosen y adaptan para cubrirse
el cuerpo; con las mismas se calzan también; todos saben coser las pieles. A
tres jornadas de marcha se encuentra una ciudad llamada Scasem, que pertenece a
un conde, y los demás castillos y ciudades están en la falda de la montaña. Por
medio de esa ciudad pasa un gran río. Hay muchos erizos. Los cazadores los
persiguen con sus perros; entonces el animal se repliega sobre sí mismo y lanza
sobre la jauría las púas que cubren su dorso; así logra herir mortalmente a más
de un perro. Scasem está en una gran provincia que lleva el mismo nombre. Tiene
idioma propio. El pueblo se dedica al pastoreo, es montaraz y posee en la montaña
espaciosas habitaciones. También viven en cavernas, que ellos mismos se
escarban fácilmente en la montaña, que es de arcilla blanda. Partiendo de esta
ciudad se vuelve a caer en despoblado durante leguas y leguas, sin encontrar ni
habitación ni alimento ni que beber, si no se lleva consigo.
Al otro extremo de la provincia se encuentra Balacian, que os
describiré.
XLVII -
De la gran provincia de Balacian (Badakchan)
Balacian es una provincia en donde adoran a Mahoma. Tiene idioma
propio. Es un gran reino hereditario, es decir, que la dinastía desciende
directamente de Alejandro y de la hija de Darío, el gran rey de Persia. Todos
estos reyes se llaman en sarraceno Qulcarnein, lo que significa en español
Alejandro, por amor del gran rey.
En esta provincia nacen las piedras preciosas llamadas «balax»,
que son bellas y de gran valor. Nacen en las rocas de la montaña. Los naturales
perforan grandes galerías y taladran la montaña para buscarlas, como se hace
con las venas argentíferas. Se encuentran en una montaña llamada Sighinan. El
rey la manda taladrar sólo para él, y nadie puede ir a esta montaña para buscar
los «balax», so pena de muerte. Al que las cogiera se le aplicaría la pena
capital. El rey las envía en obsequio a los demás reyes, príncipes y grandes
señores; a éste por cortesía, al otro para granjearse su amistad; pero también
las hace vender para comprar oro y plata. Por eso no las deja coger por
cualquiera y vender por todo el mundo, porque así quitaría a estos «balax» su
valor. Y, por tanto, se esfuerza en que nadie las transporte sin su permiso.
Sabed que en esta región hay otras montañas en donde se encuentra el
lapizlázuli del más fino y mejor, la piedra de la cual se saca el azur, que
está en filones en la montaña, como los demás minerales.
También hay minas de plata.
Es una comarca muy fría; nacen en ellas caballos que son grandes
corredores y no van herrados. Tienen el pie muy firme en la montaña. También
nacen halcones sagrados, que son muy hermosos y vuelan muy alto. Hay gran
cantidad de aves y de pájaros de toda especie. Tienen trigo y cebada.
No tienen aceite de oliva, pero lo hacen de nueces y de
cinamomo. En esta tierra hay desfiladeros, tan angostos en varios lugares, que
nadie puede penetrar en ellos, y tajos fantásticos, y las ciudades y castillos
en las montañas son fortalezas inexpugnables. Son buenos arqueros y tiradores;
se visten con cueros de animales, porque el paño es muy caro. Las grandes damas
y los gentiles llevan pantalones, como os contaré más adelante. Hay algunas que
se cubren las piernas con 100 brazadas de tela; otras con 80 ó 60, y lo hacen
para demostrar que son gruesas, porque a los hombres les gustan las mujeres
entradas en carnes. Después de haberos descrito este reino, os contaremos de
gente varia que se halla al Mediodía, a diez jornadas de esta provincia.
XLVIII -
En donde se habla de la provincia de Pasciai
A diez jornadas de Balacian hay una provincia llamada Pasciai.
Los indígenas son idólatras y tienen idioma propio. Los hombres llevan en las
orejas unos zarcillos de oro y plata, perlas y piedras preciosas. Son
maliciosos, listos y prudentes. Esta provincia tiene clima cálido. Se alimentan
de carne y arroz. Dejemos esta relación para hablaros de otra provincia, a
siete jornadas de distancia hacia el viento griego y que tiene por nombre
Kesimur.
XLIX -
De la provincia de Kesimur (Cachimira)
Es una provincia que aún tiene idólatras. También con idioma
propio. Se entregan a toda especie de encantamientos, brujerías y artimañas
diabólicas. Hacen hablar a los ídolos. Por sus consejas hacen cambiar el tiempo
y pueden producir la oscuridad en la atmósfera. Hacen mil cosas por poder de
magia o por ciencias ocultas. Son jefes de otras tribus idólatras y les
abastecen de ídolos. Desde este país se podría ir al mar de Indias. Los
naturales son morenos y delgados: las mujeres, muy bellas y morenas también.
Sus alimentos consisten en carne y arroz. Es tierra templada, en donde no hace
frío ni calor. Tienen bosques frondosos. Son autónomos, y su rey hace observar
la justicia. Hay ermitaños que viven en sus cenobios y observan abstinencia
absoluta; son muy castos y no pecan contra su fe. Los tienen por muy santos;
viven muchos años, y la abstención de pecar la hacen por amor a sus ídolos. Han
construido muchas abadías y monasterios de su religión.
En esta comarca se venden más corales que en ninguna otra parte.
Dejaremos esta provincia y no continuaremos hacia la India. No quiero aún tocar
este punto, porque a la vuelta os hablaré de todo lo referente a la India. Por
eso retrocedamos a nuestra provincia, hacia Balacian, porque es imposible ir
por otra región.
L -
Del gran río Balacian (Badakchan)
Dejando a Balacian, se navega doce jornadas entre Levante y
sobre un río que es del hermano del señor de Balacian, en cuyas orillas hay
muchas casas y castillos. Los hombres son valientes y rezan a Mahoma. Al cabo
de las doce jornadas se llega a una provincia, que no tiene mucha extensión,
pues se recorre en tres jornadas en todos sentidos, y se llama Vocan. Tienen
idioma propio y sus habitantes son de raza guerrera. Tienen por jefe a un señor
que llaman None, lo que en español significa conde, pero son vasallos del señor
de Balacian. Tienen animales en cantidad, caza y venados de todo especie.
Alejándonos de este lugar, caminamos doce días hacia Nordeste,
por sitios montañosos, y llegamos a un lugar que es el más elevado del mundo.
Allí hay un valle entre dos montañas, por el cual corre un magnífico río y las
mejores praderas de ricos pastizales, pues un animal flaco engorda en diez
días. Hay gran abundancia de fieras. Multitud de carneros salvajes, muy
grandes, con cuernos hasta de seis palmos y, por lo general, de tres o cuatro.
De estas astas hacen los pastores cuencos, en los cuales comen; aquí encierran
a sus animales en cercados. Esta meseta se llama de Pamir, y durante doce
jornadas no hay ningún poblado, y conviene que los viajeros lleven provisiones.
No hay pájaros voladores por la latitud y el frío. El fuego no es tan claro
como en otras partes por el frío intenso, y las cosas tardan mucho en cocer.
Dejemos este relato para entreteneros de otras cosas hacia
Nordeste y Levante. Al cabo de las doce jornadas conviene cabalgar otras
cuarenta más entre Nordeste y Levante por montes, cuestas y valles, vadeando
ríos, recorriendo desiertos sin habitaciones ni manera de aprovisionarse, por
lo que le conviene al viajero llevar consigo víveres. A esta región la llaman
Belor. Los hombres viven a una latitud muy elevada. Son idólatras y muy
salvajes; no viven de la caza; son malísimos. Dejemos esta inhospitalaria región,
para contaros de la provincia de Cascar.
LI -
Del reino de Cascar (Caschgar)
Cascar fue antaño un reino; ahora pertenece al Gran Khan. Las
gentes adoran a Mahoma. Hay muchas poblaciones y castillos, y la más importante
ciudad es Cascar. Están también situados entre Nordeste y Levante; crecen
muchas plantas de algodón y salen de esta región mercaderes que van por todo el
mundo haciendo negocio con esta planta. La población es miserable y pobre, muy
sobria en el comer. En este país hay cristianos nestorianos, que tienen su
Iglesia y su credo. Los de la provincia hablan un idioma propio. En su
totalidad se recorre en cinco jornadas. Dejémosla para tratar de Samarcanda.
LII -
De la gran ciudad de Samarcanda
Samarcanda es una grande y noble ciudad. Los habitantes son
cristianos y sarracenos, y son vasallos del sobrino del Gran Khan, que, no
obstante, no es su amigo, pues varias veces ha probado su enemistad hacia él.
Es el verdadero amo. Os contaré un gran milagro que sucedió en esta ciudad.
Hace en verdad poco tiempo que Ciagatai, hermano carnal del Gran
Khan, se hizo cristiano. Era señor de esta región y de varias otras comarcas.
Cuando los cristianos de la ciudad de Samarcanda se enteraron de que su señor
era cristiano, llenáronse de alegría y construyeron en esta ciudad una gran
iglesia en honor a San Juan Bautista. Tomaron un bello trozo de piedra que
pertenecía a los sarracenos y lo pusieron como pilar a una columna que había en
medio de la iglesia y que sostenía la bóveda de la misma. Mas sucedió que
Ciagatai dejó de existir, y cuando los sarracenos supieron que había muerto,
airados por saber esa piedra en la iglesia cristiana, se dijeron que la
arrebatarían a la fuerza. Lo que les era muy fácil, pues sobrepujaban quince
veces en número a los cristianos. Entonces las personas principales entre los
sarracenos fueron a la iglesia de San Juan, expusieron sus títulos ante los
cristianos y les exigieron la devolución del pilar. Los cristianos replicaron
que le darían cuanto quisieran, pero les suplicaban les dejasen esa piedra,
pues sería gran lástima se la quitaran de la iglesia. Los sarracenos replicaron
que no querían ni oro ni tesoro, sino esa piedra a todo trance. El mando y
señorío pertenecía a ese sobrino del Gran Khan. Éste ordenó que dentro de dos
días fuera devuelta la piedra a los sarracenos. Y cuando esta orden llegó a los
cristianos, se encolerizaron y no supieron qué hacer... Pero se produjo el
milagro que os voy a contar: Cuando llegó la madrugada del día fijado, la
columna que descansaba sobre el pilar, por voluntad de nuestro Señor Jesucristo
se apartó del pilar y se elevó en el aire casi a tres palmos de tierra, y así
se sostuvo, como si la piedra hubiera estado debajo. Desde aquel día la columna
quedó suspendida, y así permanece todavía, lo que por todos fue considerado un
gran milagro. Dejemos esto para contar las particulardades de una provincia
llamada Yarcan.
LIII -
Aquí trata de la provincia de Yarcan (Yarken) Yarcan es una
provincia que se recorre en cinco jornadas. La población obedece a la ley de
Mahoma. Hay algunos cristianos nestorianos. Pertenecen a la jurisdicción del
sobrino del Gran Khan, del cual os hablé anteriormente. Viven en la abundancia,
pero no hay nada notable que contar; por eso pasamos de largo y os hablaremos
de Cotan (Khotan).
LIV -
De la provincia de Cotan (Khotan)
Cotan es una provincia entre Levante y Nordeste, larga diez
jornadas. Pertenece al Gran Khan. Los habitantes adoran a Mahoma. Hay numerosos
castillos y ciudades, y la más noble entre ellas, cabeza del reino, se llama
Cotan. Hay abundancia de productos, algodoneros en cantidad; tienen
propiedades, viñas y jardines. Viven del comercio y la industria. No son
guerreros.
De aquí salimos para Pem, otra provincia de la cual os
hablaremos.
LV -
De la provincia de Pem
Pem es una provincia que se recorre en cinco jornadas entre
Levante y Nordeste; los habitantes adoran a Mahoma y son vasallos del Gran
Khan. Es rica en ciudades y castillos, y la capital del reino se llama Pem. Hay
un río en ella, cuyas aguas llevan el diaspro y la calcedonia. Hay abundancia
de productos. El algodón crece por doquier. Viven del comercio y de la
industria. Tienen una costumbre singular: cuando una mujer tiene un marido que
se separa de ella para ir de viaje por más de veinte días, tiene derecho a
escoger otro marido. Así es la costumbre. Esta provincia de Cascar pertenece
hasta ahora a la Gran Turquía.
Dejemos estos para contaros de la provincia de Ciarcian.
LVI -
Aquí empieza el relato de la provincia de Ciarcian Ciarcian es
una provincia de la Gran Turquía, entre Nordeste y Levante. Los habitantes
adoran a Mahoma. Posee numerosas ciudades y castillos, y la más hermosa de
entre ellas es la capital, llamada Ciarcian.
Hay un río que lleva en sus aguas el diaspro y la calcedonia,
que se vende en Catá, y produce mucha riqueza, porque lo hay en cantidad y es
excelente. Toda esta provincia es arenosa, y de Cotan a Pem hay dunas de arena,
así como en el mismo Pem. Hay aguas estancadas y amargas, pero también las hay
potables y dulces. Cuando llega un ejército enemigo, se refugian con sus
mujeres e hijos y caballerías entre las dunas durante dos o tres días, en donde
saben que hay agua y podrán subsistir. Nadie puede descubrir su paradero,
porque el viento borra los rastros por donde han pasado, como si jamás hubiera
habido una pisada humana por esos parajes. De esta forma escapan al enemigo. Y
si sucediera que un ejército pasara por ahí y que fuera un ejército amigo,
esconden a los animales, pues no quieren que los cojan y coman, pues los
guerreros no suelen pagar lo que toman.
Desde Ciarcian hay cinco jornadas de marcha entre las dunas,
donde hay aguas fétidas y amargas. No hay nada digno de mención, por lo demás,
en esta provincia. Al cabo de cinco días se encuentra una ciudad al extremo del
desierto, donde es menester que los hombres se aprovisionen de víveres para
poderle pasar.
Prosigamos el relato y dejemos esto.
LVII -
De la ciudad de Lop
Lop es una gran ciudad a orillas del gran desierto llamado de
Lop, entre Levante y Nordeste. Esta ciudad pertenece al Gran Khan. Los
habitantes adoran a Mahoma. Los que desean pasar el desierto descansan en ésta
durante una semana para refrescarse y aliviar la carga de sus cabalgaduras. Al
cabo de la semana se abastecen de víveres para un mes y dejan la ciudad para
entrar en el desierto.
Éste es tan inmenso, que en un año no se llega a recorrerlo en
toda su extensión.
En donde es más estrecho hay que emplear un mes en la travesía.
Está lleno de dunas, montañas y valle No hay nada que comer en él. Al cabo de
un día y una noche de marcha se encuentra, sin embargo, agua, de sabor algo
agrio, pero que puede apagar la sed a unos 50 ó 100 hombres, con sus
caballerías. Sólo en otros dos sitios se encuentra agua amarga; las otras son
buenas, y hay hasta 28 abrevaderos. No hay fauna ni pájaro alguno, porque no
encuentran qué comer.
Pero oiréis de él una maravilla que os contaré:
Si cabalgando de noche por ese desierto alguien se aleja de la
caravana y se queda distante de sus compañeros para dormir o para otra
necesidad, al querer alcanzarlos oye voces que le hablan como si fueran sus
compañeros de viaje, y que le llaman hasta por su nombre. Esto les hace
perderse más y más, de forma que se extravían por completo. De este modo
perecieron y se perdieron muchos viajeros. Hasta durante el día oís las voces
de esos espíritus y os parece oír instrumentos extraños, así como tambores.
Así se pasa el desierto con grandes fatigas. Dejémosle, pues os
he contado sus particularidades, y os mencionaré la provincia que se encuentra
en este desierto.
LVIII -
De la provincia de Tangut
Después de tres días de marcha en el desierto ya nombrado, se
encuentra una ciudad llamada Saciú, que pertenece al Gran Khan; la provincia se
llama Tangut. En ella son todos idólatras. Hay, sin embargo, algunos cristianos
nestorianos. También hay sarracenos. Los idólatras tienen un lenguaje propio.
No viven del comercio, sino de la agricultura. Hay muchas abadías y monasterios
llenos de ídolos de muchas clases, a los cuales sacrifican y por los que
sienten gran reverencia. En cuanto a un hombre le nace un hijo, engordan un
carnero para ofrecérselo al ídolo. Al cabo del año, en el día de la fiesta del
ídolo, el que ha criado el cordero se lo lleva en gran pompa con sus hijos al
templo. Luego le cuecen, le llevan ante el dios con gran respeto y le dejan ahí
hasta hacer sus oraciones, para que el ídolo proteja a su niño, pues creen que
los ídolos comen la sustancia de la carne. Después de esto cogen la carne, se
la llevan a su casa en triunfo y convidan a parientes y amigos a comerla con
gran alboroto, y cuando han comido la carne guardan cuidadosamente los huesos
en un armario, en lugar seguro, porque fueron tocados por el ídolo. Los
idólatras de todo el mundo se hacen incinerar cuando fallecen y les llevan
después de muertos al sitio en donde han de ser quemados. En un lugar indicado
hacen sus parientes una casita de madera, que cubren de seda y telas de oro, y
cuando el difunto está depositado en este túmulo la concurrencia le trae vinos
y viandas. Lo hacen esto porque pretenden que así le han de recibir en el otro
mundo. También cuando el cadáver llega al sitio donde tiene que ser quemado,
sus parientes y allegados hacen cortar en papel formas humanas, caballos,
monedas grandes como bizancios, y otros simulacros, que hacen quemar junto con
el cuerpo del difunto, y pretenden que en el otro mundo el muerto tendrá tantos
carneros, esclavos, animales y objetos como los que queman en efigie de cartón.
Cuando llevan el cuerpo a incinerar tañen cuantos instrumentos tienen y hacen
música a su alrededor.
Otrosí; cuando estos idólatras mueren, los deudos llaman a los
astrólogos, les dicen la fecha del nacimiento, el mes, el día y la hora, y
según eso los astrólogos adivinan, por arte diabólico, cuál es la fecha en que
han de quemar el cuerpo. Y así permanece el cadáver en su casa una semana, un
mes y hasta seis meses sin quemar, pues jamás le incinerarían sin que el
adivino les advirtiera que era llegada la hora. Mientras tanto queda el cuerpo
depositado en la casa del modo siguiente: hacenuna caja con gruesos tablones de
un palmo bien calzado, ponen en ella el cuerpo del difunto y le cubren de
lienzos empapados en alcanfor y otras materias aromáticas, de forma que el
cuerpo no despida mal olor. Los parientes del difunto, tantos días como guardan
el cuerpo en su casa, tantos como le hacen participar de las comidas, poniendo
el ataúd cerca de la mesa, dándole de comer como si estuviera vivo. Este
simulacro dura un rato, porque pretenden que el alma come de estos alimentos.
Algunas veces el astrólogo les dice que no conviene que el muerto salga por la
puerta, y la hacen cegar con una plancha, sacándole por otra puertas o a veces
abriendo un boquete en la pared. Todos los idólatras tienen estas mismas
costumbres. Dejaremos esta materia para tratar de otras ciudades que están
allende en el desierto.
LIX -
En donde se menciona la provincia de Camul (Khamil) Camul es una
provincia que fue antaño un reino con ciudades y castillos numérosos; su
capital se llama Camul igualmente. La provincia está enclavada en el desierto;
de un lado hay el gran desierto y de otro uno más pequeño, que se recorre en
tres jornadas. Los indígenas son idólatras y tienen idioma propio; viven de
fruta, pues la hay en abundancia, alimento que ellos venden también a los
viajeros que pisan por allí. Son hombres de carácter alegre, que no saben más
que cantar, tocar toda clase de instrumentos y darse a las delicias del cuerpo.
Son hospitalarios, y si un extranjero viene a hospedarse en su casa, están
encantados, ordenando a sus mujeres que hagan la voluntad del huésped. Ellos se
van de la casa a ocuparse de sus asuntos, no regresando en dos o tres días. El
forastero queda solo en casa de la mujer y hace lo que le parece; se acuesta
con ella como si fuera su mujer propia, y ellos lo toman esto a mucha honra.
Todos los de esta ciudad son burlados por sus mujeres, pero no se ofuscan por
eso. Las mujeres suelen ser hermosas y muy alegres.
Y aconteció que en tiempos de Mongu Khan, señor de los tártaros,
le fue referido que la gente de Camul permitía a sus mujeres cometer adulterio
con los forasteros. Y Mongu les prohibió, so gran pena, de no albergar más a
extranjeros en su casa. Cuando esto oyeron los de la población se indignaron.
Reuniéronse todos en consejo y decidieron lo siguiente: llevar a Mongu un gran
presente, pidiéndole que les dejara usar de sus mujeres como bien les parecía,
según la costumbre de sus antepasados, que les mandaban dejar a los extranjeros
disfrutar de sus mujeres y de sus bienes. Que los ídolos veían este proceder
con complacencia y con eso se multiplicaban sus haberes en vez de menguar.
Cuando Mongu Khan oyó estas razones, dijo: «Puesto que queréis vuestra vergüenza
y vituperio, tenedlos.» Y consintió que hicieran su voluntad y mantuvieran sus
costumbres, como lo hacen hasta nuestros días. Dejemos Camul y vamos hacia
tramontana, a una provincia perteneciente al Gran Khan.
LX -
En donde se habla de la Provincia de Gkingkintalas
Gkingkintalas es una provincia que está más hacia Poniente cerca
del desierto, a una distancia de dieciséis jornadas. Pertenece al Gran Khan;
hay en ella castillos y ciudades y tres clases de religiones: los cristianos
nestorianos, los que adoran a Mahoma y los idólatras. En el confín de esta
provincia hay hacia Poniente una montaña en la cual se encuentran filones de
acero y ónix.
También de la misma se saca el mineral que sirve para hacer la
salamandra (el amianto). Y sabed que la salamandra no es un animal como se
dice, sino lo que os voy a explicar. Es cierto que ningún animal puede vivir en
el fuego, porque su naturaleza está compuesta por los cuatro elementos. Como la
gente no sabía lo que era una salamandra, decían que era un animal, pero no es
así. Tenía un compañero de viaje cuyo nombre era Curficar, un turco muy sabio
que vivió tres años con el gran Khan para explotar la salamandra, el ónix, el
acero y otras cosas. El Gran Khan le había encargado de gobernar durante tres
años esta provincia, para ocuparse de la salamandra, y mi companero me explicó
el hecho y le vi con mis propios ojos. Cuando se taladra la montaña se saca un
mineral que, una vez desmenuzado, se mantiene unido por filamentos como la
lana. Por eso cuando se tritura este mineral se deja secar, luego se machaca en
grandes morteros de cobre, luego se lava bien y se seca y quedan esas hebras de
las cuales os hablo. Luego ese hilo que se parece a la lana se hila y con él se
hacen hermosas telas. Estas telas no son, empero, muy blancas. Mas las ponen en
el fuego y las dejan allí algún tiempo y se vuelven blancas como la nieve. Es
menester, sin embargo, que esta tela de salamandra no tenga costura alguna, ni
roto, para poderla meter en el fuego y que se vuelva blanca. Ésta es la verdad;
la salamandra y todo lo demás son cuentos y fábulas. Os diré además que en Roma
hay un gran lienzo que el Gran Khan envió al Papa como presente para poner en
él el sudario de nuestro Señor Jesucristo.
Dejemos esta provincia y os contaré de otra entre Levante y
Nordeste.
LXI -
De la provincia de Succu
Alejándonos de esta provincia por el espacio de diez jornadas
entre Levante y Nordeste no se encuentra poblado alguno. Nada hay digno de
mención; al cabo de estas diez jornadas nos encontramos con una provincia
llamada Succu, en la cual hay numerosas ciudades y castillos, y la capital
tiene por nombre Succu. Hay en ellas cristianos e idólatras; son vasallos del
Gran Khan. La provincia a la cual pertenece ésta, y que mencioné más arriba, se
llama Tangut. Por las montañas que la cubren se recoge el ruibarbo en cantidad.
Allí lo adquieren los mercaderes para llevarlo a vender por el mundo. Los
indígenas viven de la agricultura. Dejando estos lugares, os hablaremos de una
ciudad llamada Campiciú.
LXII -
De la ciudad de Campiciú
Campiciú es una ciudad que se halla en Tangut. Sus habitantes
son idólatras y algunos de entre ellos adoran a Mahoma. Hay también cristianos
que tienen tres grandes y hermosas iglesias. Los idólatras también tienen sus
templos y rezan según sus ritos. Poseen una cantidad de ídolos; los hay
enormes, los unos de madera, los otros de piedra o de barro, todos cubiertos de
oro y muy bien labrados. El ídolo gigante está en medio de varios otros
pequeños que parecen rendirle pleitesía. Y ya que os hablo de los ídolos, voy a
contaros más pormenores sobre ellos. Sabed que el clero regular de los
idólatras vive más honestamente que las demás gentes. Evitan la lujuria, aunque
no la tienen por gran pecado. Pero si un hombre yace con una mujer contra
natura, lo condenan a muerte. Tienen un almanaque para contar las lunas y los
meses como nosotros. Hay una época del lunario en la cual los idólatras no
matan a los animales ni a los pájaros durante cinco días, ni comen de una res
que haya sido sacrificada durante esos días, y viven durante ellos más
honestamente que los demás días. Tienen derecho a tener treinta mujeres, más o
menos, según la proporción de su matrimonio y puedan mantenerlas. Los hombres
dan a sus mujeres para su manutención ganado, esclavos y dinero según sus
medios. Por lo general tienen a la primera mujer por lamejor. Si ven que una de
sus mujeres no tiene buena conducta o deja de gustarle, pueden, repudiarla y
hacer según su albedrío. Se casan con sus primas y también con las viudas de
sus padres. No tienen en cuenta ciertos pecados graves para nosotros, porque
viven como los animales.
Hagamos punto y os contaremos otros hechos hacia Poniente. Micer
Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos vivieron un año en esta ciudad por un hecho
que es inútil mencionar. Y prosigamos a sesenta jornadas hacia Poniente.
LXIII -
De la ciudad de Eçina
Partiendo de Campiciú, se cabalgan doce jornadas hasta llegar a
una ciudad llamada Eçina, que está limitando con el desierto de arena hacia
tramontana y pertenece a la provincia de Tangut. Los indígenas son idólatras.
Tienen ganado caballar y lanar. Se crían excelentes halcones laneros,
alfaneques o negris. Viven de la agricultura y no se dedican al comercio.
En esta ciudad hay que abastecerse para cuarenta días, pues en
dejándola se atraviesa un desierto hacía Poniente durante cuarenta días, donde
no hay ni habitaciones, ni ventas, ni rastros humanos, más que en verano en los
valles y montañas. Se encuentran, sin embargo, a menudo burros salvajes y
animales extraños. Hay también bosques de pinos. Después de cuarenta días por
este desierto se llega a una provincia hacia Poniente, y oiréis cuál.
LXIV -
De la ciudad de Caracoron
Caracoron es una ciudad que tiene tres millas de circunferencia.
Es la primera plaza fuerte que los tártaros arrebataron al enemigo al salir de
su patrimonio. Os contaré las gestas de los tártaros de cómo conquistaron al
mundo y cómo realizaron su expansión. Los tártaros vivían hacia Poniente en los
alrededores de Ciorcia; en esta región había una gran llanura pelada, sin
habitaciones ni ciudades ni fortalezas: pero los pastos eran excelentes, los
ríos caudalosos. No tenían señor, pero es lo cierto que pagaban un tributo a un
señor que en su idioma llamaban Khan, lo que en español significa el gran
señor. Y fue éste el Preste Juan, del cual hablan todos en el gran Imperio. Los
tártaros le daban una renta de diez cabezas de ganado, y adivino que se
multiplicaron, y cuando esto vio el Preste Juan, decidió dividirlos en varias
regiones. Envió a ellas para regentarlos a sus barones. Y cuando los tártaros
oyeron lo que hacía con ellos el Preste Juan, montaron en cólera. Emigraron
entonces todos juntos y fueron hacia el desierto de tramontana, adonde el
Preste Juan no podía ni alcanzarles ni perjudicarles. Se declararon en
rebelión, no pagaron ya sus alcabalas y así quedaron por algún tiempo.
LXV -
De cómo Gengis fue el primer Khan de los tártaros
Y sucedió que en el año de 1187 de la Encarnación de Jesucristo
los tártaros eligieron como rey a un hombre que en su lengua se llamaba Gengis
Khan. Era hombre de gran valor, de buen sentido y valiente como el que más. Y
cuando le eligieron rey, todos los tártaros del mundo que se hallaban
desparramados en países extranjeros se llegaron a él y le aclamaron como gran
señor. Y Gengis Khan mantenía su autoridad franca y llanamente. Los tártaros
acudieron numerosísimos, y cuando Gengis Khan vio que había tal multitud, se
calzó las espuelas, se armó de arco y coraza y fue a la conquista de otras
partes del reino. Y conquistaron ocho jornadas de tierra. Pero como con los
vencidos usaba de clemencia y no les hacía daño alguno, se sumaban a sus
huestes y proseguían la conquista de otros pueblos. De esta manera conquistaron
la multitud de pueblos que habéis oído mencionar, y las gentes, viendo el buen
gobierno de este señor y su bondad, se sometían voluntariamente a él. Cuando
tuvo como súbditos a tanta multitud de gentes capaces de cubrir la tierra
entera, dijo que quería conquistar la mayor parte del mundo. Entonces envió
emisarios al Preste Juan, y esto fue en el año 1200 del nacimiento de Cristo. Y
le propuso de tomar por esposa a su hija. Cuando el Preste Juan oyó que Gengis
Khan le pedía la mano de su hija: «¿Cómo no tiene vergüenza Gengis Khan de
pedirme a mi hija por mujer? ¿No sabe él, por si acaso, que es mi siervo y
vasallo? volved a él y decidle que antes quemaría a mi hija que dársela por
esposa. Decidle también que le condeno a muerte por traidor y desleal a su
señor.» Luego instó a los embajadores que se fueran y no volvieran a reaparecer
más en su presencia. Partieron los emisarios a toda prisa y no pararon hasta
hallarse en presencia de su señor, contándole cuanto les había dicho el Preste
Juan, sin omitir palabra.
LXVI -
De cómo Gengis Khan arma su gente para ir contra el Preste Juan
Y cuando Gengis Khan oyó las palabras violentas que Juan pronunciara contra él,
parecióle que de rabia iba a estallársele el corazón dentro del pecho, pues os
repito que era un gran señor. Y habló enfurecido a los que le rodeaban,
diciendo que todo lo abandonaría, su dominio y señoría, si no le hiciera pagar
bien caro al Preste Juan la afrenta que le había hecho, y que pronto le
demostraría si era o no su siervo. Y reuniendo a su gente, juntó el mayor
ejército que nunca se viera, con todos los armamentos temibles de que disponía,
e hizo saber al Preste Juan que iba en contra suya con todas sus fuerzas y que
se preparara a defenderse. Cuando el Preste Juan supo que venía contra él con
todas sus huestes, dijo con aire socarrón que aquello no era nada, que no eran
guerreros y que no había por qué temerles; sin embargo, se preparó con un
esfuerzo suprerno, no queriendo morir de muerte infame, e hizo convocar a todas
las gentes de países extranjeros. Así reunió a un numeroso ejército. Y de este
modo se preparaban de una parte y otra. Y Gengis Khan desplegó sus fuerzas en
una gran llanura llamada Tangut, que pertenecía al Preste Juan. Y allí sentó
sus reales. Y eran sus hombres en tan gran número que no podían contarse. Allí
supo con regocijo que el Preste Juan venía a su encuentro y holgóse de que
fuera en esta bella y ancha llanura donde podía librar una gran batalla; ya le
tardaba en luchar cuerpo a cuerpo con él. Y dejemos a Gengis Khan y sus huestes
y volvamos al Preste Juan.
LXVII -
De cómo el Preste Juan, con sus gentes, fue al encuentro de
Gengis Khan Y cuentan que cuando el Preste Juan supo que Gengis Khan venía a su
encuentro con toda su gente, caminaron tanto hasta llegar a la llanura de Tangu
t y asentaron el campamento a la vera del de Gengis Khan, a 20 millas de
distancia. Cada ejército descansó para estar dispuesto el día de la batalla.
Y así, prontos a la lucha, esperaban los dos ejércitos. Un día
Gengis Khan hizo venir a su presencia a sus astrónomos, el uno cristiano y el
otro sarraceno, y les hizo decir cuál sería el vencedor en la contienda. Los
astrólogos consultaron los signos de las estrellas. El astrólogo sarraceno no
supo decirle la verdad, pero el cristiano fue más feliz y se la enseñó
abiertamente. Cogió una caña, que partió en dos pedazos iguales, y las puso de
un lado y otro sin que nadie las tocara. La una llevaba una inscripción con el
nombre de Gengis Khan y la otra con el del Preste Juan. Y dijo a Gengis Khan:
«Señor, mirad esta caña que lleva vuestro nombre, así como la otra del Preste
Juan; cuando hayamos hecho nuestras invocaciones de las dos, la que venza es la
que indicará el que gane la batalla.» Gengis Khan dijo que ansiaba ver el
resultado, y apresuraron la experiencia lo antes posible. Los astrólogos
tomaron el salterio y leyeron ciertos salmos e hicieron sus invocaciones.
Entonces la caña de Gengis Khan, sin que nadie la tocara, se puso encima de la
del Preste Juan. Y cuantos presenciaron el hecho esto vieron. Y vístolo, Gengis
Khan no cabía de gozo y alegría. Y como tenía a los cristianos por hombres
honrados, les colmó de honores y les tuvo la mayor consideración como
caballeros honestos y veraces.
LXVIII -
De la gran batalla entre el Preste Juan y Gengis Khan Después de
dos días, las dos partidas se armaron y batieron duramente. Y fue la batalla
más grande y encarnizada que jamás vio el género humano. Y hubo grandes bajas
de una parte y otra, mas al fin venció GengisKhan la batalla y en ella pereció
el Preste Juan y fue desposeído, y Gengis Khan continuó sus conquistas. Después
de la victoria reinó seis años Gengis Khan y se apoderó de castillos, ciudades
y provincias. Mas al cabo de seis años fue a un castillo llamado Coagin y fue
herido por una flecha en la rodilla, de cuyas resultas murió. Y fue esto una
gran desventura, porque era sabio y valiente.
Os he contado de cómo los tártaros eligieron a su primer gran
señor, de cómo vencieron al Preste Juan. Ahora os contaré de sus usos y
costumbres.
LXIX -
Relato de los Khanes que reinaron después de Gengis Khan Después
de Gengis Khan reinó Cui-Khan; el tercero, Batui-Khan; el cuarto, Ocati-Khan;
el quinto, Mongukhan; el sexto, Cublai-Khan, que es el más grande y poderoso de
todos ellos, pues todos juntos no tuvieron tan gran poder como este Cublai, y
aun más que todos los emperadores cristianos, moros y sarracenos no podrán
tener ni tendrán tanto poder como Cublai. Y os lo demostraré en este libro.
Sabed en verdad que todos los grandes señores que descienden de
la dinastía de Gengis Khan son sepultados a su muerte en la montaña llamada
Altai. Cuando mueren los grandes señores de los tártaros, aunque se hallen a
cien jornadas de esta montaña, convienen en que les lleven allí. Y es gran
maravilla que cuando el cuerpo de estos señores es llevado a esta montaña
-aunque esté a cuarenta días de distancia-, todos los hombres que encuentra el
cortejo fúnebre a su paso son pasados por las armas y atravesados por una
espada por los que conducen el cadáver, que les dicen:
«Id a servir a vuestro señor al otro mundo», pues creen
firmemente que el que así muere irá al lugar de la bienaventuranza a servir a
su señor. Y la misma suerte corren los caballos: cuando muere el gran señor,
sus mejores caballos son sacrificados para que vayan a servirle al otro mundo.
Y sabed que cuando finó Mongu-Khan, más de 20.000 hombres murieron hallándose
al paso del cuerpo que llevaban a la sepultura.
Más cosas os contaré de los tártaros: los tártaros viven en
invierno en llanuras fértiles y regiones templadas, en donde hay buenos
pastizales para su ganado. En verano viven en lugares frescos de la montaña y
en el valle, en donde encuentran agua, bosques y pastos para las majadas.
Tienen casas de madera, que recubren de fieltro, de forma cilíndrica, y que
transportan con ellos adonde van. Atan las vigas con tanto orden, que son
fácilmente transportables. Y cuando arman y tienden sus casas colocan la puerta
hacia el Mediodía. Tienen carretas cubiertas de fieltro oscuro, así que cuando
llueve no se estropea nada en su interior. Estos carros son uncidos por bueyes
o tirados por camellos, sobre ellos llevan a sus mujeres e hijos. La mujer es
en el hogar la que compra, vende o fabrica todo lo necesario al amo de la casa
y a la familia, pues los hombres no se ocupan más que de caza, guerra y
cetrería.
Viven de carne, leche y caza. Comen ratas de faraón, de las que
abundan en las llanuras y por doquier. Comen indistintamente carne de caballo y
de perro, es decir, toda clase de carne, y beben de la leche de yegua. Se
guardan muy bien de tocar a la mujer del prójimo, pues esto lo tienen por gran
villanía. Las damas son buenas y leales con sus barones y son sumamente
habilidosas en los quehaceres de la casa. Los matrimonios se hacen del
siguiente modo: cada hombre tiene derecho a tener hasta cien mujeres si le
place y tiene con qué mantenerlas. Los maridos pagan la dote a la suegra y la
mujer no da nada al marido. Pero tienen a la primer mujer por la mejor y la más
venerable. Tienen más hijos que los demás hombres por el número de mujeres que
poseen. Toman por esposas a sus primas y a sus madrastras. Se casan también con
sus cuñadas, siempre que haya muerto el hermano, y cuando se casan, celebran
las bodas con mucho boato.
LXX -
Del dios de los tártaros y de su ley
Y ésta es la ley: creen en un solo dios, que llaman Nacygai; le
dicen el rey terrestre que cuida de sus hijos, su trigo y su ganado. Sienten
por él el más profundo respeto y cada cual tiene uno de estos dioses en sus
casas. Lo representan en general moldeado con fieltros y trapos, y también a su
mujer e hijos. Le sientan a la mujer a la izquierda y los hijos delante. Cuando
comen, como acto de veneración, le untan la boca al dios con carne gorda, y a
su mujer e hijos, y siembran pan ante la puerta de su casa. Hecho esto, dicen
que el dios y su familia han tenido su parte. Luego se ponen ellos mismos a
comer y a hacer sus libaciones. Beben leche de yegua, pero la preparan de tal
suerte que parece vino blanco y que es riquísimo. A éste le llaman chemis.
Sus avíos son los siguientes: los ricos visten con paño de oro y
brocatel de seda y grodetures, sombreros de cebelinas, armiño y zorro; todo su
indumento es magnífico y de gran precio. Sus armas son el arco, la espada y la
maza. Pero se sirven más del arco que de otra arma, porque son excelentes
arqueros. En la espalda llevan una armadura de cuero de búfalo u otras pieles
muy bien curtidas. Son magníficos hombres de armas y valientes guerreros, y
pueden resistir más que otros mortales. Muchas veces, cuando están en campaña,
resisten hasta un mes sin comer, y se sustentan tan sólo con leche de yegua y
algo de carne de perdiz. Su caballo pastará lo que halle, pues no está
acostumbrado ni a la cebada ni la paja. Son muy disciplinados y obedientes a su
señor, y cuando están en campaña pasan la noche a caballo, armados de pies a
cabeza; el caballo pace las hierbas que encuentra al paso. Son aguerridos,
curtidos, incansables en la faena y la gente mejor preparada para conquistar
reinos e imperios.
Se dividen jerárquicamente en la siguiente forma: cuando un
señor de los tártaros va a la guerra lleva 100.000 jinetes y los distribuyen en
el siguiente orden: cada 10 hombres tienen un jefe, un grupo de un centenar
tiene otro jefe, otro manda a 1.000 hombres y otro a 10.000, de suerte que el
general no necesita reunir en consejo más que a 10 hombres. El que tiene a su
cargo a 10.000 no tiene que hacerlo más que con 10 y el de cien con otros
tantos, y así cada uno, respectivamente, obedece a su jefe inmediato. Cuando el
señor de 100.000 hombres quiere mandar sólo a un ala de su ejército, manda
venir al jefe de los 10.000 hombres, que le entrega 1.000, y el jefe de los
10.000 manda al jefe de 1.000 que le proporcione 10 hombres, y el jefe de 100
manda al de 10, y cada uno lleva contingente a la parte de 1.000 hombres y
saben cuánto le pueden dar y obedecen ciegamente al mandato más que a nadie en
el mundo. Al conjunto de 100.000 hombres le llaman «Tut» y a los 10.000 un
«Toman», y los «Tomanes» se pueden contar por millares, por centenas y por
docenas. Y cuando el ejército va a una acción, sea en la montaña o en el llano,
manda 200 hombres de vigía, llamados «excaregaites», así detrás como delante. Y
esto lo hacen para evitar una sorpresa. Cuando van muy lejos a guerrear no
llevan armamento: llevan dos botellas de cuero, en donde ponen la leche para
beber, y una pequeña cacerola para los víveres, y la tienda de campaña para
guarecerse en tiempo de lluvia. Os diré que cuando es menester cabalgan hasta
diez días sin víveres y sin encender fogatas; viven de la sangre de sus
caballos, a los cuales les pinchan una vena y chupan esa sangre sin desmontar
de ellos. También llevan la leche congelada como una especie de pasta seca, de
modo que al mojarla se derrite en el agua y les sirve de bebida sustanciosa.
Cuando se baten con sus enemigos los vencen de la siguiente
manera:
simulan la huida y de pronto se vuelven y asaltan al enemigo.
Tienen amaestrados a sus caballos de modo que se vuelven al enemigo como si
fueran perros. Así que cuando el enemigo los cree vencidos y en huida es él el
que está perdido. Y cuando los tártaros ven que han conseguido matar algunos
hombres y caballos, presos de nuevo ardor, combaten tan valientemente que
vencen al enemigo.
Todo lo que os he contado se refiere a las usanzas y costumbres
de los tártaros antiguos; pero al presente se han envilecido. Las costumbres de
Catai son las de los idólatras; las que se practican hacia Levante son, en
cambio, a la manera sarracena.
Administran la justicia del siguiente modo: cuando algún hombre
roba algún objeto insignificante, pero que con ello perjudica a otro, se le dan
siete bastonazos, o 37, o 47, hasta 107, según valga la cosa robada, y a
algunos les suele costar la vida. Si roban un caballo les condenan a ser
cortados por medio de una espada. Si el ladrón tiene con qué pagar, paga nueve
veces el valor del objeto robado, y entonces es dejado en libertad. Cada señor
y los propietarios de cierta cantidad de ganado lo hacen marcar con un sello o
una cifra: así hacen con los caballos, las yeguas, los camellos, las vacas, los
toros y otros animales. Luego los sueltan para que pasten, sin el cuidado de
ningún pastor; si por casualidad se mezclan los rebaños, cada uno devuelve la
pieza, según la marca que lleva, al propietario. Los corderos, carneros y
cabras están al cuidado de un pastor. Todo este ganado es grande y gordo y
presenta hermosos ejemplares.
Os diré otra curiosa usanza que tienen, y que se me olvidó
contaros:
cuando entre dos vecinos hay uno que ha perdido un hijo de
cuatro años o más y al otro se le ha muerto una hija, los casan juntos. Dan la
muchacha muerta al hijo difunto por esposa y hacen levantar acta de ello. Luego
queman el documento, y el humo que se levanta en los aires dicen que va hacia
el hijo, al otro mundo, a atestiguar que se tengan por marido y mujer. Luego
celebran un gran festín y desparraman las viandas por aquí y por acullá,
diciendo que de ello participan sus hijos en el cielo. También hacen pintar en
un papel el retrato del hijo y caballos y gualdrapas y monedas, que queman
igualmente, y dicen que todas estas cosas que hicieron quemar serán propiedad
de sus hijos en el otro mundo. Y hecho esto, se consideran parientes y se
tratan con cariño, como si sus hijos vivieran en realidad.
Os he contado extensamente las costumbres de los tártaros; pero
aún queda que contaros las gestas del Gran Khan, que es el gran señor de todos
los tártaros de su poderosa corte imperial; pero os lo contaré en este libro en
su tiempo y lugar, pues son narraciones interesantes de contar. Y volvamos a la
gran llanura en donde nos hallábamos cuando empecé a contaros las costumbres de
los tártaros.
LXXI -
De la llanura de Bargu y de varias costumbres de los indígenas
Alejándonos de Caracoren y de Altai, en donde ponen los cuerpos de los
tártaros, nos dirigimos a una región llamada Bargu, que tiene de extensión
cuarenta jornadas.
Los habitantes se llaman Mecrit y son salvajes. Viven del
pastoreo y de la caza. Cabalgan ciervos. Las costumbres son las de los
tártaros. Son vasallos del Gran Khan. Desconocen el trigo y el vino. En verano
se nutren de venado y pájaros, pero en invierno carecen de todo, por el frío
intenso. Y cuando se cabalgan cuarenta jornadas se llega al Océano. Allí, en
las montañas, anidan los halcones marinos, pues no hay ni mujeres ni hombres ni
bestias ni pájaros, a excepción del llamado «Bargherlac», que es alimento de
los halcones. Es del tamaño de la perdiz; sus patas, como las de los loros; la
cola, como la de la golondrina, y vuelan muy bien, y cuando el Gran Khan desea
tener halcones peregrinos los reclama a esa comarca, pues nacen en una isla que
hay en el mar, así como los gerifaltes. Esta comarca está situada tan a
Septentrión, que la estrella del Norte queda un poco atrás hacia el Mediodía.
Los gerifaltes nacen en esta ciudad en tanta abundancia, que el Gran Khan tiene
cuantos quiere. Así, que los cristianos que los traen de sus tierras no los
llevan al Gran Khan, sino a Argón, señor de Levante.
Ya os hemos referido todo lo concerniente a la provincia de
Septentrión hasta el Océano. Volveremos atrás hasta el Gran Khan, en una
provincia llamada Campiciú.
LXXII -
Del gran reino de Erginul
Cuando se deja Campiciú, del cual os he hablado ya, se marcha
cinco jornadas por un camino donde se oyen hablar ciertos espíritus malignos, y
al cabo, hacia Levante, se encuentra el gran reino llamado Erginul. Pertenece
al Gran Khan; forma parte de la provincia de Tangut, que está dividida en
varios reinos. Los habitantes son cristianos nestorianos, idólatras y
mahometanos. Son muchas las ciudades que hay en ella, y la capital es Erginul.
De esta ciudad se va al país de Catai. Yendo al Catai se encuentra al paso una
ciudad llamada Cilingiu. La provincia también se denomina así. Aquí también hay
numerosas villas y fortalezas. También forman parte de Tangut y pertenecen al
Gran Khan. Hay otros salvajes, con astas enormes y magníficos pelos largos,
salvo en la espalda, y pintados de blanco y negro. Tienen el pelamen de tres
palmos de largo. Los naturales han domesticado varios de estos toros; los cogen
salvajes y se reproducen de tal modo que tienen gran cantidad de ellos. Con
ellos cazan y trabajan, y como tienen mucha fuerza rinden el doble trabajo que
los demás animales.
En esta región se produce el almizcle mejor y más fino. Sabed
que el almizcle se recoge así: hay un animalito del tamaño de una gacela, que
tiene el pelo muy áspero, las patas de gacela, sin cuernos, con cola de gacela,
cuatro dientes, dos abajo y otros dos en la mandíbula superior, de tres dedos
de largo y muy puntiagudos. Van siempre por parejas. Es un hermoso animal.
Cuando se le apresa, el animal tiene escondido en el medio del vientre, en una
bolsita entre el cuero y la carne, el humor, que se corta con el pellejo y se
aparta, y este humor es el almizcle, del que mana una fragancia muy
persistente. En esta región lo hay en cantidad. Los naturales viven de la
industria y del comercio, y tienen trigo en abundancia. Es una provincia grande
de veinticinco jornadas. Hay faisanes dos veces mayores que los nuestros, del
tamaño de un pavo real. Tienen la cola de lo palmos de larga y comúnmente de
nueve, ocho y siete, por lo menos. Los hay también más pequeños y como el
faisán de nuestra tierra. Hay inmensa variedad de pájaros de los más bellos
matices y colores. Los naturales son idólatras. Son gruesos, tienen la nariz
roma y el pelo negrísimo. Son barbilampiños, excepto algún que otro pelo en la
barbilla. Las mujeres no tienen ningún bello; sólo tienen pelos en la cabeza.
Son blancas, de hermosa piel y de miembros proporcionados. Son muy inclinados a
la lujuria y tienen cantidad de mujeres, y ni sus leyes ni costumbres son
contrarias a eso. Pueden tomar cuantas mujeres quieran y cuantas puedan
mantener. Si hay una mujer hermosa y de humilde condición, la toman por su
hermosura los más conspicuos varones y hombres notables de gran prestigio; por
ello dan dinero a la madre según lo estipulen. Proseguiremos nuestro viaje y
hablaremos de otra provincia hacia Levante.
LXXIII -
De la provincia de Grigaia
Dejando a Arginul y yendo hacia Levante durante ocho jornadas,
se encuentra una provincia donde hay numerosas villas y castillos, y es la de
Tangut. La ciudad principal se llama Calaciai. Los naturales son idólatras y
hay tres iglesias de cristianos nestorianos. Son feudatarios del Gran Tártaro.
Hacen camelotes de piel de camello, blancos, buenos y de la mejor calidad. De
allí los llevan a los mercaderes de todos los países, a Cati y a todas partes.
De esta provincia iremos a otra hacia Levante, que llaman
Tenduc, entrando en las tierras del Preste Juan.
LXXIV -
De la provincia de Tenduc
Tenduc es una provincia de Levante rica en castillos y ciudades.
Pertenece el Gran Khan, pues los descendientes del Preste Juan son sus
vasallos. Su capital es Tenduc. El rey de esta provincia desciende del Preste
Juan y él mismo se da este nombre. Es cristiano; su nombre es Georgie. Gobierno
en nombre del Gran Khan, pero no sobre el dominio del Preste Juan: tan sólo en
una parte de él, pues el Gran Khan dio por esposas a sus hijas y parientas a
los reyes que descienden del Preste Juan.
En esta provincia se encuentran las piedras de las que se saca
el cobalto, y las hay de excelente calidad. Tejen camelotes muy finos de piel
de camello. Viven del pastoreo y de la agricultura. También parte de entre
ellos se dedican al comercio y a la industria. El señor es cristiano, como os
he dicho ya; pero en la población hay idólatras en gran número y hombres que
adoran a Mahoma. Hay una clase de gente llamada Argón, que quiere decir en
español «guasmul», es decir, mestizos de dos tribus: la de Tenduc, idólatra, y
la mahometana. Son muy hermosos, mucho más que los demás del país; más finos,
más cultos y hábiles comerciantes. Sabed que en esta provincia vivía el sabio
maestro del Preste Juan cuando éste reinaba sobre los tártaros y todas las
provincias y reinos circunvecinos. Y aún moran ahí sus descendientes, y el
Georgie que os nombré es de la estirpe del Preste Juan y heredó de la señoría
del mismo. Es el lugar que en nuestro país llamamos Gogo y Magogo, pero ellos
lo llaman Ung y Mungul. Y en cada una de estas provincias hay una familia de
esta gente: en Ung los gogos, y en el Mungul los tártaros. Y cabalgando por
esta provincia siete jornadas hacia Levante, hacia Catai, nos encontramos con
varias ciudades y castillos, en donde adoran a Mahoma y a los ídolos; pero aún
existen algunos cristianos nestorianos. Viven del comercio y la industria.
Fabrican el brocado de oro, que llaman nascisi, fin y nac, y paños de seda de
varias suertes; también tejen el brocatel de seda y oro y bayetas de lana de
muchas clases. Son vasallos del Gran Khan. Hay una ciudad llamada Sindaciu; en
ésta se hacen trabajos de toda especie de talabartería y los arreos necesarios
del ejército. En una montaña de esta provincia hay un lugar llamado Ydifu, en
el cual hay filones argentíferos, de los cuales se saca muchísima plata.
También tienen caza en abundancia.
Abandonaremos esta provincia y ciudad para irnos a tres jornadas
y llegar a una ciudad llamada Ciagannor, en la cual hay un gran palacio, que
pertenece al Gran Khan, y es la residencia de predilección del gran señor,
porque hay lagos y ríos llenos de cisnes. En el llano hay grullas, faisanes y
perdices y toda clase de pájaros. Y por eso el Gran Khan la habita de
preferencia; ahí se complace en cetrear con el gerifalte y el halcón, y es uno
de sus entretenimientos favoritos. Hay cinco clases de grullas: una negra, como
los cuervos, y de gran tamaño; la otra, toda blanca, las alas preciosas, con
plumaje lleno de ojos redondos como la cola del pavo real, pero de color
dorado; la cabeza es negra y roja, el cuello negro y blanco y larguísimo. La
tercera especie es semejante a la nuestra; la cuarta, pequeña, con un penacho
rojo y el cuerpo negro. La quinta es gris, con la cabeza bermeja y negra, el
cuerpo grande y bien plantado.
En esta ciudad hay un valle, en donde el Gran Khan ha hecho
construir varios pabellones para criar pájaros, que llamamos perdices reales.
Las hacen guardar, y hay en cantidad fabulosa, y cuando viene a cazar tiene
todas las que quiere a su albedrío.
Y nos iremos hacia tramontana y Nordeste hacia donde sopla el
viento griego:
LXXV -
De la ciudad de Ciandu y del maravilloso palacio del Gran Khan Y
cuando nos alejamos de la ciudad arriba mentada por espacio de tres jornadas,
llegamos a otra llamada Ciandu, que ha fundado el Gran Khan. Este Khan se llama
Cublai-Khan.
En esta ciudad elevó un palacio de mármol y piedras, cuyas alas
y estancias están enteramente doradas.
Es maravillosamente bello y bien decorado. Desde este alcázar
parte una muralla que tiene cerca de 16 millas de circunvalación, en cuyo
recinto hay fuentes, ríos y valles. El Gran Khan ha reunido en él toda suerte
de animales: ciervos, corzos y gamos, que dan en pasto a los gerifaltes y
halcones, que aquí tiene en número de 200. Él mismo va a verlos una vez por
semana y va galopando por esta pradera, que corre a lo largo del muro, y muy a
menudo trae consigo un leopardo en la grupa de su caballo. Así se divierte en
ver cómo los ciervos son devorados por los gerifaltes.
Sabed que en esta pradera cercada de muros ha hecho construir un
palacio de vigas, pero dorado en su interior y decorado con toda especie de
aves y pájaros, hábilmente recortados sobre el oro. La armazón es de cañas y
tablones barnizados, tan bien unidos que el agua no puede echarlos a perder.
Estos tablones son de más de tres palmos de espesor por 10 a 15 de longitud. A
veces su longitud cubre toda la casa de un lado a otro; el palacio está
enteramente compuesto de estas cañas doradas y vigas y dispuesto en tal forma
que el Gran Khan puede hacerlo desarmar cuando quiere, y está ligado por 200
gruesos cordones de seda. En él habita el Gran Khan tres meses del año: junio,
julio y agosto. Porque no hace calor y porque goza con la estancia en él. En
estos tres meses se arma el pabellón de caña, que luego se desarma en los demás
meses del año. Así lo hizo construir, para armarle y desarmarle. El Gran Khan
abandona el día 28 del mes de agosto de cada año la ciudad y el palacio. Y os
diré el por qué más adelante.
Tiene una cuadra de caballos y yeguas blancas como la nieve
(jamás de otro color), en número de 10.000; no puede beber de la leche de estas
yeguas más que el Gran Khan y sus allegados que sean de la familia del
emperador y su estirpe. Y sólo otra categoría de gente tiene este privilegio, y
son los llamados «Horiat», por especial favor acordado después de una gran
victoria ganada antaño por ellos con Gengis Khan. Y os digo que honran tanto a
estas yeguas blancas, que si un gran señor las encuentra a su paso cuando las
llevan a pastar, nunca pasaría por en medio de ellas, sino cederá el paso. Y
los astrólogos y los ídolos han sugerido al Gran Khan que cada año el 28 de
agosto hay que regar la tierra y desparramar en el aire esa leche para que la
beban los espíritus. Y los ídolos dijeron que así los espíritus protegerían a
sus mujeres, sus ganados, su trigo y sus casas y hacienda.
De ahí se traslada el Gran Khan a otra residencia. Pero os
contaré un milagro, que he tardado en referiros: sabed que estando el Gran Khan
en su palacio hubo una gran nevada y muy mal tiempo. Tenía un sabio astrólogo y
un brujo, que por su sabiduría y sus sortilegios hacían despejar las nubes
sobre su palacio, de modo que allí nunca hacía mal tiempo, aunque todo
alrededor reinara la tormenta. Estos sabios se llamaban Tebet y Quesmur y eran
de familia idólatra. Eran maestros en artes diabólicas y en hechizos, pero
hacían creer que el poder de encantamiento era debido a su santidad y al caso
que los dioses hacían de ellos. Estos hombres tienen por costumbre, cuando hay
un condenado a muerte, de hacerle cocer y comerle luego; pero si hubiere muerto
de muerte natural, entonces no lo comen. Y estos bacsis logran con sus
sortilegios hacer el milagro siguiente: cuando el Gran Khan está sentado en la
inmensa sala en su estrado alto y ponen las copas llenas de vino y de leche y
otras bebidas en el suelo, en medio de la sala, a 10 pasos de la mesa, estos
bacsis hacen, por sus artificios y encantamientos, que esas copas llenas se
levanten del suelo y se posen ellas solas ante el Gran Khan, sin que nadie las
toque. De este hecho pueden atestiguar más de 10.000 hombres que lo
presenciaron. Y los hombres sabios que entienden de nigromancia os dirán que
esto puede hacerse.
También os digo que cuando vuelven estos bacsis de las fiestas
de sus ídolos, le dicen al Gran Khan: «Señor, el tal ídolo desea se celebre la
tal fiesta en su honor.» Y nombran al ídolo que desean honrar, y añaden:
«Sabed, gran señor, que este ídolo tiene por costumbre traer el
mal tiempo y las calamidades que destruyen a nuestro ganado, y el granizo y el
pedrisco, y si no se le ofrecen holocaustos nos mira airado; por eso os pedimos
nos deis tantos carneros de cabeza negra, tanto incienso, tanta madera de
zábila y tanto de esto y tanto de lo otro para que podamos inmolar y sacrificar
con gran pompa a nuestro ídolo para que nos proteja.» Y los bacsis se lo dicen
a los barones que rodean al Gran Khan y a sus mayordomos y consiguen cuanto
piden para honrar la fiesta de sus ídolos. Entonces hay gran jubileo, con
cantos y letanías. Inciensan y perfuman de especies el ambiente, hacen cocer la
carne y la presentan a los ídolos, derramando el jugo aquí y allá, para que así
se alimenten. Y así es como los honran en sus ceremonias. De modo que cada
ídolo tiene su fiesta en un día determinado, como nuestros santos, pues tienen
grandes templos, abadías y monasterios, que forman pequeñas ciudades, en las
que hay más de 2.000 monjes que viven más honestamente que los demás
ciudadanos. Estos monjes llevan afeitada la cabeza y la barba. Celebran una
ceremonia con cantos y luces, con la pompa que jamás podréis figuraros. Entre
ellos hay algunos que pueden casarse; por lo general lo hacen y tienen muchos
hijos.
Hay otra suerte de religiosos, llamados «sensin», que guardan
rigurosa abstinencia y llevan una vida ejemplar. No comen en toda la vida más
que sémola, que es el afrecho o restos que quedan en la cáscara del trigo. Esto
lo meten en remojo en agua caliente algún tiempo y luego comen esa papilla.
Ayunan varias veces al año y no toman otra cosa que esa sémola. Tienen grandes
y numerosos ídolos y a veces adoran al fuego. Los seglares dicen que los que
viven en tan grande abstinencia y de vida tan estrecha son como los
«ratarinos», porque adoran los ídolos de manera diferente a la suya y dicen que
son locos, porque afligen así a sus cuerpos. Tienen un gran respeto por ellos.
Éstos no tomarían mujer por nada en el mundo. Y se tonsuran la cabeza y la
barba. Llevan vestidos negros y blusas de estameña, y si fueran de seda las
llevarían del mismo color. Duermen sobre tablas de madera y llevan una vida
austera. Sus iglesias e ídolos son todos femeninos; es decir, que llevan
nombres de mujeres.
Y dejemos este argumento para contaros los grandes hechos y
maravillas del gran señor de todos los tártaros el Gran Khan llamado Cublai.
LXXVI -
Donde trata de los hechos del Gran Khan que reina presentemente,
llamado Cublai Khan, de cómo rige a su corte y administra justicia; de sus
gestas y proezas Os quiero relatar en nuestro libro todas las grandes proezas y
maravillas del Gran Khan que reina en la actualidad, llamado Cublai, que en
nuestro idioma quiere decir el señor de los señores. Y lleva ese título
justificadamente, pues es sabido de todos que es el hombre más poderoso en
tierras, huestes y tesoros que jamás haya existido desde Adán, nuestro primer
padre, hasta nuestros días.
Os demostraré en mi libro lo que es un hecho.
LXXVII -
De la gran batalla librada entre el Gran Khan y el rey Nayan, su
tío Sabed, en verdad, que desciende en línea recta del emperador Gengis Khan, y
que por su descendencia debe ser el señor de todos los tártaros. Heredó la
señoría el año 1256 del nacimiento de Cristo y empezó a reinar ese año. Mereció
el mando por su valor, sus proezas y su inmensa sabiduría, pues sus parientes
se lo quisieron arrebatar, aunque la señoría le venía de derecho. Reinó desde
esa fecha cuarenta y dos años, hasta el año 1298. Debe de tener ochenta y cinco
años. Antes de heredar el reino tomó parte en varios hechos de armas y fue
bizarro capitán, y desde que reina no ha hecho más que una campaña, en el año
1286, y os diré por qué. Un hombre que llamaban Nayan y era tío de Cublai Khan,
se vio, muy joven aún, dueño y señor de varias tierras y provincias, de suerte
que podía armar hasta 400.000 hombres. Sus antepasados habían sido antaño
vasallos del Gran Khan, y él mismo lo era. Pero, como os cuento, era un joven
de treinta años. Viéndose tan gran señor, no quiso más someterse al Gran Khan,
y pensó en quitarle el poder. Entonces Nayan envió emisarios a Caidu, que era
otro grande y poderoso señor y sobrino del Gran Khan, de natural rebelde, que
también le odiaba. Le mandó ponerse de su lado y que fuera por otra parte a
arrancarle su tierra y señorío al Gran Khan. Y Caidu le respondió que estaba de
acuerdo y pronto con sus gentes en la fecha que le había indicado para ir
contra el Gran Khan. Y éste tenía el poder de armar a 100.000 hombres. Y tanto
Nayan como Caidu se preparaban y reunían cantidad de caballeros e infantes para
ir en contra del Gran Khan.
LXXVIII -
De cómo el Gran Khan fue al encuentro de Nayan
No se inmutó el Gran Khan al oír tamaña felonía, y como hombre
prudente y de gran valor se preparó con sus gentes y juró que no quería llevar
su corona ni reinar en sus tierras mientras no diera muerte a los dos
traidores. Y el Gran Khan hizo sus preparativos en veintidós días, tan
secretamente, que tan sólo su Consejo estaba enterado de ello. Reunió a 350.000
hombres y caballos y a 100.000 infantes; y aún tuvo tan pocos, porque éstos
guardaban al huésped que tenía en su casa, y sus otros ejércitos, que eran
numerosos, estaban lejos, conquistando tierras y, por consiguiente, no había
tiempo para reunirlos, pues si hubiera podido reunir a todas sus fuerzas,
hubiese tenido cuantos soldados quería y se habría juntado una tal multitud,
imposible de contar. Y entre estos 350.000 hombres estaban sus halconeros y
otros que le rodeaban en su corte. Cuando reunió a su gente hizo venir a los
astrólogos para ver si vencería al enemigo y si estaba destinado a
aniquilarlos, y le pronosticaron que haría cuanto se propusiera. Entonces el
Gran Khan se puso en camino con sus huestes y anduvieron veinte días, hasta
llegar a una llanura, donde se hallaba Nayan con toda su tropa, que consistía
en 400.000 hombres. Llegaron de madrugada, y tan secretamente, que el enemigo
ignoró su llegada, porque el Gran Khan había hecho ocupar sus caminos de modo
que nadie pudiera ir y venir sin caer prisionero. Y fue por lo que los enemigos
no sospecharon siquiera su llegada. Se hallaban muy cerca del campo cuando
Nayan, despreocupado en su tienda de campana, holgábase con su mujer y
regocijábase en su belleza, pues sentía por ella gran pasión.
LXXIX -
En donde empieza la batalla del Gran Khan y de su tío Nayan
Cuando llegó el alba del día señalado para librar la batalla, apareció el Gran
Khan en una plataforma, en la misma llanura donde Nayan había acampado (ajeno a
lo que le esperaba, creyéndose muy a salvo de toda sorpresa). No habían tenido
siquiera la precaución de poner centinelas ni vigías ni delante ni atrás. El
Gran Khan surgía de una plataforma, como os dije, en un pabellón sujeto a
cuatro elefantes. Su señera flotaba tan en lo alto, que podía verse desde todas
partes. Sus hombres alineados y escalonados en orden de batalla a 30 millas a
la redonda, envolvían el campamento de Nayan por todos coltados. Cada hombre, a
caballo con su peón, lanza en ristre. Todos en plan de batalla, cercando al enemigo
para combatirle. Cuando Nayan y sus hombres se vieron acosados por el Gran
Khan, ciñendo el campamento, quedaron atónitos. Corrieron a las armas. Se
armaron hasta los dientes y pronto se alistaron en plan de batalla. Una vez que
las dos partes contrarias se hallaron frente a frente, se procedió al ataque;
entonces oyóse sonar los clarines, tañer instrumentos de toda clase y cantar en
alta voz. Porque las costumbres de los tártaros predican que cuando están
listos en orden de batalla, no entran en él hasta que los capitanes no suenan
las nácaras; luego tocan sus atabales, hacen música de chirimías, de arpas y de
laúdes, cantan cantos guerreros. Por eso los cantos y sonidos se hacían oír de
una parte y de otra. De pronto empezaron a tocar las nácaras del Gran Khan. Y
cuando éstas sonaron se entabló la lucha, con arcos, espadas, mazas y juego de
lanzas, y los hombres de a pie tenían ballestas, ristres y otras armas, en
cantidad. Comenzaron la lucha, cruel y sangrienta; llovían flechas por doquier.
Los gritos y ayes lastimeros hendían el aire. Los caballeros y sus cabalgaduras
caían muertos a granel. Y los gritos y alaridos eran tan grandes, que no se
hubiera oído al dios tonante. Y como Nayan era cristiano bautizado, su señera
llevaba bordada la cruz de Cristo. Y para no prolongar el relato: Sabed sólo
que esta batalla fue la más grande y encarnizada que jamás libraron los tiempos
antiguos. Y jamás viose tal multitud de jinetes y soldados. Tantos murieron,
que da horror el recordarlo. La refriega duró desde la madrugada al mediodía. Y
el Gran Khan salió vencedor. Cuando Nayan y sus soldados vieron que no podían
resistir, huyeron a cual mejor; mas nada les sirvió, pues le aprisionaron con
sus barones y sus soldados y todos sus armamentos, y tuvieron que rendirse al
Gran Khan.
LXXX -
De cómo el Gran Khan hizo matar a Nayan
Cuando el Gran Khan supo que Nayan había caído prisionero, mandó
que le dieran muerte. Le condenaron a morir de la manera siguiente:
envolviéronle en un capote, y tanto le mantearon hasta darle la muerte. Y así
lo hicieron, porque no querían que la sangre del emperador se derramara en
tierra, ni que el sol y el aire lo vieran, pues sabed que Nayan era de la
estirpe del gran Señor.
Cuando el Gran Khan venció la batalla, como os lo he referido,
todos los hombres de Nayan le rindieron pleito homenaje y le juraron fidelidad.
Pertenecían a cuatro provincias: primera, la Ciorcia; segunda, Cauli; tercera,
Barscol; cuarta, Sichintingin.
Y después que el Gran Khan hubo vencido en la batalla, hubo
judíos, sarracenos e idólatras que no creían en Dios, que se burlaban de la
cruz que Nayan traía bordada en su pendón. Y decían a los cristianos: «¡Mirad
cómo la cruz de vuestro Dios ayudó a Nayan, que era cristiano!» Y tanto se
mofaron y hacían burla de ello, que llegó hasta oídos del Gran Khan, y el Gran
Khan riñó severamente a los que se permitieron esas chanzas en su presencia. E
hizo venir a un grupo de cristianos que se hallaban en el sitio y les consoló
diciendo: «Con razón la cruz de vuestro Dios no ayudó a Nayan, porque, en su
sabiduría, sabía que no era menester ayudarle contra el derecho. Nayan fue
desleal y traidor y se volvió contra su señor; tuvo, pues, la suerte que se
merecía.» Éstas fueron las palabras del Gran Khan a los cristianos con respecto
a la cruz que Nayan llevaba en su estandarte.
LXXXI -
De cómo el Gran Khan vuelve a la ciudad de Cambaluc
Después de su victoria sobre Nayan volvióse el Gran Khan a su
capital de Cambaluc, y allí demoró contento, en medio de grandes festejos. Otro
barón, llamado Caidu, que era también rey, al oír la derrota de Nayan y su
muerte, montó en gran cólera; mas se guardó de preparar la guerra, pues temía
correr la misma suerte que Nayan.
Ya os dije que ésta fue la única vez que él Gran Khan fue a la
guerra, pues para las demás empresas guerreras enviaba a sus hijos y a sus
barones; pero en aquella ocasión quiso ir en persona, porque la audacia de
aquel príncipe le pareció grave en demasía. Dejemos ya esta aventura y volvamos
a los hechos notables del Gran Khan. Os contamos ya sus orígenes y su edad.
Diremos ahora lo que hace con los barones que se distinguen en las batallas y
con los que son felones y malvados. Al que se porta bien y manda 100 hombres le
da el mando de los 1.000 y le regala además vajilla de plata y una tabla de
mando, que equivale a una ejecutoria de nobleza.
Porque el comandante de 100 hombres tiene una tableta de plata,
el que tiene mando de 1.000 una de plata dorada, y el que manda 10.000, una
tableta de oro con cabeza de león. Y os diré el peso de estas tablas. Los del
mando de 100 y de 1.000 tienen tablas que pesan 120 «sazos», y los de cabeza de
león pesan 220 «sazos», y en todas estas tablas hay inscripciones con una
sentencia que dice: «Por la fuerza y por la gracia que Dios ha dado a nuestro
emperador, el nombre de Khan sea bendecido y loado, y los que le desobedezcan
morirán o verán su perdición. Y los que posean estas tablas tienen privilegios
y un reglamento de todo lo que deben hacer por su cargo y dignidad.» Ahora os
instruiremos de otras cosas. El que tiene el mando de 100.000 hombres o que
manda a un gran ejército tiene una tabla que pesa 300 «sazos» y lleva inscrita
la sentencia de que os he hablado más ariba. Al pie de la tabla hay un león
labrado, y en el tablero están representados el Sol y la Luna. Y los que tienen
este privilegio son grandes jefes, con mando muy extenso, y los que poseen esa
tabla deben tocar su cabeza con un sombrero de paja. Cuando se sientan deben
hacerlo siempre en silla de plata, y el gran señor da a éstos una mesa de
gerifaltes, y los que a ésta se sientan tienen plenos poderes, son grandes
varones y pueden representarle como a su propia persona. Cuando envía a un
embajador, puede proveerse de los caballos del rey, y os digo rey, porque puede
tomarlos, desde el rey para abajo, a cualquier otro hombre. Dejemos este negocio
y veremos la continencia del Gran Khan y su majestad y prestancia.
LXXXII -
De la prestancia y majestad del Gran Khan
El señor de los señores, llamado Cublai Khan, es de buena
estatura, ni grande ni pequeño, sino mediano. Es proporcionado, de miembros
ágiles; la cara, blanca y bermeja como una rosa; los ojos, negros; la nariz,
recta y bien delineada.
Tiene cuatro mujeres legítimas, y el mayor de los hijos de estas
mujeres tiene derecho a ser dueño del Imperio cuando deje de existir el Gran
Khan. Las mujeres llevan el título de emperatriz, y cada uno le añade su nombre
propio para distinguirlas. Estas damas tienen su corte aparte, con 300
doncellas, hermosas y bien parecidas, a su servicio. Luego criados, escuderos y
otros hombres y mujeres, de modo que cada séquito alcanza a 10.000 personas.
Cada vez que el señor quiere acostarse con una de sus mujeres la hace venir a
su alcoba, y a veces va también al cuarto de ellas.
Tiene, además, muchas amigas, y os diré en qué forma. Hay una
raza de tártaras que son muy hermosas; cada año eligen cien doncellas de las
más agraciadas que hay en el reino, y son traídas al Gran Khan. Las hace
guardar por las mujeres de sus barones, manda que con ellas se acuesten para
saber si tienen buen aliento, si son vírgenes y sanas en todos sus miembros. Y
las más hermosas, buenas y sanas las dedican al servicio del señor. Cada tres
días y tres noches, seis de estas doncellas sirven al señor en su aposento, en
su lecho y en todo cuanto necesitare. El Gran Khan hace de ellas lo que quiere,
y ellas lo tienen en gran honor. Al cabo de tres días y tres noches estas
damiselas se dan el cambio y son remplazadas por otras seis.
LXXXIII -
De los hijos del Gran Khan
El Gran Khan tiene 22 hijos varones de sus mujeres. El mayorazgo
tenía por nombre Gengis, en recuerdo del buen Gengis Khan, y debía ser el
futuro Gran Khan y señor de todo el Imperio; pero murió y recayó en un hijo
suyo llamado Temur, y éste es el que está designado para heredar el Imperio y
ser Gran Khan y señor. Y es por derecho, porque este Temur es hijo del hijo
mayor del Gran Khan. Este príncipe es sabio, valiente y esforzado, y ya lo ha
demostrado en varias batallas y acciones de guerra. El Gran Khan tiene otros 25
hijos más de sus amigas, que son buenos y valientes, y cada uno tiene el título
de gran barón y algún mando en el ejército.
De los hijos que tiene de sus cuatro mujeres, siete son reyes de
grandes provincias y reinos. Todos gobiernan con sabiduría, porque son barones,
esforzados yvirtuosos. Y esto no es de extrañar, porque su padre, el Gran Khan,
es hombre extraordinario y el mejor gobernante del Imperio, así como el más
valiente entre los tártaros. Os hablé del Gran Khan y de sus hijos; ahora os
diré cómo tiene su corte.
LXXXIV -
Del palacio del Gran Khan
El Gran Khan vive en la ciudad principal del Catai, llamada
Cambaluc, durante tres meses del año: diciembre, enero y febrero; en esta
ciudad tiene su palacio, del cual os quiero contar.
Hay ante todo un gran muro cuadrado, que por cada costado mide
una milla, es decir que en su totalidad es de cuatro millas. Este muro es
grueso y tiene por lo menos 10 pasos de elevación; es blanco y almenado. En
cada esquina de la muralla hay un grande y magnífico palacio, en el cual
guardan los arreos, las armas, las sillas y frenos de los caballos, cuerdas de
arco, ballestas y todo lo necesario al ejército. En medio de cada muro hay un
palacio semejante al del Gran Khan, de modo que en el recinto hay ocho
palacios. Todos ellos contienen las colecciones de armas del Gran Khan, y es
que uno lo dedica a las sillas, otro a los arreos únicamente y otro a coches y
palanquines.
Esta muralla tiene cinco puertas al Sur; en el centro hay una
puerta mayor, que no se abre más que para dar paso al Gran Khan; a los lados de
esta puerta hay otras dos más pequeñas, por donde pasa la demás gente, y más
allá hay otras dos grandes puertas, por donde pasan todos los que van a
palacio.
Dentro de este recinto hay otro muro, más largo que ancho,
dispuesto de la misma manera, con ocho pabellones y cinco puertas al Sur,
idéntico al primero, sólo que por los costados no tiene más que una sola
puerta. En medio de todos estos muros está el palacio del Gran Khan, que os
describiré. Es inmenso, rodeado de un gran foso; no tiene entresuelo, pero el
piso se eleva a 10 palmos del suelo. El techo es altísimo. Los muros de los
salones y estancias están recubiertos de oro y plata y hay en ellos bellísimas
pinturas de dragones, animales, pájaros, caballeros y damas y figuras de toda
especie. La sala central es tan grande, que 6.000 hombres pueden comer en ella.
Tiene tantos aposentos y habitaciones, por lo demás, que no hay mortal que
supiera hacer otro mayor ni mejor ordenado. El techo exterior está pintado de
rojo, gualdo, azul y otros colores, tan bien barnizados, que relucen como
cristales, y es tan sólido el barniz, que durará para muchos siglos.
Entre las dos murallas hay ricas praderas y alamedas de árboles
preciosísimos, en los cuales corren y se solazan toda clase de animales:
ciervos, llamas, gacelas, gamos y cebellinas, pero en recintos apartados y no
por donde deben pasar los hombres. Hacia la diestra hay un lago que contiene
toda clase de peces, pues el gran señor hizo que le llenaran de peces de toda
especie, para tenerlos a su voluntad cada vez que los pidiera. Un gran río
atraviesa el lago; pero todo está tan ingeniosamente dispuesto para que los
peces no puedan escaparse, pues la embocadura del lado está protegida por un
enrejado de alambre de cobre. Hacia Poniente, lejos del palacio y en una
colina, ha hecho levantar una explanada a más de cien pasos de altura y de un
perímetro de una milla. Esta colina está cubierta de árboles que no pierden
jamás su verdor y están perennemente lozanos. Cuando se mienta ante el Gran
Khan un árbol curioso o bello, que se haya visto por alguna parte, lo hace
traer por medio de los elefantes, con todas sus raíces y mucha tierra, para
plantarle en esta colina. (Y por grande que fuera el árbol lo traería de esta
manera.) De modo que posee los mejores árboles del mundo. Las paredes que suben
a la colina son de mármoles verdes y malaquita, y así, entre el verde de los
árboles y las piedras del mismo tono, todo aparece verde de color esmeralda, y
por eso le llaman el Monte Verde. Remata a este monte un soberbio palacio,
verde también, y monte, palacio y árboles son tan bellos, que hacen las
delicias de la vista. Y el gran señor los hizo construir para regalarse en
ellos y complacerse.
LXXXV -
Del palacio del hijo del Gran Khan, que reinará después de su
muerte Debajo de su palacio hizo construir otro semejante al suyo, el cual es
también perfecto. Éste es para su hijo, cuando llegue a reinar y sea gran
señor. Por eso está hecho de igual modo y magnificencia que el suyo. Y Temur,
hijo del Gran Khan, lo habitaba y seguía en él el mismo ceremonial y costumbres
que su padre. Y esto lo hacía por orden del Gran Khan, que deseaba le guardaran
a su hijo la misma consideración y le eligieran Gran Khan después de su muerte.
También éste tiene la bola y los sellos del Imperio; pero no con la plenitud de
poderes que tiene el gran señor.
Ya os he descrito los palacios, y ahora os describiré la ciudad
de Katai, por qué fue fundada y cómo. En verdad, existía allí una grande y
noble ciudad que llamaban Cambaluc, que en nuestro idioma significa la ciudad y
por sus astrólogos supo que esta ciudad se sublevaría y crearía grandes
dificultades al Imperio. Por esta razón el Gran Khan hizo construir otra ciudad
más abajo, e hizo que los habitantes de aquélla se trasladaran a ésta; la de
abajo se llama Taidu. Tiene 23 millas de cintura; es cuadrada, y sus cuatro
lados son perfectamente iguales. Está amurallada con muros de adobe y de tierra
que miden 10 pasos de ancho por 20 de alto. En su base no tienen igual espesor
que en la cúspide, pues miden sólo tres pasos en la parte superior. Estos muros
son blancos y almenados. Tienen 12 puertas, y a cada lado de ellas se halla un
hermoso palacio, de modo que a cada tres puertas corresponden cinco palacios, y
éstos tienen grandes salas y arsenales, donde viven los guardianes.
Las calles de la ciudad están tiradas a cordel y son anchas, de
modo que en ellas se abarca toda la perspectiva, y desde cada puerta se ve la
otra que está enfrente. En la ciudad hay bellos palacios, hermosas mansiones,
casas magníficas y amplias habitaciones. En medio de la ciudad encontraréis una
torre que tiene una campana grandísima, que repica por las noches, para que
nadie salga a la calle después de los tres toques. Y cuando la campana sonó,
nadie se atreve a salir, como lo mandan las ordenanzas, excepción hecha de un
caso apurado por asistir a un enfermo o a una mujer que esté de parto. Y si
esto hacen, deben proveerse de una luz o un farol. Cada puerta de la ciudad
está guardada por 1.000 hombres, y no es por desconfianza, sino por honrar al
gran señor que vive ahí y porque no quieren que los ladrones cometan villanías.
Os he contado de las ordenanzas de la ciudad; os contaré de la corte y otros
hechos.
LXXXVI -
De cómo el Gran Khan se hace guardar por 12.000 hombres a
caballo El Gran Khan se hace guardar por 12.000 hombres a caballo, que llaman
quesican, o sea caballeros fieles al señor, y esto no lo hace por temor, sino
para demostrar su grandeza. Los 12.000 hombres son mandados por cuatro
capitanes, tocándole 3.000 a cada uno. Éstos montan por turno la guardia cada
tres días y tres noches, y allí están a mesa y mantel. Así turnan los 3.000
continuamente durante todo el año. Cuando el Gran Khan se sienta a comer en
cualquiera de sus cortes, tiene mesa aparte en un estrado más elevado que los
demás y colocado mirando hacia Mediodía. Su primera mujer se sienta a la
izquierda, un poco más abajo; un escalón más abajo se sientan sus hijos,
nietos, sobrinos y parientes, personajes del linaje imperial, pero siempre de
modo que sus cabezas lleguen a los pies del señor. Los demás dignatarios de la
corte se sientan en otras mesas y aun algunos más abajo (sobre tapetes) que los
príncipes de sangre imperial, y así de las mujeres. Todas las mujeres del hijo
del gran señor y de sus hijos y parientes se sientan a la izquierda y más
abajo, y así las mujeres de los dignatarios, y cada uno sabe el puesto que le
corresponde según dispuso el gran señor. Las mesas están colocadas de modo que
el gran señor las abarca todas con la vista, aunque son numerosísimas. Aparte
de esto, comen en la corte otros 40.000 hombres más, pues acudeu forasteros con
grandes presentes y de países lejanos y son gente de consideración; estos
magnates vienen, por lo general, cuando el Gran Khan celebra sus ceremonias de
corte.
En el centro de la sala donde el gran señor se sienta a la mesa,
hay un gran recipiente de oro en forma de barril, con vasos más pequeños a los
costados. Del guadamanil se saca el vino u otro brebaje para llenar una vasija
de oro como para satisfacer a ocho o diez hombres. Ésta es llevada por dos
coperos, del cual uno sirve y el otro tiene la copa de oro; así sirven a los
caballeros y a las damas.
Todas estas vasijas, jarros y copas son de grandísimo valor,
pues el Gran Khan posee una tal cantidad de vajilla de oro y plata que aun
viéndolo no se puede creer.
Los que sirven los manjares y brebajes al Gran Khan son nobles
barones y llevan la boca y nariz tapadas con servilletas recamadas de seda y
oro para que con sus alientos no desfloren las comidas y brebajes del Gran
Khan.
Cuando el Gran Khan bebe, todos los instrumentos se ponen a
tocar, y los hay a fe en gran cantidad. Cuando el señor alza su copa en la
mano, todos los barones y los circunstantes se arrodillan y prosternan ante él.
En el banquete imperial los platos se sirven en gran abundancia y son
innumerables.
Las damas acompañan siempre a sus barones a la corte. Una vez
concluida la comida se reúnen en la gran sala central delante del gran señor,
donde juglares, bufones y truhanes hacen toda clase de juegos y farsas y
divierten a la corte, y todos hacen fiesta al gran señor.
LXXXVII -
Relato de la gran fiesta que celebra el Gran Khan el día de su
aniversario Los tártaros acostumbran a festejar su aniversario. El gran señor
nació el día 28 de la luna del mes de septiembre, y ese día celebran la fiesta
mayor, a excepción de la de primero de año, como os contaré luego. El día del
aniversario de su nacimiento se viste el Gran Khan con un magnífico traje de
paño de oro. Y más de 12.000 barones y dignatarios se atavían igualmente del
mismo color y de manera parecida a la de su señor. No es que los atavíos sean
tan suntuosos, pero son, sin embargo, de color y brocatel de oro y seda, con un
gran cinturón todo de oro. Estos trajes los regala el gran señor a sus
cortesanos. Hay trajes de éstos de ceremonia que son de gran valor, y las
piedras preciosas y las perlas que llevan encima valen más de 10.000 bizancios
de oro. Hay variedad de ellos, pues el Gran Khan regala 13 veces al año estos
ricos trajes a estos 12.000 barones y caballeros para que se vistan como él. No
hay otro señor que tal haga y que pueda sostener tan inmenso gasto.
LXXXVIII -
Continuación de la fiesta que celebra el Gran Khan el día de su
aniversario Todos los tártaros del mundo y todas las provincias y regiones
hacen grandes presentes el día del cumpleaños del Gran Khan, cada uno según
está estipulado y como conviene que lo haga. El gran señor ha destinado a 12
barones para dar la señoría a estos hombres según lo que trae cada uno de
ellos. Y ese día oran los idólatras, los cristianos y los sarracenos y el
pueblo para que le conserve la vida y le colme de alegrías y de prosperidad.
Esas horas pasan en medio del regocijo general, festejándolas con gran pompa.
Pero dejemos esto para hablar de otra gran fiesta que celebran al empezar el
año, que ellos llaman la fiesta blanca.
LXXXIX -
De la fiesta que celebra el Gran Khan el primero de año
El primero de año es para ellos en febrero, y lo celebran
muchísimo. Es costumbre que ese día, tanto el Gran Khan como todos sus
súbditos, hombres y mujeres, se vistan de blanco. Lo hacen porque consideran
que el blanco es símbolo de gran alegría, y, además, porque creen que todo el
año gozarán de bienaventuranza si lo empiezan bien. En esa fecha todos los
vasallos de las provincias y regiones más lejanas le traen magníficas ofrendas
de oro, plata y piedras raras y ricos brocateles blancos. Así, para todo el año
tiene una cantidad de tesoros. También entre el pueblo y los barones y nobles
señores es costumbre se regalen entre ellos objetos blancos, deseándose
mutuamente salud y prosperidad. Es asimismo usanza presentar al Gran Khan en
obsequio más de 100.000 caballos blancos. Y ese día llegan comitivas de más de
5.000 elefantes cubiertos de magníficas gualdrapas bordadas de pájaros y
flores. Lleva cada uno en el lomo dos ricas alforjas bordadas con estuches muy
bellos y lujosamente trabajados conteniendo vajilla, arreos magníficos, que
suelen ser comúnmente blancos. Y llegan caravanas de camellos cubiertos de
ricos paños de oro y cargados con las cosas necesarias a la fiesta,y todos
pasan ante el Gran Khan. Esta comitiva es la coga más grandiosa que darse pueda,
y por la mañana, antes que las mesas estén preparadas, todos los reyes, duques,
marqueses, condes, barones y caballeros, astrólogos, médicos, buhoneros y otros
oficiales y comandantes de tierra y mar vienen a la gran sala delante del
señor, y los que no caben en ella se quedan afuera de manera que pueda verlos
el Gran Khan, a presentar sus credenciales y oficios. La comitiva se forma de
este modo: Ante todo, sus hijos, sus sobrinos y los de su linaje imperial.
Luego, los reyes; después los buques y las maestranzas, unos tras otros como
tienen que seguir según la jerarquía. Y cuando todos se han colocado en sus
respectivos puestos viene un sacerdote que dice en alta voz: «Inclinaos y
adorad.» Y a la voz del sacerdote todos se inclinan, tocando la tierra con la
frente, y adoran al Gran Khan como si fuera un dios. Y esto lo hacen cuatro
veces seguidas. Van luego a un altar que está muy adornado, y sobre este altar
hay una tabla bermeja en la cual está escrito el nombre del Gran Khan y delante
un magnífico incensario. Con él inciensan la tabla y el altar con reverencia y
vuelven a sus sitios respectivos, presentando sus ofrendas que son de la
riqueza que podéis suponeros.
Hecho esto, y habiendo visto el gran señor con gran complacencia
todo este ceremonial, se ponen a comer y se sientan por orden y jerarquía, como
os he contado ya en el otro capítulo. Os he hablado de la fiesta blanca; os
contaré ahora de los trajes que el Gran Khan regala a los barones para que
asistan a estas ceremonias.
XC -
De los 12.000 barones que asisten a las fiestas
Sabed en verdad que el Gran Khan ha dispuesto 13 fiestas a las
cuales deben asistir los 12.000 barones que llaman quecican, o sea, los más
próximos feudatarios del Imperio. A cada uno le da 13 trajes de colores
variados bordados en perlas, alfójar y piedras preciosas de grandísimo valor.
Les regala también calzas de gamuza bordadas finamente con hilos de plata, y
todo esto tan recamado y rico, que cuando se han revestido con estos adornos
tan nobles y suntuosos parece cada uno rey. Hay un traje designado para cada
una de las 13 fiestas, teniendo el Gran Khan otros semejantes y parecidos,
aunque bordados con más magnificencia; pero es de rigor que los barones
ostenten el mismo día un traje parecido al del gran señor y en los mismos
colores que esté.
Os he hablado de los 13 trajes que tienen los 12.000 barones, lo
que hacen 156.000 trajes, que valen un tesoro. Sin contar calzas, botas y
cinturones de oro, que valen otros tantos patrimonios, y todo esto lo hace el
gran señor para que sus ceremonias resulten brillantes y fastuosas. Os diré una
cosa más maravillosa aún de las que os llevo contadas en este libro. Sabed que
un gran león es traído al pie del señor en estas ceremonias, y cuando le ve se
hecha a sus pies y se humilla como si lo reconociera por dueño y señor. Y así
queda postrado ante él sin cadena y en plena libertad, lo que es verdaderamente
prodigioso. Dejemos esto y os contaré de una gran cacería ordenada y dirigida
por el Gran Khan.
XCI -
De cómo el Gran Khan dispone para que le traigan los venados
Mientras el Gran Khan vive en la ciudad de Catai los tres meses de diciembre,
enero y febrero, ha establecido que sesenta días todos sus oficiales deben
cazar y dedicarse a la cetrería. Y es costumbre que cada señor o capitán le
traiga grandes piezas, como jabalíes, ciervos, corzos, gamuzas, osos y otros
animales de caza mayor. Así, que todos deben dedicarse a la caza. Y estos
animales, después de destripados y bien mondos, los ponen en carretelas y los
envían al gran señor. Y esto durante treinta días, así que llegan en grandes
proporciones. Los que viven en reinos más retirados se las mandan ya cocidas y
adobadas, porque el camino es largo y se echarían a perder. Os he hablado de la
caza y de los venados; os hablaré de las fieras que tiene el gran señor.
XCII -
De los leones, leopardos, lobos, linces, gerifaltes, halcones,
búhos, gavilanes y otros pájaros El gran señor tiene leopardos en cantidad, que
sirven para cazar y coger otras piezas. Tiene lobos adiestrados en la presa de
otros animales y que son excelentes cazadores. Tiene grandes leones, más fieros
que los de Babilonia, de pelo de bello color, leonado de blanco, negro y
bermejo. Éstos suelen estar adiestrados para la caza del jabalí; tiene bueyes
salvajes, pollinos, osos, ciervos, cervatos, garnos y otros venados. Y es cosa
bella el mirar cómo estos leones apresan a las fieras. Van de caza con los
leones en carretas, acompañados de un perrito. Hay además águilas que están
adiestradas para cazar lobos, zorros y gacelas, y las que combaten contra los
lobos son grandes y terribles, pues no hay lobo que se salve de las garras del
águila.
Os quiero hablar ahora de las jaurías de perros que tiene el
gran señor.
XCIII -
De los hermanos del Gran Khan que están al cuidado de los perros
de caza El gran señor tiene dos barones que son sus hermanos carnales, el uno
llamado Baian y el otro Mingan. Tienen el título de «ciunci», es decir, los que
guardan al perro mastín. Cada hermano tiene 10.000 hombres a sus órdenes, que
visten de rojo y azul; cada vez que van de caza con el gran señor visten este
atavío. De estos 10.000 hombres hay 2.000 que llevan a la mano un perro mastín
o dos. Cuando el Gran Khan va de caza, uno de sus hermanos, llevando sus 10.000
hombres con sus 5.000 perros, le acompaña, mientras el otro, con igual cantidad
de hombres y perros, va por el otro lado. Y van tan bien ordenados, que se
despliegan en fila en una jornada de marcha y no hay fiera que quede viva a su
paso. Y es un espectáculo admirable ver cómo perros y cazadores se desenvuelven
en esta cacería. Es sorprendente, cuando cabalga el gran señor en las landas,
ver venir a su encuentro a sus perros con presas de ciervos y otros animales;
lo que resulta, sin duda alguna, un espectáculo tremendamente bello. Os conté
de los perros de caza; os diré en lo que emplea el tiempo otros meses del año.
XCIV -
De cómo se ocupa de cetrería
Pasados los tres meses de residencia en la ciudad que os nombré,
se va en el mes de marzo hacia Mediodía hasta el mar Océano, llevando consigo
10.000 halconeros y 5.000 entre gerifaltes y halcones peregrinos, halcones
sagrados para cazar en el río. Y no los tiene sólo consigo, sino que los divide
en grupos de 200, 100 y más; éstos apresan a los pájaros y los traen al gran
señor. Mientras éste caza con su gerifalte, hay 10.000 hombres distribuidos de
dos en dos, que se llaman «toscador», o sea buhoneros, que vigilan y guardan, y
cada uno lleva su reclamo o señuelo a capirote para que cuando fuera menester
pueda cobrar su halcón. Y cuando el señor suelta sus pájaros no ha menester que
los siga, que ya están ahí sus hombres para recogerles y socorrerles si así lo
necesitan. Y todos los pájaros del Gran Khan tienen en las patas un escudete de
oro pegado a los cascabeles, y también así acostumbran tenerlo los de los
barones, en el cual dice el nombre del pájaro y el de su propietario. De modo
que si se extravía puede ser devuelto a éste, y si no se encontrara el dueño
hay un barón llamado «bularguci» que se encarga de hacerlo buscar a los
guardas. Y cuando se extravía un caballo, una espada, un venablo o un pájaro, o
cualquier cosa, se lo llevan a este oficial para que lo guarde hasta encontrar
su dueño, y aquel que no se lo llevare inmediatamente es tenido por un ladrón y
pueden prenderle. Así es que el que haya perdido un objeto acude a este barón,
que se lo entrega al instante. Y éste se encuentra siempre muy a la vista con
su pendón para que todos puedan acudir a él con presteza. De modo que nada se
pierde que no sea restituido.
Si el Gran Khan caza cerca del mar Océano tiene mil ocasiones
para apresar cuantos pájaros quiera, y no hay placer comparable a éste. El Gran
Khan va siempre encima de su elefante en un pabellón de caza forrado en su
interior por brocatel de oro repujado y cubierto exteriormente de piel de león.
Allí se custodian los mejores gerifaltes. Sale a la caza en un elefante,
rodeado de los barones, y cuando éstos le señalan las grullas, hace que
entreabran el techo de su pabellón y lanza los gerifaltes y azores. Y allí
contempla con gran regocijo y satisfacción, tendido en su lecho, el espectáculo
del gerifalte persiguiendo a las grullas. Y sus barones le dan escolta. Nadie
en el mundo puede experimentar mayor deleite cual este señor cuando va de caza.
Hay otro paraje, llamado Cacciar Hodun, donde también posee uno de estos
pabellones, y allí encuentra a sus amigas y a su numerosa corte, compuesta de
10.000 personas. Os describiré el tal pabellón: es tan amplio, que sus cámaras
son capaces de contener 1.000 caballeros, y la puerta mira hacía Mediodía.
Cerca de ésta hay otra hacia el Oeste, en donde mora el señor en persona. Allí
es donde da audiencia a sus vasallos, y detrás de esta sala se halla aparejada
la alhania o alcoba. Todo alrededor hay otros pabellones que sirven para el
séquito. Las tiendas son hechas de esta manera: en medio tienen tres columnas
de madera olorosa, muy bien labrada; exteriormente están cubiertas con pieles
leonadas, blancas, rojas y negras, también trabajadas, que ni el viento ni la
lluvia las puede dañar. En el interior las paredes van recubiertas de armiño y
de cebellinas, que son las dos pieles más preciadas que existen, pues la piel
de cebellina que se necesita para hacer un traje de hombre costaría 2.000
bizancios si es de la mejor y 1.000 si es de calidad inferior. Y el tártaro la
llama la reina de las pieles. De estas dos clases de pieles están recubiertas
las dos grandes cámaras del Gran Khan, cosidas con tal destreza que encanta el
verlas, y la alhanía donde duerme el señor es también por fuera de piel de león
y por dentro de cebellinas y de armiño. Los cordones que ligan las cañas del
pabellón son trenzados en seda y burato y de tan primorosa labor que ni un rey
podría pagarse este lujo. Rodean a estos pabellones otros semejantes, y las
amigas del Gran Khan tienen los suyos, así como los gerifaltes que se hallan
custodiados en otros más lejos. Este campamento está lleno de gente; es toda
una población de astrólogos, médicos, halconeros y otros oficiales la que
compone el séquito del Gran Khan. Y la estancia del señor en esos parajes dura
hasta la primavera, que cae por nuestra Pascua de Resurrección. Y pasa el
tiempo en estas delicias cazando en los lagos y en tierra, apresando grullas,
cisnes y otros mil pájaros. Ningún mercader, ni artesano, ni villano puede
tener ni perros de caza, ni halcones, ni pájaros, ni dedicarse a la cetrería a
20 leguas a la redonda de donde mora el señor. Sólo en otras provincias remotas
pueden cazar y adiestrar pájaros a voluntad.
Y hasta donde alcanzan sus feudos no hay rey, ni duque, ni barón
que se atreva a cazar liebres, ni reses, ni venado en tiempo de veda. Y el que
contraviniere a este edicto se arrepentiría en verdad, porque así lo ha
dispuesto el gran señor. Y es tal la obediencia y el acato a su soberana
voluntad, que liebres, gamos y otros animales vienen pacíficamente hasta entre
los hombres, que les pueden acariciar, pero se guardarían muy bien de hacerles
ningún daño.
Y hasta Pascua de Resurrección queda el gran señor disfrutando
de esos pagos, para volver a su ciudad de Cambaluc, con sus gentes y su corte,
por la misma ruta que había emprendido al venir.
XCV -
Más relatos sobre la corte del Gran Khan
Al volver a su muy amada villa de Cambaluc se instala en el
palacio mayor y celebra tres días de fiesta con su corte y sus mujeres. Y
pasados los tres días se recoge en la ciudad alta, que, como os dije, hízose
construir, llamada Ciandu, o sea el palacio de mimbres rodeado por la gran
pradera. Allí pasa el estío, porque es una región fresca preservada de la
canícula. Allí queda desde el primero hasta el veintiocho de agosto, día en que
hace desparramar la leche de sus yeguas blancas, como os conté más arriba en mi
narración. Vuelve luego durante seis meses a la ciudad de Cambaluc para
celebrar en ella su aniversario en el mes de septiembre, y permanece allí
octubre, noviembre, diciembre, enero y febrero, que es el mes en que cae la
fiesta blanca. Desde el primero de marzo a mitad de mayo va a orilla del
Océano, como os tengo contado; luego vuelve durante tres días a su capital,
celebrando fiestas, saraos y entretenimientos con sus mujeres, y son días de
júbilo y de alegría para toda la corte, pues maravilla el ver con la solemnidad
con que celebran estos tres días.
XCVI -
De la ciudad de Cambaluc, de su grandeza y su numerosa población
Hay una multitud de casas entre el centro, la villa y los
arrabales de esta ciudad; hay tantos arrabales como puertas, y en éstos vive
tanta gente como en la ciudad. En ellos se hospedan los mercaderes que vienen a
sus negocios, y acuden en gran número a causa del Gran Khan, que hace que la
ciudad sea un espléndido mercado.
Los palacios en los arrabales y en la ciudad son también muy
hermosos, pero no llegan al del Gran Khan.
En la ciudad no se entierra a ningún hombre. Y a los idólatras
los van a incinerar más allá de los arrabales; allí también dan enterramiento a
los demás muertos.
En el recinto de la ciudad no puede vivir ninguna pecadora o
mujer de malas costumbres; son las damas del gran mundo quienes sirven a los
hombres por dinero, y aun éstas viven en los arrabales. Eso sí, allí las
hallaréis en gran número: hay 20.000 cortesanas que mercan sus favores. Y son
muy necesarias por el tráfico inmenso de la ciudad. Podréis daros cuenta de la
cantidad de gente que reside en Cambaluc y pasa por ella, por el número crecido
de sus meretrices.
En Cambaluc se mercan los objellos más raros yde más valor.
Primeramente, de las Indias vienen cargamentos de alhaites, piedras preciosas,
perlas finas, joyas y preseas; son traídas a esta ciudad. De la provincia de
Catai y de los demás reinos afluyen todas las mercaderías. Naturalmente que
esto sucede por la gran cantidad de compradores y de gente allí reunida en la
corte del Gran Khan, por los huéspedes ilustres, las damas, sus barones y
dignatarios y por lo que compra el gran señor.
Cada día entran más de 1.000 carretas de sederías o de
ingredientes para fabricarlas, porque en Cambaluc se teje el paño de oro, las
bayetas de seda, los grodetures y tafetanes. En los alrededores de la ciudad
hay otras pequeñas villas que viven todas de lo que compra la capital. Y ahora
os hablaré de la «Ceca» y de la moneda que se acuña en esta misma ciudad y
veréis las riquezas del gran señor y cómo puede gastar cuanto se le ocurra y
más de lo que os dije.
XCVII -
De cómo el gran señor acuña moneda
También es Cambaluc la Ceca del gran señor. Arreglolo de tal
manera que el Gran Khan posee el secreto del alquimista más avisado. Hace
acuñar monedas del modo siguiente: toman la corteza de los árboles (moreras por
lo general, de las que el gusano de seda devora la copa), y de la membrana que
hay entre la corteza y el tronco suelen hacer una pasta como la del papiro, de
color muy moreno, casi negro. A estos papeles o tarjetas las hace cortar de
varios tamaños, por lo general como tarjetas largas y estrechas. Una pequeña, a
la cual le da el valor de la mitad de un sueldo; otra mayor, que vale un
sueldo; otra de medio ducado de Venecia, y otra de dos ducados, y otra de
cinco, y otra de diez. Otra hay que vale un bizancio, y otra de tres bizancios,
y así hasta diez bizancios. Todos estos papeles o tarjetas son sellados con el
signo del Gran Khan. Hace fabricar tal número de ellos, que puede comprar
fácilmente todos los tesoros de la tierra. Y una vez estampillados, los hace
repartir por todas las provincias, reinos y señoríos y paga con ellos todas sus
cuentas. Nadie puede desechar esta moneda, so pena de muerte. Y todos los
mercaderes toman esos papeles en pago de sus mercancías y con ellos se pagan
las perlas, las joyas, el oro y la plata. Y el papel que vale diez bizancios no
pesa ni uno. Y mientras varías veces al año llegan los mercaderes con perlas,
piedras finas, oro y plata, el gran señor llama a 12 sabios que son los
elegidos para estas cosas y son muy duchos en la materia, les manda que
examinen las cosas que traen los mercaderes y que las justiprecien y les paguen
lo que valen. Y estos 12 barones les pagan el precio en esa moneda de papel.
Los comerciantes lo aceptan con gran placer, porque con ellas
pueden a su vez comprar cuanto quieran. Y así el Gran Khan hace pagar con esas
tarjetas mercancías que valen sus 400.000 bizancios. Y una vez al año se
publica un bando diciendo que todos los que posean oro, piedras y plata lo
lleven a la Ceca y le serán trocados por ese papel moneda. De esta manera el
gran señor acumula tesoros incalculables de plata, oro y piedras finas.
Cuando estos papeles se rompen, o ensucian, o deterioran, se los
llevan a la Ceca, donde los cambian por nuevos con una disminución del 3 por
100. Y cuando un hombre quiere adquirir un cinturón de oro, una vajilla de
plata o joyas y preseas se va a la Ceca del Gran Khan y le lleva los papeles en
pago del oro y plata que compra al barón que dirige la Ceca.
Y ya veis cómo el gran señor puede tener, y tiene, los mayores
tesoros del mundo.
Os he contado de las cosas referentes a la moneda, y ahora os
contaré de la nobleza y señorío.
XCVIII -
De los 12 barones que asisten en sus actos al Gran Khan
El gran señor escogió a 12 hombres de los más principales de su
reino entendidos en todos los negocios que conciernen las 33 provincias. Os
diré su ordenamiento y facultades.
En primer lugar habéis de saber que los 12 barones viven en un
palacio espacioso, con inmensas salas, en la ciudad de Cambaluc; cada provincia
tiene un juez, un notario y un escribano, que viven en este mismo palacio, pero
cada cual en su departamento. Y este juez y escribano deciden de todos los
negocios que conciernen a las provincias de las que son diputados, pero están a
su vez sometidos al mando de los 12 barones. Estos 12 barones son poderosos:
ellos eligen a los señores y gobernadores de las provincias. Les señalan según
sus méritos al Gran Khan, que los ratifica en sus cargos, dándoles una tableta
de oro, tal como conviene a su señorío. Y estos barones deben también reunir y
formar las huestes para la guerra, siempre con la venia del gran señor. Al
Consejo le llaman «Scieng», es decir, la Suprema Corte, y nadie hay más
poderoso que ellos, salvo el Gran Khan. El palacio en que viven se llama
también «Scieng», y ésta es la mayor dignidad que hay en la corte del gran
señor, pues tienen derecho de hacer cuanto les place. No os hablaré del
gobierno de las provincias, porque lo dejo para más adelante con más
pormenores. Y dejemos esto para contaros cómo el Gran Khan envía a sus
estafetas y de qué modo aparejan sus caballos.
XCIX -
De cómo desde la ciudad de Cambalue se va por diferentes vías a
las provincias De la ciudad de Cambaluc, parten varias carreteras, que van por
determinadas provincias, y cada una se llama con el nombre de provincia adonde
lleva. Y es cosa hecha con muy buen juicio y muy bien ordenada. Cuando un
correo parte de Cambaluc y ha recorrido 25 millas, encuentra un puesto llamado
«iant» en su lengua, y en la nuestra posta. Y en cada posta encuentra un
palacio muy grande, en donde los embajadores y emisarios del Gran Khan pueden
alojarse. En estas ventas tienen camas con colchas de seda y demasquinos y todo
lo que conviene para hospedar a personas de importancia. Y si un rey bajara en
ellas quedaría satisfecho. Cada posta cuenta con 400 caballos de repuesto,
según lo ha establecido el gran señor, siempre prontos a continuar la ruta. A
cada 25 o 30 millas hay las tales postas (en las carreteras principales se
entiende). Y esto en todo el Imperio del Gran Khan.
Hasta en parajes, alejados, donde escasea el poblado y no hay
hospedería ni albergues, ha dispuesto el Gran Khan que haya estas postas, con
sus casas cómodas y caballerías y arneses. Así es que los embajadores, heraldos
y estafetas del Gran Khan encuentran en todas partes donde cobijarse y caballos
de repuesto. Esto no hay emperador, ni rey, ni ningún otro hombre que lo
disfrute con tanta largueza.
De modo que hay más de 200.000 caballos dedicados a las postas
para los correos y estafetas, y más de 10.000 palacios amueblados a este
objeto.
Hay en las pequeñas aldeas, de tres en tres millas, un hombre
con un relevo. Lleva una gran cintura llena de monedas o colgantes de hierro,
para que suenen de lejos cuando galopa. Éstos van como el viento, pero nunca
más allá de tres millas, y el que le oye venir se apronta a relevarle. Se
entregan de uno a otro por medio del escriba, que tiene obligación de
reseñarlo, una pequeña tarjeta, y por medio de estas estafetas tiene el Gran
Khan las nuevas de diez jornadas de distancia en un día y una noche (pues no
emplean más estos hombres en hacer el recorrido de cinco jornadas). Y en dos
días y dos noches llegan las noticias de veinte jornadas, y en diez días y sus
noches las que vienen de cien días de distancia. De modo que estos hombres
rinden en un día el fruto de diez jornadas. Éstos están exentos de toda
alcabala, y el Gran Khan les remunera con largueza.
Y para los caballos que esperan el relevo se arregla el gran
señor del modo siguiente, y pregunta: «¿Cuál es la ciudad más próxima a la
posta?» Averigua con qué cantidad de caballos puede contar como tributo en esa
ciudad, y así provee la posta. De modo que no le cuesta nada al gran señor, a
menos de que no se trate de lugares apartados y distantes en los cuales esté
obligado a proveer las postas con sus propios caballos. Cuando es menester que
un heraldo llegue pronto para traer la noticia de la rebelión de una provincia,
corren 200 millas en un día y hasta 250. Cuando quieren correr la posta tan
rápidamente y hacer tantas millas en un día, les entregan la tabla del
gerifalte con la expresa nota que tienen algo importante que comunicar y es
menester lleguen como el rayo. Si son dos, se ponen en camino con dos buenos
caballos fuertes y resistentes. Se vendan el vientre y atan la cabeza y corren
hasta llegar al puesto o a la posta de 25 millas, y allí encuentran el relevo
de caballos frescos y aparejados. Montan en la silla y continúan a todo correr
hasta la posta siguiente, en donde encuentran otro relevo pronto, y así hasta
la noche. Y de este modo estas estafetas hacen 250 millas para traer las
noticias al gran señor.
Dejemos esto de las postas, que os hemos relatado
minuciosamente, y os contaré una gracia que el gran señor concede dos veces al
año.
C -
De cómo el Gran Khan ayuda a sus súbditos cuando tienen malas
cosechas o pierden el ganado Tiene el Gran Khan por costumbre mandar emisarios
para enterarse del estado de las cosechas en sus provincias, y si han sido
perjudicados los labradores por el granizo, pedrisco u otra calamidad, y si hay
gente que ha sufrido de estos males les perdona por ese año el pagar el
tributo, les hace dar grano para la siembra, para que coman, y esto por bondad
de corazón. Esto en el estío; en invierno hace la misma cosa para el ganado. Si
un hombre ha perdido sus animales o sus bestias por una epidemia o por
accidente, les hace dar el suyo propio y les perdona el pecho por este año.
CI -
De como el Gran Khan hace plantar árboles en los caminos Ha
ordenado que por las carreteras por donde pasa la posta, los mercaderes y los
peregrinos, se planten árboles, de dos en dos, a los lados del camino. Estos
árboles son tan grandes, que se ven de lejos. Y esto para que nadie pierda de
vista la carretera y no se aparte de ella. Y los encontraréis en regiones
desiertas, muy útiles para los viandantes, que no pierden el camino, y los hay
en todas las provincias y en todos los reinos.
CII -
Del vino que beben en Catai
Los habitantes de Catai beben un vino que preparan del modo
siguiente: Hacen una bebida con arroz fermentado y otras especias, y lo
elaboran de tal manera que es mejor que cualquier otro vino, porque es muy
ardiente.
Y ahora os contaré de unas extrañas piedras, que ellos logran
quemar como la madera.
CIII -
De una especie de piedra que arde como la madera
Hay en toda la provincia de Catai una clase de piedras negras,
que sacan de la montaña, como los minerales, y queman como si fueran zoquetes
de madera. Es decir, que el f uego es más intenso y resistente que el de la
madera, y si las encendéis por la noche y prenden bien, os durará la candela
hasta la mañana siguiente. Y en toda la provincia de Catai queman de esas
piedras. No faltan, sin embargo, bosques para quemar madera; pero esas piedras
cuestan menos y duran más.
También os contaré de cómo el Gran Khan se ocupa de que el trigo
se abarate.
CIV -
De cómo el Gran Khan hace almacenar trigo para proveer a su
gente en tiempo de calamidades Cuando llega un buen año y cosecha abundante, y
el gran señor ve que hay mucho en el mercado, hace recoger una buena cantidad y
llenar bien los graneros y arreglarlos de modo que puedan durar tres o cuatro
años. Con esto quiero decir que hace almacenar toda clase de cereales: trigo,
cebada, alpiste, arroz y demás, y de todo esto recogen en gran cantidad. Cuando
el trigo llega a faltar o sube mucho de precio, saca él de sus graneros, y si
la fanega cuesta un bizancio, hace distribuir cuatro fanegas a cada hombre. Y
así todos tienen trigo en abundancia. De este modo, el gran señor provee para
que en tiempo de hambre sus súbditos no padezcan. Y lo mismo ordena que se haga
en sus tierras y señoríos.
CV -
De cómo el Gran Khan hace la caridad a los pobres de su Imperio
Y os contaré cómo hace la caridad a los pobres en la ciudad de Cambaluc. Se
preocupa de las familias pobres de seis, de ocho y de diez miembros, y si no
tienen que comer les hace dar trigo y toda clase de vituallas. También los que
van por pan a la corte o a palacio nunca vuelven con las manos vacías, y eso
que van más de 30.000 personas diarias durante todo el año. Y es gran bondad
del señor hacia su pueblo, que así le quiere y le venera como a un dios.
De Cambaluc iremos a Catai, a ver las grandes cosas que
contiene.
CVI -
De la provincia de Catai y del río Pulisanghin
Sabed que micer Marcos en persona fue enviado como embajador por
el Gran Khan hacia Poniente, y se ausentó de Cambaluc y viajó por espacio de
cuatro meses. Os referiré lo que vio a la idea y al retorno. Partiendo de la
ciudad de Cambaluc, a 10 millas, hay un río llamado Pulisanghin, que desemboca
en el Océano, y sobre el cual transportan muchas mercaderías.
Mide 300 pasos de largo por ocho de ancho. En este río hay un
hermoso puente de piedra de 24 arcos y 24 pilastras de mármol gris,
magníficamente entrelazadas. A cada lado del puente hay una columnata de
mármol, que corre a lo largo del pretil; cada columna tiene por base la figura
de un león y está rematada en su cúspide por otro león grande y bien labrado; a
un paso y medio de esta columna hay otro semejante, con los leones por base y
remate, y de una columna a otra hay un parapeto de mármol gris, para que los
hombres no caigan al agua. Y así, una tras otra, hasta el cabo del puente,que
es de una bella construcción.
CVII -
De la gran ciudad de Giongiu
A 30 millas hacia Poniente de este puente se encuentran
habitaciones lujosas y viñedos y campos y una gran ciudad llamada Giongiu. En
ella hay varias abadías idólatras. Viven del comercio y la industria. Tejen en
ella el paño de oro y los brochados de seda; hacen magníficos cendales y hay
muchas hospederías para los viajeros.
Al salir de la ciudad y a una milla de ella hay dos caminos, uno
hacia Poniente y otro hacia Occidente; el de Poniente llega hasta Catai, y el
de Occidente a la provincia de Catai, siempre cuajadas de ciudades, castillos,
fábricas, alhóndigas y grandes zocos, campos, viñedos y muchos monumentos.
Os contaremos del reino llamado de Taianfu.
CVIII -
En donde se habla del reino de Taianfu
Al salir de Giongiu, después de diez jornadas de marcha, se
halla el reino de Taianfu. La capital tiene también el mismo nombre; es grande
y bella; en ella hay mucho tráfico y mucho arte. En esta ciudad fabrican
arneses, necesarios al ejército del gran señor. Hay viñedos y vino excelente, y
la misma ciudad es la que surte a la provincia. Hay criaderos de gusanos de
seda y mucha industria en buratos y sedas. De Taianfu se cabalgan siete
jornadas a Poniente, en una rica región con villas, castillos, fábricas y
almacenes. Hay un continuo vaivén de mercaderes, y al cabo de siete jornadas se
encuentra una ciudad llamada Pianfu, también muy comercial. En ella fabrican
sedas en cantidad. Y ahora hablaremos de otra gran ciudad, llamada Cacianfu;
pero ante todo mencionaremos un magnífico castillo llamado Caiciu.
CIX -
En donde trata de un castillo llamado Caiciu
A dos jornadas a Poniente de Pianfu hay un bello castillo,
llamado Caiciu, que hizo construir antaño un rey llamado Dor. En este castillo
hay un gran palacio, que en una de sus amplias salas contiene una colección de
retratos y pinturas de todos los reyes que reinaron antiguamente en esta
provincia y han ido dejándolos a su paso. Del rey Dor os contaré una historia
interesante que pasé entre él y el Preste Juan, y que narran las gentes del
lugar. Es verdad que este rey Dor era enemigo del Preste Juan, pero estaba tan
bien fortificado en su castillo que aquél no podía hacerle daño alguno, por lo
cual se sentía muy molesto y furioso. Siete criados del Preste Juan le retaron
y le dijeron que le traerían vivo al rey Dor. El Preste Juan les contestó que
si esto hacían no les había de pesar y sabría recompensarlos, así que
decidieron hacer lo siguiente: se fueron en compañía de sus escuderos y le
dijeron al rey Dor que venían del extranjero para servirle. El rey les acogió
gozoso y les contestó que eran los bienvenidos.
De esta manera los siete criados empezaron a servirle. Dos años
quedaron a su servicio, y el rey les tomó gran apego y se fiaba de ellos como
de sus propios hijos. Y escuchad lo que hicieron estos malvados (¡que nadie
puede librarse de los hombres desleales!) Cuando vieron que el rey estaba
indefenso, dieron por llegado el momento de ejecutar su proyecto.
Dijéronle al pronto al rey que tendría que seguirles y que si no
le
matarían. El rey, extrañadísimo, exclamó: «¡Cómo, amados hijos!
¿Adónde
queréis que vaya?»«Vendrás -dijeron- con nosotros hasta nuestro
señor el
Preste Juan.»
CX -
De cómo el Preste Juan hizo apresar al rey Dor
Cuando esto oyó entró en gran aflicción: «¡Tened piedad de mí!
¿Cómo es posible que habiéndoos colmado de honores en mi palacio queráis
librarme en manos de mi enemigo? ¡Si esto hacéis, seréis unos villanos y
malandrines!» Éstos dijeron que así debía ser. Y le llevaron ante el Preste
Juan. Y al verle el Preste Juan, gozábase en su venganza. Mandó que le
encerraran en un calabozo y que le guardaran las fieras, para significarle su
desprecio y que le consideraba tan vil como a ellas. Así le tuvo dos años, y al
cabo de ellos le hizo venir a su presencia y le dijo: «Ya ves que no eres de
talla como para hacerme la guerra y no puedes medirte conmigo.» Así lo
reconoció humildemente el rey Dor. Entonces el Preste Juan, al verle tan bueno
y mansueto, le dio ricos caballos y arneses, le vistió de brocado de oro y,
haciéndole acompañar por brillante escolta, le devolvió a su reinado, y desde
ese tiempo fue su amigo y aliado.
CXI -
En donde se habla del gran río de Caramoran
A 20 millas hacia Poniente se encuentra un río llamado
Caramoran, que es tan grande que desemboca en el Océano. A sus orillas hay
grandes poblaciones y mucho tráfico. En sus riberas crece el jengibre y el
cinamomo. Hay tanta multitud de pájaros, que por tres faisanes se da un sueldo,
es decir, un aspro, que vale un poco más. A dos jornadas del río se encuentra
la noble ciudad de Cacianfu. Los naturales son idólatras, y los de la provincia
de Catai lo son igualmente. Es una ciudad industriosa y comercial; hay gran
mercado de sedas. Tejen en ella brocados de oro y de seda de todas clases, y de
allí vamos a la cabeza del reino, llamada Quengianfu.
CXII -
De la gran ciudad de Quengianfu
Y cuando se deja la ciudad de Cacianfu se cabalgan ocho jornadas
hacia Poniente, encontrando siempre amenas praderas, poblaciones, ciudades,
aldeas y castillos, jardines y campos fertilísimos, y se llega a la ciudad de
Quengianfu. Toda la comarca está llena de moreras, en las cuales anidan los
gusanos de seda; los habitantes son idólatras. Hay abundancia de pájaros y toda
suerte de bichos. Es gran ciudad comercial e industrial. Quengianfu fue capital
poderosa del reino y tuvo muchos reyes buenos y justos, y hoy la rige un hijo
del gran señor, llamado Mangalai; su padre le confió este reino y le hizo
coronar aquí; es muy amado de sus súbditos. Los huéspedes que moran en torno a
su palacio tienen gran solaz de venación. En el arrabal en donde está este
palacio hay una llanura rodeada de lagos, ríos y riachuelos; por él corren
numerosas fuentes. Hay una muralla robusta, que rodea la ciudad, y tan hermosa
que no puede dibujarse mejor. Las estancias son amplias y pintadas, con friso
de oro repujado. El rey Mangalai es justo y ecuánime y muy querido de sus
súbditos; la guardia vive en los alrededores de palacio y se alimenta de la
caza, que tiene a su albedrío.
Nos internaremos en la montaña para contaros una provincia muy
pintoresca, entre riscos, que se llama Cuncun.
CXIII -
De los confines de Catai y Mangi
Dejando Mangalai, se marchan tres días hacia Poniente por una
hermosa llanura cubierta de ciudades, villas, castillos y aldeas, ricas en
sedas y abundante en frutas. Al cabo de las tres jornadas se llega a un país de
altas montañas, y valles muy hondos, que es la provincia de Cuncun. Entre los
riscos y peñascales hay aldeas y fortalezas. La gente es idólatra y vive de la
caza y de la agricultura. En los bosques hay muchas fieras: leones, osos,
lobos, gamos, ciervos, de modo que la gente que los caza vende sus pieles y
saca gran provecho de ellas. Cabalgando veinte jornadas entre riscos no se
deja, sin embargo, de encontrar castillos y poblados, y en ellos muy buenas
hospederías para el viandante, en donde puede descansar y solazarse. Y vamos a
otra provincia.
CXIV -
De la provincia de Acbaluc Mangi
Después de veinte jornadas entre las montañas de Cuncun se llega
a la provincia de Acbaluc Mangi, que abarca una inmensa llanura. También esta
zona está muy poblada. Los indígenas son idólatras. Viven del comercio y de la
industria, y crece una tal cantidad de jengibre, que abastece a toda la
provincia de Catai, que saca de esta planta mucho provecho. Es un mercado rico
en trigo, arroz y toda clase de cereales. La capital se llama igualmente
Acbaluc Mangi, lo que significa ciudad blanca. Esta provincia es hermosísima y
rica en bosques y valles, y durante veinte jornadas siempre es el paisaje rico
y poblado. Aquí también hay osos, leones, ciervos y gamos, y el animal del que
se saca el almizcle. Sigamos por orden y llegaremos a la ciudad de Sindufu.
CXV -
De la gran provincia de Sindufu
Después de veinte jornadas hacia Poniente, en el confín de
Mangi, está la provincia llamada de Sindufu. La capital se llama también
Sindufu, y tiene grandes y poderosos reyes. Tiene 20 millas de circunvolución;
está dividida de la siguiente manera: el rey dejó a su muerte tres hijos, y
entonces la ciudad se dividió en tres partes; cada cual tiene un muro de
defensa, separando la que toca a cada cual; pero estos muros, a su vez, están
dentro de la muralla de la ciudad. El rey, que era muy rico y poderoso, dejó
grandes tesoros para sus tres hijos. Pero el Gran Khan conquistó este reino y
destronó a los tres reyes. La ciudad está dividida por un río que lleva aguas
dulces y tiene muchos peces; es ancho media milla y muy profundo; llega al
Océano, que está a ochenta o cien jornadas de distancia, y se llama Quiansui. A
orillas de este río hay numerosas villas, ciudades y castillos. Navegan en él
muchos bajeles y hermosas naves. Parece un mar más que un río, por su anchura.
Os describiré el puente que está encima de él. El puente, enteramente de
piedra, tiene ocho pasos de ancho y una media milla de largo; en su pretil hay
columnas de mármol, que sostienen el techo del puente, pues es cubierto, y el
techo, de madera, está pintado de mil colores y adornos; en el interior, a lo
largo, hay pabellones ocupados por mercaderes y artesanos. Estos pabellones se
desarman por la noche y se arman de día con vigas dispuestas para ello, y los
hombres que mercan en él pechan al gran señor por lo que venden, que le rinde
bien 1.000 bizancios de oro. Los indígenas son idólatras. De esta ciudad se
cabalgan cinco jornadas por llanos y valles no perdiendo nunca la traza de
castillos y villas. Los hombres se dedican a cultivar la tierra. Son también
industriales, porque trabajan los más bellos cendales y otros paños. Hay fieras
en cantidad, leones y leopardos. De aquí a cinco jornadas se llega a una
provincia desierta, llamada Tíbet.
CXVI -
De la provincia del Tíbet
Después de cinco jornadas se entra en una provincia muy
devastada, porque Mongut Khan la ha arrasado. Hay castillos y villas destruidos
por la guerra. Hay bambúes tan grandes y gordos, que tienen tres palmos de
circunferencia y 15 pasos de altura. De un nudo a otro miden tres palmos. Los
viajeros que pasan de noche por esta región arrancan las cañas de estos bambúes
y Con ellas hacen fuego, pues cuando arden chisporrotean de tal suerte y
producen tanta humareda que los leones y osos huyen despavoridos y no hay
cuidado que se acerquen. Es tremendo el ruido que producen al estallar en el
fuego. Y os contaré algo curioso a este propósito:
Cuando se cogen estas cañas verdes y se ponen en haces,
prendiéndoles fuego con unas astillas, en seguida empiezan a retorcerse y a
crujir, de tal suerle que se las oye hasta a 10 millas de distancia en el
silencio de la noche, y el que no está acostumbrado a oír esas detonaciones se
queda pasmado. Los caballos, que nunca oyeron tal ruido, huyen espantados,
rompen sus bridas y las cuerdas con que los amarran, así que es buena
precaución vendarles los ojos y atarles bien fuerte las patas para que no puedan
huir. Con estas fogatas es la manera más segura de escapar a las fieras, que
viven en abundancia en esos bosques. Hay que proveerse de víveres para los
veinte días porque no hay ni venta ni hospedería ni quien dé de comer a las
caballerías. Se encuentra por todo este camino a muchas fieras dañinas y
peligrosas, aun cerca de los poblados. Os contaré cómo casan a las mujeres.
Ningún hombre tomaría por esposa a una virgen; dicen que no valen nada si no
han conocido a otros hombres antes de casarse. Y por esta razón se aplican las
mujeres a perder pronto su virginidad. Cuando pasan extranjeros por esta región
y despliegan sus tiendas de campaña para descansar y hacer un alto en el
camino, las viejas de los castillos y poblados bajan y traen a sus hijas hasta
el campamento y las entregan a los forasteros para que con ellas se acuesten, y
ellos las retienen y usan de ellas, pero no pueden llevárselas: antes de
separarse de ellas es conveniente den a la moza con la cual han dormido un
regalo o una prenda para que puedan demostrar, cuando quieran casarse, que han
tenido un amante. Por lo general les regalan piedras para collares. De este
modo, si una joven lleva colgadas de su cuello veinte señales, para demostrar
que ha tenido muchos amantes, es la que se llevará la palma y será la que más
pretendientes tenga. Y ellos dirán que es más agraciada que las otras. Pero
cuando ya han hecho de ella su mujer, la quieren muchísimo, y malhaya al que
tocare a la mujer de otro, de lo cual se guardan mucho. Os he contado de esos
singulares matrimonios. Las jóvenes tienen de dieciséis a veinticuatro años.
La gente es idólatra y de mala entraña. Desconocen el bien, y
para ellos robar y cometer villanía es muy natural. Son los mayores ladrones
que existen. Aquí también abundan los «gudderis», del cual se saca el almizcle.
Estos malos hombres tienen buenos perros, que le apresan al dremán, y con eso
consiguen tener almizcle en grandes cantidades. No tienen ni papel moneda ni
oro, pero se lo procuran con esa sustancia aromática. Se visten muy pobremente;
de pieles de animales, por lo general, y de bocoran. Tienen idioma propio. Este
Tíbet es una provincia muy extensa.
CXVII -
En donde sigue la relación del Tíbet
Los indígenas son idólatras. La provincia limita con Mangi y
otras, y cuenta con ocho reinos, numerosísimos castillos y ciudades. Hay en
varios parajes ríos y montañas en que se encuentran pepitas de oro. Se recoge
la canela. Les gusta mucho los adornos de coral, que ponen al cuello de sus
mujeres y de sus ídolos y pagan muy caro. En esta provincia tejen el camelote
en cantidad y el paño de oro y brocado de seda. Aquí nacen los más sabios
astrólogos y adivinos, los más sutiles de todas las provincias circunvecinas;
hacen los más terribles sortilegios y, por arte diabólica, hacen ver y oír
cosas maravillosas. Tienen malas costumbres, crían grandes mastines, muy recios
para la lucha y para pelear con las fieras. Tienen mucha clase de perros y
buenos halcones, que vuelan bien y cazan mejor. Dejaremos esta provincia, de la
cual os hemos contado, a grandes rasgos, sus particularidades, e iremos a la
provincia de Gaindu. Todo el Tíbet y demás provincias pertenecen al Gran Khan,
y todas las regiones descritas hasta ahora, menos las del principio del libro,
que pertenecen al hijo de Argón, como os llevo dicho.
CXVIII -
De la provincia de Gaindu
Gaindu está hacia Poniente; no tiene más que un rey, vasallo del
gran señor. Son idólatras. Tienen un lago, en donde se encuentran hermosas
perlas; pero el Gran Khan tiene prohibido que las pesquen, porque así sacarían
cuantas podrían y se volverían vulgares y bajarían de precio. Así que cuando el
Gran Khan las quiere para él, las manda pescar, prohibiendo, so pena capital,
que las pesquen sin su consentimiento. Hay montañas de turquesas, que son
piedras muy bellas. Tampoco éstas las deja coger el Gran Khan, más que cuando
él lo manda.
En esa provincia no tienen a mal que un forastero los avergüence
con sus mujeres, hermanas o hijas, ni mujer que viva en la casa. Y se alegran
cuando un forastero se acuesta con ellas, pues dicen que sus ídolos y dioses
les dan por ello bienes en abundancia. Y por eso son largos con sus mujeres con
los extranjeros. Cuando un hombre ve llegar a un forastero a su casa y pedir
hospitalidad, se marcha en seguida y ordena a la mujer hacer lo que le mande el
forastero. Se aleja de la casa y va a su viña o al campo, y no vuelve hasta que
el extranjero abandona la casa, y a menudo el peregrino vive en ella tres días
y se acuesta en el lecho de la mujer del villano. Y el que ocupa la casa pone
la señal para significar que se halla en ella, es decir, que cuelga su sombrero
en la puerta. Y el villano que ve la señal en la puerta de su casa no vuelve
hasta que en ella no queda el forastero. Tienen oro en barras y lo pesan en
«sazos», y vale según el peso. No tienen ni monedas ni papel. Fabrican una
pequeña moneda, que os describiré: toman sal y la hacen cocer en un cacharro
que puede contener una libra más o menos, y 84 de estas medidas de sal valen un
«sazo» de oro fino, y es lo que emplean como moneda corriente. Tienen dremanes,
que producen el almizcle en cantidad. Buenos peces, que pescan del lago en
donde hay perlas. Hay toda clase de fieras y pájaros de cetrería. No tienen
vino de uva, pero hacen vino de trigo y arroz con especias, y es vino
excelente. En esta provincia nacen muchos algarrobos. Hay un arbusto que es muy
frondoso y tiene florecillas blancas. Hay canela, jengibre, cinamomo y otras
especias que no se ven por nuestro continente, y por eso es inútil mencionar.
Dejemos esta región, de la cual hemos referido la fauna y flora, y pasemos más
adelante en la misma zona.
Dejando atrás a Gaindu se cabalgan cinco jornadas, encontrando
al paso castillos y alquerías. Los naturales son tan raros en sus costumbres
como lo son los que os he contado ya. Tienen caza en abundancia. Después de
diez jornadas se encuentra un río, Brius, que marca el limite de la provincia
de Gaindu; éste lleva en sus aguas muchas pepitas de oro. Hay canela en
abundancia. El río desemboca en el Océano. Dejemos este río, que no tiene nada
de notable, y vamos a otra provincia, llamada Caragian.
CXIX -
De la gran provincia de Caragian
Cuando pasamos este río nos internamos en la provincia de
Caragian, que es tan extensa que comprende seis reinos. Está hacia Poniente.
Sus habitantes son idólatras y pertenecen al Gran Khan. El rey es hijo suyo y
se llama Esentemur, gran rey, rico y poderoso; es hombre sabio, prudente y
discreto y administra bien la justicia. Hacia Poniente, separándose del río
cinco jornadas, hay ciudades y castillos, en donde se crían magníficos
caballos. Viven del pastoreo y de los frutos de la tierra. Tiene lengua propia,
dificilísima de entender. Al cabo de cinco jornadas se encuentra la capital,
llamada Iaci. Hay mercaderes e industriales en ella. Mahometanos idólatras y
cristianos nestorianos. Muchos arrozales; el pan de trigo es malo en esta
provincia; pero comen mucho arroz y hacen un vino muy bueno con especias. Un
vino claro y capaz de emborrachar a un hombre, como nuestro vino.
La moneda que emplean es la siguiente: Toman conchas marinas,
pequeñas como porcelanas, que también cuelgan en los collares de los perros, y
éstas valen: 80 conchas, un «sazo» de plata, que son dos cequies venecianos
gordos y ocho «sazos» de plata fina valen un «sazo» de oro fino.
Tienen salinas, de las que sacan la sal, y todos viven de estas
salinas. También el rey saca gran provecho de esta sal. No les importa nada que
usen de sus mujeres con tal de que éstas consientan en ello.
E iremos al reino de Caragian, pero antes os contaré una cosa
que había diferido hasta ahora: hay un lago de cerca de 100 millas de
circunferencia que tiene una gran cantidad de pescados riquísimos. Son de
grandes tamaños y de todas clases. Los indígenas comen carne cruda, de pollos,
de carneros y de búfalo. Los pobres van a la carnicería, cogen el hígado crudo
tal como cuelga del animal, lo cortan en trocitos, comiéndolos con una salsa de
ajo. Y así comen las demás carnes. Y los nobles también comen carne cruda, pero
la hacen picar y preparar con salsa de ajos y especias y la devoran con
fruición, como nosotros la carne cocida.
CXX -
En donde se sigue la descripción de la provincia de Caragian
Dejando la ciudad de Iaci y yendo diez jornadas a Poniente se encuentra la provincia
de Caragian y su capital del mismo nombre. Son idólatras y pertenecen al Gran
Khan. El rey es Cogacin, hijo del gran señor. En esta provincia hay pepitas de
oro en el río y en un lago; pero en las montañas lo hay en más grandes
cantidades todavía. Tienen tanto oro, que dan un «sazo» de oro por seis de
plata. También aquí se emplean las monedas de porcelana de que os hablo, pero
las traen de la India. En esta provincia hay grandes culebras y serpientes, tan
enormes que causan terror. Son horribles, de 10 pasos de largo y gordas como un
haz de trigo; tienen dos piernas delanteras cerca de la cabeza, pero sin piesy
sólo con una una como las del león o del halcón. La cabeza enorme y los ojos
como un pan. La boca tan amplia, que se tragarían a un hombre entero de una
vez. Los dientes, grandísimos. Son tan desmesuradamente largas, que no hay
hombre ni animal que no les cause pavor. Las hay más pequeñas: de ocho, seis y
cinco pies.
La manera de cazarlas es la siguiente. Habéis de saber que de
día permanecen ocultas en la tierra por causa del gran calor; por la noche
salen a buscar su pitanza y devoran a todos los animales que se les ponen por
delante.
Van a beber al río, a los lagos y a las fuentes. Es tan gorda
esta serpiente, que cuando viene arrastrándose por la arena, para comer o beber
en la noche, marca un surco en los arenales como si hubiera pasado una barrica
llena de vino. Y los cazadores que las cogen ponen trampas allá donde ven sus
huellas. Clavan en el suelo un palo de madera muy fuerte y gordo, en el cual
hay clavado un cuchillo de acero a modo de navaja o un hierro de pica; todo
esto lo cubren de arena para que la culebra no lo vea. Y de éstos ponen varios.
Cuando llega el pitón y se engancha en el hierro pega tan terribles golpes, que
el acero le entra en el pecho y le desgarra hasta el vientre, de manera que
muere en seguida. Una vez apresada, le quitan la hiel del vientre y la venden muy
cara, pues sabed que de ella componen una gran medicina. Si un hombre ha sido
mordido por un perro rabioso, le dan de beber de esta poción por valor de un
pequeño dinero, y con esto basta para salvarle. Cuando una mujer tiene un parto
difícil y grita muy fuerte, le dan un poco de esta hiel y en seguida sale de
cuidado. La tercera virtud de esta hiel es que si se aplica en una llaga en dos
días está cicatrizada. Y por eso este remedio tiene gran precio en esta
provincia. También la carne de la serpiente es muy apreciada; se vende muy cara
y la comen con fruición, encontrándola exquisita.
Y estos animales van a la guarida de los leones, osos y otras
fieras cuando tienen cría y se tragan a grandes y pequeños y lo que pueden
alcanzar. En esta provincia nacen caballos grandes y fuertes de los que llevan
a vender a la India. Les cortan dos o tres vértebras de la cola para que con
ella no puedan azotar al jinete y no la puedan agitar cuando galopan, lo que
ellos consideran una cosa muy fea. Esta gente monta a la franca.
Tienen armas forradas de piel de búfalo, lanzas y escudos y
albardas, y todos llevan flechas. Y os diré una patraña que ejecutaban antes de
que el Gran Khan les conquistara: cuando sucedía que un gentilhombre bien
parecido pedía hospitalidad en la casa de uno de esta provincia, lo mataban
durante la noche, no para robarle, sino porque pretendían que su sombra, gracia
e inteligencia, así como sus armas, quedaban en la casa. Y así mataron a muchos
antes de que el Gran Khan les conquistara. Eso pasaba hace treinta y cinco años
más o menos, pero ya no lo hacen porque temen su justicia.
CXXI -
En donde se habla de la gran provincia de Cardandan A cinco
jornadas de Caragian, hacia Poniente, se encuentra la provincia de Cardandan,
en donde la gente es idólatra y pertenece al Gran Khan. La capital de esta
provincia se llama Vocian. Toda la gente tiene dientes de oro, es decir que se
los cubren con oro. Tienen una especie de moldes de oro con los cuales se
cubren la dentadura superior e inferior. Esto hacen los hombres, pero no las
mujeres. Los hombres son todos nobles y no se ocupan más que de caza y de
cetrería. Las mujeres lo hacen todo, y sólo las ayudan los esclavos. Cuando las
damas tienen un hijo varón lo lavan y lo envuelven en un pañal, y el marido se
acuesta en la cama con el niño y se queda en ella durante cuarenta días, no
levantándose más que para las precisas necesidades. Y amigos y parientes le
vienen a ver y le hacen fiesta y solaz, y esto lo hacen porque dicen que sus
mujeres han pasado fatigas llevando el niño en su vientre y no quieren que
sufran cuarenta días. Pero la mujer, en cuanto ha parido, se levanta, hace
todos los menesteres de la casa y sirve a su varón en la cama. Comen carne
cruda y cocida y arroz cocido con la carne y otros condimentos. Beben el vino
de arroz y especias. Sus monedas son el oro y las conchas. Dan un «sazo» de oro
por cinco de plata; porque tienen los plateros a cinco meses de distancia, por
eso los mercaderes traen la plata en abundancia, pues que ellos la truecan por
oro y con eso sacan ventaja. Éstos no tienen ni ídolos ni iglesias, pero rezan
a los antepasados, diciendo que de éstos descendemos. No tienen alfabeto y no
saben escribir, y esto no es maravilla, porque están muy desviados y apartados
del resto del mundo, entre grandes selvas y montañas que no pueden franquear,
porque el aire es tan malsano que morirían.
Cuando tienen un negocio entre ellos, toman un pedazo de madera,
o cuadrado o redondo, y le parten por en medio y cada cual se guarda un trozo.
Llegado el día del pago, el que tiene que entregar el dinero se hace dar la
otra mitad del disco o del trozo de madera a cambio de satisfacer la cantidad
estipulada.
En estas provincias de Caragian, Vocian e Iaci no tienen médico.
Cuando alguien cae enfermo llaman a los magos y adivinos que guardan a los
ídolos. Cuando llegan éstos, el enfermo le dice su padecimiento. Entonces los
magos tocan instrumentos y bailan y cantan hasta que uno de ellos cae al suelo,
echa espuma por la boca y queda como muerto. Entonces está en el poder del
diablo. Cuando los otros magos ven que uno de ellos ha caído en la forma que
habéis oído, le preguntan cuál es la enfermedad que padece el enfermo, y éste
contesta: «El espírítu tal lo ha tocado, porque no le ha hecho ningún caso.» Y
los magos contestan a coro: «Te rogamos que le perdonen y tomen para sanar su
sangre las cosas que se te antojen en su alrededor.» Luego pronuncian muchas
sentencias para que los espíritus que habitan en el mago que está en éxtasis
respodan si el enfermo ha de morir; entonces el mago, con voz plañidera, dice:
«Este enfermo ha hecho tantos agravios a tal espíritu y es tan mal hombre, que
no quiere perdonarle.» Y si, en cambio, debe sanar, le dicen que si quiere
volver a la salud tome dos corderos o tres, haga diez brebajes buenos y raros,
y añaden que los corderos tengan la cabeza negra y que con ellos sacrifique a
tal o cual ídolo o a tal espíritu, y hagan gran fiesta a estos dioses, y les
alaben y canten sus loas.
Cuando los deudos y amigos han oído esta sentencia se apresuran
a hacer lo que les han dicho los magos. Matan los corderos, riegan con su
sangre el suelo en honor a tal o cual espíritu. Luego los aderezan y convidan a
los magos y a las mujeres que traían a los ídolos a cantar y a bailar.
Encienden las luces, preparan los brebajes, tañen los instrumentos, hasta
llegar al paroxismo. Llega un momento en que caen los unos encima de otros como
borrachos, y entonces preguntan si el enfermo puede esperar en una salvación, y
responden que aún no le ha sido perdonado, que le queda esto y estotro por
hacer, y cumplídolo, al fin le declaran que sanará. Dicho esto vuelven a tocar
la música y a empezar el baile y las luminarias y el incienso; comen y beben
hasta hartarse. Luego, satisfechos, se retira cada uno a su casa, y cuando todo
ha concluido, el enfermo sana inmediatamente.
Dejemos estos magos y sus artimañas y prosigamos nuestro relato.
CXXII -
De cómo el Gran Khan conquistó el reino de Mien y de Bengala
Omitimos involuntariamente contaros una gran batalla en el reino de Vocian, que
debe quedar escrita en este libro, y os narraremos cómo acaeció el hecho y de
qué manera:
En el año 1272 de la Encarnación de Cristo, envió el Gran Khan
un gran ejército al reino de Vocian y Caragian. Porque aún no había enviado a
sus hijos, como hizo en lo futuro, nombrando como rey de Sentemur al hijo de su
hijo difunto. Y sucedió que el rey de Mien y de Bengala, que era un rey muy
podereso en tierras y tesoros, no quería someterse al Gran Khan, y se portó tan
mal, que el Gran Khan le quitó los dos reinos arriba mencionados.
Cuando supo el rey de Bengala que el Khan estaba en Vocian se
dijo que era imprescindible ir contra sus huestes y aniquilarlas, de modo que
al Gran Khan no le quedaran ganas de guerrear contra él. E hizo grandes
preparativos, y os diré cuáles: Tenía 2.000 elefantes muy grandes, y encima de
cada cual hizo construir un castillete de madera muy fuerte, que sirviese para
combatir. En cada uno apostó 12 hombres prontos al combate y en algunos hasta
16 o más. Concertó unos cuadros de batalla con 40 hombres a caballo y otros
tantos a pie.Todo este aparato respondía al de un gran rey,cual era este rey de
Bengala.
Terminado que hubo los preparativos, se puso en marcha en busca
del ejército del Gran Khan. Caminaron largo trecho sin que se produjera una
aventura digna de mención; pero al llegar a tres jornadas del ejército del
tártaro, sentaron el campo para descansar.
CXXIII -
De la batalla entre el Gran Khan y el rey de Mien
Cuando el señor de los tártaros supo con certeza que este rey
venía contra él con tan gran número de soldados tuvo miedo, porque él no
contaba más que con 10.000 hombres a caballo. En cuanto a él, no había cuidado,
pues era valiente condotiero. Defendió a la desesperada al país y a sus gentes.
Los tártaros se apostaron en la llanura de Cocian y allí esperaron al enemigo.
Esto lo hicieron con mucha prudencia y entendimiento. Al pie de esta llanura
había un bosque muy espeso, a cuyas orillas esperaban los tártaros alineados en
orden de batalla.
Cuando hubieron descansado, las huestes del rey Mien se pusieron
en marcha para ir al llano de Vocian, donde se habían desplegado los tártaros.
Y frente a éstos dispuso el rey a su gente en orden de batalla. Cuando los
tártaros los vieron llegar fingieron no asombrarse y demostraron su valor y
arrojo. No flaquearon ni un momento, viendo que la batalla era inevitable. Pero
así que los caballos de los tártaros vieron a los elefantes con las máquinas de
guerra, no quisieron avanzar y retrocedieron espantados, mientras los elefantes
se les echaban encima.
CXXIV -
En donde prosigue el relato de la misma batalla
Y así que los tártaros los vieron llegar fingieron no asombrarse
y demostraron gran valor y arrojo. Viendo que no les obedecian sus caballos,
por un momento se creyeron perdidos. Pero he ahí lo que idearon: bajaron de sus
monturas y ataron los caballos a los árboles; cogieron los arcabuces y flechas
en mano y arremetieron contra los elefantes; mas los soldados del rey no se
arredraron por esto y tiraban sin cesar sobre los tártaros, asaltándolos
duramente. Pero los tártaros, que eran mejores hombres de guerra que sus
enemigos, aguantaban con ardimiento el duro ataque.
Al sentirse heridos, los monstruosos elefantes retrocedieron con
tanto ímpetu que empezaron a romper las líneas del ejército del rey, y no
pararon hasta refugiarse en el bosque, en donde, enfurecidos, destrozaron los
pabellones que llevaban encima y cuanto se les ponía por delante. Los tártaros
volvieron a montar a caballo y arreciaron nuevamente contra ellos; agotadas las
saetas, pusieron mano a la espada y al machete y se echaron encima con furia
indecible. Caballeros y caballos caen al suelo en la refriega, cercenaban
brazos y piernas y el suelo estaba sembrado de cadáveres. ¡Ni el Dios tonante
metiera más ruido! Se oían alaridos, gritos desgarradores por doquier. Y, sin
embargo, los tártaros tenían la ventaja a pesar de todo, pues el ejército del
rey, mayor en número, había quedado diezmado. En llegando el mediodía, el rey y
sus milicias quedaban en tan mal estado, que ya no podían aguantar y vieron que
permaneciendo allí no quedaría ni uno solo con vida. Entonces se dieron a la
fuga y los tártaros arreciaron contra ellos; mas de pronto se acordaron de los
elefantes que estaban en el bosque y fueron por ellos. Cortaban los grandes
árboles para impedir que éstos se les escaparan, y los elefantes, al reconocer
a la gente del rey que traían prisionera, se apaciguaban, porque estas bestias
tienen gran entendimiento; de modo que pudieron cogerlos a todos. Y de esta
batalla tuvo el gran Khan no pocos elefantes. Y así acabó esta contienda tal
como lo habéis oído.
CXXV -
De cómo se desciende por una gran pendiente
Desde esta provincia se baja una pendiente muy rápida, que dura
unos dos días y medio. No hay nada digno de mención sino un gran mercado en
donde se reúnen los hombres tres días por semana. Ycambian el oro por la plata,
dando un «sazo» de oro por cinco de plata.Vienen de muy lejos a cambiar el oro
por la plata, obteniendo con ello grandes ganancias. Nadie conoce las casas de
los que custodian el oro, pues lo tienen tan escondido en lugares apartados y
torres fortificadas, que no hay ser humano que penetre en ellos más que ellos
mismos.
En los confines de la India, hacia Mediodía, se encuentra una
provincia llamada Mien. Hay quince jornadas de camino por pasos desolados y
grandes selvas, en donde moran elefantes salvajes y rinocerontes. No hay alma
viviente ni habitaciones, y por eso dejaremos estos yermos inhospitalarios y os
contaremos una historia que os interesará.
CXXVI -
De la ciudad de Mien
Después de cabalgar quince jornadas por sitios solitarios, se da
con la ciudad de Mien, noble cabeza del reino. Los naturales son idólatras,
sometidos al Gran Khan. Hubo en esta ciudad un rey muy poderoso. Cuando murió
dejó dispuesto que sobre su tumba se elevaran dos torres, una de oro y la otra
de plata. Se entiende que debían ser de piedra cubiertas de una lámina de oro
de un dedo de espesor para que la torre pareciera de oro. Era de diez pasos de
altura y gruesa en proporción. La remataba una cúpula y era redonda; en la
cúpula había muchas campanillas, que al menor soplo del viento se movían y
sonaban suavemente. La otra torre era de plata, hecha en la misma forma y del
mismo tamaño. Y el rey mandó que esto se hiciera en recuerdo de su grandeza y
en honor de su alma. Y eran las torres más bellas que verse puedan.
El gran Khan conquistó esta provincia, y veréis de qué suerte.
En la corte del gran señor había una cantidad de juglares y bufones, y el Gran
Khan les mandó que conquistaran la provincia de Mien; les proveyó de capitanes
y fuerzas. Los juglares se pusieron en camino, pusieron cerco a la provincia de
Mien y la conquistaron. Cuando llegaron a la ciudad de las dos torres se
quedaron maravillados de su belleza, llevándole al Gran Khan noticias de su
valor y hermosura y que si quería las desharían para mandarle el oro y la
plata; pero el Gran Khan, que sabía que ese rey las mandó construir en honor a
su alma y para que quedaran en recuerdo después de su muerte, dijo que se
cuidaran muy bien de tocarlas y menos de deshacerlas, pues deseaba quedaran
como las había mandado construir el rey difunto. (Y no es extraño, porque los
tártaros respetan las disposiciones de sus muertos y se guardan de tocar a sus
cosas.) En esta provincia tienen elefantes y bueyes salvajes, grandes y
hermosos; ciervos, gamuzas, cabritos y toda clase de animales en gran
abundancia.
Ya que os he contado de la provincia de Mien, la dejaremos y os
contaré de una provincia llamada Bangala.
CXXVII -
En donde se habla de la gran provincia de Bangala (Bengala)
Bangala es una provincia al Mediodía, que hacia el año 1209 del nacimiento de
Cristo, en que micer Marcos estaba en la corte del Gran Khan, no pertenecía aún
a éste; sin embargo, sus huestes se preparaban entonces para conquistarla. Esta
provincia tiene un rey y lengua propia. Son los más encarnizados idólatras.
Confinan con la India. Aquí hay muchos eunucos, y de allí los traen los barones
y señores para sus cortes. Los bueyes son tan grandes como elefantes, pero no
tan gordos. Los indígenas viven de carne, leche y arroz; son muy ricos, pues
comercian en especias, jengibre, azúcar y otras variadas cosas, todas de gran
precio. Los indios vienen a comprar aquí eunucos y esclavos para volverlos a vender
más lejos. Y ya que no hay nada más que mencionar en esta provincia, nos iremos
y os contaremos de otra llamada Cangigu.
CXXVIII -
De la provincia de Cangigu
Cangigu es una provincia de Levante. Tiene sus reyes. La gente
es idólatra. Tiene lengua propia. Se rindieron al Gran Khan y le pagan cada año
un tributo.El rey es tan dado a la lujuria que tiene 300 mujeres, y cuando ve a
una mujer hermosa en su país, la hace venir en seguida a su palacio. Esta
provincia es abundante en oro. Recogen especias muy caras en gran abundancia;
pero como están muy lejos del mar, sus mercaderías valen poco, pues no tienen
salida. Tienen elefantes y otros animales. Viven de carne, de arroz y de leche.
No tienen vino de uva, pero sí de arroz con especias. Los varones y hembras se
pintan la piel, es decir, que con agujas candentes dibujan en la piel leones,
dragos, trasgos y pájaros e imágenes; luego les pasan tintas de colores y las
graban tan profundamente que el color ya no se borra. También hacen lo mismo
con la cara, el cuello y el vientre, en las manos y piernas y en todas las
partes del cuerpo, y esto en ellos es distintivo de nobleza. Cuanto más
pintados están más consideración merecen y pasan por más hermosos. Dejemos esta
provincia y os contaremos de otra a Levante, llamada Aniu.
CXXIX -
De la provincia de Aniu
Aniu es una provincia hacia Levante que pertenece al Gran Khan.
Son idólatras. Viven del pastoreo y la agricultura. Tienen lengua propia. Las
mujeres llevan brazaletes de oro y plata en las piernas y en los brazos, y los
hombres igualmente, pero más ricos y de más valor. Tienen muchos y hermosos
caballos y los venden a los indios en gran cantidad. Tienen búfalos, bueyes y
vacas, con ricos y fuertes pastos para criarlos. Gran abundancia en víveres.
Desde Aniu a Cangigu, que está a quince jornadas, y de Cangigu a Bengala, que
es la tercera parte de la provincia, hay treinta jornadas.
Dejaremos a Aniu e iremos a otra provincia llamada Toloman, que
se encuentra de ésta a ocho jornadas hacia Levante.
CXXX -
De la provincia de Toloman
Toloman es una provincia de Levante. Los indígenas son
idólatras, tienen idioma propio y pertenecen al Gran Khan. Son tipos de gente
muy garrida, no muy blancos, mas morenos y bien plantados. Poseen ciudades,
pero más que todo fortalezas y castillos en la montaña. Cuando mueren se hacen
incinerar y recogen los huesos en unas arquetas, que llevan a lo alto de una
montaña y guardan en grandes cavernas y covachas, tan escondidas y empinadas,
que ni hombre ni bestia pueden alcanzarlas. Tienen oro en cantidad. Las monedas
son de porcelana. En todas estas provincias, es decir, en Bengala, Cangigu y
Aniu, se sirven de la misma moneda de oro y conchas. Hay algunos comerciantes y
éstos son riquísimos. Viven de carne, leche y arroz, y en lugar de vino tienen
la bebida de arroz fermentado con especias. Dejemos esta provincia para ir
hacia Levante. Y os hablaré de una provincia llamada Ciugiu.
CXXXI -
De la provincia de Ciugiu
Ciugiu es una provincia de Levante distanciada de Toloman doce
jornadas. Corre por ella un río, cuyas orillas están cuajadas de poblaciones.
Después de navegar doce días por río se llega a la ciudad de Ciugiu, que es muy
grande y noble. Son también idólatras y vasallos del Gran Khan. Tejen de la
cáscara de los árboles unas telas magnificas, que llevan puestas en verano. Son
guerreros; no conocen más moneda que el papel del Gran Khan, pues ya entramos
en tierras donde circula la moneda papel del Gran Khan.
Hay en esta provincia tantos leones, que nadie puede dormir al
aire libre porque sería devorado inmediatamente. Y cuando los hombres van por
el río y no se alejan bien de la costa, el león nada hasta la barca, coge al
hombre y se lo lleva. Por eso toman las mayores precauciones y tienen unos
perros tan fieros que pueden al león. Llevan siempre una pareja de ellos, y un
hombre y dos perros pueden cazar al león. Cuando ven a un león que va delante
de ellos, los perros se tiran a él y le muerden en las piernas y nalgas con
tanta furia y destreza que el animal no puede volverse contra ellos; entonces
busca la fiera un árbol para parapetarse y hacerles frente; mas ellos no le
sueltan las partes traseras. Entonces el jinete que los sigue saca sus flechas
y saetas y le manda una, dos o tres y traspasa con ellas cuantas veces puede al
león para matarle. Jamás puede defenderse contra un hombre a caballo que tenga
dos buenos perros. Tienen en esta región seda en abundancia, que llevan a
diestra y siniestra por el río, también el poblado en sus orillas de villas y
aldeas. La gente es idólatra y pertenece al Gran Khan. A las doce jornadas de
navegación se llega por el río a la ciudad de Sindufu, de la cual os he hablado
antes. De Sindufu se cabalga setenta jornadas por provincias y tierras por las
que hemos estado ya y hemos descrito antes en este libro. Al cabo de setenta
jornadas se llega a Giongu; de Giongu se va cuatro jornadas entre castillos y
ciudades. La gente es muy artista y muy comerciante. Son idólatras y tiene
papel moneda. Al cabo de cuatro jornadas se llega a la ciudad de Cacianfu, que
está al Mediodía y pertenece a la provincia de Catai y os contaremos de este
Cacianfu todo lo que sabemos.
CXXXII -
Donde se habla de la ciudad de Cacianfu
Cacianfu es una grande y noble ciudad del Catai. Los naturales
son idólatras y queman a sus muertos. Pertenecen al Gran Khan, y usan su
moneda. Tienen sedas en abundancia. Tejen paños de oro y de seda y cendal. Hay
muchos castillos y ciudades en la señoría. A tres jornadas hacia Mediodía nos
encontramos con la ciudad de Ciangiu.
CXXXIII -
De la ciudad de Ciangiu
Ciangiu es una populosa ciudad del Mediodía, que pertenece al
Gran Khan, situada en la provincia de Catai. Usan papel moneda. Son idólatras y
hacen quemar los cuerpos de sus difuntos. Aquí fabrican la sal, y os diré de
qué manera: toman una especie de tierra de salitre, que disponen en montículos;
a éstos los riegan con agua hasta empaparlos bien. Recogen luego esa agua en un
caldero de hierro y la hacen hervir y la sal queda en el fondo, muy blanca y
menuda. Luego la llevan a vender y recaban de ella mucho dinero.
De esta ciudad, que ya no tiene nada que mentar, vamos a la de
Ciangli, que está hacia Mediodía. Y os contaremos sus hechos.
CXXXIV -
De la ciudad de Ciangli
Ciangli es una ciudad de Catai, hacia Mediodía. Está a cinco
jornadas de Ciangiu; pero este trayecto está cubierto de aldeas, villas y
castillos, que pertenecen al Gran Khan, y son tierras fertilísimas. En medio de
la ciudad de Ciangli pasa un gran río, que transporta gran cantidad de
mercaderías, sedas, especias y otras cosas de gran valor. Y nos iremos de esta
ciudad, para llegar a Tandinfu.
CXXXV -
De la ciudad de Tandinfu
A seis jornadas de Ciangli, hacia Mediodía, atravesando villas,
fortalezas y castillos de grandes proporciones, llegamos a la ciudad de
Tandinfu. Los naturales son idólatras y queman a sus muertos. Pertenecen al
Gran Khan y usan papel moneda. Viven de negocios y de industria. Tienen víveres
en abundancia.
Tandinfu era la capital de un gran reino; pero el Gran Khan la
conquistó y la tomó por las armas, y aunque sufrió rudo cerco es, a pesar de
todo, la más noble ciudad de la región. Sus habitantes son riquísimos
mercaderes. Hay tanta seda en la comarca, que es maravilla. La ciudad está
cubierta de preciosos jardines, llenos de árboles frutales. De la ciudad de
Tandinfu dependen 11 villas imperiales, que están bajo su señorío.
En el año 1272 de la Encarnación del Señor, el Gran Khan envió a
esta ciudad y su provincia a un barón llamado Liitan Sangón, y puso a su mando
80.000 hombres a caballo para guardarla. Toda vez que Liitan sentó sus cabales
y permaneció un poco de tiempo entre esa gente, le pasó una mala idea por la
cabeza y pensó en cometer una gran villanía y traición. Reunió a su Consejo y a
los notables de la provincia y les sugirió rebelarse contra el Gran Khan. Y así
lo hicieron, y todo el pueblo se sublevó contra el gran señor, y ya no le
obedeció. Enterado de esto, envió el Gran Khan a dos de sus barones, que tenían
por nombre Anguil y Mongatai, a la cabeza de 100.000 hombres, para combatir al
traidor. Liitan sufrió una gran derrota, y fue decapitado, con todos sus secuaces.
El Gran Khan hizo luego abrir una encuesta, y a los culpables que habían tomado
parte en la sedición les hizo morir de muerte violenta, y a los inocentes les
perdonó y vivieron tranquilos, sometidos al gran señor, como buenos vasallos. Y
dejemos a esta ciudad, para adentrarnos hacia Mediodía y hablaros de la ciudad
de Singiumato.
CXXXVI -
De la noble ciudad de Singiumato
Partiendo de Tandinfu hacia Mediodía y cabalgando tres jornadas
por ciudades y castillos hermosos y poblados amenos, en una región industriosa,
llegamos a una gran ciudad llamada Singiumato, llena de bellas cosas de arte e
industria. Son idólatras y pertenecen al Gran Khan. Usan papel moneda. La
ciudad está dividida en dos partes por un gran río, y sus habitantes se han
arreglado de modo que en la parte donde las aguas miran a Levante éstos llevan
sus mercaderías a Levante, y en la orilla opuesta se dedican al comercio con
Poniente. De modo que unos llevan sus productos a Mangi y los otros a Catai, y
hay multitud de naves y galeotas que surcan dicho río. No son muy altas de
carena, porque así lo pide la corriente. Pero estas flotillas llevan a Mangi y
a Catai abundantes cargamentos.
Y cuando regresan, vuelven cargados de otras mercancías, y es
maravilla ver todas cosas que se llevan por este río arriba y abajo. Y nos
iremos de Singiumato y os contaremos de otra comarca, hacia Mediodía, y ha de
ser la provincia llamada Lingin.
CXXXVII -
De la gran ciudad de Lingin
Partiendo de la ciudad de Singiumato se va ocho jornadas hacia
Mediodía, encontrando ciudades, aldeas y poblados ricos en comercio e industria.
Son idólatras y hacen quemar a sus cadáveres. Pertenecen al Gran Khan. Usan
papel moneda. A las ocho jornadas, como os dije, se encuentra una ciudad
llamada Lingin y es la capital del reino. Sus habitantes son diestros en
guerrear. Hay comercio e industria en abundancia; tienen toda clase de víveres,
y se halla también a orillas del río que os nombré más arriba; aquí las naves
son mayores que las de la ciudad anterior. Dejemos esta ciudad para ir a otra
llamada Pingiu.
CXXXVIII -
De la ciudad de Pingiu
Partiendo de Lingin y pasando siempre por numerosas ciudades,
villas y castillos, se llega, a las tres jornadas hacia Mediodía, a la ciudad
de Pingiu. Los habitantes son de Catai; son idólatras, queman a sus muertos,
tienen papel moneda y pertenecen al Gran Khan. Hay muy rica caza y venado.
Tienen cuanto necesitan para la vida en gran abundancia. En la ciudad de Pingiu
hay mucha industria de la seda. Esta ciudad se halla en la embocadura de la
provincia de Mangi y tiene gran tráfico con ésta, por medio de carretas, en las
cuales transportan las mercaderías. Esta ciudad es de gran provecho para el
Gran Khan, porque paga enormes tributos. Pero como no hay otra cosa digna de
mencionar, nos iremos y os contaremos de otra ciudad situada al Mediodía y que
es llamada Cingiu.
CXXXIX -
De la ciudad de Cingiu
A dos días después de Pingiu, y siempre por valles fertilísimos
y ciudades florecientes, se halla la ciudad de Cingiu, rica en comercio e
industria. Sus habitantes son idólatras y hacen quemar sus cadáveres. Su moneda
es papel. Son vasallos del Gran Khan. Los campos y llanos son fertilísimos; es
un delicioso país, en el que crecen el trigo y otros cereales. Y vamos a otras
tierras.
Cuando se aleja uno de la ciudad de Cingiu, se andan tres
jornadas al Mediodía por un paisaje cuajado de villas, castillos y alquerías.
Son idólatras y sujetos al Gran Khan.
A las tres jornadas se encuentra el río de Caramoran, que nace
en tierras del Preste Juan. Es río muy caudaloso y que mide una milla de
anchura. Y sabed que es muy profundo, y por él pueden navegar grandes galeras y
bajeles. Tiene peces grandes y en cantidad. Por este río navegan 15.000
bajeles, pertenecientes al Gran Khan, para transportar tropas al mar, que se
halla a una jornada de distancia. Cada galera tiene de dotación 20 marineros y
15 hombres, con sus caballos y sus víveres. Aquí y allá hay diseminadas
ciudades por las orillas de este río; una es llamada Coigangiu; un poco más
distante está Caigiu, y sabed que una es gran ciudad y la otra pequeña. Y en
adelante, pasando el río, se entra en la gran provincia de Mangi, y os contaré
cómo conquistó el Gran Khan a esta provincia de Mangi.
CXL -
De cómo conquistó el Gran Khan la provincia de Mangi
El rey de esta provincia era Facfur, grande y poderoso señor,
rico en cuantiosos tesoros, tierras y gentes, como los hay pocos en el mundo
exceptuando al Gran Khan. Pero no era valiente; las mujeres hacían sus
delicias, y era muy bondadoso y caritativo con los pobres. En su provincia sus
vasallos no estaban acostumbrados a guerrear, ni había armas ni pertrechos de
guerra, porque la provincia de Mangi es un lugar bien fortificado; todas las
ciudades están rodeadas de anchurosos fosos, llenos de agua, de modo que no hay
ciudad que no tenga una zanja más ancha que un tiro de ballesta y bien profunda
que la defiende. De suerte que si los hombres hubiesen sido valientes, jamás la
hubieran perdido. Pero como eran cobardes y no estaban acostumbrados a pelear,
la perdieron. A todas estas ciudades se llega por un puente.
Y sucedió que el año 1268 de la Encarnación de Cristo, el Gran
Khan que reinaba en ese entonces, es decir, Cublai, envió a un barón llamado
Baian Cincsan. Baian quiere decir cien ojos. Y al rey de Mangi le habían
vaticinado los astrólogos que no perdería su reino más que por medio de un
hombre que tuviera cien ojos. Y Baian se vino a Mangi, provisto por el Gran
Khan de numerosos hombres de a caballo y a pie. También tenía una flota con
hermosísimas naves, que transportaban hombres y caballos y cuanto era menester.
Y cuando apareció Baian con toda su gente a la entrada de Mangi, es decir, en
la ciudad de Coigangiu (en donde nos hallamos al presente, y de la que
hablaremos más tarde), les puso cerco y les intimó a que se rindieran al Gran
Khan. Éstos respondieron que no lo harían, y viendo esto Baian, no dijo nada,
pasó de largo y se fue a otra ciudad, que tampoco quiso rendirse, y continuó
así su marcha. Esto lo hacía porque sabía que el Gran Khan enviaba a
retaguardia un poderoso ejército, y así anduvo de villa en villa y de ciudad en
ciudad, hasta contar cinco de ellas, sin poderlas tomar y sin que se rindieran;
pero a la sexta Baian la cercó y la tomó por la fuerza, y así otra y otra más,
hasta llegar a doce, una tras otra, y no quiero extremarme, pero sabed sólo que
cuando Baían hubo conquistado todas estas ciudades se fue derecho a la ciudad
del reino llamada Quinsai, en donde se hallaban a la sazón el rey y la reina.
En cuanto el rey vio a Baian y a su ejército, fue presa de gran terror y se
escapó de la ciudad con sus hombres, embarcando sobre un millar de naves, e
hizo vela hacia el Océano para refugiarse entre las islas que hay en él. La
reina, que se había quedado en la ciudad, por el contrario, hacía cuanto
esfuerzo podía por defenderla. Entonces la soberana preguntó por curiosidad
cuál era el nombre del ejército que venía en contra de ellos, y le dijeron que
Baian, o sea cien ojos. Recordó entonces la profecía del astrólogo, que decía
que un hombre así llamado le arrebataría el reino. Y se rindió a Baian, y con
la reina se rindieron las demás ciudades, y el resto del reino no opuso más
resistencia. Y fue una conquista espléndida, pues en todo el orbe no había un
reino que valiera la mitad que aquél.
Y os diré las cosas notables que producía y lo que el rey
gastaba del inmenso patrimonio.
Cada año hacía dar de comer a 20.000 niños, y os diré por qué.
En esta provincia las mujeres pobres que no pueden dar de comer a sus hijos los
abandonan al nacer en mitad de la calle. El rey los hacía recoger e inscribir
en un registro. Hacía que el escriba apuntara bajo qué constelación y qué signo
y planeta había nacido, y los hacía criar en diferentes sitios, teniendo muchas
amas a este propósito. Cuando un potentado no tenía hijos, iba a ver al rey y
se hacía entregar cuantos niños quisiera, y escogía entre los que más le
gustaban. Y en llegando a la edad de casarse, el rey escogía al joven y a la
moza que hablan de casarse y les instituía una renta para que pudieran vivir
con holgura. Y de esta manera educaba a más de 20.000 jóvenes de ambos sexos. Y
más hacía este buen rey: cuando cabalgaba por un camino y encontraba dos buenas
casas y entre ellas había una más modesta, preguntaba por qué esta casa era más
pequeña y no alcanzaba a las otras, y le contestaban que pertenecía a un pobre
hombre que no tenía los medios para hacerla mayor. El rey mandaba entonces que
la casita fuera construida tan bella y alta como sus vecinas.
Este buen rey se hacía servir por 1.000 damiselas y doncellas.
Permitía que los comercios quedaran abiertos toda la noche, y estaban tan bien
surtidos como de día. No es posible contar la inmensa riqueza de este reino.
Os conté del rey; ahora debo deciros algo de la reina. La reina
fue conducida a presencia del Gran Khan, y cuando el señor la vio le hizo
rendir toda clase de honores y servir como a dama de gran calidad. Pero del rey
su esposo jamás volvió a oír hablar desde su huida a la isla del Océano, donde
murió.
Y por eso dejaremos a la familia real y sus vicisitudes, y
volveremos a la provincia de Mangi, a referir sus costumbres y modas. Y las
fiestas que tuvieron lugar en lo sucesivo. Y empezaron por la ciudad de
Coigangiu.
CXLI -
De la ciudad de Coigangiu
Coigangiu es una gran ciudad, noble y rica, que está a orillas
de la provincia de Mangi. Los naturales son idólatras y hacen quemar sus
cadáveres. Pertenecen desde entonces al Gran Khan. En ella mojan gran cantidad
de bajeles, naves y galeras, pues ya sabéis que la atraviesa el río Caramoran.
Y afluye a ella gran cantidad de mercancías, pues todas las ciudades las mandan
allí para repartirlas luego por el mundo. En ésta se hace la sal, de la cual se
benefician lo menos 40 ciudades. El Gran Khan tiene una conspicua renta de esta
ciudad, que paga muchas alcabalas entre la sal y los negocios de toda especie
que se contratan allí. Y ahora que os he contado de esta ciudad, nos iremos y
os contaré de otra llamada Pauchin.
CXLII -
De la ciudad de Pauchin
Cuando se abandona Coigangiu, durante una semana se costea un
camino que está a la entrada del Mangi; la calzada está hecha de bellísimas
piedras, y debajo y por un lado y otro hay agua. No se puede entrar en la
provincia más que por esta calzada. Al cabo de un día se encuentra una ciudad
llamada Pauchin, que es muy bella y grande. Sus habitantes son idólatras e
incineran a sus cadáveres. Son súbditos del Gran Khan y emplean papel moneda.
Viven del comercio y la industria. Tienen seda en abundancia, bayetas de seda y
oro de todas clases. Víveres, cuantos quieran. Y ya que no queda más que
mentar, dejaremos estas provincias y hablaremos de otra llamada Caiu.
CXLIII -
De la ciudad de Caiu
Cuando se deja la ciudad de Pauchin, se va hacia el Sudeste,
hallando una ciudad llamada Caiu, espaciosa y bella. Son idólatras, tiene papel
moneda y pertenecen al Gran Khan. Viven del comercio y la industria. Tienen
abundancia de víveres, especialmente pescado y caza. Tres faisanes valen un
veneciano de plata.
Nos iremos de esta ciudad y os contaremos de otra llamada
Tingiu.
CXLIV -
De la ciudad de Tingiu
Sabed que cuando se deja la ciudad de Caiu, a una jornada se
encuentran muchas alquerías, campos y bellos paisajes, hasta llegar a la ciudad
de Tingiu, que no es muy vasta, pero sí rica en frutos de la tierra. La gente
es idólatra, pertenece al Gran Khan y tiene papel moneda. Viven del comercio y
la industria y sacan mucho provecho de los negocios que les procuran sus
mercaderías. Tienen muchas naves y peces y pájaros a porfía.
A izquierda, hacia Levante, a tres jornadas de distancia está el
Océano. Y en todo la costa hasta aquí hay salinas, explotadas por los
indígenas. Hay una ciudad en ese lugar que se llama Tingiu, que produce tanta
sal como para satisfacer las necesidades de toda ella, y en verdad que el Gran
Khan saca buen provecho y sumas tan enormes de tributo, que no podía creerse si
no se viera.
Y de aquí volveremos a Tingiu y a otra ciudad llamada Yangiu.
CXLV -
De la ciudad de Yangiu
Partiendo de Tingiu, se camina por una región fertilisima,
poblada de castillos y granjas en gran cantidad, y se llega a una ciudad
populosa, llamada Yangiu. Es tan grande, que bajo su dominio tiene a 27
señoríos. Villas grandes y buenas y de gran comercio. A esta ciudad la gobierna
uno de los 12 barones del Gran Khan, porque es la elegida por uno de los 12
sabios. Y micer Marco Polo, el mismo del que trata este libro, la rigió durante
tres años. Son todos idólatras y la moneda es la del Gran Khan. Viven del
negocio y de la industria. Los talabarteros de la ciudad hacen arneses y
equipos para los caballos y hombres de guerra, de las más finas labores y
recamados con gran fantasía. Y en la ciudad y sus alrededores viven hombres
importantes y magnates. Ya no hay nada digno de mención, y nos iremos a dos
grandes provincias, que pertenecen al mismo Mangi. Éstas son hacia Poniente, y
como hay muchas cosas que contar de ellas sobre sus usos y costumbres,
empezaremos por Nanghin.
CXLVI -
De la provincia de Nanghin
Nanghin es una provincia de Poniente, que pertenece a Mangi; es
muy noble y rica. Son idólatras. Tienen papel moneda y pertenecen al Gran Khan.
Viven del comercio y la industria. Tienen seda en abundancia y tejen el paño de
oro y la seda de todas suertes. Hay mucho trigo en sus graneros y muchos
víveres, pues es una provincia opulenta. También tienen abundante caza. Queman
los cadáveres. Hay muchos leones en el campo. Hay ricos marchantes, que pagan
grandes impuestos y, por tanto, contribuyen a aumentar las rentas del gran
señor.
Nos iremos, pues ya no hay nada digno que mencionar, y os
contaremos de la muy noble ciudad de Saianfu, digna de ser inscrita en este
libro por su importancia capital.
CXLVII -
De la ciudad de Saianfu
Saianfu es una ciudad admirable, que tiene bajo su señorío a dos
grandes ciudades extensas y ricas. Es muy industriosa, y su comercio próspero.
Son idólatras y emplean papel moneda. Hacen incinerar a sus muertos y son
vasallos del Gran Khan. Fabrican en cantidad el brocatel de oro y de seda y
toda suerte de tafetanes. Son ricos en caza y en cuanto conviene a una noble
ciudad.
Y os diré que ésta resistió tres años, después de que todo Mangi
se hubo entregado. Y eso que la cercó un innumerable ejército del Gran Khan.
Pero como éste no podía desplegarse, debiendo tenerse a orillas de un inmenso
lago muy profundo, el ejército del Gran Khan no podía cercarla más que por
tramontana, y las otras tres partes de la ciudad estaban al amparo del lago y
se surtían en él de víveres. Y no hubieran levantado el cerco si no fuera por
lo que voy a contaros: Cuando el ejército del Gran Khan le puso el cerco
durante tres años, el gran señor entró en mucha cólera, no pudiendo ocuparla en
todo este tiempo. Entonces micer Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos dijeron:
«Encontraremos el medio de que se rindan.» Y el ejército dijo que esto les
llenaba de gozo. Todos estos discursos se cruzaban en presencia del Gran Khan,
pues los parlamentarios habían venido a decir al gran señor que no lograban
rendir la plaza, porque los sitiados siempre tenían donde aprovisionarse. El
gran señor dijo turbado: «Es menester inventar algo para tomar la ciudad.»
Entonces los dos hermanos y micer Marcos, su hijo, replicaron: «Gran señor,
tenemos con nosotros en nuestras casas hombres que harán tales máquinas que
lanzarán piedras tan gordas, que los de la ciudad no podrán resistir y
cederán.» El Gran Khan dijo a micer Nicolás y a su hermano que lo vería con
agrado; que hicieran esa máquina de guerra lo antes posible. Entonces micer
Nicolás y su hermano e hijo, que tenían en su casa a un alemán y a un cristiano
nestoriano que sabían hacer ingeniosamente estas cosas, les ordenó que hicieran
dos o tres catapultas para lanzar piedras de 300 libras. Y estos dos hombres
hicieron tres piezas magníficas. Y cuando estuvieron listas las hizo llevar al
ejército que cercaba a Caianfu y no lograba rendirla. Cuando hicieron armar las
máquinas de guerra, les pareció a los tártaros la mayor maravilla del mundo. ¿Y
qué os diré? Cuando las catapultas se irguieron y empezaron a funcionar
lanzando la primera piedra en la ciudad, la primera que llegó alcanzó una casa,
aplastándola, y esto suscitó gran tumulto. Y los hombres de la ciudad, que
veían esta nueva desventura que se les venía encima, se llenaron de espanto y
asombro y no sabían qué hacer, ni decir. Se reunieron en Consejo, no sabiendo
qué partido tomar para escapar a este nuevo artificio de guerra. Se dieron
todos por muertos si no se rendían, y decidieron capitular. Entonces mandaron
un pregón o heraldo para decirle al jefe del ejército que querían rendirse,
como lo habían hecho las demás ciudades de la provincia, y ser vasallos del
Gran Khan, y el general y el capitán dijeron que así lo deseaban, y recibieron
a una delegación de parlamentarios, que los invitaron a entrar en la ciudad.
Esto lo consiguieron los tártaros gracias a micer Nicolás, Mafeo y Marcos, y no
es poco decir, pues sabed que ésta es una de las mejores provincias que posee
el Gran Khan y le procuran mayor renta y provecho. Os he referido de cómo la
ciudad se rindió, gracias a las catapultas que hicieron armar micer Nicolás, micer
Mafeo y micer Marcos. Y dejaremos está materia para tratar de la ciudad llamada
Singiu.
CXLVIII -
De la ciudad de Singiu
Sabed que cuando se parte de la ciudad de Yangiu y se tuerce
hacia Sudeste 15 millas se encuentra una ciudad llamada Singiu; no es muy
grande, pero hay en ella muchísimas naves y muchas mercaderías. Los habitantes
son idólatras, sometidos al Gran Khan. Tienen papel moneda. Está situada sobre
el río mayor del mundo, llamado Cuian. En ciertos puntos es ancho diez millas;
en otros, ocho, y en otros, seis, y largo más de cien jornadas. Por este río es
por donde surcan las galeras que traen a la ciudad muchas preciadas mercancías
y, por consiguiente, tiene el Gran Khan renta y tributos pingües de esta
ciudad. Os digo que este río va tan lejos y a tantas partes y pasa por tantas
ciudades que por él afluyen las mayores riquezas, y por sus aguas navegan más
bájeles que por todos los mares y ríos de la cristiandad. Pues yo doy fe que vi
más de 5.000 bajeles navegando a la vez por este río. Os podéis imaginar que
teniendo esta pequeña ciudad un tal tráfico, ¿qué no serán las demás? Pues este
río pasa por más de 16 provincias, y hay en sus orillas 200 ciudades muy
grandes, que tienen más naves que éstas en sus aguas.
Estas naves son cubiertas y tienen una sola arboladura o mástil;
pero son de mucha cala y pueden llevar hasta 4.000 cántaros y hasta 12.000
barricas de pescado, según contamos en nuestro país. Nos iremos de aquí, pues
referimos cuanto hay de notable, y contaremos de otra ciudad llamada Caygiu;
pero se me olvidaba mentaros una cosa: sabed que todas las naves, cuya
arboladura está llena de cabos de cáñamo,así como las velas, tienen como
amarras, con las cuales las sacan a la orilla, unas cañas largas y gruesas, que
a veces miden 15 pies, y con esas mismas vuelven a ponerlas a flote en el río.
A éstas las cortan por el medio y las atan fuertemente unas a otras, y así
consiguen hacerlas largas hasta 300 pies. Y estas cañas son más fuertes que los
cabos de cáñamo.
Dejemos esto y volvamos a Caygiu.
CXLIX -
En donde se trata de la ciudad de Caygiu
Caygiu es una pequeña ciudad que está situada hacia Sudeste. Los
habitantes son idólatras y pertenecen al Gran Khan. Tienen papel moneda. Está
también a orillas del río. En esta ciudad se recoge gran cantidad de arroz y de
trigo, y desde ella se va navegando a la ciudad de Cambaluc, a la corte del
Gran Khan. Y no por mar, sino por el río y un lago. El trigo que llega por esa
vía viene principalmente de la corte del Gran Khan, y el Gran Khan ha hecho que
esta vía fluvial sea navegable hasta Cambaluc. Hizo dragar y cavar un gran foso
muy profundo, de un río a otro y de un lago a otro, y de esta manera es
navegable. Sobre él van grandes naves desde Mangi hasta la ciudad de Cambaluc.
También se puede ir por tierra, costeando el río, pues no hay una calzada, y
así, tanto por tierra como por agua hay medio de llegar. En medio de este río
existe una isla, escarpada de rocas, en la cual hay un monasterio de ídolos, en
donde están cobijados 200 monjes. Y sabed que este monasterio manda a muchos
otros, de modo que es como un arzobispado.
Pasemos el río y os contaremos de otra ciudad llamada
Cinghianfu.
CL -
De la ciudad de Cinghianfu
Cinghianfu es una ciudad del Mangi. Sus gentes son idólatras y
súbditos del Gran Khan. Tienen papel moneda. Viven del arte y del comercio.
Tienen bastante seda. Tejen rasos y rasetes, paños de oro y sedas de todas
clases. Hay mercaderes ricos y de mucha consideración. Hay caza, trigo en
cantidades y cuanto necesita para vivir con holgura. Hay dos iglesias de
cristianos nestorianos y éstas se alzaron el año 1278 de la Encarnación de
Cristo, y os diré cómo se construyeron. En verdad que no hubo nunca ni iglesia
ni fieles hasta 1278, época en que fue gobernador del Gran Khan durante tres
años Marsarchis, que era cristiano nestoriano y es este Marsarchis quien mandó
hacer estas dos iglesias, y desde entonces hubo dos iglesias cristianas allí
donde jamás existieron. Y dejaremos esta materia para tratar de otra gran
ciudad llamada Cangiu.
CLI -
De la ciudad de Cangiu
Cuando se sale de Cinghianfu hay tres jornadas hacia Sudeste y
salen al paso ciudades, castillos, ricos en arte y en industria; son todos
idólatras y sirven al Gran Khan. Al cabo de tres jornadas se yergue la noble
ciudad de Cangiu. Tienen bastantes sedas y fabrican tela de oro, grodetures,
rasos y rasetes, bayetas de seda y dasmasquino. Tienen venados y caza menuda y
aves en cantidad. No carecen de nada, pues tienen tierra gorda y fecunda.
Os contaré una mala acción que hicieron estas gentes y lo cara
que la pagaron. Cuando la provincia de Mangi fue conquistada por los hombres
del Gran Khan, y Baian quedó como jefe de la misma, envió una partida de su
gente, que eran alainos y cristianos, para cercarla. Y aconteció que los dichos
alainos tomáronla y entraron en ella, encontrando muy buen vino, y tanto
bebieron, que se emborracharon y se durmieron profundamente. Cuando los
habitantes de la ciudad se percataron de que los que la habían tomado estaban
tan ebrios que parecían muertos, los mataron a todos alevosamente y no escapó
ni uno solo.
Y enterado Baian, el señor del gran ejército, de que sus hombres
habían sido diezmados tan miserablemente, mandó a otro puñado de hombres, que
tomaron a saco la ciudad y pasaron por las armas a todos sus habitantes. Y de
esta manera, como habéis oído, murieron tantos en esta ciudad.
La dejaremos y os contaremos de una ciudad llamada Sugiu.
CLII -
De la ciudad de Sugiu
Sugiu es una hermosa ciudad. Sus habitantes son idólatras y
sujetos al Gran Khan. Tienen papel moneda, viven del comercio e industria.
Tejen ricas sedas para sus vestimentas. Hay en ella poderosos negociantes. Es
tan grande, que mide de circunferencia 40.000 millas. Y el número de sus
habitantes no se puede contar.Os digo que si estos hombres fueran guerreros
hubieran conquistado el mundo. Pero no son militares, sino ingenios sutiles y
vivos mercaderes diestros en todas las artes. Son también dados a la filosofía
y a las ciencias y conocen todos los secretos de la Naturaleza. Os digo en
verdad que esta ciudad posee más de 6.000 puentes de piedra, por los cuales
puede pasar una galera o dos. En los arrabales, en la montaña, crece el
ruibarbo y el jengibre en gran abundancia, y por un marco veneciano tendréis 40
libras de jengibre fresco, que es exquisito. Sabed que esta ciudad tiene bajo
su señoría a 16 ciudades muy grandes e importantes, y su nombre, que es Sugiu,
quiere decir en español la tierra, y otra ciudad vecina se llama el cielo, y
tienen ese nombre hiperbólico por su gran nobleza. Así que ahora describiremos
la otra ciudad llamada el cielo. De Suiu nos dirigirnos a Vugiu, que dista una
jornada de Sugiu. Es hermosa ciudad, muy industriosa y comercial. No hay nada
nuevo que mencionar; nos alejaremos de ella y contaremos de otra ciudad llamada
Vughin.
Vughin es otra preciosa ciudad. Sus habitantes son idólatras y
súbditos del Gran Khan. Usan papel moneda. Hay seda en cantidad y muchas otras
materias preciosas que suelen mercar. Son cultos, mercaderes hábiles e
industriosos.
Dejemos a esta ciudad y describamos la ciudad de Ciangan. Sabed
que esta ciudad es grande y rica. Sus habitantes son idólatras y vasallos del
Gran Khan. Emplean también el papel moneda. Viven del comercio y de las artes.
Tejen cendales de todas clases y hechuras, y en gran número. No queda nada que
mencionar y os contaremos de otras ciudades, y será la muy noble ciudad de
Quinsai, que es la capital del rey de Mangi.
CLIII -
En donde se habla de la muy noble ciudad de Quinsai
Partiendo de Ciangan desfilan durante tres días ante nosotros,
en un paisaje risueño y fecundo, castillos ciudades y villas ricas y nobles,
que viven del comercio y sus artes. Los habitantes son idólatras y pertenecen
al Gran Khan. Como los demás del reino, usan papel moneda. Tienen víveres a
granel. A las tres jornadas se entra en Quinsai, que quiere decir en español la
ciudad del cielo. Y ya que hemos llegado a ella os contaré su magnificencia,
pues es, sin mentir, la más noble y bella ciudad del mundo. Y os expondrernos
sus cualidades tal y como la reina de esta región se las puso por escrito a
Baian cuando la conquistó, y Baian a su vez se lo transmitió al Gran Khan para
qué respetaran a esta ciudad y no la destruyesen y la echaran a perder. Según
el contenido del escrito os lo he de contar, y puedo dar fe de su veracidad
según la vi yo mismo, Marco Polo, con mis propios ojos.
Decía el escrito: Que la ciudad de Quinsai tiene cerca de 100
millas de cintura y 12.000 puentes de piedra y mármol, por cuyos arcos pueden
pasar la mayoría de las naves y por los menores las embarcaciones de menor
importancia. Y nadie se maraville de que tenga tantos puentes, pues está toda
sobre el agua y rodeada de agua y para transitar en ella se necesitan estos
puentes.
Hay 12 ramos de industrias u oficios, uno de cada arte, y éstas
tienen sus correspondientes casas y almacenes. De modo que para la venta hay
12.000 casas de éstas y otros 12.000 almacenes. Éstos están regidos por un
maestro, que tiene a su cargo 10, 20, 30 y hasta 40 oficiales. Esta gran
actividad es debida a que toda la provincia se surte de esta ciudad y además
otras muchas ciudades del reino. Hay muchos ricos mercaderes en ella que hacen
muy grandes negocios. Los hombres que rigen estos almacenes son personajes
importantes, y ellos y sus mujeres no trabajan manualmente y viven como si
fueran reyes. Sus mujeres son muy bellas, transparentes y angelicales. El rey
ha establecido que cada cual debe seguir el oficio de su padre y aunque
poseyera 100.000 bizancios de oro no podría elegir otro oficio sino el que tuvo
su padre. Y tengo que deciros que hacia Mediodía hay un lago de 300 millas de
cintura, rodeado de maravillosos palacios y grandes y espaciosas casas, tan
bien construidas, que no podía pedirse mayor proporción ni más riqueza. Éstas
pertenecen a los grandes señoses y gentiles hombres. Hay también numerosos
monasterios y abadías y templos de ídolos. En medio del lago hay dos islas en
las cuales hay un palacio espléndido, tan bien adornado que parece el de un
emperador. Y cuando quieren celebrar una boda o un banquete, van a ese palacio
y celebran sus bodas o ágapes, encontrando los enseres destinados a tal efecto,
es decir: vajillas, manteles, jarros, garrafas y escudillas.
Hay muchas casas de lujo en la ciudad, y por aquí y acullá
torres de piedra para resguardar los muebles y enseres de la gente cuando ha
habido un incendio en sus casas. Y es que hay a menudo fuegos, por haber en la
ciudad varias construcciones de madera.
Los indígenas son idólatras, vasallos del Gran Khan. Tienen
papel moneda. Comen carne de perro, de caballo y de otros animales extraños que
ningún cristiano comería por todo el oro del mundo. En cada uno de los 12.000
puentes tienen 10 centinelas de día y de noche. La ciudad está bien guardada,
para que los ladrones no cometan delitos ni haya gente maleante que intente
soliviantar los ánimos para la sublevación. Hay una torre en la ciudad y en
ella una gran tabla de madera que un hombre tiene entre sus manos, y pega en
ella bien fuerte para que se oiga de lejos cada vez que hay un incendio en la
ciudad o que hay alguna algarada. Entonces el vigía de la torre avisa a los que
guardan la ciudad.
El Gran Khan hace que la ciudad esté bien custodiada, y para
esto emplea gran cantidad de gente, porque es la capital y centro de toda la
provincia de Mangi. Y como contiene grandes tesoros, paga al Gran Khan tributos
tan elevados, tan conspicuos, que si los oyerais mentar no lo podríais creer.
También la hace guardar por miedo a que se levanten contra él.
Y sabed que todas las calles están empedradas o con adoquines o
con ladrillos de barro cocido, que se puede transitar en ellas sin enlodarse a
pie y a caballo. También añadiré que cuenta con 3.000 baños; son baños
calientes, que son muy agradables a los hombres y los toman varias veces al
mes, porque son muy aseados y limpios de sus personas. Estos baños son grandes
y espaciosos y pueden dar cabida a 100 hombres y a 100 mujeres a la vez.
Y os haré saber que el Océano está a 25 millas de esta ciudad
entre Nordeste y Levante. Y en esa dirección hay una ciudad llamada Ganfu, que
tiene un magnífico puerto en donde amarran enormes naves con costosas
mercaderías. Desde ese puerto a la ciudad hay un río caudaloso, de modo que las
naves pueden remontarlo, y siguen su curso navegable hasta más arriba de esta
ciudad.
El Gran Khan dividió esta provincia de Mangi en nueve reinos. Es
decir, que a cada rey le confirió el mando de un gran reino, pero a su vez
estos reyes están sometidos al Gran Khan, de tal suerte que cada año tienen que
rendirle cuentas de sus rentas y de cuanto pasa en el reino. En esta ciudad
tiene su residencia uno de los nueve reyes que gobierna más de 140 ciudades
grandes y ricas.
Os causará maravilla que os cuente que en la provincia de Mangi
hay 1.200 ciudades. En cada una de ellas tiene un alcaide, nombrado por el Gran
Khan, con las atribuciones siguientes: Cada una de estas ciudades tiene, por lo
menos, 1.000 hombres para guardarla; otras más importantes, 10.000; otras,
20.000, y otras, 30.000; de suerte que están bien guardadas. Pero no creáis que
estos hombres son todos tártaros, sino del Catai; tampoco todos son gente de a
caballo, sino una gran parte a pie, y todos forman parte de las huestes del
Gran Khan. El rendimiento de la provincia de Mangi para las arcas del Gran Khan
es tan enorme, que no hay quien lo pueda imaginar. Hay un intendente que
administra estas rentas, a más del rey de Mangi. Y apenas puedo contaros de la gran
riqueza de esta provincia; pero antes de proseguir tengo que enteraros de una
cosa singular.
Habéis de saber que todos los habitantes de Mangi tienen por
costumbre que cuando nace un niño el padre o la madre hacen inscribir en un
registro el día de su nacimiento, y el lugar y la hora y bajo qué signo del
Zodiaco ha nacido y bajo qué planeta o constelación. De modo que cada cual
conoce el día de su nacimiento; así pueden advertirle los astrólogos, cuando
quiere emprender un viaje, si puede hacerlo o no, y a veces les impiden así
viajar, pues sus astrólogos son muy sabios y avisados y duchos en hechizos
diabólicos, de modo que advierten a los hombres de las cosas que pueden regir
sus destinos, y ellos les creen de muy buena fe. Cuando van a acompañar a sus
muertos para incinerarlos, todos los parientes, hombres y mujeres, se visten de
estameña para demostrar su duelo, y van acompañando al cadáver, que llevan en
andas, con cortejo de instrumentos, cantando invocaciones a los ídolos. En
llegando al lugar que han destinado para ser incinerados se detienen. Hacen
recortar en cartón dorado caballos, esclavos, hombres, mujeres, camellos y todo
lo que el difunto hubo deseado en su existencia. Queman luego el cadáver con
todas estas imágenes de su deseo. Mientras ven consumirse en la pira el cuerpo
con todos estos atributos, dicen que en el otro mundo el muerto tendrá todas
estas cosas y que cuantos honores le rindan en éste se los rendirán en el otro
los ídolos y los dioses.
En esta ciudad se halla el palacio del rey que huyó y que era
señor de todo el Mangi, que es el reino mejor y más noble del mundo. Os lo
describiré: Sabed que el palacio tiene, por lo menos, 10 millas de cintura y
está rodeado de altos muros almenados. En el recinto de estas murallas hay
bellos jardines, con las mejores flores y frutos que puedan idearse, fuentes y
lagos llenos de peces. En medio del lago hay otro palacio grande y suntuoso.
Tiene éste un salón central tan grande y hermoso que a la mesa se puede sentar
gran cantidad de gente y puede hospedar un sinnúmero de ellos. La sala es
miniada en oro con historias y jeroglíficos y animales, pájaros, caballeros,
damas y damiselas maravillosamente ejecutados. No hay cosa más digna de verse.
En todas las paredes y artesonados no hay más que pinturas de oro; ¿y qué más
os diré? No sé si sabré describiros fielmente la belleza y nobleza de este
palacio, y os diré sumariamente toda la verdad. Tiene este palacio 20
estancias, todas del mismo tamaño, tan enormes, que 10.000 hombres pueden comer
en ellas con holgura. Están enteramente recubiertas de preciosas pinturas y oro
repujado; además de estos aposentos, hay hasta 1.000 habitaciones, que son
otros tantos departamentos para comer y dormir. De los frutos y peces ya os he
contado. Hay además en esta ciudad 160 hogares, es decir, que están en grupos
de viviendas y forman manzanas, por lo cual la manzana, que es de 10.000
tomanes, forma un total de 1.600.000 casas, entre las cuales se cuentan
infinidad de bellos palacios. No hay más que una iglesia de cristianos
nestorianos.
Después de contaros lo concerniente a esta ciudad os diré algo
curioso: Cada vecino tiene en la puerta de su casa un letrero con su nombre y
el de su mujer, hijos, nueras, sus esclavos y la nomenclatura de todo lo que
haya en ella, inclusive el número de caballos. Y si alguien fallece borran su
nombre, y de esta manera los gobernadores de cada ciudad saben los vecinos que
tienen en su jurisdicción. Y así es costumbre en toda la provincia de Mangi y
de Catai. Otro buen acuerdo y sabia disposición es la siguiente: Todos los que
tienen hospedería y albergue inscriben el nombre de los que hospeda y en qué
día y mes han llegado. Así, el Gran Khan sabe quién entra y sale en su reino, y
es cosa muy importante para un hombre prudente.
Os he relatado esto ahora, y quiero deciros algo sobre la gran
renta que paga esta ciudad al Gran Khan, que es la que corresponde como una de
las nueve partes de Mangi.
CLIV -
De las alcabalas que saca el Gran Khan de Quinsai
Quiero ahora contaros la enorme renta que saca el Gran Khan de
esta ciudad de Quinsai y las tierras que están bajo su señorío, que forman la
novena parte de Mangi. Ante todo, mentaré la sal, que es el tributo más fuerte.
Sabed en verdad que la sal de esta ciudad renta anualmente, por costumbre, 80
tomines de oro, y cada tomín vale 70.000 «sazos» de oro, lo que hace que los 80
tomines representan 5.600.000 «sazos» de oro. Cada «sazo» vale más de un florín
de oro o ducado de oro, y es una cosa maravillosa la cantidad de moneda que
esto representa. Después del tributo de la sal os hablaré de otros sobre varias
mercaderías. En esta provincia crece y se hace más azúcar que en ninguna otra
parte y es otra gran renta para el tesoro. Y no os hablaré de las cosas en
particular, sino por grupos. Por ejemplo: Todas las especias reunidas rinden
tres o el tercio por ciento y el resto de las mercancías igualmente: del vino,
del arroz, del carbón y de las 12 artes y oficios y los 12.000 almacenes de las
mismas. De los telares de seda tiene grandes rentas, pues todo paga un tributo.
¿Y por qué prolongar la nomenclatura? Sabed que la seda da el 10 por 100, lo
que asciende a una cantidad fabulosa, y muchas otras cosas tienen el 10 por 100
también, así que yo, Marco Polo, que he visto hacer las cuentas más de una vez,
os digo en verdad que todas estas cosas, aparte de la sal, rinden 210 tomines
de oro, que valen 14.700.000 «sazos», y considero que ésta es la renta más
desmesurada que jamás he oído contar. Esto se refiere sólo a la novena parte de
la provincia.
Dejemos esta ciudad de Quinsai de la cual explicamos las
costumbres por lo menudo, y prosigamos a la ciudad de Tanpingiu.
CLV -
De la ciudad de Tanpingiu
Al dejar a Quinsai, andando una jornada hacia Sudeste, se
encuentran al paso casas y jardines preciosos. Hay víveres en abundancia. Al
cabo del día se encuentra la ciudad llamada Tanpingiu, que es grande y bella y
está bajo la jurisdicción de Quinsai. Sus habitantes pertenecen al Gran Khan y
tienen papel moneda. Son idólatras y queman a sus muertos. Viven del arte y del
comercio. Tienen toda clase de productos, pero no hay nada de particular que
contar, y por eso hablaremos de Viugiu. Y cuando se parte de esta ciudad de
Tanpingiu se va a tres jornadas hasta Sudeste, encontrando al paso bellas
ciudades, castillos grandes y esbeltos. Por doquier reina la abundancia y todo
es barato; los indígenas son idólatras y pertenecen al Gran Khan. Son de la
señoría de Quinsai; por lo demás, no hay nada que la distinga de las demás
poblaciones, y por eso iremos más adelante y os contaremos de la ciudad de
Ghiugiu. A dos jornadas a Sudeste de Viugiu se pasa para llegar a ella por
ameno paisaje cubierto de ciudades y castillos. Hay de todo en abundancia. La
sola particularidad es que la caña es aquí más gorda y alta que en ninguna otra
parte. Hay algunas que miden cuatro palmos de anchura por 15 pies de altura. Al
cabo de las dos jornadas se llega a una ciudad llamada Ghiugiu, que es muy
grande y bella. Pertenecen al Gran Khan, son idólatras y están bajo el señorío
de Quinsai. Tienen bastante seda. Viven de mercancías y de arte. Tienen todo
cuanto pueden apetecer en cuestión de víveres. Y como no hay nada más digno de
mención, nos iremos más adelante. Dejando Ghiugiu se viaja cuatro días hacia
Sudeste y al paso salen castillos, villas, alquerías. Todo en abundancia. Son
idólatras y pertenecen al Gran Khan bajo el señorío de Quinsai. Viven del
comercio y del arte. Tienen caza de aves en abundancia. Hay leones y fieras en
la campiña. No se ve ni una oveja, ni un carnero en todo el Mangi, pero sí,
vacas, bueyes, cabras y puercos. No hay nada más digno de mención, y
prosigamos.
Partiendo de esta ciudad, Ghiugiu, se andan cuatro jornadas
hacia Sudeste, encontrando siempre ciudades y castillos y víveres en
abundancia. A cuatro jornadas se encuentra la ciudad de Cianscian, que es muy
extensa y hermosa; está en lo alto de una montaña, con un río que la divide por
medio, dejando un lado alto y otro bajo de la ciudad. También pertenecen a la
jurisdicción de Quisaid. Los habitantes son súbditos del Gran Khan e idólatras;
viven del comercio y de las artes. Y como no ya hay nada digno de mención,
pasaremos más adelante.
Cuando se deja Cianscian también el paisaje es ameno, lleno de
ciudades y castillos, y durante tres días es invariablemente bello. Son
idólatras y pertenecen al Gran Khan; son de la señoría de Quinsai. Tienen
víveres en gran abundancia, caza y venado, los mejores pájaros y plantas, y
como no hay nada más que mencionar, prosigamos. De aquí a tres jornadas hay la
ciudad de Cugiu, que es muy grande y bella, cuyos habitantes son idólatras y
pertenecen al Gran Khan. Hasta aquí llega el dominio de Quinsai y empieza un
nuevo reino, otro de los nueve del Mangi, llamado Fugiu.
CLVI -
Del reino de Fugiu
Dejando el reino de Quinsai, que es llamado también Cugiu, se
encuentra el reino de Fugiu. A seis jornadas a Sudeste se cabalga por montañas
y por valles, ciudades, castillos y caseríos. Son idólatras y pertenecen al
Gran Khan y a la señoría de Fugiu, en la cual acabamos de entrar. Viven de arte
y de comercio. Tienen todo en abundancia: caza, aves, y en la campiña grandes y
feroces leones. Recogen el jengibre y la galanga en gran cantidad, pues por un
ducado de oro podéis comprar 80 libras de jengibre. Tienen un fruto que da un
color semejante al del azafrán, pero vale tanto o más que el azafrán. Comen de
todo, y hasta carne humana si el hombre no ha muerto de muerte natural, pero si
lo han matado con arma blanca y es sano se lo comen todo entero y dicen que es
carne exquisita. Los hombres de armas suelen arreglarse de la siguiente manera:
Se dejan el pelo largo y en medio de la frente se hacen pintar en azul una
espada de hierro. Todos van a pie, menos los capitanes; van armados de lanzas y
espadas; son los hombres más crueles del mundo, pues matan cuanto encuentran al
paso, beben la sangre de sus víctimas y luego se las comen.
Dejemos este horror y hablemos de otras cosas. Andando otras
tres jornadas sobre las seis antedichas, se llega a la ciudad de Quenlinfu, que
es una grande y noble ciudad, sometida al poder del Gran Khan. Esta ciudad
tiene tres magníficos puentes, largos una milla y ancho nueve pasos, todos de
piedra con una columnata de mármol en el pretil. Son tan espléndidos, que valen
un tesoro. También aquí se dedican al comercio y a las artes. Tienen telares de
seda. Recogen el jengibre y la galanga. Las mujeres son muy bellas. Hay algo
curioso que mencionar además. Tienen gallinas que no tienen plumas, pero sí una
piel como la del gato y muy negra. Ponen huevos como los de nuestra tierra; su
carne es muy sabrosa.Como ya no hay nada que observar, iremos más adelante.
Durante tres jornadas, a más de las seis que ya he dicho, se
marcha por un paisaje encantador, con muchos castillos, villas y ciudades,
abundancia de mercaderías, caza, feroces leones que persiguen a los viajeros.
En la última jornada y a 15 millas se encuentra una ciudad llamada Unquen, en
donde se fabrica mucha azúcar. De aquí se surte el Gran Khan y se llevan todo
el que consumen en la corte, en tan gran cantidad que esto por sí solo es un
tesoro. No hay nada más digno de contarse, y pasemos más adelante.
A 15 millas de la ciudad de Unquen encontramos la muy noble
ciudad de Fugiu, y os contaremos de ella lo que sabemos.
CLVII -
De la ciudad de Fugiu
La ciudad de Fugiu es la capital del reino de Choncha, que es
otra de las nueve provincias del Mangi. En ésta hay mucho comercio, mercaderes
y artesanos. Son idólatras y vasallos del Gran Khan. Allí moran muchos hombres
de armas, pues las huestes del Gran Khan están en parte de esta capital, porque
en esta región los castillos y ciudades se levantan con facilidad, de modo que
estos hombres sofocan en seguida estas rebeliones. Y por esto el Gran Khan
tiene una nutrida guardia. Por la ciudad cruza un río caudaloso, de una milla
de ancho, y en el cual hay arsenales en donde se arman las naves que navegan
por su corriente. Produce el azúcar en tan gran abundancia, que es difícil el
contarlo.
Aquí hay gran tráfico de perlas y piedras preciosas, y es porque
los mercaderes atracan con sus barcos provenientes de las islas de la India.
Esta ciudad, además, está cercada del puerto de Çaiton (Cantón), en el mar
Océano, y allí es un acudir de naves y gripos de toda la India con mercancías
variadas y preciosas que remontan los mercaderes río arriba hasta Fugiu. Hay
todo cuanto puede apetecer el hombre. Las orillas están cuajadas de deliciosos
jardines con frutas de todas clases. Es una ciudad tan bien provista de todos
los dones del cielo que es un encanto. Ya no hay nada digno de mención en ella,
y prosigamos la ruta.
CLVIII -
De la ciudad de Çaiton (Cantón)
Pasando el río de Fugiu se andan cinco jornadas, encontrando por
doquier ciudades, castillos y granjas muy florecientes y donde hay cantidad de
productos. Se pasa por montes, valles y llanos e inmensos bosques poblados de
árboles, de los cuales se saca el alcanfor. La comarca es abundante en caza,
aves y pájaros. Sus habitantes viven del comercio y la industria, son vasallos
del Gran Khan, y bajo la jurisdicción de Fugiu y a cinco jornadas hay una
ciudad llamada Çaiton (Cantón), que es grande y noble.
Es el puerto en donde vienen a parar las naves de la India,
descargando los tesoros de piedras finas y de gran valor y perlas muy gordas y
del mejor oriente. Es el puerto de expansión de todo el Mangi, es decir, que
todo lo que se produce a su alrededor acuda a él y hay un movimiento continuo
de mercaderías y un mercado de piedras preciosas que es maravilloso. Y de este
puerto van a toda la provincia de Mangi, y por un cargamento de pimienta que va
a Alejandría o a otro lugar para ser exportado a tierra de cristianos hay
cientos que vienen a Çaiton. Habéis de saber que éste es uno de los puertos de
más importancia del mundo. Y el Gran Khan recibe de esta ciudad un tributo
enorme, porque cada nave que llega de la India paga sobre todas las mercaderías
el 10 por 100, así de las piedras preciosas como de lo demás. Estas naves pagan
como flete por mercadería y seda el 30 por 100, y por la pimienta el 44 por
100. Por la madera de áloe y por el sándalo y otras maderas aromáticas, el 40
por 100. De suerte que entre el flete y el tributo y la alcabala el mercader
paga la mitad de la ganancia de lo que trae. Así que para el Gran Khan es esta
ciudad un tesoro.
Son idólatras. La tierra es muy fecunda y tienen toda clase de
frutas. En esta provincia hay una ciudad llamada Tiungiu, en donde hacen los
platos de porcelana grandes y pequeños y los más bellos que verse puedan. En
ninguna parte se hacen iguales a éstos sino en esta ciudad, y de ahí se
desparraman por el mundo entero, y no son muy caros, pues por un ducado
veneciano tendréis tres fuentes tan bellas que no hallaríais nada mejor. En
esta ciudad hablan un idioma propio. Os hablé del reino de Fugiu, que es una de
las partes de los nueve reinos. Y en verdad os digo que el Gran Khan saca
pingües rentas, tantas como las del reino de Quinsai.
No hemos descrito todavía los nueve reinos de Mangi, sino tan
sólo tres, que son Yangiu, Quinsaí y Fugiu, y de éstos ya habéis oído bastante.
De los otros seis también podríamos contar, pero como es muy largo el relato
nos callaremos. Del Mangi, de Catai y de otras provincias, de gente, animales,
pájaros, oro, plata y piedras preciosas y perlas y tantas otras cosas, ya
habéis oído. Pero como en nuestro libro no reza aún todo lo que deseamos
deciros, pues nos quedan todas las descripciones de las cosas de la India, que
son dignas de conocerse y que posee maravillas de las cuales adolecen otras
regiones, es bueno y saludable lo dejemos escrito en este libro, y maese
Rustichello lo expondrá así como lo cuenta micer Marco Polo. Y os diré en
verdad que micer Marcos vivió tanto tiempo en la India, conoció tanto sus
negocios, sus costumbres, que es el hombre que más sabe sobre este país.
Ya sé qué hay tanta maravilla que la gente que oirá su relato lo
encontrará increíble; pero nosotros las pondremos una tras otra tal como las
refería micer Marcos. Y vamos a seguir en este libro.
CLIX -
Aquí empieza el libro sobre la India, que hablará de todas las
maravillas que contiene y de las costumbres de sus gentes Ya que hablamos de
tantas provincias del continente como habéis oído, dejaremos esta materia y
entraremos en la India para contar sus maravillas y empezar por la descripción
de las naves que zarpan desde la India. Construyen las naves de la siguiente
manera: de madera de pino o de alerce. Tienen un puente, y en este puente hay a
menudo 40 entre cámaras y camarotes, en donde un mercader puede vivir
cómodamente. Van provistas de un timón y de cuatro árboles y a veces le añaden
dos palos de repuesto, que se quitan y ponen cuando se quiere. Están
espléndidamente clavados con doble carena, es decir, dos tablas, una exterior y
otra interior; están calafateadas en las junturas por fuera y por dentro y
clavadas con puntas de hierro.
No están alquitranadas, porque no conocen la pez, pero las untan
de tal modo con otra sustancia que ellos consideran mejor que el alquitrán.
Toman estopa y cal y lo desmenuzan y lo mezclan con aceite de palmera, y con
esta mezcolanza entre las tres materias queda una sustancia tan resistente y
compacta como la pez. De esto untan las naves y es lo mismo que si las
alquitranaran.
Tienen 200 marineros de dotación y son tan grandes que pueden
llevar 5.000 espuertas de pimienta, y algunas hasta 6.000, y van a remo, y en
cada remo van cuatro marineros. Y la nave está dotada de tan grandes barcas que
cada una de ellas puede llevar 1.000 espuertas de pimienta. Ya os dije que
llevaban 40 hombres de equipaje; cada barca va armada y algunas veces remolcan
a la gran nave. Siempre llevan encima y a los costados varios botes, pero los
unos mayores que los otros, y otras pequeñas embarcaciones o almadías, con las
cuales pescan para el servicio de mesa de la nave, y estos botes están
amarrados a los lados de ella. Cuando quieren carenar la gran nave, es decir,
limpiar la carena y que haya navegado un año, la ponen en seco de la siguiente
manera: clavan en el costado de la eslora una tabla y al otro lado otra y con
otras seis la apuntalan y luego la untan y calafatean.
Os he hablado de la nave con la cual los mercaderes van y vienen
de la India. Y abandonaremos esta materia para contaros de la propia India.
Pero ante todo os hablaré de otras islas del mar Océano, en donde estamos aún.
Estas islas están a Levante, y empezaremos por una isla llamada Cipango
(Japón).
CLX -
En donde se trata de la isla de Cipango (Japón) Cipango es una
isla a Levante que está a 1.500 millas apartada de la tierra en alta mar. Es
una isla muy grande. Los indígenas son blancos, de buenas maneras y hermosos.
Son idólatras y libres y no están bajo la señoría de nadie. Tienen oro en
abundancia, pero nadie lo explota, porque no hay mercader ni extranjero que
haya llegado al interior de la isla. Os contaré de un maravilloso palacio que
posee el señor de la isla. Existe un gran palacio todo cubierto de oro fino,
tal como nosotros cubrimos nuestras casas e iglesias de plomo, y es de un valor
incalculable. Los pisos de sus salones, que son numerosos, están también
cubiertos de una capa de oro fino del espesor de más de dos dedos. Todas las
demás partes del palacio, salas, alféizares, todo está cuajado de oro. Es de
una riqueza tan deslumbrante, que no sabría exactamente cómo explicaros el
efecto asombroso que produce el verlo.
Tienen perlas en abundancia de un oriente rosa, preciosas,
redondas y muy gruesas. Son de tanto valor como las blancas, o más. Tienen
varias otras piedras preciosas. Es una isla muy rica, cuya riqueza es
incalculable.
Y como le diera razón al Gran Khan de la gran riqueza de esta
isla -Cublai, que entonces reinaba-, quiso apoderarse de ella. Y envió a dos
barones al mando de una flota con hombres a pie y a caballo. Uno de estos
barones se llamaba Abatan y el otro Volsanicin. Ambos eran sabios y valientes.
Navegaron de Çaiton a Quinsai, se hicieron a la vela y abordaron a estas islas;
se apoderaron de llanos y granjas, pero ningún castillo ni ciudad había caído
en sus manos todavía, cuando les sucedió el percance que les contaré.
Habéis de saber, ante todo, que los dos barones se envidiaban
mutuamente y que ninguno de los dos hacía nada de común acuerdo con el otro.
Y un día sopló la tramontana de tal manera, que los de la
armada, asustados, dijéronse que si no alzaban anclas se estrellarían todas las
embarcaciones. Entonces se refugiaron en las naves y se hicieron a la mar, y
habiendo navegado cuatro millas se encontraron otra isla de tamaño un poco
menor, y los que en ella pudieron escapar se salvaron, pero los otros quedaron
estrellados contra las rocas.
Sin embargo, se salvaron 30.000 hombres, y estos náufragos se
daban por perdidos, pues veían morir a sus compañeros y desaparecer las naves
que habían podido tomar el largo hacia su tierra. Y así hicieron, en efecto;
algunas de entre ellas, que pudieron escapar, navegaron sin tregua hasta llegar
otra vez a su país. Dejemos, pues, a los que se fueron y volvamos a los que
quedaron muertos de miedo en la isla.
CLXI -
De cómo la gente del Gran Khan que había escapado al temporal
tomó la ciudad de sus enemigos Sabed, pues, que estos 30.000 hombres que
escaparon a los elementos se veían perdidos y no velan medio de remediar su
triste suerte. Desesperados y angustiados, no sabían qué hacer ni qué resolver.
Y estaban en situación tan apurada cuando el señor de la gran isla y sus
secuaces vieron a la armada tan desesperada y deshecha y se enteraron que los
náufragos estaban en la isla menor. Se llenaron de alegría y regocijo. Y en
cuanto la mar se calmó fuéronse en varias naves que tenían en la isla e
hicieron vela hacia ella para prender a los que allí se hallaban.
Cuando los 30.000 vieron que el enemigo había tomado tierra y se
dirigía hacia ellos para prenderles, maniobraron de modo de marchar en sentido
contrario de los que venían, y yendo hacia la playa se acercaron a las naves
del enemigo, y entraron en ellas, y esto lo consiguieron con facilidad, pues no
había quien las defendiera. Embarcados en las naves se alejaron de la isla a
toda prisa para abordar la isla mayor. Tomaron allí tierra y bajaron con el
estandarte y señeras del señor de la isla, dirigiéndose a la capital, y los que
reconocieron el pendón de su señor creyeron que eran sus propias gentes y los
dejaron entrar en la ciudad.
En ella no encontraron más que ancianos; entonces se apoderaron
de la ciudad, echaron a todos los que estaban en ella y sólo guardaron algunas
mujeres hermosas para que les sirvieran. Y así es como tomaron esta ciudad los
hombres de armas del Gran Khan.
Y cuando el señor y sus gentes se dieron cuenta que habían
perdido su capital y que el desastre era completo para ellos, se desesperaron y
creyeron morir de rabia. Entonces volvieron con otras naves a su isla y
cercaron la ciudad de modo que nadie podía entrar ni salir de ella si a ellos
no se les antojaba ¿Y qué más os diré? La gente del Gran Khan resistió siete
meses el sitio, buscando día y noche cómo podían enterar al Gran Khan de la
situación desesperada en que se hallaban y les ponía en tan grande aprieto; mas
nada les valió. Y cuando vieron que no había salvación, parlamentaron con los
de fuera, acordaron una tregua y se rindieron, a condición de que les
perdonaran la vida. Y bajo este pacto quedaron allí para siempre. Y esto fue en
el año 1269 de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo.
Así concluyó esta aventura desgraciada. El Gran Khan hizo
decapitar a uno de sus barones, que era el capitán mayor de la armada al otro
lo mandó a una isla en donde hacía desaparecer a la gente que le molestaba, y
allí le hizo dar muerte. Y esto porque se enteró que se habían portado mal el
uno contra el otro en esta aventura.
Y os diré otra gran maravilla: Estos dos barones tomaron un
castillo que allí se encontraba para defenderse, y como no quisieron ceder la
plaza, los dos barones dieron orden de que los mataran. Y así lo hicieron y
cercenaron sus cabezas, excepción hecha de ocho hombres, a los cuales no
lograban cortar la cabeza. Y esto sucedía en virtud de unas piedras preciosas
que tenían incrustadas en el brazo entre la carne y la piel, de tal suerte que
no se veían exteriormente, y estas piedras tenían poder de magia, de modo que
cuando uno las llevaba encima no podía morir por el hierro. Los barones
supieron por qué causas no podían matar a estos hombres por medio de la espada;
entonces mandaron que los mataran a machetazos, y murieron en seguida. Hicieron
que les retiraran las piedras de los brazos y las conservaron con gran cuidado.
Habéis, pues oído esta historia de la derrota de la gente del Gran Khan.
Haremos punto y volveremos a proseguir la narración de nuestro libro.
CLXII -
Donde se habla del culto de los idólatras
Los ídolos de Catai y los de Mangi y los de estas islas son
todos semejantes. Estas islas tienen ídolos con cabeza de buey, otros con
cabeza de cerdo, de cordero, de perro y otros variados. Algunos tienen cabezas
de cuatro caras, otros de tres, es decir, una normal y dos a los costados;
algunos cuatro manos, otros 10 y otros 1.000. Éstos son los más venerados.
Cuando los cristianos les preguntan por qué hacen así a sus
ídolos:
«Nuestros antepasados nos lo legaron de esta manera; así lo
dejaremos a nuestros hijos y a los que vendrán después de nosotros.» Las
patrañas de estos ídolos son tan curiosas y son obras del diablo, que mejor es
no escribirlas en este libro, porque sería piedra de escándalo para los
cristianos; así que dejaremos a los ídolos y os contaremos otra cosa.
Pero os diré, porque deseo que no lo ignoréis; cuando uno de los
idólatras de estas islas secuestra a un hombre que no es amigo de ellos, y éste
no puede rescatarse por dinero, invita a sus amigos y congéneres a su casa.
Hace asesinar al hombre que ha caído en sus manos y se lo come, en compañía de
sus parientes; pero antes lo hace preparar y guisar convenientemente y
encuentran que es la mejor carne que darse puede. Y volvamos a nuestro relato:
Este mar en que está situada la isla se llama el mar de la China, es decir, el
mar que rodea a Mangi, pues los naturales de esta isla, cuando quieren decir la
China, dicen Mangi; pero la China está hacia Levante, y tiene, según los
pilotos y navegantes que la conocen, 7.448 islas, de las cuales muchas
habitadas, y en estas islas no hay árbol que no sea aromático y que no tenga
perfume fuerte y agudo, con maderas de gran utilidad, grandes como el alerce, y
más grandes aún. Hay especias muy caras: pimienta blanca como la nieve y negra,
ambas en gran abundancia. El oro abunda tanto en ellas, que es maravilla, pero
están tan lejos y se pasan tantas fatigas para ir a ellas, que no hay muchos
que se lleguen allá. Y cuando las naves de Çaiton o de Guinsai atracan a ella
es siempre con gran provecho y ganancia. Pero para llegar a ellas tardan un
año, pues van en invierno y vuelven en verano, porque los vientos son en esa
época favorables, y al volver en estotra, uno sopla en popa en invierno y otro
en estío. Esta región está muy alejada del camino de la India, y os dije que se
llamaba mar de la China, y quiero que sepáis lo que llamo mar Océano. Pues se
dice mar de Inglaterra o mar de la Rochela; así, aquí mar de China y mar de
Indias, pero todos éstos son un común denominador, que es el mar Océano.
Ya os contaremos de estas regiones, porque están demasiado
alejadas y no hemos llegado a ellas. Ni el Gran Khan tiene nada que ver allí,
ni le pagan tributo alguno. De modo que volvamos a Çaiton y a nuestro libro.
CLXIII -
De la región de Ciamba
Partiendo de Çaiton y navegando hacia Poniente, en dirección al
garbí, a unas 1.500 millas, se llega a una región llamada Ciamba, que es muy
rica y de tierra muy fecunda. Tienen un rey, idioma propio y son idólatras. Han
cerrado un pacto con el Gran Khan, comprometiéndose a entregarle cada año
elefantes, y os diré de qué manera empezó el rey a pagar este tributo.
En el año 1272 de la Encarnación de Cristo envió el Gran Khan a
uno de sus barones, llamado Sogatu, con escolta numerosa y a caballo y a pie,
contra este rey Ciamba, y se desató una gran guerra en el reino. El rey, que
era muy anciano y no tenía bastantes fuerzas armadas, no pudo defenderse en una
batalla cerrada, pero se parapetó en los castillos y ciudades altas y
fortalezas, de modo que no tenía cuidado y estaba al amparo de los enemigos.
Empero éstos devastaban y destruían todo en el llano. Y cuando vio que éstos le
diezmaban la población y arruinaban a su reino, cayó en profunda postración.
Entonces mandó a toda prisa a un mensajero al Gran Khan, que le dijo: «Mi señor
el rey saluda a su soberano, y le hace saber que siendo muy anciano ha logrado
que reine siempre la paz en su señorío. Quisiera ser vuestro vasallo y daros
cada año en tributo sus mejores elefantes; os pide dulcemente y os conjura a
que hagáis salir de sus tierras a vuestras huestes y barones, que destruyen,
pillan y saquean a nuestro desgraciado reino.» El mensajero calló y no agregó
palabra. Cuando el Gran Khan oyó lo que el anciano rey pedía, tuvo compasión de
él. Ordenó a sus barones que en seguida se retiraran del reino y prosiguieran
más lejos sus conquistas. De modo que acataron la voluntad de su señor y
evacuaron el país. Y desde entonces paga este rey cada año como tributo al Gran
Khan 20 elefantes, entre los mejores que encuentra en su reino. Y de esta
suerte se sometió al Gran Khan. Dejemos esto para describir su tierra.
Sabed que en este reino ninguna mujer se puede casar sin que
antes la vea el rey, y si le gusta la toma por mujer, y si no, le da una dote
para que pueda casarse con otro barón. En el año 1285, en que estuve yo, Marco
Polo, el rey tenía 326 hijos de los dos sexos, de los cuales 150 eran hombres
que podían manejar las armas.
En este reino hay elefantes en cantidad; hay madera de áloe.
Tienen muchos bosques y una especie de madera de manzanillo, que es muy negra y
de la cual se hacen los escálamos.
No hay va nada notable que mencionar, y nos iremos a la gran
isla llamada Java.
CLXIV -
De la isla de Java
Cuando se parte de Ciamba, entre Mediodía y Sudoeste, a 1.500
millas se llega a una isla llamada Java. Según los navegantes, es la isla mayor
que hay en el mundo, y tiene más de tres millas de costa. Pertenece a un gran
rey y los habitantes son idólatras y no pagan tributo a nadie. Esta isla es de
mucha riqueza. Tienen pimienta, nuez moscada y galanga, azufaifas y clavos y
toda clase de especias, muy raras. A ella vienen de todas partes un sinnúmero
de naves y mercaderes, que compran toda clase de mercancías y hacen grandes
negocios. Hay, por tanto, grandes tesoros en ella. Y os digo que el Gran Khan
no pudo tomarla, por la travesía peligrosa y el largo camino que lleva a ella.
Ya os conté de esta isla lo que sabía, y abrevio, para volver sobre el particular
más adelante.
CLXV -
De la isla de Sondur y de la de Condur
Partiendo de la isla de Java y navegando entre el Mediodía y el
Sudeste, a 700 millas se encuentran dos islas, una grande y otra más pequeña,
que se llaman Sondur y Condur.
Y de estas islas se tuerce hacia Sudeste y Oriente; a unas 500 millas
se encuentra una provincia llamada Locac, que es grande y rica. Tienen un rey y
lengua propia. Los habitantes son idólatras. Están libres de tributos y no
dependen de nadie, pues nadie puede ir a estas tierras para conquistarlas, que
si fuera fácil empresa, el Gran Khan ya las habría conquistado y sometido a su
vasallaje. En esta provincia nace el «berçi» doméstico en gran cantidad. Tiene
oro en gran abundancia. Tantísimo, que nadie puede creerlo sin verlo. Tienen
elefantes y caza. De este reino provienen todas las conchas que se expenden en
todas las provincias, como os he dicho. No hay nada más que mencionar. Hay aquí
lugares tan salvajes y recónditos, que nadie ha puesto jamás el pie en ellos. Y
el rey mismo no quiere que nadie los frecuente, para que no sepan en dónde
tiene su tesoro.
Y nos iremos de aquí y os contaremos otra cosa.
CLXVI -
De la isla de Pentan
Partiendo de Locac y yendo a 500 millas hacia Mediodía se
encuentra una isla llamada Pentan, que es muy salvaje. Está cubierta de selvas,
con plantas aromáticas, árboles de maderas olorosas y de gran utilidad. De aquí
nos internamos entre dos islas, a 60 millas. El agua en este estuario es bajita
y no tiene más que cuatro pasos de profundidad, así que conviene que las
galeotas y naves alcen el timón, porque no desplazan allí más que cuatro pies.
Yendo a Sudeste estas 40 millas, torciendo otras 30, se encuentra una isla y
reino que se llama Malaiur. Tienen idioma propio. La ciudad es grande y noble y
muy comercial. El tráfico de las especias es su mayor riqueza.
Otra cosa no hay digna de mencionar, y por eso nos llegaremos a
la pequeña Java, de la cual os contaremos.
CLXVII -
Aquí se menciona la isla de Java la menor
Partiendo de la isla de Pentan y torciendo a Sudeste, a 100
millas se encuentra la isla de Java la Menor. Pero sabed que, aunque pequeña,
mide dos millas de costa, y os haremos el relato de lo que sabemos de ella. En
esta isla hay ocho reinos y ocho reyes coronados. Son idólatras y tienen idioma
propio. Es abundante en productos de toda clase: madera de áloe o zábila,
espicanardo y otras especies que jamás se ven en otros países. Os contaré las
costumbres de estos habitantes, que son muy independientes. Primeramente os
contaré una cosa que os parecerá extraña. Esta isla se halla situada tan al
Mediodía, que en ella no se ve la estrella del Norte. Pero volvamos a las
costumbres de los hombres, y os contaremos del reino de Ferlec.
Hubo en este reino de Ferlec unos negociantes sarracenos, que
vinieron con sus naves y convirtieron a los indígenas a la ley de Mahoma (los
de la ciudad, que los de los montes son como animales). Son antropófagos y
comen toda clase de carnes, buenas y malas. Adoran varias cosas. Cuando
madrugan, la primera cosa que ven al levantarse la adoran. Después de Ferlec os
contaré del reino de Basman. Saliendo de este reino de Ferlec se entra en el
reino de Basman. Es un reino independiente, de idioma propio. Son gente
completamente salvaje, sin ley como las bestias. Se dicen súbditos del Gran
Khan, pero no le pagan ningún tributo, porque estando tan separados del mundo,
nadie puede llegar hasta ellos; pero a veces le envían presentes de cosas
curiosísimas. Tienen elefantes salvajes y rinocerontes tan grandes como los
elefantes, con el pelo de búfalo y las patas como ellos; un cuerno en medio de
la frente, gordo y negro. Pero no es con el cuerno con el que hieren, sino con
la lengua; sobre ella tienen un aguijón muy largo, de modo que el daño lo
producen con la lengua. La cabeza parece la de un jabalí salvaje; la lleva
inclinada hacia la tierra. Es un animal muy feo. No es verdad que se dejen
tomar por una doncella virgen, pues son temibles y lo contrario de lo que cuentan.
Aquí hay cisnes de toda especie de variado plumaje. Tienen gavilanes negros
como el carbón; son muy grandes y cetrean muy bien.
Quiero desmentiros lo que dicen los pigmeos de las Indias. Hay,
en realidad, en la isla una especie de monos muy pequeños, con la cara como los
hombres. Los hombres los cogen y les arrancan todo el pelo y sólo les dejan los
pelos en la barba y en el posterior; luego los hacen secar y los adoban con
alcanfor o con otras especias, de modo que tienen semblanza de hombres. Pero es
que al adobarlos y cocharlos y enviarlos a vender han hecho creer que son
hombres. Pero en la India nunca se ha visto un hombre, por pequeño que sea, de
este tamaño inverosímil. No diremos más de este reino, pues ya no hay nada
notable que apuntar y seguiremos al reino llamado Sumatra.
CLXVIII -
En donde se habla del reino de Sumatra
En las proximidades de Basman se encuentra el reino de Sumatra,
que pertenece a este grupo de islas, en donde yo mismo, Marco Polo, he vivido
cinco meses, en la época en que no nos dejaron continuar nuestro viaje. La
estrella del Norte sigue sin parecer. Aquí tienen un rey muy rico y poderoso.
Son salvajes y se dicen súbditos del Gran Khan. Por esta razón nos quedamos
cinco meses aquí. Pusimos pie en tierra y nos construimos una casa de maderos y
ramas y nos quedamos en ella por miedo a los malos hombres y a las bestias.
Aquí se pescan los mejores peces del mundo. No hay trigo, pero viven de arroz.
No tienen tampoco vino, pero se procuran una bebida del modo siguiente: tienen
una especie de árbol, al cual le cortan una rama y le arriman a la herida un
puchero y en la noche se llena de líquido. Estos árboles se parecen a una
pequeña datilera, y tronchando una palma de las cuatro que suelen tener se
obtiene cuanto vino se desea. Y hay más: cuando la hendedura no segrega más
jugo se le echa agua a la raíz y al poco tiempo destila otra vez el zumo. Y hay
una especie blanca y otra roja. Tienen muchos cocos de India, gordos y
sabrosos. Los indígenas comen toda clase de carnes, buenas y malas.
Pues os hemos contado de este reino, lo dejaremos para contaros
del reino de Dagroian.
CLXIX -
Del reino de Dagroian
Dagroian es un reino independiente, que tiene lengua propia;
pertenece al estuario de la isla de Java. Tienen un rey. Las gentes son muy
salvajes y se dicen sujetos del Gran Khan; son idólatras, y os contaré sus
costumbres.
Sabed en verdad, que si uno de entre ellos cae enfermo, los
parientes mandan a buscar a los magos y les preguntan si el enfermo podrá
sanar. Y estos magos, por sus hechizos o por medio de los ídolos, saben si
sanarán o si están condenados a morir. Cuando dicen que van a morir, los
parientes del enfermo llaman a ciertos hombres encargados de matarlo, puesto
que están perdidos. Y estos hombres vienen y le amordazan de forma que lo
ahogan. Y cuando se mueren lo hacen cocer y toda la familia viene a comerlo. Y se
comen hasta los tuétanos, porque no quieren que quede sustancia alguna que críe
gusanos, los cuales, ya no teniendo que comer, se morirían, y pretenden que con
ello el difunto se perjudicaría y moriría en pecado. Luego recogen los huesos,
los ponen en una bonita arqueta y se los llevan a unas cavernas, tan altas, en
la montaña, que ningún cuervo o animal las puede alcanzar.
Y también si pueden cogen a un hombreque no sea de la región
mátanle para comérselo en seguida y ésta es una costumbre horrenda. Dejemos a
este triste reino e internémonos en Lambri.
CLXX -
Donde se habla de Lambri
Lambri es un reino cuyo rey se dice súbdito del Gran Khan. Son
idólatras. Hay berçis en gran abundancia y alcanfor y otras especias, muy finas
y caras. Y el berçi crece en pequeños tallos, y cuando está crecido en esta
forma lo arrancan y lo plantan en otro lugar y allí le dejan tres años y luego
lo desentierran con toda la raíz. Llevamos esta simiente a Venecia y la
sembramos, pero no creció absolutamente nada, y esto creo que fue por el frío.
Y os contaremos otra cosa, que es extraordinaria: En este reino
hay hombres que tienen una cola larga un palmo. Y no tienen pelo y son muchos.
No viven en la ciudad, sino en la montaña. Y las colas son gordas como las de
un perro. Tienen rinocerontes y caza en cantidad. De Lambri iremos a Fansur.
CLXXI -
Del reino de Fansur
Fansur es un reino independiente. Tiene rey y son idólatras y
vasallos del Gran Khan. Son de la misma isla de los arriba mentados. Y en esta
isla crece el mejor alcanfor del mundo, llamado canfora-fansuri, que vale más
que ninguno. Se vende a peso de oro, y no tiene, por lo demás, ni trigo, ni
cereales; se alimentan de arroz y de leche. Tiene vino de palmera, como os
conté anteriormente. Y otra cosa os referiré, que es maravillosa:
En esta provincia tienen harina, que sacan de los árboles, de
una especie de árboles magníficos y esbeltos; estos producen una sustancia
harinosa. Tienen una corteza fina, y entre ésta y el tronco se halla un
polvillo de harina. Hacen con ella muchas pastas, muy ricas; nosotros mismos
las catamos y las comimos varias veces. Hemos hablado de este reino, que forma
parte de la isla; del lado opuesto no contaremos nada, porque lo desconocemos,
no habiendo llegado a él. Dejaremos estas cosas para dirigirnos a una pequeña
isla llamada Ganenispola.
CLXXII -
De la isla de Necuveran
Partiendo de Java y del reino de Lambri, yendo por tramontana
cerca de 150 millas, hay un trozo de tierra de 25 millas, que llaman Necuveran.
No hay nadie que rija a estos hombres, completamente salvajes, que andan
desnudos y no cubren absolutamente sus cuerpos. Son idólatras. Sus inmensos
bosques y selvas están poblados de árboles gigantescos, de las más ricas
maderas. Allí el sándalo bermejo, las nueces de Indias, el clavo, el bergi, y
otras especias. Pero nada notable hay que apuntar en sus costumbres. Así que
pasaremos de largo y hablaremos de otra isla llamada Angaman.
CLXXIII -
De la isla de Angaman
Angaman es una isla muy grande, sin ley ni rey. Son idólatras,
viven como los animales salvajes. Y tenemos que apuntar en el libro una extraña
visión de estas gentes. En esta isla los hombres tienen cabeza y dientes de
perro, y en su fisonomía parecen enormes mastines. Son muy crueles y
antropófagos y se comen cuantos hombres prenden que no sean de sus gentes.
Tienen especias variadas en abundancia. Se alimentan de arroz, leche y toda
clase de carnes. Las frutas que comen son muy diferentes a las nuestras.
CXXIV -
De la isla de Seilán (Ceilán)
A mil millas, más o menos de distancia (partiendo de Angaman)
hacia Poniente se encuentra la isla de Seilán, que es en realidad de una gran
hermosura. Es muy extensa, y trataré de demostrarlo con cifras. Mide cerca de
2.400 millas, según los apuntes en los mapas y la cartografía de estos mares.
Pero el viento que sopla de tramontana es tan fuerte que ha sumergido parte de
la isla en el mar, y por eso ya no tiene esas dimensiones de antaño.
Haremos, pues, la descripción de la isla: Tiene por rey un
sujeto llamado Sendemain. Son idólatras. No pagan tributo a nadie. Van
completamente desnudos, salvo en las partes naturales. No tienen trigo, pero sí
arroz y unas especies de cinamomos, de los que sacan el aceite. Viven de leche
y carne. Beben aquel vino de palmera del que os he hablado ya. Tienen berçis en
gran abundancia y exquisitos. Y apuntaremos la cosa más preciada que poseen,
que son los más bellos rubíes del mundo y zafiros, topacios, amatistas y
criptofacios y otras piedras finas. El rey de esta isla posee el más preciado
rubí y el mayor que he visto en mi vida, ni veré. Os diré el tamaño de esta
piedra: es ancha un palmo y gorda como el brazo de un hombre; es la joya más
hermosa que ver se pueda, sin ninguna mancha, roja como el fuego, de un valor
tan incalculable que no habría dinero que lo pagara. El Gran Khan mandó decir
al rey que si se la cedía le daría en cambio el valor de una ciudad entera. El
rey contestó que no la daría por nada del mundo, porque la había heredado de
sus antepasados, y por estas razones el Gran Khan no la pudo obtener. La raza
aquí no es gallarda, sino raquítica y miserable. Pero si necesitan defenderse,
toman hombres de otras regiones, especialmente sarracenos, que emplean como
mercenarios.
Ya no hay nada digno de mención, y seguiremos a Maabar
(Malabar).
CLXXV -
De la provincia de Maabar (Malabar)
Abandonando Seilán, a 60 millas hacia Poniente, se encuentra la
gran provincia de Maabar, que llaman la Gran India, y es, en efecto, la más
importante de las regiones. Esto ya es tierra firme. En esta isla hay cinco
reyes, que son hermanos carnales; los iremos estudiando uno por uno. En la
capital de la provincia reina uno de estos hermanos, que tiene por nombre
Sender Bandi Devar. Es el reino de las perlas. Os contaré cómo se hallan y se
pescan. Hay en este mar un arrecife entre una isla y tierra firme. En todo él
no hay ni 10 pies de agua; en otros 12, y en otro tan sólo 2. Aquí se recogen
las perlas. Arman pequeñas embarcaciones y van al arrecife desde el mes de
abril a mitad de mayo, en un lugar que se llama Bettalar. Se alejan en el mar
unas 60 millas, y allí echan las anclas, y en pequeñas embarcaciones se acercan
a los criaderos de perlas. Hay para esto varios mercaderes que explotan el
negocio y forman compañías, que contratan a un número determinado de hombres,
desde abril a mitad de mayo, mientras dura la pesca. Y los mercaderes dan el
porcentaje que os diré: al rey, ante todo, una décima parte; al «encantador de
peces» (para que éstos no causen perjuicio a los que se zambullen en el mar),
otra décima parte; para la pesca de las perlas, la vigésima parte. Estos
encantadores de peces son los abrayamanes que hechizan a los peces, pero de día
solamente, pues de noche no tienen ningún poder, y están libres de hacer el
mal. Estos abrayamanes encantan no sólo a los peces, sino a los pájaros
también. Cuando llegan las almadías, los hombres que están en pequeñas
embarcaciones, pagados por los mercaderes para este oficio, se zambullen en el
agua: éste a una profundidad de cuatro pasas, aquél de cinco y hasta de doce,
aguantan debajo del agua cuanto pueden. Cuando están en el fondo del mar
recogen unas conchas, que llaman ostras de mar, y en estas ostras se encuentran
perlas,pequeñas y grandes, de todas formas, pues las perlas se contienen en la
pulpa de estas conchas.
Y de este modo pescan las perlas en cantidades enormes. Las
perlas que aquí se hallan se venden luego por el mundo entero. El rey de esta
comarca las tiene a granel, lo que constituye para él un gran tesoro. Después
de la mitad del mes de mayo ya no se encuentran conchas que contengan perlas;
pero las hay 300 millas más lejos desde septiembre a la mitad de octubre. En
esta provincia de Malabar no hacen falta ni sastres ni zapateros para cortar
paños y cueros, porque todo el mundo va desnudo en toda estación. Sólo se
cubren sus partes naturales con un lienzo. El rey, como los demás, va todo
desnudo, salvo que cubre su virilidad con un paño más rico que los demás y
lleva un collar o más bien una franja de piedras preciosas. También lleva
colgado del cuello un cordón con 104 perlas grandísimas y rubíes de gran valor.
¿Por qué 104 perlas y piedras? Porque está obligado cada mañana y cada noche a
decir 104 plegarias o invocaciones a sus ídolos. Es lo que les manda la fe y
sus costumbres; así lo hicieron sus antepasados, y así lo hacen ellos, y por
eso el rey lleva sus 104 perlas al cuello. En tres partes del brazo lleva
además brazaletes de oro cuajados de piedras gordas y de gran precio. En las
piernas lleva otros aros de oro con piedras finas también. En los dedos de los
pies lleva anillos con piedras muy gruesas. Lleva, en fin, un tal tesoro en
pedrerías, que vale lo que una ciudad entera. Y nadie podría estimar lo que
aquello vale, y no es maravilla, pues todo eso se encuentra en su reino en
cantidad.
Y os diré otra cosa: nadie puede, sin embargo, llevarse del
reino ninguna piedra ni perla ni gruesa ni cara, que pese más de un medio
«sazo» en adelante. El rey manda que cuantos tengan perlas y piedras finas las
lleven a su corte y él se las compra a buen precio. La costumbre es que pague
el doble de lo que le piden. De modo que los mercaderes prefieren venderlas a
la corte porque allí se las pagan mejor que nadie. Y por eso este rey posee
tantas riquezas y tantos tesoros. Os he contado todo esto, pero me quedan aún
muchas cosas maravillosas que deciros.
Sabed que este rey tiene 500 mujeres legítimas. En cuanto ve a
una bella mujer o damisela la quiere para él. E hizo una vez lo que vais a oír:
Uno de sus hermanos carnales tenía una mujer muy bella; al rey se le antojó y
la cogió para él, y su hermano que lo supo lo sufrió con paciencia y no se
rebeló contra él.
Os contaré de otra cosa asombrosa de este rey: sus súbditos son
de una fidelidad y devoción sin igual, que no sólo perdura en este mundo, sino
en el otro. Estos leales sirven al señor en su corte y cabalgan con el rey y le
hacen compañía y tienen gran prestigio en todo el reino. Allí donde va el rey
van ellos, gozando de gran poder ellos también. Cuando el rey muere queman su
cuerpo en un rogo o pira monumental; entonces sus barones, que nunca le
abandonaron, se echan al fuego y se abrasan para ir a hacerle compañía al otro
mundo. Y hay otra extraña costumbre en este país. Cuando el rey muere y deja un
gran tesoro, sus hijos no le tocarían por nada del mundo, pues dicen: «Tengo el
reino de mi padre y a todas sus gentes; puedo, pues, procurarme un tesoro como
él se lo procuró.» De modo que no tocan el tesoro y van acumulando otro suyo
propio. Y por eso los tesoros son incalculables en este reino. En esta región
no se crían caballos, y toda la renta la emplean en gran parte en adquirirlos
de la manera siguiente: los mercaderes de Curmos y de Cuisci y de Dufar y de
Escer y de Adan -esta provincia tiene muchos caballos y corceles- compran
caballos o los crían; cárganlos luego sobre sus naves y se los llevan al rey y
a sus cuatro hermanos. Les dan por cada caballo 500 «sazos» de oro, lo que es
más de 100 marcos de plata. Todos mueren por lo general, porque no tienen
almohazador para cuidarles y por falta de vigilancia. Y los mercaderes que se
los venden se guardan muy bien de llevarles gente que los cuiden, porque cuantos
más caballos mueren más provecho tienen.
Os referiré otra extraña costumbre. Cuando un hombre comete
algún delito y le condenan a muerte, y el señor le tiene que hacer ejecutar, el
que debe morir dice que quiere matarse a sí mismo en honor y amor a sus ídolos.
Es costumbre que el rey se lo conceda. Entonces parientes y amigos se
conciertan para procurarle cuchillos afilados, y le llevan por toda la ciudad
en una silla de mano con los cuchillos colgando del cuello, pregonando: «Este
valiente que aquí veis se quiere matar a sí mismo por amor a su ídolo.» Y de
esta manera le dan la vuelta a la ciudad. Llegados al lugar en donde se hace
justicia, el condenado a muerte empuña un cuchillo y grita en alta voz: «Me
mato por amor a tal ídolo.» Después de pronunciar estas palabras, se hiere en
un brazo; luego coge otro y se hiere en el otro brazo, y, por fin, toma un
tercero y se da una cuchillada en el vientre. Y tanto se hiere, hasta caer
exánime. Cuando ha muerto, sus parientes queman el cadáver en medio de las
demostraciones de mayor júbilo.
Hay en este reino otra costumbre: cuando muere un hombre y su
cadáver se está consumiendo en el fuego, su viuda se echa en las llamas y se
hace quemar con su marido. Y las mujeres que lo hacen son citadas como ejemplo
y las ensalzan mucho. Y no creáis que son pocas, sino muchas las que lo hacen.
Y todos adoran a los ídolos: algunos adoran al buey porque dicen
que es un animal muy bueno, y nadie mataría jamás a un buey ni comería de su
carne. Pero hay una clase de hombres, llamados «gavi», que comen la carne de
buey, pero no se atreven tampoco a matarle. Si un buey se muere de muerte
natural, o violenta, entonces estos «gavis» se lo comen. Pero antes de esto
untan sus casas con la medula del animal. Otra costumbre de este pueblo es que
el rey y sus barones y todos sin excepción que sientan en el suelo. Y cuando se
les pregunta por qué no se sientan más dignamente en escabeles, contestan: «Que
la tierra es una cosa honorable; que puesto que ellos están hechos de tierra y
deben volver a ella, hay que respetarla y nadie debe atreverse a despreciarla.»
Los «gavis» (que son la categoría de gente que comen buey cuando murió de
muerte natural) son los hombres cuyos antepasados mataron a Santo Tomás
Apóstol. Y todos los llamados así no pueden entrar en el lugar donde está el
cuerpo de micer Santo Tomás, pues 10 hombres no podrían sujetarle, ni 20
tampoco, en donde está el cuerpo del santo, porque hay una fuerza que los
rechaza violentamente, y no pueden permanecer allí: esto en virtud del cuerpo
del santo.
En este reino tienen arroz, pero no crece el trigo. Si un
hermoso caballo cubre a una buena yegua, nace luego un caballito enclenque, con
las patas torcidas y endebles, y no hay medio de montarle, pues no vale nada.
Esta gente va a la batalla con lanzas y escudos y completamente desnudos. No
son valientes ni arrojados; no matan ni a pájaros ni a ningún animal, y si
quieren carne de carnero, se lo mandan matar a un sarraceno o a otros
forasteros que no obedecen a su ley.
Los hombres y las mujeres se lavan diariamente todo el cuerpo,
es decir, mañana y noche, y no comen ni beben sin hacer antes sus abluciones. Y
el que no se lave dos veces al día es tenido por soez y grosero. En este país
se castigan muy severamente los homicidios y robos y otros delitos. Tampoco
beben vino, y el que acostumbra a beberlo no lo escogen nunca para testigo y
nadie garantiza por él, pero tampoco lo hacen con los navegantes, porque dicen
que el que va sobre el mar está desesperado y por eso encuentran que no vale
para testigo. Pero, en cambio, no tienen por pecado a ningún pecado de lujuria.
Hace en estos parajes un calor sofocante; por eso van desnudos. Jamás llueve,
excepto en junio, julio y agosto. Y si no fuera por el agua que cae durante estos
tres meses y que refresca el aire, se morirían de calor. Pero las lluvias
mitigan el clima.
Hay entre ellos sabios de un arte que llaman fisionomía, es
decir, conocer al hombre y a la mujer por la cara y decir sus cualidades buenas
y malas. Y esto lo conocen a simple vista. Saben mucho de agüeros, de la
significación del vuelo de los pájaros y de los encuentros de ciertos animales.
Conocen los presagios mejor que nadie en el mundo y saben lo que es bueno y lo
que es malo. Si un hombre que marcha por un sendero oye un ruido y le parece
favorable, sigue su camino; si le parece adverso, se sienta y espera un rato
para proseguir, o vuelve a su casa. En cuanto nace un niño, varón o hembra, el
padre o la madre le inscriben en un registro: dejan escrito el día del
nacimiento, el mes, la luna y bajo qué signo y constelación ha nacido. Y esto
lo hacen siempre obrando de acuerdo con los astrólogos y adivinos, que conocen
los hechizos, las artes mágicas y la nigromancia, y también entre ellos hay
quien entienda de astronomía.
En este reino tienen toda clase de pájaros, de una variedad
increíble, pero no se parecen nada a los nuestros, salvo la codorniz, que es
igual a la de nuestra tierra. También se ven murciélagos, pájaros volátiles con
cuerpo de ratón, pero sin plumas, y que vuelan de noche. Éstos son grandes,
como gavilanes. Los halcones que se ven por allí son enteramente negros como
los cuervos, vuelan muy alto y cazan magníficamente. Os diré otra cosa digna de
contarse: a sus caballos les dan de comer carne cocida con arroz y otros
alimentos, cocidos también. En los monasterios veneran a ídolos de ambos sexos
y consagran muchas jóvenes a estos dioses. Os diré cómo se celebran estas
ceremonias, en que el padre y la madre ofrecen sus hijas a los ídolos de que
son más devotos. Cuando las monjas de estos monasterios invitan a las mozas
para que vengan al convento a honrar a los ídolos, éstas acuden presurosas y
cantan y tocan y hacen gran jubileo. Y estas jóvenes se presentan en gran
número, y más de una vez por semana y por mes llevan de comer a los ídolos.
Preparan viandas y dulces y otros deliciosos manjares; suben al altar, le
aparejan una mesa con todos los alimentos que han traído y en el centro colocan
la pieza más importante. Mientras tanto cantan y tañen los instrumentos y
bailan graciosamente. Y acabado el banquete, tal como pudieran ofrecérselo a un
poderoso barón o a una persona de gran consideración, dicen que el ídolo ha
comido la sustancia de la carne. Entonces se ponen ellas a la mesa y comen
todas en compañía, con gran regocijo. Luego, cada cual vuelve a su casa. Y casi
todas las mozas hacen lo mismo en este reino, hasta que se casan.
Describimos las costumbres de este gran reino y ahora os
narraremos de otro llamado Mutfili.
CLXXVI -
Del reino de Mutfili
Mutfili es un reino que se encuentra hacia tramontana a más de
mil millas de Maabar, más o menos. En él gobierna una reina que es una gran
mujer. Hace ya cuarenta años que su marido murió y ella le tenía gran amor;
así, dijo a su muerte que como le quería más que así misma, no tomaría otro
esposo, y por esa razón no volvió a casarse. Y en estos cuarenta años
administró perfectamente la justicia en su reino, tan bien como lo hubiera
hecho su marido. Y os aseguro que es más querida de sus súbditos que jamás lo
fue ni dama ni señor.
En este reino son idólatras. Viven de arroz, de carne y de
leche. En él se encuentran muchos diamantes, y os diré cómo los cogen. Hay,
como os digo, en el reino varias montañas en las cuales se encuentran
diamantes. Cuando cesa la lluvia, que corre a torrentes por la montaña, por
riscos y cavernas, los hombres buscan en los vados por donde ha pasado mucha
agua los brillantes, y los encuentran en gran cantidad. En verano
especialmente, cuando se secan los manantiales, es cuando más se encuentran.
Pero hace tanto calor, que no hay quien lo resista. Además, en la montaña hay
multitud de serpientes, tan grandes y ponzoñosas, que los hombres no pueden ir
confiados. No obstante, ellos van como pueden y encuentran espléndidos
diamantes. En cuanto a las serpientes, son venenosísimas y muy malas, y
precisamente se esconden en las cavernas en donde esos hombres arriesgados van
a buscar los diamantes. Pero también los obtienen de otra manera. Hay un
despeñadero profundo y abrupto, a cuyo fondo es imposible llegar; pero los
hombres hacen lo siguiente: toman pedazos de carne que lanzan con fuerza al
abismo en donde se encuentran los diamantes en gran abundancia; al llegar al
fondo del precipicio se clavan en ellos. En estas montañas habitan muchas
águilas blancas y buitres, que se alimentan precisamente de serpientes. Cuando
estas águilas ven la carne en el fondo del precipicio, se abalanzan sobre ella
y se la llevan a sus nidos entre los riscos. Los hombres miran con atención en
dónde se ha refugiado el águila, y con la mayor presteza gatean hacia aquel
sitio. El águila, espantada al verles aparecer, alza el vuelo, abandonando la
carne, en la cual hay siempre clavados unos cuantos diamantes. Hay un tercer
modo de procurarse los diamantes: las águilas que devoran la carne no paran en
mientes y se tragan los diamantes también, que luego vuelven a desechar en los
excrementos, y entre este guano también suelen los hombres encontrar los
diamantes. Ya habéis oído las tres maneras de buscar diamantes. Y éste es el
único reino que produce tales piedras. Pero, eso sí, son grandes y magníficos,
y los mejores no son, por cierto, los que llevan a tierra de cristianos, sino
los que le traen al Gran Khan y a los reyes y barones de estas variadas
provincias, reinos y señoríos. Porque como tienen grandes riquezas compran las
piedras más caras.
Os conté lo de los diamantes y ahora os narraré otras cosas.
Sabed que en este reino se fabrican los mejores bocacís, los más bellos y
transparentes que se tejen en el mundo; son delicadísimos, comparables a las
telas de lino más finas; no hay reina ni rey que no los emplee, por lo suaves y
bellos.
En este reino abundan los animales, y los carneros son
especialmente grandes. Tienen gran abundancia de cuantas cosas se necesitan
para bien vivir.
Otra cosa no hay que mentar; así, dejaremos este reino y
continuaremos hacía el lugar en donde se encuentra el cuerpo de micer Santo
Tomás Apóstol.
CLXXVII -
Donde se trata del lugar que guarda el cuerpo de Santo Tomás
Apóstol El cuerpo de mícer Santo Tomás Apóstol está en la provincia de Malabar,
en una pequeña ciudad; no hay navegante ni mercader que venga por aquí, por lo
extraviado que se halla este lugar. Bien es verdad que cristianos y sarracenos
vienen a ella en peregrinación, pues también los sarracenos de estas regiones
veneran al santo, pues dicen era sarraceno y un gran profeta, y lo llaman
«avarian», que quiere decir santo varón. Y sabed que allí sucedió el milagro
que os voy a contar. Los cristianos que allí llegan en peregrinación toman de
la tierra del sitio en que lo mataron y se la llevan a sus países, dándosela a
beber en infusión a los enfermos que tienen calenturas o fiebres cuartanas o
tercianas, y en seguida sanan. Y esto ocurre con todos los que beben de esta
tierra, que tiene un color rojizo.
Y os contaré de un milagro que sucedió en el año 1288 de la
Encarnación de Cristo. Un barón de estos pagos tenía una cantidad de arroz y
llenó con éste todas las casas que rodeaban la iglesia, para guardarlo. Los
cristianos que custodiaban la iglesia y el cuerpo del Santo vieron con disgusto
que este barón idólatra hacía llenar las casas y que los peregrinos ya no
tenían en donde hospedarse, y le instaron a que no lo hiciera. Pero no les
valió ni las buenas ni las malas; el barón no oyó sus súplicas y siguió
llenando de arroz las casas circunvecinas. Cuando acabó de llenar éstas, se
produjo un milagro que ahora os contaré. En la noche, mientras dormía, se le
apareció al barón Santo Tomás con una horca en la mano, se la puso en la
garganta y le dijo: «Vaciarás inmediatamente las casas o morirás de muerte
violenta.» Y diciendo esto le apretaba la garganta con la horca, de modo que el
varón se sentía morir. Hecho esto, micer Santo Tomás abandonó el cuarto y
desapareció, y el barón se levantó de madrugada e hizo vaciar todas las casas.
Y todo lo que había pasado lo tuvieron por milagroso. Holgáronse mucho los
cristianos y cantaron gozosos las preces a micer Santo Tomás y bendijeron su
santo nombre. Y os digo que todo el año suceden otros milagros. Particularmente
cuando se trata de sanar padecimientos y curar a los lisiados.
Y os contaré ahora cómo mataron al Santo. Cuando éste salía de
su cenobio en el bosque y elevaba sus preces a Dios, en torno a él había una
cantidad de pavos reales (pues aquí los hay en todas partes); un pagano que era
del linaje de los «gavis» lanzó una flecha a uno de estos pavos reales que
rodeaban al Santo. El «gavi» no vio al Santo, pero la flecha que creía haber
lanzado al pájaro se clavó en el costado derecho de Santo Tomás, y después de
recibir este flechazo se puso a rezar dulcemente y se durmió en el Señor. Pero
también es cierto que antes de venir a esta tierra en donde finó, había hecho
muchas conversiones en Nubia, y os lo contaremos en su tiempo y lugar en este
mismo libro. Os he hablado de micer Santo Tomás y ahora nos ocuparemos de otras
cosas. Cuando nace un niño lo tintan una vez por semana con aceite de
«sosiman», y esto le hace parecer más moreno. Porque cuanto más negros son, más
los aprecian y los encuentran más hermosos. Toda esta gente hace retratar y
colorear a sus dioses, y todos sus ídolos están pintados de negro y los diablos
o espíritus malignos de blanco como la nieve. Porque dicen que Dios y los
Santos son negros y los diablos son blancos; así es como los representan ellos
y pintan a sus imágenes.
En el ejército, como tienen gran fe al buey y lo tienen por cosa
santa, cogen pelos de buey salvaje y el caballero lo hace trenzar en las crines
de su caballo, y el soldado lo pega a su escudo o rodela. Y esto lo hacen
porque creen que en virtud de ese pelo escaparán al peligro y se salvarán de
todo accidente. Y así hacen todos los que van a la guerra, y por esto el pelo
del buey salvaje tiene gran valor, pues el que no lo tenga no está ya seguro de
nada.
Hemos hablado de esta materia; nos iremos y os contaremos de una
provincia de los abrayamanes.
CLXXVIII -
De la provincia de Lar, en donde nacieron los abrayamanes Lar es
una provincia hacia Poniente, dejando atrás el lugar en donde yace el cuerpo de
Santo Tomás Apóstol. En esta provincia han nacido todos los abrayamanes del
orbe, y originariamente salieron de allí. Estos abrayamanes son los mejores
mercaderes del mundo y los más leales y honrados; jamás mienten, y antes
morirán que faltar a la verdad. Ni comen carne ni beben vino. Llevan una vida
honesta, según sus costumbres. No se acuestan más que con sus mujeres y son
incapaces de robar. No matan ni a los animales, y no harían cosa que ellos
consideraran pecaminosa. Se reconocen los abrayamanes por un distintivo que
llevan. Sabed que todos los abrayamanes llevan un cordón de algodón en el
hombro, que se atan al brazo, de forma que el algodón pasa por la espalda y les
cruza el pecho, y por esta señal los reconocen por todos los lugares donde van.
Tienen un rey rico y poderoso que posee un gran tesoro. Este rey compra perlas
y piedras preciosas y ha dispuesto que todos los mercaderes que vienen del
reino de Maabar le traigan cuantas piedras finas tengan. Ésta es la provincia
más gentil que hay en toda la India y es donde se encuentran las mejores
perlas. Los abrayamanes van al reino de Maabar y compran todas las perlas para
vendérselas a su rey. Le dicen el precio que les han costado, y es costumbre
que el rey les haga dar inmediatamente el doble. Por esto posee las mejores y
más gruesas del mundo. Los abrayamanes son idólatras y consultan los oráculos y
el vuelo de los pájaros; creen en mil agüeros, y os contaré lo que suelen
hacer. Tienen, entre otras, la siguiente costumbre: Cada día de la semana ponen
una señal. Si quieren adquirir una cosa o venderla se ponen al sol, y mirando a
su sombra, exclaman: «¿Qué día es hoy? El tal.» Entonces miden su sombra; si es
tan larga como debe ser ese día, cierran el trato; si no lo es, no hacen el
negocio, pero esperan que su sombra sea como debe ser y antes de eso no
concluyen el negocio.
Os diré otra cosa más curiosa. Cuando van a efectuar algún
negocio se hacen traer una tarántula (que las hay en abundancia en esos
países); si viene del lado que creen propicio, compran la mercadería; pero si
la tarántula se va por otro lado que ellos consideran nefasto, deshacen el
compromiso.
Si salen de sus casas y oyen que un hombre estornuda lo toman
por un signo adverso y se vuelven atrás. Cuando un abrayamán va por un sendero
y ve venir a él una golondrina o a izquierda o derecha, si vuela del lado que
él considera feliz, sigue su camino; si, en cambio, vuela del lado opuesto,
vuelve a su casa y no sale ya más en ese día. Los abrayamanes viven más años
que los demás mortales, y esto es porque comen poco y son muy abstinentes. Sus
dientes son magníficos, debido a una hierba que suelen mascar, que es muy
saludable al cuerpo. Los abrayamanes no se sangran jamás, ni se sacan sangre de
ninguna parte. Tienen sacerdotes que se llaman «ciugui», que viven más que los
otros hombres. Suelen vivir de ciento cincuenta a doscientos años; son tan
robustos, que pueden ir y venir a donde quieran sin estar jamás enfermos, y
cumplen con su obligación en el monasterio lo mismo que los jóvenes. Y esto es
debido a la gran abstinencia que guardan. No toman más que arroz y leche. Os
diré cómo comen estos «ciugui» que acalzan tanta longevidad. Toman mercurio y
azufre y lo mezclan y hacen con él una pócima; luego lo beben y dicen que esto
prolonga la vida. Y no hay duda que viven muchísimos años. Esta bebida la toman
dos veces al mes y desde su más tierna infancia.
En este reino de Maabar tienen una religión que también se llama
«ciugui», cuyos adeptos son tan abstinantes y llevan una vida de muchísimas
privaciones como no podéis imaginarlo. En verdad van completamente desnudos y
no llevan absolutamente nada para cubrirse ni para esconder sus cuerpos.
Adoran al buey, y la mayoría de ellos llevan un pequeño buey de
bronce o de cobre en mitad de la frente (naturalmente que se lo colocan allí).
Queman los excrementos del buey y los reducen a polvo; luego se untan con él
varias partes del cuerpo con mucho recogimiento, como lo hacen los cristianos
con el agua bendita.
No comen ni en cuenco ni en plato, sino sobre grandes hojas.
Pero no en hojas verdes, sino hojas secas, porque dicen que las verdes tienen
un alma y que sería un gran pecado. Porque ya os digo que se guardan de hacer
todo aquello que consideran pecaminoso más que ninguna otra criatura en el
mundo. Cuando alguien les pregunta por qué van desnudos y si no tienen
vergüenza de enseñar así sus partes naturales, contestan: «Vamos desnudos
porque así vinimos al mundo y no queremos nada del mundo. Y no tenemos vergüenza
porque no pecamos, y no es vergüenza mostrar la cara, ni las manos, ni otro
miembro con el cual no cometemos pecado de lujuria. Pero como vosotros habéis
prestado vuestros cuerpos a la lujuria, tenéis vergüenza de enseñarlos y los
lleváis cubiertos. Pero no nos avergonzamos de enseñarlos, como no nos
avergüenza de enseñar nuestro dedo, porque con él no pecamos.» Y ya os digo:
por nada matarían a alguien, ni siquiera a un animal ni a moscas ni pulgas ni
piojos, porque dicen que tienen alma. Y no comen nada, ni gusanos, ni hierbas
ni raíces hasta que no estén secas, porque, según ellos, todo lo que vive tiene
un alma. Duermen en el suelo, completamente desnudos, ni nada encima ni debajo,
y es un milagro que no se mueran y vivan tanto tiempo. Ayunan todos los años y
en ese tiempo no toman más que agua.
Tienen un clero regular, que mora en los monasterios para servir
a los ídolos, y le ponen a prueba del modo siguiente: Hacen venir a unas
vírgenes consagradas a los ídolos y les mandan que experimenten en estos
hombres -que son a su vez guardianes de los ídolos- su poder de seducción. Y al
que sucumbe al halago, lo echan de allí inmediatamente, y dicen no consienten
quede allí ese hombre dado a la lujuria. Así son de crueles e idólatras.
Además, queman los cadáveres porque si no crían gusanos, y dicen
que una vez que los gusanos han devorado el cuerpo no tendrían ya que comer y
se morirían de hambre, y con eso el alma del difunto cometería un pecadodejando
de alimentarlos. Porque, según ellos, el gusano también tiene un alma.
Ya que os contamos estas extrañas costumbres de los idólatras,
nos iremos de aquí y os contaremos una historia admirable de la isla de Seilán.
CLXXIX -
En donde se habla nuevamente de la isla de Seilán
Seilán es una isla que ya os he descrito. En esta isla hay una
montaña muy alta con rocas escarpadas y riscos tan a pico, que nadie puede
escalar si no es de la manera que os explicaré. De esta montaña cuelgan cadenas
de hierro arregladas en tal forma que los hombres pueden subir hasta la cúspide
de la montaña con la ayuda de estas cadenas, y encima está el monumento a Adán,
nuestro primer padre. Los sarracenos dicen que es el sepulcro de Adán y los
idólatras dicen que es el monumento de Sergamoni Borchan.
Y este Sergamoni fue el primer hombre a quien representaron como
ídolo. Porque, según ellos, esta criatura fue el mejor de los hombres y el
primero que consideraron santo y en nombre del cual hicieron un ídolo. Y éste
fue hijo de un gran rey rico y poderoso. Este joven príncipe era de vida tan
ejemplar que no quería ni oír hablar de que un día sería rey. Cuando oyó su
padre que no quería reinar y que tenía despego por las cosas del mundo, montó
en cólera. Le ofreció coronarle y dejarle que gobernara el país según su
voluntad y entendimiento. Y quiso abdicar y dejar su corona para que él fuera
el único señor. Su hijo protestaba que nada deseaba, y cuando su padre vio que
no quería el mando de ninguna forma, se enojó tanto, que creyó morirse de pena,
y no es extraño, porque no tenía otro hijo a quien dejar el reino. Y el rey
tomó la resolución de obligar a su hijo a que tomara gusto a las cosas del
mundo y quisiera poseer la corona. Le hizo encerrar en un magnífico palacio y
le dio 3.000 doncellas bellas y agraciadas para que lo sirvieran. Y no quiso
que hubiera ni un solo hombre entre ellas. Estas bellas jóvenes le acompañaban
en su cámara, le servían en la mesa y le velaban el sueño. Y cantaban y
bailaban ante él y le hacían la vida agradable, como se lo había recomendado el
rey. Pero nada pudieron para decidirle y arrastrarle a la lujuria; al
contrario, cada día crecía su entereza y se volvía más casto. Y hacia una vida
edificante. Era un joven tan delicado que nunca había visto miserias ni había
salido de palacio, ni había visto un hombre enfermo ni había visto a un muerto,
porque su padre no permitía que ningún viejo ni enfermo se presentase ante él.
Y sucedió que un día, cabalgando el joven príncipe, se encontró con un hombre
muerto en mitad del camino. Y no cayó de su asombro, pues era la primera vez
que esto veía. Y preguntó a su escolta lo que era aquello; le contestaron que
aquello era un muerto. «¿Cómo? -dijo el hijo del rey-. ¿Todos los hombres
mueren?» «Sí, señor; en verdad, morimos todos.» Y no añadió palabra y siguió su
camino muy pensativo. No habría cabalgado cien pasos cuando encontró a un
hombre muy anciano, que apenas podía andar y tenía una boca desdentada por
causa de muchos años. Y cuando el hijo del rey vio a ese viejo, preguntó qué
era aquello y por qué no podía andar. Y los que le acompañaban le dijeron que
por ser tan anciano no podía caminar y había perdido todos sus dientes. Y
cuando el hijo del rey oyó lo del muerto y vio a aquel anciano volvió a su
palacio y se dijo que no quería andar más en este triste mundo y que quería ir
en busca de aquel que nunca muere y que le había creado. Y se escapó del
palacio de su padre y se fue por las montañas empinadas, salvajes y solitarias,
y allí vivió toda su vida honestamente en gran castidad y abstinencia. Y lo
cierto es que si hubiera sido cristiano hubiese sido un gran santo como nuestro
Señor Jesucristo.
Y cuando el hijo del rey murió, se lo llevaron al rey su padre,
y cuando éste vio muerta a su criatura, que amaba más que a su propio cuerpo,
le entró una desazón y una pena difíciles de describir. Quiso hacer una imagen
a su semejanza, toda de oro y piedras preciosas, y fue venerado por todos los
súbditos y adorado como un dios. Y decían que había muerto ochenta y cuatro
veces. La primera se transformó en buey; la segunda, en caballo, y así hasta
ochenta y cuatro, y cada vez se trocaba en otro animal, o perro u otra cosa;
pero a las ochenta y cuatro veces de morir trocose en dios, y los idólatras lo
tienen por el dios grande y verdadero. Y éste fue su primer ídolo. Y de éste
descendieron todos los demás ídolos y esto sucedió en la isla de Seilán, en la
India. Y ahora habéis oído cómo nació el primer ídolo. Los idólatras de todos
los países vienen aquí desde muy lejos en peregrinación, como los cristianos
van a ver a micer Santiago de Compostela.Y los idólatras dicen que el monumento
que está encima de la montaña es el hijo del rey del cual oísteis la historia,
y que los dientes, los cabellos y el cuenco fueron del hijo del rey que tenía
por nombre Sergamoni Borchan, lo que quiere decir Santo. Los sarracenos, que
también vienen en peregrinación, dicen que es Adán, y habéis oído lo que dicen
los idólatras que es el hijo del rey que fue su primer dios; pero Dios sólo
sabe quién es y lo que fue, porque no creemos que sea Adán, nuestro primer
padre, porque las Sagradas Escrituras dicen que está en otra parte.
Aconteció que el Gran Khan oyó decir que en esta montaña estaba
el monumento de Adán y que se guardaban en él sus dientes, su pelo y su cuenco,
y se dijo desearía tener en su poder estas tres cosas. Entonces envió una
embajada, y esto fue el año 1284 de la Encarnación de Cristo. ¿Y qué os diré?
Los enviados del Gran Khan se pusieron en camino como gran acompañamiento y
fueran tanto por mar como por tierra hasta llegar a la isla de Seilán. E
hicieron tanto acerca del rey, que consiguieron traerse los dos dientes molares
grandes y gruesos, los cabellos y el cuenco, que era de pórfido y muy bello.
Cuando los emisarios del Gran Khan obtuvieron estas cosas se pusieron en camino
en busca de su señor, y cuando ya estuvieron cerca de Cambaluc, donde se
hallaba el Gran Khan, le hicieron saber que traían lo que le había mandado. El
Gran Khan mandó entonces que todas sus gentes, seglares y otros, fueran al
encuentro de las reliquias que todos creían fuesen las de Adán. Y no quiero ser
más extenso. Sabed en verdad que todos los de Cambaluc fueron al encuentro de
las reliquias y las llevaron procesionalmente al Gran Khan, que dio muestras de
gran satisfacción y alegría y las recibió con gran reverencia. Y había una
inscripción que decía que si en el cuenco se ponía alimento para una persona se
trocaría en seguida por el manjar de cinco. El Gran Khan hizo la prueba y esto
era la verdad. Todas estas historias las hemos ido contando por orden y con
entera verdad, y en adelante hablaré de la ciudad de Cail.
CLXXX -
De la muy noble ciudad de Cail
Cail es una noble y gran ciudad. Pertenece a Asciar, el primero
de los cinco reyes. Sabed en verdad, que en ella atracan todas las naves que
vienen de Poniente, es decir, de Curmosa, de Yuisci y de Aden y de toda la
Arabia, repletas de mercaderías y de caballos. Hacen alto en esta ciudad,
porque ofrece un buen mercado para sus negocios, pues de todas partes acuden
los mercaderes para comprar caballos y otras mil cosas. Este rey es muy rico y
lleva sobre él muchas preseas y viste lujosamente. Administra muy bien la
justicia en su reino y protege a los negociantes que vienen del extranjero,
respetando sus derechos con gran rectitud. Por esto ellos atracan de
preferencia con sus naves en el reino de este buen rey, que les trata con tanta
benevolencia. Es verdad también que sacan con ello honra y provecho.
El rey tiene 300 mujeres y más aún, porque el hombre de más
consideración es el que más mujeres tiene. Y cuando nace la discordia entre
estos cinco hermanos carnales (pues lo son de padre y madre), y quieren reñir,
entonces la madre (que vive aún) exige que hagan las paces. Si éstos no quieren
acceder a sus palabras de paz, la madre toma un cuchillo y les dice: «Si no
cesáis de combatiros y no hacéis las paces, me mataré y antes me cortaré el
pecho con el cual os he amamantado.» Y cuando los hijos consideran la
desesperación de la pobre madre, que les suplica dulcemente que cedan,
reconocen que tiene razón, y es más cuerdo que cedan. Luego se arreglan y hacen
las paces. Y esto ha sucedido en más de una ocasión. De modo que si un día
llega a faltar la madre, es posible que estalle la discordia y se maten los
unos a los otros.
CLXXXI -
Del reino de Coilum
Coilum es un reino que se halla hacia Garbin, a unas 500 millas
de Maabar. Sus habitantes son idólatras. Pero en la población hay también
cristianos y judíos. Tienen idioma propio. El rey no paga tributos a nadie. Os
voy a hacer la descripción del reino y de sus productos. Cultivan el berçi y el
coilomin, que es excelente. También tienen pimienta en gran abundancia, que se
recoge en los meses de mayo, junio y julio. Los árboles que dan la pimienta se
plantan y crecen fácilmente. Tienen añil en cantidad, muy superior. Éste se
saca de las hojas del indo. Toman estas hojas, las ponen en una tinaja que
llenan de agua, y las dejan macerar hasta que la hoja se deshace; luego la
exponen al sol, que es muy caliente, y la hacen hervir, y es cuando suelta el
añil. El calor es tan sofocante en esta región, que apenas se puede soportar.
Si ponéis un huevo en el río, en seguida se os cuece. Aquí llegan los
mercaderes con sus galeras de Mangi, de Arabia y de Levante, y todos realizan
pingües ganancias o trayendo o llevando mercancías.
Hay animales muy raros y distintos de los demás del mundo. Hay
leones negros, sin ninguna mancha de otro color; hay pájaros de todas clases y
plumajes. Blancos como la nieve, con las patas y el pico bermejos, y los hay
rojos y azules; hay loritos también muy graciosos. Pavos reales, grandes y
variopintos, que no son como los de nuestras tierras; todas estas especies son
más variadas y mejores que las nuestras. Ni pájaros ni flores ni frutas se
parecen a las nuestras, y esto por ser la zona tórrida. No tienen trigo, sino
arroz. Tienen vino de caña, que es una bebida muy rica, pero que emborracha a
los hombres más que el vino de uvas. Tienen vituallas en gran abundancia y todo
cuanto apetece el hombre, menos el trigo.
Los astrólogos son sabios, y sus médicos saben conservar la
salud al cuerpo del hombre. Todos son de raza negra, y hombres y mujeres van
desnudos, pero se cubren las partes naturales con trozos de hermosas telas. No
consideran pecado la lujuria ni las flaquezas de la carne. Pueden casarse con
sus primas hermanas y con la madrastra, si el padre ha muerto. Y ésta es una
costumbre general en la India. Ya describimos otra parte de este reino, y como
no hay nada notable que mencionar, nos iremos y os hablaremos de Comari.
CLXXXII -
De la ciudad de Comari
Comari es una región de la India, en la cual ya se percibe la
estrella polar que habíamos dejado de ver desde la isla de Java. Y de aquí se
navega a 30 millas en alta mar y se ve la estrella polar, que aparece por
encima del agua. Este lugar no está tan cultivado, y la naturaleza es más
virgen. Hay mucha fauna, y especialmente monos. Hay un sin fin de variedades y
algunos muy parecidos a os hombres. Hay diversidad de gatos y magníficos
leones, leopardos y linces.
Nos iremos al reino de Eli, porque ya en éste no hay nada digno
de mención.
CLXXXIII -
En donde se habla del reino de Eli
Eli es un reino hacia Poniente, alejado de Comari 30 millas.
Tienen un rey. Son idólatras y tienen idioma propio. Sus costumbres se pueden
ya contar más libremente, porque nos vamos acercando a lugares más civilizados.
En esta provincia no hay ningún puerto, pero hay un gran río, cuya corriente es
navegable.
Nace la pimienta en abundancia, y el jengibre y la alquitira, el
alcapuz, la vainilla y el regaliz. El rey posee grandes tesoros, pero no tiene
muchos vasallos. La entrada del reino está tan fortificada, que nadie puede
entrar a invadir el reino impunemente. Y por esto no temen a nadie.
Si alguna nave aborda en estas poblaciones de pronto sin algún
objeto definido para ellos, la secuestran y le cogen todas las mercaderías,
diciendo: «Ibais a otras playas, y Dios os ha enviado hacia nosotros, y por eso
os quitamos las cosas que lleváis.» Entonces se apoderan del cargamento y se lo
guardan, sin pensar que cometen un pecado. Y así sucede en toda esta parte de
la India. Si por el mal tiempo alguien se refugia en algún sitio en donde no
pensaba amarrar y había al salir del puerto tomado otro rumbo e
involuntariamente se encuentra en otro paraje, en seguida le quitan el
cargamento y le roban cuanto lleva, diciéndole: «¿Queríais ir a otra parte?
Pero mi buena suerte te ha traído aquí, y por eso confisco tus haberes.» Los
bajeles y gripos de Mangi y otras partes vienen en verano, cargan en cuatro a
ocho días, y se van en cuanto pueden, porque como no hay puerto en donde
refugiarse, es muy peligroso el permanecer en esas dunas, que no ofrecen
resguardo. Es verdad también que las naves de Mangi no temen anclar en las
playas, como otras, porque tienen un ancla tan enorme que aguanta y soporta
cualquier aventura.
Aquí también hay leones y fieras en profusión, lo mismo que toda
especie de caza. De Eli nos iremos a Melibar.
CLXXXIV -
Del reino de Melibar
Melibar es un gran reino hacia Poniente. Tienen un rey y un
idioma propio. Son idólatras y libres de todo tributo. Desde este reino se ve
muy bien la estrella de tramontana, que parece elevada a dos «goves» del agua.
Sabed que este Melibar está a poca distancia de otra provincia llamada Goçurat.
Aquí cada año arman 100 bajeles, a la vez que apresan las galeras, pues son
piratas de mar. Estos bajeles de corsarios acechan a los mercaderes. Se colocan
las naves para esto distantes cinco millas unas de otras, y otras 20 en el lado
opuesto. Lo que suponen que dominan un espejo de agua de 100 millas en el mar.
En cuanto otean una nave o gripo se hacen una señal luminosa de una a otra, y
de esta suerte no hay nave que se les escape. Pero los mercaderes, que conocen
las malas artes de estos corsarios y prevén los encuentros, se preparan también
y van tan bien armados, que no tienen miedo de ellos. Se defienden con fiereza
y a veces les causan grandes perjuicios. Esto no quita de que los piratas
apresen alguna nave, y cuando cae en sus manos se quedan con ellas y su
cargamento; pero no les hacen daño alguno a los hombres, sino que los dejan en
libertad; empero les dicen: «Id a ganar otra vez haberes, porque así la
casualidad los traerá otra vez a nuestras manos.» Este reino tiene gran
cantidad de pimienta y de jengibre, mucha canela, vainilla y alquitrán, nueces
de Indias, bocací muy fino y del mejor; todo lo que se llevan de aquí es de
gran valor. Y los de otros países traen, en cambio, paños de seda, telas de
oro, sándalo, oro, plata. Y vienen de la provincia de Mangi para transportarlo
más lejos. Y los que van a Aden lo llevan a Alejandría.
Os contamos del reino de Melibar; nos alejarnos de aquí para
contaros del reino de Goçurat. Y no os describiremos todas las ciudades del
reino por no prolongar demasiado el relato, pues cada cual tiene tantísimas
ciudades y castillos, que ya es imposible mencionar.
CLXXXV -
Del reino de Goçurat
Goçurat es un gran reino. La gente es idólatra y habla un idioma
propio. Son independientes. Este reino está situado a Poniente, y se ve la
estrella del Norte ya bastante alta. Éstos son los peores corsarios del mundo.
Son tan perversos, que ya no cabe más. Cuando apresan a un mercader le dan de
beber tamarindo y agua de mar, así que tienen cólicos y vomitan lo que tienen
en el estómago. Los corsarios recogen todo lo que arrojan los mercaderes, por
si hay alguna piedra o perla fina que se tragaron por precaución. Porque dicen
que cuando los mercaderes se ven en peligro se tragan las perlas y piedras
finas, para que no se las encuentren, y por eso les dan esas bebidas, que
provocan cólicos y vómitos. El país produce la pimienta, bastante jengibre y
añil en abundancia. Tienen también algodón, porque hay muchos algodoneros altos
seis pasos y de más de veinte años. Pero cuando estos árboles son demasiado
viejos, ya no dan algodón bueno para torcer, pero lo dan para acolchar o para
hacer cañamazos; pero hasta que el árbol tiene doce años, produce buen algodón
para hilar.
En este reino se adoban y curten cantidad de cueros y pieles:
cueros de buey, de búfalo, de rinoceronte y de otras bestias. Y curten tal
cantidad, que cargan naves enteras, que llevan a Arabia y a otras regiones, y
todos los reinos y provincias se surten de aquí. En este país se hacen bellos
trenzados y tejidos de cuero bermejo, con pájaros pintados y animales
sobrepuestos, cosidos finamente con hilo de oro y plata. Son tan espléndidos,
que da gloria verlos; los sarracenos los emplean para dormir encima, pues
siendo de cuero son blandos y se prestan a ello. Y hacen bellos cojines,
cosidos de oro, que valen seis marcos de plata. Y de esos tapetes trenzados los
hay que valen hasta 10 marcos de plata. ¿Qué más os diré? En ninguna parte del
mundo se trabajan mejor el cuero y las badanas que en éstas, en que hacen obras
del más grande valor. De aquí os hemos contado todo, y nos iremos ahora a un
reino llamado Tana.
CLXXXVI -
Del reino de Tana
Tana es un gran reino hacia Poniente. Tiene un rey que no paga
tributo a nadie. Son idólatras y tienen idioma propio. No hay ni pimienta ni
especias, como en las demás provincias; pero tienen benjuí, no muy blanco, sino
amarillento. Esto es lo que les trae mayor beneficio. También hacen bocacís y
telas de algodón. Los mercaderes traen cosas que necesita el país y se llevan
las que les traen provecho y ganancia. Os diré de otra mala costumbre de esta
región. Ya habéis oído que de aquí salen corsarios que van haciendo estragos
por los mares. Ellos están de acuerdo con su rey, pues cierran el siguiente
trato: Los corsarios se obligan a darle cuantos caballos roban. Y los roban a
menudo, porque, como ya os conté, hacen gran comercio de ellos en las Indias, y
pocas son las naves que no llevan caballos a vender. Por eso el rey tiene un
convenio con los corsarios; él se queda con los caballos y ellos se guardan el
oro, la plata y las piedras finas. Es una mala acción, indigna de un rey. Hemos
descrito el reino de Tana. Nos iremos ahora y hablaremos del reino de Cambaet.
CLXXXVII -
Del reino de Cambaet
Cambaet es un gran reino hacia Poniente. Tienen idioma propio y
son independientes. Son idólatras. Aquí veis la estrella de tramontana, y a
medida que vais hacia Poniente la veréis más cerca. En este reino también van y
vienen los mercaderes. Tienen añil superior y en cantidad. Algodón y bocací
almacenados, pues lo traen de muchas partes. Venden vino muy bien preparado y
tantas otras cosas que no se pueden enumerar porque extenderían mucho nuestra
relación.
Las naves traen también oro, plata y cobre; traen cosas de su
país y se llevan otras. En este país no hay corsarios; viven de su trabajo, son
industriosos y buena gente.
No hay nada que contaros de ellos, y nos iremos al reino de
Semenat.
CLXXXVIII -
Del reino de Semenat
Semenat es un gran reino hacia Poniente. Son idólatras y tiene
un rey y un idioma propios y no pagan tributo a nadie. No hay corsarios, y
viven de la industria y el comercio como la gente honrada. Pero, eso sí, son
grandes comerciantes, y aquí acuden mercaderes de todos los continentes. Venden
las mercaderías y, en cambio, compran de lo que carecen. Lo que sí son es
crueles y feroces idólatras. No hay nada más digno de mención, y pasaremos a
contaros del reino de Kesmacoran.
CLXXXIX -
En donde se habla del reino de Kesmacoran
Kesmacoran es un reino que tiene un soberano y lengua propia;
vive del comercio y de la industria. Tiene arroz; se alimentan de carne, arroz
y leche. También aquí el tráfico es incesante. No hay más cosas dignas de
contarse, y pasemos al reino de la última provincia de la India, entre Poniente
y maestral, pues de Maabar hasta esta provincia -es decir, todas las provincias
y reinos que acabamos de recorrer- está la espléndida y portentosa India. Hemos
contado los puertos del litoral, porque si nos internásemos en el país, sería
muy largo de contar. Por eso nos alejaremos de esta provincia, y os contaremos
de unas islas llamadas Varón y Mujer.
CXC -
En donde se habla de las islas llamada Varón y Mujer La que se
llama Varón está en alta mar, a 500 millas hacia el Mediodía, cuando se parte
de Kesmacoran. Son cristianos y bautizados en la fe de Cristo y conocen sobre
todo el Antiguo Testamento, pues cuando la mujer está encinta no la tocan hasta
que haya dado a luz y hasta cuarenta días después. Luego ya vuelven a su vida
marital. Pero en esta isla no viven las mujeres, ninguna, ni las casadas ni las
solteras, sino que habitan en otra isla llamada la Mujer. Desde esta isla se
van los maridos por tres meses: marzo, abril y mayo, para vivir con sus mujeres
a la isla de la Mujer, y allí gozan de ellas. Y al cabo de os tres meses
vuelven a esta isla y quedan trabajando los nueve meses restantes. En esta isla
se encuentra el ámbar transparente y de la mejor calidad. Viven de arroz, leche
y carne. Son buenos pescadores, pues sabed que en esta isla se cogen magníficos
peces, que ellos salan y hacen secar en gran cantidad, de modo que luego tienen
para todo el año. Y también los venden a otras gentes. No tienen más jefe que a
un obispo, que está sometido a su vez al arzobispo de Scotra. Tienen también
idioma propio. De esta isla a la que habitan sus mujeres hay por lo menos 30
millas. Y por eso no viven con ellas todo el año, porque dicen que si hubieran
de pasarlo todo el año con ellas, se morirían. La madre amamanta en verano al
hijo que nace durante el año. Pero en cuanto tienen catorce años los mandan por
mar a la isla de sus padres, y ésta es la costumbre de las dos islas, como lo
oís. Las mujeres no hacen más que criar a sus hijos y recogen las frutas que
hay en la isla.
Hemos contado esta extrema materia, y ya no hay nada digno de
mención, y hablaremos de la isla de Scotra (Socotora).
CXCI -
De la isla de Socotora
Partiendo de estas dos islas, a 500 millas más o menos de
distancia hacia Mediodía se encuentra la isla de Scotra. Tienen magníficas
telas de algodón. Grandes y exquisitos pescados, que ellos salan. Viven de
arroz, carne y leche, pues no tienen trigo. Van completamente desnudos, según
las costumbres de los indios idólatras. Vienen a esta isla muchos mercaderes a
llevarse las mercaderías. Tienen ámbar magnífico. Todas las naves que van a
Aden hacen escala en esta isla. El arzobispo de esta isla no tiene nada que ver
con el Papa de Roma, pero obedece a un arzobispo que vive en Baudac. Éste de
Baudac manda a este arzobispo y a otros en varias partes del mundo, como el
Papa de Roma. Y todos estos sacerdotes y prelados no obedecen a la Iglesia de
Roma, sino a este gran prelado de Baudac, que tienen por Papa. En esta isla
viven también los corsarios y hacen escala para vender cuanto han robado. Y lo
venden a muy altos precios, por la razón de que los cristianos no ignoran que
estas cosas son hurtadas a los sarracenos y no a los cristianos. Cuando el
arzobispo muere, conviene que en seguida envíen otro de Baudac. Estos
cristianos son, sin embargo, supersticiosos y muy entendidos en encantamientos.
El arzobispo les amonesta y les castiga y no quiere que se ocupen de
sortilegios, pero no sirve de nada, porque dicen que sus antepasados lo
hicieron antiguamente y ellos no quieren ser menos. Y el arzobispo tiene que
conformarse porque no los puede enmendar. Y os hablaré de estos sortilegios. Se
sirven de ellos para apaciguar el viento cuando es contrario. Mandan al mar la
bonanza o la tempestad y el viento. Hacen otros encantamientos, pero son de tal
naturaleza que es mejor no lo contemos en este libro, porque os extrañarían y
quizá os escandalizarían mucho, y por ello nos callaremos. Partiendo de esta
isla, nos dirigimos a la de Mogdasio.
CXCII -
De la isla de Mogdasio (Madagascar)
Mogdasio es una isla hacia el Mediodía, alejada 1.000 millas de
Scotra. Los habitantes son sarracenos y adoran a Mahoma. Tienen cuatro obispos,
es decir, cuatro ancianos, y estos cuatro ancianos tienen la soberanía de la
isla. Ésta es de las más importantes del estuario, y tiene casi 4.000 millas
alrededor. Viven del arte y de la industria. En esta provincia nacen más
elefantes que en ninguna otra parte, y tampoco en ningún lugar, a excepción de
Canghibar (Zanzíbar), hay tan gran mercado de colmillos de elefante. En ella no
se come más que la carne de camello. Y matan tan gran cantidad, que no hay
manera de creerlo si no se ve. Ellos pretenden que la carne de camello es la
más sana que puede caber. Y la comen en todo tiempo. En esta isla hay árboles
de sándalo rojo del tamaño de los nuestros. Y aquí queman estos árboles como la
leña en nuestros países. Tienen mucho ámbar, porque en este mar hay ballenas en
cantidad, y como las pescan, se procuran el ámbar, pues de ellas lo extraen.
Tienen leopardos, leones y linces, ciervos y gamos y venados cuantos quieren.
Mucha caza y muchas aves. También tienen avestruces muy grandes. Pájaros
diferentes de los nuestros, pero que son una maravilla. Aquí también llegan los
mercaderes con telas de oro, bayetas de seda y caprichosas para vender y
cambiar por otras baratijas. Y ellos hacen pingües negocios. Ya no tienen los
navegantes al Sur más isla que la de Zanzíbar, y no pueden ir más lejos, porque
la corriente los arrastraría hacia Mediodía y no podrían volver; y por eso se
guardan de ir más allá. Cuando vienen los bajeles de Maabar a esta isla tardan
veinte días, y cuando vuelven tres meses, por la corriente que los empuja hacia
atrás y les impide navegar más pronto.
Habéis de saber que en todas estas islas, que están hacia
Mediodía en tan gran cantidad, en donde las naves no van ya por la corriente,
dicen que hay grifos. Y estos pájaros aparecen en ciertas épocas del año; pero
no son como los imagina la gente, con la cabeza de león y el cuerpo de águila.
Los que les han visto dicen que en realidad son como inmensas águilas. Y
cuentan que son tan fuertes, que se llevan en el aire a un elefante y le dejan
caer desde lo alto, de modo que se revienta al llegar al suelo. Entonces el
grifo baja a comer y a saciarse en él. Dicen que con las alas abiertas mide 30
pasos, y las alas son de 12 pasos de largo y gordas en proporción. Y lo que yo
he visto os lo diré en otra página, porque conviene para el orden de este
libro.
Os he dicho lo que cuentan los que han visto los grifos. El Gran
Khan envió a unos emisarios a estas islas para que se enteraran de lo que eran.
Estos hombres contaron cosas fabulosas. Trajeron dientes de jabalí salvaje,
exageradamente grandes. Y el gran señor hizo pesar uno de ellos, cuyo peso era
de 14 libras. Os podéis imaginar el tamaño que tendría el jabalí cuyo era tal
diente. Hay, es cierto, jabalíes que son como búfalos; jirafas en gran número y
pollinos salvajes. Tienen pájaros muy diferentes a los nuestros, muy variados y
muy curiosos. Y volvamos al grifo. Los de la isla lo llaman «roc», y no le dan
otro apelativo; pero confutando sus descripciones, coincide con lo que llamamos
grifo. Ya os hemos contado de esta isla sus costumbres y usos; otra cosa no nos
queda por contar, y nos iremos para llegar a la isla de Çanghibar (Zanzíbar).
CXCIII -
De la isla de Zanzíbar
Zanzíbar es una isla grande y bella. Tiene 1.000 millas
alrededor. Obedecen a un rey y tienen idioma propio. No dependen de nadie y no
pagan tributos.
Los naturales son fornidos y altos. Pero su complexión es más
gruesa que de elevada estatura, pues tienen los miembros tan abultados, que
parecen gigantes, y tan fuertes, que pueden llevar la carga de cuatro hombres.
Son negros y van desnudos, excepto las partes naturales. Tienen el pelo tan
crespo, que no podían desrizarlo ni metiéndolo en agua. La boca es tan grande y
la nariz tan achatada, los labios y los ojos tan abultados, que son horribles.
Si se os aparecieran en otro país creeríais ver al diablo.
Hay elefantes. Hacen gran tráfico del marfil. Tienen leones,
tigres, leopardos y linces. Los animales aquí también son diferentes de los del
resto del mundo. Los carneros y corderos tienen el cuerpo blanco y la cabeza
negra, y así en toda la isla. Nacen en ella jirafas que son ejemplares muy
bellos, y os los describiré: Tienen el cuerpo corto y las piernas traseras más
cortas también, pero las de adelante son larguísimas, así como el cuello, de
modo que la cabeza la llevan muy alta, lo menos a trece pies del suelo. La
cabeza es chiquita. Es un animal inofensivo. Es de color cobrizo y blanco
rayado y es en conjunto un animal bonito. Y ahora os hablaré del elefante.
Cuando el elefante quiere cubrir a una hembra le cava un gran hoyo en la tierra
y allí la tumba hasta ponerla patas arriba, porque tiene el sexo colocado en el
bajo vientre, como la mujer, y la monta como un hombre. Las mujeres de esta
isla son muy feas, porque tienen unas bocazas enormes, la nariz aplastada y
gorda, los ojos abultados y saltones y grandes pechos, cuatro veces mayores que
los de las otras mujeres. Son feísimas en verdad. Viven de arroz, de carne y de
dátiles. No tienen vino de uvas, sino de arroz, de azúcar y especias, pero con
esto componen una bebida deliciosa. Son muy comerciantes; aquí acuden también
todos los mercaderes y se llevan marfil y ámbar en cantidad. Y abundan en estos
mares las ballenas.
Los hombres de esta isla son guerreros y se baten muy bien, pues
son valientes y esforzados y no les importa morir. No tienen caballos y
combaten encima de camellos y elefantes. Encaraman en éstos unos pabellones
bien cubiertos y defendidos y en cada uno de estos castilletes montan de 16 a
20 hombres con lanzas y adargas, espadas y piedras. Y la batalla encima de los
elefantes es cosa grande. No tienen más armas que las rodelas de cuero y la
lanza y la espada, pero con eso ya se diezman bien. Y os diré otra cosa: cuando
quieren llevar los elefantes a la refriega les dan de beber el mosto de arroz,
es decir, el vino que ellos toman, porque así que lo han bebido se vuelven más
feroces y fieros y valen más para librar la batalla.
Os hemos contado en parte todo lo concerniente a esta isla y sus
habitantes, animales y productos. No hay ya nada que contar, y por eso la
dejaremos y os contaremos de la gran provincia de Abasce. Pero antes de
proseguirnos queda aún algo que deciros sobre la India. Realmente, sólo os
describimos las más importantes islas y provincias de la India, porque tan sólo
nosotros podemos hacerlo conociéndolas bien. Pero hay infinidad de otras que
callamos porque son insignificantes. En este mar de Indias hay 12.700 islas
entre las habitadas y desiertas, según la cartografía y lo que muestra el
compás y escrituras de sabios navegantes que la emplean en estos mares. La
India Mayor llega desde Maabar hasta Kesmacoran y cuenta 13 grandes reinos, de
los que describimos 10. La India Menor llega de Ciamba hasta Mutfili y
comprende ocho reinos. Ahora os contaré de la India central, que se llama
Abasce.
CXCIV -
Aquí empieza la descripción de Abasce, que pertenece a la India
Central Sabed que Abasce es una gran provincia de la India central. El más
poderoso de los reyes de esta provincia es cristiano y los demás reyes están
bajo su jurisdicción, y éstos son en número de seis: tres cristianos y tres
sarracenos.
Los cristianos de esta provincia tienen tres señales o
cicatrices en medio de la cara. Una desde la frente hasta la nariz y las otras
dos en cada mejilla, y están marcadas con hierro candente y son señales de su
bautismo. Y hay también hebreos, y éstos tienen dos señales en cada mejilla.
Los sarracenos, en cambio, no tienen más que una señal desde la frente hasta la
mitad de la nariz. Y el rey vive en el centro de la provincia. Los sarracenos,
hacia Aden. En esta provincia predicó Santo Tomás, y después de haberles
convertido se fue a Maabar, en donde murió y guardan su cuerpo, como os
describí en mi libro anteriormente. En esta provincia de Abasce hay buenos
hombres de armas y excelentes jinetes. Tienen bastantes caballos. Y esto es
menester, porque están continuamente en guerra con el sultán de Aden y con el
de Nubia. Escuchad una historia famosa acaecida en el año 1288 de la
Encarnación de Cristo. El rey de la provincia, que es cristiano, dijo que
querría ir en peregrinación a adorar el sepulcro de Cristo en Jerusalén. Sus
barones le advirtieron que correría gran peligro en esta expedición y más
valiera que enviara a un obispo o algún prelado en su lugar. El rey escuchó sus
consejos. Envió entonces a un obispo, que era un santo varón, para que fuera en
su lugar a Jerusalén. Éste obedeció a su señor. El rey mandó hiciera sus
preparativos y se fuera lo antes posible.
Partió el obispo. Se despidió de su rey y se puso en marcha como
buen peregrino. Tanto anduvo por tierra y por mar hasta que llegó a Jerusalén,
y allí se fue derecho al Santo Sepulcro a adorarlo y rendirle pleito homenaje,
como debía hacer con cosa tan noble y elevada. También dejó los presentes que
traía de parte de su rey. Hecho esto, el santo hombre se volvió a poner en
camino y regresó esta vez por Aden, pero sabed que en este reino odian a los
cristianos como a enemigos mortales.
Cuando el sultán de Aden supo que este obispo que llegaba a sus
tierras era cristiano y que era un enviado del rey de Abasce, lo hizo
secuestrar e interrogar, preguntándole si era cristiano, y el obispo contestó
que era cristiano. A lo cual replicó el rey que si no se convertía a la ley de
Mahoma le haría gran escarnio. Éste dijo que antes moriría que dejar de ser
cristiano. Cuando el sultán oyó la respuesta del obispo se llenó de ira; lo
hizo coger por varios hombres y señalar a la manera de los sarracenos. Hecho
esto, le dijo el sultán que lo había mandado ejecutar para avergonzarle y
vilipendiarle y para ofender a su rey.
Luego lo dejaron en libertad. Cuando el buen obispo se vio
objeto de tal escarnio, se consoló pensando que eso le había sido inferido en
honor y sacrificio a la ley cristiana y que Dios nuestro Señor se lo tendría en
cuenta para la salvación de su alma en la otra vida. Sanó el obispo de sus
heridas y pudiendo ya cabalgar tomó el camino de regreso y llegó a Abasce, en
donde hallábase el rey su señor. Éste lo recibió con gran pompa y con las
demostraciones del mayor afecto y deferencia.
Le hizo referir su visita al Santo Sepulcro, y el buen obispo le
contó todo con santa exaltación. Refiriole luego la afrenta que le había hecho
el sultán de Aden. Cuando el rey oyó al santo varón de la manera que había sido
deshonrado y maltrecho, entró en gran cólera, y poco faltó que muriera de
dolor. Dijo muy alto, para que todos los que estaban presentes lo oyeran, que
no quería llevar más su corona, ni tener tierras ni señorío hasta no tomar
venganza de un hecho tan vil, de tal modo que el mundo entero supiera lo que
había hecho para escarmiento de los malvados. Hizo entonces el rey sus
preparativos de guerra y armó gran número de elefantes con sus castilletes, en
los cuales iban 20 hombres por lo menos. Y cuando estuvo bien aparejado con
toda su gente, se puso en camino hasta llegar al reino de Aden. Y el rey de la
provincia de Aden vino a su encuentro con gran multitud de sarracenos a caballo
y a pie para defender sus tierras y que los enemigos no pudiesen entrar en
ella. Y aconteció que llegaron a un desfiladero en donde los de Aden se
apostaron.
Y se armó una cruel refriega; empero, los reyes de los
sarracenos, que eran tres, no pudieron resistir la furia bélica del de Abasce,
porque sus huestes eran numerosas y temibles y valían más que las de los
sarracenos. Éstos, pues, se echaron atrás, y el rey de los cristianos entró en
el reino de Aden.
En este desfiladero murieron infinidad de moros, y entrando ya
en el reino encontró el de Abasce muchas plazas fortificadas; pero esto no le
arredraba y seguía adelante vencedor.
El rey de los cristianos quedó más de un mes en tierra enemiga,
arrasándolo todo y haciendo gran mies de sarracenos. Hecho esto, dijo que ya
había vengado la honra de su obispo, y se volvió a su tierra. Habéis oído cómo
fue vengado el obispo, y esto debería sucederles a todos los sarracenos que
humillan a los cristianos. Y volvamos a la provincia de Abasce. Hay en esta
provincia abundancia de mantenimiento: arroz, carne, leche. Tienen elefantes;
no es que se críen en esta isla, pero sí en una isla cercana, de la que los
traen. Las jirafas nacen, en cambio, en abundancia; también se crían leones,
leopardos y linces y tantas otras fieras diferentes en todo a los animales de
nuestras tierras. Los avestruces son del tamaño de los pollinos. Y hay monos y
loros de los más extravagantes. Gatos monteses y gatos pardos, que tienen caras
parecidas a las de los hombres.
Y de aquí nos iremos a Aden; pero antes tenemos aún que señalar
que los de Abasce hacen lindísimos bocacís y tejen excelentes telas de algodón,
y ahora hagamos punto y prosigamos.
CXCV -
En donde se habla de la provincia de Aden
En esta provincia hay un señor llamado el sultán de Aden; todos
son sarracenos y adoran a Mahoma y detestan furiosamente a los cristianos. Hay
numerosas ciudades, castillos y plazas fuertes. Aden es un puerto de mar en
donde atracan todas las naves de las Indias con sus mercaderías. Y en esta
ciudad los mercaderes descargan sus bajeles en embarcaciones menores, que
remontan el río hasta siete jornadas de distancia. Al cabo de estas siete
jornadas, las retiran de los esquifes y las cargan sobre camellos y en ellos
las llevan a treinta jornadas de distancia. Al cabo de estas treinta jornadas
encuentran el río de Alejandría y por él cargan las mercaderías que son
destinadas a la ciudad de Alejandría. Y de esta manera los moros de Alejandría
tienen las especias y otras materias precisas, pues no hay otro modo de
hacerlas llegar.
Lo mismo sucede con Aden; de aquí levantan el ancla las naves
para a su vez llevar mercaderías a la India.
Y de estos puertos se llevan a la India hermosos corceles árabes
de gran valor, y con este tráfico se hacen un patrimonio, pues habéis de saber
que un buen caballo se paga en la India 100 marcos de plata o más. El sultán de
Aden tiene pingües rentas y el tesoro engrosa cada día más con las alcabalas
que pagan los mercaderes por sus naves y los derechos de flete; con esto y el
ir y venir de las galeras se puede considerar el sultán de Aden como uno de los
más ricos del mundo. Este sultán causó gran daño a los cristianos. Habiendo
tomado el sultán de Babilonia la ciudad de Acre, este soberano envió sus
huestes en ayuda, y eran bien 30.000 hombres entre caballeros y peones y hasta
40.000 en camellos. Con esta poderosa ayuda los moros destrozaron a las huestes
cristianas. Y esto lo hizo más por odio a los cristianos que por amor al sultán
de Babilonia.
Dejaremos Aden y os contaremos de una ciudad importante, cercana
a Aden, y de un reyezuelo que gobierna a esta ciudad, llamada Escier.
CXCVI -
De la ciudad de Escier
Escier es una grandísima ciudad a cuatro millas hacia maestral
del puerto de Aden. Esta ciudad presta obediencia un conde que mantiene a su
tierra en gran justicia. Tiene además varios castillos y ciudades bajo su
jurisdicción. No obstante, es vasallo a su vez del sultán de Aden. La población
es sarracena y adora a Mahoma. También esta ciudad tiene un magnífico puerto y
en ella van y vienen las naves de las Indias y, como Aden, exporta caballos de
los mejores y más apreciados. En esta ciudad crece una cantidad de incienso del
mejor y más blanco. Y dátiles en gran cantidad. No tiene trigo, sino arroz;
pero el trigo lo traen de otras regiones y se consume mucho. Tienen pescado en
abundancia, especialmente el atún, y éste se vende dos por un grueso veneciano.
No tienen vino de uva, sino de arroz, de palmera y de caña. Hay aquí unos
carneros que no tienen ni orejas ni oídos y en lugar de las orejas tienen una
especie de cuernecito. Son animales pequeños, pero muy graciosos. Y os contaré
algo que os ha de extrañar. Los animales -bueyes, carneros, camellos y rocines-
comen pescado por todo alimento, porque en esta comarca no crece la hierba, por
ser la región más seca del mundo. Y se alimentan de pescaditos muy pequeños en
los meses de marzo, abril y mayo, y éstos en gran número. A estos pescaditos
los secan y guardan en sus despensas y así tienen para alimentar al ganado
durante todo el año. Pero en verano las bestias se los comen vivos, tal cual
salen del agua.
También hacen una especie de torta de pescado: cogen a los
pescados grandes y los cortan en rajas y luego los ponen a secar al sol y con
ellos amasan una especie de torta, que luego les dura todo el año. El incienso
o benjuí que os he dicho que recogen lo tienen en tal abundancia, que el señor
lo compra por 10 bizancios de oro y lo revende en 40, y ya veis qué beneficio
recaba de ello.
Ya no hay nada digno de mención en esta ciudad, y os hablaremos
de la ciudad de Dufar.
CXCVII -
De la ciudad de Dufar Dufar es una bella y noble ciudad que se
encuentra a unas 200 millas de Escier un poco hacia la dirección adonde sopla
el maestral. Son moros y adoran a Mahoma. Su jefe es un conde y depende del
sultán de Aden.
Esta ciudad pertenece también a la provincia de Aden. Está en la
costa y tiene un bonísimo puerto, en donde descargan cantidad de mercaderías.
Traen caballos árabes para mercar. De esta ciudad dependen varias otras villas
y castillos. Aquí también nace el incienso excelente; y os diré cómo lo
recogen: El árbol que lo produce es una especie de pequeño pino al cual le dan
unos cortes, y por esas heridas destila una resina en días de gran calor, que
es la que llamamos incienso o benjuí. Ya no hay nada digno de mención;
seguiremos nuestro viaje hasta llegar al golfo de Calatu.
CXCVIII -
De la ciudad de Calatu
Calatu es una hermosa ciudad, edificada en una gran bahía en el
golfo del mismo nombre. Dista 600 millas de Dufar, siempre hacia maestral.
Dependen del melic de Cormosa, y cada vez que éste mueve guerra a un vecino más
poderoso y fuerte que él, se encierra en Cormosa, que es fuerte y bien
defendida y situada, de modo que no hay peligro que la tomen. No tienen trigo,
pero se lo llevan de otros países. El puerto es grandísimo y las mercaderías se
venden muy bien, porque con ellas abastecen al interior. También de aquí se
llevan muchos caballos a la India y los mercaderes se hacen ricos.
Esta ciudad está situada a la entrega del golfo de Calatu, y no
hay nave que entre y salga a su voluntad sin ser vista por ellos. El melic de
esta ciudad, que es vasallo del sultán de Cherman, tiene varias veces que
pleitear con él. Cuando el sultán impone algún tributo o aduana al melic de
Cormosa o a otro de sus hermanos y que éstos se niegan a satisfacerle, les
envía sus huestes para poner cerco a la ciudad; mas ellos se fortifican en esta
ciudad de Calatu y no dejan pasar ni una sola nave, y con esto le tienen en
jaque al sultán de Cherman. Por eso le conviene estar en paz con el melic de
Cormosa y no ponerle muy altas alcabalas. Más allá tiene este melic otra
fortaleza a orillas del mar que es inexpugnable aún.
Aquí también comen dátiles y se alimentan de esos pescados en
salazón. Esto los villanos, que hay gente rica y gentileshombres que comen muy
bien y muchas cosas exquisitas.
Y ya que hemos hablado, de Calatu y de su golfo y de sus
negocios, iremos a Curmos, pues cuando se sale de la ciudad de Calatu, a las
300 millas entre maestral y tramontana, se encuentra la ciudad de Curmos; pero
yendo entre maestral y Poniente, a 500 millas se pasa por Quis; mas dejaremos a
un lado Quis para hablaros de Curmos.
CXCIX -
De la ciudad de Curmos
Curmos es una bella y noble ciudad que está a orillas del mar.
La rige un melic que tiene bajo su mando a otras ciudades y fortalezas. Son
sarracenos y adoran a Mahoma. Hace en esta región un calor sofocante, y por eso
ponen sus casas de manera que pueda darles el viento y las arreglan en tal
forma que recojan todo el aire que puedan. Ya no hablaremos más de esta ciudad,
que tiene los mismos productos que las demás; nos iremos de aquí hacia la gran
Turquía, de la cual deseo hablaros sin tardar.
CC -
En donde se habla de la Gran Turquía
La Gran Turquía tiene por soberano a un sobrino del Gran Khan,
llamado Caidu, pues fue hijo del hijo de Ciagati, que era hermano carnal del
Gran Khan. Tiene bajo su mando muchas ciudades y fuertes y es un señor de mucha
consideración. Es tártaro y sus súbditos también son tártaros y hombres
aguerridos y adiestrados en las armas. Caidu no ha oído hablar del Gran Khan
más que por sus hechos de guerra.
La Gran Turquía está hacia maestral cuando se viene de Curmos,
como os hemos dicho ya; se halla situada entre el río Jon y se prolonga hacia
tramontana hasta el imperio del Gran Khan.
Este Caidu ha tenido que habérselas varias veces con las gentes
del Gran Khan. Os hablaré de lo que sembró la discordia entre ellos. Caidu
exigía al Gran Khan la parte de su botín, en la que entraba un trozo del Mangi
y otro de la provincia de Catai. Y el Gran Khan le dijo que le daría su parte
como a sus otros hijos, siempre que quisiera ir a su corte cuando celebraran
los consejos y siempre que él se lo mandara, pues el Gran Khan quería que le
prestara obediencia como sus hijos y demás barones. Pero Caidu, que no se fiaba
de su tío, decía que no quería ir, sino que le rendiría pleitesía sin moverse
de donde estaba, y esto porque tenía miedo de que le hiciera matar. He aquí el
origen del resentimiento que había entre Caidu y el Gran Khan, que trajo consigo
más tarde muchas contiendas y grandes batallas. Y el Gran Khan vigilaba mucho a
Caidu, de modo que no pudiera hacer incursiones en sus tierras ni molestar a
sus gentes. Pero Caidu entraba, sin embargo, en los dominios del Gran Khan.
Llegó un día en que Caidu, haciendo un esfuerzo, pudo perfectamente equipar y
poner en pie de guerra a unos 10.000 hombres. A su servicio tenía a varios
barones del linaje del emperador. Es decir, de Gengis Khan, que fue el fundador
de la dinastía y del Imperio. De modo que diremos de cómo peleó repetidas veces
el rey Caidu contra la gente del Gran Khan y cómo se aprestaba para la batalla
y para combatir. Cada hombre solía llevar 60 flechas en su goldre, 30 pequeñas
y otras 30 mayores, que tienen el aspa grande y se tiran de cerca y son las que
hieren en la cara y los brazos y sirven para partir las cuerdas de los arcos,
desarmando a los hombres. Una vez que se quedan con el aljaba vacía después de
lanzar estas flechas echan mano a la espada y a la maza y con ellas dan golpes
formidables. Así se arman para la batalla. En el año 1266 de la Encarnación de
Cristo reunió el rey Caidu un gran ejército, en el cual estaban sus dos primos,
uno de los cuales se llamaba Gesudar, para ir contra dos primos del Gran Khan,
que también eran parientes suyos y que mandaban en tierras del Gran Khan. Uno
se llamaba Cibai y Ciban. Eran hijos de Ciagatai, que fue bautizado y abrazó el
cristianismo, hermano carnal del Gran Khan Cublai. Y, ¿qué os diré? Caidu y sus
gentes combatieron a sus primos, que también iban bien provistos de arqueros,
pues de una parte y otra habría unos 100.000 hombres a caballo. Pelearon muy
duramente y hubo muchas muertes de una parte y de otra. Pero Caidu venció y los
derrotó y sólo pudieron escapar los dos primos con vida, gracias a sus
excelentes caballos.
De este modo les venció Caidu y se llenó de orgullo. Durante dos
años volvió a su país y quedó en paz con el Gran Khan. Al cabo de dos años
reúne el rey Caidu un gran ejército con muchísimos hombres a caballo. Sabe que
en Caracoron está el hijo del Gran Khan, que se llamaba Nomogan, y con él
Jorge, el hijo del Preste Juan. Éstos también tenían consigo un gran ejército.
Entonces mueve Caidu con sus gentes y se llega de su reino a Caracoron, sin
novedad. Pero cuando le vieron llegar con todos esos hombres de armas, lejos de
acoquinarse, se envalentonaron y se prepararon con todos sus hombres, que
alcanzarían la cifra de 60.000 jinetes, a enfrentarse con él. Tanto anduvieron
a su encuentro que, llegados a 10 millas de distancia, asentaron sus reales. Y
el rey Caidu descansó igualmente para prepararse a la batalla. Al tercer día
cada una de las partes se armó y se prepararon a combatir. Los dos tenían
fuerzas iguales. Tomaron sus posiciones divididos en seis cuadros, cada uno de
10 hombres a caballo, al mando de un jefe. Y así esperaron la señal que debían
dar las nácaras de los respectivos generales. Porque habéis de saber que ningún
tártaro rompe a pelear sin haber oído la señal de las nácaras, y tienen
costumbre de prepararse a la batalla con cánticos y música suave, que hacen con
sus instrumentos, y así se divierten antes de entrar en la batalla. Era un
encanto oír a estos poderosos ejércitos cantar y tocar esperando la señal para
entrar en la refriega. Tocaron por fin las nácaras y acudieron a las armas. Entonces
lanzaron las furias de sus flechas y saetas, que caían como lluvia desoladora y
cubrían el aire; viéronse jinetes cuyos caballos se encabritaban heridos
mortalmente. Los gritos y ruidos ensordecedores eran espantosos; no habría
podido oírse ni al dios del trueno. Y así siguió la batalla terrible,
monstruosa, en que se enfrentaban dos enemigos mortales, y no tardó la tierra
en estar cubierta de cadáveres. Agotadas las flechas, pusieron mano a las mazas
y corrieron los unos contra los otros, dándose terribles machetazos. La batalla
era cruel. Los golpes llovían por doquier. Se veían cercenar manos y brazos y
hombres que se revolcaban en el suelo antes de morir. Y el campo estaba
enteramente cubierto de muertos agonizantes.
Y tanto el rey Caidu, que hizo grandes proezas y confortaba sus
gentes y les animaba, como el hijo del Gran Khan y el nieto del Preste Juan en
el lado opuesto rivalizaban en osadía, valor y arrojo. Fue una batalla de las
más crueles que tuvieron los tártaros y hasta las vísperas estuvo indecisa,
porque cada parte trataba de aniquilar a la contraria.
Había tantos muertos que daba horror el verlos. Y quedaron
muchas viudas y huérfanos, y otras damas lloraron toda la vida aquel día, y
eran las madres y hermanos de los que murieron.
Cuando el sol estaba en el cenit hubo que hacer tregua y
separarse para descansar. Esto hicieron durante la noche, por las angustias
pasadas en ese día mortal. Y a la mañana siguiente, habiendo oído Caidu que el
Gran Khan enviaba un numeroso refuerzo, se dijo que lo más prudente era
retirarse de nuevo a su reino. Y en cuanto llegó el alba montó a caballo y se
encaminó hacia su tierra con toda su gente. Y cuando el hijo del Gran Khan y el
nieto del Preste Juan vieron que se marchaba, nada hicieron para detenerle ni
para alcanzarle, pues harto cansados estaban, y le dejaron ir en paz.
Y tanto cabalgaron Caidu y sus huestes, que no pararon hasta
llegar al reino de la gran Turquía, a Samarcanda. Pero ahí no hicieron alto.
CCI -
Lo que dice el Gran Khan del daño que le hizo Caidu
El Gran Khan estaba enfurecido por el perjuicio que Caidu
causara a sus tierras y a sus gentes, y se dijo que escapaba a la muerte
gracias a que era su sobrino. Pero no quería destruir su propia sangre, y de
este modo Caidu escapó varias veces de las manos del Gran Khan. Dejaremos ahora
este negocio y contaremos de la gran maravilla de la hija del rey Caidu.
CCII -
La historia de la hija del rey Caidu, de su fuerza y valentía El
rey Caidu tenía una hija llamada Aigieruc en tártaro, lo que quiere decir en
español Luna clara. Ésta era tan fuerte y garrida, que en todo el reino no
había doncel ni escudero que pudiera vencerla. Su padre quería casarla y
buscarle un marido. Pero ella no quería, diciendo que sólo se casaría con aquel
que la venciera en fuerzas. Y el rey le prometió que se casaría según su gusto,
por especial privilegio. Y cuando obtuvo el privilegio de casarse a voluntad,
sintió una gran alegría. E hizo publicar un bando para que fuera conocido por
todas partes de sus tierras y reinos que si un mozo quería medir sus fuerzas a
las suyas y la vencía lo tomaría por esposo. Y cuando esta nueva fue llevada a
otras tierras y señoríos, muchos nobles caballeros y señores vinieron a probar
fortuna de la siguiente manera. El rey se reunía en la gran sala del palacio
con las personas de su séquito, las damas y gentiles hombres. Llegaba la hija
del rey vestida con un cendal de seda ricamente bordado; luego venía el
caballero con una fina cota de malla y cendal. La apuesta consistía en que si
el mozo podía vencerla y conseguía echarla al suelo la tomaría por esposa, y si
la hija del rey le vencía le ganaría 100 caballos. Pero por más que se
alistaran, a todos les vencía, y de este modo la damisela había ganado más de
6.000 caballos. Y era maravilla el verla, porque era tan bien hecha y sus
miembros tan grandes y musculosos que parecía casi una giganta.
Y sucedió que en el año 1280 de la Encarnación de Jesucristo,
vino el hijo de un poderoso rey, que era joven y trajo consigo más de 1.000
caballos para poner a prueba a la hija del rey. El rey Caidu estaba encantado,
porque deseaba darle a la hija por esposa, pues sabía que el pretendiente era
hijo del rey Pumar, e hizo saber secretamente a su hija que le agradaría se
dejara vencer. Pero ella replicó que por nada del mundo lo haría.
Y llegó el día señalado y se reunieron el rey y la reina y
gentileshombres y damas en la gran sala de palacio. Y se presentaron la hija
del rey y el príncipe, que eran tan hermosos entrambos como jamás se vio. Y el
real mozo tampoco había encontrado hasta entonces quién pudiera luchar con él.
Y cuando los dos se hallaron en mitad de la asamblea convinieron que si el
doncel perdía entregaría sus 1.000 caballos que había traído para el caso. Y
acto seguido el doncel y la damisela se pusieron a luchar cuerpo a cuerpo. Y
todos los que aquello presenciaban deseaban secretamente que el joven venciese
para que fuera el marido de la hija del rey. Y éste era el deseo más ferviente
del rey y de la reina. Pero sabed en verdad que la aventura llegó a tal punto
que la hija del rey venció al príncipe y lo tiró contra el suelo, y así perdió
sus 1.000 caballos y en toda la sala hubo un murmullo de contrariedad. Y el rey
llevó a su hija a muchas batallas, y en la refriega no había caballero que
valiera lo que ella, y más de una vez se metió en el campo enemigo, cogía un
caballero por la fuerza y se lo traía, haciéndole prisionero. Ya os hemos
narrado la historia de la hija del rey Caidu, y dejaremos esto para proseguir y
haceros otra narración. Y os contaremos de otra gran batalla que tuvo lugar
entre el rey Caidu y Argón, el hijo de Abaga, señor de Levante.
CCIII -
De cómo Abaga envió a su hijo Argón a la guerra
Sabed que Abaga, señor de Levante, tenía varias provincias y
tierras colindantes con las del rey Caidu. Y para impedir que el rey Caidu
saqueara y arruinara a su gente y su territorio, mandó Abaga a su hijo Argón
con gran cantidad de caballeros y peones hasta el río Jon, en la comarca del
árbol seco. Y allí quedó el rey Argón cuidando sus tierras. Mas sucedió que el
rey Caidu reunió gran número de soldados y nombró e hizo capitán a un hermano
suyo llamado Barac, que era hombre sabio y prudente. Y Caidu le dijo que
deseaba combatiera a Argón. Y a su mandato Barac y sus hombres se pusieron en
marcha y llegaron sin gran contratiempo hasta el río Jon, a 10 millas del
campamento de Argón. Cuando éste oyó que Barac venía con tanta gente contra él
se armó de pies a cabeza en tres días. ¿Y qué os diré? Cuando fueron bien
aparejados y sonaron las nácaras no demoraron más y fuéronse los unos contra
los otros. La lluvia de saetas oscurecía el cielo. Cuando de una y otra parte
hubieron agotado las flechas, metieron mano a las espadas y a las mazas. Y
muchos hombres y caballos yacían por el suelo y caían manos y brazos; los
gritos eran tan grandes que no se hubiera oído al dios del trueno. Y en pocas
horas la tierra estaba cubierta de hombres muertos o mal heridos, ¿para qué
seguir contando? Sabed que Barac y sus hombres no pudieron resistir la fuerza
de Argón, escaparon con sus gentes y se fueron allende el río, y Argón y sus
gentes les perseguían matándoles en gran cantidad. Y así se decidió la batalla
tal como la habéis oído, y tocó la mejor parte a Argón. Y ahora os diré cómo
Argón heredó la señoría a la muerte de su padre.
CCIV -
De cómo Argón heredó la señoría de su padre
Cuando Argón hubo vencido a Barac supo al poco tiempo que su
padre Abaga había muerto.
Fue grande su desolación y preparó a todo su ejército para
retirarse y emprender el regreso a la corte de su padre y entrar en posesión
del señorío. Pero estaba a cuarenta jornadas de marcha. Y sucedió que un
hermano de Abaga, que se llamaba Acomat Soldán y que se había hecho musulmán,
cuando oyó que su hermano Abaga había muerto se dijo que podía usurparle el
poder a Argón, puesto que estaba lejos. Y se preparó con gran cantidad de
gentes y fue directamente a la corte de Abaga, se apoderó del mando y se hizo
señor. Allí encontró una gran cantidad de tesoros, y diola tan generosamente y
con tanta largueza a sus barones y caballeros, que todos se dijeron que era un
soberano bueno y dadivoso. Y todos le querían y tenían admiración. Acomat
Soldán regía bien sus tierras, trataba de contentar a todos; sin embargo, hizo
también una fea acción que muchos le reprobaron: cogió para él a todas las
mujeres de su hermano Abaga y las hizo suyas.
Y no tardó mucho tiempo en saber que Argón venía a su encuentro
con gran cantidad de gentes. No mostró, sin embargo, sorpresa y llamó a sus
barones y adictos, y en una semana reunió a gran cantidad de soldados que se
armaron contra Argón y juraron que no tenían más deseo que matarle y hacerle
sufrir el martirio.
CCV -
De cómo Acomat va con su ejército para combatir a Argón Cuando
Acomat Soldán hubo reunido 60.000 hombres a caballo, se pusieron en camino al
encuentro de Argón. Cabalgaron diez jornadas, y no pararon de cabalgar hasta
que oyeron que Argón ya estaba en las cercanías y a cinco jornadas con tanta
gente como tenían ellos. Entonces Acomat sentó sus reales en una gran llanura
muy bella, y allí dijo que esperaría que Argón llegara, porque allí era buen
sitio para combatir. Una vez llegadó al lugar y preparado el campo hizo reunir
a toda su gente y les habló de la siguiente manera: «Señores -dijo-, ya sabéis
que tengo derecho a ser el jefe de lo que era mi hermano, porque fui hijo de su
padre y conquisté reinos y provincias que forman parte de nuestro patrimonio.
Es verdad que Argón fue hijo de mi hermano y el poder le viene por derecho
propio. Pero eso no es razón; puesto que su padre gozó tanto de la soberanía,
es justo que yo la tenga ahora. Porque en vida hubo de darme la mitad, pero por
bondad de corazón le dejé enteramenteel mando. Y ya que es así, ayudadme a
defender mi derecho contra mi sobrino Argón y que el reino nos quede a
nosotros. Porque no sólo quiero que tengáis honra, sino provecho. Y no os digo
más, pues ya sé que haréis cuanto esté en vuestro poder para asistirme.» Y le
contestaron a una que mientras tuvieran un hilo de vida combatirían por él, aun
en contra de Argón. Y ahora volvamos a Argón y a sus gentes.
CCVI -
De cómo Argón reunió en Consejo a sus barones para pelear contra
Acomat Cuando Argón supo que Acomat lo esperaba con tanta gente en el campo,
fue grande su enojo; pero se dijo que no convenía que ellos creyeran que les
temía, y quiso mostrarse esforzado y valiente. Reunió a sus barones y
consejeros, y cuando les hubo reunido en gran asamblea en su pabellón -pues
hablan acampado en lugar muy hermoso-, les dirigió la palabra de esta manera:
«Hermanos míos y amigos: ya sabéis que durante el reinado de mi padre os amé
como a hermanos y a hijos y sabéis también que en muchas batallas le ayudasteis
a conquistar sus tierras. Ved a su hijo, que es el que tanto os quiere, pues yo
os amo como a mi propio cuerpo. Y ya que es así, debéis ayudarme contra el que
quiere despojarme del reino; ya sabéis que no es de los nuestros ni obedece a
nuestra ley, pues es sarraceno y adora a Mahoma. Y no es cosa digna el que un
sarraceno tenga el dominio sobre los tártaros. Por todas estas razones,
hermanos míos y amigos, debéis tomar a pecho que esto no suceda, y le ruego a
cada uno que sea valiente y quiera pelear con tanto arrojo que ganemos la
batalla y el poder nos quede a nosotros y no al sarraceno, porque de nosotros
es el poder y no de ellos. No os digo más, pero os pido reflexionéis para
ayudarme.» Y aquí calló, y no añadió palabra.
CCVII -
De cómo respondieron los barones de Argón
Cuando los barones oyeron las palabras de Argón dijéronse que
morirían antes que no conseguir vencer por sus esfuerzos. Uno de los barones
más importantes se levantó y habló así: «Señor nuestro, ya sabemos qué razón
tenéis en decir cuanto habéis dicho, y no flaquearemos en la batalla; antes
moriremos que nos venzan y seremos tan valientes que todas han de hablar de
nuestro arrojo.» Se calló, y no hubo ni uno sólo que quisiera añadir palabra,
pero todos estaban de acuerdo con él y no deseaban más que una sola cosa: verse
peleando en la batalla. Y en llegando el alba Argón y sus gentes se levantaron
y marcharon, y tanto cabalgaron hasta llegar a una llanura donde se hallaban
sus enemigos. Cuando llegó Argón cogió a dos de sus barones y los envió a su
tío para que le dijeran lo que os voy a relatar.
CCVIII -
De los emisarios que Argón envió a Acomat
Cuando estos sabios barones se despidieron de su señor, fueron
los dos a caballo al campamento donde estaba la tienda de Acomat, rodeada de
numerosa escolta. Acomat los conocía muy bien, y ellos también a Acomat.
Saludáronle por cortesía, y Acomat les dio la bienvenida y los invitó a pasar a
su pabellón.
Entonces uno de los dos barones se levantó y dijo: «Señor muy
ilustre: Vuestro sobrino Argón está muy extrañado de lo que habéis hecho contra
él; no es, por cierto, una buena acción y no la habéis hecho como buen tío a un
buen sobrino, pues le habéis despojado de su reino. Por eso os manda y os
suplica dulcemente, más que a un tío como a un padre, por el cual os tiene, de
no seguir este camino y que no haya batalla ni mal entendido entre vosotros. Os
repite, por tanto, que os tendrá el respeto de un padre y seréis señor de su
tierra. Esto es lo que os manda y dice por medio de nosotros.» Y se callaron, y
no añadieron palabra.
CCIX -
De cómo Acomat contestó a los emisarios
Y cuando les hubo oído, respondió: «Señores emisarios: Mi
sobrino no está en la razón, porque la tierra me pertenece y no es de él, pues
yo la conquisté en unión de su padre. Si él quiere, yo le haré gran señor y le
daré tantas tierras como si fuera mi propio hijo, y será en mi reino el primer
barón después de mi persona, y si así no quiere, haré todo lo posible por
matarle. Id y decidle esto a mi sobrino.» Y los dos ancianos no quisieron oír
más y se pusieron en camino hasta llegar aprisa al campo de su señor.
Al regreso dijeron a Argón lo que habían oído de boca de su tío.
Oyó lo que aquél pretendía y la ira encendió su rostro, y dijo en alta voz a
los que le escuchaban: «No tardemos más, pero vamos a matar a los traidores;
mañana daremos el asalto para confundirlos.» Y toda la noche se prepararon,
Acomat Soldán, que lo sabía por sus espías, se preparaba también y amonestaba a
sus hombres para que estuvieran listos.
CCX -
De la gran batalla entre Argón y Acomat
Y después de haber hablado a sus hombres se puso en camino hacia
sus enemigos.
Cuando las huestes se encontraron frente a frente, hubo un
choque violento en que temblaba la tierra. Argón hizo mil proezas para dar a su
gente el buen ejemplo, pero de nada le sirvió; la fortuna le había vuelto la
espalda y la derrota fue inmensa para él. Agotadas las saetas, muertos sus
hombres y el campo sembrado de cadáveres, no pudiendo soportar tal horror,
empezaron a huir, perseguidos por sus enemigos, que los mataban a porfía.
Por fin cogieron prisionero a Argón. Acomat hizo encadenar a su
sobrino y le hizo guardar severamente.
Y Acomat, que era hombre sensual, se dijo que iría a holgarse
entre las bellas mujeres que tenía y dejó al frente del ejército a un melic, al
cual le confió la custodia de Argón, diciendo que cuidara de él como de la niña
de sus ojos. Y se volvió a la corte por pequeñas etapas para no cansar a su
gente. El melic le dijo que sería obedecido, y Acomat se puso en camino con
numerosa compañía.
Dejó Acomat a la sazón al melie mandando al ejército en su
lugar. Argón quedó prisionero, tan maltrecho y doliente que hubiera deseado
morir.
CCXI -
De cómo concertaron los barones de que Argón recobrara su
libertad Y aconteció que un esforzado barón, muy anciano y venerable, se apiadó
de Argón, y se dijo que era gran felonía y agravio el tener a su señor
prisionero y que haría lo posible para librarle, y fue a dar estas razones a
otros barones. Éstos, que sabían que era un hombre prudente y de buenas
entrañas, oyeron sus concertadas razones y se pusieron de acuerdo para decir
que harían su voluntad. Decidido lo cual, Boga, que es el que había dispuesto,
y con él Elcidai y Togan, Tegana, Tagatiar, Ulatai y Samagar, se fueron al
pabellón en donde Argón se hallaba encadenado. Y en su presencia, Boga, que era
el jefe, habló de esta manera: «Señor, reconocemos abiertamente que hemos
obrado mal haciéndoos prisionero; hemos venido a deciros que, arrepentidos, os
queremos dar la libertad y que seréis nuestro señor.» Y Boga calló.
CCXII -
De cómo Argón fue libertado
Cuando Argón hubo oído las palabras de Boga creyó que se trataba
de una burla, y contestó dolorido y recio: «¡Gran pecado cometéis en burlaros
de mí! Bien maltrecho me veo por vuestra culpa y bien puedo quejarme de
vosotros, que deberíais honrarme como a vuestro señor y me habéis cargado de
cadenas y os habéis atrevido a dejarme sin libertad. Habéis cometido, por
cierto, gran pecado; id y dejadme en paz y no vengáis a hacerme escarnio.»
«Señor -replicó Boga-, sabed que no nos burlamos de vos.» Y le juraron que le
tomarían por señor, y Argón prometió no tomarles en cuenta sus malos tratos y
que los querría como Abaga, su padre. Y después de cambiar estas promesas, le
quitaron las esposas y le honraron como a su señor.Ordenó que tiraran desde el
pabellón tantas flechas hasta matar al melic que le tenía prisionero y que era
el jefe del ejército. A estas palabras tantas flechas partieron de la tienda de
Argón hasta alcanzar al melic, que murió. Y Argón recuperó el poder y fue por
todos obedecido. Y el melie que perdió la vida tenía por nombre Soldán y era el
señor principal después de Acomat.
Y de esta manera fue cómo Argón recobró sus dominios.
CCXIII -
De cómo Argón recobró la soberanía
Cuando Argón se vio reintegrado en su dignidad y dueño y señor
de todo, mandó que se encaminaran hacia la corte. Sucedió a la sazón que un día
que Acomat se hallaba en la corte, en su palacio principal, celebrando gran
pompa y jolgorio, llegose un mensajero y le dijo: «Señor, os traigo malas
nuevas, y no tales como quisiera traeros; sabed que los barones han libertado a
Argón, reconociéndole como señor y dueño, y que han matado a nuestro amigo
Soldán. Ya vienen para prenderos y mataros, y decid lo que habéis de hacer para
evitarlo.» El mensajero calló, y cuando Acomat hubo oído sus razones,
teniéndole por leal y buen vasallo, se quedó anonadado y le entró mucho miedo.
Ya no sabía qué hacer ni decir. Pero en seguida, como era valiente y osado, se
rehizo y le dijo al mensajero que no fuera indiscreto y no platicara de esto
con nadie. Y Acomat montó su corcel, y acompañado por sus hombres de confianza,
se puso en camino y fue a ver al sultán de Babilonia, pues cerca de él se daba
por seguro. Mas llegado que hubo a seis jornadas, se metió por un desfiladero,
pues otro no había, y el que guardaba el paso reconoció a Acomat y vio que
huía. Se dijo que lo haría prisionero, lo que era fácil no llevando Acomat más
que mísera escolta. Y sabed que le arrestó el centinela. Al cogerle por la
brida de su caballo, Acomat le pidió gracia y le ofreció un gran tesoro si le
dejaba escapar. Mas éste, que quería a Argón con todo cariño, dijo que no
valían promesas ni aunque le ofrecieran todos los tesoros del mundo; que lo
entregaría a su señor, Argón. Y hecho esto, se puso en camino hacia la corte,
llevando a Acomat consigo, cuidando de no perderle de vista para que no huyera.
Y cabalgaron sincesar hasta llegar a la corte, en donde encontraron a Argón,
que había llegado hacía tres días tan sólo, contrariado de que Acomat se le
hubiera escapado.
CCXIV -
De cómo Argón hizo matar a su tío Acomat
Y cuando el hombre que guardaba el paso llegó, trayendo a Acomat
prisionero, sintiese Argón tan gozoso que jamás probara mayor alegría. Dijo a
su tío que lo vela en mala hora y que haría de él lo que era en justicia, y
mandó le quitaran de en medio y le dieran muerte. Y el que recibió esta orden
se llevó a Acomat a sitio donde nunca más le volvieron a ver. Y le hizo matar y
precipitar donde nadie pudiera encontrar su cuerpo.
De esta manera se resolvió la contienda que traían Argón y su
tío Acomat.
CCXV -
Del pleito homenaje que rindieron los barones a Argón Hecho
esto, Argón se sintió dueño de su palacio y seguro de su señoría, y los barones
y vasallos de Abaga, su padre, vinieron a rendirle homenaje. Y Argón envió a su
hijo Casan con 30.000 hombres a caballo a la tierra del árbol seco para
salvaguardarla y proteger a sus súbditos. Y tal como lo habéis oído, recobró
Argón sus dominios y fue en el año 1286 de la Encarnación de Cristo, habiendo
Acomat Soldán usurpado el poder durante dos años.
Argón reinó seis años y al cabo de ellos murió de enfermedad,
aunque algunos suponen que murió envenenado por un brebaje maligno que
absorbió.
CCXVI -
De cómo Cuiaratu tomó el poder después de la muerte de Argón
Después de la muerte de Argón, un tío suyo, hermano carnal de Abaga, llamado
Cuiacatu, tomó el mando de la señoría, y esto pudo hacerlo porque Casan, el
heredero, se hallaba muy lejos, en la región del árbol seco. Y Casan supo que
su padre había muerto y que Cuiacatu le había arrebatado el poder. Lloró al
saber la muerte de su padre, y más le afligió la pérdida del reino. No se podía
mover por causa de sus enemigos, pero juró tomar venganza, como su padre lo
hizo con Acomat. Cuiacatu tomó por esposa a la mujer de Argón, su sobrino.
Amaba mucho a las mujeres y se recreaba en ellas, siendo muy voluptuoso. Reinó
durante dos años, pero al cabo de ellos murió envenenado por un brebaje.
CCXVII -
De cómo Baidu tomó la señoría después de Cuiacatu
Después de muerto Cuiacatu, su tío Baidu, que era cristiano,
tomó la señoría del reino. Y esto fue en el año 1294 de la Encarnación de
Cristo, y todos le obedecieron, salvo los que estaban con Casan. Cuando Casan
supo de la muerte de Cuiacatu, montó en cólera por no poder tomar venganza del
agravio que éste le había hecho; mas se dijo que de Baidu haría tal escarmiento
que el mundo entero hablaría de ello. Y se preparó con toda su gente y fuese al
encuentro de Baidu a rescatar su reino. Enterado Baidu del avance de su
sobrino, juntó a cuantos pudo y se apostó en plan de batalla a diez jornadas de
él. Sentó sus cabales y esperó a Casan y a sus huestes para combatirlas. Y
alentó con su palabra a sus secuaces para animarles a la lucha.
Al cabo de dos días llegó Casan con su gente y la batalla
comenzó, encarnizada y terrible; pero al poco tiempo los que estaban con Baidu
se volvieron contra él y fue derrotado y deshecho. Y Casan, victorioso, quedó
dueño y señor de todo el reino y todos los barones le juraron fidelidad y le
rindieron pleito homenaje como a su señor y rey. Y comenzó a reinar el año 1294
de la Encarnación de Cristo nuestro Señor. Ahora habéis oído todos los hechos
que acaecieron desde Abaga hasta Casan, y sabed que Alan, que conquistó
Abaudac, era hermano de Cublai, el Gran Khan, y de él es de quien descienden
todos los que os he mentado, pues fue el padre de Abaga, y Abaga el padre de
Argón, y Argón de Casan, que es el que reina al presente.
Dejaremos los tártaros de Levante y hablaremos de la Gran
Turquía, de la cual ya hablamos cuando os contamos de Caidu, que es su rey. De
modo que proseguiremos más adelante.
CCXVIII -
Del rey Canci que reina en tramontana
Hacia tramontana hay un rey llamado Canci; es tártaro y sus
gentes son tártaras también; se rigen por la ley de este pueblo, que es muy
ruda y bestial; pero la observan como Gengis Khan y los demás la observaron.
Tienen un dios de fieltro que se llama Nacigai. Le prestan mujer y dicen de la
pareja divina que son los dioses de la tierra y guardan al ganado y al trigo y
todos los bienes terrestres. Los invocan constantemente, y cuando catan algún
buen bocado se lo introducen en la boca para hacerles participar a los dioses
de lo que comen. Viven como animales y no están sometidos a ninguna ley. Es
verdad que Canci es de la estirpe de Gengis Khan, es decir, del linaje imperial
y por su alcurnia es pariente próximo del Gran Khan. Este rey no tiene ni
ciudades ni fortalezas, pero vive en el llano y la montaña. Sus gentes se
nutren de leche y de carne. Son muy numerosos, pero pacíficos, y no buscan
pendencia con nadie.
Tienen gran cantidad de ganados: camellos, caballos, bueyes,
corderos y otros animales. Existen allí también grandes osos blancos, que son
del tamaño de 20 palmos; zorros negros y grandes; cebellinas, de las cuales se
hacen pieles preciosas; ratas de Faraón en gran cantidad, con las cuales se
alimentan durante el verano. Tienen toda especie de animales salvajes porque
moran en sitios intransitables y raros. Y este rey posee una región donde no
puede vivir el caballo; es un país donde hay lagos y manantiales, pero el hielo
y el cieno son tan considerables que los caballos no pueden andar. Y esta
región es de trece jornadas de extensión. Y en cada jornada se encuentra una
posta y un mesón donde el viajero se puede albergar. En éstas hay lo menos 40
perros mastines grandes como pollinos, y son estos perros los que transportan
los correos de un sitio a otro. Ya os dije que en estos parajes no podía usarse
el caballo por el hielo, el cierzo y el barro, como tampoco las carretas de
ruedas; por esta razón han hecho trineos sin ruedas, que van sobre el hielo y
en el fango y no se hunden demasiado en él. En nuestra tierra hay trineos
semejantes a éstos con los cuales se trae el heno y la paja en invierno cuando
hay lluvia y lodo. En estos trineos ponen pieles de oso y la estafeta monta en
ellos y tiran de ellos los perros de que os he hablado. A estos perros no ha
menester guiarles: ellos van solos hasta la próxima posta y tiran muy bien del
trineo. Y así van de una posta a otra y los perros la llevan por el camino más recto
y mejor. Cuando la estafeta llega al otro puesto ya encuentra listos a otros
perros que llevan en el trineo más adelante. Y los que le llevaron le vuelven a
traer, y así sucede en todo el viaje.
Los hombres que viven en estos llanos y valles son muy
cazadores. Apresan piezas de gran precio, de las cuales sacan mucho provecho, y
éstas son: cebellinas, armiños, martas, herculinos y otros animales, los cuales
les surten de preciosas pieles de gran estimación y valor. Tienen trampas de
las cuales no escapa ni uno. Por causa del frío intenso viven en casas
subterráneas. Y como ya no hay nada digno de mencionar, seguiremos nuestra
narración y nos ocuparemos de un lugar donde reina la oscuridad.
CCXIX -
En donde se trata de la provincia que está en la oscuridad Es
verdad que antes de este reino hacia tramontana hay una provincia llamada La
Oscuridad, porque siempre reinan en ella las tinieblas; no hay ni sol, ni luna,
ni estrellas, pero sí una oscuridad como a primeras horas de la noche. Esta
gente no tiene señor y viven como animales. Los tártaros los frecuentan a veces
del modo que os contaré. Los tártaros penetran en ella montados en yeguas y
atan a sus potricos en el camino para.que las yeguas vuelvan otra vez donde están
sus hijos y no yerren el camino. Los tártaros roban y hurtan lo que pueden y lo
cargan en sus yeguas, que vuelven aprisa en busca de sus mamones y no equivocan
el camino.
Tienen pieles de gran valor: cebellinas, zorros negros, martas y
armiños. Todos son cazadores y reúnen tal cantidad de estas pieles que es
maravilla, y los vecinos que viven en la luz se las compran y con ello acumulan
riquezas. Estos hombres son muy grandes y buenos mozos, pero pálidos y sin
color. Y sabed que la Rusia Mayor confina en el Norte con esta provincia.
Y no hay nada notable ya que mentar y seguiremos adelante
hablándoos de la provincia de Rusia.
CCXX -
En donde se habla de la gran provincia de Rusia y de su gente La
Rusia es una gran provincia del Norte. Son cristianos y observan la ley de los
griegos. Tienen varios reyes y un idioma propio. Son gente muy sencilla, pero
hermosos varones y bellas mujeres blancas y rubias. Tienen desfiladeros
estrechos y fortificados. No pagan tributo a nadie, exceptuando a un rey
tártaro de Poniente que se llama Toctai. Pero éste no cobra casi nunca, pues no
es tierra que se dedica al comercio. Es verdad que tienen pieles en cantidad,
de gran valor y las más bellas del universo. Tienen muchas minas de plata. Y no
hay cosa ya digna de mencionar, y por eso nos iremos de Rusia para hablaros del
Gran Mar y de las provincias que le rodean y en primer lugar de Constantinopla.
Pero antes dejad que os cuente de una provincia entre tramontana y maestral. En
esta región se halla una provincia llamada Lac, que confina con Rusia y es
gobernada por un rey. Y son sus habitantes cristianos y sarracenos. Hacen el
tráfico de pieles, que transportan por todo el mundo. Viven del comercio y de
la industria.
Nos alejaremos de aquí porque ya no hay nada digno que contar;
mas antes os diré algo sobre Rusia.
En Rusia hace el mayor frío del mundo, de tal suerte que en
invierno apenas puede uno escapar con vida. Es tan extensa esta provincia, que
llega hasta el Océano. En este mar hay islas en donde nacen los halcones
peregrinos, en tanta cantidad, que los llevan a todas partes del mundo. Y de la
Rusia a Oeste no hay muchos caminos, y si no fuera por el frío, se podría ir a
ella fácilmente. Pero dejemos esto y hablemos de la Mar Grande, pues hay muchos
mercaderes y navegantes que la conocen, pero otros no, y por eso es necesario
dejarlo escrito. Y empezaremos por la boca o estrecho de Constantinopla.
CCXXI -
En donde se habla del estrecho del Mar Grande
En la embocadura del Mar Grande, hacia Poniente, hay una montaña
llamada el Far. Pero muchos conocen este mar, y es preferible hablemos de los
tártaros de Poniente y de los señores que lo gobiernan.
CCXXII -
De los reyes de los tártaros de Poniente
El primer señor de los tártaros de Poniente fue Sain, grande y
poderoso señor. Este rey Sain conquistó la Rusia, la Comania, la Alania, Lac,
Mengiar, Çic y Gutia y Gaçaria. Todas estas provincias conquistadas por el rey
Sain estaban sujetas a Acomaiz, pero no tenían unidad y por eso perdieron sus
tierras y fueron arrojados por el mundo, y los que quedaron son siervos de este
rey Sain.
Después del rey Sain reinó el rey Patu; después de Patu reinó el
rey Berca, y después de Berca reinó el rey Mongutemur, y después de Mongutemur
reinó el rey Totamongu, y luego vino Toctai, que es el que reina al presente.
He aquí la nomenclatura de los reyes tártaros de Poniente. Y
hablaremos de la gran guerra que hubo entre Alan, señor de Levante, y Berca,
señor de Poniente, y el origen de esta guerra.
CCXXIII -
De la guerra que surgió entre Alan y Berca y de las batallas que
libraron En el año 1261 de la Encarnación de Cristo surgió una gran discordia
entre el rey Alan, señor de los tártaros de Levante, y el rey Berca, rey de los
tártaros de Poniente. Y esto fue por si una provincia pertenecía al uno o al
otro, pues cada uno pretendía tener derecho a ella y ninguno la quería ceder al
otro. Se declararon la guerra y cada uno decidió apoderarse de ella por la
fuerza y se prepararon para la lucha. Y así que se hubieron desafiado, en seis
meses reunieron 300.000 hombres y se aprestaron a la lucha según sus
costumbres. Cuando estuvo listo Alan, señor de Levante, se puso en camino con
toda su gente y cabalgaron hasta llegar a una llanura entre la Puerta de Hierro
y el mar de Saray. Y aquí desplegó sus fuerzas en orden de batalla. Y había
ricos pabellones y tiendas de campaña. Bien se veía que era un campamento de
ricos hombres. Allí quedó aguardando a que Berca viniera a su encuentro y
esperó al enemigo. Y dejemos a Alan y sus gentes y volvamos a Berca.
CCXXIV -
De cómo Berca y sus huestes encuentran a Alan
Y cuando el rey Berca hubo aparejado y reunido sus huestes y
enteróse de que Alan había partido a su encuentro con las suyas, se dijo que ya
no podía tardar y se puso en camino cabalgando tanto, hasta llegar al llano
donde le esperaban sus adversarios. Y a diez jornadas de Alan alzó sus tiendas
de campaña, y este campamento era tan hermoso como el de Alan, pues tenía sus
tiendas recubiertas de gualdrapas de oro y ricas telas bordadas, de modo que
jamás viose tanta riqueza en el campo de batalla, y tenía Berca más gente que
Alan, pues había reunido a más de 350.000 hombres.
Al tercer día Berca llamó a sus hombres y les dijo: «Señores
míos: Ya sabéis que desde que vine a esta tierra os he querido como hermanos y
a hijos y varios de entre vosotros habéis peleado conmigo y me habéis ayudado a
conquistar una gran parte de mi reino, así que debéis esforzaros en mantener
nuestro honor. Ya sabéis que Alan se quiere batir con nosotros sin razón, ésta
es la verdad; por consiguiente, tenemos derecho a mantenernos y darnos aliento
los unos a los otros; así ganaremos la batalla. Somos en mayor número, pues
ellos no tienen más que 300.000 hombres a caballo y nosotros tenemos 350.000,
tan buenos como los de ellos, o mejores. No os diré más, pero cada cual esté en
su puesto y se prepare a vencer y hagamos que en el porvenir todo el mundo nos
tenga miedo.» A estas palabras calló Berca, y ya os hemos contado cómo llevaba
su negocio. Ahora os contaremos de Alan y su gente, de cómo se preparaban
sabiendo que Berca y sus hombres estaban próximos.
CCXXV -
De cómo Alan habla a sus gentes
Cuando Alan tuvo la seguridad de que Berca llegaba con gran
número de gentes reunió a su Consejo y a sus más respetables barones y
dignatarios, y cuando estaban aunados les habló de la siguiente manera:
«Hermanos míos, hijos y amigos: Toda la vida me habéis asistido y hemos ganado
muchas batallas, y por eso os traigo a combatir contra la gente del temible
Berca. Ya sé que su ejército es más numeroso que el mío y sabemos por nuestros
espías que llegarán a la batalla dentro de tres días; ya me tarda en venir a
las manos, y ruego a cada uno de vosotros que esté bien preparado para ese día
y que me asistáis como de costumbre. Y una sola cosa os voy a recordar: que más
vale morir en el campo de batalla para guardar su honor, hasta si hemos de ser
derrotados. Pero que cada cual salve su honor y que el enemigo sea muerto y
vencido.» Así habló Alan a sus gentes.
Y esperaron que llegara el día de la batalla. Y cada partida se
aparejó lo mejor que pudo en todas las cosas que le eran necesarias.
CCXXVI -
De la gran batalla que hubo entre Alan y Berca
Y cuando los dos grandes reyes con todas sus gentes se
encontraron cerca, esperaron para comenzar la batalla que se hicieran oír las
nácaras. Y de pronto sonaron, y en cuanto las oyeron no pararon mientes, mas se
fueron con furor los unos contra los otros. Empuñaron los arcos, tiraron las
saetas y había que verlas volar cubriendo todo el aire. Los hombres morían y
caían de sus caballos, y no podía ser por menos con la cantidad de flechas que
cruzaban el aire. Y ¿para qué extenderme?, no cesaron de tirar las flechas
hasta que el suelo se cubrió completamente de muertos y heridos. Luego
empuñaron las espadas y las mazas; corrieron asestando golpes mortales. Y la
batalla fue de las más crueles que jamás se han visto. Caían brazos, manos y
cabezas. Los hombres tropezaban con sus caballos muertos, que yacían en el
suelo. Y murieron tantos, que en mala hora empezó esa batalla. Los gritos eran
aterradores, que hubieran cubierto el ruido del trueno. Los muertos cubrían la
tierra, que estaba roja de sangre, pues os repito que desde antiguo no hubo en
el mundo una batalla donde murieron tantos hombres como en ésta. Y eran tantos
los gritos y las imploraciones de los heridos de muerte, que daba lástima
oírlos. Y cierto es que en mala hora empezó esta batalla de una parte y otra,
porque muchas mujeres quedaron viudas y muchos niños huérfanos. El rey Alan,
que era sabio, prudente y esforzado, se portó tan bien en la contienda que bien
se veía que era hombre destinado a mandar y a ceñir una corona. No hubo proeza
de que no fuera capaz. Confortaba a su gente y, viéndole, todos se inflamaban
de nuevo ardor, y era cosa grande verle, porque no parecía un hombre, sino el
mismo trueno. Y de esta manera se portó Alan en la batalla.
CCXXVII -
De cómo Berca se porta heroicamente
El rey Berca también era valiente, pero de nada le valió, pues
tuvo tantos muertos y heridos que ya no lo podían soportar, y al caer de la
tarde empezaron a huir. Cuando Alan vio que el enemigo huía se puso a
perseguirle con sus caballos, matando y aniquilando cuanto encontraba al paso.
Y al poco rato de haberles perseguido volvieron rienda y se fueron al
campamento a deponer las armas. Los heridos se hicieron lavar y vendar, y
estaban tan hartos de la pelea, que ya no podían más. La noche vino y descansaron,
y cuando Alan recorrió su campamento recomendó que quemaran los cadáveres
amigos y enemigos. Y en seguida ejecutaron sus órdenes. Y a la mañana siguiente
Alan volvió a sus tierras con todos los supervivientes, pues entre los que
habían ganado la batalla había también muchos muertos, y no digamos en el campo
de los vencidos, que fue tan grande el número que no se podían contar. Y tal
como habéis oído sucedió esta batalla y fue victorioso el rey Alan. Os
contaremos ahora de otra batalla que hubo entre los tártaros de Poniente.
CCXXVIII -
De cómo Totamangu fue señor de Poniente
En verdad, un señor de los tártaros de Poniente, que se llamaba
Mongutemur, murió, y la señoría recayó en Tolobuga, que era joven bachiller. Y
Totamangu, que era un hombre poderoso, mató a Tolobuga con la ayuda de otro rey
tártaro que se llamaba Nogai. No reinó mucho tiempo y murió, y Toctai fue
elegido señor. Era hombre prudente y avisado y regía la señoría de Totamangu. Y
sucedió en ese tiempo que dos hijos de Tolobuga -el que había sido asesinado-
crecieron y llegaron a ser hombres aguerridos, sabios y valientes. Los dos
hermanos se pusieron en camino y se prepararon para ir a la corte del rey
Toctai. Llegados que fueron a la corte, se presentaron ante él, poniendo
rodilla en tierra. Toctai les dijo que eran los bienvenidos, y los hizo
levantar. Entonces el primogénito tomó la palabra y dijo: «Magnífico señor: Os
diré por qué hemos venido; en verdad somos los hijos de Tolobuga, que fue
muerto por Totamangu y Nogai. A Totamangu ya no se le puede alcanzar porque
murió, pero reclamamos a Nogai y os pedimos sostenernos contra él, como señor
conocedor de la justicia, pues asesinó a nuestro padre. Os pedimos hacerle
venir ante vos y pedirle razón de la muerte de nuestro padre. Y he aquí por qué
venimos a esta corte.» Y el joven se calló y no añadió palabra.
CCXXIX -
De cómo Toctai manda venir a Nogai para pedirle cuenta de la
muerte de Tolobuga Cuando Toctai oyó lo que el joven le dijo, que sabía era la
verdad, le contestó: «Mi buen amigo: Lo que tú me mandas que haga y deseas le
pida cuenta a Nogai, lo haré con mil amores. Le haré que venga ante mí a la
corte y veremos lo que la razón nos sugiere.» Y Toctai envió a dos emisarios a
Nogai, mandándole venir a su corte para dar cuenta y razón a los hijos de
Tolobuga de la muerte de su padre. Y cuando los enviados del rey dijeron a
Nogai la embajada que traían, se burló de ellos y dijo que no iría a la corte.
Los enviados del rey se volvieron a la corte de su señor y le trajeron la
respuesta de Nogai. Cuando Toctai oyó tal impertinencia, se encolerizó y dijo a
todos los que le rodeaban y podían oírle: «Si Dios me ayuda, o Nogai vendrá
aquí para dar satisfacción a los hijos de Tolobuga, o yo iré contra él con toda
mi gente.» Y volvió a enviar a otros dos embajadores con las palabras que
oiréis.
CCXXX -
De cómo Toctai envía otro mensaje a Nogai
Los dos mensajeros a quien Toctai había confiado la misión se
pusieron en camino y llegaron a la corte de Nogai. Se presentaron ante él, y
saludando cortésmente le hablaron en estos términos: «Señor: Toctai os manda
decir que si no venís a la corte a dar satisfacción a los hijos de Tolobuga,
vendrá él con su gente contra vos y os hará todo el daño que pueda; decidid lo
que hayáis de hacer y contestadnos.» Mucho disgustó a Nogai lo que Toctai le
mandaba decir, y contestó airado: «Volved a vuestro señor y decidle que no le
temo ni a él ni a sus gentes y no esperaré que venga a mi tierra, mas iré yo
mismo a su encuentro.» Y cuando esto oyeron cabalgaron a toda prisa para llevar
a su señor las palabras de Nogai. Y viendo que la guerra se hacía inevitable,
mandó Toctai aviso a sus gentes para que se alistaran con el fin de ir contra
Nogai, e hizo grandes preparativos. Cuando Nogai tuvo la certeza de que Toctai
le venía al encuentro, preparó sus caballos y sus gentes; pero no era tan
poderoso como Toctai y tenía muchos menos soldados; sin embargo, se armó cuanto
pudo. Esto le valió el ser más tarde grande y poderoso.
CCXXXI -
De cómo Toctai fue al encuentro de Nogai
Cuando Toctai estuvo pronto, se puso en camino con sus gentes y
aparejó lo menos 200.000 hombres a caballo. Cabalgaron sin novedad hasta llegar
a la llanura de Nerghi, que era anchurosa y bella, y esperó allí a Nogai porque
sabía que éste venía a su encuentro. Los dos hijos de Tolobuga llevaban también
muchos hombres a caballo y armaron muchas compañías para vengar la muerte de su
padre.
Pero dejemos a Toctai y su gente y volvamos a Nogai y sus
huestes. Se puso en camino con 150.000 hombres, la flor y nata de valientes
caballeros y hombres de armas, más aguerridos que los de Toctai. Y al cabo de
dos días llegó con su gente y sentó el campo a 10 millas del enemigo. Y el
campo era rico en tiendas de paño de oro, y brocateles, gualdrapas bordadas, y
bien se veía que era el campamento de un gran rey. Y cuando llegaron en el
llano de Nerghi descansaron para el día de la batalla.
CCXXII -
De cómo Toctai habló a su gente
Cuando el rey Toctai hubo reunido a su gente, les hizo el
discurso siguiente: «Señores: Hemos venido hasta aquí a batirnos contra el rey
Nogai y sus hombres; lo hemos hecho con razón, porque no ha querido dar
satisfacción a los hijos de Tolobuga. Como estamos en la razón, conviene seamos
vencedores en la batalla y que el malvado perezca. Os pido que seáis esforzados
y valientes para que podamos ver la muerte y destrucción del enemigo.» Por otro
lado, el rey Nogai habló a su gente de la manera que vais a oír: «Mis buenos
hermanos y amigos -dijo-. Sabéis que en muchas grandes batallas y acciones
hemos vencido y contra gente más fiera y avezada. De modo que preparaos a
vencer esta batalla, pues nosotros tenemos razón y ellos no están en la suya,
pues sabéis que mi señor me mandó ir a su corte por razones de otros. Así que
os digo que cada uno piense en hacer lo que pueda para que ganemos esta batalla
y hagamos hablar de nosotros al mundo entero y digan que somos cada día más
temibles.» Y calló el rey Nogai y no añadió palabra.
Cuando hubieron hablado los dos reyes, no demoraron más. Al día
siguiente se aparejaron. El rey Toptai repartió su gente en 20 batallones, y en
cada uno puso un buen condotiero y un buen capitán. Y el rey Nogai armó 15
cuadros y en cada uno puso 10.000 hombres a caballo, con sus buenos y bravos
capitanes. ¿Y qué os diré? Cuando los dos reyes estuvieron el uno cerca del
otro tomaron un momento de tregua hasta esperar que tocaran las nácaras. Y al
son de las nácaras empezó la pelea. La lucha fue encarnizada. Volaban flechas y
saetas. Rugía el griterío. Cercenaban manos, brazos y cabezas. Veíanse caer a
tierra caballos y caballeros. En ninguna batalla murió tanta gente, pero en más
gran número murieron los hombres de Toetai que los de Nogai. Pero todo fue inútil,
porque Nogai era terrible peleando, y aunque los hijos de Tolobuga se
esforzaban en vengar la muerte de su padre y peleaban como leones, todo fue en
vano y no consiguieron matar al rey Nogai. ¿Y qué más os diré? La batalla fue
tal, que tantos que por la montaña estaban sanos y buenos, murieron aquel día,
y muchas mujeres quedaron viudas, y esto fue porque la batalla resultó
sangrienta y cruel.
El rey Toctai se esforzó, con todo su poder, en mantener a su
gente y a su honor, e hizo grandes proezas. Y ciertamente que todo el mundo no
podía más que alabarle. Se metía entre sus enemigos de tal manera como si no le
importara la muerte. Hendía su sable a diestra y siniestra e iba repartiendo
golpes de tal manera que dañó a todos sus enemigos. Mató muchos de entre ellos
con su propia mano, y cuando esto velan sus amigos, llenábanse de nuevo ardor y
aquéllos arreciaban contra éstos y los mataban sin piedad.
CCXXXIII -
Del arrojo y valor del rey Nogai
El rey Nogal se expuso tanto y tanto, y tanto combatió entre su
gente, que acudía acá y allá y se excedía a sí mismo; entre el enemigo se batió
como el león entre las fieras, y les venció, les aplastó en su furor bélico y
se echó sobre ellos como un héroe. Y sus hombres, que velan así a su señor, se
esforzaban en ser como él, corrían sobre sus enemigos, haciendo estragos entre
ellos. ¿Y por qué contaros más? Sabed, en verdad, que la gente de Toctai se
esforzó en mantener alto el honor, pero de nada les valió; tenían contra ellos
a demasiados fuertes guerreros. Sufrieron tanto, que vieron que si más
quedaban, morirían todos, y no aguantando más, empezaron a huir, y el rey Nogal
arremetió contra ellos hasta diezmarlos a todos.
Así fue como Nogal venció la batalla y murieron más de 60.000
hombres. Mas el rey Toctai tuvo la suerte de escapar con vida y los hijos de
Tolobuga también.
FIN


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