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Libro No. 472. Poesías de Nicolás Guillen

Libro No. 472. Poesías de Nicolás Guillen

© Libro No. 472. Poesías de Nicolás Guillen. Colección E.O. Agosto 24 de 2013.

Título original: ©  Poesías de Nicolás Guillen.

Versión Original: ©  Poesías de Nicolás Guillen.

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

  

 

 

 

 

 

 

poesías

 

nicolas guillen

 

 

 

 

 

 

 

CONTENIDO

Introducción a la obra de Nicolás Guillén. Nancy Morejón

A VECES...

ADIVINANZAS

AGUA DEL RECUERDO

MARTÍ

CANCIÓN

CANTO NEGRO

CAÑA

CHÉVERE...

GLOSA

NIEVE

CÓMO NO SER ROMÁNTICO

MUJER NUEVA

TENGO

CANCIÓN

ÉBANO REAL

EL ABUELO

ROSA TÚ MELANCÓLICA

EL ÁRBOL

CAÑA

EL NEGRO MAR

ADIVINANZAS

LA CANCIÓN DEL BONGÓ

FUSILAMIENTO

GUADALUPE W.I.

GUITARRA

PAS DE TÉLÉPHONE

LA MURALLA

PALMA SOLA

PIEDRA DE HORNO

MI PATRIA ES DULCE POR FUERA...

PROBLEMAS DEL SUBDESARROLLO

MULATA...

NEGRO BEMBÓN

UN POEMA DE AMOR

NO SÉ POR QUÉ PIENSAS TÚ

PERO QUE TE PUEDA VER

UNA FRÍA MAÑANA...

UN SON PARA NIÑOS ANTILLANOS

SOLDADO, APRENDE A TIRAR

CANTO NEGRO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Obra poética

 

Introducción a la obra de Nicolás Guillén

Nancy Morejón

 

 

     Mucho más útil que reincidir en los juicios ya digeridos por quienes han frecuentado la poesía de Guillén como críticos profesionales, o como insaciables lectores, he querido entrar en el estudio de aquellos puntos que han desatado enconadas polémicas o vivas apoteosis; o que han sido los más conflictivos dentro de su gigantesca bibliografía pasiva. Creo que ya va siendo hora de ajustar desenfoques, de elucidar toda una suma de equívocos echados a rodar (repetidos en ingenuo contagio) por cierta zona vasta crítica que acumuló el primer ciclo (Motivos de son, Sóngoro cosongo, West Indies, Ltd.) de la obra poética de Guillén, sobre todo en sus relaciones con el medio que la produjo. A la maniquea interpretación de esta crítica, habría que añadir igualmente una buena dosis de valores permeados de «criollismo», colonización cultural y posiciones de clase. Ellos invalidan y desorientan todavía. Por lo que es éste el momento de encarar y revisar definiciones y conceptos.

 

     El primer libro que publica Nicolás Guillén Motivos de son (1930), no muestra relación alguna con el posmodernismo(1) americano y sí despliega los elementos conformadores de una personalidad poética sui géneris. La perspectiva básica de este cuaderno reside en el rigor y la profundidad con que el autor acomete una exploración verbal, en cuanto a la forma; y en la rebeldía, de contenido, implícita en su temática. Desde esta posición, se aniquila el contexto que había sedimentado la expresión posmodernista; por lo que Motivos de son propone una vanguardia literaria que escapa a los límites de una definición académica del término(2).

 

     Entre nosotros, la tradición poética modernista y posmodernista se resquebraja verdaderamente con la aparición del lenguaje de los Motivos... Más que el hallazgo o la elección de un lenguaje, de un habla popular, Motivos de son supone el aniquilamiento de toda la parafernalia verbal del modernismo y sus secuelas. Todo ello con vista a superar enteramente aquello que la expresión modernista había consumado, y agotado, y que las intentonas «vanguardistas» (en el sentido académico del término) habían esbozado sin lograrlo.

 

     El «vanguardismo» fue una manera nuestra de estar al día con el arte que se había producido en Europa; fue una actitud, desprejuiciada en donde se tenía conciencia del atraso literario y artístico que nos aletargaba; mediante la llamada a la creación, abría nuestras anquilosadas y mohosas puertas a un quehacer artístico audaz y desmitificador, no obstante sus callejones sin salida. No creo que únicamente haya servido para inventariar aeroplanos, telégrafos, modernas civilizaciones, sino para dar un toque de queda estético y dar la lección histórica de que cuando las relaciones entre literatura y revolución no se hacen consecuentes, se degenera en un caos político y artístico.

 

     Los propugnadores del «vanguardismo» -agrupados en torno a la Revista de avance- manifestaron cierta mansedumbre de la forma.

 

     La vanguardia en Guillén existe en la medida en que su verso es ruptura y fundación, voluntad de estilo y rebelde del carácter nacional.

 

     El tratar de encontrar una expresión poética nacional con una nueva actitud ante la lengua, esa es la vanguardia cierta de Nicolás Guillén, la que implica revolución estilística, literaria y social(3).

 

     No se trata de una vanguardia por novedad externa, sino por las intenciones de orden social ulteriores. Es el caso de César Vallejo, en el Perú; y recuerdo los inmejorables criterios de Mariátegui acerca del nuevo arte de comienzos de siglo:

 

     En el mundo contemporáneo coexisten dos almas, la de la revolución y la decadencia. Sólo la presencia de la primera confiere a un poema o un cuadro valor de arte nuevo. No podemos aceptar como nuevo un arte que no nos trae sino una nueva técnica. Eso sería recrearse en el más falaz de los espejismos actuales. Ninguna estética puede rebajar el trabajo artístico a una cuestión de técnica. La técnica nueva debe corresponder a un espíritu nuevo también. Si no, lo único que cambia es el paramento, el decorado. Y una revolución artística no se contenta de conquistas formales(4).

     De modo que los Motivos de son no sólo realizaron una conquista formal, la introducción del son como ritmo poético, a la poesía culta, escrita, sino que en ellos están presentes temas que abrieron las puertas del rescate cultural, de la descolonización, porque denunciaron la injusticia social y la discriminación.

 

     Para Guillén, Motivos de son es la primera interrogación de la realidad. Partiendo de una unidad temática y estilística, estos poemas son una revisión de las vivencias y experiencias raciales de Guillén a su llegada a La Habana, en cuyos barrios más pobres se aglutinaron los descendientes de cautivos africanos para organizarse y constituir diversos focos de resistencia cultural. A través de esas experiencias, Guillén asume directamente su condición de hombre negro. El poeta, en su afán de búsqueda, en su inconformidad, inaugura un proceso de conocimiento de su condición humana. Porque más que asustar al burgués, Guillén lo emplaza, al traer a la poesía personajes y ambientes de las capas más populares y expoliadas.

 

     Habría que observar que tras la exploración verbal que se plantea el poeta, esos tipos frescos, populares, cuestionan la vida, condicionada la suya por los prejuicios más monstruosos y las circunstancias a que estuvieron sometidos. Se tratará más bien de personajes del pueblo y sus respectivos arquetipos: Bito Manué, la Mulata, el Negro bembón. Pero Guillén no deja que la expresión poética hallada desborde la realidad que ha asumido, sino que encuentra un equilibrio que luego suscitará las peores interpretaciones de la crítica burguesa. Por ejemplo, está claro que en los Motivos... hay un tratamiento de la raza como concepto cultural y como valor ético. Esto incluso continúa en Sóngoro cosongo (1931) y hasta en West Indies, Ltd. (1954). No pocos críticos han querido encasillar la obra de Guillén (teniendo en cuenta exclusiva su primer libro) en los límites de la denominación de poesía negra. Ha sido una manía -un vicio-, acatada y difundida. No entendieron jamás que se trataba de la aparición de una poesía que hablaba al negro y del negro para hallar su justo papel en la cultura nacional y para definir su aporte a ella. No es el negro como elemento aislante sino como elemento integrante. La raza va a estar ligada más tarde a la idea del ancestro, ya abordado en otra complejidad ideológica y temática. En esta primera tentativa, el poeta deja entrever que al tratar esos temas reclama un control para sus conflictos internos, y que los conjuga, trascendiéndolos, con los de su colectividad racial inmediata. Un dilema de carácter individual se extiende a todo un núcleo de la humanidad.

 

     En el transcurso de los poemas, Guillén desarrolla, por la palabra poética, sus íntimos conflictos, como antes apunté. La poesía se convierte en el espacio testimonial de su yo vital, comprometido en su yo poético. Así, los poemas que evocan el paisaje del negro en los barrios pobres de la capital forman parte de una secuencia más amplia en la que el yo poético plantea su propio destino ante esas vidas y personajes del pueblo cubano. El yo poético actúa en este libro a través de un coloquialismo descriptivo. Entiéndase coloquialismo en el sentido acreditado a la más actual poesía latinoamericana.

 

     La poesía de Motivos de son impone, por otra parte, una realidad desconocida o distorsionada, o dada periféricamente; será un fresco y un testimonio. La poesía es el instrumento para indagar una realidad o un contexto, y por ello es experiencia, necesidad y justicia. Al mismo tiempo, los Motivos... son la poesía combativa de los prejuicios raciales. Encuentran una expresión nacional e inician un proceso de descolonización cultural, como antes dije. El poema que abre el libro así lo demuestra. Él inaugura dicho proceso. «Negro bembón», apertura y recuento, es la poética de los Motivos porque resume, sintetiza la esencia del juego verbal y del cuestionamiento del tema céntrico del libro: el hombre negro en busca de su identidad, la denuncia de la expoliación de su condición humana:

 

¿Po qué te pone tan brabo,

cuando te disen negro bembón,

si tiene la boca santa,

negro bembón?

(5)

     Guillén descubre al alienado negro cubano su propia belleza, rescatándosela de las manos a la supremacía de los cánones griegos o latinos impuestos durante la Colonia.

 

     Los poemas «Hay que tené boluntá», «Búcate plata» son una clara denuncia de la crisis económica de la época, que se correspondía, a nivel internacional, con la crisis económica más profunda que haya sufrido el capitalismo en todo su desarrollo, la de 1929. «Tú no sabe inglé» representa una de las primeras alusiones antimperialistas del poeta nacional.

 

     Por el reto y la audacia en las intenciones, por el hallazgo en la expresión poética, por el modo tajante con que abrieron la brecha para desmoronar los valores del orden burgués, extiendo a los Motivos de son la acepción integral del término vanguardia.

 

     En el lenguaje de los Motivos, al reproducir el habla de los negros habaneros, está implícito el deseo del poeta de recuperar la «lengua perdida»; como bien nombrara Martínez Estrada: la «lengua de los vencidos». El «Canto negro», de Sóngoro cosongo, es una verdadera incógnita literaria. ¿Encantamiento del poeta por la palabra? ¿Vestigios lingüísticos yorubas? ¿Deseo imperioso de refundar el mundo perdido, de restaurar la lengua ancestral aniquilada ante la imposición de otra, de donde se esfumara?

 

     Los Motivos, estilísticamente, no tienen antecedentes en la historia de la poesía escrita (culta) de la nación, aunque sí en la oral de antigua procedencia mestiza. Es evidentemente palpable la presencia de letras de guarachas, pregones callejeros, comparsas y rumbas, descontando la de los sones, por obvia. Algunos han sustentado la teoría de una influencia en los Motivos del teatro y las letrillas de Lope y Góngora. No creo que Guillén tuviera que recurrir a lo libresco, lo meramente literario, cuando nos consta que esta poesía era su propia experiencia personal. Simplemente, se conjugaron la tradición oral y escrita de nuestro pueblo; una se integró a la otra.

 

     La reproducción de la lengua hablada de los barrios pobres habaneros (versiones cubanas del ghetto negro norteamericano) -que desciende de la lengua bozal de los cautivos africanos aglutinados en ellos-, es ya uno de los elementos constitutivos de la expresión lingüística, agresiva e insurrecta, que diera a los Motivos su justo calibre(6).

 

     Sobre el asunto de la poesía española, tan debatido, y su influencia en la de Guillén, pienso que sobre todos nuestros poetas es él quien mejor ha asimilado y amoldado su lengua. Guillén es el más «español» de los poetas cubanos, sin duda alguna. Ninguna influencia francesa; ni a través siquiera de Darío, ni por el reflejo de lo francés en lo español. En él no se encuentran rasgos de surrealismo, ni de dadaísmo; aunque no dejó de conocerlos y leerlos. Sus lecturas formadoras y definitivas fueron los clásicos españoles: Quevedo, Góngora, Garcilaso, Fernando de Herrera, Cervantes. Siempre se ha marginado la veta elegíaca de Guillén, y su lógica preferencia por los elegíacos españoles. Sé de su predilección por Quevedo, en la medida en que la obra de éste refleja la tragedia española, en que devela su conciencia de la decadencia de España. Guillén ha manifestado que «en general [...] mucha poesía del siglo de oro es tremendamente retórica y falsa. Donde hay la poesía más pura dentro de aquel mar de retórica es en la del Quijote, que es un mar de poesía, aunque esté escrito en prosa». Siente una gran admiración por los poetas del Renacimiento, por el Arcipreste de Hita; prefiere su estilo directo, sarcástico, refranero, popular. Tiene que ver con su modo de ver la poesía. Berceo le gusta fundamentalmente porque este poeta se aproxima a muchas maneras del decir contemporáneo.

 

     La importancia de Guillén para la lengua ya fue destacada por Miguel de Unamuno, quien hizo constar la lección lingüística que significaba la obra del cubano. Nunca puedo dejar de asociar este hecho, la carta de Unamuno a Guillén en 1932, con la actitud que más de veinticinco años después iba a tomar André Bretón con respecto a la poesía de Aimé Césaire, el gran poeta martiniqueño(7). Para estupor de la poesía francesa escrita en Francia, nadie manejó la lengua como la había manejado Césaire. Los «indígenas de ultramar» daban una lección de historia.

 

     Es una prueba más, en ambos casos, de la tragedia lingüística que impone la colonización. A partir de este hecho histórico, la lengua española, en nuestro caso, conoce una dicotomía: una lengua ideal y otra factual. El léxico y la fonética de los hispanoparlantes en América es la segunda; la de los peninsulares, la primera. Ante esta disyuntiva, Guillén escogió la resistencia y trajo a la literatura la lengua de los bozales. Todos sabemos que desistió del romántico empeño y moldeó entonces como nadie, la lengua de los vencedores. En aquel momento, los «civilizados» lo señalaron con el dedo, lo acusaron de «bárbaro», sin percatarse de que los Motivos desencadenaban en la nación un decisivo y sintomático combate entre los «letrados artificiales» (los «falsos eruditos») y «el hombre natural».

 

     Se ha visto, sobre todo en la poesía contemporánea, que cuando el poeta medita sobre sus instrumentos de trabajo -la poesía misma y la palabra- entra a cuestionar su yo poético y sus distintas funciones. Esto no se plantea en las diversas poéticas de Guillén, porque ha conquistado un lenguaje y una expresión, sobre los que no reflexiona porque los sabe suyos y seguros. La poesía para nuestro poeta no es un ejercicio misterioso, la vida no es concebida nunca como padecimiento; su palabra no cesa de construir sueños y quimeras.

 

     Los hallazgos formales de la poética de Guillén son: un verso amplio, discursivo, más o menos de reflexión, en el que el yo poético se ajusta al vital y viceversa; un verso de molde clásico (el de la tradición poética hispánica ejercido por Góngora, Garcilaso y Quevedo, principalmente) en el que el yo poético no es un yo sino un nosotros, cultural o épico (un monólogo plural casi, proveniente del nosotros whitmaniano), al que integra formas propias de la híbrida cultura nacional; un verso breve, de nominaciones elípticas, útil al poeta para la sátira, y ejercitado en sus sones, epigramas y madrigales. Este último verso es la base de El gran zoo, y de secciones de La rueda dentada. Por ejemplo, en West Indies, Ltd., poema fluvial, prosaico, quevedesco, Guillén se arriesga a experimentar con nuevas formas poéticas no tocadas por él ni acostumbradas en su poesía. El estilo formal de este poema es el embrión de la Elegía a Jesús Menéndez. Aquí, pues, Guillén pone en tela de juicio su concepto del verso libre, agudizando la expresividad del verso whitmaniano. West Indies es un fresco patético. Es un Guillén irónico, amargo, iracundo. En este texto aflora un desajuste entre el poeta y su contexto social: la frustración de la revolución del 30.

 

     El momento de tránsito donde ya aparece formulada como poética la conciencia crítica de la palabra, se detecta en El son entero (1947). Recordemos «Guitarra». De este libro a La paloma de vuelo popular (1958) se establece la teoría de los círculos concéntricos. Si no, comparemos cada una (las dos) de las artes poéticas centrales de ambos libros. La poética de La paloma... sólo clausura una visión de la poesía para, intrínsecamente, esbozar otra sin recurrir de modo exclusivo al aspecto formal.

 

     Esta aventura enraizada, que fueron los Motivos de son, para destruir la retórica de la época e inaugurar una nueva y válida expresión de la nacionalidad, fue un camino de conocimiento, y tendrá en Sóngoro cosongo su principal, su consecuente desarrollo, su continuidad temporal.

 

     Cierta crítica decidió negar la correlación entre este cuaderno y Motivos de son, además de la de estas dos obras con el resto de la obra de Guillén. Estas posiciones me han parecido erróneas. De los Motivos a Sóngoro cosongo encontramos una diferencia, un espacio que niega y que reitera, y a la vez una innegable continuidad. ¿Proceso evolutivo? A las claras. Sóngoro... continúa la ruptura, pero asumiéndola con mayor conciencia, y en él se reinstaura la aventura de un nuevo conocimiento poético expuesto en el libro que precedía a éste. Baste señalar que el título del cuaderno procede de un verso del motivo «si tú supiera...», de 1930. De modo que en Guillén hay que entender y ver una temporalidad continuada: como cuando tiramos una piedra al agua quieta de un estanque y se crean inevitables, infinitos círculos concéntricos, de los que hablé hace un momento. Su obra está estructurada de esa forma. Sóngoro es un nuevo comienzo, otro inicio, una revisión, una nueva transitoriedad. El propio Guillén lo propone en la poética central del libro, el fundador poema «Llegada», ya asimilada la rebelión formal que habían sido los ocho motivos. Las imágenes de Sóngoro cosongo se caracterizan por un mayor grado de efectividad. El poeta reordena su verbo, su planteamiento intelectual, da nacimiento abrupto a las contradicciones que luego irán a constituir el cuerpo de su poesía. En este libro se estructura buena parte de la futura personalidad poética de Guillén, y su dimensión americana.

 

     Aunque la realidad lingüística de Guillén es otra que la de Jacques Roumain, o la de Césaire y la de Langston Hughes, es pertinente señalar que su contexto histórico, cultural y político conlleva no pocos elementos comunes. No hay que olvidar que la lengua es un vínculo y no un fin. Los poetas que mencioné más arriba (Roumain, Césaire y Hughes) tienen la experiencia histórica común de ser descendientes de esclavos africanos; nacieron en sociedades traumatizadas por las estructuras racistas en que se sustenta el régimen colonial y el capitalismo. Los poemas «Llegada»(8) (Sóngoro cosongo) y «El apellido» (La paloma de vuelo popular) le confieren a Guillén una irreductible trascendencia americana por encarnar en estos textos el trauma vivido en países americanos como Brasil, los Estados Unidos y las islas del área del Caribe. La presencia africana en el continente americano, nacida de la implantación de la esclavitud, su huella definitiva, aparecen en nuestra literatura con estos poemas que distan entre sí veintisiete años. El primero, de 1931, y el segundo, de 1958. Aquí adquiere Guillén un carácter visionario por cuanto define la idiosincrasia, la naturaleza de la América insular. La cultura del hombre de América fue conformada por otras muchas, de donde la suya es una de tipo residual. Se trata, por otra parte, de concederle el justo lugar, el verdadero sentido histórico que tiene, al elemento humano que aportó la mano de obra en las relaciones de producción habidas en las zonas del continente afectadas, en especial, por la esclavitud:

 

nuestra piel sudorosa reflejará los rostros

húmedos de los vencidos(9).

     Nadie antes (1931) se había percatado así de esta presencia, y de ese hecho histórico. Alerta contra el exotismo europeo, contra el deslumbramiento ante civilizaciones usurpadoras:

 

Y ahora que Europa se desnuda

para tostar su carne al sol

y busca en Harlem y en La Habana

jazz y son

lucirse negro mientras aplaude el bulevar,

y frente a la envidia de los blancos

hablar en negro de verdad(10).

     En este libro culmina el intento de descolonización apuntado en el poema «Negro bembón». A través de un nuevo tratamiento del eros, en los madrigales, Guillén enfrenta la batalla estética del hombre negro por recuperar su belleza, adulterada y relegada por el sistema. La mujer es el medio más idóneo para llevar a cabo ese reconocimiento estético, que tiene una inmensa carga ideológica. El pensamiento revolucionario se sirve del tema erótico para cumplirse:

 

Tu vientre sabe más que tu cabeza

y tanto como tus muslos.

Esa es la fuerte gracia negra

de tu cuerpo desnudo.

Signo de selva el tuyo,

con tus collares rojos,

tus brazaletes de oro curvo,

y ese caimán oscuro

nadando en el Zambeze de tus ojos.

     El instante clave de la carrera literaria de Nicolás Guillén se encuentra en los dos libros que publicó fuera de Cuba, en 1937, ellos son: España. Poema en cuatro angustias y una esperanza y Cantos para soldados y sones para turistas. Es el momento de su adhesión material al movimiento revolucionario comunista.

 

     Convulsionado el mundo por las consecuencias de la Primera guerra mundial, intelectuales, escritores y artistas radicalizaron sus posiciones políticas. Como la lucha revolucionaria era insoslayable, en nuestro continente los partidos comunistas, o se fundaron (México, Perú) o se reestructuraron. Parte de la vanguardia artística se decidió firmemente por la militancia política; o bien dejó a un lado su creación, o bien la puso al servicio de la revolución proletaria mundial, y contra el fascismo creciente. La sensibilidad de la época estaba permeada por la necesidad de realizar la revolución social(12).

 

     El acontecimiento que por excelencia aglutina las fuerzas de la revolución, es la guerra civil española, durante la cual se celebro el 11 Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Allí coincidieron Neruda y Vallejo, Miguel Hernández y Langston Hughes, Alejo Carpentier, Juan Marinello y Félix Pita Rodríguez, Heinrich Mann y Tristan Tzara, René Maran y André Malraux, Vicente Huidobro y Antonio Machado, León Felipe y Cernuda, Alberti, Alexei Tolstoi y Ehremburg. No casualmente es que ese mismo año 1937, en Valencia, Guillén ingresa en el Partido comunista(13).

 

     El poema España... no es sólo un canto de solidaridad en el que la creación artística se subordina, autoritaria, a una idea, sino también una manera de hallar Guillén su otra identidad, junto al ejercicio de una educación partidista.

 

     Por su parte, Cantos para soldados y sones para turistas era una premonición política de la revolución cubana y del estado actual de América; era una «acertada expresión lírica de lo político», según las palabras de Juan Marinello. Decía éste en su prólogo:

 

     Por la calidad, por la naturaleza de sus poemas, este libro es conflicto y solución, aventura y triunfo, experiencia y culminación. Hay en estos versos hazaña atrevida y conquista señera. No se exagera al decir que desde aquí se muestra un modo nuevo, inusitado, de poesía revolucionaria. Y puede afirmarse, sin miedos, que toda poesía política que se realice hoy en nuestras tierras ha de lucir, en la entraña, la sustancia de estos cantos limpios y fuertes.

     Aquí está la trascendencia americana de Guillén: su genio para conjugar vanguardia artística y vanguardia política; su genio poético mantuvo la coherencia temática y estilística hasta diseñar una espiral, su genio histórico revela una conciencia de clase y de origen al hombre negro de América, descendiente de cautivos africanos; su genio, visionario, vislumbró la revolución cubana que dirigiría Fidel Castro. La «Elegía a un soldado vivo» contiene los elementos de un verdadero programa revolucionario:

 

Esta paz es culpable.

¡Cuándo será que hable

tu boca, y que tu rudo pecho grite,

se rebele y agite!

Tú, paria en Cubo, solo y miserable,

puedes rugir con voz del Continente:

la sangre que te lleva en su corriente

es la misma en Bolivia, en Guatemala,

en Brasil, en Haití... Tierras oscuras,

tierras de alambre para vuelo y ala,

quemadas por iguales calenturas,

secos a golpes de puñal y bala,

en las que garras duras

están con pico y pala

día y noche cavando sepulturas(14).

     Guillén aborda el tema de la caña de azúcar adjudicándole un nuevo sentido: en lo formal, epigramático; en el contenido, antimperialista. Su único antecedente literario en nuestra poesía es La zafra de Agustín Acosta, que Julio Antonio Mella definió así: «La zafra es el primer gran poema político de la última etapa de la República.(15)» El libro lo fue, en verdad. En el siglo XIX, nuestra poesía se vio expuesta a los embates del «paisajismo». La mayoría de los poetas, románticos o modernistas, aludía a la caña de azúcar, pero como ornamento, como integrante de una ecología imposible de no advertir gracias a su naturaleza exuberante. Se hablaba de la caña de azúcar como se hablaba de las palmas. La zafra, junto al combativo «Poema de los cañaverales» de Pichardo Moya, destierra de nuestra poesía esa visión de la caña de azúcar, dándole un carácter nacional. No obstante, su autor no sobrepasó ciertas fronteras. Más que «fallo individualista», más que «criterio individualista», como decía Mella, hay mejor un inconsciente interés de clase:

 

     ...El libro expresa, políticamente, el ideal, la protesta del colono que se siente amenazado, y del antiguo hacendado, cubano, arruinado por el central norteamericano. Es justa y real esta protesta. Pero hay algo más. El Central yanqui -la penetración imperialista con palabras generales- no es un fenómeno de hoy. Si la «independencia» existió, fue precisamente porque ya comenzaba a existir ese Imperialismo que hoy tanto nos asusta. Éste es un hecho no fatal, en el concepto místico de la palabra, sino una realidad que obedece al determinismo histórico [...] El colono luchará contra el yanqui hasta que obtenga una mejora temporal, o será completamente vencido y convertido en un proletario puro para trabajar la tierra al gringo(16).

     La caña determinó nuestro destino histórico desde que su cultivo propiciara la implantación orgánica del régimen esclavista. Bien es sabido que éste es el denominador común de la economía en las Antillas.

 

     Aunque argumentara neutralidad, Acosta -cuyo verso no es sino una dependencia aguda del de Rubén Darío- fue un denunciador mediatizado del drama económico de Cuba. Acosta rehuyó el compromiso político:

 

     No quisiera que al juzgar este canto se me crea un poeta de muchedumbres. A la inversa de mi llorado Rubén [Darío], yo sé que no he de ir a las muchedumbres, porque cuando ellas lleguen a mi verso dejarán de serlo(17).

     Actualmente es un apátrida.

 

     Guillén es quien introduce, pues, el aliento antimperialista al tratar el tema de la caña de azúcar:

 

El negro

junto al cañaveral.

 

El yanqui sobre el cañaveral.

 

La tierra

bajo el cañaveral.

 

¡Sangre

que se nos va!

(«Caña»)(18)

     Su antimperialismo, que ha permeado sensiblemente toda su obra, se hace fundamento en la Elegía a Jesús Menéndez (1958), cuyo antecedente integral es West Indies, Ltd.(19) (1934), como dije antes. La ubicación temporal de éste son los años que suceden al trienio sombrío, a la caída de Machado y a la frustración de la revolución del 33. En este último realiza una toma de conciencia, desmitificadora, de la existencia en las Antillas de un status típicamente colonial, y por ende, uno de los subdesarrollos más críticos de América. No sólo rechaza la miseria de la alienación, declarándola como un vicio del mundo moderno en las islas del Caribe, sino la palpable in gerencia yanqui en ellas, en sus formas más cumplidas y sistemáticas.

 

     La obra de Nicolás Guillén ha generado una copiosa bibliografía crítica, en la mayoría de los casos exaltada y elogiosa, no exenta de mejores intenciones así como de equívocos. En reiteradas ocasiones, nos hallaremos ante una crítica impresionista, aunque objetiva por momentos. Las discrepancias que han resultado de ella, se refieren a la ubicación del poeta en las diversas nomenclaturas que la moderna historia literaria ha empleado para definir movimientos como el llamado «negrismo» («afrocubanismo», «mulatismo», etc.), o la negritud; o para censurar la presencia de conceptos políticos en su poesía. Es obvio que este tipo de consideraciones prevalece en la crítica literaria de franca o extrema derecha, y con algún que otro atenuante, hasta en «librepensadores». Lo que se detracta es una de las líneas más ricas y sagaces de Guillén: su antimperialismo y sus ideas políticas puestas al servicio de las clases oprimidas y en favor de la revolución proletaria mundial(20); o bien para destacar las claras relaciones contextuales de la poesía de Guillén con las distintas civilizaciones africanas.

 

     La Habana, junio de 1972.

 

 

 

1.       En 1922, Guillén recogió sus poemas de adolescencia en el libro Cerebro y corazón, inédito hasta que lo publicara Ángel Augier en la reedición de su biografía, Nicolás Guillén; notas para un estudio biográfico-crítico, en 1965. De corte modernista, estos poemas presentan la influencia literaria de Rubén Darío y de Silva. Hay sonetos y versos libres al estilo de la «Epístola a Madame Lugones» del nicaragüense. Otros poemas son el antecedente de «Al margen de mis libros de estudio». El poema «Ansia» es una verdadera arte poética precursora de «Guitarra», en El son entero (1947).

 

2.       Como lo ha concebido nuestra crítica, por ejemplo, ha sido de una manera estrecha, restringido al grupo de la Revista de Avance -primer órgano difusor de los ismos europeos-, y a algunos textos poéticos, los primeros, de autores como Manuel Navarro Luna y Félix Pita Rodríguez. No es esa la filiación exacta que le confiero a este término. Debemos ensanchar sus límites de significación.

 

3.       Esto se aplica perfectamente al resto de su obra, y llega a su punto culminante en Cantos para soldados y sones para turistas, libro en que el poeta hace posible la identificación de la vanguardia artística con la política.

 

4.       «El artista y la época», en Casa de las Américas, La Habana, a. XII, nº. 68, set.-oct. de 1971, p. 16.

 

5.       Nicolás Guillén: Antología mayor 2ª ed., La Habana, ed. Huracán, 1969, p. 27.

 

6.       Esta forma de hablar del esclavo africano ha condicionado en gran medida el habla popular cubana. Mucha poesía norteamericana conlleva estos giros idiomáticos, los que corresponden a un fenómeno similar dentro de la lengua inglesa.

 

7.       Aimé Césaire: Cahier du retour au pays natal. Préface d'André Breton, Lyon, ed. Bordas, 1947. Hay edición cubana publicada por la Casa de las Américas.

 

8.       El único antecedente, y en lengua inglesa, es el de Langston Hughes en su poema «I, too» (Yo también) o el «Prelude» (Preludio) de Weary Blues (1926). Coincidencia de contextos, no influencia.

 

9.       Nicolás Guillén: Antología mayor, 2ª ed., La Habana, ed. Huracán, 1969, p. 36.

 

10.       Guillén: op. cit., p. 39.

 

11.       Guillén, op. cit., p. 40.

 

12.       «La militancia de los estudiantes e intelectuales en aquellos tiempos iniciales del movimiento comunista no deja lugar a dudas. Los más convencidos entre ellos -Diego Rivera, César Vallejo, Rubén Martínez Villena- visitaron la Unión Soviética. Además de su trabajo dentro o junto al Partido comunista los intelectuales de ese período estaban asociados con el movimiento sindical y las ligas antimperialistas.» Jean Franco: op. cit., p. 145.

 

13.       Cuando regresa a Cuba despliega una intensa labor periodística, sobre todo en la revista Mediodía, de la que fue fundador.

 

14.       Nicolás Guillén: Antología mayor. 2ª ed., La Habana, ed. Huracán, 1969, p. 107.

 

15.       «Un comentario a La zafra de Agustín Acosta», en Bohemia, La Habana, a. LV, n. 32, 9 de ago. de 1963, p. 70.

 

16.       Mella: art. cit., p. 71.

 

17.       Agustín Acosta: La zafra; poema de combate. La Habana, ed. Minerva, 1926, p. 5.

 

18.       Este poema, que apareció en Sóngoro cosongo (1931), fue publicado el 27 de jul. de 1930 en la página «Ideales de una raza» del Diario de la Marina. Hay también dos poemas anteriores con la misma implicación: «Futuro» (1927) y «Oda a Kid Chocolate» (1929), que hoy conocemos como «Pequeña oda a un negro boxeador cubano».

 

19.       La importancia de West Indies, Ltd. es que a él concurren todos los temas de Guillén, y la mayoría de los recursos naturales formales que el poeta ejercitará de ahora (1934) en adelante hasta sus últimos poemas (supongamos el reciente El diario que a diario).

 

20.       Como ilustración de este género de tendencia, véase Adriana Tous: La poesía de Nicolás Guillén, Madrid, ed. Cultura hispánica, 1971.

http://www.cervantesvirtual.com/bib/bib_autor/Guillen/obra.shtml

 

 

 

 

 

 

A VECES...

A veces tengo ganas de ser un cursi 
para decir: La amo a usted con locura. 
A veces tengo ganas de ser tonto 
para gritar: ¡La quiero tanto! 
A veces tengo ganas de ser un niño 
para llorar acurrucado en su seno. 
A veces tengo ganas de estar muerto 
para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos, 
que me crece una flor rompiéndome el pecho, 
una flor, y decir: Esta flor, 
para usted.

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

ADIVINANZAS

En los dientes, la mañana, 
y la noche en el pellejo. 
¿Quién será, quién no será? 
                                                —El negro.

Con ser hembra y no ser bella, 
harás lo que ella te mande. 
¿Quién será, quién no será? 
                                                —El hambre.

Esclava de los esclavos, 
y con los dueños tirana. 
¿Quién será, quién no será? 
                                                —La caña.

Escándalo de una mano 
que nunca ignora la otra. 
¿Quién será, quién no será? 
                                                —La limosna.

Un hombre que está llorando 
con la risa que aprendió. 
¿Quién será, quién no será? 
                                                —Yo.

autógrafo

Nicolás Guillén, 1934

AGUA DEL RECUERDO

¿Cuándo fue? 
No lo sé. 
Agua del recuerdo 
voy a navegar.

Pasó una mulata de oro, 
y yo la miré al pasar: 
Moño de seda en la nuca, 
bata de cristal, 
niña de espalda reciente, 
tacón de reciente andar.

Caña 
(febril le dije en mí mismo), 
caña 
temblando sobre el abismo, 
¿quién te empujará? 
¿Qué cortador con su mocha 
te cortará? 
¿Qué ingenio con su trapiche 
te molerá?

El tiempo corrió después, 
corrió el tiempo sin cesar, 
yo para allá, para aquí, 
yo para aquí, para allá, 
para allá, para aquí, 
para aquí, para allá...

Nada sé, nada se sabe, 
ni nada sabré jamás, 
nada han dicho los periódicos, 
nada pude averiguar, 
de aquella mulata de oro 
que una vez miré al pasar, 
moño de seda en la nuca, 
bata de cristal, 
niña de espalda reciente, 
tacón de reciente andar.

autógrafo

Nicolás Guillén, 1947

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MARTÍ

¡Ah, no penséis que su voz 
es un suspiro! Que tiene 
manos de sombra, y que es 
su mirada lenta gota 
lunar temblando de frío 
sobre una rosa.

Su voz 
abre la piedra, y sus manos 
parten el hierro. Sus ojos 
llegan ardiendo a los bosques 
nocturnos; los negros bosques. 
Tocadle: Veréis que os quema. 
Dadle la mano: Veréis 
su mano abierta en que cabe 
Cuba como un encendido 
tomeguín de alas seguras 
en la tormenta. Miradlo: 
Veréis que su luz os ciega. 
Pero seguidlo en la noche: 
¡Oh, por qué claros caminos 
su luz en la noche os lleva!

autógrafo

Nicolás Guillén

CANCIÓN

¡De qué callada manera 
se me adentra usted sonriendo, 
como si fuera 
la primavera! 
(Yo, muriendo.)

Y de qué modo sutil 
me derramó en la camisa 
todas las flores de abril.

¿Quién le dijo que yo era 
risa siempre, nunca llanto, 
como si fuera 
la primavera? 
(No soy tanto.)

En cambio, ¡qué espiritual 
que usted me brinde una rosa 
de su rosal principal!

¡De qué callada manera 
se me adentra usted sonriendo, 
como si fuera 
la primavera! 
(Yo, muriendo.)

autógrafo

Nicolás Guillén

CANTO NEGRO

¡Yambambó, yambambé! 
Repica el congo solongo, 
repica el negro bien negro; 
congo solongo del Songo 
baila yambó sobre un pie.

Mamatomba, 
serembe cuserembá.

El negro canta y se ajuma, 
el negro se ajuma y canta, 
el negro canta y se va. 
Acuememe serembó, 
                                      aé 
                              yambó, 
                                      aé.

Tamba, tamba, tamba, tamba, 
tamba del negro que tumba; 
tumba del negro, caramba, 
caramba, que el negro tumba: 
¡yamba, yambó, yambambé!

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

 

 

CAÑA

El negro 
junto al cañaveral.

El yanqui 
sobre el cañaveral.

La tierra 
bajo el cañaveral.

¡Sangre 
que se nos va!

autógrafo

Nicolás Guillén, 1931

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CHÉVERE...

Chévere del navajazo, 
se vuelve él mismo navaja: 
Pica tajadas de luna, 
mas la luna se le acaba; 
pica tajadas de canto, 
mas el canto se le acaba; 
pica tajadas de sombra, 
mas la sombra se le acaba, 
y entonces pica que pica 
carne de su negra mala.

autógrafo

Nicolás Guillén, 1931

 

 

 

 

 

 

 

 

GLOSA

No sé si me olvidarás,
ni si es amor este miedo;
yo sólo sé que te vas,
yo sólo sé que me quedo.

ANDRÉS ELOY BLANCO

1

Como la espuma sutil 
con que el mar muere deshecho, 
cuando roto el verde pecho 
se desangra en el cantil, 
no servido, sí servil, 
sirvo a tu orgullo no más, 
y aunque la muerte me das, 
ya me ganes o me pierdas, 
sin saber que me recuerdas 
no sé si me olvidarás.

2

Flor que sólo una mañana 
duraste en mi huerto amado, 
del sol herido y quemado 
tu cuello de porcelana: 
Quiso en vano mi ansia vana 
taparte el sol con un dedo; 
hoy así a la angustia cedo 
y al miedo, la frente mustia... 
No sé si es odio esta angustia, 
ni si es amor este miedo.

3

¡Qué largo camino anduve 
para llegar hasta ti, 
y qué remota te vi 
cuando junto a mí te tuve! 
Estrella, celaje, nube, 
ave de pluma fugaz, 
ahora que estoy donde estás, 
te deshaces, sombra helada: 
Ya no quiero saber nada; 
yo sólo sé que te vas.

4

¡Adiós! En la noche inmensa 
y en alas del viento blando, 
veré tu barca bogando, 
la vela impoluta y tensa. 
Herida el alma y suspensa 
te seguiré, si es que puedo; 
y aunque iluso me concedo 
la esperanza de alcanzarte, 
ante esa vela que parte, 
yo sólo sé que me quedo.

autógrafo

Nicolás Guillén, 1947

 

 

 

 

 

 

NIEVE

Como la nieve cae aquí, 
nieva también dentro de mí. 
(Verlaine con nieve, ¿no es así?) 
De ti me acuerdo —ya sin ti.

¿A qué llorar, me digo yo, 
por quien no llora ni lloró? 
Si estuve escrito, me borró, 
si ardí un instante, me apagó.

Caiga la nieve, está muy bien. 
Mas no por eso va Guillén 
a entristecerse si no hay quien 
del mismo mal muera también.

Literatura, en realidad, 
nimia de toda nimiedad. 
¿Que está nevando en la ciudad? 
Al fin y al cabo es la verdad.

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

 

CÓMO NO SER ROMÁNTICO

Cómo no ser romántico y siglo XIX, 
no me da pena, 
cómo no ser Musset 
viéndola esta tarde 
tendida casi exangüe, 
hablando desde lejos, 
lejos de allá del fondo de ella misma, 
de cosas leves, suaves, tristes.

Los shorts bien shorts 
permiten ver sus detenidos muslos 
casi poderosos, 
pero su enferma blusa pulmonar 
convaleciente 
tanto como su cuello-fino-modigliani, 
tanto como su piel-margarita-trigo-claro, 
Margarita de nuevo (así preciso), 
en la chaise longue ocasional tendida 
ocasional junto al teléfono, 
me devuelven un busto transparente 
(nada, no más un poco de cansancio).

Es sábado en la calle, pero en vano. 
Ay, cómo amarla de manera 
que no se me quebrara 
de tan espuma tan soneto y madrigal, 
me voy no quiero verla, 
de tan Musset y siglo XIX 
cómo no ser romántico.

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MUJER NUEVA

Con el círculo ecuatorial 
ceñido a la cintura como a un pequeño mundo, 
la negra, la mujer nueva, 
avanza en su ligera bata de serpiente.

Coronada de palmas 
como una diosa recién llegada, 
ella trae la palabra inédita, 
el anca fuerte, 
la voz, el diente, la mañana y el salto.

Chorro de sangre joven 
bajo un pedazo de piel fresca, 
y el pie incansable 
para la pista profunda del tambor.

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

TENGO

Cuando me veo y toco, 
yo, Juan sin Nada no más ayer, 
y hoy Juan con Todo, 
y hoy con todo, 
vuelvo los ojos, miro, 
me veo y toco 
y me pregunto cómo ha podido ser.

Tengo, vamos a ver, 
tengo el gusto de andar por mi país, 
dueño de cuanto hay en él, 
mirando bien de cerca lo que antes 
no tuve ni podía tener. 
Zafra puedo decir, 
monte puedo decir, 
ciudad puedo decir, 
ejército decir, 
ya míos para siempre y tuyos, nuestros, 
y un ancho resplandor 
de rayo, estrella, flor.

Tengo, vamos a ver, 
tengo el gusto de ir 
yo, campesino, obrero, gente simple, 
tengo el gusto de ir 
(es un ejemplo) 
a un banco y hablar con el administrador, 
no en inglés, 
no en señor, 
sino decirle compañero como se dice en español.

Tengo, vamos a ver, 
que siendo un negro 
nadie me puede detener 
a la puerta de un dancing o de un bar. 
O bien en la carpeta de un hotel 
gritarme que no hay pieza, 
una mínima pieza y no una pieza colosal, 
una pequeña pieza donde yo pueda descansar.

Tengo, vamos a ver, 
que no hay guardia rural 
que me agarre y me encierre en un cuartel, 
ni me arranque y me arroje de mi tierra 
al medio del camino real. 
Tengo que como tengo la tierra tengo el mar, 
no country, 
no jailáif, 
no tenis y no yacht, 
sino de playa en playa y ola en ola, 
gigante azul abierto democrático: 
en fin, el mar.

Tengo, vamos a ver, 
que ya aprendí a leer, 
a contar, 
tengo que ya aprendí a escribir 
y a pensar 
y a reír. 
Tengo que ya tengo 
donde trabajar 
y ganar 
lo que me tengo que comer. 
Tengo, vamos a ver, 
tengo lo que tenía que tener.

autógrafoNicolás Guillén, 1964

 

 

 

Cuando yo vine a este mundo, 
nadie me estaba esperando; 
así mi dolor profundo 
se me alivia caminando, 
pues cuando vine a este mundo, 
te digo, 
nadie me estaba esperando.

Miro a los hombres nacer, 
miro a los hombres pasar; 
hay que andar, 
hay que mirar para ver, 
hay que andar.

Otros lloran, yo me río, 
porque la risa es salud: 
Lanza de mi poderío, 
coraza de mi virtud. 
Otros lloran, yo me río, 
porque la risa es salud.

Camino sobre mis pies, 
sin muletas ni bastón, 
y mi voz entera es 
la voz entera del son. 
Camino sobre mis pies, 
sin muletas ni bastón.

Con el alma en carne viva, 
abajo, sueño y trabajo; 
ya estará el de abajo arriba 
cuando el de arriba esté abajo. 
Con el alma en carne viva, 
abajo, sueño y trabajo.

Hay gentes que no me quieren, 
porque muy humilde soy; 
ya verán cómo se mueren 
y que hasta a su entierro voy, 
con eso y que no me quieren 
porque muy humilde soy.

Miro a los hombres nacer, 
miro a los hombres pasar; 
hay que andar, 
hay que vivir para ver, 
hay que andar.

Cuando yo vine a este mundo, 
te digo, 
nadie me estaba esperando; 
así mi dolor profundo, 
te digo, 
se me alivia caminando, 
te digo, 
pues cuando vine a este mundo, 
te digo, 
¡nadie me estaba esperando!

autógrafo

Nicolás Guillén, 1947

CANCIÓN

¡De qué callada manera 
se me adentra usted sonriendo, 
como si fuera 
la primavera! 
(Yo, muriendo.)

Y de qué modo sutil 
me derramó en la camisa 
todas las flores de abril.

¿Quién le dijo que yo era 
risa siempre, nunca llanto, 
como si fuera 
la primavera? 
(No soy tanto.)

En cambio, ¡qué espiritual 
que usted me brinde una rosa 
de su rosal principal!

¡De qué callada manera 
se me adentra usted sonriendo, 
como si fuera 
la primavera! 
(Yo, muriendo.)

autógrafo

Nicolás Guillén

ÉBANO REAL

Te vi al pasar, una tarde, 
ébano, y te saludé; 
duro entre todos los troncos, 
duro entre todos los troncos, 
tu corazón recordé.

Arará, cuévano, 
              arará sabalú.

—Ébano real, yo quiero un barco, 
ébano real, de tu negra madera... 
Ahora no puede ser, 
espérate, amigo, espérate, 
espérate a que me muera.

Arará, cuévano, 
              arará sabalú.

—Ébano real, yo quiero un cofre, 
ébano real, de tu negra madera... 
Ahora no puede ser, 
espérate, amigo, espérate, 
espérate a que me muera.

Arará, cuévano, 
              arará sabalú.

—Ébano real, yo quiero un techo, 
ébano real, de tu negra madera... 
Ahora no puede ser, 
espérate, amigo, espérate, 
espérate a que me muera.

Arará, cuévano, 
              arará sabalú.

—Quiero una mesa cuadrada 
y el asta de mi bandera; 
quiero mi pesado lecho, 
quiero mi lecho pesado, 
ébano, de tu madera, 
ay, de tu negra madera... 
Ahora no puede ser, 
espérate, amigo, espérate, 
espérate a que me muera.

Arará, cuévano, 
              arará sabalú.

Te vi al pasar, una tarde, 
ébano, y te saludé: 
Duro entre todos los troncos, 
duro entre todos los troncos, 
tu corazón recordé.

autógrafo

Nicolás Guillén, 1947

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ABUELO

Esta mujer angélica de ojos septentrionales, 
que vive atenta al ritmo de su sangre europea, 
ignora que lo hondo de ese ritmo golpea 
un negro al parche duro de roncos atabales.

Bajo la línea escueta de su nariz aguda, 
la boca, en fino trazo, traza una raya breve, 
y no hay cuervo que manche la solitaria nieve 
de su carne, que fulge temblorosa y desnuda.

¡Ah, mi señora! Mírate las venas misteriosas; 
boga en el agua viva que allá dentro te fluye, 
y ve pasando lirios, nelumbios, lotos, rosas;

que ya verás, inquieta, junto a la fresca orilla 
la dulce sombra oscura del abuelo que huye, 
el que rizó por siempre tu cabeza amarilla.

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

 

ROSA TÚ MELANCÓLICA

El alma vuela y vuela 
buscándote a lo lejos, 
Rosa tú, melancólica 
rosa de mi recuerdo. 
Cuando la madrugada 
va el campo humedeciendo, 
y el día es como un niño 
que despierta en el cielo, 
Rosa tú, melancólica, 
ojos de sombra llenos, 
desde mi estrecha sábana 
toco tu firme cuerpo. 
Cuando ya el alto sol 
ardió con su alto fuego, 
cuando la tarde cae 
del ocaso deshecho, 
yo en mi lejana mesa 
tu oscuro pan contemplo. 
Y en la noche cargada 
de ardoroso silencio, 
Rosa tú, melancólica 
rosa de mi recuerdo, 
dorada, viva y húmeda, 
bajando vas del techo, 
tomas mi mano fría 
y te me quedas viendo. 
Cierro entonces los ojos, 
pero siempre te veo 
clavada allí, clavando 
tu mirada en mi pecho, 
larga mirada fija, 
como un puñal de sueño.

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ÁRBOL

El árbol que verdece 
a cada primavera, 
no es más feliz que yo, 
de nuevo verdiflor. 
Las amarillas hojas 
cayeron, y en mi tronco 
vuelven los novios trémulos 
a entrelazar sus cifras, 
y hay corazones fijos 
por flechas traspasados, 
vivos en esa muerte. 
Cuando digo «te amo», 
mi voz repite el viento 
y en mi alta copa juega 
con tu nombre y un pájaro 
hijo de abril y marzo.

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

 

 

 

 

CAÑA

El negro 
junto al cañaveral.

El yanqui 
sobre el cañaveral.

La tierra 
bajo el cañaveral.

¡Sangre 
que se nos va!

autógrafo

Nicolás Guillén, 1931

 

 

 

 

 

 

 

EL NEGRO MAR

La noche morada sueña 
sobre el mar; 
la voz de los pescadores 
mojada en el mar; 
sale la luna chorreando 
del mar.

El negro mar.

Por entre la noche un son 
desemboca en la bahía; 
por entre la noche un son. 
Los barcos lo ven pasar, 
por entre la noche un son, 
encendiendo el agua fría. 
Por entre la noche un son, 
por entre la noche un son, 
por entre la noche un son. . .

El negro mar.

—Ay, mi mulata de oro fino, 
ay, mi mulata 
de oro y plata, 
con su amapola y su azahar, 
al pie del mar hambriento y masculino, 
al pie del mar.

autógrafo

Nicolás Guillén, 1947

 

ADIVINANZAS

En los dientes, la mañana, 
y la noche en el pellejo. 
¿Quién será, quién no será? 
                                                —El negro.

Con ser hembra y no ser bella, 
harás lo que ella te mande. 
¿Quién será, quién no será? 
                                                —El hambre.

Esclava de los esclavos, 
y con los dueños tirana. 
¿Quién será, quién no será? 
                                                —La caña.

Escándalo de una mano 
que nunca ignora la otra. 
¿Quién será, quién no será? 
                                                —La limosna.

Un hombre que está llorando 
con la risa que aprendió. 
¿Quién será, quién no será? 
                                                —Yo.

autógrafo

Nicolás Guillén, 1934

 

 

LA CANCIÓN DEL BONGÓ

Esta es la canción del bongó: 
—Aquí el que más fino sea, 
responde, si llamo yo. 
Unos dicen: Ahora mismo, 
otros dicen: Allá voy. 
Pero mi repique bronco, 
pero mi profunda voz, 
convoca al negro y al blanco, 
que bailan el mismo son, 
cueripardos y almiprietos 
más de sangre que de sol, 
pues quien por fuera no es de noche, 
por dentro ya oscureció. 
Aquí el que más fino sea, 
responde, si llamo yo.

En esta tierra, mulata 
de africano y español 
(Santa Bárbara de un lado, 
del otro lado, Changó), 
siempre falta algún abuelo, 
cuando no sobra algún Don 
y hay títulos de Castilla 
con parientes en Bondó: 
Vale más callarse, amigos, 
y no menear la cuestión, 
porque venimos de lejos, 
y andamos de dos en dos. 
Aquí el que más fino sea, 
responde si llamo yo.

Habrá quién llegue a insultarme, 
pero no de corazón; 
habrá quién me escupa en público, 
cuando a solas me besó... 
A ése, le digo: 
                            —Compadre, 
ya me pedirás perdón, 
ya comerás de mi ajiaco, 
ya me darás la razón, 
ya me golpearás el cuero, 
ya bailarás a mi voz, 
ya pasearemos del brazo, 
ya estarás donde yo estoy: 
ya vendrás de abajo arriba, 
¡que aquí el más alto soy yo!

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FUSILAMIENTO

Van a fusilar 
a un hombre que tiene los brazos atados. 
Hay cuatro soldados 
para disparar. 
Son cuatro soldados 
callados, 
que están amarrados, 
lo mismo que el hombre amarrado que van 
    a matar.

—¿Puedes escapar? 
—¡No puedo correr! 
—¡Ya van a tirar! 
—¡Qué vamos a hacer! 
—Quizá los rifles no estén cargados... 
—¡Seis balas tienen de fiero plomo! 
—¡Quizá no tiren esos soldados! 
—¡Eres un tonto de tomo y lomo!

Tiraron. 
(¿Cómo fue que pudieron tirar?) 
Mataron. 
(¿Cómo fue que pudieron matar?) 
Eran cuatro soldados 
callados, 
y les hizo una seña, bajando su sable, 
un señor oficial; 
eran cuatro soldados 
atados, 
lo mismo que el hombre que fueron 
    los cuatro a matar.

autógrafo

Nicolás Guillén, 1937

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GUADALUPE W.I.

POINTRE-À-PITRE

Los negros, trabajando 
junto al vapor. Los árabes, vendiendo, 
los franceses, paseando y descansando, 
y el sol, ardiendo.

En el puerto se acuesta 
el mar. El aire tuesta 
las palmeras... Yo grito: ¡Guadalupe!, pero nadie contesta.

Parte el vapor, arando 
las aguas impasibles con espumoso estruendo.

Allá quedan los negros trabajando, 
los árabes vendiendo, 
los franceses, paseando y descansando, 
y el sol, ardiendo...

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

 

GUITARRA

A Francisco Guillén

Tendida en la madrugada, 
la firme guitarra espera: 
Voz de profunda madera 
desesperada.

Su clamorosa cintura, 
en la que el pueblo suspira, 
preñada de son, estira 
la carne dura.

Arde la guitarra sola, 
mientras la luna se acaba; 
arde libre de su esclava 
bata de cola.

Dejó al borracho en su coche, 
dejó el cabaret sombrío, 
donde se muere de frío, 
noche tras noche,

y alzó la cabeza fina, 
universal y cubana, 
sin opio, ni mariguana, 
ni cocaína.

¡Venga la guitarra vieja, 
nueva otra vez al castigo 
con que la espera el amigo, 
que no la deja!

Alta siempre, no caída, 
traiga su risa y su llanto, 
clave las uñas de amianto 
sobre la vida.

Cógela tú, guitarrero, 
límpiale de alcol la boca, 
y en esa guitarra, toca 
tu son entero.

El son del querer maduro, 
tu son entero; 
el del abierto futuro, 
tu son entero; 
el del pie por sobre el muro, 
tu son entero. . .

Cógela tú, guitarrero, 
límpiale de alcol la boca, 
y en esa guitarra, toca 
tu son entero.

autógrafo

Nicolás Guillén, 1947

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JOSÉ RAMÓN CANTALISO

José Ramón Cantaliso, 
¡canta liso!, canta liso, 
José Ramón. 
Duro espinazo insumiso: 
por eso es que canta liso 
José Ramón Cantaliso, 
José Ramón.

En bares, bachas, bachatas, 
a los turistas a gatas, 
y a los nativos también, 
a todos, el son preciso 
José Ramón Cantaliso 
les canta liso, muy liso, 
para que lo entiendan bien.

Voz de cancerosa entraña. 
humo de solar y caña, 
que es nube prieta después: 
son de guitarra madura, 
cuya cuerda ronca y dura 
no se enreda en la cintura, 
ni prende fuego en los pies.

El sabe que no hay trabajo, 
que el pobre se pudre abajo. 
y que tras tanto luchar, 
el que no perdió el resuello, 
o tiene en la frente un sello, 
o está con el agua al cuello 
sin poderlo remediar.

Por eso de fiesta en fiesta 
con su guitarra protesta, 
que es su corazón también, 
y a todos el son preciso, 
José Ramón Cantaliso 
les canta liso, muy liso, 
para que lo entiendan bien.

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PAS DE TÉLÉPHONE

La lluvia, el cielo gris. 
Pas de téléphone 
lejos de ti. 
(Me duele el corazón).

¿Qué hacer para saber 
si ahora, en esta hora 
de lluvia y cielo gris, 
te duele el corazón 
como me duele a mí? 
Pas de téléphone 
lejos de ti.

Ay, en París 
mejoraría la situación 
un pneumatique. 
Oh mi adorada, pero aquí 
no existe el pneumatique, 
y pas de téléphone 
lejos de ti.

Tus ojos de ámbar quiero 
sentir cerca de mí; 
saber si en esta tarde 
de lluvia y cielo gris 
te duele el corazón 
como me duele a mí.

Pas de téléphone 
lejos de ti.

autógrafo

 

LA MURALLA

A Cristina Ruth Agosti

Para hacer esta muralla, 
tráiganme todas las manos: 
Los negros, su manos negras, 
los blancos, sus blancas manos. 
Ay, 
una muralla que vaya 
desde la playa hasta el monte, 
desde el monte hasta la playa, bien, 
allá sobre el horizonte.

—¡Tun, tun! 
—¿Quién es? 
—Una rosa y un clavel... 
—¡Abre la muralla! 
—¡Tun, tun! 
—¿Quién es? 
—El sable del coronel... 
—¡Cierra la muralla! 
—¡Tun, tun! 
—¿Quién es? 
—La paloma y el laurel...  
—¡Abre la muralla! 
—¡Tun, tun! 
—¿Quién es? 
—El alacrán y el ciempiés... 
—¡Cierra la muralla!

Al corazón del amigo, 
abre la muralla; 
al veneno y al puñal, 
cierra la muralla; 
al mirto y la yerbabuena, 
abre la muralla; 
al diente de la serpiente, 
cierra la muralla; 
al ruiseñor en la flor, 
abre la muralla...

Alcemos una muralla 
juntando todas las manos; 
los negros, sus manos negras, 
los blancos, sus blancas manos. 
Una muralla que vaya 
desde la playa hasta el monte, 
desde el monte hasta la playa, bien, 
allá sobre el horizonte...

autógrafo

Nicolás Guillén, 1958

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PALMA SOLA

La palma que está en el patio 
nació sola; 
creció sin que yo la viera, 
creció sola; 
bajo la luna y el sol, 
vive sola.

Con su largo cuerpo fijo, 
palma sola; 
sola en el patio sellado, 
siempre sola, 
guardián del atardecer, 
sueña sola.

La palma sola soñando, 
palma sola, 
que va libre por el viento, 
libre y sola, 
suelta de raíz y tierra, 
suelta y sola, 
cazadora de las nubes, 
palma sola, 
palma sola, 
palma.

autógrafo

Nicolás Guillén, 1947

PIEDRA DE HORNO

La tarde abandonada gime deshecha en lluvia. 
Del cielo caen recuerdos y entran por la ventana. 
Duros suspiros rotos, quimeras calcinadas.

Lentamente va viniendo tu cuerpo. 
Llegan tus manos en su órbita 
de aguardiente de caña; 
tus pies de lento azúcar quemados por la danza, 
y tus muslos, tenazas del espasmo, 
y tu boca, sustancia 
comestible, y tu cintura 
de abierto caramelo. 
Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios; 
de pronto entran tus ojos traicionados; 
tu piel tendida, preparada 
para la siesta: 
Tu olor a selva repentina; tu garganta 
gritando —no sé, me lo imagino—, gimiendo 
—no sé, me lo figuro—, quejándose —no sé, supongo, creo— 
tu garganta profunda 
retorciendo palabras prohibidas. 
Un río de promesas 
baja de tus cabellos, 
se demora en tus senos, 
cuaja al fin en un charco de melaza en tu vientre, 
viola tu carne firme de nocturno secreto.

Carbón ardiente y piedra de horno 
en esta tarde fría de lluvia y de silencio.

autógrafo

 

 

MI PATRIA ES DULCE POR FUERA...

Mi patria es dulce por fuera, 
y muy amarga por dentro; 
mi patria es dulce por fuera, 
con su verde primavera, 
con su verde primavera, 
y un sol de hiel en el centro.

¡Qué cielo de azul callado 
mira impasible tu duelo! 
¡Qué cielo de azul callado, 
ay, Cuba, el que Dios te ha dado, 
ay, Cuba, el que Dios te ha dado, 
con ser tan azul tu cielo!

Un pájaro de madera 
me trajo en su pico el canto; 
un pájaro de madera. 
¡Ay, Cuba, si te dijera, 
yo que te conozco tanto, 
ay, Cuba, si te dijera, 
que es de sangre tu palmera, 
que es de sangre tu palmera, 
y que tu mar es de llanto!

Bajo tu risa ligera, 
yo, que te conozco tanto, 
miro la sangre y el llanto, 
bajo tu risa ligera.

Sangre  y llanto 
bajo tu risa ligera; 
sangre y llanto 
bajo tu risa ligera. 
Sangre y llanto.

El hombre de tierra adentro 
está en un hoyo metido, 
muerto sin haber nacido, 
el hombre de tierra adentro. 
Y el hombre de la ciudad, 
ay, Cuba, es un pordiosero: 
Anda hambriento y sin dinero, 
pidiendo por caridad, 
aunque se ponga sombrero 
y baile en la sociedad. 
(Lo digo en mi son entero, 
porque es la pura verdad.)

Hoy yanqui, ayer española, 
sí, señor, 
la tierra que nos tocó 
siempre el pobre la encontró 
si hoy yanqui, ayer española, 
¡cómo no! 
¡Qué sola la tierra sola, 
la tierra que nos tocó!

La mano que no se afloja 
hay que estrecharla en seguida; 
la mano que no se afloja, 
china, negra, blanca o roja, 
china, negra, blanca o roja, 
con nuestra mano tendida.

Un marino americano, 
bien, 
en el restaurant del puerto, 
bien, 
un marino americano 
me quiso dar con la mano, 
me quiso dar con la mano, 
pero allí se quedó muerto, 
bien, 
pero allí se quedó muerto 
el marino americano 
que en el restaurant del puerto 
me quiso dar con la mano, 
¡bien!

autógrafo

Nicolás Guillén, 1947

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PROBLEMAS DEL SUBDESARROLLO

Monsieur Dupont te llama inculto, 
porque ignoras cuál era el nieto 
preferido de Víctor Hugo.

Herr Müller se ha puesto a gritar, 
porque no sabes el día 
(exacto) en que murió Bismark.

Tu amigo Mr. Smith, 
inglés o yanqui, yo no lo sé, 
se subleva cuando escribes shell
(Parece que ahorras una ele, 
y que además pronuncias chel.)

Bueno ¿y qué? 
Cuando te toque a ti, 
mándales decir cacarajícara, 
y que donde está el Aconcagua, 
y que quién era Sucre, 
y que en qué lugar de este planeta 
murió Martí.

Un favor: 
Que te hablen siempre en español.

autógrafo

Nicolás Guillén, 1972

 

 

 

 

MULATA...

Ya yo me enteré, mulata, 
mulata, ya sé que dise 
que yo tengo la narise 
como nudo de cobbata.

Y fíjate bien que tú 
no ere tan adelantá, 
poqque tu boca é bien grande, 
y tu pasa, colorá.

Tanto tren con tu cueppo, 
tanto tren; 
tanto tren con tu boca, 
tanto tren; 
tanto tren con tu sojo, 
tanto tren.

Si tú supiera, mulata, 
la veddá; 
¡que yo con mi negra tengo, 
y no te quiero pa na!

autógrafo

Nicolás Guillén, 1930

 

 

NEGRO BEMBÓN

¿Po qué te pone tan brabo, 
cuando te disen negro bembón, 
si tiene la boca santa, 
negro bembón?

Bembón así como ere 
tiene de to; 
Caridá te mantiene, 
te lo da to.

Te queja todabía, 
negro bembón; 
sin pega y con harina, 
negro bembón, 
majagua de dri blanco, 
negro bembón; 
sapato de do tono, 
negro bembón...

Bembón así como ere, 
tiene de to; 
Caridá te mantiene, 
te lo dá to.

autógrafo

Nicolás Guillén, 1930

 

UN POEMA DE AMOR

No sé. Lo ignoro. 
Desconozco todo el tiempo que anduve 
sin encontrarla nuevamente. 
¿Tal vez un siglo? Acaso. 
Acaso un poco menos: noventa y nueve años. 
¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma, 
un tiempo enorme, enorme, enorme.

Al fin, como una rosa súbita, 
repentina campánula temblando, 
la noticia. 
Saber de pronto 
que iba a verla otra vez, que la tendría 
cerca, tangible, real, como en los sueños. 
¡Qué explosión contenida! 
¡Qué trueno sordo 
rodándome en las venas, 
estallando allá arriba 
bajo mi sangre, en una 
nocturna tempestad! 
¿Y el hallazgo, en seguida? ¿Y la manera 
de saludarnos, de manera 
que nadie comprendiera 
que ésa es nuestra propia manera? 
Un roce apenas, un contacto eléctrico, 
un apretón conspirativo, una mirada, 
un palpitar del corazón 
gritando, aullando con silenciosa voz.

Después 
(ya lo sabéis desde los quince años) 
ese aletear de las palabras presas, 
palabras de ojos bajos, 
penitenciales, 
entre testigos enemigos. 
Todavía 
un amor de «lo amo», 
de «usted», de «bien quisiera, 
pero es imposible»... De «no podemos, 
no, piénselo usted mejor»... 
Es un amor así, 
es un amor de abismo en primavera, 
cortés, cordial, feliz, fatal. 
La despedida, luego, 
genérica,, 
en el turbión de los amigos. 
Verla partir y amarla como nunca; 
seguirla con los ojos, 
y ya sin ojos seguir viéndola lejos, 
allá lejos, y aun seguirla 
más lejos todavía, 
hecha de noche, 
de mordedura, beso, insomnio, 
veneno, éxtasis, convulsión, 
suspiro, sangre, muerte... 
Hecha 
de esa sustancia conocida 
con que amasamos una estrella.

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

 

 

 

NO SÉ POR QUÉ PIENSAS TÚ

No sé por qué piensas tú, 
soldado, que te odio yo, 
si somos la misma cosa 
yo, 
tú.

Tú eres pobre, lo soy yo; 
soy de abajo, lo eres tú; 
¿de dónde has sacado tú, 
soldado, que te odio yo?

Me duele que a veces tú 
te olvides de quién soy yo; 
caramba, si yo soy tú, 
lo mismo que tú eres yo.

Pero no por eso yo 
he de malquererte, tú; 
si somos la misma cosa, 
yo, 
tú, 
no sé por qué piensas tú, 
soldado, que te odio yo.

Ya nos veremos yo y tú, 
juntos en la misma calle, 
hombro con hombro, tú y yo, 
sin odios ni yo ni tú, 
pero sabiendo tú y yo, 
a dónde vamos yo y tú... 
¡no sé por qué piensas tú, 
soldado, que te odio yo!

autógrafo

Nicolás Guillén, 1937

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PERO QUE TE PUEDA VER

Si es que me quieres matar, 
no esperes a que me duerma, 
pues no podré despertar. 
Muerto, 
ay, muerto y también dormido, 
no es ni morir ni soñar, 
no es ni recuerdo no olvido. 
Muerto, 
ay, muerto y también dormido.

Mátame al amanecer, 
o de noche, si tú quieres; 
pero que te pueda ver 
la mano; 
pero que te pueda ver 
las uñas; 
pero que te pueda ver 
los ojos, 
pero que te pueda ver.

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

UNA FRÍA MAÑANA...

Pienso en la fría mañana en que te fui a ver, 
allá donde La Habana quiere irse en busca del campo, 
allá en tu suburbio claro. 
Yo con mi botella de ron 
y el libro de mis poemas en alemán, 
que al fin te regalé. 
(¿O fue que te quedaste con él?)

Perdóname, pero aquel día 
me pareciste una niñita sola, 
o quizás un pequeño gorrión mojado. 
Tuve ganas de preguntarte: 
¿Y tu nido? ¿Y tus padres? 
Pero no habría podido. 
Desde el abismo de tu blusa, 
como dos conejillos caídos en un pozo, 
me ensordecían tus senos con sus gritos.

autógrafo

Nicolás Guillén

 

 

 

 

 

 

UN SON PARA NIÑOS ANTILLANOS

Por el Mar de las Antillas 
anda un barco de papel: 
Anda y anda el barco barco, 
sin timonel.

De La Habana a Portobelo, 
de Jamaica a Trinidad, 
anda y anda el barco barco 
sin capitán.

Una negra va en la popa, 
va en la proa un español: 
Anda y anda el barco barco, 
con ellos dos.

Pasan islas, islas, islas, 
muchas islas, siempre más; 
anda y anda el barco barco, 
sin descansar.

Un cañón de chocolate 
contra el barco disparó, 
y un cañón de azúcar, zúcar, 
le contestó.

¡Ay, mi barco marinero, 
con su casco de papel! 
¡Ay, mi barco negro y blanco 
sin timonel!

Allá va la negra negra, 
junto junto al español; 
anda y anda el barco barco 
con ellos dos.

autógrafo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SOLDADO, APRENDE A TIRAR

Soldado, aprende a tirar: 
Tú no me vayas a herir, 
que hay mucho que caminar. 
¡Desde abajo has de tirar, 
si no me quieres herir! 
Abajo estoy yo contigo, 
soldado amigo. 
Abajo, codo con codo, 
sobre el lodo.

Para abajo, no, 
que allí estoy yo. 
Soldado, aprende a tirar: 
Tú no me vayas a herir, 
que hay mucho que caminar.

autógrafo

Nicolás Guillén

colás Guillén, 1947

 

 

 

 

CANTO NEGRO

¡Yambambó, yambambé! 
Repica el congo solongo, 
repica el negro bien negro; 
congo solongo del Songo 
baila yambó sobre un pie.

Mamatomba, 
serembe cuserembá.

El negro canta y se ajuma, 
el negro se ajuma y canta, 
el negro canta y se va. 
Acuememe serembó, 
                                      aé 
                              yambó, 
                                      aé.

Tamba, tamba, tamba, tamba, 
tamba del negro que tumba; 
tumba del negro, caramba, 
caramba, que el negro tumba: 
¡yamba, yambó, yambambé!

autógrafo

Nicolás Guillén

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