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Libro No. 472. Poesías de
Nicolás Guillen. Colección E.O. Agosto 24 de 2013.
Título original: © Poesías de Nicolás Guillen.
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Emancipación: Guillermo Molina Miranda
poesías
nicolas guillen
CONTENIDO
Introducción a la obra de
Nicolás Guillén. Nancy Morejón
A VECES...
ADIVINANZAS
AGUA DEL RECUERDO
MARTÍ
CANCIÓN
CANTO NEGRO
CAÑA
CHÉVERE...
GLOSA
NIEVE
CÓMO NO SER ROMÁNTICO
MUJER NUEVA
TENGO
CANCIÓN
ÉBANO REAL
EL ABUELO
ROSA TÚ MELANCÓLICA
EL ÁRBOL
CAÑA
EL NEGRO MAR
ADIVINANZAS
LA CANCIÓN DEL BONGÓ
FUSILAMIENTO
GUADALUPE W.I.
GUITARRA
PAS DE TÉLÉPHONE
LA MURALLA
PALMA SOLA
PIEDRA DE HORNO
MI PATRIA ES DULCE POR
FUERA...
PROBLEMAS DEL SUBDESARROLLO
MULATA...
NEGRO BEMBÓN
UN POEMA DE AMOR
NO SÉ POR QUÉ PIENSAS TÚ
PERO QUE TE PUEDA VER
UNA FRÍA MAÑANA...
UN SON PARA NIÑOS
ANTILLANOS
SOLDADO,
APRENDE A TIRAR
CANTO NEGRO
Obra poética
Introducción a la obra de Nicolás Guillén
Nancy
Morejón
Mucho más útil que reincidir en los
juicios ya digeridos por quienes han frecuentado la poesía de Guillén como
críticos profesionales, o como insaciables lectores, he querido entrar en el
estudio de aquellos puntos que han desatado enconadas polémicas o vivas
apoteosis; o que han sido los más conflictivos dentro de su gigantesca
bibliografía pasiva. Creo que ya va siendo hora de ajustar desenfoques, de
elucidar toda una suma de equívocos echados a rodar (repetidos en ingenuo
contagio) por cierta zona vasta crítica que acumuló el primer ciclo (Motivos de
son, Sóngoro cosongo, West Indies, Ltd.) de la obra poética de Guillén, sobre
todo en sus relaciones con el medio que la produjo. A la maniquea
interpretación de esta crítica, habría que añadir igualmente una buena dosis de
valores permeados de «criollismo», colonización cultural y posiciones de clase.
Ellos invalidan y desorientan todavía. Por lo que es éste el momento de encarar
y revisar definiciones y conceptos.
El primer libro que publica Nicolás
Guillén Motivos de son (1930), no muestra relación alguna con el
posmodernismo(1) americano y sí despliega los elementos conformadores de una
personalidad poética sui géneris. La perspectiva básica de este cuaderno reside
en el rigor y la profundidad con que el autor acomete una exploración verbal,
en cuanto a la forma; y en la rebeldía, de contenido, implícita en su temática.
Desde esta posición, se aniquila el contexto que había sedimentado la expresión
posmodernista; por lo que Motivos de son propone una vanguardia literaria que
escapa a los límites de una definición académica del término(2).
Entre nosotros, la tradición poética
modernista y posmodernista se resquebraja verdaderamente con la aparición del
lenguaje de los Motivos... Más que el hallazgo o la elección de un lenguaje, de
un habla popular, Motivos de son supone el aniquilamiento de toda la
parafernalia verbal del modernismo y sus secuelas. Todo ello con vista a
superar enteramente aquello que la expresión modernista había consumado, y
agotado, y que las intentonas «vanguardistas» (en el sentido académico del
término) habían esbozado sin lograrlo.
El «vanguardismo» fue una manera nuestra
de estar al día con el arte que se había producido en Europa; fue una actitud,
desprejuiciada en donde se tenía conciencia del atraso literario y artístico
que nos aletargaba; mediante la llamada a la creación, abría nuestras
anquilosadas y mohosas puertas a un quehacer artístico audaz y desmitificador,
no obstante sus callejones sin salida. No creo que únicamente haya servido para
inventariar aeroplanos, telégrafos, modernas civilizaciones, sino para dar un
toque de queda estético y dar la lección histórica de que cuando las relaciones
entre literatura y revolución no se hacen consecuentes, se degenera en un caos
político y artístico.
Los propugnadores del «vanguardismo»
-agrupados en torno a la Revista de avance- manifestaron cierta mansedumbre de
la forma.
La vanguardia en Guillén existe en la
medida en que su verso es ruptura y fundación, voluntad de estilo y rebelde del
carácter nacional.
El tratar de encontrar una expresión
poética nacional con una nueva actitud ante la lengua, esa es la vanguardia
cierta de Nicolás Guillén, la que implica revolución estilística, literaria y
social(3).
No se trata de una vanguardia por novedad
externa, sino por las intenciones de orden social ulteriores. Es el caso de
César Vallejo, en el Perú; y recuerdo los inmejorables criterios de Mariátegui
acerca del nuevo arte de comienzos de siglo:
En el mundo contemporáneo coexisten dos
almas, la de la revolución y la decadencia. Sólo la presencia de la primera
confiere a un poema o un cuadro valor de arte nuevo. No podemos aceptar como
nuevo un arte que no nos trae sino una nueva técnica. Eso sería recrearse en el
más falaz de los espejismos actuales. Ninguna estética puede rebajar el trabajo
artístico a una cuestión de técnica. La técnica nueva debe corresponder a un
espíritu nuevo también. Si no, lo único que cambia es el paramento, el decorado.
Y una revolución artística no se contenta de conquistas formales(4).
De modo que los Motivos de son no sólo
realizaron una conquista formal, la introducción del son como ritmo poético, a
la poesía culta, escrita, sino que en ellos están presentes temas que abrieron
las puertas del rescate cultural, de la descolonización, porque denunciaron la
injusticia social y la discriminación.
Para Guillén, Motivos de son es la primera
interrogación de la realidad. Partiendo de una unidad temática y estilística,
estos poemas son una revisión de las vivencias y experiencias raciales de
Guillén a su llegada a La Habana, en cuyos barrios más pobres se aglutinaron
los descendientes de cautivos africanos para organizarse y constituir diversos
focos de resistencia cultural. A través de esas experiencias, Guillén asume
directamente su condición de hombre negro. El poeta, en su afán de búsqueda, en
su inconformidad, inaugura un proceso de conocimiento de su condición humana.
Porque más que asustar al burgués, Guillén lo emplaza, al traer a la poesía
personajes y ambientes de las capas más populares y expoliadas.
Habría que observar que tras la
exploración verbal que se plantea el poeta, esos tipos frescos, populares,
cuestionan la vida, condicionada la suya por los prejuicios más monstruosos y
las circunstancias a que estuvieron sometidos. Se tratará más bien de
personajes del pueblo y sus respectivos arquetipos: Bito Manué, la Mulata, el
Negro bembón. Pero Guillén no deja que la expresión poética hallada desborde la
realidad que ha asumido, sino que encuentra un equilibrio que luego suscitará
las peores interpretaciones de la crítica burguesa. Por ejemplo, está claro que
en los Motivos... hay un tratamiento de la raza como concepto cultural y como
valor ético. Esto incluso continúa en Sóngoro cosongo (1931) y hasta en West
Indies, Ltd. (1954). No pocos críticos han querido encasillar la obra de
Guillén (teniendo en cuenta exclusiva su primer libro) en los límites de la
denominación de poesía negra. Ha sido una manía -un vicio-, acatada y
difundida. No entendieron jamás que se trataba de la aparición de una poesía
que hablaba al negro y del negro para hallar su justo papel en la cultura
nacional y para definir su aporte a ella. No es el negro como elemento aislante
sino como elemento integrante. La raza va a estar ligada más tarde a la idea
del ancestro, ya abordado en otra complejidad ideológica y temática. En esta
primera tentativa, el poeta deja entrever que al tratar esos temas reclama un
control para sus conflictos internos, y que los conjuga, trascendiéndolos, con
los de su colectividad racial inmediata. Un dilema de carácter individual se
extiende a todo un núcleo de la humanidad.
En el transcurso de los poemas, Guillén
desarrolla, por la palabra poética, sus íntimos conflictos, como antes apunté.
La poesía se convierte en el espacio testimonial de su yo vital, comprometido
en su yo poético. Así, los poemas que evocan el paisaje del negro en los
barrios pobres de la capital forman parte de una secuencia más amplia en la que
el yo poético plantea su propio destino ante esas vidas y personajes del pueblo
cubano. El yo poético actúa en este libro a través de un coloquialismo descriptivo.
Entiéndase coloquialismo en el sentido acreditado a la más actual poesía
latinoamericana.
La poesía de Motivos de son impone, por
otra parte, una realidad desconocida o distorsionada, o dada periféricamente;
será un fresco y un testimonio. La poesía es el instrumento para indagar una
realidad o un contexto, y por ello es experiencia, necesidad y justicia. Al
mismo tiempo, los Motivos... son la poesía combativa de los prejuicios
raciales. Encuentran una expresión nacional e inician un proceso de
descolonización cultural, como antes dije. El poema que abre el libro así lo
demuestra. Él inaugura dicho proceso. «Negro bembón», apertura y recuento, es
la poética de los Motivos porque resume, sintetiza la esencia del juego verbal
y del cuestionamiento del tema céntrico del libro: el hombre negro en busca de
su identidad, la denuncia de la expoliación de su condición humana:
¿Po
qué te pone tan brabo,
cuando
te disen negro bembón,
si
tiene la boca santa,
negro
bembón?
(5)
Guillén descubre al alienado negro cubano
su propia belleza, rescatándosela de las manos a la supremacía de los cánones
griegos o latinos impuestos durante la Colonia.
Los poemas «Hay que tené boluntá», «Búcate
plata» son una clara denuncia de la crisis económica de la época, que se
correspondía, a nivel internacional, con la crisis económica más profunda que
haya sufrido el capitalismo en todo su desarrollo, la de 1929. «Tú no sabe
inglé» representa una de las primeras alusiones antimperialistas del poeta
nacional.
Por el reto y la audacia en las
intenciones, por el hallazgo en la expresión poética, por el modo tajante con
que abrieron la brecha para desmoronar los valores del orden burgués, extiendo
a los Motivos de son la acepción integral del término vanguardia.
En el lenguaje de los Motivos, al
reproducir el habla de los negros habaneros, está implícito el deseo del poeta
de recuperar la «lengua perdida»; como bien nombrara Martínez Estrada: la
«lengua de los vencidos». El «Canto negro», de Sóngoro cosongo, es una
verdadera incógnita literaria. ¿Encantamiento del poeta por la palabra?
¿Vestigios lingüísticos yorubas? ¿Deseo imperioso de refundar el mundo perdido,
de restaurar la lengua ancestral aniquilada ante la imposición de otra, de
donde se esfumara?
Los Motivos, estilísticamente, no tienen
antecedentes en la historia de la poesía escrita (culta) de la nación, aunque
sí en la oral de antigua procedencia mestiza. Es evidentemente palpable la
presencia de letras de guarachas, pregones callejeros, comparsas y rumbas,
descontando la de los sones, por obvia. Algunos han sustentado la teoría de una
influencia en los Motivos del teatro y las letrillas de Lope y Góngora. No creo
que Guillén tuviera que recurrir a lo libresco, lo meramente literario, cuando
nos consta que esta poesía era su propia experiencia personal. Simplemente, se
conjugaron la tradición oral y escrita de nuestro pueblo; una se integró a la
otra.
La reproducción de la lengua hablada de
los barrios pobres habaneros (versiones cubanas del ghetto negro
norteamericano) -que desciende de la lengua bozal de los cautivos africanos
aglutinados en ellos-, es ya uno de los elementos constitutivos de la expresión
lingüística, agresiva e insurrecta, que diera a los Motivos su justo
calibre(6).
Sobre el asunto de la poesía española, tan
debatido, y su influencia en la de Guillén, pienso que sobre todos nuestros
poetas es él quien mejor ha asimilado y amoldado su lengua. Guillén es el más
«español» de los poetas cubanos, sin duda alguna. Ninguna influencia francesa;
ni a través siquiera de Darío, ni por el reflejo de lo francés en lo español.
En él no se encuentran rasgos de surrealismo, ni de dadaísmo; aunque no dejó de
conocerlos y leerlos. Sus lecturas formadoras y definitivas fueron los clásicos
españoles: Quevedo, Góngora, Garcilaso, Fernando de Herrera, Cervantes. Siempre
se ha marginado la veta elegíaca de Guillén, y su lógica preferencia por los
elegíacos españoles. Sé de su predilección por Quevedo, en la medida en que la
obra de éste refleja la tragedia española, en que devela su conciencia de la
decadencia de España. Guillén ha manifestado que «en general [...] mucha poesía
del siglo de oro es tremendamente retórica y falsa. Donde hay la poesía más
pura dentro de aquel mar de retórica es en la del Quijote, que es un mar de
poesía, aunque esté escrito en prosa». Siente una gran admiración por los
poetas del Renacimiento, por el Arcipreste de Hita; prefiere su estilo directo,
sarcástico, refranero, popular. Tiene que ver con su modo de ver la poesía.
Berceo le gusta fundamentalmente porque este poeta se aproxima a muchas maneras
del decir contemporáneo.
La importancia de Guillén para la lengua
ya fue destacada por Miguel de Unamuno, quien hizo constar la lección
lingüística que significaba la obra del cubano. Nunca puedo dejar de asociar
este hecho, la carta de Unamuno a Guillén en 1932, con la actitud que más de
veinticinco años después iba a tomar André Bretón con respecto a la poesía de
Aimé Césaire, el gran poeta martiniqueño(7). Para estupor de la poesía francesa
escrita en Francia, nadie manejó la lengua como la había manejado Césaire. Los
«indígenas de ultramar» daban una lección de historia.
Es una prueba más, en ambos casos, de la
tragedia lingüística que impone la colonización. A partir de este hecho
histórico, la lengua española, en nuestro caso, conoce una dicotomía: una
lengua ideal y otra factual. El léxico y la fonética de los hispanoparlantes en
América es la segunda; la de los peninsulares, la primera. Ante esta
disyuntiva, Guillén escogió la resistencia y trajo a la literatura la lengua de
los bozales. Todos sabemos que desistió del romántico empeño y moldeó entonces
como nadie, la lengua de los vencedores. En aquel momento, los «civilizados» lo
señalaron con el dedo, lo acusaron de «bárbaro», sin percatarse de que los
Motivos desencadenaban en la nación un decisivo y sintomático combate entre los
«letrados artificiales» (los «falsos eruditos») y «el hombre natural».
Se ha visto, sobre todo en la poesía
contemporánea, que cuando el poeta medita sobre sus instrumentos de trabajo -la
poesía misma y la palabra- entra a cuestionar su yo poético y sus distintas
funciones. Esto no se plantea en las diversas poéticas de Guillén, porque ha
conquistado un lenguaje y una expresión, sobre los que no reflexiona porque los
sabe suyos y seguros. La poesía para nuestro poeta no es un ejercicio
misterioso, la vida no es concebida nunca como padecimiento; su palabra no cesa
de construir sueños y quimeras.
Los hallazgos formales de la poética de
Guillén son: un verso amplio, discursivo, más o menos de reflexión, en el que
el yo poético se ajusta al vital y viceversa; un verso de molde clásico (el de
la tradición poética hispánica ejercido por Góngora, Garcilaso y Quevedo,
principalmente) en el que el yo poético no es un yo sino un nosotros, cultural
o épico (un monólogo plural casi, proveniente del nosotros whitmaniano), al que
integra formas propias de la híbrida cultura nacional; un verso breve, de nominaciones
elípticas, útil al poeta para la sátira, y ejercitado en sus sones, epigramas y
madrigales. Este último verso es la base de El gran zoo, y de secciones de La
rueda dentada. Por ejemplo, en West Indies, Ltd., poema fluvial, prosaico,
quevedesco, Guillén se arriesga a experimentar con nuevas formas poéticas no
tocadas por él ni acostumbradas en su poesía. El estilo formal de este poema es
el embrión de la Elegía a Jesús Menéndez. Aquí, pues, Guillén pone en tela de
juicio su concepto del verso libre, agudizando la expresividad del verso
whitmaniano. West Indies es un fresco patético. Es un Guillén irónico, amargo,
iracundo. En este texto aflora un desajuste entre el poeta y su contexto
social: la frustración de la revolución del 30.
El momento de tránsito donde ya aparece
formulada como poética la conciencia crítica de la palabra, se detecta en El
son entero (1947). Recordemos «Guitarra». De este libro a La paloma de vuelo
popular (1958) se establece la teoría de los círculos concéntricos. Si no,
comparemos cada una (las dos) de las artes poéticas centrales de ambos libros.
La poética de La paloma... sólo clausura una visión de la poesía para,
intrínsecamente, esbozar otra sin recurrir de modo exclusivo al aspecto formal.
Esta aventura enraizada, que fueron los
Motivos de son, para destruir la retórica de la época e inaugurar una nueva y
válida expresión de la nacionalidad, fue un camino de conocimiento, y tendrá en
Sóngoro cosongo su principal, su consecuente desarrollo, su continuidad
temporal.
Cierta crítica decidió negar la
correlación entre este cuaderno y Motivos de son, además de la de estas dos
obras con el resto de la obra de Guillén. Estas posiciones me han parecido
erróneas. De los Motivos a Sóngoro cosongo encontramos una diferencia, un
espacio que niega y que reitera, y a la vez una innegable continuidad. ¿Proceso
evolutivo? A las claras. Sóngoro... continúa la ruptura, pero asumiéndola con
mayor conciencia, y en él se reinstaura la aventura de un nuevo conocimiento
poético expuesto en el libro que precedía a éste. Baste señalar que el título
del cuaderno procede de un verso del motivo «si tú supiera...», de 1930. De
modo que en Guillén hay que entender y ver una temporalidad continuada: como
cuando tiramos una piedra al agua quieta de un estanque y se crean inevitables,
infinitos círculos concéntricos, de los que hablé hace un momento. Su obra está
estructurada de esa forma. Sóngoro es un nuevo comienzo, otro inicio, una
revisión, una nueva transitoriedad. El propio Guillén lo propone en la poética
central del libro, el fundador poema «Llegada», ya asimilada la rebelión formal
que habían sido los ocho motivos. Las imágenes de Sóngoro cosongo se
caracterizan por un mayor grado de efectividad. El poeta reordena su verbo, su
planteamiento intelectual, da nacimiento abrupto a las contradicciones que
luego irán a constituir el cuerpo de su poesía. En este libro se estructura
buena parte de la futura personalidad poética de Guillén, y su dimensión
americana.
Aunque la realidad lingüística de Guillén
es otra que la de Jacques Roumain, o la de Césaire y la de Langston Hughes, es
pertinente señalar que su contexto histórico, cultural y político conlleva no
pocos elementos comunes. No hay que olvidar que la lengua es un vínculo y no un
fin. Los poetas que mencioné más arriba (Roumain, Césaire y Hughes) tienen la
experiencia histórica común de ser descendientes de esclavos africanos;
nacieron en sociedades traumatizadas por las estructuras racistas en que se sustenta
el régimen colonial y el capitalismo. Los poemas «Llegada»(8) (Sóngoro cosongo)
y «El apellido» (La paloma de vuelo popular) le confieren a Guillén una
irreductible trascendencia americana por encarnar en estos textos el trauma
vivido en países americanos como Brasil, los Estados Unidos y las islas del
área del Caribe. La presencia africana en el continente americano, nacida de la
implantación de la esclavitud, su huella definitiva, aparecen en nuestra
literatura con estos poemas que distan entre sí veintisiete años. El primero,
de 1931, y el segundo, de 1958. Aquí adquiere Guillén un carácter visionario
por cuanto define la idiosincrasia, la naturaleza de la América insular. La
cultura del hombre de América fue conformada por otras muchas, de donde la suya
es una de tipo residual. Se trata, por otra parte, de concederle el justo
lugar, el verdadero sentido histórico que tiene, al elemento humano que aportó
la mano de obra en las relaciones de producción habidas en las zonas del
continente afectadas, en especial, por la esclavitud:
nuestra
piel sudorosa reflejará los rostros
húmedos
de los vencidos(9).
Nadie antes (1931) se había percatado así
de esta presencia, y de ese hecho histórico. Alerta contra el exotismo europeo,
contra el deslumbramiento ante civilizaciones usurpadoras:
Y
ahora que Europa se desnuda
para
tostar su carne al sol
y
busca en Harlem y en La Habana
jazz y
son
lucirse
negro mientras aplaude el bulevar,
y
frente a la envidia de los blancos
hablar
en negro de verdad(10).
En este libro culmina el intento de
descolonización apuntado en el poema «Negro bembón». A través de un nuevo
tratamiento del eros, en los madrigales, Guillén enfrenta la batalla estética
del hombre negro por recuperar su belleza, adulterada y relegada por el
sistema. La mujer es el medio más idóneo para llevar a cabo ese reconocimiento
estético, que tiene una inmensa carga ideológica. El pensamiento revolucionario
se sirve del tema erótico para cumplirse:
Tu
vientre sabe más que tu cabeza
y
tanto como tus muslos.
Esa es
la fuerte gracia negra
de tu
cuerpo desnudo.
Signo
de selva el tuyo,
con
tus collares rojos,
tus
brazaletes de oro curvo,
y ese
caimán oscuro
nadando
en el Zambeze de tus ojos.
El instante clave de la carrera literaria
de Nicolás Guillén se encuentra en los dos libros que publicó fuera de Cuba, en
1937, ellos son: España. Poema en cuatro angustias y una esperanza y Cantos
para soldados y sones para turistas. Es el momento de su adhesión material al
movimiento revolucionario comunista.
Convulsionado el mundo por las
consecuencias de la Primera guerra mundial, intelectuales, escritores y
artistas radicalizaron sus posiciones políticas. Como la lucha revolucionaria
era insoslayable, en nuestro continente los partidos comunistas, o se fundaron
(México, Perú) o se reestructuraron. Parte de la vanguardia artística se
decidió firmemente por la militancia política; o bien dejó a un lado su
creación, o bien la puso al servicio de la revolución proletaria mundial, y
contra el fascismo creciente. La sensibilidad de la época estaba permeada por
la necesidad de realizar la revolución social(12).
El acontecimiento que por excelencia
aglutina las fuerzas de la revolución, es la guerra civil española, durante la
cual se celebro el 11 Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de
la Cultura. Allí coincidieron Neruda y Vallejo, Miguel Hernández y Langston
Hughes, Alejo Carpentier, Juan Marinello y Félix Pita Rodríguez, Heinrich Mann
y Tristan Tzara, René Maran y André Malraux, Vicente Huidobro y Antonio
Machado, León Felipe y Cernuda, Alberti, Alexei Tolstoi y Ehremburg. No
casualmente es que ese mismo año 1937, en Valencia, Guillén ingresa en el
Partido comunista(13).
El poema España... no es sólo un canto de
solidaridad en el que la creación artística se subordina, autoritaria, a una
idea, sino también una manera de hallar Guillén su otra identidad, junto al
ejercicio de una educación partidista.
Por su parte, Cantos para soldados y sones
para turistas era una premonición política de la revolución cubana y del estado
actual de América; era una «acertada expresión lírica de lo político», según
las palabras de Juan Marinello. Decía éste en su prólogo:
Por la calidad, por la naturaleza de sus
poemas, este libro es conflicto y solución, aventura y triunfo, experiencia y
culminación. Hay en estos versos hazaña atrevida y conquista señera. No se
exagera al decir que desde aquí se muestra un modo nuevo, inusitado, de poesía
revolucionaria. Y puede afirmarse, sin miedos, que toda poesía política que se
realice hoy en nuestras tierras ha de lucir, en la entraña, la sustancia de
estos cantos limpios y fuertes.
Aquí está la trascendencia americana de
Guillén: su genio para conjugar vanguardia artística y vanguardia política; su
genio poético mantuvo la coherencia temática y estilística hasta diseñar una
espiral, su genio histórico revela una conciencia de clase y de origen al
hombre negro de América, descendiente de cautivos africanos; su genio,
visionario, vislumbró la revolución cubana que dirigiría Fidel Castro. La
«Elegía a un soldado vivo» contiene los elementos de un verdadero programa
revolucionario:
Esta
paz es culpable.
¡Cuándo
será que hable
tu
boca, y que tu rudo pecho grite,
se
rebele y agite!
Tú,
paria en Cubo, solo y miserable,
puedes
rugir con voz del Continente:
la
sangre que te lleva en su corriente
es la
misma en Bolivia, en Guatemala,
en
Brasil, en Haití... Tierras oscuras,
tierras
de alambre para vuelo y ala,
quemadas
por iguales calenturas,
secos
a golpes de puñal y bala,
en las
que garras duras
están
con pico y pala
día y
noche cavando sepulturas(14).
Guillén aborda el tema de la caña de
azúcar adjudicándole un nuevo sentido: en lo formal, epigramático; en el
contenido, antimperialista. Su único antecedente literario en nuestra poesía es
La zafra de Agustín Acosta, que Julio Antonio Mella definió así: «La zafra es
el primer gran poema político de la última etapa de la República.(15)» El libro
lo fue, en verdad. En el siglo XIX, nuestra poesía se vio expuesta a los
embates del «paisajismo». La mayoría de los poetas, románticos o modernistas,
aludía a la caña de azúcar, pero como ornamento, como integrante de una
ecología imposible de no advertir gracias a su naturaleza exuberante. Se
hablaba de la caña de azúcar como se hablaba de las palmas. La zafra, junto al
combativo «Poema de los cañaverales» de Pichardo Moya, destierra de nuestra
poesía esa visión de la caña de azúcar, dándole un carácter nacional. No
obstante, su autor no sobrepasó ciertas fronteras. Más que «fallo
individualista», más que «criterio individualista», como decía Mella, hay mejor
un inconsciente interés de clase:
...El libro expresa, políticamente, el
ideal, la protesta del colono que se siente amenazado, y del antiguo hacendado,
cubano, arruinado por el central norteamericano. Es justa y real esta protesta.
Pero hay algo más. El Central yanqui -la penetración imperialista con palabras
generales- no es un fenómeno de hoy. Si la «independencia» existió, fue
precisamente porque ya comenzaba a existir ese Imperialismo que hoy tanto nos
asusta. Éste es un hecho no fatal, en el concepto místico de la palabra, sino una
realidad que obedece al determinismo histórico [...] El colono luchará contra
el yanqui hasta que obtenga una mejora temporal, o será completamente vencido y
convertido en un proletario puro para trabajar la tierra al gringo(16).
La caña determinó nuestro destino
histórico desde que su cultivo propiciara la implantación orgánica del régimen
esclavista. Bien es sabido que éste es el denominador común de la economía en
las Antillas.
Aunque argumentara neutralidad, Acosta
-cuyo verso no es sino una dependencia aguda del de Rubén Darío- fue un
denunciador mediatizado del drama económico de Cuba. Acosta rehuyó el
compromiso político:
No quisiera que al juzgar este canto se me
crea un poeta de muchedumbres. A la inversa de mi llorado Rubén [Darío], yo sé
que no he de ir a las muchedumbres, porque cuando ellas lleguen a mi verso
dejarán de serlo(17).
Actualmente es un apátrida.
Guillén es quien introduce, pues, el
aliento antimperialista al tratar el tema de la caña de azúcar:
El
negro
junto
al cañaveral.
El
yanqui sobre el cañaveral.
La
tierra
bajo
el cañaveral.
¡Sangre
que se
nos va!
(«Caña»)(18)
Su antimperialismo, que ha permeado
sensiblemente toda su obra, se hace fundamento en la Elegía a Jesús Menéndez
(1958), cuyo antecedente integral es West Indies, Ltd.(19) (1934), como dije
antes. La ubicación temporal de éste son los años que suceden al trienio
sombrío, a la caída de Machado y a la frustración de la revolución del 33. En
este último realiza una toma de conciencia, desmitificadora, de la existencia
en las Antillas de un status típicamente colonial, y por ende, uno de los
subdesarrollos más críticos de América. No sólo rechaza la miseria de la
alienación, declarándola como un vicio del mundo moderno en las islas del
Caribe, sino la palpable in gerencia yanqui en ellas, en sus formas más
cumplidas y sistemáticas.
La obra de Nicolás Guillén ha generado una
copiosa bibliografía crítica, en la mayoría de los casos exaltada y elogiosa,
no exenta de mejores intenciones así como de equívocos. En reiteradas
ocasiones, nos hallaremos ante una crítica impresionista, aunque objetiva por
momentos. Las discrepancias que han resultado de ella, se refieren a la
ubicación del poeta en las diversas nomenclaturas que la moderna historia
literaria ha empleado para definir movimientos como el llamado «negrismo»
(«afrocubanismo», «mulatismo», etc.), o la negritud; o para censurar la
presencia de conceptos políticos en su poesía. Es obvio que este tipo de
consideraciones prevalece en la crítica literaria de franca o extrema derecha,
y con algún que otro atenuante, hasta en «librepensadores». Lo que se detracta
es una de las líneas más ricas y sagaces de Guillén: su antimperialismo y sus
ideas políticas puestas al servicio de las clases oprimidas y en favor de la
revolución proletaria mundial(20); o bien para destacar las claras relaciones
contextuales de la poesía de Guillén con las distintas civilizaciones
africanas.
La Habana, junio de 1972.
1. En 1922, Guillén recogió sus poemas de
adolescencia en el libro Cerebro y corazón, inédito hasta que lo publicara
Ángel Augier en la reedición de su biografía, Nicolás Guillén; notas para un
estudio biográfico-crítico, en 1965. De corte modernista, estos poemas
presentan la influencia literaria de Rubén Darío y de Silva. Hay sonetos y
versos libres al estilo de la «Epístola a Madame Lugones» del nicaragüense.
Otros poemas son el antecedente de «Al margen de mis libros de estudio». El
poema «Ansia» es una verdadera arte poética precursora de «Guitarra», en El son
entero (1947).
2. Como lo ha concebido nuestra crítica,
por ejemplo, ha sido de una manera estrecha, restringido al grupo de la Revista
de Avance -primer órgano difusor de los ismos europeos-, y a algunos textos
poéticos, los primeros, de autores como Manuel Navarro Luna y Félix Pita
Rodríguez. No es esa la filiación exacta que le confiero a este término.
Debemos ensanchar sus límites de significación.
3. Esto se aplica perfectamente al resto de
su obra, y llega a su punto culminante en Cantos para soldados y sones para
turistas, libro en que el poeta hace posible la identificación de la vanguardia
artística con la política.
4. «El artista y la época», en Casa de las
Américas, La Habana, a. XII, nº. 68, set.-oct. de 1971, p. 16.
5. Nicolás Guillén: Antología mayor 2ª ed.,
La Habana, ed. Huracán, 1969, p. 27.
6. Esta forma de hablar del esclavo
africano ha condicionado en gran medida el habla popular cubana. Mucha poesía
norteamericana conlleva estos giros idiomáticos, los que corresponden a un
fenómeno similar dentro de la lengua inglesa.
7. Aimé Césaire: Cahier du retour au pays
natal. Préface d'André Breton, Lyon, ed. Bordas, 1947. Hay edición cubana
publicada por la Casa de las Américas.
8. El único antecedente, y en lengua
inglesa, es el de Langston Hughes en su poema «I, too» (Yo también) o el
«Prelude» (Preludio) de Weary Blues (1926). Coincidencia de contextos, no
influencia.
9. Nicolás Guillén: Antología mayor, 2ª
ed., La Habana, ed. Huracán, 1969, p. 36.
10. Guillén: op. cit., p. 39.
11. Guillén, op. cit., p. 40.
12. «La militancia de los estudiantes e
intelectuales en aquellos tiempos iniciales del movimiento comunista no deja
lugar a dudas. Los más convencidos entre ellos -Diego Rivera, César Vallejo,
Rubén Martínez Villena- visitaron la Unión Soviética. Además de su trabajo
dentro o junto al Partido comunista los intelectuales de ese período estaban
asociados con el movimiento sindical y las ligas antimperialistas.» Jean
Franco: op. cit., p. 145.
13. Cuando regresa a Cuba despliega una
intensa labor periodística, sobre todo en la revista Mediodía, de la que fue
fundador.
14. Nicolás Guillén: Antología mayor. 2ª
ed., La Habana, ed. Huracán, 1969, p. 107.
15. «Un comentario a La zafra de Agustín
Acosta», en Bohemia, La Habana, a. LV, n. 32, 9 de ago. de 1963, p. 70.
16. Mella: art. cit., p. 71.
17. Agustín Acosta: La zafra; poema de
combate. La Habana, ed. Minerva, 1926, p. 5.
18. Este poema, que apareció en Sóngoro
cosongo (1931), fue publicado el 27 de jul. de 1930 en la página «Ideales de
una raza» del Diario de la Marina. Hay también dos poemas anteriores con la
misma implicación: «Futuro» (1927) y «Oda a Kid Chocolate» (1929), que hoy
conocemos como «Pequeña oda a un negro boxeador cubano».
19. La importancia de West Indies, Ltd. es
que a él concurren todos los temas de Guillén, y la mayoría de los recursos
naturales formales que el poeta ejercitará de ahora (1934) en adelante hasta
sus últimos poemas (supongamos el reciente El diario que a diario).
20. Como ilustración de este género de
tendencia, véase Adriana Tous: La poesía de Nicolás Guillén, Madrid, ed.
Cultura hispánica, 1971.
http://www.cervantesvirtual.com/bib/bib_autor/Guillen/obra.shtml
A VECES...
A veces tengo ganas de ser un cursi
para decir: La amo a usted con locura.
A veces tengo ganas de ser tonto
para gritar: ¡La quiero tanto!
A veces tengo ganas de ser un niño
para llorar acurrucado en su seno.
A veces tengo ganas de estar muerto
para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos,
que me crece una flor rompiéndome el pecho,
una flor, y decir: Esta flor,
para usted.
Nicolás Guillén
ADIVINANZAS
En los dientes, la mañana,
y la noche en el pellejo.
¿Quién será, quién no será?
—El negro.
Con ser hembra y no ser bella,
harás lo que ella te mande.
¿Quién será, quién no será?
—El hambre.
Esclava de los esclavos,
y con los dueños tirana.
¿Quién será, quién no será?
—La caña.
Escándalo de una mano
que nunca ignora la otra.
¿Quién será, quién no será?
—La limosna.
Un hombre que está llorando
con la risa que aprendió.
¿Quién será, quién no será?
—Yo.
Nicolás Guillén, 1934
AGUA DEL RECUERDO
¿Cuándo fue?
No lo sé.
Agua del recuerdo
voy a navegar.
Pasó una mulata de oro,
y yo la miré al pasar:
Moño de seda en la nuca,
bata de cristal,
niña de espalda reciente,
tacón de reciente andar.
Caña
(febril le dije en mí mismo),
caña
temblando sobre el abismo,
¿quién te empujará?
¿Qué cortador con su mocha
te cortará?
¿Qué ingenio con su trapiche
te molerá?
El tiempo corrió después,
corrió el tiempo sin cesar,
yo para allá, para aquí,
yo para aquí, para allá,
para allá, para aquí,
para aquí, para allá...
Nada sé, nada se sabe,
ni nada sabré jamás,
nada han dicho los periódicos,
nada pude averiguar,
de aquella mulata de oro
que una vez miré al pasar,
moño de seda en la nuca,
bata de cristal,
niña de espalda reciente,
tacón de reciente andar.
Nicolás Guillén, 1947
MARTÍ
¡Ah, no penséis que su voz
es un suspiro! Que tiene
manos de sombra, y que es
su mirada lenta gota
lunar temblando de frío
sobre una rosa.
Su voz
abre la piedra, y sus manos
parten el hierro. Sus ojos
llegan ardiendo a los bosques
nocturnos; los negros bosques.
Tocadle: Veréis que os quema.
Dadle la mano: Veréis
su mano abierta en que cabe
Cuba como un encendido
tomeguín de alas seguras
en la tormenta. Miradlo:
Veréis que su luz os ciega.
Pero seguidlo en la noche:
¡Oh, por qué claros caminos
su luz en la noche os lleva!
Nicolás Guillén
CANCIÓN
¡De qué callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera
la primavera!
(Yo, muriendo.)
Y de qué modo sutil
me derramó en la camisa
todas las flores de abril.
¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
(No soy tanto.)
En cambio, ¡qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!
¡De qué callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera
la primavera!
(Yo, muriendo.)
Nicolás Guillén
CANTO NEGRO
¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Songo
baila yambó sobre un pie.
Mamatomba,
serembe cuserembá.
El negro canta y se ajuma,
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.
Acuememe serembó,
aé
yambó,
aé.
Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!
Nicolás Guillén
CAÑA
El negro
junto al cañaveral.
El yanqui
sobre el cañaveral.
La tierra
bajo el cañaveral.
¡Sangre
que se nos va!
Nicolás Guillén, 1931
CHÉVERE...
Chévere del navajazo,
se vuelve él mismo navaja:
Pica tajadas de luna,
mas la luna se le acaba;
pica tajadas de canto,
mas el canto se le acaba;
pica tajadas de sombra,
mas la sombra se le acaba,
y entonces pica que pica
carne de su negra mala.
Nicolás Guillén, 1931
GLOSA
No sé si me olvidarás,
ni si es amor este miedo;
yo sólo sé que te vas,
yo sólo sé que me quedo.
ANDRÉS ELOY BLANCO
1
Como la espuma sutil
con que el mar muere deshecho,
cuando roto el verde pecho
se desangra en el cantil,
no servido, sí servil,
sirvo a tu orgullo no más,
y aunque la muerte me das,
ya me ganes o me pierdas,
sin saber que me recuerdas
no sé si me olvidarás.
2
Flor que sólo una mañana
duraste en mi huerto amado,
del sol herido y quemado
tu cuello de porcelana:
Quiso en vano mi ansia vana
taparte el sol con un dedo;
hoy así a la angustia cedo
y al miedo, la frente mustia...
No sé si es odio esta angustia,
ni si es amor este miedo.
3
¡Qué largo camino anduve
para llegar hasta ti,
y qué remota te vi
cuando junto a mí te tuve!
Estrella, celaje, nube,
ave de pluma fugaz,
ahora que estoy donde estás,
te deshaces, sombra helada:
Ya no quiero saber nada;
yo sólo sé que te vas.
4
¡Adiós! En la noche inmensa
y en alas del viento blando,
veré tu barca bogando,
la vela impoluta y tensa.
Herida el alma y suspensa
te seguiré, si es que puedo;
y aunque iluso me concedo
la esperanza de alcanzarte,
ante esa vela que parte,
yo sólo sé que me quedo.
Nicolás Guillén, 1947
NIEVE
Como la nieve cae aquí,
nieva también dentro de mí.
(Verlaine con nieve, ¿no es así?)
De ti me acuerdo —ya sin ti.
¿A qué llorar, me digo yo,
por quien no llora ni lloró?
Si estuve escrito, me borró,
si ardí un instante, me apagó.
Caiga la nieve, está muy bien.
Mas no por eso va Guillén
a entristecerse si no hay quien
del mismo mal muera también.
Literatura, en realidad,
nimia de toda nimiedad.
¿Que está nevando en la ciudad?
Al fin y al cabo es la verdad.
Nicolás Guillén
CÓMO NO SER ROMÁNTICO
Cómo no ser romántico y siglo XIX,
no me da pena,
cómo no ser Musset
viéndola esta tarde
tendida casi exangüe,
hablando desde lejos,
lejos de allá del fondo de ella misma,
de cosas leves, suaves, tristes.
Los shorts bien shorts
permiten ver sus detenidos muslos
casi poderosos,
pero su enferma blusa pulmonar
convaleciente
tanto como su cuello-fino-modigliani,
tanto como su piel-margarita-trigo-claro,
Margarita de nuevo (así preciso),
en la chaise longue ocasional tendida
ocasional junto al teléfono,
me devuelven un busto transparente
(nada, no más un poco de cansancio).
Es sábado en la calle, pero en vano.
Ay, cómo amarla de manera
que no se me quebrara
de tan espuma tan soneto y madrigal,
me voy no quiero verla,
de tan Musset y siglo XIX
cómo no ser romántico.
Nicolás Guillén
MUJER NUEVA
Con el círculo ecuatorial
ceñido a la cintura como a un pequeño mundo,
la negra, la mujer nueva,
avanza en su ligera bata de serpiente.
Coronada de palmas
como una diosa recién llegada,
ella trae la palabra inédita,
el anca fuerte,
la voz, el diente, la mañana y el salto.
Chorro de sangre joven
bajo un pedazo de piel fresca,
y el pie incansable
para la pista profunda del tambor.
Nicolás Guillén
TENGO
Cuando me veo y toco,
yo, Juan sin Nada no más ayer,
y hoy Juan con Todo,
y hoy con todo,
vuelvo los ojos, miro,
me veo y toco
y me pregunto cómo ha podido ser.
Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de andar por mi país,
dueño de cuanto hay en él,
mirando bien de cerca lo que antes
no tuve ni podía tener.
Zafra puedo decir,
monte puedo decir,
ciudad puedo decir,
ejército decir,
ya míos para siempre y tuyos, nuestros,
y un ancho resplandor
de rayo, estrella, flor.
Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de ir
yo, campesino, obrero, gente simple,
tengo el gusto de ir
(es un ejemplo)
a un banco y hablar con el administrador,
no en inglés,
no en señor,
sino decirle compañero como se dice en español.
Tengo, vamos a ver,
que siendo un negro
nadie me puede detener
a la puerta de un dancing o de un bar.
O bien en la carpeta de un hotel
gritarme que no hay pieza,
una mínima pieza y no una pieza colosal,
una pequeña pieza donde yo pueda descansar.
Tengo, vamos a ver,
que no hay guardia rural
que me agarre y me encierre en un cuartel,
ni me arranque y me arroje de mi tierra
al medio del camino real.
Tengo que como tengo la tierra tengo el mar,
no country,
no jailáif,
no tenis y no yacht,
sino de playa en playa y ola en ola,
gigante azul abierto democrático:
en fin, el mar.
Tengo, vamos a ver,
que ya aprendí a leer,
a contar,
tengo que ya aprendí a escribir
y a pensar
y a reír.
Tengo que ya tengo
donde trabajar
y ganar
lo que me tengo que comer.
Tengo, vamos a ver,
tengo lo que tenía que tener.
Nicolás Guillén, 1964
Cuando yo vine a este mundo,
nadie me estaba esperando;
así mi dolor profundo
se me alivia caminando,
pues cuando vine a este mundo,
te digo,
nadie me estaba esperando.
Miro a los hombres nacer,
miro a los hombres pasar;
hay que andar,
hay que mirar para ver,
hay que andar.
Otros lloran, yo me río,
porque la risa es salud:
Lanza de mi poderío,
coraza de mi virtud.
Otros lloran, yo me río,
porque la risa es salud.
Camino sobre mis pies,
sin muletas ni bastón,
y mi voz entera es
la voz entera del son.
Camino sobre mis pies,
sin muletas ni bastón.
Con el alma en carne viva,
abajo, sueño y trabajo;
ya estará el de abajo arriba
cuando el de arriba esté abajo.
Con el alma en carne viva,
abajo, sueño y trabajo.
Hay gentes que no me quieren,
porque muy humilde soy;
ya verán cómo se mueren
y que hasta a su entierro voy,
con eso y que no me quieren
porque muy humilde soy.
Miro a los hombres nacer,
miro a los hombres pasar;
hay que andar,
hay que vivir para ver,
hay que andar.
Cuando yo vine a este mundo,
te digo,
nadie me estaba esperando;
así mi dolor profundo,
te digo,
se me alivia caminando,
te digo,
pues cuando vine a este mundo,
te digo,
¡nadie me estaba esperando!
Nicolás Guillén, 1947
CANCIÓN
¡De qué callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera
la primavera!
(Yo, muriendo.)
Y de qué modo sutil
me derramó en la camisa
todas las flores de abril.
¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
(No soy tanto.)
En cambio, ¡qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!
¡De qué callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera
la primavera!
(Yo, muriendo.)
Nicolás Guillén
ÉBANO REAL
Te vi al pasar, una tarde,
ébano, y te saludé;
duro entre todos los troncos,
duro entre todos los troncos,
tu corazón recordé.
Arará, cuévano,
arará sabalú.
—Ébano real, yo quiero un barco,
ébano real, de tu negra madera...
Ahora no puede ser,
espérate, amigo, espérate,
espérate a que me muera.
Arará, cuévano,
arará sabalú.
—Ébano real, yo quiero un cofre,
ébano real, de tu negra madera...
Ahora no puede ser,
espérate, amigo, espérate,
espérate a que me muera.
Arará, cuévano,
arará sabalú.
—Ébano real, yo quiero un techo,
ébano real, de tu negra madera...
Ahora no puede ser,
espérate, amigo, espérate,
espérate a que me muera.
Arará, cuévano,
arará sabalú.
—Quiero una mesa cuadrada
y el asta de mi bandera;
quiero mi pesado lecho,
quiero mi lecho pesado,
ébano, de tu madera,
ay, de tu negra madera...
Ahora no puede ser,
espérate, amigo, espérate,
espérate a que me muera.
Arará, cuévano,
arará sabalú.
Te vi al pasar, una tarde,
ébano, y te saludé:
Duro entre todos los troncos,
duro entre todos los troncos,
tu corazón recordé.
Nicolás Guillén, 1947
EL ABUELO
Esta mujer angélica de ojos septentrionales,
que vive atenta al ritmo de su sangre europea,
ignora que lo hondo de ese ritmo golpea
un negro al parche duro de roncos atabales.
Bajo la línea escueta de su nariz aguda,
la boca, en fino trazo, traza una raya breve,
y no hay cuervo que manche la solitaria nieve
de su carne, que fulge temblorosa y desnuda.
¡Ah, mi señora! Mírate las venas misteriosas;
boga en el agua viva que allá dentro te fluye,
y ve pasando lirios, nelumbios, lotos, rosas;
que ya verás, inquieta, junto a la fresca
orilla
la dulce sombra oscura del abuelo que huye,
el que rizó por siempre tu cabeza amarilla.
Nicolás Guillén
ROSA TÚ MELANCÓLICA
El alma vuela y vuela
buscándote a lo lejos,
Rosa tú, melancólica
rosa de mi recuerdo.
Cuando la madrugada
va el campo humedeciendo,
y el día es como un niño
que despierta en el cielo,
Rosa tú, melancólica,
ojos de sombra llenos,
desde mi estrecha sábana
toco tu firme cuerpo.
Cuando ya el alto sol
ardió con su alto fuego,
cuando la tarde cae
del ocaso deshecho,
yo en mi lejana mesa
tu oscuro pan contemplo.
Y en la noche cargada
de ardoroso silencio,
Rosa tú, melancólica
rosa de mi recuerdo,
dorada, viva y húmeda,
bajando vas del techo,
tomas mi mano fría
y te me quedas viendo.
Cierro entonces los ojos,
pero siempre te veo
clavada allí, clavando
tu mirada en mi pecho,
larga mirada fija,
como un puñal de sueño.
Nicolás Guillén
EL ÁRBOL
El árbol que verdece
a cada primavera,
no es más feliz que yo,
de nuevo verdiflor.
Las amarillas hojas
cayeron, y en mi tronco
vuelven los novios trémulos
a entrelazar sus cifras,
y hay corazones fijos
por flechas traspasados,
vivos en esa muerte.
Cuando digo «te amo»,
mi voz repite el viento
y en mi alta copa juega
con tu nombre y un pájaro
hijo de abril y marzo.
Nicolás Guillén
CAÑA
El negro
junto al cañaveral.
El yanqui
sobre el cañaveral.
La tierra
bajo el cañaveral.
¡Sangre
que se nos va!
Nicolás Guillén, 1931
EL NEGRO MAR
La noche morada sueña
sobre el mar;
la voz de los pescadores
mojada en el mar;
sale la luna chorreando
del mar.
El negro mar.
Por entre la noche un son
desemboca en la bahía;
por entre la noche un son.
Los barcos lo ven pasar,
por entre la noche un son,
encendiendo el agua fría.
Por entre la noche un son,
por entre la noche un son,
por entre la noche un son. . .
El negro mar.
—Ay, mi mulata de oro fino,
ay, mi mulata
de oro y plata,
con su amapola y su azahar,
al pie del mar hambriento y masculino,
al pie del mar.
Nicolás Guillén, 1947
ADIVINANZAS
En los dientes, la mañana,
y la noche en el pellejo.
¿Quién será, quién no será?
—El negro.
Con ser hembra y no ser bella,
harás lo que ella te mande.
¿Quién será, quién no será?
—El hambre.
Esclava de los esclavos,
y con los dueños tirana.
¿Quién será, quién no será?
—La caña.
Escándalo de una mano
que nunca ignora la otra.
¿Quién será, quién no será?
—La limosna.
Un hombre que está llorando
con la risa que aprendió.
¿Quién será, quién no será?
—Yo.
Nicolás Guillén, 1934
LA CANCIÓN DEL BONGÓ
Esta es la canción del bongó:
—Aquí el que más fino sea,
responde, si llamo yo.
Unos dicen: Ahora mismo,
otros dicen: Allá voy.
Pero mi repique bronco,
pero mi profunda voz,
convoca al negro y al blanco,
que bailan el mismo son,
cueripardos y almiprietos
más de sangre que de sol,
pues quien por fuera no es de noche,
por dentro ya oscureció.
Aquí el que más fino sea,
responde, si llamo yo.
En esta tierra, mulata
de africano y español
(Santa Bárbara de un lado,
del otro lado, Changó),
siempre falta algún abuelo,
cuando no sobra algún Don
y hay títulos de Castilla
con parientes en Bondó:
Vale más callarse, amigos,
y no menear la cuestión,
porque venimos de lejos,
y andamos de dos en dos.
Aquí el que más fino sea,
responde si llamo yo.
Habrá quién llegue a insultarme,
pero no de corazón;
habrá quién me escupa en público,
cuando a solas me besó...
A ése, le digo:
—Compadre,
ya me pedirás perdón,
ya comerás de mi ajiaco,
ya me darás la razón,
ya me golpearás el cuero,
ya bailarás a mi voz,
ya pasearemos del brazo,
ya estarás donde yo estoy:
ya vendrás de abajo arriba,
¡que aquí el más alto soy yo!
Nicolás Guillén
FUSILAMIENTO
Van a fusilar
a un hombre que tiene los brazos atados.
Hay cuatro soldados
para disparar.
Son cuatro soldados
callados,
que están amarrados,
lo mismo que el hombre amarrado que van
a matar.
—¿Puedes escapar?
—¡No puedo correr!
—¡Ya van a tirar!
—¡Qué vamos a hacer!
—Quizá los rifles no estén cargados...
—¡Seis balas tienen de fiero plomo!
—¡Quizá no tiren esos soldados!
—¡Eres un tonto de tomo y lomo!
Tiraron.
(¿Cómo fue que pudieron tirar?)
Mataron.
(¿Cómo fue que pudieron matar?)
Eran cuatro soldados
callados,
y les hizo una seña, bajando su sable,
un señor oficial;
eran cuatro soldados
atados,
lo mismo que el hombre que fueron
los cuatro a matar.
Nicolás Guillén, 1937
GUADALUPE W.I.
POINTRE-À-PITRE
Los negros, trabajando
junto al vapor. Los árabes, vendiendo,
los franceses, paseando y descansando,
y el sol, ardiendo.
En el puerto se acuesta
el mar. El aire tuesta
las palmeras... Yo grito: ¡Guadalupe!, pero nadie contesta.
Parte el vapor, arando
las aguas impasibles con espumoso estruendo.
Allá quedan los negros trabajando,
los árabes vendiendo,
los franceses, paseando y descansando,
y el sol, ardiendo...
Nicolás Guillén
GUITARRA
A Francisco Guillén
Tendida en la madrugada,
la firme guitarra espera:
Voz de profunda madera
desesperada.
Su clamorosa cintura,
en la que el pueblo suspira,
preñada de son, estira
la carne dura.
Arde la guitarra sola,
mientras la luna se acaba;
arde libre de su esclava
bata de cola.
Dejó al borracho en su coche,
dejó el cabaret sombrío,
donde se muere de frío,
noche tras noche,
y alzó la cabeza fina,
universal y cubana,
sin opio, ni mariguana,
ni cocaína.
¡Venga la guitarra vieja,
nueva otra vez al castigo
con que la espera el amigo,
que no la deja!
Alta siempre, no caída,
traiga su risa y su llanto,
clave las uñas de amianto
sobre la vida.
Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.
El son del querer maduro,
tu son entero;
el del abierto futuro,
tu son entero;
el del pie por sobre el muro,
tu son entero. . .
Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.
Nicolás Guillén, 1947
JOSÉ RAMÓN CANTALISO
José Ramón Cantaliso,
¡canta liso!, canta liso,
José Ramón.
Duro espinazo insumiso:
por eso es que canta liso
José Ramón Cantaliso,
José Ramón.
En bares, bachas, bachatas,
a los turistas a gatas,
y a los nativos también,
a todos, el son preciso
José Ramón Cantaliso
les canta liso, muy liso,
para que lo entiendan bien.
Voz de cancerosa entraña.
humo de solar y caña,
que es nube prieta después:
son de guitarra madura,
cuya cuerda ronca y dura
no se enreda en la cintura,
ni prende fuego en los pies.
El sabe que no hay trabajo,
que el pobre se pudre abajo.
y que tras tanto luchar,
el que no perdió el resuello,
o tiene en la frente un sello,
o está con el agua al cuello
sin poderlo remediar.
Por eso de fiesta en fiesta
con su guitarra protesta,
que es su corazón también,
y a todos el son preciso,
José Ramón Cantaliso
les canta liso, muy liso,
para que lo entiendan bien.
Nicolás Guillén
PAS DE TÉLÉPHONE
La lluvia, el cielo gris.
Pas de téléphone
lejos de ti.
(Me duele el corazón).
¿Qué hacer para saber
si ahora, en esta hora
de lluvia y cielo gris,
te duele el corazón
como me duele a mí?
Pas de téléphone
lejos de ti.
Ay, en París
mejoraría la situación
un pneumatique.
Oh mi adorada, pero aquí
no existe el pneumatique,
y pas de téléphone
lejos de ti.
Tus ojos de ámbar quiero
sentir cerca de mí;
saber si en esta tarde
de lluvia y cielo gris
te duele el corazón
como me duele a mí.
Pas de téléphone
lejos de ti.
LA MURALLA
A Cristina Ruth Agosti
Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos:
Los negros, su manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte.
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—Una rosa y un clavel...
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El sable del coronel...
—¡Cierra la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—La paloma y el laurel...
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El alacrán y el ciempiés...
—¡Cierra la muralla!
Al corazón del amigo,
abre la muralla;
al veneno y al puñal,
cierra la muralla;
al mirto y la yerbabuena,
abre la muralla;
al diente de la serpiente,
cierra la muralla;
al ruiseñor en la flor,
abre la muralla...
Alcemos una muralla
juntando todas las manos;
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte...
Nicolás Guillén, 1958
PALMA SOLA
La palma que está en el patio
nació sola;
creció sin que yo la viera,
creció sola;
bajo la luna y el sol,
vive sola.
Con su largo cuerpo fijo,
palma sola;
sola en el patio sellado,
siempre sola,
guardián del atardecer,
sueña sola.
La palma sola soñando,
palma sola,
que va libre por el viento,
libre y sola,
suelta de raíz y tierra,
suelta y sola,
cazadora de las nubes,
palma sola,
palma sola,
palma.
Nicolás Guillén, 1947
PIEDRA DE HORNO
La tarde abandonada gime deshecha en lluvia.
Del cielo caen recuerdos y entran por la ventana.
Duros suspiros rotos, quimeras calcinadas.
Lentamente va viniendo tu cuerpo.
Llegan tus manos en su órbita
de aguardiente de caña;
tus pies de lento azúcar quemados
por la danza,
y tus muslos, tenazas del espasmo,
y tu boca, sustancia
comestible, y tu cintura
de abierto caramelo.
Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios;
de pronto entran tus ojos traicionados;
tu piel tendida, preparada
para la siesta:
Tu olor a selva repentina; tu garganta
gritando —no sé, me lo imagino—, gimiendo
—no sé, me lo figuro—, quejándose —no sé, supongo, creo—
tu garganta profunda
retorciendo palabras prohibidas.
Un río de promesas
baja de tus cabellos,
se demora en tus senos,
cuaja al fin en un charco de melaza en tu vientre,
viola tu carne firme de nocturno secreto.
Carbón ardiente y piedra de horno
en esta tarde fría de lluvia y de silencio.
MI PATRIA ES DULCE POR
FUERA...
Mi patria es dulce por fuera,
y muy amarga por dentro;
mi patria es dulce por fuera,
con su verde primavera,
con su verde primavera,
y un sol de hiel en el centro.
¡Qué cielo de azul callado
mira impasible tu duelo!
¡Qué cielo de azul callado,
ay, Cuba, el que Dios te ha dado,
ay, Cuba, el que Dios te ha dado,
con ser tan azul tu cielo!
Un pájaro de madera
me trajo en su pico el canto;
un pájaro de madera.
¡Ay, Cuba, si te dijera,
yo que te conozco tanto,
ay, Cuba, si te dijera,
que es de sangre tu palmera,
que es de sangre tu palmera,
y que tu mar es de llanto!
Bajo tu risa ligera,
yo, que te conozco tanto,
miro la sangre y el llanto,
bajo tu risa ligera.
Sangre y llanto
bajo tu risa ligera;
sangre y llanto
bajo tu risa ligera.
Sangre y llanto.
El hombre de tierra adentro
está en un hoyo metido,
muerto sin haber nacido,
el hombre de tierra adentro.
Y el hombre de la ciudad,
ay, Cuba, es un pordiosero:
Anda hambriento y sin dinero,
pidiendo por caridad,
aunque se ponga sombrero
y baile en la sociedad.
(Lo digo en mi son entero,
porque es la pura verdad.)
Hoy yanqui, ayer española,
sí, señor,
la tierra que nos tocó
siempre el pobre la encontró
si hoy yanqui, ayer española,
¡cómo no!
¡Qué sola la tierra sola,
la tierra que nos tocó!
La mano que no se afloja
hay que estrecharla en seguida;
la mano que no se afloja,
china, negra, blanca o roja,
china, negra, blanca o roja,
con nuestra mano tendida.
Un marino americano,
bien,
en el restaurant del puerto,
bien,
un marino americano
me quiso dar con la mano,
me quiso dar con la mano,
pero allí se quedó muerto,
bien,
pero allí se quedó muerto
el marino americano
que en el restaurant del puerto
me quiso dar con la mano,
¡bien!
Nicolás Guillén, 1947
PROBLEMAS DEL SUBDESARROLLO
Monsieur Dupont te llama inculto,
porque ignoras cuál era el nieto
preferido de Víctor Hugo.
Herr Müller se ha puesto a gritar,
porque no sabes el día
(exacto) en que murió Bismark.
Tu amigo Mr. Smith,
inglés o yanqui, yo no lo sé,
se subleva cuando escribes shell.
(Parece que ahorras una ele,
y que además pronuncias chel.)
Bueno ¿y qué?
Cuando te toque a ti,
mándales decir cacarajícara,
y que donde está el Aconcagua,
y que quién era Sucre,
y que en qué lugar de este planeta
murió Martí.
Un favor:
Que te hablen siempre en español.
Nicolás Guillén, 1972
MULATA...
Ya yo me enteré, mulata,
mulata, ya sé que dise
que yo tengo la narise
como nudo de cobbata.
Y fíjate bien que tú
no ere tan adelantá,
poqque tu boca é bien grande,
y tu pasa, colorá.
Tanto tren con tu cueppo,
tanto tren;
tanto tren con tu boca,
tanto tren;
tanto tren con tu sojo,
tanto tren.
Si tú supiera, mulata,
la veddá;
¡que yo con mi negra tengo,
y no te quiero pa na!
Nicolás Guillén, 1930
NEGRO BEMBÓN
¿Po qué te pone tan brabo,
cuando te disen negro bembón,
si tiene la boca santa,
negro bembón?
Bembón así como ere
tiene de to;
Caridá te mantiene,
te lo da to.
Te queja todabía,
negro bembón;
sin pega y con harina,
negro bembón,
majagua de dri blanco,
negro bembón;
sapato de do tono,
negro bembón...
Bembón así como ere,
tiene de to;
Caridá te mantiene,
te lo dá to.
Nicolás Guillén, 1930
UN POEMA DE AMOR
No sé. Lo ignoro.
Desconozco todo el tiempo que anduve
sin encontrarla nuevamente.
¿Tal vez un siglo? Acaso.
Acaso un poco menos: noventa y nueve años.
¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma,
un tiempo enorme, enorme, enorme.
Al fin, como una rosa súbita,
repentina campánula temblando,
la noticia.
Saber de pronto
que iba a verla otra vez, que la tendría
cerca, tangible, real, como en los sueños.
¡Qué explosión contenida!
¡Qué trueno sordo
rodándome en las venas,
estallando allá arriba
bajo mi sangre, en una
nocturna tempestad!
¿Y el hallazgo, en seguida? ¿Y la manera
de saludarnos, de manera
que nadie comprendiera
que ésa es nuestra propia manera?
Un roce apenas, un contacto eléctrico,
un apretón conspirativo, una mirada,
un palpitar del corazón
gritando, aullando con silenciosa voz.
Después
(ya lo sabéis desde los quince años)
ese aletear de las palabras presas,
palabras de ojos bajos,
penitenciales,
entre testigos enemigos.
Todavía
un amor de «lo amo»,
de «usted», de «bien quisiera,
pero es imposible»... De «no podemos,
no, piénselo usted mejor»...
Es un amor así,
es un amor de abismo en primavera,
cortés, cordial, feliz, fatal.
La despedida, luego,
genérica,,
en el turbión de los amigos.
Verla partir y amarla como nunca;
seguirla con los ojos,
y ya sin ojos seguir viéndola lejos,
allá lejos, y aun seguirla
más lejos todavía,
hecha de noche,
de mordedura, beso, insomnio,
veneno, éxtasis, convulsión,
suspiro, sangre, muerte...
Hecha
de esa sustancia conocida
con que amasamos una estrella.
Nicolás Guillén
NO SÉ POR QUÉ PIENSAS TÚ
No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo,
si somos la misma cosa
yo,
tú.
Tú eres pobre, lo soy yo;
soy de abajo, lo eres tú;
¿de dónde has sacado tú,
soldado, que te odio yo?
Me duele que a veces tú
te olvides de quién soy yo;
caramba, si yo soy tú,
lo mismo que tú eres yo.
Pero no por eso yo
he de malquererte, tú;
si somos la misma cosa,
yo,
tú,
no sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo.
Ya nos veremos yo y tú,
juntos en la misma calle,
hombro con hombro, tú y yo,
sin odios ni yo ni tú,
pero sabiendo tú y yo,
a dónde vamos yo y tú...
¡no sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo!
Nicolás Guillén, 1937
PERO QUE TE PUEDA VER
Si es que me quieres matar,
no esperes a que me duerma,
pues no podré despertar.
Muerto,
ay, muerto y también dormido,
no es ni morir ni soñar,
no es ni recuerdo no olvido.
Muerto,
ay, muerto y también dormido.
Mátame al amanecer,
o de noche, si tú quieres;
pero que te pueda ver
la mano;
pero que te pueda ver
las uñas;
pero que te pueda ver
los ojos,
pero que te pueda ver.
Nicolás Guillén
UNA FRÍA MAÑANA...
Pienso en la fría mañana en que te fui a ver,
allá donde La Habana quiere irse en busca del campo,
allá en tu suburbio claro.
Yo con mi botella de ron
y el libro de mis poemas en alemán,
que al fin te regalé.
(¿O fue que te quedaste con él?)
Perdóname, pero aquel día
me pareciste una niñita sola,
o quizás un pequeño gorrión mojado.
Tuve ganas de preguntarte:
¿Y tu nido? ¿Y tus padres?
Pero no habría podido.
Desde el abismo de tu blusa,
como dos conejillos caídos en un pozo,
me ensordecían tus senos con sus gritos.
Nicolás Guillén
UN SON PARA NIÑOS
ANTILLANOS
Por el Mar de las Antillas
anda un barco de papel:
Anda y anda el barco barco,
sin timonel.
De La Habana a Portobelo,
de Jamaica a Trinidad,
anda y anda el barco barco
sin capitán.
Una negra va en la popa,
va en la proa un español:
Anda y anda el barco barco,
con ellos dos.
Pasan islas, islas, islas,
muchas islas, siempre más;
anda y anda el barco barco,
sin descansar.
Un cañón de chocolate
contra el barco disparó,
y un cañón de azúcar,
zúcar,
le contestó.
¡Ay, mi barco marinero,
con su casco de papel!
¡Ay, mi barco negro y blanco
sin timonel!
Allá va la negra negra,
junto junto al español;
anda y anda el barco barco
con ellos dos.
SOLDADO, APRENDE A TIRAR
Soldado, aprende a tirar:
Tú no me vayas a herir,
que hay mucho que caminar.
¡Desde abajo has de tirar,
si no me quieres herir!
Abajo estoy yo contigo,
soldado amigo.
Abajo, codo con codo,
sobre el lodo.
Para abajo, no,
que allí estoy yo.
Soldado, aprende a tirar:
Tú no me vayas a herir,
que hay mucho que caminar.
Nicolás Guillén
colás Guillén, 1947
CANTO NEGRO
¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Songo
baila yambó sobre un pie.
Mamatomba,
serembe cuserembá.
El negro canta y se ajuma,
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.
Acuememe serembó,
aé
yambó,
aé.
Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!
Nicolás Guillén


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