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Libro No. 475. Niños Índigo. ¿Cuál es el Mensaje? Sánchez, Gabriel.
Colección
E.O. Agosto 31 de 2013.
Título original: © Niños Índigo. ¿Cuál es el Mensaje? Gabriel Sánchez. 2002.
Versión Original: © Niños Indigo. ¿Cuál es el Mensaje? Gabriel Sánchez
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Portada E.O. de Imagen: Original versión
© Edición, reedición y Colección Biblioteca
Emancipación: Guillermo Molina Miranda
Niños Indigo
¿Cuál Es El Mensaje?
Gabriel Sánchez
2002
Niños Indigo ¿Cuál es el mensaje?
Ó2002,
Gabriel Sánchez
Recuerdo mi
lugar de origen, había brisas tropicales y un mar abierto; recuerdo mi infancia
me recuerdo libre...
Ahora vamos
hacia el fondo profundo del camino: después de haber girado hay otro mundo
girando dentro de éste, rompiendo el abismo.
- Laurie Anderson
ÍNDICE:
INTRODUCCIÓN Y AGRADECIMIENTOS
CAPÍTULO 1: DEFINICIÓN DE “LO ÍNDIGO”
El período azul – Auras – Niños
que escriben en el ciberespacio – Club de los niños Índigo.
CAPÍTULO 2: FLAVIO Y SU MADRE CUENTAN SU EXPERIENCIA
Encuentro con un niño especial – El filósofo de 6 años
– Alba, después de una década.
CAPÍTULO 3: LOS ESPECIALISTAS SE PREGUNTAN SI SE TRATA DE NIÑOS DISTINTOS
Niños estelares – Nuevos niños – Ser o no ser Índigo –
Futuros y Colores.
CAPÍTULO 4: LA INTELIGENCIA CREATIVA
Metáforas, juego y aprendizaje –
Palabras Índigo – Conversaciones – Cartas.
CAPÍTULO 5: POLÉMICA SOBRE EL FACTOR ÍNDIGO
ADD, ADHD y medicación – ADN: El factor genético – El
enfoque antroposófico.
CAPÍTULO 6: ANTROPOSOFÍA Y PSICOANÁLISIS APORTAN A LA COMPRENSIÓN DEL TEMA
El amor lógico – La historia cambia de color – Miradas
que nos constituyen.
CAPÍTULO 7: TESTIMONIOS: DAMIÁN E ISMAEL
Índigo o superdotado – Juguetes con mensaje – Lo tuyo,
lo mío, lo nuestro.
CAPÍTULO 8: LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA
Nuevos modos de aprendizaje – El protagonismo de los
niños.
CAPÍTULO 9: UN NUEVO ESTADO DE CONCIENCIA
Terapias complementarias y niños Índigo – La cuestión
cosmobiofísica – Epílogo de un viaje a la infancia y sus posibles nuevos
mundos.
BIBLIOGRAFÍA.
CONTRATAPA:
Cada año, padres y docentes de todo el mundo descubren
que hay más niños con características fuera de lo común.
Poseen:
-
Gran capacidad
de anticipación.
-
Vibrante
armonía con la naturaleza,
-
Mirada esencial
o conciente,
-
Alta
autoestima,
-
Respeto
profundo por los demás seres,
-
Peculiar
sentido de compasión y comprensión por los demás,
-
Sentidos muy
desarrollados,
-
Capacidad de
síntesis inusual en el orden matemático,
-
Algunos niveles
de percepción extrasensorial,
-
Tendencia a
manejarse con reglas y códigos tecnológicos muy superiores a los de épocas
anteriores,
-
Marcado interés
por el mundo espiritual.
¿En qué consiste el cambio que se
está gestando en ellos? ¿Anticipan una metamorfosis de la configuración física,
psíquica, genética y espiritual de todos los seres humanos por venir? ¿O
despiertan capacidades adormecidas durante siglos? El conocimiento científico
todavía no arriesga respuestas definitivas.
El serio trabajo de investigación
realizado por GABRIEL SÁNCHEZ recoge numerosos testimonios de Niños Índigo y
analiza sus cualidades junto a padres, educadores y especialistas en niños con
características especiales. Expone todo lo que se sabe al respecto y todo lo
que se intuye.
INTRODUCCIÓN Y AGRADECIMIENTOS
La historia de la humanidad registra la existencia de tribus que descartaban
a los niños débiles, quemaban a los albinos o se sometían a los conquistadores
suponiéndolos dioses. Hoy, un acuerdo relativamente universal nos permite, al
menos en el plano teórico, tomar nota de las diferencias sin caer en
extremismos, cotejando opiniones, absteniéndonos de sacralizar o demonizar lo
desconocido.
Indagar desde la curiosidad y divulgar lo descubierto es una tendencia que
nos caracteriza como especie y crece siglo tras siglo. Esto genera, a su vez,
descubrimientos sobre nuestra propia naturaleza, y brinda respuesta a algunos
interrogantes.
Por mi parte, intenté bajar al papel un tema que casi no presenta antecedentes
impresos en español y que los medios periodísticos tocaron apenas
anecdóticamente. La búsqueda que abordan estas páginas fue planteada a partir
de indicios y sin certezas. Durante mi trabajo, descubrí una verdad tan
evidente que pasa inadvertida, como en aquella "carta robada" de Poe*.
Frente a nuestros ojos hay nuevos niños con virtudes específicas. Sus
atributos, más allá del rótulo que podamos adjudicarles, palpitan en la esencia
de lo humano. Para verlos, se requiere una mirada sin prejuicios, un poco del
extrañamiento que aconseja la antropología. Aquello que se aborda "a lo
viajero", suele abrir las puertas a una aventura llena de revelaciones.
Por otra parte, y aun más allá del fenómeno puntual que investigué mientras
escribía, leía o entrevistaba, el asombro sobrevino con cada testimonio: todos
los niños tienen misterio.
Como integrantes de nuevas generaciones en la Tierra, los niños siempre
traen cambios con ellos. Sin embargo, el estrépito casi apocalíptico de las
últimas décadas significó una implosión mayor de respuestas, alternativas, y
cosmovisiones. Los emisarios de ese caudal están naciendo.
La naturaleza de esos cambios y sus portadores, desde una de las tantas
perspectivas posibles, es lo que intento volcar en este volumen. Hubo quienes
al aportar testimonios para esta investigación aceptaron identificarse. Esos
testigos han sido mencionados con sus respectivos e-mail, que constan en el
propio texto, para facilitar futuras búsquedas.
Otras personas prefirieron contribuir a mi trabajo aunque sin "entrar
en cuadro" algo que respeté por razones obvias, en la medida en que había
niños de por medio. Pero todas las colaboraciones resultaron importantes.
Roberto Crottogini; Flavio Cabobianco y Alba, su madre; Carlos Rocco; María
Luisa Pastorino; Susana Galperin; Molly Hamilton Baillie, así como los niños y
padres que anónimamente enriquecieron este libro con su participación, merecen
mi sincero agradecimiento.
-G. S.
Niños Indigo Gabriel
Sánchez
CAPÍTULO 1
DEFINICIÓN DE "LO
ÍNDIGO"
EL PERÍODO AZUL
Desde hace más de una década, se escucha por parte de adultos que
frecuentan círculos espirituales o adhieren a la perspectiva de un plan
evolutivo, observaciones con relación a nuevos niños, diferentes, más
evolucionados.
Los comentarios acerca de bebés y niños recién llegados a la vida con una
luminosidad distinta en los ojos que, a medida que crecen, muestran facultades
ampliadas para adaptarse rápidamente al vértigo de la tecnología, se
multiplican en forma geométrica.
Casi todos los adultos de hoy conocen, saben de, o han escuchado hablar a
alguien que tiene un hijo con características sorprendentes; que incorpora
conocimientos en forma instantánea, que anticipa episodios por venir, que
parece comunicarse con un código implícito, insondable, trascendiendo los
lenguajes infantiles habituales.
Si bien todavía no puede hablarse de un fenómeno masivo, la cantidad de
casos aislados -pero con características similares- que se presentan en
distintos puntos del planeta, indican una constancia: lo que parece
extraordinario en algunos niños tiende a tornarse natural en la mayoría.
No
sólo muchos padres lo han advertido: también maestros y pediatras perciben que
las nuevas generaciones "vienen con algo distinto"; más preparadas
para el particular tiempo que les toca, con cierto conocimiento de otras
realidades, con una mentalidad más elástica y una reveladora capacidad de
interactuar mediante nuevas pautas ante el mundo y sus semejantes.
Quien planteó por primera vez la calificación índigo aplicada a un grupo de
niños fue Nancy Ann Tappe -parapsicóloga, conferencista e investigadora en esa
materia- en su libro “Understanding Your
Life Through Color” (Comprendiendo tu vida a través del color), publicado
en los Estados Unidos en 1982.
Tappe explica que los seres humanos irradiamos "capas áuricas"
con determinados colores. Y que sólo algunas personas podrían ver dichas auras;
no obstante, en esas capas, según los colores en juego, se definirían rasgos
de personalidad y otros aspectos inherentes al individuo.
La autora identificó las características de los grupos por colores y luego
las desarrolló. De una manera análoga a la astrología, que clasifica rasgos de
personalidad o tendencia en grupos de acuerdo con nuestra ubicación cósmica al
momento de nacer, también en el color de las auras estarían inscriptos, desde
los primeros instantes de nuestras vidas, ciertos rasgos similares que son muy
notorios cuando sabemos cómo buscarlos. Ella misma declara haber visto las
auras de los niños en esa intensidad cromática, cuya definición en el
diccionario ronda el "añil, colorante natural azul oscuro obtenido de
varias plantas del género Indigófera".
Sin embargo, el color índigo es sólo una de las características de estos
niños a quienes se les han asignado diversas maneras de identificación o
denominaciones: Niños estelares, Niños especiales, Niños de luz, Niños de la
Nueva Era, Nuevos niños, Niños mágicos, Niños nazarenos o acuarianos, Dark blue
children, Millenium children, entre otras.
La aparición de esta "nueva generación" comenzó a ser registrada
por distintos observadores desde 1970. A partir de la década de los noventa se
han incrementado testimonios acerca de la presencia de niños índigo en todo el
mundo. Según estimaciones de esos mismos observa dores, el 80% de los niños
actuales cobijaría las capacidades asignadas a un niño índigo, aunque en muchos
casos, en forma latente.
En ese contexto, los investigadores recomiendan a padres y educadores
proponerse una nueva mirada. La amplitud y comprensión necesarias para
reconocer a nuevos niños que traen cualidades tan particulares al mundo,
finalmente abarca mucho más que a un grupo determinado. Los atributos que
llegan con ellos inciden en la humanidad en su conjunto, impulsando una
evolución de la especie, una apertura a lo espiritual, una reformulación
global de los valores, en la medida en que ellos son los adultos del futuro.
Las voces que sostienen y divulgan su presencia, aseguran, en el marco de
la idea de la reencarnación, que estos nuevos niños no acarrean aprendizajes
pendientes o residuales de vidas anteriores y que algunos vendrán sin ningún
karma.
El investigador norteamericano Lee
Carroll, autor del libro Índigo Children (no traducido aún al español) es
el primero en desarrollar, partiendo del aura y adentrándose luego en otros
territorios, la caracterología de los niños índigo. Carroll destaca en ellos un
"elevado coeficiente intelectual" -a partir de los tests por él
realizados- combinado con una "enorme capacidad creativa",
teóricamente respaldada, a su vez, por una mayor utilización del hemisferio derecho
del cerebro.
Paralelamente, la especialista norteamericana en temas espirituales, Jan Tober -coautora del libro de
Carroll- agrega que poseen conocimientos sorprendentes, saberes que podrían
parecer descabellados frente a nuestro sistema de pensamiento y paradigmas
dominantes, propios de personas nacidas en décadas anteriores.
"A la mayoría les encanta manejar computadoras, aprenden a usarlas
sin ayuda, resolviendo incluso, si se les permite, los inconvenientes
operativos con que muchas veces tropezamos los adultos", asegura Tober.
El siguiente testimonio ejemplifica la estrategia mental de un niño índigo:
en clase de matemáticas la maestra escribe los números 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8,
9, 10, en la pizarra y pregunta: ¿cuál de esos números es divisible por dos?
La respuesta del niño en cuestión es todos.
Este episodio real -que el cine expuso en la película Mentes que brillan,
dirigida por Jodie Foster- da la pauta de cómo encaran ellos el conocimiento:
desde una perspectiva libre de ataduras metódicas, de pasos intermedios o
redundancia logística.
Otras características que definen a los niños índigo según los relevamientos
existentes:
• Abordan los procesos ejecutivos de la tecnología y el pensamiento en
general con destreza intuitiva: van a lo esencial.
• Tienen una gran energía y son incansables (algunos duermen muy pocas
horas) procurándose tiempo extra para incorporar conocimientos, según aseguran
quienes los tratan con frecuencia.
• Se muestran comprensivos cuando reciben explicaciones y se rebelan ante
el simple autoritarismo proveniente de sus padres, de sus educadores o de la
sociedad en general.
• Rechazan la carne de cualquier animal y los alimentos excesivamente
elaborados.
• Comprenden más rápidamente que otros niños de su edad las trampas del
consumismo y de las modas.
Frecuentemente se diagnostica a los niños índigo como hiperactivos. Aunque
institucionalmente ni la medicina ni la psicología se han propuesto
decodificar los indicios en forma manifiesta y sistemática, existen, sí,
diagnósticos realizados por parte de la psiquiatría común, que parecen guardar
una íntima relación con las aptitudes atribuidas a los niños índigo.
Así, al hablar de niños especiales, hiperactivos, con particularidades como
las que venimos comentando, surgen en el panorama psiquiátrico, dos siglas:
ADD (Attention Déficit Desorder) o trastorno de deficiencia de atención y ADHD
(Attention Déficit Hyperactive Disorder) o trastorno de deficiencia de atención
con hiperactividad.
ADD y ADHD suelen acompañar el desarrollo evolutivo de los niños índigo,
ocasionándoles dificultades, particularmente en el ámbito escolar formal,
donde impera la linealidad metodológica (regla de oro para el actual modelo
educativo) que a ellos tanto les cuesta seguir.
Lo cierto es que, aun en el marco de este síndrome, los niños índigo sí
prestan atención, pero sólo a aquello que les interesa, a partir de lo cual son
capaces de saltearse instancias metodológicas convencionales y profundizar con
agilidad autodidacta. Así, cuando una motivación los impulsa, es frecuente que
tomen sólo una parte del problema y lleguen a resolverlo con la plenitud
orgánica de un todo, alcanzando en sus conclusiones notables grados de sutileza
y claridad.
La conciencia cósmica, la telepatía, la capacidad de sanación, la inquietud
por trascender el plano netamente denso o material de la existencia, son dones
que habitualmente operan a la par de sus abordajes mentales frente a distintos
temas.
Grupos de científicos, terapeutas, médicos, biólogos y escritores se
interesan cada día más en la cuestión de los niños índigo. Gente que
vocacionalmente inclina su lupa hacia los fenómenos inexplicados en los canales
y métodos habituales, repara expectante sobre el potencial cambio evolutivo
disparado por los "nuevos niños" en particular.
A los testimonios personales y observaciones de orden psíquico se sumaron
elementos de análisis surgidos en el campo de la investigación genética, más
precisamente con relación al ADN*. Esto trascendió, incluso, el
interés de padres y educadores, generando una comunidad de observadores que se
incrementa día a día, según comprobamos en publicaciones especializadas, foros
de discusión en la web e intercambio de información entre particulares de
distintas partes del mundo.
Sin embargo, y afortunadamente, el fenómeno aún no ha sido descubierto ni
explotado por los medios de comunicación masivos, ávidos de audiencia a
cualquier costo.
Tal situación propicia una búsqueda con ventajas y dificultades: por un
lado estamos ante la posibilidad de transitar un camino poco contaminado por
excesos especulativos, propios del sensacionalismo. Por otra parte, podría
decirse que "la verdad cuida a la verdad": en el propio fenómeno de
los niños índigo subyace un aporte humanístico que desarticula el lenguaje
mediático por excelencia, ligado a la magia efectista, a la prestidigitación,
al truco más que a la reflexión profunda acerca de nuestra evolución como
especie.
En cuanto a las dificultades, comprobé que no eran demasiadas las fuentes
fidedignas en un principio; fue necesario rastrear mucho para acceder a
información genuina, con autores identificables.
Como suele suceder en una investigación adaptada a estos tiempos, la
dirección inicial que tomé en mi pesquisa transitó los canales de la World Wide
Web. Internet mediante, el primer indicio proviene del diario chileno La
Estrella que en su versión digital del 10 de noviembre de 2001 ponía en
pantalla un artículo titulado "Los niños índigo: Una nueva raza viene a
salvar el mundo" firmado por Angélica Meneses. A continuación, reproduzco
algunos de los tramos de ese texto, verificables en versión completa por la
página web del periódico en cuestión:
No son
extraterrestres ni mutantes que pueden deshacer metales o atravesar paredes:
son nuestros hijos, los pequeños de hoy, nacidos con una mejor dotación
genética y, sobre todo, con bellas cualidades psicológicas, emocionales e
intelectuales.
Una expresión
muy escuchada en la actualidad es que "los niños de hoy nacen
sabiendo". Abuelos sorprendidos de nietos que recién caminan, pero que
operan a la perfección el equipo de video y hasta el computador; mamás
asombradas de las respuestas de sus hijos, que apenas balbuceando dejan frases
para el bronce, y educadoras en los jardines infantiles que deben responder a
las preguntas más insólitas, no son fenómenos aislados. Aunque usted no lo
crea, esto tiene una razón científica: una nueva raza está llegando al mundo,
una evolución de la humanidad seguramente destinada a mejorar las condiciones
de nuestra sociedad. Son los llamados "niños índigo".
Pero, ¿quiénes
son estos nuevos niños? ¿Cómo reconocerlos? Y más delicado aún, ¿cómo
tratarlos, cómo educarlos para que sean los hombres índigo que mañana manejarán
el mundo? Comencemos por definirlos: se los llama índigo por el color de su
aura, que es azul. El aura es el campo energético que rodea a cada persona, y
hay individuos hipersensitivos que pueden verla. También se puede captar en
fotografías especiales. El aura registra las bondades y maldades de cada uno,
sus miedos y angustias, sus características emocionales. Y en estos niños,
coincide en un marcado color azul.
Dado que no es
posible para todos ver el aura, ¿qué otras formas hay de reconocer a un niño
índigo? Hay un modo científico, que de paso prueba que esto no es una teoría de
esotéricos y metafísicos, sino una realidad probada empíricamente: el ADN. Los
niños índigo tienen un potencial de cambio, explicado por la doctora venezolana
María Dolores Paoli, especialista en Psicoespiritualidad (un nuevo concepto
referido a la psicología transpersonal, donde se unen el conocimiento del Ego
con el conocimiento del alma) quien afirma que el cambio que aportan estos
chicos se manifiesta en la activación de cuatro códigos más en el ADN. Según
investigaciones realizadas en la U.C.L.A de Estados Unidos de Norteamérica,
estos niños serían, incluso, inmunes al Cáncer y al Sida.
Los índigo tienen la capacidad de escuchar todo tipo
de sonidos, incluso su propio fluido sanguíneo, y tienen una fuerte
sensibilidad táctil. También hay algunos rasgos físicos, aunque no se dan en
todos los casos: son de ojos grandes, delgados, comen poco, son zurdos o ambidiestros
y pueden presentar ligeramente abultado el lóbulo frontal. No son un fenómeno
exclusivo de nuestra época. Los ha habido anteriormente, sólo que en forma
aislada: la gran diferencia con nuestros días es que los índigo son ahora muy
numerosos. Algunos famosos personajes fueron niños índigo. A todos ellos se
los calificó como rebeldes, hiperactivos, desordenados y hasta malos alumnos.
Lo que pasaba era que estaban pensando en otra cosa. Entre otros nombres,
podemos citar a Newton, Luis Pasteur, Leonardo Da Vinci, Galileo, Charlie
Chaplin, John Lennon, Vincent Van Gogh, John D. Rockefeller, Ludwig van
Beethoven, Pablo Picasso, Wolfgang Amadeus Mozart, Steven Spielberg, John
Fitzgerald Kennedy y Benjamin Franklin.
Según María
Dolores Paoli, en 1999 estos nuevos niños ya representaban el 80% de la
población infantil del mundo, de diez años hacia abajo. Es decir, no son nada
escasos, de modo que es muy posible que todos conozcamos más de alguno, o
incluso tengamos uno en casa.
Por mi parte, nunca había escuchado hablar de Psicoespiritualidad, y la
posible inmunidad ante el cáncer o el SIDA me sonó arriesgada. Pero, a la luz
del comienzo de esta investigación, y, ante la lectura de semejantes
afirmaciones, decidí profundizar en la búsqueda de testimonios que, a partir
de ahora, debería incluir, además, varias campanas de opinión provenientes del
ámbito científico. Ya, con menos asombro, ciertos pasajes del texto me hicieron
recordar algunas historias cada día más frecuentes y cercanas acerca de niños
que anticipan acontecimientos, que escuchan a la distancia, que escriben con
ambas manos desde muy corta edad, que interpretan y dominaban el lenguaje de
las computadoras aún antes que sus hermanos mayores. Paralelamente, se hace
imprescindible, de acuerdo con esta instancia, tomar contacto con el tema de
las auras, ya que es a partir de ellas que los niños índigo son identificados
con ese color.
AURAS
Es invierno de 2001 en la ciudad de Buenos Aires, domingo por la tarde; la
familia Roganti sale de un cine céntrico donde exhiben filmes de Disney.
Después de la película, la joven pareja y su hijo repiten el clásico circuito
porteño paseando por la gran calle de las librerías, exultante de ofertas,
pizzerías, puestos callejeros, olor a incienso. Una librería Megastore, con
varias plantas, recientemente inaugurada, les llama la atención y entran.
Nacho -que apenas habla, pero camina a la velocidad que le permiten sus
cuatro añitos- avanza férreamente agarrado de la mano de su madre, Adriana,
quien a su vez, en la otra mano, sujeta un volante que acaba de tomar de un
mostrador, cuya lectura la deja intrigada: "conozca lo que dice su aura;
su personalidad y sus estados de ánimo", le propone el folleto.
Mientras su marido deambula entre las mesas de libros y objetos, Adriana
-tentada por la curiosidad- se adelanta con el pequeño Nacho y enfila al
misterioso gabinete: una habitación del local comercial donde se ofrece la
"lectura de auras". Al entrar, encuentra una computadora conectada a
una pequeña caja metálica en la que, para acceder a la experiencia, debe
apoyarse la mano; una cámara de video montada sobre el monitor registra al
consultante. Nacho, literalmente, "le gana de mano": apoya sus
deditos en la caja y se instala en la butaca. El encargado asume que se inicia
la consulta y activa el programa en la computadora. Inmediatamente, los
colores irradiados por la imagen fija -que hasta entonces poblaba la pantalla a
modo de muestra- comienzan a disolverse y a proyectar estelas que cobran
tonalidades cambiantes para definirse, finalmente, en un azul luminoso en torno
a la figura del niño.
El
operador e intérprete de la sesión le explica a Adriana las características
del estudio, tras lo cual imprime un resultado, que le entrega, con el
siguiente texto:
El color azul
suele predominar áuricamente en la zona de la cabeza, proyectándose con más
intensidad desde la coronilla. Pertenece al 5° chakra -el chakra laríngeo- y
su energía, bien canalizada, ayuda a impulsar la expresión, la expansión
manifiesta de las ideas y sensaciones percibidas desde el exterior, precisamente
porque este tipo de aura coincide con quienes tienen cierta tendencia
introspectiva.
El azul da
cuenta de una intensa espiritualidad y la búsqueda de un orden nuevo. Es un
color ligado a la necesidad de cambio, que sus portadores procuran mediante una
curiosidad muy fuerte, aunque casi siempre discreta, silenciosa. Son personas
generalmente reservadas y críticas. Presentan una falta de seguridad ante las
cuestiones prácticas y materiales de la existencia. Pero esto lo complementan
con una profunda certeza interior; tienen una noción universal e integradora
del mundo, son solidarios y sensibles a todo lo vivo.
Adriana queda absorta ante el diagnóstico. Recuerda las frecuentes anginas
de su hijo, curadas, por lo general -tal como le hizo notar una psicopedagoga-
tras alguna confesión angustiante que el pequeño tenía
"atragantada". Repasa mentalmente la cantidad de episodios en que el
niño escondía ciertas audacias y descubrimientos propios mientras, por otro
lado, se achicaba ante cuestiones menores, meramente prácticas, como la hora
del baño. Siente que todo lo que ha escuchado coincide, esencialmente, con la naturaleza
más íntima de su hijo, aún muy pequeño, ya dueño de una personalidad
incipiente.
-Es increíble -dice conmovida, en voz alta, olvidando las presencias y el
lugar; habla para sí misma.
-No, má, tienes que creer -la corrige su pequeño hijo desde la butaca, con
total naturalidad, como si todo fuera apenas un juego de palabras. El fenómeno
índigo debe su nombre al color proyectado por el aura de estos niños, no sólo
registrable mediante las cámaras Kirlian, sino también captado por ciertas
personas especialmente dotadas. Sin embargo, las percepciones, dones,
virtudes, métodos, vivencias, expresiones de los niños índigo van mucho más
allá de este síntoma energético que, en sí mismo, ha funcionado como indicio y
como un modo de designarlos.
El tema del aura, tan controvertido como fascinante, presenta diferentes
lecturas y, por cierto, diferentes interpretaciones.
Los
testimonios de dos especialistas consultadas en esta investigación ofrecen
datos y elementos que abordan desde distintas ópticas la presencia del
fenómeno.
María Luisa
Pastorino, médica psiquiatra recibida en
la Universidad de Buenos Aires, homeópata, autora de artículos y textos varios
acerca de las terapias vibracionales, brinda un repaso histórico valioso para
introducirnos en la relación del aura con la naturaleza humana. En su libro
La medicina floral de Edward Bach se remonta históricamente:
"Desde antiguo se sabe que todos los seres vivos emiten o están
inmersos en un campo energético. Personas sensibles o que hoy llamaríamos con
propiedades paranormales, pudieron observarlo. Ha sido representado en la
iconografía de la antigüedad, tanto en Oriente como en Occidente,
atribuyéndole cualidades espirituales. Se lo denominó de muy diversas maneras:
aura, atmósfera psíquica, ropaje del alma, esfera de la vida, fuerza magnética,
fuerza vital, cuerpo etérico, doble etérico. Paracelso habló de él. Hahnemann
lo llamó fuerza vital y basó en ella su medicina homeopática. Mesmer realizaba
curaciones actuando sobre el campo energético y llegó a afirmar que `todo en el
universo está unido por medio de un fluido en el que están inmersos todos los
cuerpos'. En 1845, el barón Karl von Reichenbach, industrial y científico
alemán, realizó un estudio sistemático sobre el mismo; señaló que esa energía
era una propiedad universal de la materia y la denominó Od, estableciendo que
había un Od positivo y un Od negativo.
Fue el médico inglés Walter Kilner,
jefe del departamento de electroterapia del Hospital Santo Tomás, de Londres,
el primero que demostró la existencia de este fenómeno.
Kilner,
conocedor de las descripciones de ocultistas y videntes, que había leído a
Leadbeater, ocultista de nota que perteneció a la Sociedad Teosófica Inglesa,
sin dejarse atrapar por prejuicios, y con verdadero espíritu científico,
decidió buscar un método para hacer visible el aura o doble etérico. Lo
encontró, luego de una prolija investigación, impregnando una lente con una
substancia química, que permitió hacer visible al ojo humano la luz ultravioleta.
Al observar a una persona, con una lente así preparada, el aura se hacía
visible como una línea interna que delimitaba el cuerpo y otra más externa, de
una luz casi vaporosa que se extendía hacia el exterior. El aura, el ropaje
del alma, la fuerza vital, era una realidad física. Las ciencias positivas con
su lentitud y morosidad habituales, habían confirmado una vez más lo que la
intuición del hombre venía afirmando desde hacía siglos. Llegó Kilner a
perfeccionar su técnica de tal manera que logró hacer diagnósticos observando
a sus pacientes con este método.
En 1911 publica su libro “La
atmósfera humana” y pese a que sus investigaciones fueron estrictamente
científicas y sin relación con el fenómeno oculto, fue criticado y rechazado
por la profesión médica, como había ocurrido con sus antecesores. (...)
En 1939, el fotógrafo ruso Semyon
Davidovich Kirlian descubrió que colocando un ser vivo o parte de él bajo
la acción de un campo de alto voltaje se hacía visible el aura y se podía
observar la relación entre las alteraciones de la misma y las del interior del
cuerpo. Esta nueva técnica abrió el campo a otras investigaciones, entre ellas
la localización de los puntos de energía sobre los que actúa una medicina
milenaria: la acupuntura."
Para quien se lo proponga, hoy existen, en distintas ciudades de América y
Europa, locales destinados a "ver" el aura mediante cámaras
específicas y pantallas computarizadas. En algunos casos, incluso, se entregan
gráficos explicativos donde consta la interpretación de los especialistas que
manejan estos sistemas. No fue fácil, sin embargo, encontrar gente que pudiera
dar testimonio de haber presenciado auras sin mediación tecnológica.
Alba de
Cabobianco, psicóloga graduada en la
Universidad de Buenos Aires, fue la primera persona entrevistada que me
comentó su propia experiencia con relación al aura. A lo largo de aquel
encuentro, en su casa, en marzo de 2002, Alba me decía:
"Vi auras
por primera vez durante el parto de Flavio, mi hijo, que nació cuando yo tenía
treinta y seis años. Para mí, tras doce años de ejercicio de psicoanálisis
tradicional y sin ninguna formación esotérica, esto era desconcertante. Por
entonces estaba más ligada, si se quiere, al existencialismo que a la
espiritualidad.
Notaba un
resplandor que aparecía espontáneamente alrededor de las personas. En el caso
de Flavio, me perturbaba mucho la velocidad de esa vibración, muy rápida, muy
intensa.
Los siguientes siete años me dediqué a investigar nuevas formas de
curación, orientales y occidentales. Tomé contacto, por ejemplo, con la noción
de los chakras, a los que se les adjudican colores equivalentes a vibraciones:
una visión de la energía del ser humano. Los textos relativos a este tema
coinciden en que el color sería una expresión de determinado modo vibracional,
y que los colores más limpios y más sutiles corresponderían a vibraciones más
altas. Cada centro energético tiene un color que predomina. El `coronario', es
decir el que está en la zona superior de la cabeza, tiene colores que giran
alrededor del azul y el violeta. A diferencia de otros colores, el índigo o
azul, hasta donde yo tenía estudiado, no era un color que se manifestara con
frecuencia en el aura."
Resulta interesante, hasta aquí, la palabra de dos personas cuya formación
se remite a saberes no esotéricos. El abordaje que María Luisa Pastorino y Alba
dedican al tema auras tiene distintos puntos de partida; en el primer caso es
netamente profesional; en el segundo, emerge enmarcado por una experiencia
personal. Sin embargo, ambas miradas coinciden en un punto de partida crítico.
Esto hace que luego, al cobrar peso propio, la cuestión del aura suene mucho
más genuina en sus voces.
En Internet existen profusión de sitios y ofertas que abarcan la cuestión
del aura promoviendo conferencias, consultas personales, e incluso
asesoramientos accesibles sin moverse de la propia casa, vía red. Uno de los
cursos ofrecidos (cursos@holistica.com.mx) coordinado por Maya Toyber Campeche, residente en México, invita a
participar de sus conferencias e introduce su especialidad al respecto
asegurando que:
La cámara Kirlian no tiene nada de maravilloso, simplemente hace
fotografías del "efecto corona", que es un fenómeno eléctrico normal
y corriente sin ninguna relación con auras. Verlas desde tu conciencia y usando
tu intuición es diferente.
En la misma página web se desarrolla una definición de auras en tanto
conjunto de fuerzas electromagnéticas de densidades variables que salen de
los cuerpos físicos vitales, etéreos, mentales, emocionales y espirituales.
El campo áurico, según indican los expertos, sobresale del cuerpo con un
promedio de un metro a partir de la última superficie de la piel.
Así se extiende por encima de la cabeza, y más allá de los pies, hundiéndose
en el suelo. Además de los seres humanos, tendrían su propia aura, o campo
energético -incluyendo al reino mineral, vegetal y animal- cada una de las
presencias que nos rodean.
Hay más documentos en Internet que desarrollan el tema. Algunos conceptos
se reiteran, otros se reformulan. A modo de síntesis, extracto aquí algunos
fragmentos que habrán de completar el panorama:
• Albert Einstein nos explicaba
que la materia no existe, sino que es una ilusión creada por la velocidad de la
vibración de diversas formas de energía. Las cosas que percibimos con nuestros
sentidos, cuya vibración es muy lenta, tienen una energía que vibra al mismo
ritmo.
• Todo lo que vibra en el plano
físico se nos aparece en forma de materia sólida la ciencia nos ha demostrado
que un objeto reducido a la más pequeña de sus partículas, esta formado por
millones de chispas de energía. Esto indica que hay todo un mundo vibrando a
una frecuencia determinada. El estudio del aura tiene como objeto práctico
ayudar a la persona a entender los procesos de cambios en que se encuentra y
cómo se van desarrollando.
• El aura se ve de varias formas,
generalmente emulando capas de color que bordean el cuerpo; bandas circulares
alrededor del mismo, como éter flotando sin forma definida, a modo de flamas de
colores que se extienden y desvanecen.
• Debido a que el aura es un
plasma etérico, se puede visualizar de muchas maneras. Hay personas que tienen
la habilidad de percibir el aura de manera natural, con sus ojos físicos abiertos,
gracias a los receptores en forma de conos dentro del ojo que son los
encargados de la visión de color. Otra forma de percibirla es con el ojo
interno (coloquialmente llamado "tercer ojo"). Esto se logra con
entrenamiento, ejercicios, práctica y continuo trabajo personal del individuo.
NIÑOS QUE
ESCRIBEN EN EL CIBERESPACIO
Tras haber recorrido una docena de páginas web, saltado de links en links,
y advertido que empiezan a repetirse notas y autores, eslóganes, titulares,
lanzo un mensaje en botella al ciberespacio virtual titulado "presentación
y consultas": algo así como ¿Hay algún niño Índigo allí?
En él explico mi situación y mi búsqueda, pretendiendo llegar a algún
protagonista cierto y exponiendo mi sondeo. Procuro conectarme con gente
dispuesta a aportar información, testimonios personales, perspectivas
científicas o alternativas.
Recibo, entre las primeras respuestas:
De : "Almendra *" <almond0304@hotmail.com> Fecha: Mon, 28 jan 2002
Mi nombre es Irene, miembro de la comunidad. Me da mucho gusto que te tomes
el tiempo para encontrarnos y escribir sobre nosotros. Soy mexicana, y al igual
trato de relacionarme con mis hermanos índigo. Puedes escribirme y contactarme
cuando gustes, estoy en la mejor disposición de colaborar contigo.
De : "María Paloma Pérez Alonso" <maria_paloma35@hotmail.com> Fecha : Sun, 10 Feb 2002
Me llamo María
Paloma, tengo 40 años.
Hace un tiempo
"casualmente", escuché una conferencia sobre los niños índigo, y me
quedé bastante perpleja, parecía que estuvieran relatando mi forma de ser y
comportamiento.
No tengo total
seguridad de serlo, pero escuchando a la conferenciante supe que en esencia yo
fui una de esas niñas de la que se hablaba. Si quieres escribirme y preguntar,
estoy dispuesta a informarte. Un abrazo.
María Paloma.
De : "Molly Hamilton Baillie" <molly_indigodoll@hotmail.com> Fecha : Tue, 12 Feb 2002
Me llamo Molly
Hamilton Baillie, tengo 24 años y soy índigo. Una señora que ve auras me dijo,
a los trece años, que la mía era azulada, aunque entonces no entendí la
importancia que eso ahora tiene en mi vida.
He creado una
organización internacional llamada "rainbow plaza" con la finalidad
de estrechar lazos entre seres humanos para que el planeta sea uno y
ejercitemos la armonía, el respeto, la tolerancia.
Fui catalogada
como una rebelde sin causa. Mis padres tuvieron dificultades para criarme; soy
hiperactiva y me aburro con facilidad, salvo que el tema me interese, como los
idiomas, por ejemplo. Soy británico-argentina y vivo en Buenos Aires.
Me estreso con
facilidad, amo la lealtad, no fumo, bebo sólo agua y jugos naturales, no me
gusta la carne.
He desarrollado
ciertas facultades que no puedo controlar a voluntad, y he tenido sueños
netamente premonitorios. Puedo percibir cuando una catástrofe se avecina
porque siento en mi interior un torbellino previo.
Practico yoga,
tai-chi, meditación, autocontrol, concentración, escribo cuentos y canciones y
participo en concursos. Estudio filosofía y ya casi soy licenciada en
historia, a pesar de que el sistema tradicional de la universidad me costó
enormemente; no me gusta la forma mecanicista de estudiar, la escuela fue la
peor marca de mi vida.
Estoy a tu
disposición para que me preguntes lo que quieras, e incluso participar de tus
investigaciones, no tengo problema en dar la cara.
Contáctame.
Decido agradecer a Irene y a María Paloma, con quienes mantengo el
contacto. El testimonio de Molly, notablemente coincidente con la
caracterología índigo, merece algunas preguntas. Le envío, entonces, un
cuestionario puntual que ella responde pocos días después:
De: "Gabriel Sánchez"
Para: molly_indigodoll@hotmail.com Fecha: Mon, 18 Feb 2002
-¿Cuándo
concebiste la posibilidad de haber sido una niña índigo?
-Comencé a sospecharlo en junio del año pasado, al ver un programa sobre
las profecías mayas, donde se predecía la llegada de los niños índigo en
"la última etapa del tiempo del no-tiempo". Expusieron las
características y me reconocí coincidente en casi todo. En realidad nunca había
oído de este tipo de niños, pero siempre consideré que cualquier ser humano
puede despertar sus facultades mentales, mover objetos, leer el pensamiento,
etc. Por lo que no me sorprendía cuando me pasaban cosas extrañas.
En diciembre de este año después de ver un programa de televisión titulado
"infinito" en vivo, donde se explayaron más sobre los niños índigo,
busqué en Internet e hice una carpeta sobre ello, con todo el material
disponible para corroborarlo.
-¿Cómo
lo comprobaste?
-En diciembre de 2001 llegué a la conclusión de que yo era una índigo, al
unir lo que estaba encontrando ahora con una serie de recuerdos que se
remontan a mi infancia y siguen en mi adolescencia:
Ingresé adelantada a la escuela, a los cuatro años, pero no podía
adaptarme a los compañeros, no era indisciplinada, sino que definitivamente no
podía prestar atención. Me atraían las revistas acerca del sistema solar, los
planetas, las galaxias, lo vinculado a la posible existencia de otras vidas en
el universo.
Me derivaron a un gabinete psicopedagógico y allí concluyeron que en
realidad, pese a ser menor al resto de mis compañeros, estaba aburrida, y sólo
me interesaba por lo que a mí me parecía importante. Si no prestaba atención
-decían los especialistas- era porque sencillamente no quería.
lo curioso era que cuando el ciclo lectivo terminaba, yo siempre recibía
medalla de oro como mejor alumna, sin haber hecho el menor esfuerzo. Sólo me
dedicaba a la literatura y a las ciencias sociales, también me gustaban los
insectos, me llamaban la atención, pero me daban miedo algunos.
Más tarde, cuando tenía trece años, viviendo en la provincia de Jujuy, una
señora llamada Teresita, seguidora de lanza del Vasto, que podía leer el
pensamiento y ver las auras de la gente, un día de pascua en la iglesia, se
paró ante mí y se quedó mirándome pero de un modo especial, como si algo
"fuera de mí" existiera. Yo no entendía, porque no me miraba a mí
exactamente, sino a mi contorno. luego me abrazó, y le dijo a mi familia:
"a esta chiquita se le lee en sus ojos lo que va a ser y hacer...."
Después, ella y los suyos, otros seguidores de lanza del Vasto, que usaban
una especie de uniforme azul, les dijeron a mis padres que Teresita había visto
algo bueno en mi aura, y que yo debería incorporarme a ellos, a su culto, pues
"ya tenía su uniforme".
-¿Sabes
que existe una característica genética de los niños índigo que los hace
resistentes a gran cantidad de enfermedades? ¿Tienes información acerca del
tema ADN en este sentido?
- Hace unos veinte días supe de eso viendo otro programa de los mayas donde
hablaban de "cuatro cordones más" activados del ADN. La verdad es que
yo, como historiadora, no tenía ni la menor idea de la composición del ADN, de
manera que ahora me estoy interesando por la genética y planeo hacerme un análisis
para terminar de corroborar mis aciertos.
Sí te puedo decir que cuando nací, no tomaba leche materna. Fui la única
que rechazó el pecho de mi madre, mis otras dos hermanas fueron
"mamonas". En mi caso no quería tomarla, y los médicos le dijeron a
mamá que ello me traería problemas de salud, debilidad, fragilidad en los
huesos, etc.
Pero fui resistente a todo, a pesar de haberme pescado, también, todo:
rubéola, hepatitis de sesenta días, varicela, papera, fiebres, sin ninguna
consecuencia. Por ejemplo, tuve rubéola antes de cumplir un año, nadie se había
dado cuenta, contagié a mi mamá y ella que estaba embarazada perdió al bebé. Yo
salí totalmente "ilesa".
Cuando tuve hepatitis, estaba fuerte, y pasé en cama veinte días sólo por
precaución, según indicaban los médicos. No me dolía nada. Y lo más curioso es
que tenía un apetito feroz.
-¿Conociste
a otros niños índigo personalmente? ¿Se te parecen? ¿Puedes ver su aura?
-Francamente no conozco a ninguno. Me veo más parecida a los animales, a
quienes en algunas ocasiones sí les veo un contorno de luz, lo mismo que a las
plantas. Por lo general, eso me ocurre cuando, paseando por mi jardín, rezo:
allí puedo ver la luz de las plantas.
-¿Has
tenido experiencias de telepatía o algo que te haya llamado la atención, que
consideres fuera de lo normal?
-Después de que nací, estando yo en la cuna, en los primeros días
sucedieron cosas sobrenaturales, como ruidos fuera de lo común y cositas que
volaban; objetos pequeños, trabas de cabello, elementos de cosméticos. Mi
madre asustada las aplastaba contra el piso. Consultó con psíquicos y le
dijeron que era normal que esas cosas sucedieran cuando se estuviera en presencia
de personas con mucha energía, pero especialmente en bebés, cuando esas
energías recién llegadas en un ser fluyen en forma muy caótica.
Desde el tercer mes, hablé, y un experto en lenguas le dijo a mi padre, que
yo decía palabras en sánscrito y algunas en arameo. En cuanto a las
experiencias que yo recuerde, sí, las tuve en varias oportunidades, pero nunca
de manera voluntaria. Cuando intenté ver lo que pensaba alguien, no pude. En
cambio, en forma espontánea, y siempre cuando miro a las personas por la nuca,
he llegado a percibir muchísimo. Incluso, a veces, síntomas físicos; a sentir
en carne propia el dolor de aquel a quien miro.
Penas, dolores, alegrías ajenos han acabado por estresarme. Por ese motivo
hago ejercicios en distintos momentos del día, para controlar este tipo de
cosas, estoy aprendiendo a autobloquearme frente a estas situaciones. También
he soñado lo que después hago en el día, y puedo sentir con unos meses de
anticipación si las tragedias se avecinan, el pecho se me cierra. No entiendo
lo que sucede, hasta que ocurre lo que sospecho. Estos presagios abarcan a
personas muy conocidas o no tanto. Por ejemplo puedo predecir en mi interior
si a alguien del vecindario le ocurrirá algo. Pero esa facultad no me gusta. Es
que no he aprendido a manejarla.
CLUB DE LOS
NIÑOS ÍNDIGO
A los tres y cuatro años estos niños entienden sobre
computadoras de una forma que un adulto de 65 años no podrá hacerlo. Son niños
que vienen a este mundo con cierta visualización mental orientada y anticipada
hacia la tecnología, pero una tecnología que nosotros ni siquiera hemos llegado
a soñar. Creo que estos niños están abriendo un portal, y nosotros llegaremos a
un punto en el cual nada tendrá que trabajarse, excepto en nuestras cabezas.
-NANCY ANN TAPPE (Parapsicóloga)
David Kortzel vive en Chicago, Illinois, Estados Unidos. Además de taxista
es un jugador empedernido de ajedrez y un pésimo internauta. No obstante,
aprendió a arreglárselas para poder competir, vía Internet, con desconocidos,
donde se llevó algunas sorpresas. Uno de sus más duros adversarios, con quien
llevaban un nivel sumamente parejo, rehuía, sin embargo, el diálogo, la
evaluación casi ritual que se da en ese ámbito; la conversación tras el juego
es una costumbre más o menos habitual, según la cual los contendientes comentan
la partida, se dan cita para otra, o intercambian información sobre la
actualidad ajedrecística.
En el caso de David, su contrincante fantasma contestaba escuetamente.
Apenas cosas como: "OK, otra partida" y nada más. Sin embargo, ese
mismo jugador sin rostro, cuando ganaba, se tomaba el trabajo de elaborar y
enviarle distintas opciones de la partida completa, saliendo de una jugada
determinada, según las cuales David hubiese resultado ganador, de hacer las
movidas correctas. A esto, el silencioso contrincante, agregaba el envío de
nuevos programas en versiones comprimidas, trucos, antecedentes que
registraban sus partidas y otro tipo de material que daba cuenta de un
auténtico experto.
El gesto era toda una cortesía, pero implicaba, además, una tarea previa
verdaderamente compleja que exige, por otra parte, un concienzudo conocimiento
del software adecuado.
Así pasó el tiempo, y siguieron los combates en el éter virtual hasta que
un viernes de enero de 2000, David se encontró, en una revista especializada
con lo increíble: la dirección mail del jugador sin voz, con quien había
mantenido cantidad de partidas y de quien había recibido lecciones avanzadas
sobre el manejo de su computadora, así como valioso material para distintas
aplicaciones ajedrecísticas, pertenecía a Maiuko Ikkei, una niña japonesa de
siete años. La pequeña especialista había sido entrevistada como un ejemplo de
lo accesible que puede ser el uso de ciertos programas. Pero lo cierto es que
ella no sólo manejaba bien esos programas en cuestión. Poseía un excelente
nivel de juego y se había dedicado a desarrollar por su cuenta soluciones
informáticas que sorprendieron a los propios programadores, jugadores y
lectores de la revista, según el debate que se instaló en los foros de
jugadores a partir de aquel artículo.
El contacto con el ajedrez, siendo aún muy pequeña, había llevado a Maiuko
a desplegar, a partir de esa lógica y esas mismas necesidades específicas,
otras herramientas informáticas que le revelaron una vocación investigativa en
torno a las múltiples posibilidades que puede ofrecer una computadora
personal.
Supe de esta historia chateando con David, cuando buscaba información
sobre niños con características especiales. Nunca pude tomar contacto con
Maiuko, pues la dirección había sido aparentemente saturada de mensajes y ya
no funcionaba. No supe, por tanto, si se trataba o no, de una niña índigo, pero
tuve la impresión de que, a la luz de las estadísticas, los niños -mayoría
absoluta en la red- que se revelan anónimamente mediante conocimientos puros,
sin mediar diálogo, voces ni imágenes, están esparcidos por el éter virtual y
habrán de darnos, en los próximos tiempos, más de una sorpresa; ya sea para
enseñarnos o para sonsacarnos, desde su "no edad" el diálogo a un
mismo nivel, el juego justo, sin trampas ni ventajas. Ese que a veces, por ser ellos
niños, les negamos.
Al margen de tomar contacto con este episodio, donde se refleja lo mucho
que puede suceder en el ciberespacio, mi búsqueda en Internet no resultó tan
fructífera en lo que hace a encontrar vivencias u opiniones personales
narradas por los propios niños índigo. Encontré, sí, muchos testimonios
firmados por adultos índigo.
Se repiten ciertos nombres cuyos textos están en casi todas las páginas
vinculadas. Uno de ellos es el de José Manuel Piedrafita Moreno, quien publicó
en septiembre de 2001 Educar en la Nueva Vibración: una suerte de manual para
padres de niños índigo. En la propia solapa del volumen, este autor español
asegura: "se llaman índigo los niños que no se parecen a los demás en su
manera de comportarse".
Propone, a partir de allí, repensar actitudes y concepciones por parte de
padres y educadores:
"Para poder ofrecerles un ambiente donde desarrollar todas sus
posibilidades. Nuestras estructuras sociales, educativas y mentales no están
preparadas aún para acogerlos y comprenderlos. Este manual -sostiene el autor-
os presenta quienes son, os ayuda a detectar si vuestro niño es índigo y os
acompaña en cada momento de la vida que compartís con él, para establecer un
modo de vida armonioso, equilibrado, facilitando la afloración de sus
dones."
Piedrafita
Moreno es, junto con María Dolores Paoli, uno de los fundadores
de la página de Internet www.geocities.com/elclubdelosninosindigo.
Entre
los textos surgidos de estos sites, pueden bajarse descripciones psicofísicas,
donde se repiten los rasgos y atributos presentados en los artículos
periodísticos.
Las páginas de
bienvenida invitan a los potenciales niños
índigo a incorporarse con sus testimonios, citándolos a participar en las
conferencias que dictan los fundadores de los sitios. Existen también páginas
en alemán, inglés y español con nombres similares.
Uno de los sitios que encuentro en el panorama virtual se distingue de
otros al ofrecer -valga el juego de palabras- una ubicación tangible y real, a
la cual los interesados en compartir experiencias y realizar consultas pueden
recurrir, al margen de la Internet.
La sede institucional de este sitio existe en Ecuador, y su página de
presentación (http://conates.tripod.com.ve/ninos_indigo/id25.html)
comunica lo siguiente:
La Fundación
INDIGO es una institución sin fines de lucro, de apoyo a la niñez y la
juventud, inscripta en el Ministerio de Bienestar Social. Somos conscientes de
la necesidad de emprender acciones para la niñez y la juventud del país y más
específicamente para niños y jóvenes índigo y sus padres. La Fundación esta
desarrollando y ofreciendo una serie de acciones enmarcadas en:
- investigar e
informar;
- reunir niños
y jóvenes índigo y apoyarlos;
- reunir y
apoyar a los padres de familia y educadores;
- conformar una
red interactiva de apoyo e intercambio a nivel local, nacional e internacional;
- desarrollar
materiales impresos y audio-visuales de difusión.
¿Quiénes
somos?: Somos un equipo de madres de familia, educadores y profesionales.
Estamos convencidos de que si los niños y jóvenes son atendidos, entendidos y
apoyados -ahora- de manera correcta y cariñosa, en sus aspiraciones, ética,
sueños, habilidades, talentos, visiones, podrán llevar a cabo con más
facilidad sus misiones de conformar el mundo del mañana, un mundo justo, equilibrado
e íntegro.
Nuestra misión:
Ofrecer a los niños y jóvenes apoyo, espacios, encuentros, sistemas
alternativos y herramientas necesarios para su desarrollo personal, bienestar y
comprensión.
¿Qué nos
distingue?: La Fundación INDIGO da la bienvenida a todos los niños y jóvenes
sin distinción de raza, sexo, idioma, religión, opinión, política, posición
económica.
- Ofrecemos un
nuevo enfoque hacia la generación que está llegando.
- Prestamos un
servicio que escucha y responde a los requerimientos de los niños y jóvenes.
-Contamos con
un equipo de profesionales especializados y un acercamiento holístico.
-
Co-construimos soluciones prácticas.
- Nos apoyamos
en una profunda formación ética y de valores.
¿Dónde
ubicarnos?:
Sede
Quito-ECUADOR: Tamayo N23-44 (632) y Veintimilla, Oficina 2°
Tel.: (593-2) 2
525-478, 2 525-498, 2 500-970, 09 9 722-523 Fax: (593-2) 2 509 509
Surge de la búsqueda, según compruebo a medida que avanzo en mi
investigación, una curiosidad: la gran mayoría de aquellos que han tomado
contacto con el tema, acaban sospechándose adultos índigo (ex niños índigo) o
bien padres de un niño que reúne esos caracteres.
La sensación de verse reflejado -a sí mismo o a sus hijos- en las
descripciones, parece ser habitual en los lectores que llegan a esta información.
Según surge más adelante, incluso los escritores, docentes y ensayistas que
participan del mercado editorial y virtual de la web encabezan su testimonio
asumiéndose "adultos índigo".
Hay factores señalados en la Indiguez que, podría decirse, abarcan a todos
los niños de la humanidad. Sin embargo, otros aspectos más específicos,
recortan y delimitan la caracterología con bastante precisión, en particular
el relativo a un ADN "mejorado". Dedico más adelante un capítulo
completo a este tema, cuyo tratamiento merece la palabra de especialistas.
Una consecuencia que acompaña al fenómeno índigo, y que la red virtual
difunde a su manera, es el cambio de enfoque por parte del adulto. Se pone así
de manifiesto la posibilidad de un cambio en relación con nuestra mirada sobre
los niños, al mismo tiempo que cambia el paradigma educativo y pedagógico,
permitiendo que nuevas características de la raza humana comiencen a aflorar.
"Los niños de hoy" según dan cuenta los testimonios sumados en
mediciones y encuestas, son mentalmente más flexibles, intuitivos, perceptivos
y, por cierto, más desconcertantes para sus mayores.
Quizás, hilando fino, encontremos que la mirada de niños y adultos no
cambia en forma aislada, unilateral. Resulta lógico pensar que las perspectivas
y accesos entre generaciones se modifiquen mutuamente, produciendo una suerte
de simbiosis cultural. En este caso particular, da la impresión de asistir a un
momento en el cual la humanidad toda estuviera preparando un nuevo giro,
tomando posición como un feto en el vientre materno, o rotando, a punto de
parirse a sí misma. Con piernas, brazos, mentes y corazones abiertos a algo
nuevo cuya gestación depende de padres e hijos por igual, aunque estos últimos
sean los "mensajeros" del cambio.
CAPÍTULO 2
FLAVIO Y SU MADRE CUENTAN SU EXPERIENCIA
ENCUENTRO CON
UN NIÑO ESPECIAL
Nuevos
niños están naciendo. Son humanos diferentes, aunque no lo parezcan. Yo soy uno
de ellos, uno de los primeros. La humanidad está cambiando. La conexión con lo
espiritual está más abierta. Todos los niños pueden ahora mantenerse unidos a
su esencia.
-FLAVIO, ocho años
Entrevisté
a Flavio Cabobianco en abril de 1992, acompañado por sus padres, en la casa
familiar. Por entonces él ya tenía once años de edad y acababa de publicar
Vengo del Sol, un volumen compuesto por reflexiones planteadas desde los
cuatro, valiéndose de una nitidez gramatical y metafórica exquisita. En la
fertilidad de sus ideas, en su formulación y desarrollo, el libro impactó a la
opinión pública internacional, fue varias veces reeditado, traducido y citado
en distintos medios gráficos. Vengo del Sol incluye dibujos, esquemas
explicativos y relatos personales. Entre sus páginas, que vuelvo a recorrer,
encuentro:
"Hay
palabras que sólo existen en este planeta tan físico, como la palabra nada y
la palabra muerte. La palabra `nada´ sola, no puede existir; puede existir nada
de algo pero nada de nada no tiene sentido porque siempre existe Dios. Nunca
algo de Dios puede rendirse o no existir. Es imposible la nada y también nada
es imposible.
Algunas
personas creen que con la muerte se acaba todo. Es cierto que cuando el humano
se muere se acaba el cuerpo físico, pero no se muere todo el humano, el alma se
va con Dios. Se puede tener un poco de miedo porque es un cambio muy grande
dejar de ser físico, pero es como terminar la escuela, y después seguir
aprendiendo, ir a otro nivel, o ir a una escuela diferente.
O sea, la
muerte, como final de la vida, no existe; la vida sigue, de otra manera,
seguimos siendo parte de la vida que viene de Dios y que vuelve a Dios".
La impronta de una energía omnipresente y creadora es constante en los
textos de Flavio y en los diálogos que mantiene con su hermano Marcos, apenas
tres años mayor, quien también aportó su participación en el libro. Ambos se
definen "complementarios" y dejan huellas de esa complementariedad en
conversaciones como las siguientes, registradas por sus padres, e incluidas en
el volumen:
"Marcos.
-Hay muchas clases de vida. Todo tiene vida, porque todo es naturaleza, y la
naturaleza está llena de vida. Hasta la niebla es algo que vive, tiene algo
que hacer. Aunque descienda de las nubes, siempre va a descender de Dios. Todo
viene de Dios.
El automóvil,
por ejemplo, está hecho de productos químicos, y esos productos químicos los
sacaron de fósiles antiguos, sepultados bajo la Tierra por millones de años. El
hombre no crea nada, sólo mezcla, todo es una mezcla de cosas sacadas de la
naturaleza. Algunas mezclas son malas y peligrosas, son para la guerra; otras
son buenas, para hacer cosas buenas.
Flavio
(entusiasmado). -¡Claro! Dios creó todas las cosas, todas las cosas son
partecitas de Dios, hasta un fantasma... Las casas, los autos, la ropa... Todo
sale de Dios.
Marcos (con
fastidio). -¡No seas tonto! ¡Te estoy diciendo que esas cosas las hace el
hombre, salen de las mezclas que hace el hombre con las cosas de la naturaleza!
¡Cómo vas a decir que una casa, un auto, una ropa, las hace Dios!
Flavio
(gritando). -¡Dios hizo la forma del ser humano y también hizo la forma de
todas las cosas que existen! ¡Dios hizo las ideas de las cosas, y sin ideas no
hay cosas!"
La
mayéutica de estos dos jovencísimos hermanitos (testimonios tomados entre los
tres y diez años de edad) va extendiendo así sus redes a temas diversos e
hipotéticamente "complejos". En sus charlas surgen tópicos que la
escolástica institucionalizada ha tardado varios siglos en consolidar y, sin
embargo, desde la óptica de ciertos niños, pueden atravesarse con una mayor
libertad intuitiva, como si el saber de ambos -e incluso mutuamente potenciado-
les permitiera "ir directo al grano". La lógica binaria, por
ejemplo, tampoco escapa a estos "debates" entre hermanos:
"Flavio.
-¿Sabes? Ya puedo contar hasta cien. ¿Hasta qué número se puede contar?
Marcos. -Se puede contar hasta el infinito. Siempre puedes seguir contando,
pero no te alcanza la vida para llegar al final de los números...
Flavio. -¿Qué
números son muy grandes?
Marcos. -Bueno,
existen los millones, los billones, los trillones... Los trillones tienen un
montón de ceros, ni me acuerdo cuántos.
Flavio.
-¡Algunas calculaciones son terribles!
Marcos. -No se
dice "calculaciones"; se dice cálculos. Ya te van a enseñar a
calcular. En la escuela aprendes a sumar y restar. Pero parece que los números
verdaderamente importantes son el cero y el uno. De allí salen todos los
números.
Flavio. -Claro.
El uno es la vida. El cero es la nada. El cero es ningún número, es el infinito
de los números. Y todo, el cero y el uno, lo lleno y lo vacío, es Dios."
EL FILÓSOFO DE
SEIS AÑOS
Flavio no alude al fenómeno índigo con esa denominación. Pero lo encarna en
plenitud. Hay coincidencias que justifican recorrerlo a través de su obra, más
allá del atractivo que ésta tiene en sí misma, incluso al margen de una
investigación.
Su actitud narrativa, sus convicciones, la manera de exponer sus
descubrimientos concuerda notablemente con la idea de que los niños índigo
funcionan con la unidad, entreviendo la interconexión universal, rechazando la
polaridad, la separación.
Los planteos de Flavio en Vengo del Sol remiten a saberes pocas veces -al
menos públicamente- conjugados por un niño.
El sincretismo de la filosofía Zen, la lógica de clásicos y presocráticos,
sabidurías puras y sin artificios se sintetizan y conviven en los comentarios
que sus padres registran, por ejemplo, cuando Flavio tenía seis años:
"Entre muchos destinos se forma el único destino. El destino de la
humanidad.
Todo lo que
está dentro del tiempo empieza y termina. Dios no tiene tiempo, está fuera del
tiempo."
Los niños índigo vienen a romper viejos esquemas y dogmas basados en
falacias, temores y distorsiones de la realidad que ellos perciben
dentro de un todo. Por eso, explican los especialistas, no operan con la
energía del temor, propia de la densidad y separación de la tercera dimensión.
Y por ello, también, confrontan con los adultos desde sus primeras palabras.
Quienes ven en ellos filósofos de nacimiento y emisarios de sabiduría no
tienen inconvenientes en dialogar procurando aprender algo nuevo.
Conversación de Flavio con sus padres (también, a los seis años):
"Papá. -¿Qué tal, cómo te va en la escuela?
Flavio. -¡Bien, bien! ¡Me gusta ir a la escuela! Ya soy un poco mayor en la
Tierra, y tengo que aprender a vivir aquí. En la escuela practico vivir en
sociedad. Allí no estoy protegido por ustedes.
Mamá. -Pero, ¿tienes algún problema? ¿Cómo te sientes con la maestra, con tus
compañeros?
Flavio. -Me siento bien cuando no hay peleas. No me gusta pelear, pero a veces
tengo que defenderme. Me llevo muy bien con Alejandro, que desde hace mucho es
mi mejor amigo. Pero ahora tengo más amigos, porque ya tengo más control sobre
mi imán del amor y puedo atraer a más niños. Papá. -¿Qué es el imán del amor?
Flavio. -Todos tenemos dentro el imán del amor y el imán del odio. El imán del
amor atrae a todo lo que tiene amor. Si lo sabemos controlar, el amor rodea al
odio como una cápsula. El amor es ordenado, como el conjunto de letras y
palabras que forman un libro. El odio está todo amontonado, es un lío, está
todo mezclado. Una persona es mala cuando se le abre la cápsula del odio,
entonces atrae a gente mala y le pasan cosas malas. Por esa atracción del imán
del odio, se maltratan, se pelean, tienen esa manera desordenada de quererse.
El amor, en cambio, te da una
forma de entender las cosas, que no es con la mente, es con el corazón.
Entonces atraes a gente que también usa el imán del amor. A mí me ayudó a venir
el amor de ustedes.
Papá. -¿Cómo fue eso?
Flavio. -El amor es un canal con la estrella. Los padres de ustedes se tenían
bastante amor, y mamá y vos crecieron con amor. El imán de cada uno atrajo al
otro, y juntos hicieron un imán muy fuerte. Eso lo vimos como una luz que nos
llamó a Marcos y a mí.
Mamá. -¡Pero Marcos es bastante peleador!
Flavio. -Marcos es muy distinto a mí, sabe usar mejor su cuerpo y su mente. Él
también tiene mucho amor, pero vino a experimentar el color rojo, la fuerza en
el amor. La fuerza que él tiene me ayudó a abrirme camino (riendo), claro, no
me gusta cuando usa su fuerza contra mí."
Miro
otra vez la foto del artículo: "ojos grandes, lóbulo frontal prominente,
cuerpo pequeño". En cuanto a la fisonomía, la imagen de Flavio coincide a
la perfección con el modelo índigo. Pero aun así, esto no parece lo
verdaderamente importante. Mientras recuerdo el encuentro, me vienen a la
memoria otros niveles más profundos de interés que, retrospectivamente, se
tiñen de aspectos vinculados con esta investigación. Todo Flavio exudaba
cierta levedad, cierta "aura" protectora respecto del denso mundo en
que trascurríamos durante el reportaje. Llevaba la conversación
"planeando", por encima de mis repreguntas, hacia territorios
insólitos, aparentemente débiles para un material periodístico
"fuerte" como el que se me había encargado entonces.
"En un nivel muy sutil -me decía, según releo en el recorte que
conservé- todos amamos. En un nivel un poco más denso, amamos a ciertas
personas. Y en uno más denso todavía, amamos a las personas con las que
convivimos, como amamos a nuestros padres o como se ama una pareja. Allí es
donde el odio es más factible."
Me decía, como al pasar, esas cosas que uno tiende a no escuchar, pero que
se revelan al desgrabarlas. O al leerlas por segunda vez, diez años después,
como en este caso.
A lo largo de la entrevista, Flavio fluctuaba: iba alternativamente de la
distracción al entusiasmo. Por momentos se lo veía cansado, aburrido, y
entonces mordisqueaba un limón que tenía entre las manos, cuando no las movía
incansablemente.
En el libro, cuando habla de su origen, el entonces pequeño Cabobianco
adhiere a una idea universal y continua de cada vida, como la suya, encarnada
en forma circunstancial en lo humano-terrenal. La espiritualidad, la
trascendencia, la reencarnación, confluyen cíclicamente en su discurso:
"Tengo más recuerdos de antes de nacer que de mis primeros tres años
de vida. Antes de nacer veo todo, tengo todas las perspectivas, mi vista no
tiene límites, porque no tengo ojos físicos. Por primera vez estoy cerca de un
planeta tan denso. Me fui preparando, pasando por otros planetas donde podía
ensayar lo físico. Era como aprender a escribir en el aire, sin usar el lápiz.
Pero esto es muy distinto, muy raro; voy a tener un cuerpo material. Traigo algunos
datos básicos para poder estar acá: 'sí y no', `tiempo y espacio'. Este es un
mundo de opuestos".
Otra vez, Flavio me remite a las primeras descripciones obtenidas durante
esta investigación: "Los niños índigo vienen con un sentido de realeza, de
presencia y propósito; no tienen residuos kármicos, pues son almas
evolucionadas. Son autores y no seguidores y se sienten solos cuando no están
junto a otros como ellos".
La relectura de Vengo del Sol y nuestra entrevista de 1992, me impulsan a
retomar contacto con Flavio. Llamo por teléfono a Alba, su madre, quien acepta
un encuentro.
Llego a la misma casa que visité hace una década. Flavio pasa por la sala y
se incorpora unos minutos a la charla. Hoy tiene veintiún años de edad, además
de una barba tupida. Enseña computación, dedica parte de su tiempo a la
música, y se ha llamado a un "exilio mediático".
En lo personal, celebro el hecho de que aquel artículo que nos conectó
hace una década, venga hoy a tener un rol importante en estas páginas y haya
provocado un nuevo encuentro. Sin embargo, y pesar de haber conversado con él
más de una hora sobre el fenómeno índigo, la presencia de nuevos niños, e
incluso derivarnos en otros temas (que por su riqueza justificarían un libro
aparte) respeto su voluntad de no exponerse públicamente.
Me remito, en cambio, a su mensaje más actual, extractado de la última
edición de Vengo del sol en castellano, donde con diecinueve años de edad, el
autor expone una retrospectiva adulta (en el prólogo titulado "Ocho años
después") que bien podría conjugar la de muchos ex niños índigo. Allí, un
Flavio ocho años mayor, con mucho de poeta, nos dice lo siguiente:
"Escribir
implica regalar. Flavito era una persona muy generosa. Dicen que lo vieron
jugando con un zorro resfriado. Yo no soy él, salvo cuando `la distancia de las
estrellas se posa en la magia de su brillo', como dijo una muy querida niña-amiga.
Creo que el mundo está para que aprendamos. En eso estoy. No puedo darles lo
que les dio y les dará, tal vez, Flavito, pero, en cambio, voy a contarles algo
sobre mí.
Prologar mi
nuevo libro, a seis años de su lanzamiento, un parto en el que fui, al mismo
tiempo, madre primeriza y newborn-baby, es una tarea difícil para mí. Un amigo
canadiense me dijo una vez en Villa Viena que era bullshit que un escritor de
un solo libro no sea escritor. Escritor o no, Flavito `el niño' ha escrito este
libro de una manera muy particular. Me han pedido a mí, heredero de lo que tenía,
aunque no de lo que era (mi legado es sus pasiones) que cuente las intimidades
de aquél o que, al menos, dé nombre y apellido de los otros que le siguieron,
que diga dónde están y que ha sido de sus vidas.
Flavito era una
gran filósofo, creo hoy en una mirada retrospectiva. Cuando tuve en mis manos
por primera vez Ich komm ´aus der Sonne, la versión alemana de mi libro, pude
verme desde afuera y me impactó lo que creo como esencial en la filosofía
`flavítica': `Alle sind wir Teile Lotees' (`Todos somos partecitas salidas de
Dios') Los `humanos' se empecinan en confundir las cosas. Muchos piensan que
hay continuidad entre los diferentes devenires de un ser, convencidos de que un
devenir sigue al otro. La consecuencia es una mentira, creo que los cuánticos
estarían de acuerdo. El presente y el futuro nos atraviesan y plasman un pasado
que siempre cambia. Nosotros montamos alguna de estas líneas que apuntan
siempre como la flecha del destino y así llegamos a algún pueblo. Miramos el
pueblo, donde tantos otros han llegado con sus caballos-destino, nos enredamos
con ellos, tiramos de sus líneas para que ellos o ellas tiren de las nuestras.
Así amamos y miramos el pueblo, y el pueblo es nuestro porque aprendimos.
Tengo varias
críticas con respecto al libro. Insisto en que escribir es regalar, aunque las
palabras nos son prestadas. Su autor era una persona bastante más definida y
segura de sí misma que el que yo soy ahora. Flavito brindó lo más auténtico de
sí en esta obra. Hoy no diría Dios, intentaría algo más poético. Muchos me han
agradecido por el libro, siento que deberían hablar con su autor, lástima que
se fue de vacaciones. Estoy seguro de que volverá, pues siempre viene a
visitarme. Soy él en algunos sueños o cuando estoy con alguna alma que se le
parece, así Flavito dice ,este es mi turno'.
Nunca podré
escribir un final tan trágico y feliz como el del Principito. Flavito estaba
vivo y no era ningún Principito. Ambos habían caído de una estrella. Un día se
encontraron en el Sahara y se pusieron a tocar el bajo porque el zorro estaba
resfriado y le dolía la cabeza. Otros dicen que eran parientes y la cuestión
aquí meramente es: ¿tiene ADN el Principito? Creo que Flavito tenía simplemente
por el Principito aquel respeto natural que se tiene por las figuras míticas
que uno no termina de conocer.
También hubo omisiones. Flavito se peleaba con su hermanito a menudo. El
capítulo de la sangre mala y la sangre buena concluyó dirimiéndose en el plano
físico. Marcos ataca a su hermano. Flavito se hacía pis en la cama hasta los
ocho años y comía helado de frutilla. Creo que más de la mitad de las cosas que
dijimos Marcos y yo cuando pequeños no están incluidas en este libro. Muchos
diálogos los manteníamos, en nuestra temprana infancia, sin estar presentes
nuestros padres. A veces no tomaban notas, y las servilletas saben perderse.
Todos los niños sensibles tendrían un bunch de cosas interesantes que decir, y
sin embargo, no afectaría esto su vida.
Antes de
decidir publicar el libro, mi vida era la que podía tener cualquier chico. Me
la pasaba jugando la mayor parte del tiempo con mi hermano: playmóbiles,
cuentojuegos, dibujiles. Cuando conté que iba a publicar un libro, en mi
escuela todos lo recibieron muy bien. Un amiguito se me acercó y me dijo que él
había pensado que había muchas Tierras, y así, sucesivamente. Los chicos
tienen para decirnos.
Joseph Chilton Pearce, en
Evolution´s End, habla sobre la importancia de una Paideia diferente. Cuenta de
un niño (Jackes Lusseyran, escritor, filósofo y profesor) que a los ocho años
se queda ciego, y sus padres le informan que ha entrado a un nuevo mundo y que
debe mantenerlos al tanto. Así el niño, hoy artista y escritor, que en un
principio estaba asustado de la oscuridad y se golpeaba contra todo objeto,
descubre, luego, la naturaleza de la luz que sale de adentro. Después empieza a
ver los colores y, por último, las formas. Así ve el niño ciego sin necesidad
de percibir `un nuevo mundo'. Fui a visitar a Pearce en su casa de Virginia.
Lo encontré profundamente amoroso.
Flavio, Flavito
y todos aquellos de los que querrán, tal vez, saber paradero, son partes de un
todo, un yo, que es, a su vez, parte de otro todo, un almín, diría Flavito, y
luego un almán y luego infinitos todos que tienden a Dios, como una parábola
que tiende al infinito o puesta en abismo que tiende a cero. Te caíste."
ALBA, DESPUÉS
DE UNA DÉCADA
La madre de Flavio conserva las virtudes de cuando la conocí. Persiste
abierta, informada, interesada en lo espiritual, curiosa y observadora. Pero
descarta una permeabilidad indiscriminada que advierte como parte de una
generación a la que pertenece. Insiste en recortarse de las "ideas hippies
de los años sesenta" y delimitar sus convicciones a campos específicos que
surgieron y maduraron a partir de su propia historia.
"Apenas
nacido Flavio yo tenía ante él una sensación de extrañamiento, como si no fuera
humano. Debo decir que era horrible, porque lo quería mucho y lo sentía muy profundamente
mi hijo, pero había en sus ojos, algo insondable, como si él al mirarme
supiera todo. Reconozco que me asustaba. Esto duró aproximadamente durante los
primeros dos meses. Fue muy fuerte, y a su vez me llevó a profundizar en temas
nuevos, particularmente en lo esotérico. Cuando Flavio empezó a expresar cosas
que tenían que ver con una percepción holística del universo, comencé a ver
que, efectivamente había una trasmutación energética, y esa trasmutación se
revelaba en un modo de ser y estar en el mundo de otra manera; con una conexión
directa al alma de la especie.
Más allá de la
presencia de auras o colores, lo evidente e importante es que hay una
proporción creciente de niños con características diferentes. Ellos vienen con
un denominador común: prescinden de la dependencia externa en el tema de la
seguridad, en lo que hace a su 'valer esencial'. Poseen una profunda sabiduría
y convicción respecto a lo importante que es el `ser' sobre el `tener'. Pero
conjugan esto con una delicada hipersensibilidad, lo cual no es fácil de
llevar.
Yo preferiría
definir a estos nuevos niños como personas `abiertas'. Flavio lo explica
claramente en su libro, cuando habla de seres `abiertos' y `cerrados' a lo
sutil, a lo más denso y material.
Es como si
tuvieran un radar plenamente dispuesto a todas las señales. Cuando los chicos
tienen la posibilidad de expresar esa apertura, revelan una gran creatividad,
no necesariamente artística; puede ser intelectual, o incluso social.
Ellos traen de
vuelta algo que el ser humano había perdido: la conciencia de que somos parte
de un todo, y dañar nuestro entorno equivale a dañar el propio cuerpo. Son incapaces
de herir a un semejante porque sería como agredirse a sí mismos; su visión de
la existencia es de unidad con el todo."
-A nivel familiar y personal, visto a la distancia, ¿diría que la exposición
pública de Flavio fue finalmente un beneficio o una carga?
"Su padre y yo intuimos que si él no encontraba una vía de expresión,
como de hecho fue Vengo del Sol, se nos iría; se nos iría de la vida. Teníamos
la convicción de que si no expresaba lo que sentía y sabía, le costaría
infinitamente vivir. En este sentido nos arriesgamos mucho. Frente a los
medios, pero incluso profesionalmente, ya que esto no era del todo bien visto
en nuestro ámbito, el psicoanálisis tradicional. Flavio se `encarnó'
físicamente en la Tierra a través de su acto creativo. Terminó de afianzarse
gracias a eso; nunca nos arrepentimos de haberlo ayudado a hacerlo."
-¿Qué
compartiría de su rica experiencia -profesional y humana- con otros padres?
"Junto a
los fenómenos de apertura, existe lo que yo llamo una `dictadura de los niños'
potencialmente dañina para todos. No hay que confundirse con esto. Yo rescataría
lo siguiente: respaldar, limitar, educar a nuestros hijos, pero sin obturar la
diferencia. Esto vale para cualquier niño. Gilles Deleuze, el filósofo
francés, habla de lo anómalo en términos de lo que `se sale de la serie'
porque produce un efecto de cambio. No porque sea `anormal', atípico ni
divergente, ni tampoco porque tenga en potencia o en defecto `algo' sino,
sencilla, o complejamente, porque es diferente.
Los niños que
están trayendo un cambio -que ya se está produciendo en la especie- son muy
sensibles a lo que pasa en el entorno familiar, en el entorno social y, extensivamente,
a la circunstancia universal que atraviesan.
Si ante esas
posibilidades, reciben una apertura que les permita canalizar sus dones en
forma expresiva, pueden, además, darnos cosas muy positivas. Si en cambio, se
les obtura esa alternativa, es posible que se enfermen, e incluso que se
separen de la vida."
CAPÍTULO 3
LOS ESPECIALISTAS SE PREGUNTAN SI
SE TRATA DE NIÑOS DISTINTOS
NIÑOS ESTELARES
Que el mundo, o que los pensamientos o que las vidas
terminen en alguna parte es muy difícil de entender. Para mí, lo normal, desde
chiquito, fue que todo existe siempre. No se me ocurría que fuera de otra
manera. Cuando escuché por primera vez a una maestra de mi escuela diciendo que
los únicos que existíamos y pensábamos éramos los que vivíamos en este planeta
me sentí raro, solo, porque a todos mis compañeros les parecía normal. Pero
después no me importó, porque sabía que estaba acompañado por otros, desde
lugares que no terminan nunca, con pensamientos que no terminan nunca... no se
puede estar solo, a menos que uno se lo invente, y sería mentira.
-DAMIÁN, diez años
Georg Kühlewind, húngaro de nacimiento, profesor universitario de Física y Química, autor
de más de catorce libros sobre diversos temas relacionados con lo espiritual,
escribió recientemente un artículo -publicado por el semanario Das Goetheanum
el 11 de marzo de 2001 en Dornach, Suiza- que lleva por título "Los niños
estelares y los niños difíciles".
Este autor europeo elige diferenciarse del término índigo -acuñado en los
Estados Unidos- por considerarlo restrictivo. Prefiere, en cambio, llamarlos
niños estelares, o especiales, aunque los aspectos que determina en sus
estudios no varían sustancialmente respecto de los niños índigo, ni aluden a
una relación específica con las estrellas. Su enfoque tiende, sí, a un
abordaje de lo cósmico, de lo universal, de la vida más allá de lo terrenal,
pero también de la evolución espiritual, aquí en la Tierra.
En su artículo, destaca a los niños índigo (o estelares) como seres
confrontadores, que creen en la determinación de hacer las cosas por sí mismos,
que poseen poca tolerancia a la deshonestidad, y un gran sentido de integridad
basado en el amor y la compasión.
Kühlewind, sin embargo, encuentra un punto de equilibrio entre lo puramente
cientificista y la apelación neta a la espiritualidad. En el preámbulo de su
ensayo, tiene una mirada novedosa sobre la niñez. Afirma que el niño pequeño
siempre ha sido un extraño entre los adultos, dado que proviene de un mundo en
el cual el existir es a la vez un comunicarse. Habla de una comunicación sin
señales.
"Una comunicación directa de seres cuya esencia es pura
significación: tal como ocurre con los espíritus humanos en el estado prenatal.
Así como las `significaciones' de signos perceptibles para los sentidos no son
de naturaleza física -agrega- tampoco lo son los seres que pueden entender o
crear significaciones. El adulto, en cambio, vive en un mundo de signos
físicos, y en su mayoría los toma por realidades, sin reconocer su
significación; es más, ni siquiera vislumbra que los propios signos son `signos
de significaciones', es decir, la visión del mundo acorde con la ciencia
natural."
En ciertos tramos, este físico e investigador, algo distanciado del psicoanálisis
tradicional, de la filosofía clásica, de la lógica pura, parece rozar todas
las disciplinas de las Ciencias Sociales. En sus reflexiones, sin embargo, hay
puntos de contacto con ideas freudianas, aquellas que si bien no apelan al
elemento espiritual, también se ocupan de un tema que desvela a este
físico-químico, lector entusiasta de Goethe: " la constitución del `Yo'
del niño".
En relación con la instancia pedagógica, Kühlewind afirma:
"La educación del niño consistió, y por lo general sigue consistiendo,
en adaptarlo con la mayor brevedad a este mundo de signos y significados,
tomándose el aspecto del significado, en la mayoría de los casos, de manera
nominal. En el pasado esto fue más o menos exitoso, dado que en la educación
todavía desempeñaban un papel los remanentes llenos de sabiduría que provenían
de tradiciones anteriores más espirituales. Pero desde hace algunas décadas la
situación ha cambiado dramáticamente: el abismo entre el niño y el mundo de
los adultos se profundiza y se agranda con creciente rapidez. Por un lado nacen
cada vez más niños con predisposición espiritual. Por el otro, el mundo de los
adultos se aleja compulsivamente de ello: este mundo está compenetrado con una
mentalidad y un modo de vivir puramente materialista."
¿Estamos
realmente hablando de niños distintos y nuevos?, parecen sugerir estos
párrafos. ¿No será que la especie humana se ha vuelto muy distinta de sí misma
y los niños de hoy nos lo hacen notar? ¿No será que éste es ya un mundo viejo y
en ese contexto la reivindicación evolutiva que nos plantea "algo
nuevo" nos parece insólita y anormal? El autor, sin embargo, no se refiere
a todos los niños. Es selectivo y apunta diferencias:
"Hace
veinte años, aproximadamente (pudiéndose observar precursores ya mucho antes)
nacen cada vez más niños que son distintos. Es decir, distintos a lo que los
padres y pedagogos están acostumbrados. Hasta el momento estos niños fueron
considerados y tratados como casos especiales aislados, como raras
desviaciones de lo normal. Hoy en día, debido a su creciente número, se ve
claramente que no se trata de casos aislados sino que una nueva generación de
almas llega a la Tierra: son niños que traen consigo una gran madurez, que
están descontentos con el actual mundo de los adultos y que vienen a nuestro
planeta con un poderoso impulso espiritual. Actualmente ya no es posible
cerrar los ojos ante este acontecer."
En la biografía de Georg Kühlewind, encuentro que su vida y su profesión
dan un vuelco fundamental en los años sesenta, a partir de la lectura de La
Filosofía de la Libertad de Rudolf Steiner. Surge así un nuevo término y un
campo de investigación aplicable a los niños índigo: la Antroposofia.
Precursor
de esta disciplina filosófica y terapéutica, Steiner concibe el pensamiento
científico aplicado a la evolución humana; incluye el factor espiritual y crea
la "Pedagogía Waldorf" un método educativo cuya cosmovisión del
hombre deriva en la educación del espacio interior de los niños. He aquí
algunas opiniones al respecto:
"Las implicaciones de las observaciones de Gesell y Steiner son claras
para los educadores. Forzar el aprendizaje antes de que los niños estén
biológicamente preparados, es colocarlos en situación de fracaso... Surgiendo,
de la forma en que lo hizo, de las observaciones cuidadosas del infante, no
es de extrañar de que la educación Waldorf llegara a la misma conclusión (que
el Instituto Gesell), y aplique los mismo principios para el desarrollo del
currículo para la educación de los niños."
-Sidney MacDonald Baker, M. D.
Doctor en Medicina. Director Ejecutivo,
Instituto Gesell de Desarrollo Humano New Haven, Connecticut
"Como científico involucrado en investigar la física de la percepción,
estoy impresionado tanto por el contenido de este currículo, que incluye
actividades de aprendizaje con el 'hemisferio-derecho' para complementar el
lado analítico, o 'hemisferio-izquierdo', y por el estilo del currículo que
promueve un compromiso directo de creatividad y atención al detalle. Este
método integral, profundo y bien fundamentado, es lo que se necesita para hacer
frente a los desafíos de una era tecnológica, dinámica y estresante."
-Harold Puthoff, Doctor en
Filosofía.
Investigador norteamericano en temas paranormales
"Steiner estaba
muy adelantado a su tiempo. Lo que observó sobre la enseñanza en la primer
parte del siglo veinte, se está confirmando gradualmente con nuevos
descubrimientos en la investigación del cerebro. La necesidad que tiene cada
individuo de rehacer su propia significación, las relaciones cuerpo/mente, y
la participación de las emociones, juegan un papel critico en el aprendizaje
efectivo. La educación Waldorf, por ejemplo, ha estado trabajando con estos
principios por más de sesenta años y recién ahora está siendo reconocida. Ha
estado poniendo en práctica aquello que los más destacados investigadores y
educadores del cerebro están descubriendo sobre el cerebro/mente del ser
humano. Lo que Rudolf Steiner presagió sólo comenzó a ser parte de la conciencia
educativa en la década del ochenta."
-Gabriel Rico
Docente en la Universidad Estatal de San José. Costa Rica
El
pensamiento de Steiner ha dejado "escuela y secuela" de discípulos
en el mundo entero dando pie a un nuevo panorama terapéutico fundamental en la
historia. Si bien aquel investigador no se refirió puntualmente al fenómeno
índigo, es evidente que, gracias a su enfoque, hoy somos capaces de concebir la
posibilidad de un cambio en la especie, en estos términos.
Haber replanteado la relación del niño y el adulto como un aprendizaje
mutuo, dinámico y fértil a partir del cual las revelaciones sobre la naturaleza
humana cobran una perspectiva dinámica y renovable, es obra de Rudolf Steiner
de su impronta.
NUEVOS NIÑOS
Hernán está en sus primeras semanas de escuela. Nunca antes había pasado
jornadas tan largas fuera su casa, en un lugar nuevo, rodeado de personas como
él, es decir, de su edad. Cada tarde, al volver, se lo ve muy excitado. No sólo
habla vertiginosamente de todo lo vivido, como atropellando las palabras con el
entusiasmo de materializar su propio relato, sino que, a diferencia de otros
niños (hay los que incluso lloran y sufren hasta la hora de volver a casa) él
parece fascinado con la aventura cotidiana que ha abierto en su vida ese
espacio lleno de misterios, ese nuevo destino cotidiano e inesperado.
"Al principio -me cuenta su madre- me preocupé por el grado de
aceleración que mostraba Hernancito cada vez que llegaba de la escuela. Hablaba
sin parar de los compañeritos, de la maestra, de su banco, de la mochila de
tal o cual, de lo que les habían contado en clase; iba y venía preparando
cosas para el día siguiente; nada parecía importarle más que el aula, pero de
una manera casi obsesiva. Esto, sumado a que, por naturaleza, hasta entonces
había sido más bien tímido, retraído. Y de golpe se había ido al otro
extremo..."
El testimonio de la mamá de Hernán verifica una típica contradicción
universal; a veces hasta las buenas señales, las de vitalidad, nos preocupan.
Por un motivo u otro, toda novedad es inquietante. Hasta hace poco, incluso, se
subrayaba esta reacción alarmista específicamente en los niños, como rasgo
lógico del desarrollo. Los síntomas de este niño en particular, sin embargo,
invierten aquella hipótesis.
Hernán adora la novedad, la sorpresa, aunque no es un buen alumno,
precisamente porque la transmisión formal de los conocimientos, en los términos
pedagógicos tradicionales, no le interesan. Le cuesta concentrarse en las
clases, se dispersa en los ejercicios de lectoescritura o matemáticas, mira a
su alrededor. Le preguntamos qué mira y lo describe: los gestos de la maestra,
sus labios que se mueven, las caras de los demás niños, las ropas, las fotos en
la pared, los mapas, los casilleros donde cada alumno guarda sus pertenencias,
la ventana, los árboles de afuera. Ese es el mundo verdaderamente vivo,
atrapante, intenso. Eso es lo nuevo, y es mucho de golpe.
Su poder de observación le permite describir al detalle a cada compañero,
las características del salón de gimnasia, los horarios, los juegos. Su
velocidad de absorción es mucha, su metabolismo le impide "aminorar"
ante esa instancia fría y desconectada de la pizarra. Él corre aún en la
autopista de la visceralidad, necesita, por su naturaleza, recorrer otros
tramos, previos a las convenciones, si es que luego las sigue. O acaso inaugure
caminos inexplorados en la búsqueda del conocimiento.
Los padres, inicialmente preocupados, consultaron con tres pedagogos
distintos que no se ponían de acuerdo en un diagnóstico; algo evidentemente
difícil de emitir, teniendo en cuenta que Hernán no presentaba ningún tipo de
angustia. Esa excitación, aunque algo desbocada, tenía el perfil de un síntoma
feliz; positivo. Es su madre quien, con el correr del tiempo, empieza a notar
la cara más luminosa del asunto:
"Cuando empecé a conversar un poco más con él, también yo misma
cambié algo. Traté de ver las cosas como las vería alguien que no se esperaba
esos cambios, y que además los tomaba con alegría; las novedades que traía de
la escuela, las presentaba como de otro planeta maravilloso, impredecible y,
fundamentalmente, suyo, propio, ganado y descubierto por sus propios medios.
Hasta entrar en la escuela, sus amigos eran los hijos de los nuestros; no tenía
contacto con otros niños. Ahora la cosa era totalmente diferente.
Era como si
hubiera crecido otro palmo de golpe (algo a lo que las madres nos vamos
acostumbrando a medida que criamos a nuestros hijos) reconociéndose persona, desarrollando
un interés individual por las cosas, los objetos, los espacios, otros adultos,
los chicos que lo rodeaban, es decir, estaba incorporando un territorio puntual
-la escuela- que, de hecho, él conocía mejor que nosotros, sus padres.
En esos
primeros días escolares, me llamó especialmente la atención una de sus
respuestas. Cuando le pregunté qué era lo que más le gustaba del grupo que le
había tocado, me dijo: "elegir". ¿Cómo es esto de
"elegir"?, me asombré.
Claro, elegir a
mis amigos, que sean míos -aclaró, con total poder de síntesis-. Entonces
descubrí lo importante que era para él, y supongo que lo sería para cualquier
chico, esa primera noción de individualidad y de tener todo un mundo pendiente
de revelaciones. Pero también descubrí algo muy importante para mí, como
individuo adulto. Toda esa excitación, esa aparente ansiedad, son ganas, puras
y nobles; voracidad ante la inmensidad del destino. Quizás a Hernán esto se le
reveló de golpe cuando "salió al mundo" pero también fue una señal
para nosotros, sus padres. A partir de allí, mi marido y yo nos replanteamos:
¿no nos falta un poco de esa excitación ante las cosas? ¿No nos estamos
acostumbrando a los mismos rituales como si fuéramos chicos encerrados en un
pequeño mundo de tres ambientes? Lejos de considerar que la aparente
"aceleración" de nuestro hijo fuera una enfermedad, lo que concluimos
fue que a través de su frescura, de su irreflexivo atolondramiento, en realidad
era él quien nos daba una lección a nosotros."
Al confrontar el testimonio de esta madre encuentro notables coincidencias
con un artículo titulado "El mensaje de los niños de hoy", publicado
en Das Goetheanum (el mismo semanario que difundió la nota de Georg Kühlewind
mencionada páginas atrás) de Wolfschlugen, Alemania, el 7 de febrero de 2001.
El entrevistado, Henning Köler,
pedagogo, es investigador especializado en temas de infancia y pubertad,
anorexia y dificultades del aprendizaje.
En relación con las patologías señaladas como ADD y ADHD (trastornos del
déficit de atención con o sin hiperactividad) Köler se refiere a ellas
asegurando que en realidad, son, en estos niños, un exceso de las fuerzas del
Yo, en especial de las fuerzas Superiores del Yo.
"El llamado Síndrome Hiperactivo, es en realidad un puro decir sí a la
vida, una pura alegría de crear: un desbordante anhelo de hacer el bien. Es
lógico que esto nos cree toda una serie de dificultades. Pero cierto es que se
nos presenta una extraordinaria capacidad que debemos reconocer, apreciar y
fomentar, en vez de estrangular. Todos conocemos los síntomas negativos
-contrasta Köler- pero, ¿qué pasa con los aspectos positivos? Estos niños se
destacan por su gran impulso por actuar: un impulso creativo, entiéndase bien.
Ellos rebosan de energía, pero no se trata simplemente de un difuso exceso de
energía; debemos superar esa idea de una máquina a vapor. Lo que se nos evidencia
en ellos es cómo el impulso del calor y movimiento obrante en el proceso de
encarnación irrumpe con fuerza inusitada; es como si el sentir vital básico de
esos niños se expresara diciendo: ¡sólo tengo poco tiempo y es tanto lo que
debo llevar a cabo!"
El irrefrenable impulso de actuar es, desde la mirada de Köler, sólo una
cara de la moneda. Los llamados niños hiperkinéticos, cuyas señas son tan
cercanas a los índigo, presentan, según su óptica, una marcada necesidad de
proyectarse como "comunicadores primigenios"; son espontáneos,
inventivos, generosos, con una alta disposición al riesgo, si fuera necesaria
para canalizar sus objetivos.
Köler advierte que estos "pequeños anarquistas" -así los califica
en tono positivo- llegan a asustar a los mayores, en la medida en que ya nacen
con una exigencia de libertad que habitualmente emerge recién en la
adolescencia.
Este investigador ha encontrado, en los niños hiperactivos, lo que él
define como "todos los atributos del hombre del futuro"; sumamente
flexible, de amplias capacidades, lleno de ideas, dotado para lo técnico,
emprendedor. "Inoportuno -delata Köler- en un mundo que apuesta a otro
nuevo tipo estándar; conformista, que aprueba todo y a todo se adapta sin
inquirir el porqué."
La idea de que los nuevos niños vienen a aportar un cambio fundamental a
la evolución de la humanidad, es también una de sus premisas. Y sostiene que
en toda época las nuevas generaciones, unidas entre sí con hilos invisibles,
traen la voluntad de llevar determinados impulsos sanadores al acontecer
universal, mientras que al mismo tiempo aparecen fuerzas adversarias para
arrastrar todo al abismo.
"Sería este un tema fascinante para la investigación histórica de la
juventud -propone-: hoy en día no se necesita ser pesimista para mirar con
temor hacia el futuro. Los niños índigo aparentemente se han propuesto una
tarea especialmente grande. Quieren realizar un salto cuántico de la conciencia
y no le temen a ningún riesgo. A diferencia de los años 60/70 en los que la
juventud se rebelaba abiertamente, se está produciendo actualmente una `revolución
de raíces del pasto'. Los niños nuevos se hallan por doquier."
¿Un cambio profundo e histórico viene a darse en la naturaleza humana? De
ser así, es un cambio cuyos signos vitales difieren bastante de otras supuestas
"sangrías" a las que haya asistido (hipotéticamente o no) nuestro
mundo. Precisamente porque el vuelco, en esta oportunidad, parece estar dado
por la vida, y no por la muerte. Por una multitud en expansión y no un líder
solitariamente iluminado, o una minoría poderosa. Por niños pacíficos y no por
ejércitos de adultos.
La muerte, con su innegable pompa y circunstancia, revestida de una
gravedad exclusiva, avalada por su opulencia alegórica, mística e implacable,
se ha cobrado, en el campo del mito, la literatura o el crimen étnico-religioso,
una cantidad importante de supuestas "purificaciones".
Desde el Dios castigador con su Arca de Noé y otras metáforas bíblicas,
pasando por las masacres étnicas destinadas a "limpiar la humanidad",
la parca sostiene su protagonismo mediático e histórico.
Como contrapartida, las últimas décadas parecen concebir en los niños
índigo un germen de cambio más estimulante; vinculado a la "suma" y
no a la resta. Es decir, a la vida, y muy en particular al comienzo
literalmente "embrionario" de ésta, lo cual suena lógico, si se trata
de cambiar algo para mejorarlo a futuro: haciéndolo por el principio y no
-lúgubremente- por el final.
¿En qué consiste el cambio que parece gestarse? ¿Es una metamorfosis de la
configuración física, psíquica, genética y espiritual de los seres humanos?
¿Quiénes son sus vehículos? ¿Qué es lo que hay que hacer para que el cambio
fluya y se articule como tal?
Esas son las preguntas que Köler, junto a otros autores, intenta responder.
La cuestión índigo tiende a proyectarse con un efecto bifronte: abarca lo
espiritual y lo biológico, lo racional y lo intuitivo, cuestiones aledañas que
fluctúan, de carril en carril, entre el cuerpo y el alma, lo social y lo
químico; fronteras cada día más difusas.
Quizás en esta dualidad esté planteada simultáneamente la dificultad para
el investigador y a la vez su interés ante un fenómeno que podría afectar
positivamente a la conciencia planetaria.
Toda certeza compartida por una comunidad atraviesa, antes de serlo, un
pantano de dudas y refutaciones. Cada sospecha avanza, crece, se expande, se
confronta, pero lo hace en forma pendular, oscilando entre la fabulación, la
verdad y el prejuicio, con las mismas vacilaciones ontológicas que sufren los
distintos sistemas de creencias, o la propia ciencia positiva, antes de
legitimarse. Idéntico metabolismo natural parece tocarle a este conjunto de
indicios que se congregan en torno a la infancia, a los niños, en los últimos
años. En este proceso, la palabra de investigadores como Köler, tan plenamente
abocados, casi con exclusividad, a un fenómeno en particular, se integra con
un alto grado de compromiso pues si su verdad en juego pierde sustento, también
lo pierde el resto de su obra, tan vasta como específica.
SER O NO SER
ÍNDIGO
Estos niños
vienen llegando al planeta Tierra, los muy pioneros, desde finales de los
setenta, pero es a partir de la década de los noventa que aumenta su presencia.
Por lo que más bien estamos
hablando de
mayoría y no de minoría.
-MARÍA DOLORES PAOLI
(Especialista en Psicoespiritualidad)
En una escuela en Buenos Aires, Argentina, la maestra propone a sus alumnos
de segundo grado (ocho años promedio) que escriban un relato individual, breve,
donde narren hechos verídicos de sus propias vidas, que a otras personas les
hayan resultado sorprendentes o raros. La consigna para el trabajo -"Es
verdad aunque no me lo crean"- genera risas, bromas, los chicos hacen
obvias referencias al popular programa de televisión que lleva un título casi
idéntico, pero enseguida se ponen a escribir. En pocos minutos, un silencio
atípico se adueña del aula. Como el mutismo que impera en una mesa cuando los
comensales están verdaderamente hambrientos, la concentración de los precoces
y voraces narradores reina, excepcionalmente, por sobre el cuchicheo habitual.
Al cabo de veinte minutos, la maestra les pide que vayan terminando,
retira las hojas de los pupitres y los deja salir al recreo.
Dado el interés que despertó el tema, la joven docente (estrena su primer
año al frente del aula) se propone echarle un vistazo a las redacciones para
luego desarrollarlas e intercambiar lecturas en la siguiente hora.
Al revisar las redacciones, se lleva una sorpresa. La mayoría de las
historias narra situaciones contundentes, minuciosamente descriptas, con
detalles muy específicos; niños que han predicho la muerte de un familiar
cercano, otros que sintieron haber "viajado" fuera de sus cuerpos
durante la noche, mientras se veían a sí mismos recostados en la cama; casos
de nietos que aparentemente habían conversado largo y tendido con sus abuelos
ya fallecidos y desarrollaban esos diálogos con memoria precisa. Un pequeño,
incluso, consigue, en la síntesis de quince líneas, describir cómo una mañana
determinada le comunicó a su madre que el autobús que lo llevaba a su escuela
no pasaría, dejando por sentada la sorpresa de su madre al cumplirse esta
"profecía".
Otros de los elementos comunes en estos relatos están dados por una alusión
omnipresente a las plantas y animales en un tono que no los diferencia de los
seres humanos. La docente queda muy impresionada al advertir que los niños
respaldan lo escrito con la convicción de estar diciendo la verdad, y sin
contradecirse ni corregirse. Pero más le llama la atención el hecho de que
entre ellos mismos, estos niños no se asombran; parecen hablar un idioma común,
no fantasioso, sino absolutamente veraz, al compartir la experiencia narrada
de circunstancias casi habituales en sus vidas. No se trata de un colegio
especial, ni de un grupo seleccionado entre otros; son chicos normales, de una
escuela estatal, de familias de clase media y media baja.
Mariela -así se llama la docente- cuenta que a partir del intercambio de
relatos, los propios niños empezaron a discutir con gran soltura (en sus
propias palabras) sobre temas como la muerte, la trascendencia espiritual, la
vida más allá de la muerte, el alma de las cosas, los viajes astrales, la
telekinesis:
"Lo
hablaban -recuerda- sin ninguna reverencia ni fabulación televisiva. Daba la
impresión de que estaban comentando cosas sumamente cotidianas. Me impactó
especialmente este episodio, porque si bien yo ya había visto entre mis
sobrinitos, e incluso en mis primeras prácticas como estudiante, algunos casos
aislados de chicos con estas inquietudes, para mí eran excepciones. Esta vez,
en cambio, los chicos con historias de este tenor eran la mayoría.
Sin embargo
-agrega Mariela-, lo más revelador vino después, porque a raíz de esa clase, se
me ocurrió citar a todos los padres del grupo para una reunión especial conmigo.
Vino la mayoría; les mostré el material, y todos parecían sorprendidos al
advertir que sus propios hijos compartían con otros niños un mundo de
inquietudes rico y consistente, más allá de las anecdóticas fantasías
infantiles convencionales. Desde la fecundidad de la escritura libre, los
textos revelaban intereses comunes y una vocación significativa por lo
inexplicado. A partir de esto, se integraron grupos de padres para confrontar
las experiencias atípicas de sus hijos y enfocarlas con el ánimo de escuchar,
compartir y explorar junto a ellos."
La
afirmación de que en 1999 los nuevos niños ya representaban el 80% de la
población mundial infantil (menor de diez años) pone en el fenómeno índigo un
peso estadístico de magnitudes inéditas.
Suponer dicha característica "potencial" pero inactiva en tantos
niños -naturaleza ignorada por la gran mayoría de los padres de niños índigo-
implica advertir, por otra parte, la urgente necesidad de verificar ese dato.
Si efectivamente los recursos, dones y virtudes latentes de miles de millones
de seres humanos hoy carecen del marco adecuado para desarrollarse en la
adultez, estaría privándose a la humanidad de una solución que a la luz de los
últimos acontecimientos mundiales, la especie clama a gritos.
Incluso, si cabe la contingencia de que dichos dones sean erróneamente
diagnosticados como un cuadro patológico, al punto de tratar esa sintomatología
con fármacos (según surge de ciertos informes periodísticos inicialmente
recabados en estas páginas, donde se liga al fenómeno índigo con trastornos de
la atención) las privaciones y las consecuencias para la especie serían aun
más graves.
Lo
cierto es que, a partir del fenómeno índigo, investigadores de distintas
disciplinas han retomado con mayor vigor el estudio de las capacidades
especiales en niños. Es decir, en aquellos "futuros adultos" que
pudieran albergar atributos como la telekinesia, la clarividencia, la telepatía,
etc., en estado latente. Esto cobró particular interés a la luz de los muchos
experimentos recientes que revelaron en nuestra especie capacidades
insospechadas "dormidas" durante siglos de humanidad.
Anna Hayes (www.anahayes.com) es otra de las
investigadoras que ha volcado sus hallazgos en Internet, instalando en la web
su propia página. Allí advierte que los niños índigo no deben ser considerados
superiores o pertenecientes a una elite en comparación con otros humanos,
sino, por el contrario, demostraciones vivientes de las capacidades adormecidas
que ahora comienzan a revelarse rápidamente entre todas las poblaciones
humanas:
Comunidades científicas de China, y EE.UU. están actualmente identificando
pequeños grupos de niños de distintas edades que exhiben habilidades inusuales,
como la neutralización del HIV, el genio avanzado, capacidades psíquicas y
telekinéticas y otros atributos fuera de lo común. Éstos son identificados como
niños índigo. Ellos pueden exhibir alguno o todas de estas habilidades y otras
aún no identificadas. En los niños índigo, fragmentos de ADN que la ciencia
identifica como "ADN inútil" están más organizados y son más
operacionales al momento del nacimiento que en los bebés comunes. Esto les
otorga cualidades y habilidades biológicos, mentales y/o espirituales que los
ubican avanzados con respecto a la norma.
Hayes pronostica que estos atributos podrían a su vez presentar desafíos
en el desarrollo de alguno de estos niños, puesto que nuestras estructuras
medioambientales y culturales serían peligrosas para los humanos con las
sensibilidades biológicas y psicológicas que aporta el desarrollo genético
"acelerado". Menciona, por ejemplo la Expansión Perceptual, concepto
que instala en el debate y define como "una orientación biológica
psicoespiritual de los niños índigo; un uso natural de cualidades sensoriales
que están más allá del rango de los cinco sentidos comúnmente conocidos.
"Los atributos asociados con fa Expansión Perceptual -relaciona Hayes-
son una consecuencia directa de la elevada sensibilidad causada por el
desarrollo genético acelerado y el avance orgánico en la orientación
espiritual. Si bien los fenómenos asociados con la Expansión Perceptual están
aumentando entre las diversas poblaciones como resultado de la progresión
evolutiva humana, este atributo es más notable y avanzado en los niños índigo,
lo que los ubica en una situación de riesgo dentro de la atmósfera ambiental,
sociológica y política. Los atributos de los índigo pueden velozmente
transformarse en desafíos elevados, para ellos como individuos y en relación
con aquellos que los rodean."
Si tuviéramos que definir "tendencias" en el enfoque que los
distintos investigadores dan al fenómeno índigo, diríamos que la investigadora
norteamericana Anna Hayes se inscribe en la rama cósmico-paranormal asociada a
hipótesis biológicas:
"Los fenómenos de la Expansión Perceptual debidos a progreso genético
son claramente evidenciados y demostrados en la cultura global a través de un
cúmulo creciente de sucesos y reportes de "hechos inexplicados", como
la EPS (Percepción Extra Sensorial), NDE (Near Death Experiences, Experiencias
de Muerte Cercana), OBE (Out of the Body Experiences, Experiencias Fuera del
Cuerpo), encuentros angélicos, "fantasmas", comunicaciones interdimensionales,
actividad paranormal, visiones, abducciones, ovnis, etc. La evidencia de los
desafíos biológicos y psicológicos que involucran la aceleración genética
asociada con la Expansión Perceptual puede ser encontrada en el aumento de la
frecuencia de "crímenes sin sentido" (como las masacres en las
escuelas), aumento acelerado de los casos de suicidio y abuso de drogas entre
adolescentes, el avance progresivo del ADD, problemas de conducta, desbalances
bioquímicos y alergias entre la población infantil. Hay que agregar el aumento
de los desórdenes tiroideos, esquizofrenia, trastornos bipolares y cognitivos,
psicosis, cáncer, y otras enfermedades, entre la población general."
En relación concreta con los niños índigo y sus atributos, Hayes reprocha
a los profesionales y al establishment científico el intento de racionalizar
la existencia de los fenómenos de Expansión Perceptual asignándolos a la
imaginación, alucinaciones o enfermedad mental, debido a que estos sucesos no
podrían ser efectivamente explicados dentro de los paradigmas actuales de la
ciencia física.
"Otras ciencias físicas más progresivas -concluye Hayes- reconocen la
existencia potencial de campos de realidad multidimensionales, basados en los
potenciales sugeridos dentro de la Teoría Mecánica Cuántica. Pero aplicaciones
prácticas de tales paradigmas experimentales no están disponibles en la
actualidad. Los niños índigo son los pioneros de lo que finalmente será la
norma de la humanidad a medida que progresa en su evolución genética. La
evolución de una cultura comienza con cada individuo."
FUTUROS Y
COLORES
Entre los casos de niños que pude contactar, me interesó especialmente el
de Nahuel. Se trataba de un chico que lloraba con desesperación cuando
escuchaba gritos, bocinas o cualquier estridencia que denotara un origen
violento. Al principio, sus padres atribuían estas crisis de llanto al divorcio
que habían afrontado cuando Nahuel tenía seis años de edad. Pero desde mucho
antes su hijo se había revelado como un chico sensible al sonido en general y a
la música en particular. Su madre, Inés, cuenta que, a los dos o tres años, al
niño le fascinaba escuchar a los pájaros desde el balcón de la casa y pasaba
horas allí, señalando distintas aves, creyendo o intentando identificar el
origen de esas melodías elementales pero hipnóticas que suelen tener los
pájaros de ciudad.
Inés es pianista y aclara que a pesar de la afinidad actual, la relación
con su hijo -hoy un prestigioso cantante lírico- no siempre fue "consonante".
Recuerda que
"Era bondadoso al extremo, y lo sigue siendo, especialmente con los
animales, pero a la vez, extremadamente sensible. A veces tanta sensibilidad
lo paralizaba, lo distraía, lo anulaba. Tenía infinidad de problemas en la
escuela. No fue para nada buen alumno en esa instancia. El grito de un
compañerito, la voz fuerte de la maestra, cualquier altisonancia -hasta el
timbre del recreo- lo amedrentaba. Para él era una especie de "agresión
sonora" amenazante. Esto lo ofuscaba, lo entristecía y lo desconcentraba,
con la misma intensidad con que, en cambio, se pacificaba y le brillaban los
ojos mientras yo estudiaba piano. En esas oportunidades, me llamaba muchísimo
la atención la mirada de Nahuel, completamente viva, ávida, penetrante. Si
había música alrededor su rostro desplegaba alegría, pero también confianza,
plenitud.
Con respecto a
los problemas con los sonidos, era como la contracara de esa misma virtud.
Primero lo llevé a un médico clínico, que a su vez me derivó a un otorrinolaringólogo
con diagnóstico claro: no tenía ninguna afección ni dificultad desde el punto
de vista físico. El problema seguía y las rabietas frente al menor ruido (el
timbre de casa pulsado más de una vez, el lavarropas, la licuadora) eran cada
vez más frecuentes, así que fuimos a un psicopedagogo. El hombre resultó ser
una excelente persona, alguien que me abrió la cabeza y nos cambió
completamente el enfoque del problema. Hizo notar el lado bueno de algo que yo
consideraba una "manía" y lo redefinió como una virtud perceptiva,
que sin duda tenía un correlato positivo. Lejos de alejarlo de los ruidos, nos
sugirió acercarlo a esa parte del sonido que Nahuel parecía adorar: la música.
En ese momento comenzaba nuestra revelación familiar. Tras unas cuantas
entrevistas-conversaciones con Nahuel a solas, este señor que quiere conservar
un muy bajo perfil y me ha pedido no ser nombrado, nos citó y nos dijo:
"su hijo es índigo". E inmediatamente vino una larga explicación que
nos dejó helados. Como si eso fuera poco, nos convocaba a hacer un ensayo
absolutamente inocuo con Nahuel, en el cual estaríamos todos presentes. No
recuerdo cómo ni por qué -intuyo que fue la confianza natural que nos inspiraba-
pero accedimos."
Aquel mismo terapeuta le explicó a Nahuel que esto que le pasaba a él,
también le sucedía a muchos otros chicos de distintas maneras. Es decir, ese
"sentir extremado", que tanto podía hacerlo feliz, como torturarlo.
Allí escuchó hablar por primera vez del color índigo, de las auras, y tuvo la
oportunidad de vivir una experiencia sorprendente acerca de sí mismo, invitado
por ese señor amable, que hablaba de energías y colores.
"El
espacio en que me encontré de golpe era fascinante, relata Nahuel. Fui con
mamá. Era una habitación grande, completamente blanca. De una de sus paredes
colgaba un lienzo, también blanco, enfrentado a una cámara. Estoy usando ahora
palabras de adulto, pero en aquel momento veía una cámara por primera vez, no
tenía idea de lo que era. Había un silencio absoluto que sólo recuerdo haber
percibido bajo el agua, cuando me hundía en la bañera deliberadamente en busca
de ese alivio profundo que era el "no oír casi nada". La persona
detrás de la cámara, una mujer sumamente cálida y dulce, sencillamente me
hablaba, me preguntaba cosas fáciles de responder, mientras bajaba las luces y
luego me enfocaba.
Después
pasó lo increíble. Pasamos a otro cuarto donde había algo así como un
televisor color muy grande, y nos sentamos frente a él con mi madre. Yo tampoco
había visto nunca una cámara Kirlian, ni sabía del calor de los cuerpos (ni
siquiera veía televisión, porque en casa no había). Digo que fue increíble
porque ya adulto, vi cámaras Kirlian, que son bastante diferentes de lo que se
ve cuando se ven auras, pero aquella vez me confronté con todo junto. Vi mucho
más que eso: no sólo se percibía la hoy ya conocida aureola de
"calor" que desprende el cuerpo al ser enfocado por este tipo de
cámaras, sino otra aureola superpuesta a ella. Es decir, un aura de gran
densidad, fluctuante, oscilando entre el azul y el violeta, cambiando en las
distintas partes del cuerpo, pero especialmente concentrada alrededor de la
cabeza. Y todo eso, alrededor mío. Fue un shock. Un shock agradable. Me gustaba
verme en pantalla, me gustaba sentirme observado y analizado, me gustaba que
todos estuvieran en silencio y me trataran con respeto. Recuerdo que mi madre,
en cambio, lloraba. Todos tardamos en encontrarnos con esa nueva
realidad."
Nahuel aclara que hoy tiene algunas críticas acerca de aquel procedimiento;
pues si bien cree absolutamente en el don de ver las auras, lo circunscribe a
determinadas personas que poseen esa virtud natural. En este sentido su
testimonio se suma al de quienes han desarrollado cierta prudencia respecto de
los métodos que involucran tecnología fílmica. La cuestión es materia de
debate a distintos niveles. Afirman algunos que el aura de una persona no
puede registrarse mediante una "lectura" informática, sino como
resultado de una percepción vital, entre seres espirituales.
Por su parte, Nahuel, tras haber pasado por el rechazo y la aceptación (a
nivel externo e interno); elecciones y cambios de rumbo, marchas y
contramarchas, fue "afinando" su destino en el único instrumento que
cobija el cuerpo humano. Es multiinstrumentista pero se decidió por el canto.
Quizás como una búsqueda instintiva, propia de los niños y adultos índigo, en
esa aspiración por deshacerse de lo accesorio, procurar lo esencial, la fibra
última de las cosas, la menor densidad: "la menor parafernalia posible"
como él mismo define.
El caso de Nahuel remite, en parte, a ciertos "tipos" que
describe Nancy Ann Tappe, autora de Entendiendo tu vida a través del color. En
este libro, la autora explica que los "colores de vida" son aquellos
visibles a partir del aura, y anticipan, en cada caso, cuál es la misión de
las personas en la Tierra; qué es lo que han venido a aprender. Pero esos
colores no serían permanentes en la humanidad.
En un reportaje publicado en Internet, la investigadora agrega, por
ejemplo, que según observaciones llevadas a cabo, a lo largo del tiempo, se
produjeron cambios:
Vimos
desaparecer el fucsia y el magenta se volvió obsoleto. Así que pensé que esos
dos colores de vida serían reemplazados. Me sorprendió encontrar una persona
fucsia en Palm Springs, porque es un color que desapareció al inicio de 1900, o
eso fue lo que me dijeron. En los 80, sentí que aparecerían dos colores más
añadidos al sistema, porque dos habían desaparecido.
Les decía a
todos que tendríamos dos colores más, pero no sabía cuáles serían. Mientras
los buscaba, "vi" el índigo: estaba investigando en la Universidad
Estatal de San Diego, tratando de construir un perfil psicológico coherente que
pudiera resistir la crítica académica. En ese tiempo, la esposa de uno de los
médicos tuvo un bebé que nació con un soplo en el corazón. Me llamaron para
que fuera a ver al niño; allí fue cuando realmente vi el índigo y comprobé que
ese era un nuevo color que no tenía en mi sistema. Esa fue la primera
experiencia física que tuve y que me mostró que estos niños eran diferentes. A
partir de entonces comencé a buscarlos e investigarlos.
En 1980 los
registré y comencé el proceso de personalización; en ese entonces, teníamos en
estudio a algunos niños de cinco, seis y siete años, y podía observarlos;
"leer" su personalidad, indagar su naturaleza. lo principal que
aprendí es que ellos no tienen un plan de estudios como lo tenemos nosotros;
se relacionan con el mundo de acuerdo con sus respectivas tendencias áuricas.
Tappe distingue cuatro tipos de niños índigo: humanistas, conceptuales,
artistas e interdimensionales, augurando un futuro genérico para cada uno de
ellos e incluyendo consejos de su cosecha:
• Los humanistas: futuros médicos, abogados, profesores, comerciantes
y políticos que servirán a las masas. Muy hiperactivos y extremadamente
sociables. Con puntos de vista definidos y algo torpes. No saben cómo usar un
juguete, pero los desarmarán y probablemente después no los vuelvan a tocar.
Distraídos, y ' ávidos lectores.
• Los conceptuales: más interesados en los proyectos que en la gente.
Futuros ingenieros, arquitectos, astronautas, pilotos. Atléticos.
Controladores, especialmente de su madre si son niños y de su padre si son
niñas. Con tendencia a la adicción, probablemente drogas, durante la
adolescencia. Conviene vigilar atentamente sus patrones de comportamiento.
• Los artistas: muy sensitivos. Futuros maestros, diseñadores, actores,
creadores, en general. Dentro del campo de la medicina, cirujanos o
investigadores. Entre los cuatro a diez años tendientes a involucrarse en
muchas actividades creativas simultáneas. Antes de elegir le dedicarán un
tiempo a cada una, para decidirse, por lo cual recomiendo a padres de
potenciales músicos y artistas: no compren los instrumentos, mejor alquílenlos.
• Los interdimensionales: físicamente más grandes que los otros
tipos. A la edad de 1 o 2 años responderán: "yo ya lo sé" o "yo
puedo hacerlo", o "no me molestes". Tappe asegura que son
quienes traerán nuevas filosofías y nuevas religiones a este mundo, aunque
pueden llegar a convertirse en bravucones y jactanciosos.
Según
concluye la autora, los niños de estos cuatro tipos creen en sí mismos, no
sienten miedo por los adultos y difícilmente se amedrenten con amenazas poco
creíbles.
Desde el momento en que un niño índigo comienza a hablar, los padres deben
hablar con ellos abiertamente. Incluso desde que son bebés. Se debe aprender a
escuchar a los niños índigo y no intentar mostrarles autoridad. Permita que los
niños le digan a usted lo que ellos necesitan. Entonces, explíqueles las
razones por las cuales usted no puede darles lo que piden o por qué es correcto
que sí lo obtengan. Todo lo que ellos necesitan es ser escuchados. Ellos son
el puente entre la tercera dimensión -dimensión de la razón, del pensamiento-
y la cuarta; la dimensión del Ser.
El hecho de que Nahuel, aparentemente un "Índigo artista", encontrara
su destino, y que sus padres lo favorecieran, surgió, paradójicamente, de un
desencuentro con el mundo exterior:
"Cuando yo consulté a un especialista -recalcaba su madre- lo hice por
la desconcentración en la escuela y el mal rendimiento, que parecían provocados
a partir de ese síntoma antisocial y "maniático" (así lo explicaba
yo) con el asunto de los sonidos. Por suerte, dimos, después de algunos
fracasos, con la persona capaz de ver más allá de lo evidente. Fue la primera
vez que escuché hablar de las personalidades que revelaban una virtud a partir
de un dolor, en un mundo demasiado denso como el que vivimos. Y por supuesto,
me llevé una sorpresa con la gran lección de advertir que un síntoma en
nuestros hijos es siempre un mensaje y no un defecto".
La personalidad inquieta y despierta de Nahuel, contenido por sus padres,
se trasladó, como era previsible, al arte sonoro. Cambió muchas veces de
instrumento y de género musical: hizo folklore, músicas étnicas, rock, jazz,
clásica, contemporánea. Tocó el piano, la trompeta, el contrabajo, la batería.
También se dedicó durante algún tiempo al diseño de instrumentos e hizo un
curso de luthiería especializado en bronces. Se destacó en todo: aprendió a
leer y escribir música sólo, a los siete años -cuando aun no se entendía con
las palabras- leyendo las partituras de su madre.
"En esa
época, lo que hacía -nos cuenta él mismo- era recordar la música que mi madre
tocaba y leer su partitura, tratando de entender cuáles eran los patrones
comunes entre lo que yo recordaba, las teclas del piano, y los símbolos del
papel. Así aprendí; fue como entender un idioma de golpe. Mi propia madre no
me creía, ya que yo aún no tenía la destreza para tocar el instrumento,
entonces lo que hizo una vez fue darme nuevas partituras, que ella nunca había
tocado frente a mí y yo le canté las melodías.
A partir de
aquellos episodios casi increíbles con Nahuel -cuenta Inés- no sólo cambió
nuestra comunicación con él, sino que lo inscribimos en una escuela musical
especial para niños. Y vimos cómo era capaz de desarrollar su propia
estrategia frente al mundo. Ya no luchaba ni sufría contra el sonido ambiente,
sencillamente se embebía en lo que más lo apasionaba: el estudio de su instrumento
(pasó por varios), los conciertos, o hasta la costumbre de ponerse los walkman
cuando salía a la calle. La tortura de su choque con el mundo fue desplazada
por un placer reconciliatorio."
Hoy, el niño hipersensible es un ascendente cantante lírico que se ha
mudado a Brasil y reside en las afueras de San Pablo, prudentemente lejos del
ruido, pero lo bastante cerca de la música y el mundo urbano, a los que
necesita para ejercer su arte. Un largo periplo lo llevó a encontrar su lugar.
Fueron casi dos décadas, pasando por algunas otitis, distintas terapias, mucha
dedicación y la mano fundamental de quienes lo reconocieron y lo acompañaron en
gran parte de su recorrido.
CAPÍTULO 4
LA INTELIGENCIA CREATIVA
METÁFORAS,
JUEGO, APRENDIZAJE
Una niña me
decía hace poco que prefería la radio a la televisión porque la radio tenia
imágenes más bonitas. Las palabras de la radio le daban a esta niña los
estímulos para construir belleza,
belleza
proveniente de su imaginación. Esa imaginación es, precisamente, la base del
futuro pensamiento simbólico y metafórico, pero también del pensamiento
concreto y formal que requieren las matemáticas, la filosofía, las ciencias en
general, y todo aquello que consideremos importante en materia educativa.
JOSEPH CHILTON PEARCE
(Psiquiatra)
La cita inaugural de este capítulo pertenece al autor de dos libros clave
donde se tocan temas vinculados al sistema educativo y la terapéutica infantil
en los últimos veinte años: Magical Child
y Evolution´s End. En ambos trabajos,
este terapeuta norteamericano relaciona el aprendizaje con la imaginación, el
juego y la espiritualidad. Pero es particularmente en el segundo de estos
títulos, publicado en 1992, donde amplía la cuestión evolutiva en relación con
los "nuevos niños" e incorpora un enfoque original y revelador en
materia educativa.
Play: así se titula el capítulo donde Pearce
aborda la importancia del juego, la metáfora, y la inteligencia creativa en la
evolución del niño. El título es en sí mismo un juego idiomático a partir de lo
que expresa el termino play en el idioma de origen, constituyendo la relación
encadenada de significados que suscribe el diccionario (juego, representación,
narración, acción, ejecución, recreo).
El niño que no ha sido educado en el juego, estará en riesgo a todo nivel.
Es decir, dificultado para acceder a la resolución de problemas, al desarrollo
intelectual, psíquico y afectivo; al desenvolvimiento en general: esa es la
premisa de donde parte el autor.
El juego es para Pearce el fundamento de la inteligencia creativa,
dado que empieza con la narración de historias; esas primeras referencias inmateriales
mediante las cuales se construyen representaciones propias de los hechos, los
seres y las cosas.
Aún antes de hablar, los niños escucharán cautivados las conversaciones de
los adultos. Aunque para ellos entender las palabras es apenas incidental en el
principio: es el sonido de esas sílabas lo que los fascina.
El autor se basa en la posibilidad creativa y recreativa del niño, quien
mediante sistemas metafóricos inéditos consigue acceder a lo que denomina source soup o cosmic soup; sopa cósmica o universal del conocimiento. Su
definición de esta "instancia nutritiva" se parece un poco a la que
planteaba Platón: el hombre ha perdido su saber al atravesar el río Leteo (el
río del olvido).
El acceso a la Paideia estaría despejado para estos niños cuya mayor
apertura, basada en una flamante naturaleza creativa para incorporar saberes,
pone a su alcance aquello que las generaciones anteriores han dejado en el
camino. Desde esas primeras "sílabas" que fascinan, hasta la
constitución de palabras, imágenes e ideas, surge el nexo, el puente, gracias
al cual el niño llega a conclusiones propias, a cosmovisiones globales respecto
de hechos y cosas que así aprehende:
ese puente es la metáfora.
Los niños mágicos, integrantes de nuevas generaciones, identificadas por
este psiquiatra e investigador, vendrían a desarrollar sus conocimientos y a
su vez a transmitirlos mediante un procedimiento, en cierto modo, lúdico:
nutrido gracias a la creatividad, a la capacidad simbólica y representativa.
Por eso el juego, la narración, como materias primas, son tan importantes.
Elementos
como la imaginación y la metáfora pasan, desde este punto de vista, a un
primer plano, como conductores en la transmisión de saberes esenciales. La
"canalización" se impone, en esta mirada, a la tradicional
"acumulación" de información y conocimientos.
La metáfora -acierta el autor, luego de remontarse etimológicamente al
griego- es la "imagen de transferencia". "La metáfora es la
imagen que crea un puente entre un sentido y otro. El pensamiento metafórico
resulta capaz de dar nuevos sentidos a las cosas y eventualidades. Y, a la
vez, sugerir nuevas direcciones en la acción creativa".
Así conjeturan, deducen, resuelven y expresan los niños índigo según
Pearce. Y así confrontan, inevitablemente, con la linealidad mecánica a la que
estamos acostumbrados. Valga como ejemplo de lo que dice el autor
norteamericano, un caso testimonial recogido en esta investigación:
"La regla del tres simple es muy complicada", me decía hace poco
Maxi, de apenas seis años, quien ya hace cálculos mucho más complejos que
otros niños de su edad.
A su manera, Maxi planteaba que ese razonamiento no requería de ninguna
regla, ni tan siquiera de una metáfora como el uso de manzanas en reemplazo de
números. Él entendía perfectamente el tema de las proporciones y su rechazo por
la metáfora, en este caso, no contradice la teoría de Pearce, por el contrario;
la regla de tres simple no propone ninguna creatividad, no hay metáfora en
ella, por más que se intente aparentarla. Es, precisamente, una regla, y como
tal, el obstáculo por excelencia a la posibilidad metafórica real, que abra
caminos creativos de aprendizaje.
La lógica de Maxi se aplica, como la de muchos de sus coetáneos, a partir
de métodos alternativos que él mismo elige para llegar a distintas cuestiones
básicas de la vida, donde los números son números, sin necesidad de
disfrazarse, y la imaginación -la creatividad- va más allá de la repetición
ritual que pretende incentivar a los niños preguntándoles "cuántas
manzanas se comió Carlitos en una hora".
En cuanto al aspecto mediático y tecnológico, Pearce presenta reservas y
advertencias. Así como resalta -por ejemplo, en el caso de la niña y la radio-
lo positivo que puede llegar a ser determinado estímulo proveniente de los
medios de comunicación, se manifiesta selectivo frente a los
"soportes" en general. En este sentido, establece diferencias de
forma y contenido entre lo que él llama stimulus tools (herramientas
estimulantes) que gatillan la imaginación y otras que, en cambio, juzga
alienantes.
Los contenidos mediáticos son otro tema de su preocupación (vale la pena
aclarar que si bien Pearce se refiere específicamente a los Estados Unidos, la
problemática que menciona tiende a globalizarse en todos los rincones de la
Tierra). Se alarma ante los discursos xenófobos y violentos del rap, por
ejemplo, un género musical masivamente consumido por preadolescentes en los
Estados Unidos.
Su abordaje específico en cuestiones de este tipo resulta coherente con el
alto valor que Pearce le otorga a lo metafórico. Él ve en este elemento un
lenguaje de poder que invade al niño, instalándose y desplazando otras
posibilidades, coartando su libertad, condicionándolo en aspectos fundamentales
para el resto de su vida.
Desde lo sociológico, el autor rechaza, casi extensivamente, la reproducción
simbólica de sentido en que está embarcado su país a nivel cultural e
institucional. En particular en derredor de la violencia, y aun más en
particular, de esa violencia en derredor de los niños. Recuerda en este sentido
el caso de cierta canción que propiciaba en detalle una agresión sexual; título
que a poco de salir a la venta fue prohibido, tras haber alcanzado, no
obstante, una repercusión masiva en la población preadolescente.
No es casual, finalmente, que el fenómeno de los niños índigo haya sido
enfocado y estudiado por primera vez en los Estados Unidos, donde menores y
adultos comparten el riesgo cotidiano de la exacerbación a todo nivel.
Que
su nación procure con lupa la potencialidad de un cambio, de un giro evolutivo,
de la irrupción de una nueva conciencia, es una necesidad que Pearce juzga
imprescindible. Y lo hace a conciencia: paradójicamente, el suyo es el reino
de la publicidad y el marketing a nivel planetario; un territorio metafórico
por excelencia, donde la iconografía resulta tan importante como la realidad.
En mérito a ello, quizás la primera potencia mundial configure también un
campo óptimo para la incorporación de un sistema de creencias renovado que los
niños índigo reproduzcan con su presencia. Desde la óptica cósmica, podría
incluso pensarse que ellos mismos eligieron llegar masivamente a la Babilonia
del tercer milenio: un escenario mundial fértil para la propagación de nuevos
sentidos.
PALABRAS ÍNDIGO
La primera computadora que recuerdo, para mí fue
como un juguete. La pantalla, los botoncitos, el mouse. Mi hermano mayor me
dijo que no me acercara a ella hasta que él me explicara, porque manejarla era
muy complicado. Yo igual la tocaba, y cada vez que me sentaba, aprendía algo
muy rápido. Me contaba cosas, ella era como si fuera una película, pero mejor,
porque las cosas que pasaban, también las hacía suceder yo mismo. Si apretaba
un botón aparecía una letra, o cambiaba la pantalla, o escuchaba una campanita.
No entendía qué quería decir mi hermano con eso de que era difícil. Pensaba:
"¿Difícil para qué?". Para mí empezó como un juego y siguió siendo un
juego. Nunca me va a parecer que una compu es un aparato difícil de entender.
Al contrario, a mí los pasos se me abrían solos. A veces, como si la máquina
adivinara a dónde yo quería ir. Especialmente cuando empecé a usar Internet.
Todo era como ir eligiendo. El problema es ése; descubrir que hay que elegir
todo el tiempo. Hay que elegir entre muchísimas cosas y eso te puede hacer
confundir, no estar seguro de lo que querías cuando empezaste a buscar.
-BRIAN, nueve años
Sara, de treinta y cuatro años, es psicóloga y vive en Montevideo, Uruguay,
con su esposo y dos hijos varones: Ariel de once y Brian de nueve. Ella fue
quien me acercó el texto -parte de una composición escolar- cuyo fragmento
incluyo más arriba y fue escrito por el propio Brian, muy recientemente.
Las observaciones de Sara sobre su segundo hijo revisten un aspecto
doblemente interesante. En principio, no es la madre primeriza, con tendencia a
ver en ese primer crío que acaba de llegar a su vida todas las virtudes y
particularidades de la humanidad. Por otra parte, su vínculo profesional con la
cuestión terapéutica puso énfasis en ciertas conductas que probablemente, en la
mirada de otros padres, habrían pasado inadvertidas.
Sara accedió a contestar algunas preguntas acerca de su hijo. En particular,
respecto del contexto en el cual descubrió que él era un niño índigo. Intenté
seguir, cuestionario por medio, las premisas básicas que remiten al fenómeno
índigo y su caracterología: cómo le iba a Brian en la escuela, cuándo tuvo ella
alguna duda acerca de su comportamiento y por qué; si había algo que la
preocupaba en particular, cómo tomó contacto con la palabra índigo, etc. Lo que
sigue es una síntesis de su testimonio:
"Yo
siempre lo vi sano, física y psíquicamente. Eso nunca me preocupó. Pero lo
notaba, sí, como demasiado movedizo, inquieto, casi diría que ansioso. En la
escuela sus calificaciones eran completamente irregulares. Los docentes lo
encontraban tan lúcido en algunas actividades como disperso en otras. Se
entusiasmaba con ciertas tareas especiales. Le gustaban mucho los temas
biológicos (le siguen gustando) y llegaba a dibujar láminas complicadísimas,
con teorías explicativas que él mismo inventaba, que desarrollaba a partir de
lo encontrado en una enciclopedia; enormes gráficos que superaban lo pedido por
su maestra, pero que, aun un poco exagerados estaban muy bien, eran muy
correctos, llenos de detalles explicativos. Si dibujaba un árbol, Brian se
preocupaba, por ejemplo, de que todas las partes estuvieran muy definidas; los
dibujaba transparentes, con sus anillos, sus nudos, sus raíces extendiéndose,
sus brotes...; pero se dispersaba en otras materias que le interesaban menos.
En esos casos, los maestros lo notaban totalmente ausente de la clase. Mientras
se distraía, se dedicaba a dibujar plantas o animales ficticios, o escribía
cartas a amigos invisibles, o a mí, o a su padre.
Lo llevamos a
un terapeuta infantil que le diagnosticó apenas una leve dificultad para
concentrarse. Como eso no nos conformó, pasamos por varios especialistas, uno
de los cuales le diagnosticó ADHD. Yo tenía alguna noticia de algo llamado
ADD, que según sabia era un síndrome infantil vinculado a la atención, o mejor
dicho a la falta de ella. Este colega (en realidad un psiquiatra que se había
especializado en niños) nos dijo que efectivamente, esta era una variante del
mismo. En español viene a ser "Síndrome de hiperactividad con déficit de
atención". Nos sugirió seguir un tratamiento dirigido a aliviar el
problema en conjunto, que incluía una medicación. Pero como ni mi marido ni yo
somos partidarios de medicar a nuestros hijos salvo en casos absolutamente
imprescindibles, optamos por investigar un poco más acerca de este asunto del
ADHD.
Tomamos
contacto por primera vez con la palabra Índigo, buscando información en
Internet, pues según las páginas donde se mencionaba ADD o ADHD estos pequeños
suelen ser diagnosticados como diagnosticaron a mi hijo. Así fueron surgiendo
todas las demás "coincidencias", desde el aspecto físico, al rechazo
de Brian por la carne, su fascinada disposición a la tecnología, su capacidad
de anticipación ante ciertos hechos, los descubrimientos o presagios que en
principio nos parecían disparatados y luego comprobábamos eran acertados.
El tema del
aura, planteado a partir del libro índigo Children, nos llamó la atención;
cuando Brian tenía seis años, una mujer amiga de mi esposo dedicada a temas esotéricos,
que luego se mudó a Alemania y actualmente vive allí, especializándose en esa
área, había dicho de él que tenía una aureola "azul profundo" que
ella percibía con gran intensidad y le gustaría hacerle estudios específicos.
Pero no queríamos someter al niño a experimentos, sino que su vida
transcurriera equilibrada, felizmente. Lo mismo respecto del ADN, que era el
otro aspecto tan recalcado en las páginas web, en los recortes periodísticos.
Si en algún momento, cuando sea mayor, Brian quiere hacerse exámenes de algún
tipo, podrá hacerlo. Por ahora nos parece bien estimularlo, pero no ponerlo a
prueba.
En cuanto a su
salud, siempre ha estado muy bien, a pesar de tener una contextura pequeña,
más tendiente a la delgadez. Come poco, no le gusta la carne de ningún tipo.
Con respecto a
su educación, decidimos no presionarlo y permitirle un acceso lo más abierto
posible a los métodos y caminos que él elige. Su relación con los temas
biológicos y científicos es de una pasión increíble y su capacidad para
informarse, con los libros en un principio, y con las computadoras después, es
asombrosa. Ha llegado a ponernos al tanto de temas que nosotros ignorábamos
completamente.
El otro día nos
hablaba de unos animales marinos que cambiaban la rugosidad de la piel y el
color como pantallas móviles, de acuerdo con sus necesidades de supervivencia.
No era un simple camaleón lo que él describía sino una especie de pulpos que
trasformaban sus "espaldas" como si fueran monitores de TV por donde
"pasaban" colores e imágenes emulando el medio en el que se encontraban,
mimetizándose con los corales, las algas, el fondo de arena... Al principio
creíamos que estaba inventando, y unas semanas más tarde vimos en el Discovery
Channel lo mismo que él nos había contado. Lo había tomado de la web, y lo
sorprendente era la precisión con que lo había descripto, porque era tal cual
lo que estábamos viendo. Cuando fuimos a decirle esto, casi angustiados por no
haberlo tomado en serio, Brian no se inmutó para nada. No estaba ofendido. Lo
que hizo fue guiarnos a su cuarto, prender la PC, abrir un archivo donde tenía
guardadas esas mismas imágenes que nosotros habíamos visto y mostrárnoslas.
Nos dejó perplejos: él ya contaba con las pruebas de lo que nos había dicho y
sin embargo ni siquiera se había molestado en confrontarnos con ellas para
convencernos. Su padre y yo le preguntamos por qué no lo había hecho, para
convencernos, o para mostrarnos que él sí tenía razón, y simplemente contestó
`porque me pareció que no les interesaba'."
CONVERSACIONES
No fue fácil encontrar niños índigo cuyos padres aceptaran "exponerlos"
a una entrevista. Cuando accedí personalmente a algún caso, se me pidió, no
obstante, mantener la reserva de su identidad. Sin embargo, de esos encuentros
surgieron diálogos donde la espontaneidad y la manera de relacionar conceptos,
resultarán familiares para muchos padres y docentes.
Segunda entrevista con Maxi, de seis años, hablando acerca de Internet:
-Uno escribe lo
que busca y aprieta el botón grande, ese que dice ENTER, y entra. Es fácil;
¿dónde vas a poner lo que buscas?; en el único lugar en el que puedes escribir.
Después, si te aparecen demasiadas cosas, a lo mejor tienes que volver a
escribir lo que buscas y poner las palabras clave.
-¿Qué son las
palabras clave?
-Son las
palabras que hacen más especial lo que buscas. Si por ejemplo, buscas perros,
te aparece "perros", pero "perros" escrito millones de
veces.
-¿Cómo
"perros escrito millones de veces"?
-Claro, te
aparece la palabra perros en todos los sitios de Internet en que la palabra
perros figura escrita. Entonces le tienes que decir a la máquina que quieres
fotos de perros y no que te muestre cada vez que está escrito "perros"
en alguna parte. Entonces, otra vez: hay que pedirle "perros" y
elegir donde dice "fotos". Es fácil. Y donde quieres entrar, aprietas
el botón del mouse y ya. Por eso lo que usas se llama buscador; te busca lo que
tú necesitas. Pero igual te puede encontrar demasiados sitios donde hay fotos
de perros.
-¿Y tú qué
haces cuando entras a Internet: qué es lo que más buscas?
-No busco nada.
Elijo. Siempre tienes opciones. Yo lo que hago es empezar a preferir. Encuentro
cosas que me gustan y luego vuelvo a preferir dentro de esas cosas, igual que
cuando haces un dibujo, dibujas una parte que te gusta más y así... Cuando te
aburres empiezas un dibujo distinto.
CARTAS
Insisto, obtener un testimonio directo por parte de los niños índigo no es
fácil. Los padres muestran gran disposición a relatar experiencias y exponer
las características de sus hijos, pero a la hora de cederles el lugar a los
niños -los principales protagonistas- para que hablen y den su testimonio, se
tornan generalmente -y con bastante lógica- reacios a la exposición de sus
hijos.
En el sentido inverso, por intermedio de Internet, se presentan solícitos
y bien dispuestos a comunicarse los adultos Índigo, es decir, personas que al
informarse del fenómeno, consideran que han sido niños o niñas índigo y que
creen conservar algunas o muchas de las características que los definirían en
tal sentido. En la medida en que estas sospechas surgen a partir de la propia
mirada, subjetiva, autoreferencial, resultan sumamente parciales, pero no
siempre descartables. Recibí algunos mensajes interesantes provenientes de
gente joven, muy cercana aún a su infancia y especialmente abierta a comunicar
su experiencia.
Molly Hamilton Baillie (molly_indigodoll@hotmail.com) estudiante de Historia, de veinticuatro años no sólo contestó mis
cuestionarios, sino que se interesó especialmente por esta investigación y me
envió extensos mails, subrayando siempre su voluntad de apoyar todo aquello
tendiente a divulgar el fenómeno índigo. A continuación, reproduzco fragmentos
de esas colaboraciones espontáneas:
Día a día
batallo con mis miedos, algunos recuerdos desagradables, y también con la
emoción de haber descubierto lo que soy. En general, a pesar de mis luchas
internas, siempre he vivido en armonía con la naturaleza, he respetado a todos
los entes, y a las personas; el problema fue adaptarme a la falta de armonía
ajena que, con frecuencia, siento que me invade.
El yoga, el
tai-chi, la meditación, los ejercicios espirituales me ayudan. Adoro levantarme
a las 6,30 de la mañana para salir a pasear por el jardín e impregnarme del
olor de las flores, la enredadera y el césped mientras desayuno y miro al cielo
largo rato. Me encanta cuando la brisa y el viento rozan mi cara. Aprovecho
para hacer mi Pranayama.
Sigo siendo
intolerante con los sistemas tradicionales de la universidad como lo fui, en
su momento, respecto de la escuela; me gustaría hacer algo para cambiarlo, la
mayoría está conforme con él. Mis compañeros opinan que la universidad es
difícil, y la verdad es que no es difícil, es aburrida, monótona. Para obtener
el diploma tendré que hacer la vista gorda, lo mismo que hice en la escuela. Me
he rebelado muchas veces y he llegado discutir con una profesora por lo arcaico
del sistema. Pero como mis choques nunca son violentos ni agresivos, la
profesora finalmente entendió los planteos y ahora es una gran aliada y amiga
en la universidad. Las personas mayores son para mi respetables, en tanto
demuestren que han utilizado sus años para aprender.
Me gusta andar
descalza casi todo el día, pisar el pasto. Cuando salgo a la calle no es un
problema ponerme las sandalias, los tacones y demás como cualquier chica. Hay
algunas prendas que me molestan y me ahogan, depende del material, la lana es
algo compleja para mi gusto, lo que más me agrada es la ropa de algodón
sencilla. Descubrí esta coincidencia, e incluso que arrancamos las etiquetas
de las prendas porque nos molestan en el roce del cuello, comentándolo por mail
con otros índigo.
Desde que era
una niña, les enseñaba a mis tíos, a mis padres, a conocer las cosas. No sé de
dónde me salían las palabras, pero para mí todo era enseñar, y ellos se reían,
porque les resultaba gracioso que una nena hablara con los grandes de igual a
igual; recuerdo que mi madre me decía: no te quiero escuchar hablar con los
mayores, quedas como una maleducada. Pero yo siempre estuve convencida de que
"ya" era grande.
Creo que
siempre fui igual, y la razón es que mi espíritu, siempre lo fue, como el de
todos, nuestro espíritu no está sujeto a cambios. Quizás por eso hasta me
cuesta recordar que mi cuerpo fue alguna vez diferente. No fui demasiado
consciente de esos cambios.
Aunque nosotros
tengamos que ser flexibles primero, este es un proceso para todos los chicos,
chicas y adultos índigo, el mundo va camino de flexibilizarse, poco a poco.
Vamos a tener
que tomar de las manos a nuestros padres, familiares, amigos, en fin, a todos,
para facilitar el cambio. Extremo el uso de los sentidos; en mi casa se
sorprendían cuando además de mirar las cosas las olía, y si se podía, las saboreaba.
Al viento me gusta oírlo, busco partículas en el aire, las veo dando vueltas,
aspiro bocanadas para ver cómo sabe.
CAPÍTULO 5
POLÉMICA SOBRE EL FACTOR GENÉTICO
ADD, ADHD Y
MEDICACIÓN
Curar es, ante
todo, no hacer daño
-HIPÓCRATES
Cuando se habla de los niños índigo suele decirse de ellos que vienen al
mundo con un sentimiento de realeza, y se sorprenden cuando otros no comparten
esa misma sensación; la autoestima no sería para los niños índigo un tema de
preocupación. Georg Kühlewind asegura, por ejemplo, que simplemente no harán
ciertas cosas, como esperar en una fila, y que se frustran ante sistemas
rituales o ante métodos que excluyen todo pensamiento creativo.
Esta actitud se correspondería con sus mejores formas de hacer las cosas,
tanto en la casa como en la escuela. El caso del niño que ante la pregunta de
"qué números son divisibles por dos" contesta "todos", da
cuenta, entre otros, de la síntesis de la que son capaces en la resolución de
problemas. Sin embargo, esta misma actitud menos metodológica de lo habitual,
los hace parecer rebeldes e inconformes respecto de ciertos códigos
establecidos.
El rechazo, tanto por la linealidad metódica impuesta desde afuera, como
por las coerciones, amenazas e imposiciones que padres y docentes aplican
convencionalmente en su idea de educación, pone en el tapete el problema de
los niños índigo y la autoridad.
El tema de la conducta, o mejor dicho, de la resistencia al sistema que el
niño índigo juzga arbitrario, sin explicación comprensible para él, provoca
recurrentes consultas a distintas evaluaciones psiquiátricas. En algunos
casos, los profesionales propician una medicación tendiente a
"encarrilar" su atención, regularizar el comportamiento o disciplinarlos
para cumplir objetivos preestablecidos.
En ese contexto reaparecen medicamentos alopáticos que fueron lanzados al
mercado en los años '70, pero no habían sido concebidos para tratamientos en
niños. Entre ellos se cuenta la denominada "Ritalín" o
"Ritalina": una droga del tipo de las anfetaminas que, sin embargo,
en los niños menores de diez años, actúa como tranquilizante. El producto
cambia de nombre en sus diversas denominaciones comerciales y suele irrumpir
en el discurso médico junto con el diagnóstico de "Hiperactividad con
falta de atención".
En el foro de discusión de la página de Internet, elclubninosindigo,
cotidianamente aparecen mensajes y respuestas de madres con dudas sobre sus
hijos. Los siguientes corresponden al resumen diario de mensajes del site del
sábado 16-3-02:
Mi nombre es Any. Hace dos días, por un programa de N, supe de la
existencia de los niños índigo; desde entonces no he dejado de buscar
información respecto del tema en libros, artículos médicos, etc. La razón de
esta gran inquietud es que tengo una hija de 15 años que fue diagnosticada con
ADD nueve años atrás y por lo tanto toma la Ritalín. Siempre he pensado que mi
hija es inteligente y diferente; cuando ella estaba en los primeros grados del
colegio me tocó discutir mucho y hacerle ver a los profesores que no era floja
sino que se aburría y por lo tanto sus calificaciones eran regulares. Se le
hicieron pruebas, tests de inteligencia, y los resultados estaban muy por
arriba del "average" de los niños de su edad. Esto ha sido y es una
lucha diaria, ella ahora esta en High School, sus calificaciones son excelentes
pero... leyendo artículos como los de María D. Paoli, José M. Piedrafita y
otros, estoy convencida de que se ha cometido un gran error. Mis preguntas son
muchas. Quisiera saber si aquí en Miami hay alguna organización, clubes,
especialistas que la ayuden a encontrarse, a canalizar sus vibraciones. ¿Es
posible que no necesite la Ritalín para concentrarse? Estoy segura de que me podrán
ayudar. Gracias.
Respuesta de una participante del mismo foro:
Any: soy
chilena y tengo cuatro hijos, el mayor de ellos, Gianluca de 12 años, también
ha sido diagnosticado con déficit atencional y además un trastorno especifico
de aprendizaje. Paralelo a ello, su coeficiente intelectual está en el rango
superior al brillante, sin llegar al superdotado... Hemos peregrinado por toda
clase de especialistas sometiéndolo a tantas pruebas como nos fue posible.
Él se
encontraba tomando esa misma medicación que mencionaste desde los seis años y
de pronto, no quiso tomarla más, padecía de dolores de cabeza y además
gastritis, sumado a que su autoestima bajó por creer que no es capaz de
funcionar sin el fármaco...
Definitivamente,
las madres poseemos la capacidad de empatizar con ellos y comprender sus
puntos de vista... estamos, al igual que ustedes en un despertar del tema,
tomando conciencia de que la salida debe ser lo antes posible y con la mayor de
las claridades... ignoro hasta ahora, quien más nos podría ayudar, por ello, me
sumo a tu inquietud y espero tengamos buenos logros... tengo mi Fe...
un abrazo,
desde Concepción, Chile.
La
confluencia del diagnóstico y tratamiento ADD + Ritalina constituye en sí
misma una alarma para los padres; una advertencia que, en el buen sentido,
lejos de desesperar, podría conducir al replanteo sobre la naturaleza de su
hijo y sus necesidades.
Los psicofármacos no son una novedad, en la medida en que la alopatía
actúa sobre síntomas de la conducta. La psiquiatría -a veces enfrentada al
psicoanálisis en este sentido- aporta la medicación como principal vía de
alivio para las "disfunciones" que en algún momento de la historia se
designaron, vaya paradoja, "enfermedades del espíritu".
Si bien el síndrome ADD o ADHD no define necesariamente a un niño índigo,
la cantidad de casos en que se localizan simultáneamente ha sido notable.
Es probable, entonces, que un niño con ese aparente "déficit"
abra, a partir de dicho cuadro, la posibilidad de ser contemplado de otra
manera. Y desde esa otra perspectiva, allí donde parecía presentarse una
enfermedad intrínseca, se revele, en cambio, un panorama de virtudes.
ADN: EL FACTOR
GENÉTICO
Según los testimonios obtenidos durante mis primeros acercamientos al
tema, los niños índigo presentarían cierta particularidad genética de
perspectivas revolucionarias a nivel científico.
María Dolores Paoli, especialista en Psicoespiritualidad, plantea, textualmente
en la web, lo siguiente:
Ya tenemos
confirmación, científicamente hablando, del cambio que aportan estos chicos,
manifestándose en la activación de cuatro códigos más en el ADN. lo normal en
los humanos es tener cuatro núcleos que, combinados en sets de 3, producen 64
patrones diferentes, llamados códigos.
Los humanos
tenemos 20 de esos códigos activados que proporcionan toda la información
genética. Exceptuando tres códigos, que son los códigos de arrancar y parar,
como si fuese una computadora.
Hasta ahora la ciencia ha considerado a estos códigos desactivados como
programas remotos que hoy en día no necesitamos.
Pero
aparentemente los niños índigo nacen con un potencial de activación de cuatro
códigos más, que se denota en un claro fortalecimiento del sistema
inmunológico.
Esto ha quedado
demostrado por estudios realizados en la Universidad de California (UCLA).
Algunos de esos experimentos han consistido en aplicar dosis letales
cancerígenas y de virus del HIV a una muestra de células de niños índigo
comprobando que éstas seguían reproduciéndose en forma normal.
Luego hicieron
el mismo experimento con diferentes tipos de virus encontrando que dichas
células eran inmunes en todos los casos.
Enterado del tema ADN, envío un mail a María Dolores Paoli
(mpaoli@cantv.net) pidiéndole su colaboración en este libro mediante un informe
completo donde consten las fuentes precisas de dichos estudios. Tras haber
pasado varios días sin obtener respuesta, decido procurar información por otro
camino.
Recurro entonces al licenciado Carlos Rocco, investigador en genética del
CONICET (Comisión Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) de la
Argentina, asignado al área "Receptores del virus HIV". Rocco integró
un grupo de investigación sobre el tema cuyo trabajo final obtuvo el Premio
Salud 2001 a nivel nacional.
Tras enviarle al genetista una copia literal del texto precedente y pedirle
su opinión al respecto, recibo su evaluación por escrito, que dice:
"( ...) El
párrafo sobre el ADN, es, en principio, ininteligible. Sin embargo y ahondando
en su lectura, podemos deducir, basándonos en los números que menciona, que
cuando el autor dice `núcleos' se refiere a `nucleótidos' y los `sets de tres'
equivaldrían a un codón.
Esto puede
obedecer a errores de comunicación, traducción o vocabulario. En cuanto a sus
afirmaciones posteriores, lo único que puedo comentar es que los sesenta y
cuatro codones codifican para veinticuatro aminoácidos, y todas las formas de
vida en el planeta Tierra -desde cada uno de los organismos unicelulares hasta
el ser humano poseen este código único.
El autor
posiblemente haya relacionado alguna particularidad de los `niños índigo' con
la síntesis de aminoácidos, pero esto de ninguna manera implicaría que se
activen cuatro codones más, ya que absolutamente todos los codones tienen una
traducción en aminoácidos, o sea una función específica.
En cuanto a que
`hasta ahora la ciencia ha considerado a estos códigos desactivados como
programas remotos que hoy en día no necesitamos' es necesario aclarar que en
ningún momento los científicos han considerado que el ADN no codificado, o no
traducido, sea innecesario, ya que podría, por ejemplo, cumplir una función de
sostén.
La hipotética demostración de que los niños índigo nacen con un potencial
que se denota en un claro fortalecimiento del sistema inmunológico `según
estudios realizados en la Universidad de California (UCLA)' merecería un
informe más completo acerca de los profesionales participantes, las
condiciones de tiempo y lugar en que fueron hechas esas experiencias, bajo qué
parámetros o qué tipo de estadística se utilizó, etc. En la forma en que se
exponen no son demostrativas de lo que pretende el autor.
Por otra parte,
las células cancerosas, no son infectivas y jamás podrían `enfermar' a células
sanas, pues lo que hacen es reproducirse indefinidamente a sí mismas, pero no
contagiar a otras.
En general el
lenguaje es ambiguo y resulta, por lo tanto, difícil de interpretar o extraer
de él conclusiones válidas."
Hasta aquí, dos opiniones evidentemente opuestas sobre un tema inicialmente
biológico cuyas extensiones podrían ramificarse a otros campos de discusión que
incluyen lo espiritual, la psicología evolutiva y territorios de la
investigación interdisciplinaria. Decido, pues, procurar una tercera opinión
en relación con el ADN. Recurro, en este caso, a un psiquiatra, terapeuta de
alto prestigio y reconocimiento en su área.
EL ENFOQUE
ANTROPOSÓFICO
Roberto
Crottogini fue pediatra, docente
universitario de la Facultad de Medicina y de la Facultad de Psicología de la
Universidad de Buenos Aires, psicoterapeuta infantil y familiar. Tomó contacto
con la Antroposofía en 1979 -llegó a ser presidente de la Asociación Argentina
de Medicina Antroposófica- y desde entonces se dedica a su práctica y
docencia.
El doctor Crottogini ejercitó en muchas oportunidades la experiencia de la
escritura especializada para comunicar las opiniones, evaluaciones y hallazgos
que acontecen en su campo de interés. Merced a esa experiencia puede volcar en
un texto mayor claridad pedagógica de la que surgiría de un reportaje. Juzgo
oportuno, entonces, pedirle una colaboración de su propia firma con respecto
al tema ADN. Tras acceder cordialmente a la convocatoria me hace llegar las
siguientes líneas al respecto:
"Hay solamente cuatro
concepciones globales de la medicina: dos orientales y dos occidentales. Las
dos primeras son la medicina china ( medicina meridiánica) y la medicina
ayurveda que se pierden en los albores de la cultura (3.000 a 5.000 años
atrás). Las otras dos provienen de Occidente y son la Homeopatía (200 años) y
la Antroposofía (100 años). Cuando decimos globales significa que observan al
hombre como totalidad en salud y enfermedad y no solamente su cuerpo físico.
Este es el caso de la medicina
convencional, académica o de las funcione cuya imagen del hombre se reduce a
una máquina (recordar El hombre Máquina de La Mettrie) casi perfecta que en el
transcurso del siglo XX se ha sutilizado merced a la física subatómica, la
cibernética, la ingeniería genética y la biotecnología.
Todos los adelantos de la ciencia
en este último siglo han colocado al hombre al borde del caos: un intelecto superdesarrollado
y una moral casi inexistente que le han hecho decir a Omar Bradley:
"Comprendimos el misterio del átomo y rechazamos el sermón de la montaña,
el nuestro es un mundo de gigantes nucleares y de enanos éticos".
¿Y qué es entonces la
Antroposofía? La ciencia espiritual o sabiduría (Sofía) del hombre (antropos)
desarrollada por el filósofo austriaco Rudolf Steiner (1861-1925) es el corolario
de un gran esfuerzo metodológico, científico y gnoseológico para brindar a la
humanidad un camino de acceso a un mundo causal, suprasensible o simplemente
"espiritual".
Aquel viejo conflicto del alma
humana entre Verdad y Fe, entre Ciencia y Religión, se desarrolla aquí
cabalmente mediante una teoría del conocimiento (gnoseología) basada en Goethe
que le permite al ser humano observar su propio pensar (Filosofía de la
libertad, de Steiner) y alcanzar una dimensión superior de la Conciencia.
Así como al despuntar el siglo XX
Sigmund Freud descubre los abismos de lo inconsciente y postula su dominio
sobre un débil yo humano, la Antroposofía nos permite reconocer nuestro
verdadero yo trascendente y la posibilidad de elevarse a lo supraconciente.
La Antroposofía se manifiesta en
el mundo a través de distintos canales: el arte, la filosofía, la agricultura
biodinámica, la pedagogía, la medicina y la cuestión social, entre otras.
En el caso de la medicina, se
considera al hombre formado por una estructura ternaria: cuerpo, alma y
espíritu. Todos podemos comprender el funcionamiento del cuerpo físico y
constantemente observamos los vaivenes de la biología celular cuando se
enfrenta al estrés, a las infecciones, a la autoagresión o al caos tumoral.
También podemos comprender la influencia de la alimentación, la polución y la
intoxicación medicamentosa producida por los fármacos administrados.
Todo lo inherente al cuerpo
físico material es exterior a nosotros ("ocurre afuera") y lo podemos
ver y estudiar objetivamente decidiendo conductas tales como la inhibición,
el reemplazo, la amputación o la supresión de "ese conjunto de células y
tejidos que llamamos "ser humano". Esta imagen del hombre es
característica de una medicina convencional, tecnológica y superespecializada
en órganos, aparatos y sistemas pero muy lejos de la esencia de dicho ser
humano.
Ahora bien, es mucho más difícil
entender lo que no es evidente a los sentidos, como es el concepto de alma. Lo
que llamamos alma en la Antroposofía es algo mucho más amplio que el concepto
de mente o psiquis. Es en realidad nuestro inmenso mundo interior, un espacio
misterioso, secreto, íntimo, donde se juegan permanentemente nuestras verdades
más profundas, nuestros valores y nuestras miserias (que incluyen la
"sombra jungiana"). Es el ámbito del eterno presente.
Se torna ahora más sencillo
comprender la profunda incidencia que las sensaciones y sentimientos que viven
en el alma humana puedan tener en el ámbito de la biología (cuerpo físico).
Así no sería nada descabellado
afirmar que el `miedo enferma' o la `esperanza cura'.
También sería muy claro
comprender cómo ciertos patrones culturales (creencias, preconceptos o
paradigmas) arraigados en el alma humana pueden precipitar fenómenos
biológicos tales como el nacimiento de un nuevo ser, la evolución de una
enfermedad o el tiempo de sobrevida.
Y ahora tratemos de entender qué
es el espíritu. He aquí la esencia de lo humano..., la individualidad, lo
irrepetible e inédito... el yo. Es aquello que se manifiesta interpenetrando
el Alma y el Cuerpo. Se expresa en el cuerpo físico desde sus primeros
balbuceos logrando la postura erecta, el hablar y el pensar.
Es el instrumento de nuestra
voluntad. Es el responsable de nuestra identidad biológica (impresión digital,
tono de voz, sistema inmunológico, etc.) Es lo que nos confiere la posibilidad
de pensar, entendiendo por ello: la observación, el discernimiento, la
reflexión, el cambio de punto de vista, la escucha del discurso ajeno, la
discriminación del fenómeno percibido y la emisión de un juicio.
Es el instrumento que nos ayuda a
encontrar el verdadero sentido de la vida.
Si ahora imagino cualquier
fenómeno biológico en la profundidad de un océano anímico espiritual; como es
el ser humano, ¿sería capaz de aventurar un pronóstico de enfermedad de su
cuerpo físico, me animaría a hablar de `enfermos terminales', por ejemplo?
¿Sería realmente lo más
importante lo que ocurriera con ese cuerpo físico atisbando lo que significa la
conciencia del ser que lo habita?
Estas consideraciones nos pueden
guiar hacia esta concepción del hombre llamada medicina de orientación antroposófica,
que cuenta además con medicamentos naturales extraídos de los tres Reinos y
dinamizados prolijamente, un estudio profundo de la biografía humana, una
terapia artística que incluye el movimiento (euritmia) una alimentación
individualizada y un restablecimiento de los valores como sustento para
enfrentar un desequilibrio biológico llamado enfermedad.
En cuanto a la polémica sobre el
ADN, esta concepción que he presentado se apoya en una teoría del conocimiento
(gnoseología) basada en las investigaciones de Goethe, a partir de lo cual
tenemos las herramientas necesarias para considerar cualquier tema, desde lo
eminentemente científico natural, hasta los mundos suprasensibles, esto es,
más allá de los sentidos.
Este es el caso de las
observaciones de la "especialista en Psicoespiritualidad" María
Dolores Paoli y la información brindada por el genetista Carlos Rocco (textos
sobre los que se me consulta en la presente investigación). Esta polarización
de opiniones es habitual entre un astrólogo y un astrónomo, entre un matemático
y un cabalista o entre un científico natural y un psicoespiritualista.
La autocalificación de
"especialista en Psicoespiritualidad" es de por sí irritante para un
cientificista ortodoxo, quien va a criticar rigurosamente cada párrafo leído,
buscando demostrar lo que "no es científico", antes que imaginar lo
aún no demostrado como posible.
Hay una raza de científicos
actuales de la talla de Fritjof Capra, David Bohm o Rupert Sheldrake e incluso
la de aquellos como Albert Einstein, E. Schrödinger o Max Planck que marcaron
rumbos a la humanidad, derrumbando estructuras y paradigmas, sin compasión por
los ortodoxos de su época...
"Una verdad científica no
triunfa porque se logre convencer a sus opositores para que vean las cosas con
claridad, sino porque los opositores acaban por morir y surge una nueva
generación que se familiariza con la nueva verdad", afirmó Max Planck.
Esto no quiere decir que
corresponda insertar cualquier información semisensacionalista en un marco
seudo-científico para justificar la presencia entre nosotros de una super
raza de "niños índigo" que no habíamos imaginado jamás, manejando a
su gusto los destinos del planeta.
Un buen ejercicio epistemológico
nos exigiría establecer un código amplio de comunicación entre distintas
disciplinas, respetando profundamente un punto de vista diferente del nuestro,
con la verdadera vocación de aprender cada día algo nuevo, que surja de una
labor interdisciplinaria rica en ideas y conceptos, para que nuestro pensar
alcance la verdadera madurez que nos debemos a cada uno de nosotros, como integrantes
de esta enorme nave llamada también: planeta Tierra.
Sería bueno recordar
frecuentemente aquellas palabras de Gastón Paris:
"No hay nada que divida
tanto a los hombres como la creencia absoluta de ser dueños de la verdad... y
no hay nada que los aproxime tanto como la noble tarea de buscarla en
común."
Sólo a esta altura me siento
capaz de hablar sobre el tema propuesto, tan controvertido, como la
modificación del ADN en una nueva generación de seres. Creo que dicha
transformación no es lo más importante, desde una concepción antroposófica que
pueda llegar a percibir la espiritualidad humana a través de sus
manifestaciones en el plano físico, sino la modificación de la conciencia en sí
de una nueva camada de niños que en vez de `niños índigo' podríamos llamar
`niños estelares' priorizando lo espiritual por sobre lo terrenal.
También pienso que la importancia
atribuida a los genes en estos últimos años, tiene mucho más que ver con una
decadencia de la visión espiritual del hombre y una necesidad primaria de
reemplazar aquella devoción por lo absoluto por una `deificación'
(transformación en Dios) de la ingeniería genética y la biotecnología.
¿Qué me dice a mí el sentido
común desde una perspectiva antroposófica?
1- No es precisamente la
modificación del ADN lo que va a generar nuevos seres sino que los nuevos seres
que lleguen, si lo necesitan para su tarea, serán los que modifiquen
convenientemente su ADN.
2- Es mucho más importante que
esta comprobación científica respecto al ADN, la transformación de la conciencia
planetaria de los seres que habitualmente nacemos y morimos en esta Tierra.
3- Yo he atendido a muchos seres
de esta nueva generación llamados `niños estelares' y también han tenido esta
experiencia muchos maestros Waldorf (pedagogía antroposófica).
4- Personalmente he guiado a
Flavio Cabobianco (autor del libro Vengo del sol) y a sus padres, para ayudarlo
a adaptarse a la densidad planetaria.
5- Con lo expuesto quiero
desalentar esperanzas de un reconocimiento científico convencional de este
fenómeno: no es imprescindible dicho cambio genético para aceptar la presencia
de nuevos seres, es mucho más importante abrir nuestro corazón a la dinámica de
lo vivo, a seguir firmes los dictados del amor universal y ser capaces de
escuchar en la caída del pétalo de una rosa la música de las esferas."
CAPÍTULO 6
ANTROPOSOFÍA Y PSICOANÁLISIS
APORTAN A LA COMPRENSIÓN DEL TEMA
EL AMOR LÓGICO
Una de las primeras informaciones recabadas acerca de los niños índigo, a
través de recortes periodísticos y artículos varios, refiere a cómo deben
actuar los padres y docentes.
Los problemas de "amoldamiento" o adaptación que presentan estos
niños ante determinados parámetros propios de la educación escolar tradicional,
de la crianza, del trato con adultos, llevaron a la doctora Doreen Virtue -psiquiatra de
nacionalidad norteamericana, especializada en el área infantil- a poner en
Intemet el siguiente decálogo, dirigido a padres y educadores:
1- Trate a los niños índigo con respeto, honre su
existencia en la familia.
2- Deles la oportunidad en todo.
3- Nunca los desprecie ni los
haga sentir pequeños.
4- Explíqueles siempre el porqué.
Si les da instrucciones, no use la frase "porque yo lo digo", corrija
la instrucción; ellos lo respetarán si lo hace, pero si les da órdenes sólidas
y en forma dictatorial, los niños lo harán a un lado.
5- Conviértalos en sus socios en
su propia crianza. Piense bastante este punto.
6- Desde la temprana infancia
explíqueles todo lo que está haciendo; ellos no le entenderán, pero su
conciencia y el hecho de que los esté honrando se hará sentir. Esto es una
ayuda muy eficaz para cuando ellos empiecen a hablar.
7- Si surgen problemas serios,
como hiperactividad y desorden de la atención, escuche distintas opiniones
antes de suministrar drogas.
8- Proporcióneles seguridad
cuando les brinde apoyo. Evite críticas negativas.
9- Hágales saber que siempre los
apoya en sus esfuerzos.
10- No les diga quiénes son ellos
ahora o quiénes van a ser más tarde; ellos lo saben mejor que usted. Déjelos
decidir lo que más les interesa: estos niños no van a ser seguidores de nadie.
Los
especialistas subrayan la necesidad de hablarles a los niños índigo con la
verdad. Pues, aparentemente, ellos detectan la mentira como si leyeran el
pensamiento (se ha dicho que, de hecho, lo leen) y no toleran el engaño. Con
lo cual, toda metodología coercitiva habría de fracasar en la crianza, además
de obstaculizar su desarrollo evolutivo. Las disciplinas que han empezado a
abordar el fenómeno índigo y con él a sus pequeños protagonistas, son muchas,
aunque no siempre están enroladas en la medicina tradicional.
En su libro La Tierra como escuela /
Biografía humana: Proyección terrena de un acontecer cósmico, el doctor
Crottogini aborda, en particular, las instancias temporales de la existencia
terrenal del ser humano,
desde una concepción científico-espiritual. El autor examina la vida de un
individuo en etapas de siete años -"septenios"- caracterizadas por
una serie de incidencias interrelacionadas y analizadas desde la Antroposofía
y sus propias observaciones cosechadas a través de un largo período de
análisis y observación:
"En cada septenio se produce un nuevo nacimiento y el desarrollo de
una nueva etapa en lo físico, anímico y espiritual. Cada uno de estos ritmos
septenarios está regido por una fuerza planetaria que proyecta su influencia
eterna sobre la vida presente.
Al mismo tiempo
que la física subatómica `desmaterializa la materia', que las investigaciones
sobre la conciencia humana trascienden el cerebro físico y que la psicología
Transpersonal da cuenta de un Yo superior, la Antroposofía perfecciona una
metodología precisa para penetrar en dichos mundos superiores: el estudio de la
biografía humana."
La búsqueda de perspectivas abiertas a nuevas posibilidades me lleva a
reunirme por segunda vez con este especialista, para indagar más profundamente
en torno del fenómeno índigo. Le planteo entonces algunas cuestiones que
surgen a medida que avanza mi investigación:
¿Cuál sería el cuidado para que, en su primer septenio, es decir, entre el
nacimiento y los siete años, un niño que posee cierta naturaleza privilegiada,
ciertos dones, no los pierda, oculte o sofoque, y en cambio los potencie en su
beneficio y el de quienes lo rodean? ¿Existe la probabilidad de pensar que
comunicándonos con un niño como si fuera índigo, es decir según las pautas
sugeridas por los especialistas -mayor tolerancia, disposición, respeto,
atención a lo aparentemente inexplicable- estemos, en ese mismo acto,
impulsando una nueva generación con aptitudes más positivas?
A partir de estas preguntas, y de su experiencia en el tema, Roberto
Crottogini nos aporta su enfoque profesional y humano, incorporando una idea
que él define como "el amor lógico":
"Las primeras reflexiones que nos ocupan al hablar de niños
especiales, estelares o índigo tienen que ver con el universo propio del Ser,
insertado en su `nuevo' estadio de `niño' en la Tierra. El misterio profundo de
una conciencia desplegada a nivel cósmico que debe constreñirse una vez más para
integrarse a la materia en su largo devenir evolutivo. En el primer septenio de
la vida, la conciencia del Yo se `asoma' a través de ese nuevo cuerpecito que
deberá conocer como su nueva morada y del nuevo mundo que la cultura humana ha
constituido durante su `ausencia transitoria'.
Por este motivo es tan difícil la infancia en cuanto a la adaptación a las
nuevas reglas y tan hermosa en cuanto a la fascinación de descubrir el nuevo
mundo.
De allí entonces que el niño pequeño es un implacable imitador de este
nuevo mundo exhibido por sus padres, su familia, su raza, la herencia de dicha
raza, los nuevos paradigmas culturales y todas las particularidades de este
nuevo hábitat. De esto se desprende la importancia que adquiere cuidar el
alma del niño en cuanto a sus percepciones sensoriales y al sano desarrollo de
sus sentidos. Sus órganos sensoriales actúan como verdaderas antenas frente al
mundo circundante (tacto, vista, oído, olfato, gusto, equilibrio). Todo su
cuerpo y su ser se abren al mundo externo. Moverse para él, no es desplazarse
de un lugar a otro sino una mágica sensación de `flotar' en la gravedad de la
Tierra (tan distinta a la ingravidez del espíritu). Balancearse y practicar
juegos rítmicos significan una novedosa experiencia de vivir en plenitud el
desarrollo de su sistema rítmico (corazón-pulmón).
Si analizamos el meduloso esfuerzo que debe realizar cualquier ser humano
al transformarse de `conciencia prenatal' en `recién nacido' podemos deducir
cuánto es lo que podremos mejorar, como integrantes de la humanidad, tanto el
advenimiento del nacimiento físico como su preparación para el primer
septenio.
Aunque no demasiado difundido en el seno de la medicina académica, ya han
aparecido los notorios beneficios que vienen aportando las técnicas de parto
no invasivas o agresivas como el parto en penumbra y los partos en agua o
domiciliarios que brindan una verdadera protección al ser que nace.
Entre estos beneficios se destacan el hecho de ser más tarde líderes
naturales en el colegio, no conocer el miedo y la posibilidad de expresar lo
que sienten.
Ahora cabe hacernos dos preguntas clave:
¿Si estos elementales cuidados enmarcados en el respeto y la dignidad
permiten un marcado desarrollo de la condición humana, qué niveles podría
alcanzar nuestra humanidad si todos colaboráramos en cuidar la llegada del
`nuevo ser' y su desarrollo inmediato?
¿Y si además observáramos que una nueva generación de seres está llegando
al planeta (con una evolución superior a la nuestra, lo cual es la regla,
preparados para afrontar las inmensas dificultades que ya nos está generando
este caos globalizado), ¿cómo actuar?
Responderé a estas preguntas, pero antes debo dar algunas características
de mi experiencia en relación con estos niños que yo me inclino a denominar
niños estelares como lo hacen también otros colegas de la Antroposofía, más que
niños `Índigo'.
En ellos es factible percibir algo llamativo en su mirada, ya detectada por
sus padres, que hemos denominado mirada esencial o consciente, para
diferenciarla del movimiento mecánico de los ojos de un niño durante el primer
mes de vida. Hablan precozmente en primera persona, como un indicio de pronta
conciencia del yo, fenómeno que ocurre habitualmente cerca de los tres años
(cuando el niño deja de hablar en tercera persona).
Mi observación coincide con la de otros autores antroposóficos en el
sentido de que estos niños denotan otro estado de conciencia, que exigen
explicaciones claras de la ley a la cual deben someterse, que no aceptan fingir
y reconocen rápidamente la falta de autenticidad o la mentira. Es muy
importante ayudarlos a encaminar su creatividad pues de lo contrario puede
transformarse en agresividad descontrolada. Por tal motivo muchas veces son
confundidos con cuadros de "Déficit de Atención" o "Déficit de
Atención con Hiperkinesia".
Si analizamos más a fondo la situación cuando son mayores veremos que
despliegan un sentido de compasión y comprensión por el compañero que no es
común en los otros niños.
También coincido en que sus acciones son guiadas por el amor, pero es un
amor diferente de lo que conocemos habitualmente bajo este concepto. A veces
preguntan inocentemente: "¿Cómo yo le voy a devolver una patada a quien
me pegó, si la agresión física es típica de la densidad del planeta y no de
él?". Es un amor racional, lógico, coherente.
Hay en estos niños un marcado interés por los fenómenos paranormales
(experiencias PSI o telekinesia) y lo concerniente a la metafísica o todo
aquello relacionado con el mundo espiritual, pudiéndose observar, también, que
se reconocen entre sí como especiales, distintos.
Hoy no debe sorprendernos que un bloqueo sistemático de la creatividad se
pueda transformar en rebeldía, trastornos de conducta, adicciones y
criminalidad, según estudios psicológicos recientes.
Puede ser muy fuerte para los `niños estelares' darse cuenta de que se han
desviado de su verdadera misión y extraviado el sentido de su existencia.
Flavio Cabobianco, con quien, como dije antes, tuve un trato estrecho, decía, a
los ocho años de edad: "Un niño nuevo sabe que es parte de la Totalidad.
Si se le quiere enseñar la idea de mío se confunde, cree que todo es de él. Hay
que dejarlo compartir. Hay un solo Yo para la Totalidad, aunque el Yo individual
es de una variedad infinita."
Es clave un embarazo respetuoso, ya desde su concepción, tanto como un
extremado cuidado en el proceso de parto y nacimiento físico.
Sugiero precauciones especiales en lo sensitivo- afectivo durante el primer
mes de vida (contacto corporal, caricias), música clásica suave (rítmica de
Beethoven o Mozart), en lo posible no salir de la casa (salvo causas de fuerza
mayor) para crear un microclima de paz y armonía en el nido. Finalmente, he
aquí algunas claves para que los padres faciliten, en el primer septenio de
vida de sus hijos, que el niño acceda a una armonía físico-anímica y
espiritual.
• El Ideal básico es la Bondad y la virtud básica, la Gratitud.
• Prestar atención a la incipiente Conciencia del Yo y al desarrollo de su
Percepción del mundo.
• Establecer modos de relación sanos con el niño (hábitos, confianza y
seguridad).
• Observar atentamente los movimientos y actitudes de los adultos que
rodean al niño ya que él será un imitador implacable de la escena y los
personajes que se presenten delante suyo.
• Las características esenciales del septenio se podrían presentar como:
Abrigo, Calor, Protección y Cuidado y las "toxinas" de este período
como sus falencias: Frialdad, Abandono e Indiferencia.
• En este primer septenio de vida el Yo humano está abocado casi
totalmente a la "construcción" de este nuevo cuerpo físico
(especialmente sus órganos esenciales); por lo tanto toda transgresión en lo
afectivo y lo perceptivo traerá aparejada una deficiente constitución orgánica
y una debilidad futura de su sistema inmunológico.
Todo lo desarrollado hasta aquí facilitará enormemente el advenimiento de
una nueva generación de seres (habilitados probablemente para encaminar el
futuro planeta), entre los cuales se encuentran sin lugar a dudas los
"niños estelares" ya sea con modificación del ADN o sin ella.
Creo que nuestro deber es cuidar meticulosamente el nacimiento físico de
estos niños para que los dones que traen no sólo no los ahoguen o los pierdan
sino que los potencien en su beneficio y en el de toda la humanidad.
Si cuidamos su desarrollo con el mismo ahínco que su nacimiento, teniendo
en cuenta todas las pautas sugeridas por la experiencia de la ciencia
espiritual, además de la tolerancia, la disposición, el respeto, la atención
por lo inexplicable que sugieren las escuelas psicológicas modernas, estaremos
impulsando una nueva generación con capacidades superiores a lo conocido y con
una marcada tendencia a la obtención del bien común.
La conclusión es que los llamados "niños estelares" constituyen
una anticipación y un recordatorio de lo que está ocurriendo en el mundo
celeste.
No permitamos que los prejuicios científico-culturales (paradigmas)
paralicen nuestro corazón y nuestra percepción. Atrevámonos a pensar sin
limitaciones.
La conciencia de Sí que hoy anima nuestro cuerpo físico y asume esta
responsabilidad hacia aquellos seres, será la misma que en un futuro, tal vez
lejano, deba preparar un adecuado genoma humano (con o sin ADN modificado)
para ingresar nuevamente en la corriente de vida de la humanidad.
¡Y en ese entonces seremos protegidos por aquellos mismos seres que hoy
cuidamos...!"
LA HISTORIA
CAMBIA DE COLOR
El Hombre no es de ninguna manera un ser firme y
duradero, sino más bien una transición; el puente estrecho entre la naturaleza
y el espíritu.
-HERMANN HESSE
Pensar que los poderes de los niños índigo podrían permanecer en estado
latente sin manifestarse, nos lleva a otra pregunta ya esbozada en estas
páginas: ¿qué pasaría si empezáramos a relacionarnos con todos los niños como
si fuesen índigo?
Esta cuestión alberga la sospecha de que si experimentáramos trasladar
toda la pedagogía propuesta para el caso de los niños índigo a un niño
cualquiera, seguramente al cabo de cierto tiempo nos llevaríamos una sorpresa.
La relación entre niños y adultos es bilateral, contiene un feedback que
incide en ambas partes por igual. Nunca ese lazo es inocuo ni fortuita nuestra
acción para con un niño, como no lo es tampoco respecto de un adulto. Sin
embargo, el vínculo niño-adulto, y fundamentalmente cuando se trata de padres
e hijos, reviste perfiles complejos.
Todo aquello que se proyecta, ordena, o espera respecto de un niño tiene,
recíprocamente, efectos directos sobre el adulto. Efectos que a su vez se
retroalimentan en el niño y el posterior desarrollo o disminución de sus
capacidades. Efectos que construyen "el sentido común", y que la
presencia de los niños índigo podría llegar a deconstruir.
La "Era índigo" merece un enfoque sociohistórico; valdría la pena
indagar qué constituían los niños y cómo eran tratados en la antigüedad para
advertir cómo puede llegar a modificarse la mirada social sobre determinado
sector de la... ¿humanidad?
Las ideas sobre etnias, sexos y edades no fueron siempre las mismas, ni en
Oriente ni en Occidente. Los colonizadores españoles tardaron en comprender la
"humanidad" de los indígenas americanos, los colonos del norte de
América tardaron en aceptar la "humanidad" de las personas de color
negro y los afganos aún no terminan de convencerse de la "humanidad"
de las mujeres.
Los niños de la antigüedad sí eran aceptados como humanos desde su
nacimiento, pero no como individuos plenos. En el siglo IV o V un niño era un
"proyecto" de adulto que permanecería en ese limbo hasta el momento
correspondiente. Esto implicaba la ausencia del "imaginario" niño
con sus respectivos productos, ropa, alimentos, etcétera. El niño no existía a
los fines de lo público; no era censado, no existían las escuelas, jardines de
infancia, juegos infantiles, distracciones o espectáculos específicamente
infantiles ni nada que los particularizara como sector. En todo caso, las
cuestiones de niños, incluidos sus juegos, se resolvían entre ellos.
Esta franja poblacional tan poco considerada en las "edades" de
la especie ganó un espacio notable en la civilización. Sin embargo, tal como
viene a demostrarnos el fenómeno índigo, los niños apenas comienzan
a asomar en el horizonte de la historia humana. Y su revolución, aunque
pacifica, se preanuncia con un alcance inconmensurable. Basta confrontar lo
que es y lo que ha sido.
En el género ensayístico existen testimonios que se ocuparon de algo
parecido a una "historiografía" de la infancia, aunque muy parcialmente.
Recurro, por ejemplo, a un pasaje de Historia de la vida privada, de Phillipe
Aries y Georges Duby, donde se revisa el concepto de "niño" que se
tenía en el medioevo:
"Los relatos medievales se hallan obsesionados por los problemas de la
ascendencia, por la función del hijo y por la importancia casi demencial de las
relaciones padres-hijos. Los lazos con el padre, como ya puede adivinarse,
constituyen el objeto de una febril preocupación en los relatos en que la
esposa calumniada se ve acusada de haber traído al mundo un monstruo que
evidentemente no puede ser hijo legítimo del marido."
En el marco de esa misma preocupación, exacerbada y fundamentada en
cuestiones ajenas al hijo en sí, el mismo texto concluye:
"La interrogación por los vínculos de la sangre pone de manifiesto
implícitamente hasta qué punto, en las conciencias medievales, era frágil la
certeza de las filiaciones."
Resulta difícil señalar dónde y cómo emergen los primeros niños portadores
de una transformación en la historia de la humanidad. Ellos no llevan gran
protagonismo en los registros, salvo escasas excepciones. En la actualidad, los
niños en general y los niños índigo en particular, parecen entrar en escena
como referentes de un cambio, de una reformulación que afecta a la especie
humana en su conjunto.
MIRADAS QUE NOS
CONSTITUYEN
Distintas disciplinas coinciden en la idea de que los seres humanos nos
constituimos individualmente a partir de la conjunción entre la mirada de los
demás y nuestra propia mirada dirigida al mundo exterior. Hay quienes
sostienen el argumento según el cual cada individuo "elige" ser de
una manera al definirse por sus acciones, dando pie a una discusión más compleja
(donde entra, por ejemplo, el libre albedrío).
En 1967 el doctor D.W. Winnicott
-psicoanalista británico- publica un estudio oportuno para comprender la
dinámica afectiva y psíquica en el desarrollo infantil. Si bien este reconocido
especialista nada sabía por entonces del fenómeno índigo, hay entre sus aportes
ciertas ideas que vale la pena confrontar con la temática de los niños
especiales.
En The Predicament of the Family,
el terapeuta e investigador se ocupa de los lazos existentes entre madre e
hijo. Aborda allí la construcción de una individualidad por parte del niño,
advirtiendo que: "quienes cuidan a niños de cualquier edad deben estar
preparados para ponerlos en contacto con elementos adecuados a la herencia
cultural, según la capacidad, edad emocional y fase de desarrollo".
Es útil pensar, sugiere, en una tercera zona de la vida humana, que no está
dentro del individuo, ni afuera, ni en el mundo de la realidad compartida.
Winnicott propone pensar esa zona como un vivir intermedio que ocuparía un
espacio potencial en el cual no hay distinción entre la vida del bebé y su
madre. Ese espacio estaría vigente durante un período
prolongado en la etapa crítica de la separación del no yo y el yo, cuando
el establecimiento de la persona autónoma se encuentra en la fase inicial:
"En las
primeras etapas del desarrollo emocional del niño, desempeña un papel vital el
ambiente, que en verdad aún no ha sido separado por éste. Poco a poco se produce
la separación del no yo y el yo, y el ritmo varía según el niño. Los
principales cambios se producen en la separación de la madre como un rasgo
ambiental percibido de manera objetiva. Si no hay una persona que sea la
madre, la tarea de desarrollo del niño resulta infinitamente complicada.
¿Qué ve el bebé
cuando mira el rostro de la madre? Yo sugiero que por lo general se ve a sí
mismo. Puedo expresar lo que quiero decir yendo directamente al caso del bebé
cuya madre refleja su propio estado de ánimo, o incluso la rigidez de sus
propias defensas. En ese caso, ¿qué ve el bebé?
Muchos bebés
tienen una larga experiencia de no recibir de vuelta lo que dan. Miran y no se
ven a sí mismos. Surgen consecuencias. Primero empieza a atrofiarse su capacidad
creadora, y de una u otra manera buscan en derredor otras formas de conseguir
que el ambiente les devuelva algo de sí. Es posible que lo logren por otros
métodos (los niños ciegos necesitan reflejarse a sí mismos por medio de otros
sentidos que excluyen el de la vista)."
La
constitución del yo -es decir, la autoafirmación de la existencia de un
individuo como tal- según coinciden muchos de los autores revisados
(Winnicott, Pearce, Crottogini, Kóler, Kühlewind) es un proceso de la primera
infancia en el cual madre e hijo participan por igual.
Las miradas de reconocimiento son, en este sentido, fundamentales. Sin
embargo, los niños índigo parecen presentar una diferencia, o acaso una
ventaja en su constitución individual, en la medida en que ésta se produce sin
corte con el "cordón umbilical" que los une al mundo; el testimonio
de Alba Cabobianco y otros casos, hacen pensar que ellos mismos recalcan con su
presencia y su percepción global ese vivir intermedio del que habla Winnicott,
extendiéndolo a la totalidad de sus vidas, reconociéndose ya no sólo en el
rostro de su madre sino en el rostro de la humanidad.
El universo es su ambiente. Y todo lo que ven en él los constituye; por
eso, la constitución del Yo no es traumática como podría serlo desde el punto
de vista estrictamente psicoanalítico. En cambio, sí son extremadamente
sensibles a todo lo que sucede en el entorno, porque se sienten realmente parte
de él. Ellos traen, desde su nacimiento, la conciencia de un Yo constituible,
pero no compartimentable respecto del universo.
Por eso no son capaces de daño, como subrayan casi todas las semblanzas. Y
por lo mismo, tienen una percepción ampliada. Es como si sus sentidos
registraran todo lo que sucede en su entorno a nivel celular, espiritual,
afectivo, vibracional.
Esa misma percepción de los niños índigo presenta casos y ejemplos
frecuentes a nivel familiar. La madre de Maxi, uno de los niños cuyos
testimonios ya fueron incluidos en esta investigación, me cuenta la siguiente
anécdota, de cuando su hijo tenía apenas cuatro años de edad:
'Yo llevaba un atraso de cinco semanas que me preocupaba bastante. Esto no
lo sabía nadie. Ni siquiera mi marido, que estaba de viaje y no quise
comentárselo por teléfono. Uno de esos días, Maxi, después de despedirnos,
cuando me iba a trabajar, me llamó desde la puerta, pidiéndome que volviera,
para despedirse por segunda vez, de `alguien más'. Cuando volví hacia él, se
abrazó a mi panza, en realidad a mi cintura, y le dio un beso. Le pregunté por
qué me besaba la panza: `Porque tienes un bebé ahí dentro', me contestó. El 15
de ese mes tuve el resultado del análisis: estaba embarazada."
Tres meses después, esta madre perdió aquel hijo en gestación. Lo curioso
del episodio es que puede arrojar dos lecturas: unos dirían que el niño percibe
esa vida ya concebida. Otros, opinarán que lo que ha percibido ese niño es el
pensamiento de su madre.
Ambas posibilidades denotan lo mismo: el niño percibe lo esencial del
contexto que lo rodea y se unifica con ello. Es decir, sus sentidos "no
físicos" atienden a aquello que está irradiando una energía. Si
"aquello" es la preocupación de su madre o es una realidad objetiva,
no parece lo importante a su percepción. Aun sin haber embarazo, el niño igual
habría besado aquel vientre. Porque allí estaba puesta la atención (y la
preocupación) de su madre. Allí estaba "la idea" de una gestación que
Maxi, un niño índigo agudamente conectado con el plano "no físico"
advertía, reconocía, confirmaba mediante un beso.
La esencia a la cual llega el niño es ese conocimiento que complementa y
supera todo proceso intelectual, técnico o científico. Ese mundo de esencias
que él percibe continuamente lo guía sin rodeos hacia una realidad que puede,
incluso, ser una idea. Pero en todos los casos, se trata de algo que él
registra como parte de un todo integrado donde las ideas, por ejemplo, también
podrían ser identidades, como el hermanito potencial a quien Maxi quiso
saludar.
Winnicott explica hasta qué punto un niño se constituye individualmente
por su propia percepción, pero también por lo que perciben en él y por lo que
le comunican, implícita o explícitamente, no sólo su madre, sino sus
semejantes, su entorno. En el caso del niño índigo, la aceptación y desarrollo
de sus atributos tiene una incidencia clave en ese proceso en que el
"Yo" adquiere expresión propia y consciente.
Si la madre de Maxi no hubiese tomado nota (en el doble sentido de la
expresión) recordando, advirtiendo esos gestos, habría perdido aspectos
especiales en el desarrollo de su hijo. Aspectos necesarios para él, y para sus
padres.
Ese territorio donde transcurren las ideas, preocupaciones, energías y
frecuencias compartidas intrafamiliarmente, es también el territorio donde se
inscribe la evolución que afecta a hijos y padres por igual.
Las vibraciones fluctuantes en dicha evolución tienen un peso específico y
un valor absoluto que sus protagonistas no siempre están preparados para ver.
Quizás allí
encontremos una conciencia compartida que estimula el desarrollo de aptitudes
en forma simbiótica. Entre padres, hijos y educadores, como propone también,
Henning Köler cuando habla de una revolución de raíces de pasto, capaz de
cambiarle el rumbo a la civilización.
CAPÍTULO 7
TESTIMONIOS: DAMIÁN E ISMAEL
ÍNDIGO O SUPERDOTADO
Allí donde se explica someramente el fenómeno índigo a quien lo desconoce,
la primera asociación que surge es en relación con los niños superdotados. El
tema merece algunas salvedades.
La diferencia entre ambos grupos no está en los niños, sino en el enfoque
que le demos a la cuestión. En cierto modo, remitiéndonos al capítulo
anterior, la diferencia está en nuestra mirada, y es nuestra mirada la que
habrá de definir aquello de lo que hablamos.
Llevado a una metáfora: si hablamos del maíz refiriéndonos a su cotización
en el mercado, a los países que lo cosechan, a los fertilizantes que optimizan
su rendimiento, no explicaremos nada acerca de su sabor, de su perfume, del
lugar místico que tuvo en la antigüedad, de sus propiedades nutritivas,
etcétera.
El superdotado es una categoría a partir de la cual se estudia a niños con
determinadas capacidades operativas y funcionales que se insertan con éxito en
el sistema educativo. Ese enfoque, por empezar, no admite la potencialidad, en
tanto que una de las primeras cosas que encontramos cuando estudiamos el
fenómeno índigo es que mayoritariamente los niños de hoy guardan saberes que
podrían no manifestarse si no encuentran un espacio para hacerlo.
El niño índigo conjuga con sus virtudes "técnicas" otras menos
"funcionales", a la vez que suele convivir con una dificultad básica
en el campo de la interacción escolar, por ejemplo. El superdotado, en cambio,
se destaca como tal en tanto y en cuanto su adaptación al sistema fluye por
carriles aceitados, demostrando siempre que es "eficiente" en
determinada materia o en muchas.
Una revista universitaria de actualidad psicológica titulada La Facu
realizada en Chile y publicada en Internet dedicó todo un número al respecto,
donde se expone lo siguiente:
A pesar del
gran interés que nuestra sociedad afirma tener en el talento y la creatividad,
sabemos muy poco sobre los niños excepcionales o superdotados.
Los niños
superdotados son de alguno forma, diferentes de otros niños
"normales". Vale la pena por tanto investigar sobre estas
diferencias.
Siempre se ha
creído que por poseer dicha sobredotación ellos no nos necesitan, y hemos
centrado toda nuestra atención en niños deficientes. Pero... ¿qué conocemos
sobre la dotación? ¿Sabemos educar a un superdotado? ¿La superdotación se da
solamente en el aspecto cognitivo o también hay individuos superdotados en el
aspecto social o destrezas motrices? ¿Se da en todas las edades? ¿Cómo se
sienten esos niños?...
Es necesario
que en nuestra sociedad, una sociedad en cambios, con una economía de
servicios, que posee nuevas tecnologías, ayude a estos niños y no malgaste todo
ese potencial humano. Superdotado es un concepto que suscita diversas
controversias. En los Estados Unidos se da el título de "supergifted"
a los que brillan en todas las materias y cuyo nivel intelectual se acerca o
llega al límite superior de los tests de C.I. La principal distinción es entre
"gifted" (superan un coeficiente intelectual de 130) y "talented"
(sobresalen en un campo particular).
Entre los padres de niños índigo entrevistados para esta investigación,
sólo cuatro de ellos conocían el coeficiente intelectual de sus hijos. En
dichos casos, los niños superaban el 130 mencionado más arriba. Sin embargo,
ésta no es la condición determinante para quienes estudian el fenómeno índigo,
que ha manifestado valores mucho más abarcadores, difícilmente circunscriptos a
una evaluación aislada, específica, sobre un concepto muy limitado de "la
inteligencia".
Lo "índigo" en un niño, no se define terminantemente mediante
tests o calificaciones escolares. Muchas de sus virtudes, como he venido
exponiendo, tienen que ver con un tipo de sensibilidad a la cual no acceden los
instrumentos de la medición binaria.
Los niños superdotados presentan una efectiva precocidad para ascender
niveles dentro del sistema pedagógico tradicional; su relación con el acceso al
conocimiento muestra diferencias cuantitativas (velocidad de absorción,
capacidad de retención y procesamiento de datos, destreza intelectual).
Los niños índigo, en cambio, despliegan caminos impredecibles, con métodos
propios que los llevan, en algunos casos, a la resolución de los mismos
problemas abordados por los "supergifted" pero a espaldas del método
usual.
Retomando el artículo universitario en torno de los niños superdotados,
surgen otros datos que demuestran cuán relativos tienden a ser hoy ciertos
valores -otrora absolutos- reflejados en palabras como
"inteligencia", "precocidad", etcétera:
• En Francia muchos se oponen al
término "superdotado" y proponen en su lugar el de "niño
precoz".
• En Israel, la denominación de
estos niños engloba todas las aptitudes y todos los niveles. Allí, la
"precocidad" no está determinada únicamente por el C.I. Se observa
en niños con un nivel académico general muy alto que, además, durante los
primeros
años de su vida son muy activos y
demuestran un gran interés por todo lo que les rodea.
• En los Estados Unidos se ha
establecido que, por encima de un cierto umbral de precocidad, cuanto más
adelantado en el plano intelectual es un niño, más difícil resulta su
adaptación social y psicológica.
Evidentemente, toda diferencia, hasta la del superdotado, con su correspondiente
aceptación y exaltación social, puede convertirse en un problema. El informe
sobre estos niños -que es muy extenso y del cual sólo extractamos unos pocos
párrafos- dedica gran cantidad de páginas a las posibles dificultades que
habrá de vivir un "niño genial".
Estos niños suelen tener metas y objetivos que sienten que
"deben" cumplir para vivir en paz, sin defraudar a los suyos. Con
mucha frecuencia - y desafortunadamente- son los padres quienes patrocinan tal
exigencia, quizás como proyección de una propia necesidad insatisfecha. En los
Estados Unidos, hay antecedentes de padres cuya vehemencia por
"exhibir" hijos superdotados desencadenó situaciones dramáticas.
El niño índigo no muestra compatibilidad con la escala de valores típica y
formal ni procura la aceptación. Por el contrario, su virtud y su dificultad
suelen venir de la mano de su autosuficiencia. Trabaja mucho con su mundo
interno. El niño superdotado es forzado a trabajar con el exterior, con todos
los riesgos que esto implica.
El superdotado
es aquel que brilla o puede brillar en todas las disciplinas -continúa el
informe- aunque también puede serlo el que manifiesta mucho talento en una
materia específica ya que a partir de allí, si se lo estimula, revelará un alto
nivel de inteligencia general.
Una definición
relativamente consensuada respecto de los aspectos que definen a un niño
superdotado incluye seis criterios principales:
1. Excelencia
académica general
2. Aptitudes
específicas
3. Pensamiento
productor
4. Liderazgo
5. Talento en
las artes visuales y físicas
6. Habilidad
psicomotriz
Otras
concepciones del calificativo "superdotado" varían dependiendo del
país, recalcando distintas capacidades.
Sin embargo,
los superdotados no sólo gozan de una superioridad en el plano intelectual
sino también en muchos otros aspectos de la personalidad y del comportamiento
social. Si superan el trance y alcanzan a ser socialmente maduros, mantienen excelentes
relaciones con sus compañeros; son muy independientes, lo que les permite una
adaptación notable.
En general, los
superdotados tienen una comprensión excelente y un gran interés por todo lo que
se les transmite. Resulta notable su permanente deseo de estar en alguna
actividad, lo cual se complementa con una importante tendencia a dormir menos
de lo normal.
Una vez
adquirido el lenguaje, lo manejan a un nivel más que satisfactorio para su
edad. Además, a estos niños les gusta examinar, manipular... dando pruebas de
una notable concentración en sus actividades; lo que parece esencial para la
memorización y una elevada actuación intelectual.
Comprenden
rápidamente lo que se les explica e imitan con facilidad los comportamientos
de los adultos. Desde la primera infancia, les gusta mucho más que a los otros
niños mirar las ilustraciones, hacerse leer y contar cuentos, y mirar la
televisión. En el colegio, los superdotados aprenden antes, mejor, más deprisa
y a menudo de una forma cualitativamente diferente que la mayoría de los otros
niños,
agrega el informe en sus párrafos finales.
Afloran, en estas últimas observaciones, coincidencias y diferencias
evidentes de planteo y recepción por parte del mundo adulto para con los niños
y sus particularidades.
El superdotado, para serlo, requiere una demanda y una exigencia constante.
Por su parte, el niño índigo -según indican los estudiosos del fenómeno-
requiere, en el marco de sus particularidades, aceptación y flexibilidad para
acceder a un desarrollo pleno y feliz.
JUGUETES CON
MENSAJE
Caleidoscopio: m. Aparato formado por un tubo opaco
en cuyo interior hay dos o más espejos colocados en ángulo agudo que
multiplican simétricamente la imagen de los objetos colocados entre ellos.
-DEFINICIÓN DE UN DICCIONARIO ESCOLAR
Damián tiene diez años. Es hijo adoptivo y lo sabe prácticamente desde que
tiene memoria, sin que esto le haya generado ningún trauma aparente. Cuando le
pido una opinión respecto de su circunstancia en comparación con la de otros
chicos (si le trajo problemas, si se sintió diferente, etcétera) me contesta:
"Para
nada, hay muchas maneras de ser una familia. Yo conozco en la escuela un montón
de chicos que tienen a los padres separados y les parece normal. Algunos chicos
tienen nada más que una mamá, o unos abuelos. Otros tuvieron papás después de
nacer, como yo y un chico que conozco, pero que no quiere que lo digan.
A mí no me
molesta hablar, pero tampoco digo que la única forma normal es ésta. Había
familias en África que primero nacían los chicos y después se los daban a los
que podían ser mejores padres. Hay chicos que nacen sin que sus padres quieran.
Yo tuve la suerte de que los míos hicieron de todo para tenerme... seguramente
tenían muchas ganas."
Con
el tiempo, han ido reconociendo en él todas las características índigo sin
saber de la existencia del fenómeno. La mirada, la inteligencia, los episodios
de percepción extrasensorial (anticipación de hechos, puntualmente) en este
caso estaban mezclados con una circunstancia de por sí especial, y por lo tanto
resultaba difícil adjudicarle tal o cual explicación.
Graciela y Ricardo entendieron, con el tiempo, que esa caracterología de
su hijo iba más allá de las explicaciones habituales que daban los
psicopedagogos. Ellos mismos sentían que sus roles, en el vínculo con Damián,
llevaban por propia gravitación, al aprendizaje, antes que a la contención:
"Aprendimos mucho de nuestro hijo -me asegura Graciela- en
particular, respecto de cosmovisiones que él trajo al centro mismo de la
familia, como la relación con el destino, con el devenir. Damián tiene una
especie de fe absoluta por lo que va a suceder, sin importar lo que sea. Esto
es notable, porque entonces, en su historia -quiero decir, en su historia
previa a nosotros, que es breve pero intensa- la adopción irrumpe como un
antídoto contra todo desánimo a futuro. Es lógico, si uno piensa que en este
sentido lo que para él empezó mal, porque empezó como un abandono, se resolvió
con encuentro feliz. Pero esta sería una manera muy racional de ver el tema.
Yo creo que hay en él algo innato que le permite ver la sabiduría del destino
como parte de un transcurrir donde todo encaja, aunque no parezca tener
explicación en lo inmediato. Una de las características más notables que tiene
Damián es la ausencia de miedo. Se asusta ante lo repentino, como cualquier
chico o cualquier adulto, pero no "incuba" el miedo, no lo
desarrolla, no lo fomenta, no lo construye. Y el miedo, lo sabemos, es como
una construcción. Su aceptación ante el destino es casi una fe; esto nos lo ha
demostrado en infinidad de situaciones de las que, lógicamente, sale bien
parado. Por eso, insisto, él es un hijo, pero también es, en cierto modo, un maestro,
aunque suene raro."
De las muchas charlas que tuve con Damián seleccioné una que refleja con
gran riqueza descriptiva no sólo su personalidad y su universo, sino también
su cosmovisión de las cosas.
Hubo una conversación en la que empezamos hablando del juego; un factor
lleno de implicancias, en la "sintonía fina" evolutiva de un ser,
según los distintos autores que he estado recorriendo durante esta
investigación.
Como la mayoría de los padres adoptivos, estos son especialmente cuidadosos
en el control de lo que "llega" hasta su hijo, aunque no obsesivos.
Por lo mismo, intentan mantener a Damián alejado de actividades alienantes,
como los juegos electrónicos o la televisión. Sí le compraron una computadora
hace un año, considerando que le sería útil para el colegio. Sin embargo, a
diferencia de otros niños índigo, a este "chico del nuevo milenio" la
tecnología no le interesa gran cosa. Está fascinado, en cambio, con un juguete
manual cuyo misterio no pasa de moda: el caleidoscopio.
Dado que ya ha abierto y "arreglado" varios, conoce su funcionamiento
a la perfección e insiste en explicármelo:
Si lo das
vuelta, cambia, siempre. Nunca sabes cómo se va a acomodar el nuevo dibujo,
pero nunca es feo. Las figuras se organizan todas parejitas, son todas iguales
entre ellas, pero el dibujo no lo puedes volver a repetir. Jamás. Tienes que
despedirte de cada dibujo, por más que te guste.
-Vendría a ser,
igual a las cosas que pasan en la vida real. No puedes repetir las situaciones,
por más que te gusten...
-Claro... es
como la vida de cada uno. Se pueden sacar fotos, filmarla en video, pero lo que
pasó, pasó. Siempre es distinta, por más que la muevas y busques repetir, o
armar de una manera, haciendo miles de cuentas, calculando todo, no hay forma,
es siempre distinta...
-Me dijeron que
te gusta desarmar los caleidoscopios: ¿cómo son por dentro?
-En realidad,
adentro no tienen mucha sorpresa; yo esperaba más. Los sigo abriendo para ver
cómo están puestos los espejos, porque no todos funcionan igual. Además me
sigue pareciendo raro: son unas piedritas y unos espejos muy chiquitos, nada
que ver con lo que ves. Pero hay que enfocarlo para arriba, contra la luz, si
no, es un pozo gris. Es como todo: si no hay luz, no ves. Por eso siempre buscamos
lugares con luz para ver."
Las
relaciones que van de un objeto al destino son frecuentes, las escucho en cada
entrevista; la metáfora actúa en ellos con una increíble funcionalidad para
entender el mundo. Más que un recurso, es su lenguaje habitual, más allá de
toda voluntad estética, ellos lo aplican para acercarse a la verdad, como un
artista, o un místico adulto.
LO TUYO, LO
MÍO, LO NUESTRO...
Soy un ser ilimitado que acepta de forma ilimitada
los bienes provenientes de una fuente ilimitada.
-LOUlSE HAY
Ismael tiene nueve años y es hijo de una empleada doméstica que trabaja por
horas en distintas casas. A diferencia de otros niños índigo, él no creció con
una computadora en su hogar. Tomó contacto con una PC acompañando a su madre al
trabajo, cuando limpiaba el departamento de un joven que estaba siempre
ausente. Isabel me cuenta que su hijo aprendió el funcionamiento casi a
escondidas, mientras ella limpiaba el living y lo dejaba mirando televisión en
la habitación contigua.
"Nadie le explicó nada: un día me llama desde el cuarto y me muestra:
`Mamá, estoy dibujando en la pantalla'. Al principio casi lo mato, lo hice
apagar todo. Pero después él mismo le contó al dueño de casa, que se quedó
sorprendido y le pidió a Ismael que le explicara cómo había hecho. Porque el
muchacho, que es periodista, apenas manejaba cosas que mi hijo había aprendido
solo en unos pocos días."
Durante nuestra entrevista, Ismael no pudo decirme exactamente cómo había
aprendido a usar un programa de dibujo. Le pedí que lo hiciera delante de mí y
noté que se guiaba con intuición natural sobre los símbolos. Entendí, por su
relato, que había necesitado algún tiempo para advertir la lógica del cursor.
Es decir que apretando un botón o soltándolo, conseguía moverlo, cambiarlo
de lugar y dejar huella con él, si quería trazar una línea. Superado ese
obstáculo nada le había costado. Hacía dibujos guiándose por los íconos:
apretaba el símbolo que representa un borrador y borraba, usaba un pincel,
elegía colores, texturas, y llenaba el cuadro rápidamente. No dudaba ni
parecía importarle mucho el detalle del dibujo, sino las condiciones de su
realización; la posibilidad de materializar algo partiendo de la pantalla
vacía. Era esa fascinación por el proceso lo que lo mantenía como hipnotizado
frente al monitor hasta que final mente cliqueaba "print" (en sus
palabras el dibujito igual al aparato de donde sale el papel) y me daba la hoja
con la certeza de haber hecho las cosas bien.
Todo esto lo aprendió Ismael, aproximadamente en cuatro jornadas de dos
horas cada una, sin que su madre lo supiera, mientras ella trabajaba.
La historia de Ismael me sorprendió en particular respecto de un tema casi
tabú, frecuentemente eludido al hablar de niños; las diferencias
socioeconómicas y su incidencia en el factor evolutivo.
Recién al toparme con este caso comprobé que existen ciertas posibilidades
que no están netamente condicionadas al contexto sociocultural del niño. Tras
haber vivido esta experiencia, su madre, afortunadamente para ambos, incentivó
a Ismael con mayor expectativa hacia lo tecnológico. Pero la revelación inicial
de su hijo fue espontánea.
Por supuesto que este episodio debe ser tomado con pinzas; ignorar la
desigualdad que provoca el acceso a la tecnología dado por condicionamientos
económicos sería necio. Lo rescatable aquí es que sí existe una tendencia de
ciertos niños a manejarse con una capacidad de incorporación de reglas y
códigos muy superior a la de épocas anteriores. Es como si absorbieran
determinados lenguajes que, por otro lado, tienden a ser lenguajes
universalizados por la comunicación urbana, aun para los sectores de menores
posibilidades de acceso al consumo.
Barbra
Dillenger, coautora del libro índigo
Children, asegura haber realizado una comparación estadística al respecto, tras
la cual comprobó que los puntajes de CI (cociente intelectual) han mostrado
una alza sorprendente en los últimos 50 años y las diferencias entre puntajes
de estudiantes blancos y estudiantes de las minorías raciales en los Estados
Unidos se están achicando.
Deduzco a partir de este testimonio que los niños índigo son funcionales a
si mismos y a la humanidad, pero no siempre al sistema, en la medida en que
este choque con necesidades evolutivas. En tal aspecto, ellos son selectivos,
toman y relacionan aquello que les despierta una curiosidad específica en cada
caso. Pero ante todo, son fieles a su esencia, más allá de los caminos que les
indiquen, y por eso también, suelen hacerse ver, si no se los censura previamente.
CAPÍTULO 8
LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA
NUEVOS MODOS DE
APRENDIZAJE
A poco de nacer Carla, sus padres reconocieron en ella algo notable y
diferente respecto de las tres hijas anteriores que habían criado. Distintas
experiencias -algunas traumáticas y otras felices- los fueron poniendo en
contacto con el fenómeno índigo hasta concluir que la recién llegada formaba
parte de él. Buscaron, a partir de entonces, un ámbito escolar que la
contuviera, sin aislarla o presionarla. Tras una búsqueda minuciosa y debatida
entre ambos, optaron por una pequeña escuela en su propio barrio. Los convenció
una serie de charlas previas que tuvieron con su directora, Susana, cuya
propia experiencia de vida había influido positivamente para desarrollar y
perfeccionar ciertos ideales docentes, con una atenta apertura a cada nueva
revelación en materia de descubrimientos educativos y pedagógicos.
Carla estuvo cómoda desde su primer día de clase. Se la veía feliz,
sociable, hacía amigos entre sus compañeros y maestras. Al promediar el primer
grado se le encargó que preparara, con total libertad de método y criterio, un
trabajo de investigación acerca de las plantas. Recordando una vieja
enciclopedia que había en su casa, de la cual sus padres hablaban maravillas,
decidió recurrir a uno de aquellos pesados tomos. Impresionada por las palabras
"difíciles" que encontró en esas páginas, Carla preparó una
presentación con gran pompa. Copió láminas, gráficos repletos de detalles, y
memorizó largos textos con mucho esfuerzo y aburrimiento, pero la impulsaba la
idea de que eso era lo que se esperaba de ella. La tarea le llevó varias
jornadas cuyo sacrificio suponía necesario. Llegado el día de la presentación,
llena de expectativas, colgó las láminas en el frente de la clase y parada ante
sus compañeros desarrolló un largo discurso repetido textualmente de la
enciclopedia. A medida que avanzaba su exposición notaba el desconcierto de los
demás chicos, al tiempo que su propio desconocimiento esencial sobre lo que
estaba diciendo. Al terminar, percibió que todo había sido un gran fracaso.
Cuando llegó el turno de las preguntas comprobó con mayor certeza lo poco que
sabía acerca del tema. Angustiada, se fue a sentar a su banco y lloró
desconsoladamente. Le costaba entender en qué se había equivocado, aunque
empezaba a vislumbrarlo.
La
crisis de Carla se reformuló en aprendizaje cuando, poco después, decidió
pasar un fin de semana en lo de su abuela. Durante esos días pasó largo rato
observando las plantas. Encontraba actitudes humanas en ellas; unas que
sofocaban a las otras; flores tan hermosas como frágiles, enredaderas que se
pegaban a la pared y su abuela llamaba "amamuros". Tomó algunas
notas, hizo dibujos, probó con su dedo índice el sabor del rocío (descubrió
que no tenía gusto a nada, como el agua) La sorprendió ver que una hormiga
puede cargar hojas mucho más grandes que su cuerpo, y se preguntó a quién se
las llevaría. Y miró a los colibríes y abejas, que por alguna razón flotaban
un rato sobre distintas flores, como si estuvieran buscando algo. Al llegar el
lunes, llevó sus dibujos, anotaciones y recuerdos a la escuela. Contó todo lo
que había visto y su relató tuvo aquello que la presentación formal y enciclopédica
no había conseguido: se produjeron discusiones sobre el porqué y el cómo de
cada detalle en ese jardín. Por ejemplo, sobre si el rocío era agua sola o con
algo más, si el picaflor jugaba o trabajaba, si las hormigas eran enormemente
fuertes o las plantas muy livianas, si había plantas buenas y plantas malas,
si las plantas pensaban o sentían, entre otras incógnitas similares que tienen
los chicos a los seis o siete años y por alguna razón los adultos olvidan y las
enciclopedias no priorizan.
Esta anécdota -narrada con humor, algún tiempo después de sucedida, por
Carla, sus padres y su maestra- revela en qué medida los niños de hoy
"traducen" en sus propios triunfos y fracasos la transformación
educativa que atraviesa la humanidad respecto del conocimiento profundo; a
veces, incluso un chico de espíritu libre, criado en un ámbito de estímulos y
libertad, es permeable a la mística mecanicista de un pasado no muy remoto.
Es notable el hecho de que, como motor de cambio, junto con la inercia del
retroceso, se revela en cada nuevo niño una búsqueda de sinceramiento, tras lo
cual surge la potenciación de esa virtud que implica querer saber en lugar de
repetir el discurso establecido. Y entonces, como en la historia de Carla, esa
"vocación por lo real", por la interpretación de las cosas, más que
por "las cosas de la interpretación" emerge con fuerza.
El propio sistema educativo empieza a aportar, como fruto de un autoexamen
que ya opera con resultados concretos en ciertos países, algunas conclusiones
para reformular la idea de la enseñanza formal.
La pedagogía, en el marco de la educación, es una ciencia ineludiblemente
ligada al feedback -a la interacción- con los niños. Su campo teórico y
práctico no puede alejarse de ellos. Cada aporte, de Piaget, de Gessell, de
Steiner, se constituye en el territorio de una dinámica continua que sigue
abriendo puertas entre maestros y alumnos; entre lo que es y lo que será.
Tyna Blythe, docente e investigadora del Proyecto Cero en la Escuela de graduados de
Educación de la Universidad de Harvard, U.S.A. ha publicado en 1998 un trabajo
titulado La enseñanza para la comprensión, donde expone cómo ha cambiado el
enfoque docente a partir del trabajo con niños cuyas respuestas han replanteado
los modos de aprendizaje:
"Estimular
la comprensión es una de las máximas aspiraciones de la educación, y también
una de las más difíciles de lograr. Pero el concepto mismo de comprensión
plantea complejos interrogantes: ¿qué es comprender algo? ¿De qué manera
desarrollan la comprensión los alumnos? ¿Cómo averiguar hasta qué punto
comprenden un tema?
¿Cómo podemos
apoyar de un modo coherente el desarrollo de la comprensión?"
A partir de esas preguntas, la autora expone el nacimiento de un proyecto
y un propósito: desarrollar un enfoque de la enseñanza para la comprensión
basado en investigaciones y sometido a prueba en las aulas.
Al cabo de cinco años de trabajo y análisis, descubrieron, entre otras
cosas, que:
• La memoria no es importante. Memorizar las tablas de multiplicar, por
ejemplo, no significa que los alumnos comprendan lo que son ni cuándo
utilizarlas.
• La buena conducta no sirve para estimular la comprensión. No es esto lo
que la garantiza; por encima de ella debe estar el interés.
• Antes que "buscar hechos", es construir y demostrar teorías lo
que hace a los niños comprender qué es la ciencia.
• Cómo usarlo que sabemos para calcular lo que no sabemos" es lo que
diferencia el aprendizaje de la acumulación de conocimientos memorizables.
• En el arte y la literatura, los niños comprenderán cómo las metáforas
configuran nuestra manera de experimentar el mundo.
No
es casual que si confrontamos estas conclusiones con las características de
los niños índigo y su manera de abordar el conocimiento -metafórica,
autodidacta, rebelde frente a los procedimientos lineales- encontremos
coincidencias básicas entre el cambio y lo que ellos demandan implícitamente,
con su presencia.
Vito Perrone -catedrático titular de educación y director de formación docente en la
Escuela de Graduados de Educación de Harvardfue uno de los colaboradores en la
preparación de Enseñanza para la comprensión, además de haber escrito numerosos
trabajos sobre niños, entre los cuales tuvo gran divulgación en los Estados
Unidos su 101 Educational Conversations with Your Child.
Este autor fundamenta el cambio profundo que se ha producido en las ideas
educativas remitiéndose a los años '60 en su país. El enfoque de Perrone abarca
las tres últimas décadas norteamericanas relacionando lo histórico, lo
educacional y lo social:
“Los sesenta
demostraron ser años de cambio social masivo en los Estados Unidos. Las
desigualdades de la vida norteamericana se volvieron cada vez más evidentes y
se entendió que exigían una respuesta pública a gran escala. La incapacidad del
sistema educativo de ofrecer asistencia a todos los estadounidenses sobre una
base equitativa se convirtió en un importante tema público. El apoyo al pluralismo,
durante largo tiempo dejado de lado en los comienzos de la teoría del crisol
de razas, creció con el reconocimiento de que era necesario para la creación
de una democracia social que funcionara mejor. La despersonalización, generada
en gran parte por los crecientes niveles de tecnologización y burocratización
en casi todas las fases de la vida, produjo una respuesta radical. La
conciencia del rápido agotamiento y desaparición de los recursos naturales
estimuló una creciente preocupación por la `nave espacial terrestre'. Y la
guerra de Vietnam, que demostró ser menos popular que cualquier otra empresa
militar anterior, llevó la protesta a un nivel muy alto. Esta atmósfera generó
una ola de reformas educativas que se hizo eco en los esfuerzos reformistas
anteriores.
Algunas de las reformas educativas de los años sesenta fueron
caracterizadas por la prensa popular como meramente románticas -vinculadas con
el cuestionamiento general, por parte de la sociedad estadounidense, del
estilo de vida y el cambio cultural- pero por cierto incluyeron una
investigación pedagógica seria en torno del tema de la comprensión. Jerome
Bruner representó la influencia intelectual dominante.
Bruner proponía
un acercamiento a un aprendizaje reflexivo, que estableciera conexiones
sólidas con la vida de los estudiantes y con su necesidad de comprender el contenido,
no sólo con su capacidad de repetir las formulaciones de texto."
Entre los diversos proyectos curriculares del período, Perrone menciona el
Elementary Science Study (Estudio elemental de la ciencia): un trabajo
publicado en 1966 por el Educational Development Center (Centro de desarrollo Educativo) del cual él y su
grupo tomaron ideas centrales para la elaboración de nuevos conceptos sobre la
enseñanza. En su introducción, este proyecto curricular se anticipa al fenómeno
que más tarde pondría en escena a toda una generación de nuevos niños,
sosteniendo aquello que hoy resulta casi obvio:
"Es evidente que los niños son científicos por disposición: hacen
preguntas y usan sus sentidos tanto como sus poderes de razonamiento para
explorar su entorno físico; obtienen una gran satisfacción al descubrir qué
hace funcionar las cosas; les gusta resolver problemas; se sienten desafiados
por nuevos materiales familiares. Esta curiosidad natural de los niños y su
libertad respecto de preconceptos acerca de la dificultad es lo que este
programa trata de cultivar y orientar hacia canales más profundos. Nuestra
intención es enriquecer la comprensión de todos los niños."
Respecto de la estrategia de enseñanza, la misma guía afirma:
"Queremos que los alumnos no se conformen con reconocer la autoridad
científica, sino que desarrollen la confianza y las habilidades necesarias
para cuestionarla con inteligencia. Por este motivo juzgamos necesario
ayudarlos a confrontar el mundo real y sus materiales físicos directamente,
más que por medio de intermediarios como los libros de texto... no conviene
explicar las cosas Prematuramente ni dirigir en exceso la exploración de los
niños."
El profesor Perrone subraya que en este período de reforma sin precedentes
en los Estados Unidos, se reafirmó la indagación como modelo de discurso:
interrogar, mantener un sano escepticismo, desarrollar hipótesis;
experimentar, examinar una variedad de datos -ya sea que confirmen o
desautoricen las teorías previas- y articular una variedad de explicaciones
posibles. Ya en la década de 1960 habían comenzado a preconizar las
investigaciones científicas por parte de estudiantes muy jóvenes, y a hablar de
la necesidad de "descubrir" más que de "cubrir un tema".
Sin embargo, el autor advierte que aquellas iniciativas no prosperaron en los
años setenta y ochenta, cuando, por el contrario, varias fuerzas contribuyeron
a un resurgimiento de paradigmas menos activos y complejos. Acusa en esos años
a lo que él llama un "contragolpe fundamentalista" que desalentó la
participación federal en programas innovadores.
El siglo XXI presenta para Perrone un panorama diferente y optimista:
"Una vez más los críticos escolares están pidiendo que los alumnos
vayan más allá de los hechos, para convertirse en personas capaces de resolver
problemas y en pensadores creativos que vean posibilidades múltiples en lo que
están estudiando y que aprendan cómo actuar a partir de sus conocimientos. Tal
vez el ejemplo más visible sea la Coalición de Escuelas Esenciales conducido
por Theodore Sizer, que subraya que `menos es más' respecto de lo que se enseña
y aprende."
Los trabajos de estos investigadores, las corrientes educativas del tercer
milenio y la interactividad de los nuevos niños con respecto a la educación, no
avanza al mismo ritmo en todo el mundo. Molly, una índigo adulta que ya he
citado, me decía:
"El sistema universitario, aunque digan lo contrario, es a largo plazo
el mismo que el de la escuela. Después de haber sido `oyente' durante más de
diez años, uno se da cuenta de que sigue siendo `oyente' en la universidad o
en un nivel superior terciario. Por mi parte esperaba que la universidad me
diera lugar para la creación, pero no fue así. De manera que elegí,
paralelamente a mi carrera universitaria, escribir mis propios ensayos."
Todo indica que el sistema educativo está en pleno proceso de cambio, pero
éste es irregular y seguirá evolucionando paralelamente con las respuestas y
manifestaciones que los nuevos niños sumen a los pioneros -padres y docentes-
capaces de advertir el giro en este sentido.
EL PROTAGONISMO
DE LOS NIÑOS
La misma tendencia que viene incidiendo en la educación tiene su correlato
en el arte, en el entretenimiento y en la comunicación a nivel masivo. La
proliferación de libros y películas donde los niños pasan a un primer plano en
la acción, e incluso con poderes y atributos fantásticos encuentra su mejor
ejemplo en Harry Potter. Llama la atención que entre tantos productos
destinados al consumo infantil se haya disparado vertiginosamente una secuela
de historias en las cuales sus protagonistas son pequeños magos: niños con
atributos secretos, dotados para cambiar el mundo, actuando sobre el entorno
con capacidades insospechadas, sorprendiendo al establishment adulto.
La realidad supera a la ficción, pero la ficción se nutre de ella. Y por
primera vez, los niños comparten un producto plenamente legitimado por el
universo adulto. En febrero de 2002, el escritor Fernando Savater declaraba al
periódico Clarín de Buenos Aires:
"Desde las primeras páginas de la primera novela, las narraciones J.
K. Rowling me han atrapado como a cualquiera de sus jóvenes aficionados que
casi podrían ser mis nietos. Ahora chicos y chicas hacen cola en las librerías
esperando que llegue la última entrega de su héroe favorito. Mañana, también
leerán a Proust o a Vargas Llosa. Aunque nunca olviden -lo espero y lo deseo- a
Harry Potter."
Bien podría invertirse el planteo de Savater, y suponer que son los niños
quienes desde su propia elección masiva y espontánea -el mercado editorial
nunca antes había registrado tamaña audiencia infantil- un nuevo capítulo para
que los adultos "leamos" a partir de sus preferencias, el lenguaje de
una nueva raza de niños avecinándose en el horizonte.
"Creo que Rowling es una seguidora aventajada del gran Tolkien de El
señor de los anillos", agrega el autor español en el mismo artículo, dando
allí con otra clave. Tolkien es otro de los "grandes éxitos" en la
naciente audiencia infantil. Y sus protagonistas, sin ser niños, configuran
esa pluralidad de razas, de mundos en disputa, de una lucha por el bien, de una
universalidad para ver el campo de la existencia que excede plenamente el de
Tom y Jerry o las trilladas sagas de Walt Disney donde los animales -fueran
patos, perros o ratones-repetían tan fielmente la conducta de la clase media
norteamericana que no se diferenciaban en absoluto de humanos adultos comunes
y corrientes.
La fantasía en su cabal dimensión es la que con más fuerza impacta a los
chicos de hoy, y no es descabellado pensar que hasta les resulte familiar,
necesaria y positivamente evolutiva a la vez. Pero no sólo la fantasía
meramente lírica, sino incluso aquella que se conecta con los problemas reales
del ambiente.
Es cada día más común encontrarse con revistas, programas radiales,
televisivos, organizaciones no gubernamentales, proyectos ambientales y
emprendimientos culturales o artísticos conducidos por niños menores de doce
años.
Si a partir de los años cincuenta la posguerra trajo adolescentes rebeldes
que en los sesenta produjeron su mayo francés, podría decirse que los noventa y
el nuevo siglo, traen una generación de niños protagonistas,
"usufructuarios" de la fantasía como un instrumento de posible
aplicación reivindicativa en la realidad. Niños con atributos concretos para
la resolución de problemas nuevos, capaces de organizarse, de reformular con
sus respuestas el sistema educativo, de conectarse por Internet a foros propios
de discusión, de insertarse en los medios de comunicación, de activar, con su
impronta, una humanidad distinta.
CAPÍTULO 9
UN NUEVO ESTADO DE CONCIENCIA
TERAPIAS COMPLEMENTARIAS Y NIÑOS
ÍNDIGO
Los niños deben recordar que el oficio del padre,
como emblema de poder creativo, es divino en su misión, pero no implica
restricción en el desarrollo ni obligaciones que puedan obstaculizar la vida y
el trabajo que les dicta el alma. Es imposible estimar en la actual
civilización el sufrimiento callado, la represión de las naturalezas y el
desarrollo de caracteres dominantes que produce este hecho. En casi todas las
familias, padres e hijos se construyen cárceles por motivos completamente
falsos y por una equivocada relación mutua. Estas prisiones ponen barras a la
libertad, contaminan la vida, impiden el desarrollo natural, traen infelicidad
a todos los implicados y provocan esos desórdenes mentales -nerviosos e incluso
físicos- que afligen a la gente, produciendo una gran mayoría de las
enfermedades de nuestros días.
-EDWARD BACH
(Creador de las Terapias Florales)
¿Los niños índigo necesitan terapias? ¿No están acaso mejor dotados que el
resto? La respuesta, según los especialistas, es afirmativa en ambos casos.
La explicación de por qué habrían de ser necesarias determinadas terapias,
remite a capítulos anteriores y se relaciona con dificultades propias del
medio, del contexto socioeducativo. Es decir, con las reacciones externas a
las que el niño índigo está expuesto, más que con carencias del niño en sí.
Aun cuando su familia haya tomado conciencia de las necesidades que el niño
presenta, es necesaria la mirada específica, más sutil, en función de sus
atributos, para que no devengan en situaciones de marginación, aislamiento o
sufrimiento; existe una sociedad que no siempre habrá de estar preparada para
el nuevo niño.
La desaprobación, la hostilidad, el rechazo habitual por la diferencia
existen inevitablemente en la vida social. Si a estos factores
"ambientales" le sumamos eventuales vivencias "atípicas"
que el niño experimenta -provechosas en la oportunidad evolutiva que prodigan,
pero potencialmente traumáticas en un principio- es factible que se haga
necesaria una compensación terapéutica, no encarada como tratamiento frente a
una enfermedad, sino como apoyo hacia una evolución espontánea.
Luego,
el factor ADD o ADHD, donde se involucra la hiperkinesis con los problemas que
según hemos visto puede llegar a acarrear, suma otro elemento a la posible
complejidad que podría presentar el panorama de crecimiento para un niño
índigo.
Las opciones terapéuticas propuestas por los especialistas e investigadores
son muchas e inocuas.
El uso de las Flores de Bach es una de las terapias vibracionales que
mejores resultados ha dado en niños. Edward
Bach (1886-1936) médico bacteriólogo doctorado en Cambridge, descubrió
alrededor de los años treinta que las esencias de ciertas flores silvestres
actúan sobre las emociones humanas, equilibrándolas. La no agresividad y la
ausencia de trastornos secundarios propios de este sistema interesaron a muchos
profesionales en el mundo.
María Luisa
Pastorino -médica psiquiatra y médica
homeópata egresada de la Asociación Homeopática Argentina- indagó minuciosamente
en esta terapia antes de publicar La medicina floral de Edward Bach, donde
asegura:
"Es quizás en el campo pediátrico donde los remedios florales actúan
más espectacularmente. El maleable organismo infantil lo hace buen receptor de
las flores y de los cambios a los que ellas llevan. Se puede y se deberían dar
desde el nacimiento. Colocado el Rescue Remedy (uno de los medicamentos
florales combinados) en los pezones de la madre, el bebé incorpora el
medicamento en cada mamada y éste actúa borrando las secuelas del traumatismo
del parto y equilibrando al bebé en su alimentación y sueño. Más adelante, en
la vida del niño, el sistema Bach se puede usar en todo tipo de patologías con
excelente resultado."
En la introducción del mismo libro, encuentro un párrafo que sintetiza la
acción terapéutica de las flores:
"Estas infusiones actúan sobre los estados emocionales de hombres y
animales y sobre las propiedades vitales de las plantas. Forman un sistema
médico cuyo axioma básico, establecido por Bach, dice que la enfermedad es el
resultado de un desequilibrio emocional, que dicho desequilibrio se produce
en el campo energético del ser vivo y que si éste persiste, se produce la
enfermedad en el cuerpo físico. El agente curativo, por consiguiente, deberá
actuar sobre las causas y no sobre los efectos, o sea, corrigiendo el
desequilibrio emocional en el campo energético:"
Existen otras terapias o "técnicas de apoyo evolutivo", que se
recomiendan tanto en el caso de los niños índigo como en el de los hiperactivos,
con o sin trastorno de déficit de atención. El Reiki para niños, la técnica de
armonización de los campos electromagnéticos (EMF), el masaje Atlante, son
algunas de ellas.
Quienes practican y aplican estas técnicas aseguran que sirven para
canalizar energías, adaptar la vibración al cuerpo físico y hacer, en conjunto,
menos traumático el proceso evolutivo del niño índigo.
El masaje
Atlante, en la explicación de Nina Llinares (www.geocities.com/nllinares)
especialista española en este tratamiento es una técnica enfocada a desbloquear
información celular con el fin de liberar patrones energéticos causantes de
enfermedades, cansancio y falta de resistencia, entre otras disfunciones.
Las condiciones
vibracionales del planeta -asegura llinareshan ejercido alteraciones en
nuestros organismos físicos. El conjunto de técnicas que forman el masaje
Atlante contribuye a la liberación de dichas cargas energéticas así como a las
grabaciones contenidas en nuestro antiguo código genético.
EMFBT (Electro-Magnetic-Fields-Balancing-Technique) es la sigla que
definiría, en literal traducción a la Técnica de Balance de los Campos Electro
Magnéticos. Abundan en Internet las descripciones desarrolladas al respecto
(wwwemfbalancingtechnique.com)
En las propias
palabras de Silvia Durán (flordevida@uol.es), una de sus
cultoras, el EMFBT es una técnica de armonización que facilita el fluir de la
energía cósmica en el sistema electromagnético del cuerpo humano. En ella,
terapeuta y paciente unen su intención para disolver bloqueos de energía. Todas
las creaciones de la persona -experiencias, miedos, aprensiones, recuerdos- son
liberadas e integradas en el canal central de energía de modo que se pueda
utilizar ese potencial para nuevas cocreaciones.
LA CUESTIÓN
COSMOBIOFÍSICA
Seres
superiores comienzan a manifestarse a través de niños, aunque esto jamás debe
alarmar ni atemorizar a los padres. Por el contrario; corresponde considerarlo
como una gracia divina de Dios. Los síntomas que un padre puede llegar a
advertir sobre un niño de tres o cuatro años que es "ocupado" por
seres superiores son de fácil comprobación debido a un cambio total de
comportamiento. Es como si de golpe el mismo se transformara en un muchacho de
quince años o en un adulto, a juzgar por sus deducciones,
análisis y
otras pautas de comportamiento. Abandonan sus juguetes anteriores, dejan de
correr alocadamente como lo hacían antes; comienzan a demostrar una extraña
madurez en sus preguntas y respuestas.
-PEDRO ROMANIUK
(Investigador de fenómenos paranormales)
Salvo
unas pocas excepciones, los testimonios recabados para esta investigación
adhirieron a la existencia de niños índigo en el marco de una creencia que
opera como denominador común: la continuidad de la vida más allá del plano
físico; la trascendencia del espíritu.
Así, los altos coeficientes intelectuales, la capacidad para ver, oír y
curar a distancia y demás atributos enunciados al hablar de niños índigo, se
suman a la idea de que albergan un conocimiento, una experiencia que les
pertenece y que traen consigo desde aún antes de nacer: antes de venir a la
Tierra, para usar un lenguaje a tono. Sin embargo, allí donde se habla de lo
interplanetario el tema tiende a ramificarse, dando cabida a otras teorías
que, sin ser mayoritarias, también constituyen opinión respecto del fenómeno.
Pedro Romaniuk es fundador del Instituto Cosmobiofísico de investigación, en Buenos
Aires, Argentina. En su juventud, fue Comandante de Aviación. Durante el
ejercicio de esa profesión atravesó experiencias que lo conmocionaron,
agudizando su interés por los planos menos explícitos de la realidad. Se
abrieron para él nuevos campos de investigación e interés simultáneamente con
vivencias sobrenaturales, visualizaciones, anticipaciones y contactos con lo
que en sus propias palabras, define como "Inteligencias superiores".
En La vida después de la muerte
-libro publicado por este autor en 1989- Pedro Romaniuk decide dar testimonio
del episodio que, a partir de un accidente aéreo y sus derivaciones, cambió
para siempre su manera de concebir la existencia.
En los últimos años, un interés específico por el fenómeno índigo lo ha
llevado a participar en programas televisivos y entrevistas para distintos
medios. Sin embargo, su perspectiva reviste diferencias importantes con otros
enfoques al respecto.
La presencia de nuevos dones y peculiaridades en ciertos niños es vista por
este investigador como fruto de una "ocupación" proveniente del
exterior. En ese marco, excluye la experiencia "previa del ser" que
el niño índigo trae consigo y luego manifiesta.
"Con un aplomo y seguridad que antes no se le advertían en sus
preguntas -sostiene el mismo autor- el niño ya no se conforma con querer saber
sobre ciertas cosas; pretende el ,por qué' y el `cómo'. Acá se presenta un
detalle que merece ser esclarecido. En la mayoría de los casos de seres
humanos, niños o adultos, a cuyo través actúan Seres Superiores, son estos
últimos precisamente los que generan premeditadamente en las mentes humanas la
necesidad de extraer sus propias lógicas analíticas o deductivas sobre el `por
qué' y el ,cómo' de ciertos hechos."
Según este párrafo, entonces, el cambio se activaría por intervención de
fuerzas exteriores. En cuanto a las características de los niños índigo, y más
allá del "origen" de sus atributos, Romaniuk coincide en señalar la
tendencia a dormir poco, asegurando que los niños Ocupados poseen una cantidad
e intensidad de energía vital impresionante, aunque inusual con anterioridad,
es decir, respecto de sus primeros años de vida. También ratifica su convicción
en la cuestión ADN, al manifestar que ha observado gran cantidad de hijos de
portadores del virus HIV que habían negativizado el virus.
Por último, con relación a épocas y ejemplos, este observador cita una
excepción a la cual suele apelarse cuando se habla de niños índigo
"adelantados" a la llegada masiva que tuvo su incremento de los años
sesenta en adelante:
"A los
cuatro años, Wolfang Amadeus Mozart no sólo ejecutaba el violín, sino que
también componía música im
posible de imitar. Podemos preguntarnos: si para llegar a componer, como
para adquirir cierta destreza en instrumentos complejos como el piano no
alcanza una década; ¿cómo se explican sus geniales conciertos a los tres o cuatro
añitos? ¿Quién ordenaba esos impulsos mentales? ¿En base a qué experiencia sus
dedos ejecutaban las directivas motrices? ¿Dónde y cuándo adquirió semejante
conocimiento? ¿En qué tiempo? ¿Quién lo inspiró, lo iluminó con ese genio?
¿Quién guió sus manos? Fueron Ocupantes... fueron Seres Superiores los que
impulsaron las manitos y deditos de una criatura de tres años que nada sabía
de música y jamás de componer música, a escribir partituras cuyas técnicas y
creatividad requieren quince o veinte años de agobiadoras prácticas."
Incluyendo este testimonio, más allá de coincidencias o diferencias, hay
entre los distintos investigadores un acuerdo básico en cuanto a que los niños
índigo existen, están con nosotros, traen una nueva conciencia, son más
evolucionados y aumentan estadísticamente.
El fenómeno índigo abre, simultáneamente con su divulgación, una serie de
controversias que parecen multiplicarlo en subtemas. La discusión sobre la
vida extraterrestre y sus manifestaciones en nuestro planeta constituye un
ejemplo de las derivaciones posibles.
Elegí, en el abordaje de este libro, dejar constancia de las potenciales
extensiones temáticas que podía generar el fenómeno índigo, pero sin indagar en
ellas, pues éstas exigen por sí mismas otra investigación.
EPÍLOGO DE UN
VIAJE A LA INFANCIA Y SUS POSIBLES NUEVOS MUNDOS
Si les decís a
las personas grandes: "La prueba de que el Principito existió es que era
encantador, que reía, y que quería un cordero. Querer un cordero es prueba de
que se existe", se encogerán de hombros y os tratarán como se trata a un
niño. Pero si les decís: "El planeta de donde venía es el asteroide B612
", entonces quedarán convencidos y os dejarán tranquilo sin preguntaros
más. Son así. Y no hay que reprocharles. Los niños deben ser muy indulgentes
con las personas grandes.
ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY
La
prueba de que los niños índigo existen no es este libro, ni lo será ninguno.
Allí están ellos: la propia experiencia de los lectores, de los adultos, de los
observadores, a partir de una mirada sensible a los cambios que
subrepticiamente presenta la especie humana, es la conclusión más veraz y
coherente con estas páginas.
La noción de que un niño índigo puede ser un niño cualquiera y poseer
capacidades potenciales más expandidas que el resto -aunque no siempre
evidenciadas, o incluso reprimidas- es algo que sólo podemos analizar por sus
consecuencias. Su percepción más amplia, su desempeño selectivamente superior,
su mayor conciencia para comprender procesos globales, su capacidad de
adaptación a situaciones cambiantes, su voluntad de justicia y coexistencia
pacífica con un todo universal, ¿qué son sino la contrapartida exacta de
aquello que más lamenta la humanidad en los últimos cincuenta años?
Suena lógico que nuestra raza, como especie tendiente a la supervivencia y
no a la extinción, procure compensar en nuevas generaciones los procedimientos
catastróficos de las antiguas.
Se ha dicho que los niños índigo nacen en cualquier clase socioeconómica y
se caracterizan, básicamente, por poseer un nuevo estado de conciencia. La
llegada de estos "nuevos hombres" -según los especialistas- no es
casualidad: tendrían una tarea muy específica por delante.
Son puentes entre la tercera y cuarta dimensión, y activan el verdadero
cambio en el seno mismo de la familia, en el hogar,
reza el copete de un artículo difundido por la página web queidea, del
Ecuador.
Con la irrupción del fenómeno índigo empieza a madurar una nueva manera de
ver al niño por parte de los adultos, y con ella, quizás también una puerta al
cambio evolutivo. ¿Qué vienen a decirnos? ¿O a enseñarnos?
La manifestación de que el cambio importado por el niño índigo a la
humanidad empieza en su propia familia se reitera en distintos testimonios y
opiniones. Es un dato importante, que subraya el peso específico del fenómeno.
Su carácter masivo, intrasocial, casi subrepticio aún, lo equipara a las
transformaciones profundas, irreversibles.
La historia nos demuestra que los grandes cambios no han sucedido
precipitada o espectacularmente. El espacio cotidiano de la inmediatez ofrece
matices sugestivos, sutiles pero intensos, que nos merecen especial atención.
Propulsan una rotación planetaria que paulatinamente ilumina zonas
escondidas de la infancia universal y de la naturaleza humana.
El fenómeno índigo se presenta como una revelación subrepticia pero
creciente que tiene, a la vez, algo de revolución. Porque estos niños
empiezan, en su jeroglífico y pródigo lenguaje, a sumar nuevos conocimientos y
conceptos, destronando otros que ya ostentan su contradicción.
¿Qué es lo contradictorio? El adulto ha creado un seudomundo infantil,
fabricando juguetes a imagen y semejanza de la adultez, pero en pequeño.
Películas, alimentos, ropa, libros, rostros y actitudes se lanzan al mercado
pretendiendo que "eso" es lo que los niños quieren; como cuando se
inventa un hueso con sabor a chocolate suponiendo que esto es lo que un perro
normal debe desear.
He aquí una paradoja que explica el desconcierto mutuo: el niño nuevo, si
se lo permitimos, tiene algo propio para decir. Y seguramente nos sorprenderá.
Lo que los parámetros tradicionales de educación rechazan, podría ser
concebido, entonces, como la manifestación de identidad de estos nuevos niños
ante un gran malentendido: un estado de cosas equivocado.
Aun descartando la existencia de los niños índigo, es claro que la mayoría
de los niños tienen misterio y personalidad. A pesar del mercadeo que la
industria infantil les dispara a metralla, ellos se hacen oír, llaman la
atención, nos desconciertan, provocan investigaciones, impulsan nuevas
disciplinas, justifican la elaboración de libros como éste. Algo se traen. Y no
puede ser nada malo.
Una aclaración personal: tampoco creo en santificarlos, declararlos genios
o acceder ciegamente a todos los deseos de un niño determinado, sean cuales
fueren sus cualidades. Sí deduzco que escucharlos sin la "traducción
simultánea" de nuestras propias necesidades proyectadas en ellos, puede
hacernos bien como adultos.
Es probable que, entonces, al hacerlo, sembremos una semilla de cambio
capaz de torcer el extraño rumbo de las últimas décadas. El rumbo, por ejemplo,
de los inmolados estrellando aviones para que otros inmolados involuntarios
expíen pecados que desconocen.
Por alguna razón tan misteriosa como los niños mismos, la tendencia ha
sido neutralizarlos; abortar en vida la palabra del niño, que es humano, y
sucumbe ante una vidriera de juguetería con talles para todos los gustos en el
mercado mundial.
Así nos privamos del cambio y proyectamos nuestra propia herencia
"adulterada" diseñando a nuestros pies una infancia de acetato y
tecnicolor con Mickeys, Xuxas, Pokemons.
Inventos de grandes. Grandes inventos. Escenarios de anestesia que creamos
para ver una niñez ideal, donde la fiesta de luz y color sea permanente.
¿No estaremos perdiéndonos algo? ¿No estaremos impidiendo, con los fórceps
de nuestra inmadura escenografía una evolución profunda, virtuosa,
enriquecedora a la que estaba destinada nuestra civilización?
Metódica y ciegamente se eliminan ecosistemas, especies, y capas de la
atmósfera. Cumpliendo el protocolo de la adultez, la "plana mayor"
hace lo propio con la infancia: interrumpiendo la evolución allí mismo, donde
parecen insinuarse los primeros signos de discordancia con lo establecido.
Los niños, potencialmente sabios pero blandamente inexpertos respecto de
la densidad física, son permeables a la trampa narcóticamente seductora del
efectismo. De todos modos, un fenómeno, una nueva generación nos remite a
virtudes esenciales de la especie.
Aun sin el privilegiado ADN, sin superpoderes, ni "lóbulo frontal
abultado y ojos grandes" los niños de hoy acaso sean todos potencialmente
especiales, distintos respecto de hace tres o cuatro décadas. Es decir, capaces
de desarrollar nuevos dones, de resucitar una condición espiritual, psíquica,
intelectual que había sido congelada pero que define a la especie humana.
Y al resucitarla, resucitarnos con ella.
Una misión ya opera por sí misma. Es la misión de la nueva mirada sobre los
niños. Una mirada más sabia que nos permite a los adultos aprender antes que
clasificar. Abrir nuestros ojos tan grandes como los que ellos traen,
escucharlos con la voracidad con que ellos nos escuchan, inspeccionar nuestros
juguetes con la misma curiosidad con que ellos inspeccionan los suyos; todo
esto es complementario a la misma dirección que los niños toman.
Existe, sin embargo, una contracara del fenómeno que puede confundir: la
exigencia, la vanidad proyectada, la urgencia de tantos padres por
engrandecerse a través de la eventual "estrella" de sus hijos. Otro
riesgo. Y otro vicio tendiente a neutralizar un cambio positivo frente al cual
nos debemos atención especial.
La evolución como especie, aquella que los niños podrían aportar, no tiene
que ver, en lo esencial, con triunfos científica, económica, o funcionalmente
mensurables. Estos, en todo caso, serían beneficios adicionales.
El impulso humanístico que traen los nuevos niños tampoco es puntualmente
predecible como el sexo de un bebé, pero asoma aquí y ahora; ha sido percibido
por muchos padres y observadores de distintos campos.
Todos
los niños -mágicos por naturaleza- habrán de sorprendernos, en tanto dejemos
de criarlos como a pequeñas mascotas reproductoras de un sistema de creencias
hoy ya poco creíble. Y seguramente nos harán un favor, si se lo permitimos.
Quizás en un futuro surjan nuevos acercamientos al tema; refutaciones,
confrontaciones y semblanzas más o menos efectistas, según dicte la mediatización.
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• Winnicott, WD, The Predicament of
the family: a psycho-analytical Symposium, Londres, Reino Unido, 1967.
FIN
*
Edgar
Alan Poe, narrador y poeta norteamericano (1809-1849). En su cuento "La
carta robada", expone un ejemplo de cómo cierta actitud obstinada pero
sin apertura en la búsqueda de algo, puede a veces ocultarnos su presencia
evidente, mucho más inmediata que lo supuesto.
* Abreviatura del ácido desoxirribonucleico. Dícese del ácido
nucleico que forma el componente principal de los cromosomas y soporta el
material de la herencia.


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