© Libro No. 710. Consumo, Luego Existo. Poder, Mercado Y Publicidad. Torres I Prat, Joan. Colección E.O. Abril 12 de 2014.
Título original: © CONSUMO,
LUEGO EXISTO. Poder, Mercado Y Publicidad. Joan Torres i Prat
Versión Original: © Consumo, Luego Existo. Poder, Mercado Y Publicidad. Joan Torres I
Prat
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conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:
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texto.
Portada E.O.
© Edición, reedición y
Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
Poder,
Mercado Y Publicidad
Joan
Torres i Prat
Icària editorial julio
2005
CONSUMO, LUEGO EXISTO. Poder, mercado y
publicidad
Por Joan Torres i Prat
Alguien dijo...
No hay riesgo en dejar
que todo el mundo haga lo que quiera cuando se está seguro de conseguir que se
quiera aquello que uno pretende que se haga.
ÍNDICE
PENÚLTIMAS CONCLUSIONES pág. 5-8
EL COMPLEJO COMERCIAL
PUBLICITARIO pág. 9-18
SEDUCCIÓN PUBLICITARIA pág. 19
El inconsciente; la
zona mágica pág. 20-22
Publicidad seductora pág. 22-26
Trampas, tretas y tetas
seductoras pág. 26-32
Palabras mágicas pág. 32-34
PAUSA PUBLICITARIA (I):
EL TIMO DEL RECICLAJE pág. 35-37
MARCANDO MENTES pág. 38-43
CINCO BIENAVENTURAS
PUBLICITARIAS pág. 44-51
PAUSA PUBLICITARIA
(II): CONTROL SOCIAL pág. 52-55
PROFANANDO EL TEMPLO pág. 56-59
TEOLOGÍA DEL CONSUMISMO pág. 60-63
FÍSICA I QUÍMICA DEL
SUICIDIO pág. 64
Física del suicidio pág. 64-65
Suicidio de la
metafísica pág. 65-67
¿QUÉ HACER? pág. 68-73
ANEXOS1:
1- Cuento para dormir…
o no pág. 74
2- El retorno del Jedi pág. 75-77
3- “La batalla por la
Tierra Media no ha hecho más que comenzar” pág. 78-80 (Gandalf)
REFERENCIAS Y
BIBLIOGRAFÍA pág. 81-83
1 Los anexos 2 y 3 no están incluidos en la
versión publicada por Icària Editorial
PENÚLTIMAS CONCLUSIONES
Aquí, en el denominado
Primer Mundo, el aire que respiramos está compuesto por oxígeno, nitrógeno y...
publicidad. La práctica totalidad de los medios de comunicación (prensa, radio
y televisión), están financiados por el complejo comercial-publicitario (CC-P).
De hecho, todas las cadenas de televisión emiten el mismo programa: un
encadenado sin fin de anuncios idénticos interrumpidos por breves pausas, que
incorporan pequeñas variaciones con el entretenimiento imprescindible para
mantener a los televidentes disponibles para los anunciantes. Si cruzamos el
umbral de nuestras casas paseamos entre publicidad -escaparates, vallas,
carteles luminosos, etc.- y, al volver a nuestro hogar, la publicidad pasea
entre nosotros. De hecho es prácticamente la única forma comunicativa de la que
no hay manera de escapar.
Si suprimiéramos de
golpe todos los iconos, mensajes y masajes publicitarios, el paisaje urbano
sería irreconocible: nuestros buzones quedarían huérfanos de propaganda, las
excitantes grandes superficies y los idílicos centros comerciales se revelarían
como lúgubres hangares. Hagan ustedes un esfuerzo. Imagínense la vida sin las
promesas publicitarias, sin las promesas de emocionantes aventuras en un
todoterreno, sin las promesas de la chispa de la vida, sin las promesas de la
energía libertaria de unos vaqueros. Imaginen una vida sin las alegres y
simpáticas musiquillas de un sinfín de spots, imaginen las paredes grises y
desnudas de cuerpos, colores, verdades y paraísos. Imagínense
una vida sin
las susurrantes, rítmicas
o melódicas, multiformes
y omnipresentes promesas de felicidad, placer y sentido. Es duro ¿verdad?
Las cosas más fundamentales sólo se
valoran en su
justa medida cuando
las perdemos (o
tenemos plena consciencia de la
posibilidad de su pérdida). Piensen tres cosas que ustedes consideren básicas
para su vida. Cierren los ojos durante tres segundos. ¿Han pensado en el aire
para respirar, por ejemplo? Bien, imagínense una vida sin las ubicuas y
constantes pequeñas promesas publicitarias. ¿Notan cómo se va apoderando de
ustedes una inquietud, un indefinido desasosiego? Sí, es el mono, el síndrome
de abstinencia. Bien, hagamos memoria:
Los abuelos de nuestros
abuelos estaban inmersos en un mundo dominado por lo que Marx (Groucho no,
Carlos) denominó “el opio del pueblo”. El santo rosario, la hora del ángelus,
la santa misa, rezo antes de comer, antes de acostarse, cuadros, estampas, esculturas,
iglesias... Sí, las imágenes, los ritos, las sugestiones sensitivas y
cognoscitivas (olores, luces y colores, doctrinas y sermones) de matriz
religiosa cumplían su misión: intentar satisfacer esta sed insondable de
sentido (patrón que jerarquiza y orienta nuestra energía psíquica) y que parece
ser consustancial con el
hecho de pertenecer a
la especie humana. Los monjes tibetanos
y sus
hipnóticos mantras, el almuecín que desde el alminar de las mezquitas
melódica y constantemente convoca a la atención y la oración a Alá, etc. De
igual manera, sean ateos, agnósticos o tibios creyentes de cualquier
creencia, las pequeñas
y elementales promesas
publicitarias, por sus
efectos acumulados (reiteración y
multiforme omnipresencia), en el fondo (y
no tan fondo) pretenden satisfacer esta misma necesidad, convirtiéndose
en la nueva Gran Promesa.
Los medios de
comunicación tienden a tener un papel determinante en la percepción de lo real
y la configuración de la ética, estética y moral colectiva y personal. En un
mundo así, quizás lo más inquietante sea constatar cómo las técnicas y la
lógica publicitaria han ido vampirizando y predeterminando todos los campos de
la comunicación: noticias, programas de entretenimiento y evasión, películas y
series, debate político, etc. A nuestra insondable sed de sentido, aquí y
ahora, prácticamente tan sólo se le ofrece el discurso publicitario. Promesa y
discurso que se nos revela como el lenguaje básico de una civilización
organizada por y para la mercancía. Hoy quizás ya no sea muy exagerado afirmar
que vivimos sumergidos en un Gran Anuncio. Si esto es así, el complejo
comercial-publicitario es lo que se erige como el auténtico Matrix de nuestro tiempo.
De hecho ésta es la
tesis central del presente trabajo: aquí y ahora el complejo comercial-
publicitario (CC-P) es la máquina privilegiada mediante la cual la lógica de la
expansión y concentración del poder material2
planetario organiza su influencia y dominio sobre la conciencia de “lo
real”. Influencia y dominio como resultado de un intercambio o
retroalimentación, de un flujo comunicativo. ¿En qué consiste este intercambio?
1- Una vez cubiertas las necesidades elementales de
comida, cobijo y abrigo, los humanos tendemos a las satisfacciones imaginarias
de emociones, sensaciones e ilusiones. Tendemos a lo fácil, cómodo y
placentero: al sueño y al ensueño.
2- El actual nivel de
desarrollo tecnológico y científico-técnico otorga un potencial prácticamente
ilimitado para detectar, procesar, configurar y satisfacer nuestros sueños. La
lógica del mercado y la mercancía, a través del CC-P, organiza y dirige este
poder; el cual funciona como auténtica matriz o control central de la “Fábrica
de Sueños”.
3- El CC-P se nos
revela como una maquinaria social privilegiada y especializada en el
procesamiento y modelación
de nuestros deseos
y ensueños elementales,
a cambio de una
Referencia a una
película de ciencia-ficción del mismo nombre del año 1999 protagonizada por
Keanu Reeves y dirigida por los hermanos Wachowski.
2 Este concepto hace referencia a la
pulsión de apropiación, propia de los seres humanos, en tanto que mamíferos. En
cada tiempo y lugar esta pulsión hacia “lo sensible” tiende a cristalizar en
diferentes sistemas. Aquí y ahora estamos hablando del sistema económico
neo-liberal.
contrapartida: la
focalización y equivalencia de nuestra energía psíquica y trascendente
-pulsiones, motivaciones, valores y sentido- en mercancías. Mercancías que
emanan directamente del poder corporativo dotadas de todo tipo de atributos
mágicos o identidades y experiencias virtuales. Esta focalización, además, es
eficaz e independiente del consumo real, pues de lo que se trata no es tanto de
consumir, ni tan sólo de capturar el deseo, sino más bien de la creación de un
campo de deseabilidad. Estamos hablando
de un campo
perceptivo en el
que el individuo
sólo puede reconocer el propio
deseo como verdadero y legítimo sí y sólo sí éste es reflejado en una
mercancía.
4- La potenciación del
deseo y su identificación con la mercancía es el objetivo estratégico clave del
CC-P, porque este proceso genera una energía muy especial. ¿Cuáles son sus
propiedades básicas? Cuando es onda se manifiesta como obediencia. Cuando es
partícula se manifiesta como dinero. ¿No es ésta la verdadera energía primaria
que mueve los engranajes de nuestra civilización?
5- Con esta energía,
Matrix/CC-P -como metáfora de un constructo social y tecnológico que cobra vida
propia- va recreando en el plano imaginario aquello que la lógica económica va
destruyendo en el plano de lo real. La maximización del beneficio económico, en
un proceso de feroz competencia y creciente concentración, tiene unos
evidentísimos costes ambientales, sociales y psicológicos. Una función básica
del CC-P es la de alimentar un campo perceptivo en el que estas agresiones
simplemente sean imposibles e inimaginables. Un campo perceptivo en el que todo
es “verde, natural, libre, hermoso, amable y divertido”. Por ejemplo: mientras
en el plano real la producción industrial de productos lácteos presupone un
sórdido mundo industrial, agroquímico, farmacéutico y disciplinario -amén de
una crueldad muy cuestionable para con las vacas-, en el plano imaginario se
reconstruyen mundos idílicos y pastoriles. Mundos que, en el plano de lo real,
están en un acelerado proceso de extinción.
6- Si la subjetividad
es el objeto de trabajo de Matrix/CC-P, actualmente éste hipertrofia todas las
vivencias, sensaciones e ideas subjetivas asociadas al consumo. Esta
hipertrofia es la que tiende a borrar sistemáticamente el rastro de todo
aquello que pueda hacer referencia a los efectos objetivos del consumo:
orígenes e impactos en las esferas económicas, sociales, ambientales y
políticas. En resumen:
hipertrofia la subjetividad
narcisista y niega
la objetividad relacional. Estamos hablando de unos sujetos
aislados, desconectados de su entorno real, porque sus potencias psíquicas
(percepción, emoción, pensamiento, etc.) están concentradas en sus deseos,
fantasías y miedos. ¿Es posible encontrar una definición mejor de alucinación?
7- El poder de
fascinación de Matrix y su capacidad para generar mística y metafísica es ya
tan grande que, en muchos aspectos, pre-condiciona al resto de instancias e
instituciones sociales
-ideología, partidos,
cultura, etc-. Y, a través de Matrix, todo se subordina al servicio de la
alucinación colectiva de los ensoñadores3: el espectáculo ya no está tanto al
servicio del poder como éste lo está al servicio del espectáculo. Adaptando un
conocido aforismo de Gore Vidal y por lo que respecta a los ensoñadores,
podemos decir que hoy el poder esencialmente se ejerce y expresa en Hollywood.
Washington queda reducido a la categoría de gendarme: la cervecera
Anheuser-Busch es patrocinadora oficial de los debates presidenciales en EEUU4.
Nos encontramos otra
vez al principio: Platón y su mito de la caverna es hoy más noticia que nunca.
Mientras tanto, el leño que alimenta el fuego de la cueva... eres tú.
3 El 20% de la población mundial
conectada de forma eficiente a Matrix y para la que el resto de la humanidad y
la vida ha de ser literalmente inmolada en el altar de sus ensueños. La lógica
narcótica y delirante en la que esta inmolación se consuma implica que ésta
necesariamente ha de llegar hasta sus últimas consecuencias: el suicidio.
4 Fuente: Carmelo Ruiz Marrero “El
silencioso robo” 3-3-03 en www.rebelion.org
EL COMPLEJO COMERCIAL
PUBLICITARIO (CC-P)
Es un hecho bastante
común el percibir los anuncios como aquellas inevitables pero inofensivas
moscas que van zumbando entorno a nuestras golosinas comunicacionales,
alrededor de las informaciones y de los espectáculos que son objeto de nuestro
deseo. Creemos ser muy inmunes al bombardeo publicitario, puesto que nos
consideramos seres lógicos y racionales. En nuestro fuero interno lo tenemos
claro: “yo compro lo que quiero y cuando quiero. Los anuncios sólo me sirven
para informarme acerca de los nuevos productos y sus posibles alternativas”. Es
más, a muchos anuncios los encontramos bellos e incluso artísticos, ingeniosos
o divertidos, pero muy ineficaces a la hora de condicionar nuestra vida.
A pesar de que en un
próximo capítulo nos centraremos específicamente en tratar de aportar
razonamientos y datos que contradigan estos mitos, de momento avanzamos que una
de las armas más secretas y poderosas de la publicidad es, precisamente, su
aparente e inofensiva irrelevancia. Pero ahora estas cuestiones no son las que
centrarán nuestra atención sino que abordaremos, entre otras, una cuestión
previa: el hecho de que los anuncios conforman simplemente el discurso
publicitario explícito de los medios, en tanto que el implícito es todo el
resto.
El discurso crítico de
los medios que tímidamente difunden los propios medios es de una coherencia y
evidencia aplastante: todo el mundo con un mínimo sentido común es capaz de
constatar la irresistible deriva de éstos hacia formas y contenidos “basura”,
así como su creciente impudicia a la hora de comprometerse con los intereses de
los grandes lobbies económicos y políticos. Constatada esta evidencia empiezan
las críticas por los valores estéticos, deontológicos e ilustrados que se
supone que estos medios deberían promover. Demasiadas veces, esta supuesta
traición a estos valores se atribuye a oscuras conspiraciones de maquiavélicos
poderes, en concomitancia con la traición ética y moral de los profesionales
accesibles al soborno o al chantaje. Simplificando: hay
una oscura conspiración
de unos poderes
maléficos y maquiavélicos
y demasiado corruptibles. Constatamos la tragedia, constatamos lo
inevitable para terminar encogiéndonos de hombros y resignarnos a lo que hay. O
como máximo llegamos a confeccionar un sinfín de idílicas propuestas y modelos.
Modelos idílicos en tanto que obvian la cuestión fundamental: ¿quién tiene la
legitimidad y, sobre todo, la voluntad y el poder para aplicarlos?
La tesis del presente
trabajo será que esta línea de discurso crítico equivale a escupir al
viento o
a lamentarse de
la caída de
las hojas en
otoño. O quizás
estamos ante un
gran malentendido: el de intentar medir con la misma vara dos cosas
regidas por lógicas radicalmente contrapuestas.
Una sería la
lógica de la
comunicación humana, comunicación
como flujo
intersubjetivo de
sentido entre individuos comprometidos con una realidad. Otra es la lógica de
los medios, pues a pesar de que su apellido sea de comunicación éstos no son
tales: son medios de conformación de masas al servicio de la lógica
comercial-publicitaria. Y es esa lógica la que natural e inevitablemente hace
que los medios sean y hagan lo que hacen. No vivimos en la sociedad de la
comunicación, ni tan
sólo de la
información, vivimos en
la civilización de
la alucinación publicitaria como
coherente reflejo en lo cultural de un mundo en el que todo está subordinado y
al servicio de la mercancía y el mercado.
Como pera de un peral,
aquello que el mercado hace en “el exterior” (con sus insostenibles e
inaceptables efectos colaterales) tiene su reflejo en “lo interior”: el CC-P es
aquella interfaz industrial y tecnológica que interconecta la acción del
mercado en uno y otro plano. Esta función de interfaz psicoeconómica virtual
ordena y procesa los flujos por los cuales lo económico -la producción y el
consumo- fagocita lo socioantropológico -la cultura y la subjetividad humana-,
es decir, lo económico deviene metafísica y viceversa. Esta interfaz tiene como
soporte e instrumento clave una sofisticada máquina. ¿Cuál? La que se configura a partir de las redes de industrias de lo imaginario, es decir,
corporaciones especializadas en el uso del saber y las más avanzadas
tecnologías en el ámbito de la generación y difusión virtual de sensaciones,
emociones e ideas. Estamos hablando de las corporaciones que tienen como
materia prima y mercancía, lista para
procesar, la subjetividad humana.
Síntesis: en propiedad
llamaremos CC-P a la alianza de retroalimentación estratégica entre las
industrias y corporaciones de lo imaginario y las otras, las corporaciones
proveedoras de bienes y servicios clásicos así como los lobbies y las élites
del poder económico e ideológico. Esta alianza es la que moviliza la red de
saberes, tecnologías, acciones e instituciones orientadas a inducir
percepciones masivas favorables a un sujeto de poder o anunciante. Y teniendo
en cuenta que lo propio y específico de tal red es que esta capacidad para
inducir percepciones se realiza de forma retórica, persuasiva, y/o seductora.
Lo expuesto hasta ahora
quizás suene demasiado abstracto o confuso. Concretemos un poco más: todo saber
e instrumento de persuasión o seducción masiva que esté sometido a la lógica de
la mercancía (compra/venta) por definición forma parte del CC-P. Por ejemplo:
periódicos, revistas, cine, radio, televisión, espacios públicos y buzones
mercantilizados, Internet, etc. En el contexto de la lógica mercantil, el único
valor de referencia de facto de estos medios de conformación de masas es la
cantidad de atención capturada independientemente del contenido de aquello que
se comunica. Por definición todos estos medios de comunicación han dejado de
ser tales (si nunca lo fueron) porque el hecho comunicativo no está en su
horizonte significativo. Aquí no estamos hablando en
absoluto de ello,
estamos hablando de una lógica espectacular. En este caso, y por lo que
respecta a las audiencias, estamos hablando de la difusión masiva de estímulos
inductores de emociones y sugestiones mediante la construcción industrial de
historias y ficciones susceptibles de gratificar, en alguna medida, al
espectador. Gratificación que
en tanto pretende ser
masiva necesariamente tenderá a
apoyarse en las pulsiones, emociones y propuestas cognitivas más elementales y
propias del ego primario. Por
esta vía lo
elemental se propone como modelo normativo universal y deseable.
Estamos hablando de un modelo en el que las personas deben centrarse en los
sueños autorreferidos y pulsiones básicas articuladas entorno a los
reducidísimos ejes del placer sensual, el dolor y la angustia, el éxito social,
el juego y la coherencia.
Profundicemos en la
idea de esta necesidad de “coherencia”: la tesis que defendemos aquí es que los
humanos, en tanto que animales racionales, necesitamos dotar de un sentido al
mundo, entenderlo. Pero en tanto que mamíferos nos horroriza cualquier esfuerzo
y, por ello, esta necesidad no derivará en un esfuerzo para invertir en ello
tiempo, dinero, atención y disciplina intelectual. Esta necesidad de coherencia
tenderá más bien a traducirse en el consumo acrítico de aquellas propuestas
informativas y explicativas más fáciles y elementales. Propuestas adaptadas y
adaptables a nuestros prejuicios y expectativas.
Hoy informarse no tiene
nada que ver con la pretensión de conocer la realidad, sino en consumir
representaciones cuanto más simples, plausibles y con abundantes ingredientes
emocionales mejor. Si somos realistas veremos que nos siguen fascinando los
cuentos. Informarse hoy a través de los grandes medios de comunicación no nos
aporta absolutamente nada de lo que pasa en la realidad, tan sólo podemos tener
conocimiento de que es lo que quieren que miremos los dueños reales de estos
medios (los anunciantes). Confundir información con realidad equivale a entrar
en un juego peligroso: los “mass media” en tanto que informativos gratifican a
la audiencia suministrando coherencia y
la audiencia gratifica a los dueños
de los medios con su mirada
cotizable en bolsa. Mirada que, con la complicidad del propio alucinador, se
abre a las realidades virtuales creadas por las industrias comunicacionales. No
entraremos aquí en la descripción y análisis de aquello que muchísimos teóricos
y críticos de los medios han hecho con gran rigor y competencia: quedémonos
simplemente con la afirmación de que los medios de comunicación están
fundamentalmente al servicio de nuestros déficits elementales como mamíferos y
los dueños reales de estos medios nos cobrarán este servicio en forma de
obediencia cotizable en bolsa.
En un contexto
mercantilizado en el cual predomina la hegemonía absoluta del capital sobre
cualquier otro derecho o consideración, los medios audiovisuales y las nuevas
tecnologías están en un proceso acelerado de concentración en poquísimas manos,
facilitando que los espectáculos de
“los pocos
hipercapitales” se introduzcan en las casas y los poros de “los muchos
descapitalizados”. Las tecnologías de la información mercantilizada facilitan
enormemente el control y el acceso de las élites sobre el conjunto de la
ciudadanía. Ya lo anunció Lord Nordcliffe, dueño de uno de los consorcios más
poderosos de periódicos de principios de siglo XX; “Dios enseñó a los hombres
la lectura para que yo pueda decirles a quién deben amar, a quién odiar y lo
que deben pensar”. En nuestro caso diríamos: ojos para las masas e imperio
mediático para La Corporación.
Síntesis: por lo que se
refiere a las masas de espectadores, sea informando o entreteniendo, los medios
se rigen por la lógica ESPECTACULAR. Espectáculo en cuanto a satisfacción de las necesidades
emocionales y cognitivas elementales y primarias de las audiencias. Pero por lo
que respecta a los dueños de los medios, la lógica fundamentalmente es
PUBLICITARIA. Entendiendo como tal a aquella lógica capaz de condicionar el
espectáculo poniéndolo al servicio de intereses económicos y/o políticos. El
mecanismo es simple: el espectáculo genera miradas que cotizarán en la “bolsa
de anunciantes”. Aquí está su fuerza: la lógica publicitaria de hecho parasita
y subordina la lógica espectacular que, a su vez, impregna la práctica
totalidad de las formas y contenidos de los medios. Es en este contexto
espectacular-publicitario dónde adquieren pleno sentido declaraciones como
éstas: “En un esfuerzo para evitar potenciales conflictos, es necesario que
Chrysler Corporation sea advertida
de antemano de
cualquier contenido editorial
que abarque temas sexuales, políticos y sociales o
cualquier contenido editorial que pudiera ser interpretado como provocativo u
ofensivo”5. Lo publicitario es una realidad que está muchísimo más allá de lo
que explícitamente está definido como publicidad.
En un contexto
mercantilizado, las corporaciones de lo imaginario, en general, y los medios,
en particular, conforman una red que confluye de forma natural hacía lo
espectacular-publicitario. Con todo, esto no es lo más relevante: como
subproducto, la actividad de esta red alimenta un campo de percepción, valor y
significado muy concreto, es decir, modelos antropológicos e ideológicos.
Porque de hecho las redes espectacular-publicitarias que conforman el CC-P
esencialmente no venden productos sino los valores que venden productos. Venden
símbolos que fusionan nuestras necesidades emocionales con mercancías, tal y
cómo pudo constatar J. F. Reilly, Director Ejecutivo de H.J. Heinz, en una
entrevista a la revista Fortune: “Una vez que la televisión llega, la gente de
cualquier gama, cultura u origen prácticamente quiere lo mismo".
Más adelante
describiremos con detalle cuáles son estos modelos, en todo caso de momento
afirmamos que esta omnipotencia y omnipresencia del mercado presupone la
reducción de lo antropológico e ideológico a su mínima expresión. Así, en el
plano imaginario vemos cómo el CC-P
5 Fragmento de una carta enviada por la
dirección de Chrysler a las oficinas editoriales de cien revistas, en “The
Propaganda Model: An
Overview” de David Edwards en Media Lens.
ensalza todos los
valores que uno es capaz de concebir, y los identifica e iguala a elementales
sentimientos de omnipotencia y placer. Pero en el plano de lo real todo valor o
sentimiento humano no mercantilizable simplemente es condenado no ya a su irrelevancia
sino a su inexistencia. El objetivo final es obvio: el aprisionamiento de la
subjetividad en los laberintos de sus pulsiones narcisistas y delirantes es la
condición necesaria que permite la extracción de la energía suprema: la
obediencia.
Caso práctico:
psicoprostitución y deporte
En el terreno concreto
de los hechos ejemplares ilustradores de nuestro marco teórico entorno al CC-P,
tenemos el mundo deportivo y el autodenominado universo mediático rosa, que
nosotros denominamos prostitución psicopornográfica, en tanto que “lo rosa” se
construye a partir de la comercialización de la intimidad y las propiedades e
identidades psíquicas de los famosos, tanto da que éstas sean reales o
ficticias. A todos ellos los consideramos ejemplares en tanto que por sus
características específicas representan una magnífica caricatura de todos los
demás mundos mediáticos. Aunque aquí tan sólo nos aproximaremos a algunos de
los aspectos más relevantes del mundo psicopornográfico, en sus elementos
estructurales y funcionales, todo lo que decimos en este ámbito es práctica y
directamente aplicable al infoespectáculo deportivo: el último mundial no fue
una disputa entre Brasil y Francia la que hipnotizó a millones de personas,
sino la pelea entre Nike y Adidas por la tarta de la industria deportiva.
Como dato indicativo de
este fenómeno psicopornográfico especialmente implantado en España, en el año
1999 Andrés Sánchez6 identificaba un total de 123 famosos en plantilla, 62 de
los cuales ocupaban el 83% del espacio/tiempo de las revistas y programas de
televisión y radio especializados. La cantidad e intensidad de tiempo y espacio
físico que los medios invierten en informarnos sobre las naderías y estupideces
de estos personajes puede parecer aberrante e irracional. Nuestra tesis es que,
al contrario, es más bien la caricatura del modelo de referencia y expresión
palmaria de la razón y lógica de los medios:
1- Satisfacción de
necesidades emocionales y cognoscitivas primarias y elementales: en tanto que
psicoprostitutos, los famosos trabajan como pantallas a las que proyectar
nuestros “malos rollos” psicológicos primarios y/o como modelos susceptibles de satisfacer nuestros ideales
elementales de identidad y ensoñación: las dificultades del vivir individual y
colectivo en el plano
6 En “Prensa Rosa, Voto Azul” Edit.
Arakatzen S.L. 2000
de lo real de millones
de personas tienden a generar un campo virtual que hace posible estos mundos
como pantalla a la que proyectar nuestros déficits emocionales y sociales,
nuestros fantasmas.
2- La red global del
CC-P tenderá a hiperdesarrollar en tiempo, espacio e intensidad este campo, en
un círculo perfecto (la demanda crea oferta, la cual induce demanda, etc.)
porque la satisfacción de estas necesidades psíquicas elementales mediante la psicopornografía
mediática es muy económica y competitiva (con un puñado de voluntarios para
realizar estas performances se pueden satisfacer a millones de personas durante
mucho tiempo).
3- Esta hipertrofia
actuará como un auténtico bloqueo comunicacional y ejercerá, por sí misma, la
función de censura expulsando del tiempo y espacio informativo a todo el resto. Y es precisamente en “el
resto” donde el poder está configurando el mundo real. Prácticamente todos los
establecimientos que venden información están literalmente blindados por un
auténtico telón de colorines. Fundamentalmente prensa del ego (mi casa, mi
coche, mi ordenador, mi perro, mi vestido, mi cuerpo, mis viajes, etc.) y prensa
del otro en clave de ego, es decir, prensa rosa.
Ponderemos estas
afirmaciones. Según A. Sánchez, en el año 1999 las cinco principales
publicaciones semanales del sector (Pronto, Hola, Lecturas, Diez Minutos y Qué
Me Dices) representaban una tirada conjunta de 2.300.000 ejemplares. Si
constatamos que estas revistas actúan en un auténtico circuito de
retroalimentación con las publicaciones especializadas en la programación
televisiva -con tiradas multimilenarias-, la prensa “seria”, la radio y la
televisión (muchísimas horas en muchísimos formatos entorno y/o a partir del
psicoporno en prácticamente todas
las franjas horarias
de casi todas
las televisiones), podemos
ver como el
universo comunicativo e informativo quizás esté ligeramente sesgado.
4- ¿Qué hay detrás del
espectáculo? Unos profesionales que si bien satisfacen nuestros delirios
emocionales, a su vez nos venden un modelo social muy concreto de gente guapa
con imagen de escaparate de boutique. Modelos identificados e identificables
con el estatus de la derecha acomodada. Estamos hablando de contextos que
incorporan como virtudes o valores añadidos todas las propiedades ideológicas
del éxito consumista: competitividad, prostitución moral como virtud,
narcisismo como salud física y mental, etc. Bien, estamos ante el triángulo
mágico configurado por el Deseo, el Poder y el Dinero, triángulo que transmite
ininterrumpidamente un único, monótono y elemental mensaje: todas las
necesarias víctimas del actual sistema social y económico son culpables por no
haber sabido encontrar el camino de su éxito personal a imagen de los famosos.
5- ¿Qué hay detrás de
este decorado de derechas? La publicidad de un amplio espectro de la economía
relacionada directa o indirectamente con el ego, la imagen, el lujo, etc.
Estamos hablando de moda, diseño y decoración, ocio mercantilizado, productos y
servicios del formateado físico, perfumería, joyería, coches, etc. Y más allá,
estamos hablando de industrias básicas como la industria textil, automoción,
minería, etc. Así, siguiendo el hilo y al final de la madeja, podemos encontrar
las guerras y revueltas suscitadas y financiadas a propósito del control y el
tráfico de piedras y metales preciosos, de la configuración de muchos enclaves
del Tercer Mundo como centros militarizados de explotación, etc. Mientras,
inocentemente, nos estamos regalando con las informaciones banales del sector y
nos están vendiendo el deseo de todo tipo de pijerías, la madeja literalmente
desaparece de nuestra consciencia.
6- Los famosos de hecho son profesionales del mundo
publicitario, los cuales venden imágenes de su intimidad al servicio de las
corporaciones especializadas en lo snob. Estamos ante un complejo de medios
relacionados directa o indirectamente con los avatares de los famosos. De
hecho, estos medios actúan como suministradores de publirreportajes y
generadores de espacio/tiempo7 publicitario. Espacio/tiempo creado a partir del
que se transfiere de la esfera real a la virtual.
7- Vía financiación
publicitaria, las corporaciones potenciarán aquellas informaciones y
espectáculos más coherentes con el modelo de consumo deseado y, en este caso
concreto, son las marcas comerciales del sector los que seleccionan a las
diversas categorías de famosos por su eficacia en sus respectivos planes de
marketing.
¿Cuál es la lección?
Información, espectáculo, publicidad, mercancía e ideología de hecho conforman
la red interactiva que denominamos CC-P. Esta red interactiva genera un campo
perceptivo en el que la única utopía imaginable es la fusión de nuestras
tarjetas de crédito en las terminales de El Corte Inglés.
Apuntes finales
A- En las batallas
publicitarias entre marcas “con la publicidad disparan contra el
espectador/consumidor, que es quién ha de correr con los gastos de la
munición”8. Sintética e ingeniosa verdad:
7 Tanto físico como psíquico.
8 Andrés Sánchez Díaz en “Prensa Rosa...”.
1- Prácticamente todas
las mercancías incorporan un impuesto privado destinado a financiar las
estrategias de marketing y publicidad.
2- Estos impuestos, al
servicio de la expansión de la mercancía y el mercado, retroalimentarán la
creación del dinero que configurará nuestras prótesis industriales de
percepción, léase CC-P. A semejanza de
unas gafas pésimamente graduadas, estamos hablando de la compleja red de
organizaciones y artefactos tecnológicos que se interponen entre nuestros
sentidos y el mundo que percibimos.
B- El funcionamiento
eficaz del CC-P en España supone financiar:
1- A miles de
profesionales dedicados a generar el máximo conocimiento concreto entorno a los
actos, hábitos, motivaciones conscientes e inconscientes, sueños, deseos,
frustraciones, pesadillas, ideas, valores e ideologías del máximo número de
individuos concretos. En palabras del presidente del grupo Publicis FCB (margen
bruto para el año 2000 de 2100 millones de dólares): le puedo asegurar que en
Publicis sabremos cuando se publique esta entrevista, quienes, cuantas y cómo
son las personas que la van a leer e, inclusive, que tipo de automóvil
utilizan9.
2- A miles de
profesionales dedicados a configurar los imprescindibles contextos mediáticos
de información y espectáculo. Estamos hablando de los profesionales de las
industrias de lo lúdico, de las industrias materiales y virtuales de la
comunicación: técnicos muy diversos, periodistas, tertulianos, actores, etc.
3- A los profesionales
de la publicidad en sentido estricto: son los encargados de poner su arte al
servicio de una función - que es la que posteriormente desarrollaremos en
detalle - muy específica por lo que
respecta al conjunto de las funciones del CC-P.
C- ¿Cómo se financia el
CC-P? La factura total no está disponible, pues ésta se liquida por tres vías
diferentes de las cuales sólo una está computada. Veamos: 1ª- La cifra más
sustanciosa es la correspondiente, obviamente, a lo que han aportado indirectamente
los ciudadanos vía impuesto publicitario a su consumo. La Corporación Unilever
(Knorr, Flora, Ligeresa, Tulipán, Hellman´s, Calvé, Lipton, Findus, Frigo,
Dove, Ponds, Rexona, Timotei, Axe, Calvin Klein, Skip, etc.), por ejemplo,
destina un 13% de su facturación a publicidad y promociones10. 2ª- Vía
impuestos, los gobiernos socializan una parte nada despreciable de la factura
global. 3ª- Quizás la parte más pequeña sea la que aportan directamente las
propias víctimas vía acceso personal al espectáculo.
D- Con el propósito de
hacernos una idea de qué estamos hablando, y a título meramente
9 Cf. En www.exodo.org “El consumo en un mundo
globalizado” de Pablo Moros y Laura Marquis.
10 Unilever es el primer
anunciante mundial. En el año 2001 invirtió en publicidad y promociones 1´1
billón de pesetas. (6.600 millones de euros). "La Vanguardia " 28 de
abril del 2002.
indicativo, podemos
aportar algunos datos de referencia:
1- España: En 1994 se invirtieron 1´2 billones de
pesetas en publicidad, mientras que en el año 2001 se alcanzaron los 1´920
billones de pesetas11. Es fácil intuir que su incremento es muy superior al del
PIB, es decir, desde un punto de vista cuantitativo el peso específico del
sector publicitario globalmente tiende a aumentar respecto al resto de
actividad económica.
Según el censo del año
2001 la población española estaba cifrada en 40´9 millones de habitantes, por
tanto podemos calcular que estadísticamente cada español (a partir de las 24
horas de vida) pagó entorno a 23,5 euros / mes (3.910 pesetas) en concepto de
impuesto publicitario. Un hogar medio compuesto por 4 personas pagó 94 euros /
mes (15.600 pesetas). Teniendo en cuenta que el gasto en alimentación de los
hogares españoles estaba cifrado en 44.530 millones euros12 (7´4 billones de
pesetas), podemos concluir que con el gasto publicitario podríamos liquidar
todas las facturas de alimentación de todos los hogares españoles durante
prácticamente un trimestre.
2- Ámbitos generales:
En EE.UU. (que concentra por sí sólo entorno al 45% de la inversión
publicitaria del planeta) entre 1950 y 1996 el gasto publicitario se multiplicó
por 7; muy por encima del crecimiento del conjunto de la producción. El New York Times, en su edición del 5 de
diciembre del 2000, preveía para el año 2001 un gasto publicitario mundial de
494.000 millones de dólares. Es decir, con la factura publicitaria mundial se
podría condonar más del 60% de la deuda externa de toda América Latina y el
Caribe del mismo año13. O para tenerlo más claro: con la factura publicitaria
mundial del 2001 podíamos invitar a 450 millones de latinoamericanos, cifra
equivalente al 90% de la población de toda América Latina y el Caribe, a comer
durante todo el año tal como hicimos nosotros durante el 2001.
Sólo en perfumes y sólo
en EE.UU. y Europa, se gastaron en el año 2001
unos 12.000 millones de dólares, cifra equivalente al total de la
inversión publicitaria en España y a sus correspondientes equivalencias.
3- Ilustremos esta
afirmación de John Kenneth Galbraight: “No hay actividad religiosa, política o
laboral en la que se nos prepare de forma tan completa, sabia y costosa como
para consumir”.
a) Contemplando tan
sólo la inversión publicitaria contabilizada en España en el año 2001,
tenemos que con
ésta (1´92 billones
de pesetas) se
podría haber financiado
el total de las
inversiones públicas para la educación del 40% del total de alumnos españoles
en el mismo periodo14. Este 40% representa 2.720.820 alumnos no universitarios
(repartidos entre educación
11 Fuente: Infoadex
12 "Panel de consumo alimentario del
2001". Ministerio de Agricultura.
13 Fuente: www.debtwatch.org
14 Fuente: Secretaría de Política
Educativa, Estudios y Arxivo. Federación de Enseñanza CC.OO.
infantil, primaria,
especial, secundaria obligatoria, bachillerato y formación profesional) y
611.600 universitarios.
b) Estadísticamente los
españoles dedicaron en el año 200115
tres horas y media al día a ver la televisión. Y si estimamos un
promedio de un 20% para publicidad explícita, tenemos casi 45 minutos de
publicidad televisiva por español / día. Si el curso escolar es de unas 900
horas, el curso del formateado televisivo se sitúa entorno a las 1000 horas.
Como telespectadores trabajamos 95 horas / mes, de las cuales 20 horas
corresponden al relleno publicitario. Pero incluso en este ámbito somos
ampliamente superados por los disciplinados e infatigables alemanes: éstos
dilapidaron ante el televisor un promedio de cuatro horas y media al día16.
c) Tanto en las
televisiones públicas como en las privadas, en los últimos años ha habido una
irresistible tendencia al incremento del "resto de emisión" (spots,
auto-promociones, tele-tienda, avances de programación, etc.) sobre el total.
Según la Asociación Española de Anunciantes, entre setiembre de 1996 y
setiembre del 2001, el "resto de emisión" en TVE1 pasó del 10´27% al
15
´62%, TVE2 del 5´9% al
12´36%, Tele 5 pasó del 17´61% al 25´13% y, como líder absoluto, tenemos a la
entrañable Antena3 que desde un 22´07% alcanzó un magnífico 28´32%. En cifras
absolutas, esto significa que en setiembre del 2001 dedicaron a "resto de
emisión": TVE1 3´75 horas/día, TVE2 2´97 horas/día, Tele 5 6´03 horas/día
y Antena3 6´8 horas/día.
Según La Vanguardia17,
en el año 2001 en España se emitieron por televisión más de 9.000 horas de
anuncios con un total de 1.588.000 spots, concentrando TVE1, TVE2, Tele 5 y
Antena3 un total de 725.434 spots (estadísticamente equivalente a 1.987
anuncios / día o, por ejemplo, 599 anuncios / día en el caso de Antena3).
El conjunto de estudios
de campo realizados en los últimos años en los países desarrollados no hace más
que confirmar que "después de dormir y trabajar, mirar la televisión es la
principal actividad en la mayoría de las sociedades de consumo... seguida del
shopping"18.
15 “La Vanguardia” 22-06-02
16 Hipótesis: cuanto más rica,
estresada y consumista es una sociedad, más mira la gente la televisión porqué
es la alternativa de ocio más asequible para unos niveles psico-energéticos más
bajos.
17 7/03/2002
18 A. T. Durning en "¿Cuánto es
bastante? La sociedad de consumo y el futuro de la tierra”.
SEDUCCIÓN PUBLICITARIA
Hay una multitud de
definiciones académicas posibles y razonables del concepto “publicidad”. Por lo
que respecta al objetivo del presente trabajo nos podemos quedar con ésta: La
publicidad es una forma de comunicación masiva cuya finalidad es transmitir información
y/o incidir sobre las actitudes (creándolas, modificándolas o reforzándolas)
para impulsar a los destinatarios de la misma a un comportamiento favorable a
los intereses del anunciante. En esta definición queda incluida tanto la
publicidad comercial como la propaganda política: entenderemos como publicidad
comercial aquella en la que el interés del anunciante gira entorno a la
optimización de los beneficios económicos mediante una actividad económica
ejercida a través del mercado y publicidad política o propaganda será aquella
en la que el interés del anunciante gira entorno a la obtención de influencia
y/o poder, refiriéndose siempre al ámbito ideológico, socio-cultural, político
y/o institucional. Pero lo importante, aquí y ahora, es subrayar que para
obtener resultados en la dimensión comercial, inevitablemente se incide en la
dimensión política/cultural y viceversa: hay una creciente tendencia a que la
publicidad comercial y la propaganda se interrelacionen y retroalimenten
mutuamente. Hay una tendencia creciente a la convergencia, fusión y confusión
de una publicidad con la otra. Pero,
¿qué es lo común y esencial de una y otra? La voluntad de poder.
Publicidad y voluntad de poder son conceptos hermanos. De hecho, el lenguaje
publicitario- propagandístico es el lenguaje propio y específico del poder.
Hablar de publicidad, aquí y ahora, es hablar, también, de quién, cómo, cuándo
y dónde se ejerce el poder.
El objeto específico y
propio de la tarea publicitaria es éste: asociar y conectar nuestras potencias
mágicas (deseos, emociones e imágenes, generalmente inconscientes) y
trascendentes con el producto del
anunciante. ¿Cómo? La
estrategia fundamental será
la manipulación (uso intencional y consciente) de imágenes,
percepciones y sensaciones: ahí está el reto artístico específico y propio del
oficio publicitario.
Antes de continuar con
la exposición general, quizás sería útil
refrescar nuestro conocimiento acerca de algunos principios básicos que
rigen el funcionamiento del inconsciente.
El inconsciente; la
zona mágica
En tanto que mamíferos,
la energía primaria y primera que nos impulsa es el deseo. Aquello que precede
y sigue al deseo, coloreándolo, le llamamos emoción. Los deseos y las emociones
están física y realmente ahí, porque son, fundamentalmente, energía en sí y
están inscritas en lo más profundo de nuestro ser, queramos o no. De hecho, en
nuestra vida cotidiana, estos deseos y estas emociones se mantienen en gran
parte fuera del alcance de nuestra consciencia. Pero ahí están, tan reales como
la energía eléctrica o electromagnética. Por el hecho de no ser conscientes, no
significa que no tengan una inteligencia o que no sean eficaces:
A) La mente mágica.
Para acercarnos intuitivamente a la realidad de la mente mágica no hay más que
recordar como funcionamos mientras soñamos o fijarnos en los razonamientos de
los psicóticos:
1- Contaminación: Las
emociones operan por asociación, es decir, la energía de cualquier emoción
tiende a transferirse, influenciando todo lo que la rodea en el tiempo y el espacio. En este sentido, la energía del
deseo y las emociones no se comporta de forma diferente a la luz o al calor. Es
más, las emociones tienden también a “contaminar” toda realidad o situación con
la que puedan establecer relaciones de semejanza o analogía. No es por
casualidad que uno de los recursos narrativos más socorridos en los carteles y
spots audiovisuales sea el encadenado metamorfetizante; es decir, el proceso
por el cual los modelos humanos se trasmutan en los diferentes productos y
viceversa o mantienen una relación sensible de equivalencia (colores, formas,
situaciones, etc.)
2- Sin operadores y sin
fronteras: El deseo y la emoción sólo conocen y se reconocen en sus propios
términos. Por ejemplo:
2.1- La sensación tiene
en su seno la fuerza, el valor y la función que ejerce el argumento en la mente
racional.
2.2- Desaparece la
distinción entre fantasía y realidad: “Sólo es significativo y relevante, real,
aquello que temo o deseo, lo que quiero u odio”.
2.3- Desaparecen los
principios lógicos de negación y contradicción: en la zona mágica, nada puede
ser negado. Es más, todo lo negado es afirmado. En la zona mágica, lo contrario
de lo que es también puede ser.
2.4- Desaparece el
tiempo/espacio lineal: todo puede ser simultáneo y/o contiguo o con mil
posibilidades de
recombinación.
3- La imagen como lengua:
Los deseos y las emociones piensan, pero mediante imágenes, no con ideas
abstractas o conceptos. Piensan con imágenes y éstas operan desde los
deseos/emociones y actúan sobre las emociones/deseos. La alquimia de los deseos
y las emociones se dirime en y a través de IMÁGENES. Las imágenes elementales
(no reducibles a otras) de los deseos y pulsiones básicas de los humanos están
estrechamente vinculadas a los arquetipos19. Los mitos -en gran parte- son un
relato, una “imaginación con imágenes” de las emociones fundamentales y/o
principios fundantes de una cultura. Por lo que respecta a los humanos, todo
encuentro con cualquier imagen nos remitirá siempre a un diálogo con los
propios mitos/arquetipos (tanto personales como colectivos). Este diálogo implica
y presupone siempre un intercambio energético: mitos y arquetipos interiores
que se activan y realidades exteriores que cobran un sentido –sentido mágico,
por supuesto- transfiriéndoles unas
determinadas cargas energéticas emocionales de atracción o repulsión.
B) El ojo mágico. Las
cosas que vemos, no son lo que parecen. Nuestra percepción es siempre el resultado de
un encuentro entre “lo
que hay ahí”
y lo que
esperamos ver. Toda percepción
presupone una selección de estímulos.
Selección que sólo es coherente en nuestra mente y que está en función
de unas expectativas generalmente inconscientes. Estas expectativas pueden
estar condicionadas por:
1) Patrones o supuestos culturales. Por ejemplo,
las personas de determinadas culturas son capaces de diferenciar más o menos
texturas y colores de la nieve. Hay muchas palabras para decir aquello que los
mediterráneos llamamos simplemente “nieve”.
2) Patrones emocionales: deseos, temores,
sentimientos... ¿Por qué sólo vemos conscientemente una milésima parte de lo
que capta nuestro ojo? Porque entre el ojo de nuestra frente20 y el ojo de nuestro yo (entidad subjetiva y
consciente) hay el ojo mágico. Éste, el ojo mágico, es el ojo que transforma los estímulos eléctricos en sensaciones. Sensaciones que establecerán
un diálogo con nuestras imágenes internas y nuestras cargas emocionales. Este
diálogo, que se realiza en milésimas o décimas de segundo, es quién crea
-literalmente- nuestras percepciones. El ojo mágico es fundamentalmente
inconsciente y está pre-condicionado por patrones y presupuestos culturales así
como por patrones emocionales -nuestras pulsiones, deseos y temores-,
normalmente olvidados o reprimidos. Regis Debray lo resume en una bella frase:
“No se ama lo que no se ve, sino que se ve aquello que se ama”. En cierta
manera podríamos decir
19 Modelos o patrones de estructuras y
contenidos que desde el inconsciente motivan la conducta.
20 Órgano sensorial que ya de por
sí modifica la realidad al transformar las ondas luminosas que “están ahí” en
estímulos eléctricos.
que son
nuestros deseos y
nuestras emociones los
que crean las
ilusiones de realidades objetivas o percepción.
C- La mano mágica. Ya
hemos establecido que la emoción de hecho es una energía fáctica y que en la
fisiología de los humanos tiende a generar una secuencia de cambios
fisiológicos (vía procesos hormonales y eléctricos) los cuales, a su vez,
tienden a producir excitación, activación psicomotriz. Las emociones
-literalmente- son energía potencial disponible para la acción. En resumen:
toda emoción es un stock de energía susceptible de generar conductas. Pero para
pasar de la energía potencial a la cinética, los humanos necesitamos una
dirección, un sentido... una IMAGEN. He aquí el intríngulis: aquello que
conecta una emoción/sentimiento con una realidad exterior es precisamente una
imagen. Y la imagen, al conectar una emoción interna con una realidad externa,
carga energéticamente y transfiere un sentido a esta realidad. Es entonces
cuando nuestra energía potencial está efectivamente disponible para la acción.
Una cosa es la energía potencial generada por una emoción (el odio, por
ejemplo) y otra es una determinada imagen de la realidad a la que conectamos -o
nos conectan- este sentimiento. Esta imagen nos dice qué es lo que hay que
odiar, es decir, da un sentido a la realidad y a nuestro actuar.
En síntesis: la mano
mágica es aquella fuerza que nos impulsa a actuar en una determinada dirección.
Fuerza que presupone, también, una determinada percepción (ojo mágico) y una
determinada inteligencia (mente mágica); es
decir, es el
“imán” que activa y orienta nuestra conducta antes de nuestras
instancias racionales y conscientes. En
último término, la mano mágica no es más que el resultado de la acción de
nuestros deseos y nuestras emociones inconscientes vinculadas al mundo mediante
imágenes.
Dos de los principios
básicos que rigen esta relación entre el mundo y nuestras emociones son los
denominados principios de proyección e identificación. Principios que implican
que nuestra mente mágica tenderá a atribuir a realidades externas las excitaciones
internas con el objetivo de reducir o eliminar tensiones o ejercer algún tipo
de control. En este caso la proyección consiste en percibir nuestras emociones
desagradables no como propias sino como atributo de una realidad o identidad
exterior. La identificación sería el proceso inverso: obtener gratificaciones
emocionales gracias al hecho de percibir como propias las imágenes, emociones,
ideas y acciones de “otros”. Percepción que nuestra mente mágica tenderá
siempre a fusionar en una vivencia global e instantánea.
Curiosamente, algunos
mecanismos básicos que sustentan fenómenos como la alucinación y el delirio son
precisamente estos principios de proyección, contaminación e identificación21.
Si una
21 En la práctica nuestras alucinaciones y
delirios serán o no morbosos dependiendo de su potencial para contradecir o
estrategia publicitaria
consigue que mercancías inertes como pedazos de tela, plástico y goma pegados
en forma de zapatillas se conviertan, por ejemplo, en auténticas encarnaciones
de lo sagrado, verdaderos fetiches de la libertad y la rebeldía, indudablemente
habrá conseguido inducir y orientar una cierta dosis de alucinación y delirio.
En este sentido podemos suponer que una de las tareas básicas
del arte e
industria publicitaria es
conseguir una inducción
controlada de alucinaciones
mediante técnicas sugestivas. No es por casualidad que la publicidad casi
siempre "hable" desde un universo explícita y literalmente alucinante
y alucinatorio, en el que todas las leyes de la física y del sentido común
pueden quedar anuladas o distorsionadas a discreción.
Publicidad seductora
A priori, la publicidad
se nos presenta humildemente como un sistema de información y comunicación.
Veamos:
Sistema de información:
transmitir datos sobre hechos y características
objetivas de las cosas. En esta dimensión hay que colocar todo lo que
hace referencia a las cualidades intrínsecas de un producto y sus prestaciones
funcionales: todo lo que se refiere a conocer sus posibilidades de forma
objetiva y racional, contrastable y mesurable. Por ejemplo: perfume Opium.
Empezamos mal, porque si este perfume no incorpora opio en su formulación, este
"Opium" ya no es un dato objetivo. Opium ya nos induce, por asociación
y transferencia, unas determinadas emociones y asociaciones en cadena en
nuestro inconsciente:
1- Para determinadas
personas Opium podría asociarse emotiva e inconscientemente al poder conferido
por una droga o pócima seductora. En este caso su inconsciente leerá: “aquél a
quién ponga bajo el influjo del perfume Opium quedará subyugado y seducido de
una forma adictiva y permanente. Opium, el placer de lo prohibido. Mis poderes
de seducción y viceversa”.
2- Para muchos otros,
para los que la relación sexual interpersonal de hecho es una forma enmascarada
de onanismo, Opium podría asimilarse a aquella pócima mágica capaz de potenciar
la transmutación de su pareja real en su fantasía material.
Por lo que respecta a
la objetividad y racionalidad básica de un perfume, las formas y los colores de
las cajas y los recipientes son irrelevantes, porque lo básico en un perfume
desde un punto de vista racional son aspectos tales como su composición química,
su precio, su fabricante,
romper consensos
sociales pre-establecidos.
etc. Pero como los
envoltorios y envases son inevitables, al verlos y mostrarlos ya estamos
recibiendo o emitiendo automáticamente unos estímulos que, a su vez, pondrán en
marcha nuestro mecanismo interior y
automático que asocia, transfiere y
relaciona de forma emocional y no
racional. Todo esto no es información, pero sigue siendo publicidad: ¿Qué es?
Persuasión. A su vez, la persuasión puede desglosarse en:
1- Persuasión racional.
Esto implica el uso de argumentos -que no datos o hechos- racionales.
Prosiguiendo con el ejemplo de Opium, podríamos decir: "Con Opium tendrás
un olor agradable". Éste puede considerarse un argumento razonable. Pero
si: 1- Producimos un gag idiota, como por ejemplo: una mujer provocativa y
seductora se inyecta Opium en muñecas, cuello y orejas, apaga una lámpara de
pie y sale de escena. Fundido en negro. Y, en la siguiente escena, vemos a un
hombre abrazando apasionadamente a la lámpara de pie que previamente había
apagado la mujer irresistible. 2-
Decimos una memez trascendente cualquiera, como "la huella de tus
sueños", "mujer con huella”, “el secreto", "mas allá de tus
sentidos", "sensaciones que trascienden", "secreto de
mujer", etc. 3- Lo rematamos con un primer plano del frasco del perfume y
una voz en off que susurra: "Opium... your parfum?". Si hacemos todo
esto, es persuasión, pero no racional.
2- Persuasión
emocional. La persuasión emocional se basa en la emisión de sugestiones y
sensaciones que conectan directamente con nuestras emociones inconscientes y
juega con las reglas de esta zona mágica. Si entramos en este terreno ya no
podemos definir la publicidad como un sistema de información o "estilo de
comunicación”. Ni tan sólo como persuasión racional. Entonces hay que
identificarla como aparato artístico y tecnológico al servicio de la seducción.
La publicidad seductora
explícitamente no promete nada, simplemente sugiere apelando a la imaginación
del espectador. Así, éste simplemente se verá estimulado para que sea él quien
componga sus personales deseos. ¿Cómo? Uno de los recursos básicos de la publicidad
seductora es aprovechar el principio de contaminación. Principio que, en el
ámbito emocional e inconsciente y a efectos prácticos, tiene la fuerza de un
discurso con argumentos de causa-efecto.
Veamos este
anuncio de yogures:
una modelo casi
anoréxica nos mira
de forma autosuficiente y
seductora y, con la boca rebosante y cuchara en ristre, nos alecciona con un
rotundo “Yogur Ideal, porque tu línea la decides tú”. Las orejas captan una
obviedad muy legal, pero ¿qué tenderá a alucinar nuestra mente emocional con
las resonancias asociativas yogur = Ideal = hiperdelgadez = autosuficiencia
seductora = tú (yo), y viceversa?
La seducción
publicitaria implica utilizar todos los trucos y recursos de la imaginación (de
imagen), la sugestión (inducción de sensaciones) y la percepción
(distorsionando, subrayando y
ocultando) con el
objeto de modelar y dirigir nuestras emociones inconscientes. En la práctica
concreta, el mundo publicitario utiliza todos los registros posibles: la
información, la persuasión racional y la seducción. Pero la tendencia general y
hegemónica es, evidentemente, urdir estos diferentes registros entorno y al
servicio del registro dominante y más específico del arte publicitario: la
seducción. La seducción publicitaria es “blanda” para un individuo concreto. Es
casi subliminal y, en principio, no determina nada. Los efectos de un anuncio
concreto son generalmente muy sutiles, como una gota de rocío. Pero el efecto
acumulado por intensidad (número de spots / día), reiteración (repetición
ubicua) y persistencia (el zumbido de fondo de los spots no tiene fin); es
decir, los efectos acumulados de muchísimos spots en todo momento y lugar,
pueden ser equiparables a los efectos de un auténtico martillo neumático. Sus
efectos no son tan evidentes y directos como los fenómenos hipnóticos clásicos
de feria, pero afectan a muchísima más gente muchísimo más tiempo, reforzando
todos los mecanismos exteriores y predisposiciones internas favorables a
posteriores estimulaciones y sugestiones más directas.
Lo fundamental
está en la creación de un campo
perceptivo y asociativo, emocional y difuso, que facilite y estimule la
asociación y confusión de nuestras emociones con mercancías. Las cosas ya no
serán “cosas”, serán experiencias. Experiencias sin las que estaremos
desconectados de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, estaremos psíquica
y socialmente muertos. No compraremos
“zapatos”; compraremos la sensación de unos pies bonitos; compramos la
sensación de aplomo, seguridad, decisión; la sensación de éxito, autoestima y
valoración social... ¿O quizás estemos comprando amor? Quién dice zapatos dice
perfumes, coches, mecheros o tinteros. Porque en el fondo siempre compramos
amor. Nuestra sed de amor es infinita y, por activa o pasiva, por acción o reacción, siempre perseguimos sus signos,
su rastro, su sombra, su
perfume... o su venganza despechada:
en nuestra fábrica
hacemos lápices de
labios, en nuestros
anuncios vendemos esperanza22.
Y atención:
1- Los datos y
registros racionales discurren literal y físicamente por unos circuitos
neuronales específicos y activan unas redes cerebrales concretas.
2- Las emociones y
sensaciones discurren literal y físicamente por otros circuitos y activan unas
áreas cerebrales diferentes.
3- Cuanto mayor es la
carga energética de estas emociones y sensaciones, menor es la energía
disponible en el área racional: un anuncio seductor no nos hace razonar,
simplemente nos
22 Charles Revlon en “Vender algo más que
unos vaqueros. Publicidad y educación en valores” por José María Pérez y
José San Martín en
“Comunicar” nº 5. Octubre 1995.
emociona. En propiedad,
todo buen anuncio es un espectáculo mínimo. Así, mientras estamos distraídos
percibiendo conscientemente los detalles concretos del spot o cartel
publicitario, éste (el anuncio) ya ha
activado y enviado instantánea y automáticamente a nuestro inconsciente una
imagen global con su masaje seductor: magia pura.
Trampas, tretas y tetas
seductoras
Hemos establecido que
la treta básica consiste en inducir (mediante la manipulación inteligente de
ilusiones, sugestiones y asociaciones) a la falsa vivencia de una determinada
personalidad o mundo a través de un producto concreto y arbitrario. Esto se consigue
mediante la manipulación artística, técnica e industrial de nuestras
percepciones e ideaciones, conflictos y deseos, tanto conscientes como
inconscientes. La publicidad, como conjunción de arte y técnica, utiliza todos los recursos técnicos, retóricos y
psicosociales para apelar a los deseos y conflictos profundos de
los individuos y grupos,
y así difundir mensajes seductores (gratificantes
en sí mismos) e inductores de conductas pre-diseñadas. Veamos algunos ejemplos:
1- Manipulación técnica: en el momento de construir los
mensajes hay una profusa utilización de todo el saber acumulado entorno a las
leyes que rigen la percepción y la inducción de sugestiones: los colores son
elementos visuales que movilizan sensaciones perceptivas y reacciones
emocionales. Pueden subrayar o inducir sentimientos y estados de ánimo, así como en cada área cultural presuponen todo una simbología.
Por ejemplo: mientras en occidente el color blanco se asocia con la pureza, en
Japón es el color del luto. ¿Qué sabe nuestra consciencia de este lenguaje? La
luz también tiene sus códigos y sus trampas. Según ésta sea puntual o dispersa,
frontal o cenital, etc., un mismo rostro puede transmitirnos sensaciones
amenazantes, depresivas, agresivas, de poder y dominio o, por el contrario,
suavidad y apertura. En la composición de las imágenes, según sea el predominio
de formas triangulares, cuadradas o circulares y de líneas rectas, oblicuas o
curvas, etc. enfatizaremos las sensaciones de quietud, serenidad, acción,
vértigo, sensualidad, racionalidad, tensión, equilibrio y perfección. La
selección y sucesión de planos es determinantes para estimular y dirigir
nuestras identificaciones y proyecciones, así como para acentuar la excitación o la placidez, acelerar o detener el tiempo,
etc.
Mediante la
manipulación de todas estas variables, unas manos expertas pueden extraer de
nosotros auténticas sinfonías emocionales y perceptivas, nosotros nos
emocionaremos y alucinaremos... pero no sabremos el porqué.
2-Creación de contextos
que objetivamente no tienen nada que ver ni con la realidad ni con los valores
de uso de la mercancía publicitada. Se trata de crear imágenes en las que la
mercancía esté presentada de tal manera que nuestra mente mágica le transfiera
las sensaciones que nos suscita el contexto: contextos positivos, deseables,
agradables o emocionantes. Contextos que normalmente estarán relacionados con
la satisfacción imaginaria de déficits vivenciales del público destinatario.
Por ejemplo: la cima de una montaña tiende a inducir sensaciones y sentimientos
de éxito y aventura, un rascacielos nos hará vibrar con la solvencia y potencia
sobrehumana de la técnica, una oscura y lluviosa tarde frente a un tren que se
aleja puede hacer que un frío escalofrío de tristeza nos haga un guiño.
Seleccionad verdes prados en amplios espacios y tendremos contextos “naturales”
y “libres” o “auténticos”, etc.
El patrocinio no es más
que una cristalización de la estrategia de fabricación de contextos. El
patrocinio supone que, a cambio de una determinada aportación económica,
empresas y/o administraciones pueden asociar su imagen a contextos
especialmente valorados. Normalmente los contextos más beneficiosos son
monumentos, eventos masivos, alta cultura y obras pías: monumentos como
elementos evocadores de solidez, belleza, fuerza y permanencia. Los eventos
masivos implican un plus de excitación, embriagadez y éxtasis emocional por el
efecto masa que suelen desencadenar, y que tanto pueden referirse a una gira de
una banda de rock como a unos juegos olímpicos. Lo importante es establecer la
asociación y la transferencia emocional al producto o marca.
En el patrocinio
hay pues un
doble juego de
transferencias: unas económicas
(el anunciante transfiere dinero al patrocinado) y otras simbólicas (el
patrocinado transfiere valores simbólicos y emocionales a la marca). Dinero por
emociones y sensaciones.
Otro recurso es el de
asociar en el espacio / tiempo el producto con:
a) El modelo con los
valores requeridos. Estos modelos pueden ser anónimos, es decir,
personificaciones de arquetipos o mitos puros. Por ejemplo, está constatado que
un hombre maduro con bata blanca, gafas, bloc de notas y estilográfica activa
mitos y arquetipos vinculados a la ciencia y al rigor. Una muestra espectacular
de esta estrategia de conferir personalidad a un producto mediante la creación
de modelos y contextos (que hagan reaccionar a nuestro ser mágico) es el
universo creado por Marlboro: como modelo tenemos al vaquero -hombre rudo y
viril, seguro y autosuficiente, confiado y autónomo- que controla y domina,
como amo y señor de su vida, a sus
poderosos caballos23. Como contexto vemos hombres y caballos jugando en grandes
espacios de ilimitados y sugerentes horizontes, mientras una música enérgica y
expansiva, grandilocuente y prometeica nos susurra: “Empieza una gran
aventura”. Subliminalmente, ¿qué nos dice “El país de
23 Símbolos benéficos de nuestras potencias
instintivas.
Marlboro”? ¿Qué tiene
que ver el universo creado por Marlboro con un tabaco que, si hiciéramos un
test a ciegas, el 99% de los fumadores sería incapaz de identificar?
b) Estrellas y famosos.
Éstos, además de ser meras representaciones de mitos y arquetipos, tienen en sí
mismos un plus de valor añadido en tanto en cuanto la estrella o famoso es un
demiurgo; un pequeño dios hacedor de milagros y poseedor de “mana” o poderes
mágicos fascinantes. El demiurgo propiamente es una encarnación de necesidades
psíquicas y simbólicas de unos colectivos. En este campo hay una relación de
mutuo refuerzo: un famoso que participa en una buena campaña publicitaria incrementa su valor de cambio para
posteriores incursiones. Es decir:
1- El público
transfiere y proyecta sus deseos e ilusiones al famoso como energía
psico-espiritual.
2- El famoso, a su vez,
mágicamente, los concentra, amplifica y transfiere hacia una marca o producto.
3- La marca le retorna multiplicadas
estas energías (con su correspondiente valor de cambio) mediante las
miradas alucinadas del público seducido y fascinado por el famoso y/o producto.
Un ejemplo paradigmático de esta estrategia lo tenemos en Michael Jordan, nombre que ya es en sí mismo todo un
manifiesto publicitario: Jordan empezó a hacer anuncios porque tenía un elevado
valor de uso en el baloncesto. Pero a medida en que éste entró en el mágico
juego de la publicidad, su valor como demiurgo, y por tanto de cambio (como
imagen movilizadora), se disparó muy
por encima de su valor de uso en tanto que deportista. Aproximadamente, se
calcula que ingresaba 10 veces más como modelo / famoso que como esforzado
jugador de baloncesto.
c) Conectar de manera
significativa la publicidad televisiva con las historias que interrumpen,
pretendiendo una transferencia de los valores emotivos de éstas a los productos
o marcas. Esta técnica, como posteriormente desarrollaremos, incorpora rasgos propios
de la publicidad subliminal. De hecho, la mutua contaminación entre los
anuncios y las historias que interrumpen ocurre siempre y es independiente de
la intencionalidad de los programadores y anunciantes. Pero en la práctica,
estas incursiones publicitarias se pactan -pagando un plus, por supuesto- y
otras veces no. Los efectos difusos a largo plazo de esta lógica quizás sean de
los más relevantes: si la televisión es una ventana privilegiada a todos los
registros de la percepción y emoción humana, lo humano y la mercancía tenderán
naturalmente a fusionarse.
3- Aprovechar el
mecanismo emocional e inconsciente de los humanos por el cual una imagen bonita
o deseable es equivalente a la imagen de una realidad deseable o bonita.
Realidad que a su vez, inconsciente y automáticamente, será percibida como
buena. En la práctica esto implica:
a) El auge de la
industria del packaging: diseño de colores, formas e imágenes, texturas, etc.
que visten y envuelven
el producto.
b) Acentuar y reforzar
las dimensiones y propiedades sensuales y estéticas intrínsecas de los propios
spots publicitarios.
Con todo ello se
consigue inyectar los valores formales de los mensajes al producto. Todo
aquello que, independientemente del producto, hace que el mensaje sea en sí
mismo gratificante: luz, color, ritmo, composición, ingenio narrativo,
sensualidad, humor, recipientes, envoltorios y embalajes, etc. se inyectará o
contaminará el producto o marca. El mensaje, así, es recibido e incluso
deseado, consumido en sí mismo y, por ello, también le ofrecemos complacida y
fruitivamente nuestra mirada. Mirada que, al fin y al cabo, es la que se trata
de capturar y es esta sensación imaginaria y gratificante la que se incorpora
también a la marca o producto.
4- Publicidad
Subliminal. En sentido estricto la publicidad subliminal es aquella que el ojo
o el oído humano no perciben pero no obstante es recibida por el cerebro. Es
decir, está por debajo del límite de la percepción consciente. Esta estrategia
se basa en la existencia de un tipo de percepción inconsciente que nos induce a
reaccionar de forma congruente ante estímulos leves que pasan inadvertidos a la
consciencia: imágenes que a primera vista no percibimos, formas que no llegamos
a identificar claramente, palabras o sonidos que no llegamos a distinguir, van
penetrando en nuestra mente y nos
inducen a actuar de maneras que no habíamos pensado o nos crean un campo propicio para recibir
después mensajes mucho más directos. Pero a pesar de que continúan utilizándose
estrategias de publicidad subliminal pura, la subliminal indirecta es mucho más
preocupante por su profusa utilización y su gran eficacia. Por ejemplo:
a) El uso de la
construcción o composición realizada para que la vista se detenga ahí dónde al
publicista le interesa, puede considerarse también una forma de
subliminariedad. La imagen de una mujer en posiciones insinuantes no hace el
simple papel de ornamentación estética, sino que intenta transmitir sensaciones
que actúan en la frontera de la consciencia personal, mucho más allá de lo que
los sentidos captan. En estos anuncios todos vemos a la mujer sensual y
provocativa. Todos la vemos, y por tanto, se podría afirmar que no hay ningún
tipo de subliminariedad, pero
¿qué se nos pretende
comunicar? Se intenta penetrar en la intimidad personal con un tipo de
sensaciones que, fijadas en la mente, hará relacionar en nuestro inconsciente
la marca con la imagen de la modelo o con las sensaciones que nos transmite
esta imagen: aunque no se quiera reconocer, este tipo de publicidad tiene unos
claros rasgos de subliminariedad. Actúan sobre la mente más allá de lo que
simplemente vemos y, por tanto, hemos de identificarla como una forma de
manipulación clandestina.
b) Emplazamiento del
producto. La propia saturación de los espacios publicitarios en las
televisiones y las creciente necesidades de inversión en el mundo del cine y la
industria del espectáculo en general han abonado el terreno. La estrategia es
provocar la transferencia de los valores emocionales y las sensaciones
encarnadas por los personajes o reflejadas en la situación narrativa de
películas, series y espectáculos hacia las marcas y/o productos incorporados en
su trama o contexto. Desde la transferencia, identificación o proyección de
sentimientos hacia los protagonistas, los espectadores premiarán todo aquello
que éstos coman, beban, vistan, o usen. Los productos se han de ver, pero no
deben destacar demasiado para no provocar rechazo o generar defensas. Estamos
hablando de estímulos/anuncios prácticamente subliminales.
En este punto, podemos
ilustrar con algunos ejemplos concretos una de nuestras tesis: la lógica
espectacular-publicitaria impone su estilo, sus formatos y sus contenidos a los
medios de conformación de masas en un proceso por el cual los programas son los
anuncios.
El denominado
emplazamiento o inserción de productos en los programas audiovisuales y de cine
ha adquirido en EE.UU. la categoría de ciencia empresarial y una especialidad
para master universitario. La poderosa industria de Hollywood ha unido sus
esfuerzos agrupándose tras la asociación
Entertaiment
Resources&Marketing
Asociation (ERMA). Según
Dianne Lolli, presidenta de la
empresa de inserción de productos24 Motion Pictures Magic, Inc. la inserción
significa para los productos utilizados una exposición que crea un
reconocimiento inconciente en el público, produciendo una familiaridad que
refuerza la confianza y la fidelidad del consumidor. Para hacernos una idea, el
precio medio de una inserción de impacto, cuando una gran estrella inserta un
objeto, se sitúa entre los 40.000 y 50.000 dólares. En las series de televisión
la injerencia de los patrocinadores es muchísimo mayor: en algunos casos, como
por ejemplo Friends o Los Soprano, se llegan a acordar con agencias
publicitarias episodios enteros.
Casi todos
los grandes estudios
cinematográficos y la mayoría
de las más
poderosas empresas estadounidenses cuentan con un departamento encargado
de estudiar las posibles inserciones en los productos audiovisuales. Estamos
hablando de la emergencia de una auténtica industria especializada en el diseño
y gestión de estrategias globales de marketing que utiliza sistemáticamente el
mundo del espectáculo audiovisual como soporte y medio mercantil. Esta
operación no incluye sólo la inserción sino también la elaboración de
promociones conjuntas con el lanzamiento de las películas -merchandising-,
concursos basados en las películas, utilización de las marcas en los carteles
anunciadores, etc. Incluso en algunos casos puede ocurrir que las agencias
24 En la jerga de Hollywood este tipo de
empresas se denominan de “entertainment marketing”.
publicitarias
participen en el diseño del guión de acuerdo a los productos promocionados.
Es lógico e inevitable
que en cualquier película o serie podamos encontrar toda clase de productos y
marcas. Por poner algunos ejemplos, tenemos al inefable ex-novio de Penélope
Cruz demostrando las cualidades de los ordenadores de Apple en Misión Imposible
(con la contraprestación de 15 millones de dólares para la promoción de la
película). En las películas de James Bond es habitual que éste utilice alguno
de los nuevos modelos de coche del año en que se produce el film. O podemos ver
como las películas dirigidas o producidas por Steven Spielberg o Ridley Scott
son pro-Coca-Cola. En
el caso extremo
tenemos películas que
en si mismas constituyen todo un muestrario de
productos de una marca, por ejemplo la “joint venture” entre Sony y El último
gran héroe de John McTiernan (1993). Los efectos del “emplazamiento de
producto” se producen siempre y son independientes de su comercialización. El
hecho es que si aparecen marcas y no se cobra por ello es publicidad gratuita.
Pero se cobre o no, toda historia o espectáculo es publicidad de todo aquello
-objetos, conductas, valores e ideología- que narrativamente sea premiado. Un
ejemplo clásico de este efecto es la correlación que podemos establecer entre
la profusión de héroes fumadores en las películas americanas de posguerra y la
promoción del consumo de cigarrillos con auténtico sabor americano.
Consideremos esta
afirmación con más detalle: las
historias y ficciones nos gratifican porque permiten satisfacer nuestras
necesidades emocionales mediante los juegos de identificación, transferencia y
proyección. En estos juegos, todo lo que amenace a nuestro yo ideal o real en
la historia o ficción, nuestro inconsciente lo asimilará -la amenaza en sí y
todo lo que ésta pueda contaminar- con un valor negativo. Y viceversa: el
inconsciente asimilará con un valor positivo a los personajes -y todo lo que éstos
puedan contaminar- vividos como expresión de su yo real o ideal. El precio que
pagamos por el consumo de emociones a través de historias y espectáculos es que
los atributos de los personajes y sus contextos (ideas, objetos, actitudes,
valores, etc.) se carguen emocionalmente de forma positiva o negativa. Es
decir, terminan siempre vendiéndonos deseo o aversión de objetos, modelos de
conducta e ideología. Por ejemplo: ¿Por qué los occidentales -especialmente los
norteamericanos- somos más
reales y humanos
que los musulmanes? Quizás
porque prácticamente están ausentes de nuestro universo audiovisual en tanto
que personas con las que nos podamos reconocer y, cuando aparecen, suelen
hacerlo en contextos harto problemáticos.
c) Publicidad
subliminal indirecta pasiva. Podemos incluir en este campo la suma de los
inevitables efectos colaterales de todas las campañas e impactos publicitarios
con los que cada día somos bombardeados tangencialmente. El mensaje
publicitario es rápido, fugaz. Dentro del campo
de lo subliminal es
posible descubrir todos aquellos mensajes que, a pesar de ser visibles, no
captamos bien cuando los vemos u oímos y que, sin darnos cuenta, impactan en
nuestras emociones y sensaciones, archivándose en nuestra memoria de manera
inconsciente. Para un anunciante concreto este tipo de publicidad quizás sea la
que tenga unos efectos más marginales pero, como posteriormente
desarrollaremos, quizás sea de las más relevantes desde un punto de vista
cultural y social.
Palabras mágicas
En toda cultura y época
existen palabras que, por muy diversas razones, se han cargado de tal prestigio
que están fuera de toda crítica y conforman su suelo cultural, intelectual y
sensitivo. Es decir, son palabras universal y unánimamente consideradas como
positivas y positivadoras. Éstas están sobresaturadas de carga simbólica y, por
ello, su simple uso es capaz de activar toda una constelación de emociones
profundas y vitales. En este sentido son palabras de poder que irradian valor
por su mero uso independientemente de la coherencia lógica de la frase o
razonamiento en el que estas palabras se inserten. Estamos hablando de
auténticas y genuinas palabras mágicas que prestigian los conceptos a los que
se asocian y anulan y desprestigian los conceptos que se les oponen. Veamos
algunas:
1- Palabras mágicas consteladas entorno
a la identidad y
autoimagen. Uno de los déficits
universales de los ciudadanos del mundo desarrollado son las inseguridades y
angustias relacionadas con la identidad. Por ello, una de las áreas
privilegiadas del CC-P es la dedicada a reforzar simbólicamente, con imágenes y
palabras de poder, nuestra maltrecha identidad. Identidad, por otro lado,
siempre puesta en duda por el propio juego publicitario. Cuando de lo que se
trata es de rentabilizar económicamente nuestras fisuras identitarias, éstas
son algunas de las palabras mágicas más utilizadas: Estilo (“Ford, aquí cabe un
estilo de vida” o “La fuerza del estilo”
según Peugeot 205 Lacoste). Original/Distinto (Massimo Dutti, “tú lo haces
diferente”). Auténtico (Levi
´s, “La fiebre de lo
auténtico”). Personalidad (Eau Doree Puig, “Una indiscutible personalidad”).
Distinción/Elegancia (Herrera for men, “Más allá de la elegancia” o Honda,
“Tecnología con distinción”). Marca como polisemia de identificación (cosa) e
identidad (sujeto) incuestionable (Adidas, “Supera tu marca”). Hombre/Mujer
como masculinidad o feminidad por antonomasia (Patric´s, “Para hombres que
dejan huella”; y por supuesto que todo el mundo sabe de quién es el “Soberano”,
palabreja que también se las trae).
2- Palabras mágicas
consteladas entorno a la sensualidad. El universo publicitario potencia una
concepción del placer como goce sin fin y fuera de toda ley, es decir, goce
ajeno a la disciplina de los impulsos y sentidos y, por ello, eximido de todo
esfuerzo o trabajo previo. Goce autista y fetal, goce de heroinómano terminal.
Por ejemplo: Pasión (Fiat Uno, “La pasión de tu vida”). Emoción (Ford Escort,
“Inyección de emoción” o Kass, “emociones sin alcohol”). Sentido/Sensaciones
(Estivalia, “La fragancia que acaricia los sentidos”). Seducción (Citröen BX,
“La seducción del lujo” o Quorum, “La
seducción del éxito”). La lista es larga: Caricias, Placer, Vida/vivir,
Felicidad, Éxtasis... jueguen ustedes a encontrarlas, Y recuerden: están en
todas partes, en cualquier momento y lugar... siempre.
3- Palabras mágicas
consteladas entorno a la identidad o rol social. El discurso publicitario
potencia una identidad social en la cual sobresale una aparente contradicción
entre la necesidad de integración y reconocimiento social y la pulsión por
negar toda restricción. Esta contradicción se
supera potenciando, simultánea o
alternativamente, ahora la sumisión total y acrítica a la norma, ahora
valorando delirios de transgresión o negación, potenciando la irresponsabilidad
y el poder más allá del bien y del mal. Es decir, desde el CC-P se está
potenciando un modelo de ciudadano que, al tiempo que se somete acríticamente
en lo real, desea romper el contrato social y reinstaurar el imperio del puro
deseo y el poder como fuerza y razón última. Fuerzas en permanente conflicto y,
por supuesto, delirando un seguro y tranquilizador triunfo sobre “los demás”.
Este sueño es alimentado por el CC-P porqué es así como legitimamos nuestras
cadenas reales: en el plano real, la exaltación del deseo y el poder legitima el
juego por el cual es lógico y necesario el dominio y el desprecio hacia los
perdedores. Llevando esta lógica a su extremo sólo puede quedar uno, es decir,
todos menos uno pierden. En este
contexto, la palabra “libertad” es la palabra estrella por antonomasia,
teniendo en cuenta que en el contexto publicitario este término se refiere
siempre a la no restricción, no ley, no norma, así pues: Libertad (Peugeot, “Leones en libertad” o
Renault 21, “Libertad incondicional”). Fuerza (Akai, “La fuerza del Sonido”).
Poder (Nike, “El poder del aire” o Citröen BX, “Disfruta su poder”). Éxito
(Ford Sierra “La fuerza del éxito). Moda (Azur de Puig, “Te pone de moda”).
4- Palabras mágicas
consteladas entorno al mundo. Hay una constante evocación de un mundo exterior
virginal, proveedor de estímulos sorprendentes pero siempre gratificantes o
espacio en el cual desplegar la voluntad de potencia y dominio. Veamos: Lujo (Toyota Runner, “Todo terreno, todo
lujo”). Futuro (Ford Escorpio, “Diseñado por el futuro”). Amigo (Repsol, “Si tu
coche es tu mejor amigo, dale sólo lo mejor”). Seducción activa (Ford Escort,
“Diseñado para seducir”). Aventura (Camel, “El sabor de la aventura”).
Naturaleza/Natural (Fonter, “El refresco
más natural”). Por
supuesto también hay más: Seguridad (valor en alza indiscutible por los tiempos
que corren), Eficacia, etc.
5- Palabras mágicas
consteladas entorno al mundo interior. Mundo interior entendido no como morada
del espíritu o alma viva sino como espacio y tiempo en el que destilar lo mejor
de todas las anteriores constelaciones. Y siempre como promesa de satisfacción
de deseos o superación de frustraciones: Recuerdo (Clio, “Tu aroma es un
recuerdo). Sueño (Lancia Dedra, “Un sueño importado”), Magia (Sanyo, “La
magia del vídeo”). Noche (La
Nuit de Paco
Rabanne, “La atracción de la noche”). Ilusión (Cupón de la Once, “La
ilusión de todos los días”). Palabras de indudable poder sugestivo y evocador.
Palabras, por otro lado, muy apropiadas para auténticos y literales juegos de
hipnosis.
PAUSA PUBLICITARIA (I):
EL RECICLAJE
El reciclaje en España,
tal y como está actualmente planteado, es un fraude ecológico y económico. Los
costes e impactos ambientales que comporta esta civilización del “usar y tirar”
y el considerar el bienestar como equivalente al consumismo y consumismo como
equivalente al incremento en la producción de basura son por todos conocidos.
Entonces, ¿por qué seguimos empeñados en ello? Veamos:
En primer lugar, las
empresas necesitan el sobreembalaje por tres razones: 1ª) Como soporte de
auténticos anuncios y estímulos seductores que refuerzan los promocionados en
otros soportes o para que funcione como última oportunidad para desencadenar la
pulsión de compra en las estanterías comerciales. Pues es ahí, en los pasillos,
donde se desarrolla una sorda pero encarnizada competencia intramarcas, es ahí,
a pie de caja, donde se deciden gran parte de las compras cotidianas.
Sintetizando; más embalaje igual a más
beneficios económicos. 2ª) El corpus legal y fiscal del estado está diseñado
para que sea mucho más rentable y competitivo sustituir el trabajo humano por
materia y energía,
en este caso
por envases y
embalajes, preferiblemente no retornables, pues la reutilización consume
mucho trabajo humano. 3ª) La producción y comercialización global, masiva y
anónima, genera unas necesidades logísticas (manipulación, almacenaje,
conservación, transporte, distribución y presentación) y de imagen que, en
último término y entre otros aspectos, son traducibles en un uso masivo de
envases y embalajes.
En segundo lugar, el
sistema global necesita los servicios del CC-P. Complejo que, además de
contaminar la psique y el alma del respetable, en otros campos es un devorador
absoluto de recursos naturales relacionados con la industria del plástico,
papel y las artes gráficas y, por ello, es uno de los principales productores
de residuos y contaminantes asociados: en las ciudades son muchos los kilos de
papel por buzón y año. La publicidad ocupa un porcentaje nada desdeñable de las
páginas de revistas y periódicos, etc.
Tesis: 1ª- Tenemos un
marco económico, legal y fiscal que global, estructural y racionalmente
estimula el despilfarro asociado a la lógica comercial-publicitaria y, por
ello, es un gran incentivador de la producción de residuos. Proceso en el cual
las empresas muy, pero que muy privadas, obtienen incuestionables beneficios
económicos a partir del contravalor “degradación ambiental”.
2ª- Por imperativo
físico se impone una evidencia: usar y tirar tanta materia y energía tiene unos
impactos ambientales crecientes y, a largo plazo, insostenibles.
3ª- La oscura intuición
entre la ciudadanía de la existencia de peligros y amenazas asociadas a la contaminación y la destrucción
irreversible del medio ambiente genera una difusa ansiedad.
Uno de los objetivos
clave del CC-P será canalizar esta ansiedad hacia actividades compulsivas y
psíquicamente gratificantes que reconstruyan virtualmente una percepción de
seguridad. Estamos hablando de una vasta operación de intoxicación que tiene
por objeto el permitir una descarga de ansiedad sin que ésta produzca efectos
potencialmente peligrosos para La Corporación. El objetivo último será
difuminar todo potencial de conciencia y acción cívica ecológicamente
coherente, políticamente crítica y económicamente subversiva.
El CC-P ha encontrado
en el reciclaje uno de esos rituales mágicos y exorcistas de todo mal ecológico
mediante el cual la ansiedad ante la degradación ambiental se transmuta en unos
rituales masoquistas y estereotipados, tales como:
a) Penitencia necesaria
y en pro de la salud planetaria: el CC-P culpabiliza y apela a la sensibilidad
ecológica de la población para que ésta realice un trabajo gratuito y
desinteresado separando y acarreando a los distintos contenedores los
diferentes materiales. Así como se pide a los ciudadanos responsables
y solidarios que
incrementen
significativamente el espacio
de sus viviendas -caro y escaso-
destinado a la selección y almacenaje de residuos. En suma, en un contexto en
el que todos y todo se rige por la lógica mercantil del beneficio, se pide que
los ciudadanos sean los únicos que actúen con la lógica opuesta del sacrificio.
b) Socialización de
costos: los ayuntamientos ofrecen gratuitamente espacio urbano (económica y
funcionalmente muy valioso) para el emplazamiento de más y más contenedores de
todos los colores y han de asumir en la práctica muchos más costes directos e indirectos
generados en el tratamiento de residuos. Estos costes son sufragados en gran
parte vía impuestos. Además de los económicos, existen otros costes funcionales
que también han de ser estoicamente soportados por todos en bien de los
equilibrios cósmicos e interplanetarios: pérdida de espacio urbano, ruidos,
malos olores, contaminación visual, etc.
Síntesis: como
consumidores pagamos y alimentamos la expansión de la publicidad y el
incremento de envases y embalajes y como ciudadanos hemos de continuar pagando
y trabajando gratuitamente en bien de la galaxia. El efecto final es
devastador: al mismo tiempo que se extiende el reciclaje hay un constante
aumento en la producción de residuos por cápita y se incrementan las tasas
e impuestos para su
tratamiento. Esta imagen es digna
de Marx
(Carlos no, Groucho):
¡Estamos subiendo unas
escaleras mecánicas que bajan a mucha más velocidad! ¿Otras opciones?
1) Cobrar como ciudadanos el trabajo y los
servicios que como ciudadanos prestamos para disminuir los impactos negativos
generados por actividades económicas privadas. Esto, por supuesto, si no
queremos seguir desempeñando nuestro tradicionalmente estúpido papel. Se puede
y debe fijar un precio por kilo de las diferentes materias recuperadas.
Precio arbitrario, ecológica y políticamente acordado por la
ciudadanía, que deben recibir
organizaciones y entidades ciudadanas representativas (AAVV, distritos,
ayuntamientos, etc.) y poder así incrementar sus recursos netos para la mejora
ambiental y social de sus entornos directos, concretos y palpables.
2) Si esta medida se acompaña de una congelación
en las tasas de recogida de basuras, cobrar como ciudadanos el reciclaje
implica que como consumidores encarecemos sensiblemente los envases y
embalajes: esta vía implica técnica y económicamente estimular estrategias y
lógicas comerciales realmente más ecológicas.
3) Como es fácil
suponer, los puntos anteriores serán quimeras en tanto en cuanto la ciudadanía
organizada sea incapaz de organizar con razonable éxito auténticas huelgas
contra el actual sistema de recogida selectiva.
MARCANDO MENTES
Definiremos “marca”
como el conjunto de percepciones emocionales y simbólicas que un logo específico
es capaz de suscitar en los consumidores, clientes y competidores. La
personalidad de una marca vendrá dada por los significados, sentimientos y
emociones concretas que este logo puede transmitir. En este contexto, la
construcción de la personalidad de una marca será el resultado acumulado en el
tiempo de todas las estrategias de diseño y transmisión de ideaciones,
sensaciones y emociones concretas, deseables y asociadas al logo. Cada marca
concreta tenderá a estabilizar una constelación psíquica congruente de
determinadas emociones, ideaciones o modelos de conducta cristalizadas entorno
a un signo adherido a una mercancía.
El efecto final de todo
este proceso ha de ser que las mercancías a las que se les inyecta un
determinado logo a efectos prácticos funcionen con unas propiedades análogas a
los alucinógenos: su consumo ha de inducir sensaciones e ideaciones
específicas, agradables y placenteras. El anuncio de una marca con contenidos
emocionales euforizantes, relajantes o psicodélicos, nuestra mente mágica lo
identificará y asimilará de forma inconsciente a la promoción de drogas con
propiedades similares. Por ejemplo: la Coca-Cola y la cocaína prometen el mismo
producto; la “chispa” de la vida. La diferencia entre una chispa y otra es
simplemente instrumental. Coca-Cola nos
promete la “chispa” mediante mecanismos sugestivos y la cocaína mediante
mecanismos químicos. Pero el patrón de relación de una y otra es idéntico: el
consumo de sustancias mágicas inductoras de “chispas”. He aquí un nudo central
de nuestra cultura: el CC-P y la estrategia de creación de marcas tiene como
efecto secundario la promoción de una cultura con una lógica literalmente
toxicómana. En este sentido, podríamos decir que las marcas y los “camellos”
compiten por un mismo espacio. Mediante el formateado industrializado y
técnico-artístico de nuestra mente, la creación de marcas supone que las
mercancías adquieran propiedades y virtudes psíquicas pre- diseñadas, quedando
listas para ser esnifadas. En este contexto, declaraciones como las que siguen
podrían adquirir un inquietante sentido: según Phil Knight (presidente de Nike)
a finales de la década de 1980 la misión de Nike no era fabricar o vender
zapatillas sino "mejorar la vida de la gente y su estado físico...
mantener viva la magia del deporte"25. John Heilemann: "En Polaroid,
el problema consistía en que seguían pensando que la empresa equivalía a las
cámaras fotográficas... Polaroid no consiste en sus cámaras, sino que es un
lubricante social”26. Renzo Rosso, propietario de Diesel Jeans, declaró a la
revista Paper: “Nosotros no vendemos un producto, vendemos un estilo de vida...
el concepto Diesel está en todas partes.
Es la manera de vivir, la manera de vestir: es la
25 Donald Ksatz, Just Do It: The Nike
Spirit in the Corporate World, Holbrook, Adams Media Corporation, 1994.
26 En “All Europeans Are Not Alike”, New
Yorker, 28 de abril de 1997
manera de hacer las
cosas.”
¿Qué es una marca
impresa en nuestro cerebro? Lo queramos o no, nos guste o no, la compremos o
no, una marca es un “virus troyano”27
instalado en nuestro cerebro: como virus troyano las marcas succionan
nuestra energía psíquica e información hacia el “servidor de la red”, es decir,
hacia La Corporación o anunciante colectivo. En nuestro cerebro hay instalada
una consola de video-juegos en la que cada marca concreta es una pieza del
juego y podemos -de hecho debemos- odiar o ignorar a unas determinadas piezas,
pero esta selección se realiza siempre en beneficio de otras
piezas y, fundamentalmente, de la
fascinación hacia el video-juego en su totalidad. Así, por ejemplo, podemos
constatar cómo la adhesión a la marca Mecca-Cola cómo alternativa al
imperialismo americano, en último término, no rompe la lógica del video-juego
marquista, lo refuerza. Jugando, combinando, afirmando o negando determinadas
marcas se consiguen unos efectos espectaculares y muy poderosos, por ejemplo:
1- El juego de
auto-identidades: dentro de nuestro cráneo nuestra mente construye
subliminalmente argumentos con sus correspondientes personajes. Así, existen
unas marcas “mayores” que constelan la identidad protagonista o dominante (yo
ideal), y unas marcas “menores” que apuntan a aquellos rasgos que no podemos
evitar dejar de ser o tener y que matizan y personalizan las mayores. Marcas
menores que suelen reservarse para el yo (y sus necesidades) más prosaico y
cotidiano.
2- El juego de roles
sociales: mientras nuestras mentes alucinan sus personales películas mediante
la ingestión de su correspondiente cóctel de marcas, nuestro cuerpo marcado
proyecta determinadas ondas energético-simbólicas que al final impactaran la mente
de los demás. Otros que nos
atribuirán, en función
de su personal
programación y sensibilidad
decodificadora, una identidad:
alucinamos e inducimos alucinaciones que nos son retornadas multiplicadas por
“Los Otros”: se establece un juego de infinitos reflejos y contrarreflejos y al
final, todos distraídos, nos morimos.
El caso “Michael
Jordan” que ya hemos comentado ilustra, también, la tendencia más novedosa e
innovadora referente al diseño de marcas: ya nos hemos extendido con
anterioridad como, en un principio, para la creación de marcas se asocia el
logo y la mercancía a contextos y modelos arquetípicos (personas anónimas y/o
famosos) para que así nuestro lado mágico vea, relacione, saque conclusiones y
active nuestra voluntad consciente. Pero esto es sólo el principio: a partir de
unos determinados niveles de personalidad la marca se convierte en sí misma en
“estrella”. La marca incorpora
en sí misma
el arquetipo del
demiurgo, asumiendo las
transferencias e
27 Programa informático diseñado para
infiltrarse en nuestro ordenador y manipular nuestros archivos personales.
identificaciones
directas de las necesidades psíquicas de los ciudadanos. Ella (la marca) es la
encarnación y respuesta a nuestras necesidades más íntimas. Y será ella la que
transferirá su poder mágico (su mana) a los contextos y personajes con los que se
relacione.
Un ejemplo espectacular
de este fenómeno es la fabulosa campaña de publicidad gratuita de prácticamente
todos los medios de comunicación a raíz de la última entrega de La Guerra de
las Galaxias. ¿Cuántas páginas de cuántos periódicos y revistas se dedicaron a
tales menesteres? Equivalentes reflexiones podríamos hacer con las radios y las
televisiones. ¿Por qué? Muy sencillo: una vez la marca consiguió un determinado
nivel demiúrgico, termina siendo ella la que aporta lectores, videntes y
oyentes a los medios en los que se inscriba. De hecho serán los medios los que
necesitarán aprovecharse de las marcas y famosos para promocionarse ellos. La
marca Guerra de las Galaxias estableció un circuito de retroalimentación con
los medios. En un principio son los medios los que promocionan, pero a partir
de un indeterminable umbral es la marca la que transfiere fascinación a los
medios y éstos le retornan la fascinación multiplicada en una espiral
creciente. Un análisis similar podríamos hacer con muchos otros procesos mediáticos
de creación de “marcas y famosos”28.
Creación de marcas:
implicaciones económicas, ideológicas y políticas
1- Implicaciones
económicas: podemos suponer que la meta esencial de la publicidad comercial es
la de optimizar los beneficios económicos del anunciante. Este “optimizar los
beneficios” en la práctica supone que los costes publicitarios pueden no ser
tales “costes”. De hecho son inversiones, capitalizaciones. Es decir, pueden
suponer un incremento neto del valor de cambio de la empresa. Es en esta línea
que nos encontramos con las estrategias de creación de marcas. Una identidad
corporativa o marca, en un mundo saturado por lo imaginario como el nuestro,
por sí sola puede, y así es de hecho, valer centenares de millones de euros. No
el producto en sí, no las máquinas, fábricas, pozos y minas u oficinas, sino la
marca o identidad corporativa inscrita en lo más profundo de nuestra mente como
un referente cultural. Por ejemplo,
Jhonson&Jhonson tenía en el año 2001 una cartera de marcas valoradas
en 68.210 millones de dólares o Nestlé disponía de una cartera de marcas
valorada en 41.688 millones de dólares29.
2- Implicaciones
ideológicas: el proceso
necesario de creación
de marcas presupone
28 Otro ejemplo paradigmático de lo que aquí
estamos tratando lo tenemos en las primeras ediciones de la denominada
“Operación Triunfo”.
29 Fuente: www.interbrand.com
movilizar unos valores.
Valores que interrelacionan y conectan emociones, imágenes, ideología y
cultura. ¿Qué es un “valor”? Una emoción o sentimiento con una carga de
atracción o repulsión.
¿Cómo piensan las
emociones? Con imágenes y sensaciones, y viceversa: las imágenes y sensaciones
se cargan de emociones polarizadas o valores. Por ejemplo, si al retrato de una
mujer le añadimos un mínimo y casi imperceptible detalle de una imagen asociada
al interés y la fascinación sexual propia de los primates, inmediata e
inconscientemente esta mujer será percibida por los machos como más sexy,
interesante, inteligente, fascinante, etc. ¿Cómo? Simplemente dilatando
levemente sus pupilas.
En estos momentos el
CC-P es directa e indirectamente uno de los principales artefactos de
socialización y conformación en las sociedades opulentas. Y, por ello, este
complejo es un referente básico como suministrador y/o legitimador de valores e
ideología, muy por delante del arcaico sistema educativo y, por supuesto, de
los antidiluvianos aparatos ideológico-partidarios clásicos. El CC-P, al
servicio de la creación de marcas, hace algo más que simplemente reflejar los
valores, la ideología dominante o nuestra verdadera naturaleza. Vayamos por
partes:
1- Conecta y canaliza
unas energías (emociones y sentimientos de culpa, soledad, inseguridad, sed de
afecto, sentido, aceptación, etc.) mediante promesas y amenazas.
2- Por el solo hecho de mostrar unos valores,
automáticamente éstos son legitimados y potenciados, pues éstos adquieren el
estatus de modelos. Porque junto y enfrente de cualquier sentimiento o
tendencia latente siempre hay sus contrarias. ¿Por qué se muestra este
sentimiento o tendencia y no este otro u otra? Igual razonamiento se podría
aplicar a los tópicos y prejuicios. Primera manipulación.
3- Asocia, relaciona y
transfiere estas energías emocionales a través de imágenes. Imágenes que los
humanos tienden naturalmente a considerar no como representaciones de la
realidad sino como la realidad en sí. Imágenes de cosas, de contextos
(arbitraria pero no inocentemente seleccionados), de modelos y pautas de
conducta.
4- Mediante este
proceso de asociación, relación y transferencia se inyecta valor a las cosas,
personajes y situaciones. Esto implica que se concreta qué dirección se ha de
dar a las energías emocionales, es decir, se fijan los ejes básicos de lo
bueno, lo bello, lo verdadero y lo justo a través de la manipulación de
imágenes.
5- Dadas
las especialísimas características comunicacionales de
la publicidad (omnipresencia e
infinita redundancia), los
valores que ésta
moviliza constituyen el
mantra hipnótico por antonomasia de la ideología dominante. El CC-P
tiene una eficacia muchísimo mayor
como catalizador y
catequizador en la esfera de los valores, modelos de conducta, cultura e
ideología, que como promotor de ventas de un determinado producto o marca
concreta. La razón es que en el ámbito de la promoción de un producto concreto,
los mensajes tienden a neutralizarse unos a otros, los productos compiten entre
sí para capturar nuestra atención. Pero como todos los anunciantes utilizan la
misma lógica, sus efectos en nuestra psique no sólo no se contrarrestan sino
que se potencian. Por ejemplo, en el momento de ponderar la posibilidad de
comprar o no un determinado coche no hay que valorar tan sólo el efecto final
de una determinada campaña, sino que, en primer lugar, hay que evaluar qué se
imprime en nuestra psique a través de todas las publicidades de todos los
coches. Pero esto no es todo: hay que evaluar, también, qué se imprime en
nuestra psique a través de todas las publicidades de todos los productos
independientemente de nuestros actos concretos de consumo. Cada mensaje
publicitario es una pequeña gota de un mismo y refrescante rocío: cada anuncio
es un leve y siempre renovado quántum de sugestión con unos pequeños y
graciosos hologramas de valor e ideología y porciones de modelos de conducta y
relación.
La significación e
impacto real de estos pequeños y graciosos hologramas se hace evidente cuando
constatamos que, desde un punto de vista antropológico e ideológico, cada
anuncio encaja y refuerza a otro. Así,
mientras estemos distraídos con los
detalles concretos de los
sucesivos anuncios, el efecto masa de todos los medios de comunicación y
técnicas de mercadeo, a semejanza de la técnica impresionista, dibujan un gran
cuadro en nuestro cerebro: este es el mecanismo por el cual las pequeñas gotas
inyectadas sobre nuestros cráneos, con la presión y duración precisa30,
consiguen perforar pozos hasta profundidades insospechadas. Pozos de los cuales
se extrae la energía más preciosa del universo. ¿Cuál?
Cuando de una manera
abierta y explícita intentan convencernos de la bondad de unos valores, de una
ideología, inmediatamente levantamos nuestras defensas conscientes y racionales
y ante cada argumento siempre es posible buscar y encontrar un contraargumento.
El adoctrinamiento discursivo hoy, más que nunca, “lo tiene crudo”. Pero cuando
sólo intentan entretenernos (con humor, seducción, emoción y excitación, etc.)
y, de paso, vendernos productos; nuestra percepción consciente y actividad
lógico-racional está relajada y las funciones reflexivas, analíticas y críticas
están bajo mínimos,
sin resistencia. Mientras
estamos distraídos con el espectáculo
y, como máximo, ponderando
el “compro o
no compro”, los
valores implícitos en
el espectáculo publicitario son
introducidos y procesados en fracciones de segundo. De hecho, el CC-P insiste
30 “El consumidor medio de los países
desarrollados recibe un promedio de unos 2.500 impactos publicitarios/día”.
Según datos de un país
de nuestro entorno socio-económico como es Francia, antes de los 12 años los
niños "han estudiado" 100.000 anuncios. (Ignacio Ramonet en "La
fábrica de los deseos" Enero del 2001 “Le Monde Diplomatique” y "Cómo
nos venden la moto" 1995 Icària Editorial ).
hasta la náusea en un
valor elemental y principio ideológico / religioso fundacional de nuestra
cultura; mensaje con el que se nos bombardea diariamente muchísimas veces con
mil variaciones de mil palabras sobre mil colores en mil imágenes con mil
canciones: Tú eres cuerpo, yo (marca) soy el alma y él (La Corporación proveedora de marcas) es
Dios. El alma / coche Serie 7 del Dios BMW lo anuncia alto y claro: “Yo,
transmito. Yo, alerto. Yo, observo. Yo, amortiguo. Yo, informo. Yo, supero. Yo,
superviso. Yo, regulo. Yo, reacciono. Yo, calculo. Yo, ajusto. Yo, chequeo. Yo,
corrijo. Yo, mejoro. Yo, adapto. Yo, preciso. Yo, ayudo. Yo, cuido. Yo,
perfecciono... Tú sientes”. Y BMW / Dios nos pregunta: ¿Te gusta conducir?/ ¿Me
amas?
3- Implicaciones
políticas: la corporación más poderosa
ya no es la que fabrica más cosas, posee más fábricas o tiene más trabajadores.
La más poderosa es la que consigue las IMÁGENES más potentes de sus MARCAS y ejerce
un mejor CONTROL de su COMERCIALIZACIÓN. Este proceso de creación de marcas requiere el consumo
creciente de espacio y tiempo social (tanto privado como público) donde
difundir la idea que la marca pretende tener de sí misma, así como la
apropiación de más y más contenidos y referentes de nuestro patrimonio
simbólico colectivo.
En un mundo limitado,
el efecto global de todas las marcas pugnando por atrapar nuestra fascinación
es devastador. El espacio / tiempo en el que la libertad de expresión (y la
propia necesidad de comunicación) es atributo y patrimonio inalienable del ciudadano
literalmente tiende a desaparecer. En el contexto del CC-P el espacio/ tiempo
es una mercancía muy valiosa y, por ello, la comunicación corporativa impone y
prima la tiranía de la marca sobre la comunicación entendida en clave de bien
público -y no mercancía- y derecho inalienable de la expresión de los
ciudadanos.
Reforzando la lógica
por la cual La Corporación pre-determina los contenidos mediático-
espectaculares31, se ha ido asumiendo como un hecho natural la creciente,
permanente y omnipresente imposición de logos y eslóganes corporativos
fabricados en masa y difundidos indiscriminadamente en y por todos los medios
de conformación de masas. Esto no es más que el penúltimo aviso: el fascismo
cultural de matriz plutocrática-corporativa (poder del dinero corporativo) cada
día será más evidente. Fascismo cultural hegemónico, vanguardia y síntoma de
otros fascismos, pero mucho más sutil que sus precedentes históricos; entre
otras cosas, consigue anular en la práctica la libertad de expresión,
simplemente haciendo que la cacofonía comercial llegue a unos niveles de sobresaturación
y sobredeterminación comunicativa tales que sencillamente no podamos hacernos
oír o, mejor dicho, esta cacofonía y sobresaturación de mensajes consumistas,
directa y simplemente, tienden a abortar cualquier posibilidad de tener algo
que decir.
31 “Los anunciantes descubren que
sus dólares pueden llegar al propio corazón de los programas”. Ref. “The Wall
Street Journal” 14-11-2000. O “el 85% de los festivales y acontecimientos en
EEUU están apadrinados por empresas”. Dan Schiller en “Le Monde Diplomatique”
18-05-2001.
CINCO BUENAVENTURANZAS
PUBLICITARIAS
1ª. “La técnica y el
futuro nos bendicen”. La técnica como fuente de valor y el futuro como
tautológicamente mejor, siempre ascendente y, paradójicamente, ya presente.
Cada día mil anuncios repetirán en mil variaciones que “el futuro ya está
aquí”. Futuro como incuestionable encarnación de “lo superior” y punto omega de
todo progreso, cual ídolo sustituto de la nostalgia de Dios.
En este proceso
sacralizador, las palabras fetiche más utilizadas y asociadas a la técnica o el
futuro son: “Fe / Confianza / Superior / Mejor”. El mal en el universo
publicitario siempre está referenciado al pasado o a la ignorancia técnica,
fuente de infelicidad y humillación. La fascinación por las razones
instrumentales y técnicas, con su estética, suplanta al sentido y ponderación
del qué y por qué se hacen las cosas y enmascara los efectos contradictorios
que éstas suelen comportar en la sociedad o el medio ambiente. Hay una
transferencia de la esfera ética a la técnica, sacralizando el totalitarismo
técnico a costa de las dimensiones políticas y artísticas, éticas y simbólicas
no mercantilizables y, por ello, también, se enmascaran las derivaciones políticas
que toda opción técnica siempre conlleva.
Uno de los recursos más
socorridos de esta estrategia es, en primer lugar, equiparar artefacto y hombre
y, posteriormente, el artefacto conseguirá superarlo. Así tenemos ejemplos de
publicidad humanizadora de la técnica y ejemplos directamente divinizadores.
Divinización por la cuál al hombre
disminuido sólo le resta
el papel de
sirviente de la misma.
"Máquinas responsables
(Bosch)", "Microondas inteligentes (Sanyo)", "La mejor
amiga de mi mamá (Lavadoras Siemens)".
Primer paso. "Algo ha ocurrido en mi vida, por fin puedo decirlo (Amena)”.
Amena -la técnica- consigue redimirnos de nuestras limitaciones y miserias,
avanzamos hacia un neo-Dios. "Sólo hay alguien que piensa en tu seguridad
más que tú mismo (Citröen Saxo )”. Citöen Saxo (¿Sexo?) asume caracteres
directamente divinos en medio de una escenografía satánico-religiosa. O vemos
como jugando con la ambigüedad de "Primero el hombre, después la máquina”,
Honda nos revela que en una razón evolutiva, primero fueron las plantas, después
los animales, después el hombre como especie y, después, la máquina.
El sector que concentra
más inversión publicitaria a nivel mundial es el del automóvil, auténtico
producto global que devora, subordina y rediseña todas las dimensiones y
funciones del territorio. El automóvil32 como auténtica hierofanía de la
técnica y La Corporación por antonomasia,
32 En España, en el periodo
2000/2001 entre los 20 principales anunciantes, 6 correspondieron a la
industria del automóvil concentrando el 27% (38.119 millones de pts. o 229´1
millones de Eur.) de la inversión total de estos 20 anunciantes (140.246
millones de pts o 842´9 millones de Eur) Fuente: INFOADEX. En el informe del
Worldwatch “Signos vitales 2000” se estimaba que de los 10 grandes anunciantes
mundiales, 4 eran empresas automovilísticas.
nos dice que no es
seguro creer en las personas y en los ideales y valores que representan. Lo
mejor es creer en el coche/tecnología: "Llegarás a la conclusión que, simplemente, creemos en las ideas con
las que hemos soñado alguna vez, o sea en Golf". Coche / tecnología que
conquista los espacios más reservados del espíritu y los últimos rincones de la
naturaleza. La insumisión a los valores tecnológicos imperantes es objeto de
desprecio y burla: en una campaña de Renault bajo el eslogan "Nuevo
Renault Escénic. La evolución es contagiosa" podemos constatar como en un
spot de la serie, el coche -demiurgo privilegiado de la razón técnica- se nos
presenta como punto omega y razón de la historia y que, irresistiblemente,
ejerce sus poderes fascinantes y sugestivos sobre un joven amish -religión
puritana hipertradicionalista-, como metáfora risible de todas las convicciones
transcendentes no reducibles a mercancías tecnológicas. En otro spot de la
campaña vemos un campamento indio abandonado y sutilmente se nos muestran las
huellas del automóvil, motivo y medio de la huida y la renuncia del mundo
propio. La técnica corporativa encarnada en el coche nos aportará aquella
estabilidad que los imperfectos humanos serán incapaces de ofrecernos: “¿Para
qué quieres una compañera que te dé el petardo toda la vida? Yo, el diablo, te
ofrezco algo mejor; un coche”. Y nos ofrecerá la única revolución posible:
"Su diseño es revolucionario, sus prestaciones son revolucionarias
(Volvo)”.
Originalmente los ciudadanos eran considerados sujetos éticos y socio-políticos de los cuales emanaban unas praxis y unos
proyectos civilizadores. En el contexto publicitario, la sacralización de la
técnica presupone que sea La Corporación quién se alce como sujeto, ejecutor y
juez de todo proyecto civilizador. Por esa vía podemos interpretar que detrás
de cada exhortación sacralizadora de la técnica y la tecnología, implícitamente
se inmola al ciudadano y se invoca al consumidor y espectador. Estamos hablando
de una línea estratégica clave del poder corporativo y que impregna a la
totalidad del CC-P. Se está imponiendo una subjetividad egocéntrica y
narcisista, postmoderna, como modelo normativo y deseable de lo humano: el lema
es lo ves, lo quieres, lo tienes (Caixa Catalunya). El CC-P está potenciando un
imaginario social en el que el consumidor (egocéntrico) y el espectador
(narcisista) perciben que todos los problemas -incluso los sociales y
políticos- tienen o podrían tener soluciones rápidas a través de medidas
sencillas, y aún más con la tecnología y la técnica. Esta fascinación por lo
simple e inmediato implica y presupone la desconfianza y el rechazo instintivo
de lo complejo, ambiguo y contradictorio; curiosamente propiedades básicas del
mundo real. En este contexto, la reflexión y el debate -elementos esenciales de
la democracia- serán siempre de mal gusto, pues éstos nos confrontarían a
incertidumbres intolerables.
2ª. “El pijo, donde va
triunfa”. El CC-P fomenta y refuerza los valores propios de la alta burguesía y
la élite económica y social. Y, en primer lugar, lo hace presentando su estilo
de vida
como evidente e
incuestionablemente deseable y superior: la manera de vestir de los modelos y
su entorno (casas, coches, accesorios varios, etc.) refleja usos y costumbres
muy alejadas de la realidad de la gente corriente. Gente corriente a la que si
se consigue hacer desear ser “pija”, económica y políticamente estará ya derrotada. Su deseo legitimará y
reforzará las élites reales al tiempo que el CC-P le endosará:
a- Baratijas a las que
han inyectado poderes mágicos mediante los cuales alucinará las gratificaciones
asociadas a su identificación con los seres superiores y sus misterios,
encarnados ahora en las élites financieras, los famosos, etc.: “El perfume del poder
(Colonia Wall Street)” ¿Qué pide La Corporación a cambio? Poca cosa; nuestro
tiempo y dinero, nuestra atención, nuestra devoción, nuestra obediencia...
nuestra alma en definitiva.
b- Un producto
realmente pijo. Sea éste una casa, un
coche o unas vacaciones paradisíacas. Muchas veces, para poder pagarlo con sus
ingresos reales, la gente corriente tendrá que someterse a un estrés de tiempo
y energía brutal y por el cual (por este estrés o sufrimiento nada imaginario),
este producto pijo será prácticamente lo único pijo que tendrá en su real y
miserable vida: “Algunas personas tienen casa en París, Nueva York y
Montecarlo. Pero una sola Ginebra (Beefeater)”. Si no podemos competir con tantas
casas, siempre nos podemos consolar con un buen lingotazo de ginebra.
3ª. “Los cretinos van
al cielo”. El ansia de colonización mercantil de nuestra psique no se detiene
ni ante lo que “a priori” podamos considerar más noble ni ante lo más bajo.
Para el consumismo lo más excelso y lo más burdo de los humanos se hermana y tiende
a igualarse e intercambiarse, a diluirse. Del ser humano sólo queda y vale su
consumo. Y, en este proceso, todo en él (emociones, valores, sentimientos,
significado y sentido) es consumido. La vanidad más banal (“Cómo impresionar el
doble”) o la envidia (“Una silueta de envidia”) son tan nobles y válidas cómo
la solidaridad: “Colaborarás con Unicef y encontrarás todos los regalos que
estás buscando para el Día de la Madre. Colabora a hacer este mundo un poco más
bello. Tus compras les ayudaran (Bazar El Regalo promocionando colgantes y
brazaletes de oro y diamantes)”. El “Sano egoísmo” de Renault o el puro de la
colonia “Egoiste”, el pavoneo del “Para lucirse siempre” de Cristal D
´Arqués o “Cómo impresionar el doble (Doble V)”, la
envidia de un “Te envideo (Philips)”, el afán infantiloide y fatuo de un
“Acostúmbrate a estar por encima de los demás (Nissan Patrol)”, o
“Sobresaliendo de los demás (Lancia)”. La narcisa alucinación de ser especiales
y diferentes sea vía “Sálgase de la tónica general (Kas)” o “Entre en un mundo
exclusivo (El Corte Inglés)”, la mentira vergonzante de un “Mienta y diga que
son caros (Martinelli)”: todas estas emociones y todos estos sentimientos son
acogidos y dignificados, valorados. ¿Por qué? Simplemente porque es energía
psico-espiritual que está ahí y, por tanto, también es utilizable.
Esta clara legitimación
y promoción de contravalores manifiestos favorece unos innegables beneficios
privados en términos económicos. Por otro lado, es fácilmente intuible cómo
esta legitimación y promoción de tales contravalores, en la vida cotidiana y convivencial
globalmente no generan precisamente beneficios. Al contrario: estos
contravalores refuerzan y generan un difuso estrés y malestar, crispación,
angustia y tensión. Parte de este mal rollo es reintegrable en el sistema
consumista, pues éste facilita, agudiza y alarga el consumo de todo tipo de
medicamentos. La proliferación de toda clase de yogas de consumo, psicoterapias
diversas, ofertas de ocio y evasión hiperadrenalínicas, un renovado consumismo
compulsivo, etc. representan otras vías
posibles de reintegración económica del malestar.
4ª. Más allá del Prozac
y del Valium. El consumismo implica y presupone inyectar en las mercancías
virtudes y propiedades mágicas. Éstas tienen la función de compensar o
satisfacer déficits de la personalidad o dificultades y conflictos de todo
tipo: sociales, metafísicos, sentimentales, sexuales, políticos, económicos,
etc. El esfuerzo y el dolor (psicológico y espiritual), la responsabilidad del
vivir personal y colectivo tienden a ser sustituidos por la adquisición de
mercancías.
Como virtual poción
mágica, la adrenalina vicaria inyectada en todo tipo de productos (desde
bebidas a coches o bollos) es una consecuencia inevitable del hecho de asumir
la opción existencial del ser como espectador y consumidor: si no somos
protagonistas de una vida real, al menos necesitamos tener su sensación como
simulacro sustitutorio sin riesgo. Veamos algunas muestras:
a- Las relaciones
interpersonales y afectivo-sexuales suponen para muchos tensión y conflicto.
Esta tensión genera un potencial psico-energético publicitariamente
aprovechable: el universo publicitario ofrecerá una lista infinita de
mercancías que seductoramente se nos ofrecerán como exorcismo definitivo del
conflicto. ¿Cómo? Mediante el “menage a trois”: él, producto, ella. Algunas
propuestas incluso irán más lejos: él o ella y el producto; el “otro”,
simplemente, sobra o molesta. La ansiedad será superada si reconducimos
nuestros pasos hacia el socio aceptable, es decir, aquél que tiene todas las
prestaciones, pocas exigencias y, dado el caso, sustituible a imagen y
semejanza de la mercancía/fetiche: en el universo publicitario los productos y
servicios se presentan como cálidos amigos o amantes, o incluso los sustituyen
y superan. Así, creeremos ver amigos en los automóviles y trataremos a los
amigos como si fueran realmente automóviles. ¿Y la realidad? Con cara de perro,
solos y sin amigos, permanecemos inmóviles en los atascos camino al trabajo-
basura para poder pagar las letras del inútil coche.
b- El desarrollo
psico-social presupone e implica la emergencia de inquietudes y anhelos entorno
a la autonomía, la libertad y el éxito. Inquietudes y anhelos que
inexorablemente tienden a
ser frustrados por los
jefes y adultos. Es fácil reconvertir esta energía psíquica (frustración en
este caso) en energía económica vía consumismo, gracias al cuál los productos
mágicos vienen a nuestro rescate: “Cierra tus ojos y alimenta tus sueños” de ser
un “crack” del fútbol gracias a la pócima “Danone” (¿o es nandrolona?). Un aburrido autobús escolar
puede convertirse en una nave espacial alienígena gracias a la poción “Donette”
(¿o es LSD?). Aquellos jóvenes que
quieren huir de los entornos disciplinarios (casa, colegio, trabajo, relaciones
de poder en las que él sea el débil, etc.) siempre pueden tener a mano una
colonia Paradise a la que implorar un “Llévame más allá de la realidad” (¿o no
será la heroína?).
Entorno a estas
tensiones y contradicciones se ha definido, por ejemplo, el denominado por los
profesionales género pastoral. Éste comprende una combinación de ofertas de
fantasías, promesas de evasión de responsabilidades y sugestiones de
experiencias sensoriales. El universo publicitario tenderá a reconducir y domesticar el malestar que produce toda
autoridad, orientando la rebeldía y trasgresión hacia objetivos y expresiones
fútiles: rebeldía como modelo de peinado o “piercing” autolesivo, utopía como cambio
de coche, revolución mediante el Pentium 4 y libertad por un teléfono móvil o
unos jeans. “Cambia el guión”... y bebe la revolucionaria Pepsi en vez de la
conservadora Coca-Cola o mandar al cuerno a las ETT´s y sus contratos-basura.
De hecho,
cada vez más
los padres tienden
a ser reducidos
a su función
básica: intermediarios entre el mercado y los hijos... o al menos es así
como perciben la función paterna los universitarios estadounidenses33.
5- “El buenismo, caviar
rojo y superfashion del consumismo”. El
CC-P está naturalmente dotado para
transformar cualquier emoción
o sentimiento, incluyendo
nuestro potencial de empatía -la capacidad que como seres humanos
tenemos para ponernos en el lugar del “otro”- en experiencias delirantes,
mercancías y dinero.
En sectores
relativamente opulentos e informados, la contemplación del dolor ajeno puede
generar unos más o menos difusos sentimientos de empatía o culpa. Culpa o dolor
que, en un contexto espectacular y
vicario, es susceptible
de transmutarse en
un dulzón placer
sado- masoquista, una auténtica y sofisticada exquisitez emocional para
los anestesiados consumidores: la culpa como tensión podrá redimirse gracias a
las mercancías solidarias y, por ello, transmutarse en liberación y
gratificación, es decir, generar un plus de refinado placer. Para manufacturar
y enfocar nuestra capacidad empática hacia las mercancías, el CC-P tiene en la
lógica espectacular su guía básica de actuación:
a) Resaltando
las situaciones donde
haya excepcionales dosis de
dolor, sufrimiento y
33 “Cuánto es Bastante.
La sociedad de consumo y el futuro de la tierra” A. T. Durning. 1994
Ediciones Apóstrofe.
tragedia: infiernos
vicarios. ¿Y para quién no es placentero contemplar en la pantalla cómo los
males (ante los cuales los nuestros palidecen) ocurren siempre a otros y en
otros lugares?
b) Acentuando las
situaciones donde haya salvación y héroes. Aquellos con los que el espectador /
consumidor, conmovido y emocionado, se identifica sin riesgos ni compromiso.
Los chicos-ONG nos ofrecerán la solución mediante una simple transacción:
dinero y/o mercancías versus infiernos y cielos vicarios. Una auténtica gozada.
c) No se pide que el
espectador / consumidor, ensimismado y solo ante el televisor, entienda,
interprete o se forme una opinión coherente sobre lo que ocurre, pues
comprender siempre implica esfuerzo y riesgo real. Está ahí para mirar, sentir,
emocionarse o conmocionarse, pero sin implicarse en exceso, virtual y
vicariamente. Eso es todo. No se suscita solidaridad o rechazo político sino un
rechazo meramente sentimental. Los medios de conformación de masas nos
presentarán de forma descontextualizada y
espectacular las lacras y
las catástrofes naturales
del “Tercer y
Cuarto Mundo”, mezclando e igualando unas y otras. Y lo que se ofrecerá
siempre será una salida precocinada: dinero (preferentemente de los
profesionales hiperestresados acomodados) y trabajo voluntario (jóvenes
aburridos).
d) La imagen asociada a
la solidaridad va desde los sentimientos compasivos hasta el deseo de aventuras
y exotismo: primero estos niños sufrientes nos emocionan y continúan haciéndolo
al ofrecernos la feliz y siempre gratificante oportunidad de ser sus salvadores.
¿Cómo? Simplemente haciendo lo que hacemos todos los días: comprando, comiendo,
divirtiéndonos, etc. Así es como el buenismo ayuda al consumismo a culminar el
reciclaje de sus propios desechos antropológicos y psico-tóxicos. Gracias al
buenismo La Corporación es capaz de generar una renovada energía para seguir
impulsando y legitimando el texto y el contexto consumista: ¡Cuanto más
consumes más solidario eres!. Es decir, se nos ofrece un mundo cuya imagen de
desolación y tristeza puede ser modificada por un solo gesto nuestro... sólo es
cuestión de buena voluntad y buen rollo. Porque, en el fondo, de esto se trata:
jugar con imágenes y emociones (alucinar) sin cortocircuitar con la realidad...
y todo ello por un módico precio: la entrada a estos cielos e infiernos
vicarios es equiparable en coste y función al del acceso a cualquier parque
temático, pero con el plus adrenalítico de que la ilusión de verdad y realidad
es insuperable.
El efecto final de
estas estrategias es el propio de la esencia consumista: transformar los
consumidores de mercancías y productos en consumidores de marcas y emociones.
La solidaridad no tendrá nada que ver con los conflictos y las necesidades
reales de los supuestos destinatarios y será inyectada como simple valor
emocional añadido de la marca. Estamos hablando de una solidaridad de consumo
que está para satisfacer las necesidades emocionales e imaginarias de los
consumidores y que tan sólo puede ser entendida y vivida en un contexto
espectacular y como
satisfacción de las
necesidades emocionales de los espectadores a través de los mecanismos
psicológicos de la identificación, proyección y transferencia suministrados
originariamente por “reality shows” mediáticos.
Estamos hablando de una vida
emocionante y excitante
pero encapsulada en el “airbag” de la vida vicaria en y a través de
“otro” esperando / olvidando la
muerte.
Para la solidaridad de
consumo el compromiso solo puede ser leído y comunicado como una transferencia
impersonal y mediada de dinero susceptible de materializarse gracias a la
contratación de actores solidarios para que ejerzan la acción vicaria de nuestro
compromiso virtual y espectacular. En otras palabras: el buenismo o solidaridad
de consumo es la versión actualizada y ampliada de la caridad en su sentido más
farisaico y miserable, caridad que -avergonzada de ella misma- se autodenomina
solidaridad. Solidaridad en beneficio fundamentalmente del ego del solidario y
las cuentas corrientes de las marcas.
En el río revuelto del
buenismo las ONG´s, como instituciones sociales que globalmente y de hecho
gestionan el copyright de la solidaridad, juegan un papel crítico, ambiguo y
contradictorio. Prácticamente todas las marcas que incorporan el buenismo en sus
estrategias de posicionamiento, lo hacen pagando unos royalties a determinadas
ONG´s. En este punto, la cuestión está en el precio: a) Ingenuidad. Demasiadas
veces muchas ONG´s actúan como auténticos paletos que, deslumbrados ante un
puñado de monedas, venden por cuatro céntimos auténticos chollos comerciales.
b) Esquizofrenia. Mientras muchas ONG´s pueden estar haciendo una gran labor en
sus actividades y acciones internas y directas de concienciación, los efectos
de su presencia mediático-publicitaria
pueden ser devastadores: se
pueden recaudar unos
más o menos substanciosos recursos económicos,
pero a costa de llegar a muchísima más gente con un mensaje opuesto: las
víctimas de las injusticias inevitablemente se transforman en estúpidos ignorantes
y la miseria ya no será un problema de exclusión y explotación sino de escasez.
El buenismo consigue un
inesperado y perverso efecto ideológico y político: estamos hablando de la
privatización de la solidaridad en el imaginario colectivo. El discurso
mediático de la solidaridad de consumo transforma la justicia social en un
problema de voluntad individual. Se rehuyen las políticas que respondan al
ejercicio de auténticos derechos y deberes universalmente reconocidos, aplicables
y defendibles, y
se refuerzan estrategias
que responden a
graciables, erráticos y arbitrarios sentimientos, intereses o recursos
privados. El buenismo reduce la justicia social a una cuestión de caridad -dar
o no lo que nos sobra- y buen rollo egocéntrico y opcional. Así, la solidaridad
de consumo o buenismo se nos ofrece como opción alternativa a la acción y
responsabilidad política, convirtiéndose en un privilegiado mecanismo de
desconflictivización política; es decir, de afirmación del orden establecido.
El denominado Comercio
Justo es también un fenómeno ambiguo en tanto en cuanto que, en un contexto
cultural consumista, es una manera de reintroducir virtualmente elementos de
reflexión y crítica sobre las contradicciones e injusticias de la globalización
neo-liberal. En este sentido el Comercio Justo se sitúa en la frontera donde la
solidaridad real se encuentra y choca con la solidaridad de consumo o buenismo.
Encuentro y confrontación en la que ambas solidaridades se contaminan
mutuamente. La solidaridad real,
como a rival
más débil, para
sobrevivir como fermento
vivificador dentro del fenómeno consumista Comercio Justo, necesita ser
consciente de sus limitaciones y contradicciones, necesita subvertirse
constantemente.
Ejemplo práctico de
buenismo bancario: en el otoño del 2002, el Banco Santander Central
Hispano apoyaba la
campaña de captación de nóminas con una serie de pósters en blanco y negro
-que acentúan el
aspecto dramático y expresivo- con la excepción de una cruz roja -color corporativo del banco y de la vida-
de la Cruz Roja. Estos pósters tenían diferentes eslóganes: “Ningún banco le da
más valor (juego equívoco entre los conceptos valor crematístico y valor
metafísico) a tu nómina”, “Domicilia tu nómina y pensión en el Banco Santander
Central Hispano de la forma más fácil y nosotros donaremos 100 euros a Cruz
Roja sin que te cueste nada. Nadie le da más valor a tu nómina”. En estos pósters
había diferentes fotos para que cada cuál pudiera alucinar mejor su personal
solidaridad: una mujer típicamente tercermundista al pie de una cisterna
-fuente de vida- de la
Cruz Roja. Una escuela tercermundista, bajo el lema “Ahora muchas personas te
agradecerán el esfuerzo de cada día”. Una médico entrada en carnes atendiendo a
un tierno infante, que nos mira fijamente, con un slogan definitivo: “Haz algo
grande con tu nómina” (y si no eres un hijo de mala madre).
Hechos: 1- La Cruz Roja
valora el precio de nuestra nómina solidaria, sin que nos cueste nada, en 100
euros. 2- “La Caixa”, por la misma codiciada nómina ofrecía un pack de
egoconsumismo (bonos para productos y servicios supuestamente muy apetecibles)
valorado en más de 800 euros. Hipótesis: por nuestra autosatisfacción solidaria
vía nómina, y por lo que nos afecta como consumidores, el señor Botín se cobra
el botín de 700 euros. Pepsi lo tiene claro: “Algunos piensan que colaborar
solo sirve para lavar conciencias. Otros pensamos que lo único importante es
colaborar”. O sea; lavar conciencias basándose en un “compra y no le des más
vueltas”.
PAUSA PUBLICITARIA
(II): CONTROL SOCIAL
Los primeros síntomas
que preludian las primeras crisis de sobreproducción coinciden históricamente
con la consolidación de la producción industrial masiva y, con ésta, la
emergencia y posterior consolidación del CC-P como sector clave de la industria
de la conciencia. No es por casualidad que la publicidad y la industria de la
conciencia se consolidaran en primer lugar en EE.UU., y que sea la forma y el
contenido de AMWAY (American Way of Life) la propia del complejo publicitario;
así como que éste sea el hegemónico en el imaginario planetario: en estos
momentos, la producción de mundos imaginarios (cine, ficción, publicidad, etc.)
es la primera industria exportadora de EE.UU.34
El CC-P tiene por
función esencial legitimar y lubricar un sistema que tiende a desbordarse. Un
sistema de producción que no se orientará ya a la satisfacción de necesidades,
sino que tenderá directamente a la creación de las mismas. Es en este punto donde
lo económico engullirá todos los otros órdenes de la vida social, cultural,
psíquica y espiritual. La lógica económica, originalmente medio e instrumento,
pondrá a su servicio todos los demás ámbitos de la existencia, porque ésta es
la evidencia más obvia y escamoteada: aquí y ahora, la escasez hace tiempo que
no existe, sólo permanece su mito. La humanidad en su conjunto hace ya tiempo
que traspasó el umbral por el cual su nivel de competencia tecnológica le
otorga un poder más que suficiente para garantizar unos niveles suficientes de
seguridad y confort material sostenibles y universalizables.
Si los hechos no van en
esta dirección es esencialmente por una cuestión disciplinaria, de dinámica y
gestión del poder. En estos momentos es más actual que nunca la siguiente
afirmación de Marcuse: "Mientras más cercana está la posibilidad de liberar
al individuo de las restricciones justificadas en otra época por la escasez,
mayor es la necesidad de extremar estas restricciones para que no se disuelva
el orden de dominación establecido". Y es aquí dónde el CC-P juega el papel de Gran Timador. Su misión será
mantener y recrear artificialmente una cultura de la escasez en la realidad de
la sobreabundancia, apuntalando un sistema de producción masiva de aquello que
excede a
las necesidades. Esto
es, el complejo
publicitario ha de
recrear incesantemente
necesidades: en palabras de Paco Downhill, director de Envirosell, consultora
pionera en la "ciencia del shopping" y asesora, entre otras
corporaciones, de Citibank, McDonald´s o U.S. Mail: "Si sólo fuéramos a
las tiendas cuando necesitamos algo, la economía del planeta se colapsaría...
Hoy a las tiendas vamos a tener una experiencia sensorial agradable"35. Y,
cual mercader del descontento (en palabras de B. Earl Puckett, director de
Allied Store Corporation: “Nuestro trabajo es hacer infelices
34 “Mitoanálisis de la publicidad” de José
Luís León, Ariel, 2001
35 “La Vanguardia” 6/5/02.
a las mujeres con lo
que tienen”), perseguir implacablemente a quienes creían tenerlo todo en la
vida.
La sobreproducción y el
consumismo compulsivo al lado de las devastaciones de la miseria, la disciplina
y la mística del trabajo como consumación sadomasoquista conviviendo con el
paro estructural y la subocupación son contradicciones aparentes: cara y cruz
de una realidad en la que el trabajo humano hace mucho tiempo que,
objetivamente, no está orientado a superar la pobreza (como concepto físico,
como escasez) tal y como sigue insistiendo la mística capitalista del trabajo,
sino que
en realidad está al servicio
de unas ínfimas
élites de poder
imbuidas de un fundamentalismo mesiánico radical. Élites
que tienen en el hiperconsumismo (como realidad o promesa religiosa) un
instrumento estratégico clave para asegurarse la obediencia de las clases
medias planetarias, auténtica guardia pretoriana del orden establecido, y el
bloqueo mental del resto.
En este contexto, la
publicidad asume funciones disciplinarias y de control social. En palabras del
ex-director mundial de publicidad de Coca-Cola, David Wheldom: "Con la
ayuda de una buena estrategia, de buenas ideas y de una buena publicidad, el consumidor
del 2000 va a estar donde queramos que
esté"36. Estas funciones
disciplinarias y de
control del CC-P
pueden translucirse a través de su propio doble lenguaje. Así, mientras
que para los consumidores el discurso publicitario se nos muestra como un
amante seductor que nos susurra al oído, un colega, un predicador que nos
ilumina o un clown que nos hace reír, para los publicistas -y de puertas para dentro- utilizará un lenguaje propio del poder en su
versión militar: campañas, impactos, objetivos, estrategias, etc. El propio
lenguaje revela mucho más de lo que dice; nos descubre el CC-P como una
auténtica máquina de guerra ideológica al servicio de un modelo de sociedad
objetivamente basado en el capital, el mercado y el binomio exclusión / consumo
y subjetivamente basado en la satisfacción alucinatoria de deseos delirantes.
La publicidad y la
propaganda son la cara amable y democrática de la censura y la represión bruta
de los estados totalitarios. El temor y el miedo también son literalmente
energía, y la publicidad será capaz de traducir este miedo en energía
magnetizada hacia las mercancías. En este caso mercancías amuletos, fetiches
investidos de fascinantes poderes exorcistadores.
Por ejemplo: los nuevos
flujos migratorios (como efecto colateral inevitable de nuestras opciones
concretas de globalización) entre otras triquiñuelas, siempre son traducibles
en espectaculares incrementos de limpiadores y desinfectantes: la potenciación
obsesiva y neurotizante de tales productos, más allá de toda base racional, es
virtualmente todo un pre-programa que pre- condiciona al inconsciente colectivo
en la legitimación de actitudes, comportamientos y políticas xenófobas. En esa
línea es ya un clásico (quizás ahora ya un poquito naïf para nuestros
sofisticados
36 En “¿Conduces o te conducen?” de Enrique
Alarcón en www.rebelion.org.
paladares) la
película de Goebbles
(¡qué gran maestro
publicitario!) en la
que subrayaba y potenciaba todos los peligros, miedos,
ascos y angustias asociadas a las ratas para después vincular sin especiales
sutilezas ratas y judíos. Se empieza con exagerar neuróticamente la limpieza de
ropa con jabones “antibacterianos” (una idiotez suprema) y se puede terminar
con otras limpiezas. Se están potenciando otras limpiezas que, tarde o
temprano, lo dejan todo perdido de escombros y sangre. Curiosamente, en una y
otra limpieza se están utilizando las mismas palabras e imágenes- fuerza:
amenaza, invasión, perturbación del orden / salud, lucha contra el mal, etc.
Después de un millón de
anuncios, y en un contexto cultural audiovisual regido por la lógica
espectacular-publicitaria, es fácil entender porqué todos los problemas
sociales tienden a disolverse y difuminarse en un mar de publicidad (en el que
todos los estímulos se nos ofrecen en una sucesión breve y fugaz,
descontextualizados e indiferenciados): el efecto no puede ser otro que una
percepción en la que se confunden causas y efectos y donde todo termina siendo
irrelevante. En estas condiciones, la tendencia hacia la pasividad y la apatía
se impone como opción natural y lógica.
Resumiendo37:
1- La publicidad, a
través de su ubicuidad y perpétua reiteración -multiplicidad de sus
manifestaciones y presencia redundante en todo tipo de escenarios públicos y
privados- constituye algo más que un simple instrumento dirigido a apoyar la
venta de productos y servicios.
En la práctica
constituye uno de los más relevantes instrumentos que organizan la cohesión
social en las vigentes sociedades capitalistas: presupone la difusión de una
ideología específica que impregna todos y cada uno de sus mensajes.
2- Mediante el complejo
comercial-publicitario (cc-p) el poder corporativo sobredetermina la
usurpación, organización y gestión de uno de los bienes y espacios más
estratégicos y radicalmente públicos y sociales: la dialéctica de la
información/comunicación y la
elaboración simbólica. ¿No es este ámbito tanto o más esencialmente un bién
público como puede serlo la sanidad, la educación o la administración de
justícia?
Esta evidencia
presupone la perversión de la sacrosanta libertad de información y comunicación
social: esta apropiación reduce la supuesta libertad a la práctica
arbitrariedad e impunidad corporativa, con total desprecio de todos los ámbitos
antropológicos, colectivos y sectores no mercantilizados. De hecho implica una
quasi dictadura simbólica, un neo-fascismo, del mundo corporativo sobre la
totalidad del cuerpo social: la plaza pública ha sido secuestrada por el
patrocinio corporativo que, a cambio, impone imponentes y maniáticos gorilas en
todos los accesos...
37 A partir de un documento no publicado de
Antonio Caro
3- Uno de los objetivos
estratégicos clave de la publicidad puede resumirse en: crear e inyectar en las
cosas la ilusión de que éstas son la principal fuente de satisfacción de
nuestras infinitas e insondables necesidades inmateriales: emocionales, de identidad
y relación, de sentido,etc...
Estamos hablando de
concentrar en las actividades individualizadas de consumo el conjunto de las
expectativas personales y sociales en detrimento de todo tipo de actividades
conflictivas con dicho fin: espacios convivenciales y de socialización no
mercantilizados, la militancia política, la participación ciudadana en causas y
movimientos sociales, la solidaridad con los excluidos de las mieles de la
sociedad de consumo, etc.
4- La publicidad ha
pasado a desempeñar una función económica fundamental en
el marco del capitalismo hoy
vigente. En nuestros
días la publicidad asume una
función clave: vaciar
el producto de su materialidad con objeto de que, reconvertido en
signo/marca, resulte inasible para el consumidor-fuerza productiva.
A través de esta
transfiguración, la generación de sentido, identidad y la construcción social simbólica prácticamente
se identifican con actividades de consumo en un continuo circular de marca en
marca que no encuentra su punto de reposo en la posesión plena del producto.
Cuando el signo de la
mercancía se impone sobre la mercancía y la producción material es reemplazada
por la producción semiótica como fuente de valor, la valorización del capital
se dota de una libertad de movimientos acrecentada: en la práctica deviene como
la fuente primordial de generación de plusvalía en el marco del capitalismo hoy
vigente.
5- Los objetivos y las
funciones desempeñadas por la publicidad empujan a un hiperconsumismo carente
de cualquier medida y únicamente a expensas de las ansias capitalistas por
valorizar el capital.
La producción se aleja
progresivamente de una producción dirigida a la satisfacción de las necesidades
sociales e individuales, poniendo con ello en cuestión la supervivencia del
propio planeta Tierra.
PROFANANDO EL TEMPLO
En nuestra cultura lo
mágico y mítico oficialmente está expulsado del mundo de la ciencia y el
progreso, del trabajo y lo políticamente correcto. Pero estas dimensiones son
vitales para los humanos porque son, también, formas imprescindibles de
elaboración simbólica de nuestro existir. Estos aspectos expulsados de la
cotidianeidad, y que antiguamente se articulaban entorno a lo mágico-religioso,
se refugian en el espacio-tiempo de lo lúdico: novelas, cuentos, películas,
liturgias musicales y... en ridículos anuncios.
Entre otros, el
espacio-tiempo publicitario es utilizado como vehículo de manifestación y
afirmación de estos mitos o arquetipos. La publicidad, al asociar lo profano
intrascendente (mercancías, chismes) con lo numinoso (valores, mitos y
arquetipos propios de nuestro imaginario histórico y colectivo) induce dos
efectos contradictorios: las cosas se antropomorfizan y humanizan al tiempo que
lo humano se cosifica. Consideremos más detenidamente esta afirmación:
a) Lo profano y lo
banal se carga de numinosidad mítica / arquetípica: desde la comida y el papel
higiénico a las legítimas pero mediocres e intrascendentes pulsiones
egocéntricas (éxito, admiración, auto-afirmación, etc.) se convierten en sí
mismos en símbolos, en llaves de acceso a una auténtica Tierra Mítica preñada
de pruebas iniciáticas, retos heroicos (pero siempre vicarios) y experiencias
totales y fascinantes. Los grandes relatos de las tradiciones religiosas, los
grandes y pequeños relatos de la tradición popular y la ilustrada, las grandes
obras de referencia en el campo de la creación artística de todos los tiempos,
las imágenes de los héroes de todo tiempo y lugar... todo está disponible para
su privatización gratuita mediante el simple mecanismo de asociar e incrustar
la banal mercancía en el círculo de influencia de las auras de poder y
fascinación de las imágenes numinosas fijadas en el consciente / inconsciente
individual y colectivo.
b) Los símbolos e
imágenes concretas de lo sagrado y
numinoso de nuestro patrimonio histórico y colectivo, se erosionan y
devalúan, se agotan. Este patrimonio al vincularse a lo banal, a su vez,
también se banaliza: el infierno se convierte en una ridícula tostadora, Dios /
Volvo dona al mundo no ya a su hijo, sino un coche. Ghandi ya no convoca una
campaña de insumisión fiscal contra los presupuestos de guerra sino que
promociona una corporación informática. En una deriva del espacio
mágico-religioso al químico-comercial, la numinosidad asociada a la palabra
“milagro” (irrupción benigna de lo sagrado en lo cotidiano), por ejemplo, puede
desplazarse al milagro antigrasa de Fairy. La numinosidad asociada a las
palabras atribuidas directamente a Jesucristo (“Quién me ama me seguirá”) se
transmutan en las sensuales tentaciones de unos pantalones de un tal “Jeans
Jesus” o “Por sus Frucos los conocereis”. De hecho, si el mismo Dios espera
impaciente
el bocadillo de
Pans&Company, en realidad es Pans&Company / La Corporación el verdadero
maestro de la Historia: La Corporación como neo-Dios.
La metafísica del
cuestionarse “¿de dónde vengo, a dónde voy?” es superada y ridiculizada por la
máquina / VW / Corporación: “Y, sobre todo, ¿por qué sabe mi Golf la
respuesta?”. El CC-P pretenderá transferir magia transcendente a las marcas y
mercancías mediante reiterados guiños y triquiñuelas retóricas varias: "No
es bueno que el hombre esté solo (Loewe)”; "A tu imagen y semejanza
(Marlboro)”; "No desearás al Diesel de tu prójimo (Mercedes)”; "...Y no los dejes caer en la tentación
(Pioneer)”; "El milagro de las carnes y los peces (Corberó)”.
El placer y la culpa,
la tentación como disociación o contradicción entre las dimensiones de nuestro
ser sensual y las de nuestro ser trascendente, entre nuestro ser individual y
social, es resuelta por la radical negación de tales contradicciones: todo es
placer. Y esto se escenifica, por ejemplo, diluyendo e intercambiando los
papeles entre ángeles y demonios. El ángel siempre cae en la tentación, caída que no implica castigo alguno sino
verdaderos orgasmos celestiales. Mientras, la culpa, como inevitable sombra del
bien y el valor, se proyecta enajenada de sí misma. ¿Dónde irá? Al propio
cuerpo como tal. Nuestro pecado o culpa será nuestra caspa, el mal aliento,
nuestros cuerpos pecadores, nuestra ropa sucia, etc. La lucha contra el Mal en
el cosmos publicitario no puede ser otra que una cruzada contra lo feo, sucio,
anorgásmico y maloliente y viceversa. Para nuestro ser mágico, la “suciedad
exterior” siempre es un reflejo de la interior. He aquí el porqué del
fomento de esta
obsesión psicótica por ir siempre “más
allá de la
superficie” y así vamos: alucinando por el interior de las
sábanas buscando nuestra virginidad, nuestra inocencia (literal y simbólica)
perdida. No es por casualidad que una de las palabras mágicas más utilizadas
por el CC- P sea “pureza”.
Así entendido, el
sentimiento de culpa es inteligentemente fomentado hasta la histeria para
generar la energía precisa que impulse nuestra redención en forma de compra. El
pecado redimible por una adquisición no puede ser más que fruto de nuestra
ignorancia respecto lo “nuevo”. Lógicamente, solo cabe nuestra conversión
mediante la ciega adhesión a los exhortos de nuestros omnipresentes y
condescendientes vigilantes (amigos, vecinos, ángeles, genios, mascotas, la voz
en off como emanación directa de la divinidad, etc). El mecanismo básico que el
discurso publicitario activa aquí es el secuestro y la parasitación de nuestro
ser simbólico-moral. Ser simbólico-moral que, por otro lado, en nuestra
consciencia diurna se nos invita a despreciar y / o banalizar. El problema
moral, las opciones del “qué ser / hacer” que todo sujeto debe afrontar, se
proyecta hacia “qué mercancía / fetiche
consumir”. Sea nuestro mal físico, psíquico o filosófico, da igual; todo es
reducible o exorcistable por la poderosa magia inyectada en los productos
anunciados.
La adaptación de la
imaginería religiosa a las estrategias publicitarias es, con el sexo, uno de
los principales recursos tópicos porque lo trascendental y lo sensual conforman
uno de los dos ejes trágicos de “lo humano”: las cosas, sean yogures, verduras,
cervezas o vodka, adquieren (gráfica y literalmente) el halo de santidad,
potencia o energía propia del universo religioso o mágico. En el mundo
publicitario estamos rodeados de ángeles y seres benefactores, unos bajo forma
femenina si se quieren enfatizar sus virtudes gráciles y encantadoras, o serán
ángeles o genios masculinos si se quiere resaltar su dimensión protectora.
“Espíritu” es otro de los conceptos mágicos más subrayados en infinidad de
anuncios, porque nos remite a aquello que por razón ilustrada hemos de negar en
nosotros, pero sin el cual estamos muertos. El espíritu o alma como símbolo
vinculante e integrador del yo con el cosmos, enajenado de sí mismo, migra a
las “cosas”, mientras ¿qué es un cuerpo vivo sin alma? Un zombi. En este sentido
el CC-P funciona como una institución especializada en dotar de un alma
pensante a las mercancías, produciendo así una espiritualización de la materia
y, por ello, otorga a lo espiritual o trascendente la condición de cosa, es
decir, su radical trivialización.
Ejemplo práctico:
dinero y mística.
A mediados del año 2002
las oficinas de La Caixa de Catalunya, como signo concreto y como símbolo universal de todas las instituciones
financieras de todos los tiempos, estaban decoradas con unos carteles que exponían
impúdicamente y sin engaños su identidad y función real; "Pídenos un
deseo", "Explícanos tus ilusiones", "Confíanos tus
sueños". Retengamos de entrada estas tres palabras mágicas, cierren los
ojos y saboréenlas: deseos, ilusiones y sueños. Por supuesto, cada lema era
ilustrado con IMAGENES de lo que deben de ser tus DESEOS / ILUSIONES / SUEÑOS:
ordenadores de mesa y portátiles, coches, piscinas, viajes exóticos, etc. Todos
tus DESEOS / ILUSIONES / SUEÑOS son o
han de ser mercancías concretas. ¿A quién se piden los deseos? A los genios de
las maravillosas lámparas mágicas, a los dioses, a los amos, a los reyes. No
hace falta recordar que en la tradición occidental éste es un cuento muy, pero
que muy viejo. ¿Quién se ofrece siempre a satisfacer todos nuestros deseos y
alimentar nuestros sueños con alucinantes ilusiones (de ilusorias) gratas al
ego y a nuestros sentidos? En nuestra tradición este señor es un tal Luci (el
de las tostadas) o, si se quiere enfatizar el lado morboso del asunto, Belcebú,
el señor de las moscas; el señor de los innumerables, contradictorios y
aturdidores deseos. ¿A quién explicamos nuestras ilusiones? A nuestros padres,
amigos, amantes, a Dios o a la Virgen santísima. ¿A quién entregamos las llaves
de nuestros sueños?
La Caixa de Catalunya
simplemente es una cristalización concreta del sistema financiero, luego, ¿qué
está diciendo el financiero colectivo? Dice: "Yo soy Dios, el omnipotente
y compasivo, tu padre y tu amigo... ven, ábreme tu corazón y yo te colmaré.
Ven, cierra los ojos y reposa en mi regazo, yo vigilaré tus sueños y todo en tí
será saciado. Ven hijo, amigo
amado". Sólo falta añadir: "Cuando cuente hasta tres despertarás y
verás tres elefantes rosas volar; uno, dos... ¡tres! Y el mundo es como lo
ves”.
TEOLOGÍA DEL CONSUMISMO
El director de una de
las mayores agencias de publicidad del mundo, la Young & Rubicam, compara
sin pudor a las agencias de publicidad con los misioneros; "Las religiones
se han basado en ideas poderosas que confieren significado y objetivo en la
vida... las marcas constituyen la nueva religión. Las personas se vuelcan en
ellas en busca de sentido". Una de nuestras hipótesis claves es que el
consumismo es la auténtica y más potente religión del siglo XXI.
Definiremos consumismo
como aquel contexto cultural -y psicológico- en el que sus miembros tienen como
una de sus fuentes básicas de gratificación metafísica (identidad, sentimientos, emociones, etc.)
la obtenida a través del consumo imaginario o real de marcas inyectadas en
mercancías. Consumo imaginario en tanto que éste es de marcas y consumo real en
tanto que éste es de mercancías marcadas. El consumismo presupone que todas las
dimensiones del ser humano (trascendentes, convivenciales y comunitarias, afectivas,
etc.) y sus necesidades son saciables en y por las mercancías. Mercancías
dotadas de todo tipo de poderes mágicos y de un alma o espíritu (personalidad
de la marca). En palabras de Seguelà: “¿Qué tienen en común un frasco de Dior,
un envase de Perrier y una botella de Ricard? Sus raíces... trozos de nuestra
alma.”
El principio metafísico
fundacional es tan simple como éste: “consumo, luego existo”. Consumo como
equivalencia de felicidad
y sentido. Identidad,
seguridad emocional,
autoafirmación, amor, sensualidad, estatus social, rebeldía, etc., todo es
saciable mediante las mercancías. El Paraíso existe y está aquí, en el centro
comercial. Centro comercial del cual emanan todas las potencias (todas las
percepciones sensoriales, cognoscitivas, emocionales y morales, sean de
belleza, inmortalidad, vida, poder, juventud, pertenencia, solidaridad, etc. )
encriptadas en las marcas: pasear por los centros comerciales se está
convirtiendo en una de las actividades más gratificantes y, al mismo tiempo,
más agotadoras. Estos centros irradian subliminalmente puros poderes mágicos
que nos sobre-estimulan y gratifican, incluso sin necesidad de comprar nada.
Mientras paseamos ante los escaparates, ricos y bellos nichos que nos presentan
los venerables objetos y símbolos de consumo rodeados por bellas sacerdotisas;
subliminalmente nuestra mente actualiza simultáneamente todas las emociones y
sensaciones asociadas a todos los reclamos publicitarios incrustados en nuestro
cerebro.
Hablamos de consumismo
cuando el consumo opera como mística e ideología fundacional de nuestra
presencia en el mundo. Consumo como forma de relacionarnos y autopercibirnos
que subordina cualquier otro referente ético, ideológico o cultural. El
consumismo, pues, no es consumir mucho o demasiado, sino hacer del consumo el
centro articulador y significador de nuestro existir.
Si este principio
elemental, este 666 mítico, está gravado con fuego en nuestra mente implica
necesariamente, queramos o no, la negación y estrangulamiento radical tanto de
lo político como de lo trascendente.
Negación de lo político
entendido como la negación del tiempo y la energía que orientamos a lo público
y transitivo, es decir, como personas interdependientes de comunidades de
convivencia. Ciudadanos (que no consumidores) corresponsables los unos con los
otros. La pregunta del millón es esta: ¿qué actividad y dimensión humana
consume más tiempo y energía (económica, emocional, cognoscitiva y motora)? ¿La
cívico-social o la comercial-publicitaria?38
En este contexto, las
dimensiones de lo social y
público/político se reducen a la defensa de nuestro personal espacio
vital en el paraíso comercial-publicitario, porque ésta es la verdadera Gran
Promesa, nuestra utopía íntima. En un contexto consumista la política tan sólo
puede ser inteligible en tanto que promesa comercial-publicitaria o guerra contra las mil caras del terror
(aquella realidad que niega el discurso y espectáculo publicitario hecho carne
en el centro comercial) y contra los desviados, es decir, aquellos que están
fuera o contra los cánones de la identidad publicitariamente establecida.
En la teología del
consumismo, la trascendencia -aquel espacio vivencial, existencial y simbólico,
que se percibe como ilimitado y sin imagen u objeto; que sustenta y orienta
nuestras vidas- tan solo es perceptible como una compulsión insaciable de buscarnos
a nosotros mismos a través de las infinitas metamorfosis de la mercancía. Es
decir, lo trascendente se revela como un estresante, interminable e infernal
laberinto de promesas publicitarias.
La fuente de donde
emanan el valor, la verdad y la realidad
históricamente se identificaba y elaboraba entorno a lo divino y lo sagrado.
Hoy el CC-P ubica esta fuente entorno a La Corporación proveedora de mercancías
espiritualizadas en eterna rotación y sustitución. Así, nos encontramos con la
paradoja de que mientras Marx y Freud buscaban en lo sagrado la proyección de
lo profano, el consumismo mediante el CC-P consigue proyectar lo sagrado
(aunque a menudo sea a través del sarcasmo, la burla o la comicidad) en lo
profano.
El consumismo exalta
hasta el paroxismo la primacía absoluta del deseo y la voluntad individual. La
totalidad de las energías se han de reflejar en el espejo de la mercancía, en
sus potencias fascinadoras y salvíficas. Esto presupone e implica una radical
hipertrofia del egocentrismo que todos podemos llevar dentro, elevándolo a
virtud cardinal. Todos los estímulos se dirigen a centrar la atención de los
ciudadanos en sus propias e individuales pulsiones. Este proceso de hipertrofia
narcisista induce a una mutación antropológica: mientras que las redes y
relaciones de
38 Principio de Torres: “Todo
ciudadano sumergido en un contexto publicitario adecuado, con la intensidad y
persistencia oportuna, tiende a mutar en consumidor”
los ciudadanos tienden
a difuminarse y desvanecerse, éstos últimos tienden a mutarse en
consumidores aferrados en los límites
de la propia
subjetividad. Estamos hablando
de egos sustraídos de
todo contexto o
referente histórico, social
o colectivo. Egos
aislados y solos, fascinados y ensimismados ante el
espejo de sus propio deseos: no es por casualidad que las palabras más
utilizadas en el universo publicitario hagan referencia a la primera y segunda
persona del singular: tú, tus, me, mi, te y ti. “La macroeconomía, la
macroeconomía, pero sobre todo mi economía”, “Porque tú lo vales”, “Hacemos
realidad tus sueños”, “Mímate”, “Especialistas en ti”, “Tu Polo y tú”, etc.
Estamos hablando de unos seres para los que todo girará alrededor de sus
posesiones, mercancías, sueños y frustraciones. En este contexto, el
ex-ciudadano ahora convertido en consumidor sólo puede esperar de La
Corporación las respuestas de salvación. Como acólitos de esta neo-religión,
las oraciones de los consumidores giran entorno a su propio yo y el alcance de
sus impulsos permanece circunscrito al ámbito reducido de su pequeña comunidad
egocéntrica.
El consumismo, como
coherente credo, crea el cielo y en consecuencia también crea el infierno. La
publicidad/propaganda es un enorme garrote incrustado en nuestro cerebro: toda
ella ejerce una enorme, sugestiva e irresistible fuerza en forma de Gran Amenaza.
Detrás de toda Gran Promesa de felicidad total a los amantes devotos, sólo cabe
la Gran Maldición del infierno total a todos los que no quieran o puedan serlo:
¿qué es la vida sin “la chispa de la vida”?
La voz en off (voz
superior e incuestionable de la verdad y realidad última, incorpórea, lanzada
sobre la tierra del consumo) se identifica estructuralmente con los atributos
divinos: la obediencia será también uno de los valores supremos potenciados hasta
el paroxismo. Incluso las apelaciones a la rebeldía son conformadoras en tanto
en cuanto dejan muy claro que las pulsiones rebeldes (inevitables, por otro
lado, en los humanos en proceso de domesticación) se han de dirigir contra el
propio cuerpo y hacia mercancías alternativas. Mercancías que continúan
ejerciendo la función de fetiche y, por ello, siguen impulsando la noria en el
eje incuestionable: la mercancía fetiche hija predilecta del Dios Mercado.
Tal y como en el
antiguo régimen los sacerdotes adoctrinaban y anestesiaban a los siervos, los
profesionales y publicistas del CC-P son los reencarnados curas que tienen por
misión ayudar a resolver el principal problema del marketing, que no es vender
(ni mucho menos fabricar) un producto, sino producir consumidores sumisos
minimizando costes. Así pues, por lo que respecta al consumismo, el CC-P ejerce
una función estratégica fundamental: él es el principal agente evangelizador de
esta nueva religión y heraldo de la última revelación: “Consumo, luego existo”.
Este paradigma perceptiva y emotivamente se gravará con el fuego de las
centenares de miles de cerillas (impactos publicitarios anuales) que directa e
indirectamente (a través de las personas que nos rodean, multiplicando y
reforzando sus efectos sugestivos), en todo tiempo, lugar y forma nos
estimulan sensorial y
emotivamente. A lo largo de nuestras vidas estas cerillas serán millones,
convirtiéndose así en un auténtico lanzallamas que, literalmente, puede reducir
nuestro cerebro a auténtica carbonilla. Nuestros cerebros así carbonizados sólo
podrán ubicar y percibir su humanidad en y a través del consumo imaginario y
real de mercancías.
FÍSICA Y QUÍMICA DEL
SUICIDIO
Si construimos nuestra
vida personal y colectiva en base a mercancías marcadas es lógico e inevitable
el suicidio ético y, lo que es más radical, el suicidio físico.
Física del suicidio
El suicidio físico es
una posibilidad muy razonable: vivimos en un mundo físicamente limitado y
sometido a las leyes de la termodinámica y la biosfera. El mundo psíquico e
imaginario de los mamíferos
racionales y trascendentes
es, literalmente, insondable e infinito.
Pretender rellenar este abismo con el limitado planeta tierra es, cuanto
menos, estúpido. Para este proyecto suicida no es necesaria la implicación de
todos, es suficiente con una determinada masa crítica que legitime e imponga
unos determinados estándares sociales. Es la gracia que tiene el vivir en
sociedad: la integración social implica unas servidumbres independientemente de
nuestros deseos o impulsos subjetivos. Por ejemplo, vemos como las personas,
con un leve toque de sensibilidad ecológica, han de invertir grandes cantidades
de tiempo y energía mental y física (a las que no siempre pueden recurrir)
para, simplemente, minimizar aunque sólo sea simbólicamente el impacto
ecológico generado por todos los envases y embalajes que, obligatoriamente,
aprisionan las provisiones.
Vivir psíquica e
imaginariamente en y a través de las cosas presupone una presión que tenderá
siempre a desbordar los límites de la realidad y la evidencia física. La actual
ceguera histérica -ver sin ver ni reaccionar- del mundo desarrollado ante las
crecientes crisis ecológicas es lógica e
inevitable. No es un
problema de datos, conocimientos
o informaciones... no es un
problema del ojo físico sino del mágico: estamos ante una constelación mental
mórbida. La llave de la gestión responsable y viable del medio ambiente no está
en el plano de lo real, consciente o racional. La llave está en el plano de lo
imaginario, inconsciente y emocional. He aquí la gran cuestión: el poder mágico
del CC-P está en su capacidad para convertir la materia / energía física de las
mercancías en auténticos chutes psíquicos, y como tenemos una psique infinita,
ésta está compulsiva y literalmente esnifándose el planeta. Convertir el
consumo de materia / energía en un chute
psíquico implica:
1- Potenciar la
excitación que supone acentuar y realzar todos nuestros miedos, demonios y
carencias emocionales y
psíquicas. Carencias referidas a nuestro ser como mamíferos, como seres
racionales y, por supuesto, como seres trascendentes. La quintaesencia de la
industria de la conciencia está en su capacidad para subrayar, inducir y
potenciar nuestra infelicidad metafísica.
2- Transformar
alquímicamente esta infelicidad metafísica en promesa de felicidad mediante
chutes mercantiles. Como podemos intuir, la hipertrofia de esta lógica orienta
y focaliza nuestra percepción exclusivamente en nuestras sensaciones, ideas y
experiencias internas. Somos incapaces de captar significativamente la realidad
objetiva situada más allá de nuestras inmediatas y egocéntricas películas. La
realidad objetiva, simplemente, se desvanece.
Pregunta: ¿Cuál
puede ser el
final de esta
historia? un piloto,
concentradísimo en el visionado
de una película “porno”, está conduciendo un bólido a 222 Km / h y...
Suicidio de la
metafísica
Todos nuestros actos
reales tienen unos efectos reales. La ética es aquel espacio virtual en el cual
se previene y evalúa estos efectos respecto a unos valores y contravalores de
referencia. Esta evaluación se realiza con un objetivo evidente: adecuar y armonizar
los efectos de nuestros actos con nuestros valores. Es decir: el espacio ético
personal es nuestra brújula de navegación. Sin espacio ético subjetivo no es
posible realizar nuestro potencial de libertad humana, de una integración
íntima y coherente de los diversos planos de realidad.
En el mundo concreto
tenemos que detrás de cada producto, mercancía o marca, hay unos flujos
energéticos y materiales que tienen una larga y compleja historia: con el
actual nivel de globalización las mercancías incorporan materia y energía de
los cuatro puntos cardinales del planeta, con sus correspondientes impactos
materiales y energéticos, individuales y agregados. En otras palabras: hoy, más
que nunca, alrededor de las mercancías hay constelados hologramas39 del planeta
tierra y son las grandes corporaciones gestoras de las marcas y mercancías
planetarias las que organizan y canalizan la verdad física de nuestro ser
personal en el mundo.
Por otro lado,
constatamos que las industrias de la conciencia tienden a saturar nuestra
percepción en el tiempo. Cual gigantesca lupa, el CC-P concentra nuestras
energías psíquicas en vivencias delirantes a través de mercancías que seductoramente se
ofrecen a nuestro deseo personal,
individual, íntimo. No hay tiempo, no hay espacio, no hay energía psíquica
disponible y
39 Imagen tridimensional en la que cada
punto de la misma contiene información de la totalidad de la propia imagen.
suficiente para
alimentar campos que den significación, relevancia y valor a las percepciones
de la realidad física más allá de las mercancías en su evidencia literal, en sí
mismas. No podemos percibir ni cargar emocionalmente los impactos reales de
nuestro consumo porque tenemos focalizadas todas nuestras energías psíquicas en
las vivencias y emociones que éstas (las mercancías) personal e individualmente
nos sugieren. La industria de la conciencia no deja tiempo, espacio ni energía
suficiente para percibir, conocer y cargar emocionalmente qué diablos estamos
haciendo a través de nuestro consumo en el plano de lo real y físico. Si esto
es así, una ética ecológica es un puro pero estéril anhelo, una entelequia.
La ética ecológica, en
último término, no es más que una de las facetas de la ética trascendente,
aquella ética que llena de sentido nuestra vinculación y relación con todo
aquello que está más allá de nosotros mismos, de nuestro ego, tanto en el
espacio como en el tiempo. Nuestra dimisión ética en el plano ecológico
significa también que como elementales mamíferos nos desvinculamos y
despreocuparnos de nuestros hijos. Si esto ya es así, ¿cómo no desvincularnos y
despreocuparnos de nuestros prójimos? En el mundo de lo real, detrás de cada
producto, mercancía o marca, además de la física o cuestión ecológica hay una
metafísica o cuestión antropológica: con el actual nivel de globalización las
mercancías incorporan la sombra de los poderes que desde todas partes (y a
través de TODA la historia) las han configurado desde las entrañas del sol y la
tierra hasta nuestros escaparates. Estamos hablando de unos flujos y remolinos
de poder que tienen una larga y compleja historia, con unos incuestionables
impactos económicos, políticos, éticos y religiosos. Entre otros, estos poderes
son corporaciones que inciden sobre la globalidad de personas concretas,
comunidades y países. Si por activa o por pasiva no queremos o no podemos ver
los efectos reales inducidos por las redes de empresas concretas que nos
ofrecen las mercancías concretas que podemos o no desear, si no queremos o no
podemos ver todo esto, no hay ética social posible. Si, por supuesto, obviamos
la ética de Caín, que también es una opción.
Además de nuestras
satisfacciones, utilidades y alucinaciones subjetivas diversas, la compra de
una mercancía determinada objetivamente implica un comprometerse con el
vendedor colectivo y un corresponsabilizarse (seamos o no concientes, queramos
o no) con todos los efectos reales directos e indirectos generados en los
procesos necesarios para su elaboración y comercialización.
En las distancias
largas, el dinero es el principal operador de nuestra dimensión ética, como
símbolo que une y relaciona quántums de poder físico (sobre la energía y
materia cuantificable) y hologramas de poder metafísico o subjetivo. Pero en
este recorrido el dinero como energía afecta y es afectado por diversos y
complejos campos. De todos modos, y por lo que aquí respecta, es suficiente
constatar que el dinero es uno de los operadores simbólicos más básicos y
evidentes en la relación valores / efectos. Cada vez que entregamos dinero a
alguien no le entregamos sólo poder
sobre cosas sino que
ahí va también nuestra alma, nuestro complejo metafísico. La ética del dinero y
el dinero de la ética es la tabla del nueve de todo compromiso ético más
allá de la pura alucinación narcótica y
sentimentaloide. El dinero sí tiene color, olor y sabor. Tiene historia e
incluye sueños, proyectos y pesadillas. Otra cuestión es que nuestras
enfebrecidas mentes y nuestros sentidos embotados no quieran o
no puedan percibir estas cualidades. De hecho,
como todo símbolo, el dinero ni
va ni viene, está inmóvil en el fondo de la cámara oscura de nuestra mente. En
realidad somos nosotros los que nos movemos, sudamos, soñamos y sufrimos.
El olor del dinero es
nuestro olor, el olor de los unos y los otros. Nuestro poder subjetivador real,
personal y colectivo, más allá de las relaciones personales inmediatas, está
estrechísima y directamente vinculado a nuestra voluntad y capacidad para impregnar
al dinero con nuestro olor personal y colectivo. Impregnar nuestro olor
significa introducir nuestro código en el programa del dinero. Aquél que
relaciona la metafísica de nuestros valores y proyectos éticos -personales y
colectivos- con la física de los efectos que tiene en el mundo el uso de
nuestro dinero. Como consumidores, es
un hecho lógico y natural, evidente, esperar y exigir del sistema financiero nuestro máximo
interés, pero haciendo total abstracción y dimisión del cómo se consigue. ¿Por
qué hemos vendido nuestros códigos al Banquero Colectivo por tres veinticinco
lentejas (nuestra preciada tasa de interés)? Desde un punto de vista práctico
esto certifica nuestra dimisión real como sujetos y, por tanto, nos convierte
en capones para la cena del "otro". La cena de quienes sí tienen lo
que hay que tener para asumir con coherencia y congruencia un compromiso ético,
una voluntad férrea de poder, de querer marcar con su personal orín al mundo
entero. Aunque esta voluntad sea cosificadora, aunque este compromiso sea con
la ética de Caín.
¿QUÉ HACER?. Contexto
General
1- Si nos rocían con
publicidad como si fuéramos cucarachas, hemos de aprender a hacer de sus
venenos nuestros alimentos. Entre otros aspectos, el CC-P juega con nuestros deseos, ilusiones y
frustraciones, con nuestras tensiones y conflictos internos, con los huecos de
nuestro ego y nuestras aspiraciones más nobles y trascendentes. Si esto es así,
el discurso publicitario potencialmente nos ofrece una auténtica oportunidad de
oro: la contemplación y la reflexión crítica a través del diálogo a partir de
les diferentes propuestas publicitarias y el aprendizaje de los mecanismos
emotivos e inconscientes desde donde éstas actúan, puede suponer también una
privilegiada vía de autoconocimiento y maduración psicoespiritual. Porque si la
publicidad es expresión y concreción de nuestras tensiones y conflictos, de
nuestras esperanzas y deseos, ésta puede ayudarnos a acceder a las zonas más
ignoradas y ocultas de nuestro propio inconsciente (personal y / o colectivo),
a un auténtico encuentro entre el mundo exterior y el interior: “Hay que pensar
los sentimientos y sentir los pensamientos”.
2- Reconvertir y
reutilizar la publicidad como pretexto de un renovado diálogo y expresión de
conflictos políticos, económicos, ideológicos y éticos. La publicidad es
expresión e instrumento por el cual La Corporación suplanta y usurpa el diálogo
social transmutándolo, prácticamente, en un monólogo corporativo. La lógica de
este monólogo tiende a invadir física y temporalmente todos los resquicios,
espacios e intervalos de nuestro ser y estar, tanto personal como colectivo.
El espacio/tiempo
publicitario (y los contextos en los que éste se incrusta) es un espacio/tiempo
privilegiado en visibilidad y significación social y por ello potencialmente es
uno de los soportes más ricos para escenificar simbólicamente los conflictos
culturales, políticos y económicos de nuestro tiempo. De hecho es su
termómetro: la ausencia de conflicto en estos ámbitos simplemente es expresión
de la hegemonía de La Corporación, de una regresión de la subjetividad a un
estado de hibernación y la cristalización de lo político sin referente alguno
ante las realidades y verdades de la "polis".
3- Dar al César lo que
es del César... La energía fundamental que alimenta la razón y la mística
consumista en gran medida proviene, paradójicamente, de nuestras pulsiones
afectivas, espirituales y trascendentes
abortadas. Los seres humanos tenemos necesidades y capacidades
-perceptivas,
existenciales y relacionales- que en sí mismas no tienen nada que ver ni con
las cosas ni con la lógica económica o mercantil. Nuestra incapacidad para ver
estas necesidades y capacidades y darles respuesta en sus propios términos,
fácilmente puede abocarnos a obsesivas
compulsiones
consumistas. Si a nuestras angustias afectivas, de identidad o de sed de
sentido no somos capaces de
darles respuesta en
términos afectivos, relacionales
y existenciales, estas angustias -con la ayuda del CC-P- fácilmente pueden traducirse en necesidades
de consumo.
En la medida que esta
hipótesis sea válida, su implicación práctica es inquietante: no hay
posibilidad de resistencia o contraataque antipublicitario o anticonsumista sin
el desarrollo previo de unos espacios metafísicos mínimamente maduros, tanto en
el ámbito personal como colectivo.
Esbozos y Pistas.
1- Aprender el lenguaje y los símbolos que para bien y para
mal constituyen la lingua franca de la globalización. La industria de la
conciencia, con un lenguaje plenamente audiovisual, constituye una verdadera
escuela paralela. ¿Dónde está la pedagogía de la imagen? ¿Dónde está el desarrollo de una conciencia crítica y
reflexiva enfrente a los omnipresentes mass media y sus diversos códigos? La
evidencia es ésta: todo el mundo puede y sabe mirar y, por ello, es muy fácil
confundir el mirar con el ver. Aquello que miramos afectará nuestra zona
mágica, activando sensaciones, valores, ideaciones, etc., pero si somos
analfabetos audiovisuales no veremos, nunca podremos saber ni de dónde vienen
ni a dónde van estos efectos.
Parecería lógico que la
publicidad fuera uno de los objetos privilegiados de referencia y análisis,
tanto para el sistema educativo formal como para las redes culturales
informales. La ética, el conocimiento del medio social (con sus conflictos y
contradicciones más próximas y reales), la alfabetización audiovisual
–adquisición de una
competencia real para
leer o decodificar
las imágenes y escribir o codificar con imágenes- con medios
audiovisuales para una civilización hegemónicamente audiovisual, la cultura
cívica y ciudadana, etc., todo esto y más, tiene en la publicidad una fuente
inagotable de motivación e inspiración: es por todos conocido el hecho de que
determinada publicidad mola mucho. Pero en esta aventura necesaria sería
ingenuo y suicida ignorar esta evidencia: los poderes reales y responsables de
las actuales políticas educativas quieren trabajadores y técnicos más o menos
competentes, pero que a la vez sean unos ciudadanos cretinos, impulsivos,
hedonistas y fácilmente sugestionables, manipulables.
Dialogar, reflexionar y
comunicar realmente entorno a los códigos audiovisuales y la publicidad (y lo
que entorno a éstos se está movilizando)
puede contribuir a que la publicidad pierda la magia y el foco de nuestra
atención pueda llegar a iluminar a los magos y titiriteros, sus trucos y sus
tramoyas. Por estas vías, el consumismo entraría en crisis. Porque es pensando
y dialogando como los consumidores se disuelven como azucarillos y es pensando
y dialogando (en una comunicación interpersonal y real) como emergen aquéllos
más temidos por el poder: los
ciudadanos. Estamos
hablando de un auténtico choque cultural. El choque que puede suponer pasar de
la fascinación del cuelgue al asco ante la evidencia.
2- Aplicar
con la publicidad
una política a
imagen y semejanza
de los criterios
y principios que rigen la gestión pública del agua: la utilización del
espacio/tiempo público para generar beneficios económicos privados genera
polución y residuos psicosociales y escasez de espacio/tiempo cívico-público.
Es lógico que se apliquen los gravámenes económicos y las restricciones
espacio-temporales precisas y suficientes a fin de destinarlos a la depuración
psicosocial y la provisión de reservas espacio-temporales. Las reservas
precisas que, mas allá del monólogo corporativo, permitan un diálogo social
efectivo. Ejemplos:
a) Del total de la
recaudación generada por los impuestos que gravan ( o deben a-gravar) las
actividades publicitarias, ¿qué porcentaje ha de tener como destino finalista
la alfabetización audiovisual de los ciudadanos y el fomento de una cultura de
consumo racional y responsable?
b) Del total del
espacio público privatizado por el CC-P (vallas, pancartas, carteleras,
fachadas, etc.) ¿qué porcentaje en cantidad y calidad de metros cuadrados debe
reservarse para la expresión ciudadana?
c) Del total de la
energía (tiempo y dinero) que el CC-P nos confisca, como mínimo tendríamos que
intentar autoaplicarnos el diezmo por el cual -personal y subjetivamente- nos
autoimpondríamos el deber de orientar un
10% a contrainformarnos; a ver
“la otra cara del anuncio” y, sobre todo, de La
Corporación y del CC-P.
3- Jugar con la
publicidad. Individual y colectivamente hay infinitas posibilidades para
desplegar estrategias creativas tanto de defensa como ataque ante el complejo
publicitario. El sabotaje y la objeción de conciencia tienen un inmenso campo
prácticamente virgen a explorar. Veamos algunos ejemplos prácticos:
a) El CC-P podría ser
utilizado como un eficiente sistema auxiliar para disciplinar nuestra atención
y dedicar voluntad y esfuerzo boicoteador proporcional a la intensidad o
agresividad publicitaria de las diferentes marcas. Por ahí puede ir la ascética
-gimnasia psico-espiritual para la toma de conciencia e integración de las
pulsiones- del siglo XXI.
b) El CC-P como agente
democratizador y estimulador del arte. La comunicación y expresividad social y
lúdica siempre pueden tener en la publicidad un gran aliado: los soportes y
contextos materiales, los temas y eslóganes publicitarios, etc., pueden representar
para ojos y manos críticas y artísticas deliciosos boomerangs anticorporativos
y contraconsumistas. Y, más allá, propositivos40.
c) Estamos instalados
en una civilización y una economía de la información. Si esto es
40 Apartados "Piratería
Publicitaria" y “Recuperar las calles" en "No Logo" de
Naomi Klein, Piados, 2001
verdad, es de bobos y
necios facilitar gratuitamente cualquier dato que pueda traducirse en un bien
económico. Porque hacerlo así, aquí y ahora, equivale a trabajar gratis. Por esto cuando reclaman nuestra colaboración
en cualquier encuesta o sondeo (una mercancía muy valiosa) lo primero que hay
que hacer es negociar un buen precio. Y los que mantenemos una opción crítica
enfrente del CC-P sistemáticamente
tendríamos que mentir:
mentir posiblemente es la
mejor opción para sabotear uno de los instrumentos más
privilegiados del marketing como herramienta de control y manipulación: ante la
desfachatez de la pregunta la alegría de la respuesta.
4- Un clavo quita otro
clavo. En último término el CC-P no es más que la última generación o
encarnación de la ya vieja saga de profetas y sacerdotes de la religión del
Becerro. No es necesario ni juicioso dedicarle más tiempo ni energías de las
imprescindibles a combatirlo.
Sugerencia: sumar las
energías (atención psíquica, espacio/tiempo, dinero, etc.) que los dispositivos
consumistas coactivamente nos sustraen y las que uno (personal y
colectivamente) pueda orientar a combatirlos. Del total, como mínimo el doble
es el que hay que orientar a reforzar las auténticas fuentes de felicidad y
realización humana. Tres dimensiones cuya realidad y verdad son inversamente
proporcionales a su mercantilización:
1- Espacio- tiempo
contemplativo: saboreo psico-espiritual del mundo.
2- Espacio-tiempo transitivo:
relación social gratuita
y significativa. Construcción
social del espacio-tiempo humanizante
y simbólico. Vida social, comunitaria y familiar.
3- Espacio-tiempo
creativo: creatividad con esfuerzo y disciplina (trabajo con sentido) y como
arte o expresión lúdico-simbólica (ocio).
5- A grandes males...
Obviamente, todo lo que hasta aquí hemos apuntado son sólo propuestas reactivas
y paliativas frente al dragón comercial-publicitario. Si realmente queremos
domesticar al dragón, hay que plantear opciones políticas de gran calado. He
aquí un ejemplo:
a) Fijar un telón de
acero ético, social, cultural, económico y jurídico que separe radicalmente
los soportes y
contenidos comunicativos y culturales de los soportes y contenidos
publicitarios.
b) Aplicar un
impuesto especial a todas
las actividades e inversiones publicitarias. Estos recursos
económicos tendrían que destinarse a financiar tanto las iniciativas públicas
de comunicación como a co-financiar las privadas. Como criterio general, las
iniciativas comunicativas y culturales con afán de lucro quedarían excluidas de
la co-financiación pública.
c) Las iniciativas
sociales de información y comunicación han de poder financiarse mediante las
aportaciones de los usuarios y/o fórmulas de financiación social en función de
unas prioridades pública y políticamente consensuadas y objetivamente definidas.
Entre otros, un posible criterio sería el de aportar un determinado porcentaje
en función de unos datos objetivos (índices de audiencia o difusión,
aportaciones de las comunidades adheridas, etc.).
Como es evidente,
iniciativas de este tipo seguro que alzarían en armas al mundo corporativo en
defensa de la libertad de expresión. Su libertad.
Cuadrando el círculo:
El marquismo -culto a las marcas- supone que las mercancías se impregnen de
significaciones y operen como símbolos de identidad y comunicación. Ésto tiene
su lado oscuro pero también tiene su lado numinoso: es precisamente en un
contexto marquista que el consumo puede también revelarse como arte.
Consideremos con más detalle esta afirmación. ¿Qué entenderemos por proceso
artístico? Aquél proceso por el cual la subjetividad se plasma o expresa
materialmente, o viceversa: proceso activo de expresión material de nuestra subjetividad.
El código artístico es el código propio y específico de los humanos en tanto
que humanos.
El concepto arte
devuelve al consumidor su identidad real de ciudadano, sujeto y agente
constructor activo y significador del mundo. En definitiva, el proceso
artístico es aquel proceso por el cual el espíritu esculpe el mundo recreando y
transfigurando la materia sensible en símbolos de su subjetividad creadora; de
su divinidad. Mientras que el marquismo potenciado por el CC-P es el proceso
inverso y por el que el Mundo esculpe al Espíritu. Este paradigma se puede
sintetizar en este lema: “Existo, luego consumo y ésta es mi huella en el
mundo”. Los ciudadanos como agentes activos y autónomos, constructores de
significaciones y símbolos de identidad y comunicación en nuestras acciones en,
sobre, con y contra las mercancías.
Esta concepción del
ciudadano-artista implica y supone la muerte del CC-P en tanto en cuanto el
CC-P necesita y produce espectadores. Mientras que los significados de
identidad y comunicación de las
mercancías sólo son
legítimas, artísticas, si
van del artista
a la marca/mercancía. Nunca al
revés, porque cuando esto ocurre el agente artístico es La Corporación,
mientras que al consumidor no le queda otra opción que asumirse como objeto. El
objetivo estratégico básico del CC-P es sustituir y suplantar al ciudadano por
su replicante o clon corporativo: el consumidor. Un consumidor/espectador
centrado obsesivamente en la satisfacción imaginaria de sus pulsiones, sin
encuadre ideológico o ético alguno. Si esto es así, es fundamental romper el
dispositivo básico de tal relación. ¿Cómo? Haciendo de todo aquello (imágenes,
sensaciones, emociones e ideaciones, etc.) que el discurso publicitario activa
y moviliza en nosotros (personal y colectivamente) objeto de articulación
simbólica. Es decir, convertir en objeto de diálogo, reflexión y crítica
intersubjetiva aquello que el discurso publicitario suscita en nosotros. Por
ahí puede renacer el ciudadano, “aquél que se afirma en el campo de la palabra
(articulación y expresión simbólica) y que se revela ya no como espectador sino
en su contrario: se descubre comprometido con el mundo que habita”41.
41Jesús González
Requena. El Texto Televisivo. Signos. Teoría y práctica de la educación, nº. 12
Si las intuiciones y
sugerencias que aquí hemos apuntado tienen alguna consistencia, podemos
adelantar que en las sociedades opulentas los campos del consumo, la publicidad
y las marcas cada vez más serán campos donde explicitar los conflictos y las
contradicciones políticas, ideológicas y religiosas de nuestro tiempo.
junio´94.
ANEXOS42
1-Cuento para dormir...
o no.
Consumismo engendrará
un hijo llamado Responsable. Responsable
desobedecerá a su padre y querrá ver qué
hay al otro lado del anuncio. Los efectos de Consumismo en el mundo le dejarán anonadado. Responsable
engendrará varios hijos y al benjamín le llamará Ético. Este muchacho
despreciará a su padre por su fascinación y fijación en lo apocalíptico o
cínico.
Ético, indiferente
a su nimiedad,
someterá los efectos
de sus pequeños
actos a unos principios eternos e infinitos. Será un
chico ligeramente ceñudo y estreñido; haciendo un constante esfuerzo consciente
y deliberado para armonizar su limitadísima objetividad, sus personales flujos
de materia, energía e información, con sus personales valores de sentido y
sensibilidad. Para Ético, la solidaridad será un concepto altamente abstracto y
espiritualizado. Ético tendrá muchos hijos y uno se llamará Crítico. Cuando
Crítico se haga adulto despreciará a Ético, por narciso y soso.
Crítico será un chico
expansivo y bullicioso para el que la solidaridad será un concepto muy concreto
y emocional. Crítico estará muy dotado y será muy hábil para establecer
alianzas, las cuales le darán suficiente poder para ser ambicioso y pretenderá
moldear el mundo. Crítico, pues, será fermento de un fenómeno colectivo,
visible y organizado, con unos objetivos concretos de incidencia política y
económica a través de acciones colectivas. Si su padre, Ético, era un artista
anacoreta, Crítico será artista de aparatosas performances colectivas.
Crítico tendrá varios
hijos pero antes de que su primogénito abandone el hogar, el suelo donde su
padre y sus antepasados crecieron, jugaron, sufrieron y soñaron, cederá y con
él muchos mundos desaparecerán. Primogénito será adoptado por los lobos y tendrá
por maestras las serpientes y las águilas. Primogénito recordará vagamente a su
padre y aborrecerá de él su exhibicionismo de infantil y errática agitación.
Hasta que un día, ya fuerte y libre, volverá para recoger su herencia: entre
los escombros de Consumismo, escogerá las gafas de Responsable, la brújula de
Ético y el maletín de sprays de colores de Crítico. Y Primogénito, al que todos
llamarán Místico, echará a andar hacia un mundo sólo soñado por los locos y los
niños.
42 Los anexos 2 y 3 no están incluidos en la
versión publicada por Icària Editorial
2- El retorno del Jedi
Actualmente, el poder
imperial está liderando un proyecto antropológico aparentemente hegemónico: el
proyecto cyborg. Este proyecto tiene como sujeto la autoidentificación
paroxística de la razón operativa-instrumental. El mito de esta razón es la
hibridación entre las funciones básicas y elementales del cromañón con las
últimas y mucho más eficaces extensiones cibernéticas, robóticas y telemáticas.
Este proyecto impone el mito del cyborg en nuestro imaginario colectivo como a
nuestro heredero natural que conseguirá la conquista de las estrellas y la
inmortalidad. Pero quizás podríamos contemplar otras posibilidades.
Hay evidencias que
suponen serios interrogantes a la presunción de considerar que la evolución del
cromañón como mamífero esté cerrada. Hay un punto muy sensible en el que la
experiencia y la cultura devienen biología y viceversa. Este punto es el cerebro.
Cuando el hombre en sus capacidades lógicas, analíticas y comunicativas empieza
a estar más que superado por sus artefactos tecnológicos es cuando tomamos
conciencia también de otras dimensiones: por debajo, entre, al lado y más allá
de la razón hay algo que en primer lugar y por encima de todo es una
experiencia y una fuerza activa de la vida de los seres humanos: la emoción.
Emoción que físicamente se sustenta en el núcleo elemental, las profundidades
del cerebro. El sistema límbico nos emparienta con el resto de mamíferos e
incluso con los reptiles. Y es aquí donde hay las conexiones directas entre el
sistema nervioso central y las válvulas que interconectan nuestra materialidad
y actividad psíquica. Aquí hay las centrales alquímicas fundamentales por las
cuales la materia se expresa y escucha.
Hay, pues, una doble
línea evolutiva: hacia fuera (el actual y aparentemente hegemónico proyecto
cyborg) y hacia adentro. ¿De qué estamos hablando? De un proceso perceptible en
dos planos irreductibles: el biofísico y el existencial/experiencial; pero teniendo
en cuenta que entre uno y otro plano existen complejísimas relaciones de
retroalimentación. En el plano biofísico supone la espiral de retorno y
reconexión, de refuerzo y neo-hibridación de la corteza cerebral (con sus
propiedades y capacidades) con el sistema límbico. Este retorno pre-anuncia un
salto cualitativo, una mutación de los dos sistemas. En el plano existencial
las experiencias más agudas de este proceso históricamente se han elaborado
fundamentalmente entorno a las experiencias extáticas y místicas fundacionales
y revalidantes de todas las religiones y tradiciones de sabiduría. Y es en su
seno, bajo las
cortezas muertas de
sus posteriores e
inevitables degradaciones
(instrumentalizaciones e idolatrías), que se ha ido acumulando un tesoro de un
valor incalculable. Históricamente, la energetización y estimulación de estas
reconexiones corteza/sistema límbico se
han buscado mediante
todo tipo de disciplinas, estrategias y técnicas, tanto mentales, como físicas
y/o químicas (¡drogas!). Cuando estas experiencias -de forma transitoria o
permanente, por razones culturales, psicológicas o físicas- devienen excesivas y/o
no modulables encontramos una gran parte de los denominados trastornos
mentales. Como datos empíricos de todo lo que hasta aquí hemos dicho, nos
limitaremos a constatar cuatro hechos:
1- Toda la
fenomenología extática y mística es totalmente reproducible en contextos
experimentales mediante la estimulación límbica.
2- La creatividad
genuina tiene mucha más relación con la interconexión entre las funciones
cerebrales propias de la corteza cerebral y el sistema límbico, que la que
pueda mantener con el simple coeficiente de inteligencia.
3- La inmensa mayoría
de investigaciones realizadas constatan que existe una correlación filogenética
evidente entre personas especialmente creativas y determinadas psicopatologías.
Es más, la predisposición psicopatológica y la creatividad no mantienen una
relación de causa-efecto sino concurrente (la misma predisposición, según
múltiples factores, se expresa como una y/u otra). Lo que es incuestionable es
que es abrumadora la lista de grandes personajes, auténticos referentes
imprescindibles en todos los ámbitos de nuestra cultura, en los que -en mayor o
menor medida- han confluido creatividad y psicopatología (tanto personalmente
como en sus redes consanguíneas).
4- Todos
los fascinantes y
sugestivos relatos de
experiencias al límite
de la muerte responden físicamente a una
hiperestimulación límbica súbita y espontánea.
¿Cómo denominaremos a
esta línea evolutiva alternativa al cyborg? Provisionalmente la denominaremos
“X”. Por lo que respecta a los cromañones, la evolución a la que nos
enfrentamos incorpora aspectos que antes de él eran irrelevantes: consciencia,
voluntad y libertad. El proyecto Cyborg existencialmente opta por articularse
entorno al ego -yo separado y en conflicto permanente con el mundo-. Estamos
hablando de una conciencia e inteligencia escindida que se pone al servicio de
las pulsiones primarias del poder (yo capturo/domino el mundo) y la sensualidad
(mi sed infinita tan sólo puede saciarse mediante la satisfacción cretina y
acrítica, elemental, de todos mis inagotables deseos). Entorno el poder, la
sensualidad y el dinero (su intermediario y suprema estilización) se escribe la
historia y se aplica la inteligencia y la voluntad. Poder, sensualidad y dinero
son la versión invertida de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu
Santo).
¿Cuál es la apuesta del
proyecto “X”? El proyecto “X” opta por articularse entorno la consciencia
transpersonal: el yo tiende a identificarse con el fundamento que está fuera
del tiempo y el espacio y, por ello, abrazar la totalidad de todos los niveles
de realidad. Estamos hablando de una consciencia e inteligencia integradoras
que, movidas por la compasión, se humillan y se abren a la escucha de aquello
que desde lo más profundo intuyen que pugna por emerger. Esta intuición tarde
o temprano
suele ser recompensada: hay unos
puntos a partir
de los cuales
la fuerza y la
inteligencia que hay en el núcleo duro de la vida-materia-galaxia-cosmos
empieza a hablar. Esta fuerza e inteligencia se manifiesta en sí y por sí
misma. Este acontecimiento progresivo se resume en una palabra técnica:
reconexión cósmica, o con una fórmula más sencilla y entrañable: con la
conciencia personal adquirida en el viaje, uno sabe que volvemos a casa.
Pero hay un pequeño
problema: los cyborgs desde hace miles de años han declarado una guerra de
exterminio hacia las configuraciones más próximas al proyecto “X”. ¿Por qué?
Porque la simple existencia de “X” niega el fundamento ontológico por
antonomasia del cyborg. Niega el ego como realidad última y, por ello, el
cyborg tan sólo puede percibir a “X” como amenaza extrema de muerte. Y así
es. Pero aquí “X” juega con ventaja: se
sabe ya inmortal y el universo entero conspira a su
favor. “X”, simplemente,
ve, escucha, compadece
y acompaña a
los cyborgs y
a los cromañones en el infierno
de sus/nuestros mundos. Tiene todo el tiempo del mundo más una propina, la
eternidad, para…
...y, mientras suenan
los violines, tranquilos, relajados, muy, muy relajados vayan hacia los botes
salvavidas. La costa está lejos y el agua muy fría.
2- “La batalla por la
Tierra Media no ha hecho más que comenzar” (Gandalf).
Parece ser, corren
rumores, que existe una energía sutil y muy especial. Esta energía es la
energía del contradeseo, entendido éste no como antideseo. Mientras entendemos
el deseo como aquella energía que emana desde lo más profundo de nuestro foro
interno y se dirige a capturar el mundo, el contradeseo sería su reflejo
especular: se nos revela como aquella energía que nace del más allá del mundo
y, a través de él, viene a nuestro encuentro. Parece ser que una característica
de los mamíferos racionales es su pertinaz insistencia en ir “adelante”, a la
búsqueda de “algo” que les trasciende. Es a esta energía, a este impulso de
búsqueda a la que llamaremos trascendencia. La vivencia subjetiva de esta
energía es de una cualidad e intensidad especial: es lo numinoso, lo sagrado.
En los mamíferos racionales la vivencia de lo sagrado y numinoso es un hecho
universal e independiente de las diversas opciones ideológicas y creencias
religiosas. Su razón de ser es la búsqueda de la verdad más allá de los
sentidos, de lo evidente e inmediato. De ir más allá de nuestra limitada
capacidad para salvar los huecos de la fragmentación, limitación y
contradicción de lo real. Porque nosotros nunca podremos tener “todos los
datos”.
Esta energía tan
especial, como el deseo, no necesita razones ni justificaciones; es un hecho,
una fuerza. Una energía que, indiferente a nuestra conciencia subjetiva, a
nuestra voluntad o comprensión, nos impulsa. A semejanza de la energía del
deseo, esta energía sutil tiene una mente, un ojo y una mano propia. Pero esto,
aquí y ahora, es harina de otro costal. Por lo que respecta al objetivo del
presente trabajo es suficiente con apuntar su simple existencia y que su
“lengua” también es el símbolo, el arquetipo y el mito. La trascendencia
tradicionalmente ha sido el objeto propio y específico de todas las modalidades
religiosas y las artes superiores: poesía, filosofía, etc. A partir de la
segunda mitad del siglo XX también ha empezado a ser abordada por disciplinas
científicas más o menos ortodoxas: en el campo de la física cuántica tenemos
interesantes hipótesis de trabajo como el contínuum mente-energía-materia o la
teoría de campos morfogenéticos; así como en la esfera de la psicología tenemos
las sugerentes hipótesis y experiencias de campo de las psicologías
transpersonales, etc. Por lo
que respecta al
objetivo de este
trabajo es suficiente constatar y repetir que la
trascendencia, como energía, y lo numinoso o sagrado como experiencia de esa
energía, son realidades
que los mamíferos
racionales perciben, también,
a través de arquetipos y mitos. A diferencia de los
que tienen como matriz el deseo y que están ligados al mundo material, al poder
y a la supervivencia, estos mitos y arquetipos de matriz trascendente están
vinculados al mundo transmaterial, transpersonal y perenne.
Los arquetipos
trascendentes operan también mediante imágenes. Pero imágenes en las que hay
una tendencia exponencial a acentuar y exagerar su carácter simbólico. Es más,
este pensar
mediante imágenes
simbólicas propio de lo trascendente, de lo sagrado o numinoso, muy a menudo
tiende a converger entorno a un
agujero negro: la no-imagen, el no-símbolo que es, paradójicamente,
matriz y fuente de todo símbolo, imagen y numinosidad.
Si entendemos poder
como aquella capacidad para determinar la conducta de otros según nuestra
voluntad, la cuestión que se nos plantea (y respecto a la cual es preciso dudar
siempre) es al servicio de qué y quién está el pequeño o gran poder con el que
apechugamos. En último término hay un límite, una ambigua y siempre peligrosa
frontera entre el poder que tiende a cosificar
-percibir al otro como
objeto, como mero medio o simple obstáculo para la satisfacción del propio
deseo- y el poder que tiende a subjetivar; es decir, hacer del sí mismo y del
otro sujetos (fines en sí mismos) para la auto-afirmación de lo que es.
Una de las estrategias
preferidas del poder cosificador es la
de inducir por todos los medios posibles a la autoidentificación del objeto de
poder (las personas a las que se pretende condicionar) con cosas sobre las que
se ejerce control: tanto da que sean ideas, creencias, símbolos u objetos
físicos. Quién controle el partido, el estado, la nación, el dogma, el dinero o
el objeto, literalmente, nos tiene. Esta técnica es equivalente al hechizo o
conjuro del universo mágico. Un ejemplo
extremo es el hechizo por el cual el poder cosificador consigue el
desvanecimiento total del “otro”: hacer que el otro se identifique con su
cuerpo animal y tratar a su cuerpo con absoluta arbitrariedad.
La auto-afirmación de
lo que es presupone e incluye la afirmación -el respeto- de todos los órdenes
de la realidad a través y más allá del ego. Este poder, subjetivamente, es
vivenciado al unísono como comprensión -o inteligencia de la razón- y compasión
-o inteligencia de la emoción- descentrada. Descentrada en tanto en cuanto se
tiene la convicción y percepción absoluta de que el centro o foco de esta
comprensión y compasión está fuera, en y a través del fluir intersubjetivo y
cósmico. Una de las estrategias preferidas del poder subjetivador es la de
inducir por todos los medios
posibles la autoidentificación del
“objeto / sujeto
de poder” con
unos valores transpersonales.
Esta estrategia inductora de la autoidentificación con valores incluye, por
supuesto, utilizar las dimensiones
sensibles, con sus cosas,
gestos y objetos, pero
tendiendo siempre a subrayar su dimensión simbólica y, por tanto,
sagrada. Técnica equivalente a la oración en el universo religioso. Estos
valores especiales son los que tienden a estructurar, jerarquizar e
interrelacionar -significar- la realidad desde lo más íntimo y profundo de
nuestra subjetividad trascendente.
En este mundo
globalizado de la comunicación audiovisual industrial, aquellos que tienen el
poder de imponer su mirada; aquellos que controlan la producción y difusión de
la recreación virtual del mundo, son los que tienden a controlar las creencias,
actitudes y comportamientos del personal sin necesidad de escuelas, ni de leyes
ni de normas: quién puede crear los mitos tiene un
poder muy superior a
quién puede hacer las leyes. Nos podemos preguntar quién o qué controla los
mitos de los controladores. Volvemos al principio: el Deseo de deseos, una
nostalgia insondable e inconsolable del ser. Arquetipos y mitos operando y
navegando en un mar de deseos, emociones y temores más allá -y a través- del
espacio/tiempo. El Gran Maestre de este magnífico espectáculo inevitablemente
es aquello que cada uno de nosotros en nuestra intimidad más profunda
identifiquemos como Señor de las imágenes y Rey de los deseos.
Por lo que respecta a
los humanos hay un flujo dialéctico y permanente entre el polo deseo/necesidad
y el polo transcendencia/gratuidad, así como también existe un flujo dialéctico
y permanente entre subjetividad (deseo y trascendencia que actúan en mí) y
objetividad (el mundo como lo que es). El punto de convergencia de todas estas
energías y ejes de relación es donde ubicaremos nuestra consciencia, voluntad y
razón personal. Es decir, como mamíferos racionales trascendentes hemos de
apechugar como podamos con fuerzas y lógicas divergentes, contradictorias o
excluyentes que, a pesar de nuestra inocencia, literalmente tienden a
desgarrarnos. Y este apechugar es, a su vez, la fuente de la evolución,
creatividad y libertad humana.
REFERENCIAS Y
BIBLIOGRAFIA
Consumo responsable
(“La otra cara del anuncio”)
“Opcions. Información
para el consumo responsable” publicación bimensual pionera en la promoción del
consumo responsable en España. Editada por el CRIC (Centro de Investigación e
Información en Consumo) Ausiàs Marc 16, 3º. 2ª
08010 Barcelona. Tel. 93 412 75 94. www.cric.pangea.org e-mail:
cric@pangea.org
“Consumo Ético.
Revista andaluza de
consumo responsable” publicación
impresa de
www.consumoresponsable.com
Tel. 952 215 849 y 958 271 199
Antipublicidad y
contrapublicidad en la red. “Los quebrantadores de la cultura consumista”.
www.sintac.net/hoax
Ayuda a encontrar los enlaces más actuales de los quebrantadores.
www.adbusters.org “Corruptores de anuncios” de The Media Fundation,
especializada en la realización de contrapublicidad catódica y promoción de una
cultura anticonsumista. www.abrupt.org Contrapublicidad.
www.subvertise.org Web
muy interesante entorno a la política, arte, anuncios, imágenes, etc.
www.mcspotligh.org
Centrada en la crítica de los métodos de trabajo, impacto ambiental y calidad
gastronómica de McDonalds.
www.tvfa.org Asociación
TV-Free America, cuyo fin es convencer a los teleadictos desde el ciberespacio
para que dejen de serlo.
www.antipub.net Web de
Casseurs de Pub o rompedores de anuncios.(CdP) www.mjulier.free.fr/antipub.htm
“Pequeñas acciones antipublicitarias eficaces y al alcance de cada uno”.
www.consumehastamorir.com
de Ecologistas en Acción. www.members.fortunecity.com/zas66/mal/index.htm Web
muy rompedora del MAL (Movimiento Anticonsumista de Liberación)
www.educastur.princast.es/proyectos/grupotecne/comuni/consumismo
/index.htm Web
interesante de análisis crítica de la publicidad
www.sindominio.net/fiambrera/web-agencias/paginas/index/cincoagencias.htm
Web de
activismo antiglobalización y anticonsumista.
Contrainformación
www.mediafilter.org Contiene un índice muy exhaustivo de
organizaciones antimass-media donde aparece,
por ejemplo, Covert
Action Quarterly, revista
que publica desde
1978 reportajes censurados por la
prensa norteamericana.
*Media Watch Global
nace como una iniciativa del último Foro Social realizado en Porto Alegre en
enero-febrero del 2003 impulsado, entre otros, por Ignacio Ramonet (Director de
“Le Monde Diplomatique”). Actualmente en construcción. Múltiples referencias en
el Google www.medialens.org Web muy interesante impulsada por David Edwards.
www.zmag.org/Spanish
Referente imprescindible en castellano.
www.rebelión.org
Periódico electrónico en castellano cuya sección “Mentiras y medios” no tiene
desperdicio (las otras tampoco).
www.nodo50.org/guiacontrainf/index.php
Educación para un
consumo crítico de los medios y alfabetización audiovisual.
www.aulamedia.org Web
de referencia de los profesionales de la comunicación y la educación en
Catalunya.
www.uhu.es/comunicar/
del Grupo Andaluz de Comunicación www.mediascopio.org de Murcia
www.pangea.org/edualter
de la Red de Recursos en Educación para la paz, el desarrollo y la
interculturalidad.
Documentación
Grupo autónomo
a.f.r.i.c.a/Luther Blisset i Sonja Brünzels. Cómo acabar con el mal. Manual de
Guerrilla de la
comunicación. Virus, Barcelona.
Publicidad, ¿Cómo
la vemos? Análisis
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Pedagógico Andaluz
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La publicidad boca a boca ¿Una mordedura sin antídoto?, Grupo
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