© Libro No. 434. Ética y
ciencia. Pérez Cruz, Isabel. Colección Emancipación Obrera. Junio 22 de
2013.
Título
original: © Ética y ciencia. Isabel Pérez Cruz
Versión Original: © Ética y ciencia. Isabel Pérez Cruz
Isabel Pérez Cruz (CV)
iperez@ucf.edu.cu
ISBN-13: 978-84-694-8071-7
Nº Registro: 11/93226
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Emancipación: Guillermo Molina Miranda
ÉTICA
Y
CIENCIA
Isabel
Pérez Cruz
ÍNDICE
Sinopsis
I. Tendencias en el pensamiento Latinoamericano sobre Ciencia y
Tecnología en la década del 60 del Siglo XX.
Autora: Dra. Isabel Pérez Cruz y Lic. Adianez
Fernández Bermúdez.
II. Pensamiento Latinoamericano en Ciencia y Tecnología: su contenido
político y vínculo con la sociedad
Autores: Laura Avondet y Sarthou, Merina. UNCPBA-CEIPIL-Argentina
III. Una visión de la ciencia y su relación con la ética, en Mario
Bunge.
Autora: Lic. Adianez Fernández Bermúdez.
IV. La ética y
responsabilidad en la investigación social.
Autores: Dra. Isabel Pérez Cruz y Laura Díaz Suárez. Estudios
Socioculturales.
V. Documentación
Internacional sobre la ética en las investigaciones.
Autores: Dra. Isabel Pérez Cruz y Lic. Vanesa B
Fernández Bereau.
VI. Papel de la ética de las investigaciones comunitarias en el ámbito
sociocultural.
Autores: Dra. Isabel Pérez Cruz y Daily Rodríguez Ramírez.
Estudios Socioculturales.
Sinopsis
Ética y ciencia. Compilación de seis artículos
relacionados con la ética, la ciencia y las investigaciones desde
el pensamiento de los cientistas y filósofos latinoamericanos, hasta las
investigaciones comunitarias en el ámbito sociocultural.
La monografía Ética
y Ciencia y su contenido
El pensamiento
latinoamericano desde los inicios del siglo XX comienza a asociar las ideas de
ciencia, desarrollo e investigaciones, aunque no siempre es tratado desde el
mismo punto de vista. La necesidad de vincularlos parecía indicada por las
experiencias de los países avanzados; la idea de que la ciencia moderna
generaría tecnología y desarrollo, y a su vez contribuiría a acotar la
separación entre países desarrollados y subdesarrollados, cobró mucha fuerza.
Las discusiones y
concepciones teóricas sobre el desarrollo de la ciencia y la técnica en el
silgo XX siglo se dieron en tres tendencias fundamentales:
discusión de problemáticas propias de países europeos o de E. U, desarrollo de
una teoría de corte cientificista y defensa y desarrollo de una ciencia y
tecnología latinoamericanas. Esta última tendencia propugna la idea de
que estos procesos de la ciencia y la tecnología deben responder a los
intereses y objetivos que la realidad de los pueblos latinoamericanos imponen.
Defiende la necesidad de un desarrollo científico –tecnológico
endógeno y considera el desarrollo como una premisa y un resultado
ideal de preservación de la identidad cultural y social de los países
latinoamericanos.
A partir del
desarrollo de esta tercera tendencia de defensa y desarrollo de una ciencia y
tecnología latinoamericanas, y su devenir dentro del pensamiento filosófico y
ético latinoamericano, la monografía recorre a través de los diferentes
artículos que la conforman la relación ética y ciencia desde el pensamiento de
los cientistas y filósofos latinoamericanos, la documentación internacional
sobre la ética de la ciencia, la responsabilidad y el papel de la ética
en las investigaciones comunitarias en el ámbito sociocultural.
En los
correspondientes artículos que integran esta compilación se entrelazan una
serie de núcleos conceptúales que se definen y se relacionan en todo el
material.
Esta compilación
está estructurada por seis artículos, de diferentes autores: Isabel Pérez Cruz,
Adianez Fernández Bermúdez, Laura Avondet, Sarthou Merina, Vanesa
Fernández Bereau, Laura Díaz Suárez y Daily Rodríguez Ramírez.
Los artículos
aparecen ubicados en un orden elegido por el compilador respetando siempre
desde el inicio, la lógica de lo general, a lo específico que opera en el
desarrollo del pensamiento filosófico y ético.
Artículo I con el
título:Tendencias en el pensamiento Latinoamericano sobre Ciencia y Tecnología
en la década del 60 del Siglo XX, de las
autoras Isabel Pérez Cruz y Adianez Fernández Bermúdez
analiza las tendencias que se dieron en el pensamiento sobre ciencia y
tecnología en América Latina en esta década y explica la autenticidad de la
tercera tendencia, a partir de la necesidad de vincular el desarrollo de la
ciencia y la tecnología a las características de cada región del continente.
Este pensamiento estuvo dirigido principalmente en primer lugar, a
la concepción de una ciencia alejada de la producción espiritual de la
sociedad, y en segundo a la ciencia puesta en función de responder los
intereses y objetivos que la realidad de estos pueblos imponen. Este
movimiento no logró conseguir plenamente lo que se proponía, pero dejó la
conformación de un pensamiento auténtico, que comenzó a luchar de manera
particular, donde se fueron relevando paulatinamente el espacio y la
función de la ciencia en el continente latinoamericano.
Artículo II con el
título:Pensamiento Latinoamericano en Ciencia y Tecnología: su contenido
político y vínculo con la sociedad de las autoras
Laura Avondet y Sarthou, Merina. Hacia fines de los años 60 nace el denominado
pensamiento latinoamericano en ciencia, tecnología y sociedad. El objetivo del
artículo es identificar las características centrales de esta corriente a
partir del examen de las obras de Oscar Varsavsky y Jorge Sábato. En términos
analíticos se estudia el contexto en el cual emergen dichas interpretaciones,
haciendo especial hincapié en el contenido político de la reflexión que este
pensamiento. En lo tocante al recorte espacial, se parte de la generalidad de
la región para llegar al estudio de la situación de Argentina en particular. A
partir de esta descripción, se busca generar debate sobre el desempeño actual
de las ideas y acciones en ciencia y tecnología haciendo centro en su vínculo
con la sociedad, en lo que atañe al ámbito académico como al político.
Artículo III con el
título:Una visión de la ciencia y su relación con la ética, en Mario
Bunge. Presenta como objetivo el análisis de la visión de Mario Bunge
sobre ciencia y la relación que existe entre esta y la ética, para lo cual
esclarece la concepción de ciencia, la relación ética y ciencia,
las actitudes morales que debe acompañar la actividad científica así como
el rol de la filosofía de la ciencia, en el planteamiento de una
política científica tributaria al desarrollo social. Destaca en Bunge la
honestidad intelectual, el coraje , la independencia, la justicia y el amor por
la libertad como valores que deben guiar la actividad científica de todo
investigador.
Artículo IV con el
título: La ética y responsabilidad en la investigación social. Tiene
como objetivo general analizar la cuestión ética cuando se lleva acabo una
investigación social, además de contar con un objetivo especifico que es
explicar los principios éticos primordiales que se exponen en el Informe
Belmont. La cuestión ética no siempre resulta obvia, sino que con frecuencia
pasa inadvertida o es ambigua, por lo que se hace necesario poseer ciertos
códigos formales que definan los comportamientos que se consideran aceptables.
Es decir, la existencia de una normatividad específica propende a que el
contexto de la investigación, sobre todo cuando se trata de seres humanos, no
lastime al participante, brindándole el derecho a un trato justo y equitativo
y, además, el derecho a la privacía, porque, con frecuencia, en la
investigación social hay un grado de intromisión en la vida privada de las
personas.
Artículo V con el título:Documentación Internacional sobre la ética
en las investigaciones. Artículo que recoge la caracterización de los
documentos internacionales sobre las investigaciones. Se destaca la importancia
que tiene el Reporte Belmont, el Código de Núremberg, la Declaración de
Helsinki, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Consejo
de Organizaciones Internacionales de Ciencias Medicas (CIOMS) para las
investigaciones. Estos textos recogen las pautas por las cuales se deben regir
los investigadores para enfrentar cualquier tipo de investigación.
Destaca la
importancia de los documentos, desde su dimensión ética para lograr un
desarrollo objetivo durante el proceso de investigación. Toma como punto de
referencia a Cortina, filosofa española en la concepción de
la ética como un tipo de saber de los que pretende orientar la acción humana
en un sentido racional. Desde esta concepción se trabaja en el
articulo para el análisis de las normas, deberes, derechos que se deben
tener para con los sujetos implicados en las investigaciones. A partir del análisis
de los documentos internacionales se asumen la importancia de
los mismos para las investigaciones socioculturales porque permiten
hacer una mejor distinción entre la práctica y la
investigación, un mayor acercamiento a los actores con los criterios de
confiabilidad, beneficencia y respeto y también garantizar el mejoramiento de
la sociedad en sentido general y la implicación de las instituciones
científicas y académicas a las cuales pertenecen los investigadores.
Artículo VI con el
título: Papel de la ética en las investigaciones comunitarias en el
ámbito sociocultural. La ética investiga desde la filosofía,
el conjunto de problemas relacionados con la moral. En las investigaciones
cualitativas realizadas en la comunidad, la ética juega un papel
imprescindible para dar respuesta ante los dilemas éticos que se presenten en
las investigaciones. Se plantea como objetivo analizar el papel de la
ética en las investigaciones comunitarias en el ámbito sociocultural. Analiza
los códigos elaborados por las Asociaciones Americanas de Antropología (A.A.A),
Investigación Educativa (A.E.R.A), Psicología (A.P.A) o Sociología (A.S.A) los
que han inspirado las propuestas éticas para la investigación educativa y su
coincidencia en cuestiones como: el consentimiento de los sujetos a ser
investigados, la protección de la intimidad de los sujetos y
la responsabilidad del investigador. Desde la concepción de diferentes
autores analiza el rol de la ética en las investigaciones comunitarias en el
ámbito sociocultural. En particular en las investigaciones cualitativas,
donde la ética en el investigador es aún mayor. Para finalizar señala los
perfiles éticos de las investigaciones comunitarias.
I.
Tendencias en el pensamiento
Latinoamericano sobre Ciencia y Tecnología en la década del 60 del Siglo XX
Autoras: Dra. Isabel Pérez Cruz, Lic. Adianez Fernández Bermúdez
afernandez@ucf.edu.cu
iperez@ucf.edu.cu
En los años 50 se
advierte que, en virtud del proceso de industrialización y modernización
que tenía lugar en el continente latinoamericano, sobre todo por la
euforia que respecto a ciencia y tecnología se vivía por entonces en los países
desarrollados, se cristalizó en esta región una percepción o imagen de la
ciencia diferente. Ya en la década del 60 se revela definitivamente el
comienzo de un pensamiento sobre ciencia y tecnología optimista, integrador,
independiente y progresista que está fundamentado en los principios de la
Alianza para el Progreso.
Con el objetivo de
analizar las diferentes tendencias que se desarrollaron en el pensamiento
sobre ciencia y tecnología en América Latina en esta década y explicar la
autenticidad de la tercera tendencia, a partir de la necesidad de vincular el
desarrollo de la ciencia y la tecnología a las características de cada región
del continente, se realiza este trabajo.
Se trabajaron
conceptos importantes como autenticidad, ciencia y tecnología, ofrecidos
por los autores Jorge Núñez Jover, Pablo Guadarrama, Francisco
Sagasti, entre otros.
El esclarecimiento
de ciertas tendencias en este pensamiento y la posición de algunos hombres
dentro de las ciencias sociales del continente, sobre todo en la defensa
de una ciencia en función del desarrollo endógeno, hace relevante el
tratamiento de esta temática.
Desde las primeras
décadas del siglo XX, el pensamiento latinoamericano comienza a asociar las
ideas de ciencia y desarrollo, aunque no siempre será tratado desde el
mismo punto de vista. La necesidad de vincularlos parecía indicada por las
experiencias de los países avanzados; la idea de que la ciencia moderna
generaría tecnología y desarrollo, y a su vez contribuiría a acotar la
separación entre países desarrollados y subdesarrollados, cobró mucha fuerza.
Las discusiones y
concepciones teóricas sobre el desarrollo de la ciencia y la técnica en este
siglo se dieron en tres tendencias fundamentales:
- Discusión de problemáticas
propias de países europeos o de E. U.
Esto es expresión de lo que se ha llamado “robo de cerebros”, pues
aunque estos pensadores continuaban radicando en el continente
latinoamericano, su inteligencia está en función de resolver problemas propios
de países desarrollados.
- Desarrollo de una teoría de
corte cientificista.
Se asumen presupuestos que se alejan de una consideración de la ciencia
como parte, de la producción espiritual de la sociedad, determinada en
última instancia por las condiciones económico – sociales imperantes en la
sociedad.
- Defensa y desarrollo de una
ciencia y tecnología latinoamericanas.
Aquí se apropian de la idea de que estos procesos deben responder a los
intereses y objetivos que la realidad de estos pueblos imponen.
Las dos primeras
tendencias, no responden a un pensamiento auténtico sobre ciencia y
tecnología, asumiendo a este, como un pensamiento que está en
correspondencia con el propio desarrollo económico y social de Latinoamérica.
Para esto se toma como base que la autenticidad ha de ser aquella filosofía
que: “haga consciente nuestro subdesarrollo y señale las posibilidades de su
vencimiento o la forma de vencerlo”, así como “la que se demuestra al
constatarse su coincidencia con las exigencias del desarrollo histórico de cada
período”.
La primera está en
función del desarrollo de otros países, por lo tanto no tributa a
intereses locales; la segunda no comprende a la ciencia como parte de la
sociedad sino como un fenómeno externo, primeramente cerebral y vinculado a
procesos individuales, aunque no se puede obviar, que esta tendencia fue
una de las que más fuerza cobró dentro de los países latinoamericanos, debido a
su vinculación con la filosofía positivista imperante a finales del siglo XIX y
principios del XX.
Uno de los
defensores de esta segunda tendencia fue Mario Bunge, quien según Jorge Núñez
Jover, es el filósofo de la ciencia más relevante de América Latina, este
no se quedó al margen del debate del momento, y sin dudas hizo contribuciones
importantes acerca de la concepción y desarrollo de la ciencia en América
Latina, sin dejar de mencionar, por supuesto que tuvo sus limitantes.
Este pensador
durante toda su obra ha construido y aplicado un sistema filosófico de la
ciencia, con tres soportes principales, los cuales consisten en:
materialismo, realismo y racionalismo. Con ello en mano se ha dedicado
esmeradamente a aclarar no solo problemas vinculados al desarrollo
científico, sino también a los valores, la ideología, entre otros.
Veamos entonces
cual es el rol de la filosofía de la ciencia, en el planteamiento de
una política científica tributaria al desarrollo social, según Bunge. La
explicación de Bunge en este sentido se desarrolla a partir de tres
tesis fundamentales:
- Todo desarrollo integral
involucra necesariamente el desarrollo científico. La ciencia es el eje
central de la cultura, por lo que constituye el núcleo de cualquier
plan racional y factible de progreso.
- El desarrollo científico
debe apoyarse en una política científica.
- Esta política debe basarse
en una filosofía de la ciencia que estimule un desarrollo científico
integral.
Teniendo en cuenta su primer planteamiento en cuanto a que el desarrollo
social, incluye un desarrollo científico, debemos analizar la posición
filosófica que asume este autor cuando se habla de la relación existente entre
ciencia – sociedad. Esta última consiste, para él, en: …“un sistema
compuesto de cuatro subsistemas interrelacionados: biológico, político,
económico y cultural”.
Muy importante es
en este aspecto, aclarar que este autor no le otorga un nivel jerárquico
a ninguna, sino que se relacionan de manera funcional, cualquiera de ellos
puede iniciar el cambio social, o sea, no es partidario ni concibe la idea de
base- superestructura.
Bunge trata de
evadir, mediante el enfoque de sistema, lo que él mismo denomina posiciones
individualistas y globalistas, pero sin lugar a dudas, es visible que en
su obra les ofrece mayor relevancia a los individuos que a la totalidad.
En su concepción de
la ciencia tienen un importante papel las distinciones analíticas entre ciencia
básica, ciencia aplicada y tecnología. En las dos primeras es común el uso del
método científico, pero las diferencia sus objetivos fundamentales, por ejemplo,
el investigador básico trabaja en los problemas que le interesan y el aplicado
se dedica a estudiar los de nivel social.
La tecnología, en
cambio, se dedica al diseño y ensayo de artefactos, procesos y planes de acción
con la ayuda de la primera.
A pesar de esta
distinción debemos decir que actualmente esto no es algo común, pues la
mayoría de los caminos que toma la ciencia pura está en función de fines
sociales, la investigación, para satisfacer la curiosidad del investigador, es
algo carente.
Lo prioritario en
el desarrollo es el hombre; este es un ser integral que debe satisfacer
necesidades de distintas índoles, siempre intervinculadas. Lo principal
no es la libertad de la producción científica sino el fin social al que debe
estar subordinada.
El cientificismo de
corte positivista al que pertenece Mario Bunge, considera a la ciencia como una
entidad autónoma que se autodetermina y donde la sociedad no pasa de
ser un marco que asegurará las condiciones propicias para el
desarrollo de la ciencia, pero sin dejar de ser un fenómeno externo a ella. La
actividad científica se enfoca primariamente cerebral, vinculado
directamente a procesos individuales y no un movimiento social.
Con respecto a su
posición en relación con la ciencia y el vínculo de esta con la sociedad, Jorge
Núñez plantea: “El condicionamiento social de la ciencia (…) aparece
insuficientemente tratado en la obra de Bunge (…) La carencia de una
comprensión correcta de lo social, así como la relación de la ciencia con la
sociedad, como uno de sus componentes, tienen su obra diferentes
consecuencias, entre ellas sus diagnósticos y proposiciones sobre el
desarrollo de la ciencia en América Latina”.
Por último muchos
autores fundamentan la tercera tendencia: Defensa y desarrollo de una
ciencia y tecnología latinoamericanas, la cual constituye la más
fecunda y auténtica dentro de todo este pensamiento, sustenta un desarrollo
científico y tecnológico que (sin desconocer el alcanzado en otros países) pone
énfasis en que este sea asimilado y utilizado en correspondencia con las
realidades socioculturales de los pueblos latinoamericanos. Esta vertiente - al
ser defensora de la necesidad de un desarrollo científico –tecnológico
endógeno – considera a este desarrollo como una premisa y un resultado ideal de
preservación de la identidad cultural y social de estos países.
En la Introducción
del libro: El pensamiento latinoamericano en la problemática ciencia-
tecnología – desarrollo – dependencia, de Jorge Sábato, se hace alusión a
que esta escuela de pensamiento no estuvo a la zaga de lo generado en otros
continentes, sino que fueron capaces de “… realizar contribuciones originales,
es decir que no son refritos de traducciones extranjeras (…) es dable observar
algo extremadamente saludable: la capacidad de pensar por sí mismos y la
voluntad de hacerlo. Mirar nuestra realidad con nuestros propios ojos no es
mérito menor, al tiempo que es seguramente el primer paso para transformarla”.
En esta
década, se ponen en práctica en América Latina, políticas que a través de un
desarrollo científico – tecnológico, promovían un progreso social para estos
países. Estas estrategias de desarrollo se enfrentaron al problema político,
pues las decisiones gubernamentales tomadas, seguían el sentido de basar el
desarrollo, en la implantación de filiales de empresas multinacionales, o
sea, tenían la idea de que para los países latinoamericanos solo existía una
forma de desarrollo: la de los países industrializados occidentales.
No obstante a pesar
de dicha dificultad, a partir de esta década, muchos resultados de
investigaciones se emplearon directamente en la formulación de políticas
nacionales, subregionales y regionales, enfatizando el comienzo de un
pensamiento integrador, independiente y progresista que está fundamentado en
los principios de la Alianza para el Progreso.
Respecto a esto
Francisco Sagasti plantea que…“a partir de los años 60 de este siglo
ha sido posible discernir el surgimiento de una “escuela latinoamericana” de
pensamiento sobre el tema de ciencia, tecnología y desarrollo, y más
específicamente sobre política científica y tecnológica. Esta escuela de
pensamiento, con toda su diversidad, y variación en cuanto enfoques, raíces
ideológicas y planteamientos para la acción, se distingue claramente de las
ideas generadas en otras regiones del tercer mundo o de aquellas que provienen
de los países desarrollados.”
Debemos tener en
cuenta, que algunos de los rasgos principales de esta escuela latinoamericana
tienen que ver con el carácter global y sistemático de este pensamiento. Esto
evidencia una tendencia, a tratar el problema del avance científico y
tecnológico en forma integrada a los problemas de desarrollo, evitando aislarlo
de su contexto socioeconómico y cultural.
Entre los centros
más creativos en relación con este tema, se encuentra la Facultad de Ciencias
Exactas de la Universidad de Buenos Aires, con Oscar Varsavky, Amílcar Herrera
y Jorge Sábato al frente. El primero, maestro de escuela, químico y matemático de
formación, reorientado a fines de los años 60 hacia las ciencias
sociales; constituye uno de los científicos más influyentes en de esta
década e inicios de los 70.
Especialmente, su
crítica estuvo dirigida al investigador que ignora el significado social de su
actividad, que acepta las jerarquías académicas internacionales y olvida los
problemas sociales que afectan su trabajo (1969).
Fue representante
de la tendencia revolucionaria que luchaba por una transformación radical de la
sociedad, por lograr la eliminación de la pobreza, las corrupciones evidentes,
y el subdesarrollo científico, tecnológico y general de la región.
Amílcar Herrera,
geólogo, fue una de las figuras importantísimas en la elaboración de
estrategias tecnológicas para la región. Destaca la relación de la
actividad científica – tecnológica con el marco socioeconómico y en particular
las políticas que lo animan. Mantiene una lucha sostenida por la búsqueda de
una autonomía científica.
Como dijera
Guillermo Hoyos en su trabajo “Elementos Filosóficos para la compresión de
una política de ciencia y tecnología”, la crisis de la modernidad se debe
en gran medida al impulso unilateral de la ciencia y la tecnología y su
superación se puede dar al complementarla con los más variados aspectos de la
vida y el proceso de humanización.
Este movimiento no
logró conseguir plenamente lo que se proponía, pero dejó la conformación de un
pensamiento auténtico, que comenzó a luchar de manera particular, donde se
fueron relevando paulatinamente el espacio y la función de la ciencia en
América Latina. Este pensamiento ha permitido desplazar las fronteras
tradicionales de la teoría de la ciencia, casi siempre centrada en el ser
o deber ser de la práctica científica en los países desarrollados.
Dentro del
pensamiento sobre ciencia y tecnología en América Latina de la década 60 del
siglo XX, se destacan tres tendencias fundamentales: discusión de
problemáticas propias de países europeos o de E. U, desarrollo de una teoría de
corte cientificista, y por último, defensa y desarrollo de una ciencia y
tecnología latinoamericanas.
El
representante por excelencia de la segunda tendencia fue el
filósofo de la ciencia, Mario Bunge, quien influenciado por el
cientificismo de corte positivista, defiende una visión de la ciencia como ente
director y autónomo, que se autodirige y determina independientemente de la
sociedad, y esta va solamente a servir de medio para su realización.
La tercera
tendencia constituye la más fecunda y auténtica dentro de todo este
pensamiento, pues sustenta un desarrollo científico – técnico que, sin obviar
el desarrollo alcanzado en otros países, pone énfasis en que este sea
asimilado y utilizado en correspondencia con las realidades socioculturales de
los pueblos latinoamericanos.
Los representantes de esta fueron los argentinos: Oscar Varsvky y Amílcar
Herrera.
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II.
Pensamiento Latinoamericano en
Ciencia y Tecnología: su contenido político y vínculo con la sociedad
Autores: Laura Avondet, Sarthou, Nerina, UNCPBA-CEIPIL-Argentina
A partir de los
años sesenta aparece en América Latina la preocupación sobre problemas que
vinculan la ciencia y la tecnología con la sociedad. El discurso legitimador
imperante de los años cincuenta consideraba el desarrollo científico y
tecnológico como una condición necesaria y suficiente para generar el
desarrollo de los países periféricos.
Desde mediados de
los años 50 y 60, organismos internacionales como la UNESCO y la OEA se
constituyeron como puentes institucionales claves para la introducción de
políticas de ciencia y tecnología en América Latina. Ello significó un traspaso
relativamente acrítico de las iniciativas europeas de postguerra que la habían
llevado a disminuir la brecha de ciencia y tecnología con EEUU.
En términos
históricos implicaba la difusión a escala planetaria de las experiencias de
reconstrucción de posguerra de los sistemas científico-tecnológicos de algunos
países del viejo continente, mientras que en términos teóricos, la estrategia
implementada respondió a la intención de rectificación del modelo lineal de
innovación. Ante esta concepción surgió como respuesta lo que se ha
denominado pensamiento latinoamericano en Ciencia, Tecnología y
Sociedad.
El objetivo de este
artículo es identificar algunas de las características que consideramos
centrales de esta corriente, a través del análisis de dos de sus exponentes:
Oscar Varsavsky y Jorge Sábato. En términos analíticos se estudiará el contexto
en el cual emergen estas interpretaciones, haciendo especial hincapié en el
contenido político de la reflexión que este pensamiento formula, observando
-mediante una síntesis de sus ideas principales- las posturas normativas que
del mismo emanan. En cuanto al recorte espacial, se parte de la generalidad de
la región, para llegar al estudio de la situación de Argentina en particular.
A partir de esta
descripción, se intenta resaltar que en un momento no muy lejano de nuestra
historia fue posible generar pensamiento crítico propio con fuerte contenido
político-social. En consecuencia;) se busca generar debate sobre el desempeño
actual de las ideas y acciones en ciencia y tecnología haciendo centro en su
vínculo con la sociedad, en lo que atañe al ámbito académico como al
político.
Particulares del
pensamiento latinoamericano en ciencia y tecnología
Dagnino señala que es posible distinguir dos líneas conductoras que, en
distinto grado, funcionaron simultáneamente: a) un diagnóstico crítico del
modelo vigente, y b) una intención de cambio social para los países
latinoamericanos.
El esquema de esta
interpretación se basa en la perspectiva de que el atraso en ciencia y
tecnología se debe entender en el marco del proceso histórico-estructural del
desarrollo, por lo que toda política destinada a superarlo debe inspirarse en
las condiciones reales del atraso, no siendo suficiente la aplicación de
recetas aprobadas en otros contextos. Así, el atraso es un rasgo constitutivo
de la relación asimétrica entre los países.
El desarrollo no se
alcanzaba sólo con inversiones basadas en el uso de tecnologías modernas, sino
que era necesario también participar en el diseño y adaptación de dichas
tecnologías. Más aún, algunos miembros de esta corriente apuntaban al objetivo
más ambicioso de crear una capacidad cultural endógena para innovar, dando
lugar a un estilo científico y tecnológico propio, y alcanzar la autonomía
científica, definida como: “La capacidad de decisión propia de un país para
elegir, proyectar, programar, instrumentar y realizar su política científica”.
De esta manera, la ciencia se convierte en una expresión relevante de la
dependencia cultural.
Por otra parte,
existe consenso entre diferentes autores en señalar que esta corriente de
pensamiento enfatizaba el carácter relativo de la ciencia y destacaba
-pragmáticamente- que una orientación utilitaria debería presidir su
desarrollo. En tanto, si bien existe acuerdo en el aspecto descriptivo del
análisis, se verifican divergencias en cuanto a los métodos o estrategias para
llegar al futuro deseado.
Así, es posible ir desde el "radicalismo" de Varsavsky hasta el
"pragmatismo" de Sábato, o en términos de Adler desde la vertiente
“estructural” a la “prágmática” (respectivamente).
Siguiendo el
análisis de Adler, los "antidependentistas estructurales" (Amílcar
Herrera, Oscar Varsavsky, entre otros), eran fuertemente críticos de la forma
asumida por la ISI, en particular por haber impulsado la incorporación de
tecnologías no apropiadas para el desarrollo económico-social de la Argentina.
Según esta corriente, bajo la ISI las clases urbanas y medias y altas demandan
la misma clase de bienes que los consumidores de los países desarrollados, de
modo que era necesario importar las tecnologías necesarias para fabricarlos. La
redefinición de los patrones de consumo era, entonces, parte esencial del
proceso de generación de un estilo tecnológico "propio".
En tanto, los
"antidependentistas pragmáticos” creían que se podía conseguir la
auto-determinación tecnológica sin necesariamente transformar toda la sociedad.
Esto se lograría impulsando acciones tales como la desagregación de los
paquetes tecnológicos, la apertura de la "caja negra" tecnológica,
los ejercicios de forecasting, el planeamiento indicativo, la
implementación de sistemas de información y bases de datos tecnológicas, la
regulación del capital extranjero, la fijación de códigos de conducta para la
transferencia de tecnología y el uso del compre estatal, entre otras medidas.
A continuación se
expondrán las ideas centrales de dos de los exponentes más ilustrativos de
estas vertientes: dentro de la primera, Oscar Varsavsky y dentro de la segunda,
Jorge Sábato.
La interpretación
de Oscar Varsavsky
Lo primero que debe
señalarse es la originalidad de su pensamiento, que se manifiesta en la
claridad de su diagnóstico social y en los principios e instrumentos
metodológicos desarrollados. Sus preocupaciones versaron sobre tan vasta
amplitud de temas que aquí sólo se expondrán algunos aspectos de su pensamiento
y actividad.
Doctor en química,
estuvo vinculado al bito institucional de la facultad de Exactas de la
Universidad de Buenos Aires desde los años ‘40. Luego de trabajar en Venezuela
durante la dictadura de Onganía, a fines de los años ’60 y ya radicado
nuevamente en Argentina, se produjo un cambio de su interés al relacionarse más
estrechamente con las ciencias sociales. Explicó entonces su cuestionamiento a
la actividad científica e intensificó la búsqueda de nuevas vinculaciones entre
las ciencias. Ciencia, política y cientificismo (1969)constituye
la obra medular de su pensamiento y por ello dedicaremos a ella las siguientes
reflexiones.
El propósito de la
obra es según el autor proponer una actividad concreta a los científicos, una
actividad propia de un tipo particular de ciencia: ciencia autónoma.
Para comenzar su
exposición el autor identifica cuatro actitudes de los científicos frente al
sistema vigente: “fósil” o reaccionaria pura, “totalitaria”, “reformista” y
“rebelde” o revolucionaria. Fósiles versus Totalitarios es según Varsavsky la
alternativa maniquea con la que se nos sugestiona. En la práctica esta
alternativa no es viable y encubre la verdadera oposición, la que se plantea
entre Reformistas y Rebeldes.
Los Reformistas se
adjudican la misión, algunas veces cierta, de combatir a los Fósiles y
Totalitarios, pero además, consolidan su posición por medio de una “falacia
triangular”, que implica reducir a tres las posiciones posibles, dos extremos y
un medio –justo y equilibrado- ocupado por ellos. Queda entonces para la cuarta
posición, la del científico rebelde, luchar contra esta situación.
En palabras del
autor:“La misión del científico rebelde es estudiar con toda seriedad y usando
todas las armas de la ciencia, los problemas del cambio de sistema social, en
todas sus etapas y en todos sus aspectos, teóricos y prácticos. Esto es, hacer
‘ciencia politizada’.”
La crítica y, en
parte autocrítica, de Varsavsky se dirige hacia aquel período de “reforma” de
la Universidad argentina, reforma que en realidad implicaba “desperonizar” la
universidad. El autor toma como objeto de análisis su lugar de trabajo: la
Universidad de Buenos Aires. Desde Octubre de 1955 hasta Junio de 1966 el grupo
Reformista integrado por profesores y graduados políticamente heterogéneos
asume la dirección de la institución. Explica el autor que si bien este grupo
contenía buenos científicos, con deseos de sacar al país de su estancamiento,
alto grado de racionalidad, mucho empuje y un antiimperialismo difuso, lo que
los definía era su inexperiencia y falta de talento político.
Una de las primeras
tareas del grupo fue eliminar a los fósiles peronistas que resistían en sus
cargos. Evitando ser vinculados a las clásicas “trenzas” que se tejían en la
Universidad al momento de los concursos, buscaron utilizar métodos “objetivos”
para demostrar la incapacidad de los “fósiles”: número de artículos publicados
en revistas de prestigio internacional, jurados extranjeros de renombre, poco
peso a la antigüedad en la docencia, entre otros. Si bien lograron triunfar en
su propósito, pronto se hizo evidente que los fósiles no habían sido
reemplazados por científicos politizados sino más bien por cientificistas.
Si bien no fue
varsavsky el primero en utilizar el término “cientificismo”, fue quien hizo de
él un concepto controvertido y disparador de futuras interpretaciones. Según el
autor:(...) Cientificista es el investigador que se ha adaptado a este mercado
científico, que renuncia a preocuparse por el significado social de su
actividad, desvinculándose de los problemas políticos, y se entrega de lleno a
su ‘carrera’, aceptando para ella las normas y valores de los grandes centros
internacionales, concretados en un escalafón. (...) El
cientificista en un país subdesarrollado es un frustrado perpetuo. Para ser
aceptado en los altos círculos de la ciencia debe dedicarse a temas más o menos
de moda, pero como las modas se implantan en el norte siempre comienza con
desventaja de tiempo. Si a esto se agrega el menor apoyo logístico (dinero,
laboratorios, ayudantes, organización) es fácil ver que se ha metido en una
carrera que no puede ganar. Su única esperanza es mantener lazos estrechos con
su Alma Mater –el equipo científico con quien hizo su tesis o aprendizaje-,
hacer viajes frecuentes, conformarse con trabajos complementarios o de relleno
de los que allí se hacen, y en general llegar a una dependencia cultural
total.”
El autor
complementa su visión con la interpretación que realiza sobre la autonomía
científica, definida, más allá de la pretendida libertad de investigación,
como independencia de criterio, actitud crítica, pero de ninguna manera rechazo
indiscriminado a todo lo que provenga de otro país. Varsavsky explica que por
un lado, la verdad no es la única dimensión que cuenta: hay verdades que son
triviales, hay verdades que sólo interesan a ciertos individuos. Hay otra
dimensión que no puede ignorarse: la importancia. Y la importancia es algo
esencialmente local. Por otro lado, existe otra característica local, nacional
de la ciencia que tiene que ver con la gran complejidad propia y de interacción
con el medio, que presentan todos los sistemas y fenómenos en escala humana.
En palabras del
autor:“Si alguna afirmación científica nos permite hacer la experiencia, es que
conviene plantear el estudio de cada problema social y de otros de análoga
complejidad en su marco de referencia local, buscando los factores importantes
y las leyes adecuadas al caso particular, sin despreciar la experiencia
universal, pero sin aceptarla a priori. Hacer eso en Argentina es hacer ciencia
argentina. Y sus adelantos contribuirán a construir esa ciencia social
universal, hoy tan endeble, más que el seguidismo a las ideas del hemisferio
Norte.”
Para ello,
Varsavsky propone el método de estudio interdisciplinario de
problemas grandes del país. Esta interacción de disciplinas, que exige
discusión, crítica y estímulo constante entre los investigadores, y permite que
ideas y enfoques típicos de una rama de la ciencia se propaguen de manera
natural a las demás, contribuiría al logro de los objetivos.
Por último, el
autor cuestiona la supuesta secuencia de la investigación científica:
descripción, explicación, predicción, decisión, y presenta empezar por el
último eslabón: la decisión. “Decidir implica haber definido los objetivos y
por lo tanto da el verdadero planteo del problema. Predecir, no para tener la
satisfacción de acertar, sino para poder decidir, o sea elegir entre varias
posibilidades la que mejor logrará objetivos. Explicar no por el placer de
construir teorías, sino para poder predecir. Describir no para llenar
enciclopedias, sino en función de la teoría, usando las categorías necesarias
para explicar.”
Para completar su
interpretación sobre la necesidad de una nueva manera de hacer ciencia,
mencionaremos brevemente las ideas que este autor desarrolla posteriormente.
El principio
organizador utilizado por Varsavsky para descubrir y confrontar los
funcionamientos actuales y deseados de la sociedad es el de “estilo social de
desarrollo”, definido como “conjunto de características que definen el modo de
vivir, trabajar y evolucionar de una sociedad”.
Todo estilo social
incluye un estilo de consumo, de trabajo, de hacer ciencia, de hacer política,
etc. Así, el autor explica su propuesta para el estilo de desarrollo de los
países latinoamericanos en sus distintos aspectos. De esta manera, el “estilo
científico” de cada país debe ir de la mano del estilo social que se quiera
alcanzar. Más aún el autor llama la atención sobre lo siguiente: “Esta
influencia de las necesidades de la sociedad sobre las prioridades de
investigación científica se hace sentir también en la forma de plantear los
problemas, en los conceptos que se eligen para tratarlos y en las definiciones
que se les dan. (…) lo que se investiga en una sociedad es lo que una sociedad
considera suficientemente importante. (…) Distintos estilos sociales asignarán
distintas prioridades y harán progresar la ciencia en direcciones
diferentes”.
Esta idea, conocida
como por el concepto de ciencia nacional lejos está de
significar que hubiera conceptos o teorías científicas diferenciadas según
intereses económicos, más bien se refería a la necesidad de orientar y
articular las actividades científicas y tecnológicas en torno de un “proyecto
nacional”, otro de sus conceptos clave. Según Varsavsky, cuando un estilo se
definía mediante características suficientemente claras y concretas, se podían
proponer estrategias para construirlo a partir de la situación actual.
La construcción del
modelo de sociedad deseada daría como resultado el planteo de un Proyecto
Nacional: “proyecto” porque se proponía para llevarse a cabo; “nacional” en el
sentido de que se aplicaba a todo el país -o a un grupo de países- aunque no
necesariamente debía contar con el apoyo de las mayorías desde el
comienzo.
Hasta aquí fue presentada la interpretación de Oscar Varsavsky, principalmente
a partir de su visión respecto al rol de la ciencia para el desarrollo del
país. A continuación se propuesta elaborada por Jorge Sábato.
La interpretación de Jorge Sábato
La visión más
pragmática respecto del desarrollo tecnológico y la que tuvo mayor incidencia
sobre las políticas en ciencia y tecnología a escala nacional fueron las
planteadas por Sábato. Físico y tecnólogo argentino destacado en el campo de la
metalurgia y de la enseñanza de la física, fue el creador del Departamento de
Metalurgia de la Comisión Nacional de Energía Atómica y uno de los principales
asesores de la división de planificación y política del departamento de asuntos
científicos de la OEA.
Lejos de plantear
una plena autonomía tecnológica regional, la condición de dominio sobre la
tecnología era dada por el grado de intervención en la configuración del
"mix tecnológico" más adecuado a las condiciones locales. La
necesidad de acumulación de saber tecnológico debería ser satisfecha a través
de la optimización de los criterios de selección de tecnologías.
Para la adquisición de capacidades productivas podía ser tan importante generar
la misma en términos locales a través de actividades de I+D, como adquirirla en
el exterior, o aún, copiarla sin licencia. La soberanía nacional estaría dada
por la integración del desarrollo tecnológico así generado en un proyecto
nacional determinado, en primera instancia, en el plano político.
En palabras
Sábato:“Descubrimos la primera verdad de perogrullo: es inútil hacer
investigación si la política económica va por un lado y nosotros íbamos por
otro. Ello influyó mucho en mí, pues comencé a pensar que había que entender
las relaciones entre la tecnología y la política económica”.
No se trataba, es
necesario aclarar, de seleccionar siempre las tecnologías más 'avanzadas' que
se presentaban en el estado del arte internacional, sino aquellas tecnologías
que respondieran al mayor grado de adecuación a la estrategia de desarrollo. La
construcción de una capacidad científica local debía ser diseñada en función de
la capacidad local de producción del “mix”. Es decir, se reclamaba, junto a la
industrialización, una “endogeneización” de la tecnología: “la creación de una
capacidad local para absorber la tecnología importada y para adaptarla, de
acuerdo a la dotación local de factores, generar tecnología localmente y
responder a los requerimientos tecnológicos planteados por el proceso de
industrialización” (Martinez Vidal y Marí).
En resumen, más
allá del desarrollo de una tecnología propia, el concepto central de la
vertiente pragmática de la corriente es crear autonomía decisional tecnológica
propia. Esto es, capacidad para: manejar la tecnología, detectar y formular la
demanda tecnológica, buscar y seleccionar alternativas, procurando diversificar
las fuentes proveedoras de tecnología, abrir, desagregar y rearmar el paquete
tecnológico, comprar, alquilar y negociar, adaptar e innovar, detectar la
capacidad nacional de oferta de tecnología y armado de paquetes tecnológicos y
generar, complementando o modificando la tecnología importada, al menos en
componentes del paquete.
Dentro de las
contribuciones metodológicas de la época, sin lugar a dudas, el modelo
conceptual más difundido fue el esquema presentado Jorge Sábato y Natalio
Botana en un artículo publicado en 1968. Este esquema conceptual pone en
relieve las interrelaciones entre el gobierno, la estructura productiva, y la
infraestructura científico-tecnológica, planteando que los países
latinoamericanos deben participar activamente en el progreso científico y
tecnológico mundial como medio para superar el subdesarrollo. Sábato y Botana
emplean este esquema conceptual para proponer lo que consideran “una estrategia
viable para hacer realidad la participación obligatoria y posible”.
En los vértices del
“triángulo de Sábato” se: el gobierno, (políticas-regulaciones-financiamiento
parcial) la estructura productiva (demanda/financiamiento parcial), y la
infraestructura científico-tecnológica compuesta por un “complejo de elementos
articulados e interrelacionados entre sí”. Sábato y Botana explicitan cinco de
estos elementos: el sistema educativo; las instituciones donde se realizan las
investigaciones; el sistema institucional de planificación, de promoción, de
coordinación, y de estímulo a la investigación; los mecanismos jurídico
administrativos que regulan el funcionamiento de a, b y c, y los recursos
económicos y financieros aplicados a su funcionamiento.
Luego, el modelo
distingue tres “niveles de relaciones”, las que se establecen dentro de cada
vértice (intrarrelaciones); las que se dan entre los tres vértices del
triángulo (interrelaciones); y aquellas que se establecen entre el triángulo (o
bien, entre cada no de los vértices) y el contorno externo (extrarrelaciones).
Las
intrarrelaciones tienen como objetivo el transformar a estos centros de
convergencia en centros capaces de generar, incorporar y transforman demandas
en un producto final que es la innovación científico tecnológica. De tal modo,
las diferentes relaciones que integran cada vértice deben estructurarse con
vista a garantizar una determinada capacidad.
Sobre le segundo
tipo de relaciones, Sábato y Botana afirman que la estructura
científico-tecnológica tiene lugar a través de dos flujos: la asignación de
recursos por parte del gobierno al vértice infraestructura, ya que este último
“depende vitalmente de la acción deliberada del gobierno”, y el flujo de
demanda por conocimientos y tecnología que genera el vértice gobierno para la
infraestructura.
La interrelación
gobierno-estructura productiva se da mediante la acción recíproca de estos dos
vértices, a través de la influencia de políticas gubernamentales y la
asignación de recursos en una dirección, y de la provisión de bienes y
servicios que demanda el gobierno en la otra.
En conclusión,
Sábato consideraba que para los países en “vías de desarrollo” alcanzar
‘autonomía científica’ implica poseer una infraestructura
científico-tecnológica propia deliberadamente integrada en uno o varios
triángulos de relaciones. A su vez, el proceso de desarrollo debe ser entendido
como algo superior al incremento del nivel económico de la sociedad; desarrollo significa:
“Transformar una sociedad tradicional en una sociedad moderna (…) Un país en
desarrollo es por lo tanto un país en crisis; y permanecerá en crisis mientras
este en desarrollo”.
Para finalizar,
cabe mencionar dos cuestiones que Vacarrezza señala sobre esta corriente de
pensamiento: su constante preocupación por el problema del desarrollo autónomo
de la región. En primer lugar, señala este autor, el pensamiento
latinoamericano sobre políticas de ciencia y tecnología se construyó como un
pensamiento coherente, ya que, en general, destacó el carácter social y
estructural de la ciencia y la tecnología y, por ende, de las políticas
específicas. En segundo lugar, se constituyó como un pensamiento legítimamente
autónomo de la región, refutando la transferencia acrítica y descontextualizada
de ideas, marcos conceptuales, creencias, formatos institucionales y usos
administrativos de los países centrales a los periféricos. En tercer lugar, dejaron
constituida una comunidad de pensamiento que, al margen de los abandonos
temporales de las ideas desarrolladas, se relacionan con aquéllos.
En suma, en la
versión más radical del pensamiento latinoamericano en política de ciencia y
tecnología, la superación del atraso era posible a través del cambio
revolucionario de las sociedades. En una versión menos contestataria, se exigía
la adopción por parte del Estado de políticas que impulsaran las
interrelaciones dinámicas entre los distintos actores pertinentes de la
sociedad. En ello se centraba el esquema de Sábato.
Como puede
observarse, el pensamiento latinoamericano sobre ciencia, tecnología y
sociedad comparte con las demás interpretaciones de la región que
reivindican su especificidad como tal, una cuestión central: la
interpretación va ligada a la acción. En palabras de Zapata:“(…) el aporte
propiamente latinoamericano al estudio de nuestros problemas (…) nunca ha
estado separado del intento de llevar a la práctica las soluciones propuestas
(…) el pensamiento y la acción constituyen una unidad indisoluble.”
Sábato desde la
CNEA y Varsavsky desde la Universidad intentaron llevar a la práctica y
promover sus posturas. Varsavsky creó grupos interdisciplinarios en distintos
puntos de América Latina e intentó estimular la creatividad del científico y su
espíritu nacional, fomentando los estudios de la materia que creía interesaba a
cada país, eliminando los trabajos individualistas con el único fin de
satisfacer las necesidades y los intereses de un grupo reducido. Sábato como
tecnólogo, creó y orientó centros de investigación pioneros en la región, como
es el laboratorio de metalúrgica nuclear de la CNEA, mientras que en su rol
como intelectual se destacan sus contribuciones tendientes a demostrar que las
políticas tecnológicas de un país se generan en instancias múltiples, las
diferencias entre investigación científica y tecnológica y sus esfuerzos por
afirmar la autonomía científica de la región
Otra de las
peculiaridades del pensamiento latinoamericano que también observamos en este
campo en particular, es que las proposiciones se plasman en un continuo que va
desde una interpretación “revolucionaria” a una “reformista”, situación que
suele ser típica dentro del pensamiento latinoamericano en su conjunto. Desde
las interpretaciones de Mariátegui y Haya de la Torre hasta la visión
“reformista” de los enfoques de la dependencia simbolizada por Cardoso y
Falleto hasta la visión “revolucionaria” representada por Ruy Mauro Marini y
Dos santos, el pensamiento latinoamericano ha oscilado entre un extremo y otro.
Consideramos
indispensable conocer mejor los aportes mencionados y esperamos que esta
presentación sirva para motivar a otros a elaborar su propia visión de nuestros
problemas.
Bibliografía
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Sábato, J., 1971, “Ciencia, Tecnología, Desarrollo y Dependencia”. San Martín
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estudio del enfoque de sistemas”. Editorial Colegio de México.
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Varsavsky, O., 1975, Ciencia, política y cientificismo, Centro Editor de
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Varsavsky, O., 1982, “Obras escogidas”, Centro Editor de América Latina, Buenos
Aires.
Zapata, Francisco, 2001, “Ideología y Política en América Latina”, El Colegio
de México, Centro de Estudios Sociológicos, México D. F.
III.
Una visión de la ciencia y su
relación con la ética, en Mario Bunge
Autora: Lic. Adianez Fernández Bermúdez
Correo: afernandez@ucf.edu.cu
Mario Bunge (Buenos
Aires, 21 de Septiembre de 1919). Físico, filósofo y epistemólogo argentino,
además de humanista. Es reconocido también por expresar públicamente su postura
contraria a las pseudociencias, entre las que incluye al psicoanálisis y la
homeopatía, además de sus contundentes críticas contra corrientes filosóficas
como el existencialismo, el posmodernismo, la hermenéutica y el feminismo
filosófico. Tal vez su obra más importante son los ocho tomos de su Tratado
de filosofía básica (Treatise on Basic Philosophy).
Interesado en la
filosofía de la física, Bunge comenzó sus estudios en la Universidad Nacional
de La Plata, graduándose con un doctorado en ciencias físico-matemáticas en
1952. El tema de su tesis doctoral versó sobre El Spin del Electrón
Relativista. Allí, y en la Universidad de Buenos Aires, fue profesor de
física teórica y filosofía desde 1956 hasta 1963 cuando, insatisfecho con el
clima político de su país, tomó la decisión de emigrar. Por unos pocos años
enseñó en universidades de México, Estados Unidos y Alemania. En 1966 se
instaló en Montreal, Canadá, donde enseña en la Universidad McGill desde
entonces.
Sus intereses son
tan diversos como amplia su obra, que se sitúa en la intersección de la
filosofía con la ciencia y abarca la filosofía general (ontología, lógica,
epistemología, semántica y ética) así como aplicada (física, biología,
psicología y ciencias sociales), sin eludir consideraciones a la filosofía de
la lógica y las matemáticas como fundamento no sólo del quehacer científico
sino también filosófico. En este sentido ha sido fundador de la Sociedad para
la Filosofía Exacta[], que procura precisamente emplear solamente conceptos
exactos, definidos mediante la lógica o la matemática. Intenta combatir de esa
manera la ambigüedad y la imprecisión característica de los filósofos
postmodernos (especialmente hermenéuticos).
Su posición crítica
está balanceada por sus aportes originales y por el planteamiento de caminos de
"reconstrucción" filosófica.
Su libro La
ciencia, su método y su filosofía (1960), donde introduce las bases
del método científico y su aplicación en el campo del saber, ha llegado a ser
un clásico en su género. Pero si se desea obtener una perspectiva profunda de
su concepción filosófica sin pasar por el extenso Treatise,
posiblemente la opción más recomendable sea su manual La investigación
científica, publicado por primera vez en inglés en 1967, cuya traducción ha
sido reimpresa con correcciones por Siglo XXI Editores de México, en el
año 2000.
Mario Bunge ha sido
honrado en varias ocasiones con doctorados honoris causaotorgados
por instituciones como la Universidad de Salamanca (España) en 2003 y la
Universidad Nacional de La Plata (Argentina). También recibió el Premio
Príncipe de Asturias en 1982.
Actualmente
es Frothingham Professor of Logic and Metaphysics en McGill
University, Montreal, Canadá.
Analizar la visión de Mario Bunge sobre ciencia y la relación que existe entre
esta y la ética, ha sido el objetivo a seguir en estas líneas, por lo que hemos
realizado el estudio en dos partes.
Concepción de la
ciencia en Mario Bunge
Muy tempranamente
el pensamiento latinoamericano empezó a vincular las ideas de ciencia y
desarrollo, aunque no siempre de igual manera a nivel conceptual; vincularlos
se hacia una necesidad, que venía prácticamente indicada por las
experiencias de los países avanzados. La idea, de que la ciencia
moderna generaría tecnología y esta a su vez el desarrollo, contribuiría
a disminuir la separación entre países desarrollados y subdesarrollados,
comenzó a cobrar mucha fuerza en este tiempo. Aplicar políticas científicas y
tecnológicas foráneas era recomendado por varios intelectuales locales de las
primeras décadas del siglo XX y por agencias y fundaciones extranjeras.
Ya en los años 50
se advierte que, en virtud del proceso de industrialización y modernización que
tenía lugar en la región, sobre todo por la euforia que respecto a ciencia y
tecnología se vivía por entonces en esos países desarrollados, se cristalizó en
América Latina una percepción o imagen de la ciencia que algunos autores como
Salomón califican de “cientificismo”.
Basado en el
movimiento que venía gestándose en la década del 50, hace que en los años 60 se
revele el comienzo de un pensamiento sobre ciencia y tecnología optimista,
integrador, independiente y progresista que está fundamentado en los principios
de la Alianza para el Progreso.
Durante esta década
se crearon muchos de los Consejos Nacionales de Ciencia y Tecnología,
orientados a planificar, coordinar y promover las actividades de creación y
transferencia de conocimiento. En la base de estos esfuerzos de
institucionalización se aprecian varios factores:
- La detección del atraso
científico tecnológico.
- La apreciación favorable de
la experiencia de los países industrializados.
- Suposición, por analogía, de
que en América Latina se debe proceder según las pautas que trazaban las
agencias internacionales.
- La ideología de la
Alianza para el Progreso, puso de moda la idea de la planificación como
requisito previo a la asignación de recursos.
Este movimiento fracasó, pero dejó la conformación de un
pensamiento auténtico, que comenzó a luchar de manera particular, donde se
fueron relevando paulatinamente el espacio y la función de la ciencia en
América Latina. Este pensamiento ha permitido desplazar las fronteras
tradicionales de la teoría de la ciencia, casi siempre centrada en el ser
o deber ser de la práctica científica en los países desarrollados, la crítica a
estas perspectivas y su sustitución por otras más sensibles a nuestro contexto,
ha sido la tarea de mucho de los autores de este período que provienen de la
línea de los estudios sociales de la ciencia como son: Hebe Vessuri, Oscar
Varzavsky, Amilcar Herrera, Jorge Sábato, Víctor Urdiqui.
Mario Bunge, quien
según Jorge Núñez Jover, es el filósofo de la ciencia más relevante de
América Latina, no se quedó al margen del debate del momento, y sin dudas hizo
contribuciones importantes acerca de la concepción y desarrollo de la ciencia en
América Latina , sin dejar de mencionar que tuvo sus limitantes, que también
consideraremos en el momento preciso.
Este pensador
durante toda su obra ha construido y aplicado un sistema filosófico de la
ciencia, con tres soportes principales, los cuales consisten en:
materialismo, realismo y racionalismo. Con ello en mano se ha dedicado
esmeradamente a aclarar no solo problemas vinculados al desarrollo
científico, sino también a los valores, la ideología, entre otros.
Veamos entonces
cual es el rol de la filosofía de la ciencia, que esta desempeña para él
en el planteamiento de una política científica tributaria al desarrollo
social.
La explicación de
Bunge en este sentido se desarrolla a partir de tres tesis
fundamentales:
- Todo desarrollo integral
involucra necesariamente el desarrollo científico. La ciencia es el eje
central de la cultura, por lo que constituye el núcleo de cualquier
plan racional y factible de progreso.
- El desarrollo científico
debe apoyarse en una política científica.
- Esta política debe
basarse en una filosofía de la ciencia que estimule un desarrollo
científico integral.
Según Bunge par tal finalidad, no sirven ninguna de las filosofías de
amplia difusión como el positivismo, pragmatismo, etc. El positivismo anticuado
es, a su juicio, el que constituye la filosofía popular del desarrollo
científico, la cual está a cargo de proyectar una imagen del deber ser de
la ciencia que hace que se privilegie la empírea frente a la teoría, las
ciencias naturales respecto a las sociales,, la ciencia aplicada antes que la
pura, el regionalismo al universalismo y finalmente postula la
conveniencia de la neutralidad filosófica de la ciencia.
Teniendo en cuenta
su primer planteamiento en cuanto a que el desarrollo social, incluye un
desarrollo un desarrollo científico, debemos analizar la posición filosófica
que asume este autor cuando se habla de la relación existente entre ciencia –
sociedad. Esta última consiste, para él, en: …“un sistema compuesto de cuatro
subsistemas interrelacionados: biológico, político, económico y cultural”.
Muy importante es
en este aspecto, aclarar que este autor no le otorga un nivel jerárquico
a ninguna, sino que se relacionan de manera funcional, cualquiera de ellos
puede iniciar el cambio social, o sea, no es partidario ni concibe la idea de
base- superestructura.
Bunge trata de
evadir, mediante el enfoque de sistema, lo que él mismo denomina posiciones
individualistas y globalistas, pero sin lugar a dudas, es visible que en
su obra les ofrece mayor relevancia a los individuos que a la totalidad.
En su producción
intelectual no le otorga mucha importancia al resto de los subsistemas
mencionados, solo el de la cultura merece especial atención, al cual le incluye
la ciencia, como un elemento fundamental.
Al concepto de
ciencia le ha dado varios tratamientos en toda su obra, últimamente ha
expresado, para estar a tono con las tendencias mundiales, en cuanto a la
relación con la sociedad: “Creo que la palabra Ciencia es ambigua: en un
contexto denota un conjunto de conocimientos expresables en proposiciones y
normas, en otro contexto denota un tipo de actividad cognoscitiva; en un
tercero, el sistema social compuesto por los investigadores científicos.
Los positivistas se han atenido solamente al primer significado, los
pragmáticos al segundo, y los sociologistas al tercero (…) concibo la ciencia
tanto como un sistema social cuanto una actividad y los resultados conceptuales
de este”
En su concepción de
la ciencia tienen un importante papel las distinciones analíticas entre ciencia
básica, ciencia aplicada y tecnología. En las dos primeras es común el uso del
método científico, pero las diferencia sus objetivos fundamentales, por ejemplo,
el investigador básico trabaja en los problemas que le interesan y el aplicado
se dedica a estudiar los de nivel social. La tecnología, en cambio, se dedica
al diseño y ensayo de artefactos, procesos y planes de acción con la ayuda de
la primera.
A pesar de esta
distinción debemos decir que actualmente esto no es algo común, pues la
mayoría de los caminos que toma la ciencia pura está en función de fines
sociales, la investigación, para satisfacer la curiosidad del investigador, es
algo carente.
Lo prioritario en
el desarrollo es el hombre; este es un ser integral que debe satisfacer
necesidades de distintas índoles, siempre intervinculadas. Lo principal no es
la libertad de la producción científica sino el fin social al que debe estar
subordinada.
La moralidad
intrínseca a la labor científica es una premisa obligada, que solamente tiene
cumplimiento en un proyecto progresista de desarrollo, con la economía y la
política como algo definitivo, donde la ciencia es ciencia par el pueblo, para
el hombre; no un simple ejercicio de elites, solamente consumidos por el poder.
El cientificismo de
corte positivista al que pertenece Mario Bunge, considera a la ciencia como una
entidad autónoma que se autodetermina y donde la sociedad no pasa de
ser un marco que asegurará las condiciones propicias para el
desarrollo de la ciencia, pero sin dejar de ser un fenómeno externo a ella. La
actividad científica se enfoca primariamente cerebral, vinculado
directamente a procesos individuales y no un movimiento social.
Con respecto a su
posición en relación con la ciencia y el vínculo de esta con la sociedad, Jorge
Nuñez plantea: “El condicionamiento social de la ciencia (…) aparece
insuficientemente tratado en la obra de Bunge (…) La carencia de una
comprensión correcta de lo social, así como la relación de la ciencia con la
sociedad, como uno de sus componentes, tienen su obra diferentes
consecuencias, entre ellas sus diagnósticos y proposiciones sobre el
desarrollo de la ciencia en América Latina”.
Ética y
ciencia en Mario Bunge
La ciencia en si
misma, a la vez que por medio de la tecnología, se ha hecho presente en muchos
campos: económico, político, militar, cultural, hace imposible que no se tenga
en cuenta la importancia de su existencia en el replanteamiento de algunos problemas
y del planteamiento de otros nuevos que buscan soluciones, y es aquí donde la
conciencia ética de los científicos y el público se ha hecho patente.
Mientras la ciencia
no irrumpió en la vida cotidiana, mientras mantuvo su lejanía respecto de la
política, de la economía (industria comercial o bélica), del poder en su triple
dimensión política, económica y militar, y sobre todo, mientras no apareció ningún
exceso del cual sentirse responsable, el surgimiento de esta conciencia ética
no hizo su aparición. Los avances de esta conciencia estuvieron determinados en
gran medida, por el enfrentamiento a situaciones que exigían una creatividad
axiológica, como fueron los retos.
Cuestionamientos
como ¿es éticamente neutral la ciencia?, ¿se corrompe, por el poder?, ¿serán
correctos los códigos morales establecidos para la investigación científica?,
entre otros aparecen constantemente en el libro “Ética, Ciencia y Técnica” de
Mario Bunge, que dedica a un análisis crítico de la relación entre estos tres
aspectos.
Una de las tesis
fundamentales que se trata en este trabajo de Bunge, es la referente a la
corrupción de la ciencia en función a la sumisión de esta al poder, (económico,
político o militar).
“la ciencia puesta al servicio de la destrucción, la opresión, el privilegio
y el dogma- fuerzas armadas, trusts, partido so iglesias- puede ser muy eficaz
y hasta creadora en cierto respectos limitados (...)no absolvamos entonces, a
los científicos que ayudan a empujar a sus semejantes a la guerra, a la
miseria, a la opresión o a la conformidad con un dogma cualquiera: son
más responsables que sus empleadores: contribuyen ala corrupción de
nuestro tiempo”…
Desde tiempos
anteriores hasta la actualidad constituye uno de los principales problemas de
la ciencia y de su basamento moral, el provecho que pueda tener cierto
conocimiento producido y el fin con que pueda ser utilizado, este
es manejado y pirateado por “científicos –administradores” o “gerentes de
la ciencia” como dice Bunge, con el propósito de obtener facilidades para
las instituciones que administran.
La influencia que
el poder ejerce sobre el quehacer científico, se da como reducción, en
diferentes grados, de la autonomía que pueda generarse una vez que la
investigación se desencadena. Tampoco se puede olvidar que a veces responden
también al interés político o económico de algún grupo social.
La búsqueda de la
verdad en la actividad científica, hace que los científicos se auto impongan
una norma de conducta recta.
Según Mario Bunge
la actividad científica debe estar regida por la adquisición y
afianzamiento de hábitos o actitudes morales, las cuales el distingue como:
- Honestidad
intelectual
- La independencia de juicio.
- Coraje intelectual
- Amor por la libertad
intelectual
- Sentido de la justicia
Estas cinco virtudes refuerzan el compromiso de cada uno de los
investigadores, pues no es un código impuesto, sino que surge de algo
interno y auto impuesto que responde a la dinámica de la
investigación y no a un reglamento externo.
Hay que tener en
cuenta que ninguna de estas virtudes se cumplen cuando se realiza una
investigación en beneficio de fuerzas destructivas si esto ocurre, entonces
estaríamos cayendo en un corrupción interna del científico.
Otra de las tesis
fundamentales de esta obra de Mario Bunge, es el carácter público u oculto de
la producción científica, referente a esto plantea:…“la misión de la ciencia no
es acatar sino innovar, no es ocultar sino descubrir”…
A pesar de que la ciencia secreta pueda dar grandes resultados hay que tener en
cuenta que en un proceso donde se pueda intercambiar libremente y criticar, y
donde los intereses sean bienes comunes, es necesario que esta asuma
un carácter público.
No se pone en duda
que los científicos puedan o no dirigir, controlar, y a la vez producir en un
investigación para solucionar los problemas sociales, sino que se debe explotar
todo el conocimiento y posibilidades que brinda el trabajo abierto y la reciprocidad
grupal.
En América Latina
la concepción sobre la ciencia y la tecnología como formas de pensamiento,
conocimiento y acción se presenta como universal, independiente de los
contextos socio históricos en que estas se insertan. Dicha
concepción se va a ver vinculada a la filosofía de inspiración
positivista que penetra a principios del siglo XX y continua hasta hoy.
El cientificismo,
de corte positivista, provoca en Mario Bunge, una visión de la ciencia como un
ente director y autónomo, que se autodirige y determina independientemente de
la sociedad, y esta va solamente a servir de medio para su realización.
A pesar que en su
concepto de ciencia, referenciado al inicio del trabajo, se pone en consonancia
con lo que actualmente está en el boom del asunto, como es la relación directa
entre ciencia y sociedad, sabemos que su posición es muy clara, o sea, en
cuanto a la prioridad que le otorga a la ciencia como parte de uno de los
subsistemas que integran la sociedad (la cultura), al cual le sede cierta
relevancia.
En cuanto a la
relación ética y ciencia, hay que resaltar la importancia que le atribuye este
autor al tema relacionado con la corrupción de la ciencia en
función de servir al poder, sea económico, político, social o militar,
aclarando que esta debe estar en beneficio del investigador, en el caso de lo
que él denomina ciencia básica, o de la sociedad, cuando habla de ciencia
aplicada.
La honestidad
intelectual, junto al coraje , independencia, justicia y amor por la libertad,
son valores que declara como guía de la actividad científica de todo
investigador.
Bibliografía
Colectivo de
autores. (1998)Filosofía en América Latina.- La Habana: Editorial Félix
Varela. p 459 –511
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Lo que la educación científica no debería olvidar. La Habana: Editorial
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Oteiza, E. y H. Vessuri.(1993). Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología
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Sánchez Linares, Felipe. (1991). Lecciones de Filosofía Marxista
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Vázquez García, Humberto. (2006). Moral ética y eticidad cubana.
Revista Cuba
Socialista. La Habana, (38): 3-9.
IV.
La ética y responsabilidad en la
investigación social
Autores: Dra. Isabel Pérez Cruz , Laura Díaz Suárez.
Estudios
Socioculturales. Curso 2009-2010
“La ética y
la responsabilidad en la investigación social” es un trabajo que va
encaminado a analizar la cuestión ética cuando se lleva acabo una investigación
social, además de contar con un objetivo especifico que es explicar los
principios éticos primordiales que se exponen en el Informe Belmont.
Toda investigación
influye, directa o indirectamente, sobre los derechos, el bienestar y hasta en
la vida privada de los seres humanos. Por esto es que en esta actividad, la
honestidad y la honradez son vitales. En general, nadie puede evitar
enfrentarse a problemas de índole ético en la vida cotidiana, porque se trata
de problemas que afectan a la propia persona que los plantea y se refieren a su
propia actuación y a sus relaciones con los demás. Es por eso que se presenta
la necesidad de ajustar las conductas a ciertas normasreconocidas como
obligatorias o que son, por lo menos, dignas de considerarse. Cuando así se
hace, el sujeto se está comportando éticamente y merece, por lo tanto, la
aprobación de los demás. En consecuencia, el juzgar éticamente a las acciones
de los demás y a las diversas situaciones que se presentan, es una práctica
universal y constante.
El trabajo está
estructurado en una introducción, un desarrollo, las conclusiones y las
referencias bibliográficas. En el desarrollo se encuentran aspectos
refiriéndose al contexto, algunos antecedentes, la explicación del Informe
Belmont con sus principios y otros apuntes.
El problema de la
investigación social, es que las consideraciones éticas no siempre resultan
obvias, pues a menudo se emprenden investigaciones sin ver las cuestiones
éticas que pueden ser evidentes para otros y para uno mismo. La ética se
vincula con la moralidad y ambas se ocupan de la cuestión de lo bueno y lo
malo, llamamos lo ético como “de conformidad con las normas de conducta de una
profesión o grupo” (Diccionario Laroousse). Así, lo que se considera moral o
ético en la vida diaria es una cuestión de asentimiento entre los miembros del
grupo.
Hay ciertas
preocupaciones vitales que delinean las actividades de los investigadores.
Sucede así con la preocupación por la ética de la investigación, se trata
de consideraciones de carácter moral que influyen en las decisiones tomadas
durante el proceso de investigación. Precisamente, una de las consideraciones
más importantes que debe tener el investigador es que los participantes son
sereshumanos,que deben mantener siempre su dignidad a pesar de la investigación
y sus resultados. Sin embargo, esto no es fácil. La forma como se trata a las
personas y los beneficios, aunque sean indirectos, que puedan obtener de su
participación son cuestiones críticas que es preciso mantener en primer
término.
Una delicada
cuestión ética y para la que todavía no hay respuesta, es la pregunta: ¿En qué
medida el investigador debe aceptar las restricciones normativas de la
sociedad?
Hay que tener en
cuenta que si bien el método científico no puede determinar lo que “debería
ser”, tiene en sí una ética inherente y es sabido que toda actividad científica
posee consecuencias morales.
Los investigadores
sociales toman continuamente decisiones de carácter ético y los preceptos de
“neutralidad científica” y “objetividad” entrañan determinados compromisos
morales. El investigador enfrenta decisiones éticas en cada etapa de su
estudio, y las cuestiones éticas de la investigación son a la vez importantes y
ambiguas y las asociaciones profesionales poseen códigos formalesde conducta
que definen lo que se considera un comportamiento profesional aceptable y uno
inaceptable.
En las
instituciones hay instancias que revisan las propuestas de investigación para
verificar que se protejan los derechos e intereses de los participantes, se
aseguran de que sean mínimos los riesgos que enfrentan y establecen que se
prepare una forma o documento de consentimiento informado que explique con
claridad los riesgos.
Por ética el
investigador debe enfrentarse a las consecuenciasde su estudio, pero esto es
una cuestión que todavía algunos ignoran, deben estar preparados para
responder a varias interrogantes:
- ¿Son los objetivos del
estudio proporcionales a los riesgos de los participantes?
- ¿Tienen mayor peso los
beneficios científicos potenciales que cualquier posible riesgo con los
participantes?
El investigador social tiene también obligaciones éticas para con sus
colegas y la comunidad científica. Debe saber reconocer sus desventajas
técnicas y sus fallas, haciéndolas del conocimiento de los demás, aunque eso no
guste. Por otra parte hay el mito desafortunado de que sólo vale la pena
publicar los resultados positivos, pero los resultados negativos también deben
publicarse. También debe evitar describir los descubrimientos como el producto
de una estrategia analítica cuidadosamente planeada cuando no fue así, porque
muchos descubrimientos llegan en forma inesperada. Ello es deshonesto. La
ciencia avanza con honestidad y franqueza, los egoísmos y los engaños la
retardan.
Existen igualmente
problemas éticos en las relaciones interpersonales entre los científicos, por
ejemplo una cuestión es a quién se debe dar créditopor determinado esfuerzo.
Existen investigaciones muy grandes que involucran a muchas personas, y uno de
sus riesgos es que en muchos casos esto conduce a acusaciones de robo de ideas.
En una comunidad
científica se establece un nivel de conversaciones e intercambios que en el
transcurso del tiempo es imposible determinar qué tanto del pensamiento es
original de alguien. Igualmente puede suceder que varios científicos puedan
hacer el mismo descubrimiento al mismo tiempo y eso no debe causar sorpresa.
Otro caso es en
la relación profesor-alumno o supervisor-asistente. Los profesores pueden
utilizar su poder y posición para explora las ideas de los estudiantes(así como
su tiempo) sin darles el crédito debido o sin remunerarles debidamente. Existen
proyectos en los que participan estudiantes y como reciben una remuneración el
director del proyecto piensa que su ayuda y sus contribuciones intelectuales no
requieren reconocimiento formal y todo el crédito lo recibe el director como
autor.
La existencia de
gran número de investigaciones con seres humanosha generado preocupación pero
también controversias en relación con los aspectos éticos de la actividad.
La necesidad de una
conducta éticaen la investigación parece obvia, pero no siempre se le ha
concedido la adecuada atención, y no pocas veces se la ha transgredido, las
veces que la investigación ha violado los principios éticos no lo ha hecho
específicamente con propósitos crueles o inmorales, sino que suele surgir de la
convicción de que el conocimiento que se espera conseguir es importante y
beneficioso.
Es que
desgraciadamente existen problemas de investigación en los que los derechos de
los sujetos involucrados y los requerimientos del rigor científico entran en
contradicción y se genera un conflicto que deviene en un dilema ético. Ha
habido casos de violación sistemáticade los principios morales por parte de los
investigadores, quienes deliberadamente llevaron a cabo experimentos
perjudiciales a los participantes. Ejemplo de esto sucedió, con los
experimentos médicos de los nazis en los decenios de 1930 y 1940. Ellos
llevaron a cabo programas de investigación que incluían el uso de prisioneros
de guerra y “enemigos” raciales en numerosos experimentos diseñados para probar
los límites de resistencia y la reacción de los seres humanos a enfermedades y
medicamentos no probados. Los estudios carecían de ética no sólo porque
exponían a los sujetos a lesiones físicas permanentes y aun a la muerte, sino
también porque éstos no tenían oportunidad de rehusarse a participar.
Otro fue el
experimento realizado en los estados Unidos entre 1932 y 1972, en un trabajo
conocido como el Estudio Tuskegee sobre la sífilis, en el que se investigaron
los efectos de la enfermedad en 400 hombres de una comunidad negra pobre. El
tratamiento médico fue retrasado deliberadamente para estudiar el desarrollo de
la enfermedad sin tratamiento.
Otro caso muy
divulgado de investigación, carente de ética fue el relacionado con la
inyección de células cancerosas vivas a pacientes ancianos en un hospital judío
de Estados Unidos, lo cual fue hecho sin el consentimiento de los pacientes.
También más
recientemente todavía, en 1993, se reveló que la Comisión de energía atómica de
los Estados Unidos ha patrocinado, desde los años cuarenta, experimentos con
radiación en cientos de seres humanos, muchos de ellos prisioneros
encarcelados o pacientes ancianos de hospitales.
Esto cuenta en gran
parte como respuesta a las violaciones de los derechos humanos y, sobre todo,
considerando la necesidad de normar los aspectos éticos involucrados en los
procesos de investigación con seres humanos es que se han llegado a establecer
diversos códigos de ética. Como es el caso del reconocido internacionalmente
Código de Nuremberg, elaborado después de la segunda guerra mundial.
Posteriormente se desarrollaron otras normas internacionales, entre las que
destaca la Declaración de Helsinki de 1964, enmendada en 1975. La mayoría de
disciplinas y profesiones han establecido sus propios códigos éticos en los
diversos países del mundo. En 1978 se publica en Estados Unidos el
llamado Belmont Report,que fue aceptado por la comunidad científica
internacional y que sirvió de base para otros reglamentos y de modelo para los
muchos lineamientos que adoptaron las diferentes disciplinas específicas.
El Informe Belmont
postula tres principios éticos primordiales, sobre los que se basan
las normas de conducta ética en la investigación:
1. El Principio de
beneficencia
2. El Principio de
respeto a la dignidad humana
3. El Principio de
justicia.
El principio de beneficencia, el cual señala que la beneficenciatiene
como máxima fundamental, sobre todo, no hacer daño. Es así como la primera
regla ética de la investigación social es la de no lastimar al participante, se
hayan ofrecido o no como voluntarios. Regularmente no se pretende hacerlo, pero
se puede caer en ello inadvertidamente si no se es cuidadoso. Si, por ejemplo,
el investigador revela información que perjudica a las personas que entrevista,
infringe esta regla ética. Es necesario preguntarse siempre si la investigación
realizada dañará de alguna manera a las personas que estudia. Esto porque casi
todo lo que se hace en la vida tiene la posibilidad de lastimar a alguien. Por
lo que es de suma importancia no dejar de recordar que casi cualquier
investigación corre el riesgo de lastimar a alguien de alguna manera y no hay
forma de que el investigador se guarde de todos esos daños posibles.
Es necesario, en
primer lugar, considerar seria y detenidamente los riesgos que corren los
participantes en la investigación. Se considera riesgoa la
probabilidad de que el participante sufra algún daño inmediato o tardío como
consecuencia de los procedimientos empleados. Tipos de riesgo:
- Ningún riesgo, como sucede
en los estudios descriptivos, que no realizan intervención en los
participantes.
- Riesgo mínimo, como en los
estudios prospectivos, que emplean procedimientos rutinarios.
- Riesgo mayor que el mínimo,
en el que se puede afectar al sujeto en forma significativa.
Para que haya una efectiva protección contra daños, la investigación
debe ser realizada por personas calificadas científicamente, que cuidan de no
exponer a los participantes a daños graves o permanentes y que están preparadas
para dar por terminado el procedimiento si tiene motivos para pensar que con él
puede causarse algún daño. Además, no sólo es protección del daño físico sino
también de algunas consecuencias psicológicas.
Es necesario lograr
la garantía de no utilización de la relación. Asegurar que la participación o
la información que proporcionen los participantes, no será utilizada en ninguna
forma contra ellos porque el involucrarse en la investigación no debe situar al
sujeto en algún tipo de desventaja o exponerlos a situaciones para las que no
han sido preparadas explícitamente. De igual forma el sujeto participante
va a establecer una relación especial con el investigador y de ninguna forma
ella puede ser utilizada para fines distintos de los establecidos.
Así mismo debe de
alcanzar los beneficios resultantes de la investigación. Hay que esforzarse por
llevar los beneficios al máximo posible y hacerlos llegar honestamente a los
sujetos. Se hace necesario compartir los resultados, presentar los descubrimientos
nuevos al público tan pronto como sea práctico y posible, compartir los
hallazgos con otros. Y, precisamente, entre los más importantes de esos “otros”
están los propios participantes de cualquier investigación. Es importante
aclarar que la distribución de beneficios es el principio que tal vez se viola
con más frecuencia.
En la relación
riesgo/beneficio. Hay que valorar detenidamente los riesgos y beneficios que se
desprenden del estudio y compartirlo con los participantes para ver si su
participación conviene a sus intereses.
También hay que
considerar si los riesgos son justificables a la luz de los beneficios. La
norma indica que el grado de riesgo no debe exceder los posibles beneficios.
Realmente, toda investigación implica algún riesgo, pero que es mínimo. De
acuerdo a la norma, los riesgos mínimos se definen como riesgos previstos de
rutina.
El principio de
respeto a la dignidad humana incluye el derecho a la
autodeterminación y el derecho al conocimiento irrestricto de la
información.
Los participantes tienen el derecho a decidir voluntariamentesu participación,
sin exponerse a represalias o a un trato prejuiciado, igualmente su derecho a
dar por terminada su participación en cualquier momento. Abarca el derecho de
no sufrir coerción alguna como la amenaza implícita o explícita de represalias
o recompensas excesivas. Nunca se debe emplear la coaccióny por
ninguna razón debe obligarse a la gente a participar sin su consentimiento
expreso.
En la investigación
de campo con frecuencia el investigador ni siquiera puede confesar que hace un
estudio porque el revelarlo puede tener gran efecto en los procesos que
investiga. Es evidente que aquí los sujetos de estudio no tienen oportunidad ni
de ser voluntarios ni de rehusarse a participar; en este caso, a veces la norma
es imposible de obedecer.
El derecho
al conocimiento irrestricto de la información se refiere a la
descripcióndetalladaa los participantes de diversos aspectos de la
investigación como la naturaleza del estudio, el derecho a rehusarse, las
responsabilidades del investigador, los probables riesgos y beneficios. La
autodeterminación y el conocimiento irrestricto de la información son los dos
elementos que sustentan el llamado consentimiento informadode los
participantes. La información irrestricta debe llevarse a cabo antes que se inicie
la investigación, aunque también es necesario hacerla después que haya tenido
lugar.
El Principio
de justicia incluye el derecho a un trato justo y equitativo y el
derecho a la privacidad.
El derecho a un
trato justo y equitativo significa la selección justa y no discriminatoria de
los sujetos, el trato sin prejuicios a los que se rehúsen a participar o
abandonen el estudio, el cumplimiento de todos los acuerdos establecidos entre
el investigador y el sujeto, la posibilidad de poder contactarse con el
personal que lleva a cabo la investigación, en cualquier momento, el acceso a
una adecuada asesoría profesional en caso de daño físico o psicológico, recibir
en todo momento un trato respetuoso y amable y realización de sesiones
periódicas para recibir cualquier información necesaria o para aclarar algunas
dudas.
El derecho a la privacidad implica que siempre hay un grado de
intromisión en la vida privadade los sujetos. Se refiere al mantenimiento de la
intimidad y a que el investigador se debe cuidar de no invadirla más allá de lo
necesario. Los participantes tienen el derecho a que la información que
proporcionen sea mantenida en la más estricta confidencialidadmediante el
anonimato, condición por la cual ni el mismo investigador puede
asociar a un sujeto con la información proporcionada.
En el caso en el
que el anonimato resulta imposible se debe asumir un compromiso de
confidencialidad, por el cual ninguna información podrá ser divulgada
públicamente ni quedará a disposición de terceros. Es evidente que el manejo de
las identidades de los sujetos es una consideración ética importante, pero
también puede ser complicado el manejo de la propia identidad del investigador. Es
muy difícil realizar una investigación sin decir en algún momento que se
realiza una investigación. Aunque se requiera ocultar la identidad como
investigador hay que pensar que no es ético engañar a la gente. En ocasiones se
admite que se realiza un estudio pero no por qué se efectúa ni para quién, lo
cual conlleva también problemas éticos en la realización del estudio.
Existe otra
cuestión que resulta de gran importancia en el análisis. ¿Cuáles
son las responsabilidades éticas de un investigador social?
La investigación en
ciencias humanas y sociales se encuentra en una posición singular ya que su
objeto de estudio está constituido por personas y grupos humanos que pueden ser
afectados o incluso dañados como consecuencia de la investigación. El investigador
tiene por lo tanto la responsabilidad de evitar el daño de aquellos que toman
parte en su investigación. La primera responsabilidad de un investigador social
es la de procurar que sus acciones no perjudiquen a aquellos que forman parte
de su estudio, respetar su dignidad, y velar por su seguridad, privacidad y
anonimato en el caso de que así lo hayan requerido. ¿No es suficiente con las
leyes?, ¿es necesaria una ética de la investigación?
Muchos dilemas que
se les presentan a los investigadores sociales tienen que ver con prácticas que
quedan dentro de la legalidad. La ética de la investigación social establece
sin embargo un marco de responsabilidad que va más allá de lo que las leyes establecen,
de manera que los científicos sociales se plantean cuestiones que le son ajenas
a las leyes. La responsabilidad ética de los investigadores va más allá de lo
que las leyes establecen.
Además la ética de
la investigación en el orden social incluye el respeto por la cultura y
el reconocimiento de las formas básicas de la organización social. Esto,
asociado ya no tanto ahora con la estructura social, con la metodología llamada
dura, sino con la mirada blanda, asociada con la socialidad. Y, en este caso,
el respeto ético debe centrarse mucho más en la formulación de un problema de
investigación con sentido cultural, que debiera ser resuelto con la
participación de los actores, mucho más conscientes y vigilantes.
La ética trata de
las costumbres y modos de ser, con las obligaciones respectivas, del ser
humano. Se entiende que éste pone en funcionamiento su ética en el contexto de
su cultura y en la relación con otras personas. La investigación en ciencias
sociales pretende comprender la forma en que los hombres y los grupos humanos
se relacionan y, sobre esa base, dar ideas y propuestas concretas para mejorar
la calidad relacional y material en la vida de las personas.
La ética surge de
la cultura y, luego, la moldea. La cultura nos dice sobre el inconsciente
colectivo de un pueblo. La ética es la expresión consciente de aquella
manifestación cultural. La investigación debe dar cuenta, desde los puntos de
vista técnico y ético, de las formas apropiadas y validadas de aprehender la
realidad. He aquí la evidencia más estrecha de la trilogía:
cultura/ética/investigación.
La cuestión ética
no siempre resulta obvia, sino que con frecuencia pasa inadvertida, por esta y
otras razones es necesario poseer ciertos códigos formales que definan los
comportamientos que se consideran aceptables, de esto dependerá el éxito de la
investigación.
En la investigación
con seres humanos es de suma importancia el empleo de la ética como principio,
ya que esta se caracteriza por un alto grado de intromisión en la vida privada
de las personas.
Por las características que poseen las investigaciones sociales y el
papel que en ellas juega el investigador se hacen vitales además de su
compromiso moral, valores como la honestidad y la honradez.
El Informe Belmont
recoge aquellos principiossobre los que se basan las normas de conducta ética
en la investigación.
Bibliografía:
Mesía Maraví,
Rubén. Contexto Ético de la investigación social. Investigación Educativa. Vol.
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Estalella, Adolfo.
Ética en la investigación de Internet, algunas consideraciones iniciales.
Tomado de: http://www.estalella.eu.
13-5-10.
Hurtado, Samuel.
Investigación Social y Ética. Tomado de:http://www.coyuntura.cantv.net. 13-5-10.
V.
Documentación Internacional sobre la
ética en las investigaciones
Autores: Isabel Pérez Cruz y Vanesa Bárbara Fernández Bereau.
E-mail: iperez@ucf.edu.cu ; vfernandez@ucf.edu.cu.
Los términos ética
y moral en la actualidad han sido empleados con el fin de que las personas sean
capaces de lograr una mejor relación entre sí y con la naturaleza, medio en le
cual el hombre desarrolla sus potencialidades como ser creador, transformador y
socializador. El término ética procede del griego ethos que significa
modo de ser que una persona o grupo adquiere a lo largo de su vida. En el
devenir de la historia, la ética como ciencia se ha formulado dos preguntas
esenciales, ¿qué es bueno? Y ¿por qué debemos hacer lo bueno?; por lo que
todo individuo razonable es capaz de reconocer estas condiciones como lo más
correcto.
Según Gorosquieta
(1999; p.9) ética, no es más que “la ciencia del deber ser, o el conjunto de
principios normativos que fundamentan los deberes y derechos de toda persona
humana”. En esta definición el autor considera que la ética es una ciencia
normativa, porque se ocupa de las normas de conducta humana en el estudio de la
realidad tal como debe ser, a partir de principios éticos generales y
abstractos, que se aplican al comportamiento humano concreto.
Alberto Hidalgo
(Hidalgo 1994; 13-18) en su libro (Qué es esa cosa llamada ética) la define
como esa disciplina filosófica que se ocupa de las acciones o conductas
morales, así como de las costumbres, normas o ideas que regulan los
comportamientos prácticos de los seres humanos. Este autor explica en la
definición que la ética es necesaria para el hombre, porque ha posibilitado a
través de la historia que éste sea capaz de organizar su vida en comunidad
mediante principios éticos y normas que hacen que logre una convivencia y un
sentido de la vida más respetuoso y más humano.
En este título
“Documentación Internacional sobre la ética en las investigaciones, se reduce
el concepto de ética, a la definición aportada por Cortina, la
ética constituye “un tipo de saber de los que pretende orientar la acción
humana en un sentido racional; es decir, pretende que obremos
racionalmente” (Cortina, 1994; p.17). Esta fundamentación de la
ética es precisa, porque la muestra desde la perspectiva de un modo
de actuación racional vinculada a todas las esferas de la vida, donde juega un
papel importante los investigadores profesionales ya que deben
concientizar las normas y valores asumidos por la sociedad en que se inserta su
trabajo científico, aportando la investigación un mejor aprovechamiento social,
y mejores condiciones para las personas inmersas en el estudio.
La ética en las
investigaciones, se entiende por lo general cuando se refiere a normas
objetivas, políticas, leyes y patrones que tienen que ser cumplidos por los
investigadores a la hora de llevar a cabo un estudio con seres humanos.
Los comités de
ética en Cuba, han sido creados bajo la jerarquía de las administraciones
locales y nacionales de salud, universidades, instituciones científicas u otras
instituciones. Los miembros de estos comités deben tener formación en
investigación, poseer una elevada calificación científica, para que puedan
realzar no solo los aspectos éticos del estudio; sino también las bases
científicas del diseño de la investigación. La composición de estos
comités es multidisciplinaria y deben cambiar periódicamente para que no
se conviertan en personas de influencia, frente al resto de los investigadores.
Los comités de
ética, en el desarrollo de sus funciones deben respetar aspectos éticos
importantes como; mantener la confidencialidad de sus propios documentos,
proteger la confidencialidad de la información de los protocolos de
investigación que les han sido sometidos para evaluación, no permitir que
exista motivo alguno que impida la aprobación de un estudio, no someter a los
investigadores a revisiones repetidas innecesarias, determinar el tiempo
requerido para la revisión de los trabajos de manera tal que no se produzcan
demoras innecesarias y no divulgar o comentar las opiniones o decisiones
del Comité sobre algún estudio en particular.
La ética de las
investigaciones se representa al asumir los códigos éticos establecidos por los
documentos internacionales, los cuales permiten establecer los principios
por los que deben regirse las investigaciones, y en el caso de este
estudio, de las investigaciones socioculturales.
Muchos son
los documentos internacionales que reflejan el progreso moral de la humanidad y
que tienen validez cuando son asumidos en investigaciones, ejemplo de ellos
son: Reporte Belmont, Código de Núremberg, Declaración de Helsinki, Declaración
Universal de los Derechos Humanos y CIOMS.
El “Reporte
Belmont”, es una declaración que consiste en una distinción entre
investigación y práctica, una disertación de tres principios éticos básicos y
notas acerca de la aplicación de estos principios que ayudan a resolver los
problemas éticos que acompañan la ejecución de las investigaciones que
incluyen sujetos humanos.
La distinción entre
investigación y práctica expone que la misma es vaga en parte porque con
frecuencia ambas ocurren simultáneamente, y en parte, porque a las desviaciones
notables de la práctica normal se le llama “experimentación”.
Los principios
éticos establecidos que se relacionan con las investigaciones que incluyen
seres humanos en esta declaración son:
Respeto a las
personas: incorpora cuando menos dos convicciones éticas: primero, que los
individuos deberán ser tratados como agentes autónomos; y segundo, que las
personas con autonomía disminuida tienen derecho a ser protegidas. Así, el
principio se divide en dos exigencias morales separadas: la exigencia de
reconocer autonomía y la exigencia de proteger a aquellos con autonomía
disminuida. En la mayoría de los casos de investigación incluyendo sujetos
humanos, el respeto a las personas exige que los sujetos participen en la
investigación voluntariamente y con información adecuada; esto es de gran
importancia porque los sujetos exponen criterios que deben tenerse en cuenta a
la hora de seguir en curso la investigación, siendo fiel participante y
exponente de la misma.
Beneficencia: el concepto
de tratar a las personas de una manera ética implica no solo respetar sus
decisiones y protegerlos de daños; sino también de procurar su bienestar. Tiene
como expresiones complementarias no hacer daño, propagar al máximo los
beneficios y disminuir los daños posibles. Este principio le da al sujeto
investigado la confianza de que tendrá éxito la investigación sin exponerse a
ningún riesgo físico – psicológico- social.
Justicia: es lo que
pertenece a cada cual, los beneficios que debe tener cada persona involucrada
en una investigación determinada. Derecho a decidir y proponer no solo ideas,
sino sentirse parte del estudio en el cual es objeto de investigación.
Las aplicaciones de
los principios generales de la conducta de las investigaciones nos llevan a
considerar los siguientes requisitos: consentimiento consciente,
evaluación de riesgo/beneficio y la selección de sujetos de investigación.
Para el
consentimiento consciente existe un acuerdo general de que el proceso
consciente puede ser analizado y comprendido por tres elementos: información,
comprensión y voluntad. La evaluación de los riesgos y beneficios significa
examinar si la investigación propuesta esta diseñada de manera adecuada. Para
los posibles sujetos, la evaluación les ayudara a determinar si desean
participar. La selección de sujetos consiste en incluir a las personas
conocedoras sobre el tema a investigar y los sujetos que sean involucrados en
la situación problemática.
Este documento es
de gran importancia porque refleja el papel que tienen los sujetos(los que son
investigados) como fuente de información en los estudios de los cuales forman
parte, los derechos que no se deben violar de los sujetos implicados en las
investigaciones, así como la conducta que debe asumir el investigador para con
el investigado. .
El “Código de
Núremberg” fue redactado en 1947 por los jueces que participaron en
el juicio a los médicos nazis del Tercer Reich, como un conjunto de
normas para juzgar a físicos y científicos que utilizaron experimentos
biomédicos en prisioneros de campos de concentración. Este código se convirtió
en el prototipo de códigos posteriores que trataron de asegurar que las
investigaciones que incluyeran seres humanos se llevaran a cabo éticamente.
Significó la
reacción de la sociedad internacional a los experimentos y planes de
eugenesia ejecutados por los “doctores nazis” en enfermos, discapacitados y
prisioneros indefensos antes la Segunda Guerra Mundial y durante su desarrollo,
y una quiebre muy grave de la confianza de la sociedad en los médicos, ya que
por siglos se había esperado que obrasen en beneficio de sus pacientes. Fue una
obra en la que estuvieron involucrados profesores de famosas universidades e
institutos alemanes.
La trascendencia
del Código de Núremberg radica en ser el primer repertorio internacional de
normas éticas referido a la investigación con seres humanos. Puso el acento en
el respeto por la autonomía de las personas al establecer la obligación de los
investigadores de solicitar el consentimiento previo y voluntario. Fundó la
legitimidad de la investigación en el bien común; pero insistiendo en el deber
del investigador de extremar precauciones para no infligir daño a las personas.
Es de gran importancia, ya que le permite a los investigadores asumir en las
investigaciones determinadas pautas que hacen que el estudio sea valioso.
La “Declaración
de Helsinki”, fue formulada por la Asociación Médica Mundial en 1964. Se
elaboró para evitar que el control ético de la investigación saliera del ámbito
de la profesión médica.
A partir de su
segunda revisión en Tokio (1975), en la que se incluyeron cambios notables,
como la valoración por comités independientes, se convirtió en una referencia
ética en la práctica, a medida que fue incorporada a las legislaciones
nacionales. Después seria enmendada de nuevo en Venecia (1983), Hong Kong
(1989) y Somerset West (1996), pero los cambios fueron poco relevantes
(básicamente: el consentimiento de los menores de edad; la independencia de los
comités y su conformidad con las leyes nacionales, y la alusión al uso de
placebo). La quinta revisión de la declaración si logra mejorar y
actualizar de forma sustantiva el documento, estableciendo una formulación
integral sobre ética de investigación en seres humanos y pautas éticas para los
médicos involucrados en investigación biomédica, clínica y no clínica.
Esta nueva
declaración nos muestra un lugar, que no esta “fuera de todo lugar; sino que
puede- y debe- ser nuestro lugar: un mundo más justo y más humano.” Los
principios que expone la Declaración de Helsinki son:
-Principio de Autonomía: el ser humano es inviolable.
-Principio de Justicia: todos los seres humanos tienen igual derecho.
-Principio de Beneficencia: no hacer daño a otro ser humano sin necesidad.
La Declaración de
Helsinki establece que el objetivo de las pautas es señalar la aplicación de
forma eficaz de los principios éticos que deben regir la ejecución de la
investigación en seres humanos. Insiste en la necesidad de obtener el
consentimiento voluntario, estableciendo que previamente las personas deben ser
informadas sobre “los objetivos, métodos, beneficios calculados, riesgos
previsibles e incomodidades derivadas del experimento.”
Tiene gran
significación esta declaración, ya que permite que el sujeto tenga la autoridad
de decidir si está dispuesto a pertenecer a una investigación en donde los
riesgos son elevados, y establece además pautas de comportamiento para los
médicos e investigadores.
La “Declaración
Universal de los Derechos Humanos” fue aprobada por la Asamblea General de las
Naciones Unidas 1948-1998, para darle fuerza legal y moral a la Declaración. A
través de esta, la sociedad expresa el valor humano fundamental, considerado
para guiar toda investigación en seres humanos: la protección de los derechos y
bienestar de todos los sujetos humanos en la experimentación científica.
Este documento es
de gran importancia porque pone de manifiesto de forma legal los derechos que
tienen las personas en el rol de investigados, además del respeto que deben
tener los investigadores con los sujetos investigados.
El “Consejo de
Organizaciones Internacionales de Ciencias Medicas (CIOMS)”ha establecido
pautas desde 1982 para guiar la implementación de principios éticos que rijan
la conducta de la investigación en seres humanos, según lo indica la
Declaración de Helsinki, al ser aplicados en los países en desarrollo, teniendo
en cuenta sus condiciones socioeconómicas y las leyes, regulaciones y
disposiciones ejecutivas y administrativas. Con el establecimiento de normas de
acción trata de que se respeten los principios éticos, internacionalmente, de
tal manera que no haya abuso por parte de los países desarrollados. Su última
versión apareció en 2002.
Estas pautas se
refieren no solamente a investigación biomédica con seres humanos, sino también
a la sociológica. Se considera como investigación todo estudio cuyo propósito
sea producir nuevo conocimiento generalizable. Se diseña el protocolo de
investigación para aumentar el conocimiento objetivo de la realidad por medios
de teorías, principios y relaciones de cualidad, que pueden ser corroborados y
aceptados por la observación y la inferencia científica.
Las recomendaciones
éticas del CIOMS tratan que la investigación en países no desarrollados
responda a las necesidades locales y que aseguren que los productos probados en
estos ensayos estén razonablemente disponibles para el país huésped de la
investigación. Asegura que comparar los nuevos tratamientos con los mejores
disponibles en los países industrializados no ayudaría a responder las
preguntas que los países pobres necesitan.
El Reporte Belmont,
el Código de Nuremberg, la Declaración de Helsinki, la Declaración Universal de
los Derechos Humanos y CIOMS, son documentos internacionales de gran
importancia; pues cada uno refleja la ética en las investigaciones con
sujetos y los códigos por los que se deben regir los investigadores para que el
resultado del estudio sea el deseado por todos los involucrados. Estos son muy
importantes porque implican no sólo el papel del investigador, sino los
derechos que tiene el sujeto investigado de decidir por su vida y por el
bienestar de la comunidad.
En la época actual
las éticas aplicadas han alcanzado un gran desarrollo, dentro de ellas la ética
de la ciencia ha sido una de las que ha tenido incidencia en la ética de las
investigaciones.
Las investigaciones
socioculturales forman parte de las ciencias sociales basadas en técnicas y
métodos determinados. Estudian las comunidades y los sujetos que viven en
estas, con la finalidad de detectar los problemas que presenta (la comunidad) y
de proporcionarle a los sujetos las alternativas para la solución de los
mismos. Esta investigación tiene como principal objetivo lograr el desarrollo
humano y social; a partir de la participación de los propios individuos en la
interpretación psicológica y social de la realidad vivida en el desarrollo
de las relaciones sociales, culturales y comunitarias.
Los documentos
internacionales recogen los requisitos de la ética en las investigaciones, por
lo que a partir de ellos asumimos como principios éticos de la investigación
sociocultural en primera instancia la distinción entre práctica e
investigación porque “práctica” es la acción que se desenvuelve en
un escenario específico y la investigación es el proceso sociocultural
que se estudia independientemente del lugar donde se desarrolla, por lo que se
debe centrar en unacomunidad definida necesitada del cambio
que producirá el objeto de investigación. Se hace necesario por tanto
tener un conocimiento de los actores implicados en el
proceso de investigación; los cuales pueden tener la disposición de
formar parte de esta y la decisión de retirarse en
un momento determinado y por parte del investigador garantizar le
respeto, la confidencialidad, beneficencia y la justicia hacia esas
personas.
Otro de los
principios éticos es el referente a los beneficios que tienen las
investigaciones; por lo que el investigador debe delimitar bien la
importancia que esta tiene ante la posibilidad de cualquier desventaja que
se derive de la propia investigación, la cual favorecerá al mejoramiento
de la sociedad en sentido general y a las instituciones
científicas y académicas a las cuales pertenecen los investigadores.
Todas las investigaciones deben tener delimitados la financiación o
presupuesto con que cuenta para saber las metas a efectuar.
A modo de
conclusión se destaca en este artículo la importancia que tiene para las
investigaciones socioculturales la dimensión ética de un proceso social. Además
los documentos internacionales como son: el Reporte Belmont, el Código de
Núremberg, la Declaración de Helsinki, la Declaración Universal de los Derechos
Humanos y el Consejo de Organizaciones Internacionales de Ciencias
Medicas (CIOMS) son de mayor valía, ya que permiten hacer una
caracterización y fundamentación de los principios éticos por los cuales deben
regirse las investigaciones socioculturales.
Es una
premisa para todo investigador sociocultural asumir los principios éticos
declarados en el cuerpo del artículo; puesto que permiten hacer una mejor
distinción entre la práctica y la investigación, un mayor acercamiento a
los actores con los criterios de confiabilidad, beneficencia y respeto y
también garantizar el mejoramiento de la sociedad en sentido general y la
implicación con las instituciones científicas y académicas a las cuales
pertenecen los investigadores.
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Reporte Belmont. Extraído el 5 de julio de 2007 desdehttp://www.fhi.org/training/sp/Retc/belmont.htm
VI.
Papel de la ética de las
investigaciones comunitarias en el ámbito sociocultural
Autora: Dra. Isabel Pérez Cruz, Daily Rodríguez Ramírez.
Estudios
Socioculturales. Curso 2009/2010.
La ética investiga
desde la filosofía, el conjunto de problemas relacionados con la moral siendo
esta última el conjunto de reglas, comportamientos que aprendemos
espontáneamente. En las investigaciones cualitativas realizadas en la
comunidad, la ética juega un papel imprescindible para dar respuesta ante
los dilemas éticos que se presenten en la investigación.
El presente
trabajo Papel de la ética en las investigaciones comunitarias en
el ámbito sociocultural persigue como objetivo general analizar el papel de
la ética en las investigaciones comunitarias en el ámbito sociocultural. Para
dar cumplimiento a dicho objetivo alcanza a definir el Código Ético como una
vía para proceder ante los dilemas éticos que se presentan en la investigación,
identifica los principales problemas éticos que se pueden presentar en las
investigaciones cualitativas, así como los principios básicos para darles
solución y aplica los principios éticos en la investigación comunitaria en el
ámbito sociocultural. La principal fuente bibliográfica utilizada fueron
artículos tomados de Internet.
La importancia de
dicho trabajo radica en la necesidad de socializar conocimientos
referidos a la ética de las investigaciones que se realizan en
el ámbito comunitario.
Los códigos éticos
han sido elaborados por diversos profesionales, según Gregorio Rodríguez en su
libro Metodología de la Investigación Cualitativa, estos “ están
considerados como guías para un correcto proceder, o al menos para alertar y
sensibilizar a los miembros de la comunidad científica sobre los dilemas y
cuestiones morales a los que han de enfrentarse”(2008).
En nuestro ámbito
más cercano, son los códigos elaborados por las Asociaciones Americanas de
Antropología (A.A.A), Investigación Educativa (A.E.R.A), Psicología (A.P.A) o
Sociología (A.S.A) los que han inspirado las propuestas éticas para la
investigación educativa.
Los códigos antes
mencionados coinciden en cuestiones como: el consentimiento de los sujetos a
ser investigados, la protección de la intimidad de los sujetos y
la responsabilidad del investigador.
Refiere
además Rodríguez que “Los Principios de Responsabilidad
Profesional”,adoptados por la American Anthropological Association en
1971en su primer punto, aluden a la salvaguarda de los derechos, intereses y
sensibilidad de los informantes durante la recogida de información, ya que
procedimientos como la entrevista en profundidad representan poderosos
mecanismos para evadir el modo de vida de las personas, que pueden utilizarse
tanto como para valer sus derechos como para violarlos”(2008).
Respecto a la
comunicación temprana de los objetivos de la investigación a los informantes,
en su apartado 1b, se señala que los proyectos de investigación no suelen estar
definidos al comienzo de la misma. Más bien se precisa de un diálogo con los
informantes para explorar aquellas vías que hacen que un estudio pueda ser útil
a al menos interesante para ellos “todo esfuerzo deberá dirigirse a
buscar la cooperación con los miembros de la sociedad original en la
planificación y ejecución de los proyectos de investigación” 2008).
Se recogen además
en el código de la A.A.A orientaciones universales como el derecho de los
informantes a que se respete su intimidad o que reciban algún tipo de
compensación por todos los servicios prestados.
La primera
dificultad que encuentra el investigador cuando trata de acogerse a códigos y
principios éticos de este tipo es que resultan en exceso generalistas, es
decir, no descienden a los dilemas que se plantean en el trabajo diario. Pero
incluso si lo hiciesen, estarían obligados a contemplar numerosas excepciones y
complicaciones en sus reglas de conducta.
Es preciso
reconocer que las decisiones éticas difíciles terminan siendo competencia del
investigador, de sus valores, sus creencias y de sus juicios de lo que está
bien o de lo que está mal. A cada investigador corresponde definir su
responsabilidad para con las personas que entran en el marco de un estudio. Los
códigos éticos pueden actuar de modo de una “moral piloto”, para
investigadores, estudiantes y demás personas vinculadas a la planificación,
desarrollo y evaluación de un proyecto de investigación.
La investigación
según Rodríguez la podemos entender como “una tarea orientada a la
resolución de conflictos teóricos y prácticos asociados a la educación, es
decir, como actividad dirigida a identificar y entender el significado que
tiene la educación para los que llevan a cabo y para los que la reciben, así como
a desarrollar teorías que expliquen y resuelvan los problemas derivados de la
práctica educativa” (2008). Refiere además que “en esta práctica
el investigador no se limita a poner en práctica una serie de métodos y
técnicas, sino que toma decisiones acerca del modo de investigar(2008)”.Resulta
imprescindible por tanto que las consideraciones éticas estén presentes cuando
el investigador decida cuáles son los comportamientos correctos, acerca del
modo en que va investigar.
En el caso de la
investigación cualitativa, la importancia de la ética en el investigador es aún
mayor, ya que el investigador que parte del paradigma cualitativo puede llegar
a formar parte de un sinnúmero de relaciones que se dan en un contexto estudiado,
desempeñando un papel en el mismo, participando y viéndose afectado por los
conflictos que surgen en las relaciones interpersonales.
El trabajo de campo
trae consigo la inmersión del investigador en la realidad investigada, la
relación con personas e instituciones, la obtención de informaciones que los
informantes no hubieran revelado de no ser por el grado de confianza que llegan
a tener en el investigador. Al mismo tiempo que el investigador actúa como
participante, persigue una finalidad distinta a las personas con las que se
relaciona, en la medida en que pretende llegar a conocer e interpretar la
realidad que investiga. A raíz de esta dualidad surgen una serie de tensiones y
dilemas éticos que se suman a los que ya afectan a cualquier tarea de
investigación.
El componente ético
supone una garantía de la integridad moral de los investigadores. Por ello
Rodríguez citando a Snow (1961) refiere que “el investigador no
es neutral en las decisiones que adopta en sus trabajos de investigación, sino
que en él se proyectan valores y planteamientos éticos”.
El problema ético
se presenta al investigador en forma de dilemas acerca de lo que es correcto o
incorrecto en su modo de actuar, siendo esta preocupación lógica teniendo en
cuenta que los resultados de la investigación o la propia actividad
investigadora pueden tener cierta incidencia sobre grupos humanos.
Estos dilemas éticos se agudizan y amplían en la investigación cualitativa, en
la que la interacción con las personas y escenarios es posiblemente más
intensa.
En el marco
de la investigación cualitativa las actuaciones moralmente más censurables son
las que afectan las relaciones que mantiene investigador e informantes, desde
el acceso al campo hasta el lugar concedido a los significados aportados por los
informantes .Por tanto el principio básico de contar con el consentimiento de
los sujetos a investigar debe aceptarse como un criterio de conducta para el
investigador.
Otro de los
problemas éticos surge cuando los investigadores son cuestionados acerca de los
propósitos, el diseño o las consecuencias de sus actividades. La sinceridad en
las respuestas se contrapone a la posibilidad de que el conocimiento de los
objetivos y la marcha de la investigación puedan sesgar el tipo de información
que los sujetos participantes proporcionen. Ante este dilema Rodríguez citando
a Erikson (1989) “considera un principio básico el que los
individuos sean bien informados acerca de los propósitos y las actividades de
la investigación, así como de las exigencias que para ellos pueda suponer o los
riesgos que se deriven de su participación”.
Retomando a Deyhle,
Hess y Le Compte (1992) hacen alusión a los problemas éticos derivados de los
intercambios establecidos entre investigador e informantes, a fin de ofrecer
alguna contrapartida por el esfuerzo que han de hacer( acudir a entrevistas, facilitar
documentos personales, participar en sesiones de comprobación de hallazgos,
etc) al actuar como sujetos investigados. En muchas ocasiones la obtención de
información se ve compensada por asesoramiento, materiales, servicios, o
incluso dinero. En este tipo de intercambios los problemas surgen al determinar
cuánto ha de ofrecerse por la información obtenida. Ante esta situación
cabe reflexionar acerca de si la información ¨comprada¨ posee el mismo valor
que la ofrecida voluntariamente, o si el modo de obtenerla crea diferentes
obligaciones y restricciones respecto al uso de la misma.
Estos autores
reconocen que es necesario tener en cuenta que parte de la información que
recoge el investigador podría perjudicar a los sujetos si llegase a conocerse
por terceras personas. El grado de familiaridad que establece el investigador
con algunos informantes trae como resultado que se reserven los datos que éstos
no querrían ver publicados. Ante esta situación el investigador podría
encontrarse ante un segmento de información embarazosa cuya utilización plantea
problemas éticos, por lo que posiblemente habrá de otorgar un carácter
confidencial a este tipo de datos, aunque los tenga en cuenta a la hora de
estructurar la comprensión global de la realidad estudiada.
También señala que
un caso similar al anterior es cuando el investigador se percata que
determinados miembros del grupo estudiados son injustamente tratados o cuando
descubra prácticas contrarias a las normas establecidas por el grupo y/o la
ilegalidad vigente, de cuyo conocimiento podrían derivarse sanciones
administrativas. En este caso la obligación cívica de denunciar tales
situaciones entrará en conflicto con respecto a la vida privada de las
personas y al compromiso de salvaguardar la identidad de los informantes.
Los riesgos
psicológicos y sociales para los individuos se incrementan cuando se vinculan a
relaciones entre grupos de intereses divergentes en los contextos estudiados,
por tanto el investigador debe prever los conflictos éticos que surgen en estos
casos y negociar desde un principio el modo en que la información va ser
utilizada. Es por ello que autores como Erikson (1989)refiere que “la
norma ética básica consistirá en proteger los intereses particulares de los
participantes que resultan especialmente vulnerables, es decir, aquéllos que
son sujetos centrales de la investigación o que ocupan un puesto singular en
las organizaciones, que les hacen fácilmente identificable”.
La recogida de
datos también se ve afectada por dilemas éticos en cuanto a la forma de
registro. No deberían ser grabadas en audio o video ningún tipo de
conversaciones o escenarios sin el consentimiento de los participantes.
Refiere Gregorio
Rodríguez en Metodología de la Investigación Cualitativa tomando a Erikson
(1992) como referencia que “el problema de la confidencialidad de las
grabaciones en video forma parte de un problema ético más amplio, que
consiste en la exigencia fundamental de que el investigador evite la
posibilidad de que se derive algún tipo de perjuicio para los sujetos
participantes (situaciones comprometidas ante sus superiores, represalias
administrativas, pérdida de prestigio, etc.)”. Según este mismo autor el
modo de minimizar los riesgos pasaría por soluciones como no registrar en vídeo
más que interacciones inocuas, borrar parte del material registrado o negociar
quiénes tendrían acceso a los registros, evitando a las personas que están en
situación de tomar medidas contra los participantes o retrasando en el tiempo
su acceso a las cintas.
Por último de
acuerdo con Howe y Dougherty (1993) “es necesario que los
procedimientos de investigación interpretativos se desarrollen dentro de un
contexto definido por un continuo diálogo , que evite las posibles presiones de
los investigadores destinadas a conseguir de informantes y participantes en el
estudio una confirmación de sus posiciones e interpretaciones”.
Las decisiones
adoptadas por el investigador en cada caso ante interrogantes de este tipo
dependerán de un conjunto de principios éticos basados en un esquema de
valores.
Ética en las
investigaciones comunitarias en el ámbito sociocultural
Ignacio
Dobles Oropeza en su trabajo La dimensión ética en el trabajo con
grupos y comunidades, citando a Fals Borda (1985) “el trabajo con
comunidades, tiene que ver con el poder, es decir con la capacidad de un
grupo humano de tomar las decisiones cruciales acerca de su acción y su
situación, sus posibilidades de convertirse en sujeto social. El poder
pone en juego los recursos con que cuenta el grupo o la comunidad, en
relaciones intergrupales e intragrupales específicas, y este poder tiene un
efecto sobre las mismas relaciones sociales. Es necesario considerar que los
investigadores no están ajenos a relaciones de poder, y aportan lo suyo”.
Refiere Ignacio
Dobles Oropeza que para Nobre de Andrade (s.f.), “quien ha escrito sobre la
dimensión ética en las prácticas comunitarias, el asunto ético crucial a
considerar tiene que ver con la forma en que se establece la relación
sujeto/objeto en el proceso mismo de la práctica comunitaria. La discusión
ética debe trascender los límites de una ética individual, para
preocuparse por las consecuencias de la acción del investigador (a) sobre
grupos, comunidades o la sociedad como un todo, es decir, por la ética social
explícita o implícita en la acción investigativa”.
Por otro lado, la
discusión ética no puede ubicarse exclusivamente en un plano de moral
individual, en la que cada investigador podría optar por este u otro
proceder, sino que tiene que ser examinada a la luz de valores y principios que
deben guiar la acción con individuos, grupos o comunidades. Por lo tanto
no es necesaria una ética relativista, en la que todas las opciones tendrían un
mismo peso, sino la necesidad de rescatar y promover determinados valores
y principios.
Según el
psicoanalista argentino Fernando Ulloa “una respuesta posible ante la
cantidad de adversidades o frustraciones que pueden presentarse en el trabajo
comunitario puede ser el activismo (el lo denomina voluntarismo), siendo la
respuesta de los investigadores desarrollar más y más actividad, de forma
irreflexiva, no sólo lesionando la interrelación necesaria entre teoría y
práctica en el proceso de construcción del saber sino también, muchas veces,
lesionando la autonomía del grupo al sustituir sus responsabilidades o
funciones”.
A partir de la
concepción de Freyre Roche, tratamos “el término sociocultural invita
a pensar en dos realidades objeto de estudio científico: la sociedad y la
cultura, lo social y lo cultural”. Por ello las investigaciones
socioculturales llevadas a cabo en las comunidades deberán potenciar los
procesos de transformación y creatividad hasta la cotidianidad.
En este terreno de
las prácticas con grupos y comunidades, lo ético debe concebirse de
manera estrecha con lo metodológico, teórico y operativo. En la consideración
de que “es necesario en este tipo de investigaciones la
presencia de un profesional o especialista con una rigurosa
formación que permita una interpretación científica e integral de la
realidad y a la vez desarrolle capacidades de coordinar, incluir o
sugerir las iniciativas, proyectos y programas de desarrollo, que
impliquen oportunos cambios en el ámbito psicosocial y sociocultural”, en
una concepción de las autoras.
Para lograr cambios
en el ámbito psicosocial y sociocultural es necesario vincular la
propuesta que hace Enrique Dussell, en Ética de la Liberación en la era
de la globalización y la exclusión (1998), de una Ética para
la Liberación, con la propuesta de Prilletensky (1994).
La ética de la
liberación que propone Dussell contiene tres componentes fundamentales:
1. Una ética orientada
a producir y reproducir la vida humana, es decir, destacando el carácter
material, objetivo de las condiciones de existencia,
2. La necesidad
de la participación democrática en el establecimiento de la misma y
3. El elemento
de factibilidad de las propuestas.
Y la ética para la liberación que propone Prilletensky (1994) apunta
a “una investigación que busque dar a grupos y comunidades mayores
posibilidades de regir sus propios destinos debe procurar la autonomía, la
participación democrática y la justicia distributiva”.
El tema de la autonomía,
sobre todo en su vertiente individual, es, por supuesto, de especial
predilección de la Psicología. Autorrealización, que “haya
yo donde solo había ello”, que “se desarrolle la moral
autónoma”, etc., que “el individuo libere su potencialidad espiritual o corporal,
esto es pan de todos los días en la disciplina.
En el caso del
trabajo con grupos y comunidades, la autonomía es también una de las metas que
se proclama, y sin embargo es una pretensión que de inmediato hace surgir
algunos de los obstáculos principales que se presentan en el trabajo con
comunidades, siendo el paternalismo y en un sentido más
amplio, la dependencia de la comunidad hacia los intelectuales, trayendo como
consecuencia que en algunas ocasiones, incluso muy en contra de la voluntad y
las disposiciones de los profesionales, se puede manifestar la dependencia de
los pobladores. Así, los grupos, y no por diferencia el investigador, parece
reunirse únicamente si está el profesional. O, de una u otra manera se quieren
depositar en él o en ella encargos sociales que desbordan sus posibilidades.
El segundo valor
ético que propone Prilletensky (1994) en su propuesta es el de la “participación
democrática” señalado también por Dussell como elemento fundamental de una
ética de la liberación. Se trata de una participación democrática que no agota
en sí la discusión, porque no se trata exclusivamente de establecer condiciones
adecuadas de comunicación, sino también de las condiciones concretas en que se
enmarcan estos procesos y sus resultados. Prillieltensky establece que: “las
personas afectadas por intervenciones sociales e individuales deben ser parte
del proceso de toma de decisiones” (Prilleltensky, 1994,204).
Un primer obstáculo
que se presenta aquí es que el investigador asuma una condición de experto, que
se autoproclame poseedor de la verdad, las respuestas, etc.Superar esto
dependerá en parte de las actitudes del investigador, pero también del lograr o
no establecer normas y estructuras democráticas y de participación en el grupo
o comunidad.
Otro problema tiene
que ver con las diferenciaciones existentes dentro de la comunidad y grupo. Es
muy difícil encontrar un grupo o comunidad con que se quiera trabajar en el que
no existan subdivisiones o grupos. Esto puede darse por cualquiera de las muchas
divisiones posibles en nuestra sociedad: género, edad, labor ocupacional
desarrollada, lugar de residencia, religión, política, etc.
No es casual
entonces que la identificación de estos subgrupos sea una de las tareas de
diagnóstico de la comunidad y grupo de gran importancia al inicio de la
experiencia. Trabajar en medio de estas diferenciaciones, que a veces se
convierten en conflictivas, requerirá de mucho cuidado por parte del
investigador comunitario. Deberá reflejarse, quizás, en asegurarse de que el
tiempo invertido en el trabajo se divida de manera más o menos pareja entre los
grupos, de tener cuidado de que no se está inclinando la balanza hacia uno u
otro sector (incluso en cuestiones como de donde se come, donde se duerme,
etc.). El no hacer esto cuidadosamente puede afectar, en las praxis conjunta
que implica el proceso de investigación, las posibilidades de establecer mecanismos
democráticos y equitativos de participación y toma de decisiones.
El último valor que
propone Prilleltensky (1994) en su modelo de empoderamiento es el de
la justicia distributiva, que se refiere a la injusta distribución
de la riqueza y el poder en la sociedad. Para Prilletelnsky (1994) la justicia
distributiva: “..se aplica tanto al nivel microsocial, donde la gente y
los grupos pequeños negocian la distribución justa de recursos, como al nivel
macrosocial, donde se requieren el compromiso y la acción social y política”
(1994,206).
Este valor en la
propuesta de Prilletensky apunta al hecho, destacado por la Ética de la
Liberación, de que hay condiciones materiales que condicionan las posibilidades
de acción de grupos y comunidades ( la propuesta de constituir una ética para la
promoción de la vida humana). Esto coincide, por lo demás, con lo que se ha
planteado en la investigación participativa de la necesidad de superar
esquemas que se queden en la “concientización” o en la pedagogía. Por otro
lado, establece que es un valor a tratarse en diferentes niveles, lo que
incluye, además, a los investigadores. Se trata, además, de la distribución y
socialización de bienes materiales y simbólicos.
Este propósito
ético esbozado por Prilleltensky enfrenta, por supuesto, enormes obstáculos.
Puede especificarse en luchas específicas de las comunidades o grupos para
obtener mayores recursos, en salud, educación o producción, en actividades que
busquen fomentar el establecimiento de leyes o de un funcionamiento más
equitativo de instituciones, o puede tener que ver con el flujo de la
información dentro del propio grupo, con el “valor social” de las
diferentes voces que se expresan en la comunidad, etc.
Todo trabajo que se
lleve a cabo en la comunidad, la tendrá a ella como protagonista,
desarrollando un trabajo encaminado al desarrollo comunitario. Refiere Pérez en
Perfiles éticos de la investigación sociocultural para el desarrollo local que
“el profesional que desarrolla investigaciones socioculturales para el
desarrollo local debe caracterizarse por el compromiso con su pueblo, lo que
significa contribuir a la concienciación de sus necesidades, ofreciéndole al
mismo tiempo las herramientas necesarias que faciliten su autonomía y
protagonismo”.
Por lo señalado
anteriormente desde las investigaciones socioculturales, en particular en el
ámbito comunitarito, el investigador que pretende llevar a cabo una
investigación en aras de propiciar un desarrollo local, deberá regirse por los
siguientes perfiles éticos.
1. Reconocimiento de
los intereses, necesidades y valores de la propia comunidad. Acción que debe
concebirse e implementarse con su núcleo conductor esencial en el protagonismo
de los miembros de la comunidad.
2. Respeto de la
diversidad de tradiciones y características culturales producidas por la
historia, asumiendo los elementos de carácter progresivo y regresivo.
Atención y respeto a las particularidades de cada comunidad que hace de cada
una de las comunidades un marco irrepetible.
3. Sustentar el
trabajo en valores como la cooperación y la ayuda mutua.
4. Respetar la
autonomía, a discreción y confidencialidad de los participantes.
5. Concepción de la
comunidad como núcleo, constituida por personas individuales a las cuales debe
llegar la acción comunitaria no como impersonal o distante, sino de modo
directo o personal.
6. Visión cultural de
la participación donde el recurso humano es actor directo o sujeto activo de
cambio, es protagónico.
7. Interrelación de
investigación, participación, trasformación y modificación.
8. Saber colectivo que
integra saber-saber hacer. Conocer y hacer para la producción y utilización de
conocimientos que potencien y gestionen el desarrollo local.
El asunto ético crucial a considerar en las investigaciones comunitarias
tiene que ver con la forma en que se establece la relación sujeto/objeto en el
proceso mismo de la práctica comunitaria.
Los códigos éticos
funcionaran como una ¨moral piloto¨ para los investigadores, sin embargo las
decisiones que estos tomen ante los diversos dilemas éticos, dependerán en gran
medida de su competencia profesional.
Debido al papel
sumamente importante que desempeña la ética en las investigaciones
cualitativas donde el investigador cualitativo puede llegar a formar
parte de un sinnúmero de relaciones que se dan en un contexto estudiado,
es necesario vincular la propuesta de Gregorio Rodríguez de la ética en las
investigaciones comunitarias.
La propuesta de
Dusell de una Ética para la Liberación y la propuesta de Prilletensky ya que
coinciden en aspectos como : una ética orientada a producir y reproducir
la vida humana, es decir, destacando el carácter material, objetivo de las
condiciones de existencia, en la necesidad de la participación
democrática en el establecimiento de la misma y en el elemento de
factibilidad de las propuestas, así como en la autonomía, la participación
democrática y la justicia distributiva, para de esta forma propiciar cambios en
el ámbito psicosocial y en el ámbito sociocultural a través de las
investigaciones comunitarias.
Bibliografía
Gómez, G. R.,
Javier Gil Flores, & Eduardo García Jiménez. (2008). Metodología de
la Investigación Cualitativa. La Habana: Félix Varela.
Ignacio Dobles Oropeza. (n.d.). La dimensión ética en el trabajo con grupos y
comunidades. Universidad de Costa Rica.
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sociocultural para el desarrollo local. www.monografías.com.
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Prilleltensky, I. (1994). The morals and politics of psychology: psychological
discourse and the status quo. State University of New York Press.


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