© Libro No. 717. Hacer la Revolución y Emancipar a la Humanidad.
Avakian, Bob. Colección E.O. Abril 19 de 2014.
Título original: © HACER LA
REVOLUCIÓN Y EMANCIPAR A LA HUMANIDAD. Bob Avakian
Versión Original: © HACER LA REVOLUCIÓN Y EMANCIPAR A LA HUMANIDAD. Bob
Avakian
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© Edición, reedición y
Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
HACER LA REVOLUCIÓN Y
EMANCIPAR A LA HUMANIDAD
Bob Avakian
CONTENIDO
HACER LA REVOLUCIÓN Y EMANCIPAR A LA
HUMANIDAD
1.
PRIMERA
PARTE: MÁS ALLÁ DEL ESTRECHO HORIZONTE DEL DERECHO BURGUÉS
ü De la Redacción
ü ¿“Yo quiero recibir más” o Queremos otro
mundo?
ü ¿Son todas las “visiones ideales de la
sociedad” igualmente válidas y buenas?
ü ¿En realidad cómo se desarrolla la sociedad
humana?
ü Cambiar las circunstancias y cambiar la gente
ü El pueblo hace la historia, pero a partir de
cierta base material
ü El poder estatal—para efectuar cambios
radicales
ü El comunismo no será una “utopía” — Será un
mundo radicalmente diferente y mucho mejor
ü Libertad… y necesidad
ü Libertad, derecho y la naturaleza de la
sociedad
ü Democracia burguesa, derecho burgués
ü La ruptura con el pensamiento y las creencias
anticuados
ü Cambios en la sociedad, cambios en la
“naturaleza humana”
ü El marxismo como ciencia—En oposición al
materialismo mecanicista, el idealismo y la religiosidad
ü Marxismo como ciencia—Refutación de Karl
Popper
ü La “falseabilidad” del marxismo, las
falsedades de Popper y un enfoque científico
ü El estado, la democracia burguesa y la
dictadura
ü La explotación capitalista
ü Filosofía y método
ü La ciencia y las verdades científicas
ü La experiencia histórica y la nueva síntesis
ü Los crímenes de este sistema—y las
racionalizaciones de estos crímenes
ü Un país de “Ted Bundy”, un sistema de “Ted
Bundy”
ü Pongamos las Cosas en Claro
ü House y la experiencia de la sociedad
socialista hasta la fecha
ü La nueva síntesis
ü Notas
2.
SEGUNDA
PARTE: TODO LO QUE HACEMOS TIENE QUE VER CON LA REVOLUCIÓN
ü De la Redacción
ü "El qué hacerismo enriquecido"
ü Acelerar mientras que se aguarda—no someterse
a la necesidad
ü El papel revolucionario fundamental del
periódico comunista
ü Combatir “la tendencia espontánea a cobijarse
bajo el ala de la burguesía”
ü La labor revolucionaria significativa.
Propagar audazmente la revolución y el comunismo
ü La labor revolucionaria significativa
ü Una cultura de aprecio, promoción y
popularización
ü La labor revolucionaria significativa
ü Luchar contra el sistema, y transformar al
pueblo, para la revolución
ü Construir el partido
ü Vencer los obstáculos y limitaciones,
“movilizar a todos los factores positivos”
ü El parasitismo aumentado y los “dos sectores
anticuados”
ü Parasitismo, infantilismo, satisfacción
instantánea y falta de moderación
ü El lío en Irak, la amenaza de una guerra
contra Irán y los retos que esto plantea
ü Irán: La perspectiva de cambiar el gobierno y
la posibilidad de la guerra
ü La pirámide del poder—y la parálisis
ü Continúa la urgente necesidad de la
resistencia política masiva
ü Al Gore y la falsa ilusión, el engaño y el
mal encauzamiento
ü Transformar el terreno político
ü La repolarización para la revolución: Una
orientación estratégica
ü La religión y la repolarización—la
complejidad de la realidad
ü El fundamentalismo cristiano, las necesidades
de la clase dominante y la repolarización para la revolución
ü La revolución: Estereotipos, directores de
escena y el proceso vivo
ü Notas
HACER LA REVOLUCIÓN Y
EMANCIPAR A LA HUMANIDAD
PRIMERA PARTE:
MÁS ALLÁ DEL ESTRECHO
HORIZONTE DEL DERECHO BURGUÉS[1]
Bob
Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, EU
De la Redacción: Lo que
sigue es la primera parte de una charla que dio Bob Avakian, presidente del
Partido Comunista Revolucionario, en 2007. La charla ha sido revisada en
preparación para su publicación y se han incluido notas al pie de la página
(entre otras cosas, el autor ha ampliado en gran medida la sección sobre Karl
Popper). Esta versión en español se basa en la traducción que salió en
Revolución, Nos. 105-122, del 21 de octubre al 16 de diciembre de 2007, y
contiene importantes correcciones. Vea también la segunda parte (Todo lo que
hacemos tiene que ver con la revolución).
Quiero
empezar remontándome a un punto sobre lo cual seguimos hablando —y por buenas
razones— tanto porque es de gran importancia y porque todavía es poco entendido
y poco aplicado. Es el problema de superar los estrechos horizontes actualmente
impuestos en la sociedad y la gente y en su manera de pensar. Ahora bien, estoy
al tanto de que en su nuevo CD, Modern Times (Tiempos modernos), Bob Dylan
tiene una canción que se llama “Beyond the Horizon” (Más allá del horizonte).
Pero nosotros estamos hablando de algo completa y radicalmente diferente: el
estrecho horizonte del derecho burgués, y la necesidad que tiene la humanidad
de superar ese horizonte.
¿“Yo quiero recibir más” o Queremos otro
mundo?
Lo que me
empujó o me provocó a hablar de esto otra vez fue la lectura de unos informes
sobre las respuestas de varias personas, especialmente unos jóvenes, al DVD de
mi charla filmada del 2003 Revolución: Por qué es necesaria, por qué es
posible, qué es. Quiero empezar con el comentario de un joven (creo que fue un
estudiante de una prepa de Oakland) quien, después de ver el DVD, dijo que de
veras le gustó —“Estoy de acuerdo con todo y me gustó mucho la visión de la
futura sociedad”— pero, agregó: “Si yo invento algo, quiero recibir más por
ello”.
Aquí
estamos frente al problema de si se va a dar (o no dar) un salto más allá del
estrecho horizonte del derecho burgués. ¿Qué queremos decir con “derecho
burgués”? Esto se refiere al concepto de “derecho” que esencialmente
corresponde a las relaciones de mercancía —las relaciones en las cuales la
gente se encuentra como dueños (o no dueños) de artículos, para el intercambio—
y específicamente las relaciones en las cuales la apariencia de igualdad tapa
profundas desigualdades, relaciones cimentadas en la explotación y opresión de
los muchos por un puñado relativo. En el sentido más fundamental, esto está
cimentado en una relación en la que un número pequeño de personas domina la
propiedad no solo de la riqueza de la sociedad sino, fundamentalmente, de los
medios para producir la riqueza (la tierra, las materias primas, las diferentes
clases de tecnología, etc.), y una gran cantidad de personas es dueña de poco o
nada de esas cosas y, por tanto, tiene que vender su capacidad de trabajar a
los dueños de esas cosas (y, si no pueden vender su capacidad de trabajar —si
no pueden conseguir un trabajo—, pasarán hambre o se verán obligadas a recurrir
a otros medios, a menudo medios ilegales, para subsistir). Una vez más, ese
intercambio —de la capacidad de trabajar (o “fuerza de trabajo”) por un sueldo
(o salario)— parece ser un intercambio igual; pero en realidad implica y
encarna una relación profundamente desigual, en la que los que no tienen
capital están sometidos en una posición subordinada: obligados a trabajar —y en
el proceso de trabajar crear riqueza— para los que son dueños del capital y lo
controlan.
Esta
relación fundamental de desigualdad, de dominación y explotación, se extiende a
todas las relaciones de la sociedad capitalista y está encarnada en ellas.
Veamos, por ejemplo, el concepto de “igualdad ante la ley”. Eso supuestamente
quiere decir que las mismas leyes se aplican, de la misma manera, a todo el
mundo, sin importar su “condición” social, la cantidad de dinero que tengan, y
cosas así. Sin embargo, la experiencia demuestra que las cosas no son así en la
realidad. La gente con más dinero tiene más influencia política —y los que
tienen gran cantidad de dinero tienen gran cantidad de influencia y poder
político—, mientras que los que tienen poco dinero, y especialmente los que
tienen muy poco dinero, no tienen influencia política, lazos con el poder
político, de importancia, etc. Y eso se ve, una y otra vez, en los trámites
judiciales, hasta en la manera en que los que presiden los trámites judiciales
(los jueces) ven —de una manera muy diferente— las diferentes clases de
personas en los trámites judiciales. Pero lo que es aún más decisivo es la
realidad de que las leyes mismas (y la Constitución que establece el marco para
las leyes) reflejan y refuerzan las relaciones esenciales de la sociedad, y
fundamentalmente las relaciones económicas (de producción) del capitalismo.
Eso, por ejemplo, es por qué es perfectamente legal que los capitalistas
despidan a miles de personas, o que ni siquiera los contraten, si no pueden
sacar suficientes ganancias de emplearlos (y explotarlos) —o si pueden sacar mayores
ganancias empleando y explotando a gente en otro lugar—, pero es ilegal que la
gente a quien le han negado trabajo de esa manera se tome las cosas que
necesita, sin pagar por ellas (sin dar dinero a cambio de esas cosas —dinero
que no tiene, dinero que no puede ganar, porque se le ha impedido trabajar, por
medios que son perfectamente legales en este sistema). A todo eso —y las muchas
maneras en que eso se manifiesta en la sociedad, en las relaciones entre grupos
e individuos, en las leyes e instituciones y en el pensamiento de la gente— es
a lo que se refiere cuando se habla del “derecho burgués”.
Para
profundizar en lo que esto significa, volvamos al ejemplo de la persona que
“quiere más” si inventa algo. No es, digamos, un punto de vista poco común. Es
una manera de pensar “espontánea” muy común en una sociedad como esta, en la
que en última instancia —y a menudo no en última instancia— todo se mide en los
términos estrechos, restringidos del frío billete y se expresa toscamente en
“¿qué hay para mí?”. Así que ese joven podía ver la amplitud de todo lo que se
presenta en la charla “Revolución” y estar de acuerdo—pero hay un solo escollo:
“Si yo hago algo especial, quiero recibir algo a cambio, quiero la oportunidad
de conseguir algo más para mí”.
Bueno,
tenemos que examinar: ¿qué pasa cuando y donde se “consigue algo más?”. Y en
realidad, ¿qué pasa cuando y donde uno inventa algo en primer lugar? ¿Qué pasa
por lo general cuando alguien inventa algo y alguien “consigue algo más” de
ello? Por lo general, no es la persona que lo inventa que “consigue algo más”
—o la mayor tajada de las ganancias— de ello, sino los que controlan el capital
y que pueden convertir la invención en una mercancía y en capital. Porque eso
es lo que tiene que suceder para que alguien saque más de lo que ha inventado:
tiene que haber las relaciones sociales y, en última instancia y
fundamentalmente, las relaciones de producción, que permiten y hacen posible
que esa invención se convierta en “propiedad intelectual” —en una mercancía y
en capital.
Bueno,
para que eso suceda, tiene que existir toda una red de relaciones capitalistas.
Si no, ¿cómo se va a conseguir algo —y específicamente conseguir más que otros—
si no existe toda una red de relaciones de mercancía y de capital que es lo que
sustenta y sirve de base para el funcionamiento de toda la sociedad? Y toda esa
red de relaciones de mercancía, y de capital, es en realidad una red de
explotación. Eso es lo que tiene que existir para que alguien —y probablemente
no el inventor, sino una clase de personas, una clase de capitalistas (y
capitalistas específicos en situaciones específicas)— consiga más. Los que con
más probabilidad van a sacar el mayor provecho —más que otros— serán los que ya
controlan grandes cantidades de capital y que tienen una posición dominante en
la economía capitalista.
¿Y qué
pasa si existe toda una red de relaciones capitalistas? ¿Qué clase de mundo
tendríamos? Tendríamos la misma clase de mundo que se describe y condena en la
charla filmada “Revolución” —la misma clase de mundo que llevó a esa persona a
decir: “De veras que me gustó lo que se dice en esa charla”. No le gusta este
mundo. Pero si no acepta este mundo, entonces no puede aceptar tampoco las
cosas que definen este mundo y que son las fuerzas subyacentes y motrices de
este mundo. No puede aceptar una red de relaciones de mercancía y de capital,
porque entonces tendrá todo lo que la acompaña, y no solo en sus alrededores
inmediatos sino por todo el mundo, y todos los horrores que conocemos y que
podríamos catalogar casi indefinidamente.
Para
parafrasear a Lenin, el capitalismo pone en manos de individuos, como riqueza y
capital individual, lo que la sociedad entera ha producido. La producción en el
capitalismo —y la conversión de una invención en algo que no solo tiene valor
de uso sino también valor de cambio, que puede recaudar dinero y hasta
“plusvalía”, o sea, más dinero que con lo que se comenzó— requiere un proceso
de producción social que resulta en que la plusvalía (la riqueza que se produce
como capital) cae en manos de individuos y, de hecho, de un puñado de
individuos. Eso es a lo que Lenin se refería cuando dijo que el capitalismo
pone en manos de individuos, como riqueza y capital individual, lo que la
sociedad entera ha producido—y hoy más que nunca eso se está dando a nivel
mundial. Al fin y al cabo, el capital no es algo neutral y tampoco es riqueza
en un sentido abstracto —divorciado y abstraído de las relaciones de producción
sociales a través de las cuales esa riqueza se produce—; el capital es una
relación social en la cual unos tienen poder sobre la fuerza de trabajo (la
capacidad de trabajar) de otros y acumulan riqueza para sí mismos al utilizar
la fuerza laboral de otros.
Lenin
agregó que el capitalismo obliga a calcular, con la tacañería de un tacaño,
cuánto más uno está ganando en comparación con otro. Comparen eso —y todo lo
que eso entraña, todos los horrores que lo acompañan— a lo que significaría
superar todo eso, superar esas relaciones de producción, y las relaciones
sociales correspondientes, y todas las condiciones ligadas y entrelazadas con
ellas. Es más, en una situación en la que la humanidad se habría quitado eso de
encima, y todos los horrores que acompañan a eso, la orientación de “querer más
para mí mismo” llevaría las cosas rápidamente hacia atrás, hacia el sistema
capitalista, con todos sus horrores. No hay ninguna otra manera en la cual, en
última instancia y fundamentalmente, ciertos individuos puedan “conseguir más”,
que no sea tener toda una red de relaciones que hacen posible eso y todo que lo
acompaña.
¿Quiere
decir eso que —como dicen a menudo los que atacan y calumnian al comunismo— en
la sociedad comunista todos tendrán precisamente la misma cantidad de
pertenencias, sin importar su situación y necesidades individuales? No, el lema
del comunismo —el principio que regirá en la sociedad comunista— será
precisamente de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus
necesidades. Mejor dicho, la gente contribuirá a la sociedad lo que pueda y
recibirá a cambio lo que necesite, según los requisitos de una vida digna y
plena, intelectual y culturalmente, así como materialmente, sobre una base que
crece cada vez más. Todo eso supondrá y requerirá un punto de vista y una moral
completamente diferentes, así como relaciones económicas, sociales y políticas
radicalmente diferentes, en las cuales ya no sería cierto que un grupo
relativamente pequeño domine y explote a las masas populares y no se considere
“justo y natural” que unas personas tengan una posición superior a otras
personas.
Veamos la
realidad en que vivimos, y los principios y la moral que la acompañan —que
empuja a todos a “conseguir más” que otros y en la que una pequeña cantidad de
personas “consigue mucho más” que la gran mayoría —, y comparemos eso con el
principio mucho más elevado y liberador que es de cada cual, según su
capacidad; a cada cual, según sus necesidades, o sea, con una situación en la
que se haya superado el estrecho horizonte del derecho burgués— de “qué hay
para mí, qué me corresponde a mí”, de acuerdo con las mercancías y, en muchos
casos, el capital que yo he logrado acumular a través de este proceso. Repito,
ese no es un proceso neutral, sino uno de explotación y opresión degradantes y
salvajes—y hoy en día eso implica la explotación y opresión de literalmente
miles de millones de personas por todo el mundo, y de una enorme cantidad de
niños. Esos son los cimientos de este sistema, el sistema
capitalista-imperialista —esa es la realidad de la vida en este sistema— en el
que el principio que rige es “conseguir más”.
Una vez
más, planteemos la cuestión clave: ¿cuál es una visión de la sociedad más
liberadora y elevada, y cuál conduciría a un mundo mejor —este sistema, con sus
relaciones fundamentales y las ideas correspondientes, o uno en el que la gente
recibe de acuerdo a sus necesidades y contribuye a la sociedad de acuerdo a sus
capacidades— no a partir del provecho que va a obtener, en un sentido estrecho,
sino a partir de entender que la sociedad en su totalidad, y el desarrollo de
los individuos, tendrá una base mucho mejor y alcanzará nuevas alturas, si se
ha logrado superar esa orientación de “qué hay en eso para mí” y si se ha
logrado superar la base material para eso y la necesidad que entraña?
Este es
un punto sobre el cual vamos a tener que seguir bregando continuamente con la
gente. ¿En qué clase de mundo quiere vivir? ¿Quiere todo lo que hoy caracteriza
al mundo? Podemos revisar toda la lista: la opresión de la mujer, el racismo y
la opresión nacional, la explotación de los niños menores, la destrucción del
medio ambiente, las guerras en las que los de abajo sirven de carne de cañón
(como dice el refrán antiguo)... y así sucesivamente. ¿Es ese el mundo que
quiere, para que por si acaso —con muy poca probabilidad— usted pueda
“conseguir más?” Es casi seguro que la mayoría no “obtenga más”. ¿O quiere un
mundo libre de todo eso y más allá de todo eso, más allá del estrecho horizonte
del derecho burgués?
¿Son todas las “visiones ideales de la
sociedad” igualmente válidas y buenas?
Ahora
bien, veamos otro interrogante que se hizo cuando unos universitarios vieron el
DVD de “Revolución”, y en particular la parte “Imagina” (en la cual se le pide
a la gente imaginar cómo sería vivir en una sociedad radicalmente diferente,
una sociedad socialista en el camino al comunismo). Su respuesta fue: esto es
muy inspirador, esa visión de un mundo ideal (aparentemente así es cómo lo
vieron). Pero luego empezaron a bregar con otro interrogante: ¿acaso no es
injusto imponer una visión de un mundo ideal encima de otras? Tal vez yo tengo
una visión de lo que sería un mundo ideal, pero tú tienes otra y otra persona
tiene una tercera, ¿así que no es injusto imponer una visión y apoyarla más que
otras?
Bueno,
una vez más tenemos que responder a eso con un punto de vista y método
científicos, con el materialismo y la dialéctica. Y existen varios niveles y
ángulos desde los cuales podemos y debemos responder. Empecemos planteando el
interrogante de una manera muy franca: ¿es cierto que no queremos oponernos —y,
sí, en ciertos casos suprimir— a ciertas ideas de un “mundo ideal” que ciertos
sectores de la sociedad apoyan y buscan imponer? ¿Qué tal el Ku Klux Klan? ¿Es
cierto que no queremos oponernos a su visión de un “mundo ideal” y suprimirla?
¿Es injusto insistir en que su “visión ideal” no se puede poner en práctica? ¿Y
qué de los fundamentalistas islámicos fanáticos y sus homólogos los fascistas
cristianos? ¿Es cierto que no queremos oponernos a sus visiones y programas de
un “mundo ideal” —y, sí, suprimirlos? ¿No debemos oponernos a los “asesinatos
de honor” —cuando asesinan a una joven soltera o una mujer que “pierde su
virginidad”, aunque sea por una violación, para conservar el “honor” de la
familia— y, sí, impedirlos? ¿Se debe quitarle a la mujer el derecho al aborto y
el control de la natalidad, de acuerdo con la visión de los fascistas
cristianos de una buena sociedad, o un “mundo ideal”— y se deben basar las
leyes de la sociedad en una lectura textual de la Biblia, como dicen muchos
fascistas cristianos de peso (lo cual significaría matar a pedradas o ejecutar
de otra manera a mujeres que no son vírgenes cuando se casan, mujeres acusadas
de ser brujas, a los homosexuales, a los hijos que se rebelan contra los padres
y muchos otros que no obedecen la “voluntad de Dios”, en que insisten estos
fascistas cristianos)? ¿Es cierto que no se debe oponerse a todo eso, y, sí
suprimirlo—que se lo debe permitir porque corresponde a la “visión de un mundo
ideal” de ciertas personas?
¿Y qué de
los que actualmente gobiernan este país y buena parte del mundo, que piensan
que su “mundo ideal” es tan bueno que es justo imponerlo en el resto del mundo,
por medio de una masiva violencia organizada y destrucción mecanizada? ¿Es
cierto que no queremos oponernos —y, claro, cuando por fin se presenten las
condiciones, no queremos suprimir— a esa “visión de un mundo ideal”?
¿En realidad cómo se desarrolla la sociedad
humana?
El
problema básico con esa manera de pensar —y el uso de la palabra “ideal” indica
dónde está el problema— es que es fundamentalmente idealista y está en
conflicto fundamental con la realidad. Las sociedades no han surgido y no se
han desarrollado, y no pueden surgir y desarrollarse, de esa manera: que varias
personas conciben diferentes visiones ideales de cómo debería ser la sociedad y
proceden a imponerlas en la sociedad, o tratan de convencer a otros de que ese
es el camino que se debe seguir, sin tomar en cuenta las realidades de la
sociedad y las fuerzas motrices del desarrollo social. Como materialistas
históricos, que aplicamos el materialismo dialéctico a la historia de la
humanidad y al desarrollo de la sociedad humana, podemos ver que la sociedad no
se desarrolla de esa manera, sino que se desarrolla como resultado de la lucha
y transformación constantes que entraña la relación entre la necesidad y la
libertad. Las “visiones ideales” de la sociedad —y los programas para cambiar
la sociedad correspondientes— pueden jugar y juegan un papel muy importante en
la transformación de la sociedad siempre y cuando esos “ideales” y programas
correspondan a las transformaciones sociales posibles en un momento dado y bajo
ciertas circunstancias. Pero si una “visión ideal de la sociedad” no tiene
fundamento en la realidad —si no refleja el movimiento de la sociedad o su
tendencia, o si no representa cierta resolución de las contradicciones que
caracterizan a la sociedad e impulsan su movimiento y desarrollo—, no se puede
realizar esa “visión ideal de la sociedad”. Los seres humanos no contraen
determinadas relaciones sociales como resultado de una “visión ideal”; contraen
esas relaciones en respuesta a la necesidad que los confronta. Y, de una u otra
manera, transforman esa necesidad, y al hacerlo surge una nueva necesidad.
Muchas veces —como se ha señalado antes1 — lo que acompaña a esto son
consecuencias no planeadas: la gente hace algo para lidiar con lo que le afecte
en cierto momento y, al hacerlo, puede poner en movimiento y muchas veces pone
en movimiento un proceso que lleva a resultados y consecuencias no previstos ni
intencionados.
Veamos un
ejemplo que he usado antes: en el antiguo México la gente vivía en sociedades
de cazadores-recolectores y sus condiciones cambiaron. En parte debido a los
cambios ambientales, pero también en parte debido a lo que ellos mismos habían
hecho en el curso de las generaciones, con la matanza de los animales de caza,
no podían mantener la misma manera de vivir como antes. En ciertos casos, en
vez de seguir viviendo una vida migratoria, establecieron asentamientos y
empezaron a sembrar donde las condiciones materiales permitían dedicarse a la
agricultura. Y eso produjo toda clase de cambios por lo general no planeados, y
hasta inimaginables, como por ejemplo el surgimiento y desarrollo de nuevas
divisiones sociales opresivas. Cuando algo así sucede surge una nueva
necesidad.
Esa es
apenas una ilustración de la realidad básica de que la gente contrae ciertas
relaciones para responder a la necesidad que, en buena medida, sucede “a las
espaldas” y sin que ellos tomen una decisión consciente… hasta que, en cierto
momento, se hagan más conscientes de ello. Esto ha pasado por espirales y
diferentes etapas de desarrollo, y ha tomado diferentes formas, en la historia
de los seres humanos y sus sociedades de conjunto. De esa manera han surgido y
se han desarrollado y se han transformado en realidad (o en ciertos casos se
han eliminado) las sociedades humanas. Y sin entender esto de una manera lineal
y determinista —sin ver a esto como si fuera un proceso en “línea recta”, hacia
adelante y hacia arriba, según un plan predeterminado o ciertas leyes
inevitables e inexorables— esta es la única base sobre la cual la sociedad
humana puede surgir, desarrollarse y transformarse.
Así que
de lo que se habla en la charla “Revolución” (y en particular en la sección
“Imagina”) es el siguiente salto posible —no inevitable sino posible—, que se
puede dar a partir de lo que ha surgido a través del proceso complejo y
multifacético de desarrollo que de hecho ha ocurrido en el curso del desarrollo
histórico de la sociedad humana hasta este punto. Eso no es algo que estaba
planeado en la mente de alguien desde el principio: ni la de un dios ni de
nadie. Pero corresponde a la situación actual en que se encuentra la humanidad,
en la que otro salto es posible hacia un mundo radicalmente diferente y mucho
mejor, a saber el comunismo.
Aquí se
puede trazar una analogía a la evolución en el mundo natural. Una de las cosas
que se recalca una y otra vez en el libro sobre la evolución de Ardea Skybreak2
es que el proceso evolutivo solo puede efectuar cambios a partir de lo que ya
existe. En primer lugar, no hay ningún “diseño inteligente” —ninguna clase de
“diseño”— en esto. Junto con eso, no es posible que surja algo a través del
proceso de la evolución natural que no tenga base en lo que ya existe. Los
cambios evolutivos —inclusive los cambios cualitativos que conducen al
surgimiento de especies completamente nuevas— pueden ocurrir y de hecho ocurren
a partir de la variación genética y la mutación, en su interacción con el medio
ambiente (en el cual los cambios de características que confieren una ventaja
reproductiva a esos individuos con esas características pueden llevar al
predominio de esas características dentro de un grupo, e incluso en ciertas
condiciones al surgimiento de una nueva especie). Pero tales cambios no se dan
y no se pueden dar porque son favorables para una especie (o para los miembros
individuales de una especie) y, por tanto, surgen para satisfacer una
necesidad. La evolución en el mundo natural solo se da y solo se puede dar por
medio de cambios que surgen a partir de la realidad y las limitaciones que ya
existen (o, para decirlo de otra manera, la necesidad que existe), y en
relación con ellas.
Y, en
términos fundamentales, lo mismo es cierto en cuanto al desarrollo social
humano, en la historia de la sociedad humana. Por eso es que el socialismo está
tan camarón: como Marx recalcó en un sentido básico, Lenin empezó a abordar de
una manera más concreta y Mao abordó todo a un nivel superior—estamos hablando
del socialismo que surge del capitalismo, de la sociedad anterior. Por eso es
que Lenin dijo que no hacemos el socialismo con la gente como quisiéramos que
fuera; tenemos que construir el socialismo, y transformar la sociedad bajo el
socialismo, con la gente tal como ha surgido de la vieja sociedad. Y eso es
cierto con respecto no solo a la gente, sino también con respecto a las viejas
condiciones, entre ellas las condiciones materiales de producción (la
tecnología, pero también y esencialmente las relaciones de producción y las
relaciones sociales, así como todas las ideas e instituciones políticas). Eso
es lo que se pone a transformar, de una manera cualitativa y radical. No se
puede pasar a la mesa de dibujo para decir: “¿Qué es lo quisiéramos tener?”. No
sucede por medio de un proceso en el que varias personas anotan su “visión
ideal”, y luego se da un enorme debate hasta que todos estén convencidos de
cuál es el mejor ideal (y, mientras tanto, todos se han muerto de hambre). Eso
no se puede hacer, no funciona así.
Sí, el
“ideal” del comunismo es muy hermoso y deseable. Pero surge de las limitaciones
previas, las necesidades previas, el resultado de las transformaciones previas
de la sociedad —sus cimientos y la posibilidad de que emerja radican y existen
en relación con todo eso— a través de esta interacción mutua dialéctica entre
la necesidad y la transformación de la necesidad en libertad... que
produce—¿qué? Nueva necesidad.
Bueno,
eso es lo que tenemos que ayudar a la gente a entender. Por eso se requiere la
ciencia para emprender la transformación de la sociedad, y en particular para
emprenderla de tal manera que en realidad se pueda, a estas alturas, conducir a
la abolición de las relaciones opresivas y explotadoras, las relaciones
antagónicas entre las personas en general, y conducir a un mundo completamente
nuevo y mucho mejor para la humanidad. Eso solo se puede hacer si se basa en la
ciencia —a partir de un análisis materialista y dialéctico, la síntesis de la
realidad y una concepción científica de dónde estamos en el proceso y las
posibilidades que eso presenta para transformar la necesidad en libertad en la
etapa actual.
Cambios
en la sociedad y en la gente: Una concepción materialista, y dialéctica, de la
relación entre las circunstancias de la gente y su conciencia.
Cambiar las circunstancias y cambiar la gente
Quiero
ampliar el tema de la sociedad humana y su desarrollo histórico para poner más
cimientos que permitan entender esto de una manera científica. Voy a hablar de
temas que tienen que ver con una discusión mayor de la que esto procede y que
se encuentra en “Puntos” y “Base, metas y métodos”. No voy a repetir muchas de
las cosas que dije en esas obras pero voy a tocar unos puntos esenciales.
Primero,
quiero hablar de las dos rupturas radicales y su interconexión, su interacción
dialéctica e influencia mutua a lo largo de todo el desarrollo y transformación
revolucionaria que se da en el curso del avance al comunismo. Por supuesto, con
esto me refiero a lo que se dice en el Manifiesto Comunista: la revolución
comunista representa la ruptura radical con todas las relaciones de propiedad
tradicionales y con todas las ideas tradicionales. Lo que esto entraña —-y de
hecho lo que entraña todo el desarrollo de la sociedad humana— es la
interrelación (la relación dialéctica) entre las fuerzas y las relaciones de
producción y entre la base económica3 , por un lado, y la superestructura de la
política y la ideología, por el otro. Para decirlo en otros términos más
generales, lo que esto entraña es la relación dialéctica entre las condiciones
materiales y su transformación, por un lado, y el pensamiento de la gente y su
transformación—o, en otras palabras, el vaivén, como lo dijo Marx una vez,
entre cambiar las circunstancias y cambiar la gente, la relación dialéctica de
esto y las dinámicas que esto entraña.
Ahora
bien, en relación con esto, una de las cosas más fundamentales que Marx
descubrió —y esto es algo sobre lo cual he hablado en varias otras obras4 pero
que vale la pena mencionar una vez más, porque es tan importante y a la vez tan
poco entendido, y de hecho es algo que se ha ignorado total y sistemáticamente,
donde no lo tapan, confunden y tergiversan— es su presentación concentrada de
lo que constituye la sociedad humana y de su desarrollo. En oposición al
idealismo filosófico, Marx presentó la concepción materialista y dialéctica de
que la actividad humana más básica y esencial es la producción y reproducción
de los requisitos materiales de la vida, y que los seres humanos solo pueden
llevar a cabo la lucha para producir, y reproducir, los requisitos materiales
de la vida si contraen relaciones de producción muy específicas, y que sobre
esa base de relaciones de producción surge una superestructura jurídica,
política e ideológica específica.
Piensen
en lo poco que se entiende este punto tan fundamental sobre la sociedad humana
y su desarrollo histórico—y la relación básica y general entre el ser social y
la conciencia social, como lo dijo Marx. Hay toda una variedad de otros puntos
de vista sobre lo que constituye la sociedad humana y de por qué la gente se
une en la sociedad—teorías de “contratos sociales” y varias otras teorías
intelectuales que se han elaborado (y sus variaciones populares de varios
tipos). Pero este punto fundamental que Marx descubrió es tan poco conocido, y
mucho menos entendido. ¿Cuántas veces se oye hablar de “esto de la economía” o
“aquello de la economía”, como si “la economía” fuera una abstracción
divorciada de los seres humanos y carente de sus relaciones sociales? Pero de
esa manera no se puede captar la dinámica de lo que está pasando. Es tan
profundamente importante que nosotros captemos este punto, pero además que lo
propaguemos de una manera popular—de una manera que esté al alcance de mucha
gente que hoy desconoce todo esto. Es sumamente importante posibilitar que las
masas populares, de todas las capas sociales, entre ellas las masas básicas,
capten esta y otras verdades fundamentales relacionadas—los análisis y síntesis
fundamentales acerca de la sociedad y la realidad. En cualquier sociedad, la
gente contrae en el sentido más fundamental relaciones de producción
específicas para hacer cualquier cosa—para comer y para posibilitar todo lo
demás que pasa en una sociedad. Y los cimientos de esto, las relaciones y la
dinámica fundamentales subyacentes, es el hecho de que la gente contrae
relaciones sociales de producción específicas en el proceso de producir y
reproducir los requisitos materiales de la vida y de la sociedad.
Junto con
esto, el hecho es que estas relaciones sociales de producción evolucionan
históricamente. Una vez más, no es cuestión de una “sociedad ideal”, de
simplemente realizar el “ideal” de uno. No es cuestión de que uno se sienta y
traza un plano de cómo la sociedad debe ser, y luego hace que la sociedad se
ajuste a ese plano. Es la interacción entre la necesidad y los seres humanos
que luchan —conscientemente o en parte conscientemente, o una combinación de
los dos— por transformar la necesidad y forjar la libertad… que a su vez crea
nueva necesidad.
El pueblo hace la historia, pero a partir de
cierta base material
O, para
parafrasear otro punto profundo —y al mismo tiempo ignorado, por lo general, o
tergiversado y distorsionado— que Marx recalcó: El pueblo hace la historia,
pero no de cualquier manera que quiera. La hace a base de las fuerzas
productivas y las relaciones de producción correspondientes que hereda de las
generaciones previas. Por supuesto, esto no es un proceso lineal: entraña
rupturas y saltos, revoluciones en la sociedad humana, en los momentos y
circunstancias en que, como señaló Marx, las relaciones de producción han
pasado por una transformación de ser la forma más apropiada para el desarrollo
de las fuerzas productivas a ser una traba a ese desarrollo en vez de una forma
apropiada. Esto suscita revoluciones sociales. Por supuesto, esto no ocurre en
un sentido “automático”, y tales revoluciones no ocurren en relación directa,
uno a uno, con la transformación objetiva de las relaciones de producción (de
ser la forma más apropiada para el desarrollo de las fuerzas productivas a ser
una traba a ese desarrollo). Pero cuando esa transformación objetiva (en la
relación entre las relaciones de producción y las fuerzas de producción) ha
ocurrido, tarde o temprano, no importa lo mucho (o poco) que sean conscientes
de esa transformación objetiva, elaboran teorías y programas y forman
organizaciones para resolver esa contradicción, que se les impone objetivamente
cada vez más. Eso es lo que quería decir Mao cuando dijo que cuando los
instrumentos se frustran, hacen uso de la palabra por intermedio de las personas:
cuando las fuerzas productivas se encuentran más frenadas que facilitadas, por
así decirlo, por el carácter de las relaciones de producción, esto suscita
ciertas cosas en la superestructura. Suscita ciertas ideas en la gente—ideas
acerca de cambiar la sociedad, y acerca de cuáles son los problemas de la
sociedad y cómo tratarlos. Durante gran parte de la historia humana, esas ideas
eran una combinación de entender en cierto grado, y entender mal en mayor
grado, de lo que se suscitaba objetivamente, de los acontecimientos objetivos
que se reflejaban, por “imperfectos” que fueran, en la mente de las personas.
Ahora estamos en un umbral donde se puede entender cualitativamente mejor —no
completamente, siempre habrá la contradicción entre el conocimiento y la
ignorancia—, pero se puede entender mejor de qué se trata esto, se puede tener
un enfoque más consciente de lo que nos proponemos hacer, y por qué, en cuanto
a transformar las relaciones subyacentes tanto como la superestructura de la
sociedad.
Es
importante captar este punto: que la necesidad del cambio radical en la
sociedad se suscita en la superestructura—en el pensamiento de las personas, y
luego en su organización política. Las personas forman grupos, forman partidos
con programas y objetivos que reflejan —no en un sentido reduccionista, lineal
y de uno a uno, sino que reflejan en última instancia— lo que está pasando en
las relaciones básicas de la sociedad, en cuanto, más fundamentalmente, a la
contradicción entre las fuerzas y las relaciones de producción. Esto se refleja
más o menos conscientemente en el pensamiento de las personas y luego en su
organización política. Y cuando se proceden en consecuencia, cuando tratan de
llevar a cabo cambios que corresponden a sus ideas, tropiezan con limitaciones
—no solo limitaciones económicas sino también limitaciones políticas—, la
fuerza del estado y las relaciones de poder en la sociedad que tienen que hacer
añicos y transformar para (una vez más en términos relativos y no absolutos)
desencadenar y emancipar las fuerzas productivas, entre ellas la gente. De esa
manera cambian las sociedades en un sentido fundamental y cualitativo—eso es
cómo y por qué las revoluciones se suscitan y ocurren, a través de luchas
trascendentales.
Así que,
como lo explicó Marx, la superestructura jurídica, política e ideológica surge
de una base económica (o modo de producción) determinada, en un momento dado, y
corresponde a ella, pero también es crucial —es un aspecto decisivo de una
concepción y método dialécticos tanto como materialistas— captar que hay mucha
iniciativa (y, si queremos decirlo así, autonomía) en la superestructura. La
superestructura no es meramente una extensión lineal y mecánica de la base
económica. Se elaboran diferentes ideas y se lleva a cabo una lucha en la
esfera de las ideas. Surgen fuerzas políticas que luchan hasta que se resuelva.
A fin de cuentas, es una batalla por el poder sobre la sociedad. Y el poder,
por cierto, no es una mala palabra. De hecho, en manos del proletariado, es
algo muy, muy bueno. El poder, en términos políticos, quiere decir la capacidad
de poner en práctica un programa, y esencialmente la capacidad de tomar
decisiones que afectan el curso de la sociedad en conjunto, la capacidad de
determinar la dirección de la sociedad.
Como he
recalcado repetidas veces, esto radica en cierta base material, tiene raíces en
las contradicciones fundamentales de la sociedad, y en la dinámica asociada con
estas contradicciones fundamentales. Pero, sobre la base del movimiento de
estas contradicciones —y la lucha para resolverlas de cierta manera al tomar la
iniciativa, más o menos conscientemente, en la superestructura, y
específicamente en la lucha por el poder político— es posible obtener
cualitativamente nueva y mayor libertad (no absoluta libertad, pero
cualitativamente mayor libertad) para hacer cambios radicales en la sociedad.
Cuando hablamos de la dictadura del proletariado, estamos hablando del poder,
que reside cada vez más en las masas populares, para hacer transformaciones
radicales en beneficio suyo, y a fin de cuentas en beneficio de la humanidad en
general. De eso estamos hablando cuando hablamos de la dictadura del
proletariado.
El poder estatal—para efectuar cambios
radicales
¿Por qué
quiere el poder el proletariado, por así decirlo? ¿Por qué necesita el poder
estatal? Para efectuar los cambios, las transformaciones radicales de la
sociedad en todas las esferas, en beneficio suyo y a fin de cuentas en
beneficio de la humanidad en general.
Estas
transformaciones no se pueden efectuar bajo el dominio de la burguesía, no
importa cuál sea la forma con que gobierna. El dominio burgués puede tener una
forma democrática “maravillosa”—pero de todos modos es el dominio de una clase
cuyos intereses se oponen en un sentido fundamental y antagónico a las
transformaciones que las masas populares necesitan llevar a cabo para tener un
mundo en el que pueden vivir como seres humanos y florecer en un sentido más
amplio (no en un sentido absoluto metafísico, sino en un sentido más amplio y
cualitativamente mayor). Mientras el poder sobre la sociedad esté en manos de
la burguesía, incluso con la “artimaña” que ha forjado de las elecciones, se
impedirá que el proletariado y las masas populares lleven a cabo estos cambios.
Por eso tenemos las condiciones verdaderamente horrorosas que existen por todo
el mundo—y en este sistema todos los votos del mundo nunca cambiarán estos
elementos fundamentales. Es así de sencillo y básico. Cuando un monopolio del
poder político —y, de una manera concentrada, el monopolio de la fuerza armada
“legítima”— está en manos de un grupo de la sociedad, y ese grupo excluye a
otros de ese monopolio de poder y fuerza, pues esto es una dictadura del grupo
—o clase— en el poder, no importa si ese grupo en el poder permite que los que
excluye del poder, y que domina en los hechos, participen en elecciones para
escoger entre diferentes representantes de la clase dominante, como ocurre en
Estados Unidos y varios otros países. El dominio político en Estados Unidos, no
importa si hay una tiranía abierta e indisimulada o no, es y siempre ha sido
una dictadura burguesa, una dictadura de la clase dominante capitalista (o
antes de la derrota y abolición del sistema de esclavitud en Estados Unidos, por
medio de la guerra de Secesión, existía una dictadura de las clases dominantes:
los esclavistas y los capitalistas, o la burguesía).
Esta es
una verdad fundamental, una declaración crucial y esencial acerca de la
realidad—la realidad de sobre qué base y de acuerdo con qué intereses
determinantes funciona la sociedad. Cuando debatimos esto, tenemos que ir al
grano, a la esencia de esto. Necesitamos un sistema político diferente, un
sistema de gobierno político diferente, cuyo objetivo es la transformación
radical de la sociedad, en todos los niveles y en todas las dimensiones.
(Hablaré más sobre lo que esto implica, y debe implicar —y lo que no debe
implicar— más adelante).
El comunismo no será una “utopía” — Será un
mundo radicalmente diferente y mucho mejor
Partiendo
de los avances teóricos básicos de Marx, y agregando a lo que Lenin aportó a
esto —con respecto al estado y en términos de un análisis del imperialismo y
otras dimensiones importantes de la sociedad humana y de su transformación
revolucionaria— Mao aportó o amplió algo crucial sobre cómo los comunistas
entienden estos problemas fundamentales. En varias ocasiones recalcó (y eso es
algo que se ve en particular en sus pláticas y charlas, conversaciones y
escritos informales, más que en sus obras oficiales, aun las que se publicaron
antes del golpe de estado revisionista de 1976) que aun cuando se haya llegado
al comunismo, lo que caracterizará e impulsará a la sociedad serán las
contradicciones entre las fuerzas y las relaciones de producción y entre la
base y la superestructura. Bueno, no es que anteriormente en el marxismo se
haya negado eso, sino que no se entendía con la claridad ni con la importancia
que Mao le dio. Anteriormente, ciertos aspectos de cómo se concebía el
comunismo, irónicamente, incorporaban ideas metafísicas. Por ejemplo, Engels, y
Marx también, decían que con el comunismo se habría pasado del reino de la
necesidad al reino de la libertad, como sí —estoy exagerando, pero sí había esa
tendencia a pensar que— al llegar al comunismo uno llegaría al reino de la
libertad con relación a la necesidad de una manera completamente diferente. Y
Mao vio que en realidad no era así, que no captaba de una manera correcta lo
esencial de esto.
Es cierto
que con el comunismo los seres humanos se relacionarán conscientemente con la
naturaleza, y con ellos mismos, de una manera cualitativamente mayor que en
cualquier otra época; pero todavía tendrán que lidiar con limitaciones y la
transformación de las limitaciones. Siempre se va a tener que lidiar con el
principio fundamental enumerado por Marx sobre los cimientos y las
contradicciones impulsoras de la sociedad humana. No importa cuánto se avance
en el comunismo, nunca se dejará de lidiar con la necesidad que se presenta
como algo “externo”, con lo que uno tiene que lidiar y luchar por transformar
—y, al hacerlo, crear nueva necesidad. Lo que seguirá caracterizando e
impulsando a la sociedad serán las contradicciones entre las fuerzas y las
relaciones de producción y entre la base y la superestructura. Y siempre será
cuestión de captar eso de una manera cada vez más consciente—sin jamás tener
nada como absoluta libertad al respecto.
Aun en
las primeras obras de Mao se ven referencias (hablando en términos
tradicionales chinos) al comunismo como “el reino de la gran armonía”. Bueno,
cuanto más lidió con la realidad, y la lucha revolucionaria, cuanto más llegó a
ver que la realidad no era así. Pero esa idea del “reino de la gran armonía”
correspondía, en gran medida, al entendimiento que se tenía en buena parte del
movimiento comunista internacional antes de Mao. Eso se ve en Stalin: en sus
discusiones sobre el socialismo se ve que tiende hacia la idea del fin de las
contradicciones. No es que dijo palabra por palabra que con el socialismo ya no
existían contradicciones, pero sí dijo, a mediados de los años 30, que los
antagonismos entre las clases en la Unión Soviética habían dejado de existir.
Ahora
bien, es cierto que en el comunismo no habrá antagonismo de clase, pero lo que
sí es cierto —y es algo que se ha demostrado de una manera dramática y a través
de amarga experiencia con la restauración del capitalismo en los países que
fueron socialistas— que en la sociedad socialista todavía existen
contradicciones antagónicas de clase. Y aun en la sociedad comunista, habrá que
luchar por transformar la necesidad, se va a tener que entender y tomar medidas
con respecto a las fuerzas impulsoras de la sociedad que se basan en las
contradicciones entre las fuerzas y las relaciones de producción y entre la
base y la superestructura, y la interrelación entre la dinámica de esas dos
contradicciones.
Libertad… y necesidad
Con
respecto a esto un hecho fundamental es que la libertad es el reconocimiento
—y, como recalcó Mao, la transformación— de la necesidad. Ahí es donde radica
la libertad. No radica en nociones idealistas de cómo uno quisiera que fueran
las cosas. No es cuestión de que la imaginación no viene al caso, eso es muy
importante (y por eso una parte importante del DVD “Revolución” se llama
“Imagina”). La imaginación tiene que jugar un gran papel. Pero aunque la
imaginación debe proceder sin que se le restrinja estrechamente en un momento
dado a las condiciones imperantes, en un sentido general y fundamental tiene
que basarse en la realidad material y actuar sobre esa realidad material, si se
quiere que lo que se imagina y los sueños se realicen en el mundo real (eso es
algo que Lenin recalcó).
Hay mucho
ámbito para los sueños y la imaginación que no están ligados inmediata y
“estrechamente” a lo que sea la realidad material en un momento dado. Esto es
algo que mencioné en un artículo sobre el mito5 . Ahí recordé (en la discusión
sobre mito) que en una conversación con un camarada hace unos años, tomé una
posición muy incorrecta de que cuando lleguemos al comunismo no debemos tener
más ciencia ficción. Luego, afortunadamente, antes de que pasara mucho tiempo,
me di cuenta de que si llevara esa lógica hasta sus últimas consecuencias,
liquidaríamos el arte. ¿Por qué es así y por qué es importante? Porque las
cosas como la ciencia ficción tienen un enorme papel que jugar, con respecto a
las necesidades estéticas de la gente, por así decirlo, pero también en
términos de las necesidades más amplias de la sociedad de poder prever o
imaginar cómo podrían desenvolverse las contradicciones en el futuro. Hay, y
siempre habrá, tanto para los individuos como para la sociedad, la necesidad
muy real e importante de ver las cosas desde diferentes ángulos, a través del
prisma distorsionador del arte, por así decirlo.
Pero
fundamentalmente (y, se podría decir, debajo de todo esto) la libertad sí
radica en el reconocimiento y la transformación de la necesidad. Lo importante
es que ese reconocimiento y la capacidad de llevar a cabo esa transformación se
dé a través de diferentes “canales”, y no está ligada de una manera positivista
o reduccionista o lineal a la manera en que se presentan, en un momento dado,
las principales contradicciones sociales. Si así fuera —o si así lo
abordáramos— liquidaríamos el papel del arte y de buena parte de la
superestructura en general. ¿Por qué libramos batallas en la esfera de la
moral? Porque en la superestructura hay iniciativa y autonomía relativas. Y
cuanto más se le dé expresión correcta a eso, tanto mejor será la situación, en
cuanto a la clase de sociedad que tengamos en un momento dado así como en
términos de nuestra capacidad de reconocer la necesidad y llevar a cabo la
lucha por transformar la necesidad.
También
es muy importante recalcar que al hablar de la necesidad estamos hablando tanto
de la necesidad que radica en la realidad concreta, más allá de la sociedad
humana —la totalidad del mundo natural— como, específicamente, la necesidad que
radica en las relaciones humanas sociales en un momento dado, con sus raíces en
la realidad fundamental cuya esencia Marx concentró. Las dos constituyen la
necesidad, y es de especial importancia que entienda eso la gente que se pone a
transformar la realidad de una manera esencial. No es simplemente que tenemos
la naturaleza “allí afuera”; ni tampoco, por otro lado, es que tenemos una
sociedad divorciada del resto de la naturaleza. ¿Qué es la sociedad, si no son
los seres humanos que se relacionan los unos con los otros y con la naturaleza
y la transforman de una u otra manera, a veces por el mal y a veces por el
bien, con respecto a las necesidades humanas en el sentido más amplio?
Estos
puntos básicos del materialismo y la dialéctica constituyen y establecen la
base teórica de una concepción y enfoque rigurosa, coherente y sistemáticamente
científicos de la libertad de la humanidad en conjunto— y, de hecho, de la
libertad de los individuos en relación con la sociedad humana en general.
Libertad, derecho y la naturaleza de la
sociedad
Esto,
repito, se relaciona con esa conocida declaración de Marx —a la cual, por buena
razón, seguimos regresando— de que el derecho no puede ser nunca superior a la
estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella
condicionado, que es otra declaración poco conocida y menos comprendida. En
conversaciones que proceden, en términos fundamentales, desde un punto de vista
y perspectiva burgués, se oyen planteamientos que, o no conocen o ignoran, este
principio fundamental y manera de entender las cosas (o es ignorancia o
ignorancia deliberada).
Volvamos
al comentario de un joven de Oakland quien, después de ver el DVD de mi charla,
dijo: “Estoy de acuerdo con todo y me gustó mucho la visión de la futura
sociedad”— pero “si yo invento algo, quiero recibir más por ello”.
Bueno, en
cuanto al “derecho” de “recibir algo más” por inventar algo, aun si se pudiera
ejercer ese “derecho”, ¿de dónde surge ese “derecho” y a qué corresponde?
Cierta estructura económica de la sociedad, como dijo Marx, y una cultura por
ella condicionada. Corresponde a cierta base económica y la superestructura
correspondiente, y surge de las mismas. Y, a su vez, refuerza esa clase de
sociedad y esa clase de mundo. Para que ese “derecho” tenga significado, se
necesitan las condiciones y las relaciones que lo hagan posible. En el
feudalismo, aunque las relaciones de mercancía estaban desarrolladas a un grado
relativamente grande, si uno era siervo no tenía concepción alguna de un
derecho. Bueno, en cierta etapa del feudalismo, empezó a darse cierta movilidad
social, aunque de muchas maneras seguía siendo limitada. Pero esa idea de
recibir más por inventar algo no era un derecho característico del feudalismo;
pero sí es un derecho característico de cierta estructura económica y cultura,
de cierto tipo de sistema, a saber, el capitalismo. En la medida en que se
aplica ese derecho (de recibir algo más por inventar algo), se aplica y solo se
puede aplicar en el caso de un relativamente pequeño grupo de individuos. Al
mismo tiempo, todas las condiciones de esa estructura económica, y la cultura
correspondiente, implican toda una serie de consecuencias horripilantes para la
gran mayoría de los individuos del mundo y para la humanidad en conjunto. Ahí
se puede ver —a través de un ejemplo negativo, por así decirlo— cómo es que el
derecho está implantado, si me permiten, en la estructura económica de la
sociedad y la cultura por ella condicionada.
Veamos
unos ejemplos de los “derechos positivos”. ¿Y qué del derecho a vivir en un
mundo en el que los seres humanos hayan dejado de enfrentarse los unos a los
otros a través de relaciones antagónicas? ¿Dónde existe el “derecho” a eso;
bajo qué condiciones tendría ese derecho significado? Sin lugar a dudas, en
este mundo no se tiene ese derecho. Uno lo puede proclamar cuantas veces que
quiera. Uno puede elaborar todo tipo de esquema utópico para darle expresión a
sus deseos de vivir en un mundo en el cual los seres humanos dejen de
enfrentarse los unos a los otros a través relaciones antagónicas. Pero dentro
del marco del sistema social actual y la manera que este sistema domina y
moldea al mundo, no tiene ninguna capacidad para efectuar semejante ideal. Ese
derecho solo se puede realizar a través de una estructura económica diferente,
un conjunto diferente de relaciones de producción, a saber, las del comunismo y
la cultura por ella condicionada—o, mejor dicho, la superestructura que
corresponde a las relaciones económicas y sociales comunistas. Solo a través de
la revolución para avanzar hacia el comunismo la humanidad por fin puede llegar
al punto en el que los seres humanos no tengan que enfrentarse jamás a través
de relaciones antagónicas. Esta es otra expresión del hecho, como dijo Marx, de
que el derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica y al
desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado.
¿Y qué
del “derecho” de las masas populares del mundo a explorar las cuestiones
científicas? ¿Qué clase de estructura económica y cultura —qué clase de
relaciones de producción y sociales, y qué clase de superestructura— se
necesita y corresponde a eso? Una vez más, solo un mundo comunista. Con la
división del trabajo que ha existido en toda forma de sociedad dividida en
clases —y en particular las sociedades dominadas por las clases explotadoras—,
y la que las ha caracterizado, las masas populares, la gran mayoría de la
sociedad, no tienen un serio derecho de explorar las cuestiones científicas. No
existe para ellas. Es posible que unos individuos, por aquí y por acá, surjan
de entre las masas y cambien de posición de clase, por así decirlo, y que sean
capaces de dedicar la vida a eso como vocación, pero para las masas populares
no existe tal derecho. El propio funcionamiento de la base económica, en
relación dialéctica con la superestructura —la dinámica de la acumulación
capitalista y el funcionamiento del sistema político correspondiente, el
sistema de educación, las ideas dominantes que se propagan por toda la sociedad
y la división del trabajo que está estrechamente ligada a todo eso—
imposibilitan que las masas populares tengan ese “derecho” de explorar las
cuestiones científicas.
¿Y qué de
los que hoy tienen la capacidad de hacer eso? ¿Y qué de su “derecho” de
explorar las cuestiones científicas en un nuevo contexto y marco sociales, en
el cual mucha más gente tenga la libertad y la posibilidad de hacer eso
también? ¿Y qué de la capacidad —incluso de los que actualmente están
realizando trabajo científico— de hacerlo de una manera sin trabas (no digo
absolutamente sin trabas, pero con cualitativamente menos restricciones),
libres de las restricciones impuestas por las relaciones explotadoras y
opresivas en la sociedad y de los modos de pensar correspondientes? ¿Y qué de
eso? ¿Y qué de una situación en la que no hay que andar pidiendo subvenciones
de una manera que menoscaba el valor científico de su proyecto, al tener que
cuadrarlo con los requisitos de la clase dominante, por ejemplo: “Esto ayudará
al Departamento de Defensa”? ¿Y qué de ese “derecho”?
No es que
en la sociedad comunista todos harán todo —o querrán hacer todo— con el mismo
énfasis o la misma pasión o de la misma manera. Hay, y siempre habrá,
diferencias entre los seres humanos, y eso seguirá siendo cierto —y, como nunca
antes, eso es algo que se reconocerá conscientemente y a lo que se le dará una
expresión cualitativamente mayor — en la sociedad comunista. No todos van a
querer hacer trabajo científico todo el tiempo ni tampoco meterse en la
política todo el tiempo. Pero se habrá tumbado y superado todos los obstáculos
y divisiones sociales que hoy existen y que son característicos de la sociedad
explotadora.
¿Y qué
del “derecho” de que todo eso se dé? ¿Qué clase de estructura económica y qué
clase de “cultura por ella condicionada” es necesaria para que eso se dé? Eso
es imposible en el sistema actual, y solo es posible en el sistema futuro, es
decir, en la sociedad comunista. De esto se tratan las “4 todas”—eso es lo que
quiere decir lograr las “4 todas” que señalan el avance al comunismo: la
abolición de todas las diferencias de clase en general; la abolición de todas
las relaciones de producción en que estas descansan; la abolición de todas las
relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción; y la
revolucionarización de todas las ideas que brotan de estas relaciones sociales.
Todo eso, y todos los “derechos” que se adhieren a eso, solo son posibles en
una futura sociedad comunista —que no es un ideal utópico sino una auténtica
posibilidad, una posibilidad cuya realización radica en la libertad que se le
puede arrancar de la necesidad actual de la humanidad en esta época, y en
particular del proletariado como clase y quienes asumen la cosmovisión y
objetivos de la revolución proletaria6 .
¿Y qué
del derecho de la gente en la sociedad, y en el mundo entero, a tener que
gastar solo una pequeña parte de su tiempo y energía en la reproducción (y la
expansión de los medios de producción) de los requisitos materiales de la vida?
¿Y qué del “derecho” de solo tener que dedicar unas pocas horas del día a eso,
y tener más tiempo para los asuntos políticos, sociales y culturales y al
descanso… o simplemente a hacer lo que le dé la gana? ¿Dónde, hoy, existe tal
“derecho” para la gran mayoría de la humanidad, inclusive para los niños? La
actual estructura económica y la cultura condicionada por ella impide que la
gran mayoría de la humanidad, inclusive los niños, tenga algo que se asemeje a
tal “derecho”; y es solo con la sociedad comunista que se podrá realizar ese
“derecho” (y en ese momento ya no sería concebido como “derecho” sino como una
parte “natural” del funcionamiento de la sociedad humana, sin que se la
institucionalice o se le dé una condición especial como “derecho”).
Este es
un punto sumamente importante que tenemos que captar a fondo. Y, repito, el
propósito de captarlo a fondo es actuar en consecuencia, popularizarlo y
movilizar a más gente que entienda eso para actuar en consecuencia.
¿Importa
si la gente piense que simplemente queremos imponer un ideal de la sociedad
encima de otro? ¿O si, al contrario, la gente tiene una concepción de veras
materialista y dialéctica sobre cómo la posibilidad de lograr las cosas de las
que estoy hablando se relaciona a las contradicciones que existen en la
sociedad y surge a través de las luchas que se basan en esas
contradicciones—sobre cómo la posibilidad y el potencial de una sociedad humana
totalmente diferente, caracterizada por relaciones radicalmente diferentes y
mucho mejores entre la gente, y la cultura y manera de pensar correspondientes,
existen de veras y radican en las contradicciones materiales sociales del mundo
actual? ¿Importa que uno vea esto de una manera completamente utópica e idealista,
o con materialismo y dialéctica? ¿Afectará lo que uno piense que sea deseable,
lo que piense que sea posible y lo que crea que vale la pena luchar por lograr?
Claro que sí.
Democracia burguesa, derecho burgués
Comprender
y actuar sobre eso es una parte crucial de dar un salto y una ruptura en cuanto
a nuestra concepción y entendimiento de la realidad y de cómo se puede y se
tiene que cambiar—un salto y una ruptura más allá de lo que de veras es el
estrecho horizonte del derecho burgués. La democracia, o el intento de
“perfeccionar” lo que en realidad es —y lo que en este sistema, con su base
material, solo puede ser— la democracia burguesa: esa no es nuestra meta. Esto
cabe en los límites, el estrecho horizonte, del derecho burgués. No es lo que
necesita la humanidad. ¿Han oído a cuántas personas, que por lo general son
progresistas o seriamente parte de la oposición, que siempre formulan sus
objetivos políticos, y su visión de la sociedad, en términos de la democracia,
que en realidad viene a ser la democracia burguesa? Se parece mucho a los
científicos que siempre tienen que formular (o formular de nuevo) sus proyectos
en términos de cómo contribuirán al Departamento de Defensa o al Departamento
de Seguridad de la Patria u otra dependencia del estado actual. ¿A cuántas
personas han oído formar su “proyecto político” para hablar de “perfeccionar
nuestra democracia”, cuando en realidad necesitamos dar un salto y romper con
ese marco, e ir más allá de ese estrecho horizonte?
Que quede
claro, la democracia es una expresión del derecho burgués. Y el derecho burgués
quiere decir todas las cosas con las que estamos muy familiarizadas, todo el
sufrimiento del mundo que acompaña a este sistema de gobierno burgués asentado
en las relaciones de producción y sociales burguesas. Eso es lo que en realidad
el derecho burgués —inclusive la democracia de la cual tanta gente está tan
enamorada— significa para la humanidad en su totalidad. Y tenemos que bregar
así con la gente sobre eso: dejen de formular todo en términos del derecho
burgués. Breguemos sobre lo que la humanidad realmente necesita.
La ruptura con el pensamiento y las creencias
anticuados
A esto
están vinculados importantes problemas de epistemología (la teoría del
conocimiento). Urge adoptar un punto de vista y método rigurosamente
científicos, materialistas y dialécticos. Es necesario, incluso para los
comunistas —y por supuesto en la sociedad en general—, romper más con el
idealismo y la metafísica, que se expresan de innumerables maneras y con muchas
variaciones que parecen muy creativas y que a veces realmente son muy
creativas, y convencer a mucha gente a descartarlos. Se regeneran continuamente
varias formas de idealismo filosófico y metafísica, que postulan la existencia
de seres, o “fuerzas” y “causas”, que se dice que están más allá del reino del
universo material—y que, en realidad, no existen, —y a que le atribuyen un
papel fundamental y determinante.
Obviamente
está la religión. Esto lo encontramos todos los días: estamos platicando con
una persona que dice que está de acuerdo con gran parte de lo que decimos
acerca de las cosas muy malas en el mundo, y en cierto momento dice: “Pero,
sabes, todo está en manos de Dios” o “Dios le dará su merecido a esa gente, y
muy pronto”. Sí, ¿y qué ha estado haciendo dios hasta ahora? De todos modos,
esto se está regenerando continuamente. Esas ideas religiosas no aparecen o
surgen de la neblina o de la nada; por supuesto, tienen raíces históricas en la
ignorancia, la falta de conocimiento, de los seres humanos en las sociedades
antiguas. Pero las han preservado, codificado e institucionalizado las clases
dominantes a lo largo de los años como parte de imponer su dominación. No cabe
duda de que esto es algo que a lo largo de la historia y hasta hoy, las clases
dominantes reconocen que es importante para mantener su control (sin importar
si los miembros individuales de esas clases dominantes sean creyentes o no de
las religiones que fomentan entre las masas).
En un
sentido general, esa clase de pensamiento es muy generalizado en la población,
y toma varias formas. Unos dicen: “Estoy de acuerdo con ustedes, esta o aquella
cosa es muy mala, es terrible lo que hacen a la gente… pero soy budista—sabes,
creo en el karma y todo lo demás”. Y esa gente tiene mucha ignorancia en cuanto
a lo que la doctrina del karma representa —lo que ha sido su efecto más
profundo—, o sea que le dice a la gente que está donde está debido al karma,
que realmente no hay nada que se puede hacer al respecto, menos aceptar la
situación tal como es y ser buena persona, en el marco del orden establecido, y
quizás en la próxima vida tenga mejor suerte. Esto es lo que significan
realmente las ideas del budismo o el hinduismo. Por dios, si me perdonan la
palabra, miremos al mundo. Uno ve lo que está pasando en India y dice:
“Jesucristo”—bueno, realmente no se puede decir Jesucristo [risas], pero de
todos modos, uno quiere gritarles: “Salgan del Ganges y líbrense de esas
ceremonias religiosas que contaminan el río, y que los atraen a ese río
contaminado y propagan la enfermedad por todas partes”. O las autoridades
religiosas islámicas, en unos lugares de África y otras partes, que le dicen a
la gente que no consigan tratamiento para el SIDA u otras enfermedades porque
el tratamiento es un complot y va contra la voluntad de alá. Esto hace daño,
mucho daño, a las masas populares por todo el mundo, a miles de millones de
personas. Repito, fundamentalmente las relaciones de producción y las
relaciones sociales y el dominio de las clases explotadoras —y sobre todo, a
nivel mundial, la dominación del imperialismo— tienen la culpa de esto, pero no
podrían dominar sin esas ideologías, y en particular sin esas religiones y
tradiciones religiosas, y la ignorancia y superstición que encarnan y
refuerzan.
Cambios en la sociedad, cambios en la
“naturaleza humana”
Y hay
otras teorías que no vienen necesariamente en vestimenta religiosa pero de
todos modos tienen el mismo efecto y representan, en lo fundamental, el mismo
punto de vista—por ejemplo, las ideas de la “naturaleza humana”: “No se puede
cambiar la naturaleza humana; así es la gente; todos quieren conseguir más para
sí mismos y al diablo los demás”. Bueno, ¿a qué corresponde esa “naturaleza
humana”? A cierta estructura económica y la cultura condicionada por ella. No
es una parte innata de los seres humanos, no está “en los genes”, los seres
humanos no están “preprogramados” para eso. Una vez más, otro punto profundo de
Marx, que es poco conocido y menos entendido, es que “toda la historia no es
sino una transformación continua de la naturaleza humana”. (Marx, Miseria de la
filosofía) Sí, a grandes rasgos, hay ciertas características de los seres
humanos que los distinguen incluso de los demás mamíferos, a no decir nada de
otras formas de vida. Los seres humanos son diferentes de las ardillas o los
árboles, es cierto—tienen cierta “naturaleza” en ese sentido. Pero una de las
características distintivas de la “naturaleza” de los seres humanos es
precisamente la gran “plasticidad” que tienen: la capacidad de responder de una
variedad de maneras a las cosas, y la capacidad de cambiar la manera en que ven
y responden a las cosas, cuando cambian su situación y cambian a sí mismos en
relación dialéctica con esto.
En pocas
palabras, la “naturaleza humana”, hasta tal punto en que podemos hablar de
ella, es muy flexible y cambia de acuerdo con los cambios de la sociedad
humana. ¿Pero cuántas personas entienden esto de una manera que se aproxima a
eso? ¿Y cuánto daño hace el que no lo entiendan así? ¿Cuánto más se agudiza y
se prolonga el sufrimiento como resultado de que la gente tenga una mala
comprensión fundamental eso y crea en ideas que vienen a ser idealismo y
metafísica?
Tenemos
que luchar con la gente sobre estas cosas mucho más consciente y, sí,
resueltamente, pero de una manera buena y viviente, y no de una manera
dogmática. Y hay muchas buenas maneras de hacerlo, una vez que se capte
realmente lo importante que es. Estoy seguro de que cuanto más profundamente
captamos esto, cuanto más idearemos muchas maneras creativas para bregar sobre
esto de una manera buena y viviente—y, como es adecuado en la mayoría de los
casos, con camaradería y amistad, mientras bregamos con firmeza. Pero hay que
captar el materialismo y la dialéctica esencial para hacerlo, y hacerlo bien.
No se puede hacer con la religión—o el “equivalente comunista” del dogma
religioso. Y no se puede hacer con ideas utópicas e idealistas de cómo le
gustaría que fuera el mundo. Nosotros mismos tenemos que dar saltos y hacer
rupturas —y ayudar a cada vez más personas a dar saltos y hacer rupturas— más
allá de eso.
El marxismo como ciencia—En oposición al
materialismo mecanicista, el idealismo y la religiosidad
Además de
romper con todas las expresiones de las tendencias religiosas, dentro del
movimiento comunista mismo así como en general, es necesario dar un salto más
allá y romper con un claro legado del movimiento comunista internacional en
cuanto a las tendencias (que todavía existen y ejercen una influencia
considerable) hacia el pragmatismo y el empiricismo, a la reificación del
proletariado y la reificación del socialismo (o el proceso de la transformación
socialista de la sociedad y el avance hacia el comunismo), como si fuera un
proceso con tendencias religiosas, una especie de proceso teleológico que se
dirige hacia un fin predeterminado (lo que Bill Martin llama “inevitabilismo”7
). Estos puntos de vista y enfoques, junto con el reduccionismo y el positivismo
—y la tendencia al materialismo mecanicista y el determinismo en general—
conducen a reducir a todo a las dimensiones más inmediatas y estrechas y a
portarse como si las cosas que suceden tuvieran que suceder, y/o que las
determinara una progresión lineal de causas (o causas aparentes), sin saltos y
cambios cualitativos de un estado de materia a otro, y sin la interacción de
diferentes niveles de materia en movimiento.
Hace
tiempo había un programa de televisión —no duró mucho tiempo, solo fueron unos
pocos episodios, pero no creo que se haya debido a su mala filosofía o mala
ciencia— en el que Stanley Tucci representó un neurocirujano y en una ocasión
(en uno de los pocos episodios antes de que lo cancelaran) le dijo a otro
médico: “El cerebro solo es un caja con alambres”. Bueno, ese es un ejemplo de
lo que quiero decir con reduccionismo y positivismo. El cerebro es muchísimo
más que eso, y el pensamiento humano abarca muchísimo más que una caja con
alambres. Abarca muchísimo más de lo que hace una computadora, por
ejemplo—abarca un proceso muchísimo más complicado, dentro del cerebro mismo,
así como en la interacción entre el cerebro y el resto del cuerpo, y entre el cuerpo
(o, mejor dicho, la persona) en su conjunto y el “mundo exterior”. El
funcionamiento del cerebro humano y el pensamiento humano abarcan todo esto.
Estas
tendencias hacia el positivismo y el reduccionismo son evidentes, claro está,
no solo en los malos programas de televisión, ni tampoco solamente en algunas
maneras de abordar la ciencia médica. Eso se ve todo el tiempo en el punto de
vista y el método que usan las personas —entre ellas los comunistas— que
reducen todo a los términos más estrechos, que buscan las causas en lo primero
que se presente, sin buscar la dinámica más profunda y el panorama mayor— junto
con mucho apriorismo e instrumentalismo (intentos de ajustar a la realidad a
ideas preconcebidas y propósitos predeterminados).
Bueno,
entre los comunistas existen estas tendencias, que acompañan a la
religiosidad—y eso no cabe en lo que hacemos. Nuestra manera de abordar las
cosas, de abordar todo, no es y no debe ser religiosa, sino científica. No
estamos haciendo algo porque nos inventamos una visión bonita, para nosotros,
de un “mundo ideal” y ahora, como dicen siempre los “antitotalitarios”, nos
proponemos imponerles a todos, con la fuerza que sea necesaria, esa visión
ideal utópica. Esa es una de las acusaciones clásicas que tienen en su arsenal
contra los comunistas las fuerzas “antitotalitarias” —que tenemos esos planes y
sueños utópicos que parecen buenos pero que no tienen ni cimientos ni base en
la realidad, y que por eso cada vez más tenemos que recurrir a la coacción contra
la misma gente en cuyo nombre proclamamos esa utopía, y que terminamos usando
las medidas más horripilantes para tratar de imponer ese ideal utópico. Lo que
nos proponemos hacer no es eso.
Lo que
nos proponemos hacer, y los principios y métodos que eso implica, no son
cuestión de apriorismo ni instrumentalismo—tenemos de antemano las respuestas a
todo, y solo es cuestión de reconfigurar las cosas para que todos con los que
estamos trabajando nos den las respuestas correctas cuando hagamos las
preguntas correctas. En la medida en que existan tendencias en esa dirección,
es algo con lo que tenemos que romper y que tenemos que erradicar. En un
momento dado, tenemos que bregar con la realidad y con los cimientos más
científicos que sean posibles. Y, en ese proceso, nos estamos relacionando con
otras personas que están aplicando diferentes puntos de vista y enfoques y que
lo hacen con diferentes objetivos. Su manera de pensar, sus objetivos, sus tendencias
e ideas —algunos de los cuales podrían reflejar la realidad de una manera más
acertada que la nuestra con respecto a ciertos fenómenos, por si acaso nos
hayamos olvidado— también son parte de la realidad mayor con la que tenemos que
bregar. Es necesario tener un enfoque científico hacia eso también. Necesitamos
abordar todo con un enfoque sistemática, consecuente y cabalmente científico—y
el punto de vista y método comunistas proveen los medios para hacer eso, si de
veras los empuñamos y los aplicamos, y no los viciamos con ideas religiosas u
otras nociones y enfoques idealistas o metafísicos en el plano filosófico.
Por eso
me gusta la imagen, o la metáfora, de que somos un equipo de
científicos—científicos empeñados en transformar el mundo de la manera más
profunda. Nuestra esencia no es nada diferente a eso. Por tanto, tenemos que
ser consecuente y cabalmente científicos, aun cuando nos estemos relacionando
con gente que dista mucho de ser eso—o que en ocasiones o hasta cierto grado
son científicos, pero que no lo son en el sentido más consecuente, sistemático
o global.
El hilo
conductor de todo lo que he dicho hasta este punto es el hecho de que el
marxismo/comunismo es una ciencia, un punto de vista y método científicos para
comprender y, claro, para cambiar el mundo. Es una ciencia en oposición a un
dogma y a la religiosidad—inclusive el dogma y la religiosidad disfrazados de
ciencia. Como he dicho antes, no estamos hablando de la naturaleza o la
historia con mayúscula —con la Naturaleza y la Historia dotadas de voluntad y
propósito— y este no es un gran proceso de la Naturaleza y la Historia que se
está desenvolviendo hacia la meta inevitable del comunismo. Nos estamos
relacionando con la realidad material en sus diversas formas, inclusive las
relaciones humanas sociales. No hay ninguna voluntad que opera por medio de eso
a no ser que sean los seres humanos con sus “voluntades” y su análisis. No es
el desenvolvimiento de una teleología, no hay un fin predeterminado hacia el
cual todo procede de manera predeterminada. Y el hecho es que, además de todo
lo demás que es incorrecto con respecto a eso, reemplazar la ciencia y la lucha
continua para comprender de una manera cada vez más científica y sistemática y
de aplicar el método y el enfoque científicos —reemplazar eso con lo que viene
a ser religiosidad, terminará, tarde o temprano, y por lo general más temprano
que tarde, en la “pérdida de la fe”— en el fenómeno del “dios que fracasó” que
ya hemos visto. Los puntos de vista religiosos, en la forma y disfraz en que se
presenten, no van a poder medirse ante el mundo real, y los muchos y
desalentadores desafíos y las profundas contradicciones con las que tenemos que
bregar y que tenemos que transformar. La religiosidad, especialmente cuando se
propone transformar radicalmente el mundo y enfrenta los difíciles desafíos del
proceso, llevará a la desorientación y a aferrarse (por lo menos por un tiempo)
a una serie de creencias que son frágiles—y carentes de vida e inspiración,
para uno mismo y para los demás.
Por eso,
nosotros, los comunistas, tenemos que romper de una manera rigurosa con el
dogma y la religiosidad, y ser consecuente y sistemáticamente científicos.
Permítanme seguir recalcando ese punto esencial. Y permítanme también recalcar
que lo que necesitamos, y en lo que tenemos que basarnos, es el punto de vista
y método científicos del comunismo, que también es lo contrario de lo que yo he
llamado “realismo determinista” revisionista. Lenin hizo una observación muy
perspicaz (o captó algo muy perspicaz con la formulación) de que una de las
mayores expresiones del revisionismo es esto: lo deseable es lo que es posible,
y lo que es posible es lo que ya se está haciendo. Ahora bien, esa es una de
las principales expresiones del “realismo determinista”. Pero ese “realismo
determinista” también se manifiesta en la forma de no ver la posibilidad de
rupturas repentinas, cambios dramáticos y rupturas radicales—de ver solo la
apariencia superficial de las cosas, sin penetrar en las contradicciones
subyacentes y la dinámica vinculada a esas contradicciones; de no mirar
ampliamente y ver el panorama de lo que está sucediendo en el mundo que podría
incidir en lo que está sucediendo en una parte del mundo en particular, y
entrelazarse con ello; de no mirar a la realidad con un enfoque lo
suficientemente fresco y creativo y ver solo el patrón actual de las cosas,
pero no las posibilidades de que surja algo, sí, de las contradicciones que
existen —no de la nada— quizás de maneras inesperadas o no anticipadas, y por
tanto de no tener una orientación preparada para eso.
No hacer
todo eso lleva al “realismo determinista”. Uno mira al mundo tal y como es, ve
lo que en la apariencia superficial parece ser posible en este mundo, y
concluye que sin duda alguna continuará siendo así—y por tanto las opciones son
cada vez más restringidas, y la visión es cada vez más estrecha. Ahora bien, no
es que debemos ser voluntaristas y pensar que podemos hacer lo que queramos sin
importar la realidad material. Pues, aquí es donde entran la dialéctica y el
materialismo—por eso el materialismo, en el sentido más completo y consecuente,
el materialismo dialéctico, no lleva al “realismo determinista”. Implica
abordar la realidad material, y las concentraciones claves de la realidad en un
momento dado, en su propio sentido contradictorio —en su carácter viviente,
cambiante y en movimiento, y en su interconexión con otros aspectos de la
materia en movimiento— y no abarcar las cosas de una manera estática como si
seguirán en el mismo rumbo indefinidamente. Mira debajo de la superficie para
ver los cimientos y la dinámica que impulsan la situación, y brega con la
manera en que estos podrían suscitar rupturas radicales y saltos, al mismo
tiempo que llevan a la orientación de esperar lo inesperado—a la orientación de
estar alertas a la posibilidad de que estallen, o surjan, acontecimientos
inesperados del movimiento y desarrollo de cosas que ya se ven, en su
interconexión con cosas que todavía no se ven.
Marxismo como ciencia—Refutación de Karl
Popper
La “falseabilidad” del marxismo, las
falsedades de Popper y un enfoque científico
Bueno,
con relación a esto quiero hablar de cómo Karl Popper trata de desprestigiar y
atacar al marxismo8. Popper dice que el marxismo no es una ciencia porque no
cumple el criterio de falseabilidad, es decir, porque no es falseable. O para
decirlo de otra manera, afirma que el marxismo es en realidad una cosmovisión
religiosa, que hace profecías históricas; y cuando, como afirma Popper, estas
“profecías” resultan ser falsas —cuando la realidad resulta distinta a lo que
“ha profetizado” el marxismo— entonces los marxistas simplemente se inventan
racionalizaciones para explicar de manera convincente el fracaso de su
“profecía”.
Vale la
pena hablar de esto porque va al meollo de lo que es —y no es— en realidad, el
punto de vista y método del marxismo y que no solo reúne los requisitos de lo
que es una ciencia sino que representa la aplicación más consecuente y
sistemática del punto de vista y método científico, y que representa la
oposición más fundamental y profunda a los puntos de vista y enfoques
religiosos a la realidad.
Empecemos
con una discusión del tema de la falseabilidad y su aplicación al marxismo, y
luego hablemos de algunos de los principales ataques de Popper contra el
marxismo y cómo en realidad resultan ser una defensa del
capitalismo-imperialismo. En The Science of Evolution and the Myth of
Creationism-Knowing What’s Real and Why It Matters (La ciencia de la evolución
y el mito del creacionismo—Saber qué es real y por qué importa), Ardea Skybreak
recalca el siguiente contraste: “a diferencia de las ‘creencias religiosas’,
las predicciones científicas (entre ellas las predicciones acerca de los
procesos de la evolución) se pueden poner a prueba y corroborar” (p. 70,
énfasis en el original). Y:
“Una
buena teoría científica hace una serie de predicciones que se deben cumplir en
el mundo real si la teoría es verdad; también hace predicciones que no se deben
cumplir si la teoría es verdad. Esto se llama el principio de ‘falseabilidad
científica’: por definición, para decir que una teoría científica es verdadera,
tiene que haber hechos que la puedan refutar (que si se descubren demostrarían
que la teoría es incorrecta)” (pp. 215-17, énfasis en el original).
En breve,
el criterio de “falseabilidad” significa que si algo es científico, se lo puede
poner a prueba para ver si es verdad. Si surge algo en la realidad que la
teoría no solo no prevé sino que predice que no puede pasar, pues obviamente
hay algo malo, algo equivocado, con la teoría. Si, para dar un ejemplo que
menciona Skybreak, se pudiera demostrar en realidad —y no cómo fingen los
museos creacionistas— que los dinosaurios y los seres humanos vivían al mismo
tiempo, esto sería una manera de falsear la teoría de la evolución, de
demostrar que es incorrecta. En realidad, decenas de millones de años separan a
los dinosaurios de los seres humanos; y en realidad las pruebas, de muchos
campos, que se han descubierto y examinado desde el tiempo de Darwin han cada
vez más confirmado la teoría de la evolución, y mostrado desde una cantidad
cada vez mayor de ángulos, que es cierta y no falsa. Pero el punto es que la
evolución, como teoría científica, es falseable. Y, en un sentido fundamental y
esencial, también lo es el marxismo—la teoría comunista científica.
Por
supuesto, es posible que una teoría científica sea cierta —que refleje
correctamente la realidad— en lo principal y esencial, pero que se demuestre
que sea incorrecta en ciertos aspectos secundarios—y, conforme a esto, que
algunas de sus predicciones específicas resulten no ser ciertas. Y cuando esto
pasa, la aplicación del método científico lleva a un mayor desarrollo de la
teoría—por medio de desechar, o modificar, ciertos aspectos de la teoría y
agregar nuevos elementos. De hecho, esto ocurre todo el tiempo con las teorías
científicas en todos los campos: física, geología, biología, arqueología,
medicina y así sucesivamente. Para determinar si se ha falseado una teoría de
manera global —si se ha demostrado, por medio de la investigación y análisis, con
los métodos científicos, que no es cierta— o si, por otro lado, solo se han
falseado ciertos aspectos secundarios de esta manera, es necesario examinar si
los aspectos que se han demostrado que no son ciertos afectan y socavan los
elementos principales y esenciales de dicha teoría, o solo aspectos secundarios
que no afectan la esencia de la teoría de manera global. Para decirlo de otra
manera, si se pueden eliminar o modificar los elementos que se ha demostrado
que no son ciertos sin poner en duda las afirmaciones fundamentales de la
teoría, pues no es la teoría en sí, sino solamente unos aspectos secundarios de
la teoría, que se han falseado; mientras que, si a consecuencia de demostrar
que ciertos elementos de la teoría de hecho no son ciertos lleva al fracaso de
la teoría en sí, pues es la teoría de manera global, y su esencia, que se ha
falseado.
Veamos
cómo esto se aplica al marxismo. No cabe duda de que hay elementos del marxismo
que son falseables. Por ejemplo, el materialismo dialéctico. Si el mundo
estuviera compuesto de algo que no fuera materia en movimiento —si se pudiera
demostrar que fuera cierto— pues el marxismo en lo fundamental, en lo esencial
y en lo básico, se habría falseado, se habría demostrado que es incorrecto. O,
si se pudiera demostrar que, sí, toda la realidad está compuesta de materia,
pero algunas formas de materia no cambian, que no tienen contradicciones
internas y movimiento y desarrollo—esto también sería una refutación
fundamental del materialismo dialéctico. Pero no se ha demostrado nada de esto.
Otro
“elemento básico” del marxismo está concentrado en la declaración de Marx,
citada antes, acerca de los cimientos de toda la sociedad en la lucha para
producir y reproducir los requisitos materiales de la vida, y el hecho de que
al llevar a cabo esta actividad fundamental la gente contrae ciertas relaciones
de producción, que son independientes de su voluntad. Esto es falseable, tanto
como el análisis marxista de la dinámica subyacente del cambio social, que
tienen sus raíces en la relación contradictoria entre las fuerzas productivas y
las relaciones de producción, y la base económica y la superestructura. Esto
también es falseable—pero no se ha falseado. Es cierto—examinar la sociedad
humana de una manera científica confirma la verdad que Marx concentró en ese
análisis.
Está el
análisis marxista de las contradicciones básicas y las fuerzas motrices y la
dinámica del sistema capitalista en particular, lo que incluye el elemento
fundamental de la producción de plusvalía por medio de la explotación del
trabajo asalariado por el capital. Todo esto es falseable —pero no se ha
falseado—, es cierto, corresponde a la realidad.
Está el
análisis marxista, desarrollado por Lenin, de la naturaleza del estado, como
parte decisiva de la relación entre la base económica y la superestructura
jurídica, política e ideológica. Este análisis de que el estado, del tipo que
sea, siempre representa la dictadura de una clase u otra—esto también es
falseable. Muéstrennos un estado que no sea instrumento de dominación de clase.
Si se pudiera hacer —en realidad, y no en un espejismo imaginativo— pues se
habría demostrado que a lo mínimo esa parte del marxismo es falsa (y esa es una
parte crucial del marxismo). Pero no se ha demostrado que es falsa: por todas
partes la experiencia ha demostrado, muchas veces al precio de gran sacrificio
y sufrimiento, que de hecho el análisis marxista del estado —de que todos los
estados, incluso los “más democráticos”, son en realidad dictaduras— es
profundamente verdad.
Todos
estos son elementos centrales del marxismo—de la teoría comunista científica.
Todos son falseables—pero la aplicación del enfoque y método científicos ha
demostrado que no son falsos, sino verdaderos, que de hecho corresponden a la
realidad.
Por
supuesto, precisamente como ciencia, el marxismo sigue desarrollándose—sigue,
por así decirlo, afinando el análisis y síntesis de la realidad, tanto
“natural” como social. Sigue desechando ciertos aspectos que se ha demostrado
que no son ciertos, o que ya no se aplican. Por ejemplo, Lenin analizó el
desarrollo del capitalismo en imperialismo y demostró que, mientras que las
contradicciones básicas y la dinámica subyacente del capitalismo seguían siendo
las mismas en lo fundamental, el desarrollo en imperialismo modificó ciertos
rasgos del “capitalismo clásico” que Marx analizó (es decir, el capitalismo
antes de que llegara la etapa en que lo define la dominación de los monopolios
y otros rasgos que, como demostró Lenin, son característicos de una nueva etapa
del capitalismo: el imperialismo). Lenin también demostró que ese desarrollo
(del capitalismo a una nueva etapa, el imperialismo) llevó a cambios en la
esfera política tanto como la esfera económica. Por ejemplo, Lenin analizó la
escisión del proletariado, en particular en los países imperialistas, donde
sobornaron a ciertos sectores de la clase trabajadora con el botín de la
explotación y saqueo internacional del imperialismo; y recalcó que, en esta
situación, el movimiento revolucionario que representa los intereses del
proletariado como clase tiene que apoyarse en los sectores que están “más abajo
y más a lo hondo”, en oposición a los sectores más aburguesados, o del sector
“aristocrático laboral”. Estas fueron modificaciones a la teoría del comunismo,
pero no constituían un abandono, o refutación, de los elementos centrales y
esenciales de esta teoría científica.
Marx y
Engels habían anticipado que la revolución comunista ocurriría primero en
Europa, donde en su época el capitalismo —y, junto con ello, el proletariado—
ya estaba más desarrollado. Cuando esto no ocurrió —porque esto es una lucha de
la vida real, y no algo predeterminado, no algo teleológico que se dirige hacia
un fin predestinado— Lenin lo analizó y demostró que el desarrollo del
capitalismo en imperialismo fortaleció el potencial del socialismo al nivel
internacional, y que atenuó y retardó las contradicciones de clase y el
potencial de la revolución socialista en los países
capitalista-imperialistas—que no eliminó la posibilidad de la revolución en los
países capitalista-imperialistas sino que la retrasó en cierta medida y por
cierto período de tiempo.
¿Demuestra
todo esto que el marxismo no es una ciencia? No. En realidad, demuestra el
carácter científico del marxismo: el marxismo ha seguido afinando su concepción
de la realidad, pero ha retenido, correctamente, sus elementos centrales y su
perspectiva y metodología básicas—que son falseables, pero no son falsos.
Igualmente,
Mao, a base del desarrollo del imperialismo y sus consecuencias en los países
como China (el surgimiento de la sociedad semicolonial y semifeudal bajo la
dominación del imperialismo extranjero), aplicó el punto de vista y métodos
científicos del comunismo para analizar esta realidad y forjó la concepción de
la revolución de nueva democracia en esos países semicoloniales y
semifeudales—una revolución que no sería socialista inmediatamente sino que
primero pasaría por una etapa democrático burguesa en lo esencial, con la meta
de derrotar al imperialismo y al feudalismo y luego, con la victoria en esa
etapa (que Mao calificó de “nueva democracia” en vista de que la lucha se
libraría bajo la dirección del proletariado y no de la burguesía), la revolución
crearía un nuevo poder estatal —una nueva forma de la dictadura del
proletariado—que abriría la puerta al establecimiento del socialismo y el
avance a través de la transición socialista hacia el comunismo. Junto con esto,
Mao desarrolló la concepción estratégica y el camino de la guerra popular
prolongada como el medio para llevar a cabo esta revolución. Esto fue un nuevo
elemento del marxismo—forjado sobre una base científica.
Además,
sobre la base de la experiencia positiva y negativa del socialismo durante más
de medio siglo, primero en la Unión Soviética y luego en China —que, cuando se
analizó y se sintetizó científicamente, demostró que en la sociedad socialista
todavía hay clases antagónicas y en particular se regenera continuamente una
nueva burguesía a base de las condiciones materiales que quedan de la vieja
sociedad, que solo se pueden transformar por medio de un proceso prolongado, a
fin de cuentas a escala mundial—, Mao desarrolló la teoría de continuar la
revolución bajo la dictadura del proletariado. Una vez más, esto representó la
aplicación del punto de vista y el método científicos del comunismo a
investigar y sacar lecciones profundas de la experiencia histórica y de la
realidad ampliamente.
Durante
todo el período de más de 150 años desde que Marx y Engels por primera vez
formularon el comunismo como teoría científica, se ha seguido enriqueciendo la
concepción del materialismo dialéctico mismo, a base de aprender de nuevos
descubrimientos, en la ciencia natural tanto como la ciencia social y la
historia. Después de todo, esos avances no han demostrado que la realidad no
conste de nada más que materia en movimiento; han profundizado nuestra
comprensión de lo que esto significa, y al mismo tiempo han planteado nuevos
retos para entender varias formas de materia en particular y varios aspectos en
particular de las leyes del movimiento de la materia. En la física, por
ejemplo, los científicos se esfuerzan por desarrollar más la síntesis, y se esfuerzan
en particular para desarrollar una teoría que unificará los principios de la
relatividad con la mecánica cuántica. Tengo que admitir que no entiendo gran
parte de los aspectos particulares de esto, pero no cabe duda de que de ninguna
manera apunta a una conclusión de que la realidad no consta de otra cosa que la
materia en movimiento.
Como
personas que nos adherimos a una cosmovisión y método sistemáticamente
científicos, y que buscamos aplicarlos sistemáticamente, los comunistas
seguiremos luchando por mejorar y desarrollar nuestra comprensión de todo esto,
inclusive los principios científicos básicos del materialismo dialéctico y su
aplicación a la naturaleza y a la sociedad humana. Pero, una vez más, todo esto
descansa sobre una base de ciertos principios básicos y métodos que siguen
siendo vigentes —o sea, que corresponden a la realidad objetiva— y que, sí, se
han sometido y se pueden someter al criterio de falseabilidad pero que no se ha
demostrado que son falsos, sino que se ha demostrado que son verídicos, en sus
elementos centrales y esenciales.
Ahora si
pasamos más directamente a los esfuerzos de Popper de desacreditar el marxismo,
podemos arrojar más luz sobre lo que se ha discutido hasta ahora, en cuanto al
marxismo como teoría científica, y destacar algunas de las principales maneras
en que el ataque de Popper al marxismo es en realidad una tergiversación del
comunismo y además una tergiversación y, en realidad, una defensa del
capitalismo-imperialismo.
Capitalismo… imperialismo
Popper
incluye a Marx y al marxismo, junto con Hegel y otros, en lo que caracteriza
como “historicismo”, con lo que quiere decir cierta especie de determinismo,
cercano o equivalente a la teleología: la idea de que hay un diseño o propósito
en la naturaleza y/o la historia, y que todo se dirige, de acuerdo con ese
diseño o propósito, hacia algún fin predeterminado. Y Popper trata de demostrar
que tales teorías, entre ellas el marxismo, en realidad conducen al
totalitarismo. Esto está relacionado a la afirmación de Popper de que el
marxismo no satisface, y de hecho falla, cuando se le aplica la prueba de la
falseabilidad. Aquí no intentaré contestar y refutar todo lo equivocado con no
solo las conclusiones de Popper sino también con su enfoque y método —eso
podría requerir más tomos que el material original de Popper— pero sí me
enfocaré en unos elementos centrales de la tesis de Popper que, tras una
revisión científica, dejan ver por lo menos algunas de las fallas básicas no
solo de las conclusiones de Popper sino también de su método y enfoque.
Empecemos
con la cuestión del desarrollo del capitalismo en imperialismo y, junto con
eso, el hecho de que las contradicciones de clase en los países imperialistas
mismos, en vez de intensificarse, como predijeron originalmente Marx y Engels,
se mitigaron y modificaron. Ya para fines del siglo 19, Engels en particular
empezó a analizar cómo el vasto imperio colonial inglés —y la explotación y
depredaciones que llevaba a cabo el imperialismo británico en las colonias—
llevaba a cambios en las condiciones de sectores de la clase obrera inglesa.
Pero esto
es lo que Popper dice sobre el análisis de Engels:
“Obligado
a admitir que en Gran Bretaña la tendencia prevaleciente no era hacia el
aumento de la miseria [de la clase obrera] sino más bien hacia un mejoramiento
considerable, señaló como su causa probable el hecho de que Gran Bretaña
‘explotara a todo el mundo’; y atacó despectivamente a ‘la clase trabajadora
británica’ que, en lugar de sufrir según lo previsto por la teoría, ‘se tornaba
cada vez más burguesa’” (Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, segunda
parte,“La pleamar de la profecía”, p. 401).
Aquí es
Popper quien ha introducido en la discusión cierto método, y ciertos motivos,
que él le atribuye a Engels. Engels está furioso, según Popper, porque la clase
trabajadora británica no sufría como él esperaba —y, Popper insinúa, quería—
que sufriera; y por eso, dice Popper, Engels habla “despectivamente” de la
clase trabajadora británica. Fíjense que en esto Popper ignora, o esquiva, la
cuestión de si Engels tenía razón (y, como veremos más adelante, cuando Popper
intenta demostrar que Engels no tenía razón, cae en afirmaciones que no solo
son falsas sino necias). Popper quiere demostrar que Engels (y Marx) procedía a
partir de una teoría apriorista e instrumentalista, y que cuando la realidad
(en este caso encarnada en la clase trabajadora británica) no cuadró con su
teoría apriorista e instrumentalista, entonces la conclusión era que había algo
incorrecto con la realidad (con la realidad de la clase trabajadora británica)
y no con la teoría.
Ese es el
argumento de Popper. Y lo explica en mayor detalle con el comentario de que
“Marx había culpado al capitalismo de ‘proletarizar a la clase media y
descender a la burguesía’ y de reducir a los trabajadores al pauperismo. Engels
lo culpaba ahora —y se lo sigue culpando todavía— de convertir a los
trabajadores en burgueses... Pero el toque más llamativo de la queja de Engels
es la indignación que lo impulsa a apostrofar a Gran Bretaña —que con tan poca
consideración echó por tierra las profecías marxistas— como ‘la más burguesa de
todas las naciones’” (Popper, p. 401).
Fíjense
que aquí Popper mete a escondidas el concepto de “profecías” —y le atribuye esa
orientación religiosa a Engels y a Marx— y los pinta como fanáticos empeñados
en torcer la realidad para que cuadre con sus convicciones esencialmente
religiosas-teleológicas. Esa es una falsedad común de los teóricos “anti
totalitarios”, como Popper. Y Popper extiende eso para aplicárselo a Lenin
también y su análisis del desarrollo del capitalismo en la etapa del
imperialismo y las consecuencias de esto en la clase obrera en países como
Inglaterra. Hablando de la descripción de Lenin de cómo el imperialismo ha
llevado al aburguesamiento de una parte del proletariado inglés, Popper
comenta: “Habiendo bautizado con un nombre marxista tan bonito como el de
‘aburguesamiento del proletariado’ a la odiosa una tendencia —odiosa
principalmente porque no se acomoda al curso mundial de los acontecimientos
previsto por Marx—, Lenin creyó, aparentemente, que se había convertido en una
tendencia marxista” (Popper, p. 401, énfasis nuestro).
Pero la
verdad es que Engels, al igual que Lenin, aplicaba el marxismo —la teoría
científica del comunismo— para analizar lo que verdaderamente había ocurrido en
la realidad objetiva, mientras que es el propio Popper el que procede de
acuerdo a una teoría apriorista e instrumentalista (a saber, de que la teoría
de que el marxismo no es una ciencia sino un enfoque “historicista” que intenta
moldear la realidad según sus concepciones teleológicas… y que se enfurece
cuando la realidad no le hace caso). El apriorismo e instrumentalismo de Popper
se hace patentemente obvio cuando trata de refutar el análisis de Engels —que
Lenin desarrolló y generalizó con el mayor desenvolvimiento de la realidad, en
los primeros años del siglo 20— con respecto a los efectos del imperialismo en
los propios países imperialistas, así como en el mundo colonizado. Escuchen a
lo que a Popper no le da vergüenza alegar:
“Existen
países, por ejemplo las democracias escandinavas, Checoslovaquia, Canadá,
Australia, Nueva Zelanda, por no decir nada de Estados Unidos, donde el
intervencionismo democrático ha asegurado a los obreros un alto nivel de vida,
pese a no haber gozado allí de la explotación colonial o de haberla llevado a
cabo en grado suficiente para justificar la hipótesis… Por otra parte, si bien
la miseria infligida a los indígenas mediante la colonización constituye uno de
los capítulos más sombríos de la historia de la civilización, no puede
afirmarse que dicha miseria se haya acrecentado con posteridad a Marx. Muy por
el contrario, las condiciones de vida han mejorado considerablemente y no
obstante, si fueran correctasla hipótesis auxiliar [sobre los efectos del
colonialismo y el imperialismo] y la teoría original [de Marx], la miseria
tendría que ser allá más que ostensible” (Popper, p. 402, énfasis nuestro).
Es
difícil saber cuál es más increíble: el hecho de que alguien que dice que está
presentando un argumento serio, para criticar al marxismo, sea capaz de decir
cosas así, que están tan flagrante y demostrablemente en conflicto con la
realidad (y lo fueron claramente en el momento en que Popper escribió eso); o
que personas que piensan que están bregando seriamente con la realidad, y hasta
se consideran “progresistas” que se oponen a las injusticias del mundo,
aparentemente tomen en serio a esta persona que haya hecho semejante
declaración.
Aquí no
creo que sea necesario citar gran parte de la abundancia de hechos y análisis
que desmienten las afirmaciones de Popper (en particular las que se han
destacado en los pasajes citados arriba), debido a que la realidad misma es una
punzante refutación que está al alcance de quien la quiera ver o hacer una
investigación mínima del asunto. Pero permítanme presentar aquí unos pocos
hechos básicos. En Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr?, al principio
del capítulo 5 (“Imperialismo, democracia y dictadura”) cito unas estadísticas
que apuntan a la enorme disparidad en el mundo, en particular entre los países
imperialistas, por un lado, y las colonias (o neocolonias) del tercer mundo,
por el otro. Por ejemplo, el producto nacional bruto, per cápita (con relación
a cada persona) era (a principios de los años 80) más de 35 veces mayor en Gran
Bretaña que en India; más de 25 veces mayor en Francia que en Senegal; y más de
40 veces mayor en Estados Unidos que en Haití; etc., etc. En los 20 años desde
que se escribió eso, con los efectos de cosas como los Programas de Ajuste
Estructural que impone el Fondo Monetario Internacional en gran parte del
tercer mundo para poner a los países y a su población a la mayor disposición de
la explotación y el saqueo desenfrenados del imperialismo, la situación para
muchísima gente del tercer mundo ha empeorado. (Y se ha calculado, por ejemplo,
que con respecto a cosas como los estándares alimenticios, la población
latinoamericana vive en una peor situación que sus antepasados de hace 500
años, en la época de la invasión de los colonizadores españoles y otras
potencias europeas). El libro reciente de Mike Davis, Planeta de ciudades
miseria, pinta un cuadro convincente de la situación desesperada y la extrema
pobreza en que viven miles de millones de personas por todo el tercer mundo,
cuya situación es apenas mejor que en “los tiempos de Marx”.
En
resumen, las palabras de Marx que caracterizan las consecuencias del proceso de
acumulación capitalista —que Popper cita para burlarse de Marx— saltan a la
vista con mayor veracidad hoy, y la realidad que estas palabras captan (aunque
no lo puedan hacer de una manera global) es una refutación punzante de Popper,
especialmente si se ven no simplemente desde el círculo estrecho de un puñado
de países imperialistas sino a escala mundial: “La acumulación de riqueza en un
polo de la sociedad involucra, al mismo tiempo, una acumulación de miseria, de
trabajo agotador, de esclavitud, ignorancia, bestialización y degradación
moral, en el polo opuesto” (Marx, citado por Popper, p. 399). Para quienes
estén dispuestos a examinar honestamente la situación del mundo, no puede haber
ninguna duda de que se debe descartar lo que se cita arriba de Popper, en su
intento de desacreditar el análisis marxista y leninista del imperialismo y sus
consecuencias, como una estupidez monumental si no fuera por el siniestro
intento y efecto de Popper de negar y tergiversar la realidad9 .
El estado, la democracia burguesa y la
dictadura
A Popper
no le va nada mejor cuando intenta refutar el análisis básico del marxismo
sobre el estado. Consecuente con su enfoque general, Popper afirma que el punto
de vista marxista sobre el estado —que reconoce que el estado es un instrumento
de la dictadura de clase— contiene un elemento fuerte de “esencialismo”. Esta
es otra manera de decir que el marxismo intenta imponerle “categorías” a la
realidad, en vez de examinar lo que realmente sucede en la realidad. Así que
Popper afirma: “En lugar de formular las exigencias o propuestas convenientes
respecto a las funciones que él desea para el Estado, las instituciones legales
o el gobierno, Marx se pregunta: ‘¿Qué es el estado?’, es decir, que trata de
descubrir la función esencial de las instituciones legales” (Popper, p. 334).
Eso es
como criticar a un hombre de “esencialista” porque, al ver una pistola apuntada
a la cabeza, se enfoca en el peligro que representa (la “función esencial” de
la pistola y las balas que puede disparar), ¡en lugar de formular sus
exigencias o propuestas convenientes respecto a las funciones que él desea
para… [la pistola]”! Hay que decir que ese concepto de “esencialismo” es
completamente erróneo y dañino, si se aplica para decir que no se debe intentar
determinar qué es la esencia de algo. Tomando en cuenta que todas las cosas,
todas las formas de materia en movimiento, en sí tienen contradicciones
internas y están en un estado constante de movimiento y cambio (y se relacionan
con otras formas de materia en movimiento), y que formas particulares de materia
en movimiento tienen su principio y su fin (llegan a existir y con el tiempo
dejan de existir), no es incorrecto, y de hecho es muy importante, reconocer
que esas formas particulares de materia en movimiento tienen cierta identidad,
o carácter esencial, en determinadas circunstancias, e identificar qué
exactamente es esa identidad o carácter esencial. (Como señaló Mao Tsetung, se
define la esencia de algo según su aspecto principal. Ese carácter esencial no
es algo inmutable —podría cambiar, y cambiará si cambia su aspecto principal,
como resultado de la lucha; pero lo que influenciará y en gran medida
determinará la naturaleza específica de ese cambio, lo que produce, será la
naturaleza de la cosa misma y de sus aspectos contradictorios— el cambio y lo
que produce no puede ser una consecuencia de la voluntad o los deseos
subjetivos de nadie, y no lo determinarán los mismos; aquí vemos otro paralelo
con cambios evolutivos en la naturaleza y el papel de las restricciones en
relación con eso, como se mencionó anteriormente).
Aquí,
como veremos otra vez, Popper de hecho procede a partir de un enfoque
apriorista e instrumentalista; quiere afirmar que la reforma, y no la
revolución, es lo que se necesita, para responder a ciertos males del
capitalismo que no está inclinado a negar, y conforme a eso fragua ciertos
intentos de refutar la validez del análisis marxista del estado—intentos que,
al examinarlos, ni siquiera abordan, para qué hablar de refutar, ese análisis.
En una palabra, en vez de hacer acusaciones desatinadas sobre el “esencialismo”
con respecto al análisis marxista (de la esencia) del estado, lo que se
requiere, para refutar ese análisis, es demostrar que es incorrecto. Y cuando
Popper intenta hacer eso, salen a relucir con fuerza los defectos de su método
y enfoque.
El
argumento esencial de Popper sobre esto (por así decirlo) es que donde la gente
puede expulsar a sus líderes políticos, no puede haber una dictadura sino una
democracia (como es común, Popper propone que donde hay democracia no puede
haber dictadura, y viceversa, en vez de reconocer que cierta clase de
democracia —democracia burguesa— puede ser, y a menudo es, una forma útil para
ejercer la dictadura de la burguesía). Aquí está el quid del intento de Popper
de refutar la teoría marxista de que el estado es un instrumento de dictadura
de clase:
“Además,
desde el punto de vista a que hemos llegado, lo que los marxistas llaman
desdeñosamente ‘mera libertad formal’ se convierte en la base de todo lo demás.
Esta ‘mera libertad formal’, es decir, la democracia, el derecho del pueblo de
juzgar y expulsar del poder a sus gobernantes, es el único medio conocido para
tratar de protegernos del empleo incorrecto del poder político; su esencia
consiste en el control de los gobernantes por parte de los gobernados” (Popper,
p. 342, énfasis nuestro).
Aunque no
lo escribí como respuesta a Popper, en un sentido verdadero todo mi libro
Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? constituye, objetivamente, una
refutación de esta declaración de Popper y toda la manera de pensar de la cual
esta es una expresión típica. En particular, en el tercer capítulo —muy
apropiadamente titulado “Las ilusiones de la democracia”— demostré cómo, en una
dictadura burguesa en la forma democrática (a la cual Popper y muchos otros
simplemente llaman “democracia”, sin tomar en cuenta, o para negar, su
verdadero contenido y carácter de clase), si bien es cierto que la gente puede
“destituir” (sacar por medio del voto) a políticos particulares, no puede
“destituir” por ese medio —ni cualquier otro que no sea la revolución— a la
clase capitalista (la burguesía) que en realidad gobierna la sociedad, que
ejerce control sobre el propio proceso electoral, y que en todo caso domina el
proceso por medio del cual se toman las decisiones y, lo que es más esencial,
ejerce un monopolio de la fuerza armada “legítima”. Como he recalcado en
Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? y otras obras, ningún análisis
serio —y por supuesto ninguno que no sea científico— de la dinámica del poder
político y del proceso por medio del cual se toman las decisiones en los países
“democráticos”, como Estados Unidos, puede llevar a otra conclusión que no sea
que a todo esto, en realidad, lo monopoliza y domina completamente la clase
dominante de capitalistas-imperialistas, y que otros, que no son de esta clase
dominante, son en realidad excluidos del ejercicio del poder político y de
tomar decisiones políticas de importancia, a pesar de que la población
participe en las elecciones. Y, sin pedirle disculpas a Popper, se puede y se
debe decir que eso se debe a la naturaleza esencial del sistema capitalista y
del estado que surge sobre la base de ese sistema que funciona para mantenerlo.
Por
tanto, Popper está rotundamente incorrecto —pone las cosas patas arriba— cuando
dice que los seguidores de Marx (y, según Popper, de Platón y Hegel también)
“nunca advertirán que la vieja cuestión de ‘¿Quiénes deben gobernar?’ debe ser
reemplazada por la otra, mucho más realista, de ‘¿Cómo podemos sujetar a
quiénes gobiernan?’” (Popper, p. 348) En realidad, quién —o sea, qué clase—
gobierna, y más específicamente en el mundo actual, si gobierna la burguesía o
el proletariado, lo decide todo, con respecto a qué clase de sociedad, y mundo,
habrá. Bajo el gobierno, la dictadura, de la burguesía, las masas populares
jamás podrán en un sentido significativo “sujetar” a los que las gobiernan, ni
tampoco más fundamentalmente cambiar el carácter básico de la sociedad. Pero,
con el derrocamiento de la dictadura capitalista, y el establecimiento de la
dictadura del proletariado, se abre por fin la puerta a la posibilidad de
acabar con todas las relaciones de dominación, opresión y explotación—y, de
hecho, a la abolición del estado (la dictadura) de cualquier forma, al llegar
al comunismo por todo el mundo. Por supuesto, como ha demostrado la
experiencia, para mantener el gobierno del proletariado, una vez que se haya
logrado —y, lo que es más, con ese gobierno, para continuar transformando la
sociedad, superar paso a paso la división entre el trabajo intelectual y el
manual, y otras importantes contradicciones sociales características de la
sociedad dividida en clases, incorporar cada vez más a las masas al proceso por
medio del cual se toman las decisiones y a la administración de la sociedad, y
seguir avanzando hacia el comunismo como parte de la lucha revolucionaria
mundial en general—, todo esto requiere una lucha profunda, prolongada y que
marca un hito. Más adelante en esta charla, volveré a hablar de algunas de las
más importantes lecciones, positivas y negativas, que se puede y se debe sacar
de la experiencia de la dictadura del proletariado hasta la fecha. Pero lo que
hay que recalcar aquí es que un cambio decisivo y cualitativo en la naturaleza
del estado, con respecto a quien gobierna la sociedad y cómo la gobierna —el
derrocamiento de la dictadura de la burguesía y el establecimiento y ejercicio
de la dictadura del proletariado— es el primer gran salto necesario que se
tiene que dar para permitir que las masas populares verdaderamente sean amos de
la sociedad, y por fin llegar al punto en el que ya no existan divisiones de
clase, ni explotadores ni explotados, ni opresores ni oprimidos, y por tanto,
ni la necesidad ni la base para la existencia o papel de una institución —el
estado— por medio de la cual una clase domina a otra y suprime a las clases
cuyos intereses son antagónicos a los suyos.
La explotación capitalista
Ahora
pasemos a ver cómo Popper intenta refutar la teoría de Marx de la explotación
(de la creación de la plusvalía por medio de la explotación del trabajo
asalariado de los proletarios por los capitalistas) y demostrar que esa teoría
también es “de carácter esencialista o metafísico”, y es insuficiente sin el
mecanismo de la oferta y la demanda, es menos importante que él y es
dependiente de él (ver Popper, p. 387). Aquí en realidad no es posible hablar
de todo lo incorrecto con el argumento de Popper con respecto a esto. Basta
decir que aquí, como en otras partes, Popper no entiende, y/o tergiversa
deliberadamente, el análisis de Marx. Para mencionar un solo aspecto de esto,
Marx ha demostrado ampliamente que el mecanismo de la oferta y la demanda puede
explicar el “alza y baja” de los precios, pero no determina, y no puede
determinar, el valor de las cosas. Por eso, por ejemplo, la oferta y la demanda
pueden influenciar el precio de un caramelo, por un lado, y de un avión, por el
otro, pero de ninguna manera es probable que una variación de la oferta y la
demanda haga que un caramelo y un avión tengan el mismo precio, por la razón
básica de que el verdadero valor de cada uno lo determina, como Marx lo
comprobó, algo que no es la oferta y la demanda—lo determina el total del
tiempo de trabajo socialmente necesario para producir cada uno. Así que Popper
ha puesto la realidad patas arriba: el mecanismo de la oferta y la demanda está
subordinado y menos importante que la teoría del valor y la plusvalía que Marx desarrolló,
que explica cómo los artículos tienen el valor que tienen y cómo los
capitalistas acumulan las ganancias (la plusvalía) a través de la explotación
del trabajo asalariado de los proletarios—pagándoles a los trabajadores una
cantidad equivalente al tiempo de trabajo socialmente necesario para la
producción de los requisitos de la vida del trabajador, mientras que los
trabajadores, en el curso de las horas de trabajo, producen un valor que va más
allá del equivalente del valor incorporado en sus requisitos para vivir, un
valor extra que pasa al capitalista. Y, como Marx también demostró, las
mercancías y el intercambio de mercancías existieron antes e independientemente
del capitalismo, y no es simplemente la producción e intercambio de cosas como
mercancías que es el característico distintivo del capitalismo, y el secreto de
su proceso de acumulación, sino más bien la transformación en mercancía de la
propia fuerza de trabajo (la capacidad de trabajar en general), en una
mercancía con la cualidad particular de poder producir más riqueza con su uso
(su empleo, de una u otra manera, en el proceso de producción del capitalismo).
Como explica el libro America in Decline (La decadencia de Estados Unidos),
hablando de los principios básicos de la economía política marxista:
“El
capital es un valor que genera plusvalía. El capital es tanto una relación
social como un proceso cuya esencia es el dominio de la fuerza de trabajo por
intereses ajenos, antagónicos, una relación social y un proceso cuya dinámica
interna es reproducirse y extenderse constantemente” (Raymond Lotta con Frank
Shannon, America in Decline, An Analysis of the Developments Towards War and
Revolution in the U.S. and Worldwide in the 1980s [Chicago, Banner Press,
1984], p. 44, énfasis en el original).
Filosofía y método
En su
innovador disección y análisis del capitalismo y sus tendencias internas —y del
desarrollo de la sociedad humana en general— Marx examina, de una manera viva,
los verdaderos motivos y la dinámica involucrados y, claro, señala adónde
conducen las contradicciones subyacentes. El método de Marx, y del marxismo tal
como se ha desarrollado desde los tiempos de Marx, no tiene nada en común con
un enfoque metafísico que parte de principios y categorías abstractos y busca
superponerlos a la realidad. Al contrario, Marx —quien, al fin y al cabo,
trabajó más de 10 años en la biblioteca del Museo Británico pasando por el
tamiz estudios voluminosos de diferentes economías y sociedades y sometiendo a
un análisis crítico diferentes teorías con respecto a la economía política, así
como la filosofía y otros temas—, ese Marx verdadero (en oposición a las
distorsiones de Marx inventadas por sus enemigos, entre ellos Popper) investigó
la realidad, de una manera profunda y multifacética, y sacó conclusiones
teóricas de esa investigación y estudio, por medio de la aplicación de los
principios y métodos científicos. Y, desde los tiempos de Marx, aunque ciertas
conclusiones, o predicciones suyas, no se han confirmado, en la inmensa mayoría
de los casos se ha demostrado, en la realidad, que las cosas decisivas que
forjó son ciertas; y el marxismo ha seguido desarrollándose, al igual que todas
las auténticas teorías científicas, al aplicar y poner a prueba en la práctica
sus principios y métodos fundamentales, sacando conclusiones por medio de ese
proceso y, claro, descartando o modificando —o, por otro lado, amplificando y
desarrollando más— aspectos particulares de esta teoría.
Aunque
Marx y Engels se inspiraron en Hegel y aprendieron muchísimo de él y de su
método dialéctico, también superaron a Hegel y su sistema filosófico en formas
cualitativas; como dejaron bien en claro, descartaron el núcleo idealista y
metafísico del sistema filosófico de Hegel, con sus constructos teleológicos,
pero continuaron, desarrollaron y, en un sentido verdadero, reconstruyeron su
método dialéctico, sobre cimientos materialistas10 .
El
marxismo, el comunismo científico, no encarna, sino que de hecho rechaza,
cualquier idea teleológica (o, como diría Popper, “historicista”) de que la
naturaleza o la historia están dotadas de una especie de voluntad o propósito.
Como lo dije yo hace unos 20 años:
“Ni el
surgimiento de la especie humana ni el desarrollo de la sociedad humana hasta
la actualidad fue predeterminado ni siguió caminos predeterminados. No hay
ninguna voluntad ni agente trascendente que ha concebido y moldeado tal
desarrollo, y no se debe tratar la naturaleza y la historia como tal: como si
fueran la Naturaleza y la Historia. Por el contrario, tal desarrollo ocurre por
medio de la interacción dialéctica entre la necesidad y el accidente y, en el
caso de la historia humana, entre las fuerzas materiales subyacentes y la
actividad y la lucha conscientes de los seres humanos” (citado por primera vez
en Ardea Skybreak, De primeros pasos y futuros saltos, Un ensayo sobre el
surgimiento de los seres humanos, la fuente de la opresión de la mujer y el
camino a la emancipación, Bogotá, Editorial Tadrui, 2003)11 .
Pero eso
no quiere decir que toda la historia es accidente —o, como afirma Popper, que
la historia es cualquier cosa que la hagamos. Volvamos a otra observación
perspicaz sumamente crucial de Marx: la gente hace la historia, pero no de la
manera que desea—lo hace sobre una base material específica, que es
independiente de su voluntad, no en el sentido de que no puede actuar para
cambiar esa realidad material, sino que lo puede hacer sobre la base, y solo
sobre la base, de comprender correctamente lo que es esa realidad material,
cómo se está moviendo y cambiando y la posibilidad que eso abre para cambios
radicales de una u otra clase. Aunque la historia humana no tiene voluntad o
propósito —ni tampoco un fin predeterminado—, hay, como Marx lo señaló, cierta
conexión en ella. Marx lo explicó así:
“Debido a
este simple hecho de que cada nueva generación se encuentra en posesión de las
fuerzas productivas conquistadas por la generación anterior, que le sirven de
materia prima para una nueva producción, surge una conexión en la historia
humana, toma forma una historia de la humanidad cuanto más se han extendido las
fuerzas productivas del hombre y en consecuencia sus relaciones sociales”
(Marx, Carta a P.V. Annenkov, 28 de diciembre de 1846).
Y como
Engels amplió este punto, al aclarar más el materialismo dialéctico —en
oposición al mecanicista y determinista— del marxismo:
“Según la
concepción materialista de la historia, el elemento determinante de la historia
es en última instancia la producción y la reproducción en la vida real. Ni Marx
ni yo hemos afirmado nunca más que esto; por consiguiente, si alguien lo
tergiversa transformándolo en la afirmación de que el elemento económico es el
único determinante, lo transforma en una frase sin sentido, abstracta y
absurda. La situación económica es la base, pero las diversas partes de la
superestructura… también ejercen su influencia sobre el curso de las luchas
históricas y en muchos casos preponderan en la determinación de su forma”
(Engels, Carta de Engels a J. Bloch, 21-22 de septiembre de 1890, citada en
Para una cosecha de dragones, p. 23, énfasis en el original).
De todo
esto se puede ver que el ataque de Popper contra el marxismo constituye una
distorsión del marxismo y un esfuerzo burdo y desgarbado de pedir disculpas
para el sistema del capitalismo-imperialismo, y que la mejor refutación de esto
es… el propio marxismo—el verdadero marxismo, una ciencia viva que, al igual
que todas las auténticas teorías científicas, se desarrolla constantemente,
incluyendo a través de interrogarse a sí misma.
La ciencia y las verdades científicas
Las
distorsiones de Popper del marxismo están en realidad estrechamente vinculadas
a comprender mal y a caracterizar mal lo que es la ciencia en general y lo que
la ciencia les permite conocer a los seres humanos. En la “Adenda” a la segunda
parte de La sociedad abierta y sus enemigos— irónicamente en una polémica
contra el relativismo (“Hechos, normas y verdad: Una crítica adicional del
relativismo”, 1961), Popper demuestra que su propio punto de vista y enfoque
tienen elementos significativos de relativismo. Popper insiste que “aunque
podemos aspirar a la verdad, y aunque podemos incluso encontrar la verdad —como
creo que ocurre en muchos casos— nunca podemos estar muy seguros de que la
hemos encontrado”. Y: “No podemos demostrar ni justificar nada como cierto, ni
siquiera como probable, sino que tenemos que contentarnos con teorías que
resistan a la crítica” (Popper, pp. 787, 790).
Pero no
cabe duda de que esto esté equivocado. Ciertas cosas se pueden saber con
certeza, y se puede determinar, con un alto grado de certeza, que algunas
teorías son verdaderas, como por ejemplo, la teoría de la evolución. El hecho
de que haya usado aquí la frase “con un alto grado de certeza” refleja el hecho
de que, como Lenin recalcó en sus obras filosóficas (muy especialmente en
Materialismo y empiriocriticismo), el marxismo rechaza el relativismo en el
plano filosófico, pero reconoce que aun en la verdad absoluta existe un
elemento de lo relativo. Como escribió Mao en “Sobre la práctica”:
“Los
marxistas reconocen que, en el proceso general absoluto del desarrollo del
universo, el desarrollo de cada proceso determinado es relativo y que, por eso,
en el torrente infinito de la verdad absoluta, el conocimiento humano de cada
proceso determinado en una etapa dada de desarrollo es sólo una verdad
relativa”.
Es la
verdad relativa, pero es la verdad —así es (repito, sin pedirles disculpas a
tipos como Popper) la dialéctica del asunto.
La manera
en que el marxismo difiere de la teoría del conocimiento de Popper y se opone a
ella, incluso sus elementos relativistas, se destaca también en el énfasis que
le da el marxismo a la centralidad de la práctica, precisamente en la
adquisición del conocimiento—su insistencia en que si bien la abstracción
teórica, bregar y lidiar en la esfera de la abstracción teórica, son sumamente
importantes y de hecho indispensables para el desarrollo del conocimiento, la
práctica es en última instancia el punto de origen y el punto de corroboración
del conocimiento teórico. En “Tesis sobre Feuerbach”, Marx lo expresa de esta
manera: “El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una
verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico “. Y:
“Es en la
práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y
el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o
irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema
puramente escolástico” (Marx, “Tesis sobre Feuerbach”, énfasis en el original).
En
oposición a eso, a lo que es de hecho el análisis y enfoque correctos, aunque
Popper reconoce que la práctica desempeña un papel en la búsqueda del
conocimiento —y escribe: “En el terreno de los hechos no criticamos, meramente,
nuestras teorías; las criticamos a través de la apelación a la experiencia
observacional y experimental” (Popper, p. 799)—, no le atribuye a la práctica
el papel central y determinante con respecto al desarrollo del conocimiento
humano. Más bien, le atribuye ese papel a la crítica. Ese es el significado de
su afirmación: “No podemos ni justificar nada como cierto, ni siquiera como
probable, sino que tenemos que contentarnos con teorías que resisten a la
crítica” (Popper, p. 790, énfasis nuestro). Y afirma:
“Aprendemos
de nuestros errores, más que por acumulación de datos… el papel del pensamiento
es llevar a cabo las revoluciones por medio de debates críticos más que por
medio de la violencia y la guerra; que la gran tradición del racionalismo
occidental es librar nuestras batallas con palabras en lugar de con armas. Es
por eso que nuestra civilización occidental es esencialmente pluralista y,
también es por eso, que fines socialmente monolíticos significarían la muerte
de la libertad; de la libertad de pensamiento, de la libre búsqueda de la
verdad, y, con ello, de la racionalidad y la dignidad del hombre” (Popper, p.
807).
Aquí, en
cierto sentido, tenemos la “buena suerte” de ver los aspectos relativistas de
Popper, su muy fétido “chovinismo occidental” y su embellecimiento de la
“civilización occidental” y de su relación con el resto del mundo (que ignora,
o encubre, el hecho de que con frecuencia el “racionalismo occidental” ha
servido para justificar las guerras de agresión así como la conquista y saqueo
coloniales, y la explotación en el país y el extranjero), junto con su
“pluralismo” burgués. Al igual que en la esfera política —y específicamente con
respecto a la naturaleza y el papel del estado— Popper ignora, o no quiere
reconocer, la manera en que las relaciones de clase —las relaciones de
dominación de clase— influencian todos los aspectos de la sociedad capitalista
que él idealiza. En el caso del campo de la ciencia, por ejemplo, mientras que
cosas como la “evaluación por pares” de los descubrimientos científicos, las
teorías, etc. —someterlos a las críticas de otros con conocimientos especiales
y experiencia en el campo particular— pueden jugar un importante papel
positivo, de ninguna manera pueden garantizar que la verdad prevalezca, en una
circunstancia determinada. Desafortunadamente, se ha demostrado repetidamente
que cuando algo afecta los intereses esenciales de la clase dominante de tal
sociedad, con frecuencia esos factores (esos intereses) invalidan el factor de
la verdad objetiva, en diversas disciplinas y aun en el mundo académico en
general. Si, como Popper, en la valoración de las teorías y las ideas en general
pusiéramos como factor central la “crítica” en vez de la práctica, nos
privaríamos de la base objetiva más sólida para determinar qué es la verdad.
Pero para
Popper eso no es importante, ya que niega que sea posible determinar qué es
verdad, o lo que es aún más probable: insiste que debemos contentarnos con lo
que mejor resista a la crítica. Aquí nuevamente se destaca el relativismo de
Popper. Porque si es imposible determinar aun qué es más probable —y si, como
Popper afirma, el desarrollo de las teorías y el conocimiento de los seres
humanos solo consiste en reemplazar una teoría por otra que, en el momento,
parece mejor—, entonces aunque Popper admite que exista la verdad, e incluso
que la humanidad pueda adquirir más conocimiento de la verdad, en realidad y
objetivamente está diciendo que no existe la verdad, o en todo caso que en
realidad no podemos acercarnos a una aproximación de la verdad, porque al fin y
al cabo si solo se trata de reemplazar con una teoría “mejor” a una teoría que
se ha demostrado que no sea tan buena, entonces en realidad no hay manera de
saber si alguna de ellas sea la verdad— o incluso si alguna de ellas esté más
cerca a la verdad.
Otra vez,
para Popper esto está bien, porque con su punto de vista “pluralista” burgués,
lo importante es el ideal —ilusorio— de que habrá “igualdad de oportunidad”
(mis palabras) para que todas las ideas y teorías se expresen. Como todas las
maneras de pensar “pluralistas” burguesas, esto ignora el hecho de que, en
realidad, y en particular en una sociedad gobernada por una clase explotadora,
incluidas las “democracias occidentales”, no habrá igualdad de oportunidad para
que todas las ideas se expresen y se consideren, y ciertas ideas que se
consideren subversivas al orden establecido —y especialmente cuando se
considere que esa naturaleza subversiva represente una amenaza considerable a
ese orden— las suprimirán enérgicamente la clase dominante y su estado. Como
señalé en Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr?, en realidad el
funcionamiento del “mercado libre de las ideas” en la sociedad capitalista
funciona de la misma manera que el verdadero mercado, en el contexto de la
dinámica subyacente de la acumulación capitalista: no en la igualdad, y ni
siquiera en la forma del derecho igual a competir, sino en la dominación por
quienes han logrado, y están resueltos a mantener, una posición de monopolio y
control.
Con
respecto a los comunistas y a la teoría científica del comunismo, nosotros
reconocemos e insistimos en la posibilidad de llegar a la verdad —aun con el
elemento relativo dentro de la verdad objetiva, como he dicho aquí—, y en la
importancia de la búsqueda de la verdad. Reconocemos que la manera en que es
posible adquirir continuamente más conocimiento, y determinar si ese
conocimiento de hecho corresponde a la realidad objetiva, es sobre la base de
la reserva de conocimiento que ya se ha adquirido —y que se ha demostrado que
es verdad a través de la aplicación del método científico y su manejo de la
relación dialéctica entre la práctica y la teoría—, y de esa manera abordar más
a la realidad, acumular más “materia prima” del conocimiento a través de ese
proceso, para luego sintetizarlo, elevarlo al nivel de teoría y de nuevo
regresar a la práctica para probar y aprender más sobre la realidad que esta
teoría apunta a concentrar. Y reconocemos la importancia del choque de las
ideas, de la lucha en el campo de las ideas—tanto más a medida que se vaya
superando las trabas de las relaciones de dominación de clase. El método y
enfoque comunista es aplicar, lo más consecuente y sistemáticamente como sea
posible, los principios científicos abordando la realidad, aprendiendo de ella
y transformándola; y, como he recalcado, eso implica y requiere que se parta de
lo que se entiende (a través de la aplicación de este enfoque científico) que
es verdad, en un momento dado, y al mismo tiempo “estar abiertos a la posibilidad
de que nuestro entender sea erróneo en un aspecto u otro o incluso en
cuestiones centrales” (ver “La lucha en la esfera de las ideas”, Revolución
#70, 26 de noviembre de 2006)12.
La experiencia histórica y la nueva síntesis
Los crímenes de este sistema—y las
racionalizaciones de estos crímenes
En la
historia del movimiento comunista y de la sociedad socialista, la orientación
básica ha sido tratar la realidad material y las circunstancias de las masas
populares como la prioridad, como el punto central y la base, en contraste con
el enfoque burgués de ignorar —o, de hecho, reforzar— las circunstancias
opresivas de las masas populares, la gran mayoría de la humanidad. Y es muy
importante captar firmemente que, a nombre del individuo y los “derechos del
individuo”, los partidarios de una u otra forma de este enfoque burgués en
realidad defienden los intereses de una clase —y la dinámica de un sistema en
que esa clase, la burguesía, gobierna—, en que a las masas populares, a miles
de millones de individuos de las clases explotadas y oprimidas, las oprimen y
aplastan despiadadamente, y en que descartan totalmente su individualidad y
todo concepto de su dignidad individual.
Piensen
en los niños de India, donde millones de ellos, unos de cuatro años de edad,
trabajan 12 horas al día, los siete días de la semana, en condiciones muy
perjudiciales para la salud, y eso minimiza muchísimo la gravedad de la
situación. O piensen en los niños de África que viven en barriadas atroces.
Piensen en la gente por todo el tercer mundo, que vive en condiciones
horrorosas, en un ambiente diario de excremento e inmundicia. ¿Tiene en cuenta
su individualidad el sistema capitalista? No cuenta para nada.
A veces,
como me dijo hace poco un camarada, hasta nosotros no captamos en toda su
extensión los crímenes monstruosos de este sistema o no los apreciamos en un
sentido completo y vivo. Dondequiera que uno mire, si examinamos la situación
con la mirada penetrante de la ciencia—si examinamos real, honesta y
científicamente la historia de lo que ha pasado y lo que está pasando hoy en el
mundo (y lo que está pasando en este país, por ejemplo), si pensamos en la
primera parte de la charla del DVD “Revolución” y lo que saca a la luz acerca
de la historia de este país, hasta hoy, veremos que este sistema ha llevado a
cabo los crímenes más monstruosos y con el respaldo de los que detentan el
poder. Piensen en la realidad que este sistema encarna y la realidad de lo que
significa para aquellos a que ha sometido, que ha sometido incluso a la
esclavitud textual a veces hasta hoy en día13 (y durante generaciones en la
historia de este país), pero a una situación horrorosa sin importar las formas
particulares. Piensen en lo que este sistema realmente significa mientras
pontifica sobre “el individuo” y los “derechos del individuo”. ¿Para quiénes
—para qué clase de personas— se aplica, y para quiénes y qué clase no tiene
aplicación y significado, fuera de la ironía más amarga y burlona?
Y, como
sabemos, siempre tienen excusas. Los que gobiernan de esta manera tienen que
tener muchas excusas. La clase dominante y sus apologistas en este país dirán:
“Tuvimos que hacer ciertas cosas —como un golpe de estado que colocó en el
poder al asesino Pinochet en Chile, y lo mismo en Guatemala e Indonesia, Irán y
otros lugares— porque hubo un mal peor”. “Nos encontramos ante un mal peor” es
uno de sus estribillos constantes. Hoy es el fundamentalismo islámico o el
“islamofascismo”. Antes era otra forma de “totalitarismo”—y, por supuesto, el
comunismo en particular.
Bueno,
dejando a un lado por el momento las tergiversaciones y calumnias del
comunismo, el movimiento comunista y la experiencia de los estados socialistas,
hablemos de esta posición. Pues ¿y qué de Filipinas? Invadieron Filipinas a
finales del siglo 19, traicionaron sus promesas al pueblo que luchaba por la
independencia, libraron una guerra de agresión para colonizar el país,
masacraron a centenares de miles de filipinos y llevaron a cabo atrocidades
inimaginables en el proceso. No solo llevaron a cabo masacres sino que se
pavoneaban con partes de los cadáveres de los muertos, y todo lo demás que es
tan característico de sus fuerzas armadas. ¿Dónde estaba la Unión Soviética en
ese entonces? ¿Dónde estaba la República Popular China cuando hicieron todo esto?
Ni siquiera existían.
O
remontemos un poco más atrás. ¿Y qué del genocidio contra los pueblos indígenas
(los primeros habitantes del continente)? ¿Y la esclavitud de millones y
millones de africanos y todas las consecuencias de la esclavitud? ¿Y sabes qué?
Carlos Marx ni siquiera había nacido cuando hicieron estas cosas.
Su
respuesta, de que han hecho estas cosas en respuesta a un mal peor, es
simplemente una manera de ocultar una verdad fundamental: no me gusta usar la
palabra “mal” (especialmente en vista de sus connotaciones o “ecos”
religiosos), pero si el “mal” tiene un significado, es ustedes. Ustedes y su
sistema son la concentración en el mundo moderno de los horrores a los que
someten a la humanidad, y son la causa fundamental de los horrores a los que
someten a la humanidad. Y llevan siglos haciendo esto—desde los primeros días
de este país (y en el período de conquista y colonización europeas que llevó al
establecimiento de este país). Y sí, es cierto, estos horrores son mucho peores
de lo que incluso los comunistas somos capaces normalmente de comprender y expresar.
Un país de “Ted Bundy”, un sistema de “Ted
Bundy”
Sin
embargo, se oye a gente con ideas progresistas decir: “Sí, lo sé, es cierto,
pero tenemos a los fundadores” (ya no los llaman los “padres fundadores”, como
esto no concuerda con sus ideas o pretensiones progresistas—es patriarcado
demasiado obvio), “tenemos a los fundadores y nos legaron este sistema de
gobierno democrático que tiene una división de poderes entre las tres ramas del
gobierno y todo lo demás”. Y para mucha gente, demasiada gente —a veces en la
forma agresiva y grotesca de los “neoconservadores” y los defensores
manifiestos del imperialismo, o a veces en la forma más débil de los que son,
por lo menos objetivamente, apologistas “progresistas” de este sistema— la
noción del “excepcionalismo estadounidense”, en un sentido “positivo”, sigue surgiendo:
Sí, los más “liberales” y “progresistas” de esa gente admitirán que este país
ha hecho y sigue haciendo muchas cosas horrorosas, pero “en última instancia
hay un aspecto intrínsecamente bueno de la naturaleza de este sistema”.
Bueno, en
cuanto a esto un camarada dirigente de nuestro partido hizo una analogía muy
diciente. Lo describió como “el fenómeno de Ted Bundy”. Ted Bundy, como muchos
saben (y para los que no lo saben), fue un violador y asesino en serie hace
varias décadas. Pero tenía una educación universitaria y era un tanto
“refinado”. Llevó a cabo esos crímenes horrorosos de atacar violentamente,
violar y asesinar a esas mujeres a lo largo de varios años, antes de que lo
atraparon, condenaron y a fin de cuentas ejecutaron. Pero Ted Bundy tenía ese
no sé qué. No cuadraba con el estereotipo de un asesino múltiple, como
espantoso y demente. Fue refinado y sofisticado. Sí, cometió todos esos delitos
terribles. Fue violador múltiple sumamente brutal. Fue asesino múltiple. Pero
—para continuar la analogía de este camarada— “Ted Bundy tenía ese no sé qué;
si se pone lo que hizo en cierta perspectiva y tomamos en cuenta sus
características mayores, todavía hay algo bueno de Ted Bundy”. Bueno, como
señaló el camarada, por analogía, así es cómo muchos demócratas burgueses
radicales, y no tan radicales, ven a este país, su país. Sí, no tienen reparos
en admitir que nuestro gobierno ha cometido y está cometiendo todos estos
delitos horribles, pero: “Hay ese no sé qué de la forma de gobierno
constitucional y el sistema democrático que tenemos. Sí, se puede registrar los
crímenes de la esclavitud aquí a las matanzas por todo el mundo, pero hay ese
no sé qué de los Estados Unidos que nuestros fundadores nos legaron que tenemos
que guardar”. Como si se pudiera separar todo esto (la forma de gobierno, y así
sucesivamente) de “la esencia de Ted Bundy” de este sistema en una escala mucho
mayor e internacional.
El mismo
camarada que trazó la analogía de “Ted Bundy” también dijo que los crímenes de
este sistema, una vez más, son peores y más monstruosos de lo que nosotros nos
damos cuenta—hasta que los examinemos concretamente e investiguemos la realidad
de esto profundamente y en detalle. Y este camarada hizo una muy buena
sugerencia al respecto: Debemos exhortar a cualquiera, y especialmente a
cualquiera que diga que todavía hay algo intrínsecamente bueno en este sistema,
a examinar cualquier parte del mundo y estudiar lo que este sistema ha hecho y
hacerle frente a los verdaderos horrores que ha causado para las masas
populares—y luego decirnos por qué quiere preservar alguna parte de esto.
Pongamos las Cosas en Claro
Esto hace
resaltar otra dimensión de la importancia del proyecto Pongamos las Cosas en
Claro. El “veredicto” sobre el comunismo y la experiencia de los estados
socialistas dirigidos por los comunistas ha llevado a mucha gente a tener las
miras bajas. Es un veredicto que, de hecho, han “dictado” y que promueven sin
descanso la clase dominante de este sistema imperialista y sus “simpatizantes
intelectuales”. Mucha gente que debe saber mejor —e incluso alguna gente que
una vez sabía mejor— se ha visto reducida a esa clase de racionalizaciones tipo
“Ted Bundy”, porque le ha rebajado las miras la idea de que lo que una vez
pensaba que era bueno, o lo que la hubiera podido atraer en otros tiempos como
alternativa a toda esta sociedad y todo este mundo dominado por el
imperialismo, en el mejor de los casos no sea viable y en el peor de los casas
sea una pesadilla tiránica. Eso subraya más lo importante que es examinar
franca y científicamente los grandes logros tanto como las auténticas
deficiencias de los países socialistas que han existido hasta la fecha—y de
compararlos y contrastarlos con lo que el imperialismo y la dominación burguesa
en realidad han hecho y significan para las masas populares del mundo. Por
ejemplo, en la principal presentación14 del proyecto Pongamos las Cosas en
Claro, se traza una comparación entre las afirmaciones (hasta las afirmaciones
más exageradas y desmesuradas) sobre las vidas que ha costado el comunismo en
relación con la realidad de las muertes causadas por el funcionamiento continuo
del sistema tan solo en India durante el mismo período—lo que realmente ocurrió
a las masas populares de India, en la “mayor democracia del mundo” (como lo
describen una y otra vez los medios y comentaristas burgueses).
Es
sumamente importante —y esto es una de las cosas que subraya el proyecto
Pongamos las Cosas en Claro— tener presente lo que los estados socialistas han
tenido que confrontar: la necesidad que han tenido que abordar, como el legado
de las sociedades anteriores desde las cuales surgieron —y que tumbaron—, lo
que quedaba de esas sociedades, en la base económica y la superestructura
política e ideológica, y en la persistencia de las fuerzas de clase hostiles a
la existencia del socialismo y a la continuación de la transformación
socialista—todo esto entrecruzado y en interacción con la perseverancia y el
cerco de potencias imperialistas hostiles y otros estados reaccionarios.
House y la experiencia de la sociedad
socialista hasta la fecha
Aquí me
parece que tiene mucha validez una analogía con la serie House. Un tema
constante en el desarrollo del argumento de la serie, y en el desenvolvimiento
de varios episodios, es la manera en que el personaje principal, el Dr. House,
de su propia manera va al límite. Es un médico muy poco convencional y cuando
tiene un caso extremo, recurre a cosas que, si fallan, podrían matar al
paciente. En un episodio tras otro, hay una tensión tremenda: ¿descubrirá House
por esos medios la causa de la enfermedad y logrará salvar al paciente, o más
bien lo van a matar los medios a los que recurre para descubrir la causa? Esta
es una tensión constante en House. Bueno, si uno entra en medio del programa y
no entiende qué está pasando y por qué House hace esas cosas, imagínese lo
monstruoso que pareciera. “Dios mío” (si me permiten), “lo que está haciendo
podría matar al paciente”. Y no es que simplemente recurre a una de esas
medidas peligrosas y aparentemente “extremas” una vez; si una no tiene éxito,
recurre a otra—y si la segunda no tiene éxito, hay una tercera. Y, a corto
plazo, muchas veces causa más sufrimiento al paciente. ¿Por qué? ¿Porque es un
tirano sádico y demente? ¿O porque está tratando de hallar la esencia de una
enfermedad y curarla?
Bueno,
hay una analogía en esto al socialismo y a la dictadura del proletariado. Si
uno “entra en medio” de esa experiencia —o si la ve a través de tapaojos
burgueses— y ve que recurren a ciertas medidas que parecen “extremas”, pero no
sabe, o no entiende, qué es la “enfermedad” que están tratando de curar; o,
fundamentalmente, si ni siquiera sabe que hay una enfermedad—si, para decirlo
más directamente, piensa que esas sociedades donde el socialismo ha surgido
eran lugares en los que todo está bien para la mayoría de la población, y que
tiene una buena vida, en vez de entender que, al contrario, para la gran
mayoría de la población la vieja sociedad era un verdadero horror y que los
explotaban, oprimían y degradaban de mil maneras todos los días—si no entiende
nada de esto, podría ver algunas de las medidas a las que recurren con el fin
de superar todo esto, y para impedir que los nuevos y viejos explotadores
devuelvan todo esto, y pensar: “Qué cosa tan terrible es el socialismo. Mira
todo lo que hacen, mira a lo que someten a la población”.
Y esto no
es todo, no captaría las muchas maneras en las que, ahí mismo, se está
mejorando muchísimo la vida de la población, y que la naturaleza de las
relaciones sociales y el punto de vista y los valores del pueblo se están
transformando radicalmente, en una dirección muy positiva. No captaría las
maneras en que esto pasa cada vez más debido a la iniciativa consciente de las
mismas masas populares.
Pero
aunque uno tiene en cuenta todo esto, y la analogía a House y su significado, y
sin pasar por alto la enorme necesidad que las sociedades socialistas han
tenido que confrontar, de todos modos es importante concluir que al abordar
todo esto, en la experiencia histórica de los estados socialistas hasta la
fecha, junto con los muy grandes logros, que son de hecho el aspecto principal,
también ha habido maneras secundarias pero no obstante importantes en las que
se han descarrilado, y en algunos casos seriamente, con consecuencias negativas
innegables. Ha habido una clara tendencia hacia el positivismo y el
reduccionismo—hacia, por así decirlo, aplanar las contradicciones y aplicar un
enfoque mecanicista, como tratar a la superestructura como si fuera vinculada
demasiado estrechamente a la meta de la transformación económica en un momento
determinado, y a las tareas inmediatas, en particular en cuanto a la base
económica. Y luego, a su vez, redujeron demasiado la transformación económica,
especialmente en la experiencia de la Unión Soviética, aun cuando era
socialista, a la expansión económica a base de la propiedad estatal, sin
prestarle suficiente atención a la transformación de las relaciones entre las
personas en la producción, en varios aspectos, tanto como otras relaciones
sociales, y a la expresión de todo esto en la superestructura.
Junto con
esto, como mencioné antes, ha habido una tendencia hacia la reificación del
proletariado (con esto quiero decir la tendencia, que está vinculada al
positivismo, a identificar al proletariado, como clase, con los miembros
individuales de esa clase y, al hacerlo, a reducir, disminuir y socavar la
causa revolucionaria a la que realmente corresponden los intereses del
proletariado, como clase): una tendencia —que está vinculada al positivismo— a
ver las cosas de tal manera que si uno es proletario o no es un factor crucial
que determina si tiene la verdad o no, por así decirlo. Esta era una tendencia
muy marcada en la Unión Soviética, aunque también existía —aunque en menor
grado, y aunque lo contradijeran y contrarrestaran otros enfoques más correctos—
en China cuando era un país socialista, con la dirección de Mao.
Y, al
lado de la reificación del proletariado, había, especialmente en la Unión
Soviética, una reificación del socialismo en cierto sentido—a ver el socialismo
como algo estático y más o menos como un fin en sí mismo, en vez de verlo como
un proceso muy dinámico y una transición al comunismo. Esto es algo que Mao
reconoció y empezó a combatir, especialmente después de varios años de la
experiencia del socialismo en China, pero de todos modos siguió siendo una
tendencia seria, hasta en la China socialista.
Esto
llevó —una vez más, cualitativamente más en la Unión Soviética que en China— a
una restricción, o una tendencia a una restricción, del proceso de la
transformación socialista; y, en la medida en que esa tendencia se impuso,
condujo a llevar mal en cierto grado la relación entre la meta y el proceso,
para que lo que pasara en un momento determinado pasó a ser, o tendió a
identificarse como, la meta en sí—en vez de ser visto como una parte del
proceso hacia una meta mayor. Y, junto con esto, hubo una restricción de la
relación entre la dirección principal necesaria, en el sentido fundamental, y
lo que eran objetivamente “desvíos” o alejamientos —pero que se veían y
trataban como desviaciones peligrosas— de la dirección principal. Esto, en
cierto grado y a veces a un grado importante, llevó a sofocar en cierta medida
la creatividad, iniciativa, expresión individual y, sí, los derechos
individuales en el proceso de conjunto, especialmente cuando parecían estar en
conflicto —o en realidad estaban en conflicto, a corto plazo— con las metas
expresadas del estado socialista y su partido de vanguardia.
La nueva síntesis
¿Cómo se
relaciona la “nueva síntesis” a esta experiencia? Con el fin de concentrar —o
presentar una síntesis básica— de lo que representa esta nueva síntesis, se
puede decir:
Esta
nueva síntesis abarca reconfigurar y recombinar los aspectos positivos de la
experiencia hasta la fecha del movimiento comunista y la sociedad socialista,
mientras se aprende de los aspectos negativos de esa experiencia, en las
dimensiones filosóficas e ideológicas tanto como las políticas, y así tener una
orientación, método y enfoque científicos con raíces más profundas y firmes, no
solo en cuanto a hacer la revolución y conquistar el poder, sino también, sí,
en cuanto a satisfacer los requisitos materiales de la sociedad y las
necesidades de las masas populares, con una base cada vez mayor, en la sociedad
socialista —para superar las profundas cicatrices del pasado y continuar la
transformación revolucionaria de la sociedad, mientras al mismo tiempo apoyar
activamente la lucha revolucionaria mundial y actuar conforme con el
reconocimiento de que la arena y la lucha mundiales son las más fundamentales e
importantes, en un sentido global— junto con abrir cualitativamente más espacio
para dar expresión a las necesidades intelectuales y culturales del pueblo,
entendidas en el sentido amplio, y posibilitar un proceso más diverso y rico de
exploración y experimentación en los campos científicos, artísticos y
culturales, y en la vida intelectual en general, con mayor campo para la
competencia de diferentes ideas y escuelas de pensamiento, y para la iniciativa
y creatividad individuales y la protección de los derechos individuales, con
espacio para que los individuos interactúen en la “sociedad civil” independientes
del estado—todo en un marco general cooperativo y colectivo y al mismo tiempo a
la medida que el poder estatal se mantiene y se sigue desarrollando como un
poder estatal revolucionario al servicio de los intereses de la revolución
proletaria, en el país en particular y por todo el mundo, donde este estado es
el elemento dirigente y central de la economía y la dirección general de la
sociedad, mientras el estado en sí se transforma continuamente en algo
radicalmente diferente de todos los estados previos, como una parte crucial del
avance hacia la abolición posterior del estado al llegar al comunismo a nivel
mundial.
En cierto
sentido, se puede decir que la nueva síntesis es una síntesis de la experiencia
previa de la sociedad socialista y del movimiento comunista internacional más
ampliamente, por un lado, y de las críticas, de varios tipos y desde varios
puntos de vista, de esa experiencia, por otro lado. Esto no quiere decir que
esta nueva síntesis representa una simple “unión” de esa experiencia, por un
lado, y las críticas, por el otro. No se trata de combinar eclécticamente estas
cosas, sino de pasarlas por el tamiz, reconfigurarlas y recombinarlas a base de
un punto de vista y método científicos, materialistas y dialécticos, y de la
necesidad de mantener el avance hacia el comunismo, que es una necesidad y
objetivo que este punto de vista y método siguen señalando—y, cuanto más
rigurosa y profundamente se adopte y aplique, tanto más firmemente señala esa
necesidad y objetivo.
Si
realmente se capta de lo que se trata esto, se verá por qué siempre hablo de ir
al borde de ser descuartizado en cuanto a dar dirección al movimiento comunista
y la sociedad socialista futura. Creo que esto se ve hasta cierto punto en el
artículo que publicó hace poco Revolución—o una carta de un lector que critica
un artículo (sobre las elecciones, en la sociedad capitalista y la sociedad
socialista, y unos interrogantes más amplios que plantea) y la respuesta de la
redacción15 .
Bueno,
esta no es una formulación que se presenta a la ligera: ir al borde de ser
descuartizado. Recordemos lo que quiere decir ser descuartizado. Especialmente
en la sociedad feudal, y en particular para los delitos como traición, a menudo
el castigo era ser descuartizado: esto quiere decir que destrozaban el cuerpo
arrastrándolo en cuatro direcciones. Esto es lo que quiere decir “ser
descuartizado”. Y si se entiende de lo que se trata, en cuanto a ser el núcleo
de la dirección —sí, un núcleo que cada vez más se amplía, pero estar en el
núcleo de todo este proceso revolucionario y dirigirlo de la manera de que he
estado hablando, no como un proceso bajo un control estricto sino un proceso en
que la gente, como lo he descrito, “corre en muchas direcciones”— pues se puede
ver que estarán sujetos a tremendas presiones y tensiones. ¿Por qué? Porque no
se puede dejar caer las riendas, a fin de cuentas, pero tampoco se puede llevar
un estricto control. Hay que hacer que todo esto siga hacia el objetivo del comunismo,
que de una manera científica se ha establecido que es una necesidad, pero sin
mantener un control estricto a lo largo del proceso. Y esto lo lleva a uno
repetidamente —y lo hará repetidamente si uno está haciendo lo que debe hacer—
al borde de ser descuartizado. Y si no estamos dispuestos a hacer esto, pues no
merecemos ser la vanguardia—y, lo que es más fundamental e importante, no vamos
a llegar a donde tenemos que llegar.
Bueno, se
ha condensado este enfoque, esta nueva síntesis, en la formulación “núcleo
sólido con mucha elasticidad”. Pero hay que captar que esta formulación es una
concentración —una expresión concentrada de todo este proceso rico— y no hay
que convertirla en otra frase que no significa nada, o un concepto religioso
que se dice repetidas veces sin contenido. Hay que entender y aplicar lo que se
capta en “núcleo sólido con mucha elasticidad”, de una manera viviente, a lo
largo de todo el proceso de la revolución —antes y después de la conquista del
poder y el establecimiento del estado socialista. Y, de hecho, este concepto
básico —“núcleo sólido con mucha elasticidad”— también se aplicará en la
sociedad comunista, aunque de una manera distinta, cuando ya no haya un estado
ni un núcleo de dirección continuo o institucionalizado.
He
hablado antes de los cuatro objetivos del núcleo sólido, en la sociedad
socialista—a saber: mantener el poder para la revolución proletaria; expandir
el núcleo sólido al máximo posible en un momento dado; trabajar para restringir
continuamente, y a fin de cuentas superar, la diferencia entre el núcleo sólido
y el resto de la sociedad (esto se refiere a la “extinción del estado”); y
fomentar la máxima elasticidad a base del núcleo sólido necesario en un momento
dado. Todos estos cuatro objetivos forman una unidad y son interdependientes
mutuamente y se influencian mutuamente el uno al otro, de una u otra manera. Y,
como he dicho, incluso en la sociedad comunista —aunque de una manera
radicalmente diferente— el mismo principio se aplicará, porque concuerda con la
naturaleza de la realidad y su desarrollo por medio del movimiento
contradictorio, o es una expresión de la misma.
Para
concluir este punto, quiero subrayar que es muy importante no subestimar el
significado y la fuerza positiva potencial de esta nueva síntesis: criticar y
romper con errores y deficiencias importantes y defender y reconfigurar lo que
ha sido positivo de la experiencia histórica del movimiento comunista
internacional y los países socialistas que han existido hasta la fecha; en un
sentido verdadero, revivir —sobre una base nueva y más avanzada— la viabilidad
y, sí, la deseabilidad de un mundo totalmente nuevo y radical, y hacerlo sobre
una base aun más firme de materialismo y dialéctica. Esta nueva síntesis está
ligada a las rupturas clave en la esfera de la epistemología, e interpenetra
estrechamente con ellas: rupturas con el instrumentalismo y apriorismo, el
dogmatismo y la religiosidad, el positivismo, el empiricismo y el pragmatismo,
tanto como el nacionalismo en la esfera de cómo vemos todo el proceso del
avance al comunismo.
Así que
no debemos subestimar el potencial de esto como fuente de esperanza y osadía
sobre una base científica sólida. En los años 60, cuando el Partido Pantera
Negra surgió, Eldridge Cleaver hizo la observación cáustica de que el viejo
Partido Comunista había “ideologizado” la revolución hasta correrla del
escenario, pero que los Panteras la habían ideologizado de regreso al
escenario. Actualmente en Estados Unidos, una vez más han “ideologizado” la
revolución hasta correrla del escenario. Y en el mundo en general, en gran
medida, la revolución cuya meta es el comunismo y que tiene la visión de un
mundo comunista —estas han sido “ideologizadas” hasta correrlas del escenario—
y con ellas el único camino que realmente representa la posibilidad de un mundo
radicalmente diferente y mucho mejor, en el mundo tal como es, un mundo en que
uno verdaderamente quisiera vivir y en que podría florecer. Objetivamente, la
nueva síntesis ha “ideologizado” esto de regreso al escenario una vez más, a un
nivel más alto y de una manera potencialmente muy poderosa.
Pero ¿qué
se hará con eso? ¿Se volverá una fuerza política e ideológica poderosa? Nos
toca a nosotros llevarla por todas partes —muy que muy audazmente y con
sustancia, y vincularla con el deseo amplio si por el momento principalmente
latente de otro mundo— y entrarle con cada vez más personas con esta nueva
síntesis de una manera buena, animada y viviente.
Notas
1. Ver,
por ejemplo, dos obras de Bob Avakian: “Puntos sobre el socialismo y el
comunismo: Una clase de estado radicalmente nuevo, una visión radicalmente
diferente y mucho más amplia de libertad” (publicada como serie en Revolución,
en los números 37, 39, 40, 41, 42 y 43), y “La base, las metas y los métodos de
la revolución comunista” (publicada como serie en Revolución, en los números
45, 46, 47, 48, 49 y 50), en revcom.us. [back]
2. The
Science of Evolution and the Myth of Creationism—Knowing What’s Real and Why It
Matters (La ciencia de la evolución y el mito del creacionismo: Saber qué es
real y por qué importa), Ardea Skybreak, Insight Press, Chicago, 2006. Hay
pasajes en español: Obrero Revolucionario (ahora Revolución) Nos. 1157,
1159-60, 1163-4, 1170, 1179-83 y 1215-1223, 30 junio, 21 y 28 julio, 18 y 25
agosto, 6 octubre, 15 diciembre 2002-19 enero 2003, y 12 octubre-21 diciembre
2004, en revcom.us. [back]
3. Nota
del autor: Las fuerzas de producción (o fuerzas productivas) de una sociedad se
refieren a los componentes físicos de la producción —la tierra, la materia
prima, la maquinaria y la demás tecnología— tanto como la gente, con sus
conocimientos y destrezas, etc. Las relaciones de producción se refieren a las
relaciones de los seres humanos al llevar a cabo el proceso de producción
social. La base económica (o el modo de producción) consta de las relaciones de
producción, que corresponden en un sentido básico, en un momento determinado,
al carácter de las fuerzas productivas. [back]
4. Ver,
por ejemplo, Para una cosecha de dragones: Sobre la “crisis del marxismo” y la
fuerza del marxismo, ahora más que nunca, Un ensayo con motivo del 100
aniversario de la muerte de Marx, Editorial Asir, 1983; y El falso comunismo ha
muerto… ¡Viva el auténtico comunismo!, RCP Publications, 1992. El pasaje de
Marx, que he parafraseado arriba, es:
“En la
producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones
necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que
corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas
materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura
económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la
superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas
de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el
proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la
conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser
social es lo que determina su conciencia” (Marx, Prefacio e introducción a Una
contribución a la crítica de la economía política). [back]
5. Ver
“Materialismo y romanticismo: ¿Podemos prescindir de los mitos?”, Obrero
Revolucionario #1211, 24 de agosto de 2003, en revcom.us. [back]
6. Esta
discusión sobre las “4 todas” se refiere a la observación de Marx, en La guerra
civil en Francia, 1848-50 de que: “Este socialismo es la declaración de la
permanencia de la revolución, la dictadura de clase del proletariado como punto
necesario de transición para la supresión de las diferencias de clase en
general, para la supresión de todas las relaciones de producción en que éstas
descansan, para la supresión de todas las relaciones sociales que corresponden
a esas relaciones de producción, para la subversión de todas las ideas que
brotan de estas relaciones sociales”. (Ver, Marx y Engels, Obras escogidas,
tomo I, énfasis en el original).
La
formulación de las “4 todas” se refiere a este análisis de Marx que
popularizaron los revolucionarios del Partido Comunista de China durante la
Gran Revolución Cultural Proletaria, de 1966 a 1976.[back]
7. Bill
Martin, un profesor radical de filosofía y teórico social inconformista, es
autor de varios libros, entre ellos, con Bob Avakian, Marxism and the Call of
the Future, Conversations on Ethics, History, and Politics (Chicago: Open Court
Publishing/Carus Publishing, 2005). Hay pasajes en español: Obrero
Revolucionario (ahora Revolución) Nos. 1265-1268, 23 enero-20 febrero 2005, en
revcom.us.[back]
8. Esta
discusión de las ideas de Karl Popper, un filósofo inglés del siglo XX (nacido
en Austria), se enfocará en una de sus obras más influyentes, La sociedad
abierta y sus enemigos, y en particular la segunda parte, “La pleamar de la
profecía”, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 2006, primera edición en la
colección Surcos (en rústica). [back]
9. Nota
del autor: En cuanto a las referencias de Popper a las “democracias
escandinavas”, etc., Lenin, en su análisis del imperialismo, habló de que aun
los países pequeños y “neutrales” como Suiza participaron en la dominación
imperialista y el saqueo de las colonias y se beneficiaron de ellos.[back]
10. Nota
del autor: Aunque no es mi enfoque aquí, no puedo resistirme a dejar sentada mi
protesta, o reprimenda, a la manera chapuza y la petulancia filistea con que
Popper comenta sobre Hegel. Recurriendo en buena medida a ataques ad hominen,
Popper trata a Hegel como si apenas fuera un “charlatán” (esta es la palabra
con la que se refiere constantemente a Hegel) e instrumento del estado alemán
monarca, como alguien cuyas teorías filosóficas fueran en esencia poco más que
la construcción consciente de una racionalización y apología de ese estado. Por
ejemplo, Popper dice: “No hay nada en la obra de Hegel que no haya sido dicho
antes y mejor. Nada hay en su método apologético que no haya sido tomado de sus
antecesores. La tarea de Hegel consistió en dedicar estos pensamientos y
métodos prestados, con un criterio unitario si bien carente del menor brillo, a
un solo objetivo: luchar contra la sociedad abierta y servir, de este modo, a
su superior Federico Guillermo [el monarca absoluto] de Prusia” (Popper, p. 249).
Y Popper afirma que el hegelianismo se puede reducir meramente a una “apología
del prusianismo” (p. 252), pero que “la razón por la que [Hegel] tanto desea
dejar lugar a las contradicciones es su intención de detener la argumentación
racional y, con ella, el progreso científico e intelectual” (p. 256). Como si
se diera cuenta que ese tratamiento de Hegel —como en efecto un mercenario
charlatán del estado autocrático prusiano— no le caiga bien a unos lectores,
Popper se siente obligado a observar que “todo esto —podrían argüir algunos—
aun siendo cierto, no demuestra nada en detrimento de la excelencia de la
filosofía dialéctica de Hegel, o de su grandeza como filósofo”. Pero la réplica
inmediata de Popper es referirse otra vez a una caracterización de Hegel y su
filosofía de Schopenhauer, que en realidad no se refiere a las protestas que
Popper acaba de mencionar (ver Popper, p. 263).
Cuando
trata de abordar la filosofía de Hegel, y en particular su método dialéctico,
Popper revela una asombrosa falta de apreciación de lo que el método dialéctico
de Hegel representaba y lo que liberó en el campo de la filosofía.
Especialmente a la luz de esto, vale la pena leer lo que Engels dice al
respecto, en obras como Anti-Dühring y Ludwig Feuerbach y el fin de la
filosofía clásica alemana, donde Engels presenta una valoración —¿nos atrevemos
a decirlo?— mucho más dialéctica de la filosofía de Hegel y del impacto que
tuvo. Considérese, por ejemplo, esto que dice Engels—y compáreselo con el
tratamiento corto de vista, superficial e instrumentalista de Popper al abordar
a Hegel y su filosofía.
“No ha
habido tesis filosófica sobre la que más haya pesado la gratitud de gobiernos
miopes y [ojo—BA] la cólera de liberales, no menos cortos de vista, como sobre
la famosa tesis de Hegel: ‘Todo lo real es racional, y todo lo racional es
real’. ¿No era esto, palpablemente, la canonización de todo lo existente, la
bendición filosófica dada al despotismo, al Estado policíaco, a la justicia de
gabinete, a la censura? Así lo creía, en efecto, Federico Guillermo III; así lo
creían sus súbditos…
“Ahora
bien; según Hegel, la realidad no es, ni mucho menos, un atributo inherente a
una situación social o política dada en todas las circunstancias y en todos los
tiempos. Al contrario. La república romana era real, pero el imperio romano que
la desplazó lo era también. En 1789, la monarquía francesa se había hecho tan
irreal, es decir, tan despojada de toda necesidad, tan irracional, que hubo de
ser barrida por la gran Revolución, de la que Hegel hablaba siempre con el
mayor entusiasmo… La tesis de que todo lo real es racional se resuelve,
siguiendo todas las reglas del método discursivo hegeliano, en esta otra: todo
lo que existe merece perecer.
“Y en
esto precisamente estribaba la verdadera significación y el carácter
revolucionario de la filosofía hegeliana… en que daba al traste para siempre
con el carácter definitivo de todos los resultados del pensamiento y de la
acción del hombre. En Hegel, la verdad que trataba de conocer la filosofía no
era ya una colección de tesis dogmáticas fijas que, una vez encontradas, sólo
haya que aprenderse de memoria; ahora, la verdad residía en el proceso mismo
del conocer, en la larga trayectoria histórica de la ciencia, que, desde las
etapas inferiores, se remonta a fases cada vez más altas de conocimiento, pero
sin llegar jamás, por el descubrimiento de una llamada verdad absoluta, a un
punto en que ya no pueda seguir avanzando, en que sólo le reste cruzarse de
brazos y sentarse a admirar la verdad absoluta conquistada…
“Pero, al
final de toda la filosofía no hay más que un camino para producir semejante
trueque del fin en el comienzo: decir que el término de la historia es el
momento en que la humanidad cobra conciencia de esta misma idea absoluta y
proclama que esta conciencia de la idea absoluta se logra en la filosofía
hegeliana. Mas, con ello, se erige en verdad absoluta todo el contenido
dogmático del sistema de Hegel, en contradicción con su método dialéctico, que
destruye todo lo dogmático; con ello, el lado revolucionario de esta filosofía
queda asfixiado bajo el peso de su lado conservador hipertrofiado…
“Como se
ve, ya las necesidades internas del sistema alcanzan a explicar la deducción de
una conclusión política extremadamente tímida, por medio de un método
discursivo absolutamente revolucionario…
“Mas todo
esto no impedía al sistema hegeliano abarcar un campo incomparablemente mayor
que cualquiera de los que le habían precedido, y desplegar dentro de este campo
una riqueza de pensamiento que todavía hoy causa asombro” (Engels, Ludwig
Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Parte 1, “Hegel”). [back]
11. Nota
del autor: Yo mismo he presentado ciertas críticas con respecto a lo que me
parecen elementos de metafísica en la manera en que Marx, y en particular
Engels, presentaron el método dialéctico—elementos que de hecho conservaron de
conceptos en Hegel, en particular la idea de la “negación de la negación”. Pero
en la medida que semejantes tendencias existían en Engels, y hasta en Marx,
estas definitivamente fueron de carácter secundario y no caracterizaban su
punto de vista y su aplicación del método dialéctico, del materialismo
dialéctico. Y, con el desarrollo del marxismo, se ha alejado cada vez más de
esas tendencias metafísicas; eso se ve en las obras de Lenin y Mao, y se
refleja en las críticas a las que he hecho referencia aquí.[back]
12. Nota
del autor: Lo que se ha dicho aquí para refutar a Popper y su afirmación de que
el marxismo no es una ciencia y falla la prueba de la ciencia, en un sentido
global es una respuesta a la afirmación, que se hace muy a menudo, de que no
hay, y no puede haber, nada como una ciencia social, y en particular ninguna
ciencia de la sociedad humana y su desarrollo histórico. Como he dicho
extensamente aquí, el marxismo es en realidad una ciencia. Muchas veces se
distorsiona y restringe lo que es el marxismo. El marxismo no es simplemente
una ciencia social. El materialismo dialéctico es una concentración de la
realidad en el sentido más grande, y abarca la “realidad natural”, o sea, los
procesos de la naturaleza, así como la realidad social. Pero el marxismo
también es una ciencia social—y es una ciencia social. A la materia en
movimiento, que es lo que conforma a los seres humanos y sus interrelaciones
sociales, también se le puede someter al análisis y a la síntesis científicos,
al igual que a cualquier otra forma de materia en movimiento.
Una vez
que se haya roto con el idealismo y la metafísica, y específicamente con las
ideas cartesianas sobre la dualidad de la existencia —la idea, asociada con el
filósofo francés del siglo 17 René Descartes, de que está la realidad material,
y está la mente humana, que de alguna manera es otra cosa— una vez que se haya
roto con las ideas de ese tipo (de que los seres humanos y su sociedad no son
formas particulares de materia en movimiento), ¿entonces por qué no se
entendería que esta esfera de materia en movimiento se aviene o se presta (o
cualquier palabra que uno quiera usar) al análisis y a la síntesis científicos,
igual que cualquier otra forma particular de materia en movimiento?[back]
13. La
charla filmada de Bob Avakian Revolución: por qué es necesaria, por qué es
posible, qué es empieza con “Venden postales del ahorcado”, que describe
gráficamente el linchamiento y otras maneras horrorosas en que han oprimido y
aterrorizado a los negros a lo largo de la historia de Estados Unidos.
Hay
ejemplos de algunos de los horrores de la esclavitud moderna —como la
esclavitud de niños—en “Esclavitud del siglo 21 en el capitalismo globalizado”,
Revolución #102, 23 de septiembre de 2007, que también tiene fuentes de más
información sobre este tema. [back]
14. El
proyecto Pongamos las Cosas en Claro ha hecho un análisis de aspectos
importantes de la experiencia del socialismo en la Unión Soviética y China —de
los verdaderos errores y deficiencias tanto como los logros sin precedentes
históricos— y responde a las calumnias y tergiversaciones de esa experiencia.
Se puede acceder a este análisis y obtener más información en
thisiscommunism.org. La principal presentación de este proyecto, a la que se
refiere aquí, es una charla de Raymond Lotta titulada “El socialismo es mucho
mejor que el capitalismo, y el comunismo será un mundo mucho mejor”. [back]
15. Bob
Avakian presentó esta metáfora, de que los dirigentes del movimiento comunista
y la sociedad socialista enfrentan la perspectiva de que los “descuarticen” si
no manejan correctamente contradicciones difíciles, en “Conversación de Bob
Avakian con unos camaradas sobre epistemología: Sobre conocer, y cambiar, el
mundo”, Obrero Revolucionario #1262, 19 de diciembre de 2004. Revolución
publicó el artículo que menciona Bob Avakian aquí (una carta de un lector y la
respuesta de la redacción de Revolución sobre las elecciones en la sociedad
capitalista y la sociedad socialista y interrogantes más amplios que plantea)
en el número 96, 22 de julio de 2007.[back]
HACER LA REVOLUCIÓN Y EMANCIPAR A LA HUMANIDAD
SEGUNDA PARTE:
TODO LO QUE HACEMOS TIENE
QUE VER CON LA REVOLUCIÓN
Bob Avakian, presidente
del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos
De la Redacción: Lo que
sigue es la segunda parte, corregida, de una charla que dio Bob Avakian,
presidente del Partido Comunista Revolucionario, en 2007. La charla ha sido
revisada en preparación para su publicación y se han incluido notas al pie de
la página. Esta versión en español se basa en la traducción que salió en
Revolución, Nos. 113-120, del 23 de diciembre de 2007 al 17 de febrero de 2008,
y contiene importantes correcciones. Vea también la primera parte (Más allá del
estrecho horizonte del derecho burgués).
"El qué hacerismo enriquecido"
Acelerar mientras que se aguarda—no someterse
a la necesidad
Ahora
quiero hablar sobre el "qué hacerismo enriquecido" y su papel en
forjar un movimiento revolucionario y comunista. Quiero empezar con un repaso
de unos puntos importantes relacionados a la orientación y enfoque estratégico
generales de "acelerar mientras que se aguarda" el desarrollo de una
situación revolucionaria en un país como Estados Unidos.
Anteriormente,
hablé del punto de vista y enfoque revisionista del "realismo
determinista"16 que, entre otras cosas, implica un enfoque pasivo acerca
de la realidad objetiva (o la necesidad objetiva), que ve el factor objetivo
como algo puramente objetivo —y
puramente "externo", por así decirlo— y no capta la relación
dialéctica viva entre los factores objetivo y subjetivo y la capacidad de éste
(el factor subjetivo — las acciones conscientes de la gente) de afectar y
transformar al primero (el factor objetivo — las condiciones objetivas). Mejor
dicho, ese "realismo determinista" no capta la orientación esencial,
y la posibilidad, de transformar la necesidad en libertad. No capta, por lo
menos no capta plenamente, el aspecto contradictorio de toda la realidad, lo
que incluye la necesidad ante la cual uno se encuentra en todo momento. Por lo
tanto, una de las características esenciales del "realismo
determinista" es que descarta como "voluntarismo" cualquier
comprensión dialéctica de la relación entre los factores objetivo y subjetivo,
y ve las cosas de una manera muy lineal, no diferenciada, esencialmente
uniforme y sin contradicción, en vez de verlas de una manera viva y dinámica y
en su movimiento y cambio.
Pero
claro, es necesario no caer en el voluntarismo. Y hay muchas maneras diferentes
mediante las cuales se puede expresar ese voluntarismo, que llevan a varios
tipos de errores y desviaciones (por lo general
"ultraizquierdistas"), por así decirlo —entre ellos en la forma de
ceder a los impulsos infantiles o aventureristas—, todo lo cual también es muy
dañino. Pero —particularmente en una situación prolongada o alargada en la cual
las condiciones objetivas para la revolución (o sea, para la lucha total por tomar
el poder) todavía no han surgido— sin lugar a dudas el mayor peligro, que esa
situación objetiva refuerza, es ese tipo de realismo determinista que no capta
correctamente la relación dialéctica entre los factores objetivo y subjetivo, y
los ve como estáticos, no dialécticos e inalterables.
Es cierto
que no podemos, solo por nuestra voluntad o aun nuestras acciones, transformar
las condiciones objetivas de una manera cualitativa — en una situación
revolucionaria. Eso no lo podemos hacer simplemente con nuestras acciones o
nuestra respuesta a las condiciones objetivas mediante nuestra iniciativa
consciente. Por otro lado, una vez más una frase de Lenin tiene aplicación
importante en este caso. Con respecto a la aristocracia obrera —los sectores de
la clase obrera en los países imperialistas sobornados, no en pequeño grado,
con el botín de la explotación y saqueo imperialistas del mundo entero, y en
particular de las colonias— Lenin dijo que nadie puede decir con certeza qué
posición tomarán esos sectores "aburguesados" de la clase obrera en
el momento de la revolución —cuáles estarán del lado de la revolución en el
momento de la verdad y cuáles estarán del lado de la contrarrevolución—, nadie
puede decir precisamente cómo se va a desenvolver todo eso, insistió Lenin. Al
aplicar ese mismo principio, podemos decir que nadie puede decir precisamente
lo que la iniciativa consciente de los revolucionarios podría ser capaz de
producir, al repercutir en la situación objetiva en un momento dado — en parte
porque nadie puede predecir todas las otras cosas que todas las diferentes
fuerzas del mundo van a hacer. En un momento dado nadie puede entender todo
eso. Podemos identificar tendencias y patrones, pero también existe el papel
del accidente tanto como de la causalidad. También está el hecho de que aunque
los cambios en lo que es lo objetivo para nosotros no se darán enteramente, y
quizás ni siquiera principalmente, debido a nuestro "trabajo" para
afectar las condiciones objetivas (en un sentido directo, uno a uno), sin
embargo nuestro "trabajo" para afectarlas puede generar ciertos
cambios dentro de un marco dado de condiciones objetivas y además —en
conjunción con una "mezcla" y como parte de la misma, junto con
muchos otros elementos, como las otras fuerzas que afectan la situación
objetiva desde sus propios puntos de vista— eso podría, en ciertas
circunstancias, ser parte de la combinación de factores que sí llevan a un
cambio cualitativo. Y, repito, es importante recalcar que nadie puede saber
exactamente cómo se desenvolverá todo eso.
La
revolución no se hace por medio de "fórmulas" ni actuando de acuerdo
a unas nociones e ideas preconcebidas estereotípicas — es un proceso mucho más
vivo, rico y complejo que eso. Pero es una característica esencial del
revisionismo (el falso comunismo que ha reemplazado a una orientación
revolucionaria con una orientación gradualista y, en última instancia,
reformista) decidir y declarar que hasta que intervenga una deus ex machina —un
FACTOR EXTERNO parecido a un dios—, no puede haber ningún cambio esencial en
las condiciones objetivas y que lo máximo que podemos hacer, en todo momento,
es aceptar el marco dado y trabajar dentro de éste, en vez de (como lo hemos
formulado muy correctamente) esforzarnos constantemente contra los límites del
marco objetivo y procurar transformar las condiciones objetivas al máximo grado
posible en todo momento, mientras nos mantenemos siempre tensos ante la
posibilidad de que diferentes factores se combinen y produzcan (o creen la
posibilidad de producir) una cualitativa y concreta ruptura o salto en la
situación objetiva.
Así que
esto es un punto básico de orientación en la aplicación del materialismo y la
dialéctica al proceso de acelerar mientras que se aguarda el surgimiento de una
situación revolucionaria. No se trata simplemente que, en un sentido moral
abstracto, sea mejor acelerar y no solo aguardar —aunque, claro, sí lo es— pero
esto tiene que ver con una concepción dinámica del movimiento y desarrollo de
la realidad material y de la interpenetración de diferentes contradicciones y
la verdad de que, como Lenin recalcó, todos los límites en la naturaleza y la
sociedad, aunque sean concretos, son condicionales y relativos, y no absolutos.
(Mao también recalcó ese mismo principio básico al señalar que dado que la
variedad de las cosas es inconmensurable y las cosas están interrelacionadas,
lo que es universal en un contexto es particular en otro contexto). La
aplicación de este principio al tema en cuestión subraya que solo en el sentido
relativo, y no absoluto, las condiciones objetivas son "objetivas"
para nosotros — lo son, pero no en el sentido absoluto. Y, además de eso, lo
que es externo en una situación dada puede pasar a ser interno, como resultado
del movimiento —y los cambios producidos por el movimiento— de las
contradicciones. Por lo tanto, si uno ve las cosas de una manera lineal, por
ende sólo va a ver las posibilidades que están directamente en frente — es como
si uno se tiene puestas las anteojeras. Por otro lado, si uno ve las cosas con
un enfoque correcto, dialéctico materialista, reconoce que pueden suceder
muchas cosas no esperadas y siempre tiene que mantenerse tenso ante esas
posibilidades mientras trabaja sistemáticamente por transformar la necesidad en
libertad. Repito, ése es un punto básico de orientación.
El papel revolucionario fundamental del
periódico comunista
En este
marco, quiero hablar de los siguientes temas: ¿cómo aceleramos, o cuáles son
algunos de los principales elementos de acelerar mientras que se aguarda?; y
¿cómo se aplica el “qué hacerismo enriquecido” a esto? Primero, ¿qué quiere
decir “qué hacerismo enriquecido”—y a qué nos referimos cuando hablamos de “qué
hacerismo” y qué quiere decir que esté “enriquecido”? “Qué hacerismo” se
refiere a la orientación fundamental que propuso Lenin, en su obra famosa del
mismo nombre (¿Qué hacer?), donde subrayó que el papel esencial de un comunista
no es ser “secretario sindical” (o sea, no un dirigente de las luchas a favor
de la reforma y las mejoras de la situación de la clase obrera dentro de los
confines del sistema capitalista) sino un “tribuno del pueblo”: una persona que
alumbra con una luz penetrante las infamias y maltratos que perpetra el sistema
capitalista, las maneras en que todo esto afecta los varios sectores sociales,
y cómo cada uno de estos sectores responde a los principales sucesos del día en
la sociedad y el mundo; que arroja luz, de manera convincente, sobre las causas
y relaciones subyacentes a la raíz de todas estas infamias e injusticias—y así
señala a través de todo esto la necesidad de la revolución y del
establecimiento de una nueva sociedad socialista, y en última instancia
comunista, y el papel decisivo de la clase explotada de la actual sociedad
(capitalista), el proletariado, para hacer tal transformación revolucionaria,
como parte de la revolución proletaria mundial en conjunto. Relacionado con
esto, lo siguiente de otra obra de Lenin da otro análisis profundamente
importante pero —especialmente hoy en día— poco conocido o entendido de la
teoría comunista científica:
“Los
hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán
siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases,
declaraciones y promesas, religiosas, políticas y sociales, los intereses de
una u otra clase. Los que abogan por reformas y mejoras se verán siempre
burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda
institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza
de determinadas clases dominantes”. (Lenin, “Tres fuentes y tres partes
integrantes del marxismo”, citado por Bob Avakian en El falso comunismo ha
muerto… ¡Viva el auténtico comunismo, Chicago: RCP Publications, 1992, p. 113)
Por
supuesto, un punto central y fundamental de Lenin en ¿Qué hacer? es su análisis
de por qué y cómo la conciencia comunista —que implica un punto de vista y
enfoque científicos— no se puede desarrollar “espontáneamente” sino que hay que
llevarla al proletariado y a las masas populares desde fuera del campo de su
propia experiencia más directa e inmediata; y que, por esta y otras razones, la
revolución comunista tiene que contar con la dirección de un partido de
vanguardia organizado, que consta de gente, de todos los sectores de la
sociedad, que ha adoptado la cosmovisión comunista.
Cuando
hablamos del “enriquecimiento” del “qué hacerismo”, nos referimos a lo que se
ha aprendido desde la época de Lenin —en particular en cuanto a la relación
dialéctica entre la conciencia y la transformación de la realidad material, o
entre los factores subjetivo y objetivo— y un énfasis aún más claro no solo en
permitir que una mayor cantidad de masas participen en lo que está pasando en
todas las esferas de la sociedad y en cómo esto se relaciona a la naturaleza
fundamental de la sociedad y el tema fundamental de transformar la sociedad y
el mundo, sino también un énfasis en derribar al máximo grado posible en todo
momento las barreras que impiden que participen en la esfera del “trabajo con
las ideas” y la lucha y contienda en el campo de las ideas (en las esferas del
arte y la cultura, la ciencia y la filosofía, y así sucesivamente), tanto como
presentarles a las masas los problemas de la revolución—y atraerlas, tanto y
tan ampliamente como sea posible en todo momento, a bregar con los problemas cruciales
relacionados a la necesidad de la revolución comunista y a los medios para
hacerla. No simplemente se trata de crear una situación en que cada vez más
masas “se sentirán que están metidas” en el proceso revolucionario, sino en
realidad encontrar las soluciones a estos problemas y permitir que el partido,
tanto como las masas, aprendan de esta manera.
En el
mero corazón del “qué hacerismo enriquecido” —y en el centro de lo que Lenin
dijo originalmente en ¿Qué hacer?— está el papel del periódico comunista, como
“propagandista colectivo” y “organizador colectivo” del movimiento
revolucionario. Muchos preguntan: “¿Cómo se puede hacer la revolución, cómo se
puede forjar un movimiento revolucionario, con un periódico como el arma
principal?”. Muchas veces lo que implica una pregunta así es que seguir
adelante de esta manera, con un periódico como el arma principal en la
construcción del movimiento revolucionario, llevará inevitablemente a reforzar
las nociones de “educación paciente” o un enfoque de “cada uno enseña a uno
más”, por medio del cual, supuestamente, todo mundo aprenderá de alguna manera
lo que tiene que saber y luego estará listo a meterse en la revolución en algún
momento del futuro lejano e indefinido. Pero, por supuesto, nunca pasará, y
esto no puede llevar a la revolución. La vida —y en particular la sociedad
humana y su transformación— es demasiado dinámica y contradictoria para que un
enfoque así tenga éxito y lleve a la revolución (si siquiera pudiera mantenerse
en el camino a la meta de la revolución con tal enfoque).
Pero el
punto de Lenin, cuando recalcó que empuñar un periódico es la parte crucial de
prepararse —ideológica, política y organizativamente— para la lucha posterior
para conquistar el poder, tiene una realidad y verdad esenciales. ¿Cómo es
empuñar un periódico la parte crucial de tales preparativos? Esto tiene que ver
con el papel de la conciencia y la relación entre la conciencia y tomar la
iniciativa en la lucha. El punto de Lenin en ¿Qué hacer? no es que los
comunistas no necesitan organizar a las masas a librar varias formas de lucha
contra el maltrato y las infamias del sistema; y no es que nunca debemos hacer
“llamados a la acción” para permitirles a las masas librar tales luchas y
resistencia políticas. Pero, como Lenin recalcó correctamente, lo más
importante que tenemos que hacer es sacar a la luz y a la vida para los
oprimidos y explotados, y los insatisfechos con este sistema—sacar a la luz y a
la vida para ellos la naturaleza de este sistema, y cómo las cosas que los
agobian y les infunden de indignación, se relacionan la una a la otra, y cómo
todas tienen sus orígenes en la naturaleza y el funcionamiento del sistema
capitalista-imperialista; cómo entender correctamente, científicamente, no solo
lo que se desenmascara de esta manera sino también cómo todas las diversas
fuerzas de clase de la sociedad (y el mundo en conjunto) cuadran en el
funcionamiento general del sistema, y (sin caer en el materialismo mecanicista)
cómo, y por qué, las diversas clases y capas tienden a responder a varios sucesos
de la sociedad y el mundo.
Y, como
señaló Lenin, si esto se hace realmente de una manera poderosa, de tal manera
que —hablando metafóricamente— hace sangrar, y penetra con fuerza debajo de la
superficie de las cosas y llega al núcleo y la esencia de las cosas, esto les
infundirá con (en palabras de Lenin) un “deseo incontenible” de actuar
políticamente. Lo provocará mucho más poderosamente que todos los llamados
directos a la acción que podamos hacer —tan importantes como estos sean en
muchas ocasiones— y mucho más poderosamente que nuestra organización directa de
las masas para llevar a cabo varias formas de lucha y resistencia políticas,
tan importante como esta sea también. Y una extensión importante del punto
básico de Lenin es que lo que se considera tolerable, o intolerable, está
relacionado dialécticamente a lo que se ve como posible o necesario (o, por
otro lado, lo que se ve como innecesario —o no más necesario—, algo que no más
hay que aguantar y soportar).
Muy a
menudo, en mis charlas y escritos, he hablado de que las masas sufren
innecesariamente. A lo que esto se refiere es que, cuando llegan a ver que lo
que experimentan —lo que, en realidad, este sistema las obliga a experimentar—
no lo “decretó dios”, no es “cómo están las cosas para siempre” o no es el
resultado de las acciones de un poder impenetrable —social o sobrenatural—,
pero que es el resultado del funcionamiento mismo de un sistema y, además, que
la situación podría ser radicalmente diferente una vez que se haya erradicado
este sistema, pues el reconocimiento de la posibilidad de actuar para cambiar
la situación —y el deseo de actuar conforme a esto— se hace mucho más poderoso.
Una de las cosas que más agobia a las masas es la creencia de que no es posible
hacer cambios radicales debido a que las fuerzas que se les oponen son
demasiado poderosas. Pero otra cosa que las agobia mucho —y que está
estrechamente relacionada con la sensación de que el cambio auténtico y radical
no sea posible— es la idea de que no hay una alternativa auténtica a lo que
existe actualmente, así que lo máximo que se puede hacer es tratar de conseguir
lo mejor posible dentro de esta situación, o sufrirla en silencio y buscar el
refugio o consuelo de la religión o de algo más que representa, objetivamente,
un “escape” ilusorio. Pero cuanto más se desenmascara o descubre la naturaleza
y el funcionamiento de este sistema y se los destaca de muchas maneras —gráfica
y convincentemente—, y cuanto más captan que la situación no tiene que seguir
siendo como es sino que solo es así debido al funcionamiento de un sistema —un
sistema lleno de contradicciones—, tanto más se pueden sentir, y se sentirán,
impelidos a actuar. Sin esto, nuestros mejores esfuerzos de movilizarlas a
actuar con el tiempo tropezarán con sus limitaciones y se desviarán o se
convertirán en su contrario, en algo que refuerza el actual sistema y la
sensación de que no se puede hacer nada para cambiar las cosas radicalmente.
Responder
a todo esto, por medio de aplicar la orientación básica y enfoque que Lenin
defiende en ¿Qué hacer? —y que se ha “enriquecido” de la manera a la que me he
referido aquí— es el papel del periódico comunista en la forja del movimiento
revolucionario. El periódico de nuestro partido, Revolución, tiene que seguir
aumentando su capacidad de desempeñar este papel, al mismo tiempo que los
camaradas del partido —y cada vez más personas que, en determinado momento,
todavía no son militantes del partido pero que, en un sentido básico, son
partidarios o simpatizantes de las metas y acciones del partido— tienen que
empuñar el periódico con esa clase de orientación. Esto se tiene que hacer con
una concepción cada vez más profunda de que está preparando el terreno de
verdad —y en un sentido general es la parte más importante de preparar el
terreno— política, ideológica y organizativamente, para la futura lucha por el
poder, cuando haya un cambio mayor y cualitativo en la situación objetiva y el
surgimiento de un pueblo revolucionario, de millones y millones, debido al
desenvolvimiento de las contradicciones del sistema mismo y —en relación
dialéctica con esto— el trabajo de las fuerzas revolucionarias conscientes, con
el partido al centro. Esto es (otra vez en palabras de Lenin) “la mejor parte
de los preparativos” —aunque son, en un sentido, preparativos indirectos— para
la futura lucha por el poder. No es actividad en la esfera de la lucha militar,
obviamente. Pero es la mejor parte de los preparativos para cuando la situación
objetiva pase por un cambio cualitativo, de la manera y sobre la base que se ha
descrito aquí. Empuñar el periódico de esta manera es, en las condiciones que
existen en los países como Estados Unidos, la manera más importante de acelerar
mientras que se aguarda.
Esto está
relacionado con —y establece un marco general para— el papel del periódico como
“propagandista colectivo y organizador colectivo” para el partido tanto como
para el movimiento revolucionario más amplio, y para el núcleo cada vez mayor
del movimiento que simpatiza con el partido y sus objetivos estratégicos. El
periódico provee un medio concentrado de “establecer pautas” para permitir
obrar de forma conjunta en respuesta a los grandes problemas políticos y
sucesos de la sociedad y el mundo —no en el sentido de “autómatas” que marchan
juntos de manera mecánica, sino en el sentido de captar más conscientemente
cómo responder a los sucesos mundiales—, de responder de una manera que
represente emprender actividad significativo hacia un objetivo que se puede
identificar con cada vez mayor claridad como una alternativa radical que es, en
realidad, posible, tanto como deseable, y que se tiene que plasmar, y se puede
plasmar, en realidad por medio de la iniciativa y la lucha conscientes.
Combatir “la tendencia espontánea a cobijarse
bajo el ala de la burguesía”
El
periódico también desempeña un papel clave con respecto a lo que Lenin
describió como desviar a las masas y a los movimientos populares de oposición
de la tendencia espontánea a cobijarse bajo el ala de la burguesía. Tengo que
decir que en el pasado lo que yo pensaba que Lenin quería decir con eso es que
en esas luchas, y en las masas que participan en ellas, había una propensión
espontánea a cobijarse bajo el ala de uno u otro sector de la burguesía (en la
forma no solo directa o textualmente de los representantes de la clase
dominante, sino a menudo de personas cuya posición y punto de vista representan
en última instancia los intereses de la clase dominante, aun si los individuos
en particular no son ellos mismos miembros de esa clase dominante). Pero hace
poco, al volver a estudiar ¿Qué hacer, se me ocurrió que a lo que se refiere
Lenin es a la tendencia a cobijarse bajo el ala de la burguesía. (Su
formulación precisa, hablando específicamente de los movimientos de la clase
obrera, es “la tendencia espontánea del sindicalismo a cobijarse bajo el ala de
la burguesía”.)
Eso se ve
todo el tiempo, en varias capas de la población. Por ejemplo, hace poco alguien
me dijo que vio un carro con dos calcomanías: una decía: “Si no estás
indignado, no estás prestando atención”; y la otra apoyaba a Barack Obama para
la presidencia. Yo pensé que si yo me topara con eso, apenas podría resistir la
tentación de dejar una nota en el carro: “Si estás apoyando a Obama, todavía no
estás prestando atención”. [Risas] Aquí vemos otro ejemplo de la “tendencia a
cobijarse bajo el ala de la burguesía”: el dueño de ese carro expresa, a través
de una de las calcomanías, una posición muy buena: “Si no estás indignado, no
estás prestando atención”. Pero, por otro lado, ¿adónde, espontáneamente,
quiere ir esa persona? Hacia el campo —a cobijarse bajo el ala— de la
burguesía, en la persona de Obama, con una cita estúpida de él de que “no hay
un Estados Unidos liberal, no hay un Estados Unidos conservador, solo hay un
Estados Unidos de América”. Qué profundo y qué liberador.
Junto con
esa “tendencia a cobijarse bajo el ala de la burguesía” o como parte de ella,
está el fenómeno de las personas que repiten constantemente que detestan el
culto a la personalidad pero sin embargo una y otra vez se reinventan
“salvadores” de los representantes de la clase dominante. “Al Gore —por favor—
postúlese para la presidencia”. Eso se basa en cierta postura “opositora” que
Al Gore asume, no solo con respecto al medio ambiente y los cambios
climatológicos sino, por lo menos hasta cierto grado, con respecto a la guerra
de Irak y otros asuntos. Pero eso refleja que no se entiende (como he señalado
antes, en el contexto de las elecciones del 200417 ) que Al Gore dice y hace
estas cosas, por limitadas que sean —y por más que permanezcan dentro del marco
político de la clase dominante— porque, por ahora, no está postulándose para la
presidencia —y si fuera uno de los candidatos, cada vez más diría algo
distinto, como lo hizo en el 2000—para demostrar ante los que verdaderamente
forjan y controlan el proceso por medio del cual se toman las decisiones que es
capaz de capitanear el barco del estado del imperialismo estadounidense, en
medio de las aguas muy peligrosas en que se encuentra.
Estos
ejemplos —y muchos otros que se podrían mencionar— demuestran la enorme lucha
que hay que librar para capacitar a la gente a romper con la orientación de
“cobijarse bajo el ala de la burguesía”, para capacitarla a zafarse, en su
manera de pensar y en su orientación, de los estrechos confines de la vida
política que forja y domina la clase dominante, junto con todos los demás
aspectos de la sociedad; para que capte lo que la realidad constantemente ha
demostrado —que el cambio político significativo (aun antes de una revolución,
por no decir nada de la transformación radical de la sociedad que solo es
posible a través de una revolución) solo puede darse a través de acción
política que es independiente de todo el marco dominante y, en un sentido
esencial, en oposición a él.
Al
examinar la diversidad de movimientos de masas que se han dado, aun en los
últimos años —ya sean las enormes manifestaciones de los migrantes, o los
movimientos contra la guerra u otros ejemplos de oposición y resistencia
políticas— está claro que opera, una y otra vez, no solo una “atracción” sino
una tendencia a buscar un ala de la burguesía bajo la cual encontrar apoyo y
protección, la que, al parecer de muchos, puede hacerlo de manera “eficaz”
(dejando de lado lo que haga “con eficacia” con respecto a qué, con qué
condiciones y hacia qué fines). Ese es un fenómeno que se repite
constantemente. Para parafrasear una observación de Lenin en otro contexto (en
la que hablaba de cómo se engendra la burguesía, a través de la producción y el
intercambio de pequeña escala, en el socialismo), esa “tendencia a cobijarse
bajo el ala de la burguesía” se engendra cada día, cada hora, continuamente, de
manera espontánea y en masa: “Yo sé, yo sé, no valen para nada, todos son
malos”, dice mucha gente, hablando de los políticos burgueses; pero dan la
vuelta y dicen que de todos modos es necesario apoyar a uno u otro de ellos
para “hacer algo realista”. Bueno, mi respuesta a eso es: sí, hagamos algo
realista—pero no hagamos algo malo. Y cobijarse bajo el ala de un sector de la
burguesía, y en particular de los demócratas, es algo muy malo—conducirá, y
solo puede conducir, a la parálisis política, y a algo peor, ante los muy
reales, y continuos y constantes crímenes del sistema y de la clase dominante,
de la cual los demócratas, no menos que los republicanos, son representantes.
Como he señalado antes: Si se procura convertir a los demócratas en algo que no
son y nunca serán, uno termina convirtiéndose en lo que los demócratas en
realidad son.
Librar
una resuelta lucha contra la “tendencia a cobijarse bajo el ala de la
burguesía” es parte crucial de nuestra labor revolucionaria, y el periódico
tiene un papel particular y concentrado que desempeñar en la lucha para desviar
de ese camino a las masas y a los movimientos populares de oposición, y
encaminarlos hacia el camino de la actividad política verdaderamente
significativa.
La labor revolucionaria significativa
Propagar audazmente la revolución y el
comunismo
A partir
de lo que se ha dicho hasta aquí, quiero dirigirme al tema: ¿cuál es la labor
revolucionaria significativa —especial, pero no únicamente, para las masas
básicas que se incorporan al movimiento revolucionario en este período cuando
todavía no hay una situación revolucionaria? Como se puede ver en otras charlas
y escritos míos desde hace varios años, he regresado repetidamente a este tema
y bregado con él—es un problema sumamente crucial y fastidioso. ¿Cómo se
encuentran los medios para que las masas se metan en la labor revolucionaria
significativa —y esto se enfoca particular pero no exclusivamente en la
juventud de las masas básicas, pero en otros también—, cómo se puede hacer esto
sin dejarnos llevar por el camino equivocado? ¿Cómo se puede dar una expresión
correcta, en las circunstancias actuales, al deseo de la juventud del cambio
radical, y a su militancia?
Relacionado
a esto, quiero contar algo que leí en un informe acerca del trabajo con un tipo
que es maestro de educación especial. Le contaba que algunos jóvenes carecen de
todo sentido de la posibilidad de algo mayor que la situación en la que se
encuentran atrapados diariamente. Bueno, un día entró en un salón de clase y
una estudiante tenía puestos unos auriculares y escuchaba “gangster rap”, con
toda la misoginia y todo lo demás, y él le preguntó, básicamente: “¿Por qué
estás escuchando estas pendejadas?”. Y ella le contestó: “Bueno, a ellos no les
importa un carajo—me encanta su indignación”. En respuesta a esto, él le hizo
esta pregunta: “Si podrías dirigir la indignación que sientes y con la que te
identificas hacia algo más útil, algo que podría llevar a un cambio positivo,
¿lo harías?”. Y ella contestó claro: “En un minuto. Pero nunca va a pasar”. Y
volvió a ponerse los auriculares.
Este es
el reto que tenemos ante nosotros. Mucha gente ni siquiera puede reconocer el
aspecto positivo de esta enajenación e indignación porque su expresión —la
forma en que se presenta— muchas veces es negativa en términos inmediatos. Hay
una represa de indignación que surge repetidas veces en formas muy diversas y,
sí, muchas veces inútiles y hasta dañinas. ¿Pero cómo vamos a dar expresión
revolucionaria a esto, y a la vez mantener la tensión necesaria para no
dejarnos llevar por el camino equivocado, y no ceder o dar rienda suelta a
impulsos equivocados y no tratar de actuar prematuramente, antes de que se haya
desarrollado una situación revolucionaria y antes de que pueda surgir y surja
un pueblo revolucionario de millones? Este es un problema con que tenemos que
bregar. Esta es una de nuestras mayores responsabilidades —abrir paso en cuanto
a esto—, no simplemente sacudir la cabeza y quejarnos de lo difícil que es
responder a esta contradicción pero, en relación mutua con las masas, aceptar y
no abdicar nuestra responsabilidad de ser los que aplican la ciencia para
resolver este problema.
Quiero
hablar de esto aquí —y lo que he dicho hasta este punto en cuanto al papel
crucial del periódico es un elemento central y decisivo en esto—, pero tenemos
que seguir lidiando con esto, continuamente, porque tenemos que hacer más
avances. No vamos a tener la clase de movimiento revolucionario que se necesita
—y a fin de cuentas no vamos a hacer una revolución— a menos que, en particular
entre la juventud pero también más ampliamente, abrimos paso y atraemos a una
cantidad cada vez mayor de masas a participar en la labor revolucionaria
significativa en este período, cuando todavía no haya una situación
revolucionaria en la que existe la posibilidad, y la base, para librar la lucha
total por el poder.
Bueno,
vinculado a esto, es importante la relación entre los factores ideológicos—
que, definidos ampliamente, abarcan no solo denunciar los crímenes y la
naturaleza de este sistema sino, como lo dijo Lenin, exponer ante todos
nuestras convicciones y objetivos comunistas, y atraer a las masas de todas las
capas, entre ellas las masas básicas, a lidiar con la ciencia, la filosofía, la
cultura, y así sucesivamente, tanto como los principales sucesos políticos y
sociales—, la relación entre todo esto, por un lado, y los factores políticos,
entre ellos el deseo y la capacidad de oponerle resistencia a la opresión y a
la injusticia, y hacerlo de tal manera que contribuya a forjar un movimiento
revolucionario y comunista, y no de una manera sin norte y/o que una vez más
cae bajo el ala de un sector de la burguesía.
Un
aspecto clave de proveer un medio y vehículo para que cada vez más masas —en
particular la juventud y las masas básicas en general, pero gente de otras
capas también— participen en la labor revolucionaria significativa, es la
orientación de propagar la revolución por todas partes—audaz y, en el sentido
correcto, agresivamente. En el sentido correcto, en oposición directa a todo
este reformismo y todos los esfuerzos de descartar la revolución y los ataques
contra la revolución y el comunismo. Tenemos que desencadenar esto y guiarlo y
dirigirlo por todas partes, audazmente y con un espíritu conquistador. Una vez
más, nuestro periódico, Revolución, es crucial y fundamental para hacer eso.
Pero queda más por hacer, sobre los cimientos de este papel crucial y
fundamental.
Hace poco
hablaba con alguna gente sobre esto: todos los días, si uno le presta atención
a lo que está pasando en el mundo, y lo examina con un punto de vista
científico, comunista, encuentra que la vida continuamente clama por la
revolución y la dictadura del proletariado. Al ver los informes sobre varios
sucesos y la discusión de varios temas en los medios burgueses, uno se
encuentra constantemente con el deseo de gritar: dictadura del proletariado. Si
lee los artículos, o mira los informes televisivos, sobre Jena, Louisiana —las
infamias que se cometen ahí, con las injusticias contra los jóvenes negros, los
6 de Jena, y las contradicciones que están hirviendo—, y lo que se le ocurre,
si lo aborda como comunista, es dictadura del proletariado: esto es lo que se
necesita para lidiar con esto, para deshacernos de las injusticias profundas
como estas, y todo lo que representan. Con la dictadura del proletariado, con
una revolución que lleva al gobierno del proletariado y cuya meta es el
comunismo, será posible abordar estas cosas de una manera que nunca se puede
hacer con el sistema actual y su clase dominante de capitalistas. Este sistema
y su clase dominante nunca pueden resolver todo esto—salvo de una manera que
perjudique a las masas.
O veamos
la polémica y agitación social en torno a la inmigración, con todas las
declaraciones sobre “la seguridad de las fronteras” y los varios programas que
han propuesto diferentes sectores de la burguesía, y el debate reaccionario que
esto ha desencadenado. Y, junto con esto, están las contradicciones entre los
negros y los latinos que fomentan y agudizan, con el fenómeno de que muchos
migrantes no entienden toda la historia de los negros y tienden a aceptar la
línea burguesa, con sus mentiras y tergiversaciones acerca de los negros,
mientras que por otro lado muchos negros están resentidos hacia los migrantes,
atraídos por la idea de que estos migrantes “nos quitan nuestros trabajos, nos
están empujando hacia los márgenes y de alguna manera los migrantes tienen la
culpa”. Si se aborda esto como comunista, lo que se le ocurre inmediatamente
es: dictadura del proletariado. Con la dictadura del proletariado, podríamos
resolver estas contradicciones —no con un chasquido de los dedos, sino por
medio de la lucha de tal manera que concuerde con los intereses de todos estos
diferentes sectores de las masas. Sí, entrañará contradicción y
complejidad—pero no será tan difícil. Pero es imposible en este sistema, y
dentro de los confines de este sistema, resolver estas contradicciones de una
manera que concuerde con los intereses de las masas populares—que es otra cosa
que apunta a la necesidad fundamental de hacer a un lado este sistema por medio
de la revolución.
O cuando
surjan los conflictos entre proteger el medio ambiente, por un lado, y
desarrollar la economía, por el otro —y, sí, las preocupaciones que tiene mucha
gente por su trabajo y manera de ganarse la vida—, cuando vemos que estas cosas
chocan fuertemente en este sistema y no hay buena manera de resolverlo…
dictadura del proletariado.
O
examinemos otra dimensión clave de esto: hace poco, Revolución publicó un
artículo que denunció la represión de la juventud en las escuelas—en este caso
de Nueva York, pero este es un fenómeno que ocurre por todo el país18 . Y
recibimos una respuesta a este artículo de un maestro desilusionado y
descontento, que dijo en efecto: “Ustedes tratan de enseñarles a estos jóvenes;
tienen todas estas ideas idealizadas acerca de estos jóvenes, pero no entienden
qué tan indisciplinados son”. Bueno, ¿cuál es la respuesta a esto —no solo al
punto de vista tergiversado de esta persona sino también a las verdaderas
contradicciones que señala—, cómo se puede responder a esto y resolverlo de una
manera positiva? Dictadura del proletariado. Esto es lo que necesitamos para
lidiar con todas estas contradicciones. Los aspectos positivos que hay —no solo
entre la juventud, sino en el deseo de gente como este maestro de hacer algo
bueno, que las relaciones dominantes y las ideas correspondientes que
prevalecen en este sistema sofocan y corrompen— se podrían volver a estructurar
y sintetizar de una manera positiva con el gobierno del proletariado.
O veamos
las contradicciones relacionadas con las diferencias entre el trabajo
intelectual y el trabajo manual, y entre las diferentes capas que, en esta
sociedad, llevan a cabo el uno o el otro (lo que llamamos la contradicción
intelectual/manual, en pocas palabras): en un sentido fundamental, es imposible
abordar esta contradicción de manera positiva en esta sociedad. Esta
contradicción se puede resolver, y solo se puede resolver, de manera positiva
con la dictadura del proletariado y el avance al comunismo. Vinculado a esto,
tenemos el ejemplo que mencioné en una charla hace varios años sobre la
dictadura del proletariado (“Dictadura y democracia, y la transición socialista
al comunismo”) en cuanto a la religión con referencia a la película Contacto,
en que salta a la vista la contradicción de que a las masas, que tienen el
mayor interés en la revolución comunista, en gran medida las agarran y atrapan
la religión y otras cadenas mentales, mientras que hay un sector relativamente
pequeño de la población del mundo actual que capta estos temas (en cuanto a la
religión y —la no existencia de— dios) con mayor claridad pero que, en gran
medida, está alejada de las masas básicas y no las entiende. ¿Cuál es la
respuesta? La dictadura del proletariado. La revolución.
Ciertas
contradicciones que surgen en el curso de forjar la lucha señalan también esta
necesidad. Por ejemplo, en la batalla para defender el disentimiento y el
pensamiento crítico en las universidades (y a fin de cuentas en la sociedad en
general), podemos ver que ciertos individuos que pasan a ser blancos del ataque
de las fuerzas reaccionarias, y del estado, tienen una “actitud distante” hacia
otras personas en el mundo académico que se encuentran esencialmente en la
misma situación. En un sentido inmediato, esto destaca la necesidad de
presentar, y bregar con la gente para captar, el cuadro más amplio de que todo
esto es parte, y reconocer lo importante que es forjar unidad en la lucha
contra todos los esfuerzos de reprimir el disentimiento y el pensamiento
crítico; y al mismo tiempo, y fundamentalmente, señala la realidad de que para
resolver las contradicciones relacionadas a todo esto, necesitamos la
revolución—necesitamos la dictadura del proletariado.
Sí, es
cierto —y es una verdad muy importante y profunda— que la mayor meta, y la meta
de la dictadura del proletariado misma, es llegar al comunismo, por todo el
mundo, donde se haya eliminado y superado la necesidad, y la base, de todas las
formas en las que una parte de la sociedad domina a otra—todas las formas de la
dictadura de clase. Pero la realidad es que, sin la dictadura del proletariado,
sin la revolución comunista, nunca podremos avanzar hacia esa meta más elevada
y llegar a ella.
Todo esto
es otra manera de expresar el punto de Lenin de que el comunismo brota de todo
aspecto de la vida social. La necesidad de la revolución comunista emana
continuamente de todos los sucesos de la sociedad y el mundo. Una vez que se
haya adoptado el punto de vista y método científicos del materialismo
dialéctico, se puede ver esto claramente. Y sobre esta base debemos dirigir y
atraer a una cantidad cada vez mayor de masas a llevar esto por todas partes,
entre todas las capas de la gente muy audazmente—con un espíritu conquistador
y, en el sentido correcto, muy agresivamente. Como hemos recalcado varias
veces, no hay nada menos realista que la idea de reformar este sistema en algo
que se acercara a cuadrar con los intereses de la gran mayoría de la gente, y a
fin de cuentas de la humanidad en general. Sobre la base de nuestro análisis y
método científicos, tenemos que tener —y tenemos que inspirar a otros a tener—
un espíritu conquistador acerca de esto. Esto es extremadamente importante:
propagar muy amplia, audaz y, en el sentido correcto, agresivamente la
revolución.
Vamos a
lo que importa: Necesitamos una revolución. Cualquier otra cosa, en el último
análisis, es una pendejada. Bueno, esto no quiere decir que no nos unamos a
otra gente en toda una variedad de luchas que no apuntan a la revolución. No
hay duda de que necesitamos hacer esto. Pero presentar cualquier otra solución
a estos problemas e infamias monumentales y monstruosos es una ridiculez,
francamente. Y necesitamos tomar la ofensiva y movilizar a una cantidad cada
vez mayor de masas para abrirse camino por entre esta mierda y poner en primera
plana la verdadera solución a esto, y responder a las preguntas y, sí, a las
acusaciones que se presenten en respuesta a esto, mientras aumentamos nuestra
base científica para hacerlo. Y el punto es esto: no solo nosotros tenemos que
hacer esto, sino que además tenemos que atraer, desencadenar y dirigir, y
posibilitar que cada vez más masas hagan esto. Hay que inspirarlas, no solo con
la idea general de la revolución, sino con un análisis cada vez más profundo,
una base sólida científica, de por qué y cómo la revolución realmente es la
solución a todo esto.
La labor revolucionaria significativa
Una cultura de aprecio, promoción y
popularización
Un
aspecto importante de propagar audazmente la revolución y el comunismo por
todas partes es el trabajo que hemos caracterizado como forjar una cultura de
aprecio, promoción y popularización en torno a la dirección, la obra y el
método y enfoque de Bob Avakian. Bueno, yo reconozco que algunas personas (para
ser franco, de la clase media principalmente) lo consideran “inmodesto” (y
quizás para unos curiosamente extraño) que yo hablara de esto (y, por dios,
¡que me refiriera a mí mismo en la tercera persona!). Pero, en primer lugar y
fundamentalmente, la “modestia” (o “inmodestia”) no es la esencia del asunto ni
el meollo del tema. Esto, como todo lo demás, es cuestión de tener un enfoque
científico —una valoración objetiva de lo que representa una persona particular
y su papel, su obra y su método y enfoque— y yo o quienquiera lo debe ver y
evaluar de esa manera y con estos criterios (y, seamos honestos, ¿se
“molestarían” menos las personas que protestan que me refiriera a mí mismo en
la tercera persona si hablara de “una cultura de aprecio, promoción y
popularización en torno a la dirección, la obra y el método y enfoque de mí
mismo”?). No, la esencia del problema es: ¿cuál es lo que esa dirección, esa
obra y ese método y enfoque representan objetivamente, y qué tiene eso que ver
con el problema mayor de transformar el mundo?
Como
Lenin recalcó en ¿Qué hacer?, una de las tareas clave de los comunistas es
plantear ante todos sus convicciones y metas comunistas. Y eso quiere decir
presentar lo que, en todo momento, es la representación más avanzada de esas
convicciones y metas. Fundamentalmente, los principios que esto abarca son los
mismos que se aplican en todos los campos basados en la ciencia (la física, la
biología, la medicina, etc.): a menudo los avances van asociados con un
individuo en particular, y hablar de la concepción más avanzada en un momento
dado sería imposible sin hacer referencia a, y claro, sin cierto enfoque en,
ese individuo—y esquivar tal referencia y enfoque sería sumamente artificial y
equivocado, y de ninguna manera práctico. Así que, repito, aunque hay
particularidades a la esfera de la dirección política (e ideológica), y
específicamente a la dirección comunista19 , con respecto a quienquiera cuyo
papel tenga una influencia significativa (o que se promueva como algo que
debería tener una influencia significativa), el problema básico se reduce a
esto: ¿cuál es el contenido de ese papel, y en particular el contenido de la
obra, y el método y el enfoque, de esa persona, y qué impacto tendría, de una u
otra manera, si eso tuviera un mayor o un menor impacto e influencia?
¿Por qué
soy yo —mi obra y mi método y enfoque— importante? Porque esto aporta una
concepción avanzada, una concepción elevada, de lo que se tratan la revolución
y el comunismo y de cómo avanzar hacia el objetivo de la revolución y el
comunismo, así como un método para abordar y bregar con las contradicciones que
se van a encontrar inevitablemente en ese proceso. (Algunas cosas son
inevitables—y, aunque la meta del comunismo no es inevitable, lo que es
inevitable es que en la lucha para lograr el comunismo nos vamos a encontrar
ante muchas contradicciones complejas y difíciles. Eso lo podemos garantizar).
En eso es
en lo que todo esto radica—para eso sirve. Cuando propagamos esto y estamos
trabajando para forjar una cultura de aprecio, promoción y popularización, no
lo estamos haciendo para crear un culto en torno a una persona, en un sentido
religioso. Lo estamos haciendo para permitir bregar con la concepción más
avanzada que tenemos de adónde la sociedad y la humanidad necesitan ir, y
pueden ir, de lo que esta obra, y método y enfoque, tienen que ver con eso y de
por qué es importante con relación a eso —por qué, en realidad, es
indispensable que las masas breguen con esto con relación a eso —para servir y
avanzar hacia eso— y nada más. Aun el aspecto que es secundario, pero que no
deja de ser importante —el aspecto de la persona Bob Avakian— es importante
solo en el marco y sobre la base de ser un líder comunista revolucionario, el
líder de un partido comunista de vanguardia que es capaz de dirigir a la gente
hacia la meta de la revolución y, en última instancia, el comunismo—que tiene
que seguir desarrollando su capacidad de hacer eso, pero que ha planteado los
cimientos básicos para dirigir a la gente hacia esa meta. Esto es la esencia de
todo eso.
Sobre
esos cimientos y en ese contexto, es importante forjar una cultura de aprecio,
promoción y popularización, y de hecho dar pasos enérgicos e innovadores, para
familiarizar a las masas populares de diferentes sectores de la sociedad con
esta dirección, esta obra y este método y enfoque. Si en realidad nos está
guiando la concepción científica de que la sociedad humana necesita, y puede,
avanzar hacia el comunismo, de que la lucha para lograr ese objetivo tiene que
ser la labor consciente de las masas populares, por un lado, pero que al mismo
tiempo eso tiene que tener dirección, y no existe posibilidades de lograrlo sin
dirección —una dirección que, en relación con esa meta, encarna la concepción y
la metodología más avanzadas— y que lo que está concentrado en la persona,
claro, pero en el sentido más fundamental en la obra, y el método y el enfoque,
de Bob Avakian representa esa dirección; entonces lo que emana naturalmente de
eso es el reconocimiento de que eso es algo que hay que dar a conocer a las masas
populares y con que ellas tienen que familiarizarse y que tienen que hacer
suyo, y captar lo crucial que es con respecto a sus propios intereses
fundamentales y, en última instancia, los intereses más elevados de la
humanidad en conjunto. Como recalca un documento de nuestro partido sobre
dirección revolucionaria:
“Es algo
muy positivo que surjan ciertos revolucionarios individuales como un producto
concentrado de este proceso, que sean una expresión concentrada de las mejores
cualidades de la dirección revolucionaria: la dedicación desinteresada a la
causa revolucionaria y el amor profundo para con las masas, así como una
comprensión profunda de la metodología científica que se requiere para
desencadenar a las masas y trazar el camino de la revolución de acuerdo con sus
intereses objetivos. Esto es muy bueno. ¡No debemos lamentar que exista tal
dirigente o tales dirigentes! Al contrario, ¡es motivo de celebración! Tales
dirigentes son un elemento de la fortaleza del pueblo”20 .
Es muy
importante captar la dialéctica así como el materialismo de esto. En cuanto a
esto, tiene gran importancia la manera y la base con que varios artistas e
intelectuales negros, muchos de los cuales discrepan con algo de lo que
planteo, han ayudado de diferentes maneras (como firmar la declaración
¡Éntrale!)21 a crear un ambiente en el que un público más amplio pueda bregar
con lo que digo y en el que los intentos de suprimir mi voz y de reprimirme se
encontrarán con una resistencia más fuerte. Lo que destaca es que, aunque
tienen diferentes grados de desacuerdo con mis ideas y convicciones comunistas,
muchos, entre ellos algunos que han leído mi autobiografía (From Ike To Mao and
Beyond: My Journey from Mainstream America to Revolutionary Communist), se han
interesado o se han visto atraídos hacia mí más por la dimensión personal—o,
mejor dicho, por mi “historia personal”, y en particular las maneras en que
está claro que a mí me han afectado e influenciado profundamente mis relaciones
personales con la gente negra así como la lucha política y revolucionaria del
pueblo negro en general. Pero al mismo tiempo, aunque respetamos su orientación
y valoramos enormemente el apoyo que han brindado, desde su propio punto de
vista y a pesar de ciertas discrepancias con mi punto de vista ideológico y
político, lo que nosotros procuramos hacer, de acuerdo con nuestro propio punto
de vista, es conseguir que todo eso contribuya, en un sentido general, a
nuestros objetivos fundamentales estratégicos de hacer la revolución y, en
última instancia, lograr un mundo comunista. Desde nuestro punto de vista, todo
lo que hacemos tiene que ver con eso y con ninguna otra cosa, y tiene eso como
meta.
¿Por qué
queremos que todo contribuya al comunismo? ¿Porque “esa es nuestra tirada”? No.
Porque a eso es adónde necesita ir la situación para llegar a un mundo
radicalmente diferente y mucho mejor. Los conceptos clave de que hablamos
—quizás demasiadas veces de una manera “abreviada”— como la “nueva síntesis”22
, junto con los principios de epistemología y filosofía, así como de la
política, que están concentrados en la obra, y el método y el enfoque, que he
estado desarrollando —y que, claro, se concentran hasta cierto punto en la
persona que está forjando esta obra, y método y enfoque— todo eso tiene que ver
con la revolución: su base y propósito son servir a las masas populares para
hacer la revolución y avanzar hacia el comunismo.
Lo que
hacemos y en lo que nos basamos no es categóricamente una religión. En su punto
de vista filosófico y su metodología, así como su concepción y objetivos
políticos, se basa en una concepción y un enfoque científicos, y esto es lo que
los guía. Toda la discusión previa sobre el marxismo como ciencia debe dejar
esto en claro23.
No somos
un culto sino un grupo de científicos (un grupo cuya meta es seguir creciendo
continuamente) que se esfuerza por resolver problemas espinosos —que comete
errores, claro, y hace todo lo posible para aprender de nuestros errores y de
otras personas, entre otras incluso de quienes tienen diferentes puntos de
vista y objetivos que nosotros— y que abarca todo eso de una manera sistemática
y exhaustivamente científica. Jamás hemos propuesto, ni creemos, que el partido
colectivamente o el líder del partido —ni ningún individuo o grupo de personas—
esté dotado de calidades o poderes sobrenaturales, o que el partido o el líder
del partido es “infalible” o que se lo debe “venerar” o seguir ciegamente. Toda
idea de ese tipo es completamente ajena y opuesta fundamentalmente a lo que sí
creemos y que procuramos poner en práctica—o sea, que es posible, y necesario,
aplicar un punto de vista y un método crítico y revolucionario para seguir
aprendiendo más sobre la realidad y, en relación dialéctica con eso, impulsar
la lucha para cambiar la realidad de una manera radical y hacia el comunismo.
Creemos
—y confiamos en que esa creencia tiene cimientos científicos— que el partido
colectivamente, y de manera concentrada el líder de nuestro partido, Bob
Avakian, ha adquirido y desarrollado una concepción y método y enfoque
avanzados con respecto a ese proceso científico de entender, y transformar
radicalmente, la realidad: un enfoque científico que rechaza toda idea de
“infalibilidad” o de una especie de conocimiento cerrado y completo, pero que
reconoce e insiste en que en lo que estamos metidos, y tenemos que estar
metidos, es un proceso de profundizar continuamente nuestro conocimiento, y la
capacidad de aplicar nuestro conocimiento a la práctica revolucionaria, a
través de la relación dialéctica —la interacción recíproca— entre la práctica y
la teoría, y entre aplicar a la realidad nuestra mejor concepción de lo que es
la verdad en todo momento y seguir aprendiendo más sobre la realidad
—incluyendo lo que se demuestre que no es cierto en lo que antes creíamos—
aprender (y capacitar a otros a aprender) de nuestros errores así como de
nuestros logros al aplicar nuestro conocimiento, aprender de muchas otras
personas, de una amplia gama de campos y con una diversidad de puntos de vista,
al mismo tiempo que seguimos aprendiendo de nuestra propia experiencia práctica
y nuestros propios esfuerzos y lucha en la esfera de la teoría y de “trabajar
con las ideas”.
El
desarrollo de lo que llamamos la “nueva síntesis” es un ejemplo claro y notable
de esto. Esta nueva síntesis —con respecto a la experiencia histórica del
movimiento comunista y de las sociedades socialistas dirigidas por comunistas,
y con respecto a los objetivos y el punto de vista y método de los comunistas—
ha sido desarrollada (y, de hecho, sigue siendo desarrollada) principal y
esencialmente por Bob Avakian, como líder de nuestro partido y en el contexto
general de la colectividad de nuestro partido (y como parte del movimiento
comunista internacional en general) durante un período de casi 30 años, a
través de un proceso de trabajo y lucha extenso e intenso en la esfera de la
teoría, en relación dialéctica con el desarrollo de medidas relacionadas con la
lucha práctica, guiada por el objetivo fundamental de la revolución y la meta
del comunismo, y de hacer un balance de los resultados (positivos y negativos)
de los esfuerzos de poner en práctica esas medidas, durante todo ese período de
casi 30 años. No solo es el caso que esto no se apoya en ideas o enfoques
religiosos, sino que, repito, tales ideas y enfoques les resultan odiosos a
esto y están en antagonismo fundamental con lo que esto representa; y la
crítica y la lucha contra las tendencias religiosas, de todo tipo —entre los
comunistas y en la sociedad en general— es precisamente uno de los principios
fundamentales de la obra, y el método y el enfoque, de Bob Avakian.
Con
respecto al tema de líderes individuales — así como de la dirección colectiva—
nuestro enfoque es aplicar el punto de vista y método científico del
materialismo dialéctico e histórico. Nuestra meta en última instancia es lograr
el comunismo, en todo el mundo. Y, es cierto: cuando se haya logrado esa meta,
ya no habrá necesidad ni base para vanguardias o líderes en el sentido en el
que hoy los concebimos. Pero en la actualidad y por bastante tiempo, existe y
existirá una gran necesidad de que haya líderes y una gran importancia a ellos.
Esta es una expresión y un resultado de las contradicciones subyacentes y las
profundas divisiones sociales (la
división entre el trabajo intelectual y el trabajo manual en particular, y aún
más fundamentalmente la contradicción entre las fuerzas y las relaciones de
producción, y entre la base económica y la superestructura —y la interrelación
e interpenetración entre estas contradicciones—, en la forma en que esto se
plasma en esta época en la que el mundo sigue dominado por el sistema
capitalista-imperialista). Y mientras eso sea cierto, el interrogante esencial
seguirá siendo: ¿cuál es el contenido y el efecto de esa dirección—adónde
llevará y cómo? ¿Qué le permite a la gente hacer o qué le impide hacer?
¿Contribuye a su capacidad de entender la realidad, y a cambiarla
conscientemente, de acuerdo con los intereses fundamentales de la humanidad—o
dificulta y mina que haga eso?
Esto es
algo que se ha recalcado antes, pero especialmente en vista de que hay tanta
confusión en cuanto a esto y que se entiende tan mal —en buena parte debido a
los esfuerzos conscientes y deliberados de la clase dominante y sus
simpatizantes intelectuales, así como unos otros— es necesario recalcarlo de
nuevo: dada la naturaleza de la sociedad y el mundo en los que vivimos; dado
que esta sociedad y este mundo siguen dominados por clases explotadoras y que
en un sentido fundamental están moldeados por la dinámica de un sistema de
explotación, el capitalismo-imperialismo; y dadas las divisiones sociales
profundamente desiguales y opresivas ligadas a esto—dado todo eso, a la
sociedad y a la gente que la conforma las influenciará desproporcionadamente un
conjunto de ideas —y un grupo de líderes— u otro, aunque lo reconozca o no. La
cuestión esencial, repito, es: ¿qué ideas y qué dirección, con qué propósitos y
qué objetivos, hacia qué fines y con qué métodos y medios?
A partir
de esa concepción, forjar activa, enérgica y creativamente una cultura de
aprecio, promoción y popularización de Bob Avakian, entre una creciente
cantidad de personas, y capacitarlas a captar la importancia crucial de
entrarle a la obra, y el método y enfoque, y a la vez asumir el reto de
proteger y defender a la persona que está aportando y dando esa dirección—esa
es una parte clave de propagar audazmente la revolución y el comunismo por
todas partes. Es uno de los medios clave, uno de los principales vehículos, que
tenemos para hacerlo. Pero eso es lo que estamos haciendo cuando forjamos la
cultura de aprecio, promoción y popularización. Esto tiene su propia
particularidad, pero en última instancia y fundamentalmente tiene que ver con
—está al servicio de— nada menos que propagar la revolución y el comunismo y
forjar un movimiento revolucionario de masas que asume conscientemente la
orientación de ser emancipadores de la humanidad.
La labor revolucionaria significativa
Luchar contra el sistema, y transformar al
pueblo, para la revolución
Con
relación dialéctica a propagar la revolución por todas partes —y
fundamentalmente al servicio de los mismos objetivos revolucionarios— existe la
necesidad de movilizar a cada vez más personas, de varias capas, para “forjar
una gran resistencia política a las principales maneras en las que la
naturaleza explotadora y opresiva de este sistema se concentra en las medidas y
acciones de la clase dominante y sus instituciones y dependencias” (como dice
“Puntos esenciales de orientación revolucionaria—en oposición a los alardes y
poses infantiles y las tergiversaciones de la revolución”, Revolución #102, 23
de septiembre de 2007).
¿Por qué,
por más de una década, se han movilizado las masas, en particular de los
centros urbanos (pero también gente de otras partes de la sociedad), cada 22 de
octubre, el Día Nacional de Protesta para Parar las Brutalidad Policial, la
Represión y la Criminalización de Una Generación? Porque concentra importantes
contradicciones sociales—es una concentración importante de las contradicciones
de la sociedad y la naturaleza del sistema y la clase dominante, y de cómo esto
afecta a las masas populares. Se puede decir lo mismo de muchas otras
organizaciones de masas y otras formas de lucha de masas. Y es muy importante
captar la relación dialéctica —la interacción de vaivén y la influencia mutua—
entre forjar esta clase de resistencia y propagar la necesidad de la revolución
audaz y ampliamente, a todos los rincones de la sociedad.
¿Por qué
hago hincapié en esto? Porque es importante como punto de orientación básico,
pero también y más específicamente porque, al oponerse y oponer resistencia a
las tendencias hacia la línea revisionista de “el movimiento lo es todo, el
objetivo final no es nada”, es necesario y crucial no convertir la idea de
propagar la revolución y el comunismo en otro ejercicio “académico” más —otra
forma de escolasticismo o dogma estéril y carente de inspiración. Propagar la
revolución y forjar la resistencia están relacionados dialécticamente y debe
haber una “sinergia positiva” entre los dos—todo lo cual contribuye a nuestro
objetivo estratégico de llegar al punto donde podamos conquistar el poder total
cuando las condiciones objetivas —lo que incluye el estado de ánimo, las
inclinaciones y los sentimientos de millones de personas— hayan llegado a tal
punto que esto sea posible.
Tenemos
que forjar y fortalecer continuamente nuestra capacidad de identificar y
manejar las relaciones vivas entre estas dos cosas: propagar la revolución y el
comunismo por todas partes —audazmente, con confianza estratégica y un espíritu
conquistador, listos a “enfrentar a cualquiera que quisiera retarnos” y ofrecer
otras alternativas y criticar a las nuestras, y avanzar por medio del vaivén
entre estudiar y bregar colectivamente sobre cómo hacerlo, y realmente hacerlo—
y, al mismo tiempo, forjar una resistencia cada vez más poderosa, como por
medio de identificar las principales concentraciones de las contradicciones
sociales en todo momento.
Hablando
de una dimensión importante de esto, otro camarada de la dirección de nuestro
partido sugirió una formulación que creo que captura algunos de los aspectos
esenciales de forjar el movimiento revolucionario: Luchar contra el sistema, y
transformar al pueblo, para la revolución.
Es cierto
que no simplemente buscamos transformar a la gente, por encima y en ausencia de
movilizarla para oponer resistencia a las infamias e injusticias de este
sistema; pero, de hecho, transformar a la gente es una parte importante de lo
que hay que hacer—y las masas lo saben. Una de las principales cosas que dicen
las masas cuando se habla de la revolución —además de “son demasiado poderosos
y hay demasiada gente que se nos opone”— es que “estamos muy jodidos” (y muchos
dirán que “todos los demás están muy jodidos”). [Risas] Entienden que tenemos
que transformar a la gente. Pero también tenemos que luchar contra el sistema.
Tenemos que hacer todo esto, sin embargo, para la revolución—y no para ninguna
otra meta, no para nada menos que eso. Tenemos que manejar correctamente las
relaciones dialécticas que esto entraña, y darle vida a esta orientación, cada
vez más poderosamente, por medio de la “sinergia positiva” de estos dos
aspectos —luchar contra el sistema y transformar al pueblo— para la revolución.
Tenemos
que hacer que esto sea una misión de la juventud—y de las masas en general. Las
formas organizadas en que nos unimos a las masas tienen que ser una expresión
de lo que capta esta consigna. Por ejemplo, los Clubes Revolución no solo deben
ser lugares para ver el DVD (de la charla Revolución: Por qué es necesaria, por
qué es posible, qué es). Hacer esto es importante —es una parte de lo que estos
Clubes Revolución deben hacer—, pero si es lo único que hacen, pues pierden su
propósito. Estos Clubes Revolución deben ser un lugar y un vehículo por medio
del cual las masas pueden unirse para propagar la revolución y forjar la
resistencia—luchar contra el sistema tanto como transformar al pueblo, con la
meta de la revolución siempre presente. Y sí, van a aprender más sobre lo que
esto significa —lo que esta revolución significa, por qué es una revolución
cuya meta es el comunismo, qué significa el comunismo, qué entraña la
transición al comunismo—, van a aprender más constantemente sobre todo esto.
Pero lo que capta la consigna Luchar contra el sistema, y transformar al
pueblo, para la revolución —junto con el principio unificador de los Clubes
Revolución: La humanidad necesita la revolución y el comunismo— tiene que ser
la punta de lanza y la esencia que identifica lo que representamos, y lo que
las formas de masas como los Clubes Revolución representan. Esto está
relacionado con el punto que mencionamos antes, y el énfasis que damos, a
desviar a las masas y los movimientos de oposición masiva de la “tendencia
espontánea a cobijarse bajo el ala de la burguesía”.
Los
comunistas, y los atraídos a la revolución y al comunismo, tienen que estar
propagando agresiva y audazmente la necesidad de la revolución y la meta de la
revolución. Esto se deriva de la profunda realidad de que la humanidad
realmente necesita la revolución y el comunismo. Esto requerirá, y debe
entrañar, una enorme cantidad de lucha con mucha gente —que se debe librar de
una manera buena, viva y convincente— para plasmar en realidad la revolución y
el hecho de que no es simplemente una idea abstracta sin relación a lo que está
pasando en el mundo actualmente. Que quede bien claro, la revolución es una
realidad inmediata en este país, en el sentido de que la lucha para conquistar
el poder sea una posibilidad en la situación actual —una vez más, la posibilidad
de librar esta lucha por el poder solo puede surgir con un cambio cualitativo
en la situación objetiva—, pero hago hincapié en la realidad de la revolución
ahora en el sentido de que hay que forjarla concretamente durante todo el
período antes de que surjan una situación revolucionaria y un pueblo
revolucionario de millones y millones.
Lo que
capta la consigna Luchar contra el sistema, y transformar al pueblo, para la
revolución es una gran parte de no solo forjar el movimiento revolucionario en
general, sino también de desviar a las masas y los movimientos de oposición
masiva de subordinarse a la burguesía y a sus representantes. Una fuerza
revolucionaria en crecimiento, impulsada y movilizada en torno a una
orientación revolucionaria y comunista, tiene que ser cada vez más un “imán”,
un polo de atracción para la gente que —por más latente que sea y por más que
entraña contradicciones— busca y desea un mundo diferente al que tenemos ahora,
que tiene un sentido de que este mundo está muy jodido y que quiere saber si
otro camino es realmente posible, tanto como otros que han abandonado por el
momento la idea de que esto es posible pero a quienes hay que darles una
sacudida para despertarlos a la realidad de que es posible —y que puede haber
otro camino— y que este es el camino.
La labor
revolucionaria significativa tiene que girar en torno a las cosas que dan vida
y expresión a lo que capta la consigna Luchar contra el sistema, y transformar
al pueblo, para la revolución. Esto tiene que ser en realidad labor
revolucionaria significativa—y tiene que sentirse como labor revolucionaria
significativa para los que se están movilizando y la asumen. Y que quede bien
claro: no va a ser metódico y ordenado, no va a ser que todos van marchando en
formación bajo nuestro estrecho control—lo que no debemos tratar de hacer de
todos modos. No debemos tratar de impedir que todo se ponga “indisciplinado” y
sin riesgo alguno. Nunca se va a forjar un movimiento revolucionario, nunca se
va a posibilitar que las masas participen en la labor revolucionaria
significativa, si se trata de abordarla de esa manera.
Y sí,
esto significa pender de un hilo, porque se nos enfrenta un enemigo —se nos
enfrenta un estado opresivo— que aprovechará toda tontería, todo cosa poco
seria, que hacen los que acaban de meterse en la lucha y que no tienen mucha
experiencia. Así que, a lo largo de todo el proceso, será necesario bregar —y a
veces bregar fuertemente— acerca de lo que beneficia, y lo que no beneficia, a
la revolución que representamos y sobre los medios para llevar a cabo esa
revolución. Y sí, sin dejarnos agobiar por la paranoia —lo que en realidad
socavaría seriamente el movimiento revolucionario también—, será necesario
estar atentos, y no ingenuos, a las personas que podrían enviar a infiltrar el
movimiento con el fin de desviarlo—no solo bajo el ala de la burguesía, sino
también en direcciones que ayudarán a la burguesía a aplastarlo, lo que tratará
de hacer de todos modos.
Esta es
otra expresión del punto de “ser descuartizado”24 , en su aplicación al tema de
la labor y la actividad revolucionaria significativa. Pero si no inspiramos en
las masas de personas un sentido y espíritu de plantear ampliamente el reto de
la revolución, y un sentido de ir a las masas a decirles “si quieren luchar
contra el sistema, hay que entrar en esto”, pues no habrá ninguna labor
revolucionaria significativa y ningún movimiento revolucionario.
A veces
será necesario bregar fuertemente con las masas acerca de los siguientes temas:
¿cuál es y no es la mejor manera de forjar el movimiento revolucionario, qué
contribuirá y no contribuirá a la revolución, cuál es tomar realmente en serio
trabajar por la revolución y cuál es dejarse llevar por los impulsos
infantiles—y, por otro lado, cuál es dejarse desviar por los callejones sin
salida reformistas, en vez de mantenerse en el camino revolucionario? Habrá y
debe haber mucha lucha en torno a estos temas. Pero debe haber un sentido de
que si quieres enterarte de un mundo diferente y trabajar para plasmarlo en
realidad —y si quieres ponerte de pie y luchar contra lo que se le hace a la
gente—, aquí es donde lo haces. Vas al partido, lees el periódico del partido,
estudias al líder del partido y lo que presenta, participas en los Clubes
Revolución, te unes a la gente que lleva a cabo actividad política que encarna
esto —propagar la revolución y forjar la resistencia, y la “sinergia positiva”
entre los dos—, todo con la meta de la revolución.
Bueno,
por supuesto, vamos a tener que participar en muchas formas de organizaciones
de masas de “frente único”, si quieres usar esa frase—organizaciones compuestas
de diversas personas y fuerzas cuyos objetivos y base de unidad no son la
revolución. Pero, al mismo tiempo y de mucha importancia, debe haber formas de
organización de masas cuya base de unidad y objetivo es la revolución—formas
que no son el partido, en las que las masas pueden participar, como los Clubes
Revolución. Y dentro de los movimientos y organizaciones más amplios del
“frente único”, el partido y los partidarios de su punto de vista deben
presentar su perspectiva y objetivos, de una manera apropiada—de una manera que
reconoce y respeta la integridad y la base de unidad de movimiento/organización
de masas más amplio y no confunde o combina esto con lo que el partido
representa y trabaja para plasmar en realidad.
Otra vez,
como parte de propagar la revolución y el comunismo, de una manera viva y
convincente, debemos “debatir a cualquiera que quisiera retarnos” en lucha
ideológica abierta y sin trabas. ¿Quieres hablar de Hannah Arendt? Hablemos de
Hannah Arendt. Es una persona tonta, Hannah Arendt. [Risas] Es una persona
anticientífica, que propaga toda clase de ideas tergiversadas y anticientíficas
acerca del comunismo y el “totalitarismo”, etc. Hablemos de Hannah Arendt.
Debemos tener muchas ganas de participar en estos debates y luchas. Y, como
dijo Mao, lo que no sabemos podemos aprender. Por eso tenemos la teoría, y por
eso tenemos la colectividad del partido. Tenemos un punto de vista y método
científicos para permitirnos hacer estas cosas.
Como he
ido recalcando, los Clubes Revolución son una forma y medio clave para atraer a
las masas al movimiento revolucionario, entre ellas las recién despertadas a la
vida y lucha política. Y es muy importante manejar correctamente las
contradicciones entrañadas en posibilitar que las masas mismas tomen cada vez
más iniciativa en forjar el movimiento revolucionario y, al mismo tiempo,
darles la dirección que necesitan para hacerlo. En el curso de nuestro trabajo
de forjar el movimiento revolucionario, las personas recién atraídas —tanto
como las personas que llevan tiempo en la lucha— tropezarán con todas las
contradicciones que existen y que uno encuentra cuando empieza a hacer esto.
¿Cómo se propaga la revolución? ¿Qué puedes decir cuando propones la revolución
o el comunismo y la gente te contestan de esta o aquella manera? ¿Cómo se forja
la resistencia? ¿Cuál es la manera correcta de responder a un ataque o una
infamia? Esto requiere dirección —una dirección que ayuda a dar las respuestas
a estas preguntas y que desencadena cada vez más iniciativa de parte de las
masas—, que no sofoca y suprime esa iniciativa sino que, cada vez más con el
paso del tiempo, permite que las masas mismas tomen más iniciativa para tomar
las cosas en sus propias manos y a dirigir a otros. La idea de que las masas no
necesitan dirección —y actuar conforme a esta idea— solo lleva a sofocar la
iniciativa de las masas y a desmoralizarlas. No se debe llevar a unas personas
que nunca han nadado a la parte más profunda de la piscina, empujarlas al agua
y decirles: “No queremos sofocar su iniciativa”. ¡Muchas gracias! Mientras se
están ahogando podemos repetir ensalmos acerca de que las masas lo pueden hacer
por su cuenta y no necesitan dirección. No. Nos toca a nosotros trabajar juntos
con las masas, y dirigirlas, sin dominarlas—sin sofocarlas, sin extinguir su
iniciativa, sino darle una expresión cada vez mayor.
Construir el partido
Con
respecto a todo esto, y como elemento crucial de forjar el movimiento
revolucionario en general, tenemos que hacer el necesario hincapié en la
importancia crucial de construir al partido mismo. Tenemos que captar
firmemente el punto fundamental de que, desde el punto de vista de la
necesidad, y el objetivo estratégico, de la revolución, la forma más importante
de organización de las masas es el partido mismo, como vanguardia de las
amplias masas revolucionarias. La construcción del partido es crucial y fundamental
con respecto a poder acelerar mientras que se aguarda una situación
revolucionaria, y para estar en una posición para dirigir una revolución cuando
la situación y el pueblo revolucionarios se presenten. Tenemos que abordar de
manera sistemática la construcción cuantitativa del partido—eso quiere decir
que tenemos que reclutar a muchos nuevos militantes, tenemos que reclutar audaz
y ampliamente en las masas básicas y todas las capas de la sociedad.
Hace
años, en los tiempos de la Unión Revolucionaria (precursor del PCR), unos
tenían un método de reclutar sobre cualquier base, si alguien expresara cierto
acuerdo, por vago que fuera, con la idea del comunismo. Así que tuvimos que
luchar contra eso e insistir: no, eso tiene que tener sustancia. Bueno, una de
las personas que pregonaba ese tipo “suelto” de reclutamiento, planteó la
formulación de que tenemos que “reclutar amplia y audazmente”. Y, nosotros
contestamos: sí, pero no audaz y pésimamente. Esa es una diferencia importante.
[Risas]. Es una diferencia que hay que seguir recalcando. Tenemos que construir
continuamente el partido cuantitativamente —tenemos que reclutar audaz y,
claro, ampliamente, en las masas básicas y todas las capas sociales—, pero
tenemos que hacerlo correctamente, sobre la base de que estamos reclutando a
personas que han dado un salto y pasado a ser revolucionarios y comunistas en
el punto de vista y orientación básicos, que han captado y tienen unidad con
los principios y objetivos básicos —la línea fundamental— del partido.
El
partido tiene que arraigarse mucho más extensa y profundamente en las masas de
diversas capas, pero especialmente en el proletariado y las masas básicas que
tienen el mayor interés en la transformación revolucionaria de la sociedad y el
mundo. Tenemos que ganarlos a que sean comunistas, y luego iniciar
enérgicamente un proceso concentrado de reclutarlos. Tenemos que reclutar a
comunistas, a gente que está lista y resuelta a dedicar la vida a la revolución
y la meta final de un mundo comunista —a ser emancipadores de la humanidad— a
contribuir lo máximo que puedan, de una manera organizada y disciplinada, a esa
causa.
Es
importante no subestimar el potencial de ganar a una cantidad significativa de
personas hoy —y a muchas más a medida que se desarrolle la situación— a la
revolución y el comunismo. Sí, es cierto, tendremos que superar mucha
espontaneidad y la realidad de que se ha revocado al socialismo, y se ha
restaurado el capitalismo, primero en la Unión Soviética y después en China;
está la influencia de estos sucesos objetivos, junto con lo que han hecho los
imperialistas y sus lacayos intelectuales para aprovecharse de esos reveses
históricos. Como parte de eso, está la ironía de que en realidad el socialismo
fue derrotado, y el capitalismo restaurado, hace ya 50 años en la Unión
Soviética, pero por muchos años los gobernantes de la Unión Soviética mantenían
un camuflaje cada vez más trillado de “socialismo” y “comunismo”, hasta que por
fin, a principios de los años 90, lo abandonaron por completo y la Unión
Soviética, y los estados que lo sucedieron cuando se disolvió la Unión
Soviética, se hicieron capitalistas abiertamente. La desaparición de la Unión
Soviética, y el hecho de que el ex bloque soviético ha adoptado abiertamente el
capitalismo, ha desatado aún más a una manada hambrienta de ideólogos burgueses
rabiosos que quiere hacer trizas lo que queda del respeto por el socialismo y
el comunismo en el pensamiento de las masas. Así que es cierto, tenemos que
superar todo eso —los imperialistas y reaccionarios (y los contrincantes más
“liberales” o “progresistas” del comunismo) tienen todo eso a su favor—, pero
lo que no está a su favor es la realidad de lo que el sistema
capitalista-imperialista (y otros sistemas y relaciones sociales anticuados e
ideas afines) en realidad hace y en realidad significa para las masas populares
y, por otro lado, la realidad de lo que el comunismo representa realmente y lo
que en realidad ha sido la experiencia —principalmente muy positiva— del
movimiento comunista y de los países socialistas dirigidos por comunistas. En
realidad, existe —a veces se expresa abiertamente, con frecuencia no está muy
debajo de la superficie o a veces está muy debajo de la superficie pero todavía
vivo— el gran potencial de atraer a la gente a la revolución y el comunismo, y
de reclutarla al partido y construir continuamente el partido en el sentido
cuantitativo.
Al mismo
tiempo, existe la necesidad de seguir construyendo el partido cualitativamente,
de seguir transformándolo para fortalecer su carácter revolucionario y
comunista—ideológica y políticamente y en lo organizativo. Pero es importante
recalcar que hay que hacer eso en el contexto —y con el propósito fundamental—
de transformar el mundo objetivo en general. En ese contexto tenemos que seguir
impulsando la lucha para seguir revolucionando el partido mismo, y tenemos que
llevar a la gente para que dé el salto y se incorpore al partido en ese
contexto y con ese objetivo fundamental.
De todas
estas maneras, aun en la atención sistemática que demos a la construcción del
partido, tanto cuantitativa como cualitativamente, nuestra orientación y
propósito tienen que ser hacer de la revolución y el comunismo —hacer de la
orientación y el reto de ser emancipadores de la humanidad— un polo de
atracción cada vez más poderoso: para las masas básicas, para la juventud de
las masas básicas y la juventud en general, y para otras capas de la sociedad.
Vencer los obstáculos y limitaciones,
“movilizar a todos los factores positivos”
Hay algo
muy importante que podemos aprender de la experiencia con relación al huracán
Katrina en 2005, y en particular de nuestro balance sobre las limitaciones y
deficiencias de nuestro partido con relación a eso. Me refiero no solo a
nuestras limitaciones en cuanto a nuestra fuerza organizada y la cantidad de
militantes, y así sucesivamente, sino también en cuanto a las ocasiones en las
que no tomamos la iniciativa cuando podíamos hacerlo, en las que cedimos ante
las dificultades de la situación, por ejemplo la fuerza represiva del estado,
cuando existía una base para oponerle resistencia, junto con las masas, y
transformar la necesidad por medio de la lucha. Debemos regresar a nuestro
balance de esto25 , estudiarlo profundamente y sacar las lecciones en detalle,
para hacerlo mejor en el futuro, especialmente en las muchas ocasiones en las
que importantes sucesos estallarán de repente, muchas veces al parecer “de la
nada”.
¿Quiénes
predijeron, o podían predecir, todo lo que pasó con el huracán Katrina? Bueno,
por supuesto, después de cierto punto los meteorólogos predijeron que habría un
gran huracán en esa zona en ese momento. Pero, irónicamente, el huracán llegó y
se fue —y muchos creían, por un momento, que ya había pasado lo peor—, y luego
los diques se rompieron. ¿Quiénes predijeron eso? Bueno, una vez más, se trata
de accidente y causalidad. Los diques se rompieron por ciertas razones, y
parece que algunas personas en posiciones de autoridad tenían por qué creer que
podrían romperse. ¿Pero quiénes hubieran podido predecir, o predijeron, todo lo
que esto provocó? Esto resalta una vez más lo importante que es no proceder a
partir de un “realismo determinista”26 al tratar la realidad y la posibilidad
del cambio radical.
Lo que
hubiera podido hacer una vanguardia comunista organizada en tal situación es
mucho más de lo que se hizo. Bueno, las consecuencias de que la vanguardia
actuara enteramente conforme a sus responsabilidades como vanguardia, y todo lo
que se hubiera podido producir como resultado de eso —lo que a veces
describimos como la dinámica de revolución/contrarrevolución/más revolución—
hubiera sido tremendo, en el sentido de ser muy intenso. Pero si pensamos que
vamos a ir desde aquí hasta allá (de las circunstancias actuales a una
situación en la que todo el rumbo de la sociedad “está en juego”) sin esa clase
de dinámica, repetidas veces a lo largo del proceso —y de una manera muy
ampliada cuando, por fin, surjan una situación revolucionaria y un pueblo revolucionario
de millones—, pues nos estamos haciendo ilusiones y debemos olvidarlo todo—lo
que, por supuesto, no vamos a hacer.
Una vez
más, sugiero seriamente que estudiemos el balance de la experiencia con
relación al huracán Katrina en el 2005, desde la perspectiva de aprender a
hacerlo mejor. Muchas cosas que se parecen a esa experiencia —en particular en
el sentido de que encarnan estallidos repentinos de cambios dramáticos— se van
a presentar desde diferentes direcciones. En algunos casos, las podremos ver
con un poco de anticipación, por lo menos los contornos o la posibilidad de lo
que viene; en otras situaciones, ni eso será posible hasta que el suceso
tumultuoso “esté encima de nosotros” repentinamente. Esto es cuestión de
orientación fundamental y es crucial en cuanto a nuestro trabajo y objetivos
globales, pero también específicamente en cuanto a permitir que las masas —unirnos
a esas masas y dirigirlas— participen en la labor revolucionaria significativa
incluso cuando no se haya desarrollado una situación revolucionaria, para
contribuir a lograr la meta revolucionaria y hacer el avance —en cuanto sea
posible, en todo momento, y tan rápidamente como sea posible— hacia la
situación en la que haya un pueblo revolucionario de millones y la posibilidad
objetiva de la revolución se presente en un contexto inmediato.
Junto con
eso, necesitamos aplicar y centrarnos en la orientación de, como lo dijo Mao,
“movilizar a todos los factores positivos”. Todas estas contradicciones en el
seno del pueblo, por ejemplo, aun cuando principalmente tienen una expresión
negativa, no solo son algo negativo —tienen un lado positivo, por lo menos
potencialmente—, existe el potencial de transformarlas en algo positivo. Bueno,
para que quede claro, esto no quiere decir que son positivas ahora y todo lo
que hay que hacer es “hacer resaltar lo positivo”. No, hay que arrancar lo
positivo de lo que es ahora, principal y esencialmente, negativo—hay que
transformar algo malo en algo bueno.
Otra vez,
un ejemplo marcado de esto son las contradicciones entre los negros y los
latinos, que se están agudizando hoy. Ahora mismo, en su aspecto principal y
abrumador, esto es muy negativo, pero existe el potencial de transformarlo en
algo positivo si “labramos” correctamente —o, mejor dicho, si luchamos por
resolver —esta contradicción, de hacer saltar a primera plana lo que es
positivo en esta situación, o sea, la unidad de los intereses fundamentales de
estas masas de diferentes nacionalidades, junto con la realidad de que —aunque
en lo inmediato tiene una expresión negativa, en lo general— existe un aspecto
positivo, y un potencial positivo, en el hecho de que las masas se están
despertando a la vida política y lidiando con grandes temas y sucesos sociales.
El reto es hacer saltar los elementos positivos, que radican en esto, y
transformar la situación haciendo hincapié en sus intereses comunes
fundamentales, y atraer a cada vez más gente a reconocerlos. Y esto requiere
permitirles ver que la manera en que la situación los afecta —como la manera en
que, ahora mismo, los empuja e impele hacia estar en conflicto el uno con el
otro— tiene sus orígenes en el sistema capitalista-imperialista y es parte de
su funcionamiento esencial. Esta es la manera en que tenemos que abordar todas
las contradicciones ante nosotros. Existen factores positivos potenciales, aun
si no se expresan en lo inmediato, en todas las contradicciones sociales ante
nosotros; y tenemos que aprender a identificarlos y hacerlos saltar, para que
estos los “coman” a los negativos. Por otro lado, es crucial captar —y permitir
que cada vez más masas capten— que, mientras se puede lograr avances en la
transformación de estas contradicciones (en la transformación de los aspectos
malos en aspectos buenos), en el contexto de oponer resistencia a las muchas
infamias e injusticias del sistema, no se puede lograr eso enteramente —la
unidad fundamental de las masas en torno a sus intereses más elevados no se
puede lograr en un sentido cualitativo, y de una manera continua y que se sigue
desarrollando— hasta que hagamos la revolución, tumbemos el gobierno del
capital y establezcamos el gobierno del proletariado y de las masas populares.
He aquí otra expresión del principio de la dictadura del proletariado27. Pero
el punto —la concepción dialéctica materialista de esto— es que podemos, y
debemos, forjar poderosos elementos del futuro —como la unidad de las masas en
la lucha, cada vez más motivadas y guiadas por una concepción comunista
científica de donde radican sus intereses comunes y más altos— como parte de
construir, y para construir, el movimiento revolucionario hacia la meta de
abolir la dictadura de la burguesía y establecer la dictadura del proletariado.
Este año,
por ejemplo, el Día Nacional de Protesta para Parar la Brutalidad Policial, la
Represión y la Criminalización de Una Generación, el 22 de octubre28, es
importante porque sigue siendo una concentración importante de las
contradicciones sociales y, además, porque es un vehículo importante para
transformar, en una dirección positiva, las contradicciones en el seno del
pueblo, entre ellas la contradicción entre los negros y los latinos, por medio
de destacar su opresión común y sus intereses comunes.
He
seguido los informes, en la prensa burguesa pero también en Revolución, sobre
lo que pasó el Primero de Mayo en Los Ángeles. Es cierto que muchas masas
negras tenían una actitud atrasada hacia la manifestación en pro de los
derechos de los migrantes ese día. Y muchos migrantes estaban metidos en una
orientación muy reformista y “asimilacionista”. Pero, en un sentido, y aunque
fue una lección dolorosa, la burguesía les hizo un favor a las masas cuando
demostró su auténtica naturaleza con un ataque brutal y sin provocación contra
la manifestación. En este momento grandes cantidades de estas masas inmigrantes
buscan que los acepten, y hacen todo lo posible para demostrar qué tan
respetables y trabajadoras que son, pero la clase dominante desencadenó a sus perros
a atacarlas. Y muchas de estas masas inmigrantes, especial pero no únicamente
las que fueron blanco del ataque, empezaron a captar un poco más la situación
en la que se encuentran aquí, y que el funcionamiento del sistema y los que
detentan el poder no van a permitir que sean parte del sistema partiendo de la
base de la dignidad e igualdad. Y muchas de las masas negras dijeron: “Oh, lo
entiendo, a esa gente no le gustan tampoco. Estas son las mismas fechorías que
nos hacen a nosotros todo el tiempo”. Bueno, todo esto es espontáneo, pero es
la materia prima, por así decirlo, con la que tenemos que trabajar, y podemos
trabajar, para reconfigurar y transformar la situación de una manera más
positiva.
Y, en un
sentido general, también tenemos que captar y aplicar continuamente una
concepción de la relación dialéctica —la “sinergia positiva” potencial— entre
“dos cosas que hay que maximizar”, es decir, maximizar el desarrollo de una
atmósfera politizada y un movimiento revolucionario, con un núcleo comunista,
en las masas básicas, y hacer esencialmente lo mismo en las capas medias.
Realmente solo desde el punto de vista comunista se puede ver el potencial de
una dialéctica positiva aquí. Muchas capas populares, por su cuenta y
espontáneamente —con su punto de vista espontáneo y la manera en que lo
influencian en gran medida las ideas dominantes, y la prensa y los otros medios
de moldear la opinión pública—, no ven cómo estas cosas distintas pueden ser, o
cómo es posible transformarlas en, factores positivos y favorables. No captan
espontáneamente el significado de las cosas que les ocurren a las diferentes
capas, cómo todo esto cuadra con el recuadro general, y cómo hacer que todo
esto contribuya a algo positivo, aunque en gran parte va en direcciones
contrarias.
En
“Forjar otro camino”29, hablé de que tenemos que desarrollar cada vez más
nuestra capacidad de manejar correctamente las contradicciones entre, por un
lado, luchar con la gente a abandonar sus falsas ilusiones burguesas
democráticas y, por el otro, unirnos con ella en muchas luchas en las que en
general proceden de esas falsas ilusiones burguesas democráticas. Esto es, en
un sentido, paralelo a —o implica los mismos principios que— manejar
correctamente los “dos máximos”, e iniciar una dialéctica positiva de esa
manera, por medio de mucha lucha.
Desde
nuestra perspectiva comunista y con nuestros métodos comunistas, y por medio de
aplicar esta ciencia, podemos ver cómo en realidad se puede movilizar y reunir
muchas cosas que no alcanzan nuestro objetivo —y que espontáneamente no parecen
de ningún beneficio inmediato a diferentes sectores de las masas o al objetivo
revolucionario en general— para ser parte de todo el proceso que conduce a
donde tenemos que ir. Y nos toca a nosotros hacer que esto —los lazos entre
estas cosas distintas, las maneras en que tienen importantes elementos en común
y las raíces que tienen en el mismo sistema— tenga vigencia para las masas
básicas como también para otras capas sociales.
Esta es
otra expresión de “movilizar a todos los factores positivos”, pero en su
aplicación particular a la interrelación entre los factores que afectan más
directamente las capas distintas, cómo se puede unir a todo esto hacia nuestros
objetivos revolucionarios estratégicos, y cómo se puede luchar por realizar y
promover la dialéctica positiva necesaria (o “sinergia”) en el curso de avanzar
hacia esos objetivos y como parte crucial de esto.
El parasitismo aumentado y los “dos sectores
anticuados”
Quiero
volver brevemente al problema del parasitismo aumentado de la sociedad
estadounidense, que es una consecuencia de la posición y el papel del
imperialismo estadounidense en el mundo, y a la dinámica, o dialéctica, de los
“dos sectores históricamente anticuados”30 . Cuanto más el imperialismo
estadounidense persiste en la campaña por un imperio indiscutible y apunta su
fuego contra las fuerzas fundamentalistas islámicas —y cuanto más falta una
erupción de oposición política masiva en Estados Unidos a esa campaña—, tanto
más eso, a su vez, fortalece la tendencia fundamentalista islámica. Al mismo
tiempo, cuanto más toda esa dinámica —en la que los “dos sectores
históricamente anticuados” (el imperialismo y el yijadismo fundamentalista
islámico) se refuerzan mutuamente, aunque al mismo tiempo se oponen— continúa y
se fortalece, tanto más difícil será forjar otro camino: salirse de esa
dinámica mortífera actual e impulsar y movilizar en torno a un polo positivo,
opuesto a ambos “sectores anticuados”; movilizar a las masas populares de ambos
lados de esa “gran línea divisoria” del mundo—entre los países imperialistas,
sobre todo Estados Unidos, por un lado, y los países oprimidos del tercer
mundo, con miles de millones de masas que viven en la pobreza y desesperación,
por el otro.
Relacionado
con esto, tenemos que luchar simultáneamente contra dos tendencias que
representan (en palabras de Engels) “los polos opuestos de una misma
mediocridad”. Por un lado, hay una línea —que tiene adeptos entre unas fuerzas
“izquierdistas” de Estados Unidos y otras partes— que apoya a los
fundamentalistas islámicos simplemente porque en cierta medida se oponen al
imperialismo, y al imperialismo estadounidense en particular, sin examinar y
sin siquiera preocuparse mucho del contenido de esa oposición y adónde llevarán
la ideología y el programa del fundamentalismo islámico—los horrores que
realmente representan. Esto destaca lo importante que es la polémica de Sunsara
Taylor que publicó Revolución31 hace poco—una polémica contra la Organización
Socialista Internacional y su oposición al análisis de los “dos sectores
anticuados”, así como contra su línea economicista (y ridícula) de que la gente
trabajadora de Estados Unidos no se beneficia del imperialismo—a lo cual tal
vez la respuesta más significativa es, simplemente: “¿¡En qué mundo viven,
carajo?!”.
Esa es
una polémica importante, pero seguirá siendo necesario responder —diseccionar y
refutar— este tipo de argumento (de la OSI y otros). En última instancia,
representa una orientación derrotista hacia la posibilidad de oponerse al
imperialismo por medio de movilizar a las masas sobre bases revolucionarias, y
de limitar o relegar la lucha a la contienda entre estas dos fuerzas
reaccionarias y anticuadas; viene a ser, o conduce a ser, animadores de uno u
otro lado (y en el caso de los que tienen pretensiones “antiimperialistas”, a
hacerlo en pro de quienes, como los yijadistas fundamentalistas islámicos,
hasta cierto punto se oponen al imperialismo estadounidense, pero, repito, que
lo hacen desde una posición reaccionaria e “históricamente anticuada”, tanto
política como ideológicamente). Es una cosa cuando en el pasado, la posición y
el papel de ciertas personas vino a ser, o se limitó, a simplemente jugar el
papel de animadores de las fuerzas que luchaban contra el imperialismo
estadounidense, pero esas fuerzas libraban lo que se podía considerar
legítimamente una lucha revolucionaria (por ejemplo, la guerra popular de
resistencia del pueblo vietnamita contra Estados Unidos). Pero es algo muy
diferente si uno se vuelve animador de fuerzas cabalmente reaccionarias, con
todos los horrores que ya han cometido y que cometerían en una escala mucho
mayor si pudieran hacerlo.
Por otro
lado, “el polo opuesto de una misma mediocridad” es la línea que, al fin y al
cabo, Estados Unidos es mejor que los fundamentalistas islámicos—porque, según
ese argumento, Estados Unidos es una democracia, a pesar de sus defectos.
Además se dice que, después de todo, Estados Unidos es un país laico, aunque
muchos admiten que hoy las fuerzas fundamentalistas cristianas en el país
representan un reto serio a esto. Hace poco Revolución recibió una carta de un
preso que defiende ese punto de vista convincentemente: a lo mínimo debemos
apoyar la democracia en oposición a las fuerzas feudales u otros reaccionarios,
como los fundamentalistas islámicos, que ni siquiera son democráticos; y
debemos apoyar la difusión de la democracia, incluso si y donde ocurre por
medio de la fuerza militar estadounidense. Por ejemplo, la carta dice que
debemos apoyar la intervención de Estados Unidos en Darfur, porque eso sería
mejor para la población ahí. Pero, en realidad, en un sentido fundamental, una
incursión militar estadounidense —por no decir nada de una invasión y ocupación
de envergadura, como ocurrió en Irak, o incluso como se ha dado en Afganistán—
empeoraría la situación para las masas populares, con el tiempo, no solo en
Darfur sino en el mundo entero. Fortalecería al imperialismo estadounidense y
su capacidad de seguir imponiendo horrores a miles de millones de personas por
todo el mundo—por medios militares y también por el “funcionamiento normal” de
la explotación económica y opresión social del imperialismo, y las estructuras
políticas con que las imponen. Pero para captar eso se necesita un punto de
vista y un método científicos.
Más allá
de la llamada “izquierda”, la línea de tomar partido con el “sector anticuado”
imperialista tiene muchos más adeptos. Me refiero a gente que por lo general es
“progresista” pero que no pertenece a ningún grupo de la “izquierda”
organizado, así como en la sociedad en general. Y, por supuesto, la defienden
ciertas personas que tienen una postura de ser partidarios de la ilustración y
del pensamiento racional: a veces lo hace de una manera burda y muy agresiva
gente como Christopher Hitchens, pero también lo hacen personas que tal vez
son, o en cierto sentido parecen ser, más perspicaces y matizadas en su enfoque
(por ejemplo, Sam Harris). Tanto Harris como Hitchens polemizan contra la
religión en general, pero terminan diciendo que el fundamentalismo islámico es
peor que el fundamentalismo cristiano—y en efecto ignoran, o tapan, el
auténtico peligro que representa el fascismo cristiano32 .
Estas son
posiciones que vamos a tener que seguir abordando y refutando, y al hacerlo
será muy importante presentar claramente la síntesis correcta en oposición a
ambos “polos de mediocridad”. Es crucial captar a fondo el hecho de que apoyar
a uno u otro de esos “dos sectores históricamente anticuados” (los sectores
históricamente anticuados de la humanidad colonizada y oprimida, y los sectores
dominantes históricamente anticuados del sistema imperialista) acabará
fortaleciendo a los dos—y fortaleciendo toda la dinámica en la que se refuerzan
mutuamente al mismo tiempo que se oponen. Es sumamente importante captar a
fondo, y permitir que cada vez más gente capte, esta dinámica—lo cual también
permite entender por qué no sería bueno que Estados Unidos interviniera en
Darfur u otros lugares.
Pero
también es importante tener muy claro —y esto es algo que recalqué también en
“Forjar otro camino”— que entre estos “dos sectores históricamente anticuados”,
son los sectores dominantes históricamente anticuados del sistema imperialista,
y el imperialismo estadounidense en particular, que por mucho ha hecho y está
haciendo el mayor daño en el mundo y representa el mayor obstáculo al avance de
la humanidad hacia un mundo radicalmente diferente y mucho mejor. Además de ser
una verdad general, esto se plantea muy marcadamente hoy mismo. Así que ahora
quisiera centrarme en este sector históricamente anticuado: el sistema
imperialista, y el imperialismo estadounidense en particular.
Parasitismo,
infantilismo, satisfacción instantánea y falta de moderación
Como un
aspecto de esto, vale la pena reconfigurar y reconstruir algo del análisis del
libro Consumed (Consumidos), de Benjamin R. Barber, el autor de la formulación
“jihad vs. McMundo” (el título de un libro suyo). Aunque el punto de vista de
Barber se limita al marco del capitalismo —y dice que no hay alternativa
verdadera (ni deseable) al capitalismo, de una forma u otra— Consumed tiene, de
todos modos, perspectivas importantes que hacen pensar. Como Barber dice, en
esta etapa el capitalismo se encuentra ante la contradicción de que:
“La
mayoría global todavía tiene necesidades naturales amplias y auténticas... Pero
no cuenta con los medios para abordarlas, ya que está apartada por las
disparidades del mercado global (‘la línea divisoria norte/sur’) de la
inversión en capital y empleos que le permitiría ser consumidor. Eso es cierto
no solo para el tercer mundo global, sino también para el creciente tercer
mundo que existe en el primer mundo, los pobres que viven entre los ricos,
expuestos a las tentaciones del mercado de consumidores pero sin los medios
para participar en él...
“En esta
época nueva, en la cual los necesitados carecen de ingresos y los platudos
carecen de necesidades, la desigualdad radical simplemente se da por sentado”.
(Consumed, pp. 9, 10)
Y un poco
más adelante dice:
“El
capitalismo está en crisis en ambos lados de la frontera norte/sur. En el
norte, en una dinámica que describe de manera convincente William Greider,
demasiados productos no rentables persiguen a muy pocos consumidores, a
demasiados de los cuales hay que azuzarlos, empujarlos y engatusarlos para que
consuman; mientras que en el sur, demasiadas necesidades urgentes pero no
rentables persiguen al muy poco capital que existe y que está en manos de
dueños desinteresados en quienes no tienen ingreso discrecional—por ejemplo,
los habitantes pobres, crónicamente enfermos y profundamente necesitados de la
África subsahariana”. (Consumed, p. 45. La paráfrasis que hace Barber de
William Greider se refiere al libro de Greider One World, Ready or Not: The
Manic Logic of Global Capitalism, Nueva York: Simon & Schuster, 1997)
El
capitalismo, dice Barber, ahora tiene que crear necesidades artificiales entre
quienes tienen ingreso disponible, y recurrir a la publicidad en gran escala y
a la extensión muy elástica del crédito.
El
análisis de Barber omite o tergiversa mucho, incluso mucho que es fundamental,
como todo el fenómeno histórico de la “acumulación primitiva” del capital, de
la que habló Marx con agudeza e ironía punzante33 — tanto como la naturaleza y
el funcionamiento del capitalismo ahora en su etapa imperialista. Omite toda la
historia de Estados Unidos, por ejemplo: la esclavitud; el uso y la extrema
explotación de la mano de obra de los inmigrantes, oleada tras oleada; la
expansión hacia el oeste por medio del robo a punta de fusil del territorio
mexicano y de los amerindios, la reducción de México a una semicolonia de
Estados Unidos y la conquista y reclusión en reservas de los pueblos indígenas
por medio del genocidio. Y esto se ha extendido (es muy importante captar esto)
a nivel internacional, con el crecimiento del parasitismo en la sociedad
estadounidense, a través de una serie de espirales —durante dos guerras
mundiales, y luego la resolución de la “guerra fría” y la globalización
aumentada que esto desató—, que se combina hoy con la existencia de capas
significativas de la sociedad, en el mismo Estados Unidos, que Barber describe
como “el creciente tercer mundo que existe en el primer mundo”, con millones de
inmigrantes, muchos de los cuales no tienen documentos, en los niveles más
bajos del proletariado, y millones de proletarios y semiproletarios más en los
centros urbanos, especialmente los negros y los latinos con altísimas tasas de
desempleo, que es en gran medida permanente en cuanto a la economía formal y
oficial.
Para
ampliar algo sobre la extensión de esto a través de una serie de espirales,
entre ellos dos guerras mundiales, en el comienzo de la charla “Por qué estamos
en esta situación… y qué hacer al respecto: Un sistema totalmente podrido y la
necesidad de la revolución”34 se dice que no siempre era cierto que, en la
“configuración” de la sociedad estadounidense, ha existido un “centro gordo”,
que abarca los sectores más aburguesados de la clase trabajadora tanto como
nuevas y viejas capas de la pequeña burguesía más clásica. Pero a través de una
y luego otra guerra mundial en la primera mitad del siglo 20, y los avances (en
el marco imperialista) que logró Estados Unidos por medio de esas guerras, la
configuración en Estados Unidos cambió en consecuencia y el parasitismo
aumentó. El proletariado más clásico se disminuyó en términos relativos, y en
términos absolutos, en cuanto al proletariado industrial, y los sectores más
aburguesados de la clase trabajadora y las capas intermedias crecieron a través
de cada uno de esos espirales asociados con las dos guerras mundiales. La
explotación —como la forma más extrema de explotación “fordista”, es decir, la
explotación que requiere mucha mano de obra— no se eliminó del sistema, ni
siquiera en Estados Unidos, pero se hizo mucho más “internacionalizada”: a
nivel internacional, se extendió más amplia y profundamente. Y esto, repito, es
a la vez una expresión del parasitismo aumentado que caracteriza la propia
sociedad estadounidense y algo que ha ido de la mano con él (en el caso de la
clase dominante imperialista, ha sacado enormes ganancias de la explotación de
miles de millones de personas por todo el mundo, en particular del tercer
mundo, y en el caso de la población en general, ha disfrutado de los beneficios
de ella, aunque de forma muy desigual). En cierto sentido, es como el verso del
poema de Yeats (“La segunda venida”) acerca del “círculo que se amplía”. Ha
sido un proceso de espirales en que, en Estados Unidos, la clase trabajadora,
en su forma “clásica”, se ha disminuido y los sectores más “parasitados” han
aumentado, mientras que por otro lado, en una escala mundial, cada vez más
masas se encuentran atrapadas, de una u otra manera, en la red de explotación
capitalista, con el crecimiento de la correspondiente pobreza, miseria y
brutalización. Así que, una vez más, no es que el imperialismo de alguna manera
ha abolido la explotación extremadamente intensa que lleva a la pobreza
extrema; sino que cada vez más la ha “ampliado” y la ha convertido en un
fenómeno cada vez más internacional—y esto está íntimamente relacionado al
parasitismo aumentado y los cambios en la “configuración” (social y de clase)
en Estados Unidos mismo.
Así que,
ahora, el extremo parasitismo de la sociedad estadounidense, y su relación con
el resto del mundo, es algo con que tenemos que tratar—algo con que, por así
decirlo, tenemos que lidiar. Pensaba en una muy buena manera de resumir esto—la
manera en que grandes sectores de la población están apartados del trabajo
físico, y del proceso de la producción, y al mismo tiempo muchos se permiten
participar en el burdo consumo excesivo, hasta de la comida. Y se me ocurrió
que lo que realmente capta esto son las competencias de comer perros calientes.
[Risas] Son competencias de gente de los países imperialistas, hasta de Japón
—¿cómo se llama, Kobayashi? — y la pregunta es: “¿volverá a ganar este año?”.
[Risas] Pero resulta que hay un “gran” giro de los acontecimientos, y “un
estadounidense captura el récord mundial, qué bueno”. Sesenta y dos perros
calientes, en unos cuantos minutos. Piensen en lo grotesco que es este fenómeno. Por un lado
hay personas que se atiborran de perros calientes tan rápidamente como sea
posible, para salir adelante en esta competencia perversa, mientras por otro
lado la gran mayoría de la humanidad lucha simplemente para tener lo suficiente
para comer, y muchos ni siquiera pueden hacerlo en las condiciones de
dominación imperialista y las relaciones de explotación y opresión asociadas
con ella—y sí, el extremo parasitismo en los países imperialistas,
especialmente Estados Unidos.
Comparen
este parasitismo, y los fenómenos que engendra, con lo que capta el subtítulo
de un capítulo del libro de Mike Davis Planeta de ciudades miseria. El
subtítulo es “Vivir en caca”—y no es una metáfora sino una descripción literal
de la situación de enormes cantidades de personas en las barriadas y ciudades
miseria por todo el tercer mundo. Comparen esto con la falta de moderación
despilfarradora de muchos (aunque, por supuesto, de ninguna manera todos) de
los que viven en los países imperialistas.
Y, por
supuesto, al lado de este parasitismo aumentado y, sí, falta de moderación, se
promueve el individualismo extremo en Estados Unidos. Este siempre ha sido un
país marcado por el individualismo pero ha llegado a nuevos extremos—o un nuevo
nivel más bajo. Se ve en los anuncios publicitarios—venden una ideología tanto
como unos productos, hasta en el nivel más sencillo. Examinemos por ejemplo el
anuncio publicitario de un champú: te ayudará de esta u otra manera—y luego el
remate: “Después de todo, yo lo merezco”. La actitud que promueven, una y otra
vez, por estos medios, es el individualismo extremo, el ensimismamiento y la
falta de moderación.
Y al lado
de esto —es uno de los puntos que Barber subraya que tiene cierta validez e
importancia— promueven mucha “infantilización” de la población. Aunque no
queremos ni debemos rebajarnos al nivel anticientífico (y, de hecho,
individualista) de la psicología burguesa, Barber tiene razón cuando dice que
una de las líneas divisorias clave entre niños y adultos es la capacidad de
diferir la satisfacción inmediata; y que, si quieren vender una amplia gama de
productos, una de las mejores maneras de hacerlo es impedir o dar marcha atrás
al salto que representa adquirir la capacidad de diferir la
satisfacción—infantilizar a la gente hasta tal punto que se dedica a la
búsqueda constante de cada vez más satisfacción inmediata. Por supuesto, hasta
en un país imperialista depredador como Estados Unidos, esto no se puede
realizar sin una extensión sin precedentes del crédito; y en este país enormes
cantidades de personas llevan un tren de vida que no se pueden costear.
Muchas
veces esto llega a extremos ridículos. En su libro Maxed Out (Endeudado al
máximo), James D. Scurlock dice que tanto más deuda uno tiene, más crédito le
darán, hasta cierto punto, mientras exprimen una tasa de interés que haría
pasar vergüenza a un usurero. Por ejemplo, las compañías de tarjetas de crédito
cobran una tasa de interés increíble. Pero, como dice Barber, por otro lado,
dirigen sus anuncios publicitarios diseñados para adultos a los niños para que
exijan cada vez más bienes de consumo (una variedad de juguetes, etc.),
mientras buscan prolongar la infantilización de los adultos para que sigan
adictos a la satisfacción instantánea. Así que la mentalidad de “yo quiero”,
“yo necesito”, se reafirma continuamente. Aunque esta no es la dinámica
fundamental, esto contiene parte de la verdad y tiene cierta importancia
captarlo en sus expresiones y consecuencias sociales e ideológicas.
Todo esto
es otra parte del terreno político e ideológico, por así decirlo, ante
nosotros—con que tenemos que lidiar y que tenemos que transformar.
Un
elemento clave de esto —otra dimensión de la manera en que los imperialistas
enfocan el mundo— es que no solo crearon sino que mantienen pertinazmente las
fuerzas armadas voluntarias. Mientras instan al resto de la sociedad a meterse
en actividades como “expediciones patrióticas a las tiendas”, existe una
institución, que por lo general atrae a sus miembros de las capas inferiores de
la sociedad, cuya tarea es librar las guerras de que todo esto depende a fin de
cuentas. Y se han esforzado conscientemente para mantener al resto de la
sociedad protegida y aislada de eso. Mucha gente ha hecho comentarios sobre
esto, y aunque no debemos exagerarlo y abordarlo unilateralmente, una
observación que han hecho algunas personas contiene algo de la verdad: si vuelven
a instituir la conscripción, la actitud de mucha gente cambiará en gran medida
y muy rápidamente. Piensen en cuánta gente hoy dice: “Bueno, no me gusta lo que
está pasando, pero ¿qué se puede hacer?” o “Fui a las protestas al comienzo de
la guerra de Irak, pero no lograron nada, así que ahora simplemente voy a
vivir”. Esto cambiará en gran medida —no debemos exagerar esto, pero es cierto
que esto cambiará en gran medida— si la conscripción militar pende sobre muchos
jóvenes (y sus familias). Y sería muy interesante ver si pendería sobre muchas
jóvenes también, además de los jóvenes, en este momento. En el pasado, la
conscripción fue un fenómeno solo para los hombres, pero sería muy interesante
ver si lo podrían hacer ahora, y cuáles contradicciones se agudizarían, según
lo que hagan (si aplican la conscripción tanto a las mujeres como a los
hombres, o solo a los hombres).
Así que,
además de las otras razones, esta es otra dimensión de por qué el gobierno de
Bush en particular, y la clase dominante en general, se aferran tenazmente a
las fuerzas armadas voluntarias. Es parte de todo un enfoque estratégico de
tener una fuerza militar de alta tecnología, con tropas un poco más calificadas
que en el pasado para usar esta tecnología, y de que este componente altamente
tecnológico compensará (o será sustituto para) las grandes cantidades de
soldados que tenían que reclutar en el pasado. Esto no es simplemente un
enfoque militar. Es esto, pero también tiene una dimensión política de calcular
muy conscientemente las consecuencias e implicaciones sociales de apartarse de
una fuerza militar voluntaria y todo el sistema en que, por un lado, atrae a
una pequeña parte de la sociedad a esta institución —que tiene valores y
actitudes muy diferentes y una organización totalmente diferente del resto de
la sociedad, para ser el brazo militar de este sistema— mientras el resto de la
sociedad rebosa de individualismo extremo y hasta de infantilismo.
No todos,
pero demasiados estadounidenses —especialmente los de las capas medias, aunque
no solo ellos— en verdad han caído en ser infantiles, y se dejan distraer
fácilmente por los juguetes. “¡Aquí a medianoche llegará el nuevo teléfono
iPhone!”. Harán cola, y se pelearán entre sí para hacerlo, para comprar el
nuevo iPhone, pero no pueden movilizarse contra la tortura y las guerras y todo
lo demás que está haciendo su gobierno, en su nombre y ante sus propios
ojos—realmente todo eso ni siquiera se esconde.
Bueno, es
cierto que, especialmente en el período que precedió la invasión estadounidense
de Irak, grandes cantidades de personas se movilizaron en oposición a esto y a
la dirección en general en que estaba encaminado el gobierno de Bush. Y ha
habido protestas, por supuesto, hasta protestas importantes, desde esa fecha.
Pero la verdad es que, mientras que el gobierno de Bush ha dejado en claro que,
a pesar de las grandes dificultades con que se ha tropezado en Irak, está
resuelto a perseverar en el mismo curso, y hasta amenaza con intensificarlo,
con un ataque a Irán —y los demócratas y la clase dominante en general han
dejado en claro que aceptan todo esto, o por lo menos que no harán nada
importante en oposición—, mientras que mucha gente sabe que esto está mal, que
ha llevado a consecuencias horrorosas y que tiene el potencial de algo aun
peor, una cantidad demasiada grande de esta gente se ha refugiado en la
pasividad —y en lo que viene a ser la complicidad— con el pretexto de que
tratar de parar esto parece ser una tarea de muy enormes proporciones y
requiere demasiado sacrificio.
Moralmente
esto es el equivalente de encontrarse con un hombre que golpea y viola a una
mujer y no hacer todo lo posible para pararlo. Se puede gritarle “¡Basta ya!”.
Pero luego, cuando se da la vuelta de manera amenazadora y responde “No, esto
realmente tengo que hacerlo”, simplemente se va con el rabo entre las piernas y
dice entre dientes, “Bueno, no sabía que estaba tan resuelto a hacer esto—y no
quiero que me haga daño a mí”.
Y esta
complicidad sucede mientras, como pone de manifiesto tan gráficamente el
logotipo de El Mundo no Puede Esperar, el mundo está en llamas y se avecina
amenazadoramente la posibilidad de una situación mucho peor.
Como
señalé en la charla “Por qué estamos en esta situación… y qué hacer al
respecto: Un sistema totalmente podrido y la necesidad de la revolución”, este
es todo un estilo de vida, y fundamentalmente todo un sistema, que requiere y
provoca la guerra, de varios tipos. Si piensan en esto detalladamente, se puede
ver por qué no se lo puede mantener sin librar la guerra continuamente de una u
otra forma—directamente o por medio de sustitutos. Es todo un sistema, con el
parasitismo extremo, que no se puede mantener de otra manera.
Como
también he recalcado (en esta charla y otras obras), ese parasitismo va de la
mano con la deuda en una escala enorme, y realmente no es posible sin ella
—tanto la deuda personal de grandes capas de la población como la enorme deuda
gubernamental—, con interconexiones entre estas dimensiones de la deuda y
repercusiones, potencialmente mucho mayores, a nivel internacional tanto como
en el país. Kevin Phillips habla de esto en el libro American Theocracy
(Teocracia estadounidense); y James Scurlock, en Maxed Out (Endeudado al
máximo), examina unos aspectos de esto también, como sus efectos en amplios
sectores de la clase media. En un sentido la “infantilización” —“déjenme ser un
niño y jugar con mis regalitos ”— se convierte en su contrario para muchísima
gente. Tras romperse la burbuja de las compañías “punto.com”, el nuevo problema
ha sido el mercado de viviendas, que inflaron con muchos préstamos que
atrajeron a los que en realidad no tenían con que comprar las casas que les
vendían —préstamos con solo pago de interés, hipotecas de tasa ajustable (o
préstamos subprima), y así sucesivamente—, y de repente había que pagarlos.
Esta burbuja se está rompiendo de muchas maneras, también, y esto afecta a
mucha gente muy ampliamente —de la clase media y los sectores más empobrecidos—
y tiene repercusiones en la economía de Estados Unidos y del mundo, en general.
Hoy las
presiones de todo esto se están agudizando y tienen el potencial de exagerarse
más. Por ejemplo, piensen otra vez en las muchas presiones que están pasando
las fuerzas armadas voluntarias como consecuencia de lo que, para la clase
dominante, ha vuelto la debacle en Irak. Piensen en el potencial de las
presiones mucho mayores que pasarán a consecuencia de los planes imperialistas
de los que Irak es una parte. Y piensen en las consecuencias potenciales de
todo esto en el fenómeno del parasitismo, si no logran mantener la estabilidad
con las fuerzas armadas voluntarias.
Si
examinamos y pensamos en todo esto en relación con este fenómeno del
parasitismo aumentado, y todo lo que va de la mano con él, podemos captar otra
dimensión más de lo importante que es para la clase dominante promover el
fascismo cristiano y por qué un sector poderoso de la clase dominante apoya a
las fuerzas fascistas cristianas que desempeñan un papel tan prominente en la
sociedad estadounidense hoy. Esto es muy importante—como una fuerza de cohesión
en general, y en particular como núcleo duro de apoyo al sistema imperialista y
todo el curso en que lo ha encaminado el gobierno de Bush.
Hace
varios años señalamos (en “La verdad sobre la conspiración derechista... y por
qué Clinton y los demócratas no son la respuesta”) que si bien gran parte de
este individualismo extremo, parasitismo aumentado y consumismo incesante causa
auténticos problemas y encarna auténticos obstáculos desde la perspectiva de
nuestros objetivos revolucionarios, también plantea problemas significativos
para la clase dominante, aunque los promueve también. Por varias razones y
motivaciones, una de las cuales sin duda alguna son las manifestaciones
extremas del individualismo, en amplios sectores de la sociedad estadounidense
la idea de sacrificarse por el sistema imperialista no tiene muchos adeptos.
Eso entraña una contradicción aguda—no solo para nosotros, desde nuestra
perspectiva, sino también para los imperialistas, desde la perspectiva y con
relación a su objetivo de establecer un imperio indiscutible e indisputable.
“La verdad sobre la conspiración derechista” tiene citas del Manifiesto
Comunista acerca de que el capitalismo lo ha reducido todo al cruel pago al
contado y ha eliminado el sentimentalismo filisteo y fervor religioso, etc., de
la explotación; pero también dice que existe un sector de la clase dominante
estadounidense hoy que quiere reinvertir en este cruel pago al contado el
sentimentalismo y fervor religioso, porque teme que no puede mantenerlo todo
bajo su control si no lo hace. Vale la pena citar lo que dice “La verdad sobre
la conspiración derechista” extensamente:
“Lo que
Marx escribió hace 150 años en el Manifiesto Comunista acerca de las relaciones
de producción burguesas desenfrenadas viene muy al grano, sobre todo en lo que
se refiere a ciertos sectores de la población estadounidense en el mundo del
capitalismo ‘post-guerra fría’. El siguiente pasaje del Manifiesto es muy
contundente: ‘Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía... ha
desgarrado sin piedad [las relaciones feudales] para no dejar subsistir otro
vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel ‘pago al contado’. Ha
ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y
el sentimentalismo del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo
egoísta. Ha hecho de la dignidad personal un simple valor de cambio... En una
palabra, en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y
políticas, ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y
brutal’. Aquí se encierra una gran ironía: el ‘triunfo’ y el ‘triunfalismo’ del
capitalismo hoy por hoy han producido ciertos efectos y sentimientos que
tienden a socavar la voluntad de sacrificarse por ‘dios y la patria’, es decir,
por los intereses y exigencias de la clase dominante del imperio, dentro del
país y a nivel internacional. Por eso, los ‘conservadores’, principalmente la
derecha cristiana, buscan reavivar e imponer precisamente ‘el sagrado éxtasis
del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del
pequeño burgués’; es decir, resucitar una situación en la cual impere una explotación
mundial más brutal que nunca, pero ‘velada por ilusiones religiosas y
políticas’”. (Bob Avakian, “La verdad sobre la conspiración derechista... y por
qué Clinton y los demócratas no son la respuesta”, Obrero Revolucionario (hoy
Revolución), 17 de octubre de 2004; el Obrero Revolucionario lo publicó en el
otoño de 1998; está en revcom.us)
Esto
destaca lo importante que es para la clase dominante tener un movimiento
fundamentalista religioso —un movimiento fascista cristiano— que dice que
Estados Unidos debe tener, y tiene que tener, una relación especial con “Dios”
y tiene que imponer su “misión ordenada por Dios” al mundo, a punta de fusil (o
por medio de sus fuerzas armadas de alta tecnología). Además, explica (y
“ubica”) la propugnación muy ferviente de parte de un sector de la clase
dominante de esa orientación y ese programa fascista cristianos como una fuerza
de cohesión, en el contexto de la campaña de guerra y represión en que está
encaminado el gobierno de Bush.
De mucha
importancia, existen dos fuerzas e instituciones principales en Estados Unidos
hoy que, en oposición al individualismo desenfrenado que caracteriza a la
sociedad en general, encarnan un polo opuesto. Es decir, existen dos fuerzas e
instituciones principales que representan los intereses de la clase dominante y
encarnan un polo opuesto al individualismo extremo de esa manera—un polo
opuesto de colectivismo reaccionario con una orientación fascista y una
jerarquía extrema. ¿Cuáles son esas dos instituciones? Las iglesias fascistas
cristianas y las fuerzas armadas. He aquí otra base de un fuerte
entrelazamiento de estas dos instituciones y de la gran influencia que ejercen
los fascistas cristianos en particular en los oficiales de las fuerzas armadas
estadounidenses.
Todo esto
es una expresión de las varias dimensiones —y los aspectos contradictorios— de
“vivir en la casa de Tony Soprano”35 (que es otra manera de hablar del
parasitismo y privilegio que existen para sectores grandes de la población que
viven en la potencia imperialista número uno del mundo, la única superpotencia
del mundo). Y esto se relaciona con la necesidad urgente de hacer romper con
esto —de forjar otro camino— y de dar un papel central, como los cimientos de
esto, a los que menos interés tienen en “vivir en la casa de Tony Soprano”,
aunque también es necesario hacer trabajo político (e ideológico) en diferentes
sectores del pueblo, entre los que se encuentran más enredados en este exceso
parasítico, consumismo, individualismo y, sí, infantilismo. En todo momento
tenemos que mirar más allá de la situación inmediata, y ver la perspectiva de
más largo plazo y los motivos y dinámica más profundos.
El lío en Irak, la amenaza de una guerra
contra Irán y los retos que esto plantea
En otras
charlas, como Forjar otro camino, he hablado de que la guerra en Irak ha
resultado ser una debacle para la clase dominante de Estados Unidos. Es
importante que más de una persona que ve la situación desde la perspectiva de
la clase dominante ha dicho que la invasión y ocupación de Irak representa la
peor decisión de política en la historia de este país. ¡Qué declaración! Esto
es lo que ha dicho gente como Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional
de la administración Carter y uno de los principales arquitectos de la política
estadounidense de respaldar a los fundamentalistas islámicos de la mujahadin en
Afganistán en la lucha contra la ocupación soviética de los años 80. Por otro
lado, para ver los hechos tal cual son (yo no lo vi pero me lo contaron),
Brzezinski estaba en el programa de Charlie Rose, con Henry Kissinger y Brent
Scowcroft (ex altos funcionarios de las administraciones de Nixon y Ford, y
Bush primero, respectivamente) y, por lo visto, después de hablar de la debacle
en Irak y decir que una guerra contra Irán sería un desastre, Brzezinski dijo
que si se presentara una situación como la que resultó cuando Irán capturó a
unos soldados de la marina inglesa, casi seguramente Bush tendría que iniciar
una guerra contra Irán—y, dijo Brzezinski, yo lo apoyaría.
Así que
eso debería hacernos ver las cosas tal cual son y aprender de ellas, con
respecto a cómo la clase dominante ve sus intereses, aun en medio de estas
contradicciones sumamente intensas. Pero eso no quiere decir que tenga una
solución fácil. Sin explicar esto en más detalle, solo quiero mencionar lo que
se ha dicho antes y el análisis de nuestro periódico, así como en Forjar otro
camino y otras partes, acerca de lo que esta debacle en Irak representa para la
clase dominante.
Irán: La perspectiva de cambiar el gobierno y
la posibilidad de la guerra
También
tenemos la posibilidad de que se vislumbra una guerra contra Irán. El libro más
reciente de Scott Ritter, Target Irán: The Truth About the White House’s Plans
for Regime Change (Blanco Irán: La verdad sobre los planes de la Casa Blanca
para cambiar el gobierno), es muy interesante. Tiene sus propias
particularidades, y en última instancia refleja el punto de vista de este
sistema y de un sector que se identifica con este sistema. Tiene análisis
particulares con respecto a Israel sobre los cuales no tengo tiempo para
analizar a fondo aquí, pero que son de cierta manera muy llamativos: se puede
ver que empieza a vislumbrarse el espectro de la posición de que Israel quizás
no sea tan buen amigo de Estados Unidos, y específicamente de que podría arrastrar
a Estados Unidos a la guerra contra Irán, que desde el punto de vista de Ritter
sería muy perjudicial para los intereses de Estados Unidos. Ritter incluso casi
dice que quienes exhortan a atacar a Irán, más por lealtad a Israel que a
Estados Unidos, son traidores a Estados Unidos. Eso es algo que se perfila en
este libro. Repito, esto lo dice una persona que se considera un estadounidense
muy patriótico. Sin adentrarme en todo esto aquí, tengo que decir que tiene un
análisis muy interesante de las muchas vueltas y revueltas con respecto a las
inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica en Irán, y de cómo
Estados Unidos y el gobierno de Bush en particular han intentado manipular las
inspecciones (o los resultados) para establecer un pretexto para lanzar una
guerra contra Irán —o en todo caso, para efectuar un “cambio de gobierno” en
Irán, posiblemente a través de la guerra— y de cómo Estados Unidos, en
ocasiones, se ha visto frustrado pero jamás ha abandonado el objetivo esencial
de “cambiar el gobierno”, por uno u otro medio.
Ahora
bien, tampoco debemos caer en el pensamiento estereotípico o lineal. Unas
personas con conocimientos extensos de la dinámica interna de Irán, así como de
Estados Unidos y su papel en el mundo, piensan que un ataque militar
estadounidense contra Irán es una posibilidad, pero que otra posibilidad es que
Estados Unidos trate de trabajar por medio de varias fuerzas de la élite
dominante de Irán —las fuerzas que están dispuestas a tomar un camino más
aceptable a Estados Unidos— para efectuar una especie de cambio de gobierno en
Irán sin tener que recurrir a la guerra. También existe la posibilidad de que
Israel ataque a Irán y que luego unas fuerzas iraníes pro estadounidenses se
presenten como una “alternativa razonable”, desde el punto de vista de Estados
Unidos, para negociar un acuerdo con Estados Unidos para evitar una guerra
mayor.
Lo que
parece claro es que las dos son posibilidades —el cambio de gobierno y la
guerra— y ciertamente no sería nada aconsejable pensar que, como Irak ha sido
una debacle para Estados Unidos, se debe descartar la posibilidad de un ataque
contra Irán por el gobierno de Bush antes de que termine su turno (si es que
termina). Muchos factores operan aquí y no digo que este o aquél análisis es
correcto necesariamente; pero quiero recalcar que no debemos caer en el
pensamiento estereotípico, o “unidireccional”, sino más bien seguir
investigando y analizando la situación científicamente.
De lo que
no cabe duda, sin embargo, es que es una seria contradicción para la clase
dominante estadounidense que Irán, tenga o no armas nucleares, adquiera cada
vez más influencia en el Medio Oriente. Una vez más (como dice Forjar otro
camino), es irónico que Irán adquiera más influencia, en Irak y en la región en
general, aprovechándose del lío que Estados Unidos ha creado en Irak. A veces
da ganas de reírse, sardónicamente, cuando se oye decir en la prensa grande
burgués: “¡Los periodistas de investigación han establecido que las fuerzas
iraníes operan en Irak!”. Pensaba en que se podría hacer una parodia más o
menos así: “¡Los periodistas de investigación han realizado un estudio de más
de un año, han entrevistado a miles de testigos y han examinado pruebas de
muchas fuentes, y han llegado a la conclusión de que las fuerzas
estadounidenses operan en Irak!”. [Risas] Háganme el favor, los imperialistas
estadounidenses han invadido y ocupado a Irak, con una fuerza destructiva
masiva, y ponen a sus voceros a hacer bulla de que han “descubierto” que otro
país tiene unas cuantas fuerzas ahí. (Irán por lo menos “vive en el
vecindario”—y no fue miles de kilómetros para invadir y ocupar a otro país).
Sin
embargo, a pesar de sus mentiras y distorsiones, Irán es un serio problema para
los imperialistas estadounidenses y de ninguna manera han descartado la
posibilidad de la guerra contra Irán. Hace poco el Guardian de Londres informó
que más o menos un mes antes estalló una especie de batalla en el gobierno de
Bush sobre si tener una posición más belicosa o menos belicosa hacia Irán, y
como resultado Bush se inclina a apoyar la posición de Cheney de ser más
belicoso. Pero esta situación encierra varias contradicciones importantes. No
se trata solo de los caprichos o deseos de este o aquél político —ni incluso de
los objetivos y ambiciones de los del gobierno de Bush que están ahora en el
núcleo de la clase dominante de Estados Unidos—, sino de contradicciones más
profundas que operan y que conllevan el potencial de crear un “lío” mucho
mayor—sí, para las masas de Estados Unidos, el Medio Oriente y, en última
instancia, el mundo entero, pero también, estratégicamente, para la clase
dominante imperialista estadounidense.
La pirámide del poder—y la parálisis
Todo esto
establece cierto marco. Hemos hablado de la parálisis en la cumbre de la
pirámide —o específicamente en un lado (el “lado del Partido Demócrata”) de la
pirámide— del poder en Estados Unidos. Pero como materialistas dialécticos, una
cosa que tenemos que reconocer —y que estamos descubriendo en términos muy
vivos— es que esto no conduce inmediatamente a que las masas populares se zafen
y se movilicen en acción política independiente en oposición a lo que su
gobierno —encarnado por hoy en el gobierno de Bush— está haciendo. En gran
medida, a corto plazo esto más bien contribuye a la parálisis de la gente
progresista, especialmente (pero no únicamente) los de la capa intermedia que
miran hacia ese sector de la clase dominante representado en un sentido general
por el Partido Demócrata y se esfuerzan desesperadamente a “cobijarse bajo el
ala” de ese sector de la clase dominante, pero que se encuentran ante la
contradicción —en mayor medida que durante el período de preparativos para la
guerra contra Irak, a fines del 2002 y principios del 2003— de que ese sector
de la clase dominante no quiere hacer lo que ellos quieren que haga. No es que
no lo quiere hacer solo por alguna razón superficial (o subjetiva), sino porque
los líderes del Partido Demócrata reconocen que los intereses que representa —y
fundamentalmente los intereses del sistema al que sirve— no corresponden con
hacer lo que muchos (aun la mayoría) de la población que constituye su “base”
(o que, en todo caso, repetidamente se ve atraído a votar por el Partido
Demócrata) quieren que haga.
Así que
esa tendencia a “cobijarse bajo el ala” de ese sector de la burguesía (que por
lo general representa el Partido Demócrata) se ve frustrada en buena medida.
Pero, repito, a corto plazo eso tiene resultados sumamente contradictorios, en
el pensamiento y en lo que se hace —y no se hace— políticamente. Plantea de
manera muy aguda —y agrega otra dimensión— el reto de la repolarización
política (y aquí estoy hablando de la repolarización en varios niveles—a nivel
de El Mundo no Puede Esperar y sus objetivos y base de unidad, por un lado, así
como más fundamental y estratégicamente de la repolarización para la
revolución).
Continúa la urgente necesidad de la
resistencia política masiva
En esa
situación y en ese marco, quisiera hablar brevemente sobre El Mundo no Puede
Esperar. Primero, es importante examinar científicamente lo que se ha logrado y
no se ha logrado. Lo que no se ha logrado es sumamente obvio: el despliegue
masivo que tiene que surgir en torno a la demanda de ¡sacar al gobierno de
Bush! y rechazar todo su programa. En los últimos dos años, El Mundo no Puede
Esperar ha tratado varias veces de dar lugar a este despliegue de oposición y
resistencia política —sus acciones han alcanzado centenares de miles de
personas y ha movilizado a muchos miles, en manifestaciones relativamente
grandes y más pequeñas en ciudades por todo el país—, pero desafortunadamente
ni siquiera se ha acercado al nivel masivo que se requiere. No digo —y no creo
que sea cierto— que El Mundo no Puede Esperar se equivocó cuando convocó y se
comprometió a movilizar este gran despliegue popular, y cuando pintó, como lo
hace tan poderosamente su “convocatoria”36 , una visión de cómo sería y qué
significaría tener tal despliegue popular. Pero la realidad es que esto no ha
surgido—debido a las razones que he mencionado en esta charla (y que hemos
examinado en otros lugares) relacionadas con la situación objetiva ante la cual
se encuentran y cómo la ven y cómo responden a ella (o no responden de la
manera urgente que se necesita). Así que sigue siendo un reto —para nuestro
partido; para otros, de diferentes puntos de vista, que trabajan con El Mundo
no Puede Esperar; y para quienes en general se sienten compelidos a oponerse
enérgicamente a los horrores que comete su gobierno— a suscitar la resistencia
política masiva que se necesita con tanta urgencia, y luchar por resolver los
problemas políticos e ideológicos, y desarrollar los medios y las formas
concretos, para plasmar esto en la realidad.
Por otro
lado, aunque eso sea, desafortunadamente, una parte secundaria de la situación
en este momento, es importante reconocer que algunas cosas han pasado a
consecuencia de la presencia de El Mundo no Puede Esperar en el terreno
político. Se lo puede ver al plantear la pregunta: ¿cómo sería el terreno
político sin la presencia de El Mundo no Puede Esperar durante los últimos dos
años? ¿Se hubiera planteado el problema de la oposición masiva a los crímenes
del gobierno de Bush —que capta tan poderosamente el comienzo de la
“convocatoria” de El Mundo no Puede Esperar
(las acusaciones de “tu gobierno”) y que se han amontonado, y que se han
destacado aún más, desde que se escribió esa “convocatoria”— a un nivel que se acerca
a lo que vemos hoy, sin El Mundo no Puede Esperar (por limitado que todavía es
ese nivel, con relación a lo que tiene que pasar)? Creo que no cabe duda de que
la respuesta es no. ¿Se hubiera planteado el problema de sacar al gobierno de
Bush, ya sea por medio de un juicio de destitución u otro medio político
—impelido por la oposición y resistencia política independiente de las masas—,
en la medida que se ha planteado, sin El Mundo no Puede Esperar? Una vez más,
creo que no cabe duda de que la respuesta es no. No digo esto para pasar por
alto el papel y el efecto que han tenido otras fuerzas políticas, o para que
nosotros y otros no nos desanimemos porque no alcanzamos nuestro objetivo. Es
parte de hacer un análisis y evaluación científicos—está relacionado
dialécticamente con reconocer lo que han sido las deficiencias y captar cada
vez más profundamente por qué, pero también con lo que hay que aprovechar, en
cuanto a la situación objetiva general (de que he estado hablando en parte
aquí) y en cuanto a lo que ha planteado El Mundo no Puede Esperar en particular
y los retos que ha planteado, los cuales han tenido un impacto e influencia
políticos, a pesar de que hasta la fecha no han alcanzado sus objetivos en
cuanto a suscitar la clase de despliegue masivo que se necesita con tanta
urgencia.
Además,
hay nuevos rasgos en el terreno político que, a mi parecer, son producto de lo
que ha hecho El Mundo no Puede Esperar, tanto como de otras formas de oposición
política. Por ejemplo, creo que hasta el actual circo de la campaña electoral
—y, en particular, el hecho de que empezó tan temprano, casi dos años antes de
las elecciones presidenciales del 2008— se relaciona por lo menos
indirectamente con lo que han suscitado los esfuerzos de El Mundo no Puede
Esperar (y otras fuerzas). Todo mundo ha notado que este circo electoral empezó
tantos meses antes de las elecciones. Hace poco vi en CNN “La cuenta atrás al
debate de YouTube”. [Risas] ¡La cuenta atrás al pinche debate de
YouTube—estamos a un año y medio de las elecciones y tenemos “La cuenta atrás al
debate de YouTube”!
Creo que
este circo —una versión del cual empezó temprano la última vez, en el 2004,
pero que ha empezado esta vez con aún mayor anticipación de las elecciones— es
una parte muy consciente de los esfuerzos de fuerzas importantes de la clase
dominante de promover la idea de que “Bush es atroz, lo que ha hecho es atroz,
es el peor presidente que hemos tenido, y la situación es intolerable… pero
tiene los días contados y, después de todo, su mandato terminará pronto”. Esa
idea, y la parálisis que engendra —su capacidad de desviar en un sentido
negativo, fuera de la clase de resistencia política masiva que se debe librar y
hacia el callejón sin salida del proceso electoral burgués— cobra fuerza si la
campaña ya ha comenzado. La campaña contribuye a dar la impresión —o, más bien,
la falsa ilusión— de que Bush ya se va, y que ahora se debe prestarle atención
a quién será el próximo presidente y comandante en jefe.
A mi modo
de ver, este circo ya ha entrado en acción en parte porque unos sectores
conscientes de la clase dominante se han dado cuenta de que tienen que hacer
algo —algo para desviar en una dirección que no haga daño y para “anestesiar”
políticamente— en respuesta a la amplia repugnancia e indignación hacia el
gobierno de Bush y todo lo que representa—todo lo que ha hecho y está haciendo,
y también todo lo que representa a un nivel básico. Existe el peligro, desde el
punto de vista de la clase dominante, de que se podría impulsar esto hacia una
erupción política masiva que salga de los confines de la política burguesa de
costumbre y el marco electoral que refuerza y da expresión concentrada a esa
clase de política.
Sí,
tenemos lo que llamo la “falsa ilusión —o idea delirante— de Frank Rich” (para
parafrasear): “Bush ya se acabó; los fundamentalistas cristianos ya no son un
fenómeno serio, todo eso ya pasó, se acabó”. Cada de vez en cuando, los que
tienen este punto de vista regresan a la realidad y reconocen que esto no es lo
que está pasando, pero se promueve toda una falsa ilusión—y con toda
probabilidad la cree gente como Frank Rich, pero de todos modos se promueve:
“Bueno, cálmense todos. Sí, Bush es terrible, sí, lo que está pasando es
terrible. Pero cálmense todos. Casi se ha ido. A estas fuerzas se les ha
quitado los colmillos. Ya no tienen mucha influencia”. No importa los nuevos
magistrados y los fallos reaccionarios de la Suprema Corte. No importa la
tortura que continúa (que ni siquiera tapan y casi no niegan, y con clara
hipocresía). No importa los esfuerzos de tratar el hecho científico de la
evolución de la misma manera que el derecho al aborto—es decir, como una
especie de “delito” y escándalo moral (un delito y escándalo contra el
cristianismo y la decencia) cometidos por varios “istas” (“abortistas”…
“evolucionistas”… y así sucesivamente). No importa el hecho de que Bush todavía
es comandante en jefe de las fuerzas armadas, y nada de lo que han hecho —o de
lo que han dicho— los demócratas ha cambiado esto. Sin embargo, ante todo esto,
todavía oímos decir: “Ya se han acabado, se les ha quitado los colmillos, no
hay que preocuparse”. Incluso cuando esto toma la forma del “triunfalismo
liberal”, como mucho es autoengaño.
Y en el
2008 las elecciones pasarán a toda velocidad. Las elecciones preliminares se
celebrarán al comienzo del año, y en términos básicos se determinará el marco
de la política (de la clase dominante) para la primavera.
Al Gore y la falsa ilusión, el engaño y el
mal encauzamiento
Y luego
tenemos el papel de Al Gore. Además de lo que señalé antes acerca de Gore y su
papel actual, vale la pena examinar lo que dice —y lo que no dice— su nuevo
libro The Assault on Reason (El ataque contra la razón). El título del libro es
una alusión directa a lo que está haciendo el gobierno de Bush (y sus aliados).
Bueno, lo primero que hice cuando recibí el libro, antes de leerlo, fue
examinar el índice. ¿Se encuentra la palabra “evolución” en el índice? Noooo.
¿Se encuentra la frase “diseño inteligente”? Noooo. Luego leí el libro y no
encontré —quizás esté y lo pasé por alto, pero no lo creo—, no encontré nada
sobre la evolución en un libro de Al Gore que critica el ataque contra la razón
por el gobierno de Bush.
Otra cosa
que es interesante y significativa: varias veces Gore usa la palabra delitos
cuando habla del gobierno de Bush y lo que ha hecho—repetidas veces lo acusa de
violar la ley. ¿Por lo tanto, en el último capítulo, exhorta a someterlo a un
juicio de destitución? Noooo. Nunca lo menciona. Aquí tenemos un político
burgués que habla de los “fundadores” de Estados Unidos y “nuestra gran
Constitución”, y de que la están pisoteando y manipulando—pero parece que hay
alguna especie de laguna en que el “remedio” que provee la Constitución cuando un presidente comete un delito y viola
la ley—este remedio, un juicio de destitución, no se menciona en este libro (y
no lo propone Gore en general).
Al
contrario, los esfuerzos de Gore y otros encauzan hacia acciones que son
ineficaces y nada peligrosas —o a lo mínimo parecen ser ineficaces y nada
peligrosas—, cosas que ofrecen el espejismo de hacer algo para cambiar la
situación mundial y el futuro de la humanidad, pero que no corren riesgo—y no
afectan la situación mundial o el futuro de la humanidad de una manera
significativa y positiva. A mucha gente le hacen notar el medio ambiente o la
situación en Darfur —y aunque son temas importantes, serios y trágicos, la
manera en que los tratan, y lo que dicen que haga para tratarlos, Gore y otros
de la calaña de Gore, son remedios sin sentido o hasta sumamente nocivos.
Implican acciones (o inacción) que no conducen de ninguna manera a las causas
de los problemas, y no ofrecen ninguna solución auténtica, o propugnan
soluciones, como la intervención militar estadounidense (o de fuerzas dirigidas
por Estados Unidos o en deuda con él) en varios países—cuyas consecuencias, con
el tiempo, solo serían empeorar la situación mundial. Aun si, a corto plazo, a
consecuencia de tal intervención la violencia disminuya un poco, a largo plazo
contribuirá a más sufrimiento de las masas, y más violencia contra ellas de
varias formas.
Transformar el terreno político
Todo esto
—el funcionamiento del sistema imperialista en general, a consecuencia de su
dinámica subyacente, la particularidad del gobierno de Bush y lo exhaustivo de
lo que está haciendo y planea hacer, con sus repercusiones e impacto duraderos—
todavía se entiende y se opone muy poco. Esto ha impuesto y está imponiendo una
necesidad muy real y muy profunda, tanto para varios sectores de la gente como
para la clase dominante y el sistema de conjunto—en Estados Unidos tanto como
en la dimensión internacional. Por ejemplo, la enorme deuda que se ha
acumulado; los recortes de los programas gubernamentales, junto con los enormes
recortes de impuestos; los nuevos magistrados y los fallos de la Suprema
Corte—todas estas medidas tendrán consecuencias e implicaciones duraderas que
no se van a revertir fácilmente.
Todo el
fenómeno del que habla la convocatoria de El Mundo no Puede Esperar, las
medidas para cambiar la sociedad en una dirección fascista y por generaciones
por venir —con la tortura y la destrucción del derecho de hábeas corpus y el
derecho a un juicio, los ataques contra el disentimiento y el pensamiento
crítico, el ataque en diversos planos contra la ciencia y el método científico,
y contra el pensamiento racional mismo, y el fomento de la ignorancia y la
intolerancia—, ya han ido muy lejos y han puesto en movimiento cosas que no son
fáciles de dar marcha atrás, incluso desde el punto de vista de la clase
dominante y el mantenimiento y promoción de los intereses de su sistema. Aunque
otros sectores de la clase dominante tomen el mando, e incluso si quieren
cambiar el rumbo, por lo menos de alguna manera significativa, les costaría
mucho trabajo hacerlo. Crear una situación en la que sería muy difícil reparar
lo que han puesto en movimiento—esto ha sido, por supuesto, una meta consciente
de las fuerzas agrupadas en torno a Bush, y también ha sido la consecuencia de
sus medidas.
De todos
modos, en este momento (o en el futuro cercano), si un movimiento de masas
surge en respuesta a la demanda de ¡sacar al gobierno de Bush!, tendría un
impacto sumamente positivo en el terreno político en general—rompería con el
actual curso e iniciaría un curso totalmente diferente, o a lo mínimo
plantearía una poderosa demanda popular de romper con el actual curso e iniciar
un curso totalmente diferente, y crearía un marco político mucho más favorable,
en este país y de hecho por todo el mundo—y crearía una situación mucho más
favorable para más resistencia contra los crímenes del sistema y,
fundamentalmente desde nuestro punto de vista, más favorable para la
repolarización para la revolución. ¿Sería una situación sumamente
contradictoria, aunque surja un despliegue masivo así? Sí, por supuesto.
¿Fortalecería muchas falsas ilusiones burguesas-democráticas? Sí. Pero una vez
más, esto es parte de la realidad material con que tenemos que trabajar—y sacar
al gobierno de Bush como resultado de una oposición y resistencia política
masiva crearía un conjunto de contradicciones mucho mejores, por así decirlo,
que no tener tal despliegue masivo, incluso con todas las tendencias y efectos
contradictorios que conlleva. Y en todo caso, queda la gran necesidad de
rechazar, y parar en seco, todo este programa y causar un cambio profundo en el
terreno político, por medio de oposición y resistencia política masiva; y este
es un reto con que nosotros, junto con otros, tenemos que lidiar y ante el cual
tenemos que abrirnos paso.
La repolarización para la revolución: Una
orientación estratégica
En el
contexto de todo lo que se ha dicho hasta aquí, quiero recalcar que sigue
siendo importante captar y aplicar la orientación estratégica del Frente Único
bajo la Dirección del Proletariado. Es con relación a esa orientación
estratégica que el principio de las “dos cosas que hay que maximizar”, al que
me referí antes, tiene verdadera importancia. Y en esa dinámica —o relación
dialéctica— de las “dos cosas que hay que maximizar” está la importancia
particular y decisiva de movilizar a las masas básicas como partidarios
conscientes y activos de la revolución proletaria y el comunismo—o, mejor
dicho, como emancipadores de la humanidad.
La religión y la repolarización—la
complejidad de la realidad
Al llevar
a cabo y aplicar la orientación estratégica del Frente Único bajo la Dirección
del Proletariado, tenemos que tener presente algo que también se ha recalcado
repetidamente: la naturaleza y los rasgos complejos de la realidad. No se puede
tener un enfoque reduccionista o simplista hacia la realidad. Aquí, para
ilustrar esto, quiero invocar la analogía de un mapa de muchos niveles
diferentes para indicar distintos fenómenos (concentraciones de población,
parques, masas de agua y cosas por el estilo). Esta es una metáfora o analogía
útil para comprender la naturaleza complicada y abigarrada de la realidad que
abordamos y que nos esforzamos por transformar.
Como una
manera de ilustrar esta idea básica, he estado pensando en por qué (por así
decirlo) “Chris Hedges es mejor que Christopher Hitchens”. Hace poco leí unos
informes sobre los debates que se han dado entre ellos. Parece que en cierta
medida Hitchens ha tenido un efecto insidioso porque, para mucha gente pensante
—y gente con muchas ideas progresistas— les cae bien porque llega al grano de
la contradicción (al igual que Sam Harris, de su propia manera) de querer
convertir la religión en algo que no es, de “reinventarla” en términos más
agradables. Pero Hitchens (y Harris también) lo está haciendo al servicio de un
objetivo totalmente reaccionario: defender el núcleo del programa del gobierno
de Bush, por lo menos en su dimensión internacional, con la “guerra contra el
terror”.
De todo
lo que he visto, Hitchens de veras es ateo, pero es ateo al servicio del
imperialismo. Como extensión de su concepción del mundo, y al servicio de sus
objetivos políticos, aplica un enfoque sumamente mecanicista y reduccionista
que (como lo expresa su libro God is not Great) reduce muchos de los profundos
y complejos conflictos del mundo simplemente a la religión, y hace caso omiso o
borra (conceptualmente) las divisiones más profundas y decisivas del mundo,
como son las divisiones entre el imperialismo y las naciones oprimidas, así
como entre las clases, y por lo tanto se aleja de una verdadera comprensión de
la dinámica subyacente y las contradicciones impulsoras de todo esto.
Así que
ese es un ejemplo de por qué no se debe tener un enfoque burdo o simplista
hacia la realidad. He leído el libro de Hitchens God is Not Great: How Religion
Poisons Everything (Dios no es grandioso: Cómo la religión lo envenena todo) y
dice muchas cosas con las que hay que estar de acuerdo. En varios pasajes me
reí a carcajadas: hace mucho por desinflar a la religión—también dice
tonterías, y cosas peores, pero hace mucho por desinflar a la religión.
Desenmascara a lo que lleva la religión y el daño que causa en el mundo, y qué
tiene de malo la concepción del mundo religiosa. Hasta cierto punto se puede
identificar con su convocatoria al fin del libro de una nueva Ilustración.
Pero, repito, todo eso está al servicio de algo que en sí es muy venenoso.
Con
respecto al libro de Chris Hedges, American Fascists (Fascistas
estadounidenses), es muy estimulante pero a veces también muy frustrante
leerlo. Es muy perspicaz —tanto su análisis como sus anécdotas— sobre el
fenómeno del fundamentalismo cristiano en Estados Unidos y sus seguidores. Y es
positivo que identifique a los fundamentalistas cristianos derechistas como lo
que son —fascistas— y se oponga a la idea de conciliar con ellos, y que insiste
en que, al contrario, sea necesario plantárseles y luchar contra ellos, y tener
una clara concepción de los fundamentos con que están organizado este
movimiento fundamentalista, qué representa en realidad, cuáles son sus
verdaderos propósitos y qué tratará de implementar si logra aprovechar una
oportunidad para hacerlo, en el contexto de una gran crisis social. Y las
posiciones políticas de Hedges son mucho, pero mucho mejores que las de
Hitchens. Hay muchas cosas con que se puede unir en lo que dice Chris Hedges y
lo que hace en el mundo. Basta leer el artículo que escribió hace poco en The
Nation37 , que denuncia, por medio de los propios soldados (o ex soldados), las
atrocidades que están cometiendo en Irak las fuerzas de ocupación
estadounidenses. A fin de cuentas, está haciendo más cosas buenas en el mundo
que dañinas—y no cabe duda de que lo que está haciendo es mucho mejor que lo
que está haciendo Christopher Hitchens (o Sam Harris).
Así y
todo, si hablamos exclusivamente de la religión, como tal, si comparamos las
dos posiciones, la de Hitchens es mejor. La posición de Sam Harris es mejor. En
su Letter to a Christian Nation (Carta a una nación cristiana), Harris dice
directamente: tanto los fundamentalistas como yo estamos de acuerdo de que el
significado de la Biblia es lo que la Biblia dice que es, de que la Biblia dice
lo que dice en serio. O es cierto o no es cierto. Déjense de tratar de hacerle
decir algo que claramente no dice o significar algo que claramente no
significa.
Bueno,
solo se puede estar de acuerdo con esto. Y tengo que decir que me reí al leer
ese libro, también—y no se puede menos que “relamerse” en ciertas partes para
mostrar agradecimiento por la manera y a veces la creatividad con que Harris
hace trizas estas tonterías (y peor) religiosas.
Pero a
fin de cuentas, Chris Hedges es mucho mejor que Harris y sin duda mucho mejor
que Christopher Hitchens: en cuanto al efecto de conjunto de lo que dicen y
hacen, y la influencia que tienen, no cabe duda de que lo que hace Hedges,
incluidas sus serias deficiencias —como su esfuerzo por “salvar la religión”, y
el cristianismo en particular, con un enfoque de “reinterpretarla” de tal
manera que no corresponda a lo que realmente dice y realmente es— es mucho
mejor que Hitchens, y de hecho es del otro lado de la “línea divisoria
política” que Hitchens, que se ha alineado directamente con lo que están
haciendo el gobierno de Bush y los imperialistas—y que está atacando
agresivamente con todos los talentos y destrezas que tiene a los que se oponen
a él.
Pero
además de eso, a fin de cuentas lo que realmente se necesita de todo esto es un
enfoque comunista—que puede incorporar, y reconfigurar, como parte de una
síntesis diferente, los aspectos positivos de lo que representa gente como
Chris Hedges; que puede contribuir a atraer lo mejor en la gente que tiene una
posición básicamente buena, y rechazar y luchar contra lo que llevaría en una
dirección equivocada; y que puede sacar a la luz lo que es equivocado —y de
hecho lo que es insidioso— en la posición de gente como Hitchens.
El fundamentalismo cristiano, las necesidades
de la clase dominante y la repolarización para la revolución
En vista
de esto, antes de concluir quisiera hablar otra vez del tema del fascismo
cristiano—el papel de “fuerza de cohesión sólida” (o núcleo duro de cohesión)
que desempeña en la sociedad estadounidense. Ya he hablado, en cierta
dimensión, de las razones específicas por las que la clase dominante necesita
esta fuerza hoy, en vista de sus necesidades. Si piensan en lo que dije antes,
en relación con el parasitismo e individualismo extremos —y, sí, la
infantilización—, y los niveles extremos de falta de moderación que se
promueven en la sociedad estadounidense, especialmente hoy, y si examinan esto
en relación (y de muchas maneras ahora en intensa contradicción) con las
necesidades de la clase dominante en general, y específicamente con la
necesidad que ha creado —para sí misma tanto como para otros— por medio de lo
que se ha vuelto una seria debacle en Irak, en el contexto de sus diseños
mayores, se puede ver por qué tiene que tener lista, y tiene que “preparar”
continuamente, esta clase de fuerza sólida, que ejerce cada vez más influencia
hoy pero que está agazapada para ejercer una influencia cualitativamente mayor
si se necesita y si sectores lo suficientemente poderosos de la clase dominante
reconocen esta necesidad. Este es el papel que las fuerzas fascistas cristianas
desempeñan hoy en Estados Unidos y que desempeñarán en el futuro (desde el
punto de vista de la clase dominante, y un sector específico de esa clase
dominante en particular, que ha estado agrupado en torno al gobierno de Bush).
Bueno, es
cierto —y este es un punto que he destacado antes38 —que este fascismo
cristiano es un elemento en el contexto del programa general de las fuerzas de
la cúpula del poder de la clase dominante actualmente. Pero he notado ciertas
tendencias, incluso en el partido, a comportarse como si los fascistas
cristianos fueran la totalidad, o la esencia, de lo que confrontamos. En vez de
ubicar esto en el contexto del sistema capitalista-imperialista y su clase
dominante de conjunto —y en ese contexto destacar el papel particular e
importante de los fascistas cristianos—, ha habido un fenómeno (y una vez más
estoy hablando no solo de otros, fuera de nuestro partido, sino específicamente
de tendencias en nuestro partido) de tratar a los fascistas cristianos como si
ya gobernaran el país. Sin embargo, esto nunca ha sido de lo que se trata este
análisis—y no se ajusta a la realidad. Pero se ajusta a cierta tendencia a
atraer a la gente a partir de las ilusiones y prejuicios burgueses
democráticos—y es fácil caer en esto porque, francamente, permite forjar la
unidad sobre la base de simplemente defender y preservar la democracia
burguesa. Si el enemigo es el fascismo cristiano y no todo un sistema —si esto
es la esencia de su perspectiva estratégica—, pues va a tender a defender e ir
a la zaga de la democracia burguesa.
El
análisis de nuestro partido nunca ha sido que los fascistas cristianos
gobiernan el país actualmente, ni que el programa y las fuerzas fascistas
cristianos definen la esencia del gobierno burgués en esta sociedad. La
concepción y enfoque correctos tienen que ver con lo que este fenómeno del
fascismo cristiano representa en relación con la agudización de las
contradicciones en la sociedad y el mundo, en el contexto de mayores fuerzas y
de un programa general, en el mismo gobierno de Bush y en el marco del sistema
y de la clase dominante de conjunto. Por ejemplo, se ha dicho que, aunque los
fascistas cristianos son firmes partidarios del saqueo internacional
estadounidense cada vez mayor, los que impulsan esto son las fuerzas
“neoconservadoras” del gobierno de Bush y en torno a él más que los fascistas
cristianos. Este es otro ejemplo de la complejidad y las “texturas múltiples”
de la realidad (el mapa de capas y colores múltiples, para volver una vez más a
esa metáfora).
La revolución: Estereotipos, directores de
escena y el proceso vivo
Pero las
fuerzas fascistas cristianas desempeñan un papel claro —hoy, y potencialmente
mucho mayor si la situación se desarrolla de cierta manera— como “fuerza de
cohesión sólida” para el sistema y la clase dominante. Y sí, en una “mezcla”
mayor podrían desempeñar el papel de una especie de “director de escena”, que
hace cada vez más aguda la crisis social e incluso las condiciones para la
revolución (“director de escena” es una formulación que usó Lenin al hablar del
papel de la I Guerra Mundial en relación con la revolución rusa de 1917). En el
contexto de la agudización de las contradicciones en general —en Estados
Unidos, a nivel internacional, y en la interpenetración e influencia mutuas de
esas dimensiones—, las metas y acciones de los fascistas cristianos podrían
poner en duda la legitimidad del gobierno burgués—o podrían desempeñar un papel
clave en plantear con mucho más fuerza la legitimidad del gobierno burgués en
general como tema de la agenda política—para sectores muchísimo más amplios de
la sociedad. Podrían desempeñar ese papel. Eso es lo que hemos dicho—y en lo
que hemos puesto cierto énfasis. Eso es todo lo que es correcto decir porque,
como destacó Mao, los marxistas no somos adivinos.
No cabe
duda de que el fascismo cristiano es un elemento importante de la “mezcla”
general—es importante captar eso. Y, como parte de esa “mezcla” mayor, podría
desempeñar el papel de “director de escena” en relación con la revolución. Pero
también es muy importante destacar algo que se dice en “Cómo vencer las dos
cuestas”39, donde no solo hay una discusión de “acelerar mientras que se
aguarda” una situación revolucionaria, sino también —y he aquí otra aplicación
de lo importante que es no dejarse restringir por las convenciones,
supersticiones y estereotipos— se destaca no levantar barreras artificiales a
la revolución. Y esto quiere decir no recurrir al pensamiento “formulaico” que
declara: “Aquí está la manera en que la revolución ocurrirá y se hará posible:
Los fascistas cristianos sacarán a otros sectores de la clase dominante, se
apoderarán del gobierno e impondrán un gobierno teocrático, y luego todos los
demócratas burgueses irán a nuestro lado y podremos hacer la revolución”. Con
tal orientación y mentalidad, si la situación no sigue perfectamente ese patrón
—y es muy poco probable que ocurra así—, pues por supuesto la revolución se
borrará del mapa y no se considerará, por quién sabe cuánto tiempo.
Lo que
hace esta clase de pensamiento rígido es tomar algo como el análisis del papel
potencial (o posible) de “director de escena” de los fascistas cristianos y
transformarlo en su contrario de manera grotesca. Viene a ser, por lo menos
objetivamente, lo que “Cómo vencer las dos cuestas” insiste que no debemos
hacer—a saber, levantar barreras artificiales a la revolución, específicamente
en la forma de fórmulas estereotipadas y “escolásticas”.
La
revolución surge de una interacción compleja de contradicciones, en un país en
particular y a nivel internacional, y la interpenetración entre esos niveles o
dimensiones. Sí, existen ciertas cosas y ciertos patrones que podemos
identificar. Sí, el papel del fascismo cristiano es un elemento muy importante
de la “mezcla” ahora mismo. Y sí, podría desempeñar el papel de “director de
escena”. Sí, existe algo muy real en la analogía de lo que está pasando hoy y
el período antes de la guerra de Secesión en Estados Unidos, a mediados del
siglo 19. En términos amplios, hay algo real en la analogía a una “guerra civil
que se perfila”. Pero hay que entender esto de una manera viva y dialéctica, y
de una manera materialista, y no con un enfoque religioso y dogmático que es
seco, muerto y poco inspirador.
Lo que
realmente se necesita, y lo que realmente tenemos que captar firmemente y
aplicar sistemáticamente, es un análisis materialista y dialéctico de la
relación entre los factores objetivos y subjetivos, con toda la complejidad que
esto entraña, con toda la interpenetración de las distintas capas de esa
realidad de “texturas múltiples”.
Cuando
determinamos que ciertos fenómenos o patrones (tal como los relacionados con el
papel del fascismo cristiano en Estados Unidos actualmente) son muy
importantes, y potencialmente de gran importancia, lo hacemos con este método y
este enfoque—como parte de hacer un análisis científico de la realidad, para
acelerar tanto como sea posible el desarrollo de las cosas hacia una situación
revolucionaria, y contribuir a una repolarización más favorable en relación con
la meta estratégica de la revolución. Esto quiere decir “esforzarnos
constantemente contra los límites” impuestos por la situación objetiva, no para
satisfacer cierto estereotipo sino para transformar las condiciones objetivas
ante nosotros (transformar la necesidad) tanto como sea posible, en todo
momento, y hacerlo todo para contribuir a hacer madurar —y preparar una
cantidad cada vez mayor de masas y el partido— una situación revolucionaria y
el surgimiento de un pueblo revolucionario, de millones y millones, consciente
de la necesidad del cambio revolucionario, resuelto a luchar para plasmarlo en
realidad y con la orientación y capacidad de aprovechar la oportunidad
revolucionaria cuando por fin llegue.
Todo lo
que hacemos tiene que estar fundado en este análisis y este enfoque y empapado
de ellos—con esta clase de materialismo y dialéctica. Todo lo que hacemos tiene
que ver con la revolución, y tiene que tener que ver con la revolución.
****
Para
concluir, déjenme regresar al título de esta charla. ¿Qué es lo que tenemos que
ser —qué es lo que tenemos que forjar— con cantidades cada vez mayores y con la
iniciativa consciente cada vez mayor? Protagonistas de la revolución.
Emancipadores de la humanidad.
[Aplausos
prolongados]
Notas
16. El “realismo
determinista” es un tema de la primera parte de esta charla “Más allá del
estrecho horizonte del derecho burgués”, en la parte “El marxismo como ciencia—
En oposición al materialismo mecanicista, el idealismo y la religiosidad”, que
salió en Revolución #109, 18 de noviembre de 2007. [back]
17. Esto
se refiere a una charla del 2004 de Bob Avakian titulada Elections, Democracy
and Dictatorship, Resistance and Revolution, en BobAvakian.net (en inglés).
[back]
18. “Las
escuelas públicas de Nueva York y la criminalización de los estudiantes: ¿Qué
clase de sistema le hace esto a la juventud?”, Revolución #93, 24 de junio de
2007. [back]
19. Nota
del autor: Con respecto a la dirección comunista en particular, he hablado de
las contradicciones sociales, tanto como la experiencia histórica, con que esto
está ligada, en varios escritos, charlas y entrevistas. Ver, por ejemplo,
“Interview Series with Michael Slate” (en inglés), y en particular el pasaje
“On Leadership”, en BobAvakian.net. [back]
20. De
“Algunos puntos acerca de la cuestión de la dirección revolucionaria y los
individuos que la desempeñan”, la segunda parte de Resoluciones de 1995 sobre
dirección: Sobre líderes y dirección, publicadas por el partido con motivo del
20 aniversario de su fundación. El periódico Obrero Revolucionario (ahora
Revolución) publicó las resoluciones el 1º de octubre de 1995, y están en
revcom.us. La primera parte es “El partido no tiene más razón de ser que servir
al pueblo, hacer la revolución”. El artículo “La encrucijada que se nos
plantea; la dirección que necesitamos” también habla de estos temas (Revolución
#84, 8 de abril de 2007, en revcom.us). [back]
21. La
declaración “Los tiempos peligrosos requieren voces valientes. Bob Avakian es
una de tales voces” está en el portal del Comité ¡Éntrale! para Proteger y
Proyectar la Voz de Bob Avakian, en www.engagewithbobavakian.org. [back]
22. Se
habla de esta “nueva síntesis” en Hacer la revolución y emancipar a la
humanidad, Primera parte: Más allá del estrecho horizonte del derecho burgués,
y en particular en el último pasaje de la primera parte “La experiencia
histórica y la nueva síntesis”. La primera parte está en línea en revcom.us y
se publicó como serie en Revolución. “La experiencia histórica y la nueva
síntesis” es el último pasaje de esa serie; está en Revolución #112, 16 de
diciembre de 2007. He aquí una parte fundamental de lo que dice sobre la nueva
síntesis:
“Con el
fin de concentrar —o presentar una síntesis básica— de lo que representa esta
nueva síntesis, se puede decir:
“Esta
nueva síntesis abarca reconfigurar y recombinar los aspectos positivos de la
experiencia hasta la fecha del movimiento comunista y la sociedad socialista,
mientras se aprende de los aspectos negativos de esa experiencia, en las
dimensiones filosóficas e ideológicas tanto como las políticas, y así tener una
orientación, método y enfoque científicos con raíces más profundas y firmes, no
solo en cuanto a hacer la revolución y conquistar el poder, sino también, sí,
en cuanto a satisfacer los requisitos materiales de la sociedad y las
necesidades de las masas populares, con una base cada vez mayor, en la sociedad
socialista —para superar las profundas cicatrices del pasado y continuar la
transformación revolucionaria de la sociedad, mientras al mismo tiempo apoyar
activamente la lucha revolucionaria mundial y actuar conforme con el
reconocimiento de que la arena y la lucha mundiales son las más fundamentales e
importantes, en un sentido global— junto con abrir cualitativamente más espacio
para dar expresión a las necesidades intelectuales y culturales del pueblo,
entendido en el sentido amplio, y posibilitar un proceso más diverso y rico de
exploración y experimentación en los campos científicos, artísticos y
culturales, y en la vida intelectual en general, con mayor campo para la
competencia de diferentes ideas y escuelas de pensamiento, y para la iniciativa
y creatividad individuales y la protección de los derechos individuales, con
espacio para que los individuos interactúen en la ‘sociedad civil’ independientes
del estado—todo en un marco general cooperativo y colectivo y al mismo tiempo a
la medida que el poder estatal se mantiene y se sigue desarrollando como un
poder estatal revolucionario al servicio de los intereses de la revolución
proletaria, en el país en particular y por todo el mundo, donde este estado es
el elemento dirigente y central de le economía y la dirección general de la
sociedad, mientras el estado en sí se transforma continuamente en algo
radicalmente diferente de todos los estados previos, como una parte crucial del
avance hacia la abolición posterior del estado al llegar al comunismo a nivel
mundial.
“En
cierto sentido, se puede decir que la nueva síntesis es una síntesis de la
experiencia previa de la sociedad socialista y del movimiento comunista
internacional más ampliamente, por un lado, y de las críticas, de varios tipos
y desde varios puntos de vista, de esa experiencia, por otro lado. Esto no
quiere decir que esta nueva síntesis representa una simple ‘unión’ de esa
experiencia, por un lado, y las críticas, por el otro. No se trata de combinar
eclécticamente estas cosas, sino de pasarlas por el tamiz, reconfigurarlas y
recombinarlas a base de un punto de vista y método científicos, materialistas y
dialécticos, y de la necesidad de mantener el avance hacia el comunismo, que es
una necesidad y objetivo que este punto de vista y método siguen señalando—y,
cuanto más rigurosa y profundamente se adopte y aplique, tanto más firmemente
señala esa necesidad y objetivo”. [back]
23. La
discusión del marxismo como ciencia está en la primera parte, “Más allá del
estrecho horizonte del derecho burgués”, en los pasajes “El marxismo como
ciencia— En oposición al materialismo mecanicista, el idealismo y la
religiosidad” y “Marxismo como ciencia— Refutación de Karl Popper”, Revolución
#109 (18 de noviembre) y #110 (25 de noviembre de 2007). [back]
24. El
punto de “ser descuartizado” se trata antes en esta charla; ver la primera
parte: “Más allá del estrecho horizonte del derecho burgués”, y en particular
el último pasaje de la primera parte, “La experiencia histórica y la nueva
síntesis”, que salió en Revolución #112, 16 de diciembre de 2007. [back]
25. De la
declaración del Partido Comunista Revolucionario, EU: “Sobre el huracán
Katrina: Tres lecciones fundamentales” (Revolución #14, 18 de septiembre de
2005), que está en el portal revcom.us. La declaración decía:
Hay tres
lecciones fundamentales de lo que ha estado pasando en relación con el huracán
Katrina y el papel del gobierno.
1. Ha
salido a la luz la verdadera naturaleza de la clase dominante de este país y su
debilidad concreta. Estos sucesos, y en particular las acciones del gobierno,
han resquebrajado dramáticamente el “temor supersticioso” que le inculcan a la
ciudadanía hacia los que detentan el poder, el estado y toda la maquinaria de
dominación y represión. Para mucha gente, han puesto en tela de juicio en gran
medida la capacidad y el derecho de este gobierno, y de la clase dominante en
general, de gobernar. Ha saltado a la vista mucho de lo que la clase dominante,
con su red “normal” de engaño y represión, esconde, niega o distorsiona y
tergiversa, como la opresión y extrema pobreza de gran parte de la población
negra de este país. Por todo el país y el mundo, se ve con claridad lo que le
importa y no le importa a los que detentan el poder, y en particular su total
desdén por las masas de pobres y oprimidos y por la gran mayoría de esta
sociedad. Además, se ha demostrado gráficamente que, aunque siguen siendo muy
poderosos, la clase dominante, las fuerzas armadas y toda la maquinaria de
opresión no son todopoderosas.
2. Vistos
correctamente, estos sucesos muestran la necesidad y la posibilidad de la
revolución y de una sociedad radicalmente diferente. El gobierno dejó a las
masas populares de las zonas afectadas por Katrina sufrir, día tras día, en una
situación no apta para seres humanos, pero las masas demostraron su humanidad
de muchas maneras y desmintieron las calumnias de que son unos delincuentes y
animales. Cuando han tomado la situación en manos propias, la gran mayoría lo
han hecho con honradez y con el fin de satisfacer necesidades que no podían
satisfacer de otra manera. La gran mayoría han respondido ayudándose
mutuamente, especialmente a los más necesitados, y condenando la indiferencia e
inacción del gobierno, y han recibido apoyo y ayuda de gente por todo el país.
En todo esto se ve el potencial de movilizar a las masas a forjar una sociedad
con relaciones sociales radicalmente diferentes de la competencia por subsistir
que impone el sistema capitalista. Pero por otro lado, se ha visto que las
masas no captan completamente que este sistema está directa y profundamente en
conflicto con sus intereses fundamentales y no se han organizado en
consecuencia. Cuando capten eso y se organicen partiendo de esa base, una lucha
revolucionaria de millones de personas, sumada al desarrollo y a la agudización
de ciertas condiciones objetivas, podría plantear la posibilidad de romper el
control de la clase de despiadados explotadores capitalistas que gobierna esta
sociedad (y gran parte del mundo), y crear una nueva sociedad y un nuevo estado
que coloquen los intereses de la gran mayoría de la población en el centro de
todo lo que hagan. Pero esto requerirá dirección revolucionaria, y nos lleva al
tercer punto esencial.
3. En
este país existe una dirección revolucionaria: el Partido Comunista
Revolucionario, EU, y su presidente, Bob Avakian. Pero para decirlo sin pelos
en la lengua, aunque el partido se ha esforzado por asumir sus
responsabilidades en relación con el huracán, su capacidad de dirigir en estas
circunstancias graves y urgentes es muy inferior de lo que se necesita. Si la
influencia del partido y sus vínculos organizados con las masas hubieran sido
mucho mayores antes del huracán, podría estar desempeñando un papel mucho mayor
en cuanto a llevar a las masas a captar lo que ha pasado y por qué: por qué el
gobierno y toda la clase dominante han reaccionado así (con la pérdida de miles
de vidas y el terrible sufrimiento de centenares de miles más, gran parte de lo
cual se hubiera podido evitar o aliviar), lo que esto dice sobre la naturaleza
del sistema y por qué necesitamos un sistema radicalmente diferente. El partido
hubiera podido desempeñar un papel mucho mayor en la organización de las masas,
en las zonas afectadas y por todo el país, para responder a estos sucesos y
para librar una lucha política organizada, en un nivel y con una fuerza mucho
mayor, y obligar al gobierno a tomar medidas inmediatamente para salvar
centenares y probablemente miles de vidas, que se han perdido y que siguen
perdiéndose innecesariamente. Todo esto podría contribuir a concientizar y
organizar la fuerza de las masas a un nivel mucho más alto, y plantear más
clara y agudamente la meta de la revolución. Todo lo relacionado con el huracán
Katrina ha demostrado que se necesita que el partido asuma sus
responsabilidades y desempeñe el papel de dirección de esta manera y a otro
nivel, y que las masas se sumen, apoyen, se incorporen, construyan y defiendan
a esta dirección revolucionaria esencial y necesaria, encarnada en el Partido
Comunista Revolucionario y su presidente, Bob Avakian. [back]
26. Hay
una discusión del “realismo determinista” antes en esta charla (“Hacer la
revolución y emancipar a la humanidad, segunda parte: Todo lo que hacemos tiene
que ver con la revolución”), en “El quehacerismo enriquecido” (Revolución #113,
25 de diciembre de 2007); tanto como en la primera parte, “Más allá del
estrecho horizonte del derecho burgués” (en el pasaje “El marxismo como
ciencia— En oposición al materialismo mecanicista, el idealismo y la
religiosidad”, en Revolución #109, 18 de noviembre de 2007). [back]
27. El
principio de la dictadura del proletariado es una referencia a otra parte de
esta charla que hace hincapié en cómo las infamias continuas que padece el
pueblo, y la manera en que las contradicciones sociales se plantean repetidas
veces, en la sociedad actual señalan firmemente la necesidad de la revolución y
de una sociedad y estado radicalmente diferentes: la dictadura del
proletariado. [back]
28. Bob
Avakian dio esta charla antes del 22 de octubre de 2007. Se puede encontrar
informes sobre las protestas de ese día en Revolución #107, 4 de noviembre de
2007. [back]
29.
“Forjar otro camino” es una charla que dio Bob Avakian en el otoño del 2006.
Una versión redactada está en revcom.us, y Revolución la publicó en una serie
en #83 (25 de marzo); #85 (22 de abril); #86 (29 de abril); #87 (6 de mayo);
#88 (13 de mayo); #89 (20 de mayo); #90 (27 de mayo); #91 (10 de junio); #92
(17 de junio); #93 (24 de junio); #94 (1º de julio): #95 (15 de julio); #96 (22
de julio): #97 (29 de julio): #98 (19 de agosto); #99 (26 de agosto); y #100 (9
de septiembre de 2007). [back]
30. Nota
del autor: Con respecto al parasitismo aumentado y los “dos sectores
anticuados”, además de mi charla Forjar otro camino, entre otras las siguientes
obras son “fuentes de información” valiosas: Planeta de ciudades miseria, de
Mike Davis (Foca, 2006), en español “Planeta de ciudades-miseria”, en New Left
Review 26; AMERICAN THEOCRACY, The Peril and Politics of Radical Religion, Oil,
and Borrowed Money in the 21st Century, de Kevin Phillips (Viking/Penguin
Group, 2006); Consumed, How Markets Corrupt Children, Infantilize Adults, and
Swallow Citizens Whole, de Benjamin R. Barber (W.W. Norton & Company,
2007); MAXED OUT, Hard Times, Easy Credit, and The Era of Predatory Lenders, de
James D. Scurlock (Scribner, 2007); y TARGET IRAN, The Truth About the White
House’s Plans for Regime Change, de Scott Ritter (Nation Books, 2007). Forjar
otro camino está en el portal revcom.us; Revolución la publicó como serie en el
2007, en los números 83, 25 de marzo; 85, 22 de abril; 86, 29 de abril; 87, 6
de mayo; 88, 13 de mayo; 89, 20 de mayo; 90, 27 de mayo; 91, 10 de junio; 92,
17 de junio; 93, 24 de junio; 94, 1º de julio; 95, 15 de julio; 96, 22 de
julio; 97, 29 de julio; 98, 19 de agosto; 99, 26 de agosto; y 100, 9 de
septiembre. [back]
31. “El
imperialismo estadounidense, el fundamentalismo islámico... y la necesidad de
otro camino”, en Revolución #92, 17 de junio de 2007. [back]
32. Bob
Avakian habla más sobre este fenómeno —y refuta el argumento de gente como
Harris y Hitchens— en “El fundamentalismo religioso, el imperialismo y ‘la
guerra contra el terror’” y “¿Por qué está creciendo el fundamentalismo
religioso en el mundo actual—y cuál es la verdadera alternativa?”, que son
pasajes del libro AWAY WITH ALL GODS! Unchaining the Mind and Radically
Changing the World (Chicago: Insight Press, 2008), que salieron en Revolución
#103, 7 de octubre de 2007, y #104, 14 de octubre de 2007. [back]
33. Por
ejemplo, lo siguiente de Marx:
“El descubrimiento de los yacimientos de oro
y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en
las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de
las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de
esclavos negros: son todos hechos que señalan los albores de la era de
producción capitalista. Estos procesos idílicos representan otros tantos
factores fundamentales en el movimiento de la acumulación originaria” (Carlos
Marx, El capital, tomo I, p. 638, citado en Lenny Wolf, La ciencia de la
revolución (Bucaramanga, Colombia: Cuadernos Rojos, 1989), “Economía política”,
pp. 10.11). [back]
34. “Why
We’re In the Situation We’re in Today…And What To Do About It: A Thoroughly
Rotten System and the Need for Revolution” (Por qué estamos en esta situación…
y qué hacer al respecto: Un sistema totalmente podrido y la necesidad de la
revolución) es una de las 7 Charlas que dio Bob Avakian en el 2006, que están
en los portales revcom.us/avakian y BobAvakian.net (en inglés). [back]
35. Bob
Avakian habla de “vivir en la casa de Tony Soprano” en Forjar otro camino, que
está en el portal revcom.us y que Revolución publicó como serie y se vende en
forma de folleto. El pasaje que habla de “vivir en la casa de Tony Soprano”
está en Revolución #87, 6 de mayo de 2007. [back]
36. La
“convocatoria” de El Mundo no Puede Esperar, y otra información sobre esa
organización, están en el portal www.worldcantwait.org. [back]
37. “The
Other War: Iraq Vets Bear Witness”, de Chris Hedges y Laila Al-Arian, The
Nation, 30 de julio de 2007. [back]
38. Ver,
por ejemplo, La guerra civil que se perfila y la repolarización para la
revolución en la época actual, una colección de artículos de Bob Avakian
(Chicago: RCP Publications, 2005). [back]
39. El
título de la charla es “Cómo vencer las dos cuestas: Más sobre conquistar el
mundo”. El periódico Obrero Revolucionario (ahora Revolución) publicó pasajes
de esta charla. La serie “Sobre la democracia proletaria y la dictadura del
proletariado, Un punto de vista radicalmente diferente sobre cómo dirigir la
sociedad” se publicó en el OR #1214 a #1226 (del 5 de octubre de 2003 al 25 de
enero de 2004). La serie “Cómo vencer la cuesta” se publicó en el OR #927, 930,
932 y 936-940 (12 de octubre, 2 de noviembre, 16 de noviembre y del 14 de
diciembre de 1997 al 18 de enero de 1998). Otros dos pasajes de esta charla son
“Materialismo y romanticismo: ¿Podemos prescindir de los mitos?”, en el OR
#1211 (24 de agosto de 2003), y “Otro vistazo a George Jackson”, en el OR #968
(9 de agosto de 1998). Todos estos artículos están en el portal revcom.us.
[back]


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