© Libro N° 465. Crimen Y Costumbre En La
Sociedad Salvaje. Malinowski, Bronislaw. Emancipación.
Agosto 10 de 2013
Título Original: ©
Crimen Y Costumbre En La Sociedad Salvaje. Bronislaw Malinowski
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Crimen Y Costumbre En La Sociedad Salvaje.
Bronislaw Malinowski
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© Edición,
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CRIMEN Y COSTUMBRE EN LA SOCIEDAD SALVAJE
Bronislaw Malinowski
Crimen Y
Costumbre En La Sociedad Salvaje
Bronislaw Malinowski
Crimen Y
Costumbre En La Sociedad Salvaje
Bronislaw
Malinowski
PLANETA-AGOSTINI
Dirección
editorial: R. B. A. Proyectos Editoriales, S. A.
Título
original: Crime and custom in savage society Traducción de J. y M. T. Alier
©
Routledge and Kegan Paul, Londres, 1966
©
Editorial Ariel, S. A., 1969
©
Editorial Planeta-De Agostini, S. A., 1985, para la presente edición
Aribau,
185,1." -08021 Barcelona (España) Traducción cedida por Editorial Ariel,
S. A. Diseño de colección: Hans Romberg Primera edición en esta colección:
enero de 1986 Depósito legal: B. 42.093/1985. ISBN 84-395-0111-0 Printed in
Spain - Impreso en España Distribución: R. B. A.
Promotora
de Ediciones, S. A.
Travesera
de Gracia, 56, ático 1.º, 08006 Barcelona.
Teléfonos
(93) 200 80 45 - 200 81 89 Imprime: Cayfosa, Sta. Perpetua de Mogoda, Barcelona
INDICE
INTRODUCCIÓN 5
Cronología 8
Bibliografía 10
CRIMEN Y COSTUMBRE EN LA SOCIEDAD
SALVAJE
Prólogo 17
Introducción 19
PRIMERA PARTE
EL DERECHO PRIMITIVO Y EL ORDEN
I La
sumisión automática a las costumbres y
el verdadero problema 22
II La economía de los melanesios y la teoría del comunismo
primitivo 25
III La efectividad de las obligaciones económicas 27
IV Reciprocidad y organización dual 28
V Ley,
interés propio y ambición social 30
VI Las reglas de derecho en los actos religiosos 32
VI Derecho matrimonial 33
VIII El principio de reciprocidad
permea la vida tribal 35
IX. La reciprocidad como base de la estructura social 38
X Definición
y clasificación de las reglas consuetudinarias 40
XI Una definición antropológica del derecho 41
XII Dispositivos propiamente jurídicos 43
XIII Conclusión y anticipación 45
SEGUNDA PARTE
EL CRIMEN PRIMITIVO Y SU CASTIGO
I La
infracción de la ley y el restablecimiento del orden 49
II La hechicería y el suicidio como influencias legales 54
III Sistemas jurídicos en conflicto 60
IV Los factores de cohesión social en una tribu primitiva 65
Introducción
Cuando en
1926 Malinowski dio a conocer Crimen y costumbre en la sociedad salvaje,la
antropología había tenido muy poco en cuenta hasta entonces el estudio del
derecho primitivo. La investigación sobre las «diversas fuerzas que crean el
orden, la uniformidad y la cohesión en una tribu salvaje» había sido llevada a
cabo de forma rudimentaria, sin un auténtico trabajo de campo, y, lo que es
más, había tendido de forma prejuiciosa a corroborar las tesis de Morgan sobre
la existencia de un comunismo primitivo. Desde el punto de vista de la opinión
pública, por esa época era común que se creyera en la promiscuidad de los
primitivos y de que en toda organización tribal sólo reinaba el desenfreno.
Uno de
los grandes méritos de Malinowski fue demostrar, no sólo en Crimen y costumbre
en la sociedad salvaje,sino también en otros estudios, que la vida del hombre
primitivo se enmarca en una delicada trama de derechos y obligaciones y que su
actuación está lejos de responder a un esquema de funcionamiento grosero basado
en la serie estímulo/respuesta. En el estudio del comercio kula, por ejemplo,
que se efectúa en Argonautas del Pacífico Occidental, Malinowski había mostrado
que en la economía primitiva intervienen factores mágicos y de prestigio, no
directamente ligados al valor útil de la mercancía. De esta manera, la
existencia de los pueblos primitivos había de entenderse dentro de una
complejidad que no tenía nada que ver con la simple idea de que la vida del
salvaje es un puro esfuerzo por sobrevivir.
De modo
similar, Malinowski, en Crimen y costumbre en la sociedad salvaje,cuestiona la
idea de que la vida primitiva se caracterice por su ausencia de leyes. Esto
forma parte de una específica mitología occidental que parte de Rousseau y que
ve en el salvaje a una criatura libre y despreocupada, viviendo en una suerte
de arcadia original. En toda comunidad primitiva, al contrario, hay más bien
hipertrofia que carencia de leyes.
Ahora
bien, una vez sentado esto, Malinowski dedica gran parte de sus análisis a
poner de relieve que el derecho en los pueblos primitivos no debe entenderse
tampoco como una simple «maquinaria de aplicar justicia en casos de
transgresión». La estructura social de las comunidades melanesias —que sirven
de base a la investigación que se desarrolla en Crimen y costumbre en la
sociedad salvaje— se rige por un principio de reciprocidad. Éste se hace
patente en los diversos aspectos jurídicos que informan las relaciones
económicas, los actos religiosos y el matrimonio.
En
consecuencia, no existe —sostiene Malinowski— la sumisión automática a las
costumbres de la tribu, tal y como había defendido la investigación
antropológica hasta entonces. El derecho primitivo ni está basado únicamente en
un sistema de imposiciones, «ni toda la ley de los salvajes es ley criminal».
En realidad, aquella sumisión «no se debe a ningún instinto o impulso intuitivo
ni a un misterioso "sentimiento de grupo", sino al detallado y
elaborado funcionamiento de un sistema en el cual cada acto tiene su propio
lugar y se debe ejecutar sin falta». Y añade Malinowski: «Aunque ningún nativo,
por inteligente que sea, formulara este estado de cosas de una manera general y
abstracta ni lo presentara como una teoría sociológica, cada uno de ellos
conoce perfectamente su existencia y puede prever las consecuencias en cada
caso concreto».
El
derecho positivo vigente en las actuales sociedades tribales se fundamenta en
una trama de obligaciones que se cumplen en virtud de un mecanismo de
reciprocidad social. «Las poderosas fuerzas compulsivas del derecho civil de
Melanesia hay que buscarlas — afirma Malinowski— en la concatenación de las
obligaciones, en el hecho de que están ordenadas en cadenas de servicios
mutuos, un dar y tomar que se extiende sobre largos períodos de tiempo y que
cumple amplios aspectos de interés y actividad...»
Ahora
bien, ¿de dónde procede, a fin de cuentas, el poder compulsivo de las reglas
del derecho civil?; ¿de dónde viene el carácter de acción obligatoria? De un
trasfondo humano universal, responde Malinowski, «de la tendencia psicológica
natural por el interés personal, de la ambición y de la vanidad puestas en
juego por un mecanismo so-cial especial dentro del cual se enmarcan estas
acciones obligatorias».
En fin,
las costumbres, creencias y organizaciones que se detallan en Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje con el objeto de demostrar la complejidad del
derecho tribal, hay que verlas, como dice su autor en el prólogo a esta obra,
«sobre el fondo de una teoría general de la cultura». Malinowski considera que
ningún hecho cultural —en este caso, el derecho primitivo— puede comprenderse
aisladamente, pues la cultura constituye un todo orgánico. La misma noción de
hecho, si se considera desde un estricto punto de vista científico, debe ser
vista como relación,una relación que es determinada, universal y
científicamente definible.
En este
todo orgánico que es la cultura, cada elemento cultural se distingue por la
función que desempeña. Al antropólogo le corresponde, en el estudio de las
sociedades primitivas, desentrañar el significado de los diferentes elementos
que integran una cultura a través de la función que realizan. Tal es lo que
Malinowski lleva a cabo en Cri-men y costumbre en la sociedad salvaje, como el
lector tendrá ocasión de comprobar, poniendo en práctica sus propias teorías
sobre la naturaleza de la cultura: cada uno de los elementos de la trama
jurídica es aislado y puesto en relación con otros elementos — cómo les influye
y cómo es influido por éstos— a fin de determinar su significación última.
Y es que,
como Malinowski formuló en 1935 en su obra Los jardines del Coral, «la
identidad real de una cultura parece reposar en la conexión orgánica de todas
sus partes, sobre la función que tal detalle realiza en el interior de su
sistema, sobre las relaciones entre el sistema, el medio y las necesidades
humanas».
El
estudio de estos detalles, rasgos o elementos culturales debe llevarse a cabo
en el marco de las instituciones. La «unidad legitimante» de todo análisis
cultural es la institución, como bien se patentiza en Crimen y costumbre en la
sociedad salvaje. En propiedad, es la institución la que desarrolla una o
varias funciones encaminadas a la satisfacción de las necesidades. Rebajar esta
unidad de análisis que es la institución en unidades más pequeñas con el objeto
de atender los elementos que la componen constituiría, desde el punto de vista
sociológico, una aberración, ya que quedaría des-virtuada la categoría de hecho
social que toda institución posee.
«Ya sea
que tomemos una costumbre, es decir, una forma "estandardizada" de
conducta, ya una habilidad, un modo de comportamiento para la comida, el sueño,
el transporte, o el juego —afirma Malinowski en su ensayo La teoría
fucionalista—,expresaríamos directa o simbólicamente una actitud sociológica.
En todos los casos, esto pertenece también a un sistema organizado de
actividades.» Y concluye el autor de Crimen y costumbre en la sociedad salvaje:
«Desafiaría a cualquiera a que mencionase un objeto, una actividad, un símbolo
o un tipo de organización que no estén incorporados en una u otra institución».
Tomada la
institución como base del análisis antropológico y aclarado que la función de
toda institución es la de satisfacer una o varias necesidades, Malinowski
define la cultura como un todo funcional que está al servicio de las
necesidades humanas. La necesidad viene definida por este antropólogo como «el
sistema de condiciones que se manifiestan en el organismo humano, en el marco
cultural y en la relación de ambos con el ambiente físico, y que es suficiente
y necesario para la supervivencia del grupo y del organismo». Cada necesidad se
satisface con un tipo determinado de respuesta cultural. Dado que las
necesidades son universales, también lo son las respuestas culturales que se
dan para satisfacerlas, por más que aparentemente difieran entre sí.
Malinowski
distingue entre necesidades biológicas y necesidades derivadas. La satisfacción
de las primeras es indispensable para sobrevivir y es por ello que, en
cualquier cultura, han encontrado una forma u otra de respuesta cultural. Así,
el meta-bolismo, la reproducción, el bienestar corporal, la seguridad, el
movimiento, el crecimiento y la salud —que constituyen las siete necesidades
biológicas diferenciadas por Malinowski— han engendrado unas respuestas o
«concomitantes culturales» de al-cance universal, pues en toda cultura se tiene
que atender, respectivamente, a la provisión de alimentos, al establecimiento
de un sistema de parentesco, al abrigo, a la protección, a las actividades, a
la ejercitación y a la higiene.
Las
necesidades derivadas han hecho su aparición como consecuencia de la vida del
hombre en sociedad. Constituyen, de hecho, según Malinowski, formas indirectas
de satisfacción de las necesidades básicas. Así, la secuencia antes referida de
metabolismo/provisión de alimentos engendra a su vez la nueva secuencia
metabolismo/provisión de alimentos/técnicas que posibilitan la obtención de los
mismos, que, al propio tiempo, se amplía con la necesidad de transmitir el
conocimiento de estas técnicas de padres a hijos, etc.
Las
formas más elaboradas y complejas de la cultura provienen, como es lógico, de
estas secuencias sucesivamente ampliadas que configuran las necesidades
derivadas. El imperativo de organizar la conducta social mediante una serie de
reglas y sanciones que garanticen la coherencia del grupo constituye una
necesidad derivada, cuyo análisis específico se realiza, como ya se ha visto,
en Crimen y costumbre en la sociedad salvaje; una obra ya clásica en la moderna
antropología y de lectura plenamente actual, no sólo por las razones que al
principio se apuntaron, sino también por el hecho de que los análisis que
contiene sobre el derecho primitivo contribuyeron a que en su día Malinowski
formulara su importante teoría del funcionalismo antropológico.
CRONOLOGÍA
1884 7 de
abril: Bronislaw Malinowski nace en la ciudad polaca de Cracovia, a la sazón
capital de la Galitzia austríaca. Su padre, Lucjan Malinowski, era un eslavista
especializado en el dialecto polaco hablado en la región de Silesia.
1897 De
salud precaria, viaja con su madre por algunos países del sur de Europa.
1903
Comienza a estudiar filosofía en la Universidad de Cracovia.
1908
Obtiene el doctorado en filosofía. Se traslada a Leipzig, en Alemania, a fin de
estu-diar psicología y economía. Nace su pasión por la antropología tras la
lectura de La raza dorada,de Frazer.
1910 Se
instala en Gran Bretaña. En la London School of Economics estudia antropología.
1913
Publica su primera obra importante: La familia entre los aborígenes
australianos
(The
Family among the Australian Aborigines).
1914 Se
inicia la Primera Guerra Mundial. Malinowski, que es subdito austríaco y que,
como tal, puede ser llamado a filas, parte para Nueva Guinea, en Melanesia.
Allí, se instala entre los indígenas de Mailu.
1915 En
mayo, se traslada al cercano archipiélago de las Trobriand. En Omarakana y en
varias aldeas de la isla de Kiriwina, Malinowski emprende un trabajo de campo
que marcará un hito en la historia de la antropología; aprende la lengua de los
nativos y convive con ellos, investigando todos los aspectos de su cultura.
En
Inglaterra aparece publicado Los indígenas de Mailu (The Natives ofMailu),fruto
de su primer trabajo de campo realizado en 1914.
1916 En
marzo concluye su primera estancia en las islas Trobriand. Se doctora en
antropología por la Universidad de Londres.
1917
Nueva estancia en las Trobriand.
1919 En
Gran Bretaña, Malinowski contrae matrimonio con Elsie Rosaline Masson.
1922 A
partir del material recogido en las Trobriand, publica una de sus obras más
céle-bres, y que le proporciona un prestigio internacional inmediato:
Argonautas delPa-cífico Occidental(Argonauts ofthe Western Pacific).
1924 Tras
una larga estancia en las islas Canarias y en el sur de Francia, regresa a
Londres, en cuya universidad pasa a enseñar antropología.
1926
Visita Estados Unidos.
El mito
en la psicología primitiva (Myth in Primitive Psychology). Crimen y costumbre
en la sociedad salvaje (Crime and Custom in Savage Society).
1927 Es
designado profesor titutar de antropología en la Universidad de Londres. El
padre en la psicología primitiva (The Father in Primitive Psychology). Sexo y
represión en la sociedad salvaje (Sex and Repression in Savage Society).
1929 La
vida sexual de los salvajes del Noroeste de la Melanesia (The sexualLife of
Savages in North-Western Melanesia).
1931 En
el artículo «Cultura», que redacta para la Encyclopaedia ofthe SocialSciences,
Malinowski presenta una primera articulación de su pensamiento teórico.
1933
Imparte un curso de antropología en la Universidad de Cornell, en Estados
Unidos.
Se
interesa por el estudio de las culturas americanas primitivas.
1935
Muere su mujer.
Los
jardines delCoraly su magia (CoralGardens and theirMagic).
1936
Nueva estancia en Estados Unidos. La Universidad de Harvard le nombra doctor
ho-norario.
Fundamentos
de las creencias y la moral(The Foundations ofFaith and Morals).
1938 Su
interés por la cultura de los países africanos, que ha estudiado a lo largo de
estos años, se refleja en el prólogo que redacta para Frente almonte Kénya
(Facing MountKenya),de Jomo Kenyatta.
1940 Al
estallar la Segunda Guerra Mundial, Malinowski fija su residencia en Estados
Uni-dos. Allí ejerce de profesor de antropología en la Universidad de Yale.
1941
Estancia en México.
1942 16
de mayo: Bronislaw Malinowski muere repentinamente de un ataque al corazón en
New Haven, Connecticut.
1944
Valetta Swann edita postumamente Una teoría científica de la cultura (A
Scientific Theory ofCulture),la obra teórica más importante de Malinowski, y
Libertad y civi-lización (Freedom and Civilization).
1945
Dinámica delcambio de la cultura (The Dynamics ofCulture Change).
1948
Aparece el conjunto de ensayos reunidos en Magia, ciencia y religión (Magic,
Science and Religión and OtherEssays).
1967 A
los veinticinco años de su muerte, se editan los diarios personales que
escribió en polaco durante sus dos estancias en las Trobriand, y que aparecen
con el título de Un diario en el sentido estricto del término (A Diary in the
Strict Sense of the Term).
BIBLIOGRAFÍA
A) Obras de Malinowski traducidas al castellano:
Los argonautas delPacífico Occidental.Barcelona
Una
teoría científica de la cultura.Barcelona (Edhasa),
La vida
sexualde los salvajes delNoroeste de la Melanesia. Sexo y represión en la
sociedad primitiva.Buenos Aires (Nueva Magia,ciencia y religión.Barcelona
(Ariel), 1982, 2.a ed.
Los
jardines delCoral.Barcelona (Labor), 1977.
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tierra y los ritos agrícolas en las islas Trobriand.Barcelona 1977.
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ciencia.Barcelona (Anagrama), 1975.
«La
cultura», en J. S. Kahn, ed., El concepto de cultura: textos fundamentales.
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R., El hombre y la cultura. Investigación sobre los orígenes de la
civilización
contemporánea.Barcelona (Edhasa), 1971.
FRAZER,
J. G., Prólogo a Los argonautas del
Pacífico Occidental. Barcelona
(Península),
1973.
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ed., La antropología como ciencia.Barcelona (Anagrama), 1975.
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C. J., La evolución de la naturaleza humana. Madrid (Revista de Occidente),
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Viejos temas y nuevas orientaciones»,
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temperamento en las sociedades primitivas.Barcelona (Laia), 1973.
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H. L., Hombre,cultura y sociedad. México (Fondo de Cultura Económica), 1975.,
E., Jr., Pueblos primitivos de hoy.La vida almargen de nuestra civilización.
WEYER
Barcelona
(Seix Barral), 1972.
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
A sir
Richard Gregory
Editor de
Nature
PRÓLOGO
El
antropólogo moderno que hace sus investigaciones sobre el terreno, bien
preparado en cuanto a la teoría, cargado de problemas, intereses y quizá
nociones preconcebidas, no es el más indicado ni el mejor dispuesto para
mantener sus observaciones dentro de los límites de los hechos concretos y de
los datos precisos. Probablemente adquirirá nociones sobre cuestiones de
principio, tenderá a solucionar algunas de sus dificultades fundamentales y a
resolver para sí muchos puntos oscuros de perspectiva general. Por ejemplo,
inevitablemente llegará a algunas conclusiones respecto a si la mentalidad
primitiva difiere de la nuestra o es esencialmente similar; si el salvaje vive
constantemente en un mundo de poderes y peligros sobrenaturales o
si,porelcontrario, tiene sus intervalos de lucidez tan a menudo como cualquiera
de nosotros; si la solidaridad de clan es una fuerza universaltan avasalladora
como parece o silos paganos son tan egoístas e interesados como cualquiercristiano.
El
investigador antropólogo, al hacer el sumario escrito de los resultados
obtenidos, siente naturalmente la tentación de añadir a sus descripciones de
hechos concretos sus más amplias y algo difusas experiencias intangibles;a
detallarlas costumbres,creencias y organizaciones sobre elfondo de una teoría
generalde la cultura primitiva.Este librito es la consecuencia de que un
investigador de campo haya cedido a taltentación. Como atenuante de esta caída
— sicaída puede llamársele — me gustaría insistiren la gran ne-cesidad que hay
de más teoría en la jurisprudencia antropológica, especialmente de teoría
nacida delrealcontacto con los salvajes.Asimismo quisiera hacerobservarque en
este libro las reflexiones y generalizaciones se destacan claramente de los párrafos
descriptivos. Finalmente, aunque no por orden de importancia, quisiera hacer
constar que miteoría no está hecha de conjeturas o de reconstrucciones
hipotéticas,sino que es sencillamente una tentativa de formular elproblema,de
introducir conceptos precisos y definiciones claras dentro de este tema.
Las
circunstancias en las que esta tesis ha nacido contribuyeron también a su forma
actual. El materialy las conclusiones alcanzadas fueron preparados
principalmente en respuesta a una invitación de la RealInstitución de Gran
Bretaña ante la que se leyó un trabajo (sobre Las fuerzas de la ley y el orden
en una comunidad primitiva) elviernes día 13 de febrero de 1925. Como sucede a
menudo,me encontré con más materialy más conclusiones en mis manos de los que
podía incluir en una conferencia de una hora. He tenido el privilegio de poder
publicar parte de este material en Nature (véase el Suplemento del6 de febrero
de 1926 y elartículo del15 de agosto de 1925).Este libro contiene la versión
completa de mitrabajo.
Quiero
darlas gracias alConsejo de la RealInstitución.Almismo tiempo,estoy en deuda de
gratitud con sir Richard Gregory,eleditor de Nature, por permitirme la
reproducción de los artículos mencionados. Además le estoy también muy
agradecido por la ayuda y estímulo que recibíde élcon ocasión de mitrabajo
anterior.
No debo
pasar por alto que en la preparación de este volumen recibícompetente ayuda de
Mr.Raymond Firth,que lleva a cabo trabajos de investigación en la London
Schoolof Economics en el Departamento de Etnología. Pude conseguir su ayuda
gracias a una subvención de la Fundación Laura Spelman Rockefeller.
Últimamente, la Junta de esta Institución ha prestado especialatención
alfomento delestudio de la antropología como parte de su interés por el
desarrollo de las ciencias sociales. El estudio de las razas salvajes que están
desapareciendo rápidamente es uno de los principales deberes de la civilización
— ahora activamente empeñada en la destrucción de la vida primitiva — que hasta
ahora ha sido descuidado de una manera lamentable.
Esta
tarea no sólo es de una alta importancia científica y cultural,sino que además
no está desprovista de un valorpráctico considerable,en elsentido de que puede
ayudaral hombre blanco a gobernar, explotar y "mejorar" al nativo con
resultados menos perjudiciales para este último. La Fundación Laura Spelman
Rockefeller, a través de su marcado interés por la antropología como rama de
los estudios sociales, merecerá la
Bronislaw
Malinowski 17
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
profunda
gratitud de los humanistas presentes y futuros al erigir un monumento
perdurable a la noble mujeren cuya memoria fue fundada.
B.M.
18
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
INTRODUCCIÓN
La
antropología es todavía para la mayoría de los profanos y para muchos
especialistas
un objeto
de interés anticuario. Salvajismo es todavía sinónimo de costumbres absurdas,
crueles y
excéntricas, con raras supersticiones y odiosas prácticas. El desenfreno
sexual,
el
infanticidio, la caza de cabezas, el canibalismo y quién sabe qué, han hecho de
la
antropología
una lectura atractiva para muchos y un objeto de curiosidad más que de
estudio
serio para otros. Sin embargo, hay ciertos aspectos de la antropología que
tienen
un
carácter científico auténtico en el sentido de que no nos llevan más allá de
hechos
empíricos
para adentrarnos en el reino de las conjeturas incontrolables, sino que
ensanchan
nuestro conocimiento de la naturaleza humana y pueden llevarnos a una
aplicación
práctica directa. Me refiero, por ejemplo, a una materia como la economía
primitiva,
tan importante para nuestro conocimiento de la disposición económica del
hombre y
de tanto valor para aquellos que deseen desarrollar los recursos de los países
tropicales,
emplear mano de obra indígena y negociar con los nativos. O también,
pongamos
por caso, el estudio comparativo de los procesos mentales de los salvajes, una
línea de
investigación que ya ha demostrado su fertilidad en la psicología y que puede
ser
útil para
aquellos que están ocupados en la tarea de educar o mejorar moralmente al
nativo.
Y, por último, aunque no de menor importancia, hay también la cuestión de la
ley
primitiva,
el estudio de las diversas fuerzas que crean el orden, la uniformidad y la
cohe-
sión en
una tribu salvaje. El conocimiento de estas fuerzas debería ser el fundamento
de
las
teorías antropológicas de la organización primitiva, así como debiera señalar
las
normas
directrices de la legislación y administración colonial. Un estudio más
detallado
de los
llamados salvajes ha revelado que "los bestiales usos de los paganos"
son más el
producto
de firmes leyes y estrictas
tradiciones debidas a las necesidades
biológicas, mentales y sociales de la naturaleza humana que
el resultado de pasiones
sin freno
y excesos desordenados. La ley y el orden animan las costumbres tribales de las
razas primitivas, gobiernan el monótono curso de la existencia diaria y los
principales actos de la vida pública, tanto si éstos son divertidos y
sensacionales como si son importantes y serios. Sin embargo, de todas las ramas
de la antropología, el derecho primitivo ha sido la que en tiempos recientes ha
recibido la menor atención y la menos satisfactoria.
La
antropología no siempre se ha mostrado tan indiferente como ahora a la justicia
salvaje y a sus métodos de administración. Hace más o menos medio siglo hubo
una verdadera epidemia de investigación y estudio de la ley primitiva,
especialmente en el continente europeo y más particularmente en Alemania. Los
nombres de Bacho-fen, Post, Bernhoft, Kohler y otros escritores agrupados
alrededor de la Zeitschrift für vergleichende Rechtswissenschaft bastan para
recordar al sociólogo el alcance, volumen
Bronislaw
Malinowski 19
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
y calidad
del trabajo que ellos llevaron a cabo. Y, sin embargo, dicho trabajo encontró
muchas dificultades. Los mencionados autores tuvieron que valerse de los datos
de los primitivos etnógrafos aficionados, ya que en aquel tiempo todavía no
existía el moderno trabajo sobre el terreno del especialista entrenado, que se
hace con método, propósito determinado y buen conocimiento de los problemas. En
un asunto tan abstracto y complejo como el de la ley primitiva, las
observaciones de aficionados son en sustancia inútiles.
Los
primeros estudiosos alemanes del derecho salvaje partían todos de la hipótesis
de "la promiscuidad primitiva" y el "matrimonio de grupo",
de la misma manera que su contemporáneo británico, sir Henry Maine, sufría de
su excesiva adhesión al concepto patriarcal. La mayor parte de estos esfuerzos
europeos de la jurisprudencia antropológica iban dirigidos — o mejor dicho,
fueron desperdiciados — en la tarea de demostrar que las teorías de Morgan eran
correctas. El mito del "matrimonio de grupo" proyectaba su sombra
sobre todos sus argumentos y descripciones e infestaba sus interpretaciones
jurídicas con conceptos semejantes tales como "responsabilidad de
grupo", "justicia de grupo", "propiedad de grupo" y
"comunismo"; en pocas palabras, con el dogma de la ausencia de
derechos y responsabilidades individuales entre los salvajes.
Estas
ideas se basaban en la suposición de que en las sociedades primitivas el
individuo está completamente dominado por el grupo — la horda, el clan o la
tribu — y de que obedece los mandatos de su comunidad, sus tradiciones, su
opinión pública, sus decretos, etc., con una obediencia esclava, fascinada,
pasiva. Esta suposición que marca el tono de ciertas discusiones modernas sobre
la mentalidad y sociabilidad de los salvajes, sobrevive todavía en la escuela
francesa de Durkheim, en la mayor parte de los trabajos americanos y alemanes y
también en algunos escritos ingleses.
Así,
pues, la primitiva escuela de jurisprudencia antropológica, en difícil
situación por material insuficiente y suposiciones infundadas, se encontró en
un callejón sin salida de construcciones estériles y artificiales. En
consecuencia, se mostró incapaz de verdadera vitalidad y todo el interés que
había despertado e] tema se derrumbó pesadamente — a decir verdad, se
desvaneció casi por completo — después de su fugaz auge inicial. Se produjeron
uno o dos libros importantes sobre estas cuestiones —los estudios de Steinmetz
sobre los principios del castigo, y los análisis de Durkheim sobre el primitivo
derecho criminal y civil—; pero, en resumen, el ímpetu primero fue tan poco
edificante que los más modernos antropólogos ignoran su misma existencia tanto
en la teoría como en el trabajo práctico. En el clásico manual Notes and
Queries on Anthropology, la palabra derecho [law] no aparece ni en el índice ni
en la tabla de materias y las pocas líneas que se le dedican bajo el título de
Government: Politics,pese a ser excelentes, no corresponden en modo alguno a la
importancia del asunto. En el libro del malogrado doctor Rivers sobre
SocialOrganization,el problema del derecho primitivo se discute sólo de una
manera incidental y, como veremos, a través de la breve referencia que de él
hace el autor, más bien se le excluye que se le incluye en la sociología
primitiva.
Esta
laguna de la antropología moderna es debida, no a desinterés por la legalidad
primitiva, sino, por el contrario, a su excesiva exageración. Aunque parezca
una paradoja, es sin embargo cierto que la antropología actual descuida el
derecho primitivo porque tiene una idea exagerada y, voy a decirlo sin ambages,
equivocada de su perfección.
20
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
PRIMERA
PARTE
EL
DERECHO PRIMITIVO Y EL ORDEN
Bronislaw
Malinowski 21
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
LA
SUMISIÓNIAUTOMÁTICA
A LAS
COSTUMBRES Y EL VERDADERO PROBLEMA
Cuando
nos preguntamos por qué ciertas reglas de conducta, por duras, molestas o
desagradables que sean, son obedecidas; qué es lo que hace transcurrir tan
fácilmente la vida privada, la cooperación económica y los sucesos públicos; en
una palabra, en qué consisten la fuerza de la ley y el orden en la sociedad
salvaje, la respuesta no es fácil y lo que la antropología ha podido decirnos
dista de ser satisfactorio. Mientras se pudo sostener la teoría de que el
"salvaje" es realmente salvaje, de que éste sigue caprichosa y
descuidadamente el poco derecho que tiene, el problema no existía. Cuando esta
cuestión adquirió verdadera actualidad, cuando se hizo patente que lo
característico de la vida primitiva es más bien la hipertrofia que la carencia
de reglas y leyes, la opinión cien-tífica viró en redondo; al salvaje se le
convirtió, no sólo en un modelo de ciudadano cumplidor de la ley, sino que se
tomó como axioma que, al someterse a todas las reglas y limitaciones de su
tribu, el salvaje no hace más que seguir la tendencia natural de sus propios
impulsos; que de esta manera, por así decirlo, se desliza fácilmente por la
línea de menor resistencia.
El
salvaje — según el veredicto actual de competentes antropólogos — siente una
reverencia profunda por la tradición y las costumbres, así como muestra una
sumisión automática a sus mandatos. Los obedece "como un esclavo",
"ciegamente", "espontáneamente", debido a su "inercia
mental" combinada con el miedo a la opinión pública o a un castigo
sobrenatural; o también por el "sentimiento, o hasta instinto, de grupo,
que todo lo penetra". He aquí lo que dice un libro reciente: "El
salvaje está muy lejos de ser la criatura libré y despreocupada que nos pinta
la imaginación de Rousseau. Por el contrario, se halla cercado por las
costumbres de su pueblo, encadenado por tradiciones inmemoriales, no sólo en
sus relaciones sociales, sino también en su religión, su medicina, su
industria, su arte: en pocas palabras, en cada aspecto de su vida" (E.
Sidney Hartland en Primitive Law, p. 138). Podríamos muy bien aceptar todo
esto, aunque es incierto que las "cadenas de la tradición" sean
idénticas o similares en arte y en relaciones sociales, en industria y en
religión. Pero cuando inmediatamente se nos dice que "todas estas leyes
son aceptadas por el salvaje como una cosa corriente que a él ni se le ocurre
quebrantar", entonces nos vemos obligados a protestar. ¿No es acaso
contrario a la naturaleza humana el aceptar cualquier represión como si fuese
natural y para el hombre civilizado o salvaje cumplir reglamentos
desagradables, pesados y crueles, someterse a prohibiciones, etc., sin que se
le obligue? ¿Y que se le tenga obligado usando alguna fuerza o motivo al que él
no puede resistir?
Y, sin
embargo, esta sumisión instintiva, esta conformidad automática de cada miembro
de la tribu a sus leyes, es el axioma fundamental sobre el que se basa el
estudio del orden primitivo y su adhesión a la ley. Otra de las más destacadas
autoridades de esta cuestión, el llorado doctor Rivers, se refiere en el libro
que ya hemos mencionado a "un método no deliberado o intuitivo de regular
la vida social" que, según él, "está estre-chamente ligado al
comunismo primitivo". Y sigue diciéndonos: "En un pueblo como el
melanesio hay un sentimiento de grupo tan fuerte que hace innecesaria cualquier
organización social concreta para el ejercicio de la autoridad, exactamente del
mismo modo que hace posible el funcionamiento armonioso de la propiedad
colectiva y asegura el carácter pacífico de un sistema comunitario de
relaciones sexuales" (Social Organization,p. 169).
De este
modo se nos asegura de nuevo que los "métodos intuitivos" o "no
deliberados", la "sumisión instintiva" y un misterioso
"sentimiento de grupo" son la causa de que haya tanto ley como orden,
comunismo y promiscuidad sexual todo de una vez. Esto suena exactamente como un
paraíso bolchevique, pero es ciertamente equivocado en lo que
22
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
hace
referencia a sociedades melanésicas que conozco por observación propia.
Una idea
similar es la que expresa aún un tercer escritor, un sociólogo, que ha
contribuido más a nuestra comprensión de la organización de los salvajes desde
el punto de vista de la evolución mental y social que quizá cualquier otro
antropólogo viviente. El profesor Hobhouse, hablando de tribus con un nivel
cultural muy bajo, afirma que "tales sociedades tienen naturalmente sus
costumbres que para sus miembros son percibidas como obligatorias, pero si
nosotros entendemos por derecho un conjunto de reglas que una autoridad
competente se encarga de hacer cumplir con independencia de lazos personales de
parentesco y amistad, entonces una institución como ésta no es compatible con
su organización social" (Morals in Evolution,1915, p. 73). Aquí tenemos la
cuestión de la frase "percibidas como obligatorias" y nos preguntamos
si estas palabras no encubren y ocultan el verdadero problema en vez de
resolverlo. ¿Acaso no hay, por lo menos con respecto a ciertas reglas, un
mecanismo que obliga, aunque tal vez no esté reforzado por ninguna autoridad
central, sino sólo respaldado por verdaderos motivos, intereses y sentimientos
complejos? Por un "mero sentimiento" ¿se pueden hacer efectivas las
prohibiciones más severas, los deberes más gravosos y las obligaciones más
duras e irritantes? Nos gustaría saber más sobre esta inapreciable actitud
mental, pero el autor sencillamente lo da por descontado. Es más, la definición
mínima de la ley como "un conjunto de reglas que una autoridad
independiente de lazos personales se encarga de hacer cumplir" me parece
demasiado estrecha y que no destaca suficientemente los elementos más
pertinentes. Entre las muchas normas de conducta de las sociedades salvajes hay
ciertas reglas que se consideran como obligaciones ineludibles de un individuo
o grupo para con otro individuo o grupo. El cumplimiento de tales obligaciones
se recompensa por regla general de acuerdo con la medida de su perfección,
mientras que su incumplimiento repercute sobre el que las incumple. Si nos
instalamos en un punto de vista sobre el derecho tan comprensivo como éste e
investigamos la naturaleza de las fuerzas que lo hacen obligatorio, podremos
llegar a conclusiones mucho más satisfactorias que si nos ponemos a discutir
asuntos de autoridad, gobierno y castigo.
Consideremos
otra opinión representativa en este asunto, la de una de las más altas
autoridades antropológicas de los Estados Unidos, el doctor Lowie, y veremos
que expresa un punto de vista muy similar: "En general, las leyes no
escritas de uso consuetudinario acostumbran ser obedecidas con mucho mayor
diligencia que las de nuestros códigos escritos. Mejor dicho, son obedecidas
espontáneamente".1 Comparar la "diligencia" en obedecer la ley
de un salvaje de Australia con un neoyorkino o la de un melanesio con un
ciudadano inconformista de Glasgow es un procedimiento peligroso y las
conclusiones a que conduce deben considerarse como muy "en general"
hasta que, claro está, pierdan todo su significado. El hecho es que no hay
sociedad que pueda trabajar de un modo eficiente sin que sus leyes sean
obedecidas "diligentemente" y "espontáneamente". La amenaza
de coerción y el miedo al castigo no afectan al hombre medio, tanto
"salvaje" como "civilizado", mientras que por otra parte
son indispensables para ciertos elementos turbulentos o criminales de una y
otra sociedad. Asimismo hay que tener presente que en cada cultura humana hay
cierto número de leyes, prohibiciones y obligaciones que pesan mucho sobre cada
ciudadano, exigen gran sacrificio personal y sólo son obedecidas por razones
morales, sentimentales o prácticas, pero sin "espontaneidad" alguna.
No sería
difícil multiplicar los ejemplos y demostrar que el dogma de la sumisión
automática a las costumbres de la tribu domina toda la investigación del
derecho primitivo. A decir verdad, sin embargo, debe hacerse resaltar el hecho
de que cualesquiera imperfecciones de teoría u observación son debidas a las
reales dificultades y riesgos que tanto abundan en el estudio de este tema.
La
dificultad mayor del problema estriba, según creo, en la misma naturaleza
compleja y difusa de las fuerzas que estatuyen el derecho primitivo.
Acostumbrados como estamos a buscar una organización definida de funcionamiento
de la ley, administración e imposición del cumplimiento de la ley, también
buscamos algo parecido en la comunidad
1 Primitive Society,Cap. sobre
"Justicia", p. 381, ed. inglesa.
Bronislaw
Malinowski 23
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
salvaje
y, al no encontrar soluciones similares, llegamos a la conclusión de que toda
ley es obedecida por esta misteriosa propensión del salvaje a obedecerla.
Al
parecer, la antropología se enfrenta aquí con una dificultad similar a la que
tuvo que vencer Tylor en su "definición mínima de religión". Al
definir las fuerzas del derecho a base de autoridad central, de códigos,
tribunales y alguaciles, llegaríamos a la conclusión de que la ley no necesita
coerción en una comunidad primitiva, sino que es observada de una manera
espontánea. Algunos observadores han anotado el hecho de que el salvaje también
quebranta la ley algunas veces — pero sólo en ocasiones y raramente — y ello ha
sido aprovechado por fundadores de teorías antropológicas que siempre habían
sostenido que la ley criminal es la única ley de los salvajes; que cuando el
salvaje observa las prescripciones de la ley bajo condiciones normales, cuando
ésta es seguida y no desafiada, lo es como máximo, parcial, condicionalmente y
aun sujeta a evasiones; que no se le obliga a cumplirla por ningún motivo
poderoso como miedo al castigo o sumisión general a toda tradición, sino por
móviles psicológicos y sociales muy complejos; todo esto es un estado de cosas
que la antropología moderna hasta ahora ha pasado por alto. En la exposición
que sigue trataré de demostrar en un sector etnográfico, el noroeste de
Melanesia, las razones por las cuales observaciones de naturaleza semejante a
las que yo he llevado a cabo debieran extenderse, además, a otras sociedades
con el objeto de adquirir alguna idea sobre sus condiciones jurídicas.
Examinaremos
los hechos con una concepción muy amplia y muy flexible del problema que se
plantea ante nosotros. En la investigación de derecho y de fuerzas jurídicas,
trataremos simplemente de descubrir y analizar todas las reglas concebidas y
seguidas como obligaciones efectivas, de descubrir la naturaleza de las fuerzas
que limitan y obligan, y de clasificar las reglas de acuerdo con la manera en
que son hechas efectivas. Veremos que por un examen inductivo de los hechos,
llevado a cabo sin idea preconcebida alguna ni definición apriorística,
podremos llegar a una satisfactoria clasificación de las normas y reglas de una
comunidad primitiva, a distinguir claramente la ley primitiva de otras formas
de costumbre, y a un concepto nuevo, dinámico, de la organización social de los
salvajes. Dado que los hechos de derecho primitivo descritos en esta obra han
sido registrados en Melanesia, el área clásica de "comunismo" y
"promiscuidad", de "sentimiento de grupo", "solidaridad
de clan" y de "obediencia espontánea", las conclusiones que
podremos establecer — que liquidarán todos estos términos pegadizos y lo que
ellos significan — serán de interés especial.
24
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
LA
ECONOMÍA DEIILOS MELANESIOS
Y LA
TEORÍA DEL COMUNISMO PRIMITIVO
El
archipiélago Trobriand, que está habitado, por la comunidad melanésica a que me
refiero, se extiende al noroeste de Nueva Guinea y consiste en un grupo de
islas coralinas que rodean una amplia laguna. Las partes llanas están cubiertas
de suelo fértil, los peces pululan por la laguna, y tierra y agua ofrecen
además fáciles medios de intercomunicación a sus habitantes. Por lo tanto,
estas islas mantienen una densa población principalmente dedicada a la
agricultura y la pesca, pero también experta en varias artes y oficios, y
activa en el comercio y el cambio.
Como la
mayoría de los habitantes de las islas de coral, pasan una gran parte de su
tiempo en la laguna del centro. En un día de calma aparece llena de vida con
canoas llevando gente o productos, o dedicadas a uno de los muchos métodos de
pesca que les son propios. Un conocimiento superficial de estas actividades
podría dar la impresión de arbitrario desorden, anarquía y completa falta de
sistema. No obstante, pacientes y cuidadosas observaciones pronto nos
revelarían el hecho de que los nativos no sólo tienen definidos sistemas
técnicos de pescar y complicados convenios económicos, sino que además disponen
de una estrecha organización en sus equipos de trabajo, así como de una
división fija de funciones sociales.
Así,
veríamos que dentro de cada canoa hay un hombre, que es su verdadero
propietario, mientras, que el resto actúa como su tripulación. Todos estos
hombres, que por regla general pertenecen al mismo subclán, están ligados unos
a otros y a los individuos de su mismo poblado por obligaciones mutuas; cuando
toda la comunidad sale a pescar, el propietario no puede negar su canoa. O bien
debe salir él mismo o dejar que vaya alguien en su lugar. La tripulación está
asimismo obligada a él. Por razones que pronto se verán claras, cada hombre
debe ocupar su sitio y cumplir con la tarea que le corresponde. Del mismo modo
cada participante recibe su parte correspondiente de lo que se ha obtenido, es
decir, equivalente al servicio que ha prestado. Vemos, pues, que la propiedad y
uso de la canoa consiste en una serie de obligaciones y deberes concretos que
unen a un grupo de gente y lo convierten en un equipo de trabajo.
Lo que
hace que las condiciones sean todavía más complejas es que los propietarios y
los miembros de la tripulación tienen el derecho de ceder sus privilegios a
cualquier pariente o amigo. Esto se hace a menudo, pero siempre a cambio de
retribución, de retorno. Tal estado de cosas puede aparecer como muy igual al
comunismo a cualquier observador que no capte bien todas las complicaciones de
cada transacción: parece como si la canoa fuese propiedad de todo un grupo y
usada indiscriminadamente por toda la colectividad.
El doctor
Rivers nos dice textualmente que "uno de los objetos de la cultura
melanésica que es usualmente, por no decir siempre, el tema de propiedad común,
es la canoa", y más lejos, refiriéndose a esta afirmación, habla de
"hasta qué punto los sentimientos comunistas concernientes a la propiedad
dominan al pueblo de Melanesia" (Social Organization,pp. 106 y 107). En
otro trabajo, el mismo autor nos habla de "la conducta socialista o
incluso comunista de sociedades tales como éstas de Melanesia" (Psychology
and Politics,pp. 86 y 87).
Nada
sería más erróneo que tales generalizaciones. Hay una distinción y definición
estricta de los derechos de cada uno y esto hace que la propiedad lo sea todo
menos comunista. En Melanesia tenemos un sistema compuesto y complejo de
asociar la propiedad que de ningún modo participa de la naturaleza del
"socialismo" o del "comu-nismo". Así, una compañía por
acciones moderna podría ser calificada de "empresa comunista". De
hecho, cualquier descripción de una institución salvaje con términos tales
Bronislaw
Malinowski 25
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
como
"comunismo", "capitalismo" o "compañía por
acciones", tomados de las condiciones económicas actuales o de
controversia política, no puede sino inducir a error. El único procedimiento
correcto es el de descubrir el estado de cosas jurídico a base de hechos
concretos. Así, la propiedad de una canoa de pesca de Trobriand debe ser
descrita según la forma como dicho objeto es construido, usado y considerado
por el grupo de hombres que lo producen y que disfrutan de su posesión. El
dueño de la canoa, que actúa a la vez como jefe del equipo y mago pescador,
tiene que pagar ante todo la construcción de una nueva embarcación cuando la
vieja ya no sirve, y al mismo tiempo tiene que conservarla en buen estado,
aunque en esto le ayude el resto de la tripulación. En esto están bajo
obligaciones mutuas de comparecer cada uno en su puesto, mientras que cada
canoa debe salir cuando se ha proyectado una pesca colectiva. La embarcación es
utilizada de manera que cada asociado tiene derecho a ocupar determinado lugar
en ella, lo que implica ciertos deberes, privilegios y beneficios. Cada cual
tiene su puesto en la canoa, su tarea asignada y disfruta del correspondiente
título, ya sea de "patrón" o "timonel" o "guardián de
las redes" o "vigilante de pesca". Su posición y su título
vienen determinados por la acción combinada de categoría, edad y habilidad
personal. Cada canoa tiene también su lugar en la flota y su papel que
representar en las maniobras de pesca conjunta. Así, viéndolo de cerca,
descubrimos en esta ocupación un sistema definido de división de funciones y un
sistema rígido de obligaciones mutuas en el que se sitúan lado a lado un
sentido del deber y el reconocimiento de la necesidad de cooperación, además de
la comprensión del interés propio, de los privilegios y de los beneficios. Así,
pues, el sentido de propiedad no puede ser descrito con palabras tales como
"comunismo" ni "individualismo", ni tampoco refiriéndose a
sistema de "compañía por acciones" o "empresa personal",
sino por los hechos concretos y las condiciones de uso. Es la suma de deberes,
privilegios y servicios mutuos lo que liga a los asociados entre sí y al propio
objeto.
De modo
que, en relación con el primer objeto que atrajo nuestra atención —la canoa
nativa—, nos encontramos con ley, orden, privilegios definidos y un sistema de
obligaciones bien desarrollado.
26
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
III
LA
EFECTIVIDAD DE LAS OBLIGACIONES ECONÓMICAS
Con
objeto de adentrarnos más profundamente en la naturaleza de estas obligaciones,
sigamos a los pescadores a la playa. Veamos qué sucede con el reparto de la
pesca recogida. En la mayoría de los casos sólo una pequeña proporción de ella
se queda entre los naturales de aquel poblado. Por regla general encontraremos
a cierto número de habitantes de alguna comunidad de tierra adentro que están
esperando en la playa. Vemos cómo reciben sartas de pescado de manos de los
pescadores y cómo se las llevan a casa, a menudo a muchas millas de distancia,
corriendo tanto como pueden para llegar allí mientras el pescado está todavía
fresco. Nos hallamos de nuevo ante un sistema de servicios y obligaciones
mutuas basado en un convenio ya establecido entre dos poblados distintos. El
poblado de tierra adentro suministra hortalizas a los pescadores, y la
comunidad costera les paga con pescado. Este convenio es primariamente de
índole económica. Tiene además un aspecto ceremonial ya que el intercambio ha
de efectuarse de acuerdo con un ritual complicado. Asimismo, tiene su lado
jurídico: un sistema de obligaciones mutuas que obliga al pescador a pagar
cuando recibe un obsequio de su compañero de tierra adentro, y viceversa.
Ninguno de los dos puede negarse a este compromiso, ninguno de los dos puede
escatimar cuando devuelve el obsequio y ninguno de los dos debe retrasarse en
hacerlo.
¿Cuál es
la fuerza motivadora que respalda estas obligaciones? Los poblados costeros y
los de tierra adentro tienen que contar respectivamente el uno con el otro para
el suministro de alimentos. Los nativos de la costa nunca tienen suficientes
hortalizas mientras que los de tierra adentro están siempre necesitados de
pescado. Lo que es más: la costumbre requiere que en la costa todas las grandes
exhibiciones ceremoniales y distribuciones de alimentos, que constituyen un
aspecto sumamente importante de la vida pública de estos nativos, sean hechas
con ciertas variedades de hortalizas especialmente grandes y sabrosas que sólo
crecen en las fértiles llanuras del interior. Y en el interior, por otra parte,
lo importante de una buena distribución y fiesta es el pescado. Así, a todas
las demás razones de peso que valoran los alimentos respectivamente más raros,
se añade una dependencia artificial culturalmente creada de un distrito para
con el otro. De modo que, en conjunto, cada colectividad necesita mucho de sus asociados.
Si previamente, en alguna ocasión, se han mostrado culpables de negligencia,
saben que de una forma u otra las consecuencias son graves. O sea que ca-da
comunidad tiene un arma para hacer valer sus derechos: la reciprocidad.
Y ésta no
está limitada al intercambio de pescado por hortalizas. Por regla general,
estas dos colectividades dependen una de la otra también en otras formas de
comercio así como en otros servicios mutuos. De este modo cada cadena de
reciprocidad se va haciendo más fuerte al convertirse en parte y conjunto de un
sistema completo de prestaciones mutuas.
Bronislaw
Malinowski 27
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
IV
RECIPROCIDAD
Y ORGANIZACIÓN DUAL
Sólo he
hallado un autor que apreciara íntegramente la importancia de la reciprocidad
en la organización social primitiva. El notable antropólogo alemán profesor
Thurnwald, de Berlín, reconoce claramente "die Symmetrie des
Gesell-schaftsbaus" (simetría de la estructura social) y la
correspondiente "Symmetrie von Handlungen" (simetría de las
acciones).2 A lo largo de su monografía, que es quizá la mejor relación
existente de la organización social de una tribu salvaje, el profesor Thurnwald
nos muestra cómo la simetría de la estructura social y de las acciones llena la
vida de los nativos. Sin embargo, su importancia como forma de obligación
jurídica no es expuesta de un modo explícito por el autor, quien parece más
consciente de su base psicológica "en el senti-miento humano" que de
su función social como salvaguarda de la continuidad y adecuación de los
servicios mutuos.
Las
viejas teorías de la dicotomía tribal, las discusiones sobre los
"orígenes" de "fratrías" o "mitades" y de la
dualidad en subdivisiones tribales, no entraron nunca en los fundamentos
interno o diferencial del fenómeno externo de la partición en mitades. La
reciente consideración de la "organización dual" por el malogrado
doctor Rivers y su escuela padece del defecto de buscar causas recónditas en
vez de analizar el fenómeno propiamente dicho. El principio dual no es ni el
resultado de "fisión", "separación", ni el de cualquier
otro cataclismo sociológico. Es el resultado íntegro de la simetría interna de
todas las transacciones sociales, de la reciprocidad de servicios, sin los
cuales no hay colectividad primitiva que pueda existir. Una organización dual
puede aparecer claramente en la división de una tribu en dos
"mitades" o ser completamente destruida —pero me aventuro a
pronosticar que cuando se lleve a cabo una investigación cuidadosa, se
encontrará que la simetría de estructura en cada sociedad salvaje es la base
indispensable de obligaciones recíprocas.
La manera
sociológica como se ordenan las relaciones de reciprocidad las hace todavía más
estrictas. Los intercambios entre dos comunidades no se llevan a cabo de un
modo casual, fortuito, como de dos individuos que comercian al azar el uno con
el otro, sino todo lo contrario: cada hombre tiene su compañero permanente en
el intercambio y los dos tienen que negociar el uno con el otro. A menudo son
parientes políticos o amigos jurados o socios en el importante sistema del
intercambio ceremonial llamado kula.
Además,
dentro de cada colectividad los socios individuales son clasificados en
subclanes totémicos, de modo que el intercambio establece un sistema de lazos
sociológicos de naturaleza económica, a menudo combinado con otros lazos entre
individuo e individuo, grupos de parentesco y grupos de parentesco, poblado y
poblado, distrito y distrito. Si examinamos las relaciones y transacciones
previamente descritas, nos será fácil ver que el mismo principio de mutualismo
proporciona la sanción de cada regla. En cada acto hay un dualismo sociológico:
dos partes que intercambian servicios y funciones, donde cada una de ellas
cuida de que la otra cumpla su parte del compromiso y se conduzca con honradez.
El patrón de la canoa, cuyos intereses y ambiciones van ligados a su
embarcación, cuida que reine el orden en las transacciones internas entre los
miembros de la tripulación a la cual representa en sus relaciones exteriores.
Para él, cada miembro de la tripulación está bajo obligación en el momento de
la construcción e incluso después cuando su cooperación se estima necesaria.
Recíprocamente, el dueño tiene que dar a
2
"Die Symmetrie von Handlungen aber nennen wir das Prinzip der Vergeltung.
Dieses liegt tief verwurzelt im menschli-chen Empfinden— als adäquate Reaktion
— und ihm kam von jeher die grösste Bedeutung im sozialen Leben zu" (Die
Gemeinde derBañara,Stuttgart, 1921, p. 10). 28 Bronislaw Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
cada
hombre el pago ceremonial en la fiesta de construcción; el dueño no puede negar
a nadie su lugar en la canoa y tiene que cuidarse de que cada hombre reciba su
parte correspondiente de la pesca recogida. En esto, como en todas las
múltiples actividades de orden económico, la conducta social de los nativos
está basada en un sistema bien evaluado de toma y daca con cuentas que se
llevan mentalmente, pero que siempre se saldarán equitativamente. No hay
descuentos en las liquidaciones ni se aceptan tratos de favor; ni hay omisión
"comunista" de la liquidación de cuentas ni de atribución estricta de
participaciones. Todas las transacciones se llevan a cabo de un modo fácil y
libre, y las buenas maneras que predominan cubren cualquier inconveniente o
disconformidad que pueda presentarse, haciendo que al observador superficial le
sea difícil ver el vivo interés propio y el cuidadoso ajuste de cuentas que se
efectúa en todo tiempo. Pero para el que conoce a los nativos íntimamente, nada
es más claro y patente. El mismo mando que el patrón asume en su canoa es
ejercido dentro de la colectividad por el jefe, quien, además, por regla
general, es el mago hereditario.
Bronislaw
Malinowski 29
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
V
LEY,
INTERÉS PROPIO Y AMBICIÓN SOCIAL
Casi no
es necesario añadir que hay también otras fuerzas poderosas, además de la
compulsión de las obligaciones recíprocas, que ligan a los pescadores a sus
tareas. La utilidad de esta ocupación, el anhelo que sienten por este alimento
fresco y excelente y, por encima de todo, quizá la atracción de lo que para los
nativos es un deporte intensa-mente fascinador, les mueven a seguir pescando
más conscientemente y más efectivamente de lo que hemos descrito, como una
obligación legal. Pero la compulsión social, la consideración por los derechos
efectivos y por las pretensiones de los otros ocupan siempre un lugar
preeminente en la mente del nativo, así como en sus formas de conducta, una vez
esto ha sido bien comprendido. También es indispensable para asegurar el
funcionamiento uniforme de sus instituciones, porque a pesar de todo el gusto y
atracción que sienten por esto, en cada ocasión hay unos pocos individuos que
no se muestran bien dispuestos a colaborar, irritables, malhumorados,
obsesionados por algún otro interés — muy a menudo por alguna intriga — que
desearían escabullirse de cumplir con su obligación si ello fuese posible.
Cualquiera que sepa lo extremadamente difícil, si no imposible, que es
organizar un grupo de melanesios, incluso para llevar a cabo una actividad
corta y divertida que requiera una acción concertada, y en cambio lo bien y
rápidamente que se ponen a la obra para realizar sus empresas habituales,
comprenderá el papel y la necesidad de la compulsión debida al convencimiento
nativo de que otro hombre tiene algún derecho sobre su trabajo.
Hay
todavía otra fuerza que hace los deberes más obligatorios. Ya he mencionado el
aspecto ceremonial de las transacciones. Los regalos de alimentos en el sistema
de intercambio descrito más arriba deben ser ofrecidos de acuerdo con
formalidades estrictas, en medidas de madera especialmente construidas, traídas
y presentadas en la forma prescrita, en una procesión ceremonial y con
trompeteo de cuernos marinos. Ahora bien, nada tiene mayor influencia sobre la
mente de un melanesio que la ambición y la vanidad que van asociadas a la
exhibición de alimentos y de riqueza. En la entrega de sus regalos, en la
distribución de sus excedentes, experimentan una manifestación de poder y un
realce de su personalidad. El nativo de las islas Trobriand guarda sus alimentos
en asas mejor hechas y más ornamentadas que las chozas que le sirven de
vivienda. La generosidad es para él la virtud más alta, y la riqueza el
elemento esencial de la influencia y el rango. La asociación de una transacción
semicomercial con ceremonias públicas reguladas suministra otra fuerza
obligatoria de cumplimiento a través de un mecanismo psicológico especial: el
deseo de exhibición, la ambición de aparecer munificente y la extremada
estimación de la riqueza y la acumulación de alimentos.
De este
modo hemos podido penetrar algo en la naturaleza de las fuerzas mentales y
sociales que convierten ciertas reglas de conducta en leyes obligatorias. Y la
fuerza obligatoria no es superflua ni mucho menos, ya que cuando el nativo
puede evadirse de sus obligaciones sin pérdida de prestigio o sin posible
riesgo de sus ganancias, lo hace, exactamente como lo haría cualquier hombre de
negocios civilizado. Cuando se estudia más de cerca la "regularidad
automática" en el cumplimiento de las obligaciones que tan a menudo se
atribuye a los melanesios, se hace patente que hay tropiezos constantes en las
transacciones, que hay gran descontento, refunfuñamiento y recriminaciones, y
que raramente hay un hombre que esté completamente satisfecho de su socio. Pero,
en conjunto, el nativo continúa en el consorcio y cada cual trata de cumplir
con sus obligaciones, ya que se ve impelido a ello, en parte por inteligente
egoísmo, y en parte por obediencia a sus ambiciones y sentimientos sociales.
Comparemos al verdadero salvaje, por ejemplo, siempre tan dispuesto a evadirse
de sus deberes, fanfarrón y
30
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
jactancioso
cuando los ha cumplido, con el muñeco salvaje del antropólogo que seguiría
ciegamente las costumbres y obedecería automáticamente toda regulación. No hay
el más remoto parecido entre lo que nos enseña la antropología sobre este tema
y la realidad de la vida nativa. Empezamos a ver que el dogma de la obediencia
mecánica a la ley impediría al investigador en el terreno constatar los hechos
verdaderamente significativos de la organización jurídica primitiva. Ahora nos
damos cuenta de que las reglas del derecho, las reglas que fijan una definida
obligación, sobresalen de las meras reglas de la costumbre. También podemos ver
que la ley civil que consiste en disposiciones positivas está mucho más
desarrollada que el conjunto de meras prohibiciones, y que el estudio del mero
derecho criminal entre los salvajes pasa por alto los fenómenos más importantes
de su Vida jurídica.
Es
también obvio que la clase de reglas que hemos considerado, aunque son
incuestionables reglas jurídicas obligatorias, no tienen en modo alguno el
carácter de preceptos religiosos que siempre son formulados de un modo absoluto
y que deben ser obedecidos rígida e íntegramente. Las reglas aquí descritas son
esencialmente elásticas y adaptables, dejando una laxitud considerable dentro
de la cual su cumplimiento se considera satisfactorio. Las sartas de pescado,
las medidas de ñame, los manojos de taro, sólo pueden ser evaluados de una
manera aproximada, y naturalmente las cantidades intercambiadas varían según la
abundancia de la pesca o la de la cosecha de hortalizas. Todo esto se tiene
siempre en cuenta, y sólo la tacañería intencionada, la negligencia o la
holgazanería son consideradas como incumplimiento de contrato. Dado que, como
hemos dicho, la generosidad es cuestión de honor y de elogio, el nativo
corriente hará acopio de todos sus recursos con objeto de mostrarse pródigo en
su medida. Sabe además que cualquier exceso de celo y de generosidad será tarde
o temprano debidamente recompensado.
Ahora
vemos que un concepto estrecho y rígido del problema —una definición de
"derecho" como maquinaria de aplicar justicia en casos de
transgresión—, dejaría fuera todos los fenómenos a que hemos aludido. En todos
los hechos descritos, el elemento o aspecto del derecho que es de efectiva
compulsión social consiste en complicados arreglos que hacen que la gente
cumpla con sus obligaciones. La más importante de ellas es la forma en que
muchas transacciones están integradas en cadenas de servicios mutuos, cada uno
de los cuales será recompensado en fecha ulterior. La forma pública y
ceremonial como se llevan a cabo usualmente estas transacciones, combinada con
la extremada ambición y vanidad de los melanesios, se suma a las fuerzas que
salvaguardan el derecho.
Bronislaw
Malinowski 31
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
LAS
REGLASVIDE DERECHO
EN LOS
ACTOS RELIGIOSOS
Hasta
ahora me he referido principalmente a las relaciones económicas, ya que el
derecho civil trata principalmente de propiedad y riqueza, entre los salvajes
lo mismo que entre nosotros, pero podremos hallar el aspecto jurídico en
cualquier otro terreno de la vida tribal. Tomemos por ejemplo uno de los actos
más característicos de la vida ce-remonial — los ritos de duelo por los
difuntos —. Al principio, claro está, vemos en ellos su carácter religioso: son
actos de piedad hacia el finado causados por el miedo, el amor o la solicitud
por el espíritu del muerto. Como manifestación ritual y pública de emoción,
forman también parte de la vida ceremonial de la colectividad.
¿Quién,
sin embargo, sospecharía un lado jurídico a tales actividades religiosas? Y, no
obstante, en las islas Trobriand no hay un solo acto funerario, ni una sola
ceremonia, que no esté considerado como una obligación del ejecutante para con
algunos de los otros sobrevivientes. La viuda llora y se lamenta en dolor
ceremonial, en piedad religiosa y miedo, pero también porque la fuerza de su
dolor proporciona una satisfacción directa a los hermanos y parientes maternos
del difunto. Según la teoría nativa del parentesco, son los parientes por línea
materna los que están realmente afectos. La esposa, aunque vivía con su marido,
aunque debe llorar su muerte y aunque a menudo lo hace real y sinceramente,
sigue siendo sólo una extraña de acuerdo con las reglas del parentesco
matrilineal. Por lo tanto, su deber hacia los miembros sobrevivientes del clan
de su esposo es manifestar, exhibir su dolor de modo aparatoso, guardar un
largo período de luto y llevar la quijada o mandíbula de su esposo durante
varios años después de su muerte. Esta obligación, sin embargo, no carece de
reciprocidad. Cuando tenga efecto la primera distribución ceremonial, unos tres
días después de la muerte de su esposo, recibirá el pago de sus lágrimas de
manos de los parientes de su marido y será un pago importante; y en las fiestas
ceremoniales que se celebran más tarde, también recibirá más pagos por sus
subsiguientes servicios de duelo. También debiera tenerse presente que para los
nativos el luto es sólo un eslabón en la cadena de reciprocidades de toda la
vida entre marido y mujer y entre sus respectivas familias.
32
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
VII
DERECHO
MATRIMONIAL
Esto nos
lleva al tema del matrimonio, que es extraordinariamente importante para llegar
a una verdadera comprensión de la ley nativa. El matrimonio no sólo establece
un vínculo entre marido y mujer, sino que también impone una permanente
relación de mutualidad entre la familia del esposo y la de la esposa,
especialmente el hermano de ella. Una mujer y su hermano están ligados entre sí
por lazos de parentesco característicos y muy importantes. En una familia de
las islas Trobriand, una mujer debe estar siempre bajo la tutela especial de un
hombre —uno de sus hermanos o, si no tiene ninguno, su pariente materno más
próximo—. Ella tiene que obedecerle y cumplir una serie de deberes, mientras él
se ocupa de su bienestar y se hace cargo de ella económicamente incluso después
de casada.
El
hermano pasa a ser el guardián custodio de los hijos de ella, que deben
considerarle a él, y no a su padre, como al verdadero cabeza de familia. A su
vez, él tiene que ocuparse de ellos y suministrar a la familia de su hermana
una considerable proporción de alimentos. Esto resulta tanto más pesado cuanto
que el matrimonio, por ser patrilocal, obliga a la muchacha a trasladarse a la
comunidad de su esposo, de modo que cada vez que se recoge la cosecha hay un
chassé-croisé económico general a través de todo el distrito.
Una vez
las cosechas recogidas, se procede a la clasificación de los ñames, y lo mejor
de la cosecha de cada huerto se coloca en una pila de forma cónica. La pila
principal de cada huerto es siempre para la familia de la hermana. El único
propósito de toda la habilidad y trabajo dedicados a esta exhibición de
alimentos es la satisfacción de la ambición del agricultor, ya que toda la
colectividad, mejor dicho, todo el distrito contemplará los productos
cultivados, hará sus comentarios sobre ellos, criticará o elogiará. Según
palabras textuales de mi informante, una gran pila quiere decir: "Fijaos
en lo que he hecho por mi hermana y su familia. Soy un buen agricultor y mis
parientes más próximos, mi hermana y sus hijos, no sufrirán nunca por falta de
comida". Transcurridos unos días, se deshace la pila de alimentos, se
colocan los ñames dentro de unos cestos y éstos son trasladados al poblado de
la hermana, donde se procede a colocarlos exactamente de la misma forma que
antes enfrente de la casa-depósito de ñame del marido de la hermana; allí, de
nuevo, los miembros de la colectividad verán el montón y lo admirarán. Todo
este aspecto ceremonial de la transacción tiene una fuerza obligatoria que ya
conocemos. La exhibición, las comparaciones, la evaluación pública, todo esto
impone una definida compulsión psicológica sobre el dador, le satisfacen y
recompensan cuando el éxito de su labor le permite ofrecer un regalo generoso,
pero le castigan y humillan cuando se muestra ineficiente, tacaño o ha tenido
mala suerte.
Además de
la ambición, la reciprocidad predomina en esta transacción como en todas partes
hasta el extremo de que a veces se diría que dar es prácticamente casi tanto
como recibir. En primer lugar, el marido tiene que recompensar con definidos
regalos periódicos cada contribución anual de la cosecha. Más tarde, cuando los
niños crezcan, éstos estarán directamente bajo la autoridad de su tío materno;
los muchachos tendrán que ayudarle, asistirle en todo y contribuir con una
cuota determinada a todos los pagos que éste tenga que hacer. Las hijas de su
hermana hacen poco por él directamente, pero indirectamente, en una sociedad
matrilineal, le proporcionan herederos y descendientes en las dos generaciones
siguientes.
Así,
pues, si colocamos las ofrendas de la cosecha dentro de su contexto sociológico
y con una visión amplia de su relación, vemos que cada transacción está
justificada como un eslabón en la cadena de mutuas prestaciones. Y, sin
embargo, considerándola aparte,
Bronislaw
Malinowski 33
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
fuera de
su marco, cada transacción nos parece disparatada, intolerablemente gravosa y
sociológicamente sin sentido, y también, sin duda alguna,
"comunística". ¿Qué podría ser más económicamente absurdo que esta
oblicua distribución de productos agrícolas en que cada hombre trabaja para su
hermana y a su vez tiene que depender del hermano de su esposa, y donde se
desperdician más tiempo y energía en exhibiciones, alardes y transporte de los
productos que en verdadero trabajo? No obstante, viéndolo de cerca, se
comprende que algunas de estas acciones aparentemente innecesarias son
poderosos incentivos económicos, que otras suministran la fuerza obligatoria
legal, mientras que otras, a su vez, son el resultado directo de las ideas
nativas sobre el parentesco. Está claro también que nosotros podemos comprender
el aspecto legal de tales cosas sólo si las considerarnos íntegramente sin
exagerar demasiado un eslabón especial de la cadena de deberes recíprocos.
34
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
VIII
EL
PRINCIPIO DE RECIPROCIDAD
PERMEA LA
VIDA TRIBAL
En los
capítulos que anteceden hemos visto una serie de ilustraciones de la vida
nativa que muestran el aspecto legal de la relación matrimonial, de la
cooperación en una partida de pesca, de intercambio de comida entre poblados
costeros y de tierra adentro, de ciertos deberes ceremoniales de manifestación
de duelo. Estos ejemplos fueron presentados con cierto detalle con el fin de
hacer resaltar claramente el funcionamiento concreto de lo que me parece ser el
verdadero mecanismo de la ley, de la compulsión social y psicológica, de las
verdaderas fuerzas, motivos y razones que hacen que los hombres cumplan con sus
obligaciones. Si el espacio lo permitiese, sería fácil presentar estos ejemplos
aislados dentro de un cuadro coherente con el objeto de mostrar que en todas
las relaciones sociales y en todos los varios dominios de la vida de la tribu
se puede descubrir exactamente el mismo mecanismo legal, el cual coloca las
obligaciones vinculantes en una categoría especial que las separa de los otros
tipos de reglas consuetudinarias. Sin embargo, en este caso, un rápido y
comprensivo examen tendrá que bastarnos.
Tomemos,
por ejemplo, en primer lugar, las transacciones económicas: el intercambio de
artículos y de servicios se lleva a cabo principalmente dentro de un consorcio
establecido o va unido a lazos sociales definidos o aun acoplado con un
mutualismo en asuntos no económicos. Se ve que la mayoría de los actos
económicos, si no todos, pertenecen a alguna cadena de presentes recíprocos y
contra-presentes que a la larga equilibran la cuenta y benefician a ambos lados
por igual.
Ya he
dado cuenta detallada de las condiciones económicas del noroeste de Melanesia
en "The Primitive Economics of the Trobriand Islanders" (Economic
Journal, 1921), y en Argonauts of the Western Pacific, 1923. El capítulo VI de
aquel volumen trata de los asuntos que discutimos aquí; es decir, de las formas
de intercambio económico. Por aquel entonces, mis ideas sobre el derecho
primitivo no habían madurado suficientemente y presentaba los hechos sin hacer
referencia al tema presente, por lo que su testimonio resulta aún más valioso.
Sin embargo, cuando describo una categoría de ofrendas como "regalos
puros" y bajo este nombre colocó los regalos de marido a mujer y de padre
a hijos, está bien claro que cometía una equivocación. De hecho, caigo en el
error supuesto más arriba de arrancar el acto de su contexto propio, de no
considerar suficientemente la cadena de transacciones. No obstante, en el mismo
párrafo suministro una rectificación implícita de mi equivocación al manifestar
que "los nativos dicen que un regalo de padre a hijo significa el pago de
la relación que el primero sostiene con la madre" (p. 179). Señalo también
que los "regalos gratis" a la esposa están basados en la misma idea.
Pero la exposición verdaderamente correcta de las condiciones — correcta desde
el punto de vista tanto jurídico como económico — sería el abarcar todo el
sistema de regalos, deberes y beneficios mutuos intercambiados entre el marido
por una parte, y la esposa, hijos y hermano de la esposa por otra. Entonces se
vería que de acuerdo con las ideas de los nativos este sistema está basado en
una reciprocidad muy complicada y que a la larga los servicios mutuos
restablecen el equilibrio. 3
3
Compárese el justo juicio crítico de mi expresión "regalo puro" con
todo lo que implica qué hizo M. Marcel Mauss en L Année Sociologique,
"Nouvelle Serie", vol. I, pp. 171 s. Yo había escrito este párrafo
antes de ver las críticas de M. Mauss que concuerdan sustancialmente con las
mías propias. Es satisfactorio para un investigador ver que ha presentado tan
bien sus observaciones que éstas permiten a otros la refutación de sus
conclusiones por su mismo material. Y a mí especialmente me
Bronislaw
Malinowski 35
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
La
verdadera razón por la que todas estas obligaciones económicas se observan
normalmente y se observan además muy escrupulosamente, es que el no cumplirlas
coloca a un hombre en una posición intolerable, así como el cumplirlas con
retraso o deficientemente le cubre de oprobio. El hombre que persistentemente
desobedeciera las reglas de la ley en sus tratos económicos se encontraría bien
pronto fuera del orden social y económico — cosa de la que se da perfecta
cuenta —. Hoy día se presentan casos en los que algunos nativos, ya sea por
holgazanería, excentricidad o espíritu no conformista, han decidido ignorar
estas obligaciones de su estado legal y se ve cómo automáticamente se han
convertido en parias dependientes de algún blanco.
El
ciudadano honrado está en la obligación de cumplir con sus deberes, aunque su
sumisión no se debe a ningún instinto o impulso intuitivo ni a un misterioso
"sentimiento de grupo", sino al detallado y elaborado funcionamiento
de un sistema en el cual cada acto tiene su propio lugar y se debe ejecutar sin
falta. Aunque ningún nativo, por inteligente que sea, formulara este estado de
cosas de una manera general y abstracta ni lo presentara como una teoría
sociológica, cada uno de ellos conoce perfectamente su existencia y puede
prever las consecuencias en cada caso concreto.
En las
ceremonias mágicas y religiosas, casi cada acto —además de su propósito
primario
— es
considerado como una obligación entre grupos e individuos, y tarde o temprano
tiene que hacerse su pago equivalente o contraservicio estipulado por la
costumbre. La magia en sus formas más importantes es una institución pública en
la cual el mago de la colectividad, que por regla general desempeña su cargo
por herencia, tiene que prestar sus servicios en favor de todo el grupo. Tal es
el caso, por ejemplo, en la magia de cultivo, pesca, guerra, predicción del
tiempo y construcción de canoas. El mago está obligado a ejercer su magia tan
pronto como surja la necesidad, en la estación adecuada o en ciertas
circunstancias a fin de mantener los tabúes y a veces incluso dirigir toda la
empresa. Por todo esto se le paga con pequeñas ofrendas dadas inmediatamente y
a menudo incorporadas en los procedimientos de ritual. Pero la verdadera
recompensa está en el prestigio que su posición le confiere.4 En casos de magia
menor u ocasional, tales como amuletos para propiciar el amor, ritos curativos,
brujería, magia contra el dolor de muelas y de protección de los cerdos, etc.,
cuándo ésta se aplica en favor de otro tiene que estar muy bien pagada y la
relación entre cliente y profesional se basa en un contrato dictado por la
costumbre. Desde el punto de vista de nuestro presente tema, debemos registrar
el hecho de que todos los actos de magia comunal son obligatorios para el mago,
y la obligación de ejecutarlos va unida al cargo de mago de la colectividad,
que es hereditario en la mayoría de los casos y que siempre es una posición de
poder y de privilegio. Un hombre puede declinar su posición y cederla a su
sucesor más próximo, pero una vez la ha aceptado tiene que llevar a cabo todo
el trabajo inherente a ella, y la colectividad, por su parte, le tiene que dar
lo que le es debido.
En cuanto
a los actos que usualmente se considerarían como religiosos más bien que
mágicos — tales como ceremonias de nacimiento o de matrimonio, ritos de muerte
y de duelo, la adoración de los fantasmas, espíritus o personajes míticos —, se
ve que también tienen un lado legal claramente ejemplarizado en el caso de los
actos mortuorios descritos más arriba. Todo acto importante de naturaleza
religiosa es concebido como una obligación moral hacia el objeto que se venera:
fantasma, espíritu o poder, al propio tiempo que satisface una aspiración
emocional del ejecutante; pero tiene su lugar indiscutible en alguna estructura
social y es considerado por una tercera persona o personas como algo que les es
debido, vigilado y luego pagado o devuelto por medio de otro servicio parecido.
Por ejemplo, cuando con ocasión del retorno anual de los espíritus a su antiguo
poblado se hace una ofrenda al espíritu de un pariente muerto, no sólo se
ha
resultado aún más agradable el constatar que después, al madurar mis ideas,
éstas me han conducido independientemente a los mismos resultados de mi
distinguido amigo M. Mauss.
4 Para
mayor información referente al status legal y social del mago hereditario,
véase el Capítulo XVII sobre la "Magia" en Argonauts ofthe Western
Pacific,así como las descripciones y referencias diversas sobre la magia de la
construcción de canoas, magia de navegar, magia de kaloma.Véase también la
breve relación de magia de huertos en "Primiti-ve Économics"
(Economic Journal, 1921); de magia de guerra en Man,1920 (artículo n, 5); y. de
magia de pesca en Man,1918 (artículo n, 53).
36
Bronislaw Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
Bronislaw
Malinowski 37
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
satisfacen
sus sentimientos y sin lugar a dudas su apetito espiritual, que se alimenta de
la substancia espiritual de la comida, sino que probablemente se expresa
también el propio sentimiento hacia el muerto querido. Además, en ello va
envuelta una obligación social: cuando los platos de comida llevan ya algún
tiempo expuestos y el espíritu ha terminado con su participación espiritual, el
resto — que a pesar de todo no aparece menos adecuado para el consumo ordinario
— es ofrecido a un amigo o pariente político viviente, quien, a su vez,
devuelve la ofrenda con un regalo parecido algún tiempo más tarde.5 No recuerdo
ni un solo acto de carácter religioso que no vaya acompañado de alguna
implicación sociológica parecida más o menos directamente asociada a la
principal función religiosa del acto. Su importancia estriba en el hecho de que
convierte el acto en una obligación social además de constituir un deber
religioso.
Podría
continuar con el examen de algunas otras fases de la vida tribal y discutir más
a fondo el aspecto jurídico de las relaciones domésticas expuestas más arriba o
entrar de lleno en las reciprocidades de las grandes actividades, actos
importantes, etc. Pero ahora debe haber quedado ya bien claro que los casos
detallados previamente no son casos aislados y excepcionales, sino ejemplos
representativos de lo que sucede en cada as-pecto de la vida nativa.
5 Véase la relación que hace el autor de
Milamala,la fiesta del retorno anual de los espíritus a su antiguo poblado en
"Baloma, the spirits of the dead in the Trobriand Islands"
(Journalofthe R. Anthrop. Institute, 1916). Los ofrecimientos de comida que ya
he mencionado aparecen en la p.
378 de dicha revista.
IX
LA
RECIPROCIDAD COMO BASE
DE LA
ESTRUCTURA SOCIAL
Ahora
bien, modificando toda nuestra perspectiva y mirando las cosas desde el punto
de vista sociológico, es decir, tomando aspectos sucesivos de la constitución
de la tribu en vez de examinar las varias clases de sus actividades tribales,
sería posible demostrar que toda la estructura de la sociedad de las Trobriand
está fundada en el principio de status legal. Con esto quiero decir que los
derechos del jefe sobre los individuos particulares, del marido sobre la mujer,
del padre sobre el hijo, y viceversa, no se ejercen arbitrariamente ni de un
modo unilateral, sino de acuerdo con reglas bien definidas y dispuestas en
cadenas de servicios recíprocos bien compensadas.
Incluso
el jefe, cuyo cargo es hereditario, basado en tradiciones mitológicas altamente
venerables, rodeado como está de un temor semirreligioso acentuado por un
principesco ceremonial de distancia, humillación y prohibiciones estrictas, que
tiene mucho poder, riqueza y medios ejecutivos, tiene que someterse a normas
fijas y está ligado por rigurosos vínculos legales. Cuando quiere declarar la
guerra, organizar una expedición o celebrar una festividad debe emitir
convocatorias formales, anunciar públicamente su voluntad, deliberar con los
notables, recibir el tributo, servicios y asistencia de sus subditos en forma
ceremonial y finalmente retribuirles de acuerdo con una escala bien definida.6
Bastará mencionar aquí lo que ya se ha dicho del estado sociológico de
matrimonio, de las relaciones entre marido y mujer y de la posición entre
parientes políticos.7 Toda la división en clanes totémicos, en subclanes de
carácter local y en comunidades de poblado está caracterizada por un sistema de
servicios y deberes recíprocos en el cual los grupos desarrollan un juego de
dar y tomar.
Lo que
quizás es más notable en el carácter jurídico de las relaciones sociales es que
la reciprocidad, el principio de dar y tomar, también reina supremo dentro del
clan, e incluso dentro del grupo de parientes más próximo. Tal y como hemos
visto, la relación entre el tío materno y sus sobrinos, las relaciones entre
hermanos, incluso la relación menos egoísta de todas, o sea, la de un hombre y
su hermana, están todas y cada una de ellas fundadas en la mutualidad y la
retribución de los servicios. Es precisamente este grupo el que ha sido acusado
de "comunismo primitivo". El clan es a menudo descrito en los
estudios del derecho primitivo como la única persona jurídica, el único cuerpo
y entidad. "La unidad no es el individuo, sino el grupo; el individuo no
es más que una parte del grupo", según palabras de Mr. Sidney Hartland.
Esto es realmente cierto si tomamos en consideración la parte de la vida social
en la que el grupo de parientes — clan totémico, fratría, mitad o clase —
participa en el juego de la reciprocidad frente a sus grupos coordinados. Más
¿qué decir de la perfecta unidad dentro del clan? Aquí se nos ofrece la
solución universal del sentimiento de grupo que todo lo penetra, cuando no del
"instinto de grupo", tenido por muy intenso en esta parte del mundo
que ahora nos
6
Compárense para mayor detalle los varios aspectos de la jefatura que he
señalado en el artículo citado "Primitive Economics", op. cit.
(Argonauts) y los artículos sobre "Guerra" y "Espíritus"
también previamente mencionados.
7 Otra
vez debo referirme a mis otras publicaciones en las que he tratado todos estos
asuntos con detalle aunque no desde el punto de vista actual. Véanse los tres
artículos publicados en Psyche de octubre de 1923 ("The Psychology of Sex
in Primitive Societies"); abril de 1924 ("Psycho-Analysis and
An-thropology"), y enero de 1925 ("Complex and Myth in
Mother-Right"),^en los cuales se describen muchos de los aspectos de la
psicología sexual y de las ideas y costumbres fundamentales de parentesco y
relación. Los dos últimos artículos aparecen uniformados con este trabajo en mi
Sexo y represión en la sociedad salvaje,1926.
38
Bronislaw Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
ocupa,
habitada por "una gente dominada por un sentimiento de grupo como el que
impulsa al melanesio" (Rivers). Como sabemos, éste es un concepto
completamente equivocado. Precisamente dentro del grupo de parentesco más
próximo es donde florecen las rivalidades, las disensiones y el egoísmo más
agudo que domina toda la tendencia de las relaciones de parentesco. Pronto
volveré a este punto en busca de más hechos, pero de hechos mucho más
demostrativos, con objeto de deshacer de una vez este mito del comunismo de
parentesco, de la perfecta solidaridad dentro del grupo por descendencia
directa, mito que ha sido reavivado recientemente por el doctor Rivers y
amenaza, por tanto, con lograr general aceptación.
Una vez
mostrado el alcance de los hechos a los que se aplica nuestro argumento y
habiendo demostrado bien claramente que el derecho cubre toda la cultura y
constitución de la tribu de estos nativos, formulemos nuestras conclusiones de
una manera coherente.
Bronislaw
Malinowski 39
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
X
DEFINICIÓN
Y CLASIFICACIÓN DE LAS REGLAS
CONSUETUDINARIAS
Al
principio de la Primera Parte se dieron ejemplos de las opiniones corrientes
que atribuyen al hombre primitivo una obediencia automática a la ley. A esta
suposición van asociadas algunas proposiciones más especiales que son
universalmente corrientes en antropología y que, sin embargo, resultan fatales
para el estudio del derecho primitivo.
En primer
lugar, si el salvaje obedece las leyes de la costumbre por mera incapacidad de
conculcarlas, entonces no se puede dar una definición del derecho, ni se puede
señalar ninguna distinción entre reglas legales, morales, maneras y otros usos,
ya que la única forma de clasificar las reglas de conducta es en relación con
los motivos con que son respaldadas. De modo que, basándose en la suposición de
que el hombre primitivo presta una obediencia automática a todas las
costumbres, la antropología tiene que renunciar a cualquier tentativa de
introducir orden y clasificación en los hechos y esto precisamente es la
primera tarea de la ciencia.
Ya hemos
visto antes que Sidney Hartland considera que las reglas del arte, de la
medicina, la organización social, la industria, etc., están irremisiblemente
mezcladas y amontonadas en todas las sociedades salvajes tanto en la propia
comprensión del nativo como en la realidad de la vida social. Formula
categóricamente esta tesis en varías oca-siones: "...La percepción de las
semejanzas por parte del salvaje difiere mucho de la nuestra. Él ve un parecido
entre objetos que a nuestros ojos no tienen un solo punto en común" (1. c.
p. 139). "Para el salvaje... el modo de actuar de una tribu es uno e
indivisible... Ellos [los salvajes] no ven nada grotesco ni incongruente en
publicar en nombre de Dios un código que combina prescripciones de ritual, moral,
agricultura y medicina, que nosotros consideramos como prescripciones
estrictamente jurídicas...
Nosotros,
por ejemplo, podemos separar la religión de la magia y la magia de la medicina,
pero los miembros de la comunidad no hacen tales distinciones" (pp. 213 y
214).
Sidney
Hartland, cuando habla de todo esto, da lúcida y moderada expresión a las
opiniones corrientes sobre la "mentalidad primitiva prelógica",
"las confusas categorías del salvaje", y la general carencia de forma
de la cultura primitiva. No obstante, estos puntos de vista sólo cubren una
parte del caso, sólo expresan una verdad a medias — en lo que se refiere a la
ley, tales conceptos mencionados aquí no son correctos —. Los sal-vajes tienen
una clase de reglas obligatorias no dotadas de ningún carácter místico, que no
son enunciadas en nombre de Dios ni respaldadas por ninguna sanción
sobrenatural, sino que sólo tienen una fuerza obligatoria puramente social.
Si
llamamos "cuerpo de las costumbres" a la suma total de reglas,
convenciones y esquemas de comportamiento, no hay duda alguna de que el nativo
siente un gran respeto por ese cuerpo, una fuerte tendencia a hacer lo que los
otros hacen, lo que todo el mundo aprueba y, si sus apetitos o intereses no le
llaman o impulsan en otra dirección, seguirá la fuerza de la costumbre antes
que cualquier otro camino. La fuerza del hábito, el temor de los mandatos
tradicionales y su apego sentimental a todo ello, así como el deseo que siente
de satisfacer la opinión pública, todo se combina para que la costumbre se
obedezca por el solo hecho de serlo. Como puede verse, en esto los
"salvajes" no difieren de los miembros de cualquier colectividad
completa con un horizonte limitado, tanto si se trata de un ghetto de la Europa
oriental como de un college de Oxford o de una comunidad fundamentalista del
Medio Oeste americano. Con todo, el amor a la tradición, el conformismo y la
fuerza de la costumbre sólo explican en medida muy limitada la obediencia a las
reglas entre nobles, salvajes, campesinos o
40
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
junkers.
Limitémonos
una vez más a los salvajes y veremos que entre los de las islas Trobriand hay
una cantidad de reglas tradicionales para instruir al artesano sobre la forma
de ejercer su oficio. La forma inerte como estas reglas son obedecidas sin
discusión, se debe, por así decirlo, al "conformismo general de los
salvajes", pero principalmente son obedecidas porque su utilidad práctica
ha sido reconocida por la razón y atestiguada por la experiencia. Además, otras
instrucciones sobre la manera de conducirse con los amigos, parientes,
superiores, iguales, etc., son obedecidas porque el hombre que se aparta de
ellas se siente y aparece ridículo, torpe y socialmente extraño a los ojos de
los demás. Éstos son los preceptos de las buenas maneras que están muy desarrollados
en Melanesia y a los que todos se adhieren muy estrictamente. Hay asimismo
otras reglas para dictaminar las condiciones que deben imperar en los juegos,
deportes, diversiones y festividades, reglas que son el alma y substancia de la
diversión o actividad y que son observadas porque se siente y se reconoce que
cualquier fallo en "seguir el juego" lo echa a perder, lo arruina —
cuando el juego es verdaderamente un juego —. Como se habrá observado, en todo
esto no hay fuerzas mentales de inclinación o de interés propio ni siquiera de
inercia que pudieran contrarrestar algunas de las reglas y hacer que su
cumplimiento fuese una pesada carga. Es tan fácil seguir las reglas como no
seguirlas, y cuando se va a tomar parte en alguna actividad deportiva o de placer,
sólo se la puede disfrutar si se obedecen todas sus reglas tanto de arte como
de maneras o procedimientos del juego.
También
hay normas que pertenecen a cosas sagradas e importantes, las reglas de los
ritos mágicos, las pompas funerarias y cosas por el estilo. Estas normas están
respaldadas principalmente por sanciones sobrenaturales y por la fuerte
convicción de que con las cosas sagradas nadie debe entremezclarse. Por una
fuerza moral igualmente poderosa se mantienen ciertas reglas de conducta
personal para con los parientes, familiares de la casa y otros por los que se
experimentan fuertes sentimientos de amistad, lealtad o devoción que refuerzan
los dictados del código social.
Este
breve catálogo no es ninguna tentativa de clasificación. Su propósito principal
es indicar claramente que, además de las reglas de la ley, hay varios otros
tipos de normas y mandatos tradicionales que están respaldados por motivos o
fuerzas, principalmente psicológicos, o en todo caso completamente diferentes
de aquellos que son ca-racterísticos de la ley en aquella colectividad. Así,
aunque en mi examen he enfocado la atención principalmente sobre el aparato
jurídico, no he tenido ningún interés en demostrar que todas las reglas
sociales son jurídicas, sino todo lo contrario: he querido mostrar que las
reglas del derecho no son sino una categoría bien definida dentro del cuerpo de
las costumbres.
Bronislaw
Malinowski 41
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
XI
UNA
DEFINICIÓN ANTROPOLÓGICA DEL DERECHO
Las
reglas jurídicas destacan del resto por el hecho de que están consideradas como
obligaciones de una persona y derechos de otra. No están sancionadas por una
mera razón psicológica, sino por una definida maquinaria social de poderosa
fuerza obligatoria que, como sabemos, está basada en la dependencia mutua y se
expresa en un sistema equivalente de servicios recíprocos lo mismo que en la
combinación de tales derechos con lazos de relación múltiple. La manera
ceremonial como se llevan a efecto la mayoría de las transacciones, que
comprende apreciación y crítica públicas, contribuye aún más a su fuerza
obligatoria.
Por lo
tanto, podemos ya descartar la opinión de que el "sentimiento de
grupo" o la "responsabilidad colectiva" sean la única e incluso
la principal fuerza que asegura la adhesión a las costumbres de la tribu y las
hace obligatorias o legales. Sin duda alguna, el esprit de corps, la
solidaridad, el orgullo de la propia comunidad y clan existen entre los
melanesios — en realidad sin ellos no hay orden social que se pueda mantener en
ninguna cultura alta o baja —; sólo quiero prevenir contra conceptos tan exagerados
como los de Ri-vers, Sidney Hartland, Durkheim y otros, que harían de esta
desinteresada, impersonal e ilimitada lealtad de grupo la piedra angular de
todo el orden social en las culturas primitivas. El salvaje no es ni un
"colectivista" extremo ni un "individualista"
intransigente, sino que es, como todo hombre en general, una mezcla de ambos.
Así,
pues, de lo expuesto hasta ahora se deduce que el derecho primitivo no consiste
exclusivamente, ni tan sólo principalmente, en imposiciones, ni toda la ley de
los salvajes es ley criminal. Y, sin embargo, se pretende que con la mera
descripción del crimen y el castigo el tema del derecho ya está agotado en lo
que concierne a la comunidad salvaje. De hecho, el dogma de la obediencia
automática, es decir, de la absoluta rigidez de las reglas de la costumbre,
implica una exageración del derecho criminal en las comunidades primitivas y la
correspondiente negativa de la posibilidad de un derecho. Las reglas
absolutamente rígidas no pueden ser aplicadas o adaptadas a la vida ni
necesitan ser impuestas, pero pueden quebrantarse. Incluso los que creen en una
superlegalidad primitiva deben admitir este punto. De aquí que el crimen sería
el único problema legal que se puede estudiar en las comunidades primitivas; no
habría derecho civil entre los salvajes ni jurisprudencia civil alguna que la
antropología pudiese investigar. Este concepto ha predominado en los estudios
comparativos del derecho desde sir Henry Maine hasta las más recientes
autoridades en la cuestión, tales como el profesor Hobhouse, el doctor Lowie y
también Sidney Hartland. De este modo, leemos en el libro de Hartland que en
las sociedades primitivas "el núcleo de la legislación es una serie de
tabúes" y que "casi todos los códigos tempranos consisten en
prohibiciones" (Primitive Law,p. 214). Y también que "la creencia general
en la certeza de un castigo sobrenatural y la alienación de la simpatía del
prójimo generan una atmósfera de terror que es más que suficiente para prevenir
cualquier infracción de las costumbres tribales..." (p. 8, la cursiva es
mía). No hay tal "atmósfera de terror", excepto, quizás en el caso de
algunas, muy pocas, reglas excepcionales y sagradas de ritual y de religión, y
por otra parte la infracción de las costumbres tribales se previene con un
mecanismo especial cuyo estudio es el verdadero terreno de la jurisprudencia
primitiva.
Hartland
no es el único autor que opina así. Steinmetz, en su interesante y competente
análisis del castigo primitivo, insiste en la índole criminal de la primitiva
jurisprudencia y en la naturaleza mecánica, rígida, no dirigida y no
intencional de los castigos impuestos, así como de su base religiosa. Sus
opiniones son plenamente compartidas por los grandes sociólogos franceses
Durkheim y Mauss, quienes añaden una tesis más: la de
42
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
Bronislaw
Malinowski 43
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
que la
responsabilidad, la venganza, en realidad todas las reacciones jurídicas están
ba-sadas en la psicología del grupo y no del individuo.8 Incluso sociólogos tan
agudos y bien informados como Hobhouse y Lowie, este último que conoce a los
salvajes por experiencia propia, parecen seguir la tendencia general en sus
trabajos sobre la justicia en las sociedades primitivas que, por otra parte,
son excelentes.
En
nuestro propio terreno sólo hemos encontrado hasta ahora mandamientos positivos
cuya violación es sancionada, pero no propiamente castigada, y cuyo
funcionamiento ni por los métodos de Procusto* puede ser puesto más allá de la
línea que separa el derecho civildel penal.Si hemos de etiquetar las reglas
descritas en estos trabajos de una forma moderna y por lo tanto necesariamente
inapropiada, entonces llamémosles el cuerpo del "derecho civil" de
los nativos de las islas Trobriand.
El
"derecho civil", la ley positiva que gobierna todas las fases de la
vida de la tribu, consiste, por lo tanto, en un cuerpo de obligaciones forzosas
consideradas como justas por unos y reconocidas como un deber por los otros,
cuyo cumplimiento se asegura por un mecanismo específico de reciprocidad y
publicidad inherentes a la estructura de la sociedad. Estas reglas del derecho
civil son elásticas y poseen una cierta laxitud. No sólo castigan el
incumplimiento, sino que premian a los que cumplen con esplendidez. La
rigurosidad en su cumplimiento se asegura por la apreciación racional de causa
y efecto por parte del nativo, combinada con cierto número de sentimientos
sociales y personales tales como ambición, vanidad, orgullo, deseo de
destacarse por la exhibición y también por el cariño, amistad, devoción y
lealtad al allegado.
Casi es
innecesario añadir que el "derecho" y los "fenómenos
jurídicos" tal como los hemos descubierto, descrito y definido en una
parte de Melanesia, no constituyen instituciones independientes. El derecho es
más un aspecto de su vida tribal, un aspecto de su estructura, que un sistema
independiente, socialmente completo en sí mismo. El derecho no estriba en un
sistema especial de decretos que prevén y definen cualquier forma posible de su
incumplimiento y que proporcionan las barreras y remedios necesarios al caso,
sino que es el resultado específico de la configuración de obligaciones que
hacen imposible al nativo eludir sus responsabilidades sin sufrir por ello en
el futuro.
8 Steinmetz, Ethnologische Studien zur ersten
Entwicke-lung der Strafe, 1894; Durkheim en L'Année Sociologique,I, pp. 353 s.;
Mauss en Revue de l'histoire des religions,1897.
*
N.delT.: Procusto, personaje de la leyenda griega, era un bandido del Ática que
colocaba a sus víctimas sobre una cama de hierro; si la excedían, cortaba la
parte que sobresalía y, si eran más pequeños o cortos, los estiraba hasta
hacerles ocupar exactamente la cama. Esta expresión indica la aplicación no
inteligente, a rajatabla, de principios generales sin tener en cuenta las
naturales variaciones de casos e individuos.
XII
DISPOSITIVOS
PROPIAMENTE JURÍDICOS
Las raras
disputas que a veces tienen lugar toman la forma de un intercambio público de
reconvenciones (yakala), donde las dos partes contendientes, asistidas por
amigos y parientes, se encuentran, se arengan una a otra y se lanzan
recriminaciones mutuas. Estos litigios permiten dar rienda suelta a los
sentimientos de la gente a la par que muestran la tendencia de la opinión
pública, todo lo cual ayuda a resolver las disputas. Sin embargo, a veces
parece como si sólo sirviesen para endurecer más a los litigantes. En ningún
caso hay un tercero que pronuncie una sentencia definida y raramente se llega a
un acuerdo en aquel mismo momento. El yakala es,por lo tanto, un dispositivo
jurídico especial de pequeña importancia que en realidad no llega al corazón de
la compulsión jurídica.
Se pueden
mencionar aquí algunos otros mecanismos jurídicos. Uno de ellos es el
kaytapaku,la protección mágica de la propiedad por medio de maldiciones
condicionales. Cuando un hombre posee cocoteros o palmeras de areca en puntos
distantes donde es imposible vigilarlos, pega una hoja de palmera al tronco del
árbol como indicación de que ha proferido una fórmula que automáticamente
traerá desgracias, males, dolencias, etc., al ladrón. Otra institución que
tiene un lado jurídico es la kaytubutabu, una especie de magia practicada sobre
todos los cocoteros de una colectividad para inducir su fertilidad, por lo
general cuando se aproxima una fiesta. Esta magia lleva consigo la prohibición
estricta de recoger los cocos o de participar de ellos incluso cuando son
importados. Una institución similar es la gwara.9 Se planta un palo largo en el
arrecife, que representa la prohibición de exportar ciertos objetos valiosos,
intercambiados ceremonialmente en el kula, mientras que, por el contrario, su
importación es fomentada. Esto es una especie de moratoria que suspende todos
los pagos sin suspender los ingresos y que también aspira a una acumulación de
objetos valiosos ante una gran distribución ceremonial. Otro aspecto legal
importante es una especie de contrato ceremonial llamado kayasa.10 Aquí, el
jefe de una expedición, el director de una fiesta o el promotor de una aventura
industrial ofrece una gran distribución ceremonial. Los que participan en ella
y se benefician de su generosidad y munificencia están en la obligación de
ayudar al jefe durante todo el tiempo que dura la empresa.
Todas
estas instituciones, kayasa, kaytapaku y kaytubutabu, comportan vínculos
especiales. Pero ni aun éstos son exclusivamente jurídicos. Sería un grave
error tratar del tema del derecho limitándonos a una sencilla enumeración de
estos pocos institutos, cada uno de los cuales sirve un fin especial y cumple
una función muy parcial. La incumbencia principal del derecho estriba en el
mecanismo social que se encuentra en la base de todas las obligaciones
verdaderas y cubre una porción muy vasta de sus costumbres, aunque ni mucho
menos todas ellas, como ya sabemos.
9 Véase
la descripción de esta institución en Argonauts ofthe Western Pacific
(referencias en índice s. v.Guiara).También algunas descripciones en
"Melanesians" del prof. Seligman, y en la obra del presente autor
"The Natives of Mailu" (Trans. R.Soc.ofS.Australia,vol. 39) sobre la
gola o goro entre los papúe-melanesios occidentales.
10
Argonauts.Véase en el Indice s, v. Kayasa
44
Bronislaw Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
XIII
CONCLUSIÓN
Y ANTICIPACIÓN
Hasta
ahora he tratado sólo de un sector de Melanesia y naturalmente las conclusiones
a que he llegado tienen un alcance limitado. Estas conclusiones, sin embargo,
están basadas en hechos observados por un método nuevo y han sido consideradas
desde un nuevo punto de vista con objeto de estimular a otros observadores a
seguir una línea de estudio similar en otras partes del mundo.
Resumamos
el contraste que hay entre los puntos de vista corrientes sobre este tema y los
hechos aquí presentados. En la moderna teoría antropológica del derecho se
afirma universalmente que todas las costumbres son ley para el salvaje y que
éste no tiene más ley que sus costumbres, al mismo tiempo que obedece
automática y rígidamente todas las costumbres por pura inercia. Por lo tanto,
no hay derecho civil ni su equivalente en las sociedades salvajes. Los únicos
hechos relevantes son ocasionales infracciones en desafío de las costumbres
—los delitos—. No hay mecanismo decisión de las reglas primitivas de conducta
excepto el castigo del delito flagrante. La antropología moderna ignora, y aun
a veces explícitamente niega, la existencia de normas sociales de ninguna clase
o de motivos psicológicos que hagan obedecer al hombre primitivo y cumplir con
cierta clase de costumbres por razones puramente socia-les. Según Hartland y
todas las demás autoridades, sanciones religiosas, los castigos sobrenaturales,
la responsabilidad del grupo y la solidaridad, el tabú la magia son los
principales elementos de la jurisprudencia en las sociedades salvajes.
Como he
indicado más arriba, todos estos argumentos son o bien simplemente falsos o
sólo parcialmente ciertos, o por lo menos puede decirse que colocan la realidad
de la vida nativa en una falsa perspectiva. Quizá no sea ya necesario seguir
arguyendo que no hay hombre, por "salvaje" y "primitivo"
que sea, que actúe contra sus propios instintos, u obedezca sin saberlo una ley
que astutamente se siente inclinado a eludir o voluntariamente a desafiar; o
que actúe espontáneamente en forma contraria a todos sus apetitos e
inclinaciones. La función fundamental del derecho es contener ciertas
propensiones naturales, canalizar y dirigir los instintos humanos e imponer una
conducta obligatoria no espontánea; con otras palabras, asegurar un tipo de
cooperación basado en concesiones mutuas y en sacrificios orientados hacia un
fin común. Una fuerza nueva, diferente de las inclinaciones innatas y
espontáneas, debe estar presente para que esta tarea se lleve a cabo.
A fin de
hacer que esta crítica negativa sea concluyente, hemos presentado un caso
concreto para mostrar los hechos del derecho primitivo tal como son y hemos
mostrado en qué consiste la naturaleza obligatoria de las reglas jurídicas
primitivas.
El
melanesio de la región que aquí tratamos siente incuestionablemente el mayor
respeto por las costumbres de su tribu y la tradición como tal. De ese modo se
puede conceder mucho a las viejas teorías discutidas. Todas las reglas de su
tribu, triviales o importantes, agradables o pesadas, morales o utilitarias,
son consideradas por él con reverencia y sentidas como obligatorias. Pero la
fuerza de la costumbre, el atractivo de la tradición por sí solos no serían
bastante para contrarrestar las tendencias del apetito, la codicia o los
dictados del interés personal. La mera sanción de la tradición — el conformismo
y el conservadurismo del "salvaje"— opera a menudo y opera sola en la
imposición de usos y costumbres, así como en la conducta pública y privada en
todos los casos donde son necesarias algunas reglas para establecer el
mecanismo de la vida común y la cooperación junto con procederes ordenados —es
decir, opera donde no hay necesidad de chocar con el interés personal y la
inercia, ni de hostigar a acciones desagradables o detener propensiones
innatas.
Hay otras
reglas, dictados e imperativos que requieren y tienen su tipo especial de
Bronislaw
Malinowski 45
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
sanciones
además del mero atractivo de la tradición. Los nativos de la parte de Melanesia
que hemos descrito tienen que ajustarse, por ejemplo, a un tipo de ritual
religioso muy estricto, especialmente en entierros y en lutos. Hay también
imperativos de conducta entre parientes. Y finalmente hay la sanción del
castigo tribal ocasionado por una reacción de cólera e indignación de toda la
colectividad. La vida humana, la propiedad y, por último, aunque no menor en
importancia, el honor personal, están salvaguardados, en una comunidad
melanesia, por esta sanción del castigo tribal, lo mismo que instituciones
tales como jefatura, exogamia, rango y matrimonio, que desempeñan un papel
principalísimo en la constitución de sus tribus.
Cada
clase de reglas mencionadas se distingue de las restantes por sus sanciones y
por su relación con la organización social de la tribu y de su cultura. Estas
reglas no forman esa masa amorfa de usos de la" tribu o "conglomerado
de costumbres" del que tanto hemos oído hablar. Esta última categoría, las
reglas fundamentales que salvaguardan la vida, la propiedad y la personalidad
forman la clase que se puede describir como "derecho penal", muy a
menudo exagerada por los antropólogos y falsamente asociada con el problema de
"gobierno" y "autoridad central" e invariablemente
arrancada de su contexto propio de otras reglas jurídicas, ya que —y aquí
llegamos al punto más importante de todos— existe una clase de reglas
obligatorias que regulan la mayoría de los aspectos de la vida de la tribu y
las relaciones personales entre parientes, miembros del mismo clan y de la
misma tribu, que fijan las relaciones económicas, el ejercicio del poder y de
la magia, el estado legal de marido y mujer y de sus respectivas familias.
Éstas son las reglas de una comunidad melanesia que corresponden a nuestro
derecho civil.
No hay
sanción religiosa a estas reglas, ni miedo, supersticioso o racional, que las
haga cumplir, ni castigo tribal en caso de que alguien las infrinja, ni
siquiera el estigma de la opinión pública o de la censura moral. Ahora
pondremos al descubierto las fuerzas que hacen cumplir estas reglas y veremos
que no son simples, pero sí claramente definibles, que no pueden describirse
con una sola palabra o concepto, pero son muy reales de todos modos. Las
poderosas fuerzas compulsivas del derecho civil de Melanesia hay que buscarlas
en la concatenación de las obligaciones, en el hecho de que están ordenadas en
cadena de servicios mutuos, un dar y tomar que se extiende sobre largos
períodos de tiempo y cubre amplios aspectos de interés y actividad, añadiéndose
a todo esto la forma conspicua y ceremoniosa como tienen que cumplirse la mayor
parte de las obligaciones legales. Esto es efectivo porque afecta a la unidad y
al amor propio, y al deseo de autoafirmación y ostentación de la gente.
Resulta, pues, que el poder compulsivo de estas reglas procede de la tendencia
psicológica natural por el interés personal, de la ambición y de la vanidad
puestas en juego por un mecanismo social especial dentro del cual se enmarcan
estas acciones obligatorias.
Con una
"definición mínima" del derecho, más amplia y más elástica, no hay
duda alguna de que se descubrirán nuevos fenómenos legales del mismo tipo que
los encontrados en el noroeste de Melanesia. No hay duda de que las costumbres
no se basan sólo en una fuerza universal, indiferenciada y ubicua, la inercia
mental, aunque ésta existe indudablemente y añade su parte a las otras
compulsiones. En todas las sociedades debe haber una clase de reglas que son
demasiado prácticas para ser apoyadas por las sanciones religiosas, demasiado
gravosas para ser dejadas meramente a la buena voluntad y demasiado
personalmente vitales para los individuos para que cualquier instancia
abstracta pueda hacerlas cumplir. Éste es el terreno de las reglas jurídicas y
me aventuro a predecir que se encontrará que la reciprocidad, la incidencia
sistemática, la publicidad y la ambición serán los factores principales en el
aparato vinculador del derecho primitivo.
46
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
SEGUNDA
PARTE
EL CRIMEN
PRIMITIVO Y SU CASTIGO
LA
INFRACCIÓN DE LA LEYI Y EL RESTABLECIMIENTO DEL ORDEN
Se
encuentra en la naturaleza misma del interés científico, que no es más que
curiosidad depurada, el que éste se dirija más fácilmente hacia lo
extraordinario y sensacional que hacia lo normal y corriente. Al principio, en
una nueva línea de investigación o en una rama de estudio todavía joven, es la
excepción, la aparente violación de la ley natural lo que atrae la atención y
conduce gradualmente al descubrimiento de nuevas regularidades universales,
puesto que — y aquí nos encontramos con que en esto estriba la paradoja de la
pasión científica — el estudio sistemático sólo se ocupa de lo milagroso para
transformarlo en natural. A la larga, la ciencia construye un universo bien
regulado, basado en leyes generalmente válidas, impulsado por fuerzas definidas
que todo lo penetran y ordenado de acuerdo con unos pocos principios
fundamentales.
Ésto no
quiere decir, claro está, que la ciencia tenga que barrer del reino de la
realidad los portentos, la aventura de lo maravilloso y lo misterioso cuando
precisamente la mente filosófica se mantiene en marcha gracias al deseo de
nuevos mundos y nuevas experiencias, y la metafísica nos atrae con la promesa
de una visión que está más allá del borde del más lejano horizonte. Sin
embargo, en el ínterin, la disciplina de la ciencia ha cambiado el carácter de
curiosidad, la apreciación de lo que realmente es maravilloso. La contemplación
de las grandes líneas del mundo, el misterio de datos inmediatos y fines
últimos, el ímpetu sin sentido de la "evolución creadora" hacen que
la realidad sea suficientemente trágica, misteriosa y cuestionable para el
naturalista o estudioso de cultura si se detiene a reflexionar sobre la suma
total de sus conocimientos y contempla sus límites, pero para la mente
científica madura no pueden existir ya las emociones de un accidente inesperado
ni la sensación aislada de nuevos paisajes aislados en la exploración de la
realidad. Cada nuevo descubrimiento es sólo un paso más en el mismo camino,
cada nuevo principio extiende o desplaza nuestro viejo horizonte.
La
antropología, que es todavía una ciencia joven, está ya en camino de liberarse
del yugo del interés precientífico, aunque ciertas tentativas recientes de
ofrecer soluciones extremadamente simples, a la par que sensacionales, a todos
los enigmas de la cultura están todavía dominadas por
la pura
curiosidad. En el estudio del derecho primitivo podemos percibir esta sana
tendencia en el reconocimiento gradual, pero firme, de que el salvajismo no
está regido por estados de humor, pasiones y accidentes, sino por la tradición
y el orden. Incluso así todavía queda algo del viejo interés
"sensacionalista" en la excesiva acentuación de la injusticia
criminal y en la atención dedicada a las infracciones del derecho y a su
castigo. El derecho en la antropología moderna es todavía casi exclusivamente estudiado
en sus usos singulares y sensacionales, en casos de crímenes horribles seguidos
de venganza tribal, en descripciones de brujería criminal y las represalias a
que ésta da lugar, en incesto, adulterio, violación de tabúes o asesinato. En
todo esto, además del atractivo dramático de los incidentes, el antropólogo
puede, o cree que puede, reconstruir algunos aspectos asombrosos, inesperados y
exóticos de la ley primitiva: una solidaridad trascendente del grupo de
parientes que excluye todo sentimiento de interés personal; un comunismo
jurídico y económico; sumisión perfecta a una ley de la tribu rígida e
indi-ferenciada. 11
11 Así, Rívers habla de un "sentimiento de
grupo del sistema de clan con su acompañamiento de prácticas comunistas"
que se supone existente en Melanesia, y añade que para tales nativos el
"principio de cada hombre por sí mismo está más allá de su capacidad de
comprensión" (Social Bronislaw Malinowski 49
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
Como
reacción contra el método y los principios que acabo de exponer, he tratado de
abordar los hechos del derecho primitivo en las islas Trobriand desde el otro
extremo. He empezado con la descripción de lo ordinario, no de lo singular; de
la ley obedecida y no de la ley quebrantada; de las corrientes permanentes en
su vida social y no de sus tempestades ocasionales. De la relación expuesta he
podido llegar a la conclusión de que contrariamente a las teorías mejor
establecidas, la ley civil — o su equivalente salvaje — está
extraordinariamente bien desarrollada y regula todos los aspectos de la
organización social. Encontramos también que se distingue claramente — y así la
distinguen los nativos — de las otras formas de conducta, ya sean éstas las de
la moral, las costumbres, las reglas del arte o los mandamientos religiosos.
Las reglas de su derecho, lejos de ser rígidas, absolutas o dictadas en nombre
de Dios, están mantenidas por fuerzas sociales que se estiman racionales y
necesarias, elásticas y adaptables. Lejos también de ser exclusivamente una
cuestión de grupo, sus derechos y sus deberes son principalmente de la
incumbencia del individuo, que sabe perfectamente bien cómo cui-dar sus
intereses y comprende que tiene que cumplir con sus obligaciones. En realidad,
vemos que la actitud del nativo respecto del deber y el privilegio es muy
parecida a la de una comunidad civilizada — hasta el extremo de que no sólo
estira la ley, sino que también a veces la quebranta —. Si sólo mostrásemos las
reglas en perfecto funcio-namiento, si el sistema sólo se describiese en buen
equilibrio, presentaríamos un aspecto muy parcial del derecho en las Trobriand.
Repetidamente he indicado que la ley funciona sólo muy imperfectamente, que hay
muchas imperfecciones y fallos. La descripción completa de los aspectos
criminales y dramáticos es necesaria aunque, como ya he dicho, estás cuestiones
no deben ser exageradas. Hay asimismo una razón más por la que debemos estudiar
de cerca la vida nativa en desorden.
Encontramos
que en las islas Trobriand las relaciones sociales están gobernadas por un
número de principios legales. El más importante de éstos es el derecho
matriarcal, que establece que el niño está corporalmente relacionado y
moralmente ligado por parentesco con su madre y con ella solamente. Este
principio gobierna la sucesión en la categoría social, el poder y las
dignidades, la herencia, los derechos de propiedad sobre terrenos, de
ciudadanía local y de pertenencia en calidad de miembro al clan totémico. El
status entre hermano y hermana, las relaciones entre los sexos y la mayor parte
de su intercambio social particular y público están definidos por reglas que
forman parte del derecho matriarcal. Los deberes económicos de un hombre para
con su hermana casada y su familia inmediata constituyen un aspecto extraño e
importante de este derecho. Todo el sistema está basado en la mitología, en la
teoría nativa de la procreación, en algunas de sus creencias mágico-religiosas
y penetra todas las instituciones y costumbres de la tribu.
Pero al
lado del sistema jurídico matriarcal, por así decir en su sombra, hay otros
sistemas menores de reglas legales. El derecho matrimonial que define el status
de marido y mujer, con sus arreglos patrilocales y con su limitada, pero clara,
concesión de autoridad al hombre, además de potestad sobre su mujer e hijos en
ciertos asuntos específicos, está basado en principios jurídicos ajenos al
derecho matriarcal, aunque en algunos aspectos está entrelazado con ellos y
ajustado a ellos. La constitución de una comunidad de poblado, la posición de
su jefe y de su distrito, los privilegios y deberes del mago público — todos
ésos son otros tantos sistemas jurídicos independientes.
Ya que
sabemos que la ley primitiva no es perfecta, surge el problema: ¿cómo se
conduce este cuerpo compuesto de sistemas bajo circunstancias apremiantes? ¿Es
que cada sistema está bien armonizado dentro de sus propios límites? Y, lo que
es más, ¿es que tal sistema se mantiene dentro de sus límites o tiene tendencia
a invadir terreno
Organization,p.
170). Sidney Hartland se imagina que en las sociedades salvajes "el mismo
código en el mismo Divino Nombre y con igual autoridad puede formular las
regulaciones necesarias para las transacciones comerciales y las relaciones
conyugales más íntimas, así como para un complicado y espléndido ceremonial de
adoración divina" (Primitive Law, p. 214). Ambas ma-nifestaciones conducen
a error. Compárense, también, las referencias de la Primera Parte, Capítulos I
y X.
50
Bronislaw Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
ajeno?
Una vez más tenemos que recurrir a los elementos criminales, desordenados y
desleales de la comunidad para que nos proporcionen el material necesario para
responder a estas preguntas.
Así,
pues, en lo que ahora vamos a exponer — lo que haremos concretamente y con
cierto detalle— tendremos presentes los problemas principales que aún no están
solucionados: la índole de los actos criminales y del procedimiento jurídico en
sus relaciones con el derecho civil; los factores principales que han
desempeñado un papel activo en restablecer el equilibrio perturbado; las
relaciones y los posibles conflictos entre los diversos sistemas de la ley
nativa.
Mientras
estuve en las Trobriand dedicado de lleno al estudio sobre el terreno de los
nativos de allí, siempre viví entre ellos, planté mi tienda de campaña en su
poblado y de esta manera estuve siempre presente en todo lo que ocurría, ya
fuese trivial o importante, monótono o dramático. El suceso que ahora voy a
relatar ocurrió durante mi primera visita a las islas Trobriand a los pocos
meses de haber empezado mi trabajo de estudio sobre el terreno en el
archipiélago.
Un día,
un súbito coro de gemidos y una gran conmoción me hicieron comprender que había
ocurrido una muerte en algún lugar de la vecindad. Me informaron que Kima'i, un
muchacho conocido mío, que debería tener unos dieciséis años, se había caído de
un cocotero y había muerto.
Inmediatamente
me trasladé al poblado más próximo, que es donde había ocurrido el accidente, y
allí me encontré con que los actos mortuorios estaban ya en pleno desarrollo.
Como éste era el primer caso de muerte, duelo y entierro que yo presenciaba, en
mi interés por los aspectos etnológicos del ceremonial me olvidé de las
circunstancias de la tragedia, a pesar de que en el poblado ocurrieron
simultáneamente uno o dos hechos singulares que debieran de haber despertado
mis sospechas. Descubrí que, por una coincidencia misteriosa, otro muchacho
había resultado herido de gravedad, al mismo tiempo que en el funeral se
percibía claramente un sentimiento general de hostilidad entre el poblado donde
el muchacho había muerto y aquel donde se había tras-ladado el cadáver para
proceder a su entierro.
Sólo
mucho más tarde pude descubrir el verdadero significado de estos
acontecimientos: el muchacho se había suicidado. La verdad es que había
quebrantado las reglas de exogamia y su compañera de delito era su prima
materna, la hija de una hermana de su madre. Esto era sabido desde hacía cierto
tiempo y generalmente desaprobado, pero no se había hecho nada hasta que un
pretendiente despreciado por la muchacha, y que por lo tanto se consideraba
personalmente agraviado, tomó la iniciativa. Este rival había amenazado con
usar magia negra contra el joven culpable, pero esto no había surtido ningún
efecto. Entonces, una noche insultó al rival en público y lo acusó de incesto
ante la colectividad, lanzándole ciertos epítetos intolerables para un nativo.
Para el
infortunado joven sólo había un remedio, un solo modo de escapar a la
vergüenza. A la mañana siguiente se atavió y adornó con sus galas de los días
festivos, subió a un cocotero y se dirigió a la comunidad hablando desde las
hojas del árbol despidiéndose de ellos. Explicó las razones que le movían a un
acto tan desesperado y lanzó una acusación velada contra el hombre que le había
empujado a su muerte, sobre el que ahora los miembros de su clan tenían el
deber de vengarle. Luego, según la costumbre, se lamentó ruidosamente, saltó
del cocotero que tenía unos veinte metros de alto y se mató en el acto. A todo
esto siguió una lucha dentro del poblado en la que su rival fue herido; la
pelea se repitió durante el funeral.
Este caso
abría cierto número de importantes líneas de investigación. Me encontraba en
presencia de un crimen manifiesto: el quebrantamiento de la exogamia del clan
totémico. La prohibición exogámica es una de las piedras angulares del
totemismo, del derecho matriarcal y del sistema clasificatorio del parentesco.
Todas las hembras del clan de un hombre son llamadas hermanas por éste y le son
prohibidas como tales. Es un axioma de la antropología el hecho de que nada
suscita un horror más grande que el quebrantamiento de esta prohibición y que,
además de una fuerte reacción de la opinión pública, hay también castigos
sobrenaturales que acompañan este delito. Y se sabe que este axioma no está
desprovisto de base factual. Si se interrogase a los nativos de las
Bronislaw
Malinowski 51
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
Trobriand
sobre este asunto, se vería que todos confirmarían este axioma, es decir, que
los nativos muestran horror a la sola idea de violar las reglas de la exogamia
y que creen firmemente que el incesto de clan puede ir seguido de llagas,
enfermedades e incluso la muerte. Éste es el ideal de la ley nativa y en
cuestiones morales es fácil y hasta agradable adherirse estrictamente al ideal
cuando se juzga la conducta de los otros o se expresa una opinión sobre la
conducta en general. No obstante, cuando se trata de aplicar la moralidad y los
ideales a la vida real, las cosas toman un aspecto diferente. En el caso
descrito era obvio que los hechos no concordaban con el ideal de conducta. La
opinión pública no se mostraba ultrajada en absoluto por el conocimiento del
delito y por los insultos que la parte interesada lanzó públicamente contra el
culpable. Incluso entonces, el muchacho tuvo que castigarse a sí mismo; por lo
tanto, la "reacción del grupo" y la "sanción sobrenatural"
no fueron los principios activos en el caso; adentrándome más en la materia y
recogiendo información concreta, descubrí que la vio-lación de la exogamia —por
lo que respecta al comercio sexual, no al matrimonio — no es un caso raro ni
mucho menos, y que la opinión pública se muestra indulgente aunque
decididamente hipócrita. Si el asunto se lleva a cabo ocultamente, con cierto
decoro, y si nadie en particular suscita dificultades, la "opinión
pública" murmurará, pero no pedirá un castigo severo. Si, por el
contrario, se produce escándalo, todo el mundo se volverá contra la pareja
culpable y, por el ostracismo y los insultos, uno de ellos o los dos podrán ser
inducidos al suicidio.
En cuanto
a la sanción sobrenatural, este caso me condujo a un descubrimiento interesante
e importante. Me enteré de que hay un remedio perfectamente bien establecido
contra cualesquiera consecuencias patológicas de esta transgresión, un remedio
que si se aplica correctamente está considerado como prácticamente infalible.
Es decir, que el nativo posee un sistema de magia que consiste en hechizos,
encantamientos y ritos ejecutados sobre el agua, las hierbas y las piedras, que
cuando se lleva a cabo correctamente resulta completamente eficaz para deshacer
los malos resultados del incesto de clan.
Ésta era
la primera vez en mi trabajo que me encontraba con lo que podría llamarse un
sistema bien establecido de evasión y esto en el caso de una de las leyes más
fundamentales de la tribu. Más tarde descubrí que semejantes desarrollos
parásitos en las principales ramas del orden tribal existen en otros varios
casos, además de los que sirven para contrarrestar el incesto. La importancia
de este hecho es obvia. Muestra claramente que una sanción sobrenatural no
salvaguarda siempre una regla de conducta por medio de un efecto automático;
contra la influencia mágica puede haber contramagia. Desde luego que es mucho
mejor no correr el riesgo — ya que puede haberse aprendido mal la contramagia o
llevarse a cabo de un modo imperfecto—, pero el riesgo no es grande. La sanción
sobrenatural muestra por lo tanto una elasticidad considerable en conjunción
con un antídoto adecuado.
Este
antídoto metódico nos enseña otra lección. En una comunidad donde las leyes no
sólo se quebrantan ocasionalmente, sino que se trampean sistemáticamente por
métodos bien establecidos, no puede esperarse una obediencia
"espontánea" a la ley, una adhesión ciega a la tradición, ya que
dicha tradición enseña al hombre subrepticiamente cómo eludir algunos de sus
mandatos más severos — y no se puede ser empujado hacia adelante
espontáneamente y tirado hacia atrás espontáneamente ¡todo al mismo tiempo! La
magia para deshacer las consecuencias del incesto de clan es quizás el ejemplo
más definido de elusión metódica de la ley, pero además hay otros casos. Así,
un sistema de magia para hacer que una mujer deje de querer a su marido e
inducirla al adulterio es una forma tradicional de burlar la institución del
matrimonio y la prohibición del adulterio. Las varias formas de magia deletérea
y maléfica pertenecen a una categoría ligeramente diferente: magia para
destruir cosechas, para frustrar los esfuerzos de un pescador, para hacer que
los puercos se escapen a la selva, para agostar los bananeros, cocoteros y
palmeras de areca, para echar a perder una fiesta o una expedición de kula.
Esta magia, dirigida a instituciones establecidas y actividades importantes, es
realmente un instrumento de delito suministrado por la tradición. Como tal es
un departamento de tradición que trabaja contra el derecho y está directamente
en conflicto con él, ya que el
52
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
derecho
bajo formas diversas salvaguarda aquellas actividades e instituciones. El caso
de hechicería, que es una forma especial y muy importante de magia negra, lo
discutiremos ahora, lo mismo que ciertos sistemas no mágicos de elusión de la
ley tribal.
La ley de
exogamia, la prohibición de matrimonio y comercio sexual dentro del clan es a
menudo mencionada como uno de los mandamientos más rígidos y generales de la
ley primitiva, ya que prohibe las relaciones sexuales dentro del clan con la
misma severidad sea cual fuere el grado de parentesco existente entre las dos
personas interesadas. La unidad del clan y la realidad del "sistema
clasificatorio de parentesco" están máxima-mente vindicadas en la
prohibición del incesto de clan. Une a todos los hombres y a todas las mujeres
del clan como "hermanos" y "hermanas" mutuos y los excluye
absolutamente de toda intimidad sexual. Un análisis cuidadoso de todos los
hechos relevantes en las islas Trobriand desmiente completamente esta teoría. Se
trata otra vez de una de estas ficciones de la tradición nativa tomadas al pie
de la letra por la antropología e incorporadas en peso a sus enseñanzas.12 En
las Trobriand, la violación de la exogamia se considera de modo muy diferente
según que los dos culpables estén estrechamente emparentados o sólo unidos por
lazos de clan común. Para los nativos, el incesto con una hermana es un crimen
indecible, casi inimaginable — lo cual, repetimos, no significa que no se
cometa nunca —. El quebrantamiento de la ley de exogamia en el caso de una
prima hermana por línea materna es una ofensa muy seria que puede tener, como
hemos visto, consecuencias muy trágicas. A medida que el grado de parentesco se
aleja, la severidad disminuye cuando el acto se comete con una persona que
meramente pertenece al mismo clan; entonces la violación de la exogamia no es
más que una ofensa venial que se perdona fácilmente. De modo que, respecto a
esta prohibición, las hembras del clan de un hombre no son un grupo compacto,
un "clan" homogéneo, sino un conjunto de individuos bien
diferenciados cada uno de los cuales está en una relación especial con él según
el lugar que ocupa en su genealogía.
Desde el
punto de vista del nativo libertino, la suvasova (la violación de la exogamia)
es desde luego una forma de experiencia erótica especialmente interesante y
picante. La mayoría de mis informantes no sólo admitían, sino que incluso se
vanagloriaban de haber cometido esta ofensa o la de adulterio (kaylasi) y tengo
registrados muchos casos concretos, auténticos, que prueban este hecho.
Hasta
ahora he hablado sólo de comercio sexual. El matrimonio dentro del mismo clan
es un asunto mucho más serio. Incluso hoy en día, en que el rigor de la ley
tradicional se ha aflojado de un modo general, hay sólo dos o tres casos de
matrimonio dentro del clan, siendo el más notorio el de Modulabu, jefe del gran
poblado de Obweria, que está casado con Ipwaygana, una renombrada bruja de la
que también se sospecha que sostiene rela-ciones sexuales con los tauva'u,
espíritus malignos sobrenaturales que traen enfermedades. Ambos pertenecen al
clan Malasi. Es un hecho notable que este clan está tradicionalmente asociado
al incesto. Hay un mito de incesto entre hermano y hermana que es la fuente de
la magia de amor, y precisamente sucedió en el clan Malasi. El caso más notorio
y reciente de incesto entre hermano y hermana también ocurrió en este clan.13
De modo que la relación de la vida real con el estado de cosas ideal, tal como
está reflejado en la moral y el derecho tradicional, es muy instructivo.
12 Como
ejemplo ilustrativo invirtiendo el papel de salvaje y civilizado, de etnógrafo
e informante, he aquí el siguiente: muchos de mis amigos melanesios que tomaron
al pie de la letra la doctrina del "amor fraternal" predicada por los
misioneros cristianos y la prohibición de guerra y de matanza también predicada
y promulgada por los funcionarios del gobierno, no podían conciliar los relatos
de la Gran Bretaña que les llegaban a través de agricultores, comerciantes,
inspectores y trabajadores de las plantaciones, con las doctrinas predicadas.
Estos relatos llegaban hasta los más remotos poblados melanesios y papúes. Se
mostraban verdaderamente asombrados al oír que en un solo día los hombres
blancos exterminaban a tantos otros de su propia raza como se necesitarían para
constituir varías tribus melanesias de las mayores. Forzosamente llegaron a la
conclusión de que el hombre blanco era un mentiroso tremendo, pero sin tener la
certidumbre de dónde estribaba la mentira, si en la simulación moral o en su jactancia
de proezas guerreras.
13 Para
una relación más extensa sobre este tema, véase el artículo del autor sobre
"Complex and Myth in Mother-Right", Psyche, vol. V, n. 3, enero de
1925; reimpreso en op. cit. Sex and
repression
in Savage Society,junto con este trabajo. Bronislaw
Malinowski 53 Crimen y costumbre en la sociedad salvaje
II
LA
HECHICERÍA Y EL SUICIDIO
COMO
INFLUENCIAS LEGALES
En el
capítulo anterior he descrito un caso de violación de la ley tribal y he
expresado la naturaleza de las tendencias delictivas, así como de las fuerzas
que se disponen a restablecer el orden y equilibrio de la tribu tan pronto como
éste ha sido trastornado.
En
nuestro relato tocamos dos puntos importantes: el uso de la hechicería como
medio de coerción y la práctica del suicidio como expiación y desafío. Ahora
dedicaremos un espacio más amplio a la discusión de estos dos temas. En las
Trobriand, la hechicería es practicada por un limitado número de especialistas
— por regla general hombres de inteligencia y personalidad destacadas que
adquieren el arte por medio del aprendizaje de cierto número de hechizos y
sometiéndose a ciertas condiciones. Ejercen su poder en beneficio propio y
profesionalmente, cobrando unos honorarios; como la creencia en la hechicería
está profundamente arraigada y cada enfermedad grave y cada muerte son
atribuidas a la magia negra, al brujo se le tiene un temor reverente y a
primera vista su posición conduce inevitablemente al abuso y al fraude. Y, en
efecto, frecuentemente se ha afirmado que la hechicería es el principal agente
criminal en Melanesia y en otras partes. Este modo de ver representa sólo un
aspecto del cuadro en lo que se refiere a la región que conozco por experiencia
personal, el noroeste de Melanesia. La hechicería confiere gran poder, riqueza
e influencia a un hombre y éste emplea todo esto para sus propios fines, pero
el mismo hecho de que tiene mucho que perder y poco que ganar si comete abusos
flagrantes le hace ser moderado por regla general. El jefe, los notables y los
otros brujos le vigilan muy cuidadosamente; lo que es más, se cree que más de
un brujo ha sido liquidado por otro que actuaba en beneficio de un jefe y por
órdenes de éste.
Los
poderosos —jefes, hombres principales y ricos — tienen naturalmente derechos
preferentes a los servicios profesionales del brujo mediante pago. El hechicero
no se presta a peticiones injustas o fantásticas cuando los que le llaman son
gente de menor importancia. Es demasiado rico e importante como para hacer algo
que esté fuera de la ley, y por lo tanto puede permitirse ser honrado y justo.
Por otra parte, cuando tiene que castigarse una verdadera injusticia o un acto
completamente fuera de la ley, el brujo sabe muy bien que la opinión pública
está con él y se muestra dispuesto a defender una buena causa y a recibir sus
honorarios completos, y en tales casos el amenazado, al saber que un brujo
actúa en su contra, puede acobardarse y compensar el daño hecho o llegar a un
arreglo equitativo. Así pues, ordinariamente, la magia negra actúa como una
auténtica fuerza jurídica ya que se emplea para hacer cumplir las reglas de la
ley tribal, previene la violencia y restablece el equilibrio perturbado.
La
costumbre de descubrir las razones por las que se ha matado a un hombre por
medio de la brujería nos suministra un interesante final que ilustra el aspecto
jurídico de la hechicería. Esto se consigue si se logra interpretar
correctamente ciertas señales o síntomas que aparecen en el cadáver exhumado.
Se procede a abrir la tumba de doce a veinticuatro horas después del entierro
preliminar, a la primera puesta subsiguiente del sol, y entonces el cuerpo es
lavado, ungido y examinado. Esta costumbre ha sido prohibida por orden del
gobierno, porque el hombre blanco la encuentra repugnante cuando precisamente
el hombre blanco no tiene oportunidad de presenciarla ni nada que hacer allí,
aunque todavía se practica subrepticiamente en los poblados más remotos. He
asistido varias veces a una exhumación, y en una ocasión en que ésta se llevó a
efecto antes de ponerse el sol, pude obtener fotografías. Todo el proceso es
altamente dramático. La muchedumbre se apiña alrededor de la tumba, algunos
empiezan a remo-54 Bronislaw Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
ver la
tierra entre ruidosos lamentos, mientras otros entonan fórmulas mágicas contra
las mulu-kwausi (brujas volantes que matan hombres y devoran cadáveres), al
propio tiempo que escupen jenjibre mascado sobre todos los presentes. A medida
que se acercan más y más al envoltorio de esteras que amortajan el cadáver, se
lamentan y cantan cada vez más fuertemente hasta que, entre un estallido de
gritos y alaridos, se descubre el cadáver y la multitud avanza y se apretuja
más cerca. Todos se empujan hacia adelante para ver el muerto, mientras se
distribuyen fuentes de madera llenas de crema de coco entre los que están más
cerca para que la empleen en lavar al difunto. Se quitan todos los ornamentos
del cadáver, se le lava rápidamente, se le envuelve de nuevo y se le entierra.
Las señales tienen que percibirse durante el tiempo que el cadáver está fuera
de la tumba. No es un asunto estrictamente regulado y frecuentemente hay
diferencias de opinión. A menudo no hay señales claras y todavía más a menudo
los presentes no pueden llegar a coincidir en sus veredictos.
Sin
embargo, hay ciertas marcas (kala wabu) sobre las que no puede haber ninguna
duda, que inequívocamente indican un hábito, propensión o características del
difunto, las cuales habrían provocado la hostilidad de alguien que comisionó a
un brujo para que matase a la víctima. Si el cuerpo muestra arañazos,
especialmente en el hombro, similares a kimali, los arañazos eróticos inferidos
durante la unión sexual, esto significa que el difunto ha sido culpable de
adulterio o ha tenido demasiado éxito entre las mujeres, lo cual ha provocado
el disgusto de un jefe, de un hombre poderoso o de un brujo. Este frecuente
caso de muerte produce también otros síntomas: por ejemplo, que el cuerpo
exhumado aparezca con las piernas separadas; o con la boca fruncida como para
emitir el chasquido con que se llama a la persona deseada a una cita secreta. O
que el cadáver aparezca hormigueante de piojos, pues es sabido que despiojarse
mutuamente es una de las ocupaciones afectuosas favoritas de los enamorados.
Algunas veces aparecen ciertos síntomas antes de la muerte: el otro día un
hombre moribundo movía el brazo de un lado a otro en un gesto de llamamiento
apasionado y, efectivamente, después de su exhumación se pudo comprobar que
había marcas kimali en sus hombros. Y en otro caso concreto el moribundo
chasqueaba la lengua; más tarde, cuando se procedió a su exhumación, pudo verse
que estaba cubierto de piojos. Era notorio que este hombre se había dejado
despiojar en público por alguna de las esposas de Numakala, uno de los anteriores
jefes supremos de Kiriwina, y por lo tanto era obvio que había sido castigado
por orden superior.
Cuando
las señales que se descubren en el cuerpo sugieren ornamentación, pintura del
rostro o ciertos adornos propios de la danza, o simplemente cuando la mano del
cadáver tiembla como la del maestredanza al manejar el kaydebu (escudo de
danza) o el bisila (manojo de hojas de pandano), esto quiere decir que su
propia belleza personal o las habilidades que ganan el favor del bello sexo han
puesto en marcha la brujería contra el difunto donjuán. En cambio, tonos rojos,
negros y blancos en la piel, dibujos sugestivos de los diseños de la casa y
almacén de un noble, protuberancias como las vigas de un rico almacén de ñame,
significan que el difunto se había permitido adornos demasiado ambiciosos en su
cabaña o almacén, despertando así el resentimiento del jefe. Tumores en forma
de taro o deseo insaciable por este vegetal poco antes de la muerte, indican
que el difunto tenía huertos de taro demasiado espléndidos o no pagaba
suficiente tributo de este artículo al jefe de su tribu. Los plátanos, los
cocos, la caña de azúcar producen mutatis mutandis efectos similares mientras
que el betel (fruto de la areca) pinta de rojo la boca del muerto. Si se
encuentra el cuerpo con la boca espumeante, esto demuestra que el difunto era
demasiado adicto a comer de un modo opulento y fastuoso, o a jac-tarse de su
comida. La piel suelta que cae formando pliegues representa en particular el
abuso de una dieta a base de cerdo o de tratos fraudulentos en la
administración de cerdos que son monopolio del jefe y que sólo se confían al cuidado
de hombres de menor importancia. El jefe también castiga que un hombre no se
atenga al ceremonial y no se incline suficientemente ante él; tal hombre será
después encontrado en su tumba completamente doblado; materia putrefacta
fluyendo en hilillos de la nariz representa en este código de brujería post
mortem los valiosos collares de discos de conchas y por consiguiente un éxito
demasiado grande en el comercio de kula; mientras que
Bronislaw
Malinowski 55
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
hinchazones
circulares en los brazos indican lo mismo en mwali (conchas para los brazos).
Por último, un hombre muerto por la sencilla razón de que él mismo es un brujo,
produce, además del espíritu normal (baloma), un fantasma material (kousi) que
ronda la tumba y hace varias travesuras.14 A menudo, el cuerpo de un brujo
aparece desarreglado y desfigurado en su tumba.
He
obtenido esta lista discutiendo casos concretos y anotando los síntomas vistos
en realidad. Es muy importante comprender que frecuentemente, yo diría en la
mayoría de los casos, no se encuentran señales en el cuerpo, o los presentes no
se ponen de acuerdo sobre ellas. Ni que decir tiene que un hombre enfermo
siempre sospecha, mejor dicho, cree que sabe, quién es el hechicero culpable de
su enfermedad, en favor de quién actúa y por qué razón, de modo que el
"hallazgo" de una marca tiene todas las características de una
corroboración a posterioride lo que ya se sabía. Así, pues, la lista expuesta,
que incluye las "causas de muerte" abiertamente discutidas y
halladas, tiene una significación especial: nos muestra qué ofensas son las que
no se consideran des-honrosas o despreciables en modo alguno y las que no son
demasiado pesadas para los sobrevivientes. De hecho, el éxito de carácter
sexual, la belleza, habilidad en la danza, ambición de riqueza y temeridad en
la exhibición y goce de los bienes materiales, demasiado poder por medio de la
brujería, etc., todas estas cosas son faltas o pecados envidiables, pero
peligrosos, ya que despiertan la envidia de los poderosos al propio tiempo que
rodean al culpable de un halo de gloria. Por otra parte, como contra todos
estos delitos reacciona el jefe del distrito — jurídicamente y castigándolos
legalmente — los sobrevivientes se ven libres del pesado deber de la venganza.
Sin
embargo, el punto verdaderamente importante de nuestro razonamiento es que
todos estos síntomas típicos nos muestran lo mucho que se reprocha cualquier
posición que resalte, cualquier exceso de cualidades o posesiones que no esté
justificado por la posición social, cualquier hazaña personal o virtud que no
vayan asociadas al rango o poder del individuo. Todas estas cosas son punibles
y el que vigila la mediocridad de los otros es el jefe, cuyo privilegio
esencial y deber hacia la tradición es imponer la dorada medianía a los demás.
En tales asuntos, sin embargo, el jefe no puede emplear la violencia física
directa contra sus vasallos cuando sólo tiene la sospecha, la sombra de una
duda, o cuando sólo la tendencia a destacarse señala al delincuente. Como
medios legales correctos sólo puede recurrir a la hechicería y recordar que
tiene que pagarla de su propio bolsillo. Antes de las "órdenes" del
hombre blanco, se le permitía usar la violencia para castigar cualquier
violación directa de la etiqueta o del ceremonial, así como ofensas flagrantes
tales como adulterio cometido con alguna de sus esposas, robo de sus
pertenencias personales o cualquier insulto particular. Cualquier hombre que se
hubiese atrevido a colocarse por encima de la cabeza del jefe, a tocarle la
parte prohibida de su cuello o espaldas, a usar ciertas expresiones sucias en
su presencia o a cometer tal quebrantamiento de la etiqueta como aludir
sexualmente a su hermana, hubiera sido inmediatamente alanceado por uno de los
servidores del jefe. Esto sólo se aplica en toda su verdadera extensión al jefe
supremo de Kiriwina.
Hay casos
registrados en los que un hombre ofendió al jefe accidentalmente y tuvo que
huir para salvar la vida. Un caso reciente es el de un hombre que durante una
batalla había insultado al jefe desde el campo enemigo. Este hombre fue muerto
después de concluirse la paz y su muerte fue considerada por todos como un
justo castigo a su ofensa, por lo que no fue seguida de venganza.
Así
podemos ver que en muchos, de hecho en la mayor parte de los casos, la magia
negra se considera el principal instrumento del jefe para imponer sus
privilegios y prerrogativas exclusivos. Desde luego que estos casos se
convierten imperceptiblemente en auténtica opresión y crasa injusticia de la
que podría citar algunos casos concretos. Pero incluso entonces, puesto que
invariablemente se coloca al lado de los poderosos, ricos e influyentes, la
brujería es un apoyo de los intereses creados; de aquí que a la
14 Véase el artículo sobre "Baloma"
que aparece en el Journalofthe RoyalAnthrop. Inst., 1916, donde describo
detalladamente la creencia en los dos principios que sobreviven, sin mencionar
que el kousise encuentra exclusivamente en el caso de un brujo. Esto lo
descubrí durante mi tercera expedición a Nueva Guinea.
56
Bronislaw Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
larga lo
sea de la ley y el orden. Es siempre una fuerza conservadora y suministra la
fuente principal del saludable miedo al castigo y de la retribución que son
indispensables en cualquier sociedad ordenada. Por lo tanto, casi no hay nada
más pernicioso — en las muchas formas de interferencia europeas entre los
pueblos salvajes — que la viva animosidad con la que el misionero, el colono y
el funcionario persiguen por igual al brujo.15 La aplicación imprudente,
fortuita y poco científica de nuestra moral social, de nuestras leyes y
costumbres a las sociedades nativas, así como la destrucción del derecho
nativo, de los mecanismos cuasijurídicos y de los instrumentos de poder, sólo
conducen a la anarquía y a la atrofia moral, y a la larga a la extinción de la
cultura y de la raza.
En
resumen, la hechicería no es exclusivamente ni un método de administrar
justicia ni una forma de práctica criminal. Puede usarse de ambas formas,
aunque no se emplea nunca en oposición directa a la ley, prescindiendo de lo a
menudo que se usa para causar perjuicios a un hombre más débil en favor de uno
más poderoso. Sea cual fuere la forma como se emplee, es un modo de fortalecer
el statu quo, un método de expresar las desigualdades tradicionales y de
contrarrestar la formación de otras nuevas. Puesto que la tendencia
conservadora es la faceta más importante de una sociedad primitiva, la
hechicería en sí es un agente benéfico de enorme valor para la cultura
primitiva.
Estas
consideraciones demuestran claramente lo difícil que es marcar un límite entre
las aplicaciones cuasilegales y las cuasicriminales de la brujería. El aspecto
"penal" del derecho en las comunidades salvajes es quizás aún más
vago que el aspecto "civil"; nuestra idea de "justicia"
casi no tiene aplicación aquí y nuestros medios de restablecer el alterado
equilibrio de la tribu son lentos y engorrosos.
Del
estudio de la hechicería hemos aprendido algo de la criminología de las
Trobriand; pasemos ahora al suicidio. El suicidio, aunque no sea en modo alguno
una institución puramente jurídica, posee incidentalmente un aspecto que lo es.
Se practica por dos métodos seguros: el lo'u (lanzarse desde lo alto de una
palmera) y tomando veneno irremediable de la vesícula biliar de un pez globo
(soka); luego hay el método más suave de tragar parte del veneno vegetal tuva
que se usa para aturdir a los peces. Una abundante dosis de emético devuelve a
la vida el envenenado por tuva, veneno que consiguientemente se emplea en
peleas de enamorados, disputas matrimoniales y casos similares, de los cuales
ocurrieron varios durante mi permatencia en las Trobriand, y ninguno de ellos
resultó fatal.
Las dos
formas fatales de suicidio se usan como medio de escapar a situaciones sin
salida y la actitud mental que las acompaña es algo compleja, abarcando el
deseo del propio castigo, la venganza, la rehabilitación y el agravio
sentimental. Un número de casos concretos, brevemente descritos, servirán para
ilustrar mejor la psicología del suicidio.
Un caso
similar al de Kima'i descrito más atrás era el de una muchacha de nombre
Bomawaku que estaba enamorada de un joven de su propio clan. Ella tenía ya un
pretendiente oficial y conveniente por el que no sentía ningún afecto. Esta
muchacha vivía en su bukumatula (dormitorio de solteras), construido para ella
por su padre, donde recibía a su amante ilícito. Su pretendiente lo descubrió y
la insultó en público, inmediatamente después de lo cual Bomawaku se puso su
vestido de las fiestas y sus mejores adornos, se lamentó desde lo alto de una
palmera y se tiró abajo. Ésta es una vieja historia que me contó un testigo
presencial en reminiscencia de la tragedia de Kima'i. Esta muchacha también
había buscado un escape de un atolladero intolerable en el que la habían
colocado su pasión y las prohibiciones, pero la causa inmediata y verdadera del
suicidio era el momento del insulto en público. Si no hubiese sido por esto, el
conflicto entre amor y prohibición, más profundo pero menos acerbo, no la
habría conducido nunca a un acto tan arrebatado.
Mwakenuwa,
de Liluta, un hombre de alto rango, grandes poderes mágicos y destacada
personalidad, cuya fama ha llegado hasta nuestros tiempos a través de dos
15 El
hechicero, que es partidario del conservadurismo, el viejo orden tribal, las
viejas creencias y distribución del poder, odia naturalmente la presencia de
los innovadores y destructores de su Weltanschauung.Por regla general, es el
enemigo natural del hombre blanco que, como lo sabe, le
odia
equitativamente. Bronislaw Malinowski 57
Crimen y costumbre en la sociedad salvaje
generaciones,
tenía entre otras una esposa de nombre Isowa'i por la que sentía gran afecto.
Acostumbraba pelearse con ella, y un día, en el curso de una violenta
discusión, la insultó de la peor forma posible (kwoy lumuta), usando una
expresión que especialmente de marido a mujer se considera intolerable.16
Isowa'i actuó de acuerdo con la idea tradicional del honor y se suicidó en el
acto por lo'u,es decir, saltando desde una palmera. Al día siguiente, durante
los lamentos por Isowa'i, Mwakenuwa la imitó y su cadáver fue colocado al lado
de ella para ser llorado conjuntamente. En este caso se trataba más de un
asunto de pasión que de derecho, pero el caso sirve para demostrar la fuerte
oposición del sentimiento tradicional y del sentido del honor a todo exceso, a
todo lo que se sale de la regularidad y del sereno tono habitual. Y también nos
muestra hasta qué punto el sobreviviente pudo conmoverse ante el destino
escogido por la esposa que se había quitado la vida.
Un caso
similar fue el ocurrido hace algún tiempo en el que el marido acusó a su mujer
de adulterio, después de lo cual ella se tiró desde lo alto de una palmera y él
la imitó. Otro suceso de fecha más reciente fue el suicidio por envenenamiento
de Isakapu, de Sinaketa, acusada de adulterio por su esposo. Bogonela, una
esposa del jefe Kouta'uya de Sinaketa, descubierta en flagrante delito, durante
la ausencia de éste, por una de sus coesposas, se suicidó en el acto. Hace
algunos años, en Sinaketa, un hombre importunado constantemente por una de sus
esposas que le acusaba de adulterio y otras transgresiones, acabó suicidándose
por envenenamiento.
Bolubese,
esposa de uno de los anteriores jefes supremos de Kiriwina, se escapó de su
marido y huyó a su propio poblado, donde, amenazada por sus parientes (tío
materno y hermanos) de que la devolverían por fuerza a su marido, se suicidó
por lo'u (saltando de una palmera). Llegaron a mi conocimiento varios casos
similares ilustrativos de las tensiones entre marido y mujer, entre enamorados,
entre parientes.
En la
psicología del suicidio pueden registrarse dos motivos: primero, hay siempre
algún pecado, crimen o explosión pasional que debe ser expiado, ya sea una
violación de las reglas de la exogamia, un adulterio, una injusticia hecha o
una tentativa de escapar a las propias obligaciones; segundo, una protesta
contra los que han sacado a la luz este pecado, han insultado públicamente al
culpable y le han colocado en una situación intolerable. A veces uno de estos
dos motivos puede ser más destacado que el otro, pero por regla general es una
combinación de ambos en proporciones iguales. La persona públicamente acusada
admite su culpa, carga con todas las consecuencias y se castiga a sí misma,
pero al mismo tiempo declara que se la ha tratado mal, apela a los senti-mientos
de quienes le han empujado a este extremo si éstos son sus amigos o parientes
o, si son sus enemigos, apela a la solidaridad de sus parientes y les pide que
lleven a cabo una venganza (lugwa). El suicidio no es ciertamente un medio de
administrar justicia, pero proporciona al acusado y oprimido — tanto si es
culpable como si es inocente — una forma de escape y de rehabilitación. Esto
tiene gran significación en la psicología de los nativos, es un freno
permanente contra la violencia de conducta y de lenguaje, y de cualquier
desviación de la costumbre o de la tradición que pudiese dañar u ofender a
otro. Así, pues, el suicidio, como la hechicería, es un modo de hacer que los
nativos observen estrictamente la ley, un medio de evitar los tipos de conducta
extremos e inusitados. Ambos (el suicidio y la hechicería) son influencias
pronunciadamente conservadoras y como tales constituyen sólidos puntales de la
ley y el orden. ¿Qué es lo que hemos aprendido de los casos de delito y su
castigo descritos en este capítulo y en los precedentes? Hemos visto que los
principios por los que se castiga el delito son muy vagos, que los métodos de
llevar a cabo su justo castigo son impredecibles y variables, gobernados por el
azar y la pasión personal más que por cualquier sistema de instituciones fijas.
En realidad, los métodos más importantes son un subproducto de instituciones no
legales, costumbres, arreglos y sucesos tales como la brujería y el sui-cidio,
el poder del jefe, la magia, las consecuencia sobrenaturales de los tabúes y
actos de venganza personal. Estas instituciones y usos están lejos de ser
jurídicos en su función principal y sólo sirven el fin de mantener y hacer
cumplir los mandatos de la
16 Para una relación y análisis del ultraje y
las expresiones obscenas, véase la obra ya citada Sex and Repression in Savage
Society,o el artículo del autor en Psyche,v. 3, 1925.
58
Bronislaw Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
tradición
de una forma muy parcial e imperfecta. No hemos encontrado ningún arreglo ni
costumbre que pueda clasificarse como una forma de "administración de
justicia", de acuerdo con un código y por métodos fijos. Todas las
instituciones legalmente efectivas que hemos encontrado son más bien formas de
acabar rápidamente con un estado de cosas ilegal o intolerable, de restablecer
el equilibrio en la vida social y de dar salida a los sentimientos de opresión
y de justicia experimentados por los individuos. El delito en la sociedad de
las Trobriand sólo puede definirse vagamente — a veces es una explosión de
pasión, otras el quebrantamiento de una prohibición formal, en ocasiones una
tentativa contra determinada persona o propiedad (asesinato, robo, asalto) e
incluso a veces el dejarse dominar por excesivas ambiciones o la riqueza no
sancionadas por la tradición, en conflicto con las prerrogativas del jefe o de
algún notable. También hemos visto que las prohibiciones más definitivas son
elásticas ya que existen metódicos sistemas de eludirlas.
Vamos a
proceder ahora a la discusión de ciertos casos en los que el derecho no es
quebrantado por un acto de naturaleza definitivamente ilegal, sino confrontado
con un sistema de uso legalizado casi tan fuerte como la misma ley tradicional.
Bronislaw
Malinowski 59
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
III
SISTEMAS
JURÍDICOS EN CONFLICTO
El
derecho primitivo no es un conjunto de reglas homogéneo y perfectamente
unificado basado en un principio desarrollado en un cuerpo consistente. Esto,
por lo menos, hemos podido deducir de nuestro examen previo de los hechos
jurídicos en las islas Trobriand. Antes al contrario, el derecho de estos
nativos consiste en un número de sistemas más o menos independientes, sólo
parcialmente ajustados unos a otros. Cada uno de éstos — matriarcado, derecho
paterno, derecho matrimonial, prerrogativas y deberes de los jefes, etc.— tiene
su campo o esfera que le es propio, pero también puede exceder sus límites
legítimos. Todo esto da como resultado un estado de equilibrio tenso con sus
ocasionales conflictos. El estudio del mecanismo de tales conflictos entre
principios jurídicos, tanto paternos como encubiertos, es extremadamente
instructivo y nos revela la verdadera naturaleza de la trama social de una
tribu primitiva. Por lo tanto, procederé ahora a la descripción y análisis de
un par de casos.
Describiré
primero un suceso dramático que servirá para ilustrar el conflicto entre el
principio fundamental de la ley, el derecho matriarcal, y uno de los
sentimientos más fuertes, el amor paterno, alrededor de los cuales se agrupan
muchos usos tolerados por la costumbre aunque en realidad vayan contra la ley.
Los dos
principios de derecho matriarcal y amor paterno se observan del modo más
preciso en la relación de un hombre con el hijo de su hermana y con su propio
hijo respectivamente. Su sobrino matrilineal es su pariente más próximo y el
heredero legal de todas sus dignidades y cargos. Por otra parte, su propio hijo
no es considerado como un pariente; legalmente no está emparentado con su padre
y el único lazo que les une es el status sociológico de matrimonio con la
madre.17
Y, sin
embargo, en la vida real propiamente dicha, el padre se siente mucho más unido
a su propio hijo que a su sobrino. Entre padre e hijo hay invariablemente
amistad y cariño personal; entre tío y sobrino no es infrecuente constatar que
el ideal de solidaridad perfecta se ve a menudo frustrado por las rivalidades y
sospechas inherentes a cualquier relación de sucesión.
Así,
pues, el poderoso sistema legal de derecho matriarcal va asociado a un
sentimiento más bien débil, mientras que el amor de padre, que es una ley mucho
menos importante, está apoyado por un sentimiento personal muy fuerte. En el
caso de un jefe cuyo poder sea considerable, la influencia personal pesa más
que los dictados de la ley y la posición del hijo es tan fuerte como la del
sobrino.
Éste era
el caso en el poblado capital de Omarakana, la residencia del jefe principal,
cuyo poder se extiende sobre todo el distrito, cuya influencia comprende muchos
archipiélagos y cuya fama se esparce por todo el extremo oriental de Nueva
Guinea. Pronto descubrí que existía una enemistad de largo tiempo entre sus
hijos y sus sobrinos, disensión que asumía una forma realmente aguda en las
siempre frecuentes peleas entre su hijo favorito Namwana Guya'u y su segundo
sobrino por orden de sucesión, Mitakata.
El
estallido final se produjo cuando el hijo del jefe acusó gravemente al sobrino
durante un litigio ante el funcionario del gobierno residente en el distrito,
hasta el extremo de que Mitakata, el sobrino, fue condenado y encarcelado por
un mes.
Cuando la
noticia de lo sucedido llegó al poblado, el regocijo inicial de los partidarios
de Namwana Guya'u fue de corta duración y seguido de pánico, ya que entonces
todo el mundo comprendió que las cosas habían llegado a una crisis. El jefe se
encerró en su
17 Cf. "The Father in Primitive
Psychology" (1926), trabajo publicado originalmente en Psyche,vol. IV, n.
2.
60
Bronislaw Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
tienda
personal lleno de negros presentimientos sobre las consecuencias que esto
tendría sobre su favorito, quien había actuado temerariamente y atropellado la
ley de la tribu, su sentido y su verdadero espíritu. Los parientes del joven
encarcelado hervían de rabia y de indignación a duras penas contenidas. Al caer
la noche, el sumiso poblado se preparó para una cena silenciosa y cada familia
para su comida solitaria. En la plaza central no se veía un alma; Namwana
Guya'u no aparecía por ninguna parte, el jefe To'uluwa estaba escondido en su
tienda, la mayoría de sus esposas y sus familias también permanecían en el
interior de sus chozas. Súbitamente se oyó una voz fuerte y penetrante que
atravesaba el silencioso poblado. Bagido'u, el presunto heredero, hermano mayor
del muchacho encarcelado, de pie ante su choza, hablaba en voz alta
dirigiéndose al ofensor de su familia:
"Namwana
Guya'u, tú eres causa de males. Nosotros, los Tabalu de Omarakana, te
permitimos que permanecieses aquí para vivir entre nonosotros. En Omarakana tú
tenías comida abundante, comiste nuestra comida, participaste de los cerdos y
del pescado que nos traían como tributo. Tú navegaste en nuestra canoa.
Construiste una choza en nuestra tierra. Y ahora nos has hecho daño. Tú has
mentido. Mitakata está en la cárcel. Nosotros no te queremos más aquí. ¡Este
poblado es nuestro! Tú eres un forastero aquí.
¡Vete!
¡Márchate! ¡Nosotros te echamos de Omarakana!"
Todas
estas palabras fueron pronunciadas con voz fuerte y aguda, cortante, que
temblaba de emoción profunda, cada corta frase separada de las otras por una
pausa, cada una de ellas corno un nuevo proyectil que se lanzase a través del
espacio vacío hasta la cabaña donde Namwana Guya'u, sentado, cavilaba
tristemente. Inmediatamente después, la joven hermana de Mitakata también se
levantó y habló, luego un joven sobrino por parte de la madre. Sus palabras
eran casi idénticas a las de la primera perorata, y su estribillo era la forma
de echar a alguien del poblado, la yoba. Estas alocuciones fueron recibidas en
profundo silencio. Nada se movía en el poblado, pero, antes de terminarse la
noche, Namwana Guya'u había salido de Omarakana para siempre. Se trasladó e
instaló en su propio poblado, en Osapola, la comunidad de donde procedía su
madre, que estaba a unas pocas millas de distancia. Su madre y su hermana se
lamentaron por él durante semanas seguidas, con los fuertes lamentos con que se
llora a los muertos. El jefe permaneció tres días seguidos en su tienda, y
cuando salió tenía el aspecto envejecido de la persona consumida por el dolor.
Desde luego, todo su interés personal y su afecto estaban con su hijo favorito
y no obstante no podía hacer nada para ayudarle. Sus súbditos habían actuado
estrictamente de acuerdo con sus derechos y también de acuerdo con la ley de la
tribu; por lo tanto, él no podía disociarse de ellos. Ningún poder podía
cambiar el decreto de exilio. Una vez pronunciado el "¡Vete!"
(bukula), "nosotros te echamos" (kayabaim), el hombre tenía que irse.
Estas palabras, que raramente se pronuncian de una manera formal, tienen no
obstante una fuerza obligatoria y casi poder ritual cuando las pronuncian los
ciudadanos de un lugar contra un forastero residente. El hombre que intentase
hacer frente al terrible insulto que llevan envueltas y permaneciera en el
lugar a pesar de ellas, quedaría deshonrado para siempre. Es más, algo que no
sea obediencia inmediata a una petición de ritual es inimaginable para un
isleño de las Trobriand.
El
resentimiento del jefe contra sus súbditos fue profundo y duradero. Al
principio no quería ni hablarles. Durante más o menos un año no hubo quien se
atreviera a pedirle que le llevase consigo en expediciones marítimas, aunque
tenían el más perfecto derecho a este privilegio. Dos años más tarde, en 1917,
cuando volvía a las Trobriand, Namwana Guya'u residía aún en el otro poblado y
se mantenía apartado de los súbditos de su padre, aunque frecuentemente
visitaba Omarakana para asistir y acompañar a su padre, especialmente cuando
To'uluwa iba de expedición fuera del poblado. La madre murió al año de su
expulsión de Omarakana. Los nativos describieron su muerte de la forma
siguiente: "Gemía y gemía, se negó a comer y murió". Se rompieron
totalmente las relaciones entre los dos enemigos principales, y Mitakata, el
joven jefe que había sido encarcelado, incluso repudió a su esposa que
pertenecía al mismo subclán de Namwana Guya'u. Toda la vida social de Kiriwina
estaba dividida por un profundo abismo.
Este
incidente constituyó uno de los acontecimientos más dramáticos que jamás haya
Bronislaw
Malinowski 61
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
presenciado
en las Trobriand. Lo he relatado con todo detalle, porque ilustra perfectamente
el derecho matriarcal, el poder de la ley de la tribu y las pasiones que se
agitan a pesar de todo esto.
Aunque
este caso es excepcionalmente dramático y demostrativo, no constituye con todo
una anomalía. En cada poblado donde hay un jefe de alta categoría, una persona
notable e influyente o un brujo poderoso, éste favorece siempre a sus hijos y
les concede privilegios que, estrictamente hablando, no les pertenecen.
Corrientemente, esto no es causa de antagonismos dentro de la comunidad cuando
tanto el hijo como el sobrino poseen moderación y tacto. Kayla'i, el hijo de
M'tabalu, uno de los jefes principales de Kasanai, recientemente fallecido,
vive en el poblado de su padre, ejerce la mayor parte de la magia comunal y
está en excelentes relaciones con el sucesor de su padre. En el grupo de
poblados de Sinaketa, donde residen varios jefes de importancia, algunos de los
hijos favoritos están en buenas relaciones de amistad con los herederos
legítimos y otros en abierta hostilidad con ellos.
En
Kavataria, el poblado contiguo a la Misión y a la estación del gobierno, el
último hijo del jefe, un tal Dayboya, ha echado a los verdaderos amos del
lugar, apoyado en esto por la influencia europea que naturalmente favorece los
derechos patrilineales. Pero el conflicto hoy día más agudo y considerablemente
agravado por el principio patriarcal, que inevitablemente cuenta con el apoyo
del blanco, es tan viejo como la tradición mitológica. Este conflicto halla su
expresión en las historietas que se cuentan para diversión de todos, las
kukwanebu, donde el latula guya'u, el hijo del jefe, es un personaje típico,
arrogante, mimado, presuntuoso, a menudo el blanco de bromas pesadas. En los
mitos serios, algunas veces es el villano, otras el héroe luchador, pero la
oposición de los dos principios está siempre claramente definida, aunque lo que
mejor demuestra la antigüedad y profundidad del conflicto cultural es el hecho
de que está arraigado en cierto número de instituciones de las que ahora nos
ocuparemos. La opo-sición entre el derecho materno y el amor paterno también la
hallamos entre las gentes sencillas y se expresa en la tendencia del padre a
hacer todo lo que puede por su hijo a expensas del sobrino, y también porque, a
la muerte del padre, el hijo tiene que devolver a los legítimos herederos
prácticamente todos los beneficios y posesiones recibidos en vida de éste, todo
lo cual conduce, naturalmente, a gran descontento, fricción y métodos
indirectos para llegar a un arreglo satisfactorio.
Nos
encontramos, por lo tanto, otra vez frente a la discrepancia que existe entre
el ideal de la ley y su realización, entre la versión ortodoxa de la vida y su
práctica. Ya nos hemos encontrado con algo semejante al tratar de la exogamia,
del sistema de contrarrestar la magia y en la relación entre brujería y ley,
así como en la elasticidad de todas las reglas del derecho civil. Sin embargo,
aquí vemos que los verdaderos fundamentos de la constitución de la tribu son
desafiados, es más, sistemáticamente burlados por una tendencia completamente
incompatible con ellos. Sabemos que el derecho matriarcal es el principio más
importante y el más abarcante del sistema, la base de todas sus costumbres e
instituciones. Este principio establece que el parentesco sólo se transmite a
través de las mujeres y que todos los privilegios sociales siguen la línea
materna, excluyendo por lo tanto la validez legal de un lazo directo corporal
entre el padre y el hijo, y de cualquier filiación en virtud de este lazo.18 A
pesar de todo esto, el padre invariablemente ama a su hijo y este sentimiento
encuentra un reconocimiento
18 Los nativos ignoran el hecho de la paternidad
fisiológica y, como ya he mostrado en la obra citada, "The Father in
Primitíve Psychology", 1926, tienen una teoría sobrenatural de las causas
del nacimiento. No hay continuidad física entre el hombre y los hijos de su
mujer. Y, sin embargo, el padre ama a su hijo ya desde el nacimiento — por lo
menos tanto como lo ama el padre europeo normal. Puesto que esto no puede ser
debido a ningún concepto de que sus hijos son su propia prole, tiene que ser debido
al resultado de alguna tendencia innata en la especie humana, por parte del
hombre, de sentir afecto hacia los hijos nacidos de una mujer con quien está
casado, vive permanentemente y ha vigilado durante el embarazo. Ésta me parece
a mí la única explicación plausible de la "voz de la sangre" que se
deja sentir, tanto en las sociedades ignorantes del concepto de la paternidad,
como en las que son decididamente patriarcales, que hace que un padre ame tanto
a su hijo fisiológicamente propio como al nacido de relaciones adúlteras,
siempre que no sepa esto último. Esta tendencia es de la mayor utilidad para la
especie humana.
62
Bronislaw Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
limitado
dentro de la ley; el marido tiene el derecho y el deber de actuar como guardián
de los hijos de su esposa hasta que lleguen a la pubertad. Ésta es naturalmente
la única línea de conducta que puede seguir el derecho en una cultura con
matrimonio patrilocal. Es natural que puesto que los hijos pequeños no pueden
ser separados de la madre, que puesto que ésta tiene que estar con su marido y
a menudo lejos de su propia familia y poblado, que puesto que la madre y sus
hijos necesitan un guardián y protector masculino juntos a ellos, el marido
tenga que desempeñar este papel y esto en cumplimiento estricto y ortodoxo de
la ley. No obstante, vemos que la misma ley ordena al muchacho que deje la casa
de su padre cuando llegue a la pubertad, que se traslade a la comunidad de su
madre y que se coloque bajo la tutela de su tío materno, aunque no a la
muchacha, que permanece con sus padres hasta que se casa. En conjunto todo esto
es contrario a los deseos del padre, del hijo y del tío materno, es decir, los tres
inte-resados, con el resultado de que ya se han establecido ciertos usos que
tienden a prolongar la autoridad paterna y a establecer un vínculo adicional
entre el padre y el hijo. La ley estricta establece que el hijo es ciudadano
del poblado materno, que en el de su padre no es más que un extraño
(tomakava),pero el uso le permite permanecer en él y disfrutar de la mayor
parte de los privilegios de ciudadanía. Durante las ceremonias rituales, como
por ejemplo la celebración de un funeral o de un duelo, en una fiesta y por
regla general en una pelea, tiene que estar al lado de su tío materno, aunque
en la diaria ejecución de las nueve décimas partes de las actividades e
intereses de la vida está ligado a su padre.
La
costumbre de conservar al hijo después de la pubertad, y a menudo después de su
matrimonio, es también un acto establecido y existen arreglos definidos para
hacerle frente; se lleva a cabo de acuerdo con reglas estrictas y
procedimientos concretos, que hacen de esta costumbre todo menos algo
clandestino e irregular. En primer lugar, se invoca el pretexto bien acreditado
de que el hijo permanece en el poblado de su padre para poderle llenar su
almacén de ñame, cosa que hace en nombre del hermano de su madre y como sucesor
suyo. Si se trata de un jefe, hay también ciertos cargos que se considera que
su propio hijo es el más indicado para desempeñarlos. Cuando éste se casa,
construye una casa en el solar de su padre, cerca de la vivienda de éste.
El hijo
naturalmente tiene que vivir y comer, por lo tanto tiene que desbrozar terreno
para hacerse unos huertos y llevar a cabo otras actividades. El padre le da
unas pocas parcelas de terreno (baleko) de su propia tierra, un puesto en su
canoa y le concede el derecho de pescar — cazar tiene poca importancia para los
nativos de las Trobriand —; le equipa con útiles, redes y otros avíos de pesca.
Por regla general, el padre incluso va más lejos. Concede a su hijo ciertos
privilegios y le hace regalos que debiera guardar hasta llegado el momento de
entregarlos a sus herederos. Es cierto que concederá tales privilegios y
presentes a sus herederos mientras él todavía vive cuando éstos lo soliciten
por medio de un pago llamado pokala. No puede ni rechazar el trato propuesto,
pero también es cierto que su hermano más joven o su sobrino tienen que hacer
un pago importante por la tierra, la magia, los derechos de kula, los objetos
hereditarios de especial valor y el cargo de "director" en danzas y
ceremonias; aunque le pertenecen por derecho propio y de todos modos los
heredaría. La costumbre establecida permite, en cambio, al hombre que conceda
tales objetos de valor o privilegios a su hijo com-pletamente gratis, de modo
que esta costumbre, regular pero no legal, no sólo se toma grandes libertades
con el sistema jurídico, sino que además añade el insulto al perjuicio,
concediendo al usurpador ventajas considerables sobre el propietario legítimo.
El
recurso más importante por el que se introduce una línea patriarcal temporal
dentro del derecho matriarcal es la institución de matrimonios entre primos
carnales. Por ejemplo, un hombre de las Trobriand que tiene un hijo y cuya
hermana da a luz una niña, tiene el derecho de pedir que esta criatura sea
prometida a su hijo, de este modo sus nietos serán parientes suyos y su hijo se
convertirá en el cuñado del heredero a la jefatura. O sea que este último
estará bajo la obligación de proporcionar comida a la familia del hijo y en
general de ayudar en todo y por todo a su cuñado, así como de proteger a la
familia de su hermana. Así se evita que el mismo hombre con cuyos in-tereses
chocaría el hijo quede resentido e incluso se consigue que llegue a estimar como
Bronislaw
Malinowski 63
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
un
privilegio propio los favores concedidos por su tío a su cuñado. El casamiento
entre primos carnales paternos en las Trobriand es una institución por la que
un hombre puede asegurar para su hijo el derecho definido, así obtenido, de
poder permanecer toda su vida en el grupo de su padre a través de un
excepcional matrimonio matrilocal, y gozar asimismo de todos los privilegios de
la ciudadanía completa.
Vemos,
pues, que- alrededor del sentimiento del amor de padre se cristalizan un número
de costumbres establecidas sancionadas por la tradición y consideradas por la
colectividad como el sistema más natural. Y, sin embargo, estas costumbres son
contrarias a la ley estricta e implican un procedimiento excepcional y anómalo
como el casamiento matrilocal. Por eso, si hay oposición y protestas contra
ellas en nombre de la ley, deben ceder inmediatamente. Hay casos registrados en
los que el hijo, aunque esté casado con la sobrina de su padre, tiene que salir
de la comunidad, y no es infrecuente que los herederos pongan fin a la ilegal
generosidad de su tío pidiéndole por medio del pokala lo que está a punto de
dar a su hijo, aunque tal oposición ofende al hombre que está en el poder,
provoca hostilidades y fricciones y sólo se recurre a ella en casos extremos.
64
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
IV
LOS
FACTORES DE COHESIÓN SOCIAL
EN UNA
TRIBU PRIMITIVA
Al
analizar la contraposición entre el derecho materno y el amor paternal hemos
enfocado nuestra atención en las relaciones personales entre el hombre, su hijo
y su sobrino respectivamente, pero además hay el problema de la unidad del
clan, ya que la pareja formada por el hombre que está en el poder (sea éste
jefe, notable, cabeza de poblado o hechicero) y su heredero es el núcleo mismo
del clan matrilineal. La unidad, homogeneidad y solidaridad del clan no pueden
ser mayores que las de su núcleo, y como vemos que este núcleo está hendido,
que normalmente se producen tensiones y antagonismos entre los dos hombres, no
podemos aceptar el axioma de que el clan es una unidad perfectamente soldada.
Sin embargo, el "dogma del clan" o el "sib-dogma", para
emplear la oportuna expresión del doctor Lowie, no carece de fundamento, y
aunque hemos visto que el clan está dividido en su mismo núcleo y que no es
homogéneo en lo que se refiere a la exogamia, no estará de más que veamos
cuánto hay de verdad en la suposición de la unidad del clan.
Inmediatamente
podría argüírsenos que también aquí la antropología ha tomado al pie de la
letra la doctrina nativa ortodoxa o, mejor aún, su ficción legal, y que, por lo
tanto, se engaña al confundir el ideal legal con las realidades sociológicas de
la vida tribal. La posición del derecho indígena en este asunto es consistente
y clara. Al aceptar el derecho matriarcal como el principio exclusivo de
parentesco en materias legales y aplicarlo hasta las últimas consecuencias, el
nativo divide los seres humanos en los relacionados con él mismo por el vínculo
matrilineal a los que llama parientes (veyola) y los que no le están así
emparentados a los que llama extraños (tomakava). Esta doctrina se combina
entonces con el "principio clasificatorio de parentescos" que tan
sólo gobierna por completo el vocabulario, pero que hasta cierto punto también
influye sobre las relaciones jurídicas. Tanto el derecho matriarcal como el
principio clasificatorio están asociados con el sistema totémico por el que
todos los seres humanos quedan comprendidos dentro de cuatro clanes
subdivididos después en un número variable de subclanes. Un hombre o una mujer
es un malasi, lukuba, lukwaisisiga o lukulabuta de tal o cual subclán, y esta
identidad totémica es tan fija y determinada como el sexo, el color de la piel
o el tamaño del cuerpo; tampoco cesa con la muerte, porque el espíritu sigue
siendo lo que el hombre había sido en vida, y ya existía además desde antes del
nacimiento; el "niño espíritu" ya pertenecía a un clan y subclán. El ser
miembro de un subclán significa una antepasada común, unidad de parentesco,
unidad de ciudadanía en una colectividad local, derechos comunes a tierras y
cooperación en muchas actividades económicas y en todas las ceremoniales.
Jurídicamente, el hecho de un nombre común de clan y subclán implica
responsabilidades comunes en la venganza (lugwa),la regla de la exogamia y
finalmente la ficción de un interés vivísimo por el bien mutuo, de modo que si
ocurre una muerte se considera que primero el subclán y hasta cierto punto el
clan sufren esta pérdida y todo el ritual del duelo se ajusta a esta teoría
tradicional La unidad del clan y todavía más la del subclán es, sin embargo,
expresada de un modo más tangible en las grandes distri-buciones festivas
(sagali) en las que los grupos totémicos desempeñan un papel de dar y tomar
ceremonialmente económico. De este modo hay una múltiple y real unidad de
intereses, actividades y necesariamente sentimientos que unen a los miembros de
un subclán y de los subclanes componentes en un clan, y este hecho se subraya
intensamente en muchas instituciones, en la mitología, en el vocabulario y en
los dichos corrientes, así como en las máximas tradicionales.
No
obstante, hay que tener en cuenta también otro aspecto de la cuestión del que
ya Bronislaw Malinowski 65
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
hemos
tenido claras indicaciones, y que ahora vamos a exponer de un modo conciso.
Ante todo, aunque todas las ideas sobre el parentesco, la división totémica, la
unidad de substancia, los deberes sociales, etcétera, tienden a destacar el
"dogma del clan", no por ello todos los sentimientos siguen esa
dirección. Mientras que en cualquier disputa de carácter social, político o
ceremonial, un hombre, por ambición, orgullo y patriotismo, invariablemente se
pone al lado de sus parientes matrilineales, en las situaciones ordinarias de
la vida los sentimientos más tiernos de amor y amistad a menudo le hacen
olvidar el clan en favor de su esposa, hijos y amigos. Lingüísticamente, el
término veyogu (mi pariente) tiene un matiz emocional de frío deber y de
orgullo, mientras que, por otra parte, el término lubaygu (mi amigo y mi novia)
posee un tono distintamente más cálido y más íntimo. Incluso en sus creencias
sobre el más allá, los lazos de amor, el afecto conyugal y la amistad continúan
en el mundo del espíritu del mismo modo que la identidad totémica — aunque de
acuerdo con una creencia menos ortodoxa, pero más personal —.
En cuanto
a los deberes concretos del clan, ya hemos visto detalladamente en el ejemplo
de la exogamia cuánta elasticidad, elusión y violación existen. Asimismo
sabemos que, en materias económicas, el exclusivismo de la cooperación del clan
está sujeto a elusiones por tendencia del padre a favorecer a su hijo y
llevarle consigo en las actividades del clan. Lugwa (la venganza) sólo se lleva
a efecto en raras ocasiones: el pago de lula (el precio de la paz) es también
una forma tradicional de compensación por ello y realmente una forma de elusión
del cumplimiento de la primera, que es más difícil y desagradable.
En lo que
respecta a los sentimientos, es natural que el padre o la viuda a menudo tengan
más interés en vengar la muerte del asesinado que sus propios parientes. En
todas las ocasiones en que el clan actúa como una unidad económica en las
distribuciones ceremoniales, sólo es homogéneo con referencia a los otros
clanes, pero en su interior se lleva estricta cuenta entre los subclanes
componentes y dentro de los subclanes entre los individuos. Así, pues, venios
de nuevo que por un lado existe la unidad, pero por el otro va combinada con
una diferenciación minuciosa, una vigilancia estricta sobre los intereses
propios particulares, y por último un espíritu enteramente comercial no
desprovisto de sospecha, envidia y prácticas ruines.
Si se
efectuase un estudio de las relaciones personales dentro del subclán, se vería
que la actitud tirante y claramente hostil entre el tío materno y el sobrino
tal como la vimos en Omarakana no es ni mucho menos infrecuente. A veces, entre
hermanos existe una amistad verdadera, como en el caso de Mitakata y sus
hermanos, y en el de Namwana Guya'u y el suyo. Por otra parte, se registran
casos de fuertes odios y de actos de violencia y hostilidad tanto en la leyenda
como en la vida misma. He aquí un ejemplo concreto de fatal desarmonía dentro
de lo que debiera ser el núcleo de un clan: un grupo de hermanos.
En un
poblado cercano al que yo habitaba por aquel entonces vivían tres hermanos, el
mayor de los cuales, jefe del clan, era ciego. El hermano más joven se
aprovechaba de esta desgracia para recoger los frutos de las arecas (betel)
antes de que estuviesen suficientemente maduros, con lo que el ciego se quedaba
sin su parte. Un día, al ver que de nuevo le habían desposeído de lo que le
pertenecía, en un estallido de furia rabiosa cogió un hacha y entrando a
oscuras en la casa de su hermano consiguió herirle. El herido pudo escapar y se
refugió en la casa del tercer hermano, quien, indignado por el atropello que
había sufrido el pequeño, cogió un venablo y mató con él al ciego. Esta
tragedia tuvo un final muy prosaico, ya que el magistrado europeo hizo encarcelar
al criminal por un año. Antiguamente, me decían mis informantes y en ello se
mostraban unánimes, no habría tenido más remedio que suicidarse.
En este
caso nos hallamos en presencia de dos típicos actos criminales combinados: robo
y asesinato, por lo que no estará de más que hagamos una breve digresión sobre
ellos. Ninguno de estos delitos juega un papel importante en la vida de los
nativos de las Trobriand. El robo es clasificado bajo dos conceptos: kwapatu
(literalmente, agarrar), palabra que se aplica a la apropiación ilegal de
objetos de uso personal, utensilios y objetos valiosos; y vayla'u, una palabra
especial que se aplica al robo de hortalizas, ya
66
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
sea de
los huertos o de los almacenes, y que también se usa para designar el hurto de
cerdos o aves. Aunque el robo de objetos personales se considera como un
perjuicio mayor, el hurto de comida es más despreciable. No hay deshonra más
grande para un nativo de las Trobriand que estar sin comida o en necesidad de
ella; tener que mendigarla y admitir de hecho, por medio de este acto, que la
situación era tan apurada como para tener que robarla, lleva consigo la
humillación más grande que pueda concebirse. Además, como el robo de objetos
valiosos está casi fuera de toda posibilidad porque todos están marcados,19 el
hurto de objetos personales no puede causar ninguna pérdida de consideración a
su dueño legítimo. En cualquiera de estos casos, el castigo consiste en la
vergüenza y el ridículo que cubren al culpable y, en efecto, todos los casos de
robo sobre los que se me llamó la atención fueron perpetrados por débiles
mentales, parias sociales o menores. En cambio, el despojar al hombre blanco de
sus posesiones superfluas, tales como artículos de intercambio, latas de
conserva o tabaco que mezquinamente guarda bajo llave sin usarlos, entra en una
clase especial y, naturalmente, no se considera como un quebrantamiento de la
ley, de la moralidad o de la corrección.
El
asesinato es un suceso extremadamente raro. En realidad, fuera del caso que
acabo de describir, sólo ocurrió otro durante mi residencia en Trobriand: la
muerte por lanza de un hechicero notorio en plena noche cuando se estaba
acercando subrepticiamente al poblado. Y esto se hizo en defensa del enfermo
víctima del brujo por uno de los guardias armados que tienen a su cargo la
vigilancia de la víctima durante la noche en tales ocasiones.
Se citan
algunos casos de muerte como castigo por adulterio sorprendido in flagranti,
insultos a personas de categoría, pendencias y escaramuzas. Y también, claro
está, durante el curso de una guerra regular. En todos los casos en que un
hombre es asesinado por gente de otro subclán, existe la obligación del talión.
Aunque en teoría esto es absoluto, en la práctica sólo se considera obligatorio
en los casos de un adulto masculino de cierta categoría o importancia; e
incluso entonces se considera superfluo cuando el difunto ha encontrado la
muerte por su propia culpa. En otros casos, cuando el honor del subclán exige
claramente la venganza, ésta se puede eludir por la sustitución de pago de la
sangre (lula). Ésta era una costumbre bien establecida después de una guerra
para concluir la paz cuando se pagaba al otro lado por cada uno, muerto y
herido. Aun en el caso de que se hubiese cometido un asesinato u homicidio, un
lula (pago de la sangre) relevaría a los sobrevivientes del deber del talión
(lugwa).
Esto nos
conduce de nuevo al problema de la unidad del clan. Todos los casos mencionados
más arriba indican que la unidad del clan no es ni un cuento de hadas inventado
por la antropología ni el solo y único principio verdadero de la ley salvaje,
la llave de todos los enigmas y dificultades. El verdadero estado de cosas,
bien observado y perfectamente comprendido, es muy complejo y está tan lleno de
contradicciones aparentes como de contradicciones verdaderas, y de conflictos
debidos a la representación del ideal y su realidad verdadera y también a la
adaptación imperfecta entre las tendencias humanas espontáneas y la rigidez de
la ley.
La unidad
del clan es una ficción legal, ya que pide —en toda doctrina nativa, esto es,
en todos sus principios, afirmaciones, dichos, reglas palmarias y patrones de
conducta— una subordinación absoluta de todos los demás intereses y lazos a las
demandas de la solidaridad del clan, mientras que en realidad esta solidaridad
es casi constantemente quebrantada y prácticamente inexistente en el curso
diario de la vida ordinaria. Por otra parte, en ciertas ocasiones, más que nada
en las fases ceremoniales de la vida nativa, la unidad del clan lo domina todo
y en casos de clara contraposición y abierto desafío pasará por encima de las
consideraciones personales y de las flaquezas individuales que en
circunstancias ordinarias determinarían ciertamente la conducta individual. Por
consiguiente, esta cuestión tiene dos aspectos y la mayoría de los
acontecimientos más importantes de la vida nativa, así como de sus
instituciones, costumbres y tendencias, no pueden ser claramente comprendidos
sin darse plena cuenta de estos dos aspectos y de sus interacciones.
19 Véase
la obra del autor, ya mencionada, Argonauts ofthe Western Pacific.
Bronislaw
Malinowski
Crimen y
costumbre en la sociedad salvaje
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Tampoco
es difícil comprender por qué la antropología, que sólo se ha ocupado de un
aspecto de la cuestión, presenta la rígida, pero ficticia doctrina de la ley
indígena como si fuese la verdad única y completa, cuando precisamente esta
doctrina representa sólo el aspecto intelectual patente y enteramente
convencional de la actitud nativa, el aspecto que se refiere a afirmaciones
claras, fórmulas jurídicas definidas. Cuando al nativo se le pregunta qué haría
en tal y tal caso, contesta lo que debería hacer: es decir, expone la mejor
línea de conducta posible. Cuando actúa como informante de un antropólogo sobre
el terreno, no le cuesta nada recitar el ideal de la ley. Sus sentimientos, sus
propensiones, sus parcialidades, las libertades que se toma para la
satisfacción de sus propios deseos, así como su tolerancia por las faltas de
los otros, todo esto lo reserva para su conducta en la vida ordinaria. E
incluso entonces, aunque actúe así, no se mostraría dispuesto a admitir ni
siquiera a sí mismo que a veces actúa por debajo del nivel fijado por la ley.
El otro aspecto de la cuestión, el código de conducta natural e impulsivo, las
evasiones, los compromisos y los usos no legales, sólo se revelan al que
investiga sobre el terreno, observa la vida nativa directamente, registra los
hechos y vive en tan estrecho contacto con su "material humano" como
para comprender, no sólo su idioma y afirmaciones, sino también los motivos
ocultos de su conducta y la línea de conducta espontánea que casi nunca se menciona.
La "antropología de oídas" está constantemente expuesta al peligro de
ignorar el lado menos bonito de la ley salvaje. Puede decirse sin exageración
que este lado existe y se tolera mientras no se le enfrenta francamente, se
pone en palabras, se declara abiertamente, y se le reta así claramente. Quizás
esto explique la vieja teoría del "salvaje libre" que no tiene
costumbres y actúa como una bestia, ya que las autoridades que nos dieron esta
versión conocían a fondo las complicaciones e irregularidades de la conducta
nativa, que en modo alguno conforman con la ley estricta, mientras que
ignoraban en cambio la estructura de la doctrina jurídica salvaje. El moderno
investigador sobre el terreno construye su teoría sin grandes dificultades a
base de lo que le explica su informante nativo, pero ignora los borrones que la
naturaleza humana comete sobre este esbozo teórico. De este modo ha
reconvertido al salvaje en un modelo de legalidad. La verdad es una combinación
de ambas versiones y el conocimiento que tenemos de ella revela que tanto la
vieja como la nueva son simplificaciones fútiles de un estado de cosas muy
complicado.
Así,
esto, como todo lo demás en la realidad cultural humana, no es un esquema
lógico y consistente, sino más bien una mezcla movediza de principios en
conflicto, entre los cuales el choque del interés matrilineal y el paterno es
probablemente el más importante. La discrepancia entre la solidaridad del clan
totémico por una parte y los lazos de familia o los dictados del interés
personal por otra le siguen en importancia. La lucha entre el principio del
rango hereditario y las influencias de proezas personales, éxito económico y
habilidad mágica es también importante. La hechicería como instrumento de poder
personal merece especial mención, ya que el hechicero a menudo es un temido
competidor del jefe o cabeza de poblado. Si el espacio lo permitiese, podría
dar algunos ejemplos de otros conflictos de naturaleza más concreta y
accidental; la extensión gradual que se puede comprobar históricamente del
poder político del subclán Tabalu (del clan Malasi), donde podemos ver cómo el
principio de rango se impone más allá de su campo legítimo sobre la ley de
ciudadanía estrictamente local basada en exigencias mitológicas de sucesión
matrilineal. O también podría describir la rivalidad secular entre el mismo
subclán Tabalu y el Toliwaga (del clan Lukwasisiga)- en la que el primero tiene
a su favor rango, prestigio y poder establecido, y e] último una organización
militar más fuerte, cualidades marciales y un éxito mayor en el combate. El
hecho más importante de todos, desde nuestro punto de vista, en esta lucha de principios
sociales, es que nos obliga a reconsiderar completamente el concepto
tradicional del derecho y el orden en las colectividades salvajes. Ahora
tenemos que abandonar definitivamente la idea de una "costra" inerte
o sólida o de una "capa solidificada" de costumbres que desde fuera
presionan rígidamente sobre toda la superficie de la vida tribal. La ley y el
orden surgen de los mismos procesos que gobiernan, pero no son rígidos ni se
deben a inercia o moldeamiento permanente. Al contrario, se imponen como
resultado de una lucha constante no sólo de las pasiones humanas contra el
derecho, sino también de unos
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principios
jurídicos contra otros. Esta lucha, sin embargo, no es una lucha libre: está
sujeta a condiciones definidas y sólo puede tener lugar dentro de ciertos
límites y con la condición de que permanezca bajo la superficie de la
publicidad. Tan pronto como se ha declarado un desafío abierto, entonces se
establece la precedencia de la ley estricta sobre el uso legalizado o sobre un
principio jurídico invasor, y la jerarquía ortodoxa del sistema decide el caso.
Como ya
hemos visto, el conflicto tiene lugar entre la ley estricta y el uso
legalizado, y es posible porque la primera tiene tras de sí la fuerza de una
tradición más definida mientras que el último se nutre de inclinaciones
personales y del poder presente. Así, pues, dentro del cuerpo de la ley existen
no sólo tipos diferentes, como cuasilegales y cuasicriminales, o la ley de
transacciones económicas, de relaciones políticas, etc., sino que pueden
distinguirse grados claros de ortodoxia, obligación y validez que colocan las
reglas en una jerarquía que va desde la ley principal del derecho matriarcal,
el totemismo y la categoría social hasta las elusiones clandestinas y los
medios tradicionales de desafiar la ley y encubrir el delito.
Y aquí
nuestra investigación de la ley y las instituciones legales en las islas
Trobriand llega a su fin. Durante su curso hemos llegado a un número de
conclusiones sobre la existencia de obligaciones positivas y elásticas, y sin
embargo compulsivas, que corresponden a la ley civil en culturas más
desarrolladas; sobre la influencia de la reciprocidad, la aplicación pública y
la incidencia sistemática de tales obligaciones que suministran sus fuerzas
efectivas principales; sobre los dictados negativos de la ley, las
prohibiciones y tabúes tribales que según hemos visto son tan elásticos y
adaptables como las reglas positivas aunque cumplen una función diferente.
También hemos podido sugerir una nueva clasificación de las reglas de la
costumbre y la tradición; una definición revisada de la ley como clase especial
de reglas consuetudinarias, e indicar ulteriores subdivisiones dentro del
propio cuerpo del derecho. En esto, además de la principal división entre lo
cuasicivil y lo cuasicriminal, encontramos que debe hacerse una distinción
entre los varios grados de la ley que se pueden situar en una jerarquía desde
los estatutos de la ley legítima principal, a través de los usos legalmente
tolerados, hasta las elusiones y los métodos tradicionales de burlarla. También
hemos tenido que discriminar entre un número de sistemas distintos que juntos
forman el cuerpo del derecho tribal, tales como el derecho matriarcal y el amor
paternal, la organización política y la influencia mágica, sistemas que a veces
entran en conflicto para llegar a compromisos y a reajustes. No es necesario
adentrarnos en más detalles sobre todo esto, ya que nuestras conclusiones se
han documentado empíricamente y se han discutido teóricamente con amplitud.
Sin
embargo, merece la pena considerar una vez más que todo a lo largo de nuestra
discusión no hemos encontrado el verdadero problema simplemente en la mera
enumeración de las reglas, sino en los modos y maneras como éstas se llevan a
efecto. Lo más instructivo ha sido el estudio de las situaciones de la vida que
requieren una regla fija, la forma como la gente interesada maneja esta
situación, la reacción de la comunidad en general, las consecuencias de su
cumplimiento o de su incumplimiento. Todo esto, que podría llamarse el contexto
cultural de un sistema de reglas primitivo, es tan importante, si no más, como
la somera descripción de un corpus juris nativo, ficticio, codificado en el
librito de notas del etnógrafo como resultado de preguntas y respuestas en lo
que es el "método de oídas" usado por el investigador sobre el
terreno.
Con todo
esto estamos pidiendo una nueva línea de trabajo de campo antropológico: el
estudio por observación directa de las reglas de la costumbre tal como
funcionan en la vida real. Tal estudio revela que los mandamientos de la ley y
de la costumbre están siempre orgánicamente conectados y no aislados; que su
misma naturaleza consiste en los muchos tentáculos con que se introducen en el
contexto de la vida social, que sólo existen en la cadena de transacciones
sociales de la que forman un eslabón. Sostengo que la forma discontinua como se
hacen la mayor parte de los relatos de la vida tribal es el resultado de una
información imperfecta que en realidad es incompatible con el carácter general
de la vida humana y las exigencias de la organización social. Una tribu salvaje
ligada por un código de costumbres inorgánicas desconectadas se desintegraría
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costumbre en la sociedad salvaje
ante
nuestros propios ojos.
Hemos de
reclamar que desaparezcan pronto y completamente de los protocolos de trabajo
de campo los elementos fragmentarios de información, sobre costumbres,
creencias, reglas de conducta, los cuales quedan flotando en el aire, o tienen,
por mejor decir, una tenue existencia en el papel, pues carecen completamente
de la tercera dimensión, la de la vida. Entonces los argumentos teóricos de la
antropología podrán abandonar las largas letanías de la afirmación hilvanada
que nos hace aparecer a nosotros los antropólogos tontos, y ridículos a los
salvajes. Con ello quiero referirme a la larga enumeración de afirmaciones
atrevidas, tales como por ejemplo: "cuando entre los brodiag un hombre se
encuentra con su suegra, se insultan el uno al otro y cada uno de ellos se
retira con un ojo amoratado"; "cuando un brobdignag encuentra un oso
polar sale huyendo y a veces el oso también le imita"; "en la vieja
Caledonia, cuando un nativo encuentra accidentalmente a un lado de la carretera
una botella de whisky, la vacía de un solo trago, después de lo cual procede
inmediatamente a buscar otra", y así por el estilo. (Cito ejemplos de
memoria, de modo que estas afirmaciones sólo son apro-ximadas, pero resultan
plausibles.)
No
obstante, es fácil bromear sobre el método de la letanía, pero es el
investigador sobre el terreno quien es el verdadero responsable. Casi no existe
un informe donde se relaten la mayoría de las cosas tal como sucedieron en
realidad y no como debieran haber ocurrido o se dice que ocurrieron. Muchas de
las primeras relaciones fueron escritas para chocar, para sorprender, divertir,
hacer broma a expensas del salvaje hasta que se vol-vieron las tortas y ahora
es más fácil hacer broma a expensas del antropólogo. A los que compilaron los
primeros registros, lo que más les interesaba realmente era la rareza de las
costumbres y no su realidad. El antropólogo moderno que trabaja a través de un
intérprete por el método de la pregunta y la respuesta puede recoger otra vez
opiniones, generalizaciones y afirmaciones osadas. No nos da realidad porque
nunca la ha visto. El toque ridículo que se aprecia en la mayoría de los
escritos de antropología se debe al sabor artificial de una afirmación
arrancada de su contexto vital. El verdadero problema no es estudiar la manera
como la vida humana se somete a las reglas — pues no se somete —; el verdadero
problema es cómo las reglas se adaptan a la vida.
En lo que
se refiere a nuestros resultados teóricos; el análisis del derecho de las
Trobriand nos ha dado una perspectiva clara de las fuerzas de cohesión en una
sociedad primitiva, basadas en la solidaridad dentro del grupo, así como en la
apreciación del interés personal. La oposición del "sentimiento de
grupo" primitivo, "la personalidad conjunta" y "la
absorción del clan" al individualismo civilizado y la prosecución de fines
egoístas nos aparece como completamente artificial y fútil. No hay sociedad, por
primitiva o civilizada que sea, que pueda basarse en una ficción o un tumor
patológico de la naturaleza humana.
Los
resultados de esta Memoria apuntan hacia otra moraleja. Aunque me he limitado
principalmente a descripciones y manifestaciones de hechos concretos, algunos
de éstos conducen naturalmente a un análisis teórico más general que
proporciona ciertas explicaciones de los hechos discutidos. Así y todo, en todo
esto no fue necesario ni una sola vez tener que recurrir a ninguna hipótesis ni
a reconstrucciones evolutivas o históricas. Las explicaciones que se dan han
consistido en un análisis de ciertos hechos para convertirlos en elementos más
sencillos y en trazar las relaciones entre estos elementos. O también fue
posible relacionar un aspecto de cultura con otro y mostrar cuál es la función
que llena cada uno dentro del esquema cultural. La relación entre derecho
matriarcal y principio paterno y su conflicto parcial explica, como hemos
visto, la formación de una serie de compromisos tales como matrimonio entre
primos carnales, tipos de herencia y transacciones económicas, la típica
constelación de padre, hijo y tío materno, y ciertos aspectos del sistema de
clan.20 Varias características de su vida social, las cadenas de deberes
recíprocos, el cumplimiento ceremonial de obligaciones, la unión de un número
de transacciones inconexas en una sola relación han sido explicadas por la
función que llenan al suministrar las fuerzas coercitivas de la ley. La
relación entre el
20 La relación entre derecho matriarcal y amor
paternal se expone de un modo más completo en la obra ya mencionada Sex and
Repression in Savage Society.
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prestigio
hereditario, el poder de la hechicería y la influencia del éxito personal tal
como los encontramos en las Trobriand pueden ser explicados por el papel
cultural que desem-peña respectivamente cada principio. Sin salir del terreno
estrictamente empírico, pudimos explicar todos estos hechos y aspectos, mostrar
sus condiciones, así como los fines que llenan, y explicarlos así de una forma
científica. Este tipo de explicación no excluye en modo alguno una mayor
investigación sobre el nivel evolutivo de tales cos-tumbres o sus antecedentes
históricos. Hay lugar tanto para el interés anticuario como para el científico,
pero el primero no debería pedir un predominio exclusivo ni preferente sobre la
antropología. Ya es realmente tiempo de que el estudioso del Hombre pueda ser
también capaz de afirmar hypotheses non fingo.
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