© Libro N° 11962.
¿Destruir O Instruir? Bilal Achmal, Mohamed. Emancipación. Diciembre
9 de 2023
Título original: ©
¿Destruir O Instruir? Mohamed
Bilal Achmal
Versión Original: © ¿Destruir O Instruir? Mohamed Bilal Achmal
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El Catoblepas • número 40 • junio 2005 • página 18: https://nodulo.org/ec/2005/n040p18.htm
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© Edición,
reedición y Colección Biblioteca
Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
Mohamed Bilal Achmal
¿Destruir
O Instruir?
Mohamed
Bilal Achmal
En torno
a la postura de Gustavo Bueno ante el Islam
1. Todos
somos humanos, pero humanistas somos pocos. Matar es deshumanizar-se por propia
voluntad, y deshumanizar el «ser matado» por haberle quitado lo más valioso de
su existencia: la vida. Por eso, quienes matan, matan también los valores de la
vida, y viven la más grande necrofilia de todos los tiempos. Las matanzas, son
horribles, fueran por voluntad o involuntad, y por tanto, contra toda la
Humanidad. Es el propio Corán quien dijo, una vez, quien mate una persona, es
como si hubiera matado a todo el mundo, y quien le preserva la vida como si
hubiera preservándola a todo el mundo{1}. Así es
el fundamento del Islam ante la vida: preservar la vida mejor que destruirla.
De ahí la prohibición del aborto en la Ŝari'a islámica. Porque
cuidar de la vida y mantenerla sana y salva de toda manipulación, es la esencia
de la Ŝari'a o la sabiduría de la prohibición de la misma como
diría el gran Ulema de Játiva, Abū Iŝhāk Š'ātibí{2}.
Lo que
pasa, es que podríamos chocar con alguna tesis justificando la matanza,
partiendo de unos principios en la ideología del quien lo perpetra. Es el caso
de todos los que maten. Incluso aquellos protagonistas de los hechos
sangrientos del 11 de septiembre, que destruyeron la vida de tantos y acabaron
destruyendo –por responsabilidad directa– las de otros en la revancha que
protagonizaron los Estados Unidos de América más tarde en Afganistán y siguen
protagonizándola en Irák. Tampoco no nos quedábamos a salvo del peligro.
También hemos conocido el color de la sangre en nuestro país, pues hubo un 11
de mayo de 2003. Pero con una versión diferente. Nadie, absolutamente nadie,
había imaginado que tal golpe podría ser perpetrado dentro de un país que tenía
fama de estabilidad y de tolerancia.
Todo ello
porque algunos hombres vieron en la Jurisprudencia islámica, la Ŝari'a, una
pura apelación a la guerra, sin darse cuenta de que el Ŷihād es
una cuestión de 'Ijtihād, o sea de quién pueda interpretar de
la misma, la mejor salida a las problemas planteados ante los musulmanes. El
problema del Ŷihād es condicionado por factores y
circunstancias que les rodean. Los que tienen autoridad para valorar si es
necesario un apelamiento al Ŷihād o no, son los erúditos en
las ciencias de la Religión, los Ulema y nadie más. Y si digo
los Ulema, es necesario precisar que estamos refiriendo a los Ulema
independientes del poder político del Estado. Es decir, los Ulema del pueblo,
no los del sultán que, siendo manipulados por su poder, justifiquen todo aquello
relacionado con su legalidad política y espiritual, y por eso son capaces de
hacer cualquier cosa para satisfacerle, aunque fuera de las normas coránicas.
Algunos
sectores de la Ŝalafía al-Ŷihadía, piensan lo contrario. Su
caso es el de Sola Escriptura, pues interpretan literalmente
los versos coránicos sin fijarse bien en el contexto en que estén situados. Sus
ídolos son un 'Ibn Taymiya que juzgó a los tártaros de
infieles y dió luz verde a combatirlos{3}, o un
Ŝayed qotb, el Ulema que juzgó severamente a la sociedad de su tiempo,
atribuyéndola el adjetivo de Ŷahíliya, es decir, el estado de
antes del Islam{4}.
Estos
sectores, ni siquiera son eruditos en la doctrina musulmana. La mayoría de
ellos tienen un nivel de estudios primarios y no llegaron a profundizar sus
conocimientos en la Ŝari'a como debían. Y, a pesar de todo,
ejercen la Fatwa, es decir, valoran lo que es adecuado a los
musulmanes o no, lo que es en plena armonía con la religión o no. De ahí el
fenómeno del «cisma» entre los componentes de la Ŝalafiya al-Ŷihādiyā. Cada
momento disputan la autoridad de interpretar la Ŝari'a y
compiten el mando de la «'Imar'a».
2. A
causa de una mala interpretación del Ŷihād{5}, o sea, la
guerra santa como consta en los tópicos del Occidente, hubo mucha sangre
derramada. Los que habían planteado matar a personas por su supuesta
implicación en asuntos en contra del Islam, dieron mucho que pensar. ¿Es
permitido en el Islam matar a inocentes? ¿Es permitido matar a alguien por la
culpa de otros? El propio Islam, advirtió a los musulmanes en tiempos de
guerra, que no debiesen arrastrar ni una sola planta si no fuera necesario. De
los ancianos, los niños, y las mujeres no hace falta hablar, porque es bien
conocido que dicha religión llamó a sus seguidores a ser misericordiosos con
ellos y respetar sus derechos.{6}
El gran
Príncipe de los Creyentes, Omar 'Ibn al-Jattāb, dejó clara la postura del Islam
ante otras religiones. Cuando entró en Jerusalén, dejó a sus habitantes toda la
libertad de llevar su vida tal como era antes. Mostró, una vez más, que el
Islam es una religión de tolerancia{7}. En el
Islam, no se permite imponer a los demás una creencia por la fuerza{8}. Lo que
sucedió en aquellos días es el fruto de una mala interpretación del Islam.
Matar en nombre del Islam es una cosa ajena a toda su historia, a no ser que
haya sido identificado con la religión de la matanza, cosa que jamás fue
demostrada y argumentada.
En el
Islam, es aún más peor: matar es algo concreto de la vida corriente. Implicar
lo más allá para llevar tal hecho a la legalización, y darle un toque de misión
divina, es lo más repugnante que pudo haber sido. Los suicidas que mataron a
los inocentes, pretendiendo hacerlo con el nombre de la religión, cayeron en un
puro fanatismo y cometieron una magistral cobardía. Estamos ante un virus de
índole cognitivo y ético surgido de la ignorancia que es capaz de atacar al
corazón, perjudicando la esencia misma de la vida.
3. Sin
embargo, los que tienen alguna idea de los principios del Islam, saben
perfectamente que hay tres fases sucesivas para combatir el Mûnkār, o
sea el mal social, político, y religioso, andando de una fase a otra. La
primera es combatirlo con la mano, eso sí, por la fuerza. La segunda con la
lengua, denunciándolo. La tercera, con el corazón, sin mover ni la mano ni la
lengua{9}. Es
cierto que hacerlo con la última es menos apreciado por el Islam, porque
demuestra la poco que es la fe del musulmán. Pero al menos una cosa es segura:
Hay que intentar hacerlo con el corazón en vez de mirar hacia el otro lado de
la calle. Es la pedagogía de la responsabilidad que se requiere cultivar.
Pero a
veces, el Mûnkār no es de todo como tal. Hay puntos de vista
diferentes a la hora de valorarlo. Y eso es lo que precisamente abre la puerta
a la conflictividad entre sectores sociales, o empleando una terminología
musulmana, abre la puerta al «Fįtna». Todo el mundo interpreta el Mûnkār a
su manera, y propone combatirlo como un mal extremo para lograr el martirio.
Dicho estado de cosas provoca el caos, pues todo el mundo pretende ser el
mártir defendiendo al Islam de sus agresores. Y para conseguirlo, hay que
seguir el camino sangriento de la violencia. La mayoría de ellos no están mejor
preparados, ni para juzgar el Mûnkār, ni para condenarlo con
el Fātwā –veredicto religioso u opinión del mismo rango– como
siguen haciendo muchos de los Omar'a al ŷama'at al-islamiya, es
decir los Príncipes del ŷihād que desafían al orden público,
desafiando al propio Estado. Es el caso de los hechos lamentables en
Casablanca: Todos los suicidas son casi gente ignorante o de poca
escolarización, y que trabajan de comerciantes ambulantes, o bien de guardias
de automóviles.
4. ¿Cuál
es entonces la manera de combatir este Mûnkār? (llamamoslo así
porque de la muerte de tantas personas inocentes se trataba y nada de
especulación sobre el mismo) ¿Destruir las raíces del Islam, como dijo Gustavo
Bueno{10}, porque
él es el responsable de tantas matanzas en el mundo? ¿Y cómo? ¿Sirviéndonos del
racionalismo? ¿Es verdad que el Islam es el responsable de las mismas? ¿Por qué
inculpamos al Islam cuando se produce un atentado mortal contra blancos
occidentales?
5.
Empezamos primero por preguntarnos: ¿llamó alguien alguna vez a destruir las
raíces del Cristianismo cuando hayan sido aniquiladas las vidas del pueblo
iraki a mano de la maquinaría destructiva de los Estados Unidos de América? Aún
más: ¿Pretendió alguien hacerlo con el Judaísmo durante la matanza feroz del
hombre y de la historia en Palestina por parte de Israel? ¿O por algo será que
ahora piden la cabeza del Islam como sea? Hay que tener suficiente valor para
confesar que parte de todo esto es pura conspiración contra una forma de ser
bastante molesta para algunos.
6. ¿Y qué
raíces tenemos que destruir? Gustavo Bueno, como es bien sabido, tiene un
especial cuidado por los detalles. Recordemos todos que fue él quien ha tenido
la especial atención a los remotos razones de los sucesos del 11 de septiembre
situándolos en una declaración de fundar el Estado hebreo ya en los años veinte
por parte de los padres del sionismo.
Gustavo
Bueno, como tal, no nos ha informado cuales son las raíces del Islam que
deberíamos destruir con las armas del racionalismo. Prácticamente se olvidó de
decirnos cuales son, para que nosotros pudiéramos deshacernos de su peligro.
Bueno no quiso darnos las raíces que él pretende que están detrás de la
violencia perpetrada en el corazón del Imperio Américano.
¿Sería
aquello que está en todas la religiones del Libro, es decir el Monoteísmo? ¿Por
qué tal hipótesis? Pues porque el suicida, al menos quien profesa el dogma del
Islam, cree que todo pertenece a Dios y nada es ajeno a Él. Y por tanto, nada
tendría que perder el hombre cuando diera su vida por una causa que es, en el
último momento, la causa de la Fe. Por el contrario, mucho tendrá que ganar
cuando sacrifica su vida ganando otra que es la mejor, la duradera y la
verdadera. Algo parecido habrá pasado en la mente de Bueno cuando llamó a tal
destrucción. En realidad, la llamada destrucción de las raíces del Islam, es
pura utopía. Si es posible conseguirlo, otro problema surgirá pronto. Es el
problema de la espiritualidad que ni la racionalización, ni el «guellerismo»
lograrían deshacerse de ella.
El
verdadero racionalismo no plantea destruir, sino instruir algo que puede ser
útil para lograr objetivos deseados. Racionalizar lo no racionalizable es
perdida de tiempo. Lo que está en el Islam es algo irracionalizable, porque de
la espiritualidad se trataría.U na vía accesible sí que es posible y deberíamos
al menos intentarla. Es la vía de instruir la tolerancia que hay en el Islam.
Decir esto no significa que no se trata de una tarea imposible, ni tampoco de
una apología del Islam. Estudiar tal religión detenidamente, sin ningún
prejuicio, ni tópicos establecidos por ignorantes nulos en las Ciencias del
Islam, seguramente nos llevaría a formular una filosofía de la tolerancia{11}. No voy
a mencionar ninguna porque no es ni el momento, ni el espacio adecuado para
ello. Me limitare a decir que en vez de destruir, ¿por qué no instruir? Al
menos, eso nos daría la credibilidad cuando rechazáramos la violencia. ¿O acaso
destruir no es un acto de violencia? ¿No es un acto en contra de la esperanza
cuando Bueno imploraba la destrucción en vez de la instrucción? ¿Es verdad que
no podemos hacer nada «mientras se ande con tolerancia»?{12}
7. El
plan de destrucción de las raíces del Islam debía seguir, según Bueno, el
ejemplo de lo que sucedió con «la Iglesia en el Siglo XVIII»{13}. Pero el
profesor Bueno se olvidó de que en el Islam no exsistía una institución como la
Iglesia tal como está concebida en la Cristiandad. Sí que hay fundamentos que
dan mucha libertad para la interpretación de la Ŝari'a, con
una condición: estar al nivel de hacerlo y tener suficientes conocimientos en
las Ciencias del Corán. Se puede andar pretendiendo que sí existió una «Iglesia
Islámica» refiriéndose al Azhār, por ejemplo, o al Centro de
Estudios Islámicos en Arabía Saudí... pero son instituciones que nada tienen
con el institucionalismo religioso que existió y sigue existiendo en la
Cristiandad.
No existe
en el Islam «clérigo», ni tampoco hombres laicos. Son categorías cristianas
surgidas de una experiencia limitada en el espacio y en el tiempo, propias del
cristianismo y aplicadas al Islam desde un egocentrismo europeo, inconsciente o
no. Y por tanto, destruir los supuestos raíces llevaría, sin duda, a una forma
de «Inquisición» más radical que aquella de los siglos pasados. Pensar que lo
sucedido en el cristianismo podría suceder igualmente en el Islam, es una
simplificación absurda de las cosas. Hay que tener en cuenta los aspectos
particulares de dicha religión y trabajar en ello con cautela metódica.
8. Según
Bueno, «los sucesos de Nueva Work y de Washington responden a un movimiento
antiglobalización o si se quiere globalizador de la ideología islámica»{14}. Pero,
¿acaso sabía el profesor Bueno que el movimiento islámico fue antiglobalizador
mucho antes de que naciera el fenómeno globalizador? Y ello a causa de una
problemática en el pensamiento islámico: ¿Como se puede hacer una renovación
nueva en el mundo árabe e islámico llevada a cabo por los pensadores
musulmanes?{15}
9. Con
todo esto, Gustavo Bueno pretendía convencernos de que el Islam está «incluido»
en todos aquellos sucesos lamentables. Desgraciadamente sí que es verdad, pero
tenemos que añadir que aquello fue de una manera incorrecta, porque alguien
quiso manipularle para satisfacer sus deseos de sembrar el terror en el mundo
entero, y por ello dañaba bastante la verdadera imagen del mismo.
10. Y la
cuestión es: ¿por qué implicamos al Islam en la avalancha del terrorismo?{16} No
tenemos la menor idea de que hay un Islam como hay musulmanes y no es de todo
verdad pedir que los musulmanes tienen que encarnizar el ideal que mantiene el
Islam. ¿Por qué no implicamos al catolicismo en los atentados perpetrados por
ETA en España? ¿Acaso el cristianismo dejó claro su rastro laico desde su
nacimiento? ¿O qué logró apaciguar su relación con el mundo material de aquí, y
se conservo la gerencia del más allá?
11. Es
muy extraña la postura de Bueno frente al filosofo cordobés en este contexto.
Según él, Averroes «sostiene que la razón es supra individual». Eso sí que es
verdad. Pero una cosa es la razón agente, global y otra cosa es la razón
pensante de cada cual. Averroes, en su libro sobre las concordancias entre la
verdad religiosa y la verdad filosófica o el «Fasl» dejó claro que hay una
diferencia entre ambos metódicamente hablando, pero en el fondo, todos son la
misma cosa. No quiere eso decir que haya una razón única excepto la del Ser
Supremo. No, Averroes sostiene que hay dos razones, si queremos llamarlas así.
Una humana, la otra divina. La razón humana consiguió llegar a las verdades que
antes habían sido planteados por la razón divina. Por eso llamó a una paz
duradera entre la filosofía o razón humana, y la Ŝari'a o
razón divina{17}.
Pero
Averroes no llegó jamás a sostener que alguien pensase por nosotros. Y si eso
ocurría, qué diríamos de la filosofía como opción humana de buscar la verdad
por su propia cuenta. ¿Será que nosotros, cuando invocamos actualmente al
espíritu averroísta, perseguíamos en vano una luz inalcanzable?
12. Los
más curioso es relacionar Averroes con la revelación, y esto con Mahoma –fíjate
el nombre nada justo– y éste con el fanatismo, sin la mínima argumentación como
si fuera todo esto una ley científica muy rigurosa. A mi entender, esto es la
más insignificante injusticia que pudo haber existido en toda la historia del
Islam. Decir que donde haya Mahoma haya fanatismo es como decir donde haya
Jesucristo haya tolerancia. Por lo cual es pura simplificación de los hechos y
de los contextos que nada aportan a nuestros conocimientos ni tampoco ayudan a
favorecer circunstancias de entendimiento y paz entre el mundo islámico y
Occidente.
Relacionar
al Islam con el terrorismo es confundir el ideal con el hombre. Nada tiene que
justificar que el hombre, como tal, es la encarnación del ideal aunque es
saludable siempre que llegase a hacerlo. Por lo tanto, nadie atrevía a decir
que del cristianismo sale el terrorismo incluso en los atentados perpetrados
por la IRA en Irlanda donde la guerra entre católicos y protestantes es
claramente «religiosa».
13. Lo
más curioso también es el durísimo golpe que dió Bueno, como tantos, a los
musulmanes designándoles como «intolerantes». Tal golpe surgió, sin duda, de
tantos tópicos en la historiografía occidental sobre el Islam. El porque de
ello, es la mala comprensión del mismo. Como mero ejemplo, Bueno empleaba el
término «cafres» y le explicaba diciendo que es «la forma española de llamarnos
los infieles»{18}. Pues
bien, los infieles son gente que niegan la existencia de Dios, o niegan una
forma de divinidad o religiosidad. En lo normal, los españoles como buenos
cristianos que son o casi, son fieles, porque creen en Dios, y constituyen,
junto a los judíos, lo que se denomina por el termino de «Religiones del
Libro».
Para los
musulmanes, los cristianos son creyentes, pero en una otra forma de
espiritualidad: la de la Trinidad. Por eso, los españoles no son «cafres», pero
al contrario, «muminin» es decir: creyentes. El término empleado por Bueno,{19} significa
literalmente en árabe, «las aldeas» o «pueblos». Y si es preciso emplear el
término árabe exacto, hay que decir Kûffār lo cual significa
los hombres que están totalmente sumergidos en el Kûfr{20}. Me atrevo a
decir que el mayor defecto que tienen los «eruditos» no arabófonos en la hora
de estudiar al Islam, es la falta de conocimientos suficientes de la lengua
misma del Corán. De esto, tantos horrores había hecho la traducción del mismo a
otras lenguas ajenas a su significado bayāni. El problema lo
tenía la «ignorancia» y no el Islam. Y por eso, hay que revisar de nuevo las
posturas ya señaladas a la luz de la ciencia y de la sabiduría.
14.
¿Acaso saben los que inculpan al Islam de tantos crímenes que es la Religión
del Libro, y que es la religión que se identifica más con la ciencia que con la
ignorancia? El Islam es la religión de la ciencia y el fenómeno islámico empezó
un día convocando al Profeta a leer{21} para
descubrir los encantos de la sabiduría llegando después a conocer a Díos todo
poderoso. Por eso, nada justifica matar a los inocentes; pues matar es un acto
de locura e ignorancia. Y jamás un buen musulmán, bien vertido en las Ciencias
de la Ŝari'a convertirá su ideal pacífico a un simple atraco
mortal a las ideas de los demás. Pretender lo contrario, es pura demagogia que
seguro nos llevaría al desastre. Poner esto, con un poco de egocentrismo
europeo, los resultados serían extraordinariamente escandalosos:
¡Islam+Mahoma=Fanatismo! Y así se hace las mil y unas tonterías perjudicando a
un ideal basado sobre todo en la tolerancia y el diálogo{22}.
15.
Hablando del diálogo. Bueno afirmó que «el diálogo es especulativo»{23}. Tanto
por la tolerancia, que por el diálogo, Bueno es «intolerante». Hace un momento,
hemos propuesto la «instrucción» como alternativa a la «destrucción». Pues
bien, ahora es claro que quien invoca a la última, no tiene nada que hacer con
la primera. Es decir, si el diálogo nos llevaría a un callejón sin salida, ¿por
qué seguimos abusando de él? Curiosamente, uno de los más importantes valores
de la Humanidad se vinieron abajo a cambio de un realismo a corta distancia.
Erradicar el terrorismo, a través de la destrucción de sus raíces, mantener el
diálogo de la fuerza, son armas eficaces en hacer que los fenómenos violentos
crezcan de una manera brusca e infinita. Porque nadie, en el otro lado, se
quedaría las manos cruzadas ante un acto de violencia. Hay que tener paciencia
en las cosas de lo humano. Aplicar la violencia significa mantener el estado de
guerra en vez de crear condiciones de paz. A veces, el exceso de racionalismo
nos puede llevar al fanatismo, incluso a la ruina. Y por eso es ahora, y no antes
o después, que debemos confiar en el diálogo, porque es la vía más segura de la
paz. Otra vía sería la del caos.
16.
Concluimos diciendo que no hay que confundir el Islam con el terrorismo,
tachándole de intolerancia y después destruirle las raíces que supuestamente
estén en su corazón para deshacer de la violencia y del terrorismo, porque nada
de eso sería eficaz, incluso a largo plazo. En cambio hay que tener mucha
esperanza en el diálogo, la convivencia y la tolerancia para lograr una paz
duradera basada sobre un conocimiento profundo del Islam, de sus dogmas, y de
sus ideales sin perjuicios ni tópicos de lo ordinario.
Notas
{1} «Por
esta causa prescribimos a los Hijos de Israel que quien matara a una persona
sin que fuese por otra o por extender el escándalo porla tierra, fuese juzgado
como si hubiese matado a todo el genero humano; quien la resusitase, fuese
recompensado como si hubiese resucitado a todo el genero humano», Corán, Azora
V:35. Trad. Vernet, pág. 132.
{2} Abū
Iŝhāk al-Šhatibí, Al muw'afaqat fi Uŝul Addin, tomo 2, edición
Dar al-Fikr, 1920, págs. 110-118.
{3} 'ibn
Taymiya: qûtûb wa rasa'īl, edición de Abderrahman al-'aşemi
al- Hānbalī, Biblioteca Ibn Taymiya (sin fecha), tomo 22, pág. 51, tomo 28,
págs. 414, 544, y 551.
{4} Véase
a Ŝayed Qotb, Ma'lim fi a-ttāriq, Dar a-Šūrūq, Beirut-Cairo
1979, pág. 8.
{5} Es
necesario indicar que los Ulema musulmanes han dejado claro la diferencia
entre Fard al'-ayn o obligación personal y Fard
al'-kifáya o obligación comunitaria. El Ŷihād pertenece
al segundo, no al primero.
{6} Véase,
por ejemplo, a Abū Daūd y su intrepretación a un Hadith –el nº 2614 tratandose
sobre el tema– en: Abū Daūd Ŝajtani al- Azdi, Ŝunān abī Daūd, edición
de Mohamed Mohyi Eddine Abdel Hamid, Dar el-Fikr (sin fecha), tomo 3, pág. 37.
{7} Véase
a Al Ŝuyûtí en: Tarikh al-Khûlafa' (Historia de los
Califatos) tomo 1, edición Aŝŝa'da, Egypto 1952, pág. 132. Y también a 'Ibn
Khatír en «al-bidaya wa a-nihaya» (El principio y el fin), tomo 7,
Al Ma'arif, Beirut, sin fecha ni lugar de edición, pág. 58.
{8} «¡No
hay apremio en la religión! la rectitud se distingue de la aberración»,
el Corán, Azora II, 257. Véase la traducción hecha por Juan
Vernet, segunda edición, Plaza y Janés, Barcelona 1986, pág. 84.
{9} Véase, Ŝahih
Muŝlim, Libro del Imān (fe) nº 48, tomo 1, edición de
Mohamed Fuad Abdelbaki, Dar 'Ihya' a-tturat al-'arabí, Beirut (sin fecha), pág.
69.
{10} Gustavo
Bueno, «Hay que
destruir las raíces del Islam», entrevista, La
Nueva España, 16 de septiembre de 2001.
{11} Podemos
conciderar A'ttawhidi como el gran filósofo de la tolerancia,
pues consiguió, sin saberlo incluso, formular una paradigma de lo que se debía
ser y hacer en eso de las diferencias políticas, sociales o ideológicas. Véase
su libro en Ahmed Amin y Ahmed Ezzin, Editores, Al- imta' wa al-
Mo'anaŝśa, Beirut 1953.
{12} Gustavo
Bueno, ibidem.
{13} Gustavo
Bueno, ibidem.
{14} Gustavo
Bueno, ibidem.
{15} A
simple título, podemos señalar los nombres de Ŷamal Eddine Tahtawi, al-Afghani,
Mohammad Abdu, Kawakibi, Rachid Reda de los precursores y Ŷabiri, Arwi,Hanafi,
Arkun, y otros más de los contemporaneos.
{16} Es
curioso que la mayoría de quienes lo hicieron no dieron cuenta de que la
esencia del Islam es ŝalam, o mejor dicho, su esencia es
«paz». De ahí que lo primero que tiene el musulman que hacer es lograr las
paces con los demás usando la frase prioritaria de «ŝalamû 'Alikûm», que
significa nada más y nada menos que «La paz con vosotros».
{17} Véase
Abū al-walid 'Ibn Ruŝd, Fasl a-l maqāl wa taqrir ma bayna al- hiqmati
wa a-ŝariati mina al-'ittisal (Tratado decisivo), Dar
al-Machriq, Beirut 1973.
{18} Gustavo
Bueno [Sánchez], «Ochenta
años después del 11 de septiembre de 1921», La Nueva España, 13
de octubre de 2001, pág. 41.
{19} Gustavo
Bueno, «¿Soldados
o policías?», La Clave, nº 26, 12 de octubre de
2001, pág. 21.
{20} Por
cierto, para nosotros los musulmanes del vecino Tetuán, empleamos el
termino n'ŝara' si es necesario la terminología religiosa
o Ŝorfa –los Nobles del linaje del Profeta Mohammad– cuando de
lo social se tratase.
{21} «¡Predica
en el nombre de tu Señor, él que te ha creado! Ha creado al hombre de un
coagulo. ¡Predica! Tu Señor es el Dadivoso que ha enseñado a escribir con el
cálamo: ha enseñado al hombre lo que no sabía.» El Corán, ibidem,
Azora XCVI: 1-5, pág. 554.
{22} «Llama
a la senda de tu Señor con la sabiduría y la bella exhortación. Discútelos con
aquello que es más hermoso.» El Corán, ibidem, Azora XVI: 126,
pág. 259.
{23} Gustavo
Bueno, «Ataque
al corazón del Imperio», La Clave, nº 22, 14 de septiembre
de 2001, págs. 17-19.
·
José Manuel Rodríguez Pardo • Religiones de libro y tolerancia


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