© Libro N° 11179.
La
Geografía Del Manifiesto. Harvey, David. Emancipación. Mayo 6 de 2023
Título original: ©
La Geografía Del Manifiesto. David Harvey
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Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
LA GEOGRAFÍA DEL MANIFIESTO
David Harvey
La
Geografía Del Manifiesto
David
Harvey
Es hoy
imperativo volver la mirada a las pasiones políticas que subyacen al Manifiesto.
Este es un extraordinario documento lleno de puntos de vista, rico en
significados y pletórico de posibilidades políticas. Por cierto no tenemos
derecho a alterarlo, pero sí tenemos la obligación de interpretarlo a la luz de
las condiciones contemporáneas. “La aplicación práctica de los principios”
escribieron Marx y Engels en el Prefacio “dependerán,
como el mismo Manifiesto declara en todos los tiempos y lugares, de las
históricas condiciones del tiempo en que existen”.
Sin su
expansión geográfica, reorganización espacial y heterogéneo despliegue
geográfico, el capitalismo habría cesado de funcionar hace mucho tiempo. La
perpetua búsqueda de un “arreglo espacial” de las contradicciones
internas del capitalismo unida a su desigual inserción en diferentes
territorios y formaciones sociales dentro del mercado capitalista mundial han
creado una geografía histórica global de la acumulación capitalista cuyas
características necesitan ser bien comprendidas. El modo en que Marx y Engels conceptualizaron
esta problemática en El Manifiesto Comunista amerita un
examen.
Su
abordaje es profundamente ambivalente. Por un lado, las cuestiones de
urbanización, transformación geográfica y “globalización” han tenido un
lugar prominente en su argumentación, pero por el otro, las ramificaciones
potenciales de las reestructuraciones geográficas tendieron a ceder a una
retórica que privilegia el tiempo y la historia sobre el espacio y la
geografía.
El Manifiesto es,
por supuesto, eurocéntrico. Pero la importancia del plano global no es
ignorada. El desarrollo de la burguesía es íntimamente conectada con sus
actividades geográficas y estratégicas:
“La
industria moderna a establecido el mercado mundial, ya preparado por el
descubrimiento de América. El mercado mundial ha dado origen a un prodigioso
desarrollo del comercio, de la navegación y de los medios de transporte por
tierra. Este desarrollo ha repercutido, a su vez, en el auge de la industria y,
a medida que se iban extendiendo la industria, el comercio, la navegación y los
ferrocarriles, se desarrolló la burguesía, multiplicando sus capitales y
relegando a un segundo plano a todas las clases heredadas de la Edad Media.”
La
burguesía arrasó los poderes feudales y convirtió al estado (con sus poderes
organizativos, militares y fiscales) en un ejecutor de sus ambiciones. Una vez
en el poder, ella continuó realizando su misión revolucionaria, en parte por la
vía de transformaciones geográficas. Internamente, la rápida urbanización trajo
a las ciudades el dominio sobre el campo (rescatando al mismo tiempo a este del
“idiotismo” de la vida rural y reduciendo al campesinado a un papel
subordinado). La urbanización concentró fuerzas productivas y de trabajo en el
espacio, transformando poblaciones dispersas y sistemas de propiedad
descentralizados en concentraciones masivas de poder político y económico. Y
entonces:
“La
necesidad de un mercado mundial en expansión constante expandió a la burguesía
sobre toda la superficie del globo. Necesita anidar en todas partes,
establecerse en todas partes, crear vínculos por doquier…..A través de la
explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a
la producción y el consumo de todos los países. Con gran pesar de los
reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas
industrias han sido destruidas y continúan destruyéndose continuamente. Son
suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión
vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean
materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas
regiones del mundo y cuyos productos no sólo se producen en el propio país,
sino en todas partes del globo. En lugar de las antiguas necesidades,
satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas, que reclaman
para su satisfacción productos de los países más apartados y de los climas más
diversos. En lugar del antiguo aislamiento y la autarquía de las regiones y
naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal
de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material como a la
intelectual. Los productos intelectuales de las diversas naciones se convierten
en patrimonio común. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día
en día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se
forma una literatura universal.”
Mas aun,
la burguesía:
“compele
a las naciones, so pena de extinción, a adoptar el modo burgués de producción;
y las obliga a introducir todo lo que se llama civilización en sus fronteras;
en una palabra, se vuelven ellas mismas burguesas. Y la burguesía crea un mundo
a su propia imagen.”
El tema
de la globalización y la “misión civilizadora” de la burguesía queda
aquí enunciado (si bien con un toque de ironía). Pero si la misión geográfica
de la burguesía es la reproducción de las clases y las relaciones de producción
en una escala espacial en progresiva expansión, entonces las bases tanto de las
contradicciones internas del capitalismo como la revolución socialista se
expanden geográficamente también. La conquista de nuevos mercados da lugar a “crisis
mas extensas y mas destructivas”, y simultáneamente “disminuyen los
medios por los cuales las crisis pueden ser previstas”. La lucha de clases
se vuelve global; los trabajadores de todos los países se deben unir en una
lucha revolucionaria, anticapitalista y socialista.
Existe un
número de cuestiones irresueltas en este relato que necesitan ser tomadas en
cuenta si aspiramos a desarrollar una comprensión políticamente útil de como la
geografía de la acumulación de capital ayuda a perpetuar el poder burgués y a
suprimir las aspiraciones y derechos de los trabajadores.
La
división del mundo en naciones “bárbaras” y “civilizadas” es
anacrónica y altamente objetable, por más que pueda ser excusada como típica de
su tiempo. El modelo centro-periferia de acumulación capitalista que la
acompaña es en el mejor de los casos una gruesa simplificación y en el peor un
enfoque erróneo. Hace aparecer al capital como originado en un solo lugar
(Inglaterra o a lo sumo Europa) y a partir de allí difundido hacia afuera hasta
abarcar el resto del mundo. Si bien hay muchos ejemplos en que esto ocurre,
resulta inconsistente con lo que pasó en Japón después de la restauración Meiji
o con lo que está ocurriendo actualmente en Corea del Sur o China, donde se
realiza una acumulación primitiva interna y se insertan con sus propios
productos y su fuerza de trabajo en los mercados globales. La geografía de la
acumulación de capital merece un tratamiento mucho mas elaborado que el esquema
difusionista ofrecido en el Manifiesto. El fracaso en delinear una
teoría del desarrollo geográfico desigual (a menudo comprendido en una
acumulación primitiva desigual) inhibe la comprensión de la dinámica de la
formación de la clase obrera y de la lucha de clases en el espacio global.
El globo
terráqueo nunca ha sido un campo llano en el que la acumulación de capital
realizó ampliamente su destino. Por el contrario, es una superficie muy
irregular, ecológica, política, social y culturalmente diferenciada. Los flujos
de capital encuentran algunos terrenos más fáciles de ocupar que otros en
diferentes fases de su desarrollo. Y la exposición al mercado capitalista
mundial lleva a muchas formaciones sociales a insertarse agresivamente por sí
mismas mientras otras no lo hacen, lo que produce importantes efectos. La
acumulación primitiva u “original” puede ocurrir, y ha ocurrido en
diferentes lugares y tiempos. Como y donde eso ocurre depende de las
condiciones locales, si bien sus efectos son globales. Existe ahora una
ampliamente arraigada creencia en Japón, de que el éxito comercial de ese país después
de 1960 fue en parte debido a la actitud no competitiva y el prolongado
estancamiento de China después de la revolución y que la inserción
contemporánea del poder chino en el mercado mundial capitalista condenarán a
Japón en su papel de productos y lo lleva a una economía rentista.
Contingencias geográficas de este tipo tienen un papel importante en la
historia mundial del capitalismo. Mas aun, la globalidad de la acumulación
capitalista coloca el problema del poder disperso de la burguesía que se vuelve
mucho mas difícil de manejar geopolíticamente precisamente a causa de sus
múltiples locaciones. El propio Marx estuvo preocupado por
esta posibilidad. En 1858 escribió:
“Para
nosotros la cuestión difícil es esta: la revolución en el Continente es
inminente y su carácter sólo puede ser socialista; pero ella no será
necesariamente extendida a este pequeño rincón del mundo, desde el cual tendrá
un mucho mas amplio campo de desarrollo para de la sociedad burguesa están
todavía en ascenso.”
Esto
proyecta un reflejo aleccionador sobre el número de revoluciones socialistas
alrededor del mundo que han sido sucesivamente rodeadas y aplastadas por
estrategias geopolíticas de un poder burgués en ascenso.
El
Manifiesto ha señalado bastante correctamente la importancia de la reducción
de las barreras espaciales gracias a las inversiones e innovaciones en el
transporte y las comunicaciones. A ese respecto el Manifiesto es
clarividente en extremo. “La aniquilación del espacio a través del tiempo”
como Marx mas tarde expresa, enfatiza la relatividad de las
relaciones espaciales y de las ventajas de localización que constituyen las
ventajas comparativas en el comercio, a la luz de un escenario altamente
dinámico. Más aun, el sendero espacial de los flujos de mercancías tiene que
ser mapeado en relación a los flujos de capital, fuerza de trabajo, ventajas
militares, transferencias de tecnología, flujos de información, y otros
procesos por el estilo. Desde este enfoque, el Manifiesto no
estaba equivocado, sino deficientemente elaborado y minusvalorado.
Una de
las más grandes ausencias del Manifiesto es su falta de atención hacia la
organización territorial. Si por ejemplo, el estado es un “brazo ejecutor de
la burguesía” entonces debe ser definido territorialmente., organizado y
administrado. La centuria decimonónica es un período destacado en materia de
definiciones territoriales (buena parte de las fronteras mundiales fueron
fijadas entre 1870 y 1925 por los poderes coloniales). Pero la formación y
consolidación de los estados comprende mas aspectos que la definición
territorial y ha constituido un proceso muy prolongado y a menudo inestable
(particularmente, p. ej. en África). Sólo después de 1945 el proceso de
descolonización impulsó la formación de estados en todo el mundo produciendo un
resultado un poco más cercano al modelo muy simplificado concebido en el Manifiesto.
El estado
es sólo una entre las muchas mediaciones institucionales que influyen sobre la
dinámica de la lucha de clases a nivel mundial. El dinero y las finanzas deben
recibir un lugar importante en este campo. Pero el Manifiesto mantiene
silencio a ese respecto. Hay dos maneras de desarrollar esta cuestión. La
moneda mundial puede ser vista como una representación universal de valor que
relaciona a los territorios (a través de sus propias monedas nacionales) y a la
que los capitalistas se conforman. Este es un punto de vista muy funcionalista
(y constituye el punto de vista dominante en la ideología neoclásica
contemporánea de la globalización). O bien la moneda puede ser visualizada como
una representación de valor que mantiene una relación dialéctica entre trabajos
concretos realizados en un tiempo y lugar en particular y la universalidad de
valores (trabajo abstracto) realizados a modo de intercambio de mercancías que
se vuelven un acto social normal en el mercado mundial. Bancos centrales y
otras instituciones financieras median en esa relación. Ellas están en una
relación con frecuencia inestable (y basada territorialmente) relación
problemática entre condiciones locales y valores universales. Pero esas
instituciones, por medio de su comando sobre los flujos y la concurrencia del
capital, también afectan el trabajo concreto y las relaciones de clase y la
configuración de un desarrollo geográfico heterogéneo.
El
argumento de que la revolución burguesa da las bases para una mayor unidad de
la clase obrera a través de la urbanización y la concentración industrial es
importante. Así se afirma que la producción de la organización espacial no es
neutral en términos de lucha de clases. Este es un principio fundamental no
importa cuan crítico se deba ser respecto de los tres escenarios esbozados
en el Manifiesto. Ellos son: a) Luchas individuales que comienza a
colectivizar en torno a fábricas, comercios y localidades. b) La conjunción de
muchas de esas luchas a través de la concentración de actividades y la
formación de sindicatos que comienzan a comunicarse entre sí. c) La emergencia
de la lucha de clases en el plano nacional.
En gran
parte del pasado siglo este relato capta el más común de los caminos de
desarrollo de la lucha de clases. Y trayectorias similares pueden ser
observadas en este siglo (p. ej. Corea del Sur). Pero una cosa es presentar
esto como un útil modelo para la descripción y otra bastante distinta pensar
que esos son estadios necesarios e inevitables a través de los cuáles la lucha
de clases debe evolucionar en la ruta hacia la construcción del socialismo. Más
aún, la burguesía puede también evolucionar en sus estrategias espaciales de
dispersar, dividir y dominar, de disrupción geográfica, como forma de
contrarrestar el crecimiento de las oposiciones de clase concentradas. En el
presente ataque contra el poder de los sindicatos, la dispersión y
fragmentación de los procesos de producción a través del espacio (lo que se
produce en mayor medida en los así llamados países en vías de desarrollo, donde
la organización de la clase obrera es más débil) proporcionan una poderosa arma
a la burguesía. El activo estímulo de la competencia entre trabajadores a
través del espacio ha sido una gran ventaja para los capitalistas, para no
hablar del problema del localismo y el nacionalismo al interior de los
movimientos de la clase obrera. En general, los movimientos de trabajadores han
tenido mayor poder en lugares y territorios fijos que en el control del
espacio. La clase capitalista ha utilizado su superior capacidad de maniobra en
el plano espacial para derrotar revoluciones proletarias espacialmente
localizadas. (cf. Marx 1858 citado más arriba). Si bien ninguno de estos
aspectos es incompatible con el sustento básico de la argumentación del Manifiesto,
esta es, por supuesto, bastante diferente respecto de la modalidad actual de la
dinámica de la lucha de clases.
Si bien
la unidad de la clase obrera en el plano global se define como la única
respuesta apropiada respuesta a las estrategias globalizadoras de la
acumulación del capital, la manera de concebir tal respuesta merece un examen
crítico. En especial respecto al argumento que considera que la industria
moderna y el trabajo asalariado ha despojado a los trabajadores “de todo
vestigio de carácter nacional” y por lo tanto “los trabajadores no
tienen patria”.
“Las
diferencias nacionales y antagonismos entre los pueblos van desapareciendo día
a día, a medida que se desenvuelve la burguesía, la libertad de comercio, el
mercado mundial, la creciente uniformación de las modalidades de producción y
de las condiciones de vida, marchan en la misma dirección.
“La
supremacía del proletariado es la causa de que éstas desaparezcan más rápido.
La acción unificada, al menos en los países mas avanzados, es una de las
primeras condiciones para la emancipacíon del proletariado.
“en la
misma medida que la explotación de una persona por otra será suprimida, lo
mismo ocurrirá con la explotación de una nación por otra. A medida que los
antagonismos de clase desaparezcan al interior de las naciones, la hostilidad
entre naciones llegará también a su fin.”
Esta
visión es noble pero tiene una fuerte carga de deseos que aparecen como
realidades. A lo sumo el Manifiesto concede débilmente que la
estrategia socialista “es diferente en diferentes países” y que los
problemas pueden incrementarse cuando se trata de trasladar las ideas políticas
de uno a otro contexto, los alemanes adaptaron las ideas socialistas
francesas a sus propias circunstancias, creando un tipo alemán de socialismo
que Marx criticó con fuerza. Hay allí una limitada
sensibilidad hacia las heterogéneas condiciones materiales y circunstancias
locales. La tarea de los comunistas, de cualquier modo, es producir la unidad
de esas causas, para definir los elementos comunes en las diferencias y tratar
de construir un movimiento en el cual los trabajadores de todo el mundo puedan
unirse.
El
Manifiesto insiste, bastante correctamente, que el único modo de resistir al
capitalismo y construir el socialismo es a través de la acción de la clase
obrera a nivel global, tal vez lograda mediante una gradual progresión desde
los temas locales a los nacionales y de allí a los globales. Los comunistas
deben encontrara caminos para atraer movimientos locales o particulares a algún
tipo de comunidad de propósitos. Hay también una lectura demasiado mecanicista
que supone la automática caducidad de las diferencias nacionales por medio del
avance burgués, la deslocalización y desnacionalización de las poblaciones
trabajadoras y aun de sus aspiraciones y movimientos políticos. Los comunistas
deben entonces prepararse para el punto final de la revolución burguesa. Ellos
deben educar a los trabajadores acerca de la verdadera naturaleza de su
situación y organizar su potencial revolucionario. Tal lectura mecanicista es,
a mi entender, incorrecta, a pesar de que es un modo de pensar que puede
encontrar importante sustento en el Manifiesto.
La
dificultad central en este punto radica en la presunción de que la industria
capitalista y la mercantilización conducen a la homogeneización de la población
obrera. En un sentido todo eso es cierto, pero falla al apreciar otra cara del
proceso, por la cual el capitalismo, al mismo tiempo, diferencia, a veces
vuelve a traer a la superficie antiguas distinciones culturales, relaciones de
género, predilecciones étnicas y creencias religiosas. El capitalismo se
construye en parte mediante las estrategias burguesas de división y control, y
asimismo convierte la elección de mercado en un mecanismo de diferenciación de
grupos. El resultado es la implantación de todas las modalidades de divisiones
sociales, de clase, género, y otras, en el paisaje geográfico del capitalismo.
Divisiones tales como las que existen entre ciudades y suburbios, entre
regiones, y entre naciones no pueden ser entendidas solamente como residuos de
algún orden social anterior. Ellas no desaparecen automáticamente. Son
producidas por los poderes diferenciadores de la acumulación de capital y de
las estructuras de mercado. Las lealtades espacialmente situadas proliferan, y
en muchos aspectos se fortalecen en lugar de desintegrarse a través de los
mecanismos de lucha de clases y de la acción tanto del capital como de los
trabajadores por sí mismos. La lucha de clases es también susceptible de
disolverse en una amplia serie de intereses comunitarios fragmentados
geográficamente, fácilmente cooptada por los poderes de la burguesía o
explotada por los mecanismos neoliberales de penetración del mercado.
Hay una
potencialmente peligrosa subestimación en el Manifiesto de los
poderes del capital para fragmentar, dividir y diferenciar, para absorber,
transformar, e inclusive exacerbar las viejas divisiones culturales, para
producir diferenciaciones espaciales y movilizarlas con sentido geopolítico.
Existe también una subestimación del mismo tipo de como el trabajo se moviliza
a través de formas territoriales de organización, construyendo lealtades
locales en su camino. La dialéctica de comunidad y diferencia no ha sido
trabajada de esta manera en el modelo provista en el Manifiesto,
aun si su énfasis en la lógica y la búsqueda de la unidad es correcta.
Incluso,
las condiciones que impulsan a los trabajadores a unirse en el escenario
mundial a través de la lucha de clases no han disminuido. El Banco Mundial
estima que la fuerza de trabajo mundial se ha duplicado entre 1966 y 1995. Y
actualmente se halla en alrededor de 2.5 billones de hombres y mujeres, y mas
de un billón de individuos vive con un dólar o menos por día. En muchos países
“los trabajadores no tienen organización y trabajan en condiciones
insalubres, peligrosas y degradantes. Mientras tanto 120 millones de personas
están desempleadas en el mundo, y millones mas han perdido la esperanza de
encontrar trabajo.” Esta condición existe al mismo tiempo que se produce un
rápido crecimiento en los niveles de productividad (que se considera que se han
doblado desde 1965 a la fecha a nivel mundial) y de un rápido crecimiento en el
comercio mundial impulsado por una reducción de los costos del transporte y una
ola de liberalización comercial. Como resultado, se dice en un informe de la
OIT:
“el
número de trabajadores empleado en industrias de bienes transables
internacionalmente ha crecido significativamente…esto significa que el mercado
laboral se ha vuelto mucho mas interrelacionado…Algunos observadores visualizan
en estos procesos la emergencia de un mercado de trabajo global dentro del cual
“el mundo ha devenido un bazar con naciones que rematan su fuerza de trabajo en
competencia con otras, ofreciendo los precios más bajos con el propósito de
atraer negocios”…La comprensión a fondo de tal intensificación de la
competencia global generará presiones a la baja de los salarios y las
condiciones de trabajo en todo el mundo.”
Movimientos
masivos en la fuerza de trabajo global están ocurriendo (p. ej. China,
Indonesia, Bangladesh). Ciudades como Jakarta, Bangkok y Bombay se han vuelto
sedes de la formación de una clase trabajadora trasnacional -duramente
dependiente sobre las mujeres- en condiciones de pobreza, violencia, polución y
creciente represión.
Las
desigualdades están hoy creciendo en espiral, fuera de control. El Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo informa que “entre 1960 y 1991 el
porcentaje de participación del 20% mas rico de la población se elevó alrededor
del 70% del ingreso global al 85%- mientras que el 20% mas pobre declinó del
2.3 al 1.4%.” En 1991 “más del 85% de la población mundial recibió
solamente el 15% del ingreso mundial” y “la renta neta de las 358
personas más ricas del mundo es igual a la suma de los ingresos del 45% más
pobre de la población mundial, es decir 2.3 billones de personas.” Esa
polarización de la riqueza y del poder es tan obscena como sorprendente:
“Indonesia,
en nombre del sistema de libre mercado, promueve las peores violaciones de los
derechos humanos, y niega el derecho a la subsistencia de aquellos sobre cuyo
trabajo descansan sus ventajas competitivas. Muchas trasnacionales han
subcontratado aquí: Levi Strauss, Nike, Reebock. Muchas de las subcontratistas
son propiedad de empresarios coreanos. Todos ellos tienden a aplicar bajos
salarios y modalidades brutales de gerenciamiento empresario. Nike y Levis
tienen un código de conducta para sus criterios de inversión, pero en realidad,
bajo este sistema todos buscan los costos de producción más bajos…Algunos
subcontratistas se van de Jakarta a ciudades más pequeñas, donde los
trabajadores son aun menos capaces de asociarse para mejorar sus condiciones.”
En El
Capital Marx vuelve a relatar la historia de Mary
Anne Walkely, una sombrerera de veinte años de edad, que a menudo trabajaba
30 horas de manera ininterrumpida (revitalizándose con ocasionales dosis de
jerez, oporto y café) hasta que, después de una tarea particularmente dura
necesaria para preparar “magníficos vestidos para las mujeres nobles
invitadas al baile de recepción del nuevo Príncipe de Gales”, murió a
causa, de acuerdo al testimonio médico, “por largas horas de labor en un
salón superpoblado, y en un dormitorio demasiado pequeño y mal ventilado”.
Compárese ésto con el relato contemporáneo de las condiciones de la planta de
Nike en Vietnam:
“”Mr.
Nguyen” pensó que el trato de los trabajadores por los capataces en Vietnam (a
menudo coreanos y taiwaneses) es una “constante fuente de humillaciones”, el
abuso verbal y el acoso sexual ocurren con frecuencia, y que “los castigos
corporales son utilizados a menudo”. El encontró que fuertes cantidades de
horas extras forzadas son impuestas a los trabajadores vietnamitas “Esto ocurre
habitualmente” escribió Mr. Nguyen en su informe, muchos trabajadores se
desmayan por cansancio, sofocación y nutrición deficiente durante su trabajo.
Muchos trabajadores han escupido sangre después de sus desmayos.”
Las
condiciones materiales que eran condenadas como un ultraje moral en el
Manifiesto no han desaparecido. Ellas están acumuladas en los calzados
Nike, los productos Disney, la ropa GAP y los productos Liz Clairborne. El
planteo del Manifiesto no ha cambiado radicalmente en sus
aspectos básicos. El proletariado mundial es más numeroso que nunca. El
imperativo de los trabajadores del mundo a unirse es más fuerte que nunca. Pero
las barreras para que tal unidad se realice son por lejos más formidables que
el de por sí complicado contexto europeo de 1848. La fuerza de trabajo está hoy
mucho mas dispersa geográficamente, es culturalmente más heterogénea,
diversificada en términos étnicos y religiosos, racialmente estratificada y
lingüísticamente fragmentada. Las modalidades de resistencia al capitalismo y
la definición de alternativas se han vuelto radicalmente diferenciada. Y
mientras es verdad que los medios de comunicación y las oportunidades de viajar
han mejorado en gran medida, hay hoy menos medios para un billón o mas de
trabajadores que viven con menos de un dólar por día , que poseen historias
culturales, literaturas y conocimientos bastante diferenciadas (comparada con
los financieros internacionales grandes multinacionales que utilizan su trabajo
todo el tiempo). Las diferencias (tanto geográficas como sociales) en los
sueldos y la provisión de bienes sociales en la clase trabajadora global son
mas grandes que lo que nunca antes fueron. La brecha política y económica entre
los trabajadores en mejores condiciones, en Alemania y EEUU, y los trabajadores
mas pobres en Indonesia y Malí, es mucho mayor que la existente entre la
llamada aristocracia obrera europea y los trabajadores no calificados en el
siglo pasado. Esto significa que un cierto segmento de la clase obrera (en su
mayoría pero no exclusivamente situada en los países capitalistas avanzados y a
menudo poseedores por lejos de medios de expresión política poderosos) tienen
mucho que perder además de sus cadenas. Aunque las mujeres siempre fueron un componente
importante de la fuerza de trabajo en las épocas tempranas del desarrollo
capitalista, su participación ha devenido mucho más general al mismo tiempo que
se han concentrado en ciertas categorías (las usualmente denominadas “no
calificadas”) de un modo que tiene como efecto asignar un lugar importante
a las cuestiones de género en la política de la clase obrera, las que demasiado
a menudo eran barridas debajo de la alfombra en el pasado. Se agregan a todo lo
anterior las problemáticas de la urbanización masiva, severos desajustes
ecológicos, movimientos migratorios internacionales, y el terreno para la
construcción de una alternativa socialista aparece mas diferenciado,
heterogéneo y complejo.
Los
movimientos socialistas tienen que tener en cuenta las extraordinarias
transformaciones geográficas y desarrollar tácticas que permitan tratar con
ellas. Esto no diluye la importancia de la exhortación final a la unidad
contenida en el Manifiesto. Las condiciones que enfrentamos hoy
hacen a ese llamado mas imperativo que nunca. Pero no podemos hacer nuestra
historia y nuestra geografía en condiciones histórico-geográficas de nuestra
propia elección. Una lectura geográfica del Manifiesto enfatiza
la no-neutralidad de las estructuras espaciales y la importancia de la
intrincada dinámica especial de la lucha de clases. Ello revela el modo en que
la burguesía adquiere sus poderes, mayores que los de modos de producción
precedente, a través de su dominio sobre el espacio, que se convierte en una
fuerza productivas en sí misma. Y muestra como la burguesía ha afianzado y
protegido su poder a través del mismo mecanismo. E incluso enseña que hasta que
el movimiento de la clase trabajadora aprenda a confrontar con el poder burgués
para dominar y producir espacio, siempre va a estar en una posición de
debilidad más que de fuerza. De ese modo, hasta que el movimiento se encare con
las condiciones geográficas y las diversidades de su propia existencia, no
podrá definirse, articularse y luchar por una alternativa socialista realista a
la dominación capitalista.


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