© Libro N° 10917. Semillas. Taylor Herrera, Melanie. Emancipación. Febrero 18 de 2023
Título original: © Semillas.
Melanie Taylor Herrera
Versión Original: © Semillas. Melanie
Taylor Herrera
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original de textos:
https://axxon.com.ar/rev/2010/03/semillas-melanie-taylor-herrera/
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Fondo:
Portada E.O. de Imagen original:
Ilustración para el cuento "Semillas", Melanie Taylor
Herrera
© 2010, SBA: https://axxon.com.ar/rev/206/cuento10ilus1.htm
© Edición, reedición
y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS
SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
Melanie Taylor Herrera
Semillas
Melanie Taylor Herrera
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Fue un invento paradójico y es que acaso ¿no lo son todos? ¿La dinamita
no terminó arrancando brazos y sustentando el Nobel de la paz? ¿Cuántos
inventores se lamentan en la intimidad de sus laboratorios de que ellos no
querían ni esto ni aquello, que buscaban X y encontraron Z? Marco Zappi se
lamentó igual que Oppenheimer al ver el hongo de la destrucción bailando
fantasmagórico frente a sus ojos. Marco Zappi había inventado el vino. Antes de
que empiecen las protestas y más de uno alce su voz para aclarar que el vino ha
sido parte del recorrido de la humanidad desde sus inicios, permítanme aclarar
que Marco Zappi vivió toda su vida en la colonia Bosques de Cibeles y que, si
bien era humano como todos nosotros, no necesariamente la vida en la colonia
mantuvo sus lazos con la vida en la Tierra. De hecho, gradualmente, con el
pasar de los siglos, la decadencia tecnológica en el planeta de origen y la
suspensión definitiva de las comunicaciones, la colonia Bosques de Cibeles
perdió todo contacto y prosiguió su ordenada, predecible y autosostenible
existencia en algún punto del universo, hasta que toda conciencia del origen
fue borrada y relegada a un único mito, el mito de la nave, que contaré en
alguna otra ocasión. Quedó así en Bosques de Cibeles una masa uniforme que
nunca supo qué era cultivar la tierra, ni esperar por el fruto, o la lechuga o
la zanahoria, tampoco conocieron otro líquido que no fuera el agua de los
glaciares de la colonia, ni otro orden que el que habían heredado de los
primeros tiempos, donde cada persona era convocada a la vida si su existencia
tenía alguna utilidad para la colonia y no por el mero placer de dos sujetos de
convertirse en padre o madre, y en donde nadie sabía ni de accidentes de
tráfico, ni de ebrios importunos, drogadictos, basura ni polución. Quizás
piensen que no digo nada nuevo, ahora que los mundos regulados están a la orden
del día, casi en cajetas de cereal, para desarrollarlos a donde nos plazca. Veo
que algunos de ustedes asienten con la cabeza. Fue así que la comunidad de la
cual les hablo vivía de una alimentación muy peculiar, exitosa en su tiempo
incluso en esta comuna. Me refiero a las pastillas Ongra. Las pastillitas
vinieron a sustituir la alimentación orgánica, siendo combinaciones de
laboratorio con todo lo necesario para mantener la nutrición básica de un
individuo enviaban un mensaje directo de saciedad a la corteza cerebral,
evitando la obesidad, y con un aliciente, recreaban en el paladar el sabor de
una comida completa. Así es, se ponía usted esta pastillita en la punta de la
lengua y tragándola lentamente degustaba su porción de puerco asado con patatas
o una pasta con salsa arrabiata. En Bosques de Cibeles, como ya no tenían
recuerdo de las comidas originales, terminaron por quitarles el gusto y simplemente
se las tragaban a horas fijas como quien se toma una vitamina. Pero volvamos a
Marco Zappi, nuestro héroe, o al menos el héroe de Bosques de Cibeles, y, según
algunos, también su antihéroe. Marco fue traído al mundo como reemplazo del
único guía del Museo del Mito de Cibeles. Más letras tenía el nombre del museo
que espacio, pues consistía en una reducida habitación donde reposaban tres
objetos. Exactamente, tres objetos. Un fragmento de la nave que aterrizó en el
planeta por vez primera, una caja de semillas varias y una media de rayas
blancas y negras. Nadie sabía o recordaba cómo sobrevivieron dichos objetos,
pero en fin, se suponía que provenían del planeta Tierra, aunque el interés de
los residentes de Bosques de Cibeles en este museo era nulo, y por tanto el
trabajo de Zappi, sumamente aburrido. En cinco años, sólo lo había visitado una
persona y había sido por error. Sin embargo, por algún motivo desconocido, el
Consejo de la colonia no se atrevía a clausurar el museo ni a botar los
objetos. Para hacer corta una historia larga, Zappi empezó a leer con cuidado
un documento polvoriento que venía con la caja de semillas. Entendió de sus
lecturas que éstas eran alimentos, palabra para él sin significado alguno, que
debían ser sembradas, cuidadas y cosechadas. La curiosidad lo llevó a sembrar
en su espacio asignado. Da la casualidad que el planeta donde Bosques de
Cibeles había sido establecido era sumamente fértil ya que en algún momento
hubo miles de volcanes que luego perecieron. Los antiguos habitantes de
Cibeles, acostumbrados a su dieta de Ongra, nunca se molestaron en sembrar por
lo que no sabían de los efectos casi milagrosos de la tierra de Cibeles en las
semillas mejoradas terrestres. Zappi cultivó sin mucho esfuerzo manzanas
gigantes, tomates rojísimos y uvas de una variedad desconocida. Al principio
temía comerlos pero luego, al leer las instrucciones ilustradas del manual con
más detenimiento, se atrevió a darles diente. Zappi sintió que el mundo se le
ponía de cabeza, no estaba preparado para sentir sabor en sus papilas
gustativas. Esto lo llevó a abandonar las pastillas de una vez por todas y
alimentarse exclusivamente de manzanas y tomates. El sabor de las uvas no le
gustó. Por eso las puso en un balde. Una tarde recibió la visita de una vecina
a quien con temor le mostró sus alimentos. La vecina trabajaba como correctora
de matrices computacionales. Mordió una manzana y sintió un estallido
inconmensurable en su boca. Casi se desmaya y pensó que aquella experiencia era
lo más increíble de toda su existencia. Probó unas cuantas uvas y el jugo se le
derramaba por las mejillas. Se le ocurrió aplastar las uvas hasta convertirlas
en jugo y le pidió a Zappi que lo guardara y no lo botara, para poder beberlo
en alguna otra ocasión. Se imaginarán que Zappi y su vecina, llamada Gerundio
Ros, andaban muy emocionados con sus descubrimientos, los cuales se les
antojaron secretos y decidieron no compartirlos con nadie. Mientras, el jugo de
la uva fue fermentándose en el balde y convirtiéndose en vino, como debió
suceder en su momento en algún lugar perdido del Valle del Nilo. Nuestros
amigos no sabían lo que les esperaba al tomar el jugo que reposaba en el balde.
Sintieron un hormigueo en todo el cuerpo, una relajación relámpago en sus
brazos y piernas, rieron sin saber por qué, se miraron a los ojos como
hipnotizados, se olieron, se jalaron los cabellos, se fueron quitando la ropa y
ensayaron un rito de apareamiento sin precedentes, al menos en Bosques de
Cibeles, donde el sexo estaba tan en desuso como los alimentos. Al terminar,
contemplaron sus cuerpos desnudos y no sabían si gritar, llorar o salir
corriendo para avisarle, no sólo al vecindario, sino a toda la colonia, que
habían descubierto algo para lo que no existía sustantivo. Sin embargo se
controlaron, se dieron una ducha y decidieron convocar paulatinamente a otros a
estos extraños y anónimos placeres. De una manera underground, su vino fue
expandiéndose por todo Bosques de Cibeles, y hubo quienes de manera instintiva
supieron cómo mejorarlo, cómo cosecharlo, cómo añadirle cuerpo y sabor y volvió
la humanidad a repetir su historia. La decadencia de Bosques de Cibeles fue
injustamente achacada a Marco Zappi y el nombre de Gerundio Ros eliminado de
los anales de la historia, que suele ser mezquina a la hora de atribuir
inventos. Gracias al vino hubo un cambio de poder en la colonia, pues sus
habitantes, luego de experimentar el éxtasis, la ira, el orgasmo, la resaca y
todo aquello que los ancestros desearon prevenir, no podían volver a vivir de
pastillas Ongra. Fue así que no sólo el vino sino los alimentos volvieron a
formar parte de la dieta humana en todas las colonias, incluso de Cibeles, que
estas alturas ya había restablecido contacto con otras comunas.
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El saltimbanqui da las gracias y pasa la maquinilla de traspaso
monetario mientras su concurrencia aplaude. Su público se diluye en la
plazoleta 35 de la colonia Amaurota. Son una de las tantas comunidades que
visita el saltimbanqui en su recorrido anual. Además de aprender de otros la
historia de la humanidad, contará anécdotas varias, hará actos de magia y,
según el gusto de cada lugar, alabará la perfección de su ecología o la
justicia social de su Consejo. Marco Zappi tiene trescientos años y presiente que
su muerte se acerca. Hay días en que alaba haber sembrado las semillas y otros
en que cree haber cometido un error terrible. Pero todos los días extraña a
Gerundio Ros, a quien no volvió a ver luego de que su vientre empezara a
crecer. Con el tiempo entendió el porqué del abultado vientre, pero no así la
ausencia de Ros. Al saltimbanqui le parece posible trazar cada rasgo del rostro
de Gerundio, cree poderla alcanzar con la punta de sus dedos. Es una ilusión,
se halla solo en una plaza, en una colonia, en algún planeta. Trata de disipar
este recuerdo triste, se sube a un transporte intercolonias y, con disimulo,
bebe un poco más de la botella de vino que guarda en su morral.
Melanie Taylor Herrera nació en 1972 en ciudad de Panamá. Es psicóloga y
musicoterapeuta. Ha ganado varios premios literarios, entre ellos el premio
Rafaela Contreras 2009 en cuento de la Asociación Nicaragüense de Escritoras y
fue finalista del concurso Artífice 2009 (Loja, España) en poesía. Ha publicado
tres libros de cuento: «Cuentos acuáticos» (2000), «Amables Predicciones»
(2005), «Camino a Mariato» (2009). Escribe un blog titulado «Cuentos al Garete«, donde se pueden leer algunos de sus microrrelatos y noticias
literarias.
Este cuento se vincula temáticamente con IN VINO
VERITAS, de Alfredo Álamo, LA MUERTE
DE CÉSAR, de João Ventura, LA CAZA DE LA BALLENA, de E. Verónica Figueirido, CICLICIDAD, de Sergio Gaut vel Hartman
Axxón 206 – marzo de 2010
Cuento de autor latinoamericano (Cuento : Fantástico : Ciencia ficción :
Colonización espacial : Panamá : Panameña).


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