© Libro N° 9532. Neandertal 2. Cavernícola.
Ferre, Mary. Emancipación. Enero 29 de 2022.
Título original: © Neandertal 2. Cavernícola. Mary Ferre
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Original: © Neandertal 2. Cavernícola. Mary Ferre
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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Neandertal 2
CAVERNÍCOLA
Mary Ferre
Neandertal 2
Cavernícola
Mary Ferre
NEANDERTAL
CAVERNÍCOLA
Mary Ferre
Copyright © 2015 Mary Ferre Todos los derechos
reservados
ISBN-13: 978-1511722063
ISBN-10: 1511722061
CONTENIDO
____________________________________
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Epílogo
PRÓLOGO
Sostengo en mis manos el pijama que tantas veces se puso para mí,
paseándose de un lado a otro mostrándome su dulce cuerpo y moviendo esas
caderas que hacían endurecerme. Su aroma es lo que me tiene absorto de placer.
Día y noche tengo su perfume inyectado en mi piel como si fuera el motor de mi
vida, lo que todavía me impulsa a seguir respirando.
De hecho, creo que sobrevivo gracias a este trozo de tela que se escapa
entre mis dedos y no porque me guste el dibujo de una gata bastante fea, es por
el significado que esto conlleva.
Mi Nancy.
La echo de menos como si no hubiera un mañana, nunca hubo un mañana
desde el día que la dejé marchar. Aún recuerdo como giré mi coche para ir a
buscarla y como los hijos de puta de sus amigos me lo impidieron, se creían que
por llamar a la policía me iban a detener. ¡No! Nadie me detuvo. El agente
Phillips no pudo detenerme, pero sí alejarme. Tuve que ver desde la oscuridad
cómo Molly y el otro la sostenían en brazos, con la cabeza hacía atrás,
llorando entre lágrimas y jadeando mi nombre en sollozos a gritos. Ese día
murió una parte de mí con ella, mezclándonos con el mismo dolor en diferentes
almas, verla derrotada por mi culpa me mató y me mandó al jodido infierno.
Lugar en el que hoy en día me refugio. Ya no hay luz, vida, alegría, o brillo,
solo monotonía. Ya no. Se acabó. No hay momento del día en que cada
uno de mis pensamientos estén dedicados a ella y no hago un jodido
movimiento sin que ella aparezca en mi mente. Nancy Sullivan es todo lo que sé,
todo lo que conozco y todo lo que quiero en mi vida. Todavía no puedo creerme
que la perdí por quién era, por quién soy y muy a mi pesar por quién seré. Ya
no existo sin la mujer que amo, no puedo desprenderme de mí mismo si ella no
está junto a mí, si ya no voy a volver a besarla, ni va a sonreírme como
siempre lo hacía. Nunca voy a aceptar que mi Nancy es parte de mi pasado, que
ya no es mi presente, ni será mi futuro. Mis ojos llorosos me nublan los cinco
sentidos, no siento ni padezco, no pruebo una gota de la vida que ya perdí
cuando la vi marcharse, ya no hay nada que me haga volver a ser quién fui.
Guardo con queja el pijama debajo de mi almohada porque he escuchado
ruidos en el pasillo. Alguien viene a tocarme los cojones y no lo soporto, voy
a aplastar el cráneo de quién osa a molestarme a estas horas. La indecencia del
personal hace que me den ganas de quemar todo esto y hacerme un gimnasio
exclusivo para mi uso y disfrute. Si no necesitara tanto
estar aquí, lo haría con mucho gusto, aunque mí Nancy me haría cambiar
de idea al convencerme de que esta gente necesita un sitio donde estar. Mí
Nancy, mi dulce Nancy. Tan sólo su nombre hace que tiemble de emoción, un
sentimiento que olvidé con el paso del tiempo.
Suspiro con arrogancia ante la jodida visita, solo me queda un día de
dulce tortura en el que solo existimos ella y yo.
– Señor Trumper, la cena.
– No son las seis.
– El Doctor Smith dijo que…
– ¿Eres un novato?
– Sí, señor.
– ¿Quién te ha dado permiso para entrar?
– El Doctor Smith ha ordenado que se le traiga
la cena pronto porque su avión sale a las diez.
– ¿Qué jodido avión? Aún no es viernes.
– Discúlpeme señor, pero hoy es viernes.
Le miro con odio y desesperación. El joven capta con inteligencia lo que
quiero trasmitirle y se va porque sabe que cualquier movimiento en falso puede
hacerle perder su vida.
En la habitación hay un jodido olor a brócoli que detesto, Nancy jamás
lo cocinaba porque no puedo comerlo y ¡diablos!, ella cocina mucho mejor que la
comida que he probado en mi vida; quiero que mi novia cocine para mí. A medida
que intento comer esta mierda que tengo en la bandeja empiezo a guardar mis
cosas, o mejor dicho, sus cosas. Su pijama, sus bragas, su sujetador, su
camiseta y todo lo que había en la secadora cuando se marchó, todo me pertenece
y la insto a que venga a buscarlo. Anhelo verla con su ropa, aunque sin ella
también, especialmente esta ropa interior celeste combinaba con el brillo de
sus ojos y,
¿por qué no tener pensamientos guarros cuando se trata de mi novia? Este
hermoso sujetador le hacían las tetas más grandes. Yo no he sido nunca un
hombre de tetas, pero que me jodan si mi novia no tiene las mejores del mundo y
reto a alguien que me diga lo contrario y seré más que feliz de matarle.
Es obvio que mi interés en hacer la maleta es nulo, mi ropa arrugada, y
la suya muy bien doblada para conservar el aroma que aún hay en su pijama.
Muerdo la verdura bastante seca recordando cuando mí Nancy me dijo que la
odiaba, que son los alimentos más intrínsecos que haya podido comer en su vida
pero que siempre cocinaba y se comía con gusto por mí, por mi maldita dieta.
Miro sin interés la habitación por si me he olvidado algo, más que mío, de
ella. No quiero que nadie sepa que llevo ropa de mujer, tendría que matar a
quien tuviera la valentía de tocar algo de ella, ¡lo suyo es mío!
Jodidamente, ella es mía.
La puerta se abre con descaro y giro la cabeza
para aniquilar con mis ojos a este hombre. Rony entra con una carpeta
jugando a ser el médico conmigo. Hijo de puta.
– Bastian, el coche te espera.
Cojo la maleta que cargo con gusto, no soportaría que nadie tuviera el
derecho de llevarla mientras hay ropa de mí Nancy dentro. Me persigue su sombra
amortiguando la mía por estos oscuros pasillos, me está hablando y me importa
una mierda porque al fondo veo la luz del atardecer y como ruge el motor del
coche que se oye desde aquí. Le dije que lo llevara al taller, hay un problema
en la bomba y parece ser que soy el único con cerebro para darse cuenta de
esto.
– ¿El taller?
– Señor, este es otro coche.
– No me jodas Ryan, – meto la maleta en el asiento de atrás, siempre la
llevo a mi lado – te dije cuál era el jodido problema del motor.
– Señor, los diez últimos modelos que entraron tenían un error de
fábrica. Mandé a que revisaran todos.
Ni siquiera me molesto en contestarle. ¡Pandilla de ineptos!
Cierro la puerta del coche mientras Ryan vuela hacía el volante y bajo
la ventana de la puerta trasera porque a Rony le encanta darme sermones.
– Bastian, creo que es…
– ¿Mejor que no vuelva más y toda esa mierda? Te juro que como me lo
adviertas nuevamente voy a arrancarte la polla y se la mostraré a todo el
mundo, de hecho creo que voy a hacer una conferencia sobre esto.
– Trumper, no puedes seguir así. Sabes que te aprecio.
Cierro la ventana dándole en las narices, está de
suerte porque estoy de un jodido buen humor. Ryan arranca el motor que
me está dando quebraderos de cabeza con cada cilindrada, cada metro que avanza
hace que quiera arrancarle el corazón.
– ¿Noticias?
– No señor.
Efectivamente, no me importaría arrancarle el corazón para que sufra,
que sufra tanto por amor como lo estoy haciendo yo. Consumiéndome en un espiral
hacia el infierno que hice mi hogar, frustrado con el universo que vive
alrededor de mí sin importarles que esté realmente jodido. Jodido porque la
cagué, jodido porque la dejé ir y jodido porque ella no volverá junto a mí.
Y este es mi jodido momento favorito del día, cuando me dirijo a Crest
Hill.
CAPÍTULO 1
– Tesoro, también te he metido una empanada de bacon y queso. Te la he
dejado en la parte de atrás junto con el resto de cosas.
Creo que mi madre me habla sobre comida en algún lugar de la casa. Estoy
tumbada sobre mi cama, le prometí a mamá que hoy me vestiría e inclusive me
peinaría, pero mis intentos han fallado. Un chándal negro es testigo de mis
huesos pronunciados, haber perdido diez kilos no me hace ningún favor y ya no
puedo lucir la ropa como antes lo hacía. Agarro la
sudadera a pesar de que el sol aprieta ahí afuera, no me importa mucho
porque yo vivo entre icebergs que me recuerdan quién soy yo ahora.
Pero ni el gesto más sencillo puedo hacerlo sola.
– Mamá.
Sale por mi boca una alarma débil y aparece como un rayo en mi
habitación. Señalo a la sudadera de mi padre para que me ayude a ponérmela, no
le extraña porque ha hecho lo mismo con el resto de mi ropa. Ambas no hablamos,
ya lo hicimos anoche. Creo que era anoche cuando las estrellas brillaban en el
jardín y mi padre leía un libro no muy lejos de nosotras. Mi madre no me cierra
la cremallera de la sudadera porque hace calor pero yo le respondo forzándola
contra mí. Huele a mi padre, a hogar y quiero conservar conmigo este aroma.
Se va de la habitación porque sabe que tiene que irse, ruedo de nuevo en
la cama y yazco sobre mi estómago apretando la almohada y perdiéndome en
esta. Los ruidos que hay frente a mi casa no cesan, las voces que han
estado a mi lado siguen discutiendo por alguna razón. Yo solo necesito que me
dejen cinco minutos más para no olvidar este momento.
De hecho, no los tengo ya que mi madre aparece en la habitación y sabe
por qué lo hace. Se tumba junto a mí y besa mi espalda.
– Mi vida. Te amamos tanto.
No digo nada y dejo mis lágrimas caer. Una tras otra. Día a día. Noche a
noche. No hay medida en el tiempo que pueda pasar por mi lado sin haber visto
una lágrima de mis ojos apagados. Me niego a pensar, a reflexionar o inclusive
a hablar. La palma de la mano de mi madre acaricia mi espalda y yo no siento
nada porque mi cuerpo rechaza cualquier toque.
¿Habrá sentido alguien alguna vez como pasas de estar en un lugar a
estar en otro? No me refiero a la magia, aunque siento que mi vida es parte de
ello. Pierdo la noción del tiempo y a veces creo que estoy
en un lugar como hace un momento con mi madre en mi habitación y ahora
en la calle, frente a los tres. Mis manos están en la sudadera donde escondo
todo de mí, mi pelo largo cubre casi toda mi espalda y ahora soy un palo por
delante y por detrás. Parezco un fantasma y mi madre me lo hace recordar a
todas horas, nadie mejor para hablarte con sinceridad.
– Te he dicho que es la llave del tres, no la del uno y medio. ¿No ves
el tornillo? No sale si usas ese.
– Roger, esta es la del tres. Mira.
– Eso no es un tres, es un cero con el acero rasgado. ¿No lo ves inútil?
– Chicos, chicos, hablad bien – mi madre aprieta mi cuerpo como si no
fuera a dejarme escapar, ambos se dan cuenta de que estamos ahí.
– No Nadine, es el coche de mi hija y este idiota no sabe diferenciar
una llave del tres.
– Roger, tú lenguaje.
Mi madre riñe con mi padre a todas horas. Si antes no les había visto
discutir, desde que estoy en casa no hacen otra cosa. Mi madre porque intenta
corregir a mi padre y él… bueno, él porque está muy enfadado y todos sabemos el
motivo. Miro con añoranza al hombre que me protegió de todo el mundo menos de
una persona, él es el único que ha velado por mi seguridad desde que nací,
quién me amará hasta el día que me muera y quién va a cuidarme hasta que regañe
con él otra vez.
– Papá, el coche arranca y frena. No necesito
más.
Aún se asusta de mi delicada voz, todos lo hacen e inclusive Mike qué
está ayudando a mi padre a arreglarme el coche. Una de las maravillosas ideas
de mi padre fue llamar a mi ex, una pena que ya no seamos tan amigos como
antes, pero desde que mi padre le ha dado trabajo en el taller parece ser su
segundo hijo. Apenas le he visto a mi alrededor o me ha hablado, aún no
puedo enfrentarme a mi pasado cuando ni siquiera puedo con mi presente, sin
embargo, me ha dejado muy claro en algún momento de mi lucidez que pase lo que
pase estará ahí para mí. O al menos creo recordar que fue él. No me molesta, sé
que es una estrategia de mi padre y por eso creo que ya es el momento.
Ya ha llegado el momento.
A pesar de que mi padre ahora está enfadado y nada feliz conmigo,
consigue darme un abrazo sin romperme. Todos lo hacen, con palabras de apoyo y
con imágenes de una familia feliz que quiero recordar cuando esté allí. Ellos
me hacen querer sonreír pero no puedo, no sé hacerlo. Las palabras de mi madre
se hacen sordas junto con las de mi padre y las de Mike. Decido romper el
momento de despedida en este estado de embriaguez apagada mientras me subo al
coche, ayer conseguí acordarme de cómo conducir y creo saber que sé cómo
hacerlo. Mamá hace que baje la ventana, otro beso más y odiaré este momento.
– Tesoro, ¿has llamado a Molly?
– Sí – miento.
– Llámame cuando estés allí. Por favor, estaremos preocupados.
– Y no corras, – añade mi padre y mi madre le da una mirada de odio –
¿qué? Es mi hija la que va dentro del coche.
Ambos se abrazan y sonríen viendo como torpemente saco el coche de aquí.
Es la primera vez que estoy conduciendo esto, en esta carretera, sola. Veo en
el espejo que dejo atrás a tres personas que han dado la vida por mí, mi madre
destrozada, mi padre enfadado y mi ex con añoranza de querer ver a la antigua
yo.
Ya no soy así, nunca más.
Han pasado nueve meses desde que salí a la
calle, desde que me encerré en casa para sufrir mi duelo. Hoy es uno de
septiembre y empiezo de nuevo, o al menos esa es mi intención. Sólo yo conozco
porque he escogido este día para volver, hace un año que empecé en Lawndale una
nueva vida, un nuevo trabajo e inclusive un nuevo amor. No quiero quedarme en
casa para revivir con nostalgia todo lo que pasó hace un año, los recuerdos me
matan a diario y es más que suficiente. No podría quedarme allí, tumbada en la
cama de mi habitación para lamentarme del dolor que no puedo arrancar de mi
sistema. Hoy es uno de septiembre por muchas razones aunque aún manchadas. El
año que viene voy a recordar este día como el primero que he visto desde hace
meses, no recuerdo como era el sol, como lucían las calles o como era el sonido
de la gente. Estoy encerrada en mi coche y aun así siento como vibra la vida
ahí afuera, vida que un día tuve y me arrebataron.
Por fin llego a la autovía, mi padre me ha estado hablando de los nuevos
desvíos pero no le he escuchado. Llevo nueve meses sin prestar atención a nada,
les hago saber que poco a poco voy avanzando,
salía de la habitación para que mi madre me metiera los purés en la boca
a la fuerza y luego proseguía con mi tristeza debajo de las sábanas. Podría
decir que ha sido duro o necesario, pero no se acerca lo más mínimo a lo que he
pasado. No puedo quitarme de la cabeza todo lo que me ha ocurrido aunque mamá
dice que el tiempo lo curará, pero en mí he obtenido el resultado equivocado
porque el tiempo lo ha empeorado. Ya no soy la misma, no me reconozco, no puedo
reír, hablar, llorar… ni siquiera puedo respirar más de cinco segundos sin
llenar mis pulmones de aire. Ya no puedo seguir viviendo así y no sé cómo
remediarlo.
¿Cómo sobrevive la gente al dolor?, ¿cómo lo combaten?, ¿qué hacen para
continuar con sus vidas sin que les invadan los recuerdos? No sé cómo hacerlo
porque llorar es como hablo a diario, con mi tristeza me expreso y con los ojos
cerrados me siento aún mejor; en la oscuridad, refugiándome de los demonios que
me persiguen a todas horas. Las lágrimas corren por mi cara, la misma que un
día brilló de felicidad, absorbo mis mocos y aparto el coche de la autovía para
apoyar
la cabeza sobre el volante y llorar desconsoladamente. Es lo que mejor
se hacer, desahogarme para quitarme este infierno que me atormenta con frenesí.
Pongo mis manos tapándome la tristeza y miro hacía todos lados asustada de lo
que veo; no me gusta que brille el sol, que me ilumine y todos sepan cómo me
siento. Quiero volver a la habitación de la que no debí salir. No quiero
continuar con esta farsa que me he inventado para destrozar los recuerdos del
uno de septiembre porque quiero regresar a casa y ahogarme en mi soledad. Y si
vuelvo ya no saldré nunca más.
Cojo mi nuevo móvil, mamá me lo regaló la semana pasada para que
estuviéramos en contacto, solo en casa saben que tengo un nuevo número y no
logro teclear este teléfono inteligente mientras mis manos me tiemblan. Lloro a
mares mirando hacía todos lados, no quiero morir pero tampoco sé si quiero
vivir, no sé cómo me siento.
– Tesoro.
– No puedo mamá, no puedo. Ayudame.
– Mi niña, tranquila. A ver, dime dónde estás y te recojo.
– Tengo miedo. Tengo mucho miedo. No quiero enfrentarme al uno de
septiembre.
– No importa cariño, lo estás haciendo muy bien. Es muy importante que
me digas donde estás y no llores. Mamá va hacia ti.
– Es él mamá, ¿por qué?
– Mi dulce niña, es normal. Es el primer día. Vuelve a casa, ven con
nosotros.
– Oh mamá, quiero morirme. No puedo sobrevivir a él.
– Todos hemos sufrido un desamor en nuestras vidas y hemos sobrevivido,
tú también. Sé fuerte. Tu padre está en el taller con Mike, voy a recogerte y
no diré nada. Le contaremos que se ha estropeado el
coche y te vuelves a casa.
No puedo volver a casa. No puedo continuar haciendo sufrir a mi familia,
todos sufren por mí de un modo u otro. Necesitaba un último suspiro de la voz
de mi madre para darme cuenta de que tiene razón, hoy por primera vez la he
escuchado desde hace meses y ella acaba de decir las palabras que quería
escuchar; todos hemos sufrido un desamor y hemos sobrevivido. Y es verdad. ¿Qué
pasaría si nos estancáramos en un punto de no retorno tras la ruptura de un
desamor? No viviríamos para contarlo, nos esconderíamos debajo de la manta para
que nadie nos viera, sintiéndonos en paz entre sollozos y pesadillas, entre los
recuerdos. Trago saliva con la debilidad que ahora me caracteriza colocando una
mano sobre mi frente y absorbo por la nariz la mucosidad que quiere desprenderse.
– Puedo hacerlo. Tienes razón, puedo ser
fuerte.
– Tesoro, es lógico sí todavía no estás preparada. Has pasado una serie
de fases y aún estás
muy lejos de la aceptación, nunca llegarás ahí si no te empiezas a
querer a ti misma cariño. Sé que el amor duele, mucho además, quédate con los
recuerdos bonitos e inventa otros donde sólo tú seas la dueña de tu felicidad.
Aparta lo negativo y acepta lo positivo.
– ¿Y sí… y sí no puedo hacerlo?
– De momento has dado un paso importante. Me estás hablando y no estoy
haciendo un monólogo delante de ti para obligarte a comer. Has avanzado cariño
aunque no lo sientas, has tomado la decisión de volver y eso es algo. Ayer
cuando probabas el coche sentí que mi niña había vuelto, que algo en tu
interior gritaba por la libertad. Deja escapar a esa Nancy que todos conocemos,
eres valiente y fuerte, no permitas que un hombre domine tus sentimientos.
Valórate como mujer a pesar de que te ha destruido, hazlo tesoro. Hazlo y serás
feliz.
¿Cómo lo hace? Me pregunto si todas las madres tienen poderes especiales
o algo así. Es verdad, creo que estoy tan centrada en mi sufrimiento
que he dejado escapar los avances lentos que estoy haciendo. No recuerdo
cuando dije en casa que volvía pero aquí estoy, parada dentro de un Fiat que se
cae a pedazos con tal de empezar una nueva vida, la verdadera. Los ojos de mi
madre han sido los míos, ella me ve desde fuera y yo desde dentro, pero si las
dos colisionamos lo que vemos podríamos inventar una nueva Nancy, una nueva yo.
Bebo de la botella de agua para combatir con mi garganta seca, miro hacia el
frente viendo a lo lejos la ciudad de Chicago.
– Gracias mamá. Lo voy a hacer y voy a ser una nueva yo. Estoy viendo lo
bonita que es la ciudad, me estoy perdiendo el disfrutarla. Ahora tengo
veinticuatro años y quiero empezar de nuevo, ya no voy a cometer los mismos
errores.
– Nancy, me has hecho muy feliz. Esa es la actitud tesoro. Conduce hacía
la ciudad y enfréntate a todo el mundo. Eres guapa, inteligente y la persona
más maravillosa del mundo, tienes cualidades para ser quien quieras. Busca
dentro de tu corazón lo que te destruye y destrúyelo tú primero.
– Sí, tienes razón. Mamá, te…te agradezco…
– No quiero oírte decir eso, eres mi hija y no te voy a consentir que me
agradezcas nada. Te quiero mi vida, recuerda cuando estés decaída que aquí
tienes una vida y una familia que te adora, que ya no puedo decirle a la abuela
que tienes gastroenteritis porque algún día tendrás que empezar a comer y a
aceptar tu nueva vida.
– Hoy empiezo, hoy es uno de septiembre y mi vida va a cambiar.
– Me alegro oírte decir eso. Llama a Molly antes de ir, no vaya a ser
que no esté en casa.
– Lo haré mamá, te lo prometo.
– Ahora conduce con cuidado, llámame en un
rato.
– No te preocupes. Te llamo ahora.
Cuelgo la llamada que me ha hecho reflexionar. Tiene razón, no puedo
dejar que mi pasado me destruya, lo que pasó ya forma parte de una vida que
quiero empezar a olvidar. Y el momento es ahora mismo.
Restriego por la cara mis manos que aún siguen temblando, esta vez
mirándome al espejo para ver la sombra de la tristeza que se refleja. Mis
ojeras son más pronunciadas, manchas negras que se han adueñado de mis ojos
hinchados haciendo que parezca una muerta más que una viva. Mis ojos azules se
tornan oscuros por las lágrimas, mi cara está inflada por la depresión, mi pelo
es un desastre y yo soy la única que me he hecho esto. Tengo que acabar con
todo, ya no tengo fuerzas para luchar contra una persona que no soy, jamás he
actuado como lo he hecho en estos pasados meses. Recuerdo que era alegre,
feliz, emprendedora y con mucha personalidad, todo eso me lo arrebató de la
noche a la mañana y aunque ahora no seré esa Nancy, aceptaré la nueva como tal.
Ahora seré más débil, más infeliz y más
desinteresada, pero nadie va a robarme mis ganas de vivir. Por primera
vez en meses siento que quiero empezar de nuevo, no sabía que tenía la
respuesta encerrada en este coche y en mitad de la carretera. Tengo que
regresar a la ciudad antes de que me arrepienta y vuelva a casa para refugiarme
por el desamor que viví, ya ni siquiera sé por qué tuve que encerrarme.
Yo no hice nada.
Me miento a mí misma si me ánimo, si creo que voy a ser feliz o si me
ilusiona el estar conduciendo a Chicago. Todos son mentiras. Lo hago porque no
tengo donde ir, porque no quiero hacer sufrir a las personas que les importo y
ni mucho menos porque quiera hacerlo. Pero voy a intentarlo al menos, lograré
algunos de mis objetivos en la vida y nuevos recuerdos que algún día recordaré
en mi casa junto a mis diez gatos.
El motivo por el que no he llamado a Molly es porque me ha abandonado.
No ha aparecido en todos
estos meses, ni siquiera me llamó en Navidad o el día de mi cumpleaños,
un día después mi madre tuvo que destruir el móvil porque yo se lo pedí. Cuando
la semana pasada intenté convencer a mi madre de que era hora de volver, le
dije que había llamado a Molly y me recibiría, pero mentí para que se quedara
más tranquila sabiendo que no voy a estar sola. Porque lo estoy. Mi padre dijo
que unos días después de regresar a Crest Hill se presentó en la puerta con una
caja y mi coche aparcado en la calle. No se preocupó en verme y eso me da que
pensar que no me quiere en su vida. En parte le agradezco que se haya alejado
de mí, ella ha nacido para vivir la vida que tiene, mezclada en ese círculo de
hipócritas en el que yo misma le introduje. Con Alan perdí la esperanza pero no
se lo reprocho, él es el único al que no puedo recuperar, fui tan idiota… me lo
estuvo advirtiendo tantas veces y yo le ignoré; no lo escogí como mi prioridad
sabiendo que él era mi mejor amigo y quería mi bien. Me gustaría saber que al
menos no le he hecho ningún daño, aunque conociéndole, estoy segura de que no
se acordará de mí y estará envuelto entre las sábanas de alguna chica.
Sin embargo, vuelvo a Chicago completamente acompañada por mi soledad,
sin amigos, sin casa, sin trabajo y sin nada por lo que luchar. Necesito
establecer un enfoque en mi vida y recuperarme antes de seguir avanzando.
Cuando vino Molly a traer mi coche, mi madre tuvo que firmar en mi
nombre unos documentos de mi renuncia en Lawndale, perdí mi trabajo soñado
rompiendo las expectativas que mi antiguo jefe tenía sobre mí. No les culpo, es
normal que contrataran a otra persona en mi puesto ya que es vital para el
funcionamiento de la empresa, pero no puedo evitar sentirme culpable por la
decepción que se habrán llevado allí. Me acuerdo de Novak aunque Rachel viene a
mi mente muchas más veces, la llegué apreciar y nunca en mi vida olvidaré cómo
se comportó conmigo cuando sentí que mi mundo se desmoronaba. Una amiga que va
a vivir siempre en mi corazón, quiero visitarla cuando me recupere, pero antes
tengo que recuperar al menos mi dignidad.
Acabo de entrar en la ciudad de Chicago y lo
primero que veo es un cartel con la foto de mi ex, ¿cómo voy a olvidarle
si no ha dejado de ponerse delante de mis narices? Anuncian la próxima pelea
que tendrá en la ciudad, un gran tour el que está haciendo, y ¿cómo no verlo?
Él ha vuelto a la lucha. Bastian Trumper sigue en mi sistema y corriendo por
mis venas porque lo veo a todas horas, sería estúpida si intento olvidarle,
¡pero es que está en todas partes! En junio ganó el mundial de lucha una vez
más añadiéndolo a su gran palmarés y este año ha ganado más de treinta
interestatales, está en los medios todo el tiempo. Si veo una película, en los
anuncios aparece él, si veo las noticias él está, si leo el periódico también
lo veo, al igual que si oigo la radio su voz es la que me acompaña. Él no ha
parado de estar en las revistas, noticias del corazón y en fiestas, oh sí, se
lo ha estado pasando muy bien. Estos meses entre mis buenos y malos momentos,
me he conectado a internet para intentar distraerme, quería ver dibujos
animados o algo así pero me hice experta en buscar noticias de mi ex.
Un secreto a voces que solo se yo.
El día de mi cumpleaños luchó en un combate que ganó con facilidad, le
preguntaron que le había provocado el volver a la lucha y él contestó; “un
ángel en Crest Hill”. Estuve tres semanas dentro del edredón de mi cama
llorando por lo que había dicho. En cada pelea grita la misma frase que está
siendo su eslogan desde que volvió a la lucha. Me hizo pensar que su
entrenamiento excesivo y su cuidada dieta no era producto de su vuelta al
deporte, pero una vez más, no me dijo la verdad y prefirió que viviera una
mentira a su lado. Por eso odio tener que verlo a todas horas, he leído en
internet que su vuelta le ha hecho tener más millones de fans, que el
indestructible Bastian vuelve con más fuerza y furia al cuadrilátero, que el
mundo está bajo sus pies y ahora es más famoso que antes, más querido. Mentiría
si no he visto entrevistas suyas o algunas fotos y videos de sus fiestas, pero
voy a ser sincera conmigo misma y llevo dos meses sin encender internet porque
el uno de septiembre se acercaba.
Y aquí estoy, regresando al hotel que una vez fue testigo de una noche
de chicas en mi segundo año de universidad. Lo he escogido porque he estudiado
bien a fondo que no le pertenece, no quiero tener nada que ver con él,
ahora soy una persona nueva e intentaré que no me afecte de ningún modo. Aparco
mi coche en el parking de los clientes, previamente he enseñado mi reserva y
ahora un botones me espera para que abra el maletero y le deje sacar mi maleta.
– Señorita, si me permite.
– No, gracias.
Aunque pueda hablar, mi voz no es audible. Tiene que haber un silencio
rotundo para que se me pueda escuchar. Es por eso que el botones se ha acercado
más a mí mientras yo he dado un paso hacia atrás.
– ¿Señorita?
Opto por negar con la cabeza señalando a mi coche, es la primera persona
fuera de mi familia que habla conmigo y me da miedo. Me siento como si
estuviera desnuda en mitad de la carretera y todos se
rieran de mí cuando sólo es un joven que está haciendo su trabajo y ya
me quiero morir. Regreso por el ascensor al hall intentando crear nuevos
recuerdos pero no puedo, ¿cómo voy a tener buen recuerdo de mí entrando en un
hotel porque huyo de mi pasado? Parece como si hubieran pasado diez años y
ahora estoy haciendo mi primer contacto con la humanidad; sola, vacía e
inundada por la sensación de la nostalgia al recordar a la antigua Nancy, ella
era feliz.
– Firme aquí señorita. Recuerde que cada tres días tiene que actualizar
su fecha de salida, tanto si continúa siendo indefinida o si adjunta una fecha.
– Sí – susurro asintiendo mientras firmo.
No entiendo lo que me ha dicho pero no me importa, solo quiero llegar a
la habitación para esconderme en la cama. Sí, yo con mi soledad, ambas nos
llevamos bien y estaremos a gusto siempre y cuando nadie nos moleste.
– Muy bien Señorita Stuart, – le he dado por supuesto un nombre falso
con mi identificación falsa que nos hicimos mi antigua amiga y yo – tome la
llave, tiene la habitación número 483.
– ¡No! – Grito débilmente.
Mis rodillas se doblan provocando que algunas personas se acerquen. ¿Por
qué ese número?, ¿él está aquí?, ¿sabe que he vuelto?, ¿me ha estado siguiendo?
Pongo mis manos a ambos lados de mi cabeza bajo la preocupación de la gente
alrededor.
– Señorita Stuart, ¿se encuentra bien?
– Traedle un vaso de agua.
– Llamad a un médico.
No, no. No quiero que nadie me toque y nadie lo está haciendo. Vuelvo a
establecerme con los pies en el suelo y agarrándome al mostrador, la mujer que
hay al otro lado probablemente se haya acostado con mi
ex. ¿Por qué pienso ahora en eso? Asiento con una falsa sonrisa que no
se dibuja en mi cara.
– Sólo ha sido un mareo. Ha sido un largo viaje en coche. ¿Podría… ems…
podría cambiarme el número de habitación?
– Supongo que no habrá problema. Aguarde un momento.
Hay algunas personas atrás esperando y yo miro de reojo por si le veo.
Tengo la sensación de que alguien me persigue, de que sabe que estoy aquí; un
miedo con el que vivo desde que dejé Crest Hill hace una hora o poco más. Me
devuelve la llave que abre otra habitación y corro a encerrarme porque ya lo
estoy echando de menos.
Por fin puedo vivir en paz.
No sé si han pasado días o no, advertí en recepción que me avisaran para
confirmar que mi fecha de salida aún está abierta. Me estoy gastando
los ahorros de mis padres en refugiarme en un hotel. Las sábanas me
cubren todo mi cuerpo y tengo los ojos abiertos. Me siento bien en la
oscuridad, el estómago me ruge y no tengo a mamá que me alimente a la fuerza,
ahora solo yo dependo de mí misma. Tengo que buscarme un apartamento y empezar
a pagarlo, necesito ahorrar el dinero suficiente y demostrarles a mis padres
que ya estoy bien. Les he hecho sufrir, creo que incluso separarles, y eso no
me lo perdono. No se lo perdono.
Mis tranquilizantes me han tenido tres días dentro de la cama a juzgar
por lo que veo en televisión, no es un hotel de lujo pero las comodidades que
tengo son muy buenas. Huelo mal y creo que me he orinado encima, aunque creo
que me oriné en los pantalones, ¿ayer? Mi vida es un descontrol ¿cómo voy a
salir de esta? Tengo que ir hacia el baño con la tranquilidad que me
caracteriza, no porque quiera ir lenta, es porque estoy débil ya que mi cuerpo
se ha debilitado en todos los sentidos. Ya no puedo hacer fuerza, ni siquiera
sé cómo voy a poder vestirme. Abro la maleta sacando alguna ropa nueva que he
traído de casa, casi
toda es de mi padre ya que no quiero que nadie me vea y mi intención es
esconderme detrás de esas gigantescas prendas que van a cubrirme a partir de
ahora.
Con mi neceser en la mano para darme una ducha, escucho en las noticias
el nombre de mi ex. Sin poder evitarlo giro de vuelta y me quedo prendida de su
imagen.
– Bastian Trumper, el vigente campeón del campeonato mundial de lucha en
la UFC y de los últimos treinta interestatales. Acabas de venir de Miami y has
derribado al mismísimo Johan Slate, ¿cómo se siente al derrotar al que fue
campeón del mundo en tu ausencia? Las apuestas estaban ajustadas y daban por
ganador a tu contrincante.
– Ha sido un placer haberle derribado, tiene un golpe interior muy bueno
aunque no muy eficaz.
Odio como habla.
– Ahora vuelves a Chicago para tu siguiente combate, ¿estás preparándote
para ello?
– Nunca he dejado de prepararme y por supuesto nunca he dejado Chicago.
– ¿Hiciste tu residencia en Chicago de nuevo? La prensa dijo que te
trasladaste a vivir a Los Angeles con tu novia, la modelo Diane Cost.
Oh por favor. No tengo la necesidad de saber
esto.
– Eso es incierto. Mi ángel está en Chicago y he nacido allí.
– Entonces ¿desmientes los rumores con la modelo?
– ¿Es esto una jodida biografía de mi vida personal o una entrevista
sobre el campeonato en Chicago?
Muevo la cabeza apagando la televisión, ahora me da asco verle y
escucharle. Odio su voz ronca y rota, rotunda y profunda, su carácter, su
personalidad, sus ojos, como ríe, como habla, como mueve la boca. Inclusive
odio tener que recordar que ese trozo de escoria fue mi novio.
Lentamente levanto mis brazos para quitarme el chándal, definitivamente
tengo que hacer la colada si la mierda de higiene no me quiere matar con alguna
enfermedad. He pedido una habitación sin espejos y me alegro de no tener que
ver mi cuerpo, entro en la ducha, corro la cortina hacia un lado, cierro los
ojos y paso la esponja por mi cuerpo. Procuro no excederme en mis partes, solo
lo justo y necesario porque desde hace nueve meses nadie me toca y creo que
nadie lo hará para el resto de mi vida. Ya viví un sexo increíble y no tengo la
necesidad de continuar con una actividad sexual insatisfactoria.
No tardo mucho porque mi preocupación sobre mi aspecto es la misma como
si alguien tocara algún astro en el universo. Un chándal azul oscuro y grande
cubre todo de mí. Mi pelo mojado y peinado cae a ambos lados de mis
hombros, me llega por la cintura, quiero raparme y así no tener que cuidar más
de esta mierda pero le prometí a mi madre que no lo haría.
Estúpidas promesas.
Acabo de telefonearla y me ha regañado porque no la llamé desde que vine
y tiene razón, hoy le he dicho que voy a salir a la calle a comer y se ha
alegrado mucho. Antes debo de actualizar mi estancia en este hotel, no quisiera
que me echaran a la calle y tener que vivir en el coche.
Cuando llego al hall hay coches y mucha gente. Me escondo detrás una
maceta pero alguien susurra en mi oído haciendo que mi espalda toque la pared.
– ¿Señorita, se encuentra bien?
– Sí, sólo… – miro a la gente.
– No se
asuste, algunos luchadores
están
llegando hoy para el campeonato del viernes.
– ¿Qué tipo de luchadores?
No puedo permitirme que Bastian esté en el mismo sitio que yo, hay gente
grande, equipos de gimnasio y coches negros aparcados afuera. Son un arsenal de
hombres que pueden machacarte sin tocarte, la clase de persona que intento
evitar por todos los medios.
– Los mejores del país, aunque es más que evidente que Bastian va a
ganar la pelea.
– Yo… – me alejo de él – ¿él no se aloja aquí verdad?
– No señorita, supongo que él tiene una casa en la ciudad o se habrá ido
al Hilton, nuestra competencia.
Me sonríe mientras voy alejándome de él. ¿Por qué sonríe?, ¿sabe algo?,
¿me conoce?, ¿me ha visto? Un empleado en el mostrador se da cuenta de que
estoy al lado esperando a que me atiendan y poco después se encarga de
pasar mi tarjeta y actualizar mi fecha indefinida de salida.
– Muchas gracias Señorita Stuart, le agradecemos su estancia aquí.
– Sí… – susurro – saldré a buscar un apartamento pronto, estoy… de
pasada.
Procuro sonreír pero me intimida porque viste con un traje y es grande,
o ¿soy yo la pequeña? ¡Oh Dios mío!, ¿me he olvidado de ponerme ropa interior?,
¿por qué me ha sonreído?, ¿le parezco graciosa?, ¿se burla de mí?
Giro bajo su atenta mirada huyendo por la puerta trasera evitando a la
gente que se agolpa en la entrada del hotel. A la salida tropiezo cayendo
contra la pared llorando, dejando que mis lágrimas caigan y mi abatimiento se
apodere de mí. No puedo evitar sentirme así, no sé cómo controlar estos brotes
que me dan. Cuando me recupero aparto las lágrimas de mis ojos y me asomo a la
calle mirando a un lado y a otro e
intentando descifrar que nadie me siga. Papá me ha dicho que a veces
estaciona un coche sospechoso en nuestra calle y creemos que es alguien mandado
por mi ex. Me camuflo frente a un grupo de japoneses mezclándome entre ellos y
apretando contra mí mi mochila cruzada que tapa aún más mi indumentaria. No
quiero ser vista ni que me roce el suspiro del aire. Veo un supermercado y
decido entrar, la gente me mira porque no debo de tener buen aspecto o porque
quizás creen que voy a robar o algo peor. Antes de entrar pregunto a una chica
que está reponiendo pasteles.
– Disculpe, tengo una pregunta que me gustaría saber antes de comprar en
este establecimiento, quizás, bueno… no lo sabe pero…
– ¿Qué dices? Habla más fuerte que no te oigo.
– ¿Por qué tiene que gritarme? – Reajusto mi mochila contra mí.
– No vendemos alcohol ni tampoco droga así
que lárgate de aquí.
– ¿Cómo dice?
Niego con la cabeza entre lágrimas, ¿tanta pena doy que todo el mundo se
da cuenta? Salgo corriendo porque venía el hombre de seguridad. Mi pecho sube y
baja por culpa de mi acelerada respiración, no he debido de correr o hacer un
intento de ello porque esto me ha sentenciado. El agua que acabé ayer es lo
único que hay en mi cuerpo y me siento débil.
– ¿Nancy? – Una voz pequeña y chillona me llama – ¿Nancy Sullivan?
Estoy apoyada en la pared. ¿Qué hago si es alguien que me conoce y sabe
cosas? No quiero ser el hazmerreír de la alta sociedad, sólo quiero que me
dejen en paz. Aparto mi cabeza de la pared para girarme y enfrentarme a una
chica de metro cincuenta.
– ¿Perdón?
– ¿No te acuerdas de mí? Soy Daniela Greisen, la brasileña de tu clase
de cálculo en tercer año.
– Lo siento.
– Me sentaba delante de ti, – levanta su dedo – ahora soy la Señora
Greisen, pero quizás me recuerdes como Gomes, Daniela Gomes.
– No me acuerdo.
– De todas formas me ha encantado verte de nuevo, aunque deberías comer
algo, ¿estás a dieta? Yo me puse a dieta pero lo dejé, ¿a quién diablos le
importa? Ahora soy una Greisen, mi suegra me dice que soy linda y todas esas
cosas, a mi marido le gusto pero…
– Para, – me va a estallar la cabeza – tengo que
irme.
– De acuerdo, supongo que hablo demasiado, no lo puedo evitar. ¿Podremos
quedar para tomar un
café? Ya no te volví a ver tampoco en el grupo de teatro ni en la
graduación en enero. ¿Por qué?
Por muchas razones Daniela, sobre todo por una en especial.
– Estuve de viaje.
– Tu amiga Molly recogió el diploma de tu proyecto, fue el mejor según
los catedráticos. Sigo mi camino. Adiós Nancy.
– Adiós.
Susurro intentando forzar una sonrisa que nunca llega. No la recuerdo.
Quiero recordarla pero no lo hago. ¿Mi encierro habrá afectado a mi memoria?,
¿por qué recuerdo cosas que no quiero y olvido la cara de una compañera de
universidad? Necesito comer algo o voy a caer aquí en la acera y me van a
tocar. Me apetecía irme con ella y que me sostuviera algo más que mis tristes
recuerdos que no dejan de atormentarme, con Daniela hubiera empezado una
nueva vida llena de cosas bonitas pero no me atrevo.
Quizás no estoy tan preparada como quiero creer.
Veo un café bajo la ajetreada vida en Chicago, es por la mañana y las
calles están llenas de personas que van de un lado a otro. Los trabajos han
empezado, la gente viene de vacaciones y yo me escondo entre grupos de personas
para que nadie me vea. Entro decidida en el establecimiento y esta vez voy
directa al grano con mi pregunta.
– Perdone, ¿puedo hacerle una pregunta?
– El caramelo es derretido – me sonríe un chico guiñándome el ojo y hago
una mueca, no le he entendido.
Sacudo la cabeza ante mi descaro porque dudo en si tendrá la información
suficiente que yo necesito saber, pero lo intento. Vamos Sullivan.
– Solo quería saber si podría decirme a quién pertenece este
establecimiento.
Es más que obvio que no voy a dejar ni un centavo a mi ex, si tengo que
hacer la misma pregunta en cada sitio, lo haré.
– ¿A qué te refieres?
– El dueño, ¿sabes el nombre del dueño?
– No sé, es dueña creo. Una mujer de sesenta años que se acaba de
jubilar o algo parecido, – mira impaciente a la cola que se está formando a mi
espalda
– ¿quieres un café?
– ¿Estás seguro de que este establecimiento es de una señora de sesenta
años? No quisiera encontrarme que forma parte de un hombre poderoso o algo así.
– No, este café está abierto desde mil ochocientos y algo. Es familiar.
– Si es así, quiero un café y una magdalena de
chocolate por favor.
– ¿Disculpe? No le he oído bien.
Bufo y le repito de nuevo que es lo que quiero. Pago y me aparto entre
la gente para esperar por mis alimentos. Siento que la gente me mira y aprieto
mucho más el bolso contra mí, no dejo de poner en alerta mi único sentido que
aún no se ha visto afectado como es el olfato. El chico prepara mi café delante
de mí y yo me he dado el privilegio de añadir chocolate. Procuraré comer algo
para sobrevivir los siguientes tres días encerrada en mi cama.
– ¿Nombre? – Tiene un rotulador en la mano y está a punto de escribir en
mi vaso de plástico, me extraña.
– Estoy frente a ti, dame el café.
Sonríe abiertamente mostrándome una sonrisa que seguro podría tumbar a
cualquier chica, menos a mí. Sus dientes perfectos no provocan efecto en mí, ni
sus ojos negros, ni su pelo moreno, ni siquiera el tatuaje que asoma por
su cuello. No me interesa la vida de esta persona.
Minutos después me encuentro sentada en mitad del café, la gente se
mueve alrededor entre las mesas y yo quiero evitar estar en la ventana. Mis
manos están congeladas a pesar de que las pongo en el café que aún no he
probado, quema demasiado y ni siquiera me gusta, pero necesito la cafeína para
aguantar un par de días más. Miro con asco la magdalena que me está mirando
ansiosa por ser devorada, iré a algún albergue y donaré este dulce postre,
estoy segura de que hoy haré feliz a alguien que se lo merece más que yo. Estoy
perdida en mis pensamientos, necesito buscar un apartamento y un trabajo. Sí,
quiero trabajar en una fábrica o algo así, de noche, cuando no tenga que estar
a la vista de todo el mundo. Necesito estudiar qué empresas no pertenecen a mi
ex. Quiero empezar una vida sola y él no está en ella.
– ¿Eh?
Miro hacia arriba al camarero que está limpiando una mesa, no escatima
en seguir sonriéndome.
– ¿Qué? – Respondo, me ha hablado pero no le he escuchado.
– Te he dicho que la pastelera no se va a poner muy contenta sabiendo
que has dejado su magdalena intacta.
– Oh… eso – la miro pero no puedo comerla, ni siquiera puedo dar un
sorbo a esta asquerosidad que tengo entre mis manos – dile que la donaré a
alguien que la necesite más que yo.
– ¿Harás eso? – Arruga su cara.
– Sí, por supuesto.
– Puedo cambiártela si quieres, si no la has tocado puedo ofrecerte otra
cosa.
– No, la quiero ahí.
De algún modo u otro tener en mí vista esta magdalena me recuerda a que
amaba comer y estoy intentando mentalizarme de que mi cuerpo necesita la comida
si quiero sobrevivir.
– ¿Te encuentras bien? – Ahora limpia la mesa de al lado mirándome
mientras lo hace.
¿De verdad le importa si estoy bien? Que detalle por su parte el
preguntarme. No. No estoy bien. No me encuentro bien ni me sentiré bien. No
puedo soportar tener su recuerdo en mi mente, hace un año ya estaba enamorada
de él y aun no lo sabía, ya estábamos comiéndonos a besos cada vez que podíamos
y por supuesto me ocultaba toda su mierda. Hace un año le quería a morir a
pesar de que le perdonaba su descaro con su comportamiento neandertal e
infantil, de hecho me gustaba, pero no puedo luchar con esta pesadilla que me
seguirá para el resto de mis días. Quiero sacármelo de la cabeza y sin
embargo no puedo, no necesito a un hombre que me torture de esta forma,
solo quiero olvidarle para siempre, le quiero fuera de mí.
Lloro dejando caer mi café en la mesa. Parece ser que todo el mundo
continúa con su vida menos yo, no puedo superar la ruptura. No puedo superarle
a él.
– Venga, tranquila – se sienta a mi lado e intenta tocarme pero me
aparto.
– Aléjate de mí.
– Eh, – dice con las manos en alto – solo quiero ser amable.
– Pues no quiero tu amabilidad.
Si ahora mismo Bastian entrara por la puerta el chico podría morir, no
puedo aventurarme tanto a que esto pase. Necesito alejarlo de mí, por su
seguridad.
– Mira chica.
Haya sido quien haya sido, no
merece tus lágrimas. No le hagas verte así.
– No sabes nada, – miro a su placa – Dave, así que no digas nada.
– No sabré nada, pero yo no soy el que está llorando dulzura.
– Yo… yo no lloro por él. Sólo por mí.
– Así que es un él, ¿cierto? – Me sonríe, odio que lo haga – ¿puedo
preguntar tu nombre? No intentes engañarme.
– Sólo si dejas de actuar con una sonrisa falsa y patética.
– Ouch, eso duele.
– Nancy, me llamo Nancy.
– Encantado de conocerte, yo soy Dave y no tengo ningún interés en ti.
No pienses que actúo así
porque quiera meterte en mi cama o llevarte de la mano. Veo a una joven
guapa que está destruida y no quiero verte de esta manera.
– ¿Por qué no… por qué no quieres verme de esta manera? – Suspiro –
¿quién te crees que eres para valorarme a tu antojo? Soy una persona normal,
con un café asqueroso entre mis manos y una magdalena que no tiene trocitos de
chocolate como a mí me gusta. Así que dime, ¿solo has visto la mierda que hay
en mí?
Oh Dios mío. ¿Pero que estoy haciendo? Esta no soy yo. La antigua yo no
era así, pero tampoco lo es la nueva yo. Niego con la cabeza bebiendo de mi
vaso de plástico, ya ni siquiera siento el calor y el azúcar debe de estar
abajo. Está asqueroso. Debo pedirle perdón, decirle que ha sido de mala
educación responderle como lo he hecho. Aunque, no me importa realmente. No
disfruto, ni lo hago adrede, ni siquiera si fuera yo le hubiera hablado de este
modo, pero ahí queda. Las palabras en el viento.
De repente se levanta y me quita el vaso junto con la magdalena para
dejarme allí sola. No me duele, ¿cómo puedo sentir indiferencia ante la acción
de otra persona? Decido que marcharme de aquí será lo mejor, no quiero ser
agresiva con este chico que no ha hecho otra cosa que ser amable conmigo. No se
lo merece. La gente no se merece que sea una perra así que me vuelvo directa a
la cama donde no debí salir y espero que el sorbo de café me de la energía
suficiente para afrontar los siguientes tres días.
– ¿A dónde vas? – Miro hacia Dave que trae otra magdalena con trozos de
chocolate y algo caliente que pone en la mesa – un chocolate caliente con
azúcar y crema de vainilla, más una magdalena con trozos de chocolate. Espero
que esto sea de tu agrado.
– Yo… yo no sé si.
– Nancy, siéntate y come un poco. Estudio medicina y tienes una anemia
que no te va a ayudar mucho si no empiezas con algo de azúcar en tu cuerpo.
Come y hazme feliz, aunque sea como profesional.
Sus ojos hacen contacto con los míos que están perdidos y me encuentro
asintiéndole como si fuera a hacerle caso. Me sonríe mientras se aleja
volviendo al trabajo.
Muerdo poco a poco la magdalena y ya casi me he bebido el chocolate, mi
cuerpo aun rechaza todo pero si vomito lo haré aquí para demostrarle que no
puedo comer como quisiera. Miro a la televisión donde los videos musicales
consiguen distraerme de mi insomnio continuo al que me he aferrado desde hace
tiempo. Recojo mis cosas cuando ya he tenido suficiente por un día, son casi
las once de la mañana y necesito perderme en la cama que espera en el hotel por
mí. Vuelvo a mi reclute una vez más sin fuerzas para empezar nada que no sea el
seguir torturándome con él, con todo lo que hemos vivido.
Le llevo las cosas al mostrador ya que es una taza y no quiero que la
roben, o se rompa, o algo. ¿Por qué me preocupo de lo que pueda pasarle a una
insignificante taza? Me siento como si diera prioridad a
que la antigua Nancy se instalara en mi interior de nuevo. Ella murió
hace nueve meses.
– Hey Nancy, ¿ya te vas? – Una chica venía a recoger la taza y el plato
pero Dave se le ha adelantado.
– Sí.
– Ven mañana. Me aseguraré de tener una magdalena con trocitos de
chocolate esperando por ti.
– No creo que eso sea posible. Adiós.
– Piensa en lo que te he dicho rubia. Tú vales.
Ni siquiera me molesto en mirarle de vuelta, me avergüenza que este
gilipollas vea a través de mí. ¿Es porque es médico? Intento descartar la idea
de volver a este sitio, buscaré un nuevo café donde pueda comer algo porque
ahora se me revuelve el estómago y quiero morirme.
Abro la puerta con brusquedad chocando con una mujer que casi me golpea
con un bolso, a lo mejor piensa que soy una borracha o drogadicta como la mujer
de antes. Muevo mi cabeza sin importarme si la iba a golpear con la puerta y me
dirijo hacia el hotel.
Camino con mi bolso agarrado a mi cuerpo, no siento el calor del sol ni
la brisa del aire que golpea mi cara, pero sí el dolor con el que camino. Miro
hacia el suelo porque es ahí donde quedó mi dignidad hace meses, donde está mi
corazón y donde mi alma habita, todo pisoteado por personas que ni siquiera se
dan cuenta de que todo mi ser está ahí, muerto en el suelo.
De repente mi cabeza me da vueltas porque choco con un cuerpo y
rápidamente miro a sus ojos.
– Oh no – susurro.
– Nancy.
– Rachel.
No duda ni un momento en abrazarme con todas sus fuerzas. Me sostiene y
me derrumbo, mis lágrimas empiezan a salir en oleadas que llenan mares
siniestros revueltos de mi propia tristeza. Sus brazos no dudan en mantenerme
junto a ella y yo en desahogarme con alguien real desde hace meses. Es la
primera persona que me da un abrazo, la primera que no es mi madre o mi padre.
Nadie me ha tocado en meses y por primera vez siento que me quiero morir
realmente, que nada ha sido una pesadilla y que Bastian ha estado en mi vida.
El cuerpo de Rachel tiembla a menor escala que el mío. Ella también está
llorando o a punto de hacerlo dado que le cuesta respirar tanto como a mí.
Estamos paradas en medio de la acera entre personas que van y vienen, y entre
nuestros propios recuerdos también. Ella ha visto mucho más de lo que jamás me
ha contado y no quiero hacerle daño. Necesito su perdón al menos.
– Cariño – me aparta analizándome de arriba abajo, yo intento restregar
por mi brazo los mocos que se forman en mi nariz.
– Rachel, me alegro de…
– Nancy, por favor. ¿Qué te has hecho?
Ambas nos miramos y no puedo contener las lágrimas que otra vez resbalan
por mi cara, necesito llorar y ella está aquí. Me está recibiendo tras mi
ruptura y es la primera vez que vuelvo a sentir, aunque sea el dolor que llevo
a mis espaldas. Pero vuelvo a sentir.
Niega con la cabeza volviéndose a separar de mí sin soltarme, me mira y
ladea su cabeza, sé que debo de ser la cosa más fea del mundo y eso lo sabe
porque ella vio como era antes. Ella me conoce aunque no hubiéramos sido tan
intimas como me hubiera gustado.
– Hola, – logro decir entre lágrimas – perdón,
yo…
– No tienes que justificarte cariño. Me he
alegrado como el infierno de verte.
– ¿De verdad?
– Sí, te llamé y tú móvil no daba señal. Inclusive cree un grupo en el
chat del móvil el día de tu cumpleaños por si aparecías o dabas señales.
– ¿Te has acordado de mí?
– Claro, ya no eres Sullivan, ahora eres Nancy.
No sé si he sonreído pero lo he intentado. Me acuerdo de cómo me llamaba
Sullivan todo el tiempo porque se dirigía a mí como su jefa y ahora solo soy
Nancy para ella. Quiero reír y llorar al mismo tiempo. Ella es un recuerdo del
por qué no sigo trabajando y como mis sueños se destruyeron. Ahora lleva el
pelo más rosa y sus ojos son azules, es tan bella. Nos quedamos mirándonos un
momento para recordarnos que alguna vez nos conocimos.
– Gracias – rompo a llorar, pero esta vez saco
un pañuelo de mi bolso y lo paso por mi nariz.
– ¿Gracias por qué?
– Por todo, es… difícil de… solo…
– Hey Nancy, tranquila cariño. Ya estoy aquí – pone una mano en mi
hombro y me lo aprieta.
– Sí.
– ¿Cuándo has vuelto? – Me pregunta preocupada, si me suelta tengo
posibilidades de caer y hacerme daño.
– Hace unos días.
– ¿Quieres tomar algo? Nos pondremos al día.
Miro por encima de su hombro la dirección del hotel, no me apetece
porque quiero seguir de luto bajo mis sábanas, pero otra parte de mí se muere
de ganas por estar con ella. Mi labio inferior tiembla y me quedo
exhausta, perdida en algún punto fijo porque me estoy exponiendo
demasiado en público y estoy empezando a tener miedo. Puede estar en cualquier
lugar y verme. Ladeo mi cabeza hacia todos sitios y me aparto del bullicio de
la gente, Rachel me sigue con la cara extrañada por lo que hago.
Suspira y me vuelve a abrazar. Es más alta que yo y mi cabeza choca en
su pecho dejándola ahí por unos segundos, ojala pudiera explicarle como me
siento pero no puedo. No puedo enfrentarme a una nueva vida sin él.
– Nancy. Ven conmigo – susurra.
Lo único que recuerdo es que me cobija bajo su brazo y camina lentamente
sosteniéndome mientras lloro. Pierdo el conocimiento, mis piernas avanzan sin
cesar y sigo apoyada en ella, mis lágrimas hacen su labor y ya no me importa si
vivir o no porque Rachel lo ha hecho todo real. Bastian es real y mi relación
con él también lo fue. No quiero despertar nunca más.
Cuando creo que estoy junto a Rachel noto que la música resuena muy
floja, me olvidé de cómo se sentía escuchar música. Estamos sentadas en un
tugurio en mal estado, es oscuro, hay humo que se cuela hasta aquí y pegatinas
de manga por todos lados. El sofá marrón parece que se cae a trozos pero he
logrado sentarme porque Rachel me lo ha indicado. Ahora tenemos unas bebidas
energéticas sobre la mesa pequeña que hay frente al sofá y mi cabeza está
apoyada en algún lugar, sosteniéndome a mí misma.
– ¿Oyes lo que te digo? – Rachel me dice algo pero no sé el que.
– ¿Cómo?
– Vale, está bien.
Pasamos un par de horas en silencio sentadas en el sofá. Ella va y viene
saludando a sus amigos ya que estamos apartadas y nadie sabe que estoy aquí
excepto el camarero. Rachel me ha preguntado si quiero jugar al billar o si
quiero algo, pero se ve que no
le he dado respuesta. Mis ojos miran a un punto muerto en la pared a una
pegatina de una chica y un chico agarrados de la mano.
El sofá se hunde.
– ¿Mejor? – Me acaricia la pierna y la miro por primera vez desde hace
una hora – no has bebido esto y te vendrá bien.
– Nada está bien.
Suspira arrastrándose a mi lado mientras analiza mi cara. Sé que está
aquí, que lo hace por mí, por nosotras, que no es una interesada en sacarme los
ojos, ni es una conversación por necesidad. Es leal a nuestro tipo de amistad.
– Nancy, aquí estás a salvo. A salvo de él.
Mis lágrimas vuelven a caer provocando mis llantos, esta vez me refugio
en sus piernas y ella acaricia mi cabeza. Rachel es tan cercana y empática
que siente mi propio dolor, se siente como si quisiera destruir el mundo
porque yo estoy mal.
Intento no molestarla más y consigo incorporarme para aplastar mi cuerpo
en el respaldo del sofá. Ella no me toca pero si me hace saber que está ahí,
está esperando por mí.
– No sé cómo pasó – consigo susurrar más para mí que para ella.
– Cariño, puedes contar conmigo. ¿Lo sabes? Yo no te voy a fallar. Ya te
lo dije, eres una persona que adoro, he congeniado contigo y no soporto verte
así. Te he echado de menos.
– ¿En serio?
– Sí. Te he intentado buscar pero no conseguí dar contigo.
– He estado… ems, aislada.
Me sueno los mocos vulgarmente con el pañuelo. Me relajo abriendo los
ojos e inclusive tomo un sorbo de esta bebida no tan refrescante pero si
sabrosa. Me convenzo a mí misma de que necesito espabilar un poco, al menos con
Rachel. Creo que llega un punto en el que me siento tan desahogada que no me
quedan fuerzas para llorar más.
– ¿Con tus padres? – Me responde.
– Sí.
– Es el mejor sitio donde podrías estar. Si llego a saber que estás allí
te hubiera visitado.
– Lo sé. Gracias, – pongo una mano sobre la suya – sé que ahora no estoy
completamente lúcida y puede que esto sea un sueño o haya olvidado que estoy
aquí contigo, pero quiero agradecerte todo lo que hiciste por mí. Todo.
Necesito saber que no te he hecho daño.
– No Nancy, no me has hecho daño. ¿Por qué
piensas así cariño? Para nada, tú no tuviste la culpa de todo lo que
pasó.
Sus últimas palabras abren una grieta en mi corazón y provoca una oleada
de realidad a mi triste vida. Esa frase significa mucho para mí. Personalmente.
No tuve la culpa y ella me lo acaba de decir.
– Yo…
– Llora Nancy, llora todo lo que necesites.
– No quiero llorar pero no puedo evitarlo, – miro a sus ojos – no puedo
controlarme a mí misma.
– Tomate tu tiempo, yo no me muevo de aquí.
Aspiro mis mocos una vez más y vuelvo a beber de esta bebida. Vale, no
puedo controlarme a mí misma pero tampoco puedo dejar que las lágrimas se
apoderen de mí. Necesito irme al hotel, quiero dormir y descansar. Pensar.
Recordar.
– ¿Hoy no trabajas? – Pregunto por hablar de
algo.
Sonríe dulcemente.
– No cielo, hoy no trabajo.
Es raro porque es indispensable en el departamento, al menos cuando yo
estaba, ella era el motor que hacía funcionar todo.
– ¿Día libre?
– No. Ya no trabajo más.
– ¿A qué te refieres?
– Me despidieron de Lawndale.
– ¿Qué?
– Sí – bebe de su copa y me sonríe. Sé que no
quiere contarme más cosas pero le insto a ello esperando por otra
respuesta más convincente.
– ¿Qué ocurrió?
– Bastian echó de la empresa a todo el mundo y cerró Lawndale para
siempre.
– ¡Oh Dios mío!
CAPÍTULO 2
Los siguientes cuatro minutos me los paso mirando a la nada con la boca
abierta, sin notar la sequedad que se forma en mis labios y la falta de
hidratación de mi garganta. Rachel está a mi lado, sé que está regañándose así
misma por habérmelo soltado o por haber dicho su nombre. Bebo de mi vaso para
no perderme en este cumulo de información que acabo de recibir, en una frase ha
contado más de lo que creía.
– ¿Quieres decir que él ha echado a todo el personal y ha cerrado la
empresa?
– Sí.
Oh Dios mío. He dejado sin trabajo a unos cientos de personas. Todo por
mi culpa.
– ¿Cómo? – Sacudo mi cabeza aún sin creérmelo.
– ¿Estás segura de que quieres saberlo? Yo no quiero… – pone una mano
sobre mi pierna – no quiero hacerte recordar o hablarte de esto. Podremos
hablar sobre lo que pasó cuando te sientas más preparada.
– Por favor Rachel.
Mi mirada se enfoca en ella, ojala pudiera sentir algo más que el
agradecimiento en estos momentos. Mis ojos están borrosos y tengo la imagen de
Rachel en mi corazón, ahora está a mi lado apoyándome y es lo único que tengo.
Suspira como si hablar de él fuera horrible para
ella.
– ¿Te acuerdas cuando viniste a la oficina a media mañana y te fuiste?
El último día que te vi.
Nunca voy a olvidar ese día, lo que precedió a esa mañana y lo que pasó
esa misma noche.
– Inolvidable.
– Al día siguiente cuando llegué a la oficina vi que la puerta de tu
despacho estaba abierta y entré sin dudarlo. Mi sorpresa fue que parecía que
había pasado un huracán y solo una cara venía a mi mente en aquellos momentos.
Tu mesa estaba volcada, la silla estrellada contra la pared, los muebles rotos
y todas tus cosas por el suelo. Incluso todos los ramos de flores esparcidos
por todos lados, las fotos estaban arrancadas de sus marcos y había cristales
hasta en el pasillo.
Un auténtico neandertal.
– Lo siento, yo no…
– Ya te he dicho que no es culpa tuya. Novak veía lo mismo que yo y me
dijo que le ayudara a preparar los finiquitos de los empleados porque la
empresa cerraba.
– Oh Rachel, lo siento tanto. Todo ha sido por mi culpa, yo no… yo no
sabía que él… iba a… y…
– Tranquila cariño, sé que no tienes la culpa. Él fue quien nos despidió
a todos y cerró la empresa, ahora hay un gimnasio allí por lo que me han dicho.
– He dejado sin comida a cientos de personas Rachel, yo… no puedo estar
bien. Él, no creía, si no…
Me ayuda a beber de mi refresco porque me cuesta. Intenta calmarme
rozando mi espalda con la palma de su mano, acariciándome y demostrándome que
está a mi lado a pesar de todo.
– Eso ya es historia. Estoy tomándome unas vacaciones y encontraré
trabajo.
– Yo te ayudo, por favor. Déjame hacer eso por ti, es lo mínimo que
puedo hacer para remediar todo el daño que te he provocado.
– Nancy, no has tenido la culpa. No tuviste la culpa de enamorarte de
él. A otra le hubiera pasado lo mismo, aunque no le hubiera afectado tanto como
a ti.
Me mira de arriba abajo y algunas lágrimas se forman en mis ojos, esta
vez no las dejo caer. La miro asintiendo la cabeza. Tiene razón. He sido una de
su larga lista, ahora será esa modelo la que le disfrutará y sufrirá su mierda.
Con ella no habrá confianza como lo hizo en nuestra relación, no habrá verdades
y por supuesto solo tendrán una relación meramente sexual en la que satisfará
al energúmeno.
– En parte la he tenido Rachel, yo debí calmarle o… no sé… – pongo una
mano en mi cabeza, me da vueltas – debí hacer otro tipo de pasos, quizás
explicarle, pero no pude, me desmoroné.
– Entiendo cariño, lo entiendo. No hay nada más que verte para saber que
aún sigues luchando con lo que sientes.
– ¿Luchar? He despertado esta mañana por primera vez y aún no me creo
que esté aquí.
– ¿Estás aquí con tus padres?
– No, estoy sola. Les he hecho mucho daño y he dejado Crest Hill para… –
subo un hombro sin importarme lo que vaya a decir – para nada realmente, no sé
qué hago aquí.
– Estás aquí conmigo Nancy, sé que lo estarás pasando mal, pero la vida
no acaba con ese gilipollas. Tú vales mucho más que él o su mierda.
– Es más que eso, hay un daño de por medio irreparable.
Se me nublan los ojos con lágrimas de nuevo, no puedo enfrentarme a lo
que pasó y decirlo en voz alta,
no quiero humillarme más. Rachel por alguna extraña razón asiente y se
levanta, me extiende la mano y yo se la niego ya que intento levantarme sola
aunque acaba ayudándome. Ambas estamos de pie en medio de este lugar siniestro.
– Vamos Nancy.
– ¿A dónde?
– Me muero de hambre.
– Yo… ems me voy – necesito encerrarme, nunca había dependido tanto de
una oscuridad que hay debajo las sábanas.
– ¿No comes conmigo?
– No puedo comer mucho.
– Es evidente, – me regaña mirándome de arriba abajo – ¿dónde te
acompaño al menos?, ¿sigues viviendo con Molly?
Molly. Apenas puedo escuchar su nombre sin añorarla, sé que no se lo
merece o soy yo la que no debo de preocuparme por ella porque sé que estará
bien, pero ella debió de estar a mi lado y creo que le guardo un poco de
rencor. Muevo mi cabeza negando, ahora es Rachel la que está junto a mí y al
menos se ha preocupado más que la que fue mi mejor amiga.
– Yo, nosotras ya no… no sé nada de ella.
– Ah, entonces esto lo confirma. Creía que erais amigas.
– Yo también lo creía.
– Entonces, ¿te alojas en casa de algún amigo o familiar? – Me estoy
abrumando con tantas preguntas, niego con la cabeza apartándome de ella y se
está dando cuenta, levanta su mano hacia mí en señal de respeto y cariño –
Nancy, sólo quiero acompañarte a casa. No quiero que andes ahí fuera en tu
estado.
– No tengo casa.
– ¿Dónde vives ahora?
– En un hotel. De momento en un hotel, pero creo que me vuelvo a Crest
Hill hoy.
Sí, es lo que tengo que hacer. ¿Qué pasará cuando una persona me
pregunte por cosas que no quiero responder? Creo que mi nombre es lo máximo que
puedo decir de mí, no quiero a nadie haciéndome preguntas privadas. Necesito a
mi madre, ya he salido al mundo real y he visto que todo existió. Ahora quiero
volver a casa y no salir de allí nunca más. Sé de una persona que se va a
alegrar de ello y destruirá mi coche para que no abandone el hogar familiar.
– ¿Te alojas en un hotel Nancy, hablas en serio?
– Sólo hasta hoy.
– ¿Por qué no has buscado algún apartamento?
– Pensé, que… bueno, sería más fácil adaptarme de nuevo.
– Cielo, – me abraza pero mi cuerpo se queda intacto – ¿por qué no me
has llamado?
– Yo no… – ¿dejaré algún día de temblar o tartamudear?
– Vamos a tu hotel entonces.
Asiento cogiendo el bolso porque necesito salir de aquí. Sentía como si
me fuera a atacar, sé que no es así pero no puedo evitar pensar de este modo.
Esta nueva Nancy es mucho más débil que la antigua, si algún día lo fue. El
aire mueve mi cabello de un lado a otro, se ha levantado viento y ni siquiera
puedo notarlo, aprieto el bolso contra mí esperando que Rachel salga a la
calle.
– Mi hotel está por allí. Creo.
Me mira y sé que siente pena por mí, ella no
puede rendirse ante mis ojos apagados que una vez brillaron, lo sé
porque lo veo en su cara. Tiene compasión de mí. Y no sé por qué, yo también la
tengo. Soy la persona más patética del mundo.
Apoya un brazo sobre mis hombros para no caer, se lo agradezco, mi ropa
grande hace que no la sienta y me alegro. Mis pasos son cortos, inseguros y voy
ladeándome hacia la izquierda cada vez más hasta que su agarre me endereza.
Llegamos al hotel y observa aún los coches que hay aparcados ahí afuera, he
tenido que enseñar mi llave para que nos dejaran pasar. Mi físico no es el más
adecuado para la sociedad a juzgar por lo que me está pasando hoy.
Llegamos a mi habitación en silencio, nos hemos pasado todo el trayecto
en silencio y es otra cosa que le agradezco, no puedo prestarle atención. Al
entrar ve mi cama, la televisión que hay en frente y el baño a la izquierda. No
hay nada más, mi maleta está en el sueño y se nota que el equipo de limpieza ya
ha trabajado.
– Es guay tu habitación, – me sonríe – ahora recoge todas tus cosas.
– ¿Qué? – Esperaba que se fuera a almorzar algo y me dejara en paz, hoy
he tenido más esfuerzo de lo habitual y no puedo adaptarme a la nueva vida de
la noche a la mañana. Quiero que me deje con mi lamento y pena, necesito más
tiempo, al menos hasta parar de sentirme como lo hago, queriendo una cosa
diferente cada dos minutos – pensé que te ibas a… bueno… yo ya estoy bien.
– Y yo te he dicho que recojas tus cosas, nos vamos.
– ¿Ir a dónde?
– A mi casa, te vienes a mi casa conmigo.
¿Qué? No puedo ir a su casa, no puedo ir. Simplemente no me permito el
interaccionar de forma continua con otra persona que no sea yo misma. Me juré
que jamás lo haría y no lo voy a hacer, no quiero.
– No quiero Rachel, no puedo.
– Nancy, sé que te estas debatiendo miles de cosas en tu linda cabeza, –
se acerca a mí y agarra mi mano – no estás bien, ya no es solo tu aspecto
físico, eres tú. No estás cualificada para mantenerte por ti sola, morirás si
alguien no está a tu lado cariño. Ven a casa conmigo y quédate el tiempo que
necesites. Vivo sola, llora tus penas, laméntate y sigue hundida si quieres,
pero hazlo con una persona a tu lado porque como no te alimentes al menos, no
te quedará mucho de vida.
– Pue… puedo.
– No, ni siquiera puedes decir más de dos palabras seguidas sin
tartamudear o pensar en llorar. Mira Nancy, sé que tu relación ha sido más
jodida que cualquier otra, aguantarle a él y luego la ruptura, te ha
destrozado. No eres la misma y ni te mantienes en pie, tu cara da asco al igual
que tus pensamientos al dejar que gane viéndote así. Eres genial, recupérate en
casa
de tus padres, conmigo, pero no dejes que te vea hundida de esta forma.
– No sé qué decir Rachel, no… no es fácil – vuelvo a llorar.
– No es fácil porque aún no estas de vuelta, crees a momentos que puedes
con todo pero luego vuelves a caer en espiral de nuevo a tu mundo. Sal de ahí,
lucha con el pasado y date una oportunidad, eres joven y tienes una vida por
delante, él ha sido el primero de una posible larga lista.
– ¿Hay dos como él? ¡Qué horror! – Intento reír pero no puedo.
– Espero que no, ya tuvimos suficiente con uno. Déjame que te ayude con
tus cosas, podemos comprar algo de vuelta a casa y te instalarás. Aunque sólo
te pido una cosa mientras vivas bajo mi mismo techo, – le miro aturdida –
tienes que dejarte ayudar por mí. No voy a consentir verte de esta forma nunca
más.
– Yo…
– No hace falta que me contestes. Pongámonos en marcha.
Llevo unas tres horas sin llorar y Rachel está orgullosa de mí. Dejé el
hotel a la fuerza bajo mi insistencia de negación y ahora estamos en su casa.
Es bastante pequeña para una sola persona pero es el lugar idóneo para
nosotras, para mí en especial ya que los espacios grandes me asustan. Tiene una
única ventana donde entra la luz, su habitación es pequeña al igual que el baño
y la cocina, solo puede salvarse el salón que es de un tamaño aceptable donde
hay un sofá grande enfocado a la televisión. Es aquí donde voy a dormir, en el
sofá.
Me ha estado distrayendo con sus dibujos de anime. Acabamos de ver el
capítulo 14 de Death Note y estoy enganchada, vamos a ver el siguiente capítulo
y necesito saber si van coger al chico del cuaderno, está matando a muchas
personas. En el tiempo que estoy aquí ya me ha obligado a comer pasta, un
yogurt,
unas galletas y ahora está haciendo palomitas, la espero con impaciencia
ya que estoy empezando a acostumbrarme a no estar sola. Me habla continuamente
preguntándome cosas de los capítulos para que no intente escabullirme y pensar,
se está comportando excepcionalmente genial conmigo y no puedo darle más que
sus respuestas. Me encuentro de un modo seguro, este apartamento está apartado
de la ciudad a tres trasbordos del metro. Me ha dicho que su sueldo nunca ha
sido muy alto hasta que mi ex no empezó a salir conmigo y se lo subió por las
molestias, al menos eso he creído entender. El día que tenga dinero pienso
regalarle un lugar mejor para vivir, se lo merece.
He llamado a mi madre hace un rato, está muy contenta y ha estado
hablando con Rachel para hacerle saber lo mucho que se lo agradece, también han
intentado hablar en clave y delante de mí. Sé que ambas se preocupan por mí
excesivamente pero puedo cuidar de mi misma. Aun así, creo que no voy a poder
valorar todo realmente hasta que no vuelva a la realidad. De momento, estoy muy
a gusto aquí, en el
sofá blanco de cuero en el que no dejo de resbalar.
– Nancy, ¿me dijiste que querías las palomitas con sal o azúcar?
– Sal por favor, – no aparta la vista de mí – ¿azúcar?
– Es que necesitas azúcar, creo que te vendrá
mejor.
– ¿Ahora eres mí médico? – Intento gritar, pero aparece con las
palomitas en la mano.
– No soy tu médico, aunque deberías ir a uno.
– ¿Para qué? Me va a decir que coma, que tome pastillas y cosas así. Ya
tomo tranquilizantes para dormir, es más que suficiente.
– Te tiene que recetar algunas pastillas para el hierro, has perdido
peso Nancy. Mucho además. Estas en los huesos y te quiero de vuelta, me siento
como
una ballena a tu lado y mi talla es la pequeña, así que imagínate. No lo
hagas por mí, hazlo por mi trasero.
Sonríe y niego con la cabeza mientras cojo dos palomitas y las dejo
derretirse en mi boca; hago lo mismo con las siguientes en mi boca. Sé que
Rachel no suele comer tanto porque ella tiene un cuerpo hermoso pero lo está
haciendo por mí y se lo agradezco. Seguimos viendo el anime y dejo caer mi
cabeza sobre su hombro suspirando.
Estoy empezando una nueva vida, una nueva vida sin ti Bastian Trumper.
Abro los ojos y el sol calienta mi cara, vuelvo a cerrarlos y hago
balance de lo que pasó anoche. Cenamos y vimos una película de acción, Rachel
intentó distraerme por todos los medios hasta que no pudo más y acabamos
hablando de todo lo que me pasó. Y así fue como me desahogué, le conté como fue
mi relación con mi ex hasta el día de la ruptura, lo mucho que caí en sus
encantos y en cómo me trataba, su obsesión por el gimnasio y su actitud
posesiva con
respecto a mí. Ella no me hacía preguntas, era yo la que hablaba y lo
mejor de todo es que me sentí bien. Durante el tiempo que estuvimos hablando,
Rachel me contó que pensaba con respecto a mi relación. A ella le impactó la
obsesión tan repentina de Bastian sobre mí, como actuaba y se cegaba con el
resto de las personas, él no tenía sentimientos hacia nadie. Me hizo entender
que no tenía respeto hacia mí si ni siquiera podía respetar a la gente que se
movía a nuestro alrededor. Me contó las veces que hablaron y él se enfadó
cuando yo no estaba en el despacho o de cómo una mañana había ido a mi oficina
y amenazó a todos los hombres como pusieran un ojo sobre mí. Todo eso fue
vivido por Rachel quién no podía decirme nada porque estaba cohibida y tenía
miedo a perder su trabajo, pero ella ya sabía mucho más que yo. Acabamos
intrigadas por nuestros relatos hasta que me hizo la pregunta que jamás podré
responder.
¿Cuál fue el motivo de la ruptura?
Ahí me derrumbé y empecé a llorar. Ella se maldijo porque lo estaba
haciendo bien y había dado un
gran paso al enfrentarme a lo que me hizo daño, hasta esa pregunta. No
puedo contarle a nadie los motivos reales de mi ruptura, lo que pasó aquella
noche en casa de mi ex junto a su amigo ni donde me llevó al día siguiente. Ese
secreto tendrá que morir conmigo, y muy a mi pesar, porque es lo que me
destruye a cada momento. Ya ni siquiera lloro por él. No lo he superado pero
puedo convivir con que ya no lo tendré más, aunque tampoco puedo aceptar los
hechos que ocurrieron realmente ya que todavía tengo pesadillas de las babas
sobre mi cuerpo.
Inhalo aire dejándolo salir lentamente, Rachel ha abierto la ventana
para que ilumine el salón y yo aún no tengo ganas de levantarme. He conseguido
dormir una noche completa y solo me tomé dos pastillas de las cuatro que
necesito ya que ella me aconsejó que probara a reducir las dosis para no
depender tanto de ellas. Me dijo en algún momento de la noche que me puse en
sus manos para cuidar de mí y se lo agradezco, no sabría qué sería de mí si
ayer no hubiera coincidido con ella. Rachel es una amiga perfecta.
La puerta se abre silenciosamente y levanto la cabeza, apoyo mis manos
en el respaldo del sofá y miro quién es. Aún me dan miedo los ruidos pequeños e
insignificantes, podría ser alguien a punto de atacarme y no quiero eso. Rachel
se acerca con una sonrisa.
– Buenos días Nancy, ¿te he despertado? – Deja una bolsa sobre la mesa.
– No tranquila, he dormido mucho, ¿qué hora
es?
– Las nueve y cuarto. He salido a por unos donuts. Desayunamos.
– Yo… yo no tengo mucha hambre.
– No era una pregunta.
Sonríe acercándose para remover mi pelo y se va a la cocina. Enciendo la
televisión pasando los canales ignorando cada uno de ellos mientras ella pone
las cosas sobre la mesa, no me preocupo en ofrecerle mi ayuda, ¿debería?
La antigua Nancy lo haría, pero mientras me debato en si hacerlo o no ella se
encarga de poner un vaso de leche con cacao y un café al lado de los donuts.
– Gracias.
– De nada cariño, hoy tienes mejor aspecto pero todavía das asco – coge
uno de sus famosos donuts y se los mete en la boca. Me indica que coja uno y
que no le reproche, lo hago.
– Sí, supongo.
– Ve al médico Nancy. No pierdes nada con hacerte un chequeo.
– Es curioso. Ayer… a lo mejor lo soñé, pero tomé algo en un café y un
chico que estudia medicina me dijo que tenía anemia.
– ¿En serio? No me lo contaste, ¿cómo es él,
guapo, lindo, perfecto para ti?
Le miro asustada porque ni por todo el oro en el mundo voy a empezar una
relación con nadie. Rachel ve mi cara y se ríe ante mi reacción mientras yo
muevo el cacao de la leche dando un sorbo y mordiendo un donut después.
– Sólo fue amable, me cambió el café por un chocolate caliente y una
magdalena diferente.
– ¿Número?
– No Rachel… ¿cómo voy a… un número? Estás loca. Jamás, y digo jamás,
saldré con nadie. No existen los hombres para mí, ni jóvenes, ni mayores, ni de
ningún tipo. No estoy interesada.
– No cariño, si lo decía para mí – me guiña un ojo sacándome la lengua.
Cuando desayunamos nos quedamos embobadas mirando la televisión hasta
que a Rachel la
llaman por teléfono y se va a hablar a su habitación con algún amigo. Le
he contado hace un momento que hoy me quedaré en el sofá, es tan cómodo, pero
al final hemos negociado que iremos a pasear una hora para que me vaya
adaptando al exterior. Lo veo lógico.
Por primera en días siento que estoy en el mundo real, en el mismo
mundo, sin él. No tengo ganas de llorar porque estoy muy débil, las manchas
negras siguen bajo mis ojos y soy un desastre pero al menos psicológicamente no
estoy esparcida dentro de las sábanas rogando por mi muerte. Escucho que la
puerta de la habitación se abre y ella aparece con una sonrisa en su cara.
– Te has perdido el capítulo de Naruto que han echado en la televisión,
era el 145.
– He visto hasta el 220, así que no te preocupes. Por cierto Nancy, esta
noche salimos.
– ¿Qué? Yo… no… ni siquiera puedo… ya sabes lo que pasará ahí afuera.
Empiezo a temblar negando y ella se sienta a mi lado para acariciarme la
mano. ¿Cómo puede ser tan dulce?
– Nancy, escúchame. No vamos a entrar en ningún establecimiento rentado
por él, preguntaremos en todos los sitios a los que vayamos si quieres, pero el
mundo en el que yo me muevo es el de la pobreza. Lo mío no es ir a clubs de
gente adinerada ni usar gimnasios o ropa cara, yo salgo por locales a punto de
derrumbarse con mis amigos de siempre, no somos ni emos, ni góticos ni nada
raro. Él no te va a encontrar donde vamos a ir. Te lo prometo.
– Rachel, todavía… ems, no estoy preparada. No tengo fuerzas, no quiero,
no sé, es difícil de explicar, no quiero empezar a vivir. No he aceptado que no
está en mi vida, a pesar de todo el daño que me ha hecho no puedo continuar
sabiendo que jamás vamos a estar juntos.
– Sé que es difícil cariño, pero ayer estuvimos
en el local de mi primo y te vino bien. Hoy iremos con algunos amigos y
mis primas, no te harán nada, no iremos a ningún lado donde pueda verte. Te
esconderemos entre todos y nadie sabrá por qué. Vayamos a darnos una vuelta
ahora, haz contacto con el clima, con la vida, con todo lo que se mueve
alrededor.
– No es tan… fácil.
– Le amas, todavía brillan tus ojos cuando hablas de él. No me puedes
ocultar eso, pero no te destruyas amargándote aquí. Hay una vida ahí afuera y
¿quién sabe?, vamos a decirle a ese chico del café que se venga esta noche.
– ¿Qué? – Niego con la cabeza – primero, yo no le amo, ¿no te acuerdas
de lo que te conté anoche? Es una escoria como humano y le odio. Y sobre Dave,
no quiero tener nada que ver con él.
– ¿Dave, eh? Ya habéis intercambiado nombres y todo. Cariño olvida a tu
ex, se puede quedar con su
vida de mierda, tú estás hecha para vivir otra vida, ahora estás con la
gente adecuada y vas a disfrutar mucho.
– No sé Rachel. No me apetece ir a ningún lado, mañana ¿vale? Mañana es
domingo y podremos ir a dar un paseo más largo si quieres.
– Hoy Nancy Sullivan, – agarra mi mano arrastrándome – levanta ese saco
de huesos y salgamos a dar una vuelta. Ya verás.
– ¿Qué pasa si… si… él viene, me ve o…?
– Tú no tienes que preocuparte por eso, hoy lucha, tiene el campeonato
de Chicago y estará todo el día metido en el pabellón. De hecho toda la ciudad
estará allí ya que tiene capacidad para cien mil personas más o menos. Y cuando
termine, la gente irá a las fiestas de los patrocinadores y toda esa mierda,
así que nosotras iremos por un lado y él irá por otro. No pasará nada, te lo
prometo. Te cuidaré.
La última vez que alguien me dijo eso me decepcionó. No quiero pensar en
él, pero no puedo evitarlo. Aunque Rachel diga que le amo, es incierto, siento
pena por él, por mí, por haberle amado; pero cada día estoy aceptando más el
hecho de que ya no estamos juntos. Bastian es mi pasado y nunca será mi
presente ni mi futuro, no hay nadie quién pueda quitarme esa idea. Tiene razón,
creo que nosotras nos moveremos por lugares a los que él no puede llegar,
intentaré esquivar todos los sitios por los que nos movíamos, a toda la gente.
Es hora de que empiece a hacer nuevos amigos y Rachel está aquí para ayudarme.
Ella es mi ayuda y no voy a perderla.
Me espera viendo la televisión cuando salgo del baño. Me he puesto un
chándal gris y el bolso cruzado como siempre. Me he tomado la libertad de
depilarme desde hace meses e incluso mirarme en el espejo, pero no de
valorarme. He intentado peinarme y al final he desistido dejando mi pelo caer a
un lado para que dentro de un rato actúe de un modo leónico. Rachel mueve la
cabeza en desaprobación, ella solo lleva unos vaqueros y una camiseta blanca,
yo no puedo vestir
así.
– ¿Qué?
– Nancy, das miedo al miedo. ¿No tienes otra ropa que ponerte? A parte
de que todavía aprieta el sol ahí afuera.
– Voy bien Rachel, ahora no puedo ponerme ropa normal. No sabes lo que
hay debajo de esto, además, la ropa es de mi padre y me recuerda a mi hogar.
– Pero cariño, tienes que empezar de cero. Y mira lo que vamos a hacer,
vamos a tener un día de chicas, ¿te parece?
– No Rachel, me has prometido que iríamos por el barrio y luego me
encerraría.
Me cruzo de brazos ocultándome, me muero de vergüenza al saber que puede
ver lo que hay debajo de todo esto que me cubre. Se levanta mirándome a los
ojos, vuelve a hacerme el repaso de arriba abajo y niega con la cabeza.
– Confía en mí. ¿No tienes más ropa?
– He traído solo la de mi padre, no tenía un… un… eso… un… deseo de
salir a la calle de todas formas.
– ¿Un deseo? Nancy, cuando hables conmigo intenta olvidar de que alguna
vez me has conocido, actúa como si no nos conociéramos y no supiera nada. No
puedes estar así.
– No puedo… ems… controlarlo.
– Usarás mi ropa. Nos iremos de compras, a la peluquería, a que te hagan
esas uñas e intentaremos que no haya nadie en el spa; necesitas una capa
hidratante para esa cara.
– Yo… no… necesito eso. Yo…
– Confía en mí cariño. Yo no soy él Nancy, no voy a hacerte ningún daño.
Voy a cuidar de ti, serás la hermana que nunca tuve y quiero pasar un día de
chicas. Gastaremos un par de cientos de dólares y nos lo pasaremos bien.
Vendremos a casa, cenaremos aquí y más tarde iremos a un club para presentarte
a mis amigos. Tú vida comienza hoy y que le jodan a tu ex.
– Sí – susurro.
– Ven, vamos a ver que tengo para ti sin que parezcas que sales del
cementerio.
Pasamos hasta el mediodía enfrentándome a mis miedos, me ha obligado a
ponerme en ropa interior frente al espejo para que vea lo que me estoy
haciendo. Es increíble lo mal que está mi cuerpo, los huesos sobresalen de mis
caderas y mi clavícula sobre todo, ha rodeado con su mano mi brazo y me he
asustado de lo extremadamente delgada que estoy. Mis tetas han desaparecido y
mi cara ya no es tan redonda como antes, ahora tengo los huesos más marcados y
yo misma me he sorprendido bastante. Después de
probarme ropa, decido ponerme unos vaqueros que me quedan grandes y
sujeto con un cinturón. Escojo una camiseta que me cubre el trasero, es lo
máximo que puedo llevar y Rachel ha dado el visto bueno.
Tras nuestra rara mañana salimos a la calle, es verdad que vive en un
barrio no tan adinerado y la gente no está aquí afuera, parece ser que todo el
mundo ha ido a verle. Mi bolso no lo llevo cruzado, esta vez cuelga de un
hombro porque con el otro brazo sujeto la mano de Rachel que se une a mí.
– ¿Dónde vamos?
– Primero vamos a comprarte algo de ropa, te sentirás mejor con ropa de
tu talla. Elegiremos algún vestido para esta noche, aunque si no quieres uno al
menos llevarás algo bonito.
– ¿Puedo hacerte una pregunta?
– Claro.
– ¿Por qué te cambias tanto el color del pelo? – Sonríe.
– Porque entonces sería como todo el mundo. Mira a la gente, si vistiera
como ellos y llevara un color aburrido como el resto de personas, ¿qué sentido
tendría? Me gusta destacar por mí misma y no porque la sociedad quiera.
– Me gustaba el color negro con las puntas violetas.
– ¿Sí? Ahora lo llevo rosa, pero algún día lo llevaré cómo antes. Voy
cambiando.
Tomamos algunas paradas de metros y nos metemos en una tienda de ropa
vintage. Dice que primero vamos allí porque ella se va a comprar unas cosas y
luego iremos al centro de la ciudad para que yo entre en las tiendas que me
gustan.
Minutos después me vuelvo adicta a esta tienda vintage. He dejado en el
mostrador vaqueros por cinco
dólares, me los he probado y ahora tengo pantalones blancos, negros y
azules. También he cogido algunas camisetas holgadas para no mostrar mi cuerpo.
Rachel está impresionada ya que casi me he gastado cien dólares en ropa vintage
y esta tienda es de un conocido de ella qué necesita el dinero para sobrevivir.
Al acabar salimos de la tienda cargadas de ropa, inclusive me he
comprado algo para esta noche. Rachel está feliz conmigo porque dice que no me
ha visto distraída pensando en otra cosa que no sea la ropa y me avisa de los
avances que hago sin darme cuenta.
Ahora estamos en el centro porque nuestra próxima parada es la
peluquería. Caminamos por la Avenida Michigan y no puedo evitar tener que
enfrentarme a ella. Merezco una explicación.
– ¿Tienes alguna peluquería en mente? – Pregunto con la mirada fija.
– La primera que veamos, supongo, ¿por qué?
– Quiero ir al salón de belleza de Molly, necesito al menos verla y
contarle que he vuelto.
– Nancy, no sé si es una buena idea. ¿Quieres que volvamos a mi barrio?
A mí me tinta mi amigo, pero puedo llamarle y decirle que venga a cortarte el
pelo.
Muevo mi cabeza negándole su idea. Nuestros brazos están entrelazados, y
aunque vamos lentas por mí, ahora soy yo quien ando decidida en dirección a
Molly. Cuando me planto delante de su establecimiento veo que hay un cartel
grande que avisa de que la semana que viene se inaugurará, por fin ha cumplido
su sueño. El local se ve muy grande, es obvio que obtuvo todos sus metros.
Rachel me aprieta contra ella.
– Me alegro por… por Molly. Siempre quiso su propio negocio.
– Sí, obtuvo ayuda por tu parte y la de tu ex. Así
que no te sorprendas.
– Lo sé, vayámonos de aquí antes de que me puedan reconocer.
– Trato hecho.
Comemos algo rápido de uno de esos camiones que nos dan la felicidad,
son pequeñas porciones y Rachel dice que es perfecto para ir aceptando la
comida poco a poco. Al cabo de quince minutos siento que voy a explotar pero
dice que soy una exagerada. Más tarde salimos de la peluquería, me he cortado
el pelo y ahora casi roza mis pechos, pero lo mejor de todo es que siento que
me he quitado cinco kilos de mi cabeza y la muevo con más ligereza.
Nos hacemos las uñas y me ponen dos pepinos en los ojos mientras lo
hacen. Rachel aún se ríe cuando pregunto en todos los establecimientos si
conocen al dueño, todos me dicen que sí o no, pero nadie es mi ex. Una chica me
hace la pedicura ahora mientras combato con el olor horrible de la crema que
hay sobre mi cara, quiero quitarme estos pepinos.
– Rachel, creo que va siendo hora de volver.
– Sí, no tardaremos mucho.
– ¿Vais a la pelea? – La chica que me hace la pedicura nos interrumpe y
Rachel se ríe.
– Sí – responde mi amiga y me quito los pepinos de los ojos.
– Yo también, Bastian peleará a las nueve en punto y no quiero
perdérmelo. Sois mis últimas clientas hasta que me vaya. Aw que emoción, está
tan bueno.
Momentos después me encuentro vomitando en una papelera mientras nos
dirigimos al metro. Rachel acaricia mi espalda y me da un caramelo de menta.
– Iba todo tan bien, Nancy – se siente mal.
– No tienes la culpa, esa chica irá a la pelea.
– Pero no tiene ningún derecho a juzgarnos porque nos hacemos la
manicura, no todo hoy en esta ciudad es el campeonato. Sí, hoy ganará otra vez
ese gilipollas, pero no todo gira alrededor de él. Mira lo que te ha hecho
hacer.
– Rachel, ha sido el picante. Él no tiene la culpa, ni la chica. He
leído que ahora tiene más fans y no será nada raro encontrarnos con gente que
le venera.
– Pues que le jodan, por donde vamos a ir nosotras no habrá nadie que de
una mierda por él. Regresemos a casa Nancy, hoy lo has hecho muy bien. Estoy
orgullosa de ti.
Todavía no puedo reír o sonreír pero eso no me impulsa a darle un beso
en la cara. Ella se extraña de mi arrebato momentáneo pero me ha salido del
corazón, a pesar de que estoy construyendo una nueva Nancy todavía quedan
restos de la dulce antigua.
En la televisión solo se ve
anime, no hemos
dejado de verlo desde que llegamos. Ahora estoy enganchada a otra serie
de dibujos, ella dice que hará cualquier cosa para que me distraiga y lo está
haciendo. Me ha reiterado que no haga nada y eso hago. Ella se encarga de poner
las cosas sobre la mesa porque la cena está a punto de hacerse y por primera
vez me ruge el vientre en desesperación por recibir comida; me sorprendo a mí
misma. Vamos a salir dentro de un rato y tengo nervios, es verdad, no voy a
encontrarme a mi ex y eso me agrada muchísimo, me anima incluso el querer
conocer a gente.
Sigue distrayéndome con preguntas sobre lo que vemos y no me ha dejado
sola en ningún momento del día. He llamado a mi madre contándole lo que he
hecho hoy y ha llorado de felicidad. Yo también, pero no de felicidad
precisamente. Nos estamos arreglando para salir, Rachel me ha hablado de sus
amigos contándome que son inofensivos pero que no me asuste cuando empiecen a
hablar sobre anime. Ella se ha maquillado y luce un vestido del mismo color que
su pelo, está guapísima. Yo cambio las cosas a mi nuevo bolso pequeño, me gusta
llevarlo enganchado a mi
hombro y esta noche lo estreno.
– Te ves bien Nancy, ¿estás segura de que no quieres maquillarte?
– No, la máscara facial que llevo aún me da frescor y no quiero
estropearlo.
– ¿Ni siquiera un poco de sombra? Aún se te ven las manchas negras
debajo de los ojos.
– No hay solución para ello, la tristeza y el dolor me lo han provocado.
– Sí, aunque estás preciosa.
– Horrible.
– Qué no Nancy, estas guapísima.
Llevo unos leggins negros de cuero, son de verano y se sienten bien si
quiero esconder mis delgadas piernas. Un vestido negro con algunos
brillantes que me llega por encima de las rodillas decora mi estropeada
figura, me cubre hasta el cuello y puedo esconder mi delgadez. Me basta con eso
y es lo más tapada que puedo ir, no quiero a nadie viéndome esta noche y mis
brazos son lo único que dejo al descubierto. No me he maquillado o puesto
joyas, mi pelo cae a ambos lados de mis hombros cubriéndome más las clavículas
que no quiero mostrar. En mi bolso reviso la llave que me ha dado Rachel, un
paquete de pañuelos y mi móvil junto a mi documentación; todo dentro de un
bolso que se ajusta a mi vestido, si se puede llamar así.
Salimos a la vida nocturna, me siento mal porque tengo miedo a la
oscuridad. Rachel me ha dicho que iremos andando ya que la ciudad está vacía
porque están en el campeonato. Son las once y media, a esta hora se habrá
proclamado ganador. ¿A quién le importa? Mañana no veré en la televisión otra
cosa que no sea el anime.
Tenemos entrelazados nuestros brazos y bromeamos mientras caminamos, o
al menos yo hago
un intento de ello porque ambas nos hemos puesto converse en un sábado
por la noche. En el trayecto al club le cuento como iba vestida antes y lo que
tenía que hacer ante mi ex, la revisión le hace odiarle más. Aprovecho un
momento de silencio entre ambas para pensar en cómo ha podido pasar de ser su
fan número uno a odiarle tanto.
– Rachel, cada vez que te hablo de él, parece que… no sé… te enfadas.
– Porque lo estoy joder, no se merece nada.
– Pero fue a mí a la que dañó, no a ti.
– Yo le seguí durante unos años en mi adolescencia, era una niña y le
amaba. Y darme cuenta de que ahora es una mierda de hombre me ha decepcionado.
No porque se haya comportado como un capullo, es por todo; su manera de ver las
cosas, de cómo te trató, de cómo se cegó contigo y cómo arrasó con todo. No me
cae bien y todo es por ti Nancy, no soporto la idea de lo que te haya podido
hacer, debe de
ser muy grave para que no lo cuentes y me hace odiarle más. Eras feliz,
radiante, sonreías y ahora todo lo contrario porque te has vuelto insegura,
débil, tímida, seria, triste y fea.
– Fea ¿eh? – Empujo un poco su brazo.
– Lo que más pena me da es que aún le ames.
– Yo… no… no… eso no…
– ¿Ves? Tartamudeas cuando no puedes darme una respuesta convincente.
Sólo te pido que dejes entrar en tu vida a otra persona, aunque sea para
quitarte esos brillantes ojos cada vez que dices mi ex o él.
– No le amo Rachel, ni siquiera puedo perdonarme a mí misma el haberme
enamorado de él. Lo que me hizo fue tan grave que no voy a poder superarlo, te
dije anoche que hubiera preferido una infidelidad a lo que me hizo, no te estoy
hablando de algo en concreto; es algo en concreto más una serie de
sucesos que pasaron después.
– Lo siento, tendrías que haberme llamado.
– Cuando le dije adiós y le vi por última vez, morí. Hasta ayer, que
dicha persona me encontró moribunda.
– Esa es la palabra, – me sonríe – quiero que salgas de esto Nancy. Yo
te conocí siendo diferente y no te mereces estar así por un hombre.
– Lo sé, poco a poco. Pero no le amo. Ni siquiera me interesa su vida,
pero joder, su cara está en todas partes.
– ¿Cómo te sienta eso? – Unos chicos nos pitan desde un coche y pasan de
largo. Seguimos andando lentamente pero apartadas de la carretera entre los
edificios antiguos y desolados de esta, no tan lujosa, parte de la ciudad.
– Al principio no me lo creía, luchó justo en
Navidad, empezó y el resto continuó. A veces entrenaba en casa todo el
día y él decía que era para no perder el hábito, pero jamás se me pasó por la
cabeza el saber que volvería a la competición.
– ¿No te dijo que se estaba preparando o algo
así?
– No, y ni yo me lo imaginé. Tenía esos batidos en el frigorífico, la
escasa comida y luego esos entrenamientos a todas horas. Estaba concentrado en
eso y no se me ocurrió.
– Y pensar que no quieres verle y ahora tiene hasta pasta dentífrica con
su cara.
– ¿Sí? Recuérdame que no la compre por favor.
– Lo haré, sólo para salvarnos de tu ex.
Sonríe y acelera el paso arrastrándome con ella. Creo que cada vez me va
a ir costando menos el hablar de mi ex. Mi madre y Rachel tienen razón, hay
vida después de mi primera relación y voy a sobrevivir a esto, de un
modo u otro voy a salir de este infierno.
Rachel no me mintió cuando me dijo que iba a locales a punto de
destruirse, así es. Estoy sentada en un tronco de árbol grande donde mis
piernas cuelgan, sus dos primas y su amiga son muy amables, ella me ha
presentado como su compañera de apartamento y una vieja amiga. Casi estallo en
lágrimas por como lo ha expresado, podría haber contado la historia de que era
la ex de Bastian o su antigua jefa, pero ha decidido usar la palabra amiga y me
ha llegado al corazón. Si alguna sabe que soy la ex del hombre más famoso del
mundo, no lo han dicho ni han hecho ningún comentario inofensivo. Ellas visten
como Rachel, con diferentes colores de pelo y supongo que no estaban tan
puestas en la crónica amarilla hace un año cuando era portada de los tabloides
más famosos.
Ahora hacemos un pequeño círculo a mi alrededor mientras yo estoy
escondida entre la muchedumbre que se agolpa dentro de este local, hablamos
sobre el anime y la verdad es que casi
consiguen distraerme por completo. Es la primera vez que salgo sin él y
me está costando bastante, pero es un sentimiento que guardo para mí misma.
– ¿Y L, a qué es mono? – Una de las chicas me pregunta, ojala recordase
sus nombres, las clasifico por el color del pelo.
– Bueno… ems… sí, la forma en la que se sienta es diferente.
– Aw es muy guapo, ojala que exista, yo quiero ir a Japón a ver a algún
doble o algo. Quiero disfrazarme. Prometedme que vamos a ir a Japón chicas,
ahora. Hacedlo ahora.
– Jay, ¿tú sabes cuánto cuesta ir a Japón? Si entro allí no saldría
jamás. Lo digo ahora y que conste en acta.
Todas reímos. Durante el tiempo que estamos aquí no hemos parado de
hablar, Rachel no se ha separado de mí, y me ha hecho participe de todas las
conversaciones cada vez que me ha visto distraída.
La noche continúa y nos cambiamos de local para reunirnos con los
chicos. Todos son amables y simpáticos, me enorgullezco al saber que todos me
tratan como una más. Hablamos de todo y tienen tema de conversación, me cuentan
donde trabajan o que hacen y yo a veces, sólo a veces, muestro interés. No
puedo evitar sentirme rara y fuera de lugar aquí, no por todo, si no por mí
misma porque creo que no estoy preparada aún para continuar con esto y me estoy
viniendo abajo. Necesito llorar y lamentarme.
Capto la atención de Rachel y deja de hablar con alguien para atenderme.
– Creo que voy a volver, no me encuentro bien.
– ¿Qué ocurre?, ¿has bebido algo y te ha sentado mal?, ¿no has hecho
bien la digestión?, ¿quieres vomitar?
– No, no… ems… no es eso. Quiero solamente
volver al sofá, echo de menos estar allí.
– Ah, es ese tipo de no estar bien. Nos vamos, espérate que me despida
de Jay y…
– Puedes quedarte si quieres, cogeré un taxi y me dejará en la puerta.
– No, yo me voy contigo. Hoy lo has hecho muy
bien.
Asiento con la cabeza y poco después todos nos encontramos en la puerta.
Hay gente esperando para entrar o salir, o simplemente están afuera fumando o
bebiendo. Este club se viene abajo si hubiera un terremoto y parece ser que a
nadie le importa.
La verdad es que la charla en el exterior me evita el no pensar, pero ya
es tarde y creo que la negatividad se está apoderando de mí.
– Eh, vamos
Nancy. Alexander nos
lleva a
casa.
– Sí, – dice uno de los chicos con el pelo tintado de blanco y un
piercing en la nariz – aunque mi novia tiene las llaves, tengo que ir a
buscarla primero.
– ¿Dónde está? – Rachel responde con mi brazo entrelazado – porque aquí
hay prisa, ya sabes, me hago pis.
– Tardona, siempre igual, – bromea ese chico – venid conmigo y
acompañadme a recoger las llaves o nos iremos andando. Y no lo recomiendo.
– Perdona pero aquí mi amiga Nancy y yo somos las únicas que hoy
llevamos converse, nos la hemos comprado hoy en la tienda de BTK.
– ¿Habéis estado en BTK y no me llamasteis?
– Añade otra de las chicas.
– Fue un plan de emergencia, – Rachel me mira a mí – ¿qué hacemos?
– Lo que digas, me da igual.
– Alex, mi casa está jodidamente lejos, ¿dónde está tu novia?
– En el club que han abierto hace poco al lado de Mc Street.
Mi estómago se encoje y mi vientre rechina en desacuerdo por lo que
acaba de decir; si es un club que han abierto nuevo tiene todas las
posibilidades de que sea de Bastian. Él posee toda la ciudad y no voy a poner
un pie en ninguno de sus súbditos negocios. Rachel se da cuenta de mi reacción
y aprieta el brazo contra mí.
– Venga Alex, ve andando tú que te seguimos. Adelántate, te esperamos en
la puerta.
Mientras Alex se va, nosotras nos despedimos de todos sus amigos y
caminamos con lentitud en dirección a alguna parte. Ahora Rachel y yo vamos
solas agarradas de nuestros brazos. Hace calor aquí
afuera pero yo tengo frío, siento que mis brazos se van a inmovilizar
muy pronto y toda la culpa la tiene ella, yo quería venir en chándal.
Una vez que llegamos a Mc Street no hablamos. Nos quedamos en silencio
viendo a la gente pasar, a las chicas con sus tacones altos y sus escasas telas
como vestidos. Rachel me ha prometido que no íbamos a entrar y se lo agradezco.
Esperamos frente a la puerta alejadas de todo el mundo y esperando por su
amigo.
Yo estoy en tensión vigilando cada coche negro que veo, cada Cadillac,
cada mujer, cada hombre, no me pierdo detalle. Mi amiga se da cuenta de eso y
me abraza fuerte dejándome sin respiración.
– No… puedo… respirar.
– ¿Es metafórico o es de verdad? – Se ríe – tranquila Nancy, porque sea
nuevo no tiene que ser de él. Pueden abrir muchos clubs en esta inmensa ciudad
y no todo tiene que ser de él.
– Lo sé, pero sé que es de él.
– ¿Por qué? Puede abrir más negocios en la parte cara de la ciudad, no
tiene por qué abrir un local aquí. Además, sí, este club parece distinto y
nuevo, pero él no estará aquí.
Veo que en la puerta hay hombres tan grandes como en el Bamper y en el
resto de sus clubs a los que fuimos, no me extrañaría nada que él fuese el
dueño.
– Este club se llama “Llivan” Rachel, dime si no es mi apellido.
– Tú te apellidas Sullivan, no Llivan… además, son coincidencias. Pero
hay un punto ahí, quizás sea de él y lo haya nombrado como tu apellido, ¿cómo
te has dado cuenta del nombre?
Desde que lo vi Rachel. No me hace falta saber mucho para darme cuenta
de que este tipo de club es de Bastian; las mujeres altas y con falsos pechos,
zapatos altos, la gente haciendo cola por entrar, la seguridad en la
puerta. Y el nombre, el nombre que he visto con letras de neón desde que
estamos aquí, no dejo de darle vueltas a la cabeza sobre el nombre y el por qué
lo ha elegido. Tiene novia ¿no?, esa Diane Cost, podría haberle puesto su
apellido no el mío. Aunque creo que a lo mejor estoy sobrevalorando esto, a lo
mejor no es de Bastian y no es mi medio apellido lo que se puede leer en lo
alto. Quizás esto me tenga durmiendo por los próximos tres días, he vivido
demasiadas cosas en muy poco tiempo.
Seguimos esperando hasta que Rachel no aguanta más y decide llamar a su
amigo. No consigue escucharle pero le ha mandado un mensaje diciéndole que está
dentro y no tardará, que tiene a su novia enganchada a su cuello y se están
enrollando. Casi, eso pone una sonrisa en mi cara pero me abstengo de sonreír
porque no puedo, no sale del corazón.
– Es normal Rachel, démosle unos cinco minutos más.
– Debimos coger un taxi, ahora la parada está a más de cincuenta metros
y si llamamos tardarán en llegar. ¿Y tú dices que Bastian pondría un club aquí?
Él no haría que sus clientes esperaran en la puerta sin una parada de taxis.
– Puede que haya exagerado un poco y a lo mejor este no sea el club de
Bastian, ¿crees que si preguntas te dirán a quién pertenece?
– Supongo, aunque lo raro es que nos nieguen la respuesta porque nos
asocie a la prensa o algo así.
– ¿Prensa? – Pregunto extrañada y Rachel gira la cabeza a otro lado pero
vuelve a mirarme.
– Hace unos meses el gilipollas tuvo algún problema en uno de sus clubs.
Dijeron en las noticias que echó a todas las mujeres del club, la prensa se
hizo eco y ha prohibido a todos los periodistas entrar en sus locales. Así que,
si este es su club y nos ven como periodistas nos echarán a patadas.
– Vaya, no nos vemos como periodistas de todas formas ¿no?
– No, pero supongo que los reales habrán hecho cualquier cosa con tal de
poner en sus columnas algo sobre los clubs.
– Es tontería porque los clubs de Bastian son como los demás. La prensa
no tiene por qué escribir nada malo y si él es el dueño puede decidir quién
entra y quién no. Es de… lógica.
Muevo la cabeza hacía otro sitio bajo la risa de Rachel que me advierte
de que sigo enamorada. No sé los problemas que habrá tenido Bastian con sus
clubs o si ya no deja entrar a la prensa o a las chicas, no sé, pero si uno es
dueño de algo tiene todo el derecho a decidir lo mejor. Hay algo en mí que aún
actúa como si fuera su novia y tengo que eliminar eso de mi sistema. No me
puedo permitir alegrarme de que echó a todas las mujeres de un club y luego
defenderle apoyando lo que hizo, tampoco puedo actuar como si esto me
importara. Él es parte de mi pasado y creo que mis
pensamientos son el producto de un largo día que quiero acabar pronto.
Ya no soy la novia de Bastian, nunca más.
Rachel está cantando en voz baja mientras nos quedamos mirando al club.
¿Y sí no es de Bastian? Al menos podríamos buscar a su amigo y que nos lleve a
casa.
Vuelvo la vista a Rachel y le asiento con la cabeza.
– ¿Eso es un sí porque estoy enamorada de él, o es un sí porque nos
vamos de aquí a coger un taxi?
– Entremos, – frunzo el ceño – y no estoy enamorada de él. No me gusta
que pienses así, me siento rara porque tengo el presentimiento de que aún vivo
la antigua vida y me está costando el adaptarme a esta nueva. Dame tiempo y
perdona si alguna vez le defiendo, golpéame y yo reacciono. A veces me inunda
el pasado y no me deja avanzar, pero no estoy enamorada de él porque cada vez
que pienso en lo que
me hizo me hace odiarle más.
– Lo sé Nancy, lo siento. Es que no quiero que caigas en él, te necesito
con los pies en el suelo.
– Rachel, – miro a la izquierda, a la derecha y doy un paso en su
dirección – dejó que su amigo me violara, permíteme que no pueda aceptar eso.
Ya está, lo he dicho por primera vez en meses y ahora me quiero morir.
La cara de ella cambia, sus ojos se agrandan y está a punto de desmayarse. Me
acerco a ella buscando el consuelo y ella me recibe acogiéndome mientras
empiezo a llorar de nuevo. Me mece y hasta creo que llora conmigo, su corazón
late a mil por hora porque sé que le ha afectado. Decido romper este momento
sacando un pañuelo para secarme las lágrimas y sonarme los mocos.
– Nancy…
– No digas nada Rachel. Como tú dices sobreviviré, no voy a dejar que lo
que pasó me
destruya. Ahora estamos aquí, juntas, hoy he hecho avances, mañana haré
inclusive más, él puede que gane combates pero yo he ganado el no machacarme
más.
– ¿Por qué no me lo dijiste? Hubiera acudido a ti tan rápido como una
bala.
– Lo que pasó ya forma parte del pasado y no puedo cambiarlo. Venga,
entremos en este dichoso club, busquemos a Alex y vayámonos a casa. ¿Vale?
– Sí, – me da un abrazo y entrelaza uno de mis brazos – lo odio todavía
más, no voy a dejar que se te acerque a ti y ni mucho menos insinuar que
todavía le amas. Es obvio que aún estás aturdida por haber salido con él pero
debes de estarlo aún más por lo que te hizo. Perdón por…
– No me pidas perdón, como he dicho Rachel, lo pasado, pasado está. ¿Ya
sabes por fin porque no me he puesto maquillaje? Porque mi nariz roja y mis
lágrimas me iban a jugar una mala pasada y odio
verme con el rímel corrido por toda la cara.
– Me gustas más así de todas formas. Gracias por compartir conmigo esto.
Ahora te entiendo mucho mejor, creo que te quiero.
– Yo también te quiero. No voy a dejar que nada ni nadie nos separe, no
voy a olvidar todo lo que estás haciendo por mí aunque ahora no esté en mi
mejor momento. Eres importante para mí y me alegro de que ayer me encontraras.
– Sí, fue lo mejor que pude hacer. ¿Sabes? No nos pega nada este papel
de dramáticas, mañana nos haremos una sesión con los Caballeros del Zodiaco,
¿los has visto alguna vez?
– Quiero pensar que es una película con hombres cabalgando caballos.
– No, son los mejores dibujos que hayas podido ver, eso supera a L y
todo.
– ¿Sí? Estoy deseando verlos.
Cruzamos la calle juntas con nuestros brazos entrelazados y pasamos la
puerta para ponernos a la cola. Momentos después revivo cuando nos hicieron
pasar al Bamper sin esperar demasiado, y es lo que pasa, un hombre nos mira de
arriba abajo y nos da paso junto con el resto de chicas que escogen. No
entiendo si esto es una táctica con respecto al negocio o algo, pero nos
encontramos dentro junto con un grupo de chicas guapas que sobrepasan nuestra
estatura. Ellas no tardan en disolverse y otro grupo, esta vez de chicos, nos
empujan desde atrás diciéndonos que nos movamos.
A lo mejor me precipité pero este lugar es terriblemente gigante. Solo
hay una planta, lo primero que he hecho es mirar hacia arriba pero no hay nada,
solo paredes grandes donde hay jaulas con chicas dentro bailando. El lugar no
tiene fin, parece que estamos entre millones de hormigas. Va a ser difícil
encontrar a Alexander si mi amiga no le envía un mensaje, la miro y veo que
Rachel se mueve al
compás de la música.
– ¡Guau! – Se sorprende.
– ¿Es grande verdad?
– Si fuera de él, es imposible que te vea entre toda esta gente. Vayamos
a buscar a Alexander, no sueltes mi mano.
– Vale.
Nos movemos a través de la multitud. Quiero decir que me abruma el hecho
de estar rodeada de gente, pero todas estas personas me están ignorando ya que
bailan alrededor, ríen, están bebiendo y divirtiéndose. Las chicas en las
jaulas apenas llevan ropa y no escatiman en contonear sus cuerpos, estoy segura
de que Bastian no pondría un club aquí ya que es demasiado vulgar exponer a
esas chicas dentro de las jaulas para atraer a los clientes. Aunque, ahora que
lo pienso, él lo haría.
Esto no tiene fin y Rachel ha decidido mandarle un mensaje, le ha
respondido que están al fondo, justo al lado de una jaula rosa con luces donde
hay una mujer dentro en topless. Es por eso que su novia no le ha dejado ir, se
ve que está marcando territorio todo el tiempo y Alexander se está aprovechando
de la ocasión.
– Qué jodida perra es su novia, es genial. Ya sabía yo que estaba
tardando demasiado. Se habrán quedado sin espacio alrededor y no podrá moverse,
es por eso que tiene besando a su novio todo el tiempo. Te va a caer muy bien,
fue mi amiga de la infancia y la verdad es que aunque tengamos algunos
problemas, somos muy amigas.
– Eso me suena de algo.
Le intento gritar porque si no lo hago no me escuchará ya que la música
retumba muy alta. Todo está decorado de blanco o al menos esa es la sensación
que da al enfocar todas las luces halógenas. Lo único que destacan aquí son las
chicas bailando.
Rachel y yo decidimos ir a por unas bebidas antes de arriesgarnos a
deshidratarnos en el trayecto. Tras una larga espera ella ve un hueco y suelta
mi mano para pedir dos botellas de agua muy frías, quedo detrás cuando un
escalofrío recorre mi espalda.
De algún modo u otro lo siento y no lo puedo
evitar.
Es Bastian.
Como si fuéramos dos polos opuestos que se atraen, dos imanes, algo
inexplicable que solo siento cuando se trata de él.
A pesar de que me rodean cientos de personas, de que la música me
destroza los oídos y de que Rachel está justo delante de mí esperando por el
camarero y gritando desde su posición; algo en mí me dice que me atreva. A lo
mejor solo estoy obsesionada con la idea de que sea él.
Mi respiración trabaja a velocidad desorbitada,
mi pecho se mueve tan rápido que podría dar vueltas a las alas de un
ventilador sin enchufarlo. Trago saliva y todo mi miedo se desplaza a mi
cabeza, una presión inevitable que me hace perder el equilibro aunque no lleve
tacones. Si es él se va a asustar de mí, ya no soy la misma y él lo sabe.
Mientras me decido en sí enfrentarme a este temor o no, pongo una mano
sobre mi boca cuando veo de reojo que la gente se aparta haciendo un pequeño
círculo.
Eso solo puede hacerlo una persona y es Bastian.
Decido a cerciorarme de mis instintos cuando giro lentamente bajo el
terror que me consume, trago saliva inexistente y tiemblo por la emoción. Las
lágrimas se forman en mis ojos, ojos que un día brillaron enamorados por él.
Los cierro antes de asegurarme si es él o no. Siento como caen dos
lágrimas y no descarto la idea
de que vengan más.
Tú puedes Nancy.
Le tengo en frente de mí y aún no me atrevo a mirarle.
Abro los ojos y me encuentro con un pecho que reconocería entre un
millón de cuerpos sin cabeza. Levanto mi barbilla sin perderme detalle de lo
que un día fue mío, su camiseta roja me deslumbra, su cuello, sus venas, su
barbilla, su boca, su nariz, sus ojos.
Bastian Trumper está frente a mí.
CAPÍTULO 3
Bastian me observa desde su altura y por extraño que parezca le aguanto
la mirada. Me olvido de que el mundo existe y sólo estamos él y yo. Sus ojos,
sus dos gotas de cristal, sus dos diamantes que brillaban tanto cada vez que me
miraban, ahora tengo toda su atención y estas dos piezas sacadas del firmamento
no tienen otra dueña, excepto yo. No me atrevo a apartar mis ojos de los suyos
por temor. Mi labio inferior está temblando y siento que estoy perdiendo las
pocas fuerzas que me quedaban, estoy en mi límite y lo supe desde que le sentí
detrás de mí.
Algo en mi interior sabía que lo encontraría aquí,
y aun así, he entrado sin ninguna duda como si esperara a que este
momento pasase tarde o temprano. El tiempo se para entre nosotros, no dice
nada, no gesticula, ni siquiera me hace ningún tipo de señal. Somos dos cuerpos
inertes que se atraen desde la oscuridad haciendo que el mundo deje de existir
para que nuestras almas se reencuentren. Soy la primera que aparto los ojos
porque tengo un nudo en el vientre que me inhibe el respirar con facilidad y
bajo mi mirada a través de su cuerpo sin ver nada realmente, solo su figura que
ha crecido más de la cuenta. Sus brazos son más grandes y sus músculos se
pronuncian más al igual que el resto de él. Ahora será más agresivo que nunca
atendiendo todos los combates en los que lucha. No sé para qué pienso en eso,
ni siquiera me importa.
En un acto reflejo que pasa muy rápido a través de mí, me alejo al ver
que su brazo se levantaba en mi dirección. No puedo, no… no… niego con la
cabeza intentando ahuyentarle. No puede tocarme, dirigirse a mí y ni mi mucho
menos controlarme. Voy avanzando hacia atrás hasta chocar con la espalda de
Rachel.
– Nancy, ¿estás bi…?
Rachel actúa empujándome contra la barra y se interpone entre Bastian y
yo. No puedo creerlo, él, él está aquí.
– Rachel… yo – intento susurrar para decirle que me estoy mareando.
Me agarro a lo que sea porque se me nubla la vista. Siento un hormigueo
en la nuca que va dirigiéndose a mi cabeza.
– ¡Fuera de aquí Trumper! – La oigo gritar pero no la voz de él – me da
igual, aléjate de ella, y una mierda, no, ni lo sueñes Trumper, ahora yo cuido
de ella y te juro que te mato.
Mi cuerpo se desvanece entre la multitud, no me desmayo del todo porque
siento como la gente se acerca a mí pero una voz grave y ronca les aleja.
Rachel se agacha para agarrar mi mano, su suave tacto me hace recordar que está
a mi lado y no me va
a abandonar. Pongo mis sentidos en mi amiga pero los descarto
apartándolos a un lado cuando una mancha roja se acerca a mí.
Dejo mi cabeza caer y pierdo el conocimiento.
Abro los ojos y veo oscuridad. Todo ha sido una pesadilla, ni siquiera
he visto a Bastian porque me he quedado durmiendo en el sofá viendo el anime.
Me acomodo un poco más girando mi cuerpo para ponerme en posición fetal pero el
pelo rosa de mi amiga me distrae. Abro los ojos y me doy cuenta de que estamos
al lado de una gran ventana donde entra aire fresco, hay un ventilador azotando
mi cara y botellas de agua vacías. Estoy explica porque me siento mojada. Trago
saliva pero Rachel me pone el agua casi en los labios y trago sin preguntar, me
sienta bien.
Poco a poco me doy cuenta de que estamos en un sitio desconocido y que…
¡oh Dios mío Bastian! Bastian, he visto a Bastian. Me levanto rápidamente
poniendo la mano en la cabeza.
– Rachel, Rachel… él, él… él…
– Cariño no pasa nada, estamos a salvo.
– Bas… Bastian… él, él ha estado conmigo, lo he… lo he visto.
– Cálmate Nancy y mírame a los ojos. Has visto a Bastian pero ya no hay
Bastian, él ya no está aquí. Yo sí, estoy aquí y no te dejaré.
– Ni yo tampoco – una voz que reconozco capta mi atención y sale de la
oscuridad.
Molly.
Lleva un vestido corto pegado a su piel, sus tetas están al aire, su
pelo es más claro y creo que el volumen de sus labios ha aumentado. Me levanto
acercándome a ella y la miro sin creerme realmente que sea Molly, mi Molly.
– Molly – susurro.
– Nancy, te he echado tanto de menos, – se acerca a mí y reacciono
apartándome de ella – ¿Nancy? Soy Molls, ¿recuerdas?, ¿o es esta chiflada te ha
comido la cabeza para que me niegues?
¿Qué? Le echo un vistazo de arriba abajo y no la reconozco, parece una
puta barata que me mira como si estuviera actuando y no fuera ella, esta no es
mi amiga. Giro mi cabeza hacia Rachel quien no deja de analizar cuál va a ser
mi reacción, yo le respondo mostrándole mi primera sonrisa de complicidad.
– Esta chiflada ha estado conmigo día y noche. Y ahora, si nos
disculpas, tenemos que irnos.
Dejo a Molly con la boca abierta y Rachel me recibe con los brazos en
alto, no dudo en lanzarme contra ella. Aún tiemblo pero me consuela acariciando
mi espalda.
– Vámonos de aquí – susurra en mi oído, Molly
acaba de dar un portazo marchándose.
– ¿Qué ha pasado?
– Te has desmayado y te han traído al despacho del jefe. Tranquila, no
he dejado que Bastian te tocase, te ha llevado en brazos un hombre muy amable y
nos ha subido aquí. Hay un hombre esperando en la puerta por nosotras que nos
llama a un taxi en cuanto se lo digamos. Voy a avisarle.
– No, no me dejes sola. Quiero… quiero…
– Lo sé cariño, vamos a casa. Ya no más.
Asiento y dejo que me guíe hacia la salida. Rachel se ocupa de todo, el
hombre que hay esperando en la puerta es Ryan, le reconozco por el perfume y la
figura, por supuesto que Bastian dejaría a su mano derecha a mi cuidado. No
tardamos en meternos en el taxi que nos lleva de vuelta a casa, en el trayecto,
la presión del día acaba conmigo y rompo a llorar. No puedo evitar tener que
mirar hacia atrás para ver si
nos siguen pero nadie lo hace, quizás el taxi esté comprado por Bastian,
quizás ya sepa donde vivo, me acosará, me tentará.
Rachel consigue ponerme el pijama que me he comprado hoy, me habla pero
caigo de nuevo en un espiral de sensaciones que me llevan al mismísimo
infierno. Lo último que recuerdo son los labios de mi amiga en mi frente y
consolándome.
Despierto envuelta en los brazos de Rachel porque ambas hemos dormido en
el sofá, es bastante grande y aunque resbalamos en el cuero blanco que lo viste
encajamos muy bien. Siento su mano en mi barriga y lo primero que hago es
quitarla para levantarme y vomitar la cena de anoche. Me lavo los dientes y
cuando salgo del baño me encuentro a Rachel poniendo los dibujos, sé que
necesita el ruido en la casa para no sentirse sola y para hacer que todo sea
normal. Me siento en el otro sofá que hay en frente de la mesa y me pongo la
mano en la cabeza.
– Me duele mucho la barriga.
– Voy a ver si tengo alguna pastilla para el dolor o algo, ¿el periodo?
– No sé, hace meses que me viene irregularmente.
– Vale, voy a buscarte algo.
Me enfoco en los dibujos sin importarme en pensar que pasó anoche. Vi a
Bastian, me desmayé, estuve en el despacho del club, vi a Molly, despreció a
Rachel, desprecié a Molly, ella se fue y luego nosotras. Ah, Ryan también
estaba.
Esto es una pesadilla.
Suspiro bebiendo forzadamente el vaso de leche que Rachel me obliga a
beber y me ha dejado que no coma los donuts que sobraron ayer si no quiero, así
que es un buen pacto el que hemos hecho. No obstante, ella empieza a hablarme
de los dibujos, yo apago la tele dejando el vaso sobre la mesa. Necesito
hablar.
– Gracias por… ems, por lo de anoche y siento lo de… lo… de Molly.
– Nancy, te he dicho que no me agradezcas nada. Eres mi amiga y te dije
que cuidaría de ti, alejé a Bastian de mi lado pero no a Molly quién insistió
en quedarse porque tenía derecho.
– ¿Qué paso realmente? Tengo destellos pero no me acuerdo muy bien de lo
que ocurrió.
– Viste a Bastian, te desmayaste, te…
– Eso… eso lo sé. Quiero que me cuentes lo que no sé, necesito saberlo.
– Cariño, no tienes por qué torturarte.
– ¿Están juntos?
Es una pregunta que se me acaba de pasar por la cabeza. Mi ex novio y mi
ex mejor amiga juntos, no
sé por qué pero podría ser. ¿Qué hacían juntos de todas formas? Entiendo
que el club sea de Bastian, aunque no entiendo porque estaba allí y no en otro,
y ¿qué hacía Molly con Bastian? Es más, ¿qué hacía allí vestida como una puta?
Lo único que recuerdo fue lo que dijo de Rachel y eso no se lo perdono, ella
está siendo mala persona con alguien a quién no conoce. Como yo a ella, no la
reconozco.
– Nancy, no sé si debería…
– Puedes contármelo, ninguno de los dos me afecta. Ayer me desmayé
porque tuve un día largo y sabes que aún estoy débil.
Ella suspira como si no quisiera contármelo, la verdad es que ahora me
interesa saber qué hacía Molly en el mismo club de Bastian. De todas formas no
estoy preparada para escuchar que ambos se aman y que son la pareja del momento
o algo así. Lo que percibí anoche fue la actitud de ella junto con su soberbia,
parecía que actuaba con la cabeza en alto como si Bastian la cobijara bajo su
ala.
La odio y aún no sé nada. Los odio a ambos.
– De repente se ha vuelto inseparable de él. Ayer intenté evitar que
fueras a su salón de belleza sabiendo que estaría cerrado.
– ¿Cómo lo sabías?
– ¿Bromeas? No hay ningún lugar en la ciudad donde no se sepa sobre la
inauguración de la semana que viene. Todos estos meses ha estado persiguiendo a
tu ex como una fanática. Sale en las revistas como la mejor amiga de la ex del
gran luchador y hace entrevistas en televisiones locales promocionando su salón
de belleza. Ahora la ves en los combates junto a él. Y cada vez que escupes su
nombre, estoy segura de que aparece.
– Pero… ¿cómo?... ¿cómo pasó todo esto? Ella no era así.
No siento nada por Bastian, ni siquiera le amo…
pero que se aleje de él. Bastian me perteneció y me debe el derecho de
lealtad ante un ex novio.
– No lo sé. Lo único que sé es que no deja de seguir a Bastian y no me
extrañó verla ayer en el club. Entró en el despacho mientras estaba mojándote
la frente diciéndome que no tenía derecho a estar allí, que ella era tu amiga y
lo haría. Si te hubiera dejado a solas con ella hubiera sacado una foto tuya
tumbada en el sofá.
– Es increíble – me apena de que sea así. No sé por qué, pero no me
sorprende.
– Ha vendido a la prensa fotos privadas de vosotras, y ahí le doy un
punto a tu ex porque le ha demandado y ha retirado cada una de las fotos. Ha
cerrado más editoriales en estos meses que horas en el gimnasio. Creo que
Bastian la mantiene a su lado porque no quiere perderse un movimiento en falso
de ella.
– Sí, muy… ems, muy típico de él. Mantener a
las mujeres a su lado.
– Lo siento Nancy, no te la mereces, ni a él ni a ella. Gracias por
defenderme.
– ¿Qué? Lo hubiera hecho frente a todo el mundo si fuera necesario.
Quiero que se quede con Bastian y que me deje en paz, si él la está frenando,
me alegro. Así me quito un problema.
– Tienes razón, desde hace unos meses no habla de ti, creo que él le dio
un ultimátum. Por cierto, ¿viste sus labios?
– ¿Se ha operado?
– No, se peleó en una fiesta con esa que me nombraste anoche… ¿Pia?
– ¿Ria Evans?
– Sí. En un local de Bastian, ambas se pegaron y la gente empezó a subir
fotos en las redes sociales.
Es por eso que si ponías en internet el nombre del local te salía sus
fotos.
– ¿Por qué? Quiero decir que… no sé… se supone que Molly sabía que Ria
era un problema para mí, ella la golpeó en la cara el año pasado.
– ¿Quién sabe? A lo mejor son ajustes de cuentas.
Al menos eso me alegra. No quiero parecer como una niña pequeña que ha
recibido un caramelo de su madre por buen comportamiento, pero me siento así.
Ria y Molly se han peleado y quiero hacer mi primer baile en silencio, ambas se
detestan y yo las detesto.
– Hay algo de mí que se alegra de que se peleen – susurro casi
sonriendo.
– Lógico cariño, no me gustan ninguna de las
dos.
– Molly sabe tantas cosas de mí. Habrá contado todos mis secretos.
– No, eso no Nancy. Sólo ha vendido fotos para que la llamen, te ha
defendido y ha dicho por activa y por pasiva que estabas en paradero
desconocido curándote de la terrible ruptura entre tu ex y tú. Afectada y todo.
– ¿Sí?
– Como lo oyes, con sus lágrimas falsas de cocodrilo. Había una parte de
mí que quería contactar con Bastian para que me dijera dónde te encontrabas,
pero ya sabes que no me llevo bien con él.
– ¿Qué paso anoche con él? Yo no pude, me derrumbé.
– Le dije que se alejara de ti y él me respondió que no, le regañé y me
gruñó. Y fue cuando vimos que te caíste al suelo, cuando un hombre intentó
cogerte
para auxiliarte él le pego diciéndoles a todos que se alejaran de ti,
que eras su novia e iba a matarlos a todos.
– Idiota – muevo la cabeza, vive estancado en el pasado el muy idiota.
Se cree que aún soy suya, pues va a llevarse una decepción cuando sepa que no
lo veré nunca más.
– Tú lo has dicho, luego dijo que él te llevaría en brazos pero le juré
por lo más sagrado que como te tocara le denunciaría. Me miró, me gruñó y llamó
a ese hombre que nos esperaba en la puerta.
– Ryan.
– Ese hombre te cogió en brazos mientras el gilipollas nos abría el
camino. Ryan te colocó sobre el sofá, el otro trajo botellas de agua, puso el
ventilador, abrió las persianas y nos dejó a solas. Me dijo que te diera con
toallas mojadas en la frente y me dio consejos, pero le miré tan malditamente
mal que huyó corriendo y maldiciendo. El resto lo conoces, estuve un
buen rato esperando a que te despertaras. Te quería traer a casa.
– Gracias Rachel, sobre todo por no dejar que me tocara, no estoy… no
quiero… él y yo, no puedo… le vi y…
– Nancy, cariño. No hiciste nada, a parte de un espectáculo, pero nada
más, – me sonríe – en algún momento tendrías que verle y ya lo has visto.
¿Sientes algo bueno por él?
– No, nada. Le odio todavía más.
– Me alegra escuchar eso porque yo le odio tanto como tú.
– Gracias por ser una buena amiga, prométeme que no te pondrás silicona
en las tetas ni venderás mi ropa a la prensa. No lo soportaría.
– Mierda, tengo que hacer una llamada – bromea.
No obstante y a pesar de todo lo que pasó anoche, no me arrepiento de
haberle visto. Todavía pienso que una parte de mí quería verlo, despreciarle,
escupirle e insultarle, pero una parte de mí sabía que yo no soy así. Me duele
el no poder tener la fuerza y valentía suficiente para enfrentarme a él, a sus
ojos que me evalúan, que me observan y me ordenan. Tengo miedo a no poder
decirle que no y acabe sobre su hombro, o mucho peor, que caiga en su trampa
otra vez. Bastian se sabe todos los trucos con mujeres y estoy segura de que
pondrá en práctica cada uno de ellos. Ahora solo tengo miedo a una persona, a
Nancy Sullivan.
No puedo permitirme actuar como lo hice ayer, tengo que ser más fuerte y
evitarle tanto como pueda.
Aunque al fin y al cabo, Bastian sabe que he
vuelto.
_______________
El domingo pasa, el lunes, el martes, el
miércoles… es jueves y Rachel se sube por las paredes. Estos días he
estado mejor ya que hemos hablado muchísimo y nos hemos conocido. Ella me ha
contado que no tiene familia pero que sus abuelos viven en Dakota del Norte y
les ama como si fueran sus padres. Yo también le he hablado de mí, de mi
humilde vida, con mi humilde familia, en mi humilde Crest Hill. Me he dado
cuenta de que tenemos más cosas en común de lo que pensaba. Si hemos tenido
tiempo de estar aquí encerradas viendo el anime, también hemos tenido tiempo de
hablar sobre lo que pasó el sábado y sobre él. Le he contado cuales son mis
miedos actualmente y que voy a hacer cuando le tenga en frente de mí y no sepa
cómo actuar, me hizo gracia cuando el martes se disfrazó de Bastian y me obligó
a hablarle como si nos hubiéramos encontrado otra vez.
Hoy le he prometido que saldríamos a dar un paseo, ella no ha querido
dejarme sola en estos días y se lo agradezco porque no sé cómo hubiera
reaccionado. Me encuentro mucho mejor, ya no tengo ganas de llorar, tengo mis
momentos de bajón pero
estoy muy bien y este fin de semana voy a enseñarle la ruta hasta Crest
Hill para ver a mis padres que están muy contentos de que haya empezado una
nueva vida.
Decido ponerme unos pantalones que se ajustan a mi delgada figura y una
camiseta holgada donde no dejo ver mucho. Rachel está más contenta porque dice
que me ve mejor cara. La semana que viene le he prometido ir al médico para ver
si se me quitan las manchas negras que decoran mis ojos y también pediré cita
con un nuevo ginecólogo. No quiero tener nada que ver con mi antiguo yo.
Rachel no viste tan mal a juzgar por su pelo, dice que se está agobiando
del color rosa y que cuando vengamos de Crest Hill llamará a su amigo para
elegir el siguiente color. Viste con unos pantalones blancos y una camiseta
azul con su inseparable mochila pequeña que se ajusta a su espalda. Esta semana
me he reído y empiezo a reírme más, eso significa que al menos me aferro a la
vida.
Pongo una mano en mi frente porque no tengo
gafas y vamos a comprarme unas, el sol calienta y el primer contacto con
la calle hace que cierre los ojos quedándome casi ciega. Sonrío porque no me
gusta el sol sobre mí.
– Rachel, rápido que necesito unas gafas de sol o moriré.
– Si aprendieras a cerrar la puerta de casa no tendría que hacerlo yo –
aparece por detrás y me da un golpe ligero en la cabeza.
Es verdad, no sé usar la cerradura de su casa. No quiero molestarla
mucho tampoco, esta semana hemos estado hablando sobre quedarme aquí y dice que
no se permite en ningún caso aceptar mi dinero. Hemos hablado de ahorrarlo
mientras encontramos trabajo o decidamos que hacer ya que ella aún vive de la
herencia de sus padres.
Más entrada la tarde Rachel no deja de repetirme lo orgullosa que está
de mí, dice que ahora tengo más figura y estoy muy delgada como las
modelos de la revista. Yo le digo que es una boba y que no me compare
con ellas ya que no mido mucho más de un metro sesenta o algo así. Me he
comprado unas gafas y hemos paseado, ya no me sorprende el encontrarme a la
gente, ya no me molesta el aire o la vida, simplemente he aceptado el hecho de
que todo es nuevo. Hemos quedado con sus amigas aquí en el café donde conocí a
Dave, él está trabajando por las tardes y los fines de semana para pagarse la
carrera, y es por eso que vamos ya por el cuarto pedido.
No me fijo en él a pesar de que flirtea con nosotras, creo que está
siendo amable. Ellos han comentado delante de mí que tengo mejor cara y que
hasta sonrío, Dave le ha contado lo borde que fui la semana pasada y Rachel ha
acabado llorando de la risa. Viene con otra magdalena sobre el plato porque no
deja de traerlas, no le entiendo.
– No Dave, no quiero más.
– No has probado ninguna.
– Sí las he probado, me has hecho comer tres y media. Ya no puedo más.
– Nancy, – añade Rachel – aprovéchate que son gratis, ha dicho que
invita a todas.
– ¿He dicho eso? – Dave arruga la cara bajo la sonrisa de ella – sí,
supongo que sí. Tengo trabajo, luego os veo chicas.
Por fin vienen las amigas de Rachel. Las conocí el fin de semana pasado
y no me he quedado con sus nombres ahora se presentan como Sanato y Senato. Me
acabo de dar cuenta de que son gemelas aunque no se parecen en nada, una lleva
el pelo moreno y algunos reflejos azules y la otra el pelo rubio, ambas visten
muy normal para el nivel de anime que corre por sus venas.
Estamos las cuatro sentadas y Dave no para de flirtear con nosotras a
pesar de que él está atendiendo, Rachel dice que actúa así de idiota por mí.
– Dale una cita – dice Senato o Sanato.
– ¿Qué? No. Por cierto, ¿puedo llamaros rubia y morena? Para mí es un
poco complicado acordarme de vuestros nombres.
– Por supuesto, de todas formas tú al ser natural es lo que tiene, –
hace un gesto de locura y le lanzo un trozo de magdalena – está bien, era
broma, era broma.
La verdad es que nos caemos muy bien, parecemos cuatro amigas que se
adoran y estoy sintiendo eso. Las gemelas son muy divertidas y mi amiga aún
más, me contagian esa felicidad y hace que no piense tan frecuentemente en él.
Mientras hablan de sus cosas le escribo un mensaje a mi madre y me responde con
un número de teléfono.
El ver a Dave me recuerda a Alan. Antes de que mi madre destruyera el
móvil copió los números a una libreta y le acabo de pedir el de mi amigo, o el
que era mi amigo. Me siento animada y aprovecho ahora que estoy con ellas para
salir y llamarle afuera. Espero
a que una mujer se cruce delante de mí para marcar el número. No sé qué
me voy a encontrar al otro lado pero al menos quiero agradecerle todo lo que
hizo por mí.
– ¿Sí?
– ¿Alan?
– Sí, ¿quién es?
– Soy… soy yo, Nancy.
– ¿Nancy? – Suspira.
– Nancy Sullivan, ¿te acuerdas de mí?
– Sí.
– Yo… yo solo quería.
– Qué sorpresa más grande, ¿de verdad eres tú o la perra de Molly
llamándome?
– Soy yo, Nancy.
– No me lo puedo creer, voy a sentarme, espera un momento, – se escucha
como se aparta el móvil de la mano – es mi amiga Nancy, no Hillary, no es mi
novia, no… ahora voy, sí.
– Si quieres, puedo ems… llamarte en otro momento.
– No, estoy bien. Ahora estoy solo, joder Nancy, ¿cómo diablos estás?
– Bueno, volví a la ciudad.
– ¿Estás bien? Estaba muy preocupado, no dejé de llamar hasta que tu
padre me mandó a la mierda.
– ¿Sí? Creo que me lo creo viniendo de él.
– Tenemos que quedar y hablar pequeña, pero ante todo quiero decirte que
no estás sola ¿vale? Tú no
lo estás y me tienes para lo que necesites.
– Oh Alan, te lo agradezco, pensé que me abandonaste.
– No peque, no te abandoné. Era mejor ver las cosas como tu madre me
dijo una vez que llamé, necesitabas tiempo y tiempo te dimos. Ahora que estás
aquí ya estás conmigo.
– Siento todo lo que ocurrió.
– No te preocupes Nancy, no pienses en eso. Sabemos cómo te separó de
nosotros y era normal la venda que tenías en los ojos.
– Sí, me di cuenta demasiado tarde ¿verdad? Perdón por no escucharte,
quizás si…
– No digas nada, no tienes que disculparte. Ahora dime, ¿cuándo quieres
que nos veamos? Tengo que contarte lo de Molly y lo perra que se ha vuelto.
– Estoy viviendo con Rachel, ¿te acuerdas de ella? Cenamos juntos una
vez.
– Sí, ella es genial aunque rechazó todos mis piropos.
– ¿Qué tal si cenamos juntos esta noche? Puedes traerte a Hillary si
quieres, yo llevaré a Rachel.
– ¿Qué? No. Hillary no es mi novia, bastante tengo que aguantarla para
echar un polvo con ella, ¿quedamos a las ocho en el Luzziano’s? Ese italiano
está de muerte.
– Allí estaremos, viene Rachel. Es que aún no me puedo separar de ella.
– No dudaría en que no viniese ese bombón.
Me despido y cuelgo la llamada. Este Alan no va a cambiar.
Cuando vuelvo a la mesa veo que Rachel tiene
el móvil fuera porque están intercambiando números con Dave. Todos me
sonríen.
– Hey Nancy, Dave quiere tenernos localizadas
– dice mi amiga.
– Ya sabes, para seguir tu evolución, – me mira Dave de arriba abajo –
no comes lo suficiente.
– No, no voy a… a… intercambiar números. Rachel, esta noche cenamos con
Alan, hemos hablado y vamos a arreglar las cosas.
– ¿Quién es Alan?, ¿hay otro en tu vida tan pronto? – Dave bromea y me
sonríe.
– Eh, ella lleva soltera casi un año, – añade mi amiga y le doy una
patada – aunque es obvio que no está interesada.
– ¿Quedamos mañana para salir? Eso va por todas, señoritas.
– Yo, no… no…
– Sí, – Rachel me sonríe – total, la mierda que nos pasó el sábado no
nos va a volver a pasar, ¿verdad Nancy?
– Yo… no. No quiero… ¿por qué me hacéis decir esto? No me apetece salir.
– Saldremos Dave – me saca la lengua Rachel mientras las gemelas se ríen
y yo lo doy por finalizado.
Más tarde, nos reunimos con Alan como habíamos quedado. Cuando me ha
visto casi ha llorado, dice que he perdido demasiado peso y mi cara no es la
misma, creo que ha sacado algunas lágrimas cuando Rachel le ha dicho como me
encontró la semana pasada. Estamos los tres muy a gusto hablando sobre todo, no
le he contado cuales fueron mis verdaderos motivos por el cual rompí mi
relación y no me ha presionado sobre eso. Sin embargo, le he contado más de lo
que hubiese querido. Rachel dice que es bueno que hable de la vida que viví con
él porque eso me va a
ayudar a superar todo, que hablando y reviviendo hace que pueda
cicatrizar mis heridas. Alan está muy enfadado con Molly porque le dijo que se
apartara de mí y de ella, que no saliera en público hablando de nosotras; dos
días después vio su entrevista en el periódico nacional y se sorprendió, fue
cuando llamó a mi madre y hablo con mi padre también. Por eso decidió que me
dejaría tiempo, sabía que de un modo u otro volveríamos como antes y se lo
agradezco. Ahora que pienso en ello, mi madre sabía lo que estaba pasando en
Chicago y aun así me sobreprotegió de todos.
Rachel ha evitado hablar de que le vimos el sábado y nos hemos enfocado
más en Molly e incluso en Dave. Alan ya se ha puesto celoso porque ella no deja
de decir que Dave flirtea con ambas, pero sobretodo conmigo. Yo ya he repetido
por activa y por pasiva que no quiero una relación con nadie.
Acaban de ponernos el postre sobre la mesa y aún no lo he tocado, no me
apetece y odio los dulces. La antigua Nancy los amaría, pero yo los detesto.
Alan
me mira con el ceño fruncido porque no entiende como digo que no a un
postre y la pobre Rachel ya sabe que no suelo comer mucho, ya he metido en mi
cuerpo más alimentos de los que puedo tomar.
– Nancy, si no muerdes esa tarta de manzana voy a comérmela yo y no te
gustará ver como la devoro en un solo bocado – bromea Alan.
– No me apetece, adelante con ello.
– A pesar de que como se encuentra, la semana pasada estuvo mucho peor,
al menos ya come – añade Rachel.
– Me lo imagino, – pone una mano sobre la mía
– ¿cómo te sientes?
– Bueno… ems… fatigada. No puedo mantenerme mucho en pie, pero estoy
bien.
– Ahora que se dónde vives ten por seguro de que me vais a tener allí a
menudo. No quiero dejarte
Nancy, ahora no.
– Gracias Alan. Ya te lo he dicho pero para mí era muy importante
pedirte perdón por todo. Si te hubiera escuchado me hubiera evitado todo lo que
vino después.
– No sé lo que pasó o lo que ese desgraciado te hizo, pero no se
acercará a ti. He escuchado que estuvo el fin de semana en la ciudad y ya no lo
está.
– ¿Dónde está? – Pregunto y Rachel me mira con los ojos abiertos y Alan
se sorprende – solo es curiosidad, para saber si estoy segura en la ciudad o
no.
– No se sabe, cuando no lucha su paradero es desconocido.
– Supongo que tendrá a Diane Cost o a Molly entre sus piernas.
Ese comentario hace un silencio en la mesa.
Mierda, ¿por qué me llega ni siquiera a importar dónde está? Él dijo en
la televisión que no hablaba de su vida privada o algo así. Eso quiere decir
que tiene novia y la protege como en su día me protegió a mí hasta que me hizo
aquello que quiero olvidar. Suspiro sonriéndoles y mordiendo un poco de tarta.
Sé que son sonrisas forzadas, que no estoy relajada, que mi cuerpo se tensa
cada vez que hablo de él y que aún no estoy en la fase de aceptación; y como me
dijo mi madre, me queda todavía un mundo para llegar allí. No voy a poder
soportar verlo con otras, sea quien sea, no podré con ello.
Empezamos otro tema de conversación en el que Alan y Rachel hablan sobre
ellos, no se conocen y se están contando sus vidas. Conozco la sonrisa de él y
ella, no quiero pensar que aquí hay chispas, pero algo me dice que sí.
Cuando acabamos de cenar Alan nos acompaña a casa y estamos en el
portal. No solemos coger mucho mi coche, está aparcado delante de casa y a
veces lo arrancamos para dar un respiro al motor
porque siempre vamos andando o en metro. Rachel dice que es mucho más
rápido y menos complicado ya que ahorramos en gasolina y en tráfico, lo mejor
de todo es que tiene razón. Me siento más conectada a Chicago desde que voy
andando a todos lados. Es más divertido, hablas más, disfrutas del paisaje, de
la gente y hago lo que debo hacer; crear nuevos recuerdos y parámetros para que
me hagan olvidar mi pasado.
– Así que Alan, ¿no vienes mañana? Dave invita a la cena y luego a la
primera copa. Dado que solo vamos Nancy y yo dice que no pediremos mucho y lo
más barato.
– Trabajo en el turno de noche, no puedo. El domingo si podría,
¿quedamos para cenar?
– Ven a casa, Nancy puede cocinar algo, – sabe que no cocino desde que
lo hice por última vez para mi ex – ¿a que sí?
– Lo intentaré, bueno me voy al baño – levanto las manos a ambos y les
sonrío. Creo que necesitan
algún tipo de intimidad y no sé por qué.
– Vale, nos vemos el domingo Nancy – dice Alan y me giro.
Entro en casa suspirando. Esa de ahí afuera no soy yo, ellos dos están
probablemente hablando de eso en la calle. Intento sonreír, distraerme, hablar,
mirar… pero todos y cada uno de los recuerdos me llevan a él. Voy al baño y me
miro en el espejo, no lo he hecho en meses pero voy a hacerlo ya que Rachel
entrará en casa. Levanto mi camisa viendo en el reflejo mi asqueada figura, si
antes me odiaba ahora más. Le he prometido a Rachel que me querría más pero la
verdad es que me doy asco, giro lentamente con los ojos muy abiertos centrados
en algo que quiero volver a ver. Mi tatuaje. Leo el nombre de Bastian junto con
las estrellas y como me entregué a la relación, las lágrimas empiezan a nublar
mi vista y los recuerdos me persiguen, le amé incluso más de lo que una persona
podría amarle. Sollozo girando tantas veces crea necesarias para mirar que
llevo tatuado el nombre del hombre al que amé; mi vanidad, mi rendición, mi
cuerpo y alma, todo me lo arrebató. Me hizo creer que
me amaba, que daba la vida por mí y yo se lo permití, le dejé entrar en
mi corazón y él… y él… ¿por qué? Aún le amo y no quiero decirle adiós, ¿por qué
dejó que me tocara?, ¿por qué me abandonó?, ¿por qué me ocultó todo?
– Cariño, eh, ya estoy aquí.
Caigo en los brazos de mi amiga llorando y sollozando a gritos. Me ha
visto sin camiseta y me ha pillado viéndome el tatuaje. Ella me relaja y me
mece mientras yo intento que la pesadilla no me aborde, pero no puedo evitarlo,
porque aún separados, todavía tiene el control sobre mí.
– ¿Por qué?, ¿por qué me hizo esto?
– Nancy, ha sido un día largo también a pesar de que salimos más tarde a
la calle. Alan y tus recuerdos te han abordado y a lo mejor no estabas
preparada para otro tipo de conversación más profunda. Tranquila cariño, solo
está siendo un momento.
– Te mentí Rachel, yo… te mentí… todavía le
amo.
– No Nancy no, es producto de todo el estrés. Vives en el pasado porque
aún es pronto, pero estoy segura de que no le amas.
– Yo… solo quiero que me diga por qué me hizo todo. Yo le quería, le
entregué todo… todo de mí, y me lo arrebató de las manos. A mí.
– Tranquila, lo estás haciendo bien. Hoy te ha abrumado tu cita con
Alan, él forma parte del pasado y te ha recordado a tu historia con tu ex, pero
no pasa nada. Estarás bien.
Nos levanta del suelo dirigiéndonos al sofá y me ayuda a ponerme el
pijama. Sigo llorando y sé que me deja que lo haga, tiene razón, quizás el
haberme encontrado con Alan hoy me ha hecho recordar a que hace un año ya
estaba con él. Aspiro mis mocos y se sienta a mi lado poniendo un vaso de leche
sobre la
mesa, ella toma un té.
– Tienes razón, creo que… que me he abrumado.
– Lo sé, no tienes que lamentar eso, a veces es bueno que llores.
Hacerlo sin sentimientos o a la fuerza por lamento no está bien, pero hacerlo
porque tienes una razón sí. Es por eso que he dejado que te desahogaras.
– Siempre habrá una razón Rachel, siempre será él.
– No cariño, no siempre. A veces te paras a pensar en lo que viviste y a
veces en el daño, pero no siempre será él. Esta semana apenas has llorado y
estoy segura de que no has olvidado nada, simplemente apartas tus memorias a un
lado e intentas sobrevivir. Llora cada vez que desees, desahógate, pero no lo
hagas forzando tu miseria porque no tienes nada por lo que llorar, ya no. Eres
una nueva Nancy y estoy muy orgullosa de ti.
– Es verdad, – bebo de mi leche – tendré que quitarme algún día mi
tatuaje.
– Ese día llegará, te darás cuenta de que lo tienes superado y será
cuando lo hagas.
La miro levantando las comisuras de mis labios y haciéndolo porque me
sale del corazón. Apoyo mi cabeza sobre su hombro y encendemos la televisión
para ver algunos dibujos. Mientras me va contando sus impresiones sobre Alan y
lo guapo que está, no me había fijado de que tenía más músculos hasta que ella
no me lo dice. También hablamos de lo bien que me va a venir mañana salir con
Dave, que es una cara nueva y crearé nuevas visiones de futuro. Conocer a gente
y salir por sitios diferentes me va a ayudar mucho aunque no lo pueda ver.
Ella tiene razón, es la única que me ha dicho exactamente lo que quiero
oír, qué me apoya y me dice la verdad a la cara. Entiende que todavía no lo
acepte, que todavía piense en él, que esté dolida, que no
levante cabeza; pero también entiende que lo odie, que no quiera salir,
que me encierre en mi misma, que no hable o sonríe, o simplemente que no sea la
misma. Por extrañas razones ella y yo somos más amigas que nunca, jamás en mi
vida voy a poder agradecerle toda su gratitud, fidelidad y amistad. Rachel ha
ganado un alma en pena para toda la vida, a mí, porque nunca voy a superar lo
de Bastian, digan lo que digan.
Ya ha amanecido hace unas horas y sigo en el sofá, pensando. Hoy hemos
quedado con Dave y no quiero salir pero le prometí que lo haría si ella me
encerraba el resto del fin de semana, se negó y al final mañana me ha obligado
a ir al supermercado para comprar. Trago saliva porque llevo unas horas
despierta, no se me quita de la cabeza lo que Alan dijo anoche sobre que nadie
sabía dónde estaba él cuando no tenía combate. No debería importarme pero hay
algo dentro de mí que hace que me importe, ¿estará en el club privado?, ¿con
Diane, con Ria o Molly?, ¿me habrá olvidado? Él me vio en el club y no me dijo
nada, a lo mejor quería hablar de que no soy bien recibida en sus clubs o algo
así. O a lo mejor también quería
hacerme saber que ya me ha superado, que no ha esperado por mí y que me
aleje, seguro que se asustó al ver mi cara fea, ya no soy la misma de antes y
él no me querrá. ¿Por qué me importa eso?
Me levanto escuchando la lluvia caer. Me siento sola y necesito
despertar a Rachel, un minuto más pensando y creo que voy a estallar. Voy hacia
su puerta cuando ella sale, su pelo rosa está desordenado, pelos para arriba y
abajo, ahora lo lleva recogido pero está mona. Le sonrío, hoy me apetece
hacerle el desayuno, necesito distraerme.
– Haré algo para desayunar.
– Buenos días, – levanta su mano – un café bien cargado es lo único que
necesito, esta lluvia va a tocarnos las narices hoy.
– No, está bien que llueva así no saldremos.
– Tu siempre ganas Nancy – me grita riéndose desde el baño.
Por la mañana nos distraemos viendo los dibujos, se está convirtiendo en
algo rutinario para mí, me distrae y eso es lo más importante. Tras almorzar,
Rachel y yo recibimos un mensaje al mismo tiempo sobre la hora y el lugar donde
nos esperará Dave ya que vive en el campus y el de medicina está más alejado de
la ciudad. Cuando estamos haciendo tiempo viendo la televisión a Rachel le
viene una inspiración y minutos más tarde uno de sus amigos viene cargado con
todo lo que necesita porque se va a cambiar el color de pelo.
– ¿Ves la foto que te he imprimido? Lo quiero igual – dice Rachel
mientras yo les observo desde el sofá.
– Que sí pesada, me lo has repetido doscientas veces, ¿cuándo te he
fallado yo?
– Te pasaste de colorante cuando me puse el pelo verde, te dije claro y
tú lo pusiste un verde hoja de árbol a punto de desvanecer.
Hacen que sonría viéndoles juntos. Él es alto, moreno y tiene músculos,
dice que va al gimnasio porque así puede ligar con chicos que ni siquiera saben
que están siendo ligados. A mí me hace gracia el hecho de moverle el pelo a
Rachel de un lado a otro, tiene mucha experiencia y se nota. Mi amiga dice
orgullosa a todo el mundo que tiene una nueva compañera de apartamento y que
ahora su vida social cambia porque vamos juntas a todos lados. Él me dice que
ya era hora porque es el alma de la fiesta y no la soportaban y mi amiga le
responde golpeándole.
Me paso casi toda la tarde negándole que toque mi pelo, mi rubio es
natural y todo en mi cuerpo lo es. No quiero tintarme o ponerme más reflejos
rubios como dice, es el color de mi pelo y no me puedo quejar. Es perfecto.
Una vez que ha acabado ella se levanta y se mira en el espejo del baño.
– ¡Qué bonito!, ¿habéis visto mi nuevo pelo?
Su amigo y yo nos reímos y chocamos las manos.
– Tu pelo es preciso – digo cuando la veo salir del baño.
– ¿Precioso? Este pelo va a dar mucho que desear, voy a crear tendencia,
es más, me mirarán y mañana todo el mundo lo llevará igual.
– Mientras me paguen, lo haré encantado.
Minutos después su amigo se va dejándonos a solas. Yo cruzo las piernas
sobre el sofá y la miro tras cerrar la puerta.
– Ahora echo de menos el rosa.
– ¿Me queda bien? Dime la verdad Nancy.
Sus extensiones morenas acaban en la mitad de su espalda, se ha puesto
algunos reflejos claros desde
la raíz que va muriendo poco a poco en la punta de su falso cabello,
está guapísima. El color negro le pega para su cara dulce y pequeña, sus ojos
se ven preciosos y su aro en la nariz le pronuncia su sensualidad.
Es guapa, muy guapa.
– No tengo palabras, el negro te queda muy bien y esos reflejos son muy
bonitos. No se va a notar cuando te empiece a crecer el pelo.
– ¿Crees que
para el domingo me aguantará
así?
– ¿Domingo? – Me extraño – ¿no es cuando Alan viene a cenar?
Sonríe y se lanza al sofá en mi dirección con la cabeza en alto para no
despeinarse. Así que tenía razón, le gusta Alan.
– No le digas nada, no quiero que lo sepa.
– Pero eso es genial Rachel, ¿por qué no se lo dijiste el año pasado
cuando le conociste?
– Porque Molly estaba todo el tiempo contoneando sus caderas de un lado
a otro, con su pelo para la izquierda y la derecha. Luego tú toda embobada
deseando que nos fuéramos para poder atender a tu ex. Estaba enfadada, lo di
por acabado cuando Molly trajo el postre y le puso las tetas en su cara.
– Entonces, lo tuyo con Molly viene de antes ¿eh? Y yo ni siquiera me di
cuenta. Lo siento, si lo hubiera sabido yo… no sé, te hubiera pasado su
teléfono.
– No te preocupes, el destino ha querido esto y ahora él la odia, eso me
deja vía libre. ¿Quién es Hillary de todas formas?
– Nadie en especial, una amiga con la que tiene sexo eventual. Nada más.
– ¿Está libre?
– Todo para ti, de hecho, puedes llamarle mañana con alguna excusa y
hablar con él.
Rachel y Alan juntos, sí, ¿por qué no? Alan no me ha fallado en ningún
momento, es más, yo le debo más a él que él a mí, y Rachel, ella se merece todo
lo que quiera. Me gustará ver cómo se van enamorando poco a poco, creo que Alan
siente algo por ella pero será ella la que dé el primer paso y no me lo quiero
perder.
Ahora solo hace falta que se casen, tengan hijos y yo pueda vivir en el
garaje o algo así. Mientras haya oscuridad y no me molesten, seré feliz.
Dave no ha llegado tarde y hemos dado un paseo por la ciudad
aprovechando el buen tiempo. Ahora estamos mirando la carta del menú y
bromeando con él, queremos pedir lo más caro porque él va a pagar y dice que no
tiene tanto presupuesto ya
que su carrera se lo lleva todo. Tiene veinticinco años y estudia
medicina, se quiere especializar en pediatría porque viene de una familia con
seis hermanas y ama a todos sus sobrinos. Cuando estaba hablando de él mientras
caminábamos Rachel no dejaba de darme patadas, no y millones de veces no. Sé
que trata de llamarme la atención para que tenga una mente abierta, que le deje
entrar en mi vida y hacernos pareja, eso no va a ocurrir. Incluso parece ser
que se imagina una cita a cuatro con Alan, Dave y nosotras, oh no, Bastian me
mataría. No sé para qué pienso en eso, no me importa, a él tampoco debería
importarle.
Rechazo cualquiera de mis pensamientos con Bastian, pero esta noche en
especial estoy nerviosa y sé el motivo. Me centro en el menú escuchando las
voces alrededor, la gente, los niños y las de ellos preguntándome que quiero.
Decido que un poco de sopa no me vendría mal porque no quiero vomitarlo todo.
No esta noche.
– Rachel, tu nuevo look te queda muy bien – dice Dave sonriente, su
sonrisa es hermosa pero no
menos que la de Bastian.
– Gracias, quería llevar lo mejor para ti. Por cierto, el domingo viene
un amigo a cenar a casa, ¿quieres venir tú también? Ya sabes, no podemos dejar
a Nancy sola si él y yo acabamos enrollándonos.
– Eh… ems… yo estoy aquí. No necesito que venga Dave puedo cuidar de…
– Iré encantado – me mira intensamente y me pierdo en otros ojos, me
tiembla todo el cuerpo – todo sea por ti, para que no tengas que escucharlos.
– Ellos no van a hacer nada, ¿verdad Rachel?
– ¿No? – Sonríe y le lanzo un trozo de pan.
Hablamos sobre la carrera de Dave mientras cenamos, resulta que él es un
chico bastante genial y de los buenos. Mi amiga sigue dándome patadas para que
no me pierda detalle. Él es el pequeño de seis hermanas y le tienen muy mimado,
ellas van al campus
cada dos por tres y él no se puede dejar. Su última relación la tuvo
hace dos años cuando su novia decidió que era mejor seguir como amigos ya que
habían perdido la chispa. Lo tiene superado y ha salido con algunas chicas pero
dice que no busca nada serio porque ha estado atado desde el instituto y solo
quiere acabar la carrera.
Ambas prestamos atención a todo lo que dice, nos cae bien y mis nervios
no dejan de consumirme. No de mover el tenedor del postre de un lado a otro,
incluso aparto de mis piernas las migas de pan que se hayan podido escapar de
la mesa. Me pone atacada de los nervios.
Para hoy he decidido repetir con los leggins de cuero negro porque es lo
único que tapa mi fealdad, mi camisa larga celeste cae hasta la mitad de mis
muslos y mis converse no son lo más bonito para llevar, pero no puedo subirme a
esas altas plataformas sin caerme. Lo más importante es que me siento más
segura tapada que exponiendo mí estropeada figura. Sus ojos me están
acribillando y estoy luchando contra ellos,
intento distraerme y meterme en la conversación.
– ¿Postre? – Pregunto cuando aún están terminando sus platos, ellos han
pedido comida y yo no puedo tragar más de mi sopa, está por la mitad – creo
que… ems esperaré.
– No, no… pídelo si quieres. Yo ya he terminado – dice Dave.
– Y yo, pedidme algo de chocolate, voy al baño de todas formas. Ahora
vengo. ¿Estarás bien no?
No. Pero le asiento con la cabeza, supongo que estaré bien, sí. Espero
que él no haga ninguna locura y que intente calmarse si es que está alterado.
Rachel se aleja mirando su móvil y me quedo a solas con Dave, no dejo de
mirarle de vuelta pero apoyo una de mis manos en la cara tapándome de su vista.
– ¿De verdad que estás bien? No quiero que te sientas obligada a nada.
– Sí… lo sé… solo es… que… yo… a veces no puedo… no puedo hablar… – mis
dientes chocan entre sí, estoy temblando.
– Vale, tranquila. Pediremos el postre y saldremos de aquí. ¿De acuerdo?
– Me encantaría, me abruma quizás… la… gente que hay aquí.
– Lo entiendo, los viernes suele llenarse. Mejor vámonos, ya os invito a
un helado. Me saldrá más barato, – me susurra – pero no se lo digas a la
teniente, no quiero que pida otros doce dólares de comida.
Se levanta y hago lo mismo, me ha sacado una sonrisa pero es mi
inestabilidad la que actúa por mí. Paga la cuenta y Rachel se reúne con
nosotros en la entrada, estoy tiritando de frío y de algún modo escondiéndome
detrás de Dave, necesito salir de aquí.
– ¿Por qué nos vamos? Nancy – pone su mano
sobre mi brazo.
– El restaurante se ha llenado y no han puesto el aire acondicionado, si
yo me estaba agobiando imagínate ella que se ha tomado una sopa. Debe de estar
ardiendo – Dave responde sonriéndome y pasándome un brazo sobre mis hombros.
– Ah, es eso. Sí, hace un poco de calor.
– Así que os invito a un helado, ¿qué tal uno para refrescarnos? Aunque
podemos darnos una ducha juntos si es eso lo que deseáis.
– Bobo – le golpeo quitándole el brazo sobre mí y sonriéndole – salgamos
de aquí.
En la heladería pasa exactamente lo mismo, hemos conseguido una mesa
fuera y el aire nos azota un poco pero no hace frío. Esta vez no está alrededor
o cerca, pero sí a lo lejos donde no se pierde detalle de lo que hago. Dejo que
mi helado se derrita porque me duelen los dientes o esa es la excusa que pongo
para
no distraerme de mi objetivo mientras aplasto el helado. Rachel y Dave
tienen conversación para todo, ambos se han acabado sus helados y me están
esperando, yo sólo quería largarme del restaurante y ahora quiero largarme de
aquí también.
Disimuladamente acabo con mi helado casi tragándolo para no levantar
sospecha, me levanto y tiro el resto a la papelera que hay cerca.
– Gracias Nancy, creo que el alcalde de la zona te agradecerá que hayas
hecho uso de la papelera – dice Dave sonriéndome.
– El alcalde es un gilipollas.
Rachel empieza a reír y Dave también, hacen que yo también me ría.
Más tarde decidimos ir a un club. Los tres entramos por la puerta y
observo este lugar, sé que es de Bastian porque ya he estado aquí, esta vez me
limito a no decir nada, no quiero ser aguafiestas.
Desde hoy no me importa si ya entro en algún establecimiento de él, no
puedo vivir con el miedo de preguntar cuando hay calles y parques con su
nombre, estaría prohibida en toda la ciudad porque todo le pertenece. Este club
era uno de mis favoritos, él y yo solíamos entrar en un reservado que hay al
otro lado porque era bastante celoso ya que es un lugar donde vienen
universitarios, Dave me lo ha confirmado porque él suele venir mucho. El club
es bastante oscuro, con luces tenues y con decoración de madera oscura, las
mesas y sillas están fabricadas con troncos de árbol y queda muy bien con la
decoración; hay dos plantas, la música es melódica y se está muy a gusto. Yo
subo las escaleras seguida de ellos porque he visto un sitio libre en la
segunda planta. Él no tardará en llegar de todas formas.
Pedimos unos cocteles en la barra aunque no me apetece beber. Nos
sentamos en la mesa que hay libre, escojo el tronco de árbol que está pegado al
poste de madera que da al vacío mientras ellos se sientan en los troncos que
están de espaldas a la barra porque no hay espacio, hay mucha gente aquí.
Parece que estoy
alejada pero no es así, ellos están lo suficientemente cerca de mí y los
necesito ahora más que nunca. Dave bromea conmigo cuando nos ponen la bebida
sobre la mesa mientras el camarero esquiva cabezas.
– Nancy, si hay un incendio no te lo pienses y lánzate. Salta y no nos
esperes. Estoy seguro de que Rachel y yo moriremos calcinados.
– Bobo, – le sonrío – no estamos tan separados.
– Yo quería ponerme a tu lado, pero lo siento cariño.
– Rachel no seas boba tú también, esperemos a que esto se desaloje
pronto.
Vamos charlando amigablemente y ellos ya han pedido la tercera copa, yo
apenas puedo dar un sorbo a la primera. Esta vez les he podido convencer de
algún modo que yo no bebo alcohol y Dave ha empezado a bromear con que le salgo
muy barata y Rachel no, él se ha llevado algún que otro golpe. Ya se han ido
los de
la mesa de mi derecha y Dave ha podido poner su tronco a mi lado
quedando en medio de nosotras dos; ahora tengo a Rachel enfrente y a Dave a mi
lado. Me da igual, mi mirada no deja de observarle disimuladamente.
Lleva una camisa negra remangada hasta los codos y ceñida a su cuerpo,
sus vaqueros se resbalan de su cintura dejándolos un poco sueltos, al menos no
va enseñando el trasero. Entre sus idas y venidas puedo ver que es más grande o
yo más pequeña. No para de pasearse de un lado a otro, entrando en la barra
sirviéndose, apoyado en todas las partes de la barra y llamando mi atención en
todo momento. Llevo dos minutos con su cabeza apoyada entre sus manos,
probablemente quiera limpiar su conciencia y a lo mejor yo se lo permito.
Me distraigo de lo que dicen mis amigos ya que ellos siguen hablando,
aunque mi única preocupación sigue siendo él que ahora no levanta la cabeza si
no es para beber de su copa.
Trago el nudo que se ha formado en mi garganta y me atrevo a decirlo
interrumpiendo la conversación.
– Rachel… – suspiro y ella me mira muy seria.
– ¿Está aquí verdad? – Yo asiento – ¿nos vamos?
– No… pode… no podemos huir… simplemente no… no podemos Rachel.
– Eh ¿qué pasa aquí? – Dice Dave.
– Su ex está aquí – confirma Rachel.
– ¿Le digo que se vaya o algo? – Él responde sonriendo y acercándose más
a mí en señal de apoyo, creo que me voy a desmayar.
– Tú verás si quieres pelear con el mismísimo Bastian Trumper.
– Rachel – le incrimino.
– ¿Qué? Tendría que saberlo tarde o temprano, más vale que lo sepa ahora
por si pasa algo.
– ¡No me jodas! – Me mira Dave sorprendido – ¿tú salías con Trumper?
– Sí, bueno… él y yo…
– ¿Eras la rubia que llevaba de su brazo todo el tiempo?
– Sí, supongo.
– ¿Tu eres el ángel de Crest Hill? – Asiento a las preguntas de Dave.
– Joder, ese tío está loco y mis hermanas están enamoradas de él, hasta
mi madre. En mi casa no se habla de otra persona que no sea Bastian Trumper.
– Dave, no es el momento, – le corta Rachel – nos vamos.
– Rachel, ¿confías en mí?
– No cuando estás con él y no te lo recomiendo Nancy.
– Voy a, voy a decirle que…
– Mírate cariño, ni siquiera puedes hablar y soy yo, ¿qué va a pasarte
cuando estés frente a él?
– Yo buscaré… no sé… confía en mí por favor. No puedo… ems… huir. Lleva
siguiéndonos toda la noche, él no va a parar hasta que se lo diga.
– Permíteme que me entrometa, pero si sobrepasa la línea del respeto
debería hablar con él.
– Dave no me ayudas a nada, – Rachel rechina sus dientes y se dirige a
mí – cariño, sabes que te quiero y confío en ti. Es en él en quien no confío.
– Necesito saber que se va a alejar de mí.
– Es tarde y estás agotada. Tal vez la próxima
vez.
– Rachel, voy hablar con él. Quedaros con mi bolso y mis cosas, si no he
vuelto en diez minutos venid a por mí.
– Joder cariño, ¿estás segura? Puedo decírselo
yo.
– No, creo que esto nos pertenece a ambos. Quiero zanjar unos temas con
él y para siempre.
Suspiro y bebo mi coctel bajo la mirada indecisa de mis amigos y la de
Bastian que fija sus ojos en mí. Se pierde en sus pensamientos y luego me
observa otra vez, no le entiendo.
– Nancy, grita si necesitas ayuda, iré a por ti y me importa una mierda
si él es un luchador, iré a por ti
– dejo que Dave acaricie mi brazo y eso está poniendo nervioso a
Bastian.
– Muchas gracias Dave. Rachel tranquila, yo vuelvo enseguida no tardaré.
Esta conversación tenía que pasar.
– Prométeme que volverás siendo la misma, no dejes que te manipule
cariño. Él lo hace muy bien y no quiero que caigas en su trampa.
– Te lo prometo, vendré aquí y nos iremos a casa juntas. Estoy deseando
que me prepares un vaso de leche.
– Ten cuidado Nancy, te quiero de vuelta y te quiero. No le dejes que se
meta en tu piel, mantente firme ante él.
– Ánimo – me susurra Dave.
Termino mi coctel con un nudo que se forma desde mi garganta hasta mi
vientre. Dave aún está alucinando porque he sido la novia de Bastian y mi amiga
se preocupa por mí porque me quiere de vuelta.
Ella sabía que algún día tendría que tener una conversación con él, pero
no se la esperaba tan pronto, yo tampoco me la esperaba. Cojo el coctel de
Rachel y lo vacío también, necesito un poco de alcohol en mi cuerpo que me dé
la valentía que necesito.
Sin dudarlo, me levanto por mi izquierda y me acerco a Rachel para darle
un beso en la cara y susurrarle que confíe en mí, aunque esas palabras son más
para mí que para ella. Giro hacia la izquierda, en la posición opuesta donde se
encuentra Bastian que no se pierde detalle y me ve caminando sola por primera
vez. Ahora no puedo pensar en si ando como un pato o elegantemente, estoy
segura de que no contoneo mis caderas de un lado a otro como algunas de las
putas de Bastian. Abro con confianza la puerta con el cartel de privado y me
adentro por los pasillos que ya conozco. Decido no ir al reservado, eso es lo
que quiere, tenerme a solas y a su disposición. No le daré ese placer.
Llego al almacén encendiendo las luces que ilumina todo, es bastante
grande ya que aquí debe de
tener las reservas de los clubs que hay en la zona. Entro al espacio
vacío que hay al fondo porque podré abrir la puerta de la calle si me acorrala.
Mi respiración va al mismo compás que los latidos de mi corazón. Sé que está de
camino, que por primera vez estamos solos y me da mucho miedo; tengo pánico de
él, a lo que me vaya a decir y a cómo voy a actuar cuando me hable. Escuchar su
voz otra vez va a ser como mandarme al infierno para que pague el error de
haberlo tenido.
Ya está aquí.
La puerta se abre y se cierra tras su paso, giro mi cuerpo lentamente
combatiendo con mi terror de enfrentarme a él.
Ambos nos miramos, él ha avanzado lo suficiente como para estar en el
mismo lugar que yo. Está más cerca de mí de lo que yo creía y se lo estoy
permitiendo. Doy unos pasos hacia atrás retrocediendo y sin dejar de adorar sus
ojos. Él entiende mi mensaje y retrocede también. No quiere tentar a su suerte
y
sabe que ahora mando yo.
Mi boca se reseca y lucho con la bola que se ha formado en mi garganta,
por mucho que intente tragar no consigo desplazarla hacia abajo. Él está en
frente de mí y por primera vez en un año puedo reconocerme a mí misma que aún
sigo enamorada de Bastian Trumper.
CAPÍTULO 4
El tiempo se ha parado entre nosotros y olvidamos el resto, al menos yo.
Le miro a los ojos pero los aparto para echar un vistazo a su esbelta figura,
es un hombre increíble. Su camisa dibuja bien los músculos que esconde bajo
ella, parece más grande, no, es mucho más grande. Babeo y quizás sea porque
estoy viviendo otra vez mi primera impresión y
sigue estando igual, pero en su cuerpo se aprecia un cambio diferente y
no me lo puede negar. Vuelvo la vista a su cara donde me pierdo sin
resentimientos, es guapo y toda la humanidad lo sabe, sus ojos cristalinos te
hacen doblar las rodillas, su ceño fruncido sigue haciendo su función de
descontento con el resto del mundo y sus facciones de la cara están aún más
marcadas. Pero es en sus labios donde me permito perderme por unos segundos
extra, siguen igual de carnosos pidiendo que me acerque a ellos para besarlos,
morderlos y disfrutarlos ya que en su momento fueron míos. Bastian no tiene
barba ahora pero esconde una sombra ligera en su cara y eso le hace marcar más
la mandíbula que la mueve de un lado a otro porque no se siente muy feliz de
estar aquí. Su pelo alborotado sigue igual aunque quizás un poco más largo como
si se lo hubiera descuidado, tiene unas tonalidades rubias que aún me
impresionan ya que él piensa que tintarse es de mujeres solamente.
Oh Bastian.
Muevo la cabeza de un lado a otro negándome a
mí misma que no puedo caer en su físico. Es el hombre más hermoso que
existe, aunque es una pena que sólo lo sea por fuera. Frunzo el ceño o hago un
intento de ello, cruzo mis brazos, trago saliva e intento respirar porque no
quiero empezar a tartamudear y no voy a consentir que se ría de mí, ya tuvo
suficiente.
– Nena – suspira y quiero alejarme un poco más, doy un paso hacia atrás.
No puedo permitirme caer en sus redes otra vez.
– No… no me llames nena. Ya no.
– Nancy, – avanza y yo me alejo – lo siento.
¿Por qué? No puede decirme que lo siente cuando el dolor que llevo
dentro es irreparable, no hay forma humana que pueda quitarme todos mis
recuerdos y lo que me hizo. Procuro mostrarle mi frustración ante su perdón, no
lo necesito y no lo quiero.
– No me persigas más y aléjate de mí.
– Nena, no voy a alejarme de ti. Ya he estado lejos, lo suficientemente
lejos de ti.
– Te he dicho que no… que no… no me llames nena, mi nombre es Nancy.
– Eres mi nena.
– ¿Qué?
Pongo las manos en mi cabeza porque me va a matar el dolor, siento
pinchazos que se clavan alrededor tatuándome las palabras que salen por su
boca. Inhalo aire y lo expulso lentamente cuando le miro desafiándole tanto
como lo hacía hace un año. Él no aparta sus ojos de los míos, tiene los brazos
a su espalda y su pose es confiada, odio que sea así.
– Que. Eres. Mí. Nena. – Vuelve a repetir en un ligero susurro. Su
respiración es agitada, siento que va a perder el control de un momento a otro
y yo voy a estar aquí para verlo si no lo remedio.
– Bastian, ve… vete… sólo… déjame por favor, no me persigas, no te
quiero cerca de mí. Al menos me merezco que me des mi espacio.
– Sin mí.
– Sin ti – no era una pregunta pero le respondo.
– ¿Quién es ese Dave?
– ¿Cómo sabes su nombre? Ah, claro – me vuelvo a cruzar de brazos – que
tú lo sabes todo.
– Exacto nena. No deja de babear a tú alrededor y tú se lo permites.
– ¿Perdona? Lo que yo… lo que yo haga con mi vida no es de tu
incumbencia. De hecho Bastian, aléjate de mí, no quiero que… que me… que te
acerques a mí.
– ¿Tienes algo con él? – Frunce el ceño y se
cruza de brazos alzando la barbilla como si fuera a noquear a su rival.
– Esto… es… no puedes, no tienes… derecho a… a…
– ¿Él te pone nerviosa o yo?
– Ninguno de los dos.
– Me alegro, no me gustaría tener que jugar sucio con él. Dile que se
aleje de ti, no lo quiero a tu alrededor, ni al otro.
– ¿Alan?
– Exacto.
– Son mis amigos.
– Bueno, haz otros. Rachel y las gemelas son amigas también. No te
quiero alrededor de ningún hombre.
Una bocanada de aire entra por mi boca porque si no lo hago voy a
explotar y decirle todo lo que quiero, aunque pensándolo mejor nunca podría
porque me desvanecería en el intento. Bastian se presenta aquí después de un
año, me persigue, me agobia y lo único que me exige es que aleje a mis amigos
de mí y que no me acerque a los hombres. Sigue siendo tan celoso y posesivo
como antes, con la diferencia de que ya no somos nada, no somos amigos o
amantes. Nada. No queda nada entre Bastian y yo que no sean recuerdos que no
voy a olvidar, o en mi caso, pesadillas que me perseguirán toda la vida.
Consigo tranquilizarme para no tirarle algo a la cabeza. Odio que sea
tan soberbio en su actitud, con un temperamento a su merced de hombre
autoritario y creyendo que tiene poder sobre mí o lo que haga. Voy a trazar una
línea entre ambos, imaginaria o no, él se va a alejar de mí cueste lo que le
cueste.
– Po… podría decirte lo mismo ¿no? – Soy idiota, lo sé – podría decirte
que… que alejes a las
mujeres de tu alrededor, aunque en tu caso, te va a costar un infierno
más.
– No hay mujeres a mí alrededor, – me reta a que le lleve la contraria y
yo levanto mi barbilla sin ceder – no hay ni una jodida mujer a mi lado nena.
Olvídate de eso.
– ¿Dónde he estado Bastian?
– ¿Cómo?
– Estos meses, ¿dónde he estado?
– Crest Hill, con tus padres. Has salido el doce de febrero, el cinco de
mayo y el tres de agosto. Excepto esos tres días, no has puesto un pie en la
calle desde que te dejaron allí.
Yo… quería… quería decirle que no soy una estúpida, que por estar
encerrada en mi miseria no quiere decir que no haya visto que ha estado rodeado
de mujeres, pero ahora… ahora me dice esto. ¿Por
qué me lo cuenta?, ¿para hacerme saber que ha estado observándome todo
el tiempo? Entonces era verdad lo del coche negro que una vez oí a mi padre
decir, que estaba al otro lado de la calle alejado y observando cada movimiento
de mi familia.
Frunzo el ceño y le niego con la cabeza.
– Tan inmaduro.
– ¿Por qué?, ¿por qué no te haya dejado sola en ningún momento?
Este no tiene ni idea por lo que he pasado. Mientras moría en una cama
sola y desolada llorando por él, él se iba de fiesta con mujeres. Confirmado
por mis propios ojos. No voy a consentir que manipule lo único que sé.
– Mandar a… a… alguien para que me vigile es un detalle por tu parte, me
alegro de que te haya informado. Para… para tú dichosa sabiduría… ten… tengo
que añadir a tu listado de información con
respecto a mí ajetreada vida que el hecho de que… de que haya estado en
casa no significa que no sepa lo que hayas hecho tú también.
– Nena, ¿por qué tartamudeas? – Se preocupa
– ¿te pongo nervioso? Sólo soy yo.
– Solo eres tú… tú – susurro y retrocedo. Quiero irme – Bastian,
dejémoslo así, aléjate de mí por favor.
– Sabes que no puedo. No voy a alejarme de ti ahora que te tengo de
vuelta.
– No me tienes de vuelta – intento elevar el tono de voz pero me es
difícil hacerlo.
– Nena.
Se acerca y me alejo como el infierno hasta chocar contra la pared que
hay al fondo, él ante todo está siendo respetuoso pero tengo pánico a que se
acerque a mí, no puedo dejar que lo haga. Siento la necesidad de gritar para
que vengan a por mí, él se
está dando cuenta de que estoy nerviosa y mirando a la puerta que sigue
cerrada, estamos encerrados aquí solos, él y yo.
– Bastian, aléjate.
– No. No voy a alejarme de ti, ¡joder! Eres mía, ¿no lo entiendes? Te he
pedido perdón, te expliqué todo tal y como era, no hay más de lo que ya sabes
nena. Este soy yo, el mismo.
– Me… me enamoré de una persona que inventé en mi cabeza. Tú no existes
Bastian, no para mí.
– Nancy, por favor. Haré lo que jodidamente me pidas, te dije que te
traía la luna si es lo que quieres. Dime que hacer, dime como arreglar lo
nuestro porque estoy muriendo sin ti.
– ¿Lo… lo nuestro Bastian? No hay un lo nuestro – despego mi espalda de
la pared – no hay un tú y yo, jamás, nunca más. Te odio.
– No me odias nena, estás enfadada, – da un paso hacia mí pero levanto
una mano y retrocede – tienes que perdonarme joder. Eres la única persona en el
mundo por la que pido perdón. Yo no quise hacerte daño, lo hice y me equivoqué.
Una lágrima sale descuidadamente de mi ojo. Siento como recorre mi cara
y muere en mi mandíbula cayendo al vacío como yo. Tengo la boca reseca y lucho
con las ganas de correr hacia él y golpearle. Si solo fuera una infidelidad no
le daría la oportunidad para rogar por mi perdón porque no lo habría por mi
parte, pero el motivo de nuestra ruptura fue mucho peor, algo con lo que no
puedo pelear y no puedo hacerle frente.
– Bastian… no… no merece la pena.
– Sí merece la pena, ¡mierda! Estoy esperando por ti, te he dado tiempo,
todo el que has querido y ahora me merezco que al menos te enfrentes a lo
nuestro.
– ¿Qué te mereces? Tú no mereces nada de mí, ni siquiera mi perdón, ¿lo
quieres? Tómalo, te perdono. Ya que lo tienes espero que no te acerques a mí.
– No te pega nada el papel de apartarme de tu
lado.
– Yo no he fingido nunca… a diferencia de ti.
Cambia su cara relajando los músculos y cediendo ante mis palabras
mientras yo bajo la mirada escondiéndome. Da unos pasos hacia mí pero esta vez
no retrocedo, le dejo que se acerque para que pueda ver que ya no me afecta
como antes; que aunque esté temblando, sonrojada y excitada no quiere decir que
no pueda controlar mis propios instintos.
– Nena, – susurra – no he fingido contigo. Nunca.
– Sabes que sí – levanto la mirada y está más cerca de lo que quiero.
– He podido esconder mi pasado, pero todo esto es real, tú y yo.
– Ya no Bastian, ya no hay nada entre nosotros. ¿Ves? Ni siquiera
tartamudeo ya, eso significa que acabo de dar un paso hacia delante. Y sin ti.
– ¿Cuánto necesitas? – Le miro extrañada – ¿cuánto tiempo necesitas?
– ¿Para?
– Nosotros. Tú y yo, de nuevo.
– Parece ser que no me has escuchado cuando te he dicho que no. Que no
hay nada entre nosotros, ya no. Aléjate de mí Bastian, déjame en paz. Vive tu
vida y aléjame de ella.
– ¿Ya no me amas? Porque si es así, vuelve a amarme otra vez, haré lo
que me pidas. Ya lo sabes, tus palabras son órdenes para mí.
– Cuando te pedí confianza en la relación también eran órdenes ¿o no?
Porque se te olvidó ese pequeño detalle de que me estabas mintiendo.
– Lo hice por tu bien Nancy. ¡Todo joder! Tú eras lo único que me
salvaba a mí mismo, tú sigues salvándome.
Mis ojos están llorosos pero no me molestan. Él se acerca más pero esta
vez pongo límite y retrocedo un poco volviendo a chocar contra la pared. Me
cruzo de brazos e intento que mis rodillas no cesen y caiga al suelo.
– ¿Por qué yo Bastian?, ¿por qué le dejaste? – Salen a mares lágrimas
que mueren en algún punto de mi cara. Bastian acaricia su pelo con una mano y
pone la otra sobre el corazón, cierra los ojos y me mira.
– Cometí un terrible error. Muy terrible.
– Más que eso.
– Sí Nancy, te juro que no volverá a pasar. Ahora ya lo sabes nena, ya
sabes todo lo…
– No Bastian, – le corto – aún no sé nada de ti. No te conozco, el
hombre del que me enamoré se marchó mucho antes de lo que pasó, ¿por qué le
dejaste Bastian? No tienes ni idea del infierno en el que me metiste y con el
que convivo día tras día.
– Nena – se lamenta susurrando.
– No hay ni un solo momento en que no me atormente lo que pasó aquella
noche, podría pasar el resto, me da igual que me hayas sido infiel, que te
pelees con tus enemigos o que me protejas ocultándome cosas. Pero no te voy a
perdonar en la vida y escúchame bien Bastian… jamás en la vida te voy a
perdonar todo el daño que me hicisteis aquella noche. Los dos.
Paso por su lado sin tocarle avanzando hacia la izquierda, quiero
aguantar mis sollozos en mi interior
pero se empeñan en salir. Pongo mi mano en la frente para no sentir que
mi cabeza se cae de mi cuerpo. Me doy la media vuelta y le veo con la cabeza
agachada, con semblante hundido y la mirada perdida en el suelo mientras se
lamenta en voz baja.
Respiro con la boca abierta porque sé que es la única manera en la que
puedo hacerlo. Sabe que estoy mirándole y sus ojos chocan con los míos.
– Lo siento nena, lo siento mucho.
– Al menos cuéntame que pasó. Yo sí que me merezco una explicación.
– Pregúntame lo que quieras y te lo diré. Hazlo, ya no hay secretos.
– Quiero la verdad Bastian, la verdad.
– ¿Por dónde empiezo? Te conté todo lo que soy, no sé si me he dejado
algo en el aire.
Doy unos pasos hacía él, me enfrenta y… odio a mi madre, la odio porque
si ella no me hubiera dicho que mire a los ojos porque dicen más que las
palabras, no estaría aquí haciéndolo. Ahí están, brillando y luchando contra
las lágrimas que intentan salir y cargados de sinceridad que esperan por mis
preguntas.
Voy a aprovecharme de mi último momento con Bastian, es ahora o nunca.
– ¿Por qué no confiaste en mí con respecto a ese club?
– Ya te lo dije, El Sótano es un club muy, pero que muy privado.
– ¿Más que la relación seria que se suponía que estabas teniendo
conmigo?
– No nena, esa mierda no debe salpicarte.
– Pero otras mierdas sí, ¿no es cierto? ¿Todos tus amigos están en ese
club?
– Algunos de ellos, – suspira – es por eso que me respetan mucho más, no
solo por mis negocios o por la lucha.
– ¿Por qué… por qué no me dijiste al menos que trabajabas en un club en
vez de en las oficinas?
– Nunca te mentí en eso nena, siempre he trabajado en la oficina o
estaba en el gimnasio.
– No me cogías las llamadas.
– En El Sótano están prohibidos los móviles, no podía llamarte desde la
línea del despacho. No quería arriesgarme a que descubrieras todo.
– ¿Me lo hubieras confesado en algún momento? – Me relajo porque estoy
despejando las incógnitas que me han estado atormentando.
– En algún momento u otro, sí. Te hubiera contado todo. Estaba en ello.
– Si estábamos tan bien, ¿por qué no lo hiciste? Tú me conocías y sabías
que no te iba a juzgar, jamás lo he hecho.
– Tenía miedo de que no lo aceptaras o simplemente te alejaras de mí –
pasa una mano por su cabeza suspirado, quiere estar junto a mí pero yo me muevo
rodeándole en la distancia.
– Sabías que no lo haría.
– No lo sabía nena, si no te lo hubiera dicho.
– ¿Qué… qué paso antes de aquella noche?, ¿por qué cambiaste tan rápido
de la noche a la mañana cuando mejor estábamos? Me hiciste mucho daño Bastian.
– Lo sé y lo siento nena. Cuando Ria fue a tu despacho para darte la
tarjeta temí que estuviera a punto de confesarte todo, me amenazó y le prometí
a cambio que trabajaría más en El Sótano para evitar
que se metiera entre nosotros.
– ¡Lo hizo gilipollas! – Le frunzo el ceño – te puso la venda en los
ojos y tu caíste como los tontos. Era lo que quería, tenerte para ti y tú
cediste. La dejaste a pesar de que habíamos hablado de que nadie nos separaría.
Ella lo hizo.
– Lo siento, tuve que hacerlo. Por eso me sentía agobiado y estresado,
sólo quería que estuvieras en casa esperando por mí, alejada de la mierda que
tenía que hacer. No tenía tiempo, el día no me daba para más, si no era un club
era otro, si no eran firmas o reuniones, por no hablar de que estaba perdiendo
tiempo en el gimnasio y también estabas tú. Pero lo hice por ambos, cuando Ria
me amenazó con contártelo todo supe que si debías saberlo era por mí y no por
ella, solo estaba agotado psicológicamente. Luego te veía y mi maldito mundo
brillaba de nuevo, sentía que no tenía por qué mancharte porque tu pureza era
lo único que te alejaba de mí y quería mantenerte al margen.
– Sabes que… sabes que lo que dices es todo lo contrario a lo que me
esperaba. Tú… tú… no eres así… ¿de verdad te dejas manipular por una mosquita
muerta? Ella hizo contigo lo que quiso.
– No, solo soy débil contigo y mi única labor en el mundo era protegerte
de ese club. Sólo eso. Mírame nena y dime si me dejo manipular por alguien
porque no es así. Y menos con ella, ya te dije la verdad sobre por qué trabaja
para mí.
Resoplo el aire contenido temiendo que me diga algo que no quiero
escuchar, pero lo necesito de todas formas. Sigo dando pequeños pasos
intentando atar cabos sueltos que me hagan entender por qué me pasó todo esto y
por qué estuve tan ciega en todo momento. Sabía que Ria tuvo la culpa de todo
pero estaba tan enamorada de él que me creí todas las palabras que me dijo. Fui
tan idiota, siento que ambos se rieron de mí y ella cantó victoria, una
merecida porque al final se lo quedó.
– Sólo te importa el club.
– Nena, tú me importas más que ese club.
– Es por eso que me alejaste de ti para atender a todo el mundo menos a
mí – le miro y frunce los labios negando al mismo tiempo.
– No es verdad y lo sabes nena. Lo del club era solo tiempo, por eso te
decía una y otra vez que solamente estaba pasando un mal momento. Nunca nos
dejé de lado, ¡en ningún momento joder! Eras tú la que me mantenía con los pies
en el suelo, todo lo hacía por y para ti.
– Ella ganó y hay que admitirlo, tú tienes que admitirlo.
– Eso no es cierto. Buscaba la manera de hablar contigo para contártelo,
había pensado en cada jodida palabra, luego vino Billy a tocarme los huevos,
nuestra vida social, los problemas de mis empresas, el gimnasio… ¡Todo, nena!
Se me amontonó todo y eras la única que salió perjudicada de toda mi mierda.
Voy a
llevar esta pena para el resto de mi vida, sufro tanto como tú por lo
que pasó. Tuve miedo, Ria y Bill eran los únicos que se hubieran atrevido a
contarte todo. Me acobardé.
– Palabras Bastian, – me cruzo de brazos – yo… yo no puedo creer lo que…
lo que…
– Yo tampoco nena, yo tampoco puedo creérmelo. Es lo único que me mata,
que no pueda retroceder el tiempo para darte lo que te merecías.
– Entonces, ¿por qué?, ¿por qué yo? Me mentiste a la cara sin
remordimiento, ¿cómo esperas que te crea después de todo? Me estaba volviendo
loca.
– Me dolía más a mí que a ti, no podía decírtelo. Estaba esperando a
sacar a Bill de nuestro camino para centrarme en confesarte todo.
Escucho el nombre de ese bastardo y quiero vomitar. Resoplo una vez más.
Esta vez con una mano
acaricio el pelo de mi cabeza removiéndolo para que me dé un poco de
sensatez a lo que estoy escuchando, que se me ilumine una estrella por favor.
No puede estar pasándome esto, forma parte de mi pasado aunque quiera
olvidarlo.
– ¿Por qué… por qué tú…? – Asiente esperando a que deje de tartamudear –
la habitación en tu casa, ¿qué tenías allí?, ¿por qué habían pastillas en un
bote con mi nombre?
– Nadie sabe que existe esa habitación excepto tú. Las pastillas que te
duermen y…
– Drogas – le corto tajantemente.
– Las pastillas, – repite suspirando a su pesar – estaban en El Sótano
pero dos socios se hicieron con el código y asaltaron el almacén donde las
guardaba. ¿Te acuerdas cuando te dije que tuve que viajar urgentemente a
Kentucky? La noche anterior esos dos se llevaron gran parte de la medicación y
huyeron a otro Estado. Tuve que salir de Chicago como un rayo.
Es por eso que tuve que guardar parte de ella en casa.
– Pero… pero cuando ya dormía en tu casa ya estaba cerrada.
– Sí, lo sé. Allí hago las pastillas de cada socio.
– ¿Qué, tú… las… tú las haces? – Me extraño.
– Soy químico. Licenciado en Ciencias Químicas, aunque la lucha dominaba
mi juventud logré acabar la universidad.
¿Bastian es químico?, ¿qué me habrá ocultado más? Esta clase de
información se dice cuando empiezas una relación; tu nombre, tu edad, tu
trabajo y que diablos has estudiado. Suspiro profundamente porque cada noticia
nueva que me revele me va a afectar más de lo que me esperaba. Así que, robaron
en su club y colocó todas las pastillas en la habitación donde las fabrica él
con sus propias manos. ¿Cómo puede… como…? Él tiene el mundo a sus pies, ¿por
qué no es una persona normal con una práctica
normal? Podría ser un hombre aburrido que se baña con su propio dinero,
que le guste el golf o el champagne de diez mil dólares, ¿por qué es así? ¿Cómo
me he enamorado de él?
– Tienes las pastillas en esa habitación. ¿Por qué las mías también?
– Nena, – resopla – estaba agobiado, estaba preparado para hacer todo lo
que estuviera en mis manos por nosotros. Ria y Billy me tenían atado quisiera o
no, si ellos llegaban a decírtelo iba a hacer uso de ellas.
– Me ibas a drogar, – le afirmo – se supone que ibas a drogar a la
persona que amabas, ¿por qué?
– No lo sé Nancy, si supiera por qué no lo hubiera hecho. Sólo era una
dosis pequeña para dormirte por unas horas en caso de que te lo dijeran y así
pensar en qué hacer.
– Y luego ibas a mentirme diciéndome que me
había desmayado, ¿no es así?
– Seguramente.
– Esto… esto es absurdo. Dejaste que… dejaste que… – mi corazón va a
estallarme.
– Lo sé nena, lo sé y lo siento. Te juro que haría lo que fuera para
retroceder el tiempo.
– Esa noche quise morirme.
– Y yo contigo.
– Él… él…
– Lo sé, – sus ojos están llorosos y noto que no lucha contra sus
lágrimas – no sé por qué pasó. Me enfadé con él, ya te lo dije.
– ¿Por qué le dejaste? Había… había… otras…
y tú…
Apoyo mi frente en la pared con la mano en mi garganta y a punto de
caer. Puedo enfrentarme a sus mentiras, puedo luchar con cada cosa que me haya
ocultado pero todo me lleva al mismo sitio, la noche en la que dejó que un
hombre me violara delante de él. Él tuvo la culpa. Siento unos pasos que se
acercan a mí y me doy media vuelta para enfrentarle levantando una mano entre
ambos.
– Nena – susurra porque obedece y respeta cada vez que le pido
distancia.
– No te acerques a mí Bastian. Dejaste que ese hombre me tocara… y… es
que… ahora… ahora vienes con esos humos de hombre celoso con personas que ni
siquiera me tocan y… – pongo una mano en mi cabeza porque estoy perdiendo el
control y no quiero.
– Sé lo que pasó y me arrepiento mucho.
– Yo también, – le miro los ojos con cara de asco – me arrepiento de
haberte conocido y de haber dejado mi vida a un lado para dedicarme a ti.
¿Sabes?
Pensé inclusive que serías diferente. Me creí cada palabra de ti porque
habías vivido lo suficiente y a lo mejor era una relación seria lo que
buscabas, pero fui tan tonta. Ojala no te hubiera conocido nunca.
– Nancy, no me digas eso. Te quiero nena. Me creas o no, te quiero.
Deseo romperme a llorar, rendirme ante sus palabras y abrazarle.
Perdonarle. Olvidarlo todo. Creerme de nuevo que me quiere como me dice. Pero
niego con la cabeza a pesar de que le tengo frente a mí esperando a que le dé
instrucciones para que le perdone.
– Yo no te quiero.
La puerta del almacén se abre interrumpiéndonos, ambos nos miramos y el
nuevo pelo de mi amiga aparece al fondo caminando con seguridad hacia mí. Veo
cómo se acerca rompiendo el contacto visual con Bastian, me seco las lágrimas
de la cara con la mano, aspiro mis mocos y sonrío a pesar
de que no quiero hacerlo. Ella si se merece más de mí que el bastardo
que tengo en frente. Él se aleja a un lado y Rachel se coloca delante de mí.
– ¿Estás bien? No, no lo estás, ¿te ha hecho algo?, ¿le pego? Puedo
morderle y acabar con su vida si me lo pides.
– No… yo… yo… – niego acariciando su brazo
– sólo… esta… estaba… estábamos hablando.
– ¡Mierda! – Mira a Bastian y suspira mientras él la enfrenta sin
retroceder más de lo necesario.
– Ya… ya hemos… terminado.
– Vámonos, Dave ha ido a por el coche para llevarnos a casa.
– Sí – susurro y avanzo con ella.
– Nancy, recuerda lo que te he dicho con respecto a ellos – me ordena
con su pose autoritario de
nuevo. Odio su voz grave y severa, la odio tanto.
– Bastian, recuerda que ya no estamos juntos.
– Trumper, déjala en paz. ¿Has visto como está o es que no te das
cuenta?
Rachel frunce el ceño soltándome y enfrentándose a él. Bastian hace lo
mismo, siempre me ha dicho que no le importaría pegar a mujeres si fuera por
mí. De hecho a Ria no le había pegado porque yo no se lo permitía.
– Ella sabe lo que tiene que hacer con respecto a ellos.
– Rachel… va… vámonos… déjale no va… no va a ceder – intento agarrarle
del brazo pero me esquiva.
– Y una mierda Trumper, ella hará lo que le dé la gana, es libre. Deja
que se recupere tranquila idiota. ¿Acaso no la ves ahora? Si lo has hecho
tienes la
mejor versión porque no tienes ni idea de cómo estaba hace una semana,
debajo de esa ropa había y hay huesos Trumper. Mírale a los ojos, ¿es que no
ves nada? Anémica y enferma. Ni siquiera puedes respetar que está hundida y
jodida por todo el daño que le has hecho. Aún sigue desorientada y se encierra
en la jodida oscuridad porque es el único sitio donde está a gusto. Es más
Trumper, ha estado cerca de la muerte por tu culpa, no sigas con esto porque no
querremos perderla, ya lo hicimos y me está costando un infierno traerla de
vuelta, aunque sea un diez por ciento. Pero traerla.
Bastian no aparta la vista de mis ojos pero en ningún momento me ha
hecho el repaso de arriba abajo juzgándome. Rachel tiene razón, no se ha dado
cuenta de que no soy la misma, que no puedo tener confianza en mí misma ni
recuperarme como persona, ya no. Me alejo de ellos dos caminando hacia la
salida, me siento fatigada, estoy viendo doble y me duele la cabeza.
– Rachel – susurro.
– Voy, – escucho sus pisadas fuertes corriendo hacia mí para sujetarme –
¿estás mareada de nuevo? Ven, siéntate aquí un momento que voy a por agua.
– No… solo… solo quiero irme.
– ¡Trumper, aléjate! – Huelo su inconfundible perfume desde aquí, está a
mi lado de nuevo y esta vez más cerca.
– ¡Aléjate tú! Voy a llevarla afuera.
– No la vas a tocar y si lo haces será lo último que hagas. Lo digo en
serio, no puede volver a pasarle esto. Si quieres ayudar trae una botella de
agua fría.
Rachel me ayuda a sentarme en el suelo. Estoy bien aunque abrumada por
todo, Bastian, la información, el pasado. No puedo evitar el que todos los
puntos me lleven a él y su amigo en nuestra cama, violándome. Necesito que
alguien me explique cómo puedo sobrevivir sin tener que atormentarme con el
hecho de que esa noche fui más débil que nunca, debí
pararles o despertarme, debí… debí… hacer… Lloro sin tapujos en los
brazos de mi amiga.
– No puedo Rachel… ya no… no tengo fuerzas.
– Tranquila cariño, le he mandado a por agua.
– Esa noche, no puedo… no… yo no puedo… Rachel, no puedo superarla…
ayúdame, quiero pero no… no…
– Lo superaremos juntas Nancy, no te preocupes. Bebe un poco de agua y
vayámonos de aquí. Dave ya estará fuera esperando por nosotras.
– Ellos no pueden acercarse a mí… temo que… él puede…
– No te preocupes por eso ahora, es un loco y un testarudo cabezota,
arrogante e idiota. Por no hablar de que es un egocéntrico, egoísta y
manipulador.
– Eh… deja de decir eso – la voz grave de Bastian nos interrumpe y
Rachel pone la botella en mi boca para que beba. Él también está agachado como
ella.
– Trumper, sobras en esta cita de chicas.
– Sobras tú en esta relación.
– No me toques los ovarios Trumper.
– Te esperan afuera chica, vete.
– Vete tú, eres tú quien no deja de perseguirla.
– Eres tú quien no deja de acapararla presentándole a chicos.
– Para tu información Dave y ella se conocieron sin mí. Además, hacen
una bonita pareja.
Bastian gruñe y la levanta del brazo mientras yo tiro la botella de agua
e intento levantarme por mí
misma, aunque mucho más lenta.
– ¿Qué has dicho?, ¿quién hace una buena pareja?
– Bastian no… déjala, por favor.
– A mí no me asustas Trumper. De hecho me va el sado, así que aprieta mi
brazo, pégame y tortúrame que podré vivir con ello.
– Basta – susurro de nuevo.
– No te atrevas a decir algo así en tu vida niña. Ni siquiera intentes
juntar a mi Nancy con ningún otro chico, ¿entendido? Ella está fuera del
mercado y ya lo sabe, no la tientes con tus amiguitos que no te gustará lo que
puede pasar.
– ¿Qué vas a hacer Bastian?
– Bastian… – siento que me desmayo.
Abro los ojos lentamente y lo primero que veo es la cara de Bastian. Los
vuelvo a cerrar pero me vuelvo a deleitar con su belleza. Quiero inclusive
sonreír y tocarle. Sé que él no lo ha hecho porque Rachel no se lo ha
permitido, pero ahora mismo no me importaría que pusiera su mano en mi cara y
me acariciara ya que quiero aferrarme a los buenos recuerdos de nuestro pasado
cuando éramos felices. Reconozco el lugar, estamos en el reservado donde
tuvimos en más de una ocasión sexo pervertido antes de perdernos como pareja.
Rachel está sentada en el sofá agarrando mi mano mientras susurran algo que no
oigo.
– Nancy, ¿estás de vuelta? – Ella aprieta mi mano y abro los ojos un
poco más. Bastian está sentado y manteniendo la distancia.
– La agobias – gruñe él.
– Trumper – gruñe ella.
– Estoy… estoy… bien.
– Bebe un poco de agua – mi amiga toma la botella.
– Deja que lo haga yo, podrías ahogarla – Bastian se levanta y se
interpone.
– Trumper, a un metro y no hagamos otra escenita, mira lo que le haces.
– Has empezado tú listilla.
– Tú has tenido que seguirla para fastidiarla de nuevo imbécil.
– No te entrometas entre ella y yo, ¡no te lo advierto dos veces
pitbull! – Gruñe levantándose.
– Parad, – susurro – parad ya.
Intento levantarme yo sola pero no tengo fuerzas en mi cuerpo. Mi amiga
me ayuda y quedo sentada en el sofá con la botella de agua en mi mano, bebiendo
lentamente.
– Haz algo productivo y llama a un taxi – Rachel se dirige a Bastian
quien está de pie, sé que está matándole el no acercase a mí y en cualquier
momento puede arremeter con todo y tomarme aquí si es necesario.
– Ella no irá en un taxi, la llevaré yo. Tú puedes cogerlo.
– Ahora yo voy en el paquete y ella no se mueve de mi lado.
Bastian no para de gruñir fuertemente. Le conozco y sé que está en
desacuerdo con todo lo que está pasando. Ella, él, yo… todo esto es nuevo para
todos y supongo que tendrá que aceptar que ya no controla mi vida a pesar de
que puede que controle mi corazón.
Odio sentirme así.
– Rachel, ¿por qué no sales y pides un taxi? Me
reúno contigo en la entrada. No voy a tardar más de cinco minutos, si no
estoy allí vuelve a entrar.
– ¿Estás segura?
– Mucho, ya sabes que no me perdería el capítulo 200 de Naruto sin tu
vaso de leche y donuts.
– Esperaré abajo, me llevo tu bolso así no lo cargas tú, – me da un beso
en la cabeza y mira a Bastian – a un metro Trumper.
Sale del reservado cerrando la puerta marrón que nos divide del resto de
este tranquilo club. La tapicería oscura decora este lugar, lámparas alumbrando
en tono rojo y todas las comodidades de un reservado. Hemos estado más de una
vez aquí y los buenos recuerdos están pidiendo paso en mi mente pero los aparto
a un lado. No me puedo desviar de lo que quiero decirle. Me levanto y él
levanta los brazos para ayudarme pero le indico que se quede dónde está.
– Bastian, por favor. Deja de… de perseguirme.
– No lo haré nena, no me lo pidas porque no lo
haré.
– Mantente alejado de mí… yo no… no puedo vivir así.
– Recupérate nena, hazlo. Estaré a tu lado ayudándote. Te llevaré a los
mejores médicos del mundo, Rachel me ha dicho que no has comido en meses. ¿Es
por eso que te pones ropa que no se ajusta a ti?
– No… no te importa Bastian. No hay un tú y yo juntos, te quiero fuera
de mi vida. En todo este tiempo no te ha importado si he comido o no lo he
hecho, si he dormido o si no, si he llorado o si he vomitado. No has estado en
mi vida en meses y no lo estas ahora. No juegues a ser el que eras porque ya no
lo eres, ni tú ni yo.
– Joder nena, – suspira pasando sus manos por su pelo – ¿qué hago? Dime
que debo hacer, pídeme el
jodido mundo y te lo doy. Dime, dime joder.
– Lo hago Bastian, lo hago. ¿No me oyes? Aléjate de mí, no te quiero
cerca de mí.
– Estas enferma nena, te ves débil, necesito estar a tu alrededor al
menos para saber que estás bien. Es verdad, no he sabido nada de ti en estos
meses porque no se me ha permitido verte y respeto a tu familia quien me
prohibió la entrada en tu casa. Pero no me digas que no me importa lo que
hagas, porque si me importa. Me mata verte así Nancy y no sé cómo ayudarte.
– Ya hiciste suficiente cuando estuvimos juntos, la única manera en la
que puedes ayudarme es olvidándome Bastian. No hagas tu acto de caridad
conmigo, no te lo voy a consentir.
– ¿Acto de caridad? Mírate nena, no quiero verte así.
– ¿Y yo
quiero, Bastian? Mírame
tú ahora
gilipollas, ¿ves a la antigua Nancy? No, ¿verdad? Doy asco, no has visto
lo que hay debajo de la ropa. No me ves realmente porque solo estás obsesionado
con que voy a correr a tus brazos olvidando todo el daño que me hiciste.
– No vuelvas a hablar de ti misma de ese modo
– cruza los brazos, este león no cambia.
– Ya no tienes ningún derecho sobre mí. Si estoy enferma es mi problema,
– me dirijo hacia la puerta para abrirla pero antes de hacerlo giro para
enfrentarme a él que ha dado un paso en mi dirección
– no olvides que estoy así por ti. Tú me mataste y ya no voy a volver a
ser lo que era. Mentalízate. Sé que buscas a Nancy Sullivan, la risueña y feliz
chica que suspiraba por tus huesos, olvídate de encontrarla porque se fue
Bastian. Tú, tú te encargaste de pisotearla y humillarla. Así que esta es la
que soy y no voy a cambiar.
– Nena, – suspira y la puerta se abre – ¡maldita niña, han pasado tres
jodidos minutos, interrumpes!
– Trumper relájate imbécil. ¿Estás bien? El taxi ha llegado ya y está
esperándonos, estaba por la zona.
– Sí, aquí he acabado, – miro a Bastian – por favor, haz eso por mí.
Mantente alejado y déjame vivir la nueva vida que me has hecho empezar de
nuevo.
Sin más paso a mi amiga y salgo hacia fuera. Camino lo más rápido
posible y oigo la puerta cerrarse bajo las pisadas de Rachel que ya suenan a mi
lado. Bajamos las escaleras llegando a la salida del club que está más lleno de
lo que creía y nos metemos en un taxi. Una vez dentro, mi amiga me sujeta junto
a ella mientras el coche arranca. Por primera vez no hay lágrimas, no hay
miedos, no hay recuerdos, no existe nada.
No siento nada por Bastian porque he dejado atrás mi pasado.
Rachel no ha permitido que esté sola desde que hemos llegado a casa,
acaba de irse a dormir y yo
estoy dándole vueltas a la cabeza en el sofá. ¿Mi problema? Bastian.
Estoy encendida como si me hubiera tocado durante horas, como si mi cuerpo
pidiera por sus caricias, sus besos y su aliento. Necesito quitarme de la
cabeza esa imagen de él frente a mí, tan prepotente e imponente que hace doblar
mis piernas. Huele de maravilla, sigue siendo más guapo aún y su cuerpo va a
ser una horrible tentación. No quiero pensar más en todas sus respuestas porque
no dejo de repetirlas en mi cabeza. Lo que me extraña es que no haya llorado,
que no haya sentido ni pena ni dolor y tampoco ningún tipo de sentimiento hacia
él. Sólo me siento excitada como una llama de fuego.
Suspiro pensando en Bastian, en cómo le caían los vaqueros desde su
cintura, esas botas que se ajustan a los tobillos, sus músculos, sus labios, la
cara tensa que posee. Sus rasgos le definen más duro y agresivo, este león no
descansa ni relajado. Le odio mucho. Odio sentirme de esta manera aunque haya
despejado incógnitas, me ha dado respuestas y lo peor de todo es que me ha sido
sincero. Finalmente me ha
confirmado que Ria le manipuló, lo puedo llegar a entender. Después lo
de su viaje justificado a Kentucky, no me importa. Pero el resto sigue chocando
como una piedra dura en mi corazón. No. No voy a seguir adelante con él ni
darle el placer de aceptar su perdón, ¿quién perdonaría a su novio que haya
dejado a otro hombre lamerle la entrepierna? Yo no. Mataría a alguien quien
disfrutara de la entrepierna de Bastian. Hubiera matado quiero decir.
Vuelvo a cambiar de postura para sentarme en el sofá. Todo está oscuro y
por primera vez quiero tener luz, cual sea, no quiero sentirme en la oscuridad
para lamentarme porque ya he sufrido suficiente. Ahora me queda mirar al frente
y esperar a que mi nueva vida me sorprenda de nuevo.
Insisto en recordar cada palabra, cada justificación. No tiene ningún
derecho a perseguirme, a exigirme que me aleje de los hombres, ¡a declararse
como mío! Todavía me ama, mentiroso. ¿Qué hacía con las mujeres que ha llevado
de su brazo todo este tiempo? Y Ria. Ella sigue ahí y es un problema, luego
está Molly que a juzgar por lo que sé persigue a Bastian a donde quiera
que vaya. Nunca debí de compartir con ella ningún contacto. Es una idiota,
todos lo son.
Todo me lleva a la misma conclusión, puedo dejar pasar que me haya
ocultado su gran secreto, está bien, ese club es privado y lo puedo entender,
al igual que estaba buscando el momento adecuado para explicármelo. Eso está
bien. Lo que no voy a perdonarle es lo que pasó aquella terrorífica noche con
su amigo, Bastian no dejaría hacerme eso a no ser que le manipularan como lo
hicieron, pero eso no le justifica. ¿O sí? Me estoy volviendo loca. Bastian ha
encendido cada poro de mi piel de nuevo y estoy empezando a sentir; mi sexo
grita por él, mi cuerpo pide a gritos sus dedos rozándome, solamente él puede
calmar este fuego que él mismo ha originado.
Frunzo el ceño mirando hacia la puerta cerrada de la habitación de
Rachel, regreso mí vista a la nada en el techo y luego hacia todos lados. Estoy
sola. Siento un escalofrío de tan solo pensar en lo que voy a
hacer pero lo necesito.
Rezo para que no sea pillada mientras aparto la fina capa de la manta
que me cubre en el sofá y me quito la camiseta de mi pijama dejando al aire mis
pequeñas tetas. Mi amiga dice que ya crecerán cuando empiece a comer y que no
son tan pequeñas, pero sé que lo dice para animarme. Bajo mis pantalones junto
con mis bragas, si Bastian me viera hacer esto seguro que lo aprobaría y no
esperaría para tocarme. Estoy depilada y el roce de mis dedos provocan que me
excite todavía más y aún no sé si continuaré. Reposo la cabeza en el sofá y
suelto el aire contenido, ¡jodido Bastian!, ¿por qué me haces sentir de nuevo?
Me desprendo de todo mi pijama por completo y me cubro bajo la manta
escondiéndome como si fuera a hacer algo malo.
– No puedo hacerlo – susurro.
Si puedo, él… él habrá tenido sexo con mujeres y yo también lo necesito,
con la diferencia de que
ningún hombre me tocará de nuevo. Ninguno.
Dejo ambas manos bajo la manta y sobre mi delgado vientre. Pienso en que
Bastian sabe que debajo de mi holgada ropa se encuentra un saco de huesos nada
excitante para él. Hasta Rachel se lo ha dicho. Me he dado cuenta de la
compasión que me trasmitieron sus ojos cuando me habló de ir al médico, quise
morirme en ese momento para borrar esa imagen mía de su cabeza, al menos quiero
que me recuerde guapa o como antes.
Muerdo mis labios imaginando los suyos mientras subo lentamente ambas
manos para dejarlas sobre mis pechos, cada una los cubre perfectamente. No son
tan grandes, ¿o quizás que cuando estamos tumbadas se nos hacen más pequeños?
Pienso en el trozo de piel que vi cuando los botones superiores de su camisa
mostraron que está más moreno y duro, al menos esa es la sensación que percibí,
no me estoy dando cuenta de lo mucho que me excita lo que he analizado hasta
ahora. Basta ya.
Me siento excitada y valiente para tocarme así que rozo mis pechos e
inmediatamente una ráfaga de electrodos recorren mi cuerpo, no es como el toque
de Bastian pero al menos me calma. Acaricio mis pezones lentamente levantando
instintivamente mi pelvis, me noto húmeda y avanzo a mi antojo. Cuando me he
excitado lo suficiente con mi pecho bajo mi mano derecha hasta mi sexo. Oh sí,
es ahí cuando el tiempo, la rapidez y las ganas hacen que me corra con tan solo
unos movimientos circulares. Susurro su nombre y rápidamente saco la mano de mi
sexo, ambas dejándolas al aire. Esto me ha dejado con ganas de más, como si
necesitara mucho y mucho más. No entiendo el deseo de sexo que mi ex novio me
ha provocado ¿de verdad puede manipularme hasta este extremo?
Decido repetir la misma acción durante la próxima hora, me corro tantas
veces hasta que veo la cara de Bastian sonriendo en mi mente. Solo me imagino
el toque de sus dedos acariciándome, sus abrazos, susurros guarros, la
penetración activa que recibo por su parte. Todo está en mi imaginación e
intento provocarme el mismo efecto que él utiliza conmigo.
Cuando me he cansado ya me pongo el pijama de nuevo, voy al baño para
lavarme las manos y me miro en el espejo. Esta vez no siento pena por mí, no
hay dolor, no hay lamento, no hay nada, sonrío y lo hago con gusto. Puede que
haya cambiado, puede que no, pero no voy a continuar con Bastian y más ahora
sabiendo que la masturbación puede saciar mi sed de él. He dado algunos pasos
más y me alegro por ello, sobretodo porque él no está en mi vida y no lo va a
estar jamás. Estoy empezando a ver el lado positivo y sin él.
Ya no te necesito.
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Me levanto con olor a tortitas y esto me pone de buen humor, ¿a quién no
le gustan las tortitas? Ayer sábado estuvimos en Crest Hill con mis padres,
desperté con una sensación diferente y me apetecía hacerles participe de todo
lo que estoy avanzando.
Rachel no dejó de comer toda la comida que mi madre puso a lo largo del
día, me obligó a comer a mí también pero lo hice en pequeñas cantidades.
Disfrutamos viendo algunas películas y hablando de lo que habíamos hecho, le
contamos todo menos lo de Bastian porque no quiero preocupar a mis padres. Hoy
se supone que Alan viene a cenar y Rachel está muy histérica, no se ha lavado
el pelo en dos días y se ha probado miles de vestidos. Al final ha escogido
unos vaqueros ajustados y un top donde deja ver que tiene dos grandes
personalidades en su pecho. Sonrío después de mi siesta por el olor a tortitas
y me reúno con ella en la pequeña cocina.
– Ya despertaste Nancy, el catering está a punto de traer la cena.
– ¿No es un poco pronto? No son las cuatro
aún.
– Dijo que vendría antes de la cena para pasar más tiempo, ¿y si viene a
ver una película o algo? Quiero tener la cena preparada.
– Rachel, pero… ems… es un chico, se comería hasta una bolsa de patatas
fritas como cena. Te has tomado demasiadas molestias.
– No, quiero que sea perfecto. Quiero que vea que me he preocupado.
– ¿Vas a poner velas y todas esas cosas? – Pregunto robándole un trozo
de tortita.
– Sí, crearé intimidad. De todas formas, esto es para ti.
Añade una tortita más y pone el plato sobre la mesa de la cocina junto
con el chocolate líquido. Yo sonrío sentándome en la silla mientras me prepara
el vaso de leche. Sé que quiere alimentarme antes de que me vaya porque esta
noche tiene una cita con Alan y yo no estaré. Ayer me observó tan animada y
cambiada que hice un trato, esta noche les dejaré a solas e iré a pasear por la
ciudad. Por supuesto que no me dejó, pero le prometí que volveré a las diez y
media, y si no ellos saldrán a buscarme.
– Creo que con un par de tortitas era suficiente, cinco es exageración.
– No sabes si te desmayarás ahí afuera, ¿has decidido donde vas a ir?
– Caminaré cerca del lago, es domingo y habrá familias. Estaré bien no
te preocupes – mastico una tortita.
– Diez y media Nancy, no lo olvides.
– No lo olvidaré.
– Voy a ducharme cariño – besa mi cabeza y pasa por mi lado saltando.
Me alegra de que ellos dos puedan llegar a tener algo, no sé, Rachel es
tan extrovertida y feliz. Ayer condujo todo el trayecto hablándome de lo bien
que lo había hecho, que a lo mejor necesitaba hablar con
Bastian para cerrar el capítulo de mi vida de una vez por todas. Así
hice, desde el viernes intento no pensar en él, no como antes al menos y
procuro ver el lado positivo de toda la relación. Gané confianza, estabilidad,
supe amar y ser amada, tuve un sexo increíble, me divertí, reí, lloré y
disfruté; me voy a quedar con lo bueno y nunca con lo malo. Eso es.
Eso es lo que quiero hacerle ver a los que se preocupan por mí porque no
es así.
– Rachel, ¿te ayudo en algo?
– No – grita desde el baño.
– Me he comido dos tortitas, no puedo más. Voy a cambiarme en tu
habitación antes de que salgas de la ducha, ¿de acuerdo?
– Vale Nancy, ponte sexy y guapa a ver si se te acerca algún tío que
merezca la pena. ¿Estás segura de que Dave no puede quedar hoy?
– Ya leíste el mensaje, mañana tiene clase a las siete y media.
– Ponte sexy de todas formas. Enseguida salgo.
Hablar a través de la puerta es divertido con ella, parece ajetreada y
me gusta verla así. Sé que he fastidiado sus planes, su día a día, ella ha
cuidado de mí y no se ha arrepentido lo más mínimo. No me ha hecho ver ningún
ápice de que está a disgusto o que no es feliz, es más, soy como la hermana que
nunca tuvo y eso me alegra porque yo tampoco tengo, a pesar de que es dos años
mayor que yo tiene el corazón de una jovial adolescente que aún disfruta de las
pequeñas cosas. Haberme rodeado de su amistad me ha ayudado en todo, me da pena
porque le miento diciéndole que estoy bien cuando no lo estoy ya que no voy a
poder superar a Bastian, aunque creo que ya lo sabe a pesar de la conversación
que tuvimos el viernes antes de dormir. Lo comprende todo, me entiende, me
valora y respeta, está a mi lado más de lo que puedo pedir y ella es todo lo
que necesito ahora.
Más tarde camino por la calle sola y disfrutando de las vistas. Rachel
me ha despedido con unos besos que han dejado mi cara marcada con su
pintalabios; no llevo maquillaje pero estoy segura de que aún quedan restos de
brillo labial. Me decidí por unos pantalones blancos y una camisa larga de
color crema. Mi amiga me prestó unos pendientes y un collar muy bonitos pero
los guardé en mi bolso ya que no me siento guapa para llevar joyas. Decido
comprarme una tarrina de helado y sentarme en el banco junto al lago, ha
anochecido hace unos minutos pero todavía hay gente alrededor y me alegro
porque así no me encuentro tan sola.
Y es que no estoy sola desde que salí de casa.
Estoy sentada moviendo un helado derretido esperando a que se acerque.
Bastian no se ha separado de mí y de algún modo u otro le espero, espero a que
dé el primer paso. No estoy nerviosa pero si impaciente por escuchar sus
excusas baratas que me provocarán arcadas de nuevo. Como predecía, oigo el
sonido del césped por sus pisadas. Ya huelo su
perfume y me pierdo en ese aroma, deseo comprármelo para llevarle
siempre junto a mí. Gruñe en desacuerdo con algo, ¿qué he hecho ahora?
– ¿Qué te pasa ahora? – Miro a mi helado y continúo moviéndolo para
distraerme.
– No has comido tu helado – rodea el banco y se sienta a mi lado pero
manteniendo la distancia entre ambos.
– ¿Qué te importa a ti, Bastian?
– Aquí está oscuro, es peligroso para ti.
– Hay farolas por todas partes, por favor, no digas estupideces.
– Aun así no es seguro, alguien puede estar acechándote y estas sola.
¿Dónde te has dejado a la pitbull?
– Bastian – le miro incriminándole.
No. No. No. Lleva esa camiseta que me vuelve loca, la blanca con el
número 76 que se ajusta a su cuerpo, esa que le resaltan sus ojos cristalinos,
es más, se la ha puesto junto a sus pantalones vaqueros blancos. Sabe lo que me
hacía sentir esa ropa. Es muy, pero que muy listo.
– ¿Qué? – Responde al ver que me he quedado sin habla. Sabe que ha
tenido efecto sobre mí y estoy segura de que está cantando victoria y alzándose
ya con el premio.
– Qué no la llames pitbull.
– Lo es. Fin de la historia.
– Pues fin de la historia.
Susurro mirando al frente sin dejar de mover el helado. Él hace lo mismo
y no ha hecho ningún movimiento para acercarse a mí. ¿Me respeta porque quiere
conseguirme de vuelta o porque realmente lo
hace? Siento un poco de decepción cuando actúa correctamente conmigo, no
sé si es porque finge o porque sé el motivo por el que lo hace. Lo que sí estoy
sintiendo es que no puede estar a mi lado y pretender que no babee por él
cuando lleva mi ropa favorita, la que yo escogí para él, me acuerdo cuando fui
a su armario y la elegí porque me gustaba de blanco. Es guapísimo y además sabe
cómo explotar su belleza.
Pasamos algunos minutos en silencio y no dice nada. En parte deduzco que
está reflexionando y no quiere meter la pata, pero por otra parte prefiero que
me diga algo. Me mata el silencio y lo he empezado a descubrir hace unos días.
– ¿Dónde está Rachel? – Parece que me lee el pensamiento.
– En casa.
– Ah – vuelve su vista al lago. ¿Están apagando las farolas al fondo o
es mi imaginación? No quiero estar a oscuras con él.
– Ella… ems… tiene una cita con Alan.
– ¿Rachel y Alan juntos? – Le miro de vuelta asintiendo y frunce el ceño
– entonces ¿qué pasa con el otro?
– ¿Con Dave?
– No vuelvas a pronunciar su nombre o no me haré responsable de lo que
le pase.
– Bastian, deja de ser tan infantil y bobo. Dave es solo un amigo.
– Pitbull dijo que os conocisteis a solas, ¿cuándo pasó eso?
– ¡Por el amor de Dios! – Dejo el helado a un lado y tapo mi cuerpo con
mi bolso – no tengo que darte explicaciones. No es de tu incumbencia.
– Lo es y lo sabes. ¿Cuándo os conocisteis?
– La semana pasada cuando vine a Chicago, él me sirvió un café.
– ¿Qué? – Hace que le mire de nuevo y sigue frunciendo el ceño, es tan
guapo – ¿un café? Tú no bebes café y él no puede flirtear con los clientes.
¡Que demente, niño engreído y tonto!
– Ese niño engreído está estudiando un master en medicina, se está
especializando en pediatría y estudia más asignaturas que nosotros en toda
nuestra vida. No te metas con él.
– Él busca problemas, no yo – gruñe de nuevo cruzándose de brazos y
estirando sus piernas, no puedo evitar mirarle de reojo – lo quiero fuera de tu
vista.
– Sueña con ello, porque ahora que sé que no te gusta se va a convertir
en mi muy nuevo mejor amigo,
– llego a sonreír porque me gusta enfadarle – de hecho, ahora que Rachel
y Alan pueden empezar algo juntos yo no tengo mucho que hacer con ambos.
Quedaré con Dave, me iba a presentar a sus compañeros del campus. Va a
ser divertido.
– ¡Basta! – Me grita levantándose – sé lo que estás haciendo.
– ¿Qué hago Bastian?
– Intentas ponerme celoso y sabes que lo estoy
– lleva una mano a su corazón y le miro extrañada, es un exagerado – no
vuelvas a decir eso o aumento el número de tu seguridad.
– ¿Qué? Te dije que no me persigas Bastian.
– Yo no lo hago, lo hacen ellos.
– Diles que no lo hagan.
– Yo quiero hacerlo, me muero de ganas por saber qué haces a cada
momento.
– Refugiada en
las bragas de
alguna mujer
desde luego que no.
– ¿A dónde te lleva esto? – Ahora es él quién me mira extrañado.
– A qué me olvides, ¿ves? Ya como – cojo de nuevo el helado y meto un
poco en mi boca, le miro desafiándole – y tampoco tartamudeo cuando estás
conmigo, ¿sabes que quiere decir eso Bastian? Te he superado, ya no me
importas.
– Por eso has dicho lo de las bragas de alguna mujer. ¿Piensas que yo lo
hago?
– No. Me. Importas. – Me levanto y empiezan a salir lágrimas de mis ojos
– aléjate de mí Bastian.
– Sí, lo haré. Me alejaré de ti y me follaré a todas las mujeres que vea
en mi camino.
Se va.
Me quedo congelada en mi posición escuchando
a lo lejos el rugir de su motor y como suenan las ruedas en la derrapada
alejándose de mí para meterse en las bragas de alguna mujer. Soy tan idiota.
¿Por qué me preocupa eso si quiera? Puede hacer lo que desee, yo me siento bien
masturbándome mientras pienso en él y él… él… él estará follando a alguna de
sus putas. ¡Qué le den!
Un día más, un avance más.
Ya estoy cerca de la fase de aceptación.
CAPÍTULO 5
Consigo dar con la x que cierra la ventana de internet porque veo a
Rachel moverse de un lado a otro y no quiero que me pille otra vez mirando lo
que no debo.
Ayer empezamos un nuevo mes y me siento igual que el pasado uno de
septiembre; vacía, sola y triste. Rachel ha dado un rumbo nuevo a su vida
haciéndome participe de ello, se está centrando en labrarse un futuro y lo ha
conseguido. Un martes se levantó con una idea en la cabeza y ese mismo día lo
puso en práctica, ha abierto un negocio manga cerca de donde se hace la
exposición cada año; buscamos el local, lo decoramos y ahora estamos aquí
terminando de colocar algunos productos. Ella lo hace mientras yo estoy
sentada. La verdad es que no creía que funcionaria cuando me lo dijo pero vende
sus productos online y ya me ha enseñado como hacer el envío ya que tenemos el
servicio postal justo en esta misma calle. Estoy muy feliz por ella porque
abrimos la tienda hace dos días y hemos hecho alguna que otra venta, pero esa
no es la única razón y no dejo de sonreír. Rachel y Alan están juntos y me
alegra mucho
de que lo estén, sé que no son tan pegajosos cuando estoy cerca pero no
soy idiota y sé lo que hacen cuando se encierran en la habitación. Da igual,
ellos dos se están enamorando o ya lo están y me alegro de que se tengan el uno
al otro porque son dos personas importantes en mi vida.
Ojala pudiera decir que yo también estoy avanzando y haciendo nuevos
cambios en mi vida pero no es así, nada más lejos de la realidad. No me
encuentro bien e intento no mostrarlo para que no se preocupen por mí, pero
este tiempo sabático se está acabando porque he tomado la decisión de volver a
Crest Hill; ayudaré a mi padre en el taller o a mi madre en la panadería. La
gran ciudad no es para mí, lo he intentado pero ya no tengo fuerzas. Suspiro
abriendo de nuevo la ventana de internet pero me distraigo con los papeles
porque Rachel parece que sabe cuándo quiero hacer algo que no apoya. Mi vida es
ahora una rutina aburrida a la que me he aferrado, con la excusa del negocio de
mi amiga, me he encerrado más en casa preparando los diseños y revisando las
cuentas ya que ha usado el dinero de la herencia de sus padres y
me encargo de que aún le queden fondos. Pero todavía lloro, me escondo y
me hundo en mi lamento aceptando el hecho de que no he podido vivir como me
hubiera gustado.
Mis padres vienen más de visita desde que Rachel sale con Alan para que
no me quede sola, los tres juntos hemos visto anime y también paseado, aunque
en raras ocasiones. Sé que todos han visto que he dado un bajón emocional desde
hace unas semanas y es por eso que todos están encima de mi preocupados.
Mientras, yo intento fingir lo mejor que sé sonriendo si es necesario, pero eso
se acabó porque esta noche llamaré a mis padres y les comunicaré la noticia,
haré las maletas y volveré a casa. Hay veces en la vida que las cosas te salen
bien y otras no. Soy valiente en darme cuenta de que no estoy cerca de
recuperarme y lo peor de todo es que no quiero, me gusta sentirme así. Ya he
llegado a la etapa de aceptación.
– Nancy, mira si el código 01091989 está en stock. Te lo he enviado –
veo a Rachel en la distancia
con la Tablet y regresando al almacén.
– Vale.
Le contesto sabiendo que no me ha escuchado. Hemos discutido estos días
sobre mi papel en la tienda y no estamos de acuerdo ya que ella me quiere aquí
y yo le respondo diciéndole que estos no son mis planes. A pesar de que le
ayudo con las facturas y con todo lo que me pida no puedo dedicarme a esto, sé
que me ha puesto un despacho para mi sola pero no hay mucho que hacer a no ser
que estés atendiendo a los clientes. Esta noche hemos quedado para cenar juntas
y voy a confesarle que me marcho de la ciudad para siempre, estoy nerviosa
porque sé que me ha ayudado mucho pero todo ha sido en vano.
Abro de nuevo internet en la página que me interesa. Aprovecho para
enviar la confirmación del código a Rachel y vuelvo a leer las últimas
noticias, espiar a Bastian se ha convertido en una obsesión.
Desde que tuvimos esa conversación en el lago
no le he vuelto a ver, es más, no he visto coches sospechosos,
guardaespaldas a mi lado ni otro tipo de movimiento Trumper que haga ponerme en
alerta. Debo de suponer que ya ha aceptado nuestra ruptura y está haciendo
exactamente lo que le pedí, pero está vez está jugando sucio y sabe que yo lo
sé. Todo este tiempo no ha hecho otra cosa que salir con mujeres, las lleva de
su brazo, les sonríe y las pasea por todas las alfombras rojas inimaginables.
Ha ganado dos campeonatos estatales y uno de ellos fue en Texas donde posó
junto a Molly tras haberse hecho con el combate. Leí que estuvieron en una
fiesta privada y que se le había fotografiado con la mejor amiga de su ex
novia; claro, según las portadas de la prensa en todo el país. Es por eso que
me he enganchado a una cuenta de twitter fan de Bastian que informa de todo, a
veces ni siquiera me importa la información y voy directamente a leer los
rumores porque suelen ser verdad ya que sus fans postean todo en internet.
Mi amiga dice que cambié desde esa tarde y omití el hecho de que vi a
Bastian y tuvimos esa conversación, estaba tan emocionada con que había
besado a Alan que esa noche era suya más que mía. Desde entonces no me
ha vuelto a preguntar por él o nada más, me pilló viendo algunas webs dedicadas
a Bastian con todos sus movimientos y ella me regañó diciéndome que era
torturarme, que había pasado página y yo debía hacer lo mismo. Tiene razón como
siempre, pero no tiene que preocuparse ya que me vuelvo a casa y allí podré
cerrar para siempre esta etapa de mi vida. No voy a seguir a este hombre a no
ser que vea el entierro en el periódico local, mientras tanto, algo en mí murió
y lo hizo con él.
Resoplo cerrando la ventana de twitter definitivamente para bajarme de
la banqueta y ver si el cartel de abierto está en su sitio o no, hemos hecho
una venta y algunas online pero necesitamos que la gente venga a comprar.
Rachel dice que ya se enterarán poco a poco, que dos días y las ventas online
son más que suficientes ya que somos unos dólares más ricas. Se empeña en
arrastrarme hacia sus sueños pero me niego.
Volteo el cartel y vuelvo a
abrirlo, me quedo
embobada en el cristal con un nudo en la garganta cuando veo un camión
que anuncia el nuevo gimnasio que Bastian inaugurará la semana que viene. La
última vez que le vi en Chicago fue cuando posó junto con una modelo en la
inauguración del salón de belleza de Molly. En mis pensamientos siempre decido
que no me afecte, pero no estaría así si no lo hiciera. Rachel me obliga a
comer y lo hago aunque aún estoy igual de delgada, el otoño me ayuda a usar
ropa holgada y fea para que no se pueda ver mi figura ya que mi cara
probablemente sea el espejo de mi alma. Hago un corazón imaginario en el
cristal cuando una mujer se para frente a la puerta dudando en si me conoce o
no, se quita las gafas y me percato que es el rostro de la que era mi antigua
amiga, Molly.
Me alejo de la puerta temblando mientras ella se dirige hacia mí
abriéndola sin dudar. Entra en la tienda con soberbia y con un extraño
semblante en la cara, seguramente preguntándose qué hago aquí. Nos quedamos
paradas una frente a la otra, ella vistiendo un vestido ceñido que le llega por
las rodillas marcando sus curvas, y yo con un chándal negro, despeinada y
sin maquillar.
– ¿Nancy, que haces aquí?
– ¿Quién es? – Sale Rachel del almacén y se pone a mi lado, yo me quedo
sin palabras – fuera de mi tienda.
– Ah, es tuya. Me había asustado, pensé que Nancy había sido absorbida
por los alienígenas, es decir, tú.
– Si has venido buscando pelea la tendrás.
– Quiero hablar a solas con Nancy, – me mira sonriéndome – tenemos
algunas cosas de que hablar.
Miro a Rachel con indiferencia subiendo un hombro para hacerle saber que
no me importa lo más mínimo lo que vaya a decirme. Ella me susurra que estará
dentro si me necesita y asiento con la cabeza, mis manos están metidas en los
bolsillos de la sudadera y Molly espera a que mi amiga se vaya para acercarse
a mí.
– ¿Y bien? – Susurro.
– ¿Qué diablos le pasa a la pitbull? – Pregunta en voz baja y una
punzada es lanzada a mi corazón.
Pitbull es como Bastian llamó a mi mejor amiga la última noche que nos
vimos. ¿Se han reído juntos de ella? ¿De mí? Niego con la cabeza por haber
escuchado esa palabra, pero mucho más por la falta de respeto de Bastian en
compartir ese apodo con Molly sabiendo lo que ella me hizo.
– ¿Qué quieres? Estoy ocupada.
– ¿Podemos tomar algo juntas? Necesito que entiendas algunas cosas.
– Es que, mírame…
– Te veo Nancy y no te reconozco – me corta.
– Decía que mírame porque no visto adecuadamente para salir en las
revistas. Sí, ya que probablemente hayas llamado a algunos fotógrafos para que
nos saquen en las portadas mañana. ¿Qué pasa, ya no venden nuestras fotos
juntas?
– No me hables así, – me levanta un dedo acusándome – no sabes lo que
pasó y lo que tuve que hacer para limpiar tu honor.
– ¿Mi honor?, ¿confesar a todo el mundo que mi bebida favorita en la
universidad era el sabor de los labios de James?, ¿eso era honor? Sabes que
jamás tuve nada con él.
– Nancy, te explicaré todo si me dejas. Por los viejos tiempos.
– No Molly, tú me has fallado y no quiero tus explicaciones. Ahora por
favor, abandona el ovni y deja a las alienígenas aquí. ¿Sabes por qué? Porque
aquí dentro se quedará una amistad sincera y ahí afuera se quedará alguien que
se ha quedado sin
amigos, o ¿acaso tus amigas de la alta sociedad te apoyan porque valoran
tus sentimientos?
– Eres injusta Nancy. Y cruel. Muy cruel. Ya sé porque te dejó Bastian y
me alegro de que lo hiciera. Debió de darse cuenta de que la fachada de niña
dulce y bonita no te dura toda la vida.
– Vete de aquí – se pone las gafas, abre la puerta y se gira.
– Yo habré perdido a una amiga pero he ganado mucho más querida y tu ex
novio está entre ellas. Tenías razón, sus labios son tan, tan, tan suaves.
Se marcha riéndose y cerrando la puerta de un golpe. Lloro poniendo las
manos sobre mi cara y escondiéndome de la humillación que acaba de hacerme.
Rachel corre hacía mí llevándome al despacho, me ayuda a sentarme en la silla y
me trae un vaso de agua. Esto duele, duele como el infierno. Bastian y ella
juntos es algo con lo que no puedo luchar y me va a costar levantarme de esta
terrible noticia
más de lo que creía. Los rumores en twitter eran verdad, se habían
besado, no quise creérmelo porque ambos no me harían daño, pero ella lo acaba
de hacer confirmándomelo.
– Lo siento Nancy – susurra mi amiga.
– Estoy… esto… estoy bien – tartamudeo porque mis labios tiemblan.
– No lo estás, eso ha debido matarte.
– No pueden matarme cuando ya estoy muerta.
– Deja de decir esas cosas Nancy, nadie dijo que esto sería fácil o
rápido. Lo estás haciendo bien pero no me gusta que te tortures mirando esas
páginas de él porque al fin y al cabo eso no te dejará avanzar cariño.
– Iba a… – bebo agua – iba a decírtelo esta noche pero creo que ahora es
el momento.
– Te vas ¿cierto?
– ¿Cómo, lo… lo sabes?
– Tarde o temprano pasaría. No estás bien desde que Alan vino a cenar la
primera vez a casa, esa noche vi las lágrimas en tus ojos y te intenté distraer
contándote lo mío. Sabía que lo habías visto, estaba esperando a que me lo
dijeras.
– Yo… no, no… no quería preocuparte.
– Vuelves a tartamudear Nancy, joder. Cariño, tienes que superar a ese
hombre, no dejes que te pisoteen. Tienes una familia que te ama, unos amigos
que te adoran y ahí afuera hay una vida, la vida normal, no la que viven ellos.
Tú estás aquí con nosotros, en la Tierra, pisando el suelo.
– Lo… lo sé, – aspiro la mucosidad que se derrama por mi nariz – sé que
os tengo a todos, que estáis haciendo todo lo posible para traerme de vuelta,
pero ya no quiero, no me apetece seguir viviendo. Es
duro, es muy duro tener que refugiarse en casa de mis padres porque no
tengo otro lugar donde ir para no encontrarle. Dejaré todo aquí, lo dejaré y
viviré allí, volveré con Mike y haré la vida soñada por mis padres, se los
debo.
– No quieres eso cariño. Mira a tu ex, él ya te ha superado, está
viviendo y tú estás aquí lamentándote y dejando que tu pasado te torture.
¿Crees que eso es vida? No te lo mereces Nancy y no te voy a dejar que vuelvas
con tus padres y vivas la vida que no deseas porque no tienes fuerza para
enfrentarte a tus problemas aquí. Sal ahí afuera, con la cabeza en alto y
demuéstrales a todos que vales. Vales y mucho.
– Pensé en pasar página y empezar de nuevo, pero se acabó. No… no… no
puedo verle, siempre va a estar ahí, en la televisión, en las revistas, en un
poster del autobús, en cualquier sitio, su nombre me perseguirá y me lo
restregará por la cara. Ya empezó, no tienes nada más que mirar lo bien
acompañado que está.
– ¿Qué paso aquella noche? Desde ese día no has vuelto a ser la misma.
– Me persiguió desde que salí casa, me fui a comprarme un helado, me
senté frente al lago y poco después apareció exigiendo que no como o algo así.
Cruzamos algunas palabras y acabé diciéndole que no me refugio en las bragas de
mujeres, él se enfadó y se marchó diciendo que se follará a todas las que viera
en su camino. Y ahí están los hechos, – limpio una lágrima que se me escapa.
– ¿Por qué quieres ver eso? Si te hace daño no
sigas.
– No voy a seguir, lo prometo.
Alguien entra en la tienda y vemos a dos chicos mirando las estanterías,
Rachel sale afuera cerrando la puerta y me quedo sola sentada en la silla. Miro
hacia este pequeño despacho y no puedo ni imaginarme que haría aquí en una
jornada de trabajo normal, me
ahogaría, no sería yo misma, pero ¿lo sería en Crest Hill? No tengo la
capacidad de pensar ni de valorar mi futuro cuando aún sigo viviendo de la pena
y el pasado. Bastian ha dejado una huella imborrable en mi frío corazón. A
veces tengo muchas ganas de hacer lo que ha dicho mi amiga, salir a la calle y
demostrarles que soy yo de nuevo, pero la mayoría del tiempo me siento mejor si
estoy encerrada y no me enfrento a nada más que a mi dolor.
No voy a cambiar en la vida y ya lo tengo asumido.
Han pasado dos días desde que me encontré a Molly y lo llevo mucho peor
de lo que creía, no dejo de imaginármelos juntos, besándose, desnudos. Sé que
ella tiene las armas de una mujer para hacer que él caiga en la trampa, es tan
indecente como Ria, ambas son unas serpientes con veneno dentro que hace
paralizar el cerebro de Bastian. Los odio mucho y no puedo vivir con esta
tortura porque salgo perdiendo, estoy segura de que los tres se están riendo de
la pobre e inocente Nancy.
He hecho un trato con Rachel, me daré una semana más y el lunes
regresaré a Crest Hill. Mis padres aún no saben nada, quiero que se lleven la
sorpresa cuando me vean aparecer por la puerta de casa con la maleta
gritándoles que me quedo para siempre, mi padre va a ser la persona más feliz
del mundo. Es jueves y mis amigos no han dejado de distraerme en estos dos
días. Rachel y Alan no actúan como novios cuando están conmigo, solo se dedican
a mí, a hacerme sentir bien o a que salga con ellos, y siempre tienen alguna
excusa para hacer que me vista y salga a la calle; les agradezco todo pero para
mí es un trauma cuando los veo tan emocionados porque vamos a ir a algún sitio.
Mi amiga está preocupada por mí y ha hecho planes para hacerme una habitación
en la casa, quiere hacer obras y gastar dinero, yo le he dicho que me voy a ir
de Chicago pero continúa ignorando esas palabras.
Alan acaba de irse porque tiene turno de noche hoy y me ha abrazado
tanto que casi me rompe en mil pedazos bajo las sonoras risas de su novia.
Preparamos la cena porque las gemelas vienen ya que tienen una sorpresa
para nosotras, yo solo espero que no tengamos que salir a la calle.
– Rachel, ¿no es mejor que las esperemos?
– No, rubia siempre tarda más de la cuenta – desde que sus nombres son
un caos para mí les llamo por su color de pelo y ahora todos sus amigos las
llaman como yo, rubia y morena.
– ¿Qué crees que nos dirán?
– No lo sé cariño, creo que es el tatuaje de gemelas que se iban a hacer
en la espalda. ¿Te acuerdas? El del ángel muerto con las alas cortadas.
– Ah, sí. Escuché a Alexander decirlo una vez. Por cierto, ¿no venía
Dave hoy? Me envió un mensaje esta mañana.
– Al final no. Ha llamado mientras estabas en la ducha, tiene que
presentar un proyecto mañana a
primera hoy y va a acabarlo esta noche.
– Solo seremos chicas, ¿no venía tu amigo el del pelo verde también?, o
¿lo soñé? – Estoy tan desorientada que no retengo mucha información nueva en mi
cerebro, confundo días, cenas, almuerzos, gente que viene, gente que va. Son
muchos nombres y no logro acordarme de todo con efectividad.
– ¿Alexei? No, porque Alan no lo soporta. Lo invité solo si estaba él
pero olvidé que trabajaba esta noche, así que le he dicho que solo seremos
chicas.
– Entiendo.
Acaricio mis brazos mirando a la comida que ha puesto Rachel sobre la
mesa, hace días que no me concentro mirando los dibujos o en lo que me dice,
ella intenta lo mejor pero no está dando resultado. Las gemelas no tardan mucho
en venir y se unen a nosotras, la verdad es que son muy divertidas pero no
esbozo sonrisas como ellas ya que me escondo tras mi fachada. Pasamos unas
horas criticando a los
hombres, ellas saben que he tenido una relación con Bastian pero no lo
nombran o se refieren a mí, actúan como si no importase mi pasado y me alegro
por ello o no podría enfrentarme a estas chicas.
– Venga ya, no aguanto ni un segundo más – Rachel se agarra de mi
delgado brazo acorralándome.
– Sí… ems… estamos impacientes – digo.
– ¿Estáis preparadas? – Las gemelas estás frente a la televisión para
contarnos la noticia
– Adelante repetidas – me sonríe Rachel sacándome la lengua porque Alan
las llama así.
– Vale, vale. Atención, – dice rubia – la semana que viene es nuestro
cumpleaños como ya os hemos ido diciendo a lo largo de estos días. Vamos a dar
una mega fiesta el fin de semana que viene.
– Oh – digo.
– Eso es trampa, ya lo sabíamos – grita Rachel lanzándolas unas galletas
saladas.
– Esperad, esperad, a parte de la gran fiesta nuestros padres nos han
dado un regalo por adelantado. ¿A qué no sabéis cuál? No respondáis, porque
chicas, haced las maletas que este fin de semana nos vamos a Las Vegas.
– ¡NO! ¿De verdad? – Mi amiga grita levantándose del sofá.
– Sí, nuestros padres nos han regalado cuatro billetes de ida y vuelta a
Las Vegas que ya compraron hace meses y ¿qué mejor que ir con vosotras?
– Ems yo no… – Rachel se gira con el dedo índice acusándome y me callo.
– Habíamos pensado en hacer este viaje de chicas y pasar tres días en
Las Vegas. ¿Qué decís, os apuntáis?
– Por supuesto que nos apuntamos.
– Aww.
Las gemelas se lanzan al sofá para darnos un abrazo de grupo, puede ser
que sea la primera vez que haya sonreído. Un viaje a Las Vegas, y justo este
fin de semana. Suspiro porque no quiero ir y no van a recibir mi rechazo.
Nos pasamos el resto de las horas hablando del viaje, todas están muy
emocionadas y yo intento trasmitir lo mismo pero fallo fingiendo y creo que lo
notan. Confirmamos los billetes en internet y la reserva del hotel, va a ser
muy divertido a juzgar por toda la ruta que Rachel acaba de preparar para
nosotras. Hemos hablado de ir de turismo y comernos esas tortitas gigantes,
además de gastarnos algunos dólares en los casinos.
Cuando acabamos de organizar el dichoso viaje, las gemelas se despiden
emocionadas y alteradas porque se han dejado las maletas a medio hacer ya que
hemos quedado mañana en el aeropuerto a las diez. Rachel cierra la
puerta sonriendo y con el dedo levantado hacía mí de nuevo.
– No digas ni una palabra, haz la maleta para irnos mañana o te la haré
yo.
– Pero… ¿por qué no han invitado a otra? Al fin y al cabo ellas no me
conocen.
– Porque les caes bien Nancy, eres mi mejor amiga y créeme que has
pasado más tiempo con ellas en estas semanas que nuestras amigas que siempre
están ocupadas. Vamos cariño, anímate va a ser divertido.
– Sabes que el lunes regreso a Crest Hill, no me apetece ir a un viaje.
– Te prohíbo que hables de eso y menos ahora. Nos vamos a Las Vegas,
nunca he estado y tú tampoco, vamos a disfrutar y divertirnos en un Estado
fuera de Chicago, lejos y muy lejos de aquí. Nadie nos
conocerá, podremos ser quien queramos, te va a venir bien hacer este
viaje, me apetece mucho y tú también lo necesitas.
– No sé Rachel, yo… ems…
– Ve a hacer tu maleta, este fin de semana vas a olvidarte hasta de tu
nombre – me golpea el trasero y zanja la conversación.
A pesar de que me he negado, aquí estoy, en medio del aeropuerto
esperando a facturar mi maleta. Acabo de colgar a mi madre que se ha emocionado
bastante por un viaje de chicas, según su visión de mi vida estoy disfrutando y
distrayéndome de todo, pero no es así. Vengo obligada porque mi amiga quiere,
las gemelas me han invitado y les he dicho que podrían invitar a otra pero se
han negado, me quieren allí y las tres están emocionadas por mí. A veces me
siento una idiota porque se toman mucho interés en saber cómo estoy o si me
encuentro mal, sé que todas lo hacen para animarme aunque tengo que aguantar
tres días más y se acabará.
El viaje de tres horas y media se me hace eterno. Olvidé que era coger
un avión ya que solo fui a Nueva York con el instituto, ahora se siente tan
diferente. Vamos a aterrizar en cinco minutos y ya puedo ver la ciudad debajo
de nosotras, las chicas no han dejado de hablar, Rachel de preparar el
itinerario y yo de mirar por la ventana. Le echo de menos. Estas horas me han
servido para darme cuenta de que no quiero alejarme de Chicago, siempre será mi
hogar a pesar de que allí no soy feliz sin él e inclusive cuando estoy con él.
Dejé de mirar internet para seguir sus pasos desde que Molly entró en la
tienda, me he hundido y lo ha conseguido. Le prometí a Rachel no torturarme más
y eso estoy haciendo, siguiendo un camino en la oscuridad sin verle.
Llegamos al hotel con facilidad. Tenemos dos habitaciones divididas para
cada par de nosotras, ahora estamos dejando las maletas porque hemos quedado en
hacer un poco de turismo dentro de media hora. Esta noche vamos a ir a cenar y
al casino, yo voy a ceñirme a mi plan de escaquearme, y hoy toca dolor de
cabeza
a causa del viaje.
– Es grande la habitación y bonita, – dice Rachel – ¿por qué no nos
habrán dado una habitación cerca? Seguro que las gemelas tienen mejores vistas
que nosotras.
– Solo son tres plantas más arriba.
– Pero la nuestra es demasiado baja, mira por la ventana, – no me he
movido de la cama desde que dejé la maleta en el suelo – ellas desde arriba
pueden ver más.
– Me niego a cambiar de habitación Rachel – le tiro un cojín y ella
otro.
– Venga, refréscate que nos vamos a hacer turismo.
– Acabamos de llegar, ¿no es mejor que descansemos para esta noche?
– No. Estamos en Las Vegas y no voy a dejarme nada por ver. Tenemos tres
días y quiero exprimir este viaje como nunca. Vamos cariño – tira de mis brazos
obligándome a salir de la cama.
Después de haber pasado todo el día fuera y de hacer un intenso turismo
guiadas por Rachel, nos han dado las nueve de la noche y aún seguimos aquí, al
menos yo que acabo de salir de la ducha. Agarro fuerte mi toalla cubriendo mi
cuerpo a pesar de que Rachel ya me ha visto desnuda, está hablando con Alan por
teléfono y yo me siento sobre la cama.
– Que sí, no te preocupes. A cenar y al casino, no hay chicos. Solo a
ti. Sí, aquí está, un poco lenta. Cariño, Alan te manda saludos, mañana te
llama.
– Mándale saludos de mi parte también.
– Te manda saludos. No ahora no puedes, ella tiene que vestirse, que por
cierto Nancy, vas lenta.
No voy lenta,
intento librarme de salir esta
noche. Llevamos toda la tarde caminando de un lugar a otro y yo no
aguanto este ritmo, mi cuerpo está débil y yo no estoy bien. Consigo ponerme en
el cuarto de baño la ropa interior y ahora me pondré el pijama, salgo
estudiando la zona. Rachel está mandando mensajes mientras me espera, le he
dicho miles de veces que no me apetecía salir.
– Rachel, yo… yo no me encuentro bien.
– Ponte el vestido y salgamos a cenar, las gemelas están en el hall
esperando por nosotras.
– Pero si cenamos en el restaurante del hotel, ¿por qué no vais vosotras
y yo mañana salgo?
– Porque te queremos ahí afuera con nosotras Nancy, – se acerca a mí –
por favor, ponte el vestido porque es obligatorio ir de etiqueta en los casinos
y salgamos. Me hace ilusión.
– ¿No te han sido suficientes las mil fotos que has sacado de nosotras
esta tarde?
– Quiero más. Venga, te esperamos abajo, no tardes y maquíllate o no te
dejarán entrar en el casino.
– ¿De verdad? – Casi sonrío.
– Nancy, no juegues con eso. Nos divertiremos.
– Está bien, pero mañana no salgo hasta la noche o el domingo, ¿de
acuerdo?
– Ni. Lo. Sueñes. – Me azota el trasero de nuevo – te esperamos, no
tardes.
Me lanza un beso desde la puerta porque sabe que si se queda le
convencería de alguna manera para que no salga esta noche. Me dirijo al vestido
que ha escogido para mí ya que estratégicamente yo no he traído ninguno con la
intención de librarme de salir por la noche, sin embargo, Rachel ha traído
muchos más porque sabía que planeaba algo así.
Veo un sencillo vestido que me cubre hasta las
rodillas, el cuello en v es corto y la espalda está cubierta, no tiene
mangas y es bastante ancho para mi gusto, sabría que Rachel me ofrecería un
vestido así. Una vez que me lo pongo lo reajusto a mi cuerpo, estoy más delgada
de lo que debería y temo enfermar realmente. Dave no para de repetirme lo de mi
anemia y yo de mirar hacia otro lado. Termino de maquillarme y me doy un último
vistazo en el espejo, solo me he puesto sombras negras y un color de labios
rojo, creo que voy bien, aunque no maquillada, espero que no me dejen entrar
para que pueda volver a la habitación del hotel. Antes de salir me pongo las
botas de cuero negras de tacón hasta las rodillas, Rachel dice que no me caeré
si tengo sujetas las piernas. Falla, su teoría falla porque acabo de caerme
sobre la alfombra, hace mucho que no me he puesto tacones.
Agarro el bolso revisándolo de nuevo. No llevo nada más que el móvil, mi
documentación y cincuenta dólares; es una estupidez porque no voy a gastar
dinero en el casino y la cena de esta noche en el hotel va incluida en el
precio, pero no quiero a mi amiga obligándome otra vez a subir para cogerlo. La
chaqueta es lo único que llevaré en la mano, estoy deseando ponérmela
para no mostrar mi cuerpo y sobretodo mis brazos delgados. Abro la puerta
intentando no caer del suelo cuando veo una sombra que está frente a mí.
Bastian.
Está apoyado en la pared con unos vaqueros y una camisa a cuadros que
tiene remangada hasta los codos, su pelo está alborotado y más largo, pero me
gusta así. Me observa de arriba abajo con los brazos cruzados y no muy feliz de
verme, consigo cerrar la puerta de la habitación guardando la tarjeta en mi
bolso. ¿Qué hace aquí?
No le miro y opto por seguir hasta el ascensor pero no entiendo por qué
mis piernas no se mueven.
– ¿Qué… que haces aquí? – Consigo balbucear.
– He venido a por ti, – baja sus brazos y avanza un paso pero yo
retrocedo – no tartamudees ni me temas nena, no lo hagas conmigo.
– Aléjate un poco más… por favor.
– Daré un paso atrás, pero tienes que empezar a trabajar en eso. Sigues
sin comer y ya no te voy a permitir que continúes así, nena. Ven conmigo esta
noche.
– ¿Qué? Yo… no…
– Ellas son tres y estarán bien sin ti. Sé que quieres estar en
cualquier sitio menos aquí.
– ¿Nos has… nos has seguido? – Arrugo mi cara, este hombre no tiene fin
– ¿cómo sabías que estaría aquí?
– Yo lo sé todo cuando se trata de ti nena, recuérdalo siempre.
– Bien – asiento la cabeza afirmándolo una vez más, no entiendo por qué
sigue acosándome si está con Molly o con todas las mujeres con las que ha
aparecido en estas últimas semanas.
– Ven, por favor.
– ¿Por qué debería Bastian?, ¿no te cansas de este jueguecito? Déjame en
paz, no sé de qué… o como… si… para… – niego con la cabeza – esto… esto no
tiene fin contigo. No te quiero en mi vida, por favor no continúes haciendo
esto porque… porque… no es… no lo es.
Mis ojos están llorosos y a punto de estallar en lágrimas, dos personas
pasan por delante de nosotros alejándose para ir hacia los ascensores. Debería
aprovechar para ir con ellos y que Bastian no me persiga o haga de las suyas,
pero es Bastian y haría todo lo que fuera con tal de que no me vaya ahora
mismo.
– ¿Qué no es, Nancy?
– Sano, no es sano para mí. Por favor, te lo digo en serio. Ya me has
visto, me sigues y haces todo lo posible para encontrarte conmigo. Para por
favor, te
lo… te lo suplico.
– Nena – avanza hacia a mí, pero cuando está a punto de tocarme una voz
nos interrumpe a lo lejos.
– ¡He dicho que la dejes Trumper! – Viene Rachel por el pasillo como una
guerrera.
– No te metas pitbull.
– ¡Serás gilipollas! – Pone las manos en su cintura encarándole –
¿pitbull? Y me lo llama el abuelo. ¿No estás un poco mayor para acechar a
jovencitas?
– Rachel… no… no sigas, vámonos.
– ¿Estás bien? – Se gira hacia a mí – ¿qué digo? Claro que no estás
bien, vámonos de aquí.
Ella coge mi brazo y no miro hacia atrás porque decido que las lágrimas
sigan su curso para liberarlas con resignación. Me odio cuando lloro y no puedo
controlarme frente a él, ellos dos se gruñen mientras nosotras nos
metemos dentro del ascensor.
Decidimos no decir nada a las gemelas para no fastidiarles el viaje. Nos
reunimos con ellas en el restaurante mientras Rachel me da un pañuelo de papel
para limpiar mi cara, menos mal que no me he puesto maquillaje.
El postre se acaba y extrañamente me siento muy bien, como si no tuviera
que lamentarme porque Bastian esté en Chicago, él está aquí y ha venido a
verme. Me siento como si volviera a casa de nuevo, en Las Vegas, pero en casa
porque él está aquí. Está aquí. No dejo de repetirme esas palabras en mi
cabeza. Es tan guapo, me gustaría pasar mis dedos por su pelo y verlo
desaparecer por su longitud, acariciar esa cara tan frustrante y tranquilizar a
ese león con el que convive en su interior. Sé que el comentario de Rachel le
ha ofendido mucho, para él la edad no ha sido un problema entre nosotros pero
se ha enfadado con personas que me han aconsejado que él sea bastante más mayor
que yo; al día siguiente Bastian
hacía que sus empresas cayeran en picado. Solo tiene treinta y siete
años pero aparenta a un hombre de treinta, y este diciembre hará los treinta y
ocho. Dentro de poco se adentrará en los cuarenta pero seguirá aparentando su
juventud, es un testarudo y no tiene que importarle la edad, es perfecto para
mí.
Hemos tomado una copa rápida en el bar de uno de los casinos y yo no he
dejado de buscar alguna pista que me hiciera ver a Bastian siguiéndonos. Miro
hacia todos lados buscándole, no sé por qué, pero le busco con la mirada.
– Vamos a las máquinas de las frutitas, siempre quise jugar a esas –
dice Rachel.
– Nosotras vamos a jugar al blackjack, ¿nos vemos allí? – Dice morena.
– Sí, claro, Nancy y yo nos vamos a las máquinas. Ahora nos reunimos.
Nos despedimos y
minutos después me veo
sentada bajando y subiendo una palanca en la máquina sin conseguir que
tres fresas coincidan. Rachel ha ganado ochenta dólares y se está riendo de mí.
– Esto… esto es injusto. No voy a echar más monedas. Me he gastado
treinta dólares aquí.
– Tú puedes cariño, si no arriesgas no ganas. Y otros cinco dólares – me
mira y se ríe cuando escuchamos el dinero salir de la máquina – ¿cambiamos?
– No, gracias. Tengo que ir al aseo.
– ¿Te acompaño?
– No, iré al del bar.
– Espera, antes de irte ve a cambiar estas fichas y pide champagne para
ti y para mí, a lo mejor necesitas adrenalina en tu cuerpo.
– No… no necesito…
esto… no quiero ir a
cambiar el dinero, lo pagaré yo.
– Vale Nancy, no tardes.
– Tranquila – beso a mi amiga en la cara porque me apetece demostrarle
que la quiero a pesar de que no soy la mejor amiga del mundo.
Después de usar el aseo me dirijo hacia la barra. El bar es lujoso como
el casino, los asientos son dorados, mesas de cristal, decoración de alta gama
y unas barras donde te sirven hombres y mujeres vestidos de etiqueta. Abro el
bolso para sacar el dinero mientras espero al camarero que está sirviendo a
unos hombres que por lo que aparentan, parecen importantes a juzgar por el
nivel de conversación que tienen con el camarero. Cuando me ve me levanta el
dedo índice indicando que espere y eso hago. Miro las botellas de alcohol sin
importancia cuando noto a alguien detrás de mí, alguien que no me provoca nada,
solo molestia.
– Señorita – una voz rotunda se coloca a mi
lado, giro para ver que es un hombre trajeado y me está sonriendo –
¿puedo invitarla a una copa?
– Lo siento, no me interesa.
Vuelvo a esperar al camarero mientras el hombre deja su copa sobre la
barra del bar. Estratégicamente me doy cuenta que se arrastra un poco más hacia
mí e intenta susurrarme algo cuando yo me aparto molesta y viendo en primera
línea como una mano se estrella en su cara.
Bastian.
El brazo de él está en alto esperando a que le devuelva el golpe pero lo
ha tumbado, la gente nos mira pero sin moverse. Él viste con la misma ropa
informal de antes y creo que le conocen o puede que este casino sea suyo y
estén habituados a verle. Pongo una mano en mi boca sorprendida porque este
hombre puede estar realmente mal, vemos como intenta levantarse pero Bastian se
coloca entre él y yo. Me mira y no me siento intimidada.
– ¿Estás bien?, ¿te ha tocado? – Está enfadado y niego con la cabeza.
– Eh, tú imbécil.
La voz del hombre se acopla en su espalda cuando ambos lo escuchamos.
Bastian está muy nervioso, le conozco y mi león va a perder el control. Está a
punto de girarse para matarle sin despeinarse cuando un acto más que voluntario
por mi parte hace contacto con él por primera vez en casi un año. Levanto mi
brazo sintiendo como mi mano acaricia su camisa moviéndola de arriba abajo y
enviándole mi tranquilidad. Él reacciona impactado, aturdido y olvidándose de
que el mundo gira a nuestro alrededor.
– No, por favor – le susurro y sé que me hace caso porque cierra los
ojos perdiéndose en mi toque, sintiendo como le transmito mi energía serena.
– Subnormal, ¿acaso es tuya? No la dejes suelta si no quieres que le
hinquemos el diente.
Va a matarlo, que se vaya ese hombre si no quiere morir. Estoy a punto
de gritárselo cuando Bastian se gira y le propina otro puñetazo. La gente no se
preocupa, ni siquiera se levantan para ayudar o intentar separarlos. Esta vez
el hombre no responde y se queda tumbado en el suelo, ¿ha muerto?
– Max, – Bastian llama al camarero – échalo de aquí y que no vuelva a
entrar.
El hombre empieza a levantarse provocando que me quede más tranquila
porque no ha muerto, aunque sigo igual de alterada a pesar de que quiera
demostrar lo contrario. Bastian se inclina hacia mí para cogerme en brazos. Su
brazo rodea mi cintura y el otro me sujeta debajo de mis rodillas, no digo nada
sin embargo, me distraigo cerrando los ojos mientras él camina a algún lugar.
No apoyo mi cabeza sobre su cuerpo pero me tienta, pasamos innumerables
pasillos llenos de gente que se quedan aturdidos por la escena que ven. Un
Bastian encelado en llevarme lejos de aquí y una chica que ha aceptado el hecho
de que no puede
alejarse de él a pesar de que le dice que lo haga.
Cuando los pasillos se acaban y las escaleras que hemos subido también,
empiezo a mostrarme nerviosa. La oscuridad me asusta ahora, quiero luz, gente o
vida ahí afuera porque no estoy preparada para quedarme a solas completamente
con Bastian. Llegamos a un último pasillo en el que se encuentran dos hombres
vestidos de negro en frente de una puerta que abren, pasamos sin ningún
problema a lo que parece una suite. Delicadamente me deja sobre mis pies
atendiendo a que no pierda el equilibro, un bonito detalle por su parte porque
lo pierdo un poco pero se espera hasta que me restablezca. La suite es
inmensamente grande casi como el casino, alfombras que han debido de costar
millones de dólares, muebles dorados, una puerta que dará a la habitación y
ventanas grandes donde ves la ciudad de Las Vegas; si Rachel estuviera aquí se
moriría por las vistas. Este es el hotel del casino y la estancia aquí cuesta
un infierno por noche.
Me alejo de él con tranquilidad con la excusa de
mirar por la ventana, tengo mi bolso aferrado a mí porque necesito
agarrar algo. Siento que Bastian se acerca y me doy la media vuelta asustada.
No consigo mantenerle la mirada pero necesito hacerlo pronto si no, él se
meterá de nuevo en mi vida.
– Nena. Vas a tener que acostumbrarte a mí de nuevo. No te asustes.
– Yo…
– No tartamudees tampoco, soy yo y no te voy a hacer daño.
– Es verdad, no puedes hacerme daño dos veces, – logro decir y baja la
cabeza mirando al suelo para luego mantenerme la mirada de nuevo – no otra vez
Bastian.
– Perdóname nena, voy a estar repitiéndote lo mismo toda una eternidad
si es necesario.
– ¿Por qué
has hecho…? Ese
hombre casi
muere.
– Casi, por desgracia sigue vivo.
– ¿Por qué lo has hecho?
– Porque eres mía. Y nada, ni nadie nos va a separar. Nunca.
La palabra nunca se graba en mi mente recorriendo todo mi cuerpo
buscando la sed de mi agua. Me agobio por el hecho de que nunca, como él dice,
nunca voy a deshacerme de nosotros, de lo que hemos sido, nunca vamos a
arreglar lo nuestro y nunca nos vamos a separar. Esa palabra dice más que mi
propia vida y quiero huir lejos de aquí. Miro hacia la puerta y luego hacia él
de nuevo, me arrastro ligeramente bajo su atenta mirada y consigo correr como
puedo hasta lo que creía que era una habitación. Una vez dentro, cierro la
puerta poniendo una silla detrás para asegurarme de que no pueda entrar. Echo
un vistazo a este inmenso lugar, hay un apartado para el despacho, un sofá, una
chimenea, un baño y una
inmensa cama alta tamaño King, todo está decorado en tonos dorados y de
alta gama, es precioso. No me distraigo y voy hasta el fondo, el león
enfurecido no tardará en aparecer.
Sin embargo y para mi sorpresa, Bastian golpea suavemente la puerta
mientras mi espalda choca contra la puerta del baño; entre él y yo al menos hay
una cama gigante.
– Déjame salir – intento gritar pero no puedo.
– Amor, eres tú la que se ha encerrado. ¿Puedo pasar? Te acompañaré a
donde quieras.
– ¿Por qué…por qué me… me has traído aquí?
– Quiero hablar contigo nena, solo eso. Quiero explicarte una vida,
necesito que me escuches y prestes atención. Te llevo a donde me pidas si
quieres, pero déjame contarte todo lo que quiero, merezco que me escuches
también.
¿Por qué me hace esto? Yo… yo no puedo caer otra vez en sus mentiras, en
su falsa vida, esa no soy yo. Él y yo somos muy diferentes. Yo quiero una vida
normal con alguien a quien amar y que me ame, no al dueño del mundo que esconde
miles de secretos a la niña tonta que tiene a su lado, no somos nosotros.
Acerco mi pequeño bolso contra mi cuerpo asintiendo, supongo que escucharle no
me hará más daño.
– Pasa.
– Voy a entrar nena.
La puerta se abre con facilidad, muy despacio veo como la silla queda a
un lado y como Bastian la mira sorprendido porque no se cree hasta donde llega
mi límite cuando trato de huir. La coge en brazos apartándola lejos de la
puerta, haciéndome saber que nada se va a interponer entre nosotros. Desliza la
puerta pero no llega a cerrarla, sé que duda en que hacer pero yo no digo nada,
le dejo que haga lo que crea conveniente.
Mide casi un metro noventa, más grande que yo en todos los sentidos, con
músculos que dibujan su figura y manos fuertes; un hombre de los pies a la
cabeza. Bastian. Él está aquí, ambos lo estamos de nuevo y no sé si eso es
bueno o malo. Nos miramos diciéndonos tantas cosas que me quedo absorta en mis
recuerdos. En mi mente le grito, le golpeo, le pego patadas, vivo en un mar
lleno de emociones de odio porque es así como me siento. No puedo hacerle
regresar a mi vida y estoy esperando a que hable primero.
Antes de nada se
me pasa por la
cabeza mi
amiga.
– Tengo… que… Rachel deberá…
– No te preocupes, Ryan le ha dicho que estas a salvo conmigo.
Odio que haga eso, que intente distraerme, ¿quién es él para decirle a
mi amiga que estoy a salvo? No puedo aguantar esta presión que me consume, no
puedo perderme en sus ojos de cristal que destrozan una parte de mi
corazón cada vez que le miro. Necesito que hable o mis rodillas van a doblarse
del todo y caeré en el suelo. Me agarro a mi bolso aún más fuerte porque de
algún modo es lo único que puedo poner entre él y yo.
– Yo… – joder Nancy habla, él es solo tu ex. No. Que hable él – yo… ems…
quiero irme.
– ¿Puedo acercarme a ti?
Asiento con la cabeza sin dudar y no me sorprendo, le he dado vía libre
para que respire el mismo aire que yo. Da pasos lentos en mi dirección, muy
lentos, sé que lo hace para no asustarme y me está dando tiempo para decirle
que no. Le dejo hasta que hay un espacio considerablemente entre ambos y
levanto la mano para hacérselo saber. Bastian frena y asienta con la cabeza,
pasa una de sus manos por su cabello y suspira. Me mira de nuevo, en mi estado
parezco un pájaro aturdido en el rincón de una casa y él la bestia que puede
dominar cada milímetro.
Está pensando en qué decirme y en cómo decirlo. Quizás está preparando
algunas de sus mentiras o simplemente va a confesarme que está con otra mujer.
Sea lo que sea, no voy a dejarle entrar de nuevo en mí, no en mi vida y nunca
más a mí alrededor. Ahora tenemos que zanjar para siempre que fuimos novios y
que ya no somos nada, va a tener que aceptar que hemos tomado caminos
diferentes y que no podemos estar juntos a pesar de la idea que tiene en su
cabeza.
– Puedes hablar – le susurro
Sonríe y me mira de arriba abajo haciendo hincapié en las botas que me
llegan por las rodillas. Son las únicas que me he traído y sé que se está
acordando de la última vez que me las puse en la noche anterior a la de
Halloween, cuando estábamos más enamorados que nunca.
– Eres preciosa nena.
– Para Bastian… solo… solo di lo que tengas que decir y me marcharé.
– Tengo tantas cosas en mi mente, – pasa una mano por su frente y
suspira – perdóname nena, perdóname por todo lo que pasó. No volverá a ocurrir,
nunca más.
– No quiero tu perdón, no… no puedo vivir con eso y mucho menos confiar
en ti.
– Nena, cometí…
– Un error, – le corto – cuéntame algo que no sepa Bastian, para… para
ti es fácil salir a la calle y ser… y ser tú, yo no. No… no puedo ni siquiera
mirarme al espejo sin sentirme humillada.
– Por favor, no te sientas así. En ningún momento quise que…
– ¿Quisiste hacerlo? Confié en ti Bastian, ¿cómo te sentirías si fuera
yo la que entrara en la
cama de alguien que no fuera tu pareja para… para…?
Lanzo el bolso al suelo enfadada, no quiero llorar pero lo hago,
necesitamos discutir y hablar de lo que pasó. Creo que será lo mejor para
nosotros como despedida.
– Te he pedido perdón nena, te lo vuelvo a pedir. Yo tampoco creía que
iba a pasar, se suponía que ibas a estar dormida – le miro apartando mis
lágrimas.
– ¿Cómo? No te atrevas a acusarme ni a… ni a… yo no tuve la culpa,
fuisteis los dos, los que… los que…
Pongo una mano en mi garganta porque me agobio, Bastian da un paso
adelante y retrocede porque yo se lo pido cuando levanto el brazo. Respiro con
dificultad y a él le mata verme así.
– Nena – su cara está asustada.
– ¿Ves lo que me has hecho? Esta… esta soy yo ahora, ¿sabes dónde he
estado todo este tiempo? – Niega con la cabeza – debajo de la cama asustada de
poder dormirme y que alguien abusara de mí, escondida entre las sábanas a
cuarenta grados y muriendo cada día porque el hombre del que me enamoré me
traicionó. Tú, Bastian, tú has tenido la culpa de que este así, ahora… ahora no
vengas con tus… con tus palabras porque ya no te necesito, ya no… no.
– Dime cómo puedo ayudarte, quiero ayudarte y remediar de algún modo
todo el daño.
– ¿Remediar?, ¿crees que puedo salir al mundo exterior sin sentir que
todo el mundo me mira y sabe lo que pasó aquella noche? Te dije que podría
haberte perdonado todo, estaba justificado aunque no lo apruebe y me hayas
hecho daño pero… pero no puedo dejar de pensar que tuve que hacerme la muerta y
no me fue difícil porque ambos me estabais matando. Lo que ocurrió se ha
grabado dentro de mí y ya es irremediable que alguien pueda hacerme olvidar.
Puse
en una bandeja de plata toda mi personalidad, quien era y todo de mí,
todo Bastian. Y tú… y tú me lo arrebataste, no te esperes encontrar a la
antigua Nancy porque la mataste.
– No vuelvas a decir eso Nancy. Iremos a hablar con alguien que nos
pueda ayudar, nos pondremos en las manos de los mejores especialistas para que
nos ayuden. Te quiero nena, te quiero de cualquier manera. Estoy viviendo en el
jodido infierno por ti Nancy. No sabes lo que es levantarse cada mañana y ver
que no estás a mi lado, que no puedo llamarte ni acudir a ti. Tuviste un día
para asimilarlo, yo aún lo estoy buscando porque no me creo que te haya
perdido.
– Yo no tuve la culpa, no puedes hablarme así y pretender que todo
vuelva a ser como antes. Estuve a tu lado día y noche a pesar de que me
excluiste de tu vida, me dejaste fuera Bastian, no tuve nada que ver, fui tu
marioneta hasta que te cansaste. ¿De verdad que solo pasó una vez? Dime que no
has abusado más de mí con ninguna otra persona porque si es así,
quisiera saberlo.
Frunce el ceño y se acerca a mí ignorando mi negación. Sus dedos se
pierden en mi barbilla levantando mi cabeza, las lágrimas brotan desde mis ojos
y mis brazos están cruzados, el corazón va a salir de mi cuerpo y las rodillas
se me van a doblar. Este efecto aún lo causa Bastian y lo seguirá causando
hasta el día que deje de respirar.
– Solo. Fue. Una. Vez. – Hace pausa en cada palabra – tienes que creerme
nena, confía en mí porque jamás te he engañado. Puede que te haya ocultado una
mierda porque estaba asustado, ibas a saberlo nena, tarde o temprano lo ibas a
saber, estaba buscando el momento justo para decírtelo. Vamos a salir de esta,
juntos.
– No, – aparto la cara y deja caer su brazo pero no se aleja de mí – no
quiero que… que digas eso porque lo nuestro se acabó.
– ¿Qué hago?
No puedo hacer retroceder el
tiempo, dime lo que jodidamente quieres Nancy – se arrastra por mi
cuerpo hasta hincar las rodillas en el suelo y poner su cabeza sobre mi
vientre, sus brazos rodean mi cintura y yo me doblo para no caer hacia adelante
– estoy a tu entera disposición nena, no me dejes por favor. No lo puedo
soportar, no puedo más.
Bastian, el hombre de hierro, mi león enfurecido llora sobre mí vientre,
sus sollozos son insonoros pero siento sus lágrimas mojar mi vestido. Yo
también lloro en silencio sin importarme que mis lágrimas salgan, por un
momento me dejo llevar y pongo mi mano sobre su cabello acariciándole la cabeza
e intentando relajar a este hombre furioso que está arrodillado suplicando mi
perdón. Hago lo que llevo queriendo hacer desde que le veía tan guapo en
televisión, mis dedos resbalan por su pelo mientras se esconden entre la
multitud, repito la acción hasta que levanta la cabeza apoyando su barbilla
sobre mi vientre.
– No llores – susurro.
– Por favor, te lo ruego. Perdóname – sus labios
están temblando, veo en su cara el reflejo de la mía, sus ojos no
mienten, tiene ojeras y está abatido – aunque no quieras verme, aunque haya
sido el peor novio del mundo, perdóname. Yo quiero lo mejor para ti, pero
necesito que me disculpes por todo. No debí hacerlo, nunca. Ahora que ya lo
sabes, este soy yo Nancy, este que está de rodillas frente a ti soy yo, no hay
más. No hay más secretos, no hay más que ese jodido club del que me arrepiento,
debí haberte contado todo, sin barreras, pero por primera vez era feliz y
quería disfrutarte, mantenerte pura alejada de mi oscuro mundo. Ya te he
repetido que no puedo retroceder el tiempo, pero puedo cambiar tus recuerdos,
hacer que lo olvides, crear juntos una nueva vida sin mentiras.
Se levanta del suelo arrastrando su cuerpo contra el mío y encendiendo
cada botón con su nombre. Sus dos manos quedan a ambos lados de mi cara, me
agarra con fuerza acariciando con sus dedos mi cabello y parte de mi nuca.
Cierro los ojos disfrutando de este momento, sus lágrimas se están secando
igual que las mías. Siento de nuevo, vuelvo a
sentir porque él me está tocando. Mis venas se reactivan resurgiendo de
la tempestad, mi corazón late con fuerza y pasión, mi cuerpo reacciona y ya
noto las mariposas volar dentro de mí. Vuelvo a vivir.
Abro los ojos y me encuentro con sus dos piezas de cristal. Él amaba que
me refiriese a sus ojos como dos astros del cielo, me decía que nadie se había
fijado en ellos y todas las miradas iban a su cuerpo. Fui la primera que le
habló sobre lo especiales que eran, ese día, se enamoró más de mí. Yo veía y
veo en él lo que nadie ve, ni verá. Ahora lo tengo frente a mí y este hombre
está esperando por una respuesta. He sufrido, he llorado, he estado en el
mismísimo infierno y es su mano la que está en el aire para devolverme la vida.
Bastian Trumper, solo Bastian Trumper puede hacerme olvidar y volver a ser
quien era.
Le necesito.
– A… apaga las luces – susurro.
Le cuesta asimilar por unos instantes lo que le
pido, frunce el ceño como si mis palabras fueran órdenes. Aleja una mano
de mi cara para arrancar de la pared una lámpara, la lanza al otro lado de la
habitación y se estrella en el interruptor de la luz haciendo que se apaguen
las luces. Vuelve a mirarme en la oscuridad, a pesar de que no nos podemos ver
el reflejo de la puerta entreabierta ilumina lo justo para que veamos nuestras
formas.
– ¿Estás bien así?
No le confirmo como estoy porque no tengo una respuesta sensata para
responderle, podría decirle que no lo estoy y que me quiero ir. Pero no es así
porque siento todo lo contrario, quiero que se quede junto a mí, que no se vaya
de mi lado y que todo vuelva a ser como antes.
Nuestras respiraciones son aleatorias y no coinciden, a pesar de que él
está cerca de mí no roza ningún trozo de mi piel, solo tiene sus dos manos
colocadas a ambos lado de mi cara y yo me estoy dejando llevar por este
momento. Cierro los ojos
poniendo mi espalda recta, me elevo unos centímetros y busco su aliento
que trago con mucho gusto. Él está muriendo y yo con él, necesito volver a
sentirme mujer y Bastian es el único que puede hacerlo. Elevo mis manos sobre
su cuello acariciándole, siento su piel erizada por mi tacto, está tan
temblando como yo.
Guardo nuestro pasado en un rincón de mi corazón, olvido el por qué
estoy enfadada con él, el motivo de nuestra ruptura y todo lo que hemos vivido
juntos.
– Bésame – susurro.
– ¿Estás segura? No voy a hacer nada que tú no quieras.
– Sólo bésame Bastian.
Su boca no busca la mía porque ambos nos buscamos mutuamente, hacemos
fundir nuestros labios como dos amantes desesperados. Nuestros besos no son
dulces y deliciosos, son fuertes y agresivos, sus
manos no dejan mi cara y las mías su cuello acercándolo más a mí.
Nuestras lenguas combaten saludándose con la eficacia que les caracteriza,
absorbo cada parte de él; dejo que muerda mis labios, mi lengua y todo de mí
porque le pertenece. Mi cuerpo reacciona aunque todavía no me haya tocado.
Ahora que estamos besándonos me siento vivir de nuevo, la sangre ya corre por
mis venas, mis articulaciones vuelven a resurgir y la estimulación que tenía
apagada resucita de mi oscuro pecado. Mi sexo está completamente húmedo, mis
piernas se doblan y antes de caer al suelo me impulso en un golpe ligero
rodeando mis piernas alrededor de su cintura como tantas veces he hecho en la
relación. Amo esta postura por encima de todo y él también. Tal vez él la ama
más que yo porque me entrego en cuerpo y alma, sabe que me aferro a su cuerpo
porque no voy a ir a ningún lado y eso es lo que le estoy trasmitiendo ahora
mismo.
Aunque nos deseamos y nos devoramos como animales, no nos movemos de
nuestra posición. Bastian ha cambiado su postura abrazándome por la
cintura para no caerme, intentando no sobrepasarse y agarrarme el
trasero como ama hacerlo. Mis brazos sujetan fuerte su cuello al compás de
nuestro baile privado, sus besos encienden todos y cada uno de los músculos en
mi interior.
– Voy a morir
aquí – susurra entre
nuestros
besos.
– Cama.
Es lo único que digo porque no quiero perder el contacto y no quiero que
acabe tampoco. Bastian nos gira dando unos pasos sin romper nuestros besos y me
deja delicadamente sobre la cama, él se arrastra encima de mí sin tocarme,
respetándome.
Mis piernas sobresalen de la cama pero las levanto para hincar mis
tacones sobre el colchón, él está sobre mí y le atraigo procurando que me roce,
que no tema el tocarme. Sé que su erección le está matando con esos vaqueros
ajustados que me hacen perder la razón, yo me siento igual pero necesito más,
mucho más.
Sin dudarlo acaricio su brazo hasta llegar a sus dedos, él es quien los
aprieta entrelazándolos porque sé que no quiere fastidiarlo más y hace lo que
le digo. Si por él fuera ya estaría desnuda a su merced y entregándome sin
pudor. Llevo nuestras manos unidas a mi garganta y dejo la suya ahí, la
acaricio calmándome más a mí que a él cuando rompemos el beso.
– Vas a matarme nena, te lo juro – su voz es rotunda, ronca y
autoritaria. Como me gusta – te amo tanto.
– Por favor, yo…
Levanto la cadera para que capte mi mensaje, frunce el ceño en respuesta
y le asiento con la cabeza. La luz pasa a través de la puerta e ilumina esta
parte de la cama, nos podemos ver mucho mejor que al fondo de la habitación.
Quita su mano de mi cuello para acariciar mi cara con sus dedos ásperos.
– ¿Quieres…? – Asiento con la cabeza como si estuviera desesperada,
aunque lo estoy, pero lo exagero más de la cuenta y creo que no voy a poder
controlarme cuando se trata de Bastian.
Vuelve a devorar mi boca consumiéndonos en el placer que nos provocamos
con tan solo rozarnos, somos más fuertes juntos de lo que creemos. Su brazo
izquierdo mantiene su cuerpo y los míos se aferran a él. Poco a poco con su
otra mano sube mi vestido hasta dejarlo por la cintura, mi sexo se contrae
porque sé lo que va a pasar y lo deseo como jamás he deseado nada en mi vida.
Sólo él puede hacerme olvidar, y lo hace.
Sus dedos acarician mi muslo, mi pierna, mi cadera… todo es un juego de
seducción innecesaria porque ya estoy excitada. Me muevo instándole a que
continúe y que no pare, que me pierdo en su boca, en su lengua, en nosotros,
pero no quiero que pare ahora, ni ahora ni nunca. Bastian sabe lo que me gusta
y lo
desesperada que estoy, no duda en jugar con mis bragas y torturarme con
el placer que él me provoca.
– Oh Bastian.
Siento arder mi sexo, sus dedos resbalan con facilidad sobre la
estructura superior, bajando y rozándome a través de mis labios, abriéndome y
disfrutando lo que toca, voy a correrme. Muerde mi labio inferior como tantas
veces hacía, marcándome como si fuera a ser la última vez que me viera, él y
solo él hace que ya esté a punto de fundirme con su mano. Sabe lo que me hace
sentir y sin embargo continúa jugando con mis fluidos, rozándome el clítoris y
volviendo a resbalar por todos lados. De repente siento algo en mi interior y
esbozo un gemido más agudo.
– Eso es nena.
Dos de sus dedos empiezan a moverse de forma desenfrenada en mi interior
haciendo que levante medio cuerpo de la cama, ahogo mis gemidos en su
boca y ahogando los suyos con los míos. No me da opción a gritar su
nombre cuando empieza a embestirme con dos de sus dedos, tres, hacia dentro y
hacia fuera. Grito en su boca apoyando mis manos en sus hombros hasta que
levanto medio cuerpo y con el impulso de mis tacones me arrastro hacia arriba
muriendo con el orgasmo que acabo de tener. A pesar de que estoy yo temblando
él también lo está y continúa con sus dedos en mi interior, pero esta vez con
movimientos más suaves. Me palpita mi interior y exterior. Tengo pequeñas
convulsiones a pesar de que estoy más relajada que nunca, empieza de nuevo.
– Bastian… por favor – susurro.
– Dame otro nena, solo uno más amor – esta vez le dejo que sus dedos
fluyan en mi interior, besándonos de nuevo pero más calmados – Dios te he
echado tanto de menos, perdóname.
– Ahora… ahora no – atraigo su cabeza a mi boca de nuevo, no quiero que
haya nada entre nosotros excepto nosotros mismos.
– No es eso. Perdóname si me corro pronto, es la primera vez desde que
fue nuestra última y me temo que voy a ser bastante rápido.
– ¿Qué? – Rompo el beso haciendo una mueca y apartándole de mí – ¿qué
has dicho?
– Que voy a malditamente correrme en cinco segundos, – saca sus dedos de
mi interior y me frunce el ceño – ¿qué ocurre?
– Lo otro, repítelo.
– ¿Qué es mi primera vez desde nuestra última
vez?
– Sí, ¿qué quiere decir?
– Quiere decir lo que quiere decir nena. No ha habido otra nada más que
tú.
– ¿Qué?
Le aparto de un empujón y cede retirándose para dejarme espacio mientras
me levanto.
Maldito mentiroso, no va a cambiar nunca.
Odio la jodida palabra, nunca.
CAPÍTULO 6
Salto de la cama a punto de caerme para correr hacia el baño, cierro la
puerta y pongo ambas manos en la cabeza, yo estoy… estoy… yo estoy exhausta, he
tenido un orgasmo o más de uno y me siento como si quisiera morir. Maldigo el
momento en el que… en el que le dejé tocarme. Mi corazón va a empezar a
bombardear fuera de mi cuerpo, siento que… yo no… no puedo ni… no tengo
palabras para. ¡Maldito mentiroso de mierda!
Echo un poco de agua sobre mi cara para refrescarme e intentar remover
este oscuro placer que me acaba de dar. Niego con la cabeza mientras me seco,
él… él es un mentiroso… sólo es una táctica para… para llevarme otra vez a su
guarida, engañarme y hacerme daño de nuevo. Yo solo quiero que… que me deje en
paz, ya hemos sellado nuestra ruptura.
Ahora mismo. Sí, eso es. Acabamos de sellarla y no tengo nada más que
decir.
– Nena, ¿estás bien? Siento si he sido un poco bruto o…
Salgo del baño con toda la elegancia que puedo y me lo encuentro justo
hablando a una puerta. Paso por su lado sin mirarle para coger mi bolso que
está en el suelo, lo hago y me levanto ajustando mi vestido. Me pongo el bolso
que queda cruzado aunque la correa de oro falso aprieta mi cuerpo. Levanto la
barbilla con orgullo y abro del todo la puerta de esta habitación que me
llevará al otro lado de la suite.
– Maldito gilipollas mentiroso – susurro mientras salgo con éxito.
– Nancy, ¿puedes decirme que he hecho ahora?
Frunzo el ceño arrugando los labios, veo en mi camino un sofá y le lanzo
un cojín, él lo esquiva, le lanzo otro y lo esquiva, así con los cinco cojines
que
hay sobre los sofás. Miro en uno de los muebles y no dudo en tirarle una
figura de mármol a su cara que cae en mi intento de lanzárselo, también un
cenicero que casi roza su brazo. Él no dice nada pero está enfadado, veo una
botella de alcohol y se la lanzo, esta se rompe en mil pedazos, la bandeja de
plata y el vaso van detrás, nada, malditamente nada le llega a tocar.
– Mentiroso, – vuelvo a mi punto de salida cuando visualizo en una
estantería de madera algunas cosas y decido tirárselas – idiota.
– Nena, apruebo todo lo que haces, ¿pero no crees que deberías pensar en
todo lo que estás estrellando contra mí?
Abro la boca y la vuelvo a cerrar, será gilipollas. Es un… es un… busco
por la habitación objetos que puedan ser lanzados hacía él y veo una mesa
grande de cristal con flores falsas que la adornan, él ve lo mismo que yo y se
lo lanzo, sus reflejos son excepcionales porque mis lanzamientos son pésimos.
Miro a la silla e intento cogerla pero no tengo fuerza,
pero rompo lo que le cubre y la tela resbala de mis manos cuando se la
quiero estampar también. Sigo moviéndome por la suite, doy con una lámpara en
una mesa y se la lanzo, esta vez me hago daño en el dedo y me lo chupo para
calmar mi propio dolor.
Bastian tiene las manos dentro de los bolsillos de su pantalón, está
observando mi escena con total tranquilidad sin esmerarse mucho en esquivar lo
que le lanzo porque ni siquiera llega a rozarle. Mi fijación por hacerle daño
se ha convertido en una obsesión, respiro con dificultad porque me he expuesto
a sobreesfuerzos innecesarios y muchos más fuertes de lo que esperaba. Veo un
reloj y no dudo en cogerlo, estoy cerca de él y se lo lanzo dándole en el
hombro, me quedo quieta viendo su reacción cuando se mira así mismo como ha
chocado contra él. Quiero pedirle perdón… yo no quería.
– Lo siento – susurro.
– ¿Ya has terminado?, ¿te queda algo más que lanzarme? – Sus manos no se
han movido, ni él, parece
ser que no le afecta y eso enciende el sentido de mi cordura. ¿Ah sí?
– No, no he terminado.
Vuelvo a la habitación y cojo de la mesa todo lo que puedo lanzarle, una
Tablet, un lapicero, un bolígrafo, una lámpara, el cojín del sillón de cuero,
una figura decorativa… lo llevo todo en mis brazos y salgo a la suite. Bastian
espera con paciencia y su cara cambia cuando me ve, comienzo a lanzarle la
lámpara fracasando en darle cuando de repente le veo caminar hacia mí, se me
cae todo y dejo escapar un grito agudo al sentir sus brazos rodear mi cuerpo e
inmovilizándome. He intentado huir pero me ha atrapado por detrás y ahora él
está calmando a la neandertal que ha nacido en mí.
– Tranquila nena, relájate.
– Suéltame.
– No te voy a soltar, vas a tener que luchar con
aquello que te hace daño.
– Eso intento idiota, – susurro y él suspira – déjame.
– ¿Vas a seguir lanzándome cosas?
– Por supuesto – digo con rotundidad.
– ¿Estás enfadada?
– Sí.
– ¿Quieres pegarme?
– Sí.
– Hazlo.
Suelta mis brazos y lo primero que hago es pegarle en la cara, la palma
de mi mano pica un poco y él la ha girado recibiendo mi golpe. Está tan sereno
y en sumisión que me pone enferma, sigo golpeándole en
el pecho y me mira con el ceño fruncido al igual que yo le estoy
mirando. Le doy otro golpe y no se sorprende, esta vez uso mis piernas y le
pego en la entrepierna, él cierra uno de sus ojos recibiendo la patada.
Continúo pegándole en el pecho, en la cara, en donde puedo hasta que sujeta mis
muñecas dejándolas en el aire entre nosotros.
– Suéltame.
– Ya vale nena.
– No, no vale Bastian. ¡No! – Le golpeo con el pie y me quedo más a
gusto – vale.
Doy unos pasos en retroceso alejándome de él, le he pegado y aún tengo
la necesidad de que quiero hacerlo mucho más. Me he cansado y temo desfallecer
sobre el suelo a causa del sobresfuerzo que he hecho. Su ceño está fruncido y
sé que está cabreado, bienvenido a mi nuevo mundo. Pongo mi pelo tras mis
hombros y levanto la barbilla.
– ¿Ya? – Se cruza de brazos – ¿tienes el periodo?
Entrecierro los ojos, me agacho y le tiro un cojín en la cara que le da
de lleno, ¿cómo se atreve a acusarme con mi periodo?
– No hay ningún periodo porque el trauma con el que voy a vivir lo ha
matado. Así que, – alzo más la barbilla – no lo tengo y tampoco puedo tener
hijos.
– Nena, mientes muy, pero que muy mal.
– Eres un… – cojo la lámpara para lanzársela pero él es más rápido y me
la quita lanzándola a otro lado.
– Se acabó Nancy, ¡habla! Exprésate con palabras.
– Me expreso – miro hacia todos los lados buscando por más objetos.
– Nena, vamos, no seas ridícula. ¿Puedes ayudarme a entender que ha
pasado ahí adentro?
– Dímelo tú – me cruzo de brazos alejándome y él se ríe.
– Entonces, ¿es verdad? – Sigue sonriendo levantando una de las
comisuras de sus labios – tú, mi bella Nancy, ¿estás celosa?
– ¿Qué… cómo… cómo…? – Me agacho cogiendo un bolígrafo que le da en el
ojo y lo cierra cuando recibe el golpe – ¿cómo te atreves a…? No estoy celosa.
– Oh sí nena, te diré lo que ha pasado. Mi dulce chica quién estaba a
punto de recibir otro orgasmo se ha imaginado a su hombre con otras mujeres,
¿no es cierto?
– Pues no lo es – niego.
– Y has huido cuando te he dicho que no ha
habido nadie más que tú. ¿Me equivoco?
– Suposiciones.
Su cara se relaja y empieza a reírse, sus carcajadas se hacen eco en
esta gran suite llena de cosas que en su mayoría están en el suelo. Me enfada,
quiero pegarle y mucho, se está riendo de mí y yo se lo estoy consintiendo.
Dejo caer mis brazos a ambos lados de mi cuerpo girando para irme pero Bastian
agarra mi brazo frenándome en seco.
– Espera nena.
– ¿No te has reído ya lo suficientemente de mí?
– Su gesto cambia matando su sonrisa.
– Nunca me he reído de ti Nancy, no pienses así. Mi plan ha funcionado,
sólo eso.
– ¿Qué plan?
No confío en lo que Bastian haya podido
hacerme. Me alejo lo máximo que puedo de él dando pasos hacia atrás en
dirección a la puerta de salida bajo su atenta mirada hambrienta, su sonrisa no
ha muerto del todo y su cuerpo se ve bastante relajado. Le odio.
– Dime por favor que has visto todos y cada uno de los pasos que he dado
en estas semanas.
– No sé a qué te refieres, tengo una vida – levanto la barbilla cruzando
mis brazos de nuevo.
– Lo has hecho, ¿no es así? – Me acusa la sonrisita que está provocando
que doble mis rodillas – tú, observar cada paso que he dado, cada campeonato,
cada fiesta, todo, y ¿sabes qué? Te duele no haber sido tú la que no está a mi
lado.
Dejo de fruncir el ceño para rendirme ante sus palabras, tiene razón, la
tiene y sabe que yo también lo sé. Juega a hacerme daño y no estoy preparada
para una dosis extra. Me alegro de que haya hecho ese descubrimiento, no hay
que hacer realmente grandes
cosas para ver sus movimientos cuando sale en televisión, en los
periódicos, en las revistas del corazón, en internet; Bastian Trumper está
dominando el mundo con cada paso que da. No sé por qué me acusa de esta manera
restregándome por la cara que no he sido yo la que ha estado a su lado, es
obvio que rompimos, no debía estar a su lado y sin embargo, otras sí.
Va a hablar de nuevo pero levanto una mano.
– No sigas. No hace falta que martirices mi herida abierta Bastian.
– ¿De qué hablas? – Se acerca a mí y coge mis manos entrelazándolas con
las suyas – si estás celosa eso quiere decir que aún sientes algo por mí, y si
sientes algo por mí eso quiere decir que todavía estás enamorada. De mí.
– Bobadas Bastian, – alejo mis manos retrocediendo – no puedo creer que
hayas dicho eso, ¿qué pretendes?, ¿quieres jugar conmigo de nuevo? Porque no te
lo voy a consentir.
– Te equivocas nena, no he jugado ni jugaré contigo.
– Entonces, ¿el plan?, ¿qué tipo de plan Bastian?, ¿a qué estás jugando?
– Todo este tiempo he querido provocarte celos, cuanto más enfermizos
mejor.
– ¿Por… por qué, no te basta con todo el daño que me has hecho?
– Amor, no habría ningún tipo de daño si no sintieras nada por mí,
¿verdad? Yo no me escondo y aún te grito mi amor por ti, que sigo profundamente
enamorado. Yo lo acepto, tú todavía quieres creer que no.
– ¿Y te crees que los celos van a hacer que corra de nuevo a tus brazos?
Estás muy equivocado Bastian. Tienes razón, he visto cada uno de tus pasos,
como has aparecido con unas y con otras, y ¿sabes lo
mejor de todo? Que en vez de sentir amor he sentido asco.
– Es lo que te quieres decir para engañarte a ti misma.
– Tus celos han ido a un pozo sin fondo idiota, me da igual a quién
lleves de la mano, con quién entras o sales, o a quién besas. Pero eres… eres
un bastardo por hacer eso para hacerme daño.
– ¿Daño? – Se acerca a mí y se encara acorralándome sobre la puerta –
nena, no he sido yo la que ha huido ahí adentro porque no eres capaz de admitir
que todavía me amas, que me deseas y que quieres olvidarlo todo para empezar de
nuevo, conmigo.
Le empujo fuerte y se deja mover.
– ¿Por qué mientes tanto Bastian?, ¿te crees que mis sentimientos son un
juego para ti? Si quieres follarte a otras adelante, pero no me niegues que no
lo
has hecho cuando es más… más que evidente.
– ¿Por qué es evidente? Demuéstramelo Nancy,
– frunce el ceño avanzando hacia mí – dame una, solo una prueba de que
me he follado a otras mujeres.
– Yo… yo… te he visto.
– ¿En serio? Debo de estar muy ciego para no verte allí. Son jodidas
alucinaciones tuyas nena, no he follado a ninguna otra y vas a tener que
empezar a trabajar en ello también. Mira Nancy, te voy a decir algo y lo
aceptarás sí o sí, – avanza hacia mí enfadado
– vas a tener que dejar tu luto de lado y enterrarlo. Vale, fallé como
nunca antes lo había hecho, nos fallé a ambos, fui un novio terrible y te hice
daño, lo voy a lamentar para el resto de mi vida, pero me puse a tu entera
disposición para superarlo juntos y tú huiste de mi lado. Pensé que lo que
necesitabas era tiempo y te lo di, has llorado, lamentado y hundido porque te
ha dado la gana. Porque no estás jodidamente sola Nancy, no lo estás, tu
familia te apoya, tus amigos están a tu lado y yo estoy todavía aquí
esperándote, o al menos a
que me pidas perdón por abandonarme. No me lo merecía yo tampoco y tuve
que verte marchar y desaparecer de mi vida de la noche a la mañana por algo que
no pude explicarte. Así que ahora es tiempo para que dejes tus tonterías
guardadas en un baúl y empieces a abrir los ojos ¡joder! Te quiero y tú me
quieres, no te apartes de mí y déjame entrar en tu vida de nuevo, porque cada
vez que dices una gilipollez por la boca me entran ganas de amordazarte sobre
mi cama y no soltarte en la vida.
Algunas lágrimas empiezan a caer de mis ojos, un bonito discurso del
neandertal frustrado. ¿Ha pensado en esto cuando paseaba con las mujeres a su
lado? ¿Cuándo las dejaba que sus brazos rodearan el suyo? Se puede meter su
discurso de novio sufridor por donde le quepa, tiene razón, debo de dejar este
estado de lamentación pero lo voy a hacer sin él, se cree que va a entrar de
nuevo en mi vida y se va a encontrar con un muro en sus narices. Me muevo
nerviosa por la suite.
– No todo es tan sencillo Bastian, el hecho de
que… de que a lo mejor tenga sentimientos por ti no quiere decir que
vamos a estar juntos. Esto… esto… se me… se nos ha ido de las manos, lo que ha
pasado ahí adentro no debió pasar.
– Sí debió pasar nena, – arrastra una de sus manos por su pelo y se
acerca a mí – nos amamos y nos deseamos, ¿vas a luchar contra eso? Me duele
verte así, mucho. Estás en los huesos, no sonríes, no eres feliz, mira tu cara
nena, estás apagada y tienes que dejar de hacer esto. Si no soy yo, búscate
nuevas motivaciones porque no quiero verte así y no lo voy a consentir, no eres
tú y quieres ser alguien quién no eres porque te da miedo salir a la calle con
la cabeza alta y decir a todo el mundo que fuiste mi novia. Nancy, nadie, te lo
juro por mi amor por ti, que nadie sabe lo que pasó aquella noche en casa. Deja
de esconderte y sufrir, pégame, lánzame cosas, desahógate, pero hazlo conmigo.
Reacciona nena, reacciona porque te juro que te he visto más cerca de la muerte
que de la vida y yo iba a ir detrás.
– No sabes
nada Bastian, nada.
No puedes
decirme que debo hacer, es mi… es mi problema, tú ya no eres nadie, lo
fuiste y tú me alejaste de ti. Y si ahora hago lo mismo no tienes más remedio
que aceptarlo con la diferencia que yo lo hago tras un año separados y tú lo
hiciste en la relación, no te quiero volver a ver en la vida Bastian. Vete con
quien te dé la gana, tus jueguecitos de mujeres no van a funcionar conmigo.
Levanta ambas manos para apoyar las palmas sobre la pared,
inmovilizándome, mi espalda está sobre las cortinas de un gran ventanal, las
luces se cuelan en la suite y nuestras respiraciones son inestables por cómo
nos sentimos. Él es quién me intimida con la mirada eclipsándome cada vez que
intento parpadear, mis lágrimas caen secas rozando mi cara, ya no existe nada
entre ambos.
– Créete la historia que quieras pero vivirás una, jodida, mentira Nancy
Sullivan. Si te he puesto celosa estas semanas era para hacerte reaccionar y
recapacitar sobre nosotros. Tú empezaste el juego con ese Dave hablándome de él
como si te fueras a follar a
todo el campus al día siguiente, ¿cómo creías que me sentía yo?
– Era… era una… una broma.
– Una broma que se te escapó de las manos señorita. Si he dejado a
varias mujeres posar conmigo en actos ha sido porque sabía que tras el objetivo
de cada cámara estarías tú muriéndote de la envidia. Me importa una mierda si
me crees o no, es evidente que te has montado una película en la cabeza, pero
yo te he sido fiel hasta en la ruptura, tienes que ver mí jodida mano, ¿te
crees que es porque lucho? No, es por masturbarme con tu foto delante de mis
narices y a veces ni la necesito para hacerlo como me plazca. Créete una
mentira y vivirás en una Nancy, hazlo y serás tú la que sufra porque yo no he
estado con ninguna mujer. Digas lo que digas.
Baja sus manos y lo primero que hago es golpearle en la cara, sigue
siendo un mentiroso y le odio, le odio mucho. Si lo ha hecho conscientemente
para fastidiarme ha sido denigrante por su parte, podía
haberse evitado el hacerme esto, me he sentido como una mierda durante
semanas, meses. Estoy viviendo en el mismísimo infierno por su culpa y él ha
añadido esa gilipollez con las mujeres. Camino a través de la suite pero me
giro dándome la vuelta.
– Dime una cosa, ¿con Molly tampoco te has besado? Porque ella dice todo
lo contrario, de hecho dice que besas muy pero que muy bien.
– Esa zorra, – me mira a los ojos – ¿qué te ha
dicho?
– Eso, que os besasteis. Que por fin te habías dado cuenta de que la
fachada de niña dulce no me iba a durar toda la vida.
– Es mentira Nancy. No la he tocado en mi vida, todo lo contrario he
tenido que…
– Lo sé, me han contado lo de las fotos – le corto y pongo la palma de
mi mano en el cuello apretándome porque me duele la garganta de tanto
tragarme los sollozos.
– Lo siento nena, tan pronto lo supe las retiré. Todas las editoriales
del país están amenazadas, así como redes sociales y cualquier medio de
comunicación. Pasó dos veces porque me pilló en Europa, pero no volverá a
pasar.
– Me han dicho que no deja de perseguirte.
– Es cierto, se cree que está metida en nuestro mundo y está muy lejos
de la realidad. Las chicas dejaron de hablarle tan pronto supieron que estaba
haciendo alguna jugada a tus espaldas. Se presenta en mitad de las fiestas
integrándose en conversaciones que no le competen, llama a periodistas y
fotógrafos cada vez que acude al mismo sitio que yo para decirles que estamos
juntos y que le apoyo en todo lo que hace. El día de la inauguración de su
negocio me engañó y yo caí, me dijo que estabas allí y que la habías perdonado,
fui con toda la mierda para verte y cuando estuve allí los fotógrafos me
fotografiaron. Así es siempre, intentando seguirme. Le he dado dinero para
que se aleje, le he prohibido la entrada a los clubs y a fiestas, pero
no sé con quién habla o como se las apaña que cada vez que giro la cara está
ella con la excusa de hablarme sobre ti.
– Entonces, ¿no os habéis besado? Entró en la tienda de Rachel y… y me
acusó, quería hablar conmigo pero negué, le dije que se fuera y me contó que
besabas muy bien, aparte de llamarme alienígena y cruel.
– Nena, no la he besado. Me da asco, es una niña malcriada y arrogante.
No la puedo soportar, me alegro de que Rachel sea tu amiga y no la otra. No me
fío de ella, si vuelve a encontrarse contigo ten por seguro de que tendrá una
grabadora, una cámara y un fotógrafo esperando a capturar el momento oportuno.
– Ella… ella no era así, no sé qué le ha pasado… yo… no sé.
– Amor, no es tu culpa. Ella es una zorra malcriada y tú eres todo lo
contrario.
– No vino a casa ni llamó. Se presentó en diciembre para darme el coche
y una caja, mis padres dijeron que ni preguntó por mí.
– Aprovechó nuestra ruptura para intentar llevarme a su terreno. Ese día
estaba escondido frente a tu casa y vi la cara que puso, desde ese momento la
sentencié a muerte.
– ¿Por qué me hace esto? Yo… tú y yo ya no estamos juntos, no tiene que
hacerme daño de esta forma.
– Es su manera de llamar la atención, de estar en el centro del huracán
todo el tiempo. Cuando rompimos todo el mundo preguntaba por ti y ella se
encargaba de contestar como si supiera cada cosa que hacías. Ahora eso no es un
problema nena, ella sabe que no se puede acercar a ti porque sabe que está en
una fina cuerda entre la vida y la muerte y no voy a dudarlo ni un segundo en
hacerle todo el daño posible.
Trago saliva negando con la cabeza, todo ha sido mentira. Bastian… él y
ella nunca pasaron, no se han besado y he estado a punto de morir por una falsa
acusación por parte de Molly. Creo firmemente cada palabra que Bastian me ha
dicho, no me ha mentido porque cuando lo hace se pone nervioso y tiene un tic
en la nariz, pero cuando me es sincero como siempre me mira a los ojos y no
tiene ningún problema en contarme lo que sea a la cara. No ha dudado, está
calmado y lo mejor de todo es que sus ojos dicen la verdad, no miente y sé que
no tiene ningún motivo para hacerlo. Me duele la cabeza y estoy empezando a
estar muy cansada de hablar.
– Tengo… tengo que irme.
– ¿Qué piensas nena? No puedo dejar que te vayas otra vez sin saber al
menos que la próxima vez que me acerque a ti no me lanzarás lo que tengas en
las manos. Dame una pista al menos. Recuerda que yo tengo sentimientos también,
y que sufro tanto o más que tú porque yo tengo la responsabilidad en mi espalda
de lo que nos pasa a ambos.
Suspiro y le miro mientras me abrazo a mí misma e intento ser sincera.
Me pierdo en sus ojos que lanzan llamas de deseo y desesperación. Cuando le
miro no puedo negar que aún le amo porque sería mentirme pero tampoco puedo
girar la cara hacia un lado y olvidar todo el daño que me ha hecho. Si vuelvo
con él y me lanzo a sus brazos sería todo tan fácil y acabaríamos en la misma
rueda viviendo una vida de rencor por mi parte y sufrimiento por la suya. Si me
voy y le alejo de mi vida sería el arrepentimiento más grande que jamás haya
hecho. Le amo, sí, pero no puedo estar con él.
– Intentaré no lanzarte nada la próxima vez que me veas, – levanta sus
labios sonriendo – pero no me provoques o lo haré, no soy tú pareja o tu amiga
Bastian, no soy nada tuyo. Es obvio que puede… que, que todavía te quiera, eso
no quiere decir que voy a seguir contigo. Me has hecho mucho daño e incluso
ahora que no estamos juntos sigues haciéndomelo jugando con esas mujeres a ser
el macho alfa.
– Nena, ¡por el amor de Dios!, era por y para ti. No has visto nada de
lo que me puedas acusar, las has visto sonriendo a mi lado, nada más.
– Le has dejado que te abrazaran y tú le has sonreído también, no te
creas que me chupo el dedo Bastian.
– Tú has dejado que esos dos también te tocaran. Tengo que ver como
hablas con ellos, como te agarran, como ponen sus sucias manos sobre tu cuerpo
y tú también les sonríes. No me juzgues a mí cuando eres tú la que les permites
a todos esos chicos que se acerquen a ti, sobre todo a Dave.
– Oh vamos Bastian, Dave es un amigo, a penas lo veo y el resto son
amigos de Rachel y ahora los míos. Y sobre Alan, él es como un hermano para mí,
ahora que él y Rachel están saliendo juntos ambos son como mi familia. Lo tuyo
es mucho peor, – me acerco a él acusándole – he tenido que verte rodeado de
mujeres todo el tiempo y lo hacías para hacerme daño.
– Para hacerte reaccionar, es diferente. No he besado a nadie, no me he
follado a nadie, solo he dejado que amigas que están felices y casadas se
agarraran a mi brazo para una jodida foto. Cuando la alfombra roja se acababa,
detrás de las puertas estaba solo y sigo solo, ¿no me conoces nena? No dejo que
nadie me toque y me hable, mi humor es muy pero que muy jodido desde que te
fuiste.
– Si sabías que me haría reaccionar ¿por qué no solo te fotografiaste
con una? Has tenido más de un pose con mujeres Bastian, yo estoy rodeada de
amigos, tú de zorras desesperadas que buscan un polvo contigo.
Se ríe enseñándome los dientes y le quiero pegar de nuevo, sabe que voy
a hacerlo cuando da un paso adelante y decido que es mejor guardarme esta
bofetada para otro momento. Su aliento consume el mío y nos perdemos en
nuestros ojos, los míos azules y grandes que brillan cuando lo ven y los suyos
dos piezas de cristal que me enamoran cada vez más.
– Cuantas más mujeres, más reacción, – sonríe
– no te preocupes nena, la mayoría son amigas o modelos de una noche que
ponen los patrocinadores. Confía en mí, no tengo la necesidad de ir tras cada
mujer porque no me interesa. Te dije en su momento que me cansé de follar a
mujeres, yo solo quiero hacerlo con una y desde que te conocí así será hasta
que muera.
– ¿Y qué pasa con Diane Cost? – Me cruzo de brazos y sonríe – te he
visto con ella y en televisión no has negado que sea tu novia.
¿Por qué me afecta tanto todo lo que pasa a su alrededor? Al menos estoy
teniendo respuestas a estas preguntas que volaban en el aire desde que regresé
a Chicago. Me he visto cada video de él, cada entrevista, me he torturado
viéndole en cada foto, desde que volvió a la lucha no me he perdido ningún
campeonato, ni si quiera desde que volví cuando lo veo a escondidas de Rachel.
Necesito saber si los rumores con esa tal Diane son verdad o no.
– ¿Diane? Vaya, sí que te has quedado con el nombre. ¿Me has visto solo
con ella? Es una amiga de la universidad, es con la única que he mantenido
contacto.
– ¿No es tu novia?
– Nena por favor, insultas mis gustos, – le golpeo en el brazo – no, no
lo es, no lo ha sido ni lo será. ¿Cuándo vas a aceptar de una jodida vez por
todas que no hay nadie entre nosotros? Nunca, no he besado a otra que no seas
tú, no he follado con ninguna que no seas tú, eres la única Nancy Sullivan, la
única que está en el centro de mi vida y haré todo, escúchame bien, todo lo que
sea necesario para hacerte olvidar y que todos tus recuerdos sean bonitos.
Solos tú y yo.
– Eso… eso no creo que pase – paso por su lado rozándole un poco en
dirección a la puerta, me quiero ir y sola.
– Nancy, – doy media vuelta y le miro – no te he mentido nena, es la
verdad. Daré mi más sincera respuesta a todo lo que me preguntes, esperare todo
el tiempo que sea necesario pero no me niegues que no me ames y que no quieras
estar conmigo porque hace un rato ahí adentro íbamos a hacer el amor y eso no
se puede fingir. Éramos tú y yo y volvíamos a ser como antes.
– Con la diferencia de que ya no somos como antes Bastian. Por cierto,
dale las gracias a Ria, dile que fue muy amable por su parte advertirme de todo
lo que iba a pasar – abro la puerta de la suite para salir.
Sus pisadas son fuertes y resuenan en la alfombra, pone la palma de la
mano sobre la puerta cerrándola y haciendo que brote hacia atrás, gira mi
cuerpo y le enfrento de nuevo con el ceño fruncido. Su cara ha cambiado, este
león quiere acabar con su presa y lo va a hacer si no le pongo remedio.
– No vayas por ahí señorita – hace que de dos pasos hacia la puerta y
choque mi espalda contra ella.
– ¿Ir a dónde?, ¿Ria?, ¿ahora es un tema tabú para ti? Gracias a ella me
quité la venda que tenía puesta, ella fue la primera que me advirtió de que
debía huir porque iba a llorar, se presentó en cada fiesta dándome pistas de
que iba a ir a por ti y lo hizo. La felicito, consiguió lo que quiso, me apartó
de ti y te acaparó para ella sola, tú le permitiste cada uno de los pasos que
dio entre nosotros Bastian. Gracias a ella supe realmente quien eras y no tardó
en salir la verdad entre nosotros dos porque me dejaste por ella y en cuanto te
amenazó con contármelo todo acudiste a sus pies. Dale las gracias por haberme
hecho abrir los ojos contigo.
– ¿Es lo que quieres? – Da un golpe a la puerta y me asusta – ¿es lo que
malditamente quieres? ¡Habla!
– Sí, por supuesto, – digo muy calmada – me alegro de que Molly y ella
se peleen, de hecho me hubiera gustado ver una pelea entre ambas e imaginarme
que era yo. Todo sale a la luz Bastian, las
mentiras no van a ningún lado y tú has vivido una conmigo. ¿Sabes por
qué no vamos a estar juntos en la vida Bastian? Porque entre otras cosas
siempre va a estar ella, cuando no es ella será otra, y si no otra y otra,
tienes una vida llena de Rias y Dianes que se mueren por estar entre tus
brazos. No puedo estar al lado de un hombre que le va a dar prioridad a un club
antes de que a su pareja. Gracias a Ria supe todo, si ella no te hubiera
alejado de mí quizás estaría viviendo un año de mentiras a tu lado porque eres
tan, tan cobarde que nunca me hubieras contado nada. Mírame Bastian, mírame
bien, no voy a estar nunca a tu lado, no soy una niña y no soy estúpida, he
caído en vuestra trampa una vez, no pasará dos veces. Ahora, voy a abrir esa
puerta, voy a salir de aquí y me iré con mis amigas, sean buenas o no, ya no es
tu problema, no me metas en tus líos de mujeres porque no vas a conseguir nada
más que odio por mi parte.
Salgo de la habitación dando un portazo y camino decidida por el pasillo
sin destino.
Tenía que acabar
esta conversación con Ria,
una gran molestia en mi relación y uno de los motivos por los cuales
rompimos. No podía haberme ido sin recalcarle lo que siento y lo que va a
pasar, es verdad, siempre habrá mujeres a su lado y ya no lo soporto, puede que
antes fuera más compresiva pero actualmente estoy muy sensible con respecto a
Bastian y las mujeres a su alrededor. Ha sido un mentiroso, un maldito jugador
que ha querido ponerme celosa y lo ha conseguido. Por fin tiene su agradecida
reacción de mi parte y siento que me he convertido en una auténtica neandertal,
una neandertal cavernícola que no va a consentir que su mundo de mujeres acabe
conmigo. Voy a dar un paso firme al frente y voy a pisotear, a escupir y a
morder a todo aquel o aquella que intente hacerme daño. Me acabo de dar cuenta
que quizás tenía razón y esto era lo que necesitaba, un punto y final en la
ruptura tras una reacción mía ya que el verle con esas mujeres me ha matado y
hundido; me ha hecho jaque mate y se lo he consentido. Ahora, no voy a permitir
que esto continúe, no querrán conocer a la nueva Nancy porque desde ahora mismo
está cavernícola arrancará la piel de cualquiera que intente acercarse a él.
Tropiezo y caigo al suelo. Estoy tumbada boca abajo llorando porque
acabo de mentirme a mí misma, no voy a poder enfrentarme con todas las mujeres
hermosas que se mueven a su alrededor, ellas son altas, bonitas y tienen
cuerpos de infarto. Bastian es un hombre y se perderá en las tetas de esas
mujeres que no dejan de restregárselas por su cara, malditas zorras. Me giro
con mi espalda en el suelo y respiro mirando al techo, cierro los ojos y pienso
que no puedo ser una neandertal cavernícola y exigir lo que ya no es mío.
Quisiera ser fuerte, alta, con personalidad propia pero aún estoy vagando en un
mundo perdida y sin él. La mano que me extendió para no caer la perdí en el
camino y ahora no sé ni quién soy.
– Nena, nena, por favor, nena, háblame. Alejaos.
Bastian está arrodillado a mi lado intentando cogerme para levantarme
cuando dejo mi cuerpo muerto. Los hombres que estaban en su puerta también
están aquí pero miran a otro lado por las
órdenes rudas de Bastian. Abro los ojos y miro hacia sus labios, si tan
solo pudiera besarle sin darle esperanzas para un futuro próximo juntos. Esto
sería mi salvación. Me mira analizando cada gesto y yo me siento ridícula, por
un momento había pensado que si actuaba como una neandertal cavernícola iba a
mantenerle a mi lado. Pero me he dado cuenta de que es el producto de nuestro
encuentro y mi actitud inestable de estos meses. Le amo, le sigo amando y
aunque estemos juntos no voy a poder retenerlo a mi lado.
– Estoy… estoy bien, solo he tropezado con los tacones.
– ¿De verdad?, ¿no te has mareado? Me giro para coger las llaves del
coche y te me alejas como una atleta nena, a lo mejor tu punto fuerte está en
las carreras.
Sonrío leventemente mientras dejo que me levante y así poder mantenerme
sobre mis pies, aunque sin éxito, porque vuelvo a caer hacia abajo y él impide
que lo haga. Me arrastra hacia las escaleras que tenemos cerca e insta a
los hombres a que se vayan con un gesto de sus dedos. Una vez que estoy sentada
me siento como cenicienta, levanta una pierna y se arrodilla para tocarme las
botas.
– No me… no me duele.
– Lo sé nena, pero no puedes mantener el equilibrio sobre estas.
Sigue jugando a tocar mis pies sobre la bota hasta que de un golpe
rápido saca mi tacón bajo mi atenta mirada. Repite lo mismo con la otra bota y
me sonríe cuando tiene los dos tacones de diez centímetros en sus manos. Me
dejo embelesar por su mirada, por lo que hace, por cómo actúa, pero mis
sentimientos se desploman cuando pienso en lo que pasó aquella noche, ¿cómo
puede pasar de ser el dulce Bastian que se desvive por una mujer, a ser el
hombre que la comparte con su amigo? Frunzo el ceño apartándole y haciendo
contacto con la planta de mis pies sobre el suelo, se nota que me siento más
cómoda sin estar tan
alta.
– Gracias.
– Tenía que hacerlo, no quería que te tropezaras con esos. No me ibas a
dejar que te subiera sobre mi hombro para llevarte ¿verdad? – Me mira divertido
y le niego con la cabeza, aunque si lo hubiera hecho no me hubiera sorprendido
– vamos, te llevaré al hotel, es tarde y tienes que descansar.
– No tienes que… no tienes que…
– Es una decisión irrevocable nena.
Sin más le miro, dejo que sus dedos entrelacen los dedos de mi mano y le
sigo descendiendo las escaleras. Sus pasos bajando cada escalón son
extremadamente cuidadosos porque tiene agarrada mi mano, espera para seguir mi
ritmo y no suspira en desaprobación cuando voy paso a paso intentando no perder
el equilibro por la debilidad que siento. Cruzamos juntos el casino siendo el
foco de algunas
miradas de las personas que están allí, algunas mujeres susurran lo sexy
que es y otras susurran todo lo que quieren hacerle. Él, al igual que yo,
escucha esos comentarios pero su respuesta es mirar al frente y apretar mi
mano.
Me dejo llevar hasta el coche, se asegura de ponerme el cinturón y darme
un beso en la cabeza una vez que me tiene bien atada. Le veo cruzar por
delante, este hombre tan exuberante que descarga sexo por todos los poros de su
piel, amo verle decidido y con el ceño fruncido como lo hace ahora. Lo único
que falla es que ya no es mío y no lo será.
El trayecto a mi hotel es corto, habíamos salido del restaurante a uno
de los casinos al azar y resultó que Bastian se alojaba en una de las suites.
El destino querrá de algún modo que haya pasado esta noche. Veo las luces de la
ciudad que nunca duerme y grabo en mi retina cada cosa que veo, nuestro hotel
está ahora frente a nosotros y supongo que mi última noche con Bastian ha
acabado.
– No tienes que…
– Quieta.
Sé lo que hace, le gusta abrirme la puerta y algo dentro de mí también
lo echa de menos, quiero que lo haga porque se ve tan dulce haciéndolo. Solo él
me ha tratado como una verdadera dama y lo hace desde lo más profundo de su
corazón. Aunque me haya mentido, me haya ocultado cosas y me haya apartado de
su vida, eso no quiere decir que sea siempre así porque me enamoré del real
Bastian y no todo fueron oscuridades en nuestra relación.
Abre la puerta y se encarga de ver que el cinturón no es una molestia
para mí, coge mi mano y me ayuda a salir cuando un flash nos ciega a ambos.
Una mujer ha hecho una foto y nos levanta la mano para saludar. Bastian
frunce el ceño alejándose de mí e increpar a la mujer, pero tiro de su mano.
– Bastian, no… no lo hagas – susurro.
Me mira de vuelta y las aletas de su nariz se abren como si luchara con
mis palabras y su frustración, yo gano.
– ¡Por favor, sí, eres Bastian Trumper! – Dice la mujer – mi amiga no se
lo va a creer.
– Dame el móvil, – replica él muy relajado – solo quiero eliminar la
foto.
– Acabo de publicarla en twitter. Aww mi amiga Wendy va a amarte cuando
te vea. Ella es la que me arrastra por todo el país viendo tus peleas. ¿Puedes
firmarme un autógrafo?
– ¿Me ves con cara de querer firmarte un jodido autógrafo? – Bastian
suelta mi mano y ella se cruza de brazos.
– Me da igual que tengas fama de ser todo un gruñón. Eres sexy como el
infierno, estoy en una vía pública y tú eres mayor de edad, no he cometido
ningún delito en publicar una foto tuya.
– Mira… – se acera más a ella y yo pongo una de mis manos sobre mi boca
escondiendo mi risa.
– Miro – responde ella muy vacilante, la mujer debe de tener hasta
nietos y se comporta como una adolescente – no me asustas Bastian, voy a ir a
verte a Florida y quiero tu autógrafo porque no hay manera de que lo hagas
cuando tienes un combate.
Bastian ve que la situación me divierte y se relaja. Aún estoy postrada
entre la puerta abierta y el coche, pero él se ve tranquilo, no deja de mirarme
y yo le asiento para que ceda un poco con la pobre mujer. Ojala todas sus fans
fueran como ella.
– Bien, ¿dónde quieres que te firme?
– En las tetas por supuesto, – ella bromea y Bastian da un paso hacia
atrás – era broma Trumper, debes de ser realmente un gruñón quejica como mi
marido.
La mujer se acerca a nosotros y saca de su bolso un bolígrafo con una
libreta de Elvis donde tiene cosas apuntadas. Él y yo nos miramos divertidos
porque la situación es realmente para sentirse así. Bastian coge la libreta con
la hoja en blanco mientras la mujer me sonríe.
– ¿Algún nombre en especial? – Él ya está garabateando su autógrafo.
– Sí, para mi hijo Thomas Polski, – él la mira y yo también – sí, su
padre es de Polonia. No me preguntéis que hice hace treinta años porque no me
acuerdo.
Bastian lo escribe divertido y ella no deja de mirarme, me cae bien la
mujer.
– Aquí tiene, intente retirar esa foto de twitter, estoy seguro de que
su amiga Wendy le creerá cuando vea el autógrafo que le he firmado a su hijo.
– ¿Siempre es así? – Ella se dirige hacia mí – ¿tiene que renegar por
todo?
– Siempre – susurro.
– Chica, te mereces un monumento por aguantarle, – ahora se dirige hacia
él – retiraré esa foto de twitter si te haces una foto conmigo. Mi última
oferta.
– Vamos, él amará esto, – me animo – dame la cámara, yo os echaré la
foto.
– ¿Ves? Aprende de tu chica, ella es dulce y tú
no.
Sonrío y él me devuelve su sonrisa, no le gusta esto pero está feliz
porque yo estoy aquí. Sé que por algunos instantes hemos vuelto a ser los
mismos, a pesar de que antes las fans no le acosaban tanto, la lucha ha vuelto
a destaparlos a todos y yo tendré que acostumbrarme a verle con ellos más
frecuentemente.
Tras haberle hecho una foto la señora se despide muy amablemente y sigue
con su camino. Bastian cierra la puerta del coche mientras con su mano agarra
la mía apartándome para meternos en el hotel. Caminamos lentos, él no quiere
terminar la noche y yo aunque me duela en el corazón, tampoco. Sus pisadas son
autoritarias y confiadas mientras que mis pasos son ligeros y delicados. En el
ascensor nos cruzamos con varias personas que le reconocen y él les gruñe, me
esconde en el fondo para que nadie me moleste y subimos a mi habitación.
En el frío pasillo andamos uno al lado del otro sin decir nada. No
dejamos que nuestras palabras digan lo que el silencio grita, nos limitamos a
llegar a la puerta de la habitación. Saco la llave muy a mi pesar bajo la
mirada firme de Bastian, está enfadado, yo también lo estoy y tengo más razones
que él. Tengo que hacerle entender que no habrá un futuro entre él y yo.
– Bastian – miro mis dedos jugando con la tarjeta que abrirá la puerta
de mi habitación.
– No, – pone un dedo en mis labios – no más. Descansa y mañana
hablaremos de nuevo. Si me tienes que pegar hazlo, si tienes que gritarme
hazlo, pero hablaremos de nuevo porque te quiero de vuelta y voy a hacer todo
lo que esté en mis manos para que esto suceda.
– Yo no quiero… no quiero estar contigo… quiero decir… yo… no puedo
estar contigo.
– En estos momentos estás agotada porque sigues enfadada y los sucesos
te han abrumado. No me puedes negar que aún me amas y no voy a parar hasta que
lo reconozcas.
Miro hacia sus ojos sinceros, ¿por qué brillan? Lo hacen porque puede
llorar de un momento a otro y las lágrimas no pueden fingirse. Estamos lo
suficientemente cerca para hacer lo que queramos el uno con el otro, sin
embargo, Bastian toma las riendas y me rodea con sus brazos, me arrastra hacia
él y nos fundimos en un abrazo unilateral. Siento que vamos a
llorar ambos y no quiero quedarme con este mal recuerdo, quiero, no,
necesito decirle adiós y que me deje hacerlo a pesar de que me sigue afectando
como siempre lo ha hecho. No puedo admitirle que estoy enamorada de él, que aún
siento cada vez que me toca y me traslado al paraíso cuando estoy con él. Tengo
que luchar con mis sentimientos para ponerle un nombre a la realidad y decirle
de una vez por todas que no habrá un él y yo nunca más.
A pesar de mis ideas me veo abrazándole por la cintura y rodeando mis
brazos apretándole bien fuerte mientras él continúa abrazándome, en silencio,
sin nada más entre nosotros. Levanta una de sus manos para ponerla detrás de mi
cabeza y acercarme más a él, consigue retenerme sin escapatoria. Si quisiera
podría besarle, inhalo su aroma, el aroma de Bastian que he llevado junto a mí
durante meses.
Soy yo quien rompe el contacto aunque me siento segura junto a él. Ambos
nos miramos fijamente a los ojos, adorándonos como si no hubiera otra especie
en el planeta excepto nosotros mismos.
– Bastian, a pesar de todo… de… lo que pasa entre ambos… yo… no podemos
estar juntos. Mi decisión va a ser la misma cuando me despierte mañana, no
quiero continuar con estas tonterías. Deja de seguirme y continúa con tu vida
como lo has estado haciendo hasta ahora, no te preocupes por mí, estaré… estaré
bien, – inhalo aire por la boca – este lunes ya tenía decidido volver a Crest
Hill y voy a empezar una nueva vida, ayudaré a mi padre en el taller y a mi
madre en la panadería. Yo… yo soy así, esa… esa soy yo. Sólo una chica normal
que no debió salir de su hogar.
Bajo la cabeza pero Bastian no me deja, pone sus dedos en mi barbilla
levantándola lentamente hasta hacer contacto con mis ojos de nuevo. Él suspira
negando como si no aceptara nada de lo que le acabo de decir.
– Tus planes me parecerían perfectos si eso fuese lo que quieres. Pero
no lo es y lo sabes señorita
– me sonríe pero yo estoy muy seria, quiero que me
tome en serio – nena, esto va a ser muy difícil, vamos a tener que
trabajar ambos para recuperarnos de nuevo. Ojala pudiera dejarte, mirar hacia
otro lado y seguir con mi vida, pero es que tú eres mi vida Nancy. Tú nena, te
lo dije y cuando lo hice te decía la verdad.
– ¿Qué tengo que hacer para que te alejes de mí? Yo no quiero lo mismo
que tú.
– Sí lo quieres, lo que pasa es que te refugias detrás del dolor que yo
te he provocado y no te dejas ver a ti misma. No te pido que corras hacia mí
con los brazos abiertos, sólo dame la oportunidad de encontrarnos a nosotros
mismos de nuevo. Antes, en mi cama, no has deseado otra cosa que no fuese yo,
eso es algo, a momentos te abres a mí y eso son avances nena. No lo ves, pero
yo sí.
– A pesar de tu excepcional punto de vista, avances o no, no te quiero
en mi vida, – me aparto y levanto una mano para que no hable – creía que tenía
la capacidad de perdonar y lo hago, te perdono todo, pero… no podemos estar
juntos Bastian. Acéptalo,
sigue con tu vida, hasta ahora te ha ido bien, olvida que una vez existí
y búscate a otras como yo.
Niego con la cabeza y con el brazo en alto, no quiero decir nada más.
Tiene razón, me siento cansada y abrumada, necesito descansar y recapacitar de
nuevo todo lo que me está pasando, no quiero caer en sus redes y él es experto
en hacer eso conmigo. Susurro un adiós cerrando la puerta, no se ha movido, lo
sé, también sé que quiero abrir la puerta y abrazarle, besarle, hacer el amor
de nuevo, encontrarnos a nosotros mismos como ha dicho, pero decido que meterme
en la cama y dormir será lo mejor para ambos.
Él no va a formar parte de mi vida de nuevo y cada vez lo tengo más
claro.
Ya ha amanecido un nuevo día y Rachel salta sobre mi cama. Estoy tapada
hasta la cabeza porque ha abierto las cortinas y un sol nos recibe como
sorpresa a pesar del día nublado de ayer. ¡Oh Dios! Hoy querrá que veamos más
museos, más
monumentos, más turismo, me llevará a sitios donde no quiero solo porque
ella quiere ir y yo tengo que ser una buena amiga. Anoche no la escuché cuando
regresé y no sé cómo se tomó que me fuera con Bastian, que a juzgar por su
alegría no debe de estar enfadada porque al fin y al cabo he dormido aquí. Y
sola.
– Despierta, despierta, despierta, – cae sobre mi cuerpo y me da un beso
en la cara – vamos dormilona, que no se te pase por la cabeza el fingir que
duermes, que te duele la cabeza o el dedo del pie. Te quiero lista en veinte
minutos.
– ¿Qué hora es?
– Las nueve en punto. Hora de desayunar si no os hubierais dormido rubia
y tú, acabo de hablar con morena y hemos quedado en el hall en veinte minutos.
– Tengo sueño.
– Ya, porque te fuiste de marcha sin mí. ¿No te da vergüenza? – Bromea.
– Yo… lo…
– No te preocupes, hablé con él cuando regresé.
– ¿Cuándo? – Eso hace que me despeje y abra mis ojos para poner atención
a lo que me vaya a decir.
– Anoche Bastian estaba en la puerta de la habitación, llegué sobre las
tres y media y no se fue hasta que yo vine. No quería dejarte sola. El muy
gilipollas se cree que va a venir alguien a secuestrarte o algo peor.
– Le dije que lo nuestro no…
– Lo sé, – me corta – me lo imagino. Y le conozco, me ladró, le ladré y
me llamó pitbull de nuevo. Tengo que reconocer que venía algo subida de emoción
por las copas que llevaba dentro de mí pero él es gilipollas. Me acusó de que
no era una buena amiga porque no estaba en condiciones para cuidar de ti si te
ocurría algo mientras dormías, quiso entrar y le amenacé con llamar a
seguridad.
– ¿Qué pasó?
– Al final cedió marchándose porque te vio durmiendo desde la puerta y
le convencí de que estabas bien. Así que se fue porque se lo pedí. En el viaje
de vuelta a casa me lo cuentas todo, ¿de acuerdo? Porque si hablamos ahora;
punto número uno, te deprimirás, punto número dos, me enfadaré si te deprimes y
punto número tres, no nos merecemos que nos fastidie el viaje. Vamos a pasarlo
bien el resto del fin de semana.
– Me parece una buena idea Rachel. Sólo decirte para inflar tu ego que
ayer le pegué, le lancé cosas y por supuesto le dejé claro en más de una
ocasión que lo nuestro se ha acabado.
– Eres mi heroína, – me abraza – aunque también le besaste.
– ¿Cómo… lo…?
– Él tenía restos de tu maquillaje en su boca y
en su cara. Es lo único en lo que me fijé cuando le vi. Me dije, ¡se
acabó, ella ha vuelto a caer!
– No, no… sigo ems… pensando lo mismo. Tuve algunos momentos de
debilidad, pero ya te lo contaré todo.
– Estupendo Nancy, vayámonos a desayunar. Tengo hambre, – se levanta de
la cama – quince minutos ahora, ni uno más.
Se marcha al baño y bostezo mirando al techo recordando cómo nos
besamos, como arrastré mi boca por su cara mientras sacábamos nuestras lenguas
y jugábamos el uno con el otro. Mi decisión sigue siendo la misma, voy a seguir
firme a lo que dicta mi cerebro a pesar de que mi corazón y cuerpo piensan
diferente, pero el haber dejado a Bastian y el no volver con él es lo más
sensato que puedo hacer. Aparto las sábanas sobre mí y sonrío, hoy tendré un
día de chicas y por primera vez me apetece ser yo misma de nuevo.
Minutos después bajo la insistencia de mi amiga
que no deja de perseguirme por la habitación, acabo de arreglarme. Mis
pantalones de pitillo color gris y mi camisa blanca visten mi cuerpo, aún
escondo mi delgada figura pero me siento mejor, las converse y un bolso negro
terminan de decorar mi yo exterior; el interior sigue inquieto por todo lo que
ocurrió ayer. Aparto mi pelo mojado hacia uno de mis lados mientras me pongo
las gafas, Rachel me empuja y ambas sonreímos porque su cámara es más grande
que ella y es el objeto lo que me toca para que camine. Hay mucha gente, este
hotel está lleno de turistas, el día brilla y vamos a hacer lo que cualquier
grupo de chicas harían en Las Vegas.
– ¿Tortitas? – Digo en el hall – ¿no se supone que tenemos buffet libre
aquí?
– Ni pensarlo, hoy tortitas. Además el lugar es perfecto, lo miré en
internet y ya llegamos tarde, a las diez dejan de hacerlas. Así que nos toca
andar rápido y no distraernos, seguidme.
– Rachel, yo con una pieza de fruta… – añade
rubia pero la mirada de Rachel la corta – está bien, vayamos a comer
tortitas.
– Chicas, no seáis aguafiestas, – dice morena – yo estoy contigo Rachel,
estas resacosas no aprecian lo bueno que sería ahora meternos unas tortitas en
el cuerpo. Vamos, en marcha.
Las cuatro sonreímos y caminamos por la calle disfrutando del sol, hay
mucha gente en la ciudad, Las Vegas no duerme de noche, pero es que tampoco lo
hace de día. Nos encontramos poco después en frente del restaurante, la gente
hace cola desde dentro y los camareros intentan acoplar a los comensales en las
mesas. Las cuatro nos quedamos paradas frente a la puerta, yo sin embargo,
detrás de mis gafas observo disimuladamente si Bastian me sigue, pero no le veo
por ninguna parte. Temo que se haya tomado en serio todo lo que le he dicho,
porque es la verdad, pero duele admitirlo realmente cuando no lo tengo a mi
alrededor.
– ¿Diez dólares por diez tortitas? – Pregunta rubia una vez que estamos
dentro mientras esperamos
a que nos den una mesa.
– Mira lo grandes que son – añade Rachel señalando una mesa donde se
pueden ver unas tortitas casi del tamaño de una rueda del coche.
– No nos vamos a comer eso ni de broma, – digo mirando a Rachel – ¿has
visto lo grandes que son?
– Cariño, diez dólares no es nada comparado a tener esa bandeja sobre la
mesa.
– Yo acabaré mínimo con dos o tres, – morena sonríe – pero antes
necesito un buen café.
– Sois unas perras, yo no puedo saltarme la dieta, con la fruta era más
que feliz – rubia saca la lengua a su hermana.
– ¿Mesa para cuatro? – Una camarera nos sonríe y asentimos.
El pequeño restaurante es bastante luminoso, las ventanas van desde la
pared al suelo, en la parte izquierda está la barra y en la derecha las mesas
colocadas de forma que todos pueden chocarse entre sí. Este sitio es muy
popular, debí creer a Rachel porque en todas las mesas hay una bandeja inmensa
de tortitas que la gente degusta con facilidad.
La camarera nos dirige sin embargo a la parte central del restaurante,
hay algunos habitáculos no cerrados donde un pequeño sofá de medio circulo
rodea una mesa pequeña, solo hay tres y nos ha tocado el último. Las gemelas
entran primero y Rachel se coloca en frente de mí, yo soy la última en sentarme
esperando a que se pongan más en el medio si no quieren que caiga al suelo.
– Los bolsos al suelo, – ordena Rachel – es pequeño pero está bien, y
Nancy no ocupa apenas espacio.
– Gracias, un bonito detalle por tu parte – le entrecierro los ojos.
Finalmente nos encontramos muy justas pero cómodas para comer. Tengo a
mi derecha a las gemelas muy apretadas y a Rachel delante de mí levantando la
mano para decirle a la camarera que no se vaya.
– Tenemos claro lo que vamos a comer, una bandeja de tortitas, yo quiero
un café bien cargado – Rachel nos mira para que hablemos.
– Yo un café doble, – dice morena – pero sin azúcar.
– Leche de soja – rubia me mira a mí, no quiero
nada.
– Yo… ems… un… vaso de agua – la camarera apunta y Rachel niega.
– Para ella un vaso de leche fría con cacao por
favor.
No me apetece. Aunque esté aquí con ellas intentando por todos los
medios disfrutar, no tengo hambre, no tengo fuerzas, tengo sueño, estoy
cansada, me siento fatigada y solo quiero llorar. Por favor, que me dejen de
molestar para poder encontrar mi paz y serenidad. Hablan sobre comprarse unas
gafas de sol antes de ir a un museo, nos traen las bebidas y muevo el cacao de
la leche, Rachel me mira y me da una patada para llamarme la atención.
– No le dejes cariño, estamos en Las Vegas – susurra sonriéndome
mientras las gemelas miran su móvil.
– Estoy bien – le sonrío y aprieta mi mano.
Las tortitas tardan en llegar porque se están haciendo. Mientras
esperamos hablamos con el bullicio de la gente de fondo, nos reímos porque
Rachel nos dice que va a hacernos andar durante todo el día y planeamos donde
vamos a ir a cenar. Estamos metidas en una conversación sobre reservar en un
restaurante de lujo cuando Rachel aparta la mirada del grupo
mirando detrás mi espalda.
Escuchamos como la gente empieza a murmurar, hay un silencio en el
restaurante y trago saliva, mi amiga no deja de mirar hacia él. Bastian está
aquí.
– No te muevas Nancy, – Rachel tiene el ceño fruncido – ni siquiera
mires hacia atrás.
¿Viene con alguna mujer?
Mi instinto me obliga a girar mi cuerpo para mirar por encima de mi
hombro, Bastian está cruzando el restaurante bajo la atenta mirada de la gente.
Con el pelo peinado hacia atrás y las manos en el bolsillo camina con seguridad
hacia nosotras, nos hemos mirado y no podemos apartar nuestros ojos el uno del
otro. Viste con unos pantalones caqui color beige oscuro junto con una camisa
vaquera, lleva las mangas dobladas perfectamente hasta la mitad de su brazo. Lo
que me enamora es como de ajustada es su ropa, sus botas de cuero negro por
encima de sus tobillos es lo
que hace mandar estímulos a mi entrepierna. También babeo por un
complemento que rechazaba completamente hasta que le aconsejé que estaba más
guapo, una corbata negra. Lleva la misma ropa que hace un año donde nos juramos
amor eterno frente al lago. Justo hoy, hoy hace un año y no me he olvidado. Él
tampoco.
Consigue llegar hasta nuestra mesa.
– Señoritas – asiente. Las gemelas empiezan a reírse, sabían que era mi
ex novio pero nunca le habían conocido y ellas son fans de él.
– Trumper, molestas – contesta Rachel.
– Pitbull, nadie ha preguntado tu opinión.
– ¡Qué guapo! – Susurra rubia, la miro inocente porque sé que lo piensan
todas las mujeres.
Yo aún no le he mirado, mis ojos están clavados en mi cuchara que no
deja de dar vueltas al cacao. Él
está esperando una respuesta por mi parte, está a mi lado y si giro mi
cara me encontraré con su vientre. Y no sé si deseo eso ahora mismo porque no
podré responder de mis actos.
– ¿Qué quieres Trumper? – Rachel resopla, ambas sabemos a qué ha venido.
– Solo venía a saludar a mi chica.
Baja su cabeza para besar la mía bajo coacción ya que no puedo responder
ante él. Todavía estoy pensando en el significado de la ropa. No sé si se
acuerda tanto como yo que hace un año salimos juntos a pasar el día en el
parque tirados hasta el anochecer, que hicimos el amor en el coche y luego nos
desnudamos en el jardín de su casa para mirar las estrellas. Yo sí me acuerdo
de cada uno de los detalles de aquel día y me pregunto si a él le pasa lo
mismo.
Aunque estoy embobada con el hecho de que me esté mandando algún mensaje
subliminar, él nos insta a que nos desplacemos para hacerle espacio. Se
sienta a mi lado y no podemos movernos mucho ya que Rachel se va a caer
en la otra parte, estamos apretadas y él se ha quedado satisfecho porque está
pegado a mi cuerpo. Levanta un brazo detrás de mí para que me acople más a él.
– Trumper, estás muy gordo y no cabemos los cinco. ¿No ves que nadie te
ha invitado?
– Pitbull, – le doy un codazo regañándole con la mirada – Rachel, cierra
el pico.
Entrecierra sus ojos bajo las risitas de las gemelas, incluso yo sonrío
porque no se van a llevar bien aunque todo el anime cobrara vida. Bastian me da
otro beso en la cabeza y le dejo, sin tapujos, las tres nos miran y no quiero
dar una escena, pero no puedo evitar ni negar que yo desee esto, que me bese en
la cabeza y tenerlo aquí a mi lado.
Su brazo pasa por mis hombros y yo niego con la cabeza admitiendo que
diga lo que diga no va a servir, aún no le he dirigido la palabra, sabe cómo
estamos y aunque le ame, no puede continuar con estos juegos. La
camarera nos trae la bandeja de tortitas, ella está sonrojada y mira a Bastian.
– ¿Quiere algo el señor?
– No.
Ni siquiera la mira porque él empieza a repartirnos a todas los platos y
cubiertos, ninguna dice nada, sé que está creando un mal estar entre nosotras y
no me gusta, no cuando se trata de terceras personas. Las gemelas están bien,
pero Rachel y yo no, y no me gustaría fastidiarle el día porque tiene mucha
ilusión y ha preparado este viaje en menos de una hora. No quiero echarlo todo
a perder.
Cuando pone mi plato delante de mí lo aparto y arrastro mi vaso de leche
contra mí. Él pelea conmigo volviéndolo a poner y yo hago lo mismo, acaba por
parar y fruncirme el ceño.
– Déjala – susurra Rachel y él la ignora.
Las chicas empiezan a repartirse las tortitas en el plato, incluso rubia
lo hace sin decir nada con respecto a su dieta. Ellas están risueñas, nunca han
querido hablarme mucho de él porque me respetaban y seguro que Rachel las había
amenazado, pero sé que le siguen y van a sus campeonatos.
– ¿Quieres chocolate en las tortitas? – Bastian me pregunta y niego con
la cabeza.
– Ya no le gusta el chocolate – Rachel habla por mí, ya se está riendo
porque no podemos hacer nada con el testarudo de Bastian.
– ¿Desde cuándo te ha dejado de gustar el chocolate? – Él vuelve a
dirigirse a mí pero Rachel se adelanta en abrir la boca cuando Bastian se lo
impide levantando su dedo índice – nena, te estoy hablando.
– No. Quiero. Tortitas – es lo único que casi deletreo para hacerle
entender que me irrita.
– ¿Quieres otra cosa? Puedo pedir…
– Bastian, – le miro – no, no quiero.
– Las tortitas u otra cosa – clava su mirada en mí, está dándome un
orden – no es una decisión discutible.
Voy a replicarle cuando se hace con una de las tortitas y la pone sobre
mi plato, lo arrastra hacia él y empieza a partirla en pedazos. La verdad es
que babeo por muchas razones, pero cuando añade el chocolate hace que él y lo
que está preparando sea la mezcla explosiva perfecta para mí. Coge el tenedor,
pincha un trozo de tortita con chocolate líquido y lo acerca a mi boca, le
esquivo.
– Trumper, no te pases – Rachel se enfada.
– No te metas pitbull. Nena, vas a comerte la tortita quieras o no
quieras, hacemos esto a mi manera o la tuya, – se acerca a mi oído – ya te lo
dije ayer, ya es hora de que empieces a cambiar.
Le miro frunciéndole el ceño, son sus palabras lo que me ha hecho
reaccionar ¿Se piensa que porque venga aquí y me de unos trozos de tortitas va
hacer que cambie todo? Aparto el tenedor y bebo la leche, me va a sentar mal
con él a mi lado. Las tres comen y las gemelas sonríen por la escena que
estamos montando, siempre tiene que venir a entrometerse. Rachel me mira muy
seria, lo está pasando mal y me duele. Para evitar que esto llegue a otra
dimensión, cojo el tenedor y me meto un trozo de tortita en la boca mientras
Bastian ríe y besa mi cabeza. ¿Cómo puede ser que me ponga enferma y al mismo
tiempo caliente? Me irrita cada movimiento que hace.
– Nancy, si te va a sentar mal no lo comas, no le dejes – Rachel lo dice
alto y claro.
– Da igual – susurro mirando las tortitas, sé que ellos dos se están
mirando con los ojos a punto de matarse.
Bastian siempre gana.
CAPÍTULO 7
Podría decir que tenemos una conversación más
que animada, que Bastian está preguntando como nos va, que las gemelas
no paran de hablar, que Rachel comenta la ruta para el turismo de hoy, pero no
es así; hay cinco personas sentadas en esta mesa y nadie dice una sola palabra.
Acabo de comer un trozo de tortita y he apartado el plato con el gruñido de
Bastian que está a mi lado controlando cada vez que levanto el tenedor. No se
ha perdido ninguno de mis movimientos, he comido hasta que mi cuerpo lo ha
rechazado y no le ha gustado que haya dejado de desayunar. Las gemelas están
cohibidas, Rachel enfadada y yo desesperada porque se vaya y nos deje en paz,
ha creado un malestar entre las cuatro y parece ser que no se da cuenta. Estoy
muy alterada ya que tengo un millón de sentimientos mezclados en mi interior;
una parte de mí quiere pegarle hasta hacerle sangrar y la otra parte se muere
por arrancar su ropa y hacerle mío.
Bastian ha bajado su mano hasta mi cintura y me aprieta contra él con la
excusa de que deje más espacio a las chicas. Sonríe y las gemelas lo hacen
también, todos estamos expectantes por si él hace o dice algo que capte nuestra
atención, aunque Rachel
es la única que tengo ahora en mi punto de mira. Sé que ella no es feliz
por muchas razones pero sobre todo por una en especial, ella ha visto el efecto
que la ruptura tuvo en mí y seguro que piensa que él está volviendo a jugar
conmigo. La entiendo porque yo pienso de la misma manera.
Vagamente y con monosilábicos caemos en comentarios sobre la gente que
hay en el restaurante mientras siento como algo está subiendo desde mi
estómago, la mano de Bastian no deja de apretarme y yo de alejarle de mí. Me
frunce el ceño cada vez que me muevo y yo hago lo mismo, ambos nos hablamos con
la mirada y expresamos muchas más cosas que si estuviéramos discutiendo. Noto
como si fuera a vomitar y me estoy enfermando, cojo el bolso que tengo a mis
pies y empujo a Bastian, él no capta que quiero decir.
– ¡Trumper, apártate que va a vomitar! – Alarma Rachel.
Con la mano en mi boca empujo a Bastian como
puedo saliendo de esta urna en la que estamos metidos, corro a través
del pequeño restaurante y voy hacia los baños vacíos. Como era de esperar, veo
salir las tortitas por mi boca, no me alarmo porque es norma ya que he comido
más que ningún día.
– ¡Pitbull, ni un paso más! – Oigo gruñir a Bastian mientras me lavo la
boca.
– ¿No sabes leer? Mujeres, Trumper – Rachel invade el baño de mujeres
con rapidez – cariño, ¿cómo te encuentras?
– Bien, solo han sido las tortitas, me encuentro
bien.
La puerta se abre de un golpe y Bastian entra como un huracán, se acerca
a mí, coge ambos lados de mi cara y se queda observando mis ojos.
– ¡Trumper, que la vas a agobiar! – Rachel intenta apartar sus grandes
brazos de mí pero él no cede.
– Estoy bien, calmaos.
Los brazos de Bastian caen y mi amiga se coloca a su lado pero ganándole
la posición demostrándole que ella está por encima de él. Sin embargo, Bastian
solo se fija en mí cuando voy a lavarme las manos y secarlas. Necesito estar un
momento a solas y recapacitar todo lo que estoy sintiendo.
– ¿Quieres que te pida una bebida energética? – Mi amiga se acerca
acariciando mi brazo y yo muevo la cabeza negando, la figura de Bastian me
distrae – ¿estas segura?
– No tienes que preguntarle pitbull, se la traes y punto. Ve a por ella.
– Mira tú a mí…
– Por favor – grito o hago un intento de ello y consigo captar la
atención de ambos, me dirijo a Bastian que tiene esa sonrisa de ganador –
¿podrías
hacerme un favor? Sal ahí afuera y sé amable con las gemelas, fírmales
algunos autógrafos o échate fotos con ellas, lo que sea, estamos aquí invitadas
por su cumpleaños y ellas no tienen culpa de nada.
Bastian asiente, se quiere acercar a mí pero yo me alejo con la excusa
de lavarme la boca cuando escuchamos como se cierra la puerta. Rachel le sonríe
a su reflejo en el espejo, espera a que hagamos contacto con los ojos y yo
también sonrío.
– A eso se le llama tenerle cogido por los…
– Rachel, habla bien.
– Está bien, así es como tienes que actuar cuando le veas Nancy, que no
te manipule, hazle saber lo que quieres en cada momento. Ahí afuera debiste
haberle pedido que se fuera, él se hubiera ido si tú se lo mandases.
– No se trata de mandar o no, ya le conoces, hasta que no me ha visto
desayunar no ha parado.
Anoche me dijo que tenía que cambiar.
– Ese no es su problema, está en ti el cambiar o
no.
– Lleva… – suspiro mientras dudo en hablar o no – lleva la misma ropa
que hace un año. Ese día nos prometimos amor eterno y tuvimos el día más
romántico de toda la relación. No sé si es para llamar la atención, para
hacerme olvidar o…
– Cariño, me puedo hacer una idea de lo que te habrá dicho. Sé fuerte y
valiente, haz lo que sientas, si los viejos recuerdos entre ambos te hacen
olvidar la pesadilla que te persigue, deja que lo haga. Sí, me estoy poniendo
ahora de su parte pero no se lo digas, aférrate a cualquier cosa que pueda
ayudarte.
– Entonces, ¿le desnudo y le hago el amor sobre la mesa? – Rachel hace
una mueca y sonrío esperanzada por una afirmación.
– Diablos, no. No me cuentes
cuando tengas
sexo con esa bestia, – estalla en risas – sé dura con él, no bajes la
guardia porque sabe cómo manipularte y lo hará.
– Es complicado. No sé cómo me siento, quiero… quiero perdonarle, que me
ayude a olvidar, alejarle del mundo y crear uno para nosotros dos, pero… pero
luego… no sé, está la parte en la que no puedo verle porque me recuerda todo el
dolor que llevo dentro. No sé contra qué luchar.
– Tendremos esta conversación más en profundidad, ahora déjate llevar
por lo que sientes. Tienes dos opciones, acompañarnos o irte con él. Tú
decides.
– Quiero ambas cosas.
– Ahí no te puedo ayudar, cariño.
Tengo un nudo en el estómago y no es porque quiera vomitar o tenga
hambre, es porque siento que tengo que hacer una elección para toda la vida. Si
me
voy con Bastian va a malinterpretar y sí decido irme con las chicas voy
a echarle de menos y pensar donde estará con esa ropa tan especial que
significó tanto para mí. Suspiro y me miro en el espejo, refresco mi cara una
vez más y mientras la seco sonrío a Rachel.
– Quiero irme con vosotras, pero eso no quiere decir que no vaya a
pensar en él, todavía siento que tenemos cosas que hablar y…
– Eso no es nada nuevo porque llevas desde que te conozco pensando en
él. Antes de verle aquí seguías pensando en él y continuarás haciéndolo, no es
fácil Nancy, te lo dije. Va a ser muy difícil superar una ruptura. Para tener
de nuevo contacto con él tienes que estar muy bien de aquí, – pone su dedo en
mi frente – segura de que sientes y que quieres. Mientras tanto él te va a
manipular y yo no se lo voy a permitir. Es por eso que me verás enfrentarme a
él tantas veces sean necesarias hasta que yo no sepa que estas lista.
– Tienes… tienes razón, – es verdad, cada palabra que dice – yo, yo…
quiero disfrutar y apreciar
las cosas que me da la vida pero…
– Ahora no puedes Nancy y lo sé, te veo a diario. Todavía no has
aceptado nada, ni la ruptura ni la relación, ni siquiera el estar viéndole de
nuevo. Tienes un lío en tu cabeza y tus sentimientos están mezclados.
– Sí, es así como me siento.
– Vamos a disfrutar este fin de semana y ya hablaremos. Iremos poniendo
solución a lo que te pasa, has hecho avances y tienes que ir pasando fases.
– Vale, – me miro en el espejo y vuelvo la vista a ella – gracias
Rachel, no sé qué haría sin ti.
– Follarte a Bastian sobre la mesa. No. No me contestes a esto, es
bastante repugnante que esa bestia pueda...
– Boba – le golpeo con el bolso saliendo del
baño.
El restaurante está más despejado porque ya se ha acabado el especial de
tortitas por el cual es tan famoso este lugar. Ambas vemos desde aquí como las
gemelas sonríen a Bastian y hablan mientras Rachel se dirige hacia ellos. Yo me
tomo unos segundos para admirar a tan magnitud de hombre sentado, su posición,
su cuerpo, su actitud, grita poder por cada uno de los poros de su piel. Cuando
él ve a Rachel automáticamente rechaza a todo el mundo menos a mí, se levanta y
en dos pasos puedo respirar su perfume. Rodea con uno de sus brazos mi delgada
cintura y me susurra gruñendo bajando un poco su cabeza hasta estar a la altura
de mi oreja.
– ¿Puedes explicarme que es un selfie? – Su voz ronca provoca
palpitaciones en mi entrepierna, ¿por qué reacciona mi cuerpo cuando mi mente
me lo impide?
– Quiere decir cuando te echas tú mismo una foto, con alguien más, o con
algo.
– Pues creo que he hecho mi primer selfie y
estoy muy enfadado porque no ha sido contigo.
– Gracias por quedarte con ellas, son tus mayores fans.
– Lo he hecho porque me lo has pedido, sabes que no tengo interés en
ninguna otra persona excepto tú. ¿Cómo estás?
– Bien, sólo ha sido el desayuno.
– Debí entenderte mucho mejor y no obligarte. Lo siento. ¿Ves? No hago
nada bien contigo.
Le echo tantos de menos. Tengo un nudo en mi estómago y él es el
culpable de hacerme sentir así, ¿por qué no he podido simplemente olvidarle?
Quiero que todo sea como antes porque como pareja nos complementábamos muy
bien, ¡estábamos enamorados joder!, y él lo mandó todo a la mierda. Inhalo su
aroma que se cuela a través de mis venas y consigue que esto sea el motor de mi
corazón que empieza a latir por él. Mi cuerpo vuelve a sentir por él, él es lo
que hace que
aún esté viva.
– Estoy… ems… bien. Supongo que no has… no has tenido toda la culpa, el
periodo vendrá pronto.
– Bien. Me alegro. Eso quiere decir que no estás embarazada de cualquier
otro que se haya podido aprovechar de ti, – frunzo el ceño para replicarle pero
sonríe y pone su dedo índice sobre mis labios – estaba bromeando.
– No hace gracia – digo aún con su dedo sobre mis labios.
– Voy dejarte con tus amigas, – ahora me mira serio – estaré en el
gimnasio todo el día, no quiero molestarte ni hacerte pasar un mal rato. Eso
sí, quiero verte luego, necesito enseñarte algo.
No deja que le responda cuando planta sus labios en mi frente, su mano
acaricia mi cuello acercándome a él mientras no me privo y beso dulcemente la
corbata. Quiero decirle que me he
acordado de todo, que a pesar de lo malo, tuvimos muy buenos momentos en
nuestra relación. Mis recuerdos se quedan en el aire cuando se aleja sin mirar
atrás. Le veo salir del restaurante dejando una luz brillante a sus espaldas y
me doy cuenta de la atenta mirada de muchas mujeres que están suspirando por
él.
Me dirijo a la mesa porque las gemelas están emocionadas con sus
móviles, probablemente mandando a todo el mundo la foto que tienen con Bastian.
Rachel cruza su mirada conmigo mostrándome su felicidad sobre haber tomado la
decisión correcta de quedarme con ellas. Si hubiera elegido a Bastian el día se
me haría eterno y tendría altibajos, lloraría, le odiaría, reiría y haríamos el
amor; acabaría agotada psicológicamente. De esta forma, luego le veré y no
tardaré en irme a dormir porque no quiero caer en su trampa. No otra vez.
– Aw Nancy, – dice rubia – él es tan dulce.
– Lo es – le respondo sonriendo.
– ¡Se acabó el descanso! – Rachel se levanta y nos señala a todas – en
marcha que tenemos un largo día por delante, no quiero quejas de que me duelen
los pies, no quiero excusas, no quiero que plantéis vuestros traseros en ningún
sitio. Tenemos que ceñirnos al itinerario y como alguna de vosotras me falle
voy a morderos la yugular hasta que vea algunas gotas de sangre entre mis
labios. ¿De acuerdo?
Todas reímos asintiendo.
– Vamos a pagar – cojo mi bolso.
– No, tu chico… – morena le da un codazo a su hermana que ha hecho una
mueca con su cara – lo siento, quiero decir él ya ha pagado.
– Tranquila morena, sé que Bastian sigue diciendo por ahí que soy su
chica y todo eso, no os preocupéis.
– Aww, pero es tan dulce, – rubia se arrastra en mi dirección agarrando
mi brazo – cuéntame cosas
sobre Bastian ahora que ya podemos hablar y…
– ¡Rubia! – Le grita su hermana – no seas bocazas.
– No pasa nada, creo que ya va siendo hora de que yo también hable de él
y de nuestra relación. No puedo negar que he estado saliendo con el hombre más
caliente de todo el planeta – me pongo las gafas sonriendo y poco después tengo
a las gemelas a ambos lados preguntándome cosas.
Pasamos gran parte del día caminando de un lado a otro, mis pies no
aguantan mucho a más a pesar de que hemos hecho grandes descansos por rubia y
por mí. Rachel no está muy contenta ahora pero necesitábamos este refresco para
recuperar fuerzas, el pasarnos todo el día de turismo ha acabado con nuestra
energía y nos ha provocado una gran agonía de la cual aún me estoy recuperando.
– Chicas, yo no puedo andar más, necesito una buena ducha – rubia se
quita los zapatos suspirando.
– Sois unas quejicas – bromea Rachel – bueno, ¿cuáles son los planes
para esta noche?, ¿nos animamos con algún club de striptease solo para chicas?
– No, – susurro – por supuesto que no.
– A Alan no le importaría que yo fuese, ¿nos animamos?
– No, – vuelvo a decir bajo las afirmaciones con la cabeza de las
gemelas – yo… no.
Yo sí. Horas después me veo plantada delante de un club de striptease
solo para chicas, habrá hombres que se desnudan, hombres desnudos por todos
lados. No he sabido nada de Bastian y me dijo que iba a enseñarme algo, a pesar
de que le he buscado entre la multitud durante todo el día no he tenido
noticias de él desde que se marchó esta mañana. Las chicas están muy
emocionadas por estar aquí, yo le he repetido por activa y por pasiva a Rachel
que Bastian se va a enfadar como sepa que he venido a este tipo de
clubs.
Estamos en la cola esperando a que el siguiente grupo de mujeres entren,
las siguientes somos nosotras.
– Aw que emoción, – dice morena – voy a pillarme un privado con el
hawaiano.
– Dame ese folleto, debe de haber uno más guapo que él – rubia le
arrebata el papel que nos han dado en el hotel.
Rachel me abraza en la calle y me sonríe a pesar de que la muy diabólica
sabe que Bastian tiene que aparecer en algún momento. Le entrecierro los ojos y
me da un beso en la cara, ¿cómo he podido dejar engatusarme por ella? Aquí
estoy, con un vestido rojo ajustado a mi cuerpo que me ha dejado rubia, con
unos zapatos de infarto que sobrellevo como puedo y con mi pelo al viento
movido por la brisa que lo levanta. Voy espectacular y desde el restaurante los
hombres no han dejado de fijarse en mí, me han hecho el repaso incluso
llevando mi chaqueta que cubre mi cuerpo hasta las rodillas; ellos ven una
rubia y ya están babeando.
Cuando llega nuestro turno, un chico sin camiseta y con una pajarita nos
indica nuestra mesa que ha quedado libre, es la más cercana al escenario y esto
tiene a las chicas bastante emocionadas riendo y saltando. A las una empieza el
show de nuevo y no paran de hablar sobre ello. Una vez sentadas y relajadas
miro hacia todas partes porque solo se escuchan risas de mujeres impacientes
deseando que el espectáculo empiece. Observo con detenimiento en la oscuridad
buscando a Bastian, sé que va a enterarse de que estoy aquí e intento evitar
una escena pública como siempre, necesito buscarle antes de que él lo haga
primero.
– Tranquila, no vendrá – me susurra Rachel al
oído.
– Me dijo que me enseñaría algo.
– ¿Quieres verle, verdad?
Aparto los ojos mirando al cenicero y jugando con mis uñas sobre él,
Rachel me da un beso en la cabeza y me deja. Ella sabe más que yo como me
siento y me alegro de que comprenda que estar aquí sin Bastian es bastante
complicado para mí. De repente las luces se apagan cuando unos chicos aparecen
subidos a unas plataformas y empiezan a bailar, según morena esto es lo que
precede al gran show. Mis amigas están disfrutando menos yo, que miro hacia
todos lados excepto a esos chicos. Ellas me animan y yo les sonrío pero también
les niego con la cabeza, no… no puedo disfrutar de esto… no… simplemente no.
Cuando voy a escaparme al baño una mano aprieta mi delgado brazo, es Bastian.
– Despídete – me susurra y le asiento.
Rachel me da su bendición porque le esperábamos tarde o temprano. Saludo
a las chicas despidiéndome de ellas y tras ponerme la chaqueta que
Bastian reajusta a la perfección, salimos agarrados de la mano hacia
afuera. Me cuesta caminar pero lo hago con encanto, y él tampoco me presiona
dejando que sean mis zapatos los que suenen entre ambos. Hay un coche aparcado
justo en la puerta, Bastian me ayuda a meterme dentro y él lo rodea para hacer
lo mismo.
Las luces de la ciudad que nunca duerme iluminan el rostro que me atrevo
a mirar con detenimiento. Sus ojos me enloquecen, echaba de menos mirarlos y
adorarlos, a pesar de que ahora están fijos en la carretera los evaluó con
admiración porque son dos piezas caídas del firmamento y él lo sabe. Echo de
menos el besarle, el hacerle el amor, el reírnos, el sentirnos el uno al otro,
tal y como éramos antes; hemos perdido todo lo que construimos desde el
desconocimiento. Ahora que le miro no puedo negar que le amo, pero me tengo que
repetir a mí misma una y otra vez que Bastian ha sido un error y no voy a caer
dos veces.
Sin embargo, me doy el lujo de continuar viendo al hombre que tengo a mi
lado. No hemos dicho ni una
palabra desde que salimos del club y avanzamos en la carretera hacia
algún lugar desconocido para mí. Siempre conduce con un brazo y deja el otro
sobre la puerta o entre nosotros, pero esta vez tiene ambos en el volante y no
sé si es por su inseguridad o porque va a hacer algo de lo que va a
arrepentirse. Aun así, sigo analizando su atuendo informal, unos vaqueros y
camiseta visten al hombre que me tiene enamorada, al ser que amé con tanta
locura hasta enfermar, a este que me está mirando de reojo y hace enrojecerme.
Carraspeo mirando hacia enfrente.
– ¿A dónde… ems…? – Señalo con el dedo hacia adelante, necesito parar de
tartamudear.
Él me mira y me ignora, le vuelvo a mirar y tiene los ojos clavados en
la carretera ya que dejamos Las Vegas atrás para adentrarnos en una oscuridad
insoportable. Lo intento de nuevo, abro la boca y veo a Bastian que está
mirándome.
– Nena, vas a tener que aprender a no
tartamudear cuando estés conmigo. Por lo tanto, no te atenderé hasta que
me hables correctamente.
– Yo… ems… – será idiota, le retiro la mirada.
Puedo sobrevivir sin saber a dónde nos dirigimos. Juego con mi bolso por
entretenerme ya que no puedo pensar con él aquí al lado porque me inundan los
recuerdos y estoy demasiado sensible como para que me vea llorar. Realmente no
sé qué hago aquí, si esto forma parte de mi proceso de curación o no; aunque ni
mi madre ni Rachel me han confirmado que estoy cerca de la aceptación. Sigue
concentrado en la carretera cuando deja caer su mano derecha sobre mi pierna,
yo me tenso ante su toque.
– No apruebo tu vestido – me susurra y sé que se arrepiente de lo que ha
dicho.
– No… es… no es, el… – miro por la ventana y resoplo – el vestido no es
mío.
– ¿De quién es?
– De rubia.
– ¿Es así como se llama tu amiga?
– En verdad, bueno… son Serata o Senato o algo así, como para mí es… ems
bastante complicado memorizar pues les llamamos rubia y morena.
– Aham – asiente y nos alejamos de la carretera para adentrarnos por un
camino de piedra. El coche es bastante grande y puede con todo, pero eso no
quita que me maree – aguanta un poco nena, casi hemos llegado.
Pongo una mano en la cabeza y Bastian aumenta la velocidad para que
podamos dejar este camino que ya se va acabando. De repente, él apaga el motor
y nos encontramos en mitad de la nada, se ha formado en mi estómago un nudo con
el que intento luchar. Miro por la ventana y no veo nada, ni siquiera veo si
Ryan está aquí o sí hay alguien más, temo por lo que pueda pasarme. Sé que con
Bastian estaré segura
pero no sé hasta qué punto puede llegar su locura, sí va a secuestrarme
o a hacer algo conmigo que pueda provocarme otro tipo de trauma crónico.
Él es el primero en bajar del coche y le espero porque quiero hacer de
todo menos bajarme. Abre mi puerta y extiende su mano hacia mí mientras le toco
dejándole que me ayude a bajar. Cuando estoy sobre mis tacones puedo ver algo
de hierba en la oscuridad, él me guía y le sigo como una tonta. ¿Dejaré de
hacer esto algún día?, ¿por qué siempre le sigo allá donde vaya? Sin decir
nada, caminamos a través del camino de hierbas que nos llevará a algún lugar,
él sujeta fuerte mi mano hasta que paramos y se suelta.
– No – susurro. Me da miedo esta oscuridad.
– Tranquila nena, estoy aquí, voy a encender la luz. ¿Entendido?
No sé si le respondo o no pero dejo que se aleje y aprovecho para mirar
hacia mis piernas esperando alguna clase de broma que pueda acabar con mi vida.
Cuando creo que voy a empezar a llorar, las luces se encienden y eso
capta mi atención, levanto la cabeza poco a poco para ver lo que tengo frente a
mis ojos.
– Oh Bastian – vuelvo a susurrar porque el nudo que tengo en mi garganta
me lo impide.
Él ha preparado esto. Siempre me habló de que se moría por tener un
escenario así junto a mí. Un camino de flores que lleva a una manta bien
estirada en el suelo, hay una botella de champagne y dos copas. Las luces
colgadas entre algunos árboles iluminan este lugar porque en frente tenemos un
pequeño lago y hay una barca atada, oh, siempre ha querido hacerme el amor en
una barca y que la naturaleza sea el único testigo de nuestro amor. Doy
pequeños pasos admirando como ha debido de colocar las bombillas, dejarlo así
tan bonito. Todo es perfecto y romántico. Él está haciendo que me enamore más y
no se da cuenta de que esto está siendo un gran error.
– ¿Te acuerdas cuando…?
– Sí, – le corto – me acuerdo como si fuera ayer cuando me decías que
querías este escenario en nuestra vida.
– Exacto – susurra acercándose.
– Bastian, lo siento pero…
– No, no te admito que me niegues. No esta noche. Necesito enseñarte
algo y quiero que sepas el valor que le doy.
– ¿No era esto lo que me ibas a enseñar?
– Sí, también. Quería que te sintieras cómoda y que no huyeras a ningún
lado, esta noche solo existimos tú y yo.
– Pero…
Se dirige a la manta y se deja caer sobre ella, va destapando la botella
de champagne acercando las copas para llenarlas. Suspiro debatiéndome en seguir
sus pasos pero me detengo, no quiero que se haga ilusiones y si quiero
estar aquí con él me tengo que aferrar a mi pasado para no caer de nuevo.
– Pensé que te gustaría, – susurra sin mirarme
– ya sabes, estar aquí, a solas, alejados de todo el mundo. Pensé que
esto es lo que querías y que la gente te abrumaba.
– Me gusta pero…
– Lo sé, sólo quiero que te sientes aquí conmigo un rato y ahora te
llevo de vuelta al hotel.
Se me ocurren dos opciones ahora mismo; una, meterme dentro del coche y
hacer que capte el mensaje, o dos, dar los pocos pasos que me separan de él y
hacer lo que me ha dicho. Me decanto por la segunda opción porque la primera
sería muy cruel. Bastian ha pasado tiempo preparando esta cita para nosotros,
todo es precioso y le admiro por esto. El lago está en calma, la barca cerca y
la manta no muy lejos del pequeño muelle. No dudaré en saltar al agua si me
agobio, lo tengo asumido.
Me quito los zapatos mientras me siento a su lado y me abrazo mis
piernas casi rozando la barbilla con mis rodillas. Bastian resopla en voz alta
porque estoy bastante alejada, pero consigue llegar a mí para darme la copa con
algo de champagne; olvidé como sabía el alcohol y hoy no voy a hacer un
recuerdo sobre ello. Bastian refunfuña de nuevo pasándose la mano por la cara,
por el pelo, se lo revuelve y mira hacia el frente ignorando que estoy aquí.
– Tú pelo es largo – que tonta, ¿por qué no le pregunto que sus uñas a
lo mejor también? Que boba, es una frase bastante inútil pero le saco una
sonrisa.
– ¿Te gusta?
– No sé, te tiene que gustar a ti.
– Me he descuidado un poco – suspira de nuevo porque no está contento.
Le doy el tiempo que necesita para que empiece con sus mentiras de nuevo –
Nancy.
– Bastian.
– Quiero explicarte tantas cosas que siempre pienso que nunca es el
mejor momento.
– Ya no somos novios.
– Lo sé, – bebe de su copa con la mirada perdida en el lago – te quería
demostrar que estaba decidido a intentarlo, me he pasado toda la tarde
peleándome con los electricistas para que este lugar fuera perfecto. Perfecto
para ti.
– Gracias.
– Sé que no sirve de nada pero me ha hecho feliz que al menos no hayas
pedido que te llevara de vuelta.
– Me has dicho que solo quieres estar aquí un rato y me llevarás al
hotel de nuevo.
– ¿Confías en mí?
– No Bastian, ya no.
– Siento oír esto, – nos miramos a los ojos mutuamente – siento que esto
sea así.
– Yo… también – logro decir bajo un suspiro que me está llevando al
infierno.
No quiero pensar para no recordar y no quiero recordar para no olvidar.
Es inevitable no perderse en el pasado cuando le tengo justo a mi lado, viendo
como la luz iluminan sus ojos que se ven tristes, la seguridad que desprendía
se ha esfumado y ahora solo somos Bastian y yo. A pesar de que iba a negarme a
ello, bebo de mi copa y trago con seguridad, no creo que me pueda drogar de
nuevo. Niego con la cabeza ante esa palabra que ronda mi mente.
– ¿Estás bien?
– No, – miro hacia la copa – no lo estoy ni lo
estaré.
– Nena – deja su copa y se arrastra hasta ponerse a mi altura delante de
mí, me levanto y él hace lo mismo – sólo déjame explicarte.
– Bastian, yo… yo no… no puedo… esto… no
me…
– Tranquila, respira de nuevo e intenta hablarme.
– Yo… eres… tú… no puedo… esto de aquí, no puedo… no disfruto esto a
pesar de que lo has hecho para mí. Yo… no… yo no soy esa Nancy nunca más.
¿Sabes que rondaba mi mente ahora?
– No.
– Que has abierto esa botella delante de mí y no hay posibilidad de que
me hayas drogado de nuevo.
Bastian da un paso hacia atrás negando con la
cabeza, sus ojos empiezan a estar vidriosos y me muestra el primer signo
de neandertal; frunce el ceño y arruga la cara de tal modo que hace vibrar mi
cuerpo.
– ¿Eso has pensado?
– Sí.
– ¿Piensas que voy a drogarte?
– Sí.
– ¿Por qué?
– ¿No es evidente?
– Nena, escúchame. Eso no va a pasar. Ha sido un maldito error haber
venido aquí esta noche, lo siento.
Se agacha para recoger mis zapatos y se vuelve hacia el coche. Me abrazo
a mí misma porque empiezo a llorar, no quería que se enfadara pero tampoco
puedo
permitir que no sepa que aún estoy afectada por lo que pasó. Él quiere
comenzar de nuevo pero yo fui la víctima, no puedo olvidar tan fácilmente.
Cuando regresa me coge en brazos y me mete dentro del coche, no digo nada, solo
se encarga de ponerme el cinturón de seguridad y minutos después salimos a la
carretera de nuevo.
– No hagas que sea yo la mala, porque no lo soy, – no dejo de llorar en
silencio y él no dice nada – me da igual que me ignores, ya te lo dije anoche,
quería… quiero que… que te alejes, y que… tú vivas tu vida… ya no, ya no somos
nada.
– Sí lo somos Nancy Sullivan, lo somos aunque te niegues a ello.
– Puede que te quiera o te desee, puede que me muera por estar contigo
pero eso va en contra de mi juicio. Me es imposible estar contigo sin pensar
que hay más mentiras entre nosotros, que no me harás de nuevo lo que me hiciste
porque la confianza que alguna vez tuve en ti se esfumó Bastian, se esfumó.
– Y siento que malditamente sea así ¡joder!, – da un golpe en el volante
– te dije que haría todo lo que estuviera en mis manos para recuperarte de
nuevo y eso haré, si no quieres esta mierda romántica me lo dices y busco otra
manera. Y no me niegues más porque la única mentirosa aquí eres tú.
Me deja con la boca abierta y le retiro la mirada. ¿Cómo se atreve a
acusarme de mentirosa? Él no entiende que le amo pero no puedo estar con él, no
lo entiende. Dejo que mis lágrimas caigan mientras la ciudad nos recibe de
nuevo, caemos en un silencio profundo que hace palpitar mis entrañas. Sé que no
para de mirar como lloro, que ha vuelto la cabeza hacía mí y que yo le niego mi
vista porque la dirijo a la ventana. Las Vegas sigue tan activa a cualquier
hora del día, los restaurantes están llenos a pesar de que es de madrugada, los
casinos brillan con luz propia, los carteles de neón y la gente que va de un
lado a otro.
El coche se para delante del hotel en el que nos alojamos, las chicas
aún estarán pasándoselo bien y
estoy segura de que no habrá nadie en la habitación. Para fastidiar a
Bastian por haberme hecho llorar salgo del coche antes que él provocando que
gruña en el camino. Tengo mis zapatos y el bolso en mis manos pero no dudo en
agacharme a por mi objetivo, cojo una lata vacía y se la lanzo.
– ¡Vete! – Le susurro dándole la espalda.
– ¡No!
En la puerta del hotel veo un folleto que arrugo y se lo lanzo a la cara
que no está muy lejos de mí, frunce el ceño y sigo mi camino con la cabeza en
alto. Voy al mostrador ocupado por una mujer y le lanzo la cesta de caramelos a
la cabeza.
– Señorita, este hombre me está acosando. Llame a la policía – digo con
soberbia.
– ¡Santo Dios, si es Bastian Trumper! Acósame
a mí.
– ¿Qué?
Le frunzo el ceño a la mujer y atrapo con mis manos la otra cesta de
caramelos, me giro en dirección a Bastian que no se mueve y veo como caen todos
sobre su cuerpo. Levanto la barbilla con orgullo mientras absorbo los mocos de
mi nariz cuando veo a la mujer salir del mostrador.
– Señor, ¿se encuentra bien?, ¿llamo a la policía? Puedo hacer que esta
señorita duerma en la cárcel si le molesta.
Con la boca abierta me alejo de los dos, Bastian nunca le ha dado una
jodida mirada a esta mujer que no está pensando con la cabeza precisamente.
Escucho el timbre del ascensor y como se meten dos hombres en él, aprietan el
botón y las puertas se cierran cuando corro como nunca lo he hecho bajo la
negación de Bastian. Consigo meterme dentro y sacarle mi dedo corazón en
respuesta a todo lo que me ha dicho.
Sonrío con temor ante esos dos hombres.
– Mi ex. Es un pesado.
– ¿Debemos alertar a la policía?
– No, pero si… pero si… quiero decir… si no les importa, ¿me
acompañarían a mi habitación?
– Por supuesto, señorita.
El ascensor llega a mi planta y esos hombres no dudan en acompañarme. Me
siento estúpida, ni siquiera estoy actuando como yo soy. Suspiro y me paro en
una habitación falsa.
– Gracias estaré bien.
– Como guste.
Me despido con la mano y cuando se adentran de nuevo en el ascensor sigo
mi camino más relajada hacia la habitación. Si Bastian es listo, se habrá ido y
nos dejará tranquilizarnos.
– ¡NANCY SULLIVAN, NO TE MUEVAS!
Bastian grita y yo también por el susto lanzando en mi camino mis
zapatos mientras abro el bolso. Busco la llave siendo lo más rápida que puedo
notando como mi ex avanza hacia mí a pasos agigantados. Cuando creo que me va a
pillar abro la puerta pero él me atrapa y nos adentra a los dos, pone sus dos
manos sobre mi cintura y giro. Nuestras bocas se buscan desesperadamente
elevándome en el aire hasta rodearle por la cintura. Yo soy la que cierro la
puerta y me quito la chaqueta.
Bajo los gruñidos de enfados y de placer por parte de mi ex novio nos
besamos, mordemos y absorbemos cada parte de nosotros. Me lanza en la cama
mientras le agarro la camiseta para atraerlo hacia mí con deseo desenfrenado.
No duda en poseerme como si fuera la única mujer para él, la única que yace
bajo su cuerpo ahora mismo. Subo mis dos brazos hacia arriba y le dejo que
apriete mis manos,
levanto mi cintura para invitarle y acepta con gusto.
– Bastian.
Mis jadeos se hacen más sonoros cada vez que su lengua choca con la mía,
me muerde el cuello, me posee con cada movimiento y yo le hago más mío. Sus
manos se deslizan subiéndome el vestido que acaba dejando por la mitad de mi
vientre, baja con su lengua para besar cada pieza de piel que encuentra a su
merced. Rodea mi ombligo con la lengua y planta un lametón sobre mi ropa
interior, mi sexo palpita exigiendo más y vuelvo a elevar la cintura. Cierro
los ojos sintiendo como me arranca las bragas y finalmente son sus labios los
que saborean aquello que tanto le ha echado de menos.
No le oigo susurrar pero si desearme con fuerza, necesito mucho más de
lo que me puede dar, necesito tenerle dentro de mí. Bajo mi vestido como puedo
mientras recibo oleadas de placer de su lengua, lo consigo dejar al completo en
mi vientre y mi sujetador se desliza. Yo mismo guío mis dedos a mis
pezones para sentir que aún respondo ante el abismo de la necesidad.
De repente Bastian deja su lengua y me mira a la cara.
– ¿Nena? – No abro los ojos y sin embargo agarro su cuello para besarle.
– Follame y no hables.
Dicho y hecho. El sonido de su botón desabrochándose a velocidad de
avión consigue poner un poco de realidad a esta fantasía. Una de sus manos se
reúne con una de las mías en mi pequeño pecho, ya no existen esas grandes tetas
que disfrutaba antes. Siento que el colchón se hunde a ambos lados de mi cuerpo
y yo no quiero abrir los ojos para pensar porque necesito que me de mis
orgasmos, lo necesito ahora.
– Nancy, abre los ojos.
– No por favor.
– ¡Hazlo! – Bastian es el rey en romper momentos como este, los abro y
le miro – nena, vas a tener que pedírmelo una vez más. No quiero tocarte sin
que tú lo consientas.
– Yo… yo…no
Oh Dios mío, ¿qué estoy haciendo?
– Nena, sabes que lo deseas tanto como yo. Háblame, exprésate y dime que
te haga el amor ahora mismo.
– Te lo he dicho antes.
– Repítelo.
– Hazme el amor – logro decir en un susurro.
Gruñe como un neandertal y lentamente se introduce dentro de mí, sé que
va con cuidado, que quiere protegerme pero me da igual, necesito que entre
en mí.
– Nena, vas a tener que esperar, no voy a ser un bruto, no quiero
hacerte daño.
– No es nuestra primera vez.
– Sí desde que estás tan delgada, – giro la cara hacia un lado – mírame
Nancy.
– ¿Qué?
– Te deseo igual e incluso más. No puedo follarte como una bestia porque
te rompería.
– Yo ya estoy rota Bastian, – hay un silencio mientras sigue en mi
interior – hazlo, por favor.
Asiente con la cabeza empujándose lentamente. Me ha bajado la subida de
adrenalina que me ha poseído y ahora le dedico más tiempo a sentirle que a
pensar con la locura de que me folle y se vaya. Poco a poco se va a abriendo un
hueco en mi interior que le
permite el fácil acceso, sus brazos están a ambos lados de mi cabeza y
sus besos me roban algunos de mis labios cuando pongo ambas manos en su espalda
instándole a que se empuje más fuerte. A pesar de que sus embestidas son
ligeras y profundas, no duda en cerrar los ojos y sentirme tanto como yo lo
estoy haciendo. Cuando lleva un ritmo de penetración que me hace tocar el
cielo, me permito cerrar los ojos e imaginar que nada ha pasado entre nosotros,
que somos él y yo hace un año y que nuestros cuerpos se necesitan.
– Nancy, no aguanto mucho más.
– Ni yo.
Rodeo mis piernas en su cintura para recibirle mucho mejor en los
últimos empujes que me da, sin poder evitarlo y dejándome llevar, ambos nos
envolvemos en un orgasmo que nos marcará para el resto de nuestras vidas.
Nuestros últimos orgasmos juntos.
Ahogando nuestros propios gritos en la boca del otro, nos fundimos en un
abrazo que nos deja inmóviles por los siguientes minutos. La respiración de
Bastian sigue patente sobre mi cuerpo y yo no me he movido de aquí, ninguno ha
hecho ningún movimiento porque sabe que si lo hacemos se acabará para siempre.
Pone su frente sobre la mía y soy yo la primera que baja las piernas y
decide moverse para dejar que salga de mi interior. Sabemos que nos hemos
desahogado y que necesitábamos esto como nadie, pero también sabemos que el
haber tenido sexo nos ha llevado al mismo punto en el que estábamos.
Él capta la indirecta y decide apartarse para sentarse en la cama, yo me
levanto también y me doy cuenta de que la puerta está cerrada. Sin ningún tipo
de arrepentimiento, cojo la almohada que está a mi izquierda y arrastro la
sabana conmigo para poder taparme. Me quedo embobada por unos instantes sin
saber que he hecho realmente, aún estoy débil y me he dejado llevar por lo que
siento. Joder, estoy enamorada
de Bastian y no puedo dejarle. No puedo olvidarle y no quiero hacerlo
tampoco, estoy hecha un lío y me agobia esta situación.
– Nancy.
– Odio que me llames por mi nombre – susurro sin mirarle, estoy
concentrada en la luz que hay debajo de la puerta.
– Nena, espero que esto no haya complicado más las cosas.
Se levanta apartándose el pelo de la cara para andar de un lado a otro
delante de mí. Me pone nerviosa.
– Bastian, no… no sigas. Esto… esto lo ha… lo
ha
– Lo ha complicado aún más. ¡Joder! No me dejas hacer las cosas bien. Me
provocas todo el tiempo, sacas lo peor de mí.
– ¿Yo? – Le miro con descaro desde mi posición – yo no soy quién me ha
estado acosando hasta mi habitación.
– Porque jodidamente te has metido en un ascensor con dos hombres. ¿No
sabes lo peligroso que es para ti estar en una ciudad así? Por no hablar de que
sabes cómo me siento con respecto a eso.
– Siempre vuelves a lo mismo, sólo… sólo estoy teniendo un día de mierda
y no quiero que sigas. No quiero que me culpes de nada más ni mucho… ni mucho
menos que me, que me acuses.
– Nancy, te juro por Dios que como vuelvas a tartamudear te sello la
boca para siempre.
Le miro con sorpresa ante su amenaza. ¿Cómo consigue provocar que ya no
quiera tartamudear nunca más? Veo pasarse su mano otra vez por el pelo, sí, la
respuesta es sí a su pregunta de si me gustaba, está malditamente atractivo y
sexy con su pelo más largo.
Suspiro intentando evitar mis pensamientos impuros, necesito fuerzas
para acabar de una vez con Bastian y Nancy.
– Vete.
– ¿Eso quieres? Si fuera una chica podría sentirme usada, – sonríe y yo
no lo hago – nena, por favor. Vamos a solucionar esto, yo tampoco quiero
echarte un polvo y marcharme. Te necesito.
– ¿Cuándo te necesitaba yo dónde estabas Bastian?
– Contigo.
– No, en cualquier lugar menos conmigo. ¿No comprendes que nunca voy a
llegar a superarnos?, ¿qué no tendré fuerzas para mirarte a los ojos cada vez
que quiera? Mírame, estoy muerta en vida.
– Ya te dije que esto se iba a acabar. Buscaremos una solución a…
– ¡NO! – Grito – se acabó Bastian, no puedo enfrentarme a tus mentiras,
a tu vida, a tus mierdas, estoy cansada de ser la misma cuando estoy contigo.
Me has destruido Bastian Trumper, te doy mi enhorabuena ante tu vitoria. Ahora
desaparece por esa puerta y no vuelvas a molestarme.
Me levanto enfadada cuando la sábana cae de mi cuerpo dejándome desnuda
con mi vestido doblado sobre mi vientre, vuelvo a cogerla bajo su sonrisa por
verme así. Niego con la cabeza reajustándome la sábana una vez más y me dirijo
hacia la puerta, la abro
espero.
– Sabes que esto no es un adiós, ¿lo sabes no?
– Lo es Bastian, quiero que así sea.
Pasa por mi lado hasta frenar en seco cuando está frente a mí, agarra mi
cara con ambas manos y besa mis labios. Tonta de mí que le respondo a este
beso, este sí que es el último y definitivo.
– Volveré a ti nena, quieras o no, volveré.
– No lo hagas más complicado.
– Tú lo haces Nancy. Estamos jodidamente enamorados el uno del otro y
pretendes aislarte sola para sufrir una pena que ya existe cada vez menos. ¿No
te das cuenta que somos más fuertes juntos?
– Ya no.
– Sí – deja caer sus manos y se aleja de mí, se apoya al marco de la
puerta y mete las manos en los bolsillos – además, no me voy a dar tan
fácilmente por vencido, no cuando aún me amas.
– ¿Cómo estás tan seguro de que te amo? Quizás solo sea cariño y podamos
funcionar como amigos.
Una gran mentira que me digo a mi misma, no quiero ni imaginar cómo
sería verle con otras mujeres
y después quedar para tomar un café con él sin ni siquiera poder
preguntarle porque otra y no yo. Esos no somos Bastian y yo. No seremos amigos
en la vida.
– Si quieres que seamos amigos lo seremos. Tomaré cada cosa que me des,
todo es un regalo para mí.
– No soy un objeto al que… – pone un dedo en mis labios y niega.
– Para Nancy, se madura por una vez y enfréntate a todo. Lánzame cosas
por el resto de tu vida pero sé sincera con lo que sientes.
– Yo siento que debemos estar alejados.
– Yo siento todo lo contrario. Que debemos estar juntos, salir y tener
sexo pervertido.
Se ríe y consigue robarme una sonrisa también, no puedo creer que aún
esté echándome en cara nuestra pequeña broma. Aprieto la sábana contra mí y
bajo la mirada a sus pies, amo esas botas y pone también una sonrisa en
mi interior.
– ¿Qué? – Mierda, me he perdido en sus botas en vez de atenderle.
– Te preguntaba que si vas a estar bien después de lo que acaba de
pasar.
– Sí, – me estoy convirtiendo en una pequeña mentirosa y él se da cuenta
de ello – sabes la respuesta, no me hagas mentirte.
– No quiero irme y que empieces a llorar.
– Hace un año no te importó que llorase.
– Eran otras circunstancias y lo sabes nena. Jamás vas a perdonarme si
no me escuchas, tienes una idea en tu cabeza y no te deja avanzar. Haz lo que
tengas que hacer pero derriba ese muro que has levantado.
– Bastian, no necesito que me des tus consejos. Sé lo que siento pero…
pero también sé que no puedo estar contigo.
– Está bien, no lo intento más – me da un beso en la cabeza y se marcha
sin mirar atrás.
Han pasado dos minutos desde que estoy mirando el mismo sitio por donde
le vi marcharse, giró por las escaleras y las bajó. Dudo en si perseguirle o no
pero me doy cuenta de que tengo mis zapatos tirados en el suelo y voy a por
ellos. Con el ceño fruncido sigo mirando hacia atrás y de nuevo hacía la puerta
de la habitación.
¿Ya está?, ¿lo nuestro se ha acabado?
Empiezo a respirar y a darme cuenta de que quizás esto sí que ha sido el
verdadero adiós. Que ya dejamos de existir realmente, hemos conseguido
acercarnos, enfadarnos, rechazarnos y amarnos durante el sexo. Hemos pasado
todas las fases como pareja en la ruptura y yo estoy muy lejos de la
aceptación.
Trago saliva y miro a la puerta cerrada, ¿de verdad hemos acabado
Bastian? Intento recordar sus palabras y su última frase me ha sentenciado.
– No lo intento más – pongo mis dedos en los labios porque me duele
pronunciar las últimas palabras que me ha dedicado Bastian.
Más tarde estoy sobre la cama con los ojos abiertos porque ya han pasado
un par de horas y Rachel llegó no hace mucho, mañana cogemos el vuelo a Chicago
y temo lo que me espera allí. De vuelta a una rutina que no forma parte de mi
vida, volver al negocio de mi amiga mientras me distrae para no verme triste,
seguir respirando sabiendo que él continúa sin mí. Una parte de mí quiere morir
ahora mismo y otra quiere seguir adelante para intentar sobrellevar de la mejor
manera que Bastian Trumper, el hombre que me dio la vida y la muerte, me ha
abandonado para siempre.
Abro y cierro los ojos durante horas, la ciudad ya ha despertado y mi
amiga duerme felizmente en la cama de al lado. No consigo conciliar el sueño,
quiero ponerme de mil posturas diferentes para dormir al menos algunas horas
antes de sumergirnos a tres horas de avión. Odio volar.
Cuando consigo pensar que estoy en un sueño profundo y por fin la noche
o el día termina para mí, la puerta de la habitación suena. Dejo que los golpes
sigan hasta que mi amiga ronronea y decido que alguien nos está molestando y no
voy a poder dormir. Me levanto pensando que es el servicio de limpieza cuando
abro la puerta y algo se estrella en mi cara.
No. Otra vez no. La misma historia no.
– Señorita Sullivan, flores para usted.
– Yo… yo las rechazo.
– Lo siento,
no se puede
hacer devolución.
Tome.
Me estrella el ramo de flores en mi cara y consigo firmar donde me
indica. Cierro la puerta y bufo ante esta situación, no voy a permitir que
caigamos en esta mierda otra vez. Lanzo de mala gana sobre mi cama las pobres
flores y me dirijo a la cortina de la habitación para leer la tarjeta que llevo
en mis manos, suspiro abriéndola con decisión.
“Querida Nancy. Te amo con locura. Te voy a dar todo el tiempo que
necesites. Tengo que regresar a mi aburrida vida llena de
ineptos con tal de no consumirme en la miseria que me persigue desde tu
marcha. Amo cada jodida parte de ti y deseo hacerte el amor cuando te vea la
próxima vez. No te quiero molestar más. Te amo.
Bastian X
PS. Perdóname.”
Oh no, no y no. Esto me lo conozco, ¿qué habrá hecho?, ¿comprar el
hotel?, ¿regalarme un coche?, ¿una vida nueva? Oh Dios mío, necesito que mi
mejor amiga se despierte, necesito contarle que Bastian no va a parar hasta
recuperarme, pero lo que más necesito contarle a mi amiga es que no sé si yo
tampoco quiero perderle.
Si Bastian y yo vamos a estar otra vez juntos, va a tener que trabajar
en la reconciliación.
______________
¿Un jet privado? Las gemelas ya están dentro porque no han podido
resistirse a todo esto, primero una limosina, luego la sala vip del aeropuerto
y ahora el famoso jet privado donde puedo leer Trumper en uno de los lados.
Rachel me mira con desconfianza, hemos estado hablando de todo y a pesar de que
no ha habido más notas, todo han sido regalos. En la limosina hemos desayunado,
el chofer se ha encargado de servirnos lo mejor y para colmo, nos han metido en
la famosísima sala vip del aeropuerto donde hemos conocido a un par de famosos
que tienen a mis amigas más que contentas. No obstante, he sobrevivido a cada
obstáculo con respecto a Bastian, yo misma me he debatido entre la vida y la
muerte desde que le vi marcharse. Mi amiga sabe que estoy hecha un lío y parece
ser que necesito una siesta antes de regresar a la ciudad que fue testigo de mi
amor con él.
– Míralo por el lado positivo, al gilipollas le interesas más de lo que
pensaba – mi amiga bosteza a mi lado mientas nos indican que subamos las
escaleras del jet.
– ¿Ahora estás de su lado?
– Nunca. Aunque he de reconocer que no haría esto si no le importaras,
quiero decir, él ya te ha pedido perdón, te ha marcado y lo habéis hecho. ¿Qué
más podría intentar?
– No sé, quizás solo sea su manera de llamar mi atención.
– Sí, ahora tienes que ser más fuerte que nunca, empieza su real
manipulación.
– ¿A qué te refieres?
Logramos entrar adentro y las gemelas ya se han tumbado en los sillones
individuales que hacen de
sofá. Dejo mi bolso en uno y mi amiga se sienta enfrente de mí.
– Me refiero a que ahora mismo Bastian va a hacer todo lo posible para
llegar aún más a ti. Ha comprobado que sus palabras no le han valido, que el
sexo no le ha servido de nada, ahora empieza el juego. Va a poner todo de su
parte para jugar sucio y recuperarte.
– Has leído la nota, eso no es juego sucio. Es… no sé…
– ¿Romántico? Nancy, Bastian no ha sido romántico a no ser que intentara
dos cosas. Una, alejarte de algún secreto oscuro, o dos, llevarte a la cama
para distraerte de que ha hecho algo mal.
– ¿Tú crees?
– Sí, me has contado tu historia y lo veo de esta forma. Mira Nancy, ten
los ojos bien abiertos y ten cuidado de los pasos que quieras dar a partir de
ahora,
Bastian está poniendo en el asador todo lo que tiene en sus manos para
recuperarte.
– Pero… – miro a las gemelas que se sirven algo en el bar mirándolo todo
y susurro – pero no sé si quiero que frene o no. Tú sabes que le amo, no me
preguntes por qué, pero lo hago.
– Nancy, sigues confundida cariño. Es normal que te aferres a él porque
aún no lo has superado. Sabes que hagas lo que hagas y digas lo que digas voy a
estar apoyándote. ¿Lo sabes no?
– Sí, pero todo es… todo es tan complicado.
– Hey cariño, – Rachel se arrodilla ante mí – relájate, en estas semanas
has dado muchos pasos. Comes, te vistes e incluso sonríes, tu familia y yo
estamos muy orgullosos de ti, incluso nuestros amigos. Alan no deja de
repetirme que te cuide y las gemelas te querían aquí por algo. Nancy, te voy a
ser sincera, Bastian iba a hacer todo esto tarde o temprano, es consciente de
que lo hizo mal y va a utilizar tantas
cosas tenga en su poder para recuperarte. No temas a los avances que
hagas con él, escucha a tu corazón. ¿Sabes por qué?
– ¿Por qué?
– Porque hagas lo que hagas vas a tener que aceptarlo en tu día a día.
Si decides perdonarle eres tú la que vas a estar con él y si no, eres tú la que
vas a vivir sin él. ¿Comprendes?
– Sí. Comprendo.
Juego con el cinturón de seguridad mientras me inundan los recuerdos. El
tener a Rachel apoyándome en todo es lo mejor que me puede pasar y que Bastian
esté esperando por mí supera lo mejor. Estar indecisa entre la espalda y la
pared no tiene nada de diversión y siento que estoy haciendo las cosas mal.
Estoy agobiada.
Decido apartar de mi mente a Bastian mientras dura el vuelo. En el avión
hay dos azafatas muy
simpáticas y tienen órdenes de no hablar con nosotras. No hay nada que
me gustara más que desobedecer a Bastian, así que las seis nos pasamos todo el
vuelo teniendo conversaciones de chicas.
Una vez que aterrizamos nos encontramos con más sorpresas de Bastian.
Hay tres coches en fila esperando por nosotras, el atardecer de Chicago se
aleja y las nubes cubren todo el cielo vistiéndolo de colores naranjas y
amarillos, un verdadero espectáculo atmosférico.
– Rubia y morena, – dice un hombre – acompañadme al coche, os llevaré de
vuelta a vuestra casa.
– Aww que dulce – rubia salta de alegría para darle un abrazo al chofer
y esto provoca que todas riamos.
Nos despedimos viendo cómo se aleja el coche. Sin que nadie nos diga
nada, Rachel y yo nos encaminamos al segundo y le ayudo a meter su maleta
atrás bajo la atenta mirada del chofer que duda en si ayudarnos o no.
Está a punto de subirse y ambas sabemos quién está en el tercer coche.
– Tengo miedo, – le susurro – una parte de mí quiere volver con él, la
otra, prefiere continuar.
– Acuérdate lo que hemos estado hablando en la suite del jet hace un
momento. Sólo tú tienes la respuesta, búscala. Ya sabes cómo me siento con
respecto al gilipollas, tengo que decirte que quizás, solo quizás deberías
escuchar a ver lo que tiene que decirte.
– Me pedirá perdón y volverá a lo mismo.
– O a lo mejor te estás perdiendo algo, ¿no? Dale la oportunidad de
expresarse y toma la decisión, o todo o nada, pero hagas lo que hagas estaré a
tu lado.
– Es fácil decirlo, pero lo haré. Supongo que estoy siendo un poco seca
en mi reacción cuando se trata de él.
– Es normal, pero cada día que pasa deja de ser reciente y tienes más
fuerzas para superarlo y enfrentarte a todo lo que quieras. Tienes fuerza,
seguridad y actitud, búscala en tu corazón y sé feliz. Estaré esperándote en
casa.
– Gracias Rachel, gracias por todo, me está sirviendo de ayuda.
– Aún podría darte más conversación pero el idiota de ahí atrás se
estará poniéndose nervioso. Ve y dale su merecido en todos los sentidos, eres
tú la que sientes y llevas el dolor o la alegría, actúa como te dicte el
corazón.
– Gracias, – le doy un abrazo – quiero un vaso de leche cuando regrese a
casa.
– ¿Incluso si vienes de madrugada?
– No voy a regresar de madrugada. Bastian va a llevarme a tu casa, es lo
que deseo ahora mismo y es
lo que me dicta el corazón. No quiero volver a verle nunca más. Esto es
el fin.
CAPÍTULO 8
El coche en el que va Rachel se aleja dejando un rastro de polvo en el
camino. El siguiente coche se acerca más a mí y veo como Ryan se baja para
coger mi maleta, sé que Bastian no le ha dado permiso para mirarme o para
hablarme pero le sigo hasta la parte de atrás.
– Ryan… ems… quería darte las gracias por lo de aquella noche en el club
cuando me desmayé y…
– Señorita Sullivan, no tiene por qué agradecerme – no me mira y se
asegura de encajar bien mi maleta en el maletero.
– Quiero hacerlo, – le toco el brazo y reacciona con miedo – olvida lo
que te haya dicho Bastian, puedes hablar conmigo. Gracias por todo.
Ryan asiente y no necesitamos decirnos nada más para saber lo que nos
queremos trasmitir. Una vez que él ha terminado me dirijo a la puerta que abre
para mí, me deslizo en el asiento y veo que Bastian no está
nada feliz.
Nada nuevo.
– ¿Qué le has susurrado ahí detrás? – Está cruzado de brazos e
increíblemente sexy con otra camisa vaquera abrochada hasta el cuello y
remangada hasta los codos, le falta la corbata que no lleva.
– No es de tu incumbencia Bastian, – le frunzo el ceño también – por
favor Ryan, llévame a casa, voy a tomar la amabilidad del Señor Trumper de
acompañarme hasta allí.
– Sí, Señorita Sullivan.
El propio Ryan es quién divide el coche en dos partes subiendo un
cristal negro. Bastian tendría otros planes pero no le voy a dejar que me lleve
hasta su guarida de nuevo para ser engañada, ya me dije a mi misma que se
acabó.
El coche arranca con un Bastian gruñendo a mi lado. Quiero sonreír para
demostrarle que no me afecta nuestra ruptura, que puede comprarme cosas
materiales pero que al fin y al cabo le doy más importancia a un gesto suyo que
cualquier cosa que pueda tener. El coche viaja por la autovía hasta el centro
de la ciudad, Bastian no ha dicho nada ni yo tampoco, hay un gran hueco entre
nosotros y tampoco quiero que nos sintamos como si no nos conociéramos porque
sería mentirnos a nosotros mismos.
– ¿Cómo ha ido el viaje? – Me pregunta y me sorprendo porque estaba
pensando en hablar, ¿podrá controlar mi mente? – Nancy.
– ¿Sí?
– El viaje, ¿cómo has estado?
– Genial, las chicas me han dicho que te diera las gracias por todo.
– A mí me importas tú, ellas iban en tu lote no
en el mío.
– No seas grosero, – le frunzo el ceño cruzándome de brazos – eres muy
maleducado Bastian. Solo porque las personas no tengan tanto dinero como tú no
se merecen que las desprecies.
– No las desprecio, te hago saber quién me importa.
– Si yo te hubiera importado no estaríamos en esta situación así que no…
no quiero discutir, dejemos las cosas tal y como están.
– Discúlpame Nancy pero eres tú la que estás a la defensiva.
Veo que está sonriendo con su cabeza girada hacia la ventana, el paisaje
está oscureciéndose y es un lujo poder ver este espectáculo de colores. Es
verdad. Odio que tenga razón pero tengo mis motivos, él me ha hecho ser quien
soy en estos momentos, yo no era así, era incluso feliz. Dejo pasar este cruce
de
palabras para hacer lo mismo que él, mirar el paisaje que recibe a la
oscuridad. Me acuerdo de cuantas veces he mirado una absurda montaña desde la
habitación de planchar de mi madre, cuantas veces me había dejado caer allí
para lamentarme de que ya no era la novia de Bastian Trumper.
Ya no soy la novia de Bastian Trumper.
– Bastian, – le nombro y gira el cuello para atenderme – no sigas así,
déjame.
– Lo hago, estoy en el mismo coche que tú, te dejaré en tu casa y me
marcharé.
– ¿Hasta cuándo?
– Hasta que vea conveniente – me sonríe y hace que yo también lo haga.
Se me borra la sonrisa muy rápido cuando pienso en todo lo que pasó.
– No he superado lo que pasó Bastian, no sigas agobiándome. Necesito
tiempo.
– Sí, – susurra cerrando los ojos y volviéndolos a abrir – ¿ves? Ya me
has dado esperanza nena, ya me has dicho que necesitas tiempo.
– No te confundas Bastian, yo… yo no… no vamos a estar juntos. Pero
tampoco voy a negarte que no me afectara verte si no dejas de plantar tu cara
en mis narices. Necesito tiempo para asimilar que vas a ser un grano en el
trasero.
Bastian esboza carcajadas dentro del coche y hace que yo también me ría
¿qué demonios he dicho para que se ponga así? Le hace feliz y se arrastra más a
mi lado, parece que somos nosotros de nuevo. Viajo en un espiral en constante
movimiento que me lleva del infierno al cielo en milésimas segundos y ahora
mismo estoy muy lejos de estar sufriendo. Le dejo que agarre una de mis manos,
aún no me he movido de mi asiento y tampoco él sobrepasa mi espacio.
– Ven conmigo. Acompáñame a Nueva York.
– ¿Qué?
– Pasado mañana lucho contra Johan Slate, el que se alce con la victoria
será el nuevo campeón del Este. Es una batalla bastante importante para mí y
quiero que estés a mi lado.
– Bastian no pue…
– No me digas que no por favor.
– Iba a decirte que no me gusta la lucha, no puedo verte pelear con otra
persona. Es algo… algo superior a mis fuerzas.
Es verdad, cuando veía sus peleas en internet tenía que taparme los ojos
cada vez que algún cabrón le golpeaba, sé que forma parte de su deporte pero
odio verle luchar. No quiero exponerme a un estadio lleno de gente que corea su
nombre solo porque dos hombres van a hacer uso de la violencia. Esta vez no
puedo decirle que sí, no quiero ser protagonista de ver cómo le golpean delante
de mis ojos.
– Nena, no dejaré que me toque.
– Vi una pelea en agosto y él te pegó Bastian, no… – me mira y sonríe –
¿qué?
– ¿Me has visto pelear?
– Bueno… sí… esto… yo… estás… es tu cara la que está en todas partes y
yo…
Besa mi mano y cierra los ojos mientras lo hace, ¿por qué tiene que ser
tan dulce? Oh Dios, voy a mandar al mismísimo infierno todas mis dudas y voy a
montarle en este coche. No, no, él me hizo daño y no puedo perdonarle. Necesito
abrir la ventana. Le aparto la mano para abrir la ventana del coche, se ríe de
mí porque no sé qué botón es y hace que me vuelva torpe tocando todo.
Finalmente él lo hace y saco un poco la cabeza, necesito aire fresco.
De repente siento su cuerpo detrás mientras me rodea la cintura con sus
brazos.
– No tengas miedo a sentirme de nuevo nena, tus pensamientos sucios y
guarros forma parte del amor que sientes por mí y sí los niegas, te negarás a
ti misma.
– Apar… apártate de mí – consigo decir.
– Lo haré, pero sólo si me dices que vendrás conmigo.
– Eso… es, eso es… – giro mi cabeza y veo como tiene su barbilla apoyada
en mi hombro, el pelo se mueve con el viento y quiero besarle tan enormemente.
No. No puedo.
– ¿Recuerdas que te dije que pasaría si tartamudeabas otra vez?
– Tú eres el único culpable, aléjate de mí.
– Di que vendrás.
– No, no voy a dejar que
me cohíbas nunca
más. No quiero ir a ver como luchas.
– Deseas ver como lucho pero te niegas a admitirlo, – besa mi cara y se
aleja – lo tomaré como un sí, leer cada expresión que me trasmites es bastante
fácil.
– Sí, – le miro sonriendo – ¿ves mi cara? Pues no la vas a ver en Nueva
York. Además, ¿cómo pudiste ser tan mentiroso y no decirme que volvías al
deporte? Te odié tanto cuando te vi ahí subido y como todo el mundo deseaba tu
vuelta.
– Nena… lo sien…
– No, – le corto – no me digas que lo sientes porque no es así. Me
ocultaste que volvías al deporte que te ha dado todo y es más que evidente que
es importante para ti. Si no tuviste confianza suficiente como para decírmelo
ahora no tengas cara de pedirme que vaya. No me gusta que juegues conmigo. No
solo sirvo para follar contigo Bastian, soy una persona con sentimientos y
merecía a un novio que confiara en mí
como para confesarme que iba a retomar su vida deportiva. ¿Desde cuándo
lo sabías?
– Joder nena, no…
– No contestes, – le vuelvo a cortar – no voy a ir a ningún lado
contigo. Esa es tu vida no la mía, yo te di cada parte de mí y me lanzaste por
un precipicio.
– Si me dejas explicarme me gustaría que…
– Qué no, que no me hables – miro por la ventana con el ceño fruncido.
Me siento una neandertal cavernícola cuando me irrita de este modo, me duele
que me ocultase que volvía a la lucha.
Zanjo la conversación y él tampoco hace nada por dirigirme la palabra
mientras ambos miramos a través de nuestras respectivas ventanas. Ryan no tarda
mucho en frenar el coche y en salir para coger mi maleta, ya ha oscurecido y
hace frío, y la gente no está en la calle para ser testigos de que Bastian me
deja en casa.
– Nena, – coge mi mano y se acerca a mí – lo supe el mismo día que te
llevé a comer al italiano por primera vez. Me dijeron que había un imbécil que
estaba dejando al deporte por los suelos porque tenían sospechas de que se
dopaba. Yo no quería volver, pero estaba tan feliz de que por fin te había
encontrado que quería formar parte del deporte de nuevo. Solo lo sabíamos mi
equipo y yo, nadie más. Si te lo contaba me llegarías a convencer de que lo
dejara y no quería eso, quería despedirme por todo lo alto y lo estoy haciendo.
Cuando me retiré me dio la sensación de que nadie valoró mi trabajo porque
siempre ganaba y ¿sabes que fue lo peor de todo? Que nadie estaba en casa
esperando por mí. Sin embargo, te conocí y eso me dio más fuerzas para
completarme aún más. No se trataba de ti, se trataba de mí y no quería hacerte
daño, como has dicho, soy muy consciente de que no conoces mi deporte y no te
gusta la violencia.
– Oh Bastian, me haces sentir mal. No me merecía eso, era importante
para ti y me dejaste fuera, me sentí más usada aún.
– ¿Y si te lo decía y te alejabas de mí?, ¿no te das cuenta de que el
Bastian que conociste estaba muerto de miedo por perderte? Si te contaba toda
mi vida, hubieras huido de mí.
– No Bastian. Yo no me enamoré de tu pasado, me enamoré de tu presente,
eso no es excusa. Me traicionaste.
– No volvamos ahora ahí.
– Pero tenemos que volver tantas veces quiera. ¿No te das cuenta de
cuanto me has mentido cada vez que preguntaba por tu obsesión con el gimnasio?
Me dejaste hacer el ridículo y no te importó, decidiste que era lo mejor para
mí sin consultarme.
– Nena, no lo veas así. Ya está, ya pasó, ahora ya lo sabes. Decidí que
era lo mejor para ti, iba a llegar el momento en el que te lo tendría que
confesar, estaba bus…
– Buscando el momento adecuado, – mis ojos se clavan a los suyos y
asiente – si hubiera sabido que me escondías tantas cosas jamás hubiera
empezado una relación contigo.
No digo nada más porque no quiero. Tampoco me apetece seguir escuchando
sus excusas, cierro la puerta del coche y sonrío a Ryan.
– Permítame que le acompañe hasta la puerta.
– No es necesario Ryan, ya lo hago yo. Que pases una buena semana.
– Igualmente señorita.
Le sonrío mostrando mis dientes porque Ryan es amable y le aprecio.
Abro la puerta de casa encontrándome a Rachel colgada del teléfono y
seguramente hablando con Alan. Me alza el dedo gordo hacia arriba y hacia
abajo, decido no preocuparla y subo el mío hacia arriba, le
hago sonreír y me gusta.
Después de colgar el teléfono a su novio se acerca a mí mientras decido
que poner a lavar y que no.
– A juzgar por tu cara, creo que debemos tener una sesión de anime.
– Nunca diría que no al anime, sólo si me haces un vaso de leche.
Mientras vemos la televisión le cuento a mi amiga que ha ocurrido entre
Bastian y yo y se pone a saltar sobre el sofá. Dice que está muy orgullosa de
como he reaccionado y que me doy cuenta de cuando él se está sobrepasando
intentando cautivarme con sus toques. Entre risas escuchamos el timbre de la
puerta, es raro que alguien se presente a las diez de la noche en un domingo.
Rachel sale disparada a abrir la puerta y yo desde el sofá no puedo ver quién
ha venido.
– Vete o llamo a la policía.
– Rachel, ¿va todo bien? – Me preocupo, puede ser un acosador que no sea
Bastian y estemos en serios problemas.
– Nancy, ¿estás ahí? – Una mano empuja la puerta y se deja ver.
La que faltaba.
Ria Evans.
Me levanto del sofá mirándonos la una a la otra. Ahora lleva el pelo de
un color rojo coral que hace resaltar su bronceada piel, viste con unos
pantalones ajustados y un top que no deja mucho a la imaginación. Contonea su
cintura de un lado a otro y me hace ver que hasta en casa de mi amiga cree
tener algún tipo de poder y no se lo voy a consentir.
– Ria, esta casa es de Rachel. Pídele permiso para entrar – me cruzo de
brazos y estamos en plena batalla de miradas, yo en pijama frente a una de las
mujeres que han vuelto loco a Bastian.
– ¿Puedo, Rachel? – Le pide permiso y mi amiga cierra la puerta.
– Sólo si Nancy quiere. ¿Nancy?
Rachel y yo nos retamos y acabo por afirmándole moviendo mi cabeza.
Entiende que debe de dejarnos solas metiéndose en su habitación, si escucha la
sangre correr saldrá en mi auxilio aunque nadie más que yo conoce el deseo que
tengo de recuperar fuerzas para poder golpearla.
Suspiro sin dejar de mirar a Ria.
– Tú dirás – le digo.
– Según cuentan, ya has vuelto a la ciudad.
– Sí.
– Quería asegurarme de que era verdad y no
era otra mentira de esa desgraciada.
– ¿Molly? – Sonrío – según cuentan, ha habido más que palabras entre
vosotras.
– Es una molestia para Bastian y para mí.
– Oh, ¿hay un Bastian y tú? – Me siento en el sofá indicándole que se
acerque y se siente en el otro que queda libre.
– Siempre lo ha habido querida. Así que, – se sienta como las divas –
¿cuáles son tus intenciones? Como comprenderás, has dejado huella en la alta
sociedad y ahora Bastian tiene una nueva vida que…
– Lo sé. Hablo frecuentemente con Bastian.
Esa confesión la deja perpleja por unos segundos.
– ¿Ah sí?
– Sí, de hecho hemos estado juntos en Las Vegas este fin de semana, – le
sonrío – muy amable por tu parte el preocuparte por mí de nuevo, te lo
agradezco.
– Entiendo, en ese caso no me quedará otro remedio que poner mis cartas
sobre la mesa.
– ¿A qué te refieres? Te advierto que no vas a conseguir manipularlo
otra vez, ya no hay nada que me asuste y no voy a dejar que te entrometas.
– Querida, todavía hay algo que va a hacerte llorar mucho.
– ¿Otro club? Creía que El sótano era el más popular, tendré que
preguntárselo – me vengo arriba y no me puedo controlar, voy a hacerla creer
que estamos juntos para marcar lo que es mío, le perdone o no, quiero alejar a
Ria de Bastian para siempre – además, no hay nada que pueda hacerme llorar.
Creo que ya lloré suficiente cuando me lo advertiste.
– Nancy, no sigas por ese camino, no eres una niña para jugar a este
tipo de juegos.
– No me voy a asustar de un club sexual.
– Ese club es diferente, Bastian está obligado a atenderlo y siempre va
a estar por encima de cualquier cosa en su vida.
Me acaba de lanzar una jarra de realidad que ha caído sobre mí. Ella
tiene razón, siempre va a estar ocupándose de su club, de su lucha, de sus
cosas. No quiero dejarme manipular por ella tampoco, tengo que sacar la fuerza
de donde la tenga y el que esté mi amiga con la oreja en la puerta me ayuda.
– ¿Sabes? – Me levanto y me pongo cara a cara con ella agachándome – me
alegro de que tengas el poder de manipularle a él pero no lo vas a conseguir
conmigo. Mírame bien Ria Evans, la próxima vez que me amenaces con que voy a
llorar de nuevo o con que Bastian va a atender a ese estúpido club, seré yo
misma la que le pida a mi amorcito que te estrangule
con sus propias manos. ¿Quieres que te lo demuestre? Vas a ver quién
estará a su lado en el próximo campeonato este martes.
– No puedes ir con él, tiene novia.
Miente. Va a ver pelea de gatas como siga provocándome.
– Yo soy su novia y hará todo lo que le diga.
– Te crees que tienes poder sobre él, ¿no es así? – Se levanta y yo le
llego a la altura de su pecho – no tienes ni idea de lo que Bastian puede hacer
con tan solo un chasquido de mis dedos, ¿no lo crees? Él me follaba en el club
mientras estaba contigo, creía que su vida real era la que estaba arriba, que
le gustaba estar contigo porque eras su luz, pero al fin y al cabo él siempre
volvía a su mundo, a su oscuro mundo donde no hay espacio para ti querida.
Quédate fingiendo que tienes poder sobre él cuando no es así. Dime Nancy,
¿dónde está ahora Bastian?
Se ríe y la quiero pegar pero mi amiga abre la puerta de su habitación
evitando que mi instinto me juegue una mala pasada, lo admita o no, ella me
aplastaría con un solo golpe.
– Ya es suficiente Ria, vete.
– Sí, me iré, – la veo caminar con decisión cuando abre la puerta y se
gira – Nancy, no me caes mal, solo quiero advertirte de que Bastian no es un
hombre para ti. Él puede jugar aquí arriba a todo lo que quiera y fracasará de
nuevo como ya lo hizo en su pasado. Sabe que solo tiene un lugar en el mundo a
donde ir y ese es El Sótano, allí es libre y feliz, él puede ser quien quiera
que sea sin necesidad de tener que fingir que te ama para conseguir un polvo.
– Ria, no sigas con… – replica Rachel.
– Da igual Rachel, deja que diga la última palabra. Si es así,
seguiremos tal y como estábamos, compartiéndole. Yo me lo follaré aquí arriba y
él lo hará allí abajo contigo. ¿Dónde ves el problema?
– ¿Vas a compartirlo conmigo?
– Acabas de tirar por la borda tu propia mentira. No ha follado a nadie
y eso os jode a todas las perras que babeáis por él, – me acerco riéndome – sí,
se exactamente todo lo que ha hecho mi hombre desde que decidimos tomarnos un
descanso en la relación, pero has sido tú sola la que te has descubierto.
– Él y yo tenemos sexo – levanta la barbilla.
– Sí, ¿antes o después de cuando fracasó en la lucha? – Se sorprende con
la boca abierta – ¿qué te crees, que no lo sé todo? Sí Ria Evans, Bastian me ha
contado todo sobre ti y lo que más me hace gracia es que aún babeas porque
quieres follártelo y él te niega. Jaque mate, si Bastian Trumper va a follar a
alguien va a ser a mí.
Me acerco a la puerta empujándola hacia fuera bruscamente, su reacción
al instante es tocar el timbre otra vez. Ahora soy yo la que me quedo con la
última
palabra. Respiro con dificultad esperando a que vuelva a tocar el timbre
pero se oyen desde aquí los tacones resonando en la distancia. Se ha ido.
Doy media vuelta para chocarme con una Rachel con la boca abierta tan
sorprendida como yo lo estoy.
– ¿Cómo has sabido que mentía?
– No sé, Bastian es sincero en muchas cosas pero una de ellas es sobre
las mujeres, él las odia.
– ¿Odia a las mujeres? – Nos sentamos retomando nuestras posturas.
– Sí, tiene como algo en contra de ellas, de ahí ese problema con el
club. No las quiere ni ver, ni oír, ni mucho menos tratar con ellas. Desde que
nos conocimos él no ha mirado a ninguna otra y me creo que no ha hecho nada en
nuestra ruptura. Él no me miente en esto.
– ¿Estás segura? Aunque es un gilipollas no deja de ser el hombre más
atractivo del mundo.
– Estoy cien por cien segura de que Bastian me ha sido fiel y me será
fiel.
Rachel me abraza y damos por finalizada la conversación. Aunque intento
retomar mi distracción con el anime, esta vez no me ayuda y no quiero fastidiar
el momento feliz que está viviendo mí amiga después de haberme visto actuar
como lo he hecho. Tampoco quiero mostrarme como me siento por dentro ya que
estoy hecha un mar de dudas por todo lo que me ha dicho Ria. Hay más secretos y
hay más cosas que Bastian me está escondiendo; no sé si estará en el club, si
estará cenando con alguna mujer o si inventará una nueva mentira para mí. La
visita de Ria es muy sospechosa, ella por supuesto ha venido a marcar
territorio pero se ha llevado una sorpresa conmigo; yo no quería ponerme a su
altura pero me ha obligado a ello. Puede que Bastian me haya hecho creer que no
le gustan las mujeres o tal vez ambos me están manipulando. Necesito averiguar
que está pasando y
urgentemente. No comprendo como he pasado de sentirme feliz por haber
discutido con Bastian a estar consumiéndome los nervios que se agolpan en mi
interior.
La única manera de descubrir toda la farsa de Bastian es acompañándole a
Nueva York, de allí voy a sacar mi respuesta definitiva a nuestra relación y se
lo haré saber.
O todo o nada.
_______________
– ¿Ya has aterrizado?
– El piloto va a aparcar el jet.
– Si no hay nadie no dudes en esperarme en el JFK que voy a por ti.
¿Estás ahí, verdad?
– Rachel, me has preguntado lo mismo en los últimos diez minutos. Hay un
destello en mí que piensa fugazmente en sí debí haberte llamado o no.
– Nancy, ¿cómo te atreves?
– Es broma, sólo que… ems, estoy un poco nerviosa.
– Tranquila cariño, yo voy a estar a tu lado. Es la mejor decisión que
podrías haber tomado, ir allí y despejaros de los recuerdos en Chicago.
– ¿Y si decido que aunque le quiero no puedo estar con él?
– No lo sé, creo que peor de lo que has estado no lo vas a estar de
nuevo. Confía en ti misma.
– Sí, eso haré. Te llamo luego. Besos.
– Vale, cuídate.
Suspiro con desganas ante mi impulso de venir a Nueva York. Bastian
aterrizó aquí cuando me dejó en casa de Rachel el domingo y por lo tanto, Ria
me
mintió cuando me dijo que él estaba en el club. Al día siguiente me
mandó un ramo de flores con una nota que decía que hoy martes me recogería un
coche para llevarme al aeropuerto.
Hemos aterrizado hace unos minutos porque el mal tiempo ha hecho que
tengamos un retraso de dos horas y Bastian no para de llamar al piloto como un
obseso preguntando por el estado del vuelo. Gracias a la azafata he estado
bastante entretenida y hablando con ella a pesar de que tiene órdenes de no
interaccionar conmigo. Al menos no he pensado en él mientras estaba en el aire,
pero algo me decía que mañana cuando regrese a Chicago lo haré sola y sin
Bastian. Siento esa horrible sensación que me consume a pesar de que me
encuentro aquí, decidiendo que hago con el hombre que no va a dejarme en paz.
Desde que Ria se marchó el domingo no he estado en mi mejor momento y no
obstante, se lo he hecho saber a Rachel que ha estado apoyándome en todo. Ayer
vino Alan a cenar y le conté lo que pasa con Bastian, no aprueba lo que hago
pero me respeta,
dice que me he metido en un lío y debo de dar carpetazo al pasado. Hablo
de él en pasado porque lo es, aunque lo sienta como mi presente y quizás como
mi futuro, estoy indecisa sobre qué hacer. Lo único que tengo claro es que voy
a dejar que luche esta noche y mañana solucionaremos nuestra situación. Debemos
hacerlo por nuestro bien.
– Señorita Sullivan, puede desabrocharse el cinturón. Bienvenida a la
ciudad de Nueva York, temperatura de ocho grados, humedad de cincuenta por
ciento y vientos de veinte kilómetros por hora. Disfrute de su estancia en la
ciudad.
La azafata da un aplauso y yo agacho la cabeza. Qué vergüenza. Soy la
única pasajera aquí junto con dos pilotos y Karen. Me despido de ella con un
abrazo y me pongo el abrigo, echo otro vistazo por la ventana viendo cómo está
el tiempo, está lloviendo a mares y voy a mojarme, debí haberle hecho caso a
Rachel sobre coger un paraguas cuando miró por internet que iba a llover. Cojo
mi mochila a pesar de que Karen me dice que la llevará hasta el coche que
está esperando, me despido de los pilotos y salgo afuera cuando un
hombre se coloca a mi lado.
– Señorita Sullivan, bienvenida a Nueva York, soy su chofer y le llevaré
hasta el pabellón de deportes. Si me permite, le llevo su equipaje.
– Gracias, no importa, sólo es una mochila.
– Por favor, me sentiría más feliz si me dejara hacer mi trabajo.
Le doy mi mochila mientras el viento azota la lluvia sobre mi cuerpo,
bajo las escaleras junto a este hombre y me mete dentro de un coche.
El viaje es bastante largo o así me lo parece, pero es que no puedo ver
la ciudad de Nueva York con los cristales empapados de la lluvia. Estoy mirando
al frente donde el conductor sortea muy bien el tráfico acumulado en las
calles.
Cuando era pequeña recuerdo que vine con el
instituto y desde entonces no he viajado a ningún otro lugar a excepción
de Las Vegas, en unos días he visitado más Estados que en toda mi vida; aunque
este viaje será el más importante. Mientras el coche avanza le envio un mensaje
a mi madre para avisarle de que he llegado sana y salva ya que ella es la única
que sabe el motivo por el cual estoy aquí, mi padre moriría si le dijera que
vuelvo a ver a Bastian.
El coche se para frente a un lugar que discrepo en ver desde la ventana.
Esto parece un pabellón aunque no tengo conocimiento de si es el oficial o el
de entrenamiento. Hay dos hombres que intercambian palabras y uno de ellos
tiene un brazo sobre la puerta para abrírmela pero no lo hace. Me estoy
poniendo nerviosa porque no he hablado con Bastian desde el domingo por la
noche y tengo miedo. Miedo a sentirle de nuevo y no dejarle escapar.
Finalmente dos hombres me acompañan al pabellón como si fuera a perderme
ya que me siento bastante custodiada. Antes hablaban de dejar mi mochila en el
maletero del coche y dado que no tengo
mucho dentro excepto el pijama y un jersey, he confiado en dejarla ahí.
Lo primero que veo una vez dentro es la magnitud y grandeza de este
lugar. La recepción es amplia y hay gente trajeada con tarjetas identificativas
que cuelgan de sus cuellos o sobre su ropa. Dos hombres hablan con otros dos y
mientras les ignoro, regreso mi mirada al exterior ya que el tiempo es horrible
a pesar de que solo es mediodía.
– Señorita Sullivan, permítame mostrarle su identificación, – uno de los
hombres me da una tarjeta con mi nombre y la palabra “autorizada” – llévela
consigo en todo momento, somos trescientos trabajadores en este lugar y no
todos conocemos a los invitados.
– Gracias, no se preocupe.
Le hago feliz colgándomela del cuello. Llevo en mi mano el abrigo blanco
que Rachel me ha dejado, mis converse y vaqueros negros han sido la mejor
opción para un día lluvioso. Aunque el color de mi jersey de cuello
vuelto ha sido a propósito, celeste, el color favorito de Bastian.
– Permíteme cogerle el abrigo y el bolso, los depositaré en el camerino
del Señor Trumper para que…
– No se preocupe, bueno, lleve el abrigo si quiere pero yo llevo el
bolso. Ya sabe… ems… cosas de chicas.
El hombre asiente mientras le doy el abrigo. Gracias a que mi bolso es
cruzado y llevo lo justo para que no pese, pero no voy a confiar mis cosas a un
desconocido por mucho que quiera llevarlo al camerino de Bastian. Oh Dios,
Bastian tiene un camerino.
Soy conducida a través de grandes pasillos por tres hombres que no se
separan de mí, están en comunicación constante con alguien a través de un cable
que les nace del cuello de sus camisetas. Me siento un poco mareada de tanto
caminar, pero sé que
me están llevando a Bastian que será mi cura, ¿en serio, estoy en este
punto de nuevo? Respiro hondo y se me corta la respiración cuando veo a Ryan
custodiando una puerta. Nos acercamos a él que mantiene una pose muy
profesional sabiendo quién está ahí adentro.
– Ryan – sonrío pero él no lo hace porque les dice algo en clave a esos
hombres y se marchan.
– Señorita Sullivan, espero que haya tenido un vuelo a su gusto. El
tiempo no ha acompañado hoy.
– Sí, ha llovido un poco y no nos dejaban aterrizar en el JFK pero
después de dar algunas vueltas de más, estoy aquí.
– Me alegro Señorita Sullivan.
– Ems... ¿recuerdas cuando te dije que prefería que me llamaras Nancy?
– Lo siento Señorita Sullivan, pero me temo que
no puedo permitirme el placer de llamarle por su nombre de pila.
– ¡Nancy Sullivan! – Giro mi cabeza hacia alguien que hace un año que no
veo.
– Matthew, ¿cómo estás?
– Diablos, que ganas tenía de verte – me da un abrazo tan fuerte que
hace gruñir hasta Ryan, parece ser que es verdad que él son los ojos de Bastian
– no sabía que ibas a venir, malditamente Bastian no me ha dicho que ibas a
venir. Entremos y le diré el error tan terrible que ha cometido.
Abre la puerta sin dejarme asimilar que voy a ver a Bastian cuando mis
ojos hacen contacto con los suyos. Mi vientre empieza a temblar, oh no, ¿de
nuevo estos sentimientos? Las mariposas ya vuelan en mi interior haciendo que
me tambalee y no por la debilidad que aún padezco, sino porque tengo delante de
mí al hombre que me robó el corazón y aún no me lo ha devuelto. Bastian está
tumbado en una camilla
recibiendo un masaje en una de sus piernas, el hombre está regañando con
él porque se ha levantado y no deja de estudiarme con la mirada.
– Nancy – susurra y es la palabra más erótica que he escuchado en toda
mi vida. Vale, puede que mis sentimientos estén un poco sensibles pero cada
palabra formada por esos labios está hecha para hacerme volar.
– ¡Maldito bastardo! ¿Cómo se te había olvidado decirme que venía Nancy?
– Le golpea en el hombro y yo me río mirando al suelo mientras avanzo en el
interior.
Matthew es un ex luchador jubilado parte del equipo de Bastian, le
conocí el año pasado y es un ser entrañable. Siempre actúa como un malhumorado
porque no le gusta cómo están luchando los jóvenes de hoy en día. Una vez
fuimos a cenar a su casa y hasta su mujer le regañaba cariñosamente intentando
evitar el tema de la noche para que tuviéramos una bonita velada. Sin embargo,
sé que me aprecia mucho, al
igual que el resto de los hombres que le acompañan y que no están aquí.
Noto como Ryan cierra la puerta y se queda afuera. Mientras, estoy
embobada porque Bastian no deja de evaluarme y al parecer el masajista tampoco,
no le conozco.
Mi neandertal decide hacer lo mismo que yo y olvidarnos de que hay dos
personas en esta habitación para acercarnos más. Por fin consigue avanzar hacia
mí para besar la comisura de mis labios.
– ¿Has tenido un buen vuelo?
– Sí, ems… gracias por el jet.
– No, gracias a ti por venir – coge mi mano haciendo que mis rodillas se
doblen. Lleva puesta una sudadera gris sin camiseta ya que puedo ver su piel
¡Qué alguien me abanique! Sus pantalones rojos le llegan por las rodillas y
ahora estamos viviendo uno de esos momentos que hacemos nuestros.
– ¡MALDITAMENTE NO! – Matthew grita alertándonos. Bastian sonríe y me
alegro de que esté feliz. Yo también lo estoy.
– ¿Qué ocurre ahora Matthew, no te ha servido de nada los dos litros de
té que te bebes antes de almorzar?
– Bastian, no me jodas más. La respuesta es no
– me señala a mí también, él no suelta mi mano ya que tenemos nuestros
dedos entrelazados.
– ¿No? – Ingenua de mí preguntando ante el ataque de furia que le ha
dado a Matthew.
– No habrá sexo antes de la lucha.
Nos señala con el dedo índice sin duda haciendo que Bastian empiece a
reír a carcajadas, mientras, yo me escondo detrás de su espalda para ocultarme
de la vergüenza. Él no… él no ha dicho eso en voz alta.
– Tranquilo Matthew que si lo hay tampoco lo sabrás – Bastian suelta mi
mano y da un golpe en el hombro a un irritable hombre que no deja de
intimidarnos con su mirada.
– Os lo prohíbo Bastian y Nancy, no tendréis sexo. Ahora lo único que
importa es mandar a ese hijo de puta al infierno. Trumper, al trabajo. Y tú, –
me señala – acompáñame.
– Ni por todo el jodido oro del mundo te vas a llevar a Nancy de mi
lado. Vete a desfogarte un rato por el pabellón y cuida de que todo esté bien.
– Bastian no puedes desviarte del…
– Tranquilo que ahora tengo a mi ángel aquí, nada va a ir mal.
Bastian me sonríe guiñándome un ojo y se vuelve a tumbar poniendo la
pierna al masajista. Cuando está colocado me indica con la mano que me acerque.
Matthew sale enfadado de la habitación pero
no es nada nuevo, le aprecio mucho y a su mujer, me encantaría poder
hablar con ellos de nuevo cuando pase esta noche.
Él no me quita ojo de encima y hace que me ruborice, quiero decirle
tantas cosas, que estoy enfadada, que no le perdono, que estoy dolida… pero
también quiero decirle que está guapísimo, que me muero por estar con él y que
cruzaría de nuevo el país con tal de verle luchar si él me lo pidiera. Consigo
dar los pasos que me separan de él y llego a su lado que me recibe rodeándome
el trasero con su brazo.
– Parece que sigue en su línea.
– Sí, ese viejo cascarrabias no aprenderá – me mira y hace que yo
también, ¿por qué me siento tan estúpida cuando estoy con él? – ¿Te has
asustado en el jet? Ha habido una buena tormenta.
– La verdad es que no, el piloto nos ha informado a Karen y a mí de los
problemas meteorológicos.
– ¿Karen?
– La azafata.
– ¿Te ha hablado? – Frunce el ceño y me da por reír, como si pudiera
controlar a todo el mundo que me rodea.
– Por supuesto, y cuando veníamos de Las Vegas también. No puedes hacer
eso Bastian, tienes que dejar a las personas que hablen si quieren.
– Pueden hablar, pero no a ti.
Gruñe y me separo de él para tomar un poco de aire, el tener su brazo
casi por debajo de mis glúteos hace que quiera hacer de todo menos discutir.
Mientras espero a que termine repaso esta triste habitación donde las
paredes son de ladrillo blanco y el suelo gris, hay solo una camilla usada por
Bastian y un pequeño sofá donde hay una mochila con cosas que el
masajista utiliza, el resto es bastante aburrido.
Tengo un nudo en el estómago por todo lo que va a acontecer esta noche y
mañana, sé que he venido a tener una discusión con Bastian y a hablarle
seriamente de todo nuestro futuro. Tanto si estamos juntos o separados, quiero
poner punto y final a mi tristeza y me temo que de este viaje tengo que sacar
la conclusión definitiva.
De repente la sombra de Bastian se acerca y no me he dado cuenta de que
estaba sentada en el sofá mirando al suelo, tiene su mano extendida hacía mí.
– ¿Qué?
– Ven conmigo nena, te enseñaré esto.
– Oh… ¿no tienes que…? – Miro al masajista.
– Ya he terminado.
Sin dudarlo, él se agacha para levantarme por la
cintura y ponerme en pie, cruzo mi bolso para que quede a un lado y me
dejo guiar por su mano que agarra fuerte la mía. Salimos de la habitación y el
nuevo soplo de aire frio vuelve a ponerme en mi estado actual. Ryan no nos
sigue mientras avanzamos por el pasillo de la izquierda que es del mismo color
que la habitación; paredes blancas de ladrillo y suelos grises, bastante
monótono para un lugar como este. Bastian pasea de mi mano orgulloso y yo
tampoco hago mucho por soltarme porque no me molesta. Le sigo y le seguiría al
fin del mundo si se diera la situación, pero ahora mismo no estamos en ese
punto, no ahora.
Nos cruzamos con muchas personas que llevan las tarjetas identificativas
al igual que yo, nadie mira a Bastian pero sí se fijan en nuestras manos
entrelazadas y como se aferra a mis dedos para marcarme como suya delante de
toda esta gente. Cuando pienso que estamos dando vueltas en círculos otro soplo
de aire, está vez más frío, nos recibe llevándome al corazón del pabellón donde
se va a celebrar el combate.
– Vaya – susurro soltando su mano.
Esto no es un pabellón o un estadio, aquí, aquí caben muchas personas.
Estoy impactada porque hay asientos que se esconden desde el suelo hasta el
techo y donde pierdo la vista de ellos. En el centro hay un gran cuadrilátero
con lonas que lo cubren, ¿se dedica al boxeo? Mi boca se entreabre por la
sensación que debe de sentir Bastian cuando está ahí arriba, luchando y
pegándose mientras el público grita su nombre. Siento que mis piernas se van a
desplomar por la bajada de tensión cuando sus brazos rodean mi cintura, echaba
tanto de menos que hiciera esto.
– Aquí lucharé esta noche, ¿te gusta?
– Yo… ems… esto, esto es muy grande.
– Ciento diez mil personas. Se vendieron todas las entradas en cinco
días.
– ¿En serio? – Me giro soltándome de su agarre, voy a morir de un ataque
de ansiedad – ¿todo… todo esto va a llenarse?
– Sí, todo esto. Es el gran combate por el campeonato de la Liga Este,
ya te lo dije. Solo puede haber un ganador y estás frente a él.
– Pero, ya eres campeón del mundo ¿no?
– Lo soy, pero Estados Unidos es el país por excelencia de este deporte
y los campeonatos de la Liga Este y Oeste son más importantes que incluso el
mundial. Sobre todo para los luchadores nativos.
– ¿Y el Oeste?
– Lo gané en Los Angeles hace tres meses.
– Oh, no… no lo sabía.
– Vamos, te enseñaré el resto.
Vuelve a alzarme el brazo y no dudo en agarrarme a su mano ya que le
necesito para que me equilibre, es increíblemente un estadio gigante o como
se llame esto. Cuando me dijeron que era un luchador pensé que sería un
deporte de categoría inferior al boxeo, pero… esto… esto es muy grande. Lo que
hay aquí sobrepasa mis expectativas y ahora voy a entender por qué es tan
importante para Bastian.
Volvemos a través de los pasillos pero está vez tomamos rutas
diferentes, y al primer lugar donde me lleva es a la cocina. Vemos a gente
detrás de un pequeño mostrador cocinando y algunas de las mesas con sillas
ocupadas por hombres, todos se quedan impactados cuando nos ven llegar.
– Señor Trumper – asiente un hombre con un gorro de cocina.
– Leo, permíteme presentarte a Nancy, – Bastian suelta mi mano para
ponerme delante de él – ella va a ser tu chica favorita, come mucho más que yo.
– Señorita, – asiente la cabeza porque sé que ha recibido órdenes de no
tocarme – un gusto conocerla.
– Igualmente.
– Él se encarga de alimentarme como es debido
– Bastian pone su brazo sobre mi hombro y él no sabe todo lo que me está
provocando. Ni yo misma lo sé.
– Sí, ya sabes que no me gustan esos batidos prefabricados que te sueles
meter.
– Oh, Nancy tampoco es amiga de ellos.
– Ella me gusta – me guiña un ojo.
– ¿Qué hay de menú?
– Para ti lo mismo de siempre, no quiero a Matthew tocándome los cojo… –
me mira y vuelve a mirar a Bastian – proteínas y algunos hidratos.
– Prepara algo para Nancy, algo que lleve carne, que esté grasiento y
que se pueda freír con aceite.
– Bastian yo…
– Cariño, es una decisión irrevocable – me guiña un ojo.
– Sí, tienes razón Trumper, ella me gusta, por fin puedo cocinar comida
de verdad.
El hombre se toca la gran barriga que le sobresale de su cuerpo y nos
vamos riéndonos. Seguimos nuestro camino y me enseña algunas otros apartados
donde se encuentra el personal, su seguridad privada, el gimnasio, el salón del
spa como él lo llama y una última habitación que denomina como “el estudio
final del rival” donde se encierra con Matthew para valorar a su oponente y
prepararse el combate.
Nos reímos mientras seguimos por el pabellón hasta que llegamos a un
pasillo donde hay un cartel que se lee “prohibido el paso”, Bastian gruñe y le
miro extrañada.
– Ahí está mi rival esta noche.
– Oh… ¿tiene lo mismo que tú?
– Supongo, nos dividen en dos partes y él también tendrá sus requisitos.
– ¿Tú siempre pides esto?
– Sí, más o menos. Cuando era más joven era más exigente y pedía un tipo
de agua o que les prohibieran el paso a determinadas personas. Desde luego,
antes no hubiera permitido que nadie estuviera rondando mi lugar, me ponía
nervioso.
– ¿Por qué?
– Porque cada combate era un reto para mí, era una prueba frente a la
sociedad, sí te ha impactado este lugar y la capacidad de personas imagínate
esto día a día. La gente pagaba para verme ganar y yo me volvía más exigente
también. Algún día te contaré mis vivencias como luchador. Vamos, te voy a
llevar a mi
camerino.
– ¿Algo que me vaya a sorprender? – Le sigo andando sin soltarme de su
mano.
Tras haber visto a Ryan que nos ha dado paso, entramos a una puerta
alejada del resto. Hemos recorrido un último pasillo que se iba haciendo más
oscuro hasta plantarnos aquí, delante de la puerta blanca con el número 483
inscrito en ella. Le miro y me niega con la cabeza, apuntaré esto en mi nota
mental para recordárselo luego, creo que ahora no es el momento de indagar en
nada que le haga poder distraerse de esta noche.
Al abrir la puerta me encuentro con un lugar bastante tranquilo, la
primera impresión que me da es paz y relajación. El lugar es iluminado con
paredes blancas en las que cuelgan algunos cuadros, hay tres sofás de cuero
blanco también y una mesa negra de cristal en frente. Los sacos están a un lado
de la habitación junto a una mesa con bebidas y algunas frutas cortadas. Oh,
¿chocolatinas? Me giro hacia él.
– Lo pedí para ti.
Le sonrío mientras me quito el bolso y lo dejo sobre uno de los sofás
cuando me percato de que hay una fila de mesas con espejos sobre ellas, luces
de bombillas que nacen de esos cristales y uno en especial que destaca entre
todos. Me acerco mirando la figura de Bastian que no se aleja, no puede ser, no
puede hacerme esto.
– Bastian – susurro.
– Eso no lo he pedido para ti, eso viene conmigo.
Hay fotos nuestras impregnadas por todos lados desde el espejo que lo
cubre hasta la mesa, deslizo un dedo por nuestras fotos pero no puedo tocarlas.
Le miro a través del espejo y no sonríe, yo tampoco. Nuestros recuerdos como
pareja están aquí, desde la primera foto que nos echó Novak en mi primera
subasta, hasta la última poco antes de convertirse en
un ogro para mí. Hay recortes míos de prensa con títulos como “la mujer
que ha robado el corazón a Bastian Trumper” o “la nueva sensación del año se ha
colado entre las mujeres más sexys del planeta”. Trago saliva reviendo nuestro
pasado, como sonreíamos y éramos felices; sobre todo, como vivía en un mundo
desconocido y como era tan ingenua al creerme que todo era verdad.
Me pierdo en mis memorias soportando el golpe de realidad que me acaba
de dar Bastian, quisiera advertirle el motivo real de mi viaje pero no voy a
ser tan mala de hacerlo antes de su lucha. Así que intento sonreír y le hago
saber que no me importa.
– ¿Mujer más sexy del planeta? Sin dudarlo no me han visto recién
levantada.
– Ni lo harán – dice severo, se intenta acercar a mí pero me alejo
mirando el resto de la habitación.
– Muy bonito el lugar y bastante grande, aunque, ¿no te acompañaban más
personas?
– Sí, están en el otro lado preparando la rueda de prensa.
– Oh… ¿a qué hora luchas?
– A las ocho. A las cinco es la rueda de prensa. Me acompañarás.
– Bastian yo…
– Nancy, no es algo discutible – me sonríe y se sienta en el sofá, me
indica que me siente y lo hago en el otro, bien lejos de él – ahora
almorzaremos, si quieres descansar puedes hacerlo aquí, luego entrenaré hasta
la rueda de prensa y regresaré al gimnasio. Te quiero a mi lado en todo
momento.
– Yo… no es necesario, puedo esperarte en…
– No lo harás. Quiero que vivas esto desde dentro y la mejor manera de
hacerlo es a mi lado.
– Pero yo no… no he venido a…
– Lo sé, hay algo en ti que me está diciendo que no has venido a verme
luchar precisamente, pero quiero hacerte participe de esto. He vivido de esta
rutina durante años.
– Ah, bueno – bajo la mirada, me intimida.
Tocan a la puerta y Bastian abre recibiendo a un hombre que nos deja la
comida en un carro con ruedas, no le da las gracias pero le digo que le dé una
chocolatina al menos. Tras haberle despedido como un insensato vuelve a abrir
la puerta y va en busca del hombre para darle un poco de chocolate. Este
neandertal no cambiará, ¡que borde!
Bastian me ha obligado a comerme todo, la verdad es que estaba
hambrienta pero no podía decirle que no a un plato de patatas fritas con huevo
y filete. Él ha comido un poco de arroz, ensalada y una fruta junto con un
líquido que no ha tardado en tragar. Dice que es para el mantenimiento de los
músculos y que no
le provoque ninguna lesión. Durante el almuerzo me ha estado hablando
sobre su pasado en la lucha, yo escuchaba intrigada mientras él me partía más
pan y lo ponía en mi plato. Me ha gustado sentir la vibración de su voz en mis
oídos y aún estoy tensa por esto.
Cuando acabamos de almorzar golpea uno de los sacos sin parar de
hablarme ya que también le hago preguntas con respuestas que me llevan a lo
mismo, a una rutina en el deporte de la que no se desprendió hasta que dejó la
lucha. Me ha contado como se trabaja de puertas hacia dentro, la gente solo ve
a dos piezas de cuerpos pegándose entre sí, pero nada más lejos de la realidad
ya que muchas personas depende de los sueldos que se ganan en esta profesión.
Cada vez que escucho su voz ronca hace que quiera lanzarme a sus brazos y
besarle hasta morir, le necesito, le deseo y le amo; pero algo en mi interior
me dice que debería tomarme las cosas con calma e ir zanjando temas si es que
llegamos a arreglar lo nuestro.
Creo que acaba de pasar una prueba importante
al contarme todo sobre su vida deportiva, no se ha extendido mucho más
allá de lo profesional y se lo he agradecido porque mis preguntas serían un
poco complicadas para que me las respondiera ahora mismo. Sí, quiero saber si
es verdad si los deportistas tienen a las putas esperando en el vestuario o
algo así. Sí, ahora mismo mi única curiosidad son las mujeres en su vida. Soy
celosa. No lo niego.
Después del almuerzo Bastian me ha llevado al gimnasio, mientras él se
entrenaba yo he estado hablando con los chicos del equipo; siempre bajo su
supervisión y frente a él ya que necesita controlarlo todo y yo ya me he
acostumbrado a ello. La rueda de prensa ha pasado tan solo unos minutos y es
que el momento se acerca, me estoy poniendo muy nerviosa. No quiero que Bastian
reciba ningún golpe y ni mucho menos que le hagan daño.
Bastian está encerrado con Matthew, al principio se ha negado a dejarme
sola, pero le hemos convencido diciéndole que iba a cenar algo. En la sala de
la cocina he fingido comer algo de pasta para que le
certifiquen que he estado haciéndolo, pero en realidad la he masticado y
tragado sin cesar porque no me encuentro bien por el combate. Menos mal que he
hablado con dos hombres que me han distraído enseñándome fotos de sus hijos.
Me he venido al camerino de Bastian seguida por mi seguridad que me
acompaña. Quiero coger el abrigo ya que no sé si tendré frío o calor ahí
afuera. El momento se acerca.
Aprovecho para enviar un mensaje a Rachel y a mi madre, guardo el móvil
en mi bolso que me pongo de nuevo y escucho como la puerta se abre. Levanto la
mirada y veo a un Bastian realmente cambiado, huele a limpio, a ducha, a vida
de nuevo. Hace que no aparte mis ojos de los suyos que evalúan cada reacción
cuando nos vemos; él sabe lo que me provoca y yo también lo sé. Viste con un
pantalón de deporte con el nombre Trumper bordado y el número 829. De sus
hombros le cuelga una bata del mismo color que el pantalón rojo y negro, no la
lleva abrochada del todo y tampoco se ha puesto una camiseta. Ya está listo
para
luchar.
Él viene hacia mí con una sonrisa después de haber cerrado la puerta. Se
reajusta la bata agradecida de que lo haga, le prometo a Dios que rezaré todas
las noches porque no sé qué hubiera pasado si su bata se desabrocha del todo y
queda desnudo aquí mismo. Antes, cuando estábamos en el gimnasio he tenido que
sentarme para no marearme cuando le he visto de cerca; sus músculos, sus
tatuajes, su cuerpo, ¡diablos! Le deseo y sabe lo que me provoca. Es tan grande
y tan varonil, todo lo que busco en un hombre. Mi fiera. Mi león.
– Creí que te habías ido.
– Bueno, está lloviendo y aprecio demasiado el jet para viajar en un
vuelo normal – me río de mi misma con la risa más falsa que encuentro en mi
interior. No puedo, ahora no puedo.
– Ven aquí nena.
– No.
– Por favor.
Empiezo a respirar entrecortadamente y le regaño mentalmente por todo lo
que me está haciendo, no quiero que me manipule pero realmente quiero ir a él y
lanzarme a sus brazos. Avanzo los pocos pasos que me separan llegando hasta él
que me recibe con los brazos en alto, yo me dejo encajar entre ambos apoyando
mi cabeza sobre su pecho con los ojos cerrados. Ahora es uno de esos momentos
en los que quiero desaparecer del mundo, olvidarme de que alguna vez fuimos
pareja y vivir de nuevo todas esas sensaciones que nos provocamos cuando
estamos juntos. Le necesito, necesito a este hombre en mi vida. Rodeo mis
brazos por su cintura e intentando reprimir las lágrimas que no quiero que vean
la luz.
¿Por qué me hizo daño?
No puedo evitar llorar y lo hago lentamente absorbiendo en silencio los
mocos que bajan por mí
nariz. Él en respuesta me abraza aún más calmándome, sus labios se posan
en mi cabeza y luego sube sus manos hasta ambos lados de mi cara. Mis ojos le
miran y los cierro para que no vea la tristeza que aún padezco. Después de
darme un beso más largo de lo normal en la frente y sentir que su corazón está
a punto de estallar, hago lo que nunca creí que iba
hacer.
Gruñir.
Bastian estalla en risas sin soltarme mientras yo intento alejarme
aunque no me deja.
– No te rías de mí bobo.
– ¿Qué ha
sido eso? –
Vuelve a besar
mi
frente.
– Es tu culpa, ahora soy una leona.
– Eres mi leona, – frunce el ceño – siempre me has dicho que soy como un
león y tú eres mi leona.
– Bastian, estoy muy lejos de ser una leona.
– Eso no es lo que me acabas de demostrar.
Vuelve a besar mi frente conduciéndonos al sofá, se sienta suspirando y
me obliga a ponerme sobre una de sus piernas. Con ambas manos acaricio una de
las suyas dejándome llevar por el momento de analizar estos dedos tan
varoniles, siento el agarre de su otra mano sobre mi cintura en señal de que me
aprieta fuerte contra él. Aspiro otra vez mis mocos, sé lo ridícula que debo
mostrarme pero él me afecta en todos los sentidos y no puedo evitar deshacerme
de las lágrimas que voy a llorar para el resto de mi vida. Bastian me mira
evaluándome y yo no quiero sacar una conversación profunda, ya que he aguantado
todo el día sin hacer ningún movimiento no lo voy a hacer ahora.
– ¿Por qué el número 829?, ¿es el número de veces que has ganado o algo?
– Posa su mirada en su pantalón.
– Es el día que te conocí.
– ¿El mes tiene más días y nadie me lo ha dicho? – Intento bromear,
necesito evadirme de todo nuestro pasado y no caer en las lágrimas de nuevo.
– El ocho es por el mes, y el veintinueve el día.
Recuerdo perfectamente ese día, quiere tocar una fibra sensible en mi
interior y no le voy a dejar. A pesar de que el uno de septiembre empezó todo,
nunca voy a olvidar que le conocí tres días antes en un Centro Psiquiátrico.
Día que jamás olvidaré y al parecer, él tampoco.
Le sonrío y él hace lo mismo.
– Vaya, sí que te acuerdas – no, no vayas por ahí Nancy – ¿cuándo sales
ahí afuera?
– En diez minutos.
– ¡Oh Dios mío!, ¿ya son las ocho?
– Menos veinte, – me sonríe – vas a estar ahí afuera.
– No, no, ya te he dicho en el almuerzo que yo te espero aquí. No me
hagas ver cómo te pegan.
– Nena, ¿dudas de que dejaré que ese hijo de puta me dé un solo golpe?
Él no lo hará.
– Claro que te pegará, lo mismo que tú a él. No sé cómo me voy a sentir
sobre eso.
– Nena, no recibiré ningún golpe. Le dejaré que crea que puede hacerlo,
incluso a lo mejor me rebajo para darle morbo a la pelea, pero no me batirá. Le
gané en Los Angeles y en tantas ciudades que ya he perdido la cuenta, este
combate no va a ser diferente.
– ¿Y qué pasa si te distraes conmigo? Yo prefiero esperarte aquí, lo
veré en la televisión. Los chicos de cocina me han dicho que lo darán en el
canal
nacional.
– Quiero que estés afuera conmigo nena. Quiero que vivas lo mismo que
yo, por fin voy a tener a mi ángel de Crest Hill a mi lado y no hay nada en el
mundo que desee más que tenerte junto a mí. Aquí, viviendo conmigo esta noche.
No te voy a pedir ni una más si no quieres, pero te quiero ahí afuera conmigo.
– Yo…
Tocan a la puerta y Matthew nos interrumpe.
– Trumper, afuera en treinta segundos – cierra la puerta.
Bastian me arrastra con él hasta levantarnos, vuelve a abrazarme y ahora
tengo la sensación de que es él quien tiene los ojos cerrados reprimiendo las
lágrimas que le azotan. Mis manos rodean su cintura y le aprieto fuerte para
que sepa que haré lo que me pida. Si me quiere afuera estaré a pesar de que va
en contra de mi humanidad ver la violencia generada por
un deporte, no lo soporto pero lo haré por él, haré todo lo que me pida
porque… porque soy suya y nunca he sido de nadie más.
CAPÍTULO 9
– ¿Puedes…? Por favor… solo… ems, ¿puedes parar de reír?
– No puedo Nancy, no puedo. Vamos a ver, recapitulación de los hechos.
El gilipollas te invita a que vayas a su combate y te... – estalla en risas de
nuevo
– ¿te sienta en un sillón de cuero gigante solo para ti?
Niego con mi mano sobre la boca para no reírme también, pero ganas no me
faltan. Bastian ha mandado que me sienten en un sillón grande de cuero
negro en frente del cuadrilátero, sí, soy la única sentada en el mejor
lugar del pabellón. He renegado mucho por esto con Ryan que me ha acompañado
hasta aquí hace tan solo unos minutos. Los jueces están en el otro lado pero yo
soy la única que tiene este privilegio y estoy cien por cien avergonzada. Acabo
de llamar a Rachel para contárselo y no ha parado de reírse.
– Ya vale Rachel. Esto es bastante humillante.
– Dime la verdad, ¿te has comprado su camiseta? Vamos, es un clásico,
una camiseta con su cara.
Mi amiga no cesa en sus risas y no es por mí, se ríe de Bastian y su
obsesión por mi bienestar allá donde vayamos. Me siento diferente porque mi
asiento es el más alto y ya estoy escuchando comentarios sobre si soy una VIP o
alguien famoso. A dos asientos de mí hay una mujer a mi derecha y un hombre a
mi izquierda, pero yo miro al frente, ¡diablos! Ni siquiera me llegan los pies
al suelo. Soy todo un poema ahora
mismo.
– Rachel, esto… esto es serio. Yo… yo estoy… oh Dios, estoy mal.
– Disfrútalo cariño. No es tan malo del todo y si Bastian te ha
prometido que no se dejará golpear confía en él. Aunque lo dudo.
El público se impacienta y las luces se van a apagar en unos minutos,
decido despedirme de mi amiga y me anima a que disfrute. Eso haré.
Miro hacia arriba porque esto no tiene fin ya que solo se aprecia desde
aquí abajo las luces de neón en la última fila, supongo que la gente también
estará viendo el combate en lo alto del pabellón. Hay cuatro pantallas encima
del cuadrilátero con imágenes de los deportistas luchando y a veces ponen una
paronímica de la gente. Ryan me ha dicho que el equipo de Bastian está en la
derecha, lo tengo en mi punto de vista pero no hay nadie todavía. Las mujeres
gritan el nombre de Trumper a todo pulmón, muy pocas el
nombre de Slate y todo el público se impacienta por ver el combate.
Bastian me ha explicado los tiempos y mi único interés ahora mismo es… no… no
puede ser, no… no, que no venga hacia mí.
– Aquí tiene Señorita Sullivan, si desea algo más le haré traer lo que
guste.
– Ryan, ocúpate de… de él, no quiero que…
– Lo siento, son órdenes.
Ryan me acaba de dejar una bandeja con patatas fritas y un refresco.
Bastian sabe que me pasaría la vida comiendo esto, es mi comida favorita y ha
tenido un gesto amable al acordarse. No. No puedo pensar ahora en las cosas que
hace bien. Después de ridiculizarme un poco más, Ryan se va y oigo como la
gente alrededor especula sobre mí; algunas personas han acertado como que soy
la novia de Bastian, pero otras dicen que soy la hija del alcalde. Decido
respirar hondo y sobrellevar esta situación lo mejor que sé, estar sentada aquí
no está tan mal del todo si hubiera
más sillones, pero no, Bastian una vez más tenía que hacerme destacar
del resto de la gente.
De repente las luces se apagan y mi corazón empieza a palpitar.
– Por favor. Rezaré todas las noches de mi vida, pero que no le pase
nada malo a Bastian.
– Aaaaaaaaahhhhhh – una mujer lanza sus palomitas gritando a todo pulmón
– ¡veo a Bastian, lo veo, lo veo, allí detrás de las cortinas!
La gente empieza a gritar y la multitud se acompañan unos a otros, el
estadio corea el nombre de Bastian y apenas son audibles los aullidos hacia su
contrincante.
– ¡Te amo Bastian, hazme un hijo!
No dudo en sobresalir de mi sillón para mirarla fijamente. Por favor
señora, cálmese. Bufo suspirando e impaciente por lo que va a pasar a partir de
ahora, ha
conseguido que quiera morir de nervios, tengo un nudo en el estómago y
estoy deseando que empiece esta tortura ya. Quiero llevármelo para mi sola y
ser… miro hacia atrás de nuevo, ser a mí a quién le haga un hijo.
No. No. Bastian y yo no somos pareja.
Un hombre prueba el micrófono y la gente grita aún más fuerte.
– Señoras y señores, niños y ancianos, mujeres y no mujeres, tú, yo,
animales, especies… ha llegado el día. El día más esperado para el mundo
entero, el campeonato que le dará la victoria a uno de los dos luchadores que
se enfrentarán esta noche. Vamos a dar un gran aplauso a estos deportistas que
se han partido la espalda por llegar a la final de la Liga Este, ahora sí… los
veo, los veo, – el del micrófono sube el volumen de la música para volverlo a
bajar y la gente no para de gritar – ya están listos y no vamos a esperar más.
¿Queréis que empiece la lucha?
– Sííííí – la gente dice al unísono.
– No os he escuchado. ¡¿QUEREIS QUE JODIDAMENTE EMPIECE LA LUCHA?!
– SÍÍÍÍÍÍ.
Esta vez tengo que poner ambas palmas de mis manos para no quedarme
sorda, tengo un subidón de adrenalina y no sé si es bueno para mí. Siento
vibrar el nombre de Bastian en mis entrañas, la gente le espera, el mundo está
a sus pies y yo me muero de ganas por verle. Hoy no me ha besado y no he
pensado en otra cosa desde que lo he visto.
– Entonces, ¡preparados, listos… YA!
Suena un fuerte estruendo que hace apagar las luces completamente, el
estadio está a oscuras y no se oye otra cosa que no sean las suplicas para que
salgan los luchadores.
– ¡Bastian, que salga Bastian! – Una mujer grita cerca de mí.
La música suena y una luz se enfoca en el lado izquierdo.
– Señoras y señores. El luchador que estabais esperando, el gran y
magnifico hombre que ha ganado más de quince estatales, él único que le plantó
su gancho derecho al actual campeón del mundo, el inimitable, el genuino, el
esperadísimo Johaaaaaan Slate.
La gente empieza a aplaudir y otros a abuchear en su contra. Yo me uno
divertida gritándole, este hombre no va a pegar a mi Bastian o le patearé el
culo.
– Fuera, buuuuu – digo con emoción aquí sola y bebo de mi refresco.
Un hombre no más alto que Bastian pero quizás más grande aparece en el
cuadrilátero y saluda a la gente, su cara es fea, sus músculos aún más y tiene
tatuado todo el cuerpo, inclusive el cuello. Grita y
gruñe como un pringado y levanto mi barbilla, este hombre no va a
hacerle daño a mi hombre. Ni pensarlo. De repente aparecen dos mujeres
exuberantes vestidas con minifaldas y un top que deja ver más de lo que la
gente debería ver; contonean sus caderas y tienen la barriga tan al aire que
puedo verles su anatomía interior. Ambas le quitan la bata al luchador y le
plantan dos besos a cada lado de su cara.
¡ME NIEGO!
Estas no van a tocar a mi Bastian. Él es mío.
Mío.
Dejo la bandeja a un lado y deslizo mi trasero al borde del sillón, me
cruzo de brazos y logro tocar el suelo con mis pies. Miro con enfado como esas
dos se bajan y ese Slate se va a hablar con su equipo.
Las luces se apagan y siento como si solo yo estuviera en este lugar.
Mis mariposas vuelan porque estoy nerviosa ya que mi vientre no acepta un no
por
respuesta y aunque no quiera admitirlo; me muero de ganas por verle, por
desearle, por besarle y por hacerle mío delante de todo el mundo si es
necesario. La gente empieza a cantar el nombre de Bastian, más de cien mil
personas están aquí para verle, para ver al hombre que me robó el corazón.
Respiro hondo cuando la música se apaga y el estadio se sumerge en un
silencio abismal.
– Señoras y señores. Ahora sí, ha llegado el momento. El hombre más
buscado y querido por todo el universo. Ha ganado exactamente catorce
campeonatos del mundo y este último se lo arrebató a su contrincante de esta
noche. Se ha hecho con más de mil estatales e interestatales en todo el mundo.
El más deseado por todas las mujeres y el más temido por todos los hombres.
Viene con la intención de hacerse con el campeonato de la Liga Este tras haber
ganado el de la Liga Oeste. Ahora sí que sí, levantémonos,
adorémosle y rindámonos al hombre más importante
del planeta. BASTIAAAAANNNN TRUMPERRRRRR.
Oh Dios.
Las luces empiezan a enfocarle saliendo de la cortina que se abre a mi
derecha, sale tan tranquilo y seguro que ignora a todo el mundo que grita su
nombre. El estadio se ha vuelto loco, no hay nadie que no esté echándole fotos,
peluches o cualquier tipo de cosa a mi hombre. Sube al cuadrilátero y ni
siquiera saluda a la gente que está aquí para verle porque viene directo hacia
mí hasta chocar con las cuerdas, me está mirando frunciendo el ceño.
– Comete las patatas – mueve los labios.
Asiento alucinando, ¿en serio? El público está aquí por y para él y… y…
¿se preocupa de que me coma las patatas? Me da por reír y hasta que no me ve
así no gira para atender a su equipo. Me fijo en si las mujeres exuberantes
suben pero no lo hacen, ya me quedo más tranquila.
Las luces enfocan ahora el cuadrilátero y a un
hombre. Creo que es el árbitro, se coloca en medio, empieza a hablarnos
de los tiempos y de las reglas mientras los luchadores se preparan. Desde mi
posición no puedo ver a Bastian bien porque el gran Matthew cubre su cuerpo.
Suspiro y me relajo sentándome como estaba antes, bebo un poco de mi refresco y
me como una patata sonriendo.
Bastian no me ha mirado ni una vez y me alegro, no quiero distraerle o
que piense que estoy aquí para hacer tal cosa. El combate va a empezar porque
ambos luchadores se han dado la mano, ese Slate no deja de escupir y Bastian no
mueve ni un solo músculo de su cuerpo. Está seguro de sí mismo, tiene confianza
y seguridad, no sé hasta qué punto eso es bueno o no. El del micrófono dejó de
hablar y la canción que estaba sonando se apaga para dejar a todo el mundo en
silencio menos por los gritos constantes de señoras que quieren hacer padre a
mi hombre.
– Bien, todo listo. No olvidéis, yo tingo el silbato y cada vez que lo
escucháis tenéis que parar.
El árbitro se aparta al igual que los luchadores, una alarma sonora
suena indicando el comienzo del combate. La gente empieza a gritar de nuevo
emocionados, me doy cuenta que Bastian no tiene guantes y el otro tampoco, solo
llevan un vendaje que cubre sus manos. Pobrecito, no quiero que le pase nada.
Ambos se miran fijamente, Slate ruge e intenta un movimiento mientras Bastian
estudia los suyos lentamente. A mí me da por comer patatas fritas y no hago
otra cosa que meterlas en mi boca a puñados.
– Oh, oh no… que le va a pegar, Bastian ten cuidado por favor – susurro
con miedo.
Slate es el primero que se acerca a Bastian y este le esquiva. La gente
empieza a reírse del golpe y quieren más, están esperando por mi hombre y creo
que no va a tardar en tumbarle. Cuando se han estudiado más de la cuenta, Slate
intenta el segundo movimiento y esta vez Bastian responde. Empiezan a pelearse
como bestias, dos hombres de más de cien kilos enzarzados en una batalla
campal. El público aplaude y grita el nombre de Bastian disfrutando
mientras yo me tapo los ojos porque no puedo mirar; incluso dejo la
bandeja en el suelo y me bebo todo el refresco. Necesito más agua o me dará un
ataque. Echo un vistazo hacia arriba viendo golpes que van y vienen y que se
propinan el uno al otro.
– ¡Bastian, Bastian, Bastian! – Grita un hombre para que siga pelando.
– ¡Como no le duele, le importa una mierda! – Le respondo gritando
también.
Tengo mi trasero en el filo del sillón de nuevo y con los pies en el
suelo, sí, a punto de vomitar. El primer tiempo termina y Bastian se vuelve
tranquilamente a su lugar ¿lo estará haciendo para darle un poco de creencia al
combate? No logro verlo y empiezo a morderme la uña del dedo pequeño, esa que a
veces tengo que darle atención para no morir de nervios por… por una mujer que
grita en mi oído, la miro y vuelvo la vista a donde la dirige ella.
Bastian.
Él está apoyado de nuevo en las cuerdas y con el ceño fruncido.
– No te muerdas las uñas.
No digo nada, solo asiento y dejo mi mano donde estaba sobre el sillón.
Regresa a su sitio y el segundo asalto empieza, no sé cuándo va a acabar esta
tortura.
Los luchadores han tenido descansos y no ha habido movimiento alrededor,
la gente se impacienta y habla de que son los últimos cinco minutos. Según he
oído Bastian lleva ventaja y ahora en este último asalto uno de los dos tiene
que caer al suelo; yo intento que esto no me afecte. Ryan ha venido a traerme
más refresco y se ha llevado mi bandeja para que Bastian supervise que me he
comido las patatas fritas. A pesar de que hemos tenido algunas de nuestras
miradas y sonrisas, mi neandertal se ha centrado en el combate como era debido.
La alarma retumba alta de nuevo avisando de que es el último intento
para ambos luchadores. Aunque Bastian se ha dejado golpear, en mi nivel de
comprensión con este deporte, esto quiere decir que el rival se ha llevado más
golpes por parte de mi chico que al revés. Suspiro profundamente colocándome
bien el bolso ya que no me lo he quitado porque creía que no iba a aguantar. Se
están acercando cada vez más, mi león va a ponerle punto y final a ese hombre,
y yo no sé cómo voy a poder ver esto.
Oigo como todo el mundo grita el nombre de Bastian y creo que ya me he
acostumbrado a oír a todas las mujeres que babean por él. Pero ninguna sabe que
está enamorado y es de mí. Me pongo a pensar que el tiempo se me agota, que
vamos a hablar y ya está todo decidido. Él me ha hecho daño quiero estar con
él, quiero darnos una oportunidad y quiero intentarlo de nuevo.
No me imagino una vida sin Bastian Trumper y no quiero vivir otra que no
sea con él.
Los minutos pasan y a juzgar por los comentarios del público, Bastian va
a ganar. Le echo un vistazo y veo como tiene acorralado a su rival y le propina
golpes, el hombre no se puede defender pero de repente le pega una patada a mi
hombre en la entrepierna.
– Eh… eso… ahí no, por favor. Quiero hacer uso de ello.
Entran en unos minutos de violencia extrema y aunque giro la cara para
el otro lado no puedo evitar mirar. El estómago se me está revolviendo, ya no
aguanto más esta tortura y me levanto rápidamente con la mano en la boca; será
el calor, será la adrenalina, la pasión, el dolor, los golpes, será el cumulo
de sensaciones que estoy viviendo pero necesito salir de aquí. Recuerdo que he
venido por el lado de Slate y que los servicios privados están por ahí,
traspaso la puerta y oigo a la gente gritar, la música sonar y el mundo vibrar.
Bastian ha ganado.
Me cruzo con algunos hombres de seguridad que tras enseñarles mi
identificación me envían por el camino correcto para refrescarme la cara. Estoy
sola en el pasillo y apoyada en una de las paredes de este lugar. Subo las
mangas de mi jersey mientras suspiro inhalando todo el aire posible, para
después exhalarlo con menos encanto aún y con mi cabeza hacia el techo con los
ojos cerrados.
Ya está. No le tengo que dar más vueltas, no puedo negar que estoy
enamorada de Bastian y él de mí. Superaremos todo y lo haremos juntos.
Sonrío cuando se escuchan unos gruñidos que vienen de la garganta de
Bastian, le espero y giro la cabeza sin moverme. Él aparece tal y como estaba
luchando, con los pantalones bajados por debajo de la cintura dejando que las
mujeres sueñen con no ver nada más que eso. Sudado y jadeando me señala la
puerta del baño y me da por reír.
Ha vuelto mi neandertal y lo echaba de menos.
Como ve que no le hago caso, sus pisadas son más grandes y cuando llega
a mí agarra mi cara con sus dos manos y nos besamos. Entrelazamos nuestras
lenguas en una guerra neandertal que no dejamos a la imaginación olvidándonos
del aire para respirar ya que nos asfixiamos en la boca del otro mientras pongo
mis manos sobre las suyas. Sin dudarlo retrocedemos hacia atrás hasta colarnos
en los aseos vacíos que aún no he visto. Lo primero que hago es abrir los ojos
para verlos; azulejos grises y bastante nuevos. Nos metemos en un compartimento
donde solo hay un váter, cerramos la puerta y seguimos besándonos.
Siento su erección empujando sobre mis pantalones cuando he subido mis
piernas hasta rodear su cintura, él ha puesto mis brazos sobre mi cabeza
apretando mis manos para no dejarme escapar. Empuja en mi dirección y me
provoca el mismo efecto que si estuviera desnuda. Nuestra guerra de lenguas se
hace patente cada vez que movemos nuestras cabezas de izquierda a derecha, mi
bolso cuelga aún de mi hombro y no es molestia hasta que Bastian intenta
quitarme el jersey.
– Aquí no, – susurra y niega con la cabeza – no puedo hacerte el amor
aquí nena, no te lo mereces.
– Bastian, te quiero, – abre los ojos y frunce el ceño observando mi
cara – hazme el amor en cada rincón del mundo si es lo que deseas.
– Oh Dios nena, dime que esto es real.
– No sé si lo es o no. Pero necesito que me folles y lo quiero ahora.
No me importa si está sudado, si acaba de ganar el campeonato de la Liga
Este o si están esperándole, ni siquiera me preocupa nada que no seamos él y
yo. Hemos estado separados diez meses y ahora necesitamos recuperarnos.
Desabrocha el botón de mis vaqueros y yo paso mis manos por sus brazos mientras
no nos dejamos de besar cuando oímos un fuerte portazo.
– ¡MALDITAMENTE ESTO NO ESTÁ PASANDO!
Ambos paramos mientras nos miramos riéndonos, Matthew acaba de entrar y
no está muy feliz porque aporrea la puerta donde nos encontramos.
– Matthew, mal momento amigo – Bastian intenta colocarme la ropa bien.
Acaba de estropear el que iba a ser uno de los mejores polvos de toda mi
vida. ¡A la mierda! Estoy cansada de ser dulce y tímida, quería ser follada por
Bastian contra la pared. Mi corazón late a mil por hora al igual que el de
Bastian, espero que haya entendido el significado de que le amo, es lo que
hago, le amo, le amo y le amo. Necesitamos unos minutos para recuperarnos y aun
así seguimos besándonos, esta vez más dulcemente.
– ¿Queréis salir de una jodida vez? Os prometo que no estoy enfadado.
¡SALID!
Bastian abre la puerta y es el primero que sale conmigo de la mano. Nos
encontramos con un Matthew enfadado al otro lado, ambos se miran, se retan, se
evalúan hasta que el más viejo se ríe a carcajadas.
– ¿Y ahora qué? – Dice Bastian divertido.
– ¡Enhorabuena jodido cabrón! – Le abraza – ya ibas a celebrarlo sin
nosotros, sal jodidamente ahí afuera y hazte con el trofeo.
Empiezo a aplaudir porque aparecen en el baño el resto de su equipo
haciendo lo mismo. Bastian es abrazado y alzado por sus compañeros, por primera
vez le veo feliz. Creo que he dado con su ojito derecho y es la lucha, hasta
hoy no me he dado cuenta de lo importante que es para él y de cuanto ha
significado en su vida. Mis lágrimas casi salen por la emoción, esta vez no
siento ganas de llorar por el dolor, por la traición o por la mentira que he
vivido junto a él; ahora siento su felicidad y me la trasmite, quiero formar
parte de esto para el resto de mi vida. Le haré saber que me
casaré con él si es lo que quiere, que tengamos hijos si es lo que
desea. Me entregaré a él en cuerpo y alma si me lo pide. Soy suya completamente
hasta el día que deje de respirar y voy a hacer que esto sea real para ambos
porque ya no hay nada que pueda con nosotros. Se acabó.
Bastian empieza a gruñir echando a todos del aseo. Matthew nos regaña
con que aún tiene que salir ahí afuera y alzarse con el trofeo, pero mi león lo
echa también. Una vez que estamos a solas se gira y me eleva en el aire hasta
sentarme en el lavabo, hay un hueco entre unos y otros y quepo perfectamente.
Ahora más que nunca inhalo el aroma de Bastian Trumper que dejo pasar a través
de mi nariz, se cuela en mi interior y se queda conmigo para siempre.
– Nena, – apoya su frente contra la mía – gracias por haberte quedado.
– Lo siento, no podía aguantar más violencia.
– He terminado cuando te he visto marchar, no
quería que huyeras de mí.
– Solo quería refrescarme un poco – soy yo la que me vuelvo valiente
besándole en los labios. No me cansaré de besarle y tenemos mucho que
recuperar.
– Vamos a salir o esto no terminará bien aquí. No pienso hacerte el amor
en un sitio vulgar, te mereces un reino con tu nombre.
– Me conformo con el rey.
– ¿Qué rey? – Se hace el tonto y le sonrío.
– Tú, el rey león.
– ¿De verdad crees que soy un león?
– Sí, no dejas de rugir, gruñir, enfadarte, acechar a tu presa y hacer
jaque mate cuando te apetece.
– ¿Sabes que la leona es mucho más importante que el león? Ella caza de
noche y alimenta a sus
criaturas mientras su hombre está todo el día tumbado sin hacer nada.
– ¿A qué te refieres?
Pone la palma de su mano sobre mi barriga y me sonríe, sé lo que quiere.
– Ya sabes, tú, yo y nuestro bebé.
– Bastian eres… – me tapa la boca con la mano riendo.
– Voy a salir ahí afuera para darle otro golpe a los que habían apostado
por ese Slate, alzaré mi premio, le haré saber al mundo quién ha ganado y me
dedicaré a ti por el resto de la noche. Quizás veamos juntos el amanecer.
– ¿No te duele nada, algún golpe, herida, arañazo, algo? – Le miro
preocupada.
– Todo perfecto. Solo siento amor por ti.
Nos besamos y no tardamos en salir de la mano para regresar donde le
esperan.
Esta vez me coloco junto con el equipo. Estamos esperando a que Slate
termine de hablar por el micrófono, Bastian no ha soltado mi mano y no hace
caso a los seguidores que gritan por un autógrafo. El momento de Bastian se
acerca y todos bromean con que no debería dejar hablar al hombre que le va a
hacer la entrevista sobre el cuadrilátero. Por primera vez siento que me
integro con sus amigos, él me ha contado miles de veces que los considera a
todos de su familia y son muy importantes para él. Pongo ambas manos bajo mi
barbilla porque acaban de llamarle y el público se vuelve loco, los fotógrafos
se han colocado en frente para inmortalizar el momento y no tarda en levantar
su trofeo respondiendo a preguntas cortas que Bastian contesta
profesionalmente. Si tan solo supiera que estoy enamorada de él y que le he
perdonado… ¿lo sabe no?
Mi móvil vibra al recibir un mensaje de Rachel
felicitándome, aunque también me escribe que me ha visto de pasada por
la televisión, me ha grabado y me lo enseñará cuando vuelva a casa. Mi vientre
acaba de temblar porque no sé cómo voy a explicarle a mi amiga lo de mi
reconciliación con Bastian. Ella sabe cómo me encontró, ahora dejará de estar
orgullosa y me recriminará que me equivoco.
Aun así pienso hablar con Bastian y zanjar temas para siempre. Ya he
tomado mi decisión pero necesito que me explique todo y las próximas horas van
a ser vitales para nuestra relación.
– Sí, ya te dejamos que disfrutes. Pero contéstame a una última
pregunta. ¿Podrías confirmar que el año que viene estarás ganando de nuevo el
campeonato del mundo?, ¿querrás hacerte con la victoria número quince en tu
carrera?
– No lo creo, me hago viejo y aunque el deporte ha sido lo más
importante para mí ahora tengo otras prioridades.
– Aún te queda por hacerte con el campeonato europeo, visitarás Paris,
Berlín, Madrid y Londres donde será la final, ¿será después de eso tu retirada
definitiva?
– Por supuesto. El mes que viene terminaré en Europa mi carrera
profesional y pondré punto y final a toda una vida dedicada a la lucha.
– ¡BASTIAN CASATE CONMIGO! – Grita una mujer y hace que el hombre retire
el micrófono para reír.
– Así que esto es una despedida, ¿qué vas a hacer cuando no luches?, ¿te
dedicarás a los negocios como has estado haciendo en estos años de descanso?
– Sí, entre otras funciones pero sobretodo me dedicaré a mi ángel de
Crest Hill.
La gente empieza a hacer sonidos de amor y los chicos del equipo me
miran golpeando mi espalda y empujándome hacia delante. Voy a morir de
vergüenza
como me capten con la cámara.
– Tu ángel ¿eh?, ¿te ha acompañado esta noche?
– Afirmativo. Y no, no os la voy a presentar, no me sentiría nada
contento que todos la vierais. Es mía y solamente para mí.
No ha dicho eso en la televisión nacional, no lo ha dicho. Por favor que
pare, quitadle el micrófono a Bastian, que se quite la sudadera si es necesario
para desviar la atención hacia su cuerpo.
– Genial Trumper, no te molestamos más, estoy seguro de que tienes una
buena fiesta montada que vas a disfrutar a tope. Enhorabuena por ser el mejor
luchador de la historia en el mundo, por haber conseguido tantos premios que
han enorgullecido a tu país y por darnos tantas noches de gloria. Muchas
gracias y gente, despidamos a Bastian Trumper, el nuevo campeón de la Liga
Este.
La gente empieza a aplaudir y yo también lo hago, grito y silbo como
hacemos todos aquí. Bastian disfruta un poco más del momento e incluso creo que
le da nostalgia el no volver nunca más, mis lágrimas me pinchan de nuevo pero
no voy a llorar. Recibe una gran ovación y juro por Dios que no me arrepiento
de haber venido, él sí que es mi ángel, me ha salvado del infierno en el que he
vivido y ahora necesito gritarle al mundo que sigo profundamente enamorada de
él.
Le quiero a rabiar y no deseo otra cosa en mi vida que no sea él.
– ¿Lista? – Me susurra al regresar hacia mí.
Momentos después estamos todos en el camerino celebrando la victoria,
hemos pedido algunas pizzas y Bastian me ha obligado a comer, he intentado
decirle que no pero me ha gruñido y amenazado con que habrá consecuencias si no
obedezco. Ahora se está duchando y preparando porque hay una gran fiesta en su
honor y temo cual será mi papel esta noche; si habrá chicas con las que tendré
que pelear, si
habrá venido Ria, Diane Cost o alguna de sus putas que no dejan de
entrometerse en nuestra relación. Estoy hablando con los chicos, o mejor dicho,
ellos hablan entre sí cuando la puerta se abre y todos ignoran a Bastian.
¡Él no va vestido así!
Viste con un chándal negro y una camiseta blanca, la capucha de la
sudadera le cubre la cabeza y el olor a su perfume inunda la habitación. Ah,
vamos a cambiarnos de ropa para la fiesta, había pensado que no iríamos a su
propia celebración. Le sonrío mientras deja la bolsa de deporte en el suelo,
sobrepasa a los chicos y se sienta a mi lado en el sofá.
– Que bien hueles – le susurro y me da un beso en la cabeza, no me toca,
solo pasa su brazo por el respaldo del sofá.
– Es lo que tiene una buena ducha – me sonríe. Tardamos poco aquí y me
doy cuenta que nadie
habla sobre la fiesta, sobre el local o sobre si iremos o no. Nos
despedimos con un saludo y supongo que ahora nos reuniremos de nuevo. Bastian
lleva en su mano su bolsa de deporte y mi abrigo, yo mi bolso con las
chocolatinas dentro, intento que no se note que voy cargada de chocolate por
todos lados. Él avanza más que yo sin sujetar mi mano mientras yo intento
seguirle felizmente. Le doy la autorización, me pongo el abrigo y él aprovecha
para saludar a algunos hombres que hay aquí.
Ahí afuera está lloviendo mucho ya que la tormenta no ha parado, ya veo
a Ryan desde aquí pero dudo en si salir por mí misma o esperar a que Bastian me
dé permiso. Se despide de esos hombres cuando se acerca a mí para ver si estoy
lo suficientemente abrigada.
– No… no es necesario que abroches hasta el último botón.
– Cuando evites una pulmonía me lo agradecerás, ¿no has visto la
tormenta? Puede entrarte
aire en cualquier parte de tu cuerpo y debilitarte más de lo que estás.
Vamos.
Frunce el ceño agarrándome de la mano y arrastrándome prácticamente al
coche mientras dos hombres sujetan dos paraguas para nosotros. Una vez dentro
miro el lujoso coche en el que vamos hacia no sé dónde. Echaba de menos los
coches de Bastian, sin embargo, a pesar de que me siento distraída aquí adentro
intento evitar el nudo en mi vientre que se me ha formado en menos de un
minuto. Bastian mira por la ventana y yo por la mía, el coche es grande pero se
supone que podríamos ir más abrazados. Me pregunto si habrá entendido el “te
quiero” que le he dicho en el baño, todo era real y para siempre. Necesito
hacerle comprender que no sé cuándo ni cómo, pero le he perdonado y quiero
volver a ser suya de nuevo.
Ryan y Bastian empiezan a hablar de la pelea porque el hombre que va a
mi lado ha iniciado la conversación, procuran que opine también pero desisto
contestando monosilábicos. Estoy muy feliz por la victoria de Bastian y más aún
por haber sido participe
de su gran noche. Aunque le había notado algo nostálgico en su
despedida, quiero pensar que la actitud que está teniendo ahora es a
consecuencia de eso. Le noto raro, distante y furioso. Nada normal si no fuera
porque se distancia porque si Bastian hubiera querido habría cerrado el cristal
y nos besaríamos en la parte trasera del coche. O tal vez soy yo la que está
interpretando mal las señales o es producto de mi imaginación.
En la oscuridad de la ciudad de Nueva York no diviso otra cosa que luces
borrosas a través de los cristales empapados por la lluvia, me siento mal
porque le prometí a Rachel que le sacaría algunas fotos para que viera la
ciudad pero se tendrá que conformar con saber que ha llovido y no he podido
complacerla. El coche se mete en un parking y Bastian ni se inmuta, me coge la
mano besándola mientras Ryan va en dirección a un lugar y yo no sé ni siquiera
donde están mis cosas. ¿Debo arreglarme para la fiesta? No puedo aparecer así
sin ir vestida, él se fijará en otras mujeres mucho más sexys que yo.
– Señor Trumper, la puerta C está rota, el ascensor D está en servicio.
Ni siquiera le contesta cuando el motor del coche se para, Bastian me
indica con la mirada que no me mueva y no lo hago. Le sigo con los ojos hasta
ver como abre el maletero y lo cierra, lleva su bolsa de deporte y la mía
colgada en uno de sus hombros. Abre la puerta de mi lado tendiéndome su mano.
– Déjame que te ayude – quiero coger mi mochila para llevarla yo.
– No.
El ascensor viene con rapidez y nos metemos dentro. Se hace el peor
silencio que hemos vivido desde que nos conocimos porque Bastian mira para
todos lados menos a mí, vamos a un hotel o a algún otro lugar y estoy empezando
a dudar de dónde estoy. Cuando el ascensor se abre, hay una puerta delante de
nosotros que Bastian abre con una llave.
No es un hotel porque está demasiado escondido como para ser una suite.
– Que misterio – digo a su espalda mientras empuja la puerta.
– Bienvenida a mi apartamento de Nueva York.
Bastian me da paso encendiendo las luces. Echo un vistazo mientras él
empieza a refunfuñar sobre la calefacción y toca algunos botones en la pared.
El suelo es de azulejo que hacen resonar incluso mis converses, se ve limpio y
cuidado. El color claro contracta muy bien con el color de las paredes oscuras;
unos colores bastante varoniles a juzgar por el mobiliario con cortinas del
mismo tono. Me adentro más y a mi izquierda hay una cocina con barra americana,
es lujosa pero pequeña y triste, parece que no se ha usado en la vida. Avanzo
un poco más y la cama asoma entre las tres paredes que la cubren, ¿ni siquiera
tiene puerta? Las ventanas que van desde el techo hasta el suelo están abiertas
y el aire mueve las cortinas. Hago una mueca girando mi cabeza hacia mi
derecha dónde solo veo un sofá y una televisión, la puerta que hay al
lado será el aseo.
Busco la mirada de Bastian y cuando lo hago, él está esperando a que
diga algo.
– Ems… es bonito, aunque pequeño.
– No necesitaba a nadie más aquí cuando lo compré, lo mejor de todo son
las vistas.
Me adelanta y le sigo cuando abre una puerta que tiene salida al balcón.
Ambos salimos a pesar del día infernal que hace afuera.
– Oh, esto es precioso Bastian.
Miro hacia arriba porque el balcón está techado y es pequeño, solo caben
dos sillas y una mesa con una figura de cerámica como adorno, pero es
suficiente para que sea acogedor. Saco la cabeza para apreciar todo lo que se
mueve abajo sintiendo la tormenta que está cayendo sobre la ciudad. Estamos en
lo alto de un
rascacielos y aún se puede ver los edificios altos que nos rodean.
– Lo mejor de todo es cuando hay sol, pega fuerte en el balcón por la
mañana y me gusta desayunar aquí. Se respira aire puro y tranquilidad. También
es agradable la sensación de saber que a unos metros más abajo se encuentra la
ciudad que nunca duerme.
– Como tú, – le suelto y me arrepiento en el mismo momento que abro mi
boca – era… era una broma, no quería… quiero decir no…
– Tranquila, siempre he tenido problemas de sueño. No es anormal en mí.
Me sonríe entrando de nuevo al apartamento. Pongo los dedos en mi sien
moviéndolos mientras estoy masajeándome la zona, soy tan bocazas a veces. No sé
porque lo he dicho pero ha sonado horrible, él explicándome lo que le gusta
hacer y yo quedándome solo con la última palabra. Giro y le sigo adentro, me
encargo de cerrar bien la puerta para que no nos congelemos de frío. Me
encuentro con que él sale del baño, se ha quitado la sudadera y ahora solo
viste con una camiseta blanca.
– ¿Nunca tienes frío?
– No mucho, además, la calefacción hace su trabajo aquí. ¿Quieres leche?
– Ems… no, gracias.
Bastian está raro. Las luces iluminan este apartamento pero siento como
si la oscuridad nos ensombreciera y la sensación de una gran sombra que nos
separa. No comprendo en que momento hemos pasado de besarnos y desearnos, a
intentar derribar una barrera entre nosotros.
Él no duda en prepararse un café, no sé qué hacer. Bastian me está
apartando de él y aún no estamos del todo juntos. Quizás si intento abrazarle…
no, él no querría, si no ya lo hubiera hecho, ni siquiera
me ha rozado cuando contemplábamos ahí afuera las vistas de la ciudad.
Me entretengo en mirar las paredes pero ni siquiera tiene cuadros, no tiene
nada con lo que distraerme y yo decido fijar mi vista en la cama.
– Sí, no es muy grande que digamos – me interrumpe de mi ensoñación, no
me estaba fijando en el tamaño.
– Qué raro que no tengas un gimnasio, porque aquello es el baño ¿no?
– Cuando me encargué de todos mis negocios a tiempo completo la mayoría
de mis reuniones eran en Nueva York. Ya estaba cansado de los hoteles y me
compré este apartamento sin intención de usarlo para el entrenamiento. Regento
diez gimnasios en la ciudad.
– ¿Chicago?
– No, Nueva York.
– Ah...
Voy a cerrar la ventana que está abierta porque el viento mueve la
cortina que vuela sobre la cama. Cuando acabo me doy cuenta que Bastian no está
en la cocina.
Él está frente a mí, en mitad del apartamento y directo a su presa.
– Nancy, – dice muy serio – creo que deberíamos hablar.
– Ria vino a verme.
Suelto el aire que estaba conteniendo mientras le miro asustada por lo
que le acabo de confesar. Vale, no quería ser tan directa y ni mucho menos
usarlo en una conversación que vamos a hacer nuestra. Avanzo hasta pasarle
apoyando mi mano sobre el sofá, me doy la vuelta y él no se ha inmutado, sigue
en la misma posición. Tranquilo, seguro e impaciente por saber cómo vamos a
acabar esto. Quiere decirme algo pero le alzo la mano, me quito el jersey y me
quedo en
camiseta, tenía razón, la calefacción está haciendo su trabajo. Ahora
solo somos él y yo, dos personas normales que van a hablar de su pasado, no
estoy frente al rey del mundo ni yo soy la chica tímida que se encontró hace
unas semanas.
Quiero luchar por lo nuestro y necesito contárselo.
– ¿Quieres hablar de ello? – Asiento – estaba esperando a que esta noche
acabara para poder hablar.
– Yo he venido a Nueva York con la misma intención.
– Quisiera proponerte una cosa nena. De aquí salimos o juntos o
separados, pero quiero que tomes, – suspira – tomemos una decisión sobre lo
nuestro porque me mata estar sin ti.
¿Cómo lo ha sabido? Ese era mi deseo cuando decidí hacer este viaje y
acompañarle por esta noche.
Me distrae, me cautiva y no puedo pensar sabiendo que van dos pasos por
delante de mí porque tengo miedo a la decisión que pueda tomar con respecto a
nosotros. Me estoy dando cuenta de que, quizás, lo que he sentido en el
cuadrilátero cuando le veía luchar era producto de la adrenalina y pensaba más
con otra parte de mi cuerpo que con el corazón. Quiero perdonarle pero tampoco
puedo olvidar lo que me hizo, el daño que me provocó y la traición que sufrí
por su parte. Suspiro yo también apoyando mi trasero sobre el sofá, al menos no
me voy a desmayar.
– Pienso como tú. Si decidí venir hoy fue para que hablemos.
– Bien, – deja la taza de café sobre la barra americana y se vuelve para
mirarme – me alegro de que estemos en el mismo punto, es un buen comienzo.
¿Quieres empezar por preguntarme algo en especial?
– Pienso en millones de preguntas que efectivamente no tienen respuesta,
– me cruzo de brazos mirando al suelo – sobre todo hay una que no
me deja vivir y creo que ni tú mismo sabes la respuesta.
– Me equivoqué, tienes que saber eso.
– Lo sé. Sin embargo Bastian, hay algo que me hace alejarme de ti. No
es… no es como… como tú…
– Lo hacías muy bien, no tartamudees. Odio que lo hagas.
Resoplo y le echo una mirada de odio frente a su pasividad, da unos
pasos en mi dirección pero se queda alejado de mí. Hay una gran distancia entre
ambos y le doy gracias a que respete nuestro espacio. Lo necesitamos.
– Yo… quiero… quiero… pero…
– Mira nena, sé que… – pasa la palma de la mano por su barbilla
rascándose la poca barba que tiene – sé que la jodí, hice de nuestra relación
una mierda. El que aparecieras en mi vida fue una sorpresa
para mí, yo no sabía que iba a enamorarme de ti en cuanto te vi y dejé
todo por estar contigo.
– Me mentiste.
– Te oculte cosas, es muy diferente Nancy. Muy diferente. Vale, no gané
un premio al mejor novio pero lo intenté. Créeme que lo intenté hasta los
últimos segundos de nuestra relación.
– ¿Por qué es tan importante para ti El Sótano?
– No puedo cerrar el club porque dejaría sin salida a centenares de
personas.
– ¿Sólo te preocupa esas personas?
– Nancy, no lo entiendes. Allí van porque su jodido mundo es una mierda,
las personas bajan para desconectarse. Ya te lo dije, van desde empresarios
hasta matrimonios con hijos que tienen una vida normal. Yo no puedo echar por
la borda quince años de vida allí abajo.
– Pero echaste por la borda nuestra relación.
– Lo hice mal, no lo eché por la borda. Necesitaba tiempo para
explicarte la clase de club que tenía.
– ¿Tienes más?
– Como ese no.
– ¿A qué te refieres?
– Strippers y estilos como ese.
El imaginarme que Bastian acude a ese tipo de clubs para gestionarlos,
mirar desde su despacho a todas esas mujeres desnudas y bailando me pone
enferma.
Frunzo el ceño y soy la primera en perder los papeles.
– Tú lo ves tan normal Bastian, no me puedo creer que me mintieras por
algo que… por algo… por unos clubs de mierda que no tienen más importancia que
una relación.
– No entiendes el significado global de lo que trato de explicarte.
– Bastian, – doy dos pasos adelante – es un club de sexo, se practica
sexo, solo sexo. ¿Qué es lo que te une tanto a ese club?
– Nada. Te digo que Ria solo se encarga de que no haya incidentes y yo
controlo todo lo que se mueve allí abajo. Solo eso. Este club ofrece unos
ciertos privilegios que otros no. Y no puedo dejar que se me escape ningún
detalle.
– ¿Por qué… por… por qué es tan privado? Al fin y al cabo solo es sexo.
– Porque el sexo que se practica allí no es solo sexo. Hay una serie de
pasos legales que hay que…
– ¡A la mierda los pasos legales Bastian! Estas obsesionado con la idea
de que ese club es importante para ti más que la vida real que puedas vivir.
Voy ahorrarnos toda esta conversación si piensas que vas a tener una relación
conmigo y luego bajar a aquel lugar para ver el sexo que otra gente práctica.
Acabemos ahora, – trago saliva – por el bien de los dos.
– Eres reacia a entender porque es importante para mí. Aquí yo no tengo
el problema señorita.
– ¿Reacia? Perdón por no pertenecer a ese estúpido club. Eres tú quien
va a perder más que yo. Yo lo único que tengo que hacer en mi vida es ganar y
ganar. Tú… tú lo tienes todo y eres el único que va a perder, no yo.
Me dirijo a abrir de nuevo la puerta del balcón. ¿Hace calor o estoy
ardiendo en llamas por dentro?, ¿por qué es más importante ese club que nuestra
relación? Yo… yo podría sobrellevar otro tipo de clubs, pero ese en especial
hace que me aleje de él. Ria tenía razón y siempre va a estar por encima de
todas sus
prioridades.
– Nancy, sé que a lo mejor te cuesta entender el procedimiento del club
pero no le des más vueltas. Es un club, lo manejo como quiero y fin de la
historia.
– Fin de la historia – repito. Ambos tenemos el ceño fruncido y estamos
a punto de lanzarnos dagas a nuestros corazones, el mío no puede romperse más
de lo que está – me gustaría que tú entendieras que un club que te da dinero o
que es especial, es más importante que tu vida.
– No es más importante que mi vida, sí compatible. Nena, no voy a
mentirte, no puedo confiar en nadie allí abajo, ni siquiera confío en Ria
porque me la va a jugar tarde o temprano, necesito tener el control sobre aquel
lugar. Necesito que… – mírame – necesito que entiendas eso, no quiero que
pienses que me involucro con aquello. Lo dejé cuando te conocí.
Acaba de poner en mis ojos la imagen de aquella noche, Bastian se da
cuenta dando un paso
para acercarse a mí mientras niego con la cabeza intentando que esa
pesadilla desaparezca de mi mente. Resoplo moviéndome al balcón pero sin salir,
el sonido de la lluvia y los ruidos de los coches se escuchan a esta altura. No
puedo concentrarme en arreglar esto si no evito que lo que pasó me afecte,
ahora tengo que ser fuerte.
– Ria me dijo una serie de cosas que… que si pienso bien, no se ha
equivocado en nada.
– Y yo te dije que pensaba con respecto a ella y el papel que juega
entre ambos, – se cruza de brazos – fallé una vez, pero no lo haré dos veces.
No le voy a consentir ninguna jugada más ahora que ya sabes todo.
– Me dijo que… que… – le miro a los ojos porque no puedo decirlo en voz
alta – tú y ella follabais mientras estabas conmigo.
– Eso es absurdo, – se está empezando a enfadar – es mentira y lo sabes
.
– También que ese club estaba por encima de todo en tu vida y que
siempre volverías. De una forma u otra, lo acabarás haciendo.
– Es un trabajo complicado, no es fácil tener que depender de cientos de
clientes.
– Voy a llorar – se extraña de lo que le digo relajándose un poco – ella
me dijo que voy a llorar, y no sé por qué pero creo que tiene razón.
– Joder, ¡maldita sea Nancy! ¿Vas a creerla?
– No lo sé. Siempre me ha contado mentiras y puede que verdades.
Me lanza una mirada asesina que hace doblar mis piernas pero la evito
mirando la lluvia trasparente que cae del cielo naranja. Cruzo mis brazos
porque ahora tengo frío, decido cerrar un poco más la puerta mientras Bastian
gruñe a mis espaldas. Me da igual, digo lo que siento y esa es la verdad, puede
que Ria sea una autentica zorra pero sé que no le caigo mal,
ella me abre los ojos para que me dé cuenta de lo que tengo frente a mí
y se lo agradezco.
Suspiro de vuelta a él, sé que está cabreado y lucha con la idea de que
me haya creído todo lo que ella me ha dicho. Si tuviera dudas de que habrían
follado juntos yo no estaría hoy aquí intentando algo entre nosotros, lo
hubiera dejado tan pronto se hubiera acercado, pero sé que hay más detrás de
todo este lío. Hay mucho más y siento que soy la tonta de la que todos se ríen.
– Nena, – cierra los ojos y los vuelve a abrir – yo te he sido fiel y te
juro por mi vida que no hay más que ese club, no hay nada más que te esconda.
Mañana a primera hora te pongo sobre la mesa todas las empresas que me
pertenecen en el mundo, de donde viene y a donde va mi dinero, cada propiedad,
cada jodido coche, cada mierda que compro. Todo. Te lo pongo a tu disposición
para que sepas que no te escondo nada. Es lo único que puedo ofrecerte Nancy,
porque no sé cómo demostrártelo.
– Bastian, no me… no me interesa tus propiedades, lo que posees y lo que
no. El día de mañana te arruinas y seguirá sin ser un problema entre los dos,
no me importa tu dinero o tus clubs, me importa el hombre que se mete conmigo
en la cama. Yo… yo no puedo darte más que todo lo que soy, pero mi vida ha sido
y será muy normal, no quiero más de lo que puedo aspirar ni deseo más. No soy
ambiciosa y lo sabes, tú mundo no es el mío y tú y yo no…
– No sigas, – levanta una mano para indicarme que me calle – no digas
que no somos compatibles o algo parecido. ¿No lo ves?, ¿no nos ves? Estamos
aquí tú y yo, es suficiente para mí.
– Y para mí, pero sabes que hay mucho más detrás de ti. Me advertiste
que llevabas un equipaje a tus espaldas y creo suponer que es ese club, ese
club que nos va a separar. ¿No te das cuenta de la manipulación que hace Ria
contigo? Ella va a ser un problema entre ambos, pero no ella, vendrá otra y
otra. Siempre van a ver problemas entre nosotros y no voy a poder soportarlo.
– No va a ver problemas, simplemente que ahora te diré cuando voy y
cuando no. He tenido jodidas mierdas en los últimos meses con periodistas que
se han querido entrometer donde no les llaman, he estado más alerta que nunca y
me estresa estar así. Sé que a tu lado las cosas irían mejor, llegaría a casa y
me esperaría la persona que amo, me diría lo idiota que soy por preocuparme por
los negocios cuando eso es secundario. ¿No lo entiendes? Eso es lo que quiero,
te quiero a ti a todas horas conmigo. Si puede ser, pensarnos seriamente en
unirnos por las manos, te dejo que decidas el lugar.
– Bastian… no… no estás bien, – niego con la cabeza – creo que te has
formado una idea en tu cabeza conmigo de protagonista y eso no va a ser así. No
voy a consentir ser la estúpida mujercita que esté embarazada esperándote en
casa mientras te dedicas en cuerpo y alma a tus negocios, cuando no es un club
será otro, o si no acudirás a la llamada de Ria, siempre.
– Ella hace su trabajo y se encarga de avisarme
cuando hay un problema.
– ¿Y cuando no lo haya? Acudirás a ella igualmente, mírate, acudiste a
la inauguración del negocio de Molly porque ella te manipuló.
– ¡Joder Nancy, eso fue diferente! Me estaba volviendo loco sin ti y me
dijo que estarías allí.
– Sí, tú mismo te respondes. Habrá alguna mujer, hombre o cosa que te
aclame a las tantas de la madrugada y acudirás, que te importará una mierda si
dejas abandonada a tu novia en Acción de Gracias, en el aniversario o en
cualquier otra fecha. ¿Cómo ves tu futuro a mi lado? Te lo diré yo, seré la
gilipollas que esperará siempre a que digas que te tienes que ir y no te
importará si estoy bien o mal, tendremos hijos y les diré que su padre está en
cualquier sitio menos a nuestro lado. ¿Es eso lo que quieres? No tienes… no
tienes sentimientos Bastian. Eres… eres…
Bastian empieza a hiperventilar y pone su mano izquierda sobre su
corazón, me niega sin dejar de
inyectarme sus ojos. La verdad es así, él vive en un cuento de hadas y
yo en la realidad. No quiero esto para nosotros, a pesar de que le amo no lo
quiero.
– ¿Eso es lo que crees?
– Lo creo y sabes que tengo razón. ¿Sabes? Tengo la sensación de que
tenemos una vida por hablar, en su momento me hubiera gustado conocerte, eres
un hombre que ha vivido y me pareces muy interesante, estoy a años luz de estar
a tu altura y aprender de ti sería un regalo muy bonito, pero fracasas como
persona y me duele – se aleja para apoyarse en la pared, su mano no deja de
tocar su pecho izquierdo – es triste que todo esto pase Bastian, es triste que
hayamos estado tan cerca y que seas tan terco de anteponer un club a nuestra
relación. Ya te lo he dicho, no es el club precisamente, eres tú el que me está
fallando y me mata el hecho de que me pude enamorar de ti tan fácilmente.
– Aún estás enamorada, no te equivoques.
– Lo sé, nunca se puede tener todo lo que una persona desea. Quizás he
estado viviendo en el infierno, no he asumido ni la mitad de las cosas pero por
mucho que intente entenderte, no lo hago ni lo haré.
Dejo que las lágrimas caigan por mi cara porque es la verdad, me acabo
de dar cuenta que no solo es un club, no solo es una mujer que le va a estar
aclamando todo el tiempo, es su sumisión ante lo que cree que debe atender. No
puedo luchar contra sus ideales, contra una manera de vivir y de pensar, no
puedo enfrentarme a un hombre que me va a mentir de nuevo cuando le pregunte
por qué me dejó plantada en una cena o en un acto. No puedo estar con Bastian
Trumper y creo que lo acabo de descubrir.
Hay un fuerte trueno que hace retumbar la ciudad provocando que se
escuchen los ruidos del tráfico y las alarmas de los coches. Nos hemos quedado
sin luz, giro mi cabeza para mirar por la ventana asustada cuando Bastian casi
me atropella cerrándola y alejándome de ahí.
– Puede entrar un rayo, este edificio es de todo menos ecológico y hay
un infierno de tecnología aquí adentro.
– ¿No tienes algún generador para la luz?
– No, volverá. No es la primera vez que me he quedado a oscuras.
– ¿Siempre hay tormentas en Nueva York?
– Sobre todo en otoño, las veces que he estado aquí y ha llovido se ha
ido la luz. No entiendo como puede ser uno de los edificios más nuevos de la
ciudad y el que más problemas da.
Los dos miramos a través de la ventana pero soy yo la primera que se
gira para apoyarme en el sofá de nuevo, me cruzo de brazos y frunzo el ceño
porque estoy enfadada. Bastian se da cuenta y se acerca a mí, hace que mis
brazos rodeen su cintura y le abrace. Él rodea sus brazos sobre mí y esta vez
no lloro, disfruto
el momento para no olvidar que este será uno de los últimos abrazos que
voy a recibir por su parte.
– Todo es una mierda.
– Sí, lo es – hace que le mire a la cara – nena, voy a darte tiempo y a…
– No Bastian, no – muevo de un lado a otro mi cabeza y le aparto de mí,
se aleja lo suficiente para que una persona quepa entre nosotros. No quiero
seguir torturándome y sufriendo por una relación que ya está más que acabada –
no sigas, pongamos punto y final a esto.
– No Nancy, esa no es una opción, te quiero. Me has dicho que me
quieres.
– Es que lo hago, te quiero pero no podemos estar juntos. No entiendo ni
entenderé tu estilo de vida, tu trabajo, tus amistades, no entiendo nada, eso
no forma parte de nosotros ni de lo que quiero para mí. No se trata de ambos,
se trata de que tú y yo no
funcionemos como pareja, eso es todo.
– No puedo creer que vayas a negar todo lo que hemos vivido y sentido
por una gilipollez – le acribillo con mi mirada cruzándome de brazos otra vez.
– Me alegro de que una violación sea una gilipollez para ti.
– Nancy no vuelvas a…
Le ignoro dejándole con la palabra en la boca, me dirijo a mi mochila y
bajo su atención saco mi pijama. Le vuelvo a mirar y suspiro.
– No me hagas ser la mala de todo esto, dejémoslo así.
– ¿Y si no quiero dejarlo así? Te quiero y me quieres, lucharemos contra
el resto.
– Eso es lo que quieres, luchar contra mí, estar todo el día enfadado y
follarme para relajarte. Bastian,
eres inmensamente guapo, puedes tener a cualquier mujer que te satisfaga
en todos los aspectos de tu vida. No quiero ser esa persona.
– Esto no quedará así nena, estás actuando con la cabeza y no con el
corazón.
– Exacto, – trago saliva– el corazón me pedía hace meses suicidarme y
acabar con mi vida porque creía que después de ti se acababa el mundo. De hecho
mi mundo se acabó Bastian, se acabó el día que decidiste por ambos. No quiero
volver atrás, he hecho grandes progresos en estas últimas semanas y aunque esté
muy lejos de mi fase de aceptación creo que llegaré ahí algún día.
– Por favor, piénsatelo muy bien Nancy. La próxima vez puede que te vea
y ni te salude.
Esa frase provoca un escalofrío por todo mi cuerpo, se me ha subido el
estómago a mi garganta y en mi vientre no hay mariposas precisamente. Hace que
tiemble de dolor ante sus palabras, quiero golpearle
por llegar tan lejos, pero si es así, le daré lo que quiere.
Viene de nuevo la luz y nos ilumina justo a tiempo.
– Está bien, haz lo que creas conveniente.
– ¿No te importa? – Le paso para buscar un vaso y beber agua.
– No se trata de mí Bastian – abro los armarios pero no veo ninguno,
decido sacar de paseo a la vieja Nancy y beber del grifo – además, creo que es
lo mejor. Yo tampoco te saludaré.
– Estás siendo injusta Nancy, pero respetaré tu decisión si es lo que
quieres, pensaba que podrías ser un poco más valiente y dejar tus inhibiciones
a un lado.
– Si las hubiera dejado, no estaría aquí ahora mismo – todo esto no va a
acabar muy bien, quiero desprenderme de todo en cuanto a Bastian se refiere,
suspiro y me acerco a él – te quiero pero tú y yo no
podemos estar juntos. ¿Lo entiendes?
– Jodidamente no Nancy, – pongo mi mano en su cara acariciándole
mientras él ladea la cabeza para rozarme – no hagamos esto, iremos a ver a un
profesional que nos ayude a los dos. A ti a entenderme y a mí a intentar ser
mejor persona, mi mente no va más allá que enviarte flores, no sé cómo hacer
eso de ser romántico.
– Hubo un momento en el que lo fuiste y no me regalabas flores, no se
trata de lo material o de aprender, tiene que nacer de tu corazón.
– De mi corazón nace un jodido infierno de cosas para ti, pero no me
dejas, ya no me dejas Nancy y me mata.
Sonrío y beso sus labios, mis brazos se cuelgan de su cuello y él es el
primero en buscar mi lengua para besarnos sin ir más allá de lo que hacemos.
Solo disfrutamos el uno del otro, sintiendo como nuestros cuerpos responden
ante nuestra mente ya que nunca
he negado ni negaré que besar a Bastian Trumper es el mejor regalo que
la vida podría hacerme. Soy la primera en separar nuestros labios cuando su
ronroneo me distrae.
– Por favor, confía en que esto es lo mejor para ambos.
– No voy a poder superarlo Nancy, te crees que es fácil pero para mí no.
Tú tienes familia, amigos y gente que te adora, yo no tengo nada de eso – apoya
la frente en la mía, no voy a llorar – ¿sabes dónde he estado escondido cuando
no estaba luchando? Estaba en Ravenswood, día y noche, volví a mi oscuridad
porque no puedo disfrutar de nada que no seas tú. No sabes lo jodido que es
salir ahí afuera y tener que atender a todo el mundo, ¿quién me atiende a mí?
Mi vida no es fácil pero no es complicada, solo soy un hombre que ha encontrado
a la mujer de su vida, no me niegues esto.
Cierro los ojos procurando no llorar mientras descuelgo los brazos de su
cuello y suspiro
profundamente. Tengo que mirar hacia abajo para que no me afecten sus
palabras.
He tomado mi decisión definitiva.
– Tengo que darte una cosa.
CAPÍTULO 10
Bastian deja de abrazarme por la cintura separándonos finalmente. Me
deslizo arrastrando los pies torpemente a través del apartamento mirando donde
dejé mi bolso, una vez que lo tengo en mis manos rebusco entre mis cosas
sacando unas chocolatinas que caen al sofá como si las hubiera robado. Veo un
destello de sonrisa en la boca de Bastian, sabe lo que me encantan las
chocolatinas y no se ha sorprendido que las tenga todas escondidas en mi
bolso. Una vez que abro mi monedero lo cojo sin que él me vea, frunce el
ceño porque sabe que lo estoy escondiendo o quizás porque lo ha visto.
Me acerco a él lentamente mirándole y me aseguro una vez más de que esto
es lo correcto. Bastian traga saliva porque no le gusta nada como estoy
actuando, a mí tampoco. Mi falsa seguridad y el tomar las riendas de la ruptura
me lleva a tener un brote de valentía atreviéndome a hacer esto. Levanto su
mano y le dejo caer algo qué él me dio.
– ¿Cómo te atreves a devolvérmelo? – Me intimida y hace que tiemble por
el miedo, él puede actuar como un neandertal cuando quiera y ahora está
despertando a la fiera que tenía dormida – ¿cómo jodidamente te atreves Nancy?,
¿no es suficiente toda la mierda en la que estamos metidos?
– Bastian, no… no puedo tenerlo, eso no está bien. No para mí de todos
modos.
– ¿Te crees que haré lo mismo con otra?, ¿es
así?, ¿crees que esto lo voy a usar con otra?
– No digas bobadas Bastian, esto… yo no… no puedo, empéñalo, úsalo o
dónalo pero no puedo tener ese anillo nunca más.
– Te juré amor eterno con esto, esa mierda de las bodas no vale para mí,
esto sí. Lo busqué por cielo y tierra y te puse un jodido diamante en tu dedo.
¿Por qué me lo devuelves ahora?
– Porque no soy tu novia y no lo voy a ser, me juraste una mentira
Bastian. No me… no me… no me siento bien, – ahora soy yo la que hiperventilo
frente al león que está rugiendo delante de mí – me niego a tener eso, es un
diamante y es precioso, no puedo.
Abro la puerta decidida saliendo al balcón, dejo salir todo el llanto
que estaba conteniendo para llorar como hacía semanas que no lo hacía. Me
familiarizo de nuevo con mis lágrimas, con mis sollozos, con la idea de que
esto no tiene punto de retorno. Le he devuelto el anillo que llevé
orgullosamente mientras fui
suya, dejé de serlo cuando jodidamente me violó, él me violó, él hizo
toda esta mierda y le odio. Bastian me sigue afuera y giro para mirarle con
odio, pongo ambas manos sobre su pecho y le empujo, le sigo empujando hasta que
retrocede porque él lo hace ya que no tengo ni la mínima fuerza necesaria para
moverle.
– Nancy, para, – mira hacia otro lado porque sigo empujándolo hasta que
toca pared con su espalda
– Nancy.
– Me violaste jodido cabrón, ¿cómo te atreviste a hacerme esto?, ¿por
qué le dejaste entrar en nuestra habitación?, ¿por qué? – El nudo que tengo en
la garganta no me deja hablar, no me deja ni siquiera moverme porque sujeta mis
manos en el aire – contéstame si eres valiente, te… te odio.
– Nancy – suspira.
– No vuelvas a… a… llamarme… por…
– Tranquilízate y te lo explicaré.
– ¡HAZLO AHORA! – Le grito – me lo merezco. Me merezco una explicación y
el por qué no he ido a denunciaros por lo que me hicisteis.
– Pasó y ya está.
Me suelta las manos dejándome desolada, se va a la cocina a… a
prepararse un café, no puedo creer que desvíe el tema y me deje en este estado.
Le sigo quitándome las lágrimas de los ojos porque no le miro pero si lo que
hace; tan tranquilamente echa agua sobre la taza junto con el café, azúcar y lo
remueve como si nada. El muy gilipollas se lo tomará frío y todo.
– Me… me lo merezco Bastian, no me trates como una loca cuando no lo
soy.
– No te estoy diciendo que lo seas nena. Te lo explicaré otra vez si es
lo que quieres, pero el discurso no va a cambiar porque no hay más de lo que
pasó. Nancy, – me mira y yo tiemblo – las cosas para mí son blancas o negras,
no hay marcha atrás, sucedió y listo.
– ¿Y listo?, ¿me violas y dices listo?, ¿lo hemos dejado y dices listo?,
¿cómo te atreves a hacerme daño?
– Para empezar nena, no quiero ser el causante de hacerte sufrir más,
pero tranquilízate. Rompe paredes, cristales, lo que te dé la gana pero
tranquilízate, no quiero verte así y mucho menos por mi culpa. Tú has dejado lo
nuestro no yo, sí, cometí una gilipollez por una consecuencia de mi pasado. Fin
de la historia.
– Por supuesto que fin de la historia – Bastian pasa por delante de mí y
saca su café al balcón, lo deja sobre la mesa y vuelve a entrar – ¿no vas a
decirme nada más que eso?, ¿no te importa que esa noche me destruiste como
persona?
– Esa noche perdimos los dos.
– No, perdí yo Bastian.
– Te dije lo que sucedió, mí jodida única neurona se llama Nancy y me
obsesioné con la idea de que te pudiera gustar mi amigo más que yo.
– Estoy segura que él es mejor persona que tú – frunce el ceño y pone su
mano derecha sobre su pecho izquierdo de nuevo.
– No digas eso.
– Lo es, quizás tengas razón y si es guapo, ¿quién sabe?
– Basta Nancy no sigas, – hiperventila con la mano en el corazón – vas a
matarme como sigas hablando.
– ¿De qué?, ¿de qué tu amigo será mucho más guapo que tú? Claro, además
más joven ¿no? Estoy deseando conocerle para que continuemos con lo que dejamos
a medias.
– Te estás pasando y mucho, ¡retíralo todo!
– No, – aspiro mis mocos – eso es lo que odias de mí, que tenga la
frescura de una jovencita que atrae a hombres guapos e interesantes, ¿por qué
frenarme ante eso? Ya no estamos juntos, estoy segura de que si tu amigo
hubiera sido mi novio él me hubiera explicado todo desde el principio de la
relación. Pero no… a ti solo te importaba acapararme para ti solo.
– Él. Nunca. Te. Violó.
– ¿Por qué lo defiendes tanto?, ¿si era tan importante para ti, por qué
no me lo presentaste?
– Ya te lo dije. Me obsesioné con la idea de él y tú juntos.
– Ah, ¿y por eso le dejaste que me violará? – Empiezo a llorar de nuevo
– Bastian, me has destrozado en millones de pedazos, lo has hecho para siempre
y no te das cuenta del daño que me hiciste.
No duda en acercarse a mí para abrazarme, no
quiero que me toque pero le necesito, necesito que borre de mi mente
todos los recuerdos que me atormentan, las pesadillas que se instalaron en mi
interior y todo lo malo que me va a acompañar para el resto de mi vida. Dejo
que sus brazos calmen todo este dolor para poner punto y final a nuestra
relación.
– Le drogué.
Su susurro no ha dejado que le entienda bien.
– ¿Qué? – Me aparto para mirarle a los ojos.
– Le drogué. Él no recuerda nada de esa noche.
– ¿Qué?
Repito retrocediendo. Él no puede estar haciéndome esto, él no puede
estar otra vez mintiéndome.
– Le hice creer que iba a acostarse contigo para drogarle. Se creyó cada
palabra que le dije con el fin
de acabar con todo, no iba a permitir que te contara todas esas cosas
con la que me amenazó pero tampoco iba a ser tan fácil. Primero tenía que
hacerlo contigo porque tenías más posibilidades de despertar y…
– ¿Por qué había un bote con mi nombre?
– Porque sabía que él o Ria podrían tramar algo y no quería que te
afectara. En casa guardo toda la medicación de todos mis clientes, nadie toma
nada que no sea administrado por mí y quise hacer una dosis extra para ti en
caso de emergencia.
– Eso… eso no se hace Bastian.
– ¿Te crees que era feliz? No, no lo era. Estaba acojonado de miedo. La
maldita zorra me tenía presionado y amenazado, Billy estaba enloquecido con su
ex mujer y su novia. Luego me hizo creer que le gustabas e iría a por ti
sabiendo que eras mi novia, sabe lo celoso que soy con respecto a ti cuando le
pegué por observarte en la distancia. Él lo sabía y sin
embargo esa noche vino.
– ¿Qué pasó?
– Ese día fue el peor de mi vida, Ria y él discutieron en mitad de la
calle y yo estaba allí. Cuando intentaba apartarles de la vía pública me
encontré con Linda y me comentó algo de la fiesta del bebé y que tenía ganas de
vernos. Supe desde ese momento que te podía llamar para confirmarte donde me
encontraba exactamente.
– ¿Ella los conoce?
– Ella y su marido fueron socios de El Sótano hasta hace un par de años.
– Oh.
– Ese día fue horrible porque ambos enfocaron su discusión en ti y en
mí. Querían meterme en medio culpándome de que desde que tenía novia había
cambiado, que ya no era el mismo y discutí con los
dos. Nos metimos en otro de mis clubs y ahí llegaron a las manos.
– ¿Bill pegó a Ria?
– Creo que fue al revés. Ella a él. William estaba más borracho que
sobrio.
– ¿Por qué le llamas ahora William?
– Se llama así, William es su nombre y lo uso cuando quiero matarle,
Bill, Billy o Willy son otros de sus nombres, normalmente le llamo como me da
la gana, pero Bill es el que más uso. En fin, que todo eso fue un cumulo de
cosas que no pude soportar. Me volví a casa y te vi, quería comerte a besos y
prometerte que todo iba a ir bien, íbamos a coger un vuelo hacia Paris pero me
arrepentí. No quería encontrarme con ninguna sorpresa, había preparado todo
para ti y para mí pero no confiaba en esos dos.
– Y vino a casa.
– Sí, fue cuando aporreó la puerta de casa y apareció borracho.
Necesitaba a una mujer y el mantenerlo cerca me obligaba a asegurarme de que no
cometiera ninguna locura. Algún día te contaré todos los problemas en los que
se ha metido y de cuantas le he sacado. El resto fue un papel que interpreté,
no lo pensé, me quedé temblando con la idea de poder drogarle para dominarle.
– Me drogaste a mi primero para que no despertara – susurro.
– Exacto, puse una pastilla en su cerveza y otra en su copa. Bebió de
ambas botellas y no tardó en hacerle efecto, al entrar en la habitación me di
cuenta de que ya no era él.
– ¿Cómo… como lo supiste? – Me abrazo a mí misma, aún me da escalofríos
el imaginármelo allí.
– Porque cuando empezó a tocar tus cosas en el tocador le temblaban las
manos y la pierna izquierda, signos y síntomas provocados por la pastilla. Ahí
supe
que lo tenía en mi terreno, hice mi papel para que bebiera de su copa
también y se tragó la segunda pastilla. Cuando salí un momento para ponerle en
otra copa la tercera y que le dejara inconsciente le vi entre tus piernas. Dejé
de pensar en ese momento y me abalancé sobre él, le golpeé, le puse en un coche
y lo mandé a la mierda.
– Yo… yo sentí que me…
– Lo sé nena, no quiero ni pensarlo. Él ya estaba drogado, él no veía
nada, aprovechó el muy cabrón que me distraje para hacer un movimiento contigo
y quise morirme. Le golpee tan duro que no se despertó hasta tres días después.
– ¿Él no se acuerda?
– No, cuando supe que habías llegado a Crest Hill esperé, jodidamente
esperé y lo volvería hacer, pero a los tres días tuve que volver a Chicago para
ver cómo estaban las cosas por allí. Fui a su apartamento y recién había
despertado, iba con la intención de
asesinarlo y acabar con él para siempre pero me sorprendió que no
recordara nada. Ni siquiera que fue a casa, sabía que fue pero se creyó que era
por la mañana porque veía luces, empecé a averiguar si sabía algo pero su
cerebro era nulo. No recuerda ni una mierda de lo que pasó ni ese día, ni esa
noche. Era otro hombre completamente, la pena que llevo en mi corazón para el
resto de mi vida es que tú si lo recuerdas.
– Bastian, yo no voy a poder olvidarlo, jamás.
– Lo sé. No era mi intención hacer todo eso pero los sucesos me
sobrepasaron, me pasé todo el tiempo preparando nuestro viaje a Paris, quería
llevarte a los mejores lugares para escapar de toda la mierda que me atrapó.
Allí te lo iba a contar, allí te iba a decir la mierda de novio que he sido y
que no me merecía tu amor, no me lo merezco.
Me cruzo de brazos y busco de nuevo el jersey que me pongo con la
elegancia que puedo, tengo mucho frío porque estoy abrumada por todo lo que me
ha dicho. Nunca hubiera esperado que ese hombre estuviera drogado y que
Bastian estuviera haciendo lo correcto en su medida. Se asustó y no actuó de la
mejor manera posible pero hizo lo que pudo y me alegro de que esta versión sea
mucho mejor que con la que me quedé en un principio. Sigo abrazada a mí misma
mientras Bastian regula la temperatura, siento de nuevo el calor en el
apartamento.
– Gracias por contarme esto Bastian, – aspiro mis mocos – necesitaba la
verdad.
– No hay más, ya no nena. Pasó y no puedo hacer retroceder el tiempo,
cada uno siguió con su vida y a mí me arrebataron la mía. No le hablo desde que
fui a verle. Y a Ria la soporto porque la muy zorra es buena en su trabajo,
pero no hay oscuridad en mi vida, se acabó.
– Lo que no entiendo es… ¿por qué no me lo dijiste?, ¿te das cuenta del
infierno que he vivido?
– Nena, lo sé. Créeme que lo sé. No es fácil
para mí decirte que en mi club la gente se droga para ser follada, te
dije que las parafilias no son como el sexo común. Hay una serie de contratos,
de actualizaciones y controles casi a diario. No podía decírtelo de la noche a
la mañana, necesitaba conectarme a ti, hacerte creer que para mí eres la única
y jodidamente lo eres Nancy.
– Sabías que podías confiar en mí Bastian, te di todo de mí. Me… me
sentí humillada y ahora sabiendo que Linda también formó parte de esto – pongo
una mano en mi cabeza.
– Nena, no vayas por ahí. Nadie puede hablar del club fuera del club, si
alguien lo hace hay consecuencias legales.
– Pero… todo esto… Bastian me agobio, me siento usada y engañada. Me
traicionaste.
– Lo sé, déjame arreglarlo.
– Estabas tan obsesionado con apartarme de lo
malo que al final fui la perjudicada. Si no llego a descubrir las
pastillas nunca lo hubiera sabido.
– Sí, tarde o temprano y no te engaño diciéndote esto, te lo habría
contado.
– No a juzgar por como actuaste al día siguiente.
– Quise morirme Nancy.
– Yo morí horas antes y no te preocupaste en evitar lo que pasó.
– Tienes razón. Fui el único culpable, pero quédate satisfecha con que
él no hizo una mierda esa noche. Se me escapó de las manos.
– Está bien, es sensato lo que hiciste.
– Mira nena, – se acerca para coger mis manos pero retrocedo – yo lo
hice mal, no te culpes a ti o a quien sea porque soy el único cobarde aquí. No
sé si te
sirve lo que te he contado pero quiero que sepas que se acabó, que el
club va a seguir siendo mi club pero que ya no hay mentiras a medias entre tú y
yo. No hay nada más detrás.
Bufo con la esperanza de exhalar todo el aire de mis pulmones pero me
quedo a mitad de camino. Intento asimilar lo que pasó esa noche y confío
plenamente en lo que Bastian me ha dicho, no puedo arrastrarme al pasado y
hacer que cambien las cosas y tampoco podemos retroceder para que todo vuelva a
ser como antes. Ya nada va a ser como antes. A medida que me ha ido hablando,
he visto en sus ojos sinceridad absoluta con respecto a mí, sus ojos brillaban
y le temblaba el labio inferior, lo sentía desde el corazón y no tengo ningún
motivo para creerme que no fue así como pasó. Sí, todo fue una mierda y ya no
hay marcha atrás. Yo creo que he sufrido lo suficiente como para dejar que eso
acabe con mis esperanzas de futuro, ahora que estoy más relajada, creo que puedo
continuar con mi vida sabiendo que esa noche yo era la única que pensaba con
inteligencia.
– Está bien, supongo que… supongo que las cosas pasaron y ya está. Me
alegro de que no recuerde nada, no es fácil para mí salir a la calle sabiendo
que podría verme y recordarme.
– Nadie, mírame Nancy. Nadie, excepto tú y yo sabemos lo que ocurrió esa
noche.
– Sí, es verdad.
– Quiero que asimiles todo lo que te he dicho para…
– Bastian – suspiro, no quiero hacerlo ahora pero tengo que hacerlo –
esto, esto no cambia nada entre nosotros. No podemos estar juntos.
Susurra una palabra inaudible y vuelve a poner la mano sobre su pecho
izquierdo. ¡Exagerado! Cierra los ojos bajando su cabeza, me niego a verle así
de este modo tan abatido, yo no tengo la culpa.
– Es lo que quieres,
¿verdad? Dejarlo para
siempre.
Asiento sin necesidad de darle el sí que lo sellaría para el resto de
nuestras vidas, creo que esta noche hemos superado una serie de fases que nos
han hecho madurar con forme han ido pasando los minutos. No soy consciente del
tiempo, de la hora y ni siquiera me preocupa si la gente ahí afuera vive o
muere; ahora mismo somos él y yo, y me quiero quedar con el último suspiro de
su aliento. Estira los brazos y me acerco a él apoyando mi cabeza sobre su
pecho, esta vez no hay lágrimas, hay un adiós en forma de gesto que hace
despedirnos de nosotros para siempre. Acabamos de confirmar que no habrá un él
y yo nunca más, que lo nuestro acabó por las mentiras, por la manera de hacer
las cosas y por ese hecho fatídico del que me voy a recuperar aunque ahora lo
sé todo.
Me alejo de él porque sabe que hemos puesto punto y final a nuestra
relación. Ya no hay marcha atrás.
– Creo que voy a dormir en el sofá.
Bastian frunce el ceño y niega con la cabeza.
– No, lo harás en la cama. Que hayas decidido que no somos novios no
quiere decir que no tengas que obedecerme. Recuerda que cada paso que doy por
ti lo hago por tu bienestar.
– Oh, vamos. Eres un catastrófico. Yo duermo en un sofá todas las noches
y no me quejo.
– ¿Qué? – Se acerca a mí cruzándose de brazos. Yo subo una ceja
acusándole de que no me intimida.
– Duermo en un sofá, en el sofá de Rachel. Su casa es muy pequeña, solo
tiene una habitación y es la suya. Supongo que… que buscaré algún apartamento
para mí y también algún trabajo y todo eso, que por cierto…
– No me pongas ninguna jodida excusa, cerré la empresa porque es una
mierda que siguiera adelante
sin ti, no me hagas más preguntas sobre eso, – asiento
– ¿duermes en un jodido sofá?
– Sí. Te lo he dicho. Es muy cómodo. Me gusta. Aunque no tardaré en
buscar otra cosa o en…
– ¿Duermes en un sofá?
Se da la media vuelta con los brazos en el aire y se dirige hacia la
cama. Empieza a quitar todas las almohadas y cojines extras que hay sobre ella
susurrando palabras que no puedo oír bien. Esbozo una sonrisa pero me contengo
en reírme a carcajadas, actúa como un bebé y lo amo. Mientras lo dejo
refunfuñando entro en el baño para darme una ducha
me quito la ropa que me ha
atormentado durante el día desde que cogí el jet en Chicago. Estoy sorprendida
de que esté llevando sanamente mi ruptura, ¿lo tenía ya superado y no me
afecta?, ¿que ese hombre no sepa nada lo arregla todo? Desde luego me siento
como si me hubieran quitado un peso de encima. Nadie lo sabe excepto Bastian y
yo, y tengo que dar gracias a que sea solo así, porque si no lo fuera llevaría
la
humillación más allá del sufrimiento.
Me envuelvo en la toalla después de restregar en mi piel su aroma porque
he usado sus geles con la intención de preservarlo junto a mí para siempre;
quiero que mi última noche con él sea inolvidable. Decido que secarme el pelo
es lo mejor, pero no hay secador así que me lo peino y lo muevo pasando la
toalla por toda mi cabeza. Llego incluso a sonreír en el espejo y no sé por
qué.
Abro la puerta encontrándomelo sentado en la cama con los codos sobre
sus piernas y mirando al suelo. Sabe que no me voy a ir pero también sabe que
nuestra relación se ha acabado. Camino pasando mi pijama que está sobre la
mochila y me dirijo en su dirección, tengo sus ojos cristalinos clavados sobre
mí estudiando cada gesto que hago.
– Ems… – señalo la cama – ¿ya está lista?
– Sí – se levanta sin dejar de mirarme, también está babeando.
– Ya sé que es una tontería y que… bueno… me has…
– ¿Quieres que me gire para no verte?
– Exacto.
– ¿Pretendes dormir desnuda en la cama y me pides que no te vea?
– Es cuestión de privacidad. Que hayas sido mi novio no te da derecho a
verme desnuda tantas veces quieras. Esta noche es especial y voy a dormir
desnuda porque así me lo pediste.
– ¿Y pretendes que no te vea?
– Por supuesto – con el dedo índice le indico que se gire.
Lo hace y dejo caer mi toalla rápidamente para meterme en la cama que no
es un tamaño King ni
mucho menos, aquí vamos a estar más apretados y juntos. Carraspeo con mi
garganta y él me hace caso girándose de nuevo. Bastian empieza a quitarse los
pantalones junto con la camiseta, se queda en ropa interior, sí, me afecta
todavía y yo no soy él. Decido darme la media vuelta mirando hacía el cristal
empañado de la ventana y cierro los ojos.
Sí, quiero olvidar este día y el tener a Bastian casi desnudo no ayuda.
Sin embargo, siento como la cama se hunde y su peso hace que mi cuerpo
rote hasta pegarse al suyo.
– Esto no es una cama grande – sé que sonríe y yo también.
– ¿Por qué me dijiste que me querías desnuda en tu cama? No sabes cómo
me costó hacer eso.
– Me gusta abrazarte y sentir tu piel Nancy, no es una petición nada
rara. Ahora estás desnuda y no hay problema.
– Sí, he estado pensando en ponerme en pijama, pero estaba segura de que
me lo harías quitar.
– Tienes toda la razón señorita, – se ríe a carcajadas – no hubieras
durado ni un segundo con el pijama puesto, de hecho, es una prenda que debería
ser eliminada.
Hago un ronroneo y zanjo el tema. No por nada, solo porque ya me he
imaginado a otras mujeres con él en su cama, pidiéndoles lo mismo que a mí,
abrazándolas y sintiendo sus pieles desnudas. Van a disfrutarle tanto como yo
lo hice y esto me apena. Apaga la luz entendiendo el final de la conversación y
me aparto un poco de él, aunque me gruñe yo le ignoro. Necesito poner en orden
mis ideas y con él a mi lado no voy a poder hacerlo, espero que se duerma
pronto porque no tengo ninguna intención de dormir. No con él aquí.
– Bastian.
– Dime.
– Estoy preocupada por mí – pongo mi espalda sobre el colchón y subo el
edredón hacia mi garganta para que me cubra lo máximo posible.
– ¿Por qué?
– Porque estoy llevando demasiado bien esto de la ruptura y no sé el
motivo. Tengo miedo a caer de nuevo en la depresión en la que me he visto
envuelta.
– Nena, – pasa su brazo por debajo de mi cuello y me arrastra hacia él –
si te ocurre eso es porque no quieres que pase o no lo aceptas.
– Pero es que… es que yo lo tengo asumido. Yo sé que no podemos estar
juntos.
– Hagamos una cosa. Tranquilízate, duerme y mañana será otro día.
– Sí, eso es… pero Bastian, mañana seguiré
pensando lo mismo, – le miro en la oscuridad – no quiero jugar a
decidirme o no, lo tengo más que decidido.
– Está bien – susurra.
Me da un beso en la cabeza y dejo que el calor de su cuerpo caliente el
mío. Ninguno de los dos estamos durmiendo y lo sabemos por nuestra manera de
respirar y el latir de nuestros corazones. Nos sentimos nerviosos, incomodos y
extraños, durmiendo juntos y amándonos, pero al mismo tiempo sin pertenecernos
el uno al otro; una situación que no recomiendo ni a mi peor enemigo. Giro mi
cuerpo dándole la espalda y él entiende que su brazo me estorba. Abro los ojos
apreciando el cielo naranja, se oye como cae la lluvia y los relámpagos que
visten a la ciudad de Nueva York.
Durante la noche voy dando cabezadas, parece ser que duermo diez minutos
y abro los ojos, duermo otros cinco y vuelvo a abrirlos, así durante las horas
de la madrugada. En uno de mis últimos movimientos para
poner mi espalda sobre el colchón de nuevo siento como la mano de
Bastian rodea mi cintura, finge estar dormido y no sé por qué, supongo que le
voy a dejar disfrutar nuestra última noche juntos.
Su cabeza se acerca a mi cuello y le dejo estar. También su cuerpo se
arrastra al mío, él sabe que estoy despierta pero no puedo ni siquiera pensar.
He intentado reflexionar sobre lo ocurrido, volver al pasado para darme cuenta
de detalles o memorizar cada palabra que me ha dicho con tal de ver si tenemos
alguna solución, no he conseguido ni perderme en mis recuerdos porque cada vez
que lo intentaba Bastian me abrazaba fuerte contra su cuerpo.
El aire que suelta por la nariz me hace cosquillas en el pelo y llego
hasta sonreír por el simple hecho de sentirle de esa manera. Estoy feliz y
quisiera que alguien tuviera la respuesta del por qué me siento de esta manera
si he roto la relación con Bastian. ¿Y sí le he dicho que no podíamos estar
juntos y si podemos?, ¿por qué me he precipitado a darle una respuesta tan
rápida?, ¿estoy segura de mis sentimientos por él?, ¿quiero intentarlo
de nuevo? Necesito respuestas a todas mis preguntas. Rachel y mi madre me dicen
que busque dentro de mi corazón, pero es imposible que busque dentro cuando
tengo a Bastian ahí, él es la única persona que quiero y no sé si voy a poder
encontrar a otro hombre que me dé lo que él me ha dado.
– Me he masturbado pensando en ti – digo en voz alta.
¡Oh!
¿Por qué me traiciona mi subconsciente?
– ¿Esta noche?
– No, fue al poco tiempo de irme a vivir con Rachel. Yo… bueno, yo… la
verdad es que tenía ganas y tú imagen venía a mi cabeza.
– ¿Qué te hacías? – Susurra muy interesado.
– Ems, no te lo voy a decir. Ni siquiera sé por qué te lo he dicho.
– Lo supuse de todas formas, – me muevo mirándole en la oscuridad pero
él no declina el estar pegado a mi cuerpo – en Las Vegas te tocabas los pechos
y supuse que no era la primera vez.
– Bastian, eso es… eso…
– Eh nena, no me culpes que yo no he empezado esta conversación.
– Ya – sonrío.
Bufo dándome la media vuelta otra vez, ¿cómo puede darse cuenta de todo
lo que hago?, ¿me toqué los pechos? No me acuerdo, de hecho solo me acuerdo del
alucinante sexo que tuvimos en el hotel, pero no de cada paso que hice. ¿Por
qué no me acuerdo?, ¿estoy empezando a olvidarme de los detalles con Bastian?
Siento como ahoga sus risas en mi espalda a través del
edredón y me alejo de él.
– Quiero enseñarte algo Nancy, – consigue parar y poner su barbilla en
mi brazo – si ya no estamos juntos creo que tienes el derecho de saberlo.
Capta mi atención, joder, él sabe cómo hacerlo porque rápidamente giro
mi cabeza para mirarlo y veo como mueve su mano y… y… ¿se está tocando su…?
¡Oh, Dios!
– Bastian, ¡eres un cerdo! – Me siento en la cama y enciendo la luz –
¿cómo te atreves a tocarte conmigo al lado y…?
Cierro la boca. La cierro y le miro. Se ha destapado y lo estoy viendo.
Él se ha hecho eso. Es de verdad. ¿Es eso posible? No. No lo es.
– Lo siento nena, necesitaba un poco de alegría para que lo vieras en
acción.
– ¿Es… es… eso es… es…?
– ¿Te he dicho que odio que tartamudees?
– Tú… eso…
– Sí nena, por y para ti.
Quiero tocar su pene. Quiero asegurarme que es verdad, que lo que estoy
leyendo es mi nombre y en su pene, se ha tatuado mi nombre en su pene. Desde
abajo empieza la N, le sigue el resto de mi nombre hasta la Y cerca del eje. Es
mi nombre. El nombre de Nancy, se ha tatuado mi nombre.
– Bastian – trago saliva.
– Toca nena, no voy a decirte que no – le miro y veo que está en una
posición muy prepotente, tiene su codo apoyado en el colchón y la pierna
izquierda flexionada, su erección sobresale de su cuerpo, ¿ha crecido? – Vamos
nena, asegúrate de que es tú nombre tatuado.
– ¿Por qué?
– Para que veas que no se borra.
– No idiota, me refiero a ¿por qué te lo has hecho?, ¿cómo?, ¿cuándo? –
Miro su pene y no me arrepiento de estar mirándole.
– Me lo hice cuando hablamos por última vez. Cuando me dijiste adiós
definitivamente. Volví a Chicago, me duché y llamé a Jer para que me lo
hiciera.
– ¿Y qué dijo Jer? – Él es su amigo y el único que le tatúa por todo el
cuerpo.
– Confió en que te iba a gustar tu regalo de Navidad.
– ¿Le dijiste que era para mí?
– Sí, estuvimos hablando en que sitios podría poner tu nombre y decidí
que este es el mejor lugar –
vuelvo a mirar, mi nombre se ve increíble en su inmenso pene, es una
obra de arte.
– No sé qué decir, yo… bueno… es que…
Vuelve a taparse con el edredón y no dice nada. Apaga las luces
acomodándonos de nuevo para intentar dormirnos, ¿qué hora será? Ahora sí que me
estoy sintiendo agotada. Necesito dormir. Bostezo y vuelvo a mi posición fetal
mirando una vez más el cielo de Nueva York.
– Nena.
– ¿Sí?
– ¿Podríamos tener un poco de sexo pervertido?
– ¡Bastian! – Le recrimino golpeándole con la mano – no puedes… solo no…
– ¿No echas de menos un poco de sexo entre nosotros? – Me muerde el
cuello acercándose a mí por
la espalda y hace que encoja mi cuerpo.
– Por favor, vuelve a tu sitio, – digo entre risas
– Bastian no me… no…
Sabe que odio que me haga cosquillas pero lo hace, me remuevo por toda
la cama intentando esquivar sus dedos que consiguen tocar las zonas más
sensibles de mi cuerpo. Me desahogo estallando en risas y eso es bueno, creo
que no vamos a ser amigos pero los dos conectamos a la perfección y eso no lo
podemos negar. Caigo de nuevo sobre la cama con él encima de mí, mis manos
están sobre mi cabeza y él me tiene bien sujeta para que no me escape.
– Echaba de menos verte reír – se pone serio al igual que yo.
– Yo también me echaba de menos.
– Tengo un tatuaje con tu nombre porque eres lo único que voy a follar
en toda mi vida, ¿lo sabes no?
– Estas muy seguro de que…
– Lo estoy. No me he tatuado tu nombre en el pene por hacerte la gracia,
lo hice con el mismo significado que tú hiciste el tuyo.
– Lo mío fue una estupidez, no lo veo de todas formas.
– ¿Te arrepientes?
– No. Lo volvería a hacer de nuevo, pero no con tu nombre… es feo.
Sonrío porque le estoy tomando el pelo y él hace lo mismo. Aprieta su
agarre contra mí, no puedo evitar sentirme excitada.
– Así que aquí tengo a mi Nancy graciosilla.
– Siempre ha estado pero tu mal humor hace que no me veas. Y sobre tu
tatuaje no tengo mucho que decirte porque yo me hice el mío también, llevo tu
nombre por algo.
– No quería que nadie viera tu nombre tatuado en mi cuerpo, soy
jodidamente celoso hasta para eso.
– Es solo un nombre, nadie va a llegar a mí solo leyéndolo en tu cuerpo.
– Lo tengo en un lugar donde solo tú vas a ser la beneficiada. Eres tú
la dueña, la única que puede darse el lujo de leer su propio nombre.
– Bastian, es un lugar muy íntimo y creo que ya
no…
– Una última vez.
– ¿Qué?
– Hagámoslo una última vez, no estaba bromeando cuando te pedía sexo
pervertido.
– Suelta mis
manos – lo
hace y las
bajo
mientras él hace lo mismo, apoya sus codos sobre la almohada
enjaulándome como una presa – ya no somos novios y el tener sexo lo
complicaría. No quiero ser como esas parejas que rompen y vuelven muchas veces,
o de esas que tienen sexo esporádicamente. Aunque sea satisfactorio no… no
puedo solo… y… ¿comprendes lo que te quiero decir?
– Podría ser válida tu respuesta si no hubiera amor, pero lo hay.
– Exacto y no quiero implicarme más contigo. Estoy aquí porque me da
miedo salir a la calle en una ciudad que no conozco, no sabría cómo llegar al
aeropuerto, si no ya me hubiera marchado y sin mirar atrás Bastian. No nos
compliquemos más.
– ¿Tampoco vas a querer que seamos amigos?
– No si no puedo tenerte.
– ¡Pues hazlo joder, estoy aquí nena! No me he ido a ninguna parte.
– ¿Solo quieres tener sexo y ya está?
– No. Quiero más. Todo de ti. Te quiero día y noche. Eres tú la que me
dejas.
– Apártate, te pesa el culo – sonríe como yo, no tengo necesidad de
estar cabreada, ya no lo estoy – mañana me iré de vuelta a casa y no quiero
quedarme con el último recuerdo de ti y de mí teniendo sexo pervertido.
– Míralo de este modo, te gusta el sexo y a mí también. Me quieres y yo
te quiero. Lo deseas y yo también lo deseo. ¿Me puedes explicar cómo funcionan
las mujeres? Porque créeme que intento buscar una solución en mi cabeza pero no
puedo.
– Bastian, eres un machista.
– Y tú deberías venir con unas instrucciones debajo del brazo – se ríe
de mí y le empujo hasta echarle de la cama.
– ¡Se acabó! Vete a dormir al sofá o me iré yo.
– Era broma nena, era una jodida broma.
– No, lo has dicho porque lo sientes. Bastian, no vamos a tener ningún
tipo de sexo, – me arrastro por la cama porque se quiere llevar el edredón y le
dejo solo con la sábana – qué tengas buena noche. Quiero dormir.
– Está bien, ¿puedo pedirte una última cosa antes de que mañana te vayas
y se acabe para siempre? Por los viejos tiempos, – le miro dudando y asiento
con la cabeza – ¿podrías masturbarte para mí?
Entrecierro los ojos y le lanzó su almohada, también la mía e intento
golpearle, sujeto mi edredón contra mi cuerpo procurando que no me vea nada,
eso es lo que quiere y no va a conseguirlo. Cuando está lejos de la cama y
riendo apago las luces.
– Duerme Bastian y déjame en paz – suspiro
sonriendo, este hombre va a acabar conmigo.
El ambiente se relaja, se ha ido al sofá a dormir y me arrepiento. Ha
renegado y gruñido bastante tiempo y no le he hecho caso. Pienso en buscar las
segundas intenciones por las cuales quería sexo pero no las encuentro. Lo que
más me duele de todo esto es que… es que él… maldito Trumper, él tiene razón.
Le deseo y mucho, yo también quiero llevarme un último recuerdo como pareja. Me
decido a complacerle, se ha hecho un tatuaje con mi nombre y no me ha
sorprendido porque me dijo en su momento que quería hacérselo; lo tiene en el
pene y voy a disfrutar lo que es mío. Podrá follar a tantas mujeres quiera pero
es mi nombre el que llevará en su pene para el resto de su vida.
Camino por el apartamento desnuda, estoy ardiendo y no es por el calor
corporal precisamente, necesito desfogarme, amarle, sentirle y montarle como
nunca antes lo había hecho. Espero que esté despierto aunque hace un buen rato
que se fue de la cama, rodeo el sofá y me lo encuentro con los ojos cerrados y
su cuerpo recto. Me quedo un buen rato estudiando su posición, está
durmiendo, me arrodillo y pongo una mano en su corazón, le ha vencido el sueño.
Espero un rato sentada a su lado observándole, no creo que esté despierto y si
lo está, sabe disimular. Me acerco a él y le doy un tierno beso en la cara. Voy
a echarle de menos, ¿cómo podemos ser tan incompatibles?
Me aparto para dejarle dormir poniendo mi cabeza sobre su pecho y decido
darme un descanso para asimilar que mañana nos separamos para continuar con
nuestras vidas. Una parte de mí quiere hacerlo, necesito olvidar a este
neandertal, pero otra parte de mí quiere seguir aguantándole sin importarme sus
mentiras y comportamientos. Eso es porque lo amo. ¿Por qué lo amo a él y no a
otro? Le doy un beso en su barriga porque me gusta cuando respira, parece tan
normal. Me levanto del frío suelo para que descanse, ha tenido un día largo y
la muy terca de mí le ha mandado a dormir al sofá; si estuviera despierto le
mandaría de nuevo a la cama y yo dormiría aquí. Doy un paso cuando la palma de
su mano se estrella en mi pierna agarrando mi muslo y haciendo que me
caiga sobre él.
– ¿A dónde ibas señorita? – Su voz es ronca y tremendamente sexy.
Decido olvidar todo y me lanzo a su boca. Mi lengua sale tan rápido como
mi cuerpo choca contra el suyo colocándome encima. Nuestros gemidos mueven el
ambiente cargado de pasión y desenfreno mientras ajusto mis piernas a ambos
lados de su cuerpo rozándome contra él. Nuestros besos se hacen babosos porque
no podemos controlar la rapidez de nuestros labios, absorbo su saliva como él
absorbe la mía marcándonos aún más de lo que nos hemos marcado en un año. Sus
manos acarician mi costado, bajan hasta mi trasero y me azota, me deslizo más
arriba para poner mis pechos sobre su boca dejando caer mi cuerpo para que
atrape uno con sus labios. No se corta y me muerde un pezón, intento apartarme
para que no siga pero sus manos me sujetan fuerte para que no me escape;
también le ofrezco el otro y hace lo mismo, mordisco, lametón, absorción y
mordisco de nuevo. Con una de mis manos me apoyo
en el sofá pero con la otra arrastro su cabeza hacía mí, necesito que no
pare.
– Nena – susurra en algún lugar entre mis pechos.
Hago que se siente sin apoyar la espalda para cogerle el pene, sí, voy a
coger el pene que tiene marcado como mío. Me siento valiente y sexy sabiendo
que mi nombre está ahí mientras le acaricio de arriba abajo notando como se
vuelve más y más duro; puede estallar en mi mano cuando yo quiera. Pego mi
frente contra la suya y le beso mientras sus manos acarician mi cuerpo.
Nos fundimos de nuevo en otro beso, esta vez dejo de acariciarle para
abrazarle contra mí. Movemos la cabeza de un lado a otro, sacamos nuestras
lenguas y me siento sobre él, dejo de estar de rodillas para rodearle la
cintura con mis piernas. Él me tiene aquí, abierta, empapada y dispuesta para
lo que me pida. Tardamos en disfrutarnos el uno al otro mientras acaricio su
cabello por detrás y subo mis manos a su
cabeza para removerlo; adoro hacerle esto y lo deseaba hacer una vez
más. Elevo mi cuerpo un poco para demostrarle que necesito más, que quiero y lo
deseo con todas mis fuerzas chocando mi pecho contra el suyo y resbalando por
nuestro sudor. Mis pezones están duros y se marcan en su piel, estamos haciendo
eterno cada momento y no quiero hacerlo porque lo único que suplico es que
entre dentro de mí.
Aprovecho que tengo sus manos en mi trasero, qué me ayudan a moverme
como yo quiera para coger su pene y colocarlo dentro de mí.
– Oh Bastian.
Eso… eso… eso se ha sentido bien. Ni siquiera está en mi interior del
todo cuando quiero morirme de placer. Subo y bajo para recibirle como me
plazca, él gruñe y siente lo mismo que yo, pero son mis gemidos los que se
escuchan cuando me empiezo a mover de arriba abajo montándole como nunca antes
lo había hecho. Abandono su boca para esconder mi cabeza en su cuello, a veces
me canso porque estoy débil pero él
me ayuda impulsándome para que continúe. Me pierdo en su deseo, en
sentirle dentro de mí, en saber que estamos unidos a pesar de todo y que somos
dos en uno aunque no podamos estar juntos.
Muerdo su cuello y él gime por esto mientras le miro a los ojos con el
fondo de la ciudad a sus espaldas, ha abierto la cortina y no sé porque estoy
sintiendo que el amanecer se acerca y esto se acaba. Me conecto con sus dos
astros mientras le monto, mi orgasmo viene y lo estoy intentando apartar de mí
tan rápido como puedo, no quiero el final. Beso sus labios con los movimientos
que se van acabando, ya ha llegado el momento y lo siento venir.
– No aguanto mucho más nena.
Esconde su cabeza en mi cuello y subo mi mano apretándola contra mí, le
necesito cerca, tan cerca que cierro los ojos y me dejo envenenar por el dulce
de su aroma. Su gel, su perfume, su sudor, el olor a Bastian que provoca
cientos de millones de sensaciones cada vez que le veo, le amo tanto que podía
llegar hasta
matar. Mis dedos se pierden en su cabello y con la otra mano sujeto la
parte trasera del sofá para impulsarme una última vez más y morir de placer.
Siento su semen en mi interior y como se ha puesto rígido su cuerpo; su último
gemido ha sido para pedirme ayuda y se cree que no lo he escuchado.
Jadeamos sin movernos porque mi cuerpo encaja perfectamente al suyo y
adoro que sea así, parece tan grande, tan hombre y tan musculoso que me hace
sentir que a su lado soy lo contrario. Mis dos brazos le rodean mientras le
abrazo fuerte y choco mi cuerpo contra el suyo, pero Bastian decide levantarse
dando unos pasos hacia la cama para dejarnos caer sobre ella.
Juntos.
Su cuerpo me aplasta y me da igual, no puedo respirar y el sudor se nos
está empezando a enfriar así que arrastro el edredón sobre nosotros para
abrazarle de nuevo. Él tiene su cabeza enterrada en mi cuello, la luz del día
nos está recibiendo y puedo certificar que
no he dormido más de una hora en toda la noche. No me siento cansada
pero tampoco estoy en mi mejor momento porque sé que después de esto ya no hay
nada.
Bastian no ha movido ni un solo músculo de su cuerpo y sé el motivo, si
lo hace puede que nos digamos adiós para siempre y no habrá una próxima vez.
Abro los ojos de nuevo cuando el sol brilla a medias porque hay muchas
nubes que cubren el cielo de la ciudad, parece que va a llover a juzgar por el
color oscuro del día. No me he dormido, o tal vez sí. Tenía los ojos cerrados y
ahora los he abierto, creo que me he dormido y tengo un nudo en mi garganta.
Bastian sigue dormitando sobre mí, espero que por fin haya cerrado los ojos
para dormirse y no para no dejarme escapar ya que anoche luchó y debía de estar
agotado.
Giro la cara mirando por la ventana porque Bastian sigue en la misma
posición, en algún momento
antes he hecho que dejara mi interior, me gruñó pero lo logré. A pesar
de que hemos hecho el amor, hemos… hemos zanjado nuestra relación.
Mis lágrimas caen por mi si sien y mueren en el colchón, no puedo
controlar que me ha dado un bajón emocional importante. Tengo un nudo en la
garganta que no me deja respirar, ¿por qué todo es tan complicado? No puedo
decirle que le quiero y dejarle después. Siento como se enrojece mi nariz
porque lloro en silencio. Anoche discutimos y lo arreglamos, hemos dejado claro
nuestros puntos de vista y aun así, tengo la sensación de que estoy haciendo lo
correcto. Suspiro y Bastian se mueve, está despierto.
– Duerme sobre la cama, se me ha dormido el lado izquierdo – le susurro
porque tiene sus ojos bien abiertos como si no hubiera dormido, tiene ojeras y
se ve cansado.
– Estás llorando.
– No te
preocupes por mí –
me aparto las
lágrimas mientras él se mueve.
– Lo hago.
Me incorporo quedándome sentada en la cama, realmente se me ha dormido
mi cuerpo, aunque no importa, ya nada importa. Dejo caer el edredón porque no
merece la pena taparme, que me vea si quiere, que me absorba como quiera, yo he
dejado de existir en el momento que le dije que no podemos seguir juntos. Toco
mis dedos de los pies mirando la manicura que las chicas y yo nos hicimos en
Las Vegas, no fue todo ir de museos. La cama se hunde a mi lado y siento la
barbilla de Bastian en mi hombro, sus brazos me rodean evitando mis pechos para
no hacerme sentir que viene con otras intenciones.
– ¿Te das cuenta que nada tiene sentido? – Digo a la nada aunque va
dirigido a él.
– ¿El qué no tiene sentido?
– Tú, yo y todo lo que ha pasado.
– Lo tiene nena, lo tiene pero no lo ves aún.
– Todo es una mierda Bastian, las cosas no son tan fáciles para mí.
– Haz que lo sean. Tú puedes hacer lo que te plazca, yo estoy aquí –
pasa mi pelo por detrás de mí oreja – siempre estaré aquí.
– No quiero… no quiero alargar esta tortura.
Miro hacia la ventana y ahí afuera veo mi respuesta, un mundo sin
Bastian Trumper ¿cómo se sentirá eso? En Chicago me esperan amigos y familia,
sí, lo que siempre he querido, quizás busque un trabajo y me mude a un nuevo
apartamento, pero ¿qué sentido tiene todo si no le tengo a él? Voy a volver de
nuevo al agujero ahora que le he tenido dentro de mí, que todo ha sido real y
no es una pesadilla que se me repite a diario. Le quiero, deseo estar con él
pero su dichoso club va a separarnos otra vez. Si ahora le digo que volvemos a
estar juntos estoy segura que hoy mismo
irá a ese club o quedará con Ria, y ¿qué será de mí? Seré la estúpida
chica que deje en algún lugar y luego acuda a mí de nuevo. Me guiará a su
antojo, vendrán los celos, los acaparamientos y la necesidad de privarme de mi
libertad. Sí, puede que me ame y puede que yo a él también, pero nuestra
relación sería un fracaso asegurado.
– Nena, – veo asomar su cara por mi izquierda
– te estoy hablando.
– Dime.
– Te decía que no llores más, no sufras porque lo nuestro no funcione.
Si no puede ser, lo dejaremos pasar.
– No me acostumbraré a estar sin ti Bastian.
– Ni yo, pero no te tortures más nena. Haz lo que te plazca pero no te
hagas daño a ti misma, odio verte así.
– Ves mi mejor versión – me alejo para sentarme sobre el borde de la
cama y poner los pies en el suelo, ahora sí que sujeto el edredón para
cubrirme.
El colchón vuelve a estar en llano porque Bastian está de pie, escucho
sus pasos rodeando la cama y se presenta en su bóxer delante de mí. No estamos
juntos pero no soy de piedra. ¡Qué guapo! Pone sus rodillas sobre el frío suelo
agarrando una de mis manos mientras me la besa y cierra los ojos, baja la
cabeza sin mirarme y a mí me da por llorar.
– Nena, no sigas. Decide lo que quieras pero
no…
– Si ahora te dijese que quiero volver contigo, ¿cuánto tardarías en
regresar a ese club?, ¿cuánto tardarías en atender alguna llamada a Ria u otra
secreta?, ¿me lo dirías o me dejarías que lo supusiera?
– Nancy, – suspira colocando sus manos a ambos lados de mi cuerpo – las
cosas no son como las tienes en mente. Te he dicho que tengo que atender a
ese club porque depende de mí, no lo hago por dinero, lo hago por
humanidad.
– ¿Humanidad?
– Sé que no lo entiendes y que no lo vas a entender, pero si lo hago es
porque me sentiría mal si lo dejara de lado.
– Así no vas a encontrar a una buena mujer en tu vida.
– Ya la encontré y me ha dejado. Le intento explicar una y otra vez lo
mismo pero no me escucha.
– Sí te escucho – cruzo mis brazos apartándome las lágrimas.
– Bueno, pues te niegas entonces. Nena, no puedo mentirte y decirte que
no iré cuando tengo que ir. Si no voy, Ria me está llamando para contarme
cosas, si la ignoro se presenta allá donde vaya. Por eso prefiero ir allí,
echar un vistazo a todo y regresar. Solo
hago eso.
– ¿Por qué te importan tanto los que van allí?
– Porque van por algo, – voy a abrir la boca pero pone su dedo en mis
labios – solo quieren evadirse o quizás no, pero saben que allí abajo estarán
seguros. Pueden follar a quien les dé la gana y como les dé la gana, no hay
nada más allá del placer.
Pongo una mano en mi cara y deseo morirme. ¿Por qué? No logro comprender
la importancia del club, él no va a renunciar a El Sótano y tampoco a Ria. No
voy a poder soportar que vaya allí abajo, que hable con mujeres y que se pasee
mientras dejan sus babas a su alrededor. Estará rodeado de sexo y la tentación
está solo a un paso, hay una fina línea entre el bien y el mal, entre el sí y
el no, entre lo hago y no debo hacerlo.
– Quiero volver a casa.
Me mira impasible ante probablemente las palabras que no hubiera querido
escuchar. Asiente con
la cabeza y se marcha mientras me quedo mirando la ciudad por la
ventana. Bueno, ya está hecho.
Veo a Bastian mirar su móvil y tecleando. Aprovecho para coger la toalla
que estaba en el suelo y tapar mi cuerpo, ya ha perdido todo el derecho a verme
desnuda. Me doy una ligera ducha y al salir veo a Bastian ya vestido en la
cocina, yo termino de meter las cosas en la mochila porque estoy lista para
irme. Interpreta que ya he acabado cuando abre la puerta del apartamento y sale
para llamar el ascensor, me cuelgo la mochila en mi hombro izquierdo, mi bolso
en el derecho y salgo por primera vez a la vida real sin Bastian.
Ryan nos lleva al aeropuerto según me ha dicho Bastian en el ascensor,
ha empezado a llover mucho en la ciudad y no quiero mirar por la ventana para
no sentir melancolía. No me mira, ni me habla, él si se pierde en ver como cae
la lluvia y en sus pensamientos. Pronto veo el desvío del JFK y me temo que
esto se acaba aquí, entrelazo mis dedos y me muerdo el labio inferior con los
nervios que me
consumen a pasos agigantados. Yo… yo le quiero mucho.
El coche a penas derrapa cuando frena frente al jet, diviso a los
trabajadores con los chalecos de color naranja y amarillo. Se escondió el sol
del todo y ni siquiera me ha dado un poco de tregua para no llevarme este
último recuerdo amargo. A juzgar por la tranquilidad de Bastian él no viajará
conmigo y seré yo la que volveré sola a casa. Él es el primero en bajar y coger
mi mochila para dársela a alguien mientras ponen un paraguas sobre su cabeza,
abre mi puerta y extiende su mano ya que este hábito permanece intacto desde
que nos conocemos. Salgo temblando por el brote de frío que recorre mi cuerpo,
él agarra un paraguas, y pasa su otro brazo por mi hombro reteniéndome contra
su cuerpo para que no me moje la lluvia. Me acompaña a subir las escaleras pero
cuando quedan dos pasos freno.
Giro mi cuerpo y subo dos escalones más para quedarnos cara a cara
mientras nos miramos con lágrimas en los ojos. Siento que alguien se posa
detrás
de mí pero se vuelve a esconder.
– Karen, por favor – le doy mi bolso y se mete dentro del jet.
Vuelvo a mirar a Bastian porque no ha soltado su agarre de mi cintura,
con la otra tiene inmóvil el paraguas que nos protege de la lluvia. Ambos
temblamos ya que el frío tiene la culpa pero también lo que hemos hablado, soy
la primera que avanza en esta despedida y lo abrazo tan fuerte que tengo miedo
a soltarle.
– Nena no lo hagas, no te vayas – me susurra en mi oreja, lanza el
paraguas y me abraza del mismo modo – quédate, quédate conmigo.
– No puedo, – beso sus labios y me deja entrar por última vez en su boca
– no me lo pidas porque no puedo Bastian, te quiero a morir.
– ¿No puedes hacer un esfuerzo e intentarlo? Por los dos.
La lluvia no tarda en mojarnos justo para camuflar mis lágrimas, mi
nariz esta roja y soy un desastre. Sin embargo, Bastian es todo lo contrario,
la lluvia le hace más sexy de lo que es, sus ojos, sus dos astros brillan de un
modo especial con el color del cielo; vale, no puedo continuar mirándole. Está
enfadado, derrotado e infeliz. No está de acuerdo con esta decisión y me duele
más que a él dejar definitivamente lo nuestro.
– Te quiero Bastian.
– Quédate.
– Sabes que…
– ¡A la mierda! Te quiero nena, te quiero y me estás dejando. Piensa en
nosotros amor, hemos vivido cosas buenas, hemos compartido mucho más que besos
y te has olvidado de mí.
Pongo mis manos a ambos lados de su cara y le
vuelvo a besar.
– Vete, te estás mojando – susurro y no quiero que se vaya.
– No voy a dar esto por finalizado.
– No más juegos Bastian, – me aparto de él para mirarle fijamente a sus
ojos – no más juegos porque no quiero que me hagas más daño ni que aparezcas ni
que…
Ni que aparezcas de la mano con mujeres que no sea yo, supongo que yo
misma he perdido el privilegio de decirle eso. Me callo decidiendo sonreírle,
le vuelvo a besar y me alejo más de él. Su ceño está fruncido y está
maldiciendo en voz baja porque no quiere verme marchar ni yo tampoco.
– Adiós Nancy, adiós para siempre, – se cruza de brazos – ojala que seas
feliz.
Levanto la mano fingiendo una sonrisa, no tengo
que decirle nada porque sabe que él lo va a ser sin que se lo desee. Le
digo a Karen que cierre la puerta mientras me siento en el sillón viendo como
Bastian baja las escaleras y se mete dentro del coche. Pronto desaparece entre
la lluvia y yo me derrumbo.
– Señorita Sullivan el señor…
– Karen, el señor y yo no somos pareja, así que… que puedes llamarme
Nancy de todas formas.
– El señor ha mandado que desayune, ¿qué desea?
– ¿Qué deseo? Deseo no haberle conocido nunca en la vida, que no me
hubiera dicho que me ama para luego acudir a sus amigas y a sus clubs antes que
estar conmigo. Deseo a alguien que me adore por encima de todo, que yo sea su
prioridad y que no tenga contacto con su ex. Al parecer deseo algo que nadie me
va a dar, y desde luego, Bastian Trumper no me lo ha dado ni me lo dará porque
es un cobarde de mierda que solo se preocupa por un puñado de gente que deja
dinero en sus clubs antes de empezar una vida al lado de la mujer que
supuestamente ama. Le deseo a él, sí, pero no de la forma que él quiere llevar
nuestra relación acabada. Me ha roto el corazón una vez, dos, tres y lo seguirá
haciendo. Solo quiero a uno que por encima de todo me valore, me respete y que
no piense que voy a tener una venda en los ojos porque a partir de ahora la
venda se esfumó. Ahora dime que tienes uno de esos en la carta porque me lo
pido.
CAPÍTULO 11
– Cocinaré el almuerzo.
– Vuelve a tu sitio.
– ¡No, ya he escuchado suficiente!
– Por favor… papá, haz caso a mamá y vuelve a tu sitio. Necesito que…
que… que me ayudes a…
– Nancy. Acepté por unas semanas a ese hombre y ahora no quiero volver a
escuchar nada más de él.
Mi madre y yo nos miramos con ojos de complicidad. Ayer cuando aterricé
en el aeropuerto había un coche esperándome y le pedí al chofer que me trajese
a Crest Hill. Fue un vuelo complicado a
pesar de que Karen lo hizo muy ameno, me privó que me aislara y pensara,
aunque no pudo hacer nada una vez que llegara a casa de mis padres. Hoy me he
levantado decidida a sacar todo lo que siento por Bastian, ellos se merecen una
explicación por el tiempo que he estado aquí viviendo en el mismísimo infierno,
por supuesto que no les he contado nada, pero sí lo suficiente para que me
intenten comprender. Mi madre sí, mi padre… aún no.
– Roger, nuestra hija está abriendo su corazón. Nos necesita – mi padre
no dice nada y se limita a cortar la verdura, estamos sentadas en la mesa de la
cocina y hablando de lo que ha pasado.
– Siempre me habéis criticado por ser demasiado protector, yo era el
malo y mirad, no me he equivocado.
– Papá, no seas injusto, aquí la única que está hecha un lío soy yo. Le
amo, amo a Bastian y no puedo evitarlo.
– Te compraré un poster de él y lo amarás en tu habitación.
Arrugo mi cara e incluso pone una sonrisa en mi boca. Ha estado muy
receptivo con todo lo que les he contado, de hecho, ha durado sentado más
tiempo del que preveía. No ha aceptado que esté viendo otra vez a Bastian, que
le haya visitado en Nueva York, que él estuviera en Las Vegas; saben lo que he
sufrido por mi ex novio y a pesar de que mi madre lo comprende, mi padre
todavía no. No dejará de ser protector conmigo.
– Mamá, yo… no sé qué hacer. Quiero verle y tenerle.
– Tesoro, tú relación no es la más perfecta y bonita, quizás sea
complicada y horrible de soportar, pero hay un hombre que lucha por tu amor, y
cuando un hombre lucha por tu amor, dale el beneficio de la duda.
– Es que… me matan los celos mamá, me matan.
– ¿Quién querría a un viejo como él? – Susurra mi padre y le ignoro.
– Nancy, haz caso a tu corazón. Si le amas podrás enfrentarte a todo lo
que quieras.
– Mi corazón dice sí, mi cabeza dice no. Mi actitud dice sí y dice no.
¿Qué hago? – Dejo caer medio cuerpo sobre la mesa poniendo mis manos en la
cabeza – él no puede esperarme para toda la vida y vendrá otra y me lo robará.
– Mejor – dice mi padre.
– Roger, no seas tan grosero con ella. Cariño, si tu corazón dice que sí
y tu cabeza dice que no, piensa con que vas a amar. Si con el corazón o con la
cabeza.
– ¿Y dónde dejo mis celos? Él me ha… me ha encendido de tal manera que
ha hecho que esté en alerta todo el tiempo, le he visto con mujeres, dice que
son amigas, pero… pero… le he visto y me he
convertido en una neandertal cavernícola. Lo único que quiero es
arrancarles la cabeza a todas y que se alejen de mi hombre.
Me levanto abriendo la puerta del jardín, hoy está lloviendo y el aire
fresco azota el ambiente cargado del interior. Mi padre continúa cocinando y mi
madre preocupada por lo que digo. En este par de horas que hemos estado
hablando he pasado de llorar, a reír, de hablar, de no hablar, de suspirar,
bufar, enfadarme, entristecerme y todo me lleva a lo mismo; le quiero, le
quiero y mucho pero no puedo estar con él. Siempre hay un pero.
– Tesoro. No te agobies, lo único que conseguirás es sufrir más.
– Nadine, ese hombre ya la ha hecho sufrir y sigue sufriendo.
– Ella lo ama, él la ama, se ha portado muy bien con ella a pesar de que
hayan tenido sus diferencias como pareja.
– Hay cosas más graves que los típicos problemas de pareja, – vuelvo a
sentarme – somos de dos mundos diferentes y él se encarga de ciertas cosas que
no apruebo ni lo haré. Por encima de mi cadáver.
Nos envolvemos en otro silencio, aunque no hablemos sé que me dan tiempo
para que reflexione y que ellos están siendo mi apoyo aquí, Rachel lo ha sido
pero necesitaba la fuerza suficiente que solo mis padres pueden darme. Lo peor
de todo es que estoy llevando la ruptura demasiado bien y no lo entiendo, ni yo
misma me entiendo.
– Nancy, no queremos verte así, no queremos que salgas ahí afuera y que
no seas feliz.
– No seré feliz mamá, me he enamorado de un hombre que no puedo tener.
Él me confunde tanto, sin embargo, me ha dado tiempo, ha dicho las palabras
justas para calmarme, me ha respetado y está intentando volver conmigo desde
que lo dejamos. ¿Qué hago? No puedo ignorar el hecho de que se está
portando como un caballero conmigo.
– Habla tu corazón.
– No mamá, habla mi cabeza porque si hablara el corazón hoy estaría en
Nueva York con él.
– Roger, dile algo.
– Él no me gusta – saca la carne del frigorífico para el asado.
– Tampoco le conoces papá. Él es… es perfecto para mí.
– Lo único que sé es que te dejó llorando en Acción de Gracias y la
próxima vez que te vi casi morimos. No voy a decir nada más al respecto,
Bastian Trumper no pisará mi casa ni estará con mi pequeña.
– Roger, cuando he dicho que digas algo es para que le ayudes no para
que la hundas.
– Es la verdad.
Me rio porque mi padre es el más dulce del mundo, pero cuando se enfada,
frunce el ceño como lo hace Bastian. Trago saliva bebiendo de mi refresco, si
de algo me ha servido mi viaje a Nueva York es para darme cuenta de que no
quiero lamentarme más con respecto a mi relación. El saber lo que pasó aquella
noche realmente me ha quitado un peso de encima, que solo lo sepamos Bastian y
yo es lo único que me importa, ya no voy a tener más pesadillas e incluso me he
mirado al espejo y he sonreído. Pero luego tengo el factor Trumper, ¿cómo sé si
me ama de verdad y no quiere solo un juguete?, ¿y si le dice esto a todas las
mujeres?, ¿y si alguna noche le tienta alguna mujer en su club y acaba siéndome
infiel? El que tenga un tatuaje con mi nombre en su pene no quiere decir que
solo vaya a poseerme a mí, ¿y sí él ya se ha acostado con otra? Prácticamente
no somos novios. No, ya no somos novios.
– Cariño, – mi madre se sienta a mi lado y coge
mis manos – hay algo gordo que nos hemos perdido y estás en tu derecho
de no contárnoslo porque os pertenece a ti y a él, pero hay algo en tus ojos…
– Claro mamá, estoy enamorada de Bastian, ya me lo dijiste.
– No, esta vez es un brillo especial. Tu color de ojos es el más hermoso
de todos, azul, celeste, gris… cambia cada vez que cambias de humor, pero esta
vez algo brilla cada vez que le nombras. Como si estuvierais conectados a pesar
de que estáis lejos.
– Tengo la misma sensación que tú, me sorprendo de llevar la ruptura
bien. Tengo incluso hambre.
– ¿La ruptura?
– Sí mamá, mi ruptura con Bastian – arrugo mi cara sorprendida de que mi
madre no me siga, está muy rara.
– Tú no has roto con él, le has dado un respiro a tu corazón.
– He roto con él. Ya no estamos juntos, estas semanas en nuestros
encuentros le he dejado muy claro cuál ha sido mi postura con nuestra relación
y él lo ha aceptado.
– ¿Y tú, lo has aceptado?
No mamá. No. ¿Cómo voy a aceptar que no seré su novia nunca más? Lo que
no entiendo es por qué me complico tanto si no somos novios, ni siquiera nos
hemos dado un tiempo, lo hemos zanjado y yo fui la que puso punto y final a lo
nuestro.
Dejamos de hablar del tema Bastian porque quiero llorar y no voy a
hacerlo delante de mis padres. Los tres disfrutamos de un asado que mi padre
cocina y más tarde recibimos la visita de mi tía que ha venido a Crest Hill por
otros motivos y a por pasteles que mi madre había horneado para ella. El estar
en familia me hace reflexionar sobre si yo pudiera formar una familia
con Bastian, incluso estando enfadados me ha dejado muy claro que quiere
seguir siendo padre, que se imagina un futuro a mi lado. Estoy guardando la
ropa en mi mochila porque mi tía me lleva a Chicago ya que tiene que pasar por
la ciudad para llegar a la suya, doblo una camiseta cuando mi madre aparece en
mi habitación.
– Toma, llévale estos donuts a Rachel.
– Oh, gracias mamá, ya sabes cuánto te adora.
– ¿Cuándo volverás?
– No lo sé, supongo que pronto – me siento en la cama y ella lo hace
junto a mí.
– Te apoyaremos decidas lo que decidas.
– Sé que os tengo de mi lado, os quiero. Lo siento por todo lo que os he
hecho pasar.
– No nos pidas perdón, solo has sido fruto de
una relación. Las relaciones tienen cosas bonitas y cosas malas, tú ya
has vivido las dos partes, ahora solo te queda vivir la verdadera.
– Le quiero mamá, le quiero tanto que me cuesta respirar. No quiero
salir a la calle y vivir sin él, la soledad me va a consumir. No puedo estar
con él pero tampoco puedo dejarle.
– Encuentra la respuesta en tu corazón, si hay algo que te destruye,
destrúyelo tu primero, si no puedes luchar contra algo saca las fuerzas y
hazlo. Eres joven y fuerte, te has enfrentado a tu primer problema tras dejar
la universidad y saliste a la vida real. En la vida real la gente sobrevive día
a día, lucha con sentimientos que les atormentan y ponen sobre la mesa sus
problemas para enfrentarlos. Haz lo mismo, recuerda que siempre nos tendrás de
tu parte, pero lucha con aquello que no te deja vivir.
– No podría enfrentarme a millones de mujeres que aman a Bastian, las
odio a todas por amarle a su manera.
– ¿Y qué hay de ti, puedes enfrentarte a ti misma? Si amas a Bastian
lucha por él, lucha por tu relación y haz lo correcto. Si él lo acepta es que
te ama, si no, tendrías que enfrentarte al desamor, uno se irá y otro vendrá.
– Lo veis tan fácil, tú, Rachel, Bastian… para todos es fácil decirlo.
Si vuelvo con él me agobiaré, me acaparará y caeré en sus redes porque estoy
enamorada de él.
– Enamorada no quiere decir incapacitada, te has quitado la venda de los
ojos, tú ya sabes dónde se encuentra el problema de tu relación. Lucha contra
ello y no dejes que te absorba.
– ¿Aunque papá no lo acepte? – Me rio empujándola con el hombro.
– Tú padre se hace viejo, vive otro mundo.
– ¡Bichito! – Grita mi tía – vámonos, no quiero
que se nos haga tarde.
Me despido de mis padres y aunque me gustaría pasar más tiempo con ellos
hay algo más fuerte que me empuja a volver a Chicago.
El viaje con mi tía es entretenido, ella es la mejor amiga de mi madre
aunque le llame tía y conduce en la noche a veinte por hora, me divierto con
las conversaciones que tenemos. Ella sabe que he sido novia de Bastian porque
es adicta a la prensa amarilla y me ha visto en muchas ocasiones en las
revistas del corazón pero no me dice nada fuera de lo común ni me hace sentir
incómoda.
Me despido de mi tía dirigiéndome al portal que siempre está vacío,
cuando camino atravesando los oscuros pasillos dirigiéndome a la casa de Rachel
me encuentro con que la puerta es diferente.
– No me lo puedo creer – susurro tocando al timbre cuando mi amiga abre
la puerta.
– Bienvenida a tu nueva casa.
– No, dime que…
– Yo no digo nada Nancy.
Rachel me abraza dándome un beso y cogiendo mi mochila que he dejado en
el suelo. Miro la casa y está totalmente renovada. Bastian. Hay dos ventanas
nuevas en el salón, los muebles son diferentes, la televisión es gigante y
justo al lado de la puerta del baño hay otra puerta que está abierta y puedo
ver una nueva habitación.
– Rachel, lo siento tanto. Yo no sabía que él iba
a…
– ¿Reformas gratis? No soy idiota, se han hecho en dos días, esta tarde
han terminado de traernos ese nuevo sofá. Un hombre ha venido a tomar medidas y
me ha dicho que podía pedir lo que quisiera y he pedido esa nueva estantería
para mis muñecos de la tienda. Espero que a tu abusivo ex o lo que sea, no
le haya importado.
Niego con la cabeza adentrándome en la casa, la verdad es que le da un
toque diferente, moderno, estiloso y más grande al abrir dos ventanas más. Los
sofás nuevos son más pequeños y conozco la intención de Bastian, sonrío
mientras voy hacia la nueva habitación. Hay una cama gigante tamaño King, él
sabe que amo dormir y soy bastante perezosa. Las paredes están decoradas de
color celeste y los muebles son caros, tengo un escritorio, un nuevo armario y
un baño privado, ¿por qué no me sorprende nada de esto?
– Quédate con esta habitación Rachel – me giro hasta ella que tiene
dibujada una sonrisa en la cara – es más grande y hay una ventana que da al
exterior, tu habitación no tiene ventana.
– ¿Qué dices? No, este es un regalo de tu lo que sea para ti y no voy a
consentir que el gilipollas sepa que me he beneficiado de esto.
– Siento si te he causado problemas – me siento en el filo de la cama.
– Cariño, no lo has hecho. Ya te he dicho, reformas y gratis, ¿quién se
negaría a eso? Además con los gastos de la tienda y todo no estamos en nuestro
mejor momento, así que esto me ha venido muy bien. Mañana nos van a traer una
mesa para el salón, he decidido quitar ese mueble de ahí para ponerla. Ahora
que tenemos más visitas podemos hacer cenas en casa y no tener que partirnos la
espalda en el sofá.
– Me doy una ducha y te ayudo con lo que me pidas ¿vale? Además tengo
que contarte muchas cosas.
– Estoy deseándolo. Lo hayas dejado o no con él, debería agradecerle al
gilipollas lo que ha hecho en mi casa ya que para mí es importante que ahora
tengas una habitación. Tú eres mi familia y tienes derecho a tener una.
Sonrío abrazándome a ella. Empezamos a saltar sobre la cama y nos reímos
de Bastian y de su actitud con los albañiles; “es mi Nancy la que vive allí, no
os pongáis camisetas de mangas cortas que podríais dejar vuestro olor en la
casa y ella no respirará nada que no sea yo”. Cuando me ha contado eso Rachel
casi he muerto de la risa, pero no me sorprende.
Tras pasar un momento de chicas que necesitaba me doy una ducha y al
salir me doy cuenta que en el armario hay ropa nueva. Ni me paro a mirarla
porque Bastian le habrá dicho a Linda que me la compre, según Rachel, no ha
entrado ninguna mujer si no un grupo de hombres mayores. Cuando me he puesto el
pijama y estoy lista para ayudarla en lo que me pida, le doy algo que sé que le
gustará.
– ¿Puede tu madre adoptarme? – Rachel suplica con los donuts en sus
manos – ¿cómo te has atrevido a ducharte y a ponerte el pijama sin darme los
donuts primero?
– Porque se me han olvidado – le saco la lengua
– bueno, ¿por dónde empezamos?
Acabamos tiradas delante de la televisión ordenando sus dvd’s del anime,
nos hemos pedido unas pizzas y hemos estado hablando de todo lo que pasó en
Nueva York, desde que bajé por el JFK hasta que le di el ultimo abrazo y le vi
marchar. Ha estado escuchando muy seria mis palabras, mis confusiones y mis
reflexiones al respecto, no le he contado todo al igual que hice con mis padres
pero si lo suficiente para que se oriente y sepa cómo me siento.
¿Y cómo me siento? Como si no hubiera un mañana, como si el mundo
hubiera acabado y estuviera viviendo otra vida en el cielo o en donde sea que
vayan las almas. Mañana viernes será otro día, otro día en el que tendré que
levantarme sin Bastian y acostarme sin él, esta noche voy a dormir en una cama
sin él, mañana dormiré en la misma sin él y así sucesivamente hasta el final de
mis días. A pesar de que Rachel y Alan hayan intentado que tenga una cita con
Dave, él es un descarte para mí por muchas razones y entre ellas están que no
le amo ni le amaré.
Mi corazón ya late por otro hombre y no habrá otro que no sea Bastian.
Mi Bastian, mi león enfurecido que prefiere los quehaceres en un club de mierda
antes que escoger a su novia.
Rachel me mira confundida cuando le he explicado todo, he estado
hablando yo más que ella pero no se ha perdido detalle. Termino de quitarle el
queso al trozo de pizza y lo lanzo a la caja sin ánimos de comer, la observo y
suspiro bebiendo agua.
– ¿Quieres donuts?
– ¿Te cuento todo lo que ha pasado con Bastian y me preguntas por
donuts?
Estalla en risas y atrae la caja de nuevo a sus piernas para volver a
comer sus donuts. Estamos sentadas en la alfombra que han comprado para la
casa, una frente a la otra y yo espero noticias por parte de mi amiga.
– Necesito una dosis
extra de azúcar
en mi
cuerpo para vivir, según Dave dice que algún día tendré diabetes
mellitus y es la peor.
– ¿Quién diablos escucha a Dave cuando se pone todo doctor con todos
nosotros? – Me río y dejo de hacerlo mientras acaricio el vaso con mi dedo.
– Nancy, ya sabes mi opinión. Él es un gilipollas, lo es, pero no sé, te
veo… ¿demasiado bien?, ¿estas segura que habéis roto la relación y que él no ha
hecho esto porque vuelve a ser tu novio?
– Si ha reformado tu casa es porque se me escapó que duermo en un sofá y
se enfadó bastante.
– Qué novedad.
– Creo que está enfadado o quizás no lo esté.
– A juzgar por lo que me has contado, él no se ha dado por vencido. La
lluvia, el frío y el momento en el aeropuerto te hicieron decidirte por el lado
más radical, que es dejar la relación. ¿Lo quieres dejar
realmente?
– No Rachel, no le quiero dejar, te he dicho que le amo, pero…
– Pero no puedes estar con él. ¿Qué pasa tan fuerte que no quieres
volver con él?
– Ya te dije algo sobre un club sexual, es bastante estricto con
respecto a su club. Por no hablar de las mujeres, ahhh – dejo el vaso para
hundir mi cabeza en un cojín – odio eso.
– Nancy, ¿y sí… y si estás exagerando? Me has estado hablando sobre que
ya habéis solucionado el tema que me tenía sin dormir a mí también, el de la
supuesta no violación, eso era lo peor, ¿qué hay detrás para que no le
perdones?
– ¿Dónde está mi amiga Rachel?, ¿qué hay de aquella que iba a hacer
alejarme de él?
– Yo hice
lo que tenía
que hacer, pero han
pasado como más de un mes y medio y siempre está él. Bastian domina tus
instintos y siempre encontrará la forma de ir a por ti. Estuve a tu lado cuando
más lo necesitabas pero la relación con tu ex pareja te compete solo a ti, yo
voy a estar contigo hagas lo que hagas y decidas lo que decidas, pero cariño…
no voy a ser yo quien decida por ti.
– ¿Y qué hago Rachel? Todo lo que mis padres, Bastian y tú me contáis
tiene sentido, ¿qué hay de mí? Hay un problema ahí que no puedo derribar, él ha
decidido por su club, por Ria y por no hablar de las mujeres que tendrá a su
disposición todo el tiempo.
– ¿Así que todo tu lío de cabeza es porque no puedes soportar unos
celos?
– ¿Celos? Si hubieras visto lo que yo he visto no lo llamarías celos.
Las mujeres que se codean con Bastian no son ni mucho menos como tú o yo, son
sacadas de revistas, son mujeres creadas con el Photoshop o algo así… son de
otro planeta y estoy muy lejos de ser una de ellas.
– El gilipollas te ama a ti, le he visto y aunque me he enfadado con él,
solo tiene ojos para ti. No quiero posicionarme de su parte, pero tampoco
quiero que tomes una decisión que te vaya a arrastrar de nuevo al agujero negro
de donde te saqué.
– Lo sé, yo… yo simplemente no sé qué hacer.
– Estoy segura de que el grandullón estará esperándote, esperando por
ti.
– ¿Y si está con otra mujer ahora mismo?
– Cariño, – se levanta lanzando un donut a la caja – si está con otra
mujer ahora mismo es porque tú lo has rechazado.
Mi amiga se va al baño y me deja sola pensando. ¿He sacado mi parte
neandertal cavernícola cuando se trata de Bastian con mujeres o la tenía ya y
ahora me doy cuenta de que somos más compatibles? Probablemente mi amiga tenga
razón y este en un mar
de dudas por culpa de los celos, ¿podría sobrevivir a su vida con el
club y con sus mujeres?, ¿podré sobrevivir a Ria y a sus hazañas para separarme
de Bastian?, ¿qué hay de todas las cosas que podría ocultarme?
Encendemos la televisión y vemos un capítulo de Naruto que me dejé a
medias. Sé que Rachel me está dejando reflexionar y estoy haciendo de todo
menos pensar en mi relación con Bastian. Dormito algo en el sofá pero Rachel me
despierta con las luces apagadas y la luz de nuestras habitaciones encendidas.
– Creía que era de día, Bastian no soportaría verme dormir en el sofá, –
me levanto dándole un beso de buenas noches – gracias por todo Rachel. Ojala me
hubieras conocido antes, yo no solía ser así, yo era feliz y era normal, mi
única meta en la vida era casarme con algún hombre que fuera carpintero o
electricista, no con el hombre más poderoso del planeta.
Mi amiga hace muecas con la cara y niega con la cabeza ante mis
palabras, sé que debo de lucir como un alien sacado de una catástrofe o algo
mucho peor.
– Buenas noches y descansa, no pienses más en él. Date un respiro.
– Lo intentaré – le digo adiós con la mano y veo cómo se mete en la
habitación, mañana me ha dicho que tengo que ayudarle en la tienda y nos
levantaremos pronto.
Se escapa de mi boca una palabra inaudible cuando miro la habitación y
le veo en todas partes, ¿por qué se empeña en hacer las cosas mucho más
complicadas? Me lanzo en la cama gigante y solitaria que espera por mí, me meto
dentro del edredón y escucho a lo lejos la lluvia caer. ¿Aquí también? Estiro
ambos brazos sobre el colchón y miro a mi izquierda y derecha. Sonrío y lo
hago. Desprendo pieza a pieza la ropa de mi cuerpo hasta quedarme desnuda, me
hace gracia lo bien que me siento desnuda cuando estoy debajo de las sábanas,
aunque estoy esperando por un hombre que no va a dormir más junto a mí. Espero
que no duerma nunca más a mi lado, pero lo hará. Estoy segura de que lo hará.
¿Y si está durmiendo con Ria? No sé nada de él desde el miércoles y es
extraño, él debería haberme mandado alguna señal. Cuando estaba dentro del
coche con mi tía tenía mis sentidos en observar si venía algún coche
persiguiéndonos, pero nada, no hay rastro de Bastian. Cambio de posición y me
prometo a mí misma que no voy a pensar en él, no voy a hablar de él, como dice
Rachel, me tomaré un día de descanso sobre Bastian Trumper y decidiré como me
va la vida sin el hombre del que estoy enamorada.
No me he dado cuenta en que momento de la noche caí rendida, lo hice
cuando dejé de pensar en Bastian, de eso estoy segura. Me incorporo de la cama
desnuda tal y como me fui a dormir ya que me olvidé de cerrar la ventana y un
sol me recibe iluminando la habitación.
Suspiro con un nudo en mi garganta ante lo que quiero hacer, voy a
hacerlo y nadie me va a decir que no.
– ¿Nancy, estás despierta? – Rachel toca la puerta que no está cerrada
del todo.
– Sí, pasa Rachel.
– Buenos días, ¿vienes a la tienda? No te pago por no trabajar, – se ríe
– es broma, no tardes que el desayuno está casi listo.
Levanto el dedo pulgar hacia arriba y se va saltando por la casa, estoy
segura de que hoy tendrá alguna cita con Alan a juzgar por las risas que
escuché anoche desde su habitación. No tardo en usar mi nuevo y práctico aseo,
me doy una ducha y escojo unos pantalones azules junto con una camisa blanca.
Por primera vez en mucho tiempo pongo algo de maquillaje en mi cara, quiero
enterrar a la vieja Nancy de una vez por todas.
Al salir con el bolso en la mano para hacer los cambios que millones de
mujeres solemos hacer, escucho como a Rachel se le escapa un piropo.
– No seas boba, me has visto con esta ropa.
– Pero te ves guapa, radiante. Te brillan los ojos, los pantalones te
quedan de muerte, la camisa te cubre lo justo para dejar a la imaginación.
Perfectamente erotismo andante.
– Gracias cariño por tu observación, yo… solo soy yo.
– Que no, que estás muy guapa y no me vas a negar lo contrario. Sal ahí
afuera y comete el mundo, se te van a tirar a tus pies para ponerte una
alfombra roja cada vez que des un paso.
– Vaya… Rachel, parece ser que no soy la única aquí con un muy buen
humor.
– Hoy es viernes, Alan está durmiendo ahora mismo y esta noche cita
romántica, – hace una mueca
– lo siento, yo no debería estar así y tú…
– Oh, no tranquila. Ya sabes que os adoro a los
dos juntos y ninguno tenéis la culpa de que me enamoré de un gilipollas.
– Has usado la palabra gilipollas, – pone en mis manos mi vaso de lecha
– ¿debo de cantar victoria por esa palabra?
– No, solo que… ems… bueno, tengo algo en mente y espero reflexionarlo
durante la próxima hora.
– ¿Qué vas a hacer?, ¿acosarle sexualmente? – Se ríe pero deja de
hacerlo – en serio, no tengo ningún interés en saber cómo folla tu hombre,
evitemos el sexo que tengáis.
– Has empezado tú, – bebo mi leche hasta el final y declino su oferta de
los donuts – iremos a la tienda, revisaré tus facturas y luego pensaré en si
soy lo suficientemente valiente o no para hacer algo que va a cambiar mi vida.
– Por favor, no te tatúes nada que contenga la palabra B.
– No, no lo haré. Además, creo que esto me pertenece a mí, ya te he
abrumado lo suficiente como para continuar haciéndolo. Un día de descanso, te
ofrezco formalmente un día de descanso.
– ¿Por qué será que no confío en nada de lo que tengas en mente?
– Porque quizás no sea algo bueno, pero si necesario para mi futuro.
Necesito hacerlo me guste o no.
– Está bien, no sé lo que tienes en mente pero ten mucho cuidado, su
mundo no es el nuestro y estoy segura de que no habrá piedad para ti cuando se
trata de esa gente.
– No te preocupes Rachel. Me debo esto a mí y a ti, vamos a la tienda,
tienes que ponerme al día con las cosas que me he perdido esta semana.
Arrancamos mi coche porque uno de nuestros
vecinos ha sido tan amable que me ha dado la batería que tenía acabada.
Me ha dicho que tengo algo roto que se queda encendido y eso hace que se gaste
la batería, no sé lo que es pero le diré a mi padre que revise mi coche en
cuanto se lo lleve.
Cuando estamos en la tienda Rachel se queda preparando los pedidos en
internet, está contenta porque han pedido dos muñecos desde Japón y está
obsesionada con la cumbre del anime. Reviso las facturas poniendo al día el
negocio de mi amiga y no pienso en nada más que en hacer lo correcto por todo
esto. Cuando acabo me manda al servicio postal para enviar los pedidos mientras
ella se queda limpiando un poco y organizando la mercancía que le llega. Las
horas pasan y cada vez me desconcierto más en lo que voy a hacer, me he
levantado muy decidida a hacerlo pero con el paso del tiempo me está entrando
el pánico. Llevo una hora sin hablar porque estoy perdida en las noticias de
Bastian en internet, lo único que he viso de él es el campeonato en Nueva York
y una foto fugaz al día siguiente llevándome al aeropuerto, pero nada más. He
contactado incluso con su más fiel
seguidora y me ha dicho que hasta la semana que viene no tiene ningún
acto público en el que vaya a aparecer.
Cierro el portátil y decido que es la hora, tengo un nudo en el estómago
y estoy muerta de miedo. Me levanto poniéndome el abrigo y cogiendo el bolso
para ponérmelo. Quiero salir de aquí con todas las fuerzas del mundo, me dirijo
al almacén y veo a Rachel leer un comic entre las multitudes de cajas.
– Rachel, voy a salir un momento, – me mira extrañada – voy a ir a
visitar a alguien.
– ¿Trumper?
– No, alguien. Prefiero que no lo sepas, no te quiero involucrar en
esto.
– Cariño, necesito un lugar de referencia por si te pasa algo.
– Voy caminando a dos manzanas de aquí por el
Oeste, es lo único que te voy a decir.
– Está bien, ¿cuándo regreses me lo dirás todo?
– Dalo por hecho, – me acerco dándole un beso
– Rachel, gracias por todos tus consejos, me han valido de mucho.
– Ten cuidado Nancy, no quiero que te pase nada malo.
Le sonrío sin llegar a mostrar mis dientes caminando hacia la salida de
la tienda.
Antes no me había fijado en la gente como ahora, tengo la sensación de
que Bastian me observa desde algún lugar. No tengo por qué obsesionarme, él no
ha contactado conmigo ni lo va a hacer. A pesar de que me siento así, no soy
idiota y doy el máximo rodeo posible para llegar a mi destino. Atravieso
centros comerciales entrando por un lugar y saliendo por otro, cruzo los
parkings y hago lo mismo en la calle opuesta por si me persiguen, entro y salgo
de restaurantes, de
tiendas con puertas traseras… me compro una pulsera sin tener que
hacerlo con tal de que me lleven al stock y salir por otro lado. Una vez que me
doy por satisfecha me adentro en la calle de mi destino, me he mezclado entre
la gente caminando decidida aunque el llevar un abrigo de color blanco no es la
mejor opción si me quiero camuflar entre la multitud.
Ya lo he leído en la placa porque he estado aquí una vez, no me da
miedo, me da pánico el tener que hacer esto. En el ascensor paso el máximo
tiempo posible en mirarme y controlar las lágrimas que salen por mis ojos, este
es mi problema y tengo que solucionarlo. Si no recuerdo mal, la oficina estaba
por la parte izquierda una vez que sales del ascensor, observo a la gente
trabajar en oficinas independientes e intento buscar la más grande. Paseo por
aquí ignorada por todos los trabajadores y continúo hasta que doy con la última
del fondo, leo la placa nuevamente y tomo aire.
– ¿Señorita, puedo ayudarle?
Mierda, no me he dado cuenta de que la secretaria estaba justo detrás de
mí.
– Ems… sí, quisiera ver al señor.
– ¿Tiene usted cita?
– Soy una vieja amiga, estoy segura de que quiere verme.
– ¿Puede decirme su nombre? Le avisaré.
No puedo arriesgarme, así que me decido a abrir la puerta para
sorprenderle sin que haya avisado a nadie. Me encuentro cara a cara con él y
recibo una sonrisa que le cubre toda la cara.
– ¿Eres tú? – Se levanta dejando unos papeles que estaba leyendo – que
sorpresa más grande.
– Señor, se ha
colado y no he podido hacer
nada.
– No te preocupes, continúa trabajando, es una visita muy deseada.
La secretaria cierra la puerta y parece que a mí se me han clavado los
pies al suelo, ¿pero qué estoy haciendo? Me arrepiento una vez que he pisado su
despacho y estoy aquí, mirándole como si me hubiera visto ayer mismo. Levanta
una de sus manos arrugando su cara, yo sonrío y avanzo unos pasos para
estrecharla.
– Dis… discul… disculpa si
he venido sin
avisar.
– Nancy, es para mí un placer que estés aquí. ¿Lo sabe Bastian no? No
quiero mis pelotas en una bandeja de plata.
Rodea la mesa para sentarse detrás mientras me indica que tome asiento,
me quito el abrigo dejando mi bolso en una de las sillas y me siento. Investigo
como es su despacho, uno muy normal pero muy masculino si no llega a ser por el
color aburrido de las
paredes. Trago saliva pensando por unos instantes que debo contarle y
como debo hacerlo, no sé si mentirle, decirle la verdad o simplemente
inventarme que vengo en concepto de cliente. Suspiro y él espera a que hable,
sonrío y esta vez muestro mis dientes.
– Hace mucho que no nos vemos Trevor Carter.
– Uh, cuando una mujer te dice tu nombre completo no es buena señal.
¿Puedo ayudarte en algo?
– Yo… supongo que sí, he venido porque… bueno, tal vez…
– Tranquila, ¿has venido a mi bufete por ayuda legal? Te aseguro que
tengo a los mejores abogados de la ciudad trabajando para mí. Puedes contar
conmigo y lo digo desde ya.
– Trevor, no… no es eso, no se… a veces… tartamudeo… y… espera… el hecho
de que…
Mierda. ¿Por qué tengo que tartamudear ahora?
No lo he hecho desde que Bastian me lo prohibió. Espera, ¿le sigo
obedeciendo a pesar de que no somos novios?
Él se levanta de nuevo para verter un poco de agua en un vaso que pone
en la mesa, retira un poco mis cosas de la silla y se sienta a mi lado. Bebo
agua y me siento como si le fuera infiel a Bastian, doy un trozo de mi corazón
a que no sabe que estoy aquí, suspiro de nuevo mientras él espera a que dé el
primer paso. Necesito soltar lo que he venido a decirle, pienso en las palabras
de mi madre y de Rachel, de todos los ánimos que me han dado a pesar de que no
soportan a Bastian y como he estado por él, por ellas. Por ellas hago esto y
por supuesto por mí misma que me he tirado a una piscina vacía y ahora no hay
marcha atrás.
– Nancy, si te ha ocurrido un problema con Bastian quiero que sepas que
tengo el poder legislativo de guardar tu secreto conmigo. Haya pasado lo que
haya pasado, él es un ciudadano normal y no es diferente, si ha hecho algo o te
ha hecho algo quiero
que tengas claro que puedes confiar en mí.
Nunca he dudado de la profesionalidad de Trevor. Bastian me dice que es
un pesado pero no le veo así; para mí es un buen hombre, un poco dicharachero
pero buen hombre y sé que hoy por hoy puedo confiar en él.
– He venido a pedirte algo, Trevor.
– Lo que sea Nancy.
– Quiero tu llave – frunce el ceño extrañado.
– ¿Qué llave?
– La llave de El Sótano.
– ¿Qué?
Si nunca antes había sentido como el estómago viajaba por todo mi cuerpo
hasta instalarse en mi garganta acabo de presenciar este momento y me
ahogo. Se levanta de la silla para volver a su sitio pensando en mi
pregunta. Sé que Bastian tiene contratos de confidencialidad con todos sus
clientes y me va a negar lo mismo hasta el día que se muera. Yo soy más lista
que él.
– Trevor, ambos sabemos de qué te… de que te estoy hablando.
– No conozco ese Sótano, lo siento Nancy. Si puedo ayudarte en otra
cosa.
– Por favor, – resbalo por la silla hasta sentarme en el borde – por
favor, déjame tu llave.
– No sé de qué me hablas, estoy seguro de que Trumper puede ayudarte.
– Si… si hubiera querido yo le... yo le hubiera pedido que me lleve allí
pero no… simplemente no… esto es… esto es diferente….
– ¿Puedo ayudarte en otra cosa?
– Trevor, sé que la tienes, no me preguntes por qué, pero sé que la
tienes. No sé lo que te habrá dicho Bastian sobre nosotros pero en parte
rompimos nuestra relación porque me ocultaba ese club – no dice nada y sé que
no dirá nada, me lo juego todo – por favor, necesito ir al club para entenderle
mejor, necesito entender por qué Bastian lo prefiere antes que a mí.
– Nancy para…
– No, no hables, déjame. Cuando Bastian me llevó allí por primera vez lo
veía todo negro, ahora solo veo un problema de pareja que tenemos él y yo. Pero
necesito bajar abajo y ver con mis propios ojos que tiene a Bastian tan
encelado, si son las mujeres, los videos o Ria. Tú mismo me dijiste que odias a
Ria.
– Princesa, yo no puedo ayudarte, es una cosa que debes de hablar con
Trumper, no quiero problemas con él.
– Sé que
tú vas con Catherine, te
vi en
diciembre del año pasado y no me di cuenta de ello hasta anoche. Os vi
en la planta baja practicando sexo con otra pareja, estabais a la vista de todo
el mundo frente a los espejos, pero estaba tan enfadada con Bastian que no me
acordaba de vosotros. Prácticamente podéis hablar del club con otros socios,
así que ya que yo he bajado… puedes hablar conmigo. Por favor, ayúdame.
Saca de su cajón una caja de cigarros y enciende uno, odio que la gente
fume y lo haga en horas de trabajo pero no puedo prohibirle nada. Se levanta
abriendo una ventana y se gira de nuevo para mirarme tras haberse ausentado por
unos segundos. Le miro con la esperanza de que apruebe mi petición, necesito
bajar allí abajo y descubrir por mí misma por qué Bastian ama tanto su club.
– No sabes en que problemas me vas a meter como Trumper se entere de que
estas hablando de El Sótano conmigo. Soy hombre muerto y no te importa.
– Trevor – le recrimino – no, no hables así. ¿Por
qué? Sé que es bastante estricto con el club, solo necesito tu llave
para que pueda entrar, el resto lo haré por mí misma, no te preocupes.
– Ese hombre respira ese club. Conoce hasta si hay una hormiga nueva o
no, lo sabrá y lo sabe todo, de hecho, creo que sabe que estamos hablando de
esto. ¿Lo sabe?, ¿es una encerrona?
– Claro que no lo sabe, yo… yo he venido aquí sola. Por favor Trevor, te
suplico que me ayudes, necesito esto, no te he pedido nada, siempre he sido
amable contigo porque así lo he sentido, hemos cenado en tu casa y en el club
de campo. Soy… bueno, era… la novia de Bastian, te he respetado como tal a
pesar de que él no es muy amigo de la gente. Te daré lo que pueda con tal de
que me dejes esa llave para poder acceder al club, nece… yo le necesito,
necesito entenderle.
Mis lágrimas nublan mis ojos, están a punto de estallar hacia fuera si
pestañeo. No entiendo en que momento de la noche pensé en bajar al club para
ver
con mis propios ojos el porqué de su obsesión, él no me ha negado que lo
vaya a dejar y no está dispuesto, ¿por qué, que oculta? Su protección con
respecto a El Sótano hace hervir mi sangre, no puedo aguantar que él esté allí
abajo y yo al otro lado del mundo intentando recuperarle. Trevor acaba con su
cigarrillo con tres caladas más rápidas y se sienta.
– Nancy, no puedo. No sé qué te habrá contado Bastian pero yo no puedo
dejarte mi llave. Hay controles semanales, tenemos que notificar cuando vamos,
se necesitan las huellas dactilares para entrar, no hay posibilidad de que
entres en el club sin que él lo sepa. Y si acudes a Ria, sabes a quien se lo va
a comunicar.
– Buscaremos una solución, estoy segura de que habrá sitios donde no
necesite mis huellas dactilares, solo… solo piensa Trevor, piensa en por quién
lo hago. Todos… – me levanto – todos odiáis a Bastian, sé que no tiene amigos,
que es muy borde y rudo con todo el mundo pero… él… él no lo es conmigo. Yo no
lo veo como un hombre de negocios,
yo le veo como un hombre que me da su corazón y me demuestra su amor, no
me interesa su club, no me interesa su dinero, solo quiero entender porque está
tan obsesionado en anteponer el club sobre su chica, solo eso.
– No es tan fácil princesa, me matará si accedo
a esto.
– Si no quieres involucrarte, déjame la
de tu
mujer.
– Catherine y yo nos estamos separando, – abro los ojos y vuelvo a
sentarme – sí, la muy zorra me quiere quitar parte de mi fortuna y lo está
haciendo con todas las de la ley.
– ¿Y no puedes usar su llave y así no habrá problema?
– Ella no baja más a El Sótano porque se lo pedí a Bastian, al menos
hasta que consiga el divorcio porque no quiero que use esto en mi contra. Él ha
eliminado todo rastro de ella en el club y lo hará conmigo en caso de
que se lo pida.
– Por eso Trevor, es la oportunidad perfecta. Problemas técnicos, Ria
sabrá que bajas y lo harás solo, ni siquiera preguntará si ya lo tiene en su
archivo o como sea que funcione eso.
– Nancy, – se levanta rodeando la mesa y sentándose a mi lado – entiendo
tu amor por Trumper. Sé que le miras diferente y que te brillan los ojos, no
eres como todas esas mujeres que babean, te veo muy enamorada de él y actuando
de esta manera no vas a llegar a las respuestas que estás buscando.
– ¿Respuestas? – Dejo caer mis lágrimas – si tan solo fueran respuestas
seguiría con mi vida. Pasó un suceso relativo al club, él me ocultó delante de
todos vosotros que erais socios, me he sentido como una tonta a vuestro lado,
siendo tan niña e infantil frente a todos dando una imagen de inocente y
pobrecita. Me he sentido humillada y engañada porque mi novio me traicionó y me
merezco saber que hay allí
sin mentiras, sin vendas, solamente yo viendo con mis propios ojos lo
que hace que Bastian esté obsesionado con ese club. Mira Trevor, no te voy a
pedir la llave si no quieres, no te pediré nada en mi vida, solo he acudido a
ti porque confío en que me la vas a dejar, esa llave abrirá una nueva vida para
mí o la cerrará para siempre.
Le miro sabiendo que está reflexionando sobre las palabras que le he
dicho, sigue negando con la cabeza y le retiro la mirada, le dejo pensar un
poco más antes de levantarme y llevarme mi orgullo conmigo. Trago de nuevo
saliva y bebo un poco de agua mientras él no dice nada, también he sido un poco
egoísta pidiéndole esto tal y como es Bastian, ha sido un error y me estoy
dando cuenta de ello en estos instantes.
– ¿Por qué es tan importante para ti? – Susurra cogiéndome la mano,
estoy temblando.
– Le perdí Trevor, le perdí para siempre y cuando creí que había
esperanza, se esfumó de la
noche a la mañana. Hemos estado trabajando en nuestra reconciliación,
bueno, él más que yo, y cuando creíamos que habíamos solucionado todo salió
este club a flote. No entiendo como él puede darle más valor a un club que a su
propia novia, él me ha demostrado que me ama, está loco por mí y a pesar de
todo no me niega que va a seguir trabajando allí abajo, que va a seguir
atendiendo a Ria y que aunque no va a ser su prioridad, es importante para él.
– Él te ama, no para de hablar de que tiene novia. Nos decía en alguna
reunión que se moría de ganas por volver a casa y que le hicieras la cena, que
éramos unos hijos de puta si no valorábamos a nuestras mujeres y sobre todo nos
amenazaba con ni siquiera mirarte, porque nos mataría. Princesa, no necesitas
saber que hay en ese club para darte cuenta que ese hombre está enamorado de ti
hasta el último poro de su piel, y mira que es bastante grande, – se ríe pero
yo no – ese club no te va a dar las respuestas, no te va a gustar lo que vas a
ver allí abajo.
– Se lo que voy a ver allí abajo, sexo, con unos y
con otros, mujeres que estarán desnudas y se pasean delante de él.
Quiero verlo con mis propios ojos y entender por qué hemos roto para siempre.
– ¿Habéis roto para siempre? No me creo que Trumper te haya dejado
escapar, no deja de hablar de ti.
– Él… él no habla de mí.
– Oh si, créeme que he estado en dos estatales y no decía otra cosa que
tu nombre. No hay mujer en el infierno que pueda arrebatarte a tu hombre, es lo
único que te puedo aconsejar desde mi perspectiva Nancy.
– Aunque hable de mí, él va a estar con otras mujeres y la tentación…
– No princesa, tú hombre no hace eso, él solo tendrá el control de todos
los socios y luego se marchará. Ria sí que vive prácticamente allí y la ves en
las habitaciones, pero no a Bastian.
Cierro los ojos y echo la cabeza hacia atrás porque me mataría que
Bastian estuviera en las habitaciones con Ria o alguna mujer.
– A veces… a veces siento que no soy suficiente para él Trevor, yo… yo
no puedo luchar con todas esas mujeres y si en parte quiero bajar es para darme
cuenta de cómo es su mundo. No me interesa saber que hacen en las habitaciones
o qué tipo de sexo se practica, solo necesito saber porque Bastian acude al
club con el ímpetu con el que lo hace, ¿me comprendes? No es el sexo, las
mujeres o… todo lo que conlleva, es el hecho de que Bastian me dejaría tirada
otra vez acudiendo a la llamada de Ria. No quiero ser esa estúpida otra vez,
que me abandone en mitad de la noche, que regrese de madrugada o que ni
siquiera regrese. No podría soportar que me fuera infiel y que todos lo
supieráis.
– Tiene su lógica todo lo que me cuentas, pero, ¿por qué te subestimas
tanto? Mírate, eres joven y bonita, una princesa, son esas mujeres las que
tienen
que matar por tener algo de ti. Él no te va a ser infiel, no le he visto
mirar a ninguna mujer desde que te conoce, no deja que se acerque ninguna. Y
créeme, que cuando supimos que no estabais juntos le quisimos arrastrar hasta
un club de strippers y ni siquiera salió esa noche porque se enteró de lo que
íbamos a hacer. Desde entonces, no le hemos visto en ningún lugar que no sea
encima de un cuadrilátero luchando por ganar campeonatos.
– ¿Un club de strippers? – Retiro mis manos de las suyas.
– Eh, fueron los chicos. No tengo la culpa, – me sonríe y hago una mueca
– así que con respecto a posibles infidelidades, por mi parte y poniendo la
mano en el fuego por él, no te va a ser infiel ni lo será. Él es muy diferente
contigo y como sepa que has estado aquí me mata.
– Bastian es un exagerado Trevor, él… él es dulce y romántico.
– No es necesario que me cuentes esa versión de él o le veré como a una
chica.
– Es la verdad, tenéis una impresión equivocada de Bastian. Sí, es un
poco complicado, su carácter es inaguantable y puede que no sea muy simpático,
pero conmigo… conmigo es diferente y le amo.
– Ve a por él entonces, deja tus miedos e inhibiciones y ve. No tengas
miedo, él solo tiene el club y por nosotros no te preocupes. Nadie habla de El
Sótano ni en público ni en privado porque todos sabemos lo que hay y en ningún
momento se nos pasó por la cabeza el contártelo o especular si tú sabías algo.
– Lo desconocía, pero Ria se encargó de avisarme día sí y día también.
Ella, ella le hizo apartarle de mí y tengo miedo de que vuelva a hacer lo
mismo.
– Ese trozo de escoria es un dolor en el trasero, no me preguntes el por
qué existe esa mujer y el por qué Trumper la tiene al cargo de todo. Ella se
pasea
medio desnuda por todos lados creyendo que es la dueña y eso hace que
todos la odiemos más.
– Me dijo que Bastian y ella habían follado juntos mientras él estaba
conmigo.
– Lo dudo. Cuando tú estabas con Bastian, mi mujer y yo no estábamos muy
bien y por eso bajábamos más al club con la intención de arreglar nuestros
problemas, y jamás les he visto juntos. Bastian no sale de su despacho o de
donde quiera que controle todo.
– Pero él puede meter a mujeres en su despacho.
– Princesa, él puede meter a mujeres en cualquier sitio si deseara hacer
eso. No es necesario que baje a El Sótano para hacerlo allí, te aseguro que en
el club no habría tanta privacidad como quisiera, por alguna razón la mujer
acabaría alardeando de eso.
– ¿Qué hago Trevor, qué hago? Yo le quiero, no
puedo soportar que baje allí abajo y vea a otras mujeres, que Ria se
enganche de su cuello y que vuelva a mentirme por ocultarme cosas. Necesito
verlo con mis propios ojos, tener acceso mental para prepararme si me ocurre de
nuevo. Yo… yo… – pongo mis manos en mi cabeza – me estoy volviendo loca. Me he
intentado suicidar cuando he estado sin él, he estado en el infierno por
nuestra ruptura, y todo… todo por ese club, no aguanto más Trevor, esto me
supera.
– Venga, tranquila – se acerca rozando su mano con las mías.
No lloro porque lo evito, tiemblo sin embargo y no he parado de hacerlo
desde que entré al despacho. Siento que Trevor ha sido sincero conmigo al igual
que yo con él, es un buen hombre y no me he equivocado. Acaricia mis manos para
consolarme como lo hubiera hecho Alan con la intención de tranquilizarme para
que pueda recapacitar en bajar al club. Asiento dándole la razón en esta
pequeña pausa, si él no puede darme la llave lo entiendo, yo la necesitaría
pero no voy a
pedírselo una vez más.
Trevor se levanta de la silla para llenar el vaso de agua, bebo con sed
y con la otra mano le alzo el pulgar ya que me encuentro mejor conociendo la
opinión de alguien cercano a él, o un intento de ello al menos. Dejaré que pase
el fin de semana, me tomaré dos días de relax para pensar en mi relación con
Bastian y en todo lo que conllevaría el volver con él; tal vez me aleje unos
días de Chicago y me vaya a la playa o algún lugar lejos de aquí. Quiero
desconectarme del mundo Trumper y lo quiero hacer sola.
– Gracias, yo… quizás… solo quiero darte las gracias por escucharme.
Tengo en mi interior algo que me consume día tras día, algo con lo que no puedo
luchar y que me está matando.
– Estás más delgada.
– Bueno, he estado mucho peor, ahora ves mi mejor versión.
– Cuídate Nancy, ningún hombre merecemos la
pena.
– ¿Qué ha pasado en tu matrimonio?
– Ella se acostaba con el monitor de tenis, le contraté uno y ella se lo
follaba cada vez que iba al club de tenis.
– Oh, lo siento Trevor, ¿cómo lo supiste?
– Trumper. Él fue allí para una comida de negocios este verano y los vio
juntos, no dudó en llamarme.
– ¿Los vio…?
– ¿Follando? No por Dios, no. Sólo demasiado acaramelados, yo sí que me
presenté allí para espiarles y luego seguirles a los vestuarios donde les pillé
haciéndolo.
– Debió ser horrible para ti.
– No tanto, no estábamos muy bien. Yo sin embargo, le fui fiel.
– Espero que Bastian me fuera fiel también y que no hiciera nada fuera
de lo normal cuando estábamos juntos.
– ¿Te preocupa tanto que estuviera con otras mujeres? – Le miro y quiero
golpearle.
– Por supuesto, estoy enamorada de él. Ha estado posando estas últimas
veces con mujeres para ponerme celosa y hacerme reaccionar y… y… el muy… el
muy… él no sabe lo que me hace cuando le veo aparecer con una mujer del brazo,
– él se ríe muy divertido – no te rías de mí, es verdad. Luego él me regaña a
todas horas, y si alguien pone un ojo sobre mí ya me está acaparando y
retirándome de la vista de todo el mundo para que nadie pueda ni pensar en mí.
Es un auténtico neandertal.
– Lo es, sí. Créeme que lo es.
– Estoy enamorada de ese neandertal y ¿sabes lo último? – Le digo
ilusionada y niega – yo soy su neandertal cavernícola
– ¿Ah sí, como es eso?
– Porque como vea a alguna mujer rozar su cuerpo, mirarle o incluso
tener pensamientos impuros le arrancaré la cabeza con mucho gusto. Es más, voy
a engancharme de los pelos con aquella que se atreva a poner un solo algo sobre
mi Bastian, les voy a estrellar la cara en el suelo, voy a pegarles patadas,
patearé culos y haré todo lo que se me ocurra con tal de dejarles bien claro a
quién pertenece.
Trevor me mira divertido y se sonríe escuchando cada palabra que he
soltado por mi boca y mi efusividad repentina al imaginarme que de verdad
podría hacer eso. Sí. Sí lo voy a hacer porque me he prometido que enterré a la
antigua Nancy para convertirme en la versión femenina de mi neandertal.
Ya sé cómo se siente él cuando no quiere ver a ningún hombre a mí
alrededor.
– ¿Es tan importante para ti bajar a El Sótano para asegurarte de que
las cosas no son como las imaginas?
– Sí – le asiento extrañada. Le acabo de soltar un monólogo tentador
sobre violencia femenina.
– Que Dios me ayude si hay alguno donde quiera que esté.
Reza mientras se levanta yéndose del despacho mientras me quedo embobada
con el hecho de que se ha ido sin más. Su secretaria aparece sonriéndome y
llenando la jarra de agua, le devuelvo la sonrisa cuando Trevor vuelve cerrando
la puerta de nuevo. Pone una caja en la mesa y se sienta a mi lado como hemos
estado la mayor parte del tiempo.
– ¿Me vas a regalar un reloj? Qué no esté con Bastian no quiere decir
que esté en el mercado Carter,
te pateará el trasero.
– Ábrelo anda – me sonríe instándome a que lo
abra.
La caja es roja de terciopelo, cuando la abro veo que hay una llave
plateada con reflejos rojos, la cojo mirándole como si me hubiera dado el
regalo más preciado del mundo. Veo una pequeña inscripción con su nombre y
apellido, junto con un número de tres cifras.
– Trevor… si… si de verdad vas a meterte en problemas yo…
– La respuesta es sí, probablemente tú y yo nos metamos en problemas con
Trumper, tú los arreglaras en la cama y él vendrá a matarme. Adelante, ve abajo
y asegúrate de que las cosas están bien entre él y tú.
– Esto es muy importante para mí, muchas gracias, no sé, no sé cómo
agradecértelo.
– He aceptado a darte mi llave, probablemente me costará mi vida pero al
menos moriré sabiendo que no te he dejado tirada cuando has venido a pedirme
ayuda. Créeme Nancy cuando te digo que nadie sabíamos que habíais roto la
relación por el club o por otras razones, supusimos que era porque él había
vuelto a la lucha o algo así. Así que fuera las inhibiciones con respecto a
este tema y cerciórate de cómo funciona El Sótano. Pase lo que te pase allí
abajo, si quieres hablar con alguien cuando acabes acude a mí, mi vida social
es una mierda desde que me cocino comida precalentada en un microondas.
– Oh Trevor, gracias, muchas gracias – dejo la llave para darle un
abrazo.
Me siento bien, protegida, cuidada y apoyada por un hombre que pertenece
al mismo mundo que Bastian. Es una sensación diferente, él es diferente a
cuando lo conocí porque supongo que su mujer le tendría cohibido. Sabía que
cuando aparecí por esa puerta no me iba a defraudar, y no lo ha hecho. Intento
bajar el nudo de mi garganta que se ha formado porque
no aguanto más esta presión, por fin, por fin voy a conocer que se
esconde en El Sótano que hace alejar a Bastian de mi lado.
– Vamos Nancy, pongámonos a trabajar, voy a enseñarte lo que tienes que
hacer y el tiempo cuenta a partir de ahora.
CAPÍTULO 12
– Alan, ¿no vas a decirle nada? – Rachel sermonea a Alan bufando.
– A mí me dejáis fuera que estoy viendo el hockey.
– Rachel, calma. Todo va a salir bien.
– ¿Qué va a salir bien? No me dices a dónde vas, ayer te pasaste tres
horas fuera sin saber si estabas viva o muerta y ahora te vistes como si fueras
a venderte por diez dólares.
Termino de ajustarme la peluca que no termina de convencerme. Ayer fue
un día ocupado, Trevor y yo nos pasamos mucho tiempo planeando lo que voy a
hacer cuando esta noche baje al El Sótano. Después, salí por el parking y me
dijo que diera unas vueltas para intentar esquivar a posibles espías, acabé
yendo de compras y con las manos cargadas de bolsas. Espero que lo que hice
sirva de excusa en caso de que alguien haya estado vigilando mis movimientos,
no
confío en el silencio de Bastian, debe de estar tramando algo.
– Ojala pudiera explicarte, – me encaro a Rachel y le doy un beso
saliendo de la habitación – pero no quiero meterte en problemas. Sabes que voy
a un club privado y no puedo decirte nada más. ¿Qué tal me ves, Alan?
Me planto delante de él y me ignora por unos segundos hasta que resoplo.
Llevo una peluca que me cubre hasta el cuello, su color es castaño oscuro y me
la compré ayer ciñéndome al plan. Visto con un vestido ajustado negro que hace
resaltar la palidez de mi color de piel, me llega justo por debajo del trasero,
mis tetas, o lo poco que tengo de ellas sobresalen y también se me
transparentan algunas partes de mi cuerpo. Mis tacones se salvan porque he
usado los más cómodos que tenía desde el año pasado y me va a ser fácil caminar
con ellos. Como ha dicho Rachel, parece que voy a venderme por diez dólares,
sí, soy una pequeña fulana y esta es la impresión que debo causar una vez que
baje a El Sótano.
– Alan, dile que va horrible – susurra la voz asustada de mi amiga.
– Es que va horrible Rachel. Nancy, no eres tú, vas maquillada como si
te hubieran pegado una paliza.
– Eh, solo son labios extra rojos y los ojos a penas me los he tocado.
– Pues será que no te pega nada la ropa que llevas. No sé lo que vas a
hacer pero no contéis conmigo, estoy viendo el hockey, así que dejadme.
– Alan, no me ayudas, – mi amiga agarra mis hombros girándome para
encararme – sea lo que sea, no lo hagas Nancy, por favor. No. Lo. Hagas.
– Rachel, necesito hacerlo. Esto es lo que nos ha separado y necesito ir
a la raíz de nuestro problema.
Mi amiga nos mete en mi habitación y aprovecho para ponerme la pulsera
especial que me
compré ayer, no llevo ninguna joya excepto esto.
– Nancy, escúchame, no puedes arriesgarte a que vuelva a jugar contigo.
¿Qué te pasó ayer?, ¿a dónde fuiste? Te estuve esperando en la tienda y no me
digas que te fuiste de compras, porque te conozco y sé que no lo hiciste.
– Fui a ver a un amigo de Bastian, necesitaba su
ayuda.
– ¿Por qué no me lo dijiste?
– Cariño, porque tú me hubieras prohibido o convencido de que no fuera.
Necesitaba hacerlo.
– Porque sé que te hace daño. Nancy, estas actuando con una coraza que
has puesto en tu corazón, no quiero verte salir por esa puerta y que regreses
echa una mierda por lo que haya podido pasarte. Ya no por culpa de Bastian, es
por las mujeres como Ria que te puedas encontrar.
– Rachel… yo… yo intentaré actuar lo mejor que pueda. Ya no soy la niña
dulce que todos se ríen de ella, estoy luchando por un hombre que ha decidido
la compañía de un club que la de su novia. Necesito ir al corazón del problema
para solucionarlo o para dejarlo.
– ¿Estás segura? Yo sé que al principio fui muy estricta con respecto a
Bastian, luego he sido más compresiva, quiero tu felicidad pero no que te vayas
de esta forma sin saber si te puedo ayudar o no. ¿Comprendes cómo me siento? Es
como si dejara a mi hermanita sola en una cueva llena de osos hambrientos.
– Ven, abrázame que es lo único que necesito.
Nos enganchamos en un tierno abrazo que se hace más duradero de lo
normal. De repente, vemos una sombra en la puerta y Alan se une a nosotras.
– Si hay porno entre vosotras, ¿por qué no me llamáis? No soy de piedra.
Sé que mi amigo me ha estado ignorando, que ha estado soportando las
broncas de Rachel durante toda la tarde por mi decisión, que ha optado por
actuar con una postura bastante indiferente para evitar que me vaya, pero al
fin y al cabo, él está tan acojonado como lo estamos los tres. Nos retiramos y
Alan pasa un brazo por el hombro de Rachel que me mira preocupada.
– Chicos, voy a estar muy bien. Lo tengo todo planeado, sé lo que tengo
que hacer, el tiempo que tengo que estar y cómo voy a volver a casa. No os
preocupéis, mañana es domingo y podemos hacer lo que queráis, soy toda vuestra.
Y no me preguntéis más sobre el tema porque si no aparezco de la mano de
Bastian, es que lo habré dejado para siempre y cuando digo para siempre quiere
decir que le daré una oportunidad a mi vida; tal vez le tome la palabra a Dave
y le deje que me invite al cine. Es más, si no aparezco de la mano de Bastian
empezaré a salir con Dave, puede que me enamore de él y lo de Bastian solo sea
una obsesión. Solo os pido que no os
preocupéis, aunque no esté con Bastian sé que si me pasara algo acudiría
a él y tardaría menos de un segundo en venir a ayudarme. Tened una bonita
velada, vendré en unas horas y espero que tengáis la puerta de la habitación
cerrada.
Agarro la mano de cada uno y las beso. Ahora sí que tengo la fuerza
suficiente para arrasar con todo lo que se me ponga por delante. No me voy a
dejar manipular por un hombre que prefiere un club antes que a un amor, tampoco
voy a dejar a Ria que me cuente más mentiras ya que aplastaré a todas las
mujeres que intenten sobrepasarse conmigo o con Bastian. Me ceñiré al plan que
he estado planeando con Trevor. Es el momento, el momento ha llegado y voy a
acabar con toda esta mierda que rodea a Bastian porque le voy a dar un
ultimátum.
El club o yo.
Tras una leve despedida y un donut en mi boca, me retoco el maquillaje y
salgo de la casa. Me han prometido que no se iban a ir a dormir hasta que no
regresara y que les avisara si algo pasase. Les siento conmigo y eso me
da más fuerzas.
Camino y doy unas vueltas como tengo memorizado en mi mente. Ayer
calculamos el tiempo que tenía que estar haciendo esto y sin más, veo el coche
verde oscuro que me espera y me meto en el asiento de atrás. Un hombre que no
conozco está al volante, Trevor me dijo que no hablara con él porque es nuestro
aliado, pero si oye mi voz y por alguna razón me reconoce, podría avisar a
Bastian y queremos evitar eso. Este coche me llevará al parking de los socios
VIP, Trevor dice que es más accesible ya que Ria presta más atención a los que
no lo son porque no confía en ellos.
Se acerca el momento y me estoy poniendo nerviosa. El club está en pleno
centro de la ciudad, acabamos de pasar al Bamper y quiero suponer que Bastian
está allí o en cualquier otro club, pero no en El Sótano. He estado pensando
durante todo el día en donde podría estar Bastian y todo los sitios me llevan
allí abajo, con alguna mujer, quiero pillarle haciendo
algo para convencerme de que no es un buen hombre y que solo quiere
jugar conmigo. Por otra parte, como le vea haciendo algo con otra mujer puede
haber una pelea de gatas y me pienso proclamar vencedora. Eso intento decirme a
mí misma, aunque vaya con las garras preparadas para luchar luego actuaré
llorando, lo haré porque me conozco y no quiero creer que Bastian esté con
otras mujeres. Todo menos eso, por favor.
Ya estamos girando en la oscuridad y me recuerda a Bastian cuando me
enseñó el club, estaba tan destrozada. Según Trevor, este chofer le ha llevado
en secreto en más de una ocasión y por eso confía en él; pero como ayer
hablamos, una vez que tenemos contacto con terceras personas nuestro tiempo es
oro.
Se para y quiero morirme. El coche está en frente de la puerta con el
número de socio de Trevor, los mismos tres números que tiene inscritos en la
llave. Pongo mi mano en la puerta y dudo en si estoy haciendo lo correcto,
pienso en Bastian con otras mujeres y abro la puerta decidida. ¡A la mierda!
Suspiro dando pasos firmes sobre el suelo mientras veo que el coche se
aleja, como también planeamos, la orden para ese hombre era marcharse cuando yo
cerrara la puerta.
– Ya está, ya estoy aquí – me animo a mí misma.
No llevo bolso, no llevo abrigo, nada que pueda hacer que llame la
atención, solo llevo una pulsera especial en mi mano derecha donde tengo
escondida la llave. La saco con rapidez y eficacia porque ya tengo cámaras
observándome. Cuando la tengo en mis manos temblorosas, la introduzco girándola
y tecleo el código con los tres números. El ascensor se abre al instante, doy
unos pasos hacia dentro y suspiro viendo como las puertas se cierren
automáticamente. Pongo mi espalda contra los espejos esperando a que descienda
tal y como ya sabía.
El trayecto hacia abajo es eterno, cuento los segundos que he memorizado
para que frene su descenso y así lo hace cuando siento que los motores
del ascensor han dejado de funcionar. Las puertas se abren y mi
siguiente paso es llegar a un pasillo, tengo planeado cada detalle y mis
nervios me están jugando una mala pasada. Me vuelvo valiente y camino con
seguridad y elegancia sin intentar matarme con estos zapatos bajando unas
escaleras que me llevan a mi destino, miro de reojo las cámaras que me siguen y
maldigo a mi hombre por tenerlo todo controlado. Me cruzo con algunas personas
pero no pierdo mi tiempo en observar si me miran o no, yo tengo mi barbilla
levantada ignorando a todos ya que tengo que pasar desapercibida actuando así.
Las escaleras se acaban con estos dos últimos escalones, debo de encontrarme
aquí con una multitud de gente y lo hago, Trevor me dijo que no me asustara
pero que me maten si no lo estoy ahora.
La multitud se agolpa y parece que hay más gente de lo normal, como ya
decidimos, el sábado era el día idóneo ya que no llamaría la atención. Según
Trevor, estas personas no tienen nada que ver con El Sótano, solo son peces
gordos que poseen una llave especial para acceder. Estoy en el pasillo y abro
la
puerta decidida. Una vez dentro, no puedo evitar echar un vistazo a como
los hombres llevan del brazo a mujeres jóvenes, como las mujeres bailan con
poca ropa mientras los hombres están sentados y como este espacio precede al
sexo. Me da náuseas pensar que Bastian controla toda esta mierda. Trevor me
contó que me mezclara y cruzara este pequeño club disimuladamente, que vería
una puerta de color roja que ya estoy viendo. Suspiro y lo hago sin prisa pero
sin pausa, recibo algunos piropos pero los ignoro haciéndome la tonta. Una vez
que he cruzado la puerta roja y estoy sola, mi espalda se pega a la pared de
nuevo.
– Malditos babosos.
Cierro los ojos por un momento para recuperarme de todo lo que estoy
haciendo. Vuelvo a abrirlos suspirando e inhalando aire para dejarlo salir
lentamente. Repito el proceso por unos segundos hasta que pienso cual será mi
próximo destino, el ascensor.
Miro hacia mis pies porque Trevor me ha dicho
que habría una alfombra dorada que conduce a la puerta roja por la que
he salido. Estoy en el sitio correcto, el plan va sobre ruedas. Tiene que haber
unas escaleras que ya estoy viendo, doy unos pasos hacia delante y me asomo.
– Qué vértigo joder – susurro maldiciendo.
Son cinco plantas, cinco jodidas plantas que tengo que bajar y con
tacones altos. Empiezo mi camino elegantemente porque hay cámaras, no puedo
esquivar a ninguna e incluso sonrío a las personas que me voy encontrando. Me
faltan dos o tres más cuando fijo mi vista en la puerta amarilla. Vale, ahora
tengo que abrirla y montar en otro ascensor. Cuando pongo mi mano en el
manillar de la puerta, escucho voces de dos mujeres y me quedo tras ella
esperando a que se vayan, una vez que lo han hecho la abro con valentía.
Echo un vistazo al pasillo pero ignoro a todo ser viviente que pueda
existir ahora mismo. Saco la llave de mi pulsera otra vez para abrir el
ascensor, las puertas se abren y espero a que se cierren.
Suspiro agotada y cansada por el sobresfuerzo que estoy haciendo. Todo
por ti Bastian, todo y absolutamente todo por ti.
Recuerdo este ascensor, es el del altavoz “Señor Trumper”, estúpida voz.
Tengo que activar el código para que me lleve finalmente a El Sótano. Me guardo
la llave, abro la caja blanca y tecleo el número de identificación junto con el
que me ha dicho Trevor.
– Bienvenido Señor Carter. Le recomiendo que actualice su llave entre
los días, uno y dos de noviembre o se le privará el acceso. Por favor,
indíqueme el número de su identificación de nuevo.
– Cinco, nueve, seis – repito.
– Correcto Señor Carter. Repítelo de nuevo y pulse la tecla “Ok”.
– Cinco, nueve, seis, Ok. Maldita voz, te odio – susurro.
– Bienvenido Señor Carter, en breve le pediré que repita el proceso.
Aguarde.
Veinte segundos. Veinte segundos y el ascensor se pondrá en marcha. Me
agarro para no caerme sintiendo como desciende. Bajo el nudo de mi garganta,
miro hacia el frente como acordamos pues hay cámaras y el tiempo se me agota.
Una vez que llegue abajo no habrá vuelta atrás. Empiezo a hiperventilar en
silencio porque estoy rozando la locura extrema haciendo esto y tengo miedo.
El ascensor se para.
– Señor Carter, vuelve a introducir el número de su identificación y
señale los lugares a los que va a acceder.
– Cinco, nueve, seis. Espejos.
Tecleo con mis manos temblando mientras espero la respuesta del aparato
que me habla. Trevor
me contó que la fantasía de su mujer era ser observada en los espejos,
por eso siempre acuden allí y es más probable que no me pillen. Maldigo el día
en el que Bastian lo planeó todo, maldigo el día en el que me enamoré de él y
maldigo el día en el que abrió esta mierda de lugar lleno de gente obsesiva por
follarse unos a otros. Os odio a todos.
– Señor Carter, acceso confirmado. Le recuerdo que tiene que actualizar
su llave los días, uno y dos de noviembre o se le privará el acceso.
– Lo sé zorra – susurro.
El ascensor se pone en marcha y ahora miro al suelo. Ya ha llegado el
momento, las puertas se abrirán y estaré a merced de las personas que están
abajo. Trevor me ha aconsejado que camine decidida y segura de mi misma, los
socios saben a lo que vienen, quieren una determinada cosa y no hay
indecisiones. Las puertas se abren y veo el lugar que me ha estado atormentando
en los pasados meses.
Ya estoy en El Sótano.
Los suelos son inconfundibles ya que tengo grabado en mi mente el día
que vine y donde perdí el equilibrio porque mis tacones se quedaron impregnados
en los agujeros. Estoy en la planta de arriba donde aparecí con Bastian, miro
hacia mi izquierda porque es en aquel ascensor donde él me hizo bajar. Le
comenté a Trevor mi problema con los tacones y me dijo que evitara el área
común y me dirigiera por el pasillo que tengo a mis espaldas una vez que
saliera del ascensor.
Doy un paso dudando, doy otro y me quedo embobada viendo cómo puede
Bastian querer esto más que a mí. La nostalgia se agolpa pero la expulso de mi
sistema al poner la espalda recta y dar un giro de trescientos ochenta grados.
Consigo pisar tierra firme cuando unos suelos de madera en perfectas
condiciones decoran este pasillo. Trevor me contó que había puertas pero no
eran las habitaciones, aquí solo hay personas que están bailando, hablando o
flirteando, pero nada de sexo
público. Esta parte es accesible por todos los socios, es el área más
sencilla que voy a encontrar.
Para llegar a mis respuestas necesito ir más abajo. Trevor me aconsejó
que me dirigiera a unas escaleras que ya estoy bajando. Iba a pasar por lugares
que no necesitaba conocer, él quiere que llegue hasta el final del club y eso
haré. Quiero llegar al final del club y al final de esta horrible pesadilla,
¿por qué me enamoré de un hombre que no duerme por las noches?
Sigo descendiendo con la elegancia que intento demostrar a quién me esté
observando. Me apetece sacar mi dedo corazón a cada una de las cámaras. Porque
las hay. Las hay en todos los rincones e incluso creo que las hay escondidas y
ni siquiera me doy cuenta. Según Trevor, una vez que he accedido al club es muy
raro que Ria sepa que estoy allí porque suele mirar a los magantes y gente más
importante.
Los gemidos y jadeos de la gente se escuchan en algún lugar, pero no
vienen de las habitaciones
porque están insonorizadas. Cuando me quedan dos escalones por intentar
no partirme una pierna, mi cuerpo se choca contra el torso de un hombre.
– Oh, disculpe – fallo número uno. Nunca demostrar inseguridad o vanidad
ante las personas que hay aquí abajo, ese “oh” sobraba y me acabo de dar
cuenta.
– Ten más cuidado por donde vas – su voz ronca me acusa.
Levanto mi cabeza y veo el rostro de un hombre muy familiar para mí, es
rubio y su ceño está fruncido, sus ojos son azules pero no me transmite lo
mismo que Bastian. Su cuerpo es fuerte y debajo de ese traje debe de haber
músculos, ¡Dios! ¿Estoy dando el repaso a este hombre? No. No puedo hacerlo.
Amo a Bastian pero este hombre me resulta curioso, es bastante guapo para tener
que acudir a este club. Probablemente será un gilipollas que ha traído a una
zorra para follársela mientras su mujer está en casa esperando a que la lleve
al cine o al teatro. ¿A quién le
importa? Lo único que sé es que veo a Bastian a todas horas, voy a
desvincularme de este hombre antes de que el mío sepa que estoy aquí con
alguien que no sea él.
Necesito actuar pronto. Si algo me ha aconsejado Trevor es que no me
deje pisar por nadie, que sea estúpida y prepotente, eso haré.
– Ten más cuidado tú por donde vas, gilipollas – le increpo frunciéndole
el ceño.
– Vaya, sí que tienes carácter. Toda dulce y luego sacas tus…
– Eh, si te piensas que me interesa lo que pienses de mí, búscame en tus
sueños – sonrío pasándole y retomando mí camino. Sí, susurro una vez más la
palabra gilipollas.
Abro la boca para respirar y acelero mi paso una vez que me alejo de ese
hombre, era bastante atractivo y me da pena que esté aquí. Yo quiero
hombres así para mí, pero ahí arriba, en la vida real. Ahora sé que no
voy a poder encontrar a nadie mejor que Bastian porque todos los guapos están
en este club.
Pongo una mano en mi pecho porque no puedo respirar, ya no hay más
escaleras y estoy agotada. Estoy agotada psicológicamente y me acabo de
distraer del plan. Decido sentarme en unas sillas decorativas mientras pienso a
donde ir. Ya he llegado a la planta baja y no hay más descenso. Trevor dice que
aquí encontraré mis respuestas pero de momento escucho silencio, un silencio
sepulcral del que temo porque estoy a merced de cualquier persona. Me siento
como Rose en el Titanic cuando iba a buscar algo para salvar a Jack y no
encontraba nada.
Apoyo mi cabeza en la pared de madera y quiero morirme.
Me siento sola y en un barco a punto de hundirse, los pasillos son
grandes, están llenos de puertas con las luces correspondientes encima; verde,
acceso, rojo, no acceso. Intento recomponerme pero he llegado a un punto
en el que me pregunto, ¿qué hago aquí? No voy a descubrir nada que no sea sexo.
No sé si necesito ver cómo la gente lo practica bajo las miradas de otras
personas, como las mujeres se dejan drogar por los hombres que las follarán y
harán con sus cuerpos lo que quieran. Creo que aquí no he encontrado mis
respuestas porque no las hay, Bastian me fue sincero y yo le negué, negué su
deber como dueño de este club. Se acabó, no voy a soportar que mi hombre venga
y sea participe de todo esto.
Entrecierro los ojos mirando al suelo e intentando retomar en mi mente
el plan de salida. Sé que tenemos un punto de encuentro para salir de aquí,
pero no me acuerdo. Me levanto dando pasos lentos y confusos, respiro con
dificultad a punto de tener un brote de ansiedad porque debo de estar a cientos
de metros bajo tierra. Me he perdido y no quiero mirar a las cámaras, Bastian
podría poner un mapa o algo así, no sé si hay salida de emergencia o no. En mi
avance maldigo a mi hombre porque esto está plagado de pasillos con las mismas
puertas, acabo de girar por otro
y hay muchas más.
Decido mandarlo todo a la mierda y sentarme en el suelo, saco mi dedo
corazón a la cámara para darle un mensaje a Bastian y Ria si me están viendo.
Me quito la peluca y me doy por vencida. ¿Qué pretendía al venir aquí? Debí
escuchar a mis amigos, ahora estaría en medio del sofá viendo el hockey con
ellos y hablando de lo mucho que odio a Bastian.
Espero unos minutos más hasta que me levanto.
– Nadie va a venir a por mí de todas formas – susurro.
Nadie porque Bastian puede estar en cualquier lugar menos aquí. ¿Por qué
no puedo confiar en él? No sé dónde ha estado ni que ha estado haciendo. ¿Por
qué no está junto a mí? Yo solo quería un novio normal que me quisiera como yo
le quiero, que hagamos cosas de novios, que su única preocupación fuera pagar
la factura de la televisión por cable porque sea adicto a la NBA. Uno que me
lleve al cine una vez al mes ya que
no podríamos permitirnos pagos extras. Uno sencillo que me haga el amor
cada vez que le apetezca cuando viene cansado del trabajo. Un hombre que sea
medianamente guapo pero no llamativo para que no todas las mujeres se cuelguen
de su cuello pidiendo un beso. Alguien en quien confíe, que se vaya con sus
amigos a un club de strippers sin la necesidad de pensar si me va a ser infiel
o no. Solamente deseo en mi vida a alguien que no sea Bastian, él me ha
enterrado bajo tierra y nunca mejor dicho.
Juego con mi peluca entre mis manos cuando choco con una puerta. Miro
hacia la izquierda y derecha dándome cuenta de que me he desviado del centro
del pasillo. Esta puerta es diferente porque está entreabierta, doy unos pasos
hacia atrás tocándome la frente porque me he dado un golpe y duele.
Me doy la vuelta para irme y oigo el sonido de la puerta abrirse.
– ¿Hola?
– Joder, – susurro – ¿no me puede salir nada
bien?
– Hola, ¿hablas mi idioma?
¿Me toma por tonta? Me giro con la intención de pagar mi enfado con esa
voz repelente cuando hago contacto con sus ojos. ¡No! ¿Por qué? Todo en un
jodido día. Cuando vea a Bastian voy a estrangularle con mis manos, le
escupiré, le patearé el trasero y le demostrare que me ha perdido. Es más,
practicaré sexo en la vía pública con otro hombre, acudiré a la prensa para
declarar mi amor por otro y le restregaré en su cara lo que ha dejado marchar.
Maldito hijo de puta mentiroso. Esta mujer es Diane Cost. Y que me niegue que
no se haya acostado con ella porque se va a acordar de mí.
– Hola – frunzo el ceño.
– Vaya, ¿estás bien? – Se reajusta la bata azul que le llega por los
tobillos. Es obvio que está desnuda y hay alguien adentro a juzgar por las
risas de mujeres
que se escuchan.
– Estoy perfectamente, ¿tú?
– Excelente.
– Aham – susurro.
Me observa con una sonrisa en la cara, todo lo contrario a como le estoy
mirando yo. No quiero entrar ahí adentro y actuar como una neandertal
cavernícola porque estoy segura de que lo haré, lo haré y les demostraré que
conmigo no se juega. Esperamos unos segundos en silencio para evaluarnos, por
alguna extraña razón esta maldita zorra ha estado al lado de mi Bastian y por
alguna extraña razón sabe qué no soy socia del club. Lo llevo escrito en mi
cara. Aquí todos se conocen, me lo ha dicho Trevor, son muchos años viniendo y
acabas viendo a las mismas personas. Esta Diane tiene una sonrisa grabada en su
cara y no deja de provocarme.
– ¿Pasas?
– No.
– ¿Te has perdido? – Sale entrecerrando un poco la puerta.
– No. No me he perdido.
– ¿Quieres hablar?
– No – soy rotunda. Me molesta esta mujer, es más alta en persona que en
las revistas, tan alta como Bastian. Mí Bastian.
– ¿Sabe Bastian que estás aquí? – ¿Puede decirme otra cosa que no sea su
nombre? En serio, voy a empezar con ella mi misión de agresión al pueblo
femenino – ¿Nancy?
Retrocedo dos pasos hiperventilando, ¡oh Dios mío! ¿De qué me conoce?,
¿cómo sabe quién soy? Yo no la conozco. ¡Mierda! No llevo la peluca, mi pelo
cae suelto y soy yo. Aquí abajo soy Nancy. Trago saliva,
necesito agua. No. Necesito luchar por él. ¿Qué hago? No puedo
comportarme como una neandertal cavernícola si actúo de este modo con este tipo
de mujeres, es rubia, es guapísima y conoce a mi Bastian mucho más tiempo que
yo.
– ¿Cómo sabes quién soy? – Necesito asegurarme, a lo mejor me estoy
volviendo loca.
– Supongo que te he visto en las revistas junto con Bastian.
– Supones bien, soy su… he sido su… yo… ems… he sido su…
– Esta bien cielo, no tienes por qué justificarte conmigo.
Unas carcajadas de mujeres resuenan desde adentro y mis ojos se clavan
en la puerta que está justo detrás de ella.
– ¿Está Bastian ahí adentro?
– Lo suelto sin
preámbulos, directa a una pregunta con una respuesta que puede
sentenciarme.
– No, no está. ¿Quieres pasar para comprobar que digo la verdad? – Las
risas de las mujeres siguen escuchándose y me encuentro asintiendo con la
cabeza y dando el primer paso hacia ella. Entiende que quiero entrar y lo hace
antes que yo, abre la puerta y me quedo dudando – no verás nada aquí, la
habitación está al otro lado.
No sé ni cómo encuentro la valentía suficiente para entrar, una vez que
esté dentro ya no habrá lamentaciones ni arrepentimientos. Diane cierra la
puerta detrás de mí y yo me quedo parada viendo una suite bastante grande. El
suelo es de azulejos oscuros, hay unos sofás de color dorado en conjunto con
los colores dorados y rojizos que visten las paredes. Al fondo hay una gran
cortina de color violeta que divide la suite. Puedo hacerme una idea de que
habrá una cama.
Diane me indica que me siente y yo lo hago en
el sofá que hay pegado a la pared. Hay dos sofás más pequeños a ambos
lados y ella decide sentarse a mi lado mientras vierte agua caliente en una
taza.
– Gracias pero no me gusta el té.
– Como gustes.
Ella huele muy bien. A pesar de que está cerca de mí, se aleja lo
suficiente como para sentarse al filo del sofá y así mirarme. Bebe de su taza
relajada, me siento observada e insegura porque actúa como si me conociera de
toda la vida. La estoy mirando de reojo y le patearé el trasero como no deje de
analizarme.
– ¿Qué? – Le pregunto.
– Nada. Te miraba porque me pareces mucho más guapa de cerca.
– Ems… – me quedo sin palabras y ella levanta la mano para que no hable.
– Nancy, quiero decirte que no soy tu enemiga.
– ¿Qué te hace pensar que lo eres?
– Vamos, no me mientas. Quieres pegarme porque he estado con Bastian y
nos has visto. Los celos son horribles y aunque le dije que no era buena idea,
fue la suya.
– ¿A qué te refieres? – Como me diga algo fuera de tono le planto mi
palma izquierda en su cara.
– Me refiero a las veces que me has visto con Bastian. Te repito, yo no
soy tu enemiga.
– Para no ser mi enemiga no has hecho otra cosa que nombrarle desde que
me has visto.
– Cariño, eres tan joven y tan inexperta en hombres. Te voy a decir una
cosa, no sé qué te habrá dicho Bastian de mí pero él y yo no…
– Mi vida, ¿te has bebido toda la tetera?
Una mujer morena de pelo rizado sale desde la cortina dirigiéndose a
nosotras, lleva una bata de color blanco que no le cubre ni la mitad de su
cuerpo. Sonríe en mi dirección y se planta delante de nosotras, sé quién es,
esta mujer ha estado con Bastian en un acto público hace menos de un mes. No
deja de sonreír y quiero empezar una pelea si es lo que quieren, estoy
preparada.
– Bibi, – la nombra Diane – ella es…
– Nancy. Hola Nancy, soy Bibi – ella se sienta en el sofá que tengo a mi
izquierda y no deja de sonreírme – ¿a qué se debe esta visita inesperada?, ¿lo
sabe Bastian?
Le aparto la mirada porque no quiero escuchar más el nombre de Bastian
en los labios de sus amigas, sí, las mujeres salidas de revistas hechas para
hombres. La odio. Odio que sonría y que se estén riendo de mí. Ambas se miran y
yo tengo mi mirada fija en el té.
– Eh, ¿pero por qué tardáis tanto?
Mi cabeza se levanta para ver salir de la cortina a otras tres mujeres,
las tres son altas y guapas. Sonríen cuando me ven. Las conozco menos a una,
esa tercera no la he visto junto con Bastian, a las demás sí. Suspiro sin mover
una sola parte de mi cuerpo, Diane sigue tan tranquila a mi lado bebiendo de su
té mientras yo me debato entre si matarlas a sangre fría o a sangre caliente.
– Chicas, – dice Diane – ella es Nancy, la chica de Bastian. Nancy,
ellas son Janice, Nikki y Roxane.
– Encantada – dice una de ellas y las tres se sientan en los sofás,
quedamos todas formando casi un círculo – ¿qué te trae por aquí?, ¿lo sabe
Bast…?
– No, – Diane levanta una mano – no volváis a preguntar si lo sabe
Bastian, es obvio que no lo sabe. Él no la dejaría sola y mucho menos en El
Sótano.
– Es verdad, tu hombre es un poco raro – la pelirroja no para de reírse.
Sin embargo, la morena de pelo rizado tiene sus ojos fijos en Diane y le
asiente con la cabeza como si hablaran en clave. Yo también la miro sin
dudarlo.
– Nancy, debes saber una cosa.
– Sorpréndeme – digo sin ganas. Esta reunión del club “he estado con
Bastian” no me gusta nada. Quiero verterles el agua caliente en sus caras.
– Bueno, como verás yo soy Diane y nosotras somos mujeres, – señala a
todas que se ríen bajo los nervios de ella – chicas, tengo que ser delicada. Lo
que te iba diciendo Nancy, nosotras estamos juntas.
– Puedo verlo.
– Me refiero a juntas como pareja.
– ¿Qué quieres decir? – Arrugo la nariz, me
sorprendo de lo bien que estoy llevando este momento.
– Me refiero a que, por ejemplo, Bibi y yo estamos casadas. Ella es mi
mujer.
– ¿Qué?
Giro mi cabeza hacía la morena de pelo rizado, ella levanta su mano para
enseñarme su alianza. Sigo fijándome en las manos de las otras, y excepto una,
las otras dos también levantan la mano, una para enseñarme una pulsera y otra
un anillo de plata en el dedo pequeño. Vuelvo mis ojos a la morena para
confirmarme a mí misma de que son un matrimonio. ¿En serio? Bibi no deja de
ponerle ojitos a su mujer y Diane de enrojecerse, ¿si son lesbianas que hacían
con Bastian?
– En mi defensa, yo diré que estoy intentando conquistar a Nikki pero no
me deja, le gusta Roxane más que yo – la pelirroja le da un beso tierno la
rubia.
¡Oh Dios mío, todas son lesbianas! Todas estas
mujeres son lesbianas, Bastian ha llevado a los actos públicos a sus
amigas lesbianas para darme celos. Él ya me lo dijo que pretendía darme celos,
pero no con modelos que intentarían follárselo, si no con lesbianas fuera del
mercado para él. ¿Cómo ha podido hacerme eso? Ha cuidado hasta el más mínimo
detalle para no aparecer de la mano con alguien quien podría ser peligroso,
Bastian… Bastian me ha sido fiel y siempre me lo será, hasta en la ruptura como
él dijo. Estas mujeres no dejan de sonreírme y de mirar cada movimiento que
hago, hacia donde miro o mis gestos faciales. Y yo, lo único que hago es tragar
saliva cada dos por tres y jugar con mis dedos para distraerme de no tener que
morir de vergüenza ahora mismo.
– ¿Entiendes ahora porque no soy tu enemiga Nancy? – Diane deja la taza
de té y se acerca más a mí – dulzura, ninguna aquí somos tus enemigas ni vamos
a hacerte daño. Aunque yo en primera persona debo de asegurarme del por qué
estás aquí, ¿has venido intencionadamente o por casualidad?
– Casualidad – digo sin mirarla.
Me siento rara. No logro entender las sensaciones que recorren mi
cuerpo. Hace un momento estaba sentada en el pasillo y ahora en un sofá,
rodeada de lesbianas que no dejan de mirarme con una sonrisa en la boca a pesar
de que no les he dedicado una mirada amable. Ellas son mujeres y han estado con
Bastian, pero son mujeres que aman a mujeres y no a Bastian, eso quiere decir
que ellas no son rivales para mí. Suspiro relajándome un poco más, tenía que
sacar este pensamiento hacia fuera para demostrarme a mí misma que Bastian
sigue enamorado de mí y no ha jugado conmigo siéndome infiel con ninguna
lesbiana.
– Diane, amor. Está asustada.
– No lo estoy Bibi, comprended mi situación, – le digo muy directa y
luego miro a las otras – lo siento, yo… yo… no…
– Nancy, no te preocupes – Diane pone una mano sobre la mía – aquí estas
a salvo, no vamos a
crucificarte, es más, vamos a morir y estamos viviendo nuestros últimos
minutos de vida.
– Sí, Bastian nos va a matar como sepa que hemos estado contigo – dice
la rubia que hay entre la pelirroja y la otra morena – eres más guapa en vida
real, quiero decir, yo te he visto en revistas.
– ¿Sí? – Respondo y mueve la cabeza. A veces no me doy cuenta de que he
sido un personaje público durante mucho tiempo – yo… ems… gracias.
– Por lo tanto, no te preocupes por lo que pueda pasarte, estoy segura
de que Bastian estará en algún lugar buscándote – Diane me sonríe como si fuera
la hermana o tía joven que nunca tuve.
– Bastian y yo… ya no… quiero decir, él y yo, no estamos juntos.
– ¿No ha ido bien la reconciliación?
– Supongo que no.
– ¿Por qué estás aquí entonces? – Diane se extraña ante nuestra corta
conversación – él no dejaría que entraras aquí y ni mucho menos que anduvieras
sola por este sitio. No es un lugar para inexpertos dulzura.
– Yo ems… solo… bueno, no importa, ya me
iba.
– No te vayas Nancy, – salta Bibi y se aprieta más la bata – tu novio o
lo que sea es un cabrón compulsivo. Te lo digo porque le conozco desde que iba
a la universidad y él es así desde siempre, lo que pasa es que ahora lo es
mucho más. El año pasado cuando te presento en sociedad, a mi mujer y a mí nos
prohibió que nos acercáramos a ti. Nos dijo que como pusiéramos un suspiro en
el mismo aire que respirases nos iba a hundir y no tendría ningún tipo de
reparo en hacerlo aunque fuéramos amigos desde jóvenes.
– Él lo ha hecho realmente – lo admito afirmando.
– Sí, – miro a Diane – nos ha prohibido tantas cosas. Cuando nos dimos
cuenta de que Bastian se había enamorado por primera vez saltamos de alegría.
Las chicas y yo nos alegramos de que por fin hubiera conocido a alguien quien
le aguantara, pero no nos dejó. Te juro Nancy que queríamos conocerte, que te
sintieras en familia con nosotras, él nos prohibió conocerte y nos alejó de ti
sin darnos la oportunidad.
¿Bastian habrá hecho esto con todos sus amigos y amigas o solo con
ellas? Tampoco me presento a Bill, supongo que lo ha hecho con todos, ¿por qué
me separó de todo su mundo y solo me expuso a quienes quiso? Estas mujeres se
ven bonitas y buenas, de hecho son mujeres atractivas y que están en pareja.
Bastian no tenía ningún motivo para separarme de ellas sin darme la oportunidad
a mí también de decidir si quería conocerlas o no.
– Lo siento, yo tampoco he conocido a muchos de sus amigos.
– Él es un cabrón – dice la pelirroja.
– No, no lo es. Él es dulce.
Todas ríen y Bibi me tira un cojín, aprovecho para cambiar mi postura
rígida e insoportable que tenía. Lo coloco sobre mis piernas y me pongo a jugar
con él, a hacer dibujitos imaginarios porque me siento observada y no me gusta
cómo me hacen sentir.
– Ha hablado la voz de una mujer enamorada, – dice Diane – dulzura, ¿qué
pasó? Se os veía tan perfectos juntos. Mi mujer y yo os vimos muchas veces
desde la distancia y le mirabas enamorada, se te caían las babas por todo tu
cuerpo y tus ojos brillaban mientras él estaba siempre tan alerta de que nadie
se acercara a ti. Hacíais una pareja muy bonita.
– Pasaron una serie de cosas y supongo que me agobié. Bueno, yo… yo no
me agobié, él tuvo la culpa y yo solo fui la perjudicada.
– Ooooh – Bibi se levanta y se sienta a mi lado
pasando un brazo sobre mis hombros – él es un cabrón y un hombre muy
frustrado, pero nunca me lo imaginé haciéndote daño. ¿Tan malo fue?
– Ems… si os digo la verdad, uno de los motivos fueron este club. Antes
que esto, precedieron una serie de sucesos que hicieron romper nuestra
relación. Fue durante un tiempo, no de la noche a la mañana.
– Yo me lo encontré una vez el año pasado y me mandó a la mierda, – dice
la pelirroja – es inaguantable cuando actúa como si no me conociera y olvidó de
que le dejaba los apuntes en la clase de Biología Marina de Tercer Grado.
– Es porque esa asignatura era un fastidio – dice Bibi – ¿por qué la
escogiste?
– Porque era fácil de aprobar – le saca la lengua.
– Yo… yo no me imagino a Bastian como estudiante – les hago una mueca.
– Oh dulzura, yo te enseño fotos cuando quieras. De hecho las buscaré y
te las haré llegar, – responde Diane acariciando mi brazo – ¿estás bien? Quiero
decir, ¿llevas bien lo de la ruptura? Ha pasado un año más o menos, ¿no? Yo me
enteré antes del verano. Bastian estaba desaparecido con la lucha y pensé que
tú estabas con él y te acaparaba para él solo.
– Lo dejamos a principios de diciembre.
– Eso es mucho tiempo cariño – Bibi aleja su brazo de mi cuerpo –
todavía estas enamorada, ¿es por eso que te has hecho socia del club, para
recuperarle?
– No. La verdad es que hemos estado juntos, quiero decir, hemos
intentado arreglar lo nuestro pero no ha funcionado.
– Lo siento – dicen todas.
– No pasa
nada, lo tengo
cada vez más
asumido. Una de las razones de nuestra ruptura es este dichoso club, me
lo ocultó y con ello vinieron más problemas, se formó una cuerda de mentiras y
todo llegaba al mismo punto de partida.
– Nancy, – Diane me mira a los ojos – Bastian es un hombre complicado y
él ha dado mucho por este club. No sé lo que tienes en tu cabeza pero no es lo
que parece.
Todas ríen porque sabe que miente, es lo que parece.
– Amor, te haces vieja – le recrimina su mujer.
– No me entendéis, me refiero a que no todo es lo que parece con
respecto a tu hombre dulzura. Bastian no viene a este club para follar o mirar
a otras mujeres.
– ¿Cómo sabes que ese es mi gran problema? – Alucino de que nadie lo
sepa y de que ella sí.
– Porque tienes la misma preocupación que Bastian. Él me ha contado que
rechazas este club porque crees que él viene aquí a mirar como follan o a
participar, ¿no es así?
– ¿Él te lo ha dicho?
– Sí. Entró en mi oficina y me llenó la cabeza de sus ideas sobre ti. Él
acabó pidiéndome ayuda y hablamos sobre eso tomando una copa.
– ¿Tomasteis una copa juntos? – Le frunzo el ceño a Diane, no me ha
gustado esto y espero que reflexione sobre que no me ha gustado en absoluto.
– Oh no querida, él no está en mi liga.
– Pero él me dijo que no había salido con ninguna mujer.
– Diane, te has metido en un problema – Bibi se levanta riendo para
volver a sentarse en el otro sofá.
– No, no me he metido en un problema amor, – me vuelve a mirar a mí –
Nancy, él y yo nunca...
– Él me ha dicho que te conoce de la universidad, ¿habéis mantenido
contacto desde entonces?
– Cuando él ha podido, no siempre. Me casé con Bibi y cada uno hicimos
nuestras vidas, le vi crear este club y no hablamos mucho. Hemos pasado años
sin dirigirnos la palabra y luego un día mantuvimos contacto de nuevo y no lo
hemos perdido, sobre todo desde que dejó la lucha. Quiero decir, cuando ganó el
último campeonato hace unos años.
– ¿Habéis follado?
Las chicas mantienen sus carcajadas en la garganta y me da igual,
necesito saber si hay alguna mujer aquí que ha follado con mi Bastian, quiero
asegurarme de que no han tocado el cuerpo desnudo de mi hombre.
– No, diablos Nancy, no, – Diane se excusa negando y miro al resto que
también niegan – Nancy, somos lesbianas, nos gustan las mujeres no los hombres.
Y mucho menos Bastian, él es como un hombre que refunfuña por todo, que está
enfadado con el mundo, es un hombre que está fuera de mi lista aun si fuera el
último humano de la tierra.
– Yo pienso lo mismo, – añade Bibi – ninguna aquí vamos a quitarte a
Bastian. Para nosotras es un amigo de la universidad y poco más, no está en
nuestro día a día.
– Lo siento, debía saberlo. Ems… últimamente no sé qué me pasa con
respecto a las mujeres que se… bueno… yo… lo siento.
– No pasa nada, – Diane vuelve a acariciarme la espalda – no nos has
contado como estás tú, sabemos cómo está él, pero no como estás tú.
– ¿Y cómo está él? Llevo desde el miércoles sin saber nada y necesito
saber si está bien.
– Vino a mi despacho el jueves.
– ¿El jueves?, ¿está aquí?, ¿qué te ha dicho?, ¿está bien?, ¿afectado?
Diane gira la cara y mira a las chicas que aguantan la risa. Ella es
calmada y amable pero yo soy todo lo contrario. Estoy desesperada, necesito
saber si Bastian está tan jodido como yo, si piensa en mí como yo lo hago o si
no duerme por las noches.
Le necesito y nadie se da cuenta.
– Él está como siempre. Me preguntó si era malo enviar tantas flores
porque había estado leyendo algunos artículos femeninos para encontrar el por
qué algunas chicas odian que le regalen flores y solo encontró algo de la
muerte sobre plantas. Estaba perdido.
– Yo le dije que no me regalara flores porque lo leyese en un artículo,
le dije que me regalara lo que le
saliera del corazón.
– Me dijo que estaba bien, pero soy mujer y yo digo lo contrario. Yo le
he visto de cerca estando contigo y sus ojos brillaban, todo el mundo
comentábamos lo enamorado que estaba de ti, que por fin había encontrado a una
mujer, a la mujer de su vida. Verás, le conozco desde que tenía granos en la
cara y tengo que decirte que he visto durante veinte años las diferentes etapas
de su vida, todas y cada una, cuando dejó la lucha cambió. Él dejó de pelear,
de ser tan famoso y se dedicó a los negocios. Estaba perdido, distante,
agobiado y pensaba que se hacía viejo y no había encontrado a la mujer de su
vida. Estaba muy mal hasta que llegaste tú, de la noche a la mañana vino a mi
despacho y dijo que te encontró, luego cerró la puerta y no supe nada de él
hasta futuras amenazas delante de mi mujer. Él es diferente cuando está
contigo, no es amor, es adoración por ti Nancy. Él no está bien, está hundido y
te ama. Quiere recuperarte y no sabe cómo hacerlo.
– No hice nada, – dejo caer por mi cara dos
lágrimas frente a las palabras de ánimo por parte de las chicas – no fue
mi culpa, él fue quien me… quién me… yo solo…
¿Por qué me drogó? Aún no lo entiendo, él no debió drogarme, esta mancha
no puede estar en nuestra relación. Le quiero, él es el hombre de mi vida pero
no estoy muy segura de si aún le he perdonado eso y temo que no lo pueda hacer
nunca.
– Nancy, – Diane está bastante preocupada y la pelirroja va a llorar –
solo te digo como era él y como es él cuando estaba contigo. Él es un hombre
diferente, siempre está enfadado y preparado para una batalla campal o verbal,
no le gusta vivir, se encerraba y ni siquiera salía con nuestros amigos. Es un
hombre que se aislaba del mundo porque se sentía solo Nancy, solo hasta que
llegaste. Ya te digo, entró en mi despacho, dijo que te encontró y luego se
fue. Desde ese día supe que tenía razón, no había nada más que verte lo guapa
que eres por fuera y por lo que estoy viendo, por dentro. Nancy, tú le salvaste
de algo que solo él entiende, él se empezó a comportar diferente, diferente
porque tú estabas en su vida.
– Es verdad, – añade Bibi – él estaba ilusionado, se veía incluso
radiante. Jamás le había visto así y todos nosotros lo comentábamos, la única
pena que teníamos es que no podíamos acercarnos a ti para conocerte. Te tenía
vigilada y controlada por temor a que sus amigos nos acercáramos a ti, eso era
injusto Nancy, estábamos enfadados con él por no hacernos participe de su
felicidad.
– Todo era por el dichoso club chicas, – les digo apartando las lágrimas
de mi cara – este club y su obsesión con él. He venido aquí con la intención de
entenderle mucho mejor pero en cuanto he entrado ya me estaba arrepintiendo. Es
un pozo sin salida y me he dado cuenta que aquí no tengo mis respuestas.
– ¿Qué buscabas aquí? – Pregunta Diane.
– No lo sé, su visión ciega con respecto a El Sótano. En nuestra
reconciliación él me ha dejado claro que va a seguir viniendo a este club y es
su
prioridad.
– Pero cariño, – me dice Bibi – Bastian es así, él no viene aquí para
tener sexo, tiene que tener el control sobre esto porque aquí estamos seguros.
Míranos, somos lesbianas, si decidiéramos ir a otro club estamos seguras de que
los hombres se encargarían de masturbarse viéndonos como lo hacemos, no nos
sentiríamos seguras.
– Dijo que aquí se practica las parafilias.
– Eso es un órdago a su pasado, – añade Diane
– él dice que se práctica ese tipo de sexo aquí pero es mentira, solo
hay unas pocas parejas que lo hacen.
– ¿Solo unas pocas?
– Sí, la mayoría están en el área común. Hay mujeres que son drogadas
para satisfacer las fantasías de sus hombres cuando lo hacen con alguna muñeca
hinchable o algo así. No es todo parafilias. Solo que aquí sí, puede que aquí
haya más variedad en el sexo,
¿has entrado en alguna suite? – Niego con la cabeza – solo hay
habitaciones, muchas habitaciones especializadas en el tipo de fantasías. Están
las decoradas con material para bondage, la de los disfraces, las comunes, las
solitarias, las de trios, las de mujeres, las de hombres, aquí hay una
infinidad de variedad con respecto al sexo.
– ¿Quieres decir que no solo se practican parafilias?
– No cariño, míranos a nosotras. Esta es nuestra habitación y aquí solo
nos divertimos. En casa no podemos porque siempre hay ruido en la calle,
tenemos que limitar nuestros gemidos o alguien llama a la puerta de casa para
interrumpir. Es por eso que aquí nos encontramos a gusto porque encontramos
intimidad.
Entonces, ¿otra mentira? No, ¿por qué Bastian me dijo que solo se
practica parafilias?, ¿por qué evito el contarme la verdad? Confío en cada
palabra que Diane y las chicas dicen, Bastian no tenía necesidad de
exagerar todo su pasado y extenderlo a este club, me ha llenado la
cabeza de dudas sin sentido. No entiendo a este hombre, me va a volver loca.
– Él exageró conmigo – susurro casi en silencio.
– Sí, creo eso. Él te llevaría al área común y te enseñaría a esas
mujeres que están dormidas todo el tiempo.
– Me mostró todo desde la tercera planta.
– Sí, – Diane mira a Bibi – el muy idiota la asustó con lo peor.
– ¿Con lo peor? – Pregunto – ¿por qué hizo
eso?
– Para no esconderte nada, – Diane no deja de serme sincera y el resto
escuchamos – una vez que supieras que aquí se practica ese tipo de sexo nada
más podría sorprenderte.
– ¿No hay nada más?
– Si has visto eso, no creo. El resto son habitaciones privadas.
– ¿En este club solo hay habitaciones privadas?, ¿hay que pasar un
infierno de códigos y ascensores para que solo haya habitaciones privadas?
Todas se ríen pero no de mí aunque mi cara debe de ser un poema. Voy a
estrangular al hombre de mi vida. Le quiero demostrar que es un dolor en el
trasero y que es un problema, se va a acordar cuando me tenga que explicar más
de una cosa. Maldito insensato.
– Bastian es así de todas formas, – Bibi se levanta para servirme un
vaso de agua – toma, necesitaras esto para superar el trauma por tu hombre.
– Yo… él no es… en fin. He estado… ¿me he estado preocupando en exceso
por este lugar y resulta que solo hay habitaciones?
– Él no entra en una habitación desde hace años Nancy. Yo estoy aquí y
la gente habla, todo el mundo sabe si ha estado aquí o no, pero él lleva un par
de años sin venir. A lo mejor ha tenido algún que otro escarceo con alguna
mujer, pero no de manera abusiva en ninguna habitación privada. Él no tiene
ninguna aquí, solo su despacho de control y nada más.
– Diane, me estás pintando a un Bastian que no va acorde con mis
pensamientos. Me he estado volviendo loca, bueno no, me he estado subiendo por
las paredes y ahora me dices que él no ha disfrutado de los placeres en este
lugar. No me lo creo, no viniendo de él.
– No estoy diciendo esto porque sea su amiga y porque os quiera juntos
para que deje de arrastrar su cara de amargado por todos los sitios. Te digo la
verdad porque así la siento. Hace unos meses me dijo que si llamaba tu atención
saldrías de tu casa, así que me hizo acompañarle a una infinidad de actos en mi
mes de vacaciones mientras mi mujer moría de risa a
nuestro lado. Luego, volviste y me pidió que volviéramos a hacerlo,
necesitaba hacerte reaccionar. Viendo que no movías ficha, pasó a mi mujer,
luego a las demás chicas, el resto serían mujeres que posan con todos. No
tienes que preocuparte con respecto a mujeres se refiere, me estoy dando cuenta
de que eres como una pequeña Bastian.
Diane mira a las chicas y todas se ríen, consiguen sacarme una risa a mí
también. ¿De verdad me estoy convirtiendo en una pequeña neandertal? Bebo un
poco más de agua y cada vez me estoy sintiendo más cómoda entre ellas. Me
siento a gusto hablándoles de mis problemas a personas que le conocen, si
quiero llegar al fondo de Bastian, necesito que sea su gente la que me informe.
– De hecho, otro de nuestros problemas fue Ria
– se miran todas y niegan con la cabeza – vaya, no debéis de ser tan
amigas.
– Esa mujer es el cáncer de Bastian. Todavía no puedo comprender como
sigue estando en este lugar
sabiendo que todo el mundo la odia, – Bibi es la valiente en hablar –
esa mujer es lo peor de la vida de Bastian y todos lo sabemos.
– ¿Qué te hizo a ti dulzura? – Diane se sirve otro té mientras espera mi
respuesta.
– Ella… ella es… ya la conocéis si os cae mal, imaginaros lo mismo
conmigo. Desde un principio me dejó claro que Bastian no me quería y solo era
un juguete, por no hablar de que ellos han estado follando a mis espaldas. De
hecho, esto último me lo dijo el domingo pasado cuando me hizo una visita a mi
nueva casa. Está dejando su huella allá donde vaya yo y me ha dejado muy claro
que va a seguir siendo un problema entre nosotros dos.
– Es una zorra, – dice la pelirroja – buenas tetas postizas pero una
zorra. Me pone a cien, pero a cien grados de temperatura para matarla, es como
una avispa envenenada. ¿Habéis visto su pelo rojo-rosa falso? Por favor, no
deja de hacer el ridículo.
Me quedo mirando a la pelirroja y subiendo una de mis cejas. Creía que
era yo la única que pensaba eso, pero me he dado cuenta que estoy frente al
club de fans para asesinar a Ria.
– Ella tuvo una pelea con Ria la semana pasada,
– añade Diane susurrando a mi lado – y aún no lo ha superado.
– Voy a partirle la cara cuando tenga la ocasión, siempre va llorando a
los brazos de Bastian y el otro tonto siempre haciéndole caso – miro hacia mis
dedos y me ausento.
– Eh, Nancy, lo siento.
– No te preocupes. No os… quiero decir, no hace falta que… os preocupéis
por ella y nosotros dos. Bastian y yo no estamos juntos, ya no es un problema.
Cuando él y yo nos conocimos se encargó de mearle muy bien a su alrededor y
supongo que le funcionó. Antes de… antes de romper definitivamente el año
pasado, ella le manipuló de tal forma que Bastian la
escogió por encima de mí. Imaginaros como me sentí, los escogió a ambos,
a ella y al club con tal de protegerme de todo esto. Él dice que es una zorra y
que nadie la aguanta, pero me parece que todos los vemos menos él mismo que
vuelve a caer una y otra vez en sus redes.
Saco la lengua porque mis labios se me resecan, es verdad, no hay razón
para no ver lo evidente. Él es la marioneta de Ria a pesar de que no lo ve,
aunque piense que solo hace bien su trabajo, ella tiene la capacidad de
apartarle de mí y lo hará nuevamente. Por lo que, en vez de avanzar en este lio
de reconciliación, acabo de retroceder.
Se siguen mirando las unas a otras y sueltan comentarios de sucesos que
han vivido con Ria, de lo mala que es y del poder que se cree que tiene en este
club. Para ellas es la peor mujer del mundo y para mí la única mujer del mundo
que puede interponerse entre Bastian y yo. No dejo de pensar que él ha sido
producto de mi imaginación, que no es real y todo lo que he vivido junto a él
ha sido su mejor versión, pero
la verdadera se la esconde para él.
– Dulzura, sentimos tanto que Ria sea un problema. No sabíamos que ella
llegara tan lejos, siempre va alardeando de que Bastian la ama y que es la
única mujer que ha estado junto a él. Este es un problema que tendrás que
solucionar tu sola porque no podremos ayudarte a no ser que quieras fuerza de
chicas. Yo me apunto a eso.
– Eh, yo también – añade Bibi y las demás dicen lo mismo.
– El problema no es ella en sí, podría manejarla, el problema es Bastian
que no se da cuenta de que ella siempre va a llamarle para entrometerse en
nuestra relación. El año pasado cuando mejor estábamos, ella le llamaba
urgentemente y Bastian me dejaba abandonada en cualquier sitio, no importaba
donde, siempre me ha dejado tirada con la cena en la mesa, en Acción de Gracias
y por no hablar de nuestros aniversarios. Él la escogió a ella sin darme la
oportunidad de defenderme solo porque ella tiene la
capacidad de manipularle.
– Acaba con eso Nancy, – la pelirroja se acerca más desde el sofá donde
está sentada – Bastian solo te escuchará a ti, puede que antes la haya escogido
para que no supieras lo de El Sótano, pero ahora no hay nada que os separe.
– No, él ya me dejó claro esta semana que tenía que venir al club y que
Ria seguiría aquí.
– Entonces haz que se vaya, aléjala del club, machácala como mujer
Nancy.
– Janice tiene razón, – dice Diane y todas asienten – la única que tiene
el poder suficiente en echarla eres tú. Anímate y lucha por tu relación, si
ella es un problema, enfréntate a ella.
– Yo no… miradme, yo no… no puedo luchar con ella, me aplastaría.
– Nancy, aunque no nos gustaría más otra cosa
que verte como la pegas, nos referimos a echarla de la vida de Bastian.
Tú eres la mujer de Bastian, tú le dices a él que quieres dominar este mundo y
te lo dará todo. Hará que conozcas el club, que te dediques a estar aquí y
entonces no necesitará a Ria.
– Pero yo no quiero estar aquí.
– Es metafórico dulzura, haz que Bastian escoja entre ella y tú.
– Diane, te digo que él ya la ha escogido. No puedo luchar contra ella,
dice que es demasiado zorra y buena en su trabajo, la necesita porque es una
chivata.
– Sigo pensando que tú eres la única que puede acabar con ella.
– No es fácil, él… él la necesita y no a mí.
Fijo mi vista en un punto muerto y dejo que mis ojos se llenen de
lágrimas nuevamente, no las dejo
escapar pero si me entristecen lo suficiente como para que toda esta
situación con Ria me afecte. Él ya la ha escogido. Me mata el saber que seguirá
con este club y acudiendo a la llamada de esta mujer. Bastian ya ha escogido y
no es a mí precisamente.
– Nancy – Bibi se acerca a mí nuevamente, esta vez se arrodilla en el
suelo y pone una mano sobre la mía – no queremos que luches con ella o que os
peleéis, solo te aconsejamos que Bastian te escuchará a ti. Tú eres su todo y
no hay nadie más que tú.
– Dejó de escucharme Bibi, él ya no…
– No digas eso, le conocemos y sabemos cómo es contigo. Te lo contamos
porque confiamos en lo que siente, le conocemos y hemos visto al verdadero
Bastian, al malhumorado, al insoportable y a ese hombre que tiene sus amigos
contados con la palma de su mano. Lo hemos visto con mujeres pero también le
hemos visto solo, y en ningún momento a través de todos estos años él ha estado
enamorado. Él te encontró Nancy, te encontró y tú a él, dale otra
oportunidad, esta vez ya no habrá ningún secreto.
– Lo que dice mi mujer es verdad Nancy, le conocemos y aunque es
testarudo, no es un mal hombre. No tiene otra cosa que este club, él es un
hombre de negocios. Él está desesperado por recuperarte, por volver a
solucionar todo lo que te preocupa, está dispuesto a todo.
– A todo menos a dejar este club y a Ria.
– Haz que cambie Nancy, si te molesta este club, dile que lo cierre.
– Ya lo hice, él dijo que no. Él vendrá una y otra vez, e incluso no
puede despedir a Ria – las miro a todas – ¿os dais cuenta de que no soy yo?
– Nancy, – Diane me mira muy seria – hazlo nuevamente. Si te niega el
cerrar este club, el despedir a Ria o el volverse un cabrón, llámame y tendré
una conversación muy seria con él.
– ¿Ves? No quiero eso, no quiero que haya terceros mediando por
nosotros, no quiero que haya otras Rias, otros clubs o ser la mala en todo
esto, yo no he hecho nada malo. Es él quien ha decidido por los dos, él ver
normal dejarme en casa cocinando mientras está aquí con Ria y por mucho que le
ame, eso no es lo que quiero para mi vida. No lo quiero.
Pongo una mano en mi cabeza y siento como dos cuerpos me abrazan, las
lágrimas salen y es la verdad, he intentado demostrarles a estas mujeres que yo
no soy la culpable. Él ha escogido por los dos y yo no lo acepto, no podemos
estar juntos a pesar de que ambos lo queremos.
Tengo que admitir de una vez por todas que él gana, Ria gana, el club
gana y yo pierdo.
– Me duele verte así, – dice Bibi – no te conozco pero me caes bien,
eres perfecta para Bastian y quiero que estéis juntos. Quiero que vengas con
nosotras cuando vamos de compras, a hacernos las uñas, o a nuestras fiestas de
pijamas, pero no las
sexuales, si no las de verdad, con palomitas y series de televisión
donde criticamos a los hombres.
– Oh Bibi, – paso mi mano por su cabello tan rizado y bonito – podéis
contad conmigo, ahora soy una mujer soltera. Puedo hacer lo que quiera
prácticamente.
Todas ríen porque he puesto mis ojos en blanco, sí, como si pudiera
creerme que puedo hacer lo que quiera sin que Bastian de un paso en mi
dirección. Oh Bastian, ¿qué voy a hacer con nosotros? Te quiero y te odio por
no ser una persona normal.
– De todas formas espero que nuestras palabras te hayan ayudado a
visualizar las respuestas que estabas buscando. Bastian es un buen hombre, muy
diferente al prototipo de hombre, pero es un buen amigo. Siempre ha estado
cuando le hemos necesitado, cuando mi empresa casi se va a la quiebra, cuando
murió mi madre y cuando casi nos separamos Bibi y yo. Te hemos mostrado que
detrás de Bastian no hay nada más que un hombre y ahora es un hombre
enamorado que lucha por el amor de una mujer que tiene carácter. Me
gustas Nancy, me gustas mucho porque eres la única que ha visto al verdadero
hombre que hay detrás de la coraza que se puso cuando dejó la lucha. Él no era
así, nunca lo ha sido hasta que te conoció, y yo personalmente, y todos nos
alegramos de que por fin encontrara a alguien que le pusiera los pies en la
tierra, que le hiciera ver que ir a cenar o salir al cine era normal. Te
queremos con él Nancy y me alegro mucho de haberte visto en el pasillo, estaba
esperando por este momento.
Siento su abrazo más fuerte contra mi cuerpo y decido no reflexionar
sobre sus palabras o ahora mismo iré, le buscaré y le perdonaré todo. No es
así. Entre Bastian y yo han pasado muchas más cosas, entre ellas el caso con
Bill y la droga que preparó para mí. No sé si puedo aceptar que el hombre que
me ama me drogase para evitar que su amigo me follase. Entre él y yo han pasado
un infierno de sentimientos, sobretodo uno que destaca por encima de todos; he
perdido la confianza en Bastian y no creo que la recupere.
– Muchas gracias. Ha habido otras cosas entre nosotros aparte del club y
de Ria, y bueno… creo que… que son daños irreparables, se puede convivir con
ellos pero no sé, la confianza es algo que yo valoro en una relación y hoy en
día no confío en Bastian.
– Cariño, ¿tantas cosas peores pasaron? Creía que el club y Ria era lo
peor que podría hacerte – Bibi me frunce el ceño y yo la miro pensando en sí
contárselo o no.
– En realidad pasaron una serie de hechos, por supuestos todos ellos
eran a base de las manipulaciones de Ria. Pero hubo un suceso con Bill.
El nombre de Bill las deja petrificadas. Congeladas. Paralizadas. Ellas
empiezan a mirarse unas a otras e intentan no fijar la mirada en una de ellas
pero incluso yo la veo. Esa mujer no ha estado con Bastian y sin embargo no ha
dicho ni una palabra desde que estoy aquí sentada. Esa mujer que está nerviosa
y temblando sentada en el borde del sofá. La
rubia acaricia su brazo y Diane suspira.
– Roxane, puedes confiar en Nancy. Es parte de la familia ahora – dice
Diane.
– Bill es mi marido.
CAPÍTULO 13
Roxane. Ella es una mujer guapa, morena, con unos ojos negros
impresionantes e impresionantemente culpables. Ni siquiera Bastian me ha mirado
así en la vida. Está destrozada, apagada, se ve triste y preocupada como si
dependiera de los hechos que Bill haya podido hacer.
Creo que me acabo de dar cuenta de que ambas estamos en la misma página.
– ¿Qué? – Digo frunciendo el ceño – ¿Bill es tu
marido?
– Sí, me estoy separando de él.
Oh, joder. Ella es la mujer de Bill. Es que es su mujer, la mujer de
Bill. ¿Cómo no me he dado cuenta antes? No la conocía pero me acaba de decir
que es su marido y tiene que saber lo que él hace para que… oh Dios, creo que
ella lo sabe. Bastian dijo que Bill vino esa noche a casa porque estaba mal y
se estaba separando de su mujer que no le dejaba ver al niño o algo así. Pero
él tenía novia ya, supongo que ya no estaban juntos. El marido de esta mujer ha
intentado practicar ese sexo conmigo ¿lo sabrá? Trago saliva y hay un
intercambio de miradas entre esa mujer y yo como si supiéramos de qué estamos
hablando.
– Nancy, ¿conoces a Roxane? – Diane se atreve a hablar en este momento
de silencio.
– No, pero he oído hablar de Bill. Una noche vino a casa de Bastian y
él… él… ems… él estaba borracho y había discutido contigo por algo del niño.
– Sí, – Roxane baja la cabeza hasta mirarse sus propias manos – él tiene
un grave problema de drogas y alcohol, por eso me separé. Luego descubrí que me
gustaban las mujeres y nunca lo aceptó. Por supuesto que no voy a dejar que vea
a su hijo en estado de embriaguez, él es un…
– Roxane, – me levanto quitándome a Bibi de mis piernas y cruzando la
mesa para ponerme de rodillas junto a ella – tú no tienes la culpa de que Bill
sea así. Dime, ¿veníais juntos a este club?
– Sí.
No hace falta que diga nada más. Bill ha drogado a su mujer para tener
sexo con ella. Lo acabo de descubrir, el bastardo hijo de puta quería a una
mujer dormida para follar porque era lo que siempre hacía. Los ojos de Roxane
me han trasmitido el mismo miedo que tuve yo, el mismo cuando Bastian fingió
drogarme para mandar a la mierda a su amigo. Él es el único cabrón aquí,
gracias a que Bastian estaba
conmigo esa noche, no quiero saber que hubiera hecho si él me hubiera
drogado.
– Tranquila, no
tienes que ponerte así – le
calmo.
– No quiero que mi ex sea un problema en tu relación. Él es diferente
cuando está sobrio, no sé si alguna vez…
– Sí, – ella levanta la cabeza para mirarme a los ojos – sí pero Bastian
estuvo allí y no llegó a hacerlo.
– ¿De qué estáis hablando? – Dice la pelirroja y Diane la manda a
callar.
– Lo siento tanto Nancy. Yo no quería que él llegara a…
– No lo hizo, Bastian nunca lo permitiría, esa noche mi novio hizo lo
correcto. Salí perjudicada creyendo una película diferente, pero ahora lo
entiendo todo Roxane. Lo entiendo y te comprendo.
– Gracias a Dios, – me da un abrazo que le devuelvo – no sabes lo feliz
que me hace eso, a él le gusta ese tipo de…
– Entiendo.
– Y pensé que tú fuiste una de…
– No lo fui, nunca lo sería, estoy en contra de esa práctica.
– Oh Santo Dios – susurra Diane porque supongo que sabe de qué estamos
hablando.
– ¿No estas enfadada conmigo?
– No Roxane. Tú no tienes la culpa del ex marido que tienes, yo solo
estaba en el momento equivocado. Antes de ese suceso, mírame, – ella lo hace
porque le da vergüenza – antes de ese suceso, suceso que nunca pasó, mi
relación con Bastian estaba quemada por culpa de Ria y sus secretos con este
club. Por no hablar de su obsesión con respecto a todo lo que hacía. No
tuviste la culpa, ni mucho menos Bill. Ahora entiendo por qué Bastian me dijo
que le ha sacado de más de una.
– Su marido es un hijo de puta – añade la rubia que está a su lado y le
acaricia el brazo.
– Lo importante es que te estas divorciando y él no forma parte de tu
vida. Si has descubierto que te gustan las mujeres, adelante con ello. Olvida a
tu ex y no te preocupes. ¿De acuerdo? No te preocupes porque yo estuve a salvo.
– Me hundiría el hecho de que él intentara hacerte eso. Maldito, hacer
eso con la novia de Bastian Trumper, de su amigo quien ha dado la vida por él.
Bill está enfermo y no se da cuenta.
– Espero que se haya dado cuenta a juzgar por la paliza que le dio
Bastian aquella noche, – ambas nos sonreímos – no te preocupes. Nada estuvo
bien pero ahora mismo acabo de enterrar esa tortura para
siempre.
– ¿Me lo prometes? – Me suplica Roxane.
– Te lo prometo, cuenta conmigo para lo que quieras. Un día quedaremos
para tomar algo y te contaré que pasó aquella noche. Bill no hizo nada y
Bastian no lo permitiría.
– Nancy, estoy tan contenta de haberte conocido.
Ambas nos abrazamos y hacemos que este abrazo sea más duradero. Es una
mujer que ha sufrido mucho y la entiendo porque era participe de las prácticas
sexuales que su marido practicaba. Creo que me espera una conversación más que
larga con Bastian para que ponga punto y final a este tipo de sexo.
Bibi se ríe más que todas y cuando miro hacia atrás veo a Diane
lanzándole un cojín y tapándole los ojos.
– ¿Qué ocurre? – Digo divertida ante las risas de Bibi.
– Se te ve todo, – consigue decir y bajo mi vestido – no te tapes, me
has dado una buena vista.
– Serás…
Me levanto divertida y cojo otro cojín para lanzárselo. Todas reímos por
esta mujer que se acaba de dar un lujo mirando el pequeño tanga que hay debajo
de este vestido, si se le puede llamar así. Me siento en el sofá donde estaba
Bibi y ella lo hace junto con su mujer, suspiro y les sonrío.
– Gracias a todas, me ha gustado estar aquí con vosotras y el haberos
conocido.
– Nosotras también – todas añaden palabras positivas.
– Yo… yo pase lo que pase con Bastian quiero
que sepáis que no debisteis haberle dejado que me separara de vosotras.
De hecho, él incluso prohibió al servicio hablar conmigo, me sentía todo el
tiempo como una muñeca sin valor. Pero ahora que lo sé todo quiero deciros que
podéis contar conmigo para lo que queráis, que me dirán que soy una princesa o
una niña, pero no dejo de ser mujer y tengo los mismos sentimientos que tenéis
vosotras.
– Nancy, nosotras también te queremos.
Diane es la primera que se levanta hacia mí mientras la recibo
levantándome para darnos un abrazo que hacemos eterno, todas están de pie para
despedirnos como es debido.
– Muchas gracias por haber hablado con nosotras, – dice Bibi – nos ha
alegrado conocerte, sabíamos que era especial, que solo tú habías podido
enamorar a Bastian. Ya sabemos por qué.
– Oh, – bajo la cabeza porque me voy a sonrojar y con lo blanca que soy
no seré un bonito
espectáculo – me voy.
Avanzo unos pasos a la puerta seguidas de todas ellas, me he despedido
de todas y he recibido muchas palabras de cariño. Hemos quedado en darnos los
teléfonos cuando me aclare y me sepa de memoria el mío. De todas formas sé
donde trabaja Diane por lo que me ha explicado y he quedado con ella la semana
que viene.
– Cuídate Nancy, ya sabes, ven a verme cuando quieras. Estaré trabajando
en mi oficina hasta las cinco.
– Iré Diane. Chicas, ya os contactaré. Roxane, ya te lo he dicho, no te
preocupes y me muero por conocer a tu pequeño Danniel.
– Cuando quieras Nancy, las puertas de mi nueva casa están abiertas para
ti.
Nos sonreímos sinceramente y todas vuelven a sentarse. Diane me acompaña
afuera cerrando la
puerta tras ella.
– Pase lo que pase Nancy quiero que confíes en mí. Ya te lo he
demostrado ahí adentro, tengo mujer, una casa, un trabajo y el estar aquí es mi
pasatiempo. Como verás, no tengo ninguna intención de quitarte a Bastian ni de
hacer ningún movimiento en tu contra.
– Lo sé, ahora lo sé y me alegro de haberte conocido. Tengo la sensación
de que si Bastian nos hubiera presentado antes mi relación con él hubiera sido
diferente.
– Yo también lo creo, pero ya le conoces, nos separó a todos de ti y no
nos dejó. Me alegro de que sufriera un poco la verdad, – sonríe y yo también lo
hago – lucha Nancy, no te quedes de brazos cruzados mirando como Ria mete las
narices en tu relación, hazle saber a Bastian que ella es un grano en el culo y
lucha por él. Bastian solo te escuchará a ti, si tienes algún problema no dudes
en acudir a mí o a mi mujer. Estaremos para ti Nancy.
– Muchas gracias, – le doy un último abrazo y me alejo – en fin, ahora
me toca otra batalla.
– No te perderás ¿verdad?
– Creo que he entendido vuestras indicaciones. Me voy, creo que me he
pasado de tiempo, Trevor ya habrá venido a recogerme y se preocupará si no
aparezco en el sitio acordado. Tengo que hacerlo rápido.
– Dile que me llame, que desde que se ha divorciado tampoco quiere saber
nada.
– Lo haré, gracias por todo. Adiós Diane.
– Adiós Nancy, nos vemos.
Giro hacia la derecha porque esta es la dirección que debo tomar. Subo
las escaleras y rodeo tres pasillos en forma circular, el suelo es de azulejos
y las paredes blancas pero no llegan a tener ningún tipo de cuadros, solo
puertas, puertas y más puertas. Me
tropiezo con algunas personas que me ignoran, hay dos mujeres que me
miran pero a estas alturas no me voy a escandalizar, estoy segura de que
Bastian está en camino y no sé por qué. Lo tengo todo planeado, esas mujeres me
han dado las fuerzas que necesitaba para quitar un problema a mi relación,
aunque no sé si estamos juntos o no.
Aparezco en la planta de arriba, si me asomo al vacío veré lo que
Bastian me mostró y no quiero. Intento que los tacones no se me claven en los
agujeros vacíos, solo es un tramo corto y me olvido de ello cuando piso suelo
firme. Desde aquí veo mi destino y la neandertal cavernícola que hay en mí está
muy presente. He llegado a la puerta con la placa dorada que dice “privado” no
hay habitaciones alrededor y ni mucho menos gente. Solo existe esta puerta que
destaca de toda la decoración de última generación. Es grande, parece vieja y
la pintura es de color madera. La placa brilla muy bien y parece ser que quiere
dejar claro que aquí no puede pasar nadie.
– Venga Sullivan.
Respiro hondo animándome a mí misma, miro una vez más a las cámaras que
me han seguido todo el tiempo y echo un vistazo a como abrir la puerta. Tiene
dos manillares redondos, los toco y deslizo los lados de las puertas en
dirección opuesta cada una. La escena que me encuentro no me sorprende porque
Diane y las chicas me han avisado de donde estaría la zorra que me quiere
alejar de mi Bastian.
Como si me estuviera esperando sus ojos hacen contacto con los míos.
Le retiro la mirada observando este lugar, no es muy grande. La mayor
parte del espacio lo ocupa cuatro mesas largas colocadas en fila, hay sentadas
unas diez personas mirando a una pantalla grande que cubre toda la pared, esa
pantalla muestra las imágenes de las cámaras. Ria estaba hablando con alguien
en la mesa pero ahora solo enfoca sus ojos en mí, se levanta de donde estaba
sentada y mueve sus caderas exageradamente en mi dirección. Yo le contesto
metiéndome más en esta especie de sala de control.
– Nancy.
– Ria – lleva un vestido rojo como habitúa ella, se mueve de manera
sensual preparada para ser follada por quien la mire – bonito vestido.
– Ojala pudiera decir lo mismo del tuyo.
– Eso es porque temes a la competencia. Este Chanel no debería
asustarte, ¿o es la persona que lo lleva?
– Por favor, no me hagas reír.
– Si, si.
La ignoro y me paseo por aquí, las personas deben de saber quién soy
porque no paran de mirarme, o quizás porque nadie ha entrado aquí excepto yo.
Yo no soy una socia normal que acude a este club y lo llevo escrito en la cara.
Me doy una vuelta hasta llegar a Ria de nuevo, la paso situándome en frente de
ella, la
puerta grande queda abierta a mi derecha y el aire fresco se nota.
¿Puede alguien bajar el aire acondicionado? Voy a morir aquí.
– ¿Y bien, qué haces aquí? Bastian no me ha dicho que vendrías.
– Él no te dice todo lo que hago.
– Lo hace siempre y más cuando compete a El Sótano.
– Esta vez se te ha escapado este detalle. ¿No sabías que estaba aquí?
– Más o menos ahora, no pensaba que acudirías a Carter para pedirle su
llave.
– Ya ves, cada persona tiene sus recursos.
– Nancy, te lo vuelvo a repetir. Tú actuación no te llevará a ninguna
parte, Bastian no está aquí.
– No he venido a verle, a él le veo cuando me
place.
– Según él no. Habéis roto y es definitivo.
– Ria, no cantes victoria, la última palabra la tengo yo.
– La tenías, él y yo nos acostamos anoche y no gimió tu nombre
precisamente – se me borra mi expresión de la cara. Vale, es típico de ella
decir que siempre se han acostado y luego es mentira, ¿y si es verdad esta vez?
– ¿qué pasa princesita, te he fastidiado tu cuento? ¿Cuándo aprenderás que
Bastian no pertenece a tu mundo?
– Sabes que es incierto Ria, sabes que es mentira y esperas que salga
por esa puerta llorando para luego acudir a los brazos de Bastian, “oh Bastian,
yo soy tan perfecta para ti” – me burlo y a ella no le hace gracia.
– ¿A qué has venido?
– A echarte. Vete.
– ¿Qué? Tú no eres nadie para echarme. Bastian es el dueño de esto no
tú, tú eres solo una zorra que se ha acostado con él.
Da un paso en mi dirección y tendremos una pelea si es lo que quiere.
Pero primero quiero demostrarle quién manda aquí.
– ¡Escuchad todos! – Grito y me ignoran porque han vuelto a su trabajo –
¿QUEREÍS ESCUCHARME DE UNA JODIDA VEZ?
Grito más fuerte y todos vuelven sus cabezas para mirarme.
– ¿Qué haces loca? Voy a llamar a seguridad – dice Ria
– Escuchadme bien, marcharos de aquí. Tenéis la noche libre o como sea
que sean vuestros turnos, –
nadie se mueve – soy la novia de Bastian Trumper, es más, soy su
prometida, soy su futura mujer y madre de sus hijos. Si queréis conservar
vuestros trabajos moved vuestros traseros y dejadnos a solas.
Todos se levantan y van dejando la sala frente a la negación de Ria. Una
vez que estamos a solas nos posicionamos una frente a la otra, solo nos separan
cinco pasos que pueden ser decisivos entre el bien y el mal.
– ¿Quién te crees que eres maldita niña?
– Oh Ria, ¿ves quién manda aquí? Lo hago yo y la próxima que va a
abandonar su puesto de trabajo vas a ser tú. Escúchame bien porque solo te lo
voy a repetir una vez, vas a coger tus cosas y te largarás de aquí, moverás tus
tetas falsas bien lejos de Bastian y desaparecerás para el resto de tu vida.
Ahora él y yo estamos juntos y no te voy a permitir que te entrometas en
nuestra relación, es más, quiero que te inventes algo y le digas que te has
cansado de ser la zorra que todo el mundo cree que eres, ¿qué piensas,
que todos te ven como una mujer? Por favor, te ven como una maldita puta
dispuesta a abrir las piernas y follarte en cualquier lugar. Y con respecto a
Bastian, se te han acabado tus manipulaciones, te olvidarás de que alguna vez
él existió porque si está gente se ha marchado con solo una orden por mi parte,
lo siguiente que voy a eliminar de mi sistema, será a ti Ria. Se acabó el
juego.
– ¡NIÑA DE MIERDA! – Se acerca a mí pero yo retrocedo – no eres nadie,
¿te crees que eres alguien? No lo eres, Bastian está comiendo de mi mano porque
es tan idiota que piensa que le hago falta. Escúchame tú ahora maldita niña,
aléjate de él o jugaré más que sucio, te arruinaré la vida, acabaré con tu
familia y lo haré delante de tus narices.
– Atrévete, acércate a alguno de ellos y mi cara será lo último que veas
antes de morir. Voy a decirle a Bastian que me gustaría matarte, pero lo haré
lentamente, sacándote los dientes uno a uno, luego las uñas, vas a sufrir tanto
que suplicarás por tu vida y yo me reiré. ¿Quién es ahora la niña? Vete de
nuestra
vida. Un día, un maldito día para que cojas tus cosas y te vayas en el
primer vuelo que encuentres, porque como te vea cerca de Bastian o te huela
cerca de él será lo último que hagas y no intentes ningún movimiento porque no
te va a gustar lo que te va a pasar.
Y como si su nombre fuera mandado por los dioses del cielo, ya escucho a
lo lejos su voz grave. Ria y yo estamos mirándonos cara a cara en posición de
ataque, aún hay espacio suficiente entre nosotras pero no lo invadimos porque
sabemos que vamos a pelear si lo hacemos. Los pasos de Bastian se oyen más
cerca, creo que le oigo gritar mi nombre y no me da ningún miedo. He visto de
reojo su figura y aparece en la puerta entrando como un neandertal, se para y
evalúa todo lo que ve, que no hay nadie, que Ria y yo estamos a punto de pelear
y se queda más tiempo analizándome de arriba abajo.
– ¡No has entrado aquí así! – Retrocede y se pone su mano derecha en el
corazón, ¡ya está el dramático! – No has entrado así. Dime que te has
cambiado ahora mismo, dime que no te has paseado aquí con esa lencería.
– Vete a la mierda Bastian – le digo y reacciona.
– ¿Ves? Ha entrado como una energúmena y me ha… oh Bastian, me ha
gritado y ha echado a los chicos que estaban aquí. Ella ha entrado como si
fuera la dueña de todo.
Sonrío porque así ha sido y he provocado justo lo que quería; que fuera
llorándole a Bastian, es tan predecible. Me cruzo de brazos sin mirarles, sé
que no le está haciendo caso y que por supuesto no aprueba mi atuendo, pero
esto último es un detalle que tendrá que aceptar.
– Nancy, ven aquí – me ordena con su voz ronca y severa – por favor.
– No – no le miro porque si lo hago no querrá escuchar lo que le quiero
decir, mis ojos se fijan en Ria
que no para de escandalizarse falsamente – Ria, te faltan las lágrimas
para hacer tu escena más creíble. Es más, gesticula, creo que te falta un poco
de conexión en tu papel.
– Niña, no te pases.
– Querida, yo no soy la que está llorándole a Bastian, ¿qué pasa, no
eres lo suficientemente mujer como para mirarme a la cara y terminar nuestra
pequeña conversación?
– Bastian – ella se dirige a él de nuevo pero la ignora.
– Nancy, salgamos de aquí. Sea lo que sea esto, no es el lugar – Bastian
me ordena una vez más y esta vez le miro.
– Vete, ¿quién te ha mandado a que vengas?, ¿quién ha sido tu chivato o
chivata?
– Nena, no
empieces. Ven conmigo
y te
explicaré.
– Ria me ha dicho que anoche os acostasteis juntos – Bastian mira a Ria
rápidamente.
Sé que miente pero quiero verle en acción cuando está con ella.
– Es verdad – Ria se defiende.
– ¿Le has dicho que nos acostamos juntos?
– Bastian, sí, prácticamente tuvimos sexo.
– ¿Prácticamente tuvimos sexo? No te veo desde hace una semana y media.
– No, ayer en el restaurante.
– Ayer no estuve en ningún restaurante Ria.
– ¿Te das cuenta? – Añado – ¿y la has preferido a ella antes que a mí?
No, no. Eso no se
hace Bastian.
Él me mira acusándome con los ojos, mis dos piezas de cielo favoritas
están regañándome pero ignoro el hecho de que puedan tener algún efecto sobre
mí. Le levanto una mano para pedirle que se aleje ya que ha dado un paso hacia
delante.
– No te lo repito más nena, ven conmigo.
– Y yo no lo voy a volver a repetir. Vete.
– No juegues conmigo Nancy, no estoy nada feliz contigo ahora.
– Bastian, le he dicho que se vaya y la niña no ha querido, ella quiere
separarme de ti, quiere que me aleje de tu vida cuando este club funciona
gracias a que tú y yo somos un equipo. No te dejes engañar por su dulce cara,
ella es mala Bastian, es muy mala.
Aprovecho una descarga de odio que invade mi cuerpo para aferrarme a la
adrenalina. Doy dos pasos,
cojo una grapadora y se la lanzo a Ria hasta verla chocar contra su
cabeza. Le doy de lleno y se pone una mano sobre la frente, casi está llorando.
– BASTIAN VETE DE AQUÍ, ¿ES QUE NO ENTIENDES CUANDO TE HABLO? VETE, VETE
Y JODIDAMENTE VETE – me vuelvo como una energúmena a encararle sin moverme de
donde estoy.
– Nena, estás nerviosa y no…
Le entrecierro los ojos, cojo un lapicero que pesa bastante y se lo
lanzo a su cuerpo, también le da y eso ha debido de doler. Se supone que ese
objeto era para la cabeza de Ria pero él lo ha querido, estoy cansada de sus
órdenes.
– Vete Bastian, vete o te juro que esto se va a poner peor.
– Bastian está loca, llama a la policía, me ha hecho sangre.
Veo como él pone sus ojos en la frente de ella, no sé lo que le provoca
y no voy a descubrirlo tampoco. Me vuelve a mirar y niega con la cabeza.
– No lo hagas nena, ven conmigo.
Eso lo haría la antigua Nancy, esta Nancy cavernícola está poniendo cada
cosa en su sitio. No me lo pienso dos veces y cojo un bolígrafo y se lo lanzo,
retrocede un paso.
– Bastian, no dejes que esta niña te manipule. Es mala Bastian, es mala.
– Vete – muevo los labios una vez más y el retrocede.
– Estaré al otro lado de la puerta. Esperándote, Nancy.
Sigue retrocediendo sin dejar de mirarme a los ojos. Puedo notar como
Ria se sorprende de que él me haga caso, lo ha hecho y no he necesitado ir
llorándole
como ella hace. Bastian cierra las dos puertas y cuando las veo chocar
entre sí vuelvo mi vista a mi pesadilla con forma de tacón.
– ¿Has visto como se hace?, ¿por qué no le has dicho que le has llamado
idiota?
– Niña, te crees que has ganado y no es así. Él se irá contigo pero
volverá a mí, esta es su vida, esto es por lo que vive. Me has hecho sangre
maldita niña.
Sigue tocándose la frente y me alegro de que la brecha sea lo
suficientemente grande como para verle sufrir. La subida de adrenalina tiene su
bajada y me acabo de dar cuenta que Bastian está ahí afuera, que ha venido a
por mí y que no aprueba mi vestido. Estamos en la misma rueda de siempre, él
viene, yo me voy con él y él vuelve con Ria. Esto no va a acabar nunca.
– Puede que no haya ganado Ria, aunque yo no estoy sangrando. Como
verás, voy a hacerte sangrar tantas veces tenga la oportunidad.
– Te denunciaré, tengo pruebas, conozco a gente muy importante y te
meterán en la cárcel. ¿Cómo se siente eso?
– Hazlo ahora. Corre, ve con Bastian a la comisaría y denúnciame. Estaré
esperando aquí, por cierto, aquí hace un frío terrible.
Intento calmar todo este desastre interno en el que me veo envuelta, no
hace frío, tengo escalofríos que recorren mi interior, ¿y si Bastian se pone de
su parte? Voy derecha a la cárcel, con los contactos que tienen estaría allí
una buena temporada. Me da igual, todo me da igual, se lo puede quedar si
quiere, por mucho que ame a mi neandertal esta zorra es una enfermedad crónica
que va a dejarme sin salida.
– Niña – se acerca a mí, ahora sí que estamos cerca – puede que consigas
manipularle, ¿qué te crees que no lo sé? Tu cara de “soy un angelito” no te va
a durar para toda la vida, no le conoces, tiene secretos que jamás descubrirás
porque es tan cobarde que no te
los va a decir, él está enamorado de mí aunque te lo niegue. Mírate, si
solo eres un desastre intentando ser sexy, das asco.
– Como comprenderás Ria, tus insultos me resbalan. Quédatelo, adelante,
no digas más lo de los secretos porque aburres.
– ¿Lo rechazas? Ha sido fácil, me alegro de que la palabra secreto te
haya gustado. Eres más infantil de lo que creía, no sé qué te hizo pensar que
él podría llegar a amarte. Por favor, eres un trozo de quiero y no puedo – esta
vez le ladeo la cabeza y le sonrío, ella me devuelve la sonrisa – ¿qué miras?,
¿te has vuelto loca?
Aprieto en mis manos lo que tengo y se lo lanzo a la cara haciendo que
choque en su nariz. Sangra de nuevo, otro lapicero que no he dudado en coger
mientras me soltaba otra vez el discurso de “amo a Bastian y tú no”. Estaba
preparada para el gran golpe, ella está en el suelo y se levanta tan rápido que
me golpea la cara. Grito y le pego una patada. Venga, no tengo fuerza y ni
siquiera le he hecho sangrar lo
suficiente como para noquearla. Se lanza sobre mí y forcejeamos hasta
que vuelvo a levantar mi pierna y mi rodilla va a su entrepierna.
– Ouch, eso ha debido de doler. Te he provocado el periodo si no lo
tenías.
Me persigue y huyo porque puede hacerme daño, ahora tenemos las
posiciones cambiadas y hay más cosas en la mesa a donde mi mano alcanza. No
dudo en lanzárselas mientras la muy lista no dice nada, sabe que Bastian está
escuchando y cuando entre quiere que me pille conmigo encima de ella. Un
cenicero, unos cigarrillos, un encendedor, un micrófono, un cable, un lapicero,
todo es lanzado en su contra y me alegro mucho de que la mayoría le dé. Ella me
persigue y rodeamos la sala hasta quedar en la misma posición. Me acerco a ella
y le golpeo en la cara, le doy una patada y me veo ridícula porque no se
hacerlo pero el odio puede con todo.
– Niña, me haces daño – grita fingiendo y sonriéndome.
Se acabó la escenita.
Avanzo provocándola, grito y le propino un puñetazo. Las puertas se
abren rápidamente cuando la mano de ella consigue llegar a mi cara para
golpearme y hacer que pierda el equilibrio. Me ha dado en la nariz, me toco y
estoy sangrando. Bastian entra como un neandertal en mi dirección, me coge en
brazos y me lleva en movimiento.
– Suéltame Trumper.
– No vuelvas a llamarme Trumper o no responderé de mis actos.
Me hace caso y me deja sobre un sofá que hay aquí, me tumba y pongo mi
mano en la nariz ya que me debe de estar sangrando mucho a juzgar por la rojez
que estoy viendo. Él pone algo sobre mi cara mientras me lamento y siento como
mis lágrimas caen de mis ojos por consecuencia del golpe.
– Llévate a Ria de aquí y que no baje hasta nuevo aviso – Bastian le da
la orden al hombre que vi en la escalera, a ese hombre o a Ryan. Oh, creo que
veo doble, me ciego por las lágrimas.
– ¡Bastian, Bastian! Ha empezado ella. Ella ha entrado en el club, se ha
colado, me ha insultado y pegado, está jugando contigo Bastian, no dejes que
nos separe.
Él la ignora y veo sus piernas volar porque el otro hombre la está
arrastrando. Cierro por un momento los ojos para darme cuenta de lo que acaba
de pasar, vale, tenía la intención de venir y arrasar con Ria, pero no que
llegáramos a pegarnos. Ella me ha golpeado y yo me he defendido, sí, he tenido
que refugiarme en algunos objetos para hacerlo pero no me arrepiento, debí
haberme entrenado para una pelea. Abro los ojos y Bastian está preocupado por
verme en esta situación, lo sé porque le conozco, él sufre y en estos momentos
lo está haciendo. No deja de presionar lo que me ha puesto sobre mi nariz y yo
no me fijo en otra cosa que en su perfecta cara, es tan guapo. No,
no puedo dejar que me distraiga de nuevo.
Pasamos unos minutos así, yo tumbada con su mano presionando sobre algo
para cortar mi posible hemorragia y él mirando como lo hace. Está enfadado o
preocupado y yo estoy lejos de sentir pena por él o por lo que sienta. Cierro
los ojos y los vuelvo a abrir, aparto su mano pero me hace fuerza para que me
detenga, le frunzo el ceño y él me lo frunce a mí.
– Suéltame – le digo.
– No, tengo que asegurarme de que ya no sangras. Te llevaré a un
hospital de todas formas.
– A la mierda el hospital Bastian.
Me levanto y cede apartándose de mí. Cuando él hace lo mismo, coge una
botella de agua y vierte un poco hasta empañar el trapo blanco, bueno, ahora
rojo por mi sangre. Se acerca para limpiarme pero retrocedo, se lo quito de las
manos para hacerlo yo misma como las bestias sin mirarme y sin tener
cuidado de lo que estoy haciendo. Lo dejo caer mientras me giro para
alejarme, necesito espacio entre ambos.
– No seas testaruda y déjame que vea si aún sangras.
– Déjame en paz Bastian, – me planto de brazos cruzados delante de la
pantalla gigante que aún siguen mostrando las imágenes de las habitaciones y
pasillos – ¿esto es todo?
Hay un silencio breve entre ambos.
– No, no lo es. Ven, acompáñame.
Sin esperar una respuesta por mi parte agarra mi mano con una de las
suyas y entrelazamos nuestros dedos, me arrastra hasta el fondo de esta sala de
control para entrar por un pasillo que no había visto. Tira de mí como si no
permitiera que me escapase, como si me llevara hasta el fondo de todo lo que
es, un Bastian que hasta el día de hoy aún desconozco.
Nos paramos enfrente de una puerta de color plateada, hay una pantalla
negra en el que él pone su ojo y le escanea, no me suelta de la mano y aunque
lo intento, él aprieta su agarre. Las cerraduras se desactivan y la puerta
grande se abre hacia la derecha, esperamos a que haya suficiente espacio y él
entra soltándome la mano, le sigo sin saber que ya no estoy tocándole. Mis ojos
repasan lo que estoy viendo, esto es algo más que un despacho, es un palacio
como despacho. Hay una mesa gigante que hace como tres o cuatro de las
normales, tiene un gran sillón que se ve bastante cómodo y un infierno de
papeles y ordenadores sobre la mesa. No tiene cuadros, ni macetas, ni ventanas,
solo un lugar que le pertenece solo a él viendo lo que ha tenido que hacer para
entrar.
Él se aleja de mí dándome el espacio suficiente para que asimile donde
me encuentro. No debe de extrañarme la magnitud de su despacho en este lugar
pero no está fuera de lo común, tiene lo básico como podría tenerlo en otra
oficina. Le miro y él me mira fijamente, está esperando a que yo hable y no me
voy
cortar.
– Tú despacho, por lo que deduzco.
– Deduces bien.
Giro la vista hasta llegar a la puerta que la tiene abierta, no hay
secretos ni intimidad, solo nosotros dos aquí abajo. Vuelvo a echar un vistazo
a lo que tiene encima de la mesa y él se aparta cuando ve que me acerco, cojo
algunos papeles donde solo leo números. No entiendo el funcionamiento de este
club.
– ¿Por qué me has traído aquí? – Dejo el papel sobre la mesa y le
encaro, está lo suficientemente cerca de mí como para besarle si quisiera.
– Aquí trabajo la mayor parte del tiempo, – rodea la mesa y me indica
que haga lo mismo – el proceso de selección se basa en amigos o conocidos. No
voy a decirte que conozco personalmente a todos ellos pero sé quiénes son,
antes de aceptarlos aquí me encargo de hacerles un seguimiento exhaustivo,
además de la oportuna investigación previa, por supuesto. Una vez que
decido si entran o no, les asigno unos códigos que les valdrá para todo una vez
que bajen aquí, desde los ascensores hasta consumir en el bar o solicitar
materiales extra. Cada código posee una huella dactilar que me encargo de
tomarles, así como un número de tres cifras más accesible para mi comodidad a
la hora de realizar el seguimiento. Cuando los acepto y ellos entran en vigor,
se les asignan automáticamente una habitación que disponen para su uso y
disfrute, habitación donde no hay cámaras pero si hay controles diarios, como
por ejemplo, un equipo de sanidad o uso de las cámaras de los pasillos si fuera
necesario. Una vez que están aquí dentro Nancy, lo que hagan solo les pertenece
a ellos, yo me encargo de que no haya ningún problema, de que cada socio cumpla
con su área establecida y de que todos realicen las actualizaciones necesarias
de sus llaves.
Me he quedado embobada viendo como ha hablado, solo tenía ojos para sus
labios. Su creciente barba de dos o tres días hace que quiera pasar mi mano por
su cara para besarle, para hacerle saber que
le amo y que no me marcharé a no ser que él me lo pida. Frunzo el ceño y
me cruzo de brazos, intento hacerme la interesante para intentar llegar hasta
el fondo.
– ¿Y qué haces exactamente?
– Como te he dicho, después del proceso de selección y admisión me
encargo de que todo vaya bien. Ria imprime los accesos diarios de todos los
socios, de sus acompañantes, de los que se quedan en la planta de arriba y de
los que no llegan abajo. Me deja un montón de folios allí afuera y cuando llego
me meto en mi despacho y los reviso. Ella me facilita a veces el no volverme
loco con todos los números y me marca con el rotulador lo que ve extraño, luego
lo analizo y procedo si tengo que hacerlo.
– ¿Vienes aquí a mirar códigos?
– Sí, eso hago. Tengo que hacerlo a diario. Si no lo hago se me
amontonan las entradas y salidas, y si se me escapa un detalle no habrá servido
de nada que
tenga todo controlado.
– No entiendo, ¿vienes aquí a… a… sentarte para mirar los códigos esos?
– Exacto nena, ya te he dicho que no es lo que piensas. Necesito estar
aquí para que pueda ponerme al día. Siempre hay problemas con hombres que
quieren traer a mujeres de fuera y no está permitido, aquí solo entran socios,
personas que yo he estudiado y les he dado el acceso. No es divertido, ya dejó
de serlo y esta es la única manera efectiva que tengo para que no se desvaríen
las cosas. Ya te comenté que soy una persona honrada que paga sus impuestos a
pesar de que la ciudad me pertenece, pero no voy a dejar que nada se salga de
control porque aquí hay personas muy importantes, te hablo de casas reales o de
magnates importantes.
– Esto es de locos Bastian, estás haciendo una tontería. ¿No te basta
con tener un burdel o algo así?, ¿tienes que tener esta mierda?
– Nena, esta mierda depende de mí y si lo dejo pasarían cosas realmente
malas.
– ¿Qué hay de las personas que drogáis?
Le subo una ceja encarándole desde la distancia, me muevo por el
despacho mientras oigo como suspira, rodea su mesa y se apoya de brazos
cruzados. La camiseta blanca que lleva está manchada por mi sangre y no puedo
evitar mirarla porque es demasiado ajustada y le queda de muerte. Subo mis ojos
a los suyos para que me conteste.
– Sé de las personas que utilizan esa práctica y que necesitan. Como ya
te dije, lo preparaba en casa y ahora lo he vuelto a trasladar de nuevo aquí.
– ¿Aquí tienes las drogas?
– Sí, casi trescientas personas hacen uso de las drogas que les facilito
para dormir.
– No entiendo
el placer que
le ven a esa
práctica.
– Yo con el tiempo empecé a no entenderlo tampoco. Fue una tontería que
se me escapó de las manos y hoy en día tengo un club con este tipo de
exclusividades.
– ¿Por qué Bastian?, ¿por qué les dejas hacer eso? No es normal y tú lo
sabes.
– Nena, te acabo de decir que lo que pasan en las habitaciones les
pertenece solo a las personas que están dentro. Esa no es mi labor.
– ¿Y tú, has estado alguna vez en una habitación?
– ¿De verdad
quieres que lleguemos
a ese
punto?
Sacudo mi cabeza ante mi propia pregunta, no, no quiero. Por el hecho de
que no puedo imaginármelo con otras mujeres o drogándolas para tener sexo con
ellas. Pienso en que estaría en una habitación llena de hombres y una
pobre joven exponiéndose para dejar su cuerpo. Me da escalofríos y le miro, él
está impasible y no se pierde ninguna de mis reacciones.
– ¿Alguna vez tú a mí…?
– Te lo repito una vez más y no quiero que me lo vuelvas a preguntar.
¡Nunca Nancy, nunca te he drogado! Ni lo voy a hacer, ni lo haré, ni tengo el
pensamiento de hacerte eso. Lo que pasó fue un error sin querer y espero que ya
me hayas perdonado.
– Todavía es difícil de olvidar que hubieras preferido a tu amigo antes
que a tu novia…
– Nancy – me recrimina refunfuñando y le ignoro.
– Pero es cosa tuya, ya es pasado – sigo dando una vuelta y me giro para
mirarle de nuevo, nunca me canso de mirarle – ¿alguna vez te has aprovechado de
mí cuando estaba durmiendo?
Silencio.
Silencio.
Silencio.
Vale, creo que he captado el mensaje. Niego con la cabeza y continúo
dando vueltas sin sentido, veo una puerta y la abro, hay un pequeño baño lujoso
con una ducha, también alguna ropa de deporte colgada.
– Eres… eras mi novia Nancy. Tenía derecho a tocarte si quisiera.
– Te equivocas. No tenías ningún derecho a obligarme que durmiera
desnuda para aprovecharte de mí. ¿Por qué no te buscaste a otra que lo hiciera?
Pensé que era tu novia y me querías.
– Te quiero joder, ¿cuantas veces te lo tengo que repetir?
– Eso no es querer. Cuando estás enamorado de alguien te debes
completamente a la otra persona, a su bienestar, a su confianza y a su respeto.
No tenías ningún derecho a manipularme, a llenarme la cabeza de pajaritos para
luego esperar a que me durmiera para tocarme. Por favor, hazlo cuando esté
despierta,
– se ríe pero no yo – aunque el efecto de muñeca hinchable debió ser
satisfactorio para ti.
– Nancy, no digas eso. Estás dramatizando con todo esto, yo tenía el
derecho de tocarte cuando quisiera, eras mía, si quería te podría haber atado a
la cama y no soltarte en la vida, ¿hubieras preferido eso?
Las lágrimas caen por mi cara porque me lo imagino actuando como un
neandertal para el resto de su vida, aun siento en mi interior que puedo
hacerle cambiar de idea pero me temo que esto es imposible. Lo he intentado
todo y he puesto de mi parte, pero no es reciproco y ya no tengo nada que
hacer.
– ¿Algo más? – Arruga la cara extrañado – me refiero a que si haces algo
más aquí.
– Lo que te he explicado, me encargo de que no haya problemas.
– ¿Qué tipo de problemas?
– De todo, desde personas que se pelean hasta los que intentan
engañarme.
– ¿Y cómo lo sabes tú si estás aquí?
– Apártate de ahí y ven aquí.
Sigo de brazos cruzados y le hago caso con el ceño fruncido caminando en
su dirección. Él activa un botón con un mando a distancia y justo en frente de
nosotros hay una pared que se eleva para dejar a la vista una pantalla grande
como la que hay afuera, esta tiene también las visiones de muchas cámaras
repartidas por toda la pantalla. Niego con la cabeza porque hay cámaras que
enfocan a personas que tienen sexo, a hombres que follan a mujeres que no se
mueven, por no hablar de las mujeres que están
follando a otras mujeres. Se me revuelve el estómago de tanto mirar
estas escenas dignas de un hombre cerdo que está obsesionado con el sexo.
– Bastian – no le miro.
– ¿Sí?
– Eres un cerdo, – él suspira a mi lado – no entiendo como pude
enamorarme de ti y como puede gustarte hacer esto.
– Nena.
– Nena no, Bastian. ¿Cómo puedes ser tan cretino de venir a mirar todo
esto?, ¿de verdad disfrutas de esta mierda?, ¿lo has preferido antes que
nosotros?
– ¿Cuántas jodidas veces tengo que decirte que yo no he preferido nada?
¡HAS SIDO TÚ JODER, TÚ ME HAS DEJADO! – Me grita.
Retrocedo unos pasos de espaldas a la puerta para verle mejor, para ver
la panorámica del hombre que ve normal tener un club de sexo, disfrutar
viéndolo y luego irse a casa para que su novia le haga la cena. Me están
entrando arcadas y ambos nos estamos debatiendo entre si continuar con la
discusión o dejar las cosas como están.
Estoy cansada de luchar.
Pero no me voy a callar.
– Yo te he dejado por esto Bastian. Por esta mierda. ¿Pretendes que gire
la cara hacia otro lado mientras tú te das el gusto de ver como follan las
mujeres?
– No digas tonterías, no tengo ningún gusto en ver como follan las
mujeres, eso lo estás diciendo tú. De hecho Nancy, para tu tranquilidad, ya soy
mayorcito y lo he vivido, no tengo que darme el lujo de verlo por la televisión
cuando ¡LAS HE TENIDO DELANTE DE MIS NARICES!
Se enfada cada vez más y le frunzo el ceño, me acerco a la mesa y le
lanzo un rotulador. Él rueda los ojos porque sabe que viene ahora, esta vez no
me ando con tonterías y cojo el portátil para lanzárselo, casi le llega a
tocar.
– Eres un cerdo, un cabrón y… ahhh.
Mi rodilla choca con alguna esquina de la mesa cuando intentaba girar
hacia el otro lado. Pierdo el equilibrio por el dolor cayéndome, me la toco
para ver la rojez que me ha provocado el golpe. Bastian acude a mí asustado, se
agacha y le pego en la cara, la gira y exhala.
– ¿Vas a dejar de golpearme y de tirarme cosas?
– No – le pego una patada y levanto la cara, es más, intento levantarme
y lo consigo – ¡olvídame cerdo cabrón!
Salgo por la puerta cojeando, suplicando a mis zapatos que no se tuerzan
y sigan rectos para no tropezarme.
– Nancy, Nancy, ¡NANCY VEN AQUÍ!
No me entretengo mucho en salir a la sala de control con un Bastian
caminando como si fuera la última vez que me viera. Puede que la sea.
– Déjame Bastian, pesado, egoísta, gilipollas, subnormal, idiota y… – me
giro para ver como su cuerpo choca contra el mío – cerdo y cabrón.
Le sonrío dando por ganada esta guerra cuando mi nombre resuena en la
voz de un hombre. Cuando Bastian y yo miramos para la puerta me doy cuenta de
que el hombre que vi en la escalera está en la sala de control mirando cómo nos
peleamos. Más bien, aniquilándonos nada divertido.
– Nancy, oh gracias a Dios que te encuentro, – Trevor entra en la sala
mirándome como si le hubieran
pegado a su hermana pequeña o algo así – ¿estás bien?
– Bueno, he tenido días mejores la verdad, pero también muchos peores
que este. Nada del otro mundo
– le sonrío pero Bastian me gruñe.
– ¿HAS LLAMADO A CARTER? – Me coge del brazo haciendo que gire para
enfrentarle.
– Trevor es mi amigo y me ha ayudado.
– ¿Cómo te atreves a hacerme esto?
– Oh Bastian, – dejo caer mis brazos dando dos pasos lejos de él – ¿cómo
eres tan dramático? No es lo que parece cariño, no es lo que parece.
Me burlo entrecerrando mis ojos y él hace lo mismo. Sabe que no he hecho
nada pero que no tardaré en hacerle sufrir como siga dando los pasos
equivocados.
– Nancy, vámonos. No sigáis peleando, mañana…
– Oh no Trevor, si la que tiene el dolor de cabeza es Ria.
– ¿En serio? – Trevor se mete las manos en los bolsillos y es el foco de
los seis ojos que le estamos observando.
– Sí, gancho izquierdo y gancho derecho, patada y plaf, – le escenifico
bajo sus risas de orgullo – bueno, eso es lo que tenía en mente, la verdad es
que le he lanzado cosas, le he hecho sangrar y luego me ha pillado distraída y
me ha golpeado.
– Ya te veo, vámonos. Dejad de pelear.
– Si yo no peleo – le toco el brazo a Bastian, sus ojos son negros y
nada cristalinos, él no está nada feliz.
– No te vayas con él Nancy por lo que más quieras, no cruces esa puerta
con Carter.
– Bastian, – me cruzo de brazos – te recuerdo
que…
– ¡A LA MIERDA, QUÉ NO TE VAYAS CON ÉL! ¿No te das cuenta que no te mira
como un amigo? Te está mirando las tetas todo el tiempo, por no hablar de… – me
toca el vestido – llevarás ropa interior ¿no? Porque te juro por mi santa vida
que te ato a la cama y no ves la luz del día nunca más.
Frunzo los labios y le golpeo. Nadie ríe en la sala, todos vemos la
escena que yo misma he protagonizado y de la que no me siento orgullosa.
– Qué sea la última vez que insinúas que no llevo bragas, eso te lo
guardas para tus amigas las que ves en la pantalla ¡cerdo de mierda! Ahora sí
que me voy a ir con Carter y es más, me voy a meter esta noche en su cama y va
a ser él quien me va a consolar.
Bastian da un
paso en mi dirección
pero el
hombre de la escalera y Trevor se acercan a nosotros.
– Eh, venga parad – Trevor me aleja de Bastian.
– No sigas – la voz grave y autoritaria del otro hombre se encarga de
alejar a Bastian de mí.
– Seguro que ha sido una noche larga, vámonos de aquí y mañana será otro
día.
La voz moderada de Trevor hace que ninguno de los dos ni siquiera le
escuche, tengo mis ojos impregnados en los dos trozos de astros que he perdido
para siempre. Veo que Bastian respira fuerte y va a cometer una locura, el otro
hombre que es tan alto como él está de espaldas a mí con una mano en su pecho
por si Bastian decide comportarse como un neandertal.
Por favor, que lo haga. No podemos acabar de esta manera, no quiero
quedarme con el último recuerdo a punto de llegar a las manos.
Cojeo visiblemente por el dolor de mi rodilla mientras Trevor pone una
mano en mi espalda y me susurra algo que no entiendo. Segundos después él me ha
levantado y me está llevando en brazos, a pesar de que el otro hombre y Trevor
nos tapan, nuestros ojos se encuentran y no quiero perderlos. No quiero
perderle. No de esta manera.
Mi locura y mi insensatez me han llevado a la locura, esta noche he
cometido muchos errores y en todos ellos no me he reconocido. No era yo la que
actuaba, era el corazón roto quien hablaba por mí, quién daba los pasos en la
dirección que la cabeza ordenaba, no era yo la que quería estar aquí. Yo soy
una mujer que espera por su hombre en casa con la cena preparada, necesito
hacerle entender que no me mezclo con este tipo de personas, que no soy una
vulgar que inicia peleas, que no me meto en un club de sexo para fastidiar.
Solo… solo quería recuperarle y pensaba que esta era la mejor manera para
hacerlo, él ya tenía asumido que habíamos roto la relación definitivamente, por
eso no había venido a buscarme
en estos días y no había hecho ningún movimiento, ni siquiera sabía que
vi a Trevor. Él ya se había mentalizado, él sí y yo no.
Me encuentro en un punto muerto mientras veo como Trevor lucha con mi
pulsera para sacar la llave y llevarnos arriba, me he dado cuenta que me sangra
la rodilla y que él está con el ceño fruncido, no quiero causarle más problemas
y le digo que me baje pero se niega. Cuando se abren las puertas del último
ascensor me pone en el suelo frente a un coche gris, me abre la puerta y me
ayuda a sentarme. Sin decir una palabra, Trevor conduce en la madrugada de la
ciudad que a veces duerme, salimos de las calles de los clubs, del bullicio de
la gente para lanzarnos a las calles desiertas y melancólicas. Mis ojos miran
hacia el frente, miro hacia el frente como debí hacerlo hace un año y
enfrentarme a mis problemas porque ahora me va a costar mucho más asimilar que le
he perdido para siempre.
Nos metemos de nuevo en la oscuridad de un parking extrañada por donde
estamos.
– No te preocupes, te voy a llevar a mi apartamento de soltero como
teníamos planeado.
Este era el final de nuestro plan, solo había dos maneras de que yo
saliera de El Sótano; una, de la mano de Bastian o dos, sin Bastian, y creo que
Trevor ha deducido muy bien. Preferí no ir a casa esta noche si no salía con
Bastian porque no quiero preocupar a Rachel y Alan, por eso les engañé con que
todo iba a ir bien. Me alegro de que esto si se haya ceñido al plan, porque
esta noche ha sido la peor de toda mi vida.
Nos montamos en otro ascensor que nos lleva a un ático en lo alto de un
edificio de la ciudad de Chicago. Entramos en su apartamento y la primera
impresión que me da es de masculinidad, enciende las luces y no hay nada más
que un sofá, una televisión, una cama y una pequeña cocina, avanzo unos pasos
hasta las ventanas que van desde el suelo a la pared y veo que hay una puerta,
asumo que será el aseo. Es bastante pequeño pero lo suficiente para que pueda
aislarme esta noche. Y como estaba planeado si no me
quedaba con Bastian… Trevor no duerme aquí.
– Antes de irte, ¿puedo usar tu teléfono?
– Sí, en la cocina tienes el inalámbrico. También comida y toallas
limpias. Hay alguna ropa de deporte y alguna de Catherine también, espero que
eso te sirva.
Le asiento con la cabeza y hago la llamada antes de que se vaya, no
quiero estar sola y derrumbarme cuando escuche su voz. Marco y espero.
– Nancy, cariño – su voz es apagada y estoy segura de que la he
despertado.
– ¿Te he despertado?
– No, no me has despertado, ya sabes cómo ronca Alan. No me dejaba
dormir. ¿Estás bien?
– Perfecta. Sólo quería avisarte de que no dormiré en casa, me quedaré
en casa de un amigo.
– Como quieras. Ven mañana a primera hora cuando abras los ojos. Te
quiero aquí.
– Sí, yo también me quiero allí. Te llevaré donuts.
– Siempre me has caído bien, – se ríe y consigue sacarme una leve
sonrisa – descansa, hasta mañana.
– Adiós.
Cuelgo el teléfono frente a la figura de Trevor que esperaba en el corto
pasillo a punto de irse. Doy dos pasos hacía él y tengo la sensación de que
debo disculparme.
– No princesa, – pone una mano en alto – no digas nada, has tenido un
día horrible.
– Estoy bien. De verdad.
– Límpiate esa sangre y vete a dormir.
– Solo quería agradecerte lo que has hecho por mí. Has sido valiente
allí abajo, todo lo has hecho por mí y no lo voy a olvidar.
– Lo volvería a hacer. Te llamaré mañana.
Está demasiado serio y tiene el ceño fruncido, ¿qué les pasa a todos los
hombres frustrados con la vida? Aunque Bastian sigue en cabeza con su cara de
pocos amigos a todas horas.
– ¿Estás enfadado conmigo?
– No princesa, ¿por qué piensas eso? – Se acerca a mí ladeando la
cabeza, subo uno de mis hombros y empiezo a llorar, él se acerca a abrazarme
– no llores tonta, todo estará bien.
– Él… él… ya lo había asumido. Él… no pensaba en mí y no me quería ya.
– ¿Y cómo sabes eso?, ¿te lo dijo él?
– No, pero yo lo sé. Lo veo en sus ojos.
– Y lo ven unos ojos enamorados como los tuyos. Anda, metete en la ducha
y duerme. Mañana será otro día y verás las cosas diferentes.
– Sí papá, – me río quitándome las lágrimas de los ojos – por cierto,
¿cuántos años tienes?
– Bastantes.
– ¿Y cuántos son bastantes?
– Muchos más que tú.
– ¿Cómo para ser tu hija? – Bromeo, no sé su edad – ¿cuántos años
tienes?
– Cuarenta y tres años.
– ¿Qué? Bastian dijo que erais amigos del instituto.
– Sí, pero él era un pequeño diablillo que se juntaba con los grandes
perdedores como yo.
– ¿Por qué?
– Repetí unas dos o tres veces. Mis padres se estaban separando y no era
fácil para mí que me dejaran de lado.
– Lo siento. A partir de ahora te veré como mi padre de todas formas, –
intento bromear – gracias por lo que has hecho por mí.
– No tienes que agradecérmelo, lo volvería a hacer, – me dedica una leve
sonrisa y abre la puerta del apartamento – ah, ¿y Nancy? No me veas como tu
padre, Bastian tenía razón, no veo en ti a una amiga, veo tus tetas y tus
piernas y lo hermosa que eres, no puedo verte como una amiga cuando eres una
princesa. No lo olvides.
– No lo haré.
Me sonríe de nuevo y cierra la puerta dejándome plantada en mitad del
pequeño apartamento que hoy será testigo de mis lágrimas, sollozos y pataletas
por culpa de Bastian. Lo primero que hago cuando escucho que las puertas del
ascensor se han cerrado, es doblar mis rodillas dejándome caer. Niego con la
cabeza de nuevo y bajo la cabeza empezando de nuevo unas lágrimas interminables
de las que jamás me voy a desprender.
CAPÍTULO 14
No abro los ojos pero me he despertado porque tengo a alguien respirando
en mi cuello. Vale. No puede ser Bastian porque anoche acabamos mal, tampoco
puede ser alguien que conozco porque ayer llamé a las dos únicas personas que
saben que estoy con un amigo, por lo tanto solo me queda decir que es
Trevor. Él malinterpretó anoche el cariño que necesitaba con el que me
está dando ahora, no es por nada, pero es que tiene su brazo rodeando mi
cintura y parece que yace dormido a mi lado. El corazón me late a mil
revoluciones por hora, no puedo ni imaginarme que pasaría si Bastian nos
encontrase en la cama, podría confundir algo que por supuesto no ha sucedido.
Porque punto número uno, anoche me duché y me puse una camiseta de Trevor y
punto número dos, me fui a dormir sola. Tuvo que venir de noche cuando estaba
dormida para aprovecharse de mí, y oh no, otro como Bastian no gracias. Suspiro
moviéndome e intentando alejar su cuerpo pegado del mío, desiste y me arrastra
hacia él. Digo él porque su mano es firme, grande y agarra mi vientre como si
fuera suyo.
Me hago la dormida mientras me incorporo de la cama sentándome en el
filo. Vale, si no hay prueba, no hay delito. Él no tiene por qué saber que ha
dormido a mi lado abrazándome de ese modo, como si fuera suya, como si él fuera
Bastian. Espera, no puede ser Bastian, él no puede ser Bastian.
Carraspea con su garganta y gruñe.
Es Bastian.
Niego con la cabeza y me vuelvo a meter dentro de las sábanas tan
calientes que cubrían mi cuerpo, me dejo caer como si no hubiera pasado nada.
– Si te pensabas que te iba a dejar dormir sola, la llevabas clara
señorita.
Me hace sonreír como una tonta.
– Nunca me he quejado de tu buena compañía.
Pongo mi espalda sobre la cama sintiendo como su cara está sobre la mía
pero tengo los ojos cerrados, me planta un beso cerca de mis labios y se
levanta de la cama. Abro un ojo, cerrando el otro.
Abro el otro ojo porque no me puedo perder la vista de este hombre, el
sol calienta a través de las cortinas y su cuerpo brilla con luz propia, su
piel es
bronceada y no necesita ningún rayo de sol para que ilumine mis mañanas.
Suspiro como si no existiera el día de ayer, como si lo nuestro nunca hubiera
ocurrido y estuviéramos conociéndonos, sus vaqueros le cuelgan de la cintura y
su camiseta aún manchada por mi sangre le da sofisticación a su ropa. Está
parado y mirando el móvil, quizás sea una de sus amigas, quizás no, pero esta
noche ha dormido conmigo y lo necesitaba.
Le he soñado, soñé que me abrazaba, que me decía lo mucho que me quería
y lo duro que le ponía cuando me enfado. Susurros que vi reflejados en un
escenario inventado en mi cabeza, él y yo juntos de la mano y contra el mundo,
luchando con todos aquellos que nos quieren separados, sí, contra Ria. Ella
apareció en mi sueño y lo fastidió todo, se unió a una caballería de pelirrojas
falsas y querían separarme de mi Bastian. Mío.
Deja el móvil sobre la encimera de la cocina y se adentra, desde la cama
le veo. Su culo me da que pensar, está preparando algo y le agradezco que no me
esté diciendo que quiere volver conmigo porque me quiero lanzar a su
cuello.
– ¿Bastian? – Lo deja todo para girarse y mirarme – ¿qué haces?
– Algo que te vendrá bien.
Pone el microondas a funcionar y viene hacia mí. Rodea la cama porque
duermo en el lugar que da a la ventana y me da algo que cojo con mis dedos.
Una pastilla, en la otra mano lleva un vaso de
agua.
– Ems…
– Es para la inflamación de tu rodilla y nariz – me toco la nariz y no
me duele, es un exagerado pero dudo en si… da igual.
Cuando me la iba a tragar, Bastian deja bruscamente el vaso de agua
sobre la mesa de noche
que tengo a mi lado. Vuelve a la cocina enfadado a juzgar por sus
gruñidos y desde allí me lanza una bolsa de la farmacia.
– Me la iba a tomar de todas formas.
– Anoche fui a la farmacia para comprártelas.
Trago agua y apoyo mi espalda en el cabecero cómodo de esta lujosa cama,
respiro hondo porque he notado cierta distancia entre nosotros. Yo, limitándome
a admirar a semejante hombre, y él, traicionando mis momentos no lúcidos al
tener una pastilla entre mis dedos. Vale, ya sé en qué punto de nuestra
relación estamos. No somos nada.
Espero a que termine de cocinar cuando viene con un vaso en la mano y
hace el mismo recorrido hasta dármelo. Veo desde aquí que no hay nada más en la
cocina, está impoluta y no tiene intención de seguir cocinando, ¿y mi bandeja
con el desayuno? El líquido es de un color marrón y huele a frutas, pero
también huele raro.
– ¿Qué es esto? – Arrugo la cara, no pienso tomarlo, huele
asquerosamente amargo.
– Un batido con proteínas y frutas para fortalecer tu rodilla. Hoy te
dolerá.
– No voy a tomarlo, – lo dejo sobre la mesa y me gruñe – me da igual
cómo te pongas Bastian, no pienso tomar eso, huele que da asco.
– No te tiene que gustar Nancy. Bébelo, es por tu bien no por el mío.
Podría entrar en una guerra de por qué me llama Nancy y no nena, por qué
me abraza en la cama y ahora actúa como un capullo, o por qué se preocupa tanto
por mi rodilla y no por el estado de mi corazón.
Aparta las sábanas para tocar mi rodilla, la examina a su gusto y niega
con la cabeza.
– No me duele si tan preocupado estás, solo fue
un ligero golpe.
– ¿Con qué te tropezaste?
– Creo que fue con la esquina de la mesa o con el ordenador, no me
acuerdo.
Gruñe y niega con la cabeza nuevamente como si hablara consigo mismo,
¿por qué no habla conmigo? Estoy aquí. Se levanta y se va al baño, suena el
ruido de la ducha durante un tiempo y luego aparece con la misma ropa y sin
haberme dado el lujo de haberle visto desnudo. Tengo mí batido en la mano que
muy a mi pesar, bebo sorbo a sorbo. Aún no me he movido de la cama y él se
sienta en el sofá que hay enfrente para mirar su móvil. Actúa como si no le
importara y no sé si me duele más el vacío que me está haciendo o todo lo que
me haya podido hacer.
– Bébetelo – ordena sin quitar la vista de su
móvil.
Probablemente esté contactando con algunas de
sus amigas, o mucho peor, estará interesándose por cómo esta Ria. Sí, es
su amiga al fin y al cabo y se llevó una mala noche gracias a mí. Y por lo que
estoy viendo, yo también soy su amiga o algo así.
– ¿Bastian? – Levanta la vista del móvil y me quedo embobada con esta
imagen de Bastian. Sus dos piezas del cielo están mirándome a través del móvil
y con algunos mechones de pelo cayendo por su frente, esto hace que me
replantee mi vida entera – ya que… quiero decir, ya que… tú y yo no somos nada,
si quieres seremos amigos.
– ¿A qué te refieres con que seremos amigos?
– Bueno, es evidente que no estamos juntos y si… y si tú… si tú quieres
pues podemos ser amigos. Podemos hacer cosas de amigos y luego cada uno para su
casa o bueno… a donde sea que vayamos.
– ¿Me estás proponiendo que seamos amigos?
– Le asiento – ¿y a qué se debe este cambio de rumbo?
– Sí, creo que… bueno… ya que somos amigos… ems también podríamos tener
sexo pervertido juntos, ya sabes a lo que me refiero, a ese tipo de amigos.
Cierra la boca Sullivan, hazlo ahora.
– ¿Quieres que seamos amigos y follemos? – Asiento con la cabeza
nuevamente dando un sorbo a mi batido asqueroso pero que bebo porque obedezco a
Bastian sin querer, sé que es por mi bien – olvídate de eso.
– Oh – me parte el alma.
– Yo no follo con mis amigas – se levanta, va a la cocina y me lanza
otra caja – es una crema para tu rodilla, échatela cada ocho horas, si te sube
la inflamación ve a urgencias, ellos te administrarán lo que necesites.
Se acerca a la cama para darme un beso en la
cabeza y se dirige a la puerta. Cuando la tiene abierta y sé que se va a
ir, dejo el batido en la mesa de noche.
– Bastian, – él no me mira pero tampoco se ha ido – si sales por esa
puerta se acabó para siempre.
Muevo con mis dedos el nudo que hay en mi garganta y escucho un fuerte
portazo que hace retumbar el apartamento. Bien. Genial. Se ha ido.
Me destapo quitándome con mal humor la sábana para ir a abrir la puerta,
no hay rastro de Bastian en el pasillo, no me acuerdo por donde vinimos anoche
y no sé si voy a saber salir de aquí. Decido que lo mejor será irme con mis
amigos y olvidar que esta noche ha pasado, que esta mañana ha pasado y que
Bastian realmente me ha dado con una puerta en las narices. A mí no, ha sido a
nuestra relación que la quiero más que a mí misma. Da igual, ya todo da igual.
No tardo en ponerme el vestido de anoche para hacer el paseo de la
vergüenza, más que he pasado en estos pasados meses no lo voy a pasar otra vez,
así
que, ¿qué más da? Bajo las últimas escaleras hacía la salida y me topo
con el aire frío de la mañana, el domingo brilla más que nunca y al avanzar me
encuentro un coche familiar, veo a alguien que me saluda desde dentro y yo
corro hacia ella.
– Kezza – le abrazo porque necesito un abrazo y ella está aquí, hago que
el abrazo dure y ella me lo devuelve, sabe por alguna razón que no es la ropa
que suelo llevar un domingo por la mañana y que he tenido algo que ver con
Bastian – cuanto tiempo, ¿qué tal estás?
– Señorita Sullivan, – me abre la puerta de atrás
– si me permite, le llevaré a donde desees.
– No, déjalo. Yo… ems… me apetece caminar un poco… no te… quiero decir,
sé que te ha dicho que… pero no…
– Señorita Sullivan, si no la llevo a donde me indique me veré obligada
a seguirla desde el coche hasta su destino e informar de donde se quede.
– Es verdad, estamos hablando de Bastian.
El viaje a casa es corto, no hay tráfico, las calles están vacías y
Kezza y yo hablamos, tenía órdenes de no hacerlo pero le he dicho que ya no soy
la novia de Bastian. Ella me ha ignorado cuando se lo he dicho como si no lo
creyera.
Al llegar a casa me encuentro a Rachel y Alan desayunando, me invitan a
hacerlo con ellos y con eso se acaban las palabras. No me preguntan, solo mi
amiga cuando estamos a solas, se interesa por como estoy después de la ruptura,
pero nada que no hayamos hablado ya. Como les prometí, hoy domingo hacemos lo
que ellos quieren y salimos a dar un paseo, nos vamos al parque y lanzamos un
disco a Alan que nunca atrapa, también hacemos partidos de béisbol jugando con
una bola de papel de aluminio. El día pasa muy bien entre risas, los tres nos
percatamos que hacemos buen equipo y nos abrazamos cada vez que queremos. Al
anochecer, Alan se despide de Rachel demasiado pronto porque tiene turno de
mañana y le
toca madrugar. Nosotras nos quedamos en casa y nos apuntamos a ver
nuestro anime, no hay palabras, no hay preguntas, ya no hay más Bastian.
Y sorprendentemente lo llevo muy bien.
Hasta que veo el amanecer del día siguiente porque llevo horas con los
ojos abiertos y mirando al techo de mi habitación, el sol empieza a salir
tímidamente y yo aún no he dormido. Bastian, Bastian es el único ser sobre este
mundo que me tiene de esta forma. Durante las horas de descanso he pensado
miles de acciones para hacerle cambiar de opinión, yo invitándole a cenar, yo
declarándome con una pancarta desde un avión o yo poniendo un anuncio en
internet diciéndole que me quiero casar con él. Claro, en todas las acciones,
hay un factor importante que tengo que hacerme recordar; él ya me ha olvidado y
me tiene superada.
Suspiro una vez más agarrando la almohada. Llego a sonreír cambiando de
posición porque estoy desnuda como cada noche, como a él le gusta,
preparada para imaginar que son sus manos las que me acarician y
enciende todos mis sentidos. Bastian, el único que puede subirme a una nube, y
ahora como es obvio, bajarme de una patada a la realidad.
Veo asomada la cabeza de Rachel, creo que esta semana se va a tintar el
pelo de verde junto con morena, va a estar fantástica igualmente.
– Buenos días, – dice subiéndose a los pies de la cama – ¿cómo has
dormido?
– Bien, genial.
– Tienes ojeras, ¿no has dormido verdad?
– Algo así, no todo es malo – le sonrío sin levantarme – ¿qué tal tú, ha
entrado Alan a trabajar?
– Sí, me escribió un mensaje. Oye, ayer se me olvidó comentarte que esta
semana es Halloween, ¿qué te parece si hacemos una fiesta? Podríamos hacerla en
nombre de la tienda, he visto un local muy
grande en la misma calle donde se celebra el Anime World de Chicago.
Además, cerca de la tienda.
– Eso sería genial, aunque no tengo dinero, apenas me quedan unos
cientos de dólares.
– No te preocupes, la tienda lo paga. Me hace mucha ilusión – se tumba a
mi lado abrazándome por encima de mi edredón color violeta, no sé si sabe que
estoy desnuda pero no le importa – el viernes, a las diez de la noche.
– Vale, no tengo nada que hacer para ese día, ni al día siguiente, ni al
otro, ni al otro…
– Oye cariño, que trabajas en la tienda.
– Eso no es trabajo y lo sabes, sería incapaz de cobrarte por ayudarte.
Al fin y al cabo la tienda la has montado tú con tu dinero.
– Nancy, no seas así, – le acaricio la cabeza y juego con su pelo – ¿de
qué te vas a disfrazar?
– ¿Yo? No me gustan los disfraces… quiero decir, ems sí… pero cuando
tenía como diez años, no ahora.
– Te vas a disfrazar, – se levanta acusándome con el dedo – te vas a
disfrazar y lo harás para mi fiesta.
– Sí, no lo niego, ¿es obligatorio? Puedo ir de chica feliz, con mi
sonrisa plasmada en mi cara.
Rachel mueve la cabeza haciendo una mueca porque las dos sabemos que soy
de todo menos feliz. Acaba por ponerse en pie y tirarme un cojín a la cara.
– Arréglate que nos vamos.
_______________
Este pegamento va a acabar con mis bonitas manos. Intento que estos
folletos se despeguen pero he metido la pata una vez más. No voy a pedir ayuda
a
Rachel, no de nuevo.
– Rachel, el pegamento.
– Déjalo Nancy, ya te lo he dicho, no es necesario. Has pegado folletos
por toda la ciudad, lo sabe la radio, el periódico y todos los clientes.
Juntamos eso más nuestros amigos y no necesitamos más.
– Quiero al menos terminar con este montón de
aquí.
– No importa cariño.
Me quita los folletos y los tira a la papelera, ambas nos reímos y
supongo que tiene razón. Si todo el mundo va a venir a la fiesta, ¿para qué
necesito repartir más publicidad? Rachel se vuelve al almacén porque no soy de
buena ayuda allí adentro ya que hoy ha recibido el pedido para la tienda.
Estoy arreglándome la uña en el mostrador, miro
la fecha y veo que es jueves. Han pasado muchos días sin Bastian y no he
sabido nada de él. Para mi mayor sorpresa, creo que he aceptado el hecho de que
lo hemos dejado. Ya no hay más lágrimas en público, tristeza en público y
pensamientos vacíos en público, todo, absolutamente todo me lo guardo para mí.
Cuando estoy con Rachel o las chicas intento ser una más, integrarme en esta
vida vacía sin él, conversaciones nulas que no me interesan, sonrisas cuando no
me apetece e idas y venidas porque Rachel no para de distraerme para no verme
mal, supongo. Luego, cuando cae la noche muestro otra Nancy diferente, aquella
que se mira al espejo y llora mientras piensa en como disimular las lágrimas,
en aquella que maldice a todo el mundo porque lo ha perdido y la que se evade
de la vida para tener solo a una persona en su pensamiento, Bastian Trumper.
El lunes quedé con Diane y su mujer aprovechando que tenían día de
reuniones. Me sorprendió la llamada pero me hizo mucha ilusión, les conté más o
menos lo que pasó y ellas me apoyaron aunque no me animaron a que siguiera
luchando por
Bastian o mi relación. Bibi me dijo que si está acabada que no me
traumatice, su mujer la apoyó y desde que me lo dijo me ausenté bastante porque
no sentía su apoyo. Ellas también lo han aceptado.
Después del almuerzo he quedado con Trevor. Ha intentado quedar conmigo
y le he negado porque tenía problemas de chicas, luego se enteró de que había
quedado con Diane y Bibi y se medió enfadó, hoy le he prometido que iría a su
despacho. El reloj me indica que las cuatro de la tarde ya es buena hora para
ir a verle. Veo los folletos en la papelera y arrugo mi cara.
– Rachel, ¿estás segura de que no quieres que los reparta?
– No – me dice desde la lejanía.
– Como quieras, me voy con Trevor.
– ¿Ya es la hora? – Sale con una caja de un muñeco en sus manos.
– Sí, voy a ir antes de que se haga más tarde. Te veo luego.
– No te olvides de volver a invitarlo. A lo mejor solo ha sido cortés
contigo negándose ir a la fiesta.
– Es un hombre adulto Rachel, es obvio que no pueda asistir a una fiesta
de disfraces en un viernes por la noche. Él irá al club… como su amigo.
Me quedo mirando al suelo mientras me pongo el abrigo. Bastian ha
continuado con su vida como le dije, él no tiene un combate hasta la semana que
viene pero Diane y Bibi me dijeron que ha estado de viaje y ha vuelto.
Probablemente esté ocupado con El Sótano, con sus amigas, con Ria, con sus
códigos o con lo que sea que haga. Ya no pertenecemos al mismo círculo y me
duele que sea así, me duele porque le quiero.
– Nancy, – la miro – que te estoy hablando, te decía que no te olvides
de avisar si vas a venir a cenar o no. Alan cocina esa pasta otra vez y quiere
que tú le
valores.
– Iré a cenar, de hecho creo que vendré antes de que cierres la tienda.
No tardaré, voy, hablo con él un rato y vengo.
– Vale, ten cuidado – me da un beso y yo otro.
Salgo de la tienda bufando, muestro mi verdadera cara y borro la
expresión feliz de mi cara. Me pongo el gorro de lana que me compró mi madre y
camino arrastrando los pies con las manos dentro del abrigo, así es el mundo
sin él. Ya no me persigue, ya no ruega por que le perdone y se cansó de
escucharme decir que no somos nada.
No quiero martirizarme en si se quedó con el último recuerdo de El
Sótano o del apartamento de Trevor, eso es una cosa que nunca me va a quedar
clara.
Camino por las calles abarrotadas de gente con compras para Halloween.
Me acuerdo cuando el año
pasado Bastian me hizo follarle con el disfraz de monja puesto, luego me
compró tres más y estuve disfrazándome para él toda la semana. La llegada al
bufete de Trevor se me hace eterna, está empezando a llover y mis converse
nuevas no aguantarían una tromba de agua. Mi mente se despierta cuando las
puertas del ascensor se abren y me encuentro a su secretaría sonriéndome desde
la lejanía, ¿hoy no hay nadie trabajando aquí?
– Buenas tardes Señorita Sullivan, el señor la espera.
– Gracias.
Resoplo abriendo la puerta sin tocar cuando le veo hablando por
teléfono, él me indica que entre y me siente.
– Sí, mañana a las diez tengo la reunión con el fiscal. No te olvides de
los papeles del acusado. Te llamo de todas formas para confirmártelo. De
acuerdo. Adiós.
Me ha dado tiempo a quitarme mis prendas extras para ponerlas en la
silla; el gorro, el abrigo y el bolso no me abandonan en este día negro ni
aunque lo rogara. Trevor me sonríe rodeando la mesa para darme un abrazo. No me
levanto y me siento un poco pequeña aquí.
– Hola.
– Hola princesa. ¿Qué tal estás?
– Genial, – sonrío – va a llover ahí afuera y el gorro evita que mi pelo
se infle como un pez.
Lleno mi boca de aire como un pez y se ríe, se sienta en la silla que
tengo al lado y me estudia por un momento.
– Ahora es cuando te vuelvo a hacer la pregunta y me respondes con la
verdad. No dudo de que tu pelo se infle como un pez, pero contéstame con la
verdad. ¿Cómo estás?
– Bien. Me vino el periodo el lunes, ya he terminado de manchar. Quedé
con Diane y Bibi. Mi amiga me ha hecho repartir publicidad sobre la fiesta a la
que has declinado venir y hoy comeré pasta, mi amigo la va a cocinar y aunque
no le sale perfecta, está comestible.
– Está bien, – estalla en carcajadas – sabes esquivar muy bien la
pregunta.
– No, te he dicho la verdad, ¿o no te interesa mi periodo? – Le sonrío
pero borro mi expresión de nuevo para ponerme seria – estoy bien, gracias por
preguntar.
– Eso no ha sonado muy bien.
– Ya, pero no puedo hacer nada más, – suspiro
– bueno, aparte de preguntarme como estoy, ¿por qué tanto interés en
verme?
– Tengo una oferta para ti.
– No me va que me azoten si es lo que quieres proponerme – le saco la
lengua.
– Creo que no me va azotar tampoco. Es profesional. Necesito a una
contable en mi departamento, Jaqueline me ha fallado porque se ha marchado por
baja de maternidad antes de tiempo y su puesto está vacante. Al menos los
próximos seis meses hasta que se reincorpore.
– No – no me lo pienso dos veces, no y mil veces no – lo siento Trevor.
– ¿Cuál es el motivo real de tu negación? Los otros días me dijiste aquí
mismo que querías encontrar un trabajo y yo te lo estoy dando.
– Ese es el problema, que me lo estás dando. Yo no quiero amigos que me
den trabajo, si estoy en la tienda es para no escuchar a Rachel como hago el
vago todo el día en casa. Gracias pero no quiero – me levanto y Trevor pone su
mano sobre la mía invitándome a que me siente de nuevo.
– Nadie te está regalando nada. Eres diplomada y has hecho un año de
licenciatura en gestión y administración de empresas, explícame si no estoy
contratando a una persona no cualificada que retiro mi oferta.
– No es eso Trevor, yo… yo te lo agradezco, pero comprende mi situación.
– No lo hago, ayúdame a entenderte.
– Me han robado todo, antes era una joven feliz con expectativas en el
mundo real, ahora solo soy un trozo de persona que se conforma con estar todo
el día sin hacer nada. Antes quería comerme el mundo, abrir una empresa con mi
nombre y evolucionar profesionalmente, quería aprender de los hombres de Wall
Street que dirigen el mundo, llegar al Pentágono si hiciera falta. Y me lo
arrebató, Trevor.
– Nancy, supera tu ruptura con Bastian de una puta vez, – me mira muy
serio – lo habéis dejado y
punto final. No puedes pasarte toda la vida amargada entre tus recuerdos
por un hombre, mírate, eres joven y bonita, tienes inteligencia, carácter y
garra. Todo lo que se necesita para triunfar en el mundo de los negocios,
trabaja para mí, recupera tus ilusiones y márchate cuando se te acabe el
contrato si es lo que quieres. Hazlo por mí, solo serían unas horas por la
mañana y algunos días completos. Vive Nancy.
– Es fácil para ti decirlo, para todos es fácil pero la que sufro soy yo
– mis ojos están llenos de lágrimas, con Trevor no puedo fingir.
– Cada persona tiene sus problemas, cada persona sufre. Yo fui tan tonto
de casarme con veinte años que cometí el mayor error de mi vida y me he
arrepentido día tras día. Yo tenía tus mismas ilusiones y tu valentía, pero me
quede atrapado en un bufete y con una mujer que prefería follar en un club que
en su propia cama con su marido. Todos Nancy, todos sufrimos y no nos
lamentamos día a día, nos levantamos y seguimos adelante.
– ¿Y si yo no quiero levantarme? No le veo sentido.
– Porque aún está reciente princesa. Abajo está el departamento de
contabilidad, tengo a dos personas que trabajarían contigo, tendrías despacho y
un sinfín de papeles que revisar. Hazme ese favor, no soportaría ver como mi
empresa se va a la mierda porque dicha princesa se niega a trabajar.
Trabajar para Trevor. No sé si quiero hacerlo. Bastian no lo aprobaría,
de hecho pienso que él no lo aprueba, que está detrás de esto o me la está
jugando. Ya no, creo que ya no. Él se ha olvidado de nosotros y de qué alguna
vez fui suya. Niego con la cabeza bajo el suspiro de decepción por parte de él.
– No te lo tomes a mal, solo que… no estoy preparada.
– Nadie lo estamos. ¿Cuál es el problema?, ¿prefieres estar en la
tienda? – Muevo la cabeza negándole – ¿entonces?
– Es que… no sé… aún no me encuentro con fuerzas. Además… aunque sé que…
bueno… él y yo… quiero decir… ya no estamos juntos, él no me dejaría trabajar
aquí. No es que quiera… esto… decir que…
– Pregúntaselo si eso te cohíbe el aceptar una oferta de trabajo. Si
piensas que tienes que pedirle permiso, hazlo.
– ¿Qué? Trevor, no es así. Esto no es así. No tengo que pedirle permiso
a nadie.
– ¿Por qué te preocupa tanto lo que piense él?
– Porque todavía tengo la esperanza de que atraviese esa puerta, me suba
encima de su hombro y acabe con todo esto.
– Ya, – mueve los labios apretándoselos – si no quieres, no pasa nada.
Buscaré a otra persona.
– Trevor, no… no te enfades conmigo.
– Tranquila, tú no tienes la culpa. Eres demasiado joven como para
enfrentarte a un desamor y te piensas que todos somos iguales.
– No digas eso, no es así.
Se levanta y enciende un cigarro mientras mira por la ventana. Fuma a
mis espaldas y me levanto, creo que tengo derecho a vivir mi vida, tiene razón,
estoy cansada de pensar y sentir como Bastian quiere que piense y sienta. Se
acabó. Nuestra relación se acabó y la vida sigue su rumbo. Trevor se gira y le
planto una sonrisa que hace temblar su cuerpo.
– ¿Qué? – Arruga la cara por mi expresión.
– Lo aceptaré, tienes razón. Aceptaré el puesto de trabajo – y también
iré a pedirle permiso a Bastian.
– ¿Lo harás?
– Sí. Quiero terminar el año mejor que como lo empecé y ¿qué mejor
manera que aceptando un trabajo temporal? No va a matarme estar aquí.
Sonríe indicándome que me levante, dejo todo en la silla y bajamos unas
escaleras que nos llevan a la planta de abajo. Me habla sobre lo que tendría
que hacer y las horas que debo trabajar, mi departamento no es el más
necesitado pero si es vital para el funcionamiento de la empresa. Me presenta a
una mujer y a un hombre que trabajan en mesas separadas, sonríen y son muy
amables. Trevor abre la puerta de un despacho, es pequeño pero más bonito que
en Lawndale, las ventanas van desde el suelo al techo, hay unas persianas
rejadas que las cubren y una mesa donde cabría más de una Nancy tumbada.
– ¿Te gusta?
– Lo adoro, gracias Trevor. Es muy bonito.
– Jaqueline dijo que podías poner tus fotos mientras. Es que se puso de
parto prematuro y no le
dio tiempo a preparar su baja.
– Que no se preocupe, tampoco tengo muchas fotos que poner.
Echo un último vistazo y veo que en mi departamento solo trabajaremos
tres personas, me alegra porque estoy segura de que haré dos nuevos amigos.
Tengo una sensación extraña cuando regresamos al despacho de Trevor, él pone
sus manos sobre mis hombros mientras recojo el abrigo.
– Dime que no te vas y vamos a celebrarlo.
– Me voy, quiero contárselo a Rachel y además, tengo la cena con su
novio. ¿Te apuntas? – Hace una mueca negando – ¿por qué esa cara?
– Nancy, recuerda que te llevo casi veinte años. Podrías ser mi hija y
eso suena como una cita.
– Trevor, – le lanzo el gorro y me lo lanza de nuevo – no es una cita,
yo no tengo citas, además… no
las tendré en un infierno de tiempo. Odio a los hombres.
– Touché – sonríe.
– Por cierto, ¿Bastian no tendrá nada que ver con esto verdad? No me
gustaría tener que enfadarme contigo también.
– En absoluto, él me ayudó económicamente cuando mi empresa se iba a la
quiebra. Pero fue hace muchos años. Y no le veo por aquí desde hace bastante
también, tranquila, que esto es una cosa tuya y mía.
– Vale, te creeré.
– Espero que lo hagas. No juego sucio princesa, si te digo que no tiene
nada que ver, es que no tiene nada que ver.
– Está bien, me voy.
Nos despedimos dándonos un abrazo y salgo del despacho con un sabor de
boca diferente, tengo un nuevo trabajo. A la salida del edificio ando por las
calles de Chicago con otro humor diferente, en el trayecto llamo a Rachel y
salta de alegría, dice que se las arreglará y que eso era lo que quería, que
empezara a trabajar de nuevo en lo que debía. Estoy metiendo el móvil en el
bolso mientras entro de nuevo en otro edificio, estoy nerviosa. La subida del
ascensor es rápida y dentro me da tiempo a arreglarme el pelo, quiero que me
vea con mi gorro nuevo, reviso mi abrigo y lo aplasto contra mí, ajustándolo
para que al menos vea que tengo un cuerpo debajo de toda esta tela.
Las puertas se abren y cuando pongo un pie afuera tengo que retroceder
para mirar la pantalla del ascensor por si me he equivocado. No, no lo he
hecho. Supongo que Bastian ya ha abierto su oficina en la última planta del
Chase.
Atravieso algunos pasillos porque me dirijo a su despacho. Me cruzo con
hombres y mujeres
trabajando de un lado a otro, gente activa que no para de moverse; las
mujeres son personas trabajadoras, no modelos de revistas dispuestas a follarse
al jefe. Me choco una vez más con una maceta que me odia considerablemente, la
coloco de nuevo y cuento los pasos para abrir esa puerta, para ver si está
detrás de ese muro que nos separa o no.
Me planto delante de la puerta y pongo la oreja, sé que hay cámaras y
que probablemente me verá o alguien lo hará, pero me da igual, necesito
prepararme si está con alguien más o no. Me decido sin discusiones a abrirla
antes de que me arrepienta, sé que está aquí, debe de estar aquí.
Toco a la puerta y no obtengo respuesta. Vuelvo a tocar más fuerte y su
voz grave me avisa de que entre, o creo pensar que me ha dado permiso.
Empujo lentamente la puerta arrepintiéndome de estar aquí. Cuando le veo
sentado en su silla, con su chaleco gris y su camisa blanca remangada hasta los
codos, me permito el lujo de babear durante unos
segundos.
Babeo y suspiro como una enamorada porque me está sonriendo, ha dejado
caer un folio que estaría leyendo y no para de hacer contacto con mis ojos.
– Hola – susurro.
– Pasa.
No es una orden, es un efecto provocado por nosotros. No podemos negar
que cuando nos miramos sentimos atracción, tengo el estómago a punto de salir
por mi garganta. Quiero lanzar todas las cosas que tiene sobre la mesa y
poseerlo allí mismo, quiero que me demuestre que aún me ama y que renunciará a
su vida por mí. Quiero que vuelva a ser él, pero no se levanta de la silla.
Cierro la puerta detrás de mí y doy unos pasos cortos e inseguros. Me
acerco a él y sigue sin levantarse, eso sí, se quita las gafas de leer para
verme mejor. No deja de sonreírme y no estamos en ese
punto para llegar y darnos un beso o un abrazo porque los dos sabemos
que vamos a querer más el uno del otro. Me siento en la silla que hay en frente
y me gruñe, se va a levantar y le pongo mi mano en alto.
– No, no te levantes. Solo he venido a… – venga Nancy tu puedes – a…
– ¿A…? – No se burla pero presta atención a lo que quiero decirle.
Levanto mi barbilla, alzo mi cabeza como puedo y le observo fijamente
como si no me importara que estuviera a punto de tirarme a sus brazos y olvidar
el estado de nuestra relación de mierda.
– A hablar de negocios.
Abre los ojos sorprendido, se ríe y cruza los dedos de sus manos que
pone sobre la mesa.
– ¿Y bien? Cuéntame entonces.
– Quiero decirte que, bueno… he… he encontrado trabajo.
– ¿De verdad?, ¿dónde? – Ya me está frunciendo el ceño, lo hace porque
se le escapa el no saber nada y por supuesto el que no va a dejarme a merced de
nadie que no conozca.
– Ems, es… ante todo no he venido a pedirte permiso, si he venido es
porque no quiero ningún tipo de problema. Y con problema quiero decir, que te
mantengas al margen de todo.
– Te he hecho una pregunta.
– En el bufete de Trevor.
– ¿Qué? – Niega con la cabeza – voy a empezar a pensar que realmente te
sientes atraída por él.
– Eso sobraba Bastian.
Me ha lanzado un puñal a mi corazón. No, me ha cogido los restos de un
corazón destrozado y los ha pisoteado como ha querido.
– ¿Te gusta él? Lo digo porque me pasé mucho tiempo intentando que
trabajaras para mí y ahora llega este imbécil y le prefieres a él antes que a
mis empresas.
Gruñe moviendo la mandíbula de un lado a otro, sus palabras son tan
directas que no se da cuenta del daño que me está haciendo. No es su actitud
porque ya sé lo neandertal que es, el problema es que se cree que puede decirme
todas estas cosas y pretender que no me duelan. Lo hace y mucho.
– Solo te aviso de que no quiero ningún problema y ni mucho menos que se
los causes a él.
– Eso ya se verá.
– Bastian, – me quito el gorro y muevo mi pelo porque me estoy agobiando
– no seas así, no le amenaces ni a su empresa, serán unos meses hasta
que vuelva su contable.
– ¿Ya lo has aceptado?, ¿ni siquiera te lo has pensado?
– Por un momento llegué a pensármelo pero… yo decidí que lo mejor sería
continuar con mi vida y si el haber estado contigo me aporta contactos, no voy
a negarles nada, sobre todo cuando me han ayudado.
– ¿Ellos te han ayudado? – Se levanta – ¿te han ayudado más que yo?
– No sé a lo que te refieres y no quiero saberlo tampoco. Bastian, no…
no tengo que pedirte permiso de las cosas que haga, – yo también me levanto y
desabrocho mi abrigo quitándomelo porque estoy asada de calor – solo te pido
que… que no interfiera en tu amistad con él y por supuesto no le hagas perder
su empresa.
– ¿Te gusta? – Pone sus manos en su cintura y mi expresión sigue siendo
la misma, no se da cuenta de
que me está haciendo daño – no te hagas la tonta conmigo Nancy, si es
así, quiero saberlo.
– No Bastian, no me gusta. ¿Contento?
– No. No estoy nada contento.
– Te repito, que no vengo pidiendo tu permiso. Él ha sido amable conmigo
y… – alzo la mano ante su replique y cierra la boca – y voy a aceptar esa
oferta como un favor profesional. Nada más.
– Él te mira mal Nancy, te come con los ojos, te da el repaso de arriba
abajo cada vez que te ve y no te das cuenta. Yo sí, porque soy hombre y sé cómo
piensa ese degenerado que deja un rastro de babas a tus pies.
– Bastian, sin ánimo de ofenderte, pero te recuerdo que no estamos
juntos. Todos los hombres en el mundo tienen derecho a mirarme y a fantasear
conmigo, estoy soltera, no tiene que importarle a nadie.
No ha escuchado la última palabra cuando lanza las cosas que hay sobre
su mesa, la aparta a un lado y da tres pasos en mi dirección. Me hace temblar y
que le tenga miedo, sentir el pánico que había perdido porque creí que le
conocía, ahora he vuelto al principio donde este hombre me intimida y no tengo
ninguna escapatoria. A pesar de todo, no me muevo, espero a que se relaje y se
tranquilice.
– No es la respuesta.
– Bastian.
– No voy a permitir que trabajes en una empresa que no sea la mía – se
me llenan los ojos de lágrimas, no le voy a dar el gusto de verme llorar – me
da igual lo que digas.
Sube su mano derecha al corazón como si estuviera matándole. Él no sabe
que yo ya estoy muerta por dentro.
– Yo no… no voy a decir nada más Bastian.
Sólo pensé que… que sería bueno que te enterases por mí si escuchabas
algo por ahí. Haré esto porque me lo pide el corazón. Yo también tengo derecho
a vivir.
Me doy la vuelta para irme pero su brazo aprieta el mío. Lo miro y no me
fuerza, solo me pide que no me vaya, que le dé un abrazo y que le intente
trasmitir que no habrá otro en mi vida. Siento una descarga eléctrica que
recorre mi cuerpo, mis rodillas tiemblan y mi corazón empieza a latir de nuevo.
Si Bastian es mi única cura, yo soy la única cura para él.
– Quédate.
– No será bueno para los dos, – susurro sin mirarle a los ojos –
últimamente no acabamos muy bien.
– Me importa una mierda últimamente, te quiero a ti, aquí. Conmigo y
solo conmigo.
Ahora sí que aprieta mi brazo y me arrastra contra él, me dejo llevar
hasta tocar su cuerpo y dejo
que me abrace. Sus dos brazos rodean mi cintura y yo levanto los míos
para apoyarlos sobre él poniendo mi cabeza cerca de su cuello porque no le
llego más arriba. Estoy aterrada por lo que podamos hacer ahora mismo, cuando
quiero separarme de él me aprieta más fuerte. Tantea mi cintura y le conozco lo
suficiente como para saber que va a hacer.
– No, Bastian.
Sí. Me eleva en el aire, me apoya contra la pared y entierra su cabeza
en mi cuello para esconderse del mundo, para encontrarme a mí y perderse en mi
luz, como lo ha hecho tantas veces en el pasado cuando se agobiaba. Rodeo mis
piernas en su cintura para no caerme, tengo un trozo de algo que está
haciéndome daño en la espalda pero no me voy a quejar, tengo a Bastian conmigo
y me necesita. Baja sus manos a mi trasero y me empuja hacia arriba, eso
formaba parte del plan cuando estábamos juntos, ahora se siente raro que me
toque cuando no somos pareja.
Su respiración empieza a calmarse y con ella la
mía. Significa mucho este momento para los dos porque era nuestro ritual
de estrechez, aquel al que Bastian recurría cuando no podía controlarse más. Si
estamos así es porque él ha tocado fondo y me asusta que yo sea la culpable de
todo.
Me muevo porque me está molestando bastante lo que sea que tenga en mi
espalda.
– No, todavía no – refunfuña haciéndome cosquillas.
– Hay algo en mi espalda que me está matando, un clavo o algo así.
Levanta la cabeza, me mira con el ceño fruncido y me aparta mirando que
efectivamente había un clavo suelto apretando mi espalda.
– ¿Te duele?
– No, no pasa nada – vuelve a gruñir porque no le gusta que le mienta,
me deja en el suelo y me gira de
espaldas a él – ¿qué haces?
– Evaluar el daño. Pon tus manos sobre la silla y dóblate.
– No ha…
No hace falta. No. Pero lo hago, pongo las manos sobre la silla, doblo
mi cuerpo un poco y Bastian me levanta el jersey hasta que llega a la cima de
mi espalda para acariciar la zona afectada. No digo nada porque no es nada,
solo es un punto en mitad de mi espalda, pero él se encarga de pasar otra vez
la yema de su dedo y certificar que no reacciono por el dolor.
– No es nada.
– Lo sé, – me bajo el jersey y le enfrento – Bastian, no puedes…
simplemente no puedes hacer eso.
– ¿Qué no puedo hacer?
– Actuar como si todavía fuésemos novios. No lo somos.
– Eso lo has repetido durante mucho tiempo, creo que he captado el
mensaje.
– Pues deja de actuar como si todavía te importase.
– Me importas.
– No cuando no estamos juntos.
– Te recuerdo que… – le levanto la mano de
nuevo.
– Nada, no me recuerdes nada. No vuelvas a medio desnudarme en tu
despacho como si fuera una…
– No lo digas – está vez se cruza de brazos y levanta su cabeza, está
dispuesto a gritarme de nuevo como diga la palabra.
– Solo… déjame. ¿Y sí hubiera entrado alguien?
– Está prohibido entrar en el despacho del jefe, por eso no verás a
nadie afuera.
– Eso no es excusa.
– No, no lo es, pero ha pasado y punto. Si te has hecho daño debía
asegurarme de que estabas bien.
– ¿Y las heridas de mi corazón, vas a asegurarte de que están bien?
Porque desde que he vuelto a Chicago no has hecho otra cosa que romperme el
corazón.
Deja caer sus brazos y retrocedo, los dos estamos demasiado cerca para
que pase cualquier cosa. Baja su cara hasta llegar a la mía y me sonríe.
– Te recuerdo que eres tú la que no me dejas curarte esas heridas,
señorita.
– Porque eres un cerdo.
– Eso creo que también me lo has dejado claro.
– Te odio – le susurro y da dos pasos hacia atrás riéndose, se gira y
coloca la mesa – no te rías gilipollas.
– Creo que pasas demasiado tiempo con la pitbull, se te están pegando
los modales de los barrios bajos.
– No has dicho eso.
– Sí lo he dicho – sigue riendo.
Entrecierro los ojos y hago lo que mejor se me da hacer. Cojo un
archivador y se lo lanzo, le da en la espalda, me mira frunciendo el ceño y
niega con la cabeza. Sigue recogiendo cosas cuando hago lo mismo, pero esta vez
cojo un rotulador y se lo lanzo de nuevo para verlo estrellarse contra su
cuello. Continua recogiendo y me ignora, ¿ah sí?, me agacho cogiendo
su portátil y él es más rápido quitándomelo de las manos, forcejeamos
sin risas hasta que consigue fácilmente arrancarlo de mi agarre.
– Dámelo, yo lo vi primero.
– No, Nancy. Vete y que te dé el aire fresco. Es más, da unas vueltas
por la ciudad y elimina el odio de tu sistema. No te aguanto cuando te pones
así, – me gira ignorándome y me acerco para pegarle en la espalda – ¿has
escuchado lo que te he dicho?, ¿o tu odio no te ha dejado escucharme?
– Eres un gilipollas, inmaduro, insensato, incoherente y un… un…
No me mira, ni siquiera quiere verme. ¿Hasta dónde ha llegado su
aceptación de la ruptura?, ¿no entiende que si hago esto es para llamar su
atención?, ¿para decirle que te todavía me importa y que le amo?
Espero dos minutos mirando cómo pone cada cosa en su sitio, como
organiza su mesa, está de
espaldas a mí y aún no me ha dirigido la palabra. Cuando acaba se gira
para colocar ambas sillas delante de la mesa y frunce el ceño.
– ¿Aún estás aquí?
– ¿Por qué eres así? Yo no te he hecho nada.
– Yo no soy la que está actuando infantil.
– ¿Ahora soy infantil? – Me cruzo de brazos, este debe de ser algún
truco para provocarme, tengo que admitir que echaba de menos que me provocara –
antes no te importaba que lo fuera.
– Porque antes no actuabas como tal. Ahora sí.
– Bonita apreciación Señor Trumper, – me mira para fruncirme el ceño y
gruñirme – ojala hubieras hecho una apreciación antes, lo digo para que te des
cuenta de que yo sigo siendo la misma.
– Vete de mi despacho Nancy, no quiero seguir
hablando contigo.
Este puñal me lo lanza en llamas, ha ido directo a mi corazón. ¿De
verdad se piensa que estamos discutiendo en serio? Yo solo estoy intentando que
las cosas sean como antes y no lo son, me he dado cuenta que no le llamo la
atención de ninguna manera y que no me quiere aquí. Bastian, él jamás me
hubiera echado de ningún sitio, él nos quería juntos a todas horas, íbamos
hasta sellarnos la mano o algo así, ese hombre ha desaparecido, ese hombre
murió con la vieja Nancy.
Me pongo el abrigo rápidamente mientras intento que mis lágrimas se
queden detrás de mis ojos, le miro para ver si es algún tipo de broma y no es
así, está ordenando unos papeles y tachando con un rotulador mientras está de
pie. No se ha sentado, solo se ha puesto las gafas y tiene una mano sobre la
mesa. No por favor, no puede haberme olvidado. Yo le quiero.
Coloco mi bolso encima de mi abrigo y lo hago
lentamente para darle tiempo si quiere arrepentirse de sus palabras, no
lo hace. Pongo mi gorro encima de mi cabeza sin importarme si luzco bien o mal,
al único que quería impresionar era a Bastian y ya no me hace caso. Esto se ha
acabado para siempre.
Me giro dándole la espalda al hombre que amo, estoy enamorada de él y no
habrá nadie como él. Estoy pensando en darme la vuelta y suplicarle que
volvamos juntos, que le obedeceré y haré lo que me pida con tal de que no me
deje, pero un último vistazo me avisa de que ni siquiera me ha mirado para
verme. Siempre lo hacía, amaba verme como caminaba, decía que me deslizaba como
un ángel, no como un pato como solía decirle a menudo. Trago saliva negando mi
derrota, lo he perdido y lo he hecho para siempre, si él no reacciona ante mí
es que ni si quiera siente nada.
– Adiós – le susurro para que me escuche y sé que no voy a obtener
respuesta.
– Adiós Nancy – abro la puerta lentamente y sin arrepentimientos, vamos
Bastian, no puedes
echarme de tu oficina porque lo hayas hecho en tu vida. Tienes que
quererme – por cierto Nancy.
Sonrío pero intento que no se me note tanto, soy experta en ocultar mis
sentimientos. Giro mi cuerpo para ver que ahora si tiene sus ojos clavados en
los míos.
– ¿Sí?
– No vuelvas a ponerte ese jersey otra vez. Se te transparenta todo.
Elimina de mi sistema toda la esperanza, cuando voy a replicarle él
vuelve su mirada al folio mientras yo salgo de su despacho e intento no
romperme.
El ascensor me ha matado hoy porque estoy intentando no llorar. Espero
que esté siguiéndome, aunque si no lo ha hecho cuando estábamos juntos, no lo
hará ahora. Camino a paso ligero por las calles llegando lo más rápido posible
a la tienda, Rachel está a punto de cerrar y tengo allí el coche.
Mi amiga está apagando las luces cuando entro y me sonríe. Yo no lo
hago, tengo un nudo en la garganta que no puedo controlar, necesito meterme en
la cama para llorar, fingiré que tengo el periodo o me inventaré cualquier
cosa.
– Hola Nancy, llegas justo a tiempo, – su felicidad me sienta bien –
¿cómo ha ido?
– Bien. Ems, ya tengo trabajo y… bueno.
– Me alegro tanto por ti, un bufete es perfecto. ¿No crees?
– Sí. Mañana empezaría, aunque Trevor me ha dicho que me incorpore el
lunes.
– Qué ilusión. Pues vámonos, creo que ahora toca poner nuestras mejores
caras ante la nueva afición de mi novio. La cocina.
No digo nada en el trayecto a casa. Me habla
de cosas que no logro entender, no porque no quiera, es porque en mi
cabeza no cabe nada que no sea la actitud de Bastian. ¿De verdad me ha
olvidado?, ¿cómo ha podido pasar del amor al odio en unos días? Ni siquiera me
ha dado la oportunidad para que hablemos o discutamos, solo ha girado su cara y
ha preferido no mirarme. ¿Es eso mejor? Me duele que haya acabado de esta
forma, al final he hecho que se aleje de mí, era lo que quería en un principio
pero nunca lo decía en serio. ¿Cómo voy a querer apartar de mi lado a la única
persona que he amado, amo y amaré el resto de mi vida? No puedo renunciar a lo
que siento, no me apetece salir con otro que no sea Bastian, yo… yo le quiero a
él, a mi neandertal, al único que me robó el corazón, lo destrozó y me lo devolvió.
– ¿Qué? – Le digo a mi amiga.
– ¿Me estás escuchando?, ¿va todo bien?
– Sí, el tráfico.
– Los atascos son una mierda, bueno, entonces, ¿qué tal te fue con
Trevor?
– Ems, yo… yo te… yo – bajo el nudo de mi garganta, que difícil me es
seguir respirando con la carga que llevo a mis espaldas – él, me… él me… me
propuso.
– Ah, estupendo – me sonríe, ¿ni siquiera mi amiga me regaña cuando
tartamudeo? – Mañana tenemos un largo día en el local, ¿crees que vendrán
muchas personas?
– Sí, porque yo me he… oh mierda – freno porque un coche se me ha
atravesado.
– ¡El semáforo subnormal! – Me grita un hombre.
– ¡Ha sido un error pedazo de imbécil! – Rachel le responde – por favor
Nancy, intenta no, intenta no matarnos antes de Halloween.
– Lo… lo siento yo… yo no lo he visto.
Aparco el coche a un lado de la carretera y saco las llaves, mis ojos
están llorosos y me he cansado de esconderme. El sábado a primera hora me
marcharé a Crest Hill y no saldré de allí, quiero despedirme de mi vida con la
fiesta de Halloween y ya no hay marcha atrás, no cuando Bastian me ha dejado de
amar.
– ¿Nancy? – Mi amiga me habla y salgo del coche, ella hace lo mismo – eh
Nancy.
– Estoy… estoy bien… solo que… no puedo conducir.
– Tranquila, – me susurra – yo lo haré.
– No.
Rodea el coche por delante y se acerca a mí, no quiero que nadie me
toque, ya no tiene sentido ni siquiera responderle.
– ¿Cómo qué no? Vuelve al coche, yo conduzco.
Ahora le afirmo que sí con el movimiento de mi cabeza. ¿Qué hago? Me
estoy volviendo loca. Volvemos al coche y ella conduce con torpeza pero
conseguimos llegar a casa. Una vez dentro me encierro en mi habitación, en el
baño de mi habitación y me meto dentro de la bañera que previamente he llenado
con agua.
Rachel lleva un buen rato tocando a la puerta de mi habitación sin
respuesta, abre la del baño sin tocar y se planta delante de la bañera.
– ¿Qué haces? – Le pregunto sin mirarla.
– Me has dado un susto de muerte – prácticamente la muerta soy yo, no
lloro, no siento y no quiero hacerlo de nuevo.
– Te dije que iba a darme un baño.
– Pero un baño es un baño, no un encerramiento, llevas más de media hora
aquí. ¿Sigues ahí? – Habla con alguien desde el móvil – sí, está bien, solo
estaba dándose un baño. Sí. Vale. Sí. Adiós.
– Cierra la puerta, hace frío.
Mete su mano en el agua y ve que tampoco está caliente.
– Venga Nancy, es hora de salir. Vístete que Alan vendrá pronto.
– Quiero relajarme un poco más, – le digo mirando al azulejo que tengo
frente a mí y que no he dejado de mirar desde que entré – yo quiero quedarme
así, para siempre, estoy a gusto, no siento nada excepto el agua que me cubre.
– No lo repito dos veces, mi novio va a venir y me va a volver loca en
la cocina.
– Te traerá donuts – me río.
– Eso espero o hoy duerme en el sofá – se gira para coger una toalla y
cuando se vuelve me pilla mirándola, le sonrío – ¿qué?
– Bastian solía comprarme chocolatinas, sabe que me gusta el chocolate.
– ¿Sí?
– Sí, – pongo mis brazos en el borde de la bañera – siempre solía
esconderme una debajo de una servilleta o me la ponía en el espejo del baño, a
veces me la encontraba en mi almohada y ¿sabes qué?
– No – se sienta en el retrete mientras me atiende.
– Siempre me decía que lo hacía porque leyó en un artículo que el
chocolate era el sustituto del sexo y estaba más que demostrado que se
equivocaban. Reiteraba en más de una ocasión que era mentira, que
yo tenía sexo y me gustaba el chocolate. Curioso ¿verdad?
– Sí, lo es.
– Es una pena. Él probablemente use las mismas tácticas con otra mujer.
Puede que esa mujer le haga padre y que salga al parque con la familia que
siempre ha deseado, empujará en un columpio a su hijo, besará a su mujer y
disfrutará del futuro que siempre ha soñado.
– Oh Nancy, no llores más. Sal de la bañera y no digas más tonterías.
– Hoy le he visto Rachel, – ella se levanta y suspira – sé que me ha
hecho daño y yo a él también.
– ¿Por qué has ido a verle?
– Algo me impulsaba a hacerlo.
– ¿Estás así por él?
– No, estoy así porque él ya no está enamorado
de mí
– Eso es lo que querías ¿no? – Me lanza la toalla a la cara y se va.
– Rachel, estoy hablando contigo.
Frunzo el ceño y aparto mis lágrimas, ¿por qué se va? Estaba abriéndole
mi corazón, buscando entre mis recuerdos y asimilando que no estoy con Bastian.
¿Ni siquiera mi amiga me da la oportunidad de desahogarme? ¡Oh Dios mío! Ella
también se habrá cansado de mí, ya no le interesará mi vida o mis sentimientos
por Bastian.
– Nancy, – vuelve a aparecer en el baño mientras tengo la toalla en mis
manos y estoy a punto de levantarme – ¿quieres mover tu trasero pálido y
traerlo afuera? En dos minutos Alan estará aquí y te quiero afuera.
CAPÍTULO 15
– Rachel, ¿estás segura de que la gente pensará que voy disfrazada?
– Te falta la peluca, pero tu disfraz está bien, aunque tus tetas…
– Alan, no le digas eso, es tu amiga. Nancy, estás preciosa.
– No sé yo, me siento como si hiciera el ridículo.
– ¿Tú ridículo? Por favor, Alan va disfrazado de
vaca y yo de geisha, tú no haces ningún ridículo. Estás preciosa.
Entremos de una vez que estás almohadas en la espalda me están matando las
dorsales.
Alan y Rachel se adelantan mientras yo les sigo el paso. Hemos llegado a
la fiesta que hemos organizado, deberíamos haber venido antes pero Alan se
negaba a meterse en el disfraz de vaca que Rachel le había comprado, ella
también ha comprado el mío. Me miro nuevamente y sonrío, no parece que vaya
disfrazada y temo hacer el ridículo. Se supone que mi disfraz es de Morticia
Adams pero sin peluca negra porque Rachel dijo que no le gustaba, así que llevo
un vestido negro largo que se arrastra por el suelo y con un importante escote
que hace que se me vean casi las tetas. Los zapatos negros me están matando y
no me he maquillado porque Rachel dice que voy más guapa al natural y me
asemejo al personaje, en fin, una noche que espero olvidar. Mi última noche.
Al entrar, mis amigos no se separan de mí porque me llevan hasta las
gemelas y algunos otros amigos de Rachel, doy un vistazo a todo el local y nos
ha quedado perfecto. Hay telarañas falsas que cuelgan de los techos,
calabazas colgadas sobre la pared, una bola de calaveras que ilumina la pista
de baile y muchos más detalles que hemos preparado para esta noche.
Me ausento un momento en el grupo tras unas risas falsas y palabras
amables hacía gente que no merece mi compañía, vierto un poco de ponche en mi
copa y suspiro desanimadamente. Observo como se ha llenado este lugar, al
final, recorrer la ciudad promocionando la fiesta ha tenido su merecido. Esto
es más grande de lo que creía y hemos alquilado todo el edificio a mitad de
precio, tiene cuatro plantas y las tres de arriba están cerradas al público ya
que el dueño no quiere que nadie pase. Estoy de brazos cruzados jugando con mi
copa y haciendo nada cuando una sonrisa se acerca por mi izquierda, le quiero
ignorar pero pienso que es demasiado tarde.
– Hola Nancy, estás muy guapa.
– Hola Dave, ¿qué tal? No te veo desde hace
tiempo.
– Los parciales me tienen agobiado y ocupado. ¿Qué tal estás?
– Genial, ¿quieres bailar?
– Sí, ¿por qué no?
Me sonríe y dejamos la copa que llevábamos en la mano para salir a la
pista de baile. Aprovecho que hay una canción con ritmo para mover mi cuerpo,
subo los brazos y me contoneo mientras las lágrimas caen por mi cara, giro la
cabeza en círculos moviendo mi pelo, haciéndolo leónico como le gustaba a
Bastian. No le he visto desde que me echó de su despacho y dejamos una vida
atrás que podía haber sido bonita. En estas horas no he tenido tiempo ni de
pensar, Rachel me ha mantenido ocupada todo el tiempo y cuando me ausentaba
estaba preparada para mandarme a hacer cosas. Hoy es mi última noche, no les he
dicho nada a mis amigos para no preocuparlos pero si se lo he dicho a mi madre,
mañana me voy a Crest Hill para empezar
mi vida allí.
– ¿Qué haces? – Rachel tiene los ojos abiertos y aparta de mi lado a
Dave con simpatía – Nancy.
– Baila Rachel, siente la música.
– Llevo un kimono y soy una geisha elegante, no puedo mover ni una
pierna.
Me agarra por la cintura alejándome de la pista de baile.
– Eh, ¿por qué me apartas de allí?
– Hay demasiada gente y no quiero que te aplasten, baila aquí.
Entrecierro los ojos y las dos acabamos riéndonos. Le ayudo a bailar y
me divierto un poco mientras intento que los recuerdos no se apoderen de mí.
– Me gusta esta canción, Bastian solía amar como la bailaba para él.
Su sonrisa hace que niegue con la cabeza. Sí, he nombrado a Bastian como
seis millones de veces recordando lo que le gustaba de mí, lo que hacíamos
juntos y como se ha olvidado de todo eso de la noche a la mañana. Rachel me ha
tenido que soportar e intenta esquivarme cada vez que le nombro, pero yo era
más lista y le repito una y otra vez lo hermoso que era el amanecer a su lado y
la cantidad de cosas que hacíamos juntos cuando no estaba absorto en su club.
Una hora después me veo sentada en una escalera porque mi zapato derecho
se me ha roto, hago lo que Bastian me hizo en Las Vegas, romper el otro tacón e
igualarlos, una vez que estoy sin ellos veo como el vestido se arrastra por el
suelo mucho más cuando camino. Las mangas largas me producen un poco de calor y
reajusto mi escote, Bastian no aprobaría este vestido y más si no estoy con él.
Sonrío porque le quiero más que a mi vida y voy a echar de menos a ese hombre
que me vuelve loca. Avanzo unos
pasos y me mezclo entre la gente, bailo restregándome con unos y con
otros y hacen que me ría mucho cuando veo a Alan entre todos ellos.
– Eh Nancy, ven aquí – me coge de la mano y me saca de la pista de
baile.
– ¿Qué?
– Te he traído tu refresco favorito en lata, tal y como te gusta.
– ¿Y para eso me has sacado de la pista de baile? Podrías haber
esperado, esta canción me gusta mucho.
– No te quejes, estoy teniendo un detalle.
– Esta bien, – abro la lata y bebo a sorbo – ¿dónde está Rachel?
– Con rubia hablando de un anime o algo así, estaban medio discutiendo
sobre algo.
– Sí, es su tema de conversación favorito. Oye, ¿estáis bien? Quiero
decir, ems… bien como pareja.
– La verdad es que si Nancy, no voy a mentirte. Empezó como una
tontería, luego hablábamos más y prácticamente tú nos uniste. Ahora ella es una
de mis mejores amigas y alguien a la que quiero mucho. Nos complementamos bien.
No quiero que se me note que me voy a ir mañana y le regalo una sonrisa,
le acaricio el brazo y me muevo al son de la música.
– ¿Y tú cómo estás?
– No importa, no sirve de nada que te cuente como estoy. Alan, prométeme
que vas a cuidar mucho a Rachel, ella es especial para mí, inclusive es más
especial que tú. Prométeme que no le harás daño.
– ¿Qué? No, no le haré daño. ¿Por qué dices eso? Vas a ver que no se lo
hago.
– Quiero asegurarme de ello, iré a trabajar, no estaré con ella tanto
tiempo y bueno… ya sabes.
– ¿Cuándo empiezas?
– El lunes a primera hora.
– Estoy feliz por ti, vas a empezar un nuevo trabajo y tienes una vida
nueva, ¿no es genial?
– Sí, por supuesto, – me da un beso en la cabeza alejándose conmigo de
la mano – no, ve tú, tengo que ir al aseo.
– Está bien, estoy al lado del DJ, ¿vale?
Le sonrío esperando a que se dé la media vuelta para dejar en el suelo
la lata de refresco, pongo las manos sobre mi cabeza y echo mi pelo hacia
atrás. Creo que es hora de irme ya, había pensado fingir hasta mañana pero creo
que ahora es el momento. Tengo en el maletero de mi coche la maleta que he
guardado disimuladamente, he recogido todo y me lo llevo de vuelta a
casa, de donde nunca debí salir.
Cierro los ojos mientras apoyo la cabeza sobre la pared, recuerdo las
palabras de mi madre cuando la llamé anoche. Me decía que no volviera, que
aceptara el trabajo y que dejara a la vida poner las cosas en su sitio. Ella es
tan positiva, si tan solo supiera que he peleado con Bastian y que no me ama,
no pensaría así. Le he comentado que me aburro en Chicago y que no me gusta
estar aquí, que prefiero el calor familiar y poder aprender la repostería como
ella me enseñó cuando era pequeña. Sí, mucho antes de encontrar a un hombre que
pusiera mi mundo patas arriba. Abro los ojos y suspiro, ya ha llegado la hora
de cerrar una etapa de mi vida.
Me despego de la pared mirando hacia todos porque hay un revuelo en
alguna parte de la fiesta, supongo que Rachel ha decidido hacer lo de la piñata
y aprovecharé ahora que están todos ocupados. Me muevo lentamente entre la
gente hasta que veo a dos personas que destacan del resto.
– Lo que me faltaba, ¿cómo se atreve?
Bastian está aquí y no precisamente solo. Lleva de su brazo a una morena
que deja al resto de mujeres por los suelos, su vestido es dorado y ambos están
sonriéndose. Me sube desde el vientre unos sollozos que no logro evitar, tengo
que sacar fuerza mientras retrocedo entre la gente para que no me vea. ¿Por qué
aquí? Ha venido a hacerme daño, sabe que vendría a la fiesta, lo sabe porque
Rachel le ha alquilado el edificio a Bastian. No voy a poder superar nuestra
relación, el verles juntos me está matando, ver cómo le sonríe y como deja que
todos le miren me está rompiendo el alma. Pongo una mano en mi boca para que
nadie me vea llorar, la subo a mis ojos y seco mis lágrimas, no, no voy a
dejarle que me vea y mucho menos así. Antes de darme media vuelta Rachel se
acerca a los dos, saluda a la mujer sonriendo y también a Bastian, ¿ahora se
llevan bien? Pensé que lo del local era para que Bastian me tuviera segura o me
observase, cosas de Bastian, pero me estoy dando cuenta de que debe de haber
algo más. Ellos se han
debido perdonar o algo.
La risa de Bastian es la verdadera razón por la cual estoy quedándome
aquí embobada mirándole, torturándome cuando él aprieta el agarre de esa mujer,
ella es guapa, ¿será la futura madre de sus hijos? Vuelven a caer mis lágrimas
y no puedo evitarlo, aspiro mis mocos y continúo con esta mierda que está
hundiéndome cada vez más. Alan se une a ellos y él no lo mira mucho porque se
queda embobado con las tetas de ella y Rachel le golpea, nunca cambiará.
¿Quiero quedarme con esta última imagen de él? Debo de, esta será la última
imagen. La de un hombre poderoso que tiene el poder de destruir el corazón de
una chica enamorada, la de un hombre que ha preferido acudir a un club antes
que el amor de una chica que le ama y la del hombre que me está mirando ahora
mismo a los ojos. Me pilla mirándole pero no me aguanta la mirada, me gira la
cara para volver a pasar el brazo por la cintura de esa mujer. Estallo en
sollozos y decido subir las escaleras agarrando mi vestido mientras corro
llorando por los pasillos que desconozco. Cuando me canso más pronto que tarde
me apoyo en la pared y me arrastro hacia el suelo.
– Perdone, ¿sabe dónde están los baños? – Un conejo me está hablando y
muevo mi cabeza negando
– ¿sabes dónde están?
Me levanto del suelo con dificultad porque me tiemblan las manos y casi
caigo cuando este hombre me agarra.
– Estoy… estoy… yo
– Señorita, ¿está bien?, ¿está borracha?
– De amor… borracha de amor. Hay un hombre que me está haciendo daño,
él… él… ya… él está con otra.
– Vaya – sujeta mis brazos porque me caigo al suelo y no consigo ponerme
recta.
– Él no me ama ¿sabe? Un día lo hizo y fui tan feliz, luego prefirió su
club antes que a mí. ¿Por qué?
– No lo sé, ¿quiere que llame a alguien?
– ¿A quién? He venido sola y sola me iré. Mi amiga me ha traicionado
hablándole, le prefiere a él, prefiere hacerse amiga de la zorra que lleva del
brazo, antes que… antes que estar aquí.
– Señorita, voy a llamar a un taxi.
Apoyo mi cabeza sobre el disfraz peludo del conejo, el hombre intenta
sujetarme por los brazos y acaba poniendo el suyo en mi cintura, si me deja
sola me voy directa al suelo y no me levanto. Consigo llorar en el pelo de su
disfraz mientras seco mis mocos al mismo tiempo, sollozo aunque los ruidos de
la música llegan aquí y no se escucha nada, el hombre no se mueve porque se
queda intacto esperando a que yo me tranquilice. Lo hace como lo hacía Bastian,
mi Bastian… quiero a mi Bastian.
– Por favor, dígale que le quiero, dígale que venga que yo quiero verle,
le quiero ver y quiero que
me perdone.
– ¿A quién debo de llamar?
– A Bastian… él… él está aquí… pero… ya estoy bien, sí.
Me aparto de sus brazos quitando las lágrimas de mis ojos esperando a no
caerme. El hombre me mira muy mal y se va dejándome sola. Suspiro apoyándome en
la pared de nuevo. Definitivamente me estoy volviendo loca.
– Nancy.
Nuestros ojos hacen contacto cuando sube el último escalón y huyo de él,
cojo mi vestido con las dos manos y corro como nunca antes lo he hecho. Sus
gritos llamándome me dejan sorda, quiere hacerme entender que no es lo que
parece, que volverá a ser el mismo cabrón de siempre. Subo más escaleras
cruzando pasillos que solo son iluminados por las luces de emergencia y aquí no
suena la música. Su voz se
acerca siguiendo mi rastro, miro hacia atrás para comprobar si todavía
me sigue y justo le veo girar como acabo de hacer; grito fuerte, abro una
puerta y la cierro detrás de mí.
– Vete – susurro, vete.
No sé dónde estoy. Palpo la pared buscando la luz pero no la veo porque
las cortinas están abiertas y las luces de la calle dan luz a este salón de
estar. Diviso una lámpara sin dudar en encenderla. La puerta retumba fuerte a
punto de romperse porque se mueve con brusquedad.
– Nancy, abre, abre la puerta nena. Abre por
favor.
– No entres, me asustas, – trago saliva y vuelve a forzar la puerta –
vete, vete.
– Nena, voy a derribar la puerta, aléjate.
– Bastian, no… no lo hagas. Estoy asustada.
Cojo un cenicero sujetándolo fuerte porque pesa mucho y no es
precisamente de plástico. La puerta se vuelve a mover y lo hace de nuevo pero
esta vez llevándose consigo el marco entero, un nuevo golpe y Bastian la abre
sin romperla del todo. Lo primero que hago es lanzarle el cenicero que cae a
sus pies tras haberle golpeado en el pecho.
– Tenemos que hablar.
– Tú y yo no tenemos nada de qué hablar, vete o estoy dispuesta a llamar
a la policía.
– Te dejo mi móvil para que lo hagas si así lo deseas, pero déjame
explicarte.
– ¡QUE NO ME EXPLIQUES UNA MIERDA BASTIAN TRUMPER!
Grito tan fuerte que me duelen hasta los oídos. La rabia que recorre mi
cuerpo me hace coger la lámpara, avanzar la distancia que nos separan y
estrellarla contra su brazo tan fuerte que se rompe.
Ambos la vemos caer, le he hecho daño porque se ha quejado y lo he
notado, se ha roto y ahora yace en el suelo. Yo… yo le he hecho esto, ¿en qué
me estoy convirtiendo? Soy una neandertal cavernícola pero arrastrando conmigo
misma al hombre de mis sueños. Lloro mientras él me frunce el ceño, no duda en
elevarme por la cintura y estrellarme contra la pared.
Eso duele, pero no tanto como lo que ha hecho
él.
– ¡HAS JODIDAMENTE TERMINADO TUS TONTERIAS!
Me grita tan fuerte que las partículas de su saliva mojan mi cara y yo
le golpeo la suya.
De repente mi cuerpo choca aún más contra la pared respirando fuerte y
entrecortadamente por la adrenalina, por la rabia, por el dolor, por la ira de
no poder luchar por mi relación como quise. Me cansé de llorar y de esperar a
que se decidiera, él ya lo ha hecho por los dos.
– Déjame irme – sus dos manos presionan mis hombros contra la pared, no
necesita poner demasiada fuerza cuando yo no la tengo para huir – yo…
– No vas a ir a ninguna parte – no le miro, pero sé que va vestido con
mi traje favorito, el tres piezas gris con el chaleco y su corbata negra –
nena.
Mis ojos se pierden en todos los sitios e intento huir pero no puedo.
Nuestra agitada respiración se apodera de los dos porque estamos muy nerviosos,
tenemos que calmarnos y él lo está haciendo mejor que yo.
– Hueles a perfume de mujer.
– Será el tuyo – su mentira hace que esta vez me pierda mirando su boca.
Sus labios carnosos provocan en mí lo que jamás haya podido imaginar, su barba
es de dos días como la solía llamar, adoro su barba de dos días – nena, mírame
a los ojos por favor. Voy a soltarte.
En algún momento lo hace y me suelta, pero no tengo fuerzas para ni
siquiera pensar en correr de nuevo. Porque me encontrará, siempre lo hace. Pone
un poco de sensatez a nuestra extraña relación retrocediendo dos pasos hacia
atrás mientras yo me cruzo de brazos sin mirarle, tampoco voy a llorar. Las
últimas lágrimas por este hombre las acabo de echar sobre un conejo.
– Tengo sed – logro decir.
No voy a discutir nunca más, punto y final.
– Si es una estrategia para que vaya a traerte agua lo haría encantado
si cuando volviera estuvieras en el mismo sitio donde te dejé, – pone una mano
en su corazón y suspira fuerte – nena, yo…
– Tengo realmente sed – digo de nuevo y esta vez me mira frunciendo el
ceño, está confundido, no sabe si le miento o no – no es ninguna estrategia, la
tengo. Pero adelante, suelta el discurso que has
preparado y déjame ir a beber agua.
– ¿Discurso que he preparado?
– Claro, el “oh nena” y todas esas frases que vas a repetirme
nuevamente.
– Mi intención no es repetirte nuevamente ninguna frase, créeme, no lo
he intentado.
– ¿Qué quieres? – Levanto mi barbilla – ¿me necesitabas para algo? Como
te he visto correr detrás de mí pensaba que ibas a atacarme o robarme o…
violarme.
– ¡Ya basta nena!, ¿no crees? Ya hemos tenido suficiente los dos.
– ¿Suficiente? No lo creo, acabo de encontrarme con un conejo en el
pasillo. Eso no es suficiente, he visto a un elefante también pero era gordo y
su barriga casi me deja sin el último pastel que había en la bandeja al lado
del ponche.
– Nena…
– También he visto a una jirafa, pero el disfraz era horrible y una
pizza andante, por supuesto que te has perdido el rinoceronte, ¿sabes si se han
puesto de acuerdo para ponerse disfraces de animales? – Me mira sin expresión –
no, no lo sabes porque estabas tan ocupado sobándote con esa mujer que has
traído de tu brazo que no te has dado cuenta.
– Nena no…
– Eh, – levanto las manos – que eres un hombre soltero al igual que yo,
puedes hacer lo que te plazca, pero es bastante cruel venir aquí sabiendo que
estaría yo.
– Por eso es que…
– Pero insisto, – levanto los brazos nuevamente
– ¿sabes si se han puesto de acuerdo? Porque como vea a una rana
disfrazada o a un cocodrilo, me voy a
preocupar.
– Para Nancy, ya está bien, no sigas…
– Aunque ya que estás aquí te falta tu disfraz, el del león. ¿Te
acuerdas de mí? Lo digo por si te has olvidado. Te solía llamar león porque me
fascinaba la fuerza que desprendías, como acechabas a todo el mundo y como
conseguías hincarle el diente a todo aquello que te molestara. A mí también me
lo hincaste y bien hincado, aunque eso es agua pasada. ¿De qué vas disfrazado?
Aprieta su mano sobre el corazón suspirando. Fijo mis ojos en los suyos
esperando respuesta, resopla y pasa su lengua por los labios.
– No voy disfrazado.
– Respuesta incorrecta, vas de Bastian Trumper, sí, ¿no le conoces? –
Niega – él era un hombre adorable, te sonreía y te seducía, imponía su respeto
pero lo perdía tan pronto ponía una mano sobre
ti para hacerte ver que las cosas no eran como una lo imaginaba. No sé
si me entiendes. Ponía el corazón con cada beso pero luego… luego lo jodió
todo. Hizo lo que todos los hombres hicieron, ¿sabes qué hizo?
– Dímelo tú.
– Pensar con la cabeza equivocada. Es ahí donde falla el Señor Trumper,
a mí me gustaba él, me gustaba cuando lo daba todo de sí mismo porque creía en
el amor, era romántico y hacía que el paraíso fuera un hogar verdadero ¿Sabes
cuándo dejó de gustarme? El mismo día que creí conocerlo, justo cuando me llenó
la cabeza de pajaritos para luego matarlos uno a uno, ¿por qué los mató?
– Nena, para ya por favor.
– ¿Por qué mataste todos mis pajaritos, Trumper? Podría haber sido muy
feliz con todos ellos, era lo que querías. A tu chica en casa, encerrada todo
el día, cocinando para ti, embarazada y esperando a que llegaras de trabajar o
de follarte a Ria, ¿quién
sabe? Eran mis pajaritos y era feliz, ¿por qué te los cargaste? No
tenías ningún derecho a cargarte mi visión de futuro, creí en todo lo que me
dijiste, hice todo lo que me pediste, me entregué en cuerpo y alma, lo di todo
de mí por el hombre que creía amar, ¿y ahora?, ¿ahora vienes para hacerme daño
nuevamente?, ¿cuándo vas a acabar de torturarme? Porque si tu respuesta es
ahora, cruza esa puerta y vuelve a la fiesta con tu amiga, debe de estar
esperándote con las bragas bajadas, adelante.
– No sigas nena.
– Por supuesto que pienso seguir, porque no me voy a guardar nada. Te
voy a advertir que esta noche no la pienso olvidar por el simple hecho de que
yo también se jugar y no te va a gustar lo que vas a ver.
– ¿Ahora me amenazas?
– Sí, me siento conectada contigo. Ya sabes, – sonrío – por lo de tu
maldad en hacerme daño.
– ¿Vas a irte con otro hombre?
– Por favor, utiliza la palabra chico, hombre es demasiado para mí, soy
una niña, ¿recuerdas?
– Cuando acabes tu discurso inútil, ¿podrías avisarme?
Se da la media vuelta ignorando todo lo que le iba a decir, cojo una
parte de la lámpara y se la lanzo en la espalda, no reacciona.
– ¿Vas a ignorarme como lo has hecho en tu despacho? Porque voy a hacer
creerte que estoy aquí y en realidad voy a estar corriendo lejos – hay un
silencio y no dice nada – está bien, tú lo has querido.
No me corto en agacharme y coger la otra parte de la lámpara para
estrellarla contra su espalda. Sigue ignorándome, hago ruido cogiendo una
figura de porcelana cuando se gira en mi dirección, sus tres pasos me pillan de
sorpresa al abalanzarse sobre mí y pone mis dos brazos sobre la pared
apretándomelos,
me hace mucho daño.
– ¡YA BASTA! – Me grita, está llorando – te he dado todo, ¡TODO DE MÍ!
– Me haces daño.
– ¡Te aguantas! – Me escupe en la cara – si tiene que dolerte, lo
soportas y te callas.
– Bastian – le frunzo el ceño a punto de llorar y miro hacia sus manos
apretando mis muñecas – me estás haciendo daño de verdad.
– Te he dado tiempo para que hables y has dicho lo que te ha dado la
gana. Ahora me toca a mí, olvídate de todo y préstame atención.
– No quiero – estoy a punto de escupirle pero no puedo hacerlo en su
preciosa cara, no puedo.
– No era una pregunta. Todo ha sido una farsa, ¿me oyes? Esa mujer de
ahí abajo es amiga de Diane
y Bibi, es lesbiana como todas las que he llevado del brazo porque
ponerte celosa es la única manera de hacerte reaccionar.
– ¿Qué? Bastian, deja de jugar conmigo.
– Es lo que tengo que hacer para hacerte entender que sentirás cuando no
estés conmigo. He dado mi vida por ti, te he dado todo de mí, ya no hay nadie
más debajo de mi piel. Se acabó Nancy.
– Se acabó hace tiempo.
– No, se acabó todo lo que te preocupa. No hay nada más que un hombre
enamorado delante de ti, no dejes que perdamos esto. Te amo y tú a mí, ¿qué
quieres que haga más? He movido cielo y tierra para hacerte entender que tú
eres la única en mi vida. Tú. Tú eres la única a la que quiero, te dije y te
vuelvo a repetir nuevamente que ya no soy el hombre que era. Nací el día en que
te conocí y me estás cerrando la última puerta para agarrarme a la vida.
Estoy llorando.
– Bastian.
– No hables Nancy, a veces tengo tantas ganas de explicarte cosas pero
no me dejas, me cohíbes todo el tiempo, me distraes con tus películas. ¿No lo
ves?, ¿no entiendes el daño que me estás haciendo? Si hago alguna locura es por
ti, porque te quiero. He vuelto a la lucha porque me quedé solo en el mundo, me
hago viejo y no encontraba a nadie. Me sentía solo ya que mis amigos se casaron
y tuvieron hijos, lo único que tenía yo era a mujeres que se acercaban a mí por
mi dinero, – sus lágrimas resbalan por su cara – tú fuiste la única que se puso
delante de mí y se atrevió a encararme, a conocer cómo era yo realmente, te
deslumbraste con mis ojos porque tú miraste que había tras ellos, solo tú
Nancy. Sabes que odio a todas las mujeres del mundo excepto a ti, no me
interesa otra que no seas tú. Hice de todo en el pasado porque no pensaba, me
vi envuelto en dinero y lo desperdicié haciendo lo que quería. Sí, me he
follado a millones de mujeres, he visto como se follan entre ellas y lo
disfrutaba pero ahora ni siquiera se me ha pasado por la cabeza el
imaginármelo. Lo he olvidado Nancy, lo he olvidado todo porque tú me has hecho
olvidar. Quiero hacerte olvidar yo también y no me dejas.
Se aleja dejando caer mis manos y lo primero que hago es cruzarme de
brazos. No, no puedo caer en su trampa de nuevo. Me conmueve y es lo que
quiere.
Me doy cuenta de cómo se le mueve la nuez
luchando contra el impulso de llorar desconsoladamente sobre mí,
rendirse y caer en la tentación de la realidad, la del amor.
– Bastian. Yo… yo no puedo ser humillada de la forma en la que me sentí
y de algún modo me siento, ¿no entiendes como es para mí que todo el mundo sepa
más de nuestra relación que yo misma? Lo único que quiero es hacerte entender
que no tengo las fuerzas suficientes para, para… para…
– ¿Qué hago? – Le giro la cara y me la busca haciendo que le mire – ¿qué
más hago? Mis tácticas
no han sido factibles para ti, has rechazado mi perdón, mi presencia,
mis actos y mi dignidad. ¿Te sientes herida? No eres la única Nancy, no lo eres
y no eres capaz de verlo.
– Veo a un hombre diferente a mí. No eres como te imaginé, pensé que
eras diferente, incluso más egocéntrico, pero diferente. No puedo luchar contra
el mundo si tú me alejas de él, tú quieres a una tonta a tu lado y no lo soy.
– Entonces, ¿de verdad que no quieres estar conmigo? Mírame a los ojos y
dime que quieres que esto se acabe porque seré el primero en salir por esa
puerta y desaparecer de tu vida para siempre. Me va importar una jodida mierda
lo que te pase, como si te quieres quitar la vida, quedarás como un bonito
recuerdo y seguiré adelante, lo he hecho durante treinta y siete años y lo voy
a seguir haciendo. Solo repítemelo una vez más.
Le miro sonrojada por el toque de realidad que ha puesto a sus palabras.
Seguirá con su vida y no le
importaré, eso quiere decir que está totalmente dispuesto a dejar lo
nuestro atrás y no luchar más por nuestra relación. En parte lo entiendo,
quizás hay amores en esta vida que no están hechos para estar juntos, que se
aman desde la distancia, que rehacen sus vidas amorosas y aún piensan en otra
persona aunque les digan a diario que aman a otra. Nos separa una vida, él, un
hombre que impone respeto, fuerza y magnitud, y yo, una chica normal que se
enamoró de él, una chica que no va a ser lo suficiente mujer como para soportar
ser su novia.
Nuestra relación está a punto de hacerse oficialmente muerta.
– No quiero seguir contigo – le miro tragando saliva y asiente.
– Vale.
Deja caer sus manos alejándose de mí y automáticamente empiezo a temblar
arrepintiéndome de mis crueles palabras. Esta es la reconciliación más
desastrosa que he tenido en mi vida, una escala del uno al diez en el
que me he posicionado siempre en los extremos del todo o nada. Y ¿todo para
qué?, ¿para acabar así? Niego con la cabeza.
– Es injusto Bastian.
– ¿Injusto? Es injusto que no hayas tenido la educación de tan siquiera
escucharme.
– ¿Para qué? Todo vuelve al mismo sitio, somos nosotros, no somos
compatibles.
– ¿Cómo lo sabes si solo has estado conmigo unos meses? – Me frunce el
ceño – si lo único que has hecho es preocuparte por cosas que no pasarían.
– Y pasaron.
– Cierto, y asumí mis consecuencias. No tienes ningún derecho a culparme
de más mierda de la que me merezco. Hace cinco minutos lo hubiese asumido, por
ti lo hubiera asumido pero ahora no, me he dado
cuenta que no mereces la pena como creía.
– No digas eso, tú me amas.
– No, creo que me obsesioné Nancy y los dos lo sabemos. Puede que tengas
razón, es lo que quieres escuchar de todas formas, a lo mejor si me gustaba
tenerte en mi cama para que me la calentaras y después dejarte. Es cierto, te
dejaba cada mañana porque odiaba tener que mirarte a la cara y ver cómo te
imaginabas un futuro a mi lado, ¿cómo podría hacerte eso? No, prefería irme y
separar mi vida real de la que tenía contigo.
Le golpeo tan fuerte la cara que esta vez le ha dolido más a él que a
mí.
– Eres un hijo de puta – le recrimino.
– Lo soy.
Se ríe y se aleja. Le miro a los ojos con odio ante su falsa confesión,
ha tenido que recurrir a esa
mierda para hacerme daño y por un momento me la he creído hasta que ha
dicho la palabra futuro. Él me habló de futuro y no yo, así que un fallo en
este falso actor. Se quita la chaqueta, luego se desabotona el chaleco para
quitárselo, los gemelos le dan problemas pero consigue deshacerse de la camisa
blanca.
– ¿Qué haces? – Le digo nerviosa, su… su cuerpo desnudo me distrae.
– ¿Tú que crees?
Ver sus manos desabrochar el cinturón provocan que tenga el pensamiento
más guarro que una mujer pueda tener, se desabrocha el botón del pantalón y se
baja la cremallera. Tengo serios problemas si lo está utilizando como método de
distracción, el muy inteligente sabe lo que hacerme para que no piense en otra
cosa que no sea él.
Se desliza los pantalones hacia sus tobillos, se agacha sin dejar de
mirarme y los zapatos vuelan junto con los calcetines. Su bóxer me hace babear,
el negro,
sabe lo que me hace el negro de esa marca que me vuelve loca. Una vez
que solo le separa su reloj y su bóxer me mira fijamente a los ojos, sube la
cabeza y aprieta la mandíbula haciendo que su rudeza me de miedo.
La ira del león está despertando, está acechándome y yo soy su víctima.
Él está preparado para atacar.
– Por favor… – cierro los ojos por un momento y los vuelvo a abrir –
ponte la ropa.
– No Nancy, me acabas de rechazar nuevamente, ¿qué haces aquí todavía?
– No lo sé – susurro.
– Lo sabes, pero eres una cobarde mi dulce amor. ¿Me ves nena?, ¿ves lo
que hay entre tú y yo? Es más que amor, es atracción, y no como si dos polos se
atrajeran y se fusionarán, es una fuerza que da la magnitud a nuestros
corazones. No puedo soportar
verte luchar con el impulso de dejarme a todas horas. Este soy yo Nancy
Sullivan, aquí, al desnudo y por respeto a ti no termino de quitarme los bóxer,
pero puedo hacerlo si así lo deseas.
– No es fácil joder – le susurro apretando los dientes.
– Es fácil nena, – me sonríe – ¿ves mi cuerpo? Debajo de mi piel tengo
lo mismo que cualquier humano, tengo un corazón, tengo un alma que se esconde
en mi interior y un cerebro que suelo usar poco pero contigo me funciona. Esto
es lo único que puedo ofrecerte Nancy, todo de mí. Ven, tómalo todo, haz
conmigo lo que quieras, destrózame si es lo que deseas, machaca mi corazón,
funde mi cerebro, cárgate mis sentimientos, pero haz lo que sientas, no lo que
crees que es mejor para ti por un error del pasado.
Da un paso hacia delante.
– No – le freno con la mano.
– Quiero que me lances cosas Nancy, quiero que cojas en tus manos cada
maldito objeto y lo lances fuerte contra mi cuerpo porque no hay más dolor que
el saber que te he jodidamente perdido. Hazlo, adelante, voy a seguir con mi
vida pero desahógate porque yo probablemente lo haga con alguna puta esta
noche, ¿eso es lo que quieres?
– Bastian, por cosas como estas no me arrepiento de…
– ¿No te arrepientes de qué…? – Se acerca enfadado, está haciendo un
papel, o me digo esto para convencerme a mí misma – ¿de qué Nancy?, ¿de haberme
dejado cien mil veces? Voy a seguir con mi vida y tú lo harás también, corre a
los brazos de tus amigos, o inclusive de los míos, que te ha faltado poco para
hacerlo.
Le vuelvo a golpear en la cara porque está actuando como un cabrón y no
se lo consiento.
– Te odio.
– Me amas, pero te duele que juegue a lo mismo que tú. Al te dejo pero
te quiero, pero te vuelvo a dejar para luego volverte a querer. ¿Te has
aclarado?
– ¿Y tú Bastian, cuando vas a dejar de jugar a ser el león?
– León que adoras por encima de todo.
– No cuando se va de la manada para montar a otra leona.
– Entonces, ¿estás celosa, eh? Tú único punto débil son los celos, – se
ríe – me fascina que sea así porque vas a verme con más de una mujer y está vez
no serán amigas de Diane y Bibi.
La mataré, a ella y luego a él. Si esto es lo que quiere se lo daré.
– ¿Qué pretendes con esto? Soy celosa Trumper, pero te recuerdo que eres
tú el que me acusa
de correr a los brazos de otro. Para tu información, mis amigos e
inclusive los tuyos, no me han traicionado. Ninguno.
– Lo hacen porque les conviene tenerme como amigo, no te confundas – se
cruza de brazos y pasa su lengua por los labios – no te creas que van a estar
para ti cuando les diga que me he cansado de hacer el tonto yendo detrás de ti
todo el tiempo. Mírame una vez más, deléitate con mi cuerpo porque ya ha pasado
el tren y no lo vas a coger nunca más.
– Vuelvo a preguntarte, ¿qué pretendes con todo esto Bastian? Porque tu
escena no te está sirviendo de nada, no eres tú porque te conozco y no sabes
mentirme, tus ojos nunca me han mentido.
– ¿Entonces porque no me has creído cada vez que te decía que te amaba?
– No hables en pasado, recuerda que aún me
amas.
– Desnuda en mi cama y poco más.
– Bastian para, – levanto finalmente mis dos manos poniéndolas sobre su
pecho y empujándole – no sigas.
– Seguiré hasta que saques el odio a ti misma que llevas dentro.
– Yo no me odio, ni siquiera te odio a ti.
Hago una mueca mientras miro al suelo alejándome de él, me acerco a la
puerta y la cruzo para alejarme finalmente.
– Nancy – me grita.
Sin embargo, no le hago caso. Decido caminar por el pasillo de la
izquierda aunque está oscuro porque esas luces de emergencia a penas iluminan.
Cuando veo una escalera me dirijo a ella sin olvidarme del detalle de levantar
mi traje con las manos para no tropezarme. Sus gritos llamándome hacen que mis
pasos sean lentos, sigo subiendo una escalera hasta empujar una puerta
que me es difícil aceptar la utilidad de la barra que la atraviesa; por fin la
abro y el aire fresco de la noche me purifica. Estoy en la azotea del pequeño
edificio entre los altos del centro de la ciudad, abajo se escuchan los coches,
el tráfico, la gente que viene y va por ser la noche de Halloween. La ciudad
está despierta e iguala a mi corazón que acaba de renacer.
Avanzo acercándome al muro dejando mis manos sobre él, si me inclino no
veo lo que hay abajo porque es bastante grande ya que solo me sirve de apoyo
mientras miro hacia arriba. Cierro los ojos y los vuelvo a abrir mientras el
aire fresco se mueve rápido azotándome fuerte.
He vuelto a renacer.
Sonrío a la vida.
Mi cara refleja la limpieza de mi alma porque se han ido mis
inseguridades, mis miedos, mis
indecisiones… se han esfumado y me ha bastado oírle nombrar mi nombre
nuevamente para darme cuenta de ello.
Ya está, de aquí al cielo o al infierno.
Muerdo mi labio inferior intentando no reírme a carcajadas ya que me voy
a congelar, probablemente esté a punto de enfermar por una pulmonía, pero me
siento tan radiante que descarto todo lo malo que me ocurra. Mis ojos se tornan
llorosos, esta vez caen lágrimas y no porque me haya hecho daño o porque
Bastian me haya dejado o yo a él; es porque soy feliz y sigo escuchando mi
nombre, esta vez más cerca.
La puerta choca contra la pared por su brusquedad al abrirla. Bastian ha
salido a la azotea como un neandertal mientras susurra mi nombre nuevamente,
está nervioso y a mí se me ha borrado la sonrisa de la cara. Frunzo el ceño
procurando adoptar una actitud seria, lo intento al menos, porque las mariposas
que vuelan en mi vientre no me dejan ya que me tiemblan las manos, las piernas
y todo mi
cuerpo. Miro hacia el frente cuando mi visión se choca con las ventanas
de un edificio, sí, probablemente de él, sé que está detrás de mí, nervioso,
impaciente, enamorado.
– Bastian – amo su nombre en mi boca y moriré nombrándole.
– Nancy Sullivan, ¿quieres hacerme el favor de alejarte? Me veré
obligado a morir contigo si vas a tirarte por…
– No voy a suicidarme Bastian – hago una mueca de espaldas a él, no me
ve, pero es tan ridículo lo que me está diciendo.
– Me harías inmensamente feliz si dieras un paso atrás y te alejaras.
Lo hago mientras pongo mis ojos en blanco, ¿contento? Prefiero no
girarme y enfrentarme a él porque no quiero caer en sus redes sexuales como
hombre. Espero que se haya puesto la ropa al menos.
Allá voy.
– No más mentiras Bastian.
– ¿Cómo?
Susurra y me doy por vencida, soy débil, lo reconozco. Giro mi cuerpo
para enfrentarme como una persona normal, está lejos y se ha vestido, lleva
puesto los pantalones, y su camisa está desabrochada, sus zapatos también lo
están y está desesperado, temblando. Lo sé cariño, yo también lo estoy.
– No más mentiras, no quiero mentiras ni secretos entre nosotros
Bastian.
– No más mentiras – repite.
– Quiero que confíes en mí, que compartas conmigo tus problemas, tus
preocupaciones, todo lo que te atormenta y no te deja vivir.
– Lo haré.
– Quiero que dejes de agobiarte por el hecho de que no puedes confiarme
nada porque soy demasiado pura o inocente para ello, necesito de ti todo lo
contrario. Soy una persona al igual que tú, nada especial. Estaré dispuesta a
darte lo mejor de mí siempre y cuando me hagas participe de tu vida.
– Sí.
– Fuera las lamentaciones por destrozar nuestra relación, este será
nuestro punto de partida y no habrá más pasado que nuestro comienzo ahora.
– Fuera quedarán.
– Si hay algo que quieras decirme puedes hacerlo, puedes abrir tu
corazón a mí para que yo pueda abrir mi corazón a ti. No quiero que te vayas a
dormir cada noche con la sensación de que me estás ocultando cualquier cosa,
soy tu compañera y espero que amiga, no me dejes fuera de tú vida.
– Eres más que todo eso.
– Pondrás sobre la mesa los negocios que yo no aprobaría, quiero
conocerlos, quiero poder andar por la ciudad y saber que ese club o esa tienda
erótica pertenece a Bastian Trumper.
– Lo tendrás.
– Necesito que te comuniques conmigo a diario, no quiero que tengamos
sexo cada vez que estés triste o quieras entrenar. Nuestra comunicación debe de
nacer de tus sentimientos hacía mí, no quiero un robot que está manipulado por
lo que quiero, tiene que nacer de tu corazón. Habla conmigo, es lo que te pido,
cuéntame si te duele la cabeza, si te sientes triste o si es todo lo contrario,
no me tengas a tu lado como si fuera una muñeca. Comunícate conmigo.
– Lo prometo.
– Si quieres hacer algo que yo no aprobaría me
gustaría que también me lo hicieras saber, no quiero que nadie me tome
por tonta. Contarás conmigo tanto para lo bueno, como para lo malo.
– Te lo haré saber.
– Con respecto a las mujeres que te rodean, quiero que… quiero que… para
mí es un gran problema, no me preguntes cuando pasó, pero me he convertido en
la versión femenina de tu personalidad con respecto a los celos. Te advierto
que no toleraré ningún comentario fuera de lugar, al igual que ningún roce
malintencionado o algo que se exceda de una conversación normal que puedas
tener con cualquier mujer.
– Sabes lo que pienso sobre las mujeres.
– Te lo repetiré tantas veces me apetezca, – sonríe de medio lado – no
quiero ninguna tontería, es más, me contarás cuántas mujeres han pasado por tu
cuerpo. Necesito conocer el número si es necesario porque compartirás conmigo
tu pasada vida sexual y
no sexual con respecto a mujeres se refiere. Quiero saber el tipo de
sexo que has practicado con ellas y en las fantasías que has intervenido. No te
dejarás ningún detalle.
– Prometido.
– Es más, quiero que me presentes a todas las mujeres que conoces, esas
que van estiradas sabiendo que han tenido un pasado contigo. Necesito que no me
tomen por tonta y quiero enterarme quién te está diciendo hola, – vuelve a
sonreír – entonces, estaré alerta o no lo estaré. Quiero formar parte de tu
vida, pero para hacerlo necesito conocer tu pasado, por mi bien, para
prevenirme.
– No tienes que preocuparte, te repito, sabes desde un principio que
pienso sobre ellas.
– Dicho esto, quiero exigirte algunas cosas.
– Habla – frunce el ceño, ha dejado de temblar.
– Conduciré mi propio coche, no quiero a Kezza, Tobi o Luke conmigo, no
quiero chofer, guardaespaldas, estilista personal, peluquera privada o
cualquier cosa que se te ocurra. No quiero depender de otras personas, quiero
conducir mi coche y hacer lo que me plazca.
– Permiso denegado.
– Revoco tu negación. Rechazo a personas trabajando para mí, – gruñe –
Bastian, no quiero que les des órdenes a terceras personas. No quiero que me
esperen a la salida de donde esté, ni mucho menos tener que saber que te están
informando de lo que hago sin mi consentimiento, aunque sí con el tuyo.
– Lo pensaré.
– Lo harás. No acepto nada de eso, quiero que me llames y me preguntes,
no quiero que te hablen por un micrófono.
– No voy a escatimar en cuanto a tu seguridad
se refiere.
– Escatimarás. Accede a seguridad privada cuando estemos en algún acto
público y la necesitemos, no cuando quiera hacerte un regalo y te avisen de que
estoy comprando algo.
– Eso no pasará. Intentaré dosificar el modo de tu seguridad.
– Bastian, por favor.
– Lo intentaré, es un paso.
– Tampoco quiero que me aconsejes que ropa llevar en público y cual no,
acatarás mi vestimenta. Olvida los vestidos de veinte mil dólares o el cerrar
centros comerciales para que yo pueda comprar, me verás con mis pantalones de
cinco dólares y no me regañarás.
– Denegado. Quiero ofrecerte lo mejor para ti.
– No. Quieres vestirme como si fuera una muñeca, quiero tomar mis
propias decisiones cuando decida que ponerme.
– Decidirás que ponerte, pero si no me gusta, te cambiarás.
– Eres imposible, – niego con la cabeza y pongo mis manos en la cintura
– no habrá ninguna escena sobre los celos, no quiero que enloquezcas cuando un
hombre me esté hablando o mirando. Tengo amigos que no son chicas y los
respetarás.
– Permiso denegado de nuevo, – frunce el ceño cruzándose de brazos – no
permitiré que ningún otro hombre fantasee con tu cuerpo.
– No todos fantasearán con mi cuerpo. Necesito tener una vida social o
el estar contigo me consumirá de un día para otro. Quiero tener tiempo para mí,
que tú tengas tiempo para ti, que podamos estar en sitios diferentes sin tener
que pensar en los celos.
– Fácil, no te separes de mí.
– Quiero que trabajemos duro en establecer un muro de confianza
indestructible Bastian, no puedes vivir con el hecho de que todos los hombres
están mirándome, al igual que yo no puedo estar viviendo de esta manera
sabiendo que te has follado a todas las mujeres. Quiero… quiero que puedas
estar hablando con ellas sin tener que preocuparme más de lo normal.
– Nena, – es la primera vez que me llama nena desde que estamos aquí y
lo necesitaba – ¿por qué han nacido celos en ti? No hay otras mujeres, no habrá
otras mujeres, no quiero mujeres en mi vida porque no quiero hablar con ellas.
Solo hay una mujer en el mundo y eres tú.
– Sí, eso lo sé, pero te advierto que no seré gentil si me ocultas algo
o veo cosas que no me gusten.
– Problema resuelto. No va a haber un problema como ese, jamás. No hay
mujeres en mi
vida.
– Está bien – cierro los ojos y los vuelvo a abrir, frunzo el ceño –
dejarás de actuar como un neandertal Bastian. No quiero que me lleves de la
mano arrastrándome a ningún sitio, no quiero que refunfuñes cuando no quieras
escuchar algo que no te gusta y por supuesto, se te ha acabado el cartucho de
imponerme cosas como si fuera una niña pequeña. No quiero que actúes de ese
modo, quiero que cuentes conmigo y me preguntes. Tampoco quiero que me des
órdenes, que me intimides o que me atemorices si no hago algo que me impongas.
Comparto mi vida contigo, no te la estoy dando.
– Toma mi vida y haz lo que quieras, así estamos en paz – sonríe.
– No te he escuchado que dejarás de actuar así.
– No te lo he prometido tampoco.
– Bastian –
ladeo la cabeza
y él me
imita
sonriendo, hago lo mismo – respetarás a Rachel, dejarás de llamarla
Pitbull o me enfadaré y mucho.
– Que no me provoque y la dejaré en paz.
– Se lo haré saber, antes de nada, quiero comentarte tres puntos muy
importantes para nuestra relación. Puedo lidiar con todo lo que me has
prometido porque sé que lo harás.
– Habla – mueve la mandíbula de un lado a otro intrigado.
– No viviremos juntos.
– Olvídalo.
– Me ayudarás a buscar un nuevo apartamento en el que yo pueda vivir
sola. Creo que es momento de que Rachel tenga su espacio para ella y su novio.
– Eso es sensato por tu parte, si te das cuenta de que su novio no te
quita los ojos de tu trasero.
– Bastian – le regaño, este hombre no cambia – quiero vivir sola, eso
quiere decir que puedes venir a mi apartamento cuando quieras, quedarte a
dormir, pero quiero poner mis cosas adentro y tener una relación normal. Tener
un lugar en el que refugiarme y dedicarme a mí misma.
– Quieres alejarte demasiado de
mí y no me
gusta.
– Todo lo contrario, quiero estar contigo pero estoy cansada de ir de un
lado a otro con mi maleta, ni siquiera tengo mis cosas conmigo porque están
esparcidas en alguna caja o en algún lugar. Quiero que me ayudes a instalarme y
que me apoyes en esto.
– Te apoyo en todo.
– Lo siguiente es sobre el trabajo.
– No.
– Escúchame, – me cruzo de brazos – trabajaré para Trevor, se lo he
prometido y el lunes me espera a primera hora. No quiero que actúes como un
neandertal Trumper, quiero que me apoyes en mi profesión, que me lleves al
trabajo y que no intervengas. Intervengas quiere decir, no compres su empresa,
no hagas ningún movimiento a mis espaldas y no amenaces a mis compañeros con
que eres mi novio y les matarás.
– ¿Te enteraste de eso? – Sonríe.
– Hablo en serio, quiero contar contigo. Solo serán unas horas, quiero
trabajar y no gastar tu dinero.
– Hazlo, no hagas nada. Gasta mi dinero.
– No Bastian, yo no soy como las mujeres que conoces. No quiero ir con
la cabeza en alto gastándome los millones de dólares de sus maridos para estar
todo el día comprando. Quiero trabajar y tendré mi propio sueldo, mi propio
dinero, querré gastar mis propios dólares en mi misma. ¿Comprendes mi
punto?
– No. Mi dinero es tú dinero, quiero que lo uses
todo.
– Yo quiero trabajar, quiero ganármelo, quiero aprender y conocer nuevos
campos profesionales. Cuando termine en la empresa de Trevor, me apoyarás en
todo, quiero que nos sentemos en el sofá, cojamos un periódico y busquemos un
buen empleo para mí. Eso quiere decir, antes de que digas nada, no trabajaré en
ninguna de tus empresas.
– ¿Por qué?
– Porque no es justo para mí, no quiero tener un trato especial. No
quiero que hables con gente para que me contraten o hacerlo directamente en tus
empresas. Quiero hacerlo por mí misma y te quiero a mi lado, – gruñe en
desacuerdo – y por último, quiero que pedirte una cosa muy importante para mí.
– Adelante.
– Respétame, – frunce el ceño atendiendo cada palabra que digo – soy una
chica que ha nacido y crecido en Crest Hill, mi única preocupación era de qué
color iba a ser la camiseta que me iba a poner al día siguiente. Nunca he
tenido ningún tipo de problema porque siempre he sido yo misma, de pequeña me
defendía si algo me preocupaba y cuando crecí, continué haciéndolo. Quiero que
no se te olvide de que soy persona y merezco un respeto, tengo familia y amigos
que me quieren, no puedo devolverles a la Nancy que apareció allí hace un año.
Me muero de ganas por hacerte participe de mi pasado, por contarte como me
sentía y que cosas he hecho, pero no olvides que reclamo por tu parte un mínimo
de dignidad con respecto a mí. Tengo personalidad y no la dejaré muerta en el
olvido, quiero seguir siendo yo misma y el hecho de que esté enamorada de un
hombre que no está ni por asomo en mi lista de personas existentes de la
realidad… quiero que sepas que antes que tú, estoy yo.
– ¿Personas existentes de la realidad?
– No eres normal Bastian, no estás en mi lista de personas existentes de
la realidad porque no eres real. En mi vida, y espero que lo veas, en mi vida
me voy a encontrar con otro hombre como tú. Quiero que sepas que no eres un
hombre normal, eres mucho más, desprendes fuerza, ira y temperamento, eres una
persona que no se rige por normas, que no le intimida el adversario, ya sea una
anciana o un hombre de negocios. No perteneces a este mundo y cada día lo tengo
más claro.
– Y, ¿eso es bueno o malo?
– Bueno, porque eres un ser único, por lo tanto, soy la afortunada aquí.
Ronronea y llega hasta sonreír.
– ¿Has terminado?
– Sí.
Ahora viene cuando puedo respirar en paz por primera vez desde hace
prácticamente un año. Ya siento la liberación que tanto anhelaba como si me
hubieran bendecido y dado luz verde a mi nueva vida. He pasado de estar
llorando a estar riendo, le he querido, le he odiado, me he enfadado y he
culpado de todo a Bastian cuando también debí culparme a mí misma. Por primera
vez lo único que mi alma siente es amor, pasión, deseo y lealtad por este
hombre. Le quiero para el resto de mi vida y después de lo que hemos pasado no
habrá nada, ni mucho menos, nadie que nos detenga. Ya no.
– Bien, ahora me toca a mí señorita.
– ¿Qué?
CAPÍTULO 16
– Me toca a mí – repite.
Retrocedo un paso con mis emociones por los suelos, es la única persona
en el mundo que,
efectivamente, puede llevarme al cielo y luego al infierno. He pasado de
estar feliz y contenta a temer lo que pueda decirme, ¿qué querrá ahora este
hombre? Asiento con la cabeza porque supongo que está en su derecho de exponer
entre ambos lo que le preocupa, le he pedido que lo haga y lo está haciendo. No
debe de asustarme lo que me vaya a decir.
– Vale, sí… perdona… también tendrás que decir algunas cosas.
– Decir no sería la palabra correcta, son hechos vitales e irrevocables
para nosotros.
– Está bien, habla.
– Como te he confirmado antes, te prometo que me comunicaré, te hablaré
y no te apartaré de mi vida, tal y como tú harás también.
– De acuerdo.
– Por supuesto sabrás de mis negocios, de todos
ellos, los que me pertenecen y los que no.
– Gracias.
– Sobre las mujeres, no merece la pena porque no tendrás ningún
problema, ellas no me gustan y no me gustarán en la vida. Eso es una decisión
personal propia irrevocable.
– Me alegro – me sonrojo.
– Te voy a repetir tantas veces que solo tengo ojos para ti, que me
harás dormir en el sofá, de nuevo.
– Bastian – qué bobo.
– Lo que quiero decirte es que tienes razón, debo de destruir toda mi
mierda y lo quiero hacer contigo. Se acabó mi pasado y se acabaron mis
preocupaciones, quiero empezar una vida a tu lado, una vida digna, lo quiero y
lo deseo tanto que me muero porque empiece. Te haré saber cada parte de mí
Nancy, quiero compartir todo de mí, quiero que me
tomes en cuerpo y alma, que los guardes bajo llave y que solo tú te
beneficies de eso. ¿Sabes porque lo quiero así Nancy?
– No.
– Porque solo tú eres lo único por lo que vivo. No quiero vivir una vida
que no sea a tu lado, quiero que seas mi todo y mi nada, que me lleves de la
mano y te sientas orgullosa de mi, que sepas lo que he llorado y sufrido, todo
lo que he hecho en mi vida. Mi oscuridad. Vas a averiguar cosas que no te harán
feliz, pero aun así, de eso se trata, vas a ser la primera y la última en
conocer cada rincón de mi corazón, lo guardaba tanto para ti que cuando te
encontré me perdí.
– Bastian – doy un paso y él retrocede.
– No, déjame decir esto, – le veo una lágrima y quiero consolarle tanto
que me duele – necesito que sepas y aceptes de una puñetera vez que te amo
Nancy, ¿no lo entiendes? Me tienes loco todo el día,
me levanto pensando en ti y me voy a dormir pensando en ti, pero es que
el resto de las horas, sigo pensando en ti. Nunca vas a ponerte en mi piel y
sentir lo que yo siento por ti, eres la única en mi vida, la madre de mis
hijos, quiero envejecer contigo aunque ya te haya tomado ventaja y ser tu cara
lo último que vea cuando muera. Te quiero en mi vida, día y noche, me importa
una mierda el resto del mundo, quiero estar a tu lado a todas horas, tocarte y
sentirte, quiero dedicarme solamente a ti, a tu felicidad y a nuestra relación.
– Eso es muy bonito, puedes hacer eso, pero no de manera excesiva. Soy
persona y quiero tener mi espacio también.
– Te vuelvo a repetir que nunca te pondrás en mi piel y sabrás lo que
siento por ti, que mi amor por ti es enfermizo.
– No lo es cariño, solo que… solo que nunca has tenido a ninguna mujer a
tu lado que te quiera y que tú quieras, ahora que la has encontrado quieres dar
todo de ti.
– Volvemos a estar en la misma página.
– Siempre hemos estado, pero hemos sido tan testarudos que no nos hemos
dado cuenta que nos dañábamos más separados que juntos.
– Y tú sabes todo lo que siento por ti, puede que no sea el mejor novio
del mundo pero quiero hacerte feliz Nancy. Vas a tener que enseñarme como ser
el mejor para ti, porque es evidente que no sé.
– Me has oído antes, sabes lo que quiero. Aparte de tus momentos
neandertales, quiero ante todo que estés a mi lado apoyándome, apoyándonos como
hacen todas las parejas.
– Yo soy más que tu pareja, quiero ser lo más para ti.
– Lo eres Bastian, créeme que lo eres.
– Quiero continuar.
– ¿Hay más? – Me cruzo de brazos sonriendo.
– Creo que hemos dejado claro que nos vamos a comunicar, que nos
contaremos nuestro pasado y que confiaremos el uno en el otro, por supuesto sin
sobrepasar la línea del respeto hacia el otro. ¿Me equivoco?
– No, eso es lo que tenemos que hacer.
– Sobre tus celos, solo quiero comentarte que con respecto a mí,
olvídalo. Pero con respecto a ti, tenlo en cuenta.
– ¿El que debo de tener en cuenta Bastian?
– Yo no soy tú. Yo no voy a permitir que ningún hombre mantenga una
conversación contigo si no estoy yo delante, – abro la boca pero me alza la
mano para que me calle – es una decisión irrevocablemente infinita. Tú lo
llevas a tú manera y yo a la mía, ningún hombre te hablará, te tocará, te
mirará y ni mucho
menos les dejaré tener ningún tipo de fantasía.
– Eso es…
– Nancy, no quiero replicas con mis celos y mi visión de los hombres a
tu alrededor. ¿Estamos de acuerdo, si o no?
Suspiro y asiento con la cabeza confirmándole que estoy de acuerdo. No
puedo hacer nada, no voy a romper nuestra relación por cómo se siente con los
hombres.
– Vale – susurro.
– Bien, me alegro de que lo entiendas porque este fue uno de los
primeros puntos que te expliqué bien cuando nos conocimos.
– Tienes razón, tendré en cuenta tus celos con respecto a los hombres,
ya no existentes, a mí alrededor.
– Gracias – pone una mano en su corazón, que exageración – te lo
agradezco. Otro tema zanjado. Lo siguiente que te voy a decir es otra decisión
irrevocable.
– Bastian, ¿todo lo que viene ahora son decisiones irrevocables?
– Nena, son hechos, no es discutible. Cada cosa que te voy a explicar
son puntos y finales. ¿Entendido?
– Sí – ruedo los ojos.
– Tendrás chófer, seguridad y todo lo que me dé la gana. Tendrás
estilistas, diseñadores, maquilladores, peluqueros y toda esa mierda femenina
que ponen en las revistas. Te compraré lo que me plazca, te daré lo que quiera
y aceptarás cada cosa sin negación alguna. No quiero escuchar más que no te
compre o que no necesitas nada. Si quiero jodidamente cerrar un centro
comercial para que mi Nancy coja lo que le dé la gana, lo haré. Si quiero
ponerle tú nombre a un avión y regalártelo, dirás gracias y me querrás
igualmente que
cuando no lo tenías. Quiero darte mi dinero, te he dado mi cuerpo y
alma, y también mi dinero, te llevas todo de mí Nancy, no te olvides. ¿Me has
comprendido?
Su orden ha sido directa y sincera, no ha pestañeado ni una sola vez. Ha
sido una afirmación más que una pregunta, propuesta o aclaración, y yo no voy a
negarme a todo eso, su dinero forma parte de su vida y de algún modo u otro me
tendré que beneficiar de él indirectamente o muy directamente como me está
diciendo.
– Bien.
– ¿Sí?, ¿no me vas a soltar ningún discurso?
– No, supongo que tú dinero es parte de tu vida y yo estoy en ella.
Aceptaré cada cosa que me des porque lo harás de corazón y porque quieres verme
feliz y darme lo mejor.
– Gracias – vuelve a cerrar los ojos y toca de nuevo su corazón, parece
que cada vez le hago más
feliz y no lo puede soportar.
– No vivirás sola. No trabajarás. Y por el amor de Dios, ¡no conducirás!
¿En qué estás pensando? Ya te dije que te podrías distraer con algún escaparate
o lo que sea que las mujeres tengáis en la cabeza.
– Bastian, eres un machista. Me has prometido
que…
– No señorita, permiso denegado. Me duele que no quieras vivir conmigo,
me duele que no quieras trabajar en mis empresas, es como si me rechazaras y no
quisieras estar conmigo. ¿Te das cuenta que no me amas como yo a ti? Yo quiero
estar contigo todo el día y tú… tú quieres estar sola, ¿para qué? No entiendo
que no me ames como yo.
– Eh, yo no he dicho eso. He dicho que quiero independencia.
– ¿Por qué no me quieres? – Abro la boca y él no se ríe ni mucho menos
– No es eso Bastian. Es tener un espacio para mi sola, cuando no esté
contigo, puedo estar allí, con mis cosas… eso no quiere decir que te quiera
menos. Te amo pero no podemos estar juntos todo el día.
– Sí podemos y lo estaremos.
– No, déjame vivir un poco porque no quiero atarme a una rutina tan
pronto.
– Vive conmigo nena, no te lo niego. Pero olvídate de vivir sola porque
no lo voy a permitir, ya me amarás como yo a ti y te darás cuenta de que no
querrás verme viviendo solo tampoco.
Eso es chantaje emocional, no entiende que necesite mi espacio, pero,
tratándose de Bastian. ¿Quién necesita espacio?
– Tienes razón, no viviré sola. Viviré contigo, – me sonríe un poco – es
una tontería de todas formas el vivir sola cuando vamos a dormir y despertar
juntos el
resto de nuestras vidas.
– Gracias, es una buena decisión.
– Pero si trabajaré y – ahora soy yo quien le manda a callar – lo
respetarás. Quiero trabajar, aprender, inclusive volver a estudiar y continuar
adquiriendo conocimientos.
– Lo tendrás todo.
– No Bastian, no quiero que me compres la universidad, ni un jefe, ni
una empresa, ni siquiera quiero que me ayudes. Necesito que estés a mi lado y
si no lo entiendes, impugno este punto porque mi decisión sí que es
irrevocable.
– Pero…
– Te quiero mucho, te quiero a mi lado, no te estoy negando mi amor por
ti cuando voy a buscar un trabajo o ya esté en él. No quiero amenazas al jefe
ni a mis compañeros, no quiero ningún tipo de intervención
por tu parte porque me humillas cada vez que te piensas que no sé
defenderme yo sola.
– No es eso nena, es que el que tú trabajes significa que otros hombres
se dignen a mirarte.
– Trabaja en ello Bastian, no puedes prohibirme el no trabajar. Por ahí
no paso.
– Uff, – refunfuña y adoro cuando lo hace – al menos intenta pensar en
aceptar mi oferta de trabajar en mis empresas.
– Lo pensaré. Estoy segura de que si tienes algún proyecto interesante
del que ocuparme, estaré más que feliz de aceptar tu oferta.
Se ríe enseñándome los dientes y hace que me derrita, estamos más cerca
de abalanzarnos el uno sobre el otro y cuento los minutos para ello.
– Me haces muy feliz, Nancy.
– Lo sé.
– ¿Vas a enfadarte mucho cuando me ponga gruñón?
– No, me gusta tu lado gruñón.
– ¿Y cuándo no soportes mi actitud, mi posesión y mi obsesión contigo?,
¿te enfadarás?
– Probablemente, pero
vamos a solucionarlo
todo.
– ¿Vas a huir de mi lado cuando me ponga insoportable porque no consigo
dominar mi obsesión con respecto a cualquier cosa que pueda afectarte?
– Jamás Bastian, jamás voy a huir de ti, es más, huirás de mí cuando
hagas algo que no me guste.
– ¿Tendremos discusiones de pareja normales?
– Supongo que sí.
– ¿Me amarás igualmente?
– Por supuesto.
– Tengo miedo a perderte de nuevo, no lo soportaría. Eres la mujer de mi
vida y te quiero en mi futuro, en todo mi futuro.
– Yo también te quiero en el mío Bastian, pero debemos ir despacio.
Tenemos que empezar de cero, conquistarnos, hablar y vivir día a día. Una
relación no se construye en cinco minutos, el tiempo nos da las respuestas y
ninguno de los dos sabemos cómo vamos a estar en cinco años.
– En una casa y rodeados de bebés, ten por seguro eso, – ahora me río yo
– nena, no quiero hacerte daño de nuevo, si lo hago, esta vez pégame y tírame
tantas cosas quieras.
– Lo haré.
– Por favor, no tendré la fuerza suficiente como para sobrevivir si te
pierdo de nuevo, moriré el día que me digas adiós otra vez. Moriré Nancy y lo
digo muy en serio.
– No te preocupes Bastian, vamos a estar bien, yo te amo igual que tú a
mí pero tú lo demuestras de diferente forma que yo. Tú me das tu obsesión
compulsiva protectora y yo te amo regalándote un abrazo, no te quiero menos
porque no pueda cerrar para ti un centro comercial.
– Tendrás un centro comercial – me frunce el
ceño.
– ¿No vas a cambiar verdad?
– No, y tú tampoco lo harás, porque de lo que estoy seguro es que los
dos nos amamos y este amor no morirá en la vida, ¿a qué no?
– Jamás.
Miro hacia abajo, me estoy ruborizando.
– ¿Quieres hablar ahora de algo más?
– Creo que lo deberíamos dejar para otro momento, – me muerdo el labio
de abajo porque me muero de ganas por enterrarme en sus brazos.
– Bien, porque pienso lo mismo – dice en un susurro.
– Sí.
– Hemos acabado entonces, deberíamos avanzar al mismo tiempo hasta
encontrarnos, ¿te parece bien?
– Es una muy buena idea.
Esas dos piezas caídas del cielo que me miran con devoción son mías, me
pertenecen. Da un paso hacia delante y yo hago lo mismo, vamos avanzando
conectando nuestros ojos más de lo que nunca antes lo
habían hecho. Estoy nerviosa porque mi cuerpo está reaccionando y me
siento en paz conmigo misma. He conseguido perdonar y razonar que ante todo,
está mi amor por él y es lo único que necesito para ser feliz. Que los dos nos
amemos como lo hacemos. Veo bajar su nuez ya que él también está nervioso,
impaciente, su camisa está abierta y echo un vistazo al cuerpo que veré para el
resto de mi vida, el cuerpo de Bastian Trumper. No me puedo creer que vayamos a
estar juntos, que haya conocido a un hombre que se va a purificar conmigo tanto
como yo lo he hecho, siento libertad y amor verdadero como si ya nada nos fuera
a separar.
Nos sonreímos porque nos acercamos. El frío está dejando helada mi piel
por fuera ya que por dentro estoy ardiendo de deseo por mi novio, mi león, mi
Bastian. Da un paso y solo falto yo para hacer que nuestros cuerpos se toquen,
para que sellemos como es debida nuestra unión, levanta el brazo en mi
dirección para que le dé la mano.
– Ven nena, ven conmigo para siempre –
susurra, sigue temblando y no me ha había dado cuenta.
Pongo mi pie derecho hacia el frente mientras el viento levanta un poco
mi pelo y revuelve el suyo en su contra. Alzo mi brazo para darle mi mano y él
me sujeta fuerte, doy el paso que me va a llevar a la gloria y finalmente
aprieta su agarre hasta que mi cuerpo está pegando al suyo. Mi cabeza llega a
su pecho sintiéndome pequeña a su lado, casi que le podía engañar con los
tacones pero no los llevo. Su otra mano la pone sobre mi espalda acercándome
más a él.
Por favor, no aguanto más.
Noto su dureza cuando pone su barbilla sobre mi cabeza, lleva mis manos
a su cintura cobijándome entre sus brazos, tal y como está, me abraza y me dejo
abrazar. Nos quedamos así por unos instantes escuchando nuestras respiraciones,
anhelaba su aroma, echaba de menos tocarle y abrazarle tantas veces me diera la
gana, ahora él es mío y yo soy suya. Él me aprieta fuerte mientras yo me agarro
a su camisa
porque quiero quedarme así para toda la vida.
Se mueve obligándome a hacerlo a mí también ya que no quiero moverme.
– No, más – susurro en su pecho desnudo que me está llevando a tener un
orgasmo sin hacer prácticamente nada.
– Nena, aparte de que aquí hace frío y de que lo que sea que lleves
puesto me separe de ti, me muero de ganas por besarte.
Él gana.
Deshago mis deseos de tener un orgasmo solo oliendo su aroma e inclino
mi cabeza, le miro desde mi altura para encontrarme con su mirada. Ambos nos
fijamos en nuestras bocas y nos acercamos lo suficiente como para juntar
nuestros labios, tenemos los ojos abiertos y le doy un beso sonoro.
Él no lo hace porque analiza mi cara, me mira
con adoración, con admiración y amor verdadero, sus ojos no me mienten y
me está trasmitiendo que este es nuestro comienzo del para siempre. Sin
pensárselo me besa con los ojos cerrados y hago lo mismo, movemos nuestros
labios al mismo compás sin romper el hechizo que nos mantiene unidos de por
vida. Soy la primera en sacar la lengua porque así lo siento, mi sorpresa es
que él también la estaba sacando para chocarla con la mía. Nos besamos como si
fuera la primera vez, aquel beso que experimenté en una habitación oscura donde
el deseo nos consumió. Movemos la cabeza de un lado a otro haciendo eterno este
beso que me está llevando de nuevo al lugar de donde no debí escapar, mi
paraíso.
Sus manos suben por mi espalda hasta agarrar fuerte mi cabeza y
presionarme más contra él, mis manos suben con las suyas porque no consigo
respirar; él domina, él me posee, él hace que retrocedamos y apoye mi espalda
en el muro que antes me obligó a alejarme. El viento choca fuerte aquí y no
consigue enfriarnos, ni siquiera rozarnos porque hemos creado nuestra primera
coraza juntos, esta que va a ser indestructible pase lo que pase.
– Me asfixio.
– Hazlo en mi boca – se ríe y vuelve a poseerme, baja sus manos a mi
cintura y me aprieta contra su erección.
– Vayámonos de aquí.
– ¿Dónde quiere ir mi reina?
– A cualquier sitio que no implique gente a nuestro alrededor, no quiero
que vean una escena probablemente subida de tono.
Se ríe a carcajadas y me abrazo a él sonrojada. Es verdad, pueden vernos
aquí intentando llegar a algo más que unos besos y no voy a consentir que nadie
vea a mi novio desnudo. Nadie.
– ¿Sabes? – Me gira y ahora camino hacia atrás en dirección a la puerta
– no apruebo tu vestido. No llevas sujetador. No dejo de ver tus pezones
erectos todo el tiempo y, por supuesto, no vas lo suficiente tapada como
para esconderlos.
– Oh.
– Oh, – me imita abriendo la boca como yo – no vas a salir a la calle
así. Ni mucho menos pasar por la fiesta despertando las fantasías de todos los
hombres de allí, no quiero que nadie te vea en lencería.
No me deja decir nada cuando planta un beso en mi boca haciendo que no
responda. Echaba de menos a mí neandertal, al hombre que discute por todo y por
la ropa que me pongo. Sí, él ha dejado muy claro que soy suya y nadie más me
verá con este vestido. Le amo tanto.
Se aparta un poco dejando que siga flotando en mi propia nube. Bastian
se inclina hacia abajo para levantarme el vestido que arrastra por el suelo, lo
sube para ver mis zapatos mientras sigue rozándome con sus manos desde mis
tobillos hasta mi rodilla, se atreve a mirar y me ha pillado con los ojos
abiertos cuando él
ha parado. Quiero que siga. Continúa subiendo sus manos rozando mis
muslos y llevándose el vestido con él, subiéndolo hacia arriba, va a llegar a
mi ropa interior y me muero de ganas por que la vea.
Sin embargo, a pesar de que le falta un movimiento más para subirme el
vestido del todo, para. Gimo en voz baja, sonríe y me besa en los labios
colocando sus manos por debajo de mi trasero que en un impulso me levanta
haciendo que rodee mis piernas en su cintura.
– Podrías haber avisado, casi me caigo – susurro.
– Nunca dejaría que te cayeses.
Baja el vestido tapándome lo máximo que puede para que no se me vea
nada, yo aprovecho sus movimientos para rozarme con su erección. Sí. Estoy un
poco desesperada por tomarle y se nota que él también. Cuando me tiene segura
con mis brazos sobre sus hombros, planta sus manos en mi trasero para
colocarme a su antojo bajo mis pequeños gemidos audibles, sonríe y
empieza a andar conmigo en brazos. Yo no digo nada, los dos sabemos lo que va a
pasar ahora y nos morimos de ganas por hacerlo.
Se pelea con la puerta para abrirla porque se había cerrado pero
conseguimos atravesarla. Yo no le pido que me baje, lo quiero así, pegado a mí.
Bastian baja las escaleras conmigo en brazos como si fuera una pluma, no se
cansa, no me sujeta fuerte y tampoco se preocupa en si voy a moverme lo más
mínimo como para caerme. Llegamos a los pasillos de este laberinto y a las
escaleras que nos van bajando de nuevo hacia abajo.
– ¿Qué es este edificio?
– Lo compré para los trabajadores que hacían el edificio de al lado.
– ¿El alto gris es tuyo?
– Entero – me besa mirando de un lado a otro
perdiéndose mi reacción, ya sabe que no me sorprende lo que posee – la
puerta ha sufrido bastante.
Giro mi cabeza para ver que, efectivamente, la puerta está en el suelo
al final del pasillo y se ha llevado consigo el marco que la cubría. Pasa por
mi cabeza dos opciones, una, que la puerta no era muy buena y dos, que Bastian
tiene más fuerza de la que aparenta. Ambas opciones me sirven.
– ¿Te has hecho daño? – Le miro preocupada.
– No, pero mi chica está lista para entrar en unas olimpiadas si
quisiera, eres realmente rápida.
Sonrío porque he huido realmente rápido de él. Poco a poco vamos
acercándonos o al menos eso es lo que siento cuando frena en seco. Deduzco que
no vamos a hacerlo en el pasillo y que está esperando a que libere su boca, no
voy a hacerlo porque estoy muy a gusto besando los labios de mi novio, luchando
lengua con lengua y tampoco él me detiene mucho. Me estrella contra la pared
elevándome más al techo, sus
labios se pierden en mi garganta, por mi escote e inclusive muerde un
pezón.
– Oh Bastian – gimo.
– Aquí no nena – me mira con el ceño fruncido.
– Aquí sí, no hay nadie.
– Te mereces algo mejor que esto.
Me hace salir de mi aturdimiento para darme cuenta que está enfadado o
al menos eso aparenta, su cara es de pocos amigos y a mi excita verle así.
Entramos dentro de este apartamento mientras Bastian se dirige a la ropa que
había dejado en el suelo.
– ¿Sabes que adoro este traje?
– Lo sé, el gris de tres piezas es tu favorito. Por eso me lo he puesto.
Muerdo mi labio inferior porque estoy de
espaldas a él. No puede ver que estoy saltando en mi interior y cantando
victoria por lo que hace. Ese traje gris despierta en mí muchas emociones,
recuerdos bonitos, y él se lo ha puesto por y para mí.
De repente se levanta con la chaqueta en sus manos, la sacude y me
observa encontrándose con una sonrisa verdadera. Con su dedo índice me indica
que me acerque a él y lo hago.
Una vez que estoy delante Bastian me abre la chaqueta que previamente ha
sacudido.
– ¿Y tú?
– No hay un yo. Ponte mi chaqueta, no vas a salir con ese vestido.
– Pero…
– Nancy – mueve la chaqueta para que meta mis brazos y lo hago, una vez
lista me gira y tapa lo más que puede, me queda grande y mi cuerpo casi se
pierde dentro – perfecto, aunque no estoy muy contento con la idea de
que se te pueda ver el cuello, pero te esconderás bajo mi brazo si hiciera
falta.
– Eso es…
– Nena, eso es para cuando salgamos a la calle. No quiero que el frio te
azote y te enfermes por una insensatez. ¿Por qué no has traído abrigo?
– ¿Cómo sabes que no he traído abrigo?
– Luego te lo cuento, vamos a salir de aquí. Necesito llevarte a donde
te mereces.
– ¿Entre tus piernas?
Automáticamente abro los ojos por lo que he dicho, yo no… yo no puedo…
eso no ha salido de mi boca, ¿ha salido?, ¿lo habrá escuchado? Mis labios se
entreabren mientras intento que mi cara, probablemente del color de un tomate,
no acabe con la
poca dignidad que me queda. Él sonríe acercándose a mí, aprieta su
cuerpo contra el mío y ronronea como un león hambriento.
– Ese es posiblemente un lugar donde vas a pasar mucho tiempo el resto
de tu vida, pero en este caso señorita, vamos a salir de aquí para llevarte a
un sitio que te gustará. Donde debí llevarte el primer día que te tuve entre
mis brazos.
Cierro los ojos dejándome llevar y asintiendo a lo que me ha dicho. No
me importa donde me lleve, iré con él donde me pida, donde quiera, porque a
pesar de mis principios morales él está por encima de todo y me pierdo en él.
Le abrocho su camisa y también le ayudo a ponerse el chaleco, no decimos
nada, solo nos miramos el uno al otro como si estuviéramos preparando un
terreno en el que los dos nos sentimos más que a gusto. Me agarra de la mano
para besármela ya que no se puede resistir a mí y sube mi barbilla para besarme
en los labios también; yo le respondo
abrazándole mientras retrocedo hacia atrás. Me da igual si tropiezo o me
caigo por las escaleras, él es mío y quiero disfrutarlo.
– Ums… Bastian, tengo que avisar
a Rachel
y…
– Olvídate de ella. Vamos.
Entrelaza sus dedos con los míos dejándome con la palabra en la boca. Me
arrastra cariñosamente por los pasillos cuando ya escuchamos la música sonar,
hay personas disfrazadas en lo alto de la escalera y algunas besándose. Bastian
me aprieta fuerte contra él porque no quiere que nadie me toque y probablemente
usa esta técnica de distracción para no ver como otras personas se besan. La
fiesta sigue muy activa ya que la gente baila, el dj está motivando a la gente
y no hay espacio para más personas, Rachel estará feliz porque dice que son
clientes. La busco con la mirada sabiendo que es meramente imposible que dé con
el disfraz de geisha, ella y la mayoría de sus amigas van vestidas de
personajes de anime o de japonesas.
Tiro de la mano de mi novio para captar su atención.
– Bastian, debería ver a Rachel. Si no vuelvo con ella se preocupará –
le grito porque la música retumba fuerte en nuestros oídos.
– Ella ya sabe que estás conmigo. Cuando salgamos la puedes llamar,
¿vale? Ahora es imposible entretenerse en buscarla, puede estar en cualquier
sitio menos aquí.
– Tienes razón – le sonrío.
– Ahora voy a hacer algo que no te va a gustar,
– me grita y yo arrugo la cara – recuerda que te amo nena.
Cuando me dice “te amo” aparece en mi cara una sonrisilla imborrable que
no puedo controlar. Bastian se agacha estrellando su cabeza en mi cadera
haciendo que me levante y me ponga sobre uno de sus
hombros.
– ¡Bastian, bájame! – Le grito – sé caminar.
– No, no sabes. Te puedes hacer daño y aquí hay mucha gente.
– ¡Por favor, bájame!
Se hace el sordo mientras atravesamos el corazón de la fiesta hasta la
salida, la puerta está al fondo y se ha encargado de apartar a todo el mundo
para dejarnos pasar. Está bien, nadie nos ha visto pero podríamos haber hecho
el ridículo, ¿qué diablos? Yo hubiera hecho el ridículo. Una vez afuera sigo
sobre uno de sus hombros mientras él me sujeta fuerte para que no me caiga, lo
bueno de todo esto es que no me muevo y él puede con mi peso. Cuando veo a lo
lejos que la gente entra y sale por la puerta Bastian frena y me desliza
suavemente hasta dejarme en el suelo.
Se asegura de que estoy bien y también lo hace besándome. Me analiza sin
fijarse en mis ojos pasando
su lengua sobre sus labios para distraerme porque sabe que me vuelve
loca. Me tiene embelesada mirando la escenita y decide atacar besándome como un
neandertal sacándome de un abismo evitando una posible discusión. Muy pero que
muy pequeña, pero al fin y al cabo, una discusión.
– Sabes deliciosamente mi querida amada.
Se ríe de sus palabras y yo le golpeo suavemente en el brazo, no tiene
por qué decirme eso, sabe que estoy molesta por su acción neandertal. No me ha
importado que me pusiera sobre su hombro por mi seguridad, pero no voy a dejar
que se salga siempre con la suya.
– Cariño – paso mi lengua por mis labios y ahora es él quién se queda
embobado.
– ¿Sí? – susurra.
– Como vuelvas a ponerme sobre uno de tus hombros dormirás en el sofá
por muchísimas noches.
Frunce el ceño y gruñe. Esbozo una sonrisa pero a él no le hace gracia.
Planto un beso sonoro en sus labios mientras ronronea en desaprobación por mi
comentario.
Me doy cuenta de que estamos parados frente a un coche Batman, uno de
los favoritos de Bastian. Me acompaña hasta la puerta, la abre para mí y me
ayuda a meterme dentro del coche azotando mi trasero mientras no para de
refunfuñar sobre las trasparencias de mis piernas con este vestido.
Muerdo mis labios para que mis babas no se resbalen cuando le veo rodear
el coche y meterse dentro. Al cerrar la puerta se encarga una vez más de mirar
si me he puesto el cinturón y de robarme algún que otro beso. Estamos en esa
fase de enamorados, aquella en la que quieres comértelo a besos y no te importa
cuántas veces lo hayas hecho antes.
Sigue refunfuñando sobre mi vestido al poner el coche en marcha y
saliendo a la carretera. Me ha
exigido que me acerque más a él pero no puedo, o el cinturón o él, y
aprecio mi vida como para acercarme a él. Sin embargo, mi vida no tendría
sentido si no disfrutara de las pequeñas cosas, así que decido en décimas de
segundos que Bastian conduce muy bien cediendo en posicionarme más cerca de él.
Le toco con mi dedo índice las arrugas que se le forman cuando frunce el ceño
cada vez que se enfada con cualquier cosa insignificante.
– ¿Qué coche voy a conducir yo? – Le sonrío, quiero dejarle conducir
tranquilo pero no me puedo resistir a tocarle y besarle.
– Ninguno. Olvídate de ese trozo de hojalata que tienes por coche.
– Te doy la razón porque está roto, le pasa algo a la batería y creo que
algún día no arrancará.
– ¿Te das cuenta nena? Si me hicieras caso con todo lo que te digo –
sonríe pasando un brazo sobre mis hombros mientras conduce con el otro – te
regalaré el coche que quieras, pero lo conducirás cuando estés conmigo.
No confío en como conduces.
– Bastian, – ahora soy yo la que frunce el ceño
– conduzco muy bien.
– Tú quizás sí, pero los demás no. De todas formas ya te acostumbrarás.
– ¿A dónde vamos? – Susurro.
– Ya estamos llegando, es una sorpresa.
– Por favor, te suplico que sea donde sea, no me vuelvas a poner sobre
tu hombro.
– Te lo prometo – besa mi mano, luego mi cabeza y mira al frente para
maniobrar – hemos llegado ya.
Presto atención a la vida tras los cristales, estábamos en el centro y
no nos hemos alejado mucho de la ciudad. Me distraen unas luces deslumbrantes y
un hombre uniformado. Vuelvo mi vista a Bastian que va parando el coche
porque está concentrado en no atropellar a nadie, no sé cómo puede ver con la
parte delantera de su Batman. Reajusto mi chaqueta para taparme más porque hace
frío, no sé qué hora es ni si vamos a ir a otra fiesta, ¡oh Dios mío! y yo
vestida así. Espero que alguien pueda dejarme maquillaje o un peine para
cepillar mi pelo ya que se ha enloquecido con el aire fresco que soplaba en la
azotea.
Bastian por fin frena y ese hombre uniformado le espera en su puerta. Mi
novio me besa saliendo del coche, le da unas llaves y se dirige hacia mí para
ayudarme a salir. Cuando lo hago aprieta fuerte mi cintura besando mis labios
con pasión y reclamándomelos porque según sus susurros soy lo más bello del
mundo.
Miro hacia atrás al oír el rugir del motor, ese hombre se ha llevado el
Batman de Bastian.
– ¿Dónde estamos? – Pregunto intrigada.
– Estamos en el Ritz Carlton. Vamos a disfrutar de nuestra suite, la
primera vez que vengo a un hotel de cinco estrellas contigo y la última, porque
espero que en casa te sientas como en una.
– Oh Bastian, – me ruborizo subiendo mis brazos a su cuello – ¿sabes que
sería igual de feliz si estuviéramos detrás de un árbol, verdad?
– No me gustaría que algún insecto tuviera la desfachatez de hacerte
daño – arruga su cara como si lo que le hubiera dicho fuera anormal, me mira a
los ojos y me da un beso en la nariz – vamos nena, no quiero que cojas frío y
te enfermes de verdad.
Con otro beso sella mi silencio, pone un brazo sobre mi hombro y me guía
a que camine con él. La entrada del hotel es de fotografía, los suelos son de
mármol y de color champagne, puedo ver brillar hasta mis pestañas si quisiera
porque están impecables y relucientes. Las columnas que dividen el hall son del
mismo estilo, las luces amarillas y doradas iluminan una fuente que mueve agua
creando un clima de relajación.
Arriba hay una apertura de forma pentagonal donde pueden verse las
estrellas y algunos edificios alrededor.
Bastian y yo cruzamos esta belleza sin pasar por recepción. Me fijo en
que no hay nadie en el mostrador de lujo y que tampoco hay gente en las
pequeñas áreas decoradas con sofás y sillones; nadie excepto mis zapatos sin
tacones que resuenan en el impoluto suelo. Nos paramos frente a los ascensores,
uno de ellos se abre cuando Bastian ha pulsado el botón, entramos y dejo que me
abrace.
– Cariño, ¿tenías pensado venir aquí?
– Sí, contigo.
– ¿Conmigo?, ¿ya habías hecho una reserva?
– Compré cinco suites para mí cuando tenía veinticinco años. Subo a mi
casa cuando me plazca.
– ¿Tienes cinco suites en el Ritz? Este hotel es como… wow.
– ¿Eso es bueno o malo? – Besa mi cuello porque estoy de espaldas a él y
dejo que lo haga, sus brazos me aprietan fuerte mientras cierro los ojos –
¿nena?
– ¿Sí? – Los vuelvo a abrir sonriendo mientras le miro por el espejo.
– ¿Eso es bueno o malo?
– Bueno. Si has comprado cinco suites, no voy a decirte nada. Solo que…
– le aparto la mirada – creía que habías reservado alguna habitación para
pasarla con alguien que no fuera yo.
Ruge como un león ahuyentándome porque en un rápido movimiento gira mi
cuerpo y me empuja hasta que mi espalda toca el cristal frío. El helor traspasa
la chaqueta y el vestido. Coloca mis brazos por encima de mi cabeza y me
inmoviliza, hace que le mire a la cara.
– Es tú último pensamiento con respecto a eso. No ha habido ninguna
mujer que no seas tú, no tenía intención de estar con ninguna mujer que no
fueras tú, y por supuesto, y que te sirva para el resto de tu vida, no habrá
ninguna mujer que no vayas a ser jodidamente tú. ¿Entendido?
– Entendido – susurro besándole en los labios.
Es lógico que se me haya pasado por la cabeza esto, no entendía que
cruzara el hall del hotel y fuera directamente a una suite, tendría que haber
hecho la reserva antes. Además, me doy cuenta de que él no es como otra
persona. Él es el único que puede poseer cinco suites en el hotel más caro de
la ciudad, casi que estoy temblando de miedo por saber si le pertenece la Casa
Blanca.
– Me alegro nena, porque quería traerte aquí para darte lo mejor.
– Sería igual de feliz contigo en una acera, sentada a tu lado y
comiéndome una hamburguesa de
dos dólares.
Esta vez soy yo la que no le deja que me responda cohibiendo alguna
replica mientras le beso. Quiero todo lo que me pueda ofrecer Bastian y que
piense en lo mejor para mí, pero el lujo me sobra y no me sirve de nada
rodearme de oro si el amor de mi vida no me amara. Y él me ama. Le muerdo el
labio inferior bajando mis brazos para ponerlos sobre sus hombros, repite la
misma acción que antes y salto sobre él rodeando con mis piernas su cintura. Mi
postura favorita.
– Te quiero tanto, – susurra cuando las puertas se abren – estoy
deseando tenerte para mí solo el resto de nuestras vidas.
– Vaya, en algún momento tendremos que salir a que nos dé el aire –
bromeo mientras reboto porque camina más rápido de lo normal.
– No, la única luz que verás será la de mis ojos.
Sabe que ahí me ha ganado. Me deslizo bajando de nuevo al suelo porque
tiene que poner su dedo en la cerradura para que podamos entrar, la luz verde
nos da paso y Bastian abre la puerta. Alza su brazo para que yo pase primero y
lo hago rápido porque tenía levantada la mano que se ha estrellado en mi
trasero. Entre risas los dos nos adentramos casi al mismo tiempo mientras dejo
que me bese.
Aprovecho escapándome de entre nuestros tiernos besos para echar un
vistazo a la suite de mi novio. Es bastante grande y lujosa, no me sorprendería
tanto si no fuera por las vistas de la ciudad desde la ventana, me acerco
admirando lo bonita que es Chicago. Mientras alucino con la mezcla de colores a
través del cristal, veo su reflejo, está con los brazos cruzados, sonriendo y
divertido. Del mismo humor que él, me giro para encararle pero me distrae la
cama que veo a mi derecha, justo detrás de dos puertas grandes que están
totalmente abiertas. Remojo mis labios por la sequedad porque necesito más
dosis de Bastian. Bajo su atenta mirada me dirijo hacia la cama que grita mi
nombre, me quito la chaqueta dejándola caer al suelo y
pongo mi espalda sobre el colchón que tan cómodo se siente. La figura de
mi novio no tarda en posicionarse delante de mí gruñendo por su desaprobación
ante mi vestido, subo mis manos a ambos lados de mi cabeza y cierro los ojos.
No necesito a Bastian porque ya lo tengo.
– Soy tan feliz que me cuesta respirar.
– Espero que yo sea el motivo total de tu felicidad, porque si no me
veré obligado a regañarte nuevamente por mi desaprobación ante tú, lo que sea
que lleves puesto – sus rodillas se hincan hundiendo la cama y sus brazos a los
lados de mi cuerpo, casi está encima de mí si no fuera porque no quiere estar
encima de mí – ¿qué disfraz llevas?
– Morticia Adams.
– ¿La familia Adams, eh? Vas demasiado escotada para la vista pública,
pero tú, señorita Sullivan, estás increíblemente preciosa.
Le sonrío agarrándome a su cuello sin dudar, le empujo en mi dirección y
nos besamos. Quiero besarle, sentirle, amarle, desearle y sobretodo quiero
pertenecerle. Le quiero a él, en cuerpo y alma, pero de momento me conformo con
su cuerpo. Alzo mi cadera para invitarle a que se acerque más y me obedece
frotando su erección sobre mí.
– Vaya – susurro entre besos.
– Te echamos de menos.
Golpeo su hombro permitiéndole que muerda mi cuello, que me toque y me
acaricie.
– Yo también os echo de menos – bromeo mordiéndole la nariz, me lo
comería entero – necesito ir a refrescarme un poco, estoy acalorada.
– ¡No! – Frunce el ceño – así, te quiero así.
– Bastian, quiero refrescarme, – me niega con
la cabeza y no me dejará – está bien, míralo de esta manera. Esta noche
he bailado y otros me han rozado, me han tocado y también sus disfraces. Mi
vestido ha estado en contacto con todo eso, ¿quieres que tenga el aroma a otras
personas?
No me ha dejado terminar cuando me ha empujado fuera de la cama en
dirección al baño, sus brazos protegen todo el mal que pueda haber en una
simple habitación, su posesión no es agobiante pero si diferente ya que piensa
que no soy capaz de entrar en el baño. Abre la puerta suavemente encontrándonos
con un aroma a limpio; hay toallas, una bañera, una ducha, un lavabo y todos
los pequeños detalles cuidados al máximo. Pongo un pie dentro y una mano sobre
su pecho.
– ¡No! – Se está enfadando – quiero entrar contigo.
– Bastian, yo tengo que hacer mis cosas, me estoy orinando. Además,
quiero estar más presentable y quitarme este vestido que apesta a sudor.
– Lo harás delante de mí, yo te ayudaré, quiero quitártelo también.
– A ver cariño, – quiero reír a carcajadas pero no quiero que se sienta
mal – este es uno de esos momentos en el que nos tenemos que separar. No voy a
ningún lugar que no sea contigo, voy a hacer cosas de chicas donde los chicos
no sois invitados.
Ruge tan fuerte negando con la cabeza que me da por reír.
– ¡No! Quieres encerrarte para pensar y para arrepentirte de…
– Bastian, no me voy a arrepentir de amarte, no te puedo olvidar, ni
siquiera cuando estoy enfadada. Tú me pides siempre que saque de mi cabeza el
que puedas estar con otras mujeres, pues yo quiero que saques de tu cabeza la
idea de que me voy a arrepentir. Jamás me voy a arrepentir de estar contigo
porque te amo, te amo con todo mi corazón.
Suelto el aire que contenía esperando su reacción, me susurra algo no
logro oír. Mientras espero su reacción él nos adentra en el baño elevándome por
la cintura, me sienta sobre el mueble del lavabo, entierra su cabeza en mi
cuello y aprieta su agarre contra mí. En fin, no puedo controlar a este hombre.
Le acaricio, le calmo, le susurro lo mucho que le quiero hasta que su
respiración vuelve a su sitio. No afloja su fuerza contra mí y me molesta, me
estoy orinando y no me dejará al menos que tenga otro plan. Intento empujarlo
pero me gruñe como si fuera un niño pequeño cuando no quiere algo, la
calefacción está al máximo o soy yo la que sigo excitada, pero el problema es
que mi hombre no me suelta.
– No, no me empujes más.
– Bastian, me orino.
– Me da igual, hazlo encima. Tomaré cada cosa que produzca tu cuerpo, es
mi cuerpo también y me
perteneces.
Ruedo los ojos y suspiro, forcejeo con él aunque fallo porque me es
imposible. Acabo rindiéndome mientras espero a que se relaje un poco más, sus
respiraciones son exageradas para darme a entender que no es feliz con el
simple hecho de que entre al baño sola.
– ¿Puedes no darme con la pierna en el trasero?
– ¿Por qué no te mueves si te molesta?
– ¡No! – Se ríe.
Consigo a cambio un mordisco que me hace gritar de dolor, bueno, dolor
no, placer orgásmico porque ha tomado mi piel y ha revolucionado todas mis
hormonas. Estoy segura de que mi león ha marcado su territorio y como yo no
consiga marcar el mío, me lo haré encima.
– Cariño, ¿quieres estar a mi lado cuando me
refresque y orine?
Levanta la cabeza por primera vez en minutos sonriéndome, se aparta y me
tiende la mano. ¡Esto es increíble! Era una trampa y he caído en ella, después
habla de las mujeres, él me manipula y lo consigue. Le permito que lo haga y me
agrada, verlo sonreír así hace que me olvide de todo.
– Eres muy inteligente, – le recrimino cuando me ayuda a bajar – me
parece a mí que voy a tener que aprender de ti.
– Tienes que decir las palabras mágicas. Solo tenías que pedirme que
esté a tu lado.
Entrecierro los ojos y rápidamente hago un baile de contención bajo su
atenta mirada. Se siente divertido y le gusta mirarme así.
– Por favor, vete que no aguanto más.
– Adelante cariño, he
dicho que tomaré todo
que…
– ¡A la mierda! – Dejo de ser una señorita para levantarme el vestido
que me dejo por la cintura, con las manos en las bragas le miro – por favor,
date la vuelta al menos.
Respeta un mínimo de mi intimidad, pero cuando oye la cisterna se da la
media vuelta para volver a agarrarme de la cintura y atraerme a su cuerpo. No
me deja, ni creo que lo haga. Me quito el vestido como puedo y aprueba con
ronroneos de excitación que lo esté haciendo. Mi ropa interior vuela bajo su
atenta mirada y cuando estoy desnuda frente a él y a punto de darme una ducha,
me coge del brazo como una niña pequeña para que le mire a los ojos.
Está enfadado.
– ¿No irás depilada tal y como me gusta por otros que no sea yo verdad?
Nadie te ha visto, ¿no es así?
Le golpeo fuerte en la cara. Bastian la ha girado pero me enfrenta de
nuevo.
– Me dijiste que te golpeara cuando te lo merecieras. ¿Cómo se te ha
pasado por la cabeza que yo me depile para otro?
– Lo siento nena, tienes razón.
– Es que deberías empezar a pensar un poco, ¿te das cuenta de lo que me
has preguntado? No hay otro en mi vida que no hayas sido tú Bastian, no me
interesa otro, ni me ha interesado y no me interesará.
– Es verdad, lo siento nena. No sé lo que me ha pasado. El hecho de
pensar que te desnudas para otra persona y que…
– Oh Bastian, – le abrazo fuerte mirándole a la cara – deja de
torturarte, hemos dicho que vamos a empezar de cero. No estoy depilada para
otro hombre, solo es casualidad que haya pasado la máquina hoy por ahí. Solo
eso.
– Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, – se lamenta abrazándome –
no hago nada bien.
– No pasa nada cariño, es normal. Lo comprendo si no puedes soportarlo,
pero pregúntamelo de otra manera la próxima vez. ¿Nancy, te has depilado hoy?,
¿hay otro que haya fantaseado con lo que estoy viendo? O algo así.
– Eres la mujer de mi vida, ¿lo sabes no?
Nos lanzamos a la ducha prácticamente como dos leones en celo, el agua
empieza a mojarnos y yo a desnudarle. Le quito el chaleco, la camisa, le
desabrocho los pantalones y deslizo por sus pies el calzado junto con sus
calcetines. Todo queda en el suelo del baño porque lo he lanzado lejos para que
nos duchemos enjabonándonos entre risas, entre besos, lametones y caricias en
zonas que están más que excitadas por nuestros roces.
– Bastian, aclara
bien el champú porque
no
quiero que se me estropee el pelo.
– No lo dejaría.
Estoy acorralada entre la pared de la ducha y mi novio, el chorro de
agua caliente termina de quitarme el jabón que hemos usado. Bastian ha dicho
que la semana pasada se quedó aquí, así que usó el mismo. Cuando salimos nos
envolvemos en toallas individuales para secarnos, yo quiero hacerlo sola pero
Bastian no quiere que haga nada, solo que le seque y que me esté quieta.
– Pero deja de moverte – le recrimino.
– Deja de moverte tú, es imposible secarte si no paras de acosarme.
– ¿Acosarte yo? – Abro la boca y veo por el espejo que se está riendo –
estás empapado y tú también vas a enfermar como no te seques.
– Tengo kilos de masa muscular que soportaría
una oleada de frío, tú no. No te muevas y déjame acabar.
Me cruzo de brazos refunfuñando como lo hace Bastian.
Él está cepillando mi pelo y pienso divertida en quitarle la toalla que
le cubre la cintura. Al hacerlo me ruborizo porque su desnudez me provoca
sensaciones indescriptibles, no puedo mirarle al espejo. Pero, ¿cómo no voy a
mirarle si su erección lleva mi nombre escrito?
– Me gusta tu último tatuaje – le susurro.
– A mí también.
Esta vez me sonríe y no por diversión, sino por la lujuria y el deseo de
saber que va a poseerme y reclamarme a su antojo tantas veces quiera.
Salimos afuera una vez que ha acabado con mi pelo ya que lo ha puesto
como ha querido y no me voy
a quejar. Los dos estamos limpios y tengo la sensación de que somos la
prueba de la pureza, tenemos cosas que hablar, por las que pasar, nos
gritaremos, discutiremos, pero al final de todo seremos los mismos. Dos
personas que se aman y no van a dejar que nada los destruyan.
Me siento fuerte, decidida y enamorada. Estoy preparada para entregarle
mi cuerpo y alma, espero que pueda tomarlo todo de mí porque quiero que lo
haga.
– Te quiero – le susurro con mi espalda pegada a su cuerpo, lo he dicho
en un soplo indirecto pero sé que me ha escuchado.
– Yo también te quiero.
– Mi cuerpo y mi alma te pertenecen Bastian, tómalo también todo de mí –
me giro encarándole, está desnudo y es difícil esquivar su erección – tómalo
todo cariño.
– ¿Estás segura? No quiero que pienses que me aprovecho de tu dulce
trasero, – sonríe y yo no – lo tomaré si tomas mi cuerpo y alma también.
– Ten por seguro que tomaré todo de ti, lo bueno y lo malo, todo. Lo
quiero todo en mis manos para poder devolverte la magnitud de la pureza que te
mereces.
– Nena, esas palabras son maravillosas, ¿qué he hecho yo para merecerme
a alguien como tú?
– Encontrarme. Solo eso – le sonrío y le beso.
– Lo mejor que me ha pasado en mi vida, le doy gracias a Dios por
enviarte, – besa mis labios y me muerde el de abajo – ahora voy a hacerte el
amor y luego…
– ¿Luego qué?
– Luego tendremos sexo pervertido y te follaré tan duro que no moverás
las piernas.
– Oh.
Apoyo mi frente en su torso porque me da vergüenza porque es tan sincero
con respecto al sexo, él es un hombre experimentado que sabe cómo excitarme sin
tocarme. Lo primero que hace es quitarme la toalla que aún me cubría, no me
había dado cuenta que yo estaba tapada y él no. Una vez que estoy desnuda me
toma en brazos como me gusta y me agarro fuerte a su cuello mientras apoyo mi
cabeza en su hombro y susurro lo mucho que le amo. Me deja sobre la cama que
caigo rebotando en el colchón y se sube encima de mí sin dejar de cubrir mi
desnudez, todavía no me ha mirado.
– Nena. Necesito saber que estás bien, que ambos lo estamos y no vamos a
dejarlo cuando salga el sol.
– Te prometo que estaré aquí cuando salga el sol y no se acabará –
acaricio su cara, él ladea su cabeza sintiéndola mientras cierra los ojos y los
vuelve
a abrir – te lo prometo.
– ¿Estás bien? – Me sonríe.
– Lo estoy porque tú lo estás.
No hace falta que le diga nada más para que su cuerpo se mueva rozando
mi piel. Abro mis piernas esperando a que se coloque entre las mías, cuando lo
hace sus codos se apoyan a ambos lados de mi cabeza y no dudo en robarle un
beso. Se arrastra un poco más arriba hasta que su cara hace sombra con mi cara,
su frente se apoya sobre la mía y su respiración es la que yo respiro, besa mi
nariz y se desliza en mi interior. Sin previo aviso empuja despacio dentro de
mí, siento su erección palpitando en cada rincón de mi interior porque estoy
ardiendo, mojada, excitada y relamiéndome del placer que estoy experimentando.
Con otra fuerte embestida abro más mis piernas para que tenga fácil acceso, sé
que lo quiere lento y seguro, cuidándome como si me fuera a romper, dándome
tiernos besos en mis labios con cada movimiento. Inclino mi cabeza con cada
gemido por sus empujes,
por como de bien nos compenetramos. Su respiración es exhausta por el
esfuerzo, me abrazo a su cuerpo pero declino la idea porque prefiero agarrarme
a sus brazos e hincar mis talones en la cama para deslizarme hacia arriba.
Quiero esquivar el orgasmo porque no quiero que se acabe tan pronto.
– Nena, no te muevas.
Su mano frena mi cabeza con cada empuje y embestida, grito porque son
duras y profundas, porque ha dejado su lentitud y amabilidad a un lado para
llenarme de él por completo. Me cuesta respirar porque es tanto el placer que
siento que no puedo controlarme a mí misma, necesito que acabe esta tortura.
Mis uñas se clavan a sus brazos suplicando que pare, no dejo de gritar su
nombre y él de esforzarse al máximo para hacer que grite. El hormigueo que
tenía apagado en algún punto de mi cuerpo sale a flote con la intención de
recorrer cada parte de mi interior y expandirse por mi sexo mojado que retumba
por el movimiento.
– Oh Bastian, oh, creo que…
Cada vez que grito o gimo, me besa. Mi novio me besa callando mis
aullidos porque tiene la necesidad de hacerlo para que no pierda fuerza por la
boca.
– Quiero que me digas ahora lo mucho que amas nena, dime si me amas.
– Te amo cariño, te amo mucho. Todo va a salir bien, te lo prometo.
Sé que está preocupado y que para él es difícil que yo le entregue todo
de mí, que me rinda a sus pies de nuevo y que le ame con tanto fervor como él
lo hace. Pero tiene que entender que no me puede distraer a punto de tener un
orgasmo y que se lo haré saber tan pronto acabe de empujarme y hacerme suya.
Sus empujes van más rápidos, siento que he tenido un orgasmo o se me ha
escapado. No tardo en averiguarlo cuándo mi novio sube una de mis piernas
por encima de su hombro. Ahora lo siento con más fuerza. Viene abrasando
cada milímetro de mi piel como una llama en expansión, fulminando cada poro y
expulsando el humo del placer que se me acumula con cada embestida. Sin
preámbulos, sin preguntarle, sin ni siquiera pensar en nada más que mi novio,
dejo liberar esa llama que ha nacido de mi interior. Acabo de gritar su nombre
y me he quedado inerte como si la vida comenzara con él dentro de mí.
Mi león también ruge con su orgasmo al llenar mi interior de dulce
tentación. Le quiero así, marcando territorio. Quiero que me anhele cuando no
me tenga, que recuerde este momento cuando se agobie y que huela el sudor que
nos provoca el efecto de nuestro amor. Bastian sabe que soy suya y se acaba de
dar cuenta.
Trago saliva entre pequeños jadeos, él también lo hace porque ha gritado
mi nombre en más de una ocasión. Me reclamaba y le respondía. Baja mi pierna
sobre su hombro sintiéndome bien, él no sale de mi interior y no nos movemos.
Analizamos nuestros ojos con ternura.
No, no es la primera vez que hemos tenido sexo, pero es la primera vez
que lo hemos hecho sin un sinfín de mierdas entre nosotros. No ha habido
mentiras, barreras, ataduras, lados oscuros o terceras personas que nos
distraen. Hemos hecho el amor porque nos hemos demostrado que somos los dueños
el uno del otro, que acabamos de conquistar nuestras almas y poseer nuestros
cuerpos.
Solo espero que esto me dure para toda la vida, que hagamos el amor
tantas veces nos apetezca sin que el hombre que sigue mordiendo mi labio no
termine encerrado en algún punto muerto que le torture.
Bastian Trumper es mi novio y lucharé como una neandertal cavernícola
ante todo lo que pueda hacerle daño.
CAPÍTULO 17
– ¿Entonces? – Miro a través de la ventana que hay detrás del cabecero
de la cama, ahora le vuelvo a mirar a él – ¿todo estaba planeado?
– Sí mi amor – besa mi mano.
Mi boca sigue abierta como una O infinita. Hemos hecho el amor durante
toda la noche, hemos dormitado y al despertarnos hemos empezado a hablar porque
Bastian me ha contado cual ha sido su plan desde que regresé a Chicago. Sí,
desde el uno de septiembre, todo lo tenía planeado para recuperarme. Él ha
estado dando todos los pasos con conocimiento de causa hasta que ya no ha
podido más y ha tenido que recurrir hasta mis padres. Oh, oh y mil veces oh.
Aún estoy impactada por lo último, anoche él me estaba observando desde
su coche cuando entramos en la fiesta como estaba planeado. Bastian
se reunió con la amiga de Diane y Bibi mientras la mujer de esta le
esperaba en la puerta porque al acabar se iban a otra fiesta. Mi novio, él
acudió a otra lesbiana y yo casi me muero en el acto. Todo esto es tan
sumamente descarado que quiero lanzar de nuevo mi almohada sobre su cara.
Estoy sentada delante de él, llevo su camisa blanca porque no tengo ropa
y es lo primero que he visto cuando he ido al baño. Sí, me ha dejado ir sola
aunque mi chico me esperaba impaciente al otro lado de la puerta. Bastian tiene
sus piernas estiradas y me besa la mano cada dos por tres, se siente relajado y
seguro de poder compartir conmigo todo lo que lleva dentro. Estoy muy feliz de
que se haya abierto emocionalmente, cuando ha llorado y cuando ha estado
enfadado, para él está siendo realmente importante expresarme sus sentimientos
porque se siente liberado. Es como si no quedarán restos de nuestra “crisis de
pareja”, como él lo llama.
– Wow – digo aún sin creérmelo.
– Vas a tener que definir más ese “wow”.
– Bastian, estoy impresionada. Yo… tú me tenías, me tenías esperando por
ti.
– De algún modo no era lo que me decías, respetaba tú opinión y aunque
me moría de ganas por atarte a mi cama, tú familia y amigos no lo aprobarían.
– A ver, explícame otra vez. ¿El sábado pasado planeaste la noche de
Halloween?
– Sí cariño. Mira, cuando entré en El Sótano y te vi con Ria, quise que…
– Espera, – me sonrojo porque quiero que me lo vuelva a decir una vez
más – repíteme otra vez esa parte. Quiero volver a saltar.
– Mi dulce Nancy, – besa mi mano y muerde mis dedos mirándome a los ojos
– esta semana he estado muy ocupado cerrando El Sótano. No hay más Sótano
excepto una prolongación del parking municipal
que conectará otra vía que no sea mi edificio.
¡Sí, sí y millones de veces sí! Por fin ha cerrado ese club, lo ha hecho
porque cuando esa noche me vio con Ria supo que el dolor que me estaba causando
era mayor del que creía. Pensaba que eran celos tontos, pero me ha repetido más
de una vez que cuando me miró a los ojos vio mi alma destruida y se dio por
vencido. Esa misma noche iba a decirme que todo se acababa, pero estaba tan
cegada en mi pelea con Ria y en regañarle que no tuvo la oportunidad.
– Es una buena decisión Bastian, no eras tú.
– Lo sé, tuviste que aparecer en mi vida para darme cuenta de que todo
aquello era tóxico, que le dedicaba un tiempo innecesario a la práctica sexual
de gente que me importaba una mierda. Pero todo se acabó nena, los he reubicado
en otros clubs amigos de alta seguridad y no me pertenecen, así que no es mi
problema.
– ¿Estás seguro de
que Ria no va
a ser un
problema?
– No la vi desde el domingo pasado. Trevor estaba conmigo cuando le dije
que no quería saber nada más de ella, lo llevé conmigo para tener un testigo
por si ella me acusaba de golpearla o violarla u otra cosa peor. Todo fue
rápido, le dejaste la cara bastante mal.
– Sí, no me arrepiento de todas formas. ¿No aparecerá más en nuestras
vidas?
– No. El miércoles por la mañana Neil se pasó por mi oficina y me dijo
que estaba destrozada, que se iba a Tailandia con su padre, que ya tenía un
nuevo trabajo y que no se iba a arrastrar por un hombre como yo.
– Me alegro – no puedo esconder mi sonrisa, ya nada nos va a separar –
no era normal lo que hacías.
– Lo sé ahora nena, – vuelve a besar mi mano – eres mi luz y me hace
inmensamente feliz haberte
encontrado. Me has abrir los ojos y ver que malgastaba mi tiempo por
salvaguardar la privacidad de personas mientras podía dedicarle tiempo a la
mujer que amo.
– Y a mi me hace muy feliz que hayas hecho eso. Te tenías que dar cuenta
tarde o temprano, yo solo estaba esperando a que dieras el paso.
– Siempre te voy a agradecer todo lo que has hecho por mí, gracias a ti
me he salvado de ser un desgraciado para el resto de mi vida.
– Venga, continuemos – muevo la cabeza de una lado a otro emocionada,
cada vez que me confiesa algo me enamoro más – me viste con Ria en El Sótano
¿y…?
– Como te he dicho, te miré y supe que te había destruido, que estabas
infectada con la oscuridad de la que siempre quise alejarte, no eras tú la que
estabas allí abajo, era la que había detrás de ti. Me di cuenta de ello al
verte con ese vestido, maquillada y muerta de
miedo, con esos ojos que gritaban ayuda, me miraste y me rompí por
completo. Supe que se tenía que acabar y que ya te escogí desde hace mucho
tiempo atrás, pero tenía miedo a dar el paso y de traicionar a personas que
habían confiado en mí.
– Esa noche yo me rompí también, – ahora beso yo su mano – ¿estabas en
casa viendo el combate?
– Sí, yo solo, con una hamburguesa del Burger King y llorando porque no
estabas a mi lado. Vertí vino en mi copa y me lamenté luego escuchando
canciones clásicas que me provocan tristeza.
– Eso es tan romántico.
– Mi teléfono sonó y tardé cinco minutos en llegar allí abajo
desesperado porque fuera todo mentira, que tú estabas a salvo con tus amigos y
no en ese lugar infectado de gente que no debes de cruzarte en la vida. Temí
por ti y por mí.
– Yo la iba a matar Bastian, te juro que lo iba a
hacer. Es ridícula.
– Lo sé amor, vi tu dolor, sentí tu miedo y cuando gritaste y esa
maldita zorra te golpeó quise ser mujer por un momento para hacer lo mismo. Mi
única preocupación eras tú.
– No fui amable contigo.
– No debías serlo. Quise acabar con todo y que mejor que enseñarte lo
que hacía realmente, que yo no me follaba a nadie allí abajo desde hacía
tiempo.
– Un año y medio, – le sonrío y niega con la cabeza – no mientas, Diane
y las chicas me lo dijeron.
Pone una mano en su corazón. Es una nena dramática y un exagerado cuando
se pone así, lo amo tanto que me duele cada vez que respiro.
– Creo que vas a matarme nuevamente cuando tengas que contarme una vez
más que estuviste allí con ellas.
– No fue tan malo, todas me adoran y a ti no, – le saco la lengua y le
beso en los labios – vale, me enfadaste demasiado cuando se me vino a la cabeza
que podrías estar mirando por la pantalla a mujeres teniendo sexo. No
participabas pero no me negaste que no lo hicieras.
– Eso era de apoyo nena, no miraba, solo si algo no iba bien o cuando
era sospechoso. No me interesa ese tipo de excitación, nunca me han gustado las
películas porno cuando podría hacer múltiples de ellas contigo en nuestra cama.
– Enloquecí y gracias a Dios que vino Trevor porque estaba a punto de
lanzarte muchas cosas a tu cabeza.
– Yo enloquecí cuando él entró allí. Pensé que te habías colado, no que
acudieras a él.
– Era mi última opción para salvarte de aquello, o entenderte o romper
para siempre. No te enfades
con él por eso, me trató como a una hija.
– Él no…
– Sí, – ruedo los ojos como tantas veces hago por sus incoherencias – él
no me ve como a una hija, lo he entendido, pero nunca se ha sobrepasado y ha
sido un buen amigo para mí. No te enfades con él.
– Cuando entró allí y te vio, te reclamó; no miró a nadie que no fueras
tú y… – no quita la mano de su corazón – y tú le miraste, llevabas ese vestido,
se te veía todo y… fui testigo de la mayor tortura que haya podido sufrir.
Pensé que se acabó todo, que le habías escogido y que no habría manera de que
volvieras a mí, me hundí en la miseria, en el infierno de donde no llegué a
salir y me derrumbé cuando le elegiste a él. Te llevaba en brazos.
– Lo siento Bastian, lo siento tanto, si tan solo me hubieras hablado.
– En esos momentos, tal y como
estaban las
cosas, no era la mejor opción para ambos. Fue ahí cuando destrocé todo,
di la alarma de emergencia y evacué El Sótano. Para siempre. Tú destruiste al
Bastian que te quitó la vida y yo lo destruí contigo.
– Eso es tan dulce, fuiste muy valiente.
– Salí de ahí e intenté ser positivo, pensar con la única neurona que no
llevaba tu nombre para darme un golpe de sensatez a mis actos. Lo primero que
hice fue mandar un mensaje a Trevor para contarle que iría a su apartamento tan
pronto te durmieras.
– En el ascensor él estaba mandando mensajes y pensé que me ignoraba.
– Le dije que te dejara sola y que lloraras a gusto, te desahogaras y
vieras que no habría nadie a tu lado excepto yo.
– Lo pasé fatal Bastian.
– Y yo. Entonces como te he dicho, me lancé al
abismo y pedí ayuda a todo ser viviente que haya cruzado contigo más de
dos palabras. Me planté en casa de Rachel, estaba ese enfermero y les conté
todo, que tenía un club que no era beneficioso para mí, que lo supiste y te
traicioné, prácticamente todo lo que había pasado. Entonces llamaste tú.
– Nunca hubiera imaginado que tú estarías allí con Rachel y Alan.
– Ni yo, pero no me quedaban más opciones. Le pedí a Rachel que actuara
normal, que ya estabas a salvo y poco después Trevor me llamó cuando salía de
su apartamento para decirme que te quedabas sola y muy mal. Me dijo que ibas a
cometer una locura si no aparecía pronto, me dejó la llave en el buzón y
quedamos en que le llamaría al día siguiente.
– No puedo creerme que mi amiga se pusiera de tu lado.
– Ella lloró, el enfermero no, pero aceptó que estabas muy triste y lo
estarías si no volvías conmigo.
Tuvimos unas palabras de hombre a hombre mientras Rachel estaba en el
baño y enterramos el hacha de guerra, él quiere a Rachel y no siente nada por
ti, solo amistad.
– Eso ya te lo dije – le sonrío.
– Quería amenazarle primero. Así que le pedí consejo a Rachel por ser
mujer y cercana a ti, por ser una buena amiga cuando no tenías a nadie en la
ciudad excepto a ella. Me dijo que me amabas, que enloquecías y que no eras
feliz si no era a mi lado. Estuvimos hablando un buen rato sobre cómo hacerte
regresar a mí de nuevo.
– Sigo sin entenderlo Bastian, me tenías.
– Me rechazaste porque en tú cabeza solo veías lo que tú creías ver.
Llegamos a un punto en común, que la única manera de que reaccionaras era
ignorándote, no darte importancia, hacerte creer que ya estaba más que acabado
y que no te amaba.
– Eso dolió.
– Lo sé cariño, – besa mi muñeca – si te sirve de ayuda, esa parte la
añadió Alan. Dijo que si te hacíamos creer que no te amaba irías a recuperarme
de nuevo, a reclamar lo que es tuyo.
– Me hundió. No era necesario. Si me hubieras contado que habías cerrado
El Sótano y habías pegado la patada a Ria, yo hubiera ido con los ojos vendados
si fuera necesario.
– Nena, necesitaba saber también que aún me amabas. Fue la mejor opción.
– Supongo que tienes razón – le sonrío y le vuelvo a besar en la boca –
¿y ya intercambiasteis móviles?, ¿fue esa noche?
– Sí, Alan prefirió mantenerse al margen pero Rachel se lanzó a la
aventura como ella dice. Le dije que me mantuviera informado de cómo lo
llevabas, que te hiciera creer que se acabó la relación. Te distrajo
con la fiesta y no paraba de enviarme mensajes sobre ti cuando hablabas
de mí a todas horas.
– Eso es muy privado y muy… muy de mala amiga. Estaba destrozada, no me
imaginaba la vida sin ti, no quería vivir sin ti.
– Nancy, es lo más sensato que has dicho, – muerde mi dedo – ese era el
trato con ella. Al día siguiente, cuando supe que Ria no era un problema, le
dije a Rachel que te iba a recuperar la noche de la fiesta, que llevaría a una
lesbiana de mi brazo y que te mantuviera en tu juicio para que me vieras.
– Me hiciste daño, eso no se hace. Aunque, ahora que me acuerdo, Rachel
y Alan estuvieron alejándome de la pista de baile todo el tiempo.
– Personas inteligentes. No me lo tomaría muy bien si te viera
restregándote en la pista de baile con otras personas, – no se ríe y es una
amenaza – hicieron lo que les pedí, que te mantuvieran a salvo y alejada de
todo para que vieras que yo era el centro de
atención e iba con una mujer de mi brazo.
– Me miraste y luego te abrazaste más a ella.
– Eso no fue así, la atraje más a mi cuerpo, que es muy diferente.
– Te odio.
– Me amas, – ahora es él quien se incorpora y me da un beso – dime que
me amas.
– Te amo mucho, – sonrío – bueno, ¿y mis padres?
– Ahí no tuve mucho que ver porque a Rachel se le escapó en una
conversación con tu madre que te estaba recuperando, que estábamos de acuerdo
en hacerte creer que ya se había acabado para siempre.
– No puedo creer que fueras a Crest Hill, mi padre te hubiera matado, de
hecho te quiere matar.
– Tu madre me llamó el martes y me dijo que tu padre estaría en el
taller toda la mañana. No dudé en conducir hasta allí para presentarle mis
respetos y mis intenciones contigo.
– Ella siempre te ha adorado más que a mí.
– No, ella ve lo que yo veo en ti.
– ¿Ah sí, qué ves? – Le sonrío.
– Una cabezota testaruda y neandertal cavernícola que no hace otra cosa
que inventarse películas en su lindo cerebrito para luego enfadarse consigo
misma.
– Eh… – le lanzo la almohada nuevamente – eso no es verdad.
– Lo es – se ríe y está bromeando, o quizás no
– solo me contó que estabas destrozada y que a pesar de todo, sentías
amor por mí y lo veía en tus ojos, también lo vio en los míos. La verdad es que
no
hablamos mucho, solo de ti y de lo dolida que te hice sentir. Le pedí
disculpas y me envolvió unas magdalenas que no te guardé y me comí ese mismo
día.
Entrecierro los ojos, mi hombre engatusando a mi madre para darle
bizcochos que podrían ser para mí. Es tan lindo, mi Bastian es tan humano y
sensible que condujo hasta la casa de mis padres para intentar recuperarme,
hablar con mi madre y disculparse. Esa es la parte de Bastian que solo yo veo y
hace que me enamore cada vez más.
– Ya sabes que hoy tendría que estar en Crest Hill, ella me dijo que
intentara ser positiva y me dijo una serie de cosas que no entendí. Como si me
enviara señales o algo así para que no dejara Chicago. Y era porque ella
también estaba en tu plan, – le golpeo con la almohada bajo sus risas – y ya,
lo de Diane y Bibi, no sé si perdonártelo o no.
– Eh, que aún tengo que enfadarme con la pareja. No me dijeron que
habías estado en una de las
habitaciones con ellas, ni que habías conocido a Roxane, nadie me dijo
nada – frunce el ceño.
– Ellas me quieren y a ti no, supéralo Trumper.
– Ya, – me muerde los dedos y grito – ellas formaban parte del plan
porque llamaron a Trevor para contarle que habías estado con ellas también, que
se mantuviera en alerta por si yo lo descubría. Y Trevor me llamó a mí para
tranquilizarme, como sabía que el lunes ibas a quedar con las dos, las metí en
el plan. Ellas ya sabían que el club estaba cerrado y que la única manera de
recuperarte era que me ayudaran a convencerte de que se acabó lo nuestro.
– Las quise ahorcar yo también, el sábado me motivaron a luchar por tu
amor y el lunes me dijeron lo contrario. Que si no estábamos juntos, pues que
no merecía la pena, que la vida seguía, yo solo… solo quería unas palabras de
apoyo o algo así. Rachel había estado rara desde que llegué a casa el domingo y
esa mañana estaba actuando muy extraña. Me tuvo toda la semana convencida de
que la fiesta era importante.
– Yo no supe que ella alquiló mi edificio hasta que no me lo dijo,
entonces fue más que perfecto para conseguir intimidad entre los dos. Nadie
subiría al resto del edificio porque te quería allí sola, y bajabas conmigo de
la mano o bajabas conmigo sobre mi hombro.
– Fuiste bastante neandertal en ese aspecto.
– Me lo jugaba todo, necesitaba hacerte reaccionar, me dolió cuando me
rechazaste nuevamente.
– No puedo soportar verte con otra mujer y no podría luchar contra
ellas.
Hemos bajado de nuevo el tono de la conversación dejando caer mi cuerpo
sobre el suyo. Me tumbo a su lado abrazándole e inclino la cabeza para que me
bese en los labios, nos quedamos mirándonos.
– Lo importante es que ya estamos juntos y que me ha costado un infierno
recuperarte para toda la vida.
– El infierno se ha acabado porque ahora solo nos queda por vivir cosas
bonitas. Gracias por contarme todo esto Bastian, ahora todo tiene sentido, esta
semana ha sido muy extraña y he estado muy ciega con el hecho de que me
rechazaste en tu despacho. ¿Estás seguro que no sabías que Trevor me ofreció
trabajo?
– No. Sin embargo, él sabía tramaba algo para recuperarte porque el
domingo se lo comenté, pero no estaba al tanto. Me sorprendió verte en mi
despacho, pero me cegaron los celos porque ibas a estar con él y no conmigo.
– Tú te comportaste como un cerdo el domingo por la mañana, yo te estaba
proponiendo amistad y sexo pervertido y tú… tú me ignoraste por completo.
– Ese era el
plan, dejarte con la miel en los
labios, que creyeras que realmente te había quitado importancia a mi
vida. Además, Rachel no dejaba de amenazarme con que ya se había despertado y
te quería en casa. Así que tuve que salir lo más rápido que pude del
apartamento para que fueras con tu amiga.
– Cuando me desperté estabas abrazándome, casi muero creyendo que era
Trevor quien había vuelto.
– Eso no pasaría ni en sus mejores sueños.
– Luego supe que eras tú y que volvías a por mí, que me habías escogido,
pero tu actitud me llevó de vuelta al infierno. Por eso me sentí valiente en
enfrentarte, quise hacerte entender que ya tenía un nuevo trabajo e iba a
continuar mi vida sin ti.
– Eso no estaba en el plan señorita, – muerde mi nariz – se supone que
tenías que estar con Rachel, no escaparte con Trevor.
– Él es dulce conmigo, además, – le frunzo el ceño – no me perseguías,
no había coches detrás de mí ni gente sospechosa.
– Porque sabía lo que hacías cada cinco minutos, la descarada de tu
amiga me mandaba mensajes contándomelo todo.
– Ella es muy buena amiga, la quiero y es un sentimiento real, es como
si Molly nunca hubiera existido.
– Siento lo de ella, no me caía bien por lo mismo. La vi y supe que era
una trepa, una niña que quería más de lo que nunca había tenido. Te tenía
envidia porque yo te amaba.
– Con Rachel es diferente, ella es natural, si tiene que regañarme y
enfadarse conmigo lo hace y si tiene que quererme y hacerme feliz, es la
primera de la lista. Me ha ayudado y le debo un infierno de cosas, la quiero a
mi lado para siempre.
– Pitbull, – susurra y le doy un pellizco – era broma, era broma.
– Bueno, creo que esta conversación me ha servido para poner cada pieza
del puzle en su sitio. Necesitaba esta clase de respuestas por el cambio de
actitud de todo el mundo en esta semana, pero sigo pensando que si me hubieras
dicho que habías cerrado el club, hubiera corrido a tus brazos.
– Lo hice de la mejor manera posible y con la ayuda de todos, sabiendo
que tu madre me apoyaba y Rachel estaba haciendo bien su trabajo. Era cuestión
de horas, en la fiesta iba a secuestrarte, – ronronea – y si no hubiera salido
bien, hubiera movido cielo y tierra para que volviéramos juntos, no se iba a
acabar señorita. Eres toda mía y para mí solo.
– Me alegro de saberlo todo, voy a enfadarme con todos ellos pero me
alegro Bastian, esto me hace muy feliz y quiero que sepas que te amo con
locura. Te agradezco que lo hayas planeado para recuperarme, que hayas contado
con las personas que me quieren y
sobretodo que hayas tenido la valentía de seguir intentándolo. Pensé que
te perdí.
– Nunca me has perdido y nunca me perderás – nos sonreímos tan
sinceramente – ¿dejamos la charla para otro momento? Quisiera llevarte a
almorzar pero no me apetece, te quiero desnuda y para mí solo. Mejor pediremos
la comida aquí y luego tendremos muchas horas de sexo pervertido hasta la
próxima ronda de conversaciones. ¿Buen plan?
– El plan me parece perfecto, deseo todo lo que has dicho.
– ¿La parte de sexo pervertido también?
– Esa es mi favorita – le sonrío besándole mientras él ronronea.
Pasamos el resto del sábado siendo nosotros mismos, hemos almorzado en
la habitación porque no nos apetecía salir y Bastian me ha obligado a comer más
de la cuenta porque dice que estoy muy delgada.
Hemos pasado casi toda la tarde teniendo sexo pervertido,
recuperándonos, duchándonos y volviendo a caer en nuestras redes del deseo. La
cena llegó hace un par de horas con más comida que he tenido que comer por la
insistencia de mi novio. Tras comerme una tarta de chocolate para dos personas,
nos hemos duchado y relajado después de hacer el amor. Ahora mismo estamos
sentados en uno de estos sofás incomodos que forman parte de la decoración
exquisita de una suite de cinco estrellas. Sentados y yo un poco perpleja.
Bastian no ha dudado en darme pinceladas durante todo el día sobre su pasado y
sobre sí mismo, me ha contado todo lo que ha hecho desde que consiguió la fama,
sus aventuras con su amigo Bill y sobre todo ha hecho hincapié en cómo le
excitaba follarse a mujeres que él mismo drogaba. Él y Bill se las follaba de
dos en dos y de tres en tres, es una barbaridad lo que me ha contado e intento
asimilarlo.
Bastian está en el suelo y sujeta una de mis manos, las besa mientras me
da el respiro que yo necesito.
– No logro entenderlo. Si hoy en día eres guapo de joven deberías ser
una joya.
– Nena, no lo entiendo ni yo. Ahora que miro hacia atrás no logro
comprender por qué me gustaba drogarlas para luego follarlas. Es inhumano y me
arrepiento, pero me agobiaban tanto. No sabes lo horrible que era ver que
esperaban por mí, era mi manera de decirles que se fueran a la mierda. O lo
hacían a mi manera, o nada.
– Bastian, es muy cruel. Dormías a las mujeres para follarlas, es
denigrante. Yo… yo no sé lo que hubiera pasado si te hubiera conocido más
joven.
– Pero esa persona murió Nancy, murió.
– Me acabas de confesar lo que me hacías mientras dormía.
– Eso era diferente, – frunce el ceño – tú eras mi novia. Al principio
te quería desnuda para verte solamente, para abrazarte y sentir tu pureza,
luego, no
fue mi culpa.
– ¿Cómo? – Ahora yo le frunzo el ceño.
– Tú te movías todo el tiempo, de hecho no paras de moverte cuando
duermes.
– Eso no es verdad, – levanto mi barbilla – está mal lo que hiciste.
– Sí, pero con respecto a ti, no me arrepiento. Las primeras noches te
tapaba, te movías y otra vez arrastrabas las sábanas para volverte a destapar.
Y yo, tú novio al que tanto amas te tapaba para que estuvieras caliente. Luego…
– sonríe – luego no me hice responsable, me pusiste tu desnudez en mi cara y no
pude resistirme, sí, te tocaba pero también tenía derecho. Eras tú la que me
provocabas todo el tiempo, si no hubieras dormido desnuda no hubiera ocurrido.
Me levanto un poco, cojo la cuchara de la tarta que está sobre la mesa y
se la lanzo al pecho. Los dos nos reímos pero va con doble intención.
– No te atrevas a acusarme, tú me mandaste a dormir desnuda.
– Porque me excitaba el hecho de dormir así contigo, tan linda y
hermosa, y solo mía.
– Ya, – la verdad es que no me enfada pero si me molesta que me tocara
sin mi consentimiento – no vuelvas a hacerlo de todas formas, quiero que me
despiertes cuando tengas la necesidad de tocarme mientras duermo, ya sea por la
noche o una siesta. Quiero estar presente cada vez que quieras hacerme algo.
– Lo prometo amor, – besa mi mano – de todas formas ese hábito lo dejé.
Me di cuenta que me excitabas dormida, pero me excitas aún más despierta. Eras
diferente, no supe valorar lo que estaba bien y mal.
– Es que está mal, eso no es sexo es… violación y… – levanto la mano
para hacer que se
calle – dime lo que quieras que pensaré lo mismo, es violación de los
derechos de una persona por mucho que haya firmado antes un contrato o lo que
sea que ellas firmaran. No puedes hacer eso, no te pueden excitar follarte a
mujeres que duermen.
– Lo sé cariño, ya forma parte de mi mierda de pasado. Me arrepiento
mucho, si supiera que te iba a encontrar no hubiera hecho nada de eso.
– Y encima de todo con Bill. ¿Realmente ese es todo tu pasado, lo que me
acabas de contar?
– Todo, nena, en mi vida solo existía la lucha y las mujeres. Bill era
mi compañero, la diferencia es que él tomó un mal camino. Pero te juro que lo
único de lo que me avergüenzo es de esa parte de mi pasado, no debí hacerlo, no
debí de ser arrogante y egocéntrico con las mujeres, no debí sucumbirlas para
mis prácticas sexuales. Sí, me he follado a todas las mujeres que te he dicho,
pero la mayoría de veces me encargaba de que terminara pronto para lamentarme
después.
– No sé si puedo perdonarte lo de Catherine y
Linda.
– Lo siento, eso ya formó parte de mi mierda cuando dejé la lucha. Bill
se casó, formó una familia y a pesar de que era el borracho y el drogadicto de
los dos, no concebí que él tuviera suerte y yo no. Fue cuando gané el último
campeonato antes de la retirada, pensé que quedaría en el olvido, que no
importaba nada porque jamás iba a encontrar a una mujer para el resto de mi
vida, me perdí y me centré en El Sótano.
– ¿Por eso no te cae bien Trevor?
– No es eso, aquella noche bebimos todos. Catherine, él, otros dos
hombres y yo. Todos nos la follamos.
– Debe de ser duro para Trevor, pobre.
– No te compadezcas, él accedió. Y también el marido de Linda.
No sé dónde voy a encontrar las fuerzas suficientes para enfrentarme a
esas dos personas, a Catherine y Linda que han sido folladas por mi novio en el
club. Bastian ha sido sincero en contarme su vida con las mujeres y ellas dos
precisamente venían en el paquete. No quería que me quedara sola con ellas por
si me lo contaban y nunca lo hicieron. No sé hasta qué punto soy consciente de
que voy a tener que dar la cara a mujeres que han hecho barbaridades en un club
y con mi novio.
– Betty también, ¿no?
Asiente cuando repito lo mismo, Betty, la médica de la Zona 4 en
Ravenswood, la muy zorra era la encargada de ser la puta de Bastian mientras
estaba encerrado. Han sido un par de horas escuchando noticia tras noticia y
algunas sorprendentes, jamás hubiera pensado que Bill fue el compañero de
batalla con Bastian, que los dos compartieran mujeres y prácticas agresivas a
pesar de que mi novio no era partidario. Ni qué Catherine y Linda, que me las
presentó como buenas mujeres, estarían en el lote de mujeres a las que
se folló. Pero lo de Betty, creo que paré de escuchar cuando me dijo que Betty
es la mujer de Rony pero aun así, cuando él chasqueaba los dedos, se subía
encima de él y le cabalgaba. Creo que estoy abrumada y no por los celos, si no
por su pasado lleno de mujeres y algunas de ellas que conozco. ¿Cómo voy a
actuar cuando vea el lunes a Trevor? No quiero decirle nada, aunque, él tampoco
me fue muy sincero ocultándome que su mujer había sido follada por Bastian.
Lo que más me duele es que todos lo llevaban en secreto y como me temí,
hice el ridículo en más de una ocasión. Las miradas y las confidencias sin
palabras me dejaban a un lado de su círculo de amistad.
– Nena, – se pone de rodillas para enfrentarme cara a cara – si pudiera
cambiar cada cosa de mi pasado lo hubiera hecho. Me has pedido sinceridad.
– Te lo agradezco – le sonrío pero no llega a
llenar mi cara. Sabía que me enfadaría cuando llegara el momento de las
confesiones con respecto a las mujeres, me siento tan poco a su lado.
– ¿Estás molesta? – Su cara es de preocupación, no sabe cómo hacerme
sentirme mejor
– te lo juro Nancy, no hubiera querido tener que contarte esto.
– Está bien, gracias.
– Gracias, ¿pero?
– Pero, como tú dices no puedes cambiar el pasado. Pasó y ya está.
– Dime, ¿qué te duele?
– Todo Bastian, – suspiro – todo, no es el hecho de que hicieras locuras
con Bill. Es normal, eras joven, guapo y rico, podías hacer lo que quisieras,
es… es como lo hiciste, como te declinaste por esa fantasía o como sea, como
jugabas con las mujeres, me has dicho
que todas ellas eran putas o querían estar allí. Yo creo que… que
ninguna querría ser follada por ti de esa manera, querían su noche de sexo,
pero no de esa forma. Me duele el pensar que se han sentido humilladas porque
los dos habéis jugado con ellas.
– No forzamos a ninguna mujer y cuando Bill había consumido, yo frenaba
todo. Te lo juro.
– Y lo de Catherine y Linda, no puedo creerlo. Me doy cuenta de las
veces que os habéis mirado, que habéis hablado con los ojos delante de mí y eso
es tan humillante como todo lo demás. Siento que era una tonta de la que os
reíais y nadie va a quitarme eso de la cabeza.
– No es así nena, no es así y te prohíbo que pienses de esa manera.
Ellos no podían hablar de El Sótano fuera del club, tenían contratos de
confidencialidad con muy graves consecuencias si te decían lo más mínimo.
– Me has dicho que aun así, les dijiste que no
sabía nada, y tú… ¿y tú ibas alardeando de novia formal? Por favor, una
novia formal tendría que saber todo eso. ¿Sabes lo estúpida que me siento ahora
que se me viene a la cabeza todo?
– ¿Qué todo? Cuando pasó yo no te conocía, no tienes por qué sentirte
así.
– Lo siento así, por eso Catherine desaparecía cada vez que nos veía
juntos.
– Trevor me dijo que estaban enfadados y era su manera de joderle a él
cuando estaba a nuestro lado.
– Por eso las llamadas continúas para vernos en el club, o eso, o el
follarse a su monitor de tenis.
– ¿Lo sabes?
– Trevor me lo ha contado.
– Vaya, que de cosas compartes con Trevor –
bebe de su copa de champagne.
– No vayas por ahí Bastian. Además, es que hasta Betty, ¿pero te has
dejado sin follar a alguien más? Lo digo porque vamos, tus mil y una putas, más
las mujeres de tus amigos. ¿Estás seguro de que no has follado a la
recepcionista de este hotel? Porque tiene todas las papeletas.
– Nena, – suspira – las cosas no eran así. Esas personas no dejaban de
ser mis amigos. Lo de Catherine pasó hace como ocho años, lo de Linda y su
marido hace cinco, yo estaba aún en la lucha y solo nos divertíamos.
– Y lo de Betty, solo hace unas horas antes de conocerme.
– No, esa vez que estuve encerrado no pasó por mi habitación. ¿Podemos
dejar de hablar sobre las mujeres de mi vida? No quiero que te enfades más de
lo que estás.
– Yo no estoy enfadada, – me levanto – de hecho estoy muy bien.
– Nena, – me mira de arriba abajo porque le gusta que lleve puesta su
camisa y nada debajo – no puedes culparme por algo que yo mismo eliminaría de
mi vida.
– Y no te culpo, solo es que… es que no es justo para mí tener que ver
las caras de esas personas e imaginaros haciendo de todo.
– Ocurrió hace mucho tiempo, lo de Betty fue una gilipollez, no era
tantas veces y te recuerdo que cuando estaba en Ravenswood era cuando no podía
más con la presión. Ni siquiera me acuerdo de lo que hicimos o dejé de hacer.
No le des más vueltas Nancy, te lo suplico.
Suspiro con las manos en mi cintura, tiene razón, no puedo enfadarme por
algo que ya ha pasado, pero me va a costar un infierno tener que ponerle caras
a esas dos mujeres en especial, incluso a Trevor. No sé
cómo controlar mis celos porque lo único que deseo es partirle la cara a
Catherine, mandar a la mierda a Linda y coger a Betty del cuello para
asfixiarla. Sería feliz haciendo eso. Bastian ha dado unos pasos en mi
dirección y evalúa mi cara, le miro y le sonrío. No tiene la culpa de que haya
vivido esa vida, no estaba en ella y no le recrimino nada. Él ha hecho lo que
ha querido, no soy nadie para decirle lo contrario pero me duele que haya sido
de esa manera. Hubiera preferido egoístamente que se dedicara al alcohol y las
drogas antes que coger a mujeres y follárselas, ya sean amigas, putas o mujeres
de sus amigos.
Las manos de mi novio se posan en mi cintura atrayéndome a su cuerpo. Se
ha puesto unos pantalones de pijama y no lleva nada más que esos pantalones,
por lo tanto, su erección choca contra mi vientre. Me cuesta el odiarle porque
no lo hago, me cuesta estar enfadado con él porque no lo estoy, solamente
necesito un poco de tiempo para asimilar que la neandertal cavernícola que
nació en mí no morirá tan fácilmente. No voy a permitir que nadie, ni mucho
menos ninguna de sus amigas, se rían de mí.
Bastian es mi novio y me pertenece, le amo y van a tener que soportar el
verme con él, se acabó el sexo pervertido con Trumper, las miradas de “oh, ¿te
acuerdas cuando follamos?” y cualquier tipo de comentario con respecto al
pasado de Bastian. Él me ha sido fiel y leal desde que me conoció y lo valoro
ante todo, pero no voy a quedarme de brazos cruzados si tengo que enfrentarme a
más de una por haber tenido un pasado con mi novio.
– Hueles a mí, – rompo el hielo por el silencio en el que nos veíamos
envueltos – y no es porque llevemos el mismo gel de baño.
– Lo llevamos, pero recuerda que tengo tu cuerpo y alma, así que he
decidido ponerme un poco de tu cuerpo para que huelas a ti misma, – hay un
silencio mientras me abrazo a él – para que sepas que te pertenezco, no olvides
que soy tuyo y que tienes todo el derecho del mundo a reclamarme cuando quieras
y frente a quién sea.
– Lo haré, – le miró sonriendo – no voy a dejar
que nadie me separe de ti, pero no voy a ser amable con ninguna mujer
que se pase de la raya. Eso me llevará a tener que lanzarle algún que otro
objeto a la cabeza.
Me río y él me coge en brazos para lanzarme de nuevo a la cama. Oh sí,
sé lo que viene ahora, lo echaba de menos.
– ¿Te has dado cuenta que ahora que sabes mi pasado no tengo nada más
para ti? El resto, lo que falta, no es negativo.
– ¿No más oscuridad y mierdas? – Me emociono y él deja caer su cuerpo
encima del mío.
– No más oscuridad. Date la vuelta, quiero que volvamos a repetir lo
pervertida que puede llegar a ser mi novia.
_______________
Me muerdo el labio inferior
porque acabo de
sobrevivir a una ducha matinal sin que mi novio me acose. Son las nueve
de la mañana de un domingo maravilloso y brilla el sol. Me he despertado feliz
porque ya no hay nada más que me separe de Bastian, es él, completamente él,
purificado y pacificado tras contarme todo su pasado. Hemos tenido sexo
pervertido hasta bien entrada la madrugada, pero hubo un momento en el que me
dormí y me olvidé de existir, la culpa es de mi novio porque no podía moverme.
Doy un paso más en silencio mientras le veo dormir, la sábana le cubre
aquello donde esconde el tatuaje con mi nombre y respira en silencio. No se ha
movido, eso quiere decir que ha dormido toda la noche como lo he hecho yo. Me
subo lentamente a la cama y gateo hasta llegar a él, espero analizando si está
despierto pero no lo está. Los rayos del sol hacen que le brille la cara y le
acaricio nuevamente para deleitarme en privado con mi obsesión por este hombre.
Su piel es dorada, sus tatuajes son excesivamente ardientes, deslizo la yema de
mi dedo índice por sus dos, cuatro, seis… ocho. Paso mi uña por todo su vientre
provocándole para que su cuerpo
reaccione, mueve la cabeza y se despierta abriendo los ojos, le miro y
le sonrío.
– ¿Sabes lo que me apetece? Desayunarte enterito.
Él suspira cerrando los ojos de nuevo mientras le bajo la sábana que le
cubre cuando su erección me da la bienvenida y me relamo los labios como si no
hubiera desayunado desde hace una vida entera. Gateo nuevamente hasta ponerme
encima de él y me deleito con rozarle para que abra los ojos nuevamente.
– Buenos días, – dice con voz ronca – quiero desayunarte yo también,
pero el viejo de tu novio no se puede mover.
– Adoro al viejo de mi novio.
Le doy un tierno beso en su cuello succionando un poco. Él pone sus
manos en mi cintura pero se las quito, me doy el lujo de besarle y lamerle por
todo su pecho haciendo hincapié en sus pezones que me
vuelven loca. Mi lengua esquiva los abdominales que mi hombre posee, mi
lengua pasa de un lado a otro fingiendo que dibujo nuestros nombres sobre su
vientre.
– Estas haciendo que empiece a moverme y no te gustará lo que voy a
hacerte.
Le sonrío yendo directamente a mi objetivo, ayer hice esto en repetidas
ocasiones pero no me canso de hacerlo, además, dice que soy buena con la boca y
eso me da motivación para explayarme y disfrutar de lo que me pertenece.
Sorteando con mi lengua las venas ásperas que tiene en su erección me hipnotizo
con los ojos de cristal con los que me mira, están brillando y excitado, ayer
me regañó porque iba demasiado lenta pero que no quería que acabara tan pronto.
Me río porque sé lo que tiene en su mente, le invito a que me mire cuando meto
lo máximo que puedo en mi boca y le pierdo cuando echa su cabeza hacia atrás
gruñendo como nunca. Sin vacilaciones ni esperas, con ayuda de mi mano y mi
boca disfruto lo que lleva mi nombre, su erección está completamente
llena de mi devoción por lo que hago. Mi cabeza se mueve al compás de mi
mano porque mi novio gime pidiendo por más, me dice lo mucho que me ama y grita
cuando me aparta el pelo de mi cara y jura por su vida que lo hará en mi boca,
otra vez.
Sonrío cuando siento el sabor de mi novio resbalar por mi barbilla.
Todavía no me he acostumbrado a hacerle esto porque cada vez es diferente, pero
esta vez Bastian se levanta, me voltea y me estrella sobre el colchón.
– Bastian.
– Voy a correrme como nunca antes lo he hecho y lo voy a hacer en mi
lugar favorito.
– ¿Mi boca?
– Mi segundo lugar favorito.
Se ríe mordiendo mis pezones mientras me limpio la cara con la sábana.
Estoy feliz y excitada, son
los mismos buenos días que le di ayer y sé lo que viene, sexo
pervertido.
Se baja de la cama para coger lo que usamos como venda para los ojos, él
rompió una sábana y me la puso. Esta vez no la pone sobre mi cara, si no junta
mis dos manos para atármelas, creo que el trozo es demasiado pequeño y me
duele.
– Me hace daño – gruñe aflojándola un poco más, me sigue haciendo daño
pero lo soporto – mucho mejor.
En el cabecero de la cama está su cinturón, lo coge para seguramente
atarme los pies como hizo ayer, pero no lo hace, lo pasa por debajo de mi
cuello y lo ajusta hasta dejarme sin respirar.
– Nena, las manos arriba como ya sabes, las bajas y te haré daño sin
querer, así que quieta. No te vayas a mover.
– Me asustas cuando te pones en modo, sexo
pervertido.
No se ríe pero me besa tiernamente. El cinturón lo aprieta y afloja
jugando con mi respiración y probando como puede hacerlo para no asfixiarme.
Está excitado, emocionado, ilusionado e impacientado, sin olvidarme de que no
deja de susurrar lo jodidamente fuerte que me va a follar. A mí me gusta que
sea así, que se vuelva un león y me posea tantas veces le dé la gana.
Sus manos arrastran mi cuerpo hasta bajarlo un poco más para curvarlo y
poner mis piernas sobre sus hombros. Sin avisarme, empieza a penetrarme y yo
por error bajo los brazos, me mira y los vuelvo a subir. Sus embestidas son
fuertes, profundas y resbalan por nuestra excitación en común. Me gusta cerrar
los ojos porque me pierdo en el placer y empuja más fuerte cada vez que pienso
en nuestros sentimientos, cada vez que los abro veo que no tengo que imaginarlo
porque es real. Mis gemidos son agudos, a veces graves, mueve su cuerpo
desafiando a la gravedad y cuando creo que me voy a correr él aprieta el
cinturón
y me deja sin aire.
– Todavía no, señorita.
Esboza una sonrisa aflojándolo de nuevo, una de sus manos entrelaza las
mías que están unidas y la otra mano sujeta el cinturón. Su cuerpo empuja con
deseo y garra conquistando algo que ya le pertenece. Me resbalo con cada
embestida cuando siento que mis piernas emergen cada vez más sobrepasándole sus
hombros, levanto mi cadera con cada gemido y siento que las mariposas deambulan
por mi cuerpo.
– Bastian, voy a…
Me deja sin aire haciendo que me olvide de mi orgasmo, el gime y grita,
gruñe y se enfada arrugando su cara con cada empuje cada vez que su erección
choca en lo más profundo de mí. Me he olvidado de tener un orgasmo cuando creo
que lo tuve desde que empezó a follarme como un león desenfrenado. Vuelve a
apretar el cinturón en mi garganta dejándome sin voz, esta vez me adelanto a su
juego con respecto a
dejarme sin respirar cuando me corro sin avisar y gritando su nombre tan
fuerte que me quedo sin aire en mis pulmones. Poco después, tras unas
embestidas más severas y rudas, mi novio vuelve a correrse dentro de mí
haciéndome suya una vez más para que no intente escaparme de su lado,
demostrándome que soy la mujer de su vida y que vamos a seguir follando como
animales hasta la hora del almuerzo.
Un rato después miro el reloj y me doy cuenta de que solo son las diez y
cuarto de la mañana. Estamos abrazados y Bastian se ha dormido, hemos tenido
una buena sesión de sexo pervertido, pero no le ha gustado que yo le hiciera lo
mismo después. Me da igual, me gusta estar encima y tiene que aceptar el hecho
de que dejarnos sin respiración es muy excitante. Me levanto porque estoy
cansada de estar en la cama, creo que necesitamos salir de aquí.
– ¿A dónde vas? – Miro hacia atrás mientras salía de la habitación para
darme una ducha, está enfadado y no deja de acusarme con sus ojos intimidantes
– no quiero despertar y que no estés a mi
lado.
– Bobo, – le niego con la cabeza – voy al baño.
– Voy contigo.
– No.
Niego con la cabeza y empiezo a correr hasta llegar a la otra parte de
la suite. Me río mientras mi novio me persigue, consigue alcanzarme, agarrarme
y morderme el cuello.
– No vuelvas a desobedecerme nena o me veré obligado a torturarte
sexualmente.
– Oh, te animo a ello, me gusta – me abrazo a él besándole mientras
abrimos la ducha y hacemos la misma rutina.
Ya ha pasado una hora cuando Bastian y yo caminamos de la mano por el
hall del hotel, el sol está en lo más alto y brilla con intensidad. He hablado
con
Rachel hace un rato, ayer le envié un mensaje desde el móvil de Bastian
y también se lo mandé a mi madre. Me siento rara porque llevo ropa de él, he
escogido un simple chándal que me queda grande y cubre mis zapatos sin tacón
que me puse para la fiesta; él también se ha puesto un chándal y camina
orgulloso a mi lado. Su coche nos espera en frente junto a un hombre que le da
las llaves, dice algo de mi bolso pero dejo de escucharles cuando abro la
puerta y me meto dentro, por fin, Rachel ha debido de mandar mi bolso al hotel.
Evito el preguntar cuando cojo mi perfume para echarme y retoco un poco mi pelo
con un peine, Bastian entra en el coche y me mira enfadado.
– ¿No te gusta cómo te peino?
– Sí, pero deja que disfrute mi primer momento femenino en todo el fin
de semana.
Bueno, femenino no es la palabra cuando voy vestida de esta manera y
unos zapatos son testigos debajo de la indumentaria gigante que los cubre.
Bastian arranca el coche sin más replica y poniéndose
unas gafas de sol mientras me cuenta que Ryan ha sido quién recogió mi
bolso.
Vamos hacia su casa, según él, nuestra casa. Estoy nerviosa porque me
trae malos recuerdos, tengo el último grabado en mi mente y no voy a poder
quitármelo de la cabeza aunque ya esté casi olvidado. Mientras conduce
refunfuña que estoy demasiado lejos de él y me abrazo estirando todo mi cuerpo
en el asiento delantero, no puede dejarme respirar ni cinco minutos. Me ha
duchado, secado, peinado, vestido y alimentado, dice que este va a ser mi
futuro con él y que me acostumbre. Le beso en el pecho recibiendo otro beso en
mi cabeza cuando veo su casa a lo lejos, de hecho, tengo bonitos recuerdos,
pero me da pena que el último sea lo único que viene a mi mente.
– Esa casa de allí a lo lejos, – señala la otra casa que siempre veía y
que nunca le pregunté – es de Ryan, vive allí.
– ¿Siempre ha vivido allí?
– Lo conozco desde que tenía veinte años y cuando compré la casa le hice
a él una cerca por si le necesitaba.
– Por cierto Bastian, – el coche se acerca a la entrada y no veo desde
aquí lo que creía que debía estar – ¿puedo preguntarte, por qué el número 483?,
¿y por qué ya no está aquí? De hecho lo he visto en muchas ocasiones y nunca te
he preguntado. Al principio creía que era casualidad pero no lo creo. ¿Es tú
número favorito?
– 483 mujeres a las que he drogado para luego follármelas. Ese número me
indicaba que no era digno de una mujer y cuantas más veces lo veía, más me
maldecía.
No digo nada y sin embargo dejo que aparque sin darle una respuesta.
Miro con anhelo la que fue mi casa durante unos meses, por fuera parece
la misma, ladrillo blanco y algo masculina, ha cuidado el jardín que hay en la
entrada y esta vez tiene más flores. Cuando sale del coche le espero
como siempre, rodea a su Batman para abrirme la puerta, agarra mi mano y me
aprieta contra su cuerpo para darme un beso.
– Echabas de menos el besarme.
– Como el respirar, – inhala mi aroma en el cuello – ese número murió
conmigo, no existe para mí. ¿De acuerdo?
– Está bien, solo quiero que entiendas que ya no eres el mismo y tienes
que dejar atrás todo lo que pasó.
– Eso está más que hecho y prometido.
Me eleva en el aire para ponerme sobre uno de sus hombros. Grito
golpeándole en la espalda mientras me lleva a la entrada de la casa, cuando me
pone sobre mis pies le miro divertida. Mi Bastian sonríe y voy a derretirme
como siga haciéndolo, me gusta el Bastian sonriente.
– No vuelvas a… – me calla dándome un beso en la boca.
– Quiero enseñarte algo.
– Ya he visto tú casa – frunzo el ceño mientras él saca las llaves de su
bolsillo y abre la puerta.
– Tú primero.
Le paso sin ningún tipo de cortesía, quiero tener más sexo pervertido
con mi novio y no vamos a avanzar como siga haciéndole caso a sus miradas y
besos robados.
Pongo un pie dentro de la casa y automáticamente abro los ojos.
– Oh, Bastian… esto… esto es…
– Tú casa también.
Me quedo embobada mirando desde la entrada y en el pasado se ha quedado
el vistazo de la casa que le eché por primera vez cuando lo veía todo marrón,
con moqueta y triste. Ahora es diferente, ha cambiado la decoración. Ya no hay
moqueta, el suelo es de madera oscura y las paredes de colores cremas que
conjuntan con diferentes áreas de la casa. A mi izquierda había una triste mesa
con sillas, ahora hay una mesa de comedor, con sillas, una maceta en la
esquina, cuadros que decoran esta parte de la casa y un centro de mesa con
flores blancas. Doy un paso mirando a la cocina, es preciosa, ya no es básica,
ahora es de color blanco con tonos rojos y rosas, los electrodomésticos están
cambiados, en la isla hay decoración con artículos de cocina y ha instalado una
nueva barra del desayuno, las banquetas son giratorias y parecen de última
generación. Sigo sin decir nada porque mis ojos se quedan abiertos analizando
en el resto de la casa, antes había un simple sofá y tuve que pelear con él
para que comprara otro, ahora hay tres sofás, una nueva pantalla de televisión,
un mueble con figuras decorativas y algunos cuadros que hay en la pared. Me
acerco un poco más y veo que la mesa en
la que cenábamos los domingos la ha cambiado, ahora es de cristal y hay
algunas revistas de chicas también. Lo que más me gusta de esta nueva casa es
que hay fotos nuestras por todos lados, las que nos hicimos en nuestros mejores
momentos, ya no es una casa solitaria y aburrida, ahora parece nuestro hogar.
Le miro ilusionada porque está detrás de mí. Me tengo que quitar la
chaqueta del chándal porque me asfixio de calor.
– Has cambiado la decoración, se ve hermosa Bastian. Es perfecta.
– Todavía no has visto el resto.
Le sonrío emocionada porque quiero experimentar. Aquí voy a vivir y
parece que le ha dado los toques de hogar y femeninos que pedía cuando
convivíamos juntos. Me voy directa a la habitación pero me gruñe negando.
– Por ahí no nena, quizás debes de continuar por
allí.
Su dedo índice me indica que me dé la vuelta y vaya al gimnasio. Le
sonrío porque estoy segura de que me va a enseñar alguna máquina que se ha
comprado y está emocionado. Obedezco con una sonrisa en la cara hacía la puerta
del gimnasio, pero antes me cruzo con el espacio vacío, ahora ocupado. Hay dos
sillones y una pequeña estantería con libros que hacen de este apartado un
lugar relajado para sentarse y leer. Abro la puerta entornada abriendo la boca,
no es el gimnasio.
– Nuestra habitación – susurro y asiente respirando en mi cuello.
Aquí estaba el gimnasio, habían muchas máquinas, muchísimas máquinas que
ocupaban un espacio bastante grande, ahora está nuestra habitación. Lo primero
que me llama la atención son las puertas francesas en la parte izquierda, hay
cortinas de color crema y podemos ver desde aquí el jardín. La cama es de
tamaño King y está al fondo, la cubre ropa de cama
bastante neutral y con cojines y almohadas de diferentes colores a juego
con las cortinas. Casi estoy llorando porque en el cabecero de la cama hay un
cuadro con mi foto favorita de nosotros dos en una gala benéfica en la que
Bastian estaba rompedor y yo tampoco estaba nada mal, éramos muy felices allí.
Hay mucho más espacio ocupado por un sofá y una mesa pequeña, veo en la pared
que hay algunas puertas con rejilla y supongo que son nuestros armarios. Voy
directa a la puerta haciendo sonar mis zapatos en el suelo del mismo color que
la casa, donde antes estaba la lavandería ahora hay un baño con lo básico, es
tan grande como el que había antes en la otra habitación, pero ahora es más
luminoso, hay una ventana y está decorado con colores claros. Hay muchos toques
femeninos. Adoro esto.
Salgo emocionada volviendo a la habitación ya que es muy grande, en
frente hay una pantalla de televisión con un mueble, también cuadros y plantas
por algunos rincones que hace crear un ambiente de felicidad en este lugar.
Paso a mi novio saliendo por las puertas francesas al jardín, es tan bonito, la
piscina
brilla y no está cubierta, el sol aprieta y el verde del césped te
incita a salir y rodar por todo el lugar. No ha cambiado los muebles de la
piscina, son perfectos y además compró muchos cuando estaba conmigo.
Me giro volviendo a Bastian y me lanzo sobre él para besarle.
– ¿Te gusta?
– Es perfecto.
– Venga, sigue, aún hay más.
– ¿Sí? – Le miro sorprendida.
Como si me hubiera dado luz verde para abrir los regalos de Navidad,
salgo emocionada de la habitación para cruzar la casa y plantarme en esas tres
puertas que hay tras el corto pasillo. La primera puerta que abro es la de
nuestra antigua habitación, aunque diferente, hay una cama, algún cuadro
colgado y un pequeño mueble con una televisión encima. El baño es
el mismo, solo ha pintado y cambiado el suelo.
– Está es la habitación de invitados. He pensado que te gustaría que se
quedara a dormir Rachel con su lo que sea, – ruedo los ojos – o tus padres
también. Es para ellos, por eso es así de clásica.
– Has quitado mi armario.
– Sí, he dejado sin embargo el mío. Quería quitar el tuyo para poner
allí la cama y dar un poco más espacio en la entrada, así que el sofá aquí está
mucho mejor que al fondo.
– Es precioso Bastian, es muy bonito.
– Ven, te quedan dos habitaciones más – evito la famosa habitación que
me llevó a la ruptura y me dirijo a la habitación del despacho, abro la puerta
y mis ojos, quiero volver a cerrarlos – vamos, no seas tímida. Algo me decía
que amarás esta habitación.
– ¿Es para mí?
Doy un paso adelante y me encuentro con mi propia habitación. Un
vestidor gigante en forma circular donde cuelgan vestidos, trajes, pantalones,
camisetas, está al fondo y es inmenso porque hay ropa para vestirme toda la
vida. Me quedo embobada mirando solo eso porque quiero morirme de felicidad.
– La decoradora quería hacer una puerta para dividir tu ropa de la
habitación, pero le dije que no. Pensé que era más motivador para ti ver toda
la ropa cuando entraras, que sintieras que tú eres la dueña de esto.
Le escucho sin prestarle atención porque mis ojos siguen el rumbo de la
habitación, hay un tocador grande con todo tipo de productos, estoy parada
intentando asimilar lo que estoy viendo cuando Bastian abre puertas en toda la
pared. Dentro tengo zapatos, bolsos, joyas y todo tipo de complementos, este
lugar está lleno de feminidad, las paredes son rosas y el suelo de baldosas
blancas.
– Bastian, esto es un detalle. Amo cada rincón de esta habitación.
– Pensé que trasladar el armario de la otra habitación aquí sería lo
mejor, aquí tienes un lugar para ti sola.
– Es perfecto, en serio. No tengo palabras.
No las tengo porque todo es maravilloso ya que ha cuidado cada pequeño
detalle y me ha dejado sin palabras. No esperaba un cambio en esta casa que
parece más iluminada, brillante y hogareña. Me vuelve a decir con el dedo que
me gire para que vaya a la habitación que me llevó a la depresión, giro
haciéndole caso y empujo la puerta que estaba entreabierta para ver que hay una
pequeña sala de juegos, sonrío al sentir sus brazos en mi cintura.
– Nuestro pequeño lugar para divertirnos cuando no estemos teniendo sexo
pervertido por toda la casa.
– Cariño, no tengo palabras, creo que me quedé sin ellas desde que entré
en esta maravilla de hogar.
Veo desde la puerta que hay una mesa de billar, ha abierto una puerta
para poder salir al jardín desde aquí, hay una televisión, un sofá, unos juegos
de máquina y una barra de bar al fondo. No la recuerdo tan grande pero ha
conseguido que no la recuerde, veo desde aquí algo que me llama la atención. Le
quito las manos de mi cintura y me dirijo al fondo para ver si es verdad lo que
veo al lado de las bebidas alcohólicas.
– Nena, vas a tener que…
– ¿Todas esas chocolatinas son para mí?
– Pero tienes que…
Corro lo que me queda de camino hasta llegar a un mueble que está
repleto de chocolatinas, se van a poner malas, cojo algunas de ellas y me las
meto en la boca. Que no me culpe a quien haya inventado que la galleta, la
crema y el chocolate sea el mejor sabor del
mundo. Bastian se acerca divertido y se apoya en la barra.
– Me has devuelto la vida, – digo con la boca llena – lo hago por la
fecha de caducidad, no por otra cosa.
Me mira divertido e incluso se come una chocolatina. Me río porque tiene
chocolate en sus labios y se los lamo. Salimos de la habitación para enseñarme
que en el garaje no ha habido cambios, la lavadora y la secadora están en el
mismo lugar y ya no hay acceso desde el antiguo gimnasio porque ahora está la
habitación. También ha construido para los invitados un pequeño baño antes de
entrar al garaje. Caminamos abrazados hablando de los pequeños detalles
mientras acabamos en nuestra habitación.
– Todo por y para ti nena.
– No sé qué decir. Es un bonito cambio, la cocina está llena de comida
normal y… y ¿has visto mi habitación? Es como si no quisiera salir de allí,
quiero
entrar y maquillarme.
– Aquí he puesto solo mi ropa y alguna tuya también, pero ya te
organizas tú como quieras. Te he escogido yo la mayoría de la ropa, desde la
interior hasta los vestidos, en todas ellas te he imaginado.
– Me hace mucha ilusión que hayas puesto fotos nuestras por toda la
casa. Se respira un ambiente de felicidad y no puedo negar que estoy muy
orgullosa de que hayas vuelto a decorar todo. Da la sensación de que vivimos
dos personas y no un hombre malhumorado y ausente. ¿Dónde has puesto tu
despacho y el gimnasio?
– Aquí no. Ya no. Si quiero ir al gimnasio lo haré fuera y cuando tenga
que trabajar, lo haré fuera. Cuando llegue a casa quiero desconectar y estar
aquí con mi bella Nancy, no quiero pensar en otra cosa que no sea un hogar, y
lo quiero contigo – me abraza por la cintura hasta hacerme retroceder y caer en
la cama, subo mis piernas a su cintura y le beso – este es ahora nuestra casa,
si quieres hacer alguna que otra reforma
solo tienes que decirlo. No era partidario de una habitación de
invitados pero la decoradora no pensaba lo mismo.
– ¿No, por qué? – Le sonrío mirando sus ojos que me tienen enamorada, le
beso en los labios porque no puedo soportar tenerlos sobre mí cara y no hacerlo
– ¿te has enfadado con ella?
– Sí, desde que puso el pie dentro con sus historias de espacios
abiertos y masculinidad. Yo quería una habitación diferente para la de
invitados.
– ¿Qué tipo de habitación? – Le hago una mueca porque la casa es
perfecta.
– Una habitación para el bebé – abro la boca en forma de O y pone su
mano sobre mi boca. Otra vez, hemos estado hablando del no bebé durante todo el
fin de semana – lo sé, lo sé. No quería hacerla sin ti de todas formas, si
tenemos un bebé, por ejemplo hoy mismo, podremos usar esa habitación. ¿Trato
hecho?
Me sonrojo asintiendo con la cabeza porque sería perfecto, el plan es
perfecto aunque me ha costado mucho hablarle sobre el por qué no podemos tener
un bebé. A parte de que es pronto y aún estamos en proceso de reconciliación,
acabamos de encontrarnos, es como si nos conociéramos de nuevo, estamos
conquistándonos y aun soy demasiado joven. Quiero estudiar, trabajar y tener
tiempo para mí misma, ahora mismo un bebé sería un problema porque tengo uno de
treinta y siete años que está actuando como uno todo el tiempo.
– Todo es perfecto Bastian, la habitación será la del bebé cuando llegue
el momento, te lo prometo, – sonríe más feliz – y la casa es impresionante,
estoy deseando correr por toda ella para disfrutar cada rincón.
– ¿Lo harás desnuda? – Se emociona mordiendo mi labio.
– Por supuesto, no lo dudes.
– No lo dudaba, quiero que vayas desnuda por la casa a todas horas.
Muerde mi labio nuevamente para darme un beso sonoro, sonrío y se
levanta tirando de mi mano para que me levante con él. Tengo toda la intención
de tener sexo pervertido en nuestra nueva cama para estrenar la habitación. No
ha borrado su sonrisa de la cara y le sigo hasta quedar sentada con mis pies
colgando de la cama, es gigante.
– ¿A dónde vamos ahora? – Pregunto divertida porque sigue tirando de mi
brazo y me quiere ver de pie.
– Vas a conocer a mis padres.
CAPÍTULO 18
– ¿Qué? – Le suelto la mano asustada – ¿tus… tus padres?
– Sí, mis padres, – mira el reloj – llamaré para decir que vamos en
camino. Tienes veinte minutos para arreglarte.
Me da un beso en la cabeza y se va de nuestra habitación tan tranquilo,
me levanto persiguiéndole hasta la cocina.
– ¿Cómo que… tus… tus padres?
– Sí nena, aunque me digas lo contrario, no he bajado desde el cielo con
dos alas. He nacido por el acto de mi padre y mi madre y…
– Calla Bastian, no… no podemos ir… es muy pronto… no… no estoy
preparada, mira mi pelo, me lo he lavado con champú de hombre, y… y no tengo
ropa aquí.
– Cariño, como sigas hablando y quejándote, te restará minutos. Te dejo
que estés a solas en el baño, pero solo un rato mientras llamo. No tardes nena,
– me vuelve a besar en la cabeza y lo persigo hasta la habitación donde hay un
teléfono de mano y empieza a marcar – Nancy, ¿quieres hablar con mi madre?
Se ríe y me alejo de él porque se ha tocado el
reloj con el dedo indicándome que me dé prisa. Salgo corriendo de la
habitación y me voy a mi vestidor o palacio, lo primero que hago es dar vueltas
a esta cosa para que me enseñe la ropa que hay. Veo unos vaqueros y una camisa,
no, no puedo ir en vaqueros a la casa de los padres de Bastian. Doy vueltas y
vueltas embobada y mirando que ropa hay cuando los brazos de Bastian me rodean
la cintura, no dudo en apartarme de su lado.
– No me distraigas, necesito encontrar la ropa adecuada. No pueden
llevarse una mala impresión de mí, pantalones, vestidos, no sé qué ponerme
Bastian, – le miro y se está riendo – no te rías de mí, para ti no es
importante, pero para mí sí. Tu madre puede sentenciarme con una guerra de por
vida si le caigo mal.
– Sí, eso es verdad – se ríe a carcajadas, mira lo que tiene en frente
coge un vestido color crema y me lo da – este es perfecto cariño. Me voy
desnudando ya, ven a la ducha si quieres, pero en dieciséis minutos nos vamos.
No veo tan feo este vestido, es sencillo y perfecto para un día de
domingo. Vamos a almorzar con los padres de Bastian. Qué nervios, ¿desde cuándo
lo sabía?, ¿por qué no me lo ha dicho? Voy al otro armario para mirar los
zapatos cuando unas manos mojadas agarran mis brazos arrastrándome.
– Bastian, tengo que escoger aún el bolso, los zapatos, las joyas, el
maquillaje y el…
No me hace caso al ponerme sobre su hombro para llevarme al baño, me
desnuda y me mete dentro de la ducha. Esta vez usa geles de baño que ha
comprado para mí, se ha acordado de mis productos para el pelo. Mientras me
restriega por todos lados yo hago lo mismo, evito hacerle preguntas para no
perder el tiempo porque si Bastian dice que saldremos en un cuarto de hora, es
que así será.
Una vez fuera desaparezco de la habitación para vestirme en la mía,
Bastian se ríe y ya me está amenazando con quemar mi nueva habitación favorita
porque dice que estoy muy lejos de él. Minutos después me miro en el
espejo y me doy el visto bueno, unos zapatos cómodos y un bolso pequeño a juego
hacen que me vea perfecta. Pongo el pelo hacia un lado pero me veo fea, así que
lo dejo caer a ambos lados de mis hombros, que caiga como quiera, pongo un poco
de brillo a mis labios para complementar el poco maquillaje que llevo y sonrío
en el espejo. Hago el cambio del bolso cuando escucho a Bastian entrar, me
agarra de la cintura nuevamente y me da un beso en el hombro.
– Estás impresionantemente maravillosa – sabe cómo ruborizarme y dejo
caer mi cabeza hacia atrás para apoyarme en él. Antes ha entrado en mi
habitación y le he visto con unos vaqueros y una camiseta negra, su pelo hacia
atrás hace que me tiemblen las rodillas, por no hablar de que los tatuajes que
se les ven a través de la camiseta son espléndidos
– aunque te falta algo.
– ¿Sí? – Abro los ojos pensando en que me he olvidado cuando Bastian
pone una caja delante de mí –
¿qué es esto?
– Ábrelo, es para ti.
La caja es de color rosa con el nombre de “Tiffany” en letras doradas.
La abro muy emocionada porque conozco la tienda y sé lo cara que es, siempre he
querido comprarme algo allí y nunca he podido. Uso mis dos manos temblando por
la ilusión y al abrirla veo un conjunto de collar y pendientes de oro blanco,
todo brilla nada más que con mirarlo, es hermoso.
– Oh Bastian, esto es… esto es… oh Bastian.
No tengo palabras y mis ojos están llorosos, se ríe por mi reacción
mientras me gira para besar mis labios.
– Para la mujer de mi vida – dice con contundencia.
Coge el collar y vuelve a girarme apartando mi pelo medio seco a un lado
para colocarlo sobre mi
garganta, me lo toco y quiero llorar. Bastian no deja de besarme en mi
hombro, en mi cabeza, en mi brazo, en mi mano y en los labios. Me gira de nuevo
para poner mis pendientes, lo hace con facilidad y yo no puedo contener mucho
las lágrimas porque no me esperaba esto y mucho menos ahora, me ha sorprendido
bastante.
– Es precioso, – le abrazo y vuelvo a girarme para verme en el espejo –
yo… yo no tengo palabras, nunca nadie me había regalado nada y… oh, mi amor.
– Ya sé con qué puedo dejar sin palabras a mi dulce Nancy – se ríe y me
vuelve a girar para besarme en los labios – eres perfecta cariño, ¿has
terminado?
– Sí, estoy lista… bueno, si puedo llamarlo de esa manera.
– Bien, aunque te falta una cosa.
Arrugo la cara porque no sé qué viene ahora. Saca de su bolsillo algo,
levanta mi mano, separa mi
dedo y desliza mi anillo del diamante que le devolví en Nueva York. Mi
anillo.
– Oh.
– Oh. No lo vuelvas a perder de vista nena, este anillo es el sello de
nuestro amor.
Me lanzo a sus brazos y nos quedamos abrazados un buen rato. El estar
aquí juntos significa el comienzo de nuestra vida. Al final, las cosas nunca
salen como te las esperas, quería matarle, quería odiarle, pero aquí estoy,
amándole y no arrepintiéndome de nada. Me retoco un poco más el maquillaje bajo
sus gruñidos, toco mi collar y mis pendientes una vez más mientras él me
arrastra de mi mano para que salgamos de una vez.
– Bastian, no hace falta que hagamos estoy hoy. ¿Y si les caigo mal?, ¿y
si piensan que soy demasiado joven para ti?, ¿no me preguntaran por un
embarazo?, ¿pensaran que soy tu puta o algo?
Le lanzo todas esas preguntas en voz alta cuando Bastian se para en seco
cerrando la casa, yo me distraigo haciendo como que busco algo en mi bolso.
– Nena, ellos saben quién eres. Así que quítate esas ideas de la cabeza.
– ¿Qué?
Mi novio divertido me ignora pasando por mi lado mientras me da un beso
en la frente, va directo al coche Batman y abre la puerta para mí. Camino
intrigada por todo lo que les habrá dicho sobre mí, si le ha contado la verdad
de nuestra relación o su versión. Yo también quiero ignorarlo al meterme dentro
del coche pero su mano me frena.
– Tranquila nena, solo sé tú misma. Te adoran.
No me deja que le diga nada porque me besa en los labios y me empuja
prácticamente para que me meta dentro y no haga más preguntas. No las hago. En
el trayecto hacia la casa de sus padres me retoco el maquillaje, los
labios, los ojos, pongo mi pelo de mil maneras diferentes, toco mis joyas y le
sonrío porque me las ha regalado. Él conduce serio, como siempre, es un momento
importante para nosotros dos y no ha contado conmigo, no es lo mismo que él
conozca a mis padres, que yo conozca a los suyos.
– Estoy nerviosa Bastian.
– No lo estés.
– ¿Se te ha ocurrido esta mañana o ya habías planeado este día?
– Se me ha ocurrido cuando veníamos de camino a casa, me acordé de lo
inusual que sería encerrarte todo el domingo con el día tan bonito que hace.
Este día iba a llegar tarde o temprano y creo que ahora es el momento, solo te
aconsejo una cosa.
– Por favor, sí. Aconséjame, háblame, cuéntame, infórmame – digo
desesperada bajando el
volumen a la música.
– Tranquila nena, solo que… – se ríe y mira por su ventana volviendo la
vista a la carretera – solo te pido que no te asustes de lo que veas.
Y con eso sube el volumen de la música y yo lo vuelvo a bajar, esto no
se va a quedar así. Abro la boca para empezar mi guerra de acoso moral contra
mi novio, pero levanta la mano y me indica que mire a una casa muy grande. Hay
muchos coches en la puerta, me siento sujetando mi bolso y fijo la vista en la
carretera, Bastian no tarda en aparcar sin haberse esperado mucho. Estamos
parados dentro del coche y entre más de un coche. Mis ojos echan un vistazo a
una casa grande y blanca, tiene dos o tres plantas, hay rejas negras que
dividen la entrada de la salida y muchos coches de lujo, uno, dos, tres,
cuatro, cinco y seis.
– Bastian, te lo digo en serio – le miro asustada
– ¿y si le caigo mal a tus padres? No quiero ser un foco de problema
entre tu familia y yo, quiero decir
yo…
Me agarra mi cabeza con ambas manos poniéndose muy serio, el sol brilla
en nuestras caras y hace mucho calor para estar a primeros de noviembre. Besa
mis labios para volver a besarlos.
– No te preocupes Nancy, ya te he dicho que ellos te adoran. Sé tú
misma, ¿entendido?
Sonrío por fuera, pero por dentro no he entendido, no quiero que… no
estoy preparada para… son sus padres, debo de darles la vida por el ser humano
tan hermoso que han creado. Sí, hermoso aunque sea un dolor en el trasero, pero
lo es.
Bastian abre la reja negra que está impoluta a pesar de que aquí da
sombra. Agarra fuerte mi mano mientras analizo el jardín tan bonito que rodea
la entrada, hay dos macetas grandes en la puerta grande la casa. Es alta,
blanca, los números son dorados y a mí me tiemblan las piernas cuando Bastian
toca el timbre y esperamos.
Oh Dios.
– Me voy a desmayar – susurro bajo las carcajadas ahogadas de Bastian.
– Exagerada, ¿quién está siendo ahora un bebé?
– Tú tienes la culpa, deberías haberme preparado para este momento.
La puerta de la casa se abre y ambos giramos la cabeza hacia el frente.
Una guapísima mujer no más alta que yo nos recibe con una tremenda sonrisa. Su
piel esta cuidadamente perfecta para esconder las arrugas que tiene debajo del
maquillaje, su pelo es de color rubio y no le llega más allá de los hombros.
Luce un bonito vestido blanco informal y no deja de sonreírnos.
– Por fin – se abalanza hacia mí abrazándome fuertemente, muy fuerte de
hecho. Miro a Bastian con una sonrisa en la cara porque así lo siento, ella
debe de
ser su madre y huele muy bien – por fin Nancy.
Se separa de mí evaluándome la cara y moviéndome la cabeza de un lado a
otro para ver si soy real. Ella está feliz y emocionada, Bastian no dice nada,
y yo ahora no tengo movimiento propio porque su madre continúa sin aflojar su
agarre.
– Madre – dice Bastian.
– Ni una palabra – le golpea fuerte en el brazo y le empuja dentro de la
casa.
– Madre, ella está nerviosa. Me necesita.
– Adentro he dicho – le ordena con la mano en alto mientras Bastian me
hace un gesto para que le dé el visto bueno, se lo doy cuando su madre sabe que
sigue ahí y vuelve a girar la cabeza – ¡Bastian Trumper, mete tu trasero dentro
y déjanos!
La figura de Bastian se pierde en esta mansión de mármol blanco y mi
visión se centra en su madre
que me mira consternada. Vamos allá Sullivan.
– Hola, soy Nancy.
Quiero darle la mano y ser formal pero vuelve a darme un abrazo fuerte,
no me queda más remedio que devolverle el gesto y sonreírle. Ella es la primera
que pone un poco de paz a este momento efusivo.
– Nancy, tenía tantas ganas de conocerte. Soy Margaret, la madre de
Bastian.
– Encantada – le sonrío mordiéndome el labio.
– Eres mucho más hermosa al natural, te he visto en las revistas, en la
televisión y parecías más pequeña. Eres toda una mujercita para mi Bastian. Te
adoro tanto, – me vuelve a abrazar y no le voy a perdonar a mi novio que no me
la haya presentado antes – y eres tan linda. Ven, cuéntame. ¿Sabes que te
conocemos?
– Bueno, no… ems… no mucho.
– Entremos tesoro, necesito patearle el trasero a mi hijo por haberme
privado de ti.
Sonrío mientras entramos juntas en la casa, al parecer no soy la única
molesta aquí y me alegro. Bastian es tan testarudo que no nos había presentado,
a lo mejor si hubiera conocido antes a su madre nos hubiéramos evitado un
infierno de cosas malas. Desde aquí puedo ver que es una mansión, es muy
grande, los techos son altos, los colores son blancos y hay figuras decorativas
por toda la entrada. Huelo desde aquí a barbacoa, supongo que vamos a almorzar
eso.
Me lleva de la mano por el interior porque se siente ilusionada. No me
da apenas tiempo de divisar que cruzamos algunas salas o estancias cuando nos
plantamos en la cocina que es muy grande y con todo lo necesario para hacerla
gourmet. No habla porque se ve feliz, he visto lágrimas en sus ojos y le dejo
su tiempo para asimilar que estoy aquí. Pone un vaso vacío y lo llena con
limonada.
– Oh, gracias Señora Trumper.
– Que linda, me llamas Señora Trumper, – sonríe y se sirve un vaso
también – aquí estaremos seguras, no entrará nadie a la cocina a no ser que se
hayan acabado las existencias allí afuera y lo dudo. ¿Qué tal estás? Cuéntame.
Se sienta en una silla y me indica que haga lo mismo, no sé por qué,
pero creo que he aprendido la lección de obedecer siempre a un Trumper.
– Bueno, ems… un poco… emocionada.
– No seas tímida mi niña, eres parte de la familia. Mi hijo no quería
presentarte y nos tenía…
– ¿Apartados? – Asiente con la cabeza – tampoco me presentó a sus amigos
o a la mayoría de ellos. Me ha tenido un poco secuestrada para él solo.
– Te entiendo tesoro. Pero ahora que estás aquí sabes que nos tienes
para lo que quieras, eres parte de
la familia y te quiero dar la bienvenida.
– Muchas gracias Señora Trumper.
– Ahora que nos conocemos deja de llamare señora que me haces más vieja
e intento evitar eso, puedes llamarme Margaret.
– De acuerdo Margaret.
– Eres tan hermosa, cuéntame, ¿te ha hablado Bastian de…?
– ¡Madre! – Bastian entra con el ceño fruncido y muy enfadado – deja a
mi Nancy tranquila. Ven nena.
– Bastian, – se levanta enfrentándole – mueve tu trasero ahí afuera y
ayuda a tu padre con la barbacoa.
– Madre – le entrecierra los ojos y yo me río.
Hay un duelo de miradas y lo único que Bastian quiere es que yo esté
bien. Me levanto de la silla dirigiéndome hacía él y me mira como si me diera
el mundo en estos momentos.
– Estoy bien Bastian, tu madre es encantadora y estamos charlando.
– ¿La oyes? ¡Ahora mueve tu trasero! – Su madre le regaña nuevamente –
no te voy a perdonar que no la hayas traído a casa antes. Vas a pagar por ello,
ahora nos tenemos que poner al día.
Miro a Bastian divertida animándole a que se vaya y nos deje tranquilas,
me encuentro a gusto y quiero trasmitirle eso.
– ¿La prefieres a ella? Yo puedo darte comida,
– me agarra de la mano y besa mis dedos – comida de la que te gusta.
– Bastian – abro los ojos, no sé va a poner en este plan con sus padres
en la casa. No. Me niego.
– Este hijo mío, no va a cambiar.
Su madre nos pasa frustrada por delante de nosotros y aparto la mano de
su boca.
– Bastian, ¿qué haces? – Miro por donde se ha ido su madre – estábamos
hablando, ella estaba siendo amable.
– Ella es muy pesada contigo, te quiero para mí,
– de repente vemos como su madre entra de nuevo en la cocina y golpea a
Bastian en la nuca – madre, no deja de ser mi novia la que está aquí, no me
ridiculices de este modo.
– No actúes como un niño de un año. Parece mentira que seas un adulto
ya. Vámonos Nancy, – me agarra de la mano – te enseñaré la casa.
Ambas salimos de la cocina agarradas de la mano con un Bastian que nos
sigue con el ceño fruncido y muy enfadado, no le gusta compartirme.
Salimos al jardín pero no hay nadie, ni siquiera la barbacoa, Margaret
me habla de plantar flores o algo así, amaría conocer a mi madre. Cruzamos la
casa mientras no para de hablarme sobre cosas, enlaza unas con otras y se ve
muy ilusionada, parecía que me esperaba y cuando he llegado, me está
exprimiendo.
Por fin nos acercamos a la otra parte del jardín donde huelo comida y mi
vientre ruge porque tengo hambre. Oh Dios, ahora vendrá el Señor Trumper, el
padre de mi novio. Quiero morirme. Cuando salimos al jardín pierdo el hilo de
la conversación monosilábica que estaba teniendo con Margaret porque veo a un
hombre hablando por teléfono, justo al fondo.
No puedo creerlo.
– ¿Qué?
– Te decía que mi marido habrá entrado a la casa, voy a por él. ¿Estarás
bien?, ¿dónde diablos se ha metido Bastian?, ¿hola?
Margaret grita a la casa mientras mis ojos no pueden apartarse de ese
hombre. El olor a comida invade mi cuerpo pero ahora me invade mucho más el
olor a traición por parte de aquel hombre que no se ha fijado que estoy
plantada aquí. Muevo la cabeza porque el brazo de Margaret sigue entrelazado
con el mío ya que ella se da cuenta de que miro a ese hombre.
– ¿Quién es?
– Tesoro, ¿no lo conoces? – Niego con la cabeza – voy a matar a mi
primogénito. Sí. Ese de ahí es Sebas, mi hijo.
– ¿Sebas?
– Sí, el hermano de Bastian – Margaret suelta mi mano para gritar de
nuevo – ¡Sebas, mueve tu trasero y ven a conocer a Nancy!
De repente el hombre me mira a los ojos y yo a los suyos, frunce el ceño
y sigue con la conversación.
Es el hombre de las escaleras, el hombre con el que choqué en El Sótano,
el hombre que estuvo presente en la pelea que tuve con Ria. Ese hombre es
hermano de Bastian y a mi novio se le ha olvidado mencionarme que tenía un
hermano.
Me imagino diferentes escenarios en el que quiero patear el trasero de
Bastian. Margaret se gira porque escucho las voces de dos hombres detrás de
nosotras, hago lo mismo y deja de agarrarme para fruncir el ceño.
– ¿Dónde diablos os habéis metido? La comida se va a enfriar.
– La culpa es tuya madre, – Bastian se acerca y yo intento no mirar a su
padre que viene con él – no acapares a mi Nancy.
Margaret debe de hablar ahora, debe de hacerlo porque no sé si saludar
primero, mirarle o sonreír como estoy haciendo. Bastian me mira orgulloso y
pone un brazo sobre mis hombros.
– Padre, ella es Nancy.
Miro a su padre por primera vez a los ojos y veo una copia exacta de
Bastian, es más alto que él, pero es grande, fuerte, tiene el ceño fruncido y
dos gotas de agua como color de ojos. Su pelo es rubio y me está mirando
fijamente, si mi novio me hace temblar, su padre me hace querer huir para
siempre. Se hace un leve silencio porque me he quedado impactada por ver que el
padre de Bastian es como él, Margaret está sonriendo y mi novio aprieta su
agarre contra mí.
– Hola – digo en un susurro.
– Hola – su voz es más grave y ruda, este hombre me dice que me siente y
no lo voy a dudar en ningún momento, haré lo que me pida. Es como Bastian pero
su edad es mucho más avanzada y se nota por algunas arrugas que tiene en la
cara.
– Se llama Sebastian – añade Margaret muy orgullosa.
– Oh – digo solo eso porque no sé qué decir
más.
– Vamos a comer. Tú a la barbacoa, tú y tú sentaros en la mesa ya y… –
se aleja para gritar, sé que lo va a hacer – ¡como no traigas tu culo a la mesa
en cinco minutos vas a saber lo que es ver a tu madre enfadada!
Grita hacia el jardín y entra de nuevo en la casa para ir probablemente
a la cocina o a seguir gritando. Trago saliva viendo como el padre de Bastian
se aleja para encargarse de la barbacoa. Mi novio me agarra fuerte de la
cintura y evalúa mi cara. Yo solo tengo una cosa que decirle.
– Tu hermano, tú… tú hermano ha estado en El Sótano.
– Lo sé
nena, – susurra
– luego te
cuento
¿vale?
– Dejaste que te contara que le vi en las escaleras y no me dijiste
nada.
– Quería presentártelo sin que te hicieras una idea equivocada en la
cabeza. Él no ha estado nunca allí abajo, solo se encargaba de ir a veces para
avisarme de que todo iba bien. Nada más.
– Estuvo allí cuando me peleé con Ria.
– Lo sé nena, también fue el primero que me dijo que cerrara esa mierda
de club y fuera detrás de ti. Hablemos de eso en casa, ¿vale? – Flexiona las
piernas para poner su cara a mi altura, le sonrío.
– Hablemos en casa.
Bastian me da un beso y yo se lo devuelvo. No hemos hablado mucho de ese
momento, pero entiendo que él quisiera que le conociera sin ponerle la etiqueta
de follador tóxico que pertenece a un club extremadamente pervertido. Bastian
ve que sonrío y vuelve a darme otro beso.
– No señor. No. No. Y no. Bastian, aparta tus manos de Nancy. No me la
robarás. Hoy no me la robas.
La madre de Bastian aparece gritando desde la lejanía con servilletas en
las manos, está frustrada y no deja de acusarle con los ojos.
– Madre, es mi novia y haré uso de ella cuando me plazca.
– ¡Bastian! – Llega a nosotros y le golpea en la nuca otra vez – he
dicho que no me robes a Nancy, búscate algo que hacer. Vamos Nancy, te sentarás
a mi lado en la mesa.
Margaret me arrastra hacia el jardín pero Bastian no me suelta tampoco,
me veo haciendo el ridículo con las dos manos en el aire porque ninguno de los
dos quiere dejarme sola. La mesa está a la sombra y hay montones de comida que
puedo oler desde aquí, hay más sillas que personas. Margaret se empeña en
dirigirnos a la barbacoa porque el padre de Bastian controla los fuegos
luchando contra todo mientras Sebas está a su lado de brazos cruzados, están
hablando de algo cuando nos acercamos a ellos.
– ¿Queda mucho? – La voz de mi suegra se torna dulce cuando le pregunta
a su marido.
– Esta es la última ronda.
Margaret se va guiñándome un ojo y su marido le mira el culo sin
tapujos, ¿sabrá que estoy detrás de él? Vuelve a lo suyo mientras Sebas se
acerca a nosotros porque Bastian le ha hecho una señal, ¿debo de disculparme
por no ser tan amable con él?, ¿hasta qué punto me conoce?, mejor dicho, ¿hasta
qué punto me conoce toda su familia? Bastian no suelta mi mano cuando su
hermano se coloca frente a nosotros. Es otro Trumper, es tan alto como Bastian,
su pelo es rubio, su ceño está fruncido y parece cabreado, es fuerte y
musculoso. Se ve serio y estoy segura de que no sabe lo que es sonreír.
– Ella es Nancy.
– Nancy – asiente con la cabeza sin ni siquiera acercarse a mí.
– Él es Sebas.
Miro a Bastian porque no es nada delicado, podría ser más amable y decir
quiénes somos al mismo tiempo. Además, esto es una farsa, él sabe quién soy.
– Hola – respondo amablemente.
– Si no es más amable es porque no puede tocarte, ni mirarte, ni olerte,
pero no se lo tomes en cuenta – Bastian sonríe apartándome de su hermano, yo
freno para que no lo haga – vamos nena, tenemos que comer, me muero de hambre.
– Bastian, se un poco más educado – me cruzo de brazos y él vuelve a mi
lado refunfuñando.
– Sebas, ella es Nancy, mi Nancy, aquí la tienes,
¿la has visto? Ahora pon tu trasero en la silla y hagámosla pasar un
buen momento en familia – Bastian sonríe falsamente a su hermano quien no ha
movido un musculo de su cara porque le está retando con la mirada.
– ¡Bastian! – Espero a que el padre se vaya con la bandeja cargada de
comida – hola Sebas.
– Hola – dice de nuevo sorprendiéndose de mi saludo otra vez.
– Olvida lo que te ha dicho Bastian. Puedes acercarte a mí y hablarme.
No me ignores como les obliga a hacer a todo el mundo y por el amor de Dios, no
intentes bajo ningún concepto el no contar conmigo porque tu hermano te lo
prohíbe. ¿De acuerdo?
Bastian me gruñe porque no está feliz, Sebas no se ha movido y ahora es
él quien me reta con la mirada. Baja su cabeza hasta ponerla a mi altura para
analizarme, hace que me tiemblen las piernas, ¿por qué? Es solo su hermano.
Frunce el ceño, está
enfadado y no muy contento, mete las manos en los bolsillos y vuelve a
mirar a su hermano.
– Bastian, habla demasiado creo yo. Yo de ti la amordazaría, la ataba a
la cama y no la dejaba a la vista de nadie. Es demasiado hermosa y habladora,
te la pueden robar en cualquier momento.
¿Qué demonios ha dicho?
Se va con toda la tranquilidad del mundo, Bastian pone un brazo sobre mi
hombro y le seguimos. Estoy abriendo y cerrando la boca constantemente. ¿Ha
dicho eso realmente?
– ¿Queréis sentaros de una vez? – Grita Margaret cuando estamos llegando
– tú aquí Nancy, tú aquí conmigo, aquí, aquí.
Bastian gruñe a su madre y me retira la silla para que me siente.
– Se sienta a mi lado madre.
– Bastian, deja a mi nuera que se siente a mi lado. Está asustada.
– No lo está, – me mira – ¿a qué no?
– ¡BASTIAN, CÓMO VUELVAS A PONER TU JODIDO LAMBORGHINI DELANTE DE LA
PUERTA TE PARTO LOS HUEVOS MALDITO CABRÓN!
Todos giramos la cabeza ante la voz ronca de un hombre que está
gritando, ha salido al jardín y yo abro los ojos. Estamos aún de pie y ninguno
ha tomado asiento, ni Bastian ni yo. Alucino con los ojos abiertos cuando veo a
semejante hombre caminar en nuestra dirección.
– ¿Quieres hablar en condiciones? Nancy está aquí – grita Margaret.
El hombre que se acerca debe de ser por deducción el tercer Trumper,
otro hombre alto, rubio,
con el ceño fruncido y con los ojos azules. Él camina hacia nosotros a
paso forzado y con cara de pocos amigos. Su fortaleza hace que Bastian sea un
don nadie a su lado, es tan alto como él y viene retándole con la mirada.
– No. Aparques. Donde. Te. De. La. Gana.
Su hermano le encara y Bastian se lanza hacia a él para golpearle. Al
principio creo que se golpean de verdad, pero Bastian no pegaría a su hermano,
¿o sí? Margaret grita regañándoles y veo que el padre y Sebas están sentados a
punto de comer. Yo pongo mi mano sobre mi collar para calmar la tensión y el
estrés que recorre mi cuerpo. Bastian tiene dos hermanos, dos de momento, como
aparezca otro Trumper por esa puerta me da un sofocón. Sonrío porque Bastian ha
inmovilizado a su hermano y este le está insultando.
– ¿Queréis parar? Nancy va a asustarse. Tesoro, no te asustes de
nosotros, somos una buena familia a pesar de lo que ves.
– Yo… – me siento en la primera silla que veo y Margaret me indica que
me siente a su lado, lo hago y muevo la cabeza negando. Es demasiado que
asimilar en tan poco tiempo, me sirve un vaso de limonada y me la bebo sin
tapujos – gracias, está deliciosa.
– Oh tesoro, la he hecho esta mañana. No sabía lo que te gustaba y… –
mira a sus dos hijos que siguen peleando – ¿QUEREIS PARAD DE UNA VEZ?
– Ha empezado él – dice el tercer Trumper.
Margaret mira desesperada a su marido que corta un filete
tranquilamente.
– Haz algo.
El padre de Bastian mira a sus dos hijos muy severo.
– Parad ya. No lo vuelvo a repetir.
De repente los
dos se levantan sin rechistar,
Bastian me mira acusándome de que me he sentado al lado de su madre y el
otro hombre se levanta y es tan alto como Bastian. ¡Oh Dios! Sus ojos son tan
celestes como el de mi hombre, pero no transmiten nada.
– Hola Nancy, eres más hermosa en persona – la voz del tercer Trumper es
ronca, se parece a la de su padre.
– Hola – respondo con una sonrisa mientras Bastian se sienta a mi
izquierda y arrastra mi silla a su lado.
– Él es mi hermano pequeño, se llama Sebastian.
Iba a beber de mi limonada otra vez pero declino la idea porque me
empiezo a reír.
– ¿Sebastian? – Repito risueña. Ningún Trumper ríe excepto Bastian.
– Oh querida, no puedo creerme ni yo misma
sus nombres, – Margaret me mira con ojitos dulces – se suponía que
Bastian se iba a llamar Sebastian y los que vinieran de otra manera. Así que mi
marido quiso que Bastian se llamara así, luego Sebas porque no quería que le
pusiéramos su nombre al completo. Y entonces, cuando tuvimos a nuestro pequeño,
escogimos Sebastian porque no iba a tener más niños.
Su marido gruñe y yo dejo de reír.
Qué vergüenza.
Su hermano se sienta frente a nosotros después de golpear a Sebas que
corta un filete como su padre. Margaret está a mi derecha y acumulando en un
plato comida para un ejército.
– Este es para ti Nancy, – Margaret me lo da y me lo voy a comer todo –
no me gruñas Bastian, le pondré la cantidad que quiera.
– Es poco, ella come más.
– ¿Más? – Miro a Bastian que tiene el ceño fruncido – ha puesto casi
toda la comida que hay en mi plato.
– Es poco – me mira enfadado y le ignoro.
– Gracias Margaret, estoy hambrienta.
Mi suegra sonríe a su hijo como si hubiera ganado la guerra, mi novio
gruñe a mi lado y el tercer Trumper me mira sonriendo porque le tengo enfrente.
Sebas y el padre parecen ausentarse de todo.
– Madre, voy a pegarle a Sebastian como no deje de mirar a Nancy. Aviso.
– Sebastian, ¿puedes comportarte? Tenemos a Nancy con nosotros – su hijo
le frunce el ceño a su madre y vuelve a mirarme con una sonrisa.
– Tú lo has querido – Bastian se levanta y le freno con el brazo.
– Bastian, siéntate y come, por favor. Está provocándote porque
probablemente le has amenazado con no hacer lo que está haciendo – me obedece y
se sienta.
– Él sabe que no puede ni siquiera mirarte.
– Y tú no eres nadie para prohibirle eso. Come antes de que se enfríe,
por favor.
Bastian me da el sí con un beso en mi mano y se echa comida en su plato
mientras su hermano imita el sonido de un beso.
– ¡Madre! – Mi novio la nombra enfadado.
– Sebastian – Margaret le responde mirando a su hijo para decirle que
pare.
Empiezo a comer y todos lo hacemos, nos envolvemos en un silencio
incómodo que me preocupa. Estoy en la mesa con la familia de Bastian y nadie
dice nada. Mi novio y su hermano están pegándose con las
piernas debajo de la mesa pero los otros dos Trumper están callados.
Margaret parece más tranquila regañando con los ojos a sus dos hijos, me
encanta como de bebé se pone mi Bastian. Amo ver esta faceta de él.
– Y bien, Nancy ¿qué nos puedes contar? – Sebastian deja las bromas y
empieza a comer como todos estamos haciendo.
– Ella está asustada de vuestro comportamiento,
– Margaret habla por mí – así que levantad vuestras cabezas de los
platos y hablemos.
– Eso es porque padre ha hecho una buena comida y esta deliciosa – dice
Sebastian mirando a su padre que no levanta la cabeza del plato.
Margaret mira a su marido, a su hijo Sebas, a Bastian y luego a
Sebastian que come también con la cabeza mirando al plato.
– ¡NO! – Grita – Bastian, tú no has amenazado
a tu padre y hermanos con no mirar a Nancy.
– Madre, es una decisión irrevocable. No hay discusión al respecto.
– ¿Y lo admites? – Margaret se levanta, se acerca a Bastian, le golpea
en la nuca y luego se vuelve a sentar – Nancy, disculpa a mi familia. Ellos no
son así.
Estaba masticando un trozo de hamburguesa cuando me sorprendo de su
reacción, ¿qué me he perdido?, ¿no son así? Son así, ellos son idénticos, son
como multiplicaciones de Bastian en diferentes edades.
– No la escuches – Bastian me susurra.
– Bastian, no hagas esto. Le estás dando un disgusto a tu madre, no
tenías que haber hecho eso.
– Es así – levanta la barbilla admitiéndolo mientras mastica con la boca
llena de comida.
– Bastian, sé un poco más dulce – me giro hacia Margaret que está
retando con la mirada a su marido, él no la mira de vuelta – Margaret,
tranquila, estoy bien.
– No, no lo estás. He criado a tres desgraciados y la culpa es de mi
marido.
– Margaret, – su marido la mira – como ha dicho Bastian, es una decisión
irrevocable.
Cuando habla el padre de Bastian tengo miedo, sus ojos son azules como
los de mi novio, pero es su voz la que me rompe en dos.
– ¿Ves? – Margaret me mira – él tiene la culpa, han salido los tres a
él.
– Yo soy el más guapo, ¿verdad Nancy? – Sebastian me guiña el ojo y
Bastian se levanta para pegarle.
– Bastian, siéntate – le digo que se siente y me
hace caso, aunque lentamente – eres muy guapo Sebastian, pero tengo que
admitir que tu hermano es el hombre más hermoso que he visto sobre la faz de la
Tierra.
– Aprende – Bastian le acusa con el dedo a su hermano que sigue
mirándome divertido.
– Bastian – digo en voz alta – ¿podrías decirle a tus hermanos y a tu
padre que pueden hablarme como cualquier otra persona?
– No – me niega. Sus hermanos ríen, esta vez Sebas se apunta a la
conversación pero sin mirarnos.
– Tus modales – Margaret le
recrimina a mi
novio.
– No te preocupes Margaret – le sonrío y luego giro mi cabeza para mirar
a Bastian – cariño, o le dices a tu padre y a tus hermanos que me traten como
una persona normal, o vas a dormir en el sofá mucho tiempo.
– Nancy – Bastian me mira con el ceño fruncido. Está enfadado.
– Es más, hazlo ahora o mañana me iré a trabajar con un vestido muy, muy
corto. Además, me pasearé por la oficina mostrando mi escote y no estarás allí
para verlo porque esta noche dormiré con Rachel. No verás lo sexy que me pongo
para ir a trabajar.
Sebastian se ríe a carcajadas y mi novio me mata con sus ojos, está
lanzándome llamas que mueren en el aire porque no les dejo que me consuman. No
haré nada de eso, pero sé que es la única manera de hacerle reaccionar. Bastian
gruñe y se levanta.
– Padre, subnormal número uno, subnormal número dos. Ella tiene razón,
actuad como siempre, no se merece que os comportéis como robots.
– Yo no lo hago – responde Sebastian guiñándome otro ojo.
– Tú no has sido feliz en tu vida, – Bastian le dice a su hermano que le
frunce el ceño en respuesta
– y no me mires así, parece mentira que tengas treinta y cuatro años.
– ¿Treinta y cuatro años? – Le digo mientras cómo – creía que no
llegabas a los treinta.
– Eso es un muy buen piropo – me sonríe Sebastian y mi novio me gruñe.
– ¿Qué edad tienes tú Sebas?
– Dos años menos que Bastian – me responde educadamente.
– Ah, tú pareces el mayor. Quiero decir, Bastian no aparenta tener su
edad.
– Bueno, treinta y seis años, son años, – dice sin mirarme – Bastian es
quien debería estar traumatizado por cumplir los treinta y ocho el mes que
viene.
– ¡Oh Santo Cielo! – Susurra Margaret – él me hace vieja a mí.
– Porque eres vieja mamá – Margaret le lanza un trozo de pan a su hijo
Sebastian.
– Bastian aparenta tener menos edad, él parece tener como solo treinta –
digo orgullosa.
– Luego te follo – Bastian susurra en mi oreja y Sebastian ha sido el
único quien lo ha oído.
El almuerzo se hace más ameno porque Bastian y los chicos se relajan,
aunque su padre no hable demasiado, Margaret hace por meterle en las
conversaciones que van surgiendo. Hay un momento en el cual Margaret y yo nos
quedamos a solas porque ellos se van a hablar en privado, según ella, Bastian
está amenazándoles a todos de nuevo. Hemos pasado un buen rato y he intentado
conocer más a la familia de mi novio, su hermano Sebastian que parecía más
jovial, ha resultado ser tan serio como su padre una vez
que ha terminado de bromear con Bastian, Sebas es incluso más serio aún,
no ha gesticulado y ni siquiera me ha mirado. El padre de mi novio es un mundo
aparte, no es el hecho de que no hable o mueva su cabeza, es que parece que
está enfadado todo el tiempo. Todo lo contrario con Margaret, ella es
encantadora, amable y probablemente una de las mejores personas que vaya a
conocer en mi vida. Mi suegra se ha pasado todo el almuerzo regañando a sus
hijos, golpeándoles si ha visto necesario y pidiendo ayuda a su marido al que
sus hijos respetan. Gracias a ella que ha hecho que pase un rato muy agradable
y se lo agradezco mucho ya que estaba muy nerviosa.
Margaret y yo estamos en la cocina tras haber acabado el almuerzo
mientras los cuatro hombres de la casa forman un círculo, con los brazos
cruzados, cabezas en alto y muy serios. Le ayudo a secar los platos con la
imagen del respeto ante mis ojos, ahora mismo no quisiera estar en la sala de
estar.
– Tesoro, son buenos hombres aunque parezcan que están enfadados todo el
tiempo, – se ríe – he de
admitir que pensé que Bastian era el peor después de mi marido, pero
viendo que es todo amor contigo, ahora creo que mi hijo Sebas se ha hecho con
el trono.
– Parecen que van a acabar con el mundo si lo planean – miro hacia
atrás, tengo a Bastian de espaldas y no me ve.
– A pesar de que aparentan esa actitud, tienen buenos corazones. Bastian
tiene buen corazón.
– Lo sé, puedo verlo – me pone una mano sobre mi brazo y me sonríe.
– No quiero decirte nada porque le he prometido a mi hijo que no
hablaría sobre este tema, pero quiero que sepas que mi hijo te ama más allá de
lo que una persona pueda amar, – mira hacia atrás para ver que no se han movido
– hace un año cuando te conoció sus únicas palabras eran Nancy. Me llamaba a
diario contándome que había encontrado a la mujer de su vida, a la madre de sus
hijos y la persona que le aguantaría hasta que dejara de respirar. Me
preguntaba qué hacer para hacerte feliz, me contaba lo linda, hermosa e
inteligente que eres, que la edad estaba siendo un problema cuando él se siente
como un viejo y tú no lo eres. Le decía a diario que te trajera a casa, que te
presentara, queríamos tener la oportunidad de conocer a la persona que le había
robado el corazón a mi pequeño, pero estoy casada con su padre y sé lo que es.
– Yo no sabía que…
– Escúchame, – mira otra vez hacía atrás y vuelve la vista hacia mí – no
tengo mucho tiempo antes de que mi hijo entre como un energúmeno. Sé lo que ha
pasado porque hace cuarenta años yo era como tú, cuando conocí a mi marido era
posesivo, protector, orgulloso, celoso y un hombre que tenía que tener la
última palabra. Me apartó de mis amigas, de mi familia y de todo el mundo
porque no quería que nadie me tocara o ni si quiera me oliera.
– Ese es su hijo – le sonrío y me devuelve la sonrisa.
– Por eso quiero decirte que luches cariño, luches y no dejes de luchar.
¿Sabes cómo he sobrevivido a cuatro hombres como ellos? Imponiéndome día tras
día, mi marido me ama más que a su propia vida y ama a sus hijos por encima de
todo lo que pueda haber en este mundo, es un hombre honrado, leal y fiel, no es
el más sonriente pero conmigo lo es y si ha tenido que luchar por mi amor, ha
sido el primero. Con esto te aconsejo que quizás mis chicos no sean
detallistas, comunicativos, expresivos o simpáticos, pero tienen un corazón que
no le caben en el pecho. Pongo la mano por cada uno de mis hombres que no me
decepcionaré y la prueba de ello eres tú Nancy.
– Gracias Margaret, yo no sé qué decir.
– Bastian solo ha traído a una mujer a nuestra casa y eres tú, vas a ser
la primera y la última que va a venir a esta casa porque mis hijos no traen de
la mano a nadie que no sea para toda la vida. Y míranos, solo estamos tú y yo.
Sé que mi hijo Bastian no habrá sido
el mejor novio para ti, o habréis tenido vuestras discusiones, pero te
puedo decir que el año pasado fue la primera vez que nos dejó en navidades
porque prefirió dormir dentro de un coche esperando por si salías a la calle.
– Oh, no sabía eso.
– Hay muchas cosas que no sabes. Todos te conocíamos porque Bastian se
encargó de venir a casa y amenazarnos a todos con destruirnos si llegábamos a
ti, se peleó con su padre y sus hermanos y lo pasamos muy mal. Pensábamos que
se había enamorado de una chica normal, pero te defendía como si le quitaran un
trozo de corazón cada minuto que pasaba lejos de ti. A mí me llamaba
constantemente pidiéndome consejos de cómo tratar a una mujer, queríamos
conocerte y le pedía que merecieras saber que tiene familia, pero es tan
testarudo que no se puede razonar con él.
– Yo no sabía que existíais.
– Lo sé
cariño. Cuando os
enfadasteis y te
fuiste, Ryan me llamó pidiéndome ayuda y tuve que ir de madrugada a casa
de mi hijo porque quería conducir hasta ti y secuestrarte. En mi vida, ni
siquiera a mi marido, lo he visto llorar, lamentarse y caer en un pozo sin
fondo como lo vi aquel día. Desde esas navidades que pasó solo volvió a la
lucha y a no ser el mismo. Dejó de llamarme, dejó de interesarse por vivir, no
sabía dónde estaba, tenía que encender la televisión y enterarme de si mi hijo
estaba vivo o no. Sus hermanos se pelearon con él e intentamos traerlo de
vuelta, pero no hubo manera.
Pongo una mano en mi boca porque no sabía que lo había pasado tan mal.
No sabía que su familia estaba a su lado apoyándole como estaba la mía y que a
pesar de todo, los dos estábamos hundidos.
– No sabía que estaba tan mal, yo le dije que se fuera a casa.
– Mi hijo no era un hombre feliz, nunca lo ha sido. Cuando venía a casa
lo hacía enfadado, no traía regalos de cumpleaños y no mostraba interés. Se
cabreaba siempre, se aislaba e intentaba que nadie se le acercara a él.
He pasado muchos meses sin ver a Bastian porque no quería que le viera de ese
modo, me contaba que necesitaba tiempo, luego veía en la televisión que
prefería estar en cualquier lugar menos en casa, con su familia. Sus ojos
estaban perdidos, pensaba que su poder y fama le darían un poco de estabilidad,
pero se alejó Nancy, se alejó de nosotros y pensé que lo perdíamos para
siempre.
– Margaret – se está emocionando y yo también.
– Te debo tanto Nancy, gracias a ti lo has devuelto a la vida. El año
pasado se le veía tan feliz como si hubiera encontrado la razón por la cual
sonreír, no nos quería a tu lado, estoy segura de que te secuestraba para él
solo y yo me alegraba porque estaba con una mujer que le ama. Cuando os veía en
la televisión o en las revistas adoraba verle sonreír, feliz, radiante y
enamorado, ahora que estáis aquí y tras haberle visto tocar fondo de nuevo,
puedo verlo Nancy, mi hijo te ama con locura y llegará a ella si algún día os
enfadáis de nuevo.
– Espero no enfadarme más con él.
– Sé fuerte cariño, se muy fuerte y regáñale cuando se lo merezca,
porque si algo caracteriza a un Trumper es que son ciegos para todo – consigue
que sonría – no ven más allá de lo que proyectan en sus mentes y eso les hacen
actuar como animales.
– O neandertales.
– Sí, neandertales les viene de maravilla para describirlos. No dejes
nunca a mi hijo, te lo suplico, no soportaría verle caer en la miseria de
nuevo. Además, nunca traen a mujeres y yo me hago vieja, quiero boda y tener
nietos.
– ¿Nietos? – Me río poniendo la mano en mi boca para que no vea que me
hace más gracia de la que tiene.
– Sí, nietos. Quiero que
Bastian y tú traigáis
muchos nietos a esta casa. Ahora que te tengo no quiero perderte.
– Margaret, aunque me pelee con su hijo puedes apoyarte en mí cuando
quieras. Llámame cuando me necesites, podemos hacer cosas de chicas para que no
tengas que tratar con ellos todo el tiempo, – le saco la lengua y se ríe –
aunque bajo mi punto de vista, estar con tus chicos es más divertido que yo.
– No digas eso, los amo a los cuatro pero no quieras estar delante de
ellos cuando empiezan a discutir.
– Oh, sería divertido, – nos reímos – en serio Margaret, quiero que
cuentes conmigo y gracias por contarme todo esto, me hubiera encantado
conocerte mucho antes.
– A mí también, te ves tan hermosa en las revistas y en la televisión.
Espero que mi hijo no te secuestre para ti y vengáis más a vernos.
– Tenlo por seguro, trataré con Bastian.
– Gracias cariño, me has quitado un peso de encima. Pensé que Bastian
nunca vería la luz y ahora es tan dulce.
– Su hijo es muy dulce Margaret. Un poco diferente, pero es dulce y
romántico. Siempre cuida de mí y aunque tiene millones de defectos que hacen
enfadarme todo el tiempo, lo amo y acabo amándole aún más.
– Nancy, eres tan encantadora.
Ronronea algo y me da un abrazo dejando lo que tenía en las manos. Sé
que está emocionada porque me imagino como ha sido Bastian con su familia por
todo lo que me ha contado sobre sus aventuras con Bill. Margaret es una mujer
excepcional y ha debido de pasarlo mal como madre al ver a un hombre como
Bastian hundido porque me perdió. Eso hace remover mi estómago ya que no sabía
que estaba tan profundamente enamorado de mí. Nos miramos
risueñas mientras seguimos con lo que estábamos haciendo.
– Bueno, háblame de sus otros dos hijos, ¿ninguno de ellos le va a dar
nietos?
– Lo dudo mucho, si alguien me da nietos, ese es Bastian. Sebastian no
creo y Sebas, estoy segurísima de que no.
– ¿Por qué Sebas no?
– Porque Sebas está enamorado de una mujer y no es correspondido.
– ¿En serio?, ¿qué ha pasado con su chica?
– Ella no luchó, – me mira nostálgica – ella no tuvo fuerzas como tú y
le abandonó. Se despidió con una carta diciéndole lo mal novio que era, que no
soportaba que la controlara, que le gritara, que se enfadara, que fuera celoso
y que le prohibiera cosas. Leí esa carta mientras él lo hacía, los dos
volvíamos a
su casa para encontrarnos con que ella había hecho las maletas y se fue.
– Eso es cruel, pobrecito.
– Desde entonces no es el mismo. Nunca trajo a su novia a casa pero la
conocíamos, habíamos cenado con ella en algún restaurante y no coincidíamos
todos en la familia. Pero la adorábamos aunque yo la veía agobiada. A ti no.
– Aunque parezca mentira, sé entender bien a Bastian y no me agobio. Lo
siento por ella, estoy segura de que dejó escapar a un hombre maravilloso.
– Sí, mi hijo Sebas es un hombre que lo da todo. Sin embargo, mi
Sebastian es más informal, no es que haya traído a una mujer a casa, es que
cuando era un crío traía a demasiadas hasta que su padre se enfadó con él. En
más de diez años no ha traído a ninguna novia, me dice que no tiene y tiene
razón porque cuando le vea brillar sus ojos y cambiar como lo ha hecho Bastian
sabré que le ha llegado el momento.
– Supongo que el destino está escrito y ya encontraran a las mujeres de
sus vidas.
– Soy muy feliz de que Bastian te haya encontrado. Te adoro mucho antes
de conocerte y ahora que te tengo aquí, te adoro mucho más – escuchamos las
voces de ellos más cerca – no lo olvides Nancy, sé fuerte y golpea el trasero
de mi hijo cuando se lo merezca.
– Lo tendré en cuenta Margaret.
– ¿De qué habláis? – Bastian y sus hermanos entran pisando fuerte, los
tres con el ceño fruncido y con cara de pocos amigos.
– Bastian, deja de ser tan controlador, estábamos hablando de nuestras
cosas – Margaret le responde.
– Nena deja eso, – ruedo los ojos ignorándole –
nena.
– ¡Qué Bastian! – Me doy media vuelta para mirarle.
– Nos vamos – me sonríe, ¿cómo puede hacerme esto delante de su familia?
– ¿Tan pronto?
– Sí.
Ahora yo le frunzo el ceño en desaprobación y niego con la cabeza, él me
sonríe mientras su hermano dice una palabra que no logro entender.
– Vete tú, ya me recogerás – me coloco detrás de Margaret, ella se
siente orgullosa de que la escoja.
– Nena, – susurra – ¿no querrás que te ponga sobre mi hombro y te saque
de casa?
– Por cierto, padre ha dicho que te espera en el jardín – dice Sebastian
a su madre mientras sale de la
cocina.
– Voy – Margaret se va y lleva de su mano a su hijo Sebas que se va con
ella.
– ¿Nos vamos? – Bastian sigue sonriendo.
– ¿Por qué? Soy feliz aquí, puedes irte a hacer lo que sea, – me muerdo
el labio de abajo y me arrastra por la cintura hasta su cuerpo – no juegues
sucio que no soy de piedra.
– Me gustaría que jugáramos un poco antes de la cena – muerde mi oreja y
me dejo llevar pero enseguida lo aparto – ¿qué?
– Aquí no, estamos en la casa de tus padres por
Dios.
– ¿Y qué pasaría sí te doblara sobre la mesa de la cocina y te hiciera
ver las estrellas?
– Qué daríamos un espectáculo.
– Hagamos un espectáculo – retrocedo unos pasos y consigue llegar a mí
para acorralarme.
– ¿Es esto chantaje?
– Por supuesto que no cariño, pero si no mueves tu trasero hasta el
coche haré que sea un chantaje muy sensual del que no podrás escapar.
– Chicos, – la voz de Margaret se escucha entrando en la cocina y me
separo de Bastian – Nancy, tú número de teléfono, dámelo antes de que se me
olvide.
– Oh, por supuesto.
Voy hacía mi bolso que está sobre la cocina donde lo dejé cuando
vinimos. Intercambio números con Margaret bajo la atenta mirada de Bastian que
no nos deja solas en ningún momento, no me deja sola en ningún momento porque
pone su mano en mi trasero y yo intento evitarlo moviéndome disimuladamente sin
que su madre se entere.
– Nos vamos ya, madre.
– ¿Tan pronto? Déjamela un poco más.
– Tenemos que irnos – dice su voz dando una orden, no voy a discutir el
que nos quedemos cuando Bastian dice que nos vayamos. Me apena irme, quiero
estar aquí.
– Chicos, – grita Margaret desde la cocina – a despedirse que se van.
Abro los ojos y miro a Bastian que no me mira, su madre tiene potencia
en su voz y los tiene a los cuatro a raya. No pasan ni diez segundos cuando los
hermanos de Bastian aparecen en la cocina, por detrás veo la sombra del padre y
me escondo disimuladamente detrás de mi novio.
– Nancy, – dice Sebastian dando un paso hacia mí – estaba deseando que
llegara este momento para
enseñarte como se despiden los europeos.
Sebastian da otro paso hacia a mí con los brazos en alto pero Bastian le
pega apartándole de mi lado bajo las risas de su hermano y la intromisión de su
madre.
– ¿Queréis parar de una vez? Parece mentira que seáis hombres adultos,
así que comportaros como tal. ¿Cuándo volvéis?
Bastian sigue mirando a su hermano pero ahora mira a su madre.
– No lo sé, – miro a mi novio y le niego – algún
día.
– Volveremos pronto, puedes llamarme cuando quieras, tenemos pendiente
ese día de chicas – le digo a Margaret guiñándole un ojo.
Bastian gruñe porque no acepta que haya hecho planes con su madre.
– Estoy deseándolo – Margaret se acerca para darme un abrazo. De reojo
veo como Sebastian quiere unirse pero se pelea con Bastian otra vez.
Todos nos acompañan a la salida y nos despedimos con saludos y palabras
de cortesía porque Bastian insiste en que nos vayamos. Veo una sonrisa en
Margaret pero en los hombres no. Me centro en hablar con ella cuando Bastian
logra sacarme de la casa y arrancarme de la conversación que tenía con su madre
sobre quedar esta semana.
Una vez afuera nos metemos dentro del coche y lo primero que hace
Bastian es besarme hasta dejarme sin aliento. El coche de Batman no es un lugar
idóneo para hacer este tipo de cosas con un hombre que es más grande que el
coche, pero consigue ruborizarme y hacer que me sonroje todo el tiempo cuando
siento su lengua en mi boca. Le echaba de menos, pero no voy a alimentar más su
ego.
– He imaginado este momento desde que
entramos en la casa, – susurra Bastian dejando de sujetar mi cara para
besar mis labios nuevamente y volver a su sitio – tú, yo, el atardecer,
nuestros labios.
– Eso suena como un buen plan.
– Es un buen plan – besa mi mano de nuevo y arranca el coche.
– ¿Por qué tanta prisa?, ¿a dónde vamos que nos hemos ido tan pronto?
– Nos vamos a Crest Hill.
– ¿Qué? – Le miro desorbitada.
– Crest Hill, vamos a contarles a tus padres lo nuestro. Es justo que
ellos también lo sepan cuando te he traído a casa de los míos en un domingo.
Cenaremos en su casa. ¿Te apetece?
– Sí – susurro.
El coche se pone en marcha y cojo el móvil para avisar a mi madre de que
vamos allí. Avisarle y también advertirle que voy a necesitar ayuda cuando le
cuente a mi padre, el hombre que quiere ver muerto a Bastian, que hemos vuelto
juntos.
CAPÍTULO 19
Guardo el móvil de nuevo en mi bolso mientras escucho como refunfuña
Bastian con el tráfico de la ciudad, es hora punta y la gente está en la calle
disfrutando de este día tan soleado. Nos queda casi una hora de camino en la
carretera, aunque conociendo a Bastian va a ponernos en Crest Hill en menos de
media hora. Necesito tiempo para pensar qué le voy a decir a mi padre, cómo se
lo voy a contar y explicarle los motivos reales de mi vuelta con Bastian.
Me muerdo la uña del dedo pequeño mientras
miro por la ventana, no le hago caso a mi novio que no para de gritar,
pero una vez que tomamos la autovía me mira y me gruñe, esta vez porque estoy
muy callada.
– ¿Estás bien?
– Sí, solo un poco preocupada.
– ¿Por qué?
– Porque no va a ser fácil decirle a mi padre que he vuelto con el
hombre que me hundió, él no lo va a entender.
– Nancy, déjate de morder la uña o me veré obligado a atarte las manos –
dejo caer mi mano sobre el bolso y suspiro – tranquila, tú madre está de
nuestra parte y nos ayudará.
– Le acabo de escribir en un mensaje que rece porque todo salga bien.
– Va a salir bien.
– Eso espero – me pierdo observando a través de la ventana pero me
encaro enfadada a él – ¿se puede saber porque no me habías presentado antes a
tu familia?
– No era fácil.
– Tan fácil como hacer lo que hemos hecho hoy. En vez de encerrarnos
para follar todo el día debiste presentarme como tu novia el año pasado.
– No quería, – me mira enfadado y luego a la carretera – no soportaba
que les hubieses preferido antes que a mí. Mira hoy, has pasado solo unas horas
con mi madre y ya me vas a abandonar la semana que viene para irte con ella.
– Bastian, es desagradable que digas eso. El hecho de que salga con tu
madre no quiere decir que la escoja por encima de ti. ¿En qué mundo vives?
– En el mismo que el tuyo, pero con la diferencia de que yo te quiero y
no sé si tú me quieres como yo a ti. Algún día me querrás.
Arrugo mis labios disgustada y le golpeo con mi bolso provocando que se
ría a carcajadas. Yo también me río porque a veces le quiero golpear tan duro
que no tengo fuerzas, pero en el fondo llego a comprender hasta qué punto este
hombre me quiere.
Acaba ganándome y me empuja para que me apoye sobre su hombro mientras
conduce, una irresponsabilidad en la carretera pero confío en que no nos
estrelle con el coche. Pongo mi mano sobre su pierna y ronronea.
– Háblame de tu familia. ¿Por qué no me los has presentado antes? Y no
me vale la excusa de que me quieres para ti solo porque no me valdrá.
– Es que te quería para mí solo.
– Tú madre me ha contado que la llamabas a
diario, – frunce el ceño gruñéndome – no me gruñas Trumper. Ella también
quería conocerme, todos ellos. ¿Por qué me ocultaste que tenías una familia?
– Tenía miedo Nancy, ya te lo he dicho, te quería para mí solo. No
hubiera consentido que te mezclaras con todos ellos y te separaran de mí. Mira
a mis hermanos, ellos son más jóvenes y más guapos que yo, si tratabas con
ellos les hubieras conocido y te hubieras enamorado de alguno que no sea yo.
– ¡Bastian, por favor! – Me aparto de su lado para sentarme en mi lugar
– lo que estás diciendo no tiene ningún sentido. ¿Piensas que me iba a enamorar
de tus hermanos?
– ¿Te has visto en el espejo Nancy? Eres hermosa y ellos te hincarían el
diente, ¡joder! Te lo quieren hincar ahora que te conocen y tienen la excusa
perfecta de que eres mi novia. Ellos harán lo que sea para separarte de mí.
– ¿Ellos quien, Bastian?
– Mis hermanos, los dos, – ruedo los ojos porque este hombre no tiene
fin con sus celos compulsivos – no me pongas esa cara que te estoy viendo
aunque conduzca.
– No logro entender como no puedes controlar tus celos Bastian, tu
obsesión porque venga otro y me separe de ti. Ellos son tus hermanos, ¿sabes lo
que quiere decir? Qué son como si… como si fueran los míos, son de tu familia,
por lo tanto de la mía también.
– Ellos no te ven como su hermana Nancy, no digas tonterías.
– Tú no me estás entendiendo o quizás sea yo la que no me explico. No
hay posibilidad de que tus hermanos me hinquen el diente, ni uno, ni otro. Para
mí son tus hermanos y mis cuñados, te amo a ti no a ellos. Ninguno va a
intentar nada conmigo porque saben que soy tu novia Bastian, así que deja de
tocarme las narices con tus celos porque me agobias cuando te pones así.
Doy por terminada la conversación poniendo la radio y haciendo que suene
a más volumen del que debería. Me cruzo de brazos mientras respiro hondo
intentando tranquilizarme, me ha tenido como si fuera una muñeca porque el
señor está celoso de que me enamore de ellos o ellos de mí, no tiene ningún
sentido lo que dice. Sus palabras no van a ningún lado cuando no puede razonar
como una persona normal.
Dejamos pasar unos minutos y él decide apagar la radio para mirarme.
– ¿Me puedes comunicar el grado de tu enfado?
– Me sonríe de medio lado y yo también.
– Cero. No estoy enfadada, me disgusta el hecho de que pienses que me
voy a enamorar de tus hermanos o ellos van a hacer alguna jugada conmigo.
– ¿Y si descubres que te gusta alguno de ellos más que yo? – Mi león
quiere que le suba el ego – ¿y si te sonríen, o te hablan, o te seducen y te
enamoras
de ellos?, ¿dónde me dejaría eso a mí?
– ¿Y sí pasase eso con alguien que no sea tu hermano? No me gruñas. Eso
puede pasar con cualquiera, en cualquier momento de mi vida, pero no pasará
Bastian. Me completas en todos los sentidos, no voy buscando el amor porque ya
estoy enamorada y muy conquistada por ti. Deja tus miedos a un lado y de actuar
así con ellos u otros hombres.
– No habrá otros hombres – enciende la radio frustrado y yo la apago.
– Por supuesto que lo habrá y tú estarás al tanto de todo, si hablo o si
no hablo. Te lo contaré todo porque confío en ti y es lo que las parejas hacen.
Contarse sus cosas y compartir opiniones.
– Me prometiste que estábamos en la misma página con respecto a los
hombres a tu alrededor.
– Me prometiste que trabajarías en ello, en ser más dócil con el tema.
No quiero que te pongas celoso
por ningún hombre y mucho menos por tus hermanos. Soy tu novia, soy
nueva en tu familia, es normal que quieran conocerme, preguntarme y saber más
de mí. No les prives a ninguno de acercarse a mí y tampoco me prives porque
entonces sí que vamos a tener un problema y romperé la página en la que nos
encontramos.
– Si te doy la libertad que te mereces en ese aspecto querrás más y más…
hasta abandonarme.
– No te voy a abandonar por irme con tu madre una tarde, tampoco por
tomar café con alguno de tus hermanos. Se supone que soy de la familia también,
soy un apoyo para ellos y es lógico que quieran estar conmigo.
– El apoyo que te piensas tú no es el apoyo que piensan ellos – dejo
salir el aire muy lentamente de mis pulmones, este hombre no hay por dónde
cogerlo – no te pongas así, soy hombre y se cómo pensamos. Sé cómo piensan mis
hermanos.
– Dejemos el tema Bastian, porque es obvio que no nos pondremos de
acuerdo en la vida.
– Por tu culpa, no haces nada por comprenderme. Te digo que los hombres
piensan de diferente forma cuando se trata de ti.
– Sí, tienes razón. ¿Cómo he podido ser tan tonta de no darme cuenta?
Todos los hombres están babeando por mí, pero gracias a ti que me has abierto
los ojos cariño. Te debo la vida.
– Modera tu lenguaje señorita – se ríe y yo también. Es obvio que hay
una grieta importante aquí y que no va a ceder – ¿qué más te ha dicho mi madre?
– Me ha animado a que luche contra ti cuando te pongas neandertal.
También me ha contado lo que le pasó a Sebas.
– ¿Sí? Esa maldita zorra lo dejó con una jodida carta. Esa mañana había
recogido a mi madre para comprarle un anillo de compromiso, esa misma noche
se lo iba a dar.
– Pobre. Me parece inhumana la manera de dejarle sin ni siquiera
decírselo a la cara. También me ha comentado que no ha vuelto a ser el mismo
desde que lo dejó con esa chica, que no logró aguantarle o algo así, – asiente
con la cabeza – desde entonces, no me atrevo a preguntar si ¿el hombre era así
de serio o ya lo era antes? Aunque mirando a tu padre debo de decir que todos
os parecéis a él.
– Padre nunca ha sido como nosotros, él es mucho más severo y poco
liberal, pero si nos ha educado con la idea de que seamos hombres de una sola
mujer, – me río pero él no – no como piensas, me refiero a la mujer de nuestras
vidas, esa que debemos presentar en familia.
– ¿Tú nunca
has llevado a
ninguna mujer a
casa?
– Jamás, ni mis hermanos. Jocelyn, la ex de Sebas, sí que tuvo algunas
comidas y cenas con
nosotros, pero nada formal. Mi hermano Sebastian ni por asomo, ese es
hombre de una sola mujer y no la ha encontrado todavía, tendrá a sus amigas
pero si no ha presentado a ninguna es porque no la hay. Tú eres la primera en
entrar en mi casa como mi mujer para toda la vida, por lo tanto no tienes
escapatoria y ya no te puedes escapar de mí.
Aunque parezca mentira el razonamiento con respecto a esto me deja
asombrada, son hombres que pueden tener a quien sea, llevar de la mano a tantas
mujeres quieran y aun así, se aferran a lo clásico de presentar en familia solo
a una mujer. Me gusta su manera de pensar cuando se trata de que él es un
hombre de una sola mujer y yo soy la afortunada, eso provoca una sonrisilla en
mi cara que hace acercarme de nuevo a él mientras pongo mi cabeza sobre su
hombro y mi mano sobre su pierna.
– Es dulce que los Trumper penséis de esa manera.
– Respetamos a la mujer aunque en
mi caso
haya fracasado muchos años.
– Tu madre me ha dicho que creía que eras el peor, que nunca
encontrarías a la mujer de tu vida y estabas inaguantable.
– Lo era, ya te he dicho que perdí la esperanza. El ir a casa y tener
que presenciar la felicidad de todos porque tenían lo que querían me mataba.
Iba obligado porque me peleaba con mi padre y lo que diga él hay que cumplirlo.
Me sentía perdido, mi madre era feliz con tenernos a todos nosotros aunque sea
sin parejas, pero nos hacíamos mayores y no había manera de encontrar a ninguna
mujer que valiera la pena. Ahora la he encontrado y les llevo años de ventaja a
mis hermanos.
– Te prometo que las cosas entre nosotros van a ser perfectas, – le beso
en la cara – el haberlos conocido me ayuda a entenderte mucho mejor, que tus
enfados, tus normas y tus pensamientos neandertales tienen procedencia. Ahora
sé que hay dos Trumper como tú, más tu padre, y el haber conocido a tu madre
me ha hecho muy feliz. Ella es adorable, tú eres todo lo contrario, tus
hermanos sois lo contrario, es más que evidente que sois copias exactas de tu
padre.
– ¿Lo somos? Yo soy más flexible nena.
– No, tú eres como ellos. Sois iguales y no me vas a discutir eso.
– Pero, ¿me quieres más a mí verdad?, ¿cuándo me abandones y te vayas
con mi madre pensaras en mí?, ¿si mis hermanos te hablan pensarás que me amas
más a mí que a ningún otro hombre?
¿Por qué me hace esto cuando va conduciendo? El que baje la voz y me
susurre hace que quiera rodearle por la cintura y hacerle mío ahora mismo, sí,
hacerlo dentro del coche Batman para demostrarle que no habrá ningún problema
entre nosotros. Hay a veces que sus celos me parecen dulces, él solo tiene
miedo de perder a la mujer de su vida y está perdido en este aspecto. Él no ha
tenido novias ni relaciones para saber que si sus hermanos me hablan o quedo
con su
madre seguiré pensando en él igualmente. Acaricio su pelo mientras le
soplo y él ronronea porque no puede atenderme con las manos en el volante.
– No tienes que tener miedo Bastian, me ha gustado conocer a tu familia
y espero que luego me cuentes mucho más sobre ellos. Parecéis muy unidos a
pesar de que tú has sido un dolor en el trasero con tu actitud. Solo quiero que
confíes en mí y en nosotros cuando estemos con ellos.
– Lo haré nena, si me prometes que no te enamorarás de mis hermanos.
– Cariño, tus hermanos son feos para mi gusto – sí, voy a subirle el ego
a mi hombre – quiero decir, no podría amar a otro Trumper, tú me consumes tanto
que no tendría fuerzas para saltar a otro. Sebas no es tan guapo, su cara de
serio hace que quieras huir a otra parte cada vez que respira a mi lado, sus
ojos no son tan espléndidos como los tuyos y entre nosotros, desde ya, puedo
decirte que no hay química sexual o de ningún otro tipo.
– Me gusta que me digas esto, lo necesito.
– Y con Sebastian, es la copia exacta de tu padre y cuando hablamos de
tu padre sí que es verdad que no me importaría apuntarme a uno de esos
experimentos y que me lanzaran a Marte. Él parece divertido y risueño, pero su
sonrisa no llega a mi corazón, sin embargo la tuya hace que se me doblen las
piernas y empiece a ponerme húmeda en uno de tus sitios favoritos, – me gruñe
en aprobación – tus hermanos son como tú, altos, rubios, con ojos bonitos y muy
sensuales, pueden hacerte cautivar, pero no a mí. He sido conquistada y
colonizada por un Trumper y este barco ya ha zarpado para cualquier hombre.
Vamos a tener una relación cordial de cuñados, ellos me amarán porque te hago
feliz y te daré hijos, me amarán cuando me conozcan y no lo harán como hombres
intentando seducirme, lo harán como mis cuñados porque me querrán como tal. No
quiero tener que justificarme nunca más sobre ellos porque espero que te quede
claro que entre tus hermanos y yo no hay posibilidad de un amor, de una
relación y de nada más
allá que el mero hecho de ser cuñados. ¿De acuerdo Señor Bastian
Trumper?
– Mucho más relajado, me has dado dos o tres años de vida más.
– Bobo – le golpeo.
Muevo la cabeza porque no me creo que le de tanta importancia a sus
hermanos, aunque si me pongo en su lugar, soy la primera mujer que ha entrado
en su casa y tiene miedo a que ellos hagan cualquier movimiento. Eso no va a
pasar. Si tengo que discutir sobre esto a diario, lo haré, lo haré por Bastian,
para calmarle y hacerle ver que sus hermanos son mis cuñados y no habrá
posibilidad de que haya nada en el futuro. Oh, no. No aguantaría otro Trumper
en mi vida. Su hermano Sebas hace que me plantee si vamos a tener una relación
cordial alguna vez y su hermano Sebastian, vamos a tenerla, pero tendré que ser
firme cada vez que intente tocarme para fastidiar a Bastian. Mi león quiere que
le hable y le calme, aunque también yo lo querré cuando tenga que tratar con
más de un
Trumper al mismo tiempo.
– Nancy, quería explicarte antes de que lleguemos… que mi hermano no
hacía nada en El Sótano – le miro interesada, se me había olvidado – él iba de
vez en cuando para echar un vistazo a Ria, más que nada, para que no me la
jugara. Desde que regresé de Nueva York no pisaba apenas el club y mandaba a mi
hermano. Él y Sebastian lo saben, los dos lo sabían pero ninguno de ellos eran
socios y su interés por lo que pasaba allí abajo era nulo. Nunca han necesitado
nada como el club para conseguir a sus mujeres.
– Yo lo vi aquel día, me miro mal y le respondí.
– Lo sé. Estaba en casa cuando él me avisó de que estabas allí, discutí
con él y me dijo que nunca olvidaría tu cara cuando no hacía otra cosa que
hablarle de ti. Así que te comprobó una vez más desde la distancia y me
confirmó nuevamente que eras tú, pero que llevabas una peluca y tu vestido no
era muy largo. Entonces enloquecí y mientras iba al club llamé
a Ria para que me informara de alguna novedad, ella me dijo que lo
estudiaría y me llamaría, pero llegué antes de que me diera la información.
– ¿Por qué no me contaste que era tu hermano?, ¿te das cuenta de que las
cosas hubieran cambiado si me hubieras presentado a tu familia?
– Ahora lo veo nena. Llegué como un energúmeno, estaba asustado de que
estuvieras allí abajo sola y mi hermano me había dicho que tu vestido era de
infarto, eso hizo que llegara en menos de cinco minutos. Ni siquiera le miré
cuando me estaba esperando, intentó frenarme pero le dije que no se metiera.
– Creo que lo recuerdo, pero no sé si era él o
no.
– Sí, era él. Llegó cuando ambos vimos que te golpearon, él se encargó
de echar a Ria y de hacerla huir lejos de mí. También me animó a acabar con
toda la mierda, esa noche me cambió el chip y supe que
había algo más importante en la vida que un club, tú. Te vi y me
descompuse, luego te ibas con Trevor y él me dijo que cerrara esa mierda y
fuera detrás de ti. No necesité que él me lo dijese, pero tenerle allí me trajo
a la realidad. Me hizo ver que no todo en la vida son negocios y trabajo porque
él es mi familia y yo ya había encontrado a la mía, la mujer que iba a
soportarme para siempre.
– Me gusta cuando te pones así, es muy dulce que te dieras cuenta de
todo ello, tu familia te adora, tu madre siente devoción por ti y yo soy la
mujer de tu vida. No desperdicies nada de esto. Aprovéchalo porque puedes ser
muy feliz sin que te abrume el pasado, lo que pasó no lo puedes cambiar y me
conformo con que le hayas dado una oportunidad a tu presente y futuro, a
nosotros.
– A mí también me gusta cuando te pones así – pone su mano en mi pierna
y me acaricia.
Dejo caer mis manos sobre la suya mientras juego con sus dedos para
distraerme de lo que veo al
fondo. El sol está escondido entre las montañas, damos paso a la noche
que se acerca y a la oscuridad, un ambiente perfecto cuando se haga una matanza
en casa de mis padres. Crest Hill se acerca en mi visión y esto se está
poniendo interesante. Estoy nerviosa, no, estoy más que nerviosa porque mi
padre no va a entender que amo a Bastian y que él me ame a mí, no después de
cómo me vio. El año pasado no consiguió aceptar que estaba enamorada y tras
haberme visto rota no creo que haya posibilidad de hacerle entender que lo mío
con Bastian va en serio, que no hay nada que nos moleste y que no vamos a
separarnos en la vida. Llego a comprender a mi padre porque han herido a su
pequeña, pero tiene que entender también que es ley de vida y que sigo amando a
Bastian, que si nos enfadamos es nuestro problema y que no le haré sufrir más.
No, no puedo decirle eso. ¿Y si me hace sufrir otra vez y tengo que volver a
casa? No, tampoco puedo desconfiar de Bastian. Estoy atacada de los nervios y
cuando me pongo nerviosa no pienso con propiedad, ni siquiera pienso.
– ¿Qué? – Digo porque escuchaba una voz y no
sabía si era la de Bastian.
– Te preguntaba por tus pensamientos. Te has callado.
– Estaba pensando en mi padre, en cómo se lo va a tomar.
– Tranquila nena, tu madre me dijo que se lo contaría.
– ¿Cómo se lo iba a contar si aún no estaba contigo? – Me mira de reojo
riéndose – no puedo creer en vuestra prepotencia de saber que iba a sucumbirme
a tus encantos.
– No te enfades por eso Nancy. Tú madre tenía fe en nosotros y yo le
dije que iba a continuar intentándolo hasta que cedieras. Si no llega a ser en
Halloween, iba a ser hoy, o mañana o la semana que viene.
– Que confiado
eres, – miro
como se
enorgullece y sonríe – oh, no corras tanto que vamos a llegar y no
quiero.
– Tu padre te quiere, dale la oportunidad. Me merezco también que se
enfade conmigo, te vio sufrir, dejémosle que hable y su tiempo para aceptarlo.
– Tienes razón, además tu madre me dijo que tú tampoco lo pasaste muy
bien, – sus ojos me intimidan echándome un vistazo – no me mires así, es
verdad.
– ¿Te habló de eso?
– Sí, también me dijo que faltaste en navidades. Y tanto ella como yo
estamos muy enfadadas con respecto a eso.
– Hubiera ido al Polo Norte si estuvieras allí. Me importan una mierda
las navidades.
– Bastian, habla bien.
Refunfuña algo que no logro escuchar y doy la
conversación por terminada, aunque esto no quedará así y le seguiré
regañando cada vez que mande a la mierda a las fechas más bonitas del mundo.
El coche avanza deslizándose por la carretera como si voláramos. A veces
se me olvida donde estoy y hacia dónde voy, pero algunas decoraciones de
Halloween consiguen traerme de vuelta a la realidad. Bastian aparca en frente
de la casa de mis padres, los dos vemos que la luz está encendida porque está
oscureciendo. El motor del coche se apaga quedándonos dentro porque no me
atrevo a hacer ningún movimiento más que implique acercar el momento en el que
Bastian y mi padre se encuentren otra vez. Mi novio pone una mano sobre la mía
para animarme y me da un beso bastante sonoro para hacerme reaccionar.
– Pensé que esto era lo correcto, si quieres doy media vuelta y nos
vamos.
– No, no. Este momento tenía que llegar.
– Nena, deja de preocuparte. Tu padre se va a enfadar bastante, necesita
desahogarse y mandarme a la mierda.
– Mi padre no es así.
– Entonces no veo el problema, es normal que se preocupe por su hija y
que no acepte al hombre que la ha hecho llorar.
– Él me vio más que llorar, no quisieras haberme visto en todos estos
meses, un zombi parecía algo mejor que yo.
– Lo siento tanto – su voz grave me trae de vuelta a sus ojos, pone una
mano detrás de mí cuello mientras me acaricia – si pudiera retroceder los
últimos veinte años de mi vida lo haría, créeme que lo haría.
Le sonrío pero él no entiende por qué lo estoy haciendo.
– Me verías en pañales – le pellizco la nariz.
Salimos del coche y ya me está regañando de nuevo porque he salido sola
sin él, me pone sus ojos en órbita alzando las manos y renegando en silencio.
Rodeo el coche agarrando su mano muy nerviosa e inquieta, ahora es él quien
tira de mí hacia él para que camine y lo hago, lo intento al menos cuando
subimos las escaleras ya que Bastian toca al timbre sin avisarme.
– Amor, todo saldrá bien.
– Eso espero – susurro.
Oímos desde aquí voces porque mis padres deben de estar discutiendo,
frunzo el ceño y quito mi mano de la suya para tocar otra vez el timbre. Les he
hecho discutir de nuevo pero Bastian no tiene la culpa, la culpa es mía por
permitirles que me vieran de la manera en que lo hicieron. Toco de nuevo a la
puerta cuando se abre y choco con el torso de alguien quien no debería estar
aquí.
Bastian le planta cara analizándolo con sus ojos ardientes a punto de
pelear si fuera necesario, me arrastra hacia él para sujetarme fuerte y marcar
territorio. Ambos se miran, y yo nunca hubiera imaginado que Mike era tan alto
hasta que estamos los tres aquí.
– ¿Qué haces aquí? – Le pregunto.
– Tú padre me ha llamado para cenar.
– Es una cena familiar.
– Por eso, – sonríe – ¿no nos vas a presentar?
– No. Es mejor que te vayas, – miro a Bastian viendo como su vena
palpita más de lo normal – Bastian, tranquilízate. Entremos y pongamos a mi
familia en una sola pieza. Y tú, vete a casa por favor.
Doy un paso adelante pero Mike no me hace caso y retrocede mientras
Bastian entra conmigo sin
soltarme en ningún momento. Si mi novio ve amenaza con sus propios
hermanos, no quiero imaginarme que pasará cuando sepa que Mike es mi ex novio.
Empezará a enloquecer de que hemos estado desnudos, que me ha tocado y besado y
que… Bastian me aprieta contra él hasta el punto de hacerme daño. Dejo el bolso
en la entrada y Mike no se va.
– ¿Quién es? – Bastian me ordena.
– Bastian mírame, – lo hace – no te enfades, ¿me lo prometes?
– No puedo prometerlo cuando este insensato no deja de mirarte como si
fuera a desnudarte aquí mismo.
– ¡Mike! – Le acuso para que no le provoque y Bastian ahoga un grito,
¡mierda! – ems… Bastian, él es Mike.
– ¿El Mike que tú y yo conocemos?
– El único Mike que conoces sí – de repente me arrastra de nuevo hacía
su lado hasta dejarme sin respiración apretándome tan fuerte que no me suelta –
Mike, ya ves que mi novio es un poco… ems… especial. ¿Podrías hacer el favor de
marcharte?
– ¡NO SE IRÁ! – Mi padre sale de la cocina con mi madre detrás – es mi
casa y se quedará a cenar.
– ¿Hoy nada más? – Le increpa mi madre – porque no ha venido a cenar en
años.
– Papá – digo intentando soltarme de Bastian.
– No Nancy, – me pone la mano en alto – no voy a consentirlo otra vez.
– Papá… – miro a Mike – ¿puedes marcharte, por favor? Lo que ocurre en
mi familia me pertenece, no a ti.
– Mike, deberías irte – añade mi madre.
– ¡No te vayas o te despido! – Mi padre acusa a Mike.
Esto se está poniendo feo y Bastian no cesa en mirar a Mike. Tengo
demasiados frentes abiertos y necesito ocuparme de ellos si no quiero que
estalle una guerra en la casa. Consigo separarme de Bastian para abrazar a mi
madre.
– Todo controlado siempre y cuando se marche Mike – le susurro.
– Llevo discutiéndolo con tu padre desde que lo invitó. Vamos a tener
que pensar en algo, – ella también me susurra en mi oreja – tenía tantas ganas
de verte.
Mi madre agarra mi mano arrastrándome a la cocina, le hago una señal a
Bastian para que venga pero me niega con la cabeza. Forcejeo con mi madre pero
sigue tirando de mí, supongo que es su manera de hacerme entender que necesitan
un momento de
hombres ahí afuera y mi novio está preparado para ello.
– Te quiero – le susurro desde la distancia y él me llega a sonreír.
Una vez dentro acuso con los ojos a mi madre mientras me cruzo de
brazos, huelo a comida y por primera vez en mucho tiempo, no tengo ganas de
comer nada cocinado por mi madre ni en esta casa.
– No me mires así Nancy. A veces no puedo controlar a tu padre.
– ¿Por qué has dejado que Mike viniera? Bastian es muy celoso mamá,
extremadamente celoso, probablemente lo querrá matar o golpear o…
– Mi niña, calma. Ante todo, calma.
– No puedo calmarme, mi novio, mi ex novio y mi padre que odia a los dos
están ahí afuera.
– De momento no se escuchan gritos.
– Mamá, – le recrimino otra vez – ¿cómo puedes ponerte de su parte? Voy
a salir ahí afuera y…
– Tesoro, déjales que se griten, que se peguen y que pase lo que tenga
que pasar. Vamos a terminar de hacer la cena que aún te veo delgada – deja de
mover algo dentro de una olla mientras yo miro hacia la puerta mordiendo mi
uña, rodea la isla, me abraza y me sonríe empujándome levemente – ¿cómo ha sido
tu reconciliación?
– ¿Qué? – Le sonrío igualmente – ¿mi reconciliación?
– No pienses que no estoy al tanto de todo, ¿eh?
– Ya me ha dicho Bastian que vino a verte – me olvido de ellos por un
momento para acercarme a oler la comida, los guisos de mi madre son únicos – y
que le diste su apoyo.
– Claro que le di mi apoyo, es mi yerno, mi único yerno y está enamorado
de mi pequeña. Vino desorientado y decidido a hablar con tu padre si fuera
necesario.
– Él ha sido valiente al venir aquí.
– Es muy valiente y un buen hombre. Me contó que pensaba conquistarte
haciéndote creer que no te amaba para que volvieras a él y le dieras otra
oportunidad.
– Sí, algo así sucedió – nos sonreímos mutuamente con esas sonrisas
madre e hija donde no necesitamos decirnos nada más – además, hoy me ha
presentado a su familia y hemos estado muy bien desde que hablamos.
– Me alegro tanto Nancy. Cuéntame, ¿cómo es su familia?
– ¡Y UNA MIERDA! – Oímos gritar a mi padre y salgo de la cocina
disparada hacia afuera –
¡NO!
Él continúa gritando enfrentándose a Bastian, mi novio muy calmado con
la cabeza agachada y mi ex novio disfrutando de la escena. ¿Quieren una escena?
La van a tener.
– ¡Papá! – Me pongo delante de Bastian y mi padre retrocede asustado de
que le haya alejado de él y no al revés.
– No te metas en esto.
– Sí me meto papá cuando estás hablando de mi novio. ¿Sabes qué? Estoy
muy cansada de tu actitud y no te va a quedar más remedio que aceptarme con él
o no aceptarme.
– Nancy – mi madre suplica.
– ¡Ni Nancy ni mierda! Papá, no me hagas escoger entre él y tú porque
ahora mismo nos vamos de la mano y no me verás en mucho tiempo.
– Nena… – susurra mi novio.
– Así que tú eliges. O aceptas a Bastian o no aceptas a ninguno de los
dos. Ah, y muy buena tu jugada con Mike, ¿te creías que ibas a causarme
problemas con Bastian? Estás muy equivocado, si querías hacerle daño a mi novio
llamándole has conseguido hacerme daño a mí y ver hasta dónde llega mi padre
con esta situación.
Hay un silencio porque nadie se esperaba que hablara de este modo a mi
padre y en su casa.
– Tesoro vamos a calmarnos y hablemos de esto – mi madre no sabe qué
hacer.
– Yo ya he dicho todo lo que tenía que decir – viendo que mi padre no se
mueve ni tiene intención de aceptar a Bastian, cojo mi bolso y agarro la mano
de mi novio – vámonos.
– Nena…
– Ahora no – susurro.
Me cuesta andar y tirar de la mano cuando mi novio frena todo el tiempo
impidiéndome que salga. Abro la puerta obligando a salir a Bastian mientras
miro hacia mi padre muy enfadada, la cierro de un portazo para que suene
conozca el grado de enfado que tengo. Una vez afuera, bajo las escaleras sin
mirar hacia atrás con la respiración de Bastian siguiéndome y llegando hasta el
coche en el que me apoyo porque está a punto de darme un ataque de ansiedad.
Mi novio me gira y me estabiliza entre sus brazos.
– Ya está. Cálmate nena.
– No quiero, ¿has visto?, ¿lo has visto? Y también tengo que aguantar su
jugada con Mike, lo ha hecho para…
– Para hacerme daño a mí, ha sido por mí no
por ti.
– También lo llamó cuando estaba aquí hundida y destrozada con la
intención de que volviéramos y no me moviera de casa. Es denigrante lo que ha
hecho Bastian.
– Bueno, ha actuado como un padre muy protector. Hagamos una cosa, ¿por
qué no entras en casa y hablas con él? Me quedaré dando una vuelta y cuando me
llames te recojo.
– ¿Qué? Eso es lo que quiere, no solucionaríamos nada. Hoy no estábamos
destinados a que esto pasara, así que regresemos a Chicago. No quiero estar
aquí.
– Nancy, Bastian, entrad ya, – mi madre grita desde la puerta y Bastian
me suelta mirándola – venga, venid que Mike se va ya y tu padre está en el
garaje.
Trago saliva mirando desesperada a mi madre que está en una situación
comprometida entre mi padre
y yo. Bastian besa mi mano arrastrándome hacia la casa porque ahora él
es el más decidido a regresar sin pausas. Subimos las escaleras cuando Mike las
va bajando.
– Nancy, ¿podemos hablar? – Me dice desde la última escalera, yo miro
hacia atrás casi entrando por la puerta.
– Hoy no es el momento Mike, no deberías haber venido.
– Está bien.
Bastian cierra la puerta evitando que me despida de Mike desde la
distancia y entramos en casa. Mi madre le da un abrazo y otro a mí.
– Vamos, os serviré algo mientras se termina de hacer la cena. ¿Qué
tomabas Bastian?, ¿cerveza, vino?
– Cualquier cosa estará bien.
Bastian y mi madre hablan como si se conocieran de toda la vida y
prácticamente mi madre le conoce, no sabía que le gustaba cuando nunca la he
visto ver un combate. Llegamos a la cocina entreteniéndonos mientras bebemos
algo para relajarnos. La noche ha caído y la luz del garaje se puede ver desde
el jardín, la puerta está abierta y yo no dejo de mirar hacia fuera. Bastian se
da cuenta de que tengo mi mirada perdida en el garaje y me desliza a su lado
hasta sentarme en su pierna, mi madre continúa cocinando y los dos empiezan una
conversación que no logro entender porque mis ojos no dejan de mirar la luz. Mi
familia está incompleta sin mi padre y yo soy la única que tiene que unirnos
otra vez.
Dejo el refresco que tenía sobre la mesa cuando me levanto sin decirles
nada, cruzo el jardín dirigiéndome hacia el garaje donde me encuentro a mi
padre limpiando una rueda de un coche. No pone interés en que acabo de toser
para llamar su atención.
– Papá, – me ignora – ¿podemos hablar?
– No – me rompe el alma.
– ¿Es así como quieres que las cosas pasen?, ¿qué me vaya realmente?,
¿no dirigirme la palabra nunca más? Papá. Solo me he enamorado.
– Eso no es amor Nancy. Es una obsesión lo que tienes con ese… con ese…
– Ese se llama Bastian y tiene un nombre. Por favor, no seas un bebé
actuando como si no lo conocieras.
– Lo único que conozco es que mató a mi hija, yo conocí a mi hija y la
perdí cuando le conociste.
– No papá, tu hija creció y se enamoró de un hombre. No me has perdido,
sigo siendo tu hija y tú mi padre, te debo un respeto y mi amor eterno.
– Si fueras mi hija no hubieras actuado como un animal – deja la rueda y
se pone a limpiar piezas de
coches.
– Lo he hecho porque has increpado a Bastian y lo de Mike me ha dolido –
me acerco más a él hasta estar a su lado, al menos me acepta y no me aparta.
– Mike es un buen chico para ti, el otro es un hombre mayor y viejo para
ti.
– Papá, ¿puedes mirarme? – Lo hace – no vuelvas a dirigirte a él de ese
modo o de verdad que me iré de aquí para siempre. Hoy no íbamos a venir a
cenar, ni siquiera tenía en mi mente el venir a veros, ¿sabes de quién ha sido
la idea? De Bastian. Hoy hemos estado almorzando con su familia a la que adoro
y ellos me adoran, me han tratado con cariño y respeto y luego Bastian me ha
sorprendido con la noticia de conducir hasta aquí porque teníais el derecho a
saber que hemos vuelto. Por lo tanto, ese hombre que está afuera haciendo reír
a mamá es mi novio, el que me cuida, me ama y me respeta. Habremos tenido
nuestra pelea y más peleas vendrán, pero todo eso se queda entre Bastian y yo
porque somos una pareja y lo que
pasa entre dos, se queda entre dos.
– ¿Qué te ha hecho para hablar de esa forma?, ¿qué te ha hecho él? Tú no
eras así.
– Sí era así. La diferencia es que ahora estoy enamorada y lucho por mi
novio contra quien sea. Cuando él no tenga razón se lo diré cuando lleguemos a
casa, cuando no la tengas tú te lo diré también, pero lo que pase entre él y yo
nos pertenece a ambos. Sí, me has visto hecha una mierda y hundida, mírame
ahora, ¿qué ves? No dejo de sonreír, de comer y de ser feliz desde que he
vuelto con él.
– Se presentó en mi casa cuando no estaba para engatusar a tu madre.
– No papá, ellos dos ya habían hablado y mamá le invitó porque sabía que
no estabas. Queríamos darte tiempo para que asimiles que tu niña ha vuelto a la
vida gracias a él.
– Bastian no me gusta para ti y no me vas a
quitar esa idea de la cabeza.
– Lo acepto, si no te gusta es tu elección. Puedes juzgarle sin
conocerle, puedes acusarle sin motivos porque me hayas visto mal, pero no
puedes rechazarle porque va a ser el hombre que me va a acompañar para el resto
de mi vida. Me voy a casar con él, tendremos hijos, vendrán muchas fiestas
familiares porque ahora somos una familia más grande, la suya y la nuestra,
¿qué pasará contigo?, ¿tendremos que dejarte en casa solo? No, tendrás que
estar con el resto de la familia papá, y aceptarle. Él y yo vamos a pelearnos,
probablemente estaré enfadada con él mucho tiempo o probablemente no lo esté.
Yo necesito saber que te tengo a mi lado, que pase lo que pase puedo acudir a
ti porque ante todo quieres mi felicidad.
– La quiero, – deja las piezas para limpiarse las manos – es ese hombre
quien no tiene ningún derecho a ponerte la mano encima, a agarrarte como si
fueras un trofeo y a pasearte por ahí como si no fueras otra cosa que una
muñeca a la que enseñar.
– Papá, él me cuida y me ama, no lo veas de ese modo, está orgulloso de
mí.
– ¡Y una mierda! – Le subo una ceja – no me gusta Nancy y me duele verte
con él.
– Está bien, ¿quieres que nos vayamos? No volveré si no quieres, no
volveré con él si es tu elección, pero me romperás el alma si decides hacerle
caso a tu orgullo antes que a la felicidad de tu hija.
– No quiero que te vayas, te quiero a ti sola Nancy, no con él.
– Entonces me has perdido papá, no voy a dejar a Bastian porque a ti no
te guste. Era divertido verte como asustabas a los chicos que me invitaban a
los bailes o a merendar, a Mike cuando era más mayor. Ahora que soy adulta no
tienes ningún derecho a decirme que no puedo estar con el hombre al que amo.
Por favor, sal ahí afuera, sonríe y haz lo que tengas que hacer porque no
quiero darle un disgusto a mamá que adora a Bastian y te prometo que cuando nos
vayamos no me verás con él nunca más.
– Nancy – se preocupa.
– Tampoco me verás a mí tampoco papá. Como te he dicho antes, lo escojo
a él y no a ti.
Voy a salir a punto de llorar cuando mi padre sujeta mi brazo
manchándome de grasa el vestido de manga larga. No me importa nada más que su
toque.
– Lo intentaré. Si es lo que quieres, haré un esfuerzo. Lo aceptaré si
lo deseas.
– Es lo que deseo ahora más que nada en el mundo. El simple hecho de
intentarlo es suficiente para mí, – le agarro de sus manos suspirando – papá,
él es un buen hombre, ya te he dicho que discutimos, nos enfadamos, lloro y
volvemos porque nos amamos. Son cosas de pareja. Él me ha dado la vida desde el
año pasado, me ha hecho ver las cosas diferentes. Mi prioridad sigue siendo mi
carrera, volveré a los estudios y seguiré creciendo como persona porque tengo a
mi
lado a un hombre que me lo da todo. Ha cambiado la decoración de la
casa, ¿te acuerdas cuando vinisteis el año pasado? Ahora la casa es distinta,
ya no hay gimnasio, no hay despacho y ha añadido una habitación de invitados
para que mamá y tú vengáis a vernos y os podáis quedar allí sin necesidad de
iros a un hotel de cinco estrellas. ¿Sabes lo que hay más? Un hogar papá. Un
hogar, el suyo y el mío. Ya sé lo que sentís mamá y tú porque me estoy dando
cuenta que yo también lo siento, la necesidad de cocinar y de hablar cuando
llegamos del trabajo. Mi nueva casa me inspira hogar, y quiero absorber cada
rincón con tal de verme reflejados en los treinta años de amor que lleváis mamá
y tú. Sois mi referencia y os amo a los dos.
– Nancy, – me abraza y no sé si estamos llorando o no – quiero que seas
feliz.
– Lo soy papá. Mírame, – lo hace – ahora voy a empezar a coger peso
porque he recuperado las ganas de comer. La madre de Bastian me ha metido como
cinco kilos de carne y aun así me muero por probar el guisado de mamá.
– ¿Me prometes una cosa? – Me mira esperanzado – si ese hom… si Bastian
vuelve a hacerte daño házmelo saber, quiero matarle por el simple de hecho de
mirar tu escote.
– Papá – le golpeo – para, no digas eso… me… me avergüenzas.
– Es la verdad, ¿te crees que no le miro? Te mira al escote y babea a tu
lado.
Niego con la cabeza arrastrándole hacia la casa mientras me sigue
susurrando que también ha visto como Bastian me mira las piernas o me toca por
debajo de la mesa. Dice que va a estar muy atento a él y a mí me da por reír.
Entramos sonriendo encontrándonos como mamá tiene a Bastian moviendo el
guiso y ella está a su lado haciendo la ensalada, ambos nos miran felices.
– A las patatas
le quedan cinco minutos, ya
podéis ir poniendo la mesa – nos ordena mi madre.
Le guiño un ojo a Bastian y él me sonríe, ¿se atreve a sonreírme
sabiendo que no lo aguanto sin lanzarme a él? Mi padre se marcha para poner la
mesa mientras me acerco a mi novio y le doy un beso, mi madre le ha hecho
ponerse un delantal y se ve ardiente.
– Señor Trumper, vas a tener que cocinar más a menudo – susurro para que
mi madre no me oiga ahora que está al otro lado de la cocina.
– Tengo mi primer plato en mente, quizás el segundo y ahora solo me
falta el postre, – muerde mi labio y le aparto porque mi madre nos ha visto –
¿todo bien ahí afuera?
– Ahora sí, todo perfecto – le golpeo el trasero saliendo de la cocina
para ayudar a mi padre.
Por fin. Todo vuelve a la normalidad en esta casa, con mi padre, con mi
relación y con mi vida.
Ya puedo decir plenamente que soy muy feliz.
No nos quedamos mucho en casa porque estamos cansados y después de un
guiso, un café y algunas pastas nos sentamos los cuatro vagueando en el sofá.
Mi padre ha sido cordial con Bastian, y mi novio igualmente. Han estado
hablando en el jardín y ya han quedado para ir a la feria del coche a mediados
de mes, sé que Bastian lo ha hecho por mi padre, para intentar llevarse bien y
eso ha tocado mi corazón. Supongo que mi padre tendrá que asimilar que no soy
una niña y he crecido, que tengo un hogar y una relación que me va a durar toda
la vida.
Estamos en la puerta porque papá ya se ha despedido con la excusa de que
va al baño, no le gusta tener que ver cómo me voy de su casa y ahora más que
nunca con Bastian de la mano.
– Te llamaré esta semana si quedo con Margaret, vas a amarla.
– Seguro que sí, avísame con tiempo para dejar a la chica en la
panadería. Y comeros esos pasteles porque se ponen duros.
– Descuida Nadine, – Bastian levanta una bolsa
– intentaré que su hija no se los coma enteros y me deje probar alguno.
– Chivato, – le susurro y se ríe – nos vamos ya mamá, cuídate.
Nos despedimos con la escena de mi madre abrazando a Bastian más tiempo.
Es increíble el cariño que se tienen.
– Cuida de mi niña que solo tengo una, a ver si pronto aumentamos la
familia y ya tendré más niñas.
Entrecierro los ojos viendo como los dos se miran con complicidad,
Bastian le ha dicho algo de darle nietos como ha hecho con su madre. Estoy
segura. Sonrío amablemente a los dos mientras arranco la bolsa de las manos de
Bastian y bajo las
escaleras. Mamá cierra la puerta cuando siento que mi novio me alza en
el aire y me lleva en brazos.
– Bastian bájame que voy a caerme.
– No vas a caerte. Has tenido suerte de que no te haya puesto sobre mi
hombro.
– Oh, que detalle.
Le doy un beso tierno cuando pone mis pies sobre el suelo, él quiere
llevarlo a más pero yo me escabullo por si mis padres me ven desde la ventana.
Me quita la bolsa de la mano y me abre la puerta aprovechando con tocarme el
trasero cuando me estoy sentando, sonrío y le planto la palma de mi mano en el
bulto que se le marca bastante con los vaqueros rotos que se ha puesto hoy.
Gruñe cerrando la puerta por haber visto mi mano sobre él. Entra en el
coche dejando la bolsa entre sus piernas y arranca el motor saliendo a la
carretera. Vamos a tener un largo camino de aquí a
casa y no precisamente porque lleva los pasteles entre sus piernas, es
que su erección está chocando con la bolsa y no sé si voy a soportar tener esa
imagen delante de mí mientras conduce.
– Dame la bolsa antes de que entremos en la autovía.
– No – me mira frunciendo el ceño sorteando los coches a nuestro
alrededor porque hay tráfico.
– ¿Piensas que me voy a comer los pasteles? Llevo en mi cuerpo más de
diez kilos de comida, no creo que aguante los pasteles.
Le quito la bolsa dejándola al lado de mis pies. Me he quitado los
zapatos porque no aguanto más con ellos puestos, remuevo mi pelo perdiendo toda
la compostura en lucir bien delante de mi novio y me dejo caer en el asiento
recostándome, no puedo creer que haya comido tanto y siga despierta. Bastian ve
que estoy en posición fetal a punto de dormirme cuando pone un brazo sobre mi
hombro haciendo que me
arrastre hasta apoyar mi cabeza sobre su pierna, él remueve mi pelo con
una mano y con la otra conduce. Cierro los ojos con la necesidad de dormir y no
puedo, intento relajarme pero tengo demasiada tensión en mi cuerpo así que me
levanto apoyando mi cabeza sobre su hombro.
– ¿Estás bien?
– No. Tengo sueño y me duele la tripa, – se ríe a carcajadas y le frunzo
el ceño – ¿por qué te ríes de mi desgracia?
– Porque te dije que no repitieras en la cena y dejaras de comer tantas
galletas de chocolate. ¿Ves? Si me hicieras caso ahora no estarías a punto de
vomitar.
– Yo no voy a vomitar, – me agarro a su brazo – quiero tener sexo
pervertido.
Le sonrío con los ojos cerrados y su gruñido me da la respuesta porque
ha escuchado mis últimas
palabras. ¿En qué clase de mujer me he convertido? Se supone que ahora
deberíamos de compartir nuestras emociones e ideas sobre lo que ha ocurrido,
debería preguntarle qué tal se siente ahora mi padre o si está celoso de que
Mike haya estado allí, aunque ya se las respuestas a todo lo que quiero
preguntarle. Gruñidos, enfados y más gruñidos por sus celos, se siente feliz
por mí y por supuesto se alegra de que ahora mi padre ceda ante nuestra
relación, no de una forma desorbitada pero si aceptable. Soy una novia
excepcional. Una novia excepcional que se muere por tener sexo con su novio.
Necesito de su piel para calmar mis sentidos y relajarme porque nos queda un
largo trayecto y no puedo estar aquí pensando en la erección de mi novio o en
mis deseos ante eso.
Pongo mi mano derecha con picardía sobre su pierna derecha, Bastian
conduce con las piernas separadas y esa actitud de macho conduciendo me excita
bastante. Con una de sus manos puede controlar el volante y con la otra me
tiene sujeta, así que consigo deshacerme de su mano obligándole a que conduzca
con dos manos.
– ¿Qué haces? – Me mira extrañado y el pobre no sabe que voy a hacerle.
Hombres.
Muy a su pesar pone las dos manos sobre el volante mientras me mira
extrañado, yo le sonrío y él también lo hace. Error Señor Trumper, no puede
usted reírse y pretender que no vaya a atacarle. Le ronroneo como si fuera una
leona en celo besándole por el cuello, acaricio su pierna y deslizo la mano por
el interior llegando a tocar su bulto.
– Bulto – susurro y me parto de risa.
– Mi Nancy quiere jugar, ¿eh?
– Solo quiero tener un poco de sexo pervertido, porque probablemente
cuando lleguemos a casa estaré tan cansada que me duerma.
Bastian separa los labios pensando en el sexo pervertido cuando de
repente gira el volante haciendo que caiga completamente sobre él, no llevo
cinturón y
no me esperaba que hiciera eso.
– Nena, deberías haberte puesto el cinturón.
– ¿Qué yo que…? – Mi pelo está sobre la cara y me siento en mi sitio –
eres tú que te has vuelvo loco, ¿se puede saber que mosca te ha picado? Casi
vuelo.
– No seas bebé – me sonríe muy concentrado en la carretera, no estamos
en la autovía.
– ¿Se puede saber a dónde vamos?
– Vamos a tener sexo pervertido.
– Bastian… solo… ¿qué?, ¿sexo pervertido? – Me sonrojo cada vez que lo
dice – solo estaba divirtiéndome un poco para hacer romper el silencio inmenso
en el que nos encontrábamos.
– Buena estrategia nena, pero no soy yo quien ha puesto la mano sobre
mis pantalones haciendo que me ponga más duro de lo que estaba.
– ¿Por qué estabas duro? – Frena el coche y las luces de la nave
espacial se apagan.
– Porque no dejas de provocarme todo el tiempo, que si besos, miradas,
caricias. Eres una provocadora nata y me alegro de haber creado a este pequeño
monstruo.
Abro la boca en forma de O y pienso en que tiene que retirar lo de
monstruo, no lo soy. Mi novio se ríe mientras se quita el cinturón, arrastra
sus manos por el asiento hasta que las pone sobre mi cintura y tira de mi
cuerpo contra el suyo. Doy un grito porque me hace cosquillas cuando me coloca
sobre su regazo, abro mis piernas ante el semejante cuerpo de mi novio
sentándome sobre él. Amo cuando sonríe porque se siente divertido o cuando toma
la iniciativa y consigue sorprenderme.
– ¿Vamos a tener sexo pervertido dentro del coche de Batman?
Pone sus labios sobre mi cuello ahogando sus carcajadas, las suyas y las
mías se unen frente a una lucha de manos y posiciones que intentamos
conquistar. Él levanta mi vestido mientras me besa mientras yo le pego en las
manos, miro por la ventana y frunce el ceño.
– ¿Vas a obligarme a romper la tapicería para atarte de manos y pies?
– ¿Dónde estamos?, ¿y si nos ve alguien?
– Calla y relájate, no nos va a ver nadie.
– ¿Y sí…?
Cubre su boca con la mía besándome y sacando la lengua, no me puedo
resistir al hecho de que yo también siento la necesidad de sacar mi lengua y
saborearle. Sus manos consiguen levantar mi vestido hasta la cintura, ya estoy
asfixiada y aún no he hecho nada. Mi descabellado momento de seducción ha
surgido efecto y ahora no puedo echarme para atrás.
No puedo cuando yo también deseo que pase.
Deslizo mis dedos por encima de sus abdominales, esos ocho bultitos que
sobresalen de su vientre pueden hacer que esté sin moverme por más de cinco
minutos si él quisiera. El verlos es un placer, pero el tocarlos es mucho
mejor, aunque poner mi lengua sobre ellos sería mi bendición.
Sus manos aprietan mi trasero inexistente y del cual es disfruta
tocando, intento rozar cada parte de mi sexo contra sus vaqueros para excitarme
aún más de lo que estoy. Cambia el rumbo de su dirección y cuando mis manos
están acariciando su pecho, él también se deleita con los míos metiéndolos por
debajo de mi sujetador y juntándolos mientras gruñe. Yo ronroneo también y me
acostumbro a los sonidos guturales de mi león, de mi fiera enfada y ahora
excitada porque sus besos se hacen más calientes cuando chocan con mis labios
húmedos por su lengua. Mi placer se extiende a través de mi cuerpo al morder
mis pezones por encima de mi vestido, grito e intento alejarle los brazos de
mis pechos.
– Quieta señorita o te juro que encontraré la forma de atarte y será
mucho peor para ti.
Su voz ronca me ordena que me quede quieta, me es imposible y yo acabo
gimiendo de nuevo cuando repite la misma acción con mi otro pezón. Oh Dios. Si
esto lo hace sin vestido ahora mismo sería la mecha que prendería cualquier
fuego. Me defiendo de este acto brutal contra mi placer extremo poniendo una
mano sobre su pecho y empujándole hacia atrás. Escarbo sensualmente entre sus
vaqueros desabrochándoselos y bajando la cremallera que me llevará al paraíso,
una vez que toco lo que es mío, gruñe y afloja su agarre de mis pechos.
– ¿Ahora qué? – Le sonrío – ¿vas a querer atarme igualmente?
– Podría pensármelo.
Muerdo su labio inferior moviendo mi mano de arriba hacia abajo
sintiendo como palpita su erección
entre mis dedos. Ha reducido su agarre conmigo para relajarse, cerrar
los ojos y disfrutar de mi toque mientras no dejo de acariciarle. A mí me gusta
tenerle así, sin escapatoria y en este pequeño coche que está siendo
protagonista de nuestro desenfreno. Siento que va a estallar cuando reduzco mi
velocidad, me mira enfadado y le beso en los labios agarrándole con mis dos
manos para demostrarle una vez más que no quiero que se vaya nunca; le quiero
para mí sola y no voy a dejarle respirar si es necesario. Bastian me abraza por
la cintura moviendo sus caderas contra mi sexo llevándome al éxtasis total.
Quiero hacerlo ya antes de que me vuelva loca y sea yo quien lo ate para que no
se mueva.
Desliza mis bragas con un dedo y no se corta en introducirlo en mi
interior, respondo brincando e intentando escaparme de él pero su brazo me
sujeta fuerte mientras ahogo mis gemidos en su boca. Mueve su dedo y lo deja
resbalar por todos lados, da igual donde me toque, cada contacto es una
rendición ante él. Levanto la barbilla porque no deja de acariciarme, esta vez
más suave para que disfrute más y lo que mi
novio no sabe es que no soporto la idea de que vaya lento porque mi
excitación va a matarme.
Alejo su mano de mí mientras agarro su erección que sin dudarlo me la
introduzco bruscamente por la necesidad y las palpitaciones que me ha
provocado. Mi cuerpo lo recibe tal y como se merece, con las ganas de más y
más. Me elevo un poco dejándome caer sobre su erección y sintiendo como él gime
en mi cara para que sea consciente de lo que le hago; yo también le miro y
ambos tenemos el ceño fruncido. Le monto de arriba abajo, de delante hacia
atrás, justo moviéndome al son de Nancy cuando tengo a Bastian enterrado dentro
de mí. Él toma el control cuando ve que yo lo he perdido ya que sus manos se
aferran a mi cintura porque se acabaron los experimentos y los juegos; ahora él
me mueve de arriba abajo montándole a sus órdenes. Las palmas de mis manos se
apoyan en sus hombros que me ayudan a impulsarme mientras grito mordiéndole el
lóbulo de la oreja y volviéndole a hacerle gritar cuando le muerdo el cuello
sin pudor.
– Bastian, no vayas a…
Parar. No me deja acabar porque tengo su lengua dentro de mi boca. Me
muevo intensamente mientras las gotas de sudor corren por nuestras frentes.
Echo mi cuerpo hacia atrás recibiendo sus embestidas cuando él también se
levanta de su asiento para poner de su parte ya que estoy recibiendo toda su
erección en mi interior. Su inmensa erección. Pongo una de mis manos en el
cristal de su ventana que está empañado por nuestros jadeos y mi otra mano se
agarra del cuello de Bastian ya que él no ha dejado de presionar sus dedos en
mi cintura y me está matando.
– Nancy.
No tenemos ninguna palabra secreta pero eso quiere decir que está a
punto de acabarse la fiesta y no me apetece. Vuelvo a su lado presionando su
cabeza sobre mi cuello porque le quiero ahí enterrado y asfixiado para
entretenerle. He llegado al orgasmo hace un rato pero quiero más, nunca me
canso de Bastian, nunca.
Sus brazos rodean mi cuerpo haciéndome pequeñita encima de él. Sus
respiraciones están más desequilibradas que nunca y su orgasmo da pie a que yo
tenga otro. Ha gemido y mordido mi clavícula, no sé si he gritado por el placer
o por el daño de la fuerza de sus dientes. Sigo balanceándome con los ojos
cerrados porque él descansa enterrado en mí en todos los sentidos y no nos
separamos a pesar de que nuestros cuerpos están ardiendo.
El grito de mi novio ha sido más ronco que nunca porque no se esperaba
que le fuera a presionar la cabeza contra mi cuerpo, y sin embargo; he oído
cada latido de su corazón, cada bombardeo en mi interior y cada vez que me ha
susurrado lo mucho que me ama.
Desentierra su cabeza de mi cuello para mirarme a los ojos. No. Esas dos
piezas sacadas del firmamento me miran solo a mí y ya quiero que se entierre en
mi interior de nuevo y para siempre.
– Hola – susurro.
– Eres increíble, ¿lo sabes?
– Tú haces que lo sea.
– Te quiero, no lo olvides en la vida. Pase lo que pase, te quiero.
Le miro esperanzada con mis ojos impregnados en los suyos. Esos dos ojos
que me cautivaron el año pasado y aún siguen provocándome un escalofrío que
recorre mi cuerpo cada vez que los miro. Yo también le quiero, le quiero mucho
y no voy a dejar que nada ni nadie nos separe. Voy a convertirme en la Señora
Trumper y le daré tantos hijos me pida porque estoy segura de que este hombre
ha nacido para hacerme feliz.
Y lo ha conseguido.
CAPÍTULO 20
Bastian está enfadado. No es nada nuevo. Pero está enfadado.
Sí, definitivamente lo está a juzgar por cómo ha lanzado la taza del
café sobre la isla de la cocina, nuestra nueva isla. Camino atravesando la
habitación y asomándome hacia donde está él.
– Mi amor, ¿estás listo?
Me mira refunfuñando alguna palabra mientras
camino delante de sus ojos con todo el encanto que Dios me ha dado. No
estoy provocándole. No lo estoy. Esto es lo que va a ver a diario y tiene que
empezar a trabajar en ello.
Le sonrío porque estoy jugando con él. Mi novio no es tan divertido a
esta hora de la mañana porque no está feliz de verme así. Hoy no soy su muy
nueva mejor amiga y el amor de su vida, hoy soy un grano en su trasero como
bien me ha dicho hace un rato.
Bastian y yo discutimos anoche. Más tarde tuvimos nuestra reconciliación
a pesar de que estaba casi dormida, pero lo hice porque así lo deseaba. Me
dormí con la sensación de que hablar con él era más fácil de lo que pensaba. O
eso es lo creía hasta esta mañana ya que hemos vuelto a discutir y esta vez no
hemos hecho las paces. Sí. Me ha gritado, le he lanzado mi pintalabios y luego
se ha ido de mi vestidor para que me arregle. He ido a la habitación porque
allí dejé anoche mi perfume y mientras terminaba de arreglarme he oído cada
movimiento que ha hecho porque él ha querido; estrellando la taza del café, la
cuchara y todo lo que tenía por delante.
Pongo mi bolso en la mesa y el abrigo que me cubre hasta el cuello, la
lluvia no deja de sonar desde esta madrugada. Es lo que tiene después de la
calma, que una gran tormenta aparece sin avisar. Como mi relación con Bastian.
Sonrío mientras se toma el café, ha esparcido medio líquido fuera de la
taza pero se ve encantador observándome con el ceño fruncido. Es tan sumamente
sexy que quiero tener más sexo pervertido encima de la mesa de la cocina. Hoy
estoy especialmente feliz. Ojala que mi compañero de vida estuviera tan feliz
como yo.
Va lento para fastidiarme pero soy más lista que él cuando abrocho la
correa de mi abrigo y me reajusto bien el cuello para que el viento no me moje
mientras abro la puerta de casa.
Sí. No dudaba que Ryan estaría esperándome. Echo un vistazo al cielo y
lo negro que se encuentra, el
camino de piedra esta mojado y gracias a mis botas altas que no voy a
tropezar ni resbalar. Podré sobrevivir.
– ¡No salgas! – Me gruñe.
No te despiertes. No te levantes. No te duches. No te vistas. No te
pongas sexy. No vas a ir a ningún lado. No sales sin desayunar. No salgas.
Las dulces palabras que me ha dedicado mi novio desde que ha amanecido,
este triste lunes que está inundando la ciudad con su lluvia.
Vuelvo mi cabeza hacia atrás y cojo mi bolso. Echo un vistazo a Ryan que
está haciéndome algún tipo de señal, levanto mi dedo pulgar hacia arriba y sale
del coche con un paraguas para abrirme la puerta.
– Cariño. No tardes mucho que está lloviendo demasiado y hace frío.
No entiendo sus palabras cuando me responde con algunos monosilábicos
neandertales sin sentido, me
los puedo imaginar de todas formas. Escucho su voz mientras cruzo el
camino que me lleva al coche y Ryan me pone el paraguas sobre mi cabeza. Una
vez dentro del coche, Ryan espera fuera con el paraguas, pobrecito. Me deslizo
sobre el asiento hasta abrir la ventana porque ha cerrado la puerta.
Carraspeo y me mira muy serio.
– Señorita – su voz no impone respeto pero es para huir si te lo
encuentras de noche.
– ¿Qué tal estás Ryan? – Le sonrío – ¿qué tal ha ido tu fin de semana?,
¿estás contento de verme de nuevo? Te he echado de menos.
– ¡NANCY! – Grita mi novio saliendo de casa mientras me coloco al otro
lado para que entre por la misma puerta que he entrado yo.
Me ha escuchado y lo he hecho adrede para que se dé prisa, es muy
inteligente entreteniéndose para distraerme. Ryan apura los pasos hacía él para
ponerle el paraguas sobre su cabeza. Y aquí viene mi novio, con su traje
de tres piezas negro, su camisa gris y corbata negra. Lo que podría hacerle en
estos momentos. Dibujo mi sonrisa dentro del coche viendo cómo se mete y se
golpea la cabeza por ser tan brusco.
– Amor, ten más cuidado.
Paso una de mis manos por su pelo recién mojado. Le he dicho que se lo
seque pero me ha ladrado como cual perro. Mi hombre está enfadado. Aun así, es
lo más sexy que puede regalarme en un lunes por la mañana. En un martes.
Miércoles. Jueves. Sí, el resto de mi vida. Mi novio frunce el ceño
constantemente pero ahora no cesa con su furia interna, mira hacia delante y no
hacia mí. Lo que quiere es que vaya a por él. Lo haré.
Ryan empieza la marcha que nos llevará al centro de la ciudad. Le toco
el hombro sintiendo como las manos de Bastian se agarran a mi cintura para
evitar que esté apoyada entre los dos asientos
delanteros.
– Señorita.
– ¿Sabes la ruta?
– Sé la ruta.
– Espero que sea la mía.
– Lo es, señorita.
Sonrío y le golpeo nuevamente en gesto de amabilidad. Los constantes
gruñidos de mi novio me excitan. Busco el botón famoso que está en algún lugar
entre el asiento de la derecha o el de la izquierda. Creo que… sí, aquí está.
Lo pulso viendo como el cristal nos separa del hombre que está conduciendo y
que debe de estar riéndose por el enfado de mi novio. Una vez que lo veo arriba
sé que aquí atrás tengo intimidad. La tengo con mi novio y me gusta esto.
No me importa que me imagine ahora atada a la
cama y no precisamente para tener sexo, sino como castigo por no
obedecerle y por no ser consecuente con mis ideas, según me ha recriminado él.
Me subo a horcajadas intentando no caerme porque Ryan está en plena curva, me
agarro a sus hombros para no estropearle el traje recién planchado, coloco mi
falda bien para que no se arrugue tampoco y le doy un tierno beso en los
labios.
– Amor. No estés así.
– Lo estoy – su voz se parece a la de su padre y acaba de rugir mi
vientre.
– ¿Por qué este enfado absurdo? Te amo y tú a mí, ¿por qué este deseo de
encerrarme?
– No allí. No con él.
– Se lo prometí Bastian. Le prometí a Trevor que hoy empezaría a
trabajar.
– Pensé que
no querrías después
de que
volviéramos.
– Cariño. Haré este trabajo hasta que su contable vuelva de su baja por
maternidad. Solo serán unos meses. Quizás venga antes. Solo unos meses y no a
jornada completa.
– ¿Por qué me haces esto? No tienes la necesidad de trabajar, eres
multibillonaria Nancy. Tienes el jodido mundo a tus pies y vas a hacer la mayor
estupidez del mundo yéndote a trabajar con ese gilipollas.
– Bastian, – ladeo mi cabeza – ese gilipollas estuvo a mi lado cuando me
vi sola.
– Él se aprovechó de tu debilidad Nancy. Se aprovechó y no eres capaz de
verlo. ¿Por qué en su empresa y no en cualquiera de las mías? ¡Joder! Pensé que
hoy lunes no pondrías el despertador para irte a trabajar.
– Hemos hablado de
esto, – pongo mi mano
sobre su boca – no quiero oír ni una palabra más. Te da rabia porque no
puedes controlar la empresa, ni a los trabajadores ni a nadie. No entiendo
porque no confías en mí. Hay una mujer y un hombre en nuestro departamento, un
despacho que está al otro lado del pasillo donde estaré yo. Nada más. Solo haré
allí mi trabajo.
– ¡No! – Lleva la mano a su corazón mirándome – ¿un hombre?, ¿qué hombre
Nancy?, ¿qué hombre?
– ¿Estás escuchando lo catastrófico que estás siendo? Relájate cariño,
son mis compañeros y ni eso, trabajaré por unos meses y luego volveré a casa.
Probablemente me matricule en la universidad y haga algún master. Quiero ir a
Wall Street también.
– Sí. Ve a Wall Street donde hay millones de hombres dispuestos a
comerse a mi Nancy. No.
Frunce el ceño y ni siquiera me agarra de la cintura porque se cruza de
brazos con la barbilla en
alto. Dios. Si no fueran por sus ojos le golpearía fuerte.
– Es una pena que no me apoyes en mi carrera,
– bajo mi cabeza – me gustaría que fueras diferente, pero bueno, supongo
que nadie es perfecto y casi que tú lo eras para mí. Probablemente me enamoraré
de mi compañero o de Trevor y acabaré metiéndome en la cama con ellos.
– ¡NANCY! – Creo que me ha dejado sorda – ¡RETIRALO!
– Es lo que piensas que voy a hacer, ¿no? Follarme a ese hombre en mi
despacho o seducir a Trevor para que me monte en el suyo.
– No estoy bromeando. Para – vuelve a poner la mano sobre su corazón y
ruedo los ojos.
– Yo que quería contarte todos mis sueños e ilusiones. Pero supongo que
no puedo contar contigo en ese aspecto, – pongo cara de pena porque mi plan
está a punto de funcionar ya que pone sus cinco
sentidos sobre mí – supongo que te guardaré muchos secretos con lo que
mi trabajo se refiere. Ya sabes. No sabrás muchas cosas que me pasarán a lo
largo del día. Llegaré a casa de trabajar y te contaré que he comido un
sándwich y me iré a la cama. No habrá comunicación. No habrá confianza. No
habrá sexo. Nos perderemos nuevamente y…
– ¡Oh, para ya señorita! – Resopla sintiendo algunas partículas
salivares sobre mi cara – es todo una estrategia para hacerme sentir mal.
Me río y él también lo hace.
– Hombre inteligente.
– ¿Tan malo te parecería quedarte en casa o hacer otra cosa? – Frota
ambas manos sobre mis brazos, no llego a sentirle por el abrigo.
– ¿Tan malo te parece que vaya a trabajar y me gane mi sueldo
honradamente?
– Sí cuando eres mía y cuando lo haces en una empresa que no es la mía.
– Ya hemos tenido esta conversación Bastian. No sé cuál es tu problema.
Confía en mí, por favor.
– ¿Cuántas veces tengo que repetirte que en ti si confío? No confío en
los demás, pero sí en ti. No quiero que te miren, que fantaseen contigo, que te
sonrían o te hablen. No te quiero ahí afuera, sin mí.
– Cariño, habrá momentos en los que tendremos que separarnos. Cuando
vaya a trabajar será uno de ellos. Trevor es un buen hombre y ha confiado en mí
para esto, no quiero defraudarle. Va a ser bueno para mí trabajar allí y
aprender cómo va un bufete de abogados.
– Mi hermano Sebas es juez en el Senado y en el Ministerio. Él te
enseñará como va un jodido bufete de abogados.
– No quiero preguntarte entonces de que trabaja
Sebastian o tendré miedo – sonrío.
– Él es un hacker informático, aunque realmente se dedica a las finanzas
en el corazón de Nueva York.
– ¿Vive allí?
– Viaja frecuentemente a Nueva York, él vive aquí y controla sus
negocios en uno de los edificios altos. ¿Quieres ir a visitarle? Te puedo
llevar ahora mismo.
– No gracias. Tengo que trabajar, – le sonrío y dejo escapar el aire –
en serio Bastian, no quiero tener que discutir contigo sobre esto. Ayer… ayer
tuvimos un día fantástico, el fin de semana ha sido especial y ha empezado
nuestra vida juntos. ¿Quieres que la recuerde discutiendo todo el tiempo?
– No nena. ¿Me comprendes tú a mí?, ¿entiendes que me es imposible vivir
sin ti?
– ¿Ahora eres dulce? – Le beso en los labios
porque quiero a este testarudo por encima de todo.
– Siempre lo soy cuando se trata de ti. Además, vas demasiado expuesta.
No me gusta cómo vas vestida, dejas mucho a la imaginación.
Miro hacia abajo para ver cómo voy vestida y acabo mirando sus labios.
No. No sonríe. Lo ha dicho en serio.
– Bastian, – resoplo otra vez – llevo una falda que me llega a las
rodillas.
– Es demasiado corta. No entiendo porque te la subes por encima de tu
cintura y tapas medio vientre, si la pusieras en su sitio sería más larga.
– La falda es así. Es la moda actual – me cruzo de brazos.
– No lo es. Y eso que llevas ahí es demasiado ajustado. No me gusta – me
frunce el ceño y está hablando seriamente.
– Cariño, llevo un jersey fino que me cubre hasta la garganta y las
mangas me llegan mucho más allá de las muñecas, casi están tapando mis manos.
– Expuesta y ajustado. Deberías llevar el abrigo todo el día, es lo
único sensato que has sacado de casa esta mañana.
Me ajusta el cuello del abrigo tapándome bien. Estoy alucinando porque
aunque parezca que bromea habla en serio.
– ¿También vas a decirme que mis botas provocan?
– Las elegí yo para que te las pusieras mientras me hacías un
striptease, bajo ningún concepto era para que te las pusieras para el trabajo.
Pero eh, – levanta las dos manos – es tu decisión.
– Estás siendo un idiota.
– Discutamos y volvamos a casa para reconciliarnos.
Me sonríe y niego con la cabeza mientras abraza mi cintura atrayéndome a
su cuerpo. Besa mis labios pero ni siquiera cerramos los ojos, se aleja para
volverlos a besar.
– Eres un bobo – susurro.
– Te quiero.
– Ahora no me vengas con eso después de haberme tratado como lo has
hecho.
– Porque eres mía, – me frunce el ceño – ojala estuvieras enamorada de
mí como yo lo estoy. Me entenderías.
Voleo mis brazos abriendo los ojos en órbita ante semejantes palabras.
¿En serio? Quiero sentarme en el asiento pero él me lo impide, luchamos entre
palabras de agobio y suplicas pero consigue que no lo haga
porque me tiene sujeta besando mis labios.
– Estoy enfadada Bastian.
– Pero me amas con todo tu corazoncito, ¿verdad? Aunque no lo haces como
yo a ti, – entrecierro los ojos y acaba riéndose a carcajadas – está bien, ya
lo dejo. Nena, solo quiero que estés bien pero no en un lugar donde pueden
hacerte daño.
– ¿Daño?, ¿o alguien puede enamorarse de mí?
– Todo. Todo eso mezclado y multiplicado. Eres
mía.
– No soy tu propiedad.
– Sí. Mi propiedad y mi todo. No quiero que vayas allí y te distraigas,
que no tengas tiempo para mí, que quieras salir con tus amigas y prefieras
dejarme en casa desolado. No deseo separarme de ti y no encuentro la manera
para demostrarte que realmente quiero eso y no secuestrarte.
– Cariño, – acaricio su cara – nadie nos va a separar. Te amo mucho
Bastian, tanto como tú a mí pero hay un momento para todo. Para estar en
pareja, para trabajar, para estar con amigos y todo eso podemos hacerlo juntos
y enamorados, no tengas miedo a nada.
– Lo tengo, te perdí una vez y no quiero perderte de nuevo.
– Ahora somos más fuertes. Sabemos nuestros puntos débiles y los no tan
débiles. Tienes que trabajar en ello cariño y te voy a ayudar. Trevor es un
amigo tuyo, podría ser mi padre y su único interés es que ponga en orden la
contabilidad porque no sabe cómo funcionan las nóminas y todavía no ha pagado a
sus empleados. Déjame que le ayude, déjame vivir y contar contigo en todo lo
que hago. Sé mi pareja y mi amigo Bastian, no hagas que me aleje de ti porque
tu actitud no nos lleva muy lejos.
– ¿Le querrás a él más que a mí?
– No. Él no significa nada para mí – le beso en los labios y mantenemos
ese beso.
– No quiero que nadie te aleje de mí.
– Nadie cariño. Vete al Chase y trabaja, nos vemos a la hora del
almuerzo. ¿De acuerdo? Iremos a almorzar al italiano de nuestra primera no cita
juntos, ¿te acuerdas? – Asiente más calmado – llama a ver si está Francesco y
si te ha comprado alguna botella de vino. Cuando terminemos de trabajar podemos
divertirnos en la habitación de las máquinas, jugaremos al billar, pediremos
algunas pizzas y lo pasaremos bien. Quiero disfrutar de la casa. ¿Te apetece?
– Más que nada en mi vida – me aprieta contra él y nos besamos, siento
que su corazón vuelve a latir a un ritmo normal – te quiero nena. Me está
costando un infierno dejarte marchar.
– Bastian, soy tuya para siempre. Cuando me pregunten diré orgullosa que
soy tu novia para que
nadie se acerque a mí y teman al campeón mundial de la lucha.
Gruñe excitado.
– Luego puedo enseñarte algunos movimientos por si tienes que pegar a
algún hombre que se atreva a mirarte indebidamente.
– Siempre y cuando sea desnudo.
El caos de la ciudad suena afuera ya que hay tráfico y los coches
parados hacen que nos distraigamos de nuestro beso, debe de haberse roto un
semáforo o algo y estamos en un atasco. Espero que Bastian no haya tenido nada
que ver. Seguimos besándonos unos segundos más cuando el coche se mueve porque
Ryan sortea bien los obstáculos hasta entrar en la calle donde se encuentra mi
nuevo trabajo. Empiezo a retocarme los labios bajo la atenta mirada de mi novio
que resopla todo el tiempo.
– ¿Es necesario que te maquilles? No encuentro
una explicación digna a tal desfachatez por tu parte. Eres bella sin
maquillaje, ¿por qué te complicas?
– Porque si no llevara maquillaje todos verían realmente mi cara y yo
solo me muestro ante ti. Soy tuya y solo tú tienes el derecho a verme al
natural, tal y como soy.
Giro el espejo para ver su reacción y se queda atónito pensando en mis
palabras, si no me ha gruñido es que me apunto otra batalla ganada. Salir con
Bastian está siendo más fácil de lo que pensaba, ya no dejo que él me manipule,
ahora reclamo mi espacio y dignidad como persona porque si por él fuera estaría
desnuda en la cama y sin hacer nada.
Ryan sale del coche y pone un paraguas sobre mi cabeza mientras Bastian
se acerca con otro y también me lo pone encima. Hay gente entrando en el
edificio y están haciendo que llame la atención sin quererlo.
– ¿Podéis darme un paraguas?
– ¡No! – Bastian me agarra del brazo acercándome a su cuerpo – vamos o
te vas a constipar.
Ryan se queda atrás porque mi novio me acompaña hacia la puerta. Cuando
nos cobijamos de la lluvia, él cierra el paraguas y yo le doy un beso antes de
entrar.
– Qué tengas un buen día.
– No me voy. Te voy a acompañar – impone empujándome a que entre dentro.
– Bastian. Esto es cosa mía. Déjame en paz y
vete.
– No lo
haré. No cuando
hay hombres allí
arriba.
Pasa por mi lado golpeándome con su cuerpo mientras veo como sus pisadas
entran firmes y como
la gente se queda mirando al impresionante hombre que está
devolviéndoles la mirada con la cabeza en alto y provocando que miren más.
Agacho la cabeza sin hacer contacto visual con nadie colocándome detrás su
espalda, con un poco de suerte nadie sabrá que vengo con él. Esperamos al
ascensor que no tarda en llegar, al abrir sus puertas Bastian espera a que pase
y cuando lo hago golpea mi trasero frente a las miradas curiosas que nos
acompañan.
Le quiero golpear fuerte para hacerle daño, pero opto por entrecerrarle
los ojos alejándome de él en el ascensor. Hay más hombres y mujeres pero no es
motivo para que mi novio los empuje a todos hasta posicionarse a mi lado. Tapo
mi cara con mi mano escondiéndome para que no me reconozcan. Una vez que el
ascensor empieza a subir en el pequeño espacio reina un silencio, echo un
vistazo a Bastian que los observa a todos analizándolos y retándoles a que les
diga una palabra.
Miro al panel de los números y nadie ha apretado la planta veinte.
Aprovechando que hemos
parado en la planta seis me adelanto para pulsar el botón pero la mano
de Bastian me frena.
– ¿Puedes dejarme sola por un miserable segundo? Gracias.
Le sonrío manteniéndome firme mientras sorteo a dos hombres para pulsar
el botón de una vez por todas y quedarme a dos personas lejos de él. Le oigo
gruñir, suspirar, renegar y refunfuñar; pienso que he ganado de nuevo pero de
repente empuja a esos dos hombres que nos separaban y se pone a mi lado. No me
deja sola.
Cuando salimos del ascensor veo que en el departamento aún no hay nadie.
Decido ignorar el hecho de que Bastian me pisa los talones y camino
orgullosamente hasta mi despacho. Abro la puerta y enciendo las luces porque la
oscuridad del día no ilumina lo suficiente, quiero cerrarla cuando mi novio
pone un pie entre la puerta y yo.
– No es seguro – Bastian observa el despacho
mientras cuelgo el abrigo.
– ¿Qué no es seguro?
– Esto. Podrías salir disparada con la silla si chocas contra el cristal
que hay a tu espalda. Está mal construido. ¿Quién narices construyó esta mierda
de edificio?
– El mismo que hizo el tuyo, supongo.
– No, – suspira cruzándose de brazos mientras yo me siento y enciendo el
ordenador – ¿qué haces?
– Encender el ordenador Bastian, como verás tengo trabajo pendiente.
Trevor me dijo que el viernes me mandaría una circular al mail y tengo que
abrirlo.
– Ah, ya veo. ¿Compartís mails y contraseñas?, ¿qué será lo siguiente?
– Bastian – digo muy calmadamente.
– Habla – me mira de brazos cruzados.
– ¡VETE DE AQUÍ! – Grito y retrocede un paso – mueve tu lindo culo que
ayer mordí y plántalo en tu despacho. ¡VETE!
– ¿Por qué haces referencia a que me lo mordiste y luego me echas?
– Vete o haré una llamada que no te va a gustar.
– ¿Me amenazas?, ¿te das cuenta? Cinco miserables minutos aquí y ya
estás cambiando.
– Tú lo has querido.
Cojo mi bolso y saco el móvil. Sí. Hará que se vaya de aquí y me deje
trabajar.
– ¿Qué haces?
– Estoy llamando a tu madre para que venga a recogerte. Le hará ilusión
que le llame su nueva nuera a la que no ha conocido y se muere de ganas por
conocer.
– Eso es chantaje. No la metas.
– Tú estás haciendo que la meta. ¿Puedes marcharte por favor? Todavía no
han venido mis compañeros y tengo que ponerme a trabajar.
– ¿Por qué me odias?
Ruedo los ojos dejando el móvil sobre la mesa y le agarro de la mano, se
deja arrastrar hasta el ascensor mientras sigue susurrando insultos a todo el
mundo menos a mí. Pulso el botón y me abrazo a su cuerpo. Voy a intentar calmar
a este león que no deja de marcar territorio todo el tiempo.
– Te quiero tanto mi vida, – le miro y se deja engatusar – hemos
amanecido juntos y haces que mi día sea soleado a pesar de que llueva.
– ¿Me lo dices de verdad o para callarme?
– Te lo digo de verdad bobo.
– Si es así acepto tus palabras, – me devuelve el abrazo – te quiero mi
dulce Nancy.
– Yo también.
El ascensor llega y no nos da tiempo a besarnos cuando las puertas se
abren, afortunadamente no hay nadie dentro.
– Ven conmigo al Chase, tengo trabajo para ti. Yo también necesito que
me ayudes – ladeo la cabeza y sonríe, esta táctica ya ha sido usada – es
verdad, te necesito mucho, de ti, de tu inteligencia.
– Me necesitas para tocarme el trasero cuando te plazca y babear
conmigo.
– Porque eres mía y eso va a pasar en cualquier lado. Por favor, vente.
Mi respuesta se la doy empujándole hacia
dentro.
– Ten un buen día cariño. Nos llamamos ahora
¿vale?
No me contesta porque me frunce el ceño y las puertas se cierran. Pongo
ambas manos sobre mi cabeza y las deslizo hasta mi nuca. Este hombre va a
acabar con mi paciencia, ¿cómo es posible que saque lo peor de mí? Me río
porque cada vez controlo más a este neandertal que está volviéndome loca.
Vuelvo a mirar a las mesas vacías de mis compañeros que supongo que he venido
antes a la oficina y camino hasta mi despacho con una sonrisa en mi boca. Sí,
sé cómo controlar a Bastian Trumper y amo saber hacerlo.
Media hora después salgo a conocer a mis nuevos compañeros para decirles
que estoy en el despacho, Heather y Pat. Según Pat le han enviado esta mañana a
contabilidad, así que supongo que el hombre del otro día estará en algún otro
departamento. No indago mucho en eso y sí en conocerlas porque las
tres congeniamos muy bien y me explican el procedimiento de nuestra
función ya que no he entendido muy bien los mails que me ha enviado Trevor.
Ahora subiré y le preguntaré de todas formas.
Oigo mi teléfono sonar desde la oficina pero las chicas me dicen que
puedo cogerlo desde aquí.
– Nancy Sullivan al habla.
– Nancy, soy Trevor. ¿Estás cómoda, feliz y a gusto con tu nueva labor?
– Ems… sí, aunque tengo que subir a tu oficina para comentarte algunos
errores con los números.
– No te preocupes, ya bajo.
Trevor baja cinco minutos después y discutimos en mi despacho algunos
pagos erróneos ya que los recibos están redactándose mal y archivo los devuelve
como no pagados porque no pueden clasificarlos correctamente. Hablamos sobre
trabajo y se marcha
en cuanto ponemos solución a todo.
Una hora después decido llamar a Bastian pero no tengo señal aquí
arriba, la tormenta estará afectando a las líneas porque mis aplicaciones
también están fallando.
Estoy tecleando en el ordenador cuando tocan a la puerta, no me da
tiempo a dar paso cuando Trevor asoma la cabeza con los ojos cerrados y
resopla, los vuelve a abrir bajo mi mirada extraña.
– ¿Estás bien?
– Nancy, no quería decirte esto pero… – entra y cierra la puerta del
despacho obteniendo toda mi atención – no puedo trabajar con él aquí.
– ¿Con él aquí? – Descifro su mensaje y mi cara se trasforma cuando
llego a una conclusión – ¿Dónde está?
– En mi despacho. Lleva
aquí desde primera
hora y no se ha marchado. Está sentado frente a mi escritorio y no deja
de criticar lo que hago, como gestiono mi empresa o que mierda de oficinas he
contratado.
Trevor me persigue mientras pulso el botón del ascensor con él jadeando
a mis espaldas. Llego a otra conclusión.
– ¿Pat?
– Me ha obligado a mandarla para que no haya un hombre.
Resoplo malhumorada sin mirar a Trevor cuando nos metemos en el
ascensor. Subimos hasta el departamento central donde está su despacho y camino
decidida a la puerta. Antes de abrirla me giro y le pongo la mano en alto.
– Entro yo sola.
– Está bien, estaré aquí al lado si me necesitas.
– No lo haré porque probablemente lo lanzaré a través de la ventana.
Se ríe pero yo no. Este problema es bastante serio cuando se trata de mi
novio interfiriendo en mi trabajo. Abro la puerta decidida y lo encuentro
jugando con un artilugio que tiene Trevor sobre su mesa, está de espaldas a mí
y no me ve.
– Has tardado Carter.
– Sí, debió avisarme mucho antes – me mira emocionado.
– Mi amor, – da unos pasos hacia mí mientras entro en el despacho
cerrando la puerta – te he echado tanto de menos.
Me río porque no tiene solución.
– ¿Qué haces aquí?
– Te espero. Almorzamos juntos y no quería llegar tarde a recogerte. Y
me he dicho, ¿por qué no visitar a Trevor y ponerle al día de que eres mi novia
y de nadie más?
Me sonríe y le miro haciendo lo mismo.
– Gracias a Dios que estabas aquí Bastian. Acabo de quedar con un
cliente del bufete en el hall y tengo miedo cariño, – pongo mi mano sobre mi
pecho
– tengo que entregarle unas cuentas y no sé cómo se lo va a tomar cuando
vea que no son de su agrado.
Evalúa mi cara y frunce el ceño.
– Voy contigo.
En el ascensor aprovecho para besarle, también para negarme a mí misma
lo mala que soy contándole una mentira piadosa para sacar su trasero fuera de
mi trabajo. Se abren las puertas del ascensor y agarra mi mano apretándola e
interponiéndose en mis pasos mirando a todo el mundo mientras caminamos hasta
el
centro. Antes le he dicho que es en la puerta y salimos. Ya no llueve.
– Bastian – mira a todos lados, estoy segura de que está buscando a
alguien sospechoso que pueda atacarme. Me siento mal por mentirle – Bastian,
mírame.
– ¿Dónde está él?
– No hay un él, Bastian. Te he traído aquí para pedirte por millonésima
vez que te vayas y me dejes trabajar.
– ¿Me has mentido?
– Sí. Lo he hecho y no me gusta nada que saques lo peor de mí. ¿No sabes
que las mujeres podemos hacer creer al hombre lo imposible? Aquí estoy yo,
sintiéndome como una mierda y a punto de llorar en cuanto te vayas porque me
has hecho mentirte y no quiero – es verdad, no soy esa persona y me da rabia
tener que sacarla.
– ¿Por qué quieres que me vaya?
– Porque estoy en mi trabajo y tú tienes el tuyo. Tienes billones que
gestionar y cuidar de que no te roben ni vayas a la quiebra. Tienes el
campeonato en Europa y deberías estar entrenando para bajar las calorías de los
pasteles de mi madre. Haz tus cosas Bastian porque yo no me muevo de aquí.
Suspira en desacuerdo haciéndome sentir mal.
Mira hacia la carretera levantando la mano mientras
Ryan se acerca y sale para abrirle la puerta.
– Si no me quieres aquí me iré.
– No quiero tener esta discusión todos los días. ¿Prometes que a partir
de hoy te acostumbrarás a que tenga que trabajar? – No me mira y asiente, le
llamo la atención acariciando su cara – ¿harás lo que te he dicho?
– Lo haré si lo quieres.
Está enfadado y no porque lo sienta, es porque no está conmigo.
– Almorzamos juntos y ya no vengo hasta mañana. Dos o tres horas más sin
vernos y se acabó hasta mañana. Cuando baje quiero que estés dentro del coche y
esperando por mí con una sonrisa en la cara. Tendremos sexo pervertido en el
coche hasta el restaurante, si quieres.
– Quiero – empieza a ceder porque le gusta lo que oye.
– Además, cuando esté trabajando sola, en mi despacho, podría… – me
acerco más para susurrarle – podría mandarte algunas fotos mías de lo que hago
y no precisamente virginales.
Sonríe agarrándome para acercarme más a él.
– Me gustaría siempre y cuando sean solo para
mí.
– Por supuesto. Habrá momentos en los que me aburra y esté acalorada.
Solo tú serás testigo de lo que pase en ese despacho, conmigo y con mi cámara
cuando le dé a enviar.
Agarra mis caderas elevándome hasta estar a su altura, besa mis labios y
deja sellado nuestro amor.
– Tienes razón. Tienes que trabajar y yo también. No me olvides,
¿entendido? – Asiento con la cabeza – y quiero una foto cada treinta segundos.
– Prometido.
Me besa nuevamente y me pone sobre mis pies. Esta vez soy yo la que le
ve alejándose de mí y me entristece, pero no podemos estar juntos las
veinticuatro horas del día aunque lo deseara. Me sonríe cuando se mete en al
asiento trasero de su coche y le levanto la mano feliz. Me doy la media vuelta
para volver al trabajo sintiéndome ganadora de una batalla que yo misma he
empezado, manejado y asumido
como he podido. Puedo decir ahora a ciencia cierta que sé controlar a
Bastian Trumper.
Cuando regreso arriba las chicas me dicen que Trevor está en mi
despacho, tiemblo con la idea de que se haya molestado y me vaya a regañar. Al
entrar lo veo con los documentos que me dio esta mañana y al cerrar la puerta
se sobresalta relajándose porque soy yo.
– Dime tu fórmula para deshacerte de él y la llevaré a cabo.
– Discúlpale, está un poco nervioso. Nosotros estamos muy unidos y
básicamente estamos en plena reconciliación, para Bastian es duro no tenerme
con él todo el día y se está adaptando. No volverá a ocurrir.
– Jamás te culparía Nancy, pero la próxima vez que me toque los huevos
no te metas en lo que pueda pasarnos a los dos.
– Oh no, Trevor.
No digas cosas
así, – me
siento en mi silla – él ya lo entiende y si no lo ha entendido le daré
el tiempo que necesita. Para él no está siendo fácil porque ya hemos estado
mucho tiempo separados y ahora no me quiere aquí.
– Te sobreprotege demasiado.
– A su manera sí.
– Es un buen hombre pero nunca le había visto tan desorbitado como
contigo. Le has dado en el corazón y bien fuerte. Ahora es todo un calzonazos y
me gusta ese punto, así es más dócil cuando tengas que echarle de tu despacho.
– No digas bobadas Trevor, hoy porque tengo mucho que hacer pero mañana
no seré tan brutal. Él es como… ems… alguien especial, tengo que hacerle
entender poco a poco que tengo que trabajar.
– Te has librado porque mañana no necesito que vengas, no estaré y yo
soy el único que te tengo que poner al día – se levanta de la silla apoyándose
en ella.
– ¿Va todo bien?
– Tengo el juicio con Catherine.
– Oh. ¿El divorcio?
– Sí. El divorcio y una misión casi imposible, – levanto una ceja –
intentar no caer en su trampa cuando le diga al juez que le he abandonado
mientras ella se pasaba todo el día en casa cuidando de su perrita.
– Lo siento. Si necesitas algo puedes llamarme
y…
– Puede que te llame a la hora del almuerzo y te necesite un par de
horas. Tienes que ponerme al día y hablarme de los recibos que en archivo nos
están devolviendo como impagados y…
Suena mi teléfono. Será Bastian. No voy a poder mandarle una foto con
Trevor delante. Le
levanto el dedo disculpándome y descuelgo la llamada.
– ¿Sí? – Silencio. No, otra vez no por favor –
¿hola?
Cuelgo negando con la cabeza y sonrío a Trevor sin ganas de hacerlo.
– ¿Bastian?
– No, no es él. He estado recibiendo llamadas desde esta mañana y nadie
contesta al otro lado.
– ¿Debo de preocuparme? – Se sienta en la silla de nuevo.
– No. Por favor, no se lo digas a Bastian que destruirá las líneas
telefónicas de todo el país. Despedirá a cientos de miles de personas y luego
me secuestrará en casa y no me dejará salir.
– ¿Desde cuándo las recibes?
– Esta mañana. Se ha ido Bastian y recibí la llamada, luego he ido
recibiendo más hasta unas veinte más o menos.
– ¿Quieres que lo ponga en manos de especialistas? Conozco a…
– No, no quiero arriesgarme a hacer nada con Bastian alrededor. Estamos
muy bien y preocuparle sería añadirle un enfado innecesario por una tontería
probablemente. Además, el mes que viene tiene el campeonato en Europa y no
quiero que se distraiga, podría ser fatídico para él.
Suena el móvil otra vez pero a Trevor no le hace ninguna gracia. Me pide
con los ojos si puede cogerlo y tras comprobar que es el número desconocido
descuelga la llamada.
– ¿Quién es? – No contestan – oiga, no vuelva a llamar a este número de
teléfono o me veré obligado a rastrearle la llamada que me llevará a ti.
Se separa el móvil de la oreja colgando y dejándolo sobre la mesa. Estoy
viendo desde aquí que tengo algunas llamadas perdidas de Bastian y tengo que
hablar con él antes de que se presente en mi despacho.
– No te preocupes. Este número solo lo tienen mis amigos de verdad, será
alguna confusión o alguna compañía de teléfonos ofreciéndome alguna oferta.
– Mantenme informado Nancy. Te apoyo y me gustas mucho, pero no dudaré
en contar con Bastian si se trata de tu seguridad.
– Trevor, va todo bien. ¿Qué tal si hablamos dentro de un rato?
– Sí, ya me iba. Antes de irte ven a verme a mi despacho, tengo que
rellenar algunos papeles con respecto a tu contratación, – abre la puerta del
despacho y antes de irse se gira observándome con añoranza – estoy feliz de que
hayas vuelto a ser tú Nancy.
– Gracias por todo, te debo una y muy grande. Nos sonreímos cordialmente
y cierra la puerta.
Escribo un mensaje a Bastian contándole que me están haciendo llamadas
para que me cambie de compañía telefónica, pero que no escucho voces al otro
lado. Es una verdad, una verdad a medias y no le estoy mintiendo. Recibo un
mensaje con su apoyo total a que me compre un móvil en una de sus compañías
telefónicas y me hace reír bastante. Empezamos una guerra de mensajes en el
que, como le he prometido, me echo fotos a mí misma y a mi cuerpo, Bastian me
manda también mostrándome lo que le provoco y me ruborizo en la soledad de mi
despacho.
La mañana avanza positivamente para mí porque me muevo de un lado a otro
llevando y trayendo papeles en los que tengo que trabajar. Subo y bajo al
despacho de Trevor constantemente, en una de mis visitas le he pillado
discutiendo con su ex mujer y se ha sincerado conmigo mientras Bastian me
mandaba mensajes con que es un blandengue y exagerado, yo siento lo
contrario. No me he despegado de mi móvil haciéndole saber a mi novio que hacía
en cada momento, no voy a acostumbrarlo mal pero tampoco quiero que se agobie
en nuestro primer día separados. He recibido muchas más llamadas en las que
nadie habla, en la última he amenazado con contárselo a Bastian y cuando he
dicho su nombre han colgado. Temo que sea algunas de sus amigas o enemigas, que
sea un hombre o alguien que quiera hacerme daño. Si siguen las llamadas me veré
obligada a hablarle de este tema muy seriamente a mi novio y asumiré las
consecuencias del castigo que me imponga. Si debo de estar encerrada por mi
seguridad, lo estaré.
Vuelvo a mirar al móvil cuando entro en mi despacho porque Bastian me ha
mandado una foto de su… ¡oh Dios! Dos, cuatro, seis… y benditos ocho. Trago
saliva ampliando la foto mientras me dejo caer sobre la silla ya que ha estado
en uno de sus gimnasios y viene a recogerme. Levanto el móvil apuntando a mi
escote nuevamente, me envía unas caras con ojos de
corazones y me escribe que se va a duchar. Le respondo con una cara
triste y le digo que no tarde, que le espero bien húmeda por lo que me hace
sentir.
Dejo el móvil sobre la mesa intentando asimilar que he sobrevivido a mi
primer día de trabajo en mi nueva vida. Bastian y yo estamos bien, sí, tengo
que domesticar a mi león enfurecido pero sé cómo hacerlo, me gusta lo que hago
y me siento realmente feliz. He quedado con Rachel cuando cierre la tienda, la
echo de menos y quiero ponerla al día. Bastian se ha enfadado pero él se apunta
también ya que Alan no trabaja y se reúne con nosotros, al igual que Dave y las
gemelas que me han mandado un mensaje de aceptación a nuestra pequeña fiesta.
Todos iremos a cenar y a tomar unas copas mientras yo intentaré integrar a mi
novio con mis amigos.
Escribo en el ordenador algunas cifras cuando suena el teléfono de
nuevo. Lo cojo sin mirar porque seguramente sea la llamada sin voz.
– ¿Vas a responder? – Digo sin
prestando
atención con el móvil entre mi hombro y mi oreja.
– ¿Nancy? – Responde una voz que conozco.
– Molly.
– Hola Nancy.
– ¿Cómo has conseguido mi número?, ¿eres tú la que me estás llamando?
– No. ¿De qué hablas? He llamado a tu madre y me lo ha dado, le he dicho
que quería disculparme y…
– ¿Qué?, ¿por qué has hecho eso? – Dejo lo que estaba haciendo para
atender a esta llamada – no tienes derecho a llamar a mi madre. Ya no somos
amigas.
– Nancy, deja que me explique. Me he comportado como una mala amiga
pero…
– Una mala amiga está a años luz de lo que me has hecho. Has vendido mis
fotos personales, hace unas semanas entraste en la tienda y me amenazaste con
que habías besado a Bastian siendo mentira y…
– Permíteme explicarme Nancy. No me gusta Bastian. Él no. Yo tengo novio
y no es él.
– Obvio, porque ahora es mi novio.
– ¿Habéis vuelto?
– Sí, hemos vuelto – espero su reacción.
– Eso es genial Nancy. Necesito verte y explicarte todo, es tan
complicado que quiero decírtelo a la cara.
– No quiero hablar contigo Molly, me trataste como si fuera lo peor y no
te importó una mierda si estaba bien o mal. Estoy muy enfadada y quiero que te
alejes de mi novio, y por supuesto de mí.
Resoplo escuchando al otro lado del teléfono otro por su parte. Habla mi
conciencia y mi corazón, la que era mi mejor amiga me vendió y me partió el
alma. Me abandonó, me dejó de lado y me traicionó. No la quiero en mi vida.
– Comprendo, no quería molestar de todas formas. Tengo novio y me
gustaría haber compartido contigo esta noticia, no he estado en mi mejor
momento desde que te perdí y él ha estado a mi lado. Quería decirte esto en
persona, pero dado que no quieres saber de mí y no quiero que lo sepas por
otras personas tengo que decirte que estoy saliendo con Neil Evans desde hace
algún tiempo.
¿Se ha peleado con su hermana y ahora resulta que es novia de Neil?
Genero un silencio con la llamada porque mi boca se abre y se vuelve a cerrar,
frunzo el ceño e intento analizar en unos segundos la información. No confío en
ella y si es verdad lo voy a saber por terceras personas.
– Mi enhorabuena entonces.
– Nancy. No seas así, me equivoqué, te echo de menos. Mi relación con
Neil me ha hecho abrir los ojos y darme cuenta de lo perra que he sido contigo,
con Bastian y con mi ahora, cuñada. No sé qué me pasó.
– Molly, siento decirte que yo no te voy a perdonar. No te quiero cerca
de Bastian, no quiero ninguna jugada porque conozco a Ria y si la mandé al
hospital no dudaré en hacerlo contigo también si tramáis algo.
Se oyen risas pero yo no me río.
– ¿La mandaste al hospital? Sabes que yo odio a esa mujer, es hermana de
Neil y la soporto porque es su hermana no porque seamos íntimas. Te echo de
menos, contigo era todo más fácil y te quiero Nancy, ¿no hay posibilidad de que
me perdones?
Cierro los ojos llegando a creerme sus palabras. Se me pasa por la
cabeza el imaginarme que de verdad que me echa de menos y que todo puede volver
a ser
como antes. Puedo recuperar mi antigua vida, con mi antigua amiga, puedo
ganar más que perder. Pero no sé si es porque me convertí en una neandertal
cavernícola o porque estoy centrada en conocer a otras personas, pero Molly
pertenece a mi pasado. Ya no hay un lugar para ella en mi corazón por mucho que
me duela y me haya pensado por unos instantes en verla y abrazarla.
– Lo siento Molly. No quiero ser grosera, espero que no me llames más y
no intentes ponerte en contacto conmigo. Ha habido algunos momentos en los que
me dolió lo que me hiciste, en que insultaste a mi amiga y que presumiste en mi
cara que besaste a mi novio. Se acabó, ya no soy esa Nancy y no te va a gustar
la nueva. Esta Nancy no dudará ni un segundo en patearte el trasero si de
verdad me molestas a mí o a mi novio. ¿De acuerdo?, ¿me he explicado bien?
– Perfectamente. Es una pena Nancy, yo no siento lo mismo que tú. Me
quedaré con los buenos recuerdos y como Neil pertenece a la misma sociedad en
la que tú te mueves…
– Y que tú me has robado porque yo te introduje.
– Sí, por eso ya nos veremos y espero que al menos seas amable y me
saludes.
– Mis padres me enseñaron unos valores humanos que no dudaré en ponerlos
en práctica, no te negaré un saludo pero no voy a aceptar mierdas. No me
conoces ya y no sabes quién soy. No intentes ninguna jugada porque te juro
Molly que he olvidado que una vez fuimos amigas.
Oigo como aspira sus mocos por la nariz y corta la llamada. Yo también
lo hago sintiéndome mal. Pongo una mano sobre mi boca negándome a mí misma que
he estado a la defensiva todo el tiempo, no quería eso, no quería ser así pero
tengo que mantenerme firme por el bien de mi relación. Ahora Molly pertenece al
clan de los Evans y esa familia no trae nunca nada bueno. Tengo que mantenerme
alerta con el nuevo trío que se ha formado porque estoy segura de que traman
algo y
ya conocen mi número de teléfono. Todo encaja ahora.
La puerta de mi despacho se abre mientras me pierdo en mis pensamientos.
Bastian entra asfixiado, lleva unos vaqueros y una camiseta con el cuello en V,
una chaqueta de cuero y el móvil en la mano. Está a punto de matarme si no lo
ha hecho ya.
– Nena.
– ¿Qué ocurre?, ¿estás bien?
– No me has respondido al teléfono. Estaba a punto de morir.
– ¡Exagerado! – Me levanto de la silla para abrazarle, quiero tener sexo
pervertido encima de la mesa pero Trevor no sería feliz al respecto – qué
guapo.
– Gracias – me eleva como me gusta y mientras me subo la falda rodeo mis
piernas en su cintura – ¿por qué no me has cogido el teléfono?, ¿está roto?
– Luego te cuento cariño, ahora bésame.
Su pelo está mojado y huele a su perfume. Ese cuello en V hace que pase
mi mano por su piel y que se le ericen los pezones que yo misma toco. Me gira
en el despacho hasta ponerme sobre la mesa y tiro de su chaqueta para que no me
suelte nunca.
– Te he echado de menos. Iba a morir cuando comunicabas. Pensé que te
había pasado algo y…
Le callo poniendo sus labios sobre los míos, mis dedos se pierden entre
sus mechones y sus ronroneos me dan pie a que siga haciendo lo que me apetece.
¿Por qué se ha vestido de esta manera? Yo soy la única que va a morir aquí ya
que siento la necesidad de seguir provocándole hasta que mi mano toca su bulto
y él frena mirándome a los ojos.
– No quiero que nadie te oiga gemir y lo harás muy alto si no quitas tu
mano de mis pantalones.
– ¿Por qué no tenemos un poco de sexo pervertido?
– A. Me correré en cuanto toque tu piel. B. Te correrás antes de que
pueda tocarte. C. No quiero hacértelo en este sitio tan vulgar que ni siquiera
es tuyo.
– Es mi despacho bobo – le aprieto más el bulto y gruñe.
– Nancy. Trabaja en un despacho para mí y te haré el amor tantas veces
me lo pidas.
– Promesas, promesas.
Muerdo mi labio apretándole un poco más pero el teléfono de la oficina
suena y lo cojo.
– Nancy, me marcho a almorzar. ¿Te vas con Bastian?
– Sí, ya
ha venido a
recogerme. Mañana
llámame cuando vengas del juicio y me cuentas. Estaré atenta.
– Bien. Te llamaré y sobre… sobre lo que hemos hablado antes.
– No te preocupes. Lo sé.
– ¿Está a tu lado, verdad?
– Sí. Ya te contaré la llamada que he recibido, puedes imaginarte.
– Vale. Llámame a la hora que quieras. Sea de día o de noche. Siempre
estaré para ti.
– Gracias Trevor.
Le sonrío bajo la atenta mirada de Bastian que ya empieza a enfadarse y
con motivo si no paro de hablar en clave delante de él.
– ¿Secretitos? – Se cruza de brazos.
– Te cuento en el almuerzo.
– ¿De verdad?
– Es lo que hacen las parejas cariño, ocurren cosas y se cuentan. De ahí
nace la confianza.
– Actúo como un idiota, ¿no es así?
– No, actúas como un novio que ama a su novia. Bueno, dado que no vamos
a tener sexo pervertido recojo mis cosas y nos vamos.
– Tendremos sexo pervertido en cuanto dejes los lugares feos e
inseguros.
Le vuelvo a besar para que no vea que en mi interior estoy riéndome como
nunca lo he hecho. Sigue diciendo que mi despacho es feo e inseguro y no va a
dejar de repetírmelo en los siguientes seis meses.
Nos vamos de la mano despidiéndome de mis
nuevas compañeras y manoseándonos en el ascensor intentando que nadie
nos vea. Cuando salimos al hall del edificio puedo ver que el sol brilla pero
que el día sigue nublado. Aprieto el abrigo en mi garganta orgullosa mientras
voy al lado de mi novio cuando al salir me encuentro con una grata sorpresa.
– Oh, ¿es tuya?
– Sí. He visto que las calles se han secado y quiero presentarte a
Bancy.
– ¿Bancy? Dime que nunca escogerás el nombre a nuestros hijos – me
frunce el ceño y me acerca a su nuevo juguete.
– ¿Te gusta? Pensé que sería divertido darte un paseo en Bancy. Y sí, le
he puesto yo mismo el nombre y te reto a que me digas que no te gusta porque es
perfecto.
– Es perfecto cariño, un detalle al unir nuestros dos nombres. Es
preciosa.
Una moto negra, no entiendo de motos pero es bellísima. Es completamente
oscura, desde las ruedas, la tapicería, el manillar e inclusive los espejos,
que cuando los miras puedes ver tú reflejo aunque sean completamente negros. Es
grande y creo que voy a caerme, pero el hecho de agarrarme a su cintura
mientras volamos por la ciudad hace que me excite sin razón. Saca dos cascos y
pone uno de ellos sobre la moto, se gira y me mira de arriba abajo.
– Dame el bolso – se lo doy y lo coloca junto al otro casco, me mira de
nuevo – bueno, vas tapada pero no me hace feliz.
– Espero que tu espalda me caliente la entrepierna.
Gruñe besándome mientras vemos como nos observan los transeúntes que
salen a almorzar. Ajusta el casco una vez que me lo ha puesto encargándose de
que parezca una astronauta. Guarda mi bolso y aparta el otro casco deslizándolo
hacia delante. Cuando me
ayuda a subir me deja sentada mientras se encarga de ajustarme bien la
falda para que no se me vea nada. Veo cómo se pone su casco, mueve la moto
hasta bajarla a la carretera y se sube haciendo que resbale hasta tocar su
espalda. No, no dudo en abrazarle fuerte riéndome porque me parece excitante
estar subida aquí atrás.
– Sujétate fuerte. No voy a correr pero no puedo predecir si algunos
cabrones se saltarán la seguridad vial.
– Adelante con ello. Estoy emocionada. Dale gas Bastian – se ríe.
– No te muevas y agárrate a mi cuerpo. ¿Preparada?
– Más que nunca.
Sí. Más que nunca. Preparada porque todo lo que he luchado por mi novio
ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, preparada porque quiero vivir con
él todas las experiencias que me regale el futuro y preparada porque voy
a luchar con uñas y dientes contra todo lo que se interponga en nuestro camino.
Soy una Neandertal Cavernícola y ahora nos complementamos al cien por
cien.
CAPÍTULO 21
– Bastian, Bastian, Bastian, Bastian, Bastian –
repito.
Continúo moviendo el cuerpo de mi novio mientras él intenta taparse con
el edredón hasta la cabeza. Mi mano se apoya en su brazo, ahora le apunto con
mi dedo índice y le hago tantos agujeros imaginarios como puedo. Él es listo,
un hombre inteligente que se cree que no voy a poder llegar a su cuerpo porque
me evade. Entrecierro los ojos y gateo hasta el final de la cama, me meto por
debajo del edredón blanco que le cubre y gateo de vuelta sobre su cuerpo hasta
llegar a su cara. Sí. Aquí está mi novio. Cara a cara.
– Es muy temprano – su voz ronca es inaudible.
– Son las siete y media. En casa te hubieras despertado ya.
En un movimiento rápido hace que caiga sobre su pecho y me acurruque
sobre él, su musculoso cuerpo desnudo me distrae y caigo en la tentación de
abrazarle. Soy débil, no puedo torturarle demasiado
tiempo. Me aprieta contra él y acaricia mi cabeza hasta que deja de
hacerlo. Le miro y le frunzo el ceño. ¡No! ¡No se va a dormir!
Veo como vuela mi dedo índice de nuevo hasta su nariz, le meto un dedo
en su agujero pero no se mueve. Intento meterle el dedo en el otro y me ignora.
¡No Trumper! ¡No! Aprieto con fuerza mis dedos sobre su nariz cortándole la
respiración hasta que abre los ojos y la boca, sin éxito porque vuelve a cerrar
los ojos.
– Duerme una hora más, por favor, – me abraza fuerte y se acomoda para
seguir durmiendo – es muy temprano.
– Eres aburrido.
– Y tú no estás desnuda y no te estoy acusando.
No. No lo estoy porque ya me he duchado, arreglado, perfumado y estoy
preparada para nuestro día. Me arrastro por la cama y mi novio no me frena.
Bastian Trumper no me retiene a su lado. Salto sin su ayuda y caigo al
suelo, el golpe hace que me toque el trasero. ¡Mierda!
– Trumper. Es tu culpa.
– Es tuya por no estar desnuda en la cama.
¿Me está hablando con los ojos cerrados?, ¿si no está durmiendo qué
sentido tiene estar metido en la cama? Un hombre lleno de misterios sin
resolver. Me cruzo de piernas estudiando mi siguiente movimiento. Sí. Lo haré.
Arrastro el edredón atrayéndolo hacia mí, me pongo de rodillas porque es grande
y pesa, y el cuerpo de mi novio queda a la vista, oh, también su erección. Abro
mis ojos excitada colocándolo sobre su cuerpo de nuevo. No quiero tener que
desnudarme de nuevo.
Inhalo aire por la boca haciendo sonidos, lo exhalo imitando la misma
acción. Camino de un lado a otro por la habitación comprobando que los muebles
estén rectos, los cojines sobre los sofás y la mesa del
café tan baja como todas. Pateo accidentalmente y sin intención el palo
de la hoguera que encendimos anoche para calentarnos. Veo restos de nuestra
noche de amor, copas, bombones y algunos ramitos verdes de las fresas que me
comí antes de que saliera del baño. Hago ruido arrugando los papelitos de las
pequeñas piezas de chocolate que también me comí, choco las dos copas para
ponerlas sobre la mesa, también muevo el palo y hago que la hoguera que
encendió Bastian se reavive. No. No lo hará porque está apagada. Suspiro
aburrida y vuelvo la mirada a mi objetivo. Mi novio está durmiendo con el
trasero al aire y sonrío en la distancia.
– Por ahí no paso Trumper – susurro.
Regreso a la cama gateando y le muerdo el trasero, veo que todavía tiene
marcas de mis bocados. Me gusta. Me siento sobre su espalda y brinco como si
fuera una niña pequeña. No hago movimientos sexuales porque como ha dicho mi
novio, no estoy desnuda, pero no me importaría aunque ahora lo más importante
es mi objetivo. Dejo sobre su espalda mis
manos y hago dibujitos con nuestros nombres para hacer que no se
distraiga. Lo consigo porque ronronea.
– Podría quedarme así toda la vida.
– Bastian, vámonos ya por favor.
– Nena, una hora más.
– Me prometiste que saldríamos temprano. Nuestro jet sale a las dos de
la tarde y no nos va a dar tiempo.
– Sí nos dará. Y si no, ya vendremos en otra ocasión.
– Como quieras. Haré la maleta entonces, me entretendré en envolver los
regalos, en colocarlos y mirarlos. Cuando me pregunten cuales son los regalos
que les llevo desde esta maravillosa ciudad de la cual no he visitado aún, les
diré a todos que no pude comprar nada porque el obstinado y cansado de mi novio
prefirió poner su lindo trasero en mi cara e
ignorarme por completo. Sí. Les diré eso.
Se ríe pero no mueve un musculo. Él gana, acaba conmigo y me dejo caer
sobre su espalda.
Cierro los ojos y me dejo llevar por los recuerdos vividos en la última
semana. Estamos en Londres porque anoche Bastian se proclamó vencedor del
campeonato europeo y cerró su carrera añadiendo otra victoria a su palmarés.
Hace poco más de una semana dio por un hecho irrevocable e indiscutible que le
acompañara en su última etapa como luchador profesional de la MMA. Al principio
me negué porque eran los primeros días de mi trabajo y no quería faltar, pero
Trevor no pudo negarse a que viajara a Europa porque debía estar con él en este
acontecimiento tan importante. Hemos visitado distintas ciudades europeas que
me han enamorado, Berlín es un sueño hecho realidad, Madrid tan bonita y Paris…
Paris es la ciudad del amor y allí hubo mucho amor. Bastian reservó la Torre
Eiffel para nosotros dos, el restaurante estaba vacío y cenamos a medianoche
para que viera el espectáculo de luces que iluminaban la ciudad cuando
duerme. No lo olvidaré.
Ayer llegamos a Londres y el jet tuvo algunos problemas a la hora de
aterrizar. Bastian apenas tuvo tiempo para otra cosa que atender sus
obligaciones y aunque me llevara de la mano todo el tiempo no hicimos nada más
que quedarnos en Wembley todo el día. Cuando llegamos al hotel tras ir a una
pequeña fiesta en su honor, él me prometió que me llevaría a ver la ciudad
antes de irnos, visitaríamos todo lo que quisiera y ayer me entretuve en
planear los lugares que quería ver. Me dijo que iríamos al amanecer para
aprovechar bien el tiempo, pero no contamos con el anochecer cuando trajimos
nuestra propia fiesta a la suite. Mi novio y yo celebramos que por fin puede
retirarse del deporte por todo lo alto, vino caro, nata, fresas, bombones,
dulces y muchas otras cosas fueron testigos de lo que pasó frente a la
chimenea. Hablamos bastante de cuales iban a ser sus planes de futuro con
respecto al deporte, quería luchar de vez en cuando en algún campeonato de la
liga menor para apoyar a los nuevos talentos, inclusive abrir una academia para
entrenarlos y prepararles para la victoria. Estaba muy
emocionado e hizo que yo lo estuviera incluso más, le aconsejé que el
año pasado Lawndale quería pujar por un complejo deportivo abandonado y le he
dije a mi novio que sería perfecto para su próximo proyecto. Las horas de la
noche nos consumieron, los besos, los abrazos, las caricias, las palabras de
amor y acabamos quemando el resto envolviéndonos en el cuerpo desnudo del otro.
Sonrío sobre su espalda porque jamás olvidaré este viaje.
Cierro los ojos por un momento ya que también estoy cansada y los vuelvo
a abrir cuando un pensamiento viene a mi mente. Me muevo sentándome sobre él
pero pierdo el equilibrio y ruedo sobre la cama hasta acabar en el suelo. ¿Qué
tiene mi novio con dormir justo en el borde de esta cama tamaño King? Él abre
los ojos pero los vuelve a cerrar. Está despierto.
– Vuelve a mi espalda.
– Bastian, – pongo mis brazos sobre la cama – estoy nerviosa por el
jueves.
– Faltan tres días aún.
– ¿Y si sale mal?
– No saldrá mal – ¿por qué no abre los ojos para hablarme?, ¿por qué no
se levanta y nos vamos?
– Creo que va a ver algún tipo de conflicto. No he elegido el centro de
mesa, ni la cubertería, Lorain se va el miércoles y no vuelve hasta el lunes.
No tengo tiempo.
– Es nuestra familia, nada va a salir mal.
Hago una mueca y me aparto de la cama dejando caer mis brazos sobre mis
piernas. Suspiro pensando que el jueves es Acción de Gracias y va a ser la
primera vez que juntemos a nuestras familias. Sí. Mis padres y los padres de
Bastian junto con sus dos hermanos. Me ofrecí a hacerla en casa porque soy
realmente feliz, Margaret se negó y mi madre también, pero quise imponer el
lugar porque era importante para mí ya que es nuestro hogar y quería estrenarlo
para la
familia en un día muy especial. Acabamos por ponernos de acuerdo siempre
y cuando la cena de Navidad sea en casa de los Trumper y mi madre accedió
también. Sí, mi madre y Margaret, dos mujeres muy importantes en mi vida que se
unen en mi contra para discutirme sobre Acción de Gracias. Desde que las
presenté cuando fuimos de compras no han dejado de llamarse y de ser amigas.
Según mi novio, dice que su padre solo la deja hablar con mi madre porque es mi
madre, si no, no le permitiría ese tipo de libertinaje. Se lo conté a Margaret
y me llamó riéndose de que había golpeado en la nuca a su marido por dicho
comentario.
Hemos establecido una relación normal, una relación normal con nuestras
familias como protagonistas. Antes de venir a Europa los hermanos de Bastian y
nosotros estuvimos en Crest Hill cenando con mis padres, mi madre era toda
dulzura con mis cuñados y nos preparó pasteles para llevar, pero mi padre vivía
en una pesadilla al multiplicar por dos a su odiado Trumper. Mis cuñados son
amables y cordiales con mis padres, pero no bajan la guardia porque siento que
están todo el tiempo en alerta por si ocurriera algo.
Son personalidades a las que me he acostumbrado ya que son muy similares
a mi novio, pero es que ni siquiera accedieron a sonreír más de la cuenta
porque Bastian les amenazó a los dos antes de ir.
Mi nueva familia es fantástica. Recibo muchas llamadas de mi suegra y
contamos con los hermanos de Bastian para muchas cosas, ellos vienen a mi
oficina para comprobar que todo va bien y algunas tardes nos vamos a la casa de
los Trumper para cenar todos juntos. Bastian está radiante y feliz desde que
todos me conocen, desde que entro y salgo porque soy de la familia y no hago
ningún movimiento sospechoso con respecto a sus hermanos; me gusta verle
relajado.
Se supone que mañana tendré sueño cuando regresemos a Chicago, no me
quedará nada más que un día para prepararlo todo. La mesa de la nueva
decoración es grande, incluso sobran dos sillas pero los Trumper son grandes y
dudo en como colocarnos. También va a ser la primera vez que cocine un pavo, mi
madre y Margaret se han ofrecido a ayudarme pero les he dicho que quiero
hacerlo yo, y aunque se vienen
por la mañana temprano, ese día seré yo la anfitriona en mi hogar y
necesito que todo sea perfecto.
El móvil suena en la mesa de noche. Bastian abre los ojos y frunce el
ceño mientras yo le miro igualmente con el mismo gesto. Él no se mueve pero ya
lo hago yo alcanzando el pequeño objeto con mi mano, veo quien le ha llamado y
lo elimino del registro.
– Otra vez.
– ¡Joder! – Se mueve cambiando de postura poniendo su codo sobre el
colchón – voy a llamar a mi hermano.
– No Bastian, me lo prometiste.
Resopla y lo imito alejando el móvil.
Las llamadas telefónicas no cesan. Hace unas semanas solo eran para mí,
cambié de número dos veces y me cansé porque no tenía tiempo para estas
niñerías, pero mi preocupación aumentó cuando
Bastian empezó a recibir las mismas llamadas que yo. En su caso se
escucha a alguien jadear y en el mío solo a alguien respirando. Mi novio no se
lo toma tan bien porque me ve preocupada pero le he prohibido hacer ningún
movimiento con este tema hasta que no pase el día de Acción de Gracias. Me
costó dos días de discusiones y problemas con mi novio porque no se lo toma muy
bien, no soporta que haya alguien riéndose de mí o de él, está al rojo vivo y
maquillé la situación porque veníamos a Europa y le quería bien. Una noche
cenamos con Sebastian en su apartamento y le contamos lo que nos estaba
pasando, no tardó ni cinco minutos en llevarnos a su oficina y rastrear las
llamadas, sacó la conclusión de que era el mismo número y su destinatario
estaba en cualquier parte del mundo. Eso enfadó más a Bastian que rompió
algunas cosas en el despacho de su hermano, les comenté sobre una posible broma
de Ria, Neil y Molly aunque ninguno de los dos piensan que sean ellos porque es
demasiado profesional esconder ese tipo de llamadas. Al día siguiente nos
reunimos también con Sebas en casa de Sebastian y nos ha ayudado a investigar
la procedencia de las llamadas, pero aún no nos ha dado
respuestas y les dije sin que Bastian lo sepa que no hicieran ningún
movimiento porque no le quería preocupado en sus combates. He recibido algunos
mensajes de sus hermanos y me han comentado que de todas formas siguen sin
saber nada, que no dejarán de rastrear las llamadas y que intentemos
mantenerlas en espera, cosa que no podemos hacer porque no duran más de diez
segundos en línea.
Dejo el móvil en el suelo escalando hasta la cama, mi novio me acoge con
los brazos abiertos y nos acurrucamos. Él está despierto y ya no cierra los
ojos ni intenta seguir durmiendo, ahora se encarga de taparme bien y que no me
vaya de su lado. Besa mi cabeza mientras yo rodeo su cuerpo con mis brazos.
– ¿Estás bien?
– Lo estoy, – me pienso la pregunta y le digo la verdad – no lo estoy,
lo intento.
– Esto se va a acabar. Tarde o temprano se va a acabar.
– Cuando volvamos a casa quedaré con Molly y averiguaré si es ella la de
las llamadas.
– ¡No! – Me mira enfadado – ya sabes que no te quiero en esto.
– Pero también me llaman a mí Bastian, tengo derecho.
– No cuando se trata de mi novia. ¡Olvídalo! Déjame a mí y a mis
hermanos que solucionemos esta gilipollez.
– Sebastian dice que no es tan gilipollez cuando esconden la procedencia
de las llamadas para que no podamos rastrearlas.
– Cometerán algún error. Además, yo no veo tan inteligentes a esos tres.
Ni siquiera a Neil, él tiene medio cerebro podrido.
– ¿Y si es Ria? Tiene todos los motivos para
reaccionar así, si tanto mal le has hecho amándome.
– Ella no piensa. Cuando dejamos de hablarnos hace años ella desapareció
y no volvió a verme hasta años después. No la veo por la labor.
– Tus hermanos me han mandado mensajes estos días diciéndome que no ha
habido ninguna novedad.
– ¿Y no me lo has dicho? – Deja de abrazarme acusándome con sus ojos que
hacen que tiemble y no de placer – ¿por qué no me has dicho nada?, ¿tienes
secretos con ellos?
– Te estás respondiendo tú mismo con esta reacción. No quería decirte
nada para no preocuparte, veníamos a Europa y les dije que no quería que nos
molestase. ¿No te das cuenta que no puedes estar en dos o tres sitios a la vez?
Tenías que desconectar.
– No cuando se trata de ti, – frota sus manos en la cara – no puedo
desconectar cuando tengo a algún
pervertido detrás de mi novia.
– ¿Y si son algunas fans y han contratado a un hacker? Podría ser
también alguno de tus ligues del club o algún rival que no te adora. Las
llamadas empezaron en lunes, solo habían pasado un par de días desde que nos
reconciliamos. Por alguna razón la persona que lo está haciendo me quería
primero a mí y no sabía que estábamos juntos.
– Eso no ayuda Nancy, – se baja de la cama poniéndose el bóxer – no me
gusta cuando no puedo controlar unas dichosas llamadas y mucho menos que los
incompetentes de mis hermanos te manden mensajes y me dejéis al margen.
– Bastian, sabes que no. Te lo estoy contando. ¿Hubieras preferido que
te lo dijera en mitad del campeonato europeo? ¡Soy humana! – Le grito porque
está en el baño – lo hubiera hecho igualmente, no soportaría que nadie te
golpeara o te distrajera de tu objetivo en el combate.
– Nena, tus excusas son inválidas porque se trata de ti, – pasa una mano
sobre su pelo – me voy a duchar.
Se encierra en el baño y escucho el agua en la
ducha.
Odio que lo pase tan mal, antes de venir aquí estaba realmente nervioso
y les dije a sus hermanos que lo tranquilizaran, entre todos pudimos hacerlo.
Incluso le borro llamadas perdidas y no le cuento todas las que recibo para que
no le afecte este tema aunque sea preocupante, pero es que no quiero que cometa
ninguna locura o que nos fastidie nuestros planes. Este jueves nos reunimos
toda la familia, la semana que viene vuelvo al trabajo y necesito que Bastian
esté bien.
Escribo un mensaje a Rachel para contarle nuestra última novedad. Ella
estuvo a punto de venir pero no quería dejar la tienda sola en manos de nadie y
ni mucho menos cerrarla porque amaba estar allí, también añadió que era un
viaje nuestro y teníamos
derecho a disfrutar como pareja de ciudades tan bonitas como Paris. Sabe
lo de las llamadas e incluso ha sido interrogada por mis cuñados contestando a
preguntas sobre si me ha presentado a alguien que pueda odiarme; ella acabó
ladeando la cabeza respondiéndoles que los Trumper son encantadores cuando
fruncen el ceño. Rachel declina la idea de que sea Molly porque no es muy
lista, no pone una mano en el fuego por ella pero piensa que Ria o su hermano
si pueden estar detrás de todo. Cuando le escribo un mensaje me llama y
descuelgo.
– ¿Cómo está la flamante europea?
– Hola Rachel, buenas noches allí.
– Buenos días allí. ¿Vais a salir de turismo?
– Sí, Bastian se está duchando. Todo bien.
– Excepto por la última llamada que habéis recibido. ¿Cuándo fue tu
última?
– Ayer.
– ¿Lo sabe él?
– Negativo, – niego con la cabeza – está enfadado porque le he contado
que he recibido mensajes de sus hermanos, no puede controlar todo y piensa que
estoy en peligro. Le he distraído en esta semana pero no creo que dure mucho
hasta el jueves.
– Yo me voy a Dakota del Norte mañana mismo y no te veré hasta la semana
que viene.
– Es verdad, ¿y Alan?
– Viene a almorzar el viernes porque el jueves cenará con su familia.
¿Qué tal llevas la cena, nerviosa?
– Más que nerviosa estoy atacada. No sé en qué momento me ofrecí a no
recibir ayuda de mi madre y mi suegra para hacerlo yo sola.
– Porque mi Nancy es muy valiente – se ríe, ella lleva imaginándose la
cena desde hace un par de semanas – ¿cómo los vas a sentar?
– No tengo ni idea, se me acaba de ocurrir otra cosa. ¿Quién trinchará
el pavo? Se supone que Bastian debe de presidir la mesa, que su padre debe de
estar en frente, pero claro, mi padre también debería presidir la mesa. Bastian
dice que nosotros dos deberíamos porque somos los que damos la cena y así son
las cosas pero… – veo a mi novio salir del baño con una toalla en la cintura y
babeo.
– ¿Nancy, se ha vuelto a colgar la llamada?
– No, no, estoy aquí. Ems… eso, que no tengo ni idea – mi novio me mira
y le gesticulo que es Rachel.
La voz de mi amiga empieza a contarme como lo hacen en casa de sus
abuelos pero no puedo concentrarme porque veo a mi novio vistiéndose. Tengo
buena vista de su trasero, sus vaqueros le suben
hasta la cintura y se coloca un jersey azul que hace juego con sus ojos.
Es increíblemente guapo y me sonríe porque babeo todo el tiempo.
– ¿Me oyes?
– Sí, lo siento. Rachel, te llamo antes de meternos en el jet ¿vale?
Reza porque mañana llegue antes de que te vayas, me quiero despedir de ti otra
vez.
– Rezo para que así sea, mi vuelo sale al medio día, espero que lleguéis
a tiempo.
– Supongo, cuando hable con el piloto le diré que me deje en tu casa si
es necesario.
– Que dulce. Besos Nancy, pásatelo bien y no te preocupes por las
llamadas. Tienes a una legión Trumper velando por tu seguridad, aprovéchate de
ello.
– Gracias, besos.
Cuelgo porque mi novio se ha vuelto a meter en el baño, me levanto y me
asomo para ver que está peinándose. Los hombres son tan singulares, peine, pelo
hacía atrás y me olvido de lo que hay sobre mi cabeza. O al menos mi Bastian lo
hace así. Se perfuma y se vuelve hacia mí agarrando mis caderas.
– Lo siento por lo de antes. Está situación me supera.
– No le doy importancia Bastian. Me prometiste que no harías nada hasta
que pasara Acción de Gracias.
– Señorita, – me sonríe – no soy yo quien se ha mandado mensajes con mis
hermanos.
– Solo me informaban de que no hay novedad y que no te dijera nada.
Todos queremos que estés bien mientras tengas que pelear con un hombre de más
de cien kilos.
– Lo sé, – me arrastra hasta besar mi cabeza –
a veces soy tan cerrado que no asimilo que mi familia quiere lo mejor
para mí.
– Claro que queremos lo mejor para ti. No hemos contado esto porque no
queremos preocupar a nadie y ni mucho menos que te lleves un disgusto.
Me sienta sobre el mueble del baño donde he dejado mi albornoz, estamos
cara a cara y nos besamos. Le dejo que se desahogue con mis labios, que sienta
mi tranquilidad y amor por él. Necesito trasmitirle que todo va a ir bien y que
no nos van a hundir unas llamadas insignificantes. Tal vez sea por el cambio de
continente, pero no hemos recibido tantas desde que estamos aquí y se lo
contaré cuando regresemos a casa. A lo mejor se han cansado.
– Cambiaremos de número una vez más. Le diré a mi hermano que nos ayude
a configurar el sistema operativo y que queden reflejadas todas las llamadas
que recibamos. Vamos a dar con quien osa a molestarnos, – sonríe – luego va a
arrepentirse de haber nacido porque su muerte no será agradable.
– Bastian, – suspiro – no me gusta que hables
así.
– Hacen que sea así. Nadie, absolutamente nadie va a conseguir un mal
momento a mi Nancy.
– ¿Ves? – Suavizo las cosas – todo planeado. Sebastian hará que todas
las llamadas queden reflejadas y todo volverá a la normalidad. No más llamadas
y no más peleas entre nosotros.
– No son peleas. Diferencia de opiniones.
– Bueno, pues no más diferencias de opiniones. No me gusta que te
enfades por esto. Es una tontería y ya tenemos la solución ¿de acuerdo? Números
nuevos y problema resuelto.
– Tú lo has dicho, – muerde mi labio – vámonos antes de que terminemos
desnudos en el baño y tienes que conocer Londres.
– ¿Ya nos vamos? – Reacciono ilusionada – quiero decir, no es que no
quiera estar desnuda en el baño, es que me muero de ganas por conocer la
ciudad.
– Sí, – mira su reloj – aunque no visitaremos todos los sitios porque
nos quedamos sin tiempo. ¿Por qué no me has despertado antes?
Entrecierro los ojos y frunzo el ceño e incluso mis labios. Me bajo y le
lanzo la toalla para ver si paran las carcajadas de mi novio.
_______________
Abro la puerta sonriendo y luchando con las manos de Bastian que bajan
mi vestido porque piensa que es demasiado corto. Gruñe mientras muerde mi
cuello, miro hacia atrás para golpearle pero él me responde golpeándome en el
trasero. Procuro alejarme de él consiguiendo que se pegue tanto a mí que hasta
me hace salir de casa. La primera figura que veo acercarse es la de Margaret
que lleva una bandeja en
sus manos, ella es seguida por tres sombras Trumper que no gesticulan ni
con la brisa fría que está haciendo que me congele.
– Nancy cariño, qué guapa estás – me dice a lo
lejos.
– Tú también Margaret, no sabía que tendrías esas caderas.
– Viví los setenta en discotecas, imagínate – hace un movimiento
bailando.
Escucho a su marido gruñir pero lo ignoramos, su mujer porque estará
acostumbrada a él y yo porque no quiero tener ningún tipo de acercamiento con
el padre de Bastian. No. No he superado aún que su padre sea el peor de los
cuatro Trumper, no sonríe, no habla, no hace ningún movimiento, solo observa,
te analiza y luego te descuartiza en su mente. Pero como no dice nada, no sabes
lo que piensa.
Mis padres están
aquí porque han
venido a
almorzar con nosotros, no quería que condujeran de noche y se van a
quedar a dormir. Mi madre ha estado ayudándome con la cena y no he podido
evitar comer algunos dulces que ha traído, aunque ella se ha pasado la mayoría
del día hablando por teléfono con Margaret. Ahora hay un problema, cuando hemos
escuchado los coches, mi padre se ha encerrado en la habitación de los juegos y
mi madre ha ido a avisarle para que salga a recibir a los Trumper. Mi nueva
familia.
Margaret consigue llegar a mí y me da un abrazo. Huele tan bien lo que
hay debajo del papel de aluminio que hace que lo que yo he horneado se quede en
nada.
– Qué bien huele – digo intentando destapar la bandeja pero me esquiva.
– No se toca hasta la hora de la cena.
Pone la cara para que su hijo le dé un beso y hace lo mismo conmigo,
cuando se lo doy me invita a entrar y la sigo hasta el fin del mundo si fuera
necesario siempre y cuando me deje comer lo que ha cocinado. Bastian
cierra la puerta mientras los hombres Trumper se quedan en la entrada, no sé de
qué se sorprenden cuando todos, juntos o separados han estado en mi casa. Mi
madre aparece por el pasillo y se funde en un gran abrazo con Margaret, conoce
a los hermanos de Bastian pero no al padre, así que la aparto y la enfrento a
todos.
– Mamá, ya conoces a los hermanos de Bastian, él es su padre – mi madre
les saluda cordialmente y el padre de Bastian asiente con la cabeza – ella es
mi madre.
– Hermosa señora – Sebastian da un paso hacia mi madre y levanto la
mano.
– Ningún otro movimiento raro o te partiré el alma y luego tu trasero,
¿de acuerdo Trumper pequeño?
– Tan desconfiada – me reta con la mirada mientras besa la mano de mi
madre – Señora Sullivan,
un placer volver a verla. Es usted tan bella como su hija y…
– Sebastian – Bastian le regaña y se lo agradezco.
El padre de Bastian y Sebas mueven un poco la cabeza dándola por
saludada y todas las miradas se dirigen a mi padre porque ya ha salido de la
habitación. Con mi padre tengo que actuar como lo hago a veces con Bastian, con
mucho, mucho tacto.
– Papá, ven acércate – avanzo pequeños saltitos hacia él y le arrastro –
ellos son los padres de Bastian, y ellos dos, Trumper segundo y Trumper
tercero, ya los conoces.
– ¿Tienes algún problema con nuestros nombres? – Sebas me corta con sus
palabras y yo le miro frunciendo el ceño – lo digo por tu descaro al omitirlos.
– Eso es porque ya lo saben – le sonrío pero
quiero apretar los dedos de mis manos en sus ojos y luego dejarle ciego.
Y todo por lo que pasó anoche. Ayer quedamos a cenar con los dos
hermanos de Bastian antes de Acción de Gracias para hablar sobre las llamadas,
que por cierto, han desaparecido antes de cambiar nuestros números. Hemos
decidido dejar las cosas tal y como están, si vuelven a molestarnos Sebastian
ha configurado un sistema especial que solo nosotros llevaremos en nuestros
móviles si decidimos cambiarlo. Sin embargo, aunque zanjamos ese tema, mis
cuñados no dejaron de reírse de mí porque estaba realmente nerviosa por la
cena. Bastian les regañaba e inclusive me levantó de la mesa para que nos
fuéramos pero no tenía por qué irme cuando podía enfrentarme a ellos. Todo
acabó bien pero tramaron el ridiculizarme por el simple hecho de que no quiero
tener nada que ver con su padre ni actuar raro con el mío y tras ver las risas
de Sebastian sé que han planeado decirme algo para dejarme en vergüenza. No. Ya
sé cómo controlar a un Trumper y no me voy a dejar pisotear por ninguno.
Después de hacer las presentaciones nos dividimos, las mujeres nos
quedamos en la cocina y los hombres en los sofás frente a la televisión. Estoy
cortando la lechuga cuando no puedo dejar de mirar el panorama que tengo frente
a mí, Trumper padre sentado en el medio y rodeado por sus tres hijos súbditos
de la misma manera como si fueran a presenciar cómo los humanos le hacen
reverencias para alabarles. Sonrío porque Bastian intenta hablar con mi padre
que se entretiene leyendo una revista, me duele que sea así porque es mi padre
y nunca lo he visto de este modo.
– Mamá, ¿cómo está?
Mi madre mira a su marido y niega con la cabeza. No tiene que decirme
nada más porque la he comprendido, antes de irnos a Europa Bastian y él se
fueron a una feria del coche pero cuando vinieron mi padre lo hizo más cabreado
aún. No soportaba que Bastian supiera más que él y eso le enfadó, mi novio no
sabía qué hacer y optó por callarse cuando me lo contó. Esa noche le demostré
que a pesar de que mi
padre no era el mejor suegro del mundo, yo podría ser la mejor mujer
para él. Justo en esta isla, aún me acuerdo como si fuera ayer.
– Nancy, ¿me escuchas? – Margaret se pone a mi lado.
– ¿Disculpa?
– Te preguntaba por el pavo, ¿cuánto le falta?
– Cuarenta y tres minutos aproximadamente. Lo he hecho yo – le miro
orgullosa.
Mi madre y ella se escapan a mirar la mesa y analizar la nueva
decoración que he traído desde Berlín para este día tan especial. Aprovechando
que ellas están allí, veo como Bastian viene para coger más vino ya que trae la
botella vacía. Se acerca a mi lado y me da un beso en la cara, nos ponemos de
espaldas al resto de la casa mientras le abro la botella de vino.
– ¿Cómo lo llevas? – Susurra mi novio.
– Bien si no fuera porque mi padre no disfruta.
– Dale tiempo nena, está acostumbrado a una vida y no se adapta aún a
que ya hayas formado tu propia familia.
– Ya ha pasado casi un mes desde que nos reconciliamos, ha tenido
tiempo, solo tiene que sonreír y fingir que es feliz.
– Se siente inferior. Él solo os tiene a vosotras dos mientras nosotros
somos cuatro hombres. De momento ha vuelto a hablarme tras el altercado en la
feria de coches.
– Sí, hoy habéis dado un paso cuando después de almorzar os habéis
puesto a jugar al billar.
– Ya te contaré nuestra pequeña conversación. Hemos hecho avances, –
besa mi nariz – además, solo tiene miedo a que te haga daño y eso no va a pasar
en la vida.
– Entonces convéncele de que no me harás daño, quizás hoy sonría y nos
dé una alegría.
– Lo hará. Mañana iremos al campo de golf antes de que se vayan a Crest
Hill y haremos otro pequeño avance.
– ¿Tus padres vendrán?
– No sé. ¿Quieres que vengan?
– No me importa. Es un día para pasar en familia.
– Entonces nos llevamos a la familia Trumper-Sullivan de golf. Nunca
hemos jugado juntos, la otra vez te sentaste y me miraste, – abraza mi cintura
y saco el corcho de la botella – te enseñaré algunos golpes.
– Si no he jugado es porque no quiero que te frotes en mi trasero, –
susurro apartándole de mí –
aléjate que vienen nuestras madres.
– Bastian, compórtate que hay gente en casa – dice Margaret.
– Madre, es mía y puedo hacer lo que quiera con ella. Discúlpame Nadine.
– ¿Disculparte por qué?
Las tres nos extrañamos.
– Por esto.
Mi novio me golpea el trasero tan fuerte que provoca que todos vuelvan
sus cabezas hacía mí, cierro la boca y la vuelvo a abrir, sus hermanos se están
riendo. Como hayan planeado algo así se van a acordar de quien es Nancy
Sullivan porque no me pienso acobardar ante ninguno de los tres.
Margaret reacciona mucho antes que yo y golpea a su hijo tan fuerte que
provoca las risas de
Sebastian, él no duda en hacernos saber que desde allí se está viendo
toda la escena.
– Compórtate, no he te he educado para que aporrees el trasero a tu
novia. Trátala bien.
– A ella le gusta madre.
Me sonrojo negando con la cabeza. ¿Cómo se atreve a decir esto delante
de toda la familia? Él no va a ganar puntos con mi padre si me trata de este
modo y ¿por qué hace tanto calor? Tengo que bajar la calefacción o tal vez debo
de no ruborizarme tanto cuando mi novio me azota. Anoche lo hizo en bastantes
ocasiones y ahora sé por qué ha repetido el gesto. Bastian se aleja de la
cocina dando un beso a mi madre que babea con mi novio. Seguimos haciendo la
cena y los hombres viendo la televisión.
El pitido del pavo nos avisa de que la cena está lista. Hemos ido
colocando la comida sobre la mesa, pero he sido yo la que lo ha organizado
porque así lo he pensado durante toda la noche mientras mi novio
dormía desnudo sobre mi cuerpo. Margaret ha dado más de un grito para
que sus hombres se levanten, incluso mi padre ya está en el baño pero hasta que
el padre de Bastian no se mueva, los demás no lo harán.
– ¿Lo vuelvo a repetir? – Margaret se planta en mitad de la casa con las
manos en la cadera.
– Un momento madre – replica Sebastian porque están viendo algo
entretenido.
Margaret resopla, Bastian tampoco ha hecho caso a su madre y me tiene
que ayudar a sacar el pavo.
– ¿Bastian, me
ayudas a sacar
el pavo por
favor?
Reacciona al instante levantándose sin quejarse, su hermano le dice algo
y mi novio le golpea en la cabeza. Cuando viene a la cocina lo primero que hace
es ponerse los guantes.
– Nancy, dime tu secreto – Margaret grita desde la mesa, está con mi
madre recolocando las sillas como les convienen, ahora iré yo a ponerlas como
quiero porque una no ha dormido toda la noche para nada.
– ¿Mi secreto? – Miro a Bastian – ten cuidado, no te vayas a quemar mi
amor.
– Tranquila nena, un pavo no va a acabar conmigo.
– Tú secreto para mover a un Trumper del sofá, no me hacen caso –
Margaret contesta y le levanto el dedo índice porque mi padre viene en mi
dirección.
– ¿Te ayudo? – Dice mi padre queriendo colaborar.
– Sí, por favor ayuda a Bastian a sacar el pavo del horno.
– Vale.
Mi padre avanza para ayudarle, bien, una cosa menos. Miro a Margaret que
habla con mi madre sobre el resto de los Trumper plantando raíces en los sofás.
Están concentrados en las noticias de la televisión y absortos en lo que pasa.
Trago saliva animándome a lo que voy a hacer, doy unos pasos hasta llegar a la
televisión y la apago.
Los tres Trumper gruñen removiéndose en sus asientos. Me agacho
intentando que sus figuras me tapen del resto de la casa, en especial de la
cocina.
– Estoy muy feliz porque estemos todos aquí. Me hace mucha ilusión que
pasemos todos juntos el día de Acción de Gracias, – les miro a los tres
intentando no fijarme en los ojos de mi suegro – pero como no mováis el trasero
vais a hacerme muy infeliz y no querréis verme llorar, porque mi padre se
enfadará, mi madre le regañará, Margaret se preocupará y Bastian os hará mucho
daño porque me habéis hecho llorar. ¿De acuerdo?
Hay un silencio brutal en la casa, incluso en la cocina.
– Habla demasiado – ruge Sebas.
– Con una mordaza estaría más guapa – Sebastian le responde.
– Hacedla caso – sentencia el padre de Bastian levantándose, acaricia mi
cabeza en gesto de cariño mientras ya está de camino a la mesa.
– ¿Lo habéis visto? – Miro a mis cuñados sonriéndoles – le caigo bien.
– ¿Quién ha dicho que le caigas mal? – Sebas me gira la cara siguiendo a
su padre.
– ¡Has tenido huevos! – Sebastian pone su brazo en mi hombro – hablar
así a tres Trumper ha sido una cosa muy poco inteligente pero muy valiente
también.
Besa mi cabeza y sigue los pasos de su padre y hermano. Bastian gruñe
desde la cocina y amenaza a su hermano con no tocarme nunca más o le retará a
un combate y no le importará acabar con su vida. Miro a Bastian regañándole y
me levanta la barbilla para hacerme saber que no le ha gustado el acercamiento
que he tenido con Sebastian. Niego con la cabeza y resoplo porque esto no ha
hecho nada más que empezar, todavía nos queda una vida entera llena de
reuniones familiares y esto va a ir de mal en peor.
Acabo con las verduras porque estoy muy nerviosa y todo el mundo está
comiendo cordialmente, nos hemos sentado tal y como había planeado en mi mente.
Sí. Justo al revés. Al final no nos hemos decidido donde sentarnos porque cada
uno cedía los asientos centrales que presiden la mesa. Todo ha sido un caos
hasta que Bastian me ha visto realmente agobiarme y ha hablado imponiendo los
asientos, ha sugerido que mi padre y su padre debían de presidir la mesa pero
el padre de Bastian se ha negado. Así que el dilema se ha acabado cuando he
dicho que cada uno se siente donde le plazca mientras arrastraba una silla
y me sentaba en ella. Todos se han unido a imitarme y mi novio preside
la mesa, su hermano Sebastian está en frente de él al otro lado y yo tengo en
este lado de la mesa a mis padres, en frente justo a Sebas y a su lado sus
padres. Ahora me siento mal porque mi padre tiene en frente a mi suegro y mi
madre a Margaret, ellas no han parado de hablar.
Todos nos envolvemos en pequeñas conversaciones, incluso el padre de
Bastian habla pero no más de tres palabras seguidas. Seguimos comiendo
tranquilamente hasta que Margaret nos alerta de que ya es hora de trinchar el
pavo. ¡Oh Dios! ¿Y si está crudo por dentro? Mi padre dice que está bien, ¿y si
no lo está?, ¿y si no les gusta? Mi pierna tiembla pero no me muevo cuando mi
madre y Margaret se levantan, Bastian me hace un gesto de que me levante
también pero me niego. Se acercan con el pavo al centro de la mesa y me
arrepiento de haberme encargado de todo. Se van a reír de mí si no sale
delicioso y no quiero aguantar las bromas de mis cuñados. Desde que le dije a
mi novio que aflojara sus amenazas tengo más confianza con ellos, eso implica
dejarles que se rían de
mí si es necesario aunque Bastian no lo apruebe.
– Voy a por los cubiertos – dice mi madre y se
va.
– Vamos, ¿quién va a trincharlo?
La voz de Margaret hace que todos se callen la boca, otro momento
especial que quería evitar. ¿Por qué todo es tan complicado? Debí haber hecho
una cena informal todos juntos antes de este día, así ya se conocerían y no
sería tan vergonzoso el tener que admitir una derrota si todo sale mal. Bastian
mueve mi pierna para que hable y decida, mi novio me apoya, pero también me
deja toda la responsabilidad y esto hace que me sienta presionada. Mi madre se
acerca con los cubiertos en las manos, los deja alrededor del pavo y se sienta
al igual que Margaret.
– Un pavo, ocho personas hambrientas y nadie hace nada – Sebastian se va
a levantar pero su padre le hace un gesto y declina la idea – ¿quién corta el
pavo? Bastian, es tu pavo, hazlo tú.
– En mi vida he cortado un pavo, – mi novio le replica – ¿padre?
– El Señor Sullivan debería hacerlo.
– Da igual, no soy bueno de todas formas – le contesta mi padre y hay un
silencio.
Me levanto arrastrando la silla bajo la atenta mirada de todos en la
mesa, me pongo entre mis padres y acerco el pavo a mi lado.
– Dadme vuestros platos – digo bajo los susurros de mi cuñado Sebas, le
acuso con el cortador de pavos – si tienes alguna objeción a que yo trinche el
pavo te invito a que lo hagas tú. ¿Quieres hacerlo?
– ¿Y perderme como lo destrozas? – Su voz ronca me impone pero no le
tomo en serio.
– Nena, yo te ayudo.
Mi novio se levanta y se coloca a mi lado. Ambos trinchamos el pavo
riéndonos porque no tenemos ni idea, Bastian ha amenazado a todos con no ver ni
un trozo de carne en los platos si no les gusta. Es un momento especial porque
es el primer pavo que trinchamos juntos y espero que no sea el último. Cuando
por fin nos servimos a nosotros mismos me besa en la boca y volvemos a nuestros
asientos, ha puesto demasiado en mi plato y nadie va a estropearme este momento
tan feliz en el que me siento más unida al hombre que amo.
La noche termina demasiado pronto para mi gusto porque nos encontramos
muy bien. Todos acabamos hablando animadamente en los sofás con algunos
pasteles de mi madre, los Trumper han devorado todos los dulces en dos
segundos. Bastian está a mi lado y no me suelta, no deja de susurrarme lo que
me va a hacer y yo le respondo que ni lo más mínimo porque mis padres dormirán
al otro lado de la casa. Llega el momento de la despedida por parte de los
Trumper y el padre de Bastian es el primero que se mete dentro del coche. Luego
es seguido por Sebas y
Sebastian. Margaret no nos quiere dejar pero ya es muy tarde y nos
encontramos en la puerta las tres mujeres para despedirnos.
– Mañana te doy la receta cuando nos veamos en el club – le dice
Margaret a mi madre.
– Claro, yo te escribiré también la del pastel de arándanos. Lo vas a
amar.
– Estoy deseándolo – Margaret me mira a mí y luego al interior de la
casa, mi padre se ha retirado a la habitación y mi novio está en la cocina
limpiando – cariño, ha sido una noche que no voy a olvidar.
– Espero que no sea la última, – nos damos un beso y un abrazo – gracias
por venir.
– Gracias a ti que has traído felicidad a mi familia y a mi hijo.
Nadine, adoro a tu hija.
– Ella es una chica excepcional – mi madre acaricia mi espalda
orgullosa.
– Nos vemos mañana entonces.
– Adiós Margaret.
Nos saluda con la mano y cuando la vemos que se ha metido en el coche
cerramos la puerta.
Le sonrío a mi madre que se despide de Bastian porque también se retira
a dormir. Mañana nos vamos todos al club de golf y tendremos otro día en
familia. Cuando mi madre cierra la puerta de la habitación suspiro poniendo
ambas manos en mi cabeza, Bastian se coloca detrás de mí y me abraza.
– No me digas que no ha sido una noche que ha superado la perfección
infinita.
– Lo ha sido, – pongo mis manos sobre sus brazos y ladeo mi cabeza – ha
superado la perfección si no fuera por los comentarios de tus hermanos.
– Es su manera de demostrarte afecto.
Acaba sentándome sobre la isla, le gusta controlarme desde mi cintura y
a mí me gusta que lo haga. Echo un vistazo a la puerta de la habitación donde
duermen mis padres y vuelvo a poner mis ojos sobre los suyos.
– Olvídate, no vamos a tener nada de nada mientras estemos bajo el mismo
techo que mis padres.
– Ums, – ronronea – quiero tener mucho sexo pervertido. Te dije que
insonoricé nuestra habitación para que podamos tener intimidad cuando nuestros
invitados estén en casa.
– Ellos no son invitados, son mis padres y no me siento bien haciendo
cosas mientras ellos están al otro lado de la puerta.
– ¿Qué tipo de cosas?
Muerde mi labio y le aparto porque sé que no me voy a resistir a
morderle de vuelta, empezaremos
una guerra de labios y acabaremos devorándonos aquí mismo.
Bastian me ayuda a recoger un poco y cuando acabamos nos encerramos en
nuestra habitación. Me ayuda divertido a bajar la cremallera del vestido
metiéndome mano mientras le beso y dejo que me acaricie. Consigo desprenderme
de la prenda sintiendo que he ganado más peso desde que he vuelto con Bastian.
Mi novio sale del baño en bóxer y le obligo a ponerse un pijama porque yo me he
puesto un conjunto de satén bastante sexy. Está enfadado.
– ¿Y ahora qué? – Gateo en nuestra cama hasta dejarme caer sobre ella.
– No quiero que te pongas nada para dormir. Yo sí. Puede que pase algo
en la casa y no puedo aparecer desnudo cuando os tenga que salvar a todos.
¿Pero tú?
– Eso es injusto. ¿Tú no puedes aparecer desnudo y yo sí?
– Pondría una sábana sobre tu cuerpo y te llevaría en brazos, – me
sonríe jugando con el fino hilo de mi pequeño vestido ajustado – y estarías a
salvo.
– Ah, ya. Tú me quieres desnuda para ti pero tú no te quieres quedar
desnudo por si juegas a ser Batman. Ya tienes el coche, así que solo te falta
la heroicidad.
Le doy un manotazo a su mano porque la deja en mi barriga y sé lo que
quiere, desde que hemos vuelto no deja de pedirme lo mismo y a mí me aburre su
actitud.
– Te gusta mi coche de todas formas, – me frunce el ceño – podrías
desnudarte, aunque me gusta la idea de que lleves puesta esta lencería. Te ves
tan caliente que te toco y ardo en llamas.
– Bobo.
Muevo mi cabeza arrastrando mi cuerpo junto al
suyo, nos tapamos y dejamos la luz de su mesa de noche para que nos
ilumine mientras estamos abrazados. Disfrutamos el uno del otro mientras cierro
los ojos y pienso que jamás había imaginado que podría sentir algo más por
Bastian pero cada día me sorprendo. Todo son avances en nuestra relación porque
no hay secretos o misterios y si tenemos un problema lo hablamos. También le
noto más calmado y relajado. Nos sociabilizamos más con nuestros amigos que en
eventos públicos, no va tanto al gimnasio a pesar de que tenía el campeonato en
Europa y lo mejor de todo es que me demuestra día a día lo mucho que me quiere.
Hoy por ejemplo ha cortado tres flores del jardín porque le recuerda a su
infancia cuando también ayudaba a su madre con las flores. Su confesión me ha
dejado helada ya que siempre le he dicho que hacía lo mismo. Es como si poco a
poco se fuera abriendo más a mí para mostrarme el verdadero Bastian. Un Bastian
que solo yo voy a tener el placer de conocer.
Acaricia mi cabeza mientras levanto una pierna sobre su cuerpo para
acomodarme un poco más. Siento sus dientes sobre mi piel porque está
metiéndose mis dedos en su boca. Le encanta hacerlo.
– ¿En qué piensas?
– En lo mucho que te quiero – escondo mi cabeza porque me voy a poner
nostálgica y no quiero eso.
– Yo también, aunque algún día llegarás a amarme como yo a ti y
comprenderás mi locura, – le golpeo y se ríe – es verdad.
– Nunca has tenido el don de la palabra.
– Eso es porque soy sincero nena, – me aprieta fuerte contra él –
entonces, ¿ha sido perfecta tu noche?
– Sí, aunque se me haya perdido el diamante. Me siento mal.
Esta mañana he perdido el diamante de mi anillo y casi he llorado. Mis
padres nos han ayudado a
buscarlo pero no hay manera de encontrarlo, sabía que me iba a pasar eso
y no he podido evitarlo.
– Te compraré otro, no te preocupes.
– No quiero otro. Quiero ese, el mío. Soy tan desastre.
– No te digas eso nena, hoy no has parado de moverte y era normal. No
estaría tan sujeto como me dijeron. Te pondré otro sobre tu dedo.
Cierro los ojos y los vuelvo a abrir. Estar tan en calma y en paz me
hace querer hablar con mi novio por toda la noche. Él no se duerme hasta que yo
lo haga por mucho que tenga sueño, necesita saber que estoy a salvo para poder
descansar. Pero nos vemos envueltos en una relajación tan perfecta que quiero
aprovecharme de este momento.
– Bastian, ¿por qué han parado las llamadas?
– No lo sé. Me alegro de que sea así.
– ¿No crees que hayan sido Ria, Neil y Molly? Anoche tu hermano dijo que
podría ser cualquiera, podrían haber contratado a algún otro hacker y esconder
bien la procedencia de las llamadas.
Bastian me mira y acaricia mi cara.
– Eso nunca lo sabremos, si vuelven a molestarnos pondremos medidas más
serias y daremos un paso antes de que lo hagan ellos.
– ¿Ellos?
– Sí, tus llamadas y las mías. Son dos jadeos diferentes.
– Ah. Pues yo no los diferencio tanto. Sebas y tú tenéis buen oído.
– En algún momento cometerán algún error y entonces no van a vivir para
el arrepentimiento.
– Es raro, ¿no crees? Quiero decir, me llamaron a mí y poco después
comenzaron con tus llamadas. ¿Creían que nos íbamos a enfadar o a ocultarnos
que nos llamaban?
– No sé cuáles eran sus intenciones nena. Ni las quiero saber porque me
duelen.
– Yo creo algo así, – suspiro – he visto muchas películas del FBI y sé
de lo que hablo. ¿Vas a avisar a tu amigo del FBI?
– De momento, cuantas menos personas lo sepan mejor. Mis hermanos son
más que suficientes, Sebastian es un genio y Sebas tiene mucho acceso a los
aparatos que utilizan en el Senado para las declaraciones de testigos.
– Si yo fuera la persona de las llamadas pensaría en no hacerlo más, no
sabe que tarde o temprano descubriremos quien es.
– Exacto. Descarto
a los tres
porque entre
todos no suman ni medio cerebro. Tiene que ser alguien que me odie y es
una lista bastante larga.
– A lo mejor es una ex amante tuya.
– Nena.
Me regaña porque está prohibido hablar de ex en nuestra cama. La última
vez me puso su mano en la boca como castigo y no dejó que hablara por cinco
minutos, pero acabé haciéndole cosquillas y yo misma perdí cuando él me las
devolvió.
– Lo siento, solo me preocupo. No quiero que te enfades si vuelve a
pasar, o si lo pensamos bien, ya no va a ocurrir de nuevo.
– Espero que no, – su voz se ralentiza porque sé que tiene sueño – no
dejaré que nada te pase. No hay nada que pueda con nuestro amor Nancy, no te
olvides de ello y si lo haces me encargaré de recordártelo día tras día.
– Nunca me olvidaré. Durmamos, – bostezo yo también – tengo sueño y
mañana nos espera otro día en nuestra falsa casa de la pradera.
Bastian se ríe a carcajadas y cambia de posición colocándose sobre mi
cuerpo, le gusta dormir enterrando su cabeza en mi cuello y yo me he
acostumbrado a que esta sea mi postura favorita cuando dormimos.
– Buenas noches, reina de mi reino, – besa mi cuello – no tardes en
dormirte o no duraré mucho despierto.
– Te quiero Bastian, te voy a echar de menos mientras duermo.
Cierro los ojos invadiéndome el sueño mientras mi novio susurra lo mucho
que me ama.
CAPÍTULO 22
Susurro cantando canciones navideñas porque quiero contagiarme del
espíritu, ya han llegado mis fiestas favoritas del año y me muero de ganas por
pasarlas junto al hombre de mi vida. Estoy feliz, radiante y plena en todos los
sentidos porque la relación con mi novio es la que siempre había soñado, porque
en la realidad es mucho mejor que en mis sueños y porque esto me completa como
persona al vivir en paz conmigo misma amando a Bastian. La Navidad es la época
del año que más me gusta por la
familia, el ambiente, la felicidad, las compras, la nieve y todos los
dulces que hay en los escaparates.
Con un bastón de azúcar colgando de mis labios chupo este sabor que me
vuelve loca mientras paso un hilo por una de las figuras que hemos comprado.
Quería un árbol, decorar la casa, hornear galletas y embriagarnos del espíritu
navideño, y Bastian me lo ha dado todo, estoy frente al mejor abeto del mundo
junto con miles de decoraciones que hemos comprado para nuestra primera
Navidad. Estoy algo nerviosa porque para mí significa mucho más que unas
simples fiestas, es el hecho de que mi novio y yo nos juntemos y hagamos este
tipo de cosas porque es lo que hacen las familias. Dejo el bastón de azúcar
porque se me cae la baba y no puedo cantar canciones como me gustaría, mi
pronunciación es penosa pero nadie me escucha excepto Lorain que está en algún
lugar de la casa.
Estoy en pijama y no tengo intención de cambiarme. Luego me pondré un
abrigo cuando obligue a Bastian a enchufar las luces del tejado y veamos el
resultado final, dice que lo quiere hacer él
solo porque es lo que los hombres hacen y no voy a discutir sobre eso.
Seguramente me repita en varias ocasiones que debimos haber decorado la casa
mucho antes y no a tan solo unos días de Navidad, pero no es mi culpa cuando
nos hemos envuelto en una rutina donde el sexo y nuestro amor eran más
importantes que decorar nuestra casa. Así que ayer nos obligamos a dejar la
cama y salir a última hora para comprar nuestro árbol y miles de decoraciones
que Bastian hizo que nos trajeran en un camión. Ahora tenemos toda la casa
llena de cajas y no sé por dónde vamos a empezar.
Echo de menos a Bastian porque no está conmigo en estos momentos, me
prometió que volvería pronto pero aún no ha aparecido y quería despedirse de
Lorain ya que se va hoy de vacaciones. Esta mañana ha recibido una llamada
avisándole de que anoche se pelearon dos de sus empleados en la fiesta de
Navidad que hicieron en el Chase y se ha ido temprano para hablar con ellos
sobre lo sucedido. Sí, mi Bastian es más sensible en estas fechas y también
tras obligarle a prometerme que no iba a despedirlos.
Supongo que estará entretenido en gritarles lo suficiente como para que
no vuelvan a hacerlo.
Miro el reloj y decido abrir otra caja, he matado mi tiempo haciendo un
diseño sobre cómo vamos a colocar las cosas, hago muchos avances sola y no me
gusta porque quiero a mi novio junto a mí. Lorain aparece desde el garaje y
viene en mi dirección, se ha quitado el uniforme que Bastian le obliga a llevar
para vestirse como ella lo hace siempre. Está guapísima.
– Señorita Nancy, – le he dicho que no me llame así pero no hay manera –
ya me voy.
– Oh Lorain – me levanto uniéndome a ella abrazándole – que pases unas
navidades preciosas y que disfrutes mucho con tu familia.
– Ustedes también, os adoro a los dos. Dale gracias al señor por el
avión, dígale que me evitaré los retrasos en los aeropuertos.
– Por supuesto, no tardará en
venir de todas
formas. En cuanto llegue le diré que te llame para despedirse. Te voy a
echar de menos Lorain, espero que llegues bien.
– Te llamaré en cuanto aterrice.
La dejo por un momento para darle lo que tenía preparado para ella, unos
regalos, unos dulces de mi madre y un sobre con una buena cantidad de dinero
porque Bastian no sabía que comprarle. Hombres.
– Eso es para ti Lorain y espero que te guste todo. Quiero que lo abras
cuando estés en el avión o en casa con tu familia y así no te olvidas de mí.
– Señorita Nancy, esto no era necesario.
– Sí lo era y quiero hacerlo. Ahora vete ya que va a empezar a nevar de
aquí a nada. Ten cuidado y nos llamamos.
Nos abrazamos de nuevo y la acompaño hasta la puerta. Mientras la veo
irse me apoyo en el marco y
veo que efectivamente, está empezando a nevar. ¿Dónde estará Bastian?,
¿por qué tarda tanto? A lo mejor ha ido a por mí regalo. Mi novio y yo hemos
estado discutiendo que nos íbamos a regalar, le he dicho que no quiero dinero
sino algo bonito que haga con sus manos pero él lo lleva todo al sexo, dijo que
tenía en mente una cosa y que hasta el día de Navidad no me lo iba a dar. Yo le
he comprado una alianza porque probablemente me dará mi diamante pronto,
también le he comprado unos jersey con decoraciones navideñas y me muero de
ganas por ver la cara que va a poner cuando me ría de cómo le quedan. Pero lo
más importante que le voy a regalar va a ser un retrato semi desnuda que me ha
hecho una de las amigas de Rachel, le he tenido que mentir diciéndole que me
iba a casa de mi amiga para hablar de nuestras cosas cuando la artista me
dibujaba. Espero que todo le guste y que se sienta feliz a mi lado.
Tengo que llamar a Rachel porque no me va a dar tiempo una vez que mi
hombre atraviese la puerta de casa. Ella se va con Alan a Dakota del Norte y
luego regresan para la gran fiesta sorpresa que le he
preparado a Bastian para su treinta y ocho cumpleaños. He contado con la
ayuda de todos y ahora que estamos de vacaciones no sé cómo me voy a deshacer
de él para ultimar los detalles, espero que todo salga a la perfección. Le he
mandado que me compre algunas cosas para almorzar hoy pero supongo que tendré
que cocinar la carne, no sé si esperarle o simplemente pedir comida y que me la
traigan antes de que la nieve cubra mucho más la ciudad. Estoy preocupada, miro
la hora de su último mensaje y solo han pasado cuarenta minutos desde que me
escribió. Todavía estaba en la oficina hablando a los incompetentes de sus
empleados sobre lo malo que es pelearse en una fiesta de Navidad, es decir, les
está gritando y no puede parar de hacerlo porque ya les advirtió que les dejaba
hacer la fiesta con la condición de que no hubiera ningún altercado.
Me tumbo en el sofá y vagueo, no quiero avanzar más con abrir las cajas
porque Bastian estará a punto de venir. Decido teclear el número de Rachel,
ahora no puedo tener ningún número guardado desde que Sebastian nos dijo que
era lo mejor por lo que
sucedió con las llamadas. Espero a que me coja el teléfono, me gustaría
haberla visto antes de irse pero estamos muy ocupadas y ayer nos despedimos
hasta el punto de llorar porque nos íbamos a echar de menos.
– Nancy, ¿qué tal? Me has pillado cerrando la maleta. Creo que he
exagerado con mi ropa de invierno.
– Te vas como a un rancho cubierto de nieve, la necesitas. ¿Y Alan?
– Le he mandado a que me compre donuts, él lleva una maleta en su coche
y parece que no está muy interesado en poner mis cuatro atrás. Dice que me
deshaga de dos y me niego a dejarlas. Las necesito
– se ríe y yo también – ¿y tú hombre?
– Mi hombre se fue esta mañana enfadado porque anoche se pelearon dos
empleados en la fiesta de Navidad, seguramente esté disfrutando de gritarles.
– ¿Bastian gritando?
No puedo creerlo.
¿Cuándo os vais a Crest Hill o vais en la misma noche?
– A Crest Hill vamos el día de Nochebuena después de almorzar con sus
padres y el día de Navidad vamos todos a la casa de los Trumper para pasar el
día allí.
– Qué emoción ¿no? Yo también estoy ilusionada porque mis abuelos vayan
a conocer a Alan.
– Espero que todo te vaya muy bien, te voy a echar de menos y dale las
gracias nuevamente a Sasha por el retrato, lo tengo bien escondido para que
Bastian no sepa nada.
– No te olvides de fotografiarle la cara, quiero ver su reacción. Ah, y
también cuando se ponga el jersey de lana marrón del reno, estoy segura de que
va a amar tocar la nariz roja del animal.
– ¡Pobre! No te rías de él, no debí comprarlo.
– Yo también tengo uno para Alan, va a ser nuestra pequeña broma por
todo lo que nos hacen sufrir con sus tonterías. ¿Sabes qué? Creo que al final
se va a ir con mis primos al hockey mientras mis abuelos y yo vamos a misa. Más
le vale que se ponga el jersey o se lo haré pagar muy caro.
Rachel y yo nos reímos mientras compartimos nuestras bromas. Le cuento
mis planes de Navidad, es verdad que este año hemos aumentado la familia y que
no podemos dividirnos tanto, pero al final hemos decidido cenar en Nochebuena
en Crest Hill y pasar todos juntos el día de Navidad. Al día siguiente he
organizado una cena con los padres de Bastian, también van a venir mis padres a
cenar en estas fechas antes del cumpleaños de mi novio, además de que hemos
quedado en almorzar y salir de copas con mis cuñados y algunos amigos. Quiero
hacer de celestina y juntar a las gemelas con mis cuñados, plan muy encantador
y que Bastian no aprueba pero se divierte viéndome feliz e intercambiando
opiniones con los cuatro. Todas estas fechas hacen que sienta que el espíritu
navideño corra por mis venas, y podría correr
mucho más rápido si mi novio se dignara a aparecer por la puerta.
– Bueno Rachel, te voy a dejar porque voy a llamar a mi novio a ver
dónde se ha metido. Quería un pollo asado para almorzar pero me parece que voy
a guisar carne y comeremos eso.
– Está bien, seguro que se ha entretenido comprándote tu súper-regalo de
alto secreto.
– ¿De verdad que no te ha dicho nada? Como sepas algo y no me lo cuentes
te entierro en la nieve con una pajita para respirar.
– ¿Tú ves a tú novio compartiendo secretos conmigo? No le caigo bien y
ya le he pillado en dos ocasiones llamándome pitbull, como vuelva a hacerlo va
a ser él el enterrado.
– Lo hace para fastidiarte cariño, él nunca te llama pitbull delante de
mí.
– Gran bastardo, lo hace a tus espaldas para que no le regañes. Muy
inteligente tu novio.
– Lo es, pero va a dejar de serlo como no plante su trasero en casa.
Rachel, dale muchos besos a Alan y a tus abuelos, promételes que nos escapamos
un fin de semana para conocerlos. ¿De acuerdo?
– Van a estar muy felices, se mueren de ganas por ver a Nancy y mi
abuela por ver a…
– Bastian Trumper. No sabía que tu abuela veía ese tipo de cosas en
televisión – nos reímos porque ha hablado con mi novio por teléfono y le ha
hecho ilusión.
– Te llamo cuando estemos en camino.
– Está bien.
Nos despedimos y cuelgo. Suspiro desesperada mientras llamo a mi novio,
espero, espero y espero pero no me coge la llamada. Si estuviera comprándome un
regalo ya me lo hubiera dicho, no sé
si debo de avisar a algunos de sus hermanos para que le localicen. No.
No voy a convertirme en una histérica porque no esté aquí, prepararé el
almuerzo y le esperaré con los brazos abiertos. Quizás me ponga algo sexy y
atrevido para cuando llegue. Abro la puerta para ver que la nieve está
empezando a caer con fuerza y tengo miedo, ¿y sí me quedo encerrada bajo una
montaña alrededor? Bastian me explicó cómo usar el quita nieves que tenemos en
el garaje pero no tengo ni idea de cómo funciona, debí de atenderle cuando me
lo explicó y no centrarme en morderle el cuello.
Me entretengo en cocinar mientras veo la televisión, macero la carne,
corto las verduras y horneo unas galletas haciendo tiempo para que Bastian
regrese a casa. No quiero preocuparme pero lo estoy, es extraño que no aparezca
y que esté tanto tiempo sin saber nada de mí. No quiero alarmar a sus hermanos
o a su madre, pero estoy a punto de preguntar a todo el mundo si saben dónde
está mi hombre. ¿Y si llamo al Chase? No, no sé el número de su oficina porque
apenas he memorizado los de mi familia y amigos.
Suspiro concentrada en lo que hago y en darle llamadas, pero no hay
manera de localizarle.
Pasa una hora desde que he cocinado y guardado el almuerzo para
calentarlo en cuanto venga. He hecho una montaña de galletas que ni yo misma
tengo ganas de comer. Mi casa está hecha un desastre porque hay cajas de
decoración navideña por todos lados, el árbol está verde y triste, y yo sigo en
pijama esperando a que mi novio regrese conmigo.
Me siento en el sofá muy nerviosa esperando la llamada de Bastian, envio
un mensaje a Rachel y ella le intenta localizar pero no responde. Ella me ha
animado diciéndome que a lo mejor está en algún atasco por la nieve o quizás
comprando mi súper-regalo secreto, pero dudo que sea así, él hubiera arrasado
con todo antes de estar más de tres horas sin saber de mí.
Cuando creo que me voy a cortar las venas por la espera y mi
impaciencia, el teléfono de casa suena y lo descuelgo.
– Nancy – la voz de mi hombre suena al otro lado y ahora puedo respirar.
– Me has dado un susto de muerte, ¿dónde te has metido?
– Si te cuento la historia no te la crees, se han peleado delante de mí
y he tenido que llamar a la policía.
– Oh Bastian, ¿estás bien?
– Yo sí nena, pero la policía no podía mandar a ninguna unidad porque ha
empezado a nevar y ya sabes los atascos en la Avenida Michigan. Así que hemos
tenido que esperar un buen rato a que vinieran mientras evitaba que se lanzaran
puñetazos el uno con el otro.
– ¿Quiénes son?
– No los conoces, se ve que uno de ellos ha
hecho una venta muy importante y el jefe de gabinete le ha dado un
ascenso. Así que el otro se ha enfadado porque le recrimina que le ha robado el
proyecto que presentó para la venta y se han pegado. Unos ganchos muy pobres
pero uno de ellos es fuerte y casi ha aplastado al otro.
– Vaya, ¿y ya estás en camino?
– Sí mi dulce Nancy. Voy a comprarte el pollo y los ingredientes que has
apuntado en la nota, la llevo en el bolsillo izquierdo.
– Es tarde, son casi las dos de la tarde. Ven a casa que te echo de
menos – me gruñe y me muerdo el labio.
– Yo también estoy deseando volver a casa pero voy a Galerías Trumper,
haré las compras que me has mandado y cuando llegue a casa te voy a devorar
centímetro a centímetro.
– Eso suena como un buen plan, tarde nevando y sexo pervertido.
– Además, cuento los minutos para que empecemos a decorar nuestra casa.
Creo que somos los últimos americanos en hacerlo, pero tendremos la mejor
decoración de América y parte de Asia.
– ¿Parte de Asia?
– Sí – se ríe, me gusta cuando está divertido – ah, revisa tú móvil,
creo que te has quedado sin batería.
– Puede ser porque te he enviado como dos mil mensajes y llamadas.
– Lo siento nena, no podía avisarte antes. He tenido que testificar y
dar mi versión a la policía, luego he acompañado a estos hombres por separado a
sus coches y acabo de terminar. Ha sido una mañana rara en la que he estado
enfadado pero se me ha olvidado porque ahora me quedan dos semanas de
vacaciones con mi reina.
– Estoy deseando que vengas a casa, aún estoy en pijama y apenas me he
comido unos dulces. He horneado galletas de todas formas y no las he tocado
porque son especiales para ti, he conseguido meter la masa en el molde y
decorar a Santa Claus.
– Mías. No te las comas, las quiero para mí.
– Son para ti. Había cocinado algo pero voy a guardarlo, prefiero el
pollo.
– Exacto. Nena, estoy entrando en las galerías y no escucho nada porque
está lleno de gente, te llamo en cuanto coja el coche.
– Vale. ¿Bastian?
– ¿Sí?
– Te quiero – me sonrojo.
– Yo también te quiero nena.
Le cuelgo la llamada porque me voy a poner a llorar con el simple hecho
de imaginar a mi hombre haciendo recados para mí. Aunque él es grande,
testarudo, frustrado y obsesivo, no quiere decir que no sea romántico y el
mejor novio para mí. Bastian se esfuerza para ser un hombre normal y yo no le
tomo en cuenta cuando me cierra tiendas para que pueda hacer mis compras sin
que nadie me moleste.
Mientras le espero cambio de canal en la televisión y me levanto con la
impaciencia de esperarle, de verle entrar por esa puerta y engancharme a su
cuerpo como si no lo hubiera visto en siglos. Abro la puerta del jardín para
que me refresque el aire frío, estar con la calefacción encendida hace que mi
cara se vuelva roja y el estar enamorada de Bastian acordándome de él no ayuda
con mi color. Veo como cae la nieve en este paisaje blanco que dibuja mi
jardín, la piscina está cubierta y los muebles a salvo, no existe nada más que
la nieve dejando esta belleza ante mis ojos.
– Por fin he
encontrado la felicidad
plena –
susurro.
Cierro las puertas y me vuelvo a sentar ya que mi león no tardará mucho
en llegar. Jamás había deseado tanto verle como hoy y no sé por qué.
Estoy viendo la serie de televisión de mi amado físico y me duele el
vientre de tanto reír. Hay dos personas que me hacen reír, una de ellas es
Bastian cuando hace cualquier cosa que no suele hacer y la otra persona es
Sheldon Cooper hablando o inclusive no hablando. En los anuncios frunzo el ceño
mirando la hora, tengo el móvil cargando delante de mí y mi novio se está
entreteniendo demasiado en hacer las compras, son pasadas las tres de la tarde
y la nieve no ha cesado. Suspiro y le doy una llamada, debería estar dentro del
coche o quizás me quiere dar una sorpresa y ya está regresando.
Me muerdo la uña del dedo pequeño ahora no tengo a nadie que me vea y mi
paciencia está llegando a su límite. Quiero a mi novio ahora mismo, ya sé lo
que siente él cuando no puede estar cerca de mí para
tocarme, abrazarme o besarme, te entiendo tanto mi vida. La serie vuelve
de los anuncios y me centro en verla para distraerme hasta que mi móvil suena.
Lo alcanzo, es Bastian.
– Por fin llamas cariño, dime que te estás en un atasco porque me muero
de hambre y quiero tenerte en casa.
– Señorita Nancy, no soy Bastian.
– ¿Qué?
– Soy Ryan, ¿estás en casa?
– ¿Ryan, qué haces con el teléfono de Bastian?
– Me extraño – ¿no se suponía que ayer te dio vacaciones?
– ¿Me oyes bien? No puedo oírte. Dame un segundo para salir a la calle
que aquí hay mucho ruido.
Me levanto del sofá extrañada e intentando inhalar todo el aire posible
por la boca, escucho ruidos al otro lado de la línea y no sé de donde
provienen.
– Ryan, no puedo oírte.
– ¿Mejor ahora?
– Sí. ¿Dónde está Bastian?
– Te voy a pedir que te sientes si no lo estás y dejes que te explique
donde se encuentra Bastian. Prométeme que…
– ¡A la mierda Ryan! ¿Dónde está mi novio? – Me enfado.
– Estoy intentando hacer esto de la mejor manera posible por tu
seguridad.
– Habla.
– Señorita Nancy, Bastian ha sufrido un infarto
de corazón.
– No.
Me vuelvo a sentar. No puedo estar escuchando esto. No hoy. No ahora. No
nunca.
– Nancy, voy a mandar la jodida formalidad a tomar por culo. Escúchame
bien, me han llamado avisándome de que Bastian ha sufrido un infarto y necesito
que estés bien para que puedas venir.
– ¿Qué… qué le ha…? – Empiezo a llorar y me derrumbo – es una broma.
– No es una broma. Te voy a dar una dirección, te vas a meter en un taxi
y vas a venir al hospital. No puedo localizar a Kezza para que te recoja y yo
tardaría mucho más con el atasco que hay en la Avenida Michigan.
Mi corazón se me para en el momento que he escuchado Bastian, las
lágrimas me invaden y dejo
caer el móvil. Lloro desconsoladamente mientras me levanto, mi cuerpo no
puede moverse y me caigo en el suelo. Gateo hasta que me ayudo del sofá para
levantarme. ¿Por qué? No puedo controlar los llantos que se escapan por mi
boca, las lágrimas no me dan descanso y vuelvo a caer. Ruedo mi cuerpo hasta
dejar que mi espalda toque el suelo, revolviéndome en la miseria de haber
perdido al hombre de mi vida.
Pierdo la noción del tiempo en cuanto me levanto porque el móvil sigue
sonando en algún lugar de la casa. Me levanto apartando los mocos de mi nariz y
me lanzo sobre el sofá para coger la llamada. Ha sido una broma, mis cuñados me
han gastado una broma, él está en casa.
– Bastian.
– Nancy, por favor, – es la voz de Ryan – quiero que pienses con la
cabeza. Él no está muerto.
– ¿Qué?
Un escalofrío hace que se me encojan todos los músculos al escuchar la
última frase. Él no está muerto. Combato con el nudo que se ha formado en mi
garganta y me centro en lo que me está diciendo Ryan.
– Así que coge papel y bolígrafo que te voy a escribir la dirección. Te
espero en la puerta.
– ¿Él no… él no… no… no está…?
– Él vive Nancy pero no me dicen nada aún. Quiero que estés aquí. Ya
sabes cómo se pondría si no te viera en cuanto abra los ojos.
– Por… por… por favor… por…
– Nancy, hazme caso. Papel y bolígrafo que te espero en el Hospital
Mercy. Como no estoy seguro de que puedas hablar con el taxista le das el
papel.
– Yo… yo… Ryan… por… por favor que no…
– Calma. Ven y te cuento.
– Te… te lla… te llamo ahora.
Cuelgo la llamada y pongo una mano en mi frente, no puedo hablar, es
como si se hubiera secado un cargamento de cemento dentro de mí que me paraliza
cada uno de mis movimientos. Consigo arrastrar mis pies hasta el vestidor. Me
pongo un abrigo que me cubre casi todo el cuerpo y unas zapatillas deportivas,
no tengo fuerzas para pensar en nada más. Cojo mi bolso y el móvil, la pantalla
se ilumina con el nombre de Bastian, sé que no es él quien está al otro lado y
me destroza el alma.
– Nancy. ¿Qué haces? Papel, boli y apunta. Hospital Mercy. Creo que es
suficiente, no podrás hacer nada más. Te necesito bien.
– Yo quiero ver a mi Bastian.
Mis piernas me fallan y me caigo al suelo haciendo que el móvil se me
resbale de las manos. Lloro con la desesperación de que él no está aquí y no
sé si estará junto a mí nunca más. Él no está… no está… mi novio vive,
sí… él… vale… vive. Correcto. Sí. Paso la manga de mi abrigo por mi cara y
vuelvo a poner el móvil en mi oreja.
– Nancy.
– Voy a llamar a un taxi.
– De acuerdo, Hospital Mercy, Avenida Michigan. El taxista sabrá donde
está, llámame cuando te recoja.
– Ryan, – dejo que los sollozos se me pasen para coger fuerzas y
hablarle – no dejes que le pase nada por favor. Yo… yo me muero si él no…
– Me han dicho que vive. Ya es algo. Ahora sé fuerte y ven al hospital.
Te espero en la misma puerta y tranquilízate.
– No… ¿Ryan?
– ¿Sí?
– El número del taxi. No sé.
– Cuelga. Lo llamo y llegará de diez a quince minutos, quizás un poco
más si se encuentra tráfico. Siéntate y cálmate.
Dejo de oírle cuando cuelga la llamada y me siento en el sofá. Mi mente
se queda en blanco por lo que parecen horas, mi Bastian está en un hospital
porque le ha dado un infarto y un sentimiento de culpa me invade el alma. Entre
mis sollozos incontrolables consigo pensar en que mi hombre se va a poner bien,
es un hombre que hace deporte y está sano, por lo tanto, él está bien. El taxi
viene y corro como puedo hacía la entrada, abro la puerta y cuando diviso un
coche amarillo me animo a correr más hasta que mi cuerpo siente el calor de la
calefacción.
– Hospital Mercy, ¿verdad?
– Sí… por favor.
Pone la música y me quedo embobada viendo la nieve caer. No quiero
pensar que vamos a estar mal, voy a recoger a mi Bastian y lo traeré a casa.
Sí. Lo traeré a casa y mi león pasará las navidades encerrado y reposando para
que no se ponga enfermo. Sonrío sin exteriorizarlo porque al final él ha
conseguido enfermarse y yo no, aunque como muchos más dulces que mi novio.
Respiro con impaciencia cuando un número entrante me está llamando y descuelgo
la llamada.
– Soy Ryan de nuevo. Me he dado cuenta que no ha sido apropiado usar su
teléfono, pero no tenía tú nuevo número en mi agenda.
– ¿Cómo está?, ¿sabes algo? Por favor, dime algo. Yo quiero… él está
bien… quiero traerlo a casa, contrata a un médico, enfermeros, lo que necesite…
yo lo quiero aquí… puede estar en casa.
– No sé el estado de gravedad Nancy. Tenemos que esperar. Venga, te
espero aquí. No debes de tardar
mucho, le he dicho al taxista que corra pero con precaución. No se lo
diga al señor o me enviará al infierno.
– Ryan, consigue que no se muera y te construyo un monumento. No dejes
que mi león me deje sola en este mundo porque moriré si él lo hace.
– Va a salir todo bien. Lo prometo.
Esa afirmación me llena el alma de esperanzas. Bastian ha sufrido un
infarto de corazón pero en el suyo solo estoy yo, así que no va a estar mal. Mi
hombre va a estar bien. Sí. Estoy preocupándome demasiado.
Cuando veo que nos acercamos al hospital se me hace un nudo en el
estómago, todo junto al cemento que he fabricado innecesariamente porque mi
Bastian va a ponerse bien. Estoy asustada y tengo mucho miedo. No sé si… no sé
si mi hombre estará tan sano como quiero imaginar, ¿y si no lo está? Empiezo a
hiperventilar cuando el coche se para en la
puerta del hospital. Mis dos manos se pegan al cristal con restos de
nieve y miro hacia la puerta.
– Mi Bastian.
– Señorita. ¿Le ayudo?
– Quiero a mi novio, por favor.
No sé cómo consigo salir del taxi o si le he pagado pero el hombre me
acompaña hasta la puerta y me deja sola entre las personas que entran y salen a
toda prisa.
Ryan. No veo a Ryan. ¿Dónde está Bastian? Camino ciegamente como una
zombi sujetando mi bolso, no dudo en acercarme al mostrador y una mujer me mira
mal.
– ¿Qué desea? Vuelvo a repetir, si vienen a por el aguinaldo el hospital
ya lo ha donado al albergue.
– Mi… mi novio ha tenido un… un infarto y…
– Planta 3. Cardiología. ¿Siguiente?
Un hombre me aparta y ni me había dado cuenta que estaba detrás de mí.
Miro asustada a todos lados y leo en una placa que la planta de cardiología se
encuentra en la Planta 3 como me ha dicho la mujer.
Consigo dar un paso tras otro y logro subir las escaleras. Los
ascensores tardarán mucho porque la gente no deja de ir de un lado hacia otro.
No sé cómo consigo subir las escaleras cuando leo “cardiología” en una placa y
me echo a llorar.
Mi Bastian está aquí.
Ya voy mi amor.
Arrastro mis pies hasta otro de los mostradores. No hay nadie y espero
desesperada a que alguien salga y me atienda.
Cuando creo que me estoy muriendo lentamente
pongo mis codos sobre el mostrador y sale una mujer con una sonrisa
dibujada en su cara.
– Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle?
– Ho… hola. Mi… mi novio está ingresado aquí. Le ha dado un infarto al
corazón y… yo… no sé si… creo que…
– No se preocupe, está en el lugar correcto. ¿Cuál es el nombre del
paciente? – Mira a su ordenador para empezar a teclear.
– Bastian Trumper – la mujer me mira extrañada y luego fija sus ojos en
la pantalla.
– Sí. Él está en esta planta. Pero lo siento, no puedo informarle.
– Pe… pero yo… yo necesito saber si él se encuentra bien.
– Lo siento pero solo podemos dar información
a sus familiares. Normas del hospital.
– Yo soy su novia, él va a ser mi marido.
Una mujer sale desde una puerta y se acerca a su compañera.
– ¿Qué pasa aquí?
– Ella viene preguntando por Trumper – susurra la mujer que está sentada
y me niega a darme información sobre mi novio.
La mujer pelirroja y con cara de pocos amigos mira la pantalla del
ordenador.
– Lo siento, solo familiares.
– Pe…
– No me haga llamar a seguridad. Si es una fan o una periodista está
faltando al respeto a los familiares del paciente. Váyase si no quiere
problemas.
– ¿Disculpe? Ba… Bastian es mi novio. Soy su prometida, su futura
esposa.
– ¿Es usted Bárbara Trumper? Porque si es así va a tener que enseñarnos
su identificación.
– No… soy… soy Nancy Sullivan. Aquí la llevo, aguarde – abro el bolso
mientras la mujer que había sentada se va y se queda esta malhumorada mujer, le
doy mi identificación que revisa sin ganas.
– Lo siento chica pero vas a tener que irte. Llamaré a seguridad.
– ¿Por… por qué? Yo solo necesito saber en qué habitación está.
– Usted no es Bárbara Trumper y no tiene el derecho a hacer preguntas.
– ¿Quién es Bárbara Trumper?
– Es su esposa.
– ¿Qué?
– Su esposa. Así que buen intento, váyase antes de que llame a un
guardia y le echen a patadas – arrastra mi identificación por el mostrador y la
guardo muy nerviosa.
– Debe, debe de… debe de haber un error, no existe ninguna Bárbara
Trumper.
– Bastian Trumper está casado y tiene a su esposa en el mismo seguro
médico que él. Así que por su bien, no pregunte más.
Le da la vuelta a la pantalla cuando leo el nombre de Bárbara debajo del
suyo y denominada como esposa en una casilla marcada que tiene al lado.
Retrocedo temblando. No puede ser real. Esto no puede estar pasándome a
mí. Bastian no puede estar casado, no existe ninguna mujer en su vida que
se llame Bárbara. No. Debe de haber una equivocación, mi novio no tiene
una doble vida. No tiene a nadie más que a mí. Él no… él… no. Siento como
resbalan las lágrimas de mis ojos y aniquilo al mismo tiempo a esa mujer.
– Él no está casado. Él me ama a mí.
Una mujer diferente sale desde otra puerta y me mira, luego a su
compañera.
– ¿Qué ocurre aquí?
– Esta chica pregunta por Trumper, me ha dicho que es su novia y que se
va a casar con él.
Se acerca al ordenador y mira la pantalla.
– ¿Le has pedido la identificación?
– Sí, esta chica se llama Nancy Sullivan y su esposa Bárbara Trumper.
La mujer asiente y me mira.
– Lo siento, no podemos dar información sobre el Señor Trumper a no ser
que se presente su esposa, hijos, padres u otro familiar. Si no eres de la
familia Trumper es mejor que no sigas intentándolo. Estamos cansados de la
prensa cuando vienen famosos al hospital.
– Yo no soy… yo no… él no está casado.
No puedo evitar los sollozos y estas mujeres no se creen que me estén
destrozando la vida al decirme que mi novio tiene una esposa.
– Nancy.
Escucho mi nombre que viene desde la izquierda y giro el cuello. Estoy
llorando cuando Ryan camina en mi dirección, ya no viste de negro si no con
vaqueros y un jersey verde. Consigue llegar a mí y retrocedo dejándole con los
brazos en el aire.
– ¿Está casado Ryan? – Él se petrifica mirándome mientras elevo mi
cabeza para no perderme detalle, no quiero que él también me mienta. No quiero
vivir una mentira – dime la verdad por favor, ¿está Bastian casado?
– Nancy.
– ¿Va todo bien señor? Podemos llamar a seguridad.
– Todo controlado. Acompáñame a la sala de espera por favor.
– ¿Está casado?
No me hagas
repetirlo de
nuevo.
– Sí, lo está.
– No… no puede ser, tú también me estás mintiendo.
Pongo mis manos en mi cara para llorar. Siento
el brazo de Ryan sobre mis hombros y me dirige a algún lugar, espero que
sea muy lejos de aquí. Cruzamos dos pasillos vacíos y entramos en una sala
lujosa que también lo está. Caigo sentada en una silla cerca de la puerta y me
quedo mirando a un punto muerto en el suelo. No sé si sigo llorando o he dejado
de hacerlo.
– Nancy, – Ryan se arrodilla delante de mí y agarra mis manos – él está
despierto. Te está llamando.
Esa frase no provoca ningún tipo de reacción en mí. Mis ojos abrasan los
suyos y seguro que mi cara es de asco, sí, asco por las mentiras. Bastian tiene
una mujer, tiene una esposa que se llama Bárbara y no me han informado de cómo
se encuentra porque yo no soy nadie. Nadie para él.
Trago saliva y abro la boca pero no digo nada. Solo niego con la cabeza
intentando asimilar que mi novio no tiene una esposa.
– Una esposa – susurro.
– Puedo explicarte todo pero necesito que estés
bien.
– ¿Explicarme todo?, ¿qué vas a explicarme joder?, ¿qué tiene una
esposa?, ¿qué me han tratado como una mierda porque no soy nadie para él? Dime
Ryan, ¿sigo siendo un juguete y él tiene una doble vida?
– No, no eres un juguete. Él tiene una esposa sí. Entra en la
habitación, él te lo explicará y…
– ¿Entrar en la habitación?, ¿para qué? Ni siquiera voy a poder mirarle
a la cara. He muerto cuando me has dicho que le ha dado un infarto, pero me han
enterrado cuando acabo de descubrir que tiene una mujer. ¿También tiene hijos?
– Nancy – cierra los ojos apretando fuerte mis manos. Ryan está abatido
y no quiere responderme, o no puede responderme.
– ¿Por qué me ha hecho esto?, ¿qué quería de mí?, ¿eh? – Le empujo pero
no se mueve – ¿qué quiere Bastian de mí?
– Eso le pertenece a él. Le conozco desde que era joven, he estado a su
lado por casi veinte años, pongo mi vida por delante de quien haga falta para
protegerle, pero hay ciertas preguntas que solo él te puede responder. Te han
informado de que está casado y puedes confiar en mí cuando te digo que sí lo
está, pero no es lo que piensas. Estoy seguro de que tu novio tiene una
explicación para ti que yo no te puedo dar, le estaría defraudando.
– ¿Defraudando?, ¿tú me hablas de defraudar Ryan?, ¿qué hay de mí?,
¿quién piensa en mí?, ¿hasta cuándo va a dejar de ocultarme su vida?
Tengo un nudo en mi garganta que me oprime la respiración y llorar. Ryan
tiene sus rodillas sobre el suelo viendo como mi vida se derrumba ante sus ojos
y no puede hacer nada. Pongo mi mano sobre mi frente
evitando que me vea, me da vergüenza. Una esposa. Bastian tiene una
esposa. Es increíble, por eso no quería casarse, ha evitado el tema de la boda
tantas veces ha surgido la conversación y encima de todo me he creído que sus
motivos eran puramente religiosos. No puedo aceptar que tenga a una esposa, una
mujer que ha vestido de blanco a su lado. ¿Y su familia? Todos los saben. Me
han ocultado que se ha casado, la tiene en su seguro médico y es por algo.
Me vengo abajo y dejo soltar algunas lágrimas mientras Ryan no se mueve.
Está susurrándome palabras de ánimo pero tampoco puedo culparle de lo que
Bastian me ha ocultado, él hace su trabajo y no era su deber contarme nada. Ni
siquiera sé si quiero estar aquí con él, ver a Bastian y tener que mirarle a
los ojos. Ojos que amo con toda mi alma y que me han mentido. ¿Cuántas mentiras
esconde más este hombre?
Lleno mis pulmones de aire y lo contengo dentro de mí con la esperanza
de que cuando lo deje salir mi vida cambie en diez segundos otra vez. Los
mismos
segundos que me han mandado al infierno de nuevo.
– Nancy, entra a verle. Aún no me han dicho nada pero cuando ha empezado
a gritar he entrado a la habitación.
– ¿Qué haces aquí? – Limpio mis lágrimas con el abrigo – ¿no estabas de
vacaciones?
– Me conocen. Cuando ha ingresado aquí me han llamado.
– ¿No estabas de viaje?
– No. Estaba por el centro de compras.
Le giro la cara porque tampoco puedo mirarle. No quiero pensar. No
quiero enfrentarme a que Bastian esté casado, él no me ha podido hacer esto. Él
no.
Me lamento en silencio sin que Ryan se mueva de mi lado. Estamos solos
en esta sala de espera, hay
una mesa pequeña con alguna revista de moda sobre ella pero mis ojos
viajan a través de los cristales de las ventanas ya que puedo ver que la nieve
nos ha dado tregua, incluso se ve el sol esconderse entre algunas nubes.
Entre Ryan y yo no existen más palabras. Él me consuela a su modo y está
dejando que no me hunda, pero ya es demasiado tarde. Aspiro mis mocos y le miro
captando su atención.
– No puedo seguir con él, – va a hablar y le pongo la palma de la mano
sobre su boca – no estamos destinados a estar juntos.
– Es un error. Dale el beneficio de la duda. Él y yo no somos íntimos
amigos pero le conozco lo suficiente como para saber que tú le has cambiado.
Niego con la cabeza.
– Admítelo Ryan, se lo suficientemente hombre como admitirlo. Él y yo
vivimos una mentira, está
casado, ¿es que no lo ves? Él tiene a una esposa en algún lugar, la
tiene en el seguro médico y no a mí. No he podido ser informada del estado de
mi novio porque no soy nadie para él. Bastian no quiere una boda conmigo
porque… porque él ya ha tenido una y no puede llevarme de blanco a un altar. No
puede intercambiar sus votos porque ya lo juró ante Dios y hacia otra mujer.
Esto… esto que… no se hace Ryan,
– dejo salir el aire de nuevo – no se hace.
– Entiendo tu postura. La respeto, pero no puedes entender la suya sin
escuchar su versión de los hechos. Sí, está casado. Sí, tiene a su esposa en su
seguro médico, pero nada más. Él no me ha pedido nunca que le desplace a sitios
desconocidos o ha hablado delante de mí con ninguna mujer que no seas tú, o
mucho antes con Ria. No hay nada.
Quiero llorar. Siento la necesidad de desahogarme y destrozar uno de los
sacos que mi novio suele golpear. Novio. Supongo que es mi novio, sí, porque el
papel de esposa ya lo tiene otra. He llegado a la conclusión de que necesito
alejarme de él,
necesito vivir de nuevo, sentir que pueda encontrar a un chico que me de
los buenos días y que nuestro único problema sea si debemos escoger la
televisión por cable o la línea de datos para internet. No quiero a un hombre
como Bastian. Me he dado cuenta que no quiero a Bastian a mi lado. Estoy tan,
tan enfadada con él que me cuesta respirar.
Los minutos pasan mientras Ryan sigue intacto, un hombre tan grande como
él podría aguantar con la misma postura inclusive semanas. Mientras vemos pasar
el tiempo yo me sumerjo en un mar de lágrimas donde me lamento por la
confusión. Quiero a Bastian, le amo hasta lo más profundo de mi corazón pero no
puedo seguir a su lado, no mientras esté casado con otra mujer. Si él me
hubiera dicho esto antes las cosas hubieran cambiado, me prometió que me contó
todo en su vida, que no había más secretos, pero se le olvidó el pequeño
detalle de que ya había jurado amor eterno a una mujer.
Siento que me ahogo entre mis sollozos, estoy triste y sensible, no
puedo contenerme en exteriorizar
el estado de mis sentimientos. Necesito sacarlo de mi interior. Aunque
Ryan me haya ofrecido un pañuelo para que me seque las lágrimas yo opto por la
solución más fácil de limpiarme la cara con la manga de mi abrigo. Estoy
mirando mi pierna ausente de todos los ruidos del exterior de mi cabeza excepto
por uno que capta mi atención.
En el sublime silencio que nos aborda, alzo la cabeza para encontrarme
con los ojos de Ryan porque ambos escuchamos como unos tacones resuenan en los
suelos de mármol. Las pisadas son constantes y no sabemos quién se acerca,
puede ser algún médico para informarnos sobre el estado de Bastian. Necesito
saber que está bien. Mi vientre se revuelve por los nervios, de repente, la
figura de una mujer se para justo enfrente de la puerta de la sala de espera y
habla con una enfermera. Tras algunas palabras cruzadas la enfermera le indica
esta puerta y cuando nos echa un vistazo Ryan se levanta.
– Ryan – la mujer susurra asustada, mira hacia su derecha en el pasillo
para indicar a quien sea que ha
encontrado la sala de espera.
Ryan se acerca a ella y le da la mano.
– Hola.
– Me acaban de llamar, ¿qué ha pasado?
No sé lo que le dice Ryan porque yo estoy embelesada en observarla de
arriba abajo para asimilar que mis ojos están viendo a la esposa de Bastian. Mi
neandertal, mi león, mi malhumorado hombre que me prohíbe lo habido y por
haber. Las piernas de estar mujer son más largas que los ríos que nacen desde
las montañas, su figura es esbelta, es alta, viste con un traje de chaquea
celeste y lleva un recogido que esconde el bonito pelo rubio que cubre su
cabeza. Sus labios son carnosos y le aparto la mirada porque no quiero ni
imaginar que Bastian ha besado esos labios y ha sellado su amor frente a un
cura.
Otro ruido capta mi atención cuando una mujer más mayor aparece dentro
de la sala saludando a
Ryan. Será su madre a juzgar por el parecido, es tan alta como la hija,
viste bien y las dos tienen pinta de ser extremadamente elegantes. Señoras.
Muevo todos mis pensamientos a un pozo sin fondo cuando otras pisadas
más bastas y continuas resuenan en el pasillo. Miro como se acerca la sombra
que me tiene distraída, un niño entra por la puerta seguido de otro niño. Pongo
mi mano sobre mi corazón e intento que no me ingresen aquí.
– Mamá, me dijiste que había piruletas allí afuera.
– B. No hagáis ruido que estamos en un hospital
– dice la abuela al niño.
Me quedo embobada viendo como esos dos niños rubios, de ojos azules y
tan grandes como sus padres, se van directos a tocar las revistas que hay sobre
la mesa. Escucho la voz lejana de Ryan explicándoles lo que ha sucedido, las
dos están muy preocupadas y yo intento tapar mi cara para que no me
vean.
Espero que no le diga que soy su novia, una presentación en pijama y en
este estado no sería la adecuada.
No dejo de analizar a esos dos niños que tienen los ojos del mismo color
que Bastian. B. Le ha llamado B, ¿por qué no le ha llamado Bastian? Su nombre
es hermoso. El pequeño me mira y se esconde detrás de una revista, no puedo
culpar a unos niños, no puedo negarles una sonrisa aunque su padre me haya
ocultado su mayor secreto.
Él ya ha formado una familia.
Ryan deja de hablar con ellas para colocarse a mi lado, de pie,
apretando con una de sus manos mi hombro.
Los niños hacen ruido en la sala. La mujer me ha echado algún que otro
vistazo y hemos cruzado miradas, pero es la sombra de un hombre uniformado
el que entra y se dirige hacia las dos. Él hombre empieza a hablar para
contarles que Bastian ha sufrido un infarto de miocardio pero que no necesita
cirugía porque se lo han regulado con la medicación. La mujer me mira a mí y al
médico ya que no sabe qué hacer. Pobre. Se habrá enterado que Bastian tiene a
otra durmiendo a su lado.
– Por lo tanto, y sin armar mucho alboroto, podéis verle de uno en uno –
se queda mirando para que alguien le siga, la mujer me mira y me señala, él
médico me mira – ¿es usted familiar?
– Sí. Lo es – Ryan responde por mí.
– Entrad vosotras si queréis – les digo a las mujeres y ambas niegan
rotundamente.
– Entra tú – la voz dulce de su mujer se dirige a mí por primera vez.
Ellas se adentran en la sala para regañar a los niños mientras veo al
médico salir. Me levanto con la
ayuda de Ryan, cuando estoy cara a cara con él me aprieto ante su
agarre.
– Voy a despedirme de él. Por favor. Ayudame. Quiero volver a Crest
Hill, dime que cuando salga me llevarás lejos de él y no dejarás que se acerque
a mí. Te lo suplico Ryan.
– Nancy.
– Se acabó Ryan. Por favor, ayúdame – suspira como si estuviera luchando
con sus impulsos.
– Te llevaré a Crest Hill si lo deseas.
– Gracias Ryan. Muchas Gracias, espérame en la puerta por favor. No te
vayas de mi lado.
– Te esperaré.
El médico aguarda en el pasillo pero Ryan le comunica que ya sabemos
dónde está la habitación y se marcha. Giramos a través de algunos pasillos
hasta
llegar a una puerta, él está detrás y me paro antes de abrirla. Miro a
Ryan que me asiente con la cabeza, apoya su espalda en la pared y me deja unos
segundos para que asimile que le voy a decir adiós a este neandertal. Bastian
no me ha dado nada más que problemas.
Ni yo misma me creo lo que voy a hacer, suspiro y decidida abro la
puerta de la habitación. No me sorprende la imagen que tengo delante de mis
ojos. No me sorprende porque este día iba a pasar. Bastian lleno de cables en
el hospital porque es tan testarudo que su sobreprotección hacia mí y su
control a cada segundo le han llevado a estar donde está. Caen dos lágrimas de
mis ojos porque en el taxi me había imaginado como iba a ser mi entrada cuando
le viera, iba a correr para abrazarme a su pecho y no salir de su cama aunque
me obligaran a ello. Ahora todo ha cambiado, estoy aquí parada viendo como
intenta mirar al suero para arrancarlo, como tira de los cables que le cubren
porque le molestan y como refunfuña por su descontento. No se da cuenta de que
estoy aquí hasta ahora que me mira, le miro y no siento nada.
– Nancy – sus hombros se relajan y deja lo que estaba haciendo.
Doy unos pasos cerrando la puerta. Intentaré no golpearle por haberme
ocultado que estaba casado y que tenía dos hijos. Me acerco lentamente a él
hasta pararme a una distancia prudente.
– ¿Cómo estás?
– Acércate, – frunce el ceño – estás demasiado alejada.
Lo hago para evitar que se enferme de nuevo, no necesita altercados.
– El médico ha dicho que necesitas reposar.
– ¡A la mierda! – Coge mi mano para pasársela por su cara, también me la
besa y se entretiene en morderme los dedos – siento que te hayas asustado mi
amor.
– No es tu culpa – me mantengo fría y le echo un vistazo a la habitación
para que no sepa que siento pena por él. Sí, pena porque él ha puesto punto y
final a nuestra relación por culpa de sus mentiras.
– ¿Por qué vas en pijama?, ¿no te has cambiado?, ¿has venido de casa
así?, ¿quién te ha llamado?, ¿desde cuando estás aquí?, ¿por qué no has venido
antes?
– Bastian, – le miro a los ojos – no tienes que alterarte o te pondrás
peor. He venido a saludarte, pero me voy a casa.
– ¿A casa? – Me arrastra con mi mano pero intento no ceder, no quiero
tocarlo.
– Sí. Ahí afuera tienes a personas esperando por ti, solo he venido a
decirte que tengo que ir a… a cambiarme de ropa. También a por algo de ropa
para ti.
– Qué lo haga Ryan, – frunce el ceño – ¿y mi móvil? Tráemelo Nancy.
– Bastian, por favor. Tengo que irme a cambiarme de ropa – me analiza mi
cara y sabe que no estoy bien, sabe que he llorado y que no soy feliz – de
verdad, te tengo que traer a ti también.
– ¿Estás bien?
– Aquí el enfermo eres tú – lo digo con más maldad de la que me hubiera
gustado.
Bastian sabe que algo no va bien y yo necesito salir de aquí antes de
que averigüe que pasa y destruya todo hasta retenerme. Me vuelvo valiente y me
acerco a este neandertal que al final ha acabado conmigo. Sus ojos están
abiertos cuando yo cierro los míos para besarle en los labios.
– Nena – susurra extrañado.
– Tengo que irme, ¿vale? – Responde que no
con la cabeza – voy a cambiarme de ropa.
– ¿Cuándo vas a venir?, ¿qué vas a tardar?, ¿por qué no te pones ropa de
hospital? Pediré el alta voluntaria.
– No, por favor, – ladeo mi cabeza y me emborracho con su belleza –
recupérate, cúrate y haz caso a los médicos.
– ¿Por qué me dices esto?, ¿te han dicho algo?
– No me han informado de nada pero tengo oídos, quizás ojos no porque te
amo a ciegas, pero sí oídos.
– ¿Por qué no te han informado?, ¿voy a morir y nadie me lo ha dicho?
– No seas bobo, – llego hasta sonreír – voy a irme, ¿de acuerdo? Cuídate
Bastian.
Frunce el ceño y otra vez se congela cuando
beso sus labios. Me doy la vuelta avanzando lentamente hasta la puerta.
– ¿Quién hay afuera?, ¿has llamado a mi madre? Dile que te recoja la
ropa. Quédate a mi lado Nancy, quédate por favor.
Estoy de espaldas a él y la abro lentamente evitando escuchar sus
palabras. Le debo mi dignidad ante todo, así que giro mi cara y le veo
descompuesto porque sabe que no soy yo ni que eso que ha pasado aquí dentro ha
sido normal.
– Han llamado a tu familia, Bastian.
Me despido con una mueca dejándole pálido sin entender mis palabras. No,
no las ha entendido pero ya lo hará cuando vea a su mujer y dos hijos entrar
por la puerta. Ryan está a mi lado y se asoma.
– Señor, la llevo a casa.
– Conduce con cuidado Ryan, por el amor de
Dios. Está nevando y llevas en tu coche a la mujer de mi vida.
Hago otra mueca mientras me pongo en marcha, mis lágrimas amenazan en
salir y me aferro a mi bolso. Sí, este pequeño artilugio que me ha servido de
escudo en muchas ocasiones. Las zancadas de Ryan me alcanzan y pasa su brazo
por mis hombros.
– Te llevo a casa.
No le escucho porque me abraza contra su pecho y empiezo a llorar. Me
derrumbo literalmente cuando me fallan las piernas pero él consigue que nos
montemos en el ascensor y bajemos hacia el parking donde está su coche. Me mete
en el interior de este y cierra la puerta.
Estoy sentada en el asiento trasero con mi cabeza hacia atrás. Estoy
llorando desconsoladamente pero dejo de hacerlo porque me centro en el paisaje
blanco que viste los alrededores de Chicago, Ryan ya está en la autovía que nos
lleva a Crest Hill. Mi móvil
suena y lo cojo sin pensármelo, sé que Ryan no me quita ojo de encima
porque no deja de girar la cabeza hacia atrás para cerciorarse de que estoy
bien.
Descuelgo la llamada y me trago mi orgullo por unos segundos. Lo
intentaré al menos.
– Nancy. Ya hemos salido a la carretera. Alan va demasiado lento, se
supone que hacemos noche en un hotel y a este paso no llegaremos a media noche.
¿Por qué le dan miedo los aviones? Podríamos haber llegado a Dakota del Norte
en un par de horas. ¿Qué tal vosotros?
– ¿Nosotros? A Bastian le ha dado un infarto.
– ¿Hablas en serio?, ¿un infarto? Calla Alan que no escucho. ¿Cómo que
un infarto? Oh Nancy, ¿quieres que demos la vuelta?
– Él está en el Hospital Mercy. No tengo mucha información al respecto,
lo acabo de ver. Han dicho que es un infarto de miocardio y que lo han tratado
con
la medicación.
– Cariño, ¿estás bien? Vamos a dar la vuelta.
– No lo hagáis. Seguid con vuestros planes. No estoy en el hospital.
– ¿Por qué no Nancy?, ¿dónde estás?
– Ryan conduce el coche.
– Está bien. ¿Vuelves a casa?, ¿cómo estás? Debes de estar echa una
mierda. Me necesitas allí contigo.
– Ahora mismo no necesito a nadie Rachel. Quiero y yo necesito estar a
solas. Él… él me ha engañado de nuevo.
– ¿A qué te refieres? Por favor Alan, cierra el pico que no escucho a
Nancy. Y acelera.
– Él tiene una mujer y dos hijos.
– ¿Qué? Eso no puede ser verdad.
– Sí. Cuando he ido a la planta de cardiología me han negado la
información porque según su seguro médico su esposa Bárbara Trumper está junto
a él y no tengo derecho a nada. Ella ha llegado poco después que yo. La habrán
llamado.
– Alan, da la vuelta, tenemos que volver.
– No por favor, no quiero que os deis la media vuelta. No le distraigas,
os quiero sanos y que no tengáis un accidente.
– Nancy, ¿lo que me estás contando es verdad? Mira que no es uno de
abril para las bromas.
– Es la verdad Rachel, – los mocos se me caen y los evito restregándome
una vez más – él tiene a su mujer e hijos. Están allí visitándolos en estos
momentos.
– Perdona, – interrumpe Ryan – les he dicho que no entraran a la
habitación hasta que pasara un tiempo por si nos persigue.
– Gracias Ryan. ¿Lo has oído? Ellas están allí de todas formas.
– ¿Quiénes ellas?
– Su esposa y su suegra, junto con los dos niños,
– suspira y sé que tiembla como cuando le conté lo de la violación –
pero vosotros iros tranquilos y pasar las navidades en familia.
– Mi hermanita, – susurra Rachel – dime que puedo hacer para apoyarte
aunque estemos lejos. Por favor, dime que estás bien. No sé cómo ayudarte con
esto.
– No te preocupes. Me has ayudado mucho. Ahora mismo voy de camino a
Crest Hill a pasar las navidades con mi familia.
– ¿Y Bastian?
– ¿Bastian? A él que le aguante su esposa.
EPÍLOGO
Me ha costado como una hora despedirme de Ryan porque le he pedido que
me dejara al final de la calle, quería andar a casa y hasta que no me ha visto
subir las escaleras no se ha marchado. A estas horas Bastian debería
estar volviéndose loco. No me importa. Sé que hago lo correcto o al menos lo
que me dicta mi corazón.
Subo las escaleras sintiendo que acabo de dejar una vida atrás, supongo
que todos los caminos me llevan al mismo lugar. Mi hogar. Toco a la puerta y
nadie me abre, mamá debe de estar hasta arriba de trabajo en la panadería y
papá arreglando todos los motores de Crest Hill porque la nieve los ha hecho
congelarse. Miro hacia mi izquierda y derecha, y me agacho para coger la
pequeña llave que mamá esconde debajo de la alfombra desde que tengo uso de
razón. Empujo la puerta oliendo al perfume de la mujer que me ha dado la vida,
ha horneado pasteles y seguro que ya los tiene preparados para el día de
Navidad, para los Trumper. Cierro la puerta detrás de mí y me adentro en la
casa hasta llegar a la cocina, es como si quisiera acercarme a cualquier cosa
que tenga que ver con los Trumper, necesito contagiarme de su energía porque la
voy a necesitar.
Como predecía, mi madre tiene divididas algunas cajas con los nombres de
todos los miembros de la familia. Me acuerdo que Sebastian ama los polvorones
con azúcar de canela, estoy segura de que mamá le preparará montones de ellos
para que los devore. Sebas es más neutral pero le dejó saber que la tarta de
arándanos es su favorita. Pero el problema viene con su mejor amiga Margaret,
leo su nombre en muchas cajas y no precisamente pequeñas. Sonrío porque estoy
triste y no quiero llorar por leer los nombres de la que quise que fuera mi
familia.
Planto mi trasero en la silla y suspiro. ¿Y ahora qué? Meto mis manos en
el abrigo porque la calefacción no está puesta y la nieve se filtra por las
ventanas. Echo un vistazo a la cocina, mi madre es un genio cocinando, amasando
y horneando, seguro que va a hacer regalos a toda la familia y a endulzarles un
poco más la vida. Apoyo mi cabeza sobre una de mis manos y decido que debo de
dar los primeros pasos para arreglar todo el desastre. Nunca debí incluir a mi
familia en mi relación porque es más que evidente que las cosas no son para
siempre.
Me quito el abrigo caminando por mi casa ya que estoy en pijama y estoy
cómoda. No siento que este sea mi hogar, ni siquiera sé si debería estar aquí.
Esta vez no sentía la necesidad de huir de Chicago, y sin embargo, le he pedido
a Ryan que este sea el lugar donde me lleve. Yo no he hecho nada, ¿por qué
tengo que huir? Frunzo el ceño y me enfado conmigo misma. Si mantengo una
actitud responsable, trasmitiré una actitud responsable.
Cojo el teléfono de casa y marco el número de mamá.
– Roger, ¿ya estás en casa? He dejado comida en el horno, caliéntatela.
Tengo mucho trabajo aquí.
– Mamá, soy yo.
– ¿Nancy? – Se aleja del ruido – ¿qué haces en
casa?
– Yo… ems… he venido aquí y no había nadie.
– Papá está en el taller y yo haciendo pedidos. Los clientes salen por
la puerta.
– ¿Quieres que te vaya a ayudar?
– No tesoro. ¿Qué haces en casa?, ¿estás con Bastian?
– Cuando llegues te lo cuento. Por favor, no le cojas el teléfono a
nadie.
– Me estás asustando Nancy, ¿qué ha pasado?
– Bastian tiene una esposa y dos hijos.
Hay un silencio.
Otro que se repite.
Un minuto sin escuchar a mi madre.
– No vayas a ningún lado, ¿entendido?
– Sí mamá. Ah, tráeme mis galletas favoritas si os quedan.
– Las tendrás tesoro. Tengo que dejarte, te amo mi niña.
– Yo también.
Cuelgo y escucho las llaves sonar. Sé que es mi padre porque tiene
millones de ellas en su llavero y nunca se acuerda de cuál es la de casa.
Cuando abre la puerta no puedo evitar llorar, le veo y pienso que él tenía
tanta razón en muchas cosas. Siempre hemos pensado que las madres tienen más
sentidos porque se sienten más identificadas con las hijas, pero son los padres
los que realmente ven a los hombres mucho más que las mujeres y él lo sabía, él
lo sabía todo el tiempo y no le hice caso.
– Nancy, ¿qué haces aquí?
Su postura cambia mirando hacia atrás porque
espera que salga Bastian desde algún lado.
– He venido sola, – corro hacía él y le abrazo – te quiero papá.
El responde cerrando la puerta y abrazándome. Huele a gasolina, a grasa
de motor, huele a mi padre y le amo con todas mis fuerzas.
– No llores bichito. Ya estás en casa.
– Estoy bien, – le miro y nos adentramos a la cocina – ¿qué tal tu día?
– Explícame el tuyo y haz que me sorprenda por favor, – mis ojos miran
hacia el suelo porque ha sido demasiado directo – lo siento bichito, solo dame
una razón por la cual no debería coger mi escopeta y abrirle un agujero a ese
hombre.
– Papá. Él tiene una esposa y dos hijos, – todavía duele cada vez que lo
pronuncio – le ha dado un infarto y me he enterado en el hospital.
– Hijo de pu… – le pongo la mano en la boca.
– No necesito esto papá. Mírame. Estoy bien, en su medida. Pero estoy
bien. Tengo hambre y no quiero huir de Chicago.
Se relaja mientras abre una lata de cerveza. Me mira entre los pasteles
que inundan la cocina.
– Te ha hecho daño y juró que nunca lo haría.
– Él no me ha hecho daño. Solo me ocultó que tenía una familia formada.
– Nunca lo vi un buen hombre para ti.
– Papá, no necesito ahora esto, – me siento en la silla – por favor.
Mi padre deja la lata de cerveza sobre la mesa de la cocina y me abraza.
Sí, me desahogo en sus brazos porque es el único hombre que jamás me mentirá,
nunca me defraudará y jamás compartirá su
amor con ninguna otra hija porque soy la única. Un hombre que me es leal
desde que nací y yo no dejo de tropezar en más de una ocasión sobre la misma
piedra.
– Siento que te haya pasado esto bichito.
– Estoy… – me aparto las lágrimas – estoy bien. Tendré que tomarme de
nuevo las pastillas para dormir pero estoy bien.
Mi móvil suena con un mensaje de un número desconocido, es de Ryan
avisándome que lo sabe y que lo han sedado porque se ha arrancado los cables de
los brazos. Le escribo de vuelta pidiéndole que no me escriba más porque no
quiero saber nada de Bastian, le deseo buenas navidades y lanzo el móvil lejos
de la mesa.
Lloro en los brazos de mi padre, me lamento y me hundo en el infierno de
nuevo. Percibo que mi mundo se ha acabado pero no siento un vacío en mi
interior, es como si no me creyera aún que Bastian ya no me pertenezca, que
ahora sea su esposa la que está
viéndole sedado. Me los imagino a él, a su mujer y a sus dos hijos en
una bonita estampa familiar, ha debido de estudiar mucho para que su sinceridad
fingida no acabe por contarme la verdad. ¿Cuántas veces hemos hablado de boda?
Muchas. ¿Cuántas veces me ha negado que no quiera casarse conmigo? Muchas. ¿Me
ha dado razones reales alguna vez? Ninguna. Bastian Trumper es el mayor
mentiroso que puedas conocer en la historia de tu vida, esa mujer habrá tenido
que vivir una doble vida, la de su marido. Habrá visto como me llevaba de su
brazo, se habrá arañado cuando fuimos la semana pasada a la gala benéfica y
viera como me codeaba con el resto de la familia Trumper. Este bastardo cabrón
ha acabado con la vida de dos mujeres que le han amado, esa mujer le ha dado
hijos y un matrimonio. A mí me ha dado falsas promesas pero me da igual, yo soy
joven y puedo recomponerme, pero esa mujer ha tenido que sufrir como le decían
que su esposo estaba en el hospital a punto de morir mientras a mí me ha
avisado su mano derecha. Esto me deja en mal lugar y no quiero pensar en esto
porque me hundo mucho más.
Papá y yo nos sentamos en el sofá, él viendo la televisión y yo con los
ojos cerrados intentando borrar de mi mente la imagen de Bastian. El motor del
coche de mamá se escucha a lo lejos, mi padre refunfuña que no sabe conducir y
me hace reír. Cuando el motor deja de sonar sé que tarda menos de treinta
segundos en aparecer en casa, abre la puerta, me ve y corre hacía mis brazos.
– Nancy, – no me he levantado del sofá y casi aplastamos a mi padre – mi
niña. ¿Cómo estás?, ¿cómo ha sido?
– Ryan, me llamó Ryan. Fui al hospital, me dijeron que no podían darme
información porque no era su esposa.
– ¿Cómo no te ha dicho que estaba casado?
– Eso me pregunto yo.
– ¿Él sabe que lo sabes?
– No al principio. A él le he dicho que iba a casa para cambiarme de
ropa porque he ido en pijama, – se extraña – del disgusto que me he llevado he
salido así a la calle.
– Pobrecita, – acaricia mi cara – no puedo creerme lo que te ha pasado.
Se os veía tan feliz.
– Él cabrón sí que era feliz. Con dos mujeres a su lado, dime tú si no
es feliz – mi padre bebe de la lata.
– Roger habla bien.
– Yo ya lo dije.
– No es el momento Roger.
– Por favor, no discutáis. Estoy bien, dentro de la tristeza muy bien.
Tengo hambre y ahora mismo sigo en estado de shock.
– Enciende la
chimenea Roger, hace
frío.
Nancy, cariño, saldrás de esta. Lo sabes, ¿no?
– Claro que saldré de esta mamá, – le pongo una sonrisa falsa mientras
papá se levanta – solo tengo que olvidarme de que Bastian fue mi novio, de que
me he enamorado de él y de que no soy la única que siente lo mismo al parecer.
Su mujer es bellísima.
– ¿Cómo?, ¿ella ha ido allí?
– Sí, la habrán llamado del hospital, ella está en su seguro médico.
– Imposible. No me lo creo.
Sonrío por las expresiones de mi madre y empiezo a contarle como han
sucedido los hechos. Nos vamos a la cocina porque mi padre sufre escuchándome y
allí adentro me derrumbo en sus brazos. Tengo altibajos en los que me acuerdo
de él porque ahora vienen las navidades y no hemos llegado a decorar la casa.
¿Y si estaba con su mujer está mañana y me ha mentido? Vienen a mi mente miles
de
situaciones posibles, no voy a saber nunca la verdad porque si de algo
estoy segura es que no quiero ver a Bastian nunca más. No más control, no más
posesión, no más sobreprotección. Me he cansado de amar a un hombre que no se
encuentra bien psicológicamente, que esconde secretos todo el tiempo y que
aunque se crea que soy la única para él, no lo soy. Su esposa joder, su jodida
esposa.
Mi madre sonríe y no sé por qué. Salimos de la cocina porque dice que no
quiere cenar todavía, si en casa uno de mis padres no tiene hambre, no se cena
hasta que los dos quieran. Me dejo caer en el sofá para apoyarme en el cuerpo
de mi padre, mi madre se ríe y no sé por qué, creo que está cansada, ella
cuando está cansada ríe mucho.
Son las nueve y nos hemos pasado casi toda la tarde hablando. Mi madre y
yo hemos comido algunos dulces pero me ha regañado porque dice que vamos a
cenar pronto. Ambos me han aconsejado que me lo tome con calma, que soy más
madura, que voy a cumplir veinticinco años y que estoy viviendo
demasiado rápido. Yo les contesto que ya he aprendido la lección y haré
todo lo posible por no tropezar con el mismo error. Deciden que lo mejor será
que trabaje con mi madre hasta que me recupere y yo les digo que tengo que
cumplir el compromiso con Trevor, una vez que pasen esos seis meses volveré a
Crest Hill. Hablo con mis padres de negocios porque quiero montar alguna
oficina aquí, mi madre dice que compre la casa de al lado que está vacía y mi
padre reafirma que venderá el taller con tal de tener a su hija cerca.
Aunque nos reímos y me hagan olvidar que he puesto punto y final a mi
relación con Bastian, no puedo evitar llorar porque me acuerdo de él. No sé si
estará su madre, si le habrán dado de comer, si se sentirá en calma, no puedo
quitarme de la cabeza el hecho de que a lo mejor me he precipitado. Debería
haberme asegurado de que estaba bien y no necesitaba una operación después o
algo. Trago saliva mirando a mi padre como discute con mi madre sobre unir las
dos casas en caso de que me la comprara. ¿Estoy preparada para venirme a vivir
al lado de mis padres? Si tuviera sexo pervertido en la otra casa ellos me
escucharían. ¿Sexo pervertido? No, no encontraré a un hombre como
Bastian. No quiero encontrar a un hombre como Bastian.
Mi cabeza está hecha un lío. Una parte de mí quiere coger mis cosas,
marcharme al hospital, decirle que me da igual y que le perdono todo. Otra
parte de mí me dice que estoy en el lugar correcto, con la gente correcta y
llena de amor. Amor sincero. Suspiro y me evado de la conversación con mis
padres cuando escucho ruido en la calle. Frunzo el ceño mirándoles, mi madre
sonríe y va hacia la puerta bajo la mirada sospechosa de mi padre y la mía.
Ella no habrá llamado a los Trumper. Mi madre no me haría esto.
El frío se cuela por la puerta y desde el sofá veo como se está riendo
con alguien.
– ¡Qué frío! – Esa voz me es muy familiar.
– Me alegro
de que hayáis
llegado sanos y
salvos.
– Este no sabe
conducir, vamos a veinte por
hora.
Rachel irrumpe en la casa como si fuera la luz de un ángel. Lloro
levantándome y nos fundimos en un abrazo, ella que me ha visto llorar tantas
veces, que me ha hecho sentir que podría seguir adelante. Mi mejor amiga está
aquí porque sabe que la necesito. Ella está a mi lado. Mis sollozos se ahogan
en su hombro y oigo como está llorando también.
– Está casado Rachel. Él… él tiene una mujer.
– Tranquila, ya estoy aquí. Todo va a ir bien – me susurra calmándome.
Miro hacia Alan y me abraza también.
– No te dejaremos caer. Si caes tú, caemos contigo – las palabras de
ánimo por parte de mi amigo me hacen temblar.
Aparto las lágrimas de mi cara para ver la estampa que tenemos en casa.
– ¿Cómo habéis llegado hasta aquí? Te dije Rachel que no volvierais y… –
escucho unas voces afuera.
– ¡Me ha cagado un pájaro!
– Eso es buena suerte.
– Que te cague a ti zorra.
Las figuras de dos personas se acercan por las escaleras cuando veo a
las gemelas aquí.
– Hola – dice morena cargando una maleta.
– Pasad, soy la madre de Nancy.
– ¿Qué…? – Miro a todos porque no entiendo.
– Aquí somos una familia, todos para uno y uno para todos, – rubia se
abalanza a abrazarme – es la ley de Muffin.
– ¿Muffin? Ni siquiera sabes quién es, – le replica su hermana – solo
sabes que son magdalenas.
– ¿Qué hacéis aquí?, ¿mamá?
– Tranquila Nadine, se lo cuento yo. He llamado a tu madre para decirle
que esta vez no vas a estar sola, superar a Bastian va a ser imposible pero
vamos a ayudarte.
– Yo… – pongo mi mano en la boca porque hasta que Rachel no lo ha dicho
no ha sido real – esto no me puede pasar a mí.
– Cariño, un amor así es jodido – morena se acerca para abrazarme –
estamos aquí para ayudarte. Somos tu familia y te queremos.
– Exacto, – Rachel dice feliz – vamos a pasar
las navidades juntos. Acabo de reservar unos billetes a mi familia de
Dakota para que vengan a Crest Hill.
– Nuestros padres
también se unen – añade
rubia.
Miro a mi madre extrañada y a mi padre con una sonrisa en la cara.
– Mamá…
– Hija. Mañana nos vamos todas de compras para albergar en casa a más de
veinte personas por Navidad.
– ¿Qué? – Digo sorprendida – somos… somos muchos.
– Este año quiero unas navidades en familia, con mi hija, con la gente
que quiere a mi hija y con todos sus familiares. No vamos a tener tiempo de
echar de menos a nadie que no sea los que estemos aquí. Vas a pasártelo bien y
todos disfrutaremos.
– ¿Qué te parece? – Rachel frota mi espalda – vas a tener en casa a
muchas familias, todas las personas que entren por esa puerta van a amarte, a
darte un abrazo y a comer porque vamos a acabar con las existencias que tu
madre nos prepare.
– Estoy… aún no… no sé qué decir. Mi día está siendo una mierda y esto
me supera.
– Nancy, tú día no es una mierda, – Rachel mira a su novio – el día de
mierda lo va a tener Alan cuando coja de nuevo mis maletas y las suba.
– ¿Vais a quedaros aquí?
– ¡Aww, sí! – Dice rubia – podemos hacer una fiesta de chicas a diario.
Dormiremos todas juntas, nos maquillaremos, nos haremos las uñas y luego
criticaremos a los hombres.
– Empieza mis navidades. Organización. Roger ayuda a Alan con el
equipaje. Chicas, dos de vosotras
conmigo a la cocina y las otras dos a organizar las camas. Vamos a poner
en orden este maravilloso desorden, – mi madre se acerca y me da un beso en la
cara – ningún hombre merece la pena Nancy Sullivan. Vas a reír, vas a llorar,
pero no vamos a dejar que te hundas en un infierno por culpa de un hombre que
no ha dejado de mentirte. Te amamos y espero que nos ames también.
Le sonrío con la mano en el corazón, como la que se ponía Bastian. ¿Cómo
no pude darme cuenta de que estaba a punto de tener un infarto? Si hubiera sido
más perceptiva quizás hubiera evitado el infarto. Todo ha sido por mi culpa,
Bastian no piensa y yo sí, yo debí advertirle o dejar que un médico le viera.
– ¿Nancy? – Sacudo la cabeza porque Rachel dice mi nombre.
– ¿Sí?
– ¿Has oído a tu madre? Vamos arriba, tienes que organizar las camas.
– Rachel, – la miro asustada mordiéndome las uñas mientras ella me
aparta la mano de la boca – no estoy segura de lo que he hecho. Me voy de
vuelta a Chicago.
FIN
Continuará…
LA HISTORIA DE BASTIAN Y NANCY
ACABA EN
NEANDERTAL
ETERNO
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