© Libro N° 9050. Cómo Construir Un Universo Que No Se Derrumbe Dos
Días Después. Dick, Philip K. Emancipación. Septiembre 11 de 2021.
Título
original: © Cómo Construir Un
Universo Que No Se Derrumbe Dos Días Después. Philip K. Dick
Versión Original: © Cómo Construir Un Universo Que No Se
Derrumbe Dos Días Después. Philip K. Dick
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
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CÓMO CONSTRUIR UN UNIVERSO QUE NO SE DERRUMBE DOS DÍAS DESPUÉS
Philip K. Dick
Cómo Construir Un Universo
Que No Se Derrumbe Dos Días Después
Philip K. Dick
Una vez escribí una historia sobre un hombre que fue herido y llevado al
hospital. Cuando comenzaron a operarle descubrieron que era un androide, no un
humano, pero él no lo sabía. Tuvieron que decírselo. De repente, el señor
Garson Poole descubrió que su realidad consistía en una cinta agujereada que
iba de bobina en bobina dentro de su pecho. Fascinado, comenzó a rellenar y a
añadir nuevos agujeros. Inmediatamente, su mundo cambió. Una bandada de patos
voló por la habitación cuando abrió un nuevo agujero en la cinta. Finalmente
cortó la cinta por completo, y el mundo desapareció. De hecho, también
desapareció para el resto de personajes de la historia… lo cual no tiene
sentido, si lo piensas. A no ser que los demás personajes fuesen ficciones de
su cinta de fantasía agujereada. Lo que yo supongo que eran.
Siempre fue mi esperanza cuando escribía novelas y relatos que preguntasen
"¿Qué es la realidad?", encontrar algún día la respuesta. También era
la esperanza de la mayoría de mis lectores. Pasaron los años. Escribí unas
treinta novelas y un centenar de relatos, y todavía no entiendo qué es real. Un
día una estudiante de Canadá me pidió que le definiese la realidad, para un
trabajo que estaba escribiendo para su clase de filosofía. Ella quería una
respuesta de una frase. Lo pensé y finalmente contesté, "La realidad es
aquello que no desaparece cuando dejas de creerlo". Eso fue todo lo que
pude conseguir. Esto se remonta a 1972. Todavía no he conseguido una respuesta
más exacta.
Pero esto es un problema de verdad, no sólo un juego intelectual. Porque hoy
vivimos en una sociedad en la que falsas realidades son manufacturadas por los
medios, gobiernos, grandes corporaciones, grupos religiosos y políticos – y
existe el soporte electrónico por el que enviar estos pseudo-mundos a la mente
del lector, el espectador, el oyente. A veces, cuando veo a mi hija de once
años ver la televisión, me pregunto qué le están enseñando. El problema de la
interpretación; considéralo. Un niño pequeño ve un programa de televisión hecho
para adultos. Probablemente no entienda la mitad de lo que se dice o se hace en
el programa. Quizás no entiende nada. Y el quid es, ¿cuán verídica es de
cualquier forma esa información, incluso si el chico la entendiera? ¿Qué
relación hay entre la situación normal de una comedia de televisión y la
realidad? ¿Y qué hay de las series policíacas? Los coches están continuamente
fuera de control, chocándose y ardiendo. Los policías siempre son los buenos,
siempre ganan. No pases por alto este detalle: Los policías siempre ganan. Qué
lección ésta. No deberías enfrentarte a la autoridad, e incluso si lo haces,
saldrás perdiendo. La idea es, Sé pasivo. Y – coopera. Si el oficial Baretta te
pide información, dásela, porque el oficial Baretta es un hombre bueno en el
que se puede confiar. Él te quiere, y tú deberías quererle a él.
Así pues pregunto en mi obra ¿Qué es real? Porque incesantemente somos
bombardeados con pseudo-realidades creadas por gente muy sofisticada que usa
mecanismos electrónicos muy sofisticados. Yo no desconfío de sus motivos;
desconfío de su poder. Tienen mucho de eso. Y es un poder sorprendente: el de
crear universos enteros, universos mentales. Necesito saber. Yo hago lo mismo.
Mi trabajo es el de crear universos, como base de una novela tras otra. Y los
tengo que construir de tal forma que no se destruyan dos días después. O al
menos eso es lo que mis editores esperan. De cualquier modo, os revelaré un
secreto: me gusta construir universos que se destruyan. Me gusta ver cómo se
despegan, y me gusta ver cómo los personajes de la novela luchan contra este
problema. Amo el caos a escondidas. Debería haber más. No creáis – y hablo más
serio que un muerto al decir esto-, no asumáis que el orden y la estabilidad
son siempre buenos, en una sociedad o en un universo. Lo viejo, lo osificado,
debe dejar pasar a la nueva vida y al nacimiento de nuevas cosas. Antes de que
lo nuevo nazca, lo viejo debe morir. Es una comprensión peligrosa, porque nos
dice que tarde o temprano debemos acabar con mucho de lo que nos es familiar. Y
eso duele. Pero es parte del secreto de la vida. A no ser que nos podamos
acomodar psicológicamente a los cambios, empezamos a morir sin remedio. Lo que
estoy diciendo es que los objetos, las costumbres, los hábitos y los modos de
vida deben morir para que los auténticos seres humanos puedan vivir. Y el
auténtico ser humano, el que más importa, el útil, elástico organismo que puede
rebotar para atrás, absorber, y combatir con lo nuevo.
Por supuesto, yo diría esto, porque vivo cerca de Disneyland, y siempre están
añadiendo nuevas atracciones y destruyendo las antiguas. Disneyland es un
organismo que evoluciona. Durante años tuvieron el Lincoln Simulacrum, como si
el mismo Lincoln no fuese más que una forma temporal cuya materia y energía se
tomase y se perdiese. Lo mismo es cierto para cada uno de nosotros, guste o no.
El filósofo presocrático griego Parménides enseñaba que las únicas cosas reales
eran aquéllas que nunca cambiaban… y el filósofo presocrático griego Heráclito
enseñaba que todo cambia. Si superpones estos dos puntos de vista, se obtiene
este resultado: nada es real. Hay un fascinante paso siguiente en esta línea de
pensamiento: Parménides pudo no haber existido nunca porque envejeció y murió y
desapareció, así pues, de acuerdo con su propia filosofía, no existió. Y
Heráclito pudo haber estado en lo cierto –No olvidemos esto; así que si
Heráclito tenía razón, entonces Parménides existió, luego, según la filosofía
de Heráclito, quizás Parménides tenía razón, pues Parménides cumplía todas las
condiciones, el criterio, según las cuales Heráclito consideraba las cosas
reales.
Ofrezco esto simplemente para demostrar que tan pronto como empiezas a
preguntarte qué es real en último término, empiezas a decir cosas sin sentido.
Zen probó que el movimiento era imposible, (realmente él sólo creía que lo
había probado; lo que demostró se llama técnicamente "teoría de los
límites"). David Hume, el mayor escéptico de todos, una vez dijo que tras
una reunión de escépticos llegó a proclamar la veracidad del escepticismo como
teoría; todos los miembros de la reunión sin excepción salieron por puertas y
ventanas. Veo lo que Hume quería decir. Sólo eran palabras. Ninguno de los
solemnes filósofos se tomaba en serio lo que decían.
Pero yo considero el hecho de definir lo que es real –que es un tema serio,
incluso un tema vital. Y en algún lugar se encuentra el otro tema, la
definición del hombre auténtico. Porque el bombardeo de pseudo-realidades
rápidamente comienza a producir hombres de mentira, hombres falsos – tan falsos
como los datos que les presionan desde todos los flancos. Mis dos temas
favoritos son realmente uno sólo; se unen en este punto. Falsas realidades
crearán falsos humanos. O falsos humanos crearán falsas realidades y se las
venderán a otros humanos, volviéndolos a su vez falsificaciones de sí mismos.
Así que nos encontramos con falsos humanos inventando falsas realidades y
después colocándoselas a otros falsos humanos. Simplemente es una versión muy
ampliada de Disneyland. Puedes tener el Paseo Pirata o el Lincoln Simulacrum o
el Paseo Salvaje del Señor Toad – Puedes tenerlos todos, pero ninguno es de
verdad.
En mis escritos me interesé tanto por lo falso que finalmente alcancé una
definición de falsas falsedades. Por ejemplo, en Disneyland hay pájaros falsos,
que funcionan mediante motores eléctricos, que emiten graznidos y gorjeos
cuando pasas junto a ellos. Supón que una noche todos nosotros nos colamos en
el parque con pájaros de verdad y los cambiamos por los artificiales. Imagina
el horror que los oficiales de Disneyland sentirían al descubrir el cruel
engaño. ¡Pájaros de verdad! Y quizás algún día incluso hipopótamos y leones de
verdad. Consternación. El parque siendo astutamente transmutado de lo irreal a
lo real por fuerzas siniestras. De hecho, ¿te imaginas el Matterhorn convertido
en una genuina montaña cubierta de nieve? ¿Y si todo el lugar fuese, por un
milagro del poder y sabiduría de Dios, cambiado, en un momento, en un abrir y
cerrar de ojos, en algo incorruptible? Tendrían que clausurarlo.
En el Timeo de Platón, Dios no creó el Universo, como el Dios de los
cristianos; Simplemente se lo encuentra un día. Se halla en un estado de total
caos. Dios comienza a trabajar para transformar el caos en orden. La idea me
gusta, y la he adaptado para que supla mis propias necesidades intelectuales:
¿Y si todo el Universo comenzase como algo no tan real, como una ilusión, como
la religión hindú enseña, y Dios, sin amor ni amabilidad para nosotros, lo está
transformando lentamente, lenta y secretamente, en algo real?
No nos daríamos cuenta de esta transformación, pues no nos dimos cuenta de que
nuestro mundo era una ilusión al principio. Técnicamente ésta es una idea
gnóstica. El gnosticismo es una religión que unió a judíos, cristianos y
paganos durante algunas cientos de años. Me han acusado de mantener ideas
gnósticas. Supongo que lo hago. Hace algún tiempo me habrían quemado. Pero
algunas de sus ideas me intrigan. Una vez, mientras buscaba gnosticismo en la
Britannica, encontré una referencia a un código gnóstico llamado El Dios Irreal
y los Aspectos de Su Universo Inexistente, una idea que me hizo reír
inevitablemente. ¿Qué tipo de persona escribiría sobre lo que sabe que no
existe, y cómo puede algo inexistente tener aspectos? Pero entonces me di
cuenta de que había estado escribiendo sobre esos temas durante veinticinco
años. Supongo que hay un gran margen en lo que puedes decir cuando escribes
sobre algo que no existe. Un amigo mío publicó una vez un libro llamado Las serpientes
de Hawai. Algunas bibliotecas le escribieron pidiendo copias. Bueno, no hay
serpientes en Hawai. Todas las páginas de su libro eran nada.
Por supuesto, en la ciencia-ficción no hay pretensión alguna de que los mundos
descritos sean reales. Es por lo que la llamamos ficción. Al lector se le ha
advertido de antemano que no crea lo que está leyendo. Igualmente es verdad que
los visitantes de Disneyland comprenden que el Señor Toad realmente no existe y
que los piratas están animados por motores y mecanismos servoasistidos, relés y
circuitos electrónicos. Así que no se produce ninguna decepción.
Pero lo extraño es que, de algún modo, algún modo real, gran parte de lo que
aparece bajo el título de "ciencia-ficción" es verdad. Puede no ser
literariamente cierto, supongo. Realmente nunca hemos sido invadidos por
criaturas de otro sistema estelar, como aparece en Encuentros en la Tercera
Fase (Close Encounters of the Third Kind). Los productores de esa película
nunca pretendieron que nos lo creyéramos. ¿O no?
Y, más importante, si pretendían hacerlo, ¿es realmente cierto? Ahí está el
quid: no, ¿lo creen el autor o el productor, pero – ¿Es verdad? Porque, por
algún accidente, en la búsqueda de un buen argumento, un autor o productor o
guionista de ciencia- ficción podrían adentrarse en la verdad… y sólo más tarde
darse cuenta de ello.
La herramienta básica para la manipulación de la realidad son las palabras. Si
puedes controlar el significado de las palabras, puedes controlar a la gente
que debe usar esas palabras. George Orwell dejó esto bien claro en su novela
1984. Pero otro modo de controlar las mentes de las personas es controlar sus
percepciones. Si puedes conseguir que vean el mundo como tú lo ves, ellos
pensarán de la misma forma que tú lo haces. La comprensión sigue a la
percepción. ¿Cómo consigues que vean la realidad como tú la ves? Después de
todo, es sólo una realidad entre muchas. Las imágenes son un componente básico:
escenas. Ésta es la razón por la que el poder de la televisión para influir mentes
jóvenes es tan asombrosamente grande. Las palabras y las imágenes están
sincronizadas. La posibilidad del control total del telespectador existe,
especialmente en los telespectadores jóvenes. Ver la televisión es una forma de
aprender mientras se duerme. Un electroencefalograma de una persona que está
viendo la televisión muestra que tras aproximadamente media hora el cerebro
decide que no está ocurriendo nada, y pasa a un estado de adormilamiento
hipnótico, emitiendo ondas alpha. Esto se produce debido al poco movimiento
ocular. Además, gran parte de la información es gráfica y por tanto pasa al
hemisferio derecho del cerebro, en lugar de ser procesado por el izquierdo,
donde se halla la personalidad consciente. Experimentos recientes indican que
gran parte de lo que vemos en la pantalla de la televisión lo recibimos en una
base subliminal. Sólo imaginamos que vemos lo que hay ahí. El grueso de la
información elude nuestra atención; literalmente, tras unas horas de ver la
televisión, no sabemos qué hemos visto. Nuestros recuerdos son falsos, como los
de los sueños; el vacío se llena retrospectivamente. Y falsificado. Hemos
participado sin saberlo en la creación de una falsa realidad, y entonces nos la
hemos dado forzadamente a nosotros mismos. Hemos colaborado en nuestra propia
perdición.
Y - y lo digo como un escritor profesional de ciencia-ficción - los
productores, guionistas y directores que crean esos mundos audiovisuales no
saben qué parte de lo que contienen es verdadero. En otros mundos, hay víctimas
de sus productos, contando con nosotros. Hablando por mí mismo, yo no sé qué
parte de lo que he escrito es verdad, o qué partes (si lo es alguna), son
verdaderas. Ésta es una situación potencialmente letal. Tenemos ficción que
imita a la verdad y verdad que imita a la ficción. Tenemos una peligrosa
yuxtaposición, un peligroso borrón. Y con toda probabilidad no es deliberado.
De hecho, esto es parte del problema. No se puede obligar a un autor a que
etiquete su producto, como en una lata de pudding cuyos ingredientes están
anotados en la etiqueta… no se le puede obligar a decir qué parte es verdad y
cuál no si ni él mismo lo sabe.
Es una experiencia sobrecogedora escribir algo en una novela, creyendo que es
pura ficción, y ver más tarde – quizás años más tarde – que es cierto. Me
gustaría poneros un ejemplo. Es algo que yo no entiendo. Quizás podáis alcanzar
una teoría. Yo no puedo.
En 1970 escribí una novela llamada Fluyan Mis Lágrimas, Dijo el Policía. Uno de
los personajes es una chica de diecinueve años llamada Kathy. Su marido se
llama Jack. Kathy parece trabajar para el mundillo criminal, pero más tarde,
según leemos más profundamente en la novela, descubrimos que realmente trabaja
para la policía. Ella mantiene relaciones con un inspector de policía. El
personaje es pura ficción. O al menos así lo creía.
De cualquier modo, en el Día de Navidad de 1970, conocí a una chica llamada
Kathy – esto fue tras terminar la novela, se entiende. Tenía diecinueve años.
Su novio se llamaba Jack. Y pronto descubrí que Kathy era traficante de drogas.
Pasé meses intentando conseguir que dejara de vender drogas; le estuve
advirtiendo una y otra vez que la cogerían. Entonces, una tarde cuando
entrábamos en un restaurante juntos, Kathy se paró y dijo, "No puedo entrar".
Sentado en el restaurante había un inspector de policía al que yo conocía.
"Tengo que decirte la verdad," dijo Kathy. "Estoy manteniendo
relaciones con él".
Ciertamente son extrañas coincidencias. Quizás hubo precognición. Pero el
misterio se vuelve incluso más sorprendente; lo que sigue me desconcierta
completamente. Lo ha hecho durante cuatro años.
En 1974 la novela se publicó en Doubleday. Una tarde estaba hablando con mi
sacerdote – soy episcopal – y se me ocurrió comentarle una importante escena de
cerca del final del libro en la que el personaje Felix Buckman conoce a un
extraño negro en una gasolinera nocturna, y comienzan a hablar. Según le
describía la escena con más detalle, mi sacerdote estaba cada vez más agitado.
Finalmente dijo, "¡Ésa es una escena del Libro de los Hechos, de la
Biblia! En Hechos la persona que se encuentra al hombre negro se llama Philip –
tu nombre". El Padre Rasch estaba tan sorprendido por el parecido que ni
siquiera pudo localizar la escena en su Biblia. "Lee los Hechos", me
dijo. "Y estarás de acuerdo. Es igual hasta en detalles específicos".
Me fui a casa y leí la escena de los Hechos. Sí, el Padre Rasch tenía razón; la
escena de mi novela era una obvia repetición de la escena de los Hechos… y yo
nunca había leído los Hechos, debo admitirlo. Pero otra vez el puzzle es más
complejo. En los Hechos, el alto oficial romano que arrestaba e interrogaba a
San Pablo se llamaba Felix – el mismo nombre que mi personaje. Y mi personaje
Felix Buckman es un coronel de policía de alto rango; de hecho, en mi novela él
tiene el mismo oficio que el Felix del libro de los Hechos: la autoridad final.
Hay una conversación en mi novela que se parece mucho a la conversación entre
Felix y Pablo.
Bueno, decidí intentar encontrar otras similitudes. El personaje principal de
mi novela se llama Jason. Conseguí un índice de la Biblia y miré a ver si
alguien llamado Jason aparecía en algún lugar de la Biblia. No podía recordar
ninguno. Bueno, un hombre llamado Jason aparece una vez y sólo una en la
Biblia. Es en el Libro de los Hechos. Y, como para atormentarme aún más con las
coincidencias, en mi novela Jason huye de las autoridades y se refugia en casa
de una persona, y en Hechos el hombre llamado Jason aloja a un fugitivo de la
ley en su casa – una inversión exacta de la situación de mi novela, como si un
misterioso espíritu responsable de todo esto estuviese pasando un buen rato con
ello.
Felix, Jason, y el encuentro en la carretera con el hombre negro que era un
completo extraño. En Hechos, el discípulo Philip bautiza al hombre negro, quien
entonces se aleja regocijándose. En mi novela, Felix Buckman se acerca al
hombre negro para buscar apoyo emocional, porque la hermana de Felix Buckman
acaba de morir y él está hundiéndose psicológicamente. El hombre negro aleja
los espíritus de Buckman y aunque Buckman no se aleja regocijándose, al menos
sus lágrimas han dejado de caer. Había volado a casa, lamentando la muerte de
su hermana, y tuvo que acercarse a alguien, cualquiera, incluso un absoluto desconocido.
Es un encuentro entre dos desconocidos en la carretera que cambia la vida de
uno de ellos - tanto en mi novela como en Hechos. Y un apunte final para el
trabajo del misterioso espíritu: el nombre Felix es la palabra latina para
"feliz". Lo que yo no sabía cuando escribí la novela.
Un estudio cuidadoso de mi novela muestra que por razones que no puedo ni
empezar a explicar me las había apañado para relatar algunos incidentes básicos
de un libro particular de la Biblia, e incluso tomado los nombres correctos.
¿Qué podría explicar esto? Hace cuatro años que descubrí todo esto. Durante
cuatro años he intentado llegar a una teoría y no lo he hecho. Dudo que llegue
a hacerlo.
Pero el misterio no había terminado ahí, como yo había imaginado. Hace dos meses
iba andando al buzón de correos por la noche para enviar una carta, y también
para disfrutar de la vista de la Iglesia de San José, que se encuentra tras el
edificio de mi apartamento. Vi a un hombre dando vueltas sospechosamente
alrededor de un coche aparcado. Parecía que estaba intentando robar el coche, o
quizás algo de su interior; cuando regresaba del buzón, el hombre se escondió
tras un árbol. Por un impulso me acerqué a él y le pregunté, "¿Hay algún
problema?"
"Me he quedado sin gasolina," dijo el hombre. "Y no tengo
dinero."
Increíblemente, puesto que nunca había hecho esto antes, saqué mi cartera, tomé
todo el dinero de ésta, y se lo di. Entonces él me dio un apretón de manos y me
preguntó dónde vivía, para que pudiese devolverme el dinero más tarde. Regresé
a mi apartamento, y entonces me di cuenta de que el dinero no le serviría de
nada, pues no había ninguna gasolinera donde ir andando. Así pues regresé, en
mi coche. El hombre tenía una lata de gasolina de metal en el maletero de su
coche, y, juntos, fuimos en mi coche a una gasolinera nocturna. Pronto
estuvimos allí, dos desconocidos, mientras el encargado llenaba la lata de
gasolina. De repente me di cuenta de que ésta era la escena de mi novela - la
novela escrita ocho años atrás. La gasolinera nocturna era exactamente como yo
la había visto en mi ojo interior cuando escribí la escena - la parpadeante luz
azul, el encargado - y en ese momento observé un detalle que no había visto
antes. El extraño al que estaba ayudando era negro.
Fuimos de vuelta a su coche cargados con la gasolina, nos dimos un apretón de
manos, y entonces volví a mi edificio de apartamentos. No volví a verle. No
podía devolverme el dinero porque yo no le había dicho cuál de los muchos
apartamentos era el mío o cuál era mi nombre. Estaba demasiado asombrado por la
experiencia. Había vivido literalmente una escena completa tal y como aparecía
en mi novela. Lo que viene a ser, que viví una especie de réplica de la escena
de los Hechos en la que Philip se encuentra con el hombre negro en el camino.
¿Qué podría explicar todo esto?
La respuesta a la que he llegado puede no ser correcta, pero es la única que
tengo. Tiene que ver con el tiempo. Mi teoría es: En cierto sentido, el tiempo
no es real. O quizás es real, pero no como nosotros lo experimentamos o
imaginamos que es. Yo tenía la aguda, abrumadora certeza (y todavía la tengo)
de que a pesar de los cambios que vemos, una zona específica y permanente
subyace bajo el mundo de cambio: y que esa invisible zona subyacente es la de
la Biblia; éste, específicamente, es el periodo inmediatamente posterior a la
muerte y resurrección de Cristo; éste es, en otras palabras, el periodo de
tiempo del Libro de los Hechos.
Parménides estaría orgulloso de mí. He observado un momento en continuo cambio
y declarado que bajo éste subyace lo eterno, lo inalterable, lo absolutamente
real. ¿Pero cómo hemos llegado a esto? Si el tiempo real es más o menos el 50
d.C., ¿por qué vemos el 1978 d.C.? Y si realmente estamos viviendo en el
Imperio Romano, en algún lugar de Siria, ¿por qué vemos los Estados Unidos?
Durante las Edad Media, surgió una curiosa teoría, que ahora os presentaré,
pues merece la pena. Es la teoría de que el Maligno - Satán - es el "Mono
de Dios". Que crea imitaciones falsas de la creación, de la auténtica
creación de Dios, y que las cambia por la auténtica creación. ¿Ayuda esta
extraña teoría a explicar mi experiencia? ¿Vamos a creer que estamos engañados,
que estamos engatusados, que no es 1978 d.C. sino 50 d.C.... y que Satán ha entretejido
una realidad simulada para menoscabar nuestra fe en el regreso de Cristo?
Me puedo imaginar siendo examinado por el psiquiatra. El psiquiatra dice,
"¿En qué año estamos?" Y yo contesto, "50 d.C.". El
psiquiatra parpadea y entonces pregunta, "¿Y dónde estás?" Yo
contesto, "En Judea". "¿Dónde cuernos está eso?" pregunta
el psiquiatra. "Es una parte del Imperio Romano", tendría que
contestar. "¿Sabes quién es el Presidente?" preguntaría el
psiquiatra, y yo contestaría, "El Procurador Félix". "¿Estás
seguro de eso?" diría el psiquiatra, mientras hace una señal disimulada a
dos enormes psicotécnicos. "Sí", tendría que contestar. "Excepto
que Félix ha descendido y ha sido remplazado por el Procurador Festus. Ya ves,
San Pablo fue capturado por Félix por -" "¿Quién le dijo todo
eso?" interrumpiría el psiquiatra, irritadamente, y yo contestaría,
"El Espíritu Santo". Y tras esto me encontraría en una habitación de
goma, espiando fuera, y sabiendo exactamente cómo llegué hasta allí.
Todo en esa conversación sería cierto, en cierto sentido, pero palpablemente
incierto en otro. Yo sé perfectamente bien que la fecha es 1978 y que Jimmy
Carter es el Presidente y que vivo en Santa Ana, California, en los Estados
Unidos. Incluso sé cómo llegar desde mi apartamento a Disneyland, un hecho que
no parece que pueda olvidar. Y seguramente no existía ningún Disneyland en
tiempos de San Pablo.
Así pues, si me esfuerzo en ser muy racional y razonable, y todas esas otras
cosas buenas, debo admitir que la existencia de Disneyland (que sé que es real)
prueba que no estamos viviendo en Judea en el 50 d.C. La idea de San Pablo
dando vueltas en las tazas gigantes mientras escribía las Primeras Cartas a los
Corintios, mientras la televisión parisina le graba con una lente de fotografía
- que simplemente no puede existir. San Pablo nunca se acercaría a Disneyland.
Sólo los niños, turistas, y los altos oficiales visitantes soviéticos van a
Disneyland. Los Santos no.
Pero de algún modo ese material bíblico se introdujo en mi inconsciente y se
coló en mi novela, e igualmente cierto, por alguna razón en 1978 reviví una
escena que había descrito en 1970. Lo que estoy diciendo es esto: Hay una
evidencia interna en al menos una de mis novelas de que otra realidad, una
realidad inalterable, exactamente como Parménides y Platón sospecharon, yace
bajo el mundo fenoménico visible de lo cambiante, y de algún modo, de alguna
forma, quizás para nuestra sorpresa, podemos llegar a ella. O a lo mejor, un
misterioso Espíritu puede ponernos en contacto con ella, si desea que veamos
esa otra zona permanente. El tiempo pasa, miles de años pasan, pero en el mismo
instante en que vemos este mundo contemporáneo, el mundo antiguo, el mundo de
la Biblia, se halla junto a él, aún ahí y aún real. Eternamente.
¿Debo dar todo por perdido y contaros el resto de esta peculiar historia? Así
haré, habiendo llegado tan lejos. Mi novela Fluyan mis lágrimas, Dijo el
policía fue publicada por Doubleday en Febrero de 1974. La semana posterior a
cuando fue publicada, me sacaron dos muelas de juicio picadas, bajo pentatol
sódico. Más tarde ese día sufría un intenso dolor. Mi esposa telefoneó al
dentista y él llamó a la farmacia. Media hora después llamaron a mi puerta: el
recadero de la farmacia con la medicina para el dolor. Aunque estaba sangrando
y mareado y débil, sentí la necesidad de abrir yo mismo la puerta. Cuando abrí
la puerta, me encontré frente a una mujer - que llevaba un brillante colgante
dorado en el centro del cual había un brillante pez de oro. Por alguna razón me
quedé hipnotizado por el brillante pez dorado; olvidé el dolor, olvidé la
medicina, olvidé por qué estaba la chica allí. Simplemente permanecí mirando
fijamente el signo del pez.
"¿Qué significa eso?" le pregunté.
La chica tocó el resplandeciente pez dorado con la mano y dijo, "Es un
símbolo que llevaban los antiguos cristianos". Entonces me dio el paquete
de medicinas.
En ese momento, mientras miraba fijamente el signo del brillante pez y oía sus
palabras, repentinamente experimenté lo que más tarde descubrí se llama
anamnesia – una palabra griega que significa, literalmente, "pérdida del
olvido". Recordé quién era y dónde estaba. En un momento, en un abrir y
cerrar de ojos, todo volvió a mí. Y no sólo pude recordarlo sino que pude verlo.
La chica era una secreta Cristiana al igual que yo. Vivíamos temiendo que los
romanos nos detectasen. Teníamos que comunicarnos con signos secretos. Ella
sólo me había dicho eso, y era verdad.
Por un corto tiempo, tan difícil es de creer o explicar, vi sombreando la vista
los contornos de la negra prisión de los odiosos romanos. Pero, mucho más
importante, recordé a Jesús, quien había estado con nosotros recientemente, y
se había marchado temporalmente, y regresaría muy pronto. Mi emoción fue de
placer. Nos estábamos preparando en secreto para recibirle de vuelta. No
tardaría mucho. Y los romanos no lo sabían. Ellos creían que Él estaba muerto,
muerto para siempre. Ése era nuestro gran secreto, nuestro agradable
conocimiento. A pesar de las apariencias, Cristo iba a regresar, y nuestro
asombro y anticipación no tenían fin.
¿No es raro que este extraño suceso, esta recuperación de recuerdos perdidos,
ocurriese sólo una semana después de que Fluyan mis lágrimas fuese publicado? Y
es Fluyan mis lágrimas el que contiene la réplica de personas y hechos del
Libro de los Hechos, que se sitúa en el momento preciso – justo tras la muerte
y resurrección de Cristo – que yo recordé, gracias al símbolo del pez dorado,
como si estuviesen teniendo lugar.
Si fueras yo, y esto te ocurriese a ti, estoy seguro de que no podrías dejarlo
de lado. Buscarías una teoría que diese cuenta de ello. Desde hace ahora unos
cuatro años, he estado probando una teoría tras otra: tiempo circular, tiempo
congelado, tiempo atemporal, lo que se llama tiempo "sagrado" como
contraste con el tiempo "mundano"… No puedo contar las teorías que he
probado. Una constante ha prevalecido, aún así, durante todas las teorías.
Indudablemente debe haber un misterioso Espíritu Santo que tenga una exacta e
íntima relación con Cristo, que puede residir en las mentes humanas, guiarlas e
informarlas, e incluso expresarse a través de esos humanos, incluso sin que se
den cuenta.
Durante la escritura de Fluyan mis lágrimas, en 1970, hubo un extraño suceso
que entonces reconocí como poco ordinario, que no era parte del proceso regular
de escritura. Tuve un sueño una noche, uno especialmente vívido. Y cuando
desperté me hallé bajo el deseo – la absoluta necesidad – de introducir el
sueño en el texto de la novela exactamente como lo había soñado. Para hacer
esto perfectamente, tuve que hacer once borradores de la parte final del
manuscrito, hasta que estuve satisfecho.
El campo, marrón y seco, en verano, donde él había vivido de niño. Montaba un
caballo, y aproximándose por su derecha una manada de caballos acercándose
lentamente. En los caballos montaban hombres con brillantes ropajes, cada uno
de distinto color; cada uno llevaba una coraza punteada que relucía con la luz
del sol. Los lentos, solemnes caballeros le pasaron y según le adelantaban él
se fijó en el rostro de uno: una vieja cara redonda, un terrible hombre viejo
con rizadas cascadas de barba negra. Qué fuerte nariz tenía. Qué facciones más
nobles. Tan cansado, tan serio, tan lejos de los hombres corrientes. Evidentemente
era un rey. Felix Buckman les dejó pasar; él no habló con ellos y ellos no le
dijeron nada. Juntos, todos se dirigieron a la casa de la que había salido. Un
hombre se había encerrado en lo alto de la casa, un único hombre, Jason
Taverner, en el silencio y oscuridad, sin ventanas, por sí mismo desde ahora
hasta la eternidad. Sentado, simplemente existiendo, inerte. Felix Buckman
siguió adelante, saliendo al amplio campo. Y entonces escuchó detrás suya un
único grito terrible. Habían matado a Taverner, y viéndoles entrar,
sintiéndoles en las sombras a su alrededor, sabiendo lo que pretendían hacer
con él, Taverner había gritado. En su interior Felix Buckman sintió absoluta y
completa aflicción. Pero en el sueño no volvía ni miraba atrás. No se podía hacer
nada. Nadie habría podido detener la determinación de los hombres de trajes
multicolores; no se les podría haber dicho que no lo hiciesen. De cualquier
modo, eso ya había pasado. Taverner estaba muerto.
Este pasaje probablemente no os sugiere ninguna cosa en particular, excepto una
legal determinación del juicio de alguien culpable o considerado culpable. No
está claro si Taverner ha cometido de hecho un crimen o simplemente se cree que
ha cometido algún crimen. Yo tuve la sensación de que era culpable, pero que
era una tragedia que tuviese que ser asesinado, una triste tragedia terrible.
En la novela, este sueño hace a Felix Buckman empezar a llorar, y entonces se
encuentra con el hombre negro en la gasolinera nocturna.
Meses después de que la novela se publicase, encontré la sección de la Biblia a
la que se refiere este sueño. Es Daniel, 7:9:
...fueron colocados tronos y un anciano de días se sentó: su vestido era blanco
como la nieve, los cabellos de su cabeza puros como la lana, su trono de llamas
de fuego y sus ruedas de fuego ardiente. Un río de fuego corría y se extendía
delante de él. Millares y millares le servían y una miríada de miríadas estaba
de pie ante él. El tribunal se sentó y los libros fueron abiertos.
El hombre del cabello blanco vuelve a aparecer en Apocalipsis, 1:13:
Y en medio de los candelabros al que es como Hijo del hombre, vestido de túnica
talar, ceñidos los lomos con un cinturón de oro. Su cabeza y las hebras de su
barba eran blancas cual lana blanca, como nieve, sus ojos como llamas de fuego.
Y sus pies semejantes al bronce bruñido, como metales rusientes en la fragua. Y
su voz como rumor de hinchado oleaje.
Y después 1:17:
Y viéndole, caí a sus pies como muerto. Y puso su diestra sobre mí, diciéndome:
Cese tu temor. Yo soy desde siempre para siempre. Soy asimismo el viviente; y
aunque estuve muerto, heme aquí vivo por los siglos de los siglos. Yo tengo las
llaves de la Muerte y del Hades. Escribe, pues, lo que has visto, lo que es y
lo que va a venir después de esto.
Y, como Juan de Patmos, anoté fielmente lo que vi y lo puse en mi novela. Y era
verdad, aunque en su momento no supe a quién se refería esa descripción:
...él se fijó en el rostro de uno: una vieja cara redonda, un terrible hombre
viejo con rizadas cascadas de barba negra. Qué poderosa nariz tenía. Qué
facciones más nobles. Tan cansado, tan serio, tan lejos de los hombres
corrientes. Evidentemente era un rey.
Sin duda era un rey. Es el mismo Cristo retornado, para juzgar. Y eso es lo que
hace en mi novela: Él juzga al hombre encerrado arriba en la oscuridad. El
hombre encerrado arriba en la oscuridad debe ser el Príncipe del Mal, la Fuerza
de la Oscuridad. Llamadlo como queráis, su hora ha llegado. Fue juzgado y
condenado. Felix Buckman pudo llorar la tristeza de esto, pero sabía que el
veredicto no podía ser discutido. Y así pues él siguió cabalgando, sin dar la
vuelta o mirar atrás, oyendo el grito de miedo y derrota: el grito del mal
destruido.
Así pues mi novela contenía material de otras partes de la Biblia, aparte de
las secciones de los Hechos. Descifrada, mi novela cuenta una historia bastante
diferente de la historia de la superficie (en la que no necesitamos
introducirnos aquí). La historia real es simplemente ésta: el retorno de Cristo,
ahora rey más que sirviente sufridor. Juez más que víctima de un juicio
injusto. Todo está dado la vuelta. El mensaje central de mi novela, sin saberlo
yo, era un aviso al poderoso: pronto Tú serás juzgado y condenado. ¿A quién,
específicamente, se refería esto? Bien, realmente no puedo decirlo; o más bien
preferiría no decirlo. No lo sé con certeza, sólo tengo una intuición. Y eso no
es suficiente para seguir, así que me guardaré mis pensamientos para mí mismo.
Pero deberíais pensar qué eventos políticos tuvieron lugar en este país entre
Febrero de 1974 y Agosto de 1974. Preguntaos quién fue juzgado y condenado, y
cayó como una estrella fugaz en ruina y desgracia. El hombre más poderoso del
mundo. Y siento tanta pena por él como lo sentí cuando soñé aquel sueño.
"Ese pobre hombre", dije una vez a mi esposa, con lágrimas en mis
ojos. "Encerrado en la oscuridad, tocando el piano en la noche para sí
mismo, solo y asustado, sabiendo lo que está por venir". Por Dios,
perdonémosle, finalmente. Pero lo que les hicieron a él y a sus hombres –
"todos los hombres del presidente", como está escrito - tenía que
hacerse. Pero ya ha pasado, y debería dejársele en la luz del sol de nuevo;
ninguna criatura, ninguna persona, debería ser encerrado en la oscuridad
eternamente, aterrorizado. Esto no es humano.
Por el tiempo en que la Corte Suprema estaba decidiendo que las cintas de Nixon
debían devolverse a la acusación particular, yo estaba comiendo en un
restaurante chino en Yorba Linda, el pueblo de California donde Nixon fue al
colegio - donde creció, trabajó en el almacén de verduras, donde hay un parque
con su nombre, y por supuesto la casa Nixon, simples listones de chilla y todo
eso. En mi galletita de la fortuna, tenía la siguiente predicción:
LO HECHO EN SECRETO HALLA
EL MODO DE SALIR A LA LUZ.
Envié el pedazo de papel a la Casa Blanca, mencionando que el restaurante chino
se encontraba a una milla de la casa original de Nixon, y decía, "Creo que
ha habido un error; por accidente obtuve la predicción del señor Nixon. ¿Tiene
él la mía?" La Casa Blanca no contestó.
Bien, como dije antes, un escritor de ciencia-ficción podría escribir la verdad
y no saberlo. Por citar a Xenófanes, otro presocrático: "Incluso si un
hombre debiera intentar decir la verdad absoluta, ni siquiera él lo sabría;
todo está envuelto en apariencias" (fragmento 34). Y Heráclito añadió a
esto: "La naturaleza de las cosas tiene la costumbre de ocultarse"
(fragmento 54). W. S. Gilbert, de Gilbert y Sullivan (G&S), escribió: "Rara
vez son las cosas lo que parecen; leche desnatada disfrazada de crema." El
sentido de todo esto es que no podemos confiar en nuestros sentidos y
posiblemente ni siquiera en nuestro razonamiento a priori. Como para nuestros
sentidos, entiendo que la gente que ha estado ciega desde su nacimiento y de
repente se les ofrece la vista, se maravillan de descubrir que los objetos
parecen hacerse cada vez más pequeños según se alejan. Lógicamente, no hay una
razón para esto. Nosotros, por supuesto, hemos llegado a aceptar esto, porque
estamos acostumbrados a esto. Vemos a los objetos hacerse más pequeños, pero
sabemos que realmente ellos mantienen el mismo tamaño. Así pues incluso la
persona pragmática de cada día utiliza una cierta cantidad de sofisticados
menosprecios de lo que nuestros ojos y oídos le dicen.
Poco de lo escrito por Heráclito ha sobrevivido, y lo que tenemos es oscuro,
pero el fragmento 54 es lúcido e importante: "La estructura latente es el
amo de la estructura obvia". Esto quiere decir que Heráclito creía que un
velo yacía sobre la verdadera estructura. Él también pudo haber sospechado que
el tiempo no era de algún modo lo que parecía, porque en el fragmento 52 decía:
"El tiempo es un niño que juega, juega a las damas; de un niño es el
reino." Esto es sin duda críptico. Pero también decía en el fragmento 18:
"Si uno no lo espera, no encontrará lo inesperado; no va a ser rastreado y
ningún camino nos guía allí." Edward Hussey, en su libro escolar Los
presocráticos, dice:
Si Heráclito es tan insistente en la falta de entendimiento mostrada por la
mayoría de los hombres, sólo parecería razonable que debiera ofrecer
instrucciones más detalladas para penetrar la verdad. El discurso de la
adivinación enigmática sugiere que algún tipo de revelación, más allá del
control humano, es necesario... La verdadera sabiduría, como se ha visto, está
íntimamente relacionada con Dios, lo que sugiere que cuanto más avanza la
sabiduría un hombre se vuelve como, o una parte, de Dios.
Este fragmento no forma parte de un libro religioso ni de un libro de teología;
es un análisis de los primeros filósofos por un catedrático de Filosofía
Antigua en la Universidad de Oxford. Hussey deja claro que para esos primeros
filósofos no existía distinción entre filosofía y religión. El primer gran salto
cuantitativo de la filosofía griega fue de Xenófanes de Colofón, nacido a
mediados del siglo VI a.C.. Xenófanes, sin referirse a ninguna autoridad aparte
de la de su propia mente, dice:
Un Dios hay, en ningún modo como las criaturas y también sin forma corporal en
el pensamiento de su mente. Todo él ve, todo él piensa, todo él oye. Siempre
permanece sin moverse en el mismo sitio: sin esfuerzo se mueve ahora para acá,
ahora para allá.
Ésta es una concepción sutil y avanzada de Dios, evidentemente sin precedente
entre los pensadores griegos. "Los razonamientos de Parménides parecían
mostrar que toda la realidad debe ser sin duda una mente," escribe Hussey,
"o un objeto de pensamiento en una mente." Leyendo Heráclito
específicamente, dice, "En Heráclito es difícil decir cuánta distancia
separa los designios de la mente Dios de su ejecución en el mundo, o qué
distancia separa la mente de Dios del mundo." El más lejano esfuerzo de
Anáxagoras me ha fascinado siempre "Anáxagoras había sido conducido a una
teoría de la microestructura de la materia que la hacía, hasta cierto punto,
misteriosa para la razón humana." Anáxagoras creía que todo estaba
determinado por la Mente. Éstos no son pensadores infantiles, ni primitivos.
Discutían asuntos importantes y cada uno estudiaba los puntos de vista de los
demás con gran detalle. No fue hasta la época de Aristóteles que sus puntos de
vista se redujeron a lo que podemos inteligentemente - pero de forma equivocada
- clasificar como básico. La suma de gran parte de la teología y filosofía
presocráticas se puede establecer como sigue: El Kosmos no es como parece ser,
y lo que probablemente sea, en su nivel más profundo, es exactamente lo que el
ser humano es en su nivel más profundo - llámalo mente o alma, es algo unitario
que vive y piensa, y sólo parece ser múltiple y material. Gran parte de este
punto de vista nos llega a través de la doctrina del Logos observada por
Cristo. El Logos era tanto aquello que pensó, como la cosa que fue pensada:
pensador y pensamiento unidos. El universo, entonces, es pensador y
pensamiento, y puesto que somos parte de éste, nosotros, como humanos, somos,
en el análisis final, pensamientos y pensadores de esos pensamientos.Así pues,
si Dios piensa en Roma hacia el 50 d.C., entonces Roma hacia el 50 d.C. es. El
universo no es un reloj de arena y Dios la mano que lo voltea. El universo no
es una reloj que funciona con baterías y Dios la batería. Spinoza creía que el
universo era el cuerpo de Dios extendido en el espacio. Pero mucho antes que Spinoza
- dos mil años antes que él - Xenófanes había dicho, "Sin esfuerzo, él usa
todas las cosas mediante el pensamiento de su mente".
Si cualquiera de vosotros ha leído mi novela Ubik, sabe que la misteriosa
entidad o mente o fuerza llamada Ubik comienza como una serie de baratos y
vulgares anuncios y termina diciendo:
Yo soy Ubik. Yo existo desde antes de que el universo existiese. Yo hice los
soles. Yo hice los mundos. Yo creé las vidas y los sitios que habitan; Yo los
moví allí, Yo los puse allí. Ellos hacen lo que Yo digo, ellos hacen lo que Yo
les ordeno. Yo soy la palabra y mi nombre nunca es pronunciado, el nombre que
nadie sabe. Me llaman Ubik pero ése no es mi nombre. Yo soy. Yo seré siempre.
A partir de esto es obvio quién y qué es Ubik; él específicamente dice que es
la palabra, lo que viene a ser, el Logos. En la traducción alemana, se da uno
de los más maravillosos lapsos de correcto entendimiento que me he encontrado;
Dios nos asista si el hombre que tradujo mi novela Ubik al alemán fuese a hacer
una traducción del griego koine al alemán del Nuevo Testamento. Él lo hizo
correctamente hasta que llegó a la frase "Yo soy la palabra". Esto le
descolocó. ¿Qué puede querer decir el autor con esto? debió preguntarse,
obviamente sin haberse encontrado jamás con la doctrina del Logos. Así que hizo
un trabajo de traducción tan bueno como pudo. En la edición alemana, la Entidad
Absoluta que hizo los soles, hizo los planetas, creó las vidas y los lugares
que habitan, dice de sí misma:
Yo soy el nombre marcado.
Si hubiese traducido el Evangelio según San Juan, supongo que habría sido algo
así:
En el principio existía el nombre marcado; y el nombre marcado estaba con Dios;
y el nombre marcado era Dios.
Podría parecer que no sólo os traigo felicidades desde Disneyland sino de
Mortimer Snerd. Ése es el destino de un autor que esperaba incluir temas
teológicos en sus escritos. "El nombre marcado, entonces, estaba con Dios
en el principio, y a través de él todas las cosas llegaron a ser; ni una sola
cosa de cuantas existen ha llegado a la existencia sin él". Así que tiene
nobles ambiciones. Esperemos que Dios tenga sentido del humor.
O debería decir, Esperemos que el nombre marcado tenga sentido del humor.
Como ya dije anteriormente, mis dos preocupaciones en mi literatura son
"¿Qué es real?" y "¿Qué es el hombre auténtico?". Estoy
seguro de que podéis ver que no he podido responder a la primera pregunta. He
estado usando la intuición de que de algún modo el mundo de la Biblia es una
zona literalmente real pero velada, inmutable, oculta de nuestra vista, pero
alcanzable para nosotros mediante la revelación. Esto es todo lo que he
alcanzado - una mezcla de experiencia mística, razonamiento y fe. Me gustaría
decir algo acerca de los rasgos del hombre real, también; en esta aventura he
obtenido respuestas más plausibles.
El ser humano auténtico es uno de nosotros que instintivamente sabe lo que no
debe hacer, y, además, se opondrá a hacerlo. Se negará a hacerlo, incluso si
esto conlleva graves consecuencias para él como para aquellos a quienes ama.
Éste, para mí, es el definitivo rasgo heroico de la gente normal; ellos dicen
no al tirano y con calma acogen las consecuencias de la resistencia. Sus actos
pueden ser pequeños, e incluso casi siempre desapercibidos, sin señal en la
historia. Sus nombres no son recordados, ni estos auténticos humanos esperaban
que sus nombres fueran recordados. Veo su autenticidad en un modo extraño: no
en su desgana al realizar actos heroicos sino en sus negativas silenciosas. En
esencia, ellos no pueden ser obligados a ser lo que no son.
El poder de las realidades falsas golpeándonos hoy - esas mentiras
manufacturadas deliberadamente nunca penetran en el corazón de seres humanos de
verdad. Observo a los chicos viendo la televisión y lo primero que me preocupa
es lo que les están enseñando, y entonces me doy cuenta, Ellos no pueden ser
corrompidos o destruidos. Ellos observan, ellos escuchan, ellos entienden, y,
entonces, donde y cuando es necesario, ellos rechazan. Hay algo enormemente
poderoso en la habilidad de un niño de evitar lo fraudulento. Un niño tiene el
ojo más claro, la mano más firme. Los vendedores, los promotores, están
atrayendo la lealtad de estas pequeñas personas para nada. Es verdad, las
compañías de cereales pueden ser capaces de vender grandes cantidades de copos
para el desayuno; las cadenas de hamburguesas y perritos calientes pueden
vender cantidades infinitas de unidades de comida rápida irreal a los niños,
pero el profundo corazón late firmemente, sin ser alcanzado ni manipulado. Un
chico de hoy puede detectar una mentira más rápido que los más sabios adultos
de hace dos décadas. Cuando quiero saber qué es verdad, pregunto a mis hijos.
Ellos no me preguntan; yo me vuelvo a ellos.
Un día mi hijo Christopher, de cuatro años, estaba jugando ante mí y su madre,
nosotros, los dos adultos, comenzamos a discutir la figura de Jesús en los
Evangelios Sinópticos. Christopher se giró hacia nosotros un momento y dijo,
"Yo soy un pescador. Pesco por el pescado". Estaba jugando con una
linterna de metal que alguien me había regalado, que yo nunca había usado... y
de repente me di cuenta de que la linterna tenía forma de pez. Me pregunto qué
pensamientos estaban siendo colocados en el alma de mi pequeño niño en ese
momento - y no colocados por vendedores de cereales o caramelos. "Yo soy
un pescador. Pesco por el pescado". Christopher, a la edad de cuatro años,
había encontrado la señal que yo no encontré hasta que tenía cuarenta y cinco
años. El tiempo se está acelerando. ¿Y a qué fin? Quizá nos lo dijeron hace dos
mil años. O quizás no fue hace tanto; quizás es una ilusión el que haya pasado
tanto tiempo. Quizás fue hace una semana, o incluso hoy hace un rato. Quizás el
tiempo no sólo se está acelerando; quizás, además, va a terminar.
Y si lo hace, los paseos en Disneylandia no volverán a ser lo mismo. Porque
cuando el tiempo se acaba, los pájaros y los hipopótamos y leones y ciervos de
Disneylandia no serán nunca más imitaciones, por primera vez, y un pájaro real
cantará.
Gracias.


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