© Libro N° 6137.
Carl Sagan: Una Vida En El Cosmos. Poundstone, William. Emancipación. Junio 22 de
2019.
Título
original: © Carl Sagan: Una Vida En El Cosmos. William Poundstone
Versión Original: © Carl Sagan: Una Vida En El Cosmos. William
Poundstone
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición
digital de Versión original de textos:
http://www.librosmaravillosos.com/carlsaganunavidaenelcosmos/index.html
Licencia Creative Commons:
Emancipación
Obrera utiliza una licencia Creative
Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única
condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión
cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos
publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del
conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a
Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente
educativos y está prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O. de Imagen original:
http://www.librosmaravillosos.com/carlsaganunavidaenelcosmos/index.html
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
CARL SAGAN: UNA VIDA EN EL COSMOS
William Poundstone
CONTENIDO
Prólogo
Brooklyn
(1934-1948)
Rahway
(1948-1951)
Chicago
(1951-1960)
Berkeley
(1960-1963)
Cambridge
(1963-1968)
Ithaca
(1968-1976)
Pasadena
(1976)
Ithaca
(1977-1978)
Los
Ángeles (1978-1981)
Ithaca
(1981-1995)
Seattle
(1995-1996)
Epílogo
Bibliografía
Agradecimientos
Imágenes
Para Arthur Flannigan Saint-Aubin
Pues ¿qué son las estrellas sino asteriscos que apuntan a la
vida humana?
EMILY DICKINSON
Sagan en 1976.
Prólogo
Cuando Carl Sagan todavía no había cumplido los cinco años, sus
padres se lo llevaron bien abrigado hasta la estación de ferrocarril elevado de
la calle 86. Carl aún era lo bastante pequeño para que su padre Samuel lo
llevara subido a hombros y para que la vigilante presencia de su madre, Rachel,
lo tranquilizara más que inhibiera[1]. Cuando llegó el tren, la familia
emprendió un complicado viaje por Brooklyn y Queens. Acabaron en un lugar de
Nueva York llamado Corona. Brillando ante ellos en el fresco aire de la mañana
se extendía la ciudad del futuro.
El promotor Grover Whalen drenó grandes extensiones de las
marismas de Long Island a fin de construir la Feria Mundial de Nueva York de
1939. Su tema era el tiempo… el tiempo futuro. Su mensaje, el gran credo del
siglo XIX: el futuro sería diferente del pasado, y la ciencia el agente
primordial del cambio.
«Aquel día ejerció una poderosa influencia sobre mi
pensamiento», rememoraba Carl Sagan hacia el final de su vida[2]. Los
asistentes a la feria contemplaron un «futuro perfecto posibilitado por la
ciencia[3]» y aquí concretado en acero y vidrio. Las grandes torres de
Manhattan que dormitaban en el nefasto 1939, palidecían por comparación.
* * * *
La feria de 1939 superó en novedades La feria de 1939 superó en
novedades a los Tomorrowlands[4] y EPCOT[5] que inspiró. Whalen tenía el
suficiente sentido del espectáculo para combinar la edificación con el
entretenimiento. En un parque de atracciones de más de 100.000 m2 podían
encontrarse montañas rusas, pistas de bobsleigh y un salto en paracaídas desde
75 metros de altura. Clientes tan osados como Tallulah Bankhead[6] y el
almirante Byrd[7] pagaron cuarenta centavos por experimentar esos imponentes
diez segundos de caída. El paseo central de la feria impresionaba a los
visitantes por su limpieza, modernidad y buen gusto. «Los espectáculos de
fenómenos no alardean de monstruos excepcionales[8]», informó un semanario (que
solo se encontró con los habituales pigmeos y vacas bicéfalas). Para los padres
había incentivos de otra índole. En una vertiginosa sucesión de cuadros vivos
podían verse hermosas mujeres a medio vestir: «Chicas del Ártico» congelándose
en el interior de tartas de hielo; «Amazonas» blandiendo arcos y flechas;
«Zagalas de Cristal» contoneándose en una sala de espejos que reflejaban carne
y mallas hasta el infinito[9].
* * * *
Los desnudos y los fenómenos, en calidad de pasado, constituían
el prólogo. Luego el visitante entraba en el «Mundo del Mañana» de Whalen tras
cruzar un ancho puente. La plaza central la dominaban el Perisferio y el
Trylon, una esfera de color blanco perla y un obelisco de diseño aerodinámico.
En torno a ellos se extendía una ciudad moderna con avenidas de tres carriles,
fuentes y calculados efectos de color, luz y tamaño. La sombra visiblemente
trepadora del mayor reloj solar del mundo (con un gnomon de 25 metros de
altura) recordaba a los visitantes su propio viaje sin retorno al futuro.
Desafiando la depresión mundial y los estruendos de la guerra,
sesenta naciones rivalizaban con las empresas estadounidenses por financiar las
más deslumbrantes muestras de tecnología, arte e imaginación. De las mayores y
más ricas naciones del mundo, solamente China y la Alemania de Hitler
estuvieron ausentes. La arruinada Unión Soviética de Stalin (de donde procedían
los antepasados de Sagan) reunió a duras penas 4 millones de dólares para
montar un pabellón en el que se exhibía un gran mapa de la patria con todas las
ciudades y pueblos resaltados con joyas y piedras semipreciosas, y sobre un
pilono de pórfido rojo se erigía una monumental estatua de un obrero ruso
alzando al cielo una estrella roja de cinco puntas. El pabellón italiano
trataba de no llamar la atención sobre Mussolini, a favor de las artes y las
industrias italianas. Era fácil pasar por alto las palabras escritas sobre el
muro: Credere! Obbedire! Combattere! (¡Creer! ¡Obedecer! ¡Combatir!)[10].
Donde más sensible resultaba la presencia de EEUU era en las
exposiciones de sus empresas. En ellas, la forma de las cosas por venir la
decidían quienes pagaban las facturas. En el popular Futurama de General
Motors, visitantes con los pies destrozados se desplomaban sobre mullidos
sillones mientras una plataforma móvil los introducía sin tregua en el mundo
del año 1960. Lo que se revelaba eran unos Estados Unidos con el territorio
ocupado por barrios residenciales conectados por autopistas. Por 200 dólares se
podían adquirir miniaturas de coches de 1960 con forma de lágrimas y
funcionamiento automático. A la salida los visitantes recibían una insignia
donde se leía: «Yo he visto el futuro[11]».
Varias de las tecnologías expuestas serían de capital
importancia en el propio futuro de Carl. La Zona de Transporte ofrecía la
simulación de un viaje en cohete… a Londres. Los visitantes se congregaban en
un «puerto de cohetes» donde eran metidos en un cañón gigante que lanzaba al
espacio un cohete imaginario. Los detalles del «aterrizaje» eran vagos. «En la
actualidad, el vuelo en cohetes es imposible», admitía el director del ámbito
científico en la feria, «pero el problema se limita casi por entero a la
invención de un combustible adecuado[12]».
El debut de la televisión en EEUU se produjo en la feria. El día
de la inauguración, el presidente Franklin Delano Roosevelt, manteniéndose de
pie con unos asideros ocultos en el podio, dedicó oficialmente la feria a toda
la humanidad. Su imagen titiló en los receptores de televisión instalados en
los terrenos de la feria. El modelo de la RCA tenía un tubo de rayos catódicos
que producía imágenes de siete pulgadas en negro y verde pálido (la empresa
prefería llamarlo «blanco y negro»). El tubo apuntaba al cielo, y un espejo
encastrado las reflejaba horizontalmente para facilitar la visión. La
televisión ya se apreciaba como una tecnología que había que tener en cuenta.
Los ejecutivos de la RCA confiaban en que los receptores de televisión
funcionaran y produjeran imágenes aceptables, decía una revista; «más allá de
eso, no sabemos nada[13]».
Una cosa que impresionó especialmente a Carl fue la cápsula del
tiempo de la feria. La Westinghouse Corporation enterró una cápsula con la
intención de que se desenterrara en el año 6939 (!). Esta cápsula se hallaba en
el fondo de un pozo de 150 metros de profundidad. La familia Sagan solo vio una
réplica. Medía unos dos metros y cuarto, y por ambos extremos presentaba un
perfil aerodinámico similar al de los cohetes. En el interior, una atmósfera de
nitrógeno inerte protegía unos objetos que se consideraban representativos de
la cultura que los produjo, incluidos un diccionario, un ejemplar de Lo que el
viento se llevó de Margaret Mitchell, una colección de publicaciones
microfilmadas, un noticiario en que se veía a Jesse Owens ganando los cien
metros lisos en los Juegos Olímpicos de Berlín, instrucciones sobre cómo hacer
un proyector de noticiarios, «un sombrero de mujer, una navaja de afeitar, un
abrelatas, una pluma estilográfica, un lápiz, una petaca con cremallera que
contenía una pipa, tabaco y cigarrillos, una cámara, unas gafas, un cepillo de
dientes; cosméticos, objetos de tela, metales y aleaciones, carbón, materiales
de construcción, plásticos sintéticos, semillas…»[14].
Los de la Westinghouse mostraron más imaginación en sus intentos
de asegurarse de que las personas de 6939 pudieran encontrar la cápsula.
Imprimieron un Libro de registro de la cápsula del tiempo que localizaba la
posición de la cápsula con un margen de error de unos 2.5 cm. Cada libro
contaba cómo abrir la cápsula utilizando los calendarios gregoriano, judío,
musulmán, chino y sintoísta y (por si ninguno de ellos seguía en vigor 5.000
años después) por medio de efemérides astronómicas. La Westinghouse envió
ejemplares del libro a las bibliotecas, museos y monasterios más importantes
del mundo. Los libros siguen allí a la espera de lectores nonatos, testamento
del efervescente optimismo de Estados Unidos de 1939.
* * * *
Carl Sagan llegó a convertirse en un icono de la ciencia tan
popular como la Feria Mundial de 1939 lo había sido para su público. Nacido en
un bloque de pisos de Brooklyn, alcanzó una fama y una influencia no superadas
por ningún científico vivo. Como sucedió en muchas historias de éxito en
Estados Unidos, Sagan prosperó vendiéndole al público algo que este no sabía
que necesitaba o deseara. El eje de su éxito fue un «concepto elevado» que
ningún otro científico, por brillante que fuera, podía igualar. De todas las
cuestiones científicas del afanosamente inquisitivo siglo XX, nada inflamó
tanto la imaginación pública como la vida en otros planetas.
Según un amigo de la infancia, el atributo definitorio de Carl
Sagan era la claridad de propósito: desde temprana edad, Carl se entregó a la
fabulosa misión de buscar vida en otros mundos. En el curso de una discusión,
Carl calculó muy serio que él no viajaría a la Luna o a Marte. Para cuando eso
sucediera él sería demasiado mayor. Carl tenía entonces diez años[15].
Más de treinta años después, un colega de la misión Viking le
dijo al periodista Henry S. F. Cooper Jr. que «Sagan busca desesperadamente
vida en algún lugar, donde sea: en Marte, en Titán, en el Sistema Solar o fuera
de este. En todas las diversas cosas que hace, ese es el hilo conductor. No sé
por qué, pero si uno lee sus escritos u oye sus conferencias, aunque tratan de
una enorme variedad de temas aparentemente sin relación, nunca falta la
pregunta: “¿Es este un fenómeno relacionado con la vida?”. A la gente le admira
lo polifacético de su carrera, pero todo lo que ha hecho ha tenido este único
propósito subyacente[16]».
El acicate en la vida y la carrera de Sagan fue la vida
extraterrestre. Se reservó como terreno propio la exobiología, el estudio
hipotético de la vida extraterrestre. El tema se encuentra en el primer plano o
en el trasfondo de la mayoría de los 300 artículos científicos de Sagan. No es
ninguna exageración decir que la capacidad de Sagan para capitalizar el enorme
atractivo del tema lo hizo rico y famoso.
Para los colegas antipáticos o carentes de imaginación, este
éxito mundano constituía un enigma. En Sagan había algo del estafador
transformista de Melville o del inventor de los letreros de neón de Raymond
Chandler («He aquí un individuo que de verdad hizo algo a partir de la nada»).
La nada era la vida extraterrestre… pues, por supuesto, Sagan nunca encontró
aquello a cuya búsqueda dedicó buena parte de su carrera.
* * * *
Que la misión Viking no encontrara vida en Marte apenas hizo
mella en el entusiasmo de Sagan por la exobiología, pero sí obligó a una
reconsideración de lo que se podía esperar alcanzar en ese campo. Animado por
su tercera esposa, Ann Druyan, Sagan se reinventó como divulgador científico
políticamente comprometido. Sus libros constituían modelos de exposición
lúcida; su serie televisiva Cosmos, vista por 500 millones de personas, lo
convirtió en el primer gran «científico mediático».
La popularidad le dio a Sagan peso político. Sagan influyó más
que nadie en la planificación y la financiación del programa espacial. Sus
opiniones sobre la pseudociencia, el medio ambiente, la educación científica,
los derechos de las mujeres y el racismo se difundieron ampliamente. Sobre
todo, a Sagan le preocupaba la guerra nuclear. Como científico la reconocía
como la gran amenaza para la existencia humana (e incluso llegó a ver en ella
una conexión inesperada con el tema de la vida extraterrestre). Sagan creía que
la civilización humana únicamente podría salvarse a través de una reducción
radical de los arsenales nucleares por parte de todas las naciones. Esta
opinión constituía el núcleo de la ciencia más politizada de Sagan, como lo
reflejan los artículos sobre el «invierno nuclear» que escribió en colaboración
con cuatro colegas. En este campo, Sagan desempeñó un papel complejo —y
sumamente polémico— en la formación de las actitudes públicas y gubernamentales
que llevaron al final de la Guerra Fría.
Como sabe cualquiera que vea la televisión o el cine, la vida
extraterrestre es el mito primordial de nuestra sociedad. Esto no significa
trivializar su condición de conjetura científica, sino reconocer que ciertas
ideas científicas gozan de una amplia e impredecible influencia en la cultura.
Homero localizó brujas y monstruos en las islas occidentales porque podía
hacerlo de manera verosímil. En nuestros tiempos, la frontera creíble de los
seres fantásticos ha retrocedido de la Tierra a los planetas y de estos a las
estrellas distantes. El hacedor de mitos creíbles de hoy en día bien puede ser
un científico que aparece en televisión.
Los mitos son más que historias contadas por diversión. Homero
se dirigía a las preocupaciones espirituales de un mundo griego en el que los
antiguos dioses estaban siendo desechados y el futuro era incierto. En el siglo
XX, la ciencia desplazó a muchos dioses antiguos y puso en cuestión nuestra
supervivencia como especie. Cualquiera que trate de comprender nuestro tiempo
haría bien en reflexionar sobre por qué la vida extraterrestre ha ejercido un
hechizo tan poderoso sobre la imaginación intelectual y popular. Por eso hay
que volver al poeta de la exobiología, Carl Sagan de Ithaca.
Capítulo 1
Brooklyn
1934-1948
Contenido:
§. El Rio Bug
§. Samuel y Rachel
§. La prueba de la realidad
§. Carl y Carol
Por una cuestión de honor personal y utilizando solo sus manos
desnudas, Leib Gruber mató a un hombre en la aldea de Sasov[17]. Gruber era el
abuelo de Carl Sagan. Según la tradición familiar, aquel homicidio obligó a la
precipitada emigración de Gruber al Nuevo Mundo. De no haber sido por el
acusado sentido del honor de Gruber, probablemente Carl Sagan no habría nacido
nunca ni su línea familiar se habría elevado, en el lapso de dos generaciones,
desde la desesperada pobreza en un shtetl[18] en Europa oriental a las
privilegiadas circunstancias del astrónomo más prominente de Estados Unidos.
§. El río Bug
En tiempos de Leib Gruber, la aldea de Sasov formaba parte de
los territorios de la corona austrohúngara de Galitzia. Hoy en día se encuentra
en Ucrania. Demasiado pequeña para aparecer en los atlas, la localidad está un
poco al nordeste de Lvov, a orillas del río Bug.
Aquel río era el pan de cada día para Gruber. El Bug es lo
bastante poco profundo para vadearlo. En ausencia de puentes y balsas, se
contrataba a jóvenes como Leib para cruzar sobre sus hombros hasta la otra
orilla[19].
Con la justicia pisándole los talones, Leib tuvo que abandonar
el país. No tenía bastante dinero para su pasaje y el de su mujer. El coste de
un camarote de tercera a Estados Unidos era de unos 30 dólares, una suma
fabulosa en el shtetl. En 1904 Gruber emprendió solo la travesía a Nueva York
(disfrazado, por cierto, ¡con ropa de mujer[20]!). Prometió a su mujer, Chaya,
que la llamaría en cuanto ganara el dinero para el pasaje. Esto lo hizo con
apenas margen de ahorro. A finales de 1905, Chaya zarpó de Hamburgo en el
Batavia. Cuando se le requirió que declarara de cuánto dinero disponía,
contestó que de un dólar.
Chaya fue retenida en la isla de Ellis debido a un «problema
cardiovascular» que no se consideró lo bastante grave como para declararla
indeseable y mandarla de vuelta a casa. Se reunió con su marido en el Nuevo
Mundo. Debió de ser un encuentro apasionado, pues Chaya quedó encinta a las
pocas semanas de su llegada.
Los Gruber vivían en el Nº 230 de la calle 7 Este, en el
bullicioso Lower East Side de Manhattan[21]. La presión para integrarse en la
vida estadounidense era fuerte. Chaya anglicanizó su nombre y lo convirtió en
Clara. A su hija recién nacida le dio un buen nombre americano, Rachel Molly
Gruber. Esta Rachel sería la madre de Carl Sagan.
Unos años más tarde, Clara dio a luz una segunda hija, Tobi. La
tensión del parto fue demasiado para el débil corazón de Clara. Menos de un mes
después del nacimiento de Tobi murió de lo que los registros oficiales llamaron
un fallo cardíaco debido a una endocarditis crónica[22]. Clara tenía treinta y
nueve años.
Leib Gruber se encontró, pues, de nuevo solo en una tierra
extraña. Difícilmente podría criar a las dos niñas sin dejar de trabajar. A
Tobi la metió en un orfanato y a Rachel en un barco con dirección este[23]. En
el barco de Rachel debían de viajar muy pocas personas en comparación con las
bodegas repletas de viajeros en los barcos en dirección oeste con que se
cruzaron. A su llegada a Europa, Rachel fue puesta al cuidado de las hermanas
de Leib en Austria[24].
Si Rachel hubiera pasado su vida en Europa central, bien podría
no haber sobrevivido al Holocausto. Por suerte, Gruber tomó una segunda esposa,
una mujer más joven llamada Rosie Klinghofer. La pareja reclamó de vuelta a
Rachel, aún de solo cuatro años de edad, para criarla en Estados Unidos.
De vuelta en Nueva York, el pelo de Rachel fue víctima de los
piojos como consecuencia de las mugrientas condiciones en que había realizado
la travesía. Leib le puso un sobrenombre en yidis que significaba «cabeza de
piojos»: una broma que no pudo por menos de resultar irritante para una niña
que crecía[25]. Rachel se reintegró a una familia que había cambiado y que le
resultaba hasta cierto punto ajena. Ahora la atención de Leib se dirigía a su
nueva esposa y a los hijos de esta. Leib informó a Rachel de que ahora su madre
era Rosie. Rachel consideró a Rosie una impostora, una extraña que había venido
a reemplazar a su auténtica madre. Se negó a actuar como los demás, como si
nada hubiera cambiado[26].
§. Samuel y Rachel
Samuel Sagan nació en Kamenets-Podolsk —solo a menos de 200
kilómetros al sudeste de Sasov—, hijo de Louis Sagan y Etta Lisenbaum. Como
Carl contó, Sagan era un título judío de nobleza derivado del nombre del rey
acadio Sargón, del siglo XXIV a. C. «En hebreo moderno», explicó Carl en una
ocasión, «“Sagan” significa “teniente”: un ejemplo del deterioro de los títulos
de nobleza con el tiempo[27]».
La nobleza de la familia Sagan estaba realmente de capa caída.
Cuando tenía unos cinco años, Samuel Sagan dejó atrás a sus empobrecidos padres
para mudarse a Estados Unidos con sus hermanos, todos con el apoyo económico de
su tío George, de solo unos diecisiete años[28].
Esta joven familia tuvo que arrostrar no solo los prejuicios de
los angloestadounidenses, sino también los de los judíos establecidos de Nueva
York, temerosos de que la llegada de personas pobres y sin educación como los
Sagan no hiciera más que inspirar el antisemitismo de los estadounidenses.
Samuel decidió labrarse un porvenir. Puso sus miras en un título universitario
de farmacéutico[29]. En la Universidad de Columbia era conocido por su
habilidad en la mesa de billar. Según explicó, no podía permitirse perder
dinero apostando, así que tenía que ser lo bastante bueno para ganar a la clase
de estudiantes que sí podían permitirse perder dinero[30]. Esta carrera de
pícaro duró dos años[31]. Finalmente, la Depresión lo obligó a abandonarla y
buscarse un empleo de verdad.
Samuel era un tipo delgado de rasgos corrientes, salvo por la
llamativa cabellera roja que le cubría la cabeza: se le conocía por «El Rojo» y
«El Suertudo[32]». En una fiesta conoció a la encantadora Rachel Gruber. Fue
amor a primera vista. Se casaron en Brooklyn el 4 de marzo de 1933. Hasta donde
sus hijos pudieron saber, Samuel y Rachel nunca se cansaron el uno del otro en
todo su largo matrimonio[33]. Representaban un caso de atracción de
temperamentos opuestos.
Un «recuerdo definitorio» de uno de sus miembros tuvo lugar con
la familia a la mesa. Rachel trajo un nuevo plato y le preguntó ansiosa a
Samuel si le gustaba. Samuel tomó un pequeño bocado. Sin apenas permitirse el
lujo de tragar, anunció: «Riquísimo».
« ¡PERO SI NI SIQUIERA LO HAS PROBADO!», chilló Rachel[34].
Rachel era «gritona[35]». Mujer inteligente y ambiciosa, parecía
limitada por las cuatro paredes de su piso de Brooklyn. Su afilado ingenio era
famoso en todo su círculo de familiares y amigos. La gente guardaba sus
cartas[36]. Destilaban un intenso deleite, casi como el de Jane Austen, con las
personas que fracasaban en el intento de vivir a la altura de las expectativas
puestas en ellas por la sociedad.
Rachel era de naturaleza competitiva. Desde la infancia siempre
estuvo intentando superar los logros de los hijos de Rosie. Se tomó como una
afrenta cuando una medio hermana dio a luz una hija de cabello rojo intenso
(como si esto fuera una razón para poner en duda la fidelidad de Sagan «El
Rojo» o «El Suertudo»)[37]. En los años posteriores, sus medio hermanas se
mantendrían bien informadas de los éxitos del hijo de Rachel.
Samuel era menos apasionado que Rachel, aunque tal vez más
compasivo[38]. Él era un mensch[39]: un gran bromista más que un gran ingenio;
un hombre capaz de sacrificarse en silencio[40]. Tuvo que hacer algunas
concesiones. Trabajó como acomodador en un cine[41], luego en la empresa de
George Sagan, la Fábrica de Abrigos Femeninos de Nueva York[42]. Samuel comenzó
como cortador. Manejaba una sierra eléctrica, una maravilla de la era de las
máquinas tan eficaz y peligrosa como las de Tiempos modernos. La máquina
cortaba docenas de capas de tela a la vez conforme a cualquier patrón que se
deseara. De los rollos de tela cortada se encargaban luego filas de eficientes
mujeres sentadas ante máquinas de coser. Hoy en día nos escandalizaría la forma
en que en aquella fábrica se explotaba a los trabajadores. La ventaja era que a
las mujeres de la familia Sagan nunca les faltaron abrigos[43].
Samuel y Rachel vivieron en Bensonhurst, Brooklyn, donde
sucesivamente ocuparon pisos en la calle Bay 37[44] y en Bay Parkway[45]. Era
un barrio bien cuidado, de familias judías e italianas de clase obrera. Había
todavía bastante espacio abierto para que algunos de los italianos se dedicaran
a la horticultura en solares vacíos[46].
Aunque no había mucha «casa» de la que ocuparse, Rachel la
mantenía limpia y bien ordenada. Estaba decidida a que la familia disfrutara de
comidas saludables, atractivas y kosher[47]. Uno de los menús favoritos de la
familia Sagan consistía en pescado a la parrilla o al horno, huevos con
espinacas y verduras con manteca. Para rematar la comida, habría generosas
raciones de pudín de chocolate[48].
La Depresión enseñó a Rachel a mirar el dinero. Nunca perdió el
hábito del ahorro. En un viaje a Europa hacia el final de su vida, confesó que
por fin podía gastar sin sentimiento de culpa debido a que el dinero extranjero
parecía de juguete[49].
El 9 de noviembre de 1934 Rachel dio a luz un niño, Carl Edward
Sagan. Existen dos explicaciones del nombre Carl. Una es que era el nombre del
abuelo de Rachel, Calónimos… del que Carl sería un razonable equivalente en
inglés. Otra es que se le dio un nombre similar al de la madre de Rachel,
Chaya. El Edward procedía del británico Edward, Eduardo, duque de Windsor.
El niño fue brillante, guapo y amable casi desde la primera
infancia. Rachel lo adoraba. Le preocupó que no caminara sin ayuda hasta los
trece meses[50]. Nunca dejó de inquietarla que estuviera demasiado flaco.
Rachel «seguía las recetas para la nutrición infantil
recomendadas por el Departamento de Agricultura de EEUU como si las hubieran
bajado del Monte Sinaí», escribió Carl más tarde. «Nuestro ejemplar del libro
del gobierno sobre la salud infantil se había reencuadernado repetidamente
conforme sus páginas se desprendían. Las esquinas estaban destrozadas. Los
consejos clave estaban subrayados[51]». Estos manuales del gobierno
convencieron a Samuel y Rachel de abandonar el tabaco… no por su salud (los
cigarrillos aún se promocionaban como alternativa saludable a los dulces), sino
a fin de destinar los centavos ahorrados a suplementos vitamínicos para Carl.
Samuel y Rachel crearon asimismo oportunidades para nutrir la
mente de Carl. La familia realizó excursiones al Museo Estadounidense de
Historia Natural y al Planetario Hayden en Manhattan. A Carl le gustaban las
balanzas trucadas para mostrar cuánto pesaría uno en otros mundos. Para el niño
de menos de veinte kilos de peso había algo reconfortante en subirse a la
balanza de Júpiter y ver cómo la aguja registraba sus buenos 45 kilos largos.
§. La prueba de la realidad
Carl seguía delgado, pese a todas las vitaminas y el pudín que
tomaba. Era tan tímido que Samuel probablemente se alegró más que enfadó cuando
se peleó con un chico del vecindario. Carl golpeó con su puño el escaparate de
la tienda de Schechter y necesitó dos puntos de sutura[52]. Él era consciente
de que tenía una naturaleza dual[53]. Por un lado, a Carl le gustaba apartarse
y dedicar tiempo a los temas que le interesaban. A esto se oponía una veta
competitiva como la de su madre. Se esforzaba por sobresalir en los juegos
callejeros del stickball[54], el balonmano y el baloncesto. (Como espectador,
él y Samuel eran seguidores de los Yankees, a pesar de residir en
Brooklyn[55]).
Cuando ingresó en la Escuela de Enseñanza Primaria del 101 de
Brooklyn, sus intereses tendían en general hacia la fantasía: los tebeos, los
mitos griegos, las estrellas, los dinosaurios, los grandes números, la magia.
Cuando tenía cinco años, su padre le dijo que la lista de los números era
infinita: «Siempre se puede añadir uno más», le explicó. Al oírlo, Carl decidió
escribir todos los números del 1 al 1.000. El ahorrativo Samuel le ofreció una
de las caras de una vieja caja de camisas. Eran de un gris sin blanquear un
poco menos oscuro que la marca que un débil lápiz dejaba en ellas. Carl comenzó
a escribir con entusiasmo. Al final, Rachel insistió en que era hora de que se
bañara. Aún no había llegado al 200. Samuel se ofreció a seguir escribiendo
números si Carl tomaba su baño. Cuando Carl salió del baño, su padre había
llegado casi al 900. Carl tomó el relevo y llegó a 1.000 aquella noche, solo un
poco después de la hora de irse a la cama[56].
Esta fascinación por los números desembocó en la afición de Carl
por la filatelia. Uno de sus tesoros más preciados era un sello emitido durante
la hiperinflación alemana de 1923 por valor de 50 billones de marcos
alemanes[57]
* * * *
Las estrellas desconcertaban a Carl. «Podía verlas a cualquier
hora que hubiera que irse a la cama en invierno, y en Brooklyn parecían como
fuera de lugar[58]». Cuando preguntaba qué eran las estrellas, le decían que
simplemente eran luces en el cielo. « ¿Como lamparitas colgadas?», se
preguntaba. « ¿Y para qué?». La inutilidad de estas lámparas, allá arriba en el
aire de la noche, le provocaba una sensación melancólica[59].
Carl fue a la biblioteca de la calle 85 y pidió un libro sobre
las estrellas. El bibliotecario le dio uno sobre Clark Gable, Jean Harlow y
gente así. Él protestó y consiguió la clase adecuada de libro. Ante él se abrió
un mundo lleno de encantos.
Lo que lo enganchó fue la afirmación de que las estrellas eran
soles: tan grandes y brillantes como nuestro propio Sol, reducidas a la
condición de puntitos titilantes por abismos de años luz y el fenómeno
atmosférico del centelleo. La inmensidad del universo, y la consecuente
insignificancia de todo en el ámbito humano, lo asombró.
Carl se encontró con el concepto de vida en otros planetas con
no más de ocho años de edad, cuando precozmente dedujo que las otras estrellas
debían de tener planetas, como nuestro Sol. (Casi con toda seguridad, de alguna
forma estuvo expuesto a la idea antes de eso. Leía con avidez y coleccionaba
tebeos, incluido Superman… después de todo un extraterrestre[60]).
A los nueve más o menos, Carl descubrió las novelas de ciencia
ficción de Edgar Rice Burroughs, ambientadas en Marte y hoy en día anticuadas.
Devoró títulos como Thuvia, La muchacha de Marte, Los ajedrecistas de Marte y
Los caudillos de Marte[61]. Se habían escrito más o menos hacia el cambio de
siglo, cuando el excéntrico astrónomo estadounidense Percival Lowell estaba
cartografiando afanosamente los canales de Marte. En la imaginación de
Burroughs, la vida extraterrestre conllevaba rebaños de bestias de ocho patas y
amazonas. Sus ilustradores presentaban a estas con escotes generosos. Los
habitantes de Marte llamaban al planeta Barsoom. A Carl le gustaba la frase
«las vertiginosas lunas de Barsoom[62]».
Aproximadamente en la misma época en que se despertó su interés
por la astronomía, Carl vio el estreno original (1940) de Fantasía, de Disney.
La película constituyó su primera exposición prolongada a la música clásica,
los animales prehistóricos y la mitología[63]. Todos ellos se convirtieron en
temas de absorbente interés. En sus libros de astronomía se enteró de que en el
cielo nocturno había centauros y héroes mitológicos. Aprendió por su cuenta a
identificar las constelaciones[64], y se las señalaba a su familia. Así fue
como absorbió buena parte de la mitología grecorromana.
Fue gracias al mito como las dotes académicas de Carl fueron
reconocidas por primera vez. Un día se pidió a los estudiantes que dieran
charlas improvisadas sobre un tema de su elección. Carl escogió la mitología
griega y romana. Uno tras otro fue hilvanando mitos, estableciendo perspicaces
conexiones y dibujando diagramas en las pizarras. Los conocimientos del niño
parecían infinitos. Llenó todas las pizarras del aula.
Después de aquello, la escuela informó a Samuel y Rachel de que
su hijo era superdotado y podría resultarle beneficioso asistir a una escuela
privada. Los Sagan se negaron a esto, no se sabe si debido al coste o por una
cuestión de principios[65]. Carl permaneció en escuelas públicas. Debido a su
excepcional capacidad, se le permitió saltarse varios cursos[66].
A Carl le intrigaba la línea a veces muy fina que separaba la
realidad de la fantasía. El héroe de Burroughs era un caballero de Virginia
llamado John Carter, que era capaz de viajar a Marte solo mirando al planeta en
el cielo y deseando trasladarse allí. Carl lo intentó una noche en un solar
vacío de Brooklyn[67]. En las viñetas de los tebeos había un mago, Zatara, que
podía hacer magia dando órdenes enunciadas del revés. Carl intentó hacer
levitar piedras diciendo «etavéle, ardeip[68]».
Una prueba de la realidad de índole diferente sucedió en el
curso de una reunión familiar celebrada unos años más tarde. El abuelo Leib
preguntó a Carl qué quería ser de mayor. «Astrónomo», respondió Carl con
aplomo. La reacción de Leib fue: «Sí, pero ¿cómo te ganarás la vida?»[69][.
Las frías aguas del río Bug habían desengañado a Leib de
cualquier ilusión sobre lo que era ganarse la vida. Carl no podía desestimar
las severas palabras del patriarca. A partir de entonces, sus sueños de una
carrera en astronomía tuvieron que reservar todos los días un margen para un
fastidioso trabajo en el comercio textil o como vendedor puerta a puerta. Con
las propinas que ahorró se compró un telescopio. Entonces pudo pasar las noches
en diligentes observaciones, hecho todo un astrónomo.
§. Carl y Carol
El año en que Carl cumplió siete años, Rachel dio a luz una
niña. Carl estudió el asunto y decidió que el nombre de su nueva hermana sería
tan parecido al suyo como fuera posible. Como el nombre de chica más próximo a
Carl escogió Carol. Rachel llamó a su hija Carol Mae Sagan.
El primer recuerdo que Carol conserva de Carl comienza con una
amiga que la retó a bajar con su triciclo por una calle demasiado empinada de
Brooklyn. Carol aceptó el desafío, se cayó del triciclo y resultó gravemente
herida. Su hermano apareció de no se sabe dónde, la levantó del suelo con
cuidado, tan poco preocupado por mancharse de sangre como por las letras
compartidas de sus nombres. Carl le pareció a Carol fuerte y valiente, casi un
adulto. No podía tener mucho más de doce años[70].
* * * *
Rachel fue una madre difícil para Carol. Hacía poco por ocultar
su preferencia por Carl y por el sexo masculino en general. Carol fue una niña
guapa que se convirtió en una adolescente más bien torpe. Rachel trató esto
como si fuese un pecado capital. Tenía en muy poca consideración a las mujeres
que no fueran atractivas[71].
Según Rachel, para una mujer constituía un deber ser guapa,
popular, ingeniosa y atractiva… para los hombres. Rachel llevaba el pelo teñido
de un rubio elegante[72]. Cada día, antes de que Samuel regresara a casa del
trabajo, se arreglaba y se maquillaba[73]. Todas las noches, antes de meterse
en la cama, se ponía crema fría en el rostro. (En una ocasión, a Carl le
extrañó encontrarse con una cerveza en el baño. Era el «ingrediente secreto» en
un tratamiento de belleza al que Rachel sometía su cabello[74]).
Por suerte, Samuel quería a sus dos hijos por igual. («Estoy
cuerda gracias a mi padre», dice Carol hoy[75]). Samuel estaba siempre en la
posición de ser el «portavoz» de Rachel que ofrecía excusas por el
comportamiento de una mujer a la que, de hecho, amaba profundamente.
Muchas de las historias que los miembros de la familia cuentan
sobre Rachel muestran que tenía facilidad para la ingeniería creativa de la
verdad. Cuando al pequeño Carl se le metió en la cabeza no comer champiñones
—pues no podía soportar ese nombre tan sensiblero[76]—, Rachel comenzó a
decirle que eran cebollas. Durante un tiempo, en casa de los Sagan a los
champiñones se los llamó cebollas. Carl no descubrió el engaño hasta que
inocentemente pidió «cebollas» en un restaurante[77].
Un día, mientras los niños estaban en la escuela, el canario de
Carol murió. Rachel salió a toda prisa, compró un pájaro idéntico y sustituyó
con él al muerto en la jaula. Convencida de que la familia nunca se daría
cuenta, no dijo nada. Esa noche, Carol se acercó a la jaula para dar de comer
al querido Petey. El pájaro se puso a revolotear presa del pánico[78].
Aunque no era feminista, en muchos respectos Rachel era de
mentalidad abierta. Cuando estaba en uno de los primeros cursos de secundaria,
Carl obtuvo permiso para invitar a un amigo a cenar en casa. Rachel se
sorprendió cuando el amigo llegó. Era negro, como muchos de los compañeros de
clase de Carl en Brooklyn. Luego le preguntó a Carl por qué no había mencionado
la raza del muchacho. Carl dijo que no se le había ocurrido; no parecía
importante. Rachel se maravilló de esto como una demostración de la naturaleza
espiritual del chico, a la vez que lo encontró laudable[79].
* * * *
Una tarde en el piso, Rachel miró por la ventana la vista de
Gravesend Bay y anunció: «Ahí fuera hay gente que lucha, y se matan unos a
otros».
«Ya lo sé», mintió Carl. «Puedo verlos».
«No, no puedes», corrigió Rachel. «Están demasiado lejos[80]».
Antes de que la pelea acabara, los nazis habían exterminado a la población
judía de Sasov fusilándola y quemando sus casas. Hoy en día no queda casi nada
del pasado judío del pueblo[81].
Capítulo 2
Rahway
1948-1951
Contenido:
§. El instituto
§. El juego de química
§. El Carnegie Hall
§. Los Caballeros de Colón
Samuel Sagan estaba prosperando. La empresa de abrigos abrió una
nueva planta en Perth Amboy, Nueva Jersey. Samuel se convirtió en el gerente de
la nueva fábrica. Con el ascenso, él y Rachel decidieron que era hora de salir
de Brooklyn. En 1948 se mudaron a Rahway, Nueva Jersey[82].
El pueblo es una comunidad de clase media unos quince kilómetros
al sudoeste del aeropuerto de Newark. A los Sagan debió de parecerles
espacioso, verde y exóticamente americano. El mismo George Washington comió
huevos con jamón en la Taberna de Comerciantes y Arrieros de Rahway, que aún
existe hoy en día. El paisaje de Rahway, afirmaba un promotor de los años 1930,
«ha interesado a los artistas paisajistas por las vistas reminiscentes de
Italia». En los años 1940, la economía del pueblo se basaba en el robusto
trípode que formaban Wheatena, Three-in-One Oil y la Merck Company, que tenía
en Rahway una de las mayores fábricas de medicamentos del mundo.
El nuevo hogar de los Sagan se hallaba en el Nº 576 de la calle
Bryant[83]. La familia comenzó a gastar dinero más alegremente que hasta
entonces. Disponían de patio trasero y espacio para perros. Enviaban a Carl a
campamentos de verano y hacían excursiones de un día a la cercana playa de
Jersey. Samuel y Rachel derrocharon con la compra de su primer aparato de
televisión, un Dumont con un mueble de impresionante factura[84].
§. El instituto
Carl asistió al instituto de Rahway. El director se llamaba
Conway. Carl llamaba al instituto el CCC —Campo de Concentración de Conway—,
con un humor negro bastante mordaz para la época[85]. En retrospectiva, Sagan
sentía que en el instituto «perdí mucho tiempo[86]». Los profesores de ciencias
no eran muy buenos, y Carl aprendió relativamente poco.
Mucho de lo que Carl sí aprendió durante sus años de instituto
se lo debió a sus propias lecturas. De Burroughs pasó a fantasías más
contemporáneas en la revista Astounding Science Fiction[87]. Un día, Carl se
encontró con el anuncio de un libro titulado Interplanetary Flight [«Vuelos
interplanetarios»]. La idea de todo un libro sobre el tema lo emocionó. Carl
mandó su dinero y esperó impaciente la llegada del libro por correo. Sus
expectativas se vieron cumplidas. Las dos últimas frases del libro le produjeron
un impacto indeleble:
El desafío de los grandes espacios entre los mundos es
formidable; pero si no conseguimos superarlo, será el final de la historia de
nuestra raza. La humanidad habrá vuelto la espalda a las alturas aún no
holladas y descenderá de nuevo la larga cuesta que, en un recorrido de mil
millones de años, baja hasta las orillas del mar primigenio.[88]
El autor del libro tenía un distinguido nombre británico: Arthur
C. Clarke. Para Sagan la lectura del libro supuso un «punto de inflexión[89]».
Reforzaba la idea aún novedosa de que los cohetes a los planetas
revolucionarían la ciencia de la astronomía.
En un nivel más práctico, fue una llamada de alerta sobre la
importancia de las matemáticas. Carl había sido un estudiante de matemáticas
poco entusiasta. El análisis matemático le parecía gratuito, inventado por los
profesores de instituto con fines intimidatorios. El libro de Clarke contenía
apéndices técnicos que invocaban el análisis matemático para computar
trayectorias interplanetarias. Carl comprendió por fin que esas matemáticas
servían para algo.
Enardecido por el libro de Clarke, descubrió la entonces
floreciente escuela británica de divulgadores científicos (la mayoría de los
cuales tenían un sesgo político liberal): sir Arthur Eddington, sir James
Jeans, J. B. S. Haldane y Julian Huxley[90]. Carl absorbió sus obras, junto con
las de estadounidenses como George Gamow, Willy Ley[91], Rachel Carson y Simon
Newcomb. La Astronomía para todos de Newcomb[92] lo informó de que «en el
planeta Marte parece haber vida. Hace unos años esta afirmación se solía
considerar fantástica. Ahora es generalmente aceptada[93]».
* * * *
Carl recibió simultáneamente una educación religiosa. Rachel
creía en Dios y en la importancia de ir al templo. Samuel era un agnóstico que
valoraba la tradición cultural judía… o al menos partes de ella. Adoraba los
huevos con jamón, un plato que solo podía consumir fuera de la cocina kosher de
Rachel. Como en casi todo lo demás, era tolerante con las sinceras creencias de
su esposa.
De modo que en Brooklyn Carl tuvo un bar mitzvah[94] en toda
regla, y en Rahway la familia asistía al templo Beth Torah, una congregación de
sesgo conservador. Carl iba a la escuela hebrea del templo. Se lo consideraba
problemático, pronto al aburrimiento y ya escéptico sobre la fe judía… y sobre
cualquier clase de fe[95]. Para tratar con él, uno de los profesores tenía el
truco de asignarle tareas excepcionalmente arduas. Esto jugaba con su instinto
competitivo. Carl se enfrascaba en el trabajo para demostrar que podía hacerlo
y, sin darse cuenta, se «comportaba[96]».
§. El juego de química
En la adolescencia de Carl hubo más que estudio. Descubrió el
sexo femenino, que para él se convirtió en un interés tan duradero como la
astronomía.
Rachel tenía en mente una potencial esposa para Carl. Era Lu
Nahemow, una chica inteligente y atractiva, hija de la mejor amiga de Rachel.
Carl estaba colado por Lu. A Lu Carl le caía bien…como persona.
Como suele ocurrir con los niños obsesionados por la ciencia,
Carl fue un adolescente desgarbado de habilidades sociales algo limitadas. Como
recuerda Lu, «Las chicas quieren que los chicos se interesen por ellas, y a la
mayoría de nosotras no nos interesan los viajes espaciales[97]».
La ausencia de química entre Carl y Lu no impidió que se vieran.
De hecho, en el curso de una visita, estuvieron jugando con un juego de química
que le habían regalado a Carl. La madre de Lu, química de profesión, echó un
vistazo al juego y avisó a Rachel de que se trataba de un juego avanzado que
contenía productos químicos peligrosos. No era apropiado para el grupo de edad
de Carl.
Siguiendo las instrucciones en el manual del juego, Carl y Lu
llevaron a cabo un experimento que incluía el «anillo de cloro». Se produjo una
explosión que puso la habitación patas arriba. La hermana de Lu no resultó
herida por poco. Rachel se negó a castigar a Carl. Inspeccionó los estragos y
luego simplemente anunció: «Estas cosas ocurren cuando los científicos realizan
experimentos[98]».
* * * *
Rachel no era solo tolerante con los fracasos de Carl, sino que
se mostraba orgullosa del menor de sus logros. Cuando Carl participó en una
obra teatral del instituto llamada El ganso colgado de lo alto, Rachel organizó
una fiesta para el reparto y consiguió hacer una tarta con forma de ganso. (Los
logros de Carol rara vez merecían esa clase de reconocimiento). La cabeza del
ganso se rompió antes de la fiesta. Rachel recompuso la figura hábilmente, de
modo que el ganso pareciera estar acicalándose. La fractura en el cuello la
ocultó con una hermosa cinta[99].
§. El Carnegie Hall
Durante el segundo año de Carl en el instituto, en la clase de
ciencia surgió el tema de la astronomía. Carl provocó que el profesor admitiera
que había astrónomos famosos, personas como Harlow Shapley en Harvard, a los
que se pagaba solo por ser astrónomos. Eso anuló el trauma del comentario de su
abuelo. Uno podía ganarse la vida con ello después de todo.
Carl escribió cartas a un puñado de eminentes astrónomos de
monte Wilson, monte Palomar o las demás míticas aguileras en que se encontraban
los astrónomos. Quedó encantado con las corteses respuestas que recibió de unos
cuantos de ellos.
La carrera de astronomía no entusiasmaba a ninguno de los
progenitores de Carl. Samuel acariciaba la idea de que Carl pudiera sucederlo
en el negocio de la confección[100]. Rachel se preguntaba si su hijo tenía
dotes para llegar a convertirse en un gran concertista de piano.[101]
Los Sagan le compraron a Carl un piano, una adquisición en
absoluto impremeditada dada la actitud de Rachel hacia el dinero. Carl comenzó
a recibir clases de piano. Según los amigos de la familia, tocaba muy
bien[102]. Existe una película casera en la que Carl toca una nota incorrecta,
hace una mueca y luego se recupera con el aplomo de un auténtico
ejecutante[103]. Carl estuvo más cerca de lo que pudiera imaginarse de
satisfacer las ambiciones de Rachel con respecto a él. Siendo aún un
adolescente, ofreció un recital de estudiante en el Carnegie Hall[104].
* * * *
Conforme se aproximaba la graduación, Carl comenzó a mirar
universidades. A pesar de su excelente expediente, su acelerada educación
constituía más un impedimento que una ayuda. Carl tenía dieciséis años cuando
comenzó el curso académico 1951-1952. La mayoría de las universidades eran
reacias a admitir a alguien tan joven.
Una de las pocas dispuestas era la Universidad de Chicago. Bajo
el mando del director Robert Hutchins, Chicago se estructuraba como una
meritocracia ideal. La universidad no tenía establecido requisito alguno en
cuanto a la edad; ni siquiera pedía un diploma de secundaria. Para ingresar,
los estudiantes tenían que superar un examen. La graduación no consistía más
que en superar otro examen.
En Chicago trabajaba un puñado de los más grandes científicos de
la nación, entre ellos los físicos Enrico Fermi y Edward Teller y el químico
Harold Urey. Contaba con un observatorio famoso, Yerkes, un nombre familiar
para cualquier lector de libros de astronomía ilustrado. Carl quedó
favorablemente impresionado por un folleto de la universidad en el que se
prometía un mediocre equipo de fútbol americano y nada de vida de fraternidad
salvaje, sino una amplia y magnífica educación.
Rachel pensaba que su hijo era demasiado joven para cambiar de
ciudad[105]. Pero Carl se instaló en Chicago. No tenía muchas más opciones.
§. Los Caballeros de Colón
Hacia el final de instituto, Carl participó en un concurso de
redacción financiado por los Caballeros de Colón. Tomando el tema de «Colón»,
planteó la cuestión de si el contacto humano con extraterrestres
tecnológicamente avanzados sería tan desastroso como el contacto con los
europeos había sido para los americanos nativos.
En aquella época, y entre los Caballeros de Colón en especial,
Cristóbal Colón contaba con un índice de aprobación comparable con el de la
Virgen María. Con su insinuación de que el viaje del gran navegante genovés no
había sido una suerte para los americanos nativos, Carl estaba patinando sobre
una fina capa de hielo. Sin embargo, su habilidad retórica conquistó a los
jueces. Le concedieron el primer premio.
El expediente de Carl hacía de él un candidato a valedictorian,
el alumno encargado de pronunciar el discurso de despedida durante la ceremonia
de graduación en el instituto. Sus compañeros lo votaron como «el más probable
que tenga éxito[106]». Un pareado en el anuario del instituto de Rahway
predijo: «La investigación astronómica es lo que Carl ama./ Un alumno
excelente, debería alcanzar la fama[107]».
En el último minuto, una facción vetó a Carl. La razón fue el
ensayo para los Caballeros de Colón, que convenció a algunas personas del
instituto de que estaba demasiado lleno de ideas disparatadas[108]. No sería
esta la última ocasión en que la tendencia de Carl Sagan a la especulación
ofendería a la persona equivocada en un momento crucial.
Capítulo 3
Chicago
1951-1960
Contenido:
§. Hermann Muller
§. Un frasco con no vírgenes
§. Una curiosa plaga
§. Los platillos volantes
§. La pregunta de Fermi
§. Harold Urey
§. Baño de hielo
§. Gerard Kuiper
§. El castillo de naipes
§. Lynn Alexander
§. Vendedor ambulante sin licencia
§. Periódico de prestigio
§. Matrimonio
§. Joshua Lederberg
§. El Sputnik
§. Dorion
§. La NASA
§. El efecto invernadero
§. Vida en Júpiter, dice un científico
Sagan vivió en la Linn House de la Universidad de Chicago. Era
un espléndido colegio mayor neogótico: solo se permitían visitas masculinas,
nunca femeninas. Allí tenía su propia habitación. Ronald Blum, que vivía a unas
pocas puertas, dijo que lo que más lo impresionó de la habitación de Sagan fue
su pared de libros de ciencia ficción. «Todos habíamos leído ciencia ficción»,
explica Blum. «Lo habíamos superado. Aquella era la habitación de alguien que
no lo había hecho[109]
Los intereses de Sagan como lector estaban entonces incluso
ampliándose. La universidad se atenía al programa de «Grandes Libros». Sagan
creció bajo este sistema. Fue, dijo, «como pasar de un desierto al Jardín del
Edén[110]».
Se abrió a un amplio currículum, casi por entero eurocéntrico,
de obras de teatro y arquitectura griegas, Freud y música, antropología y
novelas rusas. Al final, el estudiante que superaba un examen de un día de
duración recibía «una licenciatura en nada[111]», como dijo Sagan, «que luego
no te sirve para absolutamente nada, excepto para ser declarado culto (cosa que
al final uno era en un grado sorprendente[112])».
En la universidad, Sagan aprendió a quemarse las cejas. Sostenía
que entre las diez de la noche y las cinco de la madrugada eran las mejores
horas para concentrarse en el trabajo[113]. Ronald Blum, que trabajaba a tiempo
parcial en un hospital por 1.50 dólares la hora, le dijo a Carl que tal vez
pudiera conseguirle trabajo a él también. Sin dudarlo ni por un momento, Carl
respondió: «Mi tiempo vale más que eso[114]».
Sagan cumplía un apretado horario de actividades
extracurriculares. Era miembro del club de ciencia ficción y del club de
astronomía (fundado por Sagan junto con Tobias Owen, otro futuro astrónomo).
Sagan también era el capitán de un equipo de baloncesto que participaba en un
campeonato interno de la universidad[115]. Ahora medía más de ciento ochenta
centímetros. «No tenía musculatura visible», como si esto fuese «irrelevante
para él[116]», pero era «conocido por la dureza de sus codos[117]». Era un reboteador
ágil y experto.
Este espíritu competitivo se hacía extensivo a los largos
debates en el dormitorio hasta altas horas de la madrugada. «Discutía las
propuestas como Jack Dempsey disputaba sus combates», recuerda Blum. «Tenía
instinto asesino[118]».
Despegado de las faldas de su madre, Sagan comenzó a disfrutar
de la libertad recién encontrada. Cuando se enteró de la primera novia formal
de Carl en la universidad, su madre declaró que era sumamente inadecuada. La
chica no era judía[119]. A Samuel le dio igual. Los temas de conversación que
Carl solía escoger todavía podían ser un impedimento a la hora de buscar
pareja. Como él dijo más tarde, «Los tíos de las chicas, en la cena, decían
“¿Volar a la Luna? ¿Buck Rogers[120]?” Y entonces aconsejaban a la chica que me
dejaran: yo, evidentemente, estaba loco[121]».
La fase, con mucho, más destacable de la carrera de Sagan en
Chicago fue su consecución de un trío de influyentes mentores: Hermann J.
Muller, Harold C. Urey y Joshua Lederberg. Su amistad fue una inmensa suerte
para Sagan. Muller y Urey eran premios Nobel, y Lederberg no tardaría en serlo.
Todos eran figuras reverenciadas en sus respectivos campos, con poco tiempo que
dedicar a cualquier advenedizo con una idea o dos. Ninguno de estos mentores
era astrónomo, y solo Urey estaba entonces en la Universidad de Chicago. Los
tres compartían con Sagan el interés por la posibilidad de vida extraterrestre.
§. Hermann Muller
Sagan conoció a Muller por pura casualidad. Durante su primer
año en la universidad, volvió a Rahway a pasar las vacaciones de Navidad. Un
día en que iba a salir a jugar a baloncesto, Rachel lo detuvo:
Estaba yo con mis zapatillas puestas, el balón bajo el brazo,
dirigiéndome a la puerta, cuando mi madre me dice que tenía una amiga en la
ciudad cuyo sobrino era científico. ¿No me gustaría hablar con él? Y yo digo:
«Ay, madre, científicos los hay de todas las clases, y yo no quiero ir». Y ella
dijo: «Mira, probablemente es un tipo interesante; hazlo por mí». Yo dije:
«Vale, iré a verlo luego». Y me fui a jugar a baloncesto, volví y me fui a ver
a aquel tipo.[122]
El tipo era Seymour Abrahamson. Estaba realizando estudios de
posgrado en la Universidad de Indiana bajo la supervisión de Hermann Muller.
Los dos científicos en ciernes se encontraron con que tenían mucho de lo que
hablar. Iniciaron una correspondencia. Abrahamson le organizó entonces a Carl
una visita al campus de Indiana durante las vacaciones de primavera de 1952, en
el curso de las cuales se lo presentó a Muller.
En la época en que Sagan lo conoció, Muller tenía sesenta y dos
años y no muy buena salud. Apenas medía más de un metro y medio (Sagan le
sacaba más de una cabeza) y se estaba quedando calvo. La apariencia era
timorata. El apogeo de su vida había pasado hacía mucho tiempo[123].
«Impaciente» con la lenta tasa de mutación de las moscas de la
fruta en el laboratorio, Muller descubrió que podía acelerar las cosas
sometiendo a las moscas a sesiones de rayos X. Esto lo llevó a concluir, en
1926, que la radiación causa mutaciones y es uno de los principales agentes de
la evolución. Muller debería haber recibido el premio Nobel de inmediato. En
lugar de eso, tuvo que esperar casi veinte años.
La razón más probable era el apoyo políticamente incorrecto de
Muller a la eugenesia. Quería mejorar la especie utilizando las últimas
técnicas genéticas. Aunque no tan extravagante en los Estados Unidos de la
época (en discursos tempranos, Hitler citó el inteligente apoyo de Estados
Unidos a la eugenesia), la idea era, cuando menos, polémica.
En 1931, el ambiente se volvió tan incómodo que Muller se marchó
a Alemania. Allí trabajó hasta que los nazis cerraron su instituto, y luego
ejerció en la Unión Soviética hasta que chocó con el lysenquismo… y con Trofim
Lysenko en persona[124].
Muller acabó en Bloomington, Indiana. Fue un comunista
convencido hasta el día de su muerte[125]. Su extremo perfeccionismo era
legendario. Al menos dos de los estudiantes de posgrado de Muller padecieron
crisis nerviosas en unos años cercanos al tiempo en que Sagan lo visitó[126].
Un domingo por la mañana, hacia las nueve, Muller entró en su laboratorio en
busca de un estudiante de posgrado que se había casado el día anterior. El
estudiante no se hallaba allí. Muller miró a los demás y echando chispas dijo:
«¿Es que no sabe que sus fines de semana no son sagrados?»[127].
§. Un frasco con no vírgenes
A Muller, Sagan le cayó bien enseguida. Salieron a cenar con
Abrahamson y Muller le preguntó a Sagan si le gustaría trabajar en su
laboratorio[128]. Sagan dijo que sí, y ese verano y el siguiente trabajó para
Muller[129].
A Sagan se le asignó el trabajo de menor importancia en el
laboratorio. Muller seguía trabajando con las moscas de la fruta, su primer
amor científico. Debido a la cómoda brevedad de su ciclo vital, los diminutos
insectos que zumban alrededor de los alimentos podridos resultan indispensables
para los estudios genéticos. El trabajo de Sagan consistía en criar y preparar
estas moscas de la fruta para que otros pudieran llevar a cabo los experimentos
de verdad.
Era un trabajo con ninguna posibilidad de avance e ilimitadas
oportunidades de meter la pata. Los experimentos requerían un conocimiento
preciso de los pedigríes. Las moscas que Sagan ponía a disposición de los
investigadores habían de ser vírgenes.
La única manera práctica de asegurarse de que una mosca es
virgen es separar los sexos poco después del nacimiento. Las moscas se criaban
en frascos de vidrio, normalmente botellas de leche de medio litro que
contenían una gota de jarabe nutriente. Cada doce horas, Sagan tenía que abrir
las botellas, sacar todas las moscas adultas y volverlas a precintar. Durante
las siguientes doce horas, las crisálidas agusanadas en el jarabe maduraban
hasta convertirse en crías de mosca de la fruta, aún demasiado jóvenes para
aparearse. Sagan volvía a abrir la botella y sacaba las moscas de la fruta, a
las que dejaba inconscientes con éter. Luego colocaba las anestesiadas moscas
bajo un microscopio binocular de baja potencia. Con un fino pincel hecho de
pelo de camello ponía los machos a un lado, las hembras al otro. Cada sexo se
encerraba en frascos separados.
El ciclo de doce horas que comportaba el trabajo era tan
incompatible con una vida sexual humana como con la de una mosca. Como
Cenicienta, un técnico que abriera los frascos y llevara la clasificación a
mediodía tenía que regresar sin falta al laboratorio a medianoche. No había
margen para el error. Un solo macho mal clasificado fecundaría incansablemente
todas las hembras de la botella. El desprecio de Muller por la sensiblería no
era ningún secreto. «Oh, no era muy bueno», dijo en una ocasión Muller de un
antiguo estudiante que había alcanzado gran renombre. «Una vez me entregó un
frasco con no vírgenes dentro[130]».
§. Una curiosa plaga
Sagan, ansioso por ponerse a prueba, sentía que no progresaba.
La única manera en que un humilde técnico podía destacar era descubriendo una
nueva mutación. Un día, en una de sus botellas Sagan encontró una población de
moscas de aspecto extraño. No era una mutación típica; era una macro mutación.
Esto entraba en el centro de una encendida polémica. El biólogo Richard
Goldschmidt teorizó que los cambios evolutivos a veces se daban en grandes
saltos: macro mutaciones. Muller pensaba que esta idea era totalmente
extravagante. Nadie había visto jamás una macro mutación.
Sospechando que había descubierto algo que revolucionaría la
genética, Sagan entró corriendo en el despacho de Muller. Este se hallaba en
medio de la penumbra, mirando por un microscopio. Sagan explicó su
descubrimiento.
«Extraordinario», dijo Muller de manera insulsa. «Supongo que no
son negras, tienen cuatro alas y largas antenas vellosas[131]».
Exacto. Se trataba de una curiosa plaga de los laboratorios de
genética, explicó Muller. La criatura era una polilla que había aprendido el
truco para criar en los frascos de los laboratorios. La polilla hembra
conseguía poner sus huevos en el jarabe durante el breve periodo de tiempo que
los frascos permanecían abiertos. Los miembros de su prole con más
probabilidades de sobrevivir eran los que pudieran descubrir por el olfato un
frasco abierto y poner sus huevos antes de que un asistente de laboratorio pasara
el cepillo.
El humillante incidente hizo consciente a Sagan de uno de los
hechos de la vida científica: los resultados asombrosos son casi siempre un
error[132].
§. Los platillos volantes
Muller y Sagan se hicieron muy íntimos. Tan diferentes como
eran, una francmasonería los unía. Se trataba del asunto de la vida en otros
planetas. La situación del tema en el mundo científico de los años cincuenta
era como la del sexo en la Inglaterra victoriana. Se pensaba mucho en él,
evidentemente, pero de alguna manera estaba feo hablar del asunto.
Muller leía ciencia ficción con avidez. Intercambiar
especulaciones con Sagan le encantaba. Mantenían largas charlas sobre el origen
de la vida en la Tierra y sobre la posibilidad de vida extraterrestre
inteligente. Posteriormente, Sagan consideró estas conversaciones con Muller
como «el suceso crítico. De no haber conocido a Muller, posiblemente habría
cedido ante el peso de la opinión convencional según la cual todos estos temas
eran tonterías[133]».
* * * *
«Carl era verdaderamente pesado», recuerda el compañero de
habitación Abrahamson. «Nunca limpiaba; esperaba que cocináramos para él; era
sencillamente un niño mimado. Al final, el apartamento lo limpiábamos una vez
cada dos semanas, pero él nunca echaba una mano. Simplemente dejábamos que la
suciedad se acumulara debajo de su cama[134]».
Dispensado de trivialidades, Sagan podía dedicar más tiempo a
sus intereses más especulativos. Uno de ellos eran los ovnis. Los «platillos
volantes» habían saltado a las portadas de los medios de comunicación en junio
de 1947 (Sagan tenía doce años), cuando el piloto privado Kenneth Arnold
informó del avistamiento de una fila de objetos volando cerca del monte
Rainier. El aluvión de informes de ovnis que siguió parecía probar
positivamente la creencia de Sagan en la vida en otros mundos. Durante el verano
en Bloomington, Sagan creía sinceramente en los ovnis… no como un fuego fatuo,
no como una histeria de masas, sino como naves espaciales que visitaban la
Tierra.
No había nada que Sagan deseara más que ver un ovni por sí
mismo. No consideró inteligente dejarlo al azar. Durante todo el verano,
Abrahamson entraba en el piso arrastrándose tras un largo día de trabajo y
Sagan lo incitaba a salir a buscar ovnis. Abrahamson accedió una o dos veces.
No vieron nada más que unas cuantas estrellas fugaces[135].
Para Sagan el gran misterio era por qué los demás no se tomaban
los platillos volantes tan en serio como él. «Ni a un solo adulto entre mis
conocidos le preocupaban los ovnis», escribió más tarde. «No se me ocurría por
qué[136]».
El 3 de agosto de 1952, Sagan cogió una hoja de papel timbrado
de la Universidad de Indiana y escribió al secretario de Estado Dan Acheson. En
ella preguntaba qué planeaba hacer el Departamento de Estado
si acababa por demostrarse de modo concluyente que los objetos
aéreos no identificados conocidos como «platillos volantes» eran vehículos
extraterrestres que están investigando el progreso de Estados Unidos y otras
naciones en los campos de la aeronáutica y la física nuclear a fin de impedir
nuestra expansión por el espacio en la actualidad.
Quería saber si Estados Unidos tenía planes para comunicarse con
los alienígenas y/o concertar sistemas defensivos contra «el enemigo común». En
el remite escribió la dirección del Laboratorio de H. J. Muller[137].
Un subalterno del Departamento de Estado contestó lacónicamente:
«Bajo las circunstancias de una situación puramente hipotética, el Departamento
no tiene ningún comentario que hacer sobre los temas de su consulta[138]».
* * * *
Un domingo por la mañana hacia el final del verano, Abrahamson,
la prometida de este y Sagan estaban lavando el coche que la pareja había
recibido como regalo de compromiso. Sagan postuló una nueva teoría: que Jesús,
Moisés y todas las grandes figuras religiosas de los tiempos pasados eran en
realidad seres extraterrestres. Todos los milagros de la Biblia ocurrieron tal
como en ella se describen. Moisés separó las aguas del mar Rojo, Jesús
convirtió el agua en vino, etcétera. Utilizaron tecnología avanzada que en su
planeta era perfectamente corriente… pero que los terráqueos solo podíamos
considerar como demostración de la divinidad.
Abrahamson puso en duda la teoría con bromas amables. Sagan se
negó a entrar en el juego. Iba en serio o actuaba como si fuera en serio. Con
Sagan era difícil saberlo.
Esa tarde, Abrahamson llevó a su prometida y a Sagan a cenar en
lo que, en el Bloomington de los años cincuenta, era un local elegante. Era «la
clase de restaurante a la que la gente iba después de ir a misa». En mitad de
la cena, sin previo aviso, Sagan dio un puñetazo sobre la mesa que produjo un
tamborileo de platos. Miró a Abrahamson a los ojos y gritó: « ¡Te digo que
Jesucristo es extraterrestre!».
El restaurante se quedó en silencio. Las conversaciones tardaron
una eternidad subjetiva en recuperar su anterior espontaneidad. Abrahamson y su
prometida querían esconderse debajo de la mesa[139].
§. La pregunta de Fermi
Sagan no era el único dado a perder los estribos a propósito de
los extraterrestres a la hora de la cena. Tal vez sea este el lugar de
referirse a otra leyenda de la Universidad de Chicago, la «pregunta de
Fermi[140]».
Un par de veranos antes, en 1950, Enrico Fermi, de Chicago,
estaba trabajando en el Laboratorio Nacional de Los Álamos. Un día fue andando
a comer en compañía de Edward Teller, Emil Konopinski y Herbert York. Surgió el
tema de los platillos volantes. Konopinski mencionó un chiste que había visto
en el New Yorker[141]. Al parecer, en Nueva York había habido un aluvión de
robos de contenedores de basuras. El dibujo mostraba un platillo volante recién
aterrizado en un planeta alienígena. De la nave salían unos hombrecillos
verdes, cada uno con un contenedor de basura de Nueva York a cuestas.
Los platillos volantes no eran un tema que ninguno de los cuatro
físicos se tomara en serio. Los viajes interestelares habrían tenido que
superar la velocidad de la luz para llegar a cualquier parte en un tiempo
razonable. La relatividad especial de Einstein decía que viajar a mayor
velocidad que la luz era imposible.
«Edward, ¿tú qué piensas?», preguntó Fermi picaronamente. « ¿Qué
probabilidad hay de que en los próximos diez años tengamos pruebas claras de un
objeto material que se mueva a mayor velocidad que la luz?».
Teller conjeturó: «10-6», es decir, 1 entre 1 millón.
«Eso es demasiado poco», refutó Fermi. «La probabilidad ronda el
10 por 100[142]».
El tema se abandonó, y el grupo comió en Fuller Lodge. Según el
recuerdo de Teller, la conversación durante la comida
no tuvo nada que ver ni con la astronomía ni con los seres
extraterrestres. Creo que giró en torno a un tema práctico. Entonces, en mitad
de la conversación, Fermi salió con la inesperada pregunta: «¿Dónde están
todos?» […] El resultado […] fue una carcajada general debido al extraño hecho
de que, pese a que la pregunta de Fermi no venía a cuento, todos los que nos
hallábamos a la mesa parecimos comprender de inmediato que estaba hablando de
la vida extraterrestre[143].
Fermi continuó con algunos cálculos rápidos. Según sus
estimaciones, debía de haber muchos planetas con vida inteligente. Algunos
estaban mucho más avanzados que nosotros. A buen seguro, opinaba Fermi, habían
diseñado formas prácticas de navegar entre las estrellas. Visitaban la Tierra.
Así que: ¿dónde están todos?
Esta «famosa y posiblemente incluso apócrifa pregunta[144]»,
como Sagan la calificó más tarde, persiguió a Sagan durante gran parte de su
vida profesional. Para Sagan y muchos de su generación de exobiólogos, la
pregunta de Fermi era de una importancia capital, como las preguntas de los
estudiosos medievales sobre la naturaleza intangible de Dios.
Sagan, por supuesto, reconoció bastante pronto la debilidad de
las pruebas de la existencia de los ovnis. Cualquiera menos «aferrado» a la
idea de la vida extraterrestre no puede por menos de preguntarse por qué Sagan
estaba tan convencido de que había vida en otros mundos. La respuesta tiene que
ver con un extraordinario experimento llevado a cabo en la Universidad de
Chicago.
§. Harold Urey
Un giro del destino dirigió a Sagan hacia ese experimento y sus
autores. Todo fue cosa de Muller. En el otoño de 1952 envió a Sagan a Chicago
con una carta de presentación para el no menos famoso Harold Clayton Urey[145].
Urey era hijo de un predicador de Indiana. Su padre murió cuando
Urey tenía seis años, y la familia se vio en la pobreza. Urey fue maestro de
escuela en su estado de origen y en Montana; luego se licenció en Zoología en
la Universidad de Montana. La Primera Guerra Mundial necesitaba de químicos más
que de zoólogos, así que cambió de especialidad… con considerable éxito. En
1934, Urey recibió el premio Nobel de química por el descubrimiento del
deuterio o «hidrógeno pesado».
Durante la Segunda Guerra Mundial, Urey diseñó el proceso de
difusión del hexafluoruro de uranio 235 para la primera bomba atómica. Como
muchos otros que participaron en el Proyecto Manhattan, Urey se convirtió en
crítico del armamento nuclear. Previó la carrera armamentística y la
proliferación de armas nucleares entre agentes más pequeños y menos estables.
Urey creía que la única solución para un mundo en el que existieran armas
nucleares era un gobierno mundial. Tan liberal como Sagan, Urey creía que los
científicos tenían la obligación de contribuir a acabar con la pobreza. Se
pronunció fervientemente contra Joseph McCarthy y la ejecución de Julius y
Ethel Rosenberg.
Urey no tenía facilidad de palabra ni era pretencioso. La única
diferencia que supuso el premio Nobel con respecto a su conducta fue la
matrícula con el peso atómico del deuterio que le puso a su coche. Su
dedicación a la experimentación era tal que con frecuencia dormía sobre un
catre instalado en el laboratorio. Tan poco lo arredraba el hecho de trabajar
con venenos tan virulentos que en una ocasión llegó a emplear canarios
enjaulados por si se producía alguna fuga.
Sagan tal vez nunca habría conocido a Urey si el centro de
atención de este Nobel no hubiera cambiado en la última fase de su carrera.
Urey nunca perdió su temprano interés por la biología. «No me gustan las
rocas[146]», dijo en una ocasión. «Me gusta la vida». Y, como Muller sabía,
Urey se había interesado recientemente por la química de los planetas, en
especial por su relación con los orígenes de la vida.
En la época en que Sagan lo conoció, Urey tenía cincuenta y
nueve años. Era de hombros cuadrados y cara redonda; su pelo estaba
encaneciendo. Urey escuchó cortésmente las ideas de Sagan, y luego le aconsejó
que fuera a ver a un estudiante de posgrado suyo que estaba realizando un
experimento interesante. El estudiante de posgrado se llamaba Stanley Miller.
El experimento Miller-Urey, como se ha llegado a conocer, era
entonces desconocido fuera del Departamento de Química de Chicago. Constituía
un intento de simular algunos de los procesos químicos que pudieron llevar al
origen de la vida. En la primera mitad del siglo XX, el genetista británico J.
B. S. Haldane y el bioquímico soviético Aleksandr Oparin hicieron avanzar por
separado la doctrina de la «evolución química». Según ellos postulaban, en los
primeros tiempos de la Tierra la luz ultravioleta, los rayos u otras fuentes de
energía habían transmutado compuestos simples en compuestos orgánicos más
complejos. Estos compuestos orgánicos formaron luego de alguna manera las
primeras unidades vivas. («Compuestos orgánicos» es un término confuso. Para un
químico denota compuestos complejos de carbono. Tales compuestos se encuentran
en los organismos vivos… y también en las aspirinas, la gasolina, el plástico y
otra materia no viva).
Para esta idea se carecía de indicios. Constituía todo un reto
imaginar cómo se podría poner a prueba, incluso en principio. El primer intento
importante de hacerlo se llevó a cabo en Berkeley. Melvin Calvin y algunos
colegas suyos sometieron una mezcla de dióxido de carbono y agua a la radiación
de iones del ciclotrón de 150 cm del Laboratorio Crocker. La exposición no
produjo ningún resultado visible en la clara mezcla de agua de Seltz. Sin
embargo, el minucioso análisis del grupo de Berkeley demostró que se habían
creado minúsculas trazas de formaldehído y ácido fórmico.
Estos dos compuestos simples son convencionalmente llamados
«orgánicos». Ninguno de ellos tiene, sin embargo, enlaces entre los átomos de
carbono, que constituyen la verdadera base de la diversa química de la vida.
Tan minúsculos rendimientos fueron descorazonadores. La producción de estos dos
compuestos nominalmente orgánicos aportaba muy poco en apoyo de la idea de la
evolución química[147].
Harold Urey creyó saber dónde estaba el fallo. En un seminario
del Departamento de Química en noviembre de 1951 (al mes siguiente de la
aparición del artículo de Calvin sobre el experimento), Urey mencionó su
creencia de que la atmósfera en los primeros tiempos de la Tierra sería
«reductora». Este es un término químico que, en este contexto, significa que
los gases serían más ricos en hidrógeno. Urey creía que la atmósfera original
de la Tierra habría consistido en gases como el metano, el amoníaco, el vapor
de agua y el hidrógeno. Propuso que fuera esta mezcla la que se sellara en un
tubo de vidrio y se expusiera a descargas eléctricas. Stanley Miller aceptó la
sugerencia en agosto de 1952, poco antes del encuentro de Sagan con Urey.
En una ocasión le preguntaron a Urey qué esperaba que produjera
el experimento. Su respuesta es famosa: «Beilstein[148] »: Friedrich Beilstein
es el autor de un grueso manual de química orgánica. Lo que Urey quiso decir
fue: todo lo que hay en el libro. Esperaba producir una cornucopia de
compuestos orgánicos, no las míseras trazas conseguidas por Calvin.
Los resultados de Miller fueron casi inmediatamente visibles. En
cuanto la mezcla de gases de Urey comenzó a recibir chispas, unos polímeros
tiñeron de un color pardo el interior de sus tubos de vidrio. Algo estaba
pasando.
La parte difícil del experimento era el análisis de los
polímeros producidos. Los resultados causaron sensación. No solo se habían
formado enlaces carbono-carbono, sino que la mezcla contenía varios de los
aminoácidos que forman las proteínas en los seres vivos. Glicina, el aminoácido
más simple, se produjo en cantidad sorprendente (en torno al 2 por 100 de
rendimiento).
Sagan asistió al coloquio que Miller convocó sobre el
experimento. El público, de modo no injustificable, formuló preguntas
escépticas. El mismo Urey salió en defensa de Miller. Tras la charla, Sagan se
presentó a sí mismo a Miller. Se mostró tan entusiasmado con los resultados
como si hubieran sido suyos propios. Le dijo de todo corazón a Miller que en su
opinión el público no había captado la verdadera importancia del
experimento[149].
Sagan desde luego sí captó la importancia. El experimento había
producido sobre todo algunos de los compuestos importantes de la vida. Hasta
entonces nadie sabía por qué las proteínas (en cuanto opuestas a cualquier otra
cosa en el universo de los polímeros imaginables) formaban parte de la vida. El
experimento sugería la respuesta: los aminoácidos se producen de inmediato como
consecuencia de interacciones al azar entre compuestos más simples.
Nada en el experimento de Miller era exclusivo de la Tierra. Los
gases empleados se encuentran en todo el universo. Las leyes de la química
(seguramente) son las mismas en todo el universo. El experimento por
consiguiente implicaba que los primeros pasos hacia la vida se producirían en
cualquier otro planeta que reuniera las condiciones adecuadas. Esto ejerció un
poderoso hechizo sobre Sagan. El experimento Miller-Urey se convertiría en la
fuente del nuevo campo de la exobiología.
§. Baño de hielo
En 1954, Sagan obtuvo su licenciatura «en nada». Sus
calificaciones eran lo bastante altas para que se graduara cum laude. Pero
primero Sagan tenía que escribir una tesis.
Aún cautivado por las implicaciones del experimento Miller-Urey,
Sagan escribió su tesis sobre los orígenes de la vida. Le pidió a Urey que le
echara un vistazo. Urey devolvió el manuscrito rebosante de notas al margen,
cada una de las cuales señalaba meticulosamente un error u omisión grave. Ver
la tesis tan anotada «fue como zambullirse en un baño de hielo[150]».
Sagan rehízo con esmero la tesis y obtuvo su licenciatura cum
laude. Según el sistema de Chicago, esto daba por fin a Sagan la posibilidad de
especializarse en algo. Justo en el momento en que se le permitía centrarse en
una sola cosa, los intereses de Sagan se estaban ampliando cada vez más. La
astronomía le encantaba, había hecho genética con Muller, Urey y Miller eran
químicos, y la biología también le interesaba.
Escogió la física. Para un astrónomo era una especialidad
universitaria lógica… además de que mantenía abiertas sus opciones. La física
era y es considerada en lo más alto de la jerarquía en cuanto a prestigio
científico. Con entusiasmo juvenil, Sagan se imbuyó de la creencia en que su
especialización en física por la Universidad de Chicago establecía un vínculo
entre él y Enrico Fermi. (El gran Fermi era más o menos tan accesible a los
estudiantes de licenciatura corrientes como Sagan mismo lo sería en los años
que posteriormente pasó en Cornell).
Sagan mantuvo una relación de amor-odio con su especialidad. Era
un estudiante talentoso, como demostraban las becas que recibió (una beca
Alexander White en 1954-1955, una beca de investigación pre doctoral de la
National Science Foundation en 1956-1957). Sus sobresalientes no los obtuvo,
sin embargo, fácilmente, y Sagan se dio cuenta de que sus verdaderos intereses
estaban en otra parte[151]. Sagan obtuvo su licenciatura en ciencias en 1955 y
su doctorado en ciencias al año siguiente.
Hacia el final del semestre de primavera de 1956, Sagan presentó
su primer artículo científico (tenía veintiún años). Titulado «La radiación y
el origen de los genes», se ocupaba del mismo tema que su tesis y apareció en
el número de marzo de 1957 de Evolution, una revista de biología. Sagan había
escrito una reseña, un análisis crítico de otros artículos más que una
presentación de nuevos datos. Citaba una ecléctica mezcla de autores, entre
ellos Urey y Miller, Watson y Crick, Oparin, Muller, Haldane, Schrödinger, Fox
y Calvin. En él hay mucha «paja»; a veces hace pensar en una respuesta
verborreica a un examen de redacción.
«Es difícil», escribe Sagan, «eludir la conclusión de que el
diseño del organismo meramente persigue la multiplicación y la supervivencia de
los genes[152]». Hoy en día esta es una forma generalmente aceptada de ver las
cosas. Que Sagan lo dijera en 1956 —aunque estuviera parafraseando a uno u otro
de sus célebres maestros— demuestra presciencia. Típico del Sagan posterior
resulta el tono lírico de la última frase del artículo: «El citoplasma tal vez
selecciona los instrumentos, pero son los genes los que ejecutan la melodía de
la vida[153]».
§. Gerard Kuiper
Sagan decidió dedicar su trabajo de posgraduado a la astronomía.
Pero, como él confesó, «No tenía más que una vaga idea de lo que hace un
astrónomo[154]».Intentó remediar esto adquiriendo alguna experiencia de
observatorio. Parte del verano la pasó en el Observatorio McDonald en Fort
David, Texas, trabajando con Gerard Kuiper.
Kuiper era entonces el único astrónomo planetario a tiempo
completo e importante que había en América del Norte. Holandés de nacimiento,
llegó a Estados Unidos en 1933. Kuiper había trabajado bajo la dirección del
legendario Percival Lowell (entonces en descrédito). En 1936 se trasladó a la
Universidad de Chicago.
Kuiper y Urey mantenían una larga enemistad de incierto
origen[155][. En 1952, Urey publicó un libro, de título The planets [«Los
planetas»], que gozó de una buena acogida. A Kuiper le pudo parecer que lo
último que necesitaba era un químico de altos vuelos invadiendo su territorio.
Se había producido una escalada de desaires mutuos. Para alivio de Sagan, ni
Urey ni Kuiper le prohibieron el trato con el otro. Esto rayaba en los límites
de su cortesía. Las relaciones entre ambos no eran buenas.
El verano de 1956 fue uno de los periodos propicios para el
estudio de Marte que se presentaban cada cierto tiempo. El planeta estaba en
oposición, lo cual significa que el Sol, la Tierra y Marte estaban alineados.
Marte estaba solamente a unos 55 millones de kilómetros de distancia, más cerca
de lo que había estado en treinta y dos años. Se podía ver en el cielo nocturno
desde el anochecer al amanecer.
En McDonald, Sagan gozó de su primera oportunidad de ver Marte
en condiciones favorables con un gran telescopio (un reflector de 208 cm). Lo
que vio fue decepcionante. El disco de Marte era diminuto. Se veía de un
amarillo pálido, no de un rojo opulento. Las marcas más oscuras de la
superficie apenas eran visibles. A medida que el verano avanzaba, hubo menos
que ver. En agosto una tempestad de polvo marciana, desencadenada por la
aproximación del planeta al Sol, borró sus rasgos.
Gerard Kuiper creía que las zonas oscuras de Marte eran
vegetación que crecía en un benigno planeta de casquetes polares que se
derretían y con renovaciones estacionales. Sagan, su heredero intelectual, fue
a la vez el gran defensor y desmantelador de este modo de pensar. La creencia
durante la era Kuiper en la vida marciana es tan crucial para la posterior
carrera de Sagan que vale la pena esbozarla aquí.
§. El castillo de naipes
La astronomía planetaria nunca se había recuperado de la
comprobación de que los canales tan meticulosamente cartografiados por Lowell
eran ilusiones en el mejor de los casos, delirios en el peor. Con la cabeza de
Lowell colgada por así decir de un poste, los astrónomos estaban resueltos a
nunca volver a construir grandiosas teorías sobre bases insustanciales…menos
aún teorías sobre la vida marciana.
Eso es exactamente lo que la generación de astrónomos anterior a
Sagan hizo. Los seducía no solamente el romanticismo de la idea, sino la
tecnología. Sus hallazgos empleaban tecnología punta. No podían equivocarse, a
diferencia de Lowell, que solo había mirado por un telescopio.
Los argumentos a favor de la vida marciana eran un castillo de
naipes. Se basaban en una serie de observaciones difíciles y cálculos
indirectos. La importancia de las observaciones y la precisión de los cálculos
eran absolutamente dependientes de los precedentes. Si en un punto se cometía
un error, toda la conclusión se volvía problemática.
En una observación clave, Kuiper dirigió la luz procedente de
Marte a un prisma. Esto produjo un espectro. Comparando este espectro con el
del claro de Luna (en la Luna, por supuesto, no hay aire), esperaba deducir qué
gases absorbían la luz solar en Marte. En 1947, en base a algunas bandas de
absorción en el infrarrojo, Kuiper identificó (correctamente) dióxido de
carbono en la atmósfera de Marte.
Este fue el primer dato concreto jamás establecido acerca de la
química de Marte. De nada más, ni siquiera agua, se sabía que existiera en
Marte.
Kuiper acompañó esto con un error garrafal. Calculó la presión
del dióxido de carbono en Marte. No tenía bastante información para hacerlo con
precisión. El resultado al que llegó era de 0.35 milibares: se quedó corto por
un factor aproximado de 16.
Kuiper confiaba lo bastante en su errónea cifra para no pasar
por alto la oportunidad de dar una campanada. Como lo que había encontrado en
la atmósfera era dióxido de carbono, no agua, bien podría haber concluido
(correctamente) que los casquetes polares de Marte están constituidos
principalmente por dióxido de carbono, no por agua.
Kuiper consideró esa posibilidad. Luego se convenció a sí mismo
de lo contrario. Si la presión del dióxido de carbono era tan baja como él
calculaba, entonces no habría bastante gas para explicar los casquetes polares.
En lugar de eso, se adhirió a la opinión convencional de que los casquetes
polares son de hielo de agua.
El astrónomo francés Audouin Dollfus intentó entonces confirmar
que los casquetes polares estaban formados por hielo de agua estudiando la
polarización de la luz procedente de ellos. Su polarímetro era tecnología punta
en la época. Los resultados de la polarización marciana eran claramente
diferentes de los del hielo, la nieve y la escarcha aquí en la Tierra… lo cual
debería haberle dicho algo. En lugar de eso, Dollfus se convenció de que las
lecturas estaban lo bastante próximas, y en Marte debía haber hielo de agua. No
se molestó en comprobar la polarización del hielo de dióxido de carbono.
Dada la escasez de datos concretos, sobre cualquier hecho —o
«hecho»— nuevo los astrónomos estaban prontos a formular nuevas conjeturas.
Agua helada en los casquetes polares visiblemente crecientes y decrecientes
implicaba vapor de agua en el aire marciano. En otro salto de fe, muchos
astrónomos eran propensos a suponer que la atmósfera de Marte estaba formada
sobre todo por nitrógeno. En Marte no se había detectado nitrógeno, no más que
agua.
Esta suposición se basaba de nuevo en el cálculo demasiado bajo
de la presión del dióxido de carbono realizado por Kuiper. Como los 0.35
milibares de presión del dióxido de carbono estaban muy por debajo de los
cálculos de la presión atmosférica total en Marte —aunque tampoco es que
hubiera una buena forma de determinar la presión total—, se seguía que en la
atmósfera tenía que haber algo más. El nitrógeno era el candidato con más
partidarios. Era una conjetura que, al igual que los casquetes polares de hielo
de agua, hacía a Marte más parecido a la Tierra. El nitrógeno es el principal
componente de nuestra atmósfera, y es esencial para la vida terrestre.
Y era de suponer que en Marte había mucho nitrógeno. Tendría que
haberlo si las conjeturas sobre la presión atmosférica total eran correctas. El
cálculo generalmente aceptado realizado por Gerard de Vaucouleurs en 1954
establecía la presión total en 85 milibares. (Esto suponía otro error que
multiplicaba por diez la realidad).
* * * *
Satisfecho de que en Marte hubiera agua, Kuiper volvió su
atención a las zonas oscuras. De estas regiones se sabía que cambiaban con las
estaciones marcianas. Los observadores veían que las marcas se oscurecían o se
agrandaban en verano y se empalidecían o se reducían en invierno.
Percival Lowell no había tenido problemas para comprender eso.
Para él era una prueba de que los canales de los listos marcianos funcionaban.
Pero con los inteligentes marcianos descartados, los cambios estacionales
requerían una nueva explicación. Se postularon diversas explicaciones no
biológicas. Según una de ellas, la superficie contenía sustancias que se
oscurecían cuando absorbían vapor de agua, aproximadamente de la misma manera
que las toallas de papel se oscurecen al empaparse.
Esta explicación fue refutada por el astrónomo estonio-británico
Ernst Öpik. En 1950 sostuvo que las famosas tempestades de polvo en Marte
cubrían de polvo la superficie oscura. Que las zonas oscuras siempre
reaparecieran en este planeta de polvo, creía Öpik, probaba de modo concluyente
la existencia de fuerzas «regenerativas». Y por «regenerativas» entendía… bien,
ya se lo pueden imaginar.
* * * *
A partir de 1947, Kuiper trató de establecer que estas zonas
oscuras regenerativas eran hectáreas y hectáreas de vegetación viva. Cuarenta
años antes, los astrónomos del Observatorio de Lowell habían intentado
identificar clorofila en Marte mediante el examen del espectro del planeta.
Decidieron que no se podía hacer; no había bastante luz para trabajar. Kuiper
había conseguido identificar dióxido de carbono por medio de la espectroscopia
y ahora quería volver sobre el tema de la clorofila utilizando la tecnología
(un poco) más avanzada de la que disponía. Decidió producir un espectro de
solamente las zonas oscuras de Marte y compararlo con los espectros de las
plantas sobre la Tierra.
La producción de un espectro que se pudiera utilizar seguía
siendo casi imposible. En lugar de un espectro completo, Kuiper tuvo que
conformarse con mediciones en cuatro longitudes de onda. Informó de que la luz
reflejada desde Marte era diferente de la reflejada por el verde corriente, las
plantas con hojas de la Tierra. Sin embargo, dijo Kuiper, los resultados
marcianos eran coherentes con los de los líquenes y los musgos secos.
Los líquenes son organismos (a veces verdes o grises) que
aparecen y prosperan sobre las rocas en algunos de los lugares más fríos y
secos de la Tierra. Los conocimientos biológicos de Kuiper eran lo bastante
profundos para saber que cualquier vida marciana sería el producto de una senda
evolutiva distinta. En Marte no existirían más líquenes auténticos que manzanas
silvestres. Pero Marte tal vez tuviera partes de su suelo dotadas de una
cubierta viva de color neutro que cambiara con las estaciones.
Como paradigma pop, los «líquenes» de Kuiper obtuvieron un éxito
inmediato. La idea encontró un amplio eco en la prensa y se perpetuó en los
libros de texto durante años. Sin embargo, no había muchos datos que
respaldaran la idea de los líquenes. Básicamente, lo que Kuiper halló fue que
la clorofila no podía detectarse en absoluto en la observación de líquenes y
musgos secos en el infrarrojo. En las frecuencias muestreadas, estos tienen un
espectro casi plano. De la misma manera, Kuiper no pudo detectar clorofila en
absoluto sobre Marte: solo un espectro casi plano en las frecuencias
muestreadas. Y nada más. Que hablara de un «cotejo» era casi como decir que el
aire de Marte es demasiado poco denso para las criaturas voladoras… y por tanto
proponer que el planeta debía de estar poblado por pingüinos.
Kuiper reconoció la naturaleza incierta de sus resultados.
Entonces, una vez más, sucedió algo que confirmó de modo incontestable el error
de Kuiper.
En 1958, William M. Sinton, de Harvard, obtuvo permiso para
utilizar el telescopio de 500 cm del monte Palomar para estudiar Marte. (La
situación de los estudios planetarios era tal que Sinton tuvo que utilizar el
telescopio al atardecer, cuando no servía mucho para otra cosa). Informó del
hallazgo de bandas de absorción en el infrarrojo similares a las de los
compuestos orgánicos en las zonas oscuras de Marte, y solo en las zonas
oscuras. Ahora estaba cotejando un dato espectral real, no solo la ausencia de
un dato.
Eso remató el castillo de naipes. Respaldadas por todo lo demás,
las «bandas de Sinton» parecían una prueba razonablemente buena de la vida en
Marte: posiblemente la prueba más contundente que cabía esperar, salvo que se
viajara a Marte mismo. A finales de los años cincuenta, la sobria imagen
convencional de Marte era la de un planeta cubierto de «líquenes» que cambiaba
con las estaciones cuando húmedas brisas traían vapor de agua desde los
distantes casquetes polares en trance de fusión. Este fue el Marte, poco
después desvanecido para siempre, que Sagan heredó de sus predecesores.
§. Lynn Alexander
En la vida personal de Sagan, el verano de 1956 fue una época
llena de acontecimientos y optimismo. Cuando no estaba ocupado en el
Observatorio McDonald, pasaba mucho tiempo en la carretera. Por poco más de dos
mil dólares, se compró una ranchera Nash-Hudson azul y blanca[156], y con ella
se dirigió hacia el oeste con paradas en el Observatorio Lowell, el Gran Cañón
y Los Ángeles[157]. Allí se pasó por Caltech y UCLA[158], y conoció a Linus
Pauling y Norman Horowitz. Pero Sagan dijo que la niebla tóxica de Los Ángeles
le afectaba a la vista. Sospechaba que como mejor trabajaba era con el estímulo
del clima frío.
Carl también tenía una nueva novia. Un día pasaba por la
escalinata del Eckhart Hall, el edificio dedicado a las matemáticas en Chicago,
cuando literalmente tropezó con una precoz estudiante de humanidades[159]. Lynn
Alexander parecía demasiado joven para ser universitaria, y lo era para lo que
entonces se acostumbraba. Había ingresado con quince años y ahora tenía
dieciséis.
Lynn era la mayor de las cuatro hijas de Morris Alexander y
Leone Wise. Morris era un abogado liberal de Chicago convertido en empresario.
Era dueño de una empresa llamada Permaline, que fabricaba un plástico
resistente empleado para señalizar los carriles en las autopistas. Él y Leone
discutían mucho. Los Alexander vivían en el South Side, a un tiro de piedra de
sus propiedades[160].
Como Carl, Lynn fue intelectualmente curiosa desde su primera
infancia. Leía ávidamente, llevaba diarios y se pagaba sus gastos con empleos a
tiempo parcial. Adoraba la naturaleza: no solo las cosas de belleza obvia, sino
también las agrestes y descarnadas que sobrevivían en el Jackson Park y a lo
largo del Midway. Estudiaba los hormigueros y los hierbajos. Para Lynn, un
diente de león convertido en semilla podía ser fascinante[161].
Lynn sentía que algo le faltaba si pasaba todo un día sin haber
escrito algo. Escribía obras teatrales que montaba en los sótanos de su bloque
de apartamentos. Los papeles secundarios se los asignaba a sus hermanas más
pequeñas (lo cual daba una excusa a Lynn para ejercer el mando sobre ellas);
invariablemente, la protagonista se la reservaba para ella misma[162].
Lynn estaba lo bastante segura de sí misma como para dejar su
bien considerado colegio y pasarse a un instituto público conocido por su
peligrosidad: un sitio en el que las chicas guapas llevaban incluso navajas de
barbero en las ligas[163]. Lynn pensó que allí habría una mejor selección de
novios potenciales. No se molestó en informar a sus padres del cambio.
Lynn destacó tanto en el instituto que al segundo año aprobó el
examen de ingreso en la Universidad de Chicago. Aprovechó la primera
oportunidad que tuvo de poner tierra de por medio entre ella y las discusiones
de sus padres. Buscaba «algo mejor»… y conocer a hombres interesantes.
Carl parecía cumplir los requisitos. Su altura, apostura y
facilidad de palabra la impresionaron. Su entusiasmo por la ciencia inspiró el
de la propia Lynn. Entre la influencia de Carl y las lecturas de los «Grandes
Libros», decidió hacer carrera en biología.
Fue una relación de alto voltaje. Carl y Lynn se estaban
peleando constantemente (una de las hermanas de Lynn recuerda una discusión en
la que Lynn rompió una ventana de un manotazo[164]). Tan pronto rompían y
salían con otras personas como se reconciliaban y decidían casarse, hasta que
se volvían a pelear. Cuando la relación iba bien, hacían excursiones juntos.
Durante las vacaciones de primavera de 1955, se turnaron al volante en un viaje
a Nueva Jersey. Carl quería visitar a sus padres y Lynn ver Princeton. En
Princeton, Lynn buscó la dirección de J. Robert Oppenheimer en el listín
telefónico, se presentó en casa de este sin previo aviso y pasó la mañana con
él y su familia. Acababa de escribir un trabajo de fin de trimestre sobre él
(«No “¿Sí o no?”, sino “¿Cómo?”: J. R. Oppenheimer y la decisión de lanzar la
bomba»).
Oppie fascinó a Lynn. Le gustaron sus melancólicos ojos azules y
se preguntó si ella podría alguna vez perderse en la ciencia moralmente ambigua
como él hizo. Pero Kitty Oppenheimer parecía refunfuñona; tal vez no fuera tan
buena idea ser la esposa de un científico famoso[165].
* * * *
En julio de 1956, los planes de matrimonio estaban bastante
avanzados. En una de sus cartas, Carl le dijo a «Lynnie» que quería cuatro o
cinco hijos, preferentemente genios sanos de sexos surtidos. A la rápida tasa
de un parto cada dieciocho meses, Lynn no tardaría en verse libre para reanudar
su trabajo de doctorado. Carl hacía hincapié en que quería que Lynn prosiguiera
con su carrera científica; deseaba que su esposa fuera su compañera intelectual
tanto como física. En opinión de Carl, los intereses de Lynn, entonces
descritos como «bio-antropología», constituían un complemento perfecto de los
suyos. Podían formar un equipo científico extraordinario[166].
En aquella época, Lynn estaba llevando a cabo trabajo de campo
antropológico en una aldea de México. Carl fue en coche hasta allí a pasar dos
semanas con ella. Fue una experiencia lamentable. Lynn estaba tratando de
integrarse en la cultura (los lugareños ya la habían etiquetado con un nombre
que significaba «una nariz metida en un libro»). Para ella resultó mortificante
que Carl entrara con estruendo en la localidad al volante de su enorme ranchera
estadounidense pasando por encima de los centenarios adoquines del lugar[167].
Se pasaron toda la visita discutiendo y se separaron de mala manera. Lynn envió
a Carl una carta de ruptura de las relaciones. Si lo ocurrido en México había
sido un anticipo de cómo sería la vida de casados, decía, lo mejor sería que lo
dejaran estar.
Carl contestó que tal vez debían olvidarse del matrimonio y el
sexo por el momento, pero seguir viéndose[168]. Una carta de Carl, fechada el
12 de septiembre, evaluaba con entusiasmo argumentos a favor y en contra de la
vida en Marte; luego, mediada la carta, casi en un aparte, Carl mencionaba que
había estado saliendo con dos latinas en Texas… de nombre María ambas.
La relación más seria parece que fue con María Calderón. Era una
estudiante de ciencias políticas que Carl conoció en un balneario próximo al
observatorio. A su padre lo habían matado durante la Guerra Civil Española por
anarquista. En la cama con María, Carl a veces se olvidaba de que no estaba con
Lynn. A veces, Carl llamaba a María «Lynn»… o «Leen», en un intento de imitar
el acento español. María fingía no darse cuenta. Pero en una ocasión Carl
encontró a María llorando. No quiso decirle por qué.
A mediados de septiembre, Carl y Lynn habían reanudado su
relación. En octubre se habían vuelto a pelear y Carl pidió una nueva
oportunidad[169].
A Lynn le resultaba también difícil el trato con la madre de
Carl. Durante una visita, Lynn le dijo a Rachel que su madre, Leone, había
sufrido una crisis nerviosa. Rachel acogió con un berrinche la noticia. Se
subió corriendo a su habitación, cerró la puerta y lloró, lamentando que sus
futuros nietos pudieran heredar el estigma de un temperamento inestable[170].
Mientras las relaciones con Carl seguían este curso
entrecortado, Lynn intentó infundirse sensatez. Se hizo una grabación para
escucharla en los momentos de flaqueza. En ella enumeraba las razones por las
que casarse con Carl Sagan sería un acto de autodestrucción[171].
§. Vendedor ambulante sin licencia
El otoño de 1956 separó temporalmente a Lynn y Carl. Sagan
comenzó a trabajar en la Facultad de Astronomía de la Universidad de Chicago en
Williams Bay, Wisconsin. Aquí se encuentra el Observatorio Yerkes. Acabado en
1897, el refractor Yerkes de 101 cm estaba instalado en un edificio de ladrillo
y terracota con cúpula. Para entonces era una reliquia del pasado.
Williams Bay tenía una población de apenas 1.000 personas. Para
el urbanita Sagan, el traslado supuso un choque cultural. Por primera vez en su
vida experimentó el antisemitismo[172]. También tuvo problemas legales. Intentó
recaudar fondos para el Partido Demócrata pidiendo un dólar a cada uno de los
residentes. En palabras de Sagan,
Me pasaba toda la mañana yendo de puerta en puerta. Y obtenía
las más sorprendentes respuestas: « ¿Para qué partido?», o «¡Shh! ¡El jefe
puede oírnos!», o «Aguarde aquí, joven, que voy por la escopeta». Finalmente,
me arrestó el sheriff , que había recibido un sinfín de quejas, con el pretexto
de que estaba haciendo venta ambulante sin licencia. Se figuraban que estaba
vendiendo entradas sin licencia. Y me pusieron bajo la custodia del director
del observatorio, que no creo que comprendiera nada y se limitó a decir:
«Pórtese bien, muchacho».[173]
En el Observatorio Yerkes trabajaba el astrofísico Subrahmanyan
Chandrasekhar. Kuiper y Chandrasekhar representaban los polos opuestos de la
astronomía. Chandrasekhar era un auténtico genio de las matemáticas. Su trabajo
se había empapado de la fascinante nueva física de la relatividad y la teoría
cuántica. En 1930, Chandra, como casi siempre lo llamaban, había calculado que
las estrellas enanas blancas con 1.2 veces la masa del Sol se colapsarían por
efecto de su propia gravedad. Este trabajo sentó las bases para la teoría de
las estrellas de neutrones y los agujeros negros.
La mayoría de los descubrimientos importantes en astronomía se
estaban haciendo en astrofísica o cosmología. Sagan se vio presionado a
estudiar las estrellas, las galaxias, cosmología… cualquier cosa menos
planetas. «Había una especie de opinión general según la cual la seriedad de la
astronomía era proporcional a la distancia del objeto», recordaba Sagan[174].
Los planetas estaban demasiado cerca.
Sagan recibió de Chandra unas clases en las que comprobó que su
reputación de brillantez y frialdad de trato estaba plenamente justificada.
«Las preguntas frívolas de personas que no parecieran haberse estudiado a fondo
el material se trataban a la manera de una ejecución sumaria», recordaba
Sagan[175]. Los estudiantes literalmente cambiaban de acera cuando veían venir
a Chandra; Sagan siempre tomaba adrede la escalera del observatorio que no
pasaba por delante del despacho de Chandra[176]. En una ocasión, Sagan invitó a
Chandra a dar una charla en su club de astronomía y lo presentó elogiosamente.
Tras lo cual, lo más que comentó Chandra fue que Carl lo que de veras debería
haber hecho era ponerse un traje y una corbata para presentar a un miembro del
cuerpo docente de la universidad[177].
Sagan asistió a un coloquio en el que Chandra llenó las pizarras
de la sala de conferencias con sus pulcras ecuaciones. Los resultados
importantes estaban numerados y recuadrados, como para ser fotografiados e
impresos en un periódico. Durante el turno de preguntas, alguien dijo:
«Profesor Chandrasekhar, en la pizarra […] a ver, […] 8, línea 11, creo que se
ha equivocado en un signo».
Chandra guardó silencio. El comentario no le mereció la pena de
volverse a mirar la ecuación en cuestión. Cuando parecía inevitable que alguien
tenía que romper el silencio, el moderador dijo: «Profesor Chandrasekhar,
¿tiene usted una respuesta a esta pregunta?».
«No ha sido una pregunta; ha sido una afirmación», respondió
Chandra. «Y está equivocada». En ningún momento se volvió a mirar[178].
§. Periódico de prestigio
Para Sagan, el enfoque de las matemáticas de Kuiper tuvo una
relevancia más duradera. Su forte era el «cálculo de órdenes de magnitud»,
corriente en física pero menos en la astronomía de los años cincuenta[179].
Ante una nueva hipótesis, Kuiper hacía un cálculo rápido y simplificado de sus
consecuencias. Si la respuesta era razonable, entonces la hipótesis podría
merecer ulterior atención. Si no, entonces es que había algún error y había que
comprender algo antes de perder el tiempo en un cálculo detallado. En un campo
tan lleno de incertidumbres y conjeturas como la astronomía planetaria, se
trataba de una estrategia valiosa.
Kuiper también desempeñó sin querer un papel en la iniciación de
Sagan en los peligros del trato con los medios de comunicación. En diciembre de
1956, Kuiper y Sagan presentaron trabajos sobre Marte en el encuentro de la
Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia en Nueva York. Kuiper se
centraba en sus «líquenes». Sagan aventuraba una idea alternativa.
Los observadores telescópicos informaron de que las zonas
oscuras de Marte podían «regenerarse» rápidamente con independencia de la
estación. Esto a Sagan le pareció extraño. No veía cómo los líquenes podían
crecer tan rápido incluso fuera de temporada. Sagan tenía una explicación más
simple. ¿Y si no hubiera líquenes, sino solo roca oscura cubierta de arena de
color claro? La roca oscura podría ser lava solidificada. Los vientos
estacionales dispersarían la arena descubriendo zonas de roca desnuda en algunos
lugares y cubriéndolos en otros. Las tempestades de polvo debían de producir
efectos sumamente espectaculares. En cuanto la atmósfera se aclarara tendrían
que aparecer «nuevas» zonas oscuras desnudas… como las observadas.
Era una declaración contundente de escepticismo científico,
tanto más significativa por cuanto contravenía el anhelo de Sagan de que
hubiera vida en Marte. Además, difícilmente podía esperar congraciarse con
Kuiper de este modo.
El New York Times informó de la reunión con este titular: «Se
cree que las manchas oscuras de Marte son lava[180]». Pero en una equivocación
lamentable, el artículo atribuía todo lo dicho por Sagan a Kuiper, y viceversa.
Kuiper no dijo nada al respecto. Al menos un colega sí lo vio y
le hizo a Sagan la maliciosa observación: «Su carrera la vengo siguiendo en el
New York Times[181]». Lo que insinuaba era que los científicos serios evitaban
ser citados en la prensa general.
La propensión de Sagan a situarse en el centro de los focos ya
se estaba haciendo evidente. En el campus era una leyenda, la clase de persona
que todo el mundo conoce o sabe de ella. Se rumoreaba que uno de los
principales científicos de la nación había llamado en una ocasión a Sagan
simplemente para preguntarle: «¿En qué anda usted trabajando ahora?»[182]. En
1957, Sagan organizó una serie de conferencias universitarias bajo el modesto
título de «La creación de la vida y el universo[183]». Algunos miembros del
profesorado expresaron sus dudas llamándolas «el circo de Sagan[184]». Sagan
consiguió que el físico y divulgador científico George Gamow pronunciara una de
las conferencias[185]. Otro de los oradores destacados fue Carl Sagan.
§. Matrimonio
Finalmente se puso fecha para la boda, el 16 de junio de 1957,
una semana después de que Lynn obtuviera su licenciatura (Lynn estaba ahora
completamente decidida a proseguir sus estudios de genética). Leone Alexander
no ahorró ni tiempo ni gastos en la preparación de la ceremonia. Peter Pesch,
un amigo de Yerkes, fue el padrino de Carl.
En privado nadie estaba contento. Morris Alexander consideraba a
Carl arrogante. Tenía serias dudas de que pudiera ser un buen marido o padre.
Leone perdonaba este rasgo por la solvencia económica que pensaba que Carl
aseguraría[186].
Rachel Sagan no podía comprender qué veía su hijo en aquella
científica. Una eminencia en la casa parecía más que suficiente. Se quejaba a
sus amigos de que Lynn no era lo bastante atractiva para Carl[187]. (Rachel era
famosa por sus consejos infundados sobre belleza femenina. En una ocasión se la
oyó burlarse de los pechos caídos de las mujeres africanas en un National
Geographic[188]).
A los ojos de todos los demás, Lynn era una resplandeciente
novia de diecinueve años. (Carl tenía veintidós). El día de la boda, Lynn
recibió un telegrama. Era de Rachel, que asistía a la boda y podía
perfectamente haber entregado cualquier mensaje en persona. El telegrama decía:
DE SOLTERA A CASADA EN SOLO UNA SEMANA[189].
§. Joshua Lederberg
Carl y Lynn pasaron el verano de 1957 en la Universidad de
Colorado. Él estudió química y física nuclear en el departamento de Edward
Condon; ella asistió a cursos de ecología y fisiología de las plantas. Ese
otoño, Lynn inició estudios de posgrado sobre biología celular y genética en la
Universidad de Wisconsin en Madison.
Carl se negó a quedarse atrapado en Williams Bay. Él y Lynn
pusieron casa en Madison. (Vivieron en el n.º 134 de la calle Johnson Este y
luego en el 116 de la avenida Craig[190]). En Madison había mucho más que hacer
y más gente interesante que conocer que en Williams Bay. Eso compensaba los
noventa minutos que a Sagan le costaba llegar al observatorio.
En Madison, Sagan conoció al hombre tal vez más influyente de
todos sus mentores: Joshua Lederberg. Hijo de un rabino, Lederberg era nueve
años mayor que Sagan. También estaba fascinado desde la infancia con la
posibilidad de vida en otros planetas. A los trece años oyó la emisión
radiofónica de La guerra de los mundos de Orson Welles. Sabía que era una
ficción. De hecho, creía que las crónicas que siguieron sobre el pánico del
público en Estados Unidos formaban parte de la ingeniosa broma de los Mercury
Players[191].
Lederberg estudió el preparatorio de medicina en Columbia, luego
en Yale se pasó a la investigación genética. Demostró que la muy corriente
bacteria Escherichia coli es capaz de intercambiar información genética: «Esas
bacterias tienen vida sexual de alguna clase», como explicó una revista muy
popular[192]. Lederberg era un hombre bajito, robusto y de avanzada calvicie al
que todo el mundo consideraba un genio. Estaba casado y trabajaba con una mujer
que también era una brillante genetista.
Sagan y Lederberg eran almas gemelas. Los dos pensaban que los
avances en cohetería no tardarían en llevar la vida extraterrestre del terreno
de la especulación al de la ciencia positiva. Lederberg no sabía mucho sobre
cohetería y astronomía. Sagan comenzó a enseñarle, consciente de la ironía que
había en que un posgraduado de veintitrés años estuviera instruyendo a un genio
digno del premio Nobel[193].
Por supuesto, Sagan también aprendió mucho de Lederberg. Este,
además, lo impresionó al resaltar el valor que para la biología tendría el
hallazgo de una forma de vida extraterrestre. Para cualquier visitante de zoos,
la vida en la Tierra es asombrosamente diversa; para el genetista o el
bioquímico, sin embargo, es monótona. Toda la vida conocida comparte la
arquitectura básica de las proteínas y los ácidos nucleicos. Los biólogos no
tienen modo de saber si esta arquitectura es necesaria y universal o meramente
contingente, un accidente de la forma en que la vida se inició sobre la Tierra.
¿Tendría ADN un marciano? El estudio de una forma de vida marciana, si es que
existe, ampliaría los horizontes de la biología como nada más lo ha hecho.
Tampoco tendría que ser una vida muy desarrollada. Bastaría con el más simple
microbio.
Estos debates fueron casi un hola y adiós. En la época en que
Sagan conoció a Lederberg, el genetista ya se estaba preparando para abandonar
Wisconsin y mudarse a la Costa Oeste. También haría un viaje a Estocolmo, para
recoger el premio Nobel de medicina del año 1958.
§. El Sputnik
Durante una fiesta universitaria, Sagan apostó con un amigo a
que Estados Unidos llegaría a la Luna, como muy tarde, en 1970. Se jugaron unas
barras de chocolate (para el choco adicto Sagan esto bastaba para hacer las
cosas interesantes)[194]. Poco después de la apuesta, la suerte cambió
abruptamente a favor de Sagan. El 4 de octubre de 1957, la Unión Soviética
lanzó el Sputnik.
Durante el crepúsculo era posible ver al satélite deslizándose
por el cielo, una estrella llena de buenos presagios. «La Unión Soviética ya no
es un país de campesinos», anunció Nikita Jrúschov[195]. En Estados Unidos, al
entusiasmo por el amanecer de una nueva era de exploración le pusieron sordina
las ineludibles implicaciones militares. Los expertos estadounidenses acusaron
a los soviéticos de haber situado la órbita del satélite en un ángulo de
sesenta y cinco grados con respecto al ecuador a fin de poder proclamar «el
Triunfo Rojo sobre casi toda la tierra habitada[196]». Los estadounidenses
levantaron la mirada al punto de luz en los cielos y calcularon con tristeza
que podría transportar una bomba atómica desde suelo soviético en dieciséis
minutos.
Se consideró que el lanzamiento demostraba la necesidad de
mejorar la educación científica… y de mejores cohetes. «Sin lugar a dudas»,
dijo el ingeniero estadounidense Theodore von Kármán, «la tarea más importante
a la que ahora se enfrenta Estados Unidos es la creación de un satélite
terrestre, pues de lo contrario quedamos desnudos frente a la inspección[197]».
Mientras tanto, dentro de la Unión Soviética había fuentes que
ya hablaban de enviar a Marte humanos en coma inducido[198]. El 3 de noviembre,
de nuevo sin previo aviso, los soviéticos lanzaron un segundo y mayor Sputnik.
Esta vez llevaba un perro en el interior. Tras varios días en el espacio, la
prensa soviética enmudeció con respecto al perro. El viaje de Laika había sido
sin retorno. Consumidas las reservas de oxígeno, se dejó que el perro se
asfixiara.
* * * *
Tres días después del lanzamiento del segundo Sputnik, Joshua
Lederberg llegó a Calcuta a visitar a J. B. S. Haldane. Aquella noche hubo un
eclipse lunar. Durante la cena, Haldane señaló que se cumplía también el
cuadragésimo aniversario de la Revolución de Octubre. ¿Y si los soviéticos
fueran a celebrarlo poniendo una estrella roja sobre la Luna? Por «estrella
roja» Haldane entendía una bomba de hidrógeno.
Haldane y Lederberg (consternados con solo pensarlo) hicieron
algunos cálculos aproximados. Concluyeron que una bomba de hidrógeno que
explotara sobre la Luna eclipsada o en su lado oscuro podría de hecho ser
visible desde la Tierra[199]. Esperaron a ver el eclipse. No hubo ninguna
estrella roja.
Esta extraña conversación durante aquella cena dejó a Lederberg
preocupado. Volvió a Madison con una nueva misión. Redactó a toda prisa dos
memoranda de una página que distribuyó ciclostilados a Sagan y unos cuantos
colegas más de los que él pensaba que podría gustarles leerlos. «Estoy
profundamente preocupado por el incipiente desaprovechamiento de una
oportunidad para una exploración biológica única en nuestro tiempo», escribió
Lederberg[200].
Las naciones no tardarían en enviar cohetes a la Luna y otros
planetas. Lo que preocupaba a Lederberg era que estos cohetes transportaran
microbios, esporas y moléculas orgánicas terrestres. Cualesquiera microbios o
esporas lunares nativos serían difíciles de identificar una vez «el primer
cohete, tal vez con suciedad, pigmento o incluso un perro, se envíe a
estrellarse espectacularmente contra la superficie lunar[201]». Sería
necesario, decía Lederberg, prohibir tal temeridad y esterilizar toda nave espacial
que pudiera aterrizar o estrellarse en otro planeta.
Sagan se mostró plenamente de acuerdo. Los cálculos de órdenes
de magnitud convencieron a ambos de que el problema era real. En una época en
que el sacrificio de caninos despertaba sumo interés, Lederberg hizo el macabro
cálculo de que un solo perro o chimpancé lanzado al espacio y uniformemente
esparcido por la superficie de la Luna haría imposible detectar cualquier vida
lunar.
§. Dorion
Un día, mientras Lynn estaba en su laboratorio de biología
pipeteando una solución de amebas, se desmayó. Cuando volvió en sí, estaba en
el suelo con la pipeta aún en la boca. En el acto supo que estaba encinta[202].
El nacimiento del bebé se iba a producir en una época en la que
las finanzas de la pareja estaban de capa caída. Desde 1951, Sagan había
disfrutado de una serie ininterrumpida de becas de estudios e investigación.
Luego, en 1958, la beca de la NSF para la investigación predoctoral en
astronomía expiró y no hubo nada que la reemplazara[203].
La concesión de una beca de investigación a Lynn tuvo que
aplazarse hasta la llegada del bebé. La principal fuente de ingresos de la
pareja era el trabajo a tiempo parcial de Sagan. En 1958 aceptó un puesto como
físico ayudante en la Fundación Armour para la Investigación de Chicago. Se
trataba principalmente de papeleo que Sagan podía llevar a cabo en Madison y
mandar por correo. Cobraba 3 dólares a la hora, lo cual suponía unos 260 al
mes[204].
El bebé, un chico, nació en 1959. Lo llamaron Dorion Salomon
Sagan. «Dorion» lo encontraron en un libro de nombres de recién nacidos. Hacía
pensar en El retrato de Dorian Gray de Wilde, admirado por ambos progenitores,
y en el epigrama celeste «D’Orion»: de Orión[205].
§. La NASA
En los años post-Sputnik, los científicos espaciales ambiciosos
pudieron hacerse rápidamente un nombre. Siendo Kuiper el único astrónomo
planetario de Estados Unidos, sus estudiantes eran muy demandados[206]. Los
científicos que diseñaban los experimentos de la NASA solían ser jóvenes, y con
una sola misión podían eclipsar el paciente trabajo de los mayores al frente de
los observatorios y departamentos académicos. Sagan no tardó en reconocer la
nueva coyuntura. Comenzó a realizar labores de consultoría con la agencia
espacial incluso antes de la obtención de su doctorado.
Lederberg tuvo mucho que ver en esto. Las opiniones de Lederberg
sobre la contaminación planetaria y la ampliación de las perspectivas de
detectar vida en otros planetas propiciaron una acogida favorable en la nueva
Administración Nacional para la Aeronáutica y el Espacio (NASA) de la nación.
Una de las primeras acciones del administrador de la NASA, Hugh Dryden, fue
solicitar que la Academia Nacional de las Ciencias creara un Consejo de las
Ciencias del Espacio. Este había de formarlo un prestigioso grupo de expertos
académicos que aconsejaran a la agencia. Al frente de la comisión de
exobiología del Consejo de Ciencias del Espacio se colocó a Lederberg.
La larga asociación de Sagan con la NASA comenzó con una carta
de Lederberg a Robert Jastrow, de la agencia espacial, fechada el 4 de marzo de
1959. Lederberg plantea en ella la cuestión de «un contrato de la NASA para la
realización de ciertos trabajos previos, principalmente de consultoría, sobre
las generalidades de las sondas biológicas. Nuestras facturas de teléfono y
viajes crecerán inevitablemente, y también me gustaría contar con la ayuda de
un joven astrónomo de Yerkes-Madison (llamado Carl Sagan), de sólida formación
y profundamente interesado en la biología planetaria[207]».
Lederberg acababa de aterrizar en la Facultad de Medicina de
Stanford (donde estaba organizando un nuevo Departamento de Genética). Uno de
sus primeros objetivos para la comisión de exobiología fue la publicación de un
«Manual de biología planetaria». «Esta es una tarea de suma importancia»,
escribió Lederberg, «y hay algunos problemas para encontrar a un entusiasta lo
bastante bien formado para llevar a cabo el trabajo. Por suerte, el señor Carl
Sagan tal vez esté disponible durante algunos meses este verano y posiblemente
también después de que dé término a su tesis en astronomía (las atmósferas
planetarias) en el Observatorio Yerkes[208]».
A la vista de la dispersión geográfica del talento, a Lederberg
se le ocurrió que la comisión de exobiología contara con dos grupos permanentes
de debate, uno en la Costa Este («Eastex») y el otro en la Costa Oeste
(«Westex»). Propuso que «el señor Sagan podría desempeñar varias funciones: a)
en la preparación de los informes consolidados del Westex y (con su aprobación)
el Eastex para, tal vez, la publicación en revistas; b) como consejero de
Westex, especialmente en la revisión de la bibliografía existente, y c) en la
preparación del más extenso manual». Por su trabajo a tiempo parcial, Lederberg
pedía para Sagan un salario anual de 4.000 dólares.
* * * *
Sagan no tardó en ponerse a trabajar. «Era como planear sin
esfuerzo entre una especie de charlas a altas horas de la madrugada para
aconsejar al gobierno[209]». En dos artículos presentados ante la Academia
Nacional de las Ciencias en 1959 defendió la visión de la contaminación
planetaria de Lederberg. La refutación evidente del argumento de Lederberg era
que la Luna, donde primero irían los cohetes, carecía seguramente de vida. ¿Qué
importaba si contaminábamos la Luna?
La respuesta de Sagan fue que en la Luna podía haber moléculas
orgánicas, enterradas bajo polvo meteórico y por tanto protegidas de la luz
ultravioleta que de lo contrario las destruiría. Este material orgánico (en sí
mismo de gran interés científico) sería vulnerable a la contaminación. Era
posible, sostenía Sagan, imaginar una única bacteria terrestre, transportada a
la Luna por una sonda que se hubiera estrellado, multiplicándose gracias al
consumo de estas moléculas orgánicas y depósitos de hielo subterráneos.
Asimismo, Sagan pensaba que era concebible que la vida hubiera
comenzado en la Luna. Podría haber fósiles o incluso existir vida. La idea «no
debe descartarse de una manera tan displicente como se ha hecho en el
pasado[210]».
* * * *
Las opiniones de Lederberg y Sagan prevalecieron en la NASA. El
gran enigma era si los soviéticos estaban esterilizando sus sondas espaciales,
y cómo. En noviembre de 1959, mientras asistía a una reunión, Sagan consiguió
interrogar sobre el tema a G. F. Gauze, de la Academia Soviética de las
Ciencias. Gauze insistió en que la Lunik 2 (la primera nave espacial estrellada
contra otro mundo) había sido completamente esterilizada: tanto los
instrumentos como la fase final del cohete portador. Sagan pidió detalles.
Gauze respondió con coquetería que los métodos eran conocidos por cualquier
estudiante de posgrado en microbiología… y por cualquier fabricante de comida
enlatada. No dijo nada más, aduciendo la analogía capitalista de que los
Laboratorios Abbott de Chicago no divulgaban sus secretos comerciales a las
empresas farmacéuticas competidoras.
«Pero esta es una cuestión de cooperación, no de competencia»,
contraatacó Sagan. Gauze no lo veía así. Gauze habló con entusiasmo del empleo
de microbios extraterrestres para la preparación de nuevos tipos de
antibióticos[211].
§. El efecto invernadero
El análisis de Sagan de la contaminación lunar pasó a formar
parte de su tesis doctoral. Titulada «Estudios físicos de los planetas», es una
tesis muy fuera de lo corriente… y muy típica de Sagan. Fue uno de los raros
ejemplos en los que el trabajo de doctorado es de importancia capital, pues
contenía la primera formulación de la hipótesis de Sagan de un efecto
invernadero en Venus. Pero, como si fuera incapaz de centrarse en una sola
cosa, la tesis de Sagan era una antología de mini tesis. Las cuatro partes se
titulaban «La materia orgánica indígena en la Luna», «La contaminación
biológica de la Luna», «El balance radiactivo de Venus» y «Producción de
moléculas orgánicas en las atmósferas planetarias: un estudio preliminar».
Estos temas los unía otro al que en el título ni siquiera se
aludía: la vida en otros planetas. Conseguir un doctorado en exobiología (de
eso se trataba virtualmente) era ingenuo. A Sagan no se le permitió
matricularse en cursos de posgraduado de biología molecular. Conseguir que de
su tribunal de doctorado formara parte un biólogo era también complicado. Por
fin, un tal Kimball C. Atwood accedió. Se había formado como ginecólogo[212].
El apartado sobre Venus fue, con mucho, el más influyente.
También tenía que ver con la exobiología… al menos en aquella época. Se seguía
considerando que en Venus podía haber vida. El planeta está perpetuamente
cubierto de nubes, y nadie podía ver la superficie. ¿Quién sabía lo que había
bajo las nubes?
«Todo en Venus chorrea», escribió Svante Arrhenius en 1918. «Una
parte muy grande de la superficie está sin duda cubierta por ciénagas[213]».
Esta pintoresca visión de Venus no había sido contundentemente refutada. Uno de
sus problemas era que (al igual que en Marte) en su atmósfera no se había
detectado nada de agua, solo dióxido de carbono.
Harold Urey creía que la ausencia de agua era clave para
comprender Venus. Él veía las cosas desde la perspectiva de un químico. En la
Tierra, el agua y el dióxido de carbono reaccionan con las rocas de silicatos
para formar rocas de carbonatos (como la piedra caliza) y el sílice (arena). En
el Venus completamente seco, el dióxido de carbono emitido como gas simplemente
se acumulaba, propuso Urey.
Donald Menzel y Fred Whipple, de Harvard, contraatacaron con
casi la idea contraria. Según ellos, el planeta estaba completamente cubierto
por un océano. Este impedía que el dióxido de carbono de la atmósfera
reaccionara fácilmente con las rocas de silicatos subyacentes.
El astrónomo de Cambridge Fred Hoyle tenía otra idea. Teorizó
que Venus había comenzado con muchos más hidrocarburos que agua. Durante
millones de años, los hidrocarburos reaccionaron con el oxígeno del agua para
producir dióxido de carbono y oxígeno. Como resultado final, esto dejó el
planeta sin rastro de agua. En lugar de eso, había grandes océanos de petróleo
y nubes de niebla tóxica.
Sagan señaló que quienquiera que planeara una misión tripulada
al planeta no sabría si enviar a un botánico, a un mineralogista, a un geólogo
del petróleo o a un buceador de grandes profundidades[214]. Su tesis arrasaba
con todas estas opiniones.
Se basaba en desconcertantes datos nuevos. A mediados de los
años cincuenta, el Laboratorio de Investigación Nacional, en Washington, D. C.,
construyó en su tejado un radiotelescopio para su empleo en operaciones
militares secretas. Cornell H. Mayer y sus colaboradores orientaron la antena
hacia Venus. Descubrieron que el planeta emitía fuertes radiaciones en
frecuencias de microondas.
La energía de microondas es energía térmica (de ahí su empleo en
los hornos electrónicos). Todo objeto caliente emite microondas, y es posible
calcular la temperatura de un objeto a partir del espectro de microondas
producido. Cuando Mayer y sus colegas hicieron eso con Venus, se llevaron una
sorpresa. Las microondas revelaron que la temperatura de Venus era abrasadora:
unos 600 K en la escala Kelvin de los físicos, o unos 330 ºC.
El hallazgo fue acogido con incredulidad. La incredulidad tenía
una componente científica y —como Sagan afirmó más tarde— una componente
emocional. Emocionalmente había reparos a renunciar a las atrayentes imágenes
de Venus con océanos y temperaturas no demasiado diferentes de las de la
Tierra[215]. Desde el punto de vista científico era difícil ver cómo en Venus
podía hacer tanto calor. Venus está más próximo al Sol que la Tierra y recibe
más o menos el doble de luz solar. Pero las resplandecientes nubes que lo
cubren de un polo al otro devuelven el 70 por 100 de la luz solar al espacio.
Estos factores no podían explicar nada parecido a temperaturas de 300°C.
Buena parte de la atención se concentró por consiguiente en
algunas de las observaciones de microondas en frecuencias bajas. Estas
implicaban una temperatura bastante inferior: unos 350 K, en torno a 80°C. Eso
parecía más creíble. Las lecturas de 600 K podrían, pues, deberse a una región
«caliente» en la ionosfera del planeta o a un cinturón de radiaciones de tipo
Van Allen alrededor del planeta.
Sagan apostó (de nuevo) por la interpretación más sencilla como
probablemente la correcta. A su juicio, la superficie del planeta estaba en
realidad tan caliente como parecía. Su tesis era la primera en ofrecer una
explicación cuantitativa de las altas temperaturas como resultado de un efecto
«invernadero». La temperatura de un invernadero aumenta los días soleados fríos
porque el vidrio deja pasar la luz pero atrapa el aire cálido producido por esa
luz. Los gases como el dióxido de carbono en la atmósfera de un planeta
producen un efecto análogo. Atrapan la luz infrarroja emitida por un planeta
cálido y reducen la irradiación normal de calor al espacio. Eso mantiene el
planeta más caliente de lo que correspondería en otro caso.
Sagan calculó que el dióxido de carbono no podía explicar por sí
solo las elevadas temperaturas de Venus. Ese gas permite que la luz infrarroja
de ciertas frecuencias se filtre al espacio. El vapor de agua, sin embargo, es
también un gas de efecto invernadero. Absorbe la luz infrarroja en algunas de
las frecuencias en las que el dióxido de carbono no lo hace, y viceversa.
Sagan, por consiguiente, proponía que era la combinación de dióxido de carbono
y vapor de agua lo que inducía un fuerte efecto invernadero en Venus.
Esto era especulativo, pues seguían faltando pruebas de la
existencia de agua. El modelo de invernadero, sin embargo, se tomó en serio
casi de inmediato, e hizo mucho por la reputación de Sagan en el mismo arranque
de su carrera. El efecto invernadero tampoco era meramente una explicación ad
hoc para un planeta desagradablemente caliente. El calentamiento por efecto
invernadero se reconoce ahora como una propiedad de muchas atmósferas
planetarias, incluida la de la Tierra. El trabajo posterior (de Sagan y muchos
otros) sobre el clima antiguo de Marte, la llamada paradoja del joven Sol
débil, el calentamiento global y el invierno nuclear se basan en este concepto
clave.
Sagan se pasó buena parte de la década de 1960 puliendo sus
modelos de Venus e intentando descartar teorías rivales. Sin embargo, desde el
comienzo parece haberse convencido de la corrección esencial del modelo de
invernadero. Venus tenía una temperatura infernal y seguramente no había vida
en él. En ese sentido, el planeta se volvía menos interesante para él.
* * * *
Conforme su trabajo doctoral se acercaba a su fin, Sagan comenzó
a planear su futuro. A finales de 1959 solicitó una beca de pos doctorado de la
NSF en el Observatorio de París en Meudon. Allí era donde trabajaba Audouin
Dollfus, otro miembro del pequeño club de astrónomos planetarios. Sagan había
estudiado bastante francés en el instituto como para arreglárselas[216]. Para
una familia con dos carreras sería un movimiento grande y difícil. Lynn estaba
a punto de completar una maestría en zoología y genética. Además, estaba
esperando otro hijo.
Más o menos por la misma época, Lederberg propuso a Sagan para
una beca Miller de investigación en Berkeley[217]. Kuiper lo animó
enérgicamente a aceptar la oferta de Berkeley. Los planes inmediatos de
investigación de Sagan se orientaban hacia la espectroscopia de las atmósferas
planetarias. Kuiper le dijo que en Meudon no se hacía espectroscopia. Sagan
estuvo de acuerdo; sería Berkeley[218].
Durante los interrogatorios preliminares para su doctorado, a
Sagan se le pidió que describiera todas las formas principales de instrumental
astronómico. Se le olvidó mencionar el espectrofotómetro, una extraña omisión a
la vista de sus planes[219]. Esta pifia, por supuesto, la superó, y en junio de
1960 la Universidad de Chicago otorgó a Sagan su doctorado en astronomía y
astrofísica. Con ello adquirió el derecho a alardear de por vida de ser «el
único astrónomo en la historia mundial en cuyo tribunal de tesis figuraba un
catedrático de obstetricia y ginecología[220]».
§. Vida en Júpiter, dice un científico
La parte final de la tesis doctoral de Sagan se ocupaba de la
producción de moléculas orgánicas en las atmósferas de otros planetas. «Llevaba
mucho tiempo completamente dedicado a Venus», explicó Gerald Soffen, de la
NASA, en un escrito de 1963 sobre Sagan. «Puedo ver cómo un nuevo planeta
comienza a ocupar sus pensamientos: ¡Júpiter! Aunque este planeta está tan
lejos de la imaginación de la mayoría que ni siquiera hemos pensado en él, Carl
ya está pensando en la biosfera de Júpiter. En resumen, ¡Júpiter se está
convirtiendo en su nuevo héroe!»[221].
«Héroe» o no, Sagan dedicó mucha reflexión a Júpiter. En aquella
época era corriente suponer que la atmósfera de Júpiter contenía grandes
cantidades de amoníaco, metano, agua e hidrógeno. A Sagan no se le escapaba que
estos eran los gases presentes en el experimento Miller-Urey.
En mayo de 1960, Sagan presentó esta parte de su trabajo
doctoral en un congreso de la Sociedad para la Investigación de las Radiaciones
celebrado en San Francisco. Habló de los compuestos orgánicos que probablemente
se estaban formando en la atmósfera de Júpiter. Nadie sabía cómo era Júpiter
por dentro. Sagan especuló con que podría haber océanos… y si había océanos,
tal vez hubiera vida. La pintoresca idea de la vida joviana mereció una única
frase en el artículo publicado, donde Sagan consideraba que la posibilidad de
que en Júpiter hubiera vida era mayor que en el caso de Venus[222]. Puesto que
Sagan creía que Venus era un infierno, ese no era un puntal muy firme en sí
mismo.
La Sociedad pidió a Sagan que diera una conferencia de prensa.
Aunque aún escocido por la confusión en el New York Times, accedió. «Miren»,
advirtió a los periodistas, «estoy hablando de moléculas orgánicas, no de vida.
No estoy diciendo que en Júpiter haya vida. Me dolería mucho si alguno de
ustedes escribiera que yo he dicho que “en Júpiter hay vida”».
Como Sagan recordaba, justo el día siguiente un periódico de San
Francisco informaba: «Vida en Júpiter, dice un científico[223]».
Capítulo 4
Berkeley
1960-1963
Contenido:
§. Un juego de escasa reputación
§. Mariner y Apolo
§. Un viaje a Oz
§. Frank Drake
§. Green Bank
§. La ecuación de Drake
§. El hombre de los delfines
§. El test de inteligencia
§. Cera y vibriones
§. Simbiosis
§. Historia de espías
§. El caleidoscopio
§. Colas de luciérnaga
El traslado al oeste abrió nuevos horizontes. El título de Sagan
en Berkeley era de Investigador Miller en el Departamento de Astronomía, el
Instituto para la Investigación Básica en la Ciencia y el Laboratorio de las
Ciencias del Espacio de California. Aunque este título no implicaba docencia,
él insistió en impartir clases a fin de adquirir experiencia[224]. Era conocido
por la originalidad de su pensamiento. Un día en Berkeley, Sagan le dijo a
Ronald Blum (que también se había mudado al oeste) que estaba preocupado por el
dióxido de carbono en el aire. La combustión de carburantes estaba produciendo
más dióxido de carbono. Esto incrementaría el efecto invernadero en la Tierra y
calentaría el globo con consecuencias desastrosas. Decir esto resultaba algo
increíble, si no una locura, en aquella época. No debió de ser más tarde de
1963[225].
§. Un juego de escasa reputación
Los años en Berkeley fueron tiempos idílicos para el nuevo campo
de la exobiología. El programa espacial iba viento en popa. Ello conllevó
fondos para la exobiología, en lo que se refiere tanto a la investigación
básica como al instrumental. Los estudios sobre los precursores químicos de la
vida seguían confiriendo credibilidad a la idea de vida en otros planetas. Las
afirmaciones de haber descubierto formas similares a la vida en meteoritos
espoleó aún más el interés por ese campo. Un intento pionero de encontrar vida
extraterrestre inteligente tenía asegurados muchos titulares de prensa. Sagan
puso mucho empeño en participar en todos y cada uno de estos desarrollos. De
todas las personas con talento que se dedicaban a la exobiología en los albores
de la era espacial, él era el único que abarcaba el campo en todos sus diversos
aspectos.
Una gran ventaja del traslado fue que Sagan pudo reanudar sus
estrechas relaciones con Joshua Lederberg. Fue Lederberg quien acuñó el término
«exobiología». En sus conversaciones con Sagan y otros, «biología
extraterrestre» resultaba demasiado largo. En la academia, protectora de las
fronteras departamentales, las palabras son importantes. La invocación del
nombre de una nueva ciencia era un movimiento audaz, entre otras cosas porque
los exobiólogos no tenían nada que estudiar. Dedicarse a la exobiología era
poner en riesgo la carrera de cualquiera, lanzarse al abismo.
Lederberg constituía un caso especial. Ya había ganado su premio
Nobel. El Nobel le permitió el lujo de «seguir en un juego de escasa
reputación. No de mala reputación, cuidado, pero sí de escasa reputación. De no
haber sido por él, para un científico joven aunque muy capaz y que en su
carrera ha tenido que correr muchos riesgos habría sido muy, muy difícil, y muy
arduo, dedicarse a algo tan incierto como la exobiología[226]».
Ningún científico joven aunque muy capaz se arriesgó más con la
exobiología que Sagan. Incluso sus mentores favorables a la exobiología
intentaron advertirlo de los peligros de centrarse en un campo en el que tal
vez no pudieran alcanzarse resultados sólidos. La franqueza del consejo con que
Harold Urey respondió cuando se le pidió que comentara el trabajo de Sagan
sobre los compuestos orgánicos lunares resulta típica:
Mi crítica principal a su artículo sobre la Luna es simplemente
esta. Creo que es un estudio sumamente farragoso sobre un tema que puede
tratarse muy brevemente, pues es muy poco lo que sabemos […] Yo creo que un
joven como usted haría bien en dedicar sus esfuerzos a un tema en el que se
puedan obtener cosas definitivas en lugar de escribir largos artículos sobre
temas tan dudosos [227].
Los temas dudosos no tienen por qué seguir siendo dudosos
siempre. Como joven científico con una larga carrera por delante, Sagan ya
estaba anticipando la exploración de la Luna y Marte. Y a comienzos de los años
sesenta, las probabilidades de encontrar vida en Marte parecían prometedoras.
Lederberg se inclinaba por la opinión de que los hallazgos de Sinton
constituían «pruebas virtualmente concluyentes de “vegetación”» en Marte[228].
El mismo Urey refrendó las perspectivas de detectar vida más allá de la Tierra
como «seguramente una de las proezas más maravillosas de la ciencia del siglo
XX». En un artículo con Miller de 1959, Urey escribió: «Todos los vuelos
espaciales proyectados y los elevados costes de tales desarrollos estarían
plenamente justificados si fueran capaces de establecer la existencia de vida
en Marte o en Venus[229]».
Las propias convicciones de Sagan aparecen registradas en su
primer libro. Él y William W. Kellogg, de la Rand Corporation, editaron en 1961
The Atmospheres of Mars and Venus [«Las atmósferas de Marte y Venus»], una
compilación de artículos científicos publicados por la Academia Nacional de
Ciencias y el Consejo Nacional para la Investigación. Los dos editores
escribieron buena parte del texto, y a Kellogg ya le resultó evidente la
calidad de Sagan como escritor[230]. Un apartado titulado «La cuestión de la
vida en Marte» concluye:
Tomadas en su conjunto, las pruebas sugieren la existencia de
vida en Marte. En particular, la respuesta a la disponibilidad de vapor de agua
es justamente lo que cabe esperar en un planeta ahora relativamente árido pero
que en un tiempo probablemente tuvo mucha más agua en su superficie. Las
limitadas pruebas que tenemos son directamente relevantes solamente en cuanto a
la presencia de microorganismos: no hay datos válidos ni en pro ni en contra de
la existencia de organismos de mayor tamaño o animales con movilidad […] La
antigua y fascinante cuestión de la posible existencia de vida en Marte
encontrará probablemente respuesta en la próxima década[231].
El segundo hijo de Carl y Lynn, Jeremy Ethan Sagan, llegó en
octubre de 1960. La familia se mudó a una casa en Grizzy Peak Boulevard, en
Berkeley, con una impresionante vista sobre el Golden Gate. Ni el nuevo bebé ni
el nuevo hogar mejoraron un matrimonio cada vez con más problemas.
Según el recuerdo de un visitante, Dorion, en otra habitación,
lloraba a pleno pulmón. Lynn salió corriendo a ver qué pasaba. Carl acabó su
frase impertérrito. Carl hablaba de lo impresionado que lo había dejado el
hecho de que Winston Churchill nunca se hubiera vestido solo en toda su
vida[232]. Él esperaba que Lynn se encargara de todas las tareas de un ama de
casa en los años cincuenta, desde fregar los platos hasta pagar las facturas
familiares. A diferencia de la mayoría de las amas de casa, Lynn estaba
intentando hacer malabarismos para compatibilizar dos niños pequeños y un
marido exigente con la obtención de un doctorado[233].
A todas horas del día, Carl tenía una atroz necesidad de
atención. Había sido la niña de los ojos de su madre. Que Lynn quisiera emplear
su tiempo y su energía en otras cosas constituía una ofensa. Estaba celoso
incluso de la atención que Lynn dedicaba a los niños[234]. La pareja discutía
como los padres de los que Lynn había soñado escapar. Lynn describe ahora el
matrimonio como parecido a «una cámara de tortura compartida con los
niños[235]».
Lynn revistió al nuevo bebé de una especial significación. Se
dijo a sí misma que aplazaría la separación de Carl… hasta que Jeremy supiera
andar[236].
§. Mariner y Apolo
En 1960, Sagan obtuvo su primer empleo en la NASA, como
científico experimental en la sonda Mariner, destinada a Venus y que fue la
primera misión de EEUU a otro planeta. El trabajo doctoral de Sagan le había
conferido el marchamo de experto sobre ese planeta. Mejor aún, era un experto
con una teoría que poner a prueba.
Se esperaba que la Mariner resolviera definitivamente la
cuestión de si las temperaturas en la superficie del planeta eran tan altas
como las lecturas de las microondas sugerían. Sagan era miembro del equipo
encargado de programar el radiómetro infrarrojo de la sonda, un aparato
compacto (cabía en un cubo de 13 cm) capaz de registrar la distribución de las
temperaturas en las nubes del planeta.
Pero Sagan tuvo que contemplar impotente cómo la Mariner 1
fallaba apenas lanzada y los controladores de la NASA enviaban la orden de su
autodestrucción. La Venera 1 de los soviéticos sobrevoló Venus en 1961. Fue la
primera nave en alcanzar otro planeta. Desde el punto de vista científico fue
una calamidad.
La segunda nave de EEUU, la Mariner 2, se lanzó en 1962.
Funcionó casi impecablemente. Su observación del viento solar fue saludada como
el primer descubrimiento científico realmente importante llevado a cabo por una
sonda espacial. El instrumento de Sagan también produjo resultados alentadores.
Absurdamente primitivo según los parámetros actuales, el
radiómetro infrarrojo solo realizó tres barridos del planeta. Uno cubrió la
mitad diurna, otro la mitad nocturna y un tercero el terminador, la línea que
separa las zonas iluminada y oscura de un cuerpo celeste. El aparato descubrió
que la irradiación de calor era más fuerte en el centro del disco de Venus que
en el borde. Eso era lo que cabía esperar si el suelo estaba caliente, y por
tanto coherente con la hipótesis de Sagan del efecto invernadero.
Con los datos de la Mariner no podía saberse la causa de las
altas temperaturas. Se formularon otras explicaciones alternativas al efecto
invernadero. Öpik propuso un modelo «eolosfera», según el cual la superficie
del planeta era constantemente barrida por violentos vientos cargados de polvo
cuya fricción la calentaba hasta ponerla al rojo vivo[237].
Mientras que a muchos esta idea se les antojó rocambolesca, el
modelo de invernadero de Sagan tenía sus propias lagunas… especialmente por lo
que se refería al espectro de la absorción del dióxido de carbono. Sagan
conjeturó que en la atmósfera de Venus había un nivel de agua muy por encima de
lo que se consideraba coherente con las observaciones. Öpik se refirió
sarcásticamente a una de las publicaciones de Sagan sobre el efecto invernadero
como un «artículo muy estimulante e imaginativo[238]».
* * * *
Otros miembros de la comunidad exobiológica ya estaban diseñando
aparatos robóticos para la detección de vida en otros planetas. En una de las
primeras reuniones del Eastex, el astrónomo Thomas Gold censuró a los biólogos
por no disponer de un aparato así. Lo que necesitaban, dijo Gold, era una caja
negra. Si dentro de ella se ponía algo vivo, se oiría un pitido de sí. Si se
ponía algo no vivo, se oiría un pitido de no.
Este llamamiento inspiró a muchos científicos el inicio de la
construcción de «detectores de vida». En Stanford, Lederberg y Elliott
Levinthal comenzaron a trabajar con esos aparatos. Sagan entraba en el
laboratorio a curiosear[239]. Él no tenía espíritu de ingeniero. (Samuel Sagan,
tan hábil con un martillo como con un taco de billar, se quejó en una ocasión
de que su hijo fuera «incompetente con las manos[240]»).
El más famoso de los primeros detectores de vida lo construyó
Wolf Vishniac, un biólogo formado en Stanford, por entonces en Yale. Vishniac
era hijo del biólogo Roman Vishniac, también conocido como fotógrafo del gueto
de Varsovia. Sagan llegó a conocer muy bien a Wolf Vishniac. El mundo de la
exobiología era tan pequeño que constantemente se encontraban en los congresos.
Vishniac, lo mismo que Lederberg y Levinthal, creía que en
cualquier planeta en que hubiera formas de vida superiores habría microbios. La
Trampa para Lobos[241] de Vishniac estaba diseñada para detectar estos
microbios. Era una caja con un brazo articulado que se manejaba neumáticamente.
Una inyección de aire comprimido metía polvo en la caja y en una cámara interna
de cultivo que contenía agua y nutrientes. Si los microbios se multiplicaban en
el medio líquido, casi con toda certeza cambiarían la opacidad y/o acidez del
agua. El instrumento registraba ambas cosas. Cualquier cambio sería indicativo;
un cambio exponencialmente creciente sería una prueba concluyente de vida[242].
* * * *
La NASA no estaba tan obsesionada con la detección de vida
extraterrestre como Sagan, Lederbger y Vishniac. El 25 de mayo de 1961, el
presidente John F. Kennedy prometió ante una reunión conjunta del Congreso
poner a un estadounidense en la Luna. Sagan dijo sentirse «encantado»: «Como
recién doctorado, realmente pensaba que todo esto era de capital importancia
para la ciencia[243]».
El programa Apolo era una respuesta política al Sputnik y a todo
lo que este implicaba. A pocos miembros de la NASA o del ejecutivo les gustaba
admitir eso. Se presentó al público como una misión científica. Aunque lo que
más se recuerda de Sagan es su posición crítica con respecto a las naves
espaciales tripuladas, en su momento participó del entusiasmo general que
envolvió al proyecto Apolo. Desde luego era lo bastante pragmático para
comprender que cualquier misión lunar sería de gran valor científico. La
relación coste-eficacia (con el apoyo entusiasta del Congreso y de la
población) no tenía mucha importancia para él.
En mayo de 1962, Sagan redactó un programa científico muy
preliminar, y muy ambicioso, para la misión Apolo. Los astronautas, esperaba
él, tendrían formación en química orgánica o microbiología. Llevarían consigo
una perforadora ligera que les permitiera extraer muestras de roca situadas a
decenas de metros bajo la superficie. En estas muestras buscarían fósiles con
un microscopio y compuestos orgánicos con un cromatógrafo de gases. Luego
meterían las muestras en contenedores estériles y las traerían a la Tierra[244].
En una entrevista concedida en 1963, Sagan llegó a mantener que
«hay ciertas ocasiones en las que los propósitos solo puede cumplirlos un ser
humano… por ejemplo, en la detección de vida extraterrestre. En mi opinión,
mientras no enviemos seres humanos, no vamos a estar del todo seguros de
conocer todas las principales formas de vida que puede haber[245]»
§.Un viaje a Oz
Por entonces, una idea muy diferente para la detección de vida
extraterrestre había captado el interés de Sagan. En septiembre de 1959, Nature
publicó un artículo en el que los físicos de Cornell Giuseppe Cocconi y Philip
Morrison sostenían que la generación de radiotelescopios del momento podría
detectar señales de radio emitidas por seres inteligentes en los sistemas
estelares próximos. Proponían la sintonización de los receptores en la línea de
veintiún centímetros del hidrógeno neutro. El artículo concluye:
El lector tal vez trate de circunscribir todas estas
especulaciones en el dominio de la ciencia ficción. En nuestra opinión, en
cambio, la siguiente línea de argumentación demuestra que la presencia de
señales interestelares es por entero coherente con todo lo que ahora sabemos, y
si las señales están presentes, ahora disponemos de los medios para
detectarlas. […] La probabilidad de tener éxito es difícil de calcular; pero si
nunca buscamos, las posibilidades son cero[246].
El artículo causó sensación, donde más en Green Bank, Virginia
Occidental. El astrónomo Frank Drake había estado planeando justamente una
investigación de esa clase con el nuevo radiotelescopio del Observatorio
Nacional de Radioastronomía. El director del observatorio, Otto Struve, estaba
indignado de que Cornell se estuviera llevando toda la gloria por una idea que
ellos habían tenido. Struve anunció inmediatamente los planes de
investigación[247].
La investigación se denominó «Ozma» en homenaje a los libros de
Oz de L. Frank Baum, que para Drake eran lo que los relatos sobre Barsoom de
Burroughs para Sagan. El proyecto Ozma se llevó a cabo durante seis horas al
día de abril a junio de 1960. Examinó dos estrellas próximas, tau Ceti y
épsilon Eridani. Drake y algunos colegas disponían de un altavoz para la
escucha e inspeccionaban los trazos dejados por un nervioso sismógrafo sobre
una bobina de papel rodante. En aquella época pensaban que las señales más
probables tal vez fueran pulsaciones que pitidos que transmitieran números
primos o dígitos de pi. No oyeron más que interferencias; no vieron más que
garabatos. Cuando el proyecto llegó a su término, Drake concluyó que en ninguna
de las dos estrellas había civilizaciones comunicándose, pero aguardaba con
interés futuras investigaciones mejor equipadas. «En cierto sentido somos como
Dorothy viajando a Oz», dijo a la prensa. «Una vez hayamos llegado y vuelto,
nunca seremos los mismos[248]».
§. Frank Drake
Desde la distancia, Sagan veía los logros pioneros de Drake con
intenso interés y, seguramente, un poco de envidia. Sagan había mantenido con
Drake contacto telefónico y postal. Drake era una de las personas que estaban
llevando a cabo las observaciones de Venus en microondas que Sagan estaba
tratando de integrar en sus modelos de balance radiativo.
Drake, cuatro años mayor que Sagan, se había criado en Chicago.
Sus padres eran baptistas estrictos. Los profesores de la escuela dominical a
la que lo enviaban cada semana lo llevaban en viajes de estudios al museo del
Instituto Oriental, cuyas mudas filas de momias y fragmentos cerámicos eran
tenidas por pruebas de la verdad literal de la Biblia. El joven Drake no
conseguía ver la conexión. (En una ocasión, cuando se le preguntó por su
interés en la inteligencia extraterrestre, Drake mencionó irónicamente la
temprana exposición al fundamentalismo religioso)[249].
Drake se decidió por una carrera en astronomía en Cornell.
Durante la guerra de Corea se enroló en la marina, cuyo curso superior de
electrónica le pareció mejor que el de Cornell[250]. Dado de baja en 1955,
Drake se doctoró en Harvard. Un día en que trabajó hasta altas horas de la
madrugada en su tesis se encontró con una emisión de radio en banda estrecha
que aparentemente procedía de las Pléyades. Era, evidentemente, una señal
inteligente.
«Lo que sentí», dijo Drake, «no fue una emoción normal.
Probablemente era la sensación que las personas tienen cuando ven lo que para
ellas es un milagro. Uno sabe que el mundo va a ser un lugar completamente
diferente… y uno es el único que lo sabe[251]».
Para examinar la señal, Drake movió el telescopio. Razonó que la
señal se desvanecería si realmente procedía de las Pléyades. En lugar de eso,
la señal no desapareció. Era una interferencia procedente de la Tierra. Poco
después de esa experiencia, Drake encaneció.
Era una cuestión de genética. A los treinta años, Drake tenía el
pelo completamente blanco[252]. Desde el final de su juventud, se le asignaba
prematuramente un papel paternal. La combinación del pelo blanco con las gafas
y los modales bruscos pero serios de un viejo marino producía un efecto
chocante.
Drake era, como Sagan, un pianista consumado. En diversas épocas
de su vida también tocó el acordeón, cazó, buceó, pulió las lentes de sus
telescopios, hizo joyas y vino, exploró cuevas, rescató a personas de las
cuevas, arregló coches antiguos, cultivó orquídeas. A diferencia de Sagan,
tenía un don casi mágico para arreglar aparatos con las manos. Podía arreglar
almas lo mismo que solenoides. La radioastronomía lleva a personas de talento,
a veces introvertidas, a lugares remotos a menudo carentes de redes de apoyo.
En su carrera como radioastrónomo veterano, Drake fue con frecuencia un
consejero sentimental. En un caso convenció a un colega con problemas de que
entregara una pistola cargada[253].
§. Green Bank
Sagan conoció a Drake el año posterior a Ozma, en el ahora
famoso encuentro de Green Bank. La reunión fue idea de J. Peter Pearman, un
biólogo con acento de Oxford que formaba parte de la dirección de la Junta de
Ciencia Espacial de la Academia Nacional de Ciencias. Pearman había seguido las
noticias del proyecto Ozma y estaba tratando de conseguir el apoyo del gobierno
para la búsqueda de inteligencia extraterrestre.
Drake se mostró encantado con la idea de Pearman de celebrar un
encuentro y se puso a proponer nombres de invitados. Comenzó con Cocconi y
Morrison; y, por supuesto, Struve, pues se trataba de su observatorio. El
nombre de Sagan no tardó en mencionarse. Pearman lo conocía del Comité de
Exobiología, y Drake pensaba que Sagan «sabía más de biología que cualquier
astrónomo que yo jamás hubiera conocido[254]».
Melvin Calvin, al que Sagan ahora había conocido en Berkeley, se
agregó a la lista. Aparte de su trabajo pionero sobre los orígenes de la vida,
Calvin se dedicaba a estudiar las moléculas orgánicas en los meteoritos.
Drake pensó que debían invitar a dos expertos en electrónica:
Dana Atchley, presidente de una empresa llamada Microwave Associates, que donó
equipamiento vital para el proyecto Ozma, y Bernard Oliver, vicepresidente de
investigación en Hewlett-Packard. (Oliver había leído acerca del Ozma en la
revista Time y había ido en un avión privado para comprobarlo por sí mismo).
Al repasar la lista, Drake dijo en broma que, con todos estos
expertos, solo faltaba alguien que realmente hubiera hablado con
extraterrestres.
«John C. Lilly», contestó Pearman tras una mínima pausa[255].
Lilly era un médico y psicoanalista conocido por sus estudios sobre la conducta
de los delfines. Estaba intentando comunicarse con los delfines… inteligencias
no humanas en nuestro propio planeta.
En cuanto dejó de hablar por teléfono con Pearman, Drake puso a
Struve al corriente de la reunión… esperando que este no vetara toda la idea.
Struve dio su aprobación y añadió otro nombre a la lista de invitados. Se
trataba de Su Shu Huang, un antiguo estudiante chino de nacimiento que la NASA
acababa de contratar. Huang había trabajado con Struve sobre un tema de
relevancia para la reunión, la definición de los tipos de estrellas que
probablemente tengan planetas.
La lista se compuso finalmente de once nombres[256]. La
intención no era la de ser excluyentes, pero esas eran todas las personas que
conocían seriamente interesadas en el tema. La búsqueda de vida en Marte era
una cosa, la de vida inteligente en otros lugares de la galaxia otra muy
distinta. Incluso Lederberg albergaba dudas al respecto[257].
Sagan llegó en avión desde Berkeley el 31 de octubre. A sus
veintiséis años, era el más joven de todos. (Se estaba granjeando una
reputación de ser el más joven en reuniones de alto nivel). Le pareció que
Green Bank estaba en un pintoresco valle de granjas abandonadas. Uno de los
atractivos principales era la antena parabólica de 26 metros que Drake había
utilizado para Ozma. Chirriaba con fuerza, pero se decía que la precisión de su
curvatura era casi de medio centímetro.
Sagan acuñó el acrónimo para el tema de debate: CETI,
Comunicación con Inteligencias Extraterrestres en inglés. Además, Ceti era una
de las estrellas investigadas por Drake, y estaba en la constelación de Cetus,
la Ballena… un ser inteligente en nuestro propio planeta. («CETI» se mantuvo
durante una década, y luego se cambió por el más modesto «SETI» o Búsqueda de
Inteligencia Extraterrestre en inglés).
Desmintiendo sus canas, Drake era el segundo más joven con
treinta y un años. Los demás estaban en su mayoría en los cuarenta o cincuenta,
excepto Struve, que ya había cumplido los sesenta.
Otto Struve descendía de una saga de astrónomos europeos. En
Europa y otros lugares había vivido una espléndida vida de aristócrata cuyos
detalles no se recató de compartir con los astrónomos de Green Bank. Indicios
de su pasado se apreciaban en su porte militar y diversas dolencias. La
hepatitis que de vez en cuando se le recrudecía la había contraído en una
cárcel turca. Struve tenía un ojo postizo que miraba en dirección diferente del
otro. Charlar con él resultaba incómodo: era difícil saber a qué ojo mirar.
Struve no era la clase de persona que adoptara las costumbres
del lugar en que residía, muy rústico por cierto en esta fase de su vida. Nunca
se le vio sin un traje y corbata de buen corte. Increíblemente, nunca presentó
a su esposa a los demás astrónomos… lo cual era como no presentar a un náufrago
en una isla desierta. A la señora Struve se la veía, a gran distancia,
arrastrando en silencio sus preciosos vestidos por polvorientas carreteras
secundarias[258].
Melvin Calvin tenía cincuenta años, estaba casi calvo y solía
interrumpir su conversación con carcajadas. Se rumoreaba que le iban a dar el
Nobel por su trabajo sobre la fotosíntesis. Es imposible que no estuviera al
corriente, pero con la cortesía de quien sabe que va a ser víctima de una
fiesta sorpresa nunca se dio por enterado.
Philip Morrison, al que un ataque de polio durante la infancia
había dejado encorvado de por vida, se ayudaba de un bastón para caminar y
hablaba tan rápido que era difícil seguirlo. Cocconi no lo acompañó; se había
excusado por cable desde Suiza. El aspecto físico de Pearman era tan británico
como su forma de hablar. Parecía ser quien mejor comprendía el duro acento con
que Huang hablaba inglés[259].
La incógnita era Lilly, invitado con la esperanza de que
encajara bien. Resultó ser el alma de la fiesta. Lilly, recordaba Drake, «no
parecía en absoluto la clase de individuo que se había sumergido en tanques de
aislamiento e introducido electrodos en su propia cabeza a fin de descubrir qué
partes del cerebro eran centros del placer y del dolor». Lilly había hecho
eso[260]. En su opinión, era importante explorar los que consideraba los dos
temas tabú de la ciencia: el miedo y el amor[261]. Lilly también tenía una
filosofía según la cual uno no debía llevar a cabo un experimento a menos que
estuviera dispuesto a hacerlo con uno mismo[262]. Con independencia de lo que
se tuviera dentro de la cabeza, Lilly no era ningún chalado. Tenía una guapeza
como de estrella de cine.
Del lado del contingente técnico, Oliver era un hombre de
negocios robusto y mundano. Atchley era el prototipo de radioaficionado
empedernido, pese a su educación en Harvard. La meta de Atchley en la vida era
establecer contacto en onda corta con tantas personas en tantos lugares remotos
como fuera posible. Cuando conseguía establecer contacto, sobre todo hablaba de
la altura de su antena y de lo bien que se propagaba la señal. Para Atchley, la
búsqueda de señales extraterrestres constituía la máxima expresión de su
pasión[263].
§. La ecuación de Drake
El encuentro de Green Bank se convocó para el día posterior a
Halloween (Todos los Santos) en 1961. Ninguno de los participantes pensó que se
tratara de un acontecimiento histórico. Nadie grabó los debates y ni siquiera
se tomaron notas. La reunión se celebró de hecho medio en secreto, por temor al
acoso de la prensa.
Struve, tan rígidamente ceremonioso como siempre, dio la
bienvenida al grupo en una pequeña sala de conferencias. Puso la reunión en
manos de Frank Drake. Drake se dirigió a la pizarra y comenzó a escribir una
ecuación. Mientras escribía, dijo que los argumentos sobre la probabilidad o la
abundancia de extraterrestres inteligentes dependían en realidad de siete
factores. Estos podían hilvanarse en una ecuación. Cuando dejó de escribir en
la pizarra, un murmullo de aprobación se levantó a sus espaldas[264]. La
ecuación fue un éxito inmediato.
La «ecuación de Drake» trata de calcular la cantidad de
civilizaciones extraterrestres en la galaxia a partir de una serie de valores
conocidos de manera aproximada. Drake llamó N al número de civilizaciones
extraterrestres con capacidad para comunicarse que existirían en nuestra
galaxia. Ese número se expresa como el producto de siete factores: el ritmo de
formación estelar; la fracción de estrellas que tienen planetas; la cantidad
promedio de planetas capaces de albergar vida en un sistema planetario; la fracción
de esos planetas que realmente sí desarrollan vida; la fracción de planetas
portadores de vida que desarrollan vida inteligente; la fracción de especies
inteligentes que tratan de comunicarse por radio a distancias interestelares,
y, finalmente, la duración de esas civilizaciones que se comunican.
El primer factor y el último tal vez necesiten explicación. Es
el ritmo de formación de estrellas el que, en último término, pone en
movimiento los procesos evolutivos que llevan a nuevas civilizaciones. Cuanto
más tiempo duren de media las civilizaciones, más civilizaciones debería haber.
El primer factor es como un flujo de agua entrando en un tubo; el último, la
velocidad a la que sale. Juntos determinan el nivel de agua en el tubo.
Buena parte del encuentro se dedicó a debatir los valores de los
siete factores. El ritmo de la formación de estrellas no era un valor que los
astrofísicos manejaran muy a menudo. El grupo pensó que podría calcularse
dividiendo la cantidad de estrellas en la galaxia entre la edad de la galaxia.
En la galaxia hay varios cientos de miles de millones de estrellas, de las
cuales calcularon que aproximadamente diez mil millones eran parecidas al Sol.
Por coincidencia, la galaxia tiene unos diez mil millones de años de edad. Los
grandes números se compensan igualándose a 1. Drake escribió 1 como el valor
del primer factor. Por supuesto, no era más que un cálculo de órdenes de
magnitud, como todos los cálculos que vendrían después.
El segundo factor, la fracción de estrellas con planetas, era el
territorio de Struve. No había conocimiento directo al respecto. Los
telescopios no eran capaces de detectar ningún planeta de otras estrellas.
Struve, sin embargo, había medido las velocidades de rotación de las estrellas
mediante leves cambios en las líneas de sus espectros. Las grandes estrellas
azules rotaban más lentamente. Esto era curioso, pues todas las estrellas se
creía que eran resultado de la contracción de nubes de gas en rotación. El
momento angular (la tendencia a mantener el giro) de esas nubes no puede
desaparecer en el espacio. Se ha de mantener en la propia rotación de la
estrella, o bien transferirse a otros objetos como los planetas. En nuestro
propio Sistema Solar, los planetas (sobre todo Júpiter) acumulan la mayor parte
del momento angular.
Este hallazgo aumentó las esperanzas de que hubiera planetas y
vida fuera del Sistema Solar. Struve dijo con firmeza al grupo que creía que
todas las estrellas de tipo solar tenían planetas, o bien formaban parte de
sistemas estelares múltiples. Puesto que se sabía que aproximadamente la mitad
de las estrellas de tipo solar formaban parte de sistemas estelares múltiples,
propuso que una de cada dos estrellas tenía planetas.
Philip Morrison opinó que el cálculo era demasiado elevado y lo
redujo a una de cada cinco.
El tercer factor era la cantidad media de planetas habitables
por estrella. Struve había querido contar con Huang porque este había estudiado
el asunto. Huang calculó que cada estrella tenía en torno a ella una «zona
habitable», donde las temperaturas permitían la vida. La zona era enorme
alrededor de las estrellas grandes y calientes, pero la existencia de estas
estrellas es demasiado corta para la evolución de la vida inteligente. En las
estrellas pequeñas, la zona es tan estrecha que no podría contener planetas.
Huang pensaba que nuestro Sistema Solar era bastante típico y sugirió 1 como
valor de este factor.
Sagan pensaba que este valor era demasiado conservador. Él
sospechaba que había vida en alguna otra parte de nuestro Sistema Solar… en
Marte tal vez, o en Júpiter, o en los satélites de los planetas grandes. Apuntó
que el efecto invernadero podía calentar los planetas (o los satélites lo
bastante grandes para tener atmósferas) mucho más alejados del Sol que la
Tierra. En su opinión, el número correcto podría rondar el 5.
El siguiente factor era la fracción de planetas «adecuados» para
la vida que efectivamente la desarrollan. Las leyes de la física y la química
eran las mismas en todas partes. No había razón para pensar que la composición
química de la Tierra en su origen fuera rara. En el experimento Miller-Urey,
gases corrientes sometidos a formas corrientes de energía producían la
formación química de bloques de vida… y lo hacían rápidamente. Reacciones
similares ocurrirían, con la inevitabilidad de una reacción química, en
cualquier planeta adecuado.
Calvin secundó esto. Entonces llegó la hora de parar a comer.
§. El hombre de los delfines
Tras la comida, el grupo se ocupó del siguiente factor: la
fracción de los planetas con vida que desarrollan vida inteligente. John Lilly
dominó este debate. Mientras que los demás eran vírgenes en comunicación entre
las especies, Lilly la había llevado a cabo. O decía que lo había hecho. Lilly
obsequió al grupo con relatos sobre la inteligencia de los delfines, su humor,
sus proezas y sus idilios (a los delfines el sexo los vuelve locos).
Todo esto era relevante —teóricamente— porque si a los delfines
se los calificaba de inteligentes, entonces en la Tierra la inteligencia
evolucionó dos veces. Eso apoyaría la idea de que la inteligencia es una
adaptación corriente de la vida y no exclusiva de la Tierra.
Lilly aportó grabaciones en cinta de llamadas de delfines.
Ciertas vocalizaciones, ralentizadas, sonaban de un modo que parecía habla
humana. Lilly pensaba que estaba comenzando a comprender algunas de las
llamadas. En situaciones de tensión, un delfín emitía un crescendo ascendente,
luego descendente. Los demás delfines reconocían esta como una llamada de
auxilio. El mismo Lilly era capaz de imitar algunas de estas llamadas.
En una reunión compuesta solamente por varones, Lilly no se
recató de mencionar los fantásticos atributos del delfín macho. Normalmente, el
pene de un delfín se encuentra oculto en una raja. Solo con la erección se
vuelve visible. Un delfín puede pasar de la flaccidez total a la plena erección
en tres segundos. Estas erecciones son voluntarias, insistió Lilly: actos de
voluntad. A un delfín llamado Elvar lo había entrenado para realizar un
original juego de recogida de objetos. Lilly agitaba un aro; cuando Elvar veía
el aro, el pene del delfín se desplegaba rápidamente; entonces el delfín tomaba
el aro con su miembro y lo devolvía, raudo como un perro[265].
Lilly (cuyas investigaciones habían contado con el apoyo de la
marina y el ejército del aire) elaboraba planes para el empleo militar de los
delfines. Podían rescatar a pilotos en el mar, introducir bombas atómicas en
puertos enemigos, recuperar ojivas de misiles. Lilly admitía la posibilidad de
defecciones. Se preguntaba hasta qué punto llegaría el patriotismo de estos
moradores de las profundidades, si respetarían las fronteras trazadas por las
naciones en tierra… o si demostrarían ser irremediablemente pacifistas[266].
Philip Morrison, temeroso de que se estuvieran desviando del
tema, dijo jocosamente que, por inteligentes que fueran, a los delfines les
costaría construir telescopios con sus aletas. Concedió que los ejemplos
paralelos de los delfines y los humanos abogaban por el valor de la
inteligencia para la supervivencia.
Aún bajo el hechizo de los delfines de Lilly, el grupo votó por
un factor de 1. Virtualmente todos los planetas con vida acabarían por
desarrollar inteligencia. Con esto acabó el primero de los tres días de
reunión.
* * * *
A la mañana siguiente, durante el desayuno avisaron a Melvin
Calvin de que tenía una llamada telefónica. Un periodista de la NBC acababa de
llamar a su casa para preguntarle cómo se sentía tras haber recibido el premio
Nobel.
El premio Nobel de química de 1961 se elevaba a 48.300 dólares.
Las llamadas telefónicas y los telegramas no tardaron en menudear en Green
Bank[267]. De modo imprevisto, parecía como si el Nobel legitimara el tema de
la conferencia[268]. El grupo celebró una ruidosa fiesta generosamente regada
con champán[269].
El brindis más memorable lo propuso Struve. «¡Con permiso de
Elvar», dijo, «quisiera nombrar al doctor Calvin Delfín Honorario!»[270]. No
quedaba claro en qué medida aumentaba aquello los laureles de Calvin. En un
acceso de camaradería, el grupo formó un club, la Orden del Delfín.
Se juraron amistad eterna; se comprometieron a volverse a reunir
y a debatir con regularidad el fascinante tema de la inteligencia
extraterrestre. Sería un club limitado a los presentes… más Elvar.
A media mañana, el nuevo Nobel hubo de insistir en que había que
volver al trabajo. Quedaban dos factores de la ecuación por tratar. Eran los
más difíciles de calcular, basados más en la sociología que en la física.
Necesitaban saber qué fracción de los planetas con especies
inteligentes desarrollaban una civilización tecnológica capaz y deseosa de
comunicarse a través de distancias interestelares. Como Morrison dijo, era
posible imaginar especies con cerebro pero sin tecnología. Y la tecnología
podía adoptar muchas formas. ¿Conocerían todas las sociedades tecnológicas las
ondas de radio? Calvin dijo que la radiación electromagnética (de la que las
ondas de radio son una forma) es crucial para la evolución de la vida. Una
civilización curiosa y tecnológica querría explorar todo el espectro de la
radiación. Tarde o temprano llegarían al conocimiento de las ondas de radio.
¿Cuántas de esas civilizaciones tecnológicas optarían por
comunicarse con otras? Eso era más peliagudo. La civilización humana de 1961 no
podía tomarse como ejemplo. El Ozma había tratado de recibir, pero no había
hecho ningún esfuerzo por transmitir. Las civilizaciones alienígenas podrían
detectar transmisiones de radio y televisión, pero solo con instrumentos
avanzados.
Tras muchas discusiones, y con menos confianza que antes, los
cálculos del grupo descendieron a la franja de entre 1/5 y 1/10.
El último factor era el llamado L en la pizarra: la duración
media de una civilización que se comunica, medida en años. Al grupo lo
sorprendió algo curioso. Los seis primeros factores se habían mantenido en 1 o
décimas de 1. La «optimista» conjetura de Sagan de cinco planetas susceptibles
de albergar vida equilibraba más o menos los dos factores que eran fracciones
por debajo de 1. De manera que la multiplicación de los cinco primeros factores
equivalía (muy aproximadamente) a 1. Eso significaba que la ecuación se reducía
a una forma simplificada; el número de civilizaciones, N, equivale
aproximadamente a L.
Drake suponía que las civilizaciones extrasolares, como todas
las demás cosas, tenían una duración finita. La manera más apropiada de
entender L es como la duración de la fase comunicativa. Pudiera ser que, tras
un arrebato de juvenil exploración, las civilizaciones pierdan interés en
comunicarse y pasen a otra cosa. Solo contaría la duración como civilización
comunicativa.
Había perspectivas menos halagüeñas. Se sugirió que todas las
civilizaciones tecnológicas se destruyen a sí mismas. Philip Morrison, por
aquel entonces un activista en favor del control de armamentos, había trabajado
en el Proyecto Manhattan. Había armado personalmente la bomba que arrasó
Nagasaki[271]. Era consciente de lo cortos que desde el punto de vista cósmico
eran los dieciséis años de relativa paz transcurridos desde Nagasaki. Una
civilización que no deje de inventar armas cada vez más poderosas no podrá
seguramente evitar su propia aniquilación.
Sagan no hizo sino exacerbar este ánimo apocalíptico al señalar
que había otras posibles catástrofes que podrían destruir una civilización. Un
planeta podía agotar sus recursos no renovables y regresar a un estadio pre
tecnológico. Y, cierto que cada mucho tiempo, estaban las colisiones de
asteroides (una idea novedosa en aquella época). Aunque las posibilidades de
impacto son pequeñas en un año dado, tarde o temprano un impacto destruiría la
civilización, si no la vida misma[272].
No se alcanzó el consenso. Parecía igualmente posible imaginar
que las civilizaciones comunicativas tuvieran una duración media de, digamos,
menos de 1.000 años… o bien que evitaran el holocausto planetario y
sobrevivieran durante eones geológicos, cientos de millones de años.
Sobre la premisa de que la duración en años equivale al número
de civilizaciones, Drake anunció que la conclusión de los reunidos era que en
la galaxia había entre 1.000 y 100 millones de civilizaciones extraterrestres
avanzadas.
* * * *
La reunión mencionó un fastidioso temor compartido: que un
mensaje alienígena fuera imposible de descifrar. La escritura lineal B de los
minoicos había derrotado los intentos de generaciones de estudiosos por
comprenderla. La escritura egipcia solo se había descifrado gracias al
descubrimiento fortuito de la piedra de Rosetta. Estos eran lenguajes humanos.
Si, en general, era imposible comprender un lenguaje humano desconocido sacado
de su contexto, ¿qué esperanza había de comprender un lenguaje extraordinariamente
más extraño, procedente de las estrellas?
Lilly dijo que su experiencia con los delfines le decía que era
necesario oír una conversación de doble dirección. Tenía que observar el efecto
de la vocalización de un delfín en otros para comprender lo que
significaba[273].
Era difícil imaginar cómo podría hacerse lo mismo con
extraterrestres. Calvin lo intentó al sugerir con tristeza que tal vez
tuviéramos que encontrar dos civilizaciones extraterrestres cuyo haz de
comunicaciones pasara casualmente por la Tierra. Nadie osó siquiera calcular la
probabilidad de eso.
Aunque estaba literalmente fuera de este mundo, el tema de la
conferencia cobró una dimensión social. Todo giraba en torno a L. Parecía que
el descubrimiento (o no descubrimiento) de inteligencia extraterrestre diría
algo sobre nuestras propias posibilidades de supervivencia. Sagan en particular
se tomó esto muy a pecho.
Quedaba una última botella de champán. La abrieron para un
brindis final. «Por el valor de L», dijo Struve. «Ojalá resulte ser un número
muy grande[274]».
§. El test de inteligencia
Poco después de Green Bank, Sagan recibió un regalo de Melvin
Calvin. Era un alfiler de corbata de plata hecho a partir de una reproducción
de una moneda del año 300 a. C. procedente de la colonia griega de Tarento. La
moneda mostraba a un muchacho cabalgando sobre un delfín[275]. Calvin había
hecho una para cada uno de los demás. Se convirtieron en las insignias
oficiales de los miembros de la Orden del Delfín.
Durante un año o dos, Sagan ejerció de secretario del club de la
Orden. Invistió a unos cuantos nuevos miembros: Freeman Dyson, J. B. S. Haldane
e I. S. Shklovski. Haldane escribió a Sagan que la clase de organización que le
gustaba era una sin deberes, reuniones ni responsabilidades[276].
Unos seis meses después del encuentro en Green Bank, Sagan
recibió una carta de Frank Drake. Contenía una hoja de papel mecanografiada con
el siguiente encabezamiento: «Un ejemplo de mensaje que se podría recibir de
otra civilización en el espacio». Venía a continuación una larga serie de ceros
y unos, «al azar» para la mirada profana. El «mensaje» rezaba así:
1111000010100100001100100000001000001010010000011001
0110011110000011000011010000000010000010000100001000
1010100001000000000000000000010001000000000010110000
0000000000000001000111011010110101000000000000000000
0010010000111010101010000000001010101010000000001110
1010101110101100000001000000000000000001000000000000
0100010011111100000111010000010110000011100000001000
0000001000000001000000011111000000101100010111010000
0001100101111101011111000100111110010000000000011111
0000001011000111111100000100000110000011000010000110
00000011000101001000111100101111
Y al final de la hoja se leía: «Un total de 551 ceros y unos.
¿Qué nos dice?»[277]
Drake había enviado maliciosamente este rompecabezas a todos los
demás miembros de la Orden del Delfín, sabedor de que estaba retando a nueve
egos de gran potencia. Para hacer interesante la cosa, Drake también lo envió a
varios otros célebres científicos, incluido el físico Richard Feynman.
Sagan no lo resolvió. Tampoco ninguno de los científicos. El
único en resolverlo fue Bernard Oliver… un hombre de la industria privada.
(Feynman contestó a Drake que había contemplado la idea de que dijera algo
sobre la constante de la estructura fina o los números cuánticos de electrones
en el átomo de hierro. Estos resultados físicos son los mismos en todo el
universo, y sus valores numéricos no dependen de las unidades de medida. Ambas
eran conjeturas buenas, pero equivocadas[278]).
* * * *
Lo que Drake había codificado era una imagen, un único fotograma
de televisión en blanco y negro. El reto de enviar una imagen a través de la
galaxia era que la televisión utiliza un sistema de codificación conocido por
el emisor y el receptor (o, en la práctica, introducido en los circuitos de los
aparatos de televisión, de modo que la gente no tiene que conocer el sistema de
codificación). Un extraterrestre que no supiera cuántas líneas de barrido se
supone que hay o cómo están codificados los valores de los píxeles estaría
fuera de juego.
El número 551 daba una pista. Es un número semi primo (551 = 19
× 29); esto es, 19 y 29 son los únicos números enteros positivos (aparte de 1 y
551) que multiplicados dan 551. Drake esperaba que los extraterrestres
compartieran nuestras matemáticas, comprendieran esta pista y concluyeran que
el mensaje debía de ser una imagen de diecinueve filas de veintinueve puntos… o
veintinueve filas de diecinueve puntos.
El primer formato produce confusión. El segundo produce una
imagen irregular de un ser patizambo y un diagrama de un sistema planetario.
Por supuesto, la imagen podía ser tan grande como se quisiera, y
por tanto tan detallada, escogiendo números primos mayores. Repitiendo
fotogramas adecuadamente diseñados podría enviarse información en color. De
hecho, era el envío de fotogramas seriados lo que permitía ver el movimiento
regular de las imágenes de televisión.
El rompecabezas de Drake se convirtió en un hito en el
pensamiento de la SETI. Se puede aprender mucho de las imágenes o, mejor, de
las imágenes en movimiento. Esta era una manera de enviar imágenes visuales sin
ningún protocolo preexistente. Esto paliaba la preocupación por que un mensaje
extraterrestre fuera tan indescifrable como la escritura minoica o, casi peor,
que girara infinitamente sobre arcanos matemáticos, incapaz de decir nada sobre
la «vida real» en el planeta X.
Oliver respondió a Drake con estilo al enviarle otro mensaje de
ceros y unos con el mismo diabólico «código» de Drake. Cuando Drake descodificó
la respuesta de Oliver, se encontró con la imagen de una copa de martini[279].
§. Cera y vibriones
El año de Green Bank se produjo otro provocativo desarrollo para
la exobiología. Adoptó la forma de «Cera y vibriones: ¿Vida en el espacio?»,
según rezó un titular de la revista Life. Melvin Calvin era uno entre los
muchos químicos que estudiaban la química orgánica de los meteoritos.
«Orgánico», digámoslo de nuevo, no necesariamente implica vida. Un grupo de
Nueva York que incluía al químico de la Universidad Fordham Bartholomew Nagy
descubrió una peculiar materia cerosa en el meteorito Orgueil, caído en Francia
en 1864. La estructura química de la sustancia la compararon con la mantequilla
y el colesterol. El New York Times citó a uno de los investigadores: «Creemos
que dondequiera que se originara este meteorito había algo vivo[280]».
Poco después se informó de que otro investigador, Frederick
Sisler, había encontrado organismos vivos en un meteorito. Sisler estaba
criando las chinches alienígenas… o lo que fueran.
Los hallazgos por parte de Nagy y otros de «elementos
organizados» —esto es, supuestos fósiles o esporas— en los meteoritos no
tardaron en menudear. Se dijo que parecían champiñones o paraguas, «hermosos
como botones» o «asquerosos[281]». Los más impresionantes eran los «elementos
organizados de tipo cinco», que eran hexagonales con tubos que se proyectaban
desde tres lados. Al menos dos investigadores gozaron del efímero honor de dar
nombres a las primeras «especies extraterrestres». Ambos ejercieron la tradicional
prerrogativa de poner a las especies sus propios nombres[282].
La controversia sobre los meteoritos se convirtió en el proyecto
favorito de Harold Urey durante su jubilación. Esta era — ¡por fin!—
exobiología que se podía llevar al laboratorio. Urey no estaba en absoluto
seguro de que se pudiera creer lo que se afirmaba, pero a sus casi setenta años
de edad era lo bastante viejo para hacer lo que se le antojara. Y se le antojó
solicitar las opiniones de expertos en granos de polen y organizar conferencias
sobre los hallazgos en los meteoritos.
Sagan participó directa e indirectamente. Se creía que en su
mayoría los meteoritos procedían del cinturón de asteroides. Una de las
primeras preguntas planteadas por los escépticos fue la de cómo podía haber
fósiles (o esporas vivas) en rocas procedentes de pequeños cuerpos carentes de
atmósfera u océanos. Como respuesta, Nagy citó la tesis doctoral de Sagan sobre
posibles hábitats lunares. Si era posible concebir la vida en la Luna, era
posible concebir la vida en los asteroides.
Una cuestión más apremiante era si los elementos organizados
eran realmente extraterrestres. ¿Eran polen o alguna otra clase de
contaminación terrestre? Sagan y otros no expertos jugaban a detectives de
polen aficionados. Comparando muestras de polen, Sagan propuso que los
elementos de tipo cinco eran polen de onagra. Edward Anders, de la Universidad
de Chicago, optaba por la ambrosía.
A instancias de Urey, Sagan se reunió con el experto sueco en
polen Gunnar Erdtman en Tucson, Arizona, el 11 de mayo de 1962. Sagan mostró a
Erdtman diapositivas de las estructuras de meteoritos preparadas por Nagy y un
colega. Erdtman fue firme. Las estructuras no eran polen de onagra ni polen de
ambrosía, ni ninguna clase de polen terrestre, contemporáneo o fósil. Su única
reserva fue que tal vez hubiera esporas u hongos raros que él no reconociera.
La opinión de este experto impresionó a Sagan y Urey. En una
carta a Sagan en julio, Urey escribió: «Anders sigue sosteniendo que es polen
de ambrosía, pero a mí me resulta simplemente asombroso que el mayor experto
del mundo en polen no reconozca el polen de ambrosía. ¿Por qué concederle menos
crédito a él que a esos desconocidos de Nueva York?»[283].
Ese verano de 1962 pareció que la constatación de vida fuera de
la Tierra estaba al alcance de la mano. Entonces la burbuja estalló. En 1963,
Anders y un colaborador de Chicago, Frank Fitch, informaron de que cuando el
polen de ambrosía se teñía como Nagy había teñido sus especímenes, entonces era
indistinguible de los elementos de tipo cinco[284]. Nagy, que evidentemente no
sabía que se trataba de polen, había empleado una técnica de teñido diferente
de la que empleaban los expertos en polen como Erdtman.
Nagy insistió en sus argumentos durante algún tiempo. En un
simposio celebrado en mayo de 1964 en La Jolla, California, informó de un nuevo
hallazgo. Muchos de los compuestos de la vida, como los aminoácidos y los
azúcares, existen en dos formas que son imágenes especulares la una de la otra.
Ambas formas se producen cuando los compuestos se sintetizan por medios
químicos, pero solamente una de las dos formas existe en la vida sobre la
Tierra. Nagy pudo demostrar, a partir del modo en que los haces de luz rotaban
al pasar por soluciones de compuestos meteóricos, que contenían más de una
forma de imagen especular que de la otra. Más aún, obtuvo el resultado
contrario cuando hizo el experimento con granos de polen terrestre. En opinión
de Nagy, esto abogaba por la biología extraterrestre.
Sagan intervino con una refutación inteligente. Supóngase, dijo,
que el meteorito contuviera ambas formas de los compuestos, pero hubieran sido
contaminados por bacterias terrestres. Comerían las moléculas que pudieran
digerir y dejarían un residuo de las moléculas del otro lado[285]. Una técnica
similar se emplea para producir los isómeros menos frecuentes en el
laboratorio. Esta idea impresionó a Urey [286].
La controversia murió, como tantos debates científicos, con un
quejido en lugar de una explosión. Los defensores de los fósiles meteóricos se
quedaron sin cosas que intentar y seguían sin convencer a nadie salvo a sí
mismos. El epitafio de la controversia lo escribió Edward Anders. La única
conexión entre los meteoritos y la vida, dijo, era «la aparición de un artículo
sobre meteoritos en una revista llamada Life[287]».
§. Simbiosis
En el propio hogar de Sagan estaban pasando cosas de importancia
mucho mayor. A pesar de los dos niños y las incesantes discusiones, Lynn estaba
dedicada en silencio a una idea que revolucionaría la biología.
Uno de los profesores de Lynn en la Universidad de Wisconsin,
Hans Ris, había examinado cloroplastos con un microscopio electrónico. (Los
cloroplastos son los cuerpos en el interior de las células de las plantas que
contienen clorofila verde). Ris descubrió que los cloroplastos se parecían
mucho a células de bacterias verdeazuladas (o algas verdeazuladas, como se
llamaban entonces). Lynn interpretó esto como una prueba de que los
cloroplastos sí eran bacterias que habían evolucionado hasta vivir simbióticamente
en el interior de las llamadas células vegetales superiores.
La idea no era nueva, pero había caído en el olvido. Lynn se
propuso desarrollarla buscando ADN en el interior de los cloroplastos. Todas
las bacterias tenían ADN. Si los cloroplastos eran realmente bacterias, podrían
retener su propio ADN, distinto del de los núcleos celulares. El profesor de
Lynn, Gunther Stent, le dijo que no se molestara: eso sería como buscar a Papá
Noel.
Lynn persistió. Mientras estaba en Berkeley consiguió demostrar
que en los cloroplastos sí había ADN. Se convenció de que no solo los
cloroplastos, sino también las mitocondrias (responsables de la respiración de
oxígeno) eran descendientes de bacterias que antes vivían libremente y que bien
habían infectado, bien habían sido comidas por las células en el interior de
las cuales residían ahora. En lugar de ser destruidas, ambas líneas celulares
sobrevivían.
La idea de Lynn fue llamada la teoría de la endosimbiosis
seriada. Carl y Joshua Lederberg la animaron[288]. Una de las muchas
consecuencias importantes de la teoría era que la fusión de las líneas
celulares, y no solamente la acumulación de mutaciones, constituía una fuerza
directriz en la evolución.
Para Lynn, el hogar de los Sagan no era un lugar adecuado para
proseguir este trabajo o criar hijos. Poco después de que Jeremy Sagan diera
sus primeros vacilantes pasos, su madre se marchó de casa con ellos. Prometió
no volver nunca. Carl escribió sentidas cartas pidiendo una reconciliación.
Visitó Chicago e intentó ganarse a las hermanas de Lynn para su causa. Una
carta intrincada, divertida y brutalmente honesta a Lynn (fechada el 12 de
agosto de 1962) habla de la experimentación de Carl con el arte erótico
comercial. Durante un viaje a Chicago, entró en un local de «cine artístico».
Se metió en una cabina, introdujo 25 centavos por una ranura y vio pornografía.
Esta experiencia lo llevó a concluir que lo que deseaba era amor, no sexo.
Cuando salió llamó a Lynn esperando un subidón emocional. La llamada telefónica
degeneró en otra discusión con Lynn llorando. Carl reiteró que no era demasiado
tarde para hacer las paces. Seguía esperando compartir con Lynn una vida de
amor y respeto mutuo durante décadas[289].
§. Historia de espías
Un día de la primavera de 1962, Sagan recibió una llamada de un
general del ejército del aire, un especialista en medicina de la aviación, con
el cual había coincidido varias veces. El general dijo que se hallaba en Los
Ángeles con tres científicos soviéticos. Uno de ellos era Aleksandr
Imshenteski, que dirigía el esfuerzo soviético para el desarrollo de aparatos
con los que detectar vida extraterrestre. ¿Querría Sagan reunirse con los
soviéticos? Sagan, por supuesto, dijo que sí y tomó el primer avión a Los
Ángeles.
Llegó el 8 de mayo y fue en taxi a casa de un científico del
cerebro de UCLA: allí estaban el general, los soviéticos y un traductor de la
Biblioteca del Congreso… a pesar de que los tres soviéticos hablaban inglés muy
bien. Se tomaron unas copas y se fueron en dos coches al aeropuerto, donde
cenaron antes de que los soviéticos se subieran a su avión. Sagan compartió
coche con Imshenetski. Aunque el traductor iba en el otro coche, no tuvo ningún
problema para mantener una fructífera conversación sobre la detección de vida y
la esterilización de las sondas planetarias.
Imshenetski se mostró de acuerdo con Sagan sobre la importancia
de la esterilización. Había quienes sostenían que la radiación intensa del
espacio mataría cualquier cosa. No, dijo Imshenetski, porque hasta la más lisa
superficie metálica sería lo bastante rugosa como para servir de refugio a los
microbios instalados en los defectos de la superficie. El ruso compadeció a
Sagan por las dificultades de convencer de esto a los ingenieros… especialmente
por lo que a la Luna se refería. Observó, medio en broma, que la cooperación
entre las naciones sería más fácil que la cooperación entre disciplinas
científicas.
Imshenetski fue más abierto que Gauze dos años antes. Reveló que
la Lunik 2 se había esterilizado sometiéndola a una mezcla de formaldehído y
vapor supercaliente[290]. Esta fue, aparentemente, la primera vez en que se
había comunicado a un occidental el «secreto» de las medidas de esterilización
del programa espacial soviético.
Llegaron al Aeropuerto Internacional de Los Ángeles y facturaron
las bolsas. Los soviéticos fueron a los servicios. Sagan se quedó solo por un
momento con el traductor. El traductor le preguntó qué había descubierto.
Sagan contó inocentemente la conversación en el coche. El
traductor dijo que había sido un buen trabajo. Preguntó a Sagan para quién
trabajaba. Ligeramente perplejo, Sagan contestó que para la Universidad de
California en Berkeley.
«No», dijo el traductor, «no me refiero a la “tapadera”». Sagan
cayó en la cuenta de que el traductor era un espía. Sagan se sintió ofendido.
Insistió idealistamente en que él nunca espiaría a un colega científico. El
regreso de los soviéticos del baño cortó por la mitad esta observación.
Ahora Sagan estaba tan enfadado que se negó a seguir tratando de
ciencia con Imshenetski durante la cena. Hablaron de películas americanas y
poetas soviéticos. Con alguna copa de más, Imshenetski anunció que, en su
humilde opinión, el poeta soviético más grande era William Shakespeare. También
opinó que las películas de vaqueros americanas eran demasiado violentas.
Al día siguiente, de vuelta en Berkeley, Sagan buscó el número
de la Agencia Central de Inteligencia en el listín telefónico de San Francisco.
Llamó, y una voz contestó recitando el número que él acababa de marcar. Sagan
dijo que tenía una queja que formular. Otro empleado se puso al aparato y Sagan
comenzó a explicarse, pero el hombre de la CIA lo interrumpió diciendo que no
era prudente tratar de cosas así por teléfono. Concertó una cita en el despacho
de Sagan en Berkeley.
A la hora señalada se presentaron dos agentes de la CIA
impecablemente trajeados. Sagan se tomó a propósito su tiempo en examinar sus
credenciales. Luego les contó la historia. Los agentes aseguraron a Sagan que
nadie de la agencia actuaría de la manera tan burda como había hecho el
«traductor». Acordaron investigar, pidiendo a Sagan que por el momento
mantuviera silencio sobre el asunto. Él accedió.
Una semana después, uno de los agentes llamó. Le dijo a Sagan
que «el tipo en cuestión» no trabajaba para «nuestra organización» bajo el
nombre que había usado con Sagan. Les había costado una semana simplemente
repasar la lista de personal, que Sagan concluyó que debía de ser muy larga o
muy secreta.
El 15 de mayo, Sagan envió a Lederberg una reseña de una página
de extensión de la conversación con Imshenetski[291].
Unos días más tarde se informó a Sagan de que el traductor no
trabajaba para la agencia bajo ningún nombre. Aunque no menos cauteloso sobre
lo que podía decir por teléfono, ahora el agente parecía preocupado. Aseguró a
Sagan que la «compañía» tenía curiosidad por saber para quién trabajaba el
traductor.
Una semana después de eso, los mismos dos agentes se presentaron
en el despacho de Sagan. Habían descubierto que el traductor trabajaba en la
Biblioteca del Congreso. Esto, por supuesto, no era más que una tapadera. En
realidad, era un agente de la inteligencia de las fuerzas aéreas[292].
* * * *
Dos años más tarde, en mayo de 1964, Sagan y Wolf Vishniac
asistieron a una reunión del Comité para la Investigación Espacial (COSPAR en
sus siglas inglesas) en Florencia. El COSPAR estaba intentando instaurar pautas
para la esterilización de las sondas espaciales. Había un soviético:
Imshenetski, ahora tan enfermo que apenas pudo participar[293]. La Galería de
los Uffizi se mantuvo abierta una noche para que los delegados la visitaran.
Sagan e Imshenetski la recorrieron juntos. Entraron en una inmensa y silenciosa
sala con cuadros de Botticelli colgados de las paredes. Mientras los
contemplaban, Sagan percibió que la estancia no estaba completamente vacía. En
el rincón más alejado había un hombre solo.
«¿No es ese el tipo que estaba con nosotros en Los Ángeles?»
susurró Imshenetski. Era el «traductor» de nuevo, ahora con barba. «Un tipo muy
estúpido», añadió Imshenetski[294].
§. El caleidoscopio
Los años de Sagan en Berkeley fueron una época de crecimiento
personal. Comenzó a creer que en la vida había algo más que ciencia. Conoció a
nuevas personas, su conciencia política aumentó y estuvo más abierto a nuevas
experiencias[295].
Una de estas nuevas experiencias fue el consumo de marihuana.
Sagan se encontraba con la droga de vez en cuando en las fiestas. Al principio
se mostró reacio a probarla. Le preocupaba que fuera adictiva. La observación
de sus amigos lo llevó a la conclusión de que no lo era, así que la probó.
La marihuana tuvo poco efecto. Decidió que era un placebo, que
los supuestos efectos eran una construcción cultural. Más o menos a la sexta
vez que la probó, Sagan se dio cuenta de que su teoría del placebo era errónea.
Se estaba fumando un porro tumbado sobre el sofá de la sala de
estar de un amigo. Cuando indolentemente miró las sombras proyectadas sobre el
techo por las hojas de una planta de interior, las sombras se descompusieron
hasta convertirse en la imagen detallada de un Escarabajo de Volkswagen. Podía
distinguir los embellecedores de cromo, los cubos de las ruedas, la matrícula,
incluso el asa extrañamente ubicada para abrir el maletero[296].
Cuando cerró los ojos, vio películas proyectadas en el interior
de sus párpados. Un sendero amarillo atravesaba campos verdes hasta llegar a
una alquería roja en un paisaje de dibujos animados. Más allá había un cielo
azul salpicado de nubes. Con un resplandor, los colores de la escena cambiaron.
La casa se volvió naranja, el cielo marrón, las nubes naranjas, los campos
violetas… el sendero seguía siendo amarillo. Otro resplandor y los colores
volvieron a variar. Los destellos se acompasaban con los latidos de su corazón.
Cada pulsación traía un nuevo cambio en la paleta, y con cada cambio los
colores eran exquisitos y armoniosos[297].
La experiencia no fue alarmante. A lo largo de toda ella
conservó el conocimiento de que eran ilusiones causadas por la droga y sujetas
a su propia manipulación creativa. Sagan se encontró a sí mismo actuando
simultáneamente como creador intuitivo de imágenes y como observador lógico y
juez de esas imágenes.
El consumo de drogas descubrió a Sagan que la parte creativa de
sí mismo funcionaba mejor cuando se la proveía de imágenes ambiguas: sombras,
llamas, caleidoscopios. Mirar el fuego a través de un caleidoscopio, con las
llamas multiplicándose en sus espejos, era para él una experiencia estimulante.
Otra de sus primeras experiencias alucinatorias se produjo mientras contemplaba
una simple llama de vela. En el centro de la llama —absolutamente indiferente a
todo— había un hombre cubierto con una capa negra. Sagan reconoció en él al
caballero latino representado en las botellas de oporto Sandeman[298].
§. Colas de luciérnaga
1962 marcó un punto de inflexión en la carrera de Sagan. La
Universidad de Harvard le ofreció un puesto como profesor asistente de
astronomía. Simultáneamente desempeñaría un cargo en el Observatorio de
Astrofísica Smithsoniano de Cambridge, Massachusetts. Sagan aceptó con
entusiasmo la oferta. Consideraba Harvard como la cima de la astronomía en
Estados Unidos. En el observatorio trabajaría a las órdenes del director Fred
Whipple, uno de los grandes astrónomos de la época.
Los puestos simultáneos en Harvard y el Smithsoniano
significaban sentar la cabeza y comprometerse con la astronomía. Probablemente
sería un tipo de astronomía más convencional que la que Sagan había estado
practicando en el círculo exobiológico de Lederberg en la Costa Oeste. Los
intereses de Sagan se habían ido orientando en dirección a la biología.
Lederberg sospecha que Carl debió de contemplar la idea de cambiar de
campo[299].
En California, Sagan se había labrado una reputación propia.
Lejos de cobijarse a la sombra de Lederberg, a los veintiocho años de edad
Sagan era considerado como el modelo en el nuevo campo de la exobiología.
Concedía entrevistas a los periodistas sobre el tema con cierta regularidad.
(Lynn había tratado de poner coto a esto, sin ningún éxito[300]). En 1961,
Sagan hizo su debut televisivo en el noticiero de la CBS sobre exploración
espacial[301]. «Carl ha creado un nuevo campo que salva la brecha entre la astronomía
y la biología», afirmó Elie Shneour, de la Facultad de Medicina de Stanford:
«En este terreno está prácticamente solo. En mi opinión, es el único científico
de veras totalmente competente que es capaz de unir estas dos disciplinas a un
nivel profesional[302]».
Estas palabras tal vez parezcan exageradas en boca de un hombre
que trabajaba con Lederberg y buen conocedor de todo lo que había hecho.
Shneour no era el único que se apresuró a identificar a Sagan con la
exobiología. Sagan simultaneaba disciplinas más visible y cabalmente que
Lederberg. Su juventud era también un activo. Solo un científico joven podía
esperar desarrollar todo el potencial de la exobiología.
* * * *
Sagan aceptó la oferta de Harvard, pero retrasó la asunción de
sus deberes en Cambridge hasta febrero de 1963[303]. Mientras tanto, Lederberg
había hecho nombrar a Sagan profesor asistente visitante de genética en la
Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. «En aquellos días, Stanford
era un bonito barco a la deriva[304]», explica Elliott Levinthal. Aun así, era
raro que una de las facultades de medicina más competitivas de la nación
contratara a un astrónomo.
Sagan ya era un teórico empedernido. Durante una breve
colaboración con Stanley Miller, Miller tuvo que dar la lata a Sagan para que
se pasara por el laboratorio[305]. (Hacían chisporrotear gases similares que
los que creían que existían en Júpiter, con lo que producían una buena cantidad
de compuestos orgánicos[306]). Aparentemente reconociendo esta deficiencia,
Sagan quiso adquirir alguna experiencia de laboratorio antes de marcharse a
Harvard. Uno de sus últimos proyectos en la Costa Oeste fue una colaboración
con Cyril Ponnamperuma. Recibió una enseñanza en más de un sentido.
Originario de Sri Lanka, Ponnamperuma había trabajado en el
laboratorio de Melvin Calvin. Era un investigador de talento que compartía la
tenacidad de Sagan. En aquella época, la NASA tenía toda una División de
Exobiología en su recientemente inaugurado Centro de Investigación Ames de la
NASA. Ponnamperuma se convirtió en su investigador más destacado sobre los
orígenes de la vida.
Gran parte de su trabajo intentaba llevar más allá el
experimento Miller-Urey. Miller había hecho que pareciera muy fácil producir
compuestos interesantes desde el punto de vista biológico. Se desató un frenesí
en el que investigadores como Ponnamperuma ansiaban ser los primeros en
sintetizar un compuesto particular bajo condiciones «primordiales».
Ponnamperuma era poco tolerante con el fracaso. Si no obtenía
los resultados que esperaba, instintivamente concluía que la técnica había sido
errónea; el experimento tendría que repetirse hasta que arrojara el resultado
«correcto[307]». En cierto sentido, Sagan lo intimidaba. A los miembros de su
laboratorio los instruyó de antemano a fin de que supieran quién era Sagan y
apreciaran la oportunidad de trabajar con él[308]. Esta reputación hacía a Carl
casi inmune a las demandas de Ponnamperuma. La parte principal del trabajo
físico recayó sobre Ruth Mariner, una joven asistente de laboratorio. Sagan se
sentaba en el laboratorio observando cómo Mariner aplicaba los procedimientos
dictados por Ponnamperuma. A Mariner, Ponnamperuma le resultaba una persona difícil.
Sagan, aunque encantador, simplemente le ponía nerviosa[309].
Los tres estaban intentando sintetizar trifosfato de adenosina
(ATP, en sus siglas inglesas) bajo condiciones comparables a las de los
primeros tiempos de la Tierra. El ATP es un compuesto de almacenamiento de
energía que resulta fundamental para la vida. Sus enlaces ricos en energía
abastecen el salto del canguro, el movimiento del espermatozoide, el brillo de
la luciérnaga. Demostrar que el ATP podía formarse fácilmente a partir de gases
simples y energía adelantaría mucho camino hacia la explicación de por qué esta
molécula, y no ninguna otra, era la moneda universal de la energía. Esto es a
lo que Ponnamperuma estaba dedicado.
Sagan era un colaborador lógico porque ya había esbozado una
base teórica que afectaba a la importancia del ATP. La molécula de adenina (que
forma parte del ATP) puede absorber la luz ultravioleta. Sagan teorizó que así
lo hizo en los primeros tiempos de la Tierra y (de algún modo) canalizó esta
energía hasta llegar a la síntesis de moléculas de ATP completas. Sería la
«fotosíntesis sin vida[310]». El ATP producido fotoquímicamente podría haber
procurado a los primeros organismos una fuente de energía anterior a estos.
El ATP consiste en una molécula de adenina ligada de cierta
manera precisa a una molécula de azúcar llamada ribosa y conectada de otra
manera precisa a una cadena de tres moléculas de ácido fosfórico enlazadas.
Ponnamperuma ya había conseguido producir adenina y ribosa a partir de
compuestos más simples. En la naturaleza existían pequeñas cantidades de ácido
fosfórico. Para este experimento, Ponnamperuma, Sagan y Mariner (¡sobre todo
Mariner!) sellaron adenina, ribosa y ácido fosfórico en un tubo de vidrio y lo
expusieron a la luz emitida por cuatro lámparas ultravioletas. Era como verter
los tres ingredientes en un sombrero y sacar un pastel… con la luz ultravioleta
en funciones de varita mágica.
Descubrieron que la luz ultravioleta efectivamente hacía que la
adenina y la ribosa se ligaran. Este era un hallazgo importante en sí mismo.
Una combinación particular de las dos moléculas es adenosina, y la adenosina es
uno de los cuatro componentes básicos del ADN.
También descubrieron que la reacción ocurría solo en presencia
de ácido fosfórico. Eso apunta por qué el ácido fosfórico está incorporado en
las moléculas de ADN y ATP.
El premio gordo se mostraba esquivo. Por más que lo intentó,
Mariner no pudo obtener ni una pizca de ATP. Para algunos eso constituiría un
resultado negativo; pero para Ponnamperuma era inaceptable.
Ponnamperuma hizo a Mariner repetir el experimento con etil
metafosfato en lugar de ácido fosfórico. El etil metafosfato es un compuesto
espeso como un jarabe, que en los laboratorios químicos se emplea para llevar a
cabo síntesis. Ya contiene los muy energéticos enlaces entre fosfatos que
existen en el ATP. Utilizarlo en este experimento era un poco como ponerle
pilas a una máquina de movimiento perpetuo. No había razones para pensar que
este exótico reactivo anduviera por ahí en los tiempos primordiales. Si
funcionaba, no estaría claro si el ATP se había formado por la captura de
energía de la luz ultravioleta, como Sagan teorizó, o meramente con la energía
química ya existente en el jarabe de metafosfato.
El metafosfato sí le dio a Ponnamperuma el resultado apetecido.
Ahora el experimento produjo ATP y otros fosfatos de adenosina. El trabajo se
publicó con algunos elogios en Nature. Fue la primera aparición de Sagan en las
páginas de esa prestigiosa revista[311].
El trabajo, sin embargo, estaba plagado de ambigüedades[312].
Hay muchas maneras de unir las moléculas componentes del ATP. En los organismos
vivos solo se encuentra una forma. Si eso se había producido, era difícil decir
hasta qué punto. Ponnamperuma, Sagan y Mariner eran conscientes de este
problema, pero solo parcialmente capaces de abordarlo con las primitivas
técnicas de análisis entonces disponibles. En su prueba más inusitada,
emplearon colas de luciérnaga deshidratadas. (Había una casa de suministros
científicos que las vendía por correo). El razonamiento era que solo la forma
«correcta», biológica, del ATP funcionaría probablemente en un sistema
biológico. Este experimento tal vez no fue definitivo, pero el resultado fue
positivo. Provistas de su ATP recién sintetizado, las linternas de los insectos
muertos se encendían como minúsculas luces de Navidad.
* * * *
La inminente mudanza movió a Carl a intentar una reconciliación
con su mujer. Lynn y los chicos estaban viviendo en Port Richmond, California,
donde compartían alojamiento con otra madre joven. Carl suplicó a Lynn que le
diera otra oportunidad.
A principios de enero de 1963, la respuesta de Lynn fue un
rotundo no. «Carl, tú eres una bella persona», escribió. «Te he visto crecer y
te siento capaz de un amor auténtico y maduro. Pero no conmigo. Eso lo sabes».
Le aconsejó: «Te será fácil encontrar muchas mujeres a las que procure un
inmenso placer tu éxito profesional y social; tal vez sea mi tragedia eterna no
poder gratificar mi ego con tus progresos. Eso es lo que debes buscar en una
esposa[313]».
Carl continuó con sus ruegos. Poco después de llegar a Harvard,
convenció a Lynn de que se reuniera con él. Fue un traslado de conveniencia.
Lynn decidió que no tenía ningún deseo de vivir en la Costa Oeste
permanentemente. Tampoco se veía volviendo al sofocante Medio Oeste.
Massachusetts tenía posibilidades. Aceptó, pues, la invitación de Carl a
mudarse al este… con la promesa de no perder de vista la puerta de salida[314].
Capítulo 5
Cambridge
1963-1968
Contenido:
§. El caballo parlante
§. Proyectos de los cadetes del espacio
§. «La presa corre al encuentro del cazador»
§. Mi llamado coautor
§. Isaac Asimov
§. Cláusula de incremento
§. Casa inundada
§. Linda Salzman
§. El planeta muerto
§. James Pollack
§. Vientos de Marte
§. CTA-102
§. El Proyecto Libro Azul
§. Testigo experto
§. La Antártida
§. Lester Grinspoon
§. El Sr. X
§. Lo numinoso
§. Curvas de Gauss
§. 2001
§. La rueda de la fortuna
§. Mientras las ciudades ardían
§. Tommy Gold
§. Los hombrecillos verdes
§. Una boda judía
Lynn, Dorion y Jeremy se mudaron a un apartamento con Carl en
Watertown, Massachusetts, a unos pocos kilómetros al oeste de Cambridge. Su
consciencia de la ambivalencia de Lynn atemperó las esperanzas de Carl. A Leone
Alexander le dijo que quería una esposa, no una compañera de habitación. Temía
que era una compañera de habitación lo que estaba consiguiendo[315].
Lynn, por su parte, sabía que aquello no duraría. La vida con
Carl no la toleraría más que durante unos pocos meses. Luego se acabaría. Se
desharía de él para siempre. Saber esto la hacía feliz en su nuevo hogar[316].
§. El caballo parlante
Este precario arreglo doméstico no era lo único raro en el nuevo
profesor de astronomía de Harvard. Chillón y directo, Carl causó una sensación
menor desde el día en que llegó a Cambridge al volante de su destartalado
coche. Parecía vivir en suéteres de cuello alto[317]. Un amigo comparó
inverosímilmente a Carl con la estrella de una sitcom entonces muy popular:
«Conocer a Carl es como encontrarse con un caballo parlante. Es novedoso pero,
tras el primer impacto, lo único que cuenta es si el caballo tiene algo
importante que decir. Carl Sagan siempre tiene algo importante que decir[318]».
El modo en que decía las cosas era inconfundible. Dorion fue
quien mejor lo describió: «Su voz grave (yo la oía en el seno materno),
perfecta dicción, memoria enciclopédica, ausencia de vacilaciones y una manera
prodigiosa (aunque para mí exasperante en privado) de perorar párrafos
razonados […] hacían que el habla de otras personas pareciera un parloteo
ilógico[319]».
Como profesor, Sagan no tardó en ser reconocido como uno de los
mejores de la universidad. «Aportaba a la clase tres ingredientes que desde
luego los demás profesores no», dijo Richard Berendzen, el primer profesor
asistente de Sagan:
El primero era una perspectiva más amplia. La clase no era
simplemente de astronomía planetaria. Él la enlazaba con la física, la química,
la biología, la historia. También hacía mucho hincapié en lo que ahora llamamos
«diversidad». Desde los primeros días en que lo conocí, Carl ponía el acento en
el papel de las mujeres y las minorías étnicas. Harvard tenía un punto de vista
más amplio que casi todos los demás sitios que conozco, pero Carl tenía una
perspectiva muy amplia.
En segundo lugar, era divertido . Tenía esa clase de humor
deliberadamente inexpresivo que desarmaba por completo. Al principio, uno no
estaba del todo seguro de si estaba bromeando. No sonreía, decía en tono soso
algo en realidad muy ingenioso.
En tercer lugar, de vez en cuando decía cosas con más poesía que
cualquier otro profesor. Ya se sabe cómo son las cosas normalmente en las
ciencias físicas: «Tomamos la integral doble…». Carl eso lo envolvía,
literalmente, con una frase literaria. «No era el único que lo hacía. Harvard
tenía la maravillosa tradición de Harlow Shapley, que pronunciaba hermosas
frases poéticas… pero Sagan las soltaba todo el tiempo.»[320]
Sagan poseía un fuerte sentido del destino científico. En los
inicios de su carrera en Harvard, de él se citaba esto: «Siento que tengo la
inmensa suerte de vivir este momento particular de la historia, porque hago
exactamente lo que me habría gustado hacer en cualquier época». Si hubiese
vivido un par de generaciones antes o después, decía, no podría haber
participado en la exploración del Sistema Solar y la búsqueda de los orígenes
de la vida. Este no era un comentario hecho a la ligera. Una década más tarde,
Sagan dice casi lo mismo, con palabras sorprendentemente similares, en su libro
La conexión cósmica. Era el credo de la carrera científica de Sagan[321].
La sensación de tener una misión, combinada con la consciencia
de su talento y encanto personal, hacía de Sagan una persona ensimismada
(cuando menos) y detestablemente egotista (para muchos, no solo para Morris
Alexander). Era un pobre muchacho judío de Bensonhurst que ahora se encontraba
en el centro de los círculos académicos WASP[322], con premios Nobel y la
prensa pendientes de sus palabras. Era difícil no sentir cierta inseguridad o
que los tempranos éxitos no se le subieran a la cabeza. A la propia hermana de
Carl, Cari (como a Carol se la conocía de adulta), le parecía un «esnob» en
esta fase de su vida[323].
El esnobismo no es considerado un gran pecado en Harvard. Sin
embargo, en las maneras de Sagan había algo que hacía que a algunas personas
les cayera mal, aunque estas no pudieran decir concretamente por qué. «Es
demasiado rápido», se quejó un colega. «Dudo de que alguna vez se haya
enfrentado a un problema difícil (para él) y se haya visto obligado a
esforzarse para resolverlo. Esa experiencia tal vez le habría venido
bien[324]».
Sagan evitaba llevar reloj y era exasperantemente informal en
sus citas[325]. Durante una reunión celebrada en España, Sagan se suponía que
recogería a Wolf Vishniac y su esposa, Helen, en su hotel. Sagan nunca apareció
ni nunca se disculpó, ni siquiera mencionó que había olvidado la cita[326].
Sagan tenía una habilidad para apropiarse de las ideas de todo
el mundo sin pasar por el ritual de la genuflexión. Cuando citaba en la prensa,
a menudo parafraseaba las ideas de Lederberg, Urey o Muller. Saliendo de la
boca de alguien tan joven, esto no parecía muy vergonzoso. Cuando se llamaba a
Sagan para que presentara a un conferenciante que tenía un hallazgo interesante
y original que comunicar, muchas veces no podía resistirse a la tentación de
«poner la guinda» en su presentación… y a esbozar sus implicaciones más
amplias[327].
Con quienes consideraba intelectualmente inferiores (Lynn los
identifica como «la mayoría de las personas»), Sagan podía ser despiadado. Como
su madre, estaba pronto a decir en voz alta las crueles verdades que otros solo
pensaban[328].
Sagan formó parte de un comité que valoraba experimentos para el
«bio-satélite» de la NASA. El satélite debía poner cosas vivas en el espacio.
(Los soviéticos tenían perros en el espacio; había una brecha de animales en el
espacio que cerrar). Como el satélite era de escaso valor científico auténtico,
la NASA tenía problemas para atraer a biólogos de primer nivel. Un joven
científico serio estaba describiendo un experimento serio con escarabajos. El
científico quería ver qué pasaría con escarabajos sometidos a… gravedad cero.
Sagan, en su fase de cuellos altos negros, oía con los pies
sobre la mesa, de espaldas al científico de los escarabajos. Al final de la
exposición, Sagan se volvió a Orr Reynolds, de la NASA. «Sabes, Orr», dijo,
«estamos oyendo esta propuesta de un individuo que probablemente se siente
afortunado de contar con 10.000 dólares para llevar a cabo un experimento. Y
está proponiendo un gasto de varios cientos de miles de dólares en este
experimento con escarabajos. ¿Sabes?, yo puedo decir cómo puede cambiar el efecto
gravitatorio en un factor 2 casi sin coste».
El tipo de los escarabajos preguntó ansioso cómo.
« ¡Simplemente póngalos patas arriba!», dijo Sagan[329].
* * * *
Eran muchos los que veían en Carl un «carácter» de una pieza,
una de esas almas raras refrescantemente comprometidas con la verdad. Carl
nunca era aburrido. También tenía auténtico carisma (una cualidad que rara vez
existe sin una autoestima sana). Era fácil verse arrastrado por el encanto que
Sagan era igualmente capaz de exhibir. Incluso Lynn concede que el
«extraordinario egocentrismo» de Carl era «encantador para los extraños[330]».
En un perfil escrito casi jadeando en la época del traslado de Sagan a Harvard,
la periodista Shirley Thomas predijo:
Si se aplica al futuro de Sagan el cálculo de probabilidades,
parece verosímil que hará avanzar sustancialmente la ciencia. Los elementos a
su favor son numerosos: cerebro, imaginación y juventud, más las incalculables
oportunidades que ofrece la Era Espacial. Mientras tanto, él sigue con su papel
de estimulador… ¡y de provocador![331]
§. Proyectos de los cadetes del espacio
Fred Whipple, nacido en una granja de Iowa, se convirtió en el
gran hombre de los cometas y meteoros del mundo. Había hecho una ciencia exacta
de aquellos fantasmas poéticos, y en el proceso había llegado a ponerse al
frente del pequeño pero elitista Departamento de Astronomía de Harvard. Whipple
adoptó hacia Sagan un entusiasta interés paternal. No tuvo grandes problemas
con los intereses exobiológicos de Sagan. Sí, en cambio, hizo todo lo que pudo
para orientar a Sagan hacia zonas en las que había más posibilidades de obtener
resultados más seguros que en la exobiología[332].
Con su nombramiento en Harvard, Sagan estaba ya comenzando a dar
consejos paternales a su propio grupo de estudiantes de posgrado. Entre sus
estudiantes en Harvard se encontraban James Pollack, David Morrison y Clark
Chapman, todos los cuales llegaron a ser importantes astrónomos planetarios.
Estos estudiantes colaboraron estrechamente con Sagan, y muchos de ellos fueron
extraordinariamente productivos en sus años de posgrado. Chapman atribuyó este
fértil ambiente al talento de Sagan para dar un giro inesperado a cualquier
cuestión científica. Sagan hacía preguntas que nadie más planteaba. Esto
animaba a sus estudiantes a mirar los problemas desde perspectivas novedosas.
Había también una tonificante sensación de urgencia. Con otros
profesores, la época del doctorado se prolongaba durante años y años: «Con
Carl», dijo, Berendzen, «todo se aceleraba; y la vida también[333]».
* * * *
Sagan inauguró su propia carrera como investigador en Harvard
publicando un artículo en el que se decía que uno de los premios Nobel de la
universidad había muerto equivocado. Edward Purcell, de Harvard, había obtenido
el premio Nobel de física por el descubrimiento de la línea de veintiún
centímetros del hidrógeno (casualmente, de importancia capital para la búsqueda
de inteligencia extraterrestre). Purcell había incluso defendido la SETI. Lo
que consideraba absurdos eran los viajes interestelares.
En la ciencia ficción (entonces como ahora), las personas están
siempre yendo y volviendo de alfa Centauri. Esto estaba también implícito en el
mito de los ovnis. Más en serio, con los viajes interplanetarios en el
horizonte varias personas habían comenzado a tomarse en serio los viajes
interestelares.
En una conferencia muy citada que pronunció en el Laboratorio
Nacional de Brookhaven el año 1960, Purcell habló de «los proyectos de los
cadetes del espacio», como él los llamaba. Para ir a otras estrellas en un
tiempo plausible, razonó, habría que viajar a casi la velocidad de la luz. La
energía requerida para alcanzar tales velocidades sería formidable.
Purcell calculó que un viaje a una estrella a doce años luz de
distancia consumiría 400.000 toneladas de combustible (la mitad del cual sería
antimateria). Purcell concluyó: «Todo esto de viajar por el universo en trajes
espaciales —excepto para la exploración local, de la que no me he ocupado— debe
volver al lugar del que procede, la caja de cereales[334]».
* * * *
Sagan creía que los viajes interestelares formaban parte del
destino de la raza humana y que «otras civilizaciones, muchísimo más avanzadas
que la nuestra, deben de estar hoy en día surcando los espacios entre las
estrellas». Así lo dijo ante un público receptivo de Los Ángeles, la Sociedad
Americana de los Cohetes, el 15 de noviembre de 1962[335]. Esta charla y el
artículo de 1963 llegaban a una conclusión diametralmente opuesta a la de
Purcell. Esta disparidad revela mucho sobre cómo la ciencia refleja las pre
concepciones (y por qué los duelos entre expertos científicos dejan tan a
menudo perplejo al público).
Pero tanto Purcell como Sagan tenían argumentos sólidos. Purcell
suponía que para todo el mundo era evidente que la cantidad de energía que
calculaba como necesaria sería siempre prohibitiva. Esto para Sagan no era
evidente. Este suponía que civilizaciones muchísimo más avanzadas encontrarían
un modo de soslayar cualquier dificultad que no fuera la absoluta imposibilidad
física.
Sagan buscaba un diseño de cohete interestelar «como si se
tratara… de un nuevo coche deportivo», como dijo un periodista. Al final dio
con el estatorreactor Bussard, un sistema de propulsión interestelar propuesto
en 1960 por un físico de Los Álamos. Este recogería gases interestelares y los
emplearía como combustible. Los cohetes no tendrían que cargar todo el
combustible necesario. Lo mismo que los conductores de rallies, repostarían de
camino. Para la producción del estatorreactor Bussard faltaban aún unos cuantos
años, por decir lo mínimo.
Invocando la curvatura del tiempo de la física de la
relatividad, Sagan calculó que los viajeros interestelares podrían llegar al
centro de la galaxia en veintiún años medidos en la nave espacial. Cuando
volvieran, si volvían, a la Tierra, se encontrarían con que habían pasado
decenas de miles de años. (Este salto al futuro lo llamó una «aventura
adicional»).
Una civilización no encuentra probablemente muchos incentivos
para la financiación de expediciones que regresarán decenas de milenios en el
futuro según los cálculos de los que se quedaron en casa. Viajes más cortos
podían completarse en un tiempo exponencialmente más corto. Sagan argumentó que
podría haber civilizaciones extraterrestres deseosas de emplear los viajes
espaciales relativistas a fin de cubrir la distancia hasta las civilizaciones
vecinas más próximas. Sirviéndose de algunas optimistas cifras aproximadas,
calculó que la Tierra bien podría haber sido visitada por alienígenas hasta
10.000 veces en la historia de la Tierra. «No se ha de descartar que aún
existan artefactos de estas visitas, o incluso que en el Sistema Solar se
mantenga (es posible que automáticamente) alguna clase de base a fin de
asegurar la continuidad de las expediciones sucesivas». Sagan concluía
secamente que «el contacto con una base así aportaría, por supuesto, la prueba
más directa de las conclusiones de este artículo[336]».
§. «La presa corre al encuentro del cazador»
El artículo sobre los cohetes interestelares llevó a una de las
colaboraciones más importantes de Sagan. En 1962 supo de un científico
soviético que tenía una teoría peculiar sobre los dinosaurios. I. S. Shklovski
era un astrofísico al que encantaba teorizar sobre las catástrofes.
Shklovski y Valerian Krasovski teorizaron que, hace unos 80
millones de años, en el entorno galáctico del Sol, había explotado una
supernova. Los mortales rayos cósmicos que invadieron los cielos habían
exterminado las desventuradas razas de dinosaurios.
La idea era lo bastante vistosa para merecer mención en las
secciones dedicadas a la ciencia en los periódicos y las revistas populares.
Sagan sintió que Shklovski tal vez fuera receptivo a su propio artículo sobre
los viajes interestelares. Envió a Shklovski una carta y una pre impresión, con
la esperanza de que una carta enviada desde Cambridge pudiera llegar a un
astrofísico al otro lado del Telón de Acero.
Mucho antes de lo que imaginó, Sagan recibió respuesta de
Shklovski. Comenzaba diciendo: «La presa corre al encuentro del cazador».
Cuando la carta de Sagan llegó a Shklovski, este se hallaba con
la pluma en la mano a punto de iniciar un nuevo capítulo de un libro que estaba
escribiendo sobre la comunicación con inteligencias extraterrestres. El tema
del capítulo era la comunicación mediante cohetes interestelares[337].
Esta extraordinaria coincidencia —Shklovski no pudo por menos de
describirla con el proverbio ruso que empleó como comienzo de su respuesta a
Sagan— transformó la vida de ambos. Shklovski (que hablaba y escribía bien
inglés) quedó impresionado por la carta y el artículo de Sagan. Lo que más lo
cautivó del artículo tal vez fuera lo que Sagan decía sobre la ecuación de
Drake. Probablemente era el primer contacto de Shklovski con este tema.
Cuando supo del libro de Shklovski, Sagan se ofreció a preparar
su traducción al inglés. Shklovski accedió, e iniciaron una correspondencia
regular. El entusiasmo de Shklovski por la vida extraterrestre era tal que
Sagan debió de preguntarse si se estaba carteando con un sosias. En realidad,
Shklovski era una generación mayor y su vida había sido mucho más dura.
* * * *
Iósif Samuílovich Shklovski[338] nació el 1 de julio de 1916, un
año antes de la Revolución rusa. Procedía de Ucrania, como los antepasados de
Sagan; como Lederberg, era hijo de un rabino.
El joven Shklovski tenía vocación de artista. Aunque su familia
no podía pagarle materiales artísticos, aprendió solo a dibujar utilizando tiza
o trozos de ladrillo. La pobreza lo obligó a abandonar el instituto y ponerse a
trabajar en un equipo de construcción ferroviaria en Siberia. Durante esa
época, Shklovski leyó por casualidad en una revista un artículo sobre el
descubrimiento del neutrón. Decidió dedicarse a la ciencia[339].
La guerra interrumpió sus estudios universitarios en Moscú. Como
consecuencia de la ofensiva de los nazis hacia el este en 1941, Shklovski y
muchas de las mentes científicas más brillantes de la nación (entre ellas
Andréi Sajárov) fueron metidos en vagones de tren. Sin ser exactamente
prisioneros, se los envió a un campamento en Asia central, de donde se dieron
cuenta de que tal vez nunca regresarían. Allí, en las frías y áridas estepas de
Asjabad, aguardaron noticias sobre el resultado de la invasión nazi.
Tras la guerra, Shklovski emprendió una brillante carrera
científica en el Instituto Sternberg de la Universidad de Moscú. En lo que él
consideraba su mejor trabajo[340], Shklovski demostró que la nebulosa del
Cangrejo produce su luz visible no por fusión ordinaria, sino por efecto del
movimiento acelerado de electrones en intensos campos magnéticos. Este trabajo
ganó para Shklovski el prestigio de científico de primer nivel y atrajo la
atención de astrofísicos occidentales.
Las actividades de Shklovski se extendían a campos de los que en
Occidente no se hablaba. Parece ser que inventó una técnica o un aparato de
gran relevancia militar. (Un sistema de radar fue lo que Sagan supuso). Fuera
lo que fuera lo que Shklovski hubiera hecho o inventado, debió de ser
importante. Lo envolvía una aureola de fascinación. Shklovski criticó
libremente a la Unión Soviética, aparentemente con impunidad. Lideró una
cruzada contra el antisemitismo en la academia soviética. Shklovski no era menos
crítico con Estados Unidos. Sabía muchas cosas del ejército estadounidense y de
lo que estaba haciendo en secreto (otro indicio de una conexión más que
ocasional con los mandos de la defensa soviética).
La tolerancia oficial tenía sus límites. En el caso de
Shklovski, esos límites coincidían con el Telón de Acero. Durante veinte años
se le negó el permiso para viajar más allá de Europa del Este. Cuando por fin
lo hizo, fue acompañado de observadores, los equivalentes soviéticos del
«traductor» que había ofendido a Sagan. Al menos en una ocasión, a Shklovski se
le preguntó directamente por qué no podía asistir a una conferencia próxima.
Shklovski se volvió a su observador y respondió: « ¡Porque los hijos de puta
saben que si yo fuera, nunca volvería!»[341].
§. Mi llamado coautor
Como mucho de lo que decía Shklovski, esto estaba calculado más
para provocar una reacción que para expresar la verdad literal. La Unión
Soviética era la patria de Shklovski, un sincero marxista.
En octubre de 1961, un funcionario soviético solicitó
monografías para conmemorar el quinto aniversario del Sputnik. Shklovski se
ofreció a acabar un libro que estaba escribiendo sobre la inteligencia
extraterrestre. Era un farol. No había escrito ni una palabra. Shklovski sabía
que el libro lo podía escribir rápidamente, y sospechaba que sería el único de
sus colegas que cumpliría el plazo de entrega. Eso aumentaría sus posibilidades
de pasar la censura[342].
Los censores constituían todo un problema. Escribir sobre la
vida en otros mundos significaba dar vueltas alrededor de las teorías de
Lysenko y Oparin (el cual, a pesar de su gran influencia en Occidente, era un
seguidor de Lysenko). Para un soviético seguía siendo difícil conseguir un
libro de texto sobre la evolución o la genética.
El libro de Shklovski, acabado en agosto de 1962, pasó la
censura sin graves problemas. La Editorial Nauka, de Moscú, lo publicó unos
meses más tarde. El título en ruso significaba literalmente «El universo – La
vida – La inteligencia».
La primera tirada, de unos 50.000 ejemplares, se agotó en unas
horas[343]]. Se hicieron cinco ediciones. El libro causó sensación sin
disgustar demasiado a los poderes fácticos. Quien más se molestó fue Oparin.
Shklovski le escribió una cortés carta sobre el libro. Le fue devuelta, hecha
trizas, en el mismo sobre[344].
Desde luego, el libro de Shklovski era un éxito antes de que
Sagan tuviera mucho que ver con él. Shklovski era, sin embargo, consciente de
su escaso conocimiento de la biología contemporánea, y por eso invitó a Sagan a
«añadir cuanto quisiera en la edición americana[345]».
Sagan hizo una interpretación generosa de esta invitación. Creía
que el tema de la inteligencia extraterrestre merecía llegar a un público más
amplio de lo que Shklovski había previsto. Hacer el libro inteligible
significaba añadir mucha información previa. En manos de Sagan, el conciso
tratado de Shklovski se convirtió en un libro sobre la vida, el universo y
todo. El proyecto ocupó buena parte de los primeros años de Sagan en Harvard.
Cuando acabó de redactarlo, Sagan hizo un recuento de sus contribuciones y se
encontró con que aproximadamente había duplicado la extensión del libro.
Aunque la versión estadounidense del libro, titulada Intelligent
Life in the Universe y vertida al castellano como Vida inteligente en el
universo, fue siempre considerada una colaboración entre Shklovski y Sagan, las
memorias póstumamente publicadas de Shklovski revelan que no se enteró de que
se trataba de una «colaboración» más que a toro pasado. En tono irónicamente
divertido, Shklovski escribe acerca de su sorpresa al recibir «un grueso
volumen elegantemente editado con el título Vida inteligente en el universo. El
tamaño se había duplicado y en la portada figuraban dos autores: Shklovski y
Sagan. Debo decir que Sagan demostró cierta integridad; dejó mi texto intacto y
señaló el suyo con triangulitos». Se refiere a Sagan como su «coautor» (entre
comillas) americano. (Añade: «No tengo motivos de queja contra este formal,
jovial y simpático americano[346]»).
Los triángulos que delimitaban el texto de Sagan le hicieron la
vida más fácil a Shklovski. Los soviéticos no comulgaban con todas las
opiniones vertidas por Sagan. Sagan, por su parte, ejerció un poco de censura.
El original ruso de Shklovski rebosaba de lo que los estadounidenses menos
liberales que Carl Sagan podrían haber considerado propaganda comunista. Un
holocausto nuclear es probable, escribía Shklovski, a menos que el capitalismo
pueda ser erradicado del planeta. Predecía con confianza que las ilustradas y
pacíficas sociedades de la galaxia resultarían estar basadas en los principios
de Karl Marx y Vladímir Lenin[347].
§. Isaac Asimov
La inteligencia extraterrestre constituía, por supuesto, un
ingrediente básico de la ciencia ficción. Este trabajo puso a Sagan en contacto
con varios prominentes escritores de ciencia ficción. Sagan mantuvo
correspondencia con Isaac Asimov, e incluso él mismo hizo sus pinitos en el
género. Pero ninguno de aquellos prematuros intentos llegó a publicarse. Sagan
escribió un relato en el que los alienígenas tenían exactamente el mismo
aspecto que los humanos… salvo que carecían de ombligo[348].
Asimov trabajaba nominalmente en la Facultad de Bioquímica de la
Universidad de Boston, y vivía cerca de allí. Ahora que Sagan estaba en la
ciudad, un día quedaron para comer. Fue el 19 de febrero de 1963.
«Yo lo visualizaba como una persona mayor (el estereotipo del
astrónomo en su telescopio)», escribió Asimov, entonces de cuarenta y tres
años, «pero lo que me encontré fue a un bien parecido joven de veintisiete
años; alto, moreno, de verbo fácil y una inteligencia absolutamente
increíble[349]».
Asimov había afirmado que solo existía una persona de la que
estaba dispuesto a admitir que fuera más inteligente que él, y esa era Marvin
Minsky (el científico informático del MIT). Tras conocer a Sagan, hubo de
aumentar la lista a dos personas. La segunda era Carl Sagan[350].
La formación de Asimov no era muy diferente de la de Sagan.
Descendiente de judíos rusos, creció en Brooklyn soñando con las estrellas y la
vida allá arriba. Valiera lo que valiera la teoría de Frank Drake sobre la
influencia de la religión fundamentalista sobre la SETI, es sorprendente
cuántas ideas del siglo XX sobre la vida en el universo —científicas y de
ciencia ficción— hunden sus raíces en la experiencia de los judíos del este de
Europa. Ser un marginado relativo tal vez estimulaba la apertura a la idea del
«otro» primordial. Para Asimov y Sagan, y quizá igualmente para Shklovski,
Lederberg y Vishniac, la vida en el espacio era un sueño con una resonancia
particular, un imperio galáctico propio.
Poco después de la comida, Asimov colocó una hoja de papel en su
máquina de escribir e inició un artículo sobre la búsqueda de inteligencia
extraterrestre. Lo acabó rápidamente, como era costumbre en Asimov. Iba
destinado a la columna mensual de Asimov en la Fantasy and Science
Fiction[351]. Como muchos de sus artículos, comenzaba con una anécdota
personal, en este caso el encuentro de Asimov con Sagan. Asimov enseñó el
artículo a Sagan, que se sintió incómodo con la anécdota. Aunque no decía nada
poco halagador sobre él, Sagan pidió a Asimov que la desechara. Asimov
reescribió cortésmente la introducción. Sus colegas comenzaban a criticar a
Sagan que estuviera demasiado interesado en la autopromoción y los temas
sensacionalistas. Un perfil de su personalidad en una revista de ciencia
ficción sería como ondear una bandera roja delante de un toro[352].
* * * *
En 1964, Sagan conoció a Arthur C. Clarke, que por supuesto
escribía ciencia ficción lo mismo que tratados sobre cohetes. Asistieron juntos
a la Feria Mundial de Nueva York de 1964. Impulsivamente, entraron en una
exposición gratuita patrocinada por el Instituto Bíblico Moody. Era una
película que sostenía que la naturaleza está tan ingeniosamente construida que
solo puede ser resultado de la creación divina. Como demostración definitiva de
su tesis, los autores escogieron la vida sexual del pez gruñón.
A los pocos minutos de proyección, Sagan echaba chispas. ¿No era
evidente que la selección natural era una respuesta más simple y satisfactoria?
No se pudo contener. Se dirigió al acomodador más cercano y le soltó toda una
conferencia sobre la evolución, la navaja de Occam, etcétera, etcétera…
mientras el destinatario de su diatriba se retorcía como un oso caído en una
trampa. La conducta «americana» de Sagan avergonzó a Clarke. Susurró: «Ten en
cuenta que no hemos pagado entrada[353]».
§. Cláusula de incremento
A los pocos meses de trasladarse a Watertown, Lynn informó a
Carl de que se estaban divorciando. Era algo innegociable, un hecho
consumado[354]. Lo puso de patitas en la calle.
Sagan se mudó a Franklin Street, Cambridge[355]. Comenzaron a
negociar los términos del divorcio. Acordaron que Carl pagaría una pensión de
75 dólares al mes por cada hijo.
El padre abogado de Lynn sugirió que hubiera una cláusula de
incremento. Era probable que Carl ganara mucho más dinero en el futuro, observó
Morris Alexander; podía preverse que las pensiones de los hijos aumentaran en
proporción a los ingresos del padre. Carl se «puso hecho una furia» y vetó esa
idea[356].
Lynn crio a los chicos con una pensión mensual del padre de
apenas 150 dólares. Cuando años después crecieron tanto la reputación como los
ingresos de Carl, a Lynn le preguntaron muchas veces cómo pudo dejarle. Su
respuesta fue: «Me era imposible hacer lo que un auditorio de 10.000 personas
tenía dificultades para hacer por él: satisfacer la necesidad incesante de
atención total[357]».
* * * *
El divorcio, concedido en 1964, fue probablemente un éxito mayor
que el matrimonio. Según Lynn, desde entonces no ha vuelto a sentirse
desgraciada. Fue una separación relativamente civilizada. A una fiesta de Año
Nuevo en Harvard, ni Lynn ni Carl asistieron solos[358]. Carl se sometió a
terapia con la esperanza de que lo ayudara a comprender cómo Lynn podía haberlo
rechazado. Creía que la terapia sí lo ayudó, un poco[359].
Carl y Lu Nahemow realizaron un análisis posmoderno del
matrimonio en la Tavern on the Green de Nueva York. Carl admitió que estaba
decepcionado consigo mismo y reconoció que la mayor parte de la culpa era suya.
Le entristecía la pérdida de Lynn. Significativamente, advirtió Nahemow, de los
chicos no dijo nada[360].
* * * *
Lynn todavía no había leído su tesis doctoral. A tiempo parcial
trabajaba en la creación de materiales para la docencia de la ciencia y dando
clase en la Universidad Brandeis. Por las noches y los fines de semana
continuaba trabajando en su teoría de la endosimbiosis seriada. Envió copias
ciclostiladas de un esbozo de la teoría a unos cuantos científicos que
consideraba que podrían ser receptivos. La mayoría no lo fueron.
Le dijeron que estaba loca o regando fuera de su tiesto. Hubo
quien devolvió la copia ciclostilada con correcciones gramaticales. La
excepción fue J. D. Bernal, el cristalógrafo británico, que en una larga carta
la felicitó por haber resuelto el «problema del origen de la célula
nucleada[361]».
Lynn obtuvo su doctorado al año siguiente del divorcio. Su
teoría de la endosimbiosis seriada se publicó en 1966. Quince revistas habían
rechazado su propuesta o ni siquiera habían respondido[362]. Esta obra capital
de la biología moderna apareció finalmente en la revista Journal of Theoretical
Biology bajo el nombre de Lynn Sagan.
En 1967, Lynn se casó con el cristalógrafo Thomas Margulis. Lynn
Margulis es el nombre por el que hoy en día[363] es conocida como una de las
biólogas más influyentes y polémicas del mundo. Sin embargo, durante años
después del divorcio Carl persistió en escribir el nombre de su ex mujer como
Lynn Sagan Margulis… para exasperación de Lynn[364].
§. Casa inundada
John Lilly dirigía instalaciones para el estudio de los delfines
en Saint Thomas, de las Islas Vírgenes (EEUU) y Coral Gables (Florida). En los
años siguientes a Green Bank, Sagan solía visitarlo durante las vacaciones de
invierno. Esto le permitía combinar su afición al buceo con el interés que
seguía manteniendo en los intentos de Lilly por comunicarse con estas
inteligencias «alienígenas».
Los mamíferos marinos constituían un fenómeno de la cultura pop.
Había una serie de televisión, Flipper, sobre un delfín tan antropomórfico como
los de los relatos de Lilly… aunque mucho menos abiertamente sexual. Lilly
aconsejaba al productor de Flipper, Ivan Tors, y dos de los delfines de Lilly
aparecieron en una versión cinematográfica de Flipper[365]. Los libros de Lilly
sobre delfines se convirtieron en éxitos de ventas. Sagan debió de tener su
ejemplo en mente al diseñar su propia carrera literaria.
En el invierno de 1963, Sagan conoció a Elvar; Elvar, el de las
erecciones voluntarias. Lilly llevó a Sagan a una estancia con un enorme tanque
de agua de mar. Elvar asomó la cabeza por encima del agua.
«Carl, este es Elvar», anunció Lilly. «Elvar, este es Carl».
La cabeza de Elvar golpeó con pericia la superficie del agua. Un
chorro de agua mojó certeramente la frente de Sagan[366].
Lilly dejó a Sagan y Elvar a solas. El delfín se tumbó en el
agua como un perro feliz. Sagan no tardó en rascarle la barriga.
Periódicamente, el delfín se sumergía, nadaba hasta el extremo opuesto del
tanque y regresaba para que siguieran rascándole. Sagan se cansó de esto antes
que el delfín. Elvar se irguió fuera del agua, manteniendo por un momento el
equilibrio sobre las aletas caudales, y emitió una sola palabra: « ¡Más!».
Al menos sonó como «más». Fue un agudo chillido monosílabo.
Sagan fue a buscar a Lilly, que estaba ocupado con cierto
equipamiento electrónico. Le informó con entusiasmo de que Elvar había dicho
«más».
« ¿Estaba en contexto?» inquirió Lilly.
«Sí, estaba en contexto».
«Bien», dijo Lilly. «Esa es una de las palabras que
conoce[367]».
* * * *
Lilly creía que sus delfines hablaban inglés… no bien, por
supuesto, y con un vocabulario limitado. Sagan no estaba seguro. Todo lo que
vio en el delfinario de Lilly lo fascinó. Pero nunca quedó claro qué era «real»
y qué antropomorfización. A Lilly a veces estas distinciones parecían no
interesarle.
Lilly hablaba de los grandes experimentos que iba a poner en
marcha. Luego pasaba otro año, Sagan iba a verlo al invierno siguiente, y de
nuevo resultaba que el auténtico experimento controlado aún no se había hecho.
Lilly hilvanaba otro ameno relato. Habían estado poniendo a prueba el concepto
cuando el delfín hizo lo peor… Un año, algunos de los delfines cautivos se
suicidaron… o eso fue lo que Lilly entendió[368]. Lilly dejó galantemente
libres a los delfines. Estas anécdotas eran las que hacían los libros de Lilly
sobre los delfines tan atractivos. Pero «las pruebas científicas realmente
críticas nunca se realizaron de veras», se quejó Sagan[369].
Sagan trató de estimular a Lilly. Diseñó experimentos y
controles específicos que realmente probaran algo. Ni siquiera se había
establecido que los delfines puedan comunicar información arbitraria a otros
delfines. Hasta que eso se demostrara, todo lo demás que Lilly hiciera
carecería de bases sólidas.
Sagan sugirió un experimento que contrapusiera a Bach y los
Beatles. Enseñarían a un delfín a distinguir entre la música de Bach y de los
Beatles (los delfines tienen excelente oído). El delfín recibiría como
recompensa sabrosos peces cada vez que golpeara un dispensador de peces que
estuviera emitiendo música de los Beatles debajo del agua (por ejemplo), pero
nunca si golpeaba un dispensador idéntico en que se emitiera a Bach.
Luego introducirían un nuevo delfín que no supiera nada ni de
música ni de cómo funcionaban los dispensadores. Una barrera impediría ahora al
delfín primero tocar los dispensadores de peces. Solo el delfín no educado
tendría libertad para hacer eso. Cada vez que el delfín no educado tocara el
dispensador «correcto», ambos delfines obtendrían comida. El delfín educado
tendría un incentivo para «instruir» al nuevo delfín sobre cómo obtener comida.
Si los delfines se comunicaban, eso sería demostrable (con muchas pruebas, con
muchos pares de delfines) por los gradientes mayores de las curvas de
aprendizaje.
* * * *
Lilly nunca realizó este experimento. Sospechaba que si los
delfines iban a aprender el habla humana, tendría que ser mediante una
«inmersión total», aislándolos de los demás delfines y viviendo con un humano,
oyendo hablar solo a humanos.
Naturalmente, esto también implicaba la «inmersión total» para
el humano. Lilly previó una casa inundada. Sería un hogar con las comodidades
de un barrio de clase media, solo que llena de agua. Los delfines se
deslizarían libremente por entre las piernas de los ocupantes humanos. En una
casa así los delfines podrían aprender el lenguaje humano. Incluso podría,
especulaba Lilly, servir de fundamento de una utopía futura en la que humanos y
delfines coexistirían como compañeros iguales. Un romance frustrado de Sagan
desempeñó un pequeño papel en el estudio más famoso de Lilly sobre los
delfines. Una noche en Saint Thomas, Sagan cenó en un remoto restaurante en lo
alto de una montaña. La camarera cautivó su mirada. Era una atractiva joven de
pelo oscuro y un saludable carácter viril. Se llamaba Margaret Howe. Le dijo a
Sagan que estaba aburrida. Trabajaba de camarera solo por las tardes. Quería
otra cosa que la ocupara en la isla.
Sagan intentó llevarse a Howe a la cama[370]. Howe lo rechazó,
pero el encuentro tuvo un resultado: Sagan presentó a Howe al antropólogo
Gregory Bateson, que entonces dirigía la instalación de Saint Thomas[371]. Esto
llevó a una contratación laboral e introdujo a Howe en uno de los experimentos
más insólitos de los años 1960.
En el verano de 1965, Howe vivió en compañía de Peter, un delfín
macho, las veinticuatro horas del día seis días a la semana en una casa
inundada simplificada. Hay fotografías surrealistas de Howe trabajando
eficientemente ante una mesa de despacho o hablando por teléfono, observada con
curiosidad por un delfín en un entorno de sesenta centímetros de agua[372].
«Un delfín se parece más a una sombra que a un compañero de
habitación», decía Howe[373]. Se quedaba todo el día junto a ella sin dejarla
ni por un momento. Si ella se pasaba horas al teléfono, el delfín no se
aburría. No se iba. Conforme fueron pasando las semanas, Howe fue víctima de
accesos de depresión y llanto. «Me he dado cuenta de que durante el día busco
cualquier excusa para no entrar en la habitación inundada», escribió en su
diario[374]. (Mientras tanto, Lilly estaba meditando sobre un coche inundado
para la futura sociedad biespecífica[375]).
Peter comenzó a adoptar una conducta de cortejo. Mordisqueaba
ligeramente las piernas de Howe y experimentaba erecciones y se rozaba contra
ella ardientemente. Para calmarlo, Howe comenzó a hacerle caricias con las
manos. Peter «llegaba a una especie de orgasmo, con la boca abierta, los ojos
cerrados, el cuerpo temblando, y luego su pene se relajaba y lo volvía a
esconder». La naturaleza particular de la libido de los delfines obligaba a que
esto se repitiera dos o tres veces, hasta que finalmente el delfín podía
concentrarse en sus clases[376].
Todo esto resultaba un tema de conversación que despertaba sumo
interés. Por lo demás, los resultados del experimento eran discutibles. Parecía
que Peter hubiera aprendido a decir «hola» y «pelota» y sonidos consonánticos
como una cotorra. Pero cuando Howe le pedía a Peter que trajera la pelota,
muchas veces le llevaba el trapo.
* * * *
Tras este experimento, Sagan visitó Saint Thomas y jugó con
Peter a atrapar cosas. Sagan le lanzaba la pelota a Peter, y Peter se sumergía
debajo de ella y la devolvía con su hocico. Su puntería era tan buena como la
de un humano. Luego, tras unas cuantas voleas, el delfín comenzó a devolver la
pelota fuera del alcance de Sagan. Peter estaba jugando con Sagan, haciendo un
«experimento» por su cuenta. Suponiendo que a ese juego pueden jugar dos, Sagan
recuperó la pelota una vez más y se la quedó, flotando en el agua.
Durante cosa de un minuto, los dos mamíferos permanecieron
quietos. Peter se dio por vencido. Nadó hasta el lado del tanque que ocupaba
Sagan y dio varias vueltas a su alrededor rozándolo repetidamente al pasar.
Esto desconcertó a Sagan. No parecía que las aletas caudales del delfín lo
hubieran rozado. Entonces se percató de que el delfín estaba empalmado[377].
El frustrado triángulo formado por Sagan, Howe y Peter era digno
de Sartre. Aún había otro giro. Peter era uno de los delfines exactores de
Lilly. Flipper había hecho proposiciones deshonestas a Sagan[378].
* * * *
A mediados de los años sesenta, los intereses de Lilly se habían
desplazado a la consciencia humana. Estaba experimentando con los tanques de
aislamiento de su invención y con la entonces nueva droga conocida como LSD-25.
La empresa Sandoz esperaba hallarle un uso comercial a la droga, y se decía que
el Departamento de Defensa estaba especialmente interesado. En una propuesta de
investigación, Lilly solicitó la droga «para ver los efectos sobre los
delfines[379]».
Sagan y Lilly se distanciaron. Aunque admiraba a Lilly como
visionario, Sagan creía que Lilly se estaba alejando cada vez más de la
ciencia. En cuanto al LSD, Sagan opinaba que era un asunto completamente
diferente de la marihuana. Era un producto químico nuevo y desconocido que no
había sido «probado» por siglos de práctica cultural. Sagan razonaba que el LSD
es peligroso porque sus dosis son mínimas y su efecto retardado. Sus usuarios
no se dan cuenta de que han consumido demasiado hasta que es demasiado tarde[380]].
§. Linda Salzman
De regreso en Cambridge, Sagan era uno de los solteros más
cotizados del lugar. Se lo veía asistiendo a conferencias sobre la «libertad
sexual» o algún tema por el estilo… por lo general acompañado de una mujer
llamativamente joven[381].
Una de estas jóvenes era Linda Salzman. Era una artista que
estudiaba en la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston. Allí perfeccionó
una magistral capacidad académica para representar la figura humana. Linda era
«extraordinariamente atractiva»… según la experta opinión de Isaac
Asimov[382][. Tenía unos cabellos negros y rizados que parecían constantemente
agitados por el viento y una figura atractiva que ella vestía conforme a las
modas vanguardistas de los años sesenta[383].
Linda era de voz dulce, tímida, intuitiva. Que no fuera
científica fue tal vez un cambio que no le vino mal a Carl tras su tumultuosa
experiencia con Lynn[384][. Linda estaba desarrollando una carrera tranquila
haciendo cuadros figurativos en atrevidos colores fauves/psicodélicos[385].
Poco después de conocer a Carl, Linda enfermó. Carl quiso ir a
visitarla. Linda trató de impedirlo. Estaba vomitando; ni se veía ni se sentía
lo bastante bien para ver a un nuevo novio. Carl dijo que aquello era una
tontería. Insistió en cuidarla hasta que se restableciera[386].
Este gesto contribuyó a consolidar la relación. Comenzaron a
salir juntos regularmente. Particular afecto por Linda sentía Asimov. La
conoció en una cena a comienzos de 1966. A Asimov le pareció que Linda «era
bastante evidente que estaba enamorada de Carl». El propósito declarado de la
cena era que Sagan comentara el manuscrito del libro de Asimov El universo.
«Aún no he tenido tiempo de ocuparme de él, Isaac», dijo Carl.
«He estado hasta arriba de trabajo».
Asimov respondió: « ¿Y qué importancia tiene tu trabajo, Carl,
comparado con mi manuscrito?».
«Estás de broma, Isaac… solo que en realidad no estás de broma,
¿o sí?».
«No, Carl, me parece que no estoy de broma[387]».
§. El planeta muerto
El 14 de julio de 1965, la Mariner 4 sobrevoló Marte. Envió
veintiuna fotografías, y parte de una vigésimo segunda, que destruyeron para
siempre el planeta de Lowell y Burroughs, y en gran medida el de Lederberg y
Sagan.
Las expectativas habían sido altas. La exobiología había tenido
mucha prensa, tanto popular como científica. El libro No estamos solos, gran
éxito de ventas de Walter Sullivan en 1964, presentó el tema —y a Carl Sagan— a
un amplio público. El geólogo Bruce Murray se había preparado para la misión de
la Mariner estudiando fotografías de pliegues de sedimentos oceánicos. Hubo que
presionarlo para que descubriera pruebas de antiguos océanos en Marte.
Consciente de las expectativas públicas, el departamento de prensa de la NASA
advirtió de que la Mariner difícilmente podría detectar signos de vida. Ese
desmentido distaba, por supuesto, de ser neutral. Uno de los efectos buscados
era sugerir que la Mariner «tal vez dé respuesta a preguntas que la esperan
desde hace mucho sobre los “canales” del planeta rojo[388]».
En las imágenes de la Mariner 4, el aspecto de Marte era casi
como el de la Luna. Su superficie estaba llena de cráteres. No parecía que en
Marte hubiera habido mucha erosión desde hacía miles de millones de años.
Cuando la Mariner 4 se ocultó detrás de Marte, la atmósfera del
planeta refractó su onda radioeléctrica justo antes de que la mole del astro la
eclipsara. Esto hizo por fin posible deducir con precisión la presión
atmosférica. Los resultados fueron sorprendentemente bajos: entre 4 y 7
milibares. Aproximadamente, eso no es más que 1/200 de la presión terrestre al
nivel del mar.
Eso lo cambió todo. Con esas presiones, a ninguna temperatura
podía existir agua líquida. O herviría o se congelaría. Sin siquiera la
posibilidad de agua líquida, era difícil imaginar la vida. De hecho, el
nutriente acuoso del artilugio de Vishniac, la Trampa para Lobos, herviría o se
congelaría si alguna vez llegara a Marte.
Las observaciones desde la Tierra ya habían revelado que Kuiper
había hecho un cálculo demasiado bajo de la presión del dióxido de carbono.
Aplicando eso a los nuevos hallazgos, el equipo de la Mariner pudo deducir
(ahora correctamente) que la atmósfera de Marte es casi toda ella dióxido de
carbono. Robert Leighton y Bruce Murray, del Caltech, no tardaron en concluir
que los casquetes polares debían de ser dióxido de carbono sólido, no hielo de
agua.
Ese mismo año se desmontó otra prueba clave de la vida en Marte.
Un grupo de químicos de Berkeley demostró que la mayoría de las bandas de
absorción de Sinton encajan mejor con el agua pesada que con las moléculas
orgánicas. Más tarde se hizo evidente que en Marte no había ni siquiera agua
pesada. El agua pesada en la propia atmósfera de la Tierra había provocado
confusión en los resultados de Sinton, que admitió gallardamente el error.
En resumen, hacia finales de 1965 las pruebas o supuestos que
apuntalaban la idea de vida en Marte se desvanecieron en su mayoría. Ya se
estaban escribiendo las necrológicas de la exobiología. El New York Times hizo
el panegírico de «El planeta muerto». El presidente Lyndon Johnson dijo a un
grupo de la NASA: «Como miembro de una generación a la que Orson Welles dio un
susto de muerte, debo confesar que me alivia un poco que sus fotografías no
mostraran más signos de vida ahí fuera[389]». El New York Times observó que los
nuevos datos «parecen refutar la tesis de la comisión de la Academia Nacional
de Ciencias que el pasado abril sostenía que era “enteramente razonable” creer
que en Marte hubiera “organismos vivos”. […] Marte, por lo que ahora parece, es
un mundo desolado cuya rareza supera cualquier imaginación[390]».
Lo del «planeta muerto» Sagan se lo tomó como una afrenta
personal, demasiado profunda para ser olvidada. Ocho años después podía citar,
casi literalmente, la broma del presidente Johnson sobre el programa de radio
de Orson Welles[391]. En su libro Other Worlds [«Otros mundos»], de 1975,
reprodujo el editorial «El planeta muerto» del New York Times junto a un
titular en negrita propio: «Mejor rojo que muerto».
§. James Pollack
Con casquetes polares de hielo seco, la presión del aire
demasiado baja para el agua líquida y las pruebas espectroscópicas de
«líquenes» ignominiosamente refutadas, solo quedaba una observación que
apuntalara la existencia de vida en Marte: los cambios de color, estacionales y
a largo plazo, en las zonas oscuras.
La frustración personal de Sagan no le impidió sacar el máximo
partido a los datos de la Mariner 4. La nueva información apoyaba la idea de
Sagan de que la causa de los cambios estacionales en Marte era el polvo y no la
vegetación. Sagan desarrolló esa teoría empleando las nuevas imágenes, nueva
tecnología y un nuevo colaborador.
Se trataba de James B. Pollack, el primer estudiante de posgrado
de Sagan. Pollack no tardó en convertirse en un colaborador de la máxima
importancia. Solo en 1967, Sagan publicó ocho artículos en colaboración con él.
Sagan y Pollack eran opuestos complementarios. Mientras que Sagan era
parlanchín y mercurial, Pollack hablaba y actuaba deliberadamente. De niño
había tardado tanto en aprender a hablar que la familia llegó a pensar que
tenía un retraso. Un psicólogo le dijo a la familia que los pensamientos del
niño se sucedían tan deprisa que las palabras habladas no podían seguir el
ritmo[392].
Pollack habló lentamente durante el resto de su vida. Cuando
mantenía una conversación, Pollack insistía en volver atrás hasta que lo
comprendía todo. Se decía que si uno no podía explicarle una idea a Jim
Pollack, probablemente era porque uno no la comprendía y probablemente era
errónea[393]. Muchas veces, con unas pocas incisivas preguntas Pollack
descubría un error fatal y echaba por tierra todo lo hecho por su
interlocutor[394]. (Lo típico en Sagan era, por el contrario, que contestara
con una carta «a noventa grados de desviación con respecto a todo lo que
pensabas[395]»). Incluso en baloncesto, deporte que compartía con Sagan,
Pollack era deliberativo. Se tomaba su tiempo; normalmente encestaba.
La tesis doctoral de Pollack versó sobre el efecto invernadero
en Venus, tomando como base la propia obra de Sagan. Pollack era una estrella
emergente de tal calibre que sus exámenes orales en Harvard convocaban a toda
una serie de profesores deseosos de apartarlo de Sagan. En el fondo, aquello no
era sino un homenaje a Sagan. Y un homenaje mayor que Pollack permaneciera
junto a Sagan[396].
* * * *
Jim Pollack era homosexual. Hombre guapo de apariencia
masculina, mujeres y hombres lo adoraban por igual[397]. Carl era a la vez
tolerante con Jim y opuesto a la homosexualidad en general. En ello tal vez
tuvo que ver su trasfondo familiar. Rachel desaprobaba la homosexualidad. Tenía
un hermanastro homosexual al que se sometió a una lobotomía y que se pasó media
vida en una institución mental. Toda su vida, Rachel mantuvo oculta a Carl la
existencia de este hermano[398].
Dorion recuerda que hacia 1967 asistió a un encuentro con su
padre en el que un entusiasta de la ciencia evidentemente homosexual le dijo a
Carl lo mucho que admiraba su trabajo. Carl «se convirtió en un témpano de
hielo emocional[399]».
La formación artística de Linda le daba una perspectiva
diferente. En la escuela de arte se había juntado sin saberlo con un grupo
social lésbico. Aunque ella era heterosexual, llegó a sentirse cómoda entre
homosexuales[400]. Linda se hizo muy amiga del novio de Pollack, Bill Gile.
Carl y Linda socializaron libremente con Jim y Bill, algo que no era corriente
en la época, incluso en círculos académicos liberales. (La mayor parte del
tiempo, Carl hablaba del trabajo con Jim mientras Linda charlaba con Bill, que
estudiaba teatro). En una ocasión, Carl se enfadó mucho cuando en un servicio
de urgencias sanitarias de la universidad le pusieron pegas para tratar a Bill
de un accidente menor. Insistió en asegurarse de que el amante de su colega
recibía rápida atención[401].
Sin embargo, había recelos. En el instituto, Dorion se hizo
amigo de un compañero de clase homosexual. Preocupado, Carl lo hizo sentarse y
le soltó un sermón en el que le dijo que la homosexualidad no era la forma en
que la especie se propaga. Y fue la selección natural, no el Levítico, lo que
invocó como fundamento de su desaprobación (¡ante un hijo cuyo nombre
homenajeaba a Oscar Wilde!)[402].
§. Vientos de Marte
De una manera no visible, la homosexualidad de Pollack sí
impidió una larga y productiva colaboración de Sagan con él. Aparentemente,
Pollack carecía de mezquindad, un valioso atributo para trabajar con el cada
vez más célebre Sagan.
Con cada vez más pruebas de que Marte no se parecía en absoluto
a la Tierra, Sagan y Pollack desarrollaron la idea del polvo utilizando una
nueva tecnología, la espectroscopia por radar Doppler.
Desde hacía mucho tiempo se suponía que las zonas brillantes de
Marte eran más elevadas que las zonas oscuras. Esto era un atavismo que se
remontaba a los días de los canales y aun más atrás, cuando las zonas oscuras
se cartografiaban como mares y lagos. El radar mostró que este convencional
«mapa de relieve» de Marte estaba al revés. Las zonas oscuras eran las tierras
altas que se elevaban por encima de las zonas claras.
No todas las zonas oscuras cambiaban de color. Según los
estudios con radar, las zonas que sí cambiaban de color estaban más hundidas y
eran más planas que las regiones permanentemente oscuras. Más aún, las regiones
oscuras que cambiaban de color eran invariablemente «penínsulas» o «islas»
rodeadas de zonas brillantes.
Esto encajaba perfectamente con la teoría de Sagan. Sagan y
Pollack sostenían que los vientos marcianos empujaban el polvo de color claro
hasta las estribaciones oscuras próximas, con lo cual estas se volvían más
claras. Los vientos contrarios limpiaban las regiones oscuras de polvo, con lo
cual «regeneraban» su color oscuro. Como no es mucho el polvo arrastrado a
distantes tierras altas oscuras, estas muestran poco cambio de color[403].
Sin embargo, Sagan estaba lejos de renunciar a la vida marciana.
Uno de los artículos sobre el oscurecimiento estacional, publicado dos años
después de la Mariner 4, termina con la siguiente advertencia: «Tanto el modelo
biológico como el del polvo son coherentes con el análisis estadístico
presentado del fenómeno del oscurecimiento estacional, y la elección entre
estos modelos debe hacerse por otras razones[404]». Esa era una modesta manera
de concluir un artículo en que se refutaba de modo impresionantemente razonado
el modelo biológico.
Sagan llevó a cabo otro estudio en el que concluía, con
satisfacción, que un reconocimiento fotográfico con la resolución de la Mariner
habría hecho improbable el hallazgo de un solo signo inequívoco de vida en la
Tierra. Esa constituía otra razón para dudar de que meras observaciones
telescópicas de Marte pudieran haber visto crecimiento vegetal. A la inversa,
implicaba que la cuestión de la vida marciana debía permanecer abierta[405].
Sagan y Pollack también abordaron la cuestión de los «canales»
marcianos. La Mariner 4 no encontró ni canales ni nada parecido a canales.
Todos los demás estaban en su mayoría rezongando que Lowell debía de haberse
vuelto loco. Sagan se dio cuenta de que se trataba de un auténtico
rompecabezas. Los canales habían sido cartografiados, con cierta coherencia, no
solo por Lowell, sino por los que se mostraban escépticos. Evidentemente, los
canales son alguna clase de ilusión, pero ¿por qué no se produce la misma
ilusión cuando se mira a la Luna[406]?
Sirviéndose nuevamente de los hallazgos del radar, Sagan y
Pollack propusieron que las regiones claras son las «cuencas oceánicas» de
Marte, llenas de polvo, no de agua. La topografía submarina de la Tierra está
entrecruzada por arrecifes y arcos de islas en medio del océano.
* * * *
En 1966 Sagan publicó veinticuatro artículos y extractos
científicos, un promedio de una publicación académica cada dos semanas. Fue un
récord que igualaría (en 1972) pero nunca superaría[407]. Sagan estaba lo
bastante seguro de que el modelo ionosférico rival de Venus había sido refutado
para que pudiera titular un artículo (escrito junto con G. Russell Walker) «El
modelo ionosférico de la emisión de microondas en Venus: una necrológica». En
1967 se aportó una confirmación más espectacular. En octubre, la Venera 4
soviética envió una sonda a la atmósfera de Venus, y la Mariner 5 de Estados
Unidos sobrevoló el planeta. Sus instrumentos confirmaron que la temperatura
cerca de la superficie era de casi 500°C.
No solo Sagan había tenido razón sobre las temperaturas de Venus
y los cambios estacionales en Marte, sino que la prueba de que estaba en lo
cierto llegó a comienzos de su carrera. Unos años más tarde, el periodista
británico Ian Ridpath escribió acerca del «hábito [en Sagan] de extrapolar
aventureramente a partir de datos limitados… y estar exasperantemente en lo
cierto[408]».
§. CTA-102
Sagan nunca se reunió con Shklovski durante la época en que
trabajó sobre Vida inteligente en el universo. Como una partida entre maestros
del ajedrez dados a la vida recluida y pacientes, el trabajo se hizo por
correo. Las cartas de Shklovski llegaban con frecuencia a Cambridge recamadas
con el sello del censor. En una ocasión, Shklovski escribió a Sagan: «La
probabilidad de que nos reunamos debe de ser menor que la probabilidad de que
un cosmonauta extraterrestre visite la Tierra[409]».
De vez en cuando, Sagan se topaba con científicos soviéticos de
viaje y preguntaba por su coautor oculto. «El cincuenta por ciento de lo que
Shklovski hace es brillante», dijo a Sagan un astrónomo soviético. «Pero no se
sabe qué cincuenta por ciento es[410]».
Respaldaba esa afirmación un incidente ocurrido cuando Sagan
estaba completando el trabajo sobre la versión americana del libro. En 1965, un
astrónomo soviético llamado Evgueny Sholomitski descubrió una aparente señal
del espacio. Procedía de una fuente de radioemisiones llamada CTA-102 o de
cerca de ella. Sholomitski se lo contó a varios colaboradores, y Shklovski no
tardó en estar también en el secreto.
El grupo soviético siguió la «señal» durante varios meses. Su
intensidad varió lentamente a lo largo de un periodo de unos 100 días.
Teorizaron que se trataba de una baliza, una forma de llamar la atención de los
remitentes desde el otro lado del universo. En el ciclo de 100 días no pudieron
encontrar ninguna información. Les preocupaba que pudiera estar transmitiendo
un mensaje con lentitud inhumana. Si costaba 100 días enviar un bit 0 o 1,
transmitir una palabra costaría años. Todos los seres vivos envejecerían y
morirían antes de que pudiera descifrarse un solo concepto alienígena.
El hallazgo se filtró a la prensa, y Sholomitski se apresuró a
convocar una conferencia de prensa en el Instituto Sternberg. El patio del
instituto se llenó de coches de lujo de corresponsales extranjeros. Shklovski
se levantó y dijo que los anuncios habían sido prematuros. Sholomitski también
se mostró precavido. Otros eran más optimistas, y la prensa solicitó sus
opiniones. Cogido de improviso, Shklovski se sumó a ellos e, invirtiendo el
sentido de su postura, corroboró el hallazgo.
Lo lamentó. Entre las cartas y telegramas de felicitación había
una del Caltech. «CTA-102» significa el 102° objeto en el Catálogo A del
Caltech. El grupo del Caltech insistió en que la variación constituía un
fenómeno natural, en lo cual, por supuesto, tenían razón. El CTA-102 es lo que
ahora llamamos un cuásar, una galaxia joven de prodigiosa energía[411].
* * * *
La edición americana de Vida inteligente en el universo apareció
en 1966. Sagan envió las galeradas a Harold Urey, al parecer con la esperanza
de obtener una opinión favorable. Urey respondió que no había tenido tiempo de
leer todo el libro. «Uno simplemente no puede leer todas las cosas que llegan a
su mesa». Urey parece haber pensado que un libro sobre la vida inteligente en
el universo debía ser como un libro de pega sobre el ingenio y la sabiduría de
Calvin Coolidge[412]… un delgado volumen sin nada en absoluto entre sus tapas.
«Lo que hace falta, creo yo, es abreviar el estudio hasta un punto en el que la
gente pueda encontrar tiempo para leerlo, en lugar de dilatarlo hasta
convertirlo en un libro de este tamaño[413]».
Philip Morrison fue mucho más favorable. En una reseña reconoció
(¡con cierta autorreprobación!) la actitud de personas como Urey hacia el
asunto: «La bibliografía sobre este tema ofrece cociente resultados/artículos
inferior a cualquier otra[414]».
Las traducciones de tratados científicos rusos no solían
venderse mucho. En 1966, para los compradores de libros estadounidenses el
nombre de Carl Sagan significaba más o menos lo mismo que el de Iósif
Samuílovich Shklovski. Pero las ventas fueron importantes, y la mayoría de las
reseñas fueron favorables. Hasta 1975, el libro conoció catorce ediciones. Vida
inteligente en el universo demostraba la habilidad de Sagan como escritor a un
público nuevo. En el conjunto de su producción, el libro sigue gozando de un
prestigio casi místico. Más de una persona con que he hablado al escribir este
libro ha citado Vida inteligente en el universo como el mejor libro de Sagan.
Fue una ocasión para escribir por extenso sobre su tema más personal y
apasionado. Un hito en la historia intelectual del siglo XX, Vida inteligente
es a la vez una obra técnica y de divulgación (un difícil equilibrio que ni
siquiera Sagan volvió a conseguir)[415]
§. El Proyecto Libro Azul
En la primavera de 1966 dirigió de nuevo su atención a los
ovnis. Esto sucedió gracias a Edward Condon, el físico de la Universidad de
Colorado con el que Sagan había trabajado en el verano siguiente a su boda. A
Condon se le pidió que dirigiera una investigación científica del Proyecto
Libro Azul de la fuerza aérea.
El Libro Azul era un estudio confidencial sobre avistamientos de
luces extrañas en el cielo que se remontaba a 1948. A comienzos de los años
cincuenta, un grupo de investigadores de la fuerza aérea parecían creer que
algunos ovnis eran naves espaciales extraterrestres[416]. Otros implicados en
el Libro Azul no se tomaban esta conclusión en serio. En junio de 1965, el
Libro Azul contaba con 9.265 informes, para 663 de los cuales se consideraba
que no había explicación. Con los crecientes rumores (correctos) de que había
una ocultación de información, la fuerza aérea se sintió presionada a hacer
públicos los datos del Libro Azul. Se decidió pasar los datos a un comité de
científicos civiles para que los revisaran y publicaran.
Condon conocía bien el interés de Sagan en los ovnis y lo invitó
a formar parte de este comité. Sagan aceptó y se convirtió en el más joven de
los seis científicos, ingenieros y psicólogos que compusieron el Comité Ad Hoc
para la Revisión del Proyecto Libro Azul de Condon.
El Libro Azul tenía su sede en la Base de la Fuerza Aérea
Wright-Patterson en Ohio. Sagan solicitaba archivos al sistema mecánico de
recuperación de archivos de la base, y una rejilla mecánica, como las de las
tintorerías, le traía los expedientes. El comité examinó cientos de informes,
incluido un caso en el que un ovni resultó ser una luciérnaga atrapada entre
dos lunas de vidrio en la ventanilla de la cabina de un avión. Los casos que
carecían de una explicación física tan clara se dividieron en dos categorías:
«luces por explicar en el cielo», muchas veces desconcertantes pero no
necesariamente extraterrestres, e informes de naves espaciales y alienígenas
incontrovertibles. Parecía una regla absoluta que estos últimos avistamientos
nunca podía sustanciarlos un grupo de testigos creíbles o pruebas físicas
convincentes.
Sagan suponía que el secretismo gubernamental sobre los ovnis
tenía raíces más próximas. La función real de Wright-Patterson era llevar
cuenta de la nueva tecnología aeronaval y militar de los soviéticos. Con la
defensa de Guerra Fría basada en impedir un primer ataque, se consideraba
necesario comprobar la rapidez con que los sistemas defensivos de alarma
temprana de EEUU podían detectar un bombardeo nuclear soviético… y la rapidez
con que los soviéticos podían detectar un bombardeo de EEUU. En un ejercicio
llamado «suplantación», de vez en cuando cada bando enviaba a territorio
enemigo —o a su propio territorio— cazas a reacción de alto rendimiento para
ver cuánto tardaba alguien en darse cuenta y dar la alarma. Muchos de los
avistamientos de «luces inexplicadas» quizá fueran personas corrientes
comprensiblemente confundidas al ver aparatos soviéticos secretos en el radar o
por encima de sus tejados. La fuerza aérea tenía razones tanto para recoger
estos informes como para guardar silencio sobre lo que en realidad estaba
sucediendo[417].
En marzo de 1966, el Comité Ad Hoc produjo un breve informe que
recomendaba que los archivos del Libro Azul se pusieran a disposición de la
comunidad científica y del público. A esto siguió en 1969 la publicación del
informe del tamaño de un libro. Aunque el comité de Condon era supuestamente
conocedor de los archivos del gobierno, la publicación fue en parte censurada.
Un pequeño pero estrafalario ejemplo se encuentra en el Apéndice U del libro.
La expresión «el Director» (en referencia al director de la CIA) se eliminó
repetidamente, al parecer por orden de la CIA. Años después de ocurrido, la CIA
no quería reconocer que su director había asistido a ciertas reuniones[418].
* * * *
Sagan sí hizo realidad su sueño de los años de universitario de
ver un ovni. En Harvard dio una conferencia divulgativa. En la fase de
preguntas y respuestas, hubo varias preguntas sobre los ovnis. Sagan dio la
respuesta clásica de que la inmensa mayoría eran fenómenos naturales mal
interpretados. Al abandonar la sala de conferencias para irse a cenar con unos
amigos, Sagan vio a dos policías señalando al cielo. Estaban apuntando a un
ovni.
No queriendo encontrarse con su público, Sagan se fue deprisa a
la cena. El ovni seguía allí cuando llegó al restaurante. Entró y les dijo a
sus amigos que salieran a ver. Su interés fue contagioso. Todo el restaurante
salió a la acera para mirar.
El ovni era una luz cuyo brillo aumentaba o disminuía mientras
se deslizaba por el cielo. Intermitentemente oyeron que emitía un débil
zumbido. Sagan estaba lo bastante cerca de su casa para ir a recoger sus
prismáticos antes de que el objeto se desvaneciera. Los prismáticos aclararon
que el objeto eran dos luces blancas permanentes y dos luces parpadeantes. Era
un avión; según se supo luego, un avión meteorológico de la NASA. La decepción
fue grande.
De no haberles dicho Sagan a las personas del restaurante que en
el cielo había algo extraordinario, pocos se habrían dado cuenta. De no haber
sido por los prismáticos, todos se habrían ido a casa con la historia de los
ovnis. Si se hubiera informado del avistamiento a las autoridades, habría sido
imposible identificarlo a partir de las explicaciones de los testigos
presenciales. Probablemente, muchos de los testigos habrían desechado la
sugerencia de que solo habían visto un avión[419].
§. Testigo experto
Las hazañas de Sagan con los ovnis también se incorporaron a sus
más famosas «cantinelas» docentes, y se decía que una de aquellas anécdotas
había dejado «a unos ex alumnos de preparatorio exhaustos de tanto gritar y
llorar de la risa». Había comenzado cuando el Departamento de Astronomía
recibió un telegrama de un fiscal de distrito en Nebraska. El fiscal había
procesado a un artista de los timos que afirmaba haber estado a bordo de un
platillo volante. Había estado usando esa historia para desplumar a personas
ricas del Medio Oeste. El fiscal preguntaba si habría alguien que quisiera
testificar como experto. Un joven astrónomo se prestó a hacerlo.
El acusado, un sesentón regordete, tenía mucha labia y resultaba
de alguna manera atractivo para las mujeres de cierta edad. Afirmaba que iba
pensando en sus asuntos cuando se topó con un platillo volante aparcado junto a
una autopista de Nebraska. En su interior había alienígenas de ambos sexos con
exactamente el mismo aspecto que los humanos, salvo por las batas muy holgadas
que vestían. Hablaban un idioma llamado Hochdeutsch[420]. Casualmente, el
acusado también. Los ocupantes del platillo eran de Saturno.
El acusado montó varias veces en el platillo. Durante uno de
estos viajes, los alienígenas comentaron que tenían instrumentos capaces de
detectar depósitos minerales. Sabían de ricas venas de oro, platino y uranio
que los terrícolas desconocían. También conocían una vena de cuarzo que curaba
el cáncer en California. En otra ocasión, los saturnianos transportaron al
acusado a la Gran Pirámide de Gizeh. Él y los del platillo se mezclaron con un
grupo de turistas… pues su aspecto era totalmente humano, salvo por sus batas.
El grupo se metió en el interior de la pirámide. Llegados a un cierto punto,
los alienígenas se llevaron al acusado aparte y lo condujeron a una cámara
secreta. Dentro había un viejo y desvencijado platillo volante, una cruz de
madera y una corona de espinas. Ah, sí, explicaron. Hace dos mil años habían
enviado a uno de sus agentes a la Tierra.
Los creyentes en los ovnis pagaron las intervenciones de aquel
hombre en convenciones, lo alojaron en sus casas como invitado e invirtieron en
la mina de cuarzo bueno contra el cáncer. Muchos de sus mecenas eran mujeres
que vivían solas y a las que el acusado hacía proposiciones tanto románticas
como financieras. Había habido entregas de dinero. Era difícil saber cuánto se
había ido en regalos, cuánto en préstamos y cuánto en inversiones de capital.
Lo que estaba claro era que el hombre estaba casado y que había
vendido acciones, ampliando en más del 100 por 100 la propiedad, de una mina de
cuarzo que no era suya; y que en Saturno no podía haber humanoides. Sobre esta
última cuestión era sobre la que Sagan tenía que testificar[421].
El ayudante del fiscal del distrito presentó las credenciales de
Sagan y luego le preguntó cuál era la probabilidad, científicamente hablando,
de que en Saturno hubiera personas. Sagan dijo que no era nada probable en
absoluto, y mencionó las temperaturas sumamente bajas, los gases nocivos, la
falta de oxígeno y demás. Añadió generosamente que no descartaba alguna forma
de vida allí… pero desde luego no humanoides con ropas holgadas.
Comenzaron las repreguntas. «Dr. Sagan, no quisiera ser
irrespetuoso», dijo el abogado defensor, «pero ¿no es cierto que hace
cuatrocientos o quinientos años los científicos universitarios como usted mismo
sostenían que la Tierra era… plana?».
El fiscal protestó. El juez no lo aceptó.
El abogado defensor sabía que la primera regla cuando se
repregunta a testigos expertos es formular una pregunta sencilla cuya respuesta
será demasiado difícil de seguir para el jurado. Confesó que una parte del
testimonio de Sagan lo había desconcertado: las pruebas espectroscópicas
empleadas para determinar que la atmósfera de Saturno contenía el venenoso gas
amoníaco. ¿No había ocultado Sagan al jurado un hecho importante, a saber, que
todos estos resultados se basaban en el supuesto de que las leyes de la física
eran las mismas en Saturno que en la Tierra?
Sagan respondió que era altamente improbable que las complejas
pautas de las líneas de absorción vistas en los espectros de Saturno
coincidieran con las del amoníaco en la Tierra si las leyes de la naturaleza
fueran completamente diferentes. Miró a la bancada del jurado. Había germinado
la semilla de la duda.
¿Cómo sabemos, preguntó el abogado defensor, que las lecturas de
temperaturas fantásticamente bajas no se dan en las nubes altas, mientras que
la superficie es mucho más cálida?
Había hecho sus deberes; estaba volviendo contra Sagan la
controversia sobre las microondas de Venus. «Pero estos son argumentos
indirectos, ¿no?», preguntó el abogado. «En realidad, ustedes no saben si hay o
no hay oxígeno en Saturno».
Sagan admitió que toda la astronomía se basa en pruebas
indirectas. Llegados a este punto, la defensa interrumpió el interrogatorio.
Lo siguiente de importancia que ocurrió fue la proyección de una
película que los miembros del jurado vieron embelesados. Puesto que el acusado
no había tenido una cámara a mano cuando los acontecimientos reales sucedieron,
había filmado una reconstrucción con actores humanos. A algunos de sus
inversores les había prometido papeles en la película.
El jurado declaró al acusado culpable de fraude[422].
§. La Antártida
Con los auténticos extraterrestres tan reacios a dejarse ver,
los exobiólogos de los años sesenta dedicaron mucho tiempo y esfuerzo a
investigar la escasa vida en la Antártida. El continente del sur tiene valles
secos, sin hielo ni nieve, que son los más fríos y más áridos que se pueden
encontrar en la Tierra. Eran muchos los que consideraban estos valles secos
como la pequeña parcela marciana de la Tierra y, por tanto, como un buen campo
de pruebas para la exobiología. Si la vida podía sobrevivir allí, eso reforzaba
la causa de la vida en Marte. Lo contrario era también cierto.
La NASA envió a Roy Cameron a la Antártida a recoger muestras de
suelo. Estas muestras se distribuyeron entre los científicos que estaban
diseñando dispositivos para la detección de vida en Marte. Fueron tema de un
estudio especialmente concienzudo de Norman Horowitz, del Caltech.
A Horowitz se atribuye una de las intuiciones cruciales de la
biología moderna: la de que cada gen codifica la estructura de una única
enzima. Criado en Pittsburgh, era miembro del clan que produjo tantos
exobiólogos. Su interés en la vida extraterrestre era tan antiguo como el de
Sagan. Un periodista describió en una ocasión a Horowitz como algo parecido a
un foxterrier[423]. Cabría decir que Horowitz tenía un porte distinguido y muy
acicalado, con una expresión de alerta y una disposición aguerrida. De todos
los exobiólogos, Horowitz era el vocal escéptico sobre la vida marciana. El
descubrimiento de que la presión atmosférica en Marte era demasiado baja para
permitir agua líquida pesó más sobre él que sobre Sagan y Lederberg. Los
hallazgos en la Antártida redujeron aún más sus expectativas.
En un artículo de 1967, Horowitz y Cameron informaron del
descubrimiento sin precedentes de suelo estéril. Afirmaron que algunas de las
muestras antárticas no tenían ni una sola espora o bacteria viable que pudiera
cultivarse.
Esto causó sensación. Una máxima entre los microbiólogos reza
que nada en la naturaleza es estéril. Para Horowitz, al menos, el mensaje era
claro: la ausencia de agua líquida equivale a ausencia de vida. La derrochadora
evolución había producido el delfín y la planta rodadora; el velociraptor, la
viruela y el vencejo de chimenea. Los mares de hielo que rodean a la Antártida
rebosaban de vida. Pero no los valles secos. La desecación levantó una barrera
en la que la vida siempre mutable no pudo abrir brecha, ni siquiera en el nivel
microscópico.
Los hallazgos también afectaban al tema de la esterilización de
Sagan y Lederberg. Si nuestros propios microbios no pueden prosperar en la
Antártida, preguntaba Horowitz, ¿cómo diablos iban a colonizar Marte (por
comparación con el cual la Antártida era un auténtico paraíso[424])?
La esterilización de las naves espaciales era un incordio
carísimo. La mayoría de los geólogos e ingenieros que trabajaban en proyectos
de la NASA estaban deseosos de que se aboliera el requisito de la
esterilización. Sagan había realizado detallados cálculos de riesgo-beneficio
que se emplearon para desarrollar un riguroso protocolo de esterilización. Este
requería el calentamiento de los módulos de aterrizaje en Marte a unos 150
ºC[425]. Luego se colocaba un sello que no podía quitarse hasta que la nave hubiera
salido de la atmósfera terrestre.
La temperatura de la esterilización limitaba los tipos de
materiales que se podían utilizar. En las cámaras fotográficas y de cine era
imposible emplear soldaduras de fusión baja o ciertos filtros de color. Si en
una nave había que reparar o cambiar algo, eso significaba la rotura del sello
y el reinicio del proceso de esterilización.
Además, estaba la cuestión soviética. Nadie creía que los
soviéticos fueran tan escrupulosos con la esterilización como los
estadounidenses. Horowitz y Bruce Murray sostenían que esto convertía en
académico todo el tema de la contaminación. Si había alguna posibilidad
realista de que microbios terrestres contaminaran Marte, los rusos ya la habían
convertido en realidad, de modo que ¿por qué no podíamos relajar nuestras
medidas de esterilización?
Sagan no carecía de contraargumentos. Algunos eran ingeniosas
propuestas según las cuales en Marte, aunque solo esporádicamente y a una buena
profundidad en el subsuelo, tal vez existiera agua líquida (y vida). En último
término, la refutación más convincente de Sagan era el simple recurso a la
ignorancia. Con nuestra experiencia limitada a un solo planeta, el dogmatismo
sobre Marte resultaba prematuro.
En cuanto a las naves soviéticas estrelladas, en un artículo
para el número de marzo de 1968 de la revista Science Sagan, Elliott Levinthal
y Lederberg escribieron:
Una analogía que ha resultado útil a la hora de ocuparse de
temas como el de la esterilización se refiere a un bosque seco en riesgo de
incendio. Si el individuo delante de nosotros tira una cerilla encendida en el
bosque, de ello no se sigue que nosotros podamos lanzar también grandes
cantidades de cerillas encendidas, en especial si lo hacemos en las partes más
secas del bosque. Su cerilla tal vez no queme el bosque; las nuestras podrían
hacerlo. Además, si llevamos cuidado con las cerillas, nuestro compañero puede
comprender la necesidad de la cautela y el método para observarla.[426]
Tan bien razonado como esto estaba, cada sonda errante de los
soviéticos que se estrellaba contra Marte le hacía perder fuerza. Una vez quedó
claro que no ganarían la «carrera» a la Luna, los soviéticos hicieron de Marte
una prioridad máxima. En 1976, la Unión Soviética envió la que al menos era su
decimotercera nave espacial a Marte (aunque solo reconocía ocho).
La Mars 1 se desvió mucho del planeta y se perdió en el espacio.
La Zond 2 probablemente se estrelló contra la superficie de Marte. Contenía un
busto de Lenin para conmemorar el primer «aterrizaje» en Marte.
La Mars 2 entró en órbita en medio de la tempestad de polvo
planetaria por la que también se vio afectada la Mariner 9, una sonda enviada
por Estados Unidos a Marte. Los rusos no tenían forma de reprogramarla. Sus
ordenadores soltaron automáticamente un módulo de aterrizaje en el aluvión de
remolinos. El módulo se estrelló. La favorable versión oficial fue que
consiguió depositar un banderín soviético sobre las arenas de Marte.
La Mars 3, que se enfrentó a la misma tempestad de polvo,
consiguió el primer aterrizaje suave en aquel planeta. Envió veinte segundos de
datos de televisión codificados desde la superficie, luego enmudeció. La teoría
de Sagan era que el paracaídas de la nave, atrapado como un paraguas en la
furiosa tempestad, arrastró la nave horizontalmente hasta que chocó contra
algo. Con los veinte segundos de datos televisivos también hubo algo que salió
mal. Los soviéticos nunca pudieron descifrarlos.
El motor de frenado de la Mars 4 falló. Tampoco llegó al
planeta. La Mars 5 entró en órbita y envió la relativamente escasa cantidad de
sesenta fotos. Al parecer, la intención era que ella y la perdida Mars 4
sirvieran de repetidores para las comunicaciones de las dos sondas siguientes.
La Mars 6 no disponía de módulo orbital y se diseñó únicamente para realizar un
aterrizaje suave. Se estrelló. El módulo de aterrizaje de la Mars 7 se separó
incorrectamente y no llegó al planeta. La profecía que Lederberg hizo en 1957
de que las consideraciones de prestigio nacional provocarían una actitud
temeraria hacia el espacio acabó por resultar acertada.
§. Lester Grinspoon
Sagan se interesó mucho por otra cuestión de prestigio nacional,
la guerra en el sudeste asiático. Cuando paraba para comer, arremetía contra
los despliegues de tropas, la carrera de armas nucleares y las enormes sumas
gastadas en armamento militar[427]. En 1965, como protesta contra la guerra
Sagan dimitió de un Consejo de Asesoramiento Científico de las Fuerzas
Aéreas[428]. Sagan también apoyó el movimiento en favor de los derechos civiles
y la causa de la educación de los afroamericanos. Entre 1963 y 1972 fue
profesor visitante en la Universidad Tuskegee de Alabama, predominantemente
negra, algo insólito para un astrónomo de Harvard. (Es gracias a Sagan por lo
que ahora hay en Marte un cráter llamado Tuskegee[429]).
En una fiesta celebrada a mediados de los años sesenta, Sagan se
quedó en minoría con respecto a Vietnam. Casi todos apoyaban la guerra. Como el
agua y el aceite, las dos facciones se separaron. Sagan se vio arrinconado con,
virtualmente, la única otra persona presente que estaba de acuerdo con él. Se
presentaron.
El otro era Lester Grinspoon, un afable psiquiatra de la
Facultad de Medicina de Harvard con acento bostoniano. Aunque Grinspoon se
había formado como psicoanalista, estaba trabajando en un estudio que sostenía
que las drogas antipsicóticas ayudan a los esquizofrénicos más que las charlas
freudianas. A Sagan le impresionó la integridad de Grinspoon al aceptar este
descubrimiento[430].
* * * *
Carl y Lester no tardaron en hacerse amigos íntimos. A partir de
entonces se sucedieron las visitas de Carl con sus hijos a casa de los
Grinspoon. Pese a sus defectos como padre, Sagan se entendía bien con los
niños. Para el hijo de Lester, David, «el tío Carl» era una figura casi mágica.
«Cuando eres un niño», explica, «muchos adultos son aburridos. Son solo
adultos. Carl era la clase de adulto que te hace querer leer y pensar sobre
cosas intelectuales. Había algo realmente emocionante en la forma en que te
hablaba, como si pudieras comprender cosas complejas[431]».
Por la noche, Carl les contaba a Dorion, Jeremy y los chicos de
los Grinspoon cuentos para dormir sobre las estrellas de neutrones, los
agujeros negros y los viajes en el tiempo. A menudo formaban complejos seriales
que continuaban de visita a visita[432]. Dorion recuerda especialmente una
historia insólita porque no trataba de agujeros negros y cosas así, aunque los
personajes se llamaban Europa, Ganímedes, Calisto e Ío. Se encontraban con una
fila de cuatro árboles idénticos en línea. Lo que aquello significaba, prometió
Carl, se aclararía… en un punto posterior de la historia.
Nunca volvió a mencionar los cuatro árboles en fila. O bien lo
había olvidado, como es típico de los padres ausentes, o bien nunca tuvo la
intención de explicarlo. Había servido para mantener viva la atención de los
chavales. Esta experimentación con los seriales para antes de dormir, sospecha
Dorion, constituye el inicio de la carrera de su padre como divulgador
científico[433].
* * * *
Una cosa que Sagan y Grinspoon tenían en común era la marihuana,
aunque desde puntos de vista bastante divergentes. Sagan formaba parte del
diverso espectro de personas en su mayoría jóvenes que entonces consumían esa
droga. A Grinspoon ese fenómeno le parecía alarmante. Reconocía que había una
falta de credibilidad. Él tenía la idea de montar una auténtica campaña de
escritos científicos contra la marihuana a fin de que los jóvenes, desconfiados
de la clase dirigente, reconocieran los peligros.
En 1967, con su trabajo sobre el estudio de la esquizofrenia
completo, Grinspoon dio comienzo a su investigación sobre el «problema de la
marihuana». Cuando comenzó a indagar en la bibliografía, Grinspoon se encontró
con que su reputación como droga peligrosa era de origen reciente[434].
El cannabis venía usándose desde hacía miles de años como droga
medicinal y recreativa, sobre todo en las culturas no occidentales, pero
también hasta cierto punto en Occidente. George Washington cultivaba cannabis
en su finca, y una anotación en sus diarios parecía insinuar que la cultivaba
tanto por la droga como por la fibra de cáñamo[435]. Sus médicos habían
recetado a la reina Victoria tinturas de cannabis[436]. Los cigarrillos de
marihuana habían sido legales en la mayoría de los estados de EEUU.
Esta aceptación general cambió en los años veinte. La marihuana
se hizo popular entre los braceros mexicanos y los músicos de jazz en el sur.
Los periódicos del sur comenzaron a exagerar los efectos de la marihuana cada
vez que un consumidor cometía un delito. Vendía bien insinuar que el consumo de
una droga no demasiado bien conocida por pobres no blancos llevaba a estos a la
comisión de actos terribles. Como la mayoría de las historias que aparecían en
los periódicos sensacionalistas, esto no se basaba en ningún estudio científico
controlado. Algunas personas que fuman tabaco cometen crímenes horribles; la
pregunta ha de ser: ¿es la droga la causa de que delincan? Pero en los años
treinta, sin haber abordado debidamente la cuestión, la Oficina Federal de
Narcóticos lanzó una «campaña educativa» para informar a la población de los
peligros de la marihuana. Un cambio en la opinión pública llevó en 1937 a la
Ley de Tasación de la Marihuana y luego a la prohibición.
Grinspoon nunca dejó de tener presente a su amigo Carl Sagan.
Carl era la encarnación de la ética del trabajo y del pensamiento concienzudo y
racional: de todo lo que se suponía que un fumador de maría no era[437].
§. El Sr. X
Las investigaciones de Grinspoon acabaron por llevarlo a la
conclusión de que la marihuana es menos peligrosa que el alcohol y el tabaco.
No carece de riesgos, pues toda droga los comporta. Pero la marihuana no es
adictiva, y la probabilidad de una sobredosis es muy baja.
Grinspoon opinaba, por consiguiente, que la marihuana debería
legalizarse. A su juicio, los traumas y los riesgos que causaba la detención de
ciudadanos estadounidenses por posesión de marihuana eran mayores que los que
esta comportaba. Este era un punto de vista radical incluso en los años
sesenta. Timothy Leary seguía proyectando una larga sombra sobre Harvard (se
marchó en 1963) y sobre cualquier doctor de esta universidad que dijera que en
la actualidad las drogas ilegales tal vez no sean tan malas.
Grinspoon publicó sus investigaciones en su libro de 1971,
Marihuana Reconsidered [«La marihuana reconsiderada»]. Mientras redactaba el
libro, Grinspoon nunca probó la droga sobre la que estaba escribiendo. Anticipó
que, tras la publicación del libro, sería llamado a testificar sobre la droga y
que (¡irónicamente!) sus enemigos no podrían usar ninguna experiencia personal
con la marihuana para desacreditarlo[438]. Las experiencias de Sagan con el
cannabis desempeñaron por consiguiente un papel de insólita importancia en la
gestación del libro de Grinspoon.
Un capítulo de Marihuana Reconsidered consiste en extractos de
explicaciones de experiencias con la marihuana escritas por figuras literarias.
Grinspoon pensó que Sagan debía contribuir con un artículo sobre sus propias
experiencias. Sagan accedió con la condición de que se publicara anónimamente.
Grinspoon escribió:
La siguiente biografía es de una fidelidad aproximada. El Sr. X
ejerce la docencia en una de las universidades de máximo nivel en Estados
Unidos, está al frente de una organización que produce importantes nuevos
resultados de investigación y es ampliamente reconocido como uno de los líderes
en su especialidad. Apenas cumplidos los cuarenta años, X ha dado clase en
prácticamente todas las universidades más importantes de Estados Unidos, y sus
libros científicos y divulgativos se han contado entre los más vendidos en su
género. Durante la última década, su productividad no ha dejado de aumentar. Ha
obtenido muchos galardones y premios concedidos por el gobierno, la universidad
y grupos privados, está felizmente casado, tiene esposa e hijos, y pide que se
respete su anonimato.[439]
Seguían las siete páginas de un artículo en el que Sagan contaba
sus experiencias con la marihuana. Con independencia de lo que uno piense sobre
la marihuana o sobre Sagan, es un escrito llamativamente cándido y analítico.
«Mi colocón siempre es reflexivo, pacífico, intelectualmente
fascinante y sociable, a diferencia de la mayoría de los colocones provocados
por el alcohol, y nunca hay resaca», decía Sagan. En aquella época solo
necesitaba un porro para colocarse. En una ocasión se colocó con solo respirar
el humo en un cine en el que alguien estaba fumando. Cerrando los ojos podía
comprobar si se había colocado. Si veía destellos de color o imágenes como de
dibujos animados, la droga estaba haciendo efecto. Estas imágenes con los ojos
cerrados aparecían antes del inicio de alucinaciones con los ojos
abiertos[440]. «Diría que este es un problema de relación señal-ruido»,
escribió, «siendo el nivel de ruido visual muy bajo con los ojos
cerrados[441]».
Sagan propuso igualmente una razón de «teoría de la información»
para el carácter como de dibujos animados de las ráfagas de imágenes con los
ojos cerrados. Como existían durante un momento, solo eran tan detalladas como
podían ser aprehendidas en ese momento: dibujos animados más que imágenes
completamente detalladas[442].
Las imágenes de sus alucinaciones se habían vuelto más complejas
con el tiempo. Al comienzo, las imágenes habían sido inanimadas o, si eran
humanas, mudas como el hombre de la etiqueta de la botella de oporto. Ahora era
frecuente que hubiera interacción humana y múltiples niveles de significado. En
una alucinación vio a dos personas charlando. Cuando hablaban, sus palabras
aparecían alrededor de sus cabezas en letras amarillas. De vez en cuando, una
palabra aparecía en rojo. Las palabras rojas encajaban perfectamente en la
conversación; pero Sagan descubrió que si unía solo las palabras en rojo,
obtenía un mensaje nuevo y diferente que resultaba ser una crítica
brillantemente devastadora contra las dos personas y lo que estaban
diciendo[443].
Una vez colocado, Sagan se sentía saciado y sin ganas de fumar
más. Proponía una regla matemática para medir el potencial de abuso de una
droga recreativa. La definía como el tiempo requerido para que una dosis de
droga haga efecto dividido entre la cantidad de tiempo que costaría consumir
una dosis peligrosa. Para la marihuana este cociente es bajo, por cuanto una
calada a un cigarrillo «pone» casi inmediatamente y harían falta muchos
cigarrillos para que un consumidor enfermara. Un cociente bajo es condición
sine qua non para una droga recreacional segura, razonaba Sagan.
«Cuando el cannabis se legalice», escribió Sagan, «espero ver
este cociente como uno de los parámetros impresos en la cajetilla. Espero que
no falte mucho para que ese momento llegue; la ilegalidad del cannabis es
escandalosa, un impedimento a la utilización plena de una droga que ayuda a
producir la serenidad y la perspicacia, la sensibilidad y la fraternidad que
tan desesperadamente se necesita en este mundo cada vez más demencial y
peligroso[444]».
§. Lo numinoso
Según Sagan, la droga potenciaba todas las formas de experiencia
sensorial. Experiencias mundanas como comerse una patata asada podían
convertirse en mágicas por efecto de la droga. Esto lo producía no la
alucinación, sino un estado de consciencia en el que él era consciente de
matices y trasfondos de las percepciones normalmente inadvertidos.
Al oír música clásica colocado, Sagan fue por primera vez capaz
de oír las distintas partes de una armonía tripartita y de apreciar el
contrapunto cabalmente. Esta perspicacia no lo abandonaba cuando no estaba bajo
los efectos de la droga. También pasaba mucho tiempo contemplando
reproducciones de arte. Alguien intrigado por los otros mundos como Sagan,
sintió una afinidad con los cuadros del surrealista francés Yves Tanguy, con
espeluznantes paisajes de rocas y pedruscos apilados en una playa arcillosa elevándose
hacia un cielo arcilloso sin horizonte[445]. Sagan realizó el experimento
natural de practicar sexo bajo la influencia de la droga. Informó de que «el
cannabis también potencia el disfrute del sexo: por un lado, dota de una
sensibilidad exquisita, pero por otro pospone el orgasmo: en parte
distrayéndome con la profusión de imágenes que pasan ante mis ojos». El orgasmo
mismo se prolongó mucho, o así pareció suceder[446].
Durante sus vacaciones de invierno en el Caribe, a veces Sagan
se colocaba antes de sumergirse en la caleidoscópica belleza del arrecife. Una
de esas experiencias culminó en un largo rato, adrede agotador, de natación.
Sagan salió arrastrándose del agua caliente como la sangre y se desplomó. A su
alrededor todo eran cornamentas y retazos de coral levantados por tempestades y
lanzados contra la playa[447]. Con la percepción magnificada del cannabis, esta
escena adquirió profundas dimensiones. Pudo percibir que estaba en un cuadro de
Tanguy, un reluciente mundo de retazos de coral de color pastel[448].
Las experiencias de Sagan con la droga eran a menudo de carácter
numinoso. «No me considero una persona religiosa en el sentido habitual»,
escribió, «pero algunos colocones tienen un aspecto religioso. La acentuada
sensibilidad en todas las áreas me produce una sensación de comunión con mi
entorno, tanto animado como inanimado. A veces me asalta una especie de
percepción existencial del absurdo, y veo con horrible certeza las hipocresías
y las poses mías y de mis colegas[449]».
§. Curvas de Gauss
De las experiencias de Sagan con el cannabis, la más singular la
vivió haciendo ciencia. «He hecho un esfuerzo consciente para pensar, mientras
estaba colocado, en unos cuantos problemas actuales de mi especialidad que son
particularmente difíciles», escribió. «Funciona, al menos hasta cierto punto.
Me encuentro con que me puedo concentrar, por ejemplo, en una serie de hechos
experimentales relevantes que parecen mutuamente incoherentes». Sagan citaba
«una posibilidad muy extraña, que estoy seguro de que nunca se me habría
ocurrido», mencionada en un artículo científico[450].
Grinspoon afirma que Sagan creía sinceramente que muchas de sus
inspiraciones científicas se las debía a la influencia de la droga[451]. Tras
la publicación de La marihuana reconsiderada, a Grinspoon le enviaban marihuana
como regalo no solicitado. En una ocasión, alguien le mandó una dosis
especialmente potente. «Tienes que pasármela», le dijo Sagan a Grinspoon, solo
bromeando a medias. «Tengo trabajo que hacer[452]».
El empleo de drogas para potenciar el proceso creativo no es
raro en las artes. Desde Allen Ginsberg hasta Stephen Sondheim, ha habido
escritores que han atribuido al cannabis la inspiración de sus mejores
obras[453]. En las ciencias puras, sin embargo, esto no es habitual. Hay que
suponer que la droga solo podía amplificar talentos ya presentes en Sagan, en
particular su célebre capacidad para enfocar los problemas desde perspectivas
novedosas. Sagan utilizaba la droga para generar ideas «locas», y luego la
sobria razón para examinar y discernirlas escépticamente. Por supuesto, lo que
valida las ideas científicas es su capacidad para explicar las pruebas mejor
que las teorías rivales. Una hipótesis verificada es independiente de su
origen.
Las inspiraciones no se limitaban a la astronomía. En una
ocasión, mientras se hallaba en la ducha bajo los efectos de la droga a Sagan
se le ocurrió una profunda explicación de los orígenes del racismo. Se trataba
de una elegante refutación de la mentalidad racista. La explicación era de
naturaleza matemática. Tenía algo que ver con las curvas de distribución de
Gauss.
Sagan consideró imperativo que recordara y difundiera la idea.
Sabía por experiencia que tenía que anotar la idea, o se le olvidaría. En la
ducha no había nada con que escribir. Cogió una pastilla de jabón y se puso a
dibujar frenéticamente con ella curvas de Gauss en la pared.
Una vez fuera de la ducha, se dispuso a reducir su gran
intuición a la forma lógica y lineal que su yo «normal» podía comprender.
Mientras sus palabras tomaban forma sobre el papel, otras ideas igualmente
brillantes se disputaban su atención. Tras una febril hora, había escrito once
breves ensayos en los que abordaba muchos de los grandes problemas sociales,
políticos y filosóficos del mundo. Al día siguiente, Sagan releyó en frío los
ensayos. Consideró que la mayoría de las ideas eran sólidas. En las semanas
siguientes mencionó algunas de estas ideas a colegas suyos. Las reacciones de
estos fueron favorables. Luego empleó muchas de esas ideas en sus clases y en
sus libros[454].
* * * *
Sagan prestó mucha atención a la forma en que mejor podría
conservar las intuiciones inducidas por la droga y traducirlas a su habitual
estructura consciente. Necesitaba una copia fiel, y una minicassette parecía lo
que mejor funcionaría. Cuando se encontraba entre un grupo de personas, se
disculpaba para retirarse a un rincón apartado en el que grababa sus
pensamientos[455].
El dictado de estas notas tenía un reconocido regusto al Dr.
Jeckyll y Mr. Hyde. «Tenía una sensación muy precisa de que estos sentimientos
y percepciones, anotados informalmente, no resistirían el habitual escrutinio
crítico que impongo a mi trabajo como científico», escribió Sagan. «Si por la
mañana me encuentro con un mensaje de la noche anterior en el que me informo a
mí mismo de que en torno a nosotros hay un mundo que apenas percibimos o de que
podemos devenir uno con el universo, o incluso de que ciertos políticos son
hombres desesperadamente asustados, tal vez tienda a la descreencia; pero
cuando estoy colocado sé de esta descreencia[456]».
El Sagan colocado tenía por consiguiente que convencer al Sagan
normal de que sabía de lo que hablaba. Las proezas de memoria demostraban la
fortaleza mental del Sagan colocado. Gracias al cannabis, Sagan pudo
reconstruir acontecimientos de la infancia que en su momento no había
comprendido del todo, recordar el nombre de un compañero de clase que hacía
mucho tiempo que había olvidado o describir al detalle la tipografía y la
encuadernación de un libro que se hallaba en otra habitación. Estos recuerdos,
registrados en las anotaciones, podían comprobarse, y por lo general resultaban
exactos.
Cuando esta lógica fallaba, quedaba la intimidación. Una cinta
reprendía al yo de todos los días: « ¡Escucha bien, hijoputa de la mañana!
¡Esto es real!».
* * * *
La primera carta que Grinspoon recibió de un lector de su libro
comenzaba así: « ¡Tú, sucio judío de Harvard!»[457]. La comunidad científica
recibió mejor La marihuana reconsiderada, aunque por supuesto sus tesis
incomodaron a muchos ciudadanos estadounidenses. Hoy en día, el libro es
considerado como la biblia del movimiento en favor de la legalización de la
marihuana, y a Grinspoon se lo conoce sobre todo por su siempre polémica
defensa de ese movimiento.
Con el paso de los años, se hizo evidente que los últimos años
sesenta habían marcado el cenit de la tolerancia hacia el cannabis y las drogas
recreativas en Estados Unidos. Grinspoon cumplió su promesa de mantener en
secreto la identidad del «Señor X» hasta el fallecimiento de Sagan. Por mucho
que él creyera que los adultos tienen derecho a consumir una droga que les hace
sentirse bien, Sagan era consciente de lo contrario que esto era a las
opiniones de la mayoría de los demás estadounidenses. En una ocasión, Grinspoon
escribió para el New York Times un artículo en el que comentaba que la
marihuana la consumían personas de cualquier profesión y condición. Seguía a la
frase una larga lista de profesiones. Entre ellas estaban los astrónomos.
Incluso esa mención molestó a Sagan[458]. Sobre el manejo de la droga era
circunspecto. Una vez, hacia el final de un crucero por el Pacífico Sur con los
Grinspoon, Carl insistió en que todos los restos de droga se lanzaran por la
borda… lastrados con un cenicero de la naviera[459].
§. 2001
Sobre el no tan polémico (?) tema de la vida extraterrestre,
Sagan estaba adquiriendo mucho protagonismo en los medios de comunicación.
Concedió más entrevistas a la prensa escrita y no escrita. Aconsejó sobre el
libro de 1966 Planets [«Planetas»], un volumen de una serie de libros de
ciencia ilustrados publicada por Time-Life. Sobre los platillos volantes
escribió un artículo escéptico para la Saturday Review (6 de agosto de 1966) y
en diciembre de 1967 otro sobre Marte para la National Geographic. Los dos son
textos interesantes, ya en el estilo maduro de Sagan. Sagan era, como dijo un
periodista, el «inconsciente colectivo» de la comunidad científica, siempre con
ganas de hablar sobre el tabú de la vida alienígena[460].
El artículo para la National Geographic incluía la concepción
que de la vida en Marte tenía un artista. Atribuido al artista Douglas Chaffee
«con asesoramiento del autor», constituye un documento de lo que Sagan debía de
esperar o imaginar que las sondas Viking tal vez descubrieran una década
después. Una de las criaturas descritas parece un montón de burbujas
gelatinosas con tentáculos saliéndoles por debajo. El pie de foto explicaba que
las burbujas son una «concha vítrea» que protege a la criatura de la luz
ultravioleta. Ya era evidente que la inclemente radiación ultravioleta era un
formidable impedimento para los marcianos de cualquier clase. La criatura de
las burbujas pace en «un terreno musgoso»: al parecer, el musgo había
sustituido a los líquenes. De otras plantas brotan esferas perfectas de
cristal, parecidas a las del Jardín de las delicias del Bosco. También se ven
grandes plantas, parecidas a alcachofas, que «han desarrollado una tolerancia a
los rayos ultravioletas[461]».
Como consecuencia de todo esto, Sagan se convirtió, para los
medios de comunicación y el público en general, en el máximo experto en vida
extraterrestre. Como también era amigo de Arthur C. Clarke, este pidió consejo
a Sagan sobre la producción de 2001: Odisea del espacio.
Sagan y Clarke conocieron al director Stanley Kubrick en el
ático que este tenía en Nueva York. La película ya se hallaba en fase de
producción, aunque todavía estaban tratando de decidirse por un final. Kubrick
enseñó a Sagan lo que tenían. Había secuencias de un vehículo espacial
aproximándose a una de las lunas de Júpiter. A medida que se acercaba, se
revelaba que esa luna no era un satélite natural, sino una estructura
artificial. En el satélite había un agujero nítidamente recortado, a través del
cual se veían estrellas. La luna era en realidad una puerta que llevaba a otra
parte del universo. El vehículo espacial atravesaba el agujero y acababa en un
sistema solar alienígena.
Hasta ahí habían llegado Clarke y Kubrick. Sabían que ellos
deseaban el encuentro de los humanos con los alienígenas. No estaban seguros de
lo que pasaría entonces. Tampoco estaban seguros de qué aspecto deberían tener
los alienígenas. Querían la opinión de Sagan sobre eso.
Sagan respondió que no se parecerían a los humanos en cuanto al
aspecto físico. Cualquier cosa que él, o Kubrick o un maquillador imaginaran
sería errónea. Se parecería demasiado a alguna forma de vida terrestre[462].
El tono zen de esta respuesta da a entender que los directores
de cine rara vez consultan a los científicos. Kubrick optó por no mostrar
alienígenas… sea porque Sagan lo convenciera o porque se quedara sin dinero.
Ambas explicaciones forman parte del folclore cinematográfico[463]. Kubrick sí
experimentó y luego rechazó descripciones de los extraterrestres tan
imaginativas como un bailarín vestido con mallas negras con lunares blancos
filmado sobre un fondo negro[464].
Para hacer creíble la película, los productores rodaron, con
fines promocionales, entrevistas con varios científicos prominentes. Cuando
solicitaron su participación, Sagan preguntó cuánto dinero pagaban. Le
contestaron que nada. Sagan se negó a que lo entrevistaran[465].
(Los avistamientos de ovnis que aparecían en los noticiarios
llevaron a Kubrick a intentar suscribir con Lloyd’s de Londres un seguro contra
la posibilidad de que se descubrieran alienígenas auténticos que convirtieran
en obsoleta su película. Lloyd’s no aceptó. Sagan estaba convencido de que la
aseguradora se equivocó gravemente[466]).
§. La rueda de la fortuna
La carrera cada vez más pública de Sagan no pasó desapercibida
en Harvard. «Entre los astrónomos veteranos y entre algunos estudiantes de
posgrado había cierto enfado», recuerda Berendzen. «Carl era mucho más joven y
mucho más directo que los demás profesores, y se ocupaba de cosas mucho más
polémicas. No todo era negativo, sino solo que el tema era muy inusual.
Nosotros estábamos acostumbrados a estudiar la estructura galáctica, los
interiores estelares, esa clase de cosas. Esto era mucho más especulativo.
Estaba en el borde[467]».
Pero el interés más acuciante de Sagan era la exobiología. Esta
disciplina tenía sus críticos, y muchos de ellos estaban en Harvard. La
imputación más repetida era que la exobiología era una ciencia sobre nada, una
disciplina sin objetos con los que experimentar[468]. El paleontólogo de
Harvard Gaylord Simpson se quejaba de que no podía compartir la euforia de
«ciertos biólogos (algunos de ellos ahora ex biólogos convertidos en
exobiólogos)» en relación con el descubrimiento de vida fuera de la Tierra[469].
El astrónomo David Layzer dijo de la exobiología: «Sus especulaciones no pueden
confirmarse ni mediante observaciones ni mediante experimentos, y por tanto no
es una ciencia; carece de datos. Solo parece una ciencia[470]».
Siendo duras como eran estas palabras, en la comunidad de
Harvard coexistían facciones favorables y contrarias a la exobiología, como en
una gran familia felizmente peleándose. Simpson era suegro de Wolf Vishniac.
Layzer mantenía relaciones de buena vecindad con Carl y Lynn; sus hijos jugaban
con Dorion y Jeremy[471].
Por su parte, Fred Whipple estaba ansioso por hacer de Sagan un
profesor titular. A mediados de los años sesenta, el Departamento de Astronomía
de Harvard solo tenía unos siete profesores titulares. Tres de ellos eran
Whipple, Donald Menzel y Bart Bok, todos ellos astrónomos famosos. Los
profesores no titulares suponían que tras una espera de siete u ocho años se
les podría considerar candidatos a la titularidad. Pocos alcanzaban la
titularidad mucho antes de cumplir los cuarenta. A sus treinta y dos años, Sagan
iba por el carril rápido[472].
* * * *
Entonces, un buen día la rueda de la fortuna cambió de
dirección, repentina e inexplicablemente. Whipple guardó silencio sobre los
detalles. A Sagan solo se le dio a entender que ya no podía aspirar a la
titularidad en Harvard. El asunto lo humilló —y desconcertó— tanto que apenas
lo habló con amigos tan íntimos como Berendzen y Grinspoon. Otros advirtieron,
con retraso, que Whipple dejó de hablar del ascenso de Sagan en las reuniones
de la facultad, y se preguntaban qué había pasado con su antiguo protegido.
Un académico al que se niega la titularidad es «mercancía
dañada». El estigma es tan grande que quienes sospechan que no obtendrán la
titularidad a veces se marchan por iniciativa propia a fin de evitar la
vergüenza de una denegación. A Sagan, habría que hacer hincapié en ello, no se
le había denegado la titularidad. Su candidatura ni siquiera había llegado a
ese punto. Como hombre de intensa ambición, sin embargo, no se podía quedar en
Harvard. En marzo de 1967 estaba sondeando las posibilidades de encontrar
trabajo en otro lugar.
El MIT era una opción obvia. Estaba a una distancia de donde él
ya vivía (con Linda Salzman) que podía cubrir a pie. En el MIT, además,
trabajaba su amigo Philip Morrison. Aunque el MIT no tenía un Departamento de
Astronomía propiamente dicho, sus programas de ciencias de la Tierra y
planetarias eran de primer nivel. Un físico del MIT, Bruno Rossi, había fundado
la astronomía de rayos X.
Entonces, de un modo igual de repentino y misterioso, el interés
del MIT por Sagan se enfrió. La mala estrella que lo perseguía era visible en
todo Cambridge[473].
§ .Mientras las ciudades ardían
Había más malas noticias. Sagan era asesor de la ambiciosa
misión de aterrizaje en Marte de la NASA conocida como Voyager. Se suponía que
llevaría a cabo los experimentos de biología robóticamente controlados en los
que estaban trabajando personas como Vishniac y Lederberg. También contaría con
un todoterreno para explorar el suelo marciano. El precio se calculaba en 2.400
millones de dólares.
En el verano de 1967, el Congreso debatió las asignaciones a la
Voyager. Las tensiones raciales y los sentimientos antibelicistas
desencadenaron violentas manifestaciones en setenta y siete ciudades de EEUU.
Los grandiosos programas espaciales parecían irrelevantes cuando las ciudades
del país ardían en llamas y las confrontaciones asolaban los campus. Las
encuestas decían que la población ya no estaba interesada en costosos programas
espaciales. « ¿De qué le servirá a este país», preguntó el alcalde de Detroit,
Jerome P. Cavanaugh, «si […] en 1970 ponemos un hombre en la Luna al mismo
tiempo que en esta ciudad no se puede andar por la avenida Woodward sin miedo a
la violencia?»[474].
Sin embargo, la Voyager podría haber evitado el recorte de no
haber coincidido con una época extraordinariamente inoportuna. Mientras las
ciudades ardían, la NASA solicitaba de sus contratistas propuestas de misiones
tripuladas a Marte y Venus. El Congreso estaba escandalizado. A algunos les
pareció que la Voyager había sido un simulacro de viaje de personas a Marte… y
a la sartén de Venus. El Congreso se negó a votar que se siguiera financiando
la Voyager, con lo que mató el programa.
La cancelación supuso para Sagan el fin de un trabajo de
consultoría, y dejó a la NASA sin planes de misiones planetarias. La renuencia
del Congreso a apoyar nuevas misiones no menguó en los años siguientes. Para
Sagan, que tanto había apostado por una misión para encontrar vida en Marte,
fue una época de ansiedad.
§. Tommy Gold
Siguió buscando trabajo. La Universidad Cornell estaba por
entonces formando un Departamento de Astronomía de primer nivel bajo la
dirección de Thomas Gold. Gold había conocido a Sagan en congresos sobre el
espacio y la exobiología, y siempre le había impresionado.
Gold, nacido en Viena, era un hombre muy atildado que «lleva su
renombre con la misma corrección que sus trajes de tweed[475]». Su acento era
una amalgama de Viena, Cambridge y Estados Unidos. En 1959, Gold se trasladó a
Cornell a fin de supervisar la construcción del Observatorio de radio de
Arecibo y formar un equipo de profesores de astronomía.
Famoso por su egotismo, a Gold todo el mundo lo conocía como
«Tommy». «A la hora de escoger una hipótesis», rezaba una de las máximas de
Gold, «no hay virtud alguna en ser tímido». Estaba a favor de la ciencia de
alto riesgo: las ideas novedosas y espectaculares probablemente equivocadas y
seguramente calificadas de demenciales. Pero si eran acertadas, serían de una
importancia de primer orden[476].
Al principio, Gold se hizo famoso como coautor de una de esas
ideas, la teoría del estado estacionario. Presentada en oposición a la del big
bang, fue la teoría cosmológica errónea más famosa del siglo.
Gold compartía con Sagan el interés en la vida extraterrestre.
Aunque por accidente, Cornell ocupaba una posición central en el campo de la
SETI. Fue en Cornell donde Cocconi y Morrison habían escrito su artículo
clásico. Frank Drake estaba entonces en Cornell, y tan decidido como Gold a
reclutar a Sagan.
Como Sagan, Gold era un científico mediático. Durante la era de
la Apolo, también fue una figura habitual en la cobertura televisiva de los
temas espaciales a la que con frecuencia se veía blandiendo una ampolla de
polvo lunar simulado. El polvo era de color cacao y tan fino que los granos
eran invisibles. Gold teorizó audazmente que la Luna estaba cubierta por un
fino polvo como aquel, que en algunos lugares alcanzaba una profundidad de
hasta más de un kilómetro y medio. Los astronautas que se atrevieran a
aventurarse por la superficie lunar podían hundirse en unas arenas movedizas
liofilizadas de las que nunca más saldrían. Cuando Gold agitaba su ampolla, el
sucedáneo de polvo se movía como un líquido.
* * * *
Cuando se enteró de que Sagan estaba dispuesto a dejar Harvard,
Gold se dirigió a Dale Corson, el rector de Cornell. Vendió a Sagan como un
brillante astrónomo planetario en ascenso, una especie rara. Solo había un
inconveniente, añadió Gold: el Departamento de Astronomía no tenía dinero para
contratarlo[477].
Para Corson aquella constituía una rutina habitual. Sabía que
los jefes de departamento preferían alegar pobreza y gastar el dinero de otro…
reservando los fondos del departamento para cosas que la universidad tal vez no
aprobara tan rápidamente. Gold por su parte sabía que Sagan era lo bastante
valioso para que Cornell consiguiera el dinero si se la presionaba. Le prometió
a Corson: «No te arrepentirás[478]».
* * * *
Con la línea de crédito en la mano, Gold invitó a Sagan a
Cornell para que echara un vistazo. Lo llevó al Parque Estatal Treman, uno de
los lugares favoritos de Gold que a Sagan le pareció igual de encantador. Era
tan hermoso como un parque nacional. En Cambridge no había nada tan verde y tan
próximo a la ciudad[479].
Gold le dijo a Sagan que, para empezar, Cornell podía ofrecerle
un puesto de profesor adjunto. La titularidad la alcanzaría en un par de años.
Sagan, negociador duro e imaginativo, dijo que deseaba continuar con sus
experimentos sobre el origen de la vida y contratar adjuntos de Harvard. Pidió
disponer de su propio laboratorio.
Ninguno de los demás astrónomos de Cornell tenía un laboratorio.
El tipo de trabajo que Sagan estaba haciendo solían hacerlo los químicos y los
biólogos. Gold no dejó que aquello fuera un obstáculo. El acuerdo se cerró, y
Sagan consiguió su laboratorio. Se lo llamó el Laboratorio de Estudios
Planetarios, con Sagan efectivamente como director vitalicio.
§. Los hombrecillos verdes
En febrero de 1968, mientras Sagan estaba acabando su trabajo en
Harvard, hubo otra detección espuria de «señales» alienígenas. Jocelyn Bell,
una estudiante de posgrado en Cambridge, estaba elaborando una tesis sobre el
centelleo interplanetario. Sus registradores de gráficos mostraban un
inexplicable pulso regular, uno cada 1.3 segundos. No tardaron en encontrarse
otras fuentes similares. Los astrónomos de Cambridge dieron en llamar a las
fuentes LGM, siglas en inglés de hombrecillos verdes (Little Green Men). Cuando
hablaban para la prensa, llevaban cuidado en añadir que LGM era una broma.
Para Sagan no se trataba de ninguna broma. Él creía que era
posible que los pulsos fueran señales inteligentes. Los pulsos eran
asombrosamente regulares. La rotación y la revolución de los cuerpos celestes
mostraban exactamente la misma regularidad. Pero las revoluciones de los
cuerpos celestes normalmente tardaban años; las rotaciones tardaban días. Para
que una estrella que emitía pulsaciones cada 1.3 segundos se mantuviera
sincronizada, tendría que ser lo bastante compacta para que señales que viajaban
a la velocidad de la luz atravesaran su diámetro en un segundo. De lo
contrario, un extremo del objeto no tendría manera de permanecer en fase con el
otro extremo. Las fuentes por consiguiente tendrían que tener un diámetro de
menos de un segundo luz (299.800 kilómetros), o probablemente mucho, mucho más
pequeño; es decir, más pequeño que las estrellas más pequeñas, más pequeño que
un planeta. Una cosa que cumpliría ese requisito es una estación radioemisora
alienígena[480].
Una de las razones por las que los astrónomos eran reacios a
creer que habían detectado señales extraterrestres fue el hallazgo de otras
fuentes LGM. No era posible que todo el cielo estuviera lleno de señales
extraterrestres, pensaban. A Sagan, consciente de las generosas cifras
predichas por la ecuación de Drake, eso no le parecía una objeción de mucho
peso.
Tampoco a Frank Drake, víctima de ironías especialmente crueles.
Por entonces era director de Arecibo, el mayor y mejor radiotelescopio del
mundo, en las colinas de Puerto Rico. Pero Arecibo no era capaz de recibir en
la frecuencia de las fuentes. Los pulsos LGM estaban en la banda reservada para
las emisiones televisivas. Drake fue a un establecimiento de la cadena de
grandes almacenes Sears en Puerto Rico y se compró la antena de televisión más
grande que tenían. Le costó 30 dólares. La cargó en su automóvil, la llevó al
observatorio y la enganchó a la enorme parabólica[481].
Tommy Gold convino en que cualquier cosa que emitiera una
pulsación por segundo tenía que ser muy pequeña. Pero Gold sospechaba que las
fuentes eran estrellas de neutrones, una idea teórica que Chandrasekhar había
sido el primero en proponer. Las estrellas de neutrones serían tan pequeñas y
oscuras que nadie esperaba observarlas. ¿Y si, preguntó Gold, las estrellas de
neutrones, pequeñas y de rápida rotación, emitieran potentes ondas de radio
desde ciertos puntos de sus superficies? Entonces los pulsos de radio podrían
detectarse una vez cada segundo, cada vez que la estrella rotara. Era tan
demencial como cualquier idea que a Gold se le hubiera ocurrido jamás. Era,
también, correcta
§. Una boda judía
El día de Nochevieja, Linda dio a Carl un ultimátum: o se casaba
con ella o abandonaba el apartamento que compartían. Carl optó por el
matrimonio. Para su boda escogieron el 6 de abril de 1968. Linda no cedió en su
deseo de una ceremonia judía tradicional. Carl prefería algo lo más irreligioso
posible[482].
Ronald Blum encuentra paradójico que Sagan fuera una «persona
intensamente judía» —típica de Brooklyn, con su amor por las palabras y las
discusiones—, y sin embargo «yo no le recuerdo ni una sola cosa relacionada con
su condición de judío. En eso era un agujero negro[483]». Los orígenes de Sagan
desempeñaron aparentemente un papel importante en la forma en que se dedicaba
al trabajo, escogía esposas y, tal vez, escribía ciencia ficción. (Los
humanoides sin ombligo de Sagan es más fácil interpretarlos como una metáfora
de los judíos que como extraterrestres verosímiles. La novela que escribió más
tarde, Contact, establece una analogía entre la experiencia de los inmigrantes
judíos y el contacto extraterrestre). Pero la etnicidad de Sagan era algo sobre
lo que él por lo general mantenía la discreción. Incluso en la cima de su fama,
algunos de los lectores de Sagan se sorprendían al enterarse de su linaje
judío[484].
Carl y Linda llegaron al acuerdo de consenso de que un rabino
celebrara su boda en la capilla del MIT, un modernista cilindro de Eero
Saarinen verdaderamente aconfesional. En el centro del cilindro hay un cubo de
mármol y una extraña y abstracta pantalla de metal que de lejos evoca los
transportadores de Star Trek[485].
El rabino propuso leer un pasaje del Génesis durante la
ceremonia. Sagan intentó convencer al rabino de que mencionara el big
bang[486].
El banquete tuvo lugar alrededor de la piscina en casa de los
Grinspoon[487]. Rachel Sagan recibió a Isaac Asimov con la pregunta: « ¿Y cómo
están sus nietos, doctor Asimov?».
Asimov tenía cuarenta y ocho años, y su vanidad con respecto a
la edad no era del todo fingida. «Yo no soy abuelo», contestó.
«No hay nada malo en ser abuelo», dijo Rachel.
«Sin duda. Solo que yo no lo soy.»
«Mi marido y yo no hemos sido nunca tan felices como desde que
tenemos nietos.»
« ¡Mire!», le espetó Asimov, « ¡por mí puede ser usted tan feliz
como quiera, pero yo no soy abuelo!». Su mujer, Gertrude, tuvo el buen sentido
de llevárselo a rastras[488].
* * * *
Carl y Linda fueron de luna de miel a Portugal y luego se
instalaron en Ithaca. Dejaron Cambridge sin saber todavía por qué a Carl no le
habían concedido la titularidad en Harvard. Carl tenía una teoría. Había dado
consejos a la delegación de los Estudiantes por una Sociedad Democrática en
Harvard. Preguntó a Lester Grinspoon si creía que podría haber tenido algo que
ver con eso. Lester lo juzgó improbable[489]
Conforme pasaron los años y la fama de Sagan aumentó, se forjó
un mito para explicar este traspié en la carrera de Sagan… sin que a ello
contribuyera mucho Sagan, que al principio se mostró tan desconcertado como el
que más y, luego, optó por callar. Se alegaba que Sagan era demasiado «vistoso»
para Harvard. Se inventó una relación del tipo Mozart-Salieri entre el joven y
carismático Sagan y los aburridos y viejos catedráticos que bizqueaban ante los
oculares de sus telescopios. Se llegó a decir que Sagan era un mártir de la
exobiología. Una revista informó de un rumor según el cual Sagan mismo
sospechaba que David Layzer había vetado su titularidad (además del firme
mentís de Layzer). En realidad, a Layzer le sorprendió como al que más lo
sucedido[490].
Años más tarde, Fred Whipple dudó si decirle a Sagan la razón de
su caída en desgracia en Harvard. Finalmente, decidió guardar silencio. Pero la
esposa de Whipple, Babette, pensó que era mejor decírselo a Carl… para que Carl
comprendiera que no había sido por culpa de nadie de Harvard[491].
Capítulo 6
Ithaca
1968-1976
Contenido:
§. La ciudad sin mal gusto
§. Astronomía 101
§. Timothy Leary
§. Estudiante radical
§. Contaminación de vuelta
§. La amenaza de Andrómeda
§. El Hospital General de Massachusetts
§. Polvo lunar
§. Un platillo volante con ribetes
§. Abducción alienígena
§. Folie à deux
§. Mensaje en una botella
§. Pornografía en el espacio
§. Viva Zapata
§. Viking
§. Zapatos para Shklovski
§. Las vertiginosas lunas de Barsoom
§. Galletita de la fortuna
§. El oso Smokey
§. La teoría de la condensación
§. El comodín
§. Desayuno armenio
§. La vida con los !Kung
§. La Edad de Oro
§. Los boy scouts
§. La Tierra prima
§. Medios y mensajes
§. Una tempestad en Marte
§. Descenso del Zambeze
§. Un rayo en una botella
§. La paradoja del joven Sol débil
§. Hacia el norte
§. Arenas movedizas
§. Der Führer
§. Gran Pájaro
§. Bora Bora
§. Mentor y Némesis
§. El poeta guatemalteco
§. Rolling Stone
§. «Demasiado fiel a Marte»
§. Gran solo a tumba abierta
§. Muerte de un exobiólogo
§. Osos polares
§. Bruce Murray
§. Tienda de mascotas
§. Ann Druyan
§. Utilización como extraterrestre
§. «Hagámoslo»
§. Optimistas disparatados
§. Defección
§. Ajedrez suicida
§. Cuenta atrás
§. Vida en las nubes
A Cornell se la suele considerar, y sin mucha competencia, la de
paisaje más llamativo entre las universidades de la Ivy League[492]. Situada en
Ithaca, cerca de la zona vitivinícola de los Finger Lakes[493], la universidad
se extiende por una ladera que desciende espectacularmente hasta el lago
Cayuga. Es un campus de pintorescos edificios neorrománicos y neogóticos
victorianos; de jardines, árboles de hoja perenne, estatuas y perros sueltos
(se dice que un millonario excéntrico supeditó su obra de beneficencia al
reconocimiento del derecho de los canes a vagar libremente todo el tiempo). El
edificio insignia, el que aparece en postales y tazas, es el campanario de la
Biblioteca Uris, cuyo carillón da un concierto tres veces cada día. Este muchas
veces termina con el fastidiosamente consabido «Muy por encima de las aguas de
Cayuga», el himno universitario descaradamente robado por universidades de toda
la nación.
§. La ciudad sin mal gusto
Ithaca es una ciudad sin mal gusto. El visitante se ve
sorprendido por la sobrecogedora perfección, diríase suiza, del lugar. Todas
las casas parecen acabadas de pintar, todos los céspedes acabados de segar y
desmalezar. Nadie tiene un oxidado vehículo de recreo en su patio delantero. Ni
la riqueza ni la opulencia se muestran demasiado. La que se anuncia a sí misma
como «la ciudad más ilustrada de Estados Unidos», casi no tiene industria
aparte de la educación superior y el apoyo a los que disfrutan de ella. Los que
realizan los trabajos peor pagados son estudiantes de Cornell. Los que regentan
restaurantes, tintorerías o gasolineras parecen eruditos sin portafolios,
atraídos por el clima intelectual.
En un radio de apenas 15 kilómetros en torno al centro de Ithaca
se encuentran 150 saltos de agua. La zona concentra tal diversidad de vistas,
que en la segunda década del siglo XX hubo un fugaz intento de crear una
industria cinematográfica en Ithaca. Francis X. Bushman y Lionel Barrymore
rodaron películas allí, y algunos de los colegios mayores de Cornell eran
antiguas mansiones de estrellas del cine mudo.
A Sagan (que pasó la mayor parte de su vida adulta allí) le
parecía que Ithaca estaba «centralmente aislada». «No es casualidad que por
allí se dejen caer muchas personas», dijo Sagan a un periodista local, y
añadió: «si no hiciera muchos viajes, podría volverme loco». Es una ciudad muy
tranquila, dicen que muy saludable para los escritores[494].
Si un inconveniente tiene, es el clima… aunque el factor se
aduce con entusiasmo en sentidos opuestos. La región tiene gloriosos junios de
bosques frondosos y largos inviernos en los que las nubes pueden ocultar el Sol
durante semanas. «Ithaca, a Dios gracias, no está en el cinturón de nieve»,
insiste un folleto para estudiantes de Cornell que sitúa el cinturón de nieve a
gran distancia alrededor de Buffalo[495]. La tradición del campus sostiene que
la tasa de suicidios es una de las más altas, con los espléndidos y letales
desfiladeros ofreciendo amplias oportunidades para espectaculares adioses. En
el Departamento de Astronomía de Cornell, la prerrogativa de pasar el invierno
en el tropical Arecibo era una auténtica ganga.
* * * *
Carl y Linda se instalaron en una casa alquilada en el número
1013 de Triphammer Road[496], en una agradable zona boscosa al norte del
campus. Linda y el amigo de Pollack, Bill Gile, decoraron el hogar de los Sagan
con mobiliario «cómodo y moderno», en su mayor parte comprado en excursiones a
Bloomingdale’s en Nueva York[497].
Los Sagan estaban ardientemente enamorados y eran físicamente
efusivos. En el tiempo que podía quedar entre el amor y el trabajo, apreciaban
la buena comida. Sus armarios estaban constantemente llenos de cosas caras o
raras compradas a capricho[498]. Para Carl, los fogones y lavaplatos eran
«objetos extraños[499]», pero Linda preparaba ambiciosas recetas de gourmet lo
mismo que platos sustanciosos como asados de ternera y pastel de
chocolate[500]. El chocolate desde luego se consumía en grandes cantidades. El
hombre que limpiaba la casa de la pareja recuerda que se encontraba migas de
galletas de chocolate en todas partes, incluida la cama[501].
La actitud de Linda hacia las tareas del hogar era la misma que
la de Carl: que lo haga otro. Ambos dejaban sus efectos personales por toda la
casa. Periódicamente, un limpiador reducía el caos. Cada visita de los padres
de Carl era precedida por una campaña especialmente vigorosa de limpieza. Linda
organizaba comidas especiales a fin de impresionar a Samuel y Rachel. Un plato
de bocadillos a la plancha impresionó muy desfavorablemente a Rachel. «Si yo
los hubiese pedido en un restaurante», le dijo a su nuera, «los habría devuelto
en el acto». El pan tostado estaba un poco demasiado oscuro[502].
Sagan ahora se movía por la ciudad en un descapotable Corvair
Monza Spyder con motor turbo. «Volaba», recuerda un estudiante de Cornell[503].
Esto le permitía sacar el mayor partido de la mezcla que en Ithaca se daba de
esplendor natural, vida en una pequeña ciudad y compañía intelectual de primer
nivel. La pareja recibía a una ecléctica mezcla de astrónomos, escritores de
ciencia ficción, académicos de las «dos culturas» y otros adláteres. Tommy Gold
era un visitante frecuente; Isaac Asimov se achispaba con el ponche de
Linda[504]. Según el perfil de un periódico local, Sagan
gusta de pasear por el jardín de flores que parte del campo de
fútbol de Cornell, hacer alguna compra en los puestos al aire libre de Ithaca
Commons[505], pararse en la caseta de Marion’s junto a la calzada en la
carretera 79, llevar a su hijo a las exposiciones de animales en Pyramid Mall.
Sagan procede de una ciudad pequeña, dijo, de Rahway, Nueva
York. Aunque Rahway e Ithaca tienen aproximadamente el mismo tamaño, Ithaca
ofrece una mejor vida, dijo, especialmente si hablamos de restaurantes. Sobre
todo le gusta la comida japonesa en Utage y la cocina francesa en L’Auberg du
Cochon Rouge. Y si solo pudiese cambiar una cosa de este entorno casi perfecto,
¿qué sería?
«Trasladaría Ithaca al Caribe», dijo con maliciosa sonrisa.[506]
§. Astronomía 101
La influencia de Sagan como profesor de Cornell era inmensa. Con
los años, una buena parte de los mejores científicos planetarios de la nación
pasaron por sus clases. A los estudiantes les conseguía trabajos en misiones
planetarias de la NASA, lo cual llevaba a publicaciones importantes a una
temprana edad. El laboratorio de Sagan era uno de los pocos lugares en los que
se podía iniciar una carrera de estudios sobre los orígenes de la vida. Además
de cursos del nivel más elevado, Sagan enseñaba las dos asignaturas de nivel de
iniciación, Astronomía 101 y 102[507].
Sagan podía cambiar de planes rápidamente. Tenía un asombroso
sentido para detectar cuándo los estudiantes lo seguían y cuándo no. A una
clase de posgrados sospechosamente callada le dijo: «Nadie ha nacido con las
transformadas de Fourier en la cabeza; ustedes deben preguntar y
aprender[508]».
Una de las reglas que Sagan inculcaba a sus alumnos era la de
evitar atarse emocionalmente a las propias teorías de uno. A primera vista,
esto puede parecer un consejo sorprendente viniendo de Sagan. Lo más probable
es que Sagan reconociera la necesidad de controlar la implicación emocional en
sí mismo, y por eso era más capaz de articular el problema que alguien menos
propenso a ella.
«Si un científico identifica demasiado íntimamente su autoestima
con las teorías que propone, entonces cuando la teoría es echada por tierra —lo
cual sucede a muchas teorías— la persona también se viene abajo», dijo Sagan.
«Esto es un suicidio científico. La teoría y la persona no son lo mismo[509]».
La receta de Sagan era convertir en un hábito plantearse tantas
hipótesis diferentes como fuera posible. Si una hipótesis que uno cree cierta
resulta ser errónea, entonces es más fácil desecharla y seguir adelante, en
lugar de cerrarse en banda en una infructuosa batalla contra las pruebas[510].
Con todo lo ocupado que estaba, Sagan leía y contestaba las
cartas de los estudiantes interesados en la astronomía. Esto lo consideraba una
obligación. Uno de sus muchos estudiantes que luego triunfaron fue el
astrofísico de Princeton Neil de Grasse Tyson. Siendo un estudiante
afroamericano en un instituto del Bronx, Tyson escribió una carta a Sagan. Este
lo invitó a Cornell, habló con él de la carrera de astronomía e incluso lo
llevó en su coche a la estación de autobuses de Ithaca y le dio el número de teléfono
de su casa por si la nieve impedía salir a los autobuses y necesitaba un sitio
donde pasar la noche[511].
* * * *
En sus investigaciones, Sagan seguía siendo por antonomasia un
teórico. Prefería concebir teorías a dirigir observaciones, y lo hacía más
feliz que se le ocurrieran veinte nuevas ideas para teorías que llevar él mismo
una de ellas hasta el final. Prefería trabajar en muchos proyectos
simultáneamente, con muchos colaboradores. Había quienes hablaban de él con
desdén por esto, pero era bajo su vasta influencia.
Cuando trabajaba en colaboración, Sagan contaba con la ayuda de
una memoria impresionante. Cuando se encontraba con personas en las
conferencias científicas, podía al instante recordar de qué habían hablado la
última vez que se vieron y podía reanudar la conversación desde donde la habían
dejado meses o años antes[512]. Siguiendo el ejemplo de Kuiper, Sagan había
memorizado toda una larga serie de útiles constantes físicas y astronómicas,
con las que convertía en una verdadera forma de arte la realización de
asombrosos cálculos improvisados[513].
Aparte este sentido de la teatralidad, Sagan carecía de la
intuición matemática verdaderamente de primer nivel de un Chandrasekhar. Los
artículos más densamente matemáticos de Sagan (y firmó una buena cantidad de
ellos) los escribió en colaboración con colegas de inclinación más matemática.
«Cuando llegaba la hora de las matemáticas», dijo su colega William I. Newman
cándidamente, «él no tenía mucho que añadir». Sagan era, en cambio, un
«catalizador», explicó Newman, alguien que nunca perdió al «muchacho de diez
años latente», el sentido del asombro que era necesario para formular buenas
preguntas[514].
Los estudiantes de posgrado solían comparar a Sagan con un roble
grande y fértil del cual caían bellotas que se convertirían en grandes teorías.
«Era alguien con más ideas de las que tal vez podía manejar», dijo Steven
Squyres. «Simplemente con que te mantuvieras a su alrededor, veías cómo le
caían las ideas[515]». Sagan «cogía tu nuevo resultado y extraía veinte
diferentes consecuencias lógicas de él», dice David Grinspoon. (El hijo de
Lester se convirtió en astrónomo planetario, al menos en parte inspirado por el
«tío Carl[516]»).
La estima en que se tenía a Sagan puede juzgarse por el número
de colegas de Harvard que se unieron a él en Cornell. Jim Pollack deslizó
cuidadosamente una tabla por debajo de la montaña de papeles y libros
desparramados por su escritorio de Harvard, y luego envolvió y facturó toda la
pila a Ithaca, para así poder reanudar el trabajo sin el retraso que supondría
la limpieza de su escritorio[517]. Sagan también reclutó a Bishun Khare, Joseph
Veverka y Peter Gierasch de Harvard. Sus relaciones con Sagan fueron mutuamente
beneficiosas. «Algunas personas tienen tendencia a rodearse de personas menos
competentes y que no pueden funcionar por sí solas», observó Veverka. «Carl
siempre buscaba a los mejores y más independientes. No buscaba un grupo de
lacayos[518]».
* * * *
En 1970, Cornell cumplió su promesa de concederle a Sagan la
titularidad. A esto siguió una cátedra dotada, la David Duncan profesor de
astronomía y ciencias espaciales. La influencia de Sagan transcendió mucho más
allá de Cornell. Una de las razones fue su dirección de una revista entonces
nueva sobre ciencia planetaria llamada Icarus.
Cuando Sagan se hizo cargo de la revista, a comienzos de 1969,
Icarus no aplicaba ni siquiera el procedimiento de revisión por pares. Sagan
puso sus prácticas editoriales en línea con otras revistas y convenció a los
mejores científicos planetarios de que escribieran para ella. Entre los
colaboradores destacaban, por supuesto, Sagan y sus estudiantes de posgrado.
Icarus además se distinguió por publicar artículos especulativos sobre la vida
extraterrestre y otros temas que tal vez no se habrían publicado en ninguna
otra parte[519].
Para muchos científicos, dirigir una revista es un incordio. A
Sagan le encantaba; le gustaba incluso montar las tablas de contenidos.
Demasiado impaciente para mantener el contacto con los autores por correo,
Sagan hacia llamadas de larga distancia a la Unión Soviética y donde fuera. Por
lo regular, sus cuentas de teléfono dejaban atónito al editor de la
revista[520].
* * * *
En el aula y en su vida personal, Sagan tenía un malévolo
sentido del humor. Un problema técnico con una diapositiva durante una clase
inspiraba espontáneamente una salida seca, luego otra, y luego, sin solución de
continuidad, una invectiva tremenda que hacía temblar los cimientos del
edificio. Era como una farsa bien escrita, tanto más admirable por ser
improvisada ante los ojos de la clase[521].
«Al principio de conocerlo», dijo el científico de la NASA
Gerald Soffen, «la gente no está segura de cuánto de lo que dice es ironía».
Uno de los modos de actuación favoritos de Sagan consistía en lanzar una idea
demencial con cara totalmente de palo a fin de provocar una reacción. (Había,
tal vez, un paralelismo con la manera en que hacía ciencia[522]). Durante
muchos años, a la puerta del despacho de Sagan en Cornell hubo colgado un mapa
de Marte. Cuando se miraba de cerca, resultaba ser un mapa del Marte de Edgar
Rice Burroughs, con sus canales, monstruos y «estación generadora de
atmósfera[523]».
§. Timothy Leary
Con un espíritu similar de pura comedia rindieron Sagan y Frank
Drake visita a Timothy Leary[524]. Esto comenzó cuando Leary escribió a Sagan
una carta en la que decía que estaba interesado en los viajes espaciales.
¿Querría Sagan reunirse con Leary y tratar sobre una idea de este? En caso
afirmativo, era Sagan quien tenía que ir a ver a Leary, no al revés. Leary
estaba recluido en los Servicios Médicos del Estado de California en Vacaville.
Este es el tipo de institución cuyo nombre solía acabar con las palabras «para
Dementes Criminales». Charles Manson estuvo en Vacaville. A Leary lo habían
llevado allí porque se había escapado de una institución de menos seguridad. En
principio lo habían condenado por una causa menor de posesión de marihuana.
Casualmente, Sagan y Drake tenían que asistir a una reunión en
California. Escribieron a la prisión e hicieron los arreglos necesarios. Una
vez en el establecimiento, presentaron sus documentos de identidad, pasaron por
un detector de metales y se sometieron al cacheo de un guardia en busca de
armas no metálicas. Finalmente, los llevaron a una habitación sin otros muebles
que unas cuantas sillas. Un guardia vigilaba por la ventana —solo por si
alguien intentaba algo—, mientras otro traía a Leary.
Lo primero que advirtieron era que Leary parecía… grande. Entre
rejas había hecho ejercicio. Irradiaba energía. Leary se puso a correr en
círculo alrededor de los dos astrónomos. No ofreció ninguna explicación… era
ejercicio, tal vez. Mientras corría hablaba con emoción pero sin perder el
resuello.
Lo primero que Leary dijo fue que había sido víctima de una
trampa. Los poderes que fueran le habían colocado la droga. Lo hicieron porque
sabían que se iba a presentar para gobernador de California y que si lo hacía
ganaría.
Sagan preguntó cómo es que «ellos» estaban tan seguros de que
Leary ganaría.
Leary dijo que él conseguiría el voto hippy, el voto
estrafalario y el voto del mundo de las drogas. En California, eso es todo lo
que se necesita.
Leary llegó entonces a la razón por la que les había pedido que
fueran a verlo. Él creía que la guerra nuclear no tardaría en acabar con la
raza humana. Su plan era construir un arca de Noé cósmica. Trescientas de las
personas más valiosas de la Tierra entrarían en el arca espacial y despegarían
rumbo a un sistema estelar próximo para allí continuar la especie humana. En
este plan no importaba el dinero. Leary tenía amigos acaudalados que lo
financiarían todo. Lo que quería de Sagan y Drake era la pericia técnica. ¿Qué
estrella, no demasiado lejana, es más probable que tenga un planeta en el que
pudieran vivir personas?
Sagan y Drake intercambiaron miradas. Dieron la respuesta
científica típica. No, no podían recomendar una estrella. Desde luego, no
sabían de ninguna otra estrella que tuviera planetas. Pero la cuestión no era
esa. Uno no podía simplemente firmar un cheque y conseguir que alguien le
construyera un arca espacial. No existía la tecnología.
Leary, sin dejar de trotar, aceptó esto. «Muy bien, no hoy»,
dijo Leary. «¿Dentro de diez años, pues?».
No, no, no, dijeron ellos, ni dentro de diez años ni nunca.
Drake (menos entusiasmado que Sagan con el estatorreactor de Bussard) intentó
explicar los costes energéticos. Para acelerar una nave espacial lo bastante
grande para llevar a cientos de personas a cualquier parte a una velocidad
cercana a la de la luz se necesitaría más combustible que el producido desde la
Revolución industrial. Era sencillamente imposible.
Leary quiso saber cómo podía Drake estar seguro de que era
imposible si (como él mismo acababa de decir) aún no se había inventado la
tecnología.
Al marcharse, Sagan y Drake pasaron por una tienda de regalos
donde se vendían artículos hechos por los internos. Unos de los más populares
eran unas esculturas cerámicas de champiñones psicodélicos[525]. No parece que
la visita lograra minar mucho el entusiasmo de Leary. Leary llamó a Lester
Grinspoon (se conocían un poco de Harvard) y le pidió ayuda. Quería que Lester
convenciera a su amigo Carl de que aceptase ser capitán del arca espacial[526].
§. Estudiante radical
En cuanto personaje emblemático de la cultura juvenil de los
años sesenta, Leary probablemente fascinó y perturbó a Sagan. Sagan se
identificaba con los valores sociales liberales de la época, pero le preocupaba
cómo las personas en edad universitaria «se apartaban de la ciencia[527]». Le
irritaba el estereotipo cultural que había llevado a muchos a suponer que, por
el hecho de ser científico, él tenía que ser aburrido, políticamente
conservador e «irrelevante».
Uno de los primeros estudiantes de posgrado de Sagan en Cornell
fue Steven Soter. Soter asistía a las reuniones de los Estudiantes por una
Sociedad Democrática (SDS en sus siglas inglesas), pero su aspecto era tan
«formal» que los miembros del SDS sospecharon que se trataba de un espía del
FBI[528]. Durante el otoño de 1968, un día Sagan comentó que le gustaría
conocer a un estudiante auténticamente radical. (Aparentemente, Soter no daba
el tipo). Soter arregló un encuentro con Deane Rink, un estudiante de literatura
de posgrado y cofundador de la sección del SDS en Cornell.
Rink era hippy. Se presentó en la puerta de la casa de Sagan en
plenos años sesenta y con una indumentaria que lo identificaba
inconfundiblemente como tal. Linda lo dejó entrar. Los tres celebraron una cena
bastante formal, y luego Rink y Carl mantuvieron una charla en la sala de
estar. Rink tenía serias dudas de que un científico fuera capaz de comprender
la inmoralidad de la Guerra de Vietnam. Rink ofreció a Sagan un canuto con la
actitud con que se le podría ofrecer a un vampiro una cruz. Sagan dio una calada
de cortesía. Rink entonces lanzó una larga y fervorosa diatriba antibelicista.
Antes de terminar, ya se había dado cuenta de que sus opiniones no eran ni tan
diferentes ni tan originales. Rink no se marchó hasta primera hora de la mañana
siguiente. Salió de la casa con la impresión de que había hecho un nuevo
amigo[529].
* * * *
El mundo, y con él la academia, estaba cambiando. Durante un
viaje en que volvía a la Universidad de Wisconsin, Sagan tuvo que evitar una
nube de gas lacrimógeno. Con ironía no intencionada, la policía había utilizado
el gas tóxico para dispersar una manifestación estudiantil contra la
fabricación de napalm[530].
En abril de 1969, Carl y Linda fueron a Londres, donde él iba a
ser el narrador de una película de la BBC[531]. En Ithaca fue un mes
tumultuoso. Poco antes de las tres de la madrugada del 18 de abril, un ladrillo
rompió la ventana de la Wari House, una residencia mixta de estudiantes en su
mayoría afroamericanos. Los sobresaltados residentes descubrieron una cruz
ardiendo en los escalones de su porche delantero.
Se descubrió que la madera empleada para la cruz procedía de la
tienda del campus de Cornell, donde se vendía para las clases de arte. A
primera hora de la mañana del día 19, un grupo de unos 100 estudiantes negros
entró en el Willard Straight Hall[532]. En Cornell era el «fin de semana de los
padres», y lo que allí había sobre todo eran padres durmiendo en sus
habitaciones. Los estudiantes los urgieron a abandonar el inmueble.
Fortificaron las entradas y salidas, y tomaron el control del edificio en un
tenso pulso que duró cinco días. Los estudiantes exigían amnistía y una
política de viviendas separadas para los negros.
Hubo rumores (todos probablemente falsos) de la existencia de
una bomba en el Willard Straight Hall, de convoyes de estudiantes blancos
borrachos con pistolas y de un francotirador en la torre de la biblioteca,
ajustando la mira entre las campanas del carillón. Los estudiantes negros se
armaron, temiendo que la policía del campus no los protegiera. La ocupación
terminó con una votación no unánime del claustro a favor de aceptar las
demandas de los estudiantes. La filmación de estudiantes con armas de fuego abandonando
el edificio causó una impresión indeleble en los noticieros nacionales. En
muchos sentidos, Sagan regresó desde Londres a un Cornell diferente (la
película para la que había hecho de narrador se titulaba The Violent Universe,
«El universo violento»).
La ocupación se apartaba del ideal de no violencia e
indiferencia racial de los liberales de los años sesenta por un nuevo ethos, a
menudo separatista, en el que el cambio se lograba por cualesquiera medios
fueran necesarios. Para liberales como Sagan fue una época de ambivalencia
entre la esperanza y la paranoia. Era difícil adivinar si las protestas
juveniles desembocarían en una nueva utopía… o en un represivo régimen
totalitario.
Poco después de la masacre de la Kent State[533], Sagan llevó a
Jim Pollack y Bill Gile a dar una vuelta en coche por el campo en los
alrededores de Ithaca. Sagan pasó por delante de un granero de precioso
pintoresquismo con un molino de viento al lado. Preguntó a sus acompañantes si
habían advertido algo raro en el granero. Gile, que se crio en una zona rural,
reconoció que el molino de viento estaba demasiado cerca del granero.
Sagan pensaba que el «granero» no era ningún granero en
absoluto. Era un centro de detención temporal. La ciudad de Ithaca tenía una
cárcel minúscula. El «granero» se construyó para hacer frente a los inminentes
arrestos masivos de radicales y manifestantes estudiantiles. Sagan temía que
esto pudiera realmente ocurrir y que la represión se extendiera a los
manifestantes en favor de los derechos de los homosexuales. La excursión fue
una advertencia a Pollack, para que no se hiciera demasiado visible en su defensa
de los derechos de los homosexuales[534].
* * * *
En realidad, Pollack era tan comedido en su homosexualidad como
en todo lo demás. (Carl conducía un coche de gran cilindrada; Jim tenía un
sensato Volvo[535]). Pero Pollack fue activo en la era Stonewal del movimiento
en favor de los derechos de los homosexuales[536]. Trajo a activistas gays y
lesbianas a hablar en Ithaca, y con frecuencia pagó parte de los gastos de sus
viajes.
Al menos en una ocasión, Pollack convenció a Sagan de que en su
lista de causas liberales debía incluir los derechos de los homosexuales. El
activista gay Frank Kameny estudió astronomía en Harvard (no con Sagan) y luego
fue despedido de un empleo público debido a su orientación sexual. El pleito
legal que entabló constituyó un hito en la defensa del derecho de los
homosexuales a acceder a la función pública, pero dejó a Kameny escaso de
fondos y necesitado de trabajo. A instancias de Pollack, Sagan contrató a
Kameny para que llevara a cabo por cuenta propia ciertas investigaciones que
implicaban examinar unas fotografías de Marte que se hallaban en el cuartel
general de la NASA en Washington. El pleito de Kameny revistió especial
relevancia para Pollack, que había superado con temor un control de seguridad
ordenado por la NASA mientras compartía un piso de un solo dormitorio con otro
hombre[537].
§. Contaminación de vuelta
En 1969, las Mariner 6 y 7 llegaron a la órbita de Marte. La
Mariner 7 sobrevoló los casquetes polares con instrumentos diseñados para
comprobar si estaban hechos de dióxido de carbono o de hielo de agua. Confirmó
que los casquetes eran realmente dióxido de carbono.
Las últimas Mariner tenían cámaras mejores que la Mariner 4. La
superior claridad de las imágenes hizo posible ver que los cráteres habían sido
ligeramente suavizados y redondeados. Marte tuvo antaño una atmósfera más
densa, capaz de producir erosión. En estas fotos eran visibles —pero en aquella
época llamaron muy poco la atención— algunas manchas sinuosas que parecían
canales de desagüe.
Sagan pasó buena parte de 1969 preocupado por la misión Apolo
11. Su labor más visible fue su presión en favor de someter a cuarentena a la
tripulación a su retorno. La nueva frase de moda era «contaminación de vuelta».
Esto era lo contrario de la «contaminación de ida» que inicialmente había
preocupado a Lederberg y Sagan. Si en la Luna había microbios, sería peligroso
traerlos a la Tierra y soltarlos en el ambiente.
En 1969, Sagan no creía que hubiera muchas posibilidades de
encontrar vida en la Luna, y mucho menos vida lunar que pudiera prosperar
también en el ambiente absolutamente diferente de la Tierra. Su posición era la
de que había que tomarse en serio incluso una posibilidad remota cuando,
potencialmente, estaba en juego la seguridad de todo el mundo. « ¿No deberíamos
optar por equivocarnos por exceso de seguridad en un asunto en el que somos
profundamente ignorantes?» le gustaba preguntar [538].
Motivo recurrente en la carrera pública de Sagan lo constituye
su preocupación por los riesgos muy pequeños de catástrofes muy grandes. Según
Lester Grinspoon, en la personalidad de Sagan había una componente ligeramente
«paranoide»… no en el sentido clínico, por supuesto, sino en la forma corriente
e informal en que las personas emplean el término «paranoide» cuando charlan
con amigos[539]. Uno de los dichos favoritos de Sagan era que, en los Estados
Unidos de hoy en día, si uno no es un poco paranoide es que está chiflado[540].
A Sagan le inquietaba su salud y le preocupaban, aunque a cierto nivel también
lo fascinaban, las maquinaciones encubiertas de la CIA, el Departamento de
Defensa y la clase dirigente.
La forma más corriente de afrontar los pequeños riesgos de
grandes catástrofes consiste en negar su existencia. Del carácter de Sagan
formaba parte el tomarse en serio estos peligros imponderables. Eso puede
calificarse de paranoide; con la misma justicia, se lo puede calificar de
actuarial, como Sagan hacía. Una compañía de seguros establece las tarifas
multiplicando probabilidades y costes. Cuando lo que está en juego es solo
dinero, es fácil y necesario ser desapasionado. Sagan era o se sentía capaz de
hacer una clase paralela de matemáticas emocionales en las que multiplicaba
improbabilidades fantásticas por fatalidades globales.
La filosofía de Sagan sobre la contaminación de vuelta
prevaleció durante la mayor parte de la era Apolo. En 1964, el Consejo de
Ciencias del Espacio organizó un Comité Interagencias sobre la Contaminación de
Vuelta, un grupo de expertos vistosamente diverso que incluía no solo a un
exobiólogo muy conocido (Wolf Vishniac), sino a personas del Servicio de Salud
Pública, el Departamento de Agricultura, el Servicio de Vida Silvestre y la
unidad de guerra biológica del Ejército de EEUU. El comité convenció a la NASA
de la necesidad de aislar a los astronautas a su regreso hasta que se les
pudiera dar el visto bueno sanitario. El Congreso aprobó fondos para la
construcción de un centro de cuarentenas por valor de 8.5 millones de dólares
en Houston, el Laboratorio de Recepción Lunar. Uno de los informes del comité
afirmaba, en clásico tono burocrático, que
la existencia de vida en la Luna o los planetas no […] puede
excluirse racionalmente. Por lo menos, las pruebas actuales no son incoherentes
con su presencia […] Los datos negativos no prueban que la vida extraterrestre
no exista; meramente significan que no se ha encontrado.[541]
Esto llevó a un supervisor de la NASA a escribir a lápiz en el
margen: «Como las brujas».[542]
Desde luego, muchas de las personas que trabajaban en el
proyecto Apolo rezongaban que la cuarentena de los astronautas, como la
esterilización de naves no tripuladas, era un caro despilfarro. Creían que sí
se podía asegurar que en la Luna no había vida (¡no hay aire!, ¡ni agua!,
etc.). Edward Anders, de la Universidad de Chicago, se ofreció a comer polvo
lunar para demostrar que era seguro. La respuesta de Sagan a Anders fue: «Muy
bien, pero tendrá que comérselo en la Luna. Si se lo come aquí abajo será demasiado
tarde. Si se equivoca y muere, entonces lo que lo haya matado ya está entre
nosotros[543]».
Ni siquiera Lederberg estaba de acuerdo con Sagan sobre este
tema. En una carta de julio de 1969 al New York Times, Lederberg arremetía
contra «los absurdos esfuerzos ahora programados como si su intención fuera la
de proteger la Tierra contra un riesgo tangible de infección global por
microbios lunares. De hecho, ningún responsable oficial ni consejero científico
cree que tal riesgo exista. Si lo hubiese, la respuesta habría de ser la
cancelación de todo el programa lunar tripulado. Tendríamos que ser capaces de
destruir el “contrabando” o de enviarlo de regreso, medidas que no contemplamos
para los héroes nacionales que han realizado una ardua y valerosa hazaña[544]».
Como muchos compromisos políticos, la cuarentena lunar reunía
dos filosofías razonables pero antitéticas para producir una quimera
demencialmente ilógica. Una auténtica cuarentena planteaba graves dilemas
éticos a los que la NASA se enfrentó. «Supóngase que algo sale mal», dijo
Elliott Levinthal en una reunión informativa convocada por un entrenador de
astronautas. «Te encuentras dentro del centro de cuarentenas, y sea lo que sea
que falle te hace querer salir a toda costa. ¿Quién en esta sede de la NASA está
autorizado a dispararte?»[545].
La pregunta era, por supuesto, retórica. La cuarentena de la
NASA funcionaba en base a un compromiso de lealtad. De hecho, la NASA
estableció que la cuarentena no fuera absoluta. Se podía suspender… en caso de
urgencia con peligro de muerte[546].
* * * *
En los vuelos espaciales anteriores, a su regreso la cápsula se
abría en medio del océano. Esto plantearía evidentes riesgos si hubiera
microbios lunares. La NASA y el Comité para la Contaminación de Vuelta
diseñaron un protocolo por el cual un helicóptero recuperaba la cápsula sellada
del océano, se trasladaba a Houston y la colocaban en el interior de un
laboratorio sellado. Solo entonces se abría la cápsula y se permitía salir a
los astronautas. La tripulación saludaba a sus esposas e hijos a través de varias
capas de vidrio resistentes a grandes impactos. El polvo lunar se probaba con
ratones estériles a los que se daba a luz mediante cesárea, con el fin de
observar si se producían efectos perniciosos. La reducción de la presión del
aire dentro del laboratorio impedía la salida de partículas de polvo al mundo
exterior. Incluso los residuos corporales de los astronautas se esterilizaban
rigurosamente antes de entrar en el alcantarillado de Houston.
§. La amenaza de Andrómeda
El comité para la contaminación de vuelta tenía cualquier cosa
menos sentido teatral. Esa fue tal vez su perdición. Proponía tratar a los
astronautas como peligros biológicos, no como héroes. Armstrong, Aldrin y
Collins se plantaron. Si volvían, dijeron, no se iban a pasar más tiempo en
aquella cápsula sellada. Esto no era solo incómodo y deshonroso, sino que ponía
en auténtico riesgo a los astronautas. El plan era que el helicóptero izara la
cápsula sellada, o que una grúa la levantara y posara suavemente en la cubierta
de un barco. Eso era más fácil de decir que de hacer. La cápsula pesaba mucho,
suspendida como un péndulo por encima de un barco muchísimo más masivo que
ella, tanto que en la práctica se comportaría como un objeto inmóvil. Una
ráfaga de viento o un océano encrespado podían estrellar la cápsula contra el
barco con la fuerza de una colisión frontal en una autopista.
Con casi un motín entre manos, a la NASA le quedaban pocas
opciones más que acceder a sus demandas. Así que en mayo de 1969 la NASA
anunció una revisión en el procedimiento de cuarentena. Seguía siendo una
quimera. A la agencia espacial no le resultaba fácil volverse atrás de su muy
publicitada promesa de proteger al mundo de cualesquiera agentes patógenos
lunares.
Según el nuevo plan, un submarinista de la armada abriría la
escotilla de la cápsula Apolo en medio del océano. Introduciría tres «prendas
de aislamiento biológico» y luego cerraría la escotilla de nuevo. Los
astronautas solo saldrían tras haberse puesto las prendas. El submarinista
entonces los lavaría con betadine, el desinfectante de color orín preferido por
los cirujanos y los obsesivo-compulsivos[547].
El nuevo plan alarmó a Sagan. «Tal vez haya una certeza del 99
por 100 de que la Apolo 11 no traerá organismos lunares», dijo a la revista
Time, «pero incluso esa incertidumbre del 1 por 100 es demasiado grande para
estar satisfechos[548]». En las listas de ventas de libros le surgió un aliado
inesperado. La novela de Michael Crichton recientemente publicada, La amenaza
de Andrómeda, trataba de una plaga traída del espacio. La NASA recibió miles de
cartas bienintencionadas de personas a las que la lectura de la novela había
dejado preocupadas. La agencia espacial se sintió obligada a contestar todas
las cartas[549].
§. El Hospital General de Massachusetts
La NASA se atuvo al nuevo plan de cuarentenas. Los astronautas
estuvieron aislados durante veintiún días antes del lanzamiento. La NASA no
quería que contrajeran ninguna enfermedad en la Tierra, sabiendo que el más
pequeño resfriado provocaría el temor de que hubieran sido atacados por una
chinche lunar[550]. Pero fue Sagan, no los astronautas, quien cayó enfermo.
Desde su adolescencia[551], Carl tenía un problema médico
crónico llamado acalasia, por el que las paredes del esófago pierden su
capacidad para contraerse normalmente y empujar la comida hacia abajo hasta el
estómago. Lo mismo que sucede con la úlcera de estómago, la afección suele
carecer de cualquier causa evidente y empeora de modo impredecible con
inflamaciones y hemorragias[552]. Durante sus años de estudiante universitario,
Carl había recibido en la clínica Mayo un horrible tratamiento consistente en
meter por la fuerza pesos de acero por la garganta a fin de desgarrar los
ligamentos del esófago. A mediados de junio de 1969, cuando Carl acababa de dar
instrucciones a los astronautas del proyecto Apolo, la afección se agravó lo
suficiente para que acudiera al Hospital General de Massachusetts a que lo
operaran. Iba a someterse a una miotomía de Heller modificada, en la que se
corta el músculo esfínter del esófago. Su cirujano era considerado uno de los
mejores en tal operación[553].
El día 18, Isaac y Gertrude Asimov visitaron a Carl y Linda en
el hospital. Todos bromearon cordialmente sobre la inoportunidad de lo que
consideraban un problema menor de salud. Hicieron planes para cenar juntos en
cuanto Carl saliera[554].
La enfermedad era más grave de lo que imaginaban. Lester
Grinspoon vio una alarmante radiografía del pecho de Carl. El esófago se había
hinchado como si fuera un segundo estómago[555].
Carl sangró profusamente durante la operación: necesitó diez u
once transfusiones[556]. Asimov intentó calmar a Linda. Casi inmediatamente
después, quedó claro que algo iba mal. Aunque a Carl le estaban suministrando
oxígeno, su tez adoptó un tono azul de mal augurio. El oxígeno no le estaba
llegando a la corriente sanguínea. Los pulmones se le estaban llenando de
fluido. La falta de oxígeno afectó a su mente. Carl se volvió auténticamente
paranoico. Decidió que los médicos del General de Massachusetts estaban
conspirando para matarlo.
Eso, por supuesto, no era cierto, pero por desgracia el cirujano
de Carl había abandonado la ciudad inmediatamente después de la operación. Dejó
instrucciones de que una enfermera incorporara a Carl cada veinte minutos a fin
de permitir que los pulmones desaguaran los fluidos. Carl era un hombre
corpulento, y la enfermera apenas podía levantarlo. Lester y Carl temían que
Carl se ahogara antes de que una enfermera supiera lo que estaba sucediendo.
Sentado junto a Carl, Lester, como si fuera un pulmón de acero,
lo incorporaba periódicamente para que el pecho subiera y bajara[557]. De vez
en cuando Linda entraba a ver cómo iba la cosa. Ni era consciente de la
gravedad de la situación ni podía hacer nada al respecto[558].
Lester se quedó en el hospital, echando apenas cabezaditas,
durante cuarenta y ocho horas. La espalda lo estaba matando (ya tenía un disco
roto), y se perdió el aniversario de boda con su esposa, Betsy. A la larga, el
color y la lucidez mental de Carl mejoraron hasta el punto de que ambos hombres
opinaron que se sentía lo bastante bien para que Lester se marchara. En lo
sucesivo, Carl siempre pensó que le había salvado la vida[559].
Lester acudió diligente a su despacho. Al poco sonó el teléfono.
Era el hospital. Carl quería su opinión sobre las órdenes de los médicos.
Carl siguió sospechando de sus médicos hasta que salió del
hospital. Por norma rechazaba las órdenes, la medicación o los procedimientos
hasta que Lester daba su visto bueno. Las enfermeras, a las que para su
sorpresa se les dijo que «consultaran con el doctor Grinspoon», tal vez no se
sorprendieran tanto al enterarse de que el tal «doctor Grinspoon»… era
psiquiatra[560].
§. Polvo lunar
Carl estaba en este estado de lucidez no total cuando Neil
Armstrong se puso a dar saltos sobre la superficie lunar el 20 de julio. Lo vio
en un televisor en blanco y negro en su habitación de hospital. «Allí estaban
aquellas dos figuras extrañamente vestidas, como en un sueño, brincando en el
aire y cayendo al suelo con una lentitud imposible», recordaba Carl más tarde.
«Y es que simplemente parecía un sueño. Me costó un par de minutos comprender
qué estaba ocurriendo… ¡exultación! […] Era un triunfo para la especie[561]».
Y un triunfo menor para Carl Sagan. Había ganado su apuesta de
una golosina, y con cinco meses de sobra.
Sin embargo, el regreso no fue un triunfo para el Comité de la
Contaminación de Vuelta. Los astronautas asomaron la cabeza en medio del
océano. Fueran cuales fueran los otros efectos de las «prendas de aislamiento
biológico», hicieron que los astronautas parecieran invasores alienígenas. Un
helicóptero los transportó en una jaula metálica al USS Hornet, un portaviones
de la armada a unos veinte kilómetros de distancia.
Una vez el helicóptero hubo aterrizado, los astronautas —ahora
sofocados por el efecto invernadero de sus trajes aislantes— no prestaron
ninguna atención a la banda de música que los acompañó en su paseo hasta una
caravana Airstream adaptada. Dentro de la caravana sellada se ducharon, se
cambiaron de ropa y saludaron al presidente Richard Nixon a través de una
ventana. (Si los astronautas hubiesen enfermado, el presidente ya habría estado
de vuelta a un lugar seguro).
La cuarentena se convirtió en una comedia de los errores… por
fortuna, no en una tragedia[562]. Un guante utilizado para manejar rocas
lunares hizo implosión, con lo cual mezcló gases lunares con el aire exterior.
El revelador de fotografías Terry Slezak tocó un cargador de película con polvo
lunar encima y aprovechó esta notoriedad para hacer publicidad de un bar de su
propiedad. Heather Owens, descrita como una atractiva morena de veintitrés
años, se paseó por los confines reservados exclusivamente a varones tras ser
salpicada con gotas de sangre de un conejillo de Indias. Se dijo que se había
visto a una cucaracha salir del laboratorio… y luego volver a entrar[563]. Uno
de los miembros del Comité para la Contaminación de Vuelta, el microbiólogo de
Cornell Martin Alexander, oyó a unos empleados de la NASA decir que la
cuarentena era una «farsa» y que «al público hay que tranquilizarlo, y la
cuarentena cumple esa función[564]».
* * * *
Carl salió del Hospital General de Massachusetts a finales de
julio. Había pasado siete semanas en el hospital. La cirugía le dejó cicatrices
en buena parte del abdomen. Presionó a Lester Grinspoon para la realización de
un curioso proyecto de documentación en el que Lester fotografiaría las
cicatrices desde todos los ángulos. Grinspoon no tiene claros los motivos de
Carl. Lo único que se le ocurre es que Carl tenía un fuerte sentido de su
historia personal y quería disponer de un registro fotográfico[565].
* * * *
Los astronautas abandonaron la cuarentena el 10 de agosto.
Estaban en perfecto estado de salud. Con polvo lunar se había rociado plantas,
y alimentado ratones y faisanes japoneses, sin que se produjera nada parecido a
una mutación. La NASA comenzó a repartir muestras lunares entre científicos de
toda la nación.
Las primeras rocas lunares eran más apreciadas que los zafiros.
Eran el símbolo definitivo de estatus científico. El más diminuto cristal o
vesícula podía contener un descubrimiento de los que definen una carrera. Carl
Sagan no figuraba en la lista de científicos a los que se suponía que se
entregaría una muestra lunar, pero su jefe, Tommy Gold, sí.
La Apolo 11 había aportado poco apoyo a las ideas más
espectaculares de Gold sobre el polvo lunar. Cuando Neil Armstrong caminó sobre
la superficie lunar informó de que sus botas se hundían «tal vez unos tres
milímetros[566]». Eso era una pulla contra Gold, o así lo juzgó la prensa. Gold
había participado en el diseño de una cámara de estilo James Bond para los
astronautas. Era un «fusil» que apuntaba al suelo para obtener primeros planos
de la superficie lunar. Para irritación de Gold, Neil Armstrong la utilizó como
bastón.
Estas fotos fueron mucho menos detalladas que las que se podían
hacer en la Tierra. Gold quiso examinar su muestra con el microscopio más
potente de que se dispusiera. Aunque Cornell no contaba con un microscopio
adecuado, en la fábrica de vidrio de Corning, aproximadamente a una hora en
coche desde Ithaca, había uno.
Sagan insistió en acompañar a Gold a la fábrica de vidrio a ver
las primeras imágenes. A él no le bastaba con ver las fotos después de Gold;
quería estar allí, en la misma habitación, viendo las fotos al mismo tiempo que
Gold. Mientras Gold inspeccionaba las fotos en busca de pruebas sobre la
historia geológica de la Luna, lo que Sagan buscaba eran esporas, bacterias,
fósiles o cualquier cosa que pudiera tener que ver con la cuestión de la vida.
Sagan no encontró nada. Gold decidió que el polvo era virtualmente
indistinguible del falso polvo en su famosa ampolla[567].
* * * *
Los hallazgos de la Apolo sí vindicaron a Sagan en un par de
sentidos. La cromatografía de gases identificó en las muestras lunares grandes
cantidades de vestigios de compuestos orgánicos. La NASA mantuvo el
procedimiento de la cuarentena hasta la Apolo 14. Esa misión trajo de vuelta
una muestra perforada en la corteza lunar (como Sagan había propuesto en 1962;
pero no de tanta profundidad como Sagan quería). La muestra estaba «más muerta
que mi abuela», admitió Sagan. Para la NASA bastó con eso; en lo sucesivo
prescindió de la cuarentena[568].
La Apolo 12 trajo un fragmento de la Surveyor 3, una sonda no
pilotada que aterrizó en 1967. Los científicos de la NASA descubrieron
bacterias Streptoccocus mitus en el interior de una placa de espuma aislante.
Posiblemente, alguien había estornudado, contraviniendo todas las precauciones,
cerca de la cámara de televisión de la Surveyor. La bacteria había sobrevivido
en la Luna durante dos años y medio. «Probablemente», admitió el comandante de
la Apolo 12Pete Conrad, «la cuarentena fue una maldita buena idea[569]».
§. Un platillo volante con ribetes
La realidad práctica de los viajes espaciales no hizo nada por
menguar el interés público en los ovnis. El año de la Apolo fue también el año
de la publicación del informe Condon. Este, por supuesto, concluía que los
archivos del Libro Azul no aportaban razón alguna para creer que la Tierra
estuviera siendo visitada por extraterrestres. Era probablemente ingenuo pensar
que el informe cerraría de una vez por todas el capítulo sobre los ovnis. Ni
siquiera todos los científicos estaban tan seguros sobre el informe. La prensa
citaba concretamente a Harold Urey diciendo que el informe Condon se equivocaba
y que los ovnis eran «reales». Donald Menzel, un destacado escéptico, preguntó
a Urey qué demonios quería decir. Urey respondió que simplemente quería decir que
él había visto montones de ovnis y no sabía qué eran; por tanto, eran
reales[570].
El informe Condon dio ocasión para un debate científico sobre
los ovnis. Siempre preocupado por las tendencias anti racionalistas en la
sociedad estadounidense, Sagan creía que un examen científico de la cuestión de
los ovnis tendría un valor didáctico, no solo porque demostraría la pobreza de
las pruebas de naves espaciales extraterrestres, sino cómo funciona la ciencia.
En 1968, Sagan y el astrónomo de la Universidad Wesleyan, Thornton Page,
plantearon la idea a la Asociación Estadounidense para el Progreso de la
Ciencia (AAAS en sus siglas inglesas). La junta de la AAAS aprobó y programó el
simposio para su reunión de diciembre de 1969, a fin de que los participantes
tuvieran tiempo de digerir el informe Condon. La reunión fue atacada por una
diversidad de razones. Linda intentó convencer por todos los medios a Carl de
que no asistiera. Ella estaba relativamente abierta a las creencias de la
«nueva era» —por lo que a Carl se refería por lo menos— y creía que no había
nada que ganar atacando a los creyentes en los ovnis[571]. Muchos científicos
se oponían al simposio por la razón contraria. Les desconcertaba cómo Sagan
consideraba digno de un simposio algo patentemente absurdo… por mucho que
fueran millones las personas corrientes que creían en los ovnis. Algunos se
llevaron las manos a la cabeza preguntando si lo que vendría a continuación
sería un simposio sobre astrología. (Sagan pensaba que esa no era
necesariamente una idea tan mala[572]). Hubo un científico que amenazó con
informar sobre Sagan al vicepresidente Spiro Agnew[573].
Sagan se tomó el simposio como un juicio simulado, con ambos
bandos presentando sus argumentos ante un jurado científico. En aquella época,
el científico estadounidense más destacado entre los defensores de la creencia
en los ovnis como naves espaciales era probablemente James F. McDonald. De
elevada estatura, cabello de color arena y unos cincuenta años de edad,
McDonald era un físico atmosférico de la Universidad de Arizona. Su
especialidad eran las nubes. Miembro de la Academia Nacional de Ciencias, McDonald
había testificado sobre los ovnis ante el Congreso. Lamentaba que la comunidad
científica se riera del asunto, mientras que el gobierno parecía tener gran
interés en «desacreditar» el fenómeno[574]. Cuando Sagan le pidió que
presentara sus argumentos, McDonald accedió.
McDonald admitió que la relación «señal-ruido» de los
avistamientos de ovnis era pequeña. Eran muchos los informes que se podían
explicar de manera convencional. También había mentiras descaradas. Pero
McDonald creía que Sagan, el comité Condon y la comunidad científica en general
se estaban precipitando al descartar la «señal» debido al «ruido[575]».
McDonald se centró en un «núcleo duro» de avistamientos
sobradamente confirmados e inconfundiblemente anómalos. Como preparación para
el simposio, Sagan y Philip Morrison investigaron una buena cantidad de
avistamientos de ovnis, entre ellos algunos de los casos más creíbles de
McDonald. Descubrieron que quien informaba sobre un ovni era muchas veces el
testigo menos fiable y/o más excitable. Cuando se contactaba con otros
testigos, estos corroboraban el relato hasta cierto punto. Sin embargo, habían
visto algo, pero no los detalles específicos que habían hecho tan persuasivo el
primer relato.
Había un informe que parecía especialmente bueno sobre el papel.
Parecía bueno porque contenía un detallado dibujo mecánico del platillo volante
que una mujer había visto. El ovni estaba hecho de planchas de metal unidas
entre sí por remaches. Era un platillo volante de Ed Wood[576]. Sagan y
Morrison no tardaron en descubrir que el dibujo era obra del marido de la
testigo, un dibujante profesional que no había visto el platillo. Él trabajaba
en un astillero naval, donde dibujaba barcos hechos de… planchas de metal y
remaches. Su mujer nunca había afirmado que hubiera visto remaches en el
platillo volante, no literalmente. El marido había dibujado lo que su esposa
debió de ver[577].
§. Abducción alienígena
En esta época se produjo un nuevo giro en la bibliografía sobre
los ovnis: las abducciones alienígenas con «experimentación» vagamente sexual.
Comenzó con el célebre caso de Betty y Barney Hill, que afirmaron bajo hipnosis
haber sido abducidos en 1961. Un libro sobre la memoria recuperada, The
Interrupted Journey, [«El viaje interrumpido»], se convirtió en un éxito de
ventas. La historia no carecía de nada: ovnis, sexo y raza, pues los Hill eran
una pareja interracial. La historia de los Hill se consideró una prueba
convincente de las visitas alienígenas en buena parte de la comunidad ovni…
aunque no para James McDonald. En su opinión, quienes decían que habían estado
realmente a bordo de platillos volantes eran ruido[578].
Lester Grinspoon conocía al hipnotizador de los Hill, Benjamin
Simon. Pidió y obtuvo permiso para mostrar las cintas magnetofónicas de la
hipnosis de los Hill a Sagan y McDonald.
Los Hill contaban que, la noche del 19 al 20 de septiembre de
1961, vieron un ovni brillante como una estrella desplazándose por las Montañas
Blancas de New Hampshire. Antes de llegar a casa los sorprendió descubrir que
su excursión había durado dos horas más de lo que suponían.
Betty leyó un libro sobre los ovnis y comenzó a tener pesadillas
en las que era abducida por alienígenas. Betty y Barney no tardaron en
describir el ovni que habían visto como parecido no a un punto de luz sino a un
platillo volante… con hombrecillos fulminándolos con la mirada a través de las
ventanas. Comenzaron a visitar a Simon, un hipnoterapeuta de Boston. Mediante
la hipnosis, este obtuvo historias similares de Betty y Barney en sesiones
separadas. Afirmaban que durante el tiempo «perdido» habían sido paralizados,
llevados a bordo del platillo volante y examinados. Diminutos alienígenas
canosos habían clavado una larga aguja en el ombligo de Betty. Aparentemente,
los Hill tenían poco que ganar contando su fantástica historia. A Barney le
preocupaba que pusiera en peligro su trabajo en la NAACP[579].
Al oír las cintas, a Sagan lo sorprendió el «terror absoluto» en
la voz de Barney[580]. Un detalle de la historia le llamó especialmente la
atención.
En la época de la famosa conferencia de prensa de Sholomitski y
Shklovski en 1966, el New York Times publicó un mapa que ubicaba la (invisible
a simple vista) fuente de radio CTA-102 sobre el fondo de las estrellas de la
constelación Pegaso. Betty Hill vio ese mapa. Le recordaba un mapa parecido que
había visto durante su abducción por los alienígenas. Según contó Betty, se
hallaba sola en una habitación del platillo volante con el jefe alienígena, al
que ella llamaba Líder. Tuvieron una extraña conversación que fue, podría
decirse, saganiana.
Betty preguntó a Líder de dónde procedían los alienígenas.
¿Cuánto sabía ella del universo? preguntó Líder. Ella admitió que no mucho. En
una ocasión había conocido al astrónomo Harlow Shapley, que había escrito un
libro estupendo sobre el universo. «Yo había visto fotografías tomadas por él
de millones y millones de estrellas en el universo[581]».
Líder dijo que quería que ella supiera más sobre el universo. Un
muro se abrió y apareció un mapa tridimensional. Era, según la descripción de
Betty, un campo de «estrellas» de diversos tamaños, algunas conectadas por
líneas. Líder dijo que las líneas representaban «rutas comerciales» o
«expediciones».
Líder preguntó a Betty dónde estaba ella en el mapa. Tras
admitir ella que no lo sabía, Líder se volvió más cortante. «Si tú no sabes
dónde estás, no tiene sentido que te diga de dónde soy yo», dijo. Él hizo
desaparecer el mapa, que volvió a meterse allí de donde había surgido. Cuando
Betty le pidió que le volviera a mostrar el mapa, él se rio sardónico[582].
§. Folie à deux
Una postura escéptica corriente sobre los «recuerdos
recuperados» consiste en considerarlos resultado de las pistas dadas por un
terapeuta a un sujeto dócil. Simon no parecía encajar en ese modelo. Por
excepción, él no tenía que ver con toda la historia. Grinspoon sugirió que los
Hill constituían un caso de folie à deux; es decir, que un miembro de la pareja
«secunda» una fantasía inventada por el otro. Esta aceptación refuerza la
creencia y, al final, los dos se toman en serio la fantasía.
Simon negaba que se tratara de una folie à deux. Pero no
refrendaba la realidad objetiva de las afirmaciones de los Hill. Tal vez,
propuso, solo era un «sueño» (pero no una folie à deux).[583]
El simposio se celebró durante la reunión de la AAAS los días 26
y 27 de diciembre de 1969. Entre los participantes se hallaban Donald Menzel,
Philip Morrison, Frank Drake, el investigador de los ovnis J. Allen Hynek y
Walter Sullivan, del New York Times.
Los argumentos de James McDonald se acogieron a la máxima de
Sherlock Holmes, «Elimínese lo imposible y lo que quede, por improbable que
sea, debe ser cierto». Él creía que había agotado todas las explicaciones
terrestres posibles de sus mejores casos. El «problema de los ovnis», como lo
llamó, solo podía tener una explicación improbable, y muy posiblemente
extraterrestre. «Soy lo bastante realista», dijo, «para darme cuenta de que, a
menos que este simposio de la AAAS consiga hacer a la comunidad científica
consciente de la gravedad del problema de los ovnis, probablemente cualquier
llamamiento a la realización de nuevas investigaciones merecerá poca
atención[584]».
El atractivo de la hipótesis extraterrestre a Sagan le pareció
parcialmente «religioso».
Yo creo que está muy claro que en los últimos siglos la ciencia
ha expropiado sistemáticamente ideas que son asuntos tradicionales de la
religión. […] Al mismo tiempo, las formas tradicionales de religión han
constituido una porción muy firme de casi todas las culturas de la humanidad;
es improbable que la necesidad de creer en los dioses, válida o no, pueda
destruirse tan fácilmente. En una era científica, ¿qué disfraz más razonable y
aceptable para el mito religioso clásico que la idea de que nos están visitando
mensajeros de una poderosa, sabia y benigna civilización avanzada?[585]
Mucho de lo que dijo podía aplicarse igualmente al atractivo de
las conjeturas más científicamente legítimas de Sagan sobre la vida
extraterrestre. En ese sentido, sus palabras constituyen un análisis profético
de la propia celebridad adquirida por Sagan en la cultura pop unos años más
tarde.
Grinspoon y Alan D. Persky presentaron los aspectos
psiquiátricos de los ovnis, después de todo más probablemente relevantes que
los astronómicos. Grinspoon comentó que como mejor se podía comprender un
avistamiento de ovnis al que se había dado mucha publicidad (y que él no tenía
libertad para identificar, por razones de confidencialidad) era como un caso de
folie à deux.
* * * *
El simposio demostró que las emociones detrás del fenómeno de
los ovnis eran absolutamente reales. Para personas como James McDonald y Betty
Hill, los alienígenas eran un sueño, o una pesadilla, del que nunca
despertarían. Para cuando en 1972 aparecieron las actas del simposio (como
UFO’s. A Scientific Debate [«Los ovnis. Un debate científico»]), la discusión
se había vuelto trágica.
Un enorme apagón eléctrico sumió al nordeste de Estados Unidos
en la oscuridad. McDonald especuló con que lo habían causado los ovnis. En el
vacío de información, esa afirmación recibió amplia publicidad. McDonald fue
víctima de una ridiculización a veces implacable. Cuando testificó ante el
Congreso sobre asuntos científicos que no guardaban relación con este, los
adversarios políticos sacaron a colación el hecho de que creía en los ovnis.
Hubo también un desaliento privado. En 1971, McDonald se adentró en el desierto
de Arizona, se puso contra la cabeza el cañón de un revólver del 38 y apretó el
gatillo[586].
§. Mensaje en una botella
A finales de 1969, la NASA estaba preparando la Pioneer 10 para
una aproximación al cinturón de asteroides y Júpiter. Como efecto colateral del
encuentro con Júpiter, la nave aceleraría lo suficiente para escapar a la
gravitación del Sol. Se convertiría en el primer artefacto humano en abandonar
el Sistema Solar.
Eric Burgess, escritor de la revista Christian Science Monitor
[«Observador cristiano de la ciencia»], y Richard Hoagland, un escritor por
cuenta propia, se dirigieron a Sagan con la idea de colocar un mensaje
simbólico en la Pioneer: un saludo para cualesquiera extraterrestres que
pudieran encontrarse con el artefacto. Calculaban que Sagan era el único capaz
de venderle la idea a la NASA. Tenían razón. A Sagan la idea le encantó, y la
NASA la aprobó rápidamente.
Nadie, Sagan el que menos de todos, consideraban probable que
alguien o algo recuperara jamás tal mensaje. La Pioneer no iba dirigida a una
estrella cercana. La mecánica orbital la lanzaría en el equivalente a una
dirección aleatoria, y las estrellas están esparcidas tan poco densamente que
la nave podría vagar por el espacio durante un tiempo mucho mayor que la edad
del universo sin encontrarse nunca con ninguna estrella, mucho menos un sistema
solar habitado. Incluso si uno quisiera fantasear con que unos ET encontraran
el mensaje (como Sagan hizo en sus escritos sobre el mensaje), tendría que
imaginar que los ET tuvieran una tecnología capaz de detectar y rescatar
artefactos alienígenas en los abismos siderales.
Tras la reunión de la NASA en Washington, Sagan viajó a San Juan
para la reunión de la Sociedad Estadounidense de Astronomía de diciembre de
1969. Durante una pausa de diez minutos para tomar café, Sagan acorraló a Frank
Drake en el pasillo del hotel y le habló del mensaje. Sagan preguntó a Drake
qué pensaba que debía ponerse en la placa. Rápidamente llegaron a un consenso.
Necesitaban imágenes de seres humanos, un diagrama del Sistema Solar y un mapa
de localización que mostrara dónde estaba situado el Sistema Solar en la
galaxia.
La parte peliaguda era el mapa de localización. Imagínese el
esbozo de un mapa de América del Norte sobre una servilleta de cóctel, en el
cual se señalara la casa de uno tan precisamente que alguien pudiera ir allí en
coche. Peor, pues apenas sabemos qué aspecto tiene nuestra galaxia vista desde
la lejanía: imagínese hacer esto cuando los mapas presentaban el Paso del
Noroeste atravesando el Canadá y California como una isla. Aún peor: imagínese
que el mapa no se utilizará durante mil millones de años, para cuando el
desplazamiento continental habrá alterado totalmente la apariencia del globo.
Sagan sugirió un mapa estelar en que se mostrara la Osa Mayor y
otras constelaciones tal como se las ve desde la Tierra. Aunque los alienígenas
no reconocerían las constelaciones (que cambian con el paso de los milenios),
era concebible que dispusieran de una gran base de datos con las posiciones de
todas las estrellas en la galaxia. Tal vez pudieran introducir en ella el mapa
y averiguar cuándo y dónde tenía que estar uno para ver la Osa Mayor.
Drake lo mejoró. Se había convertido en todo un experto en LGM…
más tarde identificadas como estrellas de neutrones o púlsares (Drake mismo
acuñó este último término). Los púlsares son fáciles de detectar a lo largo y
ancho de la galaxia, y su frecuencia se ralentiza con el tiempo. Un mapa de
púlsares que especificara las frecuencias actuales permitiría a los
extraterrestres situarnos en el tiempo y en el espacio… de nuevo suponiendo que
llevaran registros astronómicos muy buenos.
Sagan preguntó a Drake si podía entregar el mapa de púlsares
casi inmediatamente. Drake dijo que sí, así que al final de la pausa para el
café el contenido del mensaje ya había quedado establecido.
Linda dibujó el hombre y la mujer desnudos de la placa. Tan
consciente de la diversidad como su marido, intentó dibujar figuras de etnias
compuestas. Su dibujo de la mujer mezclaba rasgos asiáticos y europeos. El
hombre era una mezcla de africano y europeo. La transferencia al medio de la
grabación en oro hizo que las figuras parecieran más caucásicas. El pelo de la
mujer, concebido como negro pero solo mostrado en contorno, parecía rubio; el
afro del hombre parecía más un pelo mediterráneo rizado[587].
§. Pornografía en el espacio
Se produjeron dos placas de vuelo de quince por veintitrés
centímetros, hechas de aluminio anodizado en oro. En marzo de 1972, la primera
se lanzó hacia Júpiter a bordo de la Pioneer 10. Siguió otra en la Pioneer 11.
Sean cuales fueran las probabilidades de que la placa consiguiera su objetivo
nominal, los humanos la descifraron y deconstruyeron profusamente. La placa de
las Pioneer se convirtió en una imagen icónica, tema de tiras cómicas, grafiti
y reproducciones comerciales no autorizadas en medios como la tapicería y las
medallas de plata[588].
Algunas personas juzgaron que los recatados desnudos de Linda
Sagan eran pornográficos. Entre ellas se contaba el conserje del Edificio de
Ciencias del Espacio de Cornell[589]. El Philadelphia Inquirer borró de su
ilustración los pezones de la mujer y los genitales del varón. «Un periódico
para la familia debe respetar las normas de la comunidad», explicó uno de sus
redactores[590]. El Chicago Sun Times imprimió una imagen íntegra, y luego se
lo pensó mejor. De una edición a otra, los genitales de la figura masculina
desaparecieron misteriosamente. La Catholic Review opinó que la placa debería
haber contenido una imagen de manos en actitud de oración en lugar de
desnudos[591]. Los Angeles Times imprimió la placa osadamente completa, por lo
cual recibió una airada carta:
Debo decir que me escandalizó la ostensible exhibición de los
órganos sexuales masculinos y femeninos en la primera página del Times . […]
¿No es bastante que tengamos que tolerar el bombardeo de pornografía en las
películas y las revistas indecentes? ¿No es bastante deplorable que los
funcionarios de nuestra agencia espacial hayan considerado necesario esparcir
esta inmundicia más allá de nuestro Sistema Solar?[592]
Como de costumbre, el titular definitivo se leyó en el New York
Daily News: «Unos desnudos y un mapa hablan de la Tierra a otros mundos[593]».
* * * *
Hubo una crítica feminista de la placa. Algunos objetaron que la
postura de la mujer indicaba sumisión al varón. Querían saber por qué la mano
del hombre estaba levantada, pero no la de la mujer. En la ausencia de
hendidura vaginal en la mujer iba a encontrarse el más flagrante falocentrismo.
Esto llevó a decir que la NASA había censurado la placa. Sagan
negó cualquier presión por parte de la NASA, pero admitió cierta auto censura.
Él y Linda optaron por un dibujo no provocativo para asegurarse de que la NASA
no pondría objeciones. «Mirando hacia atrás», escribió Sagan, «tal vez pensamos
que la jerarquía científico-política de la NASA es más puritana de lo que
es[594]». Afirmó que para la figura, Linda se había basado en parte en las
esculturas de la antigua Grecia, y que convencionalmente esas esculturas
omitían la hendidura vaginal.
También pareció que las figuras compuestas de Linda tenían la
rara cualidad de ser percibidas según la propia etnia del espectador. Un
periódico nigeriano especuló sobre por qué la NASA había representado
africanos[595]. Los asiáticos los veían como asiáticos. El Berkeley Barb puso
una leyenda a una reproducción de la placa: «Hola. Somos de Orange
County[596]»… dando a entender que las figuras respondían muy exactamente al
estereotipo caucásico[597].
§. Viva Zapata
Carl y Linda concibieron un hijo más o menos en la misma época
en que estaban concibiendo el mensaje de las Pioneer. En septiembre de 1970,
Linda dio a luz por cesárea[598]. Fue un chico. La pareja ideó un nombre
epítome de las sensibilidades de aquel tiempo: Nicholas Julian Zapata Sagan.
Nicholas era «victoria» en griego, como en victoria para el pueblo; Julian
homenajeaba al líder por los derechos civiles Julian Bond y también a Juliano
el Apóstata, el emperador romano que renegó del cristianismo; y Zapata por
Emiliano Zapata, el revolucionario mexicano[599].
En una carta, Rachel Sagan escribió cuidadosamente a máquina el
nombre completo con cada nombre en una línea separada, como si se tratara de un
extraño poema. «Como dicen los reaccionarios», escribió a Cari, «mejor te lo
crees[600][».
Rachel no tuvo ningún problema con el propietario del nombre.
Casi desde el momento de su pomposo nacimiento, Nick dio muestras de notables
capacidades verbales. Un amigo de la familia, mientras empujaba al bebé,
canturreó «Arriba y…», Nick respondió « ¡abajo!» Aparentemente era su primera
palabra… y la pronunció en contexto. Viendo Barrio Sésamo[601], absorbió no
solo los sonidos de las palabras, sino el concepto de oposición.
Al poco hablaba tan bien como un niño mucho mayor. Disertando
sobre su existencia preverbal, recordaba por ejemplo la época en que se dio
cuenta de las diferencias de colores (aún sin nombre). Increíblemente, estos
recuerdos se remontaban hasta su nacimiento quirúrgicamente asistido. Esa
experiencia la recordaba como primero roja y luego fría[602].
§. Viking
Tras llegar a la Luna, la NASA se quedó sin orientación. El
futuro de la agencia dependía de que se cautivara la imaginación pública con
una misión tan atractiva como las del proyecto Apolo… aunque mucho menos cara.
De no haber existido, la agencia espacial habría hecho bien en inventar a Carl
Sagan (tal vez habría faltado la imaginación para hacerlo). Sagan más que nadie
contribuyó a la elaboración del programa de exploración robótica del Sistema
Solar como una búsqueda de vida. Sagan hizo posible que la NASA entrara en la
siguiente, y científicamente más productiva, fase de su existencia.
La NASA estaba planeando de nuevo una misión de aterrizaje en
Marte. Llamada Viking, se aprobó en 1968, un año después de que el Congreso
cancelara la más costosa Voyager. La del proyecto Viking sería la primera nave
en hacer auténtica ciencia desde la superficie de Marte. Entre sus objetivos
destacaba la búsqueda de vida.
Para Sagan, Viking era una apuesta irresistible. Él y
aproximadamente otros cien científicos dedicaron algunos de sus años más
productivos a una misión cuyo éxito rendiría inmensos beneficios. Pero si la
Viking se estrellaba o fallaba, los científicos que participaran en esa misión
caerían en desgracia. La única medida preventiva era que hubiera dos Viking.
No del todo injustificadamente, la prensa bautizó a Sagan como
el «espíritu conductor» del proyecto Viking. Más concretamente, desempeñó dos
papeles principales. Era uno de los cuatro experimentadores originales en el
equipo encargado de lo que la prensa llamó las «cámaras de televisión» de las
Viking. La toma de imágenes de Marte a ras de suelo era, posiblemente, el más
importante de todos los deberes científicos de las Viking. Thomas («Tim»)
Mutch, un geólogo de la Universidad Brown, estaba al frente de ese equipo. Para
cuando se produjo el aterrizaje, el equipo había aumentado hasta siete el
número de sus miembros, entre los que se encontraban Jim Pollack y, por
Standford, Elliott Levinthal[603].
Sagan no intervino directamente en el diseño de los experimentos
biológicos de las Viking. De eso se ocuparon dos equipos diferentes de
biología. Joshua Lederberg y Wolf Vishniac estaban en el equipo de «biología
activa»; Melvin Calvin, Harold Urey y Leslie Orgel formaban en el equipo de
«análisis molecular».
Sagan desempeñó otro papel principal en cuanto uno de la
aproximadamente docena de científicos que asesoraron en la selección de lugares
donde posar las dos naves Viking. Las deliberaciones sobre los lugares de
aterrizaje están bien documentadas, pues Sagan (como en él era típico) había
insistido en ello. Se levantaron actas, y Sagan a menudo aparecía con notas
que, por así decir, se hacían constar en acta. Sus notas estaban bien razonadas
y eran lúcidas; para algunos, debió de parecer como el niño que siempre hace
los deberes voluntarios[604].
Este grupo de trabajo sobre los lugares de aterrizaje se reunió
por primera vez el 2 de septiembre de 1970, en el MIT. El encuentro fue una
sesión de tormenta de ideas en la que A. Thomas Young, «director de integración
científica», instó al grupo a verbalizar los requisitos que en su opinión debía
reunir un lugar de aterrizaje, sin por el momento preocuparse de cuestiones
prácticas. Como ese era su punto fuerte, Sagan dominó los debates. Observó que
las cosas que los biólogos, los meteorólogos y los geólogos deseaban ver en
Marte eran diferentes. Los biólogos querían aterrizar donde mayores fueran las
posibilidades de encontrar vida, en las regiones más cálidas y húmedas de
Marte. Los meteorólogos querían aterrizar donde pudieran ver nubes, niebla o
remolinos. Querían ver el cambio de estaciones en las zonas oscuras y/o en los
casquetes polares. Los geólogos querían ver muchas cosas diversas y, si había
suerte, experimentar un seísmo marciano.
El 2 o 3 de diciembre de 1970, Sagan ya tenía una lista de seis
lugares favoritos de aterrizaje y un memorándum en el que se esbozaba una
filosofía de la selección de lugares. Esa filosofía se basaba en la necesidad
de equilibrar la ciencia con la «supervivencialidad». Sagan coincidía con el
sentimiento del miembro del equipo Alan Binder de que «un aterrizaje
accidentado no es muy útil aun cuando el accidente se produjera en la parte más
interesante del planeta».
Sagan, por tanto, defendía que la Viking 1 se posara en un lugar
que se considerara muy seguro. Si la Viking 1aterrizaba sin incidentes,
entonces para la Viking 2 se podría buscar un lugar más interesante aunque de
mayor riesgo. Todos acordaron que el equipo carecía de información para tomar
una decisión definitiva. Necesitaban mejores fotografías de Marte. Eso lo
aportarían las Mariner 8 y 9 y las propias fotografías de las Viking conforme
se aproximaran al planeta[605].
* * * *
En 1970, Sagan perdió a un valioso colaborador en Cornell. Jim
Pollack aceptó una oferta para trasladarse al oeste, al Centro de Investigación
Ames de la NASA. Las relaciones científicas entre Sagan y Pollack eran tan
íntimas y tan complementarias que algunos las comparaban con los lados
izquierdo y derecho del cerebro. La analogía no siempre favorecía a Sagan.
Cuando un científico del MIT se enteró del traslado, señaló que el lado
pensante del cerebro se había mudado a California[606].
§. Zapatos para Shklovski
Finalmente, Sagan consiguió reunirse con otro de sus
colaboradores: I. S. Shklovski. Un oportuno deshielo en la Unión Soviética
permitió a Shklovski viajar a Occidente.
A sus cincuenta años recién cumplidos, aquel hombre con anteojos
podía sucesivamente parecer distinguido o lanzar una contagiosa sonrisa a lo
Alfred E. Neuman[607]. Vestido con ropa idónea para el invierno ruso, Shklovski
llegó a Estados Unidos como un turista eufórico que insistía en ver
Disneylandia, el puente de Brooklyn, monte Palomar, espectáculos de revista,
restaurantes kosher, la Estatua de la Libertad, cualquier museo con pinturas de
El Greco y el escenario del asesinato de Kennedy. Shklovski se tomó la libertad
de hacer una investigación personal sobre la muerte de JFK. Su conclusión: un
solo tirador apostado en el depósito de libros[608][.
Shklovski hablaba inglés con fluidez suficiente para permitirse
destellos de ingenio. (Cuando tenía algo divertido que decir, agarraba a Sagan
por el codo o lo sujetaba por la corbata: lo que fuera para que no se perdiera
el chiste). Estaba embelesado por los bienes de consumo occidentales. En una
ocasión, Shklovski se quedó plantado delante de un escaparate de zapatos. Pudo
ver que la manufactura era excelente. Entró y se compró un par: los zapatos
rusos eran una porquería, explicó[609].
Ningún producto occidental entusiasmó más a Shklovski que una
baraja de cartas pornográficas que encontró en Berkeley. Le gustó especialmente
que en cada carta hubiera un desnudo diferente. Shklovski dijo a Sagan que
sumaban cincuenta y dos regalos para otros tantos amigos de la Unión
Soviética[610].
En el curso del mismo viaje, se compró uno de aquellos
distintivos con consigna tan populares en los años sesenta y en el que decía:
«Rezad por el sexo». «En vuestro país», explicó Shklovski, «este eslogan es
ofensivo por una razón. En mi país, por dos razones[611]».
Si Shklovski no se gastó más dinero en juergas durante su
estancia en Estados Unidos fue porque a los científicos soviéticos de viaje no
se les permitía disponer de mucho dinero de bolsillo. Durante una visita, a
Shklovski el dinero no le alcanzó para pagar la comida. Sus compañeros
estadounidenses dijeron bromeando que a estas alturas Shklovski ya debía de ser
rico.
« ¿Cómo que rico?» preguntó Shklovski.
«Vamos, hombre, su libro con Sagan ha salido en rústica. ¡Eso
son decenas de miles de dólares!».
Shklovski tuvo que explicar que la Unión Soviética no había
firmado los acuerdos internacionales de propiedad intelectual. El editor del
libro, Fred Murphy, de Holden-Day, no estaba legalmente obligado a pagarle
nada… y no le había pagado nada[612].
Cuando Sagan se enteró de esto, contactó con Murphy (amigo suyo
de Chicago) e insistió en que pagara a Shklovski. A su debido tiempo, en
conceptos de derechos de autor, Holden-Day envió a Shklovski un cheque generoso
según los criterios de estadounidenses y fenomenal según los rusos. Shklovski
nunca lo cobró. Temía que le trajera problemas con el KGB[613].
§. Las vertiginosas lunas de Barsoom
Una de las ideas favoritas de Shklovski, tratada en Vida
inteligente en el universo, consistía en que Fobos y Deimos, los dos satélites
de Marte, insólitamente pequeños, eran estaciones espaciales construidas por
marcianos inteligentes. Las dos lunas no eran más que puntos de luz en los
telescopios más grandes, y nadie sabía mucho de ellas. Shklovski observó que
algunas anomalías detectadas en la órbita de Fobos podían explicarse suponiendo
que este estuviera hueco. Los satélites no se ahuecan solos. Por consiguiente,
alguien debía de haberlos ahuecado. Es difícil saber hasta qué punto creía
Shklovski en esta teoría. Un colega le quitó importancia como algo mencionado
por Shklovski cuando daba conferencias divulgativas y tenía que atraer la
atención de un público fatigado[614]. Pero Shklovski insistía en que sus
estaciones espaciales «no eran simplemente una broma[615]».
Exponer esta idea delante de Sagan era como provocar a un perro
con carne. Esto tampoco quiere decir que él creyera en ella. Pero en las
primeras fases de la planificación de las misiones para las Mariner 8 y 9,
Sagan se dio cuenta de que las naves pasarían junto a los dos satélites de
Marte. Comenzó a estudiar maneras de sacar las primeras fotos detalladas de las
lunas.
Todo lo que eso requeriría, concluyó, sería mover una plataforma
de exploración. Sagan presentó su idea al Laboratorio de Propulsión a Reacción
(JPL en sus siglas inglesas) y obtuvo una acogida positiva. Luego llevó el plan
a la NASA. La dirección de la agencia la desestimó. Había un plan de misiones,
dijeron, un grueso libro en el que se detallaban los objetivos de la misión. En
ese libro no se hacía mención de Fobos y Deimos. Eso significaba que no se
podían fotografiar.
Sagan contraatacó con un nuevo argumento. Olvídense de la idea
de Shklovski; las lunas son muy probablemente asteroides capturados. En ese
caso, fotografiarlas con las Mariner sería como un viaje gratis al cinturón de
asteroides. Sí, ahorraría dinero de la NASA… por valor de 200 millones de
dólares, que era en lo que Sagan calculaba el gasto de montar una misión al
cinturón de asteroides. Este argumento obtuvo una acogida algo más
favorable[616].
El plan consistía en que la Mariner 8 cartografiara el planeta,
mientras que la Mariner 9 se concentraría en las zonas oscuras y sus cambios
estacionales. Ese plan cambió abruptamente tras el despegue de la Mariner 8 el
8 de mayo de 1971. El motor del cohete Centauro estalló inesperadamente. El
cohete y la sonda cayeron al océano. La Mariner 9 despegó el 30 de mayo. Ahora
era una misión en solitario.
§. Galletita de la fortuna
A pesar de su trabajo con las Mariner y Viking, Sagan mantuvo
una intensa actividad editorial. Una serie de conferencias en la Universidad de
Oregón se publicó en forma de libro como Planetary Exploration [«Exploración
planetaria»] (1970). Sagan fue coeditor de las actas sobre Planetary
Atmospheres [«Atmósferas planetarias»] (1971), Space Research[«Investigación
espacial»] (1971) y el antes mencionado UFOs. A Scientific Debate [«OVNIS. Un
debate científico»] (1972), que revisó y publicó la editorial comercial W. W.
Norton en 1974. Sagan también desempeñó un pequeño papel de asesoramiento en un
volumen sobre La guerra aérea en Indochina (1971). Era un experto de tal
calibre sobre la vida, terrestre o no, que se le encargó la redacción de la
entrada «Vida» de la Enciclopedia Británica.
La creciente carrera de Sagan como escritor llamó la atención de
Jerome Agel. Agel era lo que se llama un productor editorial, alguien que se
dedica al descubrimiento de tendencias y personas con futuro, y a los trámites
conducentes a la creación de libros escritos por ellos o sobre ellos. Sagan se
reunió con Agel en un restaurante polinesio de Boston. Agel le dijo a Sagan que
debía escribir un libro divulgativo. Sagan aceptó. Barajaron ideas para un
libro informal que se ocupara de la búsqueda de vida más allá de la Tierra y lo
que podría significar el contacto con inteligencias extraterrestres.
Sagan prometió intentarlo. Al final de la comida, abrió una
galletita de la suerte que decía: «Pronto será requerido para que descifre un
mensaje importante[617]».
§. El oso Smokey
Sagan pidió una excedencia para el curso académico 1971-1972. Él
y Linda pasaron la mayor parte del año en California, donde Sagan estuvo
trabajando en el JPL durante el encuentro de la Mariner 9 con Marte.
Abandonaron su casa alquilada en Ithaca y dejaron sus muebles en un depósito.
Mientras tanto, habían iniciado la construcción de una nueva casa en un solar
con impresionantes vistas al lago Cayuga.
Un par de meses antes de que la Mariner 9 llegara a Marte, Sagan
realizó un sueño que abrigaba desde más o menos 1967: una conferencia
verdaderamente internacional sobre inteligencia extraterrestre.
Sagan había propuesto la idea al astrofísico soviético Nikolái
Kardáshov, discípulo de Shklovski. Kardáshov quería ser astrónomo desde que
tenía cinco años, cuando su madre lo llevó a una exposición celebrada en el
Planetario de Moscú. Bajo la oscura cúpula de la noche artificial, actores
disfrazados representaron estampas de las vidas de los grandes astrónomos.
Kardáshov comenzó sus estudios preguntándole a su madre cuántas puntas tenían
las estrellas en el cielo. Su respuesta fue cinco; las estrellas en los cielos
no podían ser diferentes de la de la bandera soviética[618].
Kardáshov comenzó a recabar apoyos para la conferencia en la
burocracia soviética. En la planificación también invitó a participar al
astrónomo checo Rudolf Pesek. Este se ofreció a presentar el encuentro; durante
un tiempo parecía como si la reunión fuera a tener lugar en Checoslovaquia.
Entonces los tanques soviéticos entraron en Praga. Una cosa llevó a la otra, y
la reunión se trasladó al Observatorio Astronómico de Biurakan en la Armenia
soviética. Se celebró entre el 5 y el 11 de septiembre de 1971.
Aunque no tan conocida como la de Green Bank, la reunión de
Biurakan contó con un grupo de participantes mucho mayor y más diverso. Fue el
salón científico más brillante para Sagan. Deliberadamente, Biurakan no fue una
convención de entusiastas de Star Trek. Se invitó a personas brillantes que no
eran «verdaderos creyentes» en la inteligencia extraterrestre. Hubo, pues,
auténticos debates. Sagan había insistido en este grupo sumamente
multidisciplinar contra las objeciones de Kardáshov, para el cual todo aquel
que no fuera astrónomo o radio-físico era un «filósofo», es decir, un
charlatán[619].
Entre los cincuenta componentes del grupo había biólogos,
arqueólogos, criptógrafos, lingüistas, antropólogos, historiadores y filósofos.
La SETI se había convertido en un empeño humanista (aunque todavía con
abrumadora prevalencia de varones blancos). Allí estaban Philip Morrison y
Frank Drake (ambos miembros, junto con Sagan, del comité organizador
estadounidense), Francis Crick, Freeman Dyson, Thomas Gold, David Hubel, Marvin
Minsky, Leslie Orgel, Charles Townes y William McNeill. En ausencia de John Lilly,
un papel hasta cierto punto análogo correspondió al etnógrafo Richard Lee, que
en todo caso se sabía un montón de historias fascinantes. Lee había convivido
con babuinos. «Lo principal», le dijo a Shklovski, «es no mirar a los machos
adultos a los ojos[620]».
* * * *
Biurakan, una aldea azotada por el viento de calles sin
pavimentar y animales de granja, se encuentra a unos mil seiscientos metros
sobre el nivel del mar. Las brillantes aguas azules del cercano lago Seván se
encuentran entre montañas tan ralas y desarboladas como el estado de Nevada.
Desde la aldea (aunque al otro lado de la frontera con Turquía) es también
visible el monte Ararat, el legendario pico donde se dice que encalló el arca
de Noé.
El observatorio se halla al pie de otro pico, el monte Aragats.
Es un buen lugar para un observatorio. Por la noche, los alrededores se
envuelven en una inquietante oscuridad, una lúgubre consecuencia del genocidio
armenio.
El copresidente de Sagan en el comité organizador soviético era
Víktor Ambartsumián, el autocrático director del observatorio de Biurakan.
Físicamente parecía un enorme oso tambaleante, y el observatorio era su
Xanadú[621]. Había convertido este árido rincón del mundo en un escaparate de
la tecnología y un jardín paradisíaco. Vivía en una gran casa próxima a los
telescopios. Huertos frutales y cuidados lechos de flores (cultivadas en la
floración de noviembre) cubrían el suelo. Los teléfonos del observatorio
conectaban con el mundo exterior a través de un rayo láser. Un tembloroso punto
de luz roja era un láser disparado desde Ereván, a más de treinta kilómetros de
distancia, y capaz de permitir veinticuatro conversaciones simultáneas con
claridad cristalina[622].
Ambartsumián era el héroe local, un armenio fervientemente
patriótico que había prosperado en el sistema soviético. Los rusos sentían que
los consideraba bárbaros. Los estadounidenses opinaban que se parecía al oso
Smokey[623]. Cuando se lo contaron, Shklovski, que no conocía al oso cuya
imagen se utilizaba para la lucha contra los incendios forestales, convino en
que Ambartsumián sí parecía un oso. Shklovski comenzó a llamar a Ambartsumián
Ursa Major, la Osa Mayor[624].
* * * *
Según los criterios estadounidenses, la reunión estuvo plagada
de historias de terror para el turismo. Las colas en la aduana eran
interminables y obligadas incluso después de un vuelo dentro de la Unión
Soviética. La costumbre parecía ser registrar el equipaje cuando se cargaba en
un avión y de nuevo cuando se descargaba. Tras una espera de veinte minutos en
una cola aduanera atascada, un funcionario soviético se apiadó de los airados
estadounidenses y les concedió el raro privilegio de saltarse la aduana. Sus
instrucciones fueron de subirse a las rejillas de reparto de equipajes y gatear
hacia atrás sobre sus manos y rodillas, arrastrando su equipaje…rápidamente,
antes de que alguien se diese cuenta[625].
Sagan convenció a la NASA de la contratación de un estenotipista
a fin de que las actas se pudieran levantar y publicar. (El libro,
elegantemente editado por Sagan, lo publicó la MIT Press en 1973 como
Comunicación con Inteligencia Extraterrestre [CETI]). La máquina estenográfica
estuvo a punto de no pasar la aduana. Las autoridades soviéticas sospechaban
que eran una máquina Xerox. Habían oído que esas máquinas Xerox eran capaces de
hacer miles de copias de documentos de Estado oficiales. Aunque estaba claro
que la máquina estenográfica no era una máquina Xerox, los rusos temían que,
apretando un botón oculto, podría convertirse en una máquina Xerox[626].
Los asistentes tuvieron que sobornar a funcionarios soviéticos
para conseguir taxis, y luego correr unos ochocientos metros bajo una lluvia
torrencial y a oscuras para llegar donde estaban los taxis clandestinos. Philip
y Phylis Morrison fueron convencidos de que se ocuparan del equipaje de otras
personas… un error, dado lo mucho que ellos mismos llevaban y las malas
condiciones climáticas[627].
Lo informal del encuentro compensó de los rigores del viaje al
Shangri-la[628][137] de flores y telescopios de Ambartsumián. Chaquetas y
corbatas hubo pocas. Sagan llevaba camisas deportivas, de cuello abierto y con
las mangas subidas[629]]. El ambiente era de optimismo. Marvin Minsky llevó
algunos grandes rompehielos: frisbees y cohetes de juguete. Los soviéticos, que
nunca antes habían visto frisbees, se quedaron atónitos[630].
Y Shklovski era… Shklovski. Un prolijo astrónomo soviético habló
de una teoría según la cual todos los grandes logros científicos —de Newton,
Darwin, Einstein, etc.— se concibieron durante periodos en los que las manchas
solares estaban más activas. Los ojos de Shklovski se encontraron con los de
Sagan. Sí, dijo Shklovski, pero esta teoría debió de concebirse en un año sin
manchas solares. Era típico de Shklovski que dijera esto lo bastante alto para
que pudieran oírlo todos los que se encontraban en la sala[631].
§. La teoría de la condensación
Los participantes se reunían cada día en una sala de
conferencias del laboratorio más espaciosa y cómoda que la de Green Bank. La
ecuación de Drake volvió a establecer un marco para los debates. En su calidad
de maestro de ceremonias, Sagan comenzó haciendo un resumen de la ecuación, y
luego presentó a oradores expertos en los factores específicos.
Tommy Gold habló en primer lugar sobre la formación de sistemas
solares y planetas similares a la Tierra. Mostró modelos informáticos de
sistemas solares hipotéticos. Parecían dar a entender que el diseño de nuestro
propio Sistema Solar, con pequeños planetas rocosos cerca del Sol y otros de
mayor tamaño y gaseosos más lejos, era corriente.
Ambartsumián objetó que aquellos modelos informáticos eran
demasiado hipotéticos. Deberían atenerse a hallazgos reales sobre estrellas
reales. Durante un rato siguió hablando de las estrellas eruptivas. Hasta
entonces no se las había mencionado, y su relevancia era difícil de determinar.
Philip Morrison formuló diplomáticamente a Ambartsumián una pregunta sobre las
estrellas con erupciones. Tras la respuesta de Ambartsumián, Gold dijo que se
alegraba de que Ambasrtsumián hubiera aportado ese material de fondo… e intentó
devolver el debate a la formación de los planetas.
Poco después, Ambartsumián comentó que él era «un tanto
escéptico con respecto a la teoría de la condensación».
Gold había estado hablando sobre cómo los planetas se condensan
a partir de discos de gas. Así era como prácticamente todos los astrónomos de
finales del siglo XX creían que se formaban los planetas. El comentario de
Ambartsumián era como si un biólogo se declarara «un tanto escéptico con
respecto a la evolución[632]».
Ninguno de los astrónomos se atrevió a decir nada sobre aquella
observación. El neurólogo David Hubel confesó su ignorancia. Hubel concedió que
probablemente todos los astrónomos presentes sabían de qué estaba hablando
Ambartsumián, pero, hablando como no astrónomo: ¿de qué exactamente estaba
hablando Ambartsumián? Además de la condensación, ¿qué otras posibilidades
había?
«La desintegración de cuerpos super densos», respondió
Ambartsumián. Sobre el tema se habían escrito artículos, añadió. Nadie más
parecía haber leído esos artículos[633].
Pasó a tratarse de la estrella de Barnard, una estrella enana
roja cercana. Las pruebas de que podría tener planetas eran débiles. Sagan
advirtió del «chovinismo de la estrella G». Había una tendencia a pensar que
solo las estrellas como nuestro Sol podían contener vida. Sagan creía que los
planetas de las pequeñas estrellas rojas, como la estrella de Barnard, también
podrían contener vida. Las enanas rojas tienen vidas largas y estables, que se
miden por decenas de miles de millones de años[634].
Ambartsumián adujo que había un artículo según el cual muchas
estrellas rojas eran en realidad bastante jóvenes. Especialmente las estrellas
eruptivas. Sagan preguntó cautelosamente si ese artículo se aplicaba a la
estrella de Barnard.
Era solo un «cálculo estadístico», contestó Ambartsumián
encogiéndose de hombros[635].
§. El comodín
La calidad del debate mejoró en la discusión siguiente.
Ambartsumián guardó silencio la mayor parte del tiempo; Sagan, y la misma SETI,
estaban en la línea de fuego.
El debate se ocupó de la probabilidad de que la vida se
originara en un planeta. Sagan fue el primer orador. Seguía siendo el
optimista. Los experimentos de Miller y Urey, Ponnamperuma, Fox, Orgel —y los
propios experimentos de Sagan— habían producido todos los principales
aminoácidos, azúcares y nucleótidos presentes en la vida hoy en día. La vida
tal como la conocemos evolucionó a partir de las moléculas con más probabilidad
de formarse.
Sagan admitió que no podemos calcular la probabilidad de que la
vida evolucione a partir de estadísticas (solo conocemos un planeta que tenga
vida) o a partir de una profunda comprensión de los mecanismos implicados (de
la cual carecemos). Para calcular las posibilidades de que la vida se
desarrolle Sagan dijo que teníamos que servirnos de algo llamado la
«probabilidad subjetiva». Esta es la «probabilidad» de los instintos viscerales
y las conjeturas con base sólida.
La probabilidad de que la vida surgiera en un planeta adecuado
Sagan la situó virtualmente en el 100 por 100.
Su principal adversario no fue otro que Francis Crick. A Crick,
por supuesto, le correspondía el 50 por 100 de participación en el mayor
descubrimiento biológico del siglo. Naturalmente, era consciente de sus
contribuciones científicas y siempre estaba a la defensiva contra su
descripción en La doble hélice de James Watson. (Watson había pintado a su
colega prácticamente como un amable bobo con suerte). En Crick, en cualquier
caso, había otra faceta, la de un polemista habilidoso e implacable. Crick no tenía
un gran concepto de la probabilidad subjetiva de Sagan.
Nadie, observó, había jamás sellado un tubo de vidrio lleno de
productos químicos y lo había agitado hasta producir algo vivo. Crick dijo que
A fin de que quede patente la diferencia entre mi posición y la
del profesor Sagan, he de hacer una analogía, y lamento que sea tan
convencional. Imagínese a un hombre al que se le ha repartido una mano de
cartas. El carácter de su mano es que ha de tener una secuencia particular, una
combinación particular de cartas. Sabemos que este es un suceso raro y no es
razonable intentar calcular la probabilidad del suceso simplemente porque nos
haya pasado a nosotros. El argumento del profesor Sagan es que hay muchas
cartas. Pero nosotros solo tenemos un único suceso y la teoría estricta de la
probabilidad dice que la probabilidad no la podemos deducir de ese modo.[636]
Sagan respondió:
El profesor Crick y yo estamos jugando a juegos de cartas
diferentes. En su interesante analogía con los naipes no creo que haya
solamente una secuencia de cartas ganadora. Lo que supongo es que hay muchos
caminos hasta el origen de la vida, y que la probabilidad conjunta de que uno
de ellos se haya seguido en un planeta adecuado a lo largo de miles de millones
de años es bastante alta.[637]
La mejor prueba del argumento de Sagan era el registro de
fósiles. Mencionó que los fósiles más antiguos entonces conocidos, de algas
verdeazuladas, tenían unos 3.200 millones de años de antigüedad, y que no es
probable que sean las más antiguas que se lleguen a encontrar. (Tenía razón:
los fósiles más antiguos que actualmente se conocen son de hace 3.900 millones
de años). Eso significaba que la vida había comenzado pronto, durante el primer
tercio de la existencia de la Tierra. Considerando que la Tierra muy temprana
debió de ser demasiado cálida o inestable para la vida, el tiempo que le costó
a la vida evolucionar debió de ser de solo unos pocos cientos de millones de
años o menos. «Esto, a mi juicio, habla bastante convincentemente de un origen
rápido de la vida en la Tierra primitiva». Y si la vida se formó rápidamente,
se seguía que no era algo tan raro[638].
* * * *
Crick hizo la certera observación de que había que preocuparse
no solo de los valores de la ecuación de Drake, sino de las incertidumbres en
esos valores.
El grupo reunido en Green Bank diez años antes había sido
perfectamente consciente de que sus cálculos adolecían de incertidumbres
grandes e imposibles de evaluar. El mismo Sagan calificaba a veces de
«entretenimiento» la fórmula de Drake. Jugar con los números resulta una
diversión inofensiva hasta que uno se da cuenta de que probablemente estén
equivocados en cuanto a los órdenes de magnitud. Sin embargo, los optimistas de
la SETI siempre tenían un colchón extraordinariamente mullido sobre el que caer:
la escala inconcebiblemente enorme del universo. Sagan sostenía que es difícil
discutir la existencia de inteligencia extraterrestre rellenando la ecuación de
Drake con cálculos «pesimistas». Hay órdenes de magnitud de sobra[639].
¿Los hay? El temor de Crick era que la introducción de malos
datos reportara malos resultados. Con que solo uno de los factores de la
ecuación de Drake fuera un comodín, imposible de evaluar con nuestros
conocimientos actuales, entonces esa incertidumbre total se transmitiría al
resultado final. La ecuación de Drake fallaría. Arrojaría un número sin ningún
significado.
Si la probabilidad de que la vida comenzara en un planeta
adecuado fuera de 1 entre 1 millón (en lugar del 1 entre 1 de Sagan), entonces
cabría suponer que estábamos solos en la galaxia. La confianza de Sagan en la
vida comunicativa en la galaxia estaría injustificada. Crick no estaba diciendo
que la vida fuera así de improbable. Más bien estaba diciendo que no tenía
ninguna razón para confiar en que no fuera improbable.
El debate se cerró sin haber resuelto esta diferencia entre
Sagan y Crick. Philip Morrison, un gran caballero y diplomático de la ciencia,
concluyó: «Si hay algo más que decir sobre estos argumentos de probabilidad,
son los teóricos de la probabilidad quienes pueden hacerlo; es un problema
complicado y creo que pueden manejarlo por sí solos. A mí me parece que han
expuesto sus opiniones elocuentes defensores de ambas posiciones[640]».
§. Desayuno armenio
David Hubel, de Harvard, habló sobre la evolución de la
inteligencia. (Se disculpó de antemano por si sus palabras no eran claras,
alegando desfase horario y «la insistencia del académico Ambartsumián en que
tomáramos un desayuno armenio completo, esto es, con coñac[641]»). Hubel
confesó que no sabía por qué ni cómo evolucionó la inteligencia. Hay formas de
vida exitosas como los insectos que llevan existiendo desde hace cientos de
millones de años, llenando diversos nichos, y (en algunos casos) viviendo en
grupos sociales sumamente organizados con alguna clase de «lenguaje»… pero sin
desarrollar nunca lo que llamaríamos inteligencia. «No tengo la menor idea de
qué es lo que ha causado que un grupo de animales evolucionara en una dirección
conducente a la inteligencia superior y otras en la dirección del insecto, que
termina en una especie de callejón sin salida evolutivo[642]».
La analogía de la mano de cartas de Crick era tal vez más
relevante aquí que para el origen de la vida. Sagan no pudo aducir el registro
de fósiles como defensa. La inteligencia evolucionó muy tarde en la historia de
la Tierra, al alba del 31 de diciembre según la analogía del calendario cósmico
de Sagan.
§. La vida con los !Kung
A este debate siguió la charla de Richard Lee sobre la evolución
de la tecnología. (Lee llevaba varios años viviendo con los bosquimanos !Kung
del desierto de Kalahari, aprendiendo su idioma y compartiendo su forma de
vida. Estaba tan cómodo viviendo a la intemperie que alarmó a los soviéticos
por pasar una noche al aire libre, lo mejor para contemplar el amanecer). La
tesis de Lee era que la inteligencia era un sinónimo del lenguaje… pero no
necesariamente implica tecnología[643]. Lee elogió la cultura oral de los
!Kung. Las historias que cuentan alrededor de sus fogatas están llenas de
ingenio, ironía, metáforas, simbolismo y todo lo demás que nosotros asociamos
con la literatura, el teatro o el cine de una cultura «avanzada». Pero los
!Kung nunca han desarrollado la agricultura, disponen de pocas herramientas o
posesiones materiales y no tienen animales domésticos salvo el perro[644].
Para Lee era, pues, un misterio por qué la tecnología surgió en
algunas sociedades y no en otras. Pero Lee no creía que fuera un acontecimiento
improbable. Él pensaba que se daría tarde o temprano, en cuanto existiera una
especie inteligente con lenguaje.
* * * *
William McNeill, historiador de la Universidad de Chicago, tenía
una queja que formular. La ecuación de Drake siempre le sorprendió por
arbitraria. No veía por qué había 3 factores que representaban la posibilidad
del desarrollo de una civilización tecnológica. ¿Por qué no 4, 5 o 6 factores?
Y si se introducían más factores, todos menores que 1, eso haría más pequeña la
respuesta final, ¿no?
Sagan aceptó que la forma particular de la ecuación era
arbitraria. Se podía seguir troceándola hasta conseguir una fórmula de 100
factores.
Por lo menos, dijo McNeill.
O de 1.000 factores, continuó Sagan. Pero la respuesta final
sería la misma.
McNeill no veía cómo era eso posible[645].
Shklovski, desconcertado por aquello de lo que estaban hablando,
pidió a McNeill que reformulara su problema.
Entonces Sagan y Leslie Orgel colaboraron valientemente en una
analogía que no dejaba de prolongarse. Supóngase, dijo Orgel, que uno estuviera
viajando de Cambridge a Ereván. Podría dividir el viaje en tres etapas: de
Cambridge a Londres, de Londres a Moscú y de Moscú a Ereván. La probabilidad de
llevar a cabo cualquiera de estos viajes cortos sería mayor que la de hacer
todo el viaje de Cambridge a Ereván; pero, multiplicando las tres
probabilidades juntas, se obtendría el mismo resultado. Y si hubiera otra forma
de poder llegar a Ereván vía Budapest, esa probabilidad tendría que agregarse.
«Si alguien consiguiese con gran dificultad realizar el vuelo
Budapest-Ereván», prosiguió Sagan, «podría concluir que es casi imposible
llegar a Ereván. Pero la ruta vía Moscú hace mucho más probable la llegada a
Ereván».
«Por eso, pues, no supone ninguna diferencia cuántos [factores]
tengamos», concluyó Orgel triunfalmente.
Aún perplejo, McNeill se rindió[646].
§. La Edad de Oro
¿Qué aspecto tendrían los alienígenas? constituye una pregunta
favorita de los periodistas desde hace mucho tiempo. Mientras Sagan pensaba que
no tenía respuesta, Frank Drake prefería conjurar la memorable imagen de que
«si uno los viera a cien metros de distancia en el crepúsculo, podría creer que
se trataba de humanos[647]». En Biurakan, Marvin Minsky citó un artículo de
Isaac Asimov (que no estaba presente) en el que Asimov había razonado que un
alienígena inteligente plausible sería bilateralmente simétrico y tendría
órganos sensoriales concentrados cerca del cerebro a fin de minimizar el tiempo
de reacción. En otras palabras, los alienígenas tendrían rostros.
Tommy Gold se mostró de acuerdo en que los alienígenas tendrían
ojos más o menos como los nuestros. Mencionó el pulpo y el calamar. Viven en un
entorno tan diferente de la tierra seca como otro planeta sería diferente del
nuestro, pero han desarrollado (independientemente de los vertebrados) ojos con
una pupila, un iris y una retina. No era un capricho de la evolución, sino algo
que cabía esperar de una criatura activa en cualquier planeta.
Esta visión estaba parcialmente en los ojos del observador
mismo. El neurólogo Hubel objetó que los ojos del pulpo no son en absoluto
parecidos a los nuestros. Sus células receptoras se despolarizan con la luz,
dijo. Los nuestros se hiper polarizan[648].
* * * *
Los alienígenas de I. S. Shklovski no tendrían ni ojos ni
rostros. Él fue el siguiente orador, y su tema nominal era el más especulativo
de todos: la duración media de una civilización avanzada. No intentaba calcular
esto; más bien intentaba imaginar en qué podría una civilización extraterrestre
avanzada ser diferente de la nuestra. Shklovski proponía que las civilizaciones
más avanzadas de la galaxia no serían biológicas. Serían ordenadores, robots,
algo así.
Gunther Stent (el virólogo de Berkeley que había intentado
desanimar a Lynn Margulis de investigar el ADN de los cloroplastos) adoptó este
sesgo especulativo desde una perspectiva opuesta. Stent predijo que la sociedad
humana estaba a punto de sufrir una profunda transformación. A la nueva fase de
la raza humana la llamaba la Edad de Oro.
En la Edad de Oro, la creatividad resultaría obsoleta. Esto es
lo que supuestamente había sucedido en la China de la dinastía Tang, donde
(según el análisis de Stent) un formidable florecimiento cultural llevó a tal
nivel sin precedentes de seguridad y comodidad que todos los subsiguientes
impulsos creativos se debilitaron. Había ocurrido en la Polinesia, donde (de
nuevo según Stent) el exuberante entorno natural erradicó la voluntad de
dominar la naturaleza. Los polinesios buscaban la armonía con la naturaleza. La
creatividad en las artes y las ciencias perdió su sentido y dejó de
existir[649].
Nuestra propia sociedad, por supuesto, era diferente, dijo
Stent. Somos una sociedad «faustiana» en la que en cada recién nacido se
inculca la «voluntad de poder» de Nietzsche. Stent creía, sin embargo, que la
cultura tecnológica global no tardó en entrar en su propia Edad de Oro. Las
cosas se volvieron tan cómodas que las personas dejaron de innovar[650].
Stent creía que las sociedades extraterrestres pasarían por
Edades de Oro similares. El paraíso era inevitable. Las sociedades perfectas,
el «archipiélago polinesio galáctico», se concentrarían en la tranquilidad
interior de sus habitantes. Y tendrían cosas mejores que hacer que comunicarse
con civilizaciones galácticas[651].
* * * *
Esta visión del Nirvana, de una insuperable armonía cósmica,
constituyó una gran provocación para algunas personas del MIT.
Seguramente, preguntó Bernard Burke (un físico del MIT), en el
«Apocalipsis blando» de Stent quedaría algún margen para el raro genio
creativo. Las grandes cumbres del arte y la ciencia fueron logros de
relativamente pocos. En nuestra propia imperfecta era, en la que la mayoría de
las personas producía bienes útiles, seguía habiendo margen para que «unos
cuantos académicos se ocupen de temas abstrusos[652]».
Stent se disculpó por no haber sido más claro. No es que la Edad
de Oro prohibiría la creatividad. En el futuro, el deseo de innovar estaría
ausente, incluso en la minoría nominalmente creativa.
Marvin Minsky no quiso saber nada de «la espantosa Edad de Oro
del doctor Stent». Secundó, y amplió, la visión de Shklovski de la sociedad pos
biológica[653].
Minsky admitió «un apego sentimental a la concha biológica de
uno». Sin embargo, las ventajas de volverse mecánico eran demasiado grandes
para dejarlas pasar. Una sociedad verdaderamente avanzada tendría el sentido de
transmutarse en una especie de pequeños y potentes robots lo bastante duraderos
para los viajes interestelares o cualesquiera aventuras pueda ofrecer la
magnífica posteridad tecnológica[654].
«Simplemente tendré que hacer una jugada de póquer con ustedes»,
dijo Minsky, «y decir que aquí en mi mano tengo una prueba de la existencia de
la inteligencia artificial».
No era un farol. La prueba era la tesis doctoral del estudiante
del MIT Terry Winograd. Winograd había desarrollado un programa que podía
expresarse en un lenguaje complejo y de apariencia relativamente natural sobre
un «universo» de bloques de colores como de juguetes dispuestos sobre una mesa.
Era un notable avance hacia la inteligencia artificial, y en ese momento nadie
podía decir hasta dónde se llegaría por esta senda. Minsky afirmó que el
programa de Winograd representaba una parte importante de la inteligencia
humana[655].
¿Qué parte?, quiso saber Philip Morrison. Marvin Minsky dijo que
entre 1/10 y 1/1.000.000[656]. Era otro de aquellos cálculos de órdenes de
magnitud.
Tommy Gold tomó la palabra. ¿Habían considerado las virtudes de
«máquinas muy grandes y potentes… máquinas de tamaño y potencia enormes»?
Entusiasmó al grupo —o, más bien, a un subconjunto de él— con la
más flagrante tecnofilia. Nuestras máquinas actuales, dijo Gold, tenían todavía
la escala de las manos y las mentes de meros mortales biológicos. Algún día,
habría máquinas constructoras de máquinas… y máquinas diseñadoras de máquinas.
Muy probablemente, alcanzarían proporciones enormes.
La fantasía de Gold se volvió subterránea. Las grandes máquinas
excavarían en busca de menas más eficazmente que los mineros humanos, y
proveerían materias primas baratas para la producción de máquinas aún más
gargantuescas. Habría una espiral de retroalimentación. Gold profetizó
osadamente que grandes máquinas escarbarían hasta sesenta kilómetros bajo
tierra en busca de menas, desviarían el río Misisipi hasta California y
fabricarían comida artificial.[657]
«Yo creo que deben esperarse grandes cambios», dijo Gold. «De
hecho, no comprendo por qué no nos hemos movido en esa dirección todavía»[658].
Minsky, alentado por estas observaciones, rogó al grupo que no
desdeñara las posibilidades de las máquinas pequeñas. Su laboratorio también
estaba trabajando en eso. El potencial de esta nanotecnología era fantástico.
Afirmó, en resumen, que la mejor manera en que se podían abordar los problemas
del mundo era «mediante una expansión tecnológica agresiva».[659]
§. Los boy scouts
No fue la menor de las contribuciones de Sagan la síntesis que
hizo de estas dos grandes corrientes del pensamiento occidental aparentemente
antitéticas. Habló a continuación del resultado final de la ecuación de Drake,
la cantidad de civilizaciones avanzadas en la galaxia. Condensando y, donde
fuera necesario, reconciliando todo lo que se había dicho, Sagan llegó a una
conclusión diez veces menos optimista que la de Green Bank. La «versión
racionalizada» de la ecuación situaba ahora la cantidad de civilizaciones
avanzadas en la galaxia en torno a un décimo de la vida media (en años) de
tales civilizaciones.
Shklovski no había propuesto ninguna cifra para la vida media de
las civilizaciones. Sagan propuso 10 millones de años. Argumentó que tal vez
solo el 1 por 100 de las civilizaciones evitan el holocausto planetario, pero
quienes lo hicieran conseguirían una situación pacífica estable y durar largos
periodos geológicos. Este último grupo aumentaría su duración, aunque el 99 por
100 de las civilizaciones se destruyeran rápidamente.
Este cálculo llevó a su vez a un valor de un millón para la
cantidad de civilizaciones en la galaxia. Probablemente, las más próximas
estarían, pues, a unos cientos años luz de distancia. Pero Sagan advirtió de
que «si adoptamos una perspectiva pesimista, y la lectura de los periódicos no
nos invita a eludir este punto de vista», la duración media podría contarse en
décadas… caso en el cual pudiera ser que estuviéramos solos en la galaxia, sin
nadie con quien hablar además de nosotros mismos[660][.
* * * *
El debate pasó a ocuparse de las laberínticas dificultades de
contactar con una civilización extraterrestre. En esta tarea, como en tantas
otras cosas, el «progreso» tecnológico era un arma de doble filo.
Fueron muchos los que compartieron con Philip Morrison su
preocupación por que las civilizaciones avanzadas se comunicaran no mediante
ondas de radio, sino por medios todavía no inventados en la Tierra. ¿Querrían
incluso las civilizaciones «avanzadas» comunicar con nosotros? Sagan se sintió
interpelado por esto: «Yo planteo, por consiguiente, la posibilidad de que en
la evolución de las sociedades tecnológicas exista un horizonte en el interés
por las comunicaciones, y que una civilización mucho más avanzada que nosotros
participará en un denso tráfico de comunicaciones con sus iguales; pero no con
nosotros, y no mediante tecnologías accesibles a nosotros. Es posible que
seamos como los habitantes de los valles de Nueva Guinea, que pueden
comunicarse mediante corredores o tambores, pero que nada saben del vasto
tráfico internacional por radio y cable que pasa por encima de ellos,
bordeándolos o atravesándolos[661]».
Esto, por supuesto, haría la SETI mucho más difícil de lo que
daba a entender la ecuación de Drake. Un posible remedio recibió mucha atención
en Biurakan.
Tenía que ver con una idea aparentemente demencial que el
coorganizador de Sagan, Nikolái Kardáshov, llevaba propugnando desde comienzos
de los años sesenta. Compartiendo totalmente el optimismo tecnológico de Gold y
Minsky, Kardáshov pronosticaba que la cantidad de energía a disposición de las
civilizaciones aumentaría exponencialmente, como lo había hecho desde nuestra
Revolución industrial. En el plazo de unos cuantos siglos, casi cualquier cosa
sería posible. Kardáshov sugería por tanto que algunas civilizaciones
extraterrestres podrían ser lo bastante altruistas para facilitarnos las cosas.
Tal vez consumirían increíbles cantidades de energía en la comunicación
interestelar, lo cual nos permitiría captar sus señales con relativa facilidad.
Kardáshov dividía estas hipotéticas supercivilizaciones en tres
tipos. El Tipo I lo formaban las dispuestas a dedicar a la SETI la energía de
un planeta. El Tipo II era el de los que consumirían la energía de una
estrella. Y el Tipo III tendría la energía de una galaxia. No se mencionaba un
Tipo IV (¿¡¿deseoso de dedicar toda la energía del universo?!?). No había
necesidad del Tipo IV. Kardáshov calculaba que una señal del Tipo III sería
detectable en cualquier parte del universo conocido.
Incluso la señal de una civilización del Tipo II sería
fácilmente detectable en cualquier parte de nuestra galaxia o en galaxias
próximas. La que constituía un reto era la señal del Tipo I. Solo se podría
detectar desde estrellas relativamente cercanas.
Shklovski fue receptivo a estas ideas. Las supercivilizaciones
de Kardáshov ocuparon mucho las mentes soviéticas durante la debacle del
CTA-102. La idea de que algo con la energía de un cuásar pudiera ser una señal
alienígena, a los soviéticos no les parecía ni mucho menos tan imposible como a
sus colegas estadounidenses.
Desde 1963, Shklovski estaba intentando convencer a los
científicos de que buscaran señales en la galaxia de Andrómeda. Una señal así
tendría que ser del Tipo II. (Una señal del Tipo I sería demasiado débil para
captarla. Si en Andrómeda hubiera una señal del Tipo III, no veríamos la
galaxia porque toda la luz de las estrellas ¡se habría convertido en señal!) La
ventaja de esta idea es que Andrómeda ocupa una pequeña porción del cielo. Si
en alguna parte de Andrómeda hubiera una civilización del Tipo II, se podría
encontrar a los pocos días de búsqueda. Una inspección exhaustiva de nuestra
galaxia tendría que cubrir todo el cielo y llevaría años[662].
El libro de Shklovski-Sagan divulgó en Occidente las ideas de
Kardáshov. Gradualmente, los estadounidenses se fueron entusiasmando con ellas.
En Biurakan, Frank Drake presentó algunos cálculos en esta línea. Demostró que
probablemente las señales extraterrestres más fácilmente detectables habían de
ser muy potentes pero distantes. Esto era análogo al brillo de las estrellas
por la noche. Las estrellas más visibles no están especialmente cerca. Son
estrellas excepcionalmente brillantes, visibles a pesar de su gran distancia.
Lo mismo podría suceder con señales de inteligencia extraterrestre.
Para que la SETI tuviera éxito, concluyó Sagan, debemos esperar
que algunas civilizaciones avanzadas quieran comunicarse con nosotros y que
para hacerlo utilicen adrede «modos antiguos de comunicación» como la
radio[663]. «El mejor modo de indagación», dijo, «consiste en examinar otras
galaxias a la búsqueda de las pocas civilizaciones muy avanzadas que haya en
ellas, en lugar de examinar en nuestra vecindad inmediata en busca de
civilizaciones casi tan torpes como nosotros[664]».
Leslie Orgel advirtió de que los únicos que utilizaban modos
antiguos de comunicación en la Tierra eran los boy scouts y los
radioaficionados. «A mi parecer, deberíamos llevar cuidado con que no sea
ninguna de estas clases con las que contactemos cuando nos encontremos con
nuestra primera civilización del Tipo II[665]».
§. La Tierra prima
El debate viró ahora hacia la cuestión de si seríamos capaces de
comprender un mensaje alienígena. «Si un león supiese hablar», sostenía
Wittgenstein, «no seríamos capaces de entenderlo[666]».
Esta era más o menos la posición de B. I. Panovkin, de la
Academia Soviética de las Ciencias. Presentó una ponencia sobre la comprensión
de un mensaje extraterrestre… algo a su juicio improbable dada la ausencia de
una cultura compartida y sus puntos comunes de referencia. Panovkin sostenía
que la única esperanza de comunicación, y no era una gran esperanza, era la de
encontrarse en un nivel evolutivo paralelo. Tendríamos que localizar un planeta
con una historia casualmente paralela a la nuestra, un raro mundo diferente
pero extrañamente similar. Panovkin llamaba a este planeta la «Tierra
prima[667]».
Panovkin y McNeill dudaban de que ni siquiera las matemáticas
fueran verdaderamente universales[668]. «La confianza que yo sé que los
matemáticos y los científicos naturales tienen», dijo McNeill, «en que el suyo
es un lenguaje universal me parece un caso de chovinismo, para usar nuestra
palabra favorita[669].
Pero Sagan sabía que el chovinismo matemático era un tipo de
chovinismo que sí estaba justificado. Él, Morrison y Drake creían, por tanto,
que el plan numérico original de Drake para enviar imágenes de televisión había
resuelto muchas preocupaciones de que los mensajes extraterrestres desafiarían
la descodificación. Esperaban que los extraterrestres enviarían un diccionario
multimedia, más (en palabras de Morrison) «un cine tridimensional, móvil, de
proporciones calculadas y muy rico[670]».
Y. I. Kuznétsov, del Instituto de Energía de Moscú, describió su
propio plan de televisión interestelar, aparentemente menos elegante que el de
Drake. Kuznétsov mostró cómo sería posible enviar la imagen de un gato al
espacio. Admitió que, en un planeta con un índice diferente de refracción, «la
imagen estaría distorsionada; se recibirían gatos distorsionados». Pero él
aseguró al grupo que la estructura topológica del gato se conservaría. Esto
llevó a Sagan a sugerir que tal vez sería mejor transmitir el código genético
del gato. Que los alienígenas clonen sus propios gatos[671].
Ante tales abstracciones, algunos quisieron entrenarse en la más
tangible tarea de descifrar el armenio. Los letreros de neón de Biurakan
destellaban en una escritura de fascinante elegancia, tan «alienígena» para los
rusos como para los estadounidenses. Morrison y Freeman Dyson consiguieron
deducir el alfabeto armenio a partir de sus equivalentes latinos. Su triunfo lo
probaron adivinando que la película que se estaba proyectando en el cine local
era Oliver[672].
(Shklovski también tenía sus dudas sobre el problema del
desciframiento. Su respuesta favorita era una anécdota. En una conferencia
previa, también en Biurakan, él y Kardáshov habían paseado por la aldea. Se
cruzaron con un burro que estaba paciendo junto a la carretera. Al ver a una
niña, el burro tuvo una erección. Kardáshov dijo: «Y tú dudando de la
posibilidad de establecer contacto con civilizaciones de otros planetas[673]»).
§. Medios y mensajes
Philip Morrison habló de las consecuencias sociales de la
recepción de un mensaje extraterrestre. En lugar de la analogía de Sagan de los
nativos americanos frente a los europeos, Morrison planteó la más esperanzadora
metáfora del redescubrimiento de la Antigüedad griega.
Él calculaba que todo lo que sabemos de la cultura griega
antigua —todas las palabras de los textos supervivientes; todas las estatuas,
ruinas y jarrones pintados— ascendía a no más de 1012 bits de información. Este
es un mensaje en una dirección. Homero aún nos habla a nosotros, pero a Homero
no podemos devolverle ni siquiera una palabra. El mensaje de la Antigüedad
clásica aún lo estamos «descifrando».
Incluso los optimistas cálculos de Sagan situaban las
civilizaciones más próximas a cientos de años luz de distancia. Llevaría siglos
enviar un mensaje y recibir una respuesta. La conversación sería imposible. Un
mensaje extraterrestre por radio tendría que ser en una sola dirección. Sería
el gran soliloquio de una civilización, enviado en beneficio de quienquiera que
pudiera recibirlo. Morrison sostuvo que tales mensajes probablemente
contendrían mucho arte y literatura —o lo que sea que corresponda a estos en el
mundo de los extraterrestres—, pues estas expresiones, a diferencia de las
ciencias o las matemáticas, eran únicas. (Frank Drake no estaba entusiasmado
con esto; él quería que los extraterrestres enviaran planos para un telescopio
de taquiones[674]). El mensaje no sería algo que pudiera «traducirse» y luego
imprimirse en el periódico de la mañana siguiente. Comprenderlo sería
reconstruir la telaraña de puntos de referencia compartidos con una cultura
alienígena. La dificultad sería monumental, pero no, en opinión de Morrison,
imposible. El proyecto de comprender un mensaje extraterrestre sería «una
disciplina, no un titular o un oráculo[675]».
«A mi parecer», dijo J. R. Platt, del Centro de Salud Mental de
Michigan, «Morrison está diciendo que el medio es el mensaje».
«¿Eso es un chiste?» preguntó Shklovski, para el cual Marshall
McLuhan no constituía una referencia cultural.
«No, nada de chistes», dijo Platt.
Shklovski pidió a Platt que expresara con otras palabras lo que
había dicho.
«El medio es la televisión. Trae el mensaje de que hay emisoras
de televisión.»
El mensaje de Morrison se estaba tergiversando un poco. McNeill
tomó la palabra para decir que había estado escuchando las observaciones de
Morrison con especial preocupación… preocupación por si se expresaría algún
escepticismo sobre la comunicación extraterrestre. Lamentaba informar de que no
había sido así.
«A menos que mi interpretación de la historia esté radicalmente
equivocada», dijo McNeill, «el contacto entre los hombres ha demostrado que
quienes han ostentado el poder han hecho uso de él. Atenas fue un amo
brutal[676]».
Morrison puso objeciones. Pericles «fue un tirano en vida; pero
en la versión de Tucídides y 2.000 años después de su muerte ¡se convirtió en
un ejemplo moral!»[677]
Según Morrison, lo que podíamos esperar de los alienígenas eran
enciclopedias, no conquistadores. El límite a la velocidad de la luz de la
relatividad hacía totalmente imposible las conquistas interestelares. (Pero la
comunidad SETI había mantenido opiniones divergentes sobre este asunto de los
viajes interestelares; así lo atestiguaban el artículo de Sagan en 1963 y las
disquisiciones más especulativas sobre la posibilidad de viajar a mayor
velocidad que la luz.)
McNeill admitió que si pudiese descartarse la conquista
extraterrestre y si el mensaje pudiese ser descifrado, entonces la SETI sería
una actividad que valdría la pena. Él dudaba de ambas premisas. Dijo que al oír
la lectura del acta detectó los inicios de una «pseudorreligión o religión
científica». «Yo me temo que sigo siendo un agnóstico, no solo por lo que se
refiere a la religión tradicional sino también a esta nueva[678]».
Bernard Oliver dijo por su parte que las observaciones de
McNeill le parecían interesantes «porque reflejan opiniones con las que solemos
encontrarnos en la persona culta que no está íntimamente familiarizada con la
ciencia». Insinuó oscuramente que tenían «importancia política[679]».
Entonces Pesek —refutando o ilustrando la postulación de una
nueva religión por parte de McNeill— dijo que a su juicio la SETI ayudaría a
resolver los problemas de la Tierra y a impedir nuestra autodestrucción.
Shklovski opinó que lo mejor que se había dicho sobre los riesgos y beneficios
de la SETI lo había dicho Andréi Sajárov, que no se contaba entre los
asistentes pero había remitido su opinión con una concisión de galletita de la
suerte: «Para una persona inteligente y buena, el contacto será útil; para una
estúpida y mala, nociva[680]».
* * * *
En la clausura de la conferencia cundía una sensación de
melancolía. En sus observaciones conclusivas, Sagan hizo un llamamiento a la
cooperación internacional en la SETI. La última noche, el grupo celebró una
fiesta en mesas desde las que se contemplaba el lago Seván y, en una isla, un
monasterio del siglo XVIII. Los brindis se hicieron en ruso, inglés !Kung y
armenio[681].
§. Una tempestad en Marte
Sagan volvió en avión a Estados Unidos y, con apenas tiempo para
deshacer el equipaje, partió para otra conferencia de altos vuelos. Esta vez el
encuentro se celebró en Pasadena, y el tema era «Marte y la mente humana». Los
otros participantes eran Ray Bradbury, Arthur C. Clarke, Walter Sullivan y
Bruce Murray.
En este grupo, Murray tenía asignado el papel de «duro». Era tan
polémico como lo habían sido algunas de las personas en Biurakan, aunque por
razones diferentes. Murray consideraba la búsqueda de vida en Marte «una
versión moderna de la búsqueda del Vellocino de Oro[682]». Lamentaba que el
Marte de Edgar Rice Burroughs y Percival Lowell siguiera ejerciendo influencia
sobre el público e incluso, sí, sobre la comunidad científica. «En mi opinión,
en el futuro las observaciones habrán de ser tan inequívocas y tan convincentes
que finalmente nos veamos obligados a reconocer el Marte real[683]». Que «la
sociedad más avanzada del mundo» siguiera considerando necesario llevar a cabo
el absurdo ritual de la esterilización de todo el módulo de las Viking
constituía un triste comentario sobre la situación. Citando a su colega del
Caltech Norman Horowitz, Murray llamaba a la esterilización «un monumento a un
Marte que nunca existió[684]».
* * * *
Mientras el planeta rojo generaba una cierta cantidad de aire
caliente en Pasadena, en Marte se estaba preparando una tempestad. El 22 de
septiembre de 1971, en la desierta llanura Noachis apareció una brillante
mancha de color entre amarillo y blanco. Era una tempestad de polvo de
ferocidad sin precedentes. Los observadores telescópicos vieron cómo la región
blancuzca crecía de día en día. A comienzos de octubre, la nube había envuelto
a casi todo el planeta. Todos los rasgos telescópicos habituales de Marte,
incluida la brillante franja blanca en el polo sur, se habían borrado.
El 8 de noviembre, la Mariner 9 envió sus primeras fotos de
Marte. No mostraban nada más que un disco blanco. La imagen fue solo un poco
mejor cuando la Mariner entró en órbita el 14 de noviembre. Sus cámaras apenas
pudieron captar el casquete del polo sur y cuatro manchas oscuras. Todos los
demás detalles se perdieron. Aquello estimuló el humor negro. Sagan dijo que el
planeta era más o menos tan interesante como una pelota de tenis… pero sin las
costuras[685]. Alguien salió con que a lo mejor habían enviado la nave a
Venus[686].
En cierto sentido, la tempestad suponía una victoria para Sagan
y Pollack. Ya no era posible dudar de que había tempestades de polvo de alcance
planetario. El análisis de las fotos acabaría por aportar una impresionante
confirmación de su teoría de los cambios estacionales y a largo plazo en Marte.
Otra victoria fue que las autoridades de la NASA decidieran que
la idea de Sagan sobre la observación de los satélites no era tan mala después
de todo[687].
* * * *
En su vigésimo quinta revolución en torno a Marte, la Mariner
obtuvo la primera foto de Deimos, el satélite más pequeño. Sagan y Joseph
Veverka vieron cómo los datos llegaban píxel a píxel. Fue difícil decir mucho.
Como Deimos es más pequeña y más distante de Marte que Fobos, su imagen era
pequeña. Los datos crudos aparecidos en los monitores mostraban un disco de
bajo contraste con muchos errores en los datos.
El 30 de noviembre, la Mariner obtuvo la primera fotografía
decente de Fobos. Este fue el momento de la verdad. Esta vez la imagen cruda
era claramente deforme.
Eso por sí solo no echaba por tierra la idea de Shklovski. Es de
suponer que los satélites artificiales de una civilización ha mucho extinguida
estarían en ruinas, tan llenos de cráteres como los satélites naturales.
Sagan y Veverka trabajaron hasta altas horas de la madrugada.
Hicieron que el Laboratorio de Procesamiento de Imágenes del JPL aumentara el
contraste de las imágenes y limpiara de errores los datos. Los programas de
aumento del contraste arrojaban las líneas de píxeles muy lentamente. Conforme
la imagen se fue aclarando, apareció una oscura región circular. En su centro
destellaba un único punto de luz. Por un momento, Sagan sospechó que estaba
viendo, a través de la luna, las estrellas situadas al otro lado… o que estaba
viendo una luz artificial.
Sagan y Veverka hicieron entonces que se borraran
informáticamente los errores de un único bit. El punto de luz se desvaneció. Se
trataba de un problema técnico.
Fueron las primeras personas en ver la auténtica faz de Fobos.
Por supuesto, se trataba de un objeto natural. La zona oscura era un enorme
cráter, huella del casi mayor impacto posible que el satélite podría resistir
sin romperse en pedazos. En total, Sagan comparó la forma irregular y llena de
cráteres del satélite a una «patata podrida[688]».
§. Descenso del Zambeze
La tempestad de polvo tardó un tiempo en disiparse. Tras el Día
de Acción de Gracias hubo una ligera mejora; luego pareció que se producía un
estancamiento, sin ninguna mejora más hasta después de Año Nuevo. En el JPL
todos estaban ansiosos por encontrar maneras de mantenerse a sí mismos y la
Mariner ocupados. Sagan y Pollack intentaron dar una respuesta a la pregunta
del momento: ¿cuánto tardarían en disiparse las nubes de polvo?
Se sirvieron del espectrómetro interferométrico infrarrojo de la
Mariner. Sin el obstáculo del polvo, este era capaz de medir la temperatura a
diversas alturas en la atmósfera marciana. Sagan y Pollack establecieron que la
tempestad de polvo estaba calentando la atmósfera alta mientras enfriaba el
suelo. Esto no constituyó ninguna sorpresa. Puesto que mucha de la luz solar
estaba siendo absorbida por partículas a gran altura en la atmósfera, la
temperatura en la zona más alta de la atmósfera era superior a lo habitual. La
misma luz solar no producía el mismo efecto en el suelo, de modo que la
superficie se había enfriado.
Razonaron que la diferencia de temperatura tal vez les
permitiría calcular cuánto polvo había en la atmósfera, y eso, a su vez,
llevaría a un cálculo de cuánto tiempo tardaría en desaparecer. Ya se habían
creado algunos modelos preliminares cuando la tempestad misma resolvió la
cuestión.
En marzo de 1972, el polvo se había asentado en gran parte y el
planeta revelado a las cámaras de la Mariner. Las 7.300 fotografías de la
Mariner 9 captaron un Marte diferente al de las Mariner anteriores. Por primera
vez en mucho tiempo, Marte se había convertido en un lugar más interesante.
Definitivamente, no era la Luna.
Las cuatro manchas oscuras que habían visto eran las cimas de
volcanes titánicos que asomaban a través de las nubes de polvo. Un volcán,
bautizado Olympus Mons, tenía casi 800 kilómetros de diámetro. Un espectacular
cañón, el Vallis Marineris (así llamado por la nave espacial), era mucho más
hondo que el Gran Cañón del Colorado, y casi tan ancho como los Estados Unidos
colindantes. Como todos los demás, Sagan se sintió inspirado además de
contento. Aquella excitación la comparó como la de descender el Zambeze[689]
por vez primera.
De vida, allí no había ninguna huella. Sí en cambio indicios de
agua, pasada y actual. Las fotografías mostraban sinuosos canales parecidos a
lechos fluviales secos o barrancos tallados por inundaciones torrenciales en
los desiertos. Mientras Sagan creía que eran cursos de agua, otros no estaban
tan seguros. «Si no se tratase de Marte», admitió el geólogo Hal Masursky, «y
no fuera tan difícil que por ahí pasara agua, pensaríamos que se trata de
cursos fluviales[690]». Bruce Murray sospechaba que lo que había tallado los
canales era la lava.
A favor de las tesis de Sagan vinieron las noticias de la
Mariner 9sobre los casquetes polares. Sus instrumentos sugerían que el
«casquete polar de verano», el pequeño residuo que permanece durante todo el
año, contiene algo de hielo de agua además de dióxido de carbono. Fotos aún más
enigmáticas revelaron que los casquetes polares tenían una compleja estructura
en estratos, similar a parte del hielo polar de la Tierra. Como los anillos de
crecimiento de un árbol, esto sugería que el clima de Marte había variado con
el tiempo.
* * * *
Hal Masursky, jefe del equipo de imágenes de la Mariner 9, era
un geólogo del Servicio Geológico de EEUU. Su rasgo más prominente eran las
gafas: las enormes lentes le magnificaban los ojos con efecto desconcertante.
Durante una de las reuniones, Masursky propuso dejar partir a la Mariner con
una explosión. La nave había funcionado casi impecablemente, y estaban
obteniendo todas las fotografías planeadas. ¿Por qué no mandar la sonda a una
órbita más baja, lo cual permitiría obtener imágenes de mayor resolución?
Lederberg se volvió lívido. Una órbita más baja aumentaría la
resistencia de la atmósfera al avance. La nave entraría en una lenta espiral
hacia dentro y se estrellaría contra Marte. La Mariner 9 no había sido
esterilizada para un aterrizaje. En una emotiva confrontación, Lederberg y
Sagan insistieron en que la nave permaneciera en una órbita alta. Las fotos de
la Mariner 9 habían estimulado sus esperanzas de encontrar vida en Marte.
Todavía no estaban dispuestos a abandonar la batalla de la contaminación y, una
vez más, se impusieron[691].
* * * *
Completada la misión, los Sagan regresaron a Ithaca. El viaje de
un extremo a otro del país concedió a Carl tiempo para concentrarse en el libro
que estaba escribiendo para Agel. Le lanzaba ideas a Linda y acabó dictando
buena parte del texto en el coche. Las destrezas verbales de Nick no eran menos
asombrosas. Comenzó a farfullar palabras aprendidas de las señales de tráfico.
Había aprendido a leer solo, tres meses antes de su segundo cumpleaños.
Este niño capaz de leer con menos de dos años de edad causaba
una fuerte impresión en las personas ajenas a la familia. En una ocasión, Nick
se puso a leer un cartel en un aeropuerto. Una persona que lo vio fulminó
indignado a Linda con la mirada, como si se tratara de alguna clase de truco
barato de ventriloquía[692].
Nick también demostró poseer la habilidad de su padre para
enfocar los problemas desde perspectivas insólitas. Cuando le dieron un libro
de alfabetización en el que una página tenía la letra M y la imagen de un
melón, Nick señaló la imagen y dijo « ¡Sandía[693]!» «No, M de “melón”»,
corrigieron sus padres.
Nick puso el libro boca abajo, con lo que transformó la M en W «
¡W de “sandía”!» dijo[694].
* * * *
A la nueva casa le faltaba aún mucho para estar acabada. Los
Sagan pasaron unos cuantos años en una sucesión de residencias temporales[695].
Linda aplicó su talento artístico a la personalización de sus alrededores. En
un apartamento a cuyo casero conocían, Linda pintó los armarios y las
superficies de formica con osados colores brillantes… varias veces, pues no
conseguía decidirse por el color que mejor quedaba[696].
Carl tenía copias de todas las 7.300 fotos de la Mariner 9 a su
alcance en una pequeña habitación del Edificio de Ciencias del Espacio. Durante
años, en sus momentos libres, se enfrascaría en su contemplación y las
estudiaría con la esperanza de encontrar algo de lo que nadie más se hubiera
dado cuenta. «Mi idea del cielo», confesó Sagan a un visitante una vez, «sería
poderme pasar un mes encerrado aquí dentro[697]».
§. Un rayo en una botella
La era Apolo llegó a su fin en diciembre de 1972 con el
lanzamiento nocturno de la Apolo 17. Sagan lo observó desde Cabo Kennedy. Un
delfín jugueteaba en la laguna nocturna mientras el propulsor Saturno,
espectacularmente iluminado, despegaba[698].
1972 fue también un año de prometedores inicios. Los planetas
exteriores estaban alineándose convenientemente en sus órbitas, algo que no
ocurría desde que Thomas Jefferson era presidente, como Sagan advirtió. Una
única sonda podría sobrevolar Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Eso hacía
posible presentarla como una misión rentable y adecuada para la era post-Apolo.
El Congreso se mostró de acuerdo y aprobó la financiación… al menos hasta
Júpiter y Saturno. La misión recicló el antiguo nombre Voyager. El acuerdo era
que si funcionaba bien, la misión podría ampliarse hasta Urano y Neptuno.
Mientras esperaba a la Voyager, Sagan estaba haciendo parte de
su mejor trabajo en el laboratorio. Uno podría imaginar que el Laboratorio de
Estudios Planetarios ocupara su propio edificio en el campus de Cornell. En
realidad, ocupaba un despacho y una sala en el sótano, ambos de modestas
dimensiones. El sonoro nombre daba prueba de las aptitudes de Sagan para la
autopromoción tanto como para la ciencia; pero en ese pequeño espacio se hizo
mucha ciencia. Eso no habría sido posible sin Bishun Khare.
Mientras estaba en Harvard, Sagan puso en la revista Physics
Today un anuncio en el que buscaba un colaborador hábil en el trabajo de
laboratorio. Esto llevó a la contratación de Khare, un experto en el trabajo
con gases y vacíos. Khare se mudó a Cornell con Sagan y colaboró con él durante
el resto de la carrera de Sagan.
Los espectadores de Cosmos tal vez recuerden a Khare como un
indio oriental de ceño fruncido y chaqueta blanca experimentando con descargas
eléctricas. A Khare se lo presentaba como la antítesis frankensteiniana del
tranquilo filósofo con pantalones de pana que era Sagan. En una toma
expresionista, el rostro de Khare lanza una mirada fulminante en reflexión
distorsionada desde un tubo de vidrio.
El Khare real era una persona amable, nunca tan ocupado con sus
gases primordiales para no poder hinchar globos de juguete con helio… para
deleite de los hijos de Sagan cada vez que visitaban el laboratorio[699]. Sin
embargo, el trabajo de Khare sí desprendía un olorcillo a Frankenstein. Él y
Sagan estaban tratando de ver cómo podría crearse vida con chispas, descargas
eléctricas y raros fulgores.
Sagan y Khare fueron los primeros en producir los aminoácidos
cisteína y cistina, ambos con azufre en su composición, en experimentos de
estilo Miller-Urey con mezclas de gases simples. Este resultado lo consiguieron
añadiendo sulfuro de hidrógeno y etano a la mezcla, e irradiándola con luz
ultravioleta de gran longitud de onda. En estos experimentos (mucho más
elegantes que el trabajo pionero con Ponnamperuma), el sulfuro de hidrógeno
podía absorber la luz ultravioleta e iniciar la síntesis química[700].
Otros experimentos se servían de ondas expansivas (como las que
podría producir la llegada de un meteorito o un asteroide). El rendimiento de
aminoácidos en estos experimentos era con frecuencia asombrosamente elevado.
Tan de izquierdas como era en política, Sagan tenía una fuerte veta
empresarial. Razonó que había una manera sucia-barata de conseguir aminoácidos.
Las empresas químicas y farmacéuticas tal vez estuvieran interesadas en eso.
Además, los aminoácidos son los componentes de las proteínas, y las proteínas
son comida. Ergo, carne sintética a partir de la luz[701].
La patente 3.756.934 de EE. UU, «Producción de aminoácidos a
partir de mezclas gaseosas empleando la luz ultravioleta», les fue concedida a
Sagan y Khare en 1973. (Una patente relacionada, la 3.652.434, fue para Sagan y
otros dos colegas el año anterior). No era un simple plan de enriquecimiento
rápido. Sagan y Khare asignaron su patente a Cornell. Como la mayoría de las
patentes, no tuvo ningún recorrido comercial y expiró discretamente.
§. La paradoja del joven Sol débil
En 1972, Sagan y George Mullen, entonces de Cornell, publicaron
en Science un artículo titulado «La Tierra y Marte: Evolución de las atmósferas
y las temperaturas en la superficie». Hoy en día se lo reconoce como uno de los
artículos más originales e influyentes de Sagan.
Llamaba la atención sobre un tentador enigma llamado la
«paradoja del joven Sol débil». Desde los años cincuenta, los astrofísicos
aceptaban que las estrellas arden con más calor y brillo conforme envejecen.
Por lo tanto, nuestro Sol debió de ser aproximadamente un 30 por 100 menos
brillante en la época en que se formaron las rocas más antiguas de la Tierra.
Eso supone una enorme diferencia. Con todo lo demás igual, los océanos de la
Tierra deberían haberse congelado.
Existen irrefutables pruebas geológicas de que no fue así, de
que la Tierra tiene desde siempre agua líquida. Las rocas antiguas presentan
grietas de fango, marcas de olas y la «lava almohadillada» formada cuando el
mar enfría rápidamente la roca fundida. Como Sagan mencionó en Biurakan, el
mismo registro de fósiles se remonta a más de 3.000 millones de años. Los
fósiles más antiguos incluyen bacterias fotosintéticas, las cuales viven en el
agua.
Sagan no fue el primero en percatarse de que había una
contradicción. Pero, debido a su peculiar interdisciplinariedad, fue el primero
en tomarse el asunto en serio. El artículo de Sagan-Mullen identifica el efecto
invernadero como la forma más plausible de resolver la paradoja. Si la Tierra
antigua era víctima de un acusado efecto invernadero, y si ese efecto menguó
con el tiempo, podría haber contrapesado el efecto de la creciente luminosidad
del Sol.
Sagan y Mullen tuvieron en cuenta todos los gases capaces de
inducir el efecto invernadero, incluido el famoso dióxido de carbono. Por
diversas razones, descartaron el dióxido de carbono y sostuvieron que el
candidato más probable era el amoníaco.
Hoy en día, en la atmósfera prácticamente no hay amoníaco. Pero
la mayoría de los científicos creen que en la atmósfera original de la Tierra
hubo cantidades más sustanciales de amoníaco. El amoníaco es un potente gas de
efecto invernadero. Sagan calculó que con solo unas poquísimas partes por
millón en la atmósfera temprana de la Tierra se habría producido un efecto
invernadero lo bastante grande para explicar la paradoja.
La paradoja del joven Sol débil ha tenido repercusiones en toda
la comunidad de científicos que han investigado los orígenes de la vida. Sea
cual sea su origen, la forma en que la aminoración del efecto invernadero se
corresponde (aproximadamente) con el aumento de la luminosidad del Sol parece
casi mágica. Esto podría significar que el clima perpetuamente templado de la
Tierra ha sido el resultado de una improbable coincidencia. En ese caso, la
larga historia evolutiva de la Tierra, y la consecuente evolución de la
inteligencia, tal vez constituyan una relativa rareza[702].
Alternativamente, el «mágico» encaje puede significar la
existencia de mecanismos desconocidos de retroalimentación que actúan para
mantener las temperaturas en niveles agradables. La más divulgada de tales
teorías la ha promulgado la primera esposa de Sagan. Es la forma más notable en
que se han solapado los intereses de «la madre Tierra y el espacio padre» de
Dorion.
A partir de 1972, Lynn Margulis trabajó en una idea
originalmente formulada por el químico e inventor británico James E. Lovelock:
la hipótesis Gaia. Gaia es la diosa griega correspondiente a la Madre Tierra.
La hipótesis que toma de ella su nombre sostiene que la biota de la Tierra —el
agregado de toda la materia viva del planeta— puede, mediante el crecimiento,
el metabolismo y la interacción química, mantener la temperatura y la
composición atmosférica del planeta en niveles adecuados para la vida. Según
esta opinión, la explicación de la paradoja del joven Sol débil es sencilla: a
lo largo de miles de millones de años, la vida misma ha producido los gases de
efecto invernadero necesarios para mantener temperaturas cómodas[703].
En la estela de la holística Gaia, la tierra Madre, se
escribieron innumerables artículos divulgativos… muchos de ellos distorsiones,
se lamenta Margulis. (Lo mismo que la teorización de Sagan sobre la
inteligencia extraterrestre, parte de la comunidad científica se ha mostrado
suspicaz con respecto a Gaia debido a su misma popularidad). Una cuestión que
está clara es que cualquier explicación completa de la paradoja del joven Sol
débil debe dar cuenta de las acciones de la vida misma. Todos admiten que el oxígeno
de la Tierra es el resultado de la vida, de la fotosíntesis de las
cianobacterias y las plantas. Según el modelo de Sagan y Mullen, eso es lo que
habría reducido el efecto invernadero y enfriado la Tierra… a pesar de que, a
largo plazo, la temperatura y la luminosidad del Sol aumentaron.
En la medida en que la hipótesis Gaia pretende explicar las
actividades de la biosfera del planeta durante 3.000 millones de años, desafía
cualquier única prueba experimental directa. La verdadera prueba de Gaia, o del
modelo de Sagan y Mullen, la aportaría el seguimiento de dos planetas
idénticos, uno con vida y el otro sin ella, a lo largo de eones. A falta de
eso, Sagan meditó mucho sobre los ejemplos de Venus y Marte. Propuso que Venus
era víctima de un efecto «invernadero desbocado» y Marte de un efecto
invernadero insuficiente. El artículo de Sagan-Mullen sostenía que el antiguo
Marte tenía una atmósfera más densa y un efecto invernadero potenciado. Esto
explicaría las pruebas de agua antigua en Marte. Con el paso del tiempo, Marte
perdió la mayor parte de su atmósfera, y también su calentamiento de
invernadero.
Un punto en el que los ex esposos diferían casi diametralmente
era sobre la cuestión de la vida en Marte. Margulis estaba más de acuerdo con
Lovelock (el cual había consultado con la NASA acerca de los experimentos sobre
la biología marciana) en que la presencia o ausencia de vida en un planeta se
podía inferir de su atmósfera. El oxígeno, un gas reactivo que se ha de reponer
constantemente, delata la presencia de vida en la Tierra. En cambio, la
atmósfera de dióxido de carbono y nitrógeno en Marte es químicamente estable.
No era necesario suponer la intervención de ningún agente no geológico.
Margulis creyó que la llegada de las Viking a Marte y la demostración de la
ausencia de vida en ese planeta apoyarían la hipótesis Gaia[704].
§. Hacia el norte
Sagan, por supuesto, esperaba el resultado contrario.
Consecuentemente, a él y a Joshua Lederberg les preocupaba mucho el agua en
Marte.
Su intención original fue la de escoger para las Viking un lugar
de aterrizaje basándose en el agua. Donde más probable fuera encontrar agua,
razonaron, más probable sería encontrar vida. El planeta no estaba cooperando.
La baja presión atmosférica significaba que en ninguna parte de su superficie
había ni una gota de agua líquida. A lo sumo, el equipo encargado de decidir el
lugar de aterrizaje podría escoger un lugar donde hubiera habido agua (en
alguna remota época geológica) o donde la habría si la presión y la temperatura
fueran mayores de lo que eran. ¿Seguían siendo válidos tales criterios?
Los instrumentos mostraban que donde principalmente existía esa
agua (vapor o hielo) era en los polos. Esto introdujo más confusión en el
razonamiento de Sagan y Lederberg. Ahora parecía que los lugares más húmedos
eran todos fríos, los lugares más cálidos todos secos.
Lederberg se dirigió por teleconferencia al grupo encargado de
la elección del lugar de aterrizaje de las Viking, reunido el 5 de agosto de
1972. Su propuesta fue la de ir hacia el norte. Deberían plantearse el envío de
una de las dos naves Viking a una región septentrional que el retroceso del
casquete polar acabara de dejar al descubierto.
Esta era una nueva forma de pensar. Los debates sobre los
lugares de aterrizaje se habían concentrado en una zona a +/-30° del ecuador.
Esa zona, la parte más cálida del planeta, se había supuesto la mejor para la
vida. También maximizaba la potencia de las células solares de las Viking. Pero
esa zona «óptima», advirtió Lederberg, podría en realidad ser la menos
prometedora para la vida. Tal vez lo crucial fuera, no la mayor temperatura,
sino el vapor de agua procedente del hielo.
Siguiendo la filosofía de Sagan, Lederberg recomendaba la
«opción polar» solo para la segunda Viking, y eso si todo iba bien con la
primera. En cualquier caso, arguyó Lederberg, este plan permitiría estudiar dos
lugares muy diferentes de Marte, lo cual no haría sino aumentar las
posibilidades de encontrar vida[705].
* * * *
La propuesta de Lederberg escindió al comité durante los
siguientes meses. Obligó a Sagan y a todos los demás a reconsiderar lo que
estaban buscando en Marte.
Había habido una época en la que Sagan, Lederberg y todos los
demás habían querido aterrizar en una región oscura… bien metida en el país de
los líquenes de Kuiper. En las fotos orbitales, las zonas telescópicas claras y
oscuras eran apenas discernibles. Más importante, Sagan y Pollack habían
establecido que las regiones oscuras eran tierras altas. El aterrizaje ahí
sería arriesgado. La altitud implicaba una presión aún menor del aire.
Descartada la explicación biológica de las regiones oscuras, se dio en general
por supuesto que la probabilidad de vida sería mayor en las regiones donde la
presión fuera más alta.
Según los criterios del «chovinismo terráqueo», Marte era
totalmente inhóspito. Según las mediciones de los instrumentos de la Mariner,
en la región polar las temperaturas rondaban los -123 ºC. La radiación
ultravioleta sola era suficiente para matar los microbios terrestres en
segundos. Desde nuestra perspectiva actual es fácil ver por qué personas como
Norman Horowitz y Lynn Margulis excluyeron de inmediato la vida en Marte. Más
difícil de comprender sea tal vez por qué Sagan y Lederberg se aferraron tan tenazmente
a esa posibilidad.
En una serie de artículos, Sagan y otros arguyeron —especulativa
aunque con frecuencia cuantitativamente— que el medio ambiente marciano no era
tan incompatible con la vida como pudiera parecer. En un artículo de 1962,
Lederberg y Sagan escribieron que en Marte podría haber microambientes donde
las condiciones fueran más hospitalarias. En Islandia, los volcanes producen
manantiales calientes; tal vez hubiera zonas en las que los volcanes marcianos
fundieran el permafrost y produjeran agua líquida.
Esta plausible idea se volvió problemática cuando los cálculos
de la presión del aire fueron más precisos. Hubiera o no permafrost, en la
superficie de Marte no podía haber agua líquida. Sagan sugirió entonces que la
fusión tenía lugar bajo tierra, donde la presión de las rocas de la superficie
podría permitir la existencia de agua líquida.
Se hablaba también de charcos de anticongelante natural. En la
Antártida hay una laguna salada, de amarga agua saturada de cloruro cálcico
cuyo punto de congelación se ha medido como de -51 ºC. Los minerales también
inhibirían la evaporación a bajas presiones. Si en Marte hubiera lagunas como
esa, se razonó, podría haber hábitats para la vida. Sin embargo, ni siquiera
una laguna saturada de cloruro cálcico perduraría frente al seco aire de Marte.
La laguna de la Antártida es estéril o poco menos[706].
Quedaban las pruebas fotográficas de canales de drenaje en
Marte. Cada vez se hacía más difícil sostener que los había creado otra cosa
que el agua. En 1971, Sagan propuso una teoría según la cual el clima marciano
pasaría por periodos cíclicos de «inviernos largos» (ahora) y clementes. Robert
Leighton y Bruce Murray calcularon que el eje de rotación de Marte cambia con
un ciclo de 50.000 años. En los puntos medios del ciclo, teorizó Sagan, el agua
de los casquetes polares podría liberarse a la atmósfera. Esto aumentaría la
presión del aire y (mediante un efecto invernadero) también las temperaturas.
El agua de superficie se volvería posible[707].
En sus escritos divulgativos, Sagan presentó esta idea con un
tratamiento de máxima poesía: «Hace doce mil años, tal vez hubo en Marte una
época de temperaturas templadas, noches suaves e hilillos de agua discurriendo
por innumerables arroyos y riachuelos cuya unión formaba caudalosos y
bulliciosos ríos». La vida marciana tal vez fuera entonces como las flores
salvajes en el desierto, que brotan tras la esporádica lluvia, solo viven un
acelerado ciclo vital y producen semillas que habrán de esperar a que pase la
siguiente larga sequía[708].
Las Viking aterrizarían en lo más crudo de una sequía. Eso no
impediría sin embargo que los experimentos biológicos de las Viking renovaran
el crecimiento de las semillas o esporas. Linda sugirió irónicamente que la
receta para encontrar vida en Marte podría ser: añádase agua. Eso es lo que más
o menos hicieron los experimentos biológicos de las Viking[709].
Sagan y Pollack abordaron la cuestión de las radiaciones
ultravioletas en un artículo de 1974. Calcularon que la vida marciana podría
escapar a la radiación ultravioleta habitando en un estrato situado
aproximadamente un centímetro por debajo de la superficie. A esta profundidad
se bloquearía casi toda la luz ultravioleta, aunque a través de los granos de
arena aún se filtraría bastante luz visible para permitir la fotosíntesis[710].
Parecía, en resumen, que Sagan podía sortear cualquier
impedimento que Marte pudiera oponer. No todos se convencieron, pero los
geólogos del equipo de aterrizaje no tenían persuasivos criterios alternativos
que presentar para la elección de un lugar de aterrizaje. Habría sido estupendo
ver un primer plano de un volcán o quedarse al pie de un precipicio. Pero los
lugares más interesantes para los geólogos eran peligrosos. Prevaleció el
criterio agua-y-vida de Sagan.
* * * *
No obstante, la escisión producida a propósito de la opción
polar de Lederberg ya no seguía «líneas de partido». Sagan se opuso a ella. En
su opinión, los polos eran, simplemente, demasiado fríos. Wolf Vishniac, que
había impresionado a Sagan con sus cultivos de bacterias terrestres en
condiciones extremas, informó de que no podía conseguir que ninguna bacteria
creciera a temperaturas muy por debajo de -12 ºC. En el polo marciano haría
mucho, mucho más frío que eso. A Sagan le inquietaba que el brazo robótico de
las Viking pudiera quedar irremediablemente dañado al rozar con la superficie
sólidamente congelada.
Sagan también se mostraba preocupado por la seguridad del
aterrizaje. De las regiones polares no había cobertura de radar. Aquella era
una limitación técnica con la que tenían que vivir. El radar era una de las
maneras que tenían de identificar terreno rugoso. La ausencia de radar
significaba un mayor riesgo de que el módulo se estrellara. Sagan calculó que
la probabilidad de un aterrizaje seguro en las regiones polares era inferior al
50 por 100. Así que había una probabilidad de más del 50 por 100 de perder un
módulo, cuyo valor cifraba en 200 millones de dólares o más o menos el coste de
una misión a Júpiter y Saturno. «Cuando sopeso los pros y los contras»,
escribió en un bloc de notas, «me doy cuenta de que las ventajas científicas de
un aterrizaje en un polo, aunque reales, son con mucho superadas por los
riesgos[711]».
La oposición de Sagan sorprendió a Lederberg por «atípica[712]».
Sintiendo que estaba perdiendo la batalla, Lederberg se reunió con el
administrador de la NASA James C. Fletcher y se quejó de que los «ingenieros»
no estaban juzgando imparcialmente la idea… aunque en este caso ese término
peyorativo (?) incluía a un exobiólogo. Fletcher simplemente dictaminó que no
debería tomarse ninguna decisión hasta que se hubiera oído a todos los
directores de los equipos científicos[713].
Algunos de los geólogos se admiraron del dramatismo de la idea
de Lederberg. «No es tan diferente de cualquier otro viaje polar», dijo Thomas
Mutch. «Uno se equipa lo mejor que puede. Se plantean algunos objetivos
intermedios, y si todo va bien se intenta llegar al polo[714]».
* * * *
El 2 de abril, Lederberg admitió la derrota. Un aterrizaje polar
no era la mejor apuesta. El grupo llegó a un compromiso. El segundo aterrizaje
se realizaría en las latitudes norte intermedias, donde la temperatura estaría
aproximadamente en el límite de Vishniac para el cultivo de bacterias en la
Tierra.
El 7 de mayo de 1973 se anunció a la prensa un conjunto de
lugares y alternativas. Si todo salía conforme a lo planeado, la Viking 1
aterrizaría en Chryse, una planicie en la desembocadura del «Gran Cañón
Marciano». El principal lugar de aterrizaje de la Viking 2 era Cydonia, a 44°
por encima del ecuador. Ambos lugares tenían pequeñas elevaciones y presiones
atmosféricas relativamente altas. La Viking 1 aterrizaría en verano en los
trópicos marcianos. Eso significaba que la temperatura podría apenas superar la
de un cubito de hielo.
§. Arenas movedizas
Este anuncio en realidad no arreglaba nada. La máxima «El
trabajo se expande hasta ocupar el tiempo del que para él se dispone» se aplicó
plenamente a la elección del lugar de aterrizaje de las Viking. Con tanto en
juego, ningún dato nuevo podía pasarse por alto. El grupo encargado de escoger
el lugar de aterrizaje ponderó y les dio vueltas a todos los detalles. Sagan
era maestro en lo de preocuparse.
Las Viking, por supuesto, no se podían planificar al milímetro.
Caerían del cielo y tocarían suelo en un punto aleatorio dentro de una ancha
franja elíptica. Si una nave aterrizaba en lo alto de una roca, daría una
voltereta y probablemente se destruiría. Incluso una pequeña roca podría
inclinar el módulo de modo que su brazo robótico se quedara inútilmente
orientado hacia el cielo.
Había dos modos de juzgar un lugar de aterrizaje: mediante fotos
y mediante el radar. Ambas técnicas tenían sus partidarios[715].
Las fotos eran fáciles de comprender para todos. El problema era
que las fotografías tomadas desde la órbita mostraban, como mucho, «obstáculos
del tamaño del Rose Bowl[716]», de 100 metros o más de diámetro. No eran ni de
lejos lo bastante detalladas para revelar los rasgos por los que tenían que
preocuparse[717].
Había, no obstante, geólogos que creían que mediante el examen
de las fotografías podían obtener una impresión de la rugosidad del terreno a
escala menor. Era una cuestión de instinto. Hasta qué punto destrezas obtenidas
en la Tierra se traducían a Marte era cosa de cada cual. Según Sagan, no se
podía confiar en las fotos[718].
A diferencia de la mayoría de los geólogos, Sagan se sentía
cómodo con el radar. El radar había sido indispensable en su trabajo sobre los
cambios estacionales. Los partidarios del radar empleaban los radiotelescopios
de Arecibo, Goldstone y Haystack. Dirigían sus rayos hacia aquel puntito en el
cielo llamado Marte y esperaban oír un eco.
Lo que conseguían era una gráfica temblorosa, no una imagen.
Interpretar estos datos era magia negra. Los operarios del radar hablaban de
cómo el radar «siente» pedruscos y cuestas de un metro de diámetro o
menos[719].
No es que el radar pudiera detectar rocas individuales. En manos
de profesionales competentes —y suponiendo que las conjeturas de estos
profesionales fueran correctas—, el radar podía calcular la rugosidad promedio
de la superficie. Si el radar encontrara un área con una pendiente promedio del
0 por 100, ese sería un lugar seguro para aterrizar. Tal hallazgo sería, en
teoría, más valioso que una fotografía de terreno llano, pues ese terreno
podría estar sin embargo lleno de pedruscos demasiado pequeños para
detectarlos.
Sagan opinaba que probablemente el radar era más útil que todas
las fotos de las que disponían. Menos seguro estaba de la corrección con que
los operarios del radar estaban interpretando sus datos. Las observaciones por
radar eran equívocas; un eco dado podía explicarse por varios modelos
diferentes.
Una de las cosas que tenían a Sagan preocupado eran las «arenas
movedizas». En Marte, evidentemente, no se trataría de arenas movedizas
húmedas, sino de un polvo seco. Sería algo parecido a la vieja idea de Tommy
Gold sobre el polvo lunar[720]. Un funcionario del programa espacial soviético
había sugerido que la fracasada Mars 3 podría haberse hundido en arenas
movedizas marcianas.
En Marte había zonas que parecían lisas en las fotografías y
tenían una reflectividad baja en el radar. Los geólogos decían que estas zonas
eran campos de dunas de arena. La baja reflectividad en el radar se suponía que
era consecuencia del esparcimiento producido por la arena. Algunas de ellas se
habían considerado lugares seguros para el aterrizaje. Pero Sagan sospechaba
que las mediciones por radar tal vez indicaban la absorción por una honda capa
de polvo o «arenas movedizas»: si era así, un módulo podría hundirse en el lodo
seco y sus cámaras nunca emitir ni una sola imagen de la superficie marciana.
§. Der Führer
En marzo de 1973, las preocupaciones provocadas por el radar en
Sagan movieron a Jim Martin, director del proyecto Viking, a intervenir.
Martin no parecía un científico —mediático o no— ni era la clase
de hombre que pondera sobre las religiones orientales en la revista Rolling
Stone (algo que Sagan estaba haciendo más o menos en esta época). Desde hacía
veinticuatro años, Martin era ingeniero aeroespacial del Departamento de
Defensa, para el que construía misiles y cazas. Era de mandíbula poderosa y
cabellos de color gris azulado cortados casi a rape. Martin decía que su empleo
en la NASA lo debía a su aspecto de contratista[721].
Martin era el general Leslie Groves[722] de la misión
Viking[723], un hombre que consiguió poner orden en un dispar grupo de
científicos algunos de los cuales carecían de las destrezas interpersonales
para una colaboración tan intensa. Martin era más respetado que querido.
Algunos de los científicos lo llamaban «Der Führer», el «General Prusiano» o el
«Gran Jefe Blanco[724]».
Pese a lo diferentes que eran sus personalidades, Martin y Sagan
compartían la misma preocupación. Las Viking no dejaban de inquietarlos. Martin
compiló dos libros sobre el tema de lo que podría salir mal con las Viking. El
primer volumen se ocupaba de las cosas que podrían salir mal pero podrían
arreglarse… y de cómo arreglarlas. El segundo volumen se ocupaba de las cosas
que podrían salir mal y no se podrían solucionar. El tamaño de cada uno de los
volúmenes era aproximadamente el del listín telefónico de Manhattan[725].
El Führer de las Viking estaba preparado para guarecerse en un
búnker si hiciera falta. Según el plan de contingencias de Martin para la
guerra nuclear, los funcionarios clave de las Viking estaban obligados a
mantener constantemente al día sus pasaportes. En caso de una confrontación
nuclear, tenían que abandonar Pasadena y montar una base en Madrid o Canberra,
en Australia. Si no lo hacían, en Madrid o Canberra había personas autorizadas
para abrir los manuales de emergencia y llevar a cabo la misión de recuperación
de datos enviados desde Marte[726].
Cuando Sagan dijo que en Marte podría haber arenas movedizas y
que no se podía confiar ni en las fotos ni en la interpretación de los radares
para la evaluación de los riesgos, Martin se vio en su elemento. Era otra
contingencia para la que prepararse. Martin formó un equipo de estudio de
radares con Len Tyler a la cabeza. Este aceptó la sugerencia de Sagan de
realizar nuevas y mejores observaciones de radar, especialmente en Arecibo tras
su mejora. El informe del grupo de Tyler, del 4 de noviembre de 1974, fue
desconcertante. Se encontraron con que la reflectividad de Marte al radar
variaba enormemente y que estas variaciones no se correspondían mucho con nada
de lo que veían en las fotografías de la Mariner. El radar estaba viendo un
Marte totalmente diferente[727].
§. Gran Pájaro
En 1973, la Unión Astronómica Internacional se reunió en Sídney,
Australia. Entre sesión y sesión, un hombre se presentó a sí mismo a Sagan y
Drake. Se llamaba Yuri Pariiski. Era un soviético con cierto parecido a Bob
Newhart[728], aunque no con tanto pelo. Pariiski, director de radioastronomía
en el Observatorio Pulkovo de Leningrado, era otro discípulo de Shklovski.
Sugirió que dieran un paseo.
Mientras deambulaban por las calles de Sídney, pasaron por
delante de un cine en el que se proyectaba El último tango en París. Pariiski
anunció que había detectado lo que parecían ser señales extraterrestres. Desde
hacía varios meses, venía recibiendo una serie de pulsaciones al ritmo de uno
por día. Eran de banda ancha, como el ruido (y como la «señal» CTA-102).Estas
pulsaciones tenían que ser artificiales. Cada día se oía la misma serie de
pitidos: 1 pulsación, 2 pulsaciones, 3 pulsaciones, 9 pulsaciones.
Él no era capaz de encontrarle un sentido. Si hubiesen sido
números primos, ya sería algo. Otra rareza era la repetición diaria. ¿Cómo
podían saber los extraterrestres que la Tierra rotaba cada veinticuatro horas?
Por supuesto, Pariiski había pensado en interferencias terrestres o de
satélites. Preguntó a miembros del ejército soviético si las señales procedían
de uno de sus satélites o de un satélite de EEUU. Le respondieron que no sabían
nada al respecto.
Naturalmente, no quería anunciar los hallazgos y repetir el
fiasco del CTA-102. Tampoco quería mantener oculto el tema para siempre. Dijo
que había querido escribir a Sagan o Drake en petición de consejo, pero que no
se había atrevido. Su correo era leído. El envío de información sensible a
Occidente se castigaba con dureza.
Sagan le dijo a Pariiski que cualquiera que creyera lo que
dijeran los militares soviéticos, sobre operaciones soviéticas o de EEUU,
estaba loco. Sagan y Drake pensaban que era improbable que las señales fueran
extraterrestres.
En las semanas siguientes a la reunión, Sagan investigó las
señales de Pariiski. Al tratar con unos mandos militares más abiertos, las
rastreó hasta llegar a un satélite de reconocimiento secreto de EEUU con el
nombre en clave de Big Bird, «Pájaro Grande». Los pasos del satélite por encima
de la Unión Soviética se correspondían con las horas a las que Pariiski había
detectado las señales.
§. Bora Bora
En su viaje de regreso a Estados Unidos desde Australia, Carl y
Frank se detuvieron en la Polinesia francesa. Ambos querían hacer algo de
buceo, y Sagan quiso probar una cámara subacuática que se había comprado.
Se quedaron en Bora Bora, una isla volcánica de color gris
esmeralda en medio de una laguna rodeada por un atolón circular. El hotel
estaba en la montañosa isla. La laguna era rica en vistosa vida subacuática.
El hotel tenía en la playa canoas con balancines para uso de los
huéspedes. Un día, Sagan comentó que los polinesios habían colonizado el
Pacífico empleando canoas como aquellas. Él y Drake decidieron que sería
divertido realizar un mini viaje por su cuenta, ir a uno de los pequeños
islotes de arena del atolón.
Se metieron en una canoa y comenzaron a remar. Llevaban
recorrida una cierta distancia cuando notaron que la canoa se estaba hundiendo
en el agua. Estaba entrando agua. Siguieron hasta que la canoa estuvo
completamente sumergida. Los dos hombres estaban sentados con el agua
llegándoles al pecho.
Sagan pensó que aquella sería una gran fotografía. Sacó imágenes
de los dos allí sentados, aparentemente en medio del océano.
Se preguntaron el uno al otro qué debían hacer. Podían seguir
remando o abandonar la canoa y nadar. En cualquiera caso, podían llegar al
islote arenoso (deshabitado hasta donde ellos sabían) o volver a la isla
principal.
En la laguna había tiburones. Los habían visto mientras
buceaban. Esa era una razón para permanecer en la canoa; esta les daría cierta
protección contra los tiburones, al menos por el lado del balancín. Los
tiburones, y su fatiga, eran razones para dirigirse al islote. Estaba mucho más
cerca que el hotel.
De modo que se pusieron a remar de nuevo en dirección al islote
de arena. Con el casco ya completamente bajo el agua, era como remar en melaza.
Tenían que levantar mucho los remos para meterlos en el agua desde arriba.
Llegaron al islote con los músculos agarrotados. Arrastraron la canoa y a sí
mismos hasta la orilla y se desmoronaron.
La isla estaba infestada de ratas. Aquel no era un lugar en el
que desearan pasar la noche. La tarde ya estaba muy avanzada. No le habían
dicho a nadie en el mundo dónde iban. Sagan y Drake calcularon mentalmente
cuánto tiempo pasaría hasta que alguien los echara de menos… anticipando la
reacción de una tardía expedición de búsqueda de sus restos ante dos
distinguidos científicos que habían sido demasiado estúpidos para salir de
aquel lío. Allí estaban ellos, dos «profesores» en la isla de Gilligan; tenía que
haber una forma «lógica» de escapar.
Exploraron la isla. Había ratas, cocos y palmeras. Lo único que
parecía relevante para el problema que tenían eran los cocos. Podían utilizar
las cáscaras de los cocos para achicar agua. Sagan y Drake reunieron las
cáscaras de coco con mejor forma, las metieron en la canoa y zarparon en
dirección a la isla principal. Esta vez uno remaba mientras el otro achicaba
agua con las cáscaras de coco. Con esta estratagema, los dos osados hombres
escaparon de la isla de las ratas y regresaron sanos y salvos a Ithaca[729].
§. Mentor y Némesis
Estaba programado que Fred Whipple diera una conferencia en
Cornell poco después del regreso de Sagan del Pacífico Sur. El viaje reactivó
de nuevo la cuestión de si decirle algo a Sagan acerca del tema de la
titularidad en Harvard. El asunto se resolvió inesperadamente cuando Sagan se
encontró con Whipple en Ithaca y anunció: «¿Sabes? he recibido la más extraña
carta de Harold Urey…»[730].
Para las titularidades, Harvard emplea el sistema del «comité ad
hoc». Se solicitan opiniones sobre un aspirante a profesor titular a un grupo
de expertos punteros en el campo del candidato. En vista de los intereses de
Sagan y de su relación personal con Urey, Whipple había seleccionado con toda
naturalidad a Urey para el comité.
Urey respondió con un informe de dos párrafos cáusticamente
negativo sobre Sagan. Whipple quedó horrorizado. No había razón alguna para
pensar que Urey no fuera sino un entusiasta partidario de Sagan[731].
Una carta devastadora, aun proveniente de un premio Nobel, no
descarta automáticamente la titularidad. En el caso de Sagan, desbarataba
delicados cálculos sobre la política departamental. Sagan era joven y su
insistencia en la exobiología, polémica. Whipple esperaba oposición desde
dentro de Harvard. También esperaba imponer su opinión. Para ello contaba con
elogiosos avales de célebres mentores de Sagan.
El informe de Urey no podía tampoco esconderse debajo de la
alfombra. Las reglas de Harvard lo prohibían. El informe fue directamente al
decano. Era tan negativo, pensó Whipple, que era inútil seguir adelante[732].
La escena se repitió en el MIT. Una vez Sagan hizo saber su
interés, Bruno Rossi pidió opinión a… Harold Urey.
La actitud de Urey hacia Sagan es desconcertante. En su trato
personal con Sagan, muchas veces era rotundo en sus críticas… y no menos franco
en sus elogios. La carta de Urey a Bruno Rossi comienza citando un artículo del
Astrophysical Journal de 1967, «Equilibrios termodinámicos en las atmósferas
planetarias», en el que Sagan había sido uno (el último) de cuatro coautores.
Informaba de un estudio financiado por la NASA que había intentado determinar
si las atmósferas observadas de Venus, la Tierra, Marte y Júpiter estaban en
equilibrio químico. El tema era de interés para Sagan porque estaba ligado con
la idea de que la vida puede inferirse a partir de una atmósfera en
desequilibrio químico.
Urey, que se encargó de la revisión por pares del artículo, lo
juzgó pobre. Los autores limitaban su atención a las atmósferas. Afirmaban que
la atmósfera de nitrógeno y oxígeno de la Tierra está en equilibrio químico,
esto es, normalmente el nitrógeno y el oxígeno no reaccionan mutuamente. Esto
es rigurosamente cierto. Urey planteaba la razonable objeción de que la
atmósfera no está en equilibrio cuando se toman en consideración los océanos.
El nitrógeno sí reaccionará con el oxígeno y el agua para formar ácido nítrico.
(Y lo hace; pero los nitratos formados fomentan la fotosíntesis, lo cual
produce más oxígeno).
Los cuatro coautores solo se ocupaban de esta cuestión en una
nota al pie, donde decían que en un próximo artículo tomarían los océanos en
consideración[733].
Urey escribió a Rossi:
Este artículo ilustra para mí sobre la clase de actividad que
Carl Sagan lleva realizando desde hace años: trabajos muy largos, farragosos,
voluminosos de valor comparativamente escaso. […] Muchas, muchas palabras, con
frecuencia bastante inútiles. […] Hace un tiempo, Sagan publicó un ensayo en el
que se ocupaba de los óxidos de nitrógeno en Marte. Creo que ocupaba 17
páginas; en mi opinión el tema no merecía más que unas pocas frases.[734]
El artículo sobre los «Óxidos de nitrógeno en Marte», de 1965,
era otra historia. En él Sagan era el principal autor, y Urey se mostraba de
acuerdo con la conclusión del artículo. El artículo se escribió en respuesta a
la descabellada idea de C. C. Kiess de que los casquetes polares, las nubes de
polvo y otros rasgos de Marte estaban compuestos de óxidos de nitrógeno. (¡Como
prueba, Kiess citaba aquellas siempre ambiguas bandas de Sinton!) Casi nadie se
tomó en serio la idea de Kiess. Kiess llegaba a afirmar que los óxidos de
nitrógeno, siendo tóxicos, descartaban la vida en Marte.
Pues bien, aquello fue para Sagan una declaración de guerra.
Descargó sobre Kiess toda su artillería. El artículo (¡de «solo» dieciséis
páginas!) tiene algo de caza de moscas a cañonazos. Esa era la queja de Urey.
Sin embargo, como el artículo menciona, George Claylord Simpson sí se tomó en
serio las tesis de Kiess y las citaba como razón para no seguir malgastando
dinero en la búsqueda de vida en Marte. Por eso Sagan creyó oportuna una
refutación de Kiess[735].
El artículo tal vez era «farragoso», pero también breve. «Un
valor típico para la abundancia de NO2 sobre la ciudad de los Ángeles excede el
correspondiente valor para Marte», señalaba Sagan. «La vida en los Ángeles
puede ser difícil, pero no es imposible. Lo mismo vale para Marte[736]».
Las discutibles faltas de estos artículos no pueden justificar
el tono de la carta de Urey a Rossi. Urey optó por centrarse en «nimiedades» de
dos artículos relativamente oscuros en lugar de en el trabajo ampliamente
reconocido de Sagan sobre Venus y Marte. Veía en los dos artículos un emblema
de recelos de más calado y graves. Urey concluía:
Sagan ha pasado revista a todo el campo de los planetas: la
vida, el origen de la vida, las atmósferas, todo. Personalmente, desde el
comienzo desconfié de que su trabajo siguiera la dirección correcta. Es un tipo
inteligente y resulta interesante hablar con él. Tal vez sea un profesor
valioso en su institución. Pero hace años que me incomoda lo que ilustra el
ensayo del que aquí me he ocupado con detalle.[737]
Era imposible pasar por alto una valoración condenatoria como
aquella.
* * * *
Y entonces, en algún momento entre 1967 y 1973, Urey cambió de
opinión. Sagan se tropezó con Urey en la reunión de Sídney. Aún ignorante de
todo lo sucedido, debió de halagar a su antiguo mentor. Esto fue lo que provocó
la extraña carta que Sagan mencionó a Whipple. Urey escribió a Sagan (17 de
septiembre de 1973):
Me haces sentir enormemente incómodo al hablarme en Sídney de lo
bien que me había portado contigo. De hecho, no siempre me he portado bien
contigo, y he intentado por todos los medios encontrarme a solas contigo para
contártelo, y además para decirte que he estado completamente equivocado.
Admiro las cosas que haces y el viguor [sic] con que las abordas. Simplemente
quería decir esto. […] Por favor, perdona mi pasada animadversión hacia ti, y
acéptame como un buen amigo hoy.[738]
Captando el sentido de estas palabras, aunque todavía
desconocedor de los detalles, Sagan respondió con tacto: «Lo he pensado tan
detenidamente como soy capaz de hacer, y no puedo recordar un solo ejemplo de
animadversión por tu parte. Si estás pensando en alguna actividad anónima —como
reseñar un trabajo o dar tu parecer sobre un ascenso—, expresar una opinión
franca bajo tales circunstancias no es ninguna muestra de animadversión. Pero
fuera cual fuera el incidente, no puedo creer que tu interés fuera otro que el
mejor interés de la ciencia[739]».
¿Qué convenció a Urey de que había estado «completamente
equivocado»? Tampoco esto está claro. Muchos colegas íntimos (como Stanley
Miller) no eran conscientes de que Urey hubiera albergado jamás una opinión tan
negativa sobre Sagan. Miller conjetura que tal vez el trabajo de Sagan sobre la
paradoja del joven Sol débil (un tema que intrigó a Urey) estuviera al menos
parcialmente detrás del cambio de idea[740].
Sin embargo, en 1967 ya había llevado a cabo mucho trabajo
importante. El viraje parece más similar a los cambios en la percepción de la
ilusión del rostro/vaso[741], una abrupta inversión que a veces se da también
en las relaciones humanas. Urey parece haber concebido una nueva forma de mirar
a Sagan, una manera de apreciarlo por quién era en lugar de encontrarle
defectos por lo que no era.
§. El poeta guatemalteco
Con ese fastidioso misterio de su pasado explicado, Sagan estaba
entrando en una nueva fase de su vida. En 1973 publicó su primer libro
auténticamente divulgativo (La conexión cósmica) y apareció por primera y
segunda vez en el Tonight Show[742]. Para muchos colegas fue un misterio cómo
Carl Sagan, un profesional competente en un campo más bien esotérico, se
convirtió en el científico vivo más famoso del mundo. La respuesta tiene que
ver tanto con el mensaje como con el mensajero.
En la segunda parte de su treintena, Sagan medía 188 cm de
altura y pesaba unos 85 kilos[743]. Entre quienes lo conocían rozaba la
unanimidad la opinión de que su atractivo físico aumentó con la madurez[744].
Se deshizo de sus monturas de pasta de cuerno y sus camisetas de empollón; el
bigote quedó descartado tras un solo experimento[745]. Era un hombre de
misteriosa apostura y que conservaba un encanto adolescente. Llevaba el pelo
largo, aunque cuidadosamente recortado, con la raya marcando un ángulo artístico
en la parte superior de la frente. Esto transmitía a la vez inteligencia y una
afinidad con la cultura joven. Su rasgo más destacado eran los ojos verdosos y
tan hondos que a menudo parecían quedar un poco en sombra.
Tenía un carisma que costaba describir. Un perfil publicado en
la revista New York en 1975 afirmaba que Sagan tenía pinta de novelista
colombiano: «una combinación de Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Mario
Vargas Llosa[746]». Un amigo comparó la «presencia» de Sagan con la de un
«poeta guatemalteco[747]». Fuera cual fuera la intención de estas
descripciones, no es la clase de cosas que se dicen de muchos científicos. En
Sagan había un toque de misterio… o quizá el término debería ser «realismo mágico».
En ocasiones, Sagan parecía esforzarse por demostrar que no era
como los otros científicos con el pelo mal cortado. Se quejaba de que la
compañía de científicos lo aburría[748]. Su mujer era artista. Él se rodeaba de
escritores, intelectuales liberales y personajes famosos. Conducía un Porsche
914 naranja con PHOBOS en la matrícula personalizada[749]. (En realidad había
querido que fuera BARSOOM, pero lo máximo eran seis letras). En algunos casos,
todo esto distanciaba a Sagan de las personas con protector de bolsillo[750].
La facilidad de Sagan para la improvisación era excepcionalmente
apropiada para el medio televisivo. Era un maestro de la frase impactante.
Incluso su auto caricaturesca forma de «percutir» las sílabas mantenía viva la
atención en un medio dominado por los breves periodos de atención. Sobre todo,
Sagan se ocupaba de un tema con mucho gancho. La vida extraterrestre era una de
las pocas cuestiones científicas con seguridad atractivas para los
televidentes. Todo lector de cómics sabía lo que era la vida extraterrestre, y
ningún premio Nobel podía decir que se tratara de un tema sin importancia.
Como ejemplo de cómo Sagan se ajustaba a las necesidades de los
medios de comunicación, véase el artículo de fondo aparecido en Time en 1971, «
¿Hay vida en Marte… o más allá?». Que Sagan era el más abierto y accesible de
los científicos consultados era tan patente que el artículo comenzaba con una
frase suya y lo citaba repetidamente. Para su evidente satisfacción por haber
encontrado a «uno de veras», el redactor de Time llamaba a Sagan «el más
enérgico y elocuente portavoz de la exobiología». Sagan era el único científico
del que se incluía una imagen[751].
§. Rolling Stone
La prosa de Sagan también comenzó a aparecer con regularidad en
la prensa contracultural. Escribió ensayos para The Whole Earth Catalogue[752]
y fue entrevistado por Rolling Stone[753]. Esto fue una consecuencia natural de
sus anteriores intentos de reconciliar la ciencia y la cultura joven. En una
época en el que la ciencia estaba bajo sospecha para buena parte de la
población, esta cobertura forjó para Sagan una reputación de científico con
conciencia social e iconoclasta.
La aparición de 1973 en Rolling Stone se produjo por sugerencia
de Timothy Ferris. Ferris era lo que entonces se conocía por un «nuevo
periodista». Uno de sus intereses era la astronomía. Estaba trabajando en un
libro llamado The Red Limit [«El límite rojo»]. La presencia de científicos en
Rolling Stone no era habitual, pero Ferris intuyó, acertadamente, que Sagan
sería un buen entrevistado.
Los dos hombres se cayeron bien y no tardaron en hacerse amigos.
Ferris era joven, brillante, bien parecido y divertido; un bon vivant de
Manhattan que conocía a personas como Jann Wenner[754], Hunter S. Thompson[755]
y Diana Vreeland[756]. Algunas de las preguntas de Ferris a Sagan eran un
auténtico trabalenguas. «¿Está el método científico pasando de ser un método
puramente deductivo, racional, a convertirse en una actividad más creativa que
se pone a prueba a sí misma frente a datos coherentes? ¿Y está nuestra
concepción del universo cambiando desde verlo como antrópico y aleatorio hasta
una visión esencialmente unificada, y que las cosas de las que trata la ciencia
son solo parte de una unidad mayor? ¿Está eso pasando realmente?». (La
respuesta de Sagan, básicamente, fue no)[757].
Una parte considerable de los lectores de Rolling Stone en 1973
eran consumidores de drogas recreativas. En su entrevista, Sagan no aprobó el
consumo de drogas ni habló de sus propias experiencias, pero aludió a la
cultura de las drogas a sabiendas. Se refirió al posible descubrimiento de vida
extraterrestre como una «experiencia psicodélica[758]». De sumo interés resultó
la reflexión de Sagan sobre la validez objetiva de las visiones místicas.
Observó que la percepción de ser «uno con el universo» es compartida por la
experiencia con drogas y el misticismo de las religiones orientales y el
cristianismo. La frase, un intento insatisfactorio de expresar una experiencia
no verbal, conlleva la percepción de la verdad revelada. Sagan lamentaba, sin
embargo, no haber encontrado a nadie capaz de probar objetivamente una
revelación mística. Como ejemplo de una revelación comprobable puso ver un
experimento que incluya disparar deuterones contra una diana de vanadio y
producir un inesperado resultado específico. Si la revelación predijera un
resultado discordante con lo creído por los expertos, y si el experimento se
llevara a cabo y la revelación fuera correcta, eso demostraría la validez de la
revelación mística. Eso nunca había ocurrido. «Así que, aunque en absoluto
restando nada al éxtasis de una experiencia así», le dijo Sagan a Ferris, «soy
escéptico sobre si realmente guarda relación con la manera en que el universo
está integrado. Creo que guarda relación con la manera en que nuestros cráneos
están montados[759]».
§. «Demasiado fiel a Marte»
A comienzos de los años setenta, las drogas recreativas estaban
tan ampliamente aceptadas que podían incluirse en la publicidad de los libros
de divulgación científica. En principio, el libro que Sagan escribió para Agel
se iba a titular La perspectiva cósmica. Un editor de Doubleday señaló que la
reciente película The French Connection (un thriller sobre contrabando de
drogas)[760] había inspirado un aluvión de títulos y eslóganes que sonaban
parecido. ¿No estaría tal vez La conexión cósmica más en la onda? Ese título
quizá no ha envejecido bien, pero en 1973 consiguió una buena comercialización
del libro entre un vasto público de chicos universitarios y de más edad.
La conexión cósmica contiene la formulación más explícita de lo
que él veía como su destino manifiesto:Incluso hoy en día hay momentos en los
que lo que hago me parece un sueño improbable aunque sumamente agradable. Tomar
parte en la exploración de Venus, Marte, Júpiter y Saturno […], depositar
instrumentos en Marte para buscar allí la vida; y tal vez dedicar serios
esfuerzos a comunicarnos con otros seres inteligentes, si los hay, ahí fuera en
la oscuridad del cielo nocturno.
De haber nacido cincuenta años antes, no me habría podido
dedicar a ninguna de estas actividades. Por entonces no eran más que producto
de la imaginación especulativa. De haber nacido cincuenta años más tarde,
tampoco habría podido participar en estos esfuerzos, excepto posiblemente el
último de los mencionados. […] Me considero extraordinariamente afortunado de
vivir en el momento de la historia de la humanidad en que se están emprendiendo
tales aventuras.[761]
En sintonía con su accesible enfoque, el libro era profuso en
ilustraciones. Muchas de ellas eran obra de un artista que se convirtió en otro
buen amigo de Sagan, Jon Lomberg.
Nacido en Filadelfia, Lomberg vivía por entonces en Toronto,
compatibilizando una doble carrera como corresponsal radiofónico para la CBC y
especialista en el campo de la ilustración astronómica. La ilustración
astronómica es el negocio, exclusivo del siglo XX, de suministrar «concepciones
artísticas» de los planetas, las galaxias, las estaciones espaciales y los
proyectos de colonización para la NASA, los museos espaciales, los libros
ilustrados, etc. Lo mismo que el arte de los patos y los ciervos salvajes, el
arte astronómico es un campo especializado para expertos. (Los artistas
astronómicos se irritan cuando se los confunde con los artistas de ciencia
ficción).
En aquel momento de su carrera, a Lomberg se le consideraba el
Peter Max[762] de la ilustración astronómica. Evitando por «demasiado fiel a
Marte» la meticulosa técnica de maestro antiguo que empleaban los seguidores de
Chesley Bonestell[763], Lomberg pintaba los planetas y las galaxias en un
estilo lejanamente inspirado por los carteles y las tapas de discos
psicodélicos[764]. Por mucho que pueda parecer improbable, la combinación de
ciencia rigurosa y sensibilidad pop era algo que podía atraer poderosamente a
Sagan. Reconociendo esto, Lomberg le escribió una carta a Sagan. Sagan contestó
diciendo que convendría que se conocieran. Así fue como se inició una
colaboración de por vida[765].
§. Gran solo a tumba abierta
Lo mismo que la ciencia, la celebridad puede ser cuestión de
estar en el lugar apropiado en el momento apropiado. El gran salto de Sagan a
la popularidad se produjo con su aparición en el Tonight Show del 30 de
noviembre de 1973.
Con motivo de la salida a la venta de La conexión cósmica, el
departamento de publicidad de Doubleday estaba intentando colocar a Sagan en
programas televisivos de entrevistas. La casualidad quiso que Johnny Carson,
entonces presentador del Tonight Show desde hacía mucho tiempo, viera un
especial de televisión sobre los ovnis presentado por su rival Dick Cavett y en
el que Sagan era uno de los expertos invitados. Carson quedó inmediatamente
fascinado. Le dijo a su equipo. «Quiero a ese tipo[766]».
A Sagan se le adjudicaron los últimos quince de los noventa
minutos que duraba el programa. Apareció después de un par de gemelos que
tocaban música country a la armónica y de un cuervo mudo cuyo dueño juraba que
el pájaro sabía hablar… pero que debía de haberse asustado por el jaleo.
Carson se atascó con la pronunciación del nombre de Sagan,
inseguro de si debía sonar saiguen o seigon. Luego Sagan, sin el más mínimo
síntoma de incomodidad, contestó con elegancia a las preguntas que se le
formularon sobre los ovnis y la vida extraterrestre. «Era un apasionado de la
astronomía y la ciencia en general», recuerda Carson, «y esa pasión era capaz
de transmitirla al público general sin sonar condescendiente[767]». De modo que
Carson dio el insólito paso de invitar de nuevo a Sagan para solo tres semanas
más tarde y adjudicarle la media hora final del programa. Stuart Baur, de la
revista New York, escribió:
Sagan impartió un curso intensivo de cosmología para adultos.
Fue uno de los grandes solos a tumba abierta en la televisión nocturna. […]
Cuando Sagan terminó y se arrellanó en medio del silencio que había generado,
uno habría apostado a que si entre los espectadores hubiese habido un millón de
adolescentes, al menos cien mil de ellos habrían decidido de inmediato
dedicarse de lleno a la astronomía.[768]
La intervención en Tonight Show contribuyó a que de La conexión
cósmica se hicieran veinte ediciones en tapa dura y rústica. Se vendieron más
de 500.000 ejemplares[769]. Los cazadores de talentos reconocieron a Sagan como
una apuesta segura. Las misiones planetarias de la NASA suministraban un flujo
continuo de nuevo material. Lo mismo cabe decir del inagotable manantial de los
delirios populares.
En el programa de Dick Cavett se abordó el tema del Triángulo de
las Bermudas. Sagan recurrió a los contraargumentos al uso: que algunos de los
casos más citados eran invenciones reconocidas; que la cantidad de barcos y
aviones perdidos en esta vasta y muy transitada zona de la superficie terrestre
no era estadísticamente destacable; que era de esperar que cualquier desastre
ocurrido en mitad del océano causara el hundimiento de una nave «sin dejar
rastro». Qué raro, comentó Sagan, que «desaparezcan misteriosamente» barcos y
aviones, pero nunca trenes.
«Veo que usted nunca ha cogido el tren de Long Island», dijo
Cavett[770].
En una tonta yuxtaposición, Sagan y el experimentador de las
Viking Gil Levin coincidieron con Hermione Gingold[771] en el Today Show[772].
Levin disertó con la monotonía típica de los científicos delante de las cámaras
de televisión. Sagan habló con elocuencia sobre las implicaciones filosóficas
de la búsqueda de vida en Marte. Tras esto, la señorita Gingold no pudo más que
preguntar al presentador: «¿Y yo qué hago aquí?»[773].
Por primera vez Sagan se hizo conocido de todos los estudiantes
de Cornell. A mediados de los años setenta, una parodia del periódico del
campus publicó una entrevista falsa con Sagan. Prácticamente, una de cada dos
palabras estaba en cursiva o negrita. («Han captado perfectamente su modo de
hablar», pensó un estudiante[774]). La gente reconocía a Sagan por las calles
de Ithaca. En el lapso de unos pocos años, Sagan se convirtió en uno de los
pocos científicos de su tiempo reconocibles al instante.
Los más próximos a Sagan fueron muchas veces los más capacitados
para aceptar su fama y, llegada la ocasión, ponerlo amablemente en su lugar.
Hablando de su todavía reciente fama con Lederberg, Sagan comentó un día: «
¿Sabes? si acudiera a todas las reuniones a las que se me pide que asista,
podría pasarme todo el tiempo yendo a reuniones».
«Eso no es nada», replicó Lederberg. «Si yo me pasara el tiempo
solo respondiendo a todas las invitaciones para que asista a reuniones, podría
pasarme todo el tiempo sin hacer nada más[775]».
Una persona que nunca perdió la perspectiva fue la madre de
Sagan. Rachel asistió a una gran reunión en la que Carl comenzó a pontificar
sobre un nuevo plan. « ¿Sabes lo que debería hacer…?», dijo.
«No, ¿qué va usted a hacer, señor Gran Carl Sagan?» preguntó
Rachel. Su forma de hablar fue perfecta, tal como debía de dirigirse al Carl de
tres años cuando este se ponía especialmente afectado[776][285].
§. Muerte de un exobiólogo
Diez días después del debut de Sagan en el Tonight Show, Wolf
Vishniac fallecía en la Antártida como consecuencia de una caída.
Vishniac no podía aceptar los informes de Horowitz y Cameron en
el sentido de que el suelo de la Antártida era estéril… lo cual implicaba que
en Marte no había vida y que la esterilización de las naves espaciales era
innecesaria. Se enfrentaba a una decepción más personal además. La NASA decidió
que en las Viking habría lugar solo para tres experimentos, no cuatro. El único
que se suprimió fue la «Trampa para Lobos» de Vishniac. Era el más «húmedo» de
los experimentos biológicos, el único que requería que los microbios marcianos
pudieran prosperar en un medio acuoso líquido. Ese recorte en gastos lanzó por
la borda una década de trabajo de Vishniac.
Vishniac respondió a estos reveses yéndose personalmente a la
Antártida. Estaba decidido a demostrar que había microbios que Horowitz y
Cameron habían pasado por alto. Para Vishniac, este fue un acto de bravuconería
casi insensata. La polio infantil había atrofiado su brazo derecho. Tras no
haber superado un reconocimiento médico que se requería de quienes iban a la
Antártida, consiguió que un senador moviera algunos hilos por él. También se
excusó de no seguir el curso de supervivencia de la marina normalmente exigido
a los científicos que hacían trabajo de campo en la Antártida[777].
En noviembre de 1973, Vishniac y un geólogo fueron en
helicóptero desde la estación McMurdo, en la Barrera de Hielo de Ross, hasta un
valle seco cerca del monte Baldr. Instaló sus instrumentos y los conjuntos de
sencillas muestras de vidrio que le habían resultado útiles en el cultivo de
microbios del suelo. Un mes más tarde comenzó a recoger sus muestras.
El 10 de diciembre, Vishniac se adentró solo en la insomne noche
estival de la Antártida. Dijo que iba a recoger algunas muestras y que
regresaría al cabo de doce horas. La última entrada en su cuaderno registra una
recogida de muestras a las 10:30 de la noche. La temperatura del aire era
entonces de −26 ºC.
Las horas de la noche nominal pasaron. Comenzaba otro día
antártico. Cuando Vishniac comenzó a retrasarse, se montó una expedición de
búsqueda. Encontraron su cuerpo en una zona bastante alejada de las sendas
marcadas, en una región nunca antes hollada por el hombre. Vishniac se había
caído por un precipicio de 150 metros y dado varias volteretas por una
escarpada pendiente. Fue hallado cerca de la base de los montes Baldr y Thor,
dos nombres de dioses vikingos[778].
§. Osos polares
La muerte de Vishniac a los cincuenta y dos años de edad fue un
duro golpe para todo el grupo de las Viking. En Cornell se deploró
especialmente. En su panegírico, Sagan dijo que Vishniac era «la primera
persona desde Giordano Bruno que había perdido la vida buscando vida
extraterrestre[779]». Sagan estudió minuciosamente los mapas de Marte, encontró
un cráter sin nombre a la misma latitud en el extremo sur a la que Vishniac
había muerto e hizo que se lo denominara Vishniac. Thomas Gold se hizo a sí mismo
responsable de la muerte de Vishniac (solo porque había sido su comentario lo
que había llevado a la invención de la Trampa para Lobos). Veinticuatro años
más tarde, sentado ante la mesa de su cocina en Ithaca —con Sagan entonces
también fallecido—, Gold me dijo que todavía se considera responsable[780].
Con tantos esfuerzos, y ahora una vida humana, sacrificados a la
búsqueda de vida en Marte, era natural que se reexaminaran los cálculos. ¿Qué
probabilidad había de que las Viking encontraran vida? En público, Sagan fue
muchas veces evasivo, como el niño que no se atreve a hacer apuestas sobre que
el caballito se encuentre debajo del árbol de Navidad. Presionado por un
periodista en los largos días que precedieron al aterrizaje, Sagan solo pudo
devolver la pelota. «¿Y usted qué dice?» preguntó al reportero. «¿Una entre
diez mil? ¿Una entre cien mil? ¿Una entre un millón?».
El periodista dijo que lo más sensato parecía «una entre un
millón».
«Muy bien», dijo Sagan, «aquí está mi centavo. ¿Dónde está su
dinero?»[781].
Otros miembros del equipo de las Viking probaron con la
probabilidad subjetiva. Harold Klein, jefe del equipo de biología de las Viking
(se había incorporado tras la muerte de Vishniac) saltó a la palestra con un
cálculo aproximado de una probabilidad de encontrar vida de 1 entre 50. Klein
empleó la «ecuación de Drake»… como recurso matemático para llegar a esa
cifra[782]. Vance Oyama, diseñador de uno de los experimentos biológicos de las
Viking, situó la probabilidad de vida en el 50 por 100[783]. Norman Horowitz,
diseñador de otro, optó por «no del todo cero[784]». Bruce Murray le dijo a un
periodista: «Yo soy un geólogo como Dios manda, comprometido, y ninguno de
nosotros espera encontrar vida en Marte[785]».
En privado, Sagan le dijo a Clark Chapman que él creía que las
probabilidades de encontrar vida en Marte eran del 50 por 100. La lógica que
seguía Sagan era la del simple agnosticismo: había dos posibilidades (vida y no
vida) y ninguna base para decantarse por una de ellas.
Chapman creía que las probabilidades eran mucho menores.
Queriendo ser coherente con sus ideas, Sagan se apostó con Chapman una copa a
que las Viking fotografiarían «osos polares» en Marte.
¿«Osos polares»? Esta era una de las ideas favoritas de Sagan.
Como él decía, los osos polares son criaturas grandes y activas que viven en lo
que consideramos un entorno hostil y empobrecido. La hierba no puede crecer en
el hielo ártico, ni tampoco los ratones. Un ratón es tan pequeño que se
congelaría rápidamente hasta quedar convertido en un pedazo sólido de carne de
ratón. Los osos polares sobreviven porque su pesada mole los aísla de los
gélidos vientos y los largos lapsos entre comidas.
El biólogo del siglo XIX Karl George Bergmann advirtió que las
especies afines tienden a ser mayores en los climas más fríos… en la Tierra por
lo menos. Aplicando la «regla de Bergmann» a Marte, que es realmente frío,
Sagan concluía medio en serio que los animales allí debían de ser enormes.
Podría haber «osos polares», esto es, formas de vida cuyo gran tamaño los
protegería del frío, la sequedad y, tal vez, también los rayos
ultravioletas[786].
Sagan dio una amplia difusión a su idea de los «osos polares».
Figuró en su siguiente libro divulgativo, Other Worlds [«Otros mundos»]. Agel
quería que Sagan escribiera una versión simplificada de La conexión cósmica(a
su vez una simplificación de Vida inteligente en el universo): Other Worlds fue
eso; un original en rústica con muchas fotos y dibujos, y solo el texto
suficiente para permitir la comprensión inmediata. Su texto en sans serif
sobreimpreso en fotos en blanco y negro debió de ser la encarnación de algunos
de los conceptos más «avanzados» del diseño de libros de los años setenta. La
disposición del texto en doble página facilita la legibilidad. El texto está
impreso sobre una fotografía de un oso polar en la nieve[787].
Tal vez debería por tanto hacerse hincapié en que Sagan no
esperaba que los «osos polares» marcianos se parecieran a los osos polares
reales. En tratamientos más sobrios del tema, Sagan prefería el término
«macrobio» —en oposición a «microbio»— para referirse a estas formas de vida lo
bastante grandes para ser vistas. Él y Lederberg imaginaron un bestiario de
posibles macrobios. Los cristófagos (comedores de hielo) podrían extraer agua
del permafrost. Los petrófagos derivarían el agua de una dieta de rocas, según
el modelo de las ratas canguro del desierto, que consiguen el agua que
necesitan a partir de las semillas del desierto. El JPL encargó ilustraciones
de estas ideas, y la revista Time publicó varias justo antes de que las Viking
aterrizaran. El cristófago del artista no pareció convincente, más parecido al
diseño de un aeropuerto futurista que a algo vivo. La versión del petrófago
resulta mejor, un pulpo tendido entre rocas y arena[788].
§. Bruce Murray
A pesar de este auténtico entusiasmo, sería una distorsión decir
que Sagan creía en sus «osos polares». El mismo término delata que va de broma.
Demostrar que los argumentos de la biología polar de la Tierra podían funcionar
en ambos sentidos era una manera de devolver la pelota al terreno de Horowitz y
Murray.
Lo que Sagan sí creía era que las Viking estaban diseñadas para
detectar el espectro más amplio posible de potenciales organismos marcianos…
sin excluir organismos grandes y/o móviles. Fue esta convicción la que muchas
veces llevó a Sagan a entrar en conflicto con los ingenieros y geólogos de las
Viking.
En los medios de comunicación, la oposición a Sagan la encarnó a
menudo la persona del geólogo y director del JPL Bruce Murray. La prensa
presentó el conflicto de Sagan con Murray como un caso de moralidad científica:
el visionario frente al metódico. Cada vez que Murray y Sagan aparecían juntos,
el contraste era llamativo. Sagan tenía la innegable desenvoltura de alguien
nacido para las cámaras de televisión. Murray parecía un empresario bajo y
fornido al que nadie le había dicho nunca que no se pusiera chaquetas a rayas
para salir en televisión[789]. Cuando se les pedía que justificaran la
exploración espacial, Murray hablaba sin inmutarse de patriotismo. Sagan
recitaba de carrerilla cinco razones y subrayaba las oportunidades para la
colaboración internacional. (Hacia el final de sus cuatro décadas de relación
con Sagan, Murray confesó sentirse «como una extraña pareja de hermanos unidos
por los ombligos[790]»).
A su manera, a Murray le apasionaba la geología tanto como a
Sagan la exobiología. En su época de estudiante del MIT, Murray había
considerado la posibilidad de hacerse biólogo. Cambió de opinión tras visitar
el despacho de un biólogo y encontrarse con que era una Wunderkammer[791] de
tarros de especímenes llenos de formaldehído. El lugar le puso a Murray los
pelos de punta. La geología prometía un tipo de trabajo más saludable, más al
aire libre.
Como muchos de los debates científicos, el de la vida marciana
estaba enraizado en predisposiciones personales. Poco antes del aterrizaje de
las Viking, a Sagan se le preguntó por qué la posibilidad de vida en Marte era
tan importante. «Yo creo que es debido a que a los seres humanos les encanta
estar vivos», respondió, «y tenemos una resonancia emocional con algo más vivo
en lugar de con un átomo de molibdeno[792]».
Pero para Bruce Murray, Marte era exactamente como en las fotos
de la Mariner. Tenía volcanes y cañones, tempestades de polvo, cráteres y
casquetes polares. Marte no necesitaba de vida para ser interesante. Y no podía
entender por qué Sagan estaba tan preocupado por la vida[793].
§. Tienda de mascotas
Sagan tenía muchas ideas sobre cómo maximizar las probabilidades
necesariamente imponderables de detectar vida. Una de ellas era una «linterna».
«No deja de asaltarme la recurrente fantasía», dijo Sagan, «de que al
despertarnos una mañana vemos en las fotografías alrededor de las Viking
huellas de pisadas hechas durante la noche, pero nunca llegaremos a ver la
criatura que las hizo porque es nocturna[794]».
Lederberg tenía dudas sobre esto. Esperaba que cualquier oso
polar que hubiera estuviera profundamente dormido, conservando su calor a lo
largo de la gélida noche marciana[795]. Pero el jefe del equipo de imágenes
Thomas Mutch apoyó a Sagan en el asunto de la linterna porque creía que les
permitiría observar la formación de escarcha.
Las realidades de la ingeniería echaron atrás la idea. La
energía de las Viking procedía de dos generadores de treinta y cinco vatios…
apenas adecuados para encender la minúscula bombilla al fondo de un
frigorífico. No podían desviar más que una fracción de la energía total a una
linterna, y probablemente no sería lo bastante brillante para ver mucho.
Otra de las ideas de Sagan rechazadas demostraba una ingeniosa
economía de medios: la pintura comestible. Sugirió que el módulo de las Viking
lo pintaran con varios tipos de nutrientes. Este «cebo» tal vez atrajera alguna
vida marciana, con lo cual se aumentarían las posibilidades de que las cámaras
vieran algo vivo. Utilizando zonas de diferentes nutrientes (por ejemplo,
aminoácidos de quiralidades opuestas, derecha e izquierda) sería posible ver si
algunos atraían (¿o envenenaban?) a los marcianos más que otros. Esta prueba
tal vez revelara algo de la bioquímica marciana. Ni siquiera los experimentos
de biología se diseñaron para hacer eso.
Como miembro del equipo de imágenes, Sagan era el más
directamente preocupado por las cámaras de las Viking. Las Viking no llevaban
cámaras convencionales de televisión. Un enlace de vídeo en tiempo real desde
Marte requeriría una anchura de banda excesiva. Al comienzo de la planificación
de la misión se había pensado en almacenar imágenes en caché en cinta de vídeo
y retransmitirlos a la Tierra en diferido. Una vez más, la esterilización
planteaba un problema. Las temperaturas necesarias destruían la cinta de vídeo.
Lo que en su lugar instalaron fue una ligera cámara electrónica
inventada por ITEK, una empresa de Lexington, Massachusetts. La cámara de ITEK
solo realizaba fotogramas. No «sacaba» una instantánea como hacen las cámaras
digitales de hoy en día. Esencialmente era un fax. Un espejo móvil escrutaba el
paisaje marciano, obtenía una línea vertical cada vez y la mandaba por fax a la
Tierra, donde las líneas de datos se encajaban hasta formar una imagen
panorámica. Cada módulo tenía dos cámaras a cierta distancia entre sí. Esto
hacía posible obtener imágenes en tres dimensiones que podían verse con gafas
especiales.
El insólito diseño de la cámara preocupaba a Sagan. En su
opinión, la cámara era un experimento de biología… el menos dependiente de las
pre concepciones sobre la bioquímica alienígena. «Una jirafa basada en el
silicio», le dijo a un entrevistador de la serie Nova de la PBS, «sería
detectable si pasase junto a la cámara de la Viking». Pero mientras que los
documentos no se mueven durante el tiempo que cuesta enviarlos por fax, una
jirafa marciana tal vez se moviera más rápido que las cámaras Viking al ejecutar
sus barridos. Esto podría distorsionar su imagen de manera rara. Las criaturas
que se movieran rápidamente serían tan invisibles como los peatones en una
fotografía tomada con exposición dilatada de las calles de una ciudad[796].
* * * *
El jefe del equipo de imágenes, Thomas Mutch, no estaba muy
preocupado por el rápido movimiento de los marcianos. Mutch era un geólogo
avezado, un hombre con una gran pasión por las montañas. (Sería una montaña lo
que un día lo mataría: en 1980 murió en el curso de una escalada en el
Himalaya). Mutch tenía una mirada mansa y un sentido del humor seco basado en
la mesura. «No creo que los ingenieros se estén regodeando en la ignorancia de
lo que queremos hacer, Carl», decía. Este parecía ser el enfoque adecuado para
mediar las disputas[797]. Mutch era un hombre al que casi todos admiraban. Un
geólogo dijo que admiraba a Mutch por no haberle pegado un tiro a Carl
Sagan[798].
Lo que más preocupado tenía a Mutch era que la cámara-fax de las
Viking se estaba inventando mientras se construía. ¿Y si no funcionaban? Mutch
no dejó de incordiar a los de ITEK para que le dejaran verla en acción.
No le concedieron permiso hasta agosto de 1974, cuando era
demasiado tarde para hacer gran cosa si se encontraba algún defecto. El diseño
estaba congelado, y ya se habían enviado varias cámaras a la planta de Martin
Marietta en Denver para su incorporación a las Viking.
Para el fabricante, las cámaras eran como coches nuevos. Cada
kilómetro en el cuentarrevoluciones contaba. El equipo de imágenes tuvo que
contentarse con probar algunos «deshechos de fabricación» que no iban a ir a
Marte. Los científicos querían llevarse algunas cámaras al desierto. Les
dijeron que eso era imposible. Las cámaras (las defectuosas cámaras excedentes)
eran demasiado frágiles para transportarlas por autopista. Mutch quería saber
cómo iban a sobrevivir estas frágiles cámaras si se las metía en un cohete y se
las enviaba a Marte.
Tras unas cuantas pruebas iniciales a las mismas puertas de la
planta de Martin Marietta, un mandamás de la empresa cambió radicalmente de
opinión. Decidió que tal vez estaría bien llevar la cámara a alguna parte que
realmente pareciera Marte. El equipo de imágenes se mostró de acuerdo en
reunirse al día siguiente en el Monumento Nacional de las Grandes Dunas de
Arena, una árida región de Colorado. De camino, Sagan se detuvo en una tienda
de mascotas. Consiguió una culebra de jaretas, un camaleón y dos tortugas.
A la mañana siguiente, el grupo comenzó a sacar fotografías. La
cámara funcionó a la perfección. Concluidas las pruebas rutinarias, llegó la
hora del circo de Sagan. Sagan fue colocando sucesivamente sus sucedáneos de
marcianos en la arena delante del módulo. La tortuga fue la especie más
fotogénica. Cuando se movió hacia la cámara, su imagen se convirtió en un
extravagante río de caparazones de tortuga. La cabeza y los miembros no se
veían. Cuando se movía en la dirección opuesta, se comprimía.
La serpiente y el camaleón, sencillamente, eran demasiado
rápidos. Revoloteaban en el enrarecido aire, dejando en la fotografía del
escáner menos de un píxel. La cámara no pudo captar más que sus huellas en la
arena.
Sagan lo dejó bien claro. Alguien que supiera lo que es una
tortuga tal vez no la reconocería a partir de las imágenes distorsionadas. El
problema de reconocer una criatura alienígena de apariencia y movimientos
desconocidos sería formidable. Las criaturas rápidas serían invisibles.
En aquel momento ya solo era viable introducir arreglos en los
programas informáticos. La cámara podía programarse para que detuviera su
desplazamiento horizontal y escrutara una única línea vertical repetidamente.
Esto, de manera parecida a si se mira a través de una raja en una puerta, se
convertiría en un sensible detector de movimientos. Los cambios en los valores
de brillo en esa línea indicarían el movimiento de algo delante de ella, aunque
sin mostrar su aspecto. Estos escrutinios de una única línea se programaron por
la insistencia de Sagan.
Los ánimos estaban tan exaltados que el grupo terminó el día con
una foto con truco. La cámara tardó unos diez minutos en producir un retrato
panorámico del grupo. Los científicos «se clonaron» a sí mismos posando
inmóviles, saltando a pídola delante de la cámara y volviendo a posar una y
otra vez hasta formar una multitud de Carl Sagans y Thomas Mutches y los demás,
todos reunidos en medio de un desierto de Estados Unidos[799].
§. Ann Druyan
En sus viajes a Nueva York, Sagan comenzó a alojarse en el
apartamento de Timothy Ferris. Como redactor de Rolling Stone, Ferris solía
recibir un montón de invitaciones a acontecimientos glamorosos. Sagan lo
acompañaba de vez en cuando[800].
En el otoño de 1974, la escritora Nora Ephron organizó una cena
bufé en su apartamento de Manhattan. Ephron era amiga de Ferris y también
conocía a Sagan. En una conferencia auspiciada por el Washington Post, Sagan
había caldeado el ambiente haciendo una pregunta para evaluar la cultura
científica de los presentes. Solo una persona en la sala dio la respuesta
correcta: Ephron.
De modo que Ephron invitó a Carl y Linda; a Timothy y su
prometida, Ann Druyan; al productor cinematográfico David Obst y su esposa,
Lynda, que era escritora; al crítico de teatro Frank Rich; al historiador
Taylor Branch[801].
La novia de Timothy, Annie (como todo el mundo la llamaba), era
una aspirante a novelista. A sus veinticinco años, era alta, elegante y de una
belleza espectacular. Aunque no parecía un «ratón de biblioteca», amaba los
libros. De niña, en Queens, Nueva York, se leyó las obras de Mark Twain con una
linterna debajo de las mantas por la noche. En la Universidad de Nueva York
estudió literatura un poco informalmente, pues fue en plenos años sesenta.
Luego trabajó en una serie de trabajos diurnos mientras escribía una novela en
su apartamento del Upper West Side[802]. El libro, A Famous Broken Heart [«Un
famoso corazón roto»], era una fantasía cómica sobre unos personajes literarios
en el limbo, a la espera de que se les «asignasen» novelas. Esto le permitió utilizar
personajes como Willy Loman y la señorita Habisham (el «corazón roto» del
título)[803].
Tan culta como era, Druyan nunca había oído hablar de Carl
Sagan. Ephron le aseguró que era una persona fascinante, no el científico
típico. Cuando Annie llegó a la fiesta, se encontró con un hombre revolcándose
por el suelo, riendo casi histéricamente por algo que alguien debía de acabar
de decir. Era Carl.
Annie y Carl congeniaron de inmediato. A Carl le impresionó su
conocimiento de la historia del béisbol. Annie podía recitar de un tirón
estadísticas y otros datos menores de las ligas mayor, menor y negra. Había
viajado a Cooperstown para las inducciones del Salón de la Fama[804]. También
hablaron del capitalismo y de León Trotski, que había escrito una Historia de
la Revolución rusa mordazmente divertida antes de que unos asesinos
bolcheviques le abrieran la cabeza con un martillo[805].
Annie decidió que verdaderamente, con las mangas de la camisa
remangadas y su cálida sonrisa, Carl no era en absoluto un científico
típico[806].
§. Utilización como extraterrestre
En el otoño de 1974 se envió al espacio otro «mensaje a los
extraterrestres». El Observatorio de Arecibo de Cornell estaba mejorando su
radiotelescopio con un transmisor de medio millón de vatios y una nueva
superficie reflectante. Para celebrarlo, Frank Drake quiso enviar, en lugar de
esperar a oír, un mensaje.
El mensaje sería una versión aumentada de la desconcertante
imagen que había dejado perpleja a la Orden del Delfín, una serie de 1679 bits
que podían ensamblarse —solo de un modo— para formar una imagen. La imagen,
setenta y tres líneas de veintitrés píxeles, sería un diagrama cósmico lleno de
información adecuada.
Drake envió al personal del Centro Nacional de Astronomía e
Ionosfera (NAIC, en sus siglas inglesas) un memorándum en el que pedía
sugerencias sobre el contenido del mensaje. Sagan, que no era miembro del NAIC,
no recibió el memorándum. En lugar de eso, Drake planeó utilizar a Sagan como
extraterrestre.
Esto tuvo lugar durante una larga comida en el club del cuerpo
docente de Cornell. Sin decir una palabra, Drake colocó su diagrama cósmico
delante de Sagan, y Sagan trató de descodificar la imagen.
Sagan lo hizo muchísimo mejor en esta «prueba» que en la
primera. Para las personas normales que la ven, solo hay una parte evidente del
diagrama, una figura humana hecha con palotes. Para un astrónomo resultan casi
igual de evidentes los esbozos granulados de la antena de radar de Arecibo y el
Sistema Solar. Sagan obtuvo eso, información sobre nuestro código genético y un
sistema numérico binario empleado para dar información sobre tamaños. Sagan y
Drake quedaron satisfechos[807].
El 16 de noviembre de 1974, a la una de la tarde, unas 250
personas se reunieron bajo una carpa en Arecibo para la inauguración. El
mensaje se emitió en dirección al cúmulo globular M13, en aquella época situado
en la vertical de la zona. M13 es una ciudad de estrellas, unos 300.000 soles
embutidos en una zona del cielo de aproximadamente el tamaño de la Luna llena.
Esto aumentaba la probabilidad de que hubiera una especie inteligente en algún
lugar dentro de la cobertura del haz de emisión. M13 está a 25.000 años luz de
distancia, lo cual significa que la respuesta tardaría 50.000 años en volver.
Nadie sabía qué velocidad dar al mensaje. Drake decidió
simplemente conectar la transmisión al sistema público de megafonía y pasarlo a
un ritmo que pareciera adecuado. Transmitido a diez bits por segundo, producía
un inteligible di-di-da-di-da… Para los asistentes la transmisión fue una
experiencia emocional, no menos que los lanzamientos de cohetes para los
científicos espaciales y sus familias. Hubo lágrimas y suspiros[808]. Un
ingeniero de la sala de control advirtió que los primeros seis bits sonaban como
HI[809] en código Morse[810].
§. «Hagámoslo»
La remodelación del telescopio de Arecibo motivó a Sagan para
realizar una de las observaciones científicas más audaces de su época. Por un
tiempo, su resultado negativo lo anonadó incluso a él.
Comenzó con la idea de Shklovski y Kardáshov sobre la
observación de galaxias próximas en busca de señales extraterrestres. Shklovski
llevaba mucho tiempo dando pistas de que los soviéticos estaban a punto de
realizar tal búsqueda[811]. Había habido un intento poco entusiasta. En 1968,
en el curso de una inspección de estrellas cercanas, V. S. Troitski, de la
Universidad Estatal de Gorki, dirigió su antena parabólica hacia la galaxia de
Andrómeda. No encontró nada. Pero Troitski había utilizado una antena parabólica
de unos 15 metros[812], más pequeña aún que la empleada por Drake para Ozma.
Arecibo tenía una antena parabólica de más de 300 metros.
De manera que Sagan estaba ansioso por utilizar Arecibo para
buscar señales extragalácticas. Llamaba a Drake y decía: «Hagámoslo». O bien se
encontraban en Cornell. «Hagámoslo[813]».
Durante un tiempo, la mejora del telescopio fue un impedimento.
La antena tendría tanta más capacidad luego, argumentó Drake, que bien podían
esperar. Completada la remodelación, redactaron una propuesta, y en 1975 lo
intentaron por fin.
* * * *
La ubicación de Arecibo se decidió deslizando una moneda de 25
centavos por encima de un mapa de Puerto Rico. A la escala del mapa, la moneda
representaba la antena parabólica de más de 300 metros que necesitaban
construir. La moneda vino a detenerse en una hondonada natural de
aproximadamente el tamaño y la forma de la antena planeada.
Fue así como el observatorio se instaló en medio de ninguna
parte. A quienes visitan Arecibo por primera vez les sorprende el hecho de que
el telescopio esté a casi un día de viaje por carretera del aeropuerto de San
Juan. ¿Cómo puede haber nada en Puerto Rico a un día de viaje en coche? La
respuesta son las estrechas carreteras montañosas sin ningún carril de
adelantamiento y sí unos cuantos camiones lentos.
Arecibo es un lugar de puestas de Sol espectaculares, tormentas
formidables y serenatas nocturnas de coqui… diminutas ranas invisibles de
nombre onomatopéyico. Puede ser un puesto de avanzada muy «colonial»: los
radioastrónomos estadounidenses no siempre hablan español, y los de Arecibo son
famosos por su incapacidad para aprender el idioma y la cultura. Los
nacionalistas portorriqueños sospechan que «El Radar», como ellos lo llaman,
tenga algo que ver con nefandas operaciones militares. Ha habido amenazas de
sabotaje.
Los servicios son escasos. A mediados de los años setenta no
había ni siquiera un aparato de televisión. Durante los juicios por el asunto
Watergate, James Cordes, de Cornell, conectó en secreto una antena con la
pantalla de vídeo del observatorio a fin de emplearla como televisor y ver las
repeticiones de las audiencias de cada día. Cordes nunca le dijo a Sagan que
estaba utilizando la misma pantalla de vídeo que Sagan empleaba para su trabajo
en la SETI[814].
§. Optimistas disparatados
Cuando Sagan llegó a Arecibo era como el protagonista de una
película de vaqueros que no supiera montar a caballo. El defensor de la
búsqueda de inteligencia extraterrestre más famoso del mundo nunca había
llevado a cabo un estudio para la SETI.
Pese a lo ansioso que debía de estar por ganarse sus espuelas,
esto no afectaba a su ego. Sagan hizo un auténtico esfuerzo por empaparse de
tecnología. Él y Drake estaban haciendo algo que propiamente hablando nunca
antes se había hecho, algo que podría acabar consiguiendo detectar vida
inteligente en el universo. «Fue un gran viaje, aquel era el telescopio más
grande del mundo, y teníamos los mejores ordenadores del mundo», me dijo Drake.
«Yo creo que Sagan creía que en el plazo de uno o dos años íbamos a detectar
radioseñales[815]».
Sagan y Drake se alojaban en un pequeño hotel en primera línea
de playa frecuentado por veraneantes. Cada día, un anciano encargado del hotel
los despertaba a las cuatro de la madrugada. Sobreponiéndose al sueño, se
metían en un coche. Drake conducía, esquivando pollos y sapos. Sagan, medio
despierto, mascaba restos de pan de ajo como desayuno[816]. Cuando llegaban al
observatorio, amanecía en el cielo caribeño. Las observaciones programadas en
los telescopios, y no la oscuridad, dictan el programa de un radioastrónomo.
El plan consistía en observar cuatro galaxias cercanas en la
frecuencia de emisión del hidrógeno neutro de 1.420 MHz La elección obvia era
M31, la gran nebulosa de Andrómeda. Es la mayor de las galaxias cercanas. Por
desgracia, Andrómeda cae bastante al norte en el cielo, y Arecibo está en los
trópicos. A diferencia de un telescopio de aficionado, la orientación de la
gran antena parabólica era limitada. Llevado a la posición más septentrional a
la que podía apuntar, el haz del telescopio apenas recortaba las zonas
meridionales de la galaxia. No podían abarcar toda la galaxia. Esta era una
suerte imprevisible, pues la galaxia de Andrómeda no es, en extensión angular,
más que aproximadamente del tamaño de una moneda de 25 milímetros de diámetro
sostenida con el brazo extendido.
No obstante, decidieron intentarlo con la parte de la galaxia de
Andrómeda que el telescopio podía alcanzar, incluidas sus dos pequeñas galaxias
satélite, M32 y NGC 205. Estas dos galaxias son lo bastante compactas para
caber cada una en un único apuntado del telescopio. También investigaron M33,
una galaxia espiral en la constelación del Triángulo.
Su receptor tenía capacidad para 1.008 canales de frecuencia a
la vez. (Ozma solo podía recibir uno a la vez). Esa era una gran comodidad,
aunque teóricamente sintonizaban en una única frecuencia. El movimiento de la
Tierra, así como el del planeta presuntamente transmisor, cambiaba las
frecuencias. Es necesario buscar en un amplio rango de frecuencias próximas a
los 1.420 MHz para estar razonablemente seguro de recibir una señal nominal de
1.420 MHz
Los resultados se mostraban en un osciloscopio. Un cañón de
electrones pintaba la pantalla con puntitos de luz verdes: un radioespectro.
Creían que una señal artificial aparecería como un punto o puntos mucho más
arriba del resto del espectro. El lenguaje corporal de Sagan le produjo una
impresión indeleble a Drake. Durante los primeros minutos, Sagan estuvo sentado
rígidamente hacia delante en su asiento, con la espalda en un ángulo de casi
cuarenta y cinco grados. Consiguió que sus ojos estuvieran lo más cerca posible
de los fósforos verdes. No iba a parpadear ante la historia[817].
El primer espectro era virtualmente una línea plana. Nada.
La antena se desplazó imperceptiblemente y el proceso comenzó de
nuevo. Un nuevo espectro apareció en la pantalla cinco minutos más tarde. Sagan
volvió a inclinarse hacia delante. Tampoco nada. A lo largo de la búsqueda, la
postura de Sagan cambió. Se arrellanó en su asiento, desalentado. No había nada
en toda la galaxia del Triángulo.
Se pasaron 100 horas de observación[818]. «Todo lo que vimos
fueron estables espectros planos», dijo Drake. «Al cabo de dos noches así se
hace aburrido de veras. Pero para Carl fue una auténtica frustración. Realmente
tenía la sensación de que en el plazo de horas lo conseguiríamos[819]».
* * * *
«Era una sensación real de depresión», dijo Sagan de esta
reacción, «no una simple frustración: era evidente que en ninguna de aquellas
estrellas había nadie tratando de comunicar con nosotros[820]». Sagan estaba
demasiado desalentado para publicar el resultado adecuadamente (un resultado
negativo sobre una cuestión tan importante habría encajado en Icarus). En lugar
de eso, lo enterró en el Informe Trimestral del Observatorio de Arecibo. Un
único párrafo minimizaba la observación como una manera de poner a punto el
equipo. Decía así:
La noche del 24 al 25 de marzo se puso brevemente a prueba por
primera vez el nuevo autocorrelador y la sensibilidad de detección. Con el
telescopio de Arecibo se recogieron señales normales de comunicación terrestre
reflejadas desde la Luna a casi 430 MHz, y se analizaron con el cuadrante de
los 252 primeros canales del correlador. Más tarde esa misma noche, a 1.420 MHz
se observaron varias fuentes galácticas y extragalácticas. No se detectaron
señales no terrestres de banda estrecha[821]
La importancia del resultado negativo —o falta de resultado— de
Sagan y Drake puede debatirse hasta el infinito. Este es el gran peligro para
los profesionales de la SETI, donde todos los resultados (hasta ahora) son
negativos, y ningún resultado negativo parece ser significativo.
Como mínimo, la observación arrojó agua fría a la más
desenfadada teorización de Green Bank y Biurakan. Si hubiera miles o millones
de civilizaciones super avanzadas distintas por cada galaxia, uno podría
imaginar que al menos una estaría lo bastante interesada en comunicarse para
emitir a 1.420 MHz con la potencia de una estrella (o en una selección de
frecuencias que incluyera los 1.420 MHz, o en todas las frecuencias posibles).
Parece ser que el estudio de Sagan y Drake descartó eso.
No podía explicar el resultado negativo, es decir, si no había
vida inteligente en las otras galaxias o si había extraterrestres avanzados
pero no tenían ningún interés en comunicar con seres tan primitivos como
nosotros, o si la idea de Kardáshov de una civilización canalizando la energía
de una estrella en faros extragalácticos era simplemente absurda. Ahora la
mayoría de los participantes en la SETI suelen preferir la tercera explicación.
«Cuanto más lo piensas, menos significa», dice William Newman… y no cree que
Sagan rumiara mucho al respecto después[822].
No obstante, el resultado negativo tuvo su efecto incluso en el
estoico Drake. «Si alguna vez hubo optimistas disparatados, ya no los hay»,
escribió poco después del estudio de las galaxias. «En cierto sentido, me
alegro. Los inestimables beneficios del conocimiento y la experiencia que
derivarán del contacto interestelar no deberían obtenerse demasiado fácilmente.
[…] Espero que sea una norma cósmica: entre las civilizaciones no habrá niños
malcriados. Deben ganarse el derecho a su herencia[823]».
§. Defección
El resultado de Arecibo fue una decepción especial para la
comunidad soviética de la SETI. Un soviético que se lo tomó muy a pecho fue I.
S. Shklovski. Concluyó que la inteligencia extraterrestre o bien no existe, o
es sumamente rara; probablemente somos la única raza tecnológica actualmente
existente en nuestro grupo de galaxias[824].
¿Y la ecuación de Drake? Al menos uno de los cálculos
aproximados tenía que estar equivocado… muy equivocado. Shklovski sospechaba
que el gran error era la vida promedio de una civilización comunicativa. Era lo
único especulativo. En el sombrío análisis de Shklovski, la vida de las
civilizaciones tecnológicas era breve porque todas se autodestruían.
Sobre Shklovski pesaba el hecho de que todos los modos en que
una especie extraterrestre podía llamar la atención sobre sí misma a escala
cósmica —faros intergalácticos, cohetes interestelares— implicaban cantidades
fabulosas de energía. Para moverse por su galaxia, una civilización necesitaría
invertir mucha más energía de la contenida en todas las armas nucleares de los
arsenales de la Tierra. Naturalmente, antes de que este nivel de tecnología se
utilizara para idealistas empresas científicas, se emplearía en armamento, y
esa era la clave del misterio. Las armas que se fabrican se emplean. Al
parecer, era una ley de la naturaleza que las civilizaciones tecnológicas
perezcan en un holocausto planetario antes de ponerse a mandar mensajes o naves
espaciales por la galaxia.
Shklovski publicó su nueva visión de las cosas en un artículo
aparecido en 1976 en la revista rusa Voprosy Filosfii[825]. El título del
artículo se traduce como « ¿Podría la vida inteligente en el universo ser
única?»[826]. La noticia de la apostasía de Shklosvki se difundió por toda la
comunidad de la SETI. Para Sagan fue un contratiempo. Shklovski había sido uno
de los primeros en compartir un sueño por tantos considerado descabellado.
Ahora —y durante la década de vida que le quedaba a Shklovski—, Sagan dedicaría
sus ocasionales encuentros a tratar de reconvertir a Shklovski. Sagan recitaba
todos los argumentos: que los extraterrestres estaban ahí fuera pero habían
decidido dejarnos en paz por nuestro propio bien; que estaban intentando
comunicarse por medio de alguna modalidad alienígena no inventada en la Tierra;
que podían estar recibiendo señales de civilizaciones cercanas, no mucho más
avanzadas que la nuestra. Sagan nunca consiguió hacer que Shklovski cambiara de
opinión. A juicio de Shklovski, en Arecibo Sagan y Drake habían llevado a cabo
el experimento Michelson-Morley de la SETI. El supuesto mensaje etéreo
simplemente no estaba allí[827].
§. Ajedrez suicida
La nueva casa de los Sagan se acabó por fin. Carl, Linda y
Nicholas se mudaron a ella para el año académico 1975-1976[828]. Rasgo
exclusivo de la casa era una maqueta tridimensional de una galaxia.
Jon Lomberg había concebido la idea de una maqueta de galaxia
consistente en muchas hojas de vidrio colocadas verticalmente en paralelo. Las
estrellas y las nebulosas se pintarían en uno u otro de los paneles con pintura
fluorescente, lo cual crearía un efecto tridimensional como el de la animación
en varios planos de las películas de Disney. Idealmente, la maqueta se
instalaría en una habitación oscura. «Luces negras» ocultas harían brillar las
estrellas pintadas. Como el vidrio sería invisible, las estrellas parecerían
flotar en el espacio. Sería como la holocubierta de Star Trek… o como el famoso
«mapa de estrellas» que Líder enseñaba a Betty Hill.
En cuanto se enteró, Sagan quiso tener una a toda costa. Encargó
a Lomberg que la construyera y la instalara en una habitación en la que pudiera
mostrarse a los visitantes.
«Tengo dos comentarios», dijo Isaac Asimov cuando la vio. «Uno:
esto ya lo inventé yo. Dos: esta habitación oscura sería un lugar estupendo
para darse el lote[829]».
* * * *
Al crecer, Nick Sagan consideró a su padre y a su madre como
diametralmente opuestos. Su padre era la encarnación de la ciencia, y su madre
la encarnación del arte; musas antitéticas conviviendo bajo el mismo
techo[830].
Los intereses artísticos de Linda incluían ahora el cine. La
industria cinematográfica de Ithaca no estaba muerta, como demostraron varios
documentalistas que trabajaban en la órbita de la universidad. Linda produjo el
documental Two Ball Games [«Dos juegos de pelota»] con el cineasta de Ithaca
David Gluck. También hizo una película sobre la conducción bajo los efectos del
alcohol, narrada por Dick Cavett, que se hacía ver a los arrestados por ese
motivo.
Carl, mientras tanto, estaba intentando aprender el arte de ser
padre. Un día se quedó de una pieza cuando al preguntarle a Nick qué quería ser
de mayor el niño respondió: «Un papá y un presentador». Un presentador de un
programa de televisión[831].
Nick compartía con su padre el interés por la mitología
grecorromana. «¡Soy Pan!» anunció. Adoptando la identidad temporal de un dios o
un mortal pagano, le encantaba contar sus relaciones con las otras figuras del
mito clásico[832].
Carl insistió en que Nick leyera los libros que a él le habían
influido de niño, como las novelas de Marte de Burroughs y El conde de
Montecristo. En una ocasión, mientras Nick estaba felizmente inmerso en un
tebeo de Superman, Carl mencionó que había otro superhombre. Astutamente
comparó y contrastó las versiones de Friedrich Nietzsche y de DC Comics. Nick
dijo que solo quería que su padre le dejara leer el tebeo tranquilo[833].
Un día, en la guardería de Nick se pidió a los niños como
trabajo artístico de clase que dibujaran sus cuerpos en grandes hojas de papel,
recortaran las siluetas y añadieran unas cuantas manchas para los ojos, la
nariz y la boca. Nick se llevó su autorretrato a casa. Su padre le echó un
vistazo y decidió que se parecía asombrosamente a los frescos de Tassili. Había
quienes presentaban como pruebas de visitas extraterrestres estas antiguas
pinturas murales del norte de África de seres con ojos saltones. En Other
Worlds, Carl publicó el dibujo de Nick como refutación de la hipótesis
extraterrestre[834].
Carl compró una mesa de ping-pong, y jugó con Nick mucho. La
especialidad de Carl eran los mates. Nick se hizo experto en contrarrestarlos
dándole un efecto hacia atrás a la pelota. En la pared junto a la mesa había un
cartel grande de la Luna. Nick modificó creativamente las reglas para permitir
los rebotes en la «luna[835]».
* * * *
A Dorion y Jeremy les chiflaba el béisbol. En una ocasión,
Jeremy sorprendió tiernamente a su padre cuando se refirió a una limpiadora de
Cornell como «Babe». En su tarjeta de identificación ponía «Ruth», que Jeremy
relacionaba con el babe del béisbol[836]. Dorion insistió en enseñar a jugar a
una alumna improbable, su abuela Rachel. Dorion se disculpaba cada vez que
Rachel fallaba un golpe insistiendo en que su lanzamiento había sido malo[837].
Carl enseñó ajedrez a sus tres hijos. A los chicos el ajedrez
normal les parecía un poco soso y se divertían con variantes inventadas:
versiones aceleradas contra el reloj, y el «ajedrez suicida», en el que ganaba
el primer jugador en perder todas sus piezas. Las normas establecían que cada
jugador capturara las piezas del otro siempre que fuera posible. Nick observó:
«En este juego la reina es una pieza muy peligrosa[838]».
Los chavales eran naturalmente conscientes de que su padre
consumía marihuana. Durante unas vacaciones que los Sagan y los Grinspoon
pasaron juntos en Trinidad, Dorion, Jeremy y David Grinspoon decidieron que
sería interesante espiar en una de sus fiestas con «maría». Se levantaron de la
cama y se acercaron sigilosamente a la casita de sus padres. Las carcajadas de
los adultos eran tan contagiosas que los niños apenas pudieron permanecer en
silencio mientras miraban por las ventanas[839].
§. Cuenta atrás
Carl, Linda y Nick pasaron buena parte del mes de agosto de 1975
en Florida. Habían ido a presenciar el lanzamiento de la Viking 1 a Marte. Dos
horas antes del planeado despegue el 11 de agosto, los trabajadores
descubrieron una válvula corroída. Probablemente habría funcionado, pero no se
atrevieron a poner en riesgo una nave espacial de medio billón de dólares por
una válvula barata. El lanzamiento se pospuso hasta el 14 de agosto.
En la confusión de ese aplazamiento, alguien apretó un
interruptor y lo dejó encendido, con lo que se agotaron algunas baterías.
Cuando se descubrió el problema, las baterías estaban produciendo unos anémicos
nueve voltios. Esperaban treinta y siete.
Cambiar las baterías de la Viking no era tan sencillo. Los
técnicos tendrían que abrir el escudo de esterilización, sustituir las baterías
e iniciar de nuevo el proceso de esterilización. Por suerte, había dos Viking.
Las intercambiaron. La antigua Viking 2 se convirtió en la nueva Viking 1.
El reconfigurado cohete despegó el 20 de agosto de 1975 a las
19:22 según el horario de verano del este de Estados Unidos. Un científico del
proyecto calificó el lanzamiento de «un lío de narices[840]».
* * * *
Como consecuencia de los retrasos, la familia Sagan hubo de
alojarse en la Ramada Inn de Playa Cocoa, matando el tiempo y preguntándose
ansiosamente si quedarse unos días más o renunciar y marcharse a casa.
Lederberg estaba allí también, ahora con un estado de ánimo algo más pesimista.
Le preocupaba además que en la atmósfera de Marte no hubiera gases en
desequilibrio químico[841].
Carl llenó las horas jugando con Nick y los demás niños en la
piscina, a veces impartiendo charlas improvisadas sobre ciencia. El periodista
Henry S. F. Cooper Jr. grabó un fragmento de estas charlas junto a la piscina,
sobre el tema del módulo de la Viking:
« ¿Y si explota?» preguntó el niño con bañador rojo.
«Esa es una de las razones por las que tenemos dos», dijo Sagan.
« ¿Y si una pata se desprende?» preguntó la niña con coleta.
Esto le había pasado a la maqueta que Sagan tenía en la mano.
«Entonces cojeará… la Viking inclinada», dijo Sagan.
« ¿Y si un marciano le saca un ojo?» preguntó otro chico.
« ¡Eso será tremendo! Entonces el otro ojo lo verá».
« ¿Y si los marcianos tienen armas sofisticadas que la hagan
estallar?» preguntó otra niña.
«Entonces tendremos un módulo estallado», dijo Sagan «Y tal vez
las cámaras fotografiarán a los marcianos haciendo estas cosas malas. Pero lo
más probable es que los marcianos no sean malos. O serán amables o no nos harán
caso».[842]
§. Vida en las nubes
Cuando las Viking partieron en busca de vida en Marte, Sagan
volvió a ocuparse de un tema aún más especulativo: la vida en Júpiter.
La noción, necesariamente, había cambiado mucho desde la primera
vez que Sagan la mencionó. En la época de la conferencia pronunciada por Sagan
en San Francisco el año 1960, algunos astrónomos creían que eran perfectamente
concebibles océanos de agua líquida en Júpiter. También se pensaba que la
atmósfera de Júpiter contenía grandes proporciones de amoníaco y metano.
Ambas ideas resultaron falsas. La atmósfera de Júpiter se
compone sobre todo de hidrógeno y helio, como el sol. (Sagan participó en una
demostración crucial de eso utilizando observaciones de la ocultación de la
estrella beta Scorpii por Júpiter el año 1971)[843]. El amoníaco, el metano y
el agua están presentes como trazas que reducirían pero de ningún modo
eliminarían la producción de moléculas orgánicas.
Según se cree hoy en día, Júpiter es casi todo gas y carece de
una superficie sólida. A pesar de las balanzas del planetario Hayden, en
Júpiter no hay ningún sitio en el que apoyarse y registrar el incremento de
peso. Una persona o cualquier masa sólida estarían en caída libre.
La atmósfera de Júpiter se vuelve más densa y más cálida con la
profundidad. En el interior de la atmósfera, el aire es aplastantemente denso y
abrasadoramente caliente. Entre las alturas heladas y el candente infierno,
Sagan se dio cuenta de que debía haber un estrato con temperaturas templadas
parecidas a las de la Tierra. Este estrato podría tener todo lo necesario para
la vida excepto una superficie sólida.
Sagan conjeturó por tanto la existencia de animales como globos.
«Podemos imaginar organismos en forma de bolsas de gas lastradas», escribió en
su parte de Vida inteligente en el universo, «flotando de un nivel a otro en la
atmósfera joviana e incorporando materia orgánica preformada, de modo muy
similar a como las ballenas comen plancton en los océanos terrestres[844]». El
libro Planets [«Planetas»], de 1966, contenía una «concepción artística» de
criaturas semejantes a dirigibles flotando en el cielo de color limón de un
planeta parecido a Júpiter.
Esta idea encantó a los escritores de ciencia ficción amigos de
Sagan. Isaac Asimov mencionó las formas de vida jovianas de Sagan en su columna
en Fantasía y ciencia ficción. Arthur C. Clarke las convirtió en un relato, «Un
encuentro con Medusa[845]». El héroe de Clarke, pilotando valientemente un
globo de hidrógeno caliente en la atmósfera de Júpiter, era un concepto
bastante original aun tratándose de ciencia ficción, donde la mayoría de los
escritores confinaban sus pólipos antropófagos en el buen y sólido suelo de
Ganímedes o Calisto[846].
La mayoría de astrónomos y biólogos fueron menos receptivos a la
idea. Clark Chapman dio en una ocasión una charla en una conferencia de
astronomía en la que Sagan se puso en pie y formuló una difícil pregunta. La
mente de Chapman buscó una respuesta rápida y eficaz:
«Bien, Carl», dijo Chapman desde el estrado, «uno no puede
cambiar las leyes de la física… no tan fácilmente como tú hiciste con la vida
flotante en Júpiter».
Una carcajada resonó en la sala. No había réplica posible, ni
siquiera para Sagan. Algunos de los presentes comenzaron a aplaudir.
A Chapman le sorprendió la fuerza de la reacción. Su intención
no había sido la de calificar de pueriles los animales globo de Sagan. Se
rumoreó que las bolsas de gas jovianas persiguieron a Sagan durante el resto de
su carrera; que la idea de la vida en Júpiter costó a Sagan subvenciones,
premios y/o titularidades[847].
Hubo quienes, como Norman Horowitz, pensaban que ya sabíamos lo
suficiente sobre Júpiter para estar seguros de que allí no puede haber vida. La
objeción más fundamental era la simple gravedad. No importa cuántos miles de
millones de toneladas de moléculas orgánicas puedan haberse producido, hasta la
última purina o aminoácido deben finalmente hundirse en la zona caliente de
Júpiter e incinerarse.
A Sagan, el argumento de la gravedad no lo impresionó. Es fácil
hacer cálculos aproximados que demuestran que el granizo no puede existir y que
las máquinas voladoras nunca despegarán del suelo. Él creía que nadie podía
estar seguro de lo que puede o no haber ocurrido en la inmensa y caótica
atmósfera de Júpiter.
Sagan nunca había publicado la idea de la vida en Júpiter en
ninguna revista científica importante (un hecho sin duda nada sorprendente para
sus críticos). Cornell tenía un brillante astrofísico matemático que
casualmente era un experto en el interior de Júpiter; se llamaba Edwin E.
Salpeter. Sagan —que podía ser el Tom Sawyer de la ciencia, capaz de convencer
a otros de que encalar su valla era la más fascinante de todas las maneras en
que podían emplear su tiempo— convenció a Salpeter de que colaborara en un
prolijo estudio de la vida joviana. Juntos produjeron uno de los artículos
científicos más singulares de la época, un análisis cuantitativo (con sesenta
ecuaciones) de la vida, el amor y la muerte en el aire de Júpiter.
Para sobrevivir en Júpiter, una criatura tendría que enfrentarse
con algunos hechos bastante implacables de la vida. Sagan y Salpeter concluían
que un «plomo», una criatura en eterna caída, era concebible. La atmósfera de
Júpiter es tan enorme que una mota o un globo podría descender flotando durante
semanas antes de alcanzar las infernales profundidades inferiores. Los plomos
tendrían que reproducirse antes de arder. También necesitarían alguna manera de
llevar de nuevo a su prole a la atmósfera superior para iniciar de nuevo el
ciclo de la vida. Podrían, por ejemplo, abrirse de golpe como bejines y
desprender esporas tan minúsculas que las corrientes ascendentes llevarían a
algunas de ellas de vuelta a la atmósfera superior. Alternativamente, Sagan y
Salpeter proponían «flotadores». Las criaturas globo podrían adquirir la
capacidad de expulsar por bombeo el helio de su interior. (Nosotros pensamos en
el helio como un gas ligero, pero es el más pesado de los dos gases principales
en el aire de Júpiter). El bombeo dejaría un gas más ligero y rico en hidrógeno
en el interior de las criaturas. Podrían ser tan ligeras como el aire y nunca
tener que hundirse.
Salpeter mantuvo debates surrealistas con Sagan sobre cómo se
aparearían las criaturas globo. Con la flotabilidad como premio, tendría
sentido que machos y hembras se fusionaran. Pero fueron incapaces de imaginar
un cierre convincente para la unión entre los géneros. A depredador y presa se
aplicaría una logística similar. El artículo dice con toda seriedad: «la
distinción entre cazar y aparearse en estas condiciones no es nítida[848]».
* * * *
«Somos unas criaturas que hemos caído muy bajo», dice un
personaje de Thomas Mann que en realidad vive en la cima de La montaña
mágica[849][358]. El artículo de Sagan y Salpeter tiene algo de la misma
paradoja extrañamente poética. Consiguieron demostrar que uno puede crear
motas, globos o dirigibles que permanecerían flotando en la atmósfera de
Júpiter el tiempo suficiente para ser plausiblemente coherentes con ciclos
vitales biológicos. En un sentido más amplio, el artículo plantea una de las
preguntas más profundas de la exobiología: ¿Es la vida algo sumamente abundante
que existe dondequiera que sea concebible, o hay entornos potenciales para la
vida que permanecen estériles para siempre? A esa pregunta se enfrentó Sagan a
lo largo de 1976, el año de las Viking.
Capítulo 7
Pasadena
1976
Contenido:
§. Embajada de Marte
§. Hockey sobre hielo cósmico
§. Aterrizaje
§. Oasis
§. Las reglas del juego
§. Los cielos rosas
§. Simplemente añádase agua
§. Supercurva
§. Cosas importantes, únicas y emocionantes
§. La teoría del carroñero
§. La ciencia normal
§. Utopía
§. Muestra de debajo de las rocas
§. Bichos de caparazón duro
§. Muerte súbita
En la época de las Viking[850], el segundo matrimonio de Sagan
estaba instalado en una resignada edad media. A medida que el ardor físico se
iba enfriando, Carl y Linda se iban dando cuenta de lo diferentes que eran.
Según algunos amigos, en sus dos matrimonios Carl había pasado de una
concentración demasiado exclusiva en la inteligencia a una concentración
igualmente extrema en el cuerpo. Un terapeuta le dijo a Carl que su problema
era que tenía que escoger entre su pene y su cerebro. La sensata respuesta de
Carl fue. « ¿Por qué no puedo tener ambos?»[851].
Las diferencias de personalidad entre Carl y Linda se expresaron
en peleas por nimiedades: quién dejó comida pasada en el frigorífico; si Carl
necesitaba cambiarse de camisa para una entrevista en televisión; si, en una
partida de Monopoly, Carl debía prestarle algo de dinero del juego para que
ella pudiera permanecer en la partida. (Carl se negó. ¿Ella no sabía que todo
el intríngulis del Monopoly consistía en asumir el papel de auténticos magnates
inmobiliarios con espíritu de implacables chacales? Linda lanzó por los aires
el tablero y los hoteles de plástico[852]).
A mediados de junio de 1976, este drama doméstico se estaba
representando en Pasadena. Carl, Linda y Nick compartían un apartamento con
Dorion, que estaba estudiando cerca, Timothy Ferris, que estaba cubriendo la
misión Viking para Rolling Stone, y Ann Druyan[853].
«En cierto sentido, pasé un año en Marte», escribió Sagan[854].
En cualquier caso, pasó medio año en Pasadena, y muchos más meses en Ithaca
preparándose para la misión Viking. Se puso al día en geología. En 1975 fue
nombrado miembro del departamento de geología de Cornell. Nominalmente al
menos, Sagan era ahora un geólogo con carné[855].
En los meses previos al aterrizaje, Jim Martin impartió
instrucciones para todos los equipos de las Viking. Cada uno recibió datos
simulados y se le pidió que afrontara todas las contingencias fácilmente
imaginables. Para el equipo de imágenes, Martin montó una simulación de estudio
de Marte. Era una gran caja de arena con un artilugio que hacía las veces de
módulo. Un día las cámaras revelaron la presencia de un trilobites fósil[856].
Los científicos tenían que analizar las falsas imágenes y presentar sus hallazgos
a falsos periodistas que luego formularían obtusas preguntas. A veces, el mismo
Martin fingía ser un periodista y hacía lo que se dijo que era una buena
imitación de Ted Baxter en el Mary Tyler Moore Show[857].
§. Embajada de Marte
Mientras tanto, Sagan se las veía con unos cuantos periodistas
auténticos. Las peticiones de los medios de comunicación crecieron
exponencialmente a medida que se fue aproximando el aterrizaje. Periodistas
ávidos de últimas noticias aprendieron a dirigir toda clase de preguntas a
Sagan, sabedores de que obtendrían respuestas concisas y lúcidas. (En la época
de las Viking, Sagan llevaba una cartera de gamuza con la etiqueta «Embajada de
Marte» en relieve de color vino[858]).
Esto contribuyó a provocar algunas incómodas tensiones. Muchos
científicos e ingenieros de las Viking opinaban que Sagan estaba acaparando más
atención de la merecida por su esfuerzo de equipo[859]. Sagan era consciente de
estar desproporcionadamente en el candelero. Solía lamentarse de ello a Timothy
Ferris… «no creo que con completa sinceridad», dice Ferris. «Pero él intentaba
mencionar a otras personas en las entrevistas televisivas y los productores
cortaban esas partes. En una ocasión me dijo que era ridículo que se le
dedicara tanta atención a él. Pero entonces, cuando lo dejaba en el JPL, se iba
a buscar a la gente de una televisión sueca[860]».
No solo Sagan atraía buena parte de la atención, sino que sus
declaraciones sobre las perspectivas de encontrar vida se contradecían a menudo
con las opiniones de muchos de los otros científicos. En un debate con Bruce
Murray, Sagan le espetó en un momento dado: «En Caltech vivís en el lado del
pesimismo». Murray se abstuvo de la evidente réplica de que en Cornell parecían
vivir en el lado del optimismo.
Murray comparó su enfoque de la ciencia y el de Sagan con el
Código Napoleónico y el derecho consuetudinario inglés. Murray creía que las
ideas eran erróneas (o, más exactamente: inmerecedoras de la atención seria de
nadie) hasta que las pruebas demostraran que eran correctas. Sagan operaba bajo
el precepto de que las ideas atractivas eran correctas (merecedoras de
atención) hasta que las pruebas demostraran que eran erróneas[861].
Este enfoque se expresaba en sus declaraciones. «A Carl se le da
estupendamente plantear una cuestión en términos de “No hemos visto nada que
permita descartarlo”», señaló Harold Klein, de las Viking. «Es muy inteligente:
él no promete nada[862]».
En la bibliografía científica, la doble negación se da con
frecuencia como forma de «precaución científica». Sagan invirtió el sentido de
esta convención retórica al emplear las dobles negaciones para presentar ideas
nuevas y provocativas. Las dobles negaciones no eran tanto equívocos como una
manera de explorar y estructurar el enorme universo de posibilidades. Cuando un
redactor de la revista Time le preguntó por las dobles negaciones, Sagan se
defendió con el argumento de que las utilizaba «para mantener vivas algunas
posibilidades, lo cual constituye en su opinión la naturaleza esencial de la
ciencia[863]».
La queja de Murray (y, al parecer, también de Urey) era que la
especulación de Sagan no producía por sí misma el sólido por más que lento y
pesado avance del conocimiento normalmente esperado de un científico. «Carl
cumple una función importante», observó Philip Morrison en la época de las
Viking…«con cierto riesgo para sí mismo[864]».
* * * *
Parte del rencor intramuros se tradujo en un perfil de Sagan
publicado en el New Yorker en los días previos al aterrizaje de las Viking. El
autor, Henry S. F. Cooper Jr. era un periodista informado y con un interés de
antiguo en el programa espacial. Su prolijamente documentado artículo era
informativo e ingenioso… si uno no era el tema del artículo, claro.
«Carl es la mayor amenaza desde la peste negra», le dijo a
Cooper un geólogo no identificado[865]. «Es encantador, es brillante, pero es
totalmente acrítico», afirmó un «científico[866]». Las citas sin atribución
eran suficientes para que Sagan tuviera que vigilar sus espaldas siempre desde
entonces. Tras leer el artículo de Cooper, Sagan le dijo a Ferris que en una
ocasión había oído decir que de un perfil periodístico como es debido se
esperaba que enojara al retratado casi lo suficiente para que se querellara…
casi pero no del todo. Conforme a esa definición, consideró que el del New
Yorker era un buen artículo[867].
* * * *
En un día normal en Pasadena, Sagan se levantaba, desayunaba un
batido de chocolate y se dirigía al JPL. Las reuniones de las Viking se
sucedían a un ritmo cada vez más acelerado. El equipo del lugar de aterrizaje
solo se reunió cuarenta y ocho veces antes de que ambas Viking se posaran en el
regolito marciano.
Sagan entraba en el edificio 264, pasaba un control de seguridad
en previsión de atentados con bomba (una previsión más del plan de
contingencias de Jim Martin) y se encaminaba a la sala 461. Esta enorme y
normalmente anodina sala de conferencias estaba entonces empapelada de
fotomosaicos y mapas de Marte. Un globo de Marte mayor que cualquier globo
terrestre que la mayoría de las personas hubiera visto jamás dominaba uno de
los rincones. Mesas plegables formaban un rectángulo casi continuo en paralelo a
las paredes. Dentro del rectángulo había un gran espacio vacío que permitía a
todo el mundo ver a todos los demás. Sagan y los demás miembros del comité se
sentaban en sillas dispuestas en la parte exterior de las mesas. A esta mesa se
sentaba también el ciudadano Martin sin ninguna distinción connotada por la
posición[868]
* * * *
La Viking 1 entró en órbita el 10 de junio de 1976. Dos días
después, una maniobra ajustó la órbita para que la nave pudiera obtener fotos
detalladas del lugar de aterrizaje en Chryse. La primera fotografía entró el 22
de junio por la tarde, en medio de otro debate teórico sobre la extrapolación
de los rasgos de la superficie a partir de fotografías a gran escala.
Las fotos orbitales trajeron buenas y malas noticias. Las buenas
noticias eran que las imágenes eran maravillosamente nítidas y detalladas. Las
malas noticias eran que casi todo lo sabido sobre los lugares de aterrizaje
escogidos era erróneo.
La Viking reveló que el «insulso» terreno alrededor de Chryse
era un lecho profundamente tallado. Había «islas» con forma de lágrima en el
interior de canales e inquietantes indicios de detalles casi fractales. Sagan
estaba, por un lado, encantado. Las imágenes dejaban pocas dudas de que por
Marte había corrido agua. Eso aumentaba las posibilidades de vida. Por otro
lado, el lugar escogido para el aterrizaje estaba en medio de una cuenca de
desagüe con abruptos contornos y (suponían los geólogos) grandes rocas
arrastradas por antiguas inundaciones. La Viking 1 no podía aterrizar allí.
Al parecer, el polvo nunca se había realmente asentado durante
la misión Mariner 9. Era la nube de polvo, no la superficie, la que parecía tan
lisa e incitante[869].
* * * *
Dio comienzo una desesperaba lucha por encontrar un lugar
aceptable para el aterrizaje de la Viking en Marte. El equipo del lugar de
aterrizaje se convirtió en doce hombres enojados, incapaces de llegar a un
veredicto mientras el tiempo pasaba y los ánimos se enardecían.
Los instrumentos del orbitador nunca encontraron ninguno de los
«oasis» más cálidos y húmedos que Sagan y Lederberg habían esperado encontrar.
No parecía haber mucha diferencia en cuanto a vapor de agua en una latitud
dada. Como consecuencia, el agua, que había dominado los primeros debates, dejó
de ser un tema de gran importancia.
La filosofía de Sagan en las renovadas deliberaciones era que lo
que primaba sobre todo lo demás era un aterrizaje seguro. En la polémica sobre
si fotografías o radar, Sagan pensaba que el tema inmediato no era qué bando
tenía razón. El tema era garantizar las mejores probabilidades de un aterrizaje
seguro. Sagan sostenía que la prudencia dictaba un sitio que pareciera bueno a
la vez en las fotografías y en el radar[870].
Aunque la lógica de este argumento ganó aliados para Sagan, era
más fácil de decir que de hacer. Daba la sensación de que siempre que un sitio
potencial parecía realmente bueno en las fotografías, los partidarios del radar
insistían en que era malo[871].
Cuando Sagan creía que no había información suficiente para
tomar una decisión informada sobre un sitio, se abstenía de votarlo. Esto
irritaba a Martin, cuyo estilo de gestión daba mucho valor a guiar los «votos
de sondeo» a los sitios candidato. Martin instauró la «norma Carl Sagan», por
la cual todo el mundo tenía que votar o explicar su voto[872]
«Carl», espetó Martin durante una de estas abstenciones,
«tenemos una nave espacial real orbitando el planeta con explosivos en los
cerrojos esperando a ser detonados para lanzar un módulo real en un futuro muy
próximo. Necesitamos una opinión inequívoca».
Sagan hizo su elección. Cuando Martin le preguntó por qué no
podía haber hecho eso directamente, Sagan contestó: «Yo no voto, yo decido».
(Levinthal preguntó más tarde a Sagan acerca de la votación.
Sagan explicó: «Elliott, tú no creerás que para mí todos esos votos valieran lo
mismo»).
Hasta que no se encontraran buenas fotos y datos de radar,
parecía lógico que Sagan se abstuviera. Él sabía que los gestores de la NASA no
eran siempre perfectamente lógicos… y temía que se les impusiera un aterrizaje
donde fuera un día cuatro de julio[873]. Quedó gratamente sorprendido cuando, a
última hora del 26 de junio, Jim Martin decidió que no podían hacer aterrizar
la Viking 1 el cuatro de julio[874]. La fiesta nacional preocupaba a Martin en
cualquier caso, pues temía que el aterrizaje se perdiera entre la cobertura de
las festividades del bicentenario de la nación[875]. Martin y la NASA emitieron
un comunicado de prensa anunciando el aplazamiento, justo a tiempo para que los
presentadores de televisión cancelaran sus vuelos a la Costa Oeste para realizar
una cobertura en directo[876].
§. Hockey sobre hielo cósmico
El bicentenario de la nación se celebró sin que se tuviera un
lugar de aterrizaje adecuado. Comenzaba a haber un «problema de tiempo». La
Viking 2 se estaba aproximando a Marte para llegar el 7 de agosto. El equipo de
las Viking, ya el mayor en la historia de las misiones planetarias de la NASA,
no podía ocuparse de dos misiones simultáneamente activas. Necesitaban que la
Viking 1 aterrizara a tiempo de ocuparse de la Viking 2.
Por desgracia, las observaciones por radar tenían un plazo de
entrega. Con frecuencia pasaban días antes de que un nuevo sitio candidato
pudiera ser examinado por radar. Con el tiempo apremiando, esto provocó la
cuestión de si olvidarse del nuevo sitio, esperar a los datos de radar (que
podían ser malos) o considerar el aterrizaje sin los datos del radar. El equipo
del lugar de aterrizaje estaba pasándolo mal (comían durante las reuniones y el
tiempo entre las reuniones lo dedicaban a prepararse para el siguiente
encuentro). El 7 de julio, los sitios candidato mejor colocados, reducidos
desde las primeras opciones, fueron designados A-1NW y WA-1NW. A-1NW tenía
buenas fotografías, mal radar, pero ninguna de las fotos de detalle estaba
todavía disponible. Una votación de sondeo arrojó un resultado de 23 a 12 a
favor de A-1NW, a pesar del mal radar. El grupo quedó horrorizado cuando se dio
cuenta de lo que había hecho. Lo que el grupo estaba realmente diciendo es que
estaba harto de deliberar[877].
* * * *
El lugar para el aterrizaje lo habían desplazado progresivamente
«río abajo», hasta el centro de Chryse Planitia, las «Planicies de Oro». Hal
Masursky quería aterrizar justo en medio de la llanura. Pero el radar indicó
que aproximadamente en el centro de Chryse había algo curioso. Había una
desconcertante zona en la que la señal de radar bajaba tanto, como Len Tyler lo
expresó, que era casi como un agujero que atravesara el planeta. Eso preocupó a
Sagan[878]. El 12 de julio consensuaron un lugar a medio camino entre el centro
de Chryse y el borde de la cuenca. Esta región parecía buena en el radar y en
las fotos.
Martin interrumpió la reunión. Había algunas fotos más por
entrar. Levantarían la sesión, se reunirían tras la llegada de las imágenes y
entonces decidirían. Si no decidían entonces, advirtió, se reunirían de nuevo a
las 3 de la madrugada… y continuarían hasta tomar una decisión.
Como la nave no se podía dirigir con precisión milimétrica, un
lugar de aterrizaje adoptaba efectivamente la forma de una elipse. Apuntando al
centro de la elipse, podían confiar razonablemente en que la nave acabaría en
alguna parte dentro de la elipse. Era, pues, necesario encontrar regiones
elípticas tan exentas de peligros como fuera posible. Hal Masursky vio tres
zonas posibles de aterrizaje, a las que llamó Alfa, Beta y Gamma. Desplazó
elipses por encima del fotomosaico en lo que llamó un juego de «hockey sobre
hielo cósmico[879]». No importa dónde se colocara una elipse, incluía algo que
parecía peligroso. En todas partes había cráteres y objetos expelidos desde
estos. Masursky contó los riesgos en el interior de cada elipse y analizó los
resultados del radar. Alfa parecía la mejor.
Una de las más inspiradas sugerencias de Sagan había sido que el
JPL reclutara titulados recientes de las universidades locales, estudiantes
jóvenes ansiosos de realizar tareas tan anodinas como contar cráteres. Los
resultados de los contadores de cráteres llegaron hacia el final del encuentro.
Alfa tenía un 9 por 100 de terreno peligroso. Beta y Gamma tenían el 19 por 100
de riesgos[880].
Len Tyler informó de que aunque los tres sitios tenían un radar
aceptable, el radar de Alfa era realmente el menos bueno de los tres.
Por votación unánime se escogió Alfa. Sagan, e incluso Tyler,
levantaron las manos a favor. A medianoche levantaron la sesión.
§. Aterrizaje
La Viking 1 se esperaba que aterrizara el 20 de julio, en las
primeras horas de la mañana, horario de Pasadena. El campus en la ladera del
JPL estaba inundado de luz sobre el fondo de las negras montañas. La NASA
acondicionó el Auditorio Theodore von Kármán como centro de prensa, y organizó
una gran fiesta durante toda la noche para una insólita mezcla de periodistas,
científicos, burócratas, escritores de ciencia ficción y famosos ocasionales de
Hollywood (el rumor era que Angie Dickinson[881] iba a asistir)[882]. Era una
oportunidad de ver cómo se hacía historia; en concreto, de descubrir si en
Marte había vida.
Para la mayoría del equipo de las Viking excepto para Sagan, los
«macrobios» eran un tema delicado, más adecuado para hacer chistes que para
ocuparse de él en serio. El JPL estaba inundado de historietas de oficinas y
camisetas con dibujos de «marcianos». Estos eran de ojos saltones, con
tentáculos y por lo general inteligentes. Incluso los más escépticos reconocían
que se estaban enfrentando a la clase de incógnita abyecta que a veces confunde
las expectativas[883].
El plan era que el módulo de la Viking dejara caer su vehículo
dotado de escudo de reentrada desde 5.800 metros por encima de la superficie.
Su paracaídas se abriría, sus patas de aterrizaje se extenderían. A 1200 metros
se encenderían unos retrocohetes que quemaban hidracina purificada (sin
hidrocarburos, para evitar confundir a los instrumentos que buscaban moléculas
orgánicas). La Viking se desprendería de su paracaídas y se posaría a una
velocidad de menos de 10 kilómetros por hora.
Viajando a la velocidad de la luz, las señales de la Viking
tardaban dieciocho minutos y dieciocho segundos en llegar a la Tierra. Esto
creaba una dramática expectación que no había existido en las misiones
lunares[884]. El aterrizaje nominal se produjo poco antes de las 5 de la
madrugada. «Está en Marte, sea como sea», dijo alguien[885]. Siguió un
intervalo de dieciocho minutos en el que nadie podía saber si la Viking había
aterrizado sin problemas o se había estrellado.
A las 5:12, Dick Bender, del JPL, anunció: « ¡Hemos aterrizado,
hemos aterrizado!»[886]. Las señales confirmaron que la nave estaba estable e
intacta. La Viking 1 había aterrizado a 22.4° norte, 47.5° oeste, en Chryse
Planitia.
§. Oasis
Sagan se hallaba delante de las cámaras de televisión en la
Tierra cuando entraron las primeras imágenes desde Marte. A las 18:09, Jules
Bergman, de la ABC, anunció: «Esta es la que parece ser la primera foto en
entrar, Carl».
« ¿Puedo ir a echar un vistazo?» preguntó Carl[887].
El equipo de imágenes había sudado cada detalle de las primeras
dos fotografías. Como con la Viking algo podía ir mal en cualquier momento,
cada foto se planeó como si fuera la última que recibirían[888].
La primera fotografía era en blanco y negro (el color tarda más
en conseguirse y transmitirse). Según los criterios apropiados para las
instantáneas turísticas, su composición era estrambótica. La Viking apuntó su
cámara hacia abajo y obtuvo una imagen de una franja de terreno junto al
módulo, a unos ciento cincuenta centímetros del objetivo de la cámara. Esta
imagen no mostraba ningún horizonte en absoluto. El razonamiento fue que un
primer plano del suelo mostraba la superficie con máximo detalle y permitía una
resolución de los rasgos de aproximadamente unos tres milímetros de diámetro.
«Se habría creído que todas las personas en la sala teníamos
diez años de edad», dijo Gentry Lee, del JPL, «porque todos nos levantamos y
cuarenta de nosotros nos abalanzamos sobre la pantalla para verla entrar línea
a línea[889]».
La primera fotografía desde la superficie marciana revelaba una
franja de pequeñas rocas y suelo («regolito» para los puristas, pero «suelo»
para la mayoría). Muy nítida y rica en contraste, no precisaba de ningún
procesamiento digital para ser legible. La imagen incluía parte de una de las
patas de la nave espacial. Sagan comentó que nunca se había alegrado tanto de
ver un remache[890].
Un detalle trajo a la mente la preocupación de Sagan por la
velocidad del escaneo. En la imagen aparecía una banda oscura, indistinta pero
perfectamente vertical. Evidentemente, el polvo levantado por el módulo —o el
paracaídas, o una nube— había oscurecido el Sol mientras esa parte de la imagen
estaba siendo escaneada. La segunda fotografía, tomada unos minutos más tarde,
era una panorámica de 300° del horizonte, también en blanco y negro. Para
Sagan, este era el momento de la verdad. Mostraba casi todo lo que había que
ver desde la posición del módulo. Una vez más, Marte frustró las expectativas.
El equipo del lugar de aterrizaje había imaginado que Chryse Planitia sería un
desierto de arena liso, aquí y allá con unos cuantos cráteres que esperaban
evitar. La segunda foto mostraba que la nave estaba posada en medio de un
arrecife de pedruscos. Muchos de ellos eran lo bastante grandes para haber
hecho volcar la Viking. Las rocas se extendían hasta un horizonte que se creía
a tres kilómetros de distancia. En el horizonte había pequeñas colinas,
posiblemente los bordes de cráteres lejanos.
Todos pensaron que el delgado aire de Marte implicaba un cielo
casi negro, tal vez teñido de azul cerca del horizonte. Pero todo el cielo
visible era claro. El panorama era agreste, pero el cielo claro producía un
ambiente extrañamente parecido al de la Tierra. Lo que recordaba a los
espectadores era Arizona o un flujo de lava en Hawái, no la Luna.
* * * *
«No había ni un indicio de vida», admitió escuetamente Sagan
tras la llegada de las primeras fotos: «ni maleza, ni árboles, ni cactus, ni
jirafas, antílopes o conejos[891]». Tan decepcionado como debió de sentirse,
Sagan no estaba desconcertado. Se pasó unas dieciocho horas explicando el
significado de las fotos en una serie de programas de televisión[892].
Aquella noche, Sagan, Ferris y Druyan se la pasaron en el
apartamento de Pasadena examinando las fotos más detenidamente. Para cualquiera
que contemplara con indiferencia aquel agreste panorama, esto tal vez le
pareciera golpear un caballo muerto. Pero ellos estaban buscando formas menos
evidentes de vida. Buscaban agujeros que pudieran ser madrigueras; manchas en
las rocas que pudieran ser algo creciendo; huellas de marcianos veloces e
inquietos invisibles para la cámara; estructuras con simetría bilateral;
objetos de aspecto inestable que parecieran desafiar la gravedad y la entropía;
y (como dijo la publicación del equipo de aterrizaje en Science)
«rastros[893]».
Sagan pegó con cinta adhesiva las secciones de la fotografía a
fin de ensamblar toda la visión panorámica de 300°. Enrolló la panorámica de
sesenta centímetros en un cilindro casi completo y metió la cabeza en medio.
Sagan se sentó en el sofá del apartamento de Pasadena, durante unos veinte
minutos, con la foto en torno a su cabeza, inmerso en Marte. Ferris hizo algo
parecido[894].
«Concéntrate al máximo», animó a Ferris. «Trata de imaginarte
allí».
Sagan dio a Ferris instrucciones de que se fijara en un
promontorio rocoso en el horizonte, tal vez a unos cuatrocientos metros de
distancia del módulo, y le pidió que describiera lo que veía.
Ferris miró de cerca y vio… un oasis. Un oasis liliputiense,
como si las cosas fueran más pequeñas en el planeta Marte. Una maraña de
árboles como de manglar surgía de un lago reluciente. En un lado se levantaba
una «palmera» aislada. Teniendo en cuenta la distancia, Ferris calculó que todo
esto podía no ser de más de ciento cincuenta centímetros de diámetro.
«Yo he tenido», anunció Sagan, «exactamente la misma
alucinación».
Alucinación fue. Con la luz de la mañana, Sagan y Ferris
reconocieron que el «oasis» era un juego de luz y sombra sobre las rocas, nada
más[895].
Marte estaba ejerciendo un extraño hechizo sobre todos los
científicos de las Viking también. Gentry Lee encontró «rastros de pollo» en
una imagen. Acabó concluyendo que los rastros eran provocados por guijarros
despedidos por los retrocohetes del módulo[896].
Algunas de las rocas, se señaló, tenían una forma extraña.
Algunos científicos de las Viking se atribuyeron informalmente la primicia —yo
lo vi primero— solo por si una resultaba contener algún secreto importante.
Sagan reclamó el descubrimiento de una roca cerca del módulo que era esférica…
¿tal vez demasiado esférica? Había también una roca cilíndrica apodada «Bufanda
de Midas» y un «Zapato Holandés». Una roca parecía tener la letra B garabateada
encima. Un periodista de televisión oyó mencionar inocentemente esta fantasía
al estudiante de posgrado Alan Binder. Los canales no tardaron en interrumpir
sus emisiones con boletines de noticias sobre los «grafiti marcianos». Que el
nombre de Binder comenzara por B no ayudó. A Sagan la B le recordó «Barsoom[897]».
Marte invadió los sueños de Sagan. El 23 de julio soñó que se
hallaba en Marte. Se estaba paseando por el planeta que ahora sentía que
conocía. Incluso en el sueño, la ciencia era exacta. Saltaba debido a la menor
gravedad, y podía ver que el horizonte estaba relativamente cerca, como
requería la geometría de un planeta pequeño. El paisaje se echaba encima de uno
como en la autopista de un videojuego. Sagan llegó a unas estribaciones y vio
algo en las rocas. Una roca estaba segmentada, dividida en tres. Era un
trilobites[898].
§. Las reglas del juego
El día siguiente a su «alucinación», Sagan estaba de vuelta al
trabajo. Aún había que hacer aterrizar la Viking 2.
Un «indefinible pesimismo» (en palabras de Thomas Mutch)
perseguía a la segunda Viking. De repente, todo el mundo se puso a amargarse
sobre lo que un fracaso significaría. El júbilo público en relación con las
Viking podía agriarse rápidamente[899].
Hal Masursky abrió la reunión. «Las reglas del juego», dijo,
«eran que si teníamos éxito con la primera, esta vez le echarían agallas[900]».
Esa era la regla de Sagan, pero ahora se estaba echando atrás.
Con la Viking 1, avisó Sagan, «fuimos razonablemente afortunados[901]». («Fue
el trabajo intenso y la perseverancia», musitó Jim Martin[902]). El 30 por 100
del paisaje de la Viking 1, escogido por ser prácticamente el más seguro del
planeta, tenía pedruscos que habrían volcado el módulo si este se hubiese
posado sobre ellos. No era prudente probar con un sitio más arriesgado, creía
Sagan. El problema con un sitio septentrional era que no tendrían cobertura de
radar que los guiara.
Gentry Lee opinó que el abrupto panorama de la Viking no era una
gran prueba de la capacidad del radar para evitar las rocas. ¿No estaba Sagan
contradiciéndose al afirmar que el sitio de la Viking 1 estaba lleno de riesgos
y atribuir al radar la elección de un sitio tan seguro?
«Mirad» dijo Sagan. «Tengo esta moneda». Lanzó al aire una
moneda de veinticinco centavos. «Ha salido cara una vez. ¿Puedo entonces
deducir que tengo grandes posibilidades de que salga cara una segunda
vez?»[903]].
«¡La moneda es tuya!», objetó Lederberg. La carcajada general
hizo mella en el argumento de Sagan, que a Lederberg le iba bien, pues este
seguía queriendo ir tan al norte como fuera factible[904]. «Si yo fuese un
organismo que se encontrara en esas latitudes», dijo Lederberg, «me dirigiría
al norte[905]».
* * * *
Finalmente, Sagan se dejó convencer de la idea de Lederberg de
ir hacia el norte. Votó con la mayoría, lo cual volvió a reconfirmar la región
de la mitad septentrional en Cydonia originalmente escogida. Eso significaba
que no habría cobertura de radar. El acuerdo era que redoblarían los esfuerzos
para encontrar el lugar más seguro posible sirviéndose de las fotos orbitales.
El orbitador hizo un interesante descubrimiento en Cydonia. Era
una formación que parecía un poco un rostro… lo bastante para que todo el mundo
lo llamara un rostro y bromeara al respecto. Durante años, esta cara de Marte
fue un icono familiar que apareció con regularidad en las Weekly World News y
en los Expedientes X. (Hasta 1996, la sonda Mars Global Suveyor de la NASA no
recuperó fotos más detalladas que mostraban que la «cara» es una formación
natural sin nada especial y no muy parecida a un rostro).
§. Los cielos rosas
La tercera imagen de Marte, en color, de la sonda se esperaba
con ansiedad. Para ella la cámara de la Viking 1escaneó el paisaje con filtros
para el rojo, el verde y el azul. También se realizaron tres mediciones en el
infrarrojo. En la Tierra, los datos se convirtieron en fotografías mediante la
exposición de una lámina de película en color a rayos láser de color rojo,
verde y azul que escaneaban exactamente como había hecho el sensor de imágenes
de las Viking.
Esa era en todo caso la idea. Según la sabiduría popular de la
NASA, las cámaras siempre responden de modo un poco diferente después del vuelo
espacial. Esto es, los filtros de color en las Viking no se correspondían
exactamente a los rayos láser utilizados para producir las fotos en la Tierra.
La obtención de imágenes en color tenía por consiguiente que recalibrarse y
retocarse.
Cuando se calibró con las técnicas que se habían utilizado en
las tomas de prueba en la Tierra, la primera imagen en color mostró un
brillante suelo rojo y un cielo de color rosa coral. Todos pensaron que eso no
podía ser correcto. El equipo de imágenes realizó una corrección de la que
resultó una segunda versión en la que el suelo era de un neutral rojo ladrillo
con sombras azuladas y el cielo de un neblinoso gris Pasadena. Parecía
razonable.
La foto se difundió por televisión antes de que pasaran treinta
minutos desde la recepción de los datos. Los medios de comunicación impresos
clamaron por una copia en papel, y el JPL entregó fotografías al cabo de ocho
horas. En algunas de las reproducciones impresas, el frío cielo gris viraba
hacia el azul.
«Fíjense en ese cielo… un cielo azul claro… ese tono rojizo»,
dijo Mutch orgulloso. «Es muy emocionante ver esta nítida coloración rojiza en
la superficie. …Incluso en los desiertos de aquí en la Tierra, los rojos no son
los rojos de los lápices de colores con que pintan los niños[906]».
Las Viking llevaban patrones de calibración cromática. Permitían
la mejor manera de calcular la fidelidad de las imágenes en color. Un examen de
estas muestras de color probó que las imágenes hechas públicas eran erróneas.
El 21 de julio, Jim Pollack anunció el error. El suelo de Marte era en realidad
de un color rojo ladrillo saturado. El cielo marciano era rosa.
Pollack fue abucheado. El nuevo Marte se consideró estéticamente
ofensivo. Cuando Jim Pollack envió a un técnico para que ajustara los colores
en los monitores de vídeo del JPL, el personal puso dificultades. El hijo del
experimentador de biología Gil Levin, Ron, se puso a devolver los monitores al
ajuste de cielo azul, con lo cual se ganó una áspera bronca del Führer
mismo[907].
«La clase de abucheos con que se acogió el pronunciamiento de
Jim Pollack sobre un cielo rosa refleja nuestro deseo de que Marte sea lo mismo
que la Tierra», rezongó Sagan al día siguiente[908]. Los periodistas
preguntaron si el cielo se iba a volver verde en la siguiente foto. Luego se
fueron a casa a regodearse con la falibilidad científica. Al parecer, el único
que había predicho un cielo rosa en Marte era un físico citado en el National
Enquirer[909]. En su monólogo del Tonight Show, Johnny Carson anunció el
descubrimiento del primer planeta gay.
§. Simplemente añádase agua
Por supuesto, la misión fotográfica de las Viking solo estaba
comenzando. A lo largo de la misión, las cámaras de las Viking sacaron
fotografías bajo diversas condiciones de iluminación y resolución. Una foto fue
por consenso general una «obra maestra»: «una auténtica fotografía de Ansel
Adams[910]», en opinión de Mutch[911]. Era una imagen en blanco y negro de
dunas de arena espectacularmente iluminadas desde atrás por el Sol poniente de
Marte. «No se puede mirar esa imagen», alardeó Sagan «—el horizonte deslizándose
suavemente, estos ventisqueros como en un desierto terrestre, el amontonamiento
de piedras y rocas— sin desear estar allí[912]».
En ausencia de macrobios, se propuso que se suspendieran los
escaneos de líneas únicas. Sagan accedió. (Pero cuando Clark Chapman le recordó
genialmente la apuesta de los osos polares, Sagan se encogió de hombros… y
nunca pagó. Chapman sugiere caritativamente que Sagan «probablemente diría que
todavía no hemos explorado Marte lo suficiente[913]»).
Ahora las esperanzas de encontrar vida en Marte se limitaban
exclusivamente a la vida microscópica. Las Viking estaban equipadas con un
laboratorio de biología con un volumen de unos 30 litros, costaban 50 millones
de dólares y eran capaces de realizar tres tipos de experimentos. Cada uno de
ellos se había escogido entre un amplio abanico de propuestas y había
sobrevivido a un largo y competitivo ciclo de refinamiento. Los tres
experimentos se basaban en la detección del metabolismo de cualesquiera microbios
marcianos.
* * * *
Vance Oyama, diseñador del experimento de intercambio de gases
de las Viking, era un químico del suelo en el Centro de Investigación Ames de
la NASA. Tenía el aspecto de un querubín que acabara de probar el sabor de algo
agrio… un querubín al que encantaban los pantalones elásticos a cuadros
escoceses y las camisas de manga corta con corbata[914]. El experimento de
Oyama era conceptualmente sencillo, como sostener un espejo delante de la nariz
de un hombre inconsciente para ver si está vivo.
El artilugio de Oyama rociaba una muestra de suelo con lo que
todo el mundo llamaba «sopa de pollo», una solución de aminoácidos y otros
nutrientes. Luego controlaba la aparición en la cámara de muestras de varios
gases corrientes: dióxido de carbono, monóxido de carbono, oxígeno, nitrógeno,
óxido nitroso, metano, hidrógeno y ácido sulfhídrico. Esto parecía cubrir una
gran cantidad de bases.
Como el experimento de Oyama tendía una red tan amplia, se juzgó
improbable que pasara por alto una acusada reacción metabólica, si es que se
producía alguna. Por otro lado, se consideraba que el experimento era el más
propenso a arrojar un falso positivo.
* * * *
Gil Levin era un hombre genial de cara redonda que se introdujo
en la exobiología por la vía de la ingeniería sanitaria. Su detector de vida
marciana se había diseñado en principio como un modo de detectar bacterias en
fuentes de agua potable y alcantarillas. Su empleo de isótopos radiactivos daba
miedo a los clientes… al menos a los que planeaban utilizarlo en este planeta.
A la NASA le impresionó la sensibilidad de la técnica.
Levin conocía a Sagan desde comienzos de los años sesenta. El
joven Sagan le impresionó lo suficiente para ofrecerle un empleo que Sagan «fue
lo bastante inteligente para rechazar», bromea Levin[915]. Como era costumbre
en las Viking, el instrumento de Levin tomó una muestra del suelo y la roció
con una «sopa» de nutrientes. Al carbono en la sopa de este experimento se le
«agregó» carbono 14 radiactivo. El carbono radiactivo no debía interferir con
ninguna reacción biológica, pero los productos metabólicos que contuvieran el
carbono 14 serían fácilmente detectables debido a su radiactividad. Los gases
emitidos por la muestra se enviaban a un contador Geiger en miniatura. Viendo
la coincidencia de los destellos se sabía rápidamente cuánto nutriente se había
absorbido. En las pruebas con suelos terrestres, esta era una forma sumamente
sensible de detectar microbios. Los artilugios de Oyama y de Levin puede
decirse que epitomizaban la filosofía de «simplemente añádase agua» de Linda
Sagan. Suponían que la vida marciana es como una flor silvestre del desierto a
la espera de lluvias torrenciales. Por supuesto, la imagen de Marte había
cambiado enormemente entre la época en que estos experimentos se concibieron y
los aterrizajes. En Marte no podría caer nunca lluvia, y el hielo nunca se
podría fundir. Para que los dos experimentos «húmedos» funcionaran
completamente, tenían que ser calentados y presurizados artificialmente.
* * * *
El tercer experimento era el experimento de escapes pirolíticos
de Norman Horowitz. Para buena parte del equipo de biología, Horowitz
constituía un enigma. Era tan escéptico acerca de las perspectivas de encontrar
vida que se preguntaban por qué se había unido al grupo o permanecía en
él[916]. En el tono fanfarrón típico de los escépticos de la exobiología,
Horowitz había dicho que le encantaría comer un poco de polvo de Marte… si es
que se convencía a Sagan y Lederberg de que ya no era necesario esterilizar las
naves espaciales marcianas[917].
Horowitz desdeñaba los dos experimentos «húmedos». Razonaba que
si hubiera vida en Marte, el único hecho que podríamos saber sobre ella es que
sobrevivió pese a las espantosas condiciones marcianas (sin agua, con un frío
extremo y a una presión atmosférica mínima). En su experimento, prácticamente
no se añadía nada. La muestra de suelo simplemente se depositaba en una cámara
llena de atmósfera marciana, bajo una bombilla de xenón que simulaba la luz
solar de Marte. A la atmósfera se le añadían pequeñas cantidades de dióxido de
carbono y monóxido de carbono, unas y otras con carbono 14 agregado.
Desde luego, bajo tan austeras condiciones nada podía crecer
rápidamente. Por tanto, la muestra se dejaba durante cinco días. Luego, la
atmósfera marciana era extraída de la cámara. El suelo se calentaba a fin de
matar cualquier vida y disociar cualquier compuesto orgánico. Si algunos
microbios hubieran incorporado el carbono 14, el gas producido al cocinarlo
sería radiactivo. Un contador de radiación revelaría cuánto carbono se había
incorporado.
Las principales desviaciones con respecto al ethos de Norman
Horowitz de la «autenticidad» marciana total eran que la bombilla no emitía los
esterilizantes rayos ultravioletas de Marte y que la temperatura real, que
debía ser la temperatura local marciana, era en realidad más elevada debido a
que el artilugio se había embutido en la misma caja de treinta litros junto a
los experimentos calentados y presurizados. En opinión de Sagan, del artilugio
de Horowitz cabía esperar que pasara por alto cualquier espora que estuviera a
la espera de «lluvias suaves». Simplemente permanecerían durmientes. Pero el
experimento había sido meticulosamente diseñado para distinguir entre
reacciones biológicas y no biológicas. Un resultado positivo habría habido que
tomárselo en serio.
Había, sin embargo, cierta incertidumbre sobre cuándo
exactamente una lectura constituía un «resultado positivo». Los otros
experimentos adolecían de ambigüedades parecidas. La intención de la NASA había
sido «calibrar» los tres artilugios exhaustivamente poniéndolos a prueba con
cientos de muestras de suelos terrestres, vivos y estériles. Pero el paquete
biológico funcionó mal en las primeras pruebas y fue objeto de importantes
cambios de diseño casi hasta el lanzamiento. Se hicieron pruebas de calibración,
en instrumentos duplicados, incluso mientras las Viking estaban en ruta[918].
* * * *
Además de los tres experimentos biológicos, había un experimento
de cromatografía de gases/espectrometría de masas (GCMS, en sus siglas
inglesas). Su diseñador, Klaus Biemann, del MIT, era un hombre especial en
acres de poliéster arrugado y camisetas del JPL. Vestía trajes de cloqué
crujiente, como si su Baedecker[919] los hubiera prescrito como lo más adecuado
para la tropical Pasadena[920]. El experimento de Biemann era un laboratorio de
química en miniatura que buscaría compuestos orgánicos en el suelo marciano.
Las probabilidades de encontrarlos parecían buenas. Después de todo, en las
rocas de la Luna había minúsculos rastros de compuestos orgánicos.
Si en Marte había vida, el artilugio de Biemann adquiriría una
importancia adicional. Los tres experimentos biológicos se diseñaron solamente
para detectar vida… una respuesta de sí o no. El dispositivo de Biemann era el
único que tenía el potencial de revelar algo sobre la bioquímica marciana, de
comenzar a abordar las cuestiones que habían obsesionado a Calvin, Lederberg,
Urey, Sagan y muchos otros.
* * * *
El inicio de la ambiciosa búsqueda de microbiología en Marte fue
lento. Primero, el brazo robótico de la Viking se atascó. Resuelto el problema
técnico, el 28 de julio el brazo se hundió en la superficie marciana. La
primera muestra se repartió entre los tres dispositivos biológicos. La segunda
fue para el instrumento de cromatografía de gases. ¿O no? La Viking no envió
una señal que confirmara que el contenedor de muestras estaba lleno.
El JPL dio instrucciones a la Viking de que recogiera otra
paletada de suelo y la depositara en la tolva de cromatografía de gases.
Tampoco hubo señal de «lleno». La Viking se servía de un delgado alambre para
detectar que el contenedor estaba lleno. Tal vez se había partido. Con Biemann
preocupado por esto, el JPL siguió adelante y excavó una cuarta muestra para un
experimento de fluorescencia de rayos X.
Algunos habían imaginado que el regolito marciano sería tan seco
y fluido como la arena en un reloj de arena. En realidad, el brazo de muestreo
dejó una zanja de bordes nítidos y que se desmigajaban, como si fuera arena
ligeramente mojada. Ronald Scott, del Caltech, proclamó que el suelo se parecía
mucho al de los patios traseros de Los Ángeles. Esta afirmación resultó ser muy
errónea[921].
§. Supercurva
El primer experimento biológico en arrojar un resultado fue el
de Gil Levin. A primeras horas de la noche del 30 de julio, el dispositivo de
liberación de gases marcados estaba detectando gas radiactivo, muy por encima
del margen de error experimental. Cada dieciséis minutos, el experimento
realizaba otra medición. La unión de los puntos correspondientes a los datos
produjo una «supercurva».
Sagan no estaba allí. Nadie había esperado resultados tan
rápidos, y la mayoría del personal había dado por concluida su jornada. Gil
Levin se quedó hasta muy tarde, y ahora estaba convencido de que tenía algo.
Mandó a por una botella de champán. A las 19:30 arrancó el último listado de
matrices de puntos, que entonces presentaba una curva impresionante. En la
parte superior escribió « ¡Esta noche!» —como en el libreto de Sondheim para
West Side Story— y la fecha y la hora. Lo pasó para que la gente firmara.
Sagan se mostró entusiasmado cuando Levin le enseñó la curva.
Pidió los datos a fin de poderlos repasar[922]. Poco después, el experimento de
intercambio de gases de Oyama también estaba produciendo resultados
sorprendentes. El dispositivo de Oyama había sido programado para que
humidificara la cámara de muestras con vapor de agua antes de mojarla. Incluso
la humidificación fue suficiente para sacar algo del suelo marciano. El
instrumento informó de que el suelo estaba produciendo oxígeno y un poco de dióxido
de carbono.
En la Tierra, el oxígeno es producto de la fotosíntesis. Pero el
experimento de Oyama se llevaba a cabo en una cámara oscura. La producción de
oxígeno parecía demasiado rápida como para tratarse de fotosíntesis en
cualquier caso.
El instrumento de Levin era insensible al oxígeno. Solo podía
medir gases que contuvieran carbono radiactivamente cargado. Esto significaba
que los dos artilugios estaban arrojando resultados «positivos» con respecto a
la vida, y eran resultados positivos «distintos».
§. Cosas importantes, únicas y emocionantes
La política de la NASA era la de informar de los resultados en
cuanto se produjeran. Así que el 31 de julio Jim Martin y Harold Klein
comunicaron las buenas noticias. Eran «cosas importantes, únicas y
emocionantes», dijo Klein[923]. El artilugio de Levin detectó «un nivel
bastante alto de radiactividad que en una primera aproximación se parecería
mucho a una señal biológica[924]». El experimento de Oyama era también
positivo. Puesto que el experimento de Horowitz requería de una larga
incubación, sus resultados aún no estaban disponibles.
Klein calificó los resultados como «actividad muy parecida a la
biológica»: algo en el suelo «puede de hecho remedar —permítanme que haga
hincapié en ese “remedar”— en algunos aspectos la actividad biológica[925]».
En su mayoría, los medios de comunicación aceptaron estas
matizaciones. El 1 de agosto, en Los Angeles Times se leyó el titular «2
laboratorios de las Viking informan de insólitos descubrimientos en el suelo
[de Marte]». Contradecía este tono de comedimiento el hecho de que el artículo
discurría junto a la fotografía recientemente hecha pública de la «cara» de
Marte.
* * * *
Apenas unas horas antes de la primera conferencia de prensa
sobre los datos biológicos, Joan Oró, químico de la Universidad de Houston,
propuso una explicación química de los descubrimientos. Teorizó que la luz
ultravioleta había descompuesto el agua de Marte y producido peróxido de
hidrógeno e hidrógeno. El peróxido de hidrógeno podía ser absorbido por las
partículas del suelo, lo cual crearía un suelo sumamente reactivo. Expuesto al
agua, el suelo podía burbujear como una tableta de Alka-Seltzer. Esto podía
explicar la creación de oxígeno en el experimento de intercambio de gases. Si
el peróxido reaccionaba con el carbono enriquecido del experimento de Levin
(como haría con el ácido fórmico, uno de los nutrientes aportados), podía
producir dióxido de carbono radiactivo y explicar también ese resultado.
En los siguientes días y semanas se ofrecieron muchas
variaciones de esta idea. Si no el peróxido de hidrógeno, entonces otros
productos químicos reactivos del suelo podían ser responsables. Esta línea de
pensamiento pareció confirmarla los datos entrantes de los experimentos
biológicos. El 1 de agosto, la producción de gas en el experimento de Oyama
había decrecido. El artilugio saturó entonces con sopa la misma muestra. Esto
hizo que la producción de dióxido de carbono volviera a aumentar, brevemente, y
luego decayera. La producción de oxígeno continuó disminuyendo. La levadura
puede burbujear mientras haya comida: una tableta de Alka-Seltzer borbotea
mucho y luego para. Se parecía más a una reacción química. El 2 de agosto,
Levin anunció que las lecturas de su instrumento ya no se ajustaban a la curva
exponencial típica de los organismos en crecimiento. La curva había decaído.
Por otro lado, dijo Levin, tampoco se parecía mucho a la curva esperada de una
reacción química.
Sagan comenzó a presentar los datos biológicos en congresos
científicos. Los descubrimientos eran equívocos, y Sagan presentó sucesivamente
argumentos fundamentados a favor de las hipótesis de la química del suelo y
biológica. Como posible explicación de los resultados de Oyama, Sagan propuso
que el agua era tóxica para la vida marciana. El primer pico de oxígeno de
Oyama podían haber sido los estertores de los microbios muertos por el vapor de
agua. Todos estaban muertos cuando se administró la segunda dosis; de ahí que
no hubiera reacción[926]. En cuanto al experimento de Levin, a Sagan le parecía
sospechoso que la cantidad de gas liberada no fuera mayor de lo que se habría
esperado de la oxidación de un único nutriente. « ¡Tu superóxido, o lo que sea,
oxida el formiato, pero no puede oxidar nada más!» dijo en un debate. « ¡Qué
cosa tan curiosa, dado un medio tan rico en compuestos fácilmente oxidables!
¿Podría ser, en lugar de eso, un organismo remilgado… exigente en cuanto a su
comida?»[927].
Naturalmente, en los resultados del experimento «seco» de
Horowitz había puestas grandes expectativas. Sagan estaba en Washington, D. C.,
corrigiendo las pruebas del artículo del equipo de las imágenes para Science,
cuando Horowitz anunció que sus resultados eran… positivos.
Sagan tomó un avión de regreso a California, molesto por haberse
perdido el alboroto[928]. El experimento de Horowitz no produjo una curva como
los otros, sino solo dos números: un «primer pico» normalmente ignorado y un
«segundo pico» que se suponía que indicaba si había detectado vida. En base a
las pruebas de calibración que se habían llevado a cabo, un segundo pico de 15
o superior se pensaba que significaba vida. El valor obtenido por Horowitz en
Marte era de 96.
«Me podrían haber derribado con uno de esos adoquines
marcianos», dijo Horowitz de ese resultado[929]. Él y sus colegas se pasaron
varias horas intentando convencerse de que algo estaba mal. No lo consiguieron.
Noventa y seis no era en realidad una cifra alta. El suelo
terrestre corriente se medía por miles. Una muestra de los valles secos de la
Antártida había registrado 106. Para ser Marte, 96 parecía más o menos
razonable.
Los tres experimentos biológicos de las Viking habían arrojado,
por tanto, resultados «positivos». Muchos antiguos escépticos estaban
dispuestos a aceptar el cálculo de probabilidades de Sagan sobre la existencia
de vida en Marte: el 50 por 100. No Horowitz, sin embargo. Aunque obligado a
admitir la posibilidad de que su resultado fuera biológico, no estaba haciendo
correr el champán. No estaba seguro de qué pensar, excepto que no le gustaba la
extraordinaria atención que la prensa dispensaba a cada una de sus conjeturas
prematuras o preguntas en voz alta. «Quiero hacer hincapié», dijo, «en que si
esto fuera ciencia normal, ni siquiera estaríamos aquí —nos tomaríamos más de
tres meses trabajando en nuestros laboratorios—, ustedes ni siquiera sabrían lo
que ocurría y al final saldríamos y les daríamos la respuesta. Tener que
trabajar en una pecera como esta es una experiencia a la que ninguno de
nosotros está acostumbrado[930]».
* * * *
Para Sagan, uno de los motivos por los que los resultados de
Horowitz resultaban alentadores era el hecho de que no pudieran ser fácilmente
explicados por los supuestos oxidantes del suelo. El artilugio de Horowitz se
diseñó para detectar solamente carbono que se hubiera incorporado a las
moléculas orgánicas. Los oxidantes destruirían, no crearían, moléculas
orgánicas.
Horowitz era agudamente consciente de eso. No tardó en dar con
una explicación no biológica de su resultado. Como se ha mencionado, el
dispositivo de Horowitz no sometía su muestra de suelo a luz ultravioleta dura.
En pruebas preliminares, la luz ultravioleta de la lámpara de xenón había
sintetizado rastros de compuestos orgánicos procedentes de la atmósfera
parecida a la marciana; el dispositivo era como un experimento Miller-Urey en
miniatura. De modo que Horowitz tuvo que añadir un filtro que bloqueara los
ultravioletas.
Ahora Horowitz supuso que el filtro se había agrietado o
desplazado. Si era así, todos sus resultados estarían equivocados. El
dispositivo estaría sintetizando los mismos compuestos que intentaba detectar.
Horowitz estaba tan seguro de que los resultados no eran
biológicos que dijo estar un poco preocupado por el estado de ánimo de Sagan
cuando se produjera el inevitable chasco[931]. De momento, el ánimo de Sagan
era bueno. Sagan intentó sacar el mayor partido de la ambigüedad, contar las
reacciones químicas como una «victoria» parcial de su bando.
«Si resulta que estas señales no son biológicas», le dijo Sagan
a un periodista, «eso significa que hay procesos no biológicos que simulan la
existencia de vida en el suelo […] que todo el tiempo se están produciendo por
su cuenta pequeños ciclos metabólicos de oxidación y reducción». Incluso si la
«alternativa menos interesante» fuera correcta, dijo Sagan, eso tendría «hondas
implicaciones para la vida terrestre[932]».
Una cosa estaba clara: el equipo de las Viking no había
conseguido producir la caja negra de Thomas Gold, el mágico detector de vida
que garantizaba la obtención de un sí o no como respuesta. El concepto mismo
tal vez fuera poco realista. «El único instrumento que conozco capaz de hacer
eso», reflexionó Lederberg, «sería algo así como una varita de zahorí[933]».
§. La teoría del carroñero
El experimento de cromatografía de gases de Klaus Biemann
cobraba ahora una importancia mayor. Contribuiría a defender la causa de la
vida en Marte si hubiera de establecerse que el suelo contenía compuestos
orgánicos. Así pues, ¿había o no había una muestra de suelo en el dispositivo?
El equipo de Biemann podía ordenar a la Viking a que iniciara el
análisis con la esperanza de que sí tuviera una muestra, o que tratara de
recoger otra muestra. Si emprendían el análisis, se arriesgaban a perder un
tiempo precioso y uno de los dos «hornos» del experimento que quedaban con el
contenedor vacío. (La Viking solo tenía tres hornos para este experimento, y
uno de ellos no funcionaba).
Decidieron ir a lo seguro y tomar otra muestra de suelo. La
jirafa robótica se extendió, recogió otra muestra, estaba en el proceso de
retracción… y entonces se bloqueó justo antes de poder depositarla en la tolva.
No había nada que hacer salvo enviar la orden de iniciar de
todos modos el análisis cromatográfico de gases con la esperanza de que hubiera
una muestra que analizar. Los resultados llegaron el 12 de agosto.
Sorprendieron a todo el mundo.
El dispositivo no encontró compuestos orgánicos en absoluto. O
el equivalente a ninguno. Detectó rastros de benceno y metilcloruro, dos
disolventes que se habían empleado para limpiar el dispositivo. Estos rastros
confirmaban que el dispositivo estaba funcionando conforme a las
especificaciones. El dispositivo detectó también una pequeña cantidad de agua.
Esta debía de proceder del suelo. Implicaba que después de todo había una
muestra de suelo.
Este resultado constituyó el golpe más devastador para todos los
que esperaban encontrar vida en Marte. La prueba debería haber encontrado
compuestos orgánicos en cualquier muestra de suelo terrestre. Si el nivel de
los compuestos orgánicos en Marte fuera solo el 1/100 de lo que era en el
desierto del Sahara, debería haberlo registrado.
Todos creían que los meteoritos depositaban compuestos orgánicos
en Marte. El resultado implicaba por consiguiente que el entorno marciano
destruía activamente la química orgánica. Eso parecía descartar no solo la vida
en Marte, sino incluso los «pequeños ciclos metabólicos» de Sagan.
Además, ponía en cuestión los oasis de Sagan y Lederberg. Podía
suponerse que las tempestades de polvo que a 320 kilómetros por hora recorrían
Marte de un extremo al otro arrastrarían consigo cualesquiera compuestos
orgánicos por todo el planeta[934]. La ausencia de materia orgánica, incluso en
un lugar «aburrido» de Marte, hacía más difícil abogar por la vida en cualquier
parte de la superficie del planeta.
* * * *
El resultado de la cromatografía de gases provocó cierta
incredulidad… en Sagan y muchos otros. Gerry Soffen, director del proyecto
Viking (un hombre más bien joven cuya perilla le hacía parecer más un músico de
jazz que un doctor en medicina convertido en exobiólogo) sospechaba que la
muestra tenía que estar vacía. Apostó con A. Thomas Young un dólar a que el
segundo análisis lo demostraría.
Biemann mismo tenía problemas para aceptar el resultado. Su
dispositivo encontraba fácilmente compuestos orgánicos en el suelo terrestre
porque, en relación con la cantidad de materia viva, hay mucha materia orgánica
muerta. En la Tierra, la mayor parte de la materia orgánica está «muerta».
Biemann se preguntaba si en Marte las cosas serían diferentes. «En condiciones
duras, ¿qué podía ser más eficaz que los carroñeros?» preguntó. «Tal vez
vivieran en una colonia, y cada vez que uno moría, sería inmediatamente
devorado como comida. De ese modo la cantidad de materia orgánica en torno al
GCMS sería demasiado pequeña para detectarla[935]».
A Gil Levin le gustaba esta teoría. Horowitz la detestaba. («
¡Tienes que dotar a tus bichos de cualidades especiales para que se ajusten a
los hechos!» contraatacó[936]). A Sagan le impresionó más la diferencia de
sensibilidad entre los instrumentos de Biemann y Horowitz que la idea de los
carroñeros per se. Señaló que un resultado positivo en el experimento de
Horowitz no era necesariamente incompatible con el resultado negativo en el
experimento de Biemann.
La cantidad de compuestos carbónicos complejos detectados por el
experimento de Horowitz era minúscula, equivalente a la materia orgánica de 100
a 1.000 células bacterianas[937]. Cantidades comparables de materia orgánica no
habrían sido detectables por el dispositivo de Biemann. Sin embargo, era
posible imaginar una biota microbiana fantásticamente escasa en la que las
células muertas y su materia orgánica fueran rápidamente eliminadas por el
canibalismo, los oxidantes y otros medios. Hasta qué punto era esto probable
resultaba opinable. Pero, como Sagan puso de relieve, era una posibilidad que
no podía excluirse con los datos existentes.
§. La ciencia normal
Tras el alboroto producido por los primeros resultados
biológicos, la prensa dejó rápidamente de interesarse por las Viking. Incluso
Sagan era menos visible. En una medida sorprendente, a Horowitz y a todos los
demás se les permitió realizar «ciencia normal» sin excesivas distracciones.
La ciencia normal significa realizar controles. A mediados de
agosto, Levin y Horowitz repitieron sus experimentos con una diferencia de suma
importancia. Esta vez, primero esterilizaron el suelo calentándolo hasta unos
160 ºC durante tres horas. Eso convertiría una rebanada de pan en un churrusco
duro. Cualquier microbio debería haber muerto.
Si los resultados positivos originales habían sido biológicos,
los resultados deberían ser negativos en el control. Por el contrario, si los
resultados originales se debían a la química del suelo, el calentamiento podría
no haber tenido mucho efecto.
Los resultados los tuvieron el 20 de agosto. El resultado de
Levin fue negativo, y el de Horowitz negativo por muy poco. El segundo pico de
Horowitz era solo de 15, estrictamente hablando el umbral para la vida, pero
mucho menos que el 96 original. El calor parecía haber «matado» lo que quiera
que hubiera causado los resultados iniciales.
El resultado de Levin provocó debate sobre si los oxidantes del
suelo podían ser lo bastante inestables para que el calentamiento los
destruyera. Esa posibilidad no podía explicar el resultado de Horowitz.
Significativamente, la disminución en la lectura del control llevado a cabo
establecía que el filtro ultravioleta debía de estar intacto después de todo.
Oyama no realizó un control. Él, y prácticamente todos los
demás, estaba convencido de que su explosión inicial de actividad tenía que ser
una reacción química. Luego las lecturas se habían vuelto planas, como sucede
cuando un producto químico burbujeante deja de burbujear. Oyama consideraba más
juicioso dejar que su experimento continuara durante 200 días ininterrumpidos.
Eso es lo que los microbios de una muestra de suelo antártico habían tardado en
multiplicarse lo bastante para producir gas suficiente que registrar.
Sagan pareció animoso en una entrevista aparecida en el número
de la revista U. S. News and World Report del 30 de agosto. En ella recordaba
al público que el lugar de aterrizaje se escogió por su «insulsez», y se
preguntaba «si en Marte no hay zonas mucho más emocionantes». Añadía: «No
considero descartado que haya organismos más avanzados esperando a ser
descubiertos[938]».
* * * *
Se supone que un resultado científico es repetible. El 25 de
agosto, Horowitz y Levin llevaron a cabo sus experimentos por tercera vez,
ahora utilizando suelo nuevo no esterilizado. Era una repetición del
experimento inicial, y esperaban obtener resultados similares.
No fue así. Levin obtuvo una lectura más positiva:
aproximadamente un 50 por 100 más pronunciada que la primera. Horowitz obtuvo
un resultado más débil. El segundo pico era de 27, todavía considerado positivo
pero menor que un tercio del resultado original. Nadie sabía qué hacer con
aquello. Arrojaba más confusión sobre el tema el hecho de que un fallo
informático había hecho que el experimento de Horowitz se incubara durante
varios días a una temperatura superior a la planeada.
Habiendo, pues, duplicado su experimento original, Levin intentó
algo nuevo. Realizó una segunda inyección de nutrientes en la misma muestra.
Levin esperaba que bichos «hambrientos» se zamparan la «segunda
ración», con lo cual producirían más gas radiactivo. Los escépticos esperaban
que la segunda inyección tuviera escaso efecto. Fuera cual fuera el producto
químico responsable de la «supercurva», se habría agotado en la primera
reacción.
Los resultados sorprendieron de nuevo a todos. La «supercurva»
desarrolló un «primer gancho» en el momento de la segunda inyección. La
cantidad de gas decreció abruptamente y luego se volvió a curvar hacia
arriba[939].
La única explicación razonable parecía ser que la muestra
rehumedecida absorbiera en torno al 20 por 100 del gas que ya se había
producido. Pero si el suelo estaba vivo, ¿por qué no había habido una nueva
curva de producción de gas? Levin sugirió que los organismos marcianos no
habían sobrevivido sacados de su entorno natural y aislados en una caja. Tal
vez estaban todos muertos[940].
§. Utopía
Estas ideas recibieron críticas muy diversas. Un grupo de
científicos en el que se incluían Lynn Margulis y Cyril Ponnamperuma visitó el
JPL para ser informados de los resultados biológicos. Margulis no compartía la
predisposición de Sagan y Levin a conceder a la vida marciana el beneficio
perpetuo de la duda. Fue particularmente crítica con la presentación de Levin.
Los resultados de este eran «basura», embistió Margulis, diseñada para un
planeta con agua[941].
Mientras tanto, el equipo del lugar de aterrizaje tenía que
preocuparse de la Viking 2. Cydonia estaba descartada. Las fotografías
revelaban que estaba plagada de cráteres y una red poligonal de hendiduras.
Muchos biólogos seguían presionando a favor de un lugar al norte, por ejemplo a
una latitud de 55°. Sagan consideró importante encontrar un lugar en el que la
temperatura superara el punto de congelación del agua[942].
Se decidieron por una región llamada Utopía. (« ¡Ese ha de ser
el lugar!» dijo alguien a la primera mención del nombre[943]). Parecía estar
cubierta de dunas de arena de proporciones titánicas pero, eso creían, pocas
rocas. En una conferencia de prensa, un periodista preguntó a Jim Martin: «
¿Usted cree que unas dunas de arena de casi cincuenta metros es una zona mejor
para el aterrizaje?». Martin dijo que la Viking podría aterrizar en cualquier
duna de arena que existiera en Estados Unidos. «Sin duda, mejor las dunas de
arena que las grandes rocas[944]».
La Viking 2 aterrizó en Utopía a las 15:58, hora de Pasadena,
del 3 de septiembre de 1976. Cuando tocó suelo, el equipo descorchó cajas de
champán para una celebración que pareció al menos tan profundamente sentida
como la primera.
Por si alguien se confiaba demasiado, las primeras imágenes
mostraron que de nuevo estaban profundamente equivocados. No se veía ni una
sola duna de arena. Era un lugar mucho más rocoso que el lugar en el que había
aterrizado la Viking 1. La Viking 2 debía de haber aterrizado encima de una
roca. Una antena se dobló, y la nave espacial se inclinó 8°, lo cual producía
una ondulación estrambótica en las imágenes panorámicas. Al ver las primeras
fotos, Sagan dijo: «Si eso es Utopía…». Nunca terminó su pensamiento[945].
«¡La próxima vez que quiera que encontréis un sitio donde
aterrizar», le dijo Jim Martin al equipo del sitio de aterrizaje, «pediré uno
lleno de rocas!»[946].
* * * *
A Sagan el lugar en el que la Viking 2 había aterrizado le
pareció frustrantemente similar al primero. Pero los experimentos biológicos de
la Viking 2, totalmente pasados por alto en la prensa, eran indispensables para
comprender lo que sucedía en el suelo de Marte.
Vance Oyama aprovechó la oportunidad para repetir su experimento
en Utopía. Los resultados fueron similares, aunque se produjo menos gas. Eso
tenía sentido. Utopía era un escenario más húmedo, y los oxidantes de su suelo,
parcialmente degradados por el aire, no inducían tanta efervescencia.
Cuando Levin repitió su experimento en Utopía, obtuvo la lectura
más alta hasta entonces. Tal vez la vida marciana sí prefería las latitudes
altas, como Lederberg pensaba. Y si en el suelo de Utopía había menos
oxidantes, eso significaba algo distinto a que los oxidantes fueran
responsables del resultado más intenso en el experimento de Levin.
Norman Horowitz tenía un problema. El Sol estival de Utopía caía
de lleno sobre la Viking 2, con lo que elevaba las temperaturas por encima de
lo que habían sido en Chryse. De manera que en la nueva ubicación no podía
repetir el experimento exactamente. (Las temperaturas ambiente no importaban
tanto en los dos experimentos «húmedos», que en todo caso se calentaban
eléctricamente). Los ingenieros del JPL recomendaron que Horowitz desconectara
la bombilla de xenón a fin de evitar el sobrecalentamiento. Él lo hizo a
regañadientes.
Esta vez obtuvo una lectura de 23. Era más baja pero todavía
positiva. Lo que fuera que hubiera causado la lectura no dependía de la luz. No
era la fotosíntesis.
* * * *
El 1 de octubre Levin llevó a cabo una «esterilización fría».
Era un segundo experimento de control, solo que esta vez el suelo se calentó
hasta unos modestos 50 ºC. Eso podía matar a un microbio adaptado al gélido
Marte, pero parecía improbable que afectara a una reacción química. En realidad
sí «mató» la reacción, o la mayor parte de ella. Eso fue un punto a favor de la
biología. Levin calificó este resultado de «alucinante[947]».
En un ensayo, Horowitz violó su propia filosofía y roció la
muestra con agua. A los «bichos» o productos químicos eso no les gustó nada. La
lectura fue un 2, la más baja hasta entonces. Era muy inferior a la lectura con
el suelo esterilizado mediante calor del experimento de control.
Eso a Horowitz le pareció peculiar. La lectura de control era en
realidad fronteriza (15). Había parecido baja por comparación con el 96
original. Pero tal vez, razonó Horowitz, el 15 del experimento de control era
en realidad una lectura positiva. Luego la reacción había sobrevivido a la
esterilización por calor después de todo. Ese era un punto a favor de la
química.
El único experimento inequívoco fue el de Biemann. En Utopía lo
mismo que en Chryse, su dispositivo no encontró el más leve rastro de química
orgánica. Nada de nada. Gerry Soffen perdió su apuesta con Young. «Así es el
juego», dijo de estos descubrimientos. «Nada de materia orgánica en Marte, nada
de vida en Marte[948]».
§. Muestra de debajo de las rocas
Sagan todavía no estaba dispuesto a arrojar la toalla. Aunque
las posibilidades de encontrar vida en Marte eran ahora escasas, resultaba
crucial no desaprovechar ninguna oportunidad de liquidar el tema en un sentido
u otro. Sagan desempeñó un importante papel como tábano, formulando una
profusión de hipótesis comprobables sobre la vida marciana, difundiéndolas en
memoranda y acosando y suplicando al equipo de biología que las comprobara en
el precioso tiempo que quedaba.
Era una carrera contra el tiempo. Las Viking estaban funcionando
cada vez peor; se estaban quedando sin gas presurizado ni compartimentos de
muestras vacíos. El dispositivo de Horowitz en la Viking 2 tenía un escape de
gas. Si hubiera ocurrido en su laboratorio de Pasadena, habría desechado el
equipo y los resultados, y empezado de nuevo. En Marte tenía que seguir
adelante e intentar hacer correcciones.
Una de las ideas de Sagan consistía en hacer que la Viking
cavara una zanja a fin de recoger suelo a treinta centímetros por debajo de la
superficie. El suelo profundo tal vez contuviera más agua, compuestos orgánicos
y/o microbios; menos oxidantes. El equipo de biología y Biemann eran
favorables. (Biemann estaba comprensiblemente preocupado porque su laboratorio
de última generación en química orgánica hubiera sido enviado a un planeta sin
nada que analizar). La dirección de la NASA estaba menos convencida. Cada vez
que Sagan o los demás científicos proponían intentar algo nuevo y diferente,
Jim Martin y el equipo directivo escuchaban y zumbaban «Hmmm…». Esto les valió
el sobrenombre de «los zumbones[949]».
Todavía con el doloroso recuerdo del encasquillamiento del brazo
de la Viking 1 en sus mentes, los zumbones pensaban que cavar una profunda
zanja era arriesgado. Entonces la suerte sonrió a Sagan. En el curso de una
operación rutinaria, el brazo de la Viking 2 movió accidentalmente una roca.
Esto fue una revelación. Nadie había imaginado que las rocas de Marte
estuvieran sueltas. Sagan aprovechó la oportunidad para ensalzar las virtudes
de una «muestra de debajo de las rocas». El suelo debajo de una roca estaría
protegido de la luz ultravioleta y podría tener las mismas ventajas.
Martin aprobó la idea y encargó de la logística a un grupo de
ingenieros. Sagan trató de convencerlos de una «excavación a oscuras». Él pensó
que debían mover la roca de noche a fin de que el suelo no estuviera nunca
expuesto a la luz solar. Los ingenieros se negaron en redondo, pues sospechaban
que eran las bajas temperaturas lo que había causado el problema con el brazo
de la Viking 1. La zanja tendría que cavarse a la luz ultravioleta diurna[950].
Un equipo separado de geólogos decidió qué roca mover.
Prepararon una lista de candidatas y votaron al estilo de los concursos de
belleza con categorías ponderadas: aprehensibilidad, accesibilidad,
muestreabilidad y rodabilidad[951].
La roca ganadora resultó ser inamovible. Cuando el sacamuestras
de la Viking presionó contra ella, en realidad movió la nave espacial, no la
roca. Los geólogos consiguieron mover dos de las rocas finalistas. Una muestra
fue a la máquina de Biemann. La otra se repartió entre los tres experimentos de
biología. Oyama, que había pensado llevar a cabo otra incubación de 200 días en
Utopía, la interrumpió expresamente a fin de realizar una prueba con la nueva
muestra de Sagan, extraída de debajo de una roca.
Después de todos aquellos preparativos, las lecturas de la
muestra extraída de debajo de una roca no fueron nada especiales. Biemann
volvió a no encontrar compuestos orgánicos de ninguna clase. Levin obtuvo otra
supercurva. Oyama obtuvo otra muy disminuida liberación de gas. El dispositivo
de Horowitz tuvo otro resultado negativo: un 7.5 como valor del segundo pico.
§. Bichos de caparazón duro
Marte pasó por detrás del Sol en noviembre. El JPL puso las
Viking en modo de reposo y fue incapaz de comunicar con ellas durante un mes.
El obligado paréntesis fue un tiempo para la reflexión. El 8 de noviembre,
Sagan y un grupo de colegas de las Viking ofrecieron una conferencia de prensa
en Washington, D. C.
Sagan tenía nuevas ideas y casi todo el antiguo entusiasmo.
Creía que la biología seguía siendo la explicación más simple de los resultados
de Horowitz. Estaba más inclinado a interpretar los descubrimientos de Levin y
Oyama como químicos. «¿Es concebible que todos los resultados de los
experimentos biológicos no sean biológicos?» preguntó Sagan a la multitud.
Respondió: «Concebible sí, pero no probable[952]».
Sin embargo los resultados biológicos tenían que conciliarse con
el fracaso absoluto en la detección de química orgánica. Sagan esbozó una nueva
solución a aquel enigma: bichos de caparazón duro. Pidió a sus oyentes que
imaginaran pequeños organismos blindados contra la luz ultravioleta y los
oxidantes del suelo por un resistente caparazón rico en silicatos y hierro. El
caparazón sería semipermeable. «Pongamos que se meta a algunos de estos bichos
en el GCMS de Biemann», dijo Sagan. «Durante su pirólisis se calientan hasta
los doscientos sesenta grados. El calor no puede romper los enlaces de
silicato. El instrumento de Biemann está lleno de bichos, ¡y él no está
registrando ninguno!»[953].
Sagan mostró cómo esto podría explicar algunas de las anomalías
de los resultados de Horowitz. Los caparazones de los bichos proporcionarían
cierta inmunidad al calor. Tal vez algunos de los bichos más resistentes
hubieran sobrevivido a la esterilización por calor en el experimento de control
de Horowitz. Esto explicaría la fronteriza lectura de 15.
Sagan propuso (de nuevo) que era el agua lo que era mortal para
los bichos. Imaginó que sus caparazones semipermeables podían absorber pero no
excretar agua. Quizá eso no fuera nunca necesario en el medio ambiente
marciano. Así que cuando Horowitz los roció con agua murieron (la segunda
lectura). Pocos, si es que alguno, vivían en el suelo más húmedo debajo de una
roca (la lectura de 7.5).
Esta teoría sí explicaba muchos de los desconcertantes datos.
Para cada cual tenía su aquel. Levin pensó que había detectado vida, mientras
que Horowitz estaba convencido de que no; en realidad, estaba diciendo Sagan,
era justamente lo contrario. El instrumento de Biemann no había logrado hacer
lo que se esperaba que hiciera, y su «teoría de los carroñeros» era errónea.
Linda estaba equivocada. «Añadir agua» era la forma de matar a un marciano.
Horowitz atacó la teoría de los caparazones duros por
improvisada para el caso; un intento de última hora de salvar lo que Sagan
quería creer. Levin ofreció una objeción más chusca. Cuando se los calentara
dentro del cromatógrafo de gases, ¿explotarían los bichos con caparazones duros
como si fueran palomitas de maíz? El interior de la máquina de Biemann debería
tener salpicaduras de protoplasma marciano[954].
§. Muerte súbita
El 16 de diciembre, con Marte ya fuera del eclipse de radio, el
JPL emitió una señal que hizo que las Viking «despertaran». Los experimentos de
Oyama y Levin se habían dejado incubando durante el apagón de las
comunicaciones. Las Viking informaron de que en el ínterin no había pasado gran
cosa. No había habido ningún crecimiento de la población.
El primer experimento postapagón fue el experimento de «muerte
súbita» de Horowitz. Un punto en el que Horowitz estaba de acuerdo con Sagan
era en que el agua destruía cualquier cosa que fuera responsable de sus
resultados. Así que «mataría» los bichos de Sagan dos veces… una rociándolos
con agua y de nuevo calentándolos. Luego vería si había alguna actividad. Si
Sagan estaba en lo cierto, la respuesta sería no. Todos sus bichos estarían
muertos.
Horowitz esperaba que sí hubiera una reacción. Su pálpito era
que la luz de su bombilla de xenón estaba sintetizando pequeñas cantidades de
moléculas orgánicas… con filtro o sin filtro. La bombilla no podía ser toda la
historia. Pero en el primer intento en Utopía, cuando la luz se hubo apagado,
Horowitz obtuvo un 23, mientras que el primer ensayo en Chryse, con la luz
encendida, había arrojado ese 96 nunca igualado. A él le parecía que la
bombilla tenía algo que ver en ello.
El experimento de muerte súbita, llevado a cabo en Chryse,
produjo un segundo pico de 34. Sea lo que fuera lo que lo produjo, había
sobrevivido al ahogamiento y al cocimiento. Eso no podían ser los bichos de
Sagan, Horowitz estaba seguro. Por otro lado, el resultado era incompatible con
la mayoría de las explicaciones químicas que se habían propuesto. El rociado
debería haber destruido los oxidantes.
* * * *
Tales rompecabezas seguían sin resolverse a finales de año, y
los científicos visitantes del JPL comenzaron a hacer el equipaje y marcharse a
casa. Ni Sagan ni Horowitz habían imaginado que sería tan difícil obtener un sí
o un no. Parecía que Marte estaba jugando a triles con ellos, confundiendo las
expectativas cada vez que alguien se atrevía a pensar que había entendido las
cosas.
Sagan dio rienda suelta a sus frustraciones en un artículo medio
en broma para el número de Nature de la Navidad de 1976. El texto trata del
monstruo del lago Ness. Sagan calcula matemáticamente la población de
monstruo(s) coherente con los supuestos avistamientos y sondeos de radar en el
lago Ness. «Cálculos similares de espaciamiento de organismos y densidad de
cargas podrían hacerse en otros planetas si es que allí hubiera macroorganismos
que descubrir», escribe Sagan, «… como, por ejemplo en Marte[955]».
Norman Horowitz se permitió el seco humor en él típico. En la
puerta de su despacho fijó su concepción de un macrobio marciano. Era un
semblante fantasmal superpuesto al paisaje naranja y orín de Marte, el rostro
sonriente de Carl Sagan[956].
Capítulo 8
Ithaca
1977-1978
Contenido:
§. Doble chorrito
§. Final amargo
§. Chovinistas del carbono
§. Diferencia de una sigma
§. Científico de cohetes
§. La cápsula del tiempo
§. Una falta de determinismo histórico
§. Noches de Moscú
§. Johnny B. Goode
§. Álbum de fotos
§. Lección de anatomía
§. Las hienas más espantosas del mundo
§. Protocolo
§. El 1 de junio
§. Micro abierto
§. Sarta de petardos
§. Danny Boy
§. Circle Line
§. El lanzamiento
§. El bloc amarillo
§. Mosquiteras
§. Teorema de existencia
§. El Pulitzer
Sagan celebró el año nuevo visitando a una bruja. En una reunión
de Año Nuevo de vuelta en Ithaca, alguien sugirió que se metieran todos en sus
coches y se fueran a ver a una bruja que vivía en la cercana Enfield, Nueva
York. El grupo incluía a Carl y Linda, Timothy y Annie, y Joseph Veverka y su
mujer, Joy. Llegaron a una casa abandonada que ocupaban una bruja y gran
cantidad de gatos.
La bruja de Enfield dijo la buenaventura. «En este grupo va a
haber una explosión», dijo, «de la que costará años recuperarse. ¡Va a ser
grande!». También vio una boda en el futuro del grupo y nuevas sobre la vida en
Marte. Luego todos jugaron a intentar adivinar el significado de las profecías.
La «explosión» era fácil de acertar: el matrimonio de Joe y Joy Veverka estaba
zozobrando[957].
* * * *
De regreso en Pasadena, el JPL aprobó la zanja de treinta
centímetros de Sagan. La muestra extraída de debajo de las rocas solo había
estado a unos centímetros por debajo de la superficie. La esperanza era que una
muestra extraída a treinta centímetros de profundidad contendría más agua. Con
los resultados biológicos aún por concluir, el equipo de las Viking necesitaba
intentar algo diferente.
La zanja se abrió en Chryse. En previsión de dar con un pozo de
agua, el lugar escogido del terreno recibió el sobrenombre de «Atlantic City».
Pero la Viking 1 estaba comenzando a mostrar los efectos del
paso del tiempo. Su cromatógrafo de gases se averió. Biemann tuvo que
desconectarlo (para entonces eran pocos los que pensaban que fuera a descubrir
nada). Un problema más acuciante fue que la tolva de muestras de los
experimentos biológicos estaba llena. Una vez en la tolva, el suelo tenía que
quedarse allí o bien introducirse en uno o más de los dispositivos. Sería por
tanto necesario sacrificar uno de los experimentos biológicos… a fin de utilizarlo
como cubo de la basura para el suelo antiguo. Ese tenía que ser el instrumento
de Oyama, el que claramente no había encontrado vida.
Con sus paradas y reanudaciones, la excavación telemétrica duró
más o menos un mes. Justo cuando la deseada muestra extraída a treinta
centímetros de profundidad estaba casi al alcance, el receptor de radio de la
Viking 1comenzó a dar problemas. Si perdían contacto, no podrían iniciar más
experimentos. Ante esta perspectiva, Horowitz y Levin decidieron que era
demasiado arriesgado esperar a la muestra extraída a treinta centímetros de
profundidad. En marzo enviaron órdenes de que sus experimentos comenzaran
inmediatamente utilizando el suelo antiguo que ya se encontraba en la tolva. La
zanja de treinta centímetros de profundidad, el mayor proyecto de construcción
jamás realizado en el planeta Marte, se fue al traste. En realidad, lo mismo
ocurrió con la capitulación de Horowitz y Levin. El contacto por radio se
despejó poco después de iniciados los experimentos[958].
§. Doble chorrito
Levin utilizó su muestra para el experimento del «doble
chorrito». Esta había de ser la prueba decisiva entre la química del suelo y
los «bichos remilgados» de Sagan. El mismo Sagan ya no recurría mucho a los
bichos remilgados… al menos no en relación con el experimento de Levin. Oyama,
trabajando en su laboratorio de vuelta en el Ames de la NASA, había demostrado
que el mineral de óxido de hierro maghemita produce una curva muy parecida a la
de Levin cuando se lo alimenta con los nutrientes de Levin. Desde siempre, todo
el mundo creía que el rojo de Marte se debía a alguna clase de óxido de hierro.
Las Viking l levaban un imán, y en las fotos se veían granos de suelo marciano
pegándose a él. La maghemita es magnética. Para Sagan esa constituía una
explicación plenamente convincente de los resultados de Levin.
La hipótesis de la maghemita no convenció a Levin. En cada
intento, salvo el control, su supercurva se había elevado rápidamente y luego
estabilizado. ¿La curva se estabilizaba porque los productos químicos del suelo
activos se habían consumido, o porque los bichos se habían quedado sin comida?
Para averiguarlo, Levin le dio a su muestra una dosis doble de solución
nutriente toda de una vez. Si el factor limitante era el agotamiento de un
producto químico del suelo, esto no debería provocar una gran diferencia. Si el
cuello de botella era el agotamiento de un nutriente que estaba siendo
consumido por microbios, entonces el resultado debería ser una super
supercurva, tal vez el doble de alta.
Marte no había perdido su capacidad para defraudar todas las
expectativas razonables. Esta vez no hubo supercurva. La muestra solo produjo
una lectura baja.
Levin y su colega Patricia Straat culparon al suelo «antiguo» El
suelo que estaban empleando llevaba en la tolva casi cinco meses. Lo mismo que
un coche al ralentí, la temperatura de las Viking era superior a la de su
entorno. Según ellos, el calor había matado los bichos. Sin embargo, era
posible argüir (y la mayoría lo hizo ahora) que el calor había tenido algún
efecto sobre la química del suelo.
De manera bastante extraña, el mismo suelo rancio fue potente
como nunca en el dispositivo de Horowitz. Marcó 33.
Puesto que al final no había sido necesario sacrificar el
instrumento de Oyama en Chryse, este era el único en condiciones de poner a
prueba el suelo extraído a treinta centímetros de profundidad. Con las
comunicaciones restablecidas, al instrumento de Oyama se le proporcionó una
muestra extraída a treinta centímetros de profundidad. Pero el experimento
murió antes de que pudiera arrojar algún resultado.
§. Final amargo
Los experimentos prosiguieron hasta el amargo final. En abril,
las gélidas temperaturas exigieron que el cromatógrafo de gases de Utopía se
desconectara so pena de que el frío agrietara el aislamiento eléctrico. Biemann
quedó totalmente fuera del juego.
Lo que ahora preocupaba a Sagan eran las temperaturas
(relativamente) altas a las que se habían llevado todos los experimentos. «Es
como si los marcianos enviaran a la Tierra equipos que detectaran la vida solo
a 100 C», dijo[959]. Horowitz se mostró completamente de acuerdo. Él siempre
había querido hacer una «incubación fría». Eso significaría desconectar los
calentadores y dejar que el nutriente acuoso en los experimentos de Oyama y
Levin se congelara como la leche a la puerta de casa en invierno. Entonces su
dispositivo podría operar de la manera que él había ideado, a temperatura
ambiente marciana.
El equipo de biología optó por permitir a Horowitz que llevara a
cabo su incubación fría como último experimento en Utopía. Cuando el brazo de
muestreo estaba proporcionando su última muestra de suelo, se congeló y no se
pudo mover. Horowitz renunció.
Oyama y Levin siguieron adelante, aunque no era seguro si sus
instrumentos funcionarían. Descargaron suelo antiguo de la tolva encima de
muestras ya usadas. Esta vez Levin obtuvo poca reacción, lo cual interpretó
como signo a favor de la vida, pues estaba usando de nuevo, según él lo veía,
suelo antiguo que llevaba almacenado demasiado tiempo.
A finales de mayo, todos los experimentos de biología restantes
fueron cancelados de una vez para siempre. A través de un comunicado de prensa,
la NASA declaró que «los biólogos no han llegado a conclusiones definitivas
sobre la presencia o ausencia de vida en Marte[960]».
§. Chovinistas del carbono
La conclusión final de Sagan fue que los desconcertantes y
ambiguos resultados de las Viking eran inadecuados para apoyar una afirmación
tan importante como la existencia de vida en Marte. En esto la opinión de Sagan
concordó con la de casi todos los demás científicos de las Viking, con las
notables excepciones de Gil Levin y Patricia Straat.
La conclusión de Sagan se basaba en la totalidad de las pruebas.
Los resultados biológicos había que juzgarlos en el contexto de las desoladas
fotos de las Viking y, especialmente, los resultados absolutamente negativos de
la cromatografía de gases. ¿Cómo puede haber vida sin química orgánica basada
en el carbono? «A mi pesar, soy un chovinista confeso del carbono», dijo Sagan
a este respecto unos años más tarde[961].
Sagan y todos los demás estaban de acuerdo en que la instantánea
reacción rápidamente burbujeante de Oyama era química. Los otros dos
experimentos biológicos eran más problemáticos.
Los resultados de Horowitz se atenían a un patrón peculiar. Él
había preparado nueve experimentos, seis en Chryse y tres en Utopía. Las
lecturas en Chryse eran 96, 15, 27, 35, 34 y 33; las de Utopía, 23, 2.8 y 7.5.
Cada uno de estos experimentos se había realizado en condiciones
diferentes. Pasando por alto los detalles, dos cosas destacaban. En primer
lugar, que en cada ubicación la lectura inicial era mucho más alta que
cualquiera de las posteriores. En segundo lugar, que las lecturas en Chryse
eran, por lo general, superiores a las obtenidas en Utopía.
Algunos teorizaron que la exposición al vacío del espacio había
tenido sobre la trampa de vapor orgánico de Horowitz algún efecto que le hacía
arrojar lecturas infladas la primera vez que se la empleaba. Horowitz cuestionó
esto, pero parecía difícil explicar de otro modo las elevadas lecturas
iniciales. Las lecturas inferiores en Utopía tal vez reflejaran una diferencia
real en la química del suelo o solamente una diferencia en el equipo.
Ni la esterilización, ni el rociado, ni la desconexión de la
luz, ni el empleo de muestras extraídas de debajo de las rocas ni el empleo de
suelo «antiguo» parecían haber provocado ninguna diferencia coherente o
espectacular. En el experimento de Horowitz, nada de lo que se suponía
importante lo fue. Esa indiferencia era más característica de los productos
químicos que de los organismos.
En 1977, Horowitz cambió diametralmente su interpretación del
primer experimento de control en Chryse. Esta fue la prueba en la que el suelo
esterilizado mediante el calor produjo un 15. Como seguía a un 96, el 15 se
tomó como negativo. Pero ahora que parecía como si hubiera algo raro con ese
96, Horowitz decidió considerar el 15 también como positivo. Eso significaría
que la reacción habría sobrevivido a la prueba de fuego del experimento de
control, lo cual refutaba una explicación biológica[962].
Lo que más hablaba a favor de la vida eran probablemente los
resultados de Levin. Este contaba con una respuesta robusta y repetible que
incluso un modesto calentamiento destruía. Era coherente con un hipotético
microbio que pudiera metabolizar un nutriente acuoso pero que no se
multiplicara en él. «Coherente con la vida» no es lo mismo que decir que era
vida. Había cada vez más pruebas de que los productos químicos podían producir
reacciones similares y mostrar una sensibilidad similar al calor.
Oyama, Horowitz, Oró y muchos otros estaban muy ocupados en sus
laboratorios tratando de replicar los resultados marcianos con mezclas
orgánicas. En 1977, Sagan, Owen Toon y Jim Pollack publicaron un artículo sobre
la composición de las partículas en la tempestad de polvo ocurrida en Marte los
años 1971-1972. En base a los espectros infrarrojos de la Mariner 9, concluían
que el polvo contenía montmorillonita y otras arcillas[963]. Esta conclusión
era provocativa, pues las arcillas tienen una superficie químicamente activa.
Son capaces de absorber y emitir gases, y catalizar reacciones. En estudios
separados, Horowitz encontró que podía obtener resultados similares a los de
sus experimentos de las Viking usando arcillas ricas en hierro[964].
* * * *
De la hipótesis biológica no había, sin embargo, una única
refutación elegante. (Irónicamente, el experimento de Wolf Vishniac rechazado,
diseñado para ser sensible a la multiplicación celular, podría haber arrojado
un resultado negativo válido.) Rara vez, si es que alguna, resulta una idea
científica refutada con una precisión absoluta. Siempre queda margen para
aducir algún error en los datos en que estriba la refutación. Saber cuándo
plantear tales argumentos y cuándo renunciar constituye una decisión delicada.
Sagan nunca rechazó enteramente la posibilidad de que la vida
existiera en alguna parte, o en algún momento, en Marte. Los resultados de las
Viking eran inadecuados para demostrar ese juicio negativo, lo mismo que eran
inadecuados para dar una respuesta positiva. Pero Sagan aceptó que su defensa
de la explicación biológica de los resultados de las Viking había cumplido su
papel en la conversación científica. Era hora de avanzar. En esto era en lo que
Sagan y Levin discrepaban.
Gil Levin tenía una gran fe en el instrumento que construyó para
las Viking. Creía que sus resultados se bastaban por sí solos para sostener la
hipótesis de la vida en el suelo de Chryse y Utopía. Por mucho que quisiera
compartir esa opinión, Sagan no podía hacerlo.
§. Diferencia de una sigma
Levin comenzó a examinar por su cuenta las fotografías de los
módulos de aterrizaje de las Viking, unas 10.000 imágenes. Sabía que Sagan ya
había escrutado las fotos en busca de cualquier rastro de vida. Pero Sagan se
había concentrado en los macrobios. Era concebible que tal vez hubiera pasado
por alto algo más sutil.
Levin se fijó en las rocas con zonas «verdes». Verdes entre
comillas, pues su tono, en los datos en tres canales de color del sensor de
imágenes, como más precisamente se describe es como conteniendo relativamente
más verde que las otras rocas. Levin se concentró en tres rocas de las imágenes
de la Viking 1. Las llamó «roca delta», «roca plana» y «roca parcheada».
Una noche, Levin comparó una foto tomada justo después del
aterrizaje con una tomada 301 días marcianos más tarde. La iluminación era
efectivamente idéntica, lo cual permitía la comparación directa. ¡La zona
«verde» en la «roca parcheada» había cambiado! Demasiado emocionado ante este
descubrimiento para seguir trabajando, Levin se metió en su coche y tomó la
autopista Angeles Crest a fin de serenarse entre los pinos de las montañas de
San Gabriel por la noche.
Levin no estaba diciendo exactamente que el color verde
equivaliera a vida. Pero ¿por qué cambiaría una mancha verde? Levin se hizo
traer rocas de los bosques de Maryland para ver qué aspecto tendrían
fotografiadas por el sistema de obtención de imágenes de las Viking en JPL. Las
rocas se cubrieron de líquenes. A la distancia a que la roca parcheada estaba
del sensor de imágenes en Marte no podían resolverse detalles de menos de
cuatro milímetros. Las imágenes no podían distinguir los líquenes de la pátina verde
de la roca verde.
A Levin le costó convencer a la gente de la importancia de su
descubrimiento. ¿Eran siquiera verdes las rocas? Levin sacaba instantáneas de
las pantallas de vídeo y se las mostraba a la gente. «Gil, eso es ridículo»,
dijo Gerry Soffen, «¿qué estás mirando? ¡Eso no es más que arcilla!»[965]. (El
asunto lo complicaba aún más la convicción de Levin de que el equipo de
imágenes se había equivocado con los colores. Según él, las imágenes originales
de un cielo gris frío eran más fieles a la realidad. Eso haría a todas las
rocas más azules o más verdes).
Levin pensó que tal vez Sagan era el único dispuesto a dar un
trato justo a sus hallazgos. Contactó con Sagan en diciembre de 1980. Levin
luego se reunió con Sagan y Dave Pieri en Cornell. La reacción inicial de Sagan
fue la opuesta a la de Soffen. «Realmente parece que tienes algo», le dijo a
Levin[966].
Sagan, Pieri y Levin regresaron al JPL. Encontraron un modo de
hacer copias Polaroid lo bastante detalladas de las imágenes para que se viera
cada píxel. Comparando píxel a píxel, concluyeron que los datos sí mostraban
diferencia en el canal verde. Hicieron planes para publicar los resultados.
Como su descubridor, Levin encabezaría la lista de autores, mientras que Sagan
y Pieri serían los coautores. El artículo enumeraría y criticaría detenidamente
todas las posibles explicaciones del cambio (había muchas, por supuesto).
Adoptaría la postura de que, simplemente, una explicación biológica no podía
excluirse. Eso obligaría por sí solo a una reevaluación de los experimentos
biológicos.
Volaron de nuevo hacia el este y comenzaron a trabajar. Un par
de semanas más tarde, Sagan llamó a Levin con malas noticias. Había decidido
retirar su nombre como coautor.
Sagan dijo que había calculado que los cambios de color no
tenían tanta importancia estadística. Era solo de aproximadamente una sigma. No
creía que una diferencia de una sigma fuera suficiente para justificar un
artículo científico.
Levin trató de convencerlo. Una diferencia de una sigma sigue
significando que el cambio tiene una probabilidad del 68 por 100 de ser real,
señaló. Sagan había pensado que valía la pena realizar cálculos de
probabilidades mayores para intentar demostrar la existencia de vida en Marte.
Levin propuso examinar grupos de píxeles. Tal vez entonces pudieran establecer
diferencias de dos sigmas.
Sagan se mantuvo firme. El cambio de color no era la prueba
extraordinaria que requiriera una afirmación extraordinaria. Levin tuvo que
publicar el artículo sin él[967]. Norman Horowitz cree que la pérdida de Sagan
como aliado en este asunto fue la mayor decepción que se llevó Levin en lo que
al proyecto Viking se refiere[968].
§. Científico de cohetes
Que las Viking no consiguieran encontrar vida significaba la
renuncia a algunos de los supuestos más preciados de Sagan. Su carrera se había
construido en torno a la perspectiva antaño tan tentadoramente plausible de
vida en Marte. Hasta cierto punto, a esta meta se había sacrificado también una
vida normal como marido y padre. Ahora las cosas habían cambiado.
Durante el año de las Viking, Sagan trabajó en estrecha
colaboración con el director de planificación de misiones del JPL, B. Gentry
Lee. Lee no era un típico científico de cohetes. Él era más refinado que eso.
Lee se sentía tan cómodo con la ingeniería como con la ciencia, y casi tan
cómodo con la gran literatura como con la ciencia. Leyó todo lo que William
Faulkner había escrito; también las obras de Dostoyevski y Camus[969].
Lee no se parecía a los demás directivos del JPL, y al que menos
a Jim Martin. Lee vestía chillonas camisas con estampados florales y llevaba
los cabellos largos por los lados. Puesto que el pelo empezaba a escasear por
arriba, esto daba a su cabeza un inconfundible perfil como de esfinge[970].
Lee compartía la depresión pos misión de Sagan. Para ellos,
incluso sin el descubrimiento de vida, las Viking constituyeron una cima
emocional increíble. Por lo que al público se refería, Marte bien podría haber
estado en la China. «Aquí habíamos metido Marte en los patios traseros de la
gente», se quejaba Lee, «y, sin embargo, era como si nadie se hubiera dado
cuenta[971]».
Sagan y Lee tenían dificultades para comprender por qué era así.
Decidieron que el problema eran los medios de comunicación. Tras la oleada
inicial de interés —una vez quedó claro que no había nada que ver más que rocas
rojas—, los medios de comunicación se olvidaron de las Viking. Y si los medios
de comunicación no se ocupaban del espacio, entonces el público no se
interesaría, y el Congreso tampoco. Sería imposible financiar nuevas misiones.
Lee tanteó a Sagan respecto a una idea para fundar una empresa
que produjera una serie de televisión sobre astronomía. En 1976 formaron la
Carl Sagan Productions, Inc. El plan de negocio consistía en vender la serie de
televisión (con el título provisional de Man in the Cosmos [«El hombre en el
cosmos»]), así como comercializar a Sagan, sus escritos, y la ciencia misma. No
separaban las metas de educar al público y ganar dinero. Esperaban que Carl
Sagan Productions hiciera ambas cosas[972].
* * * *
Sagan y Lee no eran los únicos a los que se les ocurrió una
serie dedicada a la astronomía. Greg Andorfer, productor en la emisora de
televisión pública de Los Ángeles KCET, también tenía pensada una. Como casi
todos los que trabajaban en la televisión pública, Andorfer también sentía
envidia de los británicos. ¿Por qué son los británicos los que hacen todas las
grandes series intelectuales? ¿Por qué no podía la PBS hacer algo así en lugar
de importarlo?
Para presentador de una serie de astronomía, Andorfer pensó en
Ray Bradbury, Arthur C. Clarke o Fred Hoyle, no en Sagan. Pero cuando se enteró
de que Sagan estaba tratando de vender un programa de astronomía, reconoció que
sería el presentador perfecto[973].
Sagan y Lee se reunieron con el personal de la KCET y acordaron
trabajar juntos. Hablaron con el productor británico Adrian Malone. Malone
había hecho muchas de las aclamadas series de no ficción de la BBC. Entre ellas
estaba El ascenso del hombre, una serie científica de tono filosófico que
giraba en torno al físico Jacob Bronowski. Habiendo hecho esta, Malone no
estaba seguro de querer hacer otra serie científica. Accedió a volar a Nueva
York para reunirse con Sagan y Lee. «Dijeron grandes cosas», recordaba Malone.
«Pero cuando me di cuenta de que el asunto no estaba totalmente maduro y que no
querían que yo simplemente llegara y plasmara sus ideas en celuloide, sino que
querían que yo contribuyera, entonces fue cuando la idea me atrapó[974]».
Sagan y Lee también estaban atrapados. Contrataron a Malone en
marzo de 1977. La serie de la PBS se anunció en mayo de 1977. Sagan, Lee,
Malone y Andorfer colaboraron en el esbozo de una serie en trece partes.
Completado en agosto, era lo bastante detallado para calcular un presupuesto de
producción[975]
El esquema y el presupuesto los puso en condiciones de reunirse
con potenciales patrocinadores. Encontraron dos importantes aseguradoras, Arco
y la Fundación Arthur Vining Davis. Arco, una gran empresa petrolífera que
tenía su cuartel general en Los Ángeles, llevaba mucho tiempo apoyando
producciones de la KCET. La Fundación Davis era un mecenas más improbable.
Arthur Vining Davis, antiguo director ejecutivo de Alcoa, era un hombre
devotamente religioso que cuando falleció en 1962 había dejado una gran cantidad
de dinero y vagas instrucciones sobre qué hacer con él. Una parte del dinero se
destinó al sostén de seminarios. La fundación también se había distinguido por
su apoyo a la televisión pública y había estado buscando un programa de ciencia
que valiera la pena.
La popularidad de Sagan tuvo mucho que ver con la venta del
programa, por supuesto, pero Gentry Lee era también un vendedor muy
convincente. Medio en broma se decía que tras oír a Lee defender la serie, los
patrocinadores formulaban invariablemente una pregunta: ¿estaría Lee interesado
en trabajar para ellos[976]?.
§. La cápsula del tiempo
En paralelo al avance del programa de televisión, Sagan se
ocupaba de otro proyecto insólito. En diciembre de 1976, John Casani, jefe de
proyectos para la misión Voyager, pidió a Sagan que ideara otro mensaje
simbólico para extraterrestres. Como las Pioneer antes, las dos naves
espaciales Voyager serían enviadas fuera del Sistema Solar. Casani pensó que
las Voyager también debían ser portadoras de un mensaje. Sagan aceptó[977].
Sagan congregó rápidamente un grupo de asesores, muchos de ellos
conocidos en Green Bank y Biurakan. Incluía a Frank Drake, Philip Morrison,
Bernard Oliver y Leslie Orgel; el astrónomo de Harvard A. G. W. Cameron; el
filósofo de la Universidad de Chicago Steven Toulmin, y los escritores de
ciencia ficción Asimov, Clarke y Robert Heinlein.
Morrison opinaba que el nuevo mensaje debía incluir un par de
obras de arte famosas, como el famoso dibujo de Leonardo da Vinci de las
proporciones humanas. Oliver quería enviar una grabación de la Novena sinfonía
de Beethoven (pero preocupaba si los rayos cósmicos dañarían una cinta
magnética).
Durante el encuentro de enero de 1977 de la Sociedad
Estadounidense de Astronomía en Honolulú, Sagan y Drake compartieron una cabaña
en el hotel Hilton de Kahala (tenía una piscina privada en la que habitaban dos
delfines). Durante los ratos libres, Drake y Sagan bosquejaron la parte
principal del mensaje.
La idea genial de Drake fue enviar un disco fonográfico. Sabían
que una grabación sobre metal duraría mucho tiempo. Los surcos de un disco
fonográfico podrían por tanto grabarse sobre metal en lugar de vinilo, en el
que se podría incluir la Novena sinfonía de Beethoven si eso es lo que querían.
En principio, podría también codificar imágenes o cualquier clase de
información, dijo Drake. A Sagan la idea le gustó inmediatamente. Un disco
podría contener una «cápsula del tiempo» audiovisual de la Tierra.
Hicieron cálculos aproximados sobre cuánta información podrían
meter en un disco LP. Imaginaron que había espacio para unas diez imágenes y
cuatro piezas de música o sonido. Drake confeccionó una tabla de contenidos.
Previó el envío de datos bioquímicos, figuras humanas e imágenes del Taj Mahal
y del Teatro de la Ópera de Sídney (todo lo cual acabó en el disco final).
* * * *
Sagan defendió la idea del disco ante la NASA. La agencia la
aprobó, y Sagan comenzó a asignar responsabilidades. Las asignaciones fueron
totalmente nepotistas… lo cual también es justo, pues la NASA no iba a pagar
nada o casi nada. El equipo base lo formaban Carl, Linda, Timothy Ferris y Ann
Druyan. Las dos parejas salían muchas veces juntas, y habían hablado de
colaborar en alguna clase de proyecto.
Ferris fue nombrado productor de las selecciones musicales del
disco. Druyan fue la directora creativa y también se encargó de idear un
muestrario de sonidos naturales y tecnológicos.
Puesto que el disco era un saludo, decidieron que debería llevar
grabaciones que dijeran «hola» en los idiomas de la Tierra. Reunir los saludos
fue responsabilidad de Linda.
De las imágenes se encargó a Frank Drake y al amigo artista de
Sagan, Jon Lomberg. Wendy Gradison y Amahl Shakhashiri les ayudaron a encontrar
fotografías y obtener los permisos para reproducirlas. Un fotógrafo en
plantilla, Herman Eckelmann, hizo fotografías originales para el disco y
refotografió fotos existentes.
De todos los nombramientos, el más significativo en términos
personales era el de Ann Druyan. Posteriormente, Carl diría que se enamoró de
Annie en cuanto la conoció; solo le costó varios años darse cuenta[978].
Una de las mejores amigas de Druyan era Lynda Obst, la escritora
(entonces redactora del New York Times) que también conoció en la fiesta de
Nora Ephron. A Lynda le confesó que temía estar enamorándose de Carl… se lo
temía porque tal atracción era impensable. Por supuesto, no les había dicho
nada ni a Carl ni a Timothy[979].
Mientras trabajaban en el disco de las Voyager, Carl invitó a
Annie y Timothy a casa de Lester Grinspoon. Para Lester era evidente que Carl
estaba prendado de la joven. Todo lo que Carl decía iba dirigido a ella. Pero
Carl no dijo a Lester nada de su atracción[980].
Tampoco reveló sus sentimientos a Annie. Poco después del
aterrizaje de las Viking, Carl pasó por Nueva York. Dedicó un día a visitar
museos con Annie. Durante la cena en la Russian Tea Room, Carl fue lo bastante
osado para señalar que las conversaciones más estimulantes que jamás había
mantenido con una mujer habían sido con Annie.
«¿Con una mujer?» preguntó Annie. «¿Por qué no con una
persona?».
Carl dijo que eso era lo que había comenzado a decir, pero que
entonces se había dado cuenta de que, para ser totalmente sincero, había
mantenido algunas conversaciones mejores… con Joshua Lederberg.
Añadió: «Eso es un problema para mí».
«¿Por qué?»
«Porque tú eres mujer.»
Ese comentario quedó en el aire. El camarero llegó y el tema se
dejó, para no recuperarlo[981].
§. Una falta de determinismo histórico
Por su experiencia con el mensaje de las Pioneer, Sagan y Drake
sabían que cualquier elección que hicieran sobre qué incluir en el disco serían
cuestionadas a posteriori. No había tiempo para solicitar la opinión de todo el
mundo y responder a todas las críticas. Decidieron pedir consejo a un pequeño
grupo de expertos, pero sin declarar abiertamente sus propósitos a fin de
mantener un perfil bajo sobre el proyecto de disco.
Ferris tuvo la idea de pedirle a John Lennon que escogiera la
música. El proyecto podía resultar atractivo para el ex Beatle, y el
apartamento de Lennon y Yoko Ono estaba solo a unas manzanas de donde vivía
Ferris. Ferris contactó con la gente de Lennon. Le llegó que el músico estaba
interesado, pero entonces estaba en exilio fiscal. Lennon tuvo que establecer
su residencia fuera del país para evitar pagar el impuesto sobre la renta de
EEUU. Así que no se pudo contar con Lennon[982]. Fueron Ferris y Druyan quienes
hicieron las selecciones musicales, con alguna ayuda de Sagan.
«La preparación del disco», escribió Druyan, «se convirtió en un
modo extrañamente práctico de abordar algunas cuestiones abstractas sobre el
arte y la vida en la Tierra». Entre ellas destacaba la de si era posible que
los humanos crearan algo absolutamente «universal[983]».
El reto era enviar algo que pudieran comprender seres de una
cultura totalmente extraña. Mientras Sagan y Drake sostenían que la ciencia y
las matemáticas tenían la máxima probabilidad de ser un lenguaje universal, por
esa misma razón eran temas sobre los que podríamos tener poco que decir que
fuera exclusivo. Nuestras biología, historia, cultura, arte y música deberían
ser más interesantes para los extraterrestres. La «falta de determinismo
histórico en los detalles de una civilización» garantiza que estos sean
exclusivos de la raza humana[984].
El inconveniente de este enfoque consistía en que no era seguro
si los extraterrestres podrían entender mensajes que fueran en gran medida
culturales y estéticos. El disco de las Voyager contenía mucha música; los
alienígenas tal vez no tuvieran oídos.
En cualquier caso no tendrían tocadiscos (¡en la Tierra se está
volviendo difícil encontrarlos!). El disco, pues, se metió en una tapa de
aluminio chapado en oro con un diagrama en el que se mostraba cómo ponerlo en
marcha y se especificaba la velocidad adecuada de funcionamiento. Debajo de la
tapa, junto al disco, había una aguja fonográfica lista para su empleo. La tapa
también portaba un diagrama que mostraba cómo reconstruir las imágenes. Para
eso los extraterrestres tendrían que aportar su propio equipo.
Normalmente, el formato LP funcionaba a 33 1/3 revoluciones por
minuto, lo cual permitía 27 minutos de tiempo por cara. Sagan propuso que en
una cara pusieran música y en la otra imágenes e información de otra clase.
Veintisiete minutos no son mucho para una panorámica mundial de
la música. Con insatisfacción creciente, durante el mes de marzo se atuvieron a
ese límite. Por fin decidieron que simplemente no bastaba. Sagan y Ferris
optaron por grabar el disco de forma que funcionaría a la mitad de la velocidad
normal de los LP, 16 2/3 revoluciones por minuto. Esto les daba 108 minutos en
total para música, imágenes y otros contenidos.
* * * *
El disco contenía unos 87 minutos y medio de música y constaba
de veinte piezas. Gracias a la insistencia de Rachel en las lecciones de piano,
Sagan tenía ciertos conocimientos de música clásica. Le gustaban el rock y el
reggae, en especial la música de Bob Dylan y Bob Marley[985]. Dos piezas que
admiraba especialmente eran Hey, Mr. Tambourine’s Man de Bob Dylan y La mer de
Debussy. Ninguna de las dos entró en el disco de las Voyager[986].
Sagan tenía la idea de que al menos parte de la música debería
expresar la «soledad cósmica[987]». Una pieza que se pensaba que hacía eso era
la Cavatina de Beethoven, una de las favoritas de Druyan. Hubo también un
intento de escoger piezas cuya estructura abstracta pudiera ser particularmente
interesante. El contrapunto densamente matemático de Bach se sentía como tal.
Sagan y los demás debatieron con seriedad si era apropiado incluir grabaciones
de simpatizantes de los nazis (que habían dirigido una buena parte del
repertorio clásico universal) o piezas del compositor favorito de Hitler,
Richard Wagner.
Sagan se mantuvo en cualquier caso firme en que la selección no
debería ser solamente de varones blancos fallecidos. Él quería que estuviesen
representadas las tradiciones musicales de todo el globo. Pidieron opinión a
muchos de los más prominentes musicólogos del mundo (occidental). A la mayoría
les asombró en diversos grados la naturaleza de la petición. Una llamada a
altas horas de la noche a Martin Williams, comisario de jazz de la Institución
Smithsoniana, obtuvo la siguiente reacción: «Bueno, a ver si lo he comprendido
bien. ¿Me están llamando a casa un domingo a las once de la noche para
preguntarme qué jazz enviar a las estrellas?»[988].
Que una pieza musical fuera, según la opinión erudita de
alguien, una de las mejor creadas jamás en este planeta no significaba que
estuviera editada en disco. Druyan tuvo muchas dificultades para encontrar una
grabación de una raga india, Jaat Kahan Ho de Surshri Kesar Bai Kerkar. Esta
pieza ocupaba el primer lugar en la lista del musicólogo de Berkeley Robert E.
Brown, y él estaba segurísimo de que ninguna otra la desbancaría. Días antes de
la fecha límite, Druyan encontró tres copias prístinas en un tienda de la
avenida de Lexington. Compró las tres[989].
§. Noches de Moscú
Con lo que Sagan opinaba sobre la cooperación en el espacio,
había una cultura que tenía que estar representada. Sagan pidió a Murry Sidlin,
entonces director de la Orquesta Sinfónica Nacional, que sugiriera una pieza de
música rusa. Sidlin sugirió una grabación de El joven buhonero, cantado por
Nicolai Gedda.
Esta es una desenfadada canción folclórica sobre un Casanova
capitalista que seduce a jóvenes trabajadoras rusas. ¿Seguían esas bromas
resultando todavía divertidas en la Unión Soviética de hoy? se preguntó Sagan,
y envió un telegrama a un colega de Moscú explicándole el disco y diciendo que
como espécimen de música rusa se había propuesto El joven buhonero. ¿Podía él
sugerir algo más adecuado?
Esta inocente solicitud puso en movimiento una pesada maquinaria
burocrática. Al receptor del telegrama el asunto se le fue de las manos. La
solicitud de Sagan acabó en la dirección de la Academia Soviética de las
Ciencias y posiblemente en el Kremlin mismo. Hubo debates (Sagan se enteró más
tarde) sobre los méritos de la música rusa prerrevolucionaria. Se citó a Lenin,
pues este había dicho que la cultura prerrevolucionaria, incluidos sus aspectos
claramente capitalistas, formaba parte del patrimonio nacional y merecía
conservarse[990].
Los días pasaban y la fecha tope se aproximaba. No había
respuesta de Moscú. En el ínterin, el musicólogo Alan Lomax sugirió otra obra
soviética, georgiana en concreto. Era una pieza coral, Tchakrulo, sobre la
protesta de unos campesinos contra un terrateniente. Los soviéticos no podrían
poner objeciones a eso.
Virtualmente en el último minuto encontraron una grabación de
Tchakrulo de Radio Moscú. También encontraron a un hablante nativo de georgiano
que fue al estudio de grabación, oyó la pieza y certificó que su letra era
inofensiva. Tchakrulo se incluyó en el disco.
La respuesta oficial soviética al telegrama de Sagan llegó
muchas semanas después. La mejor, más valiosa y representativa obra de la
música rusa, anunciaban, era una pieza llamada Noches de Moscú.
¿Noches de Moscú? Sagan la puso. Parecía Mantovani. Solo que
peor, pues al menos Mantovani no intentaba plagiar a alguien tan soso y
anticuado como Mantovani. Era un alivio que la fecha tope para el disco hubiera
expirado, lo cual proporcionaba a Sagan una explicación incontestable de por
qué no se utilizó[991][35].
§. Johnny B. Goode
Un área en la que Sagan y compañía se sentían capacitados para
prescindir de expertos era el rock and roll. No era una cuestión de si a uno le
gustaba el rock o no (dijeron). Los musicólogos objetaron que el rock era una
forma nueva y posiblemente efímera de expresión.
El equipo de las Voyager pensó que se podían permitir una
canción de rock. (Sagan racionalizó que el rock era una versión americana de la
fusión de las tradiciones musicales africana y europea). Si solo había de haber
una canción de rock, tenía que ser de los Beatles, acordaron por unanimidad.
Pensaron en Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, pero se decidieron por las
imágenes cósmicas de Here Comes the Sun.
Los cuatro Beatles pensaron que era una gran idea. El problema
era que los Beatles no eran los propietarios de la canción, sino Northern
Songs, una empresa famosa por los exorbitantes honorarios que cobraba. La NASA
tenía poco dinero para pagar a titulares de derechos de autor. No hubo manera
de convencer a Northern Songs de que hiciera una excepción para el mercado
extraterrestre. Los Beatles se quedaron fuera.
No hubo consenso sobre quién debería reemplazar a los Beatles.
Elvis Presley se mencionó sin mucho entusiasmo. En estos momentos el carácter
nominalmente secreto del proyecto ya se había violado, y en la prensa habían
comenzado a aparecer artículos sobre el disco de las Voyager. Con los Beatles
tachados, los miembros de Jefferson Starship[992]ofrecieron su música gratis.
El equipo del disco se encontró en la incómoda situación de tener que decir
«Gracias, pero no, gracias».
Druyan y Ferris querían utilizar Johnny B. Goode, de Chuck
Berry. Se la pusieron a Sagan, que la encontró horrible[993]. Consiguieron
convencerlo de que Berry había ejercido una enorme influencia sobre el rock (y
sobre los Beatles en particular). A diferencia de Elvis, Berry tenía derecho a
ser considerado como un inventor del lenguaje del rock, y componía su propio
material. A Druyan le gustaba Johnny B. Goode porque era una buena música para
oír cuando se iba de viaje[994].
* * * *
La selección musical quedó finalmente constituida por el
Concierto de Brandemburgo Nº 2, en fa mayor, de Bach; Clases de flores (gamelán
javanés); una pieza de percusión senegalesa; una canción de iniciación de las
niñas pigmeas; El lucero del alba y Pájaro diablo (canciones australianas para
cuerno y totémica); El cascabel (Lorenzo Barcelata y el Mariachi México);
Johnny B. Goode (Chuck Berry); una canción doméstica de varones de Nueva
Guinea; Grullas en su nido (flauta japonesa de bambú); Gavotte en rondeau de la
Partita Nº 3, en mi mayor, para violín de Bach; el aria de la Reina de la Noche
Nº 14 de La flauta mágica de Mozart; Tchakrulo (coro georgiano); una pieza
peruana para flautas de pan y tambor; Melancholy Blues (Louis Armstrong y sus
Hot Seven); Ugamn (gaitas del Azerbayán); la «Danza del sacrificio» de La
consagración de la primavera de Stravinski; Preludio y fuga en do mayor de El
clave bien temperado, libro II de Bach; el primer movimiento de la Quinta
sinfonía de Beethoven; Itezlel je Delyo Hagdutin (gaitas búlgaras); el Canto de
la noche navajo; La ronda de las hadas de Anthony Hosborne (música
renacentista); flautas de pan de las Islas Salomón; una canción nupcial
peruana; Corrientes fluidas (para g ǔ qín chino); Jaat Kahan Ho (cantada por Surshri
Kesar Bai Kerkar); Oscura era la noche (Blind Willie Johnson); Cavatina del
Cuarteto para cuerdas n.º 13, en si bemol mayor de Beethoven.
De todas las elecciones, la pieza de Berry fue la que más llamó
la atención. Hubo conservadores retrógrados que pusieron objeciones al envío de
rock and roll al espacio, por mucho que se tratara de un viejo éxito. No ayudó
en nada que Berry tuviera antecedentes penales y estuviera siendo acusado de
delitos fiscales (cierta contabilidad muy «creativa» lo llevó a la cárcel en
1979). La polémica inspiró una cuña en Saturday Night Live[995] en la que se
detectaba un mensaje de cuatro palabras enviado desde el espacio: MANDAD MÁS
CHUCK BERRY.
§. Álbum de fotos
Las fotografías codificadas del disco de las Voyager planteaban
la cuestión de hasta qué punto podían ser las imágenes un lenguaje universal.
Evidentemente, quien las encontrara necesitaría un sentido parecido en algo a
nuestra visión. Philip Morrison y Robert Heinlein advirtieron de un problema
más sutil: las imágenes no constituyen un lenguaje universal, ni siquiera en la
Tierra. Había culturas de cazadores-recolectores que nunca utilizaban imágenes.
Tenían que aprender cómo mirar las fotografías y las pinturas, y a
comprenderlas como representaciones planas de lo que se podía ver en alguna
otra parte[996].
Sagan y Lomberg se tomaron en serio esta objeción. Hicieron un
esfuerzo por explicar el concepto de imagen… en imágenes. A sugerencia de
Morrison, la primera imagen es una circunferencia. Esto ayudaría a confirmar a
los descubridores que la traducción de los surcos a la imagen bidimensional era
correcta. La tapa grabada del disco también contiene una circunferencia junto
al diagrama que muestra cómo decodificar las imágenes.
La segunda imagen codificada combina el mapa de púlsares de
Drake con una foto de la galaxia de Andrómeda. Ambas son imágenes asimétricas,
lo cual permitirá a los extraterrestres confirmar que no están decodificando
las fotos en un formato invertido de imagen especular.
Seguían diagramas explicativos del sistema numérico y de
nuestros pesos y medidas; y luego un conciso álbum fotográfico de la Tierra y
sus culturas.
Decidieron que era posible enviar algunas fotos en color. Para
ello incluyeron tres imágenes consecutivas en blanco y negro de la misma
escena, cada una fotografiada con filtro rojo, verde y azul respectivamente. La
esperanza era que los descubridores reconocieran que ciertas imágenes (casi) se
repiten tres veces e interpretaran esto como separaciones de colores. Una
imagen en color de un espectro solar, veteada con las oscuras líneas de emisión
familiares a cualquier alienígena con conocimientos científicos, hace las veces
de muestrario de calibración de colores.
* * * *
El equipo de las Voyager también buscó consejo experto sobre el
contenido visual del disco. Jon Lomberg se puso en contacto telefónico con el
diseñador moderno por antonomasia, Charles Eames, en Santa Mónica. Charles y
Ray Eames eran conocidos por su interés en la educación científica. Junto con
Philip y Phylis Morrison hicieron una película y un libro clásicos, Potencias
de diez, que lleva en un zum desde el macrocosmos hasta el microcosmos.
Lomberg explicó el disco. A Eames la idea le pareció detestable.
Si estaban haciendo eso, dijo, no deberían darse prisa. El proyecto debería
costar años. No deberían ser científicos los que decidieran qué incluir en el
disco, sino verdaderos expertos en arte. Eames se negó a tener nada que ver con
el proyecto[997].
Al final, la mayor parte del contenido visual lo escogieron
Lomberg y Wendy Gradison con aportaciones de los otros. Buscaron en las
bibliotecas de Cornell e Ithaca libros de imágenes de todas clases: Pájaros en
Norteamérica, La historia de los juguetes, Plantas devoradoras de insectos;
también todos los números de National Geographic a partir de 1958[998].
En fotografías y diagramas, el disco describe el Sol y los
planetas; el ADN; la división de las células; la anatomía humana; el ciclo
reproductivo humano; diagramas geológicos; islas, playas, ríos, montañas,
desiertos; bosques y árboles; flores e insectos; la evolución; animales de
varias clases; seres humanos de diversas edades, etnias y ocupaciones; moradas
humanas; el transporte; la ciencia; y, finalmente, un cuarteto de cuerdas y la
foto de un violín con la partitura de la Cavatina de Beethoven.
§. Lección de anatomía
Lo mismo que había sucedido con la placa de las Pioneer, una
ilustración esencial era un retrato biológico sin tapujos de los seres humanos.
Aunque la NASA no se había tomado demasiado en serio las reacciones de
«indecencia en el espacio» al dibujo de las Pioneer, la fotografía de un
desnudo no es lo mismo que el dibujo de un desnudo. Lomberg necesitaba una foto
lo bastante reveladora para los alienígenas curiosos y del suficiente buen
gusto para los terrícolas mojigatos.
Hubo debate sobre si mostrar a humanos jóvenes y físicamente
perfectos… o intentar una documentación objetiva de las «personas reales».
Consultaron algunas pruebas fotográficas de modelos. Entonces Lomberg dio con
una foto en un libro de texto que parecía perfecta. Se trataba de un hombre y
una mujer desnudos, con la mujer embarazada.
A Sagan le gustó. Encajaba perfectamente en una secuencia de
fotos del ciclo reproductivo humano. Nadie podía decir que fuera un póster
central de Penthouse.
También querían mostrar la anatomía interna. Frank Drake recordó
las superposiciones de anatomías en acetato en las enciclopedias infantiles.
Contactaron con la World Book Encyclopaedia y obtuvieron permiso para emplear
sus diagramas en acetato.
Había dos problemas. Dada la realidad de los consejos escolares
del Misisipi, los diagramas no tenían órganos sexuales. Además, las
transparencias contenían docenas de numeritos negros, claves de nombres
mencionados en la enciclopedia que no se iban a utilizar en el disco de las
Voyager. World Book no disponía de ninguna versión en las que los dibujos
aparecieran sin las claves.
Lomberg, pues, tuvo que dibujar diagramáticos órganos sexuales
masculinos y femeninos en una de las transparencias. Linda tapó muy bien con
pintura los números. Una vez concluido el trabajo, puso a secar los acetatos.
Cuando la pintura se secó, se cayó sin dejar rastro. La fecha tope estaba tan
cerca que hubo que usar las transparencias con los números de la enciclopedia.
Uno de los diagramas de la evolución humana contiene un chiste
privado a costa de los críticos con menos sentido del humor de la placa de las
Pioneer. El Homo sapiens lo representa un duplicado muy fiel de la pareja en la
placa de las Pioneer. Esta vez la que levanta el brazo es la mujer[999].
§. Las hienas más espantosas del mundo
Los sonidos del disco se abordaron un verde día de mayo en
Ithaca. Mientras los insectos chirriaban y zumbaban, Ferris, Druyan y Gradison
se unieron a Carl y Linda en torno a la mesa del comedor de estos.
Confeccionaron una larga lista de sonidos que tal vez quisieran enviar. Al día
siguiente, Druyan regresó a Nueva York y se puso a trabajar.
Las grabaciones de truenos varían tanto como las grabaciones de
Bach, según parece. Druyan aprendió a confiar en las recomendaciones, como en
buena medida había hecho con respecto a la música. Tengo entendido que usted
tiene una grabación de las hienas más espantosas del mundo, comenzaba. Queremos
incluirla en un disco que vamos a enviar al espacio exterior.
Druyan se asombró de la cantidad de dinero que algunas
bibliotecas comerciales de sonido pedían por prácticamente nada… unos segundos
de viento o pisadas. Un hombre (del que se decía que poseía grabaciones
superlativas de niños jugando) afirmó que Annie, y la tacaña NASA, le estaban
haciendo perder su valioso tiempo. La echó de su oficina gritando que la NASA
«había tenido la poca vergüenza de enviar a una niña a hablar con un gran
sonidista como yo[1000]».
Por suerte, el concepto entusiasmó a unas cuantas personas
clave. Un ejecutivo de la Warner ofreció gratis todos los efectos de sonido de
los Archivos de Sonido Electra.
Druyan y Ferris se pasaron un día escuchando sonidos en
Washington, D. C. En el Archivo de Sonido Grabado de la Biblioteca del Congreso
oyeron lo que se creía que era la primera grabación de un campo de batalla
jamás llevada a cabo. Era un pesado disco de laca grabado en Francia durante la
Primera Guerra Mundial. Oyeron cómo un soldado estadounidense ordenaba a gritos
un ataque con gas mostaza con una voz «espantosamente jovial e irreflexiva, un
sonido tan mecánico como el hipo de la bombona de veneno que recibía como
respuesta[1001]».
Druyan y Ferris no podían quitarse de la cabeza la grabación.
Aquella noche cenaron con los Sagan y Murry Sidlin, y les hablaron de la
grabación en el campo de batalla. Esto llevó a un debate sobre si debían
mostrar el lado oscuro de la Tierra: la guerra, el hambre, el crimen, el
racismo. La violencia formaba parte de la raza humana tanto como el sexo; ¿no
era tan «victoriano» expurgar la violencia como omitir el sexo? Pero Sagan no
estaba convencido. Que el disco contuviera sexo era correcto… pero violencia
no[1002].
* * * *
La parte de los sonidos comenzaba con la Música de las esferas,
una pieza digital experimental de la compositora Laurie Spiegel. Seguían los
sonidos de un volcán, un terremoto y una tormenta; de viento, lluvia y olas
rompiendo; de grillos, ranas y pájaros; de hienas, elefantes, chimpacés y
perros; de pisadas, latidos y risas humanos; de cómo se prendía una hoguera y
se convertía el pedernal en herramientas a golpes; de animales domésticos; de
trabajos agrícolas, del código Morse y de un montaje sonoro del transporte,
desde el caballo y la carreta hasta el despegue de un cohete Saturno 5; de un
beso de una madre y un hijo; y, finalmente, los gorgoritos grabados del púlsar
CP1133.
El equipo del disco no dio el visto bueno a la grabación de un
beso. Cuando intentaron grabar besos en el estudio descubrieron que los besos
auténticos son muchas veces muy silenciosos. Jimmy Iovine, un joven ingeniero
de sonido (hoy en día el magnate de Interscope Records), insistió en que él
podía producir el beso perfecto… chupándose el brazo.
Druyan opinó que eso no era lo bastante «auténtico» para un
disco que tal vez durara más que cualquier artefacto humano. Siguieron grabando
besos reales. Finalmente, Timothy besó levemente a Annie en la mejilla. Se
grabó perfectamente, y ese fue el que utilizó[1003].
§. Protocolo
Sagan tuvo una idea a medias sensata a medias demencial sobre
cómo obtener los saludos hablados. Celebraría una sesión a micrófonos abiertos
en las Naciones Unidas. La ONU cuenta con un estudio de sonido. Sagan
simplemente invitaría a los delegados a pasar cuando les viniera bien y decir
«hola» en sus diversos idiomas.
Cuando Sagan pidió ayuda a la delegación de EEUU, los
estadounidenses se excusaron cortésmente. Un mensaje al universo era demasiado
importante para que ellos actuaran por su cuenta.
Sagan conocía a varios miembros del Comité para el Espacio
Exterior de la ONU, y su siguiente paso fue pedirles ayuda. Su excusa fue que
el Comité para el Espacio Exterior no podía tomar ninguna iniciativa por sí
mismo. Solo las delegaciones nacionales específicas podían hacerlo.
Sin amilanarse, Sagan volvió a dirigirse a la delegación de
EEUU. Esta vez los estadounidenses dijeron que solo podían actuar si lo
autorizaba el Departamento de Estado. A Sagan se le dijo también con firmeza
que había cometido un gran error al acudir directamente al Comité para el
Espacio Exterior. En cuanto científico estadounidense, la misma presencia de
Sagan anunciaba que el disco era un proyecto estadounidense. Habría naciones
que solo por esa razón se opondrían al proyecto.
La delegación de EEUU también le dijo a Sagan que una sesión
grabada abiertamente era políticamente impracticable. Un diplomático que
casualmente ese día se encontrara fuera de la ciudad podría sentirse ofendido
porque se hubiera mandado un mensaje a las estrellas sin él. Una idea más
práctica, dijeron, sería que cada miembro del Comité para el Espacio Exterior
grabara un «hola».
Para alguien tan consciente de la diversidad como Sagan, eso fue
una decepción. Como China no tomaba parte en el Comité para el Espacio
Exterior, el idioma con más hablantes de la Tierra no estaría representado. Y
como el Comité estaba casi totalmente formado por varones, las mujeres estarían
infra representadas.
En cualquier caso, el Comité para el Espacio Exterior primero
tendría que votar sobre si quería decir «hola» a los extraterrestres. La
siguiente reunión era a finales de junio. Sagan explicó que eso era demasiado
tarde. Le preguntaron si el lanzamiento se podía aplazar[1004].
El Departamento de Estado no fue más accesible. Dijo que solo
podía actuar si la NASA lo solicitaba. Más aún, si el Departamento de Estado
iba a aventurarse a prestar su ayuda, necesitaba firmes garantías de que,
fueran cuales fueran, los saludos que se obtuvieran se enviarían al espacio. No
podía arriesgarse a que un delegado descubriera que su grabación no se había
utilizado.
Sagan no podía garantizar eso, pues de hecho la NASA no había
garantizado que el disco fuera en la nave espacial. La agencia espacial se
reservaba el derecho a negarse si algo del disco amenazara con resultar
embarazoso.
Sagan volvió a contactar con la NASA. Esta vez, un administrador
diplomáticamente espabilado, Arnold Frutkin, supo los hilos que se debían
mover. Convenció al Departamento de Estado de que ordenara a la misión de EEUU
que cooperara. También se dirigió directamente al Secretario general de ONU
Kurt Waldheim.
§. El 1 de junio
Annie mientras tanto estaba trabajando en la titánica tarea de
encontrar la pieza musical más «valiosa» en los 5.000 años de historia china.
Llamó al musicólogo chino de la Universidad de Columbia Chou Wen Chung. En
cuanto se hubo explicado tuvo una respuesta.
«Corrientes fluidas», dijo. «Porque es una meditación sobre la
sensación humana de afinidad con el universo. Porque tal opción conmovería a
los chinos de todas las clases, de cualquier lado de las divisiones políticas.
Y debe ser la versión del fallecido virtuoso Guǎn Pínghú, el Heifetz del
gǔqín[1005]».
Druyan encontró la grabación de Guǎn Pínghú, y era tan estupenda
como le habían prometido. Sagan se hallaba entonces asistiendo a una
conferencia en Tucson. Contenta por haber encontrado la pieza china, Annie
llamó a su hotel y dejó un mensaje.
Carl devolvió la llamada. «Al regresar a mi habitación me he
encontrado con un mensaje que decía: “Ha llamado Annie”. Y me he preguntado:
“¿Por qué no me dejó ese mensaje hace diez años?”».
«Pues», respondió Annie, «he estado tratando de hablarte de eso,
Carl. ¿Quieres decir para siempre?».
«Sí, para siempre. Casémonos[1006]».
Nunca habían tenido sexo, ni se habían besado, ni habían
reconocido la existencia de una atracción. La llamada telefónica fue breve;
Annie nunca mencionó la música china. Poco después de haber colgado, volvió a
sonar. Era Carl: «Solo quería asegurarme de que ha pasado de veras. ¿Nos vamos
a casar?»[1007].
Esta increíble propuesta —tanto más increíble por cuanto llevó a
una duradera unión de veinte años— tuvo lugar el 1 de junio de 1977. Avanzada
la tarde de ese mismo día, Sagan recibió una llamada de la NASA. La ONU había
dado el visto bueno a una sesión de grabación para los miembros del Comité para
el Espacio Exterior al día siguiente.
Sagan llamó a Ferris, seguramente sintiendo pesar por lo extraño
del inminente cambio en sus relaciones. Le pidió a Ferris que asistiera a la
sesión de grabación de la ONU y se asegurara de que todo fuera bien.
Annie llamó a Lynda Obst con la gran noticia. Lynda contestó con
la pregunta crucial que se ha de formular siempre que una mujer se enamora de
un hombre casado: ¿Cuándo se lo va a decir Carl a su mujer[1008]?
§. Micro abierto
Cuando al día siguiente llegó a la ONU, Ferris se encontró con
algunos de los miembros del Comité reunidos y la ausencia de otros sin
explicación. Desde el punto de vista político, la peor nación para dejarla
fuera del disco sería la Unión Soviética. El miembro soviético no estaba
presente. Ferris calculó el equilibrio de idiomas. Estaba bastante
desequilibrado. De las quince naciones presentes, un tercio era de habla
inglesa.
Ferris les dijo a los delegados que hicieran saludos cortos,
pues el espacio en el disco era limitado.
Casi todos llevaban un discurso escrito. La mayoría comenzaban
identificándose a sí mismos y sus grandes naciones en un lenguaje ampuloso.
Estos preámbulos eran más largos de lo que se suponía que serían todos los
saludos juntos.
Sagan no había instruido al Comité sobre el concepto de vida
extraterrestre. No había parecido necesario, pues los saludos se suponía que
consistirían en bonjour u hola desde la Tierra, o algo así. Algunos de los
mensajes de la ONU eran estrambóticos. El miembro australiano Ralph Harry
pronunciaba su saludo en el idioma «universal» esperanto. A Wallace R. T.
Macaulay, de Nigeria, correspondió la imagen más memorable: «Mis queridos
amigos del espacio exterior, como probablemente sabéis mi país está situado en
la costa oeste del continente de África, una masa terrestre más o menos con
forma de interrogante en el centro de nuestro planeta[1009]».
Sagan y Ferris reprodujeron la cinta e intentaron decidir qué
tenían. Por decreto tenían que utilizar los saludos de todos o afrontar un
incidente internacional. Pero no había medio de que pudieran utilizar el texto
completo de los saludos. Tendrían que extractar. Algunos mensajes no tenían
mucho sentido en su integridad. Algunos de los extractos que utilizaron sonaban
como si al hablante lo hubieran sacado de un escenario de vodevil tirando de su
cuello con el puño curvo de un bastón. Una intrincada contribución quedó
reducida a: «… y buena suerte. Sierra Leona es miembro del Comité para el
Espacio Exterior y nosotros creemos que este comité es bueno para…»[1010].
* * * *
La oficina de prensa de la ONU anunció la sesión de grabación a
la prensa. Alguien no se había enterado de que el disco se suponía que se
mantendría en secreto. Ese alguien tampoco sabía exactamente quién era Timothy
Ferris, al que se identificó incorrectamente como funcionario de la NASA.
A Sagan se le dijo que ni él ni sus amigos podían hablar en
nombre de la NASA. Sin embargo, hubo una sorpresa agradable. El día después de
la malhadada sesión de grabación, Sagan se enteró de que el mismo Kurt Waldheim
había grabado independientemente su propio saludo. Milagro de milagros: eso
tenía sentido. La declaración de Waldheim era lúcida y concisa; no cometía un
solo error. En opinión de Sagan, el mensaje de Waldheim tenía que incluirse en
el disco. (Tanto como a Sagan había inquietado el envío de Wagner, ¡no tenía
manera de enterarse del pasado nazi de Waldheim, todavía mantenido en
secreto[1011]!).
Por desgracia, el mensaje de Waldheim desencadenó otro efecto
dominó diplomático. A Sagan se le ocurrió que también tenía que invitar al
presidente de EEUU a grabar un mensaje, dado que era Estados Unidos el país que
pagaba las Voyager. A los pocos días se supo que el presidente Jimmy Carter sí
quería aportar un mensaje.
El mensaje de Carter hizo entonces que la NASA se preocupara por
la Constitución. Los poderes ejecutivo y legislativo del Estado se supone que
están en equilibrio. Según la NASA, el Congreso también tenía que estar
representado en el disco.
Quinientos treinta y cinco prolijos mensajes podían llenar
varios discos. Sagan negoció con la NASA la confección de una lista con los
nombres de todos los que en todas las comisiones del Senado y de la Cámara de
Representantes tuvieran algo que ver con las partidas destinadas a la NASA.
Esta lista mecanografiada se fotografió e incorporó como imagen. Por el motivo
que fuera, la NASA consintió en que el poder judicial quedara al margen.
* * * *
Tras todo esto, el disco seguía sin constituir una
representación razonable de los idiomas del mundo. Linda recurrió a los
renombrados departamentos de lengua y literatura de Cornell. Sus profesores
hablaban una gran cantidad de los idiomas del mundo, vivos y extinguidos. Con
la ayuda de la ayudante de Sagan, Shirley Arden, Linda organizó dos sesiones de
grabación en el Edificio de Administración de Cornell el 8 y el 13 de junio. Se
saldaron con breves muestras de cincuenta y cinco idiomas, desde el sumerio
hasta el cingalés, e incluidas al menos las dos docenas con el mayor número de
hablantes. Nick Sagan aportó el saludo en idioma inglés: «Hola de parte de los
niños del planeta Tierra[1012]».
§. Sarta de petardos
El «mensaje» más insólito del disco es una grabación de la
actividad del cerebro humano. Esta fue una idea de Druyan. Durante un acceso de
encefalitis el año anterior la habían conectado a un electroencefalógrafo. ¿Por
qué no grabar los encefalogramas de alguien e inscribirlos en el disco? La
idea, verdaderamente rocambolesca, era que de algún modo, como fuera, los
extraterrestres que lo encontraran tal vez fueran capaces de reconstruir los
trazos como pensamientos. Quizá pudieran re experimentar esos pensamientos en
realidad virtual mental; comprender cómo era el ser humano.
El 3 de junio, Druyan fue a un laboratorio en el hospital
Bellevue de Nueva York. Fue conectada a un ordenador Honeywell que durante una
hora registró datos de su cerebro, corazón, ojos y músculos.
Los técnicos dejaron a Annie sola en una sala del laboratorio
para que se pudiera concentrar en una lista que había preparado de cosas en las
que pensar. Fue más o menos una historia completa del mundo. Pensó en la
evolución de la vida sobre la Tierra, en la fabulosa extensión de la historia
humana, en las crisis en las que nos encontramos nosotros mismos y en lo que es
estar profundamente enamorado[1013].
Los datos se comprimieron de modo que la hora de diálogo interno
consumiera meramente un minuto. Una vez concluida la grabación, un ingeniero
hizo sonar los datos comprimidos en un altavoz. Sonó como una sarta de
petardos[1014].
§. Danny Boy
Todo lo que había en el disco tenía que ser autorizado ahora por
la NASA. Un grupo de administradores de la NASA se reunió con Sagan en el
estudio de CBS Records en Manhattan para escuchar la música y los saludos. Los
ejecutivos de la NASA no eran entusiastas de la música étnica. La mayoría de
las elecciones los dejaron inmóviles como piedras. Chuck Berry obtuvo un
cabeceo de reconocimiento. Eso lo habían oído antes.
Dictaminaron que la música era aceptable.
Al día siguiente, Sagan recibió una llamada de un administrador
adjunto de la NASA. Habían cometido un error, dijo: se habían olvidado de meter
música irlandesa en el disco. Sagan respiró y se lanzó a lo que se estaba
convirtiendo en una explicación rutinaria. Eran muchas las culturas no
representadas en el disco: la ópera italiana, las canciones folclóricas judías,
etcétera.
Tip O’Neill es irlandés, explicó el administrador de la NASA. No
querían ofender al presidente de la Cámara de Representantes. Preguntó si era
demasiado tarde para incluir Danny Boy. Lo convenció de que desistiera[1015].
El contenido gráfico ocupó otra reunión. Sagan voló a
Washington, D. C., con diapositivas de las 120 imágenes. Cuando llegó a la foto
de los desnudos, el personal de la NASA lo detuvo. De ningún modo iban a enviar
una foto de desnudos al espacio, dijeron. Sagan replicó que la mujer estaba
embarazada. La imagen trataba sobre la familia.
Los burócratas no transigieron. En todo caso, el hecho de que
fuera la imagen de una mujer embarazada la hacía peor… y un poco extraña.
La NASA hizo también otras preguntas. ¿Por qué no había ninguna
gran obra de arte? Sagan dijo que no había habido tiempo de reunir a un equipo
de historiadores del arte. ¿Por qué no había catedrales, ni templos ni lugares
de adoración? Sagan respondió que había docenas de religiones importantes. Todo
aquel cuya religión se hubiera excluido se sentiría ofendido, probablemente más
ofendido que las personas que pensaran que se había desdeñado la música de su
cultura[1016].
El personal de la NASA dio su visto bueno a todo excepto la foto
con los desnudos. Ofrecieron el inútil arreglo de que permitirían estatuas
desnudas… el David de Miguel Ángel, tal vez. Pero nada de personas desnudas.
* * * *
Sagan telefoneó a Lomberg y Drake. «Hay un pequeño problema»,
comenzó diciendo[1017]. Transmitió la idea de la estatua desnuda. Todos la
rechazaron. Daba pie a extrañas malinterpretaciones, como que los humanos que
se quitan la ropa se vuelven de piedra[1018].
Volvieron a la NASA con una contraoferta: sustituir los desnudos
por siluetas de las mismas dos figuras. Esto permitiría a Lomberg diagramar el
feto en el interior del abdomen de la mujer, algo que de otro modo no
resultaría evidente. La NASA aceptó eso.
Unos días más tarde, un empleado de la NASA envió al equipo una
nota en la que se señalaba que a algunas personas las fotos de mujeres
embarazadas desnudas les resultaban sumamente eróticas[1019].
§. Circle Line
Carl y Annie pasaron otro día juntos en Nueva York realizando la
excursión turística de la Circle Line, un crucero de cuatro horas en una
embarcación fluvial que daba la vuelta a Manhattan. El viaje ofrecía el aire
fresco y la privacidad que pensaban propicios para tratar de sus planes de
futuro y su problema más inmediato: cómo dar la noticia a Linda y Timothy.
Linda solía tener un muy mal pronto cuando se sentía herida. El
divorcio significaría la renuncia a tener un tercer hijo. Carl y Annie hicieron
la idealista promesa, tal vez de poca sustancia dadas las circunstancias, de
que harían todo lo que pudieran para evitar que Nick sufriera.
Además de estas preocupaciones había otra, más insólita. No
querían hacer nada que pusiera en peligro el disco de las Voyager. Si la NASA
estaba preocupada por las imágenes de desnudos, tal vez no le gustaría
enterarse de que el proyecto Voyager había sido la causa de que un hombre
casado abandonara a su mujer y su familia por otra empleada en el proyecto.
Temían que la NASA decidiera no emplear el disco en absoluto.
Resolvieron mantener silencio sobre sus relaciones hasta después
del lanzamiento de las Voyager. También decidieron informar a Linda y Timothy
simultáneamente. De lo contrario, la gente podría coger el teléfono y los
interesados enterarse por terceros. Prometieron comunicar la noticia dos días
después del lanzamiento de las Voyager, a la una de la tarde[1020].
* * * *
Frank Drake tenía un problema fastidioso aunque menos emocional.
Era mucho lo que dependía de su suposición de que las imágenes podrían
convertirse en surcos de un disco fonográfico. Pero nadie en la industria
televisiva había oído nunca de un dispositivo para meter imágenes en un LP.
Utilizaban la cinta de vídeo.
Drake buscaba una máquina capaz de convertir señales de
televisión de alta frecuencia en señales de audio de baja frecuencia. Una vez
las señales de audio estuvieran en una cinta, cualquier estudio de grabación
podría obtener un disco a partir de ella. Drake recurrió a un pirata de los
soportes físicos de primer nivel llamado Valentin Boriakoff. Boriakoff localizó
una empresa de reciente creación, Colorado Video, a cuyos fundadores se les
había ocurrido que algún día la gente querría enviar imágenes de televisión a
través de las líneas telefónicas. Eso significaba convertir las señales de
televisión en señales de audio. Hacía poco que habían construido un aparato que
hacía eso, y estaban dispuestos a prestar su ayuda para la creación del disco.
El día antes de que grabaran el disco se produjo otra crisis
importante. La selección fotográfica de Lomberg superaba en unos diez minutos
de grabación el espacio asignado en el disco. Lomberg sugirió que tal vez
podrían prescindir de parte de la música.
Ferris insistió en que no se podía eliminar nada de la música.
Los encargados de la música se habían ajustado a su límite temporal. Tras
algunas llamadas telefónicas a Honeywell, Drake decidió que era posible emplear
los dos surcos estéreo para grabar los datos de las imágenes. Entonces todo
cabría en el disco[1021].
Los sonidos y las imágenes se grabaron en dos originales en cera
—uno para cada cara del disco final— en los estudios de la CBS en Nueva York.
(Bruce Springsteen estaba grabando un disco en la puerta de al lado[1022]).
Ferris quería grabar un mensaje escrito a mano en los surcos de salida—, cosa
que John Lennon, por ejemplo, hacía a menudo con sus propios discos. Ferris
añadió la dedicatoria: «A los músicos de todos los mundos, de todos los
tiempos[1023]».
Ferris se llevó los originales a Los Ángeles, donde se hicieron
copias en cobre. Se produjeron dos grabaciones, una para cada una de las dos
sondas Voyager, más varios duplicados. Cada disco tenía un grosor de 1.27 mm y
pesaba unos 550 gramos. Chapados en oro, acabaron pareciéndose a los «discos de
oro» con que en la industria musical se premiaban los éxitos de ventas.
§. El lanzamiento
La mecánica celeste decretó que la Voyager 2, la segunda en
llegar a Júpiter, tuviera que lanzarse dos semanas antes que la Voyager 1. Los
Sagan, Drake, Ferris, Druyan y Lomberg asistieron al lanzamiento de la Voyager
2 el 20 de agosto de 1977. La NASA fue hasta el final extrañamente evasiva con
respecto al disco. Cuando se entregaron las copias del disco, un inspector
meticuloso las rechazó. La razón era que los documentos no decían nada sobre la
inscripción de Ferris en el último minuto. Una vez resuelto eso, Sagan y
compañía dieron una conferencia de prensa. Se les asignó una sala que parecía
incómoda adrede. Un grupo musical que tocaba en la puerta de al lado tapaba lo
que tenían que decir[1024].
Cuando el cohete despegó, todos fueron conscientes de lo
formidable que era la tarea que acababan de llevar a cabo. La placa de las
Pioneer, había calculado Sagan, sobreviviría mucho después de que las Pirámides
y todos los demás monumentos terrestres se hubieran convertido en polvo. El
disco de las Voyager, con su tapa protectora, se esperaba que durara aún más.
Un mensaje lanzado al espacio sería inmune a peligros como los
saqueadores y los arqueólogos; la contaminación y la aniquilación nuclear. La
principal amenaza serían los micrometeoritos. Los choques con ellos a una
velocidad de quince kilómetros por segundo acabarían por reducir a la nada sus
nobles melodías. La erosión sería sumamente intensa al comienzo del viaje, en
un Sistema Solar lleno de polvo. Sagan y Paul Penzo, del JPL, calcularon que en
los primeros ocho años luz de viaje un disco sin protección podría tener
pequeñas abolladuras en el 10 por 100 de su superficie exterior, lo cual haría
imposible su reproducción salvo por un acto heroico de restauración
extraterrestre.
Por esta razón se metieron los discos en fundas de aluminio. Eso
reduciría las expectativas de abolladuras al 2 por 100 de la superficie del
disco en el primer año luz, y a otro 2 por 100 en los siguientes 5.000 años
luz, que costarían unos 100.000 años atravesar.
Para mayor seguridad, la primera cara del disco, donde se
planeaba introducir la información más crucial, se montó hacia dentro, donde la
protegen la otra cara del disco y la tapa. La primera cara contiene todas las
imágenes, los saludos, la muestra de sonidos y un tercio de la música. Sagan
calculaba una longevidad media de mil millones de años para todo el disco. La
cara interna sobreviviría un tiempo comparable a la edad del universo
mismo[1025].
§. El bloc amarillo
Carl le había hablado a Lester Grinspoon de Annie. Decidieron
que lo mejor sería que Carl le diera la noticia a Linda cuando los Grinspoon
estuvieran presentes a fin de que pudieran dar apoyo a ambos. Quedaron en que
las dos familias irían a la casa de verano de los Grinspoon en cabo Cod[1026].
Allí, el 22 de agosto, Carl le dijo a Linda que quería el
divorcio. Se iba a casar con Ann Druyan. Linda se mostró primero incrédula,
luego furiosa. Ella seguía queriendo a Carl. Su intención seguía siendo la de
cumplir los votos matrimoniales.
Carl no se inmutó. Se sentó fuera en la terraza con Linda y
redactó una lista de los bienes de la pareja en un bloc de hojas de oficina de
color amarillo. Allí mismo se repartirían las cosas, dijo Carl. Lester dijo que
esa no era tan buena idea; estas cosas debían dejarse en manos de los abogados.
Carl desoyó el consejo. Quería resolver el asunto en el acto.
Linda discutió todos los puntos. En la mayoría de los casos,
Carl accedió a sus deseos. Adoptó la postura de no querer hacer daño ni a Linda
ni a Nick[1027].
Los cuatro se quedaron levantados hasta las 4 de la madrugada.
Carl se apartó para telefonear a Annie. El refinado Ferris se había tomado la
noticia tan bien como cabía esperar. Antes ya había sufrido un desengaño
amoroso; podía ser relativamente filosófico sobre los crueles giros del
amor[1028].
Era más fácil devolver los regalos de compromiso que cancelar
nueve años de matrimonio[1029]. Linda quería algo que no estaba en la lista.
Dijo que quería quedar embarazada de Carl otra vez. Ella siempre había planeado
tener otro hijo. Ahora tal vez no volviera a tener otra oportunidad debido al
abandono de Carl.
Carl y los Grinspoon hicieron todo lo que pudieron para quitarle
esta idea de la cabeza. Linda se mantuvo firme. Juró que atraería a Carl a su
cama, con artimañas si era necesario… hacer lo que fuera menester para concebir
otro hijo[1030].
§. Mosquiteras
Tras las imprudentes amenazas había una mujer profundamente
dolida, a cuya vida habían dado un vuelco radical un marido y una amiga a los
que debió de sentir que ya no conocía. (Dos días antes, Linda y Annie habían
llorado como hermanas mientras Carl permanecía orgullosamente de pie a su lado,
observando cómo el cohete partía rumbo a Júpiter[1031]).
Vino a continuación el desagradable trance de informar a Nick.
Este aún no había cumplido los siete años. Las discusiones oídas a medias en
otras habitaciones lo habían alertado de que algo iba mal. Ni siquiera él era
lo bastante precoz para adivinar la causa. Cuando Carl y Linda le dijeron que
se separaban, Nick respondió con parábolas chinas.
Había estado leyendo un libro de parábolas chinas. Contó una en
la que el anciano padre de un hombre se veía acosado por los mosquitos de noche
y no podía dormir. El noble hijo sacó su cama fuera de la habitación de su
padre y ofreció su carne a los insectos a fin de que estos no molestaran a su
querido padre.
«No penséis que yo voy a hacer algo así», anunció Nick,
«habiendo como hay mosquiteras y repelentes de insectos».
La interpretación cautamente optimista de Carl y Linda fue que
Nick no iba a dejarse sufrir innecesariamente por culpa de ellos[1032].
* * * *
No hay reacción segura ni infalible a la noticia de que un
hombre casado dos veces se ha enamorado de la novia de su amigo. Jon Lomberg no
había sospechado nada. Parecía que Carl pasaba más tiempo con Tim que con
Annie. «¿Estás seguro de que ella siente lo mismo por ti?» preguntó Lomberg a
Carl[1033].
Ese mismo agosto, Samuel y Rachel Sagan escrituraron una
copropiedad para jubilados en Florida[1034]. Cuando Carl se encontró con su
padre y le contó que iba a dejar a Linda por otra mujer, Samuel se encontraba
ante la ventana, de espaldas a Carl, ocupado en el mundano acto de cerrar una
persiana.
«Supongo que se trata de Annie Druyan», dijo Samuel con
indiferencia.
Samuel solo había coincidido con Annie una o dos veces, y no
tenía más razones que cualquier otro para sospechar una aventura amorosa. Sea
como fuere, lo sabía[1035].
Harry Druyan era, como Samuel Sagan, un veterano de la venta de
ropa en Nueva York. Carl se reunió con Harry en el Maxwell’s Plum de Nueva York
para hacerle saber su intención de divorciarse de Linda y casarse con su hija.
Harry miró a Carl a los ojos y respondió: «Hechos, amigo mío, no palabras.
Hechos[1036]».
§. Teorema de existencia
No le faltaba razón. Un actuario del amor no podría haber dado a
la pareja muchas posibilidades. Con dos matrimonios a sus espaldas, el
historial de Carl era desalentador. Por edad y apariencia, Annie podría
confundirse con la arquetípica mujer florero.
Carl y Annie demostraron que los escépticos estaban equivocados.
Para los íntimos de la pareja, su amor era una de las maravillas del mundo
romántico. Lynda Obst comenzó a llamar a Annie «Miss Felicidad». «Yo estaba
siempre en un estado de ambivalencia normal», explica Obst, y «ella estaba
siempre en un estado de felicidad». Para Obst aquella pareja era, en metáfora
apropiadamente intelectual, un «teorema de existencia», una demostración de que
la realización plena del amor es posible después de todo[1037].
Ligada a ello había una sensación de la fragilidad del amor. «Yo
creo que Annie temió por Carl desde el primer momento en que lo conoció», dijo
Obst. «Tenía la sensación de ser increíblemente afortunada al tener el marido
que estaba destinado para ella. Esa clase de suerte lleva aparejado el temor a
que sea temporal… a que te la puedan quitar, a que tu felicidad sea
excesiva[1038]».
* * * *
Linda no quería que Carl y Annie se dejaran ver por la ciudad.
Al principio, Carl le siguió la corriente. Él y Annie viajaban juntos, pero no
se fueron a vivir juntos hasta enero. Su primer hogar estaba en Slaterville
Springs, una bucólica comunidad varios kilómetros fuera de los límites de la
ciudad de Ithaca[1039].
En otoño, Carl fue víctima de un doloroso ataque de vesícula en
Vancouver. Ingresó en el hospital Beth Israel de Boston para que le extrajeran
la vesícula. Los médicos le hicieron algunas pruebas y le dijeron que tenían
malas noticias. Había contraído la enfermedad de Hodgkin.
La enfermedad de Hodgkin es una afección crónica que produce
inflamación y dilatación de los ganglios linfáticos y del bazo; a veces del
hígado y los riñones. Suele ser fatal. Durante un día Carl, y con él Annie,
miraron a la muerte a la cara. Entonces, tan repentinamente como habían llegado
las malas noticias, los médicos lo indultaron. Decidieron que después de todo
no tenía la enfermedad de Hodgkin. Había habido cierta precipitación en las
conclusiones… parecía estar bien[1040][.
§. Metrónomo
Pese a estos tumultuosos cambios en su vida personal, Sagan
estaba escribiendo mejor que nunca. En la época del lanzamiento de las Voyager,
Los dragones del Edén estaba recibiendo críticas estupendas por lo accesible
que resultaba su explicación de la evolución del cerebro humano. También lo
estaba haciendo más rico que el profesor universitario medio. A comienzos de
1981, de Los dragones del Edén se habían vendido 200.000 ejemplares de tapa
dura y más de un millón en rústica[1041]. Esto sorprendió tanto a Sagan como a
su editor[1042]. Solo con la tapa dura, Sagan ganó en torno a 250.000 dólares
en concepto de derechos de autor.
En sus libros de divulgación, Sagan no hablaba al lector con
condescendencia ni intentaba impartir un curso elemental de astronomía. Sagan
tenía un sexto sentido para identificar aquellos aspectos de la ciencia que
atraen a los no científicos. Una vez identificaba esos temas, era capaz de
trazar una ruta de la premisa a la conclusión con el mínimo de detalles
superfluos.
Hay personas que tienen que recitar el alfabeto entero para
decir qué letra sigue a la R. Mucha ciencia es así: para tratar de un tema, el
científico considera necesario explicar casi todo lo que ha aprendido con
anterioridad a ese asunto. Para quien sabe de ciencia es asombroso cuánto deja
Sagan fuera de las explicaciones. Esto no es rebajar el nivel de la ciencia,
sino la forma más auténtica de claridad. Es también un tipo de estilo
expositivo que no se espera necesariamente en un aula o en un laboratorio de
investigación, y por eso no todo científico que se pone a escribir es otro Carl
Sagan.
Sagan evitaba tanto el ordenador como la máquina de escribir. Su
tecnología favorita era el dictáfono. Le dictaba el texto a un magnetofón,
frase tras frase, párrafo tras párrafo, en una prosa sin titubeos que no perdía
el hilo de pensamiento ni se interrumpía con montones de correcciones. En
verano, muchas veces trabajaba al aire libre, en una zona de patios situada en
un bosque de pinos y robles y salpicada de flores silvestres. Mientras dictaba,
a veces se le acercaban ciervos curiosos.
La copia mecanografiada que se mandaba hacer del dictado Sagan
la corregía, y el proceso se repetía. Lo normal es que para un libro se
realizaran dos docenas o más de borradores[1043].
Una consecuencia de este procedimiento era que Sagan oía cada
palabra y frase que redactaba. Esto tal vez propiciaba el carácter poético de
su escritura. El contacto de Sagan con la poesía era sustancial y audaz. Sagan
era amigo de la poetisa de Cornell Diane Ackerman, a la que invitó a presenciar
los lanzamientos de la NASA. Swinburne, Blake y Shakespeare se contaban entre
los autores favoritos de Sagan. En una ocasión insistió en releer Moby Dick en
voz alta. Otro libro que lo impresionó fue Lanza rota, una traducción de poesía
azteca compuesta mientras los españoles estaban erradicando la cultura
azteca[1044].
«Cuando intento expresar una emoción en prosa», le dijo en una
ocasión Sagan a un entrevistador, «me parece que en mi interior hay un pequeño
metrónomo que intenta convertirla —al menos en lo que al metro se refiere— en
poesía. Es un medio de expresar sentimientos. Yo creo que la ciencia ha sido
separada artificialmente de los sentimientos[1045]».
La «poesía» de Sagan no es meramente «decorativa» (como podría
decirse de algunos que intentan escribir en esta vena). Como la mejor poesía
«auténtica», consigue casar el impacto con la verdad.
En Venus siempre está lloviendo ácido sulfúrico, por todo el
planeta, y ni una gota alcanza nunca la superficie[1046].
En la historia del mundo son más las sociedades que han
propugnado el incesto o el infanticidio que las que han enseñado que los
cometas eran benignos o siquiera neutrales[1047].
Con su nariz artificial de oro o latón, su cortejo de enanos,
sus legendarias sesiones de bebida y su fastuoso observatorio insular, no era
un astrónomo típico[1048].
La empresa literaria de Sagan se convirtió en una máquina bien
engrasada. Tenía investigadores y asistentes que lo ayudaban con la
investigación de apoyo y la comprobación de datos. (Sagan tenía artículos
xerografiados para leer en los aviones y ahorrar tiempo). Druyan se convirtió
en una colaboradora importante, a veces como coautora, si no como primera
correctora. Ella concibió la mayoría de los títulos de las obras posteriores de
Sagan[1049]. (Un manuscrito que nació como El alienígena y el escéptico se convirtió
en El mundo y sus demonios[1050]).
Como muchos divulgadores científicos, Sagan utiliza anécdotas
personales. Estas adquieren muchas veces dimensiones míticas. Los dragones del
Edén contiene una parábola zen de la vida real sobre el «observador» de las
experiencias con el cannabis. Sagan escribe que este «informador» (¿el propio
Sagan?) tomó consciencia de la parte desapasionada y racional de sí mismo al
comentar las caleidoscópicas imágenes de la experiencia con la marihuana. «¿Tú
quién eres?» preguntó el informador. La respuesta fue simplemente: «¿Quién lo
quiere saber?»[1051].
Al sumarse a la visibilidad de Sagan en los proyectos Viking y
Voyager, Los dragones del Edén hizo de Sagan uno de los científicos más famosos
de la nación. En diciembre de 1977, el presidente Jimmy Carter invitó a Sagan a
protagonizar una gala de Estado. Carter, el primer presidente de EEUU en
informar de haber visto un ovni, era un aficionado al espacio cuya formación
como ingeniero le permitía estar al tanto de los avances actuales en
astronomía. Carter pidió a Sagan que diera una charla sobre astronomía a las
familias del presidente y del vicepresidente.
La charla tuvo lugar una glacial noche en los terrenos del
Observatorio Naval de EEUU. Reconociendo su responsabilidad al hablar en nombre
de toda la profesión astronómica, Sagan tuvo cuidado en no hacer un indebido
hincapié en sus propios intereses. Pero al presidente le encantaba Marte…
especialmente la vida en Marte. ¿Estaban seguros de que las Viking no habían
encontrado vida? quiso saber Carter. ¿Por qué habían aterrizado en lugares tan
aburridos? ¿No conocían el viejo dicho «Sin riesgo no hay ganancia»?
«¿Sabe?» le dijo Carter a Sagan, «usted debería escribir unos
cuantos libros más para realmente interesar a la gente en la exploración
planetaria. Entonces podríamos llevar a cabo misiones realmente emocionantes».
«Pero, señor presidente», respondió Sagan, «usted solo necesita
escribir su nombre al pie de una única hoja de papel y podríamos llevar a cabo
una misión de exploración a Marte».
El presidente se limitó a sonreír[1052].
§. El Pulitzer
En la primavera siguiente, Los dragones del Edén ganó el premio
Pulitzer de 1978. Este galardón llegó como una sorpresa. En la votación del
Pulitzer solo hay tres categorías de libros de no ficción. En cuanto «no
ficción general», Los dragones del Edén competía con todos los libros de no
ficción, salvo de historia y biografías, publicados ese año.
Con el premio Nobel uno se puede retirar. La recompensa en
metálico del Pulitzer se halla más bien en el ámbito de precios del cambio de
moqueta. Sagan recibió 1.000 dólares. En términos menos mercenarios, el premio
daba un espaldarazo no solo a los escritos divulgativos de Sagan, sino a un
género de libros sobre ciencia dirigidos a un amplio público inteligente. Los
dragones del Edén fue el primer auténtico libro sobre ciencia en obtenerlo.
Los dragones, sin embargo, recibió críticas, mayoritariamente de
profesionales de la neurología. Algunos lanzaron los golpes bajos que
constituyen el gaje inevitable para cualquier académico que se atreva a
escribir fuera de su especialidad. Según una historia tal vez apócrifa, un
famoso investigador británico del cerebro estaba de visita en Caltech. Norman
Horowitz mencionó que Carl Sagan había escrito un libro sobre el cerebro por el
que se le había concedido el premio Pulitzer.
«¿En la categoría de ficción o de no ficción?» preguntó el
neurólogo[1053].
La parte más sustantiva de las quejas tenía que ver con el
tratamiento que en el libro se da al modelo de Paul MacLean del «cerebro
trino», una idea un tanto rebuscada cuya respetabilidad intelectual alcanzó su
apogeo más o menos en la época en que Sagan escribió su libro. El modelo
propone que nuestro cerebro es un compuesto de elementos reptilianos, mamíferos
y exclusivamente humanos, cada uno de los cuales tiene un efecto distinto sobre
la conducta. MacLean es un neurólogo pionero que prefiere llamar al cerebro
trino una metáfora en lugar de una teoría. En Los dragones, Sagan utiliza un
lenguaje similarmente cauto. Sin embargo, el amplio tratamiento de que lo hace
objeto lo refrenda implícitamente como (al menos) una idea interesante. Eso fue
lo que a algunos neurólogos les pareció censurable. «Resulta desalentador para
personas como nosotros», se lamentó Boyd Campbell, del Centro Médico del
Ejército Walter Reed, «ver cómo Sagan llega y se traga todo ese cuento, escribe
Los dragones del Edén y le dan el premio Pulitzer por él[1054]».
Aun a pesar de los palos que se estaba llevando la
metáfora/teoría, su versión divulgativa estaba cobrando una vida sensiblera
propia. Una escuela elemental de New Jersey estructuró sus clases en base al
cerebro trino. Puesto que se consideraba que el aprendizaje afectaba al cerebro
mamífero, los responsables de la escuela crearon un ambiente «totalmente no
amenazador» para evitar que los niños se «ralentizaran» y descendieran a sus
centros reptilianos inferiores[1055]. Por supuesto, Sagan no tuvo nada que ver
con estos excesos a veces absurdos. Es sin embargo probable que la mayoría de
las personas que llevaron a cabo estas aplicaciones se hubieran enterado del
cerebro trino a través del éxito de ventas maravillosamente escrito por Sagan.
Esas eran las recompensas, y ocasionales peligros, de la divulgación.
Capítulo 9
Los Ángeles
1978-1981
Contenido:
§. Dos caballos fogosos
§. Efectos especiales
§. La venganza del director
§. Estrella pop
§. Divulgación y academia
§. Descenso a un mar sin Sol
§. Las nubes de Titán
§. Un resquicio legal
§. Pastillas de jabón con cuerda
§. Malévolo o hambriento
§. El Vellocino de Oro
§. El zoo perfecto
§. Un arma aún más letal
§. Ratas almizcleras, borrachos, extraterrestres
§. Boda
Durante una breve temporada, tres generaciones de la familia
Sagan estaban viviendo en una ciudad en la que ninguno de ellos había vivido
antes: Los Ángeles. Ese fue el resultado de la buena y la mala suerte.
La buena suerte fue la serie de Carl para la PBS, que comenzó a
producirse a mediados de 1978. Esto llevó a cambios importantes en su estilo de
vida. Carl y Annie alquilaron una gran casa de color naranja en el número 1756
de la avenida Sierra Bonita de Hollywood[1056]. Carl hizo un paréntesis de dos
años en su actividad investigadora y docente; renunció a la dirección de
Icarus. A petición suya, Shirley Arden y Steven Soter también se mudaron de
Ithaca a L. A. para trabajar en el programa.
Las malas noticias vinieron de Florida. Samuel Sagan tenía
cáncer de pulmón. Se volvió frágil y delgado. A Rachel se le hacía cada vez más
difícil conseguir que comiera. Rogaba a los amigos de Delray Beach que le
hicieran a Samuel tocino, jamón y huevos, cualquier cosa que despertara su cada
vez menor apetito[1057].
Cuando el tiempo se volvió precioso, Carl se trajo a sus padres
a Los Ángeles. El programa de televisión ocupaba tantas horas de su jornada que
esta era prácticamente la única manera en que podía conseguir pasar tiempo con
ellos. También daba a Samuel y Rachel una oportunidad de ver a su nieto, Nick.
Él y Linda estaban en Los Ángeles también.
En la tramitación de divorcio, tanto Linda como Carl recurrieron
a representantes legales agresivos y caros: en el caso de Carl, el célebre
abogado de Los Ángeles especializado en divorcios Marvin Michelson. Como
Grinspoon se había temido, la lista de bienes que Sagan había preparado en cabo
Cod se volvió contra él. Hubo interminables discusiones sobre lo que se había
ofrecido o no a ceder a Linda[1058].
Un punto de disputa fueron las leyes de divorcio de qué estado
debían aplicarse. Linda se había mudado a Ithaca para estar con Carl. Con el
matrimonio disolviéndose, sentía que no tenía ninguna razón para permanecer
allí. Pensó en mudarse a Nueva York, donde podría proseguir mejor su carrera
como artista o cineasta. Debido al programa de televisión, Carl había pasado a
residir en California. En la partida de ajedrez en que a continuación se
convirtió el divorcio, eso lo situaba en una posición vulnerable. Linda
respondió mudándose a Los Ángeles. Ahora que ambos residían en California, el
divorcio se atendría a las leyes de este estado sobre bienes gananciales[1059].
§. Dos caballos fogosos
Adrian Malone estaba casado y tenía sexo con una mujer, no su
esposa, que trabajaba en Cosmos. Este paralelismo en sus vidas románticas no
hizo nada por unir a Malone y Sagan. Malone se consideraba un experto en
presentar inteligentes programas sobre ciencia al público televisivo. Al
principio no se dio cuenta de que Sagan se consideraba a sí mismo un experto en
ese mismo campo. «A lo que se ha parecido Cosmos», dijo Malone, «era a tener
dos caballos bastante fogosos tirando juntos de un carro. Nos ponemos a una
velocidad tremenda, pero muchas veces perdemos el paso, y existe cierto peligro
de que el carro vuelque[1060]».
Malone era un mal bicho. «¿Te gustan los niños?» le preguntó en
una ocasión a Carl, al ver a Dorion, que había ido de visita. «Yo los odio».
Malone alardeaba de haberse acostado con todas las secretarias que había
tenido. Se quejaba de que la KCET lo había obligado a contratar a unas cuantas
«hotentotes». A Sagan le horrorizaba esa clase de conversación[1061]. En una
reunión, Annie tuvo ocasión de conocer a Rita Bronowski, la viuda de Jacob. «Él
asesinó a mi marido», dijo Rita de Malone. «No permita que asesine al
suyo[1062]».
En el verano de 1978, Malone, Sagan, Druyan y el resto del
personal del programa se sentaron en torno a una gran mesa de la KCET en Los
Ángeles. Estaban comenzando la producción de una serie de trece partes
presupuestada en 8.2 millones de dólares. Aún les faltaba un millón.
Sagan insistió en que todos, desde él mismo hasta el recadero de
la emisora, aportaran sus ideas sobre cómo pensaban que debía ser el programa.
Malone consideró que aquello era una pérdida de tiempo. No era así como se
hacían las cosas en la BBC. Sagan también insistió en impartir al personal un
curso intensivo de dos semanas sobre astronomía. Él pensaba que las personas
que hacen un programa sobre ciencia deberían comprender el contenido[1063].
Desde el punto de vista de Malone, había varios problemas que
había que solucionar. El problema número uno era la insistencia de Sagan en la
precisión científica. Parecía que cada vez que Malone quería probar algo
diferente, Sagan decía que era científicamente incorrecto. Se negaba a
permitirlo.
Un segundo problema, según Malone, era Druyan. Sagan hacía caso
a todo lo que ella decía y quería poner en práctica la mayoría de sus ideas.
Druyan dijo que el título del programa, El hombre en el cosmos, era sexista.
¿Por qué no llamarlo simplemente Cosmos? Sagan se mostró de acuerdo; Malone no
veía a qué venían tantos aspavientos[1064].
Un tercer problema era el libro que acompañaba a Cosmos. El
libro y la serie de televisión estaban estrechamente entrelazados, pero el
libro era un asunto separado y ocupaba su propia parte del tiempo de Sagan.
Malone pensaba que el programa de televisión era lo primero, y que Sagan podía
terminar el libro luego, cuando fuera. Sagan y su editorial, Random House,
tenían mucho empeño en que el libro estuviera en las tiendas cuando la serie de
televisión se emitiera[1065].
Malone tenía al menos un problema ajeno a Carl Sagan. La KCET
era un club de alterne muy caro. Malone encargó una mesa accesoria —que ni
siquiera iba a aparecer en pantalla— por la que se pagó aproximadamente el
cuádruple de lo que habría costado en otro lugar. También tuvo que pagar a la
emisora unos gastos «generales y administrativos» de funcionamiento. En el año
fiscal de 1980, esto llegaba al 43 por 100 del presupuesto de producción. En
efecto, esta era una forma de trasvasar dinero recaudado para Cosmos a la caja
general de la emisora[1066].
§. Efectos especiales
La guerra de las galaxias preocupaba a Malone. Temía que los
efectos especiales del programa de la PBS se compararan con los de la película
superventas de George Lucas… sin importar que ahora se trataba de televisión, y
de televisión pública además. Malone contrató por tanto a algunos de los
artistas de efectos especiales que habían trabajado en La guerra de las
galaxias para que diseñaran la parte visual del programa.
Las personas que habían visto La guerra de las galaxias no se
sentarían en silencio a oír la voz de Sagan superpuesta a fotos fijas de
estrellas, pensaba Malone. Necesitaban algo más dinámico. En principio, Sagan
se mostró de acuerdo. A todos les gustaba el concepto de mostrar a Sagan
moviéndose a toda velocidad por el universo en una nave espacial. Pero la nave
espacial provocaba reparos científicos en Sagan. Después de todo, él había
escrito artículos sobre los vuelos interestelares. A una auténtica nave espacial
interestelar le costaría mucho tiempo llegar a cualquier parte (aun teniendo en
cuenta la dilación temporal relativista). Sagan opinaba que la nave espacial no
debía ser demasiado literal. Debía sugerir de alguna manera que este era un
viaje que solo se podía realizar en la imaginación. Jon Lomberg (al que Sagan
había contratado para que supervisara la parte artística) sugirió que la nave
espacial debía parecerse a una semilla de diente de león. Era una demencial
idea prerrafaelita, lo contrario de la sensibilidad de La guerra de las
galaxias. Mostrarían a Sagan sosteniendo en alto la cabeza de un diente de león
desprendido, y luego una semilla flotante se transmutaría en la nave
espacial[1067].
Tras un breve debate, todos se mostraron entusiasmados con la
idea. El aspecto del interior de la nave espacial seguía estando abierto. En la
KCET acabaron construyendo una sobria estructura de contrachapado y plexiglás,
casi enteramente exenta de mobiliario. (Para algunos espectadores, esto hacía
que se pareciera a una catedral).
A Sagan le preocupaban también las estrellas y galaxias que se
verían por las ventanas de la nave espacial. ¿Tenía que ser una visión genérica
de un típico campo de estrellas que pasaban como bólidos —aproximadamente lo
que se ve en Star Trek—, o tenía que mostrar una ruta específica a través del
universo con precisión cartográfica?
Sagan quería precisión cartográfica. La gente de Lomberg se puso
a consultar atlas celestes. No podían simplemente copiar mapas; tuvieron que
emplear la trigonometría para visualizar el universo en tres dimensiones. Fue
mucho trabajo.
Cuando le enseñaron los bocetos, Sagan dijo que eran estupendos,
y que quería volar por las Pléyades[1068].
No están en la ruta, le dijo Lomberg.
Sagan quería que la ruta se cambiara para que pasara por las
Pléyades. Los bocetos se rehicieron.
* * * *
El rodaje comenzó en 1979. Sagan dijo que el régimen de rodaje
de Cosmos fue «el horario más duro al que jamás me he sometido durante un
periodo continuo». Fijado en el armario de su cocina para facilitar la
consulta, el horario dividía los días en tercios: mañanas, tardes y noches. Los
resquicios libres eran raros, incluso los fines de semana o en vacaciones. Por
primera vez en su vida profesional, Sagan negó entrevistas a los medios de
comunicación. El tiempo libre que tenía nominalmente asignado lo dedicaba en
gran parte a ocuparse de las necesidades de su padre moribundo[1069].
«La parte de actor no me gusta», se quejaba Sagan. «Haces once
tomas y utilizan la toma uno». Un artículo informó de que la pose profesoral de
Sagan permitió que muchas escenas se rodaran en una sola toma[1070]. Sagan solo
necesitaba «un poco de maquillaje claro para rebajar la sombra del
mentón[1071]».
Para ser una producción que se suponía que era un «programa
británico» hecho en Estados Unidos, mucho de ella se hizo en otras partes. La
filmación en exteriores llevó la producción a los Países Bajos, Alemania, Gran
Bretaña, Italia, Grecia, India, Japón, Alaska, Hawái y el Valle de la Muerte,
que hizo las veces de Marte. Una de las historias de viaje favoritas de Sagan
era el paso de las aduanas egipcias. Del equipaje formaba parte una «Piedra de
Rosetta» increíblemente realista[1072].
* * * *
Un momento culminante para el programa y para la astronomía
planetaria fue la impresionante actuación de las Voyager. Cuando entre el 5 de
marzo y el 9 de marzo de 1979 atravesaron casi rozándolo el sistema de Júpiter
produjeron imágenes asombrosas del planeta gigante y sus satélites.
Linda Obst hacía poco que había cambiado de carrera y de costa,
pues había empezado a trabajar para el productor cinematográfico Peter Gruber.
Dio una fiesta para el equipo de las Voyager y para Hollywood. Carl llevó
consigo las imágenes más recientes de Júpiter recibidas en el JPL. «Dios mío,
Carl, son estupendas», dijo Bianca Jagger; «¿las has sacado tú?». También
estaba presente la compañera de habitación de Obst en la universidad, Marianne
Williamson, una famosa escritora y locutora de la «nueva era». Sagan y
Williamson entablaron un espinoso debate sobre la predestinación. Carl «cogía
cada uno de los argumentos de ella y, con la más increíblemente brillante forma
de debatir al estilo de Oxford, los aniquilaba punto por punto», recordaba
Obst. Aquella actuación atrajo a una multitud. Al final, Williamson solo pudo
levantar las manos y decir: «¡Bueno, uno tiene que creer!»[1073].
* * * *
Cosmos se emitió un año más tarde de lo previsto. En teoría, un
profesor que sobrepasa el límite de dos años sabáticos se arriesga a perder su
titularidad. Yervant Terzian, entonces al frente del Departamento de Astronomía
de Cornell, consiguió que se hiciera la vista gorda[1074]. Según se dijo, la
producción también sobrepasó el presupuesto en 500.000 dólares. (Malone negó
esto diciendo: «Jamás en mi vida me he salido de un presupuesto[1075]».)
La responsabilidad financiera de los sobrecostes era de la KCET.
Sagan y Druyan se reunieron con ejecutivos de Arco en su cuartel general de Los
Ángeles para pedirles más dinero. Había un delicado problema. Uno de los
segmentos del programa se ocupaba del efecto invernadero, no solo en Venus sino
en la Tierra. Presentaba un montaje de paisajes urbanos neblinosos, chimeneas y
tubos de escape mientras Sagan advertía de que la quema de combustibles fósiles
amenazaba calentar el clima con consecuencias desconocidas. El personal de Arco
oyó la perorata de Sagan y aprobó el dinero extra inmediatamente. No pidieron
ver ni un corte del programa (y a Sagan nunca le llegó ni una queja de ellos a
propósito del montaje del efecto invernadero)[1076].
* * * *
Samuel Sagan no vivió para ver Cosmos. Murió en Los Ángeles el 7
de octubre de 1979. Carl estuvo con él en el final. Las últimas palabras que
dirigió a su padre fueron «Cuídate[1077]».
La serie de televisión hizo pagar a Sagan un tributo visible
como el que se dice que hace pagar la presidencia. A un adjunto, Sagan le
pareció un «individuo más demacrado y más sombrío» tras la producción que
cuando esta comenzó[1078].
Hacia el final, Sagan podía ser tan tiránico como Hermann
Muller. A Deane Rink, miembro del Servicio para Estudiantes Discapacitados de
Cornell, se lo contrató para trabajos raros. Uno de ellos era la obtención de
los permisos para las muchas fotografías utilizadas en el libro Cosmos. Rink
aspiraba a continuar en el campo de la televisión y recibió de una cadena una
oferta demasiado buena para rechazarla. Comenzaba justo una vez vencido el
plazo de Cosmos. Aceptó. Pero el trabajo con el libro se atrasó. Sagan pidió a
Rink que siguiera en su puesto hasta que el libro se terminara. Cuando Rink se
negó, Sagan actuó «como un niño petulante al que se le negara algo que él
deseaba y que pensaba que merecía». Aunque Rink hizo la mayor parte del trabajo
con los permisos, se lo excluyó de los créditos del libro Cosmos[1079].
Un día del año 1980, Jeremy Sagan llamó a su padre desde
Pasadena y preguntó si podía pasar con él una temporada. Carl contestó que no,
aduciendo que estaba muy ocupado. Indiscutiblemente estaba ocupado… pero se
trataba de su propio hijo. Lynn se enfadó mucho al enterarse. Cuando se lo
reprochó a Carl, este llegó a poner en cuestión incluso si Jeremy era hijo
suyo. (Para la mayoría de los observadores, el parecido físico de Jeremy con
Carl es una prueba evidente de paternidad.) Durante mucho tiempo después de
aquello, Jeremy estuvo enemistado con su padre[1080].
§. La venganza del director
Malone tampoco estaba en su mejor momento. Al final de la
producción, los dos fogosos caballos de Cosmos apenas se dirigían la palabra.
Malone abandonó la producción anticipadamente, con lo cual no completó el
proceso habitual de retoques y refinado en el estudio de edición.
Una consecuencia de esto resultó evidente en las secuencias de
naves espaciales. La empresa de efectos especiales responsable de crear las
imágenes de estrellas visibles desde la nave espacial de Sagan fue rápida en
cobrar los cheques de la producción de Cosmos pero lenta en la entrega del
trabajo. Muchas de las secuencias de efectos nunca se entregaron[1081]. Fue
necesario llenarlas de alguna manera. Malone empleó «tomas de reacción» de
Sagan cavilando beatíficamente sobre el universo.
Muchos espectadores pensaron que estas tomas eran demasiado
largas y hacían parecer a Sagan un poco tonto. Un crítico de Newsweek comparó
la «perpetua expresión de temor reverencial» de Sagan con el niño de la
película Encuentros en la tercera fase[1082]. En el estreno de Cosmos en la
Universidad Americana, en general bien acogido, se dijo entre murmullos que
había «mucho de Carl y un poco del cosmos[1083]».
Cuesta creer que las tomas de reacción fueran la única manera de
sustituir las secuencias que faltaban. (De hecho, Sagan luego reeditó las
secuencias de las naves espaciales para un nuevo pase y versiones en vídeo). La
teoría de Jon Lomberg es que Malone incluyó estas tomas como venganza del
director. «Uno no quiere un director enfadado consigo», comenta[1084].
Y a pesar del fenomenal éxito del programa, Adrian Malone nunca
volvió a cruzar palabra ni con Sagan ni con Druyan[1085].
§. Estrella pop
Cosmos tuvo el viento de popa. Una huelga de actores obligó a
las cadenas a emitir reposiciones hasta el otoño de la temporada de 1980. La
PBS no se vio afectada, y varios programas nuevos estaban recibiendo buenas
acogidas. En Los Ángeles, Cosmos consiguió publicidad extra en forma de una
campaña de la KCET para recaudar fondos urgentemente, en la que los portavoces
de la emisora culpaban de sus problemas de liquidez a la multimillonaria serie
de astronomía.
«Si conseguimos una audiencia elevada», predijo Malone, «eso tal
vez mueva a las cadenas a reconocer algo que hace años que tienen ante los
ojos: el público de ahí fuera sí tiene un cociente intelectual superior a
70[1086]».
Desde su debut el 28 de septiembre de 1980, Cosmos se convirtió
en la serie más valorada jamás en la televisión pública. Acabaron por verla
quinientos millones de personas de sesenta naciones. Para muchos espectadores,
la influencia de Sagan fue como la de la clase más habitual de famosos de la
televisión. Incluso durante la producción del programa, la KCET tuvo que
rechazar a las fans de Sagan… un problema que la PBS no suele tener que
afrontar. Mujeres serias aparecían en los estudios solicitando ver a Sagan,
convencidas de que el conmovedor astrónomo les había estado hablando a ellas
personalmente a través de sus aparatos de televisión[1087].
Los miembros de una sociedad astronómica amateur de Nueva
Orleans comenzaron a vestirse como Sagan, a llevar cuellos de cisne y chaquetas
de pana. Hubo al menos un perro, un gato y un niño recién nacido a los que se
puso Sagan de nombre[1088]. La gente escribía para decir que el flujo de
imágenes coloristas y música hipnótica de Cosmos embelesaba a niños de dos años
que no podían comprender las palabras de Sagan[1089]. Después de que una
canguro viera con «Robbie», de un año de edad, repetidos programas de Cosmos,
el bebé señaló a la pantalla y dijo « ¡Carl Sagan!» Aquellas fueron al parecer
las primeras palabras de la criatura.
«¡Sí, Robbie, ese es Carl Sagan!» confirmó la canguro. El niño
comenzó a dar saltos sobre el sofá, salmodiando: «¡Carl Sagan! ¡Carl Sagan!».
Cuando la canguro sacó a Robbie de la casa para devolvérselo a
su padre, el niño señaló a la Luna. «¡Carl Sagan Luna, pa!» La canguro anunció:
«Sí, Robbie, esa es la Luna de Carl Sagan[1090]».
* * * *
No todo el mundo estuvo encantado con la serie. Cosmos se pasó
en las clases de ciencia e historia de Nick Sagan en Los Ángeles. Un compañero
de clase se acercó a Nick y lo informó de que sus padres le habían hecho ver
todos los episodios de Cosmos. No era una expresión de gratitud[1091].
A un crítico, la voz de Sagan le pareció «simultáneamente nasal
y gutural […] algo insólito en televisión». También pensaba que el mentón
levantado de Sagan le hacía parecer esnob[1092]. El educador católico William
J. O’Malley puso por los suelos la serie y juzgó a Sagan «sencillamente
altanero[1093]».
Cosmos fue objeto de unos cuantos comentarios malagradecidos en
el seno de la KCET. La cuestión no era su contenido, sino su coste. Un año
después de la emisión de la serie, los mismos estudios en los que Cosmos se
había rodado fueron puestos en venta. El presidente de la KCET, James Loper,
prometió que nunca más haría una serie tan cara, y culpó de la crisis a las
pobres ventas de Cosmos en el exterior.
Pero ¿no fue Cosmos un éxito en el extranjero? Bueno, si,
admitió un directivo de la KCET, las ventas de Cosmos en el extranjero «fueron
en realidad bastante buenas». Loper explicó que con «ventas en el exterior»
había querido decir «ventas en el exterior y ventas domésticas a escuelas y
bibliotecas». Entonces el distribuidor del programa a escuelas y bibliotecas
negó que las ventas hubieran sido decepcionantes[1094].
El problema real era que la emisora había intentado aprovechar
el éxito de Cosmos desarrollando otras dos series multimillonarias. En parte,
Cosmos subvencionó a la KCET mediante los exorbitantes sobrecostes que
atormentaron a Malone. Pero cuando el gobierno federal recortó el apoyo a la
televisión pública y los ingresos por Cosmos resultaron inferiores a las
optimistas proyecciones de la emisora, la KCET fue incapaz de equilibrar sus
cuentas. Las dos nuevas series se suspendieron y la emisora tuvo dificultades
para pagar sus nóminas[1095].
* * * *
Sagan estaba seguro de que el libro Cosmos tendría tanto éxito
como la serie de televisión. Intentó convencer a Random House de que aumentara
la tirada de la primera edición. Con mucho tacto, el editor no le hizo caso. El
libro, en consecuencia, se agotó y no se pudo conseguir durante la temporada
alta de ventas en vacaciones. Random House trató de escamotearles ejemplares
extra a los círculos de lectores y a la edición británica a fin de atender la
demanda. A comienzos de enero de 1981, se informó de que Cosmos tenía 395.000
ejemplares de tapa dura en prensa, con una quinta impresión de 57.000
ejemplares encargada. Esto le habría reportado a Sagan unas ganancias de
aproximadamente 1.3 millones de dólares en derechos de autor, solo con la tapa
dura en Estados Unidos. El libro se mantuvo en la lista de éxitos de ventas
durante veintisiete semanas y vendió más ejemplares que cualquier libro sobre
ciencia jamás publicado en lengua inglesa[1096].
* * * *
Cosmos convirtió a Sagan en el científico más famoso de su
tiempo. Ese incómodo peso lo llevó durante el resto de su vida. Los colegas
sabían que con Sagan era imposible mantener una conversación normal en un
restaurante. Cada pocos minutos la gente se acercaba a la mesa a decirle a
Sagan lo mucho que sus libros o programas de televisión significaban para
ellos[1097]. Como autodefensa, Sagan comenzó a sentarse de cara a la
pared[1098]. Circulaban historias sobre lo «distante» que supuestamente era
Sagan. Hay historias similares sobre Einstein… y sobre Oprah Winfrey[1099] y
cualquiera que sea famoso. Sagan era el único famoso en la astronomía
planetaria y en Ithaca, Nueva York. En ambas pequeñas comunidades se le
reprochó que adoptara la táctica de supervivencia básica de los famosos.
Sagan se lo tomaba con calma, al menos la mayor parte de las
veces. Una cosa que le molestaba era lo de miles y miles de millones. En el
Tonight Show, Johnny Carson comenzó a hacer parodias de Sagan en las que usaba
esa frase. Evidentemente, los guionistas de Carson pensaban que Sagan había
dicho eso, o algo parecido. Por la incomprensible lógica de esa clase de cosas,
la frase se convirtió en un latiguillo. De repente pasó a figurar en el
repertorio de todos los contadores de chistes profesionales y aficionados. En
una viñeta de Gary Larson se veía a un niño y una niña, por la noche en la
ladera de una colina, mirando al cielo estrellado. «Mira, Becky», decía el
niño. «¡Ahí arriba debe de haber cientos y cientos de ellas!». Al pie de la
ilustración se leía: «Carl Sagan de niño[1100]».
Sagan adoptó la postura de que las palabras en cuestión eran
como el «Tócala de nuevo, Sam», algo que él en realidad no había dicho nunca. A
mediados de los años ochenta, Sagan revisó la serie Cosmos para una reposición
y se fijó específicamente en si alguna vez decía la frase. Concluyó que no.
(Para ser exactos, la frase «miles y miles de millones de estrellas» aparece en
el libro Cosmos[1101].)
La paciencia de Sagan comenzó a agotarse. Con toda inocencia, la
gente le pedía que escribiera o dijera la frase, y él se negaba. En un discurso
que dirigió a la Sociedad Planetaria, algunos miembros del público sonreían
expectantes cada vez que decía «miles de»… esperando que la dijera. Sagan les
lanzaba miradas fulminantes. Hacia el final de su vida, Sagan hizo lo
suficiente las paces con la frase para emplearla como título de un libro.
Peroniles de millones comienza con la negación: «Nunca lo he dicho. Sinceramente[1102]».
§. Divulgación y academia
La parte más difícil de la fama de Sagan fue cómo transformó el
modo en que los colegas lo percibían. «Astrónomos provincianos», escribió Clark
Chapman, «incapaces de valorar el aliento multidisciplinar de Sagan, no podían
soportar la disparidad entre su fama […] y sus “meros” logros de máximo nivel
en astronomía planetaria[1103]».
Se tenía la sensación, en resumen, de que en Sagan la proporción
entre fama y logros era anómalamente alta. Se lo denigraba como el «Joyce
Brothers[1104] de la astronomía[1105]». Un rector de Cornell se quejó de que
Sagan viajaba demasiado. No es que estuviera faltando a clase; simplemente es
que se marchaba de la ciudad demasiado a menudo[1106]. «Muchos de sus iguales
lo trataban como a un apestado», dijo el editor Stewart Brand. «Ni siquiera
prestaban atención al contenido de las ideas que tenía. Era idea de Carl Sagan…
¡puaj!»[1107].
Detrás de esta sensación de «disparidad» estaba la amplia y
honda sospecha de la academia sobre la causa de la fama de Sagan: la
divulgación. «No sé si la ciencia se ha de vender como él hace a veces», dijo
Norman Horowitz a la revista Time. «Va contra todos los instintos de los
científicos profesionales exagerar de ese modo[1108]». ¿Por qué la divulgación
es tan impopular? Para cualquiera que no sea un profesor universitario, esto
puede constituir un misterio. Se han propuesto varias explicaciones. Sagan a
veces citó la mera envidia. «Un científico que dedica su vida a estudiar algo
arcano como la estructura hiperfina del átomo de molibdeno», dijo, «de cuyo
trabajo nadie hace caso a excepción de los otros tres expertos en molibdeno que
existen en el mundo, naturalmente que siente celos e indignación al ver cómo
los periodistas están pendientes de mi última declaración sobre la posibilidad
de vida extraterrestre[1109]».
Sin duda, el argumento es válido en algunos casos. Sería sin
embargo injusto pensar que todos en la academia ansían secretamente aparecer en
el Tonight Show. Las sospechas que provoca la divulgación son de mayor calado
que eso.
La única afirmación incontestable que se puede formular sobre la
profesión académica es que sus miembros tienen en muy alto concepto lo que
hacen. Esto lleva aparejada cierta incomprensión de por qué alguien querría
hacer algo distinto. El sentimiento casi universal no es de que la divulgación
sea mala, sino solo de que es menos importante que llevar a cabo investigación
original. Para un científico joven y vigoroso, escribir libros o programas de
televisión divulgativos es mostrar una sospechosa falta de ambición. O, peor
aún, la clase equivocada de ambición. Sean cuales sean los motivos reales, de
un divulgador se sospecha que esté más interesado en perseguir la fama y la
fortuna que en el conocimiento.
La postura de Sagan, manifestada en sus escritos y entrevistas,
era lo bastante clara. Él escribía libros divulgativos porque le resultaba
fácil y natural. Lo comparaba con estar enamorado (de la ciencia) y querer
expresar ese amor al mundo[1110]. Reconocía además la necesidad política de
divulgación en una época en la que la mayor parte de la ciencia es cara y debe
ser financiada por los votantes.
No mencionado por Sagan había un deseo de adulación. Muchos de
sus íntimos, como Lynn Margulis y Timothy Ferris, añadirían este deseo a
cualquier lista enteramente cándida de razones (sin ninguna intención de
desprecio; ellos mismos son divulgadores de la ciencia ambos).
Una hora en Nightline[1111] es una hora de menos en el
laboratorio. En ocasiones, Sagan luchó contra esta irrefutable ecuación. Clark
Chapman recuerda una de sus primeras conversaciones con Sagan poco después de
primeras apariciones de este en el Tonight Show, en la que Sagan dijo que
tendría que decidir entre investigación y divulgación: no veía cómo podría
hacer ambas cosas[1112].
Evidentemente, Sagan cambió de opinión sobre el tema. El resto
de su carrera se lo pasó en una satisfactoria negación de estos conflictos
temporales. En una medida sorprendente, Sagan consiguió estar en misa y
repicando a la vez.
§. Descenso a un mar sin Sol
Porque durante los ajetreados años de Cosmos Sagan estaba
haciendo ciencia e incluso participando en algunos artículos. Cuando la serie
de televisión comenzó a producirse, Sagan y David Wallace, de Cornell,
propusieron una ingeniosa solución al enigma de los «lechos fluviales» en un
planeta cuya presión atmosférica no puede permitir el agua líquida.
En un notable artículo que comienza con una cita de Coleridge,
Sagan formula una pregunta que nadie antes había tomado seriamente en
consideración: ¿qué le pasaría a un cuerpo del agua líquida en Marte? La
mayoría suponía vagamente que se desvanecería en la fina atmósfera. Los
cálculos de Sagan y Wallace demostraban que en un lago marciano la vigorosa
evaporación congelaría rápidamente su superficie. Una vez sellada por el hielo
superficial, el ritmo de evaporación descendería enormemente. Un lago marciano cubierto
por el hielo persistiría durante decenas de miles de años.
La única fuente probable para la formación de un cuerpo de agua
líquida en Marte sería la fundición del hielo subterráneo debido al calor
geotérmico o como consecuencia de un impacto. Si un lago cubierto de hielo
tuviera una fuente de agua permanente (como un manantial geotérmico), el agua
tendría que propagarse hacia fuera y se congelaría en su superficie al entrar
en contacto con el aire. En un terreno adecuado, podría haber ríos cubiertos de
hielo. Wallace y Sagan calcularon que estos ríos de hielo podrían excavar
canales de cientos de kilómetros de longitud… y luego congelarse-secarse
durante decenas de milenios, y dejar solo los canales secos.
La mayoría de los canales marcianos parecen tener
aproximadamente miles de millones de años de antigüedad, reliquias de una era
pasada de gran actividad geológica. Según el análisis de Wallace y Sagan, no
hay necesidad de suponer que la presión atmosférica fuera mucho más alta
entonces. Eso daba a la idea una ventaja sobre muchas explicaciones rivales,
algunas del mismo Sagan. Dicho a grandes rasgos, el análisis sugería cómo el
agua líquida podría existir en otros cuerpos celestes con poca atmósfera. Esa
idea se volvió de palpitante actualidad cuando las Voyager revelaron los
satélites helados de Júpiter[1113].
* * * *
En 1978 y 1979, la Pioneer Venus aportó más datos que apoyaban
la teoría del efecto invernadero. La Pioneer orbitó el planeta e introdujo
cuatro sondas en su atmósfera. La imagen de Venus había cambiado mucho desde
comienzos de los años sesenta. Jim Pollack contribuyó a establecer que las
nubes del planeta no estaban compuestas ni de agua ni de polvo, sino de ácido
sulfúrico. Venus es, ciertamente, un infierno. (Solo dos sondas de aterrizaje
de la Pioneer consiguieron llegar a la superficie intactas).
Asociados con el ácido sulfúrico, en la atmósfera hay rastros de
dióxido de azufre. También se detectaron pequeñas cantidades de cloruro de
hidrógeno y monóxido de carbono. Todos son gases de efecto invernadero.
Combinados con el dióxido de carbono y las pequeñas cantidades de agua
detectadas por la Pioneer Venus y las naves soviéticas Venera 11 y 12, se
calculó que producirían un calentamiento por efecto invernadero que coincidiría
perfectamente con las elevadas temperaturas medidas. Con eso, el trabajo iniciado
en la tesis doctoral de Sagan llegaba a una resolución satisfactoria.
§. Las nubes de Titán
Las Voyager pasaron junto a Saturno el 12 de noviembre de 1980 y
el 25 de agosto de 1981. Siendo espectaculares los anillos, lo que absorbía el
interés de Sagan era el satélite mayor del planeta. «En cierto sentido, yo
crecí con Titán», recordaba[1114]. Desde que Kuiper demostró que Titán tenía
una atmósfera, se especulaba con la posibilidad de una química orgánica
compleja, o incluso de vida. Sagan sospechaba que un efecto invernadero podría
elevar las temperaturas de Titán a niveles casi templados[1115].
Eso se demostró que era erróneo. Como Marte, Titán era mucho más
frío de lo que prometía la publicidad: unos −180 ºC. Otra decepción fueron las
impenetrables nubes naranjas que envolvían el planeta. Era imposible ver la
superficie.
Las Voyager revelaron que el Sistema Solar exterior era un mundo
de color extravagante: naranja y nata tostados, rayas como de jarabe y celadón
entre frío y helado. ¿Qué hacía tan coloridos los planetas gigantes y sus
satélites? A Sagan se le ocurrió una idea inteligente a partir de los estudios
espectroscópicos de Kuiper. Él, Bishum Khare y otros colegas cocinaron
polímeros orgánicos en experimentos del tipo Miller-Urey y compararon sus
espectros de reflexión con los de los planetas y los satélites. Variando los
gases empleados, intentaron crear una mezcla de polímeros cuyos espectros
coincidieran (por ejemplo) con los espectros de Titán. Entonces, lo que fuera
que hubiera en el tubo sería lo que había en Titán. La lógica no era a prueba
de bomba, pero Sagan arguyó razonablemente que, con toda probabilidad, la
coloración en el Sistema Solar exterior ha de deberse a las moléculas que sean
más fáciles de formar.
Las mezclas gaseosas con las que comenzaron eran tan
transparentes como el aire. Diez minutos de descarga eléctrica producían un
viscoso pigmento marrón que empañaba la cara interna del vidrio. Mientras el
experimento continuaba, esta película se condensaba en gotitas, luego en vetas
y luego en un lodo alquitranado. Sagan consultó cómo se decía «fango» en
griego, y en dos artículos de 1979 bautizó aquel resultado como «tolina». (El
término desencadenó una pequeña guerra fronteriza. Algunos químicos se sintieron
molestos porque los astrónomos hubieran acuñado un término químico[1116]).
Las tolinas se convirtieron en la especialidad de la casa en el
Laboratorio de Estudios Planetarios. Los instrumentos de las Voyager
determinaron que en buena parte la atmósfera roja anaranjada de Titán consistía
en nitrógeno, con algo de metano (que Kuiper había detectado), rastros de otros
hidrocarburos simples y cianuro de hidrógeno. Irradiando tales gases incoloros,
Sagan. Khare y un grupo del Laboratorio Nacional de Oak Ridge produjeron una
mezcla rojiza con un espectro aproximado al de Titán. Sagan alardeó:
«Reivindicamos haber embotellado las nubes de Titán[1117]».
* * * *
Harold Urey falleció en enero de 1981, poco después del
encuentro de la primera Voyager con Saturno. Sagan redactó una elogiosa
necrológica para Icarus. «Cuando recuerdo a Urey, el hombre, veo una mezcla de
imágenes», escribió Sagan. Entre los recuerdos estaba la «disposición [de Urey]
a cambiar de opinión en un caso en el que bloqueó el acceso a la titularidad de
un joven científico en otra institución y su petición posterior de perdón». No
decía que el joven científico era Carl Sagan[1118].
§. Un resquicio legal
La investigación de Sagan disputaba el tiempo a muchos otros
proyectos en la estela de Cosmos. Sagan estaba también cerrando un trato para
una película, negociando un contrato publicitario multimillonario e iniciando
una aventura mercantil. Para algunos colegas científicos, ciertamente parecía
que se había ido a Hollywood.
Ahora que Lynda Obst estaba en el negocio del cine, le pareció
natural que a Sagan se le ocurriera una idea para una película. Le preguntó a
Sagan si tenía pensado algo de ciencia ficción. «¿Sabes?», dijo Sagan, «creo
que sí[1119]».
Lo mismo que Cosmos llegaba a millones de personas que tal vez
nunca abrirían un libro de ciencia ficción, una película de gran presupuesto
llegaría a millones que tal vez nunca veían la televisión pública. Sagan,
Druyan, Gentry Lee y Obst se juntaron y esbozaron una trama en torno a la idea
de lo que podría suceder si la SETI realmente tuviera éxito. «Fue lo más fuerte
que jamás he hecho», afirmó Obst. «Intenté traducirle a Carl las reglas del
guion dramático, pero él era tan riguroso que no me lo permitió. Decía: “¿Esto
es un argumento de autoridad o un argumento de convención? ¿Esto es un a
priori?”[1120]».
Sagan se metió en el proyecto con la idea, tal vez ingenua, de
que las digresiones visuales podrían insertarse sin dolor en una película de
Hollywood. Habló de «llevar efectos del tipo Cosmos a la gran pantalla. Eso me
atrae mucho. Nunca se ha hecho[1121]».
No tardaron en tener redactado un argumento de 113 páginas para
un proyecto al que llamaron Contact[1122]. Obst se lo enseñó a su jefe, Peter
Guber, que quedó encantado y lo compró. Durante un tiempo, las cosas se
movieron lentamente. El acuerdo para la realización de la película les valió a
Sagan y Druyan «una suma muy, muy grande» (su agente estaba obligado por
contrato a no decir cuánto) y una participación en los beneficios de la
película[1123]. Guber no tardó en interesar a la Universal. Cuando Cosmos comenzó
a emitirse, la empresa de Guber, PolyGram, sacó un anuncio de felicitación en
los comercios: «Nos orgullece estar asociados con Carl Sagan y Carl Sagan
Productions en la realización de la primera película, Contact, para Universal
Pictures en 1981[1124]».
* * * *
Sagan estaba tan enardecido con la idea de Contact que pensó en
convertirla en una novela. Una novela le permitiría escribir la historia
exactamente como él quisiera. Había también una razón financiera para hacer una
novela.
Sagan estaba a la mitad del cumplimiento de un contrato por
cuatro libros con Random House. Los primeros dos libros habían sido Los
dragones del Edén y Cosmos. Los de Random House, naturalmente, estaban
encantados. La euforia del agente literario de Sagan, Scott Meredith, era
menor. El contrato estipulaba un adelanto de 250.000 dólares en total por los
cuatro libros. En 1976 había parecido generoso. Pero eso fue antes del Pulitzer
y antes de Cosmos. La cotización de Sagan nunca sería mayor, pero Meredith tenía
que ver impotente cómo Sagan escribía sus siguientes dos libros por adelantos
de 62.500 dólares. Si Sagan fuera un agente libre, el límite sería el cielo.
Había, sin embargo, un resquicio. Según Meredith, el contrato de
Sagan con Random House solo era de aplicación a la no ficción. Sagan, por
tanto, era libre de vender una novela al mejor postor.
Meredith copió el esbozo de Sagan para la novela, y el 5 de
diciembre se lo hizo entregar en mano a los directores de nueve editoriales.
Les dio a los editores dos semanas para presentar pujas. Rápidamente tuvo
noticias de Random House. Estaban, en palabras de Meredith, «bastante
resentidos».
Unos días después, Meredith se reunió con el director ejecutivo
Robert Bernstein, el director de ediciones Jason Epstein y la editora de Sagan,
Anne Freedgood, de Random House. «Hemos mantenido un encuentro caballeroso pero
no especialmente amistoso», le contó Meredith al New York Times. «Parecieron
sorprenderse cuando señalé que el contrato hablaba de cuatro libros de no
ficción. Creo que Random House sufrió una profunda decepción, y lo entiendo
perfectamente. Pero a mí también me produjo una profunda decepción que ellos no
estuvieran a la altura financieramente hablando».
Las cláusulas que restringen un contrato o una opción de edición
a obras de no ficción son bastante corrientes. Pero Random House negó que
existiera tal restricción. «La postura de Sagan es que el contrato solo es de
aplicación a libros de no ficción», declaró Anthony M. Schulte, de Random
House. «No es nuestra postura, pero preferimos no discutir». El New York Times
contó que una «fuente editorial muy bien situada» dijo que el editor temió que
incluso la victoria en un litigio judicial dañara las relaciones con uno de sus
autores más valiosos. «Recuérdese el viejo dicho de que más vale pájaro en mano
que ciento volando». Las explicaciones de la puja también difieren. Meredith
dijo que Random House pujó agresivamente y se mantuvo en la puja hasta el
final. Schulte negó de plano que la editorial pujase en absoluto. En cualquier
caso, el libro no fue para Random House. Simon and Schuster se llevaron la
palma por 2 millones de dólares[1125]. Aquella fue la mayor suma jamás pagada
por un libro todavía por escribir[1126].
Como en cierto tipo de lotería, los 2 millones de dólares se
pagarían a plazos durante un periodo de diez años. (Sagan le dio a Gentry Lee
el 15 por 100 por su papel en la invención de la trama[1127]). El contrato
estipulaba enero de 1982 como fecha para la entrega del manuscrito completo.
Simon and Schuster anunció optimistamente que Contact estaría disponible en las
tiendas en la primavera de 1982. (No fue así).
Había otro punto contractual que aclarar. En marzo de 1975,
Sagan había colaborado brevemente con Francis Ford Coppola en el proyecto de
una película de televisión que no se llegó a vender y que llevaba por título
Primer Contacto. Tenía que haber sido una actualización de la emisión
radiofónica de La guerra de los mundos, pues el programa comenzaba con un
boletín falso de noticias que anunciaba que los científicos habían establecido
contacto por radio con inteligencias extraterrestres. Durante una serie de noches
consecutivas se contaría la reacción de la humanidad. En su contrato con
Coppola, Sagan había acordado repartir los derechos de una posible versión
literaria. La pregunta era: ¿la novela de Sagan Contact se parecía tanto al
antiguo Primer Contacto como para que se aplicara el contrato? Sagan llamó a
Coppola y le informó de su intención de escribir un libro. Coppola no puso
ninguna objeción: aparte de la semejanza general del tema, las tramas y los
personajes eran diferentes[1128].
Para el editor y el autor, la novela de 2 millones constituía un
gran riesgo. Era difícil saber cómo se trasladaría a la ficción el talento de
Sagan para la exposición de la ciencia. (Sagan preguntó: «¿Qué es lo peor que
podría pasar? Que escribiera una novela horrible»). Con un adelanto de 2
millones de dólares, una novela estupenda podría entrar en las listas de
superventas, vender cientos de miles de ejemplares y, aun así, el editor tal
vez perdería un millón de dólares en el negocio[1129].
§. Pastillas de jabón con cuerda
Sagan y Annie viajaron a Japón para el estreno de Cosmos en esa
nación. Mientras estaban allí, un extraño souvenir llamó la atención de Annie.
Era un cuenco hemisférico de fino metal. Impresas en el interior del cuenco
estaban las estrellas del cielo nocturno. Dentro del cuenco se deslizaba una
máscara recortada ovalmente. La rotación del recorte revelaba qué estrellas
eran visibles en cada época o estación.
Annie, Carl y Gentry Lee pensaron que era una gran idea, mucho
mejor que los planisferios celestes que se vendían en Estados Unidos.
Decidieron vender algo parecido en su país. Para ello, Carl Sagan Productions
lanzó una nueva empresa llamada Cosmos Store[1130].
El Security Pacific National Bank concedió a Sagan y Lee una
línea de crédito de 700.000 dólares. Se establecieron como editorial de libros
de divulgación científica, fabricante de regalos y juguetes de temática
científica y tienda minorista. Comenzaron produciendo Cosmosferas, como
llamaron al identificador de estrellas, al precio recomendado de venta al
detalle de 19.95 dólares. La Cosmosfera llevaba su nombre impreso en el mismo
tipo de letra empleado en el libro y el programa de televisión.
Como editorial de libros, la creación más impresionante de
Cosmos Store fue un bonito libro ilustrado de gran formato, Visions of the
Universe [«Visiones del universo»]. A 29.95 dólares no era ninguna ganga en
1981, pero llevaba un prefacio de Sagan, un texto de Asimov y suntuosas
ilustraciones en color del artista astronómico japonés Kazuaki Iwasaki. Un
Calendario cósmico para 1982 (7.95 dólares), inspirado por la atractiva
analogía de Sagan, constituía un calendario completamente funcional que ofrecía
experiencias tan novedosas como fijar la siguiente cita de uno con el dentista
el 16 de diciembre… los «primeros gusanos» en el esquema cósmico de las cosas.
El plan de negocio de Sagan y Lee preveía que se las podrían
apañar sin vendedores. Planeaban ofrecer sus productos mediante anuncios. Los
espectadores de Cosmos verían los anuncios, acudirían a sus librerías locales y
pedirían la mercancía. Las tiendas se verían obligadas a almacenar los
artículos de Cosmos Store. La empresa por tanto se ahorraría el dinero que las
editoriales convencionales se gastan en los salarios de los vendedores.
También planearon una cadena de sus propios puntos de venta al
por menor. La primera (y única) Cosmos Store abrió en la avenida de Honolulú,
N°2409, en el barrio de Montropse, en Los Ángeles, a unos minutos en coche
desde el JPL. Toda la operación se sustentaba sobre un idealismo expresado en
un «credo» de la tienda blanco sobre negro. «Todo lo que no enseña ciencia no
vale la pena hacerlo», explicaba Sagan. «El credo de Cosmos Store dice
explícitamente que renunciaremos a grandes cantidades de dinero. Se ha puesto
por escrito para los nuevos empleados que quieran saber por qué no vendemos
camisetas o pastillas de jabón con cuerda Sagan[1131]».
* * * *
En retrospectiva, Cosmos Store fue precursora de las tiendas de
la empresa Nature, que brotaron como rentables setas en los centros comerciales
de toda la nación. Los vendedores inquietos que atraen al público directamente
es la forma en que muchos grandes negocios arrancan en internet. Por desgracia,
hacer eso sin vendedores en 1981 no funcionó tan bien como debía para que
Cosmos Store tuviera éxito.
Cosmos Store montó una caseta en la convención de libreros
celebrada en Atlanta en mayo de 1981. Los inexpertos guardas de la caseta
ahuyentaron a una mujer en vaqueros (¡que evidentemente buscaba muestras
gratuitas!). Era una compradora enviada por Waldenbooks, la cadena de librerías
más grande de la nación[1132].
1981 fue un año duro para iniciar un negocio con capital
prestado. Las tasas de interés aumentaron vertiginosamente. Carl Sagan
Productions no tardó en estar pagando el 23 por 100 de su préstamo
bancario[1133].
Los productos de Cosmos Store aparecieron en muchas librerías
(incluidas las de Waldenbooks) para la temporada navideña de 1981. Cuando la
temporada vacacional llegó a su fin, Lee calculó que habían vendido mercancía
por valor de entre 600.000 y 700.000 dólares. Pero en Los Ángeles seguían
teniendo un almacén a rebosar de Cosmosferas no vendidas.
«La situación económica es tal que sólidas empresas están
cayendo a derecha e izquierda», dijo Sagan. «Si tenemos eso en cuenta, lo hemos
hecho sumamente bien». Él y Lee hablaron de la esperanza en una reevaluación
después de las vacaciones y de la contratación de un nuevo gerente que fuera
profesional[1134].
En realidad, la empresa se liquidó sin hacer mucho ruido. «Los
empresarios son una raza especial», anunció Sagan. «Se requieren ciertas
habilidades de las que incluso famosos académicos carecen[1135]».
§. Malévolo o hambriento
Cosmos divulgó no solo los aspectos prácticos de la astronomía,
sino también las características más imaginativas de esta. Entre ellas
destacaba la SETI. La visibilidad creciente de este campo provocó crecientes
críticas, desde dentro y desde fuera de la comunidad científica.
El mensaje de Drake a M13 desde Arecibo llevó a sir Martin Ryle,
astrónomo real de Inglaterra, a objetar que los alienígenas podrían ser
malévolos… o estar hambrientos. Era peligroso hacerles saber dónde estábamos.
En diciembre de 1982, un editorial del New York Times rescató el tema del
canibalismo extraterrestre (como el autor lo llamó; aunque si otra especie nos
depredara sería carnívora). El interés del Times lo despertó un informe de la
Academia Nacional de las Ciencias que contenía la alarmante afirmación de que
el contacto con extraterrestres «podría tener un efecto dramático sobre los
asuntos humanos, como lo tuvo el contacto entre los nativos del Nuevo Mundo y
los tecnológicamente más avanzados pueblos de Europa». El Times se preguntaba
en qué dramático efecto estaba pensando la Academia Nacional de las Ciencias
(¿confinarnos en reservas?)[1136]. «¿Y si estos alienígenas con alta tecnología
son desagradables, malvados o incluso caníbales?» preguntaba el editorial. «El
contacto con una civilización extraterrestre podría tener sus riesgos».
Sagan devolvió el tiro rápidamente. «Incluso si los seres
humanos fueran un famoso manjar interestelar», escribió, «los gastos de
transporte serían prohibitivamente altos». Menos éxito tuvo en garantizar las
buenas intenciones de los extraterrestres. Sagan señaló que «todos los
programas principales de la SETI radioastronómica tienen como fin oír, no
transmitir». Eso era bastante cierto, pero los muy publicitados mensajes
«simbólicos» de Sagan y Drake demostraban que no había realmente ninguna clase
de ethos que prohibiera las transmisiones.
Sagan acababa con lo que se había convertido en la réplica
favorita suya (y de Drake) al tema de los hostiles caníbales alienígenas. Las
cadenas de televisión y los radares militares ya estaban anunciando nuestra
ubicación en el universo[1137].
§. El Vellocino de Oro
En el seno de la comunidad científica, una objeción más
corriente a la SETI era la luego defendida por Shklovski: que el fracaso de la
SETI hasta la fecha constituía la prueba de que la inteligencia extraterrestre
no existía.
Uno de los que así opinaban era el astrofísico de la Universidad
de Tulane Frank Tipler. Tipler era partidario del «principio antrópico», una
tesis metafísica según la cual las leyes de la naturaleza han sido ajustadas
con precisión para propiciar la existencia de la vida. Esta constituía la
cruzada personal de Tipler, tanto como la inteligencia extraterrestre
constituía la de Sagan. A juicio de Tipler, era improbable que ambas ideas
fueran correctas.
A finales de los años setenta, Tipler escribió un artículo
titulado «Los seres extraterrestres no existen» y lo ofreció a Science. La
revista se lo envió al máximo experto en el campo de la vida extraterrestre.
Sagan lo rechazó.
Tipler revisó el artículo y lo volvió a presentar. Science se lo
devolvió, diciendo que ya no interesaba. La revista no le pasó el artículo
revisado a Sagan[1138].
A continuación, Tipler ofreció el trabajo a Icarus (que por
entonces todavía dirigía Sagan). Según William I. Newman, Sagan jugó limpio con
el trabajo de Tipler. No lo rechazó sumariamente; se lo envió a otros colegas a
los que les pareció incorrecto y recomendaron que se rechazara[1139]. Lo que
Tipler cuenta es que fue Sagan quien evaluó el trabajo y envió las mismas
críticas que había hecho a la primera versión del trabajo. «Mi sensación», dijo
Tipler, «es la de haberme visto envuelto en un debate teológico[1140]».
Tipler contactó con el senador por Wisconsin William Proxmire.
Proxmire tenía la costumbre de anunciar el «Premio Vellocino de Oro» mensual.
Este era un premio bobo a lo que él considerara que era el más ridículo
derroche de dinero de los contribuyentes. Algunas de las víctimas de Proxmire
se merecían este ridículo. Para muchos científicos, sin embargo, Proxmire era
un ogro porque no parecía comprender muy bien qué hacía que un proyecto
científico valiera la pena y que otro fuera extravagante. Si alguien tuviera
que investigar legítimamente y con financiación estatal algo que incluyera el
sexo entre los babuinos, Proxmire era el hombre al que se debía temer.
Tipler le dijo a Proxmire que debía prestar atención al dinero
que la NASA se estaba gastando en contactar con alienígenas en el espacio
exterior. La agencia espacial estaba financiando un modesto estudio de la
SETI[1141]. Proxmire convocó una conferencia de prensa el 16 de febrero de
1978, y otorgó al estudio el correspondiente Vellocino de Oro. Proxmire sugirió
que se pospusiera el estudio… es decir, que se pospusiera durante «unos cuantos
millones de años luz[1142]».
Como eso sugiere, Proxmire no sabía mucho sobre astronomía. Pero
Tipler sí sabía, y era de la opinión de que los extraterrestres no existían.
Una cosa que Proxmire había aprendido era que a las señales interestelares les
costaría siglos llegar a la Tierra. «Si interceptamos mensajes enviados por
ellos», lamentó Proxmire, «podrían haberlos enviado no solo antes de que Colón
descubriera América o del nacimiento de Cristo, sino antes de que la Tierra
misma existiera. Lo abrumadoramente más probable es que tales civilizaciones,
aunque en algún tiempo existieran, ahora estuvieran muertas y bien
muertas[1143]».
La NASA solicitó 2 millones de dólares para iniciar la SETI con
el año fiscal de 1982. Proxmire era por entonces presidente del Comité de
Gastos del Senado, en parte como consecuencia de su reputación como luchador
contra el despilfarro gubernamental. ¿Vida inteligente en el espacio?, preguntó
Proxmire; pero si ya era bastante difícil encontrar vida inteligente en
Washington. Proxmire preparó una enmienda que prohibía a la NASA gastarse ni un
centavo «en apoyar la definición y el desarrollo de técnicas para analizar
señales de radio extraterrestres en busca de pautas que puedan ser generadas
por fuentes inteligentes[1144]».
Sagan contactó con la oficina de Proxmire y acordó una reunión.
En esta le explicó al senador que un mensaje de extraterrestres con siglos de
antigüedad sería algo fascinante y valioso… en absoluto «anticuado». Arguyó que
si se encontraban pruebas de inteligencia extraterrestre quedaría demostrada la
posibilidad de sociedades viviendo con los problemas de la tecnología y la
guerra[1145]. Esto pareció tener un efecto: «Pude ver cómo se encendía una luz»
en la cabeza de Proxmire, informó Sagan a un colega[1146].
El senador Proxmire no se retractó públicamente. Al año
siguiente se propuso legislación correctora que restauraba la financiación a la
SETI. Proxmire no se opuso y fue aprobada.
* * * *
Mientras tanto, en 1980 Tipler consiguió ver su trabajo
publicado en la revista Quarterly Journal of the Royal Astronomical Society.
Allí Tipler actualiza el razonamiento atribuido a Enrico Fermi y añade algunas
cifras.
Tipler cita las llamadas máquinas de Von Neumann, que a veces se
mencionan como parte de la «pregunta de Fermi». John von Neumann, un matemático
que también pasó un tiempo en Los Álamos, demostró que se podían diseñar
máquinas que construyeran copias de sí mismas[1147]. Esto a Tipler le parecía
el vehículo perfecto para el reconocimiento interestelar. Una civilización
extraterrestre podría programar autómatas autorreproductores que colonizaran la
galaxia y enviaran de vuelta informes de cualquier cosa interesante.
Si en alguna parte de la galaxia había vida inteligente
avanzada, razonaba Tipler, estas máquinas de Von Neumann acabarían por
construirse. (Tipler citaba las propias propuestas de Sagan de sondas robóticas
en Marte como «un paso en la dirección de la máquina de Von Neumann»). Se las
soltaría, se reproducirían exponencialmente y conquistarían toda la galaxia.
Tipler calculó que esto costaría 300 millones de años (todavía un tiempo
«breve» comparado con la edad de la Tierra o la galaxia). Entonces habría máquinas
en todos los sistemas solares, incluido el nuestro. Puesto que en nuestro
Sistema Solar no hay indicio alguno de estas máquinas, eso demuestra que no hay
inteligencia extraterrestre en ninguna parte, afirmaba Tipler[1148].
§. El zoo perfecto
Uno de los problemas eternos de la SETI es que se ocupa de temas
sobre los que personas bien informadas e imaginativas pueden sostener
argumentos contrarios. De forma en cierto modo similar hablaba Shklovski de
«milagros cósmicos». Este imaginó que los ingenieros de las civilizaciones
galácticas avanzadas construirían monumentos o llevarían a cabo proyectos de
obras públicas a una escala tremenda. Podría haber un equivalente de la Gran
Pirámide o de la presa Hoover[1149] a años luz de distancia y visible para
nosotros en el cielo nocturno. Habría vastos fenómenos «astrofísicos»
claramente artificiales. Pero, por supuesto, nadie ha encontrado nunca nada
así. Esta ausencia de «milagros» juega en contra de la inteligencia
extraterrestre, sostenía Shklovski.
Una de las refutaciones de este argumento por parte de Sagan
consistía en sugerir que las «maravillas del mundo» extraterrestres podrían
estar tanto más allá de nuestra comprensión que se nos escaparan por completo.
En lo alto del Coloso de Rodas debió de haber hormigas que se arrastraran sin
poder ni soñar que se estaban arrastrando por la superficie de algo artificial
y extraordinario[1150]. Esos eran los argumentos de Sagan en 1973; en una
publicación de 1974, señaló que sí hay fenómenos astrofísicos que, hasta donde
sabemos, podrían ser milagros de la ingeniería extraterrestre[1151].
La quintaesencia de estas ideas se compendia en la «hipótesis
del zoo» de John A. Ball, publicada en Icarus (bajo la dirección de Sagan, la
revista se convirtió en una caja de resonancia de estas vívidas cavilaciones).
Tal vez no veamos pruebas de extraterrestres, sugirió Ball, porque estamos en
un zoo de esos extraterrestres. Ball propuso que la galaxia había sido
explorada y colonizada hace mucho tiempo por especies tecnológicamente
avanzadas que decidieron mantenerse muy al margen de la galaxia, como si se
tratara de una reserva natural. «El zoo (o zona o santuario de la vida salvaje)
perfecto sería aquel en el que la fauna en su interior no interactuara con sus
guardianes ni tuviera consciencia de ellos», escribió Ball. Los habitantes de
nuestros zoos están recluidos entre fosos o setos o escarpadas laderas, todo
ello diseñado para parecer natural. Hay zoos en medio de ciudades bulliciosas,
y a veces es necesario emplear un muro de falsos pedruscos o telones pintados
para ocultar el tráfico a la vista. Así que pudiera ser que cuando miramos al
universo estrellado solo viéramos lo que los guardas del zoo quieren que
veamos. Parte de ello tal vez no sea real[1152].
§. Un arma aún más letal
Sobre ideas como las de Ball es divertido meditar… pero ¿son
ciencia? ¿Es la SETI misma, después de todos sus fracasos, ciencia?
Hay personas que llevan ya décadas tratando de «sintonizar» con
los extraterrestres. Nadie lo ha conseguido nunca, y (con Shklovski como
principal excepción) casi nunca ningún «auténtico creyente» ha renunciado o
perdido el entusiasmo. Todos se hacen eco de una de las perogrulladas favoritas
de Sagan (normalmente atribuida al cosmólogo Martin Rees): «Ausencia de prueba
no es prueba de ausencia».
¿A estas alturas no deberían haber detectado señales, suponiendo
que haya señales que detectar? La respuesta es: solo si los emisores fuesen
increíblemente poderosos o estuviesen increíblemente cerca. Sigue habiendo un
«espacio de búsqueda» muchísimo mayor de señales potenciales que son
indetectables con la tecnología actual.
Las dificultades de mantener el entusiasmo por una búsqueda que
puede llevar generaciones y cuyo resultado es incierto pesaban desde luego
sobre Sagan. En un par de lugares de sus escritos posteriores, citó versos de
una de las Parábolas de Kafka:
Ahora las sirenas tienen un arma aún más letal
que su canto: su silencio…
Es posible que alguien haya escapado a su canto;
pero a su silencio, ciertamente jamás[1153].
Sagan no estaba dispuesto a abandonar la búsqueda. Pero quien
vive de la navaja de Occam se expone a cortarse. Para algunos críticos, la
inteligencia extraterrestre parecía próxima a ser una hipótesis infalseable. El
filósofo Karl Popper sostenía que una teoría útil debe permitir su propia
refutación. Una teoría que no haga esto es infalseable. Es fácil imaginar la
clase de pruebas que demostrarían la existencia de inteligencia extraterrestre.
Menos claro está cuántas y qué clase de búsquedas fallidas podrían convencernos
de que la inteligencia extraterrestre no existe.
* * * *
En 1982, Sagan publicó en Science una petición de científicos a
favor de un esfuerzo internacional en la SETI. La redacción de la petición era
minuciosamente inclusiva. «Nosotros representamos una amplia diversidad de
opiniones sobre la abundancia de extraterrestres, sobre la facilidad de
establecer contacto y sobre la validez de los argumentos del tipo de los que se
han resumido en la primera frase del párrafo anterior» —entre estos se contaba
la ausencia de colonizadores y de ingeniería extraterrestres—. De los sesenta y
nueve firmantes de la petición formaban parte no solamente los habituales
sospechosos de practicar la SETI (una hermandad ahora mixta con la inclusión de
Jill Tarter), sino también muchos distinguidos astrónomos y biólogos que no
eran especialmente conocidos como entusiastas de la SETI. Entre estos estaban
el antiguo profesor de Sagan en Williams Bay, Chandrasekhar; David Baltimore,
Francis Crick, Stephen Jay Gould, Stephen Hawking, Fred Hoyle, Paul MacLean,
Bruce Murray, Linus Pauling, Cyril Ponnamperuma, Lewis Thomas, Kip S. Thorne y
Edward O. Wilson. Había siete premios Nobel en el momento de la publicación;
Chandra obtendría más tarde el Nobel de física. Con criterios de hijo pródigo,
el gran golpe maestro de Sagan tal vez fue la firma de Shklovski… obtenida
gracias al afecto que sentía hacia Sagan y amparada por la frase «amplia
diversidad de opiniones[1154]».
§. Ratas almizcleras, borrachos, extraterrestres
Sagan también realizó su propio análisis de la pregunta de
Fermi. Escrito junto con William I. Newman, antiguo estudiante de Cornell por
entonces en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, llevaba por título
«Civilizaciones galácticas: dinámica de poblaciones y difusión interestelar», y
se publicó en Icarus. Como el artículo sobre la vida joviana, convencionalmente
se le considera una excéntrica nota al pie en la carrera científica de Sagan,
un intento incondicional de mirar un poco más allá en los misterios cósmicos de
lo que los conocimientos actuales permiten.
La originalidad del artículo estriba en su empleo de la «teoría
potencial» para analizar la «pregunta de Fermi». Una analogía de larga
tradición en las aulas es el «paseo del borracho». Un hombre borracho comienza
a buscar su camino a casa a partir de una farola. Da unos cuantos pasos en una
dirección aleatoria (puesto que no tiene ni idea de dónde está su casa), luego
se desmorona. Un poco más tarde revive, se levanta y toma otra dirección
aleatoria. Repetidos muchas veces, los erráticos movimientos del hombre tal vez
no lo aproximen a casa, pero sí hacen que cada vez se aleje más de la farola.
Mediante una fórmula matemática se puede calcular la distancia promedio que lo
separará de la farola en función del tiempo transcurrido.
Tratamientos matemáticos similares pueden aplicarse a los
erráticos movimientos de las moléculas gaseosas y muchos fenómenos biológicos.
En los años 1930, R. A. Fisher publicó modelos biológicos pioneros en revistas
hoy olvidadas que llevaban nombres como Annals of Eugenics [«Anales de
eugenesia»]. (Sagan había sabido de Fisher por mediación de Muller). El ciclo
vital de la rata almizclera, por ejemplo, se parece mucho al borracho de la
analogía. Las ratas almizcleras jóvenes abandonan la madriguera y toman una
dirección aleatoria para aparearse, parir y morir. La siguiente generación
parte de esa madriguera en direcciones aleatorias. Esta conducta impide la
endogamia. También permite que la rata almizclera colonice nuevos territorios.
La rata almizclera (que es americana) se introdujo en Europa en 1905. La teoría
potencial consiguió explicar su ritmo de propagación.
Lo mismo que los borrachos o las ratas almizcleras, pues, una
civilización extraterrestre comenzaría en un planeta y mandaría colonos en
todas direcciones. Los colonos establecerían nuevas bases en nuevos planetas.
Al final, estos nuevos puestos de avanzada enviarían sus propias expediciones
colonizadoras.
En la literatura de la SETI se daba muchas veces por supuesto
que la velocidad de la colonización solo sería un poco menor que la velocidad
de las naves espaciales. Esto implicaba que una sola civilización, con naves
espaciales que se desplazaran a una velocidad próxima a la de la luz, podría
colonizar toda la galaxia en tan poco tiempo como 100.000 años. Lo que Newman y
Sagan descubrieron (Newman, puesto que fue él quien llevó a cabo las
complicadas operaciones matemáticas, figuraba como primer autor) fue que,
dentro de una gran diversidad de modelos plausibles, la expansión exterior o
«colonización» es mucho más lenta de lo que permitiría la velocidad máxima de
las naves espaciales. «“Roma no se construyó en un día”», escribieron los
autores, «aunque uno puede cruzarla a pie en unas pocas horas[1155]».
Para la onda de colonización extraterrestre, Newman y Sagan
calcularon una velocidad de propagación hacia el exterior típica de unos
cuarenta kilómetros por segundo. Esa es una velocidad sorprendentemente lenta
y, de hecho, menor que la velocidad terminal de las naves espaciales Pioneer y
Voyager. Este contraintuitivo resultado puede comprenderse si se imagina la
galaxia como consistente en capas concéntricas alrededor de la Tierra (o de
cualquier planeta en el que haya inteligencia extraterrestre). Cada capa
contiene muchos mundos, y se tarda muchas generaciones en colonizarlos. Luego,
cuando una capa está totalmente poblada, sus mundos montan expediciones para
colonizar los mundos en la siguiente capa más externa. En colonizar una capa se
tarda mucho más que en atravesarla en una nave espacial.
De hecho, el artículo llegaba a la conclusión de que la
velocidad de las naves espaciales carece relativamente de importancia para la
velocidad de colonización. Este es un descubrimiento muy cómodo, pues nadie
sabe realmente a qué velocidad podrían viajar las inteligencias
extraterrestres. La ciencia moderna insiste en que la velocidad de la luz
constituye el límite cósmico de velocidad. La ciencia ficción moderna no es
menos firme en que viajar a mayor velocidad que la de la luz será pan comido
dentro de unos cuantos siglos. Según el análisis de Newman y Sagan, incluso las
inteligencias extraterrestres equipadas con motores de curvatura no
colonizarían la galaxia en mucho menos tiempo. Por supuesto, podrían
desplazarse a un planeta concreto en la parte más remota de la galaxia si
hubiera alguna razón para ello. Pero hay miles de millones de planetas, y la
Tierra no es probable que provoque un interés especial. Seguramente tendríamos
que esperar a que nos alcanzara la ola general de colonización, y el avance de
esta sería lento.
* * * *
Newman y Sagan hicieron cuanto pudieron por expandir este
resultado matemático hasta convertirlo en una teoría de la historia galáctica.
Calcularon que incluso la inteligencia extraterrestre más próxima necesitaría
probablemente decenas de millones de años para colonizar una esfera de
estrellas lo bastante grande para incluir el Sol. Eso es mucho más tiempo del
que se había imaginado. Aun así, es poco por comparación con el tiempo de vida
de la galaxia.
Sagan argüía que la construcción de imperios galácticos tiene un
tiempo de vida corto. El instinto de construir imperios se ha de asociar
probablemente con instintos de territorialidad, guerra y autodestrucción. Ahora
Sagan daba en parte la razón a Shklovski: «Un fuerte compromiso con la
territorialidad es probablemente incompatible con la supervivencia tras el
advenimiento de armas de destrucción masiva[1156]».
Sagan sostenía además que probablemente las civilizaciones
avanzadas tendrían un crecimiento demográfico muy bajo, o cero. La velocidad de
la colonización es más sensible a las tasas de crecimiento demográfico que a la
velocidad de las naves espaciales. Un crecimiento demográfico bajo ralentizaría
enormemente la colonización.
A partir de estos argumentos necesariamente especulativos,
Newman y Sagan concluían que la mayoría de los imperios galácticos duran mucho
menos que las decenas de millones de años que tardaría el imperio más cercano
en alcanzar la Tierra. No es probable que ningún alienígena haya llegado nunca
a la Tierra. Puesto que es difícil que dos oleadas activas de colonización
coincidan jamás, Newman y Sagan concluían que la «guerra de las galaxias» es
también improbable[1157][. (Sagan insistía de manera caprichosa en utilizar ese
término, lo cual a Newman le parecía insólito «para un tipo dispuesto, en un
milisegundo, a hacer una crítica detallada de esa película[1158]»).
Este trabajo se realizó simultáneamente a la producción de
Cosmos. Newman se quedó ligeramente «horrorizado» cuando Sagan le dijo que
estaba planeando utilizar su modelo de difusión interestelar en un episodio. El
puesto de Newman en el Instituto de Estudios Avanzados era temporal, y buscaba
trabajo. No estaba seguro de que para sus perspectivas fuera bueno que de
pronto su loca aventura en un artículo con Sagan cobrara una publicidad de
máxima audiencia.
«No hay que preocuparse», lo tranquilizó Sagan. «En Hollywood
podemos hacer lo que sea[1159][».
§. Boda
El divorcio de los Sagan se alargó interminablemente. Linda
cambiaba una y otra vez de opinión sobre lo que era y lo que no era aceptable.
Aparte de una profunda amargura que teñía todos los detalles, estaba el
imponderable tema de a cuánto ascendía el patrimonio de Carl Sagan. La división
de bienes se produjo en la época más difícil posible. Buena parte del
patrimonio neto de Sagan estaba en flujos de ingresos futuros producidos por
sus libros, su trabajo en televisión, y su participación en películas y en
derivados como Cosmos Store. El valor de estos bienes dependía de la
comerciabilidad del mismo Carl Sagan, y eso parecía estar creciendo
exponencialmente. Mientras la fortuna de Sagan aumentara de un mes al
siguiente, había pocos incentivos para que Linda o sus abogados acordaran nada
rápidamente. El divorcio se obtuvo, y la propiedad común se dividió, en mayo de
1981[1160].
Carl y Annie se casaron el 1 de junio, en el cuarto aniversario
de su declaración de amor. La tercera y última boda de Carl fue una producción
de proporciones cinematográficas en la que no se reparó en gastos. Él y Annie
acordaron celebrarla en el hotel Bel-Air, uno de los hoteles más hermosos,
aislados y caros de Los Ángeles, en mitad de verdes jardines y estanques llenos
de cisnes[1161]. De Hollywood se trajeron peluqueros y maquilladores para
embellecer gratis a los miembros femeninos de la fiesta nupcial[1162]. Luego,
los recién casados se fueron a pasar una romántica luna de miel en Venecia y
Cerdeña.
Lester Grinspoon volvió a ser el padrino por parte del
novio[1163]. Lynda Obst ayudó a Annie a escoger el vestido de novia[1164]. A
Rachel, Annie le cayó bien. A la hermosa hija de su hermanastra la borró de la
lista de invitados, quizá para asegurarse de que la novia de Carl fuera la más
bella de todas[1165].
Entre los invitados había una sensación general de alivio
porque, después de cuatro años como pareja, Carl y Annie fueran por fin libres
para casarse. El efecto de «mejora» de Annie sobre Carl ya estaba en todos los
comentarios. En su brindis por los novios, el hermano de Annie, Les, dijo que
no conocía a Carl antes de que Annie se uniera a él, pero que si era verdad lo
que todo el mundo decía… se alegraba de no haberlo conocido entonces[1166].
Capítulo 10
Ithaca
1981-1995
Contenido:
§. No hagan prisioneros
§. El efecto Annie
§. Vida hogareña
§. Suiza
§. Gato por liebre
§. Un artículo al mes
§. Buenas obras
§. Nucleus
§. El invierno nuclear
§. Cornell Oeste
§. Tempestades de polvo y dinosaurios
§. Apendicitis
§. La guerra de las galaxias
§. La revisión por pares
§. El Halloween previo a 1984
§. Comprender el TTAPS
§. La máquina del Juicio Final
§. El mundo se volvió extrañamente judío
§. A través del espejo
§. Percepción asimétrica
§. ∞ = ∞
§. Un bien bajo
§. Dientes de sable
§. Sin rastro
§. Carl y Dorion
§. Roman à clef
§. La SETI en una maleta
§. Dándole a la palanca
§. Misteriosa porquería uraniana
§. Edward Teller
§. ¿Quién teme al otoño?
§. Bosques en llamas
§. El juicio de Núremberg
§. Reagan en el Kremlin
§. Un teléfono 900
§. Capítulo y versículo
§. Un punto azul pálido
§. El monzón
§. Postmortem
§. Cosas que surgen de repente en la noche
§. La Caza del Gran Marciano
§. Remodelación
§. Genealogía
§. La Academia Nacional
§. Accidente fortuito
§. Vuelta a las abducciones alienígenas
§. Bumerán kármico
§. Sagan contra Apple Computer
§. El Concurso «Yo Toqué a Carl Sagan»
§. Fiesta de cumpleaños
§. Conferencia telefónica
La casa a la que los estudiantes de Cornell señalan por lo
general como «la casa de Carl Sagan» es uno de los edificios más extraños y más
imponentes de Ithaca. Es un templo pseudoegipcio colgado en lo alto sobre el
barranco de Fall Creek en el pueblo de Cayuga Heights. Antes de convertirse en
«la casa de Sagan», los lugareños la conocían como la Casa de la Esfinge o,
simplemente, Esa Casa. Sobre sus orígenes existen versiones contradictorias.
Según una tradición difícil de creer, en origen fue la tumba de alguien[1167].
Otra leyenda, al parecer inspirada en la cascada, sostiene que fue una central
eléctrica[1168]. La verdad es que el edificio fue antaño el lugar de reunión de
la Sociedad de la Cabeza de la Esfinge de Cornell. Era uno de esos lugares,
todavía por descubrir en algunos venerables campus, en los que miembros de una
hermandad celebran ritos secretos tras puertas cerradas y muros sin ventanas.
Unos dicen que se construyó en 1890; otros que en 1925[1169]. Andando el tiempo
la sociedad se extinguió, y su sanctasanctórum se convirtió en un mero
inmueble. Sagan no fue el primer profesor de Cornell en tener la «inteligente»
idea de arreglarlo y ponerse a vivir en él. Desde los años sesenta, allí habían
vivido dos profesores sucesivamente. Uno, un físico nuclear con inclinaciones
artísticas, lo utilizó como estudio de escultura[1170]. El propietario
inmediatamente anterior a los Sagan fue un profesor de diseño que se pasó años
renovándolo antes de mudarse a Manhattan. La mala fama de la casa era como para
pensárselo. Poco antes de marcharse en 1981, el segundo profesor confesó: «Este
edificio me ha robado la identidad[1171]».
De manera que la Casa de la Esfinge estaba en venta cuando Carl
y Annie regresaron a Ithaca y se pusieron a buscar vivienda. El lugar les
recordaba a la Biblioteca de Alejandría (que había aparecido en Cosmos). El
terreno en la ladera tenía una casa contemporánea separada. Decidieron que
podían vivir en la casa moderna y utilizar el «templo» egipcio como oficinas.
Compraron la finca y se mudaron.
Como Sagan mismo, la Casa de la Esfinge era visible y llamativa…
y también remota e inaccesible, o así la percibían algunos de la comunidad de
Cornell. Su espectacular aislamiento atraía a mirones a los que, de otro modo,
tal vez les habría traído sin cuidado dónde vivía Carl Sagan. La
«Graceland[1172]» de Sagan tenía un sistema de seguridad digno de su
equivalente de Memphis. Un portón de hierro se cerraba de golpe detrás de los
visitantes. Cámaras de vigilancia seguían en silencio los movimientos de los visitantes.
En lugar de un foso, la caída de 60 metros al barranco garantizaba la
privacidad.
Una protección así no era posible para el coche de Sagan, ahora
un VW Rabbit medioambientalmente sensible con una sencilla matrícula de Nueva
York. «Sus problemas de seguridad en Cornell no son tan graves», informó un
periódico del campus, «solo algún acto de vandalismo con su coche de vez en
cuando… que él se toma con calma como “una especie de impuesto que yo
pago”[1173]».
Cuando el ciudadano más famoso de una ciudad universitaria vive
en una fortaleza de piedra en lo alto de una colina, cabe esperar que la
fortaleza y su ocupante se incluyan en el folclore local. Al otro lado del
barranco desde la Casa de la Esfinge se encuentra la Fraternity Row[1174] de
Cornell. Los miembros de una de las residencias tenían como ritual del sábado
por la noche acercarse a la casa de Sagan y romper el espejo circular que para
facilitar el tráfico había en su entrada. Los daños económicos no eran grandes,
pero se infligían con cierta regularidad. Según una de las (¡verídicas!)
«leyendas urbanas» de Ithaca, los miembros de Alfa Sigma Fi enviaron a los
Sagan una invitación a una cena de vecinos. Sospechando que detrás del
vandalismo estaban los estudiantes, Sagan declinó la invitación y sugirió que
contactaran con su agente de conferencias. Como represalia por aquel feo, Alfa
Sigma Fi ensartó las luces navideñas de su residencia para que formaran las
palabras «Carl Sagan es un mierda[1175]».
§. No hagan prisioneros
Esta clase de historias hace patente la ambivalencia de la
comunidad de Cornell hacia su docente más famoso. No constituye ninguna
paradoja (más allá de la paradoja de la naturaleza humana) que las valoraciones
que la gente hacía de Sagan como persona difirieran enormemente. De lo que se
seguía hablando mucho era de la imagen que de sí mismo proyectaba Sagan. La
percepción de que Sagan era «arrogante» despertaba al parecer tanto interés
periodístico que en 1985 un periodista del New York Times se sintió justificado
para atreverse a preguntarle a Sagan por ello. (Respuesta de Sagan: los
«interminables primeros planos en los que aparecía sobrecogido» en la serie
Cosmos crearon la impresión de que era arrogante[1176]).
«En lo personal», opina Dorion, a su padre «su ego, desde luego,
lo perjudicó[1177]». Carl devolvía platos en los restaurantes[1178]; envió a un
recadero a tres charcuterías sucesivamente hasta que consiguió traerle un
sándwich «perfecto[1179]»; montó en cólera cuando un camarero le trajo un aliño
de ensalada (él había pedido dos)[1180]. Este comportamiento llevó a Jill
Tarter a referirse a él en broma como «el rey Carl», aunque rápidamente añade
que «el rey Carl» podía «ser el más considerado, compasivo y generoso de los
individuos[1181]».
Timothy Ferris califica la etiqueta de «arrogante» como «una
estupidez». Cuando la palabra se aplicaba a Carl, explica, simplemente
«significa que tú sabes detrás de qué vas e insistes en llegar allí». La gente
carente del ímpetu de Sagan propendía a etiquetarlo como arrogancia. (Ferris
acabó en términos cordiales con Carl y Annie[1182]).
Druyan llega al punto de conceder que su marido podía ser un
hombre con poca paciencia con los idiotas[1183]. «Carl no hacía prisioneros en
su enfoque de la vida», dice Lynda Obst. «Carl era una especie de cañonazo
hacia el éxito disparado desde la Universidad de Chicago. Podía ser implacable
en su capacidad de destruir el argumento de alguien o en su inexorable
valoración de la realidad[1184]».
Los cañonazos propician los aterrizajes forzosos. «Carl tenía
una personalidad de Jekyll y Hyde», cree el astrónomo Tobias Owen, que lo había
conocido en la misma Universidad de Chicago. «Yo vi demasiado de su parte
Hyde[1185]».
§. El efecto Annie
Estas observaciones pueden dar idea de cómo algunas personas
veían a Carl, pero cómo se veía él a sí mismo es de nuevo otra cosa. El hecho
capital de la vida interior de Carl parecería ser su entusiasmo, satisfecho y
sin conflictos, por la vida. Especialmente en el tercer matrimonio, sorprendía
a sus colegas como la encarnación viva de la receta de Freud para la felicidad.
Le encantaba lo que hacía y amaba a su esposa, ambas cosas con una pasión de
profundidad casi mística. Carl se levantaba cada día lleno de entusiasmo,
aparentemente inmune a la depresión o la duda de sí mismo. En ese aspecto era
objeto de asombro[1186].
Mucho de esto se atribuía a Annie. Para los observadores
favorables, ella hizo de él una «persona completa[1187]»: «La mejor versión
posible de él mismo[1188]». «Annie era consciente del efecto que Carl producía
en los demás», explica Obst. «Ella era la persona que le podía decir a Carl
“estás yendo demasiado lejos, estás yendo demasiado rápido, estás siendo
demasiado duro”[1189]».
Carl era la relativamente rara clase de personas con un interés
inquisitivo, filosófico, por la ética. Estaba dispuesto a cambiar su conducta,
incluso en su madurez, en base a argumentos éticos de Annie u otros. El
estudiante de posgrado Peter Wilson le preguntó en una ocasión a Carl cómo
justificaba la muerte de animales para hacer la preciosa chaqueta de cuero que
llevaba. No lo pudo justificar, así que dejó de ponerse la chaqueta[1190].
En la mesa, Carl se divertía a sí mismo y a la familia
planteando un tema de conversación como «¿Es ético tener animales
domésticos?»[1191]. Mediante esta especie de autoanálisis, exorcizó los últimos
vestigios de su inicial sexismo; alineó sus opiniones sobre los homosexuales
con las de otros liberales estadounidenses[1192]. En El mundo y sus demonios
plantea un experimento conceptual en la esfera ética: ¿Cómo sabemos que la
conducta que consideramos que es ética hoy en día será considerada así en el futuro?
¿Hay absolutos en ética? Según él, la posteridad tal vez nos juzgue como
inmorales por «comer animales o enjaular chimpancés; o penalizar el uso de
euforizantes por adultos; o permitir que nuestros hijos crezcan en la
ignorancia[1193]».
En los debates con otros, Carl muchas veces presentaba la clase
de argumentos que podían convencerlo a él mismo. En muchos casos, esta fría
lógica era más exasperante que los más frecuentes gritos[1194]. Una frase
chocante con la que Annie describe a Carl es «un macho no alfa». Las
comunidades de chimpancés y babuinos (¿y humanos?) están dominadas por «machos
alfa» de alta jerarquía hacia los que los demás muestran deferencia. En opinión
de Annie al menos, su marido era lo contrario a esto… un Carl que no sería rey…
el aparente antecesor de un nuevo hombre no competitivo sino cooperativo[1195].
* * * *
A diferencia de Linda, Annie se interesaba mucho por los
detalles de la ciencia de Carl. A diferencia de Lynn, estaba dispuesta a
prestarle la dedicación exclusiva que parece haber sido una de las necesidades
más profundas de Carl[1196] Esto hizo de Annie una compañera total, en lo
personal y en lo profesional.
La perfección de la sintonía a veces lindaba con la rareza. Ante
la pregunta de un periodista, en ocasiones Carl se volvía a Annie y le
preguntaba: «¿Qué opinamos de eso?»[1197]. La intimidad conyugal era tal que
Carl se tomaba como una ofensa personal incluso que Annie y Lynda Obst lo
excluyeran de sus «conversaciones de mujeres[1198]».
«Carl», dijo Richard Berendzen en el curso de una reunión, «echo
de menos tus cuellos de cisne, pero esta noche estás estupendo con tu traje de
raya diplomática». Carl llevaba puesto un bonito traje de raya diplomática.
Annie también vestía un traje de raya diplomática.
«Pues no sé», respondió Carl con calma, «a veces me pongo esta
clase de cosas». Annie se inclinó hacia Berendzen y susurró: «¿Sabes? Creo que
su traje de raya diplomática es, tal vez, influencia mía[1199]».
En este paraíso matrimonial hubo unos cuantos disidentes. A
Gentry Lee le resultó difícil trabajar con Carl después de que Annie entrara en
su vida y se convirtiera en una parte tan integral de ella. No le gustaba
encontrarse con dos socios comerciales, según él lo veía. En 1982, Lee decidió
que quería abandonar Carl Sagan Productions. Carl pagó a Lee su 15 por 100 de
los primeros anticipos por Contact y Lee aceptó renunciar a cualquier otra
reclamación material. El divorcio empresarial acabó por ser casi tan polémico
como el personal por el que Carl había pasado. Al final, ni siquiera la amistad
sobrevivió. Para algunos parecía como si el amor de Annie hubiera levantado un
muro protector en torno a Carl, y esto podía ser algo formidable[1200].
* * * *
Dos cambios sustanciales se debieron a Annie y/o a la parte de
su vida que Carl compartió con Annie. Uno fue un nuevo hincapié en el activismo
social. Hay una gran diferencia entre hablar de política a la hora de comer y
hacer algo al respecto. Annie propició un compromiso más activo en Carl, le dio
por así decir aquel suave empujoncito que sus colegas astrónomos probablemente
no le habrían dado.
Un segundo cambio fue que Carl encontró tiempo para ser un
marido y padre más adecuado. Annie realizó un auténtico esfuerzo por qué Carl
mejorara sus relaciones con sus tres hijos. El éxito fue desigual con Dorion y
Jeremy (ya adultos); mayor con el adolescente Nick.
Con su mujer, Carl no era solo indulgente sino creativamente
romántico. Cuando veía un vestido que Annie se había comprado, Carl preguntaba
cuánto había costado y añadía: ¿Venía en otros colores? Deberías haberte
llevado seis[1201]. Más impresionante aún fue que Carl se pasara seis meses
organizando una complicada celebración del cuadragésimo cumpleaños de Annie.
Localizó a amigos y parientes y los juntó para una excursión mar adentro. Todos
se montaron en un yate para realizar un crucero de cuatro días por el estrecho
de Long Island, deteniéndose en lugares que habían sido importantes en la vida
de Annie, comiendo cosas que habían sido importantes en la vida de Annie.
Ondeando al viento, las banderas náuticas del barco deletreaban una
felicitación de cumpleaños codificada[1202].
§. Vida hogareña
Carl comenzaba la mayoría de las mañanas de este estupendo
tercer matrimonio con un desayuno sustancioso. Cuando había tiempo, le gustaban
las tortillas a la francesa y una lectura pausada del New York Times. A veces
tomaba té, pero no café. La comida también podía ser sustanciosa. Hubo una
época en que lo que más le gustaban eran las ensaladas de huevo. El chocolate
seguía encantándole. Estas comidas con mucho colesterol no dejaron de tener su
efecto. Los estudiantes de Cornell que lo conocían de la televisión se
sorprendían muchas veces de lo grueso que estaba[1203].
Los amigos le tomaban el pelo a propósito de su falta de
ejercicio (Annie respondió en una ocasión que a Carl solo le gustaba una forma
de ejercicio). Las bromas llevaron a Carl a comprarse una máquina de andar. Se
caía de ella; no se usó mucho[1204].
Carl era tan desmañado como se supone que son los maridos
judíos. No le gustaba salir a comprar ropa. Annie lo arrastraba a una tienda de
ropa, y él de repente anunciaba que estaba cansado. Esa era una queja que por
lo demás rara vez se le oía.
El hogar de los Sagan contenía anaquel tras anaquel de libros
sobre aparentemente todos los temas posibles. Carl leía sobre todo no ficción.
Le gustaban algunas novelas de misterio, y de vez en cuando, volvía a la
ciencia ficción. Una película que lo impresionó fue Lawrence de Arabia,
especialmente el enigmático Lawrence de Peter O’Toole. Admiraba El padrino I y
II de Coppola, aunque no el III. Le gustó la producción televisiva de Retorno a
Brideshead; las series Todo en familia, Canción Triste de Hill Street[1205] y
La ley de Los Ángeles[1206].
Carl conservaba pero no aumentó mucho su colección de sellos de
la infancia. Tenía un impresionante montón de manuscritos científicos y
literarios, en su mayoría regalos de Annie. En su casa se exhibían enmarcadas
cartas de Frederick Douglass[1207] y Gandhi, y una página demencialmente
meticulosa de la infructuosa teoría unificada de campos de Einstein. Había
grabados de Rembrandt, M. C. Escher y David Hockney (un regalo del artista);
dos Miró, muebles de Le Corbusier y una mezcla de antigüedades auténticas y
falsas (incluida una réplica de la piedra de Rosetta). A Annie la encantaban el
arte folclórico y comercial de Estados Unidos. Una de las paredes estaba
decorada con el logotipo del pegaso en acero rojo rescatado de una gasolinera
de Mobil[1208].
Más insólita que esta de convencional «buen gusto» era la
colección de arte astronómico. Los Sagan fueron mecenas importantes. Poseían
los cuadros originales de Chesley Bonestell, el auténtico Giotto de la
especialidad, que se habían utilizado para ilustrar el clásico de Willy Ley y
Wernher von Braun La conquista del espacio. Carl tenía el prurito de comprar
los cuadros astronómicos encargados para sus libros. Don Davis (que pintó la
portada de la edición en tapa dura de Los dragones del Edén) consideraba a Carl
su cliente más exigente y perspicaz[1209].
* * * *
Los ayudantes de Carl en Cornell tenían la formidable y a veces
nada envidiable tarea de ocuparse de su correo y de sus llamadas telefónicas.
De todos los científicos del mundo, él era el único conocido de la televisión y
de los suplementos dominicales, aparentemente tan accesible como el
Wal-Mart[1210] local. Recibía cartas llenas de insultos y amenazas de creyentes
en los ovnis, antisemitas, enemigos políticos, antiabortistas y personas
religiosas a las que sería difícil llamar «cristianos». Hubo hasta amenazas de
muerte[1211].
También había una cantidad mucho mayor de extravagancias
inofensivas. Una parte de este correo Carl lo guardaba en un archivador de su
casa que, desde los tiempos de Linda, llevaba la etiqueta de «Cerámica
cascada»… con el significado de «chaladuras[1212]». A estos archivos iban
cartas de ciudadanos serios que habían descubierto grandiosas nuevas teorías
sobre el universo o habían sido abducidos por alienígenas; resuelto los
problemas más intratables del mundo; inventado naves espaciales, viajes en el tiempo,
cañones de rayos o máquinas de movimiento perpetuo que ellos estaban
completamente seguros de que funcionarían. Debido al efecto de muestreo, las
preocupaciones de los autores eran paralelas a las de Sagan, si bien de una
manera grotesca y hasta esperpéntica.
Muchos de los que le escribían creían que la vida extraterrestre
ya se había manifestado en la Tierra y pensaban que Sagan debía enterarse. Los
habitantes de Venus le hablaban a uno de los remitentes a través de su ducha de
teléfono. Otras personas recibían señales extraterrestres en sus empastes
dentales[1213]. A muchos lo que les preocupaba era el tiempo, que alguien les
creyera antes de que fuera demasiado tarde. «Aparecen en mi cabeza imágenes que
yo no he metido», se quejaba una carta. «Si acabo por volverme psicótico debido
a toda esta presión —o sufro otro infarto—, desaparecerá su última prueba
segura de que hay vida en el espacio[1214]».
§. Suiza
Annie estaba pendiente de Nick, consciente en que se había
convertido en un mártir involuntario de la actual felicidad de ella… con
mosquiteras o no. En la época que siguió al divorcio, Nick era la única persona
de la familia que se llevaba bien con Linda y Annie. Había decidido ser «Suiza»
en la guerra entre Linda por un lado y Carl y Annie por otro[1215].
Nick Sagan ya era lo bastante mayor para tener intereses que su
padre no comprendía. Jugaba con avidez a Dragones y mazmorras, el juego de rol
que tenía alarmados a tantos padres de los ochenta. Quería ver películas como
Heavy Metal [1216]. Cuando estalló la revolución digital, Nick se enfrascó en
la primera generación de juegos informáticos de aventuras por internet. Podía
jugar a docenas de juegos simultáneamente[1217].
A Carl le preocupaba el tono oscuro/gótico/escapista de todo
aquello. Se preguntaba si el divorcio había tenido algo que ver en ello. Un
verano, él y Nick fueron a ver a un consejero familiar en Rochester. Para Nick,
la parte más terapéutica de la experiencia fueron el par de horas de viaje en
coche que a la fuerza pasó con su siempre atareado padre[1218].
* * * *
Rachel Sagan aceptó a Annie como no había hecho ni con Lynn ni
con Linda. (A Annie le regaló su libro de cocina judía favorito, con esta
dedicatoria: «Para la única nuera de verdad que he tenido[1219]»). No fue mucho
el tiempo que pudo disfrutar de aquella nuera. En el hospital Beth Israel de
Boston, a Rachel le diagnosticaron cáncer de páncreas. Ella, Carl y Annie
regresaron a su suite de hotel y trataron de sobreponerse. Esforzándose por
encontrar algo que apartara del diagnóstico la mente de Rachel, Carl anunció
que él y Annie tenían buenas noticias sobre su serie de televisión… por
supuesto, se suponía que era un secreto…
«No te preocupes, querido», dijo Rachel. «Me lo llevaré conmigo
a la tumba[1220]».
* * * *
Rachel pasó sus últimos días con Carl y Annie. Poco antes de su
muerte, Carl, Annie y Cari fueron al hospital a verla. Les advirtieron de que
estaba inconsciente y con el cuerpo hinchado por el mal funcionamiento del
metabolismo. Annie, asumiendo el papel de matrona emocional, entró primero para
asegurarse de que la visión no fuera demasiado perturbadora. Rachel murió en
febrero de 1982. Su hijo la lloró amargamente[1221].
En un trabajo sobre las alucinaciones escrito poco antes de su
propia muerte, Sagan comentó que él a veces oía a sus difuntos padres
pronunciar su nombre en un tono coloquial de voz[1222].
No son pocos los miembros de la familia que creen que Rachel
influyó en las ambiciones profesionales de Carl. Ella tuvo que ser fuerte para
sobrevivir, y transmitió esa fortaleza a su brillante hijo. Carl alcanzó el
éxito que a su madre le estuvo vedado. De todos los posibles escenarios de ese
éxito, él escogió los cielos estrellados… tan lejos de Brooklyn[1223].
El primer hijo de Annie y Carl, una niña, nació en noviembre de
1982. Le pusieron Alexandra Rachel Druyan Sagan[1224].
§. Gato por liebre
Carl Sagan constituía un eficaz gancho con el que atraer a
estudiantes, profesores, becas de investigación y la atención de los medios de
comunicación a Cornell. Se dice que la pregunta que más hacían los visitantes
de su campus era «¿Dónde está el despacho de Sagan?». (Estaba en la puerta 302
del Edificio de Ciencias del Espacio, y no era mayor que los demás
despachos[1225]). El nombre de Sagan ocupaba muchas veces un lugar destacado en
los discursos de reclutamiento, una práctica que tal vez bordeaba el dar gato
por liebre. «Las personalidades famosas que forman parte del cuerpo docente no
se mantienen apartados de las aulas de los estudiantes», se leía en un folleto
de Cornell. «En Cornell, la forma en que los profesores, los alumnos de cursos
superiores y los estudiantes de posgrado se codean y toman café juntos crea una
auténtica universidad: una comunidad de eruditos. A Ezra Cornell le habría
gustado así[1226]».
Cualquier estudiante que esperara codearse con Carl Sagan se
llevaba una decepción. Los novatos no tardaban en darse cuenta de que Sagan
rara vez se dejaba ver más que por una pequeña camarilla de estudiantes de
posgrado y colaboradores. Después de Cosmos, Sagan se lamentaba de que le
resultaba imposible impartir sus clases de introducción a la astronomía. Las
«palabras de Cosmos resonaban en mis oídos», dijo. En un año típico de la
última parte de su carrera, Sagan daba clase abierta a un grupo de estudiantes
de la licenciatura y el número de plazas estaba limitado a 25. Un año hubo 300
solicitudes. Eso es un recorte de 12:1. (Por comparación, a Cornell se la
considera muy competitiva porque recibe unas seis solicitudes por cada plaza en
sus clases de primer curso). Se dice que las 300 solicitudes que se presentaron
para su clase Sagan las cribó con la capacidad y la diversidad como
criterios[1227].
Esto alimentó cierta actitud defensiva hacia la presencia de
Sagan en el campus. «En mi opinión, debería ser accesible a los estudiantes de
la licenciatura… como lo es»: así citó un periódico del campus, con la
significativa elipsis y todo, al jefe del Departamento de Astronomía Yervant
Terzian[1228]. Se explicaba que «muchas personas no se dan cuenta de que Sagan
es solo un empleado a tiempo parcial, que imparte clase solo uno o dos
semestres[1229]».
En las reuniones sociales, a los estudiantes de posgrado se les
acosaba con la pregunta de si alguna vez veían a Sagan. Por supuesto, la
respuesta era sí, aunque a veces esto requería un poco de planificación[1230].
Owen Brian Toon descubrió que donde más fácil resultaba tropezarse con Sagan
era en los ascensores. Entre el tercer piso y la planta baja del edificio de
Ciencias del Espacio daba tiempo para una breve charla[1231].
Entre el personal docente no científico, Sagan producía muchas
veces fastidio (y envidia) porque seguía en el claustro con el mínimo de
responsabilidades. Pocos de los científicos de Cornell compartían esa opinión.
El aprecio del que Sagan gozaba entre buena parte de los profesores de
astronomía era y es poco menos que abrumador. Muchos de los menores de treinta
años admiten con franqueza que Sagan era, al menos en parte, responsable de que
se hubieran dedicado a la astronomía, de que hubieran llegado a Cornell o de
ambas cosas.
§. Un artículo al mes
Incluso cuando su carrera como escritor y personalidad
televisiva se expandió, Sagan continuó encontrando tiempo para investigar. La
disminución por muchos supuesta en la producción científica de Sagan como
consecuencia de la fama es difícil de percibir. En 1980, el año en que se
emitió Cosmos, solo publicó cuatro artículos. Después la producción científica
de Sagan recuperó sus niveles casi máximos. Ya en 1989, Sagan publicó 20
artículos profesionales, lo cual no está nada mal para un científico de su edad.
En total, Sagan publicó unos 300 artículos científicos a lo largo de su
carrera. Si se añadieran los compendios (descripciones breves de la
investigación en curso), el total ascendería a unos 500. Esto equivale a un
ritmo de un artículo al mes durante cuatro décadas, un logro impresionante se
mire por donde se mire.
Cabe sospechar que estas cifras se «inflaron» poniendo el nombre
de Sagan en artículos llevados a cabo por otros en su laboratorio. Sagan era un
teórico, alguien al que se le ocurren ideas que los otros comprueban. (Nunca
tuvo ni la habilidad ni la paciencia de realizar por sí mismo experimentos
complejos). Como Sagan era prolífico en ideas mientras que (normalmente) no
intervenía directamente en la investigación, que es lo que más tiempo consume
en este tipo de trabajo, participaba en más proyectos de lo que habría sido
posible en otro caso. Pero «en lo referente a la autoría era absolutamente
escrupuloso», dice Christopher Chyba, antiguo estudiante de posgrado en
Cornell. «Si no había hecho contribuciones sustanciales a la investigación, no
figuraba como coautor, y si no había sido responsable de la mayoría de ideas
incluidas en el artículo, no aparecía como primer autor[1232]».
Además de Chyba, entre los colaboradores importantes en la
última parte de la carrera de Sagan se cuentan Khare y Veverka, Steven Squyres,
Stanley Dermott, Dave Pieri, E. T. Arakawa, Gene McDonald, Peter Wilson,
Laurence Soderblom y W. Reid Thompson.
La mayor parte del trabajo científico de Sagan lo llevó a cabo
en su juventud, antes de ser famoso. Tenía veintiséis años cuando realizó su
tesis sobre el efecto invernadero en Venus; un poco más de treinta cuando él y
Pollack explicaron los cambios estacionales en Marte; cumplía los treinta y
ocho cuando publicó el primer artículo sobre la paradoja del joven Sol débil.
Esto no quiere decir que la ciencia de Sagan cayera víctima de la celebridad.
La mayor parte del trabajo científico auténticamente grande se realiza pronto.
En matemáticas y física se dice que los treinta es el punto límite para lograr
algo de primer nivel. La astronomía es más indulgente (los instrumentos siguen
mejorando durante la carrera de un astrónomo). Sin embargo, la tendencia sigue
siendo a las carreras con la mayor parte del peso en sus comienzos. No hay,
pues, nada insólito en la curva general de los logros científicos de Sagan,
aparte del hecho de que en la última parte de ella también estaba produciendo
libros y programas de televisión.
§. Buenas obras
Sagan también desarrolló una tercera carrera como activista y
político de la ciencia. Encontró tiempo para dar conferencias y ejercer presión
en Washington, D. C., a favor de causas medioambientales, antibelicistas y de
derechos humanos. Se sentaba en consejos consultivos de instituciones tan
augustas como la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (1981-1996);
la Institución Smithsoniana (1975-1982); los Premios Nacionales de Literatura
(1975), el Diccionario del Patrimonio de Estados Unidos (1976-1982; 1987-1996);
el Salón Nacional Femenino de la Fama (1981); las Madres por el Desarme Nuclear
(1986-1990); la Unión de Consumidores (1986-1996); la Conservación de la
Naturaleza (1991-1996); los Voluntarios por la Alfabetización de Estados Unidos
(1994-1996)[1233]. Druyan fue secretaria de la Federación de Científicos
Estadounidenses; ocupaba un sillón en la Organización Nacional para la Reforma
de la Legislación sobre la Marihuana.
Aquel ferviente marxista que era I. S. Shklovski consideraba a
Sagan «un millonario muy progresista[1234]». Sagan creía que debería haber una
redistribución de la riqueza, topes a los ingresos y un plan nacional de salud.
Puesto que era un trabajador millonario, las radicales convicciones de Sagan no
pueden de ningún modo calificarse de interesadas. Evidentemente, tampoco le
inhibían de disfrutar de las cosas más refinadas de la vida. Dorion señala
irónicamente que Carl y Annie «daban audiencia en la última planta del Ritz
Carlton, no paraban de hablar sobre marxismo mientras impartían órdenes al
servicio de habitaciones y se dejaban las luces encendidas cuando salían de la
habitación. Para él y Annie, el capitalismo era algo sucio que hacían los
ejecutivos de las empresas y republicanos no ilustrados[1235]».
Los hijos de Sagan eran más conservadores en muchos temas. Nick
discutía con su padre sobre la pena de muerte. Carl se oponía categóricamente;
a Nick le parecía justificado en ciertas ocasiones[1236].
* * * *
Sagan fue fundador de organizaciones. Durante el acercamiento de
las Voyager a Júpiter, comentó con Bruce Murray su preocupación por la
dificultad de encontrar financiación para nuevas misiones espaciales. Como
respuesta, fundaron una organización sin ánimo de lucro que tenía como objetivo
el apoyo a la exploración espacial, la Sociedad Planetaria. (Sagan rechazó la
sugerencia de que en el nombre de la sociedad figurara la palabra «cosmos». Su
actitud hacia esa palabra era casi de propiedad[1237]).
El inverosímil emparejamiento del yin y el yang de la comunidad
de la ciencia planetaria funcionó. Murray añadió una sensata probidad al tirón
del famoso Sagan. Paul Newman (que tenía curiosidad por la SETI) contribuyó con
10.000 dólares a la organización[1238], mientras que Gene Roddenberry[1239]
firmó una carta abierta en la que animaba a todos los fans de Star Trek a
hacerse socios[1240].
La sociedad reafirmó la influencia de Sagan en Washington como
miembro del lobby a favor de la financiación de la investigación espacial. A
diferencia de la mayoría de los académicos que daban sus testimonios en la
colina del Capitolio, Sagan contaba con el respaldo de electores potenciales.
Con el tiempo, la Sociedad Planetaria llegó a contar con 100.000 miembros, un
número que Sagan siempre podía citar[1241].
Sagan también participó en la fundación del Comité para la
Investigación Científica de las Afirmaciones sobre lo Paranormal (CSICOP en sus
siglas inglesas). Esta organización con sede en Buffalo, estado de Nueva York,
intenta examinar con rigor científico las sensacionalistas afirmaciones
populares. Sagan, Isaac Asimov, Martin Gardner y James Randi firmaron como
miembros fundadores. La publicación del CSICOP, The Skeptical Enquirer [«El
indagador escéptico»], se ocupa de temas habituales en los «tabloides»: los
ovnis, los fantasmas, los recuerdos reprimidos, los milagros religiosos, la
medicina alternativa. Inevitablemente, la gran mayoría de sus casos acaban
«desacreditados». Pero el objetivo declarado del CSICOP, muy en el espíritu de
Sagan, es no descartar nada de entrada.
* * * *
Sagan pronunciaba discursos en favor de estas y muchas otras
causas. Sus charlas eran tan articuladas y estaban tan bien organizadas que
muchas veces la gente se quedaba pasmada al enterarse de lo poco que se las
había preparado. Lo que iba a decir lo habría pensado antes, pero las notas se
limitaban a unas cuantas palabras escritas sobre una cartulina o una
servilleta. De no haber sido por esta capacidad, Sagan difícilmente habría
podido cumplir su asombroso programa de conferencias[1242].
Muchas veces, al comienzo de una charla se quitaba la chaqueta y
les daba dos vueltas hacia arriba a las mangas de la camisa[1243]. Calentaba el
ambiente con un comentario jocoso y enseguida entraba en el tema. Era
especialmente adepto a las sesiones de preguntas y respuestas. Cualquiera que
lo viera hablar no podía dejar de admirar cómo resolvía las preguntas hostiles…
de las cuales recibía unas cuantas y en cantidad creciente conforme crecían su
fama e implicación política.
Sagan no era ventajista. Trataba de responder a todas las
preguntas cuando era posible, y cuando no lo era recorría la sala con la mirada
en busca de una última pregunta y decía «¿Quién tiene más urgencia?» (una
táctica que favorece a los fanáticos de todas las clases)[1244].
Una queja que Sagan oyó más de una vez era, dicho en general:
«Usted ha echado por tierra todo lo que nos hace pensar que valemos la pena.
¿Qué hacemos ahora?». La contestación de Sagan era. «Vayan a hacer algo que
valga la pena. Esa es su respuesta[1245]».
* * * *
Sagan mantenía una prolífica correspondencia lo mismo con pesos
pesados científicos que con estudiantes desconocidos. Las cartas eran muchas
veces manuscritas. Visitaba prisiones y hablaba en ceremonias de
nacionalización de nuevos ciudadanos. No faltaba cuando era convocado para
formar parte de un jurado.
Parte de la leyenda de Sagan es su enorme currículum vítae,
«para él una especie de obra de arte», según Timothy Ferris[1246]. En el
momento de su muerte ocupaba 216 páginas impresas, pero por mor de los bosques
tropicales estaba disponible en dos discos informáticos. Comprendía no solo el
trabajo científico, literario y social de Sagan, que es prodigioso, sino
también la cobertura periodística de su carrera, que era aún más prodigiosa. La
trayectoria vital documenta, por ejemplo, la fecha en la que el Lima News (de
Ohio) reimprimió un artículo del Staten Island Advance (Nueva York) que
informaba sobre una conferencia a la que Sagan asistió en Colorado Springs el 5
de abril de 1989.
Por qué Sagan hacía tantas buenas acciones menores tiene algo de
enigmático. Las causas valían la pena, pero no siempre, aparentemente, eran la
mejor forma de emplear su tiempo y su talento… aunque se acepte el hecho de que
las charlas de Sagan arremangado eran una manera de poner a prueba material
para futuros artículos y libros. En una ocasión, un amigo preguntó a Sagan por
qué se había pasado cinco horas al volante para ir a recoger un galardón menor
(el «Quinto Premio Anual del Salón de la Fama de New Jersey»). Sagan respondió
que así sus hijos podrían ver el cercano museo de la ciencia. Uno supone que
esa no debía de ser toda la historia. Debía de haber unas ganas constantes,
compulsivas, de mantenerse en movimiento[1247].
.*?
La optimista predicción de Adrian Malone había resultado
acertada. Los impresionantes índices de audiencia de Cosmos sí habían
convencido a las cadenas comerciales de que había público con un coeficiente
intelectual de por lo menos 70. Sagan, Druyan y Steve Soter comenzaron a
esbozar una nueva serie de televisión que se llamaría Nucleus.
Una inspiración fue el interés de Lester Grinspoon en la
negación emocional de la guerra nuclear: la forma necesaria en que las personas
conducen sus vidas, en su mayoría olvidándose del omnipresente riesgo de
aniquilación. Grinspoon y Sagan convocaron reuniones con expertos en defensa
como Richard Garwin y George Kistiakowsky. En 1982, Sagan, Druyan y Soter
habían redactado un guion preliminar[1248].
La serie, en seis capítulos, trataría de la física nuclear y,
más aún, de la incertidumbre: de cómo la extraña naturaleza indeterminista de
la física cuántica había cambiado nuestra visión de la realidad y de cómo la
carrera de las armas nucleares había creado un mundo la continuación de cuya
existencia era incierta. Visualmente sería tan innovadora como Cosmos. También
constituiría un reto en sentidos diferentes a Cosmos.
Nucleus rastrearía la historia moral y política de la carrera
armamentística, poniendo de relieve la hipocresía (según sus autores) de muchos
de los protagonistas. Sería particularmente crítica con la bomba atómica
lanzada por EEUU sobre Nagasaki: una acción difícil de justificar con los
argumentos éticos y estratégicos con los que a menudo se defendía la arrojada
sobre Hiroshima. La serie expondría que la mayoría de las veces había sido
Estados Unidos el que había iniciado los ciclos de construcción de arsenales
nucleares a pesar de las declaraciones según las cuales la nación solo quería
mantener un equilibrio de poder. Tampoco faltarían los científicos. La serie
pondría de relieve cómo fueron pocos los científicos del Proyecto Manhattan que
lo abandonaron en cuanto se produjo la derrota de Alemania, a pesar de la
excusa de que estaban construyendo la bomba solo para proteger de Hitler al
planeta. En consideración al tema, Sagan opinaba que la serie debía verse en la
Unión Soviética lo mismo que en Estados Unidos. Viajó a Moscú para anunciar la
serie[1249].
En Estados Unidos, la ABC compró el guion preliminar. Fue un
movimiento valiente. Por su formato, nivel intelectual y sesgo político,
Nucleus era una serie en el estilo de la PBS. La ABC estaba entonces emitiendo
El día después, una película para televisión que dramatizaba las secuelas de
una guerra nuclear[1250]. Esa película ya era un pararrayos para los críticos
conservadores, y la serie de Sagan prometía más de lo mismo. Como un ejecutivo
de la cadena advirtió a Sagan, no querían que la gente comenzara a pensar en la
ABC como si fuera Radio Moscú[1251].
§. El invierno nuclear
La guerra nuclear se estaba convirtiendo en uno de los temas
capitales en el trabajo científico y político de Sagan. A mediados de los años
ochenta, Sagan era el actor principal en la polémica del «invierno nuclear»,
una de las más penosas demostraciones de la llamada relatividad de la verdad
científica. En la explicación del invierno nuclear que escribió en 1990, Sagan
afirmó que «la tesis central del invierno nuclear parece más válida hoy en día
que nunca antes[1252]». En aquel momento, esa opinión distaba de ser
mayoritaria.
El público, en cualquier caso, estaba confuso. Sagan era el
portavoz más destacado de un grupo de distinguidos científicos y responsables
políticos que decía una cosa mientras otro grupo igualmente distinguido decía
la contraria. Por desgracia, el invierno nuclear no era una aberración.
Actualmente, en la toma de decisiones políticas influye cada vez más la
ciencia, cuyas proclamas son provisionales, a veces ambiguas y a menudo sujetas
a los giros políticos. En la nueva mezcla de ciencia y política, los científicos
activistas como Sagan desempeñan un papel importante y mal comprendido.
Sagan tenía la muy destacada capacidad de ver conexiones entre
cosas que otros no pensaban en absoluto que guardaran relación. El invierno
nuclear tenía que ver con temas tan diversos como las tempestades de polvo en
Marte, los dinosaurios, los volcanes y la historia de la guerra. Si había un
tema lo bastante elevado para competir con la vida extraterrestre en la
imaginación de Sagan, ese era el fin del mundo. Este era un molino de viento
contra el que arremetió una y otra vez durante años; para seguir con la
metáfora quijotesca, a menudo se encontró con que su visión de las cosas
difería de la de los que lo rodeaban. Esto tenía que ver no solo con la
«verdad» científica, sino con la filosofía personal que Sagan tenía sobre el
riesgo. La mayoría de las personas vive en la negación de los riesgos remotos
de catástrofe. Sagan, con su amalgama de racionalidad y «paranoia», se entregó
con toda naturalidad a la tarea de evaluar los pequeños riesgos de la mayor de
las catástrofes.
Cualquier intento de contar la enmarañada historia del asunto
del invierno nuclear debe comenzar por determinar la dimensión de la
participación de Sagan. La ciencia del invierno nuclear se desarrolló en el
Centro de Investigación Ames, de la NASA, en parte por obra de discípulos de
Sagan. Los principales actores detrás del estudio original del invierno nuclear
fueron Richard Turco y Owen Brian Toon. Se sirvieron de un modelo en aerosoles
previamente desarrollado por Jim Pollack y ellos mismos. El apoyo de Pollack,
un veterano científico en el Ames de la NASA, resultó crucial para su trabajo.
Sagan se sumó al equipo cuando la mayor parte del trabajo científico ya estaba
hecho. Su papel fue de estratega y publicista… un papel que en este caso era
cualquier cosa menos incidental.
§. Cornell Oeste
Apenas conocido por el público, el Centro de Investigación Ames
está situado en Mountain View, California, en el corazón de Silicon Valley. Por
encima del complejo se eleva una cúpula visionaria construida no para cohetes
sino para dirigibles, reliquia del proyecto de un antiguo almirante para una
base de dirigibles. La mayoría de los demás edificios se parecen a un instituto
de secundaria en una localidad que haya votado una drástica reducción fiscal.
El espacio interior está inmisericordemente diseccionado en cubículos de
Dilbert[1253].
No obstante, el Ames es tradicionalmente un lugar en el que se
ha llevado a cabo buena parte de la investigación más provocativa de la NASA.
Son tantos los discípulos de Sagan que han trabajado allí que se habla de un
conducto subterráneo entre Ithaca y el Ames o «Cornell Oeste», y algunos dicen
que el científico más destacado del centro fue, con gran diferencia, James
Pollack.
Cuando Pollack llegó por primera vez al Ames, de nuevo se mostró
preocupado por los problemas de seguridad que podría ocasionarle su condición
de homosexual. La política de la agencia espacial parecía ser la de no
preguntar, no comentar[1254]. Pollack mantenía una tempestuosa relación con
otro de los empleados del Ames (y licenciado de Cornell), que se convirtió en
una de las primeras víctimas del sida[1255]. En el Ames, Pollack era conocido
como un hombre amable, un poco distraído, con sentido del humor, una sobrina a
la que adoraba en Long Island y una buena disposición a ayudar a otras personas
con sus problemas. A la puerta del despacho de Pollack en el Ames había muchas
veces una fila de personas en busca de ayuda. Nunca hizo que ninguna de ellas
se sintiera apremiada, recuerda un visitante frecuente[1256].
El revoltijo que otrora se había limitado a la mesa de trabajo
de Pollack ocupaba ahora todo el despacho. Los archivadores tapaban las
paredes, desde las superficies disponibles crecían estalagmitas de carpetas,
artículos y libros apilados. Se le habían acentuado ciertas tendencias
obsesivas. Mientras hablaba por teléfono, Pollack arrancaba tiras de celo y las
pegaba sobre su mesa de trabajo, que acabó llena de celofán. Cada vez que salía
de su coche, Pollack le daba la vuelta completamente, estudiándolo desde cada
ángulo. Una vez, Brian Toon le preguntó por qué. Jim respondió que en una
ocasión se había dejado las luces encendidas. La batería se había
descargado[1257].
Pollack era un abonado entusiasta de la Ópera de San Francisco,
y aplicaba en esto el mismo espíritu intelectual de aventura presente en su
ciencia. Le gustaban Wagner, Turandot y cualquier cosa que fuera insólita,
oscura o poco frecuentada. Cuando había asistido a una buena función, un colega
lo notaba, irradiaba puro deleite durante días[1258]. En honor a Pollack, una
de las dos estaciones informáticas del Ames de la NASA recibió el nombre de
Tosca[1259].
§. Tempestades de polvo y dinosaurios
Pollack no escribió ni dijo mucho sobre la germinación del
invierno nuclear ni sus antecedentes. A comienzos de los años setenta, él y
Bill Gile atravesaron el país en automóvil. Pollack insistió en parar en
Arizona a ver el famoso cráter del meteorito Barringer. Este espectáculo
natural lo conmovió. Allí, junto a la autopista, había una prueba gráfica de
que en la Tierra podían ocurrir cataclismos cósmicos[1260].
Ese viaje habría sido más o menos en la época de la Mariner 9 y
su tempestad de polvo. Los cálculos de Sagan y Pollack sobre la tempestad de
polvo de la Mariner 9 se sirvieron de muchas de las herramientas matemáticas
que luego se utilizarían en la obra sobre el invierno nuclear[1261].
Primero, Sagan y Pollack aplicaron estos modelos matemáticos a
los volcanes. Se sabía que las grandes erupciones volcánicas, como la erupción
del Tambora en 1815, arrojaron bastante polvo a la atmósfera superior para
enfriar el clima en unos cuantos grados. El año 1816, el siguiente al Tambora,
se conoció como «el año sin verano». Después de la Mariner, un grupo compuesto
por Pollack, Sagan, Brian Toon, Audrey Summers, Betty Baldwin y Warren van Camp
trató de ver si el modelo del polvo marciano podía explicar el enfriamiento
observado como consecuencia de las erupciones volcánicas. En dos artículos
publicados en 1976 informaron de que así era[1262].
Al grupo se sumó luego Richard Turco, que trabajaba para R&D
Associates, un gabinete estratégico que asesoraba al Departamento de Defensa en
el tema de la guerra nuclear. A partir de 1975, Turco, Toon y Pollack
desarrollaron un modelo informático general para estudiar los efectos de los
aerosoles (partículas suspendidas) en el aire. Una cuestión que plantearon fue
si los tubos de escape de los aviones supersónicos afectarían al clima. Algunos
medioambientalistas se temían que sí. Utilizando su modelo, Turco, Toon y
Pollack llegaron a la conclusión de que el efecto era insignificante.
* * * *
Luego, en 1980, Luis y Walter Álvarez publicaron su famoso
artículo en el que defendían que a los dinosaurios los había matado el choque
de un asteroide con la Tierra. El asteroide habría arrojado al aire grandes
cantidades de polvo que hicieron estragos en el clima y la atmósfera. Como
prueba, el equipo de Álvarez aportó la mayor cantidad de oligoelementos como el
iridio que había en el estrato que señalaba la desaparición de los dinosaurios.
El iridio es más frecuente en los meteoritos que en los sedimentos normales de
la Tierra.
Fueron muchos los que pusieron en duda que el impacto de un
asteroide, incluso cataclísmico, pudiera matar a dinosaurios que se hallaban en
el otro lado del globo. Lo que se necesitaba era un modelo cuantitativo de cómo
el polvo generado por un impacto afecta al clima. Con Toon, Turco y otros,
Pollack examinó la cuestión de la extinción de los dinosaurios. Determinaron
que un asteroide de unos diez kilómetros de diámetro que impactara en la Tierra
crearía una cortina de humo de alcance mundial. En el peor de los casos, a
mediodía estaría completamente oscuro y el frío sería helador. La fotosíntesis
sería imposible. El polvo, sin embargo, se disiparía en el plazo de meses. El
clima recuperaría su normalidad.
Según la hipótesis de los Álvarez, esta conclusión era correcta.
Explicaba por qué los animales de mayor tamaño morirían, mientras que unos
cuantos carroñeros (los primeros mamíferos) pequeños de sangre caliente podrían
sobrevivir[1263].
* * * *
Sagan no participó en el estudio de los asteroides. Estaba
ocupado con Cosmos y otros proyectos. Sin embargo, ya andaba pensando en la
conexión entre la guerra nuclear y el clima. Un capítulo de Cosmos estaba
dedicado a la guerra nuclear, esa amenaza siempre presente como el último
factor en la ecuación de Drake. En el libro Cosmos, Sagan escribió
proféticamente que el polvo producido por una guerra nuclear «enfriaría la
Tierra un poco. Incluso un pequeño enfriamiento puede tener consecuencias
desastrosas[1264]». Él había hablado de colaborar con Pollack y Toon en un
estudio sobre el tema, y la planeada serie Nucleus iba a abordar el asunto más
directamente.
Del 19 al 22 de octubre de 1981, la Sociedad Geológica de
Estados Unidos se reunió en Snowbird, estado de Utah, para tratar sobre la idea
de los Álvarez y los impactos de los asteroides en general. Toon dio una charla
sobre el trabajo del grupo del Ames. Entre los presentes se hallaban un
almirante retirado, William Moran, y Lee Hunt, que ocupaba un asiento junto a
Moran en el Consejo Nacional de Investigación. Lo que Toon dijo en su charla
les llevó a preguntarse por el efecto del polvo levantado por las explosiones
nucleares. Solicitaron que el grupo del Ames estudiara el tema.
Reconociendo la importancia de tal estudio, el grupo del Ames se
dispuso a aplicar el modelo «de los dinosaurios» al polvo creado por una guerra
nuclear. En este momento formaban el equipo científico Pollack, Toon, Turco y
un nuevo empleado del Ames, Thomas Ackerman. La pericia de Turco fue
inestimable, pues tenía acceso a información detallada sobre los tamaños de las
partículas de polvo arrojadas hacia lo alto por las pruebas nucleares.
Al aplicarles el modelo existente, estos datos indicaron que se
produciría un enfriamiento importante. Esto era sorprendente, porque un estudio
del Consejo Nacional de Investigación realizado en 1975, Efectos a largo plazo
en todo el mundo de las detonaciones múltiples de armas nucleares, no había
encontrado grandes efectos climáticos.
Mientras tanto, Hunt y Moran programaron para el 6 de abril de
1982 una reunión especial de la Academia Nacional de Ciencias (NAS, en sus
siglas inglesas) sobre los efectos climáticos de la guerra nuclear. Un par de
semanas antes de ese encuentro, Turco hizo un descubrimiento trascendental.
Estaba asistiendo a un taller de defensa en Santa Bárbara. Allí,
el científico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica Fred
Fehsenfeld le habló de un nuevo estudio que entonces se estaba imprimiendo. Dos
científicos atmosféricos, Paul Crutzen, del Instituto Max Planck, y John Birks,
de la Universidad de Colorado, habían estudiado el efecto del humo tras una
guerra nuclear.
Hisroshima y Nagasaki desencadenaron tempestades de fuego. Las
bombas de hidrógeno, mucho más potentes, harían arder ciudades, reservas de
petróleo, bosques y campos. Crutzen y Birks calcularon que el fuego produciría
tanto humo que el día se convertiría en un crepúsculo infernal. El artículo de
Crutzen y Birks, publicado en una revista sueca de estudios medioambientales,
Ambio, se titulaba de hecho «La atmósfera tras una guerra nuclear. Crepúsculo a
mediodía».
Al grupo del Ames se le habían adelantado… en parte al menos.
Crutzen y Birks afirmaban que la reducción de la luz haría la agricultura
difícil o imposible. Planteaban la posibilidad de un cambio climático. Pero a
falta de un modelo informático sofisticado, Crutzen y Birks no llegaban a
ninguna conclusión firme. Reconocían que la penumbra tendería a producir un
enfriamiento. Al mismo tiempo, el incremento de dióxido de carbono y la
destrucción de la capa de ozono podrían operar en la dirección contraria, producirían
un calentamiento. No podían decir qué efecto dominaría[1265].
El artículo de Crutzen y Birks llegó a oídos de Sagan
independientemente, cuando le habló de él Joseph Rotblat, de la Universidad de
Londres. En la reunión en el Ames de la NASA sobre los orígenes de la vida
comentó el artículo con Pollack y Toon. Los tres se mostraron de acuerdo en que
el humo había que tenerlo en cuenta junto con el polvo. El tema justificaba un
nuevo estudio, más completo, para su publicación en una revista de primer
nivel. Pollack se encargó de los trámites necesarios a fin de utilizar el
superordenador Cray del Ames para la creación de los modelos matemáticos.
* * * *
La prensa generalista hizo caso omiso del artículo de Crutzen y
Birks. Turco mencionó el artículo en la reunión de la NAS celebrada en abril, y
el grupo del Ames envió una carta al presidente de la academia, Frank Press, en
la que explicaban resumidamente la importancia del asunto. Propusieron
colaborar con el Departamento de Defensa en un estudio. De esa carta no resultó
nada.
Casualmente, en junio de 1982 dos ejecutivos de sendas
fundaciones (Robert W. Scrivner, del Fondo de la Familia Rockefeller, y Robert
Allen, de la Fundación Henry P. Kendall) y el presidente de la Sociedad
Nacional Audubon, Russell W. Peterson, decidieron organizar una conferencia
sobre los efectos biológicos de la guerra nuclear. La Conferencia sobre el
Mundo Después de la Guerra Nuclear, como fue llamada, formó un comité directivo
de científicos medioambientalmente liberales.
Uno de los primeros científicos con los que contactaron fue
Sagan. Este dio cuenta al grupo del trabajo que se estaba llevando a cabo en el
Ames. Con su típica capacidad de persuasión, Sagan dominó la conferencia. Los
resultados preliminares obtenidos en el Ames eran tan inesperados y tan
espantosos, dijo, que era imposible pasarlos por alto. El estudio del Ames
cambiaría todo lo que tuviera que decirse sobre las consecuencias de una guerra
nuclear. Los patrocinadores de la conferencia quedaron impresionados. A partir
de ese momento, la agenda de la conferencia giró en torno a la presentación de
los resultados del Ames.
Durante el verano, el grupo del Ames comenzó a sentir una
presión política de parte de la NASA. Se programó una charla sobre la
investigación en curso para la reunión de la Unión Geofísica de Estados Unidos
en San Francisco durante el otoño de 1982. El día antes del encuentro, los
máximos dirigentes de la NASA en el Ames presionaron a Pollack para que
suspendiera la charla.
Clarence Cyverston, director del Ames, y su ayudante, Angelo
Gustafero, comunicaron a Pollack su preocupación por que la investigación no
hubiera sido completamente revisada. Fueron lo bastante cándidos para admitir
que también estaban preocupados por las implicaciones políticas del estudio.
Decir que casi cualquier probable guerra nuclear podría tener efectos
catastróficos sobre el clima (como los modelos parecían indicar) era
enfrentarse al Departamento de Defensa. En una época de recortes, no querían
que la administración Reagan sacara la impresión de que el Ames de la NASA era
hostil a sus intereses. «Hace dos semanas», explicó Cyverston, «algún chiflado
intentó volar el Monumento a Washington; la semana pasada, el Senado acabó con
el misil MX; ¿y esta semana quiere usted que yo sea responsable de decirle al
presidente que toda su estrategia nuclear está equivocada?»[1266].
Pollack, tan lento para enfadarse como para hablar, admitió que
la investigación no había sido revisada, y accedió a que no se hablara del
estudio hasta que este se hubiera revisado adecuadamente y publicado.
* * * *
Este acontecimiento puso a Sagan en acción. Razonó que si la
NASA no permitía a Pollack presentar los descubrimientos porque estos no habían
sido revisados, entonces la agencia difícilmente podría impedirle a él o a los
otros empleados del Ames participar en una revisión. Sagan, pues, propuso
celebrar una reunión especial de «revisión por pares».
Normalmente, «revisión por pares» describe un larguísimo proceso
llevado a cabo por correo. Un artículo científico presentado para su
publicación es copiado y enviado a otros científicos para que estos hagan
comentarios. La reunión de Sagan para la revisión por pares había de funcionar
más bien como un examen oral de doctorado. El trabajo del Ames se presentaría a
un numeroso grupo de científicos, se sometería a preguntas, se defendería y
luego se pondría a votación. Solo si el estudio era aprobado procederían a la
planeada conferencia pública[1267].
La reunión para la revisión la fijaron para abril de 1983. Ese
invierno, el grupo de California comenzó a sentir un cierto calor proveniente
directamente de Washington, D. C. Algunos funcionarios de la NASA recortaron en
40.000 dólares los fondos para la investigación del grupo del Ames. La
jerarquía de la NASA alegó que un estudio sobre la guerra nuclear salía fuera
de las competencias de la agencia espacial. Por suerte, la mayor parte del
trabajo ya estaba hecho. En este caso, la dirección del Ames se mostró lo
bastante comprensiva para permitir que se destinaran al estudio algunos fondos
internos[1268].
* * * *
Sagan reconoció que era importante, política y científicamente,
contar con un científico soviético en la nómina de la revisión por pares. Si no
se daba a los científicos soviéticos la oportunidad de inspeccionar el trabajo
en el Ames y formular críticas, no podía esperarse que sus líderes basaran en
él su política. Los estadounidenses, a su vez, no era probable que hicieran
cambios políticos a menos que estuvieran seguros de que los soviéticos estaban
haciendo lo mismo. No se podía perder el precioso tiempo que a la ciencia
soviética le costaría ponerse al día sobre el tema[1269].
Esta fue una sagaz percepción, pues resultó que los principales
científicos soviéticos no tenían noticia del artículo de Crutzen y Birks. Su
gobierno lo había censurado. A comienzos de 1983, Sagan se reunió con Yevguen
P. Velíjov, vicepresidente de la Academia Soviética de las Ciencias y
confidente de Gorbáchov. Como Sagan sabía, normalmente al KGB le costaba un año
conceder los permisos para que un científico soviético viajara a Occidente.
Sagan explicó la situación y preguntó si sería posible contar con un experto
soviético a corto plazo. Mencionó a varios científicos que tenía en mente.
Velíjov dijo que él conocía a la persona adecuada: Vladímir
Aleksándrov[1270]. El nombre a Sagan no le dijo nada. «Aleksándrov es un
experto en modelos informáticos del clima», explicó Velíjov. La reunión
concluyó en el bien entendido de que Velíjov haría lo que pudiera.
Sagan cogió el teléfono y se puso a preguntar por Vladímir
Aleksándrov. Resultó que era bastante conocido en Estados Unidos. Había pasado
una temporada en la Universidad de Oregón y en el Centro Nacional para la
Investigación Atmosférica (NCAR, en sus siglas inglesas) en Colorado. Había
sido el huésped de sus anfitriones estadounidenses (una prueba rigurosa) y los
informes eran positivos. A Aleksándrov se lo describía como un tipo de cuarenta
y cinco años simpático y extrovertido. Estaba al frente del Laboratorio para la
Investigación del Clima en el Centro Informático de la Academia Soviética de
las Ciencias. Ruso hasta la médula, hablaba un excelente inglés y era un
entusiasta de la cultura pop estadounidense. A Aleksándrov le encantaban las
hamburguesas y las barbacoas. Leía novelas como Gorky Park y veía películas de
James Bond. Se había disfrazado de Santa Claus para una escuela infantil de
Oregón. Aleksándrov era un hombre devoto de su familia. A su esposa, Alya, le
habían permitido viajar a Oregón con Vladímir. Eso era algo casi inaudito en la
antigua Unión Soviética, donde tradicionalmente la familia que quedaba en casa
eran rehenes contra la deserción. Aleksándrov hablaba con cariño de su hija,
una niña rechoncha y asmática con ambiciones de ballerina. En resumen,
Aleksándrov parecía perfecto para la reunión de revisión por pares, si es que
podían conseguirlo[1271].
§. Apendicitis
En marzo de 1983, Carl cayó enfermo de apendicitis. Le hicieron
una apendectomía… una chapuza de apendectomía, dicho sea de paso[1272]. A esto
siguió otro recrudecimiento de su afección de esófago. Un médico de Ithaca le
dijo a Annie que no había ninguna posibilidad de que Carl sobreviviera, pero
era demasiado famoso para morir en su pequeño hospital. Trasladaron a Carl a un
hospital de Syracuse. Grinspoon voló diligente a Syracuse. Le alegró descubrir
que Annie era una competente «defensora del paciente[1273]».
Los médicos de Syracuse no consideraron que la situación fuera
tan desesperada. Recomendaron un procedimiento experimental llamado
interposición yeyunal. Extirparían una sección del intestino delgado y la
utilizarían para sustituir el esófago dañado. Carl pasó diez horas en la mesa
de operaciones. La hemorragia fue tan copiosa que estuvo al borde de la muerte.
Al terminar estaba blanco como una sábana[1274]. La recuperación requería que
su pecho se mantuviera abierto a fin de permitir el drenaje de los fluidos y
que los médicos se aseguraran de que todo marchaba bien. Carl pasó largos días
en el hospital sometido a un horripilante martirio, con las costillas separadas
para que se pudiera acceder al esófago reemplazado.
En Carl Sagan se daban simultáneamente por un lado una salud
siempre frágil, por otro un vigor y una energía tremendos. Esto no solo aceleró
su recuperación, sino que también se manifestó en una resistencia casi mítica a
la anestesia. Varios incidentes desafiaron lo que médicos experimentados
consideraban posible. Durante la larga operación, con el pecho abierto, Carl
volvió en sí. Se incorporó en la mesa de operaciones. A los presentes se les
cayeron de las manos los instrumentos; fue como una resurrección. «Muchachos»,
preguntó Carl a sus médicos, «¿podéis darme un respiro? Tengo que
descansar[1275]».
Luego los médicos le dijeron a Annie que a Carl se le había
puesto tanta anestesia y analgésico que estaría inconsciente durante
veinticuatro horas. Los amigos le rogaron que volviera al hotel a descansar un
poco. Bastante antes de cumplirse las veinticuatro horas, Annie regresó al
hospital. Se encontró con que Carl ya se había despertado y se las había
arreglado para escribirles una nota a sus enfermeras. Era un garabato infantil
en el que preguntaba: «¿Annie está bien?»[1276].
§. La guerra de las galaxias
Al menos una amiga pensó que este roce con la muerte aumentó la
preocupación de Sagan por aprovechar el tiempo[1277]. De ello dio pruebas
incluso en la cama del hospital. El 23 de marzo, el presidente Reagan pronunció
su famoso discurso sobre la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI, en sus
siglas inglesas). (En este caso fueron los medios de comunicación, no Reagan,
quienes insistieron en la etiqueta «guerra de las galaxias»). El presidente
propuso un sistema de láseres y otras innovaciones de alta tecnología que
interceptarían los misiles intercontinentales antes de que pudieran alcanzar
objetivos en Estados Unidos. Reagan y sus consejeros sabían que se trataba de
un plan visionario, algo del calibre de la promesa de Kennedy de ir a la Luna.
Habría que inventar mucha tecnología. Si podía hacerse, y con qué rapidez, era
un asunto sobre el que las opiniones divergían.
Annie cometió el «tremendo error» de hablarle del discurso a
Carl mientras este se encontraba en cuidados intensivos[1278]. Desde el que
podría haber sido su lecho de muerte insistió en organizar una recogida de
firmas contra la SDI. Aunque Carl estaba lo bastante despejado para insistir en
que cada día contaba y la petición tenía que darse a conocer antes de que el
Congreso actuara, seguía estando físicamente incapacitado. Annie tuvo que hacer
todo el trabajo de llamar por teléfono a los despachos de los potenciales
firmantes y tomar al dictado la petición de los labios de Carl, borrador por
borrador[1279].
Sagan creía firmemente que el plan de Reagan era inviable porque
requería un nivel poco realista de fiabilidad en la navegación espacial. La
serie de éxitos de la NASA se basaba en el hecho de que sus naves solo tenían
que devolver información. Si una de las dos Mariner consigue llegar a Marte,
eso es un éxito. El criterio del éxito es necesariamente mucho más estricto
para un sistema de defensa. Un sistema que destruyera el 99 por 100 de 1.000
misiles entrantes permitiría que diez objetivos estadounidenses fueran
bombardeados con armas nucleares.
Peor aún, Sagan creía que el sistema solo podría intensificar la
carrera armamentística. Una SDI capaz de destruir la mayoría de los misiles
entrantes motivaría a los soviéticos a construir cuantos más misiles mejor a
fin de mantener un equilibrio de poder. El estudio aún no publicado del Ames
sugería que incluso un pequeño intercambio nuclear podría hacer estragos
climáticos. Sagan, pues, veía la SDI como desastrosamente mal concebida.
Corrigiendo las pruebas de uno de los borradores de Annie de la
petición en su cama de hospital, Carl soltó bruscamente: «¡Has escrito mal
“cislunar”!».
A Annie le entraron ganas de estrangularlo[1280].
§. La revisión por pares
El agente de Sagan, por lo pronto, sintió un gran alivio de que
Sagan se recuperara. El 12 de abril, Scott Meredith cerró un nuevo acuerdo con
Random House. Se trataba de un contrato de 4 millones de dólares por cuatro
libros, o dieciséis veces el dinero del anterior contrato de Sagan por cuatro
libros[1281].
Una vez fuera del hospital, Sagan invitó a Turco y Toon a su
casa en Ithaca para preparar la revisión por pares. Aunque aún estaba
convaleciente, su energía era impresionante. Turco, mucho más joven, abandonó
la reunión «exhausto por el ritmo que Carl había impuesto[1282]».
Entre el 22 y el 26 de abril de 1983, unos cuarenta físicos y
diez científicos biológicos se reunieron en la Academia de las Artes y las
Ciencias de Estados Unidos en Cambridge, Massachusetts, para la revisión por
pares organizada por Sagan. A la prensa no se le permitió el acceso. Como Sagan
afirmaba en la carta de invitación,
Somos, por supuesto, profundamente conscientes de que el público
tiene absoluto derecho a ser informado de este tema, pero nos preocupa que el
debate prematuro sobre estos resultados antes de que sean críticamente
revisados pueda llevar a malas interpretaciones y abusos. Les pedimos por
consiguiente que tomen todas las precauciones razonables para impedir la
difusión general de este trabajo[1283]
Como el Ulises de Joyce, el estudio de prepublicación se
encuadernó en sencillas tapas azules y llevaba un marchamo de exclusividad.
Solo se distribuyeron unas 150 copias. El orden en la lista de autores fue:
Turco, Toon, Ackerman, Pollack y Sagan. En esta reunión, el artículo se bautizó
como «TTAPS» con las iniciales de los autores, con lo cual se entraba en la
esfera de acrónimos en que ya se hallaban MAD, MIRV e ICBM[1284]. (Sagan
advirtió que «TTAPS» evocaba también la llamada militar de corneta que se toca
a la hora de silencio y en los funerales).
El TTAPS utilizaba dos modelos matemáticos que se pueden
concebir como dos planetas idealizados. Cada planeta era casi gemelo de la
Tierra: precisamente del mismo tamaño que la Tierra, orbitando a la misma
distancia del Sol y con una atmósfera como la de la Tierra. Uno de los planetas
era un mundo acuático de océanos que iban de polo a polo. El otro planeta era
un mundo terrestre sin una gota de agua en su superficie.
La ventaja de estos modelos era que el comportamiento de la
atmósfera en el mundo solo acuático o solo terrestre es mucho más simple de
calcular que en la Tierra, con sus continentes. Por supuesto, un planeta solo
acuático (¡habitado, en todo caso, por delfines pacifistas!) constituye un
improbable escenario bélico. No habría ni ciudades ni bosques que quemar. El
TTAPS, por tanto, calculaba el humo y el polvo producidos por diversos
escenarios de guerra nuclear (terrestre) y suponía que todo se materializaba de
repente en los hemisferios norte de los planetas acuático y terrestre. Los
investigadores, pues, empleaban las leyes de la física para deducir las
consecuencias.
En los dos monótonos planetas del TTAPS, el movimiento del humo
y las partículas al este y al oeste, y al norte y al sur, sería irrelevante.
Por la misma simetría de las cosas, las partículas que se desplazaran al este
deberían equilibrarse con las que se desplazaran al oeste, etcétera. Los
movimientos importantes serían hacia arriba y hacia abajo. El TTAPS se centraba
en estos movimientos verticales exclusivamente. Esto hacía de él un modelo
«unidimensional»: El TTAPS rompía la atmósfera en columnas verticales de aire
infinitamente delgadas.
Este era un «supuesto simplificador». En ciencia, tales
supuestos se emplean todo el tiempo. Al calcular la órbita de la Luna, los
astrónomos fingen que la Luna y la Tierra son esferas perfectas. No lo son,
pero eso facilita mucho el cálculo, y los resultados que se sirven de ese
supuesto se aproximan muchísimo a la realidad. Los autores del TTAPS creían que
el modelo unidimensional era una aceptable aproximación de primer orden a la
realidad tridimensional.
La principal conclusión del estudio era que el humo y el polvo
producidos por una guerra nuclear pondrían en peligro el efecto invernadero de
la Tierra. Esta afirmación puede llevar a confusión. Estamos acostumbrados a
oír hablar del «efecto invernadero» como algo malo, algo causado por nuestra
tecnología y que lleva al indeseado «calentamiento global». Pero la Tierra
tiene un efecto invernadero natural. Si no hubiera efecto invernadero en
absoluto, la temperatura de la Tierra sería unos 45 ºC más fría. Todo se
congelaría: la vida tal como la conocemos no podría existir.
Los modelos del TTAPS implicaban que el humo y el polvo de una
guerra nuclear tenderían a absorber la luz solar por encima de los estratos
atmosféricos principalmente responsables del efecto invernadero. Esto
disminuiría enormemente el calentamiento invernadero natural.
Al mismo tiempo (y como Crutzen y Birks habían mencionado), el
dióxido de carbono creado en las tempestades de fuego tendría el efecto
contrario, se potenciaría el efecto invernadero. Sin embargo, los cálculos del
TTAPS eran ahora capaces de demostrar que este último efecto era mucho menor
que el primero. El efecto neto sería una reducción del efecto invernadero y un
enfriamiento del planeta.
En el caso del planeta acuático, el efecto neto de enfriamiento
era siempre bastante modesto. Los océanos son reservas de calor tan grandes que
incluso en los peores escenarios nucleares el agua del planeta se enfriaría
solo en unos pocos grados.
Para el planeta continental, el efecto era muchas veces
sorprendente. En el «escenario de referencia» del TTAPS —una proyección de
cuánto humo y polvo se podría liberar en una guerra nuclear plausible—, la
temperatura del planeta sin mares caía hasta en 35 °C, lo bastante para causar
fuertes congelaciones en mitad del verano.
La cuestión acuciante era: ¿qué sucedería en el planeta real en
que vivimos? Eso no se podía abordar directamente con los modelos
unidimensionales. Los autores del TTAPS razonaban que los dos planetas
idealizados deberían encerrar lo que cabría esperar en la Tierra. El
enfriamiento real sería mayor que en el planeta acuático, menor que en el
planeta terrestre. Presumiblemente, el enfriamiento en lugares como las
Bermudas y Hawái podría aproximarse al del planeta acuático (lo que equivale a
decir que apenas habría enfriamiento). Lugares como las Dakotas y Mongolia
podrían aproximarse a la gran congelación del planeta continental.
La buena noticia era que todos los efectos proyectados eran
temporales. En periodos medidos en meses, las temperaturas regresarían a lo
normal. Eso no era tan reconfortante como podría parecer. Los autores del TTAPS
creían que, incluso en una modesta guerra nuclear, el enfriamiento sería lo
bastante severo, duraría lo bastante y se acompañaría de bastante penumbra para
hacer imposible la agricultura. La pérdida de los alimentos producidos en una
temporada de cultivo podría significar una enorme hambruna.
* * * *
Estos descubrimientos se recibieron con mucho interés y mucho
escepticismo. El tono general del encuentro fue que los modelos
unidimensionales del TTAPS habían sido apropiadamente aplicados. Las críticas
se agrupaban en torno a dos focos.
Uno era «si metes basura, sacas basura». Los autores del TTAPS
tuvieron que «introducir» un montón de arriesgados cálculos aproximados.
¿Cuánto humo se producirían si ardieran las grandes ciudades del mundo? ¿Qué
altura alcanzaría en la atmósfera? Eso no lo sabía nadie. Las cifras de
enfriamiento del TTAPS no podían ser más precisas que los números introducidos…
y los números introducidos no eran muchas veces más que conjeturas.
La otra crítica de calado era que resultaba difícil estar seguro
de qué relación guardaban los modelos unidimensionales con la atmósfera real,
tridimensional. Entre las predicciones para el planeta acuático y para el
planeta continental había una brecha enorme. Por un lado, nosotros vivimos en
un «planeta acuático». Por otro, todo el mundo vive en la parte continental de
nuestro acuático planeta.
Muchos de los examinadores ansiaban contar con modelos
tridimensionales. Uno de ellos era Vladímir Aleksándrov, al que los soviéticos
sí habían permitido asistir. Aleksándrov comentó que en un modelo climático
tridimensional (él suponía que ese era el siguiente paso), siempre era
necesario retocar los parámetros para conseguir que el modelo concuerde con el
clima real. Pero con las condiciones «terriblemente diferentes» del clima pos
nuclear podría no haber valores exactos con los que trabajar. Serían posibles
muchos modelos tridimensionales diferentes, pensaba Aleksándrov, y sería
imposible saber cuál creer.
Esta era, en líneas generales, una de las razones por las que el
grupo del Ames había utilizado un modelo unidimensional. En ausencia de
información para la calibración, creían que las técnicas de modelado
tridimensional existentes introducían más incertidumbres de las que eliminaban.
Era mejor hacer el modelo unidimensional definitivo que intentar un modelo
demasiado ambicioso y mal concebido. (En eso había algo de la personalidad
científica de Pollack).
No todos estaban de acuerdo con Aleksándrov. Para las atmósferas
de otros planetas se habían utilizado con éxito modelos tridimensionales, se
señaló. (Por supuesto, había datos de observación sobre otros planetas; ninguno
sobre la Tierra pos nuclear). Había entusiasmo general por un modelo
tridimensional, y Sagan hablaba de esto como el siguiente paso.
Los examinadores estaban de acuerdo en que las debilidades del
TTAPS eran inevitables dadas las circunstancias y no una razón para rechazar el
trabajo. La magnitud del enfriamiento en el modelo del planeta terrestre no era
tan grande como para asegurar con seriedad que una guerra nuclear produciría un
desastre ecológico. Los examinadores aprobaron el artículo.
* * * *
A Sagan, Vladímir Aleksándrov le pareció tan agradable como le
habían anunciado. Tras el encuentro de Cambridge, Sagan presionó a Aleksándrov
para que llevara a cabo su propio estudio del enfriamiento nuclear. Sería muy
útil, dijo, contar con la corroboración de un estudio soviético para cuando se
hiciera el anuncio público del TTAPS. Aleksándrov se mostró de acuerdo. De
hacer el primer modelo tridimensional del problema habló con tristeza. Esto
parecía una posibilidad remota. La conferencia pública estaba fijada para
octubre en Washington, D. C. Las colas para conseguir ordenadores soviéticos
eran como las que legendariamente se formaban en los grandes almacenes rusos…
incluso para alguien de la estatura de Aleksándrov. En la Academia Soviética de
las Ciencias, Aleksándrov utilizaba ordenadores como el BESM-6, que en
Occidente se consideraba una broma. El BESM-6 tenía aproximadamente tanta RAM
como un PC de IBM de la época. Se decía que era 500 veces más lento que el Cray
del Ames[1285].
* * * *
El 4 de agosto de 1983, el artículo del TTAPS fue ofrecido a
Science. Los directores de la revista sometieron el artículo a su propia
revisión por pares, más convencional.
Tras haberse presentado el artículo, la NASA fue víctima de otro
ataque de nervios. Dictaminó que los términos «guerra nuclear» y «armas
nucleares» no debían aparecer en el título del artículo. La agencia no quería
anunciar que estaba llevando a cabo estudios sobre guerras nucleares. Como tres
de los autores estaban a sueldo del Ames de la NASA, acataron la orden y
optaron por el título «El invierno nuclear: consecuencias globales de múltiples
explosiones nucleares».
El poético término «invierno nuclear» —acuñado por Richard
Turco, no por Sagan— contribuyó mucho a la venta de una idea sumamente
compleja. Concedió a Sagan (especialmente) licencia para ampliar el concepto
más allá del frío y las tinieblas. Muchas otras consecuencias de la guerra
nuclear, la mayoría conocidas antes del TTAPS, ocurrirían simultáneamente. La
más conocida era la lluvia radiactiva, una preocupación desde los días de los
refugios nucleares. Más recientemente tomados en consideración, y no tan conocidos,
eran los riesgos meramente químicos que desencadenarían el incendio de ciudades
modernas: nubes cargadas de toxinas producidas por la quema de plásticos;
propagación de amianto; óxidos de nitrógeno que reducirían la capa de ozono y
aumentarían la radiación ultravioleta. Estas y otras agresiones
medioambientales podrían combinarse para producir efectos mayores que la suma
de sus partes. El alcance de estos efectos «sinérgicos» era, sin embargo,
imposible de predecir.
Emocionalmente, las tres proyecciones eran de «difícil venta».
En el invierno nuclear, las columnas de humo que se producirían en tierra se
elevarían desde las cenizas de Nueva York y Moscú, París y Pekín. Para la
mayoría de las personas no resulta fácil preocuparse por catástrofes sobre
catástrofes. En cualquier caso, lo que el TTAPS había prometido era la
capacidad para poner números a la catástrofe de la guerra termonuclear. Solo si
esos números eran razonablemente precisos podría el TTAPS considerarse buena
ciencia. Solo si el TTAPS era buena ciencia cabría esperar que se lo tomaran en
serio líderes mundiales a los que tal vez no gustaba lo que decía.
* * * *
Los Sagan no eran muy populares en la Casa Blanca de Reagan. Ron
y Nancy Reagan (cuya sintonía conyugal no era tan enteramente distinta de la de
Carl y Annie) habían querido pasar por alto el abismo político entre ellos y
los Sagan. Tres veces invitaron los Reagan a los Sagan a cenar en la Casa
Blanca. Las tres los Sagan declinaron la invitación. «¡Ustedes están mal de la
cabeza!» les informó un secretario social de la Casa Blanca[1286].
Sagan tenía una actitud idiosincrásica hacia los pasillos del
poder. No podía soportar los nombramientos por cooptación. Evitaba cualquier
trabajo o relación social que pudiera inhibirlo de decir exactamente lo que
pensaba[1287]. En su opinión, sería hipócrita cenar con los Reagan y no
decirles lo que pensaba de su política de defensa. Pero si hacía eso insultaría
al presidente, y uno no insulta a alguien que te ha invitado a cenar en su
casa[1288].
Esto, que tenía mucho sentido en el marco de referencia de
Sagan, probablemente se interpretaba como grosería o pomposidad. Así es como
parece que se lo tomaron los Reagan. Algún tiempo después, un piloto de
helicópteros de la Casa Blanca le dijo a Sagan: «No creería cuántas veces
hablaba de usted aquella gente»… no en términos halagadores[1289][.
Se rumoreó incluso que la administración Reagan quiso que la ABC
suprimiera el programa Nucleus de Sagan[1290]. En septiembre de 1983, durante
una reunión en la cadena, le pasaron una nota a Richard Wald, de la ABC. Al
leerla, su expresión cambió de repente. Se excusó abruptamente y abandonó la
habitación[1291].
Carl y Annie no tardaron en enterarse de la causa. Los
soviéticos habían derribado el avión de pasajeros 007 de las Líneas Aéreas
Coreanas por violar su espacio aéreo. En este caso al menos, el «imperio del
mal» de Reagan estaba haciendo honor a su reputación.
Este incidente internacional parece haber sido la gota que colmó
el vaso. La ABC dejó Nucleus en punto muerto y nunca reanudó la marcha. El
proyecto se vino abajo, lo mismo que la idea para un libro. Como con Cosmos, el
libro Nucleus iba a estar tan estrechamente integrado con la serie y sus
imágenes que parecía impensable como proyecto independiente.
§. El Halloween previo a 1984
Al mes siguiente, la Conferencia sobre el Mundo después de la
Guerra Nuclear se celebró en el Hotel Sheraton de Washington. El artículo del
TTAPS, aceptado por Science, seguía en prensa y no aparecería hasta el número
del 23 de diciembre. La conferencia fue esencialmente una presentación de la
prepublicación a la prensa y al público. Sus actas, publicadas como El frío y
las tinieblas, se difundieron ampliamente al año siguiente.
Había un inconfundible sesgo político. Las treinta y una
organizaciones patrocinadoras constituían una muestra representativa de
benefactores liberales y «verdes»: Causa Común, el Fondo para la Defensa del
Medioambiente, la Federación de Científicos Estadounidenses, la Sociedad
Audubon, Paternidad Planificada, el Club Sierra, la Institución Smithsoniana,
la Unión de Científicos Preocupados, varias agencias de Naciones Unidas y
Crecimiento Demográfico Cero.
La nómina de asesores científicos de la conferencia era
impresionante, pues incluía a David Baltimore, Hans Bethe, Francis Crick, Jared
Diamond, Paul Ehrlich, Stephen Jay Gould, Edward Purcell, Abdus Salam, Jonas
Salk, Lewis Thomas, Victor Weisskopf, Jerome Weisner y Edward O. Wilson.
Llamativas resultaron las ausencias de Pollack, Toon y Ackermann. La NASA los
había presionado para que no asistieran[1292].
* * * *
«Es el Halloween previo a 1984», comenzó diciendo Sagan, «y
sería mi ferviente deseo que lo que les voy a decir fuera solo una historia de
fantasmas, algo solo inventado para asustar a los niños durante un día[1293]».
Pese al tema, la conferencia tenía un regusto a Woodstock. A
juicio de Lewis Thomas, del TTAPS y estudios semejantes podían resultar «los
descubrimientos más importantes en la larga historia de la ciencia[1294]».
Thomas Malone, de la Universidad Butler, dijo que la posteridad juzgaría la
conferencia nada menos que como «el punto de inflexión en los asuntos de la
humanidad[1295]».
Estas eran reacciones no solo en Estados Unidos. Participando a
través de un enlace de vídeo en Moscú, Yevgueni Velíjov dijo:
No vemos ningún argumento militar ni psicológico —y hay muchos
de ellos— que pueda refutar estos resultados. Creo que la única conclusión
posible es que nuestros artefactos nucleares no son ni pueden usarse como armas
de guerra o instrumento de guerra; ni pueden ser un instrumento de la política.
Simplemente son instrumentos para el suicidio[1296].
Si la conferencia tuviese un mantra, habría de ser robustez. (O
ese o consenso). Esta robustez era un elemento capital de la argumentación de
Sagan. Ni qué decir tiene que nadie puede predecir los detalles de una guerra
nuclear. Sagan sostenía que el frío y las tinieblas predichos eran robustos en
el sentido de que no dependían fuertemente de un conjunto particular de
supuestos. El frío y la oscuridad se producirían en casi cualquier guerra
nuclear por encima de cierto difuso umbral. Pese a los miles de incertidumbres,
insistía Sagan, había consenso sobre la realidad del invierno nuclear.
«¿Cómo podría ser eso?» se oyó preguntar a algunas
personas[1297].
Una respuesta, si bien parcial, iba a darla la otra
investigación presentada. Aleksándrov asistió en persona. Había conseguido
tiempo para ejecutar en un ordenador un modelo tridimensional que distribuyó en
inglés y encuadernado en papel azul.
De manera que ahí estaba la corroboración soviética, si así se
la podía llamar. Algunas de las predicciones de Aleksándrov se contradecían
inquietantemente con las del TTAPS. En algunas partes del globo, el modelo de
Aleksándrov predecía temperaturas aún más frías que el TTAPS. En el Himalaya y
las Montañas Rocosas, sin embargo, Aleksándrov predecía que las temperaturas
serían más cálidas, no más frías. Dijo que esto era debido a que las partículas
en suspensión calentarían la atmósfera superior. «Esto provocaría que la nieve
de las montañas y los glaciares montañosos se fundieran», advirtió Aleksándrov,
«y como resultado probable se producirían inundaciones de tamaño continental…
repito haciendo hincapié en ello, de tamaño continental[1298]».
En la conferencia, nadie pareció reparar demasiado en esta
diferencia. El trabajo de Aleksándrov impresionó a algunos observadores no
técnicos. El vicealmirante estadounidense John Lyons dijo que el modelo de
Aleksándrov era «un salto cuántico en detalles por encima de la obra de Sagan y
sus colegas[1299]».
Sagan quedó menos convencido. Parecía que el modelo 3D de
Aleksándrov había sido víctima del mismo problema que había mencionado en la
revisión por pares. Tras la reunión, Sagan preguntó en privado a Aleksándrov de
dónde derivaba su modelo el efecto de calentamiento en las montañas.
«Es lo que el ordenador nos dice», contestó Aleksándrov
encogiéndose de hombros[1300].
§. Comprender el TTAPS
¿Qué decía exactamente el TTAPS? Esta pregunta tuvo a la prensa
y al público desconcertados durante mucho tiempo.
El TTAPS representaba la nueva ciencia digital, algo todavía
nuevo en 1983. Sagan dejó claro que el invierno nuclear no implicaba ni una
física ni una química nuevas: en principio, podría haberse descubierto veinte
años antes. Desde luego, la idea de enfriamiento inducido por el humo podía
habérsele ocurrido a alguien mucho antes que al TTAPS. Pero el TTAPS había
utilizado todo el poderío del proceso de números de un ordenador Cray de última
generación. El modelo del TTAPS era el producto de generaciones de sucesivos
cálculos y refinamientos. Sin la facilidad para probar y retocar que permitía
el ordenador, el TTAPS no podría haber existido, como los dinosaurios digitales
en la película Parque jurásico.
La naturaleza polimorfa de los modelos informáticos era una de
las cosas que hacían a las personas corrientes tan difícil de entender la
polémica sobre el invierno nuclear. La mente impaciente y práctica no quiere un
conjunto infinito de predicciones (que es lo que modelos como el TTAPS
producen), sino una única cifra. ¿Cuánto frío hará? ¿Cuántos morirán? Ni el
TTAPS ni ningún estudio fácil de concebir están preparados para contestar
preguntas como esas.
El modelo del TTAPS, y los modelos posteriores que lo pondrían
en tela de juicio, son funciones matemáticas complejas. Uno debe «introducir»
supuestos sobre la producción de humo y polvo. Luego el modelo informático
produce, en efecto, un gráfico que muestra cómo las temperaturas caen en picado
y vuelven a la normalidad en las semanas y meses posteriores a una guerra
nuclear.
El artículo de Science presentaba diez escenarios, que iban
desde un relativamente modesto ataque de 100 megatones a una «guerra del
futuro» de 25.000 megatones (casi el doble del arsenal nuclear total existente
en 1983). Para la mayoría de las personas corrientes, los diez escenarios
estaban sobrecargados de información. Por defecto, el caso que más atención
despertó fue el llamado intercambio de referencia.
Los autores sostenían que esta era una visión razonable de una
guerra nuclear entre Estados Unidos y la URSS. Suponían que se detonaban 5.000
megatones de bombas nucleares, el 20 por 100 de los cuales explotaban en zonas
urbanas o industriales en las que podían provocar incendios humeantes. En la
época del TTAPS, el arsenal nuclear combinado de Estados Unidos y la Unión
Soviética ascendía a 15.000 megatones. 5.000 megatones podrían representar una
guerra «moderada» en la que se mostrara «contención»; o, quizá de forma más
realista, un Armagedón total en el que muchos misiles fueran destruidos en sus
silos, otros funcionaran mal y otros no se lanzaran debido a la pérdida del
mando.
En este y la mayoría de los demás escenarios, un gráfico de las
temperaturas parece un interrogante invertido y tumbado. Las temperaturas se
desploman en las semanas siguientes a la guerra, alcanzan un mínimo, luego
giran y regresan, siempre muy lentamente, a temperaturas normales.
En búsqueda de un único número, era natural fijarse en el modelo
del planeta continental. Ese era el único con un enfriamiento espectacular. Era
también natural fijarse en la temperatura mínima alcanzada. El número más
citado, la «cota inferior» que más atención atrajo, fue el enfriamiento mínimo
del modelo del planeta continental en el escenario de referencia. El TTAPS
situaba esta en 36° C por debajo de lo normal.
* * * *
Debe recordarse que el mínimo es un valor pasajero. Las
temperaturas no se quedarían cerca del mínimo durante mucho tiempo. Debe
también recordarse que esto se aplica al planeta continental, un globo parecido
a Marte cuyas oscilaciones térmicas serían mayores que en la Tierra. La
cuestión apremiante, una vez más, es lo que pasaría en la Tierra.
El artículo del TTAPS no tenía una buena respuesta. Calculaba
que «los descensos reales de temperaturas en el interior de los continentes
podrían ser aproximadamente un 30 por 100 menores de lo predicho aquí [en el
modelo del planeta continental], y un 70 por 100 menores en las líneas
costeras». Esta no era mucho más que una conjetura hecha con cierta base[1301].
Aceptando estas correcciones, el enfriamiento máximo en el
escenario de referencia sería de alrededor de unos 10º C cerca de las costas y
de 25º C en el interior de los continentes. La mayoría de las personas vive
cerca de las costas. Para cualesquiera supervivientes pos nucleares allí, una
ola de frío de -9º C podría parecer el menor de los problemas. Pero los
graneros suelen estar en mitad de los grandes continentes septentrionales. Allí
un enfriamiento de unos 20º C podría ser un golpe definitivo. Habría escarcha
en el maíz de julio[1302].
* * * *
Esto era bastante alarmante, pero muchas de las informaciones
periodísticas sobre el invierno nuclear citaban las predicciones más extremas
del planeta continental. El artículo del TTAPS no hizo mucho por disipar la
confusión.
El artículo presenta con prolijidad los datos del planeta
continental. Mientras que la distinción entre el modelo del planeta continental
y la Tierra real se hace de modo conciso, cualquiera que lea por encima el
artículo puede pasarla fácilmente por alto. El artículo solo tiene un gráfico
de curvas de enfriamiento, y este presenta los datos del planeta continental
sin corregir. El pie de este gráfico dice que «las temperaturas son en general
válidas para el interior de las masas terrestres continentales»: una
advertencia del tipo «su kilometraje puede variar», que no es exactamente lo
que el artículo dice en otras partes[1303].
Pues el enfriamiento representado en el gráfico es, según los
propios cálculos del artículo, más del triple de lo predicho para las regiones
costeras en las que se concentra la población mundial. Ese punto era fácil que
se les pasara por alto incluso a los lectores técnicamente expertos de Science.
Para muchos meros periodistas, perdidos en un artículo técnico hasta que llegan
a ese gráfico, la «advertencia» lo mismo podría haber estado en letra pequeña.
Había razones científicas para fijarse en los datos en bruto del
planeta continental. El TTAPS informaba de los resultados de una simulación
digital, no de un experimento en el mundo real. La conexión entre los planetas
virtuales del TTAPS y el mundo real es el eslabón más flojo del argumento.
Había argumentos a favor de presentar los datos crudos de la simulación en
lugar de confundir las cosas imponiendo una «corrección» todavía conjetural.
«Nuestros cálculos de los impactos físicos y químicos de la
guerra nuclear son necesariamente inciertos», escribieron los autores del
TTAPS, «porque nos hemos servido de modelos unidimensionales, porque la base de
datos está incompleta y porque el problema no se puede investigar
experimentalmente. […] No obstante, las magnitudes de los efectos de primer
orden son tan grandes, y las implicaciones tan graves, que esperamos que los
temas científicos aquí planteados sean vigorosa y críticamente examinados[1304]»
§. La máquina del Juicio Final
Esta era una manera sana de prologar lo que era, en realidad, un
estudio preliminar. Pero en la época en que apareció el artículo de Science,
para Sagan el invierno nuclear ya era mucho más que una cuestión científica. Lo
que en primer lugar atrajo a Sagan del estudio del Ames fue su trascendencia
política. Durante la investigación y la subsiguiente polémica, para Sagan nunca
fue indiferente si el invierno nuclear era cierto o no. Su compromiso con la
idea era comparable a su compromiso con la idea de vida en otros planetas.
Por extraño que pueda sonar, Sagan percibía un vínculo entre la
cuestión de la inteligencia extraterrestre y el dilema nuclear de nuestro
mundo. En un artículo de 1983 (una andanada en la enemistad de Sagan hacia
Frank Tipler), Sagan y William Newman escribieron:
Las armas de destrucción masiva obligan a una discontinuidad en
el comportamiento de todas las sociedades incipientes: si no fueran agresivas,
probablemente no habrían desarrollado tales armas; si no aprenden rápidamente a
controlar esa agresividad, rápidamente se autodestruyen. […] Las civilizaciones
que no se autodestruyen están preadaptadas a vivir con otros grupos en respeto
mutuo. Esta adaptación debe aplicarse no solo a los Estados o individuos
corrientes sino, con suma precisión, a todos los Estados e individuos en el
seno de la civilización. […] Los cambios necesarios podrían tardar miles de
años o más en producirse, si la sociedad no se destruye a sí misma antes. Esto
podría implicar innovaciones de calado en la crianza de los jóvenes, en la
educación, en la estructuración de la sociedad adulta, o incluso en la
intervención prostética o biológica. Tal vez —aunque esto lo consideramos
improbable— sean muy pocas las sociedades que tengan éxito en un programa como
ese.[1305]
Mucho antes del TTAPS, Sagan creía que las armas nucleares
constituían una amenaza tal para la civilización mundial que invalidaba las
preocupaciones por la soberanía nacional. Esta opinión concordaba con las de
Oppenheimer, Urey, Morrison y muchos de los demás científicos que construyeron
las primeras armas nucleares. Nunca fue muy popular entre el público
estadounidense (y aún menos entre los responsables de defensa). La gente se
mostraba preocupada por la bomba y deseaba que la carrera armamentística se detuviese.
Pero año tras año, la mayoría de los estadounidenses se sentía más reconfortada
incrementando que desmantelando su arsenal nuclear.
Sagan había visto a dos generaciones crecer con la bomba. El
público se había habituado a una amenaza creciente de cuyas consecuencias (que
harían parecer pequeñas las de Hiroshima) nadie había sido jamás testigo. Para
alguien tan acostumbrado a mirar a largo plazo como Sagan, la ausencia de una
guerra nuclear en las cuatro décadas anteriores lo tranquilizaba poco. La
historia demostraba que las armas que se construyen acaban por usarse.
Con el invierno nuclear, Sagan esperaba que un descubrimiento
científico pudiera aportar la palanca política que se necesitaba para detener
la carrera del armamento nuclear. En esto era un optimista en lo que a la
ciencia y a la naturaleza humana se refiere. Constituía un riesgo iniciar una
cruzada política basándose en una ciencia recién estrenada, al menos en un
campo tan lleno de incertidumbres como la predicción climática. Y suponiendo
que el TTAPS tuviera razón, podía provocar reacciones dispares.
Sagan creía que, ante la posibilidad de aniquilación, la gente
llevaría a cabo las acciones necesarias, aunque políticamente difíciles, para
evitarla. En ese sentido, cuanto peor el invierno nuclear, mejores los augurios
para el futuro de la humanidad. Un pesimista podría argüir lo contrario, por
supuesto.
También se podía sostener que el invierno nuclear no haría sino
reforzar las convicciones preexistentes de la gente. Los halcones son halcones
porque creen que una defensa fuerte es la mejor manera de minimizar las
posibilidades de una guerra nuclear… y el invierno nuclear, si es que tal cosa
existe. ¿Por qué habría de cambiar la manera de pensar de nadie el invierno
nuclear?
Sagan trató de abordar estas cuestiones en un artículo muy
citado que publicó en Foreign Affairs[1306]. Presentaba tres conclusiones
principales: «Existe un peligro real de que la humanidad se extinga. Existe un
umbral a partir del cual puede desencadenarse la catástrofe climática. […] Un
primer ataque importante puede ser un acto de suicidio nacional, aunque no haya
represalias». Con estas afirmaciones Sagan estaba yendo un paso más allá del
contenido científico del TTAPS… y más allá de lo que podía demostrarse para la
satisfacción de los críticos escépticos pero sin prejuicios. (Esto puede
decirse de la mayoría de los artículos publicados en Foreign Affairs[1307]).
Sagan no estaba solo en sus apocalípticas opiniones. El año
anterior, el libro de Jonathan Schell The fate of Earth[1308] había conjurado
el espectro de la extinción humana… antes de las afirmaciones del TTAPS sobre
los efectos climáticos. Como era de prever, los liberales aceptaron las tesis
de Schell y los conservadores las rechazaron.
Sagan tenía algo más de ciencia con la que defender su postura.
Inmediatamente después del TTAPS, en las páginas de Science apareció un
artículo titulado «Consecuencias biológicas a largo plazo de la guerra
nuclear». Sagan, pero nadie más del grupo del TTAPS, se contaba entre los
veinte coautores. Este artículo catalogaba los muchos otros terrores e
inconvenientes que una guerra nuclear acarrearía, y planteaba la posibilidad de
que se pudieran combinar sinérgicamente. Sagan se sirvió de esta y otras publicaciones
para pintar el cuadro de un mundo oscuro y congelado en el que los
supervivientes no podrían ni sacar agua de los pozos ni enterrar a los muertos.
El análisis de la agricultura pos nuclear o de la ausencia de ella era
sumamente convincente. Un enfriamiento de un par de grados podría acabar con el
cultivo de trigo en Canadá. Casi con toda seguridad habría una estación sin
agricultura normal… incluso suponiendo que los supervivientes pos nucleares se
pusieran a arar y sembrar como si nada hubiera ocurrido.
En la mayoría de las ciudades de EEUU solo hay almacenada comida
para una semana. Grano para más o menos un año existe en silos, pero es difícil
imaginar que en un mundo frío, oscuro y radiactivo su distribución fuera
eficaz.
El trecho de ahí a la extinción de la humanidad seguía siendo
grande. El artículo «Consecuencias biológicas a largo plazo» termina declarando
que «la posibilidad de la extinción del homo sapiens no puede excluirse». Esto
compendia la filosofía de Sagan con respecto al riesgo, en la que incluso una
posibilidad muy pequeña de aniquilación exige acción[1309][.
Esa filosofía no era universalmente compartida. «Si ustedes se
creen que la amenaza del fin del mundo cambiará la forma de pensar en
Washington y Moscú», les dijo a Sagan y Turco un destacado estratega nuclear,
«es que nunca han pasado una temporada en ninguno de esos dos sitios[1310][».
* * * *
El «umbral» de Sagan era probablemente la más controvertida y
peor entendida de sus afirmaciones sobre el invierno nuclear. Él sostenía que
debía haber una cierta cantidad mínima de humo, X, que produciría un
enfriamiento global catastrófico. En consecuencia, era vital que todo el mundo
se asegurara de que nunca se liberara la cantidad X de humo.
Sagan se dio cuenta (cosa que en la prensa no todos hicieron) de
que este umbral sería algo difuso, inexacto. Calculó que el incendio de 100
ciudades importantes (causado por entre 500 y 2.500 ojivas nucleares con una
potencia combinada de 100 megatones) podría producir el umbral de humo y por
tanto la catástrofe global. Sin embargo, una guerra en la que la mayoría de las
bombas cayera sobre silos de misiles —más plausible según pensaban la mayoría
de los estrategas— requeriría una cantidad mucho mayor de detonaciones para
alcanzar el umbral de humo.
Un punto no refutado por nadie era que 100 megatones eran una
nimiedad. Incluso ese constructo teórico, una guerra nuclear «limitada»,
supondría cientos de megatones.
Sagan abogaba por el recorte de los arsenales nucleares en el
mundo hasta el punto en el que la detonación simultánea de todas las bombas no
produjera el nivel de umbral de humo.
Los desastres de Chernóbil y del Challenger nos recuerdan que
sistemas tecnológicos sumamente visibles, en los que se había invertido un
enorme prestigio, pueden sin embargo ser víctimas de fallos catastróficos. Y
Hitler y Stalin nos recuerdan que el control de los modernos Estados
industriales puede caer en manos de dementes y que los líderes pueden volverse
locos en el ejercicio de sus cargos. La única respuesta prudente, a mi juicio,
es conseguir un mundo en el que lo peor no pueda ocurrir ni siquiera tras
alguna improbable concatenación de fallos tecnológicos, errores humanos y
demencia en las altas esferas… esto es, reducir los arsenales nucleares
globales por debajo del nivel a partir del cual no sería inconcebible que se
causara un invierno nuclear[1311]
Una respuesta de esa clase conllevaba la reducción de los
arsenales estadounidense y soviético a menos del 1 por 100 de lo que existía.
En aquella época, hablar de recortar los arsenales nucleares a la mitad se
consideraba una fantasía ilusoria.
Desde los albores de la era nuclear, a los expertos les
preocupaban los ataques por sorpresa o «primeros golpes». El objetivo de tales
ataques serían, lógicamente, los silos de misiles del otro bando, la
neutralización de su capacidad de tomar represalias. Si se cumplía el guion, el
agresor podría hacerse con el dominio del mundo sin sufrir un contraataque.
Cabía la posibilidad de que no causara demasiadas bajas en la nación atacada,
pues los silos de misiles suelen ubicarse en zonas remotas.
Aunque eran muy pocos los expertos en defensa que tenían por
probable el perfecto cumplimiento de esta fantasía, la piedra angular en la
estrategia defensiva de las dos superpotencias la constituía la necesidad de
disuadir de tal ataque.
El teórico de la defensa Herman Kahn escribió acerca de una
«máquina del Juicio Final». Se trataba de una máquina indestructible diseñada
para destruir toda la vida en la Tierra, si y cuando alguien lanzase un ataque
nuclear. Si existiese una máquina así —y si todo el mundo supiese de su
existencia y actuara racionalmente—, entonces nadie iniciaría jamás una guerra
nuclear. Kahn no llegaba al punto de recomendar la construcción de una máquina
del Juicio Final. También él reconocía que las máquinas pueden fallar y que las
personas no siempre son racionales.
Sagan opinaba que el invierno nuclear constituía por sí mismo
una máquina del Juicio Final. Para destruir el arsenal nuclear de una
superpotencia harían falta del orden de unos 3.000 megatones. Eso está bastante
por encima del supuesto umbral del invierno nuclear. Un primer ataque sería,
pues, suicida y, por ende, auto disuasorio. «El índice de atracos a mano
armada», escribió Sagan, «descendería espectacularmente si de ordinario las
armas de fuego les estallasen en la cara a quienes las usan[1312]».
Ni qué decir tiene que esto requería que todo el mundo creyera
en los catastróficos efectos climáticos predichos por el TTAPS.
§. El mundo se volvió extrañamente judío
No mucho después de la conferencia, la ABC emitió El día
después. La película era realmente cruda, pero en ella no aparecía el
enfriamiento por efecto del «invierno nuclear» (al que sus paisajes del Medio
Oeste podrían haber sido especialmente vulnerables). Sagan participó en un
debate que la cadena emitió a continuación de la película. La lista de
invitados seguía la tradición televisiva de meter a varios perros incompatibles
dentro de la misma caseta a ver qué pasa. Los demás tertulianos eran William F.
Buckley Jr[1313]., Henry Kissinger[1314], Robert McNamara[1315], Brent
Scowcroft[1316] y Elie Wiesel[1317]… todos moderados por Ted Koppel[1318].
El programa comenzó con una intervención a distancia en la que
el Secretario de Estado George Shultz recapitulaba la posición del presidente
Reagan e insistía afablemente en que la reducción del arsenal nuclear «ha
ocupado el primer lugar de su lista[1319]».
A Sagan se le vio demacrado. Parecía haber envejecido diez años
desde la cobertura del encuentro de la Voyager con Saturno en 1981. En sus
primeras palabras, Sagan dijo que Estados Unidos había estado dormido durante
los pasados treinta y ocho años, y que «la realidad es mucho peor de lo que se
ha representado en esta película[1320]».
Sagan recicló una de sus analogías favoritas. Estados Unidos y
la Unión Soviética, dijo, eran como dos enemigos mortales. Uno estaba armado
con 9.000 cerillas, el otro con 7.000. Los dos se encuentran en una habitación
inundada de gasolina.
El único rostro jovial en el debate era la de William F. Buckley
Jr., según el cual lo que Sagan estaba diciendo eran buenas noticias.
Significaba que los soviéticos no lanzarían un primer ataque.
Henry Kissinger no compartía ese optimismo. Estaba profundamente
disgustado con la película, «una visión muy ingenua del problema nuclear».
¿Sabían que él había escrito un libro sobre la cuestión treinta años antes?
Kissinger no veía ninguna razón para «entrar en una orgía de demostraciones de
lo horribles que serían las bajas de una guerra nuclear ni de traducir a
imágenes unas estadísticas que se conocen desde hace años… para luego oír al
señor Sagan decir que es incluso peor que eso[1321]».
Wiesel, desesperado por lo que había visto y oído, era con el
que más fácil resultaba identificarse. Admitió que no era un experto en la
guerra nuclear como los otros. La película era extrañamente familiar; le
recordaba al Holocausto. «Tal vez», dijo, «todo el mundo, por raro que parezca,
se ha vuelto judío[1322]».
* * * *
Fueran cuales fueran sus otros efectos, el invierno nuclear
consiguió que muchas personas se enfrentaran al espectro de la guerra nuclear.
Hoboken, en el estado de Nueva Jersey, se declaró zona desnuclearizada[1323].
Ann Arbor estuvo considerando la adopción de una medida similar, pero luego
votó contra ella[1324]. Los estudiantes de la Universidad Brown y de la
Universidad de Colorado presionaron a los centros de salud de sus campus para
que se aprovisionaran de pastillas de cianuro a fin de despacharlas en el caso
de una guerra nuclear[1325]. La Universidad de Columbia ofreció a los futuros
médicos un curso en el que podían planificar el papel que desempeñarían en el
tratamiento de supervivientes pos nucleares que no hubieran tomado pastillas de
cianuro[1326]. La Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos celebró un simposio
(organizado por Lester Grinspoon) sobre los aspectos psicológicos del invierno
nuclear[1327]. Según una encuesta, los adolescentes estadounidenses tenían la
guerra nuclear como segunda de sus preocupaciones, después de la pérdida de uno
de sus padres[1328]. El predicador televisivo Jerry Falwell propugnó una
«ideología del Armagedón», según la cual la aniquilación de la especie humana
sería el cumplimiento de una profecía bíblica[1329]. Cuando el presidente
Reagan se mostró cautelosamente de acuerdo con esa idea (no iba a manifestarse
contra una profecía bíblica), un editorialista del New York Times simplemente
se negó a creer que el presidente hubiera querido decir lo que dijo[1330].
§. A través del espejo
La publicación del artículo en Science virtualmente disolvió el
grupo TTAPS. A Pollack la perspectiva de estudiar la guerra nuclear le
resultaba desagradable. Tras la publicación del artículo regresó a sus
actividades científicas habituales. Turco y Toon se las arreglaron para seguir
buscando pruebas del invierno nuclear. Sagan, muchas veces acompañado por
Turco, se embarcó en una campaña para concienciar a los políticos y al público
de todo el mundo sobre el invierno nuclear.
Sagan informó a los jefes de Estado del Canadá, México,
Argentina, Francia, Suecia, Grecia, Tanzania y Nueva Zelanda[1331]. Habló en
todas las academias públicas de EEUU, a la Junta de Jefes de Estado Mayor, a la
CIA y en una sesión a puerta cerrada del Congreso. Estas charlas se celebraron
en circunstancias que fueron desde lo universitario a lo simplemente
estrafalario. Sagan recordaba casos en los que unos funcionarios se escondieron
detrás de un espejo, no fuera a ser que se supiera que habían asistido a la
reunión[1332].
En privado, un estratega nuclear insistió en que el invierno
nuclear nunca se produciría debido a que Sagan había publicado el «umbral». Los
estrategas prudentes de ambos bandos se verían obligados a mantener la cantidad
de megatones por debajo de él. Añadió que, hablando desde el punto de vista de
la teoría de juegos, haber publicado ese umbral fue un gran error[1333].
Según Sagan, la acogida que le dispensaban era más cálida entre
los militares de carrera que entre los civiles en puestos de libre
designación[1334]. Pese a los estereotipos de los liberales, los oficiales eran
educados y estaban abiertos a nuevas ideas. Los civiles del Departamento de
Defensa tendían a no querer oír nada que pusiera en tela de juicio sus
opiniones políticas. Cuando los expertos militares de EEUU criticaban el TTAPS,
muchas veces era porque consideraban irrealistas los «escenarios» empleados.
Richard DeLaner, del Pentágono, objetó que la consideración de las ciudades
como objetivos (en el escenario de la línea de saque del TTAPS, por ejemplo) no
era ni «creíble» ni «moral». Ni que decir tiene que Sagan no estaba a favor de
la consideración de las ciudades como objetivos. Según él, lo increíble y lo
inmoral ni eran impensables ni carecían de precedentes.
§. Percepción asimétrica[1335]
Para los conservadores en materia de defensa, el invierno
nuclear (o, más exactamente, la conclusión política de Sagan según la cual las
armas nucleares no debían usarse nunca) constituía una doctrina
desestabilizadora. Amenazaba con socavar la disuasión que había impedido una
guerra nuclear durante cuatro décadas. El gran temor de los conservadores no
era que el invierno nuclear fuera cierto (por lúgubre que la perspectiva
pudiera ser) ni que se creyera en general, con razón o sin ella. ¿Quién no
daría la bienvenida a una teoría que disuadía a todo el mundo de iniciar una
guerra nuclear?
El temor subyacente de personas como Buckley y Kissinger se
conocía por la etiqueta de «percepción asimétrica». Lo que les preocupaba era
que el invierno nuclear se «vendiera» más fácilmente en Estados Unidos que en
la Unión Soviética. Los responsables de defensa de EEUU dependían —en cierto
sentido al menos— de sus votantes, y sobre estos votantes influyen
personalidades de los medios de comunicación como Sagan en el ejercicio de su
derecho a la libre expresión. Los líderes militares soviéticos eran mucho más
independientes del pueblo soviético, cuyas fuentes de información eran más
restringidas. Los soviéticos, además, tenían fuerzas convencionales mayores que
las de Estados Unidos. Si de repente se eliminaban las armas nucleares, la
posición militar soviética se vería reforzada.
Algunos sospechaban que también hubiera una sinceridad
asimétrica. A los conservadores los preocupaba que los estadounidenses creyeran
de veras en el invierno nuclear mientras los soviéticos solo fingieran hacerlo.
Fue esta asimetría la que hizo famoso al defensor del invierno nuclear con
menos probabilidades de llegar a serlo en aquel momento: Vladímir Aleksándrov.
Los partidarios de Sagan se dieron cuenta del excepcional valor
político que tenía Aleksándrov. Allí, en carne y hueso, estaba la prueba de que
los soviéticos creían en el invierno nuclear. Aleksándrov estaba de acuerdo no
solo con la ciencia básica sino, en principio al menos, con las conclusiones
políticas de Sagan. Las superpotencias tendrían que acordar reducciones
importantes de armas.
En los centros de poder Occidente, a Aleksándrov se lo hizo
desfilar, sin embargo, como un noble cautivo. Apareció con Sagan en la
televisión estadounidense. Habló al Senado de EEUU a petición de los senadores
Edward Kennedy y Mark Hatfield. En enero de 1984, Sagan, Aleksándrov, Stephen
Jay Gould y quince científicos más hicieron ejercicios espirituales en el
Vaticano durante tres días en los que prepararon un informe sobre el invierno
nuclear. Cuando Sagan presentó el informe al papa Juan Pablo II, Aleksándrov
estaba a su lado.
¿Era Aleksándrov «de verdad»? Publicaciones alternativas como
New Solidarity, distribuida en los aeropuertos por partidarios del candidato
presidencial de derechas Lyndon Larouche, se ocuparon de esta cuestión. La
comparecencia parlamentaria de Aleksándrov para hablar del invierno nuclear fue
descrita en un artículo como paso de la «gira electoral del KGB» por el Senado
de Estados Unidos[1336]. En otro se afirmó: «A la mentira del invierno nuclear
le dieron amplia difusión los soviéticos, que la utilizaron para fomentar en
los círculos militares y políticos de EEUU la ilusión de que una guerra nuclear
no se podía ganar y era por tanto impensable[1337]».
§. ∞ = ∞
Sagan desempeñó un papel comparable en la Unión Soviética.
Cabildeó con muchos de los líderes de la Unión Soviética. A un consejero
científico del gobierno soviético le preguntó por qué creían necesario igualar
el arsenal nuclear de EEUU, cuando una cantidad mucho menor de bombas bastaría
para acabar con todas las ciudades de Estados Unidos varias veces. El
científico respondió escribiendo una ecuación en un cuaderno: ∞ = ∞. Infinito
igual a infinito: bombas de sobra no bastan.
El golpe maestro de Sagan fue la alocución que sobre el invierno
nuclear dirigió en 1986 al Comité Central Soviético. Varios de los presentes
han dicho que el efecto de las palabras de Sagan sobre la forma de pensar de
los militares soviéticos fue profundo. El cosmonauta y general Alekséi Leónov
informó de que, tras abandonar Sagan la sala, una docena de miembros del Estado
Mayor Soviético se miraron entre sí y acordaron que la carrera de armas nuclear
había llegado a su fin. Tenía que acabar; la amenaza de enormes represalias
había dejado de ser creíble[1338] .
Estos ecos no dejaron de resonar en los días de vida que le
quedaban a la Unión Soviética. El teniente general Borís Trofímovich Suríkov,
del Estado Mayor Soviético, dijo que en el Ministerio Soviético de Defensa el
invierno nuclear se trató muchas veces y los convenció de la necesidad de
importantes reducciones de armas[1339]. Gorbáchov en persona le dijo a Sagan
que había leído todas sus investigaciones sobre el invierno nuclear y que la
Unión Soviética se disponía a aplicar la política exterior que él recomendaba[1340].
Tras la caída de la Unión Soviética, el físico Róald Sagdéiev y Alekséi Leónov
llegaron al extremo de atribuir a Sagan el final de la Guerra Fría[1341].
Algunos de estos testimonios puede que estén influidos por la
amistad, pero ya no se sospecha que estén movidos por el disimulo político.
Sagan gozó de una reputación única en la Unión Soviética. Sus antepasados
habían nacido en suelo ruso, en Moscú tenía amigos de veras y era uno de los
pocos científicos que animó al diálogo Este-Oeste durante toda la larga Guerra
Fría. En Moscú esto le daba una credibilidad que muy pocos científicos
estadounidenses tenían.
§. Un bien bajo
Más sorprendente aún era, teniendo todo en cuenta, que Sagan
estaba haciendo avances con el presidente Ronald Reagan. Las palabras de Reagan
en una entrevista concedida al New York Times en febrero de 1985 bien podría
haberlas pronunciado Sagan:
Son muchos los científicos acreditados que nos están diciendo
que una guerra de esa clase [nuclear] no la ganaría nadie porque simplemente
acabaríamos con la Tierra tal como la conocemos. Y si volvemos a pensar en un
par de calamidades naturales —en el siglo pasado, en el XIX, simplemente
fenómenos naturales, desde terremotos o, quiero decir, volcanes—, vemos que el
clima cambió tanto que en muchos países templados hubo nieve en julio. Y lo
llamaron «el año sin verano». Entonces, si un volcán puede hacer eso, ¿de qué
estamos hablando con todo el intercambio nuclear, el invierno nuclear del que
los científicos han estado hablando?[1342]
La aceptación provisional de la ciencia de Sagan por parte de la
administración no se extendió a sus recomendaciones políticas. Al mes
siguiente, Sagan tuvo un enfrentamiento con Richard N. Perle, del Pentágono, en
el hemiciclo de la Cámara de Representantes: «Estamos convencidos de que una
guerra nuclear sería algo terrible», dijo Perle, «pero creemos que lo que
estamos haciendo con respecto a la modernización nuclear estratégica y el
control de armas es acertado y creemos que el fenómeno del invierno nuclear no
lo hace menos acertado[1343]».
Lo peor de todo desde la perspectiva de Sagan era que el TTAPS
se estaba citando como demostración de la necesidad de la Iniciativa de Defensa
Estratégica [SDI, en sus siglas inglesas]. «Habría que ser tonto de remate para
apostar la supervivencia del mundo» a la SDI, dijo Sagan. Le dijo al Congreso
que si el informe del Departamento de Defensa se lo hubieran presentado a él
para que le pusiera nota en Cornell, «le pondría un aprobado sin más, tal vez
un bien bajo si me encontrara de buen humor». Perle replicó que él suspendería
a Sagan con un muy deficiente por su comprensión del tema[1344].
Sobre este rifirrafe, William F. Buckley Jr. escribió que «la
intervención de Sagan fue tan arrogante que bien se le podría haber confundido
con… bueno, conmigo[1345]».
§. Dientes de sable
En marzo de 1985 Sagan perdió a dos amigos soviéticos en
circunstancias muy diferentes.
I. S. Shklosvki sufrió una embolia en una pierna. Aunque él
decía que se encontraba bien, lo hospitalizaron para someterlo a cirugía. El
coágulo se desprendió y llegó al cerebro, donde produjo un tremendo derrame.
Mientras Shklovski estaba en coma, la Academia Soviética puso una conferencia a
Frank Press, de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, en petición de ayuda
médica. Era demasiado tarde para hacer nada[1346]. Shklovski falleció en Moscú
el 5 de marzo de 1985. Sagan hizo el panegírico: «Su muerte ha sido una gran
pérdida[1347]».
Sagan se había visto con Shklosvki por última vez en Graz,
Austria, el verano anterior, antes de una reunión sobre la cooperación en el
espacio entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Sagan estaba entusiasmado
con la idea de una misión conjunta soviético-estadounidense a Marte. Shklovski
se había mostrado absolutamente pesimista sobre la Unión Soviética. Nada podría
cambiar en los siguientes cincuenta años, profetizó[1348].
En ese encuentro Sagan hizo su último intento de recuperar a la
oveja descarriada de la SETI. Shklovski no se dejó convencer. Habló del tigre
dientes de sable, que generación tras generación desarrolló colmillos cada vez
más largos a fin de competir con los demás dientes de sable con colmillos más
largos. Al final los dientes eran demasiado largos. Con ellos el animal ya no
podía cazar a sus presas, y la especie se extinguió[1349].
La tesis de Shklovski era que, dentro de la evolución, la
inteligencia es un bicho raro que rápidamente acaba consigo mismo. Acabaremos
con nosotros mismos mediante las bombas de hidrógeno o las armas que diseñemos
después de esa. Y por eso es por lo que no recibimos ninguna señal de
Andrómeda, por lo que el universo está vacío, o lo estará una vez se enfríe
nuestra chispa.
§. Sin rastro
En los días que siguieron a la muerte de Shklovski, Vladímir
Aleksándrov se encontró en un salón de espejos digno de las ficciones de espías
que tanto le gustaban. Se había indispuesto con alguien poderoso. Hasta ahí lo
razonablemente cierto. Poco más lo es.
Nadie repitió jamás la predicción del derretimiento de los
glaciares del Himalaya hecha por Aleksándrov. Sagan y sus colegas eran
conscientes de que la ciencia de Aleksándrov no fue todo lo que podría haber
sido. Richard Turco calificó el modelo climático de Aleksándrov de «trabajo muy
flojo, rudimentario y gravemente defectuoso[1350]». Era una copia de un modelo
climático de los años setenta creado en Estados Unidos.
Cuando Aleksándrov solicitó permiso para utilizar los
ordenadores más potentes que había en el Instituto de Investigación Cósmica a
fin de seguir estudiando el invierno nuclear, se le denegó. ¿Había decidido
alguien que el estudio del invierno nuclear ya no interesaba a la Unión
Soviética? En enero de 1985, Estados Unidos también le había prohibido a
Aleksándrov el uso de sus superordenadores. En el visado de Aleksándrov,
alguien escribió: «No le está permitido el acceso directo o indirecto a los
superordenadores de Estados Unidos». La conjetura obvia es que alguien
sospechaba que Aleksándrov estaba tratando de robar tecnología de
superordenadores para los soviéticos[1351].
* * * *
Si alguien fuera a hacer eso, el invierno nuclear podría
proporcionar una excelente tapadera. Los modelos climáticos empleados en los
estudios del invierno nuclear requerían los ordenadores más potentes posibles.
La distinción entre espía y científico visitante no era absoluta
en la Unión Soviética. Era bien sabido que los científicos soviéticos cuyo
trabajo les permitía vislumbrar siquiera la tecnología occidental de vanguardia
eran interrogados a su regreso. También se sabía que gran parte de la
tecnología militar soviética era fruto de la aplicación de la ingeniería
inversa a sus equivalentes estadounidenses[1352]. La pregunta es si Aleksándrov
utilizó superordenadores estadounidenses de un modo ignorado por sus anfitriones
estadounidenses… si robó tecnología o ejecutó programas (¿de importancia
defensiva?) que en la Unión Soviética no se podían ejecutar tan rápidamente o
en absoluto.
Los científicos de Oregón y de la NCAR insistían en que a
Aleksándrov nunca se le permitió manejar el ordenador a solas. No obstante el
científico soviético aprendió a utilizar un Cray-1A en la NCAR y, que se sepa,
pasó 120 horas con la máquina.
Algunos reprochaban a Aleksándrov que fuera un promotor con
labia que hizo poca ciencia auténtica. (Algunos encontraban el mismo defecto en
Sagan). «Es difícil decir la diferencia entre los científicos y los
propagandistas» soviéticos, afirmaba un informe del Pentágono dado a conocer el
1 de marzo. «El principal modelo de circulación atmosférica utilizado por los
soviéticos en el caso del ampliamente publicitado estudio de los investigadores
soviéticos V. Aleksándrov y G. Sténchikov se basa en un modelo estadounidense
obsoleto. […] Una y otra vez, sus presentaciones contienen afirmaciones
exageradas que son criticadas por sus colegas extranjeros. […] Pero en
presentaciones subsiguientes no se aprecia ningún cambio, aunque en privado los
soviéticos reconozcan la exageración». La última frase debió de hacer que en
Moscú se enarcaran muchas cejas[1353].
* * * *
El 29 de marzo de 1985, Aleksándrov llegó al aeropuerto de
Madrid camino de una reunión en Córdoba. Funcionarios soviéticos interceptaron
a su chófer e insistieron en que se suponía que ellos lo conducirían a la
embajada soviética en Madrid. Esto lo hicieron seguidos por el chófer.
Aleksándrov estuvo una media hora o así en el interior de la embajada. Cuando
salió era un hombre que necesitaba tomar un buen trago de algo fuerte.
Pidió a su chófer que lo llevara a un bar, a cualquier bar. El
chófer accedió. Cuando salió, Aleksándrov estaba borracho.
El chófer lo llevó a Córdoba, adonde llegó a primera hora de la
noche. Más tarde, la policía de Córdoba encontró a Aleksándrov tumbado
inconsciente en el barrio judío. Lo llevaron en coche a su alojamiento en la
universidad.
Aleksándrov habló a las diez de la mañana siguiente. Su aspecto
era «lúgubre y gris, casi fantasmal», según otro de los conferenciantes[1354].
Aquella noche no asistió a una presentación, evidentemente para ir a cogerse
otra borrachera. A las 3 de la madrugada apareció a bordo de un taxi. Algunos
organizadores de la conferencia aún estaban levantados trabajando y vieron que
Aleksándrov estaba tan bebido que intentó pagar con un billete de 50 dólares
estadounidenses. Uno de sus colegas se adelantó y pagó al taxista. A
Aleksándrov le costó un buen rato comprender siquiera que la carrera se había
pagado.
Para quienes conocían las penurias de los soviéticos era un
misterio de dónde había sacado un científico de viaje un billete tan grande,
sobre todo no siendo de la moneda del país.
El 31 de marzo, otro chófer llevó a Aleksándrov de vuelta a
Madrid. Cada vez que pasaban por delante de un local con aspecto de que allí se
expendía alcohol, Aleksándrov gritaba: «Restaurante. Alto». El conductor hacía
caso omiso.
Este conductor llevó a Aleksándrov, no al aeropuerto, sino a la
embajada soviética… un cambio de planes no bien recibido. Aleksándrov abrió la
puerta del coche con tanta fuerza que el tirador saltó y trató de correr tras
él. Un empleado de la embajada lo retuvo. Sin embargo, extrañamente a
Aleksándrov lo llevaron entonces al cercano hotel Habana, en cuya habitación
614 lo dejaron… a solas.
Hacia los 11 de la noche lo vieron abandonar el hotel, bebido, e
intentar entrar en el local de al lado, un bingo cerrado. Increíblemente
indiferente a todo, pidió vino español. Esa fue la última vez que alguien vio a
Vladímir Aleksándrov[1355].
* * * *
Aleksándrov «era un tipo que desaparecía mucho», me dijo Brian
Toon… hablando como si esto formase parte de su mismo carácter. En una ocasión,
Toon vio a Aleksándrov entrar en un avión con destino a Seattle. Aleksándrov no
llegó. Resultó que el avión se había visto obligado a aterrizar en Oregón.
Aleksándrov alquiló un coche y se fue a Seattle, sin contarle a nadie el cambio
de planes[1356]. Estos hábitos llevaron a algunos estadounidenses a concebir
esperanzas de que Aleksándrov volviera a aparecer sano y salvo con una
pintoresca excusa.
La mañana del 1 de abril, representantes de la embajada
soviética se presentaron en el hotel Habana a recoger a Aleksándrov. No estaba
allí. Se dijo que los soviéticos encontraron su pasaporte y su cartera (con
dinero) en su habitación de hotel; también que la cartera, el pasaporte y los
billetes de avión se descubrieron en un cubo de la basura, o bien en la
habitación o cerca de allí.
El cuerpo no se encontró nunca. Eso hace difícil de creer que
Aleksándrov sufriera un accidente, se suicidara o fuera víctima de un asesinato
común. Unos meses después de esta desaparición, en la Unión Soviética se habían
borrado todos los datos de Aleksándrov. Esto lo puso de relieve la publicación
de La noche después…: Consecuencias climáticas y biológicas de una guerra
nuclear, un libro de edición soviética (pero en lengua inglesa) que se basaba
en gran medida en investigaciones de Aleksándrov. El nombre de Aleksándrov no
se mencionaba en ninguna parte. Ese era el tratamiento que habitualmente se
dispensaba a los desertores.
Sagan se alarmó ante la pérdida de un amigo y un colega muy
importante para él. Cuando intentó averiguar lo sucedido, se encontró con un
inquietante muro de piedra. A Sagan le dijeron que ninguna agencia de Estados
Unidos ni de la Unión Soviética estaba reteniendo a Aleksándrov ni sabía nada
de su paradero. «Vladímir tenía una prometedora carrera», le dijo a Sagan un
funcionario soviético, «y en cualquier caso la Unión Soviética no ha asesinado
a ninguno de los suyos en el extranjero desde Trotski[1357]».
Durante un tiempo, el nombre de Aleksándrov no apareció en
publicaciones soviéticas. Entonces, de modo igual de misterioso, se volvió a
aceptar que se lo mencionara. La teoría de Sagan era que los soviéticos
llegaron finalmente a la conclusión de que Aleksándrov no había
desertado[1358].
* * * *
Las paradojas menores de Aleksándrov cobraron ahora dimensiones
perturbadoras. Mientras Shklovski no tenía dinero ni para cerveza, Aleksándrov
era capaz de ahorrar de sus dietas y comprarse un aparato de vídeo que facturó
a casa junto con El doctor Zhivago (una película con la que se le saltaban las
lágrimas) y la cinta Tandas de gimnasia de Jane Fonda para su hija aspirante a
bailarina[1359].
Pocos estadounidenses estaban dispuestos a creer que su gobierno
abduciría (¿y mataría?) a un ciudadano soviético prominente. Se especulaba con
una crisis relacionada con la edad o nerviosa. Era más fácil creer que
Aleksándrov se había convertido en un lastre para su gobierno. A los soviéticos
los preocupaba su alcoholismo o la dirección de sus investigaciones, y lo que
pudiera decir bajo la influencia del alcohol[1360].
Se teorizó que Aleksándrov había recibido órdenes de fomentar la
idea de que una guerra nuclear sería suicida mientras, en realidad, el Kremlin
seguía con sus planes basados en consecuencias medioambientales que permitieran
un «nivel de supervivencia». Tal vez Aleksándrov, al principio inconsciente de
la duplicidad, la había descubierto y tenía el propósito de denunciarla… lo
cual obligó a los soviéticos a silenciarlo.
O quizá cometiera un error imperdonable para Moscú. «Alardeaba
de lo que sabía acerca del Cray», dijo Jerry Potter, del Laboratorio Lawrence
Livermore. «Se daba tono». Una de las fanfarronadas de Aleksándrov era la de
que podía piratear el Cray X-MP del Livermore[1361].
El Cray X-MP era el Lamborghini de los ordenadores.
Probablemente fue esta clase de indiscreciones lo que llevó a Estados Unidos a
negarle a Aleksándrov el acceso a los superordenadores. Porque en febrero de
1985 alguien intentó entrar en el Livermore Cray X-MP. El rastreo telefónico
llevaba a Moscú[1362].
§. Carl y Dorion
En noviembre de 1984, los viajes de Sagan lo llevaron a
Bellagio, Italia, para una conferencia internacional sobre desarme nuclear. Se
alojó en un monasterio. Una noche, hacia las 3 de la madrugada, lo despertaron
unos fuertes golpes en su puerta. Cuando abrió le dijeron: «Su abuelo ha
fallecido».
Los abuelos de Sagan llevaban muertos desde hacía mucho tiempo.
Por la mañana, Sagan se enteró del verdadero mensaje: lo habían hecho abuelo.
Era el hijo de Dorion, un niño al que llamaron Tonio Jerome
Sagan. La esposa de Dorion, Marjorie, había querido que al niño lo llamaran
Dorion Jr. (en contra de la costumbre de las familias judías). En lugar de eso
se decidieron por Tonio en honor del relato de Thomas Mann Tonio Kröger[1363].
Aquella noche en Bellagio, un montón de personas de múltiples nacionalidades,
con delegados de las dos superpotencias nucleares, bebieron a la salud de la
criatura[1364].
* * * *
De todos sus hijos, con el que Carl mantuvo unas relaciones más
difíciles fue Dorion. En Dorion se daban simultáneamente la amargura por el
abandono de su padre y la consciencia de las ventajas de ser hijo de alguien
famoso. A mediados de los ochenta, Dorion y Lynn Margulis escribieron un libro
sobre las bacterias titulado Microcosmos. Carl pensó que el título era un
plagio. Temía que sus lectores vieran Cosmos y Sagan en la tapa y lo compraran
por error[1365].
«Nunca me sentí lo bastante cerca de él para criticarlo y estar
seguro de su amor», explicó Dorion; «por eso yo siempre estaba en guardia, y
nuestras discusiones emocionales adoptaban la forma de intelectuales». Dorion
intentó hacer que Carl leyera a Derrida[1366] y lo consideraba ingenuo por su
fe casi «religiosa» en la ciencia. Repartidos por tanto los bandos, padre e
hijo resolvieron sus conflictos emocionales en una incómoda partida de
ajedrez[1367].
Dorion aprendió magia en su adolescencia. Uno de los buenos
recuerdos que Dorion guarda de su padre es el embeleso con que Carl lo veía
hacer trucos de prestidigitación. De adulto, se mudó a Fort Lauderdale y
comenzó a hacer magia profesionalmente. Al año siguiente del nacimiento de su
hijo, un intruso que entró en su casa mientras Dorion dormía casi lo mató a
golpes.
Cuando se enteró del ataque, Carl tomó el primer avión a
Florida. Las heridas eran tan graves que los médicos de Dorion se prepararon
para una intervención quirúrgica en el cerebro que impidiera la
meningitis[1368]. Durante una visita al hospital, Carl encontró a su hijo en un
estado de delirio paranoico. Dorion divagaba sobre la escisión del Altísimo en
yoes separados como en la cosmología hindú —con cada yo ya no escariado— debido
a la ilusión de la muerte.
Carl respondió que no había nada raro en esos pensamientos. Los
teólogos llevaban mucho tiempo debatiendo la cuestión de si Dios podía cometer
suicidio[1369].
Dorion se recuperó. El apoyo de su padre llevó a un deshielo en
sus relaciones. Las cosas mejoraron lo bastante para que Dorion se sintiera
capaz de comunicarse más francamente con su padre, para expresar el amor y la
ira, que sentía. Carl le dijo a Dorion que sus estudiantes de posgrado a veces
continuaban las conversaciones por carta, y que a lo mejor él quería hacer lo
mismo. Dorion dio rienda suelta a su rabia en una apasionada carta que dudó si
enviar. Un amigo suyo leyó la carta y le dijo que no.
Siguió entonces una fase en la que el eje de la relación regresó
a un punto de equilibrio glacial pero plácido. Carl se dio cuenta de que algo
había cambiado. La relación había mejorado. Le preguntó a Dorion si sabía por
qué.
«He renunciado a ti», dijo Dorion. Carl preguntó si había algo
que él pudiera hacer para mejorar la relación. «No», dijo Dorion, «de veras que
no. Es algo zen. Simplemente acéptalo».[1370]
§. Roman à clef[1371]
En las listas de superventas del otoño de 1985 había dos libros
de Carl Sagan. En octubre, Simon and Schuster había publicado el muy esperado
Contact. Un mes más tarde, Random House sacó Cometa. «Tenemos un sueño», le
dijo Scoth Meredith al New York Times: «que un día no lejano nos encontremos
con que Contact es el Nº 1 en la lista de superventas de ficción y Cometa es el
Nº 1 en la lista de no ficción[1372]».
Los libros no llegaron a eso, pero nadie se quejó. Cometa era
más que un intento de rentabilizar el regreso del cometa Halley. Informaba
acerca de un campo de investigación que se estaba volviendo muy activo en el
laboratorio de Sagan y en otras partes: el posible papel de los cometas en el
origen de la vida. El libro tuvo más éxito que el cometa, cuya posición no era
muy buena para que su observación desde el hemisferio norte. El libro
constituyó asimismo el primer reconocimiento público del papel que Druyan
estaba desempeñando en el trabajo literario de Sagan. Se le concedió igual
importancia como coautora.
Contact era ciencia ficción comercial en la vena de Michael
Crichton (que es lo que quiere una editorial que paga 2 millones de dólares).
Algo insólito en la ciencia ficción, era un roman à clef. Antes de que el libro
apareciera, Carl y Annie hicieron un aparte con Jill Tarter durante una
reunión. Carl anunció que estaba escribiendo una novela. Bien, por supuesto
Tarter sabía eso; la noticia de un adelanto de 2 millones de dólares no había
pasado inadvertida en Cornell. Carl dijo con coquetería que Jill en especial
debería leer el libro.
Tarter no sabía qué significaba aquello. No podía pensar que el
libro tratara «de» ella, pues Sagan no la conocía tan bien. Cuando le llegó el
libro, se asustó al comprobar que la heroína «Ellie» estaba en ciertos aspectos
inspirada en ella. El libro describía sus relaciones con su padre y hablaba con
cierta precisión de un colega masculino que ganó reconocimiento por un trabajo
de ella. Resultó que Sagan había hecho algo de labor detectivesca y utilizado
elementos de la vida de Tarter por mor de la verosimilitud[1373].
* * * *
Con el manuscrito de Contact casi acabado, Sagan llamó a Kip
Thorne, del Caltech, uno de los físicos más grandes sobre relatividad. Le pidió
a Thorne que echara un vistazo al manuscrito para asegurarse de que lo que se
decía sobre la relatividad general era correcto.
En el manuscrito había personas que saltaban de un lado al otro
de la galaxia zambulléndose en agujeros negros. Thorne recomendó que Sagan los
cambiara por agujeros de gusano. Los agujeros negros son reales (eso pensaban
Thorne y todos los demás especialistas en la materia). Nadie podría meterse en
un agujero negro y sobrevivir. Los agujeros de gusano son un constructo teórico
que las ecuaciones de Einstein permiten pero que tal vez no existan realmente.
Estaba menos claro que uno no pudiera descender por un agujero de gusano; Sagan
ahí pisaría un terreno más firme. (Una novela situada en la Atlántida está
menos expuesta a que se le encuentren fallos que una situada en París).
El argumento de Sagan también incluía los viajes en el tiempo.
Le preguntó a Thorne si había algún modo en el que una «civilización
infinitamente avanzada» pudiera utilizar la relatividad general para viajar en
el tiempo. Esta no era la clase de pregunta que los físicos estaban
acostumbrados a hacer. (Thorne la definió como «una pregunta de tipo Sagan»).
Inspiró a Thorne y a algunos colegas a comenzar a jugar con ardides para viajar
en el tiempo.
No tardaron en decidir que si una «civilización infinitamente
avanzada» era capaz de mantener abierto un agujero de gusano un tiempo
suficiente para viajar a través de él, entonces los viajes en el tiempo serían
posibles. Sus viajeros podrían ir a cualquier lugar al otro lado de la galaxia
y luego regresar una fracción de segundo después de haber salido.
Pero el ardid también les permitiría regresar antes de haber
salido y encontrarse consigo mismos. Permitiría todas las paradojas clásicas de
los viajes en el tiempo. Eso parecía algo tan absurdo que Thorne sospechó que
en la idea de los agujeros de gusano navegables debía de haber algo equivocado.
Thorne y el estudiante de posgrado Mike Morris publicaron sus
resultados en 1988 (Contact ya había salido en rústica). El efecto del audaz
título de su artículo —«Los agujeros de gusano y su uso para los viajes
interestelares»— quedaba debilitado por el subtítulo: «Una herramienta para
enseñar la relatividad general». El trabajo lo rebajaron al nivel de un
divertimento escolar a fin de dejar claro que no habían traspasado totalmente
los límites[1374].
Stephen Hawking por lo menos se tomó el trabajo en serio. Estaba
convencido de que los viajes en el tiempo eran imposibles. Había demasiadas
pruebas experimentales contra ellos: los turistas del futuro no es que nos
hayan asediado[1375]. Hawking propuso una «conjetura de protección de la
cronología», según la cual las leyes de la física «conspiran» para evitar los
paradójicos viajes en el tiempo, se realicen estos mediante agujeros de gusano
o de otro modo[1376].
Estas cuestiones han inspirado una buena cantidad de artículos,
y el trabajo en torno a ellos continúa. El asunto no es de ninguna manera tan
frívolo como pudiera parecer. Si alguien demostrara que la teoría de la
relatividad «falla» en determinados contextos, eso sería un avance estupendo.
Ya el papel de Sagan como «estimulador y escandalizador» ha sido sumamente
insólito. Habría que retroceder hasta la medición del avance del perihelio de
Mercurio por Simon Newcomb para encontrar otro astrónomo planetario con
influencia en la física teórica.
* * * *
La embriagadora teorización de Thorne se tuvo poco en cuenta en
Hollywood, donde el guión de Contact estaba sufriendo sus propios cambios.
Cuando en 1982 se pasó a la Warner Brothers, Peter Guber se
llevó Contact consigo. Una vez salió la novela, Guber decidió que el original
esbozo de película de Contact contenía elementos cinematográficos que no se
encontraban en la novela. Se reunió con Gentry Lee, le gustaron sus ideas y lo
contrató como coproductor. Como por entonces Lee no se llevaba muy bien con
Sagan, su contratación no hizo nada por mejorar las relaciones entre Sagan y el
estudio[1377]. Lee trabajaba con los guionistas mientras Guber encargaba un
guion tras otro. Añadieron un astronauta indio americano[1378]. Añadieron un
polizón adolescente. A Guber le encantaba la perspectiva del polizón; sería el
hijo adolescente distanciado de Ellie. «Pensé que a la película le venía muy
bien», explicó Guber. «Se trata de una mujer consumida por la idea de que ahí
fuera hay algo a lo que vale la pena prestar atención, pero lo único con lo que
nunca ha podido establecer contacto es su propio hijo».
Sagan y Druyan no sabían si reír o llorar. A pesar del doctor
Smith, de Perdidos en el espacio, un polizón en una nave espacial pequeña y
construida con precisa ingeniería resultaba inverosímil. Guber hizo caso omiso
de las objeciones técnicas. Como Sagan comprendió, sobre una película de
Hollywood no tendría el mismo control que sobre una serie de la PBS[1379].
§. La SETI en una maleta
Más o menos en la época de la publicación de Contact, Sagan
participó en un nuevo y mucho más sofisticado programa de la SETI, el Proyecto
META. (META eran las siglas inglesas de Megachannel Extra-Terrestrial Assay,
[Ensayo Extraterrestre de un Millón de Canales]). Los orígenes del META se
remontan a 1981, cuando Jil Tarter, entonces en el Ames de la NASA, invitó a un
joven físico de Harvard a pasar una temporada en el centro. El físico era Paul
Horowitz. Probablemente, hoy en día es más conocido como coautor del texto
clásico El arte de la electrónica. Horowitz estaba entusiasmado con la SETI
desde que su compañero de habitación en Harvard recibió una clase de Sagan.
Mientras estuvo en el Ames, Horowitz e Ivan Linscott diseñaron su propia
máquina para la SETI.
Sus diseños aprovechaban la potencia y la miniaturización de los
nuevos microprocesadores. Era una máquina de escritorio, a la que medio en
serio medio en broma llamaban «la SETI en una maleta». Sin embargo, no
construyeron el artilugio. Eso habría costado unos 20.000 dólares, y no los
tenían.
Horowitz dio una charla sobre el diseño. Tom McDonough, miembro
de la Sociedad Planetaria, la oyó y quedó impresionado. Cuando Sagan se enteró
del sistema, se entusiasmó igualmente. La Sociedad Planetaria llegó a un
acuerdo de financiación conjunta con el Ames en solo treinta días. Seis meses
más tarde, Horowitz tenía un prototipo que funcionaba.
Para sacarle partido al artefacto, Horowitz necesitaba un
radiotelescopio dedicado a la SETI durante muchos meses o años. Eso era mucho
pedir, y requería más dinero. Annie tuvo la idea de pedírselo a un hombre que
había ganado mucho dinero con los extraterrestres: Steven Spielberg. Sagan no
lo tenía del todo claro. Encuentros en la tercera fase le había parecido
«pretenciosa» y le reprochaba que abonara la idea de los ovnis como naves
espaciales extraterrestres. (Insistía en que el científico de Cornell con
sudadera que aparecían en la película no podía ser él). En cualquier caso,
Annie acabó por reunir a Sagan y Spielberg. A Spielberg el discurso de Sagan le
gustó lo bastante para firmar un cheque por valor de 100.000 dólares[1380].
§. Dándole a la palanca
El META utilizó el Observatorio Oak Ridge de Harvard, con una
antena de más de veinticinco metros de diámetro en la pequeña localidad de
Harvard, Massachusetts (a una hora en coche desde la Universidad de Harvard en
Cambridge). Se inauguró en septiembre de 1985, cuando los restos de un huracán
habían atravesado Massachusetts arrancando de raíz árboles pero no la antena de
Harvard. Sagan, Horowitz y Spielberg se contaban entre los asistentes. También
el hijo recién nacido de Spielberg, Maxwell, él mismo un famoso en ciernes.
Según se había informado en la prensa popular, la madre del niño era la actriz
Amy Irving, y la pareja había optado por no casarse.
Horowitz decidió que la ocasión bien merecía una palanca de la
que tirar. Encontró un enorme conmutador de cuchillas (como los de los
científicos locos) y completó con él el circuito que ponía en marcha todo el
dispositivo. Cuando Sagan vio el conmutador, sin darse cuenta metió la mano en
medio del circuito abierto. «¡Te podías haber matado!» dijo Horowitz con un
grito ahogado… y añadió que, por suerte, el cable que pasaba por el conmutador
era de bajo voltaje.
«Sabía que harías eso», respondió Sagan[1381].
El conmutador fue accionado, y el proyecto META inició su
andadura. La madre de Horowitz, que tenía el mismo descaro que Rachel Sagan, se
presentó ella misma a Spielberg durante la recepción. Así por las buenas le dio
un consejo en tres palabras: «Cásese con ella[1382]».
La investigación del META abarcaba todo el cielo visible desde
Massachusetts. La mayor parte del tiempo, la antena se mantenía quieta, dejando
que su haz recorriera los cielos con la rotación de la Tierra. Cada día, el
disco se inclinaba un poco más hacia el sur para que el haz del telescopio
barriera una nueva franja del cielo, con lo cual cubría los cielos como si
fuera un pelador de manzanas. Con los años, barrió todo el cielo varias veces.
Esta táctica significaba que el resultado no dependería de la
conjetura de nadie sobre dónde mirar… de imponderables como qué estrellas
podrían albergar vida o si al menos una civilización derrochadora podría
financiarse la energía para un faro intergaláctico. Esto maximizaba las
posibilidades de éxito. También hacía bastante más difícil pasar por alto un
fallo. La SETI dejó de ser un esfuerzo puramente simbólico.
§. Misteriosa porquería uraniana
El éxito de la Voyager en Júpiter y Saturno convenció al
Congreso de ampliar la misión. El 24 de enero de 1986, la Voyager 2 pasó junto
a Urano y envió a la Tierra 7.000 imágenes del planeta, sus anillos y
satélites. Algunas de las fotos de los satélites de Urano se consideró que eran
las de mejor calidad de todas las de la misión Voyager.[1383]
El planeta fue harina de otro costal. Era el objeto grande menos
fotogénico del Sistema Solar, casi una esfera azul-verdosa, y punto. Los magos
de los gráficos del JPL produjeron una sucesión de imágenes en color falso,
psicodélicas, de aspecto solar. Después de todo, había bandas de nubes,
decidieron. También infirieron la existencia de una neblina rojiza que recubría
los tonos más fríos.
Esta neblina atrajo especialmente la atención de Sagan. Khare,
Edward Arakawa y Paul Votaw bombardearon una mezcla de metano, hidrógeno y
helio con electrones llenos de energía como los que se producen en el campo
magnético de Urano. El resultado: «misteriosa porquería rojiza uraniana»,
informó un periódico del campus[1384].
¿Y qué era aquello, exactamente? Era más fácil hacer tolinas que
determinar de qué estaban hechas exactamente. Sagan comparó el misterio con el
de la composición precisa del carbón, aún esquiva después de siglos de
estudio[1385]. En un estudio, él y Khare descubrieron, sin embargo, que ciertas
bacterias podían metabolizar las tolinas. Teorizaron que su «porquería» podría
haber sido la base de la cadena alimentaria primordial, literalmente un maná
caído de los cielos[1386].
* * * *
A partir de 1986, Sagan tuvo un gran colaborador en el
estudiante de posgrado Christopher Chyba. Chyba era un estadounidense que
estudió física matemática en la Universidad de Cambridge. Juntó especialidades
y llegó a Cornell después de que Sagan le enviara una alentadora carta. Buena
parte de su trabajo con Sagan implicaba una noción que solo unos años antes
habría parecido demencial: el papel de los cometas en el origen de la vida.
A comienzos de los años ochenta, algunas ideas de la era
Miller-Urey sobre los orígenes de la vida estaban volviéndose problemáticas.
Las pruebas geológicas ponían en tela de juicio la opinión de Urey según la
cual en los primeros tiempos de la Tierra su atmósfera se componía de metano y
amoníaco. Los modelos más populares suponían una atmósfera de nitrógeno y
dióxido de carbono. Una mezcla de estos gases (y agua) no produce ninguna
cantidad apreciable de moléculas orgánicas.
Al mismo tiempo, se estaba haciendo evidente que en los cometas
y los meteoritos hay muchas moléculas orgánicas. Nuevas técnicas de análisis
demostraban, ahora inequívocamente, que en los meteoritos había aminoácidos de
origen extraterrestre. Los espectros de los cometas mostraban compuestos
orgánicos.
En julio de 1986, Sagan propuso que Chyba intentara un análisis
cuantitativo del papel de los compuestos orgánicos traídos por los cometas y
meteoritos en el origen de la vida. Sería interesante saber si los compuestos
orgánicos en los primeros tiempos de la Tierra fueron en su mayoría
sintetizados en la Tierra o provenían de otra parte. Esta sugerencia se
convirtió en la base de la tesis doctoral de Chyba y de una serie de artículos
con Sagan[1387].
El análisis era sutil, pues los impactos de cometas pueden
destruir compuestos orgánicos tanto como liberarlos o crearlos. Un cuerpo
grande que golpee la Tierra producirá tanto calor como para destruir la mayor
parte de los compuestos orgánicos que contenga, si no todos. A la inversa, la
onda expansiva de un impacto puede sintetizar compuestos orgánicos (como en la
síntesis de aminoácidos por choque que Sagan llevó a cabo en 1970)… siempre que
exista una química adecuada. Una lluvia fina de polvo meteórico puede liberar
sustanciales compuestos orgánicos también. Chyba y Sagan concluyeron
provisionalmente que los compuestos orgánicos extraterrestres eran
probablemente comparables en cantidades a los producidos en la Tierra.
Un estudio de las estadísticas de la formación de los cráteres
en la Luna, Marte y Mercurio demostró que hace unos 3.500 millones de años
todos fueron objeto de un «bombardeo intenso» de asteroides y cometas. (El
yermo Mercurio, durante mucho tiempo pasado por alto por Sagan y la NASA, tenía
por fin relevancia en relación con los orígenes de la vida). Este
descubrimiento implicaba que la Tierra también había sufrido el intenso
bombardeo.
La energía de impacto de las primeras colisiones habría
evaporado los océanos y buena parte de las rocas también. Durante un breve
tiempo, la Tierra habría tenido una atmósfera abrasadoramente caliente de roca
vaporizada. Eso habría destruido cualesquiera compuestos orgánicos existentes y
cualquier vida temprana. Si la Tierra experimentó varios impactos de
importancia en sus primeros mil millones de años, parecía posible que la vida
hubiera comenzado varias veces… y fuera exterminada varias veces (salvo una).
Esta imagen ponía en tela de juicio la constante progresión
ascendente de la vida implícita en casi todos los «mitos de la creación»,
científicos o no. Era una visión de caos, de aleatoriedad. La vida en la Tierra
era un Sísifo que, tras varios regresos a la casilla de salida, finalmente
llegó a lo alto de la cuesta… y cuya victoria puede no ser más permanente que
la afortunada racha en la que se basaba.
* * * *
Los estudios de cometas llevaron a otra afirmación sobre la
detección de vida extraterrestre. Sagan y Chyba atribuyeron ciertos rasgos
espectrales del cometa Halley en el infrarrojo a granos de compuestos
orgánicos. En 1988, Fred Hoyle (que como su amigo Tommy Gold hizo toda una
especialidad de poner en cuestión el saber convencional) y N. C. Wickramasinghe
informaron de que los espectros del cometa Halley en el infrarrojo se parecían
a los de las bacterias o los virus liofilizados. Modestamente propusieron que
el cometa era una bola viviente de gérmenes.
Sagan y Chyba, naturalmente, sostuvieron que su análisis era más
simple y por tanto más probablemente correcto. Hoyle y Wickramasinghe
contestaron, seguramente medio en broma, que sus colegas de Cornell habían sido
víctimas del «prejuicio cultural fuertemente arraigado de que fuera de la
Tierra no hay vida[1388]».
§. Edward Teller
El estudio complementario del problema del invierno nuclear
estaba sujeto a prejuicios específicos. No solo en el bando soviético se daban
largas. Únicamente había unas cuantas organizaciones estadounidenses con el
talento y los ordenadores para intentar un modelo tridimensional creíble. La
mayoría tenía razones políticas para no ocuparse del invierno nuclear. La NASA
y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica prohibieron esencialmente a
sus empleados trabajar sobre el tema. En los laboratorios del Departamento de
Defensa en Los Álamos y Livermore se iniciaron algunos estudios, pero estos
provocaron (como mínimo) la apariencia de un conflicto de intereses.
A Edward Teller, de Livermore, el invierno nuclear no le
importaba más que a Sagan el asunto favorito de Teller, la SDI. Escribiendo en
Nature, Teller dijo que el invierno nuclear era «dudoso más que sólido. […] Las
teorías sumamente especulativas sobre una destrucción de alcance mundial
—incluso sobre el final de la vida en la Tierra— utilizadas como un llamamiento
a favor de una clase particular de acción política no sirven ni a la buena
reputación de la ciencia ni al pensamiento político desapasionado[1389]».
Las críticas científicas de Teller suministraron combustible
para otros que disentían de la política de Sagan. «El invierno nuclear no es
ciencia», escribió Brad Sparks en la National Review de Buckley. «Es
propaganda. Y la propensión de destacados hombres de ciencia a rebajarse y sus
ansias de notoriedad política barata constituyen un escándalo[1390]».
Sin embargo, la lógica era muchas veces turbia. Sparks objetaba
que el invierno nuclear era absurdo porque tras Hiroshima y Nagasaki no se
había producido ningún efecto de esa clase. Parecía no tener en cuenta la
diferencia de tres órdenes de magnitud en cuanto a potencia entre las primeras
bombas de fisión y los arsenales termonucleares contemporáneos.
Edward Teller no cometió ese error. En el mencionado artículo en
Nature admitía que «la posibilidad del invierno nuclear no se ha excluido». De
hecho, estaba de acuerdo con Sagan en un punto clave. Aunque el TTAPS hubiera
sobrestimado el enfriamiento por un factor 19, escribió Teller, «seguiría
pudiendo llevar a una pérdida general de las cosechas y a la hambruna. […]
Horroriza pensar la cantidad de sufrimientos que hoy en día produciría la
pérdida de las cosechas de un solo año».
No obstante, las recomendaciones políticas de Teller diferían de
las de Sagan. Teller quería que se comenzara a almacenar alimentos[1391].
§. ¿Quién teme al otoño?
En conjunto, el clima de investigación más libre se encontraba
en el aire claro de Colorado que se respiraba en el Centro Nacional para la
Investigación Atmosférica (NCAR en sus siglas inglesas). En 1986, Starley
Thompson y Stephen Schneider, del NCAR, publicaron un modelo nuevo y
tridimensional del enfriamiento nuclear[1392]. El estudio del NCAR predecía un
enfriamiento de aproximadamente un tercio de los valores del muy citado TTAPS.
Normalmente, un descenso de 25 ºC en el TTAPS se reducía a un descenso de 8 ºC
en el NCAR. «Nuestra intención es demostrar», escribieron Thompson y Schneider,
«que sobre bases científicas las predicciones de apocalipsis global en las
predicciones iniciales del invierno nuclear pueden verse ahora relegadas a un
nivel de probabilidad sumamente bajo[1393]».
¿Por qué las nuevas cifras eran tan diferentes?
Los autores del nuevo modelo no «iban a por» Sagan o el TTAPS.
Schneider participó en la revisión por pares del TTAPS. El estudio del NCAR
llevaba mucho tiempo elaborándose. En la Conferencia sobre el Mundo Después de
la Guerra Nuclear se había presentado una versión preliminar. De ese primer
estudio se había dicho que apoyaba al TTAPS.
En todos los modelos, el enfriamiento era un efecto sumamente
«no lineal». Pequeñas diferencias en los supuestos iniciales podían llevar a
grandes diferencias en el enfriamiento predicho. Por ejemplo, el TTAPS había
supuesto que la mayor parte del humo se elevaría en corrientes ascendentes de
tempestades de fuego hasta la etérea región de crucero de los reactores de
pasajeros (entre cinco y siete kilómetros). Thompson y Schneider supusieron que
el humo se mezclaría uniformemente con el aire. Puesto que la mayor parte del
aire está cerca del suelo, en su modelo la mayor parte del humo estaba cerca
del suelo.
Ambos «perfiles de humo», como se los llamó, eran conjeturas
razonables. Pero como el humo en lo alto del TTAPS se instalaba por encima de
las nubes y por encima de los estratos atmosféricos responsables de la mayor
parte del efecto invernadero, tardaba mucho en desaparecer y era eficaz en el
bloqueo del efecto invernadero natural. El humo bajo del NCAR era barrido por
la lluvia más rápidamente y resultaba menos perjudicial para el efecto
invernadero.
Había otros casos en los que el NCAR había adoptado cifras
«razonables» diferentes de las cifras «razonables» del TTAPS, lo cual hacía que
las predicciones divergieran. El NCAR era, claramente, más realista que el
TTAPS. Al ser tridimensional, el modelo del NCAR trataba los continentes y
océanos de un modo más próximo a como realmente eran. Por lo general, para el
NCAR el efecto de enfriamiento oceánico (visto en el planeta acuático del
TTAPS) prevalecía en zonas costeras y se dejaría sentir en las más interiores
de los continentes. Evidentemente, habría que ser un planeta como Marte, sin
agua de superficie, para experimentar las condiciones de congelación extrema
del modelo del planeta continental del TTAPS. El nuevo estudio hacía más
hincapié en cómo el enfriamiento dependía de las estaciones. Si la guerra
tuviera lugar durante el invierno del hemisferio norte (cuando al continente no
le llega mucha luz solar), el efecto sería mucho menor.
Con un enfriamiento típico de aproximadamente un tercio por
debajo del TTAPS, Thompson y Schneider juzgaron que sus predicciones se
ajustaban mejor a la etiqueta de «otoño nuclear». Su estudio tuvo un efecto
espectacular sobre las percepciones de la prensa y del público.
La sensación general fue de alivio. El Armagedón nuclear tal vez
no fuera el fin del mundo, después de todo. El TTAPS se convirtió además en
víctima de los imperativos periodísticos. Siempre había habido una tendencia a
que la prensa (y Sagan y los críticos de Sagan) se pusieran en lo peor: el
enfriamiento podría ser de hasta 35 ºC. Cuando se pasó a que tal vez el
invierno nuclear no fuera tan grave, los periodistas se cebaron con las
comparaciones. Las crónicas del estudio del NCAR hablaban de cómo el enfriamiento
podría ser de tan solo 5º C. Thompson y Schneider fueron conscientes de este
efecto. «En un intento de contrastar las más tranquilizadoras de nuestras
afirmaciones con las más alarmantes de Carl Sagan», escribieron, «algunos
analistas tergiversan ambas posturas[1394]».
Sin embargo, con la noticia de que un nuevo estudio había
rebajado la gravedad del invierno nuclear era fácil que el público general se
saltara unos cuantos párrafos y pasara página, aliviado de que uno de los
problemas del mundo se hubiera desvanecido por sí solo.
Ahora que parecía que la ciencia del TTAPS podía ser errónea,
muchos de los enemigos políticos de Sagan se negaron a creer que los errores
hubieran sido involuntarios. La National Review de Buckey tachó el invierno
nuclear de caso «de mentira científica[1395]» y «un fraude desde el
comienzo[1396]». En un feroz artículo de 1986 para el Wall Street Journal,
Russell Seitz escribió el obituario del invierno nuclear: «Causa de la
defunción: una bien conocida falta de integridad científica[1397]».
Seitz aducía que «¡los efectos del peor de los casos se habían
derretido de un año de oscuridad ártica a temperaturas más cálidas que los
meses fríos en Palm Beach!». Ridiculizaba los modelos informáticos (sin reparar
en que los del NCAR eran también resultados digitales).
Meras especulaciones se han anunciado como un hecho científico.
[…] El invierno nuclear no ha existido nunca fuera de un ordenador, excepto en
un cuadro encargado por una empresa de relaciones públicas. Lo que se anuncia
no es ciencia, sino una perniciosa fantasía que socava los mismos cimientos del
manejo de la crisis e intenta transformar la doctrina de la Alianza de una
respuesta flexible en una visión peligrosa. […] ¿Qué fantasía más
desestabilizadora podría soñarse que la ecuación del escenario de disuasión con
un Götterdämmerung[1398] global?[1399]
La parte más jugosa del artículo de Seitz eran las citas
condenatorias de varios de los científicos más respetados de la nación. «Es una
ciencia absolutamente atroz», se decía citando a Freeman Dyson, «pero yo
desespero bastante de ponerle al público las cosas en su lugar. ¿Quién quiere
que lo acusen de estar a favor de la guerra nuclear?»[1400].
«¿Sabe? Realmente no creo que estos tipos sepan de qué están
hablando». (Richard Feynman)[1401].
Advertido de que no utilizara palabras de cuatro letras al
expresar sus opiniones sobre el invierno nuclear, Jonathan Katz, de la
Universidad de Washington, era citado diciendo «Patrañas tiene ocho[1402]».
«El invierno nuclear es el ejemplo más grave de tergiversación
de la ciencia cometida contra el público que yo recuerde». (George Rathjens,
del MIT)[1403].
Con Aleksándrov ilocalizable, Seitz citaba a un científico ruso
no identificado:
«Muchachos, estáis locos. No podéis utilizar modelos matemáticos
como estos. […] Estáis jugando a las muñecas[1404]». Aunque no parecía haber
problema en encontrar personas que denigraran el invierno nuclear, Seitz daba a
entender que muchas otras personas no se estaban dejando oír más «por miedo a
que se les denunciara como… Strangeloves[1405] encubiertos[1406]».
* * * *
En Un efecto imprevisto: el invierno nuclear, Sagan y Turco
acusaron a Seitz de inventarse citas[1407]. Aunque estas citas estaban
evidentemente escogidas para apoyar la posición de Seitz, yo no he encontrado
pruebas de que Seitz pusiera en boca de nadie sentimientos anti-TTAPS. A lo
sumo, de Seitz se podría decir que hizo que parecieran simples opiniones
complejas (algo que todos los periodistas propenden a hacer de vez en cuando).
Freeman Dyson constituye un buen ejemplo. La amistad de Dyson
con Sagan venía de antiguo. Según la introducción a Un efecto imprevisto: el
invierno nuclear, fue Dyson quien recomendó a Sagan hacer un libro sobre el
invierno nuclear para el público general[1408]. En un discurso que pronunció en
Aberdeen, Escocia, en 1985, Dyson dijo que el TTAPS se lo tomó lo bastante en
serio para «pasarse unas cuantas semanas de 1985 intentando que el invierno
nuclear desapareciera. […] Tras dos semanas de trabajo, me di cuenta de que no
podía hacer que el invierno nuclear desapareciera. Es decir, no pude demostrar
que la teoría fuera incorrecta». Dyson salió de la experiencia comprendiendo
mejor la teoría y creyéndola más probable que inicialmente[1409].
Pero en el mismo discurso sí es cierto que Dyson llamó al
invierno nuclear «un trabajo descuidado, lleno de lagunas y supuestos
injustificados». Señaló que «nadie desea que se le ponga en la posición de
decir que, después de todo, la guerra nuclear tal vez no sea tan grave[1410]».
El meollo de las quejas de la mayoría de los científicos que
criticaron el TTAPS no era que fuera demostrablemente erróneo, sino que sus
resultados eran demasiado preliminares para emplearlos en la formulación de la
política de defensa. Las «lagunas y los supuestos injustificados» molestaron a
muchas personas inteligentes y de mente abierta. «Lo que realmente creo es que
decidieron de antemano cuál debía ser la conclusión», me dijo Kathy Rages, de
la NASA, «y luego escogieron sus supuestos que llevaran a esta conclusión».
Como estudiante de posgrado de Sagan y durante mucho tiempo colaboradora de
Pollack, Rages estaba más cerca de los protagonistas que la mayoría de los
críticos. Su queja era similar a la en ocasiones dirigida a la ecuación de
Drake. Cuando uno se ve obligado a calcular una serie de incógnitas
multiplicadas (¿o exponenciadas?), es fácil que se cuele una inclinación a
obtener un resultado espectacular[1411].
Para algunos, el más problemático de los «supuestos
injustificados» era la uniformidad de la cortina de humo. El TTAPS (y también
el NCAR) postulaba que el humo se mezclaría uniformemente con todo el aire del
hemisferio norte. Este era otro supuesto simplificador. En realidad, por
descontado, el humo al principio se concentraría cerca de las ciudades en
llamas. Luego se desvanecería. Cuando eso ocurriera, simultáneamente el humo
comenzaría a asentarse y disiparse con la lluvia.
Era (y es) difícil estar seguro de qué efecto sería más rápido.
Si fuese el primero, entonces el humo se propagaría en una cortina uniforme
antes de que la lluvia disipase buena parte de él, y el modelo del TTAPS podría
ser una buena aproximación. Pero algunos climatólogos creían que el humo podría
disiparse con la lluvia más rápidamente de lo que se difundiera. Las
diferencias térmicas podrían crear un tiempo caótico cerca de las ciudades
envueltas en humo. La cubierta de humo seguiría siendo dispareja, lo cual
permitiría que la luz solar atravesara los huecos y calentara la Tierra. Si así
fuese, el modelo del TTAPS sería menos fiable[1412].
* * * *
Sagan salió rápidamente en defensa del TTAPS. Criticó las
propias lagunas y supuestos del NCAR punto por punto… incluso cuando afirmaba
que el NCAR confirmaba el TTAPS.
En algunos comentarios se ha dicho que estas conclusiones hacen
casi triviales los efectos climáticos del invierno nuclear. Después de todo,
¿quién teme al otoño? En primer lugar, la diferencia entre 10º C y 20º C no es
un tema capital. Lo que importa es si se produce cualquier tipo de caída de la
temperatura de más de unos cuantos grados. Estos valores son lo bastante
próximos entre sí para que se refuercen mutuamente. Derivan de la misma física.
Ambos valores representan cambios climáticos extremos. […] Existe una sensación
muy real de que los cálculos del «otoño» confirman la teoría del invierno
nuclear.[1413]
Tan a la defensiva como esto pueda sonar, Sagan tenía razón. El
NCAR sí confirmaba el argumento cualitativo del TTAPS. En términos científicos,
no habría deshonra en que un artículo estableciera que un nuevo e importante
fenómeno sobrestimara su magnitud por un factor 3… no, dadas las incertidumbres
con las que el TTAPS tuvo que trabajar. Los dos modelos del TTAPS conseguían
abarcar en su seno los resultados del modelo 3D del NCAR (evidentemente, el
enfriamiento del NCAR era mayor que el enfriamiento casi inexistente del
planeta acuático y menor que el del planeta terrestre).
Lo que el NCAR ponía en cuestión no era tanto la ciencia del
TTAPS como el edificio político que Sagan había construido en torno al TTAPS.
Las recomendaciones políticas de Sagan sí dependían enormemente de la magnitud
del enfriamiento. El enfriamiento del estudio del NCAR socavaba el pronóstico
formulado por Sagan de catástrofe segura para los primeros agresores. Si el
NCAR estaba en lo cierto, el enfriamiento nuclear ya no se podía considerar
como una máquina del Juicio Final (donde el Juicio Final debía ser sobre todo
cierto).
El mismo término «invierno nuclear» dificultaba la clase de
repliegue elegante con frecuencia necesario en ciencia y en política. Sagan se
mostraba reacio a aceptar «otoño nuclear». Thompson y Schneider dijeron que
ellos no tenían ningún problema en seguir empleando «invierno nuclear», y
citaban «la definición laxa de “invierno” como acontecimiento por lo general
enemigo de muchas formas de vida[1414]». Pero a George Rathjens y Ronald Siegel
esta gimnasia verbal les recordaba A través del espejo. Citaban a Humpty-Dumpty:
«Cuando yo empleo una palabra, esta significa lo que yo decido que signifique:
ni más ni menos[1415]».
Sagan seguía manteniendo que las predicciones del TTAPS eran
probablemente más exactas que las del NCAR. Su principal concesión al NCAR fue
la reformulación de algunos de sus argumentos en los términos (para Sagan)
familiares de la necesidad de tomarse en serio un pequeño riesgo de una gran
catástrofe. «A favor de la toma en consideración del peor de los casos cuando
las apuestas son tan fuertes se puede argumentar», escribió Sagan, «exactamente
la misma razón por la que los estrategas militares planean de manera rutinaria
qué es lo peor de lo que un adversario potencial es capaz». Admitió: «Aquí nos
hallamos ante una tensión entre los niveles habituales de precaución científica
y los niveles habituales de prudencia científica[1416]».
§. Bosques en llamas
Un punto en el que todos estaban de acuerdo era la necesidad de
más estudios. Sagan presionó para la financiación de estudios relevantes, y
algunos se llevaron a cabo.
Los cálculos de producción de humo eran siempre problemáticos.
Difícilmente podían extraerse de los antiguos datos de las pruebas nucleares
realizadas en el desierto, en medio del océano o subterráneas. Como remedio
parcial, los servicios forestales de EEUU y el Canadá acordaron quemar montones
de árboles muertos en condiciones que permitieran a los científicos estudiar
qué pasaba con el humo. En agosto de 1985, el servicio forestal canadiense
prendió fuego a 650 hectáreas de árboles muertos cerca de Chapleau, Ontario. El
fuego fue lo bastante grande para crear un hongo de humo de entre cuatro y seis
kilómetros de altura. Aquello se consideró una confirmación del perfil de humo
del TTAPS.
Sagan tuvo menos éxito en conseguir estudios de los efectos
biológicos del invierno nuclear. Él previó enormes terrarios y acuarios, cada
uno sometido a una combinación diferente de frío, oscuridad, toxinas del humo,
radiactividad y radiación ultravioleta (como la que invadiría la Tierra si las
bombas dañasen la capa de ozono). Los resultados ayudarían a determinar cómo
las condiciones afectarían a la agricultura y el medio ambiente. La idea no
consiguió interesar a la Agencia Nuclear de Defensa ni a los laboratorios de
armas[1417].
En 1987, el Congreso ordenó un «estudio exhaustivo» de las
consecuencias climáticas y biológicas de la guerra nuclear. Para entonces, sin
embargo, la opinión pública se había vuelto contra el invierno nuclear. El
Departamento de Defensa le dio largas al asunto. En 1988, el departamento
entregó un informe de una página. En respuesta a las quejas de que el
departamento no había cumplido las instrucciones del Congreso, el secretario de
Defensa Caspar W. Weinberger dijo que «el invierno nuclear es una hipótesis
cuya ciencia no es bien comprendida por la comunidad científica. En sus
predicciones abundan los supuestos y las incertidumbres[1418]».
§. El juicio de Nüremberg
La retórica soviética era bastante diferente. El 18 de agosto de
1986, Mijaíl Gorbáchov dijo en un discurso televisado:
La explosión de siquiera una pequeña parte del arsenal nuclear
existente constituiría una catástrofe, una catástrofe irreversible, y si
alguien todavía se atreve a lanzar el primer ataque nuclear, se condenará a sí
mismo a una muerte atroz, ni siquiera debida a una represalia, sino a las
consecuencias de la explosión de sus propias cabezas nucleares [1419]
¿Era esto real… u otra «percepción asimétrica»? Los entendidos
estadounidenses se dividieron. Los soviéticos estaban dispuestos a hacer honor
a sus palabras con acciones. Gorbáchov anunció un alto en sus pruebas
nucleares. La pelota estaba en el tejado de Estados Unidos.
Ambas cámaras del Congreso redactaron anteproyectos de ley para
recortar la financiación de más pruebas nucleares de EEUU. Sin embargo, la
administración Reagan continuó programando pruebas. Sagan y la prensa liberal
culparon en general de esta política al ininterrumpido apoyo de la
administración a la Iniciativa de Defensa Estratégica. «El problema son los
civiles de la Casa Blanca», le dijo Sagan a un periodista. «La Casa Blanca ha
sido tomada por extremistas[1420]».
En el propio partido de Reagan había algunos casi igual de
críticos. James Schlesinger y Brent Scowcroft apoyaron una moratoria de las
pruebas. El senador Mark Hatfiel confesó: «No sé en qué clase de pelea de
gallos nos hemos metido[1421]».
* * * *
Sagan fue uno de los famosos invitados a un crucero organizado
para ver el cometa Halley en el Pacífico Sur. Asistió con Annie y los
Grinspoon. Durante el crucero, Lester mencionó que un amigo suyo estaba
planeando montar una protesta contra las pruebas nucleares infiltrándose en el
Polígono de Pruebas de Nevada. Probablemente lo arrestarían. Lester tenía
intención de acudir. Preguntó a Carl y Annie si querían participar.
A Annie le apetecía mucho ir. Carl estaba menos seguro de querer
verse involucrado en aquello. Solo consintió en acompañar a Annie y Lester como
«persona de apoyo». Eso significaba que se aseguraría de que no les pasara nada
y pagaría en seguida la fianza que los sacaría de la cárcel.
«Infiltrarse en un polígono de pruebas nucleares» no es ni tan
espectacular ni tan peligroso como suena. Las explosiones de prueba vaporizan
una enorme esfera de roca a unos 200 metros y pico por debajo del suelo
desértico. Con el tiempo, el hundimiento del desierto crea cráteres del tamaño
de campos de fútbol que señalan el lugar en el que las pruebas se han llevado a
cabo[1422]. Las pruebas se diseñan de manera que a la superficie no aflore nada
de radiación, y solo en una ocasión —el «Incidente de Banberry» en 1970— se
produjo una fuga importante. Un arrendatario industrial dijo de este polígono
de pruebas que era «probablemente el lugar más seguro de todo Estados
Unidos[1423]».
Los manifestantes se reunieron en un lugar llamado Mercury, a
unos 110 kilómetros al noroeste de Las Vegas. Es poco más que un conjunto de
remolques que sirve de campamento base para el polígono. Normalmente, uno puede
llegar en coche hasta el puesto de guardia sin ser detenido. A mediados de los
años ochenta, las manifestaciones eran frecuentes y por lo general toleradas.
La verdad es que era raro que se arrestara a nadie.
La manifestación se inició más o menos como se había planeado.
Los medios de comunicación no le prestaron mucha atención. No era la primera
vez, y a la prensa no la entusiasmaba precisamente enviar cámaras y gente de
talento a un lugar remoto y caluroso. A Grinspoon y Druyan los arrestaron y los
metieron en una furgoneta de la policía en la que hacía un calor sofocante
(unos 46º C). Carl llegó en su ayuda con una botella grande de Coca-Cola
(también a unos 46º C). En cuanto Carl desenroscó el tapón, la botella hizo
erupción y empapó a todos de coca-cola caliente y pegajosa[1424].
Tras esta experiencia, Carl decidió que estaba dispuesto a que
lo arrestaran. Sin embargo, se siguió una nueva táctica. Él, Annie y Lester
decidieron que sería más fácil que los medios de comunicación dieran cobertura
informativa a un juicio que a una manifestación. Planearon un «juicio de
Nüremberg». A Carl lo arrestarían y juzgarían. Subiría al estrado y se
defendería elocuentemente, presentando argumentos sencillos y contundentes que
pondrían al jurado de su parte[1425].
Esa al menos era la idea. Sagan convenció a Joan Kroc, heredera
de McDonald’s, de que financiara parte de los costes de organización… pues
ahora era un gran proyecto[1426]. El activista y antiguo ministro de Justicia
Ramsey Clarke accedió a defenderlos. Cuando se reunió con Carl y Annie, Clarke
sacó de su bolsillo un pequeño panfleto. En él estaba impresa la Declaración de
Derechos[1427]. La impresión que les causó fue buena. Clarke habló de llamar
como testigos a una serie de expertos: altos mandos militares, activistas
nucleares, especialistas en derecho internacional[1428].
Fijaron una fecha, el 30 de septiembre de 1986, para la
manifestación. Acudieron unas 550 personas, muchas de ellas miembros de la
Asociación de Estados Unidos para la Salud Pública. Sagan improvisó una
alocución, en mitad de la cual se produjo una explosión de prueba. No hubo ni
siquiera un murmullo. Un sismógrafo les informó de la prueba. La policía
intervino y arrestó a 139 personas. Carl y Annie fueron procesados por un
delito de allanamiento[1429].
El arresto de Sagan no produjo un frenesí mediático. En la
revista Time mereció un párrafo… en la sección «Hitos», debajo de la noticia
del compromiso de Marie Osmond[1430]. El juicio se fijó para enero. Unos días
antes de comparecer ante el tribunal, el fiscal del distrito retiró todos los
cargos. A Sagan le dijeron que fue porque el gobierno no podía identificar a
las personas arrestadas. Él se presentó voluntariamente a identificarse a sí
mismo. La fiscalía del distrito no se mostró interesada[1431].
* * * *
La Unión Soviética estaba ahora irritada por que Estados Unidos
no siguieran su ejemplo. Anunció que pondría fin a su moratoria a las pruebas
la próxima vez que Estados Unidos llevara a cabo una prueba nuclear. Sin
inmutarse, Estados Unidos anunció otra prueba para el 5 de febrero de 1987.
Sagan y Druyan planearon otra manifestación, mayor que la
anterior, para ese día. Convencieron a una gran cantidad de personalidades de
que acudieran, entre ellos a Marvin Minsky, al activista de los «papeles del
Pentágono» Daniel Ellsberg y a un importante contingente de Hollywood (Martin
Sheen, Kris Kristofferson, Robert Blake). En esta ocasión, la administración
demostró cierta habilidad mediática. El Departamento de Energía adelantó la
detonación de su bomba dos días, con lo cual ganó por la mano a los manifestantes.
Pero la manifestación no se suspendió. Esta vez había una gran
presencia de los medios de comunicación. La manifestación consiguió por fin sus
quince minutos de atención, aunque buena parte de esta en el nivel
Entertainment Tonight[1432] del análisis político. Acudieron seis miembros del
Congreso, que hablaron a favor de la protesta. Patricia Schroeder, de la Cámara
de Representantes, se comprometió a no permitir que Reagan llevara a cabo una
«política exterior al estilo Rambo». Sin embargo, Schroeder y los demás
congresistas se esfumaron antes de que comenzaran los arrestos[1433].
La policía del condado de Nye procesó a 438 personas, una gran
cantidad para un condado con menos de 18.000 residentes. Para Sagan fue su
segunda detención, para Druyan la tercera. Una vez más, los poderes fácticos se
dieron cuenta de que no se ganaría nada procesando a famosos por actos de
conciencia. Los cargos contra los Sagan y todos los demás se retiraron. No hubo
juicio de Núremberg[1434].
§. Reagan en el Kremlin
A finales de 1987, Sagan viajó a Moscú con motivo del trigésimo
aniversario del Sputnik. De nuevo cayó gravemente enfermo, y pasó varios días
en el hospital del Kremlin. Para un extranjero, ser tratado en el Kremlin era
una rara distinción, hasta el punto de que una organización periodística
intentó que Annie metiera una cámara espía dentro. Ella se negó[1435].
En contra de la predicción de Shklovski, en la Unión Soviética
las cosas estaban empezando a cambiar. En junio de 1988, Reagan fue a ver a
Gorbáchov en Moscú. Durante la visita, Gorbáchov dio un paseo con él por el
patio del Kremlin. Le enseñó el histórico Cañón del Zar, un monumento de la
ingeniería rusa del siglo XVI. Saltando de ahí a los logros contemporáneos,
Gorbáchov preguntó: «¿Por qué no mandamos una misión a Marte?».
Reagan acogió la propuesta con entusiasmo.
Una misión pilotada a Marte se habría convertido en el canto de
cisne del programa espacial soviético. Se habían construido dos propulsores
Energía acoplados. La idea era poner los propulsores en una órbita terrestre
baja para que luego la propulsión nuclear los llevara a Marte. Seres humanos
pondrían pie en el planeta rojo, recogerían muestras de rocas y suelo y
regresarían a la Tierra[1436].
Los costes de todo ello serían formidables, fuera del alcance de
los soviéticos y de cualquier nación en solitario. Una gran mayoría de los
mandatarios de la Unión Soviética en asuntos científicos se mostraban a favor
de la idea de Sagan de una misión conjunta.
Aquella noche, Reagan y Gorbáchov asistieron a una cena de
Estado en el Kremlin. Gorbáchov presentó al físico Róald Sagdéiev a Reagan:
«Este es el hombre que está organizando esta misión a Marte», dijo, y añadió:
«¿Sabe quién está haciendo lo mismo en Estados Unidos, que es su amigo
íntimo?».
Los ojos de Reagan se iluminaron. Sagdéiev estaba a punto de
decir que sí, que su buen amigo estadounidense el general James Abrahamson era
partidario de una misión conjunta a Marte, cuando Gorbáchov respondió
triunfalmente su propia pregunta: «Carl Sagan». Sagdéiev vio cómo mudó la
expresión de Reagan. Aquello puso fin a la misión conjunta[1437].
§. Un teléfono 900
A mediados de su cincuentena, el activismo político de Sagan era
más intenso que nunca antes. Ahora opinaba no solo sobre la carrera de
armamentos, sino sobre el calentamiento global, la disminución de la capa de
ozono, el estado de la educación científica, la financiación de la ciencia y
muchas más cosas.
En enero de 1989, la comunidad de Cornell estaba dividida sobre
las inversiones de fondos de dotación universitaria en la Sudáfrica de la era
del apartheid. Sagan dijo que la política de inversiones era «una fuente
continua de bochorno y vergüenza personal». En una carta al Cornell Daily Sun,
preguntó:
De haber sido legal, ¿habrían tolerado Ezra Cornell[1438] o
Andrew Dickson White[1439] inversiones en el esclavismo… por más rentables que
fueran? Una inversión en Sudáfrica hoy en día es una inversión en la supremacía
blanca, en la supresión de la democracia, en el mal institucionalizado. Para mí
no hay duda de que algún día se juzgarán los crímenes cometidos contra la
mayoría de las personas de Sudáfrica. Cuando ese día llegue, ¿estaremos
orgullosos del papel desempeñado por Cornell?[1440]
Unos días más tarde, el consejo de administración de Cornell
votó no al cambio en la política de inversiones.
El 4 de marzo de 1989, más de 2.000 personas se reunieron en la
plaza de las Artes de Cornell para protestar contra la decisión del Tribunal
Supremo de revisar el caso Webster contra los Servicios de Salud Reproductiva.
Temían que esto pudiera anular la decisión en el caso Roe contra Wade que
legalizaba el aborto. Sagan y Betty Friedan[1441]encabezaron una lista de unos
veinte oradores favorables a la libertad de elección que hicieron frente a los
manifestantes provida y a las temperaturas glaciales[1442].
La actualidad del tema inspiró a Sagan y Druyan la redacción de
un artículo sobre el aborto. En él preguntaban qué debería ser sagrado en
relación con la vida humana, y concluían que la respuesta más razonable era la
capacidad de pensar. Las pruebas encefalográficas indican que esta se inicia en
la decimotercera semana del feto. Su conclusión era que el aborto debería
permitirse hasta entonces y prohibirse después. Su artículo apareció en el
número del 22 de abril de 1990 de Parade, el suplemento periodístico dominical
con una circulación media de 37 millones de ejemplares en Estados Unidos. Aun
descontando la incertidumbre sobre cuántas personas leen la revista que
acompaña a sus periódicos dominicales, el artículo de Sagan y Druyan fue sin
duda uno de los textos más leídos sobre el tema del aborto[1443].
La conclusión de Sagan y Druyan era algo más conservadora que
muchas posturas partidarias de la libertad de elección. Fue sin embargo anatema
para quienes opinaban que matar un cigoto constituía un asesinato, por ejemplo
el evangelista televisivo Pat Robertson. En su programa del día siguiente, este
invitó a los espectadores de la Cadena de Emisoras Cristianas a sacar sus
ejemplares de Parade «de la basura». Robertson no quería que leyeran el
artículo sobre el aborto, sino que participaran en una encuesta de
lectores[1444].
La revista organizó una encuesta a través de un teléfono 900.
Había cuatro respuestas permitidas, desde «El aborto después del instante de la
concepción es un asesinato» hasta «Una mujer tiene derecho a optar por el
aborto en cualquier momento durante el embarazo», e incluía entre ellas la
propuesta de Sagan y Druyan. Robertson consiguió que los espectadores inundaran
las líneas 900 de votos «después del instante de la concepción»… con lo cual
demostraron, si no lo que pensaban todos los ciudadanos de Estados Unidos, sí
el considerable poder del tele evangelismo.
§. Capítulo y versículo
El conflicto con Robertson no fue el único choque de Sagan con
la religión organizada. Durante buena parte de su historia, en Estados Unidos
se ha dejado sentir una disensión de los científicos con respecto a la fe de la
mayoría de los estadounidenses. Sagan formó parte de esa tradición de
confrontación, pero la forma en que desempeñó su papel fue única.
Cuando Sagan hablaba de los orígenes de la vida o de cosmología,
con frecuencia le preguntaban si él creía en Dios. La respuesta favorita de
Sagan era preguntarle al interlocutor qué entendía este por «Dios». Esto
llevaba muchas veces a algo así como «Bueno, usted sabe, una fuerza más
poderosa que nosotros que llena el Universo». Si decían eso, Sagan decía: «Ah,
se refiere a la gravitación», y manifestaba su fe en fuerzas de esa
clase[1445].
Sagan consideraba que el Dios judío, el Dios cristiano y todos
los demás dioses eran mitos. Sin embargo, él creía en lo que podría llamarse la
«espiritualidad»; es decir, un natural sobrecogimiento humano ante lo «cósmico»
o «divino», y una aspiración a ello. Más que la mayoría de las personas
religiosas, Sagan apreciaba la diversidad de las experiencias espirituales. En
sus escritos reconocía la existencia de la espiritualidad no solo en la
religión convencional, sino en el mito de los ovnis, las experiencias con la
marihuana y la contemplación del universo por el poeta-científico. Parece haber
considerado la espiritualidad como un líquido que puede verterse en muchas
vasijas diferentes. Según Sagan, algunas vasijas eran mejores que otras por no
haberse fundido en el mito. Él no atacaba el impulso espiritual mismo.
* * * *
El conocimiento que tenía Sagan de la Biblia era impresionante.
En un debate teológico, el reverendo Albert Pennybacker admitió que Sagan
conocía el Nuevo Testamento mejor que muchos pastores religiosos. Sagan conoció
a muchos líderes religiosos del mundo y con varios entabló una auténtica
amistad, en especial con Joan Campbell, de la Iglesias Nacionales de Cristo, y
James Morton, deán de la catedral del Divino San Juan. Estas alianzas se
originaron por cuestiones de conveniencia política pero acabaron trascendiendo
más allá[1446].
En una ocasión, Campbell le preguntó a Sagan: «Si eres tan
inteligente, ¿por qué no crees en Dios?». Sagan simplemente invirtió la
pregunta: «Si eres tan inteligente, ¿por qué crees en Dios?». Esa clase de
preguntas carecen de respuestas, incluso entre amigos. Es una cuestión abierta
si los debates sobre la existencia de Dios convencen realmente a alguien alguna
vez. Norman Horowitz, que no era creyente, percibió en su nieto inquietantes
signos de que se estaba volviendo religioso. En un intento de disuadirle,
Horowitz le envió como regalo El mundo y sus demonios de Sagan. El nieto dijo
que el libro le gustó… salvo lo que Sagan tenía que decir sobre la
religión[1447].
Cuando Sagan coincidía con líderes religiosos, alguna vez
preguntaba: «¿Qué haría usted si una de las creencias fundamentales de su fe se
demostrara que es falsa?».
La respuesta del decimocuarto Dalai Lama lo impresionó: «El
budismo tibetano tendría que cambiar».
«¿Aun cuando se trate de un principio realmente capital como la
reencarnación?» preguntó Sagan.
«Aun en ese caso». A lo cual el Dalai Lama añadió: «La falsedad
de la reencarnación va a ser difícil de probar[1448]».
§. Un punto azul pálido
Tras la llegada de George Bush a la Casa Blanca en 1989, Sagan
reanudó su campaña a favor de una misión conjunta soviético-estadounidense a
Marte. Optimista aunque no diplomáticamente, Sagan cifró el coste por debajo
del rescate de las cajas de ahorros. Bush fue un poco más receptivo que su
predecesor[1449].
En ocasiones, los esfuerzos de Sagan por educar a los líderes de
la nación fueron como librar una batalla cuesta arriba. En una charla que dio
el 11 de agosto de 1989, el vicepresidente Dan Quayle afirmó que «Marte está
aproximadamente a la misma distancia del Sol, lo cual es muy importante. Hemos
visto imágenes en las que hay canales, según creemos, y agua. Si hay agua, eso
significa que hay oxígeno. Si hay oxígeno, eso significa que podemos respirar».
Y Quayle estaba hablando a favor de explorar Marte[1450].
Dos semanas después de los comentarios de Quayle sobre Marte, la
Voyager 2 llevó a cabo su mayor aproximación a Neptuno. Envió un total de 9.000
imágenes y luego se sumergió en el vacío una vez cumplida su misión (aparte de
hacer llegar su disco a los extraterrestres)[1451].
Antes de la Voyager, Neptuno era una pizarra en blanco («lo que
sabemos no llenaría el puño de un lémur», como dijo la poetisa Diane Ackerman,
amiga de Sagan)[1452]. Constituyó una agradable sorpresa que Neptuno presentara
más rasgos visibles que el insulso Urano. Neptuno era un planeta donde hacía
mucho viento, y con una Gran Mancha Oscura y otra brillante y en constante
cambio llamada el Patinete. A Sagan no le fascinó menos el satélite Tritón, que
reveló ser un globo de vetas rosas «saturado de color» en palabras de
Sagan[1453].
Sagan quería que la Voyager obtuviera una fotografía de «álbum
familiar» del Sistema Solar, en la que se vieran los planetas desde un punto de
vista distante. Sagan esperaba que una foto así «pudiera ser útil en el
constante proceso de revelarnos a nosotros mismos nuestra verdadera
circunstancia y condición[1454]».
Hay científicos con corazón de poeta y otros sin él. De ambas
clases trabajan en la NASA. A algunos la idea de Sagan simplemente los dejó
perplejos. La foto no tendría ningún valor científico. Ninguno.
La única razón convincente para no sacar la foto era que si por
accidente se apuntara la cámara al Sol, eso podría quemar el sistema de
obtención de imágenes. Por esa razón, la sugerencia de Sagan quedó en suspenso
hasta que la Voyager dejó atrás Neptuno y ya no había más imágenes que obtener.
Entonces Richard Truly, un administrador de la NASA y contraalmirante, dio luz
verde a la fotografía de Sagan.
¿Qué estaba Sagan fotografiando exactamente? En la fase de
conceptualización poética, Sagan había imaginado una imagen de todo el Sistema
Solar, incluidos todos los planetas y el Sol. Cada uno de ellos sería un mero
punto, y uno de los puntos sería la Tierra.
Como sucede con la mayoría de las fotos de familia, la realidad
se inmiscuyó en la concepción. Mercurio se perdería en el resplandor del Sol.
Marte sería demasiado tenue para que se lo percibiera (como Plutón, dicho sea
de paso). Imágenes relativamente aceptables solo habría de seis planetas.
«Relativamente aceptables» significaba pequeñas. A esa distancia, la Tierra no
sería ni una canica azul ni siquiera un punto. Sería un píxel azul pálido. Solo
los planetas grandes ocupaban más de un píxel.
En una única foto no cabrían todos los planetas. El equipo de la
Voyager necesitó sesenta imágenes para abarcar los planetas y el espacio entre
ellos. Las fotos se tomaron el 14 de febrero de 1990. El sistema de imágenes
indujo un artefacto accidental que hacía aparecer la Tierra en medio de un
«rayo de Sol» ilusorio. Para Sagan, y para aquellos con una mente receptiva,
aquel mero píxel se convirtió en un mandala.
La suma de nuestra alegría y nuestro sufrimiento, miles de
religiones seguras de sí, ideologías y doctrinas económicas, todos los
cazadores y forrajeadores, todos los héroes y cobardes, todos los creadores y
destructores de civilización, todos los reyes y campesinos, todas las jóvenes
parejas de enamorados, todas las madres y padres, todos los recién nacidos
llenos de esperanzas, inventores y exploradores, todos los profesores de ética,
todos los políticos corruptos, todas las «superestrellas», todos los «líderes
supremos», todos los santos y pecadores en la historia de nuestra especie viven
aquí… sobre una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.[1455]
Druyan produjo un especial televisivo sobre el encuentro con
Neptuno, y contrató a Chuck Berry para que se encargara de amenizar
musicalmente la «fiesta de despedida» de la Voyager. A Berry se le metió en la
cabeza coger en brazos a Annie. Aquello había que inmortalizarlo. La mujer de
Bruce Murray se puso a juguetear con su cámara mientras las rodillas de Berry
se doblaban. «¡Dispara ya!» gritó Annie. Por desgracia, la destreza técnica de
la Sra. Murray no estaba a la altura de la de su marido, y Berry tuvo que bajar
a Annie antes de que se tomara la foto[1456].
§. El monzón
De alguna manera, el año 1990 dio también carpetazo al invierno
nuclear. Los autores del TTAPS publicaron un nuevo artículo en Science, «Clima
y humo: una evaluación del invierno nuclear», y Sagan y Turco publicaron el
libro en el que explican el invierno nuclear, Un efecto imprevisto: El invierno
nuclear.
El nuevo artículo de Science, el «TTAPS II», presentaba los
resultados de un modelo tridimensional hecho con tecnología punta y que
incorporaba nuevos datos experimentales de campo y de laboratorio. Los autores
admitían algunos supuestos erróneos en el artículo original (el TTAPS, por
ejemplo, había sobrestimado la cantidad de materiales combustibles en las
ciudades). Señalaban que no todos los errores del TTAPS caían del lado del
enfriamiento exagerado (el humo de las ciudades era mucho más negro de lo que
el TTAPS había calculado, se descubrió). El TTAPS II reducía a aproximadamente
la mitad la diferencia entre las predicciones del TTAPS y las del NCAR. Lo que
en el TTAPS era una caída de 25º C en un escenario de referencia en el centro
de un continente se rebajaba en el TTAPS II a una caída de 10º C a 20º C en
verano (frente a los 8º C del NCAR).
Esta proyección concordaba razonablemente con la mayoría de los
demás estudios publicados después del NCAR. La brecha entre los cálculos por lo
alto y por lo bajo no era cero, ni cabía esperar esto dada la naturaleza del
problema. Pero la brecha se estrechaba. Así es como se pone fin discretamente a
las polémicas científicas[1457].
Hubo, sin embargo, otra demostración de la falibilidad de las
predicciones científicas. El 20 de enero de 1991, Sagan apareció en el programa
televisivo Nightline. La guerra entre Estados Unidos e Iraq se hallaba en su
fase álgida. Los estrategas temían que Saddam Hussein respondiera a los ataques
de EEUU incendiando los yacimientos petrolíferos de Kuwait.
Sagan predijo que una acción así podría producir efectos
similares al invierno nuclear. El humo taparía el Sol. Nubes negras alcanzarían
la estratosfera y se desviarían en dirección este hacia las zonas arroceras del
sudeste de Asia. El monzón tal vez no se produjera y las cosechas podrían
perderse. Era posible una hambruna[1458].
Poco después, Hussein prendió en efecto fuego a los yacimientos
petrolíferos. Las espesas columnas de humo que se elevaron crearon un eclipse
artificial. A mediodía estaba muy oscuro. En el golfo Pérsico, las temperaturas
cayeron 5º C.
Pero en Kuwait no hay mucha agricultura. Por suerte para el
medio ambiente, aunque no para las tesis de Sagan, la cantidad de humo que
llegó a la estratosfera fue relativamente escasa. El hollín se sedimentó
rápidamente. El efecto sobre el clima del sudeste asiático fue leve: sobre el
monzón y las cosechas, prácticamente nulo. No se produjo ninguna hambruna.
§. Postmortem
¿Qué queda del invierno nuclear hoy en día? La imbricación entre
ciencia y política en el invierno nuclear ha dificultado una valoración clara
de una y otra. Sus adversarios políticos sostienen que Sagan «tergiversó» la
ciencia (voces más benévolas dicen que inconscientemente) a fin de que
respaldara sus opiniones políticas. En privado, muchas veces sus aliados
parecen aceptar esa conclusión. (Cuando Sagan murió, por lo regular las
necrológicas más amables quitaron importancia u omitieron el invierno nuclear).
Nadie niega que Sagan y sus colegas trataron de demostrar algo
que no estaban seguros de que fuera cierto pero querían que fuera cierto debido
a su potencial importancia. De lo que ni el público ni los entendidos se dieron
cuenta es que de esa es por lo general la forma en que funciona la ciencia.
La práctica de la ciencia consiste en una selección de verdades
potenciales. Alguien ha de decidir qué líneas de investigación es más probable
que merezcan el tiempo y el esfuerzo. Estas decisiones son necesariamente
intuitivas e idiosincrásicas, basadas en información incompleta y juicios de
valor personales. Un ejemplo palmario de esto lo constituye la creencia de
Sagan y los exobiólogos en que, de todas las cosas posibles que podríamos
aprender sobre el universo, la detección de vida extraterrestre sería de una
transcendencia única.
Incluso cuando la idea favorita de un científico es correcta,
muchas veces es necesario dar dos pasos adelante y uno atrás. Véanse los
valores que Sagan aceptó, al comienzo de su carrera, para la temperatura de
superficie de Venus. En 1961, Sagan dio un valor de 600 K (330° C)… con un
margen de error posible de aproximadamente ±50 K[1459]. En 1962 había pasado a
750 K (480° C) y 640 K (370° C) para las caras brillante y oscura,
respectivamente[1460]. Un artículo de 1966 redujo la temperatura a 580 K (300
°C). Al año siguiente subió a 700 K (430° C)[1461]. En 1969, Sagan y Pollack se
decidieron por 750 K (480° C)[1462]. Lo cual, finalmente, casi lo clavó, pues
solo se aparta unos cuantos grados de lo medido experimentalmente en la
superficie.
De que las primeras publicaciones de Sagan estuvieran
«equivocadas» en 150 K nadie se queja. Lo importante es que conceptualmente
Sagan estaba en lo cierto con respecto a Venus, y estaba dispuesto a revisar
sus cifras si nuevas pruebas así lo requerían.
También en lo que se refiere al invierno nuclear, el grupo TTAPS
estaba cualitativamente en lo cierto y cuantitativamente equivocado en su
primera publicación… y luego rectificaron cuando se dispuso de nuevos datos. Lo
que hace diferente al invierno nuclear son las repercusiones en la arena
política del mecanismo de la ciencia encargado de corregir errores. La
reducción en la gravedad de las consecuencias del invierno nuclear tenía una
dimensión política que la mayor parte del trabajo científico no suele tener.
El público sigue siendo propenso a considerar la ciencia como un
asunto desapasionado en el que las esperanzas, las ideas preconcebidas y los
egos de los científicos son irrelevantes, y en el que las «respuestas
correctas» ya están en los apartados finales de los libros de ciencia. Así,
fueron muchos quienes vieron el recorte en las consecuencias del invierno
nuclear como una traición en lugar de como una constatación científica más.
* * * *
Vale la pena preguntar qué queremos de un científico
políticamente comprometido. Muchos dirían que el «científico político» ideal es
apolítico, un dispensador desapasionado de «hechos» incontestables. Sí hay
casos en los que la ciencia está tan bien establecida que uno puede y debería
esperar eso. Todo científico razonable debe aconsejar contra la financiación de
una máquina de movimiento perpetuo; contra la decisión de igualar pi a 3 por
mandato legislativo. Pero una gran parte de la ciencia con implicaciones
políticas de la que nos ocupamos hoy en día está en curso. Probablemente
comportará complejas y caóticas espirales de retroalimentación en relación con
la tecnología y el medio ambiente. Las respuestas es posible que lleguen
lentamente, y las mentes razonables pueden diferir de una administración
política a otra.
No son muchas las personas a la vez inteligentes y apolíticas.
Hemos de ser lo bastante sofisticados para aceptar que los científicos
politizados tendrán prioridades políticas… y para examinar de modo
especialmente crítico cualesquiera tesis científicas (como la del invierno
nuclear) que favorezcan las propias opiniones políticas de los científicos.
Una reacción posible al invierno nuclear es que Sagan debería
haber retardado la insistencia en las consecuencias políticas que de él
extraía. Lo que quedó demostrado fue la imposibilidad de comprimir en cuatro
días el proceso de crítica y respuesta científica. Sagan estaba librando la
batalla científica del invierno nuclear a la vez que estaba librando la batalla
política. Si el invierno nuclear hubiese sido «ciencia normal», como Norman
Horowitz tal vez hubiera dicho, el debate científico se habría producido fuera
de los focos, y al final los científicos habrían salido a la palestra para dar
a todos la respuesta correcta. Entonces habría sido posiblemente más fácil
manejar de forma justificada una palanca política como esa. Pero Sagan creía
que la urgencia estaba justificada por la naturaleza del problema: un mundo en
el que la guerra nuclear podía estallar antes de que se pudieran resolver las
incertidumbres científicas. Inevitablemente habrá investigaciones científicas
cuyas implicaciones políticas no puedan dejarse para más adelante. En ese
sentido, el invierno nuclear no es algo tan poco riguroso como puede parecer.
La pregunta de calado es cómo nosotros, en cuanto sociedad, deberíamos tratar a
los científicos de conciencia agoreros. Predicciones sombrías oímos
muchas[1463].
Con su a veces enervante perspicacia, Sagan abordó esta misma
cuestión en una conferencia que en enero de 1990 pronunció en la Asociación de
Profesores de Física de Estados Unidos. Aunque la conferencia trataba de la
polémica paralela del calentamiento global, sin duda se tuvo mucho que ver con
las frustraciones de Sagan con el invierno nuclear.
Sagan dijo que debíamos reconocer la necesidad movernos en una
equidistancia entre la negación sin matices y la paranoia desenfrenada. Es
absurdo creer todas las predicciones agoreras. Es ruinoso no creer ninguna. Se
debe reconocer además que pocas predicciones científicas son infinitamente
precisas o infinitamente ciertas. Esto no debe en sí mismo tomarse como una
excusa para no actuar. Sagan concluía que solo los mecanismos para la
corrección de errores de la ciencia constituyen una guía válida en la determinación
de qué política seguir. Eso, por lo general, lleva tiempo.
* * * *
Hasta el día de hoy, las «barras de error» en relación con el
invierno nuclear (y las refutaciones del invierno nuclear) siguen siendo
inquietantemente grandes. El caso más claro es el de la agricultura. Los
valores más ampliamente adoptados hoy en día para la magnitud del enfriamiento
como consecuencia de una guerra de referencia son más que suficientes para
paralizar la agricultura en el hemisferio norte. Como Sagan y Turco sostienen
en Un efecto imprevisto: El invierno nuclear, la población mundial está desequilibrada
en relación con el planeta que la sostiene. Existen miles de millones de
personas solo debido a la agricultura moderna y a una economía global que
transporta alimentos, combustible y repuestos por todo el mundo.
En el más amplio sentido, el invierno nuclear puede
interpretarse como una expresión de la filosofía del riesgo de Sagan. La
negación no es solo el nombre de un río de África[1464], gustaba de decir
Sagan. Con la selección natural afinando los resultados, la negación de riesgos
remotos es lo que ha construido el carácter de la mayoría de las personas. Tal
vez seríamos incapaces de funcionar si fuésemos demasiado conscientes de todas
las cosas malas que podrían ocurrir. Hacer caso omiso de los riesgos no los
hace desaparecer, por supuesto. De vez en cuando, uno de los riesgos que
pasamos por alto mata a alguien. Las tragedias individuales apenas cambian el
curso de la gran economía de la selección natural. Pero vivimos en una época
única. Por primera vez en la historia, nuestra tecnología está haciendo posible
que fallen cosas que podrían acabar con la especie humana. La selección natural
no nos ha preparado para el tipo de riesgos globales que dejarían en suspenso
la selección natural misma. Ante tales riesgos, tal vez sería apropiado adoptar
una actitud global y que podría calificarse de paranoide.
Desde el punto de vista político, la debilidad de la cruzada de
Sagan por el invierno nuclear fue que la ciencia era más eficaz en poner de
relieve lo que desde siempre debería haber sido evidente —que debemos hacer
todo lo posible para evitar la guerra— que en sugerir un medio conducente a ese
fin en un mundo gobernado por machos alfa. La ciencia no refrenda
inequívocamente los planes de desarme por los que Sagan abogaba. Siempre era
posible preferir el invierno nuclear al statu quo, como hizo la administración
Reagan[1465].
No obstante, el discurso de Sagan sobre el fin del mundo sí
cambió la forma de pensar bastante más de lo que un estratega tenía por
posible. Además, parece que confundió a los entendidos al tener un efecto más
decisivo en el Kremlin que en el Pentágono. Al hacer preguntas que nadie más
hacía, Sagan (y Turco, Toon, Ackerman y Pollack) desempeñó un papel clave en el
trabajo de equipo global que llevó al final de la Guerra Fría.
Pollack le confió en una ocasión a Sagan que su familia le había
dicho que, con el invierno nuclear, por fin había hecho algo útil[1466]. Según
Druyan, Sagan consideraba que sus esfuerzos por impedir la guerra nuclear eran
la parte de su trabajo de la que se sentía más orgulloso[1467].
Con su punto de vista global, Sagan fue probablemente el primero
en señalar que la historia es larga y la memoria corta. En algunos momentos de
la historia de la guerra, el arco, la dinamita, la Primera Guerra Mundial, la
bomba atómica y la bomba de hidrógeno (sin incluir los efectos climáticos) se
han considerado tan espantosos que la guerra futura se hacía impensable. Antes
de lo que la mayoría imaginaba, las personas aceptaban el Apocalipsis, estaban
pensando y haciendo lo impensable. En tal historia de la melancolía es donde
había que buscar las raíces del empeño de Sagan… y del pesimismo cósmico de
Shklovski.
§. Cosas que surgen de repente en la noche
¿O estaba equivocado Shklovski? Cada cierto tiempo parecía así
—momentáneamente— cuando la antena del META de Harvard escrutaba los cielos. Un
día, en medio del espectro del ruido de fondo los programas informáticos del
META detectaron una potente explosión de banda estrecha en 1.420 MHz
Cuando Sagan recibió los datos, advirtió que la «señal» (?)
procedía de la dirección del centro galáctico. La Tierra está en las afueras de
la galaxia. La mayor parte de las estrellas de la galaxia (¿y la mayoría de sus
civilizaciones extraterrestres?) se arraciman en una concentración en el
centro. Sagan hizo unos cuantos cálculos rápidos. Concluyó que las
posibilidades de que una fuente achacable a la Tierra estuviera localizada
precisamente en esa dirección eran de menos del 1 por 100. Un escalofrío le recorrió
la espalda[1468].
En cuanto fue posible, Paul Horowitz dirigió el telescopio en
dirección hacia el lugar de donde había procedido la «señal». Había
desaparecido. Fuera lo que fuere, nunca se volvió a detectar.
Había otros «sucesos canditato» o «cosas que surgen de repente
en la noche», como Sagan y Horowitz denominaron estos picos de banda
estrecha[1469]. Y cada uno era tan emocionante como el primero.
Cabría preguntarse cómo es posible que destellos momentáneos
puedan tomarse en absoluto por señales inteligentes. Había varias razones.
Todas las observaciones por radiotelescopio están sujetas a ruidos aleatorios.
Es fácil demostrar que los «sucesos candidato» más fuertes eran demasiado
fuertes para ser mero ruido. Los «sucesos» eran de banda estrecha, existentes
en una sola frecuencia. Lo mismo que un ángulo recto perfecto, ser de banda
estrecha se considera característico de una señal artificial. Todas las fuentes
de radio naturales son de banda ancha, ocupan una amplia gama de
radiofrecuencias. Pero para alguien que intente enviar un mensaje a través de
la galaxia, una señal de banda estrecha es mucho más eficiente desde el punto
de vista de la energía. No tiene sentido emitir en todas las frecuencias cuando
con una sola es suficiente.
Pero ¿por qué la señal se apagaba justo después de ser
observada? Sagan y Horowitz barajaron muchas ideas. A Horowitz le preocupaban
los errores de los procesadores. Un rayo cósmico puede de vez en cuando alterar
un chip de memoria y convertir un cero en un uno. Lo mismo es normal que de vez
en cuando les pase a los PC de escritorio. Pero los programas informáticos del
META estaban específicamente diseñados para buscar todo lo que fuera insólito,
marcarlo y archivarlo. Los filtros informáticos del META eran capaces de
eliminar la mayoría de errores, pero otros tal vez conseguían saltarse todos
los obstáculos y parecer por tanto significativos. La re observación no
serviría entonces, porque si era un error, entonces nunca había habido una
señal primera (y un rayo o, más bien, un rayo cósmico no es probable que
induzca el mismo error dos veces).
En contra de esta explicación había o parecía haber un
argumento. Sagan descubrió que los cinco sucesos más fuertes estaban próximos
al plano de la galaxia. Dos de los cinco estaban en Sagitario, la constelación
cuya forma de tetera marca la dirección del centro galáctico. Eso encajaría con
la idea de que eran auténticas señales de extraterrestres[1470].
Tenues gases entre las estrellas juegan malas pasadas a la
propagación de las ondas de radio, como las producidas por los púlsares. Al
efecto se le llama «centelleo». Es análogo a la forma en que la atmósfera mucho
más densa de la Tierra hace que las estrellas titilen. Sagan se dio cuenta de
que el centello afectaría de un modo similar a las señales artificiales de
radio. En particular, el centelleo podría en ocasiones amplificar una señal
leve por encima del umbral de detectabilidad. La amplificación momentánea sería
detectable… y luego la señal bajaría de nuevo a su nivel normal, demasiado
débil para ser registrado. Cuando el telescopio volviera a apuntar al mismo
lugar, probablemente no encontraría nada[1471].
* * * *
La intención original de Horowitz era publicar los resultados
del META con él mismo como único autor. Sagan aportó tantas ideas y formuló
tantas preguntas tras leer los primeros borradores de Horowitz que el artículo
se convirtió en una colaboración. Horowitz descubrió que colaborar con Sagan
suponía aprovisionarse de grandes cantidades de papel de fax. «Carl Sagan ha
llamado por teléfono», le dijo su familia a Horowitz una noche. «Ha dejado un
mensaje: aseguraos de que el fax esté conectado».
De día, por la noche, y los fines de semana, el fax de Horowitz
iniciaba su chillona cháchara… Otro borrador de Sagan. Al volver a casa,
Horowitz se encontraba la máquina enterrada bajo una maraña de rollos de papel.
Cuando conseguía ordenar el papel, veía la luz de error: sin papel. Una vez
instalado un nuevo rollo, la vomitona de papel se reanudaba[1472].
§. La Caza del Gran Marciano
Algo que la antena de Massachusetts no podía hacer era
adentrarse mucho en el cielo austral. De hecho, virtualmente toda la SETI se
había llevado a cabo desde latitudes septentrionales medias. ¿Y si en el cielo
solo hubiera una señal actualmente detectable y casualmente estuviera en el
hemisferio sur? A Sagan eso lo preocupaba. A instancias suyas, la Sociedad
Planetaria recaudó 150.000 dólares de sus miembros para el montaje de una
segunda antena en el hemisferio sur. Un duplicado del receptor del META se instaló
en una antena de treinta metros situada a cincuenta kilómetros al este de
Buenos Aires en el Instituto de Radioastronomía. El Día de la Hispanidad de
1990, la segunda antena del META se orientó hacia la Cruz del Sur y comenzó a
operar. Sagan anunció: «Habría que ser de madera para no estar interesados en
saber si estamos solos en el universo[1473]».
No todo el mundo compartía tal entusiasmo. Ese mismo año, el
congresista por Rhode Island Ronald Machtley había intentado acabar con los
modestos fondos que la NASA destinaba a la SETI. «No tenemos ninguna, repito,
ninguna prueba científica de que haya nada más allá de nuestra galaxia», dijo
Machtley en el Congreso. «Si realmente hay una forma superinteligente de vida
ahí fuera, ¿no sería más fácil simplemente ponerse a la escucha y dejar que nos
llamen?». (¡Esta, por supuesto, era la intención de la NASA!)[1474].
El proyecto de ley de Machtley fue rechazado, pero en 1994 el
senador por Nevada Richard Bryan consiguió acabar con «la Caza del Gran
Marciano», como él la denominó[1475]. Esto no afectó a esfuerzos de
financiación privada como era el META, pero echó del Ames de la NASA a algunas
de las personas con más talento. Jill Tarter, Frank Drake y otros se
establecieron cerca, en el Instituto SETI que, sin ánimo de lucro, se
financiaba con el nuevo dinero de Silicon Valley. Entre sus contribuidores se
contaban William R. Hewlett y David Packard; Gordon Moore, de Intel; y el
cofundador de Microsoft Paul Allen.
* * * *
En todas partes era una mala temporada para la caza de
marcianos. En agosto de 1993, la nave espacial Mars Observer de la NASA, que
había costado miles de millones de dólares, falló antes de entrar en la órbita
de Marte. Era la primera misión a Marte en diecisiete años, y Sagan no viviría
para ver otra.
A pesar de tales derrotas, a comienzos de los años noventa la
influencia de Sagan en la NASA era mayor que nunca. En 1992, Dan Goldin fue
nombrado administrador de la NASA con instrucciones de revitalizar la agencia.
Goldin confiaba mucho en los consejos de Sagan. Sagan era uno de los defensores
de primera hora del envío de múltiples misiones de bajo coste a Marte en lugar
de apostarlo todo a una cara misión (la sensatez de ese consejo lo puso de
manifiesto el fracaso de la Observer). Sagan galvanizó el relativamente
moribundo campo de la exobiología… o astrobiología, como muchas veces se la
llama ahora. Convenció a Goldin de la conveniencia de elaborar planes para la
fundación de un instituto de astrobiología financiado por la NASA, un comité
asesor que exploraría problemas como la manera de buscar vida en lo que pueden
ser los océanos cubiertos de hielo del satélite de Júpiter, Europa[1476].
A la larga, tampoco la antena del META encontró una señal
repetible. En el artículo de 1993 que informa de los resultados hay, admite
Horowitz, un leve «tono esquizofrénico». Horowitz estaba bastante contento de
decir que no habían encontrado nada. Sagan insistió en hacer cierto hincapié en
las «cosas que surgen de repente en la noche». Sobre un mapa de la galaxia
marcó los sucesos de modo que se percibiera la provocativa concentración cerca
del plano galáctico. La acumulación no era muy significativa, pues se basaba en
pocos sucesos y una elección algo arbitraria del umbral.
Lo que estaba claro es que no había señales extraterrestres
fuertes y constantes del tipo que estaban buscando. Esta vez Sagan se mostró
más dispuesto a explorar las consecuencias de un resultado negativo que en
Arecibo. Si había civilizaciones del Tipo III en alguna parte del universo o
del Tipo II en nuestro vecindario galáctico, el META debería haberlos
encontrado… no importa en qué parte del cielo estuvieran.
Con respecto a emisiones más débiles y más plausibles, la
investigación distaba de ser definitiva. Una civilización del Tipo I que
consiguiera emitir con una potencia igual a la de toda la luz solar que cae
sobre su planeta (en muchos sentidos todavía una idea fantástica) sería
detectable desde unos 2.100 años luz de distancia. Por comparación, los
cálculos «optimistas» de Green Bank habían situado las civilizaciones más
próximas en algún punto entre unos cientos y 10.000 años luz de distancia.
Señales más débiles tendrían que estar más próximas aún. En ese sentido, el
META no había hecho sino arañar la superficie[1477].
§. Remodelación
En 1991, Annie dio a luz al quinto y último hijo de Carl, Samuel
Democritus Druyan Sagan. Carl había tenido un hijo en cada una de las cinco
últimas décadas del siglo XX[1478].
El nuevo bebé inspiró un enorme proyecto de remodelación. La
pareja decidió que una casa junto a una caída libre de 60 metros no era el
mejor lugar para criar a un niño pequeño muy curioso. Optaron por trasladar la
familia a la casa junto al lago, la que Carl había construido con Linda. Luego
renovarían la Casa de la Esfinge como sus oficinas.
Contactaron con unos treinta arquitectos. Ninguno parecía
adecuado. Los Sagan odiaban las «chorradas posmodernas», y el proyecto de poner
al día un templo egipcio retro/fauxparecía hacer florecer el posmodernismo en
los arquitectos. Un amigo suyo del Departamento de Arquitectura de Cornell les
recomendó que hablaran con el equipo arquitectónico formado por Guillaume
Jullian de la Fuente y Ann Pendleton-Jullian, que eran marido y mujer. Jullian
de la Fuente, conocido como Jullian, era un modernista clásico que había
trabajado con Le Corbusier[1479].
Los arquitectos propusieron abrir nuevas claraboyas y ventanas
en los sólidos muros del templo. La casa contemporánea que había en la finca
tenía champiñones creciendo en las duchas. Estaba en tan mal estado que los
arquitectos planearon demolerla y construir una casa enteramente nueva, con un
puente voladizo parecido a la alfombra de Aladino, como Jullian dijo, sobre el
barranco. Los Sagan aprobaron la obra, que costó casi tres años
completar[1480].
La Casa de la Esfinge se convirtió con ello en una de las
oficinas privadas más espectaculares del mundo. Carl la llamó la «Casa de
Pensar». El diseño se ajustó a los hábitos de trabajo de los Sagan. A Carl le
gustaba pasear mientras pensaba y dictaba, de modo que en el interior se
evitaron los obstáculos. En el muro oeste, una puerta giratoria de vidrio que
se abre peligrosamente al espacio revela una vista del lago Cayuga.
La construcción tiene un montón de detalles sutiles. Cuando el
clima de Ithaca coopera, un romboide en el suelo marca el paso de las horas
como un reloj solar. La luz procede de una claraboya pintada de amarillo, rojo
y verde para hacer juego con los cuadros de Miró de los Sagan. Hay también un
caleidoscopio medioambiental, una claraboya pintada en rojos, verdes y
amarillos de Miró que refleja sus colores en los espejos del cuarto de baño.
Cuando se acabó, la casa mereció un reportaje fotográfico en Architectural
Digest. Jullian le dijo a la revista que «Carl y Ann comprenden que la
arquitectura va tanto de la fabricación de hechos poéticos como de
construcción».
Era un lugar para trabajar, no para el entretenimiento. Hubo
familiares y amigos íntimos que nunca vieron el interior de la casa[1481].
Estos espacios interiores se diseñaron para la privacidad más absoluta. Carl y
Annie estaban espacialmente próximos pero no se veían mientras trabajaban.
Había un equipo de música pero no un televisor, y un teléfono que casi nunca
sonaba. El número solo lo tenía una persona, y solo era para emergencias[1482].
§. Genealogía
Mientras tanto, los niños se criaban en la casa junto al lago.
Carl y Annie renegaban de los castigos corporales a favor de la lógica y el
amor. Cuando se producían las inevitables rabietas, se esperaba pacientemente a
que se pasaran, incluso en restaurantes o en casas ajenas. Tal conducta hizo
que algunas personas de fuera sugirieran que a los niños no les habría venido
mal, bueno, si no un buen bofetón sí un sentido más estricto de la disciplina.
Esta parece haber sido la opinión de Ted Turner. En una ocasión llamó niña
mimada a Alexandra, lo cual hizo que los padres de esta abandonaran su casa
furiosos[1483].
Como niña que vivía en una casa con un patio grande, Sasha
(apodo de Alexandra) quería mascotas. Eso era un problema porque Annie tenía
alergia al pelo. Los mamíferos estaban excluidos. En su lugar, tuvieron dos
tortugas de caja chinas, Beverly y Tiny[1484].
Todos los hijos mayores de Carl tuvieron carreras poco
convencionales. Tras el instituto, Jeremy ingresó en la pujante industria
informática. Parecía haber heredado el talento musical latente en el linaje
Sagan, pues escribió un programa para componer música que se hizo muy
popular[1485]. Tras lograr ese éxito en el mundo de los negocios, a mediados de
los años noventa regresó a Cornell para estudiar en la universidad. Durante esa
época vio a su padre con más regularidad que durante la mayor parte de su infancia.
Para alarma de su padre, Nick dejó la escuela en Los Ángeles,
inseguro de lo que quería hacer con su vida. Lo que resultó ser una epifanía
fue la sugerencia de Linda de que echara un vistazo a algunos vídeos de la
serie de espías de los años sesenta El prisionero, de Patrick McGoohan. El
programa convenció a Nick de que escribir para la televisión no tenía que ser
necesariamente una estupidez. Se matriculó en la universidad de la comunidad y
luego fue transferido a la competitiva escuela de televisión y cine de UCLA.
Uno de los guiones que Nick escribió como uno de los deberes de
clase era tan prometedor que un profesor se lo envió a un agente. Esto llevó a
un empleo como guionista deStar Trek: La nueva generación[1486]. El primer
episodio que escribió Nick lo vio con Carl y Annie medio a la espera de que su
padre lo desacreditara. Carl no encontró ni un solo fallo, ni científico ni de
otra clase, e insistió repetidamente en que el episodio era estupendo[1487].
La relación de Carl con su tercer grupo de parientes políticos
se apartó aparentemente de lo habitual lo mismo que su tercer matrimonio mismo.
Tras la jubilación de Harry Druyan, él y Pearl se mudaron a Ithaca, justo a la
puerta de al lado de la casa de Carl y Annie. Para muchos, tal perspectiva
habría sido aterradora. Pero los Sagan llevaban a los Druyan a cenar fuera tres
veces a la semana. Tras la cena se quedaban charlando hasta bien avanzada la
noche, con Carl a veces cómodamente arrellanado en un asiento junto a una
ventana y con un brazo posado sobre los hombros de su suegro[1488].
* * * *
A sus cincuenta y siete años, Sagan propendía a mirar atrás. Él
y Annie celebraron un «fin de semana genealógico» en su casa. Fue una pequeña
reunión familiar con sorpresa. En cuanto los invitados se hallaron reunidos,
Carl anunció que los había convocado con un propósito. Iban a resolver un
misterio.
Sagan presentó una fotocopia del certificado de nacimiento de su
madre. En él, como madre de Rachel figuraba «Anne Cohen». En la familia nadie
había hablado nunca de esta mujer. La madre de Rachel era, o se había supuesto
que era, Chaya Klein. Carl, por tanto, quería saber si su madre había nacido
fuera del matrimonio. Sagan se ocupó de la posible ilegitimidad de su madre
como si se tratara de una prometedora nueva teoría científica. Había pruebas a
favor y en contra. Una era el certificado de nacimiento de Tobi Gruber. Luego
estaba el opaco carácter del abuelo de Sagan. Si Leib Gruber había matado a un
hombre en Sasov, ¿hasta qué punto se habría mantenido casto en el Nuevo Mundo,
a un océano de distancia de su esposa legal?
Dos pruebas llevaron a la familia a concluir que Rachel sí era
la hija legítima de Tobi. En las fotos familiares, el parecido entre Rachel y
Tobi fue extraordinario toda la vida, de lo cual se infería que eran hermanas y
no solo hermanastras. Otra era la coincidencia de que el apellido de la
misteriosa mujer, Cohen, fuera el nombre de soltera de la madre de Chaya. Sagan
teorizó que un médico o funcionario habría preguntado «¿Quién es la madre?» y
Chaya, que no sabía mucho inglés, tal vez dio el nombre desu madre en lugar del
suyo propio[1489].
§. La Academia Nacional
En 1992, Sagan y Druyan publicaron su segundo libro en el que
habían colaborado plenamente. Sombras de antepasados olvidados ofrecía una
perspectiva evolucionista de atributos humanos como el altruismo y la ira, el
temor a los extraños y la sumisión a la autoridad. Según Druyan, fue
probablemente el libro favorito de Sagan.
En 1992, Sagan contaba con dieciocho doctorados honorarios y más
de sesenta premios o medallas. Tenía tres Emmy, un Pulitzer; el Galardón de
Astronáutica John F. Kennedy (1983), las Medallas de la NASA por Logro
Científico Excepcional (1972) y Servicio Público Distinguido (1977 y 1981), y
el Premio Galabert (1973); el Galardón Joseph Priestley (1975), y el Premio
Glenn Seaborg (1981), el Galardón Leo Szilard (1985), la Medalla Konstantín
Tsiolkovski (1987) y la Medalla Oersted (1990); el Galardón en Memoria de John
Campbell Jr. (1974) y el Galardón Arthur C. Clarke (1984); el Galardón
Humanista del Año (1981), la Medalla del Programa Medioambiental de Naciones
Unidas (1984) y el Premio Honda (1985). Un ala de instituto (el Rahway High) y
un asteroide llevaban el nombre de Sagan[1490].
Lo que Sagan no tenía aún era la condición de miembro de la
Academia Nacional de Ciencias. Creada por el presidente Lincoln, la Academia
Nacional es el club científico más prestigioso de Estados Unidos. La academia
cuenta con aproximadamente 2.000 miembros, unos setenta de ellos astrónomos. Si
en 1992 se le hubiese pedido a alguien, desde un científico al dueño de la
tintorería del barrio, que nombrara a los principales astrónomos vivos, seguro
que (a) pocos se habrían aproximado a los setenta nombres y (b) Carl Sagan se
habría encontrado entre esos nombres.
Por supuesto, la pertenencia a la academia no se basa en el
reconocimiento del nombre, sino en méritos de valoración hasta cierto punto
subjetiva. La academia tiene varios procedimientos para designar nuevos
miembros. El método más habitual es que miembros de una disciplina particular
propongan a científicos de su campo. También es posible que un miembro de la
academia organice un comité especial de propuesta que apoye a un científico
valioso. A este método se recurre sobre todo cuando el trabajo de un científico
«cae en los intersticios». Eso describía a Sagan, cuya investigación se movía
entre la astronomía, la biología, la química y las ciencias de la tierra, y
cuya carrera combinaba la investigación, la divulgación y el activismo
político.
Stanley Miller, entonces en la Universidad de California en San
Diego, organizó un comité especial para proponer a Sagan. Sin que Sagan lo
supiera, Miller se dirigió a la mayoría de los colegas de Sagan en la academia
para pedirles que firmaran la petición de propuesta.
Unos cuantos se negaron. «No lo hice porque no conocía nada
hecho por Carl que mereciera eso», dijo Norman Horowitz. «En realidad, nunca
hizo ciencia… nunca descubrió nada que vaya asociado a su nombre[1491]».
Bernard Burke, del MIT, tuvo una reacción similar[1492].
No obstante, Miller recogió una lista impresionante de firmas,
que incluía a una buena cantidad de premios Nobel. Esta petición la presentó a
la Academia junto con una descripción del trabajo científico de Sagan. Esto
colocó a Sagan en una lista de propuestos para la investidura de 1992.
La criba a la que la organización de la academia somete a los
propuestos rechaza en ocasiones a un candidato que no parece apto. Los nombres
se colocan entonces en una papeleta que se envía por correo a todos los
miembros de la academia. Los miembros votan y devuelven las papeletas por
correo. Los sesenta propuestos que obtienen más votos (en la votación de 1992)
son elegidos.
Sagan ocupó aproximadamente el puesto 50 en la votación. A
Miller no dejó de sorprenderlo un entusiasmo tan tibio. Sin embargo, Sagan pasó
el corte con holgura.
* * * *
Las normas de la academia permiten que los miembros recién
elegidos sean recusados en su reunión. Esta es una fórmula ritual parecida al
«que hable ahora o calle para siempre» de las ceremonias nupciales. No se
espera que se discuta mucho. Un miembro de la Academia solo recordaba dos
recusaciones con éxito en los veinte años anteriores, un periodo en el que se
invistió a más de 1.000 científicos. Sagan fue uno de los dos[1493].
En caso de recusación, se abre un debate en la reunión. En la
reunión del 28 de abril, Sagan (que no estaba presente) polarizó las opiniones.
La mayoría de los astrónomos (entre ellos Chandrasekhar) y muchos biólogos lo
apoyaron. Pero unos cuantos denigraron incluso el trabajo de Sagan sobre Venus.
Peor aún, muchos interpretaron la candidatura de Sagan como un referéndum sobre
si la divulgación debería admitirse. Esto era exactamente lo que Miller había
esperado evitar. (Su petición se ciñó a los logros científicos de Sagan.
Noentró en el asunto, discutible pero más espinoso, de si los escritos y el
trabajo televisivo de Sagan merecían consideración).
Un premio Nobel se levantó y dijo que había visto Cosmos con su
hijo pequeño. En su opinión, sí era relevante considerar la carrera divulgadora
de Sagan[1494]. El químico de Texas A&M Albert Cotton puso el punto de mira
en el tema de la divulgación. Según él, divulgación equivalía a simplificación
excesiva… sintomática de ineptitud en la práctica científica. Hubo cabeceos de
aprobación. Rosalyn Yalow, premio Nobel en medicina, movió la cabeza diciendo:
«Nunca, nunca[1495]». Un enemigo dijo que el hecho de que Carl Sagan hubiera
siquiera figurado en la papeleta demostraba lo «peligroso» que era permitir las
propuestas abiertas. («“Peligroso”, como si estuviéramos lanzando bombas», dice
Miller[1496].)[1497].
* * * *
Algunos académicos han sido admitidos por logros que escapan al
dominio de la ciencia pura. En un caso no del todo distinto, la propuesta de
Thomas Edison fue impugnada. Como Sagan, Edison era más famoso que la mayoría
de los académicos de su tiempo, y sus oponentes argumentaron que lo que él
hacía no era ciencia. (Edison ingresó).
Las normas de la academia establecen que tras el debate se
celebre una segunda votación. Esta vez solo pueden votar los presentes en la
reunión, y el candidato recusado debe ser reconfirmado por una mayoría de dos
tercios. En esta votación de recusación, Sagan no fue admitido. Más de un
tercio de sus colegas votaron contra su admisión.
Por razones evidentes, a la prensa no se les da ningún nombre
hasta que los nuevos miembros son confirmados. En 1992, alguien filtró a la
prensa la noticia de que Sagan había sido rechazado. Esto convirtió un revés
privado en un revés público. (Aproximadamente en la misma época en que salió la
noticia, una encuesta entre los lectores de Parade votó a Sagan como el hombre
más inteligente de Estados Unidos[1498]).
* * * *
Hubo una colega de Sagan a la que Miller no le había pedido que
firmara la petición: Lynn Margulis. Miller había oído las historias que se
contaban sobre su matrimonio. Pensó que era mejor abstenerse[1499]. Margulis
estuvo presente en la reunión. Quedó asombrada de la cortedad de miras de las
personas contrarias a la admisión de Carl. Tras la reunión, envió a Carl una
carta en la que describió el debate académico. Escribió que las palabras de
Albert Cotton
hallaron eco en todos los bobos, feos y tartamudos presentes, y
eso vale para la mitad de los miembros. Están celosos de tus habilidades
comunicativas, de tu encanto, de tu buena apariencia y de tu franqueza,
especialmente en lo que se refiere al invierno nuclear. Con una proporción tan
elevada de conformistas calzonazos, yo diría que lo más probable es que no les
guste ni un pelo las tres esposas y los cinco hijos. En términos
neodarwinistas, tú eres simplemente demasiado capaz. […] En resumen, hace años
que merecías el ingreso en la Academia y la sigues mereciendo; es la peor de
las fragilidades humanas la que te lo impide: los celos.[1500]
Por el momento en que le llegaba la carta, Sagan sospechó de su
contenido. Se la pasó a Annie, a la que le pidió que se la leyera omitiendo los
nombres. Así lo hizo ella. Carl contestó a Lynn diciendo que, de todas las
cartas de apoyo que recibió, la suya era la que más significaba para él[1501].
* * * *
En un acto insólito de restitución, en 1994 la dirección de la
Academia concedió a Sagan su Medalla Bienestar Público. Descrito como el
galardón más importante de la Academia, ensalzaba a Sagan «por su destacada
contribución en la aplicación de la ciencia al bienestar público. […] Su
capacidad para cautivar la imaginación de millones de personas y para explicar
conceptos difíciles en términos comprensibles constituye un logro
magnífico[1502]».
Poco antes de la muerte de Sagan, la Academia Nacional de
Ciencias organizó una conferencia sobre la comunicación de la ciencia al
público. Sagan, naturalmente, asistió. Durante un debate por grupos, el biólogo
Jared Diamond observó la «inquietante paradoja» que suponía que los científicos
que mejor comunicaban con el público fueran muchas veces objeto de desdén por
parte de sus colegas.
Sagan pidió la palabra.
La sala quedó en silencio. Diamond tuvo la sensación de que todo
el mundo estaba conteniendo la respiración. Sagan dijo que sí, él había
recibido críticas de sus colegas. Pero —e hizo una pausa, como buscando las
palabras apropiadas— las desventajas no habían sido graves. Expresada su
opinión, se sentó sin mencionar su denegado ingreso en la Academia[1503].
§. Accidente fortuito
El peculiar enfoque de la ciencia por parte de Sagan funcionó
porque fue capaz de reclutar e inspirar a personas cuyas destrezas
complementaban las suyas. Una de estas personas fue W. Reid Thompson. Thompson
era quien llevaba el día a día del laboratorio de Sagan. Muchos de los
artículos más importantes de Sagan sobre la química de Titán, Tritón y los
planetas exteriores los escribió con Thompson (que muchas veces encabezaba la
lista de autores).
Thompson era un hombre de Kentucky con voz suave. Formado como
químico, se vio arrastrado a la investigación de la química de los planetas.
Conforme a su educación rural, Thompson creía que los ovnis eran naves
extraterrestres. En sus debates con Sagan sobre esta cuestión, Thompson
sostenía que los alienígenas eran como nuestros propios antropólogos, que
limitaban sigilosamente el contacto a fin de evitar amenazar nuestra
cultura[1504].
En el otoño de 1993, a Thompson se le diagnosticó un cáncer de
pulmón. La noticia produjo una conmoción en Sagan y todos los del laboratorio.
Recién cumplidos los cuarenta, Thompson se hallaba en la cima de su talento y a
punto de conseguir logros aún mayores. Esperaba ansioso los datos de la sonda
Galileo desde Júpiter.
Thompson dijo a sus amigos que tal vez perdiera un pulmón, pero
que tenía fundadas esperanzas de superar la enfermedad. Estas esperanzas se
vinieron abajo cuando los cirujanos descubrieron que el cáncer se había
metastizado. También tenía cáncer de huesos. No había operación posible.
* * * *
Esta no fue la única tragedia en el círculo inmediato de Sagan.
Jim Pollack padecía cordoma, una rara forma de cáncer en la espina dorsal.
Sagan encargó a Ray Reynolds, del Ames de la NASA, que lo informara cuando
Pollack pareciera próximo a morir para que pudiera volar a California a verlo
por última vez. El plan falló[1505]. Un día de junio de 1994, Pollack sufría
dolores atroces pero no peores que los que había tenido antes. Unos días más
tarde, fallecía a la edad de cincuenta y cinco años.
Sagan se sintió profundamente afectado. Ver morir a un
estudiante de posgrado era casi como perder a un hijo, algo contra el orden
normal de las cosas.
La propia salud de Sagan podía considerarse preocupante. Un día
de invierno en el aparcamiento del aeropuerto de Ithaca, resbaló en un charco
helado. Cayó y comenzó a sangrar profusamente. Lo llevaron a un hospital. La
herida no parecía ser grave. Pero en el abrigo había tanta sangre que lo tuvo
que tirar.
Estos problemas con las hemorragias eran crónicos. Heridas
«menores» o la cirugía «rutinaria» siempre parecía seguro que se agravarían
hasta convertirse en un riesgo vital. Lester Grinspoon convenció a Sagan de que
se sometiera a una batería de pruebas. Los resultados no fueron concluyentes.
Fue motivo de alivio, dados todos los bocadillos de ensalada de huevos, que la
aorta de Sagan se hallara en perfecta forma. Podían hacerse más pruebas, pero
Sagan perdió interés. El incidente se consideró a un accidente fortuito[1506].
§. Vuelta a las abducciones alienígenas
Un día, Lester Grinspoon quedó para tomar sushi con el
psiquiatra de Harvard John Mack[1507]. Mack mencionó que estaba pensando en
dedicarse a un nuevo campo de estudio: las personas abducidas por
extraterrestres. Quiso saber qué le parecía a Grinspoon.
Grinspoon respondió que podría ser interesante, pues la
abducción alienígena era casi una nueva religión que se estaba formando en
nuestro propio tiempo. Sería instructivo estudiar cómo surgían y se transmitían
estas creencias.
«No», dijo Mack, «no lo entiendes. Estas abducciones han
ocurrido realmente». Resumió las historias de varias de las personas que habían
acudido a su consulta desde 1990. Mack dijo que también él tuvo sus dudas… al
principio.
«Espérate a que Carl vuelva a la ciudad», le dijo Grinspoon a
Mack. «Tú, yo y Carl nos sentaremos a charlar[1508]».
John Mack tenía varias cosas en común con Sagan. Mack ganó un
premio Pulitzer el año antes que Sagan. Fue por A Prince of Our Disorder [«Un
príncipe de nuestra discordia»], una biografía de T. E. Lawrence (una figura
por la que Sagan también sentía curiosidad). Como Sagan, Mack era un activista
liberal en temas medioambientales y antibelicistas. A diferencia de Sagan, Mack
creía realmente que los extraterrestres estaban abduciendo humanos. También a
diferencia de Sagan, Mack había conseguido ser titular en Harvard.
Las dos horas de reunión fueron en parte conversación, en parte
debate y en parte «intervención». En sus tiempos, Sagan y Grinspoon habían
hecho movimientos de alto riesgo para sus carreras, pero sentían que esto era
una locura. Para Mack, dijeron, sería la ruina.
Mack insistió en la total sinceridad de sus pacientes. Estaba
seguro de que no podían estar mintiendo. Sagan y Grinspoon contestaron que
Betty y Barney Hill habían sido igualmente convincentes (lo cual suponía
aceptar varios puntos del discurso de Mack, que no tenía razón alguna para
descreer de la historia de los Hill).
La discreta sexualidad del encuentro de los Hill había cobrado,
en algunos de los casos de Mack, tonos sadomasoquistas. Ahora los alienígenas
estaban clavando agujas en los genitales para extirpar testículos y esperma.
Estaban criando híbridos semihumanos, semialienígenas, y perforando la piel
para insertar «implantes» sospechosos de ser dispositivos de control a
distancia. Mack dijo que una abducida había conseguido quitarse un implante de
la cabeza. Parecía una aguja o un cable. Grinspoon sugirió que Mack le diera a
Sagan el implante para que lo hiciera analizar. Mack no estaba dispuesto a
hacer eso. Al final del encuentro, Mack le dijo a Grinspoon: «Lester, el
problema contigo y Carl es que sois demasiado cartesianos[1509]».
* * * *
Finalmente, Mack sí le llevó el «implante» a un científico del
MIT para que fuera analizado. Según Mack, las pruebas determinaron que era «una
fibra retorcida de forma interesante, hecha de carbono, silicio, oxígeno, nada
de nitrógeno y rastros de otros elementos». Un biólogo nuclear concluyó que no
era una formación biológica natural, sino que podría ser una fibra
fabricada[1510].
Sagan se equivocaba en una cosa: las abducciones alienígenas no
arruinaron la carrera profesional de Mack. Aunque buena parte de Harvard se
sintió y se siente avergonzada de las creencias de Mack, la titularidad
académica protege su capacidad de expresarse libremente. En 1994, el libro de
Mack Abduction: Human Encounters with Aliens [«Abducción: encuentros humanos
con alienígenas»] fue un gran éxito de ventas que recibió críticas favorables
en periódicos importantes y que lo introdujo en el circuito de programas de
entrevistas. Mack es, como Sagan, un hombre verdaderamente de su tiempo. Lo que
hace único a Mack es su combinación de filosofía posmoderna y la clase más
barata de mitología pop. Cuando Mack se plantea si las abducciones son
«reales», evita comprometerse demasiado. Esta actitud goza de pareja aprobación
tanto en los programas de televisión sensacionalistas como en algunas
conferencias de intelectuales de altos vuelos.
* * * *
Fueron experiencias como esa las que llevaron a Carl a escribir
El mundo y sus demonios, su manifiesto contra la sinrazón. El libro está
dedicado a su nieto Tonio. Carl envió a Dorion el manuscrito para que se lo
comentara. Dorion discrepó con un pasaje en el que Carl desechaba esos «textos
posmodernos al uso, en los que cualquier cosa puede significar cualquier cosa».
Primero que nada, tenía el presentimiento de que su padre no se había leído
ningún texto posmoderno al uso. Dorion le dijo a su padre que había una gran
diferencia entre la pseudociencia de la prensa sensacionalista de supermercado
y las críticas posmodernas de la ciencia. En su opinión, Carl se había
precipitado al suponer que estas eran meramente una versión sofisticada de
aquella. Dorion recomendó a Carl que extendiera el alcance de su escepticismo a
las bases culturales de la ciencia misma[1511].
Pero ni en la casa ni en el pensamiento de Carl había
posmodernismo. Aunque no había leído los «textos al uso», conocía lo bastante a
John Mack, que en Abductions escribe:
Términos como «abducción», «alienígena», «suceso» es necesario
que los redefinamos so pena de que se pierdan sutiles distinciones. En este
contexto, pensar en los recuerdos demasiado literalmente como «verdaderos» o
«falsos» tal vez restrinja lo que podemos aprender sobre la consciencia humana
a partir de la experiencia de abducción que cuento en las páginas que
siguen[1512].
No está claro si Mack acepta las implicaciones de su propio
postmodernismo. La mayor parte de estas salvedades solo aparece en los
prefacios, como un remate chippendale[1513] coronando un edificio más
convencional. Para Sagan, este solipsismo era lo más desconcertante e incluso
peligroso en Mack y en cierta veta del pensamiento contemporáneo.No ocuparse de
si la vida extraterrestre era real Sagan lo consideraba intolerable.
§. Bumerán kármico
Contact, la película, llevaba una década dando vueltas en el
infierno de los proyectos cinematográficos no desarrollados. Al final, Peter
Guber dejó la Warner para dirigir Sony Pictures, pero Contact se quedó en la
Warner.
Eso significaba que necesitaba un nuevo productor. La
vicepresidenta de la Warner, Lucy Fisher, estudió a los diversos candidatos y
decidió que una de las últimas personas contratadas de la empresa sería
perfecta: Lynda Obst. Fisher desconocía que Obst había estado en el proyecto.
Encantada con este «estupendo bumerán kármico[1514]», Obst se
aseguró inmediatamente de la participación activa de Carl y Annie en la
película. Entonces se puso a ver cómo conseguía un nuevo guion, para lo cual
contrató los servicios de James V. Hart y Michael Goldenberg. El mayor reto lo
planteaba el final. La novela termina con un inteligente giro que es demasiado
inteligente para el aficionado al cine estadísticamente promedio. En la Warner
Brothers, muchos pensaban que lo que la película necesitaba era un final a lo
Encuentros en la tercera fase. Querían platillos volantes cerniéndose sobre la
Tierra y montando un formidable espectáculo de luces. Y tal vez que la gente
quedara…atemorizada. Uno de los guiones de Goldenberg les daba precisamente
eso.
La primera opción para la dirección fue Steven Spielberg. No
solo parecía el adecuado, sino que había financiado el proyecto del META.
Spielberg, sin embargo, dijo que no. Tal vez el final del guión —tal parecido
al deEncuentros en la tercera fase— le producía un déjà vu[1515].
Acudieron a Robert Zemeckis. Este pensó que el guion era muy
bueno «hasta la última página y media. Y luego estaba lo del cielo abierto y
esos alienígenas montando un espectáculo de luces, y dije: “Eso no va a
funcionar”[1516]».
El siguiente en la lista era George Miller. Miller había hecho
las películas de Mad Max y estaba trabajando en una película sobre un cerdito
parlante llamado Babe. Vivía en Australia, no tenía agente y era difícil
establecer contacto con él. Al cabo de unas semanas, Miller manifestó interés.
Obst decidió que Carl y Annie eran los más indicados para cerrar el contrato,
así que los hizo volar a Australia para reunirse con Miller, y este firmó. En
1993, el estudio dio por fin luz verde aContact.
* * * *
A través de Carl y Annie, el hijo de Lester Grinspoon, David,
conoció a Lynda Obst, ahora divorciada. David y Lynda estuvieron saliendo
durante un tiempo. Más o menos en 1992, Carl estaba en Palo Alto, donde había
ido a pronunciar una conferencia científica. Quedó con David en ir a cenar a
casa de la química psicodélica Saha Shulgin. En el trayecto en coche a la cena,
Carl dijo que quería hablar con Dave sobre la forma en que había tratado a
Obst. Sacó una lista escrita con las cosas que David se suponía que había hecho
mal.
Desde el punto de vista de Carl, esto debió de ser un
bienintencionado intento de ayudar a dos amigos que habían estado saliendo
juntos. Desde el punto de vista de David, fue meterse donde no lo llamaban. Le
dijo a Carl que mucha de su información estaba equivocada. Una de las tesis de
Carl era que David había dejado a Obst porque era mayor que él. La edad no
debería importar, dijo Carl… mencionando su propio matrimonio con Annie, que
era mucho más joven que él.
Cuando David llegó a casa tras la conferencia, escribió a Carl y
Annie una airada carta. «Se pusieron como locos», dice. A partir de entonces
perdió su favor[1517].
Cuando Sagan sentía que se había sido injusto con él, podía ser
implacable. Las historias de «excomuniones» eran tan numerosas como para pensar
que formaban «parte de una pauta», en opinión de David Grinspoon. Sería difícil
exagerar la dedicación de Shirley Arden a muchos proyectos de Sagan durante
años. Quedó fuera por lo que empezó como una disputa por dinero. Jon Lomberg
estaba fuera[1518]. Incluso Lester Grinspoon se peleó con Carl. No podía creer
la forma en que Carl y Annie habían tratado a su hijo.
«Estabas con ellos o contra ellos», dice David Grinspoon.
«Cuando estabas con ellos, era maravilloso y emocionante. Pero si decías o
hacías algo mal, entonces quedabas fuera[1519]».
§. Sagan contra Apple Computer
Un indicio de naturaleza quejosa afloró en las batallas públicas
que Sagan mantuvo con una empresa que pensaba que se había portado mal con él.
Apple Computer estaba preparando su línea Power PC de ordenadores de sobremesa
para su lanzamiento en 1994. Siguiendo una costumbre en la industria, cada uno
de los tres modelos recibió un llamado nombre en clave: El Hombre de
Piltdown[1520], Carl Sagan y Fusión Fría[1521]. El Sagan era el modelo de gama
media. Apple esperaba ganar «miles de millones» con él.
Apple no planeaba comercializar un ordenador Carl Sagan. El
ordenador se iba a vender como el Power Macintosh 7100/70. Pero los nombres en
clave se filtraron a la prensa, y Sagan lo descubrió a través del correo
electrónico en 1993. Se enfadó. La promoción de productos constituía un punto
muy sensible para él.
Es difícil decir por qué. Sagan era el mismo hombre que en una
ocasión tuvo un almacén lleno de Cosmosferas que no se habían vendido. La mejor
pista sobre su actitud (o al menos sobre la forma en que racionalizaba lo que
sentía) son algunos comentarios que se pueden leer en El mundo y sus demonios.
Ahí argumenta, con lógica Sagan, que la idea de comprar algo porque un famoso
lo promociona es intrínsecamente absurda[1522]. A lo largo de los años, a Sagan
le habían ofrecido, pero él había rechazado, un montón de contratos
promocionales[1523].
Entonces, en enero de 1994 la prensa informática dio cuenta,
evidentemente divertida, de que Apple había cambiado el nombre en clave del
ordenador en cuestión por el de BHA. Cuando se preguntó qué significaba, se
dice que un ingeniero respondió: «Astrónomo cabezota[1524]».
Sagan se querelló contra Apple por difamación. La respuesta de
Apple fue negar que BHA tuviera significado alguno. Dijeron que las letras se
escogieron «al azar». (Pero al ordenador más bajo de la gama, el Hombre de
Piltdown, se lo conocía también como PDM, lo cual no parece tan aleatorio si se
tiene en cuenta que en inglés era Piltdown Man). Los columnistas de la
industria editorializaron que era un honor que usaran de ese modo el nombre de
uno. Apple también se había apropiado de la buena fama de Charles Lindbergh,
George Gershwin, Aaron Copland e Isaac Newton. Hay que reconocer que esas
personas llevan mucho tiempo muertas… una buena cosa, también: la querella de
Newton habría dejado a Apple en calzoncillos[1525].
En junio de 1994, la juez de distrito Lourdes G. Baird falló que
en cualquier querella por difamación, como figura pública que era, Sagan tenía
que presentar pruebas muy contundentes. Añadió que, con BHA, Apple «estaba
claramente intentando contraatacar de un modo humorístico y satírico[1526]».
En octubre, Baird desestimó toda la querella. Escribió con
cierto retorcimiento que
no cabe duda de que el empleo del término figurativo « Butt-Head
» invalida la impresión de que el demandado estaba insinuando una afirmación de
hecho. Es forzar la razón concluir que el demandado estaba intentado criticar
la reputación o competencia del demandante como astrónomo. No se ataca en serio
la solvencia de un científico empleando la indeterminada expresión de
«cabezota».[1527]
* * * *
En aquella época, «Butt-Head» hacía sobre todo pensar en uno de
los adolescentes protagonistas de la serie televisiva Beavis y Butthead. Esa
serie, junto con Los Simpson, era tema de polémica en la familia Sagan. Carl
consideraba ambos programas como síntomas de la «decadencia intelectual» de
Estados Unidos. Los Sagan jóvenes discrepaban. Nick intentó convencer a su
padre de que los programas estaban, en su mayor parte, escritos de modo
inteligente y que sus personajes —Lisa Simpson aparte— no se presentaban como
modelos de conducta[1528]. Sasha, que estaba enganchada a Los Simpson, dio con
la táctica correcta. Le dijo a su padre que si, como él decía, lo que contaba
eran las pruebas, no debía opinar sobre Los Simpson hasta haber visto el
programa. Carl accedió a verlo. Le gustó, admitió que estaba equivocado, y
comenzó a ver reposiciones todas las noches después de las noticias.[1529]
§. El Concurso «Yo Toqué a Carl Sagan»
Al inicio del año académico en el otoño de 1994, la Revista de
Cornell anunció el «Concurso Yo Toqué a Carl Sagan». El primer estudiante de
una licenciatura que «realmente tuviera contacto físico con el doctor Sagan»
recibiría un packde seis latas de cerveza y una suscripción gratuita.
El Concurso «Yo Toqué a Carl Sagan» solo está abierto a
estudiantes de licenciatura en la Universidad Cornell, incluidos los
estudiantes matriculados en otras facultades y universidades que actualmente
estén estudiando en Cornell, pero no directamente relacionados con el Edificio
de Ciencias del Espacio. Esto significa que el concurso está vedado a:
Estudiantes de licenciatura empleados en el Edificio de Ciencias
del Espacio.
Todos los estudiantes de posgrado (que en cualquier caso no
deberían estar perdiendo el tiempo leyendo la Revista ).
La señora Sagan.
Los artículos deben contener al menos 500 palabras y franquearse
no más tarde del 8 de abril de 1995[1530].
La Revista era el periódico conservador del campus. Sagan,
famoso por su liberalismo, constituía un objetivo natural. La burla de lo que
se consideraba la inaccesibilidad a lo Greta Garbo de Sagan hizo mella en
estudiantes de todas las tendencias políticas. «Hacer ostentación de un nombre
como Carl Sagan ante novatos recién llegados es una especie de broma cruel»,
explicó David Curran, el jefe de producción de la Revista, que fue a quien se
le ocurrió el concurso[1531].
Yervant Terzian presentó un gracioso artículo que se publicó con
su nombre y título[1532]. Dae Young Lee, estudiante de primer año en Cornell,
hizo que un amigo le sacara una foto en el momento en que, sin sospechar nada,
Sagan le firmaba un autógrafo. Esto se consideró una prueba inadecuada, pues no
parecía demostrar que Lee hubiera tocado a Sagan. Se declaró ganador a otro
estudiante de primer año, Joe Novak, que presentó una fotografía de sí mismo de
pie al lado de Sagan y dándole golpecitos en la espalda (eso afirmaba Novak,
aunque en la foto esto tampoco se veía)[1533].
* * * *
Matt T. Stover, que escribía columnas humorísticas en el Cornell
Daily News, aprovechó el concurso como una ocasión para cargar con todo contra
Sagan. En lugar de un «Concurso Yo Toqué a Carl Sagan», deberían probar a
atropellar a Sagan con un coche. Aludiendo además a la querella judicial contra
Apple, Stover dijo de Sagan que era «el hombre más presuntuoso del campus» y
«un cerebrito[1534] arrogante que merece que se lo alinee junto a degenerados
como Butt-Head». Stover escribió:
Es un gilipollas[1535] de tres al cuarto con un ego del tamaño
de una supernova que no merecería ni una taza de escupitajos enfriados por
respeto. […] El tipo no hace nada por Cornell, más que atraer mala prensa y
malas vibraciones. Que lo echen. Se ha convertido en el epítome de lo malo en
el estado de la educación superior: un montón de bla bla bla con muy poco
beneficio. Fuera con un señor que solo sabe hablar ante una cámara, que afirma
ser profesor pero rehúye a los estudiantes de verdad y que ya es demasiado
mayor para que importe.[1536]
§. Fiesta de cumpleaños
Aunque la diatriba de Stover era demasiado genérica para hacer
mella, constituía una demostración de la naturaleza equívoca de la fama en un
ambiente universitario. El artículo salió la misma semana en que Cornell
organizó una fiesta de gala para celebrar el 60º cumpleaños de Sagan. Celebrada
con un mes de antelación, en octubre de 1994, la fiesta fue un simposio que
reunió a colegas de toda la carrera de Sagan. La lista de invitados incluía a
Philip Morrison, Frank Drake, Bruce Murray, Jon Lomberg, Frank Press, Paul
Horowitz, Kip Thorne, James Randi, Richard Turco, Brian Toon, Christopher
Chyba, Joan Campbell y muchos otros. Se hizo venir en avión a un estudiante de
veintiún años que había organizado el «Club de Astronomía Carl Sagan» en
Niamey, Nigeria. Se recibieron cartas de muchos otros amigos que no podían
asistir, entre ellos Al Gore y Arthur C. Clarke.
El simposio fue también una reunión familiar. Todos los hijos de
Sagan y dos de sus tres esposas estuvieron presentes. (Linda, todavía
distanciada, no. Por entonces era una guionista de televisión en Los Ángeles
que había participado en series de varias cadenas[1537]). Sagan habló de cuánto
significaba para él ver a su familia reunida allí. Incluso a Dorion se le
saltaron las lágrimas[1538].
Sagan recibió regalos que iban desde un poema compuesto por un
estudiante de licenciatura que había leído Contact hasta la réplica de una
cabeza griega clásica de Afrodita de parte del Departamento de Astronomía y una
reproducción de Afrodita un poco más pequeña pero notablemente similar de parte
de un colega griego que se había quedado al margen del anterior regalo. (Ambas
aludían a la tesis de Sagan sobre Venus y a su interés por la Grecia jónica).
Sagan consiguió aceptar las dos Afroditas con aplomo[1539].
El regalo más insólito fue idea del propio Sagan. Puesto que ya
había un asteroide con su nombre, sugirió que un asteroide con el nombre de su
esposa sería un buen regalo. Eleanor Helin, una de las más prolíficas
descubridoras de asteroides, bautizó oficialmente como Druyan el Asteroide
4970, próximo a la Tierra. Helin habló del lugar como una auténtica agente
inmobiliaria. El asteroide Druyan era muy «céntrico»… era «amplio, con mucha
luz, grande»… «de magnitud 17 pero que en febrero sería 15». Se dijo que era
aproximadamente del tamaño de Ithaca o del mismo que el asteroide que mató a
los dinosaurios. Se apresuró a decir que los dos asteroides Druyan y Sagan
estaban en «buenas órbitas estables[1540]».
§. Conferencia telefónica
Más o menos en la época de la celebración, Annie notó que Carl
llevaba varias semanas con un cardenal en un brazo. Lo convenció de que fuera a
que se lo miraran. Él estaba en Austin cuando llegaron los resultados. «¿Carl
está en cama?» le preguntó el médico a Annie.
«No, de viaje», dijo Annie[1541].
Al médico le alivió oírlo. «Una persona con este análisis de
sangre no podría conducir». Parecía que en el laboratorio se habían confundido.
«Por favor, que se vuelva a hacer las pruebas enseguida[1542]».
Así lo hizo Carl. Los segundos resultados llegaron mientras Carl
y Annie estaban manteniendo una conferencia telefónica con los productores de
Contact. Eran malas noticias.
Tenía mielodisplasia. Ni siquiera el erudito Sagan sabía qué
era. El médico les dijo que le quedaban seis meses de vida si no se hacía un
trasplante de médula ósea.
La noticia la tomaron como una «broma grotesca», en palabras de
Sagan[1543]. Lo de que le quedaban seis meses de vida sonaba a frase de
película de televisión. Él se encontraba estupendamente, salvo por un pequeño
mareo. Cuando el médico colgó, Carl y Annie volvieron a conectarse con los
productores. No dijeron ni una palabra y prosiguieron la conferencia.
* * * *
La mielodisplasia recibe varios nombres, desde el acrónimo como
de ires empresariales MDS (siglas en inglés de Síndrome Mielodisplásico) hasta
el fríamente romántico «leucemia degenerativa». Es una enfermedad de la médula
ósea que se calcula que ataca a un 1 por mil de las personas de más de
cincuenta y cinco años. En la mielodisplasia, células madre anormales en la
médula desplazan a las células sanas necesarias para producir células
sanguíneas. El tejido anormal genera cada vez menos glóbulos rojos, lo cual
produce fatiga y debilidad. La reducción en el número de glóbulos blancos
disminuye la capacidad del cuerpo para combatir las infecciones. Igualmente,
hay menos plaquetas para la coagulación de la sangre. Los cortes no se curan;
los cardenales no desaparecen.
En sus fases tempranas, la enfermedad elude el diagnóstico. El
paciente puede estar constantemente cansado y «pachucho», sin síntomas
evidentes o alarmantes. (Annie supone que el nivel por naturaleza alto de
energía de Carl retardó el reconocimiento de que algo iba mal[1544]). Algunas
personas mueren de la misma mielodisplasia. En otros casos, la enfermedad
conduce a la leucemia.
Carl se planteó no someterse al trasplante de médula ósea,
simplemente no ocuparse de la enfermedad. Eso se hace muchas veces con
pacientes de mucha edad y con los que carecen de un adecuado seguro médico. Él
intentó convencerse de que si esperaba tal vez se encontrara una cura o un
tratamiento mejor.
Esperó durante casi los seis meses que le habían dado de vida. A
sus colegas no les habló de su estado. La mayoría notaron que algo iba mal.
Carl parecía demacrado. Su característica vitalidad lo había abandonado.
No obstante, mantuvo su ritmo de trabajo. Sagan estaba en mitad
de la promoción de Un punto azul pálido. Solo hizo concesiones sutiles a su
menguante energía. En una conferencia pronunciada en la UCLA el 7 de diciembre,
para la tanda de preguntas se sentó en una amplia silla de cuero colocada sobre
el estrado[1545].
En enero de 1995, Sagan tomó parte en un foro digital, que
entonces era la última moda. Usuarios de America Online (AOL) escribían en su
ordenador preguntas para que Sagan pudiera contestar algunas de ellas en tiempo
desesperantemente lento pero «real». (Dorion trató de contactar con él, pero no
lo consiguió[1546]). Algunos de los intercambios sonaron a despedida. Un
suscriptor de AOL preguntó sin rodeos: «¿Le molesta que probablemente nunca
llegue a saber las respuestas a las preguntas más interesantes sobre el
universo?».
La respuesta de Sagan repitió lo que había escrito en La
conexión cósmica… ahora en el pasado remoto. «He tenido el privilegio de vivir
en la única época de la historia humana en que hemos visitado los otros
planetas». Otro quiso saber cuál sería la única pregunta que le haría a un
alienígena. Sagan tecleó como respuesta. «¿Qué os ha retrasado tanto?»[1547].
El último curso que Sagan impartió en Cornell fue Astronomía
490: Un seminario sobre el pensamiento crítico. Sagan nunca faltó a ninguna
clase. Entonces, un día informó a Terzian de que estaba muy enfermo y tenía que
ingresar en un hospital para recibir tratamiento. Terzian se hizo cargo del
curso[1548].
El 13 de marzo de 1995, la Universidad de Cornell anunció que el
miembro más famoso de su claustro de profesores estaba temporalmente de baja
médica. «Espero de todo corazón estar de vuelta en Cornell el próximo
semestre», dijo Sagan en el comunicado que redactó[1549].
El tono ominoso del anuncio se debió más a lo que no se decía
que a lo que se decía. Sagan padecía una «enfermedad rara pero curable de la
médula ósea» que no deseaba identificar, dijo la directora del Servicio de
Prensa de Cornell, Linda Grace-Kobas. «No disponemos de detalles sobre la
enfermedad, o qué sea, o dónde va a recibir tratamiento[1550]».
* * * *
Sagan había decidido someterse al trasplante. Cada día se
encontraba más débil: él no estaba destinado a desafiar las probabilidades.
Aprovechó sus contactos para encontrar el mejor hospital para la
mielodisplasia: el Centro Fred Hutchinson para la Investigación del Cáncer en
Seatlle (conocido como el «Hutch»). Uno de los médicos del centro, E. Donnall
Thomas, inventó la técnica para el trasplante de médula ósea. Este invento le
valió el premio Nobel de medicina de 1990, un indicio de lo novedoso que todo
aquello era. La tasa de éxitos del Centro Hutchinson con la enfermedad se
afirma que se halla «entre el 40 y el 50 por 100[1551]».
Las posibilidades de éxito dependen mucho de la edad, tanto más
grandes cuanto más joven el paciente. Por desgracia, la mielodisplasia es una
enfermedad que ataca a personas mayores. Hasta hace poco, la edad de corte para
un trasplante se fijaba en los cincuenta y cinco, lo cual descartaba a la
mayoría de los enfermos de mielodisplasia. A Sagan le dijeron que, con sesenta
años, sería probablemente la persona de más edad a la que jamás se le había
practicado un trasplante. (El límite de edad ha ido aumentando, y en el momento
de escribir esto se sitúa en los sesenta y cinco).
Sagan necesitaba un donante de médula ósea. Este tenía que ser
un pariente próximo… un hijo, padre o hermano. Y aun en ese caso, había que
encajar seis factores de compatibilidad. Descartados sus hijos, Carl solo tenía
una candidata: su hermana.
Cari vivía entonces en Charleston, Virginia Occidental, donde su
marido, Bill Greene, trabajaba para la Union Carbide. Ella no sabía que su
hermano estaba enfermo. Carl le hizo una llamada de larga distancia y se
atrancó al intentar explicarle la situación. Annie se puso al teléfono y se lo
explicó.
Antes de acabar de enterarse de toda la historia, Cari dijo:
«Cuenta con ello. Sea lo que sea… hígado, pulmón… tuyo es[1552]».
Capítulo 11
Seattle
1995-1996
Contenido:
§. Peligro biológico
§. Un experimento aislado
§. Piratas
§. La paradoja de Zenón
§. Postal desde el Titanic
§. Rayos X
§. El meteorito marciano
§. La muerte
Carl y Cari se habían visto relativamente poco durante los años
setenta y ochenta. La donación de médula ósea fortaleció enormemente, en el
dolor, los vínculos afectivos entre ellos. Primero se sometieron a las pruebas
de compatibilidad; los seis factores encajaron. Luego Cari voló a
Seattle[1553].
En el hospital, hermano y hermana mantuvieron largas y sentidas
conversaciones. Alguien planteó la hipotética pregunta de cómo habrían
reaccionado sus padres a una petición de donación de médula ósea. Los dos
estuvieron de acuerdo en que Samuel la habría donado por cualquier miembro de
la familia. Rachel, en su opinión, habría sido selectiva. Dependería del
miembro de la familia del que se tratara[1554].
§. Peligro biológico
Lo mismo que sucede con cualquier donación de órganos, el
sistema inmunológico de Carl era necesario inhibirlo con medicamentos. Estos
medicamentos producían náuseas tan fuertes que había que controlarlas con otros
medicamentos. Antes de la operación, Carl se tuvo que tomar setenta y dos
tabletas de un medicamento tóxico llamado bisulfán a fin de destruir toda su
médula ósea, las células buenas y las malas. El inescrutable protocolo de los
hospitales determinó que este deprimente acto tuviera que llevarse a cabo a las
dos de una fría madrugada en Seattle. Las setenta y dos tabletas venían en seis
paquetes completos de doce, cada uno de los paquetes marcado con funestas
instrucciones para deshacerse de los contenidos como un peligro biológico. El
bisulfán ni siquiera se puede eliminar echándolo por el desagüe, por temor a
los estragos medioambientales que puede causar. Aquel era un punto de no
retorno. Si el trasplante no funcionaba, el paciente moriría.
Debido a los medicamentos, Carl se volvió de una palidez
cadavérica y perdió todo el cabello, lo cual impresionaba a los visitantes que
esperaban ver al Carl Sagan que conocían de la televisión. («Buen corte de
pelo, papá», dijo su hijo de cuatro años Sam, lo cual le provocó una
sonrisa[1555]).
El trasplante se realizó el 7 de abril de 1995. Cari se sometió
a cirugía a fin de extraerle médula sana y sus preciosas células madre de los
huesos. Las células madre donadas se mezclaron entonces con sangre y se
inyectaron en el sistema de su hermano, de manera muy parecida a si se tratara
de una transfusión sanguínea. El Centro Hutchinson permite a los donantes
presenciar la transferencia. Para Cari, aquella fue una experiencia
sorprendentemente emotiva[1556].
Pese a la relativa sencillez de la transfusión, el curso del
tratamiento era terriblemente doloroso. Fue necesario llevar a cabo
aspiraciones de médula ósea… para ahondar en el hueso de la cadera y sacar
médula ósea a fin de analizarla. Este truculento procedimiento se realizaba con
anestesia local y suministro de sedantes. Gallardamente, Carl intentó convencer
a Annie de que su aspecto era peor de como él se sentía. El Hutch permite que
los pacientes se autoadministren derivados de la morfina y otros analgésicos.
Estos medicamentos hicieron algo más soportable la recuperación.
En un servicio pascual en la catedral de San Juan el Divino de
Nueva York, 5.000 personas rezaron por el restablecimiento de la persona que,
con la posible excepción de Madalyn Murray O’Hair[1557], era el ateo más famoso
de la nación. A medio mundo de distancia, un sacerdote hindú observó una
vigilia por Carl a orillas del Ganges.
* * * *
Un día, Carl miró por su ventana del hospital y se asustó. Allí,
por encima de la ciudad, estaba la cabeza gigantesca de… Dean Martin[1558].
Carl llamó por teléfono a Lester Grinspoon en Boston. Pese a
algunos intentos de arreglar las cosas, entre Carl y Lester aún había heridas
sentimentales como consecuencia de la ruptura de los Sagan con David Grinspoon.
Lester aseguró a Carl que una alucinación como aquella entraba dentro de las
reacciones normales a los analgésicos opiáceos que estaba tomando.
Si todo va bien en el trasplante, las células madre trasfundidas
encuentran su camino a la médula ósea del receptor. Allí se instalan y
comienzan a restaurar la salud produciendo glóbulos rojos y blancos y
plaquetas. Los análisis de tejidos extraídos confirmaron que eso es lo que
efectivamente había sucedido. La mayoría de los glóbulos blancos en la sangre
de Sagan tenían cromosomas femeninos (XX), lo cual significaba que habían sido
producidos por células madre de Cari. Carl bromeó con que seguía esperando que
se manifestaran los intereses de Cari… que lo asaltaran deseos de montar a
caballo o asistir a espectáculos de Broadway[1559].
§. Un experimento aislado
En Ithaca, a las 8:37 de la mañana del 25 de abril de 1995
alguien informó de un incendio en el Edificio de Ciencias del Espacio de
Cornell. Cuando los bomberos llegaron se encontraron un humo ascendiendo por el
sistema de ventilación del edificio. El color lívido y el tóxico olor de los
gases indicaban que no se trataba de un fuego corriente.
Los bomberos rompieron dos ventanas y extinguieron las llamas en
unos quince minutos. El origen del fuego se determinó en el Laboratorio de
Estudios Planetarios. El director del laboratorio aún se estaba recuperando en
Seattle, por supuesto, y en el momento en que se declaró el incendio no había
nadie en el laboratorio.
Muchos de los experimentos que se llevaban a cabo en el
laboratorio de Sagan parecen extravagantes a las personas corrientes. Los tubos
de vidrio con vetas de tolina tienen un aspecto inquietante. Cuando los
bomberos se enteraron de que posiblemente habían estado expuestos a materiales
orgánicos desconocidos como los que tal vez existan en Júpiter, algunos se
alarmaron. El departamento de bomberos ordenó la «descontaminación de material
peligroso» de diecisiete trabajadores, su ropa y equipo. El departamento
prometió un seguimiento de la salud de los trabajadores[1560].
Los investigadores identificaron el origen del fuego como un
fallo eléctrico en la campana extractora de vapores. Se supuso que un
investigador había dejado accidentalmente el equipo en marcha toda la
noche[1561]. La principal víctima fue un experimento que Bishun Khare estaba
realizando sobre la atmósfera de Júpiter. «Era un experimento aislado», dijo
Khare a un periódico del campus, y «las medidas preventivas de seguridad
estaban en orden». El olor —descrito como «realmente nocivo»— se creyó que
procedía de los plásticos del laboratorio que se fundieron, no de una niebla
tóxica joviana[1562].
Las cosas volvieron rápidamente a la normalidad, aparte de la
persistencia del olor. En las siguientes semanas, el Edificio de Ciencias del
Espacio fue víctima del síndrome del edificio enfermo. «Muchas personas del
departamento se han estado quejando de jaquecas, vahídos y dolor de garganta
desde que se produjo el incendio», dijo uno de los estudiantes de posgrado en
astronomía. Ahora se decía que el aire del edificio siempre había sido malo:
«parece como que se esté respirando en medio de inmundicias[1563]».
* * * *
Había preocupaciones más graves que las jaquecas y los olores.
W. Reid Thompson dejó en el departamento de salud y seguridad medioambiental de
Cornell un mensaje en el que pedía a su personal que investigara un posible
peligro para la salud en el Laboratorio de Estudios Planetarios. Las pruebas
eran «anecdóticas» pero llamativas. La asistente de Sagan, Eleanor York, había
fallecido de cáncer unos años antes. Thompson ahora padecía un cáncer
extrañamente virulento (sin ningún antecedente en su familia). La enfermedad de
Sagan no era exactamente un cáncer, pero estaba relacionada con la leucemia.
Los despachos de York, Thompson y Sagan formaban un ángulo en el
Edificio de Ciencias del Espacio. La otra habitación en la esquina se utilizaba
para el Laboratorio de Estudios Planetarios[1564].
De las causas de la mielodisplasia se sabe muy poco. Se ha
intentado vincularla con los tratamientos con quimioterapia o radioterapia,
factores hereditarios o la exposición al benceno[1565]. Lester Grinspoon apunta
que a lo largo de los años Sagan había sido examinado muchas veces con rayos X
debido a sus otros problemas médicos[1566]. En algunos de los experimentos en
que se simulaban atmósferas planetarias se informó del hallazgo de rastros de
benceno. Aun así, la exposición al benceno, si es que la hubo, no fue
probablemente mayor que en cualquier laboratorio químico[1567]. Más difícil se
hacía descartar sin más las tolinas. Cabía imaginar que estos bloques de
construcción de la vida sin refinar podrían hacer estragos en el ADN de
alguien[1568].
Khare señaló que él era la persona más expuesta a cualesquiera
productos químicos en el laboratorio, y estaba en perfecto estado de salud. El
Departamento de Salud respondió, sin embargo, cerrando el laboratorio de Sagan.
Inspectores sanitarios entrevistaron a los ocupantes del edificio, y
recopilaron un dossier de vagas quejas. Se reiteró que en el edificio el aire
era «malo». El Departamento de Salud descubrió que la entrada de aire en el
edificio se hallaba junto a un aparcamiento y dejaba pasar el humo de los tubos
de escape… «aunque no en concentraciones perniciosas[1569]».
Tras hacer todo aquello para lo que tenía capacidad o
presupuesto, dicho Departamento no pudo establecer peligro para la salud en el
Edificio de Ciencias del Espacio. El asunto se cerró. «El laboratorio no tiene
productos químicos cancerígenos», le dijo Khare a un periódico del
campus[1570]. «Yo puedo vivir y dormir en el laboratorio sin ninguna
preocupación en absoluto». Sin embargo, hasta Khare admitió que «el edificio en
su conjunto no tiene ventilación suficiente».
§. Piratas
En Seattle, la recuperación de Sagan se alargaba. Los niños
pequeños y los parientes políticos se mudaron a Seattle por tiempo indefinido.
Cinco semanas después del trasplante, Carl estaba lo bastante bien para
abandonar el hospital y reunirse con su familia en el hotel Cuatro Estaciones.
Seguía débil, atado al Hutch por un cordón umbilical de tratamientos diarios.
Pasaron semanas, luego meses. Los niños estaban creciendo. Sam
(que se parecía mucho a las fotos de Carl a su edad) pasó por una fase de
interés por los piratas. Carl intentó convencer a su hijo de que escogiera
modelos de comportamiento más éticos. Fue inútil. Carl concluyó que en aquella
fascinación había algo biológicamente programado. A Sam también le gustaban los
soldados[1571].
Sagan no podía estar mucho tiempo sin hacer nada, y no lo
estuvo. Las invitaciones para pronunciar conferencias y las solicitudes de
entrevistas llegaban en avalancha, estimuladas por la optimista creencia de
Sagan en la inminencia de una recuperación plena. A medida que aumentaban sus
fuerzas, comenzó a conceder entrevistas. «A Sagan le gusta Seattle, pero no los
cafés con leche[1572]», fue primicia en un periódico local[1573].
Estaba trabajando en Contacttambién. Jodie Foster, escogida para
la protagonista de la película, voló hasta Seattle para reunirse con Carl y
Annie. En Los Ángeles, sobre un escritorio se puso un teléfono de manos libres
para las reuniones sobre el argumento. Sagan era la voz que salía por el
auricular, el niño enfermo que nunca iba al colegio[1574].
Entonces, de repente Sagan se levantó y echó a andar. El 2 de
agosto dio su primera alocución desde el trasplante: un discurso de apertura en
la Conferencia Transtech de la Costa del Pacífico, celebrada en Seattle.
Dos días después, estaba en San Diego para un simposio con Colin
Powell y Henry Kissinger.
El 22 de septiembre acudió a De Kalb, Illinois, para recoger su
22º doctorado honoris causa.
El 25 de septiembre estaba en San Francisco para hablar en el
Foro sobre el Estado del Mundo (con Mijaíl Gorbáchov, George Bush, Margaret
Thatcher, Ted Turner, Jane Goodall y Richard Leakey)[1575].
El 18 de octubre, Sagan presidió una ceremonia de naturalización
de sesenta y siete nuevos ciudadanos estadounidenses en el juzgado del condado
de Tompkins, estado de Nueva York. Muy recuperado, Sagan se negó a prometer
lealtad a la bandera, se opuso a la mención de Dios en el Juramento de Lealtad
y propuso que, en lugar de jurar banderas, los ciudadanos prometieran
«cuestionar todo lo que mis líderes me digan[1576]».
«He tenido mucha, mucha suerte», dijo Sagan a la prensa de la
ciudad en que había nacido. «Todos los indicios son positivos[1577]». Había
razones para sentirse optimista. Sagan tenía mejor aspecto. El cabello le
estaba volviendo a crecer, y había recuperado el peso perdido. Regresó a su
laboratorio, ahora limpio, y supervisó el trabajo en curso sobre las atmósferas
de Titán y Tritón. Estudió minuciosamente los datos enviados por la sonda
Galileodesde Júpiter. Trabajó en un artículo titulado «Sobre la rareza de las
civilizaciones galácticas de larga vida que no viajan por el espacio» y
proyectó otro en el que propondría que la región de Tharsis en Marte era la
reliquia de un enorme impacto que había hecho desaparecer buena parte del agua
en el planeta[1578]. Corrigió las galeradas de El mundo y sus demonios y
trabajó en una recopilación de ensayos, Miles de millones, y una segunda
novela. Esta, de corte romántico, se inspiraba en la forma en que él y Annie,
sin buscarse, se habían encontrado[1579].
Sagan se sentía con bastantes fuerzas para llevar hasta sus
últimas consecuencias sus batallas legales contra Apple. Tras el sobreseimiento
de la demanda por difamación, había presentado otra por la original utilización
que sin su permiso había hecho Apple de su nombre. Esa también había sido
rechazada, lo mismo que una apelación presentada virtualmente desde el lecho de
muerte. En noviembre de 1995 se anunció un acuerdo extrajudicial cuyas
condiciones no se revelaron. El director de patentes y marcas comerciales de
Apple, Paul D. Carmichael, hizo la conciliadora declaración de que «Apple
siempre ha tenido un gran respeto por el doctor Sagan. Nunca ha sido intención
de Apple causar ninguna molestia ni preocupación ni al doctor Sagan ni a su
familia». Según se informó, el Power Mac 7100 se estaba vendiendo muy bien en
la Tienda del Campus de Cornell[1580].
§. La paradoja de Zenón
Aquel mismo mes, Sagan recibió de Francis Ford Coppola una carta
redactada en términos muy duros. En ella sostenía Coppola que cuando había dado
su conformidad a que Sagan escribiera la novela Contact había esperado
compartir parte de los beneficios. Coppola, por consiguiente, demandaba su
parte del dinero que Warner Brothers había pagado a Sagan.
Pero la interpretación de Sagan era que Coppola había renunciado
explícitamente a cualquier derecho sobre Contact. En apoyo de esto estaba el
hecho de que Coppola nunca hubiera pedido una participación en el sumamente
publicitado adelanto de 2 millones de dólares por la novela. Sagan escribió una
carta en la que decía que la reclamación de Coppola carecía de sentido. Ni
Coppola ni sus abogados contestaron a esta carta[1581].
Mientras tanto, la película Contactavanzaba lentamente. Sagan
estaba lo bastante bien para reunirse con el equipo en persona. Hubo un momento
en que se supuso que Contact estaría lista para su estreno en las Navidades de
1996. Pero en octubre de 1995 los decorados aún estaban por construir, y Miller
todavía estaba ajustando el guión y el presupuesto. Miller no rehuyó el tema
del enfrentamiento entre ciencia y religión de Sagan; de hecho, pensaba que el
papa debería aparecer en la película[1582]. Hubo más fatigosos intentos de dar
con un final tan llamativo como el de Encuentros en la tercera fase… solo que
no completamente idéntico a este.
Obst recordó nerviosa a Miller la necesidad de
avanzar[1583][31]. Annie comparó la situación con la paradoja de Zenón: «Ya
sabes, uno siempre está recorriendo una fracción del camino que ha de recorrer,
así que en teoría nunca llega realmente al final[1584]».
Entonces, un día la Warner Brothers despidió a Miller. Aquello
parecía poner en grave riesgo el rodaje de la película.
Obst consultó con los Sagan. Habían invertido dos años en el
proyecto con Miller. «Más o menos sabíamos», dijo Obst, «que nunca volveríamos
a tener esa intimidad con un director[1585]».
Obst volvió a dirigirse a Robert Zemeckis. Esta vez le dijo que
podía acabar la película como quisiera. Zemeckis accedió a hacerla.
Esto llamó mucho la atención. El Forrest Gump de Zemeckis había
sido la película más taquillera de 1994 y había barrido en los Oscars. «Para
citar a Carl Sagan», le dijo Zemeckis a un periodista, «la probabilidad
matemática de que yo alguna vez haga una película como Gump es casi
nula[1586]».
§. Postal desde el Titanic
En diciembre, Carl ingresó para someterse a unas pruebas de
seguimiento en Rochester, Nueva York. Los médicos se encontraron con lo que
esperaban no encontrarse. La quimioterapia no había expulsado todas las células
enfermas de la médula ósea. Una nueva y pujante población de células enfermas
estaba de nuevo desplazando a las células sanas. Aquello era volver a la
casilla de salida… o peor, pues ahora había menos margen para la esperanza.
La familia regresó a Seattle el 22 de diciembre. Carl y Annie se
reunieron con los médicos el día de Nochebuena. Se hicieron más pruebas, que
confirmaron la afección. El Ithaca Journal citó a Annie: «Esperamos una
curación completa. […] Realmente me siento muy esperanzada y contenta de que
esté en tan buena forma. […] Los médicos son muy optimistas[1587]».
Durante estas tristes vacaciones, Carl escribió uno de sus
textos cortos más cautivadores. Con más candor emocional que los comunicados de
prensa, afrontaba su inminente fallecimiento: «El mundo es tan exquisito»,
escribió Carl, «con tanto amor y tal hondura moral, que no hay razón para
engañarnos a nosotros mismos con bellas historias de las que hay escasas
pruebas fiables. Mucho mejor, me parece a mí, en nuestra vulnerabilidad, es
mirar a la Muerte cara a cara y agradecer cada día las breves pero magníficas
oportunidades que la vida brinda[1588]».
Carl mencionaba que junto al espejo en que se afeitaba
conservaba un memento mori: una tarjeta postal con marco que se había enviado
por correo desde el Titanic el día antes de que este se hundiera: «Querido
amigo», decía el mensaje escrito a mano. «Solo unas líneas para decirte que
estoy vivo y coleando, y me lo estoy pasando en grande. Es magnífico[1589]».
* * * *
Los médicos del Hutch aún no se rendían. Decidieron que a las
células enfermas en el cuerpo de Carl les faltaba cierta enzima. Esto hacía a
las células vulnerables a dos medicamentos de quimioterapia que no se habían
probado en la primera fase del tratamiento.
Mientras tanto, a los niños se los matriculó en colegios de
Seattle. Se les compraron nuevas mascotas adecuadas para el muy húmedo clima:
caracoles. Los niños pusieron nombre a cada uno de los moluscos (uno era
«Cornell Junior») y los criaban en terrarios en miniatura. De vez en cuando los
dejaban salir a hacer ejercicio, una aventura peligrosa que muchas veces
requería ir a buscar a los rezagados. Por las noches, la familia Sagan pedía
una ensalada verde sin aliñar al servicio de habitaciones de su hotel. Era la
cena de los caracoles. (Cuando los periodistas insistían en que Sagan
describiera el aspecto de un extraterrestre, él contestaba: «Si nunca hubiese
visto uno, ¿cómo podría usted imaginarse algo parecido a un caracol?»).
Al final de esta recuperación, según todas las apariencias Carl
estaba de nuevo donde estaba antes de las pruebas realizadas en Rochester.
El mundo y sus demonios llegó a las librerías. El mago James
Randi, que leyó las galeradas, observó en el libro acabado «muchos ejemplos en
los que Carl había reforzado su lenguaje, intensificado y fortalecido sus
adjetivos, y en general endurecido su expresión. Se me ocurrió la espeluznante
idea de que esta podía ser su última declaración sobre la pseudociencia, los
chalados, los fraudes y los charlatanes que tanto lo fastidiaban».[1590]
El «lenguaje endurecido» de Sagan era el suyo propio, más
humanitario que el del desacreditador normal y corriente.
¿He oído alguna vez a un escéptico que se creyera superior y
despreciativo? Sin duda. A veces incluso he oído ese tono desagradable, y me
aflige recordarlo, en mi propia voz. […] Y debo decir que algunos científicos y
escépticos consagrados aplican esta herramienta como si fuera un instrumento
basto, con poca finura. […] Todos tenemos en gran estima nuestras creencias.
Son, hasta cierto punto, definitorias. Cuando aparece alguien que desafía
nuestro sistema de creencias porque considera que la base no es buena —o que,
como Sócrates, meramente hace preguntas molestas que no se nos habían ocurrido,
o nos demuestra que hemos escondido bajo la alfombra las premisas subyacentes
clave—, eso se convierte en mucho más que una búsqueda de conocimiento. Se
siente como un ataque personal.[1591]
La empatía con quienes sostienen las mismas creencias que el
libro ataca era característica de Sagan.
* * * *
Tras el segundo trasplante, Sagan se sintió lo bastante bien
para colaborar con Christopher Chyba en una nueva explicación de la paradoja
del joven Sol débil que implicaba una neblina orgánica no diferente de la
encontrada en Titán[1592].
Sagan también tuvo energía suficiente para darle quebraderos de
cabeza a Robert Zemeckis. Hasta entonces, este no había hecho ciencia ficción
seria, y dudaba de si Contactdebía ser un éxito de taquilla debido a los
efectos especiales. Tal vez la película debería ser la historia de Ellie, más
«pegada a la Tierra».
Sagan quería no solo que la parte científica fuera veraz, sino
que en la película hubiera mucha ciencia. Sagan animó a los maquetadores a
hacer bocetos tan impresionantes como fuera posible para que Zemeckis los
empleara, y al reparto le dio una conferencia con diapositivas sobre la
historia de la astronomía. Le preocupaba que el propósito de Zemeckis fuera
«hacer una película sobre la expedición de Lewis y Clark[1593], y situarla en
el apartamento de Seinfeld[1594] [1595]».
§. Rayos X
En mayo de 1996, W. Reid Thompson murió de cáncer. En el oficio
fúnebre, Carl le dijo sombrío a Christopher Chyba que se cuidara. Él ya había
perdido a Jim Pollack y ahora a Reid, y no quería perder a nadie más[1596].
Ese verano, la catástrofe ahora familiar se repitió. En esta
ocasión, los tests «rutinarios» en un hospital de Syracuse mostraron que la
enfermedad de Carl se estaba recrudeciendo de nuevo. A comienzos de julio,
regresó a Seattle por tercera vez. Oficialmente, el objetivo era una «curación
completa» a fin de que pudiera regresar a Cornell para el semestre de otoño.
«Va a recibir más tratamiento, pero de qué naturaleza, no lo sabemos», dijo un
portavoz de Cornell[1597].
El tratamiento que Sagan recibió fue una apuesta desesperada.
Puesto que los dos primeros tratamientos no habían conseguido erradicar la
médula enferma, el tercero tendría que ser más riguroso para tener alguna
esperanza de éxito. Los médicos de Sagan propusieron el sometimiento de todo el
cuerpo a sesiones de rayos X.
Como una versión de pesadilla de sus propios experimentos, todo
el cuerpo de Sagan se expuso a una ráfaga primordial de radiación. El riesgo de
cáncer era inmenso. Tal tratamiento solo es concebible para quienes no tienen
otra posibilidad de supervivencia.
Sagan accedió al tratamiento. Se realizó, seguido por un tercer
trasplante de células madre de Cari. Luego las pruebas indicaron que todas las
células de la médula ósea en su cuerpo derivaban genéticamente del tejido
donado por Cari. Aparentemente, no quedaba ninguna célula, sana o no, de la
propia médula de Carl.
Este era el mejor resultado que cabía esperar. Las células
enfermas habían demostrado su capacidad para aflorar desde prácticamente la
nada a una velocidad escalofriante. La detección de alguna de las propias
células de Carl sería preocupante. Por otro lado, no tener ninguna de las
propias células madre constituía por sí mismo una virtual sentencia de muerte,
pues limitaba la esperanza de vida a unos pocos años.
§. El meteorito marciano
El primer día que Sagan pasó fuera del hospital pareció que,
después de todo, podría vivir para ver la prueba de vida extraterrestre[1598].
De la NASA se habían filtrado extraños rumores. Se decía que
algunos científicos habían encontrado fósiles en un meteorito procedente de
Marte. Cuando los medios de comunicación se enteraron de la historia, la NASA
se vio obligada a actuar. El grupo de la NASA hizo un anuncio, por más que
prematuro. Habían encontrado estructuras microscópicas en el meteorito
ALH84001, uno de los raros meteoritos que se creía que habían salido despedidos
de Marte.
Para la mayor parte del público era una novedad que aquí en la
Tierra hubiera rocas de Marte. El origen marciano de la roca era la única parte
de la historia generalmente aceptada por los científicos espaciales.
Escribiendo sobre los meteoritos marcianos dos años antes, Sagan observó
proféticamente que en ellos no se habían encontrado microbios… «hasta
ahora[1599]».
Aún no hacía una hora que se había enterado de los
descubrimientos en el meteorito, Richard Berendzen llamó por teléfono al
despacho de Dan Goldin en la NASA. «Creo que esta habría que rebautizarla como
la Roca Sagan», le dijo a Goldin. El ALH84001 era un candidato para el cambio
de nombre. Pero, por supuesto, nadie sabía si lo que se estaba afirmando
acabaría resultando cierto, y el equipo que trabajaba con el meteorito tal vez
tuviera sus propias ideas. La roca no fue rebautizada[1600].
Casi por primera vez desde el inicio de la era espacial, Sagan
tenía que ver desde la barrera cómo otro intentaba probar la existencia de vida
fuera de la Tierra. (Revisó el artículo del equipo de la NASA para Science y le
dio luz verde[1601]). En una reunión del Departamento de Astronomía de Cornell
sobre los descubrimientos, un Sagan con evidentes problemas habló de los
informes con cauto entusiasmo. Era lo bastante mayor para acordarse de la
anterior polémica sobre los «fósiles» en meteoritos. En uno de sus últimos
artículos, Sagan advirtió de que «las pruebas de vida en Marte no son todavía
lo bastante extraordinarias». Se permitió añadir que el descubrimiento «abre
todo el campo de la exobiología marciana» (¡como si, para Sagan, estuviera
cerrado!)[1602].
* * * *
Por unos momentos, la roca estaba tanto en las noticias que el
presidente Clinton dio una conferencia de prensa sobre ella. Zemeckis vio la
conferencia, luego telefoneó a Sagan: «¿Has visto lo que Clinton acaba de
decir?». preguntó[1603]. «Juro por Dios que es como si se hubiera escrito para
esta película. Cuando ha dicho la frase “Continuaremos escuchando atentamente
lo que tenga que decir”, casi me muero. Me he quedado ahí con la boca
abierta[1604]».
Zemeckis había utilizado efectos especiales para hacer aparecer
a una serie de presidentes muertos en Forrest Gump. El discurso de Clinton lo
convenció de emplear técnicas similares en Contact. Esto requería que se
hicieran ciertos malabarismos. En la novela de Sagan, el presidente de EEUU es
una mujer. George Miller había pensado en Linda Hunt para el papel. Zemeckis
había querido que fuera Sidney Poitier. En lugar de eso, analizó la iluminación
y el ángulo de cámara en el discurso televisivo de Clinton (que se pronunció en
el jardín de rosas) y lo duplicó para un escenario cinematográfico de interior.
A diferencia de Gump, las observaciones de Clinton encajaban lo suficiente para
ser empleadas literalmente[1605].
Como Forrest Gump, Contactprovocó quejas de quienes pensaban que
ponía en peligro la veracidad de los medios de comunicación electrónicos. Un
abogado de la Casa Blanca envió a Zemeckis una carta en la que decía que el
empleo de la imagen de Clinton era «fundamentalmente desleal[1606]». Mark
Steyn, del American Spectator, señaló que en una entrevista en MTV el
presidente sorteó preguntas sobre su ropa interior. «Tiene suerte», dice Steyn,
«de que Zemeckis no decidiera hacer El ataque de los BVDs asesinos[1607]».
§. La muerte
Sagan ya llevaba, con altibajos, mortalmente enfermo desde hacía
dos años. Entre marzo de 1995 y el día en que murió, pasó trece de veinte meses
en Seattle. El mismo mes previo a su muerte, la salud de Carl volvió a
repuntar.
A comienzos de noviembre, Sagan regresó a Ithaca. No tenía
cabello; su piel era blanca como el papel de arroz[1608]. «Las pruebas médicas
apuntan a una recuperación total», informó el Ithaca Journal. «He tenido una
suerte tremenda», dijo Carl. «Los indicios parecen ser muy buenos ahora. Pero
con la naturaleza de esta enfermedad es mejor esperar un par de años para estar
seguro de que uno salga a flote[1609]».
Cornell anunció que Sagan iba a impartir un curso (Astronomía
202: Nuesto lugar en el Sistema Solar) el siguiente semestre. El Cornell Daily
Sun publicó una foto de Sagan —terriblemente demacrado, aunque con pelo— con el
pie de foto «Listo para dar clase[1610]».
El clan Sagan se reunió para la cena de Acción de Gracias en
Ithaca. Fue, por consenso general, el mejor día de Acción de Gracias de la
familia que jamás vivieron[1611]. La presencia de Carl era algo por lo que dar
gracias, tanto más por cuanto bien podía ser el último día de Acción de Gracias
de Carl. Pero ¿quién podía decirlo? Había esquivado la bala una vez más.
Sagan reanudó el trabajo en su despacho. Casi inmediatamente,
algo empezó a no ir bien. Una noche a comienzos de diciembre, apenas consiguió
probar una de sus comidas favoritas. A partir de entonces, comer se convirtió
en un ejercicio mecánico, realizado en una obstinada lucha por conservar la
vida.
En sus últimas semanas, Sagan se reunió con Dan Goldin en el
cuartel general de la NASA para hablar de las futuras misiones espaciales[1612]
y visitó los decorados de Contact. «Tan enfermo como estaba, nos enviaba notas
con revisiones de última hora», recordaba Zemeckis[1613].
Una de las últimas apariciones públicas de Sagan fue en la
Nightline de la ABC, el 4 de diciembre. Los productores habían preparado
entrevistas con el jefe de la NASA Dan Goldin y el astrónomo Richard Berendzen
sobre las misiones planetarias de la NASA. Poco antes de comenzar el programa,
un productor llamó a Berendzen y dijo que Sagan había accedido a participar en
el programa. También habían invitado a Sagan, como siempre hacían en los
programas que trataban sobre el espacio. Por lo general, él declinaba la
invitación.
«Entonces lo que deberían hacer», insistió Berendzen, «es solo
entrevistar a Sagan. Cancélennos a mí y a Goldin».
El productor dijo: «Ya lo hemos hecho[1614]».
Sagan apareció en conexión desde su casa en Ithaca. Para muchos
espectadores, su apariencia fue una conmoción. Del antiguo Sagan no quedaba
nada más que su barbilla. Ted Koppel formuló la inevitable pregunta sobre la
salud de Sagan. Sagan habló brevemente de su enfermedad y su tratamiento; dijo
que había doblado la esquina[1615].
* * * *
Estaba previsto que Sagan interviniera en la reunión de la
Asociación Nacional de Profesores de Ciencias de 1996 en San Francisco. En
principio se había comprometido a dar un discurso en la reunión de 1995, el
cual se había cancelado por motivos de salud, y Sagan había prometido a William
Aldridge, de la asociación, que lo daría en la reunión de 1996.
Sagan hizo planes para ver a Frank Drake durante su estancia en
San Francisco. Mientras Drake esperaba la llegada de Sagan al restaurante, vio
distraídamente cómo un camarero ayudaba a un anciano encorvado a entrar en el
restaurante arrastrando los pies. Drake quedó impresionado al darse cuenta de
lo «envejecido» que estaba Carl.
Carl tenía buen ánimo. Aun así, Drake se admiró para sí de que
siguiera dando conferencias en tal estado[1616].
Tras la segunda charla, Carl a duras penas llegó a su habitación
de hotel con la ayuda de Annie. Estaba mortalmente débil. Tal vez lo hubiera
infectado un virus en el avión. Llamaron al Hutch pidiendo consejo. Los médicos
pensaban que debía volar directamente a Seattle para someterse a observación.
Annie tuvo que llamar por teléfono a los niños y decirles que no
volvería a casa. Tenían que irse a Seattle otra vez. La Hanuca[1617] se
posponía. Sasha tenía entonces trece años, los suficientes para saber lo que
esto significaba[1618].
En Seattle, la situación empeoró rápidamente. Los rayos X
mostraron una neumonía intratable. Hasta donde los médicos podían saber, la
causa no era ni un virus, ni una bacteria ni un hongo. Para los médicos, la
neumonía era con toda probabilidad una reacción al tratamiento por radiación
del verano anterior.
Recetaron esteroides. Los medicamentos empeoraron los
sufrimientos de Carl y no parecieron ayudar mucho. Dictó una carta en la que
comunicaba al vicepresidente Al Gore que le sería imposible asistir a un
próximo encuentro en la Casa Blanca sobre el futuro del programa espacial.
* * * *
El habla y el lenguaje corporal de los médicos se enfrió de un
modo portentoso. Las miradas se evitaban, las gargantas se aclaraban. Annie se
dio cuenta de que estaba perdiendo a Carl.
Los niños fueron enviados en avión desde Ithaca. Annie llamó por
teléfono a Lynda Obst. «Se está yendo muy deprisa y te necesito», dijo. Lynda
tomó el primer avión desde Los Ángeles[1619].
Cuando Lynda llegó, Carl se parecía aún menos a sí mismo. Tenía
puesta una máscara de oxígeno. Eso y la debilidad general le hacían muy difícil
hablar. Estaba lúcido, sin embargo, y recobró la compostura para lo que sabía
que sería el último recuerdo que de él tendrían los niños. Ver a Sasha lo
alegró especialmente. Sasha se pasó la noche en vela sentada junto a Carl. Este
y Annie habían decidido que sería una forma adecuada de despedida[1620].
«Guapa, guapa Sasha», le dijo Carl. «No solo eres guapa, sino que también
tienes un enorme encanto[1621]».
Entre quienes visitaron a Sagan en su lecho de muerte no se
contó Lester Grinspoon. De un modo u otro, la reconciliación que ambos debieron
de desear nunca se produjo. El pertinaz orgullo de Sagan lo convenció de que
había recibido un mal trato en este asunto. Grinspoon consideró que en aquellas
circunstancias no podía volar a Seattle. De modo que el sentido del honor
personal de Carl le impidió despedirse del hombre que fue su mejor y más leal
amigo[1622].
* * * *
El estímulo de ver a los niños se reflejó en los monitores del
hospital. Annie se lo indicó a los médicos. Estos lo identificaron como el
«verano indio». La mejora que precede al final.
«Ha empezado la cuenta atrás», le anunció Carl a Annie en un
determinado momento. «Voy a morir».
«No», dijo ella. «Vas a vencer esto, igual que has hecho antes
cuando parecía no haber esperanza.»
«Bueno, veremos quién tiene razón esta vez[1623]».
* * * *
Sagan se había casado bien. Cuando dejó el mundo, tuvo la
atención exclusiva que siempre había deseado. Para Annie, incluso el calor que
emanaba de su enfebrecida piel constituía una grata prueba de que todavía
estaba con ella. Lo besó y rozó su rostro con el de él para tener un recuerdo
indeleble del momento[1624]. «Qué vida maravillosamente vivida», dijo ella,
estrechándole fuertemente la mano[1625]. Una y otra vez repitió: «Con orgullo y
alegría por nuestro amor. Te dejo partir. Sin miedo. 1 de junio. 1 de junio.
Para siempre[1626]».
Carl Sagan murió de neumonía la mañana del 20 de diciembre de
1996. Annie y Lynda redactaron el comunicado de prensa en el que se anunciaba
el fallecimiento y lo enviaron. Al abandonar el hospital vieron que la CNN ya
se estaba ocupando de la noticia[1627]
Epílogo
En Cornell se oficiaron dos ceremonias fúnebres por Sagan, una
el 23 de diciembre en su Museo de Arte Johnson y un segundo el 3 de febrero en
la Sala Bailey. Tras el oficio de diciembre, Sagan recibió sepultura en el
Cementerio Lakeview de Ithaca en compañía de sus padres y los grandiosos
monumentos neoclásicos a los fundadores de Cornell.
Annie recibió sacas de correo tras la muerte de Carl[1628].
Muchas de aquellas cartas contaban esencialmente la misma historia: un
posdoctorado anónimo envió una prepublicación a veinte astrónomos, esperando
respuesta. Solo uno tuvo tiempo para contestar. Era Sagan, el más atareado de
todos ellos. Una nota de Al Gore decía: «Es lo que corresponde que el hombre
que escribió la entrada de la Enciclopedia Británica sobre la “Vida” nos haya
enseñado a tantos de nosotros cómo vivir[1629]».
Las páginas en internet de la Sociedad Planetaria permitieron
que la gente enviara comentarios de homenaje a Sagan. La participación fue
extraordinariamente cosmopolita. «Sentí mucho enterarme del fallecimiento del
señor Carl Sagan, al que la mayoría de nosotros en los Emiratos Árabes Unidos
tenemos en gran estima», decía un mensaje[1630]. Personas que nunca habían
conocido personalmente a Sagan dijeron que se les habían saltado las lágrimas:
«Arrimé el camión al arcén de la carretera y lloré cuando oí la noticia[1631]».
Para algunos, la influencia de Sagan era como la de un psicólogo popular o un
orador motivacional. «Solo comencé a ser de veras quien soy cuando descubrí a
Carl Sagan», escribió una persona[1632]. Fueron sorprendentemente muchos los
que hablaron de la esperanza de que Sagan estuviera en un lugar mejor. «Estoy
por así decir dividido entre la aceptación de sus opiniones y la esperanza de
que su alma descanse en la paz de Dios», escribió un profesor de instituto de
California[1633]. «Yo creo que Dios creía en Carl Sagan… y aún sigue creyendo
en él», declaró el director de un planetario desde Fort Worth[1634].
Hubo también ceremonias fúnebres en la ciudad de Nueva York y en
Pasadena. Linda Salzman asistió a la ceremonia de Pasadena. Tras el oficio,
unos cuantos amigos brindaron en silencio por Sagan. El más visiblemente
afectado era el estólido Bruce Murray, que, mientras se tomaba su coñac, apenas
pudo contener las lágrimas[1635].
* * * *
Tres días después del entierro de Sagan, Francis Ford Coppola
presentó una querella contra los herederos de Sagan y la Warner Brothers.
Coppola denunciaba que Sagan había violado el contrato por la vieja idea para
una película de televisión en los años setenta. Coppola pedía 250.000 dólares
de indemnización por daños y perjuicios y que la película se cancelara[1636].
Lynda Obst llamó a Coppola «chiflado… y puedes decir que te lo
he dicho yo[1637]». Al final, un juez del Tribunal Superior del Condado de Los
Ángeles se mostró más o menos de acuerdo. En una declaración de cuatro horas de
duración, Gentry Lee rastreó los complejos orígenes de Contact y demostró lo
poco que las conversaciones con Coppola habían influido en el argumento. El
juez desestimó la querella porque no había contrato y porque Coppola había
tardado demasiado en presentar una reclamación[1638].
Apenas resuelta la querella de Coppola cuando Random House se
querelló contra los herederos de Sagan. La editorial, que acababa de ser
comprada por el conglomerado alemán de medios de comunicación Bertelsmann AG,
demandaba la devolución de 1.2 millones de dólares por el anticipo de un libro
no entregado, más intereses[1639].
El testamento de Sagan favorecía sobre todo a su esposa y a los
hijos pequeños. Reservaba 40.000 dólares para pagar los estudios universitarios
de su nieto Tonio. Dorion y Jeremy recibirán un relativamente modesto legado de
unos 50.000 dólares cada uno, pagaderos tras el fallecimiento de la viuda de
Carl. Annie solo tiene unos diez años más que los primeros dos hijos de Carl y
procede de una familia famosa por su longevidad[1640].
* * * *
El 4 de julio de 1997, la sonda Mars Pathfinder rebotó y
desplegó sin problemas sus pétalos metálicos en Chryse Planitia, no demasiado
lejos de las reliquias de la Viking 1. Sus cámaras enviaron panorámicas de
rocas, dunas de arena y un cielo marciano cuyo tono ahora se parecía al del
sirope de caramelo. Una vez quedó claro que la Pathfinder era un éxito, la NASA
rebautizó la nave como la Sagan Memorial Station.
El nombre no caló mucho. Tras el bautizo, el JPL y la prensa
volvieron a llamarla Mars Pathfinder. Con cualquier nombre, los instrumentos de
la misión cambiaron la visión científica de Marte. A falta de un intérprete
elocuente, el público sigue sin conocer mucho de sus descubrimientos.
La Pathfinder encontró rocas sedimentarias, entre ellas varias
que parecen ser conglomerados: masas de guijarros redondos juntos. Los
conglomerados son rocas que se dan en ríos, cañones y deltas. No es el producto
de un momento geológico. Los guijarros son tallados y pulidos lentamente por el
flujo del agua en los lechos fluviales o las playas. En otra época posterior,
el roce convierte los guijarros en arena, légamo y arcilla hasta conglomerarse.
En un tiempo aún posterior, el conglomerado puede erosionarse y ser arrastrado
corriente abajo. Todo esto es lo que supuestamente tuvo que haber pasado para
que la Pathfinder se encontrara con conglomerados en la superficie de Marte.
Los conglomerados de Marte denotan, no inundaciones
apocalípticas de permafrost fundido, sino perezosos ríos y lagos. Recientes
fotos orbitales de Marte muestran lo que parecen ser los límites de estos lagos
extinguidos… y posiblemente un antiguo océano marciano en el hemisferio norte.
El indicio más radical del nuevo Marte antediluviano, que pocos se atrevían a
proponer antes, es la lluvia. Los conglomerados son difíciles de explicar sin
admitir precipitaciones y el Marte mito-poético de Sagan. Marte fue en un
tiempo un planeta de temperaturas moderadas, lluvia rítmica, innumerables
riachuelos y caudalosos ríos. Esta, al menos, es la imagen ahora defendida por
muchos de los geólogos en activo.
* * * *
La polémica sobre los meteoritos marcianos se está apagando de
una manera muy parecida a lo sucedido con afirmaciones similares a comienzos de
los años sesenta. En el momento de escribir este texto, los «nanofósiles»
cuentan con el apoyo de poco más que el equipo de la NASA que informó de ellos…
y Gil Levin. Levin saludó los descubrimientos en los meteoritos como una
confirmación de que su experimento con las Viking había encontrado vida en
Marte. Levin teorizó que la NASA estaba minimizando las pruebas por miedo a
ofender al público estadounidense, cuyas Biblias no decían nada de microbios
marcianos[1641]. Norman Horowitz no estaba del todo convencido ni de los
fósiles marcianos ni de lo que Levin decía de un encubrimiento teológico[1642].
Ahora la hipótesis de Sagan según la cual los sucesos META eran
señales extraterrestres amplificadas por el centelleo parece haber sido
convincentemente refutada. Jill Tarter reobservó las posiciones de los sucesos
candidato de META empleando un receptor un par de órdenes de magnitud más
potente que el del META. Si la idea de Sagan fuese correcta, el receptor de
Tarter debería haber captado las supuestas señales constantes a lo largo de
todo el ciclo de amplificación y desamplificación. No encontró nada. La actual
opinión de Tarter coincide con la de Paul Horowitz: las «cosas que surgen de
repente en la noche» lo más probable es que sean raros fallos de los
procesadores[1643].
* * * *
Tras la muerte de Sagan, el Laboratorio de Estudios Planetarios
fue discretamente desmantelado. Los tubos de tolinas y gases se eliminaron
cautelosamente, las salas se convirtieron en espacio para oficinas y un salón
de conferencias. Que el laboratorio fuera peligroso para la salud no se probó
nunca, pero este tema tal vez ha constituido un factor en la decisión de
Cornell de no mantener un laboratorio en el que tanto trabajo puntero se llevó
a cabo.
Donde más vivamente se deja sentir el legado de Sagan hoy en día
es en el nuevo Instituto de Astrobiología de la NASA en el Centro Ames de
Investigación y en la sorprendente cantidad de alumnos suyos que todavía
continúan buscando vida extraterrestre. Los más visibles son Steven Squyres y
Christopher Chyba. Squyres, ahora profesor en Cornell, está al frente del
equipo de la NASA que planea una misión de ida y vuelta con recogida de
muestras. La misión ha de cavar hondo en la superficie marciana y traer muestras
de roca a la Tierra para su examen en busca de (entre otras cosas) química
orgánica, fósiles o incluso vida extinguida.
Chyba, que ocupa el sillón Carl Sagan en el Instituto SETI, está
al frente de un equipo de la NASA que planea un orbitador para el satélite
joviano Europa. Europa es el actual «héroe» de la comunidad astrobiológica.
Consideraciones físicas hacen pensar que la agrietada superficie helada
revelada por las Voyager debe licuarse a alguna distancia en el subsuelo. Si el
prerrequisito indispensable para la vidaes el agua líquida, un sitio lógico
donde mirar a continuación es Europa.
Este océano subterráneo sería absolutamente oscuro. Los propios
océanos de la Tierra contienen criaturas y (lo que es más pertinente al caso)
ecosistemas que existen sin luz solar. Sin embargo, las comunidades abisales de
la Tierra consumen oxígeno, que en último término procede de la vida
fotosintética en la superficie[1644].
Los océanos de Europa no son todavía más que una conjetura
atrayente. La exobiología ya conoce lo que escuecen algunas conjeturas
atrayentes. La misión principal del orbitador de Europa es determinar si existe
un océano. Si así fuera, lo siguiente serían seguramente misiones biológicas.
«Todo el programa», dijo Chyba, «lleva el sello de Carl[1645]».
* * * *
En los meses posteriores a su muerte, Sagan fue también una
figura omnipresente en la cultura pop. La película Contact, con su dedicatoria
«Para Carl», se estrenó en julio de 1997. Para desesperación de los
publicistas, salió una semana después que Hombres de negro, otra película de
alienígenas que encajaba mejor en el molde comercial. Obst, de un modo que
recordaba mucho al mismo Sagan, dijo a la prensa: «Me decepcionará Estados
Unidos si solo somos capaces de pensar en los alienígenas como monstruos verdes,
lo cual no constituye sino un reflejo objetivo de nuestra xenofobia[1646]».
Linda Salzman asistió al estreno deContact invitada por Annie…
un acercamiento que probablemente no habría sido posible en vida de Carl[1647].
La película contiene una serie de alusiones retrospectivas a la vida de Sagan.
Una que tal vez pase desapercibida es un cartel en una escena de multitudes:
una imagen de Jesús que lleva inscrito el mensaje que un domingo del verano de
1952 sobresaltó a los comensales en un restaurante de Bloomington.
A los críticos medianamente cultos Contact les encantó, pero les
preocupaba que el público en general no fuera lo bastante inteligente para
comprenderla. Los críticos muy intelectuales denigraron la película y se
temieron que era la clase de cosa que el estadounidense medio consume sin
pestañear. Contact, pues, obtuvo dos pulgares hacia arriba de Siskel y
Ebert[1648], mientras que un equipo de críticos de Village Voice[1649] la
calificó como la peor película del verano. Algo insólito para una película de
ciencia ficción, Contact alcanzó gran popularidad entre las mujeres. A mediados
de agosto de 1997, había recaudado 105 millones de dólares, lo cual suponía
unos beneficios de 15 millones.
* * * *
La frecuencia con que Sagan apareció en televisión a horas de
máxima audiencia es insólita también para un científico vivo o muerto.
Aparentemente, estuvo a punto de sufrir una metamorfosis póstuma como la de
Maquiavelo, de una realidad de carne y hueso a un manido personaje de la
ficción popular.
Los guionistas de Expediente X introdujeron a Sagan en el
capítulo final de la temporada de 1997. Irónicamente, el agente Mulder es
presentado como un hombre que se ha pasado su carrera intentando sin éxito
probar que la vida extraterrestre existe. Entonces se encuentra con un
alienígena congelado y presencia su autopsia. Scully lo informa de que el
alienígena congelado ha sido un engaño del Departamento de Defensa. Mulder se
queda abatido. Con lágrimas en los ojos mete una cinta en su reproductor de vídeo.
La pantalla se llena con un joven Carl Sagan y Philip Morrison disertando sobre
la vida extraterrestre. Esta es en realidad una filmación de la NASA de la
conferencia «Vida más allá de la Tierra» celebrada en la Universidad Boston el
año 1972, que es de dominio público y que los productores descubrieron[1650].
A Sagan también se le incluyó en Cielo negro[1651], una serie
que, si no exactamente un plagio de Expediente X, sí iba dirigida al mismo
público. Un actor con suéter de cuello alto hacía pensar de manera
involuntariamente divertida en el joven Sagan. Unos agentes federales detenían
a este Sagan a fin de enseñarle algunos alienígenas vivos que tenían encerrados
en un sótano. A los espectadores se les pedía que creyeran que Sagan se pasó el
resto de su carrera fomentando la idea de la vida extraterrestre mientras
mantenía el secreto del gobierno… por razones de seguridad nacional, por
supuesto.
* * * *
En el amanecer de un nuevo milenio, parece que un tema dominante
en la vida intelectual del siglo XX ha sido la ausencia de absolutos. En las
ciencias físicas ese tema lo personificaron esas dos asombrosamente evocadoras
palabras que son «relatividad» e «incertidumbre». En el campo de las
humanidades, condujo a la crítica posmoderna que Sagan encontraba tan
desagradable.
En ninguna parte es más inevitable la ausencia de marcos
privilegiados de referencia que en astronomía. En el siglo pasado, la escala
del universo conocido ha aumentado en órdenes de magnitud mientras la
importancia de la raza humana ha disminuido proporcionalmente. No ocupamos el
centro del plan cósmico; el centro, si existe, es remoto e incognoscible.
Incluso a la distinción de nuestro pequeño mundo como el único hábitat conocido
de la vida parece que habrá que renunciar más pronto o más tarde.
Mientras tanto, la ciencia no ha conseguido encontrar a todo
ello nada parecido a un significado humanista. «Cuanto más comprensible parece
el universo», dijo el físico Steven Weinberg, «tanto más absurdo parece
también[1652]». Un universo en el que somos infinitamente insignificantes y en
el que o no existen o nos son por siempre inaccesibles las respuestas a las
preguntas que realmente nos preocupan, a lo que realmente se parece es a un
relato de Kafka. Pero este es el universo en el que vivimos.
Para un público desasosegado por un universo así, Sagan
constituía una orientación. La vida extraterrestre atrae como la única entidad
verdaderamente mítica todavía permitida por la tradición empirista que ha
despoblado de dragones y demonios, sátiros y yetis los bosques. El deseo de
creer en esa clase de seres ambivalentes trasciende a todas las culturas y
edades. No es probable que un par de siglos de ciencia lo extinga.
A ese respecto, Sagan puede verse como un profeta. Sin embargo,
sus fracasos en la búsqueda de alienígenas hacían que Sagan representara una
honestidad intelectual claramente noprofética. Él estaba dispuesto a aceptar la
ambigüedad del mundo, las preguntas que en nuestro tiempo deben seguir sin
respuesta.
La filosofía de Sagan no era original (solamente una filosofía
perversamente idiosincrásica puede serlo): reconocía sus simpatías por
Demócrito, el primer pensador occidental del que se tiene noticia en
reflexionar sobre la falta de sentido de las cosas. La filosofía de Demócrito
no era pesimista. Era el «filósofo risueño», que sostenía que era posible ser
feliz en un mundo «sin sentido». Este sencillo humanismo era también el mensaje
subyacente del Sagan público, transmitido a millones de personas que nunca
siguieron por entero la exposición científica de Sagan pero sentían algo
confortante en el tono de su voz. Hasta un punto del que no todos sus colegas
científicos se dieron cuenta, Sagan contribuyó a reconciliar nuestra cultura
con la ciencia que incluye en sí pero de la que siempre desconfía.
* * * *
Incluso muerto, Sagan se ha convertido en una presencia
recurrente en los sueños de los próximos a él. Dorion tuvo un sueño en el que
veía a un hombre sentado en un banco. No reconoció al hombre hasta que oyó su
voz: era su padre. Habían hecho las paces, habían llegado al entendimiento que
nunca lograron en vida. Carl se levantó para marcharse. De repente, Dorion
volvía a ser un niño pequeño, pegado a las piernas de su padre. Levantó la
vista, y Carl se había ido. Sus piernas se habían transformado en los troncos
de dos árboles gigantescos que se elevaban al cielo. Eran (Dorion se dio cuenta
al despertar) dos de los cuatro árboles de aquel cuento para dormir de la
infancia, los árboles cuya importancia se aclararía más tarde[1653].
En uno de los sueños de Nick, este se encontraba junto al lago
en la casa de Ithaca, asistiendo a un oficio fúnebre en honor de su padre. En
medio de la multitud que se arremolinaba, Nick vio a Carl mismo, vivo y en buen
estado. Cuando iban a hablar, Nick cayó en la cuenta de la imposibilidad de
este encuentro. «Tú no puedes estar aquí», protestó. «Tú no crees en la vida
después de la muerte». Ante esta lógica irrefutable, Carl se disolvió
elegantemente; fin del sueño.[1654]
Bibliografía
Una lista exhaustiva de todo lo escrito por o sobre Carl Sagan
constituiría un libro por sí misma. He intentado aportar lo que más
probablemente encontrarán útil los lectores: una lista completa de los libros
de Sagan; una selección de sus artículos científicos; y otras fuentes citadas
en las notas.
Libros de Sagan
— y KELLOGG, W. W. (1961), The Atmospheres of Mars and Venus,
Washington, D. C., National Academy of Sciences-National Research Council.
— y SHKLOVSKII, I. S. (1966), Intelligent Life in the Universe,
San Francisco, Holden-Day [ed. cast.: Vida inteligente en el universo,
Barcelona, Reverté, 2003].
(1966), Planets, Nueva York, Time-Life Science Library.
(1970), Planetary Exploration, Eugene, Oreg, Oregon State System
of Higher Education.
—; KONDRATYEV, K. Y. y RYCROFT, M. (eds.), (1971), Space
Research XI, Berlín, Akademie Verlag, 1971.
—; OWEN, T. C. y SMITH, H. J. (eds.), (1971), Planetary
Atmospheres. Proceedings of International Astronomical Union Symposiumn. 40,
Dordrecht, Holanda, D. Reidel, 1971.
—, PAGE, T. (ed.) (1972), UFOs. A Scientific Debate. Ithaca, N.
Y. y Londres: Cornell University Press [W. W. Norton publicó una edición
revisada, Nueva York, en 1974.]
(1973), The Cosmic Connection: An Extraterrestrial Perspective,
Nueva York, Doubleday [ed. cast.: La conexión cósmica, Barcelona, Orbis, 1986].
(1973), Communication with Extraterrestrial Intelligence (CETI),
Cambridge, Mass: MIT Press. Edición de Carl Sagan [ed. cast.: Comunicación con
inteligencias extraterrestres, Barcelona, Orbis, 1993].
—; BERENDZEN, R.; MONTAGU, A.; MORRISON, P.; STENDAHL, K. y
WALD, G. (eds.) (1973), Life Beyond Earth and the Mind of Man, Washington, U.
S. Government Printing Office.
(1973), Mars and the Mind of Man, Nueva York, Harper and Row.
(1975), Other Worlds, Nueva York, Bantam Books.
(1977), The Dragons of Eden: Speculations on the Evolution of
Human Intelligence. Nueva York: Random House [ed. cast.: Los dragones del Edén.
Especulaciones sobre la evolución de la inteligencia humana, Barcelona,
Crítica, 1993].
—; MORRISON, P. y OTROS (1977), The Search for Extraterrestrial
Intelligence, Washington: U.S. Government Printing Office.
—; DRAKE, F. D.; DRUYAN, A.; TIMOTHY, F.; LOMBERG, J. y SALZMAN
SAGAN, L. (1978), Murmurs of Earth: The Voyager Interstellar Record, Nueva
York, Random House [ed. cast.: Murmullos de la Tierra. El mensaje interestelar
del Voyager, Barcelona, Planeta, 1981].
(1979), Broca’s Brain: Reflections on the Romance of Science,
Nueva York, Random House [ed. cast.: El cerebro de Broca. Reflexiones sobre el
apasionante mundo de la ciencia, Barcelona, Crítica, 2009].
(1980), Cosmos, Nueva York, Random House [ed. cast.: Cosmos,
Barcelona, Planeta, 1982].
—; EHRLICH P. R.; KENNEDY, D. y ROBERTS, W. O. (eds.) (1984),
The Cold and the Dark: The World After Nuclear War, Nueva York, W. W. Norton
[ed. cast.: El frío y las tinieblas. El mundo después de una guerra nuclear,
Alianza, Madrid, 1986].
(1985), Contact, Nueva York, Simon and Schuster [ed. cast.:
Contact, Barcelona, Círculo de Lectores, 1987].
— y DRUYAN, A., Comet, Nueva York, Random House [ed. cast.: El
cometa, Barcelona, Planeta, 2 vols., 1982].
— y TURCO, R. (1990), A Path Where No Man Thought: Nuclear
Winter and the End of the Arms Race, Nueva York, Random House [ed. cast.: Un
efecto imprevisto: El invierno nuclear, Barcelona, Plaza y Janés, 1991].
— y DRUYAN, A. (1992), Shadows of Forgotten Ancestors: A Search
for Who We Are, Nueva York, Random House [ed. cast.: Sombras de antepasados
olvidados, Barcelona, Círculo de Lectores, 1994].
(1994), Pale Blue Dot: A Vision of the Human Future in Space,
Nueva York, Random House [ed. cast.: Un punto azul pálido, Barcelona, Planeta,
1995].
(1996), The Demon-Haunted World: Science as a Candle in the
Dark, Nueva York, Random House, 1996 [ed. cast.: El mundo y sus demonios,
Barcelona, Círculo de Lectores, 1995].
(1997), Billions and Billions: Thoughts on Life and Death at the
Brink of the Millennium, Nueva York, Random House [ed. cast.: Miles de
millones: Pensamientos de vida y muerte en la antesala del milenio, Barcelona,
Círculo de Lectores, 1998].
Artículos científicos de Sagan
La carrera de Sagan desafió muchas de las normas habituales del
discurso científico. Esta lista sumamente selectiva, escogida de entre unos 500
artículos y compendios, solo puede dar una idea aproximada del alcance de sus
intereses. Los artículos elegidos lo son no solo por su «importancia»
científica, tal como esta expresión se suele entender, sino también por su
importancia en la historia de la exploración espacial y en la historia del
pensamiento en relación con la vida más allá de la Tierra. Gran parte del
trabajo más característico de Sagan responde a estos epígrafes.
También he incluido aquí las peticiones científicas de Sagan y
sus artículos conmemorativos de colegas cuando se han empleado como fuentes.
1957
«Radiation and the Origin of the Gene», Evolution 11, p. 40.
1960
«Biological Contamination of the Moon», Proceedings of the
National Academy of Sciences 46 (1960a), pp. 396-402.
«Indigenous Organic Matter on the Moon», Proceedings of the
National Academy of Sciences 46 (1960b), pp. 393-396.
1960c. «The Radiation Balance of Venus», Pasadena, Jet
Propulsion Laboratory Technical Report, pp. 32-34.
1961
«On the Origin and Planetary Distribution of Life», Radiation
Research 15 (1961a), pp. 174-192.
«The Planet Venus», Science 133 (1961b), p. 849.
SAGAN, C. y MILLER, S. L., «Molecular Synthesis in Simulated
Reducing Planetary Atmospheres», Astronomical Journal 65, p. 499 (compendio).
1962
«Is the Martian Blue Haze Produced by Solar Protons?», Icarus 1
(1962a), p. 70.
«Structure of the Lower Atmosphere of Venus», Icarus 1 (1962b),
p. 151.
«Summary of a Discussion with Erdtman on Organized Elements in
Carbonaceous Chondrites», Science 137 (1962c), p. 626.
LEDERBERG, J. y SAGAN, C., «Microenvironments for Life on Mars»,
Proceedings of the National Academy of Sciences 48, pp. 1473-1475.
1963
«Direct Contact Among Galactic Civilizations by Relativistic
Interstellar Spaceflight», Planetary and Space Science 11, p. 485.
PACKER, E.; SCHER, S. y SAGAN, C., «Biological Contamination of
Mars: II. Cold and Aridity as Constraints on the Survival of Terrestrial
Microorganisms in Simulated Martian Environments», Icarus 2, p. 293.
PONNAMPERUMA, C.; MARINER, R. y SAGAN, C., «Formation of
Adenosine by Ultra-violet Irradiation of a Solution of Adenine and Ribose»,
Nature 198, p. 1199.
— «Synthesis of Adenosine Triphosphate under Possible Primitive
Earth Conditions», Nature 199, p. 222.
1965
«Is the Early Evolution of Life Related to the Development of
the Earth’s Core?», Nature 206, p. 448.
POLLACK, J. B. y SAGAN, C., «The Infrared Limb Darkening of
Venus», Journal of Geophysical Research 70 (1965a), p. 4403.
— «The Microwave Phase Effect of Venus», Icarus 4 (1965b), p.
62.
— «Polarization of Thermal Emission from Venus», Astrophysical
Journal 141 (1965c), p. 1161.
SAGAN, C. y COLEMAN, S., «Spacecraft Sterilization Standards and
Contamination of Mars», Astronautics and Aeronautics 3, p. 22.
SAGAN, C.; HANST, Ph. L. y YOUNG, A. T., «Nitrogen Oxides on
Mars», Planetary and Space Science 13, pp. 73-88.
SWAN, P. R. y SAGAN, C., «Martian Landing Sites for the Voyager
Mission», Journal of Spacecraft and Rockets 2, pp. 18-25.
1966
SAGAN, C.; PITTENDRIGH, C. S.; VISHNIAC W. y PEARMAN, J. P. T.,
Biology and the Exploration of Mars, Washington, D. C., National Academy of
Sciences (1966a).
«Mariner IV Observations and the Possibility of Iron Oxides on
the Martian Surface», Icarus 5 (1966b), p. 102.
«The Photometric Properties of Mercury», Astrophysical
Journal144 (1966c), p. 1218.
KILSTON, S. D.; DRUMMOND, R. R. y SAGAN, C., «A Search for Life
on Earth at Kilometer Resolution», Icarus 5, pp. 79-98.
SAGAN, C. y POLLACK, J. B., «On the Nature of the Canals of
Mars», Nature 212, p. 117.
SAGAN, C. y WALKER, R. G., «The Infrared Delectability of Dyson
Civilizations», Astrophysical Journal 144, p. 1216.
WALKER, R. G. y SAGAN, C., «The Ionospheric Model of the Venus
Microwave Emission: An Obituary», Icarus 5, p. 105.
1967
«An Estimate of the Surface Temperature of Venus Independent of
Passive Microwave Radiometry», Astrophysical Journal 149 (1967a), p. 731. (Fe
de erratas Astrophysical Journal152, p. 1119.)
«Life on the Surface of Venus?»,Nature 216 (1967b), p. 1198.
LIPPINCOTT, E. R.; ECK, R. V.; DAYHOFF, M. O. y SAGAN, C.,
«Thermodynamic Equilibria in Planetary Atmospheres», Astrophysical Journal 147,
p. 753.
MOROWITZ, H. y SAGAN, C., «Life in the Clouds of Venus?», Nature
215, p. 1259.
POLLACK, J. B.; GREENBERG, E. H.; y SAGAN, C., «A Statistical
Analysis of the Martian Wave of Darkening and Related Phenomena», Planetary and
Space Science 15, p. 817.
POLLACK, J. B. y SAGAN, C. «An Analysis of the Mariner 2
Microwave Observations of Venus», Astrophysical Journal150 (1967a), p. 327.
— «A Critical Test of the Electrical Discharge Model of the
Venus Microwave Emission», Astrophysical Journal 150 (1967b), p. 699.
— «Secular Changes and Dark-Area Regeneration on Mars», Icarus
6, (1967c), p. 434.
SAGAN, C.; LIPPINCOTT, E. R.; DAYHOFF, M. O. y ECK, R., «Organic
Molecules and the Coloration of Jupiter», Nature 213, p. 273.
SAGAN, C. y MORRISON, D., «The Microwave Phase Effect of
Mercury», Astrophysical Journal150, p. 1105.
SAGAN, C. y POLLACK, J. B., «Anisotropic Nonconservative
Scattering and the Clouds of Venus», Journal of Geophysical Research 72, p.
469.
SAGAN, C.; POLLACK, J. B. y GOLDSTEIN, R. M., «Radar Doppler
Spectroscopy of Mars. 1. Elevation Differences Between Bright and Dark Areas»,
Astronomical Journal 72, pp. 20-34.
SAGAN, C. y VEVERKA, J., «Martian Ionosphere: A Component Due to
Solar Protons», Science 158, p. 110.
1968
«Jovian Atmosphere: Near-Ultraviolet Absorption Features»,
Science 159, p. 448.
POLLACK, J. B. y SAGAN, C., «The Case for Ice Clouds on Venus»,
Journal of Geophysical Research73, p. 5943.
SAGAN, C.; LEVINTHAL, E. C. y LEDERBERG, J., «Contamination of
Mars», Science 159, p. 1191.
SAGAN, C. y POLLACK, J. B., «Elevation Differences on Mars»,
Journal of Geophysical Research73, p. 1373.
1969
SAGAN, C., «Gray and Nongray Planetary Atmospheres: Structure,
Convective Instability, and Greenhouse Effect», Icarus 10, p. 290.
CAMPBELL, M. J.; O’LEARY, B. T. y SAGAN, C., «Moon: Two New
Mascon Basins», Science 164, p. 1273.
CHAPMAN, C. R.; POLLACK, J. B. y SAGAN, C., «An Analysis of the
Mariner-4 Cratering Statistics». Astronomical Journal 74, pp. 1039-1048.
SAGAN, C.; O’LEARY, B. T. y CAMPBELL, M. J., «Lunar and
Planetary Mass Concentrations», Science 165, p. 651.
SAGAN, C. y POLLACK, J. B., «On the Structure of the Venus
Atmosphere», Icarus 10 (1969a), p. 274.
— «Windblown Dust on Mars», Nature 223 (1969b), p. 791.
1970
SAGAN, C.; SMITH, H. J. y TOBIAS C. O., «The Trouble With
Venus», Planetary Atmospheres. Proceedings of the International Astronomical
Union Symposium Nº 40, Ámsterdam, D. Reidel.
BAR-NUN, A.; BAR-NUN, B., BAUER, S. H. y SAGAN, C., «Amino Acid
Synthesis in Simulated Primitive Environments», Science 170 (1970a), p. 1000.
— «Shock Synthesis of Amino Acids in Simulated Primitive
Environments», Science 168, (1970b), p. 470.
MASURSKY, H.; BATSON, R.; BORGESON, W. y OTROS, «Television
Experiment for Mariner Mars 1971», Icarus 12, p. 10.
1971
SAGAN, C., «The Long Winter Model of Martian Biology: A
Speculation», Icarus 15, p. 511.
GIERASCH, P. y SAGAN, C., «A Preliminary Assessment of Martian
Wind Regimes», Icarus 14, p. 312.
KHARE, B. N. y SAGAN, C., «Synthesis of Cystine in Simulated
Primitive Conditions», Nature 232, p. 577.
SAGAN, C. y KHARE, B. N., «Long-Wavelength Ultraviolet
Photoproduction of Amino Acids on the Primitive Earth», Science173, pp.
417-420.
SAGAN, C.; VEVERKA, J. y GIERASCH, P., «Observational
Consequences of Martian Wind Regimes», Icarus15, p. 253.
SAGAN, C. y WALLACE, D., «A Search for Life on Earth at 100
Meter Resolution», Icarus 15, p. 515.
1972
SAGAN, C., «Interstellar Organic Chemistry», Nature 238, p. 77.
MASURSKY, H.; BATSON, R. M.; MCCAULEY, J. F. y OTROS, «Mariner 9
Television Reconnaissance of Mars and Its Satellites: Preliminary Results»,
Science 175, p. 294.
MUTCH, T. A.; BINDER, A. B.; HUCK, F O. y OTROS, «Imaging
Experiment: The Viking Mars Lander», Icarus 16, p. 92.
OWEN, T. y SAGAN, C., «Minor Constituents in Planetary
Atmospheres: Ultraviolet Spectroscopy from the Orbiting Astronomical
Observatory», Icarus16, p. 557.
POLLACK, J. B.; VEVERKA, J.; NOLAND, M.; y OTROS, «Mariner 9
Television Observations of Phobos and Deimos», Icarus 17, p. 394.
SAGAN, C.; BELTON, M. J. S. y OTROS, «Quantitative Imaging of
the Outer Planets and their Satellites», en Grand Tour Outer Planet Missions,
Washington, D. C., NASA (1972).
SAGAN, C. y MULLEN, G., «Earth and Mars: Evolution of
Atmospheres and Surface Temperatures», Science 177 (1972a), p. 52.
— «The Jupiter Greenhouse», Icarus16 (1972b), pp. 397-400.
SAGAN, C.; VEVERKA, J.; FOX, P. y OTROS, «Variable Features on
Mars: Preliminary Mariner 9 Television Results», Icarus 17, p. 346.
VEVERKA, J.; ELLIOT, J.; SAGAN, C. y OTROS, «Jupiter Occultation
of Beta Scorpii: Are the Flashes Time-symmetric?», Nature 240, p. 344.
1973
SAGAN, C., «The Greenhouse of Titan», Icarus 18 (1973a), p. 649.
SAGAN, C., «Landing on Mars», Nature(1973b) 244, p. 61.
SAGAN, C., «On the Detectivity of Advanced Galactic
Civilizations», Icarus 19 (1973c), p. 350.
DRAKE, F. D. y SAGAN, C., «Interstellar Radio Communication and
the Frequency Selection Problem», Nature 245, p. 257.
HOUCK, J. R.; POLLACK, J. B.; SAGAN, C. y OTROS, «High Altitude
Infrared Spectroscopic Evidence for Bound Water on Mars», Icarus18, p. 470.
KHARE, B. N. y SAGAN, C., «Red Clouds in Reducing Atmospheres»,
Icarus 20, p. 311.
A. G. W. TOON, O. B. y CIERASCH, P. J., «Climatic Change on
Mars», Science 181, p. 1045.
SAGAN, C. y YOUNG, A. T., «Solar Neutrinos, Martian Rivers, and
Praesepe», Nature 243, p. 459.
1974
«Frictional and Stream Velocities in Sandstorms», Journal of
Geophysical Research 79 (1974a), p. 2147.
PONNAMPERUMA, C. y CAMERON, A. G. W., «An Introduction to the
Problem of Cosmic Communication», en Cosmic Communication, Boston,
Houghton-Mifflin (1974b).
SAGAN, C., «Obituary: Gerard Peter Kuiper (1905-1973)», Icarus
22 (1974c), pp. 117-118.
SAGAN, C., «Wolf Vladimir Vishniac: An Obituary», Icarus 22
(1974d), pp. 397-398.
ELLIOT, J. L.; WASSERMAN, L. H.; VEVERKA, J. y OTROS, «The
Occultation of Beta Scorpii by Jupiter: II. The Hydrogen-Helium Abundance in
the Jovian Atmosphere», Astrophysics Journal 190, pp. 719-729.
«Differential Transmission of Sunlight on Mars: Biological
Implications», Icarus 21, p. 490.
SAGAN, C.; VEVERKA, J. y OTROS, «The Occultation of Scorpii by
Jupiter: I. The Structure of the Jovian Atmosphere», Astrophysics Journal 79,
p. 73.
SAGAN, C.; VEVERKA, J.; WASSERMAN, L. y OTROS, «Jovian
Atmosphere: Structure and Composition Between the Turbopause and the
Mesopause», Science 184, p. 901.
VEVERKA, J.; NOLAND, M.; SAGAN, C. y OTROS, «A Mariner 9 Atlas
of the Moons of Mars», Icarus 23, p. 206.
VEVERKA, J.; SAGAN, C.; QUAM, L. y OTROS, «Variable Features on
Mars III: Comparison of Mariner 1969 and Mariner 1971 Photography», Icarus 21,
p. 317.
1975
«Hot Hydrogen in Prebiological and Interstellar Chemistry»,
Science188 (1975a), p. 72.
«Windblown Dust on Venus», Journal of Atmospheric Science 32
(1975b), p. 1079.
DRAKE, F. D. y SAGAN, C., «Search for Signals from
Extraterrestrial Life», Arecibo Observatory Quarterly Report.
KHARE, B. N. y SAGAN, C., «Cyclic Octatomic Sulfur: A Possible
Infrared and Visible Chromophore in the Clouds of Jupiter», Science189, p. 722.
SAGAN, C. y BAGNOLD, R. A., «Fluid Transport on Earth and
Aeolian Transport on Mars», Icarus 26, p. 209.
1976
SAGAN, C., «Erosion and the Rocks of Venus», Nature 261 (1976a),
p. 31.
SAGAN, C., «If There Are Any, Could There Be Many?», Nature 264
(1976b), p. 497.
MUTCH, T. A.; BINDER, A. B.; HUCK, F. O. y OTROS, «The Surface
of Mars: The View from the Viking1 Lander», Science 193, p. 791.
MUTCH, T. A.; GRENANDER, S. U.; JONES, K. L. y OTROS, «The
Surface of Mars: The View from the Viking 2 Lander», Science 194, p. 1277.
POLLACK, J. B.; TOON, O. B.; SAGAN, C. y OTROS. «Stratospheric
Aerosols and Climatic Change». Nature 263 (1976a), pp. 551-555.
— SAGAN, C., «Volcanic Explosions and Climatic Change: A
Theoretical Assessment». Journal of Geophysical Research 81 (1976b), p. 1071.
SAGAN, C. y LEDERBERG, J., «The Prospects for Life on Mars: A
Pre-Viking Assessment», Icarus 28, p. 291.
SAGAN, C. y SALPETER, E. E., «Particles, Environments, and
Possible Ecologies in the Jovian Atmosphere», Astrophysical Journal Supplement
32, p. 737.
1977
SAGAN, C., «Reducing Greenhouses and the Temperature History of
Earth and Mars», Nature 269, p. 224.
ELLIOT, J. L.; FRENCH, R. G.; DUNHAM, E. y OTROS, «Occultation
of Geminorum by Mars: Evidence for Atmospheric Tides?», Science 195, p. 485.
ISAACMAN, R.; y SAGAN, C., «Computer Simulations of Planetary
Accretion Dynamics: Sensitivity to Initial Conditions», Icarus 31, p. 510.
KHARE, B. N.; y SAGAN, C., «On the Temperature Dependence of
Possible S8 Infrared Bands in Planetary Atmospheres», Icarus30, p. 231.
LEVINTHAL, E.; JONES, P.; FOX, K. L. y SAGAN, C., «Lander
Imaging as a Detector of Life on Mars», Journal of Geophysical Research 82, p.
4468.
TOON, O. B.; POLLACK, J. B. y SAGAN, C., «Physical Properties of
the Particles Composing the Martian Dust Storm of 1971-1972», Icarus30, p. 663.
1978
SAGAN, C., «Eavesdropping on Galactic Civilizations»,
Science202, p. 374.
KHARE, B. N.; SAGAN, C.; BANDURSKI, E. L. y NAGY, B.,
«Ultraviolet Photoproduced Organic Solids Synthesized Under Simulated Jovian
Conditions: Molecular Analysis», Science 199, p. 1199.
NEWMAN, W. I. y SAGAN, C., «Five Micron Limb-Darkening and the
Structure of the Jovian Atmosphere», Icarus 36, p. 223.
VEVERKA, J.; THOMAS, P. y SAGAN, C., «On the Nature and
Visibility of Crater-Associated Streaks on Mars», Icarus 36, pp. 147-152.
1979
SAGAN, C., «Sulphur Flows on Io», Nature 280, p. 750.
JOHNSON, T. V.; COOK, A. E.; SAGAN, C. y SODERBLOM, L. A.,
«Volcanic Resurfacing Rates and Implications for Volatiles on lo», Nature 280,
pp. 746-750.
SAGAN, C. y KHARE, B. N., «Tholins: Organic Chemistry of
Interstellar Grains and Gas». Nature 277, pp. 102-7. (Fe de erratas en
Nature282, p. 536.)
SAGAN, C.; TOON, O. B. y POLLACK, J. B., «Anthropogenic Albedeo
Changes and the Earth’s Climate», Science 206, p. 1363.
SMITH, B. A.; SODERBLOM, L. A.; BEEBE, B. y OTROS, «The Galilean
Satellites and Jupiter: Voyager 2 Imaging Science Results», Science 206, pp.
927-950.
SMITH, B. A.; SODERBLOM, L A.; JOHNSON, T. V. y OTROS, «The
Jupiter System Through the Eyes of Voyager L», Science 204, pp. 951-972.
WALLACE, D. y SAGAN, C., «Evaporation of Ice in Planetary
Atmospheres: Ice-Covered Rivers on Mars», Icarus 39, pp. 385-400.
1981
SAGAN, C., «Harold Clayton Urey: 1893-1981», Icarus 48, pp.
348-352.
KHARE, B. N.; SAGAN, C.; ZUMBERGE, J. E. y OTROS, «Organic
Solids Produced by Electrical Discharge in Reducing Atmospheres: Tholin
Molecular Analysis», Icarus 48, pp. 209-297.
NEWMAN, W. I. y SAGAN, C., «Galactic Civilizations: Population
Dynamics and Interstellar Diffusion», Icarus46, pp. 293-327.
SMITH, B. A.; SODERBLOM, L.; BEEBE, R. y OTROS, «Encounter with
Saturn: Voyager 1 Imaging Science Results», Science 212, pp. 163-191.
SROMOVSKY, L. A.; SUOMI, V. E.; POLLACK, J. B. y OTROS,
«Implications of Titan’s North-South Brightness Asymmetry», Nature 292, pp.
698-702.
1982
SAGAN, C., «Extraterrestrial Intelligence: An International
Petition», Science 218, p. 426.
SAGAN, C. y DERMOTT, S. F., «The Tide in the Seas of Titan»,
Nature300, pp. 731-733.
SMITH, B. A.; SODERBLOM, L.; BATSON, R. y OTROS, «A New Look at
the Saturn System: The Voyager 2 Images», Science 215, pp. 504-537.
1983
SAGAN, C., «Nuclear War and Climatic Catastrophe: Some Policy
Implications», Foreign Affairs 62, pp. 257-292.
EHRLICH, P. R.; HARTE, J.; HARWELL, M. A. y OTROS, «Long-term
Biological Consequences of Nuclear War», Science 222, p. 1293.
GARWIN, R. y SAGAN, C., «Ban Weapons from Space, Scientists
Ask», Science 83, 17 de junio.
SAGAN, C. y NEWMAN, W. I., «The Solipsist Approach to
Extraterrestrial Intelligence», Quarterly Journal of the Royal Astronomical
Society 24, p. 113.
SQUYRES, S. W. y SAGAN, C., «Albedeo Asymmetry of Iapetus»,
Nature 303, p. 782.
TURCO, R. P.; TOON, O. B.; ACKERMAN, T. P. y OTROS, «Nuclear
Winter: Global Consequences of Multiple Nuclear Explosions», Science 222, p.
1283.
1984
KHARE, B. N.; SAGAN, C.; ARAKAWA, E. T. y OTROS, «Optical
Constants of Organic Tholins Produced in a Simulated Titanian Atmosphere: From
Soft X-Ray to Microwave Frequencies», Icarus 60, pp. 127-137.
PIERI, D. C.; BALOGA, S. M.; NELSON, R. M. y SAGAN, C., «Sulfur
Flows of Ra Patera, lo», Icarus 60, pp. 685-700.
SAGAN, C. y THOMPSON, W. R., «Production and Condensation of
Organic Gases in the Atmosphere of Titan», Icarus 59 (1984a), pp. 133-161.
— «Titan: Far Infrared and Microwave Remote Sensing of Methane
Clouds and Organic Haze», Icarus60 (1984b), p. 236.
SQUYRES, S. W.; BURATTI, B.; VEVERKA, J. y SAGAN, «Voyager
Photometry of Iapetus», Icarus 59, pp. 426-435.
1985
SAGAN, C., «On Minimizing the Consequences of Nuclear
War»,Nature 317 (1985a), pp. 485-488.
SAGAN, C., «I. S. Shklovskii, 1916-1985», Planetary Report,
mayo-junio, 3 (1985b), p. 18.
1986
SAGAN, C., «Comment and Correspondence: The Nuclear Winter
Debate», Foreign Affairs, otoño, pp. 163-168.
KHARE, B. N.; SAGAN, C.; OGINO, H. y OTROS, «Amino Acids Derived
from Titan Tholins», Icarus 68, pp. 176-184.
SMITH, B. A.; SODERBLOM, L. A.; BEEBE, R. y OTROS, «Voyager 2 in
the Uranian System: Imaging Science Results», Science 233, pp. 43-64.
1987
CHYBA, C. y SAGAN, C. «Cometary Organics But No Evidence for
Bacteria», Nature 329 (1987a), p. 208.
— «Infrared Emission by Organic Grains in the Coma of Comet
Halley», Nature 330 (1987b), pp. 350-353.
KHARE, B. N.; SAGAN, C.; THOMPSON, W. R. y OTROS, «Solid
Hydrocarbon Aerosols Produced in Simulated Uranian and Neptunian
Stratospheres». Journal of Geophysical Research 92, pp. 15067-15082.
THOMPSON, W. R.; HENRY, T.; KHARE, B. N. y OTROS, «Light
Hydrocarbons from Plasma Discharge in H2-He-CH4: First Results and Uranian
Auroral Chemistry». Journal of Geophysical Research 92, pp. 15083-15092.
1988
CHYBA, C. y SAGAN, C., «Cometary Organic Matter Still a
Contentious Issue». Nature 332, p. 592.
1989
CHYBA, C. F.; SAGAN, C. y MUMMA, M. J., «The Heliocentric
Evolution of Cometary Infrared Spectra: Results from an Organic Grain Model»,
Icarus 79, pp. 362-381.
SAGAN, C.; CHYBA, C. y SQUYRES, S. W., «Depth to Unoxidized
Material in the Martian Regolith», Lunar and Planetary Science 20, p. 157.
SMITH, B. A.; SODERBLOM, L. A.; BANFIELD, D. y OTROS, «Voyager 2
at Neptune: Imaging Science Results», Science 246, pp. 1422-1449.
1990
SAGAN, C., «Croesus y Cassandra: Policy Response to Global
Warming», American Journal of Physics 58, pp. 721-730.
CHYBA, C. E.; THOMAS, Pa. J.; BROOKSHAW, L. y SAGAN, C.,
«Cometary Delivery of Organic Molecules to the Early Earth», Science 249, pp.
366-373.
SAGAN, C. y CHYBA, C., «Triton’s Streaks as Windblown Dust»,
Nature 346, pp. 546-548.
STOKER, C. R.; BOSTON, P. J.; MANCINELLI, R. L. y OTROS,
«Microbial Metabolism of Tholin», Icarus 85, pp. 241-256.
THOMPSON, W. R. y SAGAN, C., «Color and Chemistry on Triton»,
Science250, pp. 415-418.
TURCO, R. P.; TOON, O. B.; ACKERMAN, T. P. y OTROS, «Climate and
Smoke: An Appraisal of Nuclear Winter», Science 247, pp. 166-176.
1991
SAGAN, C., «Kuwaiti Fires and Nuclear Winter», Science 254, p.
1434.
1992
CHYBA, C. y SAGAN, C., «Endogenous Production, Exogenous
Delivery, and Impact-Shock Synthesis of Organic Molecules: An Inventory for the
Origins of Life», Nature355, pp. 125-132.
MCDONALD, G. D.; THOMPSON, W. R. y SAGAN, C., «Radiation
Chemistry in the Jovian Stratosphere: Laboratory Simulations», Icarus99, pp.
131-142.
SAGAN, C.; THOMPSON, W. R. y KHARE, B. N., «Titan: A Laboratory
for Prebiological Organic Chemist» Accounts of Chemical Research 25, pp.
286-282.
1993
HOROWITZ, P. y SAGAN, C., «Five Years of Project META: An
All-Sky Narrow-Band Radio Search for Extraterrestrial Signals», Astrophysical
Journal 415, pp. 218-235.
SAGAN, C.; THOMPSON, W. R.; CARLSON, R. y OTROS, «A Search for
Life on Earth from the Galileo Spacecraft», Nature 365, pp. 715-721.
SAGAN, C. y TURCO, R. P., «Nuclear Winter in the Post-Cold-War
Era», Journal of Peace Research 30, pp. 369-373.
1994
SAGAN, C. y OSTRO, S. J. «Dangers of Asteroid Deflection»,
Nature 368 (1994a), p. 501.
— «Long-Range Consequences of Interplanetary Collisions», Issues
in Science and Technology 10 (1994b), pp. 67-72.
SAGAN, C. y POLLACK, J. B., «Planetary Engineering», Eos, 1 de
noviembre, 198.
THOMPSON, W. R.; MCDONALD, G. D. y SAGAN, C., «The Titan Haze
Revisited: Magnetospheric Energy Sources and Quantitative Tholin Yields»,
Icarus 112, pp. 376-381.
WILSON, P. D.; SAGAN, C. y THOMPSON, W. R., «The Organic Surface
of 5145 Pholus: Constraints Set by Scattering Theory», Icarus 107, pp. 288-303.
1995
DERMOTT, S. E. y SAGAN, C., «Tidal Effects of Disconnected
Hydrocarbon Seas on Titan», Nature 374, pp. 238-240.
TOON, B.; CUZZI, J. y SAGAN, C., «In Memoriam: James B. Pollack
(1938-1994)», Icarus 113, pp. 227-231.
1996
SAGAN, C., «In Memoriam: Thompson, W. Reid (1952-1996)», Icarus
132, pp. 2-3.
1997
CORDES, J. M.; LAZIO, T.; JOSEPH W. y SAGAN, C.,
«Scintillation-Induced Intermittency in SETT», Astrophysical Journal 487, pp.
782-808.
SAGAN, C. y CHYBA, C., «The Early Faint Sun Paradox: Organic
Shielding of Ultraviolet-Labile Greenhouse Gases», Science 276, pp. 1217-1221.
WILSON, P. D. y SAGAN, C., «Nature and Source of Organic Matter
in the Shoemaker-Levy 9 Jovian Impact Blemishes», Icarus 129, pp. 207-216.
1998
OSTRO, S. J. y SAGAN, C., «Cosmic Collisions and Galactic
Civilizations», Astronomy and Geophysics 39, pp. 22-24.
Otras fuentes
Estas son todas las demás fuentes en cuya autoría no participó
Sagan. Incluyen fuentes biográficas, periodísticas o científicas generales que
atañen a Sagan, a sus colaboradores íntimos y a su medio científico, y
artículos científicos clave que influyeron en Sagan.
ACHENBACH, J. (1996), «The Final Frontier?», Washington Post, 30
de mayo.
ÁLVAREZ, L. W.; ÁLVAREZ, W.; ASARO, F. y MICHEL, H. V. (1980),
«Extraterrestrial Cause for the Cretaceous-Tertiary Extinction», Science 208,
p. 1095.
ASIMOV, I. (1980), In Joy Still Felt: The Autobiography of Isaac
Asimov, 1954-1978. Garden City, Doubleday.
BALL, J. A. (1973), «The Zoo Hypothesis», Icarus 19, pp.
347-349.
BATES, J. (1998), «Judge Dismisses Coppola Contact’ Suit», Los
Angeles Times, 14 de febrero.
BAUR, S. (1975), «Kneedeep in the Cosmic Overwhelm with Carl
Sagan», New York Magazine, septiembre, pp. 26-32.
BIEMANN, H.-P. (1977), The Vikings of ‘76. Cambridge, Mass:
Hans-Peter Biemann.
BIRKHOFF, R. (1979), «PBS Launches Life Quest in the Cosmos»,
Los Angeles Times, 25 de febrero.
BERNARD, L. (1994), «Two-Day Symposium Marks Carl Sagan’s 60th
Birthday». Cornell Chronicle, 20 de octubre.
BROAD, W. J. (1982), «A Star Fades for Entrepreneur Sagan»,
Science215, p. 149.
— (1998), «Even in Death, Carl Sagan’s Influence Is Still
Cosmic», New York Times, 1 de diciembre.
BROWN, J. (1978) «Carl Sagan: Ithaca Very Own Down to Earth
Science Evangelist». Saturday Ithaca Journal Magazine, 30 de septiembre, pp.
1-2.
BRUNING, F. (1994), «Remembering One Small Step on Eagle’s
Wings», Newsday, 19 de junio.
BUCKLEY, W. E., Jr. (1985), «Perle’s Reasoning Destroys Sagan’s
Arrogant Testimony». Atlanta Journal and Constitution, 19 de abril.
«Carl Sagan: A Cosmic Celebrity» (1996) A&E Biography
Series. (Muy interesante por los fragmentos de antiguas entrevistas de Sagan en
televisión.)
CHANDLER, D. (1994), «Sagan’s 60 Years of Cosmic Wonder», Boston
Globe, 19 de diciembre.
CHAPMAN, C. R. (1997), «Carl Sagan: An Appreciation», Sky and
Telescope, marzo, pp. 6-7.
CHYBA, C. (1997a), «Carl Sagan (1934-1996)», Eos 78, p. 167.
— (1997b), «Carl Sagan, Teacher», Planetary Report, mayo-junio,
pp. 4-7.
CLARKE, A. C. (1951). Interplanetary Flight. Nueva York, Harper
and Row [ed. cast: Vuelos interplanetarios, Madrid, Alhambra, 1954].
— (1978) «A Meeting with Medusa», en B. Bova, Aliens, Nueva
York, St. Martins Press [ed. cast.: «Un encuentro con Medusa», en El viento del
sol: relatos de la era espacial, Madrid, Alianza, 1987.]
COCCONI, G. y MORRISON, P. (1959), «Searching for Interstellar
Communications», Nature 184, p. 844.
COHEN, D. (1987), Carl Sagan: Superstar Scientist, Nueva York,
Dodd, Mead. (Escrito para un público juvenil, esta es la única biografía en
forma de libro que apareció en vida de Sagan.)
COLLINS, G. (1985), «The Sagans: Fiction and Fact Back to Back»,
New York Times, 30 de septiembre.
COMPTON, W. D. (1989), Where No Man Has Gone Before: A History
of Apollo Lunar Exploration Missions, Washington, D. C., NASA.
CONDON, E. U. (1969), Scientific Study of Unidentified Flying
Objects, Nueva York, Dutton.
COOK, B. (1980), «Carl Sagan’s Guided Tour of the Universe»,
American Film, junio, pp. 22-27.
COOPER, H. S. F, Jr. (1976a), «A Resonance with Something
Alive-I», New Yorker, 21 de junio, pp. 39-83.
— (1976b), «A Resonance with Something Alive-II», New Yorker, 28
de junio, pp. 30-61.
— (1980), The Search for Life on Mars: Evolution of an Idea,
Nueva York, Holt, Rinehart and Winston. (Basado en los artículos del New
Yorker.)
— (1990), «Annals of Space: The Planetary Community», New
Yorker, 18 de junio, pp. 73-90.
CRAWFORD, F. (1995), «New Citizens Reach for Stars… and
Stripes», Ithaca Journal, 19 de octubre.
CROOK, D. (1982), «Cosmic Debt Symbol of KCET’s Woes», Los
Angeles Times, 1 de marzo.
— y EPSTEIN, A. (1982), «Catch 28 or Where Has All the Money
Gone?»,Los Angeles Times, 28 de febrero.
CRUTZEN, P. J. y BIRKS, J. W. (1982), «The Atmosphere After a
Nuclear War: Twilight at Noon», Ambio 11, pp. 114-125.
CUZZI, J. N. (1994), «James B. Pollack, 1938-1994», Bulletin of
the American Astronomical Society 26, pp. 1607-1608.
DIAMOND, J. (1997), «Kinship with the Stars», Discover, mayo,
44.
DICKENSON, J. R. (1985), «Sagan, Defense Official Clash on
Nuclear Winter», Washington Post, 15 de marzo.
DIGREGORIO, B. E., LEVIN, G. W. y STRAAT, P. A. (1997), Mars:
The Living Planet, Berkeley, Frog. (Afirma que las Viking encontraron vida en
Marte y que la NASA lo mantiene en secreto.)
DRAKE, F. (1976), «On Hands and Knees in Search of Elysium»,
Technology Review, junio, pp. 22-29.
— y SOBEL, D. (1992), Is Anyone Out There? The Scientific Search
for Extraterrestrial Intelligence, Nueva York, Delacorte Press [ed. cast.: ¿Hay
alguien más en el universo?, Barcelona, Vergara, 1973].
DRUYAN, A. (1977a), «Earth’s Greatest Hits», New York Times
Magazine, 4 de septiembre.
— (1977b), A Famous Broken Heart, Nueva York, Stonehill.
— (1997), «A Love Story», Parade, 1 de junio, pp. 10-11.
DUFF, B. (1994), «The Great Lunar Quarantine», Air and
Space/Smithsonian, febrero-marzo, pp. 38-43.
DYSON, F. (1971), «Letter from Armenia», New Yorker, 6 de
noviembre, pp. 126-137.
— (1988) Infinite in all Directions, Nueva York, Harper [ed.
cast.: El infinito en todas direcciones, Barcelona, Tusquets, 2002]. (Las ideas
de Dyson sobre el invierno nuclear se encuentran en el capítulo 15.)
EZELL, E. C. y EZELL, L. N. (1984),On Mars: Exploration of the
Red Planet, 1958-1978, Washington, D. C., NASA.
—. (1986), «Crisis over Chryse», Planetary Report, julio-agosto,
pp. 10-14.
FERRIS, T. (1973), «Life on Other Planets? A Conversation with
Carl Sagan of the Mars Mariner Project», Rolling Stone, 7 de junio, pp. 26-30.
— (1977), «The Odyssey and the Ecstasy: The Viking’s Search for
Life on Mars», Rolling Stone, 7 de abril, pp. 56-65.
— (1997), «Is This the End?», New Yorker, 27 de enero, pp.
44-55.
Fred Hutchinson Cancer Research Center (1997), web
http://www.fhcrc.org/.
FULLER, J. (1966), The Interrupted Journey, Nueva York, Dial
Press.
GARRISON, W M.; MORRISON, D. C.; HAMILTON, J. G. y OTROS (1951),
«Reduction of Carbon Dioxide in Aqueous Solutions by Ionizing Radiation»,
Science 114, pp. 416-418.
GELERNTER, D. (1995), 1939: The Lost World of the Fair, Nueva
York, Free Press.
GELMAN, D.; BEGLEY, S.; GRAM, D. y OTROS (1977), «Seeking Other
Worlds». Newsweek, 15 de agosto, pp. 46-53.
GIUFRE, S. (1996), «Sagan Returns to Campus», Cornell Daily Sun,
11 de noviembre.
GODDEN, J. (1995), «Sagan Likes Seattle, But Not Lattes»,
Seattle Times, 28 de julio.
GOLDEN, F. y STOLER, P. (1980), «The Cosmic Explainer», Time, 20
de octubre, 62-69.
GOODELL, R. (1977), The Visible Scientists, Boston, Little,
Brown.
GORE, A. (1996), «From the Vice President», Ithaca Journal, 21
de diciembre.
GRIMWOOD, J. C. (1996), «Gentry Lee Interview», Guardian, ca. 11
de noviembre.
GRINSPOON, L. (1971), Marihuana Reconsidered, Cambridge, Mass,
Harvard University Press.
—, ED. (1986), The Long Darkness: Psychological and Moral
Perspectives on Nuclear Winter, New Haven, Yale University Press.
— Y BAKALAR, J. B. (1997),Marihuana: The Forbidden Medicine, New
Haven and London: Yale University Press [ed. cast.: Marihuana. La medicina
prohibida, Barcelona, Paidós, 1997].
HAMMER, J. (1987), «Life at the Nevada Atomic-Test Site»,
Newsday, 19 de abril.
HAWKING, S. W. (1992), «The Chronology Protection Conjecture»,
Physics Review D. 47, pp. 603-611.
HOLT, P. (1981), «Carl Sagan Is Partner in Cosmos Store, A New
LA Publishing Venture», Publishers Weekly, 31 de julio, p. 30.
HOLZMAN, D. (1984), «Whose Brain Is It, Anyway?», Washington
Post Magazine, 12 de febrero.
HOROWITZ, N. (1977), «The Search for Life on Mars», Scientific
American, noviembre, pp. 52-61.
— (1986), To Utopia and Back: The Search for Life in the Solar
System, Nueva York, W. H. Freeman.
HOROWITZ, P. y HILL, W. (1989), The Art of Electronics [2.ª ed.]
Cambridge, Cambridge University Press.
HOVERSTEN, P. (1990), «Sagan Calls on Bush, Gorbachev to Discuss
Manned Mars Mission», Ithaca Journal, 1 de mayo.
HOVIS, K. (1989), «Abortion Rally draws 2.200 to Arts Quad»,
Ithaca Journal, 6 de marzo.
HOYLE, F. y WICKRAMASINGHE, N. C. (1988), «Cometary Organics»,
Nature 331, pp. 123-124.
— (1971), «Is There Life on Mars-or Beyond?», Time, 13 de
diciembre, pp. 50-52.
JONES, E. M. (1985), Where Is Everybody?: An Account of Fermi’s
Question, Los Álamos, N. M., Los Alamos National Laboratory.
KARDÁSHEV, N. S. (1964), «Transmission of Information by
Extraterrestrial Civilizations», Astronomicheskii Zh. 41, p. 282. (Traducción
inglesa en Soviet Astronomy-A. J. 8, p. 217.)
KOHN, B. (1995), «More Treatment Scheduled for Cornell’s Sagan»,
Ithaca Journal, 27 de diciembre.
LEDERBERG, J. (1987), «Sputnik, 1957-1987», Scientist, 5 de
octubre.
LEHRER, E. (1995), «Carl Sagan Settles Dispute with Apple»,
Cornell Daily Sun, 20 de noviembre.
LEVINTHAL, E. [1980 o más tarde],Cytochemical Studies of
Planetary Microorganisms: Explorations in Exobiology, Palo Alto, Stanford
University (s. f.).
LILLY, J. C. (1966), «Sexual Behavior of the Bottlenose
Dolphin», en R. A. Gorski y R. E. Whalens, Brain and Behavior, vol. 3, pp.
72-76, Los Ángeles, University of California Press.
— (1997), The Scientist: A Metaphysical Autobiography, Berkeley,
Ronin.
LITTMAN, B. (1994), «Sagan Lawsuit Ends in Acquittal for Apple»,
Cornell Daily Sun, 14 de octubre.
MACK, J. (1994), Abduction: Human Encounters With Aliens, Nueva
York, Scribner.
MARGULIS, L. (1998), Symbiotic Planet, Nueva York, Basic Books
[ed. cast.: Planeta simbiótico: un nuevo punto de vista sobre la evolución,
Barcelona, Debate, 2002].
— y DORION, S. (1997), Slanted Truths, Nueva York, Copernicus.
«Mars’ Dark Spots Held to Be Lava» (1956), New York Times, 29 de
diciembre.
MARTIN, J. S., Jr. (1986), «Viking: Reflections After Ten
Years», Planetary Report, julio-agosto, pp. 10-13.
MCDONOUGH, T. (1996), «Star-Stuff», Skeptic 4, p. 10.
MCDOWELL, E. (1981), «Sagan Sells First Novel to Simon &
Schuster», New York Times, 13 de enero.
MENDENHALL, P. (1992), «Carl Sagan and Ann Druyan Bring Science
to the Masses», Cornell Daily Sun, 5 de octubre.
MEREDITH, D. (1988), «Astronomers Reproduce Alien Worlds Under
Glass», Cornell Chronicle, 21 de julio.
MERRILL, N. (1995), «String of Illnesses Provokes Investigation
of Sagan’s Lab», Cornell Daily Sun, 4 de mayo.
MILLER, S. L. y HAROLD C. U. (1959), «Organic Compound Synthesis
on the Primitive Earth», Science, 130, pp. 245-251.
MITCHELL, M. (1990), «Sagan to Teach Introductory Class»,
Cornell Daily Sun, 17 de abril.
MORRIS, M. S. y THORNE, K. S. (1988), «Wormholes in Spacetime
and Their Use for Interstellar Travel: A Tool for Teaching General Relativity»,
American Journal of Physics 56, pp. 395-412.
MOSS, R. F. (1980), «The Scientist Superstar», Saturday Review,
24-25 de agosto.
OBST, L. (1996), Hello, He Lied-and Other Truths from the
Hollywood Trenches, Boston, Little Brown.
O’MALLEY, W. J. (1981), «Carl Sagan’s Gospel of Scientism»,
America, 7 de febrero, p. 95.
ÖPIK, E. J. (1961), «The Aeolosphere and Atmosphere of Venus»,
Journal of Geophysical Research66, pp. 2807-2819.
PUIG, C. (1997), «Deep Space $250,000», Los Angeles Times, 26 de
enero.
«Random House Sues Sagan Estate» (1998), Associated Press, 27 de
marzo.
«Readers Pick America’s Smartest People» (1992), Parade, 5 de
enero, p. 13.
REVKIN, A. C. (1986), «Why Is This Top Soviet Scientist
Missing?»,Science Digest, julio, pp. 32-43. (Una explicación de la desaparición
de Aleksándrov.)
RICH, V. (1985), «Nuclear Winter Expert Vanishes Without Trace»,
Nature 316, p. 3.
RIDPATH, I. (1974), «A Man Whose Time Has Come», New Scientist,
4 de julio, pp. 36-37.
RINK, D. (1996) «Encounters with Authors: Carl Sagan», web
www.samizdat.com/encount2.html (ya no disponible).
ROBERTS D. (1980), «Carl Sagan’s Cosmos», Horizon, octubre, pp.
22-30.
ROSS, D. (1981), «Sphinx House». Ithaca Journal, 3 de junio.
(Una descripción de la casa que luego compró Sagan.)
SAGAN, D. (1997), «Partial Closure», Whole Earth, verano, pp.
34-37.
ROALD, S. (1994), The Making of a Soviet Scientist, Nueva York,
John Wiley [ed. cast.: Aventuras y desventuras de un científico soviético:
desde Stalin a la guerra de las galaxias, Madrid, Alianza, 1996].
SALISBURY, D. F. (1986), «The Planetary Society: A Short
History», Planetary Report, enero-febrero, pp. 3-11.
SCHELL, J. (1982), The Fate of the Earth, Nueva York, Knopf [ed.
cast.: El destino de la Tierra, Barcelona, Argos Vergara, 1982].
SEITZ, R. 1986. «The Melting of “Nuclear Winter”», Wall Street
Journal, 5 de noviembre.
— (1997), «An Incomplete Obituary», Forbes, 10 de febrero, 123.
SHEFF, D. (1991), «Playboy Interview: Carl Sagan», Playboy,
diciembre, pp. 69-88, 239.
SHKLOVSKII, I. S. (1976), «Could Intelligent Life in the
Universe be Unique?», Voprosy Filosofii 95, pp. 80-93. (En ruso.)
— (1991), Five Billion Vodka Bottles to the Moon: Tales of a
Soviet Scientist. Traducido al inglés por Mary Fleming Zirin y Harold Zirin,
Nueva York, W. W. Norton. (Un recuerdo tragicómico que Shklovski no se atrevió
a publicar en vida.)
SIEGEL, L. (1990), «Extraterrestrial Search Moves to Southern
Skies», Ithaca Journal, 18 de octubre.
SIMON, S. (1998), «Marketing a Nuclear Wasteland», Los Angeles
Times, 4 de febrero.
SIMPSON, G. G. (1964), «The Nonprevalance of Humanoids», Science
143, pp. 769-775. (Una crítica temprana de la exobiología.)
SINGER, S. F. (1984), «Is the ‘Nuclear Winter’ real?», Nature
310, p. 625.
SLANSKY, P. y RADLAUER, S. (1992), «Airhead Apparent». Esquire,
agosto, pp. 117-124.
SMITH, R. J. (1984), «Nuclear Winter Attracts Additional
Scrutiny», Science 225, pp. 30-33.
SMITH, W. (1981), «S & S Pays $2-Million for Carl Sagan
Novel, in Outline», Publishers Weekly, 23 de enero, p. 17.
STEELE, W. (1987), «Sagan’s Universe». Cornell Alumni News,
marzo, pp. 20-25.
STERN, S. (1995), «Fire Damages Sagan’s Labs in Space Sciences
Building». Cornell Daily Sun, 26 de abril.
STEYN, M. (1997), «Boy Martian: Contact Had Reason to Exploit
the President from Mars», American Spectator, septiembre, pp. 44-45.
STOVER, M. T. (1994), «Happy Birthday, Mr. Sagan», Cornell Daily
Sun, 14 de octubre.
SULLIVAN, W. (1964), We Are Not Alone: The Search for
Intelligent Life on Other Worlds, Nueva York, McGraw-Hill [ed. cast.: No
estamos solos. La vida inteligente en otros mundos, Barcelona, Noguer, 1976].
SVETKEY, B. (1997), «Making Contact a Long Time Ago, Carl Sagan
Looked Toward Hollywood and Asked the Cosmic Question, Is There Intelligent
Life Out There?», Entertainment Weekly, 18 de julio, pp. 20-27.
SWEENEY, L. (1982), «Carl Sagan: Reviving Our Sense of Wonder»,
Christian Science Monitor, 3 de junio.
SWIFT, D. W. (1990), The SETI Pioneers: Scientists Talk About
Their Search for Extraterrestrial Intelligence, Tucson, University of Arizona
Press.
TELLER, E. (1984), «Widespread After-effects of Nuclear War»,
Nature310, pp. 621-624.
TERZIAN, Y. y BILSON, E. (eds.) (1997), Carl Sagan’s Universe,
Nueva York, Cambridge University Press [ed. cast.: El universo de Carl Sagan,
Madrid, Cambridge University Press, 1999].
— y TRIMBLE, V. (1997) «Carl Sagan (1934-1996)». (Necrológica
que circuló privadamente.)
THOMAS, S. (1963), Men of Space, vol. 6, Philadelphia, Chilton
Books. (El capítulo sobre Sagan es la mejor biografía suya hasta ese momento
que existe [pero no se halla incluida en la ed. cast.: Los hombres del espacio,
Barcelona, Plaza y Janés, 1961].)
THOMPSON, S. L. y SCHNEIDER, S. H. (1986), «Nuclear Winter
Reappraised», Foreign Affairs, verano, pp. 981-1005.
TIPLER, F. J. (1980), «Extraterrestrial Intelligent Beings Do
Not Exist», Quarterly Journal of the Royal Astronomical Society 21, pp.
267-281.
— (1981), «Additional Remarks on Extraterrestrial Intelligence»,
Quarterly Journal of the Royal Astronomical Society 22, pp. 279-292.
TOKASZ, J. (1995), «Sagan Takes Temporary Medical Leave from
CU», Ithaca Journal, 13 de marzo.
— (1996), «Charisma Gave Sagan Hero Status», Ithaca Journal, 21
de diciembre.
«Tribute to Carl Sagan» (1996-1997), The Planetary Society. (Web
ya no disponible.)
UREY, H. C. 1962. «Lifelike Forms in Meteorites», Science 137,
pp. 623-628.
The Viking Lander Imaging Team (1978), The Martian Landscape,
Washington, D. C., NASA. (Atribuido al equipo encargado de las imágenes [que
incluía a Sagan], pero no hay ninguna indicación de que él escribiera nada del
texto. El principal artículo histórico lo escribe de manera encantadora Thomas
Mutch en primera persona.)
VILADAS, P. (1994), «Of Architecture and Astronomy: Capturing
the Sky in Carl Sagan’s Ithaca, New York, Study», Architectural Digest, julio,
pp. 72-77.
VITKAUSKAS, D. (1986a), «Carl Sagan: A Scientific Celebrity or
Celebrated Scientist?», Cornell Daily Sun, 19 de diciembre.
— (1986b), «Carl Sagan’s New Roles: Protester and Activist»,
Cornell Daily Sun, 18 de noviembre.
WALI, K. C. (1991), Chandra: A Biography of S. Chandrasekhar,
Chicago y Londres: University of Chicago Press.
WOLKOMIR, R. (1985), «The Wizard of Ooze», Omni, enero, pp.
48-52, 78. (Un perfil de Lynn Margulis.)
YAUKEY J. (1994), «Sagan at 60», Ithaca Journal, 8 de octubre.
— (1995), «Sagan’s Lucky Stars», Ithaca Journal, 12 de
septiembre.
— (1996a), «Astronomical Ambassador Dies», Ithaca Journal, 21 de
diciembre.
— (1996b), «Sagan Returns to CU Ready to Teach», Ithaca Journal,
8 de noviembre.
Agradecimientos
La familia y los amigos de Sagan han colaborado generosamente en
este proyecto durante una época de pérdida personal. Ann Druyan resultó
decisiva en la localización de amigos, parientes y colegas lejanos de Carl.
Ella, Lynn Margulis, Dorion Sagan, Lester Grinspoon y Gentry Lee tuvieron cada
uno la suficiente amabilidad para revisar el manuscrito y hacer comentarios. El
resultado es mucho más exacto y completo gracias a sus esfuerzos. (Yo, por
supuesto, me hago responsable de cualquier error que haya quedado.) Cari Sagan
Greene, Joshua Lederberg, Jon Lomberg, Paul Horowitz, Stanley Miller y Yervant
Terzian me orientaron hacia personas, cartas, archivos y/o publicaciones
relevantes. Brian Neil Burg y Rosalie Barnett Burg compartieron su
investigación de la genealogía y la historia familiar de Sagan.
En especial doy también las gracias a Seymour Abrahamson, Philip
Bailey, Richard Berendzen, Klaus y Hans Biemann, Elizabeth M. Bilson, Ronald
Blum, Stewart Brand, John Brockman, Bernard Burke, Johnny Carson, Clark
Chapman, Christopher Chyba, James M. Cordes, Jeff Cuzzi, Don Davis, Frank
Drake, Michael Eidel, Timothy Ferris, Terry Fonville, Bill Frucht, Joan
Gephart, Bill Gile, Joan Glashow, Thomas Gold, David Grinspoon, Bruce Hassell,
Norman Horowitz, Larry Hussar, Eric Jones, Frank Kameny, Robert Keiser, Sharon
Kleitman, David Layzer, Antonio Lazcano, T. Joseph W. Lazio, Gilbert Levin,
Elliott C. Levinthal, John C. Lilly, Ruth Mariner, Katinka Matson, Marilyn
Mellows, Virginia Messinger, Philip y Phylis Morrison, Lu Nahemow, William I.
Newman, Lynda Obst, Tobias Owen, William Patrick, Pat Podufalski, Kathy Rages,
Hunter Rawlings III, Ray Reynolds, Jeremy Sagan, Nick Sagan, Edwin E. Salpeter,
Clarise Samuels, David Sobel, Steven Soter, Doug Steckel, Jill Tarter, Marilyn
Taylor, Brian Toon, Len Tyler, Neil Tyson, Helen S. Vishniac, William J. Walsh,
Andrew Weir, Denise Weldon y Fred Whipple.
Imágenes
Carl a la edad de cuatro años. Cortesía de Lynn Margulis.
La visita de Carl a la Feria Mundial de Nueva York de 1939, cuando era niño,
ejerció una influencia trascendental. El «Perisferio» contenía exposiciones
sobre «un futuro perfecto hecho posible por la ciencia». Corbis/Underwood &
Underwood.
La madre de Carl, Rachel. Cortesía de Cari Sagan Greene
Bromeando con Lynn en la boda. Cortesía de Lynn Margulis
Leone Alexander, Carl y Lynn. Cortesía de Lynn Margulis
Carl y Dorion en la casa de Madison, Wisconsin. Cortesía de Lynn Margulis
Hermann Muller fue el primero de los mentores de Sagan galardonados con el
premio Nobel. Sagan tuvo un empleo veraniego en el laboratorio donde se criaba
el objeto de estudio de Muller: las moscas de la fruta. Cortesía de Lilly
Library, Universidad de Indiana en Bloomington
Muller presentó a Sagan a Harold Urey, un químico interesado en los planetas
y el origen de la vida. Corbis/Bettmann
Durante unos trabajos de licenciatura en el Observatorio de Yerkes, Sagan
coincidió con Joshua Lederberg, que entonces trabajaba en la Universidad de
Wisconsin. Corbis/Hulton-Deutsch Collection
Subrahmanyan Chandrasekhar, Gerard Kuiper y Otto Struve en el Observatorio
de Yerkes. «Chandra» parece jovial en esta fotografía, pero inducía tal terror
en los estudiantes que Sagan cambiaba de camino con tal de no cruzarse con él.
Kuiper era el único astrónomo planetario de su tiempo. Yerkes Observatory
Jeremy Sagan (a la derecha) con Carl y con David Grinspoon. Cortesía de
Lester Grinspoon
Lester Grinspoon. Cortesía de Lester Grinspoon
Carl le lee un cuento antes de dormir a Peter, hijo de Lester. Cortesía de
Lester Grinspoon
Linda Salzman y Carl en su boda. Cortesía de Lester Grinspoon
Una foto de grupo tomada estando «colocados»: Lester Grinspoon, Linda, Betsy
Grinspoon y Carl. Cortesía de Lester Grinspoon
Carl, Nick y Linda. Cortesía de Lester Grinspoon
Jim Pollack. Cortesía de Bill Gile
El mensaje de las Pioneer. JPL
Frank Drake. Universidad de California en Santa Cruz
Una concepción artística de un «petrófago» marciano elaborada para el JPL en
1975, remotamente inspirada en el trabajo de Sagan y Lederberg «The prospects
for Life on Mars: A Pre-Viking Assessment» [«Las posibilidades de vida en
Marte: un estudio previo a las Viking»]. JPL
Jim Martin y Gerry Soffen. Hans Biemann
Gentry Lee. Hans Biemann
Norman Horowitz. Hans Biemann
Gil Levin. Hans Biemann
Klaus Biemann. Hans Biemann
Sagan y Hal Masursky (a la derecha) examinan posibles lugares para el
aterrizaje de las Viking. Hans Biemann
El primer panorama de Marte obtenido por la Viking 1. La ampliación muestra
el afloramiento rocoso que Sagan y Timothy Ferris interpretaron fugazmente como
un «oasis». JPL
Tapa del disco de las Voyager. JPL
Carl y Ann Druyan en el JPL. JPL
Carl y Annie esperan para inscribirse en la protesta en el campo de pruebas
nucleares de Nevada. Cortesía de Lester Grinspoon
Tres generaciones de Sagan en el congreso por el sesenta aniversario:
Alexandra, Carl, Annie, Lynn Margulis, Tonio y Nick. Cornell University
Un concurso en el campus de Cornell: «Yo toqué a Carl Sagan». The Cornell
Review
Notas:
Introducción
[1] Carl era todavía lo bastante pequeño para que su padre lo
llevara a hombros, tranquilizado por su madre: Billions and Billions, 1997, p.
180 [ed. cast.: p. 233].
[2] Ibíd., p. 180 [ed. cast.: p. 233].
[3] The Demon-Haunted World, 1996, p. xiii [ed. cast.: p. 9].
[4] Tomorrowland: uno de los espacios temáticos clásicos de los
parques de atracciones de Disney, y que a su vez ha inspirado otras visiones y
eventos de carácter futurista como el festival de música electrónica que,
durante dos o tres días de verano, se celebra en el pueblo belga de Boom desde
2005. [N. del T.]
[5] EPCOT: acrónimo de Experimental Prototype Community of
Tomorrow [en inglés, Prototipo Experimental de la Comunidad del Mañana], parque
temático inaugurado el año 1982 dentro de Disney World, cerca de Orlando (la
Florida), con la finalidad de constituir una ciudad utópica del futuro que
incorporara equilibradamente todos los últimos avances de la ciencia. [N. del
T.]
[6] Tallulah Bankhead (1902-1968): actriz estadounidense tan
famosa o más por su poco convencional vida privada como por su trabajo en el
teatro, el cine y la televisión. [N. del T.]
[7] Richard E. Byrd (1888-1957): explorador y aviador
estadounidense especialmente conocido por sus vuelos sobre la Antártida, que
mejoraron mucho el conocimiento geográfico de ese continente. [N. del T.]
[8] Time, 26 de junio de 1939, p. 10.
[9] Atracciones, desnudos: ibíd., pp. 10, 12.
[10] Ibíd., p. 12
[11] 200 dólares; insignia «Yo he visto el futuro»: Gelernter,
1995, p. 34.
[12] En la actualidad, el vuelo en cohetes es imposible:
Gelernter, 1995, p. 155.
[13] Revista Life, citada en ibíd., p. 166.
[14] ] Time, 30 de septiembre de 1939, p. 166.
[15] Sería demasiado mayor para ir a la Luna o Marte: Lu
Nahemow, entrevista.
[16] Cooper, 1976a, p. 83.
Capítulo 1
[17] Gruber mató con sus manos a un hombre: Ann Druyan,
entrevista.
[18] Shtetl: en yidis, «aldea» de población mayoritariamente
judía. [N. del T.]
[19] Gruber pasaba el río a los viajeros: Dorion Sagan,
comunicación personal.
[20] Gruber se disfrazó con ropa de mujer: Dorion Sagan,
comunicación personal.
[21] Los Gruber vivían en el Nº 230 de la calle 7 Este: «Lista o
manifiesto de pasajeros extranjeros para el funcionario de Inmigración de EEUU
en el puerto de llegada» del Batavia.
[22] Certificado y registro de la defunción de Annie Gruber,
aportado por Brian Neil Burg. No está claro si «Annie» fue un error burocrático
u otro nombre adoptado por Chaya/Clara. La dirección y el nombre del padre y de
la madre confirman que se trata del certificado de defunción de Chaya.
[23] Tobi al orfanato, Rachel en un barco al este: entrevista
con Druyan.
[24] Rachel al cuidado de las hermanas de Leib en Austria:
Dorion Sagan, comunicación personal.
[25] El sobrenombre «cabeza de piojos» de Rachel: ibíd.
[26] Rachel se negó a aceptar a Rosie como madre: entrevista con
Cari Greene.
[27] Thomas, 1963, p. 185.
[28] Samuel tenía unos cinco años, George unos diecisiete:
Greene, entrevista.
[29] Samuel quería ser farmacéutico: Greene, entrevista.
[30] Samuel ganaba a estudiantes que se podían permitir perder
al billar: Samuel Sagan le contó esto al amigo de Carl, Timothy Ferris,
entrevista.
[31] Samuel pasó dos años en Columbia: Swift, 1990, p. 216.
[32] A Samuel se le conocía por «El Rojo» y «El Suertudo»:
Dorion Sagan, comunicación personal.
[33] Samuel y Rachel nunca se cansaron el uno del otro: Greene,
entrevista.
[34] Nick Sagan, entrevista.
[35] Lu Nahemow, entrevista.
[36] La gente guardaba las cartas de Rachel: Greene, entrevista.
[37] La competitividad de Rachel; reacción a la medio sobrina
pelirroja: Dorion Sagan, comunicación personal.
[38] Samuel era menos apasionado, aunque más compasivo: Greene,
entrevista.
[39] Mensch: en alemán «hombre», «ser humano», pero en inglés
«persona de bien». [N. del T.]
[40] David Grinspoon, entrevista.
[41] Samuel trabajó como acomodador: Sheff, 1991, p. 88
[42] Luego en la Fábrica de Abrigos Femeninos de Nueva York:
Greene, entrevista.
[43] A la familia Sagan nunca les faltaron abrigos: ibíd.
[44] Samuel y Rachel vivieron en la calle Bay 37: ibíd.
[45] Luego en Bay Parkway: Druyan, entrevista. Nadie de la
familia tiene ahora certeza acerca de las direcciones exactas. La impresión de
Druyan era la de que los dos pisos de Brooklyn estaban en Bay Parkway, uno de
ellos en el 8614 de Bay Parkway. Ya siendo adulto, en una ocasión Sagan visitó
con Annie el piso de Bay Parkway, a cuyos inquilinos se presentó personalmente.
[46] Descripción de Bensonhurst: New York City Guide, Nueva
York, Random House, 1939, p. 470.
[47] Kosher: en hebreo «apto», «apropiado», «como es debido». Se
aplica a los alimentos preparados conforme a la religión judía. [N. del T.]
[48] Pescado a la parrilla, espinacas, pudín: Greene,
entrevista.
[49] El hábito del ahorro en Rachel; el dinero europeo: Nahemow,
entrevista.
[50] Carl no caminó hasta los trece meses: carta de Rachel Sagan
a Cari y Bill Greene del 10 de febrero de 1971, en posesión de Cari Greene.
[51] The Demon-Haunted World, 1996, p. 359 [ed. cast.: p. 409].
[52] La pelea de Carl, la tienda de Schechter: ibid., p. xi [ed.
cast.: p. 7]
[53] La naturaleza dual de Carl: véase Thomas, 1963, pp. 185-186
[54] Stickball: una especie de béisbol simplificado. [N. del T.]
[55] Carl y Samuel eran seguidores de los Yankees, no de los
Dodgers: Greene, entrevista.
[56] Carl escribió todos los números del 1 al 1.000: The
Demon-Haunted World, 1996, pp.XII-XIII [ed. cast.: pp. 8-9].
[57] La colección de sellos de Carl: Druyan, entrevista.
[58] Cooper, 1976a, p. 70.
[59] Cosmos, 1980, p. 168 [ed. cast.: p. 168].
[60] Tebeos de Superman: Greene, entrevista.
[61] Carl devoraba títulos de Burroughs: The Cosmic Connection,
1973, p. 101 [ed. cast.: p. 108].
[62] Ibíd., p. 102 [ed. cast.: p. 109]
[63] Fantasía, la mitología, la música clásica: Greene,
entrevista; Sweeney, 1982. Los animales prehistóricos: Thomas, 1963, p. 185.
[64] Carl aprendió a identificar constelaciones: Greene,
entrevista.
[65] Charla de Carl sobre mitología; sugerencia de una escuela
especial: ibíd.
[66] ] Carl se saltó cursos: Steele, 1987, p. 22.
[67] Carl intentó transportarse a Marte: Golden y Stoler, 1980,
p. 66.
[68] Anécdota de Zatara: The Demon-Haunted World, 1996, pp.
14-15 [ed. cast.: pp. 28-29].
[69] Goodell, 1977, p. 167; The Cosmic Connection, 1973, p. vii
[ed. cast.: p. 7]; Greene, entrevista; Baur, 1975, p. 30.
[70] Accidente de Carol con el triciclo: ibíd.
[71] Accidente de Carol con el triciclo: ibíd.
[72] El pelo teñido de rubio de Rachel: Greene, entrevista
[73] Rachel se arreglaba y se maquillaba: The Demon-Haunted
World, 1996, p. XII [ed. cast.: p. 8].
[74] La cerveza en el baño: Dorion Sagan, comunicación personal.
[75] Greene, entrevista.
[76] «Champiñón», en inglés, se dice mushroom, literalmente una
composición de «espacio» (room) y «papilla» (mush, pero que coloquialmente
también significa «sensiblero»). [N. del T.]
[77] Los champiñones y las cebollas: Dorion Sagan, comunicación
personal. Dorion dice que Carl tal vez era ya un adolescente cuando desentrañó
el embuste.
[78] Sustitución del canario: Greene, entrevista. Esto sucedió
tras el traslado de la familia a Rahway, Nueva Jersey.
[79] Carl invitó a un amigo negro a cenar: Nahemow, entrevista.
[80] The Demon-Haunted World, 1996, p. XII [ed. cast.: p. 8].
[81] Exterminio de los judíos de Sasov por los nazis: Brian Neil
Burg, entrevista.
Capítulo 2
[82] Traslado de la familia Sagan a Rahway en 1948: Swift, 1990,
p. 210.
[83] Los Sagan vivían en el N° 576 de la calle Bryant: Cari
Greene, entrevista.
[84] Perros, campamento de verano, TV Dumont: ibíd. La playa de
Jersey: Lu Nahemow, entrevista.
[85] Campo de Concentración de Conway: Swift, 1990, p. 211.
[86] Thomas, 1963, p. 186.
[87] Carl leía Astounding Science Fiction [«Ciencia ficción
sorprendente»]: Steele, 1987, p. 20.
[88] Clarke, 1951 [ed. cast.: p. 171].
[89] Véase «En elogio de Arthur C. Clarke», en Planetary Report,
mayo-junio de 1983, p. 3
[90] Divulgadores científicos: The Demon-Haunted World, 1996, p.
336 [ed. cast.: p. 384].
[91] Willy Ley: Thomas, 1963, p. 239.
[92] Simon Newcomb, Astronomy for Everybody, The New Home
Library, Nueva York, 1902, 1.ª ed. [N. del T.]
[93] ] Citado en Pale Blue Dot, 1994, p. 239 [ed. cast.: p.
239].
[94] Bar mitzvah (en hebreo, «hijo de los mandamientos»):
ceremonia con la que en el rito judío a los niños de doce años se les reconoce
la madurez personal y religiosa. [N. del T.]
[95] El escepticismo religioso de Carl: Swift, 1990, p. 216.
[96] El truco del profesor de la escuela hebrea: Clarice
Samuels, en «Tribute to Carl Sagan», pp. 1996-1997.
[97] Nahemow, entrevista.
[98] Historia del juego de química: ibíd.
[99] Historia de la tarta con forma de ganso: Greene,
entrevista.
[100] Samuel quería que Carl ingresara en el negocio de la
confección: Nahemow, entrevista.
[101] Rachel quería que Carl llegara a ser un gran concertista
de piano: ibíd.
[102] Carl tocaba el piano muy bien: ibíd.
[103] Película casera de Carl tocando el piano: Greene,
entrevista
[104] Recital de Carl en el Carnegie Hall: Ann Druyan,
entrevista.
[105] Pocas universidades admitían a estudiantes de dieciséis
años; oposición de Rachel a la elección de universidad de Carl: Nahemow,
entrevista.
[106] Goodell, 1977, p. 170.
[107] «Carl Sagan: A Cosmic Celebrity», 1996.
[108] El ensayo para los Caballeros de Colón; el veto a Carl
para el discurso de despedida del instituto: Druyan, entrevista.
Capítulo 3
[109] Ronald Blum, entrevista.
[110] Swift, 1990, p. 217.
[111] Ibíd., p. 22.
[112] Goodell, 1976, p. 167.
[113] Cuando mejor trabajaba Sagan era desde las diez de la
noche hasta las cinco de la madrugada: Thomas, 1963, pp. 195-196.
[114] Mi tiempo vale más que eso: Blum, entrevista.
[115] ] El club de astronomía y el equipo de baloncesto: Cari
Greene, entrevista.
[116] [Sagan] no tenía musculatura visible… irrelevante para él:
Blum, entrevista.
[117] Conocido por la dureza de sus codos: Leon Wanerman, citado
en «Carl Sagan: A Cosmic Celebrity», 1996.
[118] Discutía las propuestas: Blum, entrevista.
[119] Rachel desaprobó la novia no judía: Greene, entrevista.
[120] Buck Rogers: personaje de historietas de ciencia ficción
muy popular desde su aparición en 1928. [N. del T.]
[121] Los tíos de las chicas: Goodell, 1977, p. 167.
[122] Ibíd., p. 168. Sagan dijo que esto ocurrió en las
vacaciones de primavera. Seymour Abrahamson recuerda que el primer encuentro
tuvo lugar durante las vacaciones de Navidad y dice que se volvieron a ver en
las de primavera.
[123] Muller medía un metro y medio: Current Biography, 1947, p.
460. Current Biography: revista mensual publicada desde 1940 por la H. W.
Wilson Company. El número correspondiente al mes de diciembre se sustituye por
un anuario. Cada número contiene entre 15 y 20 biografías de entre 2.000 y
5.000 palabras. [N. del T.]
[124] Trofim Lysenko (1898-1976): ingeniero agrónomo ruso.
Durante los años treinta del siglo XX logró imponer en la Unión Soviética, con
resultados desastrosos, una doctrina biológica (el lysenquismo) totalmente
opuesta a la agricultura genética. [N. del T.]
[125] Muller fue un comunista convencido hasta el día de su
muerte: Sagan le dijo esto a Antonio Lazcano (entrevista) con estas o muy
parecidas palabras.
[126] Dos estudiantes de posgrado padecieron crisis nerviosas:
Seymour Abrahamson, entrevista.
[127] Ibíd.
[128] Oferta de trabajo en el laboratorio de Muller durante una
cena: Ibíd.
[129] Ese verano y el siguiente: en el curriculum vitae de Sagan
su puesto es llamado «Investigador Asistente en Genética» durante 1952-1953.
[130] Abrahamson, entrevista.
[131] Thomas, 1963, p. 188. En Cosmos [ed. cast.: pp. 29-30] se
lee una versión ligeramente diferente del incidente.
[132] Sagan aprendió una lección de prudencia científica:
Thomas, 1963, p. 188.
[133] Swift, 1990, p. 212.
[134] Abrahamson, entrevista.
[135] Sagan «creía» realmente en los ovnis y salía a buscarlos:
ibíd.
[136] The Demon-Haunted World, 1996, p. 67 [ed. cast.: p. 87
[137] Documento Nº 711.5/8-352, 3 de agosto de 1952, Archivos
Nacionales.
[138] Carta del 27 de agosto de 1952, redactada por Grace B.
Ruckh, obtenida de los Archivos Nacionales.
[139] La historia de «Jesús es extraterrestre»: Abrahamson,
entrevista.
[140] La historia de la «pregunta de Fermi»: Véase Jones, 1995.
La historia básica se recoge en toda la bibliografía sobre la SETI, por lo
general de segunda mano o más. En muchos casos (incluido Sagan, 1963 y mi
Prisoner’s Dilemma, Nueva York, Doubleday, 1982, p. 385 [ed. cast.: El dilema
del prisionero, Madrid, Alianza, 1995]) dicen o dan a entender que la(s)
conversación(es) tuvo/tuvieron lugar durante el Proyecto Manhattan. Eric Jones,
de Los Álamos, contactó con varios testigos vivos, con los que el debate aquí
presentado está muy en deuda. Él pudo afinar la fecha hasta el verano de 1950.
[141] El chiste en el New Yorker: dibujado por Alan Dunn,
apareció en la p. 20 del N° publicado el 20 de mayo de 1950. Dunn produjo para
la revista una buena cantidad de chistes sobre el tema de los alienígenas,
algunos de los cuales los reproduce Sagan en Other Worlds, 1975.
[142] Recuerdo de Teller, en Jones, 1985, p. 7.
[143] Ibíd., pp. 7-8.
[144] Newman y Sagan, 1981, p. 293. Como esto indica, Sagan no
estaba seguro de que esta repetida historia fuera cierta.
[145] Biografía de Urey: Sagan, 1981.
[146] Sagan, 1981, p. 348.
[147] El experimento de Calvin en 1951: Garrison, Morrison,
Hamilton y otros, 1951.
[148] Véase, por ejemplo, Thomas, 1963, p. 248.
[149] Sagan le dijo a Miller que el público no había apreciado
la importancia del trabajo: Stanley Miller, entrevista.
[150] Thomas, 1963, p. 189.
[151] La física era difícil, los auténticos intereses de Sagan
estaban en otra parte: Blum, entrevista; Peter Meyer, citado en Golden y
Stoler, 1980, p. 66.
[152] Sagan, 1957, p. 53.
[153] Ibíd., p. 54.
[154] Thomas, 1963, p. 190.
[155] La enemistad de Kuiper y Urey: Christopher Chyba,
entrevista.
[156] La Nash-Hudson de 2.000 dólares: carta de Carl Sagan a
Lynn Alexander del 4 de julio de 1956, entre los papeles de Lynn Margulis.
[157] Viaje a Los Ángeles: carta de Carl Sagan a Lynn Alexander
del 4 de julio de 1956, entre los papeles de Lynn Margulis.
[158] Caltech: acrónimo del Instituto de Tecnología de
California. UCLA: acrónimo de la Universidad de California en Los Ángeles.[N.
del T.]
[159] Encuentro en el Eckhart Hall: Lynn Margulis, comunicación
personal.
[160] Cerca de los vecinos de South Side: Wolkomir, 1985, p. 52.
[161] Hormigueros y dientes de león: Current Biography, 1982, p.
373.
[162] Diarios y obras teatrales en los sótanos: ibíd.
[163] Navajas de barbero en las ligas: Wolkomir, 1985, p. 52.
[164] Lynn rompió una ventana de un manotazo: Sharon Kleitman,
entrevista.
[165] Visita a Oppenheimer: Margulis y Sagan, 1997, pp. 10-18.
[166] Deseo de tener hijos; idea de formar un equipo científico:
carta de Carl Sagan a Lynn Alexander del 11 de julio de 1956, entre los papeles
de Lynn Margulis.
[167] Viaje en coche a la aldea: Lynn Margulis, entrevista.
[168] Olvidar los planes de matrimonio, pero seguir viéndose:
carta de Carl Sagan a Lynn Alexander del 3 de septiembre de 1956, entre los
papales de Lynn Margulis.
[169] Reanudación de la relación y petición de una nueva
oportunidad: cartas de Carl a Lynn del 12 de septiembre de 1956 y el 4 de
octubre de 1956, entre los papeles de Lynn Margulis.
[170] Reacción de Rachel a la crisis nerviosa de Leone: Lynn
Margulis, entrevista.
[171] Cinta grabada: Margulis, 1998, p. 16.
[172] Sagan experimentó el antisemitismo: Goodell, 1977, p. 169.
[173] Ibíd.
[174] Achenbach, 1996, C2.
[175] Wali, 1991, p. 19.
[176] Los estudiantes cambiaban de acera; Sagan tomaba siempre
otra escalera: Wali, 1991, pp. 7, 6.
[177] Chandra dijo que Sagan debería haberse puesto un traje y
una corbata: Margulis, comunicación personal.
[178] Anécdota del coloquio de Chandra: Wali, 1991, p. 6.
[179] A Sagan lo impresionaban los cálculos de órdenes de
magnitud de Kuiper: Thomas, 1963, p. 191.
[180] New York Times, 29 de diciembre de 1956.
[181] Goodell, 1977, p. 173.
[182] Uno de los principales científicos había llamado en una
ocasión a Sagan: Philleo Nash hizo esta afirmación (admitiendo que tal vez
fuera «folclore»), en Thomas, 1963, p. 191. Lo más probable es que esto en
realidad se refiriera a Muller o a Lederberg, o simplemente a la reputación que
Sagan tenía de codearse con científicos de ese calibre.
[183] La serie de conferencias se menciona en muchos artículos;
el título procede del currículum vítae de Sagan en diciembre de 1961, entre los
papeles de Joshua Lederberg.
[184] Golden y Stoler, 1980, p. 66.
[185] Gamow dio una charla: Ann Druyan, entrevista.
[186] Opiniones de los Alexander sobre Carl: Margulis,
comunicación personal.
[187] Quejas de Rachel sobre Lynn: Lu Nahemow, entrevista.
[188] Burlas de Rachel a propósito de los pechos caídos en un
National Geographic: Dorion Sagan, comunicación personal.
[189] Margulis, 1998, p. 16. En el original: «From bachelor to
Mrs. in only one week»; la frase juega con el doble significado de la palabra
bachelor, que puede significar tanto «soltero/a» como «licenciado/a». [N. del
T.]
[190] Domicilios de los Sagan en Madison: carta de Lederberg a
Sagan del 16 de febrero de 1959, y carta de Sagan a Lederberg del 29 de
noviembre de 1959, ambas entre los papeles de Lederberg.
[191] Reacción de Lederberg a la emisión de La guerra de los
mundos: Lederberg, 1987.
[192] ] Time, 10 de noviembre de 1958
[193] Enseñó a Lederberg consciente de la ironía: véase Goodell
1977, p. 169.
[194] La apuesta de barras de chocolate: Golden y Stoler, 1980,
p. 66.
[195] La Unión Soviética ya no es un país de campesinos:
Newsweek, 21 de octubre de 1957, p. 34.
[196] El triunfo rojo sobre casi toda la tierra habitada: Time,
14 de octubre de 1957.
[197] Newsweek, 21 de octubre de 1957, p. 32.
[198] Viaje a Marte en coma inducido: ibid., p. 37.
[199] Cálculos sobre la bomba de hidrógeno en la Luna:
Lederberg, 1987.
[200] Lederberg, s. f. («Microbiología cósmica»), entre los
papeles de Lederberg.
[201] Ibíd. La mención del pigmento se refiere su posible uso
para dejar una marca visible sobre la Luna. De lo contrario, los escépticos
occidentales podrían dudar de que los soviéticos hubieran llegado a la Luna.
[202] Lynn se desmayó mientras pipeteaba amebas; concluyó que
estaba encinta: Wolkomir, 1985, p. 52.
[203] Becas de estudios e investigación de Sagan: currículum
vítae de Sagan de diciembre de 1961, entre los papeles de Lederberg.
[204] Las finanzas de los Sagan; el trabajo de Sagan a 3 dólares
la hora: carta de Sagan a Lederberg del 7 de marzo de 1959, y currículum vítae
de Sagan en diciembre de 1961, ambos en ibíd.
[205] Origen del nombre Dorion: Dorion Sagan, comunicación
personal.
[206] ] Los estudiantes de Kuiper eran muy demandados: Steele,
1987, p. 22.
[207] Esta carta se reproduce en Levinthal, s. f. como Apéndice
1.
[208] Carta del 25 de marzo de 1959, reproducida en Levinthal,
s. f. como Apéndice 2.
[209] Swift, 1990, p. 213.
[210] Sullivan, 1964, p. 137 [ed. cast.: p. 172].
[211] Mención por Gauze de la comida enlatada, los antibióticos:
carta de Sagan a Lederberg del 29 de noviembre de 1959, entre los papeles de
Lederberg.
[212] La tesis doctoral de Sagan: Universidad de Chicago, 1960.
[213] Citado en Sagan, 1961b, p. 849.
[214] A un botánico, a un mineralogista, a un geólogo del
petróleo o a un buceador de altura: Sagan, 1970, p. 116.
[215] Base emocional para la incredulidad con respecto a las
altas temperaturas: Sagan, 1970, p. 116.
[216] Sagan había estudiado bastante francés en el instituto:
Greene, entrevista.
[217] Beca de investigación Miller en Berkeley: las becas de
investigación Miller fueron creadas en la Universidad de Berkeley con una
donación inicial de Arthur C. Miller y su esposa Mary Sprague Miller el año
1955. [N. del T.]
[218] Kuiper aconsejó a Sagan ir a Berkeley: carta de Sagan a
Lederberg del 8 de febrero de 1960, entre los papeles de Lederberg.
[219] Sagan se olvidó de mencionar el espectrofotómetro:
Margulis, comunicación personal.
[220] Goodell, 1977, p. 168.
[221] Thomas, 1963, p. 206.
[222] Mención de la vida en Júpiter en el artículo de Sagan:
Sagan, 1961a, p. 189.
[223] Goodell, 1977, 173.
Capítulo 4
[224] Sagan insistió en impartir clases: Golden y Stoler, 1980,
p. 68.
[225] Sagan hablaba del «calentamiento global» a principios de
los años sesenta: Ronald Blum, entrevista.
[226] Ezell y Ezell, 1984, p. 58.
[227] Carta de Harold Urey a Sagan del 17 de diciembre de 1959,
entre los papeles de Harold Urey. Mandeville Special Collections Library,
Universidad de California, San Diego.
[228] Carta del 24 de marzo de 1959 a G. F. Schilling,
reproducida en Levinthal, s. f., como Apéndice 2.
[229] Miller y Urey, 1959, p. 251
[230] Kellogg reconoció la calidad literaria de Sagan: Thomas,
1963, pp. 203-204.
[231] The Atmospheres of Mars and Venus, 1961, p. 35.
[232] Comentario sobre Winston Churchill: Lynn Margulis,
comunicación personal.
[233] Reacciones de Carl y Lynn al llanto de Dorion: Blum,
entrevista.
[234] Carl celoso de los niños: Sagan, Dorion 1997.
[235] Margulis, comunicación personal.
[236] Lynn aplazó la separación hasta que Jeremy supiera andar:
ibíd.
[237] Modelo eolosfera: Öpik, 1961.
[238] Ibíd., p. 2891. Se refiere a Sagan, 1961b.
[239] Sagan curioseaba por el laboratorio: Elliott Levinthal,
entrevista.
[240] Timothy Ferris, entrevista.
[241] ] Trampa para Lobos (Wolf Trap): juego de palabras con el
nombre de pila de Vishniac, Wolf («lobo»). [N. del T.]
[242] Descripción de la Trampa para Lobos: véase Ezell y Ezell,
1984, pp. 67-68, que incluye una fotografía.
[243] Encantado… como recién doctorado: Pale Blue Dot, 1994, p.
208 [ed. cast.: p. 208].
[244] Objetivos científicos de la misión Apolo: documento con la
firma «Carl Sagan» y fechado el 8 de mayo de 1962, entre los papeles de Urey.
[245] Thomas, 1963, p. 194.
[246] Cocconi y Morrison, 1959, p. 184.
[247] Reacción de Struve al artículo de Cocconi y Morrison:
Drake y Sobel, 1992, p. 32 [ed. cast.: pp. 52-53].
[248] Saturday Evening Post del 10 de febrero de 1962, p. 28.
[249] Drake y el Instituto Oriental; el fundamentalismo
religioso: Swift, 1990, p. 57.
[250] El curso superior de electrónica de la marina era mejor
que el de Cornell: Drake y Sobel, 1992, p. 13 [ed. cast.: p. 32].
[251] Ibíd., p. 19 [ed. cast.: p. 39].
[252] A los treinta años Drake tenía el pelo completamente
blanco: ibíd., p. 19 [ed. cast.: p. 39].
[253] Una pistola cargada: ibíd., p. 214 [ed. cast.: p. 250].
[254] Ibíd., p. 47 [ed. cast.: p. 69].
[255] Ibíd., p. 47 [ed. cast.: p. 70].
[256] Solo se invitó a once personas: Swift, 1990, p. 60.
[257] Lederberg abrigaba dudas con respecto a la SETI: ibid., p.
213; Drake y Sobel, 1992, p. 47 [ed. cast.: p. 69].
[258] Struve no presentó a su esposa: Drake y Sobel, 1992, p. 31
[ed. cast.: pp. 51-52].
[259] Pearman parecía tan británico como su forma de hablar:
ibíd., p. 53 [ed. cast.: p. 68].
[260] Ibíd., p. 58 [ed. cast.: p. 76].
[261] Los temas tabú del miedo y el amor: Thomas, 1963, p. 128.
[262] La filosofía de los experimentos de Lilly: véase, por
ejemplo, Lilly, 1997, p. contigua a p. 87.
[263] Formación de Atchley: Dana Atchley III, comunicación
personal.
[264] Murmullo cuando Drake escribió su ecuación: Drake y Sobel,
1992, p. 54 [ed. cast.: p. 77].
[265] El delfín toma un aro con su pene: Lilly, 1966, p. 76.
[266] Empleo militar de los delfines; Lilly se preguntaba si
eran pacifistas: Sullivan, 1964, pp. 248-249 [ed. cast.: p. 301].
[267] Notificación del premio Nobel de Calvin: los recuerdos de
Melvin Calvin en 1963, en Thomas, 1963, pp. 42-43, difieren en algunos detalles
menores de los de Frank Drake (entrevista y Drake y Sobel, 1992 [ed. cast.: p.
82]). Yo me he decantado por la explicación de Calvin.
[268] ] El premio Nobel legitimó la conferencia: Drake y Sobel,
1992, p. 59 [ed. cast.: p. 82].
[269] El grupo de la conferencia celebró una fiesta con champán:
Baur, 1975, p. 31.
[270] Thomas, 1963.
[271] Morrison había armado la segunda bomba: Drake y Sobel,
1992, p. 62 [ed. cast.: p. 85].
[272] Ideas catastrofistas: ibíd. [ed. cast.: pp. 85-86].
[273] Era necesario oír una conversación de doble dirección:
Calvin en Swift, 1990, p. 130.
[274] Drake y Sobel, 1992, p. 64 [ed. cast.: p. 87].
[275] Descripción de la moneda: Thomas, 1963, p. 144. John Lilly
(entrevista) dice que él descubrió la moneda y se la enseñó a Calvin.
[276] Nuevos miembros del club; comentario de Haldane: The
Cosmic Connection, 1973, p. 168 [ed. cast.: p. 169].
[277] El rompecabezas de Drake: Drake y Sobel, 1992, pp. 167-168
[ed. cast.: p. 200].
[278] La respuesta de Feynman: Drake, entrevista.
[279] Respuesta de Oliver con la copa de martini: Drake y Sobel,
1992, p. 169 [ed. cast.: p. 200].
[280] Citado en Sullivan, 1964, p. 127 [ed. cast.: p. 161].
[281] Urey, 1962, pp. 626, 628.
[282] Los investigadores dieron sus propios nombres a las
especies: véase Sullivan 1964, 135 [ed. cast.: pp. 170-71].
[283] Carta de Urey a Sagan del 11 de julio de 1962, entre los
papeles de Urey.
[284] ] Identificación del polen de ambrosía por Fitch y Anders:
véase Sullivan, 1964, p. 143 [ed. cast.: pp. 179-180].
[285] Las bacterias dejarían residuos de los compuestos del otro
lado: carta de Sagan a Nagy del 28 de abril de 1964, entre los papeles de Urey.
[286] La sugerencia impresionó a Urey: véase carta de Urey a
Sagan del 5 de mayo de 1964, en ibíd.
[287] La aparición de un artículo sobre meteoritos: Sullivan,
1964, p. 133 [ed. cast.: p. 168]. El título de la revista Life, significa
«vida» en inglés [N. del T.].
[288] Sagan y Lederberg animaron a trabajar sobre la
endosimbiosis: Margulis, comunicación personal; Ann Druyan, entrevista. Véase
también carta de Carl Sagan a Lynn Sagan del 10 de enero de 1966, entre los
papeles de Lynn Margulis.
[289] El local de «cine artístico»; la llamada telefónica a
Lynn: carta de Sagan a Lynn Sagan del 12 de agosto de 1962, entre los papeles
de Lynn Margulis.
[290] 8 de mayo de 1962, contenido de la conversación: «Resumen
de una conversación sobre exobiología con el profesor A. A. Imshenetski, de la
Academia Soviética de las Ciencias», inédito entre los papeles de Lederberg.
Trasfondo de la conversación: The Cosmic Connection, 1973, pp. 95-97 [ed.
cast.: pp. 102-103].
[291] Notificación a Lederberg: carta de Sagan a Lederberg del
15 de mayo de 1962, entre los papeles de Lederberg. Sagan también menciona el
método del formaldehído y el vapor en Thomas 1963, 200.
[292] Historia sobre Imshenetski y el «traductor»; la CIA: The
Cosmic Connection, 1973, pp. 95-99 [ed. cast.: pp. 104-107].
[293] Pautas de esterilización; Wolf Vishniac; Imshenetski
estaba enfermo: Sagan, Levinthal y Lederberg, 1968, p. 1191.
[294]The Cosmic Connection, 1973, p. 99 [ed. cast.: p. 107].
[295] Sagan creía que en la vida había algo más que ciencia;
abierto a nuevas experiencias: Sagan (como «El señor X»), en Grinspoon, 1971,
p. 110. (Identificación de Sagan como «El señor X»: Lester Grinspoon,
entrevista.)
[296] Las sombras de un Volkswagen: Grinspoon, 1971, p. 110
[297] Los colores del paisaje cambiaban: ibíd., pp. 110-111.
[298] El hombre de las botellas de Sandeman: ibíd., p. 111.
(Sagan cree identificar el Sandeman como un jerez, pero en realidad es un
oporto.)
[299] Sagan tal vez contempló la idea de centrarse en la
biología: Joshua Lederberg, entrevista.
[300] Lynn intentó poner coto a las entrevistas periodísticas:
Blum, entrevista.
[301] Sagan en el noticiero de la CBS en 1961: currículum vítae
de Sagan en diciembre de 1961, entre los papeles de Lederberg.
[302] Thomas, 1963, p. 192.
[303] Toma de posesión en Harvard en febrero de 1963; ibíd., p.
195.
[304] Levinthal, entrevista.
[305] Sagan instado a cumplir con su parte: Stanley Miller,
entrevista.
[306] Trabajo con Miller: Sagan y Miller, 1961.
[307] Empeño de Ponnamperuma en obtener los resultados
preconcebidos: Ruth Mariner, entrevista, y Miller, entrevista.
[308] Ponnamperuma instruyó s sus colaboradores sobre Sagan:
Mariner, entrevista.
[309] Sagan ponía nerviosa a Mariner: ibíd.
[310] Ponnamperuma, Mariner y Sagan, 1963.
[311] Artículos en Nature: ibíd., y Ponnamperuma, Mariner y
Sagan, 1963.
[312] El trabajo estaba plagado de ambigüedades: Miller,
entrevista
[313] Carta de Lynn Sagan a Carl Sagan del 7 de enero de 1963,
entre los papeles de Lynn Margulis.
[314] Ofrecimiento de mudarse a Massachusetts, reacción: Lynn
Margulis, entrevista.
Capítulo 5
[315] Quería una esposa, no una compañera de habitación: carta
de Carl Sagan a Leone Alexander, s. f. (ca. marzo de 1963), entre los papeles
de Lynn Margulis.
[316] Lynn estaba contenta con la anticipación de su marcha:
Lynn Margulis, comunicación personal.
[317] El viejo coche de Sagan, los cuellos altos: Richard
Berendzen, entrevista.
[318] Philleo Nash, citado en Thomas, 1963, p. 191.
[319] Sagan, Dorion, 1997.
[320] Berendzen, entrevista.
[321] Thomas, 1963, pp. 189-190.
[322] WASP: Wasp, además de significar «avispa» son las siglas
deWhite Anglo-Saxon Protestant (Blanco anglosajón protestante).[N. del T.]
[323] Cari Greene, entrevista. (Añade que luego Carl dejó de ser
un esnob debido a la influencia de su tercera esposa, Ann Druyan,)
[324] Thomas, 1963, p. 186.
[325] Sagan no llevaba reloj: Ridpath, 1974, p. 37.
[326] Sagan se olvidó de que había quedado con los Vishniac:
Helen Vishniac, comunicación personal.
[327] Sagan revelaba cosas en las «presentaciones»: Ray
Reynolds, entrevista.
[328] Margulis, comunicación personal.
[329] Palabras de Sagan tal como las recuerda Elliott Levinthal,
entrevista.
[330] Margulis, comunicación personal.
[331] Thomas, 1963, pp. 210-211.
[332] Whipple intentó orientar a Sagan hacia zonas con
resultados más seguros: Fred Whipple, entrevista.
[333] Con otros profesores, la época del doctorado se prolongaba
durante años y años: Berendzen, entrevista.
[334] Sullivan, 1964, p. 234 [ed. cast.: p. 285].
[335]Ibíd., p. 238 [ed. cast.: p. 289].
[336] Sagan, 1963, p. 497.
[337] Shklovski estaba con la pluma en la mano a punto de
comenzar un capítulo sobre los viajes interestelares: Sagan, 1966, p. 3 [ed.
cast.: p. vii].
[338] Datos biográficos sobre Shklovskii: ibid. y Shklovskii,
1991. (El nombre de Shklovski, Иосиф Шкловский, también se ha transliterado
como Shklovskii o como Shklovsky. En la edición en castellano adoptamos la
transliteración más adecuada a nuestra lengua.)
[339] El trabajo en los ferrocarriles de Siberia, el artículo de
revista: Drake y Sobel, 1992, pp. 96-97 [ed. cast.: p. 123].
[340] Shklovski consideraba como su mejor trabajo los estudios
sobre la nebulosa del Cangrejo: Shklovskii, 1991, p. 110.
[341] Frank Drake, entrevista.
[342] Shklovski prometió un libro, esperando pasar la censura:
Shklovskii, 1991, p. 249
[343] Los 50.000 ejemplares de la primera edición del libro de
Shklovski se agotaron: ibíd., p. 251
[344] Oparin devolvió la carta de Shklovski hecha trizas: ibíd.,
p. 251.
[345] Ibíd., p. 251.
[346] Ibíd., p. 251.
[347] El holocausto nuclear es probable mientras exista el
capitalismo: Intelligent Life in the Universe, 1966, p. 437 [ed. cast.: p.
404].
[348] Alienígenas sin ombligo: Dorion Sagan (comunicación
personal) a partir de una descripción oída a su madre. Jon Lomberg (entrevista)
confirma que en los inicios de su carrera, Sagan escribió ciencia ficción que
permaneció inédita.
[349] Yo lo visualizaba como una persona mayor: Asimov, 1980, p.
302.
[350] Dos personas más inteligentes que Asimov: ibíd., p. 302.
[351] Fantasía y ciencia ficción»: revista estadounidense
publicada desde 1949 hasta la actualidad. [N. del T.]
[352] Sagan pidió a Asimov que reescribiera la introducción:
ibíd., pp. 306-307.
[353] Véase «In Praise of Arthur C. Clarke», de Sagan, en
Planetary Report, mayo-junio de 1983, p. 3
[354] El divorcio era innegociable: Margulis, comunicación
personal.
[355] Carl se mudó a Franklin Street: Lester Grinspoon,
entrevista.
[356] Margulis, entrevista.
[357]] Margulis, comunicación personal.
[358] Ni Carl ni Lynn asistieron solos a una fiesta de Año
Nuevo: David Layzer, entrevista.
[359] Carl se sometió a terapia, lo cual lo ayudó un poco: Lu
Nahemow, entrevista.
[360] Charla sobre el fracaso del matrimonio: ibíd.
[361] Wolkomir, 1985, p. 78.
[362] Quince revistas rechazaron el artículo de Lynn: Current
Biography, 1992, p. 375.
[363] Es decir, en 1999. Pero Lynn falleció el 22 de noviembre
de 2011. Sigue siendo citada siempre con ese apellido. [N. del T.]
[364] Carl escribía el nombre de Lynn como Lynn Sagan Margulis:
Margulis, entrevista.
[365] Dos de los delfines de Lilly en Flipper: Thomas, 1963, p.
140, 144
[366] The Cosmic Connection, 1973, p. 169 [ed. cast.: pp.
169-170]
[367] Ibíd., p. 171 [ed. cast.: pp. 170-171].
[368] Suicidio de delfines: Drake y Sobel, 1992, p. 58 [ed.
cast.: pp. 80-81].
[369] The Cosmic Connection, 1973, p. 175 [ed. cast.: p. 177].
[370] Sagan intentó llevarse a Howe a la cama: John Lilly,
entrevista.
[371] Sagan presentó Howe a Bateson: The Cosmic Connection,
1973, p. 174 [ed. cast.: p. 175].
[372] Experimento de convivencia con un delfín: Lilly, 1996, pp.
250-300.
[373] Ibíd., p. 266.
[374] Ibíd., p. 273.
[375] Coche para delfines: ibíd., p. 273.
[376] Ibíd., p. 274.
[377] Excitación sexual del delfín; juego de Sagan con el
delfín: The Cosmic Connection, 1973, pp. 174-175 [ed. cast.: pp. 175-176].
[378] Peter y las películas de Flipper: Thomas, 1963, p. 140.
Peter fue uno de los varios delfines empleados en la producción de la película
de 1963 Flipper, que inspiró la serie de televisión.
[379] Lilly 1997, p. 123.
[380] Razonamiento de Sagan sobre los peligros del LSD: Sagan
(como «El señor X») en Grispoon, 1971, p. 116.
[381] Sagan asistía a conferencias sobre la libertad sexual:
Clark Chapman, entrevista.
[382] Asimov, 1980, p. 391.
[383] Los cabellos agitados por el viento; las modas de los años
sesenta: Robert Keiser, entrevista.
[384] Que Linda no fuera una científica fue un cambio
conveniente: así lo sugiere David Grinspoon (entrevista).
[385] Descripción del arte de Linda: Keiser, entrevista.
[386] Carl cuidó de Linda durante la enfermedad: Greene,
entrevista.
[387] Asimov, 1980, p. 391
[388] [La Mariner] tal vez dé respuesta a preguntas que la
esperan desde hace mucho sobre los «canales»: Ezell y Ezell, 1984, p. 76.
[389] New York Times, 30 de julio de 1965.
[390] New York Times, 20 de julio de 1965.
[391] Sagan recordaba la cita de Johnson: Ferris, 1973, p. 23.
La memoria de Sagan no fue de una precisión absoluta, pero sí bastante buena
teniendo en cuenta el tiempo transcurrido.
[392] Pollack hablaba lentamente: Cuzzi, 1994, p. 1606; Bruce
Hassell, entrevista
[393] Si uno no podía explicarle una idea a Pollack..: Cuzzi,
1994, p. 1608.
[394] Pollack descubría errores fatales: Brian Toom, entrevista.
[395] Ibíd.
[396] Los profesores asistían a los exámenes orales de Pollack
con el fin de reclutarlo: Bill Gile, entrevista.
[397] Pollack era un homosexual al que las mujeres adoraban:
ibíd., Bruce Hassell, entrevista.
[398] El pariente homosexual de Carl al que habían lobotomizado
se mantuvo en secreto: Dorion Sagan, comunicación personal.
[399] Ibíd.
[400] Linda se juntó sin saberlo con un grupo de lesbianas:
ibíd.
[401] Enfado de Sagan con el servicio sanitario que se negaba a
atender a Bill: Gile, entrevista. Este incidente sucedió en Cornell.
[402] Carl sermoneó a Dorion a propósito del compañero de clase
homosexual: Dorion Sagan, comunicación personal.
[403] El modelo de la regeneración de las zonas oscuras en
Marte: Pollack y Sagan, 1967c.
[404] Pollack, Greenberg y Sagan, 1967, p. 823.
[405] Las fotografías de la Mariner no podrían detectar vida en
la Tierra: Kilston, Drummond y Sagan, 1966.
[406] Explicación de los «canales» marcianos: Sagan y Pollack,
1966.
[407] En 1966 Sagan publicó veinticuatro artículos y extractos:
currículum vítae de Sagan, Universidad de Cornell.
[408] Ridpath, 1974, p. 37.
[409] Sagan, 1985b, p. 3.
[410] Sagan 1985b, p. 3.
[411] Conferencia de prensa en el Instituto Sternberg: Vida
inteligente en el universo, 1966, p. 395 [ed. cast.: p. 442]; Shklovskii, 1991,
p. 253; Drake y Sobel, 1992, pp. 102-104 [ed. cast.: pp. 129-130]
[412] Calvin Coolidge (1872-1933): trigésimo presidente de
Estados Unidos (1923-1929). Aislacionista en política exterior y
antiintervencionista en economía, entre los sectores más progresistas se ganó
fama de poco inteligente. [N. del T.]
[413] Carta de Harold Urey a Sagan fechada el 29 de junio de
1966, entre los papeles de Harold Urey, Mandeville Special Collections Library,
Universidad de California, San Diego.
[414] Communication with Extraterrestrial Intelligence (CETI),
1973, p. 364 [ed. cast.: p. 340].
[415] Catorce impresiones de Vida inteligente en el universo:
Baur, 1975, p. 28.
[416] Grupo de investigadores que en los años cincuenta creían
en los ovnis: William K. Hartmann en UFO’s. A Scientific Debate, 1972, p. 17.
[417] La «suplantación»: ibíd., p. 292; The Demon-Haunted World,
1996, pp. 86-87 [ed. cast.: pp. 105-106]
[418] Eliminación de la expresión «el Director»: UFO’s. A
Scientific Debate, 1972, p. 288.
[419] Sagan vio un ovni: la descripción más completa se
encuentra en ibíd., pp. 272-273; véase también Broca’s Brain, 1979, p. 66 [ed.
cast.: p. 88]
[420] Hochdeutsch: en alemán, «alto alemán». [N. del T.]
[421] Roberts, 1980, p. 30. El estado en que se celebró este
juicio ha sido identificado como Kansas, Arkansas y Nebraska. El relato de
Sagan en Vida inteligente en el universo 1966 dice que el acusado había nacido
en Nebraska.
[422] Juicio sobre los ovnis: Intelligent Life in the Universe,
1966, pp. 16-18 [ed. cast.: pp. 13-19].
[423] Comparación de Horowitz con un foxterrier: Cooper, 1980,
p. 126.
[424] La Antártida era un paraíso comparada con Marte: Norman
Horowitz, entrevista.
[425] Esterilización a 150 ºC: Ezell y Ezell, 1984, p. 104.
[426] Sagan, Levinthal y Lederberg, 1968, p. 1195. En Thomas,
1963, Sagan atribuye la analogía de las cerillas al microbiólogo John Phillips.
[427] Opiniones políticas de Sagan: Berendzen, entrevista.
[428] Sagan se retiró de un consejo de las fuerzas aéreas como
protesta: Ann Druyan en Terzian y Bilson, 1997, p. 166 [ed. cast.: p. 209].
[429] Sagan fue profesor visitante en Tuskegee, 1963-1972:
currículum vítae de Sagan.
[430] Sagan conoció a Grinspoon en el curso de una discusión
durante una fiesta: Lester Grinspoon, entrevista.
[431] David Grinspoon, entrevista.
[432] Las historias sobre los agujeros negros que Sagan contaba
a los niños por la noche: Sagan, Dorion, 1997; Collins, 1985.
[433] Cuatro árboles en línea: Sagan, Dorion, 1997.
[434] Grinspoon deseaba montar una campaña científica contra la
marihuana: Lester Grinspoon, entrevista.
[435] El cáñamo en los diarios de Washington: Grinspoon, 1971,
p. 12.
[436] A la reina Victoria le recetaron cannabis: Grinspoon y
Bakalar, 1997, p. 4 [ed. cast.: p. 28].
[437] Sagan era lo contrario al estereotipo del fumador de
maría: Lester Grinspoon, entrevista.
[438] Grinspoon no probó la marihuana, testificación anticipada:
Lester Grinspoon, entrevista.
[439] Grinspoon, 1971, pp. 109-110. Identificación de Sagan como
«El Sr. X»: Lester Grinspoon: entrevista. Grinspoon dice que Sagan escribió su
texto bastante antes de la publicación del libro, tal vez hacia 1968. En
realidad, Sagan cumplió treinta y cinco el año en que el libro se publicó; la
edad se cambió. Cuando el libro apareció, ya se había vuelto a casar.
[440] Sagan (como «El Sr. X») en Grinspoon, 1971, p. 116.
[441] Ibíd., p. 111.
[442] Ibíd., p. 111.
[443]Palabras amarillas y rojas: Ibíd., p. 112.
[444] Ibíd., p. 116.
[445] Cuando estaba colocado, Sagan apreciaba el contrapunto,
las obras de Tanguy: Ibid., p. 112.
[446] Ibíd.
[447] El cannabis potenciaba la natación de Sagan: Lester
Grinspoon, entrevista.
[448] Playa parecida a un cuadro de Tanguy: Grinspoon, 1971, p.
112.
[449] Ibíd., p. 113.
[450] Ibíd., pp. 115-116. Grinspoon no recuerda la idea «muy
extraña». (Una buena candidata es la vida flotante en Júpiter.)
[451] A Sagan muchas de las mejores ideas se le ocurrían gracias
al consumo de marihuana: Lester Grinspoon, entrevista.
[452] Ibíd.
[453] Ginsberg inspirado por la marihuana: véase Grinspoon 1971.
Sondheim: véase, de Meryle Secrest, Stephen Sondheim: A Life, Nueva York,
Knopf, 1998.
[454] Anécdota de la ducha, empleo de ideas de las clases y
libros de Sagan: Grinspoon, 1971, p. 114.
[455] Sagan se apartaba para grabar ideas: David Grinspoon,
entrevista.
[456] Grinspoon, 1971, p. 115.
[457] Lester Grinspoon, entrevista.
[458] Sagan molesto por un artículo en el New York Times: ibíd.
[459] Restos de cannabis lastrados con un cenicero: ibíd.
[460] Cooper, 1976a.
[461] National Geographic, diciembre de 1967, p. 833.
[462] Reunión de Sagan con Clarke y Kubrick: The Cosmic
Connection, 1973, pp. 181-184 [ed. cast.: pp. 183-185].
[463] Sin alienígenas en 2001: Roberts, 1980, p. 22; también Jon
Lomberg, entrevista (historia del agotamiento del dinero)
[464] Bailarín vestido con mallas con lunares: The Cosmic
Connection, 1973, p. 182 [ed. cast.: p. 184].
[465] Sagan se negó a ser entrevistado: Asimov, 1980, pp.
394-395.
[466] Historia de la Lloyd’s de Londres: Roberts, 1980, p. 22;
The Cosmic Connection, 1973, p. 184 [ed. cast.: pp. 184-185].
[467] Berendzen, entrevista.
[468] Una disciplina sin objetos con los que experimentar: véase
Lederberg, 1987.
[469] Simpson, 1964, p. 774.
[470] Gelman, 1977, p. 52.
[471] La amistad de Layzer con Carl y Lynn; los niños jugaban
juntos: Layzer, entrevista.
[472] Tamaño del Departamento de Astronomía de Harvard; la
espera de la titularidad: ibíd.
[473] Interés del MIT por Sagan: carta de Urey a Bruno Rossi del
8 de marzo de 1967, entre los papeles de Urey.
[474] Ezell y Ezell, 1984, p. 117
[475] Ezell y Ezell, 1984, p. 117
[476] Ithaca Journal, 19 de agosto de 1996.
[477] Gold dijo que no tenía dinero para contratar a Sagan:
Corson, en Terzian y Bilson, 1997, pp. 141-142 [ed. cast.: p. 181].
[478] Thomas Gold, entrevista.
[479] El Parque Estatal Treman era tan hermoso como un parque
nacional: Sagan, en Terzian y Bilson, 1997, p. 142 [ed. cast.: p. 182].
[480] Sagan creía que las fuentes podían ser señales
extraterrestres:The Cosmic Connection, 1973, p. 260 [ed. cast.: p. 252].
[481] Drake se compró una antena de 30 dólares en Sears: Drake y
Sobel, 1992, pp. 86-87 [ed. cast.: p. 113].
[482] El ultimátum de Linda: Lester Grinspoon, entrevista.
[483] Ronald Blum, entrevista.
[484] Sus seguidores no sabían que Sagan era judío: Clarice
Samuels, comunicación personal.
[485] La serie televisiva y de películas de título original Star
Trekse conoce en los países de habla hispana o bien por el título en inglés,
Star Trek, o por la adaptación Viaje a las estrellas. En la versión en
castellano de esta biografía, en la que se mencionan esta producciones
audiovisuales con cierta frecuencia, utilizamos el título Star Trek por
considerarlo más fácil de reconocer a nivel internacional. [N. del E.]
[486]] Sagan quería que el rabino mencionara el big bang:
Asimov, 1980, p. 457.
[487] Banquete nupcial en casa de los Grinspoon: Lester
Grinspoon, entrevista.
[488] Anécdota de Rachel: Asimov, 1980, pp. 457-458.
[489] Pregunta acerca de si los Estudiantes por una Sociedad
Democrática podían haber sido una razón para la no concesión a Sagan de una
titularidad en Harvard: Lester Grinspoon, entrevista.
[490] Sospecha de que Layzer había votado contra la titularidad
de Sagan; desmentido: Gelman 1977, p. 52; Layzer, entrevista y comunicación
personal.
[491] Whipple dudó si hablar a Sagan; razonamiento de Babette:
Fred Whipple, entrevista.
Capítulo 6
[492] La Ivy League («la Liga de la Hiedra»: nombre por el que
se conoce al grupo de las ocho universidades más prestigiosas de EEUU. [N. del
T.]
[493] Los lagos Finger («los lagos Dedo»): conjunto de once
lagos de forma alargada en orientación norte-sur que se halla en la zona
centro-oeste del norte del estado de Nueva York. [N. del T.]
[494] Brown, 1978.
[495] «Cornell University», folleto publicado por la Oficina de
los Servicios de Publicaciones de Cornell, 1987.
[496] Dirección de Carl y Linda: directorio de docentes de
Cornell.
[497] Mobiliario de Bloomingdale’s: Bill Gile, entrevista.
[498] Armarios llenos: Robert Keiser, entrevista.
[499] Ibíd.
[500] Asado de ternera y pastel de chocolate: carta de Rachel
Sagan a Cari Greene del 30 de noviembre de 1969, en posesión de Cari Greene.
[501] Migas de galletas de chocolate: Keiser, entrevista.
[502] Ibíd.
[503] Ibid.
[504] Asimov se achispaba con el ponche de Linda: Nick Sagan,
entrevista.
[505] Ithaca Commons: zona de comercios, restaurantes y
entretenimiento al aire libre en el centro de Ithaca. [N. del T.]
[506] Brown, 1978, 2.
[507] Sagan conseguía a los estudiantes trabajos en la NASA;
investigación sobre los orígenes de la vida: Chyba, 1997b, p. 6.
[508] Nadie ha nacido con las transformadas de Fourier: Emily
Haynes, en «Tribute to Carl Sagan», 1996-1997.
[509] Si un científico identifica su autoestima: Thomas, 1963,
p. 210.
[510] La multiplicidad de ideas hace más fácil desechar las
ideas erróneas: Cooper, 1976a, p. 64.
[511] Visita de Tyson a Cornell: Neil deGrasse Tyson,
comunicación personal.
[512] Sagan podía reanudar conversaciones: Antonio Lazcano,
entrevista.
[513] Influencia de Kuiper sobre Sagan; Thomas, 1963, p. 191.
Cálculos improvisados de Sagan: Len Tyler, entrevista; Lazcano, entrevista.
[514] William I. Newman, entrevista.
[515] Tokasz, 1996; véase también Chyba, 1997b, p. 6.
[516] David Grinspoon, entrevista.
[517] Método de Pollack para recoger las cosas de su escritorio:
Gile, entrevista.
[518] Steele, 1987, p. 22.
[519] Sagan asumió la dirección de Icarus el 1 de enero de 1969:
carta de Sagan a Harold Urey del 14 de diciembre de 1968, archivada entre los
papeles de Urey, Mandeville Special Collections Library, Universidad de
California, San Diego.
[520] A Sagan le gustaba dirigir la revista, montar las tablas
de contenidos: McDonough, 1996, p. 10.
[521] El humor de Sagan en el aula: James B. Marshall en
«Tribute to Carl Sagan 2 1996-1997».
[522] Thomas, 1963, p. 193.
[523] Mapa ficticio de Marte: Owen B. Toon, en Terzian y Bilson,
1997, pp. 51-52 [ed. cast.: pp. 67-68].
[524] Un conocido psicólogo estadounidense, excéntrico y
controvertido, de vida azarosa y conflictiva, gran defensor de la legalización
de las drogas y de sus aplicaciones terapéuticas. [N. del T.]
[525] Visita de Sagan y Drake a Timothy Leary: Frank Drake,
entrevista.
[526] Leary llamó a Grinspoon para que convenciera a Sagan de
ser capitán: Lester Grinspoon, entrevista.
[527] Preocupación de Sagan por que los jóvenes se apartaran de
la ciencia: UFO’s. A Scientific Debate, 1972, p. xiii.
[528] EL SDS sospechaba que Soter era un agente del FBI: Rink
1996.
[529] Visita de Rink a la casa de Sagan: ibid.
[530] Incidente con el gas lacrimógeno: Seymour Abrahamson,
entrevista.
[531] Viaje de Carl y Linda a Londres: carta de Rachel Sagan a
Cari y Bill Greene del 19 de marzo de 1969, en posesión de Cari Greene.
[532] Willard Straight Hall: edificio del Sindicato de
Estudiantes en Cornell, en cuyas plantas superiores había habitaciones de
hotel.[N. del T.]
[533] Masacre de la Kent State: sucesos ocurridos en la
Universidad Estatal de Kent, Ohio, el 4 de mayo de 1970, cuando la Guardia
Nacional mató a cuatro estudiantes e hirió a nueve en el curso de una
manifestación contra la invasión de Camboya por el ejército de EEUU anunciada
por el presidente Richard Nixon cinco días antes. [N. del T.]
[534] Excursión al «granero»/centro de detención: Gile,
entrevista.
[535] Pollack conducía un Volvo: Robert Keiner, entrevista.
[536] Era Stonewall: época de disturbios iniciada el 28 de junio
de 1969, cuando la policía realizó una redada en Stonewall Inn, un bar de
ambiente gay en el barrio neoyorkino de Greenwich Village.[N. del T.]
[537] Kameny; control de seguridad superado por Pollack: Gile,
entrevista; Kameny, entrevista.
[538] Duff, 1994, p. 43.
[539] Lester Grinspoon, entrevista.
[540] Si uno no es un poco paranoide…: UFO’s. A Scientific
Debate, 1972, p. 274.
[541] Compton, 1989, p. 45.
[542] Ibíd.
[543] Duff, 1994, p. 39
[544] New York Times, 13 de julio de 1969.
[545] Elliott Levinthal, entrevista.
[546] La NASA estableció que la cuarentena podía suspenderse en
caso de urgencia: Duff, 1994, p. 43.
[547] Los astronautas se negaron a hacer la cuarentena:
Levinthal, entrevista.
[548] Time, 13 de junio de 1969, p. 78.
[549] La NASA recibió cartas sobre La amenaza de Andrómeda de
Crichton: Duff, 1994, p. 39.
[550] Aislamiento de los astronautas durante los veintiún días
previos al vuelo: ibíd., p. 40.
[551] Los problemas de Carl con el esófago se remontaban a su
adolescencia: Ann Druyan, entrevista.
[552] La acalasia de Carl: Lester Grinspoon, entrevista
[553] Carl se sometió a una miotomía de Heller modificada:
Druyan, entrevista.
[554] Los Asimov visitaron a Carl en el hospital: Asimov, 1980,
pp. 493-494.
[555] Grinspoon vio una radiografía: Lester Grinspoon,
entrevista
[556] Carl necesitó diez u once transfusiones: ibíd.
[557] Paranoia de Carl en relación al hospital; la enfermera
apenas podía levantarlo: ibíd.
[558] Linda entraba a ver a Carl de vez en cuando: ibíd.
[559] Grinspoon salvó la vida a Carl: Jon Lomberg, entrevista;
ibíd.
[560] Insistencia de Carl en consultar las órdenes de los
médicos con Grinspoon: Lester Grinspoon, entrevista.
[561] Bruning, 1994.
[562] Los procedimientos de la cuarentena: para una explicación
de la cuarentena, véase Duff, 1994.
[563] Historia de la cucaracha: atribuida a Robin Brett, de la
NASA, en ibid., p. 42
[564] Time, 13 de junio de 1969, p. 78.
[565] Las cicatrices de Sagan fotografiadas: Lester Grinspoon,
entrevista.
[566] Duff, 1994, p. 41.
[567] Sagan quiso ver las microfotografías con Gold: Thomas
Gold, entrevista.
[568] Duff, 1994, p. 43.
[569] Ibíd., p. 42
[570] Carta de Donald Menzel a Urey del 31 de julio de 1969,
entre los papeles de Urey.
[571] Linda trató de convencer a Carl de que no tomara parte en
el simposio: Tommy Ferris, entrevistal.
[572] Un simposio sobre astrología no era necesariamente una
mala idea: UFO’s. A Scientific Debate, 1972, p. xiii.
[573] Amenaza de informar sobre Sagan a Spiro Agnew: Broca’s
Brain, 1979, p. 70 (edición en rústica) [ed. cast.: p. 94]
[574] Formación de McDonald: véase nota necrológica en el New
York Times del 16 de junio de 1971.
[575] Señal y ruido en los avistamientos de ovnis: UFO’s. A
Scientific Debate, 1972, p. 53.
[576] Ed Wood (1924-1978): cineasta estadounidense que se ganó
la fama de ser el peor director de la historia con películas tan desastrosas
como Plan 9 del espacio exterior(1959), en la que las invenciones bélicas de
los humanos ponen en peligro el equilibrio de la galaxia y provocan que unos
extraterrestres activen un Plan 9 para convertir cadáveres en zombis asesinos.
Con su nombre como título, Tim Burton dirigió en 1994 una película sobre sus
inicios en el cine, con Johnny Depp como protagonista. [N. del T.]
[577] Historia del platillo volante con remaches: Philip
Morrison, entrevista.
[578] McDonald no se creía la historia de los Hill: Lester
Grinspoon, entrevista.
[579] NAACP: siglas en inglés de la National Association for the
Advancement of the Colored People (Asociación Nacional para el Progreso de las
Personas de Color).[N. del T.]
[580] The Demon-Haunted World, 1996, p. 103 [ed. cast.: p. 128].
[581] Fuller, 1996, p. 173.
[582] Ibíd., p. 50.
[583] The Demon-Haunted World, 1996, p. 104 [ed. cast.: p. 128].
[584] Soy lo bastante realista: UFO’s. A Scientific Debate 1972,
p. 53.
[585] Ibíd., p. 272.
[586] Suicidio de McDonald: Drake, entrevista.
[587] Las figuras parecían más caucásicas en la placa
litográfica: The Cosmic Connection, 1973, pp. 26-27 [ed. cast.: pp. 34-35]
[588] Reproducción de la placa: ibíd., p. 21 [ed. cast.: p. 30].
[589] Un conserje consideró pornográfica la placa: Drake y
Sobel, 1992, p. 179 [ed. cast.: p. 212].
[590] The Cosmic Connection, 1973, p. 24 [ed. cast.: p. 32].
[591] La Catholic Review recomendó unas manos en oración: ibíd.,
p. 26 [ed. cast.: p. 34].
[592] Ibíd., 25 [ed. cast.: p. 33].
[593] Ibid., p. 26 [ed. cast.: p. 34].
[594] Ibíd., p. 24 [ed. cast.: p. 32].
[595] Periódico nigeriano: Drake, entrevista.
[596] Orange County («el Condado de Orange», históricamente el
«Valle de Santa Ana» en castellano): condado del sur de California.[N. del T.]
[597]T he Cosmic Connection, 1973, p. 26 [ed. cast.: p. 34].
[598] Parto por cesárea de Nicholas Sagan: Nick Sagan,
entrevista.
[599] Explicación del nombre: ibíd.
[600] Carta de Rachel Sagan a Cari Greene del 18 de septiembre
de 1970, en posesión de Cari Greene.
[601] Sesame Street (Calle Sésamo) en los países de habla
inglesa, Barrio Sésamo en España, Plaza Sésamo en Hispanoamérica: serie de
programas educativos de televisión dirigida a niños de preescolar y primaria.
En Estados Unidos aún se emite desde 1969; en España, con varios cambios de
nombre y progresiva autonomía en la confección de los contenidos, se vio entre
1976 y 2000. [N. del T.]
[602] La primera palabra de Nicholas Sagan; recuerdo del
nacimiento rojo y frío: Nick Sagan, entrevista. Véase también The Dragons of
Eden, 1977, p. 156 (edición en rústica) [ed. cast.: p. 154], donde Carl se
pregunta si este es un auténtico recuerdo del nacimiento.
[603] Ferris, 1977, p. 62.
[604] Sagan insistió en que se documentara la selección de
lugares: Ezell y Ezell, 1984, p. 285.
[605] Análisis por Sagan de los objetivos de la misión: ibíd.,
p. 286.
[606] Observación sobre el lado pensante del cerebro: Ray
Reynolds, entrevista. (Reynolds prefirió mantener en el anonimato al científico
del MIT.)
[607] Alfred E. Neuman: nombre del niño dibujado en la portada
de la famosa revista infantil MAD desde marzo de 1955.[N. del T.]
[608] Disneylandia, el puente de Brooklyn, el asesinato de JFK:
Herbert Friedman en Shklovskii, 1991, pp. 20-24.
[609] La compra de zapatos: Drake, entrevista.
[610] La baraja pornográfica: Lomberg, entrevista. Véase también
la descripción del personaje «Vaygay» en Contact 1985 [ed. cast.: pp. 106 y
ss.].
[611] En vuestro país, este eslogan es ofensivo: Drake y Sobel,
1992, p. 100 [ed. cast.: p. 126].
[612] Shklovskii, 1991, p. 252.
[613] Historia de los derechos de autor: Drake y Sobel, 1992, p.
100 [ed. cast.: pp. 126-127].
[614] Shklovski utilizó la teoría en conferencias para no
científicos: Herbert Friedman, en Shklovskii, 1991, p. 18.
[615] Ibíd., p. 250.
[616] 200 millones de dólares de ahorro para la NASA: The Cosmic
Connection, 1973, p. 108 [ed. cast.: p. 115].
[617] Ibíd., p. viii [ed. cast.: p. 8].
[618] Exposición en el planetario; puntas de las estrellas:
Drake y Sobel, 1992, p. 101 [ed. cast.: p. 127].
[619] Objeción de Kardáshov a los «filósofos»: Shklovskii, 1991,
p. 256.
[620] Ibíd., p. 258.
[621] Xanadú: capital de verano del Imperio mogol de Kublai Kan
en China. Marco Polo la visitó en 1275. Se convirtió en metáfora de la máxima
opulencia, gracias sobre todo al poema de Samuel Taylor Coleridge (1772-1834)
Kubla Khan (terminado en 1797 y publicado en 1816). [N. del T.]
[622] Los huertos frutales y la comunicación telefónica por
láser en Biurakan: Dyson, 1971, p. 130.
[623] El oso Smokey: mascota publicitaria creada en 1944 para
educar al público estadounidense sobre los peligros de las fogatas en el
bosque. [N. del T.]
[624] Ambartsumián se parecía al oso Smokey: Drake y Sobel,
1992, p. 109 [ed. cast.: p. 136]. Quienes quieran juzgar sobre el parecido son
remitidos a la fotografía de Amartsumián hecha por Phylis Morrison e incluida
en Communication with Extraterrestrial Intelligence (CETI) 1973, en la página
contigua a la p. xxii [no en la ed. cast.].
[625] Saltarse la aduana soviética: Drake, 1976, p. 24.
[626] Los rusos temían que la máquina estenográfica fuera una
máquina Xerox: Drake y Sobel, 1992, p. 111 [ed. cast.: p. 138].
[627] Dificultades de los Morrison con los equipajes: Philip y
Phylis Morrison, entrevista; Drake, 1976, p. 24.
[628] Shangri-la: topónimo de un lugar ficticio que en la novela
de James Hilton (1900-1954) Horizontes perdidos (1933) se describe como paraíso
terrenal situado en la región del Himalaya.[N. del T.]
[629] Atuendo informal: véanse fotos en Communication with
Extraterrestrial Intelligence (CETI), 1973, a partir de p. xii [no en la ed.
cast.].
[630] Minsky llevó frisbees: Drake y Sobel, 1992, p. 109 [ed.
cast.: p. 136].
[631] Teoría de las manchas solares: Philip Morrison,
entrevista; McDonough, 1996, p. 11; Sagan, 1985b, p. 3; Dyson, 1971, p. 137.
Morrison no recuerda ni ninguna de las fuentes publicadas informa del nombre
del científico con la teoría de las manchas solares.
[632] Communication with Extraterrestrial Intelligence (CETI),
1973, p. 28 [ed. cast.: p. 47].
[633] Ibíd., p. 29 [ed. cast.: p. 47].
[634] Ibíd., p. 37 [ed. cast.: p. 55].
[635] Ibíd., p. 39 [ed. cast.: p. 58].
[636] Ibíd., p. 65 [ed. cast.: p. 78].
[637] Ibíd., p. 66 [ed. cast.: p. 79].
[638] Ibíd., p. 57 [ed. cast.: p. 72].
[639] La fórmula Drake era un «entretenimiento»: UFO’s. A
Scientific Debate, 1972, p. 267.
[640] Communication with Extraterrestrial Intelligence (CETI),
1973, p. 146 [ed. cast.: p. 151].
[641] Ibíd., p. 146 [ed. cast.: p. 82].
[642] Ibíd., pp. 77-78 [ed. cast.: p. 90].
[643] La inteligencia y el lenguaje son sinónimos: ibíd., p. 91
[ed. cast.: p. 102].
[644] Sofisticación de los relatos de los !Kung: ibid., p. 92
[ed. cast.: p. 103].
[645] La polémica con McNeill a propósito de la ecuación de
Drake: ibid., p. 115 [ed. cast.: pp. 124-125].
[646] Ibíd., p. 117 [ed. cast.: pp. 125-126].
[647] Swift, 1990, p. 83.
[648] Los ojos del Gold y del pulpo: Communication with
Extraterrestrial Intelligencie (CETI), 1973, pp. 121-122 [ed. cast.: pp.
129-130].
[649] La «Edad de Oro» de Stent: ibíd., pp. 154-158 [ed. cast.:
pp. 158-161].
[650] Una faustiana voluntad de poder: ibid., pp. 155-157 [ed.
cast.: pp. 159-160].
[651] Ibíd., p. 158 [ed. cast.: p. 161]
[652] Ibíd., p. 158 [ed. cast.: p. 162].
[653] Ibíd., p. 160 [ed. cast.: p. 163].
[654] Ibíd., p. 160 [ed. cast.: pp. 163-164].
[655] Ibíd., p. 161 [ed. cast.: p. 164].
[656] Entre 1/10 y 1/1.000.000: ibíd., p. 161 [ed. cast.: p.
164].
[657] Ibíd., p. 162 [ed. cast.: pp. 164-165].
[658] Ibíd., p. 163 [ed. cast.: pp. 165-166].
[659] Ibíd., p. 163 [ed. cast.: p. 166].
[660] Ibíd., p. 166 [ed. cast.: p. 169].
[661] Sagan, 1973c, pp. 350-351.
[662] Shklovski abogaba por investigar en Andrómeda: Thomas,
1963, p. 86.
[663] Sagan, 1973c, p. 350.
[664] Communication with Extraterresttrial Intelligence (CETI)
1973, p. 212 [ed. cast.: p. 209].
[665] Ibíd., p. 215 [ed. cast.: pp. 211-212]
[666] Wittgenstein, citado en un editorial del New York Times,
«Cuidado con la vaca en el establo del extraterrestre», 28 de diciembre de 1982
[667] Communication with Extraterrestrial Intelligence (CETI)
1973, p. 320 [ed. cast.: p. 302].
[668] Panovkin dudaba de que las matemáticas fueran universales:
ibíd., p. 341 [ed. cast.: pp. 319-320].
[669] Ibíd., p. 346 [ed. cast.: p. 324].
[670] Ibíd., p. 349 [ed. cast.: p. 327].
[671] Ibíd., pp. 322-324 [ed. cast.: pp. 305-311]
[672] Morrison y Dyson «descifraron» el alfabeto armenio: Philip
Morrison, entrevista.
[673]]Shklovskii, 1991, p. 255. Este incidente ocurrió en 1964,
no durante la más famosa conferencia coorganizada por Sagan en Biurakan el año
1971.
[674] Drake quería planos para un telescopio de taquiones:
Communication with Extraterrestrial Intelligence (CETI), 1973, p. 340 [ed.
cast.: p. 319].
[675] Ibíd., p. 339 [ed. cast.: p. 318].
[676] Ibíd., p. 343 [ed. cast.: p. 322].
[677] Ibíd., p. 343 [ed. cast.: p. 322].
[678] Ibíd., p. 344 [ed. cast.: p. 323].
[679] Ibíd., p. 344 [ed. cast.: pp. 326-327].
[680] Shklovskii, 1991, p. 259.
[681] La conferencia concluyó en un ambiente de melancolía:
véase ibíd., p. 260.
[682] Mars and the Mind of Man, 1973, p. 34.
[683] Ibíd., p. 23.
[684] Ibíd., p. 24.
[685] Marte era como una pelota de tenis sin costuras:A Path
Where No Man Thought, 1990, p. 456 [ed. cast.: p. 465].
[686] Broma sobre el envío de una nave a Venus: Ezell y Ezell,
1984, p. 290.
[687] La observación de los satélites de Marte no era tan mala
idea: Steve Mencinsky en «Tribute to Carl Sagan», 1996-1997;The Cosmic
Connection, 1973, p. 109 [ed. cast.: p. 115].
[688] Historia del tratamiento de las imágenes; la «patata
podrida»:The Cosmic Connection, 1973, p. 110 [ed. cast.: pp. 116-117].
[689] Zambeze: río del África austral, por su longitud cuarto de
todo el continente y primero de los que desembocan en el océano Índico. Su
curso se ve interrumpido por numerosos rápidos y cascadas.[N. del T.]
[690] Si no se tratase de Marte: Ezell y Ezell, 1984, pp.
292-293
[691] Lederberg se volvió lívido; confrontación emotiva: Cooper,
1976a, p. 60.
[692] Nick Sagan leía señales de tráfico y de los aeropuertos:
Nick Sagan, entrevista.
[693] Melón y sandía: en inglés, respectivamente, melon y
watermelon. [N. del T.]
[694] Historia del libro de alfabetización: ibíd.
[695] Residencias temporales de Sagan: en los directorios del
profesorado de Cornell, como dirección de Sagan aparecen The Parkway, N° 507,
en 1972; The Parkway, 330, en 1973; Fairview Heights, 14, en 1974.
[696] Linda pintó los armarios y la formica: Keiser, entrevista.
[697] Ferris, 1977, p. 63.
[698] El delfín en la laguna: The Cosmic Connection, 1973, p.
168 [ed. cast.: p. 168].
[699] Khare hacía globos de helio para los niños: Nick Sagan,
entrevista.
[700] Producción de aminoácidos con azufre: Sagan y Khare, 1971.
[701] Proteínas sintéticas obtenidas con luz: Steele, 1987, p.
24.
[702] Artículo sobre la paradoja del joven Sol débil: Sagan y
Mullen, 1972a.
[703] Margulis comenzó a trabajar en la hipótesis Gaia en 1972:
Lynn Margulis, comunicación personal.
[704] Lynn veía la ausencia de vida en Marte como una
confirmación de la hipótesis Gaia; Margulis, 1998, p. 116 [ed. cast.: p. 136].
[705] Teleconferencia de Lederberg con el grupo encargado de
escoger el lugar de aterrizaje de la Viking: Ezell y Ezell, 1984, p. 302.
[706] Artículos sobre los microambientes: Lederberg y Sagan,
1962.
[707] La teoría de Sagan de los inviernos largos: Sagan, 1971
[708] Hace doce mil años, tal vez hubo en Marte una época: The
Cosmic Connection, 1973 [ed. cast.: p. 137].
[709] Añádase agua para encontrar vida en Marte: Sagan, 1971,
pp. 513-514.
[710] Artículo sobre la radiación ultravioleta: Sagan y Pollack,
1974.
[711] Ezell y Ezell, 1984, p. 309.
[712] Joshua Lederberg, entrevista.
[713] Lederberg se quejó a Fletcher: Ezell y Ezell, 1984, p.
304.
[714] Ibíd., p. 308.
[715] Deliberaciones sobre los lugares de aterrizaje: véase
ibíd., pp. 309-315.
[716] Rose Bowl («Tazón de rosas»): estadio de fútbol y fútbol
americano con capacidad para más de 90.000 espectadores situado en Pasadena,
condado de Los Ángeles, California.[N. del T.]
[717] James Martin citado en Ezell y Ezell, 1986, p. 14.
[718] Sagan dudaba de la capacidad de las fotos para evitar los
obstáculos: Ezell y Ezell, 1986, p. 321.
[719] El radar «siente» pedruscos de un metro de diámetro o
menos: Ezell y Ezell, 1986, p. 14; también, G. Leonard Tyler, entrevista.
[720] Las «arenas movedizas» marcianas podían ser similares a la
idea de Gold sobre el polvo lunar: Ezell y Ezell, 1984, pp. 320-321.
[721] Martin debía el empleo a su aspecto de contratista:
Ferris, 1977, p. 58.
[722] Leslie Groves (1896-1970): militar estadounidense que se
encargó de la supervisión y construcción del Pentágono y fue alto mando del
Proyecto Manhattan para el desarrollo de la bomba atómica durante la Segunda
Guerra Mundial. Defendió no solo la necesidad del empleo de las armas nucleares
contra el Japón, sino (contra todas las pruebas) que nadie había sido afectado
por la radiación tras el lanzamiento de las bombas. [ N. del T.]
[723] Martin era el general Leslie Groves de la Viking: esta es
la acertada analogía de Timothy Ferris (entrevista).
[724] Ferris, 1977, p. 60. El General Prusiano: Ezell y Ezell,
1984, p. xi.
[725] Dos volúmenes sobre cosas que podían salir mal con la
Viking: Ferris, 1977, p. 60.
[726] Plan de Martin en caso de guerra nuclear: ibíd.
[727] Informe de Tyler del 4 de noviembre de 1974: Ezell y
Ezell, 1984, p. 322.
[728] Bob Newhart (1929): actor estadounidense de cine y
televisión. En 2013 ganó un premio Emmy al mejor actor de comedia. [N. del T.]
[729] Historia de Bora Bora: Drake, entrevista.
[730] Fred Whipple, entrevista.
[731] Urey bloqueó la titularidad en Harvard: ibíd.; David
Layzer, entrevista y comunicación personal.
[732] Whipple esperaba oposición desde dentro de Harvard:
Layzer, comunicación personal.
[733] Artículo sobre los «Equilibrios termodinámicos»:
Lippincott, Eck, Dayhoff y Sagan, 1967.
[734] Carta de Urey a Bruno Rossi del 8 de marzo de 1967, entre
los papeles de Urey.
[735] Artículo sobre los «Óxidos den nitrógeno en Marte»: Sagan,
Hanst y Young, 1965.
[736] Ibíd., p. 73.
[737] Carta de Urey a Rossi del 8 de marzo de 1967, entre los
papeles de Urey.
[738] Carta de Urey a Sagan del 17 de septiembre de 1973, en
ibíd.
[739] Carta de Sagan a Urey del 2 de octubre de 1973, en ibíd.
[740] El trabajo de Sagan sobre la paradoja del joven Sol débil
tal vez impresionó a Urey: Stanley Miller, entrevista.
[741] Alusión a las ilusiones ópticas en la percepción de figura
y fondo creadas en 1915 por el psicólogo fenomenólogo danés Edgar Rubin
(1886-1951), en las que alternativamente se perciben una copa o dos rostros
idénticos enfrentados.[N. del T.]
[742] Tonight Show: programa nocturno de la cadena televisiva
estadounidense NBC. Iniciado en 1954, ostenta el récord de longevidad en su
género. Además de variedades, incluye al menos dos entrevistas.[N. del T.]
[743] Sagan medía 188 cm de altura y pesaba unos 85 kilos:
Current Biography, 1970, p. 372.
[744] El atractivo físico de Sagan aumentó con la madurez: Lu
Nahemow, entrevista.
[745] Sagan probó a dejarse crecer el bigote: Lomberg,
entrevista.
[746] Baur, 1975, p. 28.
[747] Yaukey, 1996a, p. 7A.
[748] La compañía de científicos aburría a Sagan: Cooper, 1976a,
p. 44.
[749] El Porsche 914: Baur, 1975, p. 32.
[750] Sagan prefería BARSOOM en la matrícula:The Cosmic
Connection, 1973, p. 114 [ed. cast.: p. 121].
[751] Time, 13 de diciembre de 1971, pp. 50-52.
[752] «El catálogo de toda la Tierra»: catálogo publicado
bianualmente entre 1968 y 1972, y también ocasionalmente entre 1972 y 1998.
Constituyó una red precibernética de comunicación global entre productores y
consumidores de carácter contracultural y con la sostenibilidad del planeta
como objetivo primordial. [N. del T.]
[753] Rolling Stone (canto rodado, pero también vagabundo, bala
perdid a o caso perdido): revista de música y cultura popular publicada
quincenalmente en San Francisco desde 1967. [N. del T.]
[754] Jann Wenner (1946): editor estadounidense, cofundador y
director, entre otras revistas, de Rolling Stone. [N. del T.]
[755] Hunter S. Thompson (1937-2005): periodista y escritor
estadounidense. Fue creador e icono del llamado periodismo «gonzo», un modelo
que plantea la eliminación de la división entre sujeto y objeto, ficción y
no-ficción, objetividad y subjetividad.[N. del T.]
[756] Diana Vreeland (1903-1989): columnista y editora
estadounidense de revistas de moda. Trabajó para Harper’s Bazaar entre 1936 y
1962, y dirigió Vogue de 1962 a 1971. [N. del T.]
[757] Ferris, 1973, p. 30.
[758] Ibíd., p. 26.
[759] Ibíd., p. 30.
[760] The French Connection, contra el imperio de la droga fue
el título con que se comercializó en España la película estadounidense dirigida
en 1971 por William Friedkin y protagonizada por Gene Hackman y Fernando
Rey.[N. del T.]
[761] The Cosmic Connection, 1973, pp. vii-viii [ed. cast.: pp.
7-8.]
[762] Peter Max (1937): ilustrador y artista gráfico
estadounidense. Se distingue por su empleo de formas, colores y espectros
psicodélicos. [N. del T.]
[763] Chesley Boneswtelle (1888-1986): pintor, diseñador e
ilustrador estadounidense. Se lo considera el padre del arte espacial moderno.
[N. del T.]
[764] Lomberg, entrevista.
[765] Encuentro de Sagan y Lomberg: ibid.
[766] Goodell, 1977, p. 171
[767] Johnny Carson, comunicación personal.
[768] Baur, 1975, p. 26.
[769] Veinte ediciones, más de 500.000 ejemplares de La conexión
cósmica: Moss, 1980, p. 25.
[770] Broca’s Brain, 1979 (edición en rústica), p. 64 [ed.
cast.: p. 87].
[771] Hermione Gingold (1897-1987): actriz inglesa conocida por
su personalidad excéntrica. [N. del T.]
[772] Today Show: programa matutino, de noticias y entrevistas,
en la cadena televisiva NBC. Iniciado en 1952, es el más longevo de su clase en
EEUU. [N. del T.]
[773] Gil Levin, entrevista.
[774] Phil Karn en «Tribute to Carl Sagan», 1996-1997.
[775] Goodell, 1977, p. 174.
[776] Lomberg, entrevista.
[777] Vishniac tenía un brazo con movilidad limitada; no siguió
el curso de supervivencia: Norman Horowitz, entrevista.
[778] Los montes Baldr y Thor: la ironía de los nombres locales
se señala en Di Gregorio, 1997, 125.
[779] Sagan, 1974d, pp. 397-398.
[780] Gold se considera responsable de la muerte de Vishniac:
Thomas Gold, entrevista.
[781] Cooper, 1976 b, p. 54.
[782] Una probabilidad de 1 entre 50: ibíd., p. 53.
[783] Oyama situó las probabilidades en el 50 por 100: Cooper,
1980, p. 126.
[784] Cooper, 1980, p. 99.
[785] Ferris, 1977, p. 67. Esto se dijo tres semanas después del
aterrizaje de laViking.
[786] Sagan situó las probabilidades en el 50 por 100; apuesta
de los osos polares: Chapman, 1997, p. 6.
[787] Una Conexión cósmica simplificada: Goodell, 1977, p. 165.
[788] Cristófagos, petrófagos: Time, 5 de julio de 1977, p.90.
[789] Apariencia de Murray ante la cámara: esta descripción se
basa en una edición de la Nightline de la ABC en que aparecieron Murray y
Sagan.
[790] Terzian y Bilson, 1997, p. 36 [ed. cast.: p. 49].
[791] Wunderkammer: en alemán, «cámara de las maravillas» o
«gabinete de curiosidades». [N. del T.]
[792] Cooper, 1976a, p. 83.
[793] Murray no podía entender la preocupación de Sagan por la
vida: Ferris, 1977, p. 63.
[794] Cooper, 1976b, p. 48.
[795] Lederberg dudaba de la vida nocturna: ibid.
[796] «The Search of Life» [«La búsqueda de la vida»] de la
serie Nova de la PBS.
[797] Cooper, 1976b, p. 48.
[798] Un geólogo admiraba a Mutch por no haberle pegado un tiro
a Sagan: ibid., p. 47.
[799] Prueba con la serpiente, el camaleón y las tortugas; foto
del grupo: ibíd.
[800] Sagan se alojaba en el apartamento de Ferris; Ferris
recibía invitaciones: Ferris, entrevista.
[801] Invitados al apartamento de Ephron: Druyan, entrevista.
[802] Antecedentes biográficos de Druyan: Druyan, entrevista.
[803] La novela de Druyan: Druyan 1977b.
[804] El Salón de la Fama Nacional de Béisbol es un museo
dedicado a la historia del béisbol y ubicado en el pueblo de Cooperstown, Nueva
York. La Asociación de Escritores de Béisbol de América elige (induce) cada año
nuevos miembros entre los grandes jugadores de ese deporte. [N. del T.]
[805] Carl estaba revolcándose de risa por el suelo; temas de
conversación: Druyan, entrevista.
[806] Las mangas de la camisa remangadas y la cálida sonrisa de
Carl: Druyan, 1997, p. 10.
[807] Sagan comprendió el contenido del mensaje: Drake,
entrevista.
[808] Hubo lágrimas y suspiros: Drake en Murmurs of Earth, 1978,
p. 65 [ed. cast.: p. 65].
[809] HI: hola en inglés. [N. del T.]
[810] HI en código Morse: Drake y Sobel, 1992, p. 184 [ed.
cast.: p. 216]. Los primeros diez bits eran todos 0 («punto»). H son cuatro
puntos, e I son dos puntos. En el auténtico código Morse, hay una pequeña pausa
entre las letras, ausente en la transmisión de Arecibo. Igualmente se podía
leer como IH o III.
[811] Los soviéticos planeaban buscar señales extraterrestres:
Thomas, 1963, p. 86.
[812] Troitsky observó Andrómeda con una antena parabólica de
unos 15 metros: Communication with Extraterrestrial Intelligence (CETI), 1973,
p. 257 [ed. cast.: p. 247].
[813] Drake y Sobel, 1992, p. 148 [ed. cast.: p. 179].
[814] Cordes vio los juicios del Watergate: James Cordes,
entrevista.
[815] Drake, entrevista.
[816] A Sagan y Drake los despertaban a la 4 de la madrugada;
Drake conducía, Sagan desayunaba pan de ajo: Drake, 1976, p. 24.
[817] El lenguaje corporal de Sagan: Drake, entrevista.
[818] 100 horas de observación: Drake y Sobel, 1992, p. 151 [ed.
cast.: p. 183].
[819] Drake, entrevista.
[820] Cooper, 1976b, p. 46
[821] Drake y Sagan, 1975
[822] Newman, entrevista.
[823] Drake, 1976, p. 26.
[824] Los humanos somos probablemente la única raza inteligente
en nuestro grupo de galaxias: Herbert Friedman en Shklovskii, 1991, p. 19
[825] «Problemas de filosofía»: revista rusa del Instituto de
Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS. Publicada en Moscú desde su
fundación en 1947, sus páginas han acogido artículos sobre una amplia
diversidad de temas intelectuales y científicos.[N. del T.]
[826] Artículo en Voprosy Filosifii: Shklosvkii, 1976.
[827] Sagan emplea argumentos sobre los extraterrestres con
Shklovski: Sagan, 1985b, p. 18.
[828] Los Sagan en la nueva casa para el año académico
1975-1976: directorio del profesorado de Cornell.
[829] Galaxia de vidrio; reacción de Asimov: Lomberg,
entrevista.
[830] Los padres como opuestos: Nick Sagan, entrevista.
[831] Cooper 1976a.
[832] Ferris, entrevista.
[833] El conde de Montecristo, Superman: Nick Sagan, entrevista.
[834] El arte de Nick se parecía a los frescos de Tassili: Other
Worlds, 1975, pp. 118-119.
[835] El ping-pong: Nick Sagan, entrevista.
[836] En el lenguaje del béisbol y del deporte estadounidense en
general, babe («nena» o «ricura» en otros contextos) se emplea para animar a un
jugador en frases como «c’m’on babe!» (traducible por « ¡vamos, chico!»).[N.
del T.]
[837] Historia de «Babe» Ruth; Dorion se disculpa con Rachel:
carta de Rachel Sagan a Cari Greene del 29 de abril de 1969, en posesión de
Cari Greene.
[838] Nick Sagan, entrevista.
[839] Los niños espiaban a los padres: David Grinspoon,
entrevista
[840] Cooper, 1976a, p. 44.
[841] Lederberg, pesimista antes del lanzamiento: Cooper, 1980,
p. 107
[842] Cooper, 1976a, pp. 40-43
[843] Proporciones de hidrógeno y helio en la atmósfera de
Júpiter: Elliott, Wasserman, Veverka y otros, 1974.
[844] Vida inteligente en el universo, 1966, p. 329 [ed. cast.:
p. 369].
[845] Vid. En El viento del Sol: relatos de la era espacial,
Madrid, Alianza, 1987 [N. del T.]
[846] Historia de «Un encuentro con Medusa»: Clarke, 1978.
[847] Postura de Chapman sobre la vida flotante, reacción de
Sagan: Clark Chapman, entrevista.
[848] Sagan y Salpeter, 1976, p. 747.
[849] Cfr. T. Mann, La montaña mágica, Ediciones G. P.,
Barcelona, 1977, vol. I, p. 72. [N. del T.]
Capítulo 7
[850] La misión Viking. En lo que se refiere a fechas y
acontecimientos —y en muchos casos palabras, pensamientos y motivaciones de las
personas—, este capítulo está profundamente en deuda con Ezell y Ezell, 1984 y
Cooper, 1984, ambos escritos en o en torno de la época de la misión.
[851] Lester Grinspoon, entrevista
[852] La pasión de Carl y Linda se enfrió; peleas en Pasadena:
David Grinspoon, entrevista. Partida de Monopoly: Ann Druyan, entrevista.
[853] Los Sagan estaban en Pasadena a mediados de junio: carta
de Sagan a Harold Urey del 14 de junio de 1976, entre los papeles de Harold
Urey, Universidad de California, San Diego.
[854] Pale Blue Dot, 1994, p. xvi [ed. cast.: pp. xvi-xvii].
[855] Sagan fue nombrado miembro del departamento de geología de
Cornell: véase currículum vítae y Ferris, 1997, p. 63. Su título era de Miembro
Licenciado en el Campo de las Ciencias Geológicas.
[856] Historia del trilobites: Thomas Mutch en el Equipo de
Imágenes del Módulo Viking, 1978 [The Martian Landscape (El paisaje marciano)],
p. 25.
[857] Simulaciones de Marte; Martin como «Ted Baxter»: Ferris,
1977, p. 60. Ted Baxter es un personaje de ficción encarnado por el actor Ted
Knight (1923-1986) en la comedia de situación The Mary Tyler Moore Show
(1970-1977). Representaba una parodia de un locutor de noticiarios de
televisión vanidoso, superficial y bufonesco. [N. del T.]
[858] Cartera con la etiqueta «Embajada de Marte»: ibíd., p. 62.
[859] Utilización de las citas de Sagan: Christopher Chyba,
entrevista.
[860] Timothy Ferris, entrevista.
[861] Terzian y Bilson, 1997, p. 36 [ed. cast.: p. 49].
[862] Gelman, 1977, p. 51
[863] Ibíd.
[864] Cooper, 1976a, p. 44.
[865] Cooper, 1976b, p. 47.
[866] Cooper, 1976a, p. 43.
[867] El perfil del New Yorker enfadó lo bastante a Sagan para
casi querellarse: Ferris, entrevista.
[868] Sagan desayunaba un batido de chocolate: Ferris, 1977, p.
62.
[869] Reacción a las primeras fotos orbitales desde laViking 1:
Ezell y Ezell, 1986, p. 331.
[870] Sagan quería buenas fotos y buenos datos de radar: Martin,
1986, p. 12.
[871] Los sitios de aterrizaje que parecían buenos en las fotos
no parecían buenos en el radar: ibid., p. 11.
[872] «Regla Carl Sagan»: Ezell y Ezell, 1984, pp. 339-340.
[873] Elliott Levinthal (reconstrucción de los comentarios de
Martin y Sagan), comunicación personal. La relevancia de la fecha del cuatro de
julio en EEUU se debe a que es una jornada de fiesta nacional (el día de la
independencia). [N. del T.]
[874] Sagan quería posponer el aterrizaje de la Viking: Ezell y
Ezell, 1984, p. 361.
[875] A Martin le preocupaba la cobertura del bicentenario:
ibíd., p. 357.
[876] Comunicado de prensa de la NASA; los presentadores de
televisión tuvieron tiempo para cancelar sus vuelos: ibíd., p. 336.
[877] Votación de sondeo 23-12: ibíd., pp. 343-344.
[878] Agujero que atravesaba el planeta: ibíd., p. 346.
[879] Ibíd., p. 346.
[880] Sagan sugirió que licenciados recientes contaran los
cráteres: Biemann, 1977, p. 15.
[881] Angie Dickinson, actriz de Hollywood muy conocida en los
años sesenta, y en la cumbre de la fama hacia la época de la misión Viking por
su protagonismo en la serie de televisión La mujer policía. N. del T.]
[882] Se rumoreó que Angie Dickinson iba a asistir a la fiesta:
Don Davis, entrevista.
[883] Dibujos de marcianos en el JPL: Cooper, 1980, p. 121.
[884] Retardo de dieciocho minutos y dieciocho segundos en la
recepción de la señal de la Viking: Ezell y Ezell, 1984, p. xi.
[885] Ferris, 1977, p. 56.
[886] Martin, 1986, p. 10.
[887] Cobertura informativa de la ABC, colección del Museo de
Televisión y Radio.
[888] Planificación de las dos primeras fotografías de Marte.
Véase Ezell y Ezell, 1984, p. 380.
[889] Ibíd., p. 330.
[890] Sagan nunca se había alegrado tanto al ver un remache:
Cooper, 1980, p. 117.
[891] Ibíd., p. 121.
[892] Apariciones de Sagan en televisión: Ferris, 1977, p. 63.
[893] Mutch, Binder, Huck y otros, 1976, p. 800.
[894] Sagan pegó fotos con cinta adhesiva; Sagan y Ferris se
sentaron con la cabeza en medio de ellas; Ferris, entrevista; Ferris, 1977, p.
58.
[895] Ferris, 1977, p. 58.
[896] «Rastros de pollo» en Marte: Biemann, 1977, p. 42.
[897] Informaciones de «grafiti marcianos»: Ferris, 1977, p. 58;
A Sagan B le recordó Barsoom: Cosmos, 1980, 122 [ed. cast.: p. 121].
[898] Sagan soñó que se encontraba en Marte: Ferris, 1977, p.
62.
[899] El Equipo de Imágenes de la Sonda Viking 1978 [The Martian
Landscape (El paisaje marciano)], p. 29.
[900] Ferris, 1977, p. 63.
[901] Ibíd.
[902] Ibíd.
[903] Ibíd.
[904] Ibíd.
[905] Ibíd.
[906] Fíjense en ese cielo: Ezell y Ezell, 1984, p. 383.
[907] Ron Levin deshizo los ajustes en los monitores; bronca de
Martin: DiGregorio, 1997, p. 140.
[908] Ezell y Ezell, 1984, p. 383. Esta fuente hace decir a
Sagan «Jerry Pollack», lo cual debe de ser un error de cita.
[909] Predicción en el National Enquirer de un cielo rosa en
Marte: Biemann, 1977, p. 140. El mismo artículo predecía también que laViking
encontraría ruinas de civilizaciones antiguas (¿tal vez la famosa «cara» de
Cydonia?).
[910] Ansel Adams (1902-1984): fotógrafo estadounidense que
desarrolló el sistema de zonas.[N. del T.]
[911] Cooper, 1980, p. 119.
[912] Ibíd.
[913] Chapman, 1997, p. 6.
[914] Apariencia de Oyama: véase foto en DiGregorio, 1997, p.
151; también en Biemann, 1977.
[915] Gil Levin, entrevista.
[916] El equipo de biología se preguntaba por qué Horowitz
participaba: Ezell y Ezell, 1984, p. 412.
[917] Horowitz se ofreció a comer polvo marciano: Norman
Horowitz, entrevista (en la que Horowitz añadió: « ¡No sé si ahora lo haría!»…
no debido a los microbios, sino a la química activa del suelo).
[918] Ninguna oportunidad de pruebas de calibración hasta
después del lanzamiento: Cooper, 1980, pp. 102-103.
[919] Baedecker: editorial alemana fundada en 1827 por Karl
Baedecker (1801-1859) y famosa por la invención de las primeras guías
turísticas modernas.[N. del T.]
[920] Vestuario de Biemann: véanse fotos (tomadas por el hijo
adolescente de Biemann) en Biemann, 1977.
[921] El suelo marciano era como el suelo en los patios traseros
de Los Ángeles: Scott, citado en Los Angeles Times del 30 de julio de 1976.
[922] Biemann, 1977, p. 59.
[923] Cooper, 1980, p. 125.
[924] Ezell y Ezell, 1984, p. 401.
[925] Newsweek, 9 de agosto de 1976, p. 63.
[926] Hipótesis de los «estertores»: Cooper, 1980, p. 145.
[927] Ibíd., pp. 140-141.
[928] Sagan, en Washington, D. C., se perdió el alboroto: ibíd.,
p. 152.
[929] Ibíd., p. 150.
[930] Ezell y Ezell, 1984, p. 403.
[931] Horowitz estaba preocupado por el ánimo de Sagan: Cooper,
1980, pp. 157-158.
[932] Ibíd., p. 157.
[933] Ibíd., p. 141.
[934] Las tormentas de polvo distribuirían la materia orgánica:
Ezell y Ezell, 1984, p. 409.
[935] Cooper, 1980, p. 168.
[936] Ibíd., p. 169.
[937] De 100 a 1.000 bacterias: Ezell y Ezell, 1984, p. 406.
[938] U. S. News and World Report, del 30 de agosto de 1976, pp.
52-53
[939] Aparición del «primer gancho» de la curva: Biemann, 1977,
p. 69.
[940] Levin sugirió que los microbios estaban muertos:
DiGregorio, 1997, p. 160.
[941] Opinión de Margulis sobre los experimentos; los resultados
de Levin eran «basura»: Levin, entrevista.
[942] Sagan quería un sitio en el que la temperatura fuera
superior a la de congelación: Biemann, 1977, p. 88.
[943] Cooper, 1980, p. 183.
[944] Ezell y Ezell, 1984, pp. 354-355.
[945] Ferris, 1977, p. 63.
[946] Biemann, 1977, p. 135.
[947] Cooper, 1980, p. 196.
[948] Ezell y Ezell, 1984, p. 408.
[949] Biemann, 1977, p. 5.
[950] Cooper, 1980, pp. 206-209.
[951] «Categorías» de rocas: ibíd., p. 207
[952] Ibíd., p. 211.
[953] Ibíd., p. 213.
[954] Objeción de Horowitz y Levin a la teoría de los «bichos de
caparazón duro»: ibíd., pp. 214-215.
[955] Sagan, 1976b.
[956] Horowitz fijó el rostro de Sagan en su puerta: Cooper,
1980, p. 215.
Capítulo 8
[957] Anécdota de la bruja: Ann Druyan, entrevista.
[958] Problemas con la zanja de treinta centímetros de
profundidad: Cooper, 1980, Ezell y Ezell, 1984.
[959] Ferris, 1977, p. 65.
[960] Cooper, 1980, p. 238.
[961] Cosmos, 1980, p. 126 [ed. cast.: p. 126].
[962] Horowitz reinterpretó como «positivo» el resultado
«negativo» de su control: Horowitz, 1977, p. 61.
[963] Artículo sobre las partículas de las tempestades de polvo
en Marte: Toon, Pollack y Sagan, 1977.
[964] Resultados de Horowitz con arcillas: Cooper, 1980, p. 241.
[965] DiGregorio, 1997, p. 195.
[966] Levin, entrevista.
[967] Colaboración de Levin, Sagan y Pieri, diferencia de una
sigma:ibid., DiGregorio, 1997, pp. 179-190.
[968] Levin decepcionado porque Sagan discrepara con él:
Horowitz, entrevista.
[969] Lee leyó las obras de Faulkner, Dostoyevski y Camus:
Grimwood, 1996.
[970] Apariencia de Lee: véanse fotos en Biemann, 1977.
[971] Holt, 1981.
[972] Lee tanteó a Sagan respecto a una idea de negocio: Gentry
Lee, comunicación personal.
[973] Ideas de Andorfer para presentadores de televisión: Cook,
1980, p. 23.
[974] Ibid., p. 25.
[975] Sagan y Lee contrataron a Malone en marzo de 1977: Lee,
comunicación personal.
[976] ¿Estaría Lee interesado en trabajar para ellos?: Jon
Lomberg, entrevista.
[977] Disco de la Voyager: Murmurs of Earth, 1978, libro con el
que este estudio está en deuda, constituye una explicación detallada de la
elaboración del disco en las propias palabras de los autores.
[978] Amor a primera vista: Sweeney, 1982.
[979] Temía estar enamorándose: Obst, entrevista.
[980] Sagan hablaba dirigiéndose a Druyan: Lester Grinspoon,
entrevista.
[981] Conversación en la Russian Tea Room: Druyan, entrevista.
[982] Idea de pedirle a John Lennon que escogiera la música:
Timothy Ferris, entrevista.
[983] Druyan, 1977a, p. 12.
[984] Sagan en Murmurs of Earth, 1978, p. 5 [ed. cast.: p. 5].
[985] Las lecciones de piano de Sagan; le gustaban el rock,
elreggae: Druyan, entrevista.
[986] Hey, Mr. Tambourine’s Man: Lomberg, entrevista.
[987] Sagan en Murmurs of Earth, 1978, p. 20 [ed. cast.: p. 21].
[988] Sagan citando a Williams en ibid., p. 18 [ed. cast.: p.
19].
[989] Búsqueda de Jaat Kahan Ho: ibid., pp. 19-20 [ed. cast.: p.
20].
[990] Telegrama de Sagan a un colega ruso: Druyan, entrevista.
Druyan no recuerda quién era el colega.
[991] Historia de Noches de Moscú: Sagan en Murmurs of Earth,
1978, p. 21 [ed. cast.: p. 22].
[992] Jefferson Starship: Grupo estadounidense de rock bastante
popular durante los años setenta y ochenta. [N. del T.]
[993] Sagan pensó que la canción de Berry era espantosa: Ferris,
entrevista.
[994] Audioentrevista de Druyan en el sitio web de Contact,
1997.
[995] Programa de televisión que, con su tratamiento humorístico
de temas serios, revolucionó en los años setenta el panorama de los programas
de últimas horas de la noche en EEUU. Se emite desde 1975 hasta el presente.
[N. del T.]
[996] Comentarios de Morrison y Heinlein sobre las imágenes: Jon
Lomberg en Murmurs of Earth, 1978, p. 77 [ed. cast.: p. 79].
[997] Negativa de Charles Eames: Lomberg, entrevista.
[998] Se consultaron libros de imágenes: Lomberg en Murmurs of
Earth, 1978, p. 75 [ed. cast.: p. 77].
[999] Humanos perfectos o «personas reales»: Frank Drake,
entrevista; Drake y Sobel, 1992, pp. 187-189 [ed. cast.: p. 221].
[1000] Druyan, en Murmurs of Earth, 1978, p. 152 [ed. cast.: p.
154]
[1001] Ibid. [ed. cast.:ibid.].
[1002] El disco no debía contener imágenes negativas: Sagan
enMurmurs of Earth, 1978, p. 40 [ed. cast.: p. 41].
[1003] Grabación del beso: Druyan en ibid., p. 157 [ed. cast.:
p. 161].
[1004] Pregunta sobre el aplazamiento del lanzamiento: Sagan, en
ibid., p. 24 [ed. cast.: p. 25].
[1005] Druyan, 1977a, p. 13.
[1006] Druyan, 1997, p. 11.
[1007] Druyan, entrevista.
[1008] Obst quería saber cuándo se lo iba a decir Carl a su
mujer: Obst, entrevista.
[1009] Murmurs of Earth, 1978, p. 251 [ed. cast.: p. 255].
[1010] Samuel Ramsay Nichol citado en ibid. [ed. cast.: ibid.]
[1011] Sagan no era consciente del pasado nazi de Waldheim:
Timothy Ferris (entrevista) puso de relieve esta ironía.
[1012] En el original: «Hello from the children of Planet
Earth». [N. del T.]
[1013] Druyan fue conectada a un ordenador Honeywell, grabación
de los datos: audioentrevista de Druyan en el sitio web de Contact, 1997.
[1014] Los datos sonaban como una sarta de petardos: Druyan
enMurmurs of Earth, 1978, p. 158 [ed. cast.: p. 162].
[1015] Historia de Danny Boy: Sagan en ibid., p. 32 [ed. cast.:
p. 33].
[1016] Preguntas sobre arte, religión: ibid., pp. 34-35 [ed.
cast.: p. 35]
[1017] Lomberg, entrevista.
[1018] Los humanos que se quitan la ropa se vuelven de piedra:
Drake y Sobel, 1992, p. 188 [ed. cast.: p. 221].
[1019] Nota sobre el erotismo de las mujeres embarazadas:
Lomberg, entrevista.
[1020] Carl y Annie en la excursión turística de Circle Line,
preocupaciones por la NASA, planes para informar a los demás: Druyan,
entrevista.
[1021] Lomberg sugirió que se cortara música; Ferris se negó:
Ferris, entrevista.
[1022] Bruce Springsteen estaba grabando un disco en la puerta
de al lado: ibid.
[1023] Sagan en Murmurs of Earth, 1978, p. 40 [ed. cast.: p.
41]; también ibid.
[1024] Un inspector rechazó el disco; un grupo musical tapaba lo
que se decía en la conferencia de prensa: Ferris, entrevista.
[1025] Cálculos sobre la longevidad del disco: Sagan en Murmurs
of Earth, 1978, pp. 233-234 [ed. cast.: p. 238].
[1026] Plan para hablar con Linda en cabo Cod: Lester Grinspoon,
entrevista
[1027] Lista de bienes en un bloc de hojas de oficina de color
amarillo: ibid.
[1028] Carl llamó a Annie; reacción de Ferris: Druyan,
entrevista; Ferris, entrevista.
[1029] Devolución de los regalos de compromiso de Ferris y
Druyan: Lester Grinspoon, entrevista.
[1030] Linda quería otro hijo: ibid.
[1031] Linda y Annie lloraron durante el lanzamiento: Ferris,
entrevista.
[1032] Nick Sagan, entrevista.
[1033] Lomberg, entrevista.
[1034] Samuel y Rachel escrituraron una copropiedad en agosto de
1977: carta de Rachel y Samuel Sagan a Cari Greene del 27 de junio de 1977, en
posesión de Cari Greene.
[1035] Druyan, entrevista.
[1036] Ibid.
[1037] Obst, entrevista.
[1038] Ibid.
[1039] Hogar en Slaterville Springs: Druyan, entrevista.
[1040] A Sagan le diagnostican la enfermedad de Hodgkin; los
médicos cambian de opinión:ibid.
[1041] Cifras de ventas deLos dragones del Edén: McDowell, 1981.
El montante de los derechos se calcula a partir de las ventas de 200.000
ejemplares en tapa dura al precio de venta de 8.95 dólares y según las
condiciones normales de edición.
[1042] A Sagan le sorprendieron las ventas de Los dragones del
Edén: Ferris, entrevista.
[1043] Dos docenas de borradores para un libro de Sagan típico:
Druyan, entrevista.
[1044] A Sagan le gustaban Swinburne, Melville:ibid. También
Blake, Shakespeare, la poesía azteca: Antonio Lazcano, entrevista.
[1045] Cuando intento expresar una emoción en prosa: Roberts,
1980, p. 30.
[1046] En Venus siempre está lloviendo:Cosmos, 1980, p. 96 [ed.
cast.: p. 96].
[1047] En la historia del mundo: Comet, 1985 (con Ann Druyan),
14 [ed. cast.: I, p. 14].
[1048] Ibid., p. 33 [ed. cast.: p. 29]
[1049] Annie concebía los títulos de los libros: Druyan,
entrevista.
[1050] El títuloEl alienígena y el escéptico: Yaukey, 1994, p.
12a. Los títulos en inglés son: The Alien and the Sceptic y The Demon-Haunted
World (literalmente, El mundo acechado por demonios).[N. del T.]
[1051] The Dragons of Eden, 1976, p. 180 (edición en tapa
blanda) [ed. cast.: p. 177].
[1052] Diálogo de Sagan con el presidente Carter: Sagan, «On the
Prehistory of the Planetary Society» [«Sobre la prehistoria de la sociedad
planetaria»], en Planetary -Report, enero-febrero de 1986, p. 5.
[1053] La fuente de esta historia (que no es Horowitz) pidió
permanecer anónima. Cuando le pedí a Horowitz que la confirmara, este se rio y
dijo que no la recordaba… pero tampoco estaba seguro de que no ocurriera. De
ahí su consideración como parte de las leyendas sobre Sagan.
[1054] Holzman, 1984, p. 17.
[1055] Ibid.
Capítulo 9
[1056] Carl y Annie alquilaron una casa de color naranja en la
avenida Sierra Bonita. Ann Druyan, entrevista.
[1057] Rachel rogaba a los amigos que hicieran comida no kosher:
Cari Greene, entrevista.
[1058]]La lista de bienes se convirtió en causa de disputa:
Lester Grinspoon, entrevista.
[1059] Linda pensó en mudarse a Nueva York; leyes californianas
sobre el divorcio: Nick Sagan, entrevista.
[1060] Cook, 1980, p. 26.
[1061] Dorion Sagan, comunicación personal.
[1062] Druyan, entrevista.
[1063] Se pidieron ideas a todo el mundo:ibid.
[1064] A Malone lo molestó la afirmación de que el título era
sexista:ibid.
[1065] Malone pensaba que la serie era lo primero y el libro
podía aplazarse: Rink, 1996.
[1066] A Malone le cobraron demasiado por una mesa; dinero
recaudado para Cosmos se empleó para los gastos generales de la emisora: Crook
y Epstein, 1982.
[1067] Preocupación por la nave espacial; la semilla de diente
de león: Jon Lomberg, entrevista
[1068] Sagan quería ver las Pléyades: ibid.
[1069] Roberts, 1980, p. 24.
[1070] Brown, 1978, p. 2.
[1071] Birkhoff, 1979.
[1072] Sagan pasó la aduana con una «Piedra de Rosetta»:
Christopher Chyba, entrevista.
[1073] Linda Obst, entrevista.
[1074] Terzian pasó por alto el límite sabático. Yervant
Terzian, entrevista.
[1075] Crook, 1982.
[1076] Arco aprobó fondos extra sin ver el programa: Druyan,
entrevista.
[1077] he Demon-Haunted World, 1996, p. 203 [ed. cast.: p. 235]
[1078] Rink, 1996
[1079] Ibid.
[1080] Sagan se negó a que Jeremy se quedara con él: Lynn
Margulis, comunicación personal, y Dorion Sagan, comunicación personal.
[1081] Hubo secuencias de efectos que no se entregaron: Timothy
Ferris, entrevista
[1082] Newsweek, 6 de octubre de 1980, p. 75.
[1083] Richard Berendzen (citando comentarios en el estreno),
entrevista.
[1084] Lomberg, entrevista.
[1085] Druyan, entrevista.
[1086] Newsweek, 6 de octubre de 1980, p. 75.
[1087] La KCET tuvo que rechazar mujeres: Rink, 1996.
[1088] Los cuellos de cisne, mascotas y un hijo llamados Sagan,
etc.: «Tribute to Carl Sagan», pp. 1996-1997.
[1089] Popularidad de Cosmos entre los niños de dos años:
Sweeney, 1982.
[1090] Anécdota de Robbie: Nyasia A. Maire, en «Tribute to Carl
Sagan», pp. 1996-1997.
[1091] Pase de Cosmos en la escuela, comentario de un compañero
de clase: Nick Sagan, entrevista.
[1092] Roberts, 1980, p. 25.
[1093] O’Malley, 1981, p. 95.
[1094] Crook y Epstein, 1982.
[1095] Análisis de los problemas financieros de la KCET: Crook,
1982
[1096] 1.3 millones de dólares en derechos de autor por
Cosmos(libro): calculado a partir de ventas de 452.000 ejemplares al precio de
venta al público de 19.95 dólares, suponiendo los términos contractuales
habituales.
[1097] Los colegas no podían mantener una conversación con Sagan
en los restaurantes: Frank Drake, entrevista.
[1098] En los restaurantes, Sagan se sentaba de cara a la pared:
Paul Horowitz, entrevista.
[1099] Oprah Winfrey (1954): presentadora de televisión
estadounidense. Su programa de entrevistas, The Oprah Winfrey Show(1986-2011)
fue el más visto de la historia en su género.[N. del T.]
[1100] Gay Larson, The Far Side Gallery, Kansas City, Andrews
and McMeel, 1984. Estoy en deuda con Doug Steckel por haberme llamado la
atención sobre esta viñeta.
[1101] Cosmos, 1980, p. 5 [ed. cast.: p. 5.]
[1102] Billions and Billions, 1997, p. 3 [ed. cast.: p. 9].
[1103] Chapman, 1997, pp. 6-7.
[1104] Joyce Brothers (1927-2013): psicóloga estadounidense,
famosa por los consejos de su especialidad que daba en los medios de
comunicación audiovisuales y escritos. [N. del T.]
[1105] Achenbach, 1996. (¡La dra. Brothers fue alumna de
Cornell!)
[1106] Queja de que Sagan viajaba demasiado: Ferris, entrevista.
[1107] Stewart Brand, entrevista
[1108] Gelman, 1977, p. 47. Las opiniones de Horowitz se han
moderado considerablemente desde entonces. Él me dijo (entrevista): «Su gran
contribución [de Sagan] fue convencer al público de que la ciencia es
interesante, y especialmente la ciencia del espacio. Hizo eso con un arte
consumado y sin hacer en ningún sentido trampa con los hechos».
[1109] Diamond, 1997
[1110] Sagan estaba enamorado (de la ciencia) y quería
expresarlo: Druyan, entrevista.
[1111] Nightline o ABC News Nightline es un programa nocturno de
noticias que la cadena estadounidense de televisión ABC emite desde marzo de
1980.[N. del T.]
[1112] Sagan habló de escoger entre la ciencia y la divulgación:
Chapman, entrevista.
[1113] Artículo sobre los canales marcianos: Wallace y Sagan,
1979.
[1114] Pale Blue Dot, 1994, p. 106 [ed. cast.: p. 106].
[1115] Posibilidad de temperaturas templadas, vida en Titán:
Cosmos, 1980, p. 162 [ed. cast.: p. 159].
[1116] El término «tolina» molestó a los químicos: Steele, 1987,
p. 24.
[1117] Ibid.
[1118] Sagan, 1981, pp. 351-352.
[1119] Obst, entrevista.
[1120] Svetkey, 1997, p. 22.
[1121] Sweeney, 1982
[1122] Un argumento de 113 páginas para Contact: Los Angeles
Times, 11 de mayo de 1997. Pero Svetkey 1997 dice que el argumento ocupaba 60
páginas.
[1123] Smith, 1981.
[1124] Obst, 1996, foto opuesta a la p. 114.
[1125] Envío del esbozo de la novela a nueve casas editoriales,
fecha; negociaciones con Random House; explicaciones contradictorias de la
puja: McDowell, 1981.
[1126] 2 millones de dólares, la mayor suma: Smith, 1981.
[1127] Lee recibió el 15 por 100: Gentry Lee, comunicación
personal.
[1128] Permiso de Coppola: Puig, 1997, p. 27.
[1129] Collins, 1985.
[1130] Cosmos Store: en inglés «Tienda del Cosmos».[N. del T.]
[1131] Sagan citado en Broad, 1982.
[1132] A una compradora de Waldenbooks no se la dejó pasar:
Time, 14 de diciembre de 1981, p. 68.
[1133] Un 23 por 100 de interés por el préstamo bancario: ibid.
[1134] Broad, 1982.
[1135] Ibid.
[1136] «Beware the Cow in E.T.’s Barn» [«Cuidado con la vaca en
el establo del extraterrestre»], editorial en el New York Times, 28 de
diciembre de 1982.
[1137] Sagan, «If Extraterrestrials Do Exist: Not to Worry» [«Si
los extraterrestres sí existen, no preocuparse»], carta al director en elNew
York Times, 30 de enero de 1983.
[1138] Versión de Tipler del rechazo de Science: Tipler, 1981,
p. 289.
[1139] Sagan jugó limpio con el trabajo de Tipler: William I.
Newman, entrevista.
[1140] Tipler, 1981, p. 289.
[1141] Tipler contactó con Proxmire: Newman, entrevista.
[1142] Drake y Sobel, 1992, p. 192 [ed. cast.: p. 226].
[1143] Ibid. [ed. cast.:ibid.]; Frank Drake, entrevista.
[1144] Drake y Sobel, 1992, p. 195 [ed. cast.: p. 229].
[1145] Reunión de Sagan con el senador Proxmire: Newman,
entrevista; Salisbury, 1986, p. 9.
[1146] Newman, entrevista.
[1147] Las máquinas de Von Neumann: Véase Tipler, 1980. Sin
embargo, ninguna de las fuentes en primera persona en el artículo publicado por
Eric Jones en 1985 con meticulosa investigación sobre la historia del
interrogante de Fermi menciona las máquinas de Von Neumann. Von Neumann fue
asesor en Los Álamos durante este periodo, y estaba trabajando en su teoría de
los autómatas autorreproductores. Tal vez ambas ideas se hayan vinculado en
versiones y elaboraciones posteriores.
[1148] Tipler, 1980, p. 276.
[1149] Presa Hoover: presa en el curso del río Colorado, en la
frontera entre los estados de Arizona y Colorado. Construida en 1931-1936,
recibe su nombre de Herbert Hoover (1874-1964), que ocupó la presidencia de
EEUU entre 1929 y 1933.[N. del T.]
[1150] Somos como hormigas, incapaces de comprender la
tecnología avanzada: Sagan, 1973c.
[1151] Enigmáticos fenómenos astrofísicos podrían ser
artificiales: Sagan, 1974b.
[1152] Ball, 1973, pp. 348-349.
[1153] Kafka citado en Contact, 1985 (edición en rústica), p. 40
[ed. cast.: p. 42].
[1154] Sagan, 1982.
[1155] Newman y Sagan, 1981, p. 296.
[1156] Newman y Sagan, 1981, p. 295.
[1157] Newman y Sagan, 1981, p. 319.
[1158] Newman, entrevista. (Entre los pecados de la película se
contaba, en opinión de Sagan, el empleo de «parsec» como unidad de velocidad
¡más extraño que el que Proxmire hizo de los años luz!)
[1159] Newman, entrevista.
[1160] Linda cambiaba de opinión sobre los acuerdos de divorcio:
Lester Grinspoon, entrevista.
[1161] Boda en el hotel Bel-Air: Druyan, entrevista.
[1162] Maquilladores en la boda: Cari Greene, entrevista.
[1163] Grisnpoon fue el padrino: Lester Grinspoon, entrevista.
[1164] Lynda Obst ayudó a escoger el vestido de novia: Obst,
entrevista.
[1165] Rachel se aseguró de que su bella sobrina no asistiera a
la boda: Dorion Sagan, comunicación personal.
[1166] Brindis sobre la «mejora» de Carl por Annie: Cari Greene,
entrevista.
Capítulo 10
[1167] La casa de los Sagan se decía que en origen había sido
una tumba: Ross, 1981.
[1168] La casa de los Sagan se decía que en origen había sido
una central eléctrica: Véase Terzian y Bilson, 1997, p. 156 [ed. cast.: p.
198].
[1169] La casa de los Sagan se construyó en 1890: Viladas, 1994,
p. 72. Se construyó en 1925: Ross, 1981.
[1170] La casa de los Sagan fue estudio de escultura de un
físico: Terzian y Bilson, 1997, p. 156 [ed. cast.: p. 198].
[1171] Ross, 1981.
[1172] Graceland: mansión situada en Memphis (Tennessee) en la
que el cantante de rock Elvis Presley (1935-1977) vivió desde 1957 hasta su
fallecimiento. [N. del T.]
[1173] Vitkauskas, 1986a.
[1174] Fraternity Row (literalmente, «Hilera de Hermandades»):
zona en que, en las ciudades universitarias de EEUU, suelen concentrarse las
hermandades estudiantiles, más o menos secretas y cuyos nombres se forman con
tres letras griegas. [N. del T.]
[1175] Broma de las luces navideñas de Alfa Sigma Fi: Stover
1994. Los estudiosos de las leyendas urbanas advertirán paralelismos con
historias como «El pastel de terciopelo rojo» (donde una persona corriente pide
algo supuestamente gratuito, se le dice que le costará una suma exorbitante y
lleva a cabo una ingeniosa venganza navideña).
[1176] Collins, 1985.
[1177] Dorion Sagan, comunicación personal
[1178] Carl devolvía platos en los restaurantes: Jon Lomberg,
entrevista.
[1179] Envió a tres charcuterías a por un sándwich: Jill Tarter,
entrevista.
[1180] Historia del aliño de ensalada: David Grinspoon,
entrevista
[1181] Tarter, comunicación personal.
[1182] Timothy Ferris, entrevista.
[1183] Carl tenía poca paciencia con los idiotas: Ann Druyan,
entrevista.
[1184] Lynda Obst, entrevista.
[1185] Tobias Owen, comunicación personal.
[1186] Carl era inmune a la depresión: Druyan (entrevista) dice
que en veinte años de matrimonio nunca lo vio deprimido. Ferris (entrevista) me
dijo que una vez vio a Carl deprimido, tras una descorazonadora reunión en la
NASA y retrasos en los vuelos.
[1187] Cari Greene, entrevista.
[1188] Lynda Obst, entrevista.
[1189] Ibid.
[1190] Carl dejó de ponerse la chaqueta de cuero: Sagan en
Terzian y Bilson, 1997, pp. 157-158 [ed. cast.: p. 199].
[1191] Cuestiones éticas sobre la mesa: Druyan, entrevista.
[1192] Carl cambió de opinión sobre las mujeres y los
homosexuales: Dorion Sagan, comunicación personal.
[1193] The Demon-Haunted World, 1996, p. 259 [ed. cast.: p. 301]
[1194] La lógica era más exasperante que los gritos: Druyan,
entrevista.
[1195] Ibid.
[1196] Lynn no había querido prestar a Carl el grado de atención
que le prestaba Annie: Lynn Margulis, comunicación personal.
[1197] Mendehall, 1992.
[1198] Carl quería participar en las «conversaciones de
mujeres»: Obst, entrevista.
[1199] Historia del traje de raya diplomática: Richard
Berendzen, entrevista.
[1200] Lee quiso marcharse de Carl Sagan Productions: Gentry
Lee, comunicación personal.
[1201] Carl era generoso con los gastos de Annie en vestuario:
Druyan, entrevista.
[1202] Crucero para celebrar el cumpleaños de Annie:ibid.
[1203] Estudiantes de Cornell sorprendidos de la gordura de
Carl: Michael Leavy, entrevista.
[1204] Carl se caía de la rueda de andar: Lester Grinspoon,
entrevista.
[1205] El Padrino I y II; Retorno a Brideshead, Todo en
familia,Canción triste de Hill Street: Druyan, entrevista.
[1206] La ley de Los Ángeles: TV Guide [Guía de televisión], 10
de octubre de 1992, p. 5.
[1207] Frederick Douglass (1818-1895): escritor abolicionista
estadounidense. [N. del T.]
[1208] Colección de cartas y grabados de Carl: Druyan,
entrevista
[1209] Carl era su cliente más exigente: Davis en «Tribute to
Carl Sagan», 1996-1997.
[1210] Wal-Mart: importante cadena de tiendas minoristas en
EEUU.[N. del T.]
[1211] Carl recibía cartas llenas de insultos y amenazas hasta
de muerte: Christopher Chyba, entrevista.
[1212] Archivos de «Cerámica cascada»: Druyan, entrevista.
[1213] Inventos de personas que le escribían cartas a Carl; el
teléfono de la ducha, los empastes dentales: The Cosmic Connection, 1973, p. 77
[ed. cast.: pp. 86-87]
[1214] The Demon-Haunted World, 1996, p. 194 [ed. cast.: p.
226].
[1215] Nick se veía a sí mismo como «Suiza»: Nick Sagan,
entrevista.
[1216] Heavy Metal: película de animación para adultos estrenada
en 1981. Dirigida por Gerald Potterton, se basa en las historietas de la
revista homónima. Consta de diversas historias unidas por un nexo común: la
pervivencia del mal y su extensión por el universo. [N. del T.]
[1217] Nick jugaba a Dragones y mazmorras y a juegos
informáticos:ibid. Heavy Metal: Lomberg, entrevista.
[1218] Carl y Nick fueron a ver a un consejero familiar: Nick
Sagan, entrevista.
[1219] Ann Druyan, entrevista.
[1220] Ann Druyan, entrevista.
[1221] Fallecimiento de Rachel: Cari Greene, entrevista.
[1222] Sus padres fallecidos pronunciaban el nombre de Carl: The
Demon-Haunted World, 1996, p. 104 [ed. cast.: p. 129].
[1223] Teoría sobre la influencia de Rachel en la carrera de
Carl: Nick Sagan, entrevista; Dorion Sagan, comunicación personal.
[1224] Nacimiento de Alexandra en noviembre de 1982: Druyan,
entrevista.
[1225] Terzian y Trimble, 1997.
[1226] Folleto de la Universidad de Cornell, 1987.
[1227] Vitkauskas, 1986a; Mitchell, 1990.
[1228] Mitchell, 1990.
[1229] Ibid.
[1230] A los estudiantes de posgrado se les preguntaba si alguna
vez veían a Sagan: Chyba, 1997b, p. 6.
[1231] Toon consiguió coincidir con Sagan en el ascensor: Brian
Toon, entrevista.
[1232] Chyba, 1997b, p. 6.
[1233] Organizaciones de Sagan: véase el currículum vítae de
Sagan, Universidad de Cornell
[1234] Shklovskii, 1991, p. 252.
[1235] Dorion Sagan, comunicación personal.
[1236] Discusiones entre Carl y Nick sobre la pena de muerte:
Nick Sagan, entrevista.
[1237] Sagan vetó la palabra «cosmos»: Salisbury, 1986, p. 6.
[1238] Contribución de Paul Newman:ibid., p. 9.
[1239] Gene Roddenberry (1921-1991): director y productor
cinematográfico estadounidense. En todo el mundo se le conoce principalmente
por sus series de ciencia ficción, en especial Star Trek. [N. del T.]
[1240] Carta de Gene Roddenberry: ibid.
[1241] Sagan podía citar el número de socios: Ferris,
entrevista.
[1242] Preparación de las conferencias de Sagan: Druyan,
entrevista.
[1243] Chaqueta, mangas de la camisa: Hilary Hopkins en «Tribute
to Carl Sagan», 1996-1997.
[1244] Ibid.
[1245] Christopher Todd enibid. Con ligeras variaciones, la
pregunta y la respuesta se produjeron más de una vez. Véase también Terzian y
Bilson, 1997, p. 160 [ed. cast.: p. 202].
[1246] Ferris, entrevista.
[1247] Sagan aceptó un premio para que los niños pudieran
visitar un museo de la ciencia: Bill Gide, entrevista.
[1248] Estudios de Grinspoon sobre la negación; reuniones con
expertos: Lester Grinspoon, entrevista.
[1249] La serie Nucleus: ibid.; Lomberg, entrevista.
[1250] El día después (The Day After): película para la
televisión dirigida en 1983 por Nicholas Meyer con guion de Edward Hume y
protagonizada por Jason Robards. Narra los devastadores efectos de un
holocausto nuclear, a mediados de los años ochenta del siglo pasado, en
Lawrence, un pequeño pueblo de Kansas junto a una base de misiles, como
consecuencia del estallido de una guerra entre Estados Unidos y la Unión
Soviética a propósito de un conflicto con epicentro en Berlín. [N. del T.]
[1251] La ABC como Radio Moscú: Druyan, entrevista.
[1252] A Path Where No Man Thought, 1990, pp. 21-22 [ed. cast.:
pp. 33-34].
[1253] Cubículos de Dilbert: según la acertada descripción de la
científica planetaria del Ames Kathy Rages. Dilbert: ingeniero pobre en
habilidades sociales que desde 1989 protagoniza una tira de prensa que con ese
nombre publica diariamente Scott Adams (1957). A partir de las viñetas se
desarrolló el llamado Principio de Dilbert, según el cual las empresas, a fin
de minimizar los daños que son capaces de provocar, tienden a ascender a sus
empleados menos competentes a cargos directivos. La viñeta inicial siempre
representa, a medias reflejado en el espejeante suelo, un anodino cubículo con
una pequeña puerta y sin ventanas en sus muros, en los cuales se lee DILBERT en
blanco sobre rojo.[N. del T.]
[1254] A Pollack le preocuparon cuestiones de seguridad: Gile,
entrevista. No preguntar, no comentar: en el original, el autor usa la
expresión en inglés «don’t ask, don’t tell», lema muy conocido con el que se
describe entre la población la política tradicional del ejército estadounidense
acerca de la homosexualidad. [N. del T.]
[1255] El novio de Pollack trabajaba en el Ames, murió de
sida:ibid.
[1256] Fila ante la puerta de Pollack: David Grinspoon,
entrevista.
[1257] Pollack le daba la vuelta al coche; motivo: Toon,
entrevista.
[1258] A Pollack le gustaban las óperas poco frecuentadas:
Cuzzi, 1994, p. 1608.
[1259] Una estación informática recibió el nombre de Tosca:
ibid.
[1260] Pollack vio y quedó impresionado por el cráter producido
por un meteorito: Gile, entrevista. Gile no puede concretar la fecha de esta
excursión más allá de comienzos de los años setenta. Cabe considerar que fuera
durante la mudanza de Pollack a la Costa Oeste en 1970.
[1261] Sagan vinculó el invierno nuclear con la Mariner 9:The
Cold and the Dark, 1984, pp. 3-5 [ed. cast.: pp. 41-42].
[1262] Los dos artículos de 1976 sobre los volcanes: Pollack,
Toon, Sagan y otros, 1976a y 1976b.
[1263] Un asteroide como causa de la extinción de los
dinosaurios: Álvarez, Álvarez, Asaro y Michael, 1980.
[1264] Cosmos, p. 322 [ed. cast.: p. 322].
[1265] Conclusiones de Crutzen y Birks: Crutzen y Birks, 1982.
[1266] A Path Where No Man Thought, 1990, p. 462 [ed. cast.: p.
472].
[1267] La revisión por pares concebida como una forma de eludir
las restricciones de la NASA: Toon, entrevista.
[1268] Recorte de 40.000 dólares en los fondos para
investigación del grupo del Ames, sustituidos por fondos internos: A Path Where
No Man Thought, 1990, p. 462 [ed. cast.: p. 473].
[1269] Razonamiento sobre la necesidad de contar con soviéticos
en la nómina de la revisión por pares: ibid., pp. 135-136. [ed. cast.: p. 139]
[1270] «Aleksándrov» o, también, «Alexándrov».
[1271] Antecedentes de Aleksándrov: Revkin, 1986; ibid., p. 136.
[1272] Apendectomía chapucera de Sagan: Yankey, 1995.
[1273] Grinspoon acudió en avión, descubrió que Annie estaba
cuidando bien a Carl: Lester Grinspoon, entrevista.
[1274] A Sagan le practicaron una interposición yeyunal, luego
estaba blanco como una sábana: Druyan, entrevista.
[1275] Ibid. Volver en sí durante una operación es, por
supuesto, algo casi inaudito. Druyan dice que el cirujano, David From, dijo que
era la única vez que había visto algo así en su carrera.
[1276] Ibid.
[1277] El roce de Sagan con la muerte lo hizo valorar más el
tiempo: Tarter, entrevista.
[1278] Druyan, entrevista.
[1279] Recogida de firmas anti-SDI: Garwin y Sagan, 1983.
[1280] Druyan, entrevista.
[1281] Contrato de 4 millones de dólares: «Random House Sues
Sagan Estate» [«Random House demanda al patrimonio de Sagan»], Associated
Press, 27 de marzo de 1998.
[1282] erzian y Bilson, 1997, p. 242 [ed. cast.: p. 294].
[1283] A Path Where No Man Thought, 1990, p. 464 [ed. cast.: p.
475]
[1284] MAD, MIRV e ICBM: respectivamente, siglas en ingles de
Destrucción Mutua Asegurada, Vehículo de Reentrada Múltiple Independiente
(colección de armas continentales introducidas en un único ICBM) y Misil
Balístico Intercontinental. [N. del T.]
[1285] El ordenador soviético era 500 veces más lento que el
Cray: Revkin, 1986, p. 35, que dice que «un modelo atmosférico de Aleksándrov
que tardó seis minutos en ejecutarse en el Cray-1A le habría costado 48 horas
en el BESM-6»
[1286] Druyan, entrevista.
[1287] Sagan evitaba los trabajos y las relaciones sociales que
pusieran en peligro su libertad de expresión: Chyba, entrevista.
[1288] Razón de Sagan para declinar las invitaciones de Reagan:
Druyan, entrevista.
[1289] Ibid.
[1290] Rumor de que la administración Reagan se oponía a
Nucleus:Lomberg, entrevista.
[1291] Mensaje a Wald sobre el derribo del KAL [siglas en inglés
de Líneas Aéreas Coreanas]: Druyan, entrevista.
[1292] La NASA presionó a Pollack, Toon y Ackerman para que no
asistieran: A Path Where No Man Thought, 1990, p. 465 [ed. cast.: p. 476].
[1293] Es el Halloween previo a 1984: The Cold and the Dark,
1984, p. 3 [ed. cast.: p. 41].
[1294] Ibid., p. xxi [ed. cast.: p. 25].
[1295] Ibid., p. xx [ed. cast.: p. 24].
[1296] Ibid., pp. 151-152 [ed. cast.: p. 173].
[1297] Ibid., p. 89 [ed. cast.: p. 116].
[1298] Ibid., p. 100 [ed. cast.: p. 125].
[1299] Smith, 1984, p. 31.
[1300] A Path Where No Man Thought, 1990, p. 138 [ed. cast.: p.
142].
[1301] El enfriamiento era más del triple que para las regiones
costeras; un descenso un «70 por 100 menor» significa que el enfriamiento
costero sería de un 30 por 100 (100 menos 70) que el del modelo del planeta
continental. El modelo, pues, exagera el enfriamiento costero en una proporción
de 100/30, o más de tres veces.
[1302] Turco, Toon, Ackerman y otros, 1983, p. 1286
[1303] Ibid.
[1304] Ibid, p. 1290
[1305] Sagan y Newman, 1983, p. 120.
[1306] «Asuntos Exteriores»: revista estadounidense fundada en
1922 y dedicada a las relaciones internacionales. La publica el Consejo de
Relaciones Exteriores (Council of Foreign Relations, CFR en sus siglas
inglesas) [N. del T.]
[1307] Sagan, 1983, p. 292.
[1308] «El destino de la Tierra», del estadounidense Jonathan
Schell (1943-2014). [N. del T.]
[1309] Ehrlich, Harte, Harwell y otros, 1983, p. 1299.
[1310] Turco, en Terzian y Bilson, 1997, p. 243 [ed. cast.: p.
296].
[1311] Sagan, 1996, p. 167.
[1312] A Path Where No Man Thought, 1990, pp. 145-146 [ed.
cast.: p. 148].
[1313] William F. Buckley Jr. (1925-2008): escritor y
comentarista estadounidense de corte conservador. En 1955 fundó la National
Review [«Revista Nacional»] [N. del T.]
[1314] Henry Kissinger (1923): político estadounidense
conservador de origen alemán. Entre 1969 y 1977 desempeñó el cargo de
secretario de Estado, primero durante la presidencia de Richard Nixon, luego
durante la de Gerald Ford. [N. del T.]
[1315] Robert McNamara (1916-2009): político estadounidense.
Ocupó la Secretaría de Defensa entre 1961 y 1968 (con John F. Kennedy y Lyndon
B. Johnson como presidentes) y entre 1968-1981 presidió el Banco Mundial.[N.
del T.]
[1316] Brent Scowcroft (1985): militar estadounidense. Fue
Consejero de Seguridad Nacional de los presidentes Gerald Ford (1975-1977) y
George Bush padre (1989-1993).[N. del T.]
[1317] Elie Wiesel (1928): escritor húngaro de nacionalidad
rumana. Capturado por los nazis a los 16 años de edad, sobrevivió a los campos
de concentración de Auschwitz y Buchenwald. Ha dedicado toda su vida a escribir
y hablar de los horrores del Holocausto. En 1956 se estableció en EEUU. En 1986
le fue concedido el premio Nobel de la Paz. [N. del T.]
[1318] ABC News Viewpoint: The Nuclear Dilemma (1983), Colección
del Museo de la Televisión y la Radio, Nueva York y Beverly Hills, California.
[1319] Ibid.
[1320] Ibid.
[1321] Ibid
[1322] I bid
[1323] Hoboken, zona desnuclearizada: New York Times, 27 de
septiembre de 1984.
[1324] Ann Arbor rechaza la medida: ibid., 26 de noviembre de
1984.
[1325] Pastillas para el suicidio en la Universidad Brown:
ibid., 4 de octubre de 1984. En la Universidad de Colorado: ibid., 2 de
noviembre de 1984
[1326] Curso de la Universidad de Columbia: ibid., 26 de
noviembre de 1984.
[1327] Simposio sobre los aspectos psicológicos del invierno
nuclear: véase Grinspoon, 1986.
[1328] Preocupaciones de los adolescentes:New York Times, 1 de
diciembre de 1985.
[1329] Ideología del Armagedón de Falwell: ibid., 24 de octubre
de 1984.
[1330] Un editorial duda de las declaraciones de Reagan: ibid.,
25 de octubre de 1984.
[1331] Sagan informó a los jefes de Estado de Canadá, México,
Argentina, etc.: Druyan en Terzian y Bilson, 1997, p. 166 [ed. cast.: p. 209].
[1332] Funcionarios escondidos detrás de un espejo: Sheff, 1991,
p. 84.
[1333] Un estratega consideraba un error publicar el umbral: A
Path Where No Man Thought, 1990, p. 339 [ed. cast.: p. 335].
[1334] Los oficiales militares eran más abiertos que los civiles
en puestos de libre designación: Sheff, 1991, p. 84
[1335] Percepción asimétrica: A Path Where No Man Thought, 1990,
p. 149 [ed. cast.: p. 151].
[1336] Gira electoral del KGB: Paul Gallagher, «New KGB Road
Show Plays in U. S. Senate» [«Nuevo paso de la gira electoral del KGB por el
Senado de EEUU»], New Solidarity, 16 de diciembre de 1983.
[1337] Carol White, «CFR Journal Confirms Nuclear Winter Hoax»
[«La revista del CFR confirma el engaño del invierno nuclear»],ibid., 14 de
julio de 1986. Revista del CFR: véase, en este capítulo, n. 1303. [N. del T.]
[1338] Reacción al discurso de Sagan: Terzian y Bilson, 1997, p.
166 [ed. cast.: p. 208]; Druyan, entrevista.
[1339] Comentarios de Suríkov:A Path Where No Man Thought, 1990,
pp. 369-370 [ed. cast.: pp. 369-370].
[1340] Gorbáchov se disponía a aplicar la política exterior de
Sagan: Druyan, entrevista.
[1341] Sagdéiev atribuyó a Sagan el fin de la Guerra Fría:
Sagan, Dorion 1997.
[1342] New York Times, 12 de febrero de 1985.
[1343] A Path Where No Man Thought 1990, p. 378 [ed. cast.: pp.
379-380].
[1344] Dickenson, 1985.
[1345] Buckley, 1985.
[1346] Shklovskii, 1991, p. 29.
[1347] Su muerte ha sido una gran pérdida: Sagan, 1985b, p. 18.
[1348] Nada podría cambiar en los siguientes cincuenta años:
Shklovskii, 1991, p. 28.
[1349] Analogía del dientes de sable: Sagan, 1985b, p. 18.
[1350] Smith, 1984, p. 31
[1351] A Path Where No Man Thought, 1990, p. 139 [ed. cast.: p.
142].
[1352] La tecnología militar soviética era resultado de la
aplicación de ingeniería inversa a la tecnología estadounidense: VéaseFortune,
25 de noviembre de 1985, p. 120, que cita un informe del Pentágono de 1985 en
el que se afirma que el 5 por 100 de los proyectos soviéticos de investigación
militar estaban inspirados en tecnología occidental.
[1353] Revkin, 1986, p. 38.
[1354] Ron Santoni citado en ibid., p. 39.
[1355] La última vez que se vio a Aleksándrov:ibid
[1356] Toon, entrevista.
[1357] A Path Where No Man Thought, 1990, p. 141 [ed. cast.: p.
144].
[1358] Ibid., p. 142 [ed. cast.: p. 145].
[1359] Aleksándrov se compró un aparato de vídeo, El doctor
Zhivago y cintas de Jane Fonda: Revkin, 1986, pp. 36-38.
[1360] Aleksándrov fue silenciado para que no revelara los
planes soviéticos: Rich, 1985.
[1361] Revkin, 1986, p. 43
[1362] Alguien intentó entrar en el ordenador desde Moscú: ibid.
[1363] El nombre del hijo de Dorion se lo pusieron en homenaje
aTonio Kröger: Lynn Margulis, comunicación personal.
[1364] Anécdota del nieto: Sagan en el vídeo del banquete con
que se celebró su 60 cumpleaños en la Universidad de Cornell, 1994.
[1365] Carl se quejó del título Microcosmos: Sagan, Dorion, 1997
[1366] Jacques Derrida (1930-2004): filósofo francés de origen
argelino. Inventó y constituye el principal representante de la corriente de
pensamiento crítico conocida como deconstructivismo.[N. del T.]
[1367] Dorion Sagan, comunicación personal
[1368] Carl visitó a Dorion tras el ataque: Druyan, entrevista.
[1369] Miedo a la escisión del Altísimo; respuesta de Carl:
Sagan, Dorion, 1997.
[1370] Carta de Dorion; conversación sobre la «renuncia»: Dorion
Sagan, comunicación personal.
[1371] Roman à clef: en francés, «novela en clave».[N. del T.]
[1372] Collins, 1985.
[1373] Sagan utilizó la vida personal de Tarter para la novela:
Tarter, entrevista.
[1374] Thorne en Terzian y Bilson, 1997, p. 122 [ed. cast.: p.
145].
[1375] Comentario de Hawking sobre los turistas del futuro:
ibid., p. 131 [ed. cast.: p. 157].
[1376] Conjetura de protección de la cronología: Hawking, 1992.
[1377] Guber contrató a Gentry Lee como coproductor: Lee,
comunicación personal.
[1378] El astronauta indio americano: Svetkey, 1997, p. 22.
[1379] Ibid., p. 23.
[1380] Historia del META: Horowitz, entrevista; véase también
Terzian y Bilson, 1997, pp. 112-120 [ed. cast.: pp. 135-144].
[1381] Paul Horowitz, entrevista.
[1382] Ibid.
[1383] 7.000 imágenes de Urano: Smith, Soderblom, Beebe y otros,
1986.
[1384] Meredith, 1988, p. 5.
[1385] Analogía con el carbón:ibid.
[1386] Bacterias que metabolizan tolinas: Stoker, Boston,
Mancinelli y otros, 1990.
[1387] Orígenes de la investigación de Chyba: Chyba, entrevista.
[1388] Prejuicio cultura fuertemente arraigado: Hoyle y
Wickramasinghe, 1988.
[1389] Teller, 1984, p. 624.
[1390] Brad Sparks, «The Scandal of Nuclear Winter» [«El
escándalo del invierno nuclear»],National Review, 15 de noviembre de 1985
[1391] Teller, 1984, p. 524.
[1392] El modelo del NCAR: Thompson y Schneider, 1986.
[1393] Ibid., p. 983.
[1394] A Path Where No Man Thought, 1990, p. 321 [ed. cast.: p.
315].
[1395] Jeffrey Hart, «The Death of Truth» [«La muerte de la
verdad»], National Review, 7 de noviembre de 1986.
[1396] «Reichstag Fire II» [«Incendio del Reichstag II»]
(editorial), ibid., 19 de diciembre de 1986.
[1397] Seitz, 1986.
[1398] Götterdämmerung: en alemán, Ocaso de los dioses, título
de la última ópera de la tetralogía El anilo del nibelungo, de Richard Wagner.
[1399] Ibid.
[1400] Ibid.
[1401] Ibid.
[1402] Ibid. La palabra no citada que se sugería no emplear era
«lies», que en inglés significa «mentiras».
[1403] Ibid.
[1404] Ibid.
[1405] Strangeloves: alusión al protagonista de Dr. Strangelove
[¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú], película antinuclear dirigida en 1964
por el estadounidense Stanley Kubrick (1928-1999). El Dr. Strangelove se
presenta como un fanático partidario de la guerra y la destrucción. [N. del T.]
[1406] Ibid.
[1407] Seitz se inventaba citas: A Path Where No Man Thought,
1990, p. 313 [ed. cast.: p. 305].
[1408] Dyson animó a Sagan a hacer un libro popular:ibid., p.
xxi [ed. cast.: pp. 15-16].
[1409] Dyson se pasó unas cuantas semanas: Dyson, 1988, p. 262.
[1410] Ibid., p. 259.
[1411] Rages, entrevista.
[1412] Preguntas sobre la uniformidad del humo: véase, por
ejemplo, Singer, 1984.
[1413] A Path Where No Man Thought, 1990, p. 35 [ed. cast.: p.
47]
[1414] Foreign Affairs, otoño de 1986, p. 178n.
[1415] Citado en ibid, p. 169n. (Véase Lewis Carrol, Alicia a
través del espejo, Alianza, Madrid, 1978, p. 116 [N. del T.]).
[1416] Sagan, 1986, p. 167.
[1417] Idea de Sagan de experimentos en terrarios y acuarios: A
Path Where No Man Thought 1990, pp. 329-339 [ed. cast.: pp. 320-326].
[1418] Carta de Caspar Weinberger a Timothy E. Wirth del 15 de
octubre de 1987, citada en ibid., p. 378 [ed. cast.: p. 379].
[1419] Ibid., p. 183 [ed. cast.: pp. 183-184].
[1420] Vitkauskas, 1986a.
[1421] Hammer, 1987.
[1422] Información sobre el Polígono de Pruebas de Nevada:ibid.
y Simon, 1998.
[1423] George Mueller, citado en Simon, 1998, p. 17.
[1424] Idea de la manifestación; erupción de la botella de
Coca-Cola: Druyan, entrevista.
[1425] Lester Grinspoon, entrevista.
[1426] Joan Kroc financió la planificación de la protesta: ibid.
[1427] Declaración de Derechos (Bill of Rights): así se llama en
Estados Unidos a las diez primeras enmiendas a la Constitución, incorporadas en
1791.[N. del T.]
[1428] Clarke planeaba llamar a declarar a expertos: «Nevada
Charges Against Sagan, Druyan Dropped» [«Retirados los cargos de Nevada contra
Sagan y Druyan»], en Ithaca Journal, 20 de enero de 1987.
[1429] 550 personas asistieron a la manifestación, 139
arrestadas: Vitsaukas, 1986.
[1430] Párrafo sobre la detención de Sagan en Time: 13 de
octubre de 1986, p. 76. Marie Osmond (1959): actriz y cantante pop y
countryestadounidense. [N. del T.]
[1431] El gobierno dijo que no podía identificar a las personas
arrestadas: Lester Grinspoon, entrevista.
[1432] Entertainment Tonight [«Entretenimiento esta noche»]:
programa nocturno de entretenimiento y noticias de sociedad en la CBS. [N. del
T.]
[1433] «Sagan Among 438 Protesters Arrested» [«Sagan entre 438
manifestantes arrestados»], en Ithaca Journal, 6 de febrero de 1987.
[1434] Lester Grinspoon, entrevista.
[1435] Carl en el hospital del Kremlin; propuesta a Annie de
introducción de una cámara espía: Druyan, entrevista.
[1436] Detalles de la misión a Marte: Sagdéiev en Terzian y
Bilson, 1997, p. 32 [ed. cast.: pp. 45-46].
[1437] Historia de Reagan y Gorbáchov: Sagdéiev, en Terzian y
Bilson, 1997, ibid. [ed. cast.: ibid.]. En Sagdéiev 1994 [ed. cast.: p. 367] se
ofrece una versión ligeramente diferente del diálogo.
[1438] Ezra Cornell (1807-1874): empresario y político
estadounidense. Parte de los beneficios obtenidos del desarrollo del telégrafo
en asociación con Samuel Morse y tras la fundación de la Western Union los
invirtió en la fundación en 1865 de la Universidad de Cornell como institución
sin discriminación alguna basada en la raza o la religión. [N. del T.]
[1439] Andrew Dickson White (1832-1918): diplomático, escritor y
educador estadounidense. Fue cofundador de la Universidad de Cornell.[N. del
T.]
[1440] Sagan, carta al Cornell Daily Sun, 26 de enero de 1989.
[1441] Betty Friedan (1921-2006): teórica y líder de origen
judío del movimiento feminista en Estados Unidos durante las décadas de 1960 y
1970.[N. del T.]
[1442] Concentración proaborto: Hovis 1989.
[1443] 37 millones de ejemplares de Parade: Terzian y Bilson,
1997, p. 209 [ed. cast.: p. 255].
[1444] Billions and Billions, 1997, p. 178 [ed. cast.: p. 252]
[1445] Sagan pone este ejemplo en Other Worlds, 1975, p. 151.
[1446] Sagan conocía el Nuevo Testamento mejor que muchos
pastores religiosos: Obst, entrevista.
[1447] Horowitz le envío El mundo y sus demonios a su nieto:
Norman Horowitz, entrevista.
[1448] El budismo tibetano tendría que cambiar: The
Demon-Haunted World, 1996, p. 278 [ed. cast.: p. 321]
[1449] El coste de la misión a Marte sería menor que el del
rescate de las cajas de ahorros: Hoversten, 1990.
[1450] Slansky y Randlauer, 1992, pp. 119-120. Tras lo cual, un
secretario de prensa dijo que Quayle «evidentemente sabe que por los canales
ahora no fluye agua».
[1451] 9.000 imágenes de Neptuno: Smith, Soderblom, Banfield y
otros, 1989, p. 1422.
[1452] Broca’s Brain, 1979, p. 157 [ed. cast.: p. 230].
[1453] Cooper, 1990, p. 77.
[1454] Pale Blue Dot, 1994, p. 6 [ed. cast.: p. 6].
[1455] Ibid., p. 8 [ed. cast.: pp. 8-9].
[1456] Historia de la foto con Chuck Berry: Druyan, entrevista.
[1457] Artículo del TTAPS II: Turco, Toon, Ackerman y otros,
1990.
[1458] Predicción sobre el incendio de los yacimientos
petrolíferos: véase Seitz, 1997.
[1459] La temperatura de la superficie de Venus, 600 K ± 50 K:
Sagan, 1961.
[1460] 750 K y 640 K para las caras brillante y oscura,
respectivamente, de Venus: Sagan, 1962b.
[1461] Estimación de 580 K para Venus: Walker y Sagan 1966. 700
K: Sagan, 1967a.
[1462] 750 K: Sagan y Pollack, 1969a.
[1463] La urgencia estaba justificada por la posibilidad de la
guerra: este tema aparece constantemente en A Path Where No Man Thought [ed.
cast. Un efecto imprevisto: El invierno nuclear], 1990.
[1464] Luego de palabras en inglés con la similar pronunciación
deDenial [negación] y The Nile [el Nilo].
[1465] Conferencia de Sagan a los profesores de física: Sagan,
1990.
[1466] Reacción de la familia de Pollack a su trabajo sobre el
invierno nuclear: Toon, Cuzzi y Sagan, 1995, p. 231.
[1467] Sagan estaba muy orgulloso de su trabajo sobre la guerra
nuclear: Druyan, entrevista.
[1468] Un escalofrío recorrió el espinazo de Sagan: Pale Blue
Dot, 1994, p. 360 [ed. cast.: p. 357]
[1469] Paul Horowitz en Terzian y Bilson, 1997, p. 112 [ed.
cast.: p. 136].
[1470] Los cinco acontecimientos más fuertes, cerca del plano de
la galaxia: véase Pale Blue Dot, 1994, p. 360 [ed. cast.: pp. 359-360], que
reproduce un diagrama originalmente publicado en la revista Sky and Telescope
[«El cielo y el telescopio»].
[1471] Teoría del centelleo: Cordes, Lazio y Sagan, 1997.
[1472] Historias del fax: Paul Horowitz, entrevista.
[1473] Siegel, 1990.
[1474] Drake y Sobel, 1992, p. 196 [ed. cast.: pp. 230-231].
[1475] La Caza del Gran Marciano: boletín de noticias hecho
público por el senador Richard Bryan el 22 de septiembre de 1993.
[1476] Influencia de Sagan sobre Goldin: Véase Broad, 1998.
[1477] Paul Horowitz, entrevista.
[1478] Sagan tuvo un hijo en cada una de las últimas cinco
décadas del siglo XX: Sheff, 1991, p. 88.
[1479] Viladas, 1994, p. 72.
[1480] Champiñones en la ducha: Druyan, entrevista.
[1481] Hubo familiares a los que no se invitó a la «Casa de
Pensar» de los Sagan: Margulis, comunicación personal.
[1482] El teléfono era solo para emergencias: Druyan,
entrevista.
[1483] La crianza de los hijos; incidente con Ted Turner: Dorion
Sagan, comunicación personal.
[1484] Tortugas como mascotas: Druyan, entrevista.
[1485] Jeremy heredó el talento musical de su padre: Lazcano,
entrevista. El programa se llama Metro. [N. del T.]
[1486] El prisionero, trabajo de Nick como guionista de Star
Trek: Nick Sagan, entrevista.
[1487] Nick vio con Carl un episodio de Star Trek; reacción de
Carl: Ann Druyan, entrevista.
[1488] Carl con un brazo posado sobre los hombros de Harry
Druyan: Druyan, entrevista.
[1489] Historia del misterio familiar: Brian Neil Burg y Rosalie
Burg, entrevista.
[1490] Galardones de Sagan: currículum vítae, Universidad de
Cornell.
[1491] Norman Horowitz, entrevista.
[1492] Opinión de Burke sobre la propuesta de desginación de
Sagan: Bernard Burke, entrevista.
[1493] Dos recusaciones con éxito en veinte años: Diamond, 1997.
[1494]Un premio Nobel vio Cosmos con su hijo: Miller,
entrevista.
[1495] Reacciones de Cotton y Yalow: carta de Lynn Margulis a
Carl Sagan del «? de mayo de 1992», entre los papeles de Lynn Margulis.
[1496] Miller, entrevista.
[1497] Debate sobre la ciencia de Sagan: carta de Lynn Margulis
a Carl Sagan del «? de mayo de 1992», entre los papeles de Lynn Margulis.
[1498] Candidatura de Sagan: Stanley Miller, entrevista.
[1499] Miller no le pidió a Margulis que apoyara a Sagan:
Miller, entrevista; Margulis, entrevista.
[1500] Carta de Lynn Margulis a Carl Sagan del «? De mayo de
1992», entre los papeles de Lynn Margulis.
[1501] La carta de Lynn fue la que más significó: carta de Carl
Sagan a Lynn Margulis del 3 de junio de 1992, entre los papeles de Lynn
Margulis
[1502] Pale Blue Dot, 1994, p. 429 [ed. cast.: p. 429].
[1503] Diamond, 1997.
[1504] Thompson creía en los ovnis: Chyba, entrevista; Sagan,
1996, p. 3.
[1505] Sagan planeaba ver a Pollack por última vez: Ray
Reynolds, entrevista.
[1506] Resbalón de Sagan en el hielo, pruebas, aorta: Lester
Grinspoon, entrevista.
[1507] John Mack (1947-2004): psiquiatra estadounidense.
Falleció en Londres el 27 de septiembre de 2004, como consecuencia de un
accidente de tráfico.[N. del T.]
[1508] Ibid.
[1509] Ibid.
[1510] Mack, 1994,ibid.
[1511] Reacción de Dorion al rechazo de los «textos posmodernos»
por parte de Sagan: Sagan, Dorion, 1997.
[1512] Mack, 1998, p. xiii.
[1513] Chippendale: estilo de muebles lujosos creado por el
ebanista inglés Thomas Chippendale (1718-1779). Influido por el rococó, sus
rasgos más característicos son las superficies caladas y las rejillas. [N. del
T.]
[1514] Svetkey, 1997, p. 23.
[1515] Final a lo Encuentros en la tercera fase para Contact:
ibid., p. 23.
[1516] Ibid., p. 24.
[1517] David Grinspoon, entrevista.
[1518] Arden, Lomberg quedaron «fuera»: Dorion Sagan,
comunicación personal.
[1519] David Grinspoon, entrevista.
[1520] El Hombre de Piltdown (Piltdown Man): así se conoce uno
de los mayores fraudes de la historia de la paleoantropología. Entre 1912 y
1953 se creyó que unos restos óseos descubiertos en una cantera junto al pueblo
de Piltdown (condado de Sussex, en Inglaterra) correspondían al «eslabón
perdido» cuando, en realidad se trataba de un fraude intencionado compuesto con
huesos de un orangután, un mono y un ser humano.[N. del T.]
[1521] Fusión fría (Cold Fusion): nombre genérico dado a
cualquier reacción nuclear de fusión que se pudiera conseguir a temperaturas y
presiones ordinarias, las cuales resultarían mucho más baratas que las
reacciones termonucleares, para las que es necesario alcanzar millones de
grados Celsius). Ha habido varios intentos (y anuncios) fallidos de haberla
logrado pero en general se reconoce como una imposibilidad física.[N. del T.]
[1522] Actitud de Sagan hacia las promociones de productos: The
Demon-Haunted World 1996, p. 208 [ed. cast.: p. 241].
[1523] Contratos promocionales rechazados: Druyan, entrevista
[1524] «Astrónomo cabezota» (Butt-Head Astronomer, literalmente:
astrónomo culo-cabeza): como en el texto se señala tres párrafos más abajo,
Butthead es el nombre de uno de los dos protagonistas de la serie cómica de
dibujos animados Beavis y Butthead, emitida por la cadena estadounidense MTV
entre 1992 y 1997. Los personajes destacan exclusivamente por su ínfimo nivel
intelectual y primitivismo emocional. En 1996, un largometraje basado en la
serie batió récords de taquilla. [N. del T.]
[1525] Alusión al fracaso de ventas del PDA (asistente digital
personalizado) llamado Apple Newton, comercializado entre 1993 y 1998. También
a la publicidad que resaltaba que el dispositivo cabía en el bolsillo de los
pantalones.
[1526] Ithaca Journal, 30 de junio de 1994.
[1527] Litman, 1994.
[1528] Debate sobre Beavis y Butthead, Los Simpson: Nick Sagan,
entrevista. Beavis y Butthead es mencionado (desfavorablemente) en El mundo y
sus demonios, 1996, p. 26 [ed. cast.: p. 41].
[1529] Sasha convenció a Carl de que viera Los Simpson: Obst,
entrevista.
[1530] Cornell Review, números del año académico 1994-1995.
[1531] Ibid., 2 de noviembre de 1994. La declaración aparece en
realidad en un recorte de prensa no identificado que se reproduce en la
Revista.
[1532] Artículo de Terzian: ibid., 3 de noviembre de 1994.
[1533] Artículos de Lee y Novak: ibid., números del año
académico 1994-1995.
[1534] Traducimos por «cerebrito» egghead, literalmente «cabeza
de huevo». [N. del T.]
[1535] Traducimos por «gilipollas» headcase, otro compuesto con
head («cabeza»). [N. del T.]
[1536] Stover, 1995.
[1537] Linda trabajaba en series de televisión: Nick Sagan,
entrevista.
[1538] A Dorion se le saltaron las lágrimas: Chandler, 1994.
[1539] Sagan aceptó ambos regalos con aplomo: grabación
videográfica del banquete rodada por Cornell, 1994.
[1540] Ibid., Bernard, 1994, p. 7.
[1541] Achenbach, 1996.
[1542] Billions and Billions, 1997, p. 216 [ed. cast.: p. 279].
[1543] [El diagnóstico de Carl era] una broma grotesca: ibid.
[ed. cast.: p. 280]
[1544] El elevado nivel de energía de Carl retardó el
diagnóstico: Druyan, entrevista.
[1545] Carl utilizó una silla de cuero en la UCLA: Pete Riley,
en «Tribute to Carl Sagan», 1996-1997.
[1546] Carl utilizó una silla de cuero en la UCLA: Pete Riley,
en «Tribute to Carl Sagan», 1996-1997.
[1547] @times Auditorium, America Online, 23 de enero de 1995.
[1548] Terzian se hizo cargo del último curso de Sagan: Yervant
Terzian, entrevista.
[1549] Tokasz, 1995.
[1550] Ibid.
[1551] Sitio web del Centro Fred Hutchinson.
[1552] Billions and Billions, 1997, p. 217 [ed. cast.: p. 280].
Capítulo 11
[1553] Enfermedad, tratamiento y muerte de Carl: véanse
especialmente las explicaciones de Carl y Annie, en Billions and Billions,
1997, pp. 214-228 [ed. cast.: pp. 277-296].
[1554] Conversación sobre Sam y Rachel: Cari Greene, entrevista.
[1555] Billions and Billions, 1997, p. 218 [ed. cast.: p. 282].
[1556] Asistir a la trasfusión de sangre fue una experiencia
emotiva para Cari: Cari Greene, entrevista.
[1557] Madalyn Murray O’Hair (1919-1995): en 1963 consiguió que
el Tribunal Supremo de Estados Unidos prohibiera cualquier tipo de enseñanza
religiosa en las escuelas del país y fundó Ateos de Estados Unidos. El 29 de
septiembre, ella, su hijo y un nieto fueron asesinados por un empleado (laico)
al que se había despedido por robar dinero de la asociación. [N. del T.]
[1558] Alucinación con el rostro de Dean Martin: Lester
Grinspoon, entrevista. Dean Martin era un cantante y actor estadounidense muy
conocido, fallecido en 1995.[N. del T.]
[1559] Broma de Carl con el interés de Cari por los caballos, el
teatro:Billions and Billions, 1997, pp. 218-219 [ed. cast.: pp. 282-283].
[1560] Fuego en el laboratorio: Stern, 1995.
[1561] Un investigador se dejó el equipo en marcha: Thomas Gold,
entrevista.
[1562] Stern, 1995.
[1563] Merrill, 1995.
[1564] Thompson dejó un mensaje a los servicios sanitarios:
Denise Weldon, entrevista
[1565] Causas de la mielodisplasia: páginas web del Centro Fred
Hutchinson para la Investigación del Cáncer, 1997.
[1566] Sagan se había sometido a muchas sesiones de rayos X:
Grinspoon, entrevista.
[1567] Se informó del hallazgo de restos de benceno: véase, por
ejemplo, Thompson, Henry, Khare y otros, 1987, p. 15087.
[1568] Las tolinas, sospechosas de ser cancerígenas: Druyan
(entrevista) y Dorion (Sagan, Dorion 1997) se mostraron preocupados por esta
posibilidad.
[1569] Merril, 1995.
[1570]]Ibid.
[1571] El interés de Sam por los piratas y los soldados era
«biológico»: Christopher Chyba, entrevista.
[1572]«A Sagan le gusta Seattle, pero no los cafés con leche»:
«Sagan Likes Seattle, But Not Lattes». «Seattle» y «lattes» son palíndromos
fonéticos casi perfectos[N. del T.]
[1573] Godden, 1995.
[1574] Teléfono de manos en las reuniones sobre el argumento
deContact: Don Davis, entrevista.
[1575] Viajes y conferencias de Sagan: currículum vítae,
Universidad de Cornell.
[1576] Crawford, 1995.
[1577] He tenido mucha, mucha suerte: Yaukey, 1995.
[1578] Idea de Sagan sobre la región de Tharsis en Marte:
William I. Newman, entrevista
[1579] Sagan trabajó en una segunda novela: Druyan, entrevista.
[1580] Lehrer, 1995.
[1581] Carta de Sagan a Coppola, preguntas no respondidas:
Druyan, entrevista.
[1582] Miller quería que el papa fuera un personaje de la
película: Svetkey, 1997, p. 23.
[1583] Obst presionó a Miller para que avanzara: Druyan,
entrevista.
[1584] Svetkey, 1997, pp. 23-24.
[1585]Lynda Obst, entrevista.
[1586] Svetkey, 1997, p. 24.
[1587] Kohn, 1997.
[1588] Billions and Billions, 1997, p. 215 [ed. cast.: p. 278].
[1589] Ibid. [ed. cast.:ibid.].
[1590] Muchos ejemplos en los que Carl había reforzado su
lenguaje: «Tribute to Carl Sagan», 1997, p. 97.
[1591] The Demon-Haunted World, 1996, p. 297 [ed. cast.: pp.
339-340].
[1592] Nuevo estudio sobre la paradoja del joven Sol débil:
Sagan y Chyba, 1997.
[1593] Expedición de Lewis y Clark: alusión a la primera
expedición terrestre que, comandada por los exploradores y militares Meriwether
Lewis (1774-1809) y William Clark (1770-1830), fue, en 1804-1806, la primera en
partir del este de Estados Unidos, llegar a la costa del océano Pacífico y
regresar.[N. del T.]
[1594] Seinfeld: serie televisiva emitida en Estados Unidos
entre 1989 y 1998 que se distinguió por su tono de comedia irónica y obsesiva.
Se desarrollaba casi exclusivamente en el apartamento de su protagonista, Jerry
Seinfeld, en Manhattan.[N. del T.]
[1595] Jon Lomberg, entrevista.
[1596] Carl recomendó a Chyba que se cuidara: Chyba, 1997b, p. 6
[1597] Ithaca Journal, 3 de julio de 1996.
[1598] El primer día que Carl pasó fuera del hospital saltó una
noticia sobre Marte: «Carl Sagan: A Cosmic Celebrity» 1996.
[1599] [En los meteoritos de Marte no se habían descubierto
microbios] hasta ahora: Pale Blue Dot, 1004, p. 242 [ed. cast.: p. 242].
[1600] Richard Berendzen, entrevista.
[1601] Sagan revisó el artículo de Science: Lynn Margulis,
comunicación personal.
[1602] Las pruebas de vida en Marte: Billions and Billions,
1997, p. 49 [ed. cast.: p. 68].
[1603] Druyan, entrevista.
[1604] Svetkey, 1997, p. 27.
[1605] Elección del reparto para la película Contact: ibid.
[1606] Steyn, 1997, p. 44.
[1607] Ibid., p. 45. El ataque de los BVDs asesinos [Attack of
the Killer BVDs]: alusión a la empresa de ropa interior BVD y a la película, de
bajísimo presupuesto y pésima acogida de la crítica pero con muchas secuelas
entre humorísticas y directamente burlonas, El ataque de los tomates asesinos
(1978), en la que los tomates, hartos de tantos años de acabar como sofrito o
bloody mary, comienzan a asesinar a los humanos en masa. [N. del T.]
[1608] La piel de Sagan era del color del papel de arroz:
Ferris, 1997, p. 55.
[1609] Yaukey, 1996.
[1610] Guifre, 1996.
[1611] Greene, entrevista; Billions and Billions, 1997, p. 227
[ed. cast.: p. 294]
[1612] Sagan se reunió con Goldin: Broad, 1998.
[1613] Svetkey, 1997, p. 27.
[1614] Historia de la Nightline: Berendzen, entrevista.
[1615] Del antiguo Sagan solo era reconocible la barbilla: Jill
Tarter, entrevista.
[1616] Drake se dio cuenta de lo «envejecido» que estaba Sagan.
Frank Drake, entrevista.
[1617] Hanuca: fiesta judía en la que durante ocho días de
diciembre los niños reciben regalos.
[1618] Llamada a los niños: Druyan, 1997, p. 10.
[1619] Lynda Obst, entrevista.
[1620] Sasha veló a Carl como forma de despedida:ibid.
[1621] Druyan, 1997, p. 10.
[1622] Grinspoon y Sagan no tuvieron ocasión de despedirse:
Lester Grinspoon, entrevista.
[1623] Druyan, 1997, p. 10.
[1624] Annie besó y rozó el rostro de Carl para crear un
recuerdo:ibid., p. 11.
[1625] Le estrechó la mano fuertemente: Obst, entrevista.
[1626] Druyan, 1997, p. 11.
[1627] La CNN ya se estaba ocupando de la noticia cuando
abandonaron el edificio: Obst, entrevista.
EPÍLOGO
[1628] Correo tras el fallecimiento: Ann Druyan, entrevista;
Timothy Ferris, entrevista.
[1629] Gore, 1996.
[1630] Ayadh Farooq, en «Tribute a Carl Sagan», 1996-1997.
[1631] Pete y Allie Dwyer, en ibid.
[1632] coyote@puplenet.net en ibid.
[1633] Dave Schlom, enibid.
[1634] Larry Sessions, enibid.
[1635] Reacción de Murray a la muerte de Sagan: Jon Lomberg,
entrevista.
[1636] Coppola presentó una querella, pidió 250.000 dólares por
daños y perjuicios: Puig, 1997, p. 27.
[1637] Svetkey, 1997, p. 27.
[1638] Un juez desestimó la querella judicial: Bates, 1998.
[1639] Querella de Random House: Associated Press, 27 de marzo
de 1998.
[1640]
Disposiciones del testamento de Sagan: Lynn Margulis y Dorion Sagan,
comunicación personal.
[1641]
La NASA minimizó las pruebas de vida marciana por razones teológicas:
DiGregorio, 1997, pp. 303-306.
[1642]
Horowitz dudaba de los fósiles y de los motivos religiosos: Norman Horowitz,
entrevista.
[1643]
Las reobservaciones de Tarter y la teoría del centelleo: Jill Tarter,
entrevista.
[1644]
La vida abisal consume oxígeno: agradezco a Lynn Margulis esta aclaración
(comunicación personal).
[1645]
Broad, 1998.
[1646]
Svetkey, 1997, p. 27.
[1647]
Linda en el estreno; probablemente no habría asistido en vida de Carl: Cari
Greene, entrevista
[1648]
Gene Siskel (1946-1999) y Roger Ebert (1942-2013): críticos estadounidenses de
cine que, entre 1976 y 1999 presentaron conjuntamente para la Disney-ABC
Domestic Television un programa llamadoSiskel & Ebert at the Movies[Siskel
y Ebert en el cine] en el que cada uno, tras razonar su opinión, recomendaba o
no que se viera una película levantando un pulgar hacia arriba o hacia abajo.
[N. del T.]
[1649]
Village Voice: periódico alternativo de distribución gratuita en la ciudad de
Nueva York, muy popular entre los jóvenes.[N. del T.]
[1650]
Village Voice: periódico alternativo de distribución gratuita en la ciudad de
Nueva York, muy popular entre los jóvenes. [N. del T.]
[1651]
Cielo negro Dark Skies, literalmente, Cielos oscuros): serie televisiva de
ciencia ficción emitida por la cadena NBC durante una sola temporada,
1996-1997. Su frase comercial era «La historia que conocemos es mentira». Esta
serie no guarda relación alguna con el l argometraje de 2013 con el mismo
título en inglés (en español, Los elegidos).[N. del T.]
[1652]
Cuanto más comprensible parece el universo: Weinberg en The First Three
Minutes, Nueva York, Basic Books, 1977 [ed. cast.:Los tres primeros minutos del
universo, Madrid, Alianza, 1978, p. 132].
[1653]
Sueño de Dorion: Sagan, Dorion 1997.
[1654]
Sueño de Nick: Nick Sagan, entrevista.


Publicar un comentario