© Libro N° 14590. Diseñando La Libertad. Beer, Stafford. Emancipación. Diciembre 13 de 2025
Título Original: ©
Versión Original: ©
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original
de textos:
https://ww3.lectulandia.co/book/disenando-la-libertad/
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una
licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido,
con la única condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio
de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos
publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del
conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones
originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está
prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con
fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir
este texto.
Portada E.O. de:
https://assets.lectulandia.co/b/ab/Stafford%20Beer/Disenando%20la%20libertad%20(1)/big.jpg
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
DISEÑANDO LA LIBERTAD
Stafford Beer
Diseñando La
Libertad
Stafford Beer
Stafford Beer,
asesor cibernético de Salvador Allende e impulsor del Proyecto Cybersyn (Cibernetic
Synergy) o "Synco". En este libro, luego del golpe en Chile, Beer
expone en seis conferencias radiofónicas transcritas e ilustradas, los
principios orientadores de una gestión cibernética del estado, permitiendo
mayor libertad y eficiencia en todos sus ámbitos.
Stafford Beer
Diseñando La
Libertad
ePub r1.0
Titivillus 15-09-2025
Título
original: Designing Freedom
Stafford Beer, 1974
Traducción: Amparo
Rodríguez
Editor digital:
Titivillus
ePub base r2.1
S. Beer
DISEÑANDO LA
LIBERTAD
Este sugestivo
título es el resultado de seis conferencias radiofónicas, emitidas en Canadá, y
muy pronto convertidas en un éxito de librería, en las que el profesor Stafford
Beer analizaba las posibilidades que brinda la cibernética para la solución racional
de múltiples cuestiones de la vida social contemporánea. Enfrentándose a la
burocracia como causante en gran parte de los desfases en el desarrollo de una
nueva organización laboral, el profesor Beer pone sus esperanzas en un
movimiento de conciencia colectivo en torno a los programas ecológicos,
sanitarios, de tránsito, etcétera, que pueda imponer conceptos nuevos de
producción, distribución y gobierno, capaces de erradicar el burocratismo e
impulsar la satisfacción de los intereses comunitarios en un marco de creciente
libertad y participación ciudadanas. La era del maquinismo, y sus secuelas de
alienación y producción en serie, ha de dejar paso a una época en que la actual
revolución científico-técnica dignifique el trabajo del hombre y fundamente su
libertad.
Stafford Beer es
profesor invitado de cibernética en la Escuela de Estudios Superiores para la
Dirección, en la Universidad de Man‐ chester, y profesor de estadística
en la Universidad de Pennsylvania. Condecorado con la medalla de plata de la
Real Academia Sueca de Ciencias de la Ingeniería y con el premio McCulloch
Memorial Award de la Sociedad Americana de Cibernética. Ha sido también asesor
de la ONU, UNESCO, OCDE y de los gobiernos de Gran Bretaña, Canadá, Francia,
Suecia y Chile. En este último país fue consejero personal del Presidente Allende. Algunas de sus experiencias en Chile son expuestas en
este libro. Es también autor de Cybernetics and Management,
traducido a diez idiomas; Management Science, Brain of the
Firm, Platform for Change y Decision and Control.
I
AMENAZA REAL «A LO
QUE ESTIMAMOS
MAS VALIOSO»
La casita a la que
he venido a vivir completamente solo durante algunas semanas, se halla situada
en la ladera de una colina sobre una tranquila aldea de la costa oeste de
Chile. Las olas gigantescas se deslizan majestuosamente hasta la bahía
rompiendo con estrépito contra las rocas, salpicando blanca espuma sobre el
verde mar, bajo el sol invernal. Para mí es una época de paz, época propicia
para clarificar ideas y enriquecer conceptos.
Tales ocasiones
acontecen rara vez al hombre de la civilización moderna. Pasamos el tiempo
encajonados en nuestras casas o entrando y saliendo de colmenas de oficinas
como regueros de hormigas, apiñados en los trenes, enlatados en los aviones y
bloqueados herméticamente en las aglomeraciones de coches de las carreteras.
Nuestra preocupación —ajena a las enseñanzas bíblicas— por la comida, la bebida
y el vestido se amplía y vuelve obsesiva por la presión del consumo,
sobrepasando con exceso las necesidades naturales. Estas exigencias están en
consonancia con la manera en que hemos planificado nuestra economía. Y las
instituciones que hemos creado para dirigir tal economía, para salvaguardarnos,
para proteger nuestros hogares, para que asistan y eduquen a la familia, se han
convertido en grandes y poderosos mecanismos del aparato social, el cual de
pronto parece más bien amenazamos que protegernos.
Página 6
La humanidad ha estado siempre en lucha con el medio ambiente, pero
hasta tiempos muy próximas en la historia sus luchas fueron a una escala
razonable, a una medida humana. El hombre, si se decidía a desafiar la
intemperie, podía restaurar su casa, pero sin necesidad de contender con la
sección de urbanismo del ayuntamiento ni con sus acreedores hipotecarios y sus
saldos deudores. Podía vestir a sus hijos como le parecía, enseñarles lo que
sabía y cómo aprenderlo, sin sentirse mediatizado en su tarea por las
autoridades docentes, asistidas por un consejo de expertos. Cuando ese hombre
se enfrentaba a un peligro tenía que medir sus fuerzas y destreza con un animal
de un tamaño semejante al suyo. No asumía el riesgo de verse lanzado
repentinamente por los aires viajando dentro de dos toneladas de acero a
seiscientas millas por hora. Cuando se enfrentaba a la muerte suponía también
un riesgo personal: ganar o perder; sin embargo, no vivía sometido a la tensión
de una amenaza de genocidio o exterminio nuclear. Tal es nuestra situación
actual, aunque no pensemos demasiado en ello. Cuando las cosas van mal echamos
la culpa a la situación creada, como si ésta fuera fatal, y no a nosotros
mismos, lo cual significa una forma de exculparnos.
¿Queremos en
realidad reflexionar sobre ello?, creo que la humanidad está, cada día más,
empezando a poner en tela de juicio los postulados de nuestra sociedad —y no
debido a ninguno de los motivos que yo haya expuesto hasta ahora. La mayoría de
los que viven hoy en nuestra sociedad urbana se dispuso desde hace tiempo a
representar el papel de pigmeos entre sus propias instituciones gigantes,
motivado por lo que aparece como el progreso: un nivel de vida más alto de
acuerdo con la renta nacional per capita. Pero en las dos últimas
décadas algo está intranquilizando la conciencia pública: la duda de si el
aparato de nuestra civilización en su totalidad funciona en la
actualidad. ¿Comienza a fallar?
Hay abundantes
pruebas que fundamentan esta sospecha. Cito como ejemplo la decadencia de
ciudades, antes ricas y salubres en toda su extensión, desde el centro a la
periferia, y en las que se
Página 7
han ido formando ghettos y todo el horror que esto
implica: enormes desigualdades, penuria, degradación social, aumento de la
criminalidad y de la violencia. Por otra parte, la contaminación a escala
mundial: el envenenamiento de la atmósfera, mares, lagos y ríos. Existe un
abismo cada vez más profundo entre el lujo y la indigencia, debido a que
nosotros nos las hemos arreglado en alguna medida para acumular más riqueza
alrededor de los que son ya ricos y más pobreza en los que son pobres. No
seguiré con esta penosa enumeración, puesto que las personas conscientes están
al corriente de todos estos problemas. La pregunta que me importa destacar en
estas conferencias es solamente: ¿por qué?, ya que si profundizamos en ella tal
vez podamos también llevar a cabo una fructífera indagación para hallar
respuestas.
Fijar el primer
punto es lo más difícil, precisamente porque parece el más fácil. Hay que decir
que todas esas instituciones que hemos enumerado —los hogares, las oficinas,
las escuelas, las empresas, las ciudades, los estados, los países— no son
únicamente cosas o entidades que reconocemos y etiquetamos, son, por el
contrario, sistemas dinámicos y supervivientes. Dije que parecía muy simple.
Evidentemente estas entidades son sistemas, porque constan de partes
relacionadas entre sí y de las relaciones y conexiones entre dichas partes. Por
consiguiente, también estas entidades son dinámicas. Nadie piense que estas
instituciones permanecen estáticas, todas “están en marcha”. Por último, si no
fuesen supervivientes no habrían llegado donde están. Y llegando al fondo de la
cuestión en los sistemas de los que estamos tratando, podría ocurrir que la
dejásemos a un lado —que la pasáramos por alto, a su alrededor, o a través de
ella— sin abordar el auténtico significado de la misma.
Aunque reconozcamos
la estructura sistemática del mundo y estemos de acuerdo, si se nos pregunta,
en que lo que normalmente hemos considerado una entidad es realmente un
sistema, nuestra cultura no nos lo propone como un objeto de estudio digno de
consideración. Permítanme que les invite a un pequeño ejercicio mental, tomando
la bahía que ahora estoy
Página 8
contemplando como un ejemplo idóneo. No es difícil reconocer en el
movimiento del agua de esta bahía la conducta visible de un sistema dinámico,
después de todo las olas se mueven continuamente y se desvanecen a lo largo de
la costa. Pero, por favor, consideren una ola. Pensemos en ella como si fuese
una entidad: una ola, decimos, ¿qué está haciendo allí?, ¿por qué tiene esa
forma? y ¿cuál es la razón de su alegre cresta? El ejercicio consiste en
preguntarse a sí mismo con rigor, no para dar una respuesta científica, que se
conoce, porque sería entonces una simple explicación técnica, sino si esas
interrogantes son el tipo de preguntas que le han sugerido a uno. La cuestión
radica en que las preguntas —y no precisamente las respuestas— se pueden
entender, pero solamente cuando dejamos de pensar en la ola como una entidad.
En tanto que la consideramos una entidad, tendemos a definir cómo son las olas:
el hecho de que la ola está ahí moviéndose en la bahía, adopte una determinada
forma y esté coronada por una alegre cresta, son los signos que me indican “es
una ola”, de la misma manera que el hecho de que un libro sea rojo y no de otro
color es un signo que me indica: “ése es el libro que yo quiero”.
La verdad, sin
embargo, es que el libro es rojo porque alguien lo encuadernó con cubiertas
rojas, cuando igualmente podía haberlo encuadernado en verde. Sin embargo, la
ola no puede adoptar otra estructura mas que la que tiene porque es un sistema
dinámico. Consta de grandes masas de agua que constituyen sus partes
componentes, y de las relaciones entre esas masas de agua, regidas por las
leyes naturales de los sistemas de agua, estudiadas por la ciencia de la
hidrodinámica. La configuración de la ola, su forma y su alegre cresta blanca
son los ineludibles resultados del sistema. Los resultados son como son porque
el sistema está organizado de la manera que está y su propia organización
produce un ineluctable tipo de conducta. El corte transversal de una ola es
parabólico, con dos formas básicas: una, que domina el estado de la ola en mar
abierto, y, otra, que predomina más tarde; como la segunda forma se desenvuelve
a partir de la primera, hay un momento en que la ola adquiere ambas formas; en
este
Página 9
momento se configura con un ángulo de 120° y en este instante la segunda
forma comienza a actuar y la ola empieza a romperse — de ahí la alegre cresta
blanca.
Ahora bien, en
términos de un sistema dinámico lo que denominamos la alegre cresta blanca de
una ola no representa el vistoso signo con el que manifiesta su existencia lo
que hemos identificado como la entidad “ola”. Para la ola esta cresta es su
propia catástrofe. Porque lo que ocurre es que la ola tiene un sistema
conflictivo implicado en ella, determinado por su forma de organización que le
conduce a una fase de “inestabilidad”. La alegre cresta blanca sobre la ola
supone el signo fatal de su destrucción, puesto que la inestabilidad se
incrementa por sí misma y el colapso catastrófico de la ola sobreviene como
resultado ineluctable del sistema.
Y yo les pregunto,
¿lo sabían? No si conocían las leyes de la hidrodinámica, sino más bien si
sabían que una ola es un sistema dinámico abocado a la catástrofe como
resultado de la inestabilidad de su organización interna. La razón de este
ejercicio es preparamos para plantear la misma pregunta acerca de las
instituciones sociales, sobre las que estamos discutiendo. Si consideramos a
esos monolitos gigantes que rodean a los pigmeos como entidades no nos
sorprenderá encontrar en ellos los signos de la burocracia, como son la
vaguedad e imprecisión de sus respuestas y las demás características que
anteriormente mencioné. Las entidades son así, afirmamos y lo admitimos
resignados. Pero de hecho estas instituciones son sistemas dinámicos que tienen
una organización genuina, la cual produce resultados peculiares. Quiero
argumentar que dichos sistemas se mueven dentro de fases inestables, cuya
inevitable consecuencia es su propia destrucción. Y pienso que el sentimiento
de creciente inquietud que mencioné se deriva de la intuición colectiva, de que
es ahí donde radica el problema. Para darse cuenta de cómo surge, cuáles son
sus peligros y, sobre todo, de qué medidas deben adoptarse para evitarlo, no es
necesario dominar la cibernética sociopolítica. Esta ciencia estudia la
conducta de las
Página 10
instituciones, así como la ciencia hidrodinámica estudia la conducta de
las olas. Habremos de acostumbrarnos a considerar de manera distinta algo que
siempre existió y establecer que no se trata de una entidad monolítica, sino de
un sistema dinámico, y éste no posee una alegre cresta, sino que ésta es una
advertencia de su inestabilidad catastrófica.
Hasta ahora hemos
hablado un poco de la naturaleza de los sistemas dinámicos, pero el otro
calificativo que utilicé al principio fue la palabra “superviviente”. La ola no
es un sistema dinámico superviviente, porque su destrucción está
implicada en su organización. Sin embargo, siempre hemos
considerado que nuestras instituciones son dignas de sobrevivir. Después de
todo, han sobrevivido hasta nuestros días porque son capaces de realizar un
truco al que llamamos adaptación, del que las olas no son capaces. Entonces,
¿por qué damos tanta importancia a la inestabilidad y a una inevitable
catástrofe?
Nuestras
instituciones han demostrado su capacidad de supervivencia, como se puede
comprobar, y podemos esperar de ellas que continúen adaptándose a los cambios.
Por consiguiente, conjeturamos que proseguirán de este modo conservando además
todo lo que estimamos más valioso. Empezando por la familia, basada en el amor
y el apoyo mutuo, extendiéndose a la escuela —y tal vez a esa alma
mater, la universidad; unida en unos mismos intereses con los vecinos, el
municipio y las iglesias; ramificándose a los negocios y la creciente
prosperidad para todos; considerada como ejemplo, protegida y planificada por
el Estado. Tal es la estructura de nuestra sociedad, entidad que sobrevive, no
obstante, por su capacidad de adaptación a los cambios. Y si esta sociedad integrada
por sus instituciones se ve amenazada por un cambio demasiado rápido, la
respuesta que gran parte de la gente sensata da consiste en reforzar las normas
de actuación social, reforzar las instituciones, endurecer las leyes penales,
morales y sociales y de esta manera hacer frente a las circunstancias adversas.
Esta es la actitud conservadora. No es la mía. Y no creo que siga dando
resultados por mucho tiempo.
Página 11
Tenemos que admitir que esa teoría ya no sirve. La gente trata de
convencerse de que sigue siendo eficaz porque consideran a la sociedad como una
entidad cuya peculiaridad radica en que se estima como algo intrínsecamente
valioso. Entonces se reafirman y proclaman que los errores que se cometen
pueden rectificarse. Las barreras que derriba una moral permisiva pueden
repararse. A los hijos que abandonan la casa paterna se les puede hacer volver
a comer la suculenta ternera. La mayoría de los que no asisten a la iglesia
siguen siendo, sin embargo, básicamente cristianos. Las dos terceras partes de
la población mundial que pasan hambre lograrán finalmente alimentarse (si bien
no aquellas dos terceras partes que ahora mismo están muriéndose, sino sus
descendientes). Y de algún modo haremos que un planeta limitado y con recursos
agotables sea ilimitado para dar cabida a una población cada vez más numerosa.
Pero no, no nos engañemos, tal cosa sería posible quizá si se tratase de una
entidad estática, una sociedad o modo de vida que se mantuviera para custodiar
valores eternos, en suma: un ideal dorado. Si éste se manchase podría
abrillantarse de nuevo frotando vigorosamente. Eso es lo que parecen pensar
algunos y, en especial, ciertos políticos.
Sin embargo, si la
sociedad es un sistema dinámico, todos estos fenómenos no son simplemente
manchas —son sus resultados—. Las inquietantes amenazas a lo que conservamos
como más valioso son los efectos de un sistema organizado para producirlos
—para producirlos y no a sus contrarios—. No son accidentales y no pueden
considerarse errores. Son la continua secuela de conflictos implícitos en el
sistema, debidos a la forma específica de su organización. Y estos modos de
organización han alcanzado en la actualidad, debido al desenvolvimiento
inexorable de su propio arquetipo de conducta, una etapa semejante a la ola
cuando forma un ángulo de 120°, que comienza a convertirse en inestable y se
encuentra al borde de un colapso catastrófico. Tal es, al menos, mi opinión.
Espero que acepten
mi invitación para que juntos profundicemos esta hipótesis. Y permítanme
sentirme desde ahora más animado.
Página 12
Las predicciones pesimistas que he hecho se cumplirán, pues, como ya
dije, son inexorables sólo si continuamos manteniendo los tipos de organización
en los cuales están implicadas estas consecuencias. No debemos hacerlo. Tenemos
la posibilidad de cambiarlos por completo. Para lograrlo, en primer lugar
debemos estudiar la estructura de los sistemas dinámicos capaces de sobrevivir
y las condiciones que deben reunir para que continúen siendo estables e incluso
adaptables. Para desechar el concepto de la institución como entidad estática
empezaremos por desechar la imagen clásica de su organización. Ya conocen cómo
están estructuradas. La actividad de la institución está dividida en
departamentos, que también están considerados como entidades; éstos se dividen
a su vez en negociados inferiores y así sucesivamente. En cada departamento hay
un jefe a cuyo cargo están otros jefes inferiores que a su vez dirigen los
negociados. Este organigrama es muy parecido a un árbol genealógico y sólo
posee una utilidad: si hay algún error puede utilizarse para seguir la pista y
descubrir al que tuvo la culpa. De hecho, el organigrama de una institución es
como la gráfica que se utiliza para detectar averías en un coche y que muestra
la estructura interna del automóvil. Algunos funcionarios y los canales que los
conectan aparecen en rojo (como si se tratase del sistema de combustible),
otros en azul (como si se tratase del sistema eléctrico) y así sucesivamente.
Pero en ninguna parte del organigrama consta una cosa llamada velocidad,
que es precisamente para lo que el automóvil ha sido diseñado. Lo que el
organigrama clásico no ha tenido en cuenta al representar la institución es que
no se trata de pistones, bombas y cadenas de distribuidores, sino de personas,
y las conexiones entre las partes componentes no son cigüeñales, tubos y cables
eléctricos, sino relaciones humanas. Lo que es importante en una institución no
es el reparto de cometidos, sino su desenvolvimiento. Las fuerzas de la
organización por las cuales la maquinaria de la institución se mantiene
engranada incluyen los conflictos psicológicos, la lealtad y la perfidia, la
rectitud de intención, el trabajo eficaz y el negligente. También incluye toda
clase de engranajes que vinculan entre sí a los primos del árbol genealógico,
como son las juntas directivas y los comités, los
Página 13
funcionarios menos importantes y los consejos consultivos y la red de
funcionarios y subordinados de menor importancia e incluso es posible que
existan conexiones secretas cuya existencia se niegue. ¿Cómo podemos
representarnos este sistema dinámico? y ¿cómo examinar sus resultados y su
estabilidad?
Por lo pronto, voy
a pedirles que imaginen un dispositivo provisto de una pelota de tenis —dos
postes sujetos por cuerdas a unas estacas clavadas en la tierra que van a
conectarse entre sí por un cordón elástico en cuya mitad cuelga a su vez,
suspendida por otro cordón elástico, una pelota de tenis—. Supongamos que una
institución consta únicamente de dos personas que se hallan sentadas en la
parte superior de los postes —los cuales se mantienen fijos en su lugar por las
cuerdas, lo que representa su puesto de trabajo en la institución—. Entre ambos
deben efectuar las tareas de la institución, lo que requiere una relación
representada por el cordón elástico. La función de la pelota de tenis
suspendida del cordón no está claramente definida y resulta de vital
importancia comprenderla. La pelota representa la productividad final
del sistema.
Por complicado que
sea un sistema siempre desemboca en un estado de productividad final que lo
configura. Dicho estado es el rendimiento del sistema; no en términos de
objetivos específicos o consecuencias concretas que emanan de la actividad de
una institución, sino de términos de actuación conjunta y total de su balance
definitivo. Esto sería como afirmar que un ser humano — configurado por el
conjunto de todas sus manifestaciones vitales— se define únicamente en función
de sus estados concretos de sueño, de violento esfuerzo, de ensimismamiento o
de lucha. De nuevo podríamos comparar la pelota de tenis con el estado en que
se encuentra una partida de ajedrez, pongamos por caso, en la jugada 26. Ha
habido toda clase de tensiones implícitas en las relaciones de las piezas; si
la partida se nos mostrara en cámara rápida de cine podríamos ver con claridad
un sistema dinámico funcionando con todos sus conflictos de organización. Por
el contrario, si sacamos una fotografía del tablero de ajedrez en la
Página 14
jugada 26 el estado en que aparece es un estado singular, que se puede
expresar como “pierden las blancas” o “jaque mate”.
Si los hombres
sentados en los postes efectúan sus respectivas tareas adecuadamente tirarán
con tino del elástico y la pelota, que indica el estado de productividad del
sistema, se agitará ligeramente, para enseguida quedar inmóvil. Lo que
significa que el sistema dinámico está funcionando bien, ya que tiende a lograr
su estabilidad. Si los hombres son ineficaces y no saben cómo tirar del
elástico (sobre todo si empiezan a “escurrir el bulto” en su trabajo) la pelota
se agitará durante un larguísimo período de tiempo y tal vez nunca logre quedar
en reposo. Este sistema es inestable. No obstante, dando por supuesto que hay
buena voluntad y una eficiencia normal por parte de los dos hombres, éstos se
comportarán como conexiones elásticas idóneas y la pelota entonces dejará de
agitarse. Al tiempo que tarda en detenerse se le llama tiempo de
reacción del sistema.
El cuadro que he
presentado es demasiado simple para nuestras necesidades. Por lo cual vamos a
levantar muchos más postes (intenten imaginar unos cuarenta), dispuestos en
forma circular, en donde la conexión elástica original marca el diámetro. Ahora
unamos al sistema a todos los nuevos hombres subidos en los postes, dándoles a
cada uno un extremo de un cordón elástico y atando el otro al nudo central. Los
nuevos miembros de la institución no son igualmente competentes, leales y
laboriosos, lo que representaremos dándoles a unos unas tiras de elástico finas
y a otros unas tiras más gruesas. La pelota se ha agitado durante la
distribución de los cordones elásticos y es de suponer que el tiempo de
reacción será ahora muy largo. De hecho, y esto es curioso, cuanto más se
afanen esos hombres en manipular con cuidado el sistema para lograr su
estabilidad probablemente se tomará tanto más inestable. Imaginémonos el caos:
“Oye, Jorge, deja de tirar un momento”; “Harry, tira un poco más”, etc. Desde
luego, si cada uno de los cuarenta hombres trata de dar instrucciones a los
otros tendremos 1560 canales de comunicación
Página 15
intentando hablar al mismo tiempo. Hay razones para pensar que el
sistema no funcionará.
El motivo radica en
que el sistema en su totalidad tiene demasiados estados posibles; no me refiero
ahora al estado de productividad aislado, sino al inmenso número de
configuraciones que la organización puede asumir por sí misma. Cada uno de 'os
hombres de los postes puede comportarse en un gran numero de formas
alternativas y éstas se totalizan en un conjunto que demuestra la enorme
cantidad de conductas posibles en la organización. Si consideramos el número
total de configuraciones de conducta posibles tendremos la medida de la
complejidad del sistema. Transformemos esta suposición en una definición
formal. El número de estados posibles de un sistema se llama variable. Como
ésta va a ser una palabra sumamente útil para entendernos, permítanme repetir:
variable significa el número de estados posibles.
Supongamos que cada
hombre puede hacer de entre dos cosas solamente una, lo cual es una absurda
simplificación. Pues bien, entre todos ellos pueden originar más de un millón
de millones de posibles situaciones en el sistema. Son demasiadas y la pelota
de tenis nunca podrá quedar en reposo. Así será al menos en teoría. Pero en la
práctica los agentes externos tampoco dejarán en paz al sistema por mucho
tiempo. Imaginemos por un momento a esos pobres hombres percibiendo que casi
han agotado sus posibilidades después de una semana de trabajo cuando, de
repente, el gato entra en el jardín y da con la zarpa un impulso juguetón a la
pelota y, ¡vuelta a empezar!
Todas las
principales instituciones de nuestra sociedad son sistemas con un alto nivel de
variables. Necesitan tener un tiempo de reacción limitado y, por otra parte,
todas ellas están expuestas a constantes perturbaciones —ésta es la palabra que
usamos al referirnos a la inesperada interferencia de la zarpa del gato. ¿Cómo
se resuelve? Sólo existe un modo de resolverlo y lo utilizan todas
Página 16
las instituciones, aunque lo hagan de formas distintas: reducir las
variables del sistema. He aquí algunos de los procedimientos.
Se pueden clavar
cuatro postes más altos y conectar diez de los bajos con cada uno de ellos. El
hombre que está sobre el palo alto da instrucciones a sus diez subordinados, lo
que reduce la variable total del sistema, si bien coarta la libertad de los hombres
de los postes bajos para realizar su trabajo como crean más conveniente. De
esta manera la libertad empieza a estar subordinada a la eficacia, ya que la
alternativa a la que nos enfrentamos es la total anarquía.
Como segunda medida
podrían introducirse gran cantidad de conexiones rígidas, llamadas normas
imperativas, entre los cordones elásticos, con lo que el sistema parecerá una
tela de araña. También esto reduce las variables. Pero ese maldito gato
continúa dando vueltas alrededor y haciendo inútiles todos los esfuerzos.
Supongamos también que el niño de la casa entra en el jardín y pega un fuerte
golpe a la pelota con su raqueta de tenis. El sistema puede no disponer de la
suficiente elasticidad y posiblemente se derrumbará por completo.
Un tercer método
para reducir la variable que utilizan ciertas instituciones, tales como bancos
y compañías de seguros, es matar al gato de un tiro. En todo caso, no sería
conveniente disparar contra el hijo de la casa.
No tenemos tiempo
para seguir examinando nuestro modelo (éste es el nombre de nuestra tela de
araña elástica), pero cada cual puede hacerlo particularmente; recuerden el
trabajo que hemos realizado juntos hasta aquí. Un sistema dinámico está en
movimiento constante y cuanto más alta sea su variable mayor será su
movimiento. Su estabilidad dependerá de la complejidad del proceso necesario
para recobrar el equilibrio después de cada perturbación. El tiempo que dura
dicho proceso será el tiempo de reacción. El tipo de organización que se adopte
para el sistema será el controlador de su variable. Teniendo las ideas claras
sobre
Página 17
estos esquemas podré resumir el contenido de esta primera conferencia
con rigor y espero que con sencillez.
Nuestras
instituciones, que nacieron hace largo tiempo, han venido controlando un cierto
grado de variables por medio de un organizado conjunto de reductores de
variables. Tenían que hacer frente a una serie de perturbaciones que ocurrían
con una determinada frecuencia. El sistema contaba con un tiempo de reacción
característico que la sociedad consideraba aceptable. Con el transcurso del
tiempo la variable aumentó debido al crecimiento demográfico, lo que supuso que
se produjera un mayor número de situaciones tanto en la población como en el
sistema de la institución en su conjunto. Esto dio lugar a que en el seno del
sistema se constituyeran paulatinamente más reductores de variables, que hasta
hoy son la base de la organización de nuestras instituciones. Mientras tanto el
grado y frecuencia de las perturbaciones también ha aumentado. Pero, como
acabamos de decir, la variable en el sistema ha sido
contenida. Esto produce un desajuste, ya que el tiempo de reacción del sistema
no está acoplado al número de perturbaciones que se dan en esta época.
Significa, por lo tanto, que la pelota recibe un nuevo golpe antes de que haya
tenido tiempo de pararse. De ahí que nuestras instituciones estén en una
situación lábil. La pelota sigue agitándose y no hay manera de encontrar el
punto de equilibrio.
Si no sabemos
hallar el punto de estabilidad, quiere decirse que no podremos encontrar la
manera de lograrla porque no hay punto de referencia. Y si no sabemos conseguir
la estabilidad no podremos proyectar estrategias de adaptación, puesto que nos
faltan los métodos de aprendizaje. Si no somos capaces de adaptarnos no
podremos evolucionar. Entonces la inestabilidad amenaza ser como la de las olas
—catastrófica.
Afirmé
anteriormente que existen soluciones, pero también he mostrado que éstas
conciernen a los distintos tipos de organización. Conciernen a la mecánica de
la variable de los sistemas dinámicos. Por ello prescindiremos de las únicas
Página 18
soluciones si continuamos tratando nuestras instituciones sociales como
entidades, creyendo que sus organizaciones son estáticas como árboles y
estimando sus fallos como aberraciones.
Particularmente, si
nos empecinamos en seguir utilizando métodos de reducción de las variables que
dieron resultado en épocas pretéritas recaemos precisamente en métodos erróneos
y firmamos nuestra propia condena. Esta es la auténtica amenaza a lo que estimamos
más valioso.
Página 19
OBSERVACIONES
A LA PRIMERA
CONFERENCIA
Cibernética
en un principio
definida por Norbert Wiener como:
La ciencia del
control y de la comunicación en él animal y en la máquina.
Hace exactamente
treinta años que nació la cibernética. Se le dio el nombre en 1947.
Esta primitiva
definición señala la relación que hay entre el control y la comunicación y la
existencia de leyes generales que afectan por igual a los sistemas animados e
inanimados. El principio que debía admitirse por su importancia era el de la
realimentación que existe en todos los sistemas, sea cual fuere la materia de
sus partes componentes.
Después de treinta
años preferimos dar esta nueva definición:
La cibernética es
la ciencia de la organización eficiente.
Variable
es la medida de la
complejidad, de un sistema, definida como el número de sus posibles estados[1]
Página 20
Muestra cómo la ola
se vuelve inestable y finalmente entra en un colapso catastrófico.
según René Thom
Stabilité
Structurelle et Morphogénèse.
Benjamin,
Massachusetts, 1972.
Los postes,
sostenidos por cuerdas, representan el cargo que desempeñan los
empleados en una institución.
Página 21
La pelota define el punto representativo de la productividad total de un
sistema.
El tiempo
de reacción de un sistema es el tiempo que tarda el punto
representativo en conseguir la estabilidad después de que haya
sufrido una perturbación (por ejemplo, en el caso del gato que
produce una interferencia arbitraria).
Cuanto mayor sea la
organización, más largo será el tiempo de reacción…
Si cada uno tiene
completa libertad para hacer lo que considere más conveniente
al realizar su tarea, se producirá (por desgracia) inestabilidad en
la institución, la cual puede realimentarse, llegando a ser
catastrófica.
Si cada cual trata
de comunicarse con los demás se abrirán n(n — 1) canales de comunicación.
Página 22
Si n = 40; n(n — 1) = 40 × 39 = 1560
Tres de los
principales métodos, por los cuales las instituciones reducen sus variables:
1. Un
jefe constriñe la libertad de sus subordinados.
2. Unas
conexiones rígidas llamadas normas imperativas restringen la interacción de los
cordones elásticos.
3. Uno
mata al gato: la institución no acepta interferencias arbitrarias y obliga a
aquellos con quienes se relaciona a convertirse en estereotipos.
Proliferación de la
variable
Página 23
Si hay n personas en un sistema y cada una tiene una variable x (es
decir, cada cual adopta un número x de estados posibles), la variable del
sistema en su totalidad será xn.
Así, si hay
solamente cuarenta personas (n = 40), cada una de las cuales tiene solamente
dos estados posibles (x = 2), aun así habrá 240 estados
posibles en el sistema.
240 =
1 099 511 627 776
En el mundo real
encontramos que el incremento de libertad (incluyendo las nuevas oportunidades)
proliferará la variable hasta un extremo al que nuestras respetables
instituciones no pueden hacer frente por más tiempo.
Hipótesis
El tiempo de
reacción de un sistema institucional es ahora más largo que el promedio de los
intervalos entre las perturbaciones, dando el resultado de que los sistemas
institucionales sean permanentemente inestables.
Como la
inestabilidad se realimenta continuamente (dado que no existe una situación
estable reconocible en la que basar nuestro conocimiento y adaptación), esta
inestabilidad, semejante a las olas, puede llegar a ser catastrófica.
Página 24
II
INSTRUMENTOS
SUBESTIMADOS
POR EL HOMBRE
MODERNO
Si usted se
encontrara sentado debajo de un manzano y de repente le cayera una manzana en
la cabeza, ¿a qué fuerza lo atribuiría?, ¿a un mono que subido al árbol tira
manzanas? Por supuesto que no. La fuerza que actúa es la gravedad. Como sabemos
que esta fuerza actúa en nuestro planeta no tendríamos que realizar ninguna
experiencia previa si se nos preguntase qué sucedería si soltáramos un vaso de
agua que sostuviéramos en la mano o que le ocurriría a un aeroplano al que
repentinamente se le parasen los motores. De antemano sabemos lo
que sucedería.
Sin embargo, el
concepto de la fuerza de gravedad que actúa sobre todos los cuerpos del
planeta, sean cuales fueren, y les afecta en la misma medida (en consecuencia,
un kilo de plumas procede de igual manera que un kilo de plomo, siempre que
para estos dos cuerpos la resistencia del aire sea la misma) es ciertamente un
concepto difícil. ¿Cómo puede existir una fuerza que afecte a
todas las cosas, que no se puede experimentar directamente, que sólo se puede
expresar en términos matemáticos y que (al contrario de lo que intuimos) actúa
de igual modo en las plumas que en el plomo?
Ustedes dirán:
usted está hablando como un salvaje ignorante. Incluso un niño sabe contestar a
esas preguntas; y además cualquiera puede experimentar la
fuerza de la gravedad porque es la fuerza que mide nuestro cuerpo cuando nos
pesamos. A lo que
Página 25
yo respondo: ¿Cree que usted hubiera contestado así, aunque hubiese sido
amigo de Newton, en el año 1687?
Nuestra cultura ha
necesitado cerca de trescientos años para asimilar las leyes de la física
newtoniana. Ha necesitado más de medio siglo para comprender la teoría de la
relatividad y la segunda ley de la termodinámica y empieza ahora a darse cuenta
de que es posible hacer enunciados generales de las leyes
físicas del universo. Me atrevo a suponer, sin embargo, que no todos estamos
preocupados en plantearnos y encontrar soluciones a los problemas básicos
suscitados por estas dos teorías, aunque cabría suponer que actualmente nuestra
cultura ya los ha asimilado. Es un hecho constatado que la cultura tarda
muchísimo tiempo en aprender. También es un hecho comprobado que el ser humano
resulta sumamente refractario a cambiar la imagen del mundo que su cultura le
proyecta.
Voy a intentar
profundizar precisamente en esta cuestión al hablar de las instituciones.
Nuestra cultura no acepta que se puedan hacer afirmaciones científicas acerca
de las instituciones. Por consiguiente, a los individuos les resulta muy
difícil —por bien dispuestos que se hallen para ello— admitir que existen leyes
(llamémoslas así) que rigen la conducta de las instituciones, sea cual fuere la
institución. Sabemos que existe una ciencia de la física; hoy no quemarán a
nadie en la hoguera por decir que la Tierra se mueve alrededor del Sol. Ni
siquiera expulsarían de un colegio profesional al físico que formula una teoría
matemática en la cual la hipótesis fuera presentar a la Tierra como centro del
universo. Y eso se debe a que tanto la gente en general como los físicos en
particular pueden revisar fácilmente tales formulaciones. Pero lo que no es de
todos conocido es la existencia de la ciencia de la organización eficiente y lo
probable es que los dirigentes de las instituciones le fulminen a uno si se le ocurre
proponer tal teoría. Ellos afirman que su institución es única, por
lo que una empresa dedicada al cultivo de manzanas no tiene nada en
común con una fábrica de vasos o con una compañía aérea.
Página 26
Las consecuencias son disparatadas. El fallo de nuestras instituciones
está en no seguir las leyes de la organización eficiente, de las que sus
administradores no saben nada y para las cuales, no cabe duda, sus mentes están
cerradas, ya que sostienen que no existe ni puede existir una ciencia capaz de
descubrir dichas leyes. De esta manera permanecen satisfechos haciendo uso de
unos cuantos principios para la organización de sus instituciones —que serían
equivalentes al principio de la física que dijera que un metal base puede
transformarse en oro por arte de encantamiento— y de cuyos principios se
derivan efectos muy parecidos al del ejemplo. Por esta razón observan los
instrumentos que podrían utilizar para un funcionamiento adecuado de las
instituciones a una luz completamente errónea. Los principales medios a los que
me refiero son las computadoras electrónicas, las telecomunicaciones y las
técnicas de la cibernética…
Si pensamos con
seriedad en la transmutación de elementos en física sabemos que contamos con
los atomizadores y los aplicaremos. No los utilizaremos en partir nueces ni
continuaremos con el arte de magia. Pero al dirigir las instituciones
infravaloramos los instrumentos a nuestro alcance porque no reconocemos su
verdadera utilidad. Así que empleamos las computadoras para procesar datos como
si fuera imprescindible el procesarlos y como si tales datos procesados fueran
necesariamente digestibles y nutritivos para la institución, aferrándonos así
al arte de encantamiento, como tantos alquimistas de tiempos pasados.
Considero necesario
invitarles a afrontar esta realidad si estamos dispuestos a comprender la
función que pueden desempeñar en la actualidad los instrumentos a nuestro
alcance. No estoy proponiendo nada que requiera una inteligencia excepcional ni
una complicada ampliación de las técnicas del lavado de cerebro, inasequible al
entendimiento popular, ni se trata tampoco de “un hermano mayor” de la
monstruosa maquinaria electrónica, que nos aliene aún más, la cual, al parecer,
rige nuestras vidas en la época actual.
Página 27
Simplemente propongo que la sociedad utilice los instrumentos de que
dispone para planificar de nuevo sus instituciones y para que
éstas funcionen de forma diferente. Ya pueden imaginar todos los
problemas que esto comporta. Pero el primero y más grave de todos reside en
nuestras mentes, condicionadas por todas las represiones de la cultura en que
nos movemos. No se necesitan conocimientos especiales para comprender lo que
estoy diciendo, sino libertad intelectual. Es un don gratuito para todos los
que tengan el valor de aceptarlo. Recuerden: nuestra cultura no nos enseña a
ejercitar la audacia intelectual, sino la conformidad mental.
Vamos a lo nuestro
y recordemos dónde nos habíamos quedado. Una institución social no es una
entidad, sino un sistema dinámico. La medida que necesitamos para abarcarlo es
la medida de la variable. Variable es el número de posibles estados del sistema
y ese número crece de día en día en cada institución debido a una serie de
posibilidades siempre en aumento, proporcionadas por la educación, la
tecnología, los medios de comunicación, la prosperidad y por el modo en que
estas posibilidades se interrelacionan generando aún más variables. Para
regular un sistema hay que absorber su variable. Si no se logra el sistema se
torna inestable. Entonces, en el mejor de los casos, no lo podremos controlar
—como ocurrió con la pelota de tenis que se agitaba en nuestro complicado
tinglado— y, en el peor de los casos, se producirá un colapso catastrófico
—como sucedió con la ola.
¿Qué es lo que
controla la variable? La respuesta es muy sencilla: la variable absorbe a la
variable, sin que ninguna otra cosa pueda absorberla.
Examinen en primer
lugar la verdad de esta afirmación. Consideren, por ejemplo, todos los clientes
que hay en unos grandes almacenes. Desde el punto de vista de la dirección del
establecimiento eso supone una enorme variable que debe ser controlada. Pronto
advertirán el uso que doy a la palabra “control”.
Página 28
No es que a esas señoras y señores haya que decirles lo que tienen que
hacer ni obligarles a hacerlo. Se trata de que cuando uno de ellos quiere
comprar algo la variable del sistema “cliente-almacén” se incrementa, porque un
estado potencial se convierta en real. Una señora ha elegido un par de zapatos,
como hubiera podido elegir un bizcocho de frutas. El establecimiento debe
absorber esta variable, teniendo a mano un empleado para que rápidamente
envuelva los zapatos y los cobre. Más aún, tendría que haber otro dependiente
disponible para hacer lo mismo ante la eventualidad de que compre el bizcocho.
Cuando todos los
grandes almacenes se estructuran por secciones tiene su razón de ser. Hay un
vendedor de zapatos y un vendedor de bizcochos. La organización de su
estructura responde precisamente a este objetivo: distribuir la variable total
del sistema en subsistemas con una variable de menor volumen. El cliente — que
no sabe exactamente qué artículo, si lo hay, satisfacerá su necesidad—
representa una variable que no puede ser aprehendida por este sistema de
almacén estructurado en secciones, quedando, en consecuencia, esta variable
desatendida, sin absorber, y nos damos cuenta de que la situación está fuera de
control. Sin embargo, si los almacenes están adecuadamente organizados contarán
con un servicio de información al público, instalado precisamente para absorber
este exceso de variable.
Volvamos a la
compradora de zapatos. Observamos que se va impacientando, debido a que no la
hacen caso. El dependiente de la sección de calzado está atendiendo a otro
cliente y hay cuatro más esperando. Los otros vendedores de esta sección
también están ocupados. Momentáneamente, en cualquier caso, la situación está
fuera de control porque el establecimiento ha calculado mal el número de
vendedores de zapatos que se necesitan para absorber la variable que la
clientela genera. Pues bien, recordarán el concepto que dimos para describir
esta situación y su nombre. Se la denomina tiempo de reacción. La variable va
incrementándose con más rapidez de la que el sistema puede absorber, lo cual es
perjudicial para el cliente. Si esto ocurre
Página 29
permanentemente será también perjudicial para los grandes almacenes, ya
que el cliente dejará de comprar en ellos y buscará otro establecimiento donde
el tiempo de reacción sea más breve. De esta manera la inestabilidad temporal
en el servicio de esos grandes almacenes se volverá permanente y desde ese
mismo momento incipientemente catastrófica. El problema que tiene el ciudadano
con respecto a las instituciones sociales estriba en que no tiene otro remedio
que seguirlas utilizando.
Únicamente la
variable puede absorber variable. Aunque parezca absurdo, el modo perfecto e
infalible de dirigir esos grandes almacenes es adjudicar un dependiente a cada
cliente a su llegada, así podremos despreocuparnos de que haya secciones como
la de zapatería, donde los vendedores están agobiados de trabajo, mientras que
en la de lencería las dependientas se hacen la manicura y absorben la variable
tranquilamente, como podemos observar. No necesitamos solamente una cierta
variable para absorber la que se genera, sino que se requiere la misma
cantidad de variable para que funcione bien. Hablábamos hace poco de
la ley de la gravedad en física, que posiblemente es la ley más importante de
la física universal. A la conclusión que hemos llegado en el ejemplo de los
grandes almacenes es que la ley más fundamental en los sistemas sociales es la
Ley de la Variedad Requerida[1], llamada también
Ley de Ashby por su descubridor.
El ejemplo que
presentamos es absurdo, ya que no podemos suministrar la exacta variable que se
requiere, por razones obvias. No podemos proporcionar a cada cliente de los
grandes almacenes un dependiente sólo para él, ya que tal gasto no se podría
sufragar. No obstante, ustedes habrán observado que en los establecimientos de
venta de ciertos artículos de lujo (y, por tanto, muy caros), como son los que
venden automóviles o trajes hechos a medida, esto es exactamente lo que sucede.
De hecho resulta difícil quitarse de encima al vendedor. Como tampoco podría
uno burlar al detective asignado en el caso de que media población fuera
contratada para espiar a la otra media. Y como esta medida es impracticable
existe el crimen. No podemos cumplir
Página 30
taxativamente la Ley de Ashby, pero debemos, en la medida de nuestras
posibilidades, seguirla lo más de cerca posible o estaremos abocados a un
colapso catastrófico. ¿Qué podemos hacer entonces?
Cuando las
variables están desajustadas, como suele ocurrir, tendremos que estructurar
nuestras organizaciones para hacer frente a esto. Existen dos formas, y
únicamente dos formas de conseguirlo. Recordemos: no podemos ir en contra de
las leyes de la naturaleza y la Ley de Ashby es tan ineluctable como ellas.
Hablamos en la primera conferencia del primer método para reducir las
variables. Dicho método consiste en reducir la variable generada
espontáneamente por el sistema, de manera que se ajuste al regulador de
variable que se ha establecido previamente en ese sistema. Recordemos a los
hombres que estaban sentados en los postes más altos; ésa era precisamente su
tarea, reducir la variable. Y pronostiqué una quiebra a las instituciones
financieras por hacer lo mismo. Dije que “mataban al gato” que generaba
variable al agitar la pelota de tenis. Dicho de otro modo, no hay manera por la
cual una compañía de seguros pueda suministrar una póliza con la variable
necesaria para asegurar los concretísimos riesgos de usted —considerado
individualmente—. La variable de usted tiene que atenuarla, es decir, reducirla
para que en su caso se incluya en una póliza de tipo más generalizado. En
teoría usted puede aspirar a una exclusiva y personal atención, semejante a disfrutar
de los servicios de un vendedor o un policía particulares, pero ¡inténtelo!, yo
lo intenté, y vea lo que le costará asegurarse. Es natural porque el afirmar
que pueden acoplarse a la variable de cada ciudadano es tan absurdo como el
ejemplo que he puesto del policía y el vendedor.
El problema de
nuestras instituciones es que no admiten que la única y completa solución que
hay sea absurda y por eso no se practica. Las instituciones deberían, al menos
en su fuero interno, reconocer que están cumpliendo la Ley de Ashby al atenuar
la variable. Y la razón por la que no lo admiten es porque suena raro al oído
de nuestra cultura. La cultura insiste en la individualidad del
Página 31
hombre, pero nuestra sociedad no puede vivir conforme a ello. Esto no es
una crítica, es un hecho científico. Nuestra cultura también insiste en la
libertad absoluta del individuo, pero nuestra sociedad tampoco vive de acuerdo
con esto. Lo que es también un hecho científico. Observen en el lío que nos
metemos con nuestras pretensiones. En vez de comprender la situación y emplear
la ciencia para realizar del mejor modo la tarea de atenuar la variable bajo
las orientaciones del consumidor y del electorado gastamos grandes sumas de los
fondos de la nación —que son los nuestros
— en afirmaciones
falsas. Con respecto al consumidor, le sometemos a la presión de la publicidad
para hacerle creer que tomamos muy en cuenta la variable del cliente —lo cual
es imposible—. En cuanto al elector, pierde la libertad que tiene cuando se le atenúa
la variable porque no se le pregunta cómo debiera realizarse la atenuación.
Ningún político se preocuparía de formular a su electorado tal pregunta, ya que
él se encuentra demasiado ocupado defendiendo unos derechos inalienables que,
por supuesto, no disfrutamos en ningún caso. Ni tampoco podremos conseguirlos:
hay que admitir estos hechos de modo realista.
El segundo método
para cumplir la Ley de Ashby es el que utilizan los grandes almacenes. Sería
insensato atenuar la variable del cliente poniendo a la venta únicamente una
clase y una medida de zapatos, por ejemplo, o encerrar al cliente con llave
hasta que se le pueda atender. La solución será ampliar la variable reguladora
de la totalidad del sistema. No debe contratarse a un solo dependiente, sino a
muchos y en todas las secciones. Debe calcularse estadísticamente la proporción
entre clientes y dependientes, de forma que el tiempo de reacción se mantenga
uniforme. Existen métodos científicos de realizarlo, pero no se aplican. La
variable reguladora debe empezar a aplicarse cuando un dependiente
tiene que atender con eficacia a muchos compradores. Dentro de
los sistemas de una sociedad, dicha ampliación de la variable es la forma
idónea de actuación porque ayuda a mantener la libertad individual. No se pone
en práctica por varias razones, aunque sólo una de entre ellas es la verdadera.
Página 32
Las demás están subordinadas a ésta. Pero primeramente pensemos en la
razón más notable y falaz que se invoca: el coste.
A este respecto
quiero señalar dos cosas. Primero: el coste de un sistema es el motivo
primordial que se toma en cuenta en nuestra sociedad, mientras que el primer
motivo que debe tomarse en consideración es la variable. El coste no es lo que
se afirma que es, a saber, el dinero que se necesita para conseguir unos
objetivos. En realidad se trata del presupuesto a disposición del sistema que
se utiliza para restringir las actividades que se proyecten realizar —dentro
del marco que ha sido fijado—. Si este marco es una broma que nos ha gastado la
historia, entonces su estructura está desfasada, ya que admite un tiempo de
reacción demasiado prolongado y, con toda seguridad, el sistema no funcionará.
Será inestable. Habremos empleado el dinero en precipitar su derrumbamiento. No
tiene sentido gastar dinero en apuntalar la estructura, proporcionando una
variable cara, para impedir que el tiempo de reacción sea todavía más amplio y
hacer que la inestabilidad actual empeore (recuerden el tinglado de los postes
y la pelota de tenis).
Segundo: la
reducción de los costes concierne a los objetivos de la sociedad. Tales
objetivos son, por supuesto, una serie de atenuadores de la variable porque no
podemos realizar lo que concebimos como socialmente deseable y nuestros
objetivos — nuestros programas— tienden a suprimir la proliferación de la
variable que se produce por las diferentes opciones surgidas en una sociedad.
De este modo, por ejemplo, el atenuador distribuye el presupuesto nacional que
el contribuyente tiene que sufragar. Una vez más nuestra cultura prefiere que
no consideremos el problema en toda su amplitud. En cambio, se admite como
plausible una política de gastos que atenúe la variable, dándonos a elegir
entre la construcción de un avión de despegue en vertical, incluso a costa de
entablar una pequeña guerra económica con los Estados Unidos para obtener la
propiedad de la patente industrial canadiense del avión, o doblar el sueldo a
la burocracia por realizar todos sus escritos en dos idiomas…
Página 33
En el silencio que sigue a tal solecismo me parece escuchar una débil
voz (debe ser la de una mujer chiflada) gritar: “quiero servicio de niñera
durante las veinticuatro horas del día”. Pero eso cuesta dinero y no lo hay.
¡No sea absurda, señora!, es lo que se me ocurre decirla. El fondo de la
cuestión estriba en que nuestros atenuadores de la variable están instalados
dentro del sistema, pero por estos medios se va suprimiendo la libertad de
elección. Entonces, ¿por qué no se usa lo antitético, es decir, los
amplificadores de variable? La razón aparente para no hacerlo es el coste, sin
embargo, la razón auténtica radica en que tendrían que volver a proyectar el
sistema por completo, habiendo desmantelado previamente los atenuadores
instalados en su seno y en su lugar colocar los amplificadores que funcionarían
eficazmente para lograr la variable requerida, un tiempo de reacción viable y,
por consiguiente, una cierta estabilidad social.
He indicado ya
cuales son los tres instrumentos básicos de que dispone el hombre moderno para
ampliar la variable: la computadora, el teleproceso y las técnicas de la
ciencia de la organización eficiente, a la que denomino cibernética. Insisto,
no obstante, en que, en realidad, no se usan, aunque todo el mundo asegura:
“Claro que los usamos”. Lo malo es que se utilizan inadecuadamente en
lo concerniente a la variable porque los utilizamos sin
atender a la proliferación de la variable que genera el sistema, con lo cual
ésta aumenta y no como debiera ser para ampliar la variable reguladora.
Si de una de esas
instituciones con mal funcionamiento de las que acabamos de hablar compra una
computadora, ¿qué ocurre? La utiliza con un enorme “coste” para ejecutar en
forma más elaborada, exactamente lo mismo que se venía haciendo. Pero como ya
hemos analizado aquello no funcionaba. Un famoso fabricante de computadoras
dirigió una campaña de ventas de una nueva serie de máquinas que lanzaba,
basada en un slogan asegurando que no se necesitaba más que
simplemente transferir el sistema tal como estaba, envasado y envuelto, a la
nueva máquina milagrosa.
Página 34
Tal afirmación parecía razonable al ejecutivo de compras, que tenía
conocimiento del enorme coste que implicaba la instalación de máquinas que
reemplazaran el trabajo humano que se venía desempeñando, desconociendo, sin
embargo, que la máquina de hacer milagros no se ha inventado aún. Los efectos
de dicho cambio de medios en la institución eran inevitables: hacer que la
inestabilidad existente se volviera más lábil, cómo se puede pronosticar, si el
concepto de la variable y de la ley de la variable requerida están claros. La
computadora puede generar una imprevisible variable y dicha variable se
introduce dentro de un sistema que en un principio se proyectó para la
producción de cien plumas de escribir. Los procesos de producción se
sobrecargan por encima de su capacidad, tal como la ola se incrementó, y viene
el catastrófico colapso. ¿Y qué se oye decir sobre esto? En absoluto oiremos
decir: “Lo siento, no entendimos la función que debe desempeñar la computadora.
Hemos invertido un dineral para convertir la inestabilidad en catástrofe”. Lo
que oímos es: “No tenemos la culpa, la computadora se equivocó”.
Disculpen mi
audacia, pero yo he trabajado en el diseño de computadoras desde que empezaron
y puedo asegurarles que las computadoras no se equivocan.
El hombre es el que se equivoca. Los que programan las
computadoras se equivocan, es decir, los analistas de sistemas que organizan
los programas se equivocan; pero como son profesionales se descargan pronto de
sus errores. Tenemos que buscar a los que se ocultan detrás de esta confusa
situación: es decir, a los responsables de que el sistema esté organizado como
lo está, a los que en realidad no saben para qué sirven las computadoras y a
los que han convertido a las mismas en el negocio del siglo, sin importarles
las consecuencias que se derivan de ello para la sociedad. Estos y
no otros son los que cometen errores y hasta es posible que ellos mismos no se
hayan enterado. En lo que respecta al ciudadano corriente, diremos que está
desorientado —y es precisamente lo que me indigna—. Es triste que se confunda a
la gente de modo que lleguen a echar la culpa a las máquinas, las cuales no
pueden defenderse, mientras que los verdaderos culpables quedan impunes. Donde
la maldad
Página 35
se halla —y maldad no es una palabra demasiado fuerte— es en el hecho de
hacer creer a la gente sencilla que la computadora es un fracaso caro y
peligroso, una amenaza a su libertad e individualidad, cuando, por el
contrario, es en realidad su única esperanza.
No tenemos tiempo
en esta conferencia de analizar el falso papel que desempeñan los otros dos
amplificadores de variable que mencioné anteriormente, pero lo haremos en las
conferencias posteriores. Por el momento basta señalar que, así como se usan
las computadoras en forma inadecuada en lo que respecta a la variable —al
conducir su empleo a que la inestabilidad se vuelva más inestable y tal vez
catastrófica—, las telecomunicaciones se utilizan para hacer surgir nuevas
esperanzas y no para satisfacerlas. Igualmente se emplean las técnicas de la
cibernética para lograr que planes mezquinos sean todavía más eficazmente
mezquinos.
Por lo demás, creo
que ustedes estarán más interesados en saber cómo utilizar estos medios que en
escuchar más noticias espeluznantes. Así, en las tres próximas conferencias les
hablaré de normas constructivas para controlar la variable. Empezaremos por el
propio Estado. Tal vez resulte audaz, pero mi impresión es que todos nosotros
somos cautivos de gigantescos sistemas que escapan a nuestro control individual
y es necesario que lo reconozcamos. Porque en tanto exista un resquicio de
democracia no tienen por qué estar fuera del control de la colectividad. El
próximo paso será incidir en el tema más importante: el hombre. Él y ella —por
no nombrar también a sus hijos y nietos— están envueltos en este mecanismo y es
preciso que salgan de él. Si la ciencia no es capaz de unirse a la política y
la administración para lograrlo es muy probable que en el año ominoso de 1984[2] yo continuaré
pronunciando conferencias sobre el mismo tema, como en este año 1973. De aquí a
entonces hay once años y, francamente, creo que habremos llegado a una
situación límite. En la tercera de las tres próximas sesiones volveré sobre el
tema de las instituciones.
Página 36
Y ahora, antes de llegar al desarrollo de la última cuestión, les voy a
pedir —si piensan continuar escuchando estas charlas— que mediten sobre un
punto de crucial importancia: el de la variable requerida —antes de nuestra
próxima reunión. Piensen detenidamente en cualquier sistema dinámico complejo.
¿Cómo debe regularse? Sabemos que en él prolifera la variable. Y ¿no es cierto
que únicamente la variable puede absorber a la variable? Entonces ¿cómo
hacerlo? ¿No hemos visto ya que en la organización de un sistema con buen
funcionamiento la variable es atenuada al tiempo que la reguladora de la misma
es ampliada? Normalmente suele hacerse una combinación de ambas. Puedo
asegurarles que este asunto es fácil una vez que uno rompe con las
interpretaciones y explicaciones que nos brinda la cultura tradicional. Para la
teoría que yo les propongo no es necesario reflexionar a niveles remotos de
abstracción ni a los altos niveles que requieren los asuntos de Estado. Las
leyes de la cibernética son universales.
Por ejemplo,
ustedes pueden reflexionar sobre la manera en que estos conceptos de la
variable, tiempo de reacción, estabilidad y catástrofe actúan a favor o en
contra durante el camino a su lugar de trabajo. Ese mismo ejercicio puede
realizarlo a la hora de meter en la cama a sus hijos, los que, con seguridad,
desplegarán una enorme variable. Después reflexionen sobre la manera en que
esos conceptos funcionan en las grandes instituciones que gobiernan nuestras
vidas dentro de nuestra sociedad. Indaguen en qué medida las telecomunicaciones
—tales como el teléfono, la televisión— afectan a esos problemas. Mediten sobre
los que ustedes, sin duda, conocen de la función que desempeñan las
computadoras y vean si funcionan de forma adecuada con respecto a la variable.
Finalmente, y si no les ha resultado difícil, intenten descubrir las raíces del
problema y cómo nos las hemos arreglado para haber enredado todo de un modo tan
perfecto. Lo que les llevará a comprender por qué sostengo que deben realizarse
grandes cambios y con rapidez, antes de que sea demasiado tarde.
Página 37
Ahora llegamos al último punto, que espero sirva para clarificar los
anteriores argumentos. Si la ley de la variable requerida se aplica
inteligentemente, y no dejando a la naturaleza que por sí sola encuentre el
equilibrio de la misma (lo cual podría resultar nefasto para todos), las
fuerzas reguladoras no sólo deben de disponer de la variable requerida —la cual
supone un número de diferentes situaciones—, sino que también deberán ajustarse
a un patrón de sistema, al desplegar la variedad; durante nuestro trayecto al
lugar de trabajo debemos considerar distintos modelos. Podemos, por ejemplo,
examinar el patrón al que se ajustan las autopistas, a dónde conducen, cómo son
sus puntos de control, qué es lo que hacen habitualmente otros conductores,
etc. En el proceso de llevar a los niños a la cama necesitaremos poner en juego
varios amplificadores de variable (tal como lo hacemos, pero de forma más
explícita), pero también tendremos que tener en cuenta el modelo de conducta de
los niños. Sin conocer bien estos patrones de conducta la proliferación de la
variable nos parecerá más amenazadora de lo que es en realidad, que ya es
bastante.
A lo que he venido
denominando patrón es lo que los científicos llaman modelo. Un modelo no es un
cúmulo de operaciones matemáticas, como creen algunos, ni tampoco un ideal
irrealizable, como piensan otros. Es simplemente el resultado de un cálculo —
expresado de la manera que se quiera— que se efectúa de la actual organización
de un sistema real. Sin un modelo del sistema que se ha de regular no se puede
utilizar un regulador. Ahí está el punto clave. Y ustedes pueden también
comprobarlo.
Página 38
OBSERVACIONES
A LA SEGUNDA
CONFERENCIA
1687 fue el año en
el que Newton acabó su obra Philosophiæ naturalis principia mathematica,
que contiene las leyes de la gravedad.
La Ley de la
variedad requerida (Ley de Ashby)
únicamente la
variable puede absorber la variable.
Si en un sistema
las variables están desequilibradas el sistema no puede conseguir la
estabilidad. Suponiendo que el regulador sea el que tenga la variable menor,
habrá solamente dos maneras de satisfacer las exigencias de la Ley de Ashby.
Una será atenuar la variable producida por el sistema y la otra ampliar la
variable del regulador. Estas dos estrategias se pueden combinar.
El examen de los
sistemas institucionales con frecuencia revela que los atenuadores y
amplificadores se han instalado en el lado indebido del círculo —en el miembro
contrario de la ecuación.
Página 39
La Ley de Ashby
actuando en unos grandes almacenes
Página 40
Cómo la computadora
mal utilizada reemplazó al escribiente.
|
Año 1873 |
El |
público |
proporciona |
|
|
|||
|
|
una información
mínima a |
||
|
|
la institución y
recibe a su |
||
|
|
vez |
una |
mínima |
|
|
información. |
|
|
|
|
La |
dirección también |
|
|
|
recibe una |
información |
|
|
|
mínima |
|
|
Página 41
Año 1953
Año 1973
Se pide a un
público más numeroso más cantidad de información y éste recibe a su vez una
mayor información. Se continúa trabajando con un 'tipo de administración
anticuada, aunque el sistema esté mecanizado. La dirección se ve amenazada por
un exceso de información.
El público pide
información de forma desordenada y recibe una menor cantidad de
información útil que antes.
La administración
mantiene sus métodos anticuados, aunque el sistema haya introducido el uso de
computadoras.
La dirección
administrativa está
inundada de datos cuyo análisis y ponderación resulta difícil por su gran
cantidad.
Cómo debe
utilizarse la computadora, de acuerdo con los principios de la cibernética.
Página 42
Al público se le
concibe como si fuera un sistema, es decir, un modelo que está contenido en la
computadora. El público proporciona una información mínima, que la computadora
sintetiza en el modelo. Esto amplía la variable en la medida necesaria para atender
al público y atenúa la variable para aliviar al director — satisfaciendo así
las exigencias de la ley de la variable requerida en ambos.
Existe un riesgo
evidente cuando se introduce en la computadora un modelo del público, dado que
un gobierno despótico o una dirección sin escrúpulos pudieran hacer un mal uso
de la información suministrada. Tenemos que tener presente, sin embargo, el principio
cibernético de que ningún regulador puede, en realidad, funcionar,
a menos que se haya establecido un modelo de lo que haya de regular. Muchos de
los fallos de nuestras instituciones son debidos a los inadecuados modelos que
adoptan.
Pensamos alarmados
en la posibilidad de que intereses privados puedan crean sistemas del tipo que
antes mencioné sin que nadie tenga conocimiento de su existencia. Únicamente
los gobiernos
Página 43
elegidos democráticamente debieran establecerlos, a la vista de todos y
con el adecuado control jurídico de su legalidad.
Página 44
III
PROTOTIPO DE
MAQUINARIA
PARA LA LIBERTAD
El ámbito dentro
del cual actúa la mayoría de las instituciones es todavía el de la Nación
Estado, aunque esta situación está en trance de cambio. En algunos casos la
soberanía nacional es cedida a los bloques supranacionales. En otros las
naciones pequeñas encuentran que sus asuntos están considerablemente
constreñidos por la actuación de las grandes potencias con respecto a ellos.
También suele ocurrir que las gigantescas compañías multinacionales al tomar
decisiones a escala mundial desprecien la soberanía de las naciones donde
operan.
No tengo idea de lo
que pueda hacerse para aportar un análisis científico que conduzca a una
organización eficaz de este estado de cosas mundial, a no ser que las Naciones
Unidas lo emprendieran. Tengo, sin embargo, la impresión de que todas las
naciones, gracias a las comunicaciones modernas, podrían aunar sus esfuerzos en
esa tarea en beneficio propio. Sobre esto precisamente he venido hablando y
escribiendo ya hace años. Especialmente he expresado la opinión de que las
funciones de un gobierno —esa institución “Gargantúa”— son como las de una
máquina proyectada para regir al país en interés de la libertad individual.
Pero por las razones que hemos examinado en las dos primeras conferencias su
funcionamiento no es bueno, por lo cual la libertad está en entredicho en mayor
o menor medida en todos los países del mundo. Por tanto, propongo que volvamos
a proyectar de nuevo esta “máquina de la libertad” para que sea no una entidad
caracterizada por unas mayores o menores
Página 45
restricciones, sino un sistema dinámico viable cuyo resultado sea la
libertad. Estas dos formas de concebirlo, como ya saben desde las dos primeras
conferencias, son totalmente diferentes.
Entonces, ¿dónde
radica el problema? No debemos impresionarnos ante la prepotencia y pompa del
Estado una vez que hayamos encontrado el modo científico de profundizar en los
problemas de la organización eficiente y de haber comprendido con claridad las
leyes fundamentales de la variable. Pero ¿constituye un delito de lesa majestad
afirmar que un Estado se gobierna con el mismo modelo que unos grandes
almacenes? Tal vez debiéramos decirlo al revés para que no suene mal. Hablando
en términos científicos no tiene importancia porque el patrón que controla la
variable y al que he llamado modelo es el mismo. SI digo que es preciso
expresar este concepto señalando que las dos organizaciones se acoplan (map
onto) al mismo modelo no nos parecería raro, ya que, por fortuna, el
vocablo correlación (map onto) tiene en matemáticas un significado
similar. Un mapa es modelo o patrón de un sistema, se representa
con mucha atenuación de la variable, aunque conservando sus elementos más
significativos.
El gobierno realiza
la gigantesca tarea de reducir la variable por medio de departamentos, al igual
que los grandes almacenes, y, lo mismo que éstos, necesita estar informado
sobre la marcha de los asuntos. Necesita, con toda seguridad, mucha más información
que los grandes almacenes, aunque esto puede considerarse irrelevante en tanto
que ambas instituciones desplieguen la variable requerida —y es ahí
precisamente donde la correlación entre ellas se mantiene y el modelo es
idéntico—. El modelo nos indica asimismo que el tiempo de reacción del sistema
debe ser más corto que el intervalo medio entre las perturbaciones; de lo
contrario, la inestabilidad se haría permanente. Ya vimos como los grandes
almacenes controlan este problema y también advertimos como, si dicho control
fallara, se produciría un colapso catastrófico, caracterizado por la ausencia
de la clientela. Si es el gobierno el que cae en tal situación es más difícil
detectarla, puesto que la
Página 46
totalidad de sus “clientes” no se ausentarán. En efecto, la población de
una nación no hará el equipaje y emigrará en masa. Sería una decisión muy
grave. Aún más, y aunque resulte algo cínico, lo más probable es que no
encontrasen otro país que ofreciese muchas más garantías de estabilidad que el
suyo propio. Este problema es muy general, de hecho es universal. Por esta
razón es tan importante.
¿Cómo emprendemos
el análisis? En un gobierno la variable se controla principalmente atenuándola
mediante cuatro procedimientos. Primero, cada departamento del gobierno
confecciona los diferentes modelos del país. Para empezar tendremos que
rectificar esos patrones que el gobierno mantiene como modelos, ya que no
responden a la realidad del momento actual. Por una razón: esos departamentos
fueron creados hace mucho tiempo y mientras tanto los generadores de variable
de la nación —a los cuales se supone que se adapta el modelo— han sufrido
cambios en su naturaleza, su importancia y su proporción. Por consiguiente,
deberán crearse nuevos departamentos para controlar el exceso de variable, tal
y como vimos que se hacía en los grandes almacenes de nuestro ejemplo. Sin
embargo, en el caso de un gobierno esto no se consigue fácilmente. Los grandes
almacenes cambian sus secciones a la vez que los modos de vida cambian y
absorben el pequeño exceso de variable por medio de la oficina de información.
El gobierno, no obstante, es refractario a los cambios y es, en realidad, poco
adaptable, debido, en mi opinión, a que ha perdido la noción de cual es su
situación estable. De ahí que el exceso de variable llegue a ser un grave
problema para un gobierno. Un buen ejemplo de lo que sucede en la actualidad es
el problema del medio ambiente, que supone una enorme acumulación de variable,
sin que todavía haya sido configurada en un modelo válido. La idea de crear
nuevos departamentos puede no llegar a ponerse en práctica, dada la tendencia
existente de querer resolver problemas nuevos con viejos métodos, cosa que, por
otra parte, ocurre en todos los países. Por ello constatamos el fenómeno de un
cambio que no comporta en realidad alteración alguna perceptible.
Página 47
El segundo atenuador de la variable consiste en el modelo que cada
departamento haya fijado sobre las tareas que le competen. Consideremos la
economía. Se ha establecido un modelo para regular la industria del país en su
conjunto, uno por cada industria, y modelos de cada una de los industrias por
su producto, su inversión, su fuerza de trabajo, etc. Esto parece apropiado
hasta que nos damos cuenta de que los modelos tratan a estos factores de la
economía: producto, inversión, fuerza de trabajo, etc., como si se tratara de
unidades autónomas. Pero, por supuesto, no es exacto porque todo ello
constituye en conjunto —tanto las plantas industriales como las
correspondientes sociedades mercantiles— sistemas dinámicos viables y los
factores de producción que hemos enumerado representan variables continuas que
inciden sobre las inversiones y los rendimientos. De hecho, lo que
fundamentalmente nos interesa se halla implícito en la productividad de los
sistemas, dado que el rendimiento que se obtenga determinará en gran medida la
inversión. Inversiones tales como las materias primas se incorporan al sistema
en función de la importancia de la producción. Sea como fuere, en los conceptos
del sistema que estamos analizando queda bien patente que la solución
inteligente no es atenuar la variable congelando las variables continuas en
períodos de tiempo arbitrarios (tales como años, cuatrienios o planes
quinquenales), siendo así que la esencia de los negocios consiste en conocer de
qué manera se genera continuamente su productividad a lo largo del tiempo. Se
necesita observar continuamente las tendencias de la época, es decir, hallar la
medida del cambio, los gradientes, las funciones, etc. Todo ello es necesario
porque nosotros, como gobierno, tenemos que ponderar las interacciones de
los sistemas dinámicos. Los modelos que en principio se habían creado para
informar a los accionistas presentándolos como los adecuados para la custodia
de su dinero no es de extrañar que no se acoplen uno al otro.
Cuando los datos
que han sido generados por estos modelos de baja variable (cubriendo en los
departamentos largos y estáticos períodos) no se ajustan a la realidad por más
tiempo, se acumulan. Esto constituye el tercer atenuador de la variable.
Existen dos
Página 48
razones principales para esta acumulación. En primer lugar, un ministro,
por ejemplo, no puede controlar toda la información que ha sido generada, aun
cuando su variable haya sido atenuada por dos veces. Su mente no dispone de la
variable requerida para abarcar todos los datos hasta que éstos no hayan sido
convenientemente sistematizados. La otra razón es que la seguridad comercial
exige sistematización porque, de otro modo, sería fácil descubrir lo que un
competidor puede producir si esto es lo suficientemente importante para
destacar en las estadísticas oficiales. Aun así, estas dos razones para que en
alguna medida haya acumulación no justifican la clase de acumulación con la que
habitualmente nos encontramos —la del total o la del promedio— porque, como ya
dije, destruye la diversidad mínima de la información que la variable requerida
exige de un sistema dinámico. Imagínense por un momento a un médico que visite
a su paciente en el hospital y la enfermera le dijese: “Durante el último mes
el promedio de su temperatura ha sido de 37,4°”, o bien, “ayer sus treinta
enfermos tuvieron una temperatura acumulada media de 37,4°”. Estas afirmaciones
son sin duda verdaderas, ya que la acumulación en alguna medida es necesaria, a
menos que el médico permaneciese durante un mes observando continuamente el
termómetro. No obstante, el decidir qué datos acumulados son los que deben
usarse es un estudio que concierne a la cibernética, no a la economía ni mucho
menos a la administración.
El cuarto atenuador
de la variable en la información, que recibe el gobierno es con mucho el más
peligroso. Es la demora que imponen los métodos de recogida de datos y la
atenuación de la variable que esto comporta. ¿Cómo puede ser que la demora se
convierta en un atenuador de la variable? Pues bien, la situación real del país
en la actualidad debe reflejarse en la información exacta y completa de todos
los pormenores que hicieron posible dicha situación y la parte más reciente de
toda esa serie de datos es sin duda la más importante. Así, la información que
se demora suprime la mitad más reciente de la variable que está implicada en la
situación actual. Lo que significa que el gobierno no posee la variable
requerida. Es muy corriente oír a los que elaboran las
Página 49
estadísticas económicas hablar de la “actualidad” que debe tener la
información oficial. Quiero insistir en algo diferente del mero pedazo de papel
llamado, por ejemplo, “estadística del mes de junio último”, caracterizado por
un mayor o menor grado de desfase. Voy a insistir sobre el hecho de que cuando
el gobierno actúa lo hace, invariablemente, respondiendo a una situación
económica en la que a menudo la demora en las estadísticas suele dar lugar a
que el ciclo económico se encuentre a la mitad del incremento o descenso de la
prosperidad, por lo que el gobierno lleva a cabo exactamente lo contrario de lo
que debiera la mayoría de las veces. (He dicho “suele dar lugar”, aunque creo
que tales actuaciones están tan ligadas a la dinámica del sistema que la maquinaria
de tomar decisiones adopta la suya siempre en el momento contrario del ciclo
económico).
Estos son algunos
de los problemas de los cuatro atenuadores de la variable. Supongo que mis
amigos del gobierno se enfadarán. No les estoy diciendo nada nuevo, simplemente
estoy dando un enfoque nuevo a un problema conocido, intentando abrir un cauce
que nos lleve a resolverlo. Las comunicaciones hoy en día son rápidas, pero no
las movilizamos. Tenemos computadoras, pero hasta ahora no las hemos utilizado
más que para realizar exactamente lo mismo que se venía haciendo por el sistema
antiguo —y aún tardan más en efectuar esa tarea de lo que antes se tardaba—.
Repasemos otra vez el diagnóstico, remontándonos a los orígenes de las
instituciones. Cuando la institución del Estado se hubo consolidado surgieron
enormes problemas en la atenuación de la variable que hubieron de ser resueltos
por medios muy rudimentarios, debido a que los instrumentos con que contábamos
constituían unos medios propios sólo para atender a una escasa variable.
Entonces no contábamos con computadoras provistas de terminales remotos. Ahora
disponemos de estos instrumentos, pero no los valoramos en la medida que
debiéramos. Dichos instrumentos, que son esencialmente reguladores aplicables a
una alta variable, se utilizan de manera errónea, es decir, no para contender
con la inmensa variable que genera el sistema dinámico, sino para aceptar la
variable atenuada
Página 50
procedente de modelos deficientes, con un desfase de tiempo, y para que
aquéllos después generen su propia variable dentro del gobierno. Pongamos por
caso: un ministro en cualquier momento puede pedir un elaborado conjunto de
datos para lo cual se han realizado complicadas operaciones matemáticas, sin
embargo, ha sido la computadora la que ha generado la variable y no el mundo
real. He aquí un dislate fundamental. Estamos utilizando nuestros poderosos
instrumentos para automatizar y elaborar los limitados procesos que hubiéramos
podido realizar sin otra ayuda que la mente y un grupo de escribientes a pluma,
cuando precisamente para superar ese tipo de tareas se han inventado los nuevos
instrumentos.
Después de
efectuado el diagnóstico, la receta que debemos aplicar no es difícil de
entender. En primer lugar, se necesitan unos mejores modelos de las estructuras
económicas, que deben ser modelos dinámicos. Esto significa simplemente que es
necesario considerar en qué forma las diferentes estructuras están
interrelacionadas sobre una base de movimiento continuo. Entonces, en vez de
los formularios de los abogados y accionistas, la hoja de balance y la cuenta
de pérdidas y ganancias que utilizan los consejeros; en vez de la hoja de
inversiones y rendimiento, tan querida por los economistas, consideramos un
modelo elaborado en términos de variedad dinámica. Esto será un simple diagrama
de flujo o circulación de datos, en el que la variedad estará simbolizada por
el grosor relativo de las líneas de flujo y el tamaño relativo de los recuadros
que indican los procesos que actúan en la circulación. Los retardos de tiempo
en el sistema tienen que aparecer y resultará aún más claro poniendo el
diagrama en movimiento, de modo que las líneas de flujo de datos se muevan a
diferentes velocidades.
Es muy fácil
realizarlo en una empresa y sería interesante preguntar quién debería
efectuarlo. Nuestra cultura tecnocrática respondería inmediatamente: un equipo
de ingenieros, de economistas o de investigadores. Yo no soy de esa opinión. No
se necesita que sean precisamente ellos y, además, es posible que
Página 51
nadie pusiera gran interés en el modelo que crearan. Los que conocen
realmente estos procesos son los que trabajan en ellos, los propios
trabajadores, a los que sí se les puede interesar en la labor de formar el
modelo total del funcionamiento de la empresa, lo que supondría una real
participación de los trabajadores en ésta en vez de hablar tanto sobre su
presunta participación.
Distingamos
nuevamente la diferencia entre entidades y procesos dinámicos. ¿De qué modo
trata la empresa de dar a su personal la sensación de participación en los
asuntos de la misma? Ya conocemos esa entidad estática llamada comité de
trabajo, caracterizado por limitarse a debatir la clásica serie de cuestiones
que surgen en cada sesión. También conocemos esa otra entidad estática que es
el periódico de la empresa. Hemos visto en cada departamento de producción esa
vitrina estática, en la que, reunidos los productos, contribuyen lastimosamente
a acumular polvo. Todo esto está en alguna medida fuera de la realidad porque
paraliza la dinámica de la vida y del curso del trabajo.
Ahora examinamos
una empresa dirigida por medio de un centro de control, en el cual el diagrama
dinámico de circulación de datos refleja continuamente el mundo exterior, al
teleprocesar en el diagrama los datos, mantiene constante el patrón o modelo y
utiliza en todo momento la computadora para controlar toda variable que surge.
Este concepto será más inteligible si lo entendemos como la manera en que se
dirige una batalla, un barco de guerra o un sistema de distribución para
controlar el suministro eléctrico. Pero por razones culturales ese enfoque
aplicado a la dirección de la economía nos resulta extraño. A pesar de estas
disgresiones sobre las empresas no olvido que debemos centrarnos en el examen
de la dirección de la economía. Constatamos que el cuadro de la planificación
total de la actividad industrial, proyectado por el gobierno, está compuesto
por fragmentos separados que luego se han unido como si fueran las piezas de un
rompecabezas. Dichas piezas representan los distintos sectores de la economía o
de las industrias y si su representación no es clara, cuando se complete el
cuadro total de la economía, resultará totalmente confuso. Pero
Página 52
hay un rompecabezas dentro de otro que son las empresas que componen los
diferentes sectores de cada rama industrial. Por ello deberemos empezar desde
abajo. El cuadro de una empresa debe ser lo suficientemente claro para
contribuir a una imagen exacta de la industria. El cuadro de la industria
deberá a su vez ser claro para que el cuadro de la economía industrial resulte
riguroso y nítido. Y, por supuesto, el problema surge al plantearse si cada
empresa o sociedad autónoma estará dispuesta a colaborar en tal esquema. La
respuesta es que un gobierno puede ofrecer ciertos incentivos para conseguir la
información que precisa y la manera de persuadir podría consistir en que si su
colaboración no resultaba satisfactoria la empresa no obtendría un tratamiento
benévolo por parte del gobierno.
Analicemos en qué
consiste nuestro potencial modelo total de la economía. Estaría formado por un
sistema dinámico constituido a su vez por otros modelos más simples de sistemas
dinámicos acoplados unos dentro de otros, como ocurre en un juego de cajas chinas.
A cada caja se le denominará nivel de recursión porque lo que haremos será
reduplicar un sistema cibernético de regulación recursiva, es decir, utilizando
una y otra vez los mismos procesos con los necesarios ajustes de la variable.
Debe cumplirse la ley de la variable requerida en cada nivel de recursión para
que se consiga la estabilidad. La información circula continuamente de un lado
a otro por medio de este sistema recursivo, apareciendo de forma conveniente en
el correspondiente centro de control.
Observemos ahora el
tratamiento que hay que dar a los problemas de retardo de tiempo y acumulación
de datos. En vez de aceptar tales problemas utilizando erróneamente las
computadoras en un intento baldío de ajustarlas mediante el método de
reinyectar la variable de manera inadecuada, nosotros mágicamente nos
desharemos de los problemas por completo. Y les invito a que siempre tengan
presente esta idea: es mejor disolver problemas que solucionarlos. Si los
retardos de tiempo suponen un inconveniente se eliminan y para esto usaremos el
teleproceso. Si
Página 53
la acumulación es un estorbo la evitaremos usando las computadoras para
atenuar la variable de una manera más eficaz.
Intento crear para
ustedes la visión de una economía que funcione como nuestro propio cuerpo.
Tiene que disponer de nervios que se extiendan desde el cerebro del gobierno
por todo el país, recogiendo información continuamente. Esto es lo que se
denomina un sistema real de control. ¿Por qué, por ejemplo, los gobiernos se
empeñan en tratar los problemas del verano pasado, pongo por caso, los cuales,
de un modo u otro, ya se han resuelto para estas fechas? ¿Significa entonces
que el gobierno pueda encontrarse inundado por grandes cantidades de datos a
los que le resulta imposible atender? Por supuesto que no. Mi cerebro y los de
ustedes están recibiendo en este momento toda clase de sensaciones, todo lo que
nos rodea se está registrando en ellos, lo que supone una ventaja puesto que de
repente podríamos necesitar prestar atención a alguna de estas sensaciones. Sin
embargo, hasta que surja esa necesidad nuestros cerebros recogen
automáticamente estas sensaciones irrelevantes y las filtran, desechando la
mayoría de ellas.
Esto es lo que
considero utilizar las computadoras de forma adecuada en lo concerniente al
control de la variable. Las computadoras deben recibir toda clase de insumos y
atenuar su variable automáticamente. Sólo dejarán pasar a la cámara de control
lo que es verdaderamente importante. En este momento nosotros
estamos decidiendo en nuestros cerebros lo que consideramos importante y
desechando los datos de entrada que se desvían de lo que nos interesa. Los
demás datos admitidos se acoplan al patrón que hemos establecido como modelo.
Los insumos fluctúan, pero siempre dentro de unos límites que pueden
determinarse en cualquier momento por el cálculo de probabilidades —si se tiene
una computadora. Para reconocer lo que es importante la
computadora tendría que realizar cálculos muy complicados sobre cada dato que
entra. En la mayoría de los casos dicho insumo será de escasa importancia, por
lo cual será simplemente descartado. No se almacenará en esos gigantescos
Página 54
bancos de datos de los que tanto se oye hablar, ya que no se le
considera útil. Sabremos por nuestro modelo básico cuál es la variación
ordinaria y si dicho insumo cae dentro de ella. Por lo que si uno no es
propietario de un equipo de almacenamiento electrónico o está interesado en
estudiar alguna especialidad con miras particulares no encontrará motivo alguno
para conservarlo. Y si uno está particularmente interesado por la libertad
encontrará suficientes razones para desecharlo.
Ahora comprenderán
con claridad cuál era el motivo que me impulsó a hacer aquellas observaciones
sobre los costes. Tan pronto como se piense en dirigir la economía por medio de
computadoras nuestra cultura les proyectará a imagen de muchas toneladas de costoso
equipo. Para dirigirla, sin embargo, no es necesario. Se requiere únicamente
disponer de una computadora corriente con caras interpuestas de teleproceso,
que están situadas entre la computadora y los insumos del país, y entre la
misma y la cámara de control; así como también se requerirá un programa
extraordinariamente inteligente. El precio se paga en términos de software,
no en términos de muchas y grandes máquinas, con gran despliegue de
equipos técnicos y de mantenimiento. Por tanto, si el modelo es el mismo en
cada nivel de recursión de la economía y, dado que los modelos cibernéticos se
corresponden entre sí, no se necesitará más que un reducido equipo humano para
la programación.
Podemos imaginarnos
ya el centro de control y a los que toman las decisiones dentro de él, actuando
juntos en relación simbiótica, como un solo cerebro en la dirección de la
economía. Los nervios que transmiten continuamente la información a ese cerebro
atraviesan sus lóbulos computadores, donde los filtros de la variable realizan
su función. El modelo básico apropiado para este nivel de recursión —modelo que
se encuentra aquí en movimiento como un diagrama de circulación de datos— es el
centro de toda la atención. Está constantemente actualizándose por medio de las
diferentes señales de alerta que las computadoras producen. Estas señales harán
que los que dirigen las operaciones pidan más
Página 55
información al almacén electrónico, proyectando dicha información en las
pantallas. Si tienen que tomar decisiones importantes activarán los modelos de
sistemas dinámicos con los nuevos datos y probarán diferentes medidas de
actuación simuladas, observando su funcionamiento con gran rapidez.
Probablemente
sabrán ustedes que por medio de la simulación electrónica es posible realizar
un proyecto con diez años de adelanto de modo instantáneo y a continuación
probar otros métodos de actuación y comparar la diferencia. De este modo se
experimentan los distintos métodos de actuación en el laboratorio del centro de
control en vez de realizarlos sobre la nación indefensa, para tal vez darse
cuenta diez años más tarde de que eran equivocadas. Así también se pueden
probar y desechar métodos equivocados durante la hora del almuerzo sin dañar a
nadie. Al volver del almuerzo es posible que ya se haya dado con el método
adecuado que pueda servimos.
Es cierto que las
simulaciones técnicas han levantado grandes polémicas, principalmente por lo
inadecuado de los datos que se utilizan y el desfase en tiempo de los mismos.
¿Qué podemos esperar de esos modelos de baja variable, de sus acumulaciones y
de sus retrasos de tiempo que se vienen utilizando hasta ahora? Todos estos
problemas se disolverán volviendo a proyectar la institución de nuevo y
por completo (es la única manera) y así los datos que
empleen las simulaciones serán actuales, verdaderos y significativos.
No he trazado más
que un breve bosquejo del planteamiento que defiendo, el cual podría estudiarse
de modo más completo y detallado en otro momento. Las críticas principales que
ha suscitado son cuatro. Una de ellas sostiene que, lejos de ser este planteamiento
una máquina para la libertad, supondría la muerte de la libertad individual. De
esto hablaré más adelante por ser un tema muy importante y les pido que esperen
a formar un juicio sobre esto hasta que les haya expuesto mis argumentos.
Página 56
La segunda crítica está en la misma línea de la anterior, pero
diferente. Según ésta, el dirigir un país poniendo en práctica el proyecto de
que hablé presupondría el que ese país tuviese un régimen en el cual el Estado
fuera dueño de la industria o interviniese masivamente en ella. Como ven, se
basa en un falso concepto. Confunde la mecánica para gobernar con la clase de
régimen que adopte un gobierno. No estoy hablando de ningún régimen ni
presuponiendo que uno en particular sea mejor que otro. Estoy hablando de la
organización que debe adoptar cualquier Estado moderno en la ineludible tarea
de gobernar y sostengo que su funcionamiento debe ser satisfactorio. Todo
gobierno regula, todo gobierno controla en una mayor o menor medida, es decir,
gobierna. Mis teorías conciernen a la “manera” de gobernar, no hasta donde debe
llegar su intervención.
La tercera crítica
encuentra que mi teoría es demasiado simple. La vida real resulta mucho más
complicada. La única respuesta sería lanzar una sonora carcajada. Por supuesto,
lo que propongo aquí es, como espero que les haya parecido, lo bastante simple para
que puedan entenderlo después de haber conocido algunas de las leyes de la
cibernética. Y si no fuera lo suficientemente simple para que se pueda entender
¿de qué serviría? Aún más, está infinitamente más cerca de la vida real que el
sistema que venimos utilizando porque es dinámico en lugar de ser estático,
forma un conjunto sistematizado en vez de ser una simple colección de entidades
autónomas, lo que le capacita para controlar la variable de acuerdo con los
principios de la ciencia, cosa que no puede realizar el sistema que actualmente
está en vigor.
Una ventaja que
apreciaremos al comenzar a utilizar este tipo de sistemas es que requiere menos
datos de los que se necesitaban anteriormente porque dichos datos están
sintetizados en el modelo del sistema. Me refiero con esto a las críticas
anteriores porque de ningún modo creo que las empresas privadas vayan a
suministrar al gobierno una mayor información de la que ahora proporcionan; lo
más probable es que sea menor. ¿Por qué el médico no tiene que abrir nuestro
cuerpo y contar todo lo que hay en él cuando
Página 57
llegamos diciéndole: “estoy hecho migas”? Porque él tiene formado un
modelo claro del cuerpo humano. Una vez que ha tomado la temperatura, el pulso
y la tensión arterial a su paciente, le ha mirado la lengua y observado las
ojeras que tiene con eso ya conoce el proceso de una enfermedad común. De la
misma manera, utilizando modelos recursivos en la economía podremos conseguir
el mismo resultado.
Paradójicamente,
mientras esta tercera crítica afirma que todo ello es demasiado simple, la
cuarta crítica sostiene que todo es demasiado complicado, que no se puede
realizar o que se tardaría en lograrlo veinte años. Pues bien, hasta hace dos
años yo era más moderado porque estaba menos seguro de mis afirmaciones;
incluso me excusaba al dar a conocer mis opiniones sobre esta cuestión. Hoy,
sin embargo, no dudo porque todo el trabajo básico de este proyecto ya se ha
puesto en práctica.
Recordarán que al
principio expliqué que había preparado estas conferencias en Chile. Yo no
estuve allí de vacaciones, como alguien hubiera podido suponer, sino todo lo
contrario. Hace dos años el presidente Allende me instó a que montara un
sistema de este tipo para el pueblo chileno. Chile no es un país rico y no pudo
sufragar el coste que implicaban todos los instrumentos que se habrían
necesitado. Por ejemplo, tuvimos que utilizar el télex ordinario en lugar del
teleprocesador. Aun así sirvió para lo que queríamos. En dieciocho meses
habíamos preparado todo lo que se necesitaba y quedó dispuesto para su
inmediato uso en la tarea de dirigir la economía.
En los pocos meses
que nos quedaban estuvimos enseñando a los trabajadores —para quienes este
fruto de la ciencia había sido creado— el manejo de los instrumentos más
modernos que existen para la dirección de la economía de una nación. Los
trabajadores pudieron sentarse con sus ministros en el centro de operaciones de
la economía de Santiago, observando con atención las proyecciones animadas en
las pantallas y discutiendo las señales de alerta que emitía aquel ingenioso
programa de la computadora.
Página 58
En los brazos de las butacas había unos botones que al pulsarlos hacían
aparecer en otras pantallas otros datos de consulta, con una capacidad de 1200
representaciones en diferentes colores, enfocados por dieciséis proyectores de
repetición. También tomaron parte en los experimentos preliminares a los planes
simulados con un enorme modelo animado de sistema dinámico. Estos hombres,
unidos codo con codo alrededor de su ciencia, estaban
destinados a ser el aparato que adoptara las decisiones en la dirección de la
economía.
Todos sabemos lo
que sucedió. El 11 de septiembre de 1973, Salvador Allende murió víctima de una
sangrienta conjura cuyas consecuencias para la humanidad son aún incalculables.
Porque puedo afirmar solemnemente que en Chile toda la humanidad ha sufrido una
derrota. De las enseñanzas derivadas de mi propio trabajo quiero mencionar
cuatro. En primer lugar diré que es absolutamente posible proyectar de nuevo
las instituciones de un gobierno de acuerdo con los principios y prácticas de
la cibernética. No son sueños irrealizables. En segundo lugar diré que el
camino que hay que recorrer para desmontar la burocracia es largo y más
adelante discutiremos los problemas que comporta un cambio efectivo. En tercer
lugar las posibilidades de realizar dicho cambio, esto requiere que les dedique
mi próxima charla, en la que examinaremos el impacto de los avances científicos
sobre el status y la libertad del individuo.
Y llego al cuarto y
último punto por hoy. La libertad individual se ha perdido en Chile, al menos
de momento. Yo sé cómo fue; el pueblo en esta ocasión no fue víctima de la
tecnocracia. Queda claro que todo lo que les he descrito como posible se llevó
a la práctica (y se acabó) en dos años y no se hizo con la rapidez que
habría hecho falta. Cuando preparé el borrador de estas conferencias esbocé
la hipótesis que les he expuesto —que nuestras instituciones quizás
no lleguen a reaccionar con la celeridad necesaria para evitar un colapso
catastrófico— y recuerdo que estuve pensando que tendría que defenderme del
cargo de haber hecho sonar una prematura y espeluznante alarma. ¿Pensarán
todavía en interpelarme?
Página 59
OBSERVACIONES
A LA TERCERA
CONFERENCIA
Página 60
1. Modelos de una nación por departamentos de gobierno.
2. Modelos de
empresas dentro de la economía:
la elección
arbitraria de significativas y de períodos importante de variable.
las características
que pueden ser de tiempo enmascaran una cantidad
Página 61
3. Acumulación de
información estadística.
4. El tiempo se
retarda mientras se registra la información:
la percepción
(línea discontinua) del movimiento de los indicadores de la economía se capta
“demasiado tarde”; esto significa además que a la hora de adoptarse una
decisión la variable más relevante, generada por un modelo que ya no es
adecuado, queda eliminada.
Página 62
Esto puede conducirnos a hacer precisamente lo contrario de lo que
debiéramos.
Cuatro niveles de
recursión: Un modelo: una programación de computadores
Página 63
Un estudio más
completo de este plan para directores de proyectos cibernéticos se halla
en Brain of the Firm, también del autor de este libro (Allen Lane,
The Penguin Press, 1972). Una relación dando cuenta de su aplicación en Chile
figura al final del libro Platform for Change (John Wiley,
pendiente de publicación).
Página 64
IV
LA CIENCIA
AL SERVICIO DEL
HOMBRE
La escena se
desarrolla en un pequeño aeropuerto de un lugar de turismo donde durante el fin
de semana se ha dado una conferencia sobre automatización en un congreso de
hombres de negocios. Todo el mundo regresa a sus respectivas ciudades. El
hombre que va delante de mí en la cola se entera con gran perplejidad al llegar
ante el mostrador de la compañía aérea que el vuelo para el que tiene su
billete se halla completo. “Lo siento — dice el empleado de la compañía con
tono melifluo—, tenemos dificultades con todos los vuelos de las Líneas Aéreas
Flyaway, funciona mal su computadora”. En el relativo silencio de la pequeña
sala de espera del aeropuerto todo el mundo ha oído estas palabras. Un hombre
corpulento, saliendo del final de la cola, se adelanta y afirma en alta voz:
“Perdone usted, yo soy el director de Líneas Aéreas Flyaway y no tenemos ninguna
computadora”.
Algunos se rieron,
pero la reacción general fue de perplejidad; sin embargo, no creo que fuese
debida a que el empleado había sido cogido en una mentira. Como ya argüí en mi
segunda conferencia, la computadora ha llegado a ser considerada como una
influencia maligna, algo que asusta a la gente. Por eso hay pocas
probabilidades de que la gente requiera su ayuda o se decida a emplearlo para
diseñar de nueva planta la sociedad. Pero el desconcierto que surgió de este
incidente también me sugirió el gran respeto que inspira y negarlo es un acto
peligroso.
Página 65
El título de esta conferencia es “La ciencia al servicio del hombre” y,
desde luego, me sorprendería mucho que su anuncio sugiriese un gesto de
escepticismo. En efecto, se ha llevado a cabo una labor concienzuda para que se
admita sin reserva el lema de que la ciencia está al servicio de la humanidad;
sin embargo, ha llegado el momento de analizar este axioma con rigor. Esto no
significa efectuar una comparación entre los beneficios de la energía nuclear y
los riesgos de una guerra atómica o entre el progreso de la medicina con el
control de los gérmenes nocivos y el deterioro de la ecología con los
pesticidas. Este tipo de debates conducen aparentemente a dilemas insolubles
para nuestra sociedad porque recogen el contradictorio resultado de sistemas
dinámicos con alto grado de variables, cuya mecánica institucional básica
continúa sin revisión.
La ciencia ha sido
presentada como servidora del hombre de manera errónea y por razones
inconfesables. Empecemos por el origen de la riqueza: la producción. Aquí se ha
exaltado la ciencia como la promotora de la eficiencia.
No resulta
necesario, sin embargo, recordarles la historia de la revolución industrial,
tan conocida de todo el mundo; de las líneas de montaje de producción en masa y
de su consecuencia, la reducción del coste por unidad; ni tampoco es necesario
enfatizar triunfalmente la mejor distribución y comercialización de los
productos. Pero debemos tomar conciencia de la alienación a que ha conducido
este proceso al obrero industrial. Por eso ahora los sociólogos intentan con
gran empeño restaurar un cierto humanismo en las relaciones de trabajo, en las
que tantos trabajadores se hallan; una situación a la cual innumerables
millones de hombres del Tercer Mundo se verán condenados en el futuro mientras
sus países luchan por conseguir la parte que les corresponde de la riqueza
mundial. Luego hay algo que no funciona.
En segundo lugar,
la ciencia ha sido presentada como servidora del consumidor. Nos han vendido
aparatos de todo tipo para ahorrar
Página 66
trabajo y esfuerzo, como fruto precioso de la ciencia y la tecnología.
El automóvil nos lleva al campo —donde, por ciento, nos encontramos con todos
los demás en sus automóviles—. La plétora de electrodomésticos libera al ama de
casa de las penosas faenas del hogar a la vez que resulta víctima de la
eficiencia de los mismos debido a la creciente dificultad —y el creciente
coste— de las reparaciones de estos ostentosos electrodomésticos. Y en su misma
casa, a pesar de su aparente confort, a menudo se siente atrapada con sus niños
en compañía del televisor, fácil presa de perturbaciones psíquicas de ansiedad
o depresión. Insisto de nuevo en que hay algo que no funciona.
A pesar del
contrasentido de esta situación en el trabajo y en el hogar, la ciencia y la
tecnología son utilizadas inexorablemente para fomentar la sociedad de consumo,
puesto que constituye el único desarrollo que nuestro sistema económico puede
crear. Quiero decir que el crecimiento está a la orden del día. Más bienes de
consumo se ponen al alcance de más personas, lo cual se consigue con una mayor
automatización, más estandarización y más bajo coste por unidad, ligado, por
desgracia, con una creciente disminución de su valor intrínseco. No obstante,
debe persuadirse a todo el mundo que esto es precisamente lo que quieren, que
esto constituye la vida dichosa y deseable y que a esto responde la ciencia al
servicio del hombre. Considero, no obstante, que la sociedad de consumo está
demostrando ser la fuerza más alienante que el mundo haya conocido, el
fantástico consumo de drogas (tanto las que recetan legalmente como las que se
consiguen ilegalmente) representa un claro exponente del grado de alienación a
que estamos llegando. Por ahora hay algo que va mal.
¿Qué se propone
demostrar este breve análisis? Argüir que el sentido en el cual el mundo acepta
que la ciencia sirve al hombre es falso, puesto que la ciencia usada de esta
manera sólo ha servido para destruir en el hombre su dimensión humana y su
alegría de vivir. Más aún, ha imbuido en el hombre medio la falaz ilusión de
que —en un planeta cuyos recursos hoy sabemos limitados— resulta posible la
prosperidad para todos. La verdad es
Página 67
que adquirimos una prosperidad creciente para unos pocos de nosotros, a
expensas de que muchos jamás puedan conseguirla. Mientras tanto la alienación
aumenta, suscitándose una creciente resistencia ante nuevos adelantos
científicos, con la consecuencia de que nuevas propuestas para tratar viejos
problemas utilizando computadoras y telecomunicaciones se reciben a menudo con
un rechazo rayano en la histeria colectiva. Me refiero a los archivos
electrónicos sobre los datos de los ciudadanos y a los sistemas de control por
parte de los gobiernos, aspectos de los que he hablado anteriormente. El caso
es que este pánico está justificado en tanto la sociedad prosiga por el cauce
trazado hasta ahora por la tecnología. Ahora bien, si queremos que las
instituciones sociales escapen al riesgo de una inestabilidad catastrófica
necesitaremos con toda seguridad sistemas nuevos.
Por consiguiente,
la ciencia debe ser concebida de manera distinta. Yo considero que únicamente
existe una solución, consistente en quitar el control de la ciencia y la
tecnología a quienes hoy pueden financiar su desenvolvimiento y devolver su
control al pueblo.
Los científicos y
los técnicos deben ser auténticos servidores del pueblo a pesar de la tendencia
actual de convertirles en una élite, instrumento de quienes ostentan el poder
económico sobre los propios sistemas científicos. De esta manera nace la tecnocracia,
a la que nos estamos aproximando peligrosamente.
¿En qué medida
puede ser real esta solución? Por lo pronto, las personas que detentan el poder
nunca lo entregan a otros, además siempre hay implicadas grandes sumas de
dinero. Respondo que la solución resulta factible en una sociedad democrática
en la medida en que se sienta la necesidad de volver a diseñar de nueva planta
las instituciones sociales. El proceso puede empezar por desvelar el misterio
que rodea la investigación científica. Un postulado básico para el ciudadano
corriente consistiría en decirse a sí mismo y a los demás:
«Por vez primera en
la historia de la humanidad la ciencia puede dominar toda rama del conocimiento
Página 68
cuyo objetivo pueda especificarse con exactitud. También por vez primera
no necesitamos ser hombres de ciencia para comprender lo que debemos hacer. De
ahí que no estemos por más tiempo a merced de la tecnocracia, que hasta ahora
nos ha indicado lo que debemos hacer. Nuestra tarea consiste en empezar a
especificar».
Son necesarios
nuevos cauces y ciertamente éstos se pueden hallar. ¿Para qué sirve la
televisión? ¿Es quizá un cementerio de películas muertas o un papel de pared
animado destinado a impedir el proceso del pensamiento? ¿Para qué sirve la
computadora? ¿Es acaso una máquina de elaborar bobos errores a un enorme coste?
¿Qué haremos con la cibernética, la ciencia de la organización eficaz?
¿Permaneceremos lamentándonos y esperando que algún malintencionado se apodere
de ella y nos esclavice? Tal vez una mafia electrónica nos acecha. Sin embargo,
todos estos aparatos son instrumentos que esperan ser empleados en la creación
de una nueva sociedad libre. Ha llegado el momento de utilizarlos.
En cuanto al coste,
¿quién pagará los gastos? Ya los estamos pagando entre todos, pues son los
impuestos y la inflación los que financian los planes de los gobiernos y un
recargo sobre los precios que pagamos lo que financia las empresas privadas y
estatales. Pero, por lo que puedo ver, los ciudadanos han perdido por completo
el control tanto como contribuyentes y consumidores en la elección de los
proyectos que se emprenderán para su beneficio. En el mejor de los casos,
juegan un papel defensivo en su intento de invalidar los proyectos que no les
gustan: esto constituye una función difícil porque no conlleva modificar la
variable requerida para su propósito. Cualquiera que haya intervenido en
encuestas públicas sabe muy bien que la burocracia tiene poder para ampliar su
variable indefinidamente tanto en términos de tiempo como de dinero y
asesoramiento técnico; por eso puede enfrentarse libremente contra un grupo
reducido de ciudadanos que no tiene acceso a estos amplificadores de variable.
Página 69
Obviamente, intento incidir bajo de la corteza más superficial de la
ciencia y la tecnología tal como la sociedad la comprende para descubrir nuevos
estratos de potencialidad científica. La utilización que la sociedad está
haciendo de la ciencia resulta amenazadora, se está tomando opresiva y
alienante. Sin embargo, el uso que la sociedad podría hacer de la ciencia es
una liberación. Aférrense a esta idea: requiere valor y resolución. El riesgo
radica en que las propias personas que se dan cuenta del peligro volverán la
espalda ante las dificultades que entraña. ¿Pero qué seguridad hubieran sentido
nuestros mayores si de pronto se hubieran visto zambullidos en el ambiente de
una casa o una calle moderna?
Hemos necesitado
tres o cuatro generaciones para adaptarnos a la mortífera electricidad y a las
calles infestadas de peligrosos camiones. Tardamos veinte años para adaptarnos
a los inventos y descubrimientos objeto de estas conferencias. No obstante, la adaptación
aún no es completa. No tiene nada de extraño que la gente se sienta tranquila
con su automóvil, que domina por completo, y muy incómoda con la computadora, a
la que todavía no domina. Lo curioso del caso radica en que la mayoría de los
que conducen un automóvil no conocen exactamente cómo funcionan estos vehículos
y, sin embargo, invocando una ignorancia parecida sobre el mecanismo de las
computadoras, justifican su desconfianza en ellas.
Sea como fuere, el
problema de la rápida adaptación del individuo, que ya hemos analizado, puede
constituir un patrón —en términos cibernéticos— aplicable al problema de la
rápida adaptación de la institución. Tratemos de analizar los problemas del
individuo en el lenguaje que hemos estado aprendiendo porque es una cuestión
concerniente a una organización eficaz.
El primer aspecto
con el que tenemos que enfrentarnos es un hecho bastante difícil de aceptar
para las personas inmersas en nuestra cultura. Lo que el hombre puede hacer
está mediatizado por nuestro cerebro y éste es limitado. Tenemos dentro del
cráneo una computadora electrónica ligeramente alcalina, de kilo y medio
Página 70
de peso, funcionando sobre glucosa a 25 vatios. Esta computadora
contiene unos diez mil millones (o diez elevado a diez) de elementos lógicos
denominados neuronas y que actúan a un ritmo de diez ciclos por segundo.
Constituye un sistema dinámico de un alto grado de variable, pero es
ciertamente finito. De acuerdo con la Ley de Ashby, podemos reconocer modelos
hasta un cierto límite, pero no más allá de él. Por esto, si acontece algo que
supone una mayor variable de la que el cerebro puede dominar no reconocemos lo
que es. Tropezamos otra vez con el viejo límite, constituido por el requisito
de la variable requerida.
De esto se derivan
consecuencias prácticas. Por ejemplo, estoy seguro que la razón por la que nos
preocupan tanto las cuestiones sobre la ecología mundial radica en que no
podemos comprenderlas. No quiero decir con ello sólo que son enormemente
complicadas y que el comprenderlas comportaría una investigación profunda,
quiero decir que no podemos comprenderlas en absoluto. Algo parecido ocurre con
muchos asuntos de gobierno, sobre todo con los del Gobierno mundial. Incluso
podría ser así al nivel de recursión donde se dirige una empresa. Recuerdo que
el nivel de recursión es simplemente el foco de atención a través del que
contemplamos cualquier sistema viable y que cada nivel está implicado en el
siguiente. He aquí un pensamiento desagradable: Tal vez no podamos comprender
nuestras propias vidas, nuestro propio medio ambiente.
Contemos o no con
un conocimiento completo, con o sin la variable requerida para detectar
patrones vitales, tenemos de alguna manera que abarcar estos niveles. Por
supuesto, nos valemos de modelos mentales. Simplificamos de modo que el sistema
que estamos considerando se adapte a nuestro cerebro. Esto sólo podemos
realizarlo atenuando la variable y no se puede garantizar que la información
que desechamos sea precisamente la que no nos interesa. Evidentemente, nos
acostumbraremos a desechar información y a eliminar insumos que no se ajustan
bien a los modelos que previamente hemos configurado.
Página 71
Pienso que esto puede significar que aquello a lo que todos nos
referimos como “realidad” es una versión muy limitada del universo. Podríamos
decir, hablando claramente, que nuestra humanidad vive participando de una
delusión respecto a cómo son las cosas en realidad.
A este respecto, me
gustaría empezar a hablar sobre misticismo, sobre psicosis o sobre drogas
psicodélicas y primordialmente me gustaría comentar la relación que hay entre
todas ellas. Porque estas tres cosas tienen mucho en común; afirman tratar con
los aspectos de la realidad que nuestra participación en la delusión deja
filtrar. Pero el meollo de la cuestión que me preocupa es éste. El explosivo
promedio de cambios en curso produce perturbaciones a intervalos mucho más
cortos que el tiempo de reacción de nuestro sistema institucional. Esta fue la
hipótesis que presenté en un principio. He explicado su realización en Chile.
Ahora amplío dicha hipótesis hasta abarcarnos a ustedes y a mí como individuos.
¿Quizás puede ser que todos suframos una sobrecarga de variable imposible de
adaptar a nuestros modelos, del mismo modo que también soportamos unas
oscilaciones difíciles de controlar para nuestro equilibrio mental? En
definitiva, ¿no estará nuestra especie abocada a la misma inestabilidad
catastrófica a que aludí respecto de nuestras instituciones?
Podría ser de esta
manera. Uno de los grandes biólogos de nuestro tiempo, Albert Szent-Gyórgyi
(que descubrió la vitamina C), lo cree así, pero no en función del razonamiento
que yo he expuesto hasta aquí. El llama al hombre “mono loco” y considera que avanzamos
por un cauce evolutivo ciego. Incluso yo, que soy por naturaleza optimista,
creo verdaderamente que debemos hacer frente a la realidad de los hechos. Si
ustedes, por el contrario, estiman que la defensa que hago en estas charlas de
la necesidad de un cambio casi revolucionario es extremada, si consideran que
he exagerado los fallos de nuestras instituciones, si estiman que los remedios
que propongo suponen mayor peligro para la libertad humana que la propia
enfermedad, entonces deben considerar estos nuevos y graves motivos de
reflexión.
Página 72
Conciernen a los mecanismos de la variable a los cuales nuestra cultura
subordina nuestra adaptación personal, porque, para mí, la libertad consiste en
esta adaptación. Estoy cansado de que me digan que la computadora amenaza de
muerte nuestra libertad, que la cibernética constituye un instrumento del
demonio, que los reguladores gubernamentales del “tiempo real” son muy
peligrosos de emplear. La razón radica en que considero que la libertad
existente es en gran medida ilusoria; nos estamos engañando a nosotros mismos.
Existe ahora, sin embargo, una nueva oportunidad de conseguir nuestra libertad
e incluso de conseguir la libertad de quienes nos seguirán por nuestros tristes
senderos.
Enfoquemos nuestra
visión de esta manera. Todos sabemos que la mayoría de la gente de este planeta
está esclavizada, digo esto en su más estricto sentido físico. La mayor parte
de la población carece de lo suficiente para alimentarse y vive bajo regímenes
que le ordenan lo que tiene qué hacer. Ante estos niveles, nosotros, los que
podemos participar y escuchar estas emisiones de radio con mis conferencias,
vivimos incomparablemente mejor y somos más libres. Sin embargo, el hecho es
que nuestra propia relación con el medio que nos circunda está regida por un
conjunto tras otro de atenuadores de la variable que reducen en la medida
oportuna un mundo de variable creciente a la variable requerida propia de
nuestro cerebro. Pero perdemos por completo él control del proceso por
el cual esto viene ocurriendo. He aquí dos ejemplos evidentes:
El primero
concierne a la educación. Cada alumno es un organismo de alta variable y el
proceso de su enseñanza limita esencialmente la misma. En otras palabras, el
alumno es capaz de generar múltiples respuestas a la pregunta de cuánto es seis
multiplicado por siete. El maestro intentará atenuar esta potencial variable de
respuestas en una sola: cuarenta y dos. Pero si analizamos otro tipo de ejemplo
podemos encontrarnos diciendo algo significativamente distinto. En efecto, el
alumno resulta capaz de generar múltiples respuestas a la pregunta: ¿cómo se
debe organizar el seguro nacional de enfermedad? En este caso, no
Página 73
obstante, esperamos que el profesor no atenuará toda la potencial
variable de contestaciones a una única respuesta como en el ejemplo anterior.
No, educación procede de la palabra latina e-ducere, “conducir”, no
significa “imponer”, y, sin embargo, lo cierto es que el proceso
educativo constriñe la variedad. Quien se pare a reflexionar unos momentos
sobre esta paradoja puede darse cuenta que en el segundo ejemplo se espera que
podamos enseñar al alumno métodos de atenuar su propia variable. Quisiéramos
ofrecerle los medios de encontrar sus respuestas, no de imponer las nuestras.
Todo este
comentario resulta perfectamente obvio, dirán ustedes. Pero ¿actuamos tomando
en cuenta este discernimiento?, por supuesto, no. Una vez más seguimos
incorporando amplificadores y atenuadores en el miembro indebido de la
ecuación. Observen la cuestión que he planteado. ¿Cómo debe organizarse un
seguro nacional de enfermedad? ¿Qué ocurre entonces? Se envían funcionarios de
países subdesarrollados a estudiar este asunto en países superdesarrollados
—donde, en realidad, podrán descubrir cómo un seguro de enfermedad no debería
estar organizado— y se les priva mediante esta experiencia de la posibilidad de
idear mejores respuestas para su medio nacional propio. Consideren esta
cuestión. ¿Cómo prepararemos a unos trabajadores que prestan su trabajo en los
talleres de la fábrica para que sus concretos problemas del taller puedan ser
planteados en la sala de juntas y participar en las decisiones de la dirección?
¿Pueden creer que la respuesta que se da para resolverlo es seleccionar a unos
cuantos trabajadores para que sean enviados a escuelas de economía? La variable
de la ecuación está una vez más trastocada. He aquí la receta para garantizar
que en la sala de juntas, cuando le llegue el tumo de participación al obrero,
sea indistinguible de los otros directivos. ¿Qué es la teoría de la
relatividad? Porque debido a los mitos culturales, que afirman que toda la
técnica es deshumanizadora y que todas las grandes mentalidades resultan
incomprensibles, preferimos sentar a cien alumnos incómodamente delante de un
profesor que cree entender la teoría de la relatividad, el cual pergeñó unas
notas la noche
Página 74
anterior, mejor que dar acceso individualmente a cada alumno por medio
de grabaciones de videotape, en las que pueda hallar la respuesta
al contenido sustancial de la teoría de Albert Einstein — que podía resultar
tan claro como la luz del día.
Sé muy bien que
Einstein ya está muerto y que ni siquiera grabó esas cintas. Lo que quisiera yo
saber es porqué dejamos que mueran muchos Einsteins y permitimos que muchas
teorías de la relatividad sean explicadas de manera inadecuada antes que
reconocer con sentido común dónde debemos utilizar nuestros amplificadores y
atenuadores de variables.
En el sector de la
educación es donde se presenta más idóneo que en ningún otro la utilización de
la computadora. En este sector dicha máquina puede utilizarse como un verdadero
libertador, constituye un instrumento de colosal variedad al que puede acceder
rápidamente cualquier estudiante. Gracias a un proceso de datos paralelo se
puede preguntar, explorar a la computadora, utilizarla continuamente y de modo
distinto por unos cientos de alumnos simultáneamente, puesto que cuenta para
ello con la variable requerida. Sin embargo, como funciona actualmente la
variable sale atenuada de la computadora haciéndola operar sobre la base de
pequeños y sencillos programas que realmente condicionan al
alumno a proporcionar las contestaciones adecuadas en una serie de
cuestiones triviales.
Lo anterior me
conduce al segundo ejemplo, concerniente a los medios de difusión. Si la
educación comienza el proceso de construir nuestra variable cerebral, la
publicidad (sea en papel impreso o por radio) lo continúa para siempre. La
decisión de los editores constituye el mayor atenuador de variable conocido en
nuestra cultura. La respuesta de la cibernética consistirá en transferir al
individuo la función de decidir, reservada hasta ahora a los editores, lo que
puede conseguirse mediante una combinación de procedimientos de investigación
controlados en una computadora con información grabada a la que se accede por
telecomunicaciones. La televisión por cable cuenta potencialmente
Página 75
con todas las contestaciones porque puede emitir a través de ochenta
canales; éstos ofrecen capacidad suficiente para que pueda circular la variable
requerida para un sistema de educación completamente individualizado, en el
cual el propio alumno fijaría el desarrollo de su programa de estudios.
Pues bien, también
nos asusta este proyecto. Alguien puede interferir la labor, pensamos, con
ochenta alternativas de canales standard con objeto de
“restaurar la libre elección del pueblo”. He aquí mi tercera y
última demostración matemática: ochenta veces nada arroja el resultado de nada.
Mientras tanto permitimos a los técnicos de publicidad archivar
electrónicamente masas de información concerniente a nosotros mismos —quiénes
somos, cuáles son nuestros intereses, etc.— y utilizarlos para enviar tarjetas
con orden de compra por correo, ofrecemos sistemas de crédito y organizar
campañas de publicidad como si no fuésemos más que una hilera de patos, blancos
de tiro, para los intereses de los promotores de la sociedad de consumo.
Reconozco que no sé cuál de las perspectivas me asusta más.
Mientras voy
tejiendo los hilos de esta conferencia, la más difusa de todas, quisiera
recordarles que estoy hablando en torno a la ciencia en su proyección social e
individual —tú y yo— y no pretendiendo hallar soluciones sociales. Espero que
algunas soluciones comenzarán a surgir en mi conferencia final, sin duda el
lugar más adecuado para ellas. No obstante, no podemos pensar con rigor en
encontrar soluciones sin conocer previamente a fondo los problemas y por esto
resulta prematuro plantear aquí estos problemas incorrectamente.
Constituye un lugar
común afirmar que las técnicas científicas amenazan la individualidad del
hombre en la sociedad y no quiero gastar mi tiempo en comentar aspectos tan
obvios que a todos los gobiernos les preocupan, aspectos del derecho a la vida
privada, el derecho al honor, aspectos de planificación urbana, etcétera. Hay
diversas opciones válidas en estos asuntos, confiemos en que se adopten las
mejores. El tema de esta charla es muy distinto,
Página 76
concierne a la cibernética de nuestro propio cerebro y ahora lo vamos a
examinar juntos. Siento que esto parezca un asalto a lo que todos estimamos una
intangible prerrogativa humana, pero es preferible enfrentarse con la verdad.
El cerebro es un
instrumento finito que regula todas nuestras experiencias. Posee un alto grado
de variable, pero no necesariamente la variable requerida para abarcar el medio
circundante, de enorme complejidad. Tiene un tiempo de reacción suficientemente
rápido para contender con un mundo en el que las perturbaciones surgieran en
una ponderada proporción, pero no resulta bastante rápido para ofrecer la
garantía de una respuesta adecuada al mundo actual.
El cerebro cuenta
con ciertas capacidades esencialmente computativas que le hacen el sistema
regulador más sofisticado que el mundo conoce. Pero mi interpretación
cibernética, basada en los hallazgos de la biología, la psiquiatría, la
farmacología y la criminología, es que el cerebro (y reitero, quiero decir tú y
yo) está, por el momento, amenazado por una posible inestabilidad catastrófica.
Simplemente porque nuestro cerebro no cuenta con unas aptitudes de una
inconmensurable elasticidad o una infinita capacidad de superación, debido a
que el lastre de tres mil años de cultura precientífica le han dejado en una
situación falsa.
Les ruego
comprendan bien cuando añado que las anteriores consideraciones no tratan en
modo alguno de comentar si estas materias pueden o no permanecer dentro del
dominio de las ciencias naturales. Si la humanidad hubiera recibido realmente
el soplo divino este tema permanecería igual a como yo, cautelosamente, lo
acabo de exponer, que el cerebro es un instrumento finito que condiciona todas
nuestras experiencias y, por consiguiente, nos limita en alguna medida. Por lo
demás, les diré que me interesa mucho más la constatación de que no puedo
reconocer a un ángel si me lo encuentro, puesto que mi cerebro no cuenta con la
variable requerida para ello, que él argumento
Página 77
pseudocientífico de que los ángeles no existen porque yo todavía no he
conocido a ninguno.
Volviendo al tema
concerniente a la limitación del cerebro, argüí ya que nosotros,
individualmente considerados, constituimos las víctimas inconscientes de un
proceso cultural que nos limita drásticamente la variable. En primer lugar,
nuestro entorno económico apunta la idea de que la creciente utilización de la
ciencia y la tecnología está presuntamente al servicio del hombre. Sin embargo,
como pretendo demostrar, encauza dicho servicio en un sentido falso. El
resultado es que tanto nosotros como, en mucha mayor medida, los inocentes
destinatarios de la política de las naciones en desarrollo, somos explotados
por cualquiera que utilice el poder de la ciencia con fines tecnocráticos. En
segundo lugar, los instrumentos para reducir las variables resultan ser la
educación y los medios de comunicación, los cuales nuestra cultura, por el
contrario, presupone que constituyen amplificadores de la variable. Esta
creencia es tan falsa como la de creer que conocemos la realidad en su total
complejidad.
Se pueden adoptar
medidas correctoras no para obtener limitaciones biológicas, sino para
conseguir restricciones sociales. Hacer esto requiere que el pueblo por sí
mismo tome a su cargo el control del uso de la ciencia por medio de procesos
democráticos; suministrando a aquél o a los gobiernos nuevos canales de
comunicación, nuevos sistemas de educación y nuevos sistemas de medios de
difusión.
¿Por qué son
necesarias tales recomendaciones? La respuesta consiste en que la necesaria
atenuación de variable nos presenta un modelo único del mundo. Y cuando con
mayor vigor pretendemos controlar el mundo inmersos —bien como ciudadanos
considerados en conjunto, bien como individuos aislados— en nuestro medio
ambiente personal, nuestros poderes de regulación están cibernéticamente
restringidos por el modelo que hemos configurado previamente de lo que necesita
ser regulado. Nuestra civilización nos ha conducido a un modelo manifiestamente
Página 78
disfuncional. Por ello debemos prepararnos para su revisión. El poder
para efectuarlo lo poseemos con toda seguridad.
Página 79
OBSERVACIONES
A LA CUARTA
CONFERENCIA
Una afirmación
clave
Por vez primera en
la historia de la humanidad la ciencia puede dominar toda rama del conocimiento
cuyo objetivo pueda especificarse con exactitud.
También por vez
primera no necesitamos ser hombres de ciencia para comprender lo que debemos
hacer.
De ahí que no
estemos por más tiempo a merced de la tecnocracia, que hasta ahora nos ha
indicado lo que debemos hacer.
Nuestra tarea
consiste en empezar a especificar.
Algunas
declaraciones cibernéticas contrarias a lo intuitivamente establecido
La educación constriñe
la variable porque (aunque puede abrir nuevas perspectivas) nos conduce a
reducir el número de alternativas que podemos abarcar.
Los medios
de difusión constriñen la variable porque (aunque también puedan abrir
nuevas perspectivas) en la práctica deciden qué alternativas, de cuantas
podamos abarcar, nos serán más accesibles.
La tecnología no
es por sí misma deshumanizadora, aunque a veces lo sea la utilización que hacen
los tecnócratas de ella.
Las mentes
privilegiadas no son ininteligibles, ya que los cerebros que están
detrás de ellas tienen la variable habitual en el hombre,
Página 80
pero muchas instituciones tienen un interés encubierto en demostrar lo
contrario.
El cerebro y la
variable requerida
El cerebro es
finito:
El cerebro es un
computador electroquímico ligeramente alcalino, de tres libras de peso, que
funciona sobre glucosa a 25 vatios. Contiene 1010 (diez mil
millones) de células nerviosas o neuronas que constituyen sus elementos
computadores, actuando a un ritmo escandido de diez ciclos por segundo.
¿Por qué 25 vatios?
Alrededor de una
cuarta parte de la sangre (más o menos una séptima parte de la circulación)
riega el cerebro cada minuto y se calienta alrededor de un grado Fahrenheit, lo
que implica 25 vatios.
¿Por qué diez
ciclos por segundo?
El estado de reposo
del cerebro, llamado el estado alfa, está caracterizado por el ritmo alfa, el
cual tiende a ser estable alrededor de diez ciclos.
Página 81
Los riesgos de una mafia electrónica
Una perspectiva
mejor para un hombre
Página 82
Infórmame más sobre
la sexta noticia.
Muéstrame el árbol
genealógico del rey Priam.
Muéstrame otra vez
el trabajo que hice en mi nueva casa.
¿Entropía? No
entiendo nada. Para todo esto y explícamelo.
Anota en mi fichero
fiscal que hoy he comprado un perro.
Dile a Jaime de
Vancouver que estoy dispuesto para la partida de ajedrez.
La Quinta Sinfonía
de Beethoven, dirigida por su compositor … oh, yo comprendo.
Y NO SE LO DIGAS A
NADIE A NO SER QUE TE AUTORICE.
Libro mencionado en
esta conferencia: The Crazy Ape, Albert Szent-Gyórgyi,
Philosophical Library, Nueva York, 1970.
Página 83
V
UN FUTURO QUE
PODEMOS EXIGIR AHORA
Una famosa
conferencia en la cumbre, por no decir una confrontación, sobre la libertad
tuvo lugar a veinte millas de mi ciudad natal, en Inglaterra. Duró desde el 15
al 23 de jimio del año 1215. Durante aquellas negociaciones entre el rey Juan y
sus barones se firmó la Carta Magna, documento que consagraba de una vez para
siempre la descentralización del poder y los derechos del hombre y todavía se
sigue invocando setecientos cincuenta años después. Recuerdo de mi adolescencia
un monólogo humorístico explicando dichos sucesos que acaba más o menos de esta
manera:
Así, gracias a la
Carta Magna, que firmaron los antiguos barones, en Inglaterra hoy día podemos
hacer lo que queremos —en la medida que hagamos lo que se nos manda.
La contradictoria
paradoja que manifiesta esta sátira expresa el dilema sin solución que ha
existido siempre: ¿cómo puede mantenerse la libertad individual y la cohesión
de la sociedad a un mismo tiempo? Es lógico que este problema tenga que
discutirse continuamente y de hecho así sucede. Pero la discusión parece
siempre conducir a la misma trampa. Una falsa dicotomía entre los principios de
centralización y descentralización. La vehemencia con que se debate este tema
resulta extraordinaria; sin embargo, la más ligera consideración de lo que
constituye un sistema viable revela cuán falsa es esta dicotomía.
Página 84
Por ejemplo, si usted personalmente fuera un sistema totalmente
centralizado necesitaría acordarse de ordenar a su corazón que latiera; en
consecuencia, si prestase demasiada atención a lo que yo le digo y olvidase su
corazón caería desplomado. Sería dramático, pero a pesar de ello no cumpliría
la finalidad que trato de conseguir con usted. Si, por el contrario, usted
fuese un sistema totalmente descentralizado dejaría de escuchar el contenido de
estas investigaciones radiadas para dispersarse en la investigación de los
sonidos que las componen. Ninguna de las soluciones constituiría un sistema
viable para usted durante mucho tiempo. Analicemos ahora la combinación de
mando central y mando periférico y veremos qué sucede.
Hemos advertido
anteriormente que los sistemas viables sufren un bombardeo permanente de
estímulos, generándose un alto grado de variables. Variables que a su vez deben
ser atenuadas si queremos que el sistema no resulte sobrecargado. La atenuación
debe acoplarse a un patrón o modelo si no quiere desecharse la variable
excedente de un modo arbitrario. Si se pretende que el patrón pueda perdurar
(lo cual es una necesidad para un sistema viable) entonces debe ser un modelo
regulador de lo que se desee regular. Por consiguiente, aquél debe desempeñar
una función central para el sistema porque únicamente el
sistema en su total integridad puede tener un modelo que abarque
tanto sus propias relaciones internas como el propio medio circundante.
No obstante, cuando
la función central de atenuación de la variable está actuando ésta resulta, por
definición, inadecuada para incorporar la variable que va desechando. Sin
embargo, por la Ley de Ashby sabemos que debe ser absorbida de alguna manera,
luego si la variable no puede ser incorporada por la función central necesita
ser absorbida por la función descentralizadora. Esta variable recogida o
absorbida es, por definición, autónoma, es decir, esto se realiza en alguna
parte de un sistema viable. Pero, por supuesto, la parte autónoma del sistema
sigue formando parte del mismo en su totalidad. Y para realizar su función
concreta debe
Página 85
depender del modelo regulador central. En este aspecto hace lo que le
ordenan.
Si al interpretar
estos sencillos descubrimientos cibernéticos sobre nuestra sociedad nos sumimos
en una gran confusión, y creo que así es, se debe a que no hay un acuerdo que
defina claramente a qué parte del sistema corresponden. Querer definirlo resulta
virtualmente imposible, a menos que los modelos en cuestión se elaboren
específicamente para cada nivel de recursión. Quiero recordar que un nivel de
recursión es un nivel en el que un sistema viable está operando como parte
autónoma de un sistema viable de nivel más alto, que integra en él partes que
son por sí mismas sistemas viables autónomos. Ya comenté anteriormente esta
estructura, que se parece a un juego de cajas chinas.
El proceso de
delimitar la autonomía se lleva a cabo continuamente dentro de cualquier
familia viable, por ejemplo, a medida que los hijos van siendo mayores. Pero
esto tiene que ajustarse, lógicamente, con el modelo regulador de la familia a
un mayor nivel de recursión. Se gastará mucho tiempo discutiendo la noción de
autonomía de los jóvenes miembros de la familia y, por supuesto, el tiempo que
exigirá será mucho porque tiene que conseguir la adecuada variable
correspondiente. En definitiva, las familias frecuentemente logran preservar su
modelo de familia, que es centralizador, y la libertad de los jóvenes, que es
descentralizadora; por supuesto, olvidándose de considerar el derecho de
libertad de los padres, quienes llegan a ser identificados con la autoridad
centralizadora. Como se ve, no todo constituye ventajas para los padres (que
perdieron bastante libertad en este proceso), con independencia de lo que pueda
parecerles a los hijos.
Este ejemplo
familiar se repite con mayor rigor en otros niveles más altos de recursión de
la sociedad. Una compañía mercantil o un servicio nacional bien intencionados
tratan de continuar con la política de su sistema. Puesto que esta política
forma parte de su ser, es la que entraña sus afanes, es la que estructura su
modelo regulador. Pero esta política es centralizadora. La compañía
Página 86
mercantil y el servicio nacional, siempre con recta intención, entablan
negociaciones de alta variable con las partes del sistema con objeto de
delimitar su autonomía, que verdaderamente pretende que sea la máxima para cada
una de ellas.
Sin embargo, los
instrumentos que utilizan no son instrumentos cibernéticos que comportan
mecanismos de variables, sino instrumentos administrativos que no los poseen.
Como hemos observado en diversas ocasiones, las burocracias instalan
amplificadores en un círculo del homeostato cuando, en realidad, debían de
instalar atenuadores en el otro, y viceversa.
El resultado es
realmente extraño, pero, no obstante, muy corriente. Las partes integrantes del
sistema —compañías subordinadas, empresas nacionales descentralizadas—, a las
que de buena fe se le ha dado la máxima autonomía, creen, en cambio, que se les
ha centralizado totalmente. Esto se debe a que su variable resulta atenuada por
amplificadores centrales instalados de manera errónea; por otra parte, la
dirección central al conceder de buena fe la autonomía cree que en cierta
medida fue despojada totalmente de alguna de sus funciones, ocurre así porque
su variable está atenuada con exceso por los atenuadores periféricos,
instalados también erróneamente. En la familia, después de salvar estos errores
con gran trabajo, todos sus miembros se pueden sentir más o menos contentos,
pero en las grandes instituciones, sin embargo, donde —debemos recordarlo— los
cerebros de todos los hombres y mujeres siguen siendo de la misma capacidad que
en las familias, la frustración cunde.
Con frecuencia he
puesto de relieve que nuestras organizaciones están constituidas en formas
típicamente piramidales con objeto de que puedan funcionar únicamente si a las
personas que forman parte de ellas les aumentara la cabeza de tamaño a medida
que fueran adquiriendo antigüedad, en cuyo caso, por supuesto, habría al menos
la oportunidad de que pudieran adecuarse a la variable requerida; sin embargo,
como ya sabemos, las cabezas humanas tienen, con ligeras diferencias, el mismo
tamaño, salvo quizá
Página 87
cuando aludimos a ellas en sentido metafórico. También quiero poner de
manifiesto los proyectos por los cuales se defiende a menudo la
“descentralización” como solución de los problemas de una institución, mientras
simultáneamente se recomienda la “centralización” para otra institución,
fundándose en que la vinculación entre sus órganos está demasiado relajada. Y
he visto también estas diferentes políticas defendidas alternativamente y, aún
más, aplicadas de manera alternativa en una institución por grupos sucesivos de
asesores técnicos en una especie de locura administrativa. Todo esto sólo
conduce a oscilaciones exacerbadas en la búsqueda de la estabilidad del
sistema.
Donde únicamente
puede residir la solución es en el adecuado funcionamiento de la variable y
aquí está el punto clave. No debemos confundir el patrón del modelo regulador
con su contenido específico, basta con lograr la variable requerida
configurando adecuadamente el patrón; especificar el contenido resulta
excesivo. Sin embargo, esto ocurre una y otra vez —en esas instituciones bien
intencionadas, plenas de buena conciencia
— por una razón
fundamental que se denomina “equidad”, aunque, a mi entender, este tipo de
honradez supone una excusa para evitar responsabilidades.
Tomemos como
ejemplo una importante institución que mantiene una determinada política de
salarios, de obtención de automóviles para sus empleados o de almacenamiento de
existencias. Pretendemos una forma de programar una política indicando sus
objetivos —que representa, digamos, el modelo o patrón configurado para regular
la atenuación de la variable— realmente, sin detallar su contenido específico,
pero fallamos. Deberíamos indicar: tal cantidad se emplea en salarios, tal en
automóviles o en existencias y dejar que los jefes de niveles de recursión de
menor categoría distribuyan el dinero, en vez de esto establecemos el
funcionamiento de la variable en el lugar inadecuado. “Esta es la
escala de salarios”. “Usted tiene derecho por el trabajo que desempeña a esta clase
de automóviles”. “Todas las existencias
Página 88
inventariadas deben de ser reducidas en un diez por ciento”. Así se
actúa, como digo, en nombre de la equidad, pero es falso.
Es absurdo pensar
que dos hombres de la misma edad con idénticas cualificaciones profesionales,
con los mismos cometidos, merecen necesariamente una misma retribución. Por
supuesto, que no. Uno de ellos puede ser un inútil y el otro un profesional
modelo. Resulta absurdo también mantener la postura de que mi puesto de trabajo
debe de algún modo condicionar mis necesidades en lo que a automóviles
concierne. Dónde y cómo vivo, cuántos hijos puedo acomodar en el automóvil,
etc., todo esto es asunto mío. No tiene sentido condenar a un buen ejecutivo,
quien trabaja en un inventario de existencias calculadas científicamente, al
mínimo, sencillamente, porque sus compañeros, los otros ejecutivos de la
empresa, están con su negligencia disminuyendo el capital de la misma. Una
medida de este tipo alentaría a los ejecutivos más incompetentes. ¿Por qué
transigimos con tanta insensatez?
Los atenuadores de
variable que deben utilizarse aquí no consisten en documentos con directrices
dadas por el centro, sino en los propios ejecutivos, para esto precisamente
están los ejecutivos. Respecto del criterio para proceder con equidad radica en
que el ejecutivo —o cualquier otro empleado, sea cual fuere su categoría
— debe de estar
preparado para asumir la responsabilidad de sus propias decisiones. Nuestra
sociedad milita contra esa ética con todas sus fuerzas en nombre de una
eficiencia que resulta cibernéticamente mala en su conjunto, en nombre de una
equidad que resulta manifiestamente injusta. Pero recuerden el precepto, cada
uno de nosotros debe asumir la responsabilidad de sus propios actos, aunque en
la práctica ocurra precisamente lo contrario.
Como de costumbre,
entonces colocamos los amplificadores y atenuadores en el miembro inadecuado de
la ecuación. Pero todo ello está inscrito en nuestra cultura, todo ello está
largamente avalado por nuestras fórmulas burocráticas. Por ello vengo
Página 89
sosteniendo repetidamente que es esencial un cambio fundamental en
nuestras formas de organización. Manipular las formas existentes lo único que
consigue es incrementar el movimiento del péndulo oscilante, que no hallará su
punto de estabilidad. Como dije anteriormente, eso significa que se priva al
sistema de un crucial punto de referencia objetivo, sin el cual no se puede
aprender, ni adaptarse ni evolucionar.
¿En qué nos basamos
para propiciar un cambio tan drástico a fin de promover nuestras técnicas de
trabajo a la altura de los principios científicos del juego? Para contestar
esta pregunta se necesita comprender la naturaleza de la resistencia al cambio.
He aquí la frase que está en los labios de todos: “existe una resistencia al
cambio”, pero la frase no está analizada con arreglo a los principios de una
organización eficiente. La gente parece imaginar que se halla enfrentada con un
obstáculo psicológico de tal magnitud que se presupone que los hombres y
mujeres no desean cambio alguno.
Hagamos una pausa,
¿examinamos qué hay de cierto en ello? La gente, individualmente considerada,
tengo la impresión de que se muestra muy favorable a los cambios. ¿No nos
aburrimos cuando nada cambia? Lo sé por mí mismo. Luego, ¿por qué decimos por
ahí que hay resistencia al cambio? La respuesta es simple, no es precisamente
el hombre, individualmente considerado, el que tiene incrustada la resistencia
al cambio, el problema es que son las instituciones a las cuales los humanos
nos hallamos vinculados las que se resisten al cambio. Por ello tenemos la
sensación, como seres individuales, de que nunca podremos lograrlo. Y este
argumento llega a ser muy convincente.
Si uno ha pasado la
vida trepando por una escala literalmente, no puede soportar el ser privado de
premio cuando llegue el momento de recogerlo. Una de mis primeras experiencias
en la industria fue escuchar a los directores técnicos explicar a los operarios
más antiguos que se verían privados de las ambiciones que habían abrigado toda
su vida porque la tecnología del proceso iba a
Página 90
cambiar. Ocurrió en la industria del acero, en la cual la destreza de un
fundidor de primera —tarea cuyo aprendizaje requería el trabajo de toda la vida
del hombre— sería reemplazado en un año por maquinaria automática adecuada. Al
cabo de diez años los propios directores técnicos fueron enfrentados con la
computadora, quien les había suplantado con creces en muchas de sus tareas. Sin
embargo, los jefes tienen el poder y la computadora no. Por esto les resultó
mejor hacer mal uso de la computadora que aceptar el cambio institucional,
cuyas consecuencias les habría afectado muy personalmente.
Ahora llego a lo
que considero la explicación fundamental de la errónea utilización de la
ciencia y la tecnología en nuestra sociedad; se debe a que el poder permanece
en donde siempre ha estado. Por ello se han subestimado los instrumentos del
hombre moderno a este nivel de recursión y no habrá nadie que se atreva a
levantar su voz para decir no a esto hasta que la comunidad en su conjunto diga
no, de ahí que yo afirme que el futuro que estamos conjeturando lo podemos
exigir ahora.
Cada vez que
oigamos que una solución sencillamente no es factible podemos estar seguros
que, en términos científicos, sí puede serlo. Cuando oímos afirmar que una
solución no es económica deberíamos preguntar ¿para quién?, puesto que es el
pueblo, únicamente el pueblo, quien debe de pagar. Cada vez que oigamos que una
innovación destruirá la sociedad deberíamos tener el valor de afirmar: “¡Al
fin, gracias a Dios!”. Y cuando oigamos que va a destruir nuestra libertad
debemos volvernos cautos porque es el mayor tesoro que poseemos y debemos saber
cómo salvaguardarla. Invocar este tipo de razones constituye el sencillo método
del que se valen los poderosos para mantenerse en el poder. Convencer al pueblo
que cualquier concesión del poder traerá el caos.
No quiero seguir
filosofando sobre estos aspectos a costa de introducirles otro término técnico.
No hemos usado ninguno nuevo durante dos charlas y mi deseo es que con los
pocos que he
Página 91
introducido compongan un vocabulario útil. A esta altura de las charlas
nos hemos acostumbrado a admitir la noción de que las instituciones no
constituyen precisamente entidades con unas ciertas características, sino, por
el contrario, sistemas dinámicos viables, caracterizados de hecho por los
resultados de su conducta organizadora. La variable que surge en ellos la
absorbe la variable reguladora mediante una combinación de amplificadores y
atenuadores. Al sistema que mediante la adecuada actuación de la variable
requerida logra una estabilidad contra todas las perturbaciones se le denomina
homeostático.
Un sistema
homeostático puede contener las perturbaciones no sólo contra una irrupción
prevista, sino también contra la irrupción de variable inesperada, por cuya
razón no es solamente estable, sino ultraestable. Suceda lo que fuere —con tal
de que su tiempo de reacción sea lo suficientemente breve— no oscilará y
todavía menos se disgregará en la inestabilidad catastrófica. El síntoma de la
homeostasis, tan deficiente en nuestras más importantes instituciones (y tal
vez, como dije anteriormente, incluso en nosotros mismos), radica en que se
mantengan constantes los resultados específicos del sistema.
¿Por qué recurrir a
este exceso de términos en esta etapa tardía? Los necesito para responder a
cuestiones concernientes a la resistencia al cambio con cierto rigor. Todos los
sistemas homeostáticos mantienen un resultado específico (critical output)
a un nivel constante, pero algunos poseen una característica única adicional,
que el resultado del sistema que mantienen de manera constante radica en su
propia organización. De ahí que todas las respuestas que dan, todas las
adaptaciones que incorporan a sí mismas y cualquier proceso de evolución que
lleven a cabo están dirigidos a su supervivencia. Todas estas falaces
adaptaciones al medio definen claramente su propia naturaleza y explica
suficientemente por qué no podemos cambiar fácilmente nuestras instituciones.
Su sistema de organización, en principio, no se dirige al bien común, sino,
reiteramos, a su propia supervivencia.
Página 92
Respecto a este punto necesitamos distinguir ciertos aspectos. Se
presume que las instituciones deban ser homeostáticas; sin embargo, se han
desviado de esta conducta al verse desfasados sus tiempos de reacción con
cambios imprevistos, éste era al menos el argumento justificativo. No obstante,
dentro de las instituciones, de manera oculta, permanece un núcleo que retiene
la homeostasis, pero ignorando no sólo los cambios externos circundantes, sino
las funciones primordiales que debe llevar a cabo exteriormente la institución.
A este núcleo que retiene un tipo especial de homoestasis producido por la
institución para salvaguardarse a sí misma le denomino yo burocracia. Con este
vocablo no me refiero simplemente al proceso de tramitación de expedientes, sino
a una institución creada dentro de la misma institución por su propia
salvaguardia en provecho de la burocracia.
Los burócratas
asimilan el reto de los cambios drásticos de un modo esencialmente falso. Yo
siempre he afirmado irónicamente que ellos aceptan cualquier cambio con tal de
que todo siga igual. Ya utilicé esta frase, aunque sin ironía, en mi tercera
conferencia; de cualquier manera, la ironía salta a la vista. Los burócratas
aceptan el cambio, toman en cuenta tendencias nuevas, no son tan torpes como
para pasar por alto que han surgido nuevas circunstancias; sin embargo, los
cambios que realizan son superficiales y los efectúan de manera que la
organización de la institución —organización que determina que el sistema sea
tal cual es y no de otra manera— quede completamente intacto. De esta manera no
hay ninguna transformación aunque en apariencia haya cambiado
considerablemente. Cuando todos estén concienciados de este hecho no se podrá
engañar al pueblo con cambios irreales, enmascarados como si fueran
transformaciones reales. Hasta entonces nuestras instituciones continuarán
produciendo los beneficios sociales de sus funciones únicamente como productos
subsidiarios de la más importante función de la burocracia, que consiste en
perpetuarse y producirse a sí misma.
De acuerdo con el
análisis de la centralización, por el que comenzamos esta charla, resulta
patente que debería haber una
Página 93
mayor delegación del poder. Opino que la comunidad debía tener opción a
organizar sus servicios sociales (educación, sanidad, beneficencia) exactamente
como quisieran y aceptar o rechazar las iniciativas de los innovadores de la
administración local. Esto podría aplicarse a secciones locales de actividades
nacionales tanto públicas como privadas. Considero que los trabajadores
deberían gozar de libertad para organizar su propio trabajo y que los
estudiantes deberían tener libertad para organizar sus propios estudios.
La primera barrera
para llevar a cabo estos programas es la escasez de dinero. Siempre ha sido
asumido que debido a que todas las cosas han estado centralizadas y sólo el
centro dispone de instalaciones adecuadas la comunidad que desee realizar sus
“propios cometidos” optará por realizarlos fuera del plan oficial. Puede ser
incluso que, de mala gana, se les permita efectuarlos, pero tendrá que
financiarlos por sí misma, aunque los ingresos se han acumulado en el centro
también para el disfrute de las organizaciones locales, lo que, en definitiva,
supone un monstruoso ataque a la libertad. La cuestión no radica tanto en
preguntar ¿qué se puede hacer para seguir con el proyecto adelante? —incluso
adoptando la hipótesis de que todo el mundo sea bien intencionado —, la
verdadera cuestión radicaría en ¿cómo ha degenerado el sistema a formas tan
inviables?
Ya hemos efectuado
suficientes reflexiones cibernéticas sobre sistemas dinámicos viables para
trazar las distinciones requeridas a la contestación de esta pregunta. Para
mantener su viabilidad el sistema en su totalidad debe contar con un modelo
regulador central. El modelo debe crearse por medio de una consulta
democrática, aunque no ignoramos que éste constreñirá la variable de las
partes. Establecido el modelo neutralmente todo funcionará bien porque es
indispensable que la variable sea atenuada en cualquier caso. Es esencial que
los servicios que sólo llegan a ser económicos únicamente a un nivel recursivo
del sistema total sean asequibles a este nivel recursivo. La distinción vital
reside aquí; la
Página 94
medida precisa de atenuación de la variable constituye una materia de
competencia reservada a las decisiones locales.
El error que
cometemos es adoptar decisiones atenuantes de variable en un nivel de recursión
inadecuado; ésta es la manera de perder la libertad y de conducir a una
inestabilidad que amenaza con volverse catastrófica. Se debe a que el modelo de
la totalidad del sistema carece de la variable requerida que equilibra la
homeostasis local. A las organizaciones locales les priva a su vez de la
variable que necesitan para hallar sus propios puntos de estabilidad.
Tomando en cuenta
las razones anteriores, hay posibilidad de volver a diseñar cualquiera de
nuestros sistemas institucionales. Mi propia experiencia al intentarlo ha
puesto de relieve que siempre aparecen dos grandes barreras para conseguirlo.
La primera es la burocracia. Las burocracias surgen en torno a cualquier
sistema centralizado con objeto de administrar su centralismo; en la
descentralización la necesidad de la burocracia desaparece, pero de momento,
nos hallamos ya en la trampa. Las burocracias existen y son poderosas, esto
resulta obvio. Menos patente es, sin embargo, la explicación que he dado hace
poco. Las burocracias en sí mismas han llegado a ser sistemas viables para
generarse a sí mismas. Ahora bien, la vida de una colonia de parásitos depende
de que su anfitrión continúe existiendo, pero no cabe duda que los parásitos se
alimentan y prosperan a costa de su anfitrión.
Hay dos maneras de
valorar los hechos y se pueden probar las dos sobre cualquier institución que
se desee. El primero contar cabezas, ¿cuántas personas empleadas forman parte
de la burocracia? Las estadísticas oficiales, tanto estatales como privadas, no
los recogen de forma que se puedan contestar esta interrogante. Uno debe de
hacer el recuento por sí mismo y a menudo resulta indispensable dividir el
tiempo que un individuo emplea entre su trabajo para el anfitrión y el trabajo
para la colonia de parásitos, hay un amplio margen para la decepción. La
respuesta aproximada es que asciende a más de una tercera parte
Página 95
del trabajo total, por consiguiente, no nos sorprenderá que la
burocracia haya emprendido una vida propia. El segundo análisis consiste en
examinar los métodos por los cuales la burocracia produce para sí misma.
Por ejemplo, ¿hasta
qué punto el interés que manifiesta la burocracia en sectores como la salud, la
educación y la beneficencia va dirigida a los enfermos, estudiantes y
necesitados y hasta qué punto su interés se dirige a la maquinaria cibernética,
mediante la cual la medicina, la enseñanza y las actividades sociales producen
para la propia burocracia? La comunidad tiene derecho a plantearse estas
cuestiones, al hacerlo se dará cuenta que la necesidad de mantener
determinados standards de vida satisface una necesidad
importante, pero también una vergonzante excusa.
La comunidad tiene
derecho a preguntar si no hay otros medios de mantener los standards de
vida sin necesidad de utilizar la burocracia, las hay, sin duda. El obstáculo
consiste en que habría que contar con el sentido de la responsabilidad de cada
uno —la responsabilidad de sus propios actos y la responsabilidad por los de
sus propios colegas. Ya hemos visto que este tipo de ética se considera
impropia además de presumir que deja a la comunidad desprotegida, de donde se
deduce que es mejor tener una burocracia inmoral que confiar en la moral de los
ciudadanos. ¿Cómo reaccionan ustedes ante esta postura? A mi juicio, es
indefendible.
El análisis nos
conduce a la siguiente conclusión: si las instituciones deben sufrir un cambio
verdadero, entonces los fundamentos de su organización deben ser realmente
transformados y el factor primordial para esa modificación será desmantelar la
burocracia. Los cambios que no desmontan la burocracia no son auténticos y por
ello no conducen a la transformación, sino más bien a la adaptación de la
institución en su propio beneficio.
Página 96
Como habrán advertido, siempre digo que un sistema de esta clase se
produce así mismo y no que se reproduce a sí mismo, lo que sonaría mucho más
natural. La reproducción es una consecuencia, desde luego, mala, pero no es la
clave de la cuestión. Sin embargo, tener como objetivo producirse a sí mismo es
el síntoma de un sistema imposible de desmantelar sin su muerte. Por ello
cuando el asesinato nos asusta podremos creer, no obstante, que el cambio es
posible, pero el sistema en este caso continuará viviendo inalterado. Cosa que
viene ocurriendo con nuestras instituciones sociales.
Hace un momento
hablé de que existen dos grandes barreras que impiden el progreso, la primera
la burocracia. La segunda concierne a la disponibilidad del dinero. Ya he
tratado esta cuestión anteriormente, sólo necesito resumir mis respuestas
ahora; en definitiva, los costes relacionados con los principales proyectos son
irreales.
Punto Generalmente
representan no los costes, sino la primero: disponibilidad de los fondos.
La disponibilidad
de los fondos se divide en períodos
Punto
segundo: arbitrarios que se
ajustan a las exigencias de las partidas concedidas y no a las necesidades
de la comunidad.
Punto La comunidad
sufraga los proyectos de un modo u otro, tercero: pero este hecho se le oculta.
Punto cuarto:
Punto quinto:
Hasta el momento no
existe la manera por la que los contribuyentes puedan decidir en qué proyectos
se va a gastar su dinero.
No hay razón por la
que gastar el dinero de acuerdo con
Página 97
Punto sexto:
los deseos de la
comunidad deba costar más que gastarlo de acuerdo con los deseos de la
burocracia con tal que el modelo regulador central haya sido configurado
democráticamente y sea interpretado correctamente.
Y éste es nuevo: el
coste de muchos nuevos proyectos sociales se podría sufragar con las cantidades
obtenidas por el desmantelamiento de la burocracia.
De esta manera
espero que nos acerquemos a la última conferencia de esta serie con las
nociones siguientes: El ser humano está limitado por un cerebro finito,
inadecuado para asimilar toda la información posible e incluso para reconocer
todos los posibles modelos del mundo. Está limitada su propia capacidad para
hacer lo que desea y asimismo están limitados los recursos del planeta para
poder exigir un infinito crecimiento de prosperidad material para todos los
hombres. De ahí que la consecución de nuestra propia prosperidad material,
aunque posible, no es algo que las regiones opulentas del mundo puedan seguir
considerándolo un objetivo válido, a menos que estén dispuestas a declarar que
se mantendrá a expensas de las regiones subdesarrolladas.
El concepto de
libertad no tiene gran significado para nadie, salvo dentro del cauce de las
restricciones de variable calculadas; de ahí que el grado de libertad que hemos
perdido se debe a la pérdida del control sobre los atenuadores de variable
—tales como la educación, los medios de difusión— y la centralización del poder
en niveles de recursión inadecuados.
Se puede exigir la
libertad utilizando los nuevos instrumentos científicos a nuestra disposición,
pero únicamente sobre la base de establecer un nuevo aparato institucional
democrático para reemplazar a las burocracias existentes. Mientras continúen
estas burocracias cibernéticamente organizadas para seguir produciéndose ellas
mismas, nuestras instituciones sociales
Página 98
permanecerán encauzadas por derroteros que conducen a una inestabilidad
catastrófica.
Página 99
OBSERVACIONES
A LA QUINTA
CONFERENCIA
En un sistema
viable la clásica dicotomía entre centralización y descentralización traza una
distinción inútil. Los sistemas viables en los que están incluidas las
instituciones requieren una complicada mezcla de información reguladora central
y periférica.
Existe sólo una
clase de información, pero
la forma en que se
recoge y confronta;
los canales que
utiliza;
los filtros a
través de los que discurre;
hasta qué cantidad
se recuerda;
los niveles en los
que estimula la acción; —son todos diferenciables.
Página 100
Los estudios de neurocibernética son útiles para los hombres de ciencia
dedicados a planificar los sistemas de las instituciones.
El homeostato mantiene
sus variables críticas dentro de los límites que le permite su propia
fisiología tanto si la forma de cambio que afecta su actuación ha sido prevista
o no. La homeostasis es una propiedad natural de los sistemas vivientes que ha
sido copiada por los cibernéticos para hacer que los sistemas institucionales
sean ultraestables.
Esquema de una
institución:
Página 101
Este dibujo parece
un organismo viviendo en su medio ambiente e interrelacionándose con él.
Podemos esperar que
sea un sistema homeostático.
El círculo marcado
por la B parece el núcleo de esa célula encargada de dirigir las funciones
homeostáticas. Pero no lo es.
La B representa a
la Burocracia, cuyos objetivos se centran en ella misma.
La burocracia no se
preocupa como debiera —y como el núcleo de la célula haría— de dirigir las
operaciones homeostáticas, sino de producirse a sí misma.
Como la institución
es un sistema viable, es en este nivel de recursión en el que el organismo
debería estar produciéndose a sí mismo. ¿Cómo podrá hacerlo si su núcleo es
disfuncional?
La palabra nueva
para un sistema homeostático, cuya principal función es producirse a sí mismo
(es decir, mantener constante su propia organización), fue dada por el hombre
que investigó por primera vez en este fenómeno. Se trata de Humberto Maturana y
él denomina a esta clase de sistema autopoiético[1] que
es el vocablo
Página 102
griego para “hacerse a sí mismo”. Su libro definitivo no está publicado
aún.
Página 103
VI
LA LIBERTAD DEL
HOMBRE
EN UN MUNDO
CIBERNÉTICO
El continuo proceso
de liberar nuestras mentes de los programas implantados en nuestros cerebros es
un requisito previo a nuestra evolución personal. Podemos emprender dicho
proceso de liberación por medio de un consciente y constante análisis de las
formas por las cuales nuestra variedad personal ha sido y sigue siendo
restringida, y precisamente por todo aquello que consideramos más valioso.
Pero la libertad no
es pura anarquía. No somos libres por que nos suelten en medio del desierto de
Sahara, a pesar de la ausencia de muros y de barrotes en ventanas inexistentes.
Somos libres cuando las puertas de nuestra mente están abiertas de par en par y
salimos a respirar aire puro y fresco. Por tanto, lo que necesitamos
previamente es trazar alguna clase de esquema o proyecto para nuestra libertad.
El mensaje de
esperanza que les traigo es que la consecución de la libertad es posible no
sólo para cada persona individualmente considerada —muchas de las cuales
mientras me escuchan ya lo habrán descubierto por sí mismas—, sino para la
misma sociedad. Aunque en este aspecto muchos tal vez no sean tan optimistas
como yo porque la tarea pueda parecerles demasiado difícil para ellos. Y es por
lo que dije al principio de estas charlas que muchas personas se sienten
atrapadas.
Página 104
Quisiera que prestasen la máxima atención a las siguientes palabras de
Sir Geoffrey Vickers, las cuales resumen las conclusiones a las que ha llegado
en su propio análisis cibernético del estado en que se encuentra nuestra
sociedad: “El cepo está en función de la naturaleza del atrapado”. A esto añado
que la sociedad decadente que les describí no es en realidad una sociedad
malvada, no un astuto cepo, ya que, como Vickers, opino que lo que nos “atrae”
al cepo está en nuestra propia naturaleza. Podría trazarse un paralelismo entre
nuestra sociedad y una sociedad de dinosaurios.
Con esta
comparación intento demostrar que el problema de nuestras instituciones reside
en su incapacidad para responder a tiempo, para aprender a tiempo, para
adaptarse y para evolucionar. Como los dinosaurios, han dejado de ser sistemas
viables. He intentado poner de manifiesto las causas que, a mi juicio, conducen
a este desastre para que así pueda ser bien comprendido. Aquello que
comprendemos podemos controlarlo.
“Control”, ya
vuelve a salir esta palabra. Espero que a estas alturas ya conozcan el
significado que la doy. Cuando digo que un sistema está “bajo control” quiero
decir que es ultraestable, o sea capaz de adaptarse sin conmociones a cambios
imprevistos y que cuenta en su estructura con el adecuado despliegue de la
variable requerida.
Hice referencia
hace unos momentos a la necesidad que tenemos de planificación. Los proyectos
que necesitamos delinear para nuestra sociedad son los esquemas cibernéticos de
los que he venido hablando. Y ésta es la razón por la que he denominado esta
serie de conferencias diseñando la libertad. Aunque el título
encierra una aparente contradicción semántica, la libertad que anhelamos, sin
embargo, debe estar “bajo control”. Significa que la comunidad debe implantar
un modelo regulador en el corazón del sistema viable en el cual participa y en todos
sus niveles de recursión.
Hasta ahora esto
podía realizarse votando una nueva constitución o haciendo una declaración de
principios democráticos. Pero hoy
Página 105
las cosas han cambiado. Las constituciones, votadas o no, carecen de la
variable requerida, dentro de un mundo que se ha vuelto loco por su propia
proliferación de variables. Por consiguiente, si el proceso democrático no
empuña y utiliza ahora los instrumentos subestimados de los que dispone el
hombre moderno para hacer frente a esta situación, tal proceso no será viable
por mucho tiempo.
Todo ello exige una
llamada a la eficiencia científica, a la cual la palabra “diseñar” pertenece
como proveedora de un modelo regulador que proporcione la variable requerida a
la alegría y alborozo que encierra la palabra “libertad”.
La aparente
contradicción de estos conceptos puede producirnos desconcierto. La idea es,
sin duda, discordante, algo así como un sofisma. Comencemos, pues, a examinar
el cepo, que, como dije, está en función de la naturaleza del atrapado.
En nuestra sociedad
existen dos errores en lo que respecta a la función de la ciencia. El primero
es su utilización como instrumento del poder allí donde las fuerzas económicas
lo concentran. El segundo es su imagen elitista. Ninguno deseamos que el poder
nos manipule y si la ciencia es su instrumento tenemos que ponernos en guardia
contra ella. No desearíamos confiar nuestra libertad a un hombre de ciencia con
bata blanca de laboratorio, provisto de una computadora y con una hilera de
bolígrafos en el bolsillo, si no es solidario con nuestros intereses humanos.
La tesis que
sostengo es ésta (y, dicho sea de paso, he hecho un alarde de fuerza de
voluntad para guardarla hasta esta última conferencia). La civilización se
hunde por su propia ineficiencia. No encontramos el medio de alimentar a los
que se mueren de hambre; somos incapaces de impedir las guerras; existen graves
problemas en la educación, en el transporte, en el cuidado de los enfermos y
ancianos; las instituciones fallan y a menudo nos sentimos inseguros en
nuestras propias ciudades. Todo esto significa ineficacia. Así pues, no
es válido decir que la única
Página 106
manera de preservar la libertad es el ser tan sumamente ineficientes que
la libertad no se sienta ni siquiera amenazada.
Tenemos que aspirar
a la eficiencia para poder resolver los problemas que nos aquejan. Y debemos
asumir la amenaza a la libertad que ello comporta y superarla. Todo lo que el
hombre realiza comporta riesgos. Es algo que está previsto en la ley de la variable
requerida. Tendremos, pues, que actuar conscientemente para lograr
desatraparnos.
Hemos de encontrar
los medios para conseguir que la ciencia se ponga al servicio del pueblo. Si
esto se logra el problema del elitismo desaparecerá. Estoy seguro de que no
será difícil convencerles de que el hombre de la bata blanca es, después de
todo, humano y preferirá utilizar su computadora para servir a la comunidad
antes que para hacer volar el planeta en pedazos. Entonces, ¡por el amor de
Dios!, empecemos a crear un sistema para la sociedad en el cual esta clase de
servicio al pueblo sea posible también para el hombre de ciencia antes de que
sea demasiado tarde. Por el momento, el propio hombre de ciencia se encuentra
atrapado por la manera en que la sociedad lo utiliza. ¿Cuántos de nuestros
hombres de ciencia están ocupados en actividades relacionadas con la muerte en
vez de estarlo en otras relacionadas con la vida, y en la explotación de otros
seres en vez de en su liberación? Yo puedo decírselo: la mayor parte de ellos.
Sin embargo, no lo eligen libremente. Es el resultado de un sistema dinámico con
una determinada organización. Recuerden el ejemplo de las olas.
Llego así a mi
primera conclusión de estas conferencias: la eficiencia no tiene por qué
comportar tiranía si el sistema se proyecta como es debido. Su consecución
exige prioridad. Y una auténtica versión de lo que es eficiencia se requerirá
para salvar nuestra sociedad dinosáurica.
La cuestión que a
continuación paso a examinar encierra también otra aparente contradicción. Se
podría llamar “profecía impronosticable”. No me sorprendería el que pudiera
parecerles un
Página 107
profeta o (usando un horrendo neologismo) un futurólogo. Lejos de mí tal
pretensión, porque no creo que el futuro pueda predecirse. Creo, no obstante,
que podemos delinear el presente con claridad si para ello utilizamos los
instrumentos convenientes, así como también creo que este mismo presente puede
restringir la variable futura. Y como esto no es lo mismo dedicaré unos
momentos a explicarlo.
Si se me ocurriese
ofrecerle a usted un cigarrillo ¿qué sucedería? Tal vez usted lo cogiera o tal
vez lo rechazara. Puede que usted hiciera un elogio de las excelencias del
tabaco o puede que me diera una conferencia sobre el cáncer de pulmón. Si usted
fuera director de una fábrica de cigarrillos quizá insistiera en darme su
paquete. Si, por el contrario, fuera presidente de una fundación para la lucha
contra el tabaco tal vez me pegara un puñetazo. Poniéndonos en cualquier
supuesto raro, lo mismo podría usted bailar una danza guerrera que nosotros
ofrecer un premio a la mejor explicación de que por qué danzaba usted. Dicho
con otras palabras, el futuro es impredecible debido a que hay demasiada
variable en el aire. Y a ésta se la llama libertad.
Por otra parte, yo
puedo tener un modelo de usted, puedo haberme formado una opinión muy exacta de
cómo es usted y tener una idea bastante aproximada de lo que hará. Este hecho
no le restringe su libertad; restringe la variable de mi modelo de cómo utilizará
usted su libertad. Si esta distinción se hubiera comprendido en épocas pasadas
de la historia habría habido menos confusión en las frecuentes discusiones en
torno al libre albedrío.
Extendamos el
análisis también a la planificación. Si una mañana salgo de mi casa para coger
el tren de las 8,32 lo más probable será que usted me encuentre en él. Sería,
por consiguiente, absurdo decir que si yo fuera libre podría igualmente estar
en mi casa en la cama o sobrevolando el Atlántico. La planificación es un
atenuador de la variable. Lo que se proyecta suele realizarse — aunque a menudo
no con los resultados esperados; así, algunas
Página 108
veces hay pérdidas cuando lo que nos proponíamos era obtener ganancias.
Si esto ocurre es que la variable ha vuelto a introducirse subrepticiamente
cuando creíamos habernos deshecho de ella. En cualquier caso, el hecho de
planificar no nos priva de nuestro libre albedrío.
Entonces, ¿por qué
la planificación tiene tan mala fama? Se habla de los “planificadores” en tono
peyorativo. La razón es, sin duda, que nuestros planes no concuerdan con la
realidad de cada momento. Las instituciones encargadas de llevarlos a la
práctica, debido a los medios que utilizan, los ponen en funcionamiento mucho
después de que los destinatarios del mismo se hayan dado cuenta de que tales
planes son ya en ese momento inapropiados. Una vez más constatamos la
inviabilidad de las instituciones, las cuales se estancan debido a su lenta
estructura, mientras en los periódicos se refleja la ira pública…
La planificación
debe de ser continua y adaptable. Los planes para la sociedad deben
continuamente abortar y volver a ser proyectados antes que dar a la luz un
monstruo. Si de verdad se adopta esta práctica no habrá necesidad de basarlos
en predicciones, que nadie puede hacer en ningún caso, sino exclusivamente en
el análisis de una situación conocida, en la que cualquier decisión restringirá
la variable futura. De este modo, la idea que tenemos de la planificación
cambia por completo y merecerá ser aceptada. Porque nos hará ver el futuro como
algo en lo que interviene nuestra voluntad para determinarlo y no como un
enemigo que nos acecha y que caerá fatalmente sobre nosotros. En vez de hacer
profecías debemos proyectar el futuro.
En cuanto a la
variable, que se introduce inadvertidamente, debemos también conformarla a
nuestros planes. En esto tampoco haremos predicciones, simplemente un análisis
de los patrones de variable más corrientes para realizar un cálculo de las
probabilidades que tiene un sistema de evolucionar hacia un determinado estado
(tomando un punto de referencia) más que hacia otro. Este proceso tampoco
incide en el problema de la
Página 109
libertad, se trata simplemente de un análisis cuantitativo de la
frecuencia de variable en una situación dada. La ciencia puede ocuparse de esto
por medio de la investigación. Debo añadir, sin embargo, que desconfío de
ciertos métodos utilizados hasta ahora. Así, por ejemplo, me suelo sonreír
cuando oigo hablar a algún político o a un hombre de negocios de “un riesgo
calculado”, ya que invariablemente suele significar que está corriendo un
riesgo que él no puede calcular.
Entro a examinar
los siguientes puntos claves, donde tampoco nos basaremos en predicciones, sino
en análisis que indiquen, en primer término, dónde están los errores y, en
segundo lugar, cómo se pueden subsanar.
La civilización
actúa a través de una serie de instituciones que tienen una determinada
organización. Dicha organización, con el tiempo, se ha vuelto anacrónica.
Funcionaba relativamente bien en épocas pasadas, cuyo ritmo de vida era más
lento, pero actualmente sus tiempos de reacción ya no están en consonancia con
la frecuencia de perturbaciones existente. Por consiguiente, se siguen
diseñando estos sistemas, sabiendo que sus resultados van a ser inestables, lo
cual confirma la hipótesis. El error del proyecto es el no tener regulación
cibernética para impedir que la inestabilidad continúe realimentándose hasta
que sobrevenga la catástrofe.
Veamos qué podemos
hacer para evitarlo. No podemos deshacernos de las variables discordantes de
una vez y que no vuelvan a aparecer. Si somos drásticos y empleamos importantes
sumas de dinero en intentar reforzar por completo el sistema (que es lo que normalmente
tendemos a hacer) nos expondremos con ello a perder nuestra libertad. Aún más,
y aunque parezca absurdo, una decisión así hará más eficientemente catastrófica
la catástrofe a la que el sistema estaba abocado. Lo que haremos, por lo tanto,
será volver a diseñar el sistema de nuevo, de modo que sus resultados no sigan
siendo inestables.
Página 110
Para realizar tal proyecto necesitaremos unas más rápidas comunicaciones
en el sistema, cosa que es fácil conseguir hoy día. Significa también que las
telecomunicaciones se utilicen de forma adecuada, es decir, con una alta
variable, tiempos reales y con circuitos de banda ancha en todas ellas. Para
que estén a disposición de todos deben ser gratuitas, como el aire que
respiramos o el panorama que contemplamos, ya que de ello también depende
nuestra supervivencia. Considero este importante dispendio muy en proporción
con la amenaza a la que tenemos que enfrentarnos e infinitamente menos absurdo
que los gastos en los que, innecesaria y alegremente, nos embarcamos, cuya
enumeración podría abochornarnos.
Asimismo, y dentro
de la organización del sistema, será preciso un recto empleo de la computadora,
absteniéndose de utilizarla para realizar sumas triviales de un modo caro y
como espía de la libertad de expresión de las personas.
Estas restricciones
eliminarán el noventa y cinco por ciento de las aplicaciones que hoy se le da,
dejando libre la computadora para que el pueblo pueda emplearla en su evolución
personal, es decir, para dirigir sus propios planes de estudio, programar lo
que les interese y poder editar sus propias publicaciones.
El acceso al uso de
las computadoras deberá también estar libre de gastos. Hemos de resaltar que
cada vez resulta mayor el coste de los servicios que comportan una alta
variable. Cada consumidor los utiliza en diferente medida y con un patrón
distinto y todo ello tendrá que tenerse en cuenta a la hora de totalizar
gastos. Por ejemplo, si se abre al tránsito una carretera de peaje, cuyo coste
se amortiza con dicho peaje, se necesitará una organización que disponga de la
variable requerida para controlar el uso de dicha carretera y podría resultar
que tal organización representase un gasto superior a las ganancias obtenidas
por peaje. Si esto viene ocurriendo en sistemas con una variable relativamente
baja, la situación será mucho más importante en los sistemas de alta variable
que intentamos proyectar.
Página 111
Debemos, pues, tener en cuenta los precedentes habidos en este ámbito.
Existe un mecanismo en nuestras instituciones que decide en qué deben
invertirse los fondos públicos. También éste está desfasado. Pongo otro
ejemplo: si yo formara parte del vecindario de un pueblo aislado en medio del
campo y constatara que en la capital nadie se ocupaba con eficacia de los
problemas que nuestro aislamiento implicaba y tuviéramos que sufragar, sin
ayuda alguna, los gastos de nuestros medios de comunicación, como teléfono,
telégrafo, etc,, propondría en la junta del municipio que cuando los habitantes
de la capital vinieran de vacaciones pagaran por contemplar nuestros paisajes
campestres.
Una vez que hemos
hablado de las técnicas a utilizar, necesitamos instituciones nuevas donde
aplicarlas, no sin antes concretar unas ideas sobre la libertad, de la que he
venido hablando, porque hay muchos que piensan que el avanzar por estos caminos
podría ponerla en peligro.
Nuestra libertad
personal no es la libertad absoluta, a la que creemos tener derecho. Nos
encontramos sumamente restringidos por las limitaciones de nuestro propio
cerebro y de ahí la inexorable atenuación en la variable que recibimos. Así
somos y no debemos empezar nuestro planteamiento desde pretensiones más
ambiciosas. En segundo lugar, yo no predigo que esa libertad, como derecho
natural que tenemos, estará en peligro en un futuro, lo que sí me atrevo a
asegurar es que ahora ya lo está, aunque tal vez nos encontramos demasiado
cómodos para hacer frente a este hecho. Vivimos en un mundo con un aceptable
bienestar que no es el mundo real, hostil e incómodo, donde miles de personas
se encuentran esclavizadas y moribundas; es un modelo de mundo real con atenuación
de su variable, en el cual esas angustiosas situaciones adquieren un aire de
irrealidad que nuestras pantallas de televisión se encargan de proporcionarnos.
Por consiguiente,
es necesario emprender el proyecto de remodelar nuestras instituciones, usando
la ciencia con intrepidez en tal empeño. La sociedad, por medio de sus
instituciones, tanto
Página 112
públicas como privadas, está haciendo un uso temerario de ella en la
actualidad —y no precisamente para diseñar un nuevo sistema, sino para
afianzarse a sí misma y reforzar sus aspectos más opresivos.
El consumo en masa
es una de las formas de opresión, ya que comporta el que esquilmemos al Tercer
Mundo. La ciencia se encuentra detrás de todo esto, principalmente en el uso
que se hace de los medios de difusión. La televisión, por ejemplo, no sólo sirve
para presentar un falso progreso, sino que ha llegado a imponernos una especie
de imperialismo óptico. Consideremos estas comedias televisivas en las que unos
“bandidos” tratan de derrocar al legítimo rey y son derrotados por unos héroes
de aspecto impecable, enviados por el mundo occidental para ayudarle, desde el
punto de vista de los hombres y mujeres que luchan denonadamente para liberarse
de un régimen tiránico. Me gustaría volver a escribir una de esas comedias en
la que actuasen los mismos actores, pero desde la perspectiva de los supuestos
bandidos.
No hay que olvidar
tampoco los sistemas para espiar la vida de los ciudadanos, dirigidos por
computadora, y que archivan un dossier de cada uno de éstos
para cuando sea oportuno privarles de su buena reputación y crédito. A eso se
llama opresión. Si a las compañías multinacionales se les permite utilizar la
ciencia para que a escala mundial exploten los recursos limitados del planeta
en beneficio de los pocos que detentan el poder, también a esto se llama
opresión. Y si el poder de la ciencia militar se utiliza, o se amenaza con
utilizarlo contra lo que democráticamente ha elegido una nación cualquiera, no
cabe duda que eso es opresión. Dado que se viene abusando de la ciencia con
fines opresores, al menos empecemos a utilizarla ya en servicio de la libertad.
La utilización de
la ciencia para los fines opresores que he mencionado está en pleno auge hoy en
día. Por tanto, la ciencia no es neutral, como muchos hombres de ciencia
intentan convencerse a sí mismos. En cuanto al público en general, tengo la
impresión de
Página 113
que sólo esperan resignados que el poder de la ciencia que emplean
nuestras instituciones no arremeta contra ellos, para lo cual permanecerán
callados como ratones. Pero la ratonera está repleta de queso llamado
prosperidad creciente, consumo masivo, y la fuerza destructora comprimida en el
muelle de la ratonera es el poder económico, a cuyos intereses sirve la
tecnocracia. Y de repente… ¡zas!, nuestra libertad se pierde…
La intuición de que
esto puede suceder está bastante extendida a pesar de la alienación de la que
hablé. Pero la alienación conduce a la ira impotente, tal vez a la violencia;
se trata de un exceso de variable humana que está retenida y puede explotar. La
alienación por sí misma no conduce a nada constructivo. Tampoco se puede
construir nada nuevo por el simple hecho de desmantelar las burocracias, aunque
yo haya abogado por ello. Además, ¿cómo se debe realizar?
La variedad
requerida para regir los destinos del mundo no existe en ningún cerebro humano,
con diez millones de neuronas mal programadas. La variable que se necesita para
dirigir los acontecimientos de forma conveniente se encuentra en los que
generan la variable en el mundo en primer término, lo cual significa que está
en todos nosotros. Aquel que decline la función reguladora que le corresponde
está privando al sistema en su totalidad de la posibilidad de ser estable. No
soy, sin embargo, quien deba decidir cuál debe ser el contenido del modelo
regulador completo, me limito a indicar su necesidad. No soy capaz de predecir
qué variedad se necesita para un modelo mundial, como ustedes tampoco lo son.
La variable requerida para hacer predicciones mesiánicas sobre esta cuestión
pertenece únicamente al verdadero Mesías.
Debemos tener en
cuenta que la mayoría de nosotros hemos venido haciendo lo que precisamente
acabo de decir que no se debería hacer: hemos estado privando a la sociedad de
la variable reguladora a causa de nuestra pasividad. El ocasional ejercicio
democrático de emitir nuestro voto no es un amplificador de
Página 114
variable lo suficientemente importante, a lo cual hay que añadir la gran
cantidad de personas que se abstienen de votar. Por más que el elegir entre
alternativas a las que uno es indiferente no incrementa en absoluto la variable
reguladora. Sin embargo, ésos también deben abandonar su escepticismo y empezar
a actuar con diligencia. La línea a seguir que a menudo ellos se habían trazado
consistía en entrar a formar parte de la administración de las instituciones de
nuestra sociedad para así, desde dentro, intentar cambiarlas; tarea a la que
muchos han renunciado por haber llegado, a pesar de su empeño, a la conclusión
de que era una batalla perdida. Y si el análisis que hice de la burocracia es
válido es muy probable que tengan razón, en especial si la hipótesis sobre el
tiempo de reacción también es correcta. Así, llegamos a una sola conclusión y
ésta es que debemos empezar todo de nuevo. Y si no queremos que al efectuarlo
reine la anarquía estas mismas instituciones (incluyendo, por supuesto, al
Gobierno) deben prestar su colaboración.
Esto podría parecer
algo así como el beso de la muerte a cualquier buen revolucionario, a mí no
porque sigo insistiendo en mi anterior hipótesis de que las instituciones,
incluyendo el Gobierno, actúan de buena fe y su intención es recta. Por lo
tanto, si ustedes y yo hemos comprendido estos problemas, ¿por qué ellos no?
Supongamos ahora
que ciertos grupos de personas se reúnen para estudiar las cuestiones que la
sociedad tiene planteadas y para decidir qué clase de sociedad quieren. No
puedo decirles cuál será el contenido de sus deliberaciones, pero el modelo
regulador tendrá que encargarse del control de los atenuadores de variables y
de proveer de amplificadores de variables a los diferentes niveles de
recursión. Tendrá también que intervenir en la forma en que la ciencia deba ser
dirigida para lograr estos fines. No creo que los problemas de la adquisición
de instrumentos científicos sean tan importantes como parecen, si excluimos su
coste. El mayor es el de la alienación de la misma ciencia, que es necesario
enderezar. Me daría por satisfecho si los grupos de los que hablé comparten mi
punto de vista sobre la necesidad que tiene la ciencia de
Página 115
equivocarse, para que se decidieran a establecer una cultura artesana,
si considerasen que es viable y si fuese una decisión adoptada libremente. El
conocimiento es una posesión humana y ésta incluye la ciencia, la cual no es
más que el conocimiento ordenado.
La ciencia a menudo
hace un uso audaz de la experimentación, quiero decir de experimentos cruciales
—aquellos que si fallan pueden falsificar toda una teoría—. Para lograr
realizar avances sociales se ha de trabajar con precaución, es decir,
comprobando continuamente su curso. Creo, sin embargo, que un proceso así puede
resultar demasiado lento. No disponemos de tanto tiempo. En estos momentos soy
partidario del experimento arriesgado, pero con la condición de que solamente
se le considere como tal. Y en esto reside el punto clase: merece la pena que
paguemos nosotros mismos el precio de nuestras equivocaciones. La equivocación
suprime la variable. Los científicos en su experimentos admiten que es casi tan
útil equivocarse como acertar. Ambos resultados atenúan la variable hasta que
de la investigación surge la respuesta que estamos buscando.
Yo diría que es una
buena idea el crear instituciones experimentales deliberadamente antitéticas de
las que ahora existen —y contando con la ayuda de éstas—. Inmediatamente surge
una clara objeción: ¿quiénes y los hijos de quiénes deberán ser los conejos de
Indias?; en mi opinión, la respuesta sería: un gran número de voluntarios
protegidos por ciertas medidas de seguridad que ellos mismos adoptarían al
llevar a cabo la nueva experiencia. Un precedente que me anima a sentirme
seguro sobre esto es que hoy día se vienen haciendo tales experimentos sin
permiso de nadie, sin medidas de precaución y sin cargo a fondos creados con la
contribución de todos; tal proyecto para el futuro significaría liberación.
El resto del plan que trazamos es sencillo. Si la ciencia puede dominar toda rama del conocimiento cuyo objetivo pueda especificarse con exactitud y si el pueblo realmente empieza a especificar sus objetivos, tendrá en consecuencia que recurrir a la ciencia. Sólo habrá necesidad de un equipo muy reducido de personas, sin burocracia de ninguna clase, para coordinar las tareas. Los niveles de reclusión deben establecerse convenientemente, cosa fácil de realizar. Habrá un equipo por cada provincia para actuar aunando esfuerzos y comunicar los resultados que se vayan obteniendo por medio de videotape.
Creo que va siendo
hora de acabar mi exposición. No es mi deseo imponerles mi concepción propia
sobre los problemas mundiales, aunque pueda ser legítimo intentar liberar a la
comprimida y quizás frustrada variable.
No obstante, estas
cosas no se pueden forzar, pero tal vez puedan quedar liberadas.
Usted quizá pregunte ¿por qué liberadas?, ¿por qué no surgen por su propio impulso si son buenas?, creo que la respuesta está en las iniciativas populares. Debido a lo costoso de la ciencia, un grupo pequeño —por ferviente que sea— encuentra difícil dominarla. Cuando el movimiento es general, sin embargo, el coste se reparte y resulta asequible. Esta es la razón por la que propongo pequeños equipos. ¿Y quién los sufragará? Venid, instituciones bien intencionadas y de buena fe, y si alguna de vuestra plantilla ocupa un lugar en tales equipos (la elección de ellos por parte de la comunidad será un verdadero honor) ¿por qué no dejarles integrarse en el equipo? En segundo lugar la persona, usted, tiene mucho que ganar. Y es usted, hombre importante de la institución, después de todo, quien ha vinculado esta persona (quizá esta persona sea usted mismo) con un alto sueldo y el aliciente de retribuciones extra que usted le paga —y le ha privado de su movilidad—. ¿No podría usted hacer este gesto para la libertad y ciertamente sobrevivir? Cuando hablo de las iniciativas populares no puedo por menos de señalar ejemplo más poderoso que el de un país que, actuando por medio de su Gobierno elegido democráticamente, se convirtió a sí mismo en una sociedad experimental. Por supuesto, estoy citando a Chile una vez más. En la tercera conferencia hablé de un sistema proyectado para dirigir la economía, aunque allí apenas di una idea de las características del experimento chileno. Empezó éste por la reforma agraria e industrial, que hizo posible a las clases más necesitadas el acceso a la comida y al vestido, y continuó en medio del mayor entusiasmo, por lo que incluso la oposición denominaba con serenidad el proceso chileno. Fue la clase media la que más se resintió en sus intereses, tuvo conciencia de ello y pronto torció el gesto. No obstante, la mayoría era gente bien intencionada, de buena fe, y se comportó con decoro. Conocí a muchos de ellos que habían votado a Allende. A veces hacían chistes sobre la escasez y las colas, sin que la crítica fuera más allá.
Durante los dos
años que duró mi trabajo en Chile presencié varios intentos para derrocar al
Gobierno. Uno muy grave ocurrió en octubre de 1972. A este acontecimiento, que
produjo grandes tensiones y muchas dificultades, el pueblo de Chile respondió
en el mes de marzo siguiente yendo a una votación que incrementó los votos a
Allende en un sorprendente siete por ciento. Sin embargo, su partido era
minoritario en el Gobierno, circunstancia que le ataba de pies y manos, aunque
en aquel momento parecía que iba a poder superarlo. Entre tanto llegó la hora
de parar el gran experimento económico.
En mi opinión, el
mundo opulento no podía permitir que un país pobre utilizara su libertad para
planificar su liberación. Ese mundo opulento le cortó los suministros vitales
—excepto el armamento, que más adelante reduciría el palacio de La Moneda a un
montón de escombros humeantes—. El mundo opulento le privó de créditos que le
eran imprescindibles, por lo cual disminuyeron considerablemente las divisas
—excepto la circulación ilegal de las mismas—, contribuyendo a la paralización
del sistema de distribución, que más tarde justificaría el golpe de estado.
No digamos, como se oye algunas veces, que Allende llevó a su país al caos y que destruyó la economía. Un conjunto de fuerzas mundiales actuando contra Chile redujo su economía al caos y también le destruyó a él. Allende se había dado cuenta de que su país iba perdiendo la libertad, atenazado por la garra opresora de esas fuerzas externas, y así lo expuso ante las Naciones Unidas. El mundo libre, como le gusta denominarse a sí mismo, oyó lo que decía y esperó impasible hasta que las palabras proféticas de Allende se hubieron cumplido: “De La Moneda no me sacarán como no sea en mi pijama de madera”. Cuando llegó ese momento el mundo libre optó por el mutismo y pronto se dispuso a reconocer a la junta militar.
Así fue cómo se
perdió la libertad, no de forma casual, sino como resultado de un sistema
creado para reprimirla. Mi mensaje es que debemos remodelar nuestro sistema
para que su resultado sea la libertad. Si no emprendemos esta tarea con ahínco
por creer que la eficiencia científica puede amenazar nuestra libertad, la
maquinaria de la institución que actúa en nuestro nombre no será capaz de
impedir que se extienda la tiranía, la guerra, la tortura y la opresión. Se
habla mucho del incremento de la prosperidad; sin embargo, la expansión de esas
cuatro plagas que acabo de nombrar por todo el mundo es hoy día mucho más real
que en otros tiempos.
Pongamos en
práctica el amor, la piedad y también la alegría. Utilicemos el saber. Estas
cualidades que se encuentran en nosotros, aunque soterradas, dejémoslas
circular por los miembros anquilosados de nuestra sociedad dinosáurica. Para
ello debemos emplear ese ordenado conocimiento que es la ciencia. También ésta
forma parte de nuestra herencia y, si ha sido arrebatada por el poder,
recuperémosla de nuevo. Esperemos el cumplimiento de estos programas de los
estadistas y políticos que nos representan para beneficio de todos o, de lo
contrario, exijamos una nueva clase política. Esperemos de los educadores la
renovación de las instituciones educativas, con objeto de que no sigamos
adiestrando monos locos, o, por el contrario, comencemos a crear nuevas escuelas
y universidades.
Por encima de todo, esperamos que cada uno de nosotros encontremos el modo de utilizar el poder de la ciencia en causas más justas. No es válido continuar por más tiempo asegurando que esto constituye una meta ideal, pero no es factible porque el pueblo no comprende la ciencia; como tampoco nos atreveríamos a asegurar que no podemos navegar en una barca porque no entendemos de vientos, del mar o de las mareas.
El hombre siempre ha surcado esas aguas impenetrables.
Nosotros podemos
hacerlo ahora.
El libro de
referencia con el que se pueden seguir las citas de esta conferencia es Freedom
in a Rocking Boat, por Geoffrey Vickers. Allen Lane, The Penguin Press,
London, 1970.
Notas
[1] Estados
equivale aquí a situaciones o contingencias. <<
[2]
[1] Law of
Requisite Variety (N. de la T.). <<
[2] El
autor debe referirse, sin duda, a la obra 1984, de George Orwell,
en la que se plantea la eventualidad de un alucinante estado totalitario. Libro
de enorme divulgación, sobre todo en los países de habla inglesa (N. de la
T.). <<
[1] αὐτο-ποίησις:
nacido o producido espontáneamente o por generación espontánea (N. de la
T.). <<
FIN

No hay comentarios:
Publicar un comentario