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Libro N° 14577. Historia General De La Civilización En Europa. Guillaume Guizot, François Pierre


© Libro N° 14577. Historia  General De La Civilización En Europa. Guillaume Guizot, François Pierre. Emancipación. Diciembre 13 de 2025

 

Título Original: © Historia  General De La Civilización En Europa. Guillaume Guizot, François Pierre

 

Versión Original: © Historia  General De La Civilización En Europa. Guillaume Guizot, François Pierre

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://www.marxists.org/espanol/guizot/historia-general-de-la-civilizacion-en-europa.pdf


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

HISTORIA GENERAL DE LA CIVILIZACIÓN EN EUROPA

François Pierre Guillaume Guizot

Esta obra es propiedad del infrascrito. Todos los ejemplares irán señalados y firmados  por el mismo. Los que no ten­gan este requisito se tendrán por contrahechos.

 

 

IMPRENTA DE J. OLIVERES Y GAVARRÓ  , CALLE  DE ESCDDELLERS, N° 67.

 

 

DE

U CIVILIZ1CI0N M «'»OH,

Ó

CURSO          DE       HISTORIA     MODERNA

DESDE          LA       CAIDA           DEL    IMPERIO       ROMAttO

HASTA          LA

REVOLUCION         DE      FRANCIA.

POR

Jttr.      (Btrifot.

 

 

TRADUCIDA DEL    FRANCÉ8      AL      CASTELLANO.

 

Va añadido un resumen cronológico de hechos de la historia moderna para conocimiento de los sucesos en que funda  el  autor sus reflexiones, y  los que ya siguiendo para demostrar los  progresos de la civilización.

 

 

 

BARCELONA,

LIBRERÍA DE I. OLIVERES Y GAVARRÓ, CALLS DE ESCUDILLEIS, *° 67.

 

1 8 3 9 .

 

 

 

Prólogo M      <Editor

 

 

Cuando           los pueblos      del norte,         codiciosos       de        mas anchura¿de una naturaleza  mas benéfica y del rico botin con que les brindaba el imperio romano}  se ar­rojaron sobre  él, cuál inmensa mole que el huracan desprende de una montaña ; esta parte del mundo , en el dia tan  culta y civilizada, se vió hecha presa de unos bárbaros que no reconocían otro derecho que la fuerza , ni otra justicia que la espada.

Bajo  él mando de unos jefes, para  quienes la  hu­manidad no tenia lenguage 3 la cultura precio , ni las artes y ciencias estimación alguna } venía un ejército de hombres robustos} de viejos, nifios y mugeres, cuya ocupacion era  en los primeros el  vencer, y en todos el destruir y ocupar en seguida lo destruido.

 

 

VI        PRÓLOGO

La sociedad que          con      táles     elementos        se         organizó

fue  bárbara  como susfundadores; el derecho se es­tableció por la fuerza¿y de ahi nació ese sistema de servidumbre  y opresion para el pueblo que conoce­mos con el nombre de feudal¿y que tanta  sangre ha costadoála  humanidad el reformar. Las naciones■jue entonces se  formaron no se  comunicaban sino

oara destruirse > las artes  habían perecido ¿y las le­tras asustadas fueronáesconderse en lo mas  oculto de las soledades bajo el amparo dé un rústico sayal.

Sin embargo  existia un elemento de organización suave pero continuo , débil al parecer pero  en reali­dad enérgico,,  irresistible:  el cristianismo que se ha­bía predicado para felicidad del género humano se encargó de amansar aquellas almas fieras t y auxi­liado por el tiempo j por la benignidad del  clima y

por  las  letras  que, abandonando al principio su sole­dad y presentándose despues en todas partes por me­dio de la imprenta, atrajeronálos hombresámejo­res  sentimientos yámas dulce vida¿ha  llevado &ca­bo el cambio  feliz que observamos, haciendo  centro de  la  cultura y civilización la  Europa en otro tiempo■bárbara, ignorante y fanática.

Pero cuales son los sucesos, las revoluciones que han nacido de la acción combinada de tales agentes ? Como han llegadoáform arse,  y áproducir la si­tuación en que nos hallamos , y que anuncia sin duda una situación mas feliz para nuestros descendientes ? Hé aquí el objeto de  la presente obra que damos á luz traducida de su originalfrancésánuestra len­gua, y que creemos de la mayor importancia para todosi porqueátodos interesa conocer lo que han si­do nuestros pasados para comprender lo que somos y debemos ser nosotros, áfin de que sean lo que de­ben losfuturos: el hombre no vive solo mientras exis­te,  sino que vive también en sus descendientes, que heredan las consecuencias que sus acciones han pro­ducido.

Con respecto almérito de Mr. Guizot en la presente

obra, séanos permitido  citarlaopinion de Mr. Thiers comojuez mas entendido y desinteresado que nosotros.«Ora discutiendo, ora historiando ,  ora  en fin citan­do hechos muyápropósito, hapintado pzifeotísima- mente Mr.  Guizot el estado material, político  y mo­ral de las naciones en el momento en que acaba el paganismo y da principio el cristianismoi,  y nunca hemos visto una pinturahecha con tanta inteligencia, claridadéinterés. Siguiendo su obgeto, en partepo­lémico y en parte narrativo, conduceásus lectores como por  la mano hasta la época en que la sociedad

feudalqueda establecidaformando un verdadero sis­tema con sus teorías y sus leyes: en seguida va ana­lizando esa mezcla de la ley bárbara, romanay ecle­siástica, cuya amalgama puede decirse que hapro­ducido la constitución de los estados modernos.  Mr. Guizot ha tomado la Francia por punto de vista, desde el cualobserva todas las revoluciones  por  don­de hapasado la civilización moderna¡  este punto tiene, la  ventaja de ser  el mas central, moral y fisicamen­te.  En una palabra , Mr. Guizot  con esta nueva obra

contribuye poderosamenteáadelantar el hermoso es­tudio  del análisis de  las sociedades modernas que es el mérito principal de nuestra época.»Que podremos añadir nosotrosátan justo elogio hecho por  un sá- bioáotro sábio ?


 

CURSO DE HISTORIA MODERNA.

 

LECCION      I.

 

SeSores:

Estoy profundamente conmovidoávista de  la aco­gida que  recibo en este  lugar, y me atreveréádecir que la  acepto como una prenda de la simpatía que no ha  cesado  de existir entre nosotros apesar de tan larga  separación. Y lo digo  como  si  encontrase  en  este recinto las  mismas personas, la  misma generación que acostumbraba venir hace  siete añosáasociarse ámis trabajos. ( Mr. Guizot parece conmovido y se detiene un momento.) Disimulad, señores; vuestra benévola acojida me ha turbado un poco. Porque he vuelto yo me parece que todo debe volver, que nada se ha mudado; y sin embargo todo se ha mudado, todo,  señores! ( Movimiento). Hace  siete años entrába­ mos aqui  con zozobra,  llenos  de un sentimiento  triste, molesto; nos veíamos rodeados de dificultades  y peli­gros , y nos  sentíamos arrastrados hacia  un mal que en  vano procurábamos editaráfuerza  de gravedad, de tra&quilkLad y de  reserva. Hoy dia, así vosotros co- mo y o , llegamos  con  confianza, tranquilo el  corazon y libre  el  pensamiento. Solo de un modo podremos, señores, probar dignamente nuestro reconocimiento, adoptando en nuestras reuniones y estudios el mismo sosiego  y reserva  de que  dábamos muestra cuando te­míamos diariamente verlos embarazadosósuspendidos. Permitid  que os  lo diga; las horas de ventura son frá- jiles,  vacilantes;  la esperanza ni mas ni menos que el temor requiere sus miramientos, y la convalescencia reclama  casi  los mismos desvelos, la misma prudencia que los síntomas de la  enfermedad: estoy seguro  que usareis  de ella, señores. La misma simpatíaéíntima y rápida correspondencia>de  opiniones, de sentimien­tos y de ideas que nos unia en  los dias  difíciles hacién­donos  al menos evitar las  faltas, nos unirá  igualmente en  los dias  risueños, poniéndonos en estado de recoger todo el fruto.  Por vuesta  parte cuento con ello, seño­res, y esto me basta.  (Aplausos.)

Poco  tiempo nos  queda hasta fin de año, y muy poco  he tenido yo también para pensar en el curso que debo ofreceros. He meditado que objeto se podría abrazar  asi en  el tiempo que  nos  queda,  como en los pocos  dias que he tenido para  prepararme, y me ha parecido que seria oportuno  presentar un cuadro gene­ral  de la historia moderna de Europa  bajo el  aspecto del  desarrollo de la civilización  europea, de su origen, de su  marcha, de su fin y de  su  carácter: tal  es el objeto con que nle he propuesto ocuparos.

He dicho de la civilización europea, porque es evi­dente  que existe,  que se  nota  cierta Unidad en.la civi­lización de  los  distintos estados de Europa,  que  se de­riva  dé hechos casi semejables  apesar de  las  grandes diferenciasde tieiíipos, lagares y circunstancias, y que se hermana  en kláibcos  principios,  y tiendeáprodu­cir do  quiera  resultados análogos. Existe,  pues una ci­vilización europea, y de su conjunto  es  de lo que voyátratar.

De  otra parte es evidenté que esta  oivilizadon  y su historia no  pueden buscarse únicamente  en  los anales de uno  solo  de los  pueblos de Europa. Aunque tenga unidad no por esto es menos prodigiosa su variedad, y puede decirse que no se ha  desarrollado enteramente en  mñgnn pais  partitíular, Estad esparcidos los rasgos de su fisonomía,  y es  menester buscar los elementos de su ht&orife ora en Francia,  ora en Inglaterra, ora en Aleiíiánia, ora en España.

Feliz es nuestra posicion para hacer esas indagacio­nes y estudiar la civilización  europea. A nadie  debe  li­sonjearse, ni erufi al  pais  que nos  vió  nacer; creo sin embarga  qii6 sin adulación puede decirse  que  la Fran­ela ha sido el bentro y el  foco de la civilización de Eu~ ropa. Ponderación  fuera  pretender que  en todos  tiem­pos y direcciones  ihaya marchado siempreála>cabeza dé los dema9 pueblos, puesto que en  varias ¿pócas se ha adelántadó &ella lá Italia en  puntoálas artes >y la Ingláterrá  en pontoálas instituciones políticas. Quizas en otras ocásiónes  y bajo  otros puntos de vista la  han sido  superiores otros países de Europa, pero imposi­ble es desconocer  que cuantas veces se ha visto ade­lantada la Francia en la senda de la civilización, ha tomado nuevo  vigor, y lanzándose  se ha  puesto dé nuevo al niveló delante de los demas. Y no  so­lo esto, si  que  también cuando las ideas  y las  ins­tituciones civilizadoras, si me es licito hablar asi, despues de haber tomado origen en otros territo­rios, han querido trasplantarse, hacerse generales y obrar en común provecho de la civilización eu­ropea, se han  visto obligadas  en cierto  modoá sufrir una nueva preparación  en  Francia , y desde ella  como desde  una segunda patria  mas fecunda, mas rica, han tomado vuelo para conquistar la Europa.  Casi  no exis-

,te  idea alguna  grande,  ningún gran principio  de civili­zación que no haya pasado por Francia antes de gene­ralizarse.

Y es  que hay en el genio francés algo  de social y simpático  que se estiende mas fácil  y enérgicamente que

en el  genio de los demas pueblos: bien sea efecto de nuestra lengua 6 de nuestro carácter y costumbres, ello es  que  nuestras ideas son  mas  populares, hablan mas claramenteálas  masas y las penetran  con mas facili-, dad; en una  palabra, la  luz, la sociabilidad y la  sim­patía  son el  carácter particular  de la  Francia  y de su civilización, y estas cualidades la constituyen'emi­nentemente  propia para marcharála cabeza  de  la ci­vilización de Europa.

No es  pues elección  arbitraria  ni  convencional to¿marála Francia  por punto céntrico al  querer estudiar la  historia  de aquel hecho grande; por. el  contrario es colocarse  en algún modo en el corazon de la mismácivilización, del  hecho que se quiere estudiar.

Digo del hecho,  señores, y lo  digoápropósito: la civilización es un  hecho como  otro cualquiera, suscep­tible como los. demas de ser estudiado, descrito y con­tado.

Hace algún tiempo se habla mucho y con razón de la necesidad de encerrar  la historia  en los hechos, y de contar:  nada  es  mas  cierto,  pero también lo es que hay mayor número  y mas diversidad de hechos para  contar de lo  que se  cree al primer golpe; los hay materiales,  visibles, como las batallas, las guer­ras , los .actos  oficiales de los gobiernos; los hay mo­rales y ocultos  que  no son  por esto menos reales; los hay individuales que  tienen nombre propio; y  los hay generales, sin nombre,  que  no  tienen  fecha de dia ni de año, que es imposible encerrar en limites rigorosos, y que  no  por esto  dejan  de ser hechos como  los  de­mas , hechos históricos,  que  no es posible escluir de los  anales sin mutilarlos.

La  parte misma que se acostumbra  llamar parte  fi­losófica de la historia, las relaciones de los hechos entre  sí, el lazo que  los  une,  las causas  y los resulta­dos de  los  acontecimientos, pertenecen á la historia

m mas ni  menos  que la narración  de las  batallas y  de­mas  acontecimientos esteriores. No  cabe duda que los hechos de  esta  naturaleza  son los  mas  difíciles  de tra­tar;  uno se engaña con ellos; es difícil animarlos, pre­sentarlos  con  forma viva y clara;  pero esta dificultad no muda su  naturaleza, y no  por ello dejan de formar una parte  escencial de  la historia.

La civilización, señores, es uno de estos hechos; hecho general, oculto, complicado, muy difícil  segu­ramente  de  describir y de contar, pero que no deja de existir y que tiene derechoáser descritoéhisto­riado. Sobre ella pueden suscitarse muchísimas cuestio­

nes , y en primer lugar  puede  inquirirse, como se ha hecho ya,  si es un  bienóun  mal: condueleáunos y alegraáotros. Puede preguntarse si es tm hecho ge­neral, si  hay una civilización  universal del género hu­mano , un  destino  de  la humanidad, si  los pueblos se han transmitido de  siglo en  siglo algo  que no haya  de­saparecido , que deba aumentarse, pasar como un depó­sito , y llegar  dé eslía suerte hasta  el  fin de los siglos. Por mi parte estoy convencido  que hay en  efecto un destino general  de lá humanidad, una transmisión del depósito de la civilización, y de  consiguiente  ana histo­ria  universal de la  civilización que describir. Pero sin entrometernos en  cuestiones tan grandes  y difíciles de resolver, cuando uno se encierra en un espaeio de tiempo y lugar determinado, y se limitaá la  historia de cierto número de siglosóde ¡ciertos pueblos, es evidente que  en  estos  límites  la civilización es un he­cho que  puede  ser descrito, contado,  y que tiene su historia. Me apresuroáañadir que está historia es la nuts grande de todas, y'que  comprende  las  demas.

No  parece  en efecto, señores, que el hecho de  la civilización e$ el hécbo por  escelencia, el hecho gene­ral y definitivo, en d cual se reúnen y vienenáreasu­mirse los demás?  Abrazad todoslos heohos  de  que  se compone la históriá  de un pueblo ,que  se acostumbranámirar como los elementos de su vida; abrazad  sus institücidnes, su comercio» su industria, sus guerras y todos los detalles (le su' goíbiérrio: cuando se quie­re Considerar  estos hechos en  su conjunto , en su  tra­bazón, cuando se quiéfe justipreciarlos y ijuagorilos, que cosa  se  les  pregunta  sino  en qdé han contribuidoála civilización de  ese  piieblo, que papel han hecho, qiie parte hári tomado  y que influjo  han ejercido en en ella? asi es como sé forma no solo una idea completa de ella, sino qtíe sé la mide y aprecia en lo  justo; son cómo  unos  ríos á' los cuales se .pide cuenta  de  las  aguas que  deben entregar al  Océano. La civilización es un mar  que constituye la riqueza  de un pueblo,  y en cuyo seno  vanáreunirse  todos los ele­mentos de su  vida y las fuerzas  de su existencia. Tan cierto es  esto,  que los hechos  que  por su naturaleza son reprobados y funestos , pesando dolorosamente so­bre  los pueblos, el despotismo por ejemplo  y la  anar­quía, son escusados si  han contribuido en algoá la civilizaciónóla han  hecho dar  un gran paso:  entonces se le perdonan sus desaciertos y su mala  condicion, de manera que do quiera que se reconoce la civiliza­ción  y los  hechos que la enriquecieron, tentado estáunoáolvidar  el precio que  ha  costado.

Hechos hay también que, hablando con propie­dad, no pueden llamarse sociales, hechos  individua­les que  parecen  interesar mas  al alma humana  queála vida pública: tales  son las  creencias religiosas, las ideas  filosóficas, las ciencias, la  literatura y las artes; Estos hechos parecen dirigirse al hombre,ya para per­feccionarle , ya para  deleitarle, y  tener  mas bien por

objeto  su        reforma            interioró          su placer que su          condi-

cíoq social. Ahora bien! frecuentemente  son y quieren ser considerados éstos  mismos hechos bajo el punto de  vista de la civilización. De todos tiempos y en  to­dos los  paises se  ha gloriado la religión de haber civili­zadoálos pueblos;  las ciencias, la literatura, las ar­tes y todos los placeres intelectuales  y morales han reclamado  su parte  en  esta  gloría,  y se ha  creído  ala­barlos y honrarlos reconociendo que en  efecto les per-

, tenecia. De este modo los  hechos mas importantes, los mas sublimes  en  sí mismos con independencia de to­do resultado esterior, únicamente en sus relaciones con el alma del hombre, ven acrescentarse su importancía y subir  de punto su sublimidad por sus relaciones con  la  civilización: tal  es  el valor de este hecho gene­ral  que  da estimación,átodo lo  que toca. Y no solo la d a ; ocasiones hay en que los hechos de que ha­blamos, las creencias religiosas, las ideas  filosóficas, la literatura  y las artes son consideradas sobre todo  y juzgadas bajo el punto.de vista  de  su influencia sobre la civilización;  influencia que hasta  cierto punto y du­rante cierto  tiempo es la  regla  decisiva  de su  mérito y de  su valor.

¿Cual es, pues, señores, preguntaré antes de em­prender su historia, considerándole únicamente en símismo, este hecho  grave,  estenso, precioso que pa­rece el  resumen y la espresion de la vida entera de los pueblos?

Me guardare bien de entrar aquí en la pura filosofía; me guardaré bien de sentar algún principio racional, y deducir despues de él  la naturaleza de la civilización como una consecuencia;  semejante método  estaría de­masiado  espuesto á errores; todavía encontramos  en esto  un hecho para  probar y describrir.

Hace mucho tiempo y en muchos  países que está en uso  la  palabra  civilización;  únenseáella ideas masómenos claras y estensas; pero al cabo la  usamos y nos comprendemos: el  sentido de esta  palabra,  su  sentido general,  humano  y popular  es pues lo  que debe  estu­diarse. Casi siempre,  en  la accepcion usual de los  tér­minos  mas generales , hay mas verdad que  en  las de­finiciones mas  concisas en apariencia y mas rigoro­sas . de  la ciencia; y es que el buen sentido, verda­dero genio de  la  humanidad, es  el que dáálas  pala­bras su significación común. Esta  se  forma sucesiva­mente  en presencia  de los  hechos; ámedida que  uno de estoS se presenta,  pareciendo tener parte en el sen­tido de ún término conocido, es  recibido por decirlo adí naturalmente;  el sentido  de la  palabra  se estiende , sé ensancha, y pocoápoco van uniéndose en efecto los  distintos hechoséideas  que en virtud de la cdhdi- cion    las  mismas cosas deben  los hombres entender en la áccepcion de  una  palabra. Por el contrario cuan­do*la  ciencia determina su  sentido,  como tal determi­nación es obra de uno  soloóde muy pocos individuos, se deriva  dé algún  hecho particular que los  ha movidoáello. Asi es que las  definiciones científicas son  en ge­neral  mucho mas  limitadas,  y  por lo mismo mucho menos  verdaderas en el fondo  que el sentido, popular de las  palabras: Si estudiamos cómo un hecho el sen­tido de la palabra civilización, buscando todas las ideas comprendidas en ella según el buen sentido de los hombres, adelantaremos mucho mas en el conocimien­to del  hecho mismo que si  probásemosádar  una de­finición  científica, por  mas clara y precisa que apare­ciese al primer golpe.

Para empezar esta indagación procuraré poneros ála vista algunas hipótesis, describiré cierto número de estados de sociedad, y en seguida  inquiriremos si el instinto general reconocería el estado  de un pueblo que se civiliza, y si es aquel el  sentido que el  género humano  dá  naturalmenteála  palabra  civilización.

Figuraos- un pueblo cuya  vida esterior  es pacífica y cómoda, que pnga pocos  tributos y  no sufre,áquien se administra recta  justicia en sus  relaciones  privadas;en una palabra, cuya existencia material en su conjunto es­tá felizmente ordenada.  Pero,  al propio tiempo su  exis­tencia  intelectual y moral se mantiene  cuidadosamente en un estado  de  torpeza,  de inercia, no diré  de opresion,  pues no se nota tal sentimiento, pero sí  de com­presión. Esto no es mas que un ejemplo. Pequeñas re­públicas  aristocráticas ha habido en  bastante  número, en  las cuales han sido  tratados los súbditos como re­baño ,  bien conservados materialmente y felices pero sin actividad intelectual y moral. Será esto civiliza­ción ? llamaremosá esto un pueblo que se civiliza ?

Por otra hipótesis: figuraos un  pueblo cuya exis­tencia  material es menos cómoda  y pacífica,  si bien que soportable sin  embargo. En  c ;mbio no se han descuidado las necesidades moraleséintelectuales, si­no que  se les da cierto pasto; se cultivan en él los sentimientos puros, elevados; sus creencias religiosas han llegado á cierto grado de desarrollo, pero se

sofoca  en él con ahinco el principio de la  libertad; se satisfacen las necesidades  intelectuales y morales como se  hace en otros puntos  con las exigencias ma­teriales ;se miden para  cada cual sus grados de verdad, yánadie se  permite que la busque por sí  solo.  La in­movilidad es  el carácter de  su  vida  moral:  no es otro el estado en  que  se abismaron la  mayor parte de las poblaciones del Asia donde  el dominio teocrático com­primeála  humanidad; es por ejemplo el estado de los Iridous. Repito ahora la anterior pregunta : será este un        pueblo que se civiliza?

Mudemos        la         naturaleza        de        la         hipótesis:         figuraos

otro pueblo donde se  da un gran desarrollo á algu­nas libertades individuales, pero donde el  desorden y la desigualdad llegan al  estremó; es el imperio de la fuerza y del azar; si uno no es fuerte sufre, se ve

oprimido  y perece, porque la  violencia  es  el carácter dominante del estado social: nadie  ignora  que la Eu­ropa  ha  pasado  por este  estado. ¿Será esta  una nación que se civiliza ? contendrá sin  duda gérmenes  de civi­lización  que irán desarrollándose sucesivamente 5 pero el hecho  que domina en semejante  sociedad no es se­guramente  lo que el buen  sentido humano llama civi­lización.

Pasemosá una cuarta y última hipótesis- La liber­tad individual es grande,  la  desigualdad raraópor lo menos pasajera ; cada cual hace en cierto modo lo que quiere  y no difiere  mucho en poder de  su vecino; pe­ro  existen muy pocos intereses generales, pocas ideas y sentimientos públicos, en una palabra, poca socie­dad ; las facultades y la existencia  de los individuos se desarrollan y siguen su curso aisladamente, sin obrar unos sobre otros y sin  dejar huella  en  pos de sí; ,las generaciones sucesivas van dejando la sociedad en el mismo grado  en  que la encontraron: he aqui el esta­do de  las  tribus salvajes; dominan en ella  la libertad y la igualdad, y sin embargo no se encuentra segura­

mente  allí la   civilización.

Podría multiplicar estas hipótesis, pero creo que hemos espuesto ya bastantes para investigar  cual sea el sentido popular y natural  de la palabra civilización.

Es evidente que  ninguno (le los estados que acabo de recorrer corresponde á dicha palabra atendido el buen sentido natural de los hombres.  Y la razón me parece ser  porque el primer hecho comprendido en ella, según resulta de los varios ejemplos que os he puestoála vista, es  el  progreso y el  desarrollo,  la idea de un pueblo que marcha, no para mudar de sitio  sino para mudar  de estado,  de un pueblo cuya condicion se estiende y se mejora. De consiguiente esta  me parece ser  la  idea  fundamental contenida en la palabra civilización.

¿Cual  es este  progreso ? este desarrollo ? Ahí estála mayor dificultad.

La etimología de la palabra parece responder de una manera clara  y satisfactoria, puesto  que dice ser la perfección de la vida civil,  el  desarrollo de la so­ciedad propiamente dicha y las relaciones de  los  hom­bres entre  sí.

Tal es  en efecto  la idea primitiva  que se ofrece al entendimiento humano cuando se  pronuncia  la pala­bra civilización; represéntase al instante la  estension, la mayor actividad  y mejor  organización de las rela­ciones sociales; de  una  parte una  producción  crecien­te en medios de fuerza  y  de bienestar para la sociedad¿de otra una distribución mas equitativa entre los  in­dividuos  de la  fuerza y del bienestar que  se ha  pro­ducido.

Y concluye aquí todo, señores? está agotado  el sen­tido natural, usual de aquella palabra? no contiene nada  mas el hecho enunciado ?

Es lo mismo  que si  nos  preguntásemos: ¿la espe­cie humana en el  fondo es  únicamente un hormigue­ro , una sociedad  donde no se  trata mas que de or­den y de bienestar, y donde cuanto mayor sea el trabajo  y mas equitativa la  repartición  de sus frutos mas se  habrá alcanzado el objeto y llenado el pro­greso?

Repugna al humano  instinto una definición tan es­tricta del  destino  de los  hombres, y parece  al primer aspecto  que  la  palabra  civilización ha  de comprender algo mas  estenso, complexo;, y superior á la pura perfección  de las  relaciones sociales, de la fuerza y del  bienestar de  los  pueblos.

Y es preciso confesar que      concuerdan con          este ins­tinto los  hechos,  la opinion pública  y el sentido ge­neralmente recibido de la  palabra.

ObservadáRoma en los hermosos tiempos de  la república', despues de la  segunda guerra púnica,  en el momento de sus sublimes virtudes, cuando marcha­baádominar  al  mundo, y cuando  progresaba  eviden­temente su estado social. Observadla en seguida  bajo Augusto, en la época  en que  principió su  decadenciaóen que se  detuvo por lo  menos el movimiento pro­gresivo  de la sociedad estando  prontosádominar los malos principios: nadie  sin  embargo  dejará de pensar y de decir  que la Roma de  Augusto era mas civiliza­da .que  la  Roma de  Fabricioóde Gncinato.

Transportémonosáotro lugar;  observemos la Fran­cia  del siglo, XVII y del siglo X V III; es  evidente  que bajo el punto de vista social, y tocante á la suma y distribución del bienestar entre los individuos, 1^ Francia de aquellos, tiempos era inferioráotros paises de Europa, por ejemplo,ála HolandaéInglaterra. Creo que en estos  dos paises era mayor la actividad social , crecia con  mas rapidez y distribuía mejor  sus frutos que en Francia. Preguntádselo sin embargo al buen sentido general,  y os contestará que la Francia de aquella  época era el pais mas civilizado de Euro­pa. Y cuenta que la Europa no ha desmentido tal pro­posición , antes  la  corroboran todos los monumentos de  la  literatura europea.

Podríamos  nombrar  otros  muchos estados donde  es mayor el bienestar, crece con mas rapidez, está mas bien repartido que en  otros puntos,  y donde sin em­bargo , atendido el instinto espontáneo y el  buen sen­tido general de  los  hombres, es inferior la civilizaciónála  de  otros  paises donde hay  peor distribución bajo el aspecto puramente social.

¿Qué pensar, pues ? que cosa da áestos paises ese de­recho  privilegiado en  nombre  de la civilización? que es lo que  compensa tan ampliamente  en la opinion de los  hombres lo que bajo  otro aspecto  les falta ?

Y es que  se manifiesta brillante otro  desarrollo  ade­mas del de la vida social; el  desarrollo de  la vida  in­dividual , interior; el  desarrollo del hombre en  sí, de sus facultades,  sentimientoséideas: si la sociedad es mas imperfecta que en otras  partes, la  humanidad se muestra mas grande y poderosa. Quedan para hacer muchas conquistas sociales, pero se han alcanzado otras inmensas intelectuales  y morales;ámuchos hombres

les  faltan bienes y derechos; pero al propio tiempo  se ven brillarálos  ojos del mundo muchos grandes hom­bres , y la literatura, las ciencias  y las artes se  desar­rollan con magnificencia. Do quiera que el género humano  ve  resplandecer  esas grandes imágenes, genio glorificado  de la naturaleza humana; do quiera que ve crearse ese tesoro de goces sublimes, reconoce y nombraála civilización.

Dos cosas se  comprenden, pues, en aquel grande hecho; subsiste con  dos condiciones, y tiene dos  sín­tomas : el  desarrollo de la actividad  social y el  de la actividad individual, el progreso de la  sociedad y el de la humanidad. En  cualquier parte  donde la  condi­ción  esterior del hombre se estiende, se vivifica , se mejora; donde la naturaleza íntima del hombre se muestra brillante y grandiosa, conserva aquellas dos señales, y frecuentemente,ápesar de  la profunda im­perfección del estado social, el  género humano ensal­za y proclama la  civilización.

Tal es,  si no  me engaño, el  residtado del  exámen sencillo,  puramente  sensato, de  la opinion  general  de los hombres. Si inquirimos la historia propiamente di­cha , y examinamos cual es  la naturaleza de  las  gran­des crisis de la civilización, de esos hechos que  por confesion general la han impelidoádar un  paso agi­gantado, reconoceremos constantementeunoúotro de los  dos elementos que acabo de describir: son siempre crisis  de  desarrollo individual ósocial, hechos que han cambiado el hombre interior, sus creencias, sus costumbresósu condicion esterior, y su situación en las relaciones con sus semejantes. El cristianismo por ejemplo, no  diré  solo en el momento  de su aparición sino  en los primeros siglos de su existencia, no se ha dirijido  en manera alguna al estado social al que  anun­ció altamente que  no tocaría; mandó al esclavo que

obedecieseásu dueño, y no se ha declarado contra ninguno de los  grandes maleséinjusticias de  la  socie­dad de  entonces. ¿Quien negará con todo que el cris­tianismo  no haya desde sus asomos ocasionado una grande crisis en la civilización? La razón es  porque transformó  el hombre interior, las creencias, los sen­timientos , y regeneró  al hombre moraléintelectual.

Nosotros hemos presenciado una crisis  de distinta naturaleza, dirijida no al hombre interior sino ásu condicion esterior, que ha transformado y regenerado la sociedad, siendo también seguramente una de  las crisis decisivas  de  la  civilización. Recorred la historia y hallareis do  quiera el mismo resultado; de  manera que jamas  encontrareis ningún hecho  importante que haya concurrido al desarrollo de la civilización,  sin que  haya ejercido  uno úotro de los dos  influjos de que  acabo  de hablar.

Tal es si no  me engaño el sentido natural y popular de la palabra: heos aqui, pues, el hecho, no diré  de­finido, pero si descrito y probado casi completamente, por lo  menos  en  lo  qué atañeá' sus' rasgos generaléü. Hemos descubierto  de consiguiente  los dos elementos de  la civilización; indaguemos ahora  si uno de ellos baátá  para constituirla: ¿si se  desarrollara aisladamen­te  el estado  social óel del  hombre individual habría civilización? la reconocería  el género humano? O bien,¿tienen los  dos  hechos entre sí  una relación de tal modo íntima y necesaria, que apesar de  no ser  pro­ducidas simultáneamente sean  sin embargo insepara­bles , de  modo que tardeótemprano deba  la  una con­ducirnosála  otra?

Paréceme  que  podríamos entrar por  tres  puntos en esta cuestión: 4? examinando  la naturaleza misma de los dos  elementos de la civilización,é inquiriendo  si bajo  tal  punto  de vísta estánóno intimamente unidos siéttdo necesarios entre sí; 2?:investigando históricamen­

 

te         si en efecto'sé  han manifestado          de        un\       modo   aísla-

doósi se han    producido        entre    sí;        y          3? en    fin,       con­

sultando el buen sentido  y la  opinion común de los hombres relativa á esta cuestión. Examinemos ante todo este último punto.

Cuando  se liévaácabo una  gran transformación en el estado de un pais, y tiene lugar un gran desarrollo de riqueza y de fuerzaósea  una revolución en el modo de distribuir el bienestar  social, este  nuevo  hecho ha­lla  enemigos y combates, porque no puede ser de otra

.suerte. ¿Que  dicen en  general  los enemigos de la  mu­danza?  que este progreso del estado social no mejora  ni regenéra del  mismo modo el  estado  moraléinterior del  hombre;que es un progreso falso, engañador, que resulta en  detrimento  de  la moral,  del  verdadero ser humano. Por otra parte los amigos  del desarrollo so­cial rechazan con mucha energía  semejante ataque sos- teniendo que el progreso de la sociedad conduce nece­sariamente aj progreso  de la  moral,  y que la  existen­cia interior se purificaámedida que  va regulándose la existencia esterior. No  de otra  manera miran la  cues­

tión los partidarios y los enemigos  del nuevo  régimen. Mudad  la  hipótesis y suponed en progreso al desar­rollo moral. ¿Qué prometen en general  los hombres queáél se  dedican? qué prometieron en  el  origen de las  sociedades  los gefes  de alguna religión, los  sabios y los  poetas que trabajaban  para suavizar  y regular las costumbres ? la  mejora de la  condicion social  y la mas equitativa  repartición  del bienestar*social. Y pregun­taré  yo  ahora, ¿qué suponen  esos  debates y esas  pro­mesas ? suponen que en la convicción espontáneaéins­tintiva  de  los hombres, los  dos elementos de la civi­lización , el desarrollo social y  el desarrollo moral  es­tán tan intimamente unidos, que al vislumbrar el géne­ro humano uno  de ellos cuenta al momento con el

otro. Yáesa convicción natural se dirije  uno cuando para secundarócombatir  unoúotro de ambos  desar­rollos se  sostieneóse  niega su enlace. Sabido es  que si  puede persuadirseálos hombres que la mejora del estado social es contraria al progreso interior de los individuos se  hará fuerte oposicioná la reforma  que se  verifica  en la sociedad. De  otra parte, cuando se prometeálos  hombres la mejora  socialá consecuen­cia de la  reforma del individuo es sabido  que están propensosá dar crédito átal promesa, y no falta quien se  prevale de ello.  Insiguiendo, pues, la  instin­tiva creencia  de la  humanidad, los  dos  elementos  de la  civilización están unidos entre sí  y se reproducen mutuamente.

 

 

18        censo

Examinemos la historia general y obtendremos idén- ticdi respuesta; hallaremos que los grandes desarrollos del  hombre interiorhan recaído en provecho de la so* ciedad, y quelos grandes progresos del estado social han redundado  en bien de la humanidad: en ambos casos predomina uno de los  dos hechos, aparece en todo su esplendor,  y da al movimiento un carácter particular. Algunas  veces solo despues de grandes  intervalos, de mil transformaciones y obstáculoslogra desarrollarse el segundo  hecho, y viene en cierto modoácompletarse la civilización  que el  primero  habia principiado; pero si bien se  observa, se reconoce el lazo que uneáen­trambos. La marcha de la Providencia no está sujetaá reducidos límites; ora deduce hoy la consecuen­cia de lo que sentó ayer, ora tarda en deducirla siglos, hasta que llegue el momento prefijado, de  ma­nera que  aunque nos parezca áveces  que es lento su raciocinio no por esto es menos segura su lógica: ha­lla en el  tiempo sus conveniencias ; marcha en cierto modo como los  dioses de  Homero en el espacio; da un paso y queda marcado el  transcurso de  algunos  si­glos. Cuanto tiempo, cuantos acontecimientos han pre­cedido ant?s  que la regeneración del hombre moral por medio  del  cristianismo  haya ejercido su grande y lejitimo  influjo sobre la regeneración del  estado social ? Yápesar de esto, ¿quién desconocerá hoy día que haya sido ejercido tal influjo ?

Si de  la historia pasamosá1a naturaleza misma de los hechos que constituyen la civilización, llegamos infaliblementeáun resultado idéntico: nadie habrá de­

jado de  sentir en sí esa esperiencia. Cuando tiene lugar en el hombre un cambio moral, cuando  adquiere una idea, una virtud, una facultad, en una palabra, cuan­do        se         desarrolla individualmente,    ¿no      se apodera       de

¿1 instantáneamente la necesidad de patentizar estertor- mente su sentimiento,  y de realizar su pensamiento ? Desde que el  hombre adquiere alguna  cosa, desde que su ser tomaásus ojos un  nuevo desarrollo, mas  valor, al  momento todo  se hermana en  él con  la idea de una misión; siéntese obligadoéimpelido por  su instinto, por una voz interior, áestender y hacer dominar al rededor suyo la mudanza,  la mejora que ha esperi- mentado interiormente. Noáotra causa  se deben los grandes reformadores; no  por otra necesidad se han visto impulsados los grandes hombres que mudaron la faz del. orbe despnes de haberse mudadoásí mis­mos. Esto por lo  tooante al cambio  esperimentado en lo interior del hombre: pasemos al otro. Realizase una  revolución en  el estado  de la sociedad; merced al cambio  queda  esta mas bien  ordenada, y mejor  repar­tidos los derechos y los bienes  entre los individuos;

es  decir, que  es mas puro  y hermoso el espectáculo del mundo,  y mas conveniente la práctica, asi  de los gobiernos como  de  las  relaciones de los hombres en­tre sí.  Ahora bien! ¿creeis  que la vista de semejante espectáculo , la  reforma de los hechos esteriores, no ejerza influjo' sobre  lo interior del hombre y la hu­manidad ? Todo cuanto se dice de la autoridad del ejemplo,  poder de  la costumbre  y buenos1modelos, no se funda en  otra cosa sino  en la conviocion de  que un hecho esterior,  bueno, razonable y bien ordena­do produce tardeótemprano  mas ómenos comple­tamente un  hecho  interior de  igual naturaleza y méri­to idéntico; que  una sociedad mejor  ordenada y mas justa reforma  al individuo;  que  lo interior y lo este­rior se  mejoran mutuamente;  que ambos elementos de civilización se hallan enlazadosápesar de que  aparez­canáveces  entre  ellos grandes obstáculos y siglos en­teros ; que puede suceder  que hayan de  pasar por mil transformaciones antes de  unirse, pero que  al fin lo logran: tal es  su condicion, el hecho general de la historia  , la creencia instintiva del género humano ( Aplausos).

Creo, señores, no diré  haber  agotado, que mucho falta para ello, pero sí espuesto de una manera casi completa, aunque concisa, el hecho de la  civilización:

creo haberlo esplanado, circunscrito, y sentado las principales cuestiones fundamentales áque da lugar. Podría detenerme aquí, pero no puedo menos de sentar una cuestión  que se  me presenta, una de  .esas cuestiones que  no  son históricas propiamente dichas, ni pueden llamarse hipotéticas sino mas bien conjetura­les ; cuestiones de que el  hombre solo tiene un cabo, sin que jamas pueda alcanzar el otro,álas  cuales no puede dar vuelta  observándolas solo  de un lado, pe­ro que  no por esto  dejan de  ser reales, y en  las que debe meditar,  porqueápesar suyo se presentanáto­das  horas  delante de  él.

Veamos, pues, cual de esos dos  desarrollos de que acabamos de hablar y que constituyen  el hecho de la civilización, uno por  parte  de la sociedad y otro por el  de  la humanidad, cual, repito,sea el  objeto  y cual el medio; se desarrolla acaso el hombre  enteramente en sus facultades, sentimientos, ideas y existencia pa­

ra mejorar su condicion social, su bienestar sobre la tierra;ómas bien son  el  móvil de su desarrollo no solo la reforma social,  sino también todos  los  progre­sos y aun la sociedad misma ? En una palabra, sirve la sociedad  al individuo,óesteáaquella ? De la res­puesta á esta pregunta depende inevitablemente saber si el destino del hombre es puramente social, si la so­ciedad agota y absorve enteramente al hombre,óbien si se nota en él algo de estraño y superiorásu existen­cia sobré la tierra.

Señores, un hombre.concuya amistad me  envanez­co , un hombre  que ha atravesado reuniones como es­ta para subir al primer  puesto  en otras menos pacífi­cas y mas poderosas, un hombre cuyas palabras se gravan y perpetúan alli donde se pronuncian, Mr. Royer-Collard, ha resuelto esta cuestión, según su convicción  al menos, en su discurso al proyecto de ley relativo  al sacrilegio. Hallo  en su discurso los  dos siguientes párrafos: «Las sociedades humanas nacen, viven y mueren sobre la tierra, donde  queda consu­ mado   su destino....    pero , no          contienen        enteramen­

te  al hombre. Despues de  haberse unido este en so­ciedad le  queda aun la mas noble  parte de  su ser, sus altas facultades,  mercedálas  cuales se  sublima hasta Dios,  hasta una vida futura y  unos bienes desconocidos

en        un        mundo invisible....      Nosotros,        personas          indi­

vidualeséidénticas, verdaderos seres dotados de la inmortalidad, tenemos otro destino que los esta­

dos      (4).»

Nada añadiré,  señores,           no        entraréáprofundizar     la

.cuestión: me limitoásentarla ,  porque la encontrare­mos  al fin de  la historia de  la civilización; cuando  la háyamos recorrido, cuando nada podamos añadir acer­ca de  la existencia actual, el hombre  se preguntaráápesar  suyo si todo se acabó ya. Es pues el último problema y el  mas sublime de  aquellosáque puede conducirnos la historia de la civilización. Bástame haber  indicado  su puesto y su grandeza.

 

 

0 ) Opinion de Mr. Roycr-Collard sobre el  proyecto  de ley  relativo al sacrilegio, pág. 7 y 17.

En consecuencia de  todo cuanto acabo  de decir  es evidente que la historia de  la civilización  puede tratar­se de dos maneras, buscarse en dos fuentes y ser considerada bajo dos aspectos diferentes.Po.Iria  el his­toriador colocarse  en el  seno del alma humana duran­te cierto  tiempo  y serie de siglos, en el seno de un pueblo  determinado; podría  estudiar, describir, con­tar todos los acontecimientos, todas las transformacio­nes y revoluciones consumadas en el  interior del hombre; y  cuando  hubiese llegado al término, tendría entonces una historia de  la civilización del pueblo y en el tiempo estojido. Puede si le place proceder de dtra suerte, colocándose en lo esterior del  hombre en Vez de entrar en su interior, situándose en medio de lá  escena dél mundo; en vez de describir las vicisitu­des dé las ideas y sentimientos del ser individual, puede  delinear  los hechosesteriores, los acontecimien­tos , las mudánzas del estado social. Ambas parteséhistorias de  la civilización  están intimamente unidas,y son  mutuamente  su mismo reflejo é imagen. Pueden sin embargo ser  separadas; tal  vez  deben serlo,  al me­nos en sus principios paraquésean ambas tratadas cla­ra y detalladamente.Por  mi parte no me propongo es­tudiar con  vosotros  la historia de  la civilización en lóinterior del alma htimaúa: solo quiero  tratar la historia de  los acontecimientos esteriores del mundo visible y social. Neaesitaba esponeros el hecho de la civilización tal como le concibo en su complexidad y estension, sentando  las altas cuestionesáque puede dar cabida. Limitóme  ahoraá mas estrecho campo, y me propongo solamente tratar la historia del estado social. Principiaremos buscando  los  elementos de la civili­

zación  europea en su cuna,ála  caída del  imperio ro­mano , y observaremos cuidadosamente la sociedad tal como era en medio  de esas famosas ruinas.  No preten­deremos resucitar sus elementos pero sí  ponerlos  de pié  delante de nosotros; y cuando  los veamosámues­tro, lado procuraremos hacerlos marchar, y seguirlos en su desarrollo al través de quince siglos que han transcurrido desde aquella  época.

Creo, señores, que cuando háyamos adelantado al­go en  este estudio, adquiriremos  en breve la convic­ción de que es muy joven la civilización,  y de que falta  mucho para  que el mundo  haya aun ijaedido  su carrera. A buen seguro  que la humana inteligencia  es­tá lejos de haber llegado  hoy dia al puntoáque  pue­de llegar, como lo estamos nosotros de abrazar el porvenir entero de la humanidad;  pero abísmese car da cual  en su  pensamiento, inquiera el bien posible que  concibe y  espera, examine en ¿seguida kx.que exis­te hoy día en el mundo, y se convíeooerá que la so­

ciedad  y  la civilización son muy jóvenes, que ápesat- de todo el camino  que  han andado tiene  incompara­blemente mucho mas que  andar: esto, señores, no nos impedirá complacernos al contemplar nuestro aé-

tual estado. Cuando habré probadoá presentaros las grandes crisis de la historia de la  civilización  en Eu<- rorpa durante el  transcurso de quince siglos,  vereis queámuy  alto punto hasta  nuestros dias la conddcion  hu­mana ha sido trabajosa, dura, llena de  borrascas,  no solo en la sociedad si que también hasta en la vida del  alma: por todo aquel espacio de  tiempo ha  tenido que sufrir  el  espíritu  tanto como la especie humana.

Vereis que por vez primera acaso en los tiempos modernos el  espíritu  humano ha llegadoáun estado, que si bien  muy imperfecto todavía, está acompaña­do de  alguna paz y armonía. Ni mas  ni menos debere­

mos  decir de la  sociedad; ha hecho evidentemente progresos inmensos; la condicion humana es suave, justa, comparada con lo  que fue un tiempo: pensan­do en nuestros abuelos casi podemos aplicárnoslos ver­sos de Lucrecio:

Suave  mari magno tarbantibus «quora ventis, E terrá magnum alterius spectare laborem.

y casi  sin  orgullo podríamos decir  de nosotros como Sthenelus  en  Homero:

«Damos gracias al cielo porque valemos mucho mas que nuestros antepasados.»

Cuenta  con ello, sin  embargo, señores; no nos en­treguemos con sobrada confianza al sentimiento de nues­tra felicidad  y de nuestra mejora; porque podríamos caer en graves peligros, el  orgullo y la flaqueza: podría­mos confiar escesivamente en  el  poder y las ventajas del  espíritu humano,  de las  actuales  luces, y dejarnos enervar al propio tiempo  por la suavidad  de nuestra na­turaleza. No  sé, señores,  si sereis de mi pareoer; pe­ro, creo que constantemente  andamos fluctuando entre la idea de  quejarnos por muy poca  cosa, y de conten­tarnos  de  muy poco.  Estamos  dotados de  gran suscep­tibilidad de  ánimo,  de  una exigencia y ambición  ilimi­tada en el pensamiento, en los deseos  y en el ardor de la imaginación; pero  cuando bajamosála práctica  de  la vicia, cuando es fuerza hacer algo, sacrificios, esfuer­zos para llegar al  fin, caen  cansados nuestros brazos:

es  decir, que nos  desanimamos  con  una facilidad igualála impaciencia con la que deseábamos. Preciso es , señores, que no nos dejemos dominar por uno ni

otro de  los dos  defectos. Acostumbrémonosámedir lo que lejitimamente podemos con nuestras fuerzas, cien­ciaópoder,y no ' piremosámas de lo  que  lejítima, justa y regularmente podemos adquirir, respetando los principios  sobre que descansa nuestra misma civiliza­ción. Tentados nos  sentimosávecesáabrazar princi­pios que atacamos y despreciamos,  los principios y re­cursos de la Europa bárbara , la fuerza, la violencia, la mentira, prácticas  habituales hace cuatro 6 cinco si­glos; y cuando hemos cedidoáeste deseo, no halla­mos  en nosotros la  constancia ni la  enerjia  salvaje de los  hombres de aquellos  tiempos, que sufrian  mucho, y que, descontentos de su condicion, trabajaban tenaz­mente para  salir de ella. Por nuestra parte estamos contentos de la  nuestra,  y no debemos esponcrla al azar  de vagos deseos  para  cuya realización no ha lle­gado el  momento. Mucho se  nos ha legado,  y mucho nos  pedirá  la  posteridad  al  hacernos dar severa cuenta de nuestra conducta: hoy dia, asi el público como los gobiernos,  están bajo la  ley de  la  discusión, del examen y de la responsabilidad* Unámonos firme y lealmenteála justicia, legalidad, publicidad y liber­tad, que son  los  principios de nuestra civilización, y no olvidemos nunca que  si pedimos justamente que to­do se nos  patentice,  tambiénánosotros nos  tiene pa­tentes el mundo, y que seremosánuestra Ve* juzgados'.

 

 

LECCION II.

 

A l meditar  el plan del  curso que me  he propuesto presentaros, temo que  mis  lecciones  tengan el doble inconveniente  de ser  muy largas, por la necesidad  de reducir un grande objetoáun espacio muy corto, y al  propio tiempo  que sean demasiado concisas. Algunas veces me veré  obligadoádeteneros  en este sitio mas tiempo de  la hora acostumbrada, y apesar de esto aun no podré darálas cuestiones todo su desarrollo. Si acon­teciese queáalgunos les pareciesen necesarias esplica- ciones, si en vuestros ánimos quedase alguna incertidum­bre , alguna grave objecion acerca de lo que tendré el ho­nor de deciros, ruégoos que me lo deisáconocer por es­crito. Al  fin de  cada  lección  no  tendrán mas  que  que­darse los que deseén-recibiralguna respuesta; pues con

la mejor  voluntad  he  de darles  todas las esplicaciones que me  sean posibles.

Temo aun otro inconveniente por  idéntica  causa,  y procede de la  necesidad de afirmar  algunas veces  sin probar, efecto del corto espado  de tiempo disponible:

asi que, hallaremos ideas y aserciones cuja confirma­ción  solo mas tarde podrá tener lugar. Disimuladme pues, si alguna  vez  teneis que creerme sobre mi pala­bra ; poco he de  tardar en  probároslo con un ejemplo.

He  procurado en  la  anterior  lección  esplicar el  he­cho de  la civilización  en general sin hablar  de ningu­na en  particular, sin atenderálas circunstancias (le tiempo  y lugar, considerando el hecho en sí mismo y bajo un  punto de vista puramente filosófico. Hoy dia  entro en la historia de la civilización europea; mas antes de empezar lo narrativo propiamente  dicho, de­searía  darosá conocer de una  manera general  la  fiso­nomía particular  de esa civilización, caracterizándoosla tan  distintamente  que la conocieseis  entre cuantas ci­vilizaciones se  han  desarrollado en  el mundo. Voy á

^comenzar, pero no podré  hacer mas que afirmar, óbien será necesario  que logre trazaros tan fielmente  la sociedad europea,  que la reconozcáis al momentoála manera  de un retrato, cosa que no me atrevoáesperar*

Es imposible no admirar la  mayor unidad al  obser­var  las civilizaciones  que  precedieronála de la Euro­pa moderna,  asi en Asia como en otras partes,  en Gre­cia  como en  Roma: parecen  en efecto emanadas  de un solo  hecho, de una  sola idea; se dirá que la sociedad ha pertenecidoáun principio único  que la  ha domina^ do, determinando sus  instituciones, sus costumbres, sus creencias  y en una palabra todo su desarrollo.

Én  Egipto,  por ejemplo, poseia  el principio teocrá­ticoála sociedad  entera, se  reprodujo en  sus costum­bres, en sus monuméntos, en todo cuanto  nos queda de la civilización del mismo. Hallareis en la India  un hecho idéntico, la dominación casi esclusiva del prin­cipio teocrático. En otras  partes observareis otras orgátoizaciones;  ya ta dominación de una raza conquista­dora, y el principio de la fuerza, comprimiendoála sociedad,  la impondrá sus leyes y su carácter; ora la sociedad será la  espresion  del  principio democrático, como ha  sucadido en las repúblicas comerciantes que han cubierto las costas  dél Asia menor  y de  la Siria, Jonia y Fenicia. En una palabra, al considerar las ci­vilizaciones antiguas, se nota  en ellas  un singular ca­rácter de unidad en las instituciones, ideas y costum­bres ; una fuerza únicaómuy preponderante  al menos lo gobierna y decide todo.

No  es decir por esto que  haya prevalecido cons­tantemente esa unidad de principios  y de forma en la civilización de dichos estados: al remontarse uno ásu mas antigua historia  se nota que con frecuencia se handisputadoel imperio las distintasfuerzasque pueden desarrollarse  en el seno de una sociedad. Entre los Egipcios, por ejemplo, los Etruscos y los mismos Griegos, los guerreros hanluchado%contra los sacerdo­tes; en  otras partes el espíritu de  misterio combatiócontra el de  asociación  libre, el sistema aristocrático contra el sistema  popular, etc.; pero en general solo tuvieron lugar tales luchas en épocas  ante-históricas, de manera que solo queda de ellas un vago re­cuerdo.

Hase  reproducido una que  otra vez  la lucha  duran­te la vida de  los pueblos, pero casi siempre se ha ter­minado  prontamente con el triunfo  y consecuente po­sesión de  la sociedad de  uno de  los  elementos  que  se disputaban el  imperio:  asi que, siempre ha dado  fin la guerra por la dominación muypreponderante, si ya no esclusiva, de  algún principio especial* En la historia de los pueblos, la co-existencia y el combate de principiosdistintos  no ha sido mas que un accidente, una crisis pasagera.

Procede de ahi notarse suma sencillez en la major parte  de las civilizaciones antiguas, sencillez que hapro­ducido resultados muy diferentes  en todas ellas; en Grecia, por ejemplo, la sencillez del principio social ha motivadoim desarrollo sobremanera rápido, pues ningún pueblo adelantó jamas en tan poco tiempo  y con tanto brillo como ella. Pero despues de tan  ad­mirable arranque, pareció agotada de repente, y si no fue tan rápida su decadencia  como su progreso; no por  esto dejó de ser  singularmente  pronta: parece que quedó agotada la fuerza  creadora del principio de la civilización  de  la Grecia, pues ningún otro vino árepararla.

En otras partes, como  en Egipto y en la India, ha tenidootro efecto  la unidaddel principio  de la civili­zación :  cayó la sociedad  en un estado estacionario, la sencillez  produjo la monotonia, y si bien no fue destruidoel  pais, la sociedad ha continuado  en él in­móvil y como helada.

A  la misma causa es forzoso atribuirese carácter de tiranía que  en nombre de los principios, y bajo  las mas diversas  formas  se descubre  en todas  las civiliza­ciones antiguas. Pertenecía la sociedadáuna fuerza es- elusiva que no admitía rival;  era proscrita toda ten­dencia diferente,  y jamas el principio dominante  que­ría alternar con la  manifestacióny la influencia de otro principio.

Elmismo  carácter de unidadse hace notar  enlali­teratura y en las obras del injenio: quien desconoce los. monumentos de la literaturaindiana esparcidos ha­ce, poco por  Europa? Es imposible no ver  en todoselmismo sello, el  resaltadode un inismo hecho, la es- presion de una misma idea; obras de  religión, de mo­ral , tradiciones históricas, poesía dramática y épica, todo  tiene  la misma fisonomía: en las obras del inge­nio  se nota él mismo carácter de sencillez y de mo­notonía que aparece en los  acontecimientos y en las instituciones. En  la misma Grecia, en medio de la magnificencia del  saber humano, domina la mas  sin­gular unidad en la literatura y en las artes.

. No asi en la civilización de la Europamoderna:con­templadla en conjunto, reunid vuestros recuérdos, y al momfento sé os presentará variada, confusa, bor­rascosa;ála  vez  existen en ella  todas las formas, todo»los  principios de organización social; el poder  espiri­tual y el temporal, el  elemento teocrático, el  monár­quico , elaristocrático,eldemocrático,todás las clases y situaciones sociales  se enlazan y se  confunden, notán­dose infinitos  grados de  libertad , de  riqueza1y de  in­flujo. Luchan constantemente entre sí  estas distintas fuerzas,  sin que ninguna llegué ásufocarála otrá y señorearse sola  de  la sociedad. Antiguamenté ácada grande época  parece que  se vaciaban las sociedades en un mismo molde; ora prevalecía la monarquía pu­ra, ora la teocraciaó la democracia, pero completa­mente.  Ofrece la Europa moderna  ejemplos de tódois

los sistemas y ensayos de  organización social: en ella haa subsistido simultáneamente, unas juntoá otras,las monarquías puras ó' mixtas, las teocracias y las re­públicas  masómenos aristocráticas, y apesar dé  su di­versidad, tienen todas cierta semejanza y un áire de familia qne  es imposible desconocer.

Adviértese la  misma Variedad y uná lucha igual en las ideas y los sentimientos de 4a Europa: crúzanse, se  combaten, se limitan y se modificaná la vez las creencias teocráticas, monárquicas,aristocráticas  y po­pulares. Hojead los mas atrevidos escritos  de la  edad media, y jamas notaréis que se saquen todas las conse­cuencias de un principio: de repente é involuntaria­mente retroceden los partidariosdel  absolutismoávis­ta de los resultados de su doctrina,  y se echa  de  ver que  se agrupan en torno suyo  ideas  en influencias que los detienen impidiéndoles marchar  hasta el fin.Sucé-

deles lo mismoálos democráticos, y en ningún pun­to se nota esa imperturbable osadía, esa lógica ciega que nos  asombra en las civilizaciones. Ofrecen  los sen­

timientosuna variedad y contrastes idénticos, un  amor enérjicopor la independencia juntoáuna grande faci­lidadensometerse,  una raralealtadde  individuo  áindi­viduo , y al propio tiempo una necesidad imperiosa de hacer su voluntad, de descartarse de todo yugo, de vi­vir solo  y de  no  darse pena  por los  demas: los ánimos son tan varios y agitados como la sociedad.

Nótase el mismo carácter en las literaturas; no pue­de menos de confesarse  que bajo el punto de vista de la forma  y belleza  artística, son muy inferiores ála literatura antigua, pero  son mas fuertes  y ricas relati­vamente  al fondo de sentimientos y de ideas, pue* de­be convenirse que ha sido conmovido en mas  pun­tos y mas profundamente el espíritu humano. Proce­de  esta mistna caúsala imperfección  de la  forma, pues cuanto .mas ricos y numerosos son los materiales, mas difícil es que  se  conserveuna forma sencilla y pura. Lo que constituye la belleza  de una composicion, de lo que en las obras.del arte se llama forma, es la cla­ridad, la sencillez y la unidad simbólica del trabajo, y debe  reconocerse que con la maravillosa variedad de ideas  y de sentimientos de la civilización  europea- ha sido mucho mas difícil alcanzar esta claridady sencillez. Do quiera resalta ese  carácter dominante de la civi­lización moderna:  sin duda la ha acompañado  el incon­veniente  de  que  cuando  considera uno aisladamente es­teúesotro desarrollo del espíritu humano en las letras, en las artes, y en todas las sendas abiertas al saber, en general se le halla inferior  al desarrollo correlativo con las civilizaciones, pero en cambio, mirándose el conjunto, se presenta la civilización  europea incompa­rablemente  mas rica que otra ninguna, pues ha pro­ducidoála vez mas distintos  desarrollos: un hecho lo comprobará. Hace quince siglos que dura, y todavía si­gue  progresando; de mucho no ha adelantado tanto como la civilización griega, pero  no ha cesado de ir en aumento su progreso. Columbra delante de síuna inmensa llanura, y de  dia  en dia  toma mas  brio en la  carrera, porque la libertad acompaña cada  vez

mas sus movimientos. Mientras  ei* las demas  civiliza­ciones  la dominación  esclusiva ,óal  menos la escesi- va preponderancia de  un solo principio óforma, ha sido una causa de tiranía; en la  Europa moderna la variedad de elementos del orden social, y  la imposibi­lidad de mantenerse esclusivos, han dado origenála libertad que reina hoy dia. No pudiendo esterminar­se; lia  sido preciso que los. varios  principios reinasen [untos por medio de  una espeeie de  transacción: todos han consentido en contentarse con la parte de  desar­rollo que podía tocarles, y mientras que el predomi­nio  de un principio producía  eii otros puntos  la tira­nía, la libertad  era en Europa resultado  de  la diversi­dad de elementos de la civilización y del estado  de  lu­cha en que constantemente  han subsistido.

Esta es, señores, una verdaderaéinmensa  superio­ridad, y si nos adelantamos mas, si dejamos atrás los hechos  esteriores  en la  naturaleza misma de las cosas, reconoceremos  que  esta superioridades legitima y con­fesada por la razónápar que  proclamada por  los he­chos.  Olvidando  por un momento  la civilización euro­pea , echemos una ojeada al orbe en general y al cur­so de  las  cosas  terrestres. Cual es  su carácter? Como anda el mundo?  Precisamente con esa misma  diversi­dad  de elementos, entregado áesa lucha constante que  notamos en la civilización europea. Evidentemen­te  no  ha sido  dado  áningún principio,áningunaorga­nización particular,áninguna idea ni fuerza especial, dominar al  mundo,  dar  leyes  para siempre, desterrar cualquier otro  principio, y reinaresclusivamente:  mez- clánse, se limitan, luchan incesantemente, ora domi­nantes  oradominados, pero jamas completamenteven­cedores ni vencidos,varios sistemas,principios y fuer­zas. El  estado general  del  mundo consiste en la diver­sidad de  formas, de ideas y principios,yen sus luchas y esfuerzo hácia cierta unidad, cierta cosa ideal que no se alcanzará jamas, peroádonde  tiende la es­pecie humana por  medio  de la libertad y del  trabajo. La  civilización europea es,pues,  fiel imágen del mun­do , en razón de queásemejanza de  las cosas de  este mundo, no es reducida, esclusiva  ni estacionaria; creo que por  primera vez  ha desaparecido el carácterespe­

cial de la civilización, por primeravez se hadesarrolla­do varia, rica y laboriosa eomo el teatrodel universo.

Por decirlo asi ha entrado la civilización europea en la senda de la eternaverdad, en el plan de la Provi­dencia, pues se adelanta seguni las mirás de Dios: tal        es         el         principio racioüol       de superioridad.

Deseo, señores, que durante el curso  de nuestras tareas  permanezca fijo  en nuestro  ánimo este  carácter fundamental que distingue ála civilización europea:

hoy dia no puedo  hacer mas que  afirmarlo, pues to­canteála prueba debemos buscarla  en el desarrollo de los hechos. Sin embargo,  convendréis  conmigo que tendríamos  una grande confirmación de  lo dicho , si encontrásemos  en la misma curia de  nuestra  civiliza­ción las causas y los  elementos  del carácter que  aca­bo  de atribuirla, si en el momento  mismo en que na­ció,ála  época de la  caida del  imperio  romano, reco­nociésemos en  el estado del mundo  y en los hechos que' en su origen han contribuidaáformar la  civiliza­ción europea, el  principio de  esa vaciedad agitada pe­ro fecunda que  la distingue.  Junto  con vosotros voyáentrar en esta indagación, examinando el estado de la Europaála caida del1imperio romano, y buscando en sus instituciones  y creencias, ideas y sentimientos, cuales eran los elementos que legaba el .mundo  anti­guo  al  mundo moderno: si en estos elementos vemos impreso el carácter que acabo de describir, desde hoy habrá adquirido para vosotros un alto grado de probabilidad.

Ante todo es  forzoso meditar lo que fué el imperio romano y como se formó.

• En su origen no  era Roma mas que  unamunicipali­dad, un común; el gobierno romano no ha sido mas que el conjunto de instituciones que convienen áun pueblo reunido en el recinto de una ciudad, es decir, instituciones  municipales: no es otro su carácter  dis­tintivo.

Y no  era únicamente  propio de Roma, pues si re­montándonosáaquella época observamos la  Italia, no hallaremos al  rededor  de Roma mas que  ciudades; lo que entonces  se llamaban pueblos no eran otra cosa que alianzas mutuas de ciudades; el pueblo latino es una asociación de ciudades latinas, y lo mismo de­beremos decir  de  los Etruscos, los Samnitas, los Sa­binos , y  de los pueblos de la  Grecia.

' No se conocían entonces labriegos propiamente  di­chos ; por necesidad debian estarcultivados los campos, mas no estaban  poblados. Los  labradores  habitaban en las ciudades^ salian para cuidarsus propiedades rurales,áveces tenian empleados  en el campo áalgunos es­clavos, pero, lo que hoy dia llamamos  labriegos, esa poblacion  dispersa  en granjas y aldeas, y como sem­brada en las tierras, era un hecho casi desconocido en

la antigua Italia.

Que  hizo  Roma  cuando se ensancharon sus límites? Seguid  su historia y vereis que  conquistóófundó  ciu­dades, luchóócontrató con ellas,  y envió colonias para  poblarlas. La historia de  la conquista del mundo hecha  por la ciudad de Roma es la de  la conquista y fundación  de gran número de ciudades. No  tiene  en­teramente idéntico carácter la  estension del poder  ro­mano en Oriente, pues alli estaba distribuida la pobla­cion de otro modo que en el Occidente, y sometiéndoseádistinto réjimen social, estaba mucho  menos concen­trada en las ciudades; pero, como tratamos solo de la poblacion europea, poco nos  interesa lo  que tenia lu­gar en el  Oriente.

Concretándonos  al Occidente, encontramos do quie­ra el  hecho  indicado; en las Galias, en España, vemos constantemente ciudades, y lejos de  estas está cubier­to el territorio de selvas y pantanos. Examinad el ca­rácterde los  monumentos  y arrecifes romanos,  y vereis grandes caminos que van de  una ciudad a otra, pero desconocida  esa multitudde sendas que  hoy dia cruzan en todos sentidos los campos; nada se pareceá esos ¡numerables pequeños monumentos, aldeas, castilloséiglesias de que  está sembrado  el pais desde

la edad media: no  nos ha legado Roma mas que  mo­numentos inmensos,  de  caráctermunicipal,destinadosá una numerosa poblacion concentrada en  un  punto. Bajo cualquier aspecto que  se considere el mundo ro­mano, encontrareis esa casi esclusiva preponderancia de las  ciudades,  y la inexistencia social délos labrier gos; ese  carácter municipal daba por  consecuencia la dificultad de  establecer y de  mantener la unidad, vín­culo social  de un grande estado: una municipalidad como la de Roma hubierapodido conquistarel mundo, pero no asi tan fácilmente gobernarle y constituirle. Asi es, que cuando parece  consumada la obra, cuando, demina Roma  en todo el Occidente y en gran parte del  Oriente,  se  nota que esa maravillosa multitud de ciudades y de pequeños estados constituidos para existir aislados  éindependientes, se  van disminuyendo, y se­parando  por decirlo asi en todas direcciones: esta fue una dé las causas que  ocasionaron la necesidad del im­perio, de una mas concentradaforma de gobierno,que fuese  capaz de  mantener unidos unos elementos tanpo­co coherentes. Probó el  imperio dar unidadáesa so­ciedaddispersa, y hasta cierto puntolo consiguió. Entre Augusto y Diocleciano  fue cuando, al par que se, desar­rollaba la legislación civil,  se estableció ese vasto siste­ma de  despotismo administrativo que  derramó por el mundo romano un  semillero de empleados divididos en jerarquías, muy unidos, entre sí ni mas ni menos que con la corte imperial, y únicamente  aplicadosá transmitirála sociedad las órdenesdel poder,yácon­centrar para el gobierno los tributos y 'las fuerzas so­ciales.

Y no solo  se logró con este sistema el reunir los  ele­mentos del  mundo romano, si que  también se alcanzóque penetrase en los ánimos con singular facilidad la idea del despotismo y del poder central. Causa admira­ción  el ver dominarrápidamente en esa mal unida co­lección de pequeñas repúblicas y asociaciones  de  mu­nicipalidades,  el respetoála magestad imperial úni­

ca, augusta y sagrada; preciso era que fuese muy pode­rosa la necesidad de  establecer  algún vínculo  entre  to­das  estas partes del mundo romano, para que  hallasen tan fácil acogida en los  ánimos asi los principios  como los sentimientosdel despotismo.

•Con estos‘:principios, con su organización adminis­trativa y con el  régimen militar que le acompañaba, luchó el imperio  romano  contra la disolución que in­teriormente le  corroía, y contra la invasión de los  bár­baros : ha luchado por mucho  tiempo  en continuo es­tado de decadencia, pero defendiéndose siempre. Al fin llegó el momento en que  debia  triunfar la disolu­ción , y ni las mañas del despotismo, ni la abnegácion de la servidumbre bastaron para mantener este gran euei’po. Yiósele en el  siglo IV desunirse, desmembrar­se ; acometíanle de todas partes los bárbaros, y las provinciasno resistíanya  ni se interesaban por el desti­no  general. Entonces concibieron algunos emperadores una singular idea, pues quisieron probar si la espe­ranza de la libertad getíeral, una confederación, un sis­tema  análogoálo que llamamos hoy dia gobierno re­presentativo, serian mas fuertes que  la administración despótica para defeínder la .unidad,del imperio roma­ no. Heos aquí un rescriptode Honorio  y de Teodosio el  joven, dirijido*en  el  año  M 8 al prefecto de  las Ga- lias, cuyo único objeto es probar el establecimiento de una especie de gobierno representativo en el medio­día de aquel  pais para mantener con su ausilio  la uni­dad.  del  imperio ( Mr. Guizot lee el rescripto (4) ).

(1) Rescripto de los emperadores Honorio y Teodosio el Jo­ven, dirigido en el añode 418 alpréfecto de las Galias9que moraba en la ciudad de Arles.

«Honorio y Teodosio, augustos, a Agrícola, prefecto de las Galias.§

uEn vista de la muy provechosa  esposicion hecha  por tu magnificencia, tomados otros informes  evidentemente ventajososála  república,  decretamos para que perpetuamente tengan fuerza de ley las disposiciones siguientes que  deberán  ser obedecidas por los habitantes de  nuestras siete provincias (a ), pues son tales como podrian desearlas y pedirlas. Atendido que por motivos de  utilidad públicaóprivada,  no  soló de  cada una  de  las provin­cias, si que también de cada ciudad, se  presentan frecuentementeá tu magnificencia  los  empleadosóalgunos diputados  especiales ya para  rendir cuentas, ya para tratar puntos relativos al interés de los propietarios, he" mos juzgado que seria oportuno y muy provechoso que empezando este año se reúna en todos los sucesivos, en época fija, una asamblea de

todos  los habitantes de las siete provincias, y que  tenga lugar  en la metró­poli, es decir en la ciudad de  Arles: con esta institución  creemos mirar igualmente por  I09 intereses jenerales y los particulares. Ante todo, por  me­dio de la reunión de los habitantes mas notables en presencia del ilustre prefecto, si motivos de órden publico  no la reclamanen otra paite, se po­drán obtener sobre cada punto cuestionable los mejores  consejos posibles. Kada de  cuanto haya  sido tratado y decretado , despues de  madura discu­sión, podrá ocultarse al  conocimiento  de  tiinguna de  las provincias, y los que no  hayan asistidoála asamblea tendrán que seguir las mismas reglas de justicia  y de  equidad. Ademas, prescribiendoque cada año  se reúna una asamblea en  la ciudad de Constantina (£), creemos hacer una cosa no

(a) La Vienesa , las  Aquitaniasyprimera y segunda, las Narbonesas, primera y segunda, la Novempopulania , y la provincia  de  los Alpes ma­rítimos.

(b) Constantino el Grande era  muy aficionadoála ciudad de Arles: áél ie debe que se estableciese en su seno la prefectura de las Galias, y quiso asimismo que llevase su nombre: pero el uso ha prevalecido d su  voluntad.

Las provincias y las  ciudades  reusaron el beneficio, y nadie quiso nombrar  diputados ni pasaráArles: la centralización y la unidad contrariaban la naturaleza primitiva  de esta sociedad; do quierarevivía el espíritu de localidad y de municipalidad, y eraimposible recon-

 

solo ventajosa  para el  bien público y si que también propia para multipli­car las relaciones sociales. Con efecto, está la ciudad tan ventajosamente situada, lleganáella en tan crecido  número los estrangeros, y goza de tan estenso  comercio>que en su seno  se encuentra todo  cuantonaceóse fabri­ca  en otros  puntos. Todo cuanto  producen de mas  nombradla  el rico Orien­te, la Arabia  deliciosa, la  delicada  Siria, la  fértil  Africa, la  bellaEspaña y la belicosa Galia, abunda en este lugar con profusióntal, que todaslas cosas admiradas  como  magnificas  en las distintas partesdel mundo, parecen producto de  su suelo. Por otra parte  el reunirse las aguas del Ródano con el

mar de  Toscana, acerca y constituye  casi vecinos todos los paises que  el primero 'atraviesa y que el segundo baña con sus sinuosidades. Asi que cuando  la  tierra entera, poneálos pies de esta ciudad todo cuanto tiene de mas apreciado, cuando  por  tierra, por mar,  por medio  de los rios y áfa­vor  de las  velas, délos remos y de  los carruages son trasportadosáellalos productosparticularesde todas lascomarcas. ¿Como nuestraGaliano reputaráser unbeneficio  la orden  quedamos  de  convocaruna asamblea  pública  en el

•eno de  una población en  la  que  en cieito  modo  se hallanreunidos por don de la Providencia todos  los goces de la vida y lodo  cuanto facilita  el  co­mercio?

«Ya el ilustre prefecto Petronio  (a)áimpulsos de un deseo loable y muy puesto en orden, habia prescrito que se observase esta costumbre;  pero co­mo fue interrumpida  su práctica  por el  descuido  de los tiempos  y el  reina­do  de los  usuipadores,  hemos resuelto darla de nuevo vigor por la autoridad de nuestraprudencia. Asi pues, cavo y muy amado  pariente, Agrícola,  con­formándose  tu ilustre magnificencia  con  nuestro presente decreto y con la costumbre  establecida por tus antecesores, haráobservar en las provincias las disposiciones siguientes:

«Se hará saberátodas las personasque ejerzan  cargos públicos,álos pro­pietarios de tierras, y.átodos los jueces de provincias, que deben reunirse en consejo todos los años en la ciudad de Arles, en el intervalo de los Idus de Agostoálos de  Setiembre, siendo libre el fijar los  dias de convocacion y de  secion.

La  Rovempopulania y la segunda Aquitanía, como provincias las mas lejanas, podrán, en caso de que detenganásus jueces ocupaciones indispen­sables, enviaren lugarsuyo  diputados, según costumbre.

«Los    que      hubiesen descuidado acudir al lugar que se les señala, y      en        el

 

(a)        Petroniofu e prefecto  de tas   Galias por       los años de 402,          ¿408.

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  4 J

tituir una sociedad y una patria general. Cada una de las ciudades  se encerró  dentrode surecinto, solo pen­só en sus negocios, y se desplomó el imperio  porque nadie quería perteneceráél,  porque los ciudadanos so­lo querían  formar parte de  su ciudad. Asi  es queála caída del imperio romano se observa  el mismo  hecho que  hemos  reconocido en el  nacimiento  de Roma, tal es el predominio del régimen y del espíritu municipal:

el mundoromano volvióásu primerestado; formáron­le las ciudades, y al disolverse quedaron solo ciudades. El régimen municipal es lo que la antigua civiliza- zion  romana  ha legadoála Europa  moderna, muy ir­regular, débiléinferior  sin dudaálo qúe habia sido primitivamente, peroápesar de esto la única cosa real y constituida todavía, como que sola lia sobrebividoá

todos   los elementos del mundo        romano.

Cuando digo Jo/a, me engaño ,          pues otro         hecho   y

otra idea  sobrevivió también: tal es  la idea del impe­rio , eí nombre dél emperador. La  idea de  la magestad imperial, dé unpoderabsoluto, sagrado, unido  al nom­bre  del emperador. Estos  son los  elementos que la ci­vilización romana ha transmitidoála civilización  eu-

 

tiempo prescrito , pagarán  una multa que para los jueces será  de cinco li­bras de oro,  y de tres  libras para los miembros  de curias y los que  obten­gan otras dignidades (a).

«Creemos  que  con  esta medida  concedemos  grandes ventajas y un favor especialálos  habitantes de  nuestras provinciasy tenemos  también la cer­teza de  esclarecer mas la  ciudad de Arles, ácuya lealtaddebemos mucho según nuestro Padre y patricio(b).

«Dado  el 15 de las Calendas de Mayo, y recibido en Arles  el 10 de las Calendas de  Junio-»

(a) Llamábanse Curi* los cuerpos municipales de las ciudades roma-ñas, y Curialeslos miembros de estos cuerpos  qúe eran muy numerosos.

(b) Constantino, segundo marido .de Placidia, áquien  Honorio tomo por colega en el año de 421.

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4 2       cun so

jopea;  de una parte el régimen municipal, sus prácti­cas, sus reglas, su ejemplo, principio de libertad, y de otra una legislación civil, general,  bien  asi como la idea de  un poderabsoluto, de  la magestad sagrada del poder del emperador,principio de orden y  de vasallaje.

Perq  habíase al propio tiempo  formado  en el seno de la sociedad romana otra sociedad muy diferente, fundada en principios  muy  diversos, animada de  otros sentimientos, y que debia  facilitarála Europa moder­na unos elementos de otra  bien  distinta índole: hablo de  la iglesia cristiana,  y digo iglesia cristiana, mas no cristianismo. Al  fin del  siglo IV yáprincipios del V , el cristianismo no  eraya simplemente  una creencia in­dividual, sino una institución; habíase constituido, te- pia su gobierno, un cuerpo de eclesiásticos, una ger^r- quía determinada por  las varias funciones del clero, rentas, medios de acción independientes,  los puntos

de enlace  que pueden conveniráuna gran sociedad* concilios provinciales, nacionales, generales,y la cos­tumbre de tratar en común los  negocios de la sociedad:

en una palabra, entonces el cristianismo no era yaúnicamente una religión, sino una iglesia.

Si no hubiese sido una iglesia, no  sé, señores, lo que la hubiera sucedido en medio  de  la caida del imperio romano. Limitómeáconsideraciones meramente hu­manas , y  rechazo todo elemento que no  sea el de las consecuencias naturales de  los hechos  naturales: si,  co­mo  en los  primeros tiempos, no hubiese sido  el cristia­nismo mas qué una creencia,un sentimiento y unacon­vicción individual, es de  suponer que hubiera  sucum­bido en medio de  la disolución  del imperio y de la invasión de  los bárbaros.  Mas tardecen Asia y  en todo¿1 nortede  Africa, sucumbió bajo una invasión de igual

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  4 5

naturaleza, la de los bárbaros musulmanes, y sucum­bió aunque se  hallaba en estado de institución,  de igle­sia constituida. Con mas razón pues hubiera podido acontecer lo mismo cuando  la caída del imperio  roma­no. No existía entonces ninguno de esos medios  áfavor de los cuales se  cimientan  hoy  dia los  influjos moralesóresisten independientementede las instituciones, nin­guno de los mediosáfavor de  los cuales una verdad  6 una  idea pura adquiere un grande  imperio sobre losánimos, gobierna las acciones  y determitia los  aconte­cimientos. Nada semejanteáesto existía  en el siglo  VI para dar  semejante autoridadálas  ideas  yálos senti­mientos personales j es  claro  que  se necesitaba una so­ciedad fuertemente organizada y vigorosamente regida

para  luchar  contra semejante  desastre y salir victoriosa de tal uracan: no creo escederme diciendo queáfines del siglo IV y áprincipios  del V , la iglesia cristiana salvó  al cristianismo, pues con sus instituciones, sus magistrados y su poder  se defendió bizarramente con­tra la disolución interior del imperio, contra la bar­barief ha conquistado á los mismos bárbaros, y se ha constituido él centro, el  medio, el  principio de civilización  entre el  mundo romano  y el mundo  bárba­ro. Es  evidente  pues que debemos considerar en el  si­glo V mas el estado de la iglesia que  el  de la religión propiamentedicha parainvestigar cuanto hacontribuido desde entonces el cristianismoála civilización  moder­na,  y qué elementos  ha introducido en ella. Que era entonces la iglesia cristiana?

Cuando Uno medita, siempre bajo el punto de vista puramentehumano,en las varias revoluciones acaecidas duránte el desarrollo del cristianismo, desde  su origen hasta el siglo Vconsiderándole únicamente cómo so-

 

 

4 4       curso

ciedad y no como creencia  relijiosa, se encuentra que ha pasado por tres estados esencialmente diferentes. , En el  primero, el de  los  primitivos tiempos, se  nos presenta la sociedad cristiana como pura asociación de creencias y de  sentimientos comunes; reúnense los primeros, cristianos para gozar juntos de  unas mismas emociones, y de  idénticas convicciones  religiosas; sin que entre ellos  se halle establecido ningún sistema de

doctrina, ningún conjunto de  reglas, de disciplina, y ningún  cuerpo  de magistrados.

Sin duda que  no existe sociedad alguna por  mas jo­ven quesea y  débilmente  constituida, en la que 110 do­mine un poder  moral para animarla y .dirigirla. En las varias asociaciones cristianas  habia hombres  que predi­caban, enseñaban y gobernaban  moralmente  la congre­gación, mas no se habia instituido ningún magistrado, ninguna disciplina: la  pura asociación de creenciasy d,e sentimientos comunes es el  primitivo  estado de la  so-:

ciedad cristiana.

, A medida que  adelanta rápidamentesegún es de  ver de  sus primeros monumentos, se va cimentando sobre un cuerpo de doctrinas, de  reglas de disciplina y de magistrados: algunos llamados los ancianos están reves, tidos del carácter de sacerdotes, los  otros llamados ins­pectoresóvigilantes, pasanáser obispos,  y otros lla­mados diáconos están encargado^ del cuidado de los pobres  y  de  la distribución de  las limosnas.

Casi  es imposible determinar cuales  eran los cargos precisos de esos varios magistrados; probablemente era  vaga y flotante la línea de demarcación, pero en fin las instituciones se animaban. No obstante, do­mina  todavía en esta segunda época  un carácter, y es que el imperio  y la preponderancia social pecteneoen

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  45

al  cuerpo  de  los fíeles,  pues  este prevalece  en püntoála elección  de  magistrados yála adopcion  de  la dis*. cipliná y aun de  la doctrina:  todavía no se lia sepa­rado el gobierno cristiano del pueblo cristiano; no existen independientemente uno de otro, y el pueblo cristiano es el que ejerce  el principal influjo en la  so­

ciedad......

Todo ha mudado en la tercera época: existe un clero separado del pueblo, un cuerpo de sacerdotes que tiene sus riquezas, su jurisdicción,  su constitución propia, en una palabra, un gobierno  que es en sí mis­mo una sociedad completa, provista de  todos  los  me­dios de existencia independientemente de la sociedad por  la que se desvela yá la que estiende su influjo :

tal es la tercera época de  la constitución de la igle­sia cristiana, y el estado en que se nos presentaáprin­cipios del siglo  V.  El gobierno no se  ha separado  com­pletamente del pueblo , pues  no  existe gobierno seme­

jante y  mucho menos  en materia religiosa; pero en las relaciones entre el clero  y  los fieles el primero  es el que domina y casi sin intervención.

Ademas poseia el clero cristiano otro medio de  in­fluencia ,  pues  los obispos y el clero habían llegado  áser los  primeros  magistrados municipales. Ya hemos dicho que propiamente  hablando  no  quedaba del imperio  ro­mano mas que el régimen municipal. Aconteció áconse­cuencia de  las vejaciones del  despotismo y de la ruina de  las ciudades, que se habian desalentado y abatido los curialesómiembros de las municipalidades; por  et contrario los  obispos y el cuerpode sacerdotes,anima­dos y Celosos se ofrecieron naturalmenteávigilarloy di- rijirlo todo:  malamente se les podia echar  en cara ni imputarseáusurpación.  Asi lo exigia el  curso  natural

 

 

46        craso

de los acontecimientos; solo el clero era naturalmente fuerte y animado, y do quiera sé hizo poderoso: tal es la ley del universo.

El espíritu de ésta revolución se descubre  en la le­gislación de  los emperadores de  aquella época. Abrid el código  Téodosianoóél  de Justiniano, y encontrareis innumerables disposiciones que ponen en manda del> clero  y de los obispos los asuntos municipales: ved aqui algunas. ( Mr. Guizot lee muchos textos de leyes

romanas (1) ).

Podría citar  otras muchas leyes que patentizan el mismo hecho: entre  el régimen municipal romano y

(1)       Cod. Just.        I.          tit.        4 .,       de        episcopatiaudientia      26.

Tocanteálos negocios anuales de  las ciudades, ( ora se trate de las ren­tas ordinarias de la ciudad, ora de fondos  procedentes de bienes de la mis­ma, donativos  particulares,legados ,úotro cualquierrecurso,óbien.setrate de trabajos públicos, de almacenes de víveres, de acueductos,de la  conser­vación de baños, puertos, construcción dé murallasóde torres, reparación- de puentesócaminos,óde pleitos  en que  pudiese hallarse empeñada la ciu­dad por  intereses públicosóprivados) mandamos lo que sigue: se reuni­rán  el muy piadoso  obispo y tres hombres  de buena fama entre los prime­ros de la ciudad, examinarán  anualmente los trabajoshechos , cuidarán que sus directores los hagan exactamente, den cuenta y demuestren que han cumplido con sus obligaciones administrativas, ya  sobVe obras públicas,  ya por cantidades afectasúlos víveres y.á los baños , yutambién de todp cuanto se gaste paralaconservación de  caminosóde cualquierotro  empleo público.

Ibid. 30.—En punió ála cúratela de los jóvenes desde la edad primeraála segunda, yálá de todos aquellosáquienes lá ley  da curadores si sus bienes no esceden de quinientos áureos* mandamos  que no .se espere el nombramiento del presidente  de  la provincia, cosa que ocasionaría gran­des gastos, sobre  todo' si dicho  presidenteno hubiese fijado su residencia en la  ciudad en la cual debe  nombrarse curador. Entoncesdeberá pasar al nom­bramiento de tutoresócuradoresel magistrado de la ciudad.. .. de concier­to con el muy piadoso  obispo  y otras personas revestidas de  cargos  públi­cos ,. si la  ciudad  posee muchas.

Ibid. I. i. tit. 45. de  defensoribus, §. 8.—Queremos que los defensores de  las ciudades, bien  instruidos en los santos misterios de  la fé ortodoxa, sean elejidos éinstituidos por los  venerables obispos, los clérigos, los  no­tables, los propietarios y los curiales. Tocanteásu instalación es cosa pri­vativa del glorioso poder del prefecto Petronio, áfin de que su autoridad

obtenga mar solides y vigor con las cartas de           admisión de su Magnificencia.*

 

 

DK      I H IW U         IO M N iA.     4 7

el reamen municipal de la edad media, se interpuso el régimen municipal eclesiástico; la preponderancia del  clero en los negocios de  la ciudad  ha  sucedido ála de los antiguos magistrados municipales, y precedi­doála organización de  los comunes modernos.

. Comprenderéis  sin duda cuan prodigiosos  medios de poder se procuraba de  esta suerte la iglesia cristiana, ya en su propia  constitución y en su influjo sobre  el pueblo  cristiano,  ya también respectoála parte que tomaba en los  negocios civiles. Hé aqui porque  desde entonces ha contribuido poderosamenteádarcarácter

y desarrolloála civilización moderna.Procuremosrea-. sumir los elementos que  en ella ha introducido.

Ante todo, ñie una inmensa ventaja la  presencia de un influjo, de una fuerza moral, que  solo se apoyaba en convicciones, en creencias y en sentimientos mora­les , en medio de aquel diluvio  de fuerza material que se desplomó  en aquella época sobre la sociedad. Sila igle­sia cristiana no hubiese existido, el mundo entero hu­biera sido  entregado álapura fuerza material, pues  solo aquella ejercía un poder moral. Aun hacia mas: con­servaba y derramaba la idea de una regla, de una ley superiorátodas las leyes  humanas, y profesaba para bien  de la humanidad la creencia fundamental de que predominaálas leyes  humanas una ley llamada según las épocas y las costumbres,  ora razónyora derecho divino, pero que siempre y en todas partes es una mis­ma ley bajo hombres distintos.

En fin, daba laiglesia principioáun hecho  grande,ála separación de los poderes espiritual y temporal. Esta separación es el origen de la libertad de concien­cia,  y  no se apoyaen otro principio que en el  que sirve de  fundamentoála mas rigorosa y esteQsa libertadde

 

 

48        ci'Mo

conciencia. Fúndase aquella separación  en la idea de que la  fuerza material no tiene derecho sobre los áni­mos ,  la  convicción, ni la verdad;  procede de la  dis­tinción hecha ,entre el mundo del pensamiento y el mundo.de acción,  el de  los hechos  interiores y  el  de los  esteriores: de manera  que aquel principio de  la li­bertad de conciencia  por  el cual ha combatido y  su­frido tanto  la Europa,  y que tan tarde ha prevalecido frecuentemente ápesar del clero, se encuentra bajo el nombre de separación espiritual en la cuna de la civilización europea, y es la iglesia cristiana la que por una necesidad de su situación y  para  defenderse contra ,la barbárie la  introdujo y  la mantuvo.

La presencia de un influjo moral,el afianzamiento de una ley divina y  la separación del poder temporal y es­piritual , hé.aqui los tres grandes  beneficios que en el  si­glo V derramóla iglesia cristiana por el mundo europeo.

Pero aun en aquella época, no fue todo igualmen­te saludable en  su influjo, pues ya en el  siglo V halla­ron cabida en la iglesia algunos malos principios  que no han dejado  de tomar mucha parte  en el  desarrollo de nuestra civilización : dominaba, por ejemplo, en ella la  separación de los gobernantes y de los gobernados  y la  idea  de  establecer la  independencia de aquellos res­pectoáestos, de  dar leyesálos últimos, y de poseer su espíritu y su existencia sin su libre y  razonado  con­sentimiento. Ademas, tendia la iglesia á hacer pre-. valecer en  la sociedad el principio  teocrático,áapode­rarse  del poder temporál,  y ádominar  esclusivamen- te; y cuando  no le era dado  alcanzarlo, se  aliaba coii los príncipes temporales, y solo paraque le cupiese parte en  sü poder sostenía su absolutismoáespensas de  la libertad .de  sus súbditos.

 

 

CS HISTOftlA M0B2R>A.   48

- Tales  eran los principales elementos de civilización que en  el  siglo V dominaban en Europa procedentes de la  iglesia y del imperio:  en este estado encontraron los  barbaros el  mundo romano y tomaron posecion deél, de suerte que para conocer todos los elementos que se reunieron y mezclaron en la  cuna de nuestra civilización, notertelnos mas  que estudiar la  índole  de los bárbaros.

Cuando nojnbro álos bárbaros, conoceréis fácilmen­te que  no  se trata aqui de su historia que rio nos es pre­ciso contar: es  sabido  que entonces los conquistadores del imperio eran casi todos  germanos, escepto algunas tribus  dé esclavones como por ejemplo la de los alanos, como también  es  inegable  que casi  era uno mismo en todos el  estado de civilización. Podían existir  entre ellos algunas diferencias según el mayor 6  menor contacto que las varias tribus habian tenido con el mundo roma- no, y por  esto nadie duda  que los  godos estuviesen mas adelantados ófuesen de mas suaves costumbres que los francos:  pero considerando las cosas bajo un pun­to de vista  general, y en sus  resultados relativosáno­sotros, no es  de muy alta importancia esta diversidad del primitivo estado de la civilización de los  pueblos bárbaros.

Lo  que  tenemos necesidad  'de  conocer es el estado general de la  sociedad  entre los bárbaros, cosa  de que es muy difícil dar cuenta hoy día. Fácilmente com­prendemos el sistema municipal romano y el  de la iglesia  cristiana, pues su influjo  se  ha perpetuado hasta

nuestros dias, y hallamos de él vestigios en  muchas instituciones  y hechos actuales, de  manera  que de mil modos podemos reconocerlos y esplicarlos. Las cos­tumbres  y el estado  social de los bárbaros perecieron

7

 

 

5 0       CURSO

completamente,  y tenemos que adivinarlos, ya con­sultando los mas  antiguos monumentos  de  la historia, ya dando osado  vueloánuestra  imaginación.

Existe  un sentimiento, un  hécho que ante todo de­bemos comprender bien para representarnos lo que era verdaderamente un bárbaro: tal es  la aficióná la independencia individual, el placer  de solazarse con sus  bríos  y su libertad en medio  de los vaivenes del mundo y  de.la existencia; la  alegría  de la  actividad sin el trabajo; la aficióná un destino azaroso, lleno de eventualidades,  de desigualdad y de peligros : tal era el sentimiento dominante  del  estado de barbarie, la  ne­cesidad  moral  que ponía  en movimientoáestas  masas humanas. Hoy dia , en la  regular sociedad  en  que es­tamos metidos, es  difícil representarse ese  sentimiento con todo el  iipperio que ejercía sobre los bárbaros del siglo  IV  y V;ámi parecer existe solo una obra en que esté impreso con  toda energia  este carácter de la barbà­rie , tal es la historia de la Conquista de Inglaterra por

los normandos , libro de Mr. Thierrg,único  en  que es­tén  reproducidos con  una verdad  homérica los moti­vos, las inclinacioneséimpulsos que hacen obrarálos hombres  en un estado social  cercano al de la barbàrie:

en ningún otro  libro se  descubre tan claramente lo  que es un  bárbaro y- su existencia. A mi  parecer pueden compararseáél, si  bien que en  un grado muy inferior y de una  manera mucho menos sencilla y verdadera, las novelas  de Cooper sobre los salvages americanos, en cuya existencia, y en cuyas costumbres y sentimien­tos en  medio de las  selvas,  se descubre cierta  cosa que recuerda  en algún modo  las costumbres de los anti­guos. germanos. Sin duda son algo ideales y poéticas estas pinturas, y no se  presentará én ellas  en toda  su'

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  5 1

desnudez el punto de vista pésimo de las costumbres y de la  existencia  de los  bárbaros. No habloi  solamen­te de los malesáque arrastran esas costumbres en él estado  social, sino del estado interioré individual del mismo  bárbaro: en  esa  apasionada  necesidad de la  in­dependencia nacional, existe cierta cosa más grose­ra  y material de lo que aparece leyendo la obra de Mr. Thierrg; cierto grado de brutalidad, de apatía, que no. siempre vemos reproducida fielmente en sus relaciones. Sin  embargo si  se observa el fondo  de  las cosas,ápesar de esta mezcla de brutalidad,  dé mate^ rialismo y de egoísmo estúpido, el gustoála indepen­dencia  individual  es un sentimiento noble, moral, cuyo poder procede de la humana inteligencia: es el placer de conocerse hombre, el sentimiento de la personalidad, de la  voluntad humana en su  líbre desarrollo.

Los bárbaros germanos son los  que introdujeron es­te sentimiento en la civilización europea, pués era  des­conocido en  el mundo romano, en la .iglesia  cristiana, y en casi  todas las civilizaciones antiguas, pues cuando en estas se descubre la libertad,  es  la libertad políti­ca del ciudadano. No es la libertad personal la que agita al hombre, sino su libertad como ciudadano, pues perteneceáuna asociaéionála  que  se  entrega,  y en favor  de la cual está dispuesto ásacrificarse. Lo mismo sucedia én la  iglesia cristiana, pues reinaba en ella un sentimiento  de grande adesionála cristiandad, de amorásus leyes, y una viva necesidad de estender su imperio; o acaso el sentimiento religioso producía una reacción del hombre éóbre sí mismo, sobre su al­ma; una lucha interior para domar su propia libertad, y  someterse áunaíáciega. Pero él seritimiénto  dé k independencia  personal,  el amorála libertad  que se

 

 

53        cmso

desarrolla al  azar,  sin otra mira que la de su  propia satisfacción,  repito que era desconocido en la sociedad romana  y en la sociedad cristiana,  pues los bárbaros le  importaron y depositaron  en la cuña de  la civiliza­ción moderna,  donde ha hecho un brillante papel y ha producido tan hermosos resultados, que es  impo­sible que  no se patenticen  coino uno de sus fundamen­tales elementos.

Existe también un segundo hecho, otro elemento de civilización  que también nos  procede de  los bárba­ros; es el patrocinio militar, el vínculo establecido entre los individuos, entre los  guerreros, y que siu destruir la libertad individual, ni hasta cierto punto en su  origen la igualdad que  casi dominaba entre todos ellos, establecía sin embargo una subordinación gcrár- quica, y daba principioáesa  organización  aristocrática

que posteriormente ha constituido el feudalismo. El principal  rasgo de esta  relación era  el  empeño de hom­breáhombre y la lealtad individual sin necesidad es-

íerior,  sin obligación fundada  en los principios generales de  la sociedad. En las repúblicas antiguas 110 se os ofre­cerá nunca  ningún hombre asociado librementeáotro hombre,  ‘pero sí,  todos lo estaban con su.población. Entre los bárbaros se  formó el vínculo  social de  indi­

viduoáindividuo, en sus principios por las  relaciones jpntre el gefe y sus compañeros, cuando ásemejanza de bandas recoman  la Europa, y mas tarje, por las relaciones entre  el vasallo y su señor feudal:  este seguiir do principio  que tan brillante papel ha hecho en la historia de la civilización moderna, ese  entusiasmo  de hombre áhombre, nos procede de los bárbaros, y

sus costumbres le aclimataron            entre    nosotros.

Y pregunto ahQra 5 ¿hice      mal diciendo   al         empexar

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  5 5

que la civilización moderna habia  sido  aun en su  mis4 nía cuna tan varia, agitada  y confusa  como he procu-r rado trazárosla en  el  cuadro general que acabo de pre­sentaros ? ¿no hemos hallado en la caida del  imperio romano, casi  todos  los  elementos que.se «encuentran  en

el  desarrollo progresivo de  nuestra  civilización ?Hemos recorrido  tres distintas sociedades, la municipal, último resto del imperio romano, la  cristiana, y la  bárbara:

todas están distintamente {organizadas, se fundan en principios diversos,éinspiran  álos hombres sentimien­tos del todo  diferentes; la necesidad de  la'mas absolu­ta independencia juntoáuna completa civilización; el patrocinio militar al  lado  de  la  dominación eclesiástica; el poder  espiritual y el temporal  uno en frente de otro; los cánones  de la iglesia,  la sábia  legislación romana  y las costumbres apenas escritas de los bárbaros : do quie­ra una mezcla,ópor mejor decir, la coexistencia de ra­zas, de idiomas, de situaciones sociales, de costum­bres, de  ideas y de  las mas varias impresiones. Creo que esto es  una  prueba de la  verdad  del carácter general bajo el cual he procurado presentaros nuestra civili­zación.

Sin duda que hemos pagado muy caro esa  confusion, esa variedad y esa  lucha, pues ha ocasionado  la  lenti­tud de los progresos  de  1a Europa, las  borrascas  y los sufrimientos de que  ha sido presa; sin  embargo, no creo  que nos  deba pesar  mucho. Para los pueblos co­mo  para los individuos, el logro de un  desarrollo el mas  vario,  el mas completo  y de un progreso  inmen­so y casi  indefinido,  compensa por sí  solo  todo cuanto ha  podido costar para adquirirse.  En todo caso, este agitado, trabajoso y violento estado ha sido preferi­bleála sencillez  con que se nos presentan otras  civili-

 

 

54        CUSSO           DE      HISTORIA     W D U I U .

zaciones: el genero humano ha  ganado mas  que su- {rido.

Párome aqui, señores. Conocemos  ya en  sus rasgos generales el  estado en  que la caida  del imperiò  ro m a­no dejó  al  mundo, y los varios  elementos que se agi­tan  y se mezclan  para engendrar  la civilización  eu ro­pea: en adelante los veremos  marchar y obraránues­tra vista. En la lección siguiente procuraré  demostrar lo que han-sido, y ló que  han hecho en la  época  que acostumbramos  llamar tiempo de  barbàrie, es decir, en que  se estendió  sobremanera el caos  de  la  invasión.

 

 

LECCION III.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

.           Señores:

Os hice observar los elementos fundamentales de la civilización europea en  su  misma cuna ála época, de la ruina del imperio  romano;  procuré haceros  en* trever  de antemano cual  habia  sido  su  diversidad, su constante lucha, y como  ninguno  de ellos logró do­minar  nuestra  sociedad  hasta el punto  de escluirálos demas:  reconocimosápoco que este era el carácter distintivo  de la civilización europea. Hoy. dia entra­mos en su  historia, en  sus  asomos en los siglos que

se denominan bárbaros. Al considerar esta época es imposible queáprimera vista  no nos  impresione un hecho que parece estar  en  contradicción con lo que acabamos de decir. Desde que  se investigan las no­ciones concebidas sobre las antigüedades de la Euro­pa moderna, se nota que los varios elementos de nues­tra civilización, el  principio monárquico, teocrático, aristocrático y democrático, pretendenála vez que

originariamente les  perteneció la  sociedad europea, y que  si perdieron su imperio fue por las usurpaciones

 

 

S 6       CVMG>

de los  principios contrarios. Indagad todo cuanto se ha escrito óse  ha* dicho sobre este objeto, y ve- reis que todos los sistemas,áfavor de los cuales se ha querido esplicar nuestro origen, defienden el es- clusivo predominio de unoúde otro elepiento de la civilización  europea.

Existe  también una escuela de publicistas feudales, de los  cuales es Boulainvillier el mas célebre, que  pre­tenden que el  pueblo conquistador, que  vino despuesáser  la  nobleza,  poseía  todos  los poderes y derechosála caida del  imperio romano  ; que la sociedad era su  dominio, que  de él  le despojaron los reyes, y los pueblos,  y que la organización  aristocrática es  la pri­mitiva  y verdadera forma  de la Europa.

Aliado de esta  escuela  encontrareis la  de los pu­blicistas monárquicos, al abate Dubos  por ejemplo, que  sostiene  por el  contrario  qüeálos monarcas  per­tenecía la sociedad europea, y dicen que los reyes germanos habian  heredado  los  derechos  de  los empe­radores romanos, que los llamaron al  trono los anti­guos  pueblos y aun .los mismos galos,  que  solo ellos

dominaban legítimamente,  y que  todas las  conquistas de 1a aristocracia no fueron  mas  que ataques contra la monarquía.

Levántase otra nueva escuela, la de los publicistas liberales, republicanos,ódemocráticos, como nos plaz­ca  denominarlos; consultadáMabli, y segúnél, desde el  siglo V, pertenecía  el  gobierno  de  la  sociedadá un sistema de instituciones libres,áuna  reunión de Hom­bres libres, al  pueblo  propiamente dicho; los  nobles y los reyes se enriquecieron  con los despojos de la libertad  primitiva : esta  sucumbióásus golpes, pero reinaba  antes que  ellos.

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  5 7

Y sobre estas pretensiones monárquicas,  aristocráti­cas y populares, descuella  la  pretensión teocrática de

la iglesia, diciendo que en  virtud de  su misma misión, de su título divino, le  pertenecía la sociedad, solo ella tenia derechoágobernarla, solo ella era reina lejíti- ma del  mundo europeo que .conquistó trabajosamente para  la  civilización  y para la verdad.

Ved aqui, pues,  la  situación en que  nos hallamos. Hemos creído  reconocer que ninguno de los  elementos de la  civilización europea ha dominado  esclusivamen- te en el  curso de su  historia,  que han existido cons­tantemente en contacto, ora unidos7, ora luchando,

ora transijiendo; y de repente  en los primeros pasos se nos  presenta la opinion  directamente contraria de que en  la  cuna  de  nuestra civilización, en el seno  de la Europa bárbara,  dominaba en la sociedad uno ú

otro de aquellos elementos. Y no es únicamente en un pais, sino  en toda la Europa,  donde  bajo algo  distin­tas formas y en  diferentes épocas, han manifestado contrarias  pretensiones  los varios principios de nues­tra civilización. En todas  partes se  encuentran  las  es­cuelas históricas  que  acabamos  de caracterizar.

Este es un hecho  importante, no  en  sí mismo sino porque procede de otros hechos que ocupan lugar pre­ferente en nuestra  historia. Dos  hechos de considera­ción  se deducen  de esa simultaneidad de pretensiones las mas opuestasála  posesion esclusiva del poder en los  primeros siglos  de la Europa moderna;  el prime­ro es  el principioéidea  de  la legitimidad política  que ha hecho papel  brillante  en la  civilización  europea, y el  segundo es el carácter peculiar  y verdadero  del es­tado de la Europa bárbara, de  esa época  de que tratare­mos especialmente hoy dia.

 

 

5 8       curso   •

Probaréáilustrar  ambos hechos, yádesprenderlos sucesivamente  de esa lucha de pretensiones primitivas que acabo  de esponer.

¿Que  pretenden los'varios elementos de la civiliza­ción  europea, el teocrático, el  monárquico, el  aristo­crático  y el popular  cuando dicen haber sido los  prir meros poseedores de la sociedad  europea ? ¿Aspiraná

otra cosa  queáhaber sido los únicos legítimos?  Eviden­temente es la  legitimidad  política un derecho fundado en la  antigüedad  y duración, y se invoca como fuente del derecho  y como prueba de la legitimidad del po­der.  Rüégoos  que no'teis que esta pretensión no es pri­vativa de  un sistema, de  un elemento de  nuestra civi­lización , pues  la  tienen todos. En época reciente se ha acostumbrado unoáconsiderar  la  idea de la lejitimidad como  anejaáun solo  sistemares decir al  monárquico,

pero se ha hecho m al, púes aquella idea domina en  to­dos. Ya  veis  que igualmente  se la  han querido apro­piar todos los elementos de nuestra civilización. Ade­lantaos mas en la historia de Europa y vereis hallarse también en posesion de ese.carácter  de legitimidad, las formas  sociales  y los gobiernos mas diferentes:  las aristocracias y democracias italianasósuizas, la repú­blica de san Marino, ni mas ni  menos que las grandes monarquías de Europa, se llamaron y reputaron  legí­timas; unas  y otras fundaron  en la  antigüedad de sus instituciones, en  la precedencia  histórica  y en  la per­petuidad  de subsistema gubernativo, su pretensiónála legitimidad.

Si dejaisáun lado  la  Europa  moderna y os remon­táisáotros tiempos y paises,  en  todas partes hallareis la  idea de  la  legitimidad política, unida yaácierta par­te  del gobiernoó áalguna  institución, formaóprinci-

 

 

DE      HISTORIA.    MODERNA.  5 9

pío :  ningún  pais, ninguna época ha existido con cierto sistema social, y con unos poderes públicos, sin  que se haj a reconocido ese  carácter  de legitimidad, proce­dente  de la antigüedad  y de la  duración.

Cual es este principio? cuales son sus elementos? quésignifica?  de que manera se introdujo en  la civilización europea?

Indistintamente, en el origen de  todos los  poderes, se descubre la  fuerza: no quiero significar con esto que  solo  la fuerza  los haya  fundado, y  que con  este so­lo  título hubieran podido establecerse en su origen, pues evidentemente se  necesitan oíros, y los  poderes se establecieron en virtud de ciertos miramientos so­ciales, y de ciertas  relaciones con el estado social, las costumbres y las opiniones: pero es  imposible no re­conocer  que  la  fuerzá manchó la cuna de todos los pode­res del mundo, cualquiera que haya sido su naturaleza y su forma.

Pues bien,  todos rechazan semejante origen, todos los poderes  le desechan, y  ninguno quiere haber nacido en el  seno  de la fuerza: un irresistible instinto diceálos gobiernos que la fuerza no constituye un derecho, y que si no  tuviese otro origen  que aquella, no podría este ser su consecuencia. Héos aqui  porque cuando se remonta unoálos primitivos tiempos, y encuentra en luchaálos distintos sistemas, esclaman todos: «Yo sub­sistía antes  y en  virtud de otros títulos; pertenecíame la sociedad antes de este estado de  violencia y de lucha en que me veis; yo  era lejítimo,  y  se  me han  contesta­do  mis  derechos, y  desposeído  de ellos.»

Este solo hecho prueba  que la idea de la  fuerza rio es el fundamento de  la legitimidad política, y  que  des­cansa sobre  muy diferente base. Con efecto, que ha-

 

 

6 0       ctnuo

cen todos los  sistemas desechando formalmente la fuer­za? Proclaman  que  existe otra legitimidad, verdadero cimiento  de las  demas, y carácter  lejítimo  de la  justi­cia, de  la razón y del derecho: este es el origen de que  tienen  necesidad  de proceder, porque  no quieren tener  por cuna la  fuerza,  y porque aspiranárevestir­se  de  muy diferente título en nombre de su  antigüedad. El primer carácter  de  esta en  lo político consiste en desechar  la  fuerza como origen del poder,, y en  asociar la  idea  de este coi? la  idea  y fuerza moral, con el  de­recho,  la  razón  y la justicia: no es otro el elemento fundamental  de  que  ha procedido el principio  de  la le­gitimidad política. Su desarrollo se  ha efectuado con la ayuda del tiempo; vaisásaber de  que manera.

Despues que ha  obrado  la fuerza en el nacimiento de todos  los  poderes y sociedades, el tiempo  marcha, da  otra fisonomíaálas  obras  de la fuerza, y las corri­ge, solo porque la  sociedad dura, y porque  la compo­nen  hombres. Estos  tienen  innatas ciertas nociones de

orden, justicia y de  razón, cierta necesidad de hacer­las prevalecer  y  de introducirlas entre los hechos que los  rodean; por ello se  afanan incesantemente, y si con­tinua  el  estado social, su trabajo tiene cierto efecto, puesto que la  humanidad  reviste el mundo  que le  ro­dea con ideas de  razón, de moralidad y de lejiti- midad.

Independientemente  del  trabajo  de los hombres, por una  ley  de la  providencia  que es imposible descono­cer,  ley análogaála  que  rige el mundo material, es indispensable para  la  duración de  la  sociedad  cierta su­ma  de  orden, de razón y de justicia. Por el  mero  he­cho  de  la duración puede deducirse que una  sociedad no es completamente  absurda, insensataéinicua, y  que

 

 

DE      HISTOAÍA     MODERNA.  6 1

no está del,todo ajena de ese elemento de razón, de verdad  y  de justicia, único  que da vidaálas  socieda­des. Ademas, si estas  se  desarrollan y robustecen, y de  dia en  dia van acceptando el estado social njpyor número de individuos, es  porque en su seno se  han introducido por la acción  del tiempo  mas razón, jus­ticia y derecho, es  porque los hechos van modelán­dose según la verdadera lejitimidad.

De esta suerte  penetra  en el mundo, y de este en los  ánimos la idea de  la lejitimidad política. Por funda­mento  y por primer origen, reconoce esta, al  menos hasta cierto punto, la lejitimidad moral, la justicia, la razón  y la verdad,  y posteriormente tiene el  auxilio

de la sanción del tiempo, que da  lugar ácreer que la razón  halló cabida en  los hechos, y que  la verdadera lejitimidad se  ha  introducido en  el  mundo esterior. En la época que vamosárecorrer, hallareis la fuerza  y la falacia  rozarse en su misma cuna con la  monarquía, la

aristocracia, la democracia y la misma  iglesia; refor­marse despues sucesivamente bajo  la mano del tiempoy y venir  en  pos de ellas el dereqho y  la verdad para  ha­

llar cabida en la  civilización. Esa introducción  del  de­recho y de la  verdad  en el estado social ha ido desar­rollando  gradualmente la  idea de  la lejitimidad  políti­ca, y estableciéndola en  la civilización moderna.

Cuando alguno, pues, ha probado en  varias épocasáhacer de esta idea el  estandarte del absolutismo, se la  lia separado de su verdadero origen, pues solo eíi nombre del derecho y de  la justicia llegóádominar én el  mundo. Tampoco es  esclusiva ni  pertenece ánadie en particular, pues nace do quiera  que  se desarrolla el derecho; se  asociaála  libertad  como  al poder, yálos derechos individuales comoálas  formas según las

 

 

0 9       CURSO

cuales  se  ejercen los  cargos públicos. Cuanto mas nos adelantamos, repito,  que la  percibimos en los  sistemas mas contrarios, en el feudalismo, en las ciudades de  Flandes  y de Alemania, y en  las repúblicas de Ita­lia como en  la  monarquía: es un carácter  esparcido  en­tre los varios  elementos de la  civilización  moderna, y que es  necesario comprender muy bien al estudiar su historia.

El segundo  hecho  que se desprende claramente de la simultaneidad  de pretensiones de  que hablaba  poco há, es  el verdadero carácter de'la época  denominada bárbara; todos  los elementos  déla civilización  europea afirman  poseer entonces la  Europa: pues  bien, ningu­no dominaba  en ella. No es  tan  difícil  reconocer cuan­do una forma  social domina  en el  mundo. Al  llegar  al siglo  diez reconocemos sin titubear  la preponderancia del feudalismo; en el diez y siete, no  dudamos afir­mar que domina el principio monárquico; y si nos  pa­ramos en las ciudades de Flandes  y en  las repúblicas italianas, decidimos al  momento que  impera,el princi­pio democrático: cuando  realmente  existe  en la socier dad  un principio dominante, no  es fácil  equivocarse.

La disputa promovida entre los varios sistemas, que se apropiaron la civilización europea, sobre indagar quien  dominó en  su origen, prueba, pues, que todos existíanáun tiempo sin  que ninguna dominase tan ge­neral y seguramente que pudiese darála sociedad su forma  y su nombre.

Tal  es, en efecto, el  carácter de la  época de  barba­rie, es  decir, el  caos de todos los elementos, la  cuna de  todos  los sistemas,  una  mezcla general,  en que la lucha misma no era permanente ni sistemática. Po­dría, examinando en  todas sus faces el  estado social de

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  fljf

aquella  época, demostraros que  es imposible descubrir en ninguna  parte algún  hechoóprincipio un poco ge* neral  y establecido:  me limitaréádos puntos.esencia­les, el eptado de  las  personas y el de las constitucio* nes, pues  esto bastará para trazaros la sociedad  eptera.

En aquella  época  descubrimos cuatro clases de per­sonas , \ ? los hombres libres, es decir  los que de na­die  dependían,-y gomaban de toda libertad sin que nin­gún  vínculo  los obligase con otro hombre; 2? los  Leu­dosócompañeros, unidos al  principio por sus  relacio­nes con  el  gefe,  y despues con  las del vasallo al señor feudalóáotro hombre en  favor  del  cital  por una con­cesión  de tierras ú otros dones habían contratado la

obligación  de servirle; '3? los emancipados  y los es­clavos.

¿Pueden  llamarse  fijas estas distintas clases?¿Colo­cados  una vezólos  hombres en sus límites permanecie­ron en ellos?.¿Fueron algo regulares y permanentes las  relaciones de claseáclase ? No por cierto. Vemos sin cesar  hombres libres  que abandonan su  condicion para ponerséal servicio de alguno, y pasar ala clase de Leudos, y otros que  quedan constituidos  esclavos. Por

otra  parte se afanan los Leudos por descartarse de su amo, constituirse  independientes, y entrar en la cla­se  de hombres  libres,  do quiera se observa un movi­miento, un  paso continuo de una claseáotra, y una incertidumbreéinstabilidad general en las relaciones de todas ellas: ningún hombre permanece  en su estado, ninguna situación es estable.

Nótase igual  movimiento en  las  propiedades: ya sa­béis que se distinguian los alodialesóenteramente libres, de  las beneficiaríasósometidas áciertas obligaciones con  un superior;  ya sabéis  como se procuró establecer

 

 

6 4       CURSO

fen esta  última clase  de propiedades un sistema  fijo: se ha dicho  que los beneficios se habían concedido al prin­cipio  por cierto número de años, despues vitaliciamen­te,  y que al  fin se constituyeron hereditarios. Vana ten­tativa :  todas estas especies de propiedades existen si­multáneamente, pues en una misma época se  encuen­tran beneficios  temporales, vitálicos y hereditarios: una misma posesion pasa en  algunos años por distintos esta­dos. Nada es mas estable y general en el estado de las tierras que en el de las personas, y en todas par­tes se esperimenta  el  trabajoso paso de la  vida erranteála vida sedentaria,  de las relaciones personales á las reales,ómixtas: todo es confuso, local, y desorde­nado.

Adviértese idéntico caoséinstabilidad  en las  institu­ciones; estánála  vista  tres de ellas muy distintas en­tre sí: la monárquica, la aristocráticaóel patrocinio de unos  hombres sobre otros hombres,  y la democraciaólas  asambleas  de hombres libres que deliberan en  co­mún: ninguna de ellas está en posesion de la sociedad, ni logra dominar. Existen en verdad las instituciones  li­bres, pero no están  persuadidos de lo elevado de su mi­sión  los hombres  que componen  las  asambleas; tampo­co está ejercida con mas  regularidad la jurisdicción  se­

ñorial; no tiene asi mismo carácter fijo la  monarquía que es la  institución mas sencilla  y fácil de determinar, pues domina en  ella la  elección y el derecho heredita­rio,  sucediendo ora  el hijo al padre,  ora elijiéndose en­tre los miembros de  una familia,óya siendo la  elec­ción  pura y sencilla para poder elegir hastaáun pa­riente  lejano, y algunas vecesáun estrangero: en nin­gún  sistemase observa nada  fijó, antes todas las  insti­tuciones, al  modo de las situaciones sociales, existen

 

 

BE       HISTORIA     MOOEB.'A.   Q         J

juntas, y se confunden  y suceden incesantemente. Reina igual movilidad en los estados; creánse, su- primense, retínense y se dividen: no hay fronteras, gobiernos  ni pueblos:  la  Europa bárbara no es mas que una confusion general de situaciones, principios, hechos,

trazaséidiomas.

¿Qué límites  rodcsn esa  eslraña  época ? Su origen es­tá bien  marcado, pues data  de la caida del imperio ro­mano. ¿Donde concluye ?Para responderáesta pregun­ta  es  preciso saber en que consistía  aquel estado social, y cuales eran las causas de  la  barbárie.

Creo reconocer dos principales, la primera mate­rial , tomada en  lo esterior, en  el curso  de los aconte­cimientos, y la segunda  moral, tomada  en  lo  interior, en el hombre mismo.

La causa material era la  continuación de la inva­sión, pues no debemos  creer  que cesase esta en  el  siglo V , como ni tampoco, que hubiese terminado el movimiento de los  pueblos, porque cayó el imperio romano, y porque se han  hallado establecidos los bár­baros  sobre sus  ruinas: hay evidentes  pruebas de  que este movimiento duraba todavía mucho tiempo despues de la ruina del imperio.

Aun bajo  la  primera dinastía,  observareisálos.reyes trancos ocupados  constantemente en  hacer  la  guerra al

otro  lado del Rin, áClotario y Dagoberto incesante­mente empeñados en sus espediciones á la Germa- nia, luchando contra los turingienses, los dinamar­queses  y los sajonesque ocupaban  la orilla derecha del Rin. ¿Y porqué ? porque esas  naciones querian pasar el Rin y tomar su parte en los despojos del  imperio. ¿De donde  proceden hácia  la misma  época  las grandes in­vasiones  de Italia  por parte  délos francos  establecidos

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0 6       CLRtO

en  las  Galias, principalmente de los orientales? Lán- zanse sobre  la Suiza,  pasan  los  Alpes, entran en Italia,¿sabéis porque? porque  les  impelen  hácia el nordeste nuevas poblaciones; no son sus espediciones meras correrías de pillage, sino  que hay necesidad de ellas, pues como se les  inquieta en  sus establecimientos, vanábuscar otros mas lejos. Aparees en  escena una nue­va  nación germánica, y funda en  Italia el  reino  de los lombardos. En las Galias, se  muda la  dinastía franca, y á los merovingienses suceden los cariovingienses:

hoy dia  es sabido  que ese cambio de dinastía  fue  verda­deramente una nueva  invasión de francos en la Galia, un movimiento de pueblos que substituyó los  francos  del

orienteálos del occidente.  Está consumado el cambio, reina la segunda  dinastía, y Carlomagno  dá  principio contra  los sajones álo  que los merovingienses habian hecho cpntra los turingienses, es decir que sin cesar lucha  con esos pueblos  de la otra parte del Rin. ¿Quién los precipita ?los obotritas, los wittzos, los sorabios, los boemios,  toda la  raza  esclavona que cae  sóbrela ra­za germana, y que  la emptlja  desde el siglo VI al sigi°IX  háciá  el  occidente: doquiera continua  en el  nordes­te el movimiento de invasión,éinfluye  en  los sucesos.

Declárase en el  mediodia un movimiento de la mis­ma  naturaleza, pues aparecen los árabes musulmanes, y empiezan sus correrías y conquistas en las costas del Mediterráneo,  mientras los  germanos y esclavones pug­nanálas  orillas  del Rin y del Danubio.

Tiene un carácter particular la  invasión  de  los ára- bes,  y es que se  hermanan en ella el espíritu de con­quista y el  de proselitismo: la invasión se llevaáca­bo para conquistar territorio  y para  estender una creen­cia religiosa, resultando enorme diversidad  entre ese

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  0 7

movimiento y el de los germanos. En el mundo cristiano se distingue la fuerza espiritual  de  la tempo­ral , y la necesidad de propagar una creencia  no domi­na  en los mismos hombres áquienes anima el deseo de conquistas. Aun convirtiéndose conservaron los ger­manos sus costumbres, sus sentimientos y sus gustos; continuaron dominándoles los  intereses  y las pasiones terrestres, es  decir, eran cristianos,  mas no misionis- tas. Por el contrario , los árabes eran conquistadores  y misionistas, pues unos mismos individuos blandían la espada  y predicabanálos pueblos.  Posteriormente es­te carácter ha motivado la  mala  dirección de la civili­zación musulmana; en la  unidad de  los poderes espi­ritual y temporal, y en la confusion de la autoridad moral y de la fuerza  material, tomó origen la tiranía que parece inherenteála civilización: creo que no es

otra la causa principal del estado estacionarioáque en todas parles ha caido. Pero esto no se  conoció  al  prin­cipio , antes por el contrario procedió  de ahí una fuerza prodigiosaála  época dé la invasión árabe. Consecuen­cia  de ideas y de pasiones morales, se manifestó al mo­mento con un brillo y una grandeza de que no habia dado ejemplo la invasión germánica, desarrollóse con mas energía  y entusiasmo,é impresionó mucho nías la  mente humana.

Tal fué desde el  siglo  V al  IX la situación  de la Eu­ropa; empajada  en el  mediodía por los mahometanos, y en  el norte  por  los germanos  y los  esclavones, era im­posible que la reacción de esa  doble acometida no man­tuviese en  desorden  continuoátodos los países de Eu­ropa. Los habitantes  dé las  poblaciones se trasladan abandonando el  campoáotros;nada  fijo podía estable­cerse,éincesantemente volviaáempezar  la vida  er­

 

 

6 8       curso

rante  en  todas partes. Sin duda que  en este  particular hubo alguna diferencia entre los  varios estados, pues el caos  fue  mayor en  Alemania que en  lo  restante de Europa,  porque era el foco del movimiento, y por

- lo mismo estuvo la Francia  mas      agitada que la  Italia :

pero en  ningún punto pudo  afianzarse y regularse la sociedad,  antes reinaba  en  todas partes la barbarie,áimpulsos  de la misma  causa  que  la habia dado origen.

Esta es la causa material, es la que procede de los acontecimientos; pasemos yaála  causa  moràl to­mada  del estado interior del hombre, y que no era menos poderosa.

En último resultado, cualesquiera que sean los acon­tecimientos esteriores, el hombre mismo es el que constituye  el mundo, pues  este se  regula  y marcha en razón  de las ideas, de los sentimientos y de las dispo­siciones moraleséintelectuales de los individuos : del estado interior del hombre depende el estado viable de la  sociedad.

¿Qué  se necesita  para  que puedan los hombres esta­blecer  una sociedad  un poco duradera  y regular? evi­dentemente es forzoso que tengan cierto número de ideas  bastante  estensas  para  convenir áesa  sociedad y para atènderásus necesidades y relaciones, como tam­bién  que  esas  ideas  sean  comunesála mayor parte de los miembros de  la sociedad, y que  ejerzan algún  im­perio sobre sus voluntades y acciones.

Es innegable que si los hombres no  tienen ideas  que se estiendan  mas allá de  su propia existencia,  si se li­mitaáellos mismos su horizonte  intelectual, si están entregadosá sus pasiones y caprichos, y no tienen cierto  número  de nociones y de  sentimientos comunes al rededor de los cuales puedan reunirse; es innegable,

 

 

DE      HISTORIA     MODEBNA.  6 9

repito, que  no será  entre  ellos posible la  sociedad, y que cada individuo será un principio  de disturbio y de

disolución para la asociación en que entre.

Do  quiera que la individualidad domina casi ab­solutamente, en  que el hombre no se considera  mas <pieási  mismo, en  que no se estienden mas  allá de sí sus  ideas, y en  que  no obedece mas que á su  pro­pia pasión, entiendo que es  casi imposible una socie­dad algo estensa y permanente:no era otro el estado mo­ral  de  los conquistadores de la Europa  en la  época de que  hablamos.  Observé  en  la  lección  anterior  que de­bemosá los  germanos  el  sentimiento enérjico  de la li­bertad  individual,ósea de  la individualidad humana, y debo  añadir ahora que ese sentimiento en un esta­do en  estremo groseroéignorante, es el egoismo en toda su brutalidadéinsociabilidad, egoismo  que do­minó entre los germanos desde el  siglo Y  al siglo VIH. No  pensaban  mas que en sus intereses, pasiones  y ca­prichos: ¿como  hubieran podido acomodarseáun es­tado  algo  social? En vano  se procuraba hacerles en­trar en él, en vano con empeño se dedicaban ellos mismosálograrlo, pues  al  momento se descarriaban por un acto de  imprevisión, un  arranque de pasión,óuna falta de  buen sentido. Constantemente anhela­ba  constituirse la sociedad,  y constantemente rompian sus vínculos  los hechos humanosóla  falta de las con­diciones morales de  que  necesitaba para subsistir.

Tales  eran las  dos causas determinantes del estado de barbárie,  y esta  duró mientras subsistieron aque­llas : indaguemos como y cuando cesaron  al  fin.

Pugnaba  la Europa  por salir de este  estado, pues es  natural  en el  hombre no  querer permanecer en él aun  cuando le  hayan  abismado  sus propias  faltas. Por

 

 

7 0       CURSO

mas groseroéignorante  que  sea; por mas  que domi­nen en  él  las  pasiones  y el  interés personal, existe en su  interior una  voz, un instinto  que  le  dice que naciópara  otra cosa, y que  tiene otro poder, otro destino :

acósale y le atormenta en medio  de su desorden el amor al orden y al progreso,  y hasta  bajo el yugo del  mas brutal egoismo  le  ajita  la necesidad  de justi­cia, de previsión y de  desarrollo; siéntese impelidoáreformar el inundo material y la sociedad  misma, y se esfuerza  sin saber  darse cuenta de  la necesidad que le impele: aspiraban los bárbarosála civilización aun sien­do incapaces de alcanzarla,ó por mejor decir,  aun  de­

testándola desde  que esperi mentaban su influjo. Subsistían  ademas grandes escombros de la civiliza­

ción  romana, y el  nombre del imperio, el  recuerdo de esa grande  y gloriosa sociedad agitaba la  memoria de los  hombres, y sobre todo  délos  senadores de las ciu­dades, délos obispos, de los sacerdotes, y de todos cuantos  derivaban su  origen del  mundo romano.

Entre los  mismos  bárbarosósus ascendientes, mu­chos  habian sido testigos de la  grandeza del imperio, habian servido en sus ejércitos y estendido sus con­quistas : imponíales la imágen  y el nombre de la civi­lización romana,  y sentian la  necesidad de imitarle, de reproducirle y de conservar  algún vestigio  siiyo, lo que  era  una nueva causa  que  debia sacarles del estado de  barbárie que acabo de describir.

Existia también otra tercera que todos saben; ha­blo de  la iglesia cristiana. Era esta una sociedad  re­gularmente constituida, con sus principios, reglas y disciplina,  y que esperimentaba viva necesidad  de es­tender su influjo y de sojuzgarásus mismos conquista­dores. Entre los  cristianos de  entonces, entre el clero

 

 

DE      HISTOiUA     MODERNA.  7 J

católico, se hallaban  hombres que habían pensado en to do, que no habian  olvidado ninguna  cuestión  moral ni política, y que tenían  opiniones  fijas, sentimientos enérjícos, y un  vivo deseo de  {»«pagarlos y de hacer­los dominar. Jamas,  para obrar en  torno suyo  y para asemejarse al mundo esterior, hizo ninguna sociedad esfuerzos  tales  como los  de  la  iglesia cristiana desde  el siglo V al X , cosa de que nos convenceremos al estudiar particularmente su historia: atacó en cierto modoá la barbárie por todos sus flancos para civili­

zarla    doijrinándola.  /

En fin, una  cuarta causa de civilización, causa que es  imposible; apreciar  pero que  no es  menos  real, es  la aparición  de los  grandes hombres. Nadie podrá  decir porque vienen  estosácierta  época,  y aquello con  que contribuyenáfavorecer  el  general desarrollo; es un se­creto de la Providencia, mas  no  por esto es menos cierto  el hecho.  Hay hombresáquienes repugna  el es­pectáculo  déla anarquía y de  la immovilidad  social, le reputan cosa que  no debe  existir, y esperimentan el irresistible  deseo  de transformarle, y de establecer en el  mundo algo  que pueda llamarse regular, general y permanente. Poder terrible, muchas veces  tiránieo, y que comete mil iniquidades  y errores  porque va  acom­pañado de  la humana  debilidad,  y sin embargo poder glorioso y saludable, porque por mano del  hombre dáála  humanidad  un fuerte  impulso  y un  grande  movi­miento.

Estas varías  causas y fuerzas,  produjeron desde el siglo V al IX varías tentativas para sacar de la barbárieála sociedad europea.

La primera es la  recopilación  de  las leyes bárbaras, pues si bien  fue de  poco efecto, es imposible que no se

 

 

7 2       CURSO

note, como que  procedió de los  mismos bárbaros:des­de  el  siglo VI al VIII fueron escritas las leyes de ca­si todos  los pueblos bárbaros,ádiferencia de antes, pues  se  rejian los  bárbaros por puras costumbres antes que se hubiesen establecido sobre  las  ruinas del  impe­rio romano. Cuéntanse las  leyes de  los borgoñones , de los francos-salienses, de los francos-ripuarios, de los visogodos, lombardos, sajones, frisones, báyaros, ale­manes, etc.: evidentemente eran  un principió de  civi­lización, una tentativa para dará la sociedad  princi­pios  generales y regulares. No pudo ser grande su  efec­to, pues se  recopilaban las leyes de  una sociedad que no  existía, las del estado  social  de los bárbaros antes de su  establecimiento en el  imperio , antes de que hu­biesen trocado la vida errante por la sedentaria, y la condicion. de  guerreros sin  hogar  por la  de propieta­rios. Bien  es  verdad  que se  lee uno que otro artículo sobre  las  tierras conquistadas por los bárbaros  y sus relaciones con  los antiguos  habitantes del pais, pues procuraban coordinar algunos de los nuevos hechos en que  estaban mezclados; pero, el fondo  de la mayor parte  de esas  leyes es la antigua vida y situación  de los germanos,  cosas  que no pueden  aplicarseála sociedad nueva, y que tuvieron  poca  parte en  su  desarrollo.

Principiaba entonces en  Italia  y en el  mediodía de la  Galia una tentativa de otra naturaleza,  pues en am­bos puntos había perecido menos que en otros la so­ciedad romana,  y  quedaba  en las ciudades mas orden y vida, lo  que motivó  que la  civilzacion probaseáreal­zarse. Por ejemplo,  cuando uno observa el  reino de los

ostrogodos en  Italia bajo Teodorico, aun bajo esa  do­minación  de un  rey y de un  pueblo  bárbaros,  se  nota que el  réjimen  municipal se reanimaéinfluye en la

 

 

SE HISTOalA MODER>A.  75

marcha general de los acontecimientos.  La sociedad ro­mana habia  influido sobre los godos,  y. en cierto modo se los  habia asemejado; el mismo hecho sé deja  entre­ver también en  el mediodía de la  Galia: no puede ne­garse  queáprincipios del siglo V I, Alarico, rey  víso- godorde  Tolosa,,mandó recojer  las léyes romanas,  y publicó con el nombre de Bres’iarum  Amani  un  códi­go para sus súbditos romanos.

En España  otra fuerza,  la  de la iglesia, es la  que empieza áreanimar la  civilización,  y en vez de las antiguas asambleas germanas y de las reuniones de guerreros,  prevalece  en ella el concilio  de Toledo en el cual  dominan los obisposápesar de concurriráél mu­

chos  legos. Hojead la ley de los visogodos, y vereis que no  es bárbara, sino evidentemente redactada por los filósofos de la  ¿poca, por el clero, pues abunda en ideas generales,  y en teorías  que no son propias dé  las costnmbres bárbaras. Ya  sabéis que  la legisla­ción  de  los bárbaros era personal, es decir, que una ley se aplicaba  solo  al hombre de  una  misma  raza : la ley  romana regiaálos  romanos,  la francaá los  fran­cos ,  y cada  pueblo tenia su  le y, aunque estuviesen reunidos bajo  un mismo  gobierno, y morasen en el mismo territorio. Esto es lo  que se llama sistema de legislación personal  en  oposicion  al  de  la real fundada en eL territorio: pues bien , la legislación de los  viso- godos  no es  personal sino real,  pues  someteála mis­ma leyá todos los  moradores de España. Continuad vuestra lectura, y encontraréis  todavía  mas  patentes vestíjiois filosóficos ; entre  los bárbaros, según  su situa­ción tenian los  hombres  un  valor determinado, pues no  eran  apreciados  en  lo mismo  el bárbaro, el  roma­no ,  el hombre libre,  el leudo, etc., antes tenian una

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74        c u rso

«specie  de tarifa de sus vidas. El código  de los viso- godos establece el principio de la igualdad de los  hom­bres ante la  ley. Observad  su sistema  de enjuiciamien­to ,  y en  lugar  del  juramento  de los compurgadoresódel duelo judicial,  hallareis  la prueba  por testigos y el exámen  racional  del  hecho tal como  puede  hacerse en una  sociedad civilizada :  en  una  palabra, vese impre­so  en  el  código  un carácter sabio, sistemático y so­cial ,  y se descubre  la obra  de ese mismo clero que dominaba en  los  concilios de  Toledoéinfluía podero­samente  en  el  gobierno del  pais.

De  consiguiente  hasta  la  grande  invasión de los ára­bes , fue  el  principio  teocrático el que pugnó para rea­nimar la civilización.

La  misma tentativa  fue en Francia obra del otro elemento,  pues procedió  de los grandes hombres, so­bre  todo de Carlomagno. Examinad  su  reinado en sus varios  aspectos, y hallareis  que su  idea  dominante ha sido  la necesidad  de civilizarásus  pueblos.  Si  atende­mosásus guerras, es  de notar  que está  continuamen­te en  campaña  del mediodia al nordeste, y desde el Ebro al  Elbaóal Weser : creereis que sean espedi- ciones arbitrariasópuro deseo  de conquistar ? No  por cierto. No  digo  que  pueda  dar muy  sistemática cuen­ta de  lo que  diceóhace,óque sus planes rebosen  di­plomaciaóestratejia, sino que obedeceáuna grande necesidad, al deseo de reprimir  la barbàrie  , y que durante todo  su  reinado está ocupado en contener la doble invasión, la musulmana en  el mediodia, y la germana  y esclavona  en  el  norte : no es  otro el carác- ter  militar del reinado de Carlomagno,  y como di­je  no tienen otra causa ni designio sus espediciones contra  los  sajones.

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  75

Si  de sus  guerras  pasaisásu  gobierno interior, re­conoceréis  un hecho  de igual  naturaleza  , la tentativa de  introducir  orden  y unidad en  la  administración de todos los  países  qiie posee. No  quisiera  usar  de  la  pa­labra reino ni de  la voz estado , pues  son  harto regu­lares y nos dan ideas poco conformesála sociedad presidida  por Carlomagno. Ello es,  qite, dueño  de un territorio  inmenso,  le indignaba hallarlo todo incohe­rente, anárquico, grosero, y quería mudar enteramen­te  tan torpe estado.  Esforzóseáello  primero con los missi dominici que  enviabaávarios puntos para ob­servar  los  hechos,  reformarlos  y darle cuenta ; en se­guida  por  medio de las  asambleas  generales, que con­vocó  con mas regularidad  que sus predecesores, yálas  que hacia  concurrirálos  hombres mas bien  repu­tados. No eran asambleas de hombres libres, pues  na­da se  parecía  en  ellas á la deliberación que conoce­mos : para Carlomagno eran un medio de informar­se de los hechos, y de dar arreglo y unidadá sus poblaciones desordenadas.

Bajo  cualquier  punto  de  vista  que  se  os  presente el reinado de Carlomagno, siempre hallareis  en él el ^ mismo  carácter, la  lucha contra la  barbàrie,  el espí­ritu de  civilización : esto es lo  que  resplandece en su desvelo  para fundar escuelas, en  su afición á los sa­bios, en  su  protección  para con  el  influjo  del clero, y

en todo cuanto  parece propio  ¡para mejorar la socie­dad  enteraóel  individuo.

Posteriormente hizo en Inglaterra el rey Alfredo una  tentativa de  igual  naturaleza.

De  esta suerte, desde el siglo V al IX obraron en unoúotro punto de  Europa las  varias causas  que he indicado  tener tendenciaáponer un términoá la barbàrie. *

 

 

76        c u rso

Ninguna obtuvo resultado. Carlomagno no logrófundar su grande imperio y el sistema de gobierno que deseaba que prevaleciese ; tampoco alcanzó en España  la iglesia  el  establecimiento  del principio teo­crático ; y si bien  en  Italia y en  di mediodia de las Galias procuró reanimarse muchas  veces la civilización romana,  solo mas  tardeáúltimos  del siglo X ,  tomóen realidad  algún  vigor. Hasta  entonces fueron nulos todos  los 'ensayos  hechos para poner términoála bar­bàrie , pues  suponían álos  hombres  mas adelantados de lo  que lo eran  en  realidad, y todos bajo  distintas formas  querían una  sociedad  mas estensaóregular  de lo  que daban de sí la distribución de  fuerzas y el es­tado de los ánimos. Mas  no  por esto fueron  inútiles, pues  aunque  en el  siglo  X no se hablaba ya  del gran­de imperio de  Carlomagno, ni  de los gloriosos conci­lios  de Toledo,  no por esto dejaba de  hallarse mori­bunda la  barbàrie, ni  de haberse obtenido dos gran* des resultados  :

-1? Haberse detenido el movimiento de invasión de  los  pueblos del  mediodia al  norte, pues á conse­cuencia del desmembramiento  del  imperio de Carlo­magno, oponian fuerte vallaá los  bárbaros que  toda­vía  llegaban del norte los estados fundados  en la  orilla derecha  del Rín. Nos  dan de ello incontestable  prue-

J)a  los normandos, pues hasta entonces no  habia sido muy considerable  el  movimiento de las invasiones ma­rítimas, si se esceptua el  de  las tribus que  se lanzaron sobre la Inglaterra: solo en el siglo IX se hizo cons­tante y general, pues las invasiones terrestres eran mas difíciles, y por esta  parte habia  adquirido  la  sociedad fronteras mas fijas y seguras. La poblacion errante ála  que  no  pudo obligarseáretroceder, tuvo que  voi-

 

 

M        W T M U        HWEUIA.      77

ver sus ojos, al mar  para  continuar en él  su  vida  erran­te.  Por fatales  que  hayan  sido al occidente las  espedL ciones  normandas, lo  fueron  mucho menos que las  in­vasiones  terrestres, pues no  turbaban tan generalmen­teála sociedad naciente.

Declárase  el mismo  hecho en el mediodía. Establé- cense  los árabes en  España, continua la lucha entre dios  y los  cristianos, pero no arrastra ya consigo el cambio  de  la poblacion. De  tiempo en  tiempo infestan aun las  bandas sarracinas las  oo6tas del mediterráneo, pero  evidentemente  habia cesado  ya el gran  progreso del  islamismo.

2? Entonces  se vioásu vez  cesar  en el  territorio de Europa  la vida errante; estableciéronse las  pobla­ciones, fijáronse las propiedades, y ya las relaciones de  hombreáhombre  no  variaron  diariamente ámer­ced de la fuerza y del azar. Empiezaátransformarse el estado inferior y social del hombre mismo; sus ideas y sentimientos,ápar que  Su existencia, adquieren mas estabilidad; úneseálos lugares que habita, se her­mana  en sus relaciones,  y se apegaáesos dominios que  cree ya poder  dejarásus  hijos, áesa habitación que llamará un dia  su  castillo, yáese  miserable  con­junto  de  colonos  y de  esclavos  que formarán mas ade­lante su aldea. Do quiera  se establecen pequeñas socieda­des, pequeños  estados  cortados , permítaseme el  térmi­no,ámedida  de  las ideas y del  saber  humano. Entre esas  sociedades se introdujo  pocoápoco  el vínculo cu­yo principio hallamos en las costumbres  bárbaras, vín­culo de una asociación que no  destruyó la independen­cia individual. De una parte, todo hombre  de  arraigo se  estableció en sus  dominios  con su  familia y sus sir­vientes ,  y de  otra  se  coordinó  cierta gerarquía de ser-

 

 

78        anuo    ti          mstouA           m         o k i i u .

vicios  y  de  derechos entre estos guerreros  propietarios esparcidos por todo el territorio. Ahi  asoma  el feuda­lismo  elevándose definitivamente del seno  de la  barbá- rie.  Era  natural que entre  los varios elementos  de nues­tra civilización predominase el germánico, pues en  él se cifraba la  fuerza,  por  cuanto habia conquistado la Euro­pa : de él  debía  esta  recibir su  primera  forma y orga­nización social,  y asi sucedió. El  feudalismo, su carác­ter  y  el papel que ha hecho en  la historia de la civili­zación europea, serán  el  objeto  de  la próxima lección, y en  el seno del  réjimen feudal victorioso encontrare­mosácada paso los otros elementos  de  nuestra  socie­dad, la monarquía, la iglesia y los comunes: sin  es­fuerzo presentiremos que no están  destinadosásucum­bir  bajo de  esta forma feudal,ála que se unen en ver­dad, pero  luchando con ella  y esperando que suene para  ellos la  hora de  la  victoria.

 

 

LECCION      IV .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Señores:

Hemos estudiado el  estado  de la Europa despues  de la  caida del  imperio  romanó, en la  primera época de la historia  moderna, esto  es, en la de  la barbarie. Con* vinimos  en que despues de  esta época,áprincipios del siglo X, el primer principio, el  primer sistema  que se desenvolvió y tomó posesion de la  sociedad euro­pea fue el feudal, y que  del seno-de la barbarie na­ció la feudalidad. Por consiguiente es el réjimén feudal el  que ahora debe  ser  el  objeto  de nuestro, estudio.

No creo tener  necesidad de  recordaros,  que no es la historia de los acaecimientos  propiamente dichos  laque consideramos;  no  es mi  ánimo  volveráhacer  mension de los destinos  del feudalismo. Lo  que  nos ocupa, es la  historia de  la civilización; este es el hecho general,

oculto, que  buscamos bajo todos  los hechos esteriores que  le encubren.

Asi,  los acaecimientos,  las  crisis sociales, los dife­rentes estados  por  los cuales ha pasado la  sociedad, no nos interesan  mas  que por la relación que tienen con

 

 

SO       CURSO

'el desarrollo  de  la civilización;  preguntaremos en  que la han combatido 6 servido, que  la han concedido, que  la han negado. Unicamente bajo este punto de vis­ta es en el  que consideramos alréjimen feudal.

Ya  determinamos al principio de este  curso  lo  que era civilización; procurando reconocer sus elemen­tos, vimos que consistía  por una parte, en  el desarro­

llo  del  mismo hombre, del individuo, de la humanidad; por la  otra en la  de su  eondicion  visibleásaber de  la sociedad. Cuantas veces nos  encontremos en  presencia de un  acaecimiento, de un  sistema,óde un estado ge­neral  del mundo,podemos  dirigirle  esta doble pregun­ta : ¿que  ha hecho en favor  6 contra el desarrollo  del hombre, en proóen  perjuicio  de  la sociedad?

Conoceréis fácilmente, señores, que ad dedicarríosáesta indagación, es imposible  que no se atraviesen de por medio cuestiones las mas fuertes de la filosofía ino- ral. Cuando  queramos  saber en  que  ha  contribuido un acaecimiento, un sistema en el  desarrollo del hom­bre y de la sociedad, bien  será preciso  saber de ante­mano  cual sea el  verdadero desarrollo  de  la sociedad y del  hombre, cuales los engañosos, ilegítimos, que pervertirían« en  lugar  de mejorar, que conducirían áun movimiento retrógrado en lugar  de un progreso.

No tratamos de eludir en nuestro trabajó semejante necesidad, pues solo lograríamos mutilar y rebajar

' nuestros  hechoséidees; ademas de que el estado actual del  mundo nos  impone la ley  dé aceptar francamente esta  alianza inevitable de lá filosofía con la historia, por­que es  precisamente uno  de los caracteres, quizás mas esenciales  de nuestra época. Nosotros, señores, somos llamados  para considerar, para hacer marchar  junta­mente  la ciencia y la realidad, la  teoría y la práctica,

 

 

D I       HISTOUA      NODKBISA. 8 1

el hecho y el  derecho. Hasta nuestros tiempos, estas dos potencias han vivido separadas; el mundo se  ha acostumbradoáver como la  ciencia y la práctica si­guen  caminos diferentes,  sin  conocerse,  ni menos  en­contrarse ; y cuando las doctrinas,  cuando las  ideas generales  han queiido entrar en los sucesos y obrar sobre el  mundo, solo  han  podido conseguirlo bajo la forma y por el  brazo  del fanatismo. El imperio  de las sociedades  humanas,  la direccioit de sus negocios, se han dividido hasta  aqui entre  dos  géneros  de  influen­cia: por una  parte los creyentes, los  hombres some­tidos á ideas  generales, áciertos  principios, en una palabra los fanáticos;  por  la  otra, hombres estrañosátodo  principio  de  racionalidad,  que se rigen única­mente por razón de circunstancias, prácticos, y liber­tinos como los llamaba  el  siglo XVII. Este es  el esta­do que  hoy dia cesa; ni los  fanáticos si los libertinos podrían  dominar. Para  gobernar, para prevalecer en­tre  los  hombres, es  preciso  conocer, comprender las ideas  generales  y las circunstancias; es  preciso  saber, tener cuidado  con los principios y con  los hechos¿respetar  la verdad y la necesidad, preservarse del cie­go orgullo  de  los fanáticos, y del desden no menos ciego de  los libertinos. A esto nos ha conducido  el de­sarrollo  del  saber humano y del estado social: por aqui  el  espíritu humano,  franco  y cultivado, entiende mejor el conjunto  de  las cosas, sabe  dirijir sus mira­dasátodas  partes, y hacer  entrar en  sus  combinacio­nes  todo  lo  que existe; por alli, la sociedad  se ha  per­feccionado hasta  el  estremo de poderse poner  frente de la  verdad, ha logrado que los  hechos puedan acercarseálos principios, y apesar de su inmensa  imperfección, no inspirar por esta comparación, un  desalientoóun

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invencible fastidio.  Obedeceréála  tendencia natural,ála  conveniencia,ála necesidad de nuestros tiempos, p a­sando  sin cesar del  exámen  de  las circunstancias al d e las  ideas,  de  una  esposicion de sucesosáuna  cuestión de  doctrinas. Tal vez  hay también en la disposición actual y momentánea de  los espíritus, una razón m as en  favor de  este  método. De algún tiempoáesta  paste se manifiesta entre nosotros un  gusto declarado, y m as¿liré,  una especie de  predilección  por los hechos, p o r el punto  de vista  práctico, por  el  lado  positivo de  las cosas humanas. Hemos estado  de tal  modo en camino del despotismo  de las ideas generales y de las teorías; tan  caro  nos  ha costado bajo  ciertos respetos, que  se han  convertido en objeto de una e specie de desconfianza. Hay mas aficiónáreferirseá hechos,ácircunstancias especiales,álas  aplicaciones. No nos  quejemos, seño­res;  es un nuevo  progreso, un  gran  paso  en el conoci­miento y hácia  el  imperio de la verdad, con tal que no nos dejemos invadir, arrastrar  por esta disposición.; con tal que no  olvidemos  que solo  la  verdad  tiene d e­recho de reinar sobre el mundo; que  los hechos solo tienen mérito  cuando espresan  y tiendenáasemejarse mas y masáella; que  toda  la verdadera grandeza vie­ne  del  pensamiento, y queáella  pertenece toda su  fe­cundidad. La  civilización de nuestra patria,  tiene el ca­rácter particular de no  haberle  faltado jamas  grandeza intelectual, y de haber sido siempre rica en ideas; la po­tencia del  espíritu  humano ha sido grande en la socie­dad francesa, mas grande tal  vez que en  las demas par­tes. No la  dejemos perder este hermoso  privilegio;  ni caer  en ese  estado  algo  subalterno  y material, que ca­racterizaálas demas naciones. Es necesario que la in­teligencia,  las doctrinas guarden  hoy  dia  en  Francia,á

 

 

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lo menos, el lugar que hasta  ahora  han ocupado. De  ningún modo  evitaremos las cuestiones  generales

y filosóficas; tampoco iremosábuscarlas, mas cuando los hechos nos encaminen hácia ellas, las discutiremos sin vacilar, sin el  menor obstáculo. Esta ocasión se presentará mas de una vez, cuando consideremos al rejimen feudal en relación con la historia  de la civili­

zación europea.

Una prueba  convincente, señores , para manifestar que  en el siglo X el réjimen feudal era necesario,

y el  único estado  social posible, es  la generalidad de su establecimiento. Todos  los  paises  por  donde cesó la barbárie tomaron su forma. En el  primer momento, los  hombres no vieron  en este cambio mas que el triunfo del  caos. Desaparecía toda unidad, toda civili­zación general; veíase por  todas partes desmembrarse

la sociedad, elevarse una  multitud  de ellas obscuras y pequeñas, aisladas, incoherentes. Este estado  parecióálos contemporáneos  la  disolución de todas  las cosas, la anarquía universal. Consúltense los poetas del tiempo; los cronistas, todos creian cercano el fin del mundo. Sin embargo comenzaba una sociedad nueva  y verdadera, la  sociedad feudal, tan necesaria,

tan inevitable, y única consecuencia posible del es­tado anterior, que todos  la abrazaron, todo adoptósu forma. Aun los elementos  mas  estrañosáeste  siste­ma, la iglesia, las comunidades, la magestad  real,  se vieron  obligadosáacomodarseáella.  Las  iglesias  apa­recieron magestuosas y humildes casiáun mismo tiem­po,  las  ciudades  tuvieron señores y vasallos, la mages­tad real se ocultó  bajo el señorío feudatario, todo se dióenfeudo; no  solo las tierras, si que también ciertos de­rechos, como  es el  de cortar  leña en los bosques, y

 

 

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el  derecho de pesca.  Las  iglesias  dieron sus réditos en feudo,-las limosnas*de  los  bautismos y demás  dere­chos  que  la pertenecen. Dábase en feudo el  agua, el dinero; y asi como  todos los elementos generales de la  sociedad entraban en  el cuadro feudal, del mismo modo los mas pequeños sucesos, los menores  hechos de  la vida  común, se convirtieron  en  materia  del feu­dalismo.

Viéndose que esta nueva  forma tomaba  posesion  de todas  las cosas, cualquiera creería  al primer momento que el  principio esencial, vital, de  la  feudalidad, pre­valecía por todas partes. Esto señores  seria  un grande error. A pesar de tomar  por norma  la forma  feudal, las  instituciones, los  elementos  de la  sociedad que  no eran análogosá aquel  réjimen, no  renunciaroná sus

principios peculiares. La iglesia feudal no cesó,de ver­se animada, gobernada en  el  fondo  por el principio teocrático; y para hacerle prevalecer  probó destruir un réjimen  del cual  llevaba, por decirlo asi, la libréa, poniéndose acordes  ya con el poder  real, ya con el pa­pa, ya con el  pueblo. Lo mismo hicieron  la  magestad real  y las  corporaciones: en la  primera continuó do­minando el principio monárquico, en las otras el principio democrático. A pesar del acrecentamien­to feudal, estos diversos elementos de la  sociedad

europea trabajaban  sin cesar por librarse de una for­ma estraña á su verdadera naturaleza, y adoptar aquella que correspondíaásu  principio propio y vital. -

Despues de  haber  hecho constar  la  universalidad  de la forma feudal, nos  guardarémos bien de sacar  por consecuencia la generalidad del principio feudal, y de  estudiar indiferentemente el feudalismo do quiera que  encontremos sus  vestigios. Para conocer y com-

 

 

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prender  bien  este réjimen, para distinguir y  juzgar sus efectos en  cuanto  ála civilización moderna,  deberemos buscarle en  donde el  principio  y sú forrna  estén  en ar­monía ; estudiarle en la  gerarquía de los poseedores  lai­cos  de feudos, en  la  asociación de los conquistadores del territorio  europeo. Aqui reside verdaderamente la sociedad feudal;  este  es  eí punto que  vamosádiscutir.

Ahora  poco hablé de la importancia de las cues­tiones morales, y de la. necesidad de no' evadir ninguna  de ellas. Hay ademas otro orden  de conside­raciones, enteramente opuestoá este, y que general­mente se ha descuidado  demasiado; quiero decir la condicion  material de  la sociedad, los cambios  mate­riales  introducidos  en  la manera de vivir los hombres, por un nuevo hecho, por una revolución, por un nuevo estado  social. No  siempre se  ha tenido el cui­dado  necesario  sobre  este  particular; no se ha consi­derado  lo  bastante, cuales eran las modificaciones que llevaban  consigo  estas  grandes crisis  del mundo en la existencia  material  de  los  hombres,  por  lo  que respe­taála parte  material  de sus  relaciones. Estas modifi­caciones tienen  sobre el  conjunto  de la sociedad mas influencia  de  lo que se  cree. ¿Quien ignora lo que se ha estudiado  la cuestión  de  la  influencia de los climas, y la importancia que Montesquieu ha dado á este asunto ? Si  se considera  su influencia  directa sobre los hombres, tal vez no  es  tan estensa  como se la supo­ne;óálo  menos  no se  la  puede  apreciar mas que  de una manera vaga y difícil. Pero la  inflencia indirecta del clima, lo que  resul(£  por ejemplo  de  que en un pais cálido, los  hombres vivan al  aire  libre,  mientras en los paises frios se encierran en el interior de las ha­bitaciones , que  aqui  se alimenten  de una  manera, allá

 

 

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de otra, son hechos de una extrema importancia, que

/ por  el sencillo cambio  de  la vida material, obran po­derosamente sobre la civilización. Toda revolución trae  consigo modificaciones  de este  género en el  esta­

do        social, que debemos   observar          cuidadosamente.

El establecimiento  del régimen feudal produjo una cuya gravedad  no puede  haber sido desconocida; cam­bió  la distribución  de  la  poblacion sobre la  faz del ter­ritorio. Hasta entonces  los  dueños de  tierras , la  po­blacion  soberana,  vivia  reunida en  masas de hombres masómenos  numerosas, bien  de asiento en  el inte­rior  de los  pueblos, bien errantes por  bandadas en  el pais. Por el  feudalismo, estos mismos hombres  vivie­ron aislados, cada uno en su domicilio y ágrandes distancias  los unos  de  los  otros. Entreveréis al instan­te, que  influencia  debió ejercer sobre el carácter  y cur­so de  la  civilización un cambio semejante. La  prepon­derancia  social, el gobierno  de  la sociedad, pasó  en  un momento de  las  ciudadesálos  campos; la propiedad particular  y la vida privada  tuvieron  que marchar so­bre la vida  y propiedad publica. Tal fué  el primer efec­to, efecto  puramente material,  del  triunfo de la socie­dad feudal. Cuanto  mas penetremos  en  ella, tanto más claras se presentaránánuestros ojos  las consecuencias de este suceso.

Examinemos esta sociedad en sí misma, y veamos que papel  ha  debido  representaren la historia de la ci­vilización. Tomemos en un  principio  la feudalidad  en su  mas sencillo  elemento, en su  elemento primitivo, fundamental; consideremos ¿un  poseedor de feudos en  su  dominio;  veamos  lo que será,  lo que  deberá ha­cer con todos aquellos que le componen, con  lá redu­cida  sociedad que  le  rodea.

 

 

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Establécese  en  un sitio aislado que domine, y to­mandoásu cargo  vivir seguro, fuerte, construye lo que él llamará un castillo. ¿Con quién se establece allí? Con su  muger, sus hijos; puede  ser que algunos hombres  libres  que  no han podido llegaráser propie­tarios, se hayan allegado ásu persona, y continúen viviendo  con él, comiendo en  su  mesa.Hé aquí la pin­tura de los que habitan en el interior del castillo. Al  rededor  se  aglomera una corta poblacion  de colo­nos y siervos que cultivan los bienes del poseedor del feudo. En medio de este pueblo  inferior, vieneáhos­pedarse  la religión, edificase una iglesia, y esta  preci­samente  exije  un  sacerdote. Ordinariamente, en el  pri­mer  tiempo del  réjimen  feudal eraála vez capellan del castillo y párroco  de la aldea; en otra  época se  se­pararon estos dos caracteres, el pueblo tuvo  su  cura que habitaba  en  él juntoá su iglesia. Ya  tenemos la elemental  sociedad feudataria, la molécula  feudal por decirlo asi. Este  es  el  elemento  que hemos  de exami­nar  antes de todo;  hagámosle la doble pregunta  que de­bemos  dirigirátodos los sucesos: ¿Qué ha resultado en favor del desarrollo, primero, del  hombre; segundo de  la sociedad?

Me  parece  que  tenemos derecho de  hacer esta  do­ble pregunta á la corta reunión de personas que acabo  de  describir, y de  dar créditoásus  respuestas, porque ella  es el tipo, la  imágen fiel de la sociedad feudal. El  señor, el pueblo  de sus  dominios, el párro­co;  tal es  asi en grande  como en  pequeño la feudali- dad  despues de  haber  separado  la dignidad real y las ciudades que son los elementos distintos estrañosá ella.

El primer hecho  que me llama la atención al consi­derar tal sociedad, es la prodigiosa importancia que

 

 

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debe  tomar  el poseedor  del feudoásus propios ojos yálos  de los que  le  rodean. El sentimiento  de persona­lidad, de libertad individual, era el dominante  en aque­llos tiempos  de barbàrie. Aqui  se trata  de otra cosa­no  solo de la  libertad del hombre, del  guerrero, sino de  la importancia  del  propietario,  del gefe  de familia, del  señor. De esta situación debe nacer una  inmensa impresión  de superioridad particular,  y enteramente distinta de  lo que se  encuentra  en el curso de  las otras civilizaciones. Voyáprobarlo. Elijo  en el  mundo an­tiguo  una grande  situación aristocrática por ejemplo, la de un patricio romano : este  del mismo modo  que el  señor feudatario, era gefe de familia,  señor, supe­rior. Era ademas  magistrado  religioso, pontífice  en el interior de  su familia.  Ahora la  importancia  de  magis­trado religioso  le  viene del exterior ; no es puramente personal,  individual; la recibe de  arriba ; es  el delega­do  de  la  divinidad,  y el intérprete  de las  creencias re­ligiosas. El  patricio romano era  también  miembro de una corporation que vivia reunida en un mismo lugar, miembro del senado, importancia que también debiaálos demas, ála asociación general, cualidad  .reci­bida, confiada. La grandeza de los aristócratas an­

tiguos ,  asociadaáun carácter relijioso y político, per­tenecíaála situación,ála corporacion  en general mas bien  que  al  individuo. Mas la del  poseedor del feudo es  puramente individual; nada recibe  de otro; todos sus derechos, todo su poder  le vienen de él mismo. No  es magistrado religioso, no  ocupa  puesto  en el  se­nado; solo  en su  persona, en su  individuo,es en  don­de  reside toda su importancia. ¡Qué  influencia no  debe ejercer tal situación sobre  el que  la ocupa! ¡Qué noble­za de ánimo, que prodigioso orgullo, mas claro,  que

 

 

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altanería debe nacer en su alma! Sobre él no existe nin­gún superioráquien  pueda representar, ni de quien ser  intérprete;  juntoáél no hay ningún igual, ningu­na  ley poderosa y común que dirija sus actos, ningún imperio  exterior  que tenga  acción sobre su  voluntad, no conoce  mas freno  que los límites de su fuerza y la presencia del peligro. Tal es, sobre el carácter del hombre el  resultado moral de la  situación.

Pasoáuna segunda consecuencia, grave  como la an­terior, pero menos cbnocida,ásaber, al  bosquejo del espíritu  de  la  familia  feudal.

Echemos una  ojeada sobre los diferentes sistemas de familia; tomemos en uti principio  la de los patriarcas, cuyo modelo nos  ofrece  la  Biblia, y los  monumentos

orientales. Hablemos  de una reunión de personas  mas numerosa; de la tribu.  El gefe, el patriarca vivió  en ella en comunidad  con sus  hijos y deudos, con las  di­versas generaciones  que se le  reunieron, con toda su parentela  y criados;  y no  solo vivió con  ellos, si noque también tenia los mismos intereses, ocupaciones, y has­ta el mismo réjimen de vida. ¿No es  acaso la situación de  Abrahan, de los patriarcas, y de  los gefes de las tribus árabes la que nos reproduce la imágen  de la

vida patriarcal?

Otro sistema de familia se  nos presenta, el clanycor­ta sociedad cuyo origen  debe  buscarse en  los anales  de EscociaóIrlanda, y por la que probablemente ha pasado  la  mayor parte del mundo europeo. Esta no es la familia  patriarcal. Hay una  gran diferencia  de situa­ción entre el gefe de ella y el resto de la poblacion. Aquel no lleva  la misma vida; ocioso 'y guerrero mi­ra con  indiferencia como  esta cultiva  y sirve,ápesar de  que  el origen de unos  y otros es común y llevan  el

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mismo nombre, las  relaciones de  parentesco, de  anti­guas tradiciones, de recuerdos y afectos, establecen entre todos  los  miembros  del  clan un  vínculo moral, cierta clase de igualdad.

Hé aquí los  dos principales tipos de la sociedad familiar que presenta la historia: ahora pregunto  ¿seráesta la familia  feudal? Claro está  que no. Al primer momento  parece tener alguna semejanza con  el clan que hemos  insinuado, mas en la realidad existe una diferencia muy grande. La  poblacion  que rodea  al  po­seedor del  feudo nada  tiene  que  ver conél, no lleva su  nombre,  no hay entre los dos ninguna relación de parentesco, ningún  vínculo histórico ni moral. Tam­poco se asemejaála familia patriarcal. El poseedor del feudo  110 lleva  la  misma  vida, no  se dedica álas tareas  de los  que  le  rodean, se entrega escliisivamen- te al acio yála  guerra, mientras  los  otros se  ocupan en trabajar  las  tierras. La familia feudal  no es nume­rosa  como  la  tribu; se reduce áuna familia propia­mente  tal, esto  es,ála mugeré hijos, y vive  sepa­rada del  resto de  la poblacion en el  interior del cas­tillo. Los  colonos, los siervos, no hacen parte  de ella; su  origen es  distinto, la desigualdad  de condition pro­digiosa. Consideremos cincoóseis  individuos colocados en una posicion superior, estraordinaria, y tendremos una  perfecta idea  de  lo  que es una  familia feudal. De­be  por  consiguiente ir  revestida de un carácter parti­cular, pues  está  reducida, obligada tal  vezádefender­se ,ádesconfiar,óálo  menosádesviarse de  sus mis­mos  criados. La vida  interior, las costumbres domés­ticas  tomarán  sin  la menor duda una gran preponde­rancia; pero conozco que la brutalidad de  las pasio­nes, la  costumbre en  el gefe de  pasar  el tiempo en  la

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  9 1

guerraóen  la  caza, presentarán un obstáculo bastan­te fuerte al desarrollo de  aquellas.

Mas venceremos esta oposieion: bien  será  preciso que el  que se constituye cabeza de la familia vuelva habitualmenteásu casa,  que encuentreásu muger,ásus hijos siempre solos, enteramente solos, que par­ticipe de su sociedad  permanente, y parta con ellos sus  intereses,  su  destino. Siendo  asi, es  imposible  que la existencia  domestica  no adquiera  un influjo  podero­so. Las pruebas son abundantes. ¿No ha sido en el seno  de  la familia  feudal en  donde ha  tenido su cuna la  importancia  de  las mugeres? En todas las socieda­des  antiguas, no  hablo de aquellas  en donde  no exis­tia el  espíritu  de familia sino  de  los  demas en  que es­te era poderoso;  en  la vida  patriarcal, por ejemplo, las  mugeres  distaban mucho del  lugar  que  adquirieron en Europa bajo el  régimen feudal. Este progreso, este cambio de  situación, fue  debido, sobre todo,ála pre­

ponderancia necesaria de  las costumbres domésticas del  feudalismo. Se  ha pretendido buscar esta causa en los  hábitos particulares  de  los  antiguos germanos por una tradición nacional que afirmaba  que cuando los habitantes de aquellos paises se veian obligadosáreti­rarseálos bosques, llevaban  sus mugeres consigo. Por un aserto de Tácito el patriotismo germánico ha sacado mil consecuencias; ha remontado hasta las nubes no sé que superioridad, que pureza  primitivaéindeleble en las costumbres  de los germanos con  respectoálos dos sexos.  ¡Vanas quimeras! En las memorias de una multitud  de observadores  del  pueblo bárbaroósalvage se  encuentran frases  semejaptesá las  de Tácito, sen­timientos y usos análogos á los de esos antiguos germanos. Nada  hay de positivo en  tales narraciones,

 

 

9 2       curso

nada que se  pueda aplicarádeterminada casta. En los efectos de una situación social, verdaderamente constituida  y determinada, en el progreso, en la pre­ponderancia de las  costumbres domésticas, es donde tuvo origen  la  importancia  de las  mugeres en Europa,

y esta preponderancia tomó un carácter esencial en los primeros tiempos  del régimen  feudatario.

Una nueva prueba  de que el imperio de  la existen­cia doméstica, caracteriza igualmenteá la familia feu­dal,  es el  espíritu  de herencia ,  de perpetuidad que ve­mos  con evidencia dominar en ella. El espíritu de he­redades  inherente al espíritu de familia; pero en  nin­guna parte se  ha arraigado tanto como en  el sistema de los  feudos. Esta es una tendencia hácia la naturaleza de la propiedad,álaque la familia estaba incorporada: el feudo  no era una propiedad como cualquiera otra; cons­tantemente  necesitaba  de  un poseedor  que le  defendie­se, que  le sirviera, que le librára de las obligaciones in­herentes al dominio,  manteniéndole en su rango, en la asociación  general  de los señores del pais. De aqui pro. vino cierta identificación entre el poseedor actual del feu­do, el feudo mismo, y toda la serie de futuros poseedores.

Esta circunstancia contribuyó en  gran  maneraáfor­tificar ,áestrechar los  vínculos, bastante poderosos ya por  la  naturaleza, de la familia feudal. Supongamos por un momento  que salgo de la  habitación del señor, y

me  presento en  medio de la corta poblacion que  le  ro­dea.; aqui  todo tiene  ya otro aspecto. La naturaleza del hombre es tan buena, tan fecunda, que cuando una situación social dura algún tiempo, se establece inevita­blemente entre aquellosáquienes esta gusta sean las que  fueren  las  condiciones  de esta especie de simpatía, de  lazo moral,  sentimientos de protección, de beneyo-

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  9 5

lencia, de afecto; asi sucede en el  feudalismo. Nadie duda que  al cabo  de cierto tiempo se habrán estable­cido entre los colonos  y los poseedores  del feudo, al­gunas  relaciones morales,  algunas costumbres afectuo­sas, mas  esto se ha realizado contra su situación recí­proca, y no por su  influencia. Considerada en  si  mis­ma , la situación era radicalmente viciosa. Nada  moral­mente común habia  entre el  poseedor del feudo y los colonos;  estos  son  parte de su  dominio, son su  pro­piedad ;  y bajo esta palabra  propiedad  están comprendi­dos todos los  derechos que  hoy dia  conocemos  bajo la denominación de derechos de señorío público, bien sean de propiedad  particular, derecho de dar leyes, tasar ócastigar,  bien sea de disponer y vender. En­tre el señor y el que  cultiva sus dominios no hay

derechos,         no        hay garantías,  no        hay      sociedad.

De       aqui     creo     que procede    ese odio           verdaderamen-

.te prodigioso, invencible, que la poblacion de los  cam­pos ha  tenido siempre contra el réjimen feudal, contra su memoria, contra su nombre. No faltan  ejempla­res de  que los  hombres hayan sufrido un pesado  des­potismo, y al fin  se hajran acostumbradoáél, pero  no de que  lo hayan aceptado. El despotismo theocrático y el monárquico han obtenido mas de  una vez el reco­nocimiento ,  casi el  afecto  del pueblo á quien sujeta­ban. El despotismo feudal  siempre  ha sido rechazado,

. odioso,  insoportable; ha oprimido los destinos de  los hombres, sin  reinar jamas en  los corazones: porque en la  teocracia, en la monarquía, el poder se  ejerce en virtud  de ciertas creencias  comunes al señor y al vasa­llo ; es el  representante,  el ministro de  otro poder,

.  superiorátodo lo  humano; habla  y obra en  nombre de la Divinidadóde  una idea general, pero noennom-

 

 

9 4       c ra so

bre  del mismo, del solo  hombre. El despotismo feu­dal  es del  todo diferente} representa el poder del  in­dividuo sobre  el-individuo, el  dominio  de la voluntad personal y caprichosa del hombre: esta es la tiranía por  exelencia, que  el hombre no  ha  querido jamas  ac- ceptar. Donde no vemos en un señor mas queáun hombre, desele que la  voluntad  que  pesa  sobre  él  no es  mas que  una voluntad humana, individual como la  suya, se indigna y no  se sujeta al yugo  mas que con  despecho. Tal  era el verdadero carácter, el dis­tintivo  del  poder feudal, y tal el origen de la antipa­tía que no  ha  dejado  un instante de  inspirar.

El  elemento  religioso  que se asociabaáél no era na­daáproposito para aligerar su peso:  no creo que el  in­flujo  del ministro en la corta sociedad que acabo de describir fuera muy grande, ni  que  alcanzaseálegiti­mar  las relaciones del  pueblo  inferior con el señor. La iglesia ha  ejercido una acción muy poderosa sobre la civilización de  la Europa,pero esto ha sido  procedien­do  de una manera  universal, cambiando las  disposicio­nes  generales de  los hombres.  Al tratar de cerca  la  li­mitada sociedad  feudal propiamente dicha,  vemos  que el  influjo del capellan  entre el señor  y los  colonos es easi  nulo. Aquel  era generalmente una persona  grosera y subalterna como  un siervo,  y muy pocoápropósi­to para luchar con la  arrogancia del señor. Llamado sin duda  para entretener, para hacer  la narración  de alguna  vida moral al pueblo,  el  título de sacerdote le era  útil y estimable. Consolabaálos campesinos, alum­brábales  un  tanto con sus consejos, pero creo que po­día y  hacia muy poco en  favor  de sus  destinos.

He examinado la  sociedad feudal elemental, os he patentizado las principales consecuencias que de ella

 

 

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debían  dimanar, tanto con respecto al poseedor del feu­do, comoásu familia,ópoblacion reunidaásu  alre­dedor. Salgamos  de  este estrecho círculo. La poblacion del feudo no es la  única  que existe en la tierra: hay

otras sociedades, análogasódiferentes, con las  cuales está  en relación. ¿Qué  preponderancia debe ejercer so­bre la  civilización  esta  sociedad  generalálo que per­tenece?

Hagamos una corta     observación     antes de           contestar:

es verdad, que el poseedor  del feudo y el ministro pertenecíanáuna  sociedad  general; y que  tenian  ¡nu­merables y frecuentes  relaciones con los de otros países lejanos;  mas  no era asi  con  los colonos, con  los sier­vos. En  esta  época, cuantas veces se  valían de  la pala­bra general pueblo¿que parece  comprender una sola sociedad  para  designar la  poblacion de los campos,  se faltabaála verdad. Esta poblacion no  gozaba de  la so­ciedad  general; su  existencia era  puramente local. Fue­ra del territorio que habitaban los colonos nada tenian que hacer , nada  que tratar con los demas individuos y cosas  para ellos  estrañas. Para ellos no había destino, ni patria común; ni menos formaban un pueblo: asi es, que  cuando se habla  de la  asociación feudal  en globo, entendemos hablar tan solo de los poseedores del feudo.

Veamos cuales eran las relaciones de la  asociación feudal inferior con la sociedad, y que consecuencias han  debido acarrear  para el  desarrollo de la civiliza­ción.

Sabéis cuales eran los lazos que  unian  entre síálos poseedores d^l  feudo, que  relaciones eran  inherentesásu  propiedad, cuales eran las obligaciones de servir por una  parte, y protejer  por la.otra. No me entretendré

 

 

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en  detallar  semejantes obligaciones, basta  que tengáis de ellas  una idea general. De aqui debian necesariamen­te nacer  en el alma  de cada poseedor de feudo, un cierto  número de ideas y sentimientos morales, de  de­ber y de afecto. Es evidente que el principio de la  fi­delidad, de la adhesión, de la lealtad en el cumpli­miento de los  empeños, con todos los demas actos que puedan referirseáellos, se  vieron establecerse y prac­ticarse  en las relaciones récíprocas  de los  poseedores, de los  feudos.

Estas obligaciones, estos deberes, estos  sentimientos han intentado convertirse en  derechos, en institucio­nes. No hay nadie que no sepa que la feudalidad ha que­rido  marcar legalmente cuales eran  las obligaciones que el  poseedor  del feudo  debiaásu señor; que servicios re­cíprocos podia  esperar de él; en  que casos el vasallo  le

debia una ayuda en armas,óun subsidio  en dinero; en que forma debia  obtener el consentimiento de sus vasallos  para aquellas prestaciones á que no estaban

obligados  por la  sola  posesion de sus  feudos. Probóse de  introducir  todos estos derechos bajo la  garantía de instituciones que tenian por objeto  asegurar  su realiza­ción y respeto. Asi, la  jurisdicción señorial «Staba des­tinadaádistribuir  la  justicia entre los poseedores  de los feudos sobre  las  reclamaciones presentadas delante del soberano común. De este  modo, todo señor de  alguna consideración reunia  sus vasallos  en parlamento, para tratar con  ellos los negocios  que  exigían su consenti­mientoóconcurso. En una palabra, habia un conjun­to de  medios políticos, judiciales, militares,  por los cuales  se procuraba organizar el réjimen feudal, y con­vertir las relaciones de poseedores de feudos en  dere­choséinstituciones.

 

 

DE      HISTORIA     MODESTA.   9 7

Mas para estos derechos, para estas institucio­nes , no habia ninguna realidad, ninguna garan­tía.

Cuando se nos  pregunta que es  garantía  política re­conocemos que su  carácter fundamental  es la  presen­cia  constante en  medio de  la sociedad de una volun­tad , de una fuerza, en disposición  y estado de  impo­ner una leyálas  voluntades  yálas fuerzas  particula­res, de hacerlas observar la  regla común y respetar  el derecho general.

Solo hay dos sistemas posibles de garantías políticas:

es precisoóuna voluntad, una  fuerza particular de tal manera superior átodas las demas que  ninguna pue­da Resistirla,  yáque todas estén obligadasásometer, se interviniendo ella; óuna  fuerza, una  voluntadpú­blica  que  sea resultado del concurso, de  la manifesta­ción  de las  voluntades particulares,  que se  encuentre igualmente en  disposición, una  vez salida  de su seno, de imponer  y hacerse  respetar  de todos: tales son los dos únicos sistemas posibles  de garantías políticas. El despotismo de uno solo,óde un cuerpo ó'el gobier­no libre. Al meditar  sobre los sistemas en  general  en­contraremos que todos están  comprehendidos en uno de estos dos.

Pues  bien,  señores, ni uno ni otro existia  ni  podía verse  establecido en  el réjimen feudal.

Sin duda  los poseedores de feudos no  eran  iguales entre sí; los  habia mas poderosos unos  que otros  lo bastante para oprimir al débil; pero ninguno habia, contando  desde  el primer  sbberano feudatario, hasta el rey, que estuviese en  estado  de imponer  la leyálos demas, de hacerse obedecer. Advertid que faltaban  to­dos los medios permanentes de poder y acción; no  ha-

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bia ejercito, impuestos, ni  tribunales permanentes.Las fuerzas, las instituciones sociales, en cierto modo se veian  obligadasá volveráempezar sus actos,áreprodu­cirse  cuantas  veces era necesario. Fué preciso  estable­cer tribunales para cada proceso, crear un ejército cuando  se declaraba  una guerra, imponer ^n subsidio en el  momento  en  que se necesitaba dinero; todo era eventual, accidental; no existia ningún  medio  central, permanente, independiente: clarQ es  que en tal siste­ma, ningún  individuo estaba en disposición de imponer su voluntad álos  demas, ni de hacer respetar  de to­dos el derecho general.

Por otra parte,  era tan fácil la resistencia como di­fícil la represión. Encerrado en  su morada, teniendo un pequeño número de enemigos  que  combatir, en­contrando fácilmente en  los  vasallos de  su misma con­dición  medios  de  resistencia  y socorros, el poseedor del  feudo  se defendia muy fácilmente.

Ved aqui  como el  primer  sistema  de garantías po­líticas, dependiente  de la  intervención del  mas fuerte, resulta imposible bajo el  régimen feudal.

El  otro sistema, el del gobierno libre, el de uñpoder,  de una fuerza pública, era igualmente  imprac­ticable ; no pudo jamas nacer en el  seno del fanatis­m o La razón  es sencilla. Cuando hoy dia hablamos de  un poder público,  de  lo que llamamos derechos  de soberanía,  como  el  de dictar  leyes, de tasar,  de cas­tigar; sabemos, creemos todos, que estos derechos no pertenecenánadie, que ninguna persona tiene ásu cargo  el  derecho de castigaráotro, de imponerle una  carga,  una ley; estos derechos  solo son peculiares de  la  sociedad en  masa, se  ejercen  en  su nombre, y no  provienen  de  ella misma, sino  por haberlos recibí-

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  9 9

do de un Ser supremo. Cuando un individuo  so pre­senta delante de la  fuerza que  se halla revestida de  sus derechos, el sentimiento que  le  domina, tal  vezá su pesar, es  el de estar  en  presencia de un poder públi­co, lejítimo, que tiene derecho y misión  para man­darle. Al contrario en la  feudalidad. El poseedor del feudo en  sus  dominios, sobre los hombres que los ha­bitaban , estaba  investido de  todos  los derechos de la soberanía;  como inherentes al dominio,  como materia de propiedad particular. Lo que  \\oy dia llamamos'de­rechos y poderes públicos, en aquellos tiempos lo eran privados. Cuando  un  poseedor de  feudo, despues de haber  ejercido  la soberanía en  su nombre  , como propietario, sobre toda la poblacion  en medio  de la que vivia,  se  constituia con su  soberano en  una asam­blea,óparlamento; compuesto  en general de cortonú­mero de personas iguales poco masómenos,  no podia decir  que llevase la idea  de ejercer un  poder público, este estaba  en contradicción con toda su  existencia, con todo  lo  que  habia hecho en  el  interior de  sus do­minios.  No  veia  mas  que hombres investidos de los mismos derechos que él, y de la misma situa­ción,  que  obraban como  él  en nombre  de  su voluntad personal.  Nada le  obligabaáreconocer en la parte  mas elevada del gobierno,  en las instituciones que llamamos públicas,  ese  carácter  de superioridad, de generalidad, inherenteála idea  que  nos formamos  del poder polí­tico. Si  quedaba descontento de la decisión, negába­seáconcurriráella,óbien llamabaála fuerza para resistirse^

La  fuerza, era  de  tal  suerte bajo el réjimen feudal la garantía  venjadeja y habitual de la  sociedad,  si  se puede llamar garantíaáuna fuerza  que todos los de­

 

 

100      CUBSO

rechos recurrieron sin cesaráella para hacerse reco­nocerórespetar. Ninguna otra institución podía al­canzarlo ;  tan  seguros estaban de  ello,  que apenas  ha­bía'quien  se dirijieseá las  instituciones.  Si los con-

■cursos señoriales y los parlamentos de los vasallos hubieran estado en disposición de obrar, se les  ve­ría  mas activos,  mas- frecuentes  de  lo que la historia

nos los manifiesta;      su        rareza  prueba su nulidad.

No  nos  admiremos  de ello, pues hay una razón mas decisiva y profunda que  las  que  acabo  de  indicar.

Entre todos los sistemas de gobierno y garantías políticas, el  mas  difícil de establecer,  6 de  hacer que se  establezca es  sin  duda el feudal; ese sistema, que consiste en  permitir en  cada  localidad, en  cada  socie­dad  particular, toda  la parte de  gobierno de que es capaz, no quitándole mas  que aquella porcion indis­pensable para el  mantenimiento de  la sociedad gene­ral , para  llevarla al centro de  esta misma sociedad, y para constituirla bajo  la forma  de un gobierno |cen- tral. El sistema federativo, lógicamente  el  mas senci­llo, es  el  mas complicado en materia de ejecución; para conciliar  el grado  de  independencia,  de  libertad local  que permite subsistir, con  el  desorden  general, con el grado de sumisión que exije y supone  en  cier­tos  casos,  es  preciso  una  civilización muy  adelantada; que la  voluntad del hombre, la libertad individual concurra  al  establecimiento  y mantenimiento del sis­tema  mas  que  en  cualquiera otro,  porque  los medios coercitivos se emplean  mucho menos..

El sistema federativo  es pues el que con  evidencia necesita el  mayor  desarrollo de razón, de moralidad y de civilización en la sociedad en que se aplica. Este  era  sin embargo el  que el réjimen  feudal probó

 

 

DB      HISTORIA     MODERNA.  101

áestablecer; el  feudalismo general era una  verdadera federación; descansaba  sobre los mismos  principios  en que se funda  hoy  día, por  ejemplo, la federación de los Estados  Unidos  de  Amérifca: pretendía dejar en manos de cada  señor toda la  parte de gobierno, de sobera­nía que era posible, y no ofrecer al soberano,á la asamblea general de los barones, mas que la parte de  poder  menor que  podia, y aun esto  en el caso en que era  absolutamente  necesario. Conoceréis  muy bien la imposibilidad de establecer un sistema semejante en medio  de la ignorancia, de las pasiones brutales, en una palabra, del  estado moral  de  los hombres tan imperfecto bajo el feudalismo. La  misma naturaleza del  gobierno estaba en contradicción con las  ideas, con las costumbres de  los hombresáquienes querían aplicarla. ¿Quién se  admirará  del mal éxito de estas tentativas  de prganizacion?

Hemos considerado la sociedad feudal, primero en su elemento mas sencillo, en su elemento fundamen­tal; despues  en su conjunto. Hemos buscado bajo estos dos puntos de vista, lo que hizo, lo que debió ha­cer, lo que resultó  de su naturaleza  en cuanto ásu influencia sobre el curso de la civilización. Creo  que hemos llegadoáeste  doble resultado:

4?  El feudalismo ha debido ejercer una poderosa influencia, y á decirlo todo, un influjo saludable  so­bre el  desarrollo interior del individuo; ha suscitado en  las  almas, ideas, sentimientos enérjicos, necesidades morales; ha creado pasiones, caracteres exelentes.

2?  Bajo el punto de vista social, ncr ha podido fundar  ni orden legal, ni garantías políticas; la  feudali- dad era indispensable para  volverá establecer en  Eu­ropa la sociedad  enteramente disuelta  por  la  barbárie,

 

 

I0S6    «W»

mas  no  era  capaz de una forma mas regular y es­tensa. La forma feudal radicalmente viciosa en si misma, no podia regularizarse, ni estenderse. El úni­co  derecho político que  el  réjimen feudal  hubiera sabi­do hacer valer  en  la sociedad  europea, es  el  derecho . de resistencia; 110 fligo de una  resistencia  legal, pues poco  podría tratarse de  ella en una sociedad  tan atra­sada. El progreso de la sociedad  es precisamente el de substituir  por uua  parte los poderes  públicos á la voluntad de  los particulares; y por  la otra, la resis­tencia lejítimaála  individual. Este es  el grande  objeto, la  principal perfección del orden social; se deja una grande lentitudá la  libertad  personal, y despues, si es­ta llega áfaltar, cuando se hace preciso  tomar cuen­ta de sus operaciones, se  dirije únicamenteála  razón pública, y la llama  para que interponga su  autoridad en el litijio  que se ha entablado contra la libertad del individuo. Tal  es  el sistema del orden y de la resis­tencia legal. Bajo  el feudalismo deduciréis fácilmente por  lo dicho que nada se parecíaáesto: el derecho de resistencia que ha  sostenido y puesto  en práctica alré­

jimen feudal, es el de resistencia personal; derecho terrible éinsocial  puesto que  se vale  de la fuerza, de la  guerra, es decir de la  destrucción de la misma socie­dad; derecho  que sin embargo no  debe jamas  abolirse en el  fondo del  corazon  de los  hombres, porque su abolicion, seria someterse á la esclavitud. El senti­miento del  derecho de  resistencia había  perecido para

oprobio  de la sociedad  romana: no podia  renacer en­tre sus  ruinas, ni se deducia naturalmente ámi pare­cer de los principios  de la sociedad cristiana.

La feudalidad la hizo entrar en las costumbres de la  Europa. Honraála  civilización el  haber hecho inú-

 

 

M        HUTOUA       M O D IIM .   IOS

tilé       inactivo para   siempre           semejante        sentimiento,     y

al  propio tiempo  es la gloría del réjimen feudal el ha­berle profesado  y defendido constantemente.

Me atrevoáasegurar, señores, que tal  es el resul­tado  del exámen  de la  sociedad  feudal  considerada  en si misma, en  sus  elementos generales, éindependien­temente del  desarrollo  histórico. Si  pasamosálos  he­chos,ála historia veremos que sucedió lo  que  debia; que el réjimen feudal ha obrado naturalmente, que sus  resultados fueron conformesásu naturaleza. Los acaecimientos pueden citarse como pruebas de  todas las congeturas, de todas  las  inducciones que acabo  de sacar de  la  misma naturaleza  de este  réjimen.

Observemos  la historia general del  feudalismo des­de el siglo X al  XIII: es  imposible dejar de conocer que ha ejercido una  grande y saludable influencia  so­bre el desarrollo de los  sentimientos, caracteres éideas del hombre. No podemos abrir la historia de esa  época, sin  encontrar una  multitud de acciones no­bles,  grandes, hermosos  rasgos de humanidad, naci­dos evidentemente del seno  de las costumbres feuda­les. La  noble  caballería en realidad no  se asemeja mu­cho al  feudalismo, pero con todo de allí  tomó  su  ori­gen; de la feudalidad  fue de  donde salió  esta  idea de sentimientos  elevados, generosos, fieles.

Fijemos  la atención en  otra parte: los primeros ras­gos de la imaginación  europea, los  primeros ensayos de  poesía, literatura, de placeres intelectuales que la Europa probó al  salir de la barbárie, nacieron al abri­go de la feudalidad,.en el interior del  castillo en  don­de la visteis nacer. Para este género de actos de  huma­nidad, es preciso  movimiento en el  alma, en la vida y hasta en el  placentero  descanso, condiciones que no

 

 

104      ctruo

podían encontrarse en la existencia penosa, triste, grosera  y dura  del pueblo común. Los primeros re­cuerdos literarios,  los  primeros recreos intelectuales  de la Europa, en Francia, en Inglaterra, en Alemania^ siempre se  refierenálos tiempos feudales.

En cambio,  si consultamos  la  historia sobre  la  in­fluencia  social  de la feudalidad, nos contestará siem­pre acorde con nuestas conjeturas, asegurando que por todas  partes el réjimen feudal ha sido  opuesto tan­to al  establecimiento  del orden  comoála estencion de la  libertad  general. Bajo cualquier punto de  vista  que se  considere  el progreso de la sociedad, encontrare­mos comoá obstáculo el réjimen feudal. Asi, desde que la sociedad feudataria existe, las  dos  fuerzas que han sido los grandes móviles para el establecimiento del  orden y de la'libertad, el poder monárquico por una  parte, y el  popular por la otra, la  dignidad real y el  pueblo, la  atacan y combaten  sin  descanso. Algu­nas  tentativas se han hecho en  diversas épocas para re­gularizarla, y hacer de  ella un estado  algo legal, gene­ral: en  Inglaterra por Guillermo  el  Conquistador y sus hijos, en  Francia por san  Luis, en  Alemania por mu­chos  emperadores, mas todas las pruebas, todos los esfuerzos se han estrellado: la misma  naturaleza  de  la sociedad feudal  rechazaba el  orden y la  legalidad. En los siglos modernos algunos hombres de talento han intentado rehabilitar el  feudalismo como sistema so­cial; han  querido ver en él un estado legal, reducidoáreglas, progresivo; en  una  palabra han hecho  de  él una  edad de oro. Preguntadles en donde le colocan, hacedles  determinar un lugar,  un tiempo de existen­cia , y vereis como se niegan. Es una eutopia  sin  fecha, un drama  para el cual no  se  encuentra en lo pasado

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  105

teatro ni actores. Es muy fácil descubrir la causa de este error, y esplicar con  ella igualmente la equivo­cación de  aquellos que no  pueden pronunciar  la  pala­bra  feudalismo sin  añadirle un anatema absoluto. Ni unos ni otros  han  tenido cuidado  de considerar  el  do­ble  aspecto bajo el  que se  presenta  la feudalidad ;  de distinguir  por un lado su influencia  sobre el  desarrollo individual  del hombre, sobre  los  sentimientos,  carac­teres y pasiones; por el otro, su ascendiente para con el estado social.  Los unos no han podido  figurar­se  que un sistema en que se encontraban tan bellos sentimientos, tantas virtudes én que se veia nacer toda  clase de  literaturas, y en  que las costumbres  to­maban  algún  prestigio y grandeza, fuese tan malo, óálo menos  tan fatal  como se le  suponia. Los otros no han visto en  él mas que los perjuicios causados por el feudalismoá la  masa de la poblacion, el obstáculo que aquel  oponia  al establecimiento del orden,  de la libertad, y sacando consecuencias enteramente opues­

tas no  han podido  jamas creer que hayan nacido de tal sistema virtudes, rasgos nobles de carácteró el mas mínimo progreso. Entrambos desconocieron el doble elemento de  la civilización; ignoraron que  esta consiste en  dos  desarrollos, de  los cuales  el  uno  pudo existir  independientemente del otro, aunque al  cabo de algunos siglos,  y por una larga serie de hechos , debiesen  llamarse y unirse  voluntariamente.

Finalmente señores, la feudalidad ha sido  lo que debia; ha hecho lo que  debió  hacer.  La individualidad, la enerjíade  la existencia personal, tal  era el hecho do­minante  entre los  vencedores del mundo romano; el establecimiento  de la  individualidad  debia  resultar an-

tes        de todo            réjimen            social fundado por ellos          y          para

n

 

 

1 0 6    CURSO          DB      HISTORIA     MODERNA.

ellos. Lo  que  el  hombre lleva  en un sistema social en el momento en  que entra en él, sus  disposiciones in­teriores y morales influyen poderosamente sobre la situación que se ha  establecido. Estaásu turno  vuelveáobrar  sobre las disposiciones, las  fortifica, las au­menta. El individuo dominaba  en la sociedad  de los germanos; y la  feudal hija de aquella, ha desplegado su influencia en,provecho del desarrollo individual. Los  mismos hechos  encontraremos  en los diversos ele­mentos de  la civilización, ellos han sido  siempre  fielesásu principio; han adelantado y obligadoáentrar al mundo  en  el camino  por donde se habian constituido antes. En nuestra próxima reunión, la historia éin­fluencia  de la  iglesia desde  el  siglo  V al  XVI al  tratar sobre  la civilización europea, nos ofrecerá  un nuevo  y convincente ejemplo  de lo que acabamos de esplicar.

 

 

LECCION      V.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Señores :

En la  lección anterior examinamos  la naturaleza éinfluencia del réjimen feudal; hoy nos ocuparemos  en tratar  de la iglesia cristiana desde el  siglo XV al XVI. Digo de  la iglesia, porque no es del cristianismo pro­piamente dicho,  del cristianismo como  sistema religio­so,  sino de la iglesia como sociedad eclesiástica, del es­tado clerical  del  que  me propongo  hablaros.

En  el  siglo  V , esta sociedad estaba casi completa­mente  organizada;  no  porque no haya sufrido despues de aquella  época innumerableséimportantes variacio­nes , sino <jue puede decirse que entonces la iglesia considerada como corporacion, como gobierno del pueblo  cristiano, ya habia llegadoá una existencia completaéindependiente.

Al  primer  golpe de vista  conoceréis una diferencia inmensa  entre el estado de  la iglesia  en el  siglo V, y  los  demas  elementos de  la civilización  europea. He indicado  como  elementos  fundamentales de  nuestra  ci­vilización al réjimen feudal,  municipal, la dignididad real, y la iglesia. En el siglo  V  el réjimen  municipal

 

 

I O S   CURSO

no era  mas  que un  despojo del imperio romano, una sombra sin vida, sin forma determinada. El réjimen feudal nosaliaaun de su cáos;la dignidadreal no exis­tia  mas  que en el nombre, todos los elementos civiles de la sociedad  moderna se  hallaban  en su decadencia  6 infancia. Solo la iglesia era  ála vez joven y constituida; solo ella habia adquirido una  forma  definitiva, conser­vando  todo el vigor de la primera edad; solo ella po­seía unidos el movimiento y orden, la  regla y  la ener- jia,es  decir  los dos grandes  medios dé influencia :  aho­ra os  pregunto, ¿No es por la vida  moral, por el mo­vimiento interior por una parte, por el orden y  disci­plina por la otra  por  donde las instituciones se  apode­ran  de la  sociedad? La iglesia  habia examinado todas las graves cuestiones  que interesan al hombre; conocía todos  los problemas de su  naturaleza, y  las  esposicio- nes  de su destino. Asi es, que su influencia sobrela ci­vilización moderna  ha  sido grande, mas poderosa  qui­zás de lo que  la  han hecho sus mayores adversarios,ósus mas celozos defensores.. Ocupados en servirla ócombatirla, no la  han considerado mas  que bajo un punto de vista polémico, y no supieron, ámi  parecer, ni  juzgarla con equidad, ni medirla en  toda su esten- sion.

La iglesia se  presenta en  el siglo  V como una socie­dad independiente, constituida, interpuesta  entre los señores del mundo, los soberanos, los poseedores  del poder temporal, y los pueblos  sirviendo como de vín­culo entre  los dos, y obrando sobre todos.

Para conocer y comprender completamente su ac­ción, se la debe considerar  bajo tres aspectos: prime­ro , en sí misma, hacerse cargo de lo que era por su réjimen interior, por su naturaleza, sus principios

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 0 9

dominantes; en  segundo  lugar examinarle en sus rela­ciones con los soberanos temporales, reyes, señoresúotros,  y finalmente con los pueblos. Guando esta triple investigación nos habrá ofrecido un cuadro exac­to de la  iglesia, de sus principios, situación y de la in­fluencia que ha debido ejercer, comprobaremos nues­tros asertos  con la historia; buscaremos si los hechos, los .sucesos llamados asi con propiedad, que tuvieron lugar  desde el  V al  X siglo, están acordes con  los re­sultados que nos habrá presentado el estudio  de la na­turaleza de la  iglesia y sus relaciones, ya sea con los señores  del mundo,  ya con los pueblos.'

Dediquémonos antes de todoála iglesia  en sí mis­ma , al conocimiento de  su  estado interior, de su na­turaleza.

El primer  hecho que llama la atención, y tal  vez el  mas  importante  es el de su propia existencia, la existencia de un gobierno religioso, de un estado, de una corporacion eclesiástica, de un sacerdocio, de una religión perteneciente al  estado sacerdotal.

Paramuchoshombres que se llaman ilustrados, estas solas palabras, cuerpo de eclesiásticos, clérigos, go­bierno de la iglesia, etc., bastan para juzgar de la cues­tión. Creen  qu^  una  religión  que abunda en corpora­ciones de curas y estados clericales  legalmente cons­tituidos , que una religión  reducidaágobierno, al fin debe ejercer una influencia mas bien perjudicial queútil:ásu  paracar la  religión  es  una relación puramen­te  individual del hombre con el Criador; y cuantas veces pierde su carácter, cuantas veces se interpone una autoridad  esterior entre el individuo y Dios que es  el objeto de sus  creencias  religiosas; otras tantas la religión sale de sus atribuciones, y peligra la sociedad.

 

 

110      CUBBO

No podemos, señores, pasar por alto esta  cuestión. Para  saber cual  ha  sido  la influencia de la iglesia  cris­tiana, es  preciso saber lo que  debe  ser, según la  mis­ma naturaleza de su institución, la influencia de una iglesia, de un  estado clerical. Para  conocer realmente esta influencia es indispensable buscar  ante todas co­sas si la  religión  es  en  efecto puramente  individual¿si no escitaóda áluz  mas  que  una íntima relación en­tre Dios y el hombre, ó si se considera entre los hombres como una fuente de nuevos conocimientos, de  la que emana necesariamente una sociedad reli­giosa y  un gobierno pertenecienteáesta sociedad.

Si se  reduce  la religión  al sentimiento religioso pro­piamente tal,áese sentimiento tan real aunque algo vagoéincierto en  su objeto,  que  no se puede apenas caracterizar sino  nombrándole,áese sentimiento que se  dirije tan prontoála naturaleza esterior, como álas  partes  mas  íntimas del alma, hoyála poesía, ma­ñanaálos  arcanos del  porvenir; que se  presenta pór todas partes  buscando satisfacerse sin fijarse  nunca; si se  reduce la religión á este sentimiento, me parece que debe entrar  puramente en la clase  individual. Se­mejante afecto puede provocar muy bien entre los hombres una asociación momentánea; puede y debe gozarse con la simpatía, alimentarse, fortificarse en ella. Mas  por  su naturaleza vacilante ,  dudosa, se  nie­gaáconvertirse en  principio de una asociación perma­nente,  estensa;áacomodarseáningún sistema de pre­

ceptos, de prácticas, de formas; en  una palabra, ácrear  una  sociedad  y un  gobierno religioso.

Pero, señores,óyo me engaño,ó este sentimien­to religioso no es  la espresion completa de la natura­leza religiosa  del hombre. La  religión esámi parecer

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  H         f

otra cosa enteramente  diferente, mucho mas intere­sante.

Hay  ciertos  problemas en  los  destinos y naturaleza humana  cuya solucion no pertenece áeste mundo, que se  refierenáun orden  de  cosas estraño al mundo visible, que atormentan del  modo mas fuerte el alma del hombre que  quiere  absolutamente resolverlos. La solucion de estos problemas, las creencias, los dog­mas  que la contienenóálo menos se  jactan de ello, tal es  el primer objeto, el primer origen de la religión.

Otro camino conduce hácia  ellaálos hombres. Pa­ra aquellos de entre  vosotros que se han  empleado en estudios filosóficos algo estensos, creo será evidente que la moral  existe  con independencia de las  ideas re­ligiosas, que  la diferencia del bien y del mal  moral, que la obligación de huir de este y hacer  lo que el primero aconseja ,  son  leyes que el hombre reconoce en  su  propia naturaleza  como las de la lógica, tenien­do en ella su origen como su aplicación en  la vida ac­tual. Mas, despues de aprobados estos hechos, y re­ducida la moral ásu independencia, una cuestión se presenta al espíritu humano. De donde proviene la moral? á donde conduce? Esta obligación de

obrar bien, que subsiste por si misma, es acaso un hecho aislado, sin autor y sin objeto ? no encu­bre,ómas bien  no revela al hombre un origen, un destino que se remonta mas allá de este mundo? Cuestión  espontánea, inevitable, y por  la que la mo­ralásu vez  lleva  al  hombreálas  puertas dj la reli­gión , y  le abre una esfera que no hubiera encontra­do en otra parte. Asi, los problemas de nuestra natu­raleza, la necesidad  de buscaren la moraluna  sanción, un origen, un objeto; he aqui los manantiales fecun­

 

 

112      CXJBflO

dos y seguros para la relijion. También se presenta bajo otros aspectos  ademas del puro sentimiento con que se la ha descrito; ofrécese á veces como un conjunto, primero, de doctrinas suscitadas por los pro­blemas que el hombre lleva en sí mismo; segundo de preceptos  que corresponden áestas  doctrinas, y danála moral natural un sentido  y una sanción; tercero, de promesas  que se dirigenálas  esperanzas del porve­nir de la humanidad: ved aqui lo que constituye ver­daderamente la relijion; lo que ella es en el fondo, y no una pura forma de la sensibilidad, un encanto de imaginación, una variedad de la poesía.

Aplicadaásus verdaderos elementos,ásu esencia, la  religión aparecía, no como un hecho  puramente in­dividual, sino como un poderoso y fecundo principio de asociación. ¿La consideráis como un sistema de creencia y de dogmas? La verdad  no perteneceána­die, es  universal, absoluta; los hombres tienen nece­sidad  de buscarla, de profesarla en común. ¿Se  trata de los preceptos que se asocian álas doctrinas? una ley obligatoria  para  un individuo lo es para todos; es preciso promulgarla, sugetarátodos los hombres ba­jo su imperio. Lo mismo sucede con las promesas que hace la  relijion en  nombre de sus creencias y precep­tos: es necesario generalizarlas, que todos sean  llama­dosárecoger sus frutos. De  los elementos esenciales

en la relijion, vereis  que  nace la sociedad relijiosa, y dimana tan infaliblemente que la palabra que espresa el sentimiento  social mas enérgico, la obligación mas imperiosa de propagar  las ideas, de estender una so­ciedad, es la  palabra proselitismo, que se  aplica  prin­cipalmenteálas creencias  relijiosas, y parece haberse consagradoáellas esclusivamente.

 

 

1)E      historia            moderna.         i           1 5

Creada  la sociedad religiosa, reunidos cierto núme­ro de hombres en creencias  religiosas comunes, bajo la  ley de  los mismos preceptos y  esperanzas religio­sas,  les falta un réjimen. No hay sociedad que subsis­ta  ocho dias  ¿qué digo? una hora, sin gobierno. En el momento en que  la sociedad se forma, y por el solo hecho de su  establecimiento, llama un  gobierno quje preconice la verdad común, vínculo de la sociedad, que promulgue y mantenga los preceptos que deben nacer  de ella. La necesidad de un poder,  de un gobier­no asi en la sociedad  religiosa como en cualquiera otra se  halla envuelta en  el  hecho  de la existencia de la so­ciedad; y no tan  solo es necesario este gobierno, sino que se  forma  naturalmente. No puedo detenerme mu­cho tiempo en esplicar como nace y se establece el gobierno en la sociedad en general; me  limitaréáde­cir, que, cuando las cosas siguen sus leyes naturales, sin mezclarse la  fuerza, el  poder vaáparar en  manos de  los mas capaces, de  los escogidos, de aquellos que dirigiránla  sociedadásu objeto; si  se trata de una  es- pedicion de guerra, los mas valientes acostumbran apoderarse del poder; si la  asociación lleva por mira una indagación6 una empresa científica, el mas hábilse­rááquien corresponda ejercerla: en todas partes, en el mundoabandonadoásu curso,ladesigualdadnatural de  los hombres se desenvuelve  libremente, y cada uno toma el lugar de que es capaz. Bajo el aspectoreligioso, los hombres no son mas iguales en talento, facultades y poder  que bajo otro cualquiera; este  será  mas capaz que  otro de manifestar las luces  de las doctrinas reli­giosas y hacerlas  adoptar, el otro tiene en  sí  mas dis­posición para hacer observar los preceptos de  la reli­gión; y otro finalmente escederáátodos en persuadir,

>15

 

 

114      CCBSO

cscitar en las almas  emociones  y esperanzas religiosas. La misma desigualdad de facultadeséinfluencia que

hace nacer el poder en la sociedad civil, lo  haceigual­mente en la sociedad  religiosa. Los misioneros se  ha­cen, se declaran como los jenerales: de manera que por una parte  de la naturaleza de la  sociedad religiosa proviene necesariamente el gobierno religioso; y  de

otra,  este se  desarrolla  naturalmente por el solo efec­to  de las facultades humanas, y  su desigual reparti­ción. Asi  pues, desde  que la religión nace  en el hom­bre, la sociedad religiosa se constituye, y desde  que esta  sociedad apareceá la faz del mundo, dá á luz su gobierno.

Se suscita una objecion .fundamental: aquí no hay nada  que  ordenar  6 imponer; nada de lo que se  esta­blece con la fuerza puede  ser lejitimo; no hay lugar para  constituir un gobierno, porque la libertad debe subsistir entera.

Señores, es formarse una idea bien mezquina  del gobierno en general el creer  que reside, que existe úni­camente  por  la fuerza que ostenta para  hacerse obede­cer; hablo de su elemento coercitivo.

Me  aparto del punto de vista  religioso, tomo el  go­bierno civil; seguid conmigo el sencillo curso de los sucesos. La sociedad existe; hay que hacer por consi­guiente  alguna cosa, sea la que fuere, en  su  favor, en su nombre; una ley que dar, una medida  que tomar, un  fallo que pronunciar. Seguramente queda todavía una gran parle para satisfaceráestas necesidades so­ciales ; una  buena ley que  dar, una buena  medida que tomar; un buen fallo que pronunciar. De cualquier cosa que se trate, cualquiera que sea el interés en cuestión, siempre hay  que conocer una verdad, que debe decidir  de la conducta.

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 1 5

La  primera operacion del gobierno es buscar esta verdad, descubrir  lo que es justo, razonable; lo que convieneála sociedad, y cuando lo haalcanzado, ma­nifestarlo. Entonces es preciso cuidar de hacerlo intro­

ducir en los ánimos, que se haga  aprobar por los hombres sobre  los cuales  obra, y les persuada que tie­ne  razón. ¿Hay en todo esto  algo  de coercitivo? De ningún modo. Con todo,  suponed que la verdad que debe  decidir el negocio, no importa cual sea,  una vez encontrada y proclamada, haya convencido en nn ins­tanteátodos los entendimientos y voluntades, de mo­do que todos reconozcan que el  gobierno tiene razón, y por lo mismo le obedecen  espontáneamente; hasta ahora no hay  coaccion, ni objeto  en que emplear la fuerza. ¿Y qué,el gobierno no subsistirá por esto ? ¿De­jaría  por  esto  de ser un gobierno perfecto? Es  eviden­te  que no,  y ademas de serlo hubiera cumplido su  ob­jeto. La  coaccion no tiene efecto hasta que se  presenta la resistencia de las voluntades individuales, cuando la idea, el partido que el poder ha  adoptado no obtienen la  aprobaciónósumisión voluntaria de todos. Enton­ces  el  gobierno emplea su fuerza para hacerse obede­cer; y este es el  resultado  necesario de  la humana im­perfección , imperfección que reside juntamente en el poder y en la sociedad. Nunca  habrámedio de evitarla absolutamente; los gobiernos civiles se verán  siempre

obligadosárecurrirála  coaccion en  un cierto límite. Pero  la  coaccion no los  constituye;  todas las veces que la pueden evitar lo hacen, en bien de  todos; y su mas bella perfección  es la de evitarla, concretarseálos me­dios  puramente  morales,ála acción que se ejerce so­bre el  entendimiento; de manera que cuanto menos uso hace el  gobierno de la  coaccion, mas fiel esásu

 

 

1 1 6    CURSO

verdadera  naturaleza, y  mejor cumple su misión.Y en­tonces  no se reduce, no retrograda  como se dice vul­garmente; sino que obra  de otra manera infinitamente mas  general y poderosa. Los gobiernos que  emplean mas  la  coaccion, adelantan menos  que los que apenas la emplean. Cuando el gobierno se dirijeála  razón, cuando obra  por medios puramente morales, en lugar de apocarse, se dilata, se eleva ; entonces es  cuando

obra y perfecciona las cosas ;  al  contrario, cuando se vé precisadoávalerse incesantemente de la coercion, es  cuando se  estrecha, obra poco y hace mal cuanto pone en  ejecución.

La esencia del gobierno  de ningún modo reside en la  coaccion, en el empleo de la  fuerza; lo que la cons­tituye principalmente, es un sistema de medios y po­deres, concebido con  el  designio de  llegarádescubrir aquello  que conviene hacer en cada ocasion, indagar la mansión  de la verdad que tiene derecho de go­bernar la sociedad, para  hacerla entrar en seguida en los ánimos, y adoptarla  voluntaria, libremente. La necesidad y presencia de un gobierno  es muy con­cebible, aun cuando no hubiera lugar i ninguna fuerza, aun  cuando esta  estuviese absolutamente pro­hibida.

Tal es, señores,  el gobierno de la  sociedad religiosa; sin duda  la  fuerza le estará  prohibida, pues  como tie­ne  por único territorio  la conciencia'humana, el em­pleo de  aquella seria ilegítimo, cualquiera que  fuese su

objeto: mas no por esto deja de  subsistir ni de dar cumplimiento átodos los actos que acaban de pasar por vuestros  ojos. Es preciso buscar cuales son las doc­trinas religiosas que resuelven los  problemas del desti­no human?,ósi hay un sistema general de creencias

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 1 7

en  que estén resueltos estos problemas; es necesario que, en cada  paso particular, descubra y  ponga en claro las consecuencias el sistema; que  promulgue y mantenga los preceptos que corresponden ásus dog­mas, que los predique,, enseñe, y  que cuando la so­ciedad se aparte de ellos  se  lo recuerde.  Nada de coac­ción; la  enseñanza de  las verdades religiosas, la predi­cación cuando es necesario, las amonestaciones, la censura; esto  es  el cumplimiento del  gobierno religio­so ;  este  es su deber. Si  suprimís enteramente la parte coercitiva, vereis como todas las cuestiones esenciales de  la organización del gobierno se levantan y reda­man una solucion. La cuestión por ejemplo, de saber si  es necesario un cuerpo de magistrados  religiosos,ósi es posible'fiarseála inspiración  religiosa de los indi­viduos , que  se  discute entre  la  mayor  parte de  socie­dades religiosas y entre ellas en la  de los cuáke­ros , existirá  siempre, y  será  preciso  tratar incesante­mente de ella. Lo mismo  de  la cuestión de saber si, una vez  reconocida la necesidad de un cuerpo de ma­gistrados religiosos, se deberá  preferir un sistema  de igualdad, es decir de ministros de  la religión iguales entre sí, que deliberen en común,óunaconstituciónde gerarquía, esto  es de diferentes  grados de poder. Esta cuestión  jamas perecerá porque de otra suerte  habréis retiradoálos magistrados eclesiásticos todo el poder coercitivo. En lugar de  disolver  la sociedad religiosa, para poder  destruir  el derecho religioso, es necesario conocer que  la sociedad religiosa se forma naturalmen­te , que  el gobierno religioso  dimana  también natural­mente de su sociedad, y  que el problema que estápara resolver  es  el  de saber sobre  que condicion debe existir este gobierno, cuales sean sus  bases, sus prin-

 

 

118      CURSO

cipios, las  circunstancias  de su lejitimidad. Aqui estála verdadera investigación  que impone la existencia necesaria del gobierno  religioso.

Señores, las condiciones de la lejitimidad son las mismas en  el gobierno  de  la sociedad  religiosa que en todas las demas; y pueden reducirse ádos: la pri­mera , que  el  poder permanezca constantemente en  los menores limites de imperfección de  las  cosas huma­nas , en las manos de los escojidos, de los mas  capa­

ces ; que se busquen  los superiores lejítimos que exis­ten dispersos  en la sociedad, puestosála pública es- pectácion, y llamados para describir  la ley social,  pa­ra ejercer el poder. La segunda, que el poder lejíti- mamente constituido respete las libertades lejítima3

de aquellos sobre quienes  ejerce su autoridad. En un buen sistema de formacion  y organización de poder, en un buen sistema de garantías para la libertad, en estás  dos condiciones  reside la exeléncia del  gobierno en general, ya sea  religioso ya civil.

En lugar de  desatamos contra la  existencia de la iglesia, del gobierno del mundo cristiano, debemos indagar como estaba  constituido, y si sus principios correspondían á las dos condiciones esenciales de todo buen gobierno; examinemos la iglesia bajo estos

dos      respetos.

En cuanto  al  modo de  la formacion  y transmisión del .poder en la iglesia, hay un término de que se han servidoá menudo al hablar del estado clerical cris­tiano  y de que no quiero hacer  usó: tal es la palabra casta que se daba ála corporación de magistrados eclesiásticos; esta espresion no es  justa, pues la idea de herencia va inherente á la de casta. Recorred to­do el mundo; tomad por ejemplo todos los países

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  HQ

en  los cuales se ha producido el réjimen de las cas­tas , en la  India, en  Egipto; y vereis por todas par­tes que la casta, tiene por esencia la heredad, la trans­misión de  la  misma situación, del mismo poder de padreáhijo. En donde no hay herencia  no hay cas­ta , hay corporacion; el espíritu de las corporaciones tiene sus inconvenientes, mas es enteramente dife- rénte  del  espíritu de  casta. Por consiguiente esta pa­labra es inaplicable á la iglesia  cristiana. El celibato de  los  eclesiásticos ha impedido que el  estado clerical se convirtiera en una  casta.

Ya veis  las  consecuencias  de  esta diferencia. En el sistema ele casta, en el  de herencia, consiste inevita­blemente el privilegio. Esto se  deducé de la misma definición de la casta.  Guando  las mismas funciones y poderes  se hacen hereditarios en  el  seno  de las fami­lias, es  claro que el privilegio se constituye en  ellas, que nadie puede  adquirirlas independientemente de su

origen. Esto es  en  efecto lo que ha sucedido. En  don­de  el gobierno religioso ha caido en manos de  una cas­ta, ha pasado'á ser materia  de  privilegio; nadie  par­ticipa  de él  mas  que los que pertenecen ála familia. Nada semejañte se  ha encontrado en la  iglesia cristia­na, pues ha mantenido constantemente el principio de admitir  igualmenteátodos los hombres para  par­ticipar de sus dignidades y obligaciones, cualquiera

que fuese su origen. Lá carrera eclesiástica del siglo XVal XVI particularmente,  estaba abierta  para todos. La  iglesia se componía de todas las clases y rangos, asi superiores como inferiores, y mas generalmente

todavía de los últimos: todo pertenecíaá su seno ba­jo el régimen del privilegio; mantenía ella sola  el principio de igualdad, de concurrencia para los em-

 

 

1 2 0    cunto

píeos eclesiásticos,  y llamabaátodas las superiorida­des lcjítimasála posesion del poder. Es la  mas gran^ de consecuencia que hasta  ahora hemos sacado natu­ralmente para  probar que era una  corporacion y  no

una casta.

Pasemosáotra; hay un espíritu que es  inherenteálas castas, el  de inmovilidad; esta aserción no necesi­ta prueba: hojead todas las historias, y vereis como el espíritude  inmovilidad  se apodera de todas las  so­ciedades  políticasóreligiosas  en donde domina el réji- men  de castas. El temor del  progreso se introdujo  en la  iglesia cristiana en cierta época, y hasta cierto pun­to, pero sin embargo no podemos decir  que  se apode­ró de ella, ni  que haya permanecido inmóvil y esta­cionaria. Durante largos siglos estuvo en  movimiento, en progreso, unas veces provocada  por los ataques  de

yuna oposicion exterior, otras  por convencimiento y de­terminación en vista de las necesidádes  de reforma, de desarrollo interior: tómese por donde  quiera, es  una sociedad  que constantemente ha variado, ha progresa­do ,  que tiene historia variada y progresiva.  Nadie  du­da  que  la  igualdad  en  admitirátodos los hombres pa­ra  los negocios eclesiásticos, que el continuo llama­miento de la iglesia arreglado según principio de igual­dad, lian contribuido poderosamente ámantener, áreanimar sin  cesar el movimiento y la vida,ápreve­nir  el triunfo del  espíritu de inmovilidad.

¿Como se aseguraba  la iglesia, al admitir indistin­tamente á todos los hombres para dirijir su nave, que les asistía el derecho para ello? como descu­bría en el seno de  la  sociedad, las superioridades lejí- timas que debian tomar parte en el gobierno? Dos eran los principios que estaban en vigor en la iglesia, \?

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 2 1

la  elección del inferior por el superior, el nombra­miento; 2? la elección del superior por sus  subordina­dos ,ósea la  elección propiamente  dicha,  tal como la concebimos hoy día. La ordenación  de los  eclesiásti­cos, la facultad de haceráun hombre cura,pertenecía al  superior, y entonces  la elección se  hacia ¡de mayorámenor  dignidad. Lo mismo en la colacion  de ciertos beneficios eclesiásticos, entre otros aquellos que son inherentesálas  concesiones feudales. En  este caso el superior, el rey, el papa óseñor eran quien  nombra­ban al  beneficiado. En otras circunstancias obraba el

principio dé elección propiamente dicho.•Los obispos han sido elejidos  por  largo  tiempo,  y hasta en la  épo­ca que nos ocupa, por la corporacion clerical; y aun los  fieles intervenían también  algunas veces en este ac­to. En el interior de los  monasterios, los monjes ele- jianá su abad. En Roma los  papas eran elejidos por el colegio de cardenales,  y antiguamente  todo el esta­do eclesiástico romano tomaba parte en semejante elección. Tenemos  los  dos  principios, la elección del inferior por el superior, y la del superior  por sus su­bordinados, reconocidos, y con acción lejítima en la iglesia, particularmente en la época  de que tratamos, valiéndose de lino de  estos  dos medios  para designar los hombres llamados áejercer una parte del poder, eclesiástico.

Estos dos principios existían unidos, mas siendo diferentes en la esencia, estaban en continua  lucha. Despues de muchos siglos y vicisitudes', la elección dél inferior por el superior es la que  llevó la victoria en la iglesia cristiana. Pero en general desde el  Y al X siglo, fué  el otro principio  el que prevaleció, j

continua          todavía,           esto      es,        la         elección           de        superior

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1 2 2    curso

por  sus  subordinados. Y no estrañeis, señores, la coe­xistencia de dos principios tan diversos; mirad la so­ciedad en general, el curso natural del mundo, la  ma­nera con que el poder  se transmite de unosáotros, y

vereis que  se opera  unas veces  de una  manera, otras de otra. La iglesia  no las  ha  inventado; halladas en el gobierno providencial de las cosas humanas, no ha hecho mas que  apropiárselas: uno  y otro es  verdades ro y útil,  y su combinación seria muchas veces el  me­jor  medio de  descubrir el poder lejítimo. A mi pare­cer es una desgracia que solo uno de los dos, por ejemplo la elección del inferior  por el superior, haja

prevalecido en la iglesia. Con todo el segundo tampo­co ha perecido enteramente en ella, j bajo diferentes nombres, con major ómenor suceso, se ha reprodu­cido en  todas  las épocas,álo menos lo bastante para protestaréinterrumpir la  prescripción.

La iglesia cristiana, señores, poseia en la época que nos ocupa una inmensa fuerza  con  respectoála igual­dad  j álas superioridades lejítimas: era la sociedad mas  popular, la mas accesible, la mas abierta para to­dos  los talentos,  para todas  las nobles ambiciones de la naturaleza  humana. En esto consiste  principalmente su poderío, mas  bien que en las  riquezas j medios ile- jítimos que ha  empleado varias veces. En  cuanto ála segunda condicion de  buen  gobierno, j respectoálali­bertad, la  iglesia deja mucho que desear: en ella  se encontraban dos principios perjudiciales; el uno  mani­fiesto, incorporado por decirlo asi en las doctrinasde la iglesia, el otro introducido en su seno  por la debili­dad  humana, mas de ningún modo por una conse­cuencia lejítima de doctrinas.

El primero,      era la   denegación      de los   derechos de

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 2 5

la razón individual, la pretensipn de transmitir las creencias  de arriba abajo en  toda la sociedad  religiosa, sin que  nadie  tuvieseásu cargo el  derecho de discu­tirlas. Mas  fácil  es establecer como principio esta pre­tensión, que  hacerla  prevalecer realmente. La convic­ción  no entra en  el  entendimiento humano, si este  no le abre la  puerta; es  necesario que  se  haga aceptar. De cualquier modo que se  presente, cualquiera  que  sea el nombre  que invoque, la razón observa al convenci­miento , y si le deja penetrar  es porque  se  ha determi­nadoáaceptarle: asi  es que siempre hay, bajo cual­quier forma  que se oculte, una acción de la razón in­dividual, sobre las ideas que pretende imponerle. Es verdad sin embargo,  que la razón puede estar altera­da, confusa,óhasta cierto punto falta de su principal ciencia; puédesela induciráhacer  mal uso de sus fa­cultadesóáno usarla en  todo lo que tiene derecho. Tal ha  sido en efecto la consecuencia del principio perjudicial admitido por  la  iglesia; pero en cuantoála acción pura y completa de este principio, nunca ha te­nido ni ha  podido tener lugar.

El segundo  mal principio, es el  derecho de coac­ción que la  iglesia  se  abrogaba, contraríoála natura­leza de  la  sociedad  religiosa, al  origen  de sí  misma,ásus primitivas máximas, derecho contestado por mu­chos ilustres  padres, por sanAmbrosio,sanHilario,san Martin, pero que con todo prevalecía y se  convertia en unhechodominante.La pretensiónde obligarácreer, si es que  puede decirse  asi, 6 de castigar materialmen­te la creencia, la persecución de la herejía, es decir el  desprecio de la libertad lejítima del pensamiento humanó,  es el error que antes del siglo V se habia in­troducido en  la iglesia, y que  la  costó  tan caro.

 

 

1 2 1    CURSO

Si se consideraáesta en sus relaciones  con la liber­tad  de sus  miembros, se yerá  que sus principios sobre este particular eran menos lejítimos, y menos saluda­bles  que aquellos que presidian en la formacion del poder eclesiástico : tampoco se debe creer  que  un mal principio vicie radicalmente una institución, ni la ha­ga  todo el mal  que  lleva consigo. Nada  hace tan falsa la historia como la lógica. Cuando el conocimiento hu­mano se  ha fijado  en una idea, saca  de ella todas  las consecuencias, le hace producir todo aquello de que es capaz,  y despues  se la  representa en la  historia  con su correspondiente cotejo. Pepo no sucede asi;, los acaecimientos no son tanprontos en sus deducciones co­mo el espíritu humano. Hay  en todo esto una  mezcla tan profunda de bueno y malo, tan invencible, que, en cualquier parte que  penetreis, al descender álosúltimos elementos de la sociedadódel alma, encontra­reis esos dos órdenes de hechos coexistentes, .desen­volviéndose el uno junto al  otro, combatiendo, mas sin esterminarse. La naturaleza humana nunca llega hasta  los últimos  límites, ni  del  bien, ni delmal; pa­sa sin cesar del uno al  otro, tomando mas  vigor cuan­do parece mas próxima su  caída, debilitándose cuando parece  andar con paso mas firme, y hé aqui que en­contramos otra vez ese  carácter de discordancia, de variedad, de lucha, que he hecho considerar como carácter fundamental de la civilización europea. Hay ademas  un hecho general  que caracteriza al gobierno de la iglesia y de que es preciso hacerse cargo. En nuestra época, señores, cuando la idea de un gobierno se  nos  presenta, cualquiera que sea, sabemos que ape­nas  tiene mas  pretensiones que  la de gobernar las  ac­ciones esteriores del. hombre, sus relaciones civiles

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 2 5

entre sí: los gobiernos hacen profesión de no regirse mas que por esto, sin mezclarse en el pensamiento en la  humana  conciencia, en  la moralidad propiamen­te dicha, en  las opiniones individuales y costumbres particulares: esto pertenece al dominio de  la libertad.

La  iglesia  cristiana hacia  y quería directamente lo contrario: ideó la empresa  de gobernar el pensamien­to ,  la libertad de los  hombres, las costumbres priva­das, las opiniones individuales. No hacia un código como los nuestros para definir en él cuales eran las accionesála  vez moralmente culpables y socialmente peligrosas; ni castigarlas  mas que cuando llevaran ese doble carácter; redactó  un catálogo de todas las  ma­las acciones morales, y bajo el nombre de pecados, las  castigaba todas  con intención de reprimirlas en ge­neral. En  una palabra, el  gobierno de la iglesia, no se dirijia, como los  gobiernos modernos, al hombre esterior,álas relaciones puramente civiles de los in­

dividuos entre sí, sino al  hombre interior, al  pensa­miento, ála conciencia; es decir,álo que hay masíntimo y líbre,álo que mas se resiste contra la  vio­lencia. La  iglesia estaba  pues combinada, por  la  natu­raleza de  su empresa, con  algunos principios  sobrelos cuales  se fundaba  su gobierno, espuesta al peligro de la tiranía, y de  que se ejerciese ilejítimamente la fuer­za.  Mas al  mismo tiempo, la  coaccion encontraba una resistencia invencible. Por poco movimiento y espa­cio  que se le conceda, el pensamiento y la libertad humana vuelven á obrar enérgicamente contra toda tentativa que tiendaásujetarla, y obligan continua­menteáabdicar la acción  del mismo  despotismo que sufren. Esto es lo que sucedía  en el  seno de  la  iglesia cristiana. Habéis visto  la proscripción de  la herejía, la

 

 

1 2 6    curso

condenación del derecho de exámen, el  desprecio de la razón individual, el principio de la transmisión imperativa de  las  doctrinas por medio de la autori­dad. ¡Encontradme  una sociedad en donde la razón individual se  haya  desarrollado  con mas audacia que en  la iglesia! ¿Qué son las sectas, las herejías, sino el ñuto de opiniones  individuales ? Estas  dos, señores, son los partidos de la oposicion  en la iglesia cristiana, la prueba incontestable de la vida, de la actividad moral que  reinaba  en ella; existencia borrascosa, lle­na de dolor, sembrada de  peligros, errores y críme­nes, pero noble  y poderosa, habiendo dado.lugar álos mas  bellos  desarrollos de  inteligencia y voluntad. Salgamos de la oposicion, entremos en el gobierno eclesiástico, y le encontrareis constituido,  obrando de una manera enteramente  diferente de lo que parecen indicar algunos de sus principios. Llega el  derecho de exámen, quiere privarála  razón individual de su li­bertad, siendo asi que  la llama  incesantemente en  su apoyo; de manera  que es el hecho de lalibertad  el que domina en este gobierno. ¿Cuáles son sus institucio­nes, sus medios de acción? Los concilios provincia­les, nacionales, generales, una continua correspon­dencia y publicación de letras, amonestaciones y es­critos. Jamas se ha visto un  gobierno que haya pro­cedido hasta este punto por medio de la discusión, por la deliberación común, pero os creereis entrados en  el seno  de las escuelas de la filosofía griega; por lo tanto  debeis saber que no tratamos de una pura discusión, de  la sola indagación de la verdad; sino  de la autoridad, medidas que deben tomarse, decretos que espedirse, en  fin, de un  gobierno. Mas  tal es en el seno de este la enerjía de la vida intelectual, que

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  127

se convierte en el hecho dominante, universal, al cual  ceden todos los demas,  y que lo que resplande­ce por todas partes, es el ejercicio de la razón y de la libertad.

Estoy muy lejos de deducir que los malos princi­pios  que he tratado  de distinguir, y existíanámi pa­recer en el sistema de la iglesia, no hayan surtido ningún efecto. En la época de que  tratamosya dieron frutos bien  amargos;  y mas los han dado todavía  pos­teriormente. A pesar de eso no han hecho todo el mal de que  eran capaces; pues que no neutralizaron el  bien que  nacia en el  mismo  suelo.

Esto era  la  iglesia, señores, considerada  en  sí  mis­ma , en  su interior, en  su naturaleza. Pasoáexaminar sus relaciones con  los soberanos, con los señores del poder temporal: es él  segundo  punto de vista bajo  el cual me he propuesto considerarla.

Cuando hubo caído el imperio, cuando en lugar del antiguo  régimen romano, de ese  gobierno en me­dio del que  habia nacido y engrandecídose la iglesia, con el  que  tenia costumbres comunes, y antiguos la­zos, se vio en presencia  de esos  reyes bárbaros, de esos gefes errantes sobre la tierra,ó establecidos en sus castillos, y con los cuales  ningún vínculo la unía, ni tradiciones, ni creencias,  ni sentimientos; fue gran­de su peligro y su espanto.

Una  idea la  dominó al momento  y fué la  de  tomar posesion de esos recienvenidos, y convertirlos. Sus relaciones con los bárbaros al principio no tuvieron cuasi otro objeto.

Para obrar sobre ellos, era preciso dirigirse princi­palmenteásus sentidos,ásu imaginación.Por esto se advierte que en aquella época se  aumentó  el número,

 

 

428      cvnrn

la  pompa  y variedad de las ceremonias del culto. Las crónicas, prueban que la iglesia se valió de estos me­dios sobre  todo, para tomar algún prestigio sobre  los bárbaros, convirtiéndolos con  brillantes espectáculos.

- Una  vez establecidos y convertidos, cuando  hubo algunos lazos entre  ellos  y la iglesia, no dejó por  esto de correr grandes  peligros. La brutalidad, la irrefle­xión de las costumbres bárbaras  eran tales, qiie  las nuevas creencias  y sentimientos  que  la  reb'gion les ha­bía inspirado, ejercieron muy poco imperiosobre ellos. Bien  pronto la  violencia volvióá tomar su superiori­dad, siendo  víctima de ella la iglesia  como el resto de la sociedad. Para defenderse proclamó un principio  ya usado en el imperio, aunque de un modo mas vago,ásaber: la  separación del poder espiritual y temporal,

su independencia recíproca. Con la ayuda de este * principio la iglesia ha  vivido libre  al  lado de los bár­baros; sosteniendo  que la fuerza no tenia ninguna ac­ción sobre el  sistema de creencias, de esperanzas, de promesas  religiosas, y que  el mundo  espiritual era  en­teramente distinto del temporal.

Ya veis  las  saludables  consecuencias  que han dima­nado  de este principio. Ademas de  la  utilidad tempo­ral que redundó  en  favor de la iglesia,  produjo el  pro­digioso efecto de establecer como derecho la  separa­ción de  los poderes, y respetarse  el uno al otro. Des- pues, sosteniendo la independencia del mundo inte­lectual  en general, en .su conjunto, la iglesia preparóla del.mundo  intelectual, individual, del  pensamiento. Decía  que  el sistema de creencias religiosas no podía ir  comprendido bajo el yugo de la fuerza; todos los hombres  eran llamados ásostener el lenguage de la iglesia por  su propio interés. 0 principio del libre

 

 

DE      HISTORIA.    MODERNA.  1 J 9

examen, de  la libertad individual en el pensamiento, es exactamente el  mismo que el de la independencia de la autoridad espiritual general, con  respecto  al po­der temporal.

Desgraciadamente  es  fácil pasar de la necesidad de libertad al deseo de dominación. Asi sucedió  en  el  se­no de la  iglesia: por el desarrollo natural de la  am­bición del orgullo humano, no se  contentócon estable­cer la independencia , si que también  el dominio del poder espiritual sobre el temporal.No creamos que, es­tas ideas  tuvieron su origen en la debilidad  humana; sino otro mas profundo, que será conveniente conocer.

Cuando  la  libertad reina en el mundo intelectual, cuando el pensamiento y la conciencia humana no están sujetas áun  poder  que les niega el derecho de

discusión, de decidir y  emplear la fuerza  contra ellasj cuando no existe  un  gobierno espiritual  visible, cons­tituido , que  reclame y  ejerza el derecho  de  dictar las

opiniones; entonces apenas puede  nacer la  idea de do­minación del orden  religioso sobre  el  temporal. Tal es hoy dia ápoca diferencia  el estado del mundo. Mas cuando existe un gobierno de orden espiritual como en el siglo  X ; que sujeta los pensamientos  y  concien­cias, bajo el yugo de  la ley, bajo  unas  instituciones, bajo uqos poderes  que  se  abrogan el derecho de man­dar  y constreñir; en una  palabra, cuando se ha  esta­blecido la  autoridad  espiritual  y ha  tomado realmen­te posesion en nombre de  la fuerza, de la  razón, de la conciencia ; es claro que se ha propuesto tomar ásu cargo el  dominio del orden temporal; es natural que diga: «¡Cómo! ¡Yo tengo derecho  y acción  sobre lo mas sublime,éindependiente en el hombre , sobre su imaginación, voluntad interior y conciencia, y no

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150      CUBflO

Ja tendré sobre  sus intereses  estertores, materiales,  pa­sajeros! Soy intérprete  de  la justicia, de  la  verdad, y

no podré arreglar las relaciones mundanas según ellas!»  Solo en virtud de este raciocinio debemos sa­car la  consecuencia natural de que el orden religioso intentaba invadir el temporal. Esto debia suceder, tanto mas, cuanto  el  orden espiritual  entonces abra­zaba todos los conocimientos posibles del pensamien­to. No se conocia mas que una ciencia, la teología, un orden espiritual y  teológico; todás  las demas, la re­tórica, la aritméticay hastala  música entrabanen aque­lla. Encontrándose él  poder espiritual de tal maneraála cabeza de  todo el  ejercicio del pensamiento, debia precisamente  abrogarse el gobierno general del mundo.

Otra causa le  impelia  tambiéná semejante preten­sión :  el espantoso  estado  del  orden  temporal, la vio­lencia ,  la iniquidad  que  presidia en  el  gobierno de las sociedades.

En  alguna época se ha hablado fácilmente de los derechos del poder temporal;  mas  en la que nos ocur pa, solo era  una pura fuerza, un despotismo insufri­ble. Por  imperfectas  que fuesen las nociones de moral y justicia de la iglesia, era  infinitamente superior al gobierno  temporal,  y el clamor  de los pueblos venia continuamenteárogarla que los defendiese. Cuando el Papaólos obispos declaraban que un soberano ha­bía perdido sus  derechos, que sus súbditos quedaban libres del juramento de fidelidad, esta intervención aunque  sujetaágraves  abusos, eraámenudo lejítima y saludable en casos  particulares. En general, señores, cuando falta la libertad  la religión se ha encargado siempre de  reemplazarla. En el siglo X los  pueblos no estaban en estado de  defenderse, de hacer valer sus

 

 

M        HISTORIA     MODERNA.  1 5 |

derechos contra la violencia‘civil; entonces la religión intervenía  en nombre del cielo; ella ha  sido una de las causas que mas han contribuido álas victorias del principio  teocrático.

Otra prueba debe ocuparnosámi parecer muy po­co advertida:  la  variedad de la  situación  de los gefes de la iglesia, la diferencia  de aspectos bajo los cuales se  presentaban  en  la sociedad. Por un lado eran  pre­lados, miembrosdel ordeneclesiástico,porcion del po­der espiritual,éindependientes  con este título; por el

otro vasallos, y como tales  obligados  por los vínculos de la feudalidad civil. Todavía hay mas; al mismo tiempo que vasallos eran súbditos, pues ciertaparte de las antiguas relaciones de los emperadores romanos con los  obispos,ócon el  estado clerical, existían aun entre este y los soberanos  bárbaros. Por una  serie de causas  que seria  muy largo desenvolver, los obispos se habian acostumbradoáconsiderar hasta cierto pun­toálos soberanos  bárbaros  como sucesoresde los  em­peradores romanos,  y áconcederles los derechos de tales. Los gefes eclesiásticos tenían un triple carácter9 uno  en virtud  de su estado y como tal  independiente,

otro feudal y que  por consiguiente  les obligabaácier­tos deberes y servicios; y otro finalmente de simples súbditos que  les precisaba por lo tanto á obedecer áun soberano absoluto. Los soberanos temporales que no eran menos  ambiciosos que los obispos, se preva- lian con frecuencia de sus derechos,ya como señores, ya como soberanos,  para atentarcontra la independen­cia espiritual y para  apoderarse de la colacion de los beneficios, nombramiento de obispos, etc. Estos  por su patte se defendíanámenudo con la  independencia espiritual, para negarseácumplir  sus  obligacionesco­

 

 

1 5 2    CURSO          DB      HISTORIA     MODBMA.

mo vasallosósúbditos; de  manera que había por am­bas  partes  una  propensión casi  inevitable que llevabaálos soberanosádestruir la independencia espiritual, yálos gefes de  la iglesia,áconvertir está  en  un me­dio de  dominación  universal.

Estos resultados estallaron en hechos que  nadie ig­nora: como en la  querella sobre las  investiduras, en la  lucha  del sacerdocio con el imperio. Las diferentes situaciones de los gefes de la  iglesia y  la dificultad  de conciliarias, han sido  el verdadero origen de la  incer- tidumbre  y  combate  de todas estas pretensiones.

Ultimamente, la iglesia tenia una tercera relación con los soberanos, la mas perjudicial y  funesta para sí. Deseaba la coaccion, el  derecho de constreñir  y  casti­gar  la herejía,  mas no tenia ningún  medio para poner­le en ejecución. No poseía ninguna fuerza  material;  y cuando había  fulminado su sentencia  contra el herege, la faltabanmediosde  llevarlaácabo.¿Qué hacia enton­ces? Invocar  lo que llamamos  brazo seglar; solicitar la fuerza del poder civil como medio  de coaccion. En este caso  representaba un papel secundario, de depen­dencia y de inferioridad  con respecto al  derechocivil. Deplorable necesidadáque  la ha conducido la adop­

ción del erróneo principio de coerción y  persecución. Basta, señores, es tarde para  poderacabar de anali­zar el  tratado  sobre  la iglesia: ahora falta manifestaros

sus relaciones  con los pueblos, los principios  que  pre­sidian en ella, las consecuencias  que debían resultar para la  civilización general. En seguida procuraré  con­firmar  con la  historia, con los sucesos, con las vicisi­tudes del destino de la iglesia desde el V al XII siglo, las inducciones que hemos sacado de la naturalezade sus  institucionesy principios.

 

 

LECCION      VI.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Señores:

En la última esplicacion no pudimos concluir el exámen del  estado  de  la  iglesia desde el  siglo V al X. Despues  de haber establecido  por principio que debia considerársela bajo tres aspectos principales, primero como  es  en sí misma, en su  constitución  interior, en su naturaleza,  comoáuna  sociedad  distintaéindepen­

diente; despues           en sus  relaciones        con      los        soberanos f

con el  poder temporal,  y finalmente  con los  pueblos«no hemos cumplido sin embargo mas  que con  las dos primeras  partes de  nuestro instituto. Hoy pasarémosáconocer las relaciones  que existían  entre la iglesia y el pueblo. En  seguida procuraré sacar  de  este  triple exá­men la consideración general  de la  influencia que  tuvo la iglesia  desde  el  V al XII siglo sobre la  civilización europea. Confirmarémos nuestros asertos con el exá­men de los  sucesos, con la misma  historia  de  la  igle­sia en esta época.

Os haréis cargo que al  hablar de las relaciones de la iglesia  con los  pueblos  me veo en  la precisión de  lim r

 

 

1 5 4    curio

tarmeátérminos generales, pues  no puedo entrar en los pormenores de lo que  la iglesia practicaba, de  las relaciones diarias  de los clérigos con  los fíeles. Solo los principios  dominantesi los principales  efectos del siste­ma  y modo de proceder de la iglesia para con el  pue­blo cristiano, son los  que debo ponerávuestra consi­deración.

El hecho característico,  y  es preciso  decirlo,  el vi­cio  radical  de las  relaciones  de la iglesia  con los pue­blos, es la separación de los gobernantesy  gobernados la ninguna influencia de  los  súbditos sobre su gobier­no, la independencia del estado eclesiástico cristiano con respectoálos fíeles.

Este orden de cosas es preciso fuese provocado por el estado del hombre  y  de la  sociedad, pues  se intro­dujo en el seno  de la iglesia cristiana  en sus  principios. La  separación  eclesiástica  y  del pueblo cristiano no se habia consumado enteramente en la época  de que tra­tamos; se conservaba aun en ciertas  ocasiones algún tanto  de intervención directa  del  pueblo en  el gobier­no de  la iglesia, por ejemplo, en la elección  de  obis­pos. Mas  cada dia iba perdiendo su fuerza; habiendo empezado su período descendente  visible y rápido en el siglo  II de nuestra era. La tendenciaá la indepen­dencia del estado  eclesiástico es en cierto modo  la mis­ma historia de la iglesia  desde su cuna.

De aqui, señores, y no se  puede disimular, pro­vienen la mayor parte de abusos  que  desde esta  época en adelante, han  costado  tan caros ála iglesia. Con todo, no debemos imputárselosáella absolutamente, ni considerar esta  tendenciaála independencia como peculiardelestado eclesiásticocristiano.Existe enla  na­turalezade la sociedad religiosauna gran disposición de

 

 

DE      HUTOBIA      MODERNA.  1 5 5

ensalzarálos  gobernantes,colocarlosáuna grandistan­cia de los gobernados, y atribuir’álos primeros  cier­ta consideración  distinta,  de  divinidad.Este es el efec­to de la  misión  de  que están encargados, del carác­ter bajo  el cual se  presentanálos ojos del pueblo. Tal efecto, sin embargo, es  mas pesado en la sociedad  re­ligiosa  que en cualquiera  otra. ¿De qué se trata aqui con respecto á los gobernados? De su razón  y con­ciencia ; de su futuro destino, es decir, de lo que hay en  ellos de mas íntimoéindividual. Concebimos hasta  cierto punto,aunque de ello resulteunmal, que el  hombre  puede abandonar la  dirección  de sus inte­reses materiales, de su destino  temporal,áuna auto* ridad esterior. Fácilmente entenderíamosáaquel filó­sofo que anunciándole que se  habia prendido fuego en su  casa contestó: «Idloádecirámi muger; yo no me mezclo  en asuntos domésticos.»Mas  cuando se tra­ta de la conciencia, del pensamiento, de la existencia interior, es  un verdadero suicidio moral, un castigo mil veces peor  que el  corporal, que el de  la espada, abdicar el gobierno  de sí mismo, entregarse áun es- traño  poder.

Tal  era  por consiguiente  el mal  que sin prevalecer del  todo, como luego lo esplicaré, invadía  mas y mas la iglesia cristiana en sus relaciones con los fieles. Ha­béis visto  que  en el seno  de la iglesia,  la libertad ca­recía de garantías hasta para los mismos clérigos. Mu­cho peor era fuera de aquella  para  los legos. A lo menos entre eclesiásticos habia discusión, delibera­ción, desarrollo de facultades individuales; el  movi­miento del combate en parte  suplía la libertad : na­da habia de  semejante  éntre los eclesiásticos y el  pue­blo. Los legos asistían como simples espectadores al

 

 

136      COMO

gobierno  de  la iglesia. Por esto  se ha visto brotar, prevalecer desde mucho tiempo la idea de que  la  teo­logía , las cuestiones y asuntos religiosos son  como pa­trimonio privilegiado  del estado eclesiástico; que solo los clérigos tienen derecho  no solo de  decidirlos sino de  dedicarseáellos, y que en ningún caso los legos deben  intervenir en  ello. En la época que nos ocupa, esta teoría, señores,había  adquirido pleno poder,han sido  necesarios siglos y revoluciones terribles paraven­cerla , para hacer entrar en algún modo las cuestio­nes y  ciencias religiosas  en el dominio público.

l a separación legal  del estado eclesiástico  y el pue­blo cristiano se había casi  consumado antes del siglo XII tanto en  principios  como en hechos.

> No quisiera sin embargo que creyeraisáeste  sin in­fluencia sobre  su gobierno, aun en esta época. Le fal­taba intervención legal  mas no influencia, pues esto es imposible  en todo gobierno, y mas  aun en el  que«e funda en dogmas  comunesálos gobernantes y álos  gobernados. En donde se desarrollan  esta multi­tud  de ideas, en donde un mismo movimiento inte­lectual arrastra al gobierno  y al pueblo, existe entre ellos un vínculo  necesario que no podrá  romper ab­solutamente ningún vicio de organización. Para espli- carme con mas claridad, tomaré  un ejemplo casi con­temporáneo del orden político: en ninguna época de la historia  de  Francia  ha tenido menos acción le­gal el pueblo  francés por sus instituciones sobre su gobierno  que  en el siglo XVII y X V III, bajo Luis XIV y Luis XV. Nadie ignora que la mayor  parte  de la intervención directa y oficial del  país en el ejerci­cio de la autoridad, habia perecido en esta época.  To­dos saben  sin embargo que  el  público, el pais, ejerció

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  157

entonces mucha  mas influencia sobre el gobierno que en  otros tiempos, como por ejemplo, cuando se con­vocaban  tanámenudo  los estados generales, cuando los parlamentos se  mezclaban en la  política, cuando era mas  grande  la participación legal del  pueblo para el poder.

Esta  especie de anomalía  consiste, señores, en una fuerza  “que no se circunscribeá leyes, que cuando hay necesidad sabe  prescindir de las instituciones: la fuerza de las  ideas, de la inteligencia  pública, de la

opinion. En la Francia del siglo  XVII al XVIII habia una  opinion pública  mas poderosa que en cualquiera

otra época.      Aunque           desprovista de medios            legales para

obrar  sobre el gobierno, lo hacia indirectamente  por el imperio de ideas comunesálos gobernantes y go­bernados, por  la imposibilidad en que se  encontraban los primeros de observar la opinionde los últimos. Un suceso semejantetuvo lugar en la iglesia cristiana del V al XII siglo: es verdad que el pueblo estaba falto  de acción legal, mas  conservaba  en  sí un gran movimien­to de espíritu en  materias religiosas, el cual se habia apoderadoála  vez de los eclesiásticos y legos;  por es­te  medio el pueblo obraba sobre los eclesiásticos.

•Señores, en todas las cosas, asi como  en el estudiode la historia, es  preciso parar la  atención en las influen­cias indirectas, pues son mas eficaces  yálas veces mas saludables de lo que se  les supone comunmente. Es natural en el hombre querer  que su acción sea pronta, visible, que aspire  al  placer de asistirásu poder,ásu triunfo, mas no es siempre  posible, ni útil  algunas ve­ces. Hay  épocas y situaciones en que las influencias in­directas, invisibles, son  las únicas  que conviene prac­ticar.  Tomaré otro  ejemplo en el orden  político: varias

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138      curso

veces, y mas particularmente en  1GJH, el parlamento inglés  como otras  mil asambleas en  crisis análogas, re­clamó el derechode  nombrar directamente  los grandes

dignatarios de la corona,los ministros,los consejeros  de estado>etc., pues  consideraba esta acción directa del gobiernocomo unainmensa y preciosa garantía: algunas vecesla ejerció,maslos sucesos no  dieron los resultados que  esperaban.  Las elecciones fueron mal combinadas, los negocios mal dirigidos.  ¿Qué sucede  hoy dia  por lo tanto  en Inglaterra ? ¿No es  la  influencia  de las cáma­ras quien decide  la formación del ministerio, y quien nombra  los grandes dignatarios de la corona ? Sí, mas por medio de una influencia  indirecta,  genéral, en lu­

gar de una intervención particular. El efecto áque ha aspirado la  Inglaterra largo tiempo se ha producido, pero por otro camino; el  primero nunca pudo dar re­sultados  favorables.

Se presenta una razón, señores,  sóbrela  que os pido que  me  perpitais detenerme un momento: la acción directa  supone en aquellosáquienes se confia,  muchas mas luces de razón y de prudencia; como  ellos alcan­zan su objeto en el mismo acto, es  preciso que esten seguros de no errar  el  golpe. Al contrario,  las influen­cias indirectas no se ejercen sino venciendo obstácu­los , despues de pruebas  que las  contienen y rectifican; antes de  alcanzar sus  miras, se  ven condenadas ásu­frir una discusión, á verse combatidas, rectificadas, triunfando pocoápoco, condicionalmente, con cierta medida. Por esto es, que mientras los conocimientos no están bastante adelantados  y maduros para que la acción  directa  se les  pueda entregar  con seguridad, las influencias indirectas, insuficientes en algunos casos, son preferibles en este. Asi era como el pueblo cris­

 

 

BE       HUTOBIA      MODERNA* 1 5 9

tiano obraba sobre su gobierno, incompletamente, estoy convencido de ello, pero sin embargo ejercía alguna acción.

Otra causa existia, señores,para la  reconciliación de la iglesia  con los legos: la  dispersión por decirlo asi de  los clérigos cristianos  en todas las condiciones so­ciales. Cuasi en  todas partes,  cuando una iglesia se ha­bia constituido independiente  del pueblo  que  goberna­ba, la  corporacion de eclesiásticos  se  formaba de hom­bres poco masómenos en la misma disposición. No

porque  no se  hubiesen introducido  entre  ellos bastan­tes ilegalidades; pero con todo, generalmente hablan­d o , el poder pertenecía á colegios eclesiásticos que vivían en comunidad y gobernaban  desde  el fondo del territorio al pueblo sometido ásus leyes. La iglesia cristiana estaba organizada enteramente  de otro modo. Desde la  miserable habitación del colono y del siervo, desde el pie del castillo feudal hasta junto  al rey, en todas  partes se hallaba  un cura, un miembro  del  esta­do clerical. Los eclesiásticos se habian asociado con todas  las condiciones  humanas. Esta  diversidad de  si­tuación  en los curas, esta división de fortunas ha  sido el gran principio  de unión  entre clérigos y legos, prin­cipio que no han poseido  la mayor parte de las iglesias revestidas con el poder. Los obispos, los gefes ecle­siásticos estaban ademas obligados ála organización feudal, eran miembros de  la  gerarquía civil al tiempo que de la eclesiástica. De aqui se derivan tantos inte­reses , usos y costumbres  comunes entre el orden ci­vil y religioso. Muchas  quejas ha  habido y con razón contra los obispos que ibaná la guerra, contra los eclesiásticos que llevaban una vida laical. Era segura­mente un grande abuso, pero mucho menos pesado

 

 

140      CURSO

que  la  vida de aquellos clérigos que nunca salian del templo, yáquienes se separaba enteramente de la  vi­da común. Mas vale ver á'los  obispos asociados hasta cierto punto con los desórdenes civiles, queálos ecle­siásticos enteramente estraños de la poblacion, de sus intereses y  costumbres: bajo este aspecto, ha habido entre los clérigos  y  el  pueblo una  semejanza de  desti­nos, de  situación, que si no ha corregidoá lo menos ha atenuado.el perjuicio  que  causaba la separación de los  gobernantes y  gobernados. Una vez  admitida  esta separación,una vez  determinados sus límites como aca­bo de procurar manifestarlo, busquemos la manera cómo se gobernaba la iglesia, y  de qué  modo obraba sobre los  pueblos sometidosásu imperio. ¿Qué  hacia para el  desarrollo del hombre, para el progreso inte­

rior del individuo, qué para  mejorar el estado social? *En cuanto al desarrollo del individuo, si  he de de­cir la verdad, no creo que  la iglesia se acordará mu­cho de él en la época de que hablamos: procuraba inspirar sentimientos mas  dulces álos poderosos del mundo,  mas justicia  en  sus relaciones con  los inferio­res; mantenía  en los débiles una  vida moral, senti­

mientos , esperanzas de  un orden superiorálas queles condenaba continuamente su destino. No creo tampo­co hiciese gran cosa,álo  menos  en favor  de los legos, para que la razón individual propiamente dicha se des­envolviera, para dar valorála naturaleza personal de los hombres. Lo que sí  hacia  era encerrarse en el  seno de la sociedad eclesiástica, ocuparse con la  mayor asi­duidad  en el desarrollo de los clérigoséinstrucción de los curas; y tenia para  ellos todas las escuelaséinsti­tuciones que permitía el estado  deplorable de la  socie­dad. Mas  viendo colegios eclesiásticos destinados ála

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  f 4        f

sola instrucción de los clérigos,         fuera de           alli la iglesia

obraba indirectamente  y por caminos  muy lentos para alcanzar el progreso de  las ideas y costumbres.

Sin duda  provocaba la actividad general de la ra­zón  por medio de la  carrera que  abría 'á todos aque­llos áquienes  juzgaba capaces de servirla;áesto se reducían todos sus actos en favor del  desarrollo inte­lectual de los legos. Creo  que obraba mas, y de una manera  mas eficaz para la mejora del estado social. A todos es  manifiesta  la lucha obstinada  que sostuvo contra los mayores  vicios del estado social, contra la esclavitud. Hemos oido repetir  mil veces que la abo­lición de  la servidumbre en  el mundo moderno, se debía enteramente  al  cristianismo. Me parece mucho decir: la esclavitud  ha  subsistido lacgo tiempo en  el seno  de la  sociedad  cristiana, sin que esta se hubiese admirado, ni exasperado por esto. Para abolir este mal, el peor de los males, esta iniquidadde iniquida­des, fueron necesarias una multitud de causas,  una introducción de  nuevas  ideas, otros principios de ci­vilización. Con todo no puede dudarse  que la iglesia empleó su influencia para restringirla. Os voyádar una prueba  irrecusable: la  Lmayor parte  de las fór­mulas al  dar la libertad,, y en diversas  épocas,  se fun­daba  sobre  un motivo religioso; luego es  en nómbre de las ideas, de las  esperanzas  del porvenir, de la igualdad  religiosa  de  los hombres, de donde tuvo ca­si siempre principio esta especie  de manumisión.

Trabajabaigualmente para la  supresión“deuna in­finidad de costumbres bárbaras, y mejorar la legisla­ción criminal  y civil. A pesar de algunos principios de libertad, ya sabéis hasta qué punto era absurda y

funesta;           no        ignoramos       que      solo     unas     locas pruebas,

 

 

141      cttm

combates judiciales,ó«imples juramentos de algunos hombres  eran  considerados como únicos medios de lle­garádescubrir la verdad. La iglesia  se esforzabaásubs­tituir estos por otrosmas racionales y legítimos.Ya he hablado de la  diferencia  que  se  advierte  entre las le­yes  de  los visigodos, nacidas en gran parte de los con­cilios de Toledo,  y las demas leyes  bárbaras. Es im­posible compararlas  sin admirarse de la superiori­dad inmensa de las ideas de la iglesia en materia de  legislación, de justicia,  y de cuanto interesa pa­ra la indagación de  la  verdad y destino de  los hom­bres. Sin duda la mayor parte de estas ideas se ha­bían tomado por modelo de la legislación romana; mas si la iglesia  no las hubiese  guardado y defendido, si  no hubiese  trabajado  para  propagarlas,hubieran pe>- recido sin remedio. Si se trata por ejemplo del uso del  juramento en los procedimientos  judiciales, abrid laley.de los Visigodos, y veréis con qué prudencia le usa. «E l juez para adquirir el debido conocimiento de  causa, examine al principio los testigos, y en se­guida las escrituras,áfin de que la  verdad se descu­bra  con mas  certeza, ni se  dé lugar  fácilmente al jura­mento. La indagación de la verdad y de la justicia exigen que las  escrituras de una y otra parte sean  bien examinadas, y que la necesidad  del juramento  suspen­dida  sobre la cabeza  de las  partes no  se verifique sino inopinadamente. Que tan solo se disponga  el  juramen­to en los casos  en  que el  juez no haya podido descu­brir ninguna escritura,  ninguna  prueba, ningún  indicio cierto de la verdad.» ( For.  Jud. L. II. Tit. \? lib. 21.).

En materia criminal, la relación de  las penas con los  delitos se determina por medio de nociones filosó" ficas  y morales bastante justas. Allí se  reconocen los

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  143

esfuerzos de un legislador esclarecido  que  pugna con­tra la  violenciaéirreflexión de las costumbres bárba­ras.  El título de Caede et morte hominum} compara­do con' las lejes correlativas de otros pueblos, es un ejemplo poderoso para probar esta verdad. Por otra parte el daño solo es el que parece  constituir el cri­men, y en este caso se impone la pena de  repara­ción material  que convienen las partes en la compo- sicion. Aqui el crimen está reducido á su elemento moral y verdadero:ála intención. Las  diversos géne­ros  de criminalidad, el homicidio absoluto involunta­rio, por inadvertencia, provocado, el homicidio conósin premeditación, se distinguen  y definen cuasi tan bien como en nuestros códigos,  y las penas  varían en

una proporcion bastante  equitativa. La justicia del le­gisladorhaido mas lejos. Ha probado si noá abolirálo menosáminorar esta diversidad de valor legal  Esta­blecido entre los ’hombres por las leyes’bárbaras. Solo ha mantenido la distinción del hombre libre y esclavo. Con respectoálos individuoslibres,la pena no varia se­

gún el origen  ni  rango del difunto, y sí solo únicamente según los  diferentes grados de culpabilidad moral del matador. Con relaciónálos esclavos, no atreviéndoseáquitar completamente álos señores el derecho de vida y muerte, debieronálo menos tentar coartarlo, sujetándolo áun procedimiento público y regular. El texto de la ley merece que se cite.«Si no debe  quedar impune el culpable ó cómplice de un crimen, (con cuánta mas razón se deberá reprimir  aquel que ha co­metido jm homicidio por maldadóligereza! Asi pues como hay  señores que  en un acceso  de orgullo conde­nanámuerteásus esclavos  inocentes, conviene ester­minar del todo esta licencia,  y ordenar que la presea-

 

 

144      cuaao

le  ley sea eternamente observada de todos. Ningún señor 6 dueño podrá mandar  mataráninguno de sus esclavos  varonesó hembras ni áotra  persona de su dependencia,  sin que preceda un juicio público. Si un esclavoócualquier  otro  de la* servidumbre cometiese un  crimen -por el cual pudiese recaer sobre él una sentencia capital, su señor, ó su acusador, infor­mará al momento al juez del  lugar en donde se ha cometido  la  acción, al  conde,éal duque. Despues de la discusión del hecho, si el crimen se ha probado, sufra el culpable la sentencia  de muerte que ha me­recido , sea por el juez,  sea por su señor, de  tal ma­nera sin embargo, que si el juez  no quiere ejecutar al  acusado, deberá formar por escrito una sentencia capital  contra  él, y entonces estará en las atribucio­nes  del señor  el  matarleódejarle la  vida. Si el escla­vo por una audacia  fatal, resistiéndose ásu señor le maltrataraóintentara hacerlo con una arma, piedra,óde cualquier  otro modo, y su dueño al quererse defender  mataseásu siervo en  el Ímpetu de su  cólera, el señor  no estará obligado ála pena  de los homici­das. Mas deberá probar que  el hecho pasó como él dice  por testimonioójuramento de los esclavos varo­nesóhembras  que se hubiesen encontrado presentes, y por juramento del mismo autor del hecho. Cual­quiera que por perversidad de corazon, y por su pro­pia  manoópor la de un tercero matase á su esclavo sin  previo juicio público,será declarado infame, inca­paz de ser testigo, y obligadoá pasar  el resto de sus dias  en un destierro y penitencia,  pasando sus bienesásus próximos parientesáquienes la ley los concede por herencia.» (For. Jud. L. 6. tít. 5. lib. 2.).

En       las instituciones           de        la         iglesia hay un  hecho  en

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  f { g

general  muy poco observado: su sistema penitencial; tanto  mas  curioso para estudiar hoy dia  cuanto estácuasi  enteramente acorde con los  principios  y aplica­ciones del derecho penal, con las ideas de la  filosofía moderna. Si «studiais la  naturaleza de las penas  de la iglesia,ólo que es lo mismo, de  las penitencias pú­blicas que eran su principal modo de castigar, veréis que  tienen sobre todo por objeto escitar el arrepenti­miento en el alma  del  culpable, y el terror moral  del ejemplo en  la de los asistentes. Mézclase  ademas una idea, idea de  espiacion. Yo no sé si  como tesis gene­ral  será posible separar la idea de espiacion de la de lá pena, y si hay en  esta, independientemente de la necesidadde provocar el arrepentimiento del culpable,

y desviaráaquellos  que pudieran serlo, un secretoéimperiosa necesidad de espiar la  falta cometida. Pero dejando áun lado esta cuestión, es evidente que el arrepentimiento y el ejemplo son el objeto  que se propone la iglesia en su  sistema  penitenciario. ¿No es esta, señores,la mira de una legislación verdaderamen­te filosófica? ¿No fue en nombre de  estos principios eon  los que los mas ilustrados publicistas reclamaron la reforma de la legislación penal europea en  el último siglo?

Examinad  sus obras, las de Bentham por ejemplo } y os admiraréis  de la  semejanza que se  encuentra en­tre los medios penales  que establece, y los  que cons­tituye  la iglesia;ábuen seguro  que esta  no le ha to­mado  por modelo ni  preveía que su ejemplo pudiera invocarse en apoyo de los planes de los filósofos menos devotos.

En  fin, por toda clase  de veredas procuró reprimir en  la  sociedad  la costumbre de recurrirála  violencia,

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1 4 6    cu a s o

álas continuas guerras. Apenas  hay quien  ignore cuál era  la tregua  llamada de  Dios j y la infinidad de me­didas del mismo género por las  cuales la iglesia  lucha­ba contra el uso de  la  fuerza, aplicándoseáintroducir

orden  y dulzura  en  la sociedad. Estos hechos son tan conocidos que no habrá  necesidad de entrar  en ningún detulle.

Tales son, señores,  los principales puntos que  voyámanifestar  en  cuantoálas relaciones  de la iglesia con los pueblos. La hemos considerado ya bajo los tres aspectos que indiqué; ahora la examinaremos en  lo interior y esterior, en su doble situación. Nos falta deducir de  lo que sabemos por medio de inducciones y conjeturas, la influencia general que tuvo la  iglesia sobre la  civilización europea. Este,  si no me equivoco, es un trabajo que puede darse por hecho,óálo me­nos por muy adelantado, pues la simple narración de hechos, de principios dominantes en la  iglesia, reve­la y esplica su influencia; los resultados y las  causas han sido  objeto de vuestra consideración en cierto mo­do. A pesar de eso, si  tratamos de reasumirlas  nos  ve- rémos precisadosáestablecer dos aserciones generales.

La primera, que la iglesia ha debido ejercer una grande influencia sobre el orden  moraléintelectual  de la  Europa moderna, sobre las  ideas, sobre los senti­mientos y costumbres públicas. El hecho es  evidente; el desarrollo moraléintelectual de la  Europa ha  sido teológico por esencia. Recorred la historia del V al XVI siglo, y veréisála  iglesia  poseer y dirigir  el en­tendimiento humano y las opiniones, tomando pornor­te la teología, las cuestiones filosóficas, políticas, his­tóricas, consideradas bajo un  punto de vista  teológico. La iglesia  es  de tal manera soberana en el orden inte-

 

 

DE      HISTORIA     MODER>*A. 1 1 7

lectual, que hasta las ciencias  de la  matemática y físi­ca se  ven  obligadasásometerseásus  doctrinas. El  es­píritu teológico es  en cierto modo la  sangre  que ha corrido por las  venas  del mundo  europeo hasta Bacon

y Descartes. El primero en Inglaterrayy el segundo en  Francia, apartaronála inteligencia  humana  de la senda  que  la  habia trazado  la teología.

Lo mismo se  encuentra en todos los demas brazos de la literatura; las costumbres, los  sentimientos, el lenguage teológico se manifiesta  por todas partes.

A tomarlo con rigor, esta influencia era saludable, pues no tan solo mantuvo y fecundó el movimiento intelectual  en Europa, sí que también el sistema de­doctrinas  y preceptos en nombre  de los cuales impri­mía el movimiento, era  muy superior á todo cuanto habia conocido el mundo antiguo: veíaseá la  vez ac­tividad  y progreso.

La situación de la iglesia ha  proporcionado ademas para el desarrollo del espíritu humano en el mundo moderno, una lentitud, una variedad que no habia tenido hasta  entonces. En el  oriente  la  inteligencia era esclusivamente religiosa , en  la sociedad griega cuasi

del todo humana. En aquella  se veia desaparecer su naturaleza y destino actual, en esta el hombre con sus  pasiones, sentimientoséintereses actuales ocupa- ba  todo el terreno. En el mundo moderno el espíritu religioso se  ha mezclado con todo, pero sin escluir nada. La inteligencia participa  de humanidad y divi­nidad. Los sentimientos, los intereses humanos, ocu­pan un gran  lugar  en nuestra  literatura, y sin embar­go el  carácter religioso del hombre, la porcion de su existencia  que va unidaáotro mundo aparecen áca­da paso: de minera que  los dos grandes orígenes del

 

 

149      cuaao

desarrollo  del hombre, la humanidad y la  religión, han producido frutos  abundantes, y que ápesar de todos  los males y  abusos que se han mezclado eu ellas, sin embargo  de tantos  actos de tirania bajo el punto  de vista intelectual, la influencia de la iglesia ha desenvuelto mas bien  que  comprimido, ha esten­dijo mas bien  que estrechado los conocimientos hu­manos.

No asi bajo el  punto de vista político. Nadie duda que suavizando íos sentimientos y costumbres, des­acreditando y  espulsando un gran número dé usos bárbaros, la iglesia contribuyó poderosamente ála mejora del estado social; mas en el orden político propiamente  dicho, en cuantoálo que miraála re­lación  del gobierno con los súbditos, del poder con la libertad, no creo que haya sido buena semejante influencia. Bajo este aspecto, la iglesia se  ha presenta­do siempre  como intérprete y defensora de dos siste­

mas, del teocráticoó del imperial romano,  es decir,’ del despotismo, ya bajo la  forma religiosa, ya  bajo la

civil. Examinad todas  sus instituciones, su legislación, registrad  sus cánones, sus procedimientos, y encon­traréis siempre como principio dominante la teocra­ciaóel imperio. Cuando  débil, se escudaba con el po­der absoluto de  los emperadores; cuandofuerte,toma­baásu cargo la revindicacion  en nombre de su  po­der espiritual. No debemos concretamosáalgunos  he­chos,áciertos casos particulares. La iglesia sin duda lia invocadoámenudo  los derechos del pueblo con­tra el  mal gobierno  de los soberanos; y también ha consentido  y provocado la  insurrección; otras veces sostenia los derechoséintereses del pueblo junto al soberano. Mas cuando la cuestión  de garantías políti-

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 4 9

cas  se  lia colocado  entre el  poder  y  la libertad, cuan-, do se ha  tratado  de establecer un sistema  de institu­ciones permanentes que pusiesenáesta verdaderamen­te al abrigo  de las invasiones del poder, generalmen- te la iglesia se ha  decidido por el lado del despotis­mo.

No debemos admirarnos  de esto, ni  creer  que era una consecuencia  de la debilidad  humana  en  el clero,'óde algún vicio particular de la  iglesia cristiana: otra es su causa, mas profunda y  poderosh.

¿A qué  aspirauna  religión, señores, cualquiera que sea ? A gobernar las pasiones, la voluntad humana:

toda religión es un freno, un poder, un gobierno. Viene en nombre de  la ley divina  para domar la na­turaleza de los hombres. Luego es sobre la libertad individual sobre  quien debe obrar mas  poderosamen­te, sobre esa libertad  que  le pone resistencia y  quiere vencer: tal es la  empresa de la religión, su misión, su esperanza. '

A la verdad,  al  mismo tiempo  que es sobre la  li­bertad humana donde las  religiones  obran mas pode­rosamente , al  mismo tiempo que aspiranáreformar la voluntad del hombre, no tienen para verificarlo mas medio moral que  el que encierran en sí mismas, su li­bertad, su voluntad. Guando  obran por medios este- riores, por la fuerza, seducción,óen una palabra con maneras estrañas al  libre concurso del hombre, en­tonces  le tratan como se  hace con el agua, el viento, como una fuerza enteramente  material, no llenándose de este modo  su objeto,  pues que no  alcanzanála  vo­luntad ni la gobiernan. Para  que las religiones  cum­plan realmente su instituto r es preciso que se hagan aceptar por  la misma  libertad, que el hombre se so-

 

 

ISO     craso

meta, pero  voluntaria, libremente, que conserve  su li­bertad en el  seno de su sumisión: estos son los dos problemas que las religiones deben resolver.

Estas frecuentemente lo han desconocido, han con­siderado la libertad como obstáculo y no como me­dio ,  han olvidado  la  naturaleza  de la  fuerzaáque se dirigían;  portándose del mismo modo con  el alma del hombre que pudieran hacerlo con una fuerza material. Por consecuencia de este error se han visto precisa­dasáinclinarse casi  siempre al lado del poder, del despotismo, contra la libertad humana, considerán­dola  como un adversarioáquien  debian mas bien  do­mar que garantir. Si  las religiones se hubiesen  hecho cargo  de sus medios  de acción, si  no se hubieran de­jado  llevar de una tendencia natural, pero engañosaj hubieran visto que es  preciso garantir  la libertad pa­ra aiteglarla moralmente, que la religión no puede ni debe obrar  mas que  por medios morales; en una palabra, hubieran  respetado la  voluntad  del hombre, procurando gobernarla. Mas  como han  olvidado todo esto, el poder religioso ha acabado por sufrir comt> la libertad.

No llevaré mas adelante, señores, el examen de las consecuencias  generales de la influencia de la iglesia sobre la civilización europea; ya las he reducidoáe>- te  doble resultado: influencia saludable y poderosa so­bre el orden intelectual  y moral,éinfluencia mas bien fastidiosa  que  útil sobre el orden político propiamente dicho: ahora nos  queda que confirmar  nuestras aser­ciones  con ios hechos, comprobar con la historia lo que hemos  deduoldo de la  misma naturaleza y situa­ción de l:i sociedad  eclesiástica. Veamos cuál ha sido f*l destino  de la  iglesia cristiana desde el V id XII si­

 

 

DE      HISTORIA     MODERISA. 1 5 1

glo, y si  los  principios  que os he inculcado, los re­sultados que he procurado sacar como  consecuencias,

se  han desenvuelto  tales como he creido presentir. Guardaos de creer, señores, que estos principios,

estas  inducciones, hayan aparecidoála vez tan clara­mente como las  he presentado. Es un error grande y

común el que se  comete cuando al fijar la atención en lo pasado, ámuchos siglos de distancia, se olvida la cronología moral, y que  la  historia es esencialmen­te  sucesiva. Considerad la vida de un hombre, -de Cromwel, de Gustavo  Adolfo, del cardenal  deRiche- lieu. Entra en  la carrera, marcha, adelanta, acaeci­mientos de importancia obran sobre él, y él sobre sucesos  notables; llegaásu  término; entonces  le co­nocemos, pero en su conjunto, tal como ha salido en cierto modo, despues de un largo trabajo, del taller de la Providencia. Al empezar su carrera no era lo que despues, no ha  sido completo, ni  perfecto siquie­ra un momento de su vida. Se ha formado sucesiva­mente. Los hombres se aumentan moral y físicamen­te; todos los dias varían, su ser  se modifica  sin cesar. El Cromwel de 4650 no era el de 16^0. Es verdad que se  conserva siempre  un fondo de individualidad, la existencia  del mismo hombre, mas¡cuántas  ideas, cuántos  sentimientos, cuántas voluntades han sufrido cambio en él! ¡Qué de cosas perdidas, y adquiridas nuevamente! En cualquier  instante que consideremos la vida del hombre, no hay ninguno  en que haya si­do tal  como le vemos cuando  ha llegado ásu fin.

Aqui está, señores, el error en  que han caido la ma­yor parte de  los historiadores  que  porque han  adquiri­do una idea completa del hombre, le consideran del mismo modo en todo el curso de su carrera^ para

 

 

152      crato

ellos es igual el Crómwel que  entró en el  parlamen­to en 4628,  que  el  que murió  treinta años despues en el palacio de White-Hall. En materia de  institucioneséinfluencias generales, se cometen sin cesar las mis­mas  faltas.  Precavámonos de  ello, señores; os he  pre­sentado  el conjunto de los principios de,la iglesia y el desarrollo de sus consecuencias, pero sabed que his­tóricamente hablando este cuadro no es verdadero, todo ha sido parcial, sucesivo, considerado aqui y allá en el espacio y tiempo. No espéreis encon­trar en la narración de los hephos este conjunto, esta cadena pronta  y sistemática. Por una  parte vere­mos apuntar un principio, por la otra  otro, todo in­completo , desigual, mezclado; es preciso llegará los tiempos  moderaos, al  fin de la carrera, para encon­trar el  conjunto. Voyáesplicaros los diferentes esta­dos por los  cuales ha  pasado la  iglesia desde el V al XII siglo; no podremos deducir la completa  demos­tración de los asertos  que he  presentado; sin embar­go veremos lo suficiente ámi parecer para  presentir

su legitimidad.

El primer estado  en que se manifiesta la iglesia en el siglo V , es el de la iglesia imperial , del imperio romano. Guando este sucumbió, la iglesia creyó haber llegado al colmo de sus  deseos,ásu tirunfo definiti­vo- Habia vencido completamente al paganismo; elúltimo emperador que  tomó  la cualidad de soberano Pontífice, dignidad pagana, fue  Graciano, muertoá  fi­nes del siglo IV. Graciano habia  considerado el nom­bre de soberano Pontífice como Augusto y Tibério; creyóse igualmente  la iglesia topar el fin de su lucha eontra los  hereges, y principalmente contra los Ar­ríanos , que  era la primera de las heregías de aquel

 

 

D I       HISTORIA     MODERNA.  1 5 5

tiempo. El emperador  Teodosio instituyó contra ellosáúltimos  del siglo IV una completa y rigurosa legis­lación. La iglesia, en una palabra, estaba  en posesion del gobierno y de  la  victoria sobre sus dos mayores enemigos. Entonces fue cuando se vió privada del im­perio romano, hallándose  en  presencia de otros here- ges, en presencia de  los bárbaros, godos, vándalos, francos y borgoñones. La caida  fue grande. Concebi­

réis sin dificultad, que la iglesia conservó una viva afición al imperio. Asi es que  la vemos adherirse  con empeñoátodo aquello  que representan  sus  restos, al régimen municipal, al  poder absoluto. Y cuando ha alcanzado convertirálos bárbaros pretende resucitar el imperio , dirigiéndoseásus reyes, persuadiéndoles

^ para que tomasen la dignidad de emperadores roma­nos, junto con sus derechos, y á que establecie­sen  con  la iglesia las mismas relaciones que tenia  con

aquel  imperio: hé  aqui el anhelo de klos obispos del V  y VI siglo, el estado  general  de la iglesia; la ten­tativa  no podia efectuarse, era imposible rehacer la sociedad romana  con aquellos  bárbaros. La iglesia  ca­yó en la barbarie como el mundo civil, y este es su segundo estado. Cuando se comparan  los escritos de los cronistas eclesiásticos del siglo  VIII con los de  los anteriores, es inmensa la diferencia  que se  encuentra. Desaparecieron hasta los últimos vestigios de la civi­lización romana, el idioma sentíase  hundir por decir­lo asi  en  el seno de la barbarie. Por una parte  los bár­baros entran  en el estado eclesiástico, se convierten en curas, dignidades de la  iglesia;  por la otra los  obis­pos adoptan la vida  bárbará1, y sin dejar su obispado se hacen gefes de bandos, errantes por el pais, sa­queando, guerreando como los compañeros de Clo-

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154      cumio

vis. Asi  lo veis  en  Gregorio de  Tours y en  otros va­rios obispos, como Salón y Sagitario.

* Dos hechos importantes  han tenido efecto en el se­no  de esta iglesia bárbara. £1 primero la separación del poder espiritual del temporal. Este principio se desarrolló en la época de que hablamos. Nada mas natural. No habiendo podido alcanzar la iglesia el res­tablecimiento  del poder absoluto del imperio romano, para participarle  algún  tanto tuvo que buscar su salud en la independencia. Vióse precisadaádefenderse por todas partes cuando se la amenazaba. Cada obispo? cada eclesiástico  veia como sus vecinos bárbaros in­tervenían  en los  negocios  de la iglesia  para  invadir  sus riquezas, sus dominios,  su poder; sin otro medio de

defensa  que el  de decirles: «El orden espiritual estáenteramente separadodel temporal; no teneis por con­siguiente  ningún derecho de mezclaros en aquel.» Este principio se  convirtió en  arma defensiva de la iglesia contra la barbarie.

Otro suceso importante perteneceála misma época:

la  introducción del orden monástico en el occidente. Al principio del siglo VI fue, como todos saben,cuan­do san Benito dió su reglaálos monges  del occiden­te , poco numerosos todavía, pero que despues  se es­tendieron prodigiosamente. Los monges en aquellaépoca  aun  no eranmiembros del estado eclesiástico, y se  les consideraba como legos. Es verdad  que salian de  su seno algunos para curas y obispos;  pero hasta al lin del siglo V y principio del V I, los monges  en  ge­neral no han sido considerados como parte clerical propiamente  dicha. Algunas veces se  veian entrar va­rios  eclesiásticos y hasta  obispos en  la carrera monás­tica, creyendo hacer un nuevo  progreso en la  vida re­

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 5 5

ligiosa. Asi es  que el orden  monacal tomó en  un mo­mento un rápido desarrollo en Europa.  Los monges afectaban mas la imaginación de los bárbaros que el clero secular; su número imponía, asi como su vida singular. El clero secular, el obispo, el simple cura, no  causaba  ilusión áaquellos  bárbaros  acostuihbrados¿verles, maltratarles y saquearles. Era  un poco masárdua la empresa de atacar un monasterio,  morada  de tantos hombres reunidos  en un santo  lugar. Los mo­nasterios  durante la época de  la barbarie eran un lugar de asilo para la iglesia, como esta lo era para los le­gos. Los hombres piadosos se refugiaban en  ellos, co­mo lo habian hecho en oriente en la Tebayda, para huir  de la vida mundana y de la  corrupción de Cons- tantinopla.

Tales son en  la historia  de la iglesia los  dos hechos principales que pertenecenála época  bárbara:  por una parte el  desarrollo del principio de  la separación del poder espiritual  y temporal, por la otra  la institución del sistema monástico  en el occidente.

A fines de la época  bárbara  se hizo.una nueva ten­tativa  para resucitar  el  imperio  romano: la de Carlo- magno. La  iglesia y el soberano civil establecieron de nuevo una  estrecha  alianza. Esta fue una  época de do­cilidad, y también de progreso paralos papas.  La ten­tativa  se  estrelló segunda  vez, cayó el imperio de Car- lomagno, mas las ventajas que  la iglesia habia repor­tado de su  alianza  le quedaron íntegras. La  autoridad de  los papas se estableció definitivamenteá la cabeza

de        la cristiandad.

/

A         la         muerte de        Carlomagno    se         siguió   otra      vez      el

caos, la confusion, y la iglesia participó  de uno  y otro como la sociedad civil: mas  pronto salió de él entran­

 

 

156      curso

do en  el de  la feudalidad, en su  tercer establecimien­to. Lo mismo tuvo lugar en el estado  eclesiástico  por la disolución del imperio de Carlomagno, que en  el civil, ácorta diferencia: desapareció hasta la sombra de  unidad, todo se hizo local, parcial, individual;  vi­mos empezar una lucha en el estado clerical, que ape­nas se  habia advertido hasta aquella  época: el comba­te  de  los sentimientoséintereses del poseedor del  feu­do con los intereses y sentimientos eclesiásticos. Los gefes de  la iglesia  estaban  colocados entre estas dos si­tuaciones : la una tiendeáprevalecer sobre la  otra, el espíritu eclesiástico  ya no era tan poderoso, tan uni­versal ; preséntase  el Ínteres de los individuos, y el deseo de la independencia, las costumbres de  la  vida feudal, relajan los vínculos de la gerarquía eclesiásti­ca. La  iglesia entonces hace una tentativa para preve­

nir los efectos  de su decadencia: pruebaá organizar iglesias nacioñales  en diversos puntos, por medio de un sistema  de federación, por asambleas y deliberacio­nes populares. En esta época, bajo  el  régimen  del feu­dalismo,  es cuando se ven masámenudo los concilios, las  convocatorias de asambleas provinciales y nacio­nales. La Francia principalmente parecía llevar ade­lante con mas  ardor este ensayo de unidad. El arzo­bispo de Reims, Hincmar, puede considerarse como el representante de esta idea; trabajó constantemente para organizar la iglesia francesa, buscó y empleó to­dos los medios de correspondencia que podían pro­porcionar algún tanto de unidad  en la  iglesia feudal. Hincmar mantuvo por una  parte la independencia de aquella  con respecto al  poder temporal, y por la otra la suya propia con relación al poder papal: él fue quien al saber que  el Papa  quería  iráFrancia amena­

 

 

BE       HISTORIA     MODERNA.  1 5 7

zando  escomulgaráalgunos obispos, dijo:     aSi excom-

mumcaturus veneritj excommurúcatus abibit.

Pero la tentativa de organizar la iglesia feudal de esta  manera, no tuvo mejor resultado que  la reorgani­zación de la iglesia imperial: no hubo medio de resta­blecer la  unidad. La  disolución iba  todos los dias mar­chando con pasos mas agigantados; los obispos, pre­lados y abates, se aislaban  cada vez mas en  sus res­pectivas  diócesisómonasterios, debiéndoseáesta cir­cunstancia el aumento de desorden. Esta fue la época en que mas se conoció el abuso de la simonía, la dis­posición arbitraria en ordenálos  beneficios eclesiásti­cos, el mayor desarreglo de costumbres entre  el  clero.

Semejante desarreglo chocaba estremadamente al pueblo, y ála parte  eclesiástica  mas sana. Asi es  quéal  instante se  vió despuntar  en la iglesia un  espíritu de reforma, una necesidad de buscar alguna autoridad que rehiciera todos estos elementos, y les impusiera una regla. Claudio, obispo de Turin, Agobardo, ar­zobispo de León, #hacian en sus diócesis probaturas de este  género, mas no estaban en  disposición de con­cluir  una obra tan árdua; solo existia una fuerza  en el seno de la iglesia que pudiera  alcanzarla: la corte  ro­mana , la autoridad papal: de modo qpe poco tardóen prevalecer. La  iglesia pasó en el  siglo XIásu cuar­to estado,  al teocrático  y monástico. El creador de es­ta nueva forma, impropiamente hablando, fue Gre­gorio VII.

Estamos acostumbrados, señores, árepresentarnosáGregorio VII como un hombre que ha querido  ha­cer  inmóviles todas  las  cosas, comoáun enemigo del desarrollo intelectual, como una  persona que  preten­día retener  al  mundo en  un  sistema estacionario óre-

 

 

158      cunto

trógado. Nada mas falso, señores: Gregorio VII era un reformista por el camino del despotismo, como Carlomagno y Pedro  el Grande. Fue cuasi en  el orden eclesiástico, lo que  Carlomagno en Francia, y  Pedro el  Grande en  Rusia fueron en lo civil. Quiso reformar la  iglesia,  y  por medio de la santa sede, y  en su pro­vecho ,  introducir en la sociedad temporal mas mo­ralidad, mas  justicia, mas  reglas.

Al mismo tiempo que procuraba  someter el  mundo civilála iglesia, y  esta¿la dignidad papal  con un ob­jeto de reforma, de progreso, no estacionario ni re­trógradamente; otra tentativa de la misma  naturaleza, un movimiento semejante se producía en el interior de los monasterios. La idea de orden,  de disciplina y  ri­gidez  moral se sostenían en  ellos con ardor. Adorna laépoca en que' Roberto de Moléme introdujo una regla muy severa en  Citeaux: los tiempos de san Norberto, de la reforma de los canónigos, de Cluny y de la principal de san Bernardo. Una fermentación general reina en  los  monasterios; los antiguos monges se di­funden ápretesto de quererse introducir innovaciones perniciosas;  dicen que es un atentado contra la  liber­tad, que es preciso acomodarse álas costumbres  del tiempo, que es imposible volverála primitiva iglesia¡tratando  de insensatos, delirantes, y tiranosálos re­formistas. Abrid la historia  de Normandía por Orde- rie  Vital, y encontraréis en  ella quejas sin  cesar.

Todo parecia convertirse  en provecho  de la iglesia, de su  unidad, de su poder. Pero mientras que  el Pa­pa trataba de apoderarse del gobierno del mundo, mientras los monasterios se reformaban bajo el punto de vista moral, algunos hombres poderosos  , aunque aislados, reclamaban en favor de la razón humana  el

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 5 9

derecho  de ser  alguna cosa en  el  hombre, de interve­nir en sus opiniones. La mayor parte de ellos no ata­caban las ideas recibidas, las  creencias religiosas; solo decian que  la razón tenia derecho para probarlas,  que no era suficiente que fuesen establecidas  por la  autori­dad.  Juan Erigenes, Roscelin, Abelardo, he aqui los intérpretes por los cuales  la razón individual empezóáreclamar  su herencia, los primeros autores del movi­miento  de libertad  intelectual que se asoció al de re­forma de Hildebrand  y san Bernardo. Si buscamos el carácter dominante  de  este movimiento, verémos que no consistía  en un cambio de  opinion, en una revolu­ción contra el sistema de  creencias públicas, sino sim­plemente en  el derecho de discurrir,  reclamado por la razón. Los discípulos de Abelardo, según nos dice él mismo en su introducciónála teología, le  pedían ar­gumentos filosóficos  propios para satisfacer la razón, le suplicaban que  les  instruyese  y enseñase noárespe­tar sus doctrinas,*sinoácomprenderlas, porque na­die puede creer sin haber entendido lo que  quieren que se  crea, y que seria muy ridículo irápredicará

otros cosas que           no        alcanzan ni      aquel qué las profesa, ni

sus discípulos....          ¿Cuál puede    ser el   objeto  de la filoso­

fía  sino el  de  conducir hácia  el principio de Diosáque todo debe referirse? ¿bajo qué  aspecto se permiteálos fieles la lectura de los escritos que tratan de las co­sas del siglo, y la  de los libros de los gentiles, sino para formarlos, para  hacerles conocer  las  verdades de la  santa escritura, y proporcionarles los conocimientos necesarios para defenderlas? Este es el  principal obje­to por el que debemos llamar todas las  fuerzas  de la razón,áfin de impedir  que  las  sutilezas de  los  enemi­gos alcancen  fácilmenteáalterar la pureza  de nuestra

 

 

1 6 0    CURSO

fe,  en las cuestiones difíciles y complicadas que  for­man  la  base  de la  creencia cristiana.

Bien pronto se sintió la  importancia de este  primer paso hácia la libertad,  de este  renacimiento del espí­ritu de exámen:ápesar de estar ocupada la iglesia  en sus  propias reformas, no dejó de alarmarse algún tan­to; declaró  al instante  la guerraásus nuevos reformis­tas, cuyos  métodos la amenazaban mas que sus doc­trinas. Este es el gran suceso que  se  presentaáfines del siglo XI y principios del  X I I : la  iglesia en el es­tado  teocrático y monástico. En esta época por  la pri­mera vez,  una seria lucha se  empeñó entre el estado eclesiástico  y los libres pensadores. Las querellas de

’ Abelardo y san Bernardo, los concilios de  Soissons y de Sens  en que fue condenado Abelardo, no son mas que la espresion del hecho que ha obtenido un lu­gar tan grande  en la historia de la civilización mo­derna. Esta es la principal circunstancia del estado de la iglesia en el siglo XII, en donde hoy la dejare­mos.

Al mismo tiempo, señores, se producía un movi­miento de otra  naturaleza: el movimiento en las co­munidades. Inconsecuencia singular  de las costumbres ignorantes y groseras! Si  se hubiera dicho áios pe­cheros que conquistaban  su libertad con ardimiento, que habia hombres que reclamaban el  derecho de la razón, el derecho de  exámen, hombres áquienes la iglesia trataba  de hereges, al  instante se hubieran vis­to apedreadosó quemados : varias veces corrieron este peligro Abelardo y sus compañeros. Por otra parte, estos  mismos autores  que reclamaban  el dere­cho de  la razón  humana, hablaban de los esfuerzos que hacia la  plebe para  alcanzar el triunfo sobre su

 

 

BE       HISTORIA     MODERA      1 6 1

esclavitud,  como de  un abominable desorden, del tras­torno de la sociedad; parecia haberse declarado la guerra  entre el movimiento filosófico y el  popular, en­tre la  libertad  política  y la  de  la razón. Han sido ne­cesarios  siglos para  reconciliar estos  dos  grandes pode­res , y hacerles  entender la comunidad de sus intereses. En el  siglo XII nada  tenian de común.  Al  hablar en nuestra  próxima  reunión de la emancipación de los co­munes ,  nos  convenceremos con facilidad  de  la  eviden­cia de  nuestros asertos.

 

 

 

 

LECCION      VII

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Señores:

Hemos  llevado  hasta  el siglo XII la  historia  de los dos  primeros y  principales  elementos de  la civilización moderna:  el  régimen feudal y la iglesia. Hoy  nos  ocu­pará también  hasta el  siglo XU, el tercero  de  los ele­mentos fundamentales;  quiero  decir, la  clase popular, limitándonosálo que corresponde conforme hicimos anteriormente.

Nos hallamos con respecto álos comunes  en una situación diferente de la  que temarnos con  referenciaála iglesiaóal régimen  feudal. Desde el  V al XII siglo este y aquella,á pesar de  haber adquirido  posterior­mente nuevos adelantos, ya  se nos presentaron cuasi como en un estado completo y definitivo; vímosles nacer, engrandecerse, llegarásu  madurez. No asi la clase  popular, pues no  tomó lugar  en  la historia hasta fines de la época de que tratamos, en el siglo XIóXII; no porque  no  poseyera anteriormente tina historia que merezca estudiarse, ni dejase de haber mucho antes de esta época vestigios de su  existencia, sino porque

 

 

1 6 4    curso

hasta el  siglo  XI no aparecieron  con claridad en la es­cena del mundo, como un elemento interesante  de la civilización moderna. Asi, al tratardel régimen feudal, de la iglesia,  desde el  V al XII  siglo, hemos  visto des­envolverse  los  efectos,  nacer nuevas  causas, y cuantas veces  se han deducido principiosóresultados por me­dio de conjeturas, otras tantas  hemos podido compro­barlos  con el examen  de los sucesos. En cuantoálos comunes no es asi, no puedo apenas esplicar mas que las causas, los orígenes. Lo que  diré sobre los efectos de su existencia, sobre su influencia  en  el curso de la civilización  europea, será en cierto modo por via de predicción; no podré invocar  el testimonio  de hechos contemporáneos y  conocidos. Mas  tarde, desde el si­glo XII al X V , verémos tomar  un ascendiente ála clase popular, producir todos sus frutos su institución, y  comprobar nuestras aserciones  por la historia. Insis­to ,  señores,  sobre esta diferencia  de situación, para preveniros contra cuanto  pueda haber  de incompleto y prematuro en  el cuadro que voyáofreceros.

Supongamos que en 1789, en  el momento en que empezaba  la terrible regeneración  de la  Francia, un plebeyo del siglo XII hubiese aparecido repentinamen­te  entre  nosotros, y le hubiéramos dadoá leer ( era necesario que esto  supiese)  uno de esos  libros satíricos que tan poderosamente agitaban los ánimos;  por ejem­plo, el  de  Sieyes: ¿Qué es el estado llano? Su vista se dirigeáesta frase que es el alma  del folleto:«El esta­do llano es la  nación  francesa, menos el clero y la nobleza.» Pregunto, ¿qué importancia hubiera  produ­cido ,  señores,  esta frase en el ánimo de tal hombre?¿Podéis creer  que la  entienda? No, no entenderá las palabras naciónfrancesa, porque no le representan

 

 

BE       HISTORIA     MODERNA» /           165

ningún suceso conocido, ningún hecho de sus tiempos; mas  si  conociese la fuerza de la  frase,  si  viese clara­mente  en  ella la soberanía establecida en el estado  lla­no  representando la  nación entera,ábuen  seguro que le  parecería  una proposicion casi  locaéimpía, por es­tar tan en  contradicción con  lo que habia visto en suépoca, con la generalidad de sus ideas y sentimien­tos.

Ahora, señores, preguntadáese plebeyo admirado de  lo que ve, llevadleácualquiera corporacion po­pular de las que habia  en Francia en aquella época,áReims, Beauvais, Laon,áNoyon; y verémos apode­rarse  de él un  nuevo asombro: entra en la  poblacion, no ve torreones, terraplenes, ni milicia; ningún me­dio de  defensa; todo abierto, entregado al primero que llegue, al  primero que la ocupe. El pechero estáinquieto por la seguridad de esta corporacion, la consi­dera  débil, muy mal garantida.  Penetra  en  el interior, se  pone  al corriente de lo que pasa en ella, cómo se gobierna, indaga cuál es  la suerte de sus habitantes.Le dicen que  fuera  de los muros hay un poder que les tasa como quiere sin su consentimiento, que convoca su milicia  y la enviaála  guerra, también  sin consul­tar  con su voluntad. Oye hablar de magistrados, al­caldes y regidores, dícenle que el pueblo no los nom­bra, que los asuntos del común no se deciden en la misma corporacion comiinal, sino que un individuo en  nombre del rey, un intendente es .el  único que los administra  desde lejos. Mas todavía: le dicen que los habitantes no tienen derecho de repnirse, ni  de deli­berar  sobre lo que  les concierne, que la campana de la iglesia no les  llama ála plaza pública. El plebeyo del X siglo queda atónito. Ahora poco quedó asombra-

 

 

166      CURSO

do, atemorizado, por la importancia grande que la nación  popular, que el  estado llano se atribuía: y aho-, ra la  encuentra en  el  seno  de sus  hogares  en  un esta­do de  servidumbre, de  inercia, de nulidad; en la  si­tuación peor en que puede  encontrarse- Pasa de un espectáculoá otro contrario, del aspecto de  nn  pue­blo soberano, al de  una impotente  plebe: ¿cómo que- reis  que  entienda,  que  concilie,  que su espíritu no  es­té  trastornado? >

Señores, volvamosárecorrer el  siglo X II, y como individuos del XIX, asistamosáun  doble  espectáculo absolutamente igual aunque en sentido contrario.  Cuan­tas  veces miremos los  negocios  en general,  el  estado, el  gobierno del pais,  el conjunto de la  sociedad,  no ve­remos ni oirémos hablar del pueblo; de nada sirve, ninguna  importancia s.e le d a;  y no  solo  no la tiene en el  estado,  sino que si queremos saber  lo que el pue­blo  piensa de sí  mismo, cómo  habla  de  él, cuál esásus  propios  ojos  su  situación  en sus relaciones con el gobierno  de la  Francia  en  general, advertiremos  en  él

un lenguage tímido, de  una  humildad estraordinaria. Sus antiguos  dueños, los  señores  que  les  han quitado sus franquicias, los  tratanálo menos de palabra  con una  altivez que  nos  confunde. El pueblo no se  asom­bra , no  se irrita por  esto.

Entremos en la sociedad inferior, en el común,  vea­mos lo que pasa allí; la escena cambia; vémonos en una plaza fuerte, defendida por paisanos armados, que se tasan, eligen sus magistrados,  juzgan, castigan, se reúnen para deliberar sobre sus negocios; todos se presentan á esta asamblea; hacen la guerra por su cuenta, contra su señor, tienen una fuerza popular, en una  palabra, se gobiernan, son  soberanos.

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  £0 7

Es el  mismo  contraste que en la Francia del siglo XVIII habia admirado  tanto al  plebeyo del  X , solo que  los papeles se han  trocado. Aquí lo es  todo  la na­ción  ciudadana, nada la popular, en contraposición  con lo  que dijimos anteriormente. Es preciso, señores, que entre el  siglo XII y XVIII hayan pasado  muchas  co­sas, muchos sucesos estraordinarios, que se hayan realizado  muchas revoluciones para  haber cambiado de tal  manera la existencia de  una clase  social. A pesar de este cambio nadie duda que  el estado  llano  de 4789 fue, políticamente hablando, el descendiente y he­redero  de  las municipalidades del siglo XII. Esta na­ción  francesa tan altiva, tan ambiciosa, queátan arri­ba  lleva sus pretensiones, que proclama  su soberanía con tanto  esplendor, que  no  solo  intenta regenerarse, gobernarse  ella misma,  sí que también gobernar y re­generar  al mundo, desciende incontestablemente de es­tos plebeyos que se insurreccionaban  bastante oscu­ramente , aunque con valor, con  el único objeto de escapar  y ocultarse en  algún  lugar  inaccesible al está- do oscuro de la  tiranía de algunos señores.

A buen  seguro  que  no es  en  el estado plebeyo del siglQ XII en donde encontraremos la esplicacion de tal metamorfosis, pues se ha efectuado y tiene sus causas en los acaecimientos  que se sucedieron desde el XII  al XVIII siglo,  como lo encontraremos mas ade­lante. Sin  embargo, el origen  del estado  llano ha  he­cho un gran papel en  su  historia, y aunque no  deba­mos  deducir  de  él  todo el secreto de  su destino, álo menos reconocerémos su gérmen; lo  que ha sido  en un principio  se conoce  en lo que  ha sido despues, mucho mejor  quizás  que lo harían presumir las apa­riencias : un  diseño  aunque incómpleto  del  estado  pie-

 

 

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bejo en  el  siglo XII creo  que os convencerá  de ello. Para conocer bien  este estado, es preciso considerar

los  comunes  bajo  dos puntos  de Vista principales. Haj dos grandes cuestiones  que resolver: primera,  la de la emancipación  popular, la  de saber  cómo  se ha  obrado la revolución,  por qué  causas, el  cambio  que ha traído en la  situación  del paisanage, qué es  lo que ha  obrado en la  sociedad .general, en  medio de las otras clases, en  el  estado. La segunda  cuestión es  'relativa al mis­mo gobierno popular,  al  estado interior de  las  pobla­ciones libertadas, de las relaciones del pueblo entre sí, de los  principios,  de las costumbres que domina­ban  en  las ciudades.

De estas  dos  fuentes,á saber, por una parte del cambio efectuado  en la situación  social del pueblo,  y

por la otra de su gobierno  interior, de su estado co­munal, es de  donde ha  dimanado toda su influencia sobre la civilización moderna. No  h a j ningún  hecho producido  por ella  que  no  deba  referirse  á. unaúotra de  estas dos causas. Cuando enteramente nos habré- mos hecho cargo de  ello, cuando conocerémos la li­bertad del pueblo y su gobierno, tendrémos por de­

cirlo     asi las dos llaves de    su historia.

En fin  os  diré una  palabra sobre la diversidad del estado popular en Europa. Los hechos  que v o j áre­feriros no  se pueden aplicar  indiferentemente átodos los comunes  del siglo X II,álos de Italia,  España,  In­glaterra  j Francia. Es verdad que  h a j un ciertonú­mero  de ellos  que  convienenátodos, mas sus diferen­cias son  grandeséimportantes. Las indicaré de paso; mas  tarde las volverémosáencontrar en el curso  de la civilización, j entonces las estudiaremos mas de cerca.

 

 

BE       n          m         i u        MODERNA.  1 6 9

Para hacerse cargo  de  la  manera con  que  el pueblo alcanzó su  libertad,  es preciso recordar cuál era el  esta­do de las ciudades desde el V al XI siglo, desde la caida del  imperio romano  hasta el momento en que  princi­pió  la  revolución  de  los  comunes: aquí, lo repito, las diferencias son grandes; el estado de  los pueblos ha  va­riado prodigiosamente en  los  diversos  paises  de Euro»pa; con  todo, hay hechos generales  que pueden refe­rirse, poco  masó  meaos,átodas las ciudades,álo que procuraré concretarme. Si alguna vez me salgo de estos límites, será para aplicarme particularmente álos  comunes de  Francia, y sobre  todoá los  del norte de ella; álos que están situados sobre el Ródano  y el Loira: de aqui tomará vuelo el  cuadro  que procurarétrazar.

- Despues de la  caida del imperio  romano, desde el Y al  X siglo, el  estado de las  ciudades no  fue de  servi­dumbre ni de libertad. Empleándose ciertas  palabras indiferentemente se corre el  peligro que os hice adver­tir el  otro dia en la  pintura de los  hombres y de  Ios- sucesos. Cuando  una sociedad  ha durado mucho  tiem­po, y con ella  su idioma, las palabras toman  uu sen­tido completo, determinado, preciso,  legal, y en  cier­to modo  oficial. El tiempo' ha  hecho  entrar en el sen­tido de cada espresion una multitud de ideas que se recuerdan asi que  se las pronuncia, y que, no llevando todas  la misma  fecha,  no  convienen  al mismo  tiémpo. Xas  palabras esclavitud y libertad, por ejemplo,  dis- piertan  hoy dia en  nuestra imaginación ideas infinita­mente  mas  precisas, mas completas, que los sucesos que correspondenálos  siglos V III, IX, óX. Si deci­mos  que  en  el  siglo VIII las ciudades se hallaban en un estado de  libertad, dirémos demasiado; pues  hoy

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1 7 0    CUMO

«lia damosála palabra  libertad una acepción que no representa los sucesos del siglo VIII. En el

qrror  caeremos si  decimos que los pueblos estaban  en la esolavitud,  porque  esta  palabra  es enteramente dife­rente  de  Iqs hechos municipales de aquellos tiempos. Lo  repito,  las poblaciones  no estaban ni  en un  estado de servidumbre  ni de  libertad:  sufríanse todos  los ma­les  anexosála debilidad; estábase continuamente es­puestoálas violencias y depredaciones de los fuertes; qou todo,ápesar  de un  desorden tan grande  y espan­toso ,épesar de  la pobreza y falta  de poblacion,  las ciudades habían conservado y conservaban cierta im­portancia : en  la mayor  parte  de ellas había una cor­poración eclesiástica, un  obispo que ejercia un gran

poder,  que tenia influencia sobre la poblacion, que ser­via de vínculo  entre  ella y los vencedores; mantenién­dola de  esta manera  en una especie de  independencia, y cubriéndola  con el broquel de la  religión. En las ciu­dades  se  encontraban ademas  grandes despojos de las instituciones  roaianaí». Veíaseámenudo  en esta época , según  sucesos de este  género  que  han recogido cuida­dosamente el  señor de Savigm,  Hullman, y la  señori­ta Lezardiére, etc.,  la convocaciondel senado, de la cu­ria ,  de las  asambleas  públicas,  de  los municipios. Los asuntos  del  orden civil, los  testamentos, las donacio­nes,  y una  multitud  de  actos de  su  vida, se  consuma­ban en la curia, por  sus  magistrados, como  se hacia en los  municipios romanos. Es verdad  que los restos de actividad y de  libertad urbana desaparecían  cada  vez mas.  La  barbarie, el desorden y desgracias que iban cada día .en aumento, aceleraron  la  falta de  poblacion.

El establecimiento de  los  señores del pais  en  los cam-. i pos, y la  naciente  preponderancia de  la vida agrícola,

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 7 1

fueron  para  las ciudades una  nueva causa de decaden­cia.  Los  mismos  obispos, despues de haber  entrado  en el cuadro  feudal,  dieron menos importánciaásu exis­tencia  municipal. En fin, cuando el feudalismo hubo triunfado  completamente, las ciudades, sin caer en la servidumbre de los  colonos, se encontraron todas ba­jo  la .férula de  un  señor, comprendidas en algún feu­do; perdiendo  segunda  vez bajo  este  titulo  parte de la independencia que les  habia quedado, aun en los  tiem­pos  mas  bárbaros, en los  primeros siglos de la inva­sión. De suerte que,  desde  el siglo V hasta el momen­to  de  la organización completa  del feudalismo, el es­tado de las  ciudades iba  todos los-dias empeorando.

Guando la feudalidadquedó bien  establecida, cuando cada  individuo  hubo tomado su lugar j se fijó en  un pais, al  cabo de algún  tiempo de  haber  cesado la  vida errante; las ciudades volvieron áempezar'á adquirir importancia; desplegóse  en  ellas dfenuevo  un poco  de actividad. Ya lo  sabéis, lo  mismo sucede  con la- acti­vidad  humana  que  con  la fecundidad  de 1* tierra; asi que  cesa el  trastorno, todo vuelve áaparecer ,-á' bro­tar,áflorecer. Asi que  h a j el menor asomo de  orden j paz, el  hombre recobra  la esperanza, j con ella la afición  al  trabajo. Esto es lo que sucedió  en las ciuda­des asi que  el  régimen  feudal  se  sentó un poco;  citá­ronse  nuevas  necesidades  entre  los poseedores dé feu­dos, cierto deseo hácia el progreso, hácia las  mejoras. Para satisfacerle, el comercio j la industria aunque pocoápoco aparecieron otra vez con su benéfico influ­jo en las  poblaciones  de sus dominios;  la  riqueza, las gentes, volvíanáellas  lentamente, es verdad, pero al fin lo realizaban*  Entre las circunstancias que pueden haber contribuidoásemejantes sucesos, h a j una- m uj

 

 

173      CURIO

poco conocida: el  derecho de  asilo de  las  iglesias.  An­tes  de  haberse constituido  las  comunidades,  antes que pudieran  ofrecer  un asilo seguroála desolada gente del  campo,  con  su fuerza y fortificaciones, cuando  no había  mas seguridad  que en la iglesia, bastaba esta para atraerá muchos desgraciados y fugitivos álas ciu­dades. Veíasele* refugiar ya en el mismo pavimento de la  iglesia,  ya  en sus alrededores; haciéndolo no  so­lo  los hombres pertenecientesála clase inferior, co­mo los  siervos y colonos, sí que  también muchas  ve­ces  personas considerables, proscritos ricos. Las  cró­nicas de  aquellos tiempos están llenas de tales ejem­plos : algunas  veces  se presentaban hombres  que hacia un  instante  habian  sido poderosos, perseguidos por un vecino mas fuerte,ópor el  mismo rey, abandonan­do sus dominios, llevando ■consigo cuanto podían para encerrarse en una ciudad, y ponerse bajo la protección de la iglesia, haciéndose sus ciudadanos:

Los refugiados de esta  clase,  creo que  no dejaron de tener influencia  en el  progreso de  las ciudades; pues introducían riquezas, y algunos elementos de pobla­ción superior  en  la masa  de sus habitantes. Por otra parte ¿quién ignora que  cuando  se ha  reunido  en  cual­quier lugar un número considerable de  personas, los demas hombres concurren tambiénáél, sea por la mayor  seguridad  que ofrece, sea solo por un  efecto del deseo de sociedad que  jamas nos  abandona?

Por todos  estos  motivos,  asi  que el  régimen feudal se regularizó un tanto, las ciudades volvieronáad­quirir un  poco de  vigor. Sin embargo, la seguridad que  en ellas se disfrutaba  no  guardaba  igual propor­ción. Es verdad que  habia cesado  la vida errante, pe­ro era para  los vencedores, para los nuevos propie-

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 7 5

tarjos  solares, uq gran medio de satisfacer sus  pasio­nes. Guando  necesitaban  saquear, hacían  una correría, ibanálo  lejosábuscar  otra fortuna, otros dominios. Despues que  cuasi  todos  se establecieron  y fue nece­sario renunciarála vagancia conquistadora, no por esto cesaron la ambición, las torpes necesidades, ni la  violencia  en los deseos. El  peso  cayó  sobre  la gen­te que se  encontrabaá la  mano  de los poderosos  del mundo, sobre las poblaciones. En lugar de irása­quearálo  lejos,  hacíase mas  cerca. A  contar  desde el siglo X , las estorsiones  de los  señores sobre  los ciu­dadanos  iban  en aumento. Siempre  que el  propietario de un dominioóuna ciudad tenia por desgracia al­gún acceso de  ambición que  satisfacer, ejercía su vio­lencia contra el pacífico  habitante. En esta época es sobre todo cuando mas se oyen los  clamores de los citidadanos contra  la  falta absoluta  de  seguridad en el comercio. Los mercaderes, despues de  haber dado su vuelta con  objeto  de vender los artículos, no  podían volver pacíficamenteásus pueblos; los  caminos, las avenidas, estaban ocupadas sin  cesar por el  señor  y sus gentes. De manera que en  el momento en que  la industria volvíaátomar un poco de  vuelo, fue pre­cisamente cuando mas falta  hacia la seguridad. No hay cosa que  mas irrite  al hombre que el verse incomo­dado de  esta  manera  en  su trabajo,  que  se le despoje de los frutos que se había prometido. Entonces se

ofende  mucho  mas que cuando se  le hace sufrir en una  existencia fija y monotona, que cuando se le quita lo que no ha  sido  resultado  de su propia  actividad, lo  que  no  lia suscitado en él los  placeres de  la espe­ranza.  En  el  movimiento progresivo  que encamina áun hombreóáuna poblacion  hácia su nueva fortuna,

 

 

174      «n»o

existe un principio de resistencia contra la iniquidad y la violencia , mucho mas fuerte  que en todas las demas  situaciones.

Hé  aquí,  señores , en qué  estado se hallaban  las po­blaciones  en. el decurso del X siglo: ya tenían  mas motivos, importancia, riquezaséintereses que defen­der, siéndoles tanto mas necesaria la protección, cuanto estos  mismos intereses, riquezas y motivos, eran el blanco de la  envidia de  los señores. El peligro y el mal se acrecentaban,  y con  ellos los medios de  oposicion:

ademas, el  régimen feudal daba continuamente ejem­plos  de  resistencia;  nunca infundía en los ánimos la idea de un  gobierno  organizado,imponente, capaz de  arre­glarlo, de  refrenarlo todo, con  su sola intervención. Era el continuo  espectáculo de  la voluntad individual negándoseáobedecer. Tal era el  estado de la  mayor parte  de  los poseedores de feudos  con respecto i sus soberanos, el de los  reducidos señores  en  compara­ción de  los  grandes; de modo  que  las  poblaciones  te­nían,ála vista una incesante lección de insurrección en el momento mismo en que estaban oprimida», atormentadas, en  el instante  en que  tenían nuevos y grandes, intereses que  sostener. El régimen feudal ha hechoála humanidad el servicio de manifestar Con­tinuamenteálos  hombres la  voluntad  individual des­plegada  con  toda su energía. El ejemplo produjo su efecto,  los  pueblosápesarde  Su debilidad, de la des­igualdad prodigiosa  de  condición que existia entre ellos y sus señores, se  levantaron  por  todas partes.

Es  difícil fijar la  épooa  precisa de este acaecimien­to.  Se dice  generalmente-que la emancipación de los comunes empezó  en  el  siglo XI; pero antes que este esfuerzo  surtiera efecto, ¡cuántos movimientos des­

 

 

DX      HISTORIA     MODERNA.  1 7 5

conocidos y  desgraciados se  efectuaron! Asi sucede  en todos los grandes  acaecimientos. En todas las  cosas la Providencia  para hacer cumplir  sus designios es pró­diga en valor, virtudes, sacrificios, y finalmente en hombres; solo  despues  de un sinnúmero de trabajos ignoradosóperdidos en  la apariencia, hasta despues de haber  sucumbido  al  desaliento una porción dé co­razones nobles convencidos de que  sil causa éStaba perdida, hasta  entonces  digo, no  se ve  llegar  su-triun­fo. Asi  sucedió con  los  comunes. Es  sabido que én el VIH, IX y X siglos hubo muchas tentativas de resis­tencia , muchos deseos de libertad,  los  cuales  no tolo quedaron sin efecto, sino que su memoria quedó sin glo­ria ,ála  par que sin suceso. Es evidente sin  embargo, que estas tentativas han  influido mucho sobré fos acae­cimientos posteriores; reanimaron y  mantuvieron el espíritu de libertad,  prepararon la  grande insurrección del  siglo XI.

Digo insurrección,  señores,  con intención. La eman­cipación de  los  comunes  en  el  siglo XI fue  el  fruto de una verdadera  insurrección,  de una  verdadera  guerra, guerra declaradaálos señores  por la poblacion  dé las ciudades.  El primer  hecho que siempre se encuentra en  tale3 historias, es el levantamiento del pueblo que se arma con todo aquello que le viene álas ma­nos; la espulsion de los satélites del señor que se presentan para  practicar- alguna estorsion, ólina em­presa  contra  el castillo, Hé  aquí sus  caractéres princi­pales. ¿Qué hacia el vencedor  si lograba  sofocar  la  in­surrección? Mandaba- destruir  las  fortificaciones levan­tadas por  el  paisanage, no  solo al rededor de  la  pobla­cion, áno también  las  de cada  casa en particular. En el primer  momento de la confederación , despues de

 

 

1 7 6    «roas*

haberse  prometido  mutuamente obrar de  inteligencia, y haber  jurado todos  defender  los derechos  de  los  co­munes, el primer acto de cada  plebeyo  era  encerrarse en  su  casa en  estado de resistencia. Algunos comunes cuyo nombre está hoy dia enteramente oscurecido, pqr ejemplo, la pequeña asamblea popular de Vézelai, sostienen una larga y enérgica lucha contra el señor. La victoria favoreció al  abad de Vézelai; al  momento manda demoler las fortificaciones  de las casas  de  los paisanos; consérvanse todavía los nombres de mu­chos de aquellos cuyas habitaciones defendibles se vieron inmediatamente destruidas.

Entremos en el  interior  de estas habitaciones, estu­diemos el  modo  de construir y el  género de vida que nos  revelan, todo  dedicadoálas armas, todo al carác­ter de  la  guerra.

Voyá esplicaros la construcción de una casa de plebeyos  en el siglo X II,  en  cuanto podamos hoy  dia hacemos  cargo de ella: ordinariamente tenia tres pi­sos,  una sola pieza  en  cada uno; la del cuarto bajo ser­via  de sala, la  familia comia en ella; el primer piso era  muy alto, como medio de seguridad; es la cir­cunstancia  mas  particular  de la construcción. En este aposento había  un cuarto en  que  el  plebeyo, el dueño de  la  casa habitaba con su muger. La casa estaba regu­larmente flanqueada con  una  torre en su ángulo, en lo general  cuadrada; otro síntoma de  guerra, otro medio de defensa. En el  segundo piso veíase una pieza de uso incierto, pero  que  serviría  probablemente para los hijos  y demas  de  la familia. En lo mas alto una pe-»qüeña  plataforma  destinada sin duda para observatorio. Toda la construcción de la casa nos recuerda la guerra, El carácter,  el verdadero nombre  del movimiento  es

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  177

el que ha producido la libertad de  los  comunes cuan­do la guerra ha  durado un  cierto tiempo, cualesquiera que  seaj*4jas potencias beligerantes se sigue  nécesaria- ment^la  paz, los  tratados  con los  comunes y  sus ene­migos, esto  es, lps  cartas. Las cartas comunales, se­ñores, son unos  meros  tratados de  paz entre  el pueblo y sus  señores.

La  insurrección fue general. Al decir  general, no es mi ánimo afirmar que existiese una coalicion entre todos los  plebeyos de  un pais; nada  de esto: la  situa­ción de los  comunes era la  misma en todas partes; to­dos se  encontraban poco mas ómenos afectados del mismo mal.  Habiendo adquiridoápoca  diferencia los mismos medios de resistencia  y de  defensa,  los em­plearon  cuasi en  la misma  época. Puede ¡ser también que el ejemplo  contribuyese  en  algo,  que los sucesos de unaódos  corporaciones  populares  fuesen  contagio­sos.  Las  cartas  parecian algunas veces cortadas  por  el mismo  modelo; la  de Noyon, por  ejemplo,  ha servi­do de  modeloálas  de  Beauvais,  de san Quintiu', etc. Dudo sin  embargo que  el ejemplo  haya  podido tanto

como se supone comunmente. Las comunicaciones eran  difíciles en aquellos tiempos, raras, los dichos del vulgo vagos y pasageros; hay motivo de  creer que la  insurrección  fue  mas  bien  el  resultado de  una  mis­ma situación,  y de un  movimiento espontáneo, gene-, ral. Cuando  digo  general, quiero  decir  qué  tuvo  lugar casi  en  todas  partes, porque, lo  repito, no fue un  mo­vimiento unánime y concertado; todo era particular, local: cada  común se levantaba  contra su señor  por su cuenta.

Grandes  fueron  las  vicisitudes de la lucha. Los  su­cesos no tan solo fueron alternativos, sino que aun

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1 7 8    CURSO

despues de parecer haberse hecho la paz, despues que  por  una  parte  y otra se habia  jurado  la  carta, se violaba, se  eludía  de  mil  maneras. Los  reyes han he­cho  un gran  papel  en los vaivenes  de esta lucha. Ha­blaré mas  detalladamente  sobre este particular  al tra­

tar de  la  dignidad  real. Unas veces se  ha remontado demasiado, y otras veces rebajado por la inversa su influencia  en el  movimiento  de libertad comunal. Hoy me concreto ádecir  que la potestad real  ha interve­nido frecuentemente  en  estos sucesos; que ha sido  in­vocada tan pronto  por los comunes  como por  los se­ñores; que ha representado papeles contrarios entre sí; que ha obrado ahora  según  un principio,  ahora se­gún otro;  que ha cambiado de intenciones sin cesar,, de designios, de  conducta; pero que reasumiéndolo todo ha obrado  mucho, y mas bien con buenos que con malos efectos.

A pesar  de todas estas vicisitudes, y de la  continua violacion de las cartas en  el siglo doce, se consumóla  emancipación de  los  comunes. La  Europa,  y parti­cularmente  la Francia en donde se  habia visto  pulular las  insurrecciones  durante un siglo, se llenó  de cartas mas ó menos favorables, y los comunes  disfrutaban de  ellas  con masómenos seguridad,  pero al fin saca­ban algunas ventajas. El hecho prevalecía  y el  dere­cho  fue  reconocido.

Procuremos  ahora, señores, reconocer los resulta­dos inmediatos de este gran suceso, y lps cambios que  produjo en  la  situación de  los plebeyos, en  medio de la  sociedad.

Al  principio nada sufrió  variación; álo menos al tratar  de  las relaciones de  lps  plebeyos  con el  gobier­no general  del  pais,  con lo  que  hoy difl  llamamos  es­

 

 

1»B     HISTORIA     ICODElRi.     1 7 0

tado. No intervinieron mas  en  esto de lo  que  lo ha­bían  hecho anteriormente: todo permaneció local, en­

cerrado            en los límites del feudo.

Una circunstancia  debe hacer modificar esta aser­ción: empezóseáestablecer un vínculo  entre el pue­blo  y el  rey. Varias veces los plebeyos invocaban el apoyo de este contra su señor,ó la garantía real, cuando  se había prometidoójurado la carta: otras veces  los señores pedían  el juicio del rey entre ellos y el  pueblo. A petición de  unaúotra parte, por una multitud  de  causas  diferentes, la  dignidad real ínter- venia  en la  querella;  resultando de aqui una relación bastante frecuente, y algunas veces estrecha, délos plebeyos  con  el rey. Por medio  de esta relación, el pueblo se acercaba  al centro del estado, y empezabaátener ciertos vínculos con  el  gobierno  general.

Aun  cuando todo  permaneció local, por medio de la emancipación  de  los comunes, se creó una clase ge­neral  y nueva. Ninguna  coalición  había existido entre los  plebeyos, ninguna existencia  pública ni común  te­nían  como clase; mas  el  país estaba  lleno de hombres que  participaban de la misma situación, de los mis­mos  intereses  y costumbres, entre  los  cuales no  po­día dejar de establecerse-poco á poco cierto lazo, cierta unidad que  debía motivar el desarrollo de la cla­se  plebeya. La formacion de una  grande dase social popular, era  el resultado necesario de  la emancipación local  de  los pecheros.

No debemos  creer que esta clase fue entonces lo que despues, porque no  solo su situación-ha cambia­do mucho, sino que  los elementos eran enteramente diferentes. En el siglo XII apenas se componía mas que de mercaderes>de comerciantes  por menor,  y de

 

 

1 8 0    CURSO

cortos propietarios de  casasótierras que se habian do­miciliado  en la ciudad. Tres siglos despues, el pueblo constaba también de  abogados, médicos, letrados de todos  géneros, y de  todos  los  magistrados locales. El estado llano se  ha  formado  sucesivamente de  elemen­tos  muy diferentes. En  su  historia generalmente no se ha tenido  cuidado  ni  de  la sucesión ni  de  esta diver­sidad. Guando  se habla del  estado popular, siempre, en  todas  épocas se le  ha  supuesto formado de los mis­mos  elementos. Absurda suposición. En su composi- cion  heterogénea, en las  diferentes  épocas de  la histo­ria ,  es tal vez  en  donde  debe buscarse el secreto de su destino. Mientras no ha contado en  su  seno  magis­trados ni letrados,  mientras no se ha presentado como en  el  siglo XVI, no ha  tenido  ni el mismo carácter ni  la misma importancia  en el  estado. Es preciso  que se  vean  nacer  en él nuevas  profesiones,  nuevas situa­ciones morales, un nuevo estado intelectual, para  com­prender  las vicisitudes de su fortuna  y poder. En el siglo XII, repito, solo  se componía de mercaderes que se retirabaná las ciudades  despues de haber  hecho sus  compras y ventas, y de propietarios de casas ódominios reducidos. Ved  aqui la  clase popular euro­pea en sus  primeros elementos.

El tercer  grande resultado de  la  libertad de  los  co­munes, es  la lucha  de las  clases, combate  que consti­tuye el  mismo hecho, y llena las  páginas de  la histo­ria moderna. La  Europa de  los  tiempos mas adelan­tados  nació de la lucha de las diferentes clases de la sociedad. En otras partes,  señores, como lo hice pre­sentir, estas continuas  pugnas han acarreado resulta­dos  bien diferentes:  en Asia,  por ejemplo,  una  clase triunfó completamente,  y el  régimen  de  las castas  ha

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 8 1

sucedido  al de las clases, cayendo la  soc iedad en un estado  de  inmovilidad: nada de eso por fortuna ha sucedido en  Europa; ninguna  clase  ha  podido vencer ni  sujetarálas  demas; la  lucha en lugar de conver­tirse en  un principio  de  inmovilidad, ha sido una  cau­sa de  progreso; las relaciones  de las diferentes clases entre sí, la  necesidad en que se han encontrado de combatirse y cederse  el campo ásu turno, la  varie­dad de sus  intereses, de  sus  pasiones, la necesidad  de vencerse  sin  poder  llegar al  cabo; de aquí ha proce­dido tal  vez  el  principio  mas enérgico, el mas fecun­do del  desarrollo de  la civilización europea. Las cla­ses  han lidiado constantemente, se han detestado; una profunda diversidad de situación, de intereses, de costumbres, ha producido también entre ellas una profunda hostilidad moral; y sin embargo, se han reunido progresivamente, se han  asemejado y enten­dido;  cada pais ha visto nacer y desenvolverse en su  se­

no cierto espíritu general, cierta comunidad de intere­ses, ideas y sentimientos  que han triunfado de la diver­sidad y  de  la  guerra. En Francia, por ejemplo, en  el siglo XVII  y XVIII era  grande todavía la  separación social y moral  de las clases;  todos saben  sin  embargo que la fusión estaba ya  muy adelantada, que existia una verdadera nación francesa, que no se componía de tal dase esclusivamente,  sino que las comprendía to­das, animadas de un cierto sentimiento común, te­niendo una misma existencia, y llenas de  nacionalidad.

Asi, del seno de  la variedad, de la enemistad, de la guerra, y  de  la  Europa moderna, ha  salido  la uni­dad nacional hoy dia  tan brillante, que tiendeádes­envolverse,  y á presentarse de  dia en  dia en un es­tado muy superior.

 

 

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Tales son, señores, los principales efectos este- riores, aparentes, sociales, de la revolución que nos ocupa. Busquemos cuáles fueron sus efectos morales, qué cambios se realizaron en el alma de aquellos pecheros, lo que fueron y debian ser mo­ralmente en  su nueva  situación.

Al  estudiar  las  relaciones del estado llano, encon­tramos  un hecho que  no puede  dejar de llamarnos la atención, no solo  en  el siglo X II, sí que también en los  posteriores,  esto  es: las  que tuvo  con  el estado  en general,  con  el gobierno del  estado, con los intereses generales  del  país; hablo de la prodigiosa timidez de espíritu de  los pecheros, de su  humildad, de la esce- siva modestia de  sus pretensiones en  cuanto al gobier­no de su pais, de  la  facilidad con que se contentan. Nada  revela  en ellos  este  espíritu verdaderamente  po­lítico  que aspiraála influencia,ála reforma,ágober­nar; nada atestigua la  audacia  de sus pensamientos ni la  grandeza de  su ambición: parecen irnos hombres prudentes, unos  honrados emancipados.

Apenas  hay mas que dos fuentes de donde puedan fluir en la esfera política, la  grandeza  de la ambición y la firmeza  del pensamiento. Es precisoótener  la idea de una gran importancia, de un gran poder ejercido sobre el destino  de los demas,  y en un vasto hori­zonte;óllevar en sí  mismo  un sentimiento enérgico de Una completa independencia  individual,  la certeza de  Su propia  libertad, el convencimiento de  una idea estrañaátoda otra voluntad  que no sea la  del  mismo hombre. A una  de  estas  dos condiciones parecen  estar inherentes la osadía  del espíritu, la  altivez  de la am­bición ,  la  necesidad  de obrar en una  esfera espaciosa y de obtener  grandes resultados.

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 8 5

Ninguna  de  estas condiciones se encuentran en la situación del estado llano de la edad media. Gomo acabais  de ver, solo eran interesantes  para sí mismos, y no  ejercían fuera de las ciudades, y sobre el es­tado en general, ninguna  poderosa influencia. Tampo­co podía asistirles un gran sentimiento de indepen­dencia individual. En vano habían vencido y obteni­do una carta,  pues el  plebeyo de  una ciudad  se com­paraba con  el  señor  que habitaba  cerca  de él,áquien acababa de  vencer, y por esto no  reconocía mencís  su estrema  inferioridad; no  le animaba ese altivo senti­miento de independencia que distinguía  al  propietario del  feudo; poseía su  parte de libertad  no  para él so­lo sino para su asociación con otros, socorro difí­cil  y precario. De aquí dimana ese carácter de re­serva ,  de timidez, de modestia, de humildad en su lenguage aun en  medio  de una  vigorosa conducta,  de que  participa tan profundamente no solo la vida de los pecheros del  siglo X II, sí  que  también la de sus mas remotos descendientes. No  se les  conoce  aficiónágrandes  empresas,  y cuando la suerte  les  llevaáellas se inquietan y embarazan; la responsabilidad  les tmv ba, se sienten  fuera  de su  esfera,  aspiraná volveráella,  procurándoloácualquier precio. Asi en  el curso de lá historia de  Europa, y de la  Francia principal­mente, vemosálos pecheros  estimados, económicos, tenidos en cierta consideración, y hasta respetados, mas  rara vez temidos: pocas  veces han producido so­bre  sus  adversarios la impresión de  un grande y  noble poderío, de  un poder, verdaderamente político. No hay que admirarse por esta apatía del estado llano moderno; su  causa principal está  en  su  mismo origen, eu las circunstancias de su emancipación que acabo

 

 

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de manifestaros. La altivez en  la ambición, indepen­dientemente de las condiciones  sociales; la estension  y

firmeza del  pensamiento  político; la necesidad  de in­tervenir  en  los negocios del pais; la entera confianza en la grandeza  del hombre comoátal, y del poder  que le  pertenece  si es  capaz de  ejercerle, son, señores, en Europa, los  sentimientos, las disposiciones enteramen­te  modernas,  nacidas  de  la  civilización, fruto de esta gloriosa y poderosa  generosidad que  la caracteriza,  y que  no puede menos de asegurar al público, al go­bierno del  pais, una influencia, un  peso, que han  fal­tado y debido faltar constantemente al estado llano de  nuestros  antecesores.

En cambio,  adquirieron  y desplegaron  en  la lucha de intereses  locales que  tuvieron  que  sostener  bajo es­te estrecho horizonte,  cierto  grado de energía, de  ad­hesión , de  perseverancia y de paciencia jamas sobre­pujado. Tal era  la  dificultad de la empresa, tales los peligros  contra  que habían  de luchar,  que  era preciso un  valor sin ejemplo. Hoy dia nos formamos  una idea muy falsa de lo que era la vida  de los plebeyos  del siglo  XII y XHI. Habréis  leido  en  una  de  las novelas de Walter-Scott, titulada  Quintin Durward la  pintura que hace  del burgo-maestre de Lieja : le presenta co­mo un verdadero pecliero de comedia, gordo, blando, sin esperiencia,  sin audacia, dedicado únicamenteála comodidad de su vida. Los plebeyos de aquellos tiem­pos , señores, llevaban siempre  la cota  de malla en el pecho,  la pica en  la  mano;  su existencia era  cuasi tan borrascosa, tan guerrera  y dura, como la de los se­ñores contra quienes combatían. En estos continuos peligros, luchando contra  todas las dificultades de una vida práctica, adquirieron ese carácter varonil, esa

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  f lS S

obstinada energía  que sé ha perdido un tanto en  Ja molicie  de los  tiempos modernos.

Ninguno de estos efectos sociales ómorales de la emancipación de  los comunes, habia adquirido tqdo su desarrollo en  el  siglo XII. En los siguientes  es  en donde  han aparecido  claramente de manera  que se les pueda distinguir. Es cierto sin embargo, que el  gér- men  tenia su origen  en la primera situación  de  los  co-

,muñes,  en el modo  de  su emancipación,  y en  el  lugar que ocuparon entonces los plebeyos en la sociedad.  Ya estamos en disposición de hacerlos presentir. Penetre­mos en  el  interior de las comunidades del siglo  X II, veamos cómo se  gobernaban, qué principios,  qué he-, chos dominaban en  las relaciones de  los plebeyos en­tre sí.

Os  acordaréis, señores,  que al hablar del régimen municipal  que legó  al  mundo moderno el imperio  ro­mano, tuve el  honor de deciros, que el mundo ro­mano  se  habia  compuesto de  una  grande coalicion  de municipalidades, en otro tiempo  tan soberanas como la  misma Roma.  Cada una de  estas ciudades  y  corpo­raciones tuvo al principio la misma existencia que Roma: habia  sido una pequeña república independien­te, haciendo  la paz, la guerra, gobernándoseásu  an­tojo. Conforme se iban incorporando al mundo ro­mano, los derechos que constituyen las soberanías, como el  de  paz y de guerra, el  de legislación, el de contribuciones, etc.,  salieron de las ciudades para con­centrarse  en  Roma. Solo quedó una  municipalidad so­berana , Roma, reinando sobre  un gran número de municipalidades que  no  tenian mas que una existencia civil. El régimen municipal cambió de  carácter; y en lugar  de ser  un gobierno político, un  régimen de sobe-

 

 

1S6      CBUO

ranía,  se convirtió en  un  modo  de administración.  Es­ta  es la  grande revolución que  se  consumó bajo  el im­perio romano. El régimen municipal, convertido en un modo de  administración, se redujo  al gobierno de los asuntos  locales, de los intereses civiles  de  la du­dad. La caida  del  imperio romano  dejó  en  este estadoálos  pueblos y ásus  instituciones. En  medio  del  caos de la barbarie, todas las ideas, todos los hechos se mezclaron, confundiéronse todas las atribuciones de la soberanía y las  de  la  administración. Ya no se tratóde ninguna  de estas  diferencias; los negocios se  entre­garon al curso  de la necesidad. Uno era soberanoóadministrador en un lugar según las necesidades.  Cuan­do  las  ciudades  se insurreccionaron,  se  valieron  de la soberanía  para volveráalcanzar  alguna seguridad, no para  obedecer alguna teoría  política,  ni  por un senti­miento de dignidad, sino para proporcionarse los  me­dios  de resistirá los  señores  contra  quienes  se levan­taban , para tener el  derecho de hacer gente armada, de imponerse  las  contribuciones para  la guerra, nom­brarse ellos mismos  sus gefes y magistrados, en una palabra, para gobernarse por ellos  solos. El gobierno estaba  en el interior  de las ciudades: esta  era  la con­dición  de la  defensa,  el medio de seguridad. Asi la so­beranía volvía á entrar en el régimen municipal de donde habia  salido  por las conquistas de Roma- Los comunes se hicieron  soberanos. Hé  aqui el carácter po­lítico de su  emancipación.

No quiero  decir con esto que esta soberanía fuese completa, pues  siempre  quedó algún vestigio  de una soberanía esterior; tan pronto el señor conservó el derecho de  enviar un  magistradoála ciudad, el cual tomabaálos magistrados municipales por asesores, co-

 

 

M        HISTORIA     M O ftU üA .  1 8 7

mo  tuvo derecho de  percibir ciertos  réditos. En algu­nas partes se  le había asegurado  un tributo. Otras  ve­ces  la soberanía esterior del  común pasóá las  manos del  rey. Las  comunidades una  vez entradasá su  tur­no en  el cuadro  de la feudalidad, se  hicieron sobera­nas , tuvieron  vasallos, y bajo  este  título poseyeron la parte de soberanía  que  les era  inherente. Hízose una mezcla  de  los derechos que tenían por su posicion feu­dal, y los que habían conquistado  por medio de la  in­surrección. La  soberanía  les  perteneció con  este  doble título.

Hé  aquí, juzgando en  lo posible por  monumentos harto  incompletos,  lo que hacia el  gobierno  en  el in­terior de  su  comunidad,álo  menos  en los primeros tiempos. La totalidad de los habitantes formaba la asamblea del común; todos aquellos que  la habían  ju­rado ,  cualquiera de los  que habitaban  sin  muros y es­taban igualmente obligadosájurarla, eran convocadosátoque de campana en la asamblea general. Allí se nombraban los magistrados. El  número y forma de las magistraturas era  variable. Despues  de nombrados,  sédisolvía  la asamblea, gobernando aquellos casi  solos, bastante  arbitrariamente, sin otra responsabilidad que las nuevas elecciones ólos alborotos populares que eran la  responsabilidad de  aquel tiempo.

Veis  que  la organización  interior  de los comunes se reduciaádos  elementos muy sencillos :ála  asamblea general  de lds  habitantes, y áun gobierno investido de un  poder casi arbitrario, sin mas responsabilidad que  las  insurrecciones  y motines. Fue imposible, so­bre todo  por el estado  de las costumbres, establecer un gobierno regular,  y verdaderas garantías de orden y duración. La mayor  parte dé  la  poblacion  comunal

 

 

1 8 8    GUASO

estaba envuelta en tal  grado  de ignorancia , de brutali­dad , de ferocidad,  que  era  muy difícil  gobernarla. Al cabo de poco tiempo, hubo casi tan poca  seguridad en  el  interior  de  las  comunidades, como antes en las relaciones de los  pecheros con  su  señor. Sin embargo , bien  proulo se  formó una clase  superior entre el mis­mo  pueblo  : fácilmente conoceréis sus  causas. El esta­do de las ideas y relaciones sociales trajo consigo  el establecimiento de profesiones  industriales legalmente constituidas, la instalación de  las corporaciones.  Elré­gimen del privilegio se  introdujo en  el alma  de los  co­munes, y en seguida una grande desigualdad. Bien pronto hubo en todas  partes cierto número de plebe-* yos de  consideración, ricos, una  poblacion trabajado­ra masómenos numerosa, queápesar  de  su inferio­ridad tenia mucha influencia en los  asuntos  de la co­munidad. Por consiguiente,  los  comunes se vieron  di­vididos en  plebeyos  de alta  gerarquía, y en  otra por- cíon de gente* sujeta átodos los errores,átodos los vicios  de  un  populacho. Los  pecheros  de  primera  cía-

Nse se vieron  colocados entre la prodigiosa dificultad de  gobernar el pueblo inferior, y las continuas tenta­tivas  del antiguo  señor de  la comunidad que intenta­ba volverá adquirir su dominio. Esta ha sido la si­tuación hasta el siglo XVI, no solo de la Francia sino de la Europa entera. Esta es tal vez la  causa prin­cipal  que  ha impedido á los comunes tomar en mu­chos  paises de Europa, y especialmente en  Francia, toda la importancia política que hubieran podido te­ner. Dos  principios combatían sin  cesar : en la pobla­cion  inferior, uno democrático ciego, desenfrenado, feroz; y en  la superior  en contraposición, un espíritu de timidez, de  transacción, una facilidad escesiva en

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 8 9

convenirse con  el  reyó con los antiguos señores, áfin  de  restablecer  el  orden y la paz  en el interior  de las comunidades. Ni uno  ni otro podia hacer tomará

•los      comunes un gran lugar en      el         estado.

Estos efectos no habian estallado en el siglo XII, pero podian presentirse en la carrera de la misma insurrección, en el  modo con que había empezado, en  el  estado  de  los  diversos elementos  de la poblacion comunal.

Tales son, señores, los caracteres principales, los resultados  generales  de la  emancipación  de  los comu­nes  y de su  gobierno interior. Os previne que estos hechos no fueron  tan uniformes, tan universales  como los he espuesto. Existen  diferencias muy grandes en la historia de  las  comunidades de Europa;  por ejemplo en  Italia y en el mediodía de la Francia dominóel régimen municipal romano, la poblacion estaba muy  distante de verse  tan  dividida, tan desigual como en  el norte. La organización  comunal tanibien fue mu­cho mejor, seaá causa de las tradiciones romanas,ópor  el  mejor  estado de  la  poblacion. En el norte el régimen feudal prevaleció en  las comunidades. Todo parecia  subordinadoála  lucha contra los señores. Los comunes  del  mediodía  se muestran mucho mas ocu­pados en su  organización  interior, en sus mejoras y progreso, como  si conociesen que debían convertirse en  repúblicas independientes. El destino de las asam­bleas  populares del  norte, principalmente en Francia, se anunciaba  mas  ceñudo,  mas  incompleto, dirigido i unos  desarrollos menos interesantes. Recorramos los comunes  de Alemania, EspañaéInglaterra, y encon­traremos en  ellos  otras  muchas  diferencias. No entra­ré en  semejantes detalles, pues nos detendrémos en

 

 

190      cvuo de n m iu            modeku.

algunosámedida de  que vayamos adelantando en la historia de  la  civilización. Todas las cosas  en  su origeu se confunden poco  masómenos  en una  misma fisono­mía ; la variedad solo  se pronuncia por el desarrollo sucesivo. Despues empieza otra nuevo que  inclinaálas sociedades  hacia  esta alta  y  libre unidad, objeto glo­rioso  de  los  esfuerzos y votos  del  género humano.

 

 

LECCION      VIII.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Señores:

Aun no 06 he presentado el plan completo de mi cur­so. He  empezado por  indicar su objeto, despues he marchado  sin considerarála civilización europea en masa, sin indicarosála  vez la base, el  camino  y el

objeto, el  principio, el medio  y el  fin. Ya nos  halla­mos  en  una  época  en  donde este  conjunto, este dise­ño general  del mundo que recorremos se nos hace ne­cesario. Las épocas que hemos  estudiado hasta aqui, en  cierto modo se  esplican por sí mismas,ópor  re­sultados próximos, y claros. Aquellas en que  vamosáentrar no  podrían comprenderse  ni escitar  un vivoÍn­teres,  si no se las refirieseásus consecuencias las mas in­directas y lejanas.  En este  vasto  estudio llega un mo­mento  en  que no  teniendo uno por delante  mas que tinieblas y cosas desconocidas, no puede  resolverse ámarchar¿ocasiones en que  se quiere  saber no  solo  en dónde uno está y  de  dónde viene,  sino también adon­de se dirige. Es  lo que nos  sucede  hoy  dia. La época que vamosáemprender  no es inteligible, su impor­tancia  solo es a^reciable  por las delaciones que la unen

 

 

1 9 2    e u u o

álos tiempos  modernos. Su verdadero sentido se ha revelado muy tarde.

Casi estamos en posesion de todos los elementos esenciales de  la civilización  europea: digo casi, porque no  hemos tratado todavía  de la  dignidad real. La  cri­sis decisiva del  desarrollo  de  la magestad real apenas ha  tenido  lugar hasta  el siglo XII y aun en el XIII; hasta entonces no se constituyó verdaderamente su institución, ni principióátomar jsu puesto definitivo en. la sociedad moderna. Por  esto no he hablado  an­teriormente de  ella y será el objeto de mi próxima lección.

Esceptuando esto, repito, ya tenemos todos los grandes elementos de la civilización europea: habéis visto  nacer  la aristocracia feudal, ¡la iglesia,  los comu­nes; habéis vislumbrado las instituciones que debian corresponderáestos  sucesos, y no  solo las  institucio­nes, sino  que  también  los principios y las  ideas que estos  hechos  debian  escitar  en los entendimientos: asi,áproposito  del  feudalismo, visteis la  cima  de  la fami­lia moderna, los  hogares de la  vida doméstica; habéis conocido  en toda su energía el sentimiento de  la in­dividual, y el lugar  que debía  ocupar  en  nuestra civi­lización. Al tratar de  la iglesia, se  os presentó en  ella la sociedad puramente religiosa, sus  relaciones con  la civil, el principio  teocrático, la separación  del  poder espiritual  y temporal, los primeros actos de  persecu­ción, los primeros gritos de libertad de conciencia. Los comunes al nacer os han dejado distinguir una asociación fundada sobre otros  principios enteramente diferentes de  la feudalidadó la iglesia, la diversidad

de clases  sociales, sus luchas, los  primeros  y profun­dos caracteres de las costumbres plebeyas m o d ern as,

 

 

DE      HISTORIA.    MODEUPiA. 1 9 5

la  timidez  de espíritu al  lado  de la energía  de alma, las  ideas'demagógicas junto al  pensamiento legal. En una  palabra,  todos  los elementos que han concurridoála formacion  de la .sociedad europea, todo lo que ha  sido, y ha  hablado  por  decirlo  asi,  ha  ocupado  ya vuestra  atención.

Transportémonos  ahora en  el seno de la Europa mo­derna, no  digo  precisamente  de  la Europa  actual des- pues  de  la prodigiosa  metamorfosis  de que hemos sido testigos, sino  en los  siglos XVII y XVIII. Pregunto:

¿encontraréis  en ellos la sociedad que acabamos de ver en el  XII? ¡Qué  inmensa  diferencia! He insistido ya en ella con relación álos comunes: procuré haceros conocer cuán diferente era el estado llano del siglo XVIII al del XII. Haced la  misma  prueba  con respec­toála feudalidad yála iglesia, y advertiréis igual me­tamorfosis. No  habia mas semejanza entre la nobleza de la  corte de  Luis XV y la aristocracia feudal, en­tre la iglesia  del cardenal Bernis y la  del  abate  Suger, que entre  el  estado  llano  del siglo XVIII y los  plebe­yos  del  XII. Entre estas dos  épocas, aunque ya en posesion de todos sus elementos, la sociedad se ha transformado enteramente.

Quisiera analizar claramente el carácter general, esencial de  esta  transformación.  Desde  el siglo V hasta el  X II, la  sociedad se componía de todo lo que he  di­cho y descrito, de reyes, de una aristocracia laica, de un  estado  eclesiástico, de pecheros, de  colonos, y de poderes  religiosos y civiles j en una palabra, exis­tía en ella  todo cuanto  es necesario  para  dar nombreáuna  nación yá un gobierno, yápesar de eso no existia gobierno  ni nación. Ningún pueblo  propiamen­te dicho, ningún verdadero gobierno en el sentido

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l t ) f    CUBSO

que hoy dia  damosáesta  palabra, ni cosa  que se le pareciese, hemos  encontrado en  todas las épocas de que  hemos tratado. Vimos  sí una multitud de fuerzas particulares, hechos especiales, instituciones locales; mas  ninguna cosa general  ni pública, ninguna  política propiamente dicha, ninguna  verdadera nacionalidad.

Al  contrario, veamos 1a Europa  en el  siglo  XVIIóXV III, y advertiremos producirse  por todas partes en la escena  del mundo  dos  grandes  objetos: el  gobierno y  el pueblo. La acción de un poder general que obra so­

bre todo  el  pais, el influjo de este sobre  la autoridad que le  gobierna, la  sociedad, la historiabas  relaciones de estas dos grandes  fuerzas, su  alianzaósu lucha, héaquí  lo que  la  Europa nos  cuenta. La nobleza, el es­tado  eclesiástico y los  plebeyos, todas  e6tas  clases,  es­tas  fuerzas particulares solo  se presentan qb segunda línea, cuasi como á sombras confundidas por estas dos  grandes  corporaciones:  el pueblo  y su  gobierno.

Este  es, señores, si no  me equivoco, el  rasgo esen­cial  que  distingueála  Europa moderna de  la  primiti­va , la metamorfosis que se verificó desde  el  siglo XIII al XVI.

En tal intervalo, es  decir, en los  tiempos en que vamosáentrar, es  donde se hace preciso buscar el secreto, el  carácter distintivo  de  esta época empleado en  hacer  de la Europa  primitiva  la moderna ;  esta es su  importanciaéínteres  histórico. Si no la considerá­semos bajo este punto de  vista, si no  buscásemos en ella los  diferentes estados por donde ha pasado, no tan  solo no la  entenderíamos, sino que luego nos cansa­ría y pesaría. En efecto,  considerada en sí misma,  y dejando aparte sus  resultados, es una época  sin  carác­ter, un  tiempo en que la confusion va creciendo  sin

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 9 5

que  se  perciban las  causas, época de movimiento sin dirección, de agitación sin resultado : dignidad real, nobleza, estado eclesiástico, estado  llano, todos los elementos  del orden  social  parecen dar  la  vuelta  en  el mismo círculo,  siendo  igualmente incapaces de progre­so y reposo. Hácense  tentativas de todo genero,  y to­das se estrellan] preténdese asegurar los gobiernos,íundar libertades  públicas y reformas religiosas; nada se alcanza, nada se  llevaácabo. Si alguna veis el géne­ro humano ha  parecido  entregadoá un  destino agita­do  y por  lo  tanto estacionario,á un trabajo  sin des­canso  y estéril, lo  encontrarémos precisamente tal  des­de el siglo XIII al  XV, en la naturaleza de  su  condi­ciónéhistoria.

Solo conozco una obra en  donde  se pinten con ver­dad estas facciones : la  historia de los  duques de Bor- goña,  del señor de  Barantes. No hablo de la verdad que  brilla  en  la pintura  de las  costumbres,  en las  de­talladas narraciones de los acaecimientos; sino de aquella verdad general que  hace  del  libro entero una imágeil  fiel, un  espejo  sincero  de toda la época, reve­lando  al mismo tiempo su  movimiento y monotonía.

Al contrario, considerada en relación con  lo sucedi­do posteriormente,  como transición  de la Europa pri­mitivaá la moderna,  esta  época ya se aclara y ani­ma; descúbrese en  ella  un conjunto, una dirección, un progreso; su  unidadéínteres residen  en el  traba­jo  lento y encubierto que se  ha  efectuado.

La  historia  de  la  civilización europea puede reasu­mirse , señores,  en tres principales períodos  : prime­ro , en el que  yo llamaré del  origen de  la formación; tiempo  en que los elementos  de nuestra sociedad se desprendían del caos , tomando su ser, y manifestáw-

 

 

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dose bajo sus propias formas con  los principios  que las animan; esta época se prolonga cuasi hasta  el  siglo XII : el segundo período,ves un tiempo de  pruebas, de tentativas; los diferentes  elementos del orden social se  concilian, se  combinan, se tocan por decirlo asi,  sin poder  dar áluz ninguna cosa general,regular, durable; este estado,ádecir verdad, no acaba hasta el siglo XVI. Tercero, en fin, es el período del desarrollo propiamente dicho, en  donde la sociedad humana  to­ma en Europa una  forma definitiva, sigue una direc­ción  determinada,  marcha  rápidamente  y de acuerdóhácia un objeto  claro  y preciso;  y es el que empezóen  el  siglo XVI  y sigue su curso  actualmente.

Tal me parece, señores, en masa, el espectáculo de  la civilización europea. Hoy  entraremos en el se­gundo  período. Debemos buscar  en  él  las grandes  cri­sis ,  las  causas que determinan la transformación  social que  ha sido su resultado.

El gran suceso que se nos  presenta,  y abre  por de­cirlo asi, la  puertaála  época de que hablamos, son las  cruzadas. Empiezanáfines del  siglo X I,  y ocupan todo el XII y XIII. Es evidente que fue un acaeci­miento  de importancia, porque desde que se consumó, no  ha dejado de  ocuparálos historiadores filósofos; todos,  aun  antes de  hacerse cargo de ellas, presintie­ron que  tenian  una  de aquellas influencias que cambia la condicion  de  los  pueblos, y que es absolutamente preciso  estudiar para  conocer el curso general de los hechos.

El primer carácter  de  las cruzadas, fue su generali­dad ; la  Europa  entera hizo parte de ellas :  han sido el primer  acaecimiento europeo. Antes  de  las cruzadas puede  decirse que  no  había  Europa; jamas  se la había

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  1 9 7

visto movida  de  un mismo  sentimiento,  obrar en  una misma  causa.' Fueron la revelación  de  la Europa cris­tiana. Los franceses formaban el centro del primer ejér­

cito de los cruzados; 'pero también habia alemanes, italianos, españoles, ingleses. Pasemos á la segunda y tercera ccuzada; todos los pueblos cristianos se apre­surabanátomar  parte en ella. Jamas se habia visto

una cosa semejante.

Del mismo modo  que las cruzadas fueron un acae­cimiento  europeo, lo  fueron  también  nacional respec­tivamente en  cada  pais : todas las clases de  la socie­dad  se animaban con la  misma espresion, obedecían la misma idea, se abandonaban  ál mismo  transporte. Re­yes, señores, eclesiásticos, plebeyos, gente del  cam­po, todos tomaban  el  mismo  Ínteres, la  misma  parte en las  cruzadas. Resplandece la unidad moral de las naciones, suceso tan  nuevo  como  la unidad de  la Eu­ropa.

Guando en  la juventud de los pueblos se encuentran acaecimientos  semejantes, cuando se les ve obrar es­pontánea y libremente,  sin  premeditación, sin inten­ción  política,  sin una combinación de gobierno, pode­mos  decir que  hay  en  ellos  lo que la historia llama hechos  heroicos, esto  es,  la edad heroica de  las nacio­

nes. En efecto,  las cruzadas  lo  son de  la  Europa mo­derna , movimiento individual y generalála  vez,  na-

'           cional, y          por lo tanto sin dirección.

Todos  los  documentos  dicen, y todos los sucesos prueban,  que este  fue su carácter  primitivo. ¿Cuáles fueron las  primerás cruzadas que  se pusieron  en movi­miento ? Bandas  populares guiadas por Pedro el Ermi­taño, sin preparativos, sin dirección, sin gefes; se­guidas  mas bien que conducidas por  algunos caballeros

 

 

199      ero*

oscuros, atraviesan la Alemania, el imperio griego, y

se         dirigen al Asia menor para espararee 6 morir.

Ü dase  superior,  la nobleza feudal se conmueveásu vez al solo  nombre de cruzados.  Los señores y sus gentes marchan llenos de ardor al mando de Godofire- do  de Bouillon. Despues de haber atravesado el Asia menor, se apoderó de los gefes un acceso de tibieza y«ansanwft: ja no cuidaban de  continuar su viage; que­rían mas bien ocuparse de sí mismos, conquistar el país y establecerse en éL La parte de pueblo de que se componía el ejército se levanta, quine iráJan- salen , la restauración de la Tierra Sonta esd objeto de la  cruzada,  j no el ganar principados para Raimundo de  Tolosa, Boemnndo,úotro alguno. El impulso po­pular, nacional, europeo, prevalece sobre todas las intenciones individuales;  los gefes no tienen bastante ascendiente sobre las masas para someterlasásus inte­reses. Los  soberanos que no  habían tomado parte en la primera  cruzada,  se vieron al fin arrastrados por el movimiento como los pueblos. Las cruzadas del siglo XII  fueron mandadas por reyes.

Pasemos de una vezáfines del siglo XIII, y vere­mos que aun se habla de ellas en  Europa, que se pre­dican con el  mismo ardor. Los  papas escitanálos  so­beranos yálos pueblos;  celébrense concilios recomen­dando la conquista de la Tierra Santa; mas pocos con­testanáeste  llamamiento, pocos Se acuerdan ya. En el  espíritu, en la sociedad europea pasó alguna cosa inconcebible, que puso finálas cruzadas. Es  verdad que aun se veían marcharáJerusalen algnnas espedí- dones particulares, algunos señores, pero el movi­miento general se habia pasado definitivamente. Sin embargo, nanea había habido mas necesidad de con­

 

 

DE      HISTOUA      MODEHNA.  1 9 9

tinuarlas que entonces,  pues los musulmanes triunfaban progresivamente en  el  Asia. El reino  cristiano fundado en  Jerusalen cayó  en su poder. Es  preciso reconquis­tarle; y para efectuarlo existen muchos mas medios que al principio  de  las  cruzadas: un crecido número de cristianos se ven establecidos con bastante poder en  el  Asia menor, en  la Asiría y la Palestina. Se cono­cen mejor  los medios de acción, y las disposiciones para viajar. Con todo, nada puede reanimar las  cru­zadas : es claro que las dos grandes fuerzas de la socie­dad , los  soberanos y los pueblos, han desistido  de ta­les empresas.

Muchos han dicho que la Europa  estaba  cansada de arrojarse en  el Asia. Señores, es preciso convencerse que la  palabra  cansancio de  que  se sirven tan general­mente en semejante ocasion, es enteramente  inexacta. Es  imposible  qué las  generaciones  humanas se  hubie­sen cansado  de lo que  no  hicieron, de las  penalidades y fatigas de  sus padres. El cansancio es personal,  no se trasmite  como  una  herencia. Los hombres del  siglo XIII no estaban cansados de las cruzadas del X II; otra causa  era  la que obraba sobre ellos. Una variación se habia  efectuado  en  las  ideas,  en los sentimientos, en las  situaciones sociales; ya no se tenian las mismas ne­cesidades , los mismos deseos; ya no  se  creía ni se quería lo  mismo. Por estas metamorfosis políticas y morales,  y no  por el decaimiento y cansancio se  es-

plica la diferente  conducta  de  las generaoiones  sucesi­vas. La tibieza que  se les  atribuye  es una  metamorfo­sis sin verdad.

Dos causas, señores, la una moral, la  otra social , habian  lanzadoála Europa hácia  las cruzadas.

La causa moral ya la sabéis,   era el impulso de los

 

 

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sentimientos y creencias religiosas. Desde  fines del si- glo  V II,  el  cristianismo luchaba contra  el  mahometis­mo, y habiéndole  vencido en Europa  despues  de ha­berse visto  algunas veces peligrosamente amenazado, logró  confinarle  en España. En esta nación también se trabajaba constantemente  para su espulsion. Hay quien presenta las  cruzadas  como  una especie de acci­dente ; como  un acaecimiento imprevisto, nunca oido, nacido de las  narraciones que hacian los peregrinosásu yuelta de Jerusalen, de las persuasiones sermones de

Pedro el Ermitaño. Las cruzadas han sido la conti­nuación , el zenit  de  la  grande lucha  empeñada duran­te cuatro  siglos entre  el cristianismo y el  mahometis­mo. El  teatro de  esta  lid  habia  sido  hasta entonces  la Europa, despues se transportó al Á6Ía. Si apreciase esas comparaciones, esos paralelos  en que  se complacen al­gunos  de  hacer entrará los hechos históricos, bue­namente ó por fuerza; os podría manifestar que el cristianismo  siguió  en  el  Asia  la  misma  carrera, sufrióel mismo destino que  el mahometismo en  Europa. Es­te  se  estableció en España, en  donde  conquistó y fun­dó un reino con  sus  principados  : lo mismo hicieron los  cristianos en  el  Asia. Encontráronse en la misma situación  con respectoálos  mahometanos, que estos en España con relaciónálos  cristianos. Los reinos de Jerusalen y de  Granada tienen cierta analogía bajo  es­te punto de vista. Gon todo, de  nada sirven  estas  se­mejanzas. El  hecho principal es la lucha de los dos sistemas,  religioso y social. Las cruzadas han sido  la crisis  de uno y otro. Este  es su carácter histórico, el vínculo  que las une al conjunto  de  los  h'echos.

Otra  causa: el estado  social de la  Europa en  el si­glo XI , no  contribuyó  menos áponerla en práctica.

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  2 0 1

He  tenido un particular cuidado  en esplicar por  quéno  habia podido establecerse en Europa  ningún siste- ma general, desde el V al XI siglo; he procurado manifestar  por qué todo se habia hecho local,  por quélos estados, las existencias, los espíritus, se habian encerrado en un horizonte tan  estrecho,  prevaleciendo asi  el régimen feudal. Al cabo de algún tiempo no bas­tó un  horizonte tan limitado;  el  pensamiento y la ac­tividad  de  los  hombres aspiraronápasar mas  allá  de la esfera  en  que  estaban  estrechados. Habia cesado  la vida  errante, mas no  el  placer de su movimiento, de sus aventuras. Los pueblos se precipitaron  en pos  de las cruzadas como una nueva existencia mas grande, mas variada,  que  tan  pronto  les  recordaba  la antigua libertad  de  la barbarie ? como abría  campoála pers­pectiva de  un  vasto porvenir.

Tales íueron,  según creo, én  el siglo XII las  dos causas que  determinaron las cruzadas  :áfines del si­glo  XIII ya no existia ninguna de las dos, pues  el hombre y la sociedad habian  sufrido tal cambio, que ni el impulso  moral, ni la  necesidad social que habia precipitado la  Europa  en el Asia se hacían sentir. No sé si alguno  de  vosotros  habrá  leido los historiadores

originales de las  cruzadas,ósi habéis tenido alguna vez  la curiosidad de comparar  los cronistas contempo­ráneos de  las  primeras con los que  escribieron  los  he­chos  de los  siglos  XII y XIII; por ejemplo, Alberto de  Aix, Roberto el Monge y Raimundo de Agiles, que estuvieron  en  la primera, con Guillermo de Tiro y Santiago de Vitry. Cuando  se comparan estas dos  cla­ses  de escritores, es imposible que no  se  advierta la distancia que los separa. Los primeros son cronistas animados de una imaginación viva, exaltada, que cuen-

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203      crnso

tan  con pasión los  acaecimientos de la cruzada; pero son imaginaciones  cortas,  que no  poseen ninguna idea fuera  del  pequeño  círculo en  que han  vivido, que  no se han  dedicadoáninguna  ciencia, hombres llenos de preocupaciones,  incapaces  de  juzgar lo que pasa á su alrededor  ni los  mismos  sucesos  que cuentan. Al con­trarío , abrid la historia  de las  cruzadas de  Guillermo, de Tiro,  y os asombrarás al  encontrar en él casi un historiador de  los  tiempos  modernos, un  talento des­

arrollado,  estenso, libre, una  rara inteligencia políti­ca de los acaecimientos, de las cosas en mas», un prudente  juicio aplicadoálas causas y álos efectos. Santiago  de  Vitry ofrece el  ejemplo  de otro género de desarrollo; es un sabio que no se contenta cón averi­guar todo  lo que hace referencia á las  cruzadas,  sino que se ocupa  también del estado de las costumbres, geografía, etnografía, historia natural, observando  y describiendo  el mundo; en una palabra, entre los cro­nistas de  las  primeras  cruzadas  y los historiadores  de las últimas,  hay  un  intervalo  inmenso que revela una verdadera  revolución  en los  pensamientos.

Esta se observa sobre  todo, en el modo con que unos y otros hablan de los mahometanos. Para los primeros cronistas, y por consiguiente para  los  prime­ros cruzados  de quienes  son  una verdadera espresion, los mahometanos no son  mas que un  objeto de cólera y desprecio;  es  claro que  los  que  hablan de ellos no los  conocen, no los  juzgan ni consideran  mas  que bajo el  punto  de vista de la enemistad religiosa que existe entre  ellos: sin descubrir  los vestigios de  ninguna re­lación social, los detestan, los combaten, y nada mas. Guillermo de Tiro, Santiago de Vitry, Bernardo el Tesorero, hablan de un modo enteramente distinto

 

 

DE      H IN O aiA     MODERNA.  S O S

de  los  musulmanes j conocen  al tiempo que los  com­baten que no son unos monstruos, que participan has­ta cierto  punto  de sus ideas, se acuerdan que  han vi­vido juntos, que se han  establecido entre ellos relacio­nes  y aun cierta simpatía. Guillermo  de Uro hace un grande  elogio  de Noradinó, y  Bernardo el Tesorero de Saladino. Llegaron algunas veces hasta áoponer las costumbres y conducta  de  los musulmanesála de  los cristianos , adoptaron  álos mahometanos para satirizarálos cristianos, como  Tácito pintaba las costumbres dé  los germanos en contraposición con las de  Roma. Considerad  qué cambio  tan inmenso ha debido efec­tuarse  entre  las  dos épocas, cuando encontráis en laúltima  al hablar  de los  mismos enemigos de los cris­tianos,  de aquellos contra quienes  se dirigían las  cru­zadas , una libertad, una imparcialidad de espíritu, que hubiera  llenado  de sorpresa y cóleraálos primeros cruzados.

Este es, señores, el primero  y principal efecto  de las  cruzadas, el  gran  paso  hácia la emancipación  de  la razón, un gran  progreso  hácia las  ideas estensas  y li­bres.  Empezadas en nombre y bajo la  influencia de  las creencias  religiosas, las  cruzadas  han quitado á estas no  diré  precisamente su  parte legítima de influencia, pero sí  la  posesion  esclusiva y despótica del  entendi­miento humano. Este  resultado,  sin duda  bien impre­visto ,  ha nacido de muchas causas; la  primera es  con evidencia la  novedad,  la estension,  la variedad  de es­pectáculos  que  se ofrecieronálos ojos de los cruza­dos. Les sucedió  lo queálos viageros. Es muy  común

decir -que el  espíritu de  un  viagero se emancipa, que la  costumbre  de observar diferentes pueblos,  costum­bres  y opiniones, estiende las ideas,  y aparta el jui-

 

 

2 0 4    curso

ció de  sus  antiguas preocupaciones. Lo mismo suce­dióálos  pueblos viageros llamados cruzados; su pen­samiento  se  ha abierto  y elevado ála sola presencia de  una  multitud de cosas diferentes, con el conoci­miento  de  otras  costumbres distintas  de las suyas. Por

otra parte,  se  encontraron en  relación con  dos civili­zaciones  no solo diversas, sí que  también  mas  adelan­tadas : la  sociedad  griega y la musulmana. Nadie  duda que la  sociedad griega, aunque su civilización se veia enervada, pervertida  y moribunda, hizo en los cruza­dos el efecto de una sociedad  mas adelantada, mas política,  mas ilustrada que la  suya. La sociedad mu­sulmana  les ofreció un  espectáculo de igual  naturaleza. Es muy curioso  ver en las crónicas  la impresión  que produjeron los cruzados en  los musulmanes; estos en el primer  momento les consideraban como unos bár­baros, comoáhombres los mas groseros,  feroces, es­túpidos  que  jamas habian  visto. Los cruzados por su parte se asombraron de las riquezas,  de la  elegancia de las costumbres  musulmanas.  Bien  pronto sucedieronáesta  primera  impresión frecuentes relaciones  entre  los dos  pueblos,  las  cuales se generalizarón, y se hicieron mucho mas importantes  de lo  que se cree comunmen­te. No solo  los cristianos  del  oriente tenian relaciones habituales  con los musulmanes, sino que se  conocie­ron , visitaron y mezclaron con los  del occidente. No

hace mucho tiempo que uno de los sabios que hon­ran la  Franciaálos  ojos de  la Europa, el  señor Abel Remisat, descubriólas relaciones de  los  emperadores del  Mogol  con  los  reyes cristianos. El  gran Mogol  en­vió  embajadoresálos reyes  francos,ásan Luis entre

otros, para escitarlesáentrar    en        alianza, y        empezar

otra      vez las cruzadas          en beneficio común,   esto es, de

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  '           2 0 5

]os  chinos y cristianos contra  los  turcos. Y no solo se establecieron entre los soberanos  relaciones diplomáti­cas  y  oficiales, sino que también los pueblos partici­paban recíprocamente de otras mucha¡> frecuentes y variadas  : citaré testualmente al señor Remisat: «Va­nos religiosos italianos, franceses y flamencos, fue­ron encargados de misiones diplomáticas cerca del gran Kan. Muchos chinos de  distinción vinieronáRo­ma ,áBarcelona, á-Valencia,áLeón,áParís,áLon­dres, y un franciscano  del reino de Nápoles fue nom­brado arzobispo  de  Pekín. Su sucesor  fue un  profesor de teología  de  la  facultad de París.  Mas., ¡cuántos otros personages menos  conocidos, fueron arrastrados  como esclavos, llevados por el lucro,óguiados por la curio­sidadáaquellas comarcas desconocidas hasta entonces! La casualidad ha  hecho qpe se conservaran los nom­bres de  algunos de  ellos. El primer enviado  que  por parte  de los tártaros fueáencontrar al rey de Hungría, era  un ingles desterrado de  su  pais  por algunos críme­nes , y que despues  de haber andado errante por toda el  Asia acabó por entrar  en  el  servicio de los mogo­les.  Un franciscano flamenco encontró en el interior de la Tartariaáuna muger de  Metz llamada Paqueta que  se habia  criado en  Hungría,áun  platero de  París cuyo hermano estaba establecido  en aquella  población en el  Puente nuevo,  yáun joven de  los alrededores de  Rúan que se encontró en  la  toma de  Belgrado: vióigualmente algunos rusos, húngaros y flamencos.  Un chantre  llamado Roberto, despues de  haber recomdo el Asia oriental, fueámorir en la catedral  de  Char- tres; un tártaro  construía cascos en el ejército  de Feli­pe  el Hermoso.  Juan de Plancarpin  encontró cerca de Gayouk,áun hidalgo ruso llamado Temer, que  ser­

 

 

9 0 0    cu aso

via de intérprete; muchos mercaderes de Bi'eslaw, Polonia,, j Austria le acompañaron en  su  viageáTar­taria : otros volvieron  con él por la  Rusia; eran  geno- veses, písanosóvenecianos. Dos mercaderes de Ve- necia que  la casualidad  condujo áBokhara dejándose llevar de su inclinación, siguieron á un embajador mogol  que Houlagou  envióáKhonabilai.  Permanecie­ron algunos  años  en  la China y Tartaria, y despues volvieron  con cartas  del gran Kan, llevando consigo al hijo de uno de  ellos, el célebre Marco-Paul,  y de­jando otra  vez la corte  de Koubila para volveráVe- necia. En el siglo siguiente no  fueron menos frecuen­tes los  viages de  esta especie: en este número  se cuen­tan los de Juan de Mandeville, médico ingles, de Oderico de  Frioul, Pegoletti, Guillermo de Bouldes- selle y otros  muchos. Puede creerse que estos cuja memoria se ha conservado no son mas que un núme­ro m u j corto  de  los muchos  que  se emprendieron, j que hubo  en  aquellos  tiempos  mas gente  en estado de hacer esas largas correrías, que de escribir su relación.:

muchos de esos aventureros  debieron fijarse j morir en las comarcas que habian idoávisitar.  Otros  volvie­ronásu patria tan  desconocidos como antes;  mas con una  imaginación llena de  cuanto  habian  visto, lo  con­tabanásu familia,  sin duda exagerándolo, pero de­jandoásu auditorio algunos recuerdos útiles, algunos trabajos capaces de dar  fruto  en medio  de  sus  fábulas ridiculas. Asi se sembraron en Alemania,,  Italia j Francia,  en los monasterios, entre los  señores, j has­

ta entre  la  última clase de  la  sociedad, preciosas se­millas destinadasábrotar algo  mas  tarde. Todos  estos viageros ignorados, al tiempo que llevaban las artes de su patria i lejanas  comarcas, traían de  ellas otros co­

 

 

DE      HIAT0BIA      MODEBNA.  9 0 7

nocimientos no menos preciosos, haciendo, sin per­cibirlo, unos cambios mucho  mas ventajosos  que todos los del comercio.  Por  este  conducto, no solo se es- tendia y hacia  mas practicable el tráfico de sederías, de porcélanas, y artículos del Indostan, abriéndose nuevos  caminos  para la industria y actividad comer­cial; sino que  lo que aun era  mayor, las costumbres estrangeras,  las naciones desconocidas, y las produc­ciones estraordinarias, se ofrecían en abundancia al espíritu  de-los europeos,  reducido, desde  la caída del imperio romano,áun círculo  muy  estrecho. Empezó­seádar  algún valor  ála mas hermosa,ála mas pobla­da , y  mas  antiguamente civilizada  de, las cuatro partes del  mundo. Las artes, las creencias, los idiomas de los  pueblos  que  la  habitaban  empezaronácultivarse, tratándose de establecer  una  cátedra de lengua  tártara en la  universidad de  París. Bien pronto aquellas rela­ciones  al parecer  fabulosas, se discutieron y profundi­zaron,  llenandoála  sociedad de nociones mas justas y vanadas. El mundo  pareció abrirse por la parte del

oriente, la geografía  dio un paso inmenso. El  deseo de descubrimientos  fue eL nuevo vuelo que tomó- el aventurero  espíritu  de los europeos. La  idea de otro hemisferio cesó de presentarseánuestro entendimiento

oomo ttna  paradoja desnuda de  toda verosimilitud,  en cuanto  el nuestro fue mejor conocido: y  Cristóbal  Co­lon  descubrió  el  nuevo  mundo  al dirigirseábuscar el Zipangri  de Marco-Paul.

Ya veis, señores, cuál era en los siglos XIII y XIV, por los  hechos que habian acanteado, el impulso de los cruzados; cuál era digo, el mundo vasto y nuevo  que  se habia  abierto delante  del  entendimiento europeo. No  se puede dudar  que esta fue una de las

 

 

t o        s          COMO

causas mas  poderosas  del  desarrollo y libertad de es­píritu  que  se  manifiestan  al salir de este grande acae­cimiento.

Debemos advertir otra circunstancia.  Hasta el  tiem­po  de  las  cruzadas, la corte de  Roma,  el centro de la iglesia, apenas babia  estado en  comunicación con los legos mas que por medio  de .los  eclesiásticos; ya por los  legados enviados por  la corte de Roma,  ya por los  obispos  y estado clerical.  Es cierto, que siempre habia  habido algunos  individuos pertenecientes  al esta­

do  laical que  estaban  en relación directa con Roma. Pero,  si bien  lo  miramos, esta comunicación  con los

■pueblos  también  se efectuaba por medio de  los ecle­siásticos.  Durante las cruzadas, por el contrario, Ro­ma  fue un lugar  de  paso para una  gran parte de los cruzados,ála  idaóála  vuelta. Una  multitud de le­gos  asistieron al espectáculo de  su política y costum­bres, y separarán la parte  del  ínteres  personal  en los debates  religiosos.  Nadie duda  que  este nuevo conoci­miento inspiróámuchos una osadía desconocida has­ta  entonces.

Al considerar el estado de la razón en general al principio de las cruzadas, y sobre todo en m ateria eclesiástica, no  podremos menos de advertir un he­cho  singular: las  ideas religiosas  no  han cambiado;  no han sido  reemplazadas por otras  opiniones  contrariasódiferentes;  sin embargo el espíritu  de  los hombres era infinitamente  mas  libre; las creencias  religiosas no son ya la única esfera en donde  se esplaya la razón; sin abandonarlas, empiezaásepararse  un tanto de ellas , y dirigirseáotra parte: asi,á fines del siglo XIII, habia desaparecido  la  causa moral que  determinó las cruzadas;óálo menos  la que habia  sido  su  principio

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  2 0 8

mas  enérgico : el estado moral de  la Europa se habia modificado  profundamente.

El estado social habia  sufrido un cambio análogo. Muchos  han buscado  bajo  este  aspecto  cuál habia sido la influencia  de las cruzadas; ya se  ha  manifestado el modo cómo  obligaronáun gran  número de propieta­rios  de feudosávenderlosálos reyes,óenagenar  sus cartasálos comunes para hacer  dinero, y marcharálas cruzadas. Se ha hecho ver  que solo  por su  ausen­cia,  muchos de los  señores habian perdido una gran parte de su poder. Sin  entrar en los  pormenores de este  exámen,  creo podemos reasumir  en algunos  he­chos generales la influencia de las cruzadas sobre el estado social.

En  primer lugar ha disminuido mucho el número de  feudos de  menor cuantía , de reducidos  dominios, de  pequeños propietarios; concentrando la  propiedad y el poder en'un menor  número de manos. Desde el tiempo  de  las cruzadas se  advierte  formarse y aumen­tarse  lós  grandes feudos, las grandes existencias feu­dales.

Varias veces  he sentido que 410 hubiese un mapa de# la Francia dividido en feudos, como lo tenemos en departamentos, distritos, cantones y comunes, en donde estuviesen  marcados  todos los feudos,  asi  como sus límites, sus  relaciones y sus variaciones sucesivas. Si  comparásemos con  la ayuda de  semejantes mapas

el  estado  de  la Francia antes  y despues  de las cruza­das, veríamos cuántos feudos han desaparecido, y has­ta  qué punto  los  grandes  y medianos se  han  aumenta­do. Es uno de los resultados mas importantes que han producido  las cruzadas. Allí mismo en  donde los cortos  propietarios han conservado sus  feudos, no  se

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lleva  ya una  vida tan aislada como antes. Los grandes poseedores de feudos se  han convertido en otros  tan­tos centros  en tomo de los cuales se aglomeran los

.pequeños, cual  satélites, viviendo á su sombré. Du­rante la cruzada aquellos cuyos  bienes  de* fortuna  eran escasos  seguianálos mas ricos,á los mas  poderosos para recibir sus  socorros. Unos  y otros habian  llevado la misma vida,  partido la fortuna, corrido las mis­mas aventuras. Vueltos  los cruzados ásu pais, esta sociedad, este hábito de vivir cerca  de su superior , quedó por costumbre. Asi  como vemos aumentarse los  feudos  superiores  despues de las cruzadas, del mis­mo modo  advertimos tener sus propietarios una corte mucho mas considerable  que antes en  el interior de sus castillos, contar juntoásí mayor número de hi­dalgos ,  que  aun cuando conservan  sus  cortas propie-r dades no  viven  en  ellas.

La estensioh de los feudos  de  primara clase, y la creación de un  cierto  número de centros de  sociedad, en lugar de la dispersión  que existia  anteriormente, fueron  los dos  efectos  principales de las  cruzadas  en el seno  del feudalismo. En cuantoálos  plebeyos, esfá­cil deducir un resultado  de la misma naturaleza; las cruzadas  crearon las grandes comunidades; el comer­cio, la industria por menor, no eran  suficientes para crear unos comunes  como las  grandes ciudades de  Ita­lia  y Flandes: el comeróio por mayor, el marítimo, y particularmente  el  de oriente  y  occidente fue quien las dióáluz: luego las cruzadas dieron al comercio marítimo el impulso mas fuerte que habia recibido hasta entonces.

Si  miramos el estado de la sociedadáfines  de las cruzadas; encontraremos  que  ese movimiento  de diso-

 

 

DE      HISTORIA     M0DEB3A.    2 1 1

lucion, de dispersión, de existenciaséinfluencias, ese movimiento de localidad universal, si es permitido ha­blar asi, que habia precedidoáesta época, cesó y fue reemplazado por un  movimiento en sentido contra­rio : por la centralización. Todo tiendeáreunirse.  Las existencias  grandes  absorvenálas inferiores,óestas  se reúnen  al rededor de aquellas:  en  este sentido  marcha la sociedad  y se  dirigen  todos sus progresos.

Ahora conoceréis, señores, por  qué al  fin del siglo XIII  y XIV ,  los  pueblos y los soberanos no estaban ya por las cruzadas, no  eran ya para ellos un objeto de envidia ni de necesidad; habíanse arrojadoáellasáimpulsos del  espíritu religioso, por  la  esclusiva domi­nación de  las  ideas  religiosas sobre toda  la existencia; y esta  dominación  habia  perdido su  energía. También buscaban  en  las cruzadas una nueva vida, mas espa­ciosa, mas  variada; y esta  ya empezabanáencontrar­la  en Europa en el  progreso de  las  relaciones sociales. En esta época fue  cuando sé abrió delante de los  reyes la  carrera  del engrandecimiento político. ¿A qué venia el  deseo  de adquirir propiedades  y reinos en el Asia, cuando los  habia en sus puertas para  conquistar? Fe­lipe Augusto se dirigiaá la  cruzada contra su volun­tad. ¿Qué cosa mas  natural?  Pretendía hacerse  rey de Francia. Lo mismo sucedióálos  pueblos. Abrióse  de­

lante de ellos la carrera de la  riqueza; renunciaronálas aventuras por el trabajo. La vida aventurera fue reemplazada  por el espectáculo de los reyes, de la po­lítica  de los  pueblos  y  de un  trabajo mas estenso. Una sola clase de la sociedad conservó su gusto por las aventuras: la  parte d.e la  nobleza  feudal que  nó estan­do en  disposición de  pensar en  los engrandecimientos políticos, y no aplicándose al trabajo,  conservó  su an­

 

 

2 1 2    CURSO          DE      HISTORIA     MODERNA.

tigua posicion, sus anteriores costumbres. Asi  es que continuó  dedicándoseálas cruzadas,  y trató  de reno­varlas.

Tales son, señores,á mi parecer, los grandes, los verdaderos efectos de las cruzadas; por una parte la

mayor •latitud en las  ideas, la emancipación del en­tendimiento; por la otra, el engrandecimiento de la existencia, y una ancha esfera abiertaá todo lo que respire actividad, han producidoála vez mas liber­tad  individual  y mas  unidad política,  y han  impelido hacia la independencia  del hombre, y la centralización de la  sociedad. Se  ha  preguntado  varias  veces qué me­dios  de civilización trajeron directamente del oriente, y se  ha contestado  que la  mayor  parte de los grandes descubrimientos que en el curso  de los siglos XIV y XV han  provocado el desarrollo de la civilización eu­ropea,  la  brújula, la imprenta,  la  pólvora, ya eran  co­nocidos en el  oriente, y que  los cruzados habían podi­do traerlos. Esto es verdadero hasta  cierto punto. Al­guna  de estas aserciones merecen contestación, mas  no la  influencia, este efecto general de las  cruzadas sobre

los espíritus, sobre k sociedad; ellas han sacado al mundo europeo  de un carril muy estrecho para colo­carle  en  caminos nuevoséinfinitamente mas anchos; ellas  han empezado esta  transformación de los diver­sos elementos de  la  sociedad en  gobiernos  y pueblos, que  es el  carácter de  la civilización  moderna. Hácia el mismo tiempo se desenvolvía una  de las instituciones que  han contribuido  mas  poderosamenteáun resulta­do : la dignidad real. Su historia, desde el nacimiento de los  estados modernos hasta  el siglo X III, será el

objeto de nuestra         próxima           lepcion.

 

 

LECCION      IX .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Señores :

En nuestra última reunión procuré determinar el carácter  esencial y distintivo  de la sociedad moderna comparado  con  la  europea primitiva; he  creido reco­nocerle en el  hecho de  que todos los elementos del estado social, antes numerosós y distintos, se han reducidoádos:  el  gobierno  y el pueblo. En lugar de encontrar como fuerzas dominantes, como primeros actores de la historia,á la nobleza feudal, al.estado eclesiástico,álds reyes, plebeyos, colonos y siervos, no encontramos ya en la Europa moderna mas que dos grandes figuras  que  ocupan la  escena  histórica: el gobierno  y el  pais.

Si tal es el hechoáque  se dirige la civilización eu­ropea, tal deberá ser también el objetoáque debe­mos atender, adonde deben conducirnos nuestras  in­vestigaciones. Es  preciso  que veamos nacer, desarro­llar, y asegurarse progresivamente este gran resultado. Hemos entrado en la época en la cual podemos decir que tuvo su origen: fue  como  habéis visto, en-

 

 

214      amo

tre el  siglo XII  y XVI cuando se  operó en Europa el trabajo lento  y oculto  que ha llevado nuestra socie­dadáesta nueva  forma,áeste estado definitivo. He­mos estudiado igualmente el primer acaecimiento grande queámi parecer  ha impelido clara y podero­samenteála  Europa hácia  este camino:  las  cruzadas.

Hácia la misma época, en el momento en que empezaban poco mas ó menos las cruzadas, co­menzóá engrandecerse la institución que tal vez ha contribuido mas ála formación de la sociedad moderna,áesta  fusión de todos los elementos socia­les en dos fuerzas, el gobierno y el pueblo: hablo de la  dignidad real.

Es evidente,  que esta ha representado un papel im­portante en  la historia  de  la civilización europea;  bas­ta una sola ojeada sobre los hechos para convencerse de esta  verdad; vemos marchar el desarrollo de la magestad real con el mismo paso que la sociedad,álo  menos durante largo tiempo: los progresos son comunes, y no solo esto sino que cuantas veces la sociedad  tiende  hácia su  carácter definitivo  y moder­no ,  otras tantas  la  dignidad real parece  engrandecerse y prosperar; y cuando la obra  se ha consumado,  cuan­do no  queda mas  influencia importante y decisiva  en Jos  grandes  estados de Europa que la del gobierno y el  pueblo,  entonces  debe  decirse  que la dignidad real es  la que  manda.

Asi  ha  sucedido  no  solo  en  Francia, en  donde esto hecho es  evidente,  sí que  también  en la mayor parte de  los países de Europa: un  poco antes ó despues, bajo formas algo diferentes, la historia  de  la  sociedad en Inglaterra, en España, en Alemania, nos ofrece el mismo resultado. En Inglaterra por ejemplo, fueba-

 

 

DB      HISTORIA     YODKRNA.  2 1 5

jo la  influencia de Tudor cuando  los  antiguos  elemen­tos particulares  y locales  de la sociedad inglesa  per­dieron su naturaleza, se fundaron, y cedieron  el pues­to al  sistema de poderes públicos; siendo también el momento en que obró mas  poderosamente  la influen­cia  de la  dignidad  real. Lo  mismo ha sucedido en  Es­paña,  y en todos los  grandes estados  europeos.

Si salimos  de Europa, y dirigimos nuestras mira­das al resto del mundo,  advertiremos  un hecho  pare­cido; en  todas partes encontraremos la dignidad real

ocupando un gran  lugar,  apareciendo como la institu­ción  tal vez mas general, mas permanente, como la mas  difícil de  impedir  en  donde no existe  todavía, y de estirpar en  donde ja ha existido: ha  poseido el Asia desde tiempo inmemorial. Cuando se descubrióla América se encontraron en .ella grandes estados con diferentes combinaciones sometidos al régimen monárquico; si penetramos al  interior del Africa en donde  se encuentran  naciones algo estensas, es  elré­gimen que en ellas prevalece. Y no solo la digni­dad real ha penetrado por todas partes, sino que se ha acomodado tambiéná las situaciones mas di­ferentes , con la  civilización y con la barbarie, con las  costumbres  mas  pacíficas como en  la China, y con las  guerrasósea  el  espíritu militar. Tan pronto se  ha establecido en el  seno  del  régimen  de castas, en las  so­ciedades mas rigurosamente clasificadas, como en me­dio  de un régimen de  igualdad, en las  sociedades mas estrañasátoda  clasificación legal  y permanente. Unas veces despótica y opresora,  otras  favorableálos  pro­gresos de  la civilización,  y aun de la libertad, parece una cabeza aplicableáuna multitud de cuerpos diferen­tes ,  un fruto que nace de gérmenes los  mas diversos.

 

 

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De este  hecho, señores, podríamos deducir  muchas cousecuencias  importantes  y curiosas, pero no  me de­tendré  mas  que en  dos : la primera, que es  imposible que  tal resultado  sea fruto  de la casualidad,  de la  sola fiierzaóusurpación; que no puede  menos de haber entre la naturaleza -de la dignidad real, considerada como  institución, y la  naturaleza, ya del hombre indi­vidual, ya de la sociedad humana, una profunda y poderosa analogía. Sin  duda la fuerza va mezclada  con el origen de la institución; sin duda ha tenido gran parte en  sus  progresos; mas cuantas veces  encontréis un resultado  semejante, veáis desarrollarseóreprodu­cirse  un  gran  acaecimiento  durante muchos siglos^ y en  medio  de  tantas situaciones diferentes, no lo atri­buyáis  jamas  únicamenteá la  fuerza. Esta representa un  gran  papel todos los  dias  en  los negocios humanos, pero  no es  su principio, su móvil superior  : sobre la fuerza y el papel que representa existe siempre una cau­sa moral  que  decide del  conjunto de las cosas. Lo mis­mo  sucedeála  fuerza en la historia  de las  sociedades, que al cuerpo  en la del hombre. El cuerpo humano

ocupa un  gran lugar en  la  vida del hombre; sin em­bargo  no podemos decir que  sea  su principio. La vida circula  en él  sin dimanar  de  él. Tal es ásu  semejanza el juego de  las sociedades humanas : cualquiera que sea  el papel que en ellas represente la fuerza, no es ella por esto quien gobierna, quien preside en su destino como soberana; sino las  ideas, las influencias  morales que se ocultan  bajo los accidentes de  la fuerza, y ar­reglan  el  curso de las sociedades. Una causa de  este género, y no la fuerza,  es  seguramente lo que ha he­cho  la  fortuna  de los reyes.

Otro     suceso que no es mucho         menos  importante       y

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  2 1 7

debe llamar  nuestra atención,  es la flexibilidad de la institución, la facultad de modificarse, de  adaptarseáuna multitud de circunstancias diferentes. Advertid qué  contraste  : su forma es única, permanente, sen­cilla; no ofrece esta prodigiosa -variedad de combiríacio- nes  que se  encuentra  en todas las demas instituciones; y  sin embargo  se aplicaálas  sociedades  que  menos  se parecen. Es evidente  que  debe admitir  en  sí  una gran diversidad  que. deberá unirse, ya  con respecto al hom­bre ,  ya con  relaciónála  sociedad, con muchos ele­mentos  y principios diferentes.

Por no haber  considerado  la institución  de la digni­dad real en toda su  estension; por no  haber penetra­do  de  una  parte hasta  su  principio propio y constante, hasta lo que constituye su esencia, lo que subsiste, sean las que  fueren las circunstanciasáque se aplique; por no haber puesto cuidado de otra parte  en todas las  va­riacionesáque se presta, en todos los  principios con los cuales  puede  entrar  en  alianza; por no haber  con­siderado la  magestad  real  bajo estje doble y vasto pun­to dé  vista,  no  se  ha  conocido bien su juego impor­tante  en  la  historia  del  mundo, y la  causa  por que  se engañaron  muchos  tan á menudo relativamente ásu naturaleza  y efectos.

Esta es la tareaáque  quisiera  dedicarme  con  voso<- tros,  de manera  que nos  diésemos completa  y exacta cuenta de los  efectos  de esta  institución en la Europa moderna,  ora hayan dimanado de su  principio  propio,

ora de las modificaciones que            ha        sufrido.

Nadie  duda, señores, que la fuerza de la  dignidad real,  esta potencia  moral  que  es  su  verdadero princi­pio, no reside en la voluntad propia, personal, del hombre momentáneamente  rey; nadie duda que los

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pueblos,  al conceptuarla  como institución,  y al soste­nerla los filósofos como sistema, no han creído ni querido aceptar el imperio  de  la  voluntad humana, esencialmente  limitada,  arbitraria, caprichosaéigno­rante.

La dignidad     real      es         una      cosa     totalmente        diferente:

aunque se  presente bajo esta forma, es la  personifi­cación de la  soberanía de  derecho, de esta voluntad esencialmente. razonable, esclarecida, justa, impar­cial, estraña y superiorátodas las voluntades  indivi­duales ; y queáeste título  tiene derecho de gobernar­las. Tal es  el  sentido  de la dignidad real en el espíritu de  los pueblos, tal el motivo de su  adhesión.

¿Es cierto, señores, que haya una soberanía de  de­recho , una voluntad  que  tenga facultades  para gober­narálos hombres? No  hay duda que creen en ello, cuando  procuran,  han  buscado y  no pueden menos de

procurar colocarse bajo su  imperio.  Figuraos,  no digoáun pueblo, sinoála mas  pequeña reunión de hom­bres, consideradla sometidaáun  soberano que no lo sea  sino  de hecho,áun  poder sin otro derecho que la fuerza, que  no gobierne con  el título de razón, de justicia y de verdad; y veréis como al  instante la  na­turaleza  humana se subleva contra tal suposición  : es preciso que obedezcaáun  derecho. A quien busca es al soberano legal que es el soloáquien  el  hombre con­siente obedecer. ¿Qué es la historia sino la  demostra­ción  de  este  hecho universal? ¿Qué  son  la  mayor par­te de  las  luchas  que consumen  la vida  de los  pueblos, sino  un  esfuerzo ardiente hácia el soberano  de derechoáfin de  colocarse  bajo  su imperio ? Y no  solo  los pue­blos , sí que  también  los filósofos creen  firmemente  en su existencia y le buscan incesantemente. ¿Qué son.

 

 

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todos los  sistemas de filosofía política sino la indagación del  soberano de derecho ?¿Qué tratan sino la cues­tión  de saber quién  tiene  derecho de gobernar la so­ciedad ? Tomad por ejemplo los sistemas teocrático, monárquico, aristocrático, democrático; todos  se glo­rian de haber descubierto  en  quién  reside  la soberanía de  derecho,  todos prometen á<la sociedad colocarla bajo  la  ley  de su  señor  legítimo. Lo repito, este es el

objeto  de todos los  trabajos de los filósofos,  y de to­dos  los  esfuerzos  de las naciones.

¿Cómo  es  posible  que unos y otros no creyesen en el soberano de  derecho?¿Cómo que no le buscasen constantemente? Tomad las mas sencillas suposicio­nes ;  que  haya en ellas un acto cualquiera para cum­plir,  una acción  que  deba ejercer su  influencia, ya en el conjunto de la sociedad, ya en algunos de sus miem­brosó sobre uno solo; y veréis evidentemente que siempre existe una  regla  de esta  acción, una voluntad legítima que seguir y aplicar. Tanto  si penetráis en  los pormenores de la  vida social,  como si  os remontáisásus  mas grandes acaecimientos, en todas partes en­contraréis  una verdad  que descubrir, una ley  racional que  realizar. Este  es  el  soberano de  derecho hácia el cual  los  filósofos y los  pueblos nunca han cesado y no pueden cesar de dirigirse y aspirar.

¿Hasta  qué  punto puede representarse al soberano de  derecho de  una manera  general y permanente,  por una fuerza  terrestre, por una  voluntad humana ? ¿Quéhay de falso  y peligroso en  una tal suposición ? ¿Quése  debe pensar en  particular de la personificación de la soberanía  de  derecho  bajo  la  imágen  de la dignidad real? ¿A qué  condiciones, con  qué límites  es admisi­ble esta personificación? Son las grandes cuestionas

 

 

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que 110 debo tratar aquí, pero que no puedo menos de  indicar  y sobre las cuales diré algo  de  paso.

Afirmo, y lo reconocerá cualquiera que tenga un asomo  de  buen sentido, que la soberanía de derecho, completa  y permanente,no puede perteneceránadie; que  toda  atribución de soberanía  de  derecho concedi­daácualquier  fuerza  humana es  radicalmente falsa y peligrosa. De aqui viene  la  limitación de los poderes, sean los que fueren  sus nombres  y formas; la  ilegiti­midad  radical de  todo poder absoluto, cualquiera que sea  su origen, conquista, herenciaó elección. Puede haber muy bien  diferentes pareceres  sobre los mejores medios  de buscar  la  soberanía de derecho, pues varían según  los  lugares  y tiempos; mas  en  ningún  lugar,  en ningún  tiempo,  poder alguno  podrá ser legítimamente poseedor independiente de esta  soberanía.

Sentado este principio, no es meno^ cierto que la dignidad real en cualquier sistema que se le considere se  presenta como la personificación del soberano de derecho. Oid  al sistema  teocrático: os dirá  que los re­yes son  la  imagen de Dios sobre  la tierra, que es lo mismo que  si dijéramos que son la personificación  de la justicia  soberana, de  la  bondad, de la verdad. Di­rigiosálos  jurisconsultos:  veréis como responden, que el  rey es la  misma ley viviente; lo que quiere decir

también que es la personificación  del soberano de dere­cho, de una  ley justa que  tiene facultad para gobernar la sociedad: preguntadála autoridad real  en el sistema, de  la  monarquía pura: os  afirmará  que  es la personifi­cación del estado, del  Ínteres general. En cualquier alianza, en cualquiera situación que se la considere, siempre la  encontraréis reasumiendo  en sí la preten­sión de representar, de reproducir ese soberano de

 

 

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derecho, el solo capaz de gobernar legítimamente la sociedad.

No es  estraño. ¿Cuáles  son los  caracteres del sobe­rano  de  derecho que  emanan de su misma  naturaleza ? En primer  lugar  es  único; pues  que  no pudiendo ha­ber  mas que una verdad y  una justicia, no puede tam­poco  existir mas  que un soberano  de derecho. Ademas es permanente,  siempre el  mismo: la verdad jamas varía.  Está colocado en una  situación superior,á cu­bierto de todas  las vicisitudes, de  todas las aventuras de este mundo; no  estando en la sociedad en cierto modo, mas  que como espectador y juez; este es su papel. Pues, señores, esos caracteres  racionales y natu­rales  del soberano de  derecho, son  fruto esterior  de  la dignidad real bajo  la forma mas sensible, y la que mejor descubre  su  fiel imágen. Ojead la  obra  en que Benjamín Constant  ha representado tan ingeniosamente  la digni­dad real como un poder neutro: un poder moderador, creado por accidentes,  por las luchas de  la  sociedad, que no interviene  mas que  en las  grandes crisis. ¿No concebimos en esta pintura,por'decirlo  asi, la posicion del  soberano  de  derecho en el  gobierno  de las cosas humanas ? Es preciso  que haya  habido en esta  idea al­guna cosaápropósito  para llamar la  atención del en­tendimiento , pues ha pasado  de los  librosálos hechos con una singular'rapidez. Un soberano ha hecho de ella en  la  constitución  del Brasil, la  base  de su mis­mo trono;  la  dignidad  real está  representada como un poder  moderador, constituida  mas allá del  poder acti­vo como  espectador  y juez.

Bajo cualquier punto de vista que consideréis la  ins­titución, al compararla con el soberano de derecho encontraréis ser grande la semejanza esterior,  y que es

 

 

222      ctjrso

natural  que haya impresionado  el espíritu de los hom­bres. Guantas  veces  su reflexión 6 imaginación se ha dirigido  con  preferencia hacia  la contemplaciónóes­tudio  de  la  naturaleza del  soberano de derecho, y de sus caracteres esenciales, otras tantas se ha decidido por  la  potestad  real; asi,  en el tiempo de la prepon­derancia  de ideas  religiosas, la habitual consideración de la naturaleza de Dios impelíaá los hombres hacia el estado  monárquico. Lo mismo, cuando los juris­consultos han  dominado en  la sociedad, la costumbre de estudiar  la naturaleza  del soberano de derecho ba­jo la  palabra ley, ha sido favorable  al dogma de su personificación de la  dignidad  real. La aplicación  cui­dadosa  del  espíritu  humano en contemplar la natura­leza  y cualidades  del soberano de derecho, ha dado siempre  fuerza  y créditoála  dignidad real que pare- cia  ofrecerle su imágen, no  habiéndose  opuesto otras causas para destruir su efecto. Por otra  parte hay  algu­nos  tiempos particularmente favorables á esta perso­nificación , y son aquellos en que  las fuerzas  individua­les se  desenvuelven en  el mundo con todos sus azares y caprichos. Los tiempos en que el  egoismo  domina en los  individuos, sea por ignorancia y brutalidad, sea por corrupción. Entonces la sociedad, entregada al combate de voluntades personales, y no pudiendo elevarse por  su  libre concursoáuna voluntad común general, que  las reúna  y sujete, aspira con pasión áalcanzar un  soberanoáquien  todos los individuos es­tén obligados á someterse; y asi que se presenta una  institución que lleva consigo algún carácter del soberano  de  derecho, prometiendo  su  imperioála so­ciedad, esta correáella con  una  ansiosa precipitación, como los  proscritos  se  refugiaban antiguamente  en el

 

 

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asilo  de una  iglesia. Esto es  lo que se  ha visto en los tiempos  de la desordenada juventud de los pueblos, como  los  que acabamos de recorrer. El gobierno de un rey conviene  maravillosamente en una  de esas épo­cas de  fuerte y fecunda anarquía, por decirlo asi, en que  la sociedad aspiraáformarse,áarreglarse, y no puede lograr este objeto  por el libre concurso  de las voluntades individuales. lia habido otros tiempos ert que  siendo contrarias las causas ha sido conveniente el mismo régimen. ¿Porqué el  mundo romano  tan cer­canoádisolverse al  fin de  la república, subsistió  toda­vía cerca  de quince siglos,  bajo el  nombre de ese impe­rio que según todos no fue mas  que una continua deca­dencia, una larga agonía?  Solo la dignidad réal pudo producir tal  efecto; ella sola  podia conteneráuna  so­ciedad  que el  egoismo amenazaba destruir sin cesar. El poder imperial ha luchado  durante quince siglos contra la  ruina  del mundo romano.

Asi  vemos  que hay tiempos en que únicamente el gobierno  de uno solo  puede retardar la  disolución de la sociedad,  y otros en  que solo  él es capaz  de  acele­rar su  formación. En los dos casos lo efectúa porque representa con mas claridad,  mas poderosamente que cualquiera otra  forma  de gobierno,  al soberano  de de­recho; porque ejerce su poder sobre los acaecimientos.

Bajo cualquier  punto de vista que consideréis la  ins­titución , en cualquiera época  que vayáisá tomarla, encontraréis que  su  carácter esencial, su principio mo­ral , su sentido verdadero éíntimo, lo que hace su fuerza, es  ser  la  imágen, la personificación, el intér­prete presunto de esta voluntad única, superior y legítima  por esencia, que  tiene derecho de gobernar la sociedad.

 

 

221      ctu o

Consideremos  ahora  la dignidad real  bajo el segun­do  punto de vista, es decir, en su flexibilidad, en la variedad  de papeles que ha representado, y efectos que  ha producido; es preciso que hablemos de ello, que determinemos  sus  causas.

Aqui tenemos una ventaja; podemos entrar desde luego áconsultar la historia, y particularmente la nuestra. Por un concurso de circunstancias singulares, ha sucedido  que en la  Europa moderna la magestad real se  ha revestido  de todos los caracteres bajo los cuales'se habia presentado en la historia del mundo. Si  me es  permitido servirme de una espresion geo­métrica , diré,  que  la dignidad real europea ha sido en cierto modo el  resultado de todas las especies de poderes reales posibles. Voyárecorrer su historia  des­de el  V al  XII siglo; veréis bajo cuán  diferentes aspec­tos se presenta, y hasta qué punto encontramos en todas  partes ese carácter de variedad, de complica­ción , de  lucha,  que  es  propio ele toda la civilización europea.

En-el siglo V, cuando la grande invasión de los germanos, dos dignidades reales se encontraron de frente  : la  bárbara y la  imperial, la  de Clovis y la de Constantino;  bien diferentes  una y otra en principios y efectos.

La  dignidad real  de los bárbaros era esencialmen­te electiva  : los reyes germanos  se elegían, aunque la elección  no  se  hiciera  en las formas con que estamos acostumbradosáacompañar esta idea;  se  ofrecia el po­deráun gefe  militar  por un gran  número de compa­ñeros , que  le  obedecían como al mas hábil y valiente. La elección  es el verdadero origen de los reyes bár­baros, su  carácter primitivo, esencial.

 

 

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No  es  decir con  esto, que este carácter en el siglo V no  se hubiera  ya modificado  un tanto, que no se hubiesen  introducido en  la dignidad  real algunos ele­mentos  diferentes. Las  diferentes tribus errantes tenian sus  gefes desde  cierto tiempo; habíanse  elevado entre ellas  familias mas  acreditadas,  mas considerables  y ri­cas  que  las  demas. De aquí empezóátomar  su origen la  herencia; el gefe de  una  de  estas familias pocas  ve­ces  era elegido  fuera de ellas. Primer principio dife­rente que vinoáasociarse con el dominante de la  elec­ción.

Otra idea, otro elemento había penetrado  ya en  el estado  de los reyes bárbaros: el elemento religioso. Encuéntrase  en algunos pueblos bárbaros,  por ejemplo entre los godos,  la  convicción de que las familias  de sus  reyes descendían de  los  dioses,óhéroes converti­dos  en deidades, según dice Odin entre otros. Era la situación de los  reyes de Homero, descendientes de los  dioses ó sémidioses, y á este título, objetos de una  especie de veneración  religiosa,ápesar  de- loslí­mites de su poder.

Tal era en  el  siglo  V  la  dignidad real de  los  bárba­ros , ya algo  diferente  de lo  que fue en sus principios, ya flotanteápesar de  dominar todavía.

Deténgome en la magestad  real romana, la imperial; esta es cosa diferente; es  la personificación del estado, la heredera de la  soberanía  y de la  magestad  del pue­blo romano. Considerad la dignidad de Augusto, de Tiberio; el emperador es el representante del senado, de  los Comicios, de la república entera, su sucesor verdadero, todos sus  derechos se hallaban  reasumidos

en su persona.  ¿Quién no  conocerá ser  asi en la modes­tia  del lenguage  de  los primeros emperadores,óálo

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226      cuaso

menos en  la conducta suave de  aquellos queála par que  revestidos de la dignidad suprema eran hombres de  sentido y conocían su posicion? Se consideran en presencia  del  pueblo  hace poco soberano, que abdicóen  su  favor,  y habíanle como  sus representantes,  co­mo sus  ministros. Mas  en la realidad ejercen todo el poder del pueblo, y con la mas poderosa intensidad. Esta transformación, señores, nos  será muy fácil de comprender; pues  hemos  visto  pasarla soberanía del púebloámanos  de un hombre : no es otra la  historia de Napoleon. Este fue también una  personificación del pueblo soberano;  lo decía sin cesar : «¿Quién como yo ha  sido  elegido  por  diez y ocho millones  de  hombres?¿Quién  es  mas  que yo el representante del pueblo ?»Y cuando leíamos en la moneda  República Francesa, y en  el  reverso  Napoleon Emperador, ¿qué era sino el hecho que describo,  el  pueblo  convertido en rey ?

Este era, señores, el carácter fundamental de la dignidad  imperial,  conservándose  asi durante los  tres primeros siglos del imperio. Hasta  los  tiempos de Dío- cleciano no  tomó  su  forma  definitiva y completa. Sin embargo  estaba próximaásufrir  un  gran cambio: otra dignidad  real estaba cercanaáaparecer. Hacia tres  si­glos  que  el cristianismo  trabajaba para introducir sus elementos religiosos en el imperio. Bajo Constantino logró, no hacerles prevalecer precisamente, pero sí re­presentar  un  papel  interesante. Aquí la dignidad real se  presenta'bajo otro aspecto;  no  tiene  su  origen  de la tierra  : el  príncipe  no  es  el representante  de la  sobera­nía  pública,  sino  la  imágen de Dios, su poderdante, su  delegado. El  poder le viene de arriba abajo, en contraposición  con  la magestad imperial electiva  que habia  subido de  abajoáarriba. Hé arrui  sus  dos  sitúa-

 

 

DI        HISTORIA     UO0ERNA.   2 2 7

ciones diferentes, con  sus  resultados  también distintos, los derechos de la libertad, las garantías  políticas,  son difíciles de combinar con el principie  de la dignidad real religiosa; mas este principio en sí, es escelente, moral, saludable. Veamos la  idea  que  en  el  VII siglo se formaba del  príncipe, en el  sistema de la magestad religiosa. La  he sacado  de los  cánones  del concilio de Toledo.

«El rey se llama tal  (rex) porque gobierna justa­mente (recté.) Si  obra con justicia (recté) posee  legí­timamente el nombre de rey; si con injusticia, le pier­de  miserablemente. Nuestros padres decian con  razón:

rex ejus eris si rectafacis; si   autern non facis,         non

eris. Las dos  principales virtudes reales son  la  justicia y la verdad  (la ciencia de  la  verdad,  la razón).

«La potestad   real asi como la totalidad de   los pue­

blos     está      obligadaárespetar las leyes.... Cumpliendo

con la  voluntad  del  cielo, damosánosotros  yánues­tros súbditos  leyes sabias,álas  cuales está obligadaá

obedecer  nuestra propia  grandeza y la  de nuestros  su­cesores ,  lo mismo que toda la poblácion de nuestro

reino....

«Dios, el  criador de todas las cosas, al disponer  la construcción  del  cuerpo humano,  ha levantado  la  ca­bezaálo  alto, y ha querido que de ella saliesen los nervios de todos los miembros. Colocó en la cabeza las lumbreras de los  ojosáfin de que pudieran verse todas las cosas  que  fuesen  perjudiciales. Estableció el poder  del  entendimiento,  dejandoá su cargo el go­bierno  de todos  los  miembros,  y el prudente arreglo

de        sus acciones....            Es preciso pues arreglar en un prin­

cipio  lo  que miraálos príncipes,  velar por su seguri­dad , proteger su  vida,  y disponer en seguida lo que

 

 

1 1»     cum o

hace  relación con los pueblos, de tal  manera,  que  ga­rantizando  del  modo conveniente la seguridad  de  los reyes, se  garantize al mismo tiempo y mucho me­jor  la de  los  pueblos. (Forum judicum tit. \ , L 2. t. \  ).»

Mas en el sistema  del  gobierno religioso, se introdu­ce  casi  siempre  otro elemento  ademas de la dignidad real. Un nuevo poder ocupa un lugar junto á ella, una potestad mas  aproximadaáDios, del mismo ori­gen de  donde  dimana la  dignidad real, de donde na­ce esta;  el  clero, el  poder eclesiástico que  vieneáin­terponerse entre Dios y los reyes, entre estos y los pueblos,  de suerte  que la magestad real, imágen de la divinidad, corre el  riesgo de caer como instrumento en manos de los intérpretes de la voluntad  divina. Nueva  causa de  diversidad  en los destinos y efectos de la  institución.

Hé  aqui  cuáles  eran  en. el siglo V, las diversas po­testades  reales que  aparecían sobre las ruinas  del im­perio romano: la de  los bárbaros, la imperial, y el po­der religioso naciente. Sus fortunas fueron  tan  distintas como  sus principios.

En Francia bajo la  primera linea, prevalece la po­testad  real  bárbara;  es verdad que  hubo algunas ten­tativas del clero para imprimir  en ella el carácter  im­perialóreligioso; pero con  todo, la  elección en la fa­milia real, junto con  alguna mezcla de herenciaéideas religiosas, quedó  dominante.

En Italia, el  poder imperial doma las costumbres bárbaras de los ostrogodos. Teodorico  se hace  sucesor de  los  emperadores. Basta con que  leamosáCasiodo- ro para  conocer este  carácter  en  su gobierno.

En       España,           la         potestad           real      parece  mas      religiosa

 

 

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que  en  las demas partes;  como los concilios  de Tole­do fueron,  no diré los señores,  pero sí su  poder man influyente, el  carácter religioso dominó, si no en  el gobierno  propiamente  dicho  de  los  reyes visigodos,álo menos  en  las  leyes que el clero  les  inspiraba, y en el lenguage  que les hacia hablar.

En Inglaterra las costumbres bárbaras subsisten  casi en su totalidad en  los sajones. Los reinados de la hep- tarquía  son  poco masómenos los dominios de dife­rentes bandas, teniendo cada una su  gefe. La  elección militar se deja  ver  con  mas evidencia aqui que en nin­guna  otra parte. El poder real  de los anglo-sajones es el tipo mas  fiel  de  la  potestad real bárbara.

Asi,  desde el V al  VII  siglo, se manifiestan  al  mis­mo  tiempo  las  tres clases  de dignidades reales en los sucesos  generales, prevaleciendo unaúotra según  las circunstancias  en los diferentes  estados de la Europa.

Tal era la confusion de aquella época, que nada po­día  establecerse general ni permanente; llegando de vicisitud  en vicisitud hasta el siglo VIII, sin que la potestad real  haya tomado en  ninguna  parte un carác­ter definitivo.

Hácia mediados del siglo "VIII,  y con el  triunfo de la  segunda  linea ódinastía de los reyes francos, los acaecimientos  se generalizan, se aclaran; y como se practican bajo  una  escala mas estensa, se les conoce mejor, tienen mas resultado. Veréis en un corto es­pacio de tiempo sucederse  y combinarse con brillo diferentes magestades reales.

En el momento en que los carlovingien6es reempla­zaronálos  nerovingienses,  un vestigio del poder real bárbaro se hizo otra vez visible;  volvióáaparecer la elección. Pepin fue elegido en Soissons. Guando los

 

 

250      a m o

primeros carlovingienses daban reinos á sus hijos, procuraban hacerlos aoeptar  por los grandes de los  es* tados que  se  les  designaban: cuando hacian  una  parti­ción querían verla  sancionada por la asamblea nacio­nal. En una  palabra, el principio electivo, bajo  la  for­ma de  la aceptación  popular, volvió á tomar algún ascendiente. Os  acordaréis  que  este  cambio  de dinastía fue  como una nueva  invasión de los germanos en el

occidente de Europa,  que volvióátraer alguna sombra de  su? antiguas instituciones  y costumbres.

Vemos al mismo tiempo introducirse mas clara­mente en el poder real el principio  religioso,  y repre­sentar en él un gran papel. Pepin fue reconocido y consagrado  por el  papa;  necesitó  la sanción religiosa; era  ya una grande fuerza, y buscó su asentimiento,. Carlomagno tuvo el mismo cuidado; la potestad real religiosa  se desarrolla. Con todo, bajo Carlomagno, no  fue. el carácter  dominante; la magestad imperial  es con  evidencia  la que intenta  resucitar. Aunque  se unía estrechamente  con el clero, se valió  de él  sin  ser  tam­poco  su  instrumento. La idea de un gran  estado, de una gran  unidad política,  la resurrección del imperio romano era  la  idea  favorita,  el  sueño  de Carlomagno.

Muere, y Luis  el Benigno le  sucede;  no  hay perso­na  que no sepaáqué carácter aspiraba entonces  el  po­der real; el rey cae  en manos  del  clero que  le censu­ra , le  depone,  le restablece y gobierna; la potestad real  religiosa  subordinada hasta  entonces parece estar

cerca de establecerse.

Desde mediados del  VIIIámediados  del IX.  siglo, la  diversidad  de tres clases  de  poder  real se manifiesta en varios acaecimientos considerables, semejantes y claros.

 

 

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Oespues  de  la muerte de  Luis  el  Benigno, la Euro­pa cae en  una profunda disolución, y las tres clases de potestades  reales desaparecen  casi al mismo tiem­po : todo se confunde. Al cabo de cierto tiempo, cuan­do prevaleció  el régimen  feudal, se  presentó  un cuar­to  poder real  diferente de todos  los que hemos visto hasta ahora:  la dignidad real feudataria. Esta sí que  es confusa  y difícil  de  definir. Se ha  dicho  que el  rey en el  régimen  feudal  era  el  soberano  de los  soberanos, el señor  de los señores; que tenia asegurada como por eslabones, de grado en grado,átoda  la sociedad, y que  llamandoásu alrededorásus  vasallos, despuesálos  vasallos  de los vasallos, y asi sucesivamente, lla­mabaátodo  el pueblo y se manifestaba verdadera­mente  un  rey. No digo  que esta  no  sea la teoría de  la potestad  real  feudataria;  mas  sí que  es  una pura teoría que  jamas  ha  gobernado  de  hecho. Esta influencia .ge* neral  del  rey por conducto  de una organización de ge- rarquías,  estos  vínculos que le unen con toda la socie­dad feudal,  son sueños de los publicistas. En cuanto al  hecho,  la mayor parte de los señores feudatarios, eran  enteramente independientes de la potestad real en  esta  época; muchos  de ellos  apenas  la  conocían de nombre, teniendo muy poca óninguna  relación con ella  : todas las soberanías eran locales, independientes. El nombre de  rey  con  respectoálos  señores feudales, espresa mas bien  un recuerdo  que una  realidad.

En este  estado  se  presenta el  poder real en el  de­curso del X  y XI siglo. En  el XII, con el reinado de Luis el  Gordo, las cosas empiezanácambiar de aspec­to; óyese hablar del rey con mas frecuencia.: su  in­fluencia penetra hasta en los lugares en donde hace poco  jamas había intervenido; su papel  en  la  sociedad

 

 

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es mas  activo. Si se  busca el  título, no se  conoce  nin­guno con  el cual hasta entonces el  pocler real tuviese costumbre de  prevalecer. No fue  como ,á heredero de los  emperadores, ni  bajo el  epígrafe de magestad real imperial como se engrandeció y tomó  consistencia. Tampoco  en virtud de una elección;  ni  como emana­ción del  poder  divino  : desapareció toda apariencia de elegibilidad ;  el  principio de herencia prevalece defini­tivamente  en  el trono; y aunque la religión  sancione la elevación  al trono de los  reyes, los ánimos no pa­recen  ocuparse del  carácter religioso de la potestad real ni  aun en  Luis  el  Gordo. Un nuevo elemento, un  ca­rácter desconocido hasta entonces se produjo en la magestad real; empieza  un  nuevo  poder.

No  tengo necesidad  de  repetir, que la  sociedad  es­taba  en  aquel entonces en un espantoso desorden, es­puestaácontinuas violencias. No tenia  ningún  medio en sí misma para luchar  contra este  deplorable  estado, para recobrar  alguna regla, alguna unidad. Las insti­tuciones  feudales,  esos parlamentos de barones, esas cortes de  señores, todas esas formas  bajo  las cuales en los tiempos  modernos se ha presentado  la feudalidad como  un régimen  sistemático  y ordenado,  todo estaba

sin efecto,  sin poder;  nada habia allí  que  pudiera res­tablecer  algún orden' y justicia; de  manera que en  me­dio'de la  desolación social,  no  se  sabiaáquién volver los  ojos para  hacer reparar  una  gran injusticia, reme­diar el m al, y constituir algún tanto el  estado. El nombre  de rey  quedó  intacto; uno de  aquellos seño­res le  llevaba; y algunos  se acogianáél. Los diferen­tes títulos bajo los  cuales se habia presentado hasta entonces el  poder real, aunque no ejerciesen un gran­de  imperio  quedaron  sin  embargo grabados en el  espí­

 

 

DZ      HKTOBIA      MODERNA.  2 5 5

ritu de  algunos, y los recordaron’en  algunas ocasiones. Llegó  un tiempo en  que, para reprimir una violencia escandalosa, para restablecer  el .orden en  un  lugar ve­cino al que ocupaba el  rey,  para dirimir una contienda

doméstica que hacia mucho tiempo que duraba, te­nían que  recurriráél; fue llamado para intervenir  en asuntos que  no eran  directamente suyos; se presentaba como protector del orden  público,  como árbitro, como enderezador de  tuertos. La autoridad  moral que quedóanexaásu  nombre, le atrajo pocoápoco este poder.

Tal es el carácter que el poder real  empezóátomar bajo  Luis  el  Gordo, y bajo la administración  de  Su- ger.  Apercíbese  por ia primera vez en los ánimos, aun­que  muy incompleta, confusa y  débilmente,  la idea de un  poder  público, estraño á los. poderes locales que están en  posesion  de la sociedad,  llamadaá distribuir justicia entre aquellos  que no pueden obtenerla por los  medios ordinarios, capaz  de poner orden, óálo menos  de disponerle;  la idea  digo  de una  gran  magis­tratura, c|iyo carácter esencial es  el de manteneróres­tablecer lji paz, de  proteger álos  débiles y resolver en las  contiendas domésticas que nadie habia podido arreglar. Este es el carácter  enteramente nuevo bajo el  que se  presenta la dignidad real en  Europa,  y espe­cialmente en Franciaácontar desde el siglo XII. No ejerce  su imperio como  poder real bárbaro,  religioso ni imperial yno posee mas  que  una fuerza limitada,  in­

completa , accidental, una  autoridad digámoslo asi pa­recidaála de  un  juez de paz en un pais.

Hé aqui  el verdadero  origen del poder real moder­no, su principio  vital, el  que se ha desarrollado en el curso  de su carrera,  y el que ha hecho su fortuna. Ea épocas difereutes  de  la historia  se  ven aparecer los

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diferentes caracteres de la potestad real; vense las dignidades reales  que  acabo de  describir  trabajarásu tumo para volver áalcanzar su preponderancia. Asi es que  el  clero siempre ha  predicado el poder real re­ligioso ,  los jurisconsultos han  puesto  cuanto ha  estado de  su  parte para resucitar la potestad real imperial; los  nobles hubieran  querido renovar algunas veces la migestad real electiva,ómantener la feudataria. Y no solo  el  clero, los jurisconsultos  y la  nobleza han in­tentado hacer dominar el  poder real con esteóel otro carácter; sino que  este  se ha valido de todos para  el engrandecimiento de  su  poder; los  reyes se han pre­sentado tan  pronto como delegados  de Dios,  como he­rederos de  los  emperadores,ócomo los  primeros no­bles  del país, según la  necesidadóinclinación del  mo­mento ;  se han valido  ilegítimamente  de estos  diferen­

tes  títulos', pero ninguno ha  sido  el verdadero, el  que corresponde al  poder  real moderno, origen de su  in­fluencia y preponderancia. Repito que  este se  ha ma­nifestadoálos  ojos de los pueblos, se ha apropiado su fuerza,  y obtenido  su adhesión, como depositario y protector del orden público, de  la justicia  general,

del  ínteres  común, bajo  el aspecto de una gran ma­gistratura , centro y vínculo  de la sociedad.

Veréis este carácter de la dignidad real europea moderna  que empieza en  el siglo XII bajo  el reinado de Luis  el  Gordo, veréis,  repito; conforme vayamos adelantando, cómo  se consolida, se desarrolla y al­

canza por  decirlo asi su fisonomía política. Por esta parte es por  donde la  potestad real ha contribuido  al gran  resultado  que caracteriza hoy dia las sociedades europeas,ála reducción  de todos los elementos  socia­les  en  dos:  el  gobierno  y el  pais.

 

 

DE      HISTORIA.    MODERNA.  2 5 5

Asi, señores, cuando  la esplosion de las cruzadas, la Europa entró  en  el camino  que debia conducirla á¿su estado  actual; acabais  de ver tomar al poder real aquel  papel que debia desempeñar en  esta  gran trans- formacion. En la lección siguiente estudiaremos  los  di­ferentes ensayos de organización  política  que se hicie­ron desde  el  siglo XII al X V I, para  mantener y ar­reglar  el orden  de  cosas próximoáperecer. Considera­remos los esfuerzos que la feudalidad, la iglesia, y aun los  comunes  hicieron para constituir la sociedad bajo sus formas  primitivas, y para poderse defender  cada una contra  la  metamorfosis  general que se preparaba.

 

 

 

 

LECCION      X.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Señores :

Al empezar     quisiera            determinar       con      detención         el

objeto de         esta lección.

Os acordaréis  que uno de  los  primeros hechos que llamaron  nuestra atención  fue la  diversidad,  la  separa­ción , la independencia  de  los elementos  de la  antigua sociedad europea. La  nobleza feudal, el clero,  los co­munes , tenían una  situación, leyes  y costumbres en­teramente  diferentes; eran  otras tantas  sociedades dis­tintas que se gobernaban cada una por su cuenta, por sus propias  reglas, por su  propio poder. Estaban en  relación, en contacto, pero no en una verdadera unión; y si hablamos  propiamente, no  formaban una nación, un  estado.

La fusión de todas las sociedades en  una se cum­plió ; y este  es precisamente  como habéis visto, el  su­ceso distintivo, el carácter  esencial de la sociedad mo­derna.  Los  antiguos  elementos  sociales se han  reduci­doádos, el gobierno  y el pueblo; es decir, que ha cesado  la  diversidad; que  la  semejanza ha guiadoála

 

 

258      c u rs o

unión. Mas  antes de  haberse  consumado este resulta­do, y aun para prevenirle, se hicieron muchos  esfuer­zos  para poder vivir  y obrar en común sin  destruir  la diversidad, ni la independencia de todas esas sociedades particulares.  No se hubiera querido asestar un tiro pro­fundoásu situación,ásus  privilegios,ásu naturaleza especial, pero sí  reunirías en un solo  estado, formar de ellas un cuerpo  de nación, rehacerlas bajo un  mis­mo  y solo  gobierno.

Estrelláronse todas estas tentativas; el resultado que acabo  de  recordar,  la unidad de la  sociedad moderna, es testigo  de su mal éxito. En los paises de Europa en que  subsisten todavía  algunos rasgos de  la antigua di­versidad  de elementos .sociales, en Alemania por ejem­plo , en donde aun existe una verdadera nobleza feudal, una verdadera clase  plebeya;  en  Inglaterra, en  donde una iglesia  nacional  está en posesiop de sus rentas pro­pias, y de  una jurisdicción ’particular, es claro que esta  pretendida existencia  distinta no es  mas que una apariencia,  un engaño; que estas  sociedades especiales están políticamente  confundidas en la sociedad  general, comprendidas en el estado,  gobernadas  por  los  pode­res públicos, sometidas  al  mismo sistema,  arrastradas por la  corriente de  las  mismas ideas, de las mismas costumbres. Lo  digo segunda vez: en los paises en donde  se conserva  aun alguna de sus formas, la sepa-> raciónéindependencia de  los antiguos elementos so­ciales no tiene ninguna realidad.

Sin ehibargo, estas tentativas para coordinar sin transformar, para atraerála unidad nacional sin abolir su variedad, han ocupado  un grande lugar en la  his­toria de Europa; han llenado parte de la época  de que tratamos, época  que separa la  Europa primitiva  de la

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  2 5 9

moderna, y  en  la que  se ha efectuado la metamorfo­sis de la  sociedad europea. Y no solo han hecho un gran  papel, sí  que también  han influido mucho sobre los acaecimientos  posteriores, sobre  la manera  con que se ha  operado la  reducción de todos los elementos  so­ciales en dos: el gobierno  y  el pueblo.  Es muy útil ha­cerse  cargo,  y conocer  todas las tentativas de organi­zación política  que se hicieron desde el siglo XII al XVI, para crear naciones  y  gobiernos, sin  destruir  la diversidad de sociedades secundarias colocadas las unas juntoálas  otras. Tal  setá, señores, nuestra ocupacion en  esta  lección.

, Trabajo ímprobo  y dolproso. Todas esas tentativas de organización  política no se  concibieron ábuen  se­guro ni dirigieron con buena intención; muchos no  tu­vieron en  ellas  mas que  miras  particulares de egoisrño y tiranía. Algunas sin embargo, han  sido puras, des­interesadas ,  y han  tenido por  objeto el bien moral y social de los hombres. El estado de incoherencia , violenciaéiniquidad  en  que vivia entonces la socie­dad , chocabaálos grandes genios,álas  almas eleva­

das 5 de manera que buscaban sin  cesar los medios de salir  de él. Sin embargo, sus  mejores y mas  nobles en­sayos se  perdieron, y con ellos tanto valor, sacrificios, esfuerzos y virtudes. ¿No es  este un espectáculo bien triste ? Aun hay cosas  mas  dolorosas;  un principio  de una  tristeza mas amarga: no solo fueron infructuosas esas tentativas de mejoras sociales, sino que vino ámezclarse  en ellas  una  masa enorme de error  y de mal. A despecho  de la buena intención, la mayor parte  de ellas  eran  absurdas, y atestiguaban una profunda  igno­rancia  de razón, de  justicia,  de  humanidad  y condi­ciones del estado social j  de suerte  que  no solamente

 

 

240      craso

los hombres  no alcanzaron  la  victoria, sino que me­recieron  sus reveses. Aqui se  manifiesta el espectáculo no solo  del duro destino de la humanidad,  sino tam­bién de su flaqueza. Puede  verse en  esto cuán sufi­ciente  es  la  mas pequeña parte de  verdadápreocupar de  tal maneraá los mayores ingenios, que olviden enteramente  el  resto,  y queden  ciegos para  lo que no entra en  el  reducido horizonte  de sus ideas; hasta quépunto basta  que haya  en una causa un sello de jus­ticia  para  que se pierdan de vista cuantas injusticias encierra y tolera. Esta  esplosion de los vicios y de la imperfección  del hombre es,ámi parecer, aun  mas triste de considerar  que la infelicidad de su condi­ción, y sus faltas pesan mas sobre mí que sus pa- deceres. Las tentativas que voy á esplicaros, nos

ofrecerán el espectáculo de uno y o tro : es pre­ciso aceptarle, señores,  y no cesar de  ser justos há- cia esos hombres, hácia esos siglos que se han es- traviado tan á menudo, que tan cruelmente se han estrellado, y que sin embargo han desplegado tan grandes virtudes, hecho tan nobles esfuerzos, y me­

recido tanta     gloria.

Las tentativas de  organización política  formadas des­de  el  siglo XII al X V I, son  de  cjos  maneras: las unas han tenido por objeto  hacer predominar uno de los

elementos sociales,  tan pronto al  clero  comoála no­bleza  feudalóálos  comunes; hacer  que todos  los de­más se  le sujetasen,  y caminar  de esta  suerte  hácia la unidad. Las otras se  han propuesto hacer ir  acordes y hacer  obrarátodas las  sociedades  particulares juntas, dejandoácada  una su libertad y asegurándola su parte de influencia.

Las tentativas del        primer género son mas           sospecho-

 

 

BE       HISTORIA     MODERNA.  2 4 1

,sás de egoísmo y tiranía que  las segundas. En efecto, han participado masámenudo de estos defectos; y son por  su misma naturaleza esencialmente tiránicas en sus medios de ejecución :  algunasápesar de  eso han po­dido ser y han sido verdaderamente concebidas con miras  puras para  el bien y progreso  de la humanidad.

La  primera  que se presenta  es la tentativa  de orga­nización teocrática, es decir, el designio de someter las diversas sociedadesálos  principioséimperio de la sociedad  eclesiástica.

Ya recordaréis , señores , lo  que dije sobre la his­toria  de  la iglesia.  Os manifesté los principios que se habian desarrollado en su  seno, cuál era la parte de legitimidad de  cada uno de  ellos, cómo nacieron del curso  natural de  los  acaecimientos, qué servicios ha­bian  prestado, y qué males habian  producido. He ca­racterizado los diversos  estados por los cuales habia

^pasado la iglesia desde  el  siglo  VUI al XH ;  os I9 hi­ce advertir  en  el estado  de la iglesia imperial, de la iglesia bárbara, de  la  iglesia feudal, y en  fin de la igle­sia teocrática. Supongo  que  conserváis  estos recuerdos en la memoria;  hoy procuraré  indicaros lo que hizo el clero para  dominarála Europa y por qué salió  mal en  su  empresa.

La tentativa  de  organización teocrática que procedía naturalmente  de la  superioridad política y moral de la iglesia,  se  presenta desde  muyálos  principios ya en los  actos de la corte de  Roma, ya en los del estado eclesiástico en  general; mas desde  sus primeros pasos encontró  obstáculos que  no alcanzóá apartar  cuando estuvo en  su vigor,  en  sus mayores  dias  de  gloria.  El primero  era la misma naturaleza  del  cristianismo. Di­ferente  de  la mayor  parte de  las creencias religiosas,

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24á      c u rs o

el cristianismo se ha establecido por la sola persuasión, por  sencillos  resortes morples; no ha estado  desde su nacimiento  armado con la  fuerza; en los primeros si­glos solo  ha  conquistado  con la palabra y tan solo álas almas. Ha sucedido  que aun  despues de su triunfo, cuando la iglesia ha  estado en  posesion  de muchas ri­quezas  y consideraciones, no se  encontró investida  del gobierno  directo de  la  sociedad. Su origen puramente moral, puramente por  via  de  influencia, se veia im­preso en su  estado. Tenia  mucho influjo, pero no el poder: se habia  insinuado  en las  magistraturas  munici­pales; obraba poderosamente sobre los  emperadores, sobre todos sus agentes, mas no tenia la administración positiva  de los  negocios públicos; el  gobierno propia­mente dicho.  Un sistema de  gobierno, señores, asi la teocracia como cualquiera otro, no se establece de una manera indirecta, por  via de simples influencias; es  preciso  juzgar, administrar, mandar, percibir los mpuestos, disponer de las rentas;  en  una  palabra  go~ bernar, tomar posesion de la sociedad  : cuando se

obra por  la  persuasión sobre  los pueblos y gobiernos, puede hacerse mucho, puede  ejercerse un  grande  im­perio; porque  entonces no se  gobierna, no se funda un sistema, ni  nadie se  apodera del  porvenir. Tal ha

sido  por su mismo origen la situación de la  iglesia cristiana.  Siempre ha estado junto al gobierno de la sociedad; jamas le  ha  removido ni reemplazado; y es­te último  es el grande  obstáculo  que  nunca ha  podido sobrepujar  la tentativa  de organización  teocrática.

Bien  pronto  entró en  un segundo estado. Una vez disuelto  el imperio romano, y fundados los estados bárbaros,  la  iglesia  cristiana  se  encontró en la  clase de los vencidos. Para salir de esta situación fue preciso

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  2 4 5

empezar por convertirálos  vencedores, y elevarse de este modoásu  rango. Alcanzado  este objeto,  cuando la iglesia aspiróála dominación,  entonces se  encontrócon la altivez .y resistencia de la nobleza feudal. El feudalismo laical hizo un servioio  inmenso ála  Euro­pa ; en el  siglo XI los  pueblos- se  veian casi  completa­mente sojuzgados por la iglesia;  los soberanos no po­dían apenas  defenderse; la  nobleza feudal es la única que  jamas  aceptó  el  yugo  del clero, ni se humilló de­lante de  él. Basta  acordarse  de la fisonomía general de la edad  media para advertir  una mezcla singular de or­gullo  y sumisión, de  ciega  creencia y de libertad de

razón  en  las  relaciones de los señores laicos con los curas. Aqui  se encuentran algunos  despojos de su si­tuación  primitiva. Ya  os acordaréis de  la manera con que os  pinté el  origen de  la feudalidad; sus primeros elementos,  y el modo  con que  la sociedad feudal ele­mental  se había formado  al rededor de la habitación del posedor del  feudo.  Os he hecho advertir  el lugar inferior que  allí ocupaba  el  cura  con respecto al señor. Siempre ha permanecido  en el corazon de la nobleza feudal un recuerdo, un sentimiento de esta situación; siempre  se  ha  mirado no  solo  como independiente de la iglesia,  sino  como superior, como  la  única llamada para poseer, para gobernar  verdaderamente  el pais; en todos tiempos ha  querido vivir en buena armonía con el clero, tomando  parte  en  sus asuntos, y no permitiendo que  aquel se mezclase  en los suyos. Durante muchos siglos la aristocracia laical ha mantenido la  indepen­dencia de la  sociedad  con  respectoála iglesia,  defen­diéndose  con  arrogancia aun en épocas en que  los re­yes y los pueblos ya  habian sucumbido. Combatióála primera, y contribuyó  tal vez nías que ninguna otra

 

 

244      craao

fuerzaáhacer estrellar la  tentativa de la organización teocrática  de la sociedad.

Un tercer obstáculo  de que generalmente se ha  te­nido  poco  cuidado, y de cuyo efecto  algunas  veces se ha juzgado m al, se opuso  igualmente.

En todas  partes en donde el  clero  se ha apoderado de  la  sociedad, y la ha sometidoá una organización teocrática, este  imperio ha  caido en poder de  un cle­ro casado, de una  corporacion  de curas, que  se  reclu­taban en su propio seno, criandoá sus hijos en la misma y para la misma  situación  desde su  nacimien­to. Recorred  la historia; preguntad al Asia y al  Egip­to ; todas  las  grandes teocracias son la obra de  un cle­ro  que  compone  en sí  mismo una sociedad completa, que se  basta  sin  necesitar nada de afuera.

El estado  eclesiástico cristiano, por el celibato de los  curas, se  ha encontrado en  una situación diferente; se  ha  visto  obligadoárecurrir sin cesarála sociedad laical  para  perpetuarse, yábuscarálo  lejos, en to­das  las posiciones, en todas las profesiones sociales, los  medios  de duración. En  vano el espíritu  de  corpo­racion  hacia grandes esfuerzos  para asemejarseá esos elementos estraños;  siempre permanecía  alguna sombra del origen de  los recien  venidos; pecheros, ógentiles- hombres , conservaban algún vestigio de su antiguo es­píritu, de su condicion  primera. Sin  duda el celibato, haciendo  una situación  especial del clero católico, es- trañaálos  intereses  y vida común de los  hombres, ha sido  para  él  una gran causa de aislamiento; se ha visto  obligadoáunirse sin  cesarála  sociedad laical,á

reclutarse, renovarse, aceptar y sufrir parte de las revoluciones  morales  que  se  han  verificado  en  ella; y no vacilo  en  pensar  que  esta necesidad  siempre en pie

 

 

n i        H in o u A       i m h i k a .     2 4 5

ha  contribuido  mucho  masáque la  tentativa de orga­nización  teocrática no haya tenido efecto,  de lo que pudo servirla el espíritu de corporacion sostenida por el celibato.

El clero  en  fin, ha encontrado en su  propio seno poderosos  enemigos  de esta tentativa. Háblase  mucho de la  unidad de  la  iglesia;  y es verdad  que ha aspira­do constantemente áella, habiendo alcanzado su  ob­jeto felizmente bajo ciertos respetos. Con todo, no nos  dejemos  imponer por la brillantez de  las palabras, ni por la de los sucesos parciales. ¿Qué sociedad ha

ofrecido mas  disensiones civiles, y ha esperimentado roas desmembramientos que  el clero ? ¿Qué naoion se ha visto mas dividida, atormentada é inconstante que la  eclesiástica?-Las  iglesias nacionales de la  ma­yor  parte de Europa luchaban cuasi incesantemente

contra  la corte  de  Roma; los  concilios  contra los  pa­pas; vense  pulular por  todas  partes las heregías, siem­pre renacientes; el cisma ála orden del dia; en nin­guna  parte existia tanta diversidad  en las opiniones, tanto encarnizamiento  en el combate, tanta división en el poder. La vida  interior  de la  iglesia, las divisiones que  estallaron en ella,  las revoluciones que la han agitado,  han sido tal vez el  mayor obstáculo para  el triunfo de la organización teocrática que ella iqtentaba imponerála sociedad.

Todos estos obstáculos, señores, han obrado y  se de­jan entrever desde el siglo V , en la misma cuna de  la tentativa  de que tratamos. Sin embargo no la impidieron seguir su curso, ni que dejara de estar muchos  siglos en progreso. Su momento mas glorioso, su  dia de crisis, por decirlo asi, fue el reinado de Gre­gorio VU,áfines del  siglo XI. Ya sabéis que  la idea

 

 

M        6          cüm o

dominante de Gregorio V II,  era la de someter el mundo  al  clero,  esteála dignidad papal, y  la Europaáuña vasta y regularizada teocracia. Con este designio, y juzgando en  lo  posibleáuna  distancia tal de  los  su­cesos, este grande hombre  cometióámi entender  dos faltas  capitales, una de teoría y otra de revolución.

- La primera  fue la de proclamar magestuosamente su plan,  de ostentar sistemáticamente sus principios so­bre  la naturaleza y derechos del poder  espiritual, sa­cando de  él de antemano, y como lógico intratable las mas remotas  consecuencias.  Amenazó y atacóáto­

dos los  soberanos laicos de  Europa antes de haberse asegurado  de los  medios de  la victoria. En los nego­cios  humanos  no se alcanzan  los resultados  con proce­dimientos absolutos, ni  en nombre de un  argumento filosófico.  Gregorio VII cayó ademas  en el común er­ror de los revolucionarios,  y es  el  de intentar  mas  de lo  que se puede  ejecutar, y no tomar  lo posible  como medida y limite de  sus esfuerzos. Para precipitar el dominio de  sus ideas, empeñó la lucha  contra el im­perio, contra todos los soberanos, y hasta contra el mismo  clero. No  fijó ninguna consecuencia, ni  se atra­jo ningún Ínteres, proclamó altamente  que  queria rei­nar  sobre  todos  los reinos  asi como sobre los espíritus, levantando contra sí de esta manera, por una parteátodos  los poderes temporales que se vieron en emi­nente peligro, por otraálos  libres  pensadores que  ya empezabanádespuntar, y  temían  la  tiranía  del pensa­miento. Gregorio VII, si lo  miramos bien, en lugar de adelantar comprometió  la  causa que queria servir.

Con todo, continuó, prosperando en el decurso del siglo XII  y hasta  cerca mediados del XIII: fue la épo­ca de mas  poder  y brillo de  la iglesia. No creo que

 

 

D I       HUTOBIA      H O IW U .     2 4 7

pueda decirse precisamente que progresase entonces. Hasta  fines  del  reinado de Inocencio  III esplotó  mas bien que  estendió su gloria y poderío. En el momen­to aparente  de su  triunfo  se declaró  una reacción  po­pular  contra ella en  una gran  parte de Europa.  En el mediodía  de la  Francia estalla la  heregía de los albi- genses,  que  invade una numerosa sociedad. Cuasi al mismo tiempo, en el  norte, eni Flandes, aparecen ideas y deseos de la  misma  naturaleza. Algo mas tar­de Wiclef en Inglaterra,  ataca con talento el  poder  de la  iglesia, y funda  una secta que  no perecerá. Los  so­beranos  no tardaronáentrar  en  el mismo  camino que los  pueblos. Al  principio  del siglo XIII los  mas  pode­rosos  y hábiles  monarcas  de la Europa, los empera­dores  de  la casa de Hohenstanfen sucumbieron en su lucha  con el poder  papal. Este siglo duraba todavía, cuando san Luis,  el  mas  piadoso  de los reyes, procla­mó la  independencia del poder temporal, y publicóla  primera pragmática  que fue la  base de todas las de­

mas. Al  comenzar  el siglo  XIV se empeña  la querella de Felipe el  Hermoso con Bonifacio VHI; el  rey de Inglaterra, Eduardo  I,  no  es  mas  dócil  con respectoála corte  de  Roma. Es claro que en esta época la ten­tativa de  organización teocrática  se estrelló; la iglesia en  lo sucesivo guardará  la  defensiva, y  no tratará  otra vez de imponer  su sistemaála  Europa. Solo procura­rá conservar lo  que ba ¿onquistado. Verdaderamente la  emancipación de la sociedad laical europea data des­de  fines del  siglo XUI;  entonces  fue cuando la iglesia' cesó de pretender su posesion.

Hacia  mucho tiempo que habia  renunciadoáseme­jante empresa aun  en la esfera en donde parece que hubiera  podido  sacar  mejores resultados. Hacia mucho

 

 

24S      cuno

tiempo que  en  los mismos  hogares de  la  iglesia, al re­dedor de  su trono, en  Italia, la teocracia  habia perdi­do  completamente  su  ascendiente, abriendo  pasoáun sistema bien diferente,áesta tentativa  de organización democrática de  que son  tipo las  repúblicas  italianas, y de que  tanto  se ha hablado en  Europa  desde el siglo XI al  XVI.

Haréis mención, señores, de  lo qüe  tuve el honor de  deciros  acerca de  la historia de  las comunidades, y de  la  manera como  se  habian  formado. En Italia  su destino  habia sido  mas  precoz y poderoso  que en las demas partes;  las  ciudades  eran  mas crecidas,  mas ri­cas que  en las  Galias, Inglaterra y España;  el  régimen municipal romano habia quedado  impreso  en  ellas  de un  modo mas  vivo y regular. Por otra  parte  los  cam­pos  de Italia eran  mucho menos ápropósito que  los del resto de la Europa para servir de albergue ásus nuevos señores. Se habian cortado las male­zas, secado  los pantanos, y cultivado  las  tierras que j a no estaban cubiertas  de bosques; los bárbaros no podian  dedicarseálas  aventuras de  la-caza, ni llevar

una  vida  análogaála de los  germanos. Ademas, una parte  de  este territorio no les  pertenecía. El mediodía de la Italia, el  campo de  Roma, Ravena, continuaba dependiendo de los emperadores griegos.  A favor de la ausencia del soberano, y de las vicisitudes de la guerra, el  régimen republicano echó  raices, se desar­rolló  desde  sus principios  en esta porcion de pais. No. solo no  estaba toda la  Italia  en poder de los  bárbaros, sino que  ni aun  estos mismos  al conquistarla la pose­yeron  tranquila  y  definitivamente. Los ostrogodos fue­ron  destruidos y  arrojados por  Belisario y por Narsés.

El        reinado            de        lo» lombacdos tampoco alcanzó estable-

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  2 4 9

cerse mejor. Los francos le destruyeron j y sin ester­minar su  poblacion' Pepin y Carlomaguo conocieron que les  convenia aliarse con  el antiguo pueblo italiano, para  luchar contra  los lombardos  vencidos tan recien­temente. Los bárbaros no fueron en Italia como en

otras partes  dueños esclusivos y pacíficos del territo­rio  y de  la sociedad. De aqui  resultó que  solo se esta­bleció  mas  allá  de  los Alpes una débil feudalidad, po­co  numerosa, y dispersa. La preponderancia, en  lugar de pasarálos habitantes  del  campo, como sucedió  en la Galia,  continuó  perteneciendoálos pueblos. Cuan­do estalló  este resultado, una gr$n parte de poseedores de feudos, sea por voluntad ó por necesidad, deja­ron de  habitar  en el campo,  y fueron áfijarse en el interior  de  las ciudades. Los  bárbaros nobles se hicie­ron plebeyos. Ya  podéis pensar  qué fuerza, qué supe­rioridad adquirirían  las  poblaciones  de  Italia  sobre las demas comunidades de Europa con solo este hecho. Lo que  hemos  reparado en  estos  últimos es una infe­rioridad y timidez en  su poblacion. Los pecheros se nos  han presentado como unos briosos emancipados que luchaban  penosamente contra un señor siempre en sus  puertas. La  suerte de los plebeyos de Italia fue distinta: la poblacion conquistadora y el  pueblo ven­cido  se mezclaban en los mismos muros; las ciudades no  tenian que  defenderse  de un señor  vecino; sus  ha­bitantes  eran unos  ciudadanos que habían sido cuasi siempre  libres,  que defendían  su independencia  y de­rechos  contra soberanos lejanos, estrangeros, ora con­tra los  reyes  francos, ora contra los emperadores de Alemania. De  aqui  viene  esta  inmensa y precoz supe­rioridad de las ciudades de Italia: mientras que en

otras partes se  formaban  con  grandes penas unos mi- 32

 

 

2 5 0    CUBM

serables comunes, aquí se veian nacer repúblicas, es­tados.

Asi se esplica el  resultado de la  tentativa de orga­nización republicana  en esta parte de la  Europa. Do­mó  bien al  principio al  elemento  feudal, y se  hizo la forma  dominante  de la sociedad. Mas  era  pocoápro­pósito para generalizarse y perpetuarse, y contenia muy pocos  elementos de mejora, condicion necesaria para  su estension y perpetuidad.

Cuando se mira  la  historia  de  las repúblicas  dj Ita­lia  desde el  siglo XI al XV, se ^vierten dos  hechos contradictorios en  apariencia, y en  realidad incontes­tables.  Las asiste un desarrollo admirable  de valor,  ac­tividad y genio, resultando  de  aqui una gran prosperi­dad; existe en ellas un movimiento y una libertad que faltan  al resto de la Europa.  ¿Se pregunta cuál era  el verdadero destino  de los  habitantes, cómo pa­saban  su  vida, cuál era su  felicidad? El  aspecto cam­bia; tal  vez  no hay historia  mas  triste, mas sombría; quizá no hay época ni pais en  donde el destino  de  los hombres parezca haber  sido  mas  agitado, sometido ámas  deplorables vaivenes, ni  en  donde se  encuentren mas  disensiones, crímenes  y desgracias. Otro suceso estalla en el  mismo tiempo; la  libertad va todos los dias en decadencia en el  régimen político de  la  mayor parte de  estas  repúblicas. Es tal  la falta de seguridad que hay en ellas, que los partidos se  ven obligadosábuscar un refugio en un  sistema menos  borrascoso, y menos popular  que  aquel  por  el cual comenzó el esta­do. Tomad  la historia de Florencia, Venecia, Géno- va, Milán,  Pisa;  en todas  partes veréis que el curso general  de los  acaecimientos,  en  lugar de desenvolver la libertad,  de ensanchar el círculo  de las institucio­

 

 

DK      HISTORIA     MODEM*A.  2 5 1

nes, tiendeá estrecharlo, á concentrar el poder en manos de un menor  número de hombres. En una pa­labra, en  esas repúblicas tan enérgicas, brillantes y ricas,  faltan  dos  cosas  : la seguridad  de la vida, pri­mera cftidicion del estado social, y el  progreso de las instituciones.

De aqui  nacia un nuevo mal, que no permitía que la  tentativa de organización republicana se estendiese. El mayor  peligro  en  Italia provenia  de  afuera, de los soberanos estrangeros. Pues bien,  este peligro nunca pudo lograr la reconciliación, ni hacer obrar de co­mún acuerdoátodas estas  repúblicas; jamas supieron

•unidas  resistir  al enemigo común. Asi es que  muchos de los  italianos mas ilustrados, los mejores patriotas de nuestros tiempos, deploran el  régimen republicano de la  Italia en  la  edad media, como  la  verdadera cau­sa  que  la  ha impedido ser una  gran  nación; se ha di­vidido ,  dicen, en una  multitud  de  pueblecillos, harto poco  dueños  de  sus pasiones para  confederarse  y  cons­tituirse en un  cuerpo de estado. Se lamentan de que su  patria no haya pasado como el resto de la Euro­pa , por una  despótica centralización que hubiera  he­cho de ella  un pueblo, constituyéndola independien­te del estrangero. Parece pues que la organización re­publicana, aun  en las circunstancias mas favorables, no contenia en sí  misma  y-en esta época  el principio de  progreso,duración y estension; es  decir, que  no  se vislumbraba en ella ningún porvenir. Hasta cierto pun­to  podemos  comparar  la  organización de la Italia en la  edad  medis^,  con  la  de la  antigua Grecia. La  Grecia era  también  un pais lleno de pequeñas repúblicas, siempre  rivales,ámenudo enemigas, que se unian al­guna vez. con un  objeto  común. En esta comparación

 

 

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la veatija  se pronuncia por Grecia. Nadie dada  que, en  el interior de  Atenas, Lacedemonia y Tebas, aun­que la historia  nos  manifiesta en ellas bastante frecnen- tes iniquidades, hubo mucho mas orden, seguridad j justicia que  en las repúblicas de Italia. Ved sin*embar­go cuán corta ha sido la vida  política  de  la  Grecia, qué  principio de  debilidad existia en esta division de territorio  y de poder. Asi que  la Grecia estuvo en con­tacto  con los grandes estados  sus  vecinos,  con la  Ma­cedonia y Roma, sucumbió.  Estas  pequeñas repúblicas tan  gloriosas y florecientes, no han sabido coligarse para resistir.  ¡Con cuánta mas razón debia suceder otro tantoála Italia,  en donde  la  sociedad y razón huma­na  estaban mucho  menos  desarrolladas, mucho mente fuertes que  entre  los griegos!

Si la  tentativa de  organización  republicana tenia tan pocos visos de duración en Italia en donde había triunfado, en donde habia sido vencido el régimen feudal, fácilmente  presumiréis que mucho  mas pronto debió sucumbir en las  otras partes de  Europa. Voyáindicaros rápidamente sus destinos.

Habia una parte de  la Europa que  se asemejaba mu­cho á la Italia, al mediodía de la  Francia, y álas provincias  de España sus fronterizas, Cataluña, Na­varra y Vizcaya. Aquí las ciudades habían, adquirido igualmente  un  gran  desarrollo,  importancia y riquezas. Muchos señores feudales de cortas  posesiones hicieron alianza  con  los  plebeyos; una parte del clero abra­zó también  su causa, y  el  pais  se  hallaba en  una  situa­ción bastante análogaála de  Italia. Igualmente  en  el decurso del  siglo XI  y principios  del X II, las ciuda­des  de  Provenza, Languedoc y Aquitania, tendíanáto­mar un  vuelo  político,áformarse en  repúblicas inde­

 

 

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pendientes, como en  la otra  parte de los Alpes. Mas el mediodía  de la  Francia estaba  en  contacto con una feudalidad  muy fuerte: con la del norte. Llegó la here- gía de los albigenses. Rompióse la guerra entre la Francia feudal y la municipal.  Ya  sabéis  la historia de la cruzada contra los albigenses mandada por Simón deMonfort. Fue  la lucha del feudalismodel norte con­tra la tentativa  de organización democrática del medio­día. A pesar  de los esfuerzos  del  patriotismo meridio­nal , el  norte alcanzó la  victoria; la  unidad política fal­taba al mediodía , y la  civilización nq estaba  bastante adelantada  para  que  los hombres  supiesen  suplirla  con la uuionéinteligencia. La tentativa de organización re­publicana  fue  vencida,  y la cruzada  restableció en el mediodía  de la  Francia  el régimen feudal.

Mas tarde  la empresa republicana  alcanzó mejor  su efecto  en las  montañas  de la  Suiza. Aqui  el teatro era mas estrecho; solo  se había de combatir contra un  so­berano estrangero, el cual aunque disponía de una fuerza  superiorála  de los suizos, sin  embargo  no  era udo de  los  monarcas mas  temibles de la Europa. La lucha se  sostuvo con mucho valor. La nobleza feudal suiza se  alió  en su mayor  parte con las ciudades;  po­deroso socorro  que alteró sin embargo la naturaleza de  la revolución  que sostuvo,  y la  imprimió un carác­ter mas aristocrático  y mas inmóvil del que parecia deber llevar.

Paso al  norte  de  la  Francia,á los comunes de Flan- des, de  las  orillas del Rin  y de  la Liga anseática. La

organización democrática triunfó  completamente en el interior  de las  ciudades; con todo se conoce  desde  su

origen,  que  no  ha  sido  destinadaá estenderse,á to­mar  posesion  de la  sociedad entera. Los comunes del

 

 

2 5 4    c u rs o

norte se  vieron  rodeados, estrechados de tal manera por el feudalismo  y señores soberanos,  que tuvieron que  estar constantementeála defensiva. Es claro que cuando  se  defendían, bienómal como podian,  no es­taban en disposición de emprender  conquistas. Con­servan  sus  privilegios, pero permanecen  confinados en sus  murallas:  aqui dentro se encierra y reprime la or­ganización  democrática; jamas se la encuentra cuando uno  hace una incursión por el pais.

Veis,  señores, cuál  era el estado de  la tentativa re­publicana ;  en Italia  triunfante,  mas con pocas espe­ranzas de permanencia y progreso; vencida en el me­diodía de la  Galia;  victoriosa  en un  pequeño teatro en las  montañas de la  Suiza; y en el  norte, en las  comu­nidades  de  Flandes, del Rin y de la -Liga anseática, condenadaáno salir  del recinto de  sus muros. Aun­que en un estado evidentemente inferior en fuerzas con  respectoálos demas elementos de la sociedad, ins­piraba  un pánico  terrorála  nobleza feudal. Los seño­res envidiaban la  riqueza  de las  comunidades, temían su poder;  el espíritu  democrático penetró en los cam­

pos; las  insurrecciones de los campesinos eran mas frecuentes  y obstinadas. Formóse en el  seno  de la no­bleza  feudal de casi  toda la Europa  una  gran  coalicion contra los comunes. El partido era desigual; las co­munidades estaban  aisladas, no tenían inteligencia ni correspondencia entre sí; todo  era  meramente local. Bien es verdad que existia  entre los  plebeyos de  dife­rentes países, cierta simpatía; las  victoriasó reveses de  las ciudades  de Flandes  en  lucha  con los duques de Borgoña escitaban una viva  emocion en las  poblaciones francesas, mas  esta sensación  era  pasagera  y sin resul­tado ;  no  se estableció ningún vínculo, ninguna unión

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  2 5 5

verdadera; los  comuneros no se  prestaban .fuerzas los unosálos  otros. La  feudalidad tenia inmensas venta­jas sobre ellos; sin embargo, también divididaéincon­secuente , no pudo destruirlos. Despues de haber  guer­reado  cierto tiempo,  cuando se adquirió  la convicción de que era  imposible  una completa  victoria, fue pre­ciso  consentir en reconoceráestas pequeñas repúblicas de pecheros, tratar con ellas, y recibirlas comoámiembros del  Estado. Entonces empezó un nuevo or­den de cosas, una  nueva tentativa de organización po­lítica : la  tentativa de  organización  mixta que tenia por

objeto conciliar y hacer vivir juntos, á pesar de su profunda hostilidad,átodos los elementos de la so­ciedad,ála nobleza feudal, comunidades, clero y soberanos. Me falta todavía hablaros sobre este par­ticular.

Ninguno de vosotros  ignora, señores, lo que eran en Francia  los  estados generales, las  Cortes de España y Portugal, el  parlamento en Inglaterra, y los esta­dos en Alemania.  Sabéis igualmente cuales eran los ele­mentos de estas  diferentes asambleas: la nobleza feu­dal , el  clero  y los comunes se acercanáellos para lo­grar unirse  en  una sola  sociedad,  en un mismo estado, bajo  una  misma  ley, bajo un  mismo poder. La  misma tendencia, los mismos  designios bajo diversos nom­bres.

Tomaré por  tipo  de esta tentativa el suceso que mas nos  interesa,  y nos es mas conocido : los  estados generales en Francia. Digo que conocemos mas este suceso,  señores,  y sin  embargo el nombre de estados generales estoy seguro  que no  dispierta en vuestra  al­ma  mas que algunas ideas vagaséincompletas. Nadie podría decir, qué cosa habia  fija, regular, en  ellos,

 

 

356      c u b so

cuál era el número  de sus miembros, cuáles los ob­jetos de  deliberación,  cuáles las  épocas  de su convo- cacion, y la  duración de sus sesiones: nada se sabe; es  imposible  sacar de  la  historia ningún resultado cla­ro, general ni permanente sobre  este asunto. Si uno se hace cargo del carácter de esas asambleas en la historia  de Francia, aparecen como puros accidentes, como  un mal andar  político tanto  para los  pueblos  co­mo  para los  reyes; mal andar para los  reyes cuando no tenían dinero,  ni sabían cómo  salir de un  paso em­barazoso y  difícil; mal  andar  para  el pueblo cuando el mal se hizo tan grande que  no  se sabia qué remedio aplicarle. La nobleza asisteá los estados generales; el clero toma igualmente parte en  ellos; mas lo ha­cen  con indiferencia, pues conocen que  no estriba en esto  su gran medio de acción, que no es aquella cir­cunstancia la  que les hará tomar parte en el gobierno. Los pecheros tampoco son  muy aficionados áseme jan­tes reuniones, porque no es un derecho que tienen empeño en ejercer, sino el cumplimiento de una ne­cesidad :  ademas 7 considerad cuál  es  el  carácter  de la actividad política  de estas  asambleas. Tan  pronto eran enteramente insignificantes,  como terribles. Si  el  rey era el  mas fuerte,  su humildad y docilidad eran es­tremadas; si  la situación de la corona era  deplorable, si necesitaba absolutamente de los estados, entonces se  convertían en facciones; se hacían instrumentos óde alguna intriga aristocrática,óde algún ambicioso que  los capitaneaba. En una palabra: tan pronto eran unas  asambleas de notables, como una verdadera con­vención. Sus obras casi siempre mueren con ellos, prometen, ensayan mucho y no  hacen nada. Ninguna de las grandes medidas que han obrado verdadera-

 

 

DE      H18T01UA    MODEItfA.    2 5 7

mente sobre la sociedad francesa, ninguna reforma importante en el gobierno,  en la  legislación  ni en la administración ha  dimanado  de  los  estados generales; con todo, no  debemos creer que hayan  dejado  de te­ner alguna utilidad 6 resultado; han  tenido un efec­to moral en  que generalmente se  ha parado poco la atención; han sido de época en época una protesta contra  la servidumbre política, una  violenta  proclama de ciertos principios  tutelares, por ejemplo, la  de que el  pais tiene  derecho  de votar  sus  impuestos, interve­nir  en  sus negocios,  imponer una  grave responsabili­dadálos  aígentes del  poder. Los  estados generales han contribuido póderosamenteáque estas máximas no ha­yan jamas  perecido en  Francia, y no es un pequeño servicio el que  se haceáun  pueblo manteniéndole en sus costumbres, avivando en su  pensamiento  los re­cuerdos y  esperanzas de libertad. Los  estados generales han tenido esta virtud,' mas nunca han sido un ine-^ dio de  gobierno,  ni entrado en  la  organización políti­ca; jamas  han  alcanzado  el objeto para que habían si­do  formados, es decir, la fusión en un solo cuerpo de  las diferentes sociedades que se dividian el pais.

En España y en  Portugal las  Cortes  ofrecen el mis­mo resultado. Sin embargo, hay mil  circunstancias di­ferentes. La  importancia  de  las  Cortes  varia según los reinos y los tiempos; en Aragón, en  Vizcaya, fue­ron mas poderosas,  y convocadas con  mas frecuencia en medio de  los  debates  de la sucesióná la coronaóde las  luchas contra  los  moros. En ciertas Cortes, por ejemplo, en  las  de  Castilla  de 4370 y 4373, no fue convocado el clero  ni la nobleza. Hay muchos sucesos imprevistos en que deberíamos poner atención, si mirásemos muy  de  cerca  los  acaeciinienloá. Mas en la

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generalidadáque me veo precisadoálimitarme,  se puede decir  de las Cortes, como de los estados gene­rales de  Francia, que fueron un accidente  en la his­toria; y jamas un sistema, una organización  política,

un medio         regular de gobierno.

El destino de la Inglaterra ha sido diferente. No entraré en  detalles  sobre el particular. Algún dia me propongo  dedicarme particularmente ála vida políti­ca de esa nación; hoy me  contentaré con deciros al­go  sobre las  causas que  la  dieron  una dirección dife­rente  del resto  del continente.

Primeramente,  en Inglaterra  no  existían esos vasa­llos poderosos, esos  súbditos en estado de luchar per­sonalmente contra la magestad real. Los barones y los señores ingleses  se vieron obligados desde  sus prin­

cipiosáformar  una  coalicion  para resistir en común. Asi es que en la alta aristocracia ha prevalecido el principio  de la  asociación, y las costumbres verdade­ramente políticas. Ademas, la feudalidad inglesa, los poseedores  de cortos feudos, se vieron obligados por una  serie  de sucesos  que  hoy no me  detendréáespli- car,áreunirse con  los plebeyos ,ásentarse con ellos en  las cámaras  de los  comunes; las cuales poseyeron de  esta manera  una fuerza muy superior á la de las comunidades continentales, un poder verdaderamente capaz de  influir en el  gobierno  del pais. Hé aqui cuál era el estado del parlamento británico en el siglo XIV : la cámara  de los  lores era  el gran consejo del rey, consejo verdaderamente  asociado al  ejercicio del poder. La cámara de los  comunes, compuesta de  di­putados , de  reducidos poseedores  de feudos y de ple­beyos, casi  no  tomaba ninguna parte en el  gobierno propiamente tal,  pero  establecía  derechos,  y defendía

 

 

DÉ      HISTORIA     MODERNA.  2 5 9

enérgicamente los  intereses particulares y locales. El parlamento, considerado en  su conjtinto, aun no go­bernaba , mas ya era  una institución regular, un medio de gobierno  adoptado  por principios, y muchas veces indispensable  en el  hecho. La tentativa de reconcilia­ción  y alianza entre los  diversos elementos de la so­ciedad para formar  de ellos  un solo cuerpo político, un verdadero estado, se habia logrado en Inglaterra mientras habia abortado en  el resto  del continente.

Solo diré una palabra en cuantoá la Alemania, yúnicamente para indicar el carácter de su historia. Aqui se han seguido con muy poco ardor las  tentativas de fusión, de unidad,  de organización política  general. Los elementos sociales permanecieron mucho mas  dis­tintos, mas  independientes que en  el resto de  Europa. Si se necesitase  una  prueba  de  ello  se  encontraría has­ta en  los tiempos modernos. La Alemania es el solo país  de Europa en donde  la elección feudal  tomó par­te por  largo tiempo para la creación de la dignidad real. No  hablo de la  Polonia, ni de  las naciones escla­vonas, que  han  entrado tan tarde en el sistema de la

organizacipn europea. La Alemania es igualmente elúnico pais  de Europa en donde quedaron soberanos eclesiásticos, el solo  que  conservó las ciudades libres teniendo una existencia, una verdadera soberanía polí­tica. Es claro  qué la tentativa de fundir en una sola sociedad  los elementos  de  la  sociedad europea primi­tiva , tuvo aqui mucha menos actividad y efecto que en  las demas partes.

Acabo, señores, de  ponerávuestros ojos las gran­des  pruebas  de organización política intentadas en Eu­ropa  hasta el  fin  del siglo XIV y principios del XV. Habéis  visto estrellarle todas. He pretendido indicar

 

 

2 6 0    C l'M O           SB       HISTORIA     MODMNA.

de paso las  causas de este  mal efecto,  yádecir ver«dad se  reducenáuna sola. La  sociedad  no estaba bas­tante adelantada  para prestarseála unidad; todo era en  ella todavía muy local, muy especial, estrecho, y diferente en las  existencias y en los  ánimos. No exis­tían  intereses,  ni  opiniones generales capces de do­minar  los  intereses y opiniones particulares. Los en­tendimientos  mas elevados, los mas atrevidos, no  te­

nían  ninguna  idea  de  administración  ni de justicia  ver­daderamente  pública. Se necesitaba con evidencia que una civilización muy activa, muy fuerte, viniera en un principioámezclar, á asemejar,á pulverizar por decirlo  asi en  una  masa, todos esos elementos inco­herentes ;  era  preciso que en primer lugar  se hiciera una poderosa centralización de intereses; leyes, cos­tumbres, y de  ideas; en  una  palabra se habia de crear un poder  y una opinion  pública. Llegamosála época en  que este  trabajo  al  fin se  ha consumado. Sus  pri­meros síntomas, el estado de los ánimos y costumbres durante el siglo XV, su tendencia bácia la formación de  un gobierno central, y de una opinion pública, será  el objeto de nuestra siguiente  lección.

 

 

LECCION      XI.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Señores:

Ya llamamos á la puerta de la  historia  moderna propiamente dicha,ála  de  esta sociedad que es la nuestra, cuyas instituciones, opiniones  y costumbres, eran hace cuarenta años las  de  la  Francia, son  aun  las de  la  Europa, y ejercen todavía sobre  nosotros,ápe­sar  de  la metamorfosis que nos ha  hecho sufrir nues­tra revolución, una poderosa influencia. En el siglo X V I,  como ya os  he  dicho,  empieza la sociedad mo­derna. Antes  de entrar  en ella, os ruego  que os  acor­déis  del  espacio que ya hemos  recorrido, de  los  cami­nos por  los cuales hemos pasado. Hemos  desmenuza­do , en  medio  de  las  ruinas del imperio  romano, todos los  elementos sociales de  nuestra Europa; les hemos visto distinguirse, engrandecerse, cada uno por su cuentaéindependientemente. Reconocimos en la pri­mera época de la historia, la constante tendencia de es­tos  elementosá la separación, al aislamiento,á una existencia local y especial. Apenas pareció haberse logra­do el  objeto, apenas la feudalidad, los comunes, el  cle­ro,  tomaron cada uno su forma y lugar distinto, que al

 

 

262      CURSO

momento hemos visto en  ellos una tendenciaárecon-»ciliarse,áreunirse,áformarse en sociedad general, en  cuerpo  de nación y gobierno. Los diferentes países de Europa para  llegaráeste resultado,  se dirigieronátodos  los diversos sistemas  que coexistían  en su  seno; pidieron  el principio  de unidad social, el vínculo po­lítico  y moralála teocracia, ála aristocracia, á la democracia  yála  dignidad real. Hasta  aqui todas las tentativas fueron  infructuosas, ningún sistema, ningu­na influencia pudo apoderarse de  la sociedad, y asegu­rarla por su  imperio un destino verdaderamente polí­tico.  Encontramos  la causa de este  mal resultado en la falta  de  intereseséideas generales;  nos hemos conven­cido de que aun todo era  muy especial,  individual, local j  que era preciso un largo  y poderoso trabajo de centralización  para que  la  sociedad pudiera estenderse

y cimentarse al mismo tiempo, hacerse grande y re­gular , objetoáque necesariamente aspira. En este es­tado dejamosála  Europaáfines  del siglo XIV.

Mucho le costó hacerse cargo  de ello, como os lo he manifestado. No sabia lo  que le  faltaba, lo  que bus­caba. Sin embargo  se  dedicóá inquirirlo como si lo hubiese comprendido perfectamente. Concluido el si­glo XIV , despues  del mal resultado de todas  las gran­des tentativas de  organización política, la  Europa en­tró naturalmente  y como  por instinto  en  el  camino de la centralización. El  carácter  del  siglo XV fue el que tendió constantementeáeste resultado,ácrear intere­seséideas  generales,á hacer desaparecer el espíritu de especialidad, de localidad;á reunir, ájuntar las existencias  y los espíritus , y en fináproducir lo  que hasta  entonces solo habia aparecido en miniatura, esto es, pueblos y gobiernos.

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  2 6 3

La esplptacioñ  de este  suceso  pertenece álos siglos XVI y XVII ;  habiéndose preparado en el siglo  XV. Esta preparación, este  trabajo sordo y oculto de  cen­tralización, ya en las reuniones sociales, ya en las ideas, trabajo hecho sin  premeditación, sin designio, por el  curso  natural  de los  acontecimientos, es  al  que hoy nos  vamos a dedicar.

Asi, señores, el hombre adelanta en la ejecución \íie un plan que no ha concebido, ni conoce; es  artífi­ce inteligente  y libre  de  una obra  que  no es  suya;  no la  comprende  ni conoce su mérito hasta mas tarde,

hasta  que se manifiesta por el esterior, con el trage de la realidad; y  aun  entonces la  concibe muy incom­pletamente.  Sin  embargo ella se efectúa por el hom­bre, por el desarrollo de su  inteligencia y libertad. Fi­guraos una gran máquina cuyo pensamiento reside en  un  solo espíritu, y cuyas piezas están  confiadasádiferentes operarios, diseminados, desconocidos el  uno del otro; ninguno  de ellos conoce el conjunto de la

obra, ni  el resultado definitivo  y general á que con­curre; cada uno ejecuta  sin embargo con inteligencia y libertad, por  actos racionales y voluntarios, la par­te  que  se le ha encargado. Asi  se  practica, por la  ma­no de los hombres, el  plan que la providencia ha  traza­do  al  mundo. Asi coexisten los dos hechos que res­plandecen en la historia de la civilización : por una par­te , lo  que  ella tiene  de  fatal, lo  que escapa ála  cien­cia y voluntad  humana;  por la  otra, el papel que re­presentan  en ella  la libertad y la inteligencia  del  hom­bre, lo  que  este pone  de sí  porque asi lo piensa y quiere.

Para comprender oon  perfección el  siglo XV, para hacernos un cargo exacto y claro de este proscenio,

 

 

264      craso

por decirlo  asi,  de la  sociedad moderna, distinguire­mos  las diferentes  clases de hechos. Primero exami­naremos los  sucesos  políticos, las variaciones  que han tendidoáformar nacionesógobiernos. De aquí pasa­remosálos hechos morales. Veremos los cambios  so­brevenidos  en las ideas, en las  costumbres, y presen­tiremos  las  opiniones generales que se prepararon des­de entonces.

En cuanto á los hechos políticos, para  proceder sencillamente y pronto, voyárecorrer todos los pai- ses de  la  Europa, y ponerávuestra consideración  lo que  el siglo XV ha  hecho  de ellos, en  qué  estado  los tomó y  dejó.

Empezaré  por la Francia. En la última mitad del siglo XIV y en la primera  dél  XV, tuvieron  lugar co­mo sabéis las grandes guerras  nacionales  contra  los in­gleses  : fue la época  de la  lucha empeñada por la in­dependencia  del territorio y nombre francés contra una dominación estrangera. Basta abrir  la historia  para ver con  qué ardor,ápesar  de una  multitud de disen­siones  y de traiciones,  todas  las  clases  de la sociedad francesa  concurrieronáeste  combate, qué  patriotismo se  apoderó  entonces de la nobleza feudal, de los ple- bleyos, y hasta de  los campesinos. Aunque no*  hu­biera mas  que  la historia  de  Juana  de Are, para ma­nifestaros el carácter popular de este acaecimiento, seria una prueba mas  que suficiente. Juana  de  Are sa­lió del seno  del  pueblo; siendo inspirada y sostenida por los  sentimientos, por  las  creencias, por las simpa­tías populares, fue  mirada  con desconfianza, con iro­nía y aun con enemistad por  los cortesanos, por los gefes del ejército , pero contó siempre con los solda­dos  y el pueblo. Los  campesinos  de  la Lorena la en­

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  2 6 5

viaron  al         socorro            de los   plebeyos          de Orleans.      Ningún

otro  acaecimiento hizo  estallar mas el carácter popu­lar de esta  guerra,  y el sentimiento que por  ella tenia

todo     el         pais.

Asi  empezóáformarse  la nacionalidad francesa. El carácter feudal  dominó  en Francia hasta  el reinado de los  Valois; la nación,  el espíritu, el  patriotismo fran­cés  no existían aun. Con los  Valois  empieza la  Francia propiamente dicha; en  el curso de las guerras,  entre los  vaivenes de su destino, fue cuando por primera vez la nobleza,  los  plebeyos y campesinos se  unieron por un vínculo  moral, por un lazo de un nombre, de un honor  común,  de un mismo deseo  de, vencerálos es- trangeros. No busquéis todavía aqui ningún espíritu verdaderamente  político, ninguna  grande intención de unidad en  el  gobierno  y en las instituciones como hoy día las concebimos. La  unidad  de la Francia en estaépoca,  residia en su  nombre, en su honor nacional, en  la existencia  de una dignidad real, cualquiera que fuese, con tal  que no apareciese en ella ningún es- trangero. En este sentido la lucha contra los  ingleses ha  contribuido poderosamenteáformar la nación fran­cesa ,áimpelerla hácia  la unidad.

Mientras la Francia se reformaba moralmente de este modo, mientras  en  ella  se  desarrollaba el  espíritu nacional, también se constituía materialmente por  de­

cirlo asi,  es decir  que el  territorio se  estendia, se regu­laba y se fijaba. Este fue el tiempo de la incorporacion de la  mayor parte de las provincias  que hoy compo­nen  la  Francia. Bajo  Carlos  V I I , despues  de la  espul- sion  de los ingleses, casi todas las  provincias que estos

•habían  ocupado, como  la  Normandía, el  Angumés, leíTurena, Poitú, Santonge,  etc., se hicieron  definitiva-

3>t

 

 

906      c u b so

mente francesas.  Bajo Luis X I, diez  provincias  de las cuales tres se perdieron, y recobraron en seguida, también fueron reunidasá la Francia  : el Rosellon y la  Cerdaña, la  Borgoña,  la Picardía, Artois, la  Pro- venza, Anjou  y  el Perche, etc. Bajo Garlos VIII y Luis X II,  los matrimonios  suoesivos de  Ana con estos  dos reyes  nos dieron la Bretaña. Asi pues en la misma épo­ca y durante el curso de  los  mismos acaecimientos, el territorio y el  espíritu  nacional se formaban ála par; la Francia  moral y la  Francia material adquiríanála vez  fuerza  y unidad.

Pasemos de  la  nación al gobierno; veremos reali­zarse  hechos  de  la  misma naturaleza,  y  adelantaremos hacia  el mismo  resultado. Nunca habia «stado el  go­bierno  francés  mas desprovisto de unidad, de vínculo, de fuerza,  que bajo el reinado  de  Cárlos  V I, y du­rante  la primera  parte del  de Cárlos VII. A fines del de este,  todo  cambia de aspecto. Es  con evidencia un poder que  se constituye, estiende y organiza; todos los principales  medios de gobierno, los impuestos, la fuerza militar y la  justicia  se crean bajo una  vasta  es­cala ,  y con  alguna  unidad. Este fue el tiempo de la creación de las milicias permanentes, de las compañías de ordenanza,  como la caballería, infantería y arche* ros. Por medio  de  estas  compañías,  Cárlos  VII resta­bleció el  orden en las provincias desoladas por las exac­ciones  y demasías que  cometían  los  hombres  de  guer­ra ,  aun despues  de haberse concluido esta. Todos  los historiadores contemporáneos  ponderan  el maravillo­sa  efecto de  las compañías de ordenanza. En esta épo­ca  fue  cuando se hizo perpetuo el tributo de la talla que se imponiaá los  plebeyos  por  cabezas, y era unáde  las  principales  reatas del  rey;  grave atentado con-

 

 

DE      U8T0BIA       MODEBPfA. J 6 7

tra la  libertad  de los pueblos,  pero que ha contribui­do poderosamente á dar regularidad y fuerza al  go­bierno.  Al mismo  tiempo la administración de justicia, instrumento  grande  del poder, se estiende  y organiza, se multiplican los parlamentos; institúyense cinco  de ellos  en un corto espacio  de tiempo;  bajo  Luis  X I,  el de Grenoble en \ k54, el  de  Burdeos en  4J*62, y el de Dijon  en ; bajo el reinado  de Luis XII se crea­ron los parlamentos de  Rúan en  4^99  y el  de  Aix en 4504. También el  de París  tomó entonces  mucha mas importancia  y permanencia, ya para la administración de  justicia,  ya como encargado del gobierno de su ju­risdicción.

Asi con relaciónála fuerza militar,  impuestos y jus­ticia, es decir, con respectoálo que constituye su esen­cia , el gobierno en  el siglo XV adquiere en Francia un carácter  de regularidad,  de permanencia y unidad desconocido hasta entonces; el poder público toma de­finitivamente  el lugar  de los  poderes feudales.

Otro cambio  se efectuaba al mismo tiempo, una  va­riación menos  visible 1que ha parado menos la aten­ción  de los  historiadores, pero  que es  tal  vez mas im­portante ; lo que  Luis  XI operó  en  su  manera  de go­bernar.

Mucho  se ha hablado  de  la  lucha de Luis XI con­tra los  grandes del reino, de su humillación y amis­tad con los plebeyos y gente inferior. Lo que en esto hay de verdad,  aunque  se ha exagerado mucho sobre el particular,  es que la  conducta  que observó  Luis  XI con las' diferentes clases de la sociedad,  turbó  mas bien que  sirvió  al Estado. Pero todavía hizo cosas de mas gravedad. Hasta su  tiempo el gobierno apenas había  procedido mas que  por la fuerza, por  los  me-:

 

 

288      COMBO

dios materiales. La persuasión,  la  habilidad,  el  cuida­do  de manejar los ánimos, de dirigirlos hacia  miras particulares,  en  una  palabra, la política propiamente dicha, política falaz y de artimaña, al tiempo que  de contemplación y prudencia, poco  papel había hecho hasta entonces. Luis XI sustituyó  en  el  gobierno los medios intelectuales á los materiales, el ardidá la fuerza, la política italiana á la feudal. Tomad por ejemplo los dos hombres cuya rivalidad llena en aquella época las páginas de  nuestra  historia: Cárlos el Temerario y Luis  X I: Cárlos es el representante del antiguo  régimen  de gobierno;  solo  procede por  la vio­lencia , se vale  constantemente  de la guerra;  no  se ha­lla  en estado  de tomar paciencia, de dirigirseála razón de  los  hombres para hacer  de ellos el instrumento  de su  triunfo. Al contrario, el deseo  de  Luis  XI era  el de evitar el empleo de la fuerza, y apoderarse indivi­dualmente  de los hombres, por  medio de la conver­sación, por  el hábil manejo  de los  intereses y ánimos. Varió no las  instituciones ni el sistema estertor, pero sí  los  procedimientos secretos, la táctica del poder. Estaba reservado para  los  tiempos modernos intentar una  revolución todavía mas grande, trabajar para in­troducir asi  en los  medios como en  el objeto político, la justicia en lugar del egoísmo, la publicidad en lu­gar  de  la  reserva  y el  misterio. No es menos cierto que  ya era un  gran progresó renunciarávalerse con­tinuamente de la fuerza, yáinvocar  sobre  todo la su­perioridad intelectual, gobernar sobre los  ánimos , y no por  los  trastornos de  las  existencias. Asi es como empezó Luis XI en  medio de sus crímenes y faltas;ádespecho de su perversa naturaleza y por el solo mérito de su inteligencia  perspicaz.

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  2 6 9

De la  Francia pasoá España, en  donde  encuentro acontecimientos de la  misma naturaleza; también fue en el  siglo XV cuando se  formó  la  unidad  nacional de esta nación; entonces  concluyó la larga lucha  de los cristianos contra  los  árabes por la  conquista del reino de Granada. En España vemos también centralizarse el territorio;  por  el casamiento  de  Fernando el  Católi­co  con  Isabel,  los dos principales reinos, Castilla y Aragón se unen bajo el mismo poder. La dignidad real se estiende y consolida como en Francia, sir­viéndole  de apoyo unas instituciones mas severas, y que llevan nombres mas lúgubres  : en lugar de los parlamentos, se constituye  la inquisición. Esta en su germen ya contenia lo que fue despues, y lo que no fue  en sus  primeros pasos :  en  un principio se presen­tó mas bien política que religiosa, y destinada mas bienámantener  el  orden queádefender  la fe. La ana­logía anda mas  que las instituciones; encuéntrasela se­gunda  vez  hasta en las personas. Con menos  sutileza y agitación de espíritu,  con  menos actividad pelillosaé

impaciente,      el carácter y    gobierno de Fernando el Ca-

. tólico  era^ parecido al  de Luis XI. No  hago ningún  ca­so  de las  comparaciones  arbitrarias,  de las paralelas de imaginación : pero aqui la analogía es grande y tan manifiesta  en  los hechos generales como en los por­menores.

Lo mismo sucede  en  Alemania. A mediados del si­glo  XV  , en 4W38,  la  casa  de Austria  vuelve al  impe- rio , y con el poder  imperial  adquiere una permanen­cia  que jamas habia tenido : la  elección en  lo sucesivo apenas hará mús  que consagrar  la herencia en esta  na­ción. A fines del siglo XV, Maximiliano I funda  defi­nitivamente la  preponderancia de su casa y el ejercí-

 

 

1 7 0    CURSO

ció regular de la autoridad central; Carlos VII fue el primero que  creó  en Francia una milicia permanente para el mantenimiento del orden; Maximiliano,ásu ejemplo, también fue el  primero que  en sus estados he­reditarios logró el misiao  objeto por el mismo medio. Luis  XI estableció  los correos en  Francia, Maximilia­no I los  introdujo en Alemania. Eu todas  partes se es- plotan  los  mismos progresos de civilización  en prove­cho del  poder  central.

La historia de Inglaterra en el  siglo XV consiste en dos  grandes acaecimientos  : en el esterior, la lucha contra  la  Francia, en  el interior, la  de las dos Rosas, la guerra  estrangera, y la  civil.  Estas dos guerras  tan di­ferentes entre sí  tuvieron el  mismo resultado. La lucha contra la Francia fue  sostenida  con mucho ardor  por el pueblo ingles  y solo en favor  de la  dignidad real.  Es­te pueblo ya mas hábil  y fuerte  que  cualquiera  otro para defender sus fuerzas  y riquezas, entregó uno y

otroásus reyes sin cuenta ni  razón. Bajo el reinado de Enrique V fue  cuando un impuesto considerable, los  derechos  de aduana,  se concedieron  al rey duran­te su vida, y  desde principios  de su reinado.  Concluye la  guerra estrangera,  y coutinua solo la civil que se habia asociadoáella;  las casas  de  York  y Lancasterse disputan el trono. Cuando al fin llegó el término de sus sangrientos debates,  la alta aristocracia inglesa se vió  arruinada, diezmada, bien lejos de poder conser­var el poder que hasta entonces habia ejercido. La coalicion  de los grandes  barones  tampoco pudo gober­nar el trono. Los Tudor suben á él, y con Enrique VII en 4^85 empieza  la era de  la  centralización polí­tica,  el triunfo  de la potestad  real.

Este poder       no        se         estableció        en        Italia,álo          meaos

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  3 7 1

bajo su nombre verdadero, pero poco importaba en cuanto al resultado. En el  siglo  XV cayeron las repú­blicas ;  en  el mimo  lugar  en donde muere su nombre se  concentra el poder en manos de unaóde algunas familias, la vida  republicana espira. En el norte de Italia,  casi lorias  las repúblicas Lombardas desapare­cen comprendidas en el  ducado de Milán. En 4434 Florencia sucumbe al dominio de los Médicis. En

4464 Genova  se hace vasalla  del  Milanesado. La ma­yor parte de las repúblicas, grandes y pequeñas  , ce-

•den  su lugarálas casas  soberanas. Bien pronto empie­zan las  pretensiones de  los monarcas estrangeros sobre el norte y mediodía  de  Italia; por una parte sobre el Milanesado,  por la  otra sobre la posesion del reino deÑapóles.

A cualquier parte de  la  Europaádonde se dirijan nuestras miradas,  cualquiera época que consideremos de su historia, ya  se  trate de nacionesógobiernos en sí mismos, de instituciones ó territorios, por todas partes vemos próximosádesaparecer  los antiguos  ele­mentos, las  antiguas formas de la sociedad. Perecen las libertades tradicionales, elevándose poderes nue­vos, mas  regulares y concentrados. Este espectáculo de  la  caida  de  las antiguas libertades  europeas lleva en sí cierta sensación profundamente triste; en sus  tiem­pos inspiró sentimientos  los mas  amargos. En  Francia, en  Alemania, y sobre todo en Italia, los patriotas del siglo XV combatieron  con ardor, y deploraron con desesperación esta  revolución que  de todas partes  ha­cia  levantar  la estatua  de lo que tenian derecho para llamar  despotismo. Debemos  admirar  su  valor  y com­padecer su triste desgracia; mas también es preciso que  conozcamos que  esta  revolución no solo era ine-

 

 

* 7 4    CüllSO

vitable, sí  que también  útil. El sistema primitivo de la  Europa,  las  antiguas libertades feudales  y comuna­les no habian podido adaptarseála  organización  de la sociedad. Lo  que constituye la vida  social, es la segu­ridad y el progreso. Todo sistema que no procura el

orden en lo  presente  y el  movimiento en el porvenir, es  vicioso, y bien pronto se ve  abandonado  de todos. Tal fue en  el siglo XV la suerte-de  las antiguas formas políticas, y libertades europeas. Nunca pudieron ofre­cerála sociedad seguridad ni progreso. Tuvieron que buscarse en  otras partes, en  otros principios,  por otros medios. Este es  el  sentido de todos los hechos que acabo  de manifestaros.

Hubo  otro suceso en la  misma época, que ha ocu­pado un lugar  muy  interesante en la historia política de la  Europa. En el siglo XV empezaron á hacerse frecuentes, regulares  y permanentes las relaciones de los  gobiernos entre sí. Entonces se formaron por pri­mera vez esas grandes combinaciones de  alianza para la  pazópara la guerra,  que mas tarde han producido el sistema del equilibrio. La diplomacia empieza en Europa en el  siglo XV. Reparad  los sucesos,  y veréisáfines de este  siglo  cómo los papas, los duques de Milán, los venecianos, los  emperadores de Alemania, los reyes de España y Francia,se  reconcilian, nego­cian , se  ponen acordes, se unen y equilibran. Asi  en el momento en que Carlos VHI hacia su espedicion para conquistar el  reino de  Nápoles, una  liga podero­sa  se establece contra  él, entre la España, el papa y los venecianos. Algunos años despues,  en 1508, se for­ma  la  liga  de Cambrai  contra los venecianos. A esta se sucedió la Santa Liga  dirigida contra Luis  XII en 4511. Todas estas combinaciones nacieron de la  poli-

 

 

M        HISTORIA     MODEMA.    S7S

tica italiana, de la  envidia que tenían los soberanos de  diversas naciones, de poseer su territorio, del te­mor de  que uno de ellos .se apoderase  de  él esclusiva- mente,  y adquiriera  una escesiva  preponderancia. Es­te nuevo orden  de hechos fue muy favorable al desar­rollo de la  autoridad real. Por una parte,  es propio de la naturaleza  de las  relaciones esteriores de  los es­tados  el no poder ser conducidas mas que 'por una persona solaópor  un corto  número de individuos, y exigir  cierta  reserva;  por la otra, los pueblos tenían tan poca previsión que, se les  escapaban  las consecuen­cias de una combinación  de este género;  para ellos  no era un Ínteres  directo,  interior; poco se ocupaban de ello, dejaban tales acaecimientos abandonadosála dis­creción  del poder central. Asi  fue como la  diplomacia al  nacer cayó  en las manos de  los  reyes, prevalecien­do  la idea  de que les pertenecía esclusivamente, que el pais, aunque  libre,  con  derecho de votar sus im­puestoséintervenir en  sus  negocios,  no  era llamadoámezclarse  en lo  interior; esta  idea,  repito, se  estable­ció en toda  la Europa, como un principio convenido, como una máxima de derecho común. Leed  la historia de 'Inglaterra  en los siglos XVI y X V II, veréis quépoder tiene  esta  idea,  qué  obstáculos ha opuestoálas libertades inglesas bajo el reinado de „Isabel, de Jaime  I y Cárlos I. La paz, la  guerra, las relaciones comerciales,  todos los  negocios esteriores pertenecená la prerogativa real, y se establecen siempre en

nombre del príncipe, asi como el poder absoluto se defiende  contra los derechos del  pais. Los pueblos al tratar  de  esta prerogativa guardan una gran timidez; timidez que les ha costado tanto mas cara, cuanto desde  la época en que  vamosáentrar, es decir, en  el

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37 f      craso

siglo XVI, la  historia de Europa es esencialmente di­plomática. Las relaciones esteriores fueron durante cerca tres  siglos el suceso importante de la historia. En el interior los paises se regularizan, el gobierno in­terior,álo  menos  en  el continente, no ha ocasionado aquellos violentos sacudimientos, ni  absorbe  ya la ac­tividad  pública. Las  relaciones esteriores, las guerras, las  negociaciones, las alianzas,  son las que llaman  to­da la atención,  y llenan todas las páginas de la histo­ria;  de suerte que la parte mas  lata del destino de los pueblos se encuentra  abandonadaála prerogativa real, al  poder central.

Imposible es que  sucediera de  otro modo. Es pre­cisó  un gran progreso  de civilización, un gran desar­rollo en  la  inteligencia  y usos políticos, para que el pueblo  pueda intervenir  con  algún resultado en nego­cios  de este  género. Desde el  siglo XVI al XVIII, los pueblos  estaban  bien lejos  de ser capaces de ello.  Ved lo  que pasó bajo el  reinado  de Jaime I en Inglaterra al  principio del  siglo XVII. Su yerno, el elector  pala­tino, elegido  rey  de Bohemia, babia  perdido su coro­na y  sido  despojado de sus estados hereditarios  del Pa- latinado. El protestantismo entero estaba interesado en su causa,  y áeste título  la Inglaterra tenia un vi­vo Ínteres. Hubo un  levantamiento en la opinionpú­blica para obligar  al rey Jaimeá tomar el partido de su  yerno,  y hacerle recobrar  el Palatinado. El parla­mento pidió la guerra con furor ofreciendo cuantos medios fuesen  necesarios para sostenerla.  Jaime  no se alteró por esto, eludió la  idea, hizo  algunas  tentativas de negociación, envió  algunas tropas á Alemania, y despues se presentó al parlamento  diciendo  que le fal­taban  nuevecientas mil  libras esterlinas  para sostener

 

 

BE       HISTORIA     MODERNA.  2 7 5

la lucha con alguna esperanza de buen éxito. No se creyó ni era en efecto exagerado  su  calculo. Mas  el parlamento  retrocedió de sorpresa y espantoála  vista de tal  cantidad,  votandoáduras penas setenta  mil li­bras  esterlinas  para  restablecer  un príncipe, y recon­quistar un pais que estabaátrescientas leguas do In­glaterra. Tal era  la capacidadéignorancia política del pueblo en  semejante  materia; obraba sin conocimiento de  los  hechos,  sin gravarse con ninguna responsabili­dad. No estaba por consiguiente  en  estado de  interve­nir de una  manera  regular y eficaz. Esta es la primera causa  que  hizo  caer entonces las relaciones esteriores en manos  del  poder  central;  este era el  único  que  se hallaba  en estado de  dirigirlas, no digo por el bien público, pues frecuentemente estuvo este muy distan­te de  ser  consultado, sino  que podia hacerlo con al­guna  consecuencia  y buen  sentido.

Ya  lo veis, señores;  bajo cualquier punto de vista que se nos presente  la historia política de la Europa en  esta época;  ya se  fijen  nuestras miradas  en  el  esta­do interior  del pais,  en  las  relaciones de las  naciones entre  sí; ya  consideremos la administración de la guer­ra ,  de la  justicia  y de  los impuestos, en todas par­tes  encontraréinos el mismo carácter; siempre vere­mos la  misma tendenciaála  centralización, ála uni­dad ,ála formación  y preponderancia de los  intereses generales, de los  poderes públicos. Aqui está el traba­jo  oculto del siglo XV, que no nos ha dado todavía ningún  resultado aparente, ninguna  revolución  propia­mente dicha en  la  sociedad, pero  que las prepara  to­das. Voy áponerávuestra consideración hechos de

otra naturaleza, sucesos  morales, sucesos  que se refie­ren al desarrollo del espíritu humano, ideas genera*

 

 

5 7 6    c ra a o

les. Aquí  encontraremos también  el mismo fenómeno, llegaremos al mismo resultado.

Empezaré por un  orden de acaecimientos que nos han ocupadoá menudo, y que bajo  formas las mas diversas  ha tenido siempre  un gran lugar en la historia de Europa, por los  hechos  relativosála iglesia. Hasta el siglo XV no  hemos visto  en Europa mas  ideas ge­nerales , poderosas, obrando verdaderamente sobre las masas,  que las  religiosas; solo la  iglesia estaba investi­da  del poder de arreglarlas, promulgarlas y prescri­birlas. Es verdad que  algunas veces  se  formaron ten­tativas de  independencia  y separación, y que  la iglesia ha  tenido mucho trabajo  para vencerlas. Sin embargo,

•hasta ahora  lás ha vencido; las creencias condenadas por  la iglesia no tomaron posesion  general y perma­nente del  espíritu de  los pueblos;  los mismos albigen- ses fueron  destruidos. La discordancia en los pareceres, la  lucha fue continua en el  seno de la iglesia, mas  sin un resultado  claro  y decisivo. A principios del siglo XV, se anuncia uii hecho  bien diferentej ideas nuevas, una  pública necesidad, manifiesta, de  variación y re­

forma , agitan ála iglesia. El fin del  siglo XIV y el principio  del  XV fueron señalados por el gran cisma de occidente, resultado de la traslación de la  Santa SedeáAvignon, y de la creación  de dos papas, el uno en  Roma, y el otro en  Avignon.  El combate  de estos dos  Sumos  Pontífices es  lo que se llama el  gran cisma de occidente. Empezó  en \ 378. En 4409 queriendo el concilio de Pisa poner un términoáesas disensiones, depusoálos dos papas, nombrando un tercero,áAle­jandro V. Lejos  de  apaciguarse, el  cismase aumenta:

ahora  hay tres papas. Eli desorden y el abuso  van  en aumento.  En i k i h se reúne el  concilio  de Constanza

 

 

DE      HISTORIA     HO DBUU.    5 7 7

áinstancias del emperador Segismundo. En él  se pro­pone  una  cosa  enteramente  diferente,  no se pretende nooibrar un nuevo Soberano Pontífice, sino la reforma de la iglesia. Al principio se proclama la indisolubilidad del concilio universal, su  superioridad sobre  el poder de los  papas; tómase  con  empeño la empresa de hacer prevalecer  estos principios en  la iglesia,  y de reformar los abusos  que  habian introducido en  ella, sobre  todo con respectoálas exacciones  con que la  corte de Roma se procuraba  dinero. Para lograr  este objeto, el  concilio nombra  lo  que  nosotros  llamaremos una comision de información, es  decir, un colegio reformador, com­puesto  de  diputados del mismo  seno elegidos  entre las diferentes naciones; este colegio estaba encargado de indagar cuáles eran  los  abusos  que  manchaban  la igle­sia , el  modo  de  remediarlos,  y de hacer  una relación al concilio para que dispusiese los medios de ejecución. Mas  mientras este se  ocupaba en semejante tarea, se le  propuso  la cuestión  de saber si  podía  procederála reforma de  los  abusos sin la  participación visible del gefe de la iglesia, sin la. sanción del papa. La negativa triunfa por la influencia del partido romano sostenida  por varones honrados  pero tímidos; el  conci­lio  en  \ M7 elige un nuevo  papa,áMartin  V. El Su­mo  Pontífice fue encargado de presentar por su parte un  plan  de reforma  de  la  iglesia. Este no fue aproba­do, el  concilio se separa. En un  nuevo concilio se convoca  en Basiléa con el mismo  objeto, el cual volvióáemprender el trabajo reformador del  concilio de  Constanza; sus efectos no fueron  mas ventajosos. El cisma estalla tanto  ep el  interior de la  asamblea co­mo  en la  cristiandad. El papa transporta á Ferrara el concilio de Basiléa, y despuesáFlorencia. Una  parte

 

 

2 7 8    ctbso

de prelados rehúsa obedecerle y permanece en Basiléa:

del mismo modo  que hace poco habia dos papas  aho­ra hay dos  concilios. £1 de Basiléa continua en sus proyectos de reforma,  nombraáFélix V por su Sobe­rano  Pontífice, al cabo  de algún tiempo se  transporta¿Lausana, y se  disuelve  en  4HU9  sin haber adelantado nada. De  este modo triunfó la magesurd papal, que­dando en posesion  del campo  de batalla  y del  gobier­na de  la iglesia :  el  concilio no pudo realizar su em­presa , mas  hizo cosas sin saberlo que  le sobreviven. En  el  momento en que el  concilio  de Basiléa abortó en sus  tentativas de reforma, algunos  soberanos se apro­vecharon de  las  ideas  que proclamó, de las  institucio­nes que aquel habia indicado. En Francia, y con los de­

cretos del concilio  de  Basiléa,  Carlos VII redacta la pragmática sanción que proclamó en Bourges en 4438, y por ella se  consagra  la elección de los obispos, la  su­presión de las anatas, y la  reforma de los principales abusos introducidos en la iglesia. Esta pragmática sanción fue declarada  ley  de  estado  en Francia. En Alemania la dieta de  Maguncia la adopta en 4M 9, haciendo igual' mente  de  ella una ley para  el imperio germánico. Lo que  el  poder  espiritual intentó sin resultado, el tem­poral  parece estar  decididoáalcanzarlo.

Nuevo  contratiempo para  los proyectos reformis­tas. Asi como se estrellaron todos los esfuerzos del concilio, asi se estrella también  la pragmática: poco tiempo  tardóáperecer  en Alemania; la  dieta  la  aban­dona en m J*8 en virtud  de una  negociación con Ni­colás V ; Francisco  I se deshace igualmente de ella, sustituyéndola su concordato  con León X. La  refor­ma de los  príncipes  no tuvo mejor resultado  que la del  clero; mas  no creáis que pereció  enteramente. Del

 

 

DB      SUTORIA      MODKRltÁ.  1 7 0

mismo modo que el concilio hizo  cosas que le han sobrevivido, asi también la pragmática sanción tiene

efectos que la  hacen inmortal,  y harán un gran papel en  la historia moderna.  Los principios del concilio  de Basiléa eran poderosos y fecundo*. Se veian adopta­dos  y sostenidos por hombres superiores, y de  un  ca­rácter enérgico. Juan de Paris, Ailly, Gerson y tm gran número  de persona?  distinguidas del  siglo XV se declaran  sus  defensores. En vano se disuelve  el con­cilio; en  vano  se mira  abandonada la pragmática  san­ción ; sus  doctrinas generales sobre el gobierno de la iglesia, sobre  las reformas  que  debian necesariamente

obrarse,  echaron raices  en  Francia, se perpetuaron; pasaronálos parlamentos,  y se convirtieron en una

opinion  poderosa;  dandoáluz  primeroálos  jansenis­tas, despuesá los  galicanos. Toda esta serie de má­ximas  y esfuerzos que aspiranáreformar la iglesia, que empiezan  en el concilio de Constanza y termi­nan en las  cuatro proposiciones de  Bossuet, dimanan de la  misma fuente, y se dirigen al mismo objeto ; es el mismo hecho que  se ha transformado sucesiva­mente , que ha aparecido  cada  vez bajo diferentes as­pectos. En vano  se estrelló  la tentativa de reforma le­gal del siglo X V ; no por esto dejó de tomar su lu­gar en el curso de  la civilización,  ni ha dejado de ejercer  aunque  indirectamente una inmensa influencia.

Los concilios  tenian  razón  de perseguir la reforma legal, pues  ella sola era capaz de preparar una revo­lución. Casi  al  tiempo  que el  concilio de Pisa  intenta­ba hacer  cesar  el  gran  cisma de occidente y el con- cilip  de  Constanza pretendía reformar la iglesia, en Bohemia estallaron con  violencia las primeras tenta­tivas de reforma  religiosa popular. Los sermones y

 

 

180      CVMO

progresos  de Juan  Huss  datan desde  el  año de 440%,época ea que  empezóáenseñar  sus  doctrinas en Pra­ga. Hé aqui  dos  reformas qne  marchan  la una  junto ála otra, la primera en el mismo seno de la iglesia, intentada por  la  misma  aristocracia  eclesiástica, refor­ma sabia, embarazosa  y tímida; la segunda fuera de la  iglesia,  y contra  ella, reforma violenta, toda pasión. La  lucha  se  empeña entre estas dos potencias, entre estas dos ideas. El concilio llamaá Juan Huss y áGerónimo de  Pragaá Constanza,  y les condenaáser quemados como hereges y revolucionarios.  Estos su­cesos,  señores, hoy  dia nos  son  perfectamente inteli­gibles; entendemos muy bien esta simultaneidad de reformas  separadas, emprendidas la  una  por los. go­biernos, la otra por los  pueblos, enemigos los unos de  los otros, y por lo tanto  emanadas de la misma causa y tendiendo al mismo objeto, y finalmente que  aun  cuando  se hacen la  guerra concurren  al mis­mo resultado. Esto es lo  que  sucedió  en  el siglo XV. La  reforma popular de Juan Huss fue momentánea­mente  sofocada; la guerra  de  los  hussitas se empren­dió tres ócuatro años despues de la muerte de su maestro; fue de larga duración, violenta, mas al fin quedó  triunfante  el imperio. Como se había disipado la reforma de los  concilios,  como no se alcanzó el obje­to que  se pretendia,  no dejó de fermentar la reforma popular;.esperaba una ocasion, y  se le presentóáprin­cipios  del  siglo XVI. Si la reforma emprendida por los concilios  hubiese  alcanzado  sus designios, tal vez hu­biera sido un  obstáculo para la reforma popular. La unaóla otra debia  llegarácabo,  pues su coincidencia revela una  necesidad.

Hé aqui el estado en que el siglo       XV      dejóála Eit-

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  2 5 1

ropa en cuanto á creencias religiosas  : unu reforma aristocrática intentada  sin efecto,  una reforma  popular principiada, sofocada,  y siempre dispuesta á levantar la cabeza. Pero no era en la esfera de dogmas religio­sos  en  donde se  encerraba  la  fermentación del  espíritu humano. En el  decurso del siglo XIV, como sabéis, fue cuando la antigüedad  griega y romana se vio por decirlo asi  restaurada  en Europa.  Sabéis con qué am­biciosa  curiosidad  el  Dante, Petrarca  y Bocaccio y to­dos sus contemporáneos, buscaban los manuscritos griegos, latinos, los publicaban, divulgaban ,  y quéconniocion, qué transportes escitaban  los mas peque­ños descubrimientos de este  género. En medio de es­te movimiento empezó en Europa  una  escuela que ha representado en  el  desarrollo del espíritu humano un papel mayor  de  lo  que  ordinariamente se  le  atribuye:

la escuela clásica. Guardaos, señores, de dará esta palabra la  acepción  que tiene  hoy dia;  entonces no se trataba de un sistema ni de un  debate literario.  La  es­cuela clásica  de aquella época se llenó de admiración no solo por los escritos de los  antiguos,  Virgilio y Homero, sino  también  por toda la sociedad  antigua, por sus instituciones, opiniones, filosofía y literatura. Es preciso  convenir  en que  la antigüedad  con  respectoápolítica,  filosofía y literatura fue  muy superiorála Europa de  los  siglos XIV y XV. No es estraño  que haya  ejercido  un  imperio tan grande, y que  la  mayor parte de  los genios  elevados, activos, elegantes y de­licados, hayan abandonado las costumbres groseras, las ideas  confusas, las formas  bárbaras de su  tiempo, y  se hayan dedicado con pasión al estudio v  casi al culto de una sociedad á la vez mejor  regularizada y desarrollada. Asi se formaba esta escuela de libres

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292      craso

pensadores que aparece desde principios del            siglo XV,

y en  donde  se reunían  prelados, jurisconsultos y li­teratos.

En medio de este movimiento llegan los tiempos de  la toma de  Constantinopla  por  los  turcos, la  caida del  imperio  de oriente, y la invasión en Italia de  los griegos fugitivos. Ellos trajeronáesta un nuevo co­nocimiento de  la  antigüedad, innumerables manuscri­tos , mil nuevos  medios  de estudiar la civilización an­tigua. Ya podéis  pensar  qué nueva admiración, quésolicitud  animaríaála  escuela  clásica con  este motivo. En  aquella  época la  alta  iglesia, sobre todo la de Ita­lia, estaba en  el tiempo mas brillante de su desar­rollo , no  en cuantoápoder  político propiamente di­cho , sino en cuantoálujo, riquezas;  se  entregaba con

orgulloátodos  los placeres  de  una civilización elegan­te, ociosa,  al  gusto por las letras, por las  bellas artes, por los placeres sociales y materiales. Mirad, el género de  vida que llevaban los hombres de mas nombradía en  lo político y literario, la del cardenal Bembo por ejemplo,  y os sorprenderá la mezcla de sibaritismo y de entendimiento despejado, de costumbres ener­vadas  y audacia de espíritu  que se encuentran en él. Al recorrer esta época, cuandoáuno se le presenta el espectáculo de aquellas  ideas y estado de relaciones sociales,  parece encontrarse  en realidad en  Francia en el  siglo XVIII. Habia el mismo gusto  por el movi­miento de la inteligencia,  por los conocimientos nue­vos , por una vida dulce, agradable;  en una  palabra era  vivir  en un verdadero  estado de molicie y licen­cia ;  en una falta  de energía política y creencias mora­les, junto con una  sinceridad  y actividad de espíritu, singulares. Los  literatos  del siglo XV estaban, con res­

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  3 8 5

pectoá los  prelados de  la alta iglesia, en la misma relación que los letrados  y filósofos del siglo XVIII lo  están con  los señores principales; todos participa­ban de las mismas opiniones y costumbres , viyian buenamente  juntos, sin conocer el trastorno  que se preparabaásu  alrededor. Los prelados del siglo XV,ácontar por el cardenal  Bembo, no previeron me­jor la  aparición de Lutero y Calvino,  que  los cortesa­nos  la  revolución de  Francia. La  situación por  lo tan­to era muy análoga.

Tres grandes sucesos  se presentan  en  esta* época en el orden moral :  por una parte, la reforma eclesiásti­ca  intentada por la  misma  iglesia; por la otra una  re­forma religiosa, popular,  y finalmente una  revolución intelectual, que forma una  escuela de libres pensado­res. Todas esas metamorfosis se preparan en medio del cambio  político  mas  grande  que se  ha operado  en Europa, en  medio del trabajo de  centralización de  los pueblos  y gobiernos.

Todavía mas; este tiempo era  también el de mayor actividad esterior de los hombres, época de  viages, em­presas , descubrimientoséinvenciones de todas  clases. Fue el  tiempo  de las grandes  espediciones de los por­tuguesesálo largo  de  las  costas  de Africa,  del descu­brimiento del paso  y cabo de Buena  Esperanza por Vasco  de  Gama, del de las Américas por Cristóbal Colon, y de la maravillosa estension  del comercio eu­

ropeo. Aparecen  mil invenciones  nuevas; otras ya co­nocidas pertenecientesá una esfera mas  estrecha se hacen populares y de uso frecuente.  La pólvora  cam­bia  el  sistema  de  la  guerra; la  brújula  el de la nave­gación.  Desarróllase el conocimiento de pintar  al óleo, llenándose la Europa de  obras  maestras  de aquel arte.

 

 

9 8 1    CURSO          DE      HISTORIA     MODERNA.

Multiplícase y generalízase el grabado  en  cobre inven­tado  en 4460. El  papel  de hilo se hace común. Final­mente desde 1436 á 1452 se inventó la imprenta; testo de  tantas  declamaciones, de tantas fuentes, ar­gumentos y pruebas retóricas,  las  cuales jamas podrán darla el valor, maravilloso  mérito y efectos que  enáencierra.

Ya veis, señores, cuál es la grandeza y actividad de  este  siglo; grandeza  aun algo eclipsada, actividad cuyos  resultados no son palpables todavía para los hombres.  Las reformas  borrascosas parecen  abortar en esta época. Los  gobiernos  se consolidan. Los pueblos se sosiegan. Nadie  diría sino que  la sociedad  se prepa­ra solo  para disfrutar de un mejor orden en el seno de un progreso  mas rápido. Mas las fuertes revolucio­nes  del siglo XVI están  ya en los umbrales : el siglo XV las ha preparado. Ellas serán el  objeto de nuestra próxima  lección.

 

 

LECCION      XII.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Señores           :

Muchas  veces  hemos  deplorado el  desorden, el caos de la  sociedad europea;  y nos  hemos lamentado  de  la dificultad de conocer y pintar una  sociedad  de tal ma­nera  dispersa, incoherente, disüelta. Hemos esperado, invocado con  impaciencia el  tiempo de los intereses generales, del orden,de la unidad social. Ahora  llega­mosáél, entramos en  la época en  donde todo se  rea­sume en hechos, en ideas  generales, en  la época digo

del  orden  y de  la  unidad. Una dificultad de  un nuevo género  encontrarémos en ella. Hasta aqui apenas he­mos  podido unir los  hechos entre sí, coordinarlos, to­mar lo que en ellos habia de común, y desmenu­zarlos cuando  habia alguna semejanza. En la Europa moderna  todo sucede de otro modo; los elementos, los incidentes  de la  vida social  se modifican, obran y se resisten los  unosálos otros $ las relaciones de los hombres entre sí  son  mucho mas numerosas y com­

plicadas ;  lo mismo sucede en  cuanto ásus relaciones con el gobierno del estado,  y de  los estados  entre  sí,

 

 

286      craso

lo mismo  con  respectoálas  ideas  yátodos los traba­jos del espíritu humano. En los tiempos que hemos recorrido, hemos visto pasar  un gran número de su-

Vesos  aislados, estraños, sin influencia recíproca. Hoy dia no  hay aislamiento ninguno; todas las  cosas  se to­can, se  cruzan, se alteran al aproximarse. ¿Hay cosa mas  difícil  que encontrar la verdadera unidad en una diversidad semejante, determinar la dirección de un movimiento tan estenso y complexo, reasumir esta prodigiosa cantidad de elementos heterogéneos estre­chamente enlazados,  indicar  finalmente el hecho ge­neral,  dominante, que comprende una  larga serie  de hechos que  caracteriza  una época, y es  la  fiel  espre- sion  de su influencia, de su papel en la historia  de la civilización ?

Vaisámedir con una  ojeada la estension de esta dificultad en el gran acaecimiento de que vamosá

ocuparnos.

En el siglo XII encontramos  un suceso religioso  en su  origen, si  es  que  no  lo era en  su naturaleza; quie­ro decir,  las cruzadas. A pesar  de  la importancia  del acaecimiento, de su larga duración y de  la variedad de  incidentes que de  ellas  resultaron, nos  ha sido bas­tante fácil  analizar su carácter general,  determinar su unidadéinfluencia  con algun^a precisión. Hoy consi- derarémos la  revolución religiosa del siglo X V I,  la que comunmente llaman  reforma. Permítaseme decir de paso , que solo me  valdré de la palabra reforma como  de  una  voz sencilla y convenida,  como  sinóni­mo de revolución religiosa, y sin  juzgar  sobre el par­ticular. Antes de todo, señores, advertid cuán difícil es  conocer el verdadero  carácter  de esta crisis; y sen­tar  de una  manera general lo  que ella ha sido y ha hecho.

 

 

DB      HISTORIA     MODERNA.  2 8 7

Es preciso buscarlo  entre el  principio del siglo XVI y mediados  del XVII,  porque en este período, por decirlo asi, se  halla  encerrada su existencia, yes  don­de ha tenido su nacimiento y fin. Todos los sucesos his­tóricos tienen en algún modo cierta carrera determinada ;

sus consecuencias se prolonganálo infinito, miranálo pasado y al  porvenir ;  mas  no  por esto es  menos cier­to que tienen una existencia propia y limitada, que nacen, se  engrandecen y llenan con su  desarrollo cier­ta porcion  de su  duración, despues se disminuyen y retiran  de la escena  para hacer lugar áalgún acaeci­miento  nuevo.

Poco importa  saber la fecha precisa  que se  designa como  origen  de la reforma ;  puede tomarse aproxima­damente  en  el año 4520, cuando Lutero en Wittem- berg quemó públicamente la  bula  de Leon X que le condenaba1, separándose  asi oficialmente de la iglesia romana. En esta época y entré mediados del siglo XVII, en el año 4648, tuvo lugar  la conclusión del tratado de W^estfalia en donde está  comprendida la vida  de la reforma. Hé  aqui  la prueba. El primero y principal  efecto de la revolución religiosa fue el de crear en Europa dos clases  de estados, los católicos y protestantes, colocarlos  en presencia uno  de otro, y empeñarlos en una  lucha entre  sí. Este combate con muchas vicisitudes  duró desde  el principio del siglo XVI hasta  mediados  del XVII. En 4648, por el tra­tado  de  Westfalia, los  estados  católicos y protestantes al  fin se reconocieron  recíprocamente ; consintieron  en su  mùtua existencia,  prometiéndose  vivir en sociedad y en  paz,  independientemente de la diversidad  de re­ligión. A  contar  desde 46JJ8 la  diversidad  de religión cesó de  ser  el principio dominante  de la clasificación

 

 

2 8 8    CURSO

de los  estados,  de  su política esterior, de sus relacio­nes, de sus alianzas. Hasta esta  época y ápesar  de las grandes  variaciones, la  Europa estaba esencialmen­te  dividida en  una  liga católica  y en una liga protes­tante. Despues del tratado de West(alia  desaparecióesta  distinción: los estados forman alianza óse divi­den, por consideraciones  diferentes de  los  dogmas  re­ligiosos. Aqui  se  detuvo la preponderancia, es decir, la  carrera de  la  reforma,  aunque sus consecuencias no hayan  dejado  de  deseuvolversé.

Recorramos  esta  carreraápasos agigantados, y sin hacer mas  que nombrar  los  acaecimientos y los hom­bres, indiquemos lo  que  ella contiene. Veréis por es­ta  sola indicación, por esta  sencilla, secaéincomple­ta nomenclatura, cuál  debe ser  la  dificultad  de reani­mar una serie de hechos tan variados y complexos, de reducir  digo  en un hecho general, determinar el verdadero  carácter  de la revolución religiosa  del siglo X V I, y asignar  su papel  en  la historia  de  nuestra ci­vilización. En el  momento en que estalló  la reforma, cayó, por decirlo asi, en medio de un gran  acaeci­miento  político, entre la lucha de Francisco  I con Carlos V, de  la  Francia con  la  España; guerra empe­ñada en un principio por  la posesion  de Italia, en seguida por  el  dominio  del imperio de  Alemania, fi­nalmente por la preponderancia en Europa. Fue  laépoca  en que  la casa de Austria  se levantó,  y se  hi­zo dominante  en  Europa. También fue el tiempo en que la  Inglaterra por medio  de Enrique VIII intervi­no con mas regularidad, permanencia y amplitud en la política continental.

Sigamos el curso del  siglo XVI en Francia. Estálleno  de  las  grandes guerras  religiosas  entre los católi-

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  2 8 9

eos y    protestantes ; las cuales          se         convierten       en el me­

 

dio 7 en la ocasion de una nueva<     tentativa          de        los       seño-

res       poderosos para recobrar         el poder           que      veian   esca­

par de sus manos,  y dominarála  magestad  real. Es­te es el sentido  político de nuestras  guerras de reli­gión , de la liga,  de la lucha  de los Guisas  contra los Valois, que acabó por el advenimiento al trono de Enrique IV. En España  durante el reinado de Felipe II se  efectuó la revolución de las provincias unidas. La inquisición y la libertad civil  religiosa se hacen la guerra bajo  los nombres del duque de  Alba y del prín­cipe de  Orange. Mientras  en  Holanda triunfa la liber­tadáfuerza  de perseverancia  y buen sentido, perece en el  interior de  la  España  bajo  el yugo  del poder ab­soluto , secular  y eclesiástico.

En Inglaterra  esta  fue la época de  los reinados de María y de Isabel; la  lucha  de esta última  como gefe del protestantismo contra Felipe II; de la exaltación de Jacobo Estuardo al  trono de Inglaterra; del prin­cipio de1las  grandes querellas del rey con el pueblo ingles. Hacia  el mismo tiempo,  en  el norte  tuvo lugar la creación de nuevas  potencias. La  Suecia se levantóen 4523 por los  esfuerzos  de Gustavo  Wasa. La Pru- sia  se crea por la secularización del  orden teutónico. Las potencias  del norte toman un lugar en la política europea que no habían  ocupado  hasta entonces, y cuya  importancia  aparecerá bien pronto en la guerra de  los  treinta  años.

Volvamos  otra  vezála  Francia,  bajo el reinado  de Litis X III, y verémos al cardenal Richelieu cam­biando  la  administración interior, sus relaciones con la Alemania,  y el apoyo prestado al partido protes­tante. En Alemania durante la última parte del siglo

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290      ctTBao

XVI principió la  lucha  contra los  turcos;áprincipios del XVII  la guerra de  los  treinta años, el  acaecimien­to  mas grande  de  la Europa oriental  moderna  :  apare­cieron  en  la  escena Gustavo  Adolfo,  Wallenstein, Ti- lly , el duque de Brunswick, el  duque  de Weimar, los nombres mas  grandes que se han  pronunciado en Alemania.

En la misma época, en Francia, se verificó el ad­venimiento  de Luis XIV, el principio de la  Fronde,  y en  Inglaterra  la  esplosion de la revolución que destro­nóáCárlos I.

Ya lo veis; no tomo mas que los grandes acae­cimientos de la historia, sucesos cuyo nombre na­die ignora; os he presentado su número, variedadé importancia. Si buscamos hechos de otra natura­leza ;  acaecimientos  menos  aparentes,  que se resuman en menos nombres propios, también encontraremos

esta ¿poca sobrecargada de ellos. Fue el  tiempo de los  cambios mas  grandes en las  instituciones políticas de casi todos los  pueblos, tiempo  en  que la monarquía pura prevalece en  la  mayor parte de los grandes  es­tados , mientras que en Holanda  se crea  la república mas  poderosa  de Europa,  y que  en Inglaterra la  mo­narquía constitucional  llega definitivamenteásu triun­foóestá en  su  camino. En la iglesia es la época en que las  antiguas órdenes  monásticas pierden casi  todo su poder  político,  viéndose reemplazadas  por una nue­va orden de otro carácter,  y cuya importancia tal vez equivocadamente  pasa  por muy superioráesta : hablo de los jesuítas. En el mismo tiempo,  el concilio de Trento borra la influencia  que podia haber  quedado de los de Constanza y Basiléa, y asegura el  triunfo definitivo  de  la  corte de  Roma en el orden eclesiásti­

 

 

DE      HISTORIA     MODERAA.  2 9 1

co. Salgamos  de  la iglesia, echad una ojeada sobre la filosofía, sobre la libre carrera del espíritu humano, y veréis aparecer dos hombres, Bacon y Descartes, autores  de la  mas grande  revolución filosófica que  ha sufrida el  mando moderno,  los  gefes de dos escuelas que  se  disputan su  imperio. También es el tiempo  del mayor lustre de la literatura italiana; época en que prin­cipian  las  literaturas inglesa y francesa. Finalmente es el  tiempo de la fundación de las grandes colonias,  y de  los  desarrollos  mas activos del sistema comercial.

Asi ,  señores, bajo cualquier punto de vista que consideréis esta época, sus acaecimientos políticos, eclesiásticos, filosóficos, literarios, se encuentran en ella  en mayor número, mas variados é importantes que en todos los  siglos que le  han precedido. La acti­vidad  de la inteligencia humana se  manifiesta en todos sentidos, en las relaciones  de los hombres entre sí, en  la de estos con el poder, en  la  de los estados, en el puro trabajo intelectual; en una palabra, es un tiempo  de grandes hombres y de grandes cosas. Y en medio  de este tiempo, la revolución  religiosa que  nos

ocupa  es  el mayor  de todos  los acaecimientos; el he­cho dominante de la  época; el que  le da su nombre, y determina su carácter. Entre tantas causas podero­sas y que han representado tan gran papel, la refor­ma fue la  mas  importante, aquellaála  cual se han di­rigido todas las  demas, la  queólas  ha modificado to­das,óno  siéndola  posible ha  sido modificada  ella. De suerte  que lo que hoy hemos  de hacer, es caracterizar con verdad, resumir con  precisión  el acaecimiento que ha dominadoátodos los demas en el tiempo de  los mayores  sucesos,  la causa  que ha obrado mas en el tiempo de  mayores causas.

 

 

2 9 2    curso

Sin  dificultad conoceréis cuán difícil es reunir he­chos tan  diversos, tan inmensos,  tan estrechamente re­lacionados, y conducirlosáuna verdadera unidad his­tórica. Sin  embargo, es  preciso  que se  haga; una vez se  han consumado  los  acaecimientos, cuando han pro­cedido  de la  historia, lo  mas esencial es  que el hom­bre indague sobre todo si son  los sucesos  generales, si son  el  enlace de las causas  y los efectos. Esta es, por decirlo  asi, ia parte inmortal  de la historia, aquellaáque tienen necesidad de asistir todas las generaciones para comprender lo pasado, y entenderse  ellas mismas. Esta necesidad de generalidad, de resultado racional, es la  mas poderosa y gloriosa  de todas las necesidades intelectuales; mas es preciso  guardarse bien de satisfa­cerla por medio de generalizaciones incompletas y pre­cipitadas. Nada hay que tiente  mas  que dejarse llevar por el  placer  de indicar al momento  yáprimera vis­ta el carácter  general, los resultados permanentes de una  época,  de un suceso. El espíritu humano es  como la voluntad de los hombres, siemprerprecipitado para

obrar, impaciente cuando encuentra obstáculos, de­seoso, ávi(Jo de  libertad  y  conclusion;  olvida de buena gana los  hechos que le precipitan y le  sujetan, mas aunque los  olvida  no los destruye; ellos subsisten  pa­ra convencerle algún dia de su  error, y condenarle. En  el espíritu humano, señores, no  se  ofrece mas que un medio para evitar este  peligro, y es el de agotar con valor y paciencia el estudio de los sucesos antes de  sacar consecuencias generales  y definitivas. Los  he­chos son con  relación al  pensamiento  lo  que las reglas de la moral con respectoála  voluntad, aquel está

obligadoáconocerles,állevar su peso;  y solo cuan­do ha satisfecho  este  deber, cuando ha medido y re-

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  3 9 5

corrido toda su estension, es cuando se le permite desplegar sus alas, y tomar el  vuelo hacia las  altas regiones  desde  donde  verá  las cosas en su conjunto y en sus  resultados. Si quiere subir  muy de prisa  y sin haber tomado conocimiento del  territorio que  ha de contemplar desde  arriba, el peligro  de error y de caí­da es incalculable. Sucede como en un cálculo  de gua­rismos en donde un error ocasiona  otros, y asi ha¿ta lo infinito. En la historia,  si en el  primer estudio no se  ha tenido cuidado  de todos los hechos, si uno se deja  llevar del  gusto á la,  precipitada generalización, es imposible preveráqué  estravío se  verá  conducido.

Señores: apenas he hecho ni he podido hacer  en este  curso  mas  que tentativas de generalización, con­tra lo que acabo de decir, resúmenes generales  de he­chos  que no  habíamos estudiado de cerca ni  en masa. Llegados  yaáuna  época en  que esta empresa es  mu­cho mas  difícil  que cualquiera otra, en  que  las dispo­siciones de error son  mayores; creo deberos advertir y precaver contra mi propia esplicacion. Despues de hecho esto  proseguiré y procuraré hacer con la  refor­ma lo que con los demas acaecimientos; pretendo buscar los medios de reconocer  su acontecimiento  do­minante , describir su carácter  general, y manifestar cuáles  son  el lugar  y papel que corresponden á este gran acaecimiento en  la civilización europea.

Ya  os acordaréis en  dónde  dejamos la Europaáfines del  siglo XV. Durante su curso hemos visto dos grandes tentativas  de revoluciónóde reforma religiosa:  una de reforma legal  por  los  concilios, otra de reforma  revo­lucionaria  en  Bohemia  por los Hussistas; hemos visto apaciguarse  y estrellarse entrambas; y sin embargo  no se puede  menos de  conocer que era  imposible impedir

 

 

394      CURSO

tal suceso;  que debía  producirse bajo  unaú otra for­ma ; que lo que  el siglo XV intentaba  lo llevaríaáca­bo  inevitablemente  el XVI. No contaré los pormeno­res  de la revolución  religiosa del siglo X VI, porque creo  ser bastante conocida de todos; solo me  limito  i

saber  cuál  era su influencia general  sobre los destinos de  la humanidad.

Al  preguntar cuáles son  las causas'que determina­ron este  gran acaecimiento, nos  contestan los  adversa­rios  de  la reforma deberse  imputarávarios accidentes,áalgunas desgracias  sobrevenidas en  el  curso de  la ci­vilización ,áque, por ejemplo,  la venta de las indul­gencias se habia confiadoálos  dominicos, por  cuya razón los zelos se apoderaron de  los agustinos. Lu- tero era  agustino, hé aquí  el  motivo que  revela la re­forma. Otros la han  atribuidoála ambición de los so­beranos ,ásu  rivalidad con  el  poder eclesiástico,ála envidia  de los nobles  seculares  que  querían apoderarse de los  bienes de  la  iglesia. De  este modo se ha  queri­do esplicar  la revolución  religiosa por el lado perju­dicial de los hombres y de los negocios humanos, por \o¿  intereses particulares y pasiones personales.

Mirándolo bajo otro aspecto, los partidarios, los amigos de  la  reforma quieren legitimarla manifestando la  necesidad  que habia en efecto de poner un  dique álos abusos de la iglesia, presentando aquella  como  un arreglo de los vicios religiosos, como una tentativa concebida y ejecutada con  la sola  mira  de volver áconstituir  una iglesia pura, la iglesia primitiva. Nin­guna de entrambas esplicaciones me  parece  fundada. La segunda tiene mas visos  de verdad  que  la primera; i lo menos es mas  grande, está  mas en relación con la intensidad de la importancia del suceso; con todo,

 

 

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,           DE      HISTORIA     MODERNA.  2 9 5

tampoco la  creo exacta. A  mi  modo de ver la refor­ma ni  ha sido un accidénte, resultado  de alguna ca-  , dualidad,  de algún Ínteres personal, ni una sencilla mejora  religiosa,  el fruto  de una utopia  de humanidad

y verdad. Ha tenido un origen  mas  poderoso, y déla clase  de  los  que  dominan todas las  causas  particulares. Ha sido un rapto,  digámoslo asi,  de libertad  del  espí­ritu humano,  una  nueva necesidad  de pensar,  de  juz­gar libremente por sí  mismo  y con  sus  solas fuerzas, de los  hechoséideas que la Europa habia recibido hasta entonces,óestaba obligadaáaceptar de las  ma­nos de la autoridad. Es una poderosa tentativa de emancipación del entendimiento humano;  y dando álas cosas  el nombre que las corresponde, una insur­rección de la inteligencia de los hombres contra el poder absoluto en  el  orden espiritual. Tal esámi pa­recer el verdadero carácter, la fisonomía general y dominante  de la reforma.

Hé aqui el doble hecho que se presentaácualquie­ra al considerar  por  una  parte cuál era en esta época el  estado del saber  humano, y por  la otra  el  del po-

', der espiritual, el de  la  iglesia , que era  quien tenia el gobierno del espíritu de los  hombres.

Con relaciónála inteligencia humana existia una ac­tividad mucho m ayor, una necesidad mas grande de desarrollo  de lo  que hasta entonces habia esperimenta- dó.  Esta  nueva actividad  era el resultado  de diferentes causas,  pero que se reunieron en  algunos  siglos. Hubo tiempos  por ejemplo  en que nacieron las  heregías, to­maron alguft lugar en ellos,  y despues cayeron  en des­uso siendo reemplazadas por otras; hubo épocas en que las opiniones filosóficas  siguieron el mismo curso que las heregías. Desde el siglo XI hasta el  XVI  se

 

 

3 9 6    CURSO

reunieron  los trabajos hechos por el espíritu  humano, ya en la esfera religiosa, ya en  la filosófica; última­mente llegó el momento ,de  que  se presentase algún resultado. Ademas, todos los medios de instrucción creadosófavorecidos en el seno de  la  misma iglesia daban ya sus frutos. Habíanse  instituido escuelas, y de estas salido hombres que no habian perdido su tiempo; cuyo número se veia aumentar  de dia en  dia. Estos querían pensar  por sí mismos, por su cuenta, pues  se creian con mas  conocimientos de los que ha­bian poseido hasta  entonces. Por último llegó ese re- novamiento, esa  nueva era  del espíritu humano veri­ficada  por medio del restablecimiento de la antigüe­dad, cuya marcha y efectos  os describí  en nuestra úl­

tima     reunión.

A principios  del siglo  XVI todas estas causas reu­nidas imprimían en el pensamiento un movimiento muy enérgico, una necesidad imperiosa de progreso.

La  situación del gobierno del espíritu humano, del poder espiritual, por el contrario, habia caido en un estado  de  inercia, en un estado estacionario. El cré­dito político de  la  iglesia, de la corte de Roma, ha­bia  disminuido mucho; la sociedad  europea ya no es­taba  bajo  sus  órdenes, habia pasado á manos de los gobiernos de los seglares. Con todo,  el poder  espiri­tual conservaba íntegras sus  pretensiones, su resplan­dor , toda su importancia interior. Le  sucedía  lo*que muchas veces á los gobiernos antiguos. La mayor parte de las  quejas  que se formaban contra ellos no eran mejor fundadas. No es cierto que en el  siglo XVI  la corte  de  Roma haya sido tan tiránica como se la  supone  ni  que  abura ra en mas abusos  que, en

otros    tiempos.           Al        contrario,         tal        vez jamas el    gobierno

 

 

BE       HISTORIA     MODERNA.  S 9 7

eclesiástico  habia sido  mas  dócil, tolerante y dispues­toádejar  andar  las cosas con  tal que no se la opu­sieran obstáculos, con tal que se reconocieran en ella los  derechos de que  habia disfrutado hasta entonces, que  se le  asegurase su existencia, y pagasen los  mia­mos tributos. De buena  gana hubiese dejado en  paz al  espíritu humano, si este  hubiera hecho otro tanto con  él. Mas  ya se  sabe  que cuando los gqbiernos  es- tan menos considerados, cuando son  mas  débiles, y en dfsposicion de dañar menos, es  precisamente cuan­do se ven atacados, y son  el blanco de todos, por­que  entonces puede dirigírseles el tiro con  fruto, lo que  no cuando eran fuertes.

Por el  solo  exámen  del  estado del espíritu humano en  esta  época  y el  de su gobierno, se saca la  conse­cuencia legítima  de  que el carácter  de la reforma ha debido ser,  como dije anteriormente, un  nuevo rapto de  libertad, una insurrección poderosa de la  inteligen­cia  humana. No  lo  dudéis, esta  es  la causa dominan­te , la  que se  sostiene sobre todas  las demas ; causa su­periorátodos los intereses de las naciones y de los soberanos,  superior  igualmenteála necesidad de re­forma propiamente  ta l, á la necesidad de reformar los vicios  de  que se quejaban en esta época.

Quiero suponer que  despues de los primeros años de la reforma, cuando  hubo  desplegado todas sus pre­tensiones , y espuesto sus agravios, en un momento el  poder espiritual hubiese convenido en los mismos principios, y hubiese dicho  : «Pues bien, sea  asi, to­do  lo reformo; vuelvoámi  antiguo  orden mas legal, mas religioso. Suprimo las vejaciones’ las  arbitrarie­dades, los  tributos; en materia de creencias, modifi­co, esplico, y en una  palabra, vuelvo á mi estado

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2 9 8    curso

primitivo.  Mas  reformados  los  agravios y vicios de  es­te modo , guardaré mi posicion, seré como antigua­mente  el que  gobierne el  espíritu humano,  con el mis­mo poder y derechos.»  ¿Creeis que la  revolución re­ligiosa se hubiera contentado con esto, y se hubiese detenido  en su  curso?  No tal; estoy convencido que hubiera continuado su  carrera, y que  despues de ha­ber pedido la  reforma hubiera solicitado  la libertad. La  crisis del siglo  XVI no  era simplemente reformis­ta; era esencialmente revolucionaria. Es imposible quitarle este  carácter, sus méritos  y servicios, de que ha poseido todos  los  efectos.

Echemos una ojeada sobre los  destinos de la refor­ma; veamos loque ha hecho principalmente  y ante to­das  cosas en  los  diferentes paises por donde se ha des­envuelto. Advertid que se ha desarrollado en situacio­nes muy  diferentes, en medio  de suertes muy desigua­les ; si  vemos queápesar  de  la  diversidad de situacio­nes, queápesar  de la desigualdad de fortunas ha seguido por todas  partes  un cierto  objeto, ha obtenido cierto resultado, y conservado cierto carácter, será evidente que  este  carácter que habrá superado todas las di­

versidades de situación, todas las desigualdades de fortima, debe  ser el  carácter fundamental del  suceso; que  este  resultado debe ser el que  esencialmente  bus­caba.

En  todas  partes  en  donde ha prevalecido  la  revolu­ción religiosa del siglo  XVI, si  no ha obrado la eman­cipación  completa  del espíritu humano, le  ha  procura­do un nuevo y poderoso  aumento  de libertad.  Es ver­dad que  ha  dejado el pensamiento sometido á todos los azares  de  libertadóservidumbre  de las  institucio­nes  políticas, pero ha abolidoó desarmado al poder

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  8 9 9

espiritual,  al gobierno sistemático  y temible del pen­samiento  (4). Este es  el resultado que ha alcanzado la reforma en medio  de  combinaciones las mas diver­sas. En Alemania no habia libertad política; la .refor­ma no  la introdujo, ella habia fortificado mas bien que  debilitado el  poder de los  príncipes, fue  mas con­trariaálas  instituciones libres de la edad media que favorable á su desarrollo. Sin embargo, suscitó y mantuvo en Alemania una libertad de pensamiento mayor  que  en  todas  partes. En Dinamarca, en  un pais en  donde  domina el poder  absoluto, y penetra tanto en las  instituciones  municipales como  en las  generales del estado, también se emancipó la facultad de pen­sar,  y se ejerció libremente en  todas las carreras por la influencia de la  reforma.  En Holanda, en medio  de una república, en Inglaterra  bajo la  monarquía cons­titucional , yá,pesar de haber sufrido  una tiranía reli­giosa  y dura por mucho tiempo,  se  efectuó  igualmen­te  la  emancipación del espíritu humano. En Francia finalmente, en la situación que parecia menos favo­rable para  los efectos de la revolución religiosa, en un pais  en  donde fue vencida,  fue  un principio  de in­dependencia y libertad intelectual. Hasta en 4685,

es decir,  hasta  la revocación del  edicto de Nantes, la  reforma obtuvo en  Francia  una existencia legal. Du­rante este  tiempo escribió, disintió, provocó á sus adversariosáescribir y discutir con ella. Este solo hecho, esta  guerra de folletos, de  conferencias entre las  opiniones antiguas  y modernas, ha divulgado en Francia  una libertad mas real, mucho mas activa de

(i) Al leer estas reflexiones debe tenerse presente que M. Guixot es protestante por principios y  que se resiente algo de esta circunstancia to­do cuanto dice  de la reforma. ( N. del T -)

 

 

500      cuno

lo  que  comunmente se cree; libertad que se ha con­vertido  en provecho de  la ciencia, de la moralidad, del honor del  clero francés, tanbien como en favor de la facultad de  pensar  en  general. Examinad, seño­res, las conferencias de Bossuet con Claudio, sobre toda  la  polémica religiosa de esta época,  y preguntad si  Luis XIV hubiera tolerado  en  cualquiera  otra mate­ria  tal grado de  libertad. Entre los debates de la re­forma  y su  partido opuesto  fue en donde se abrigaron mas sentimientos de libertad  en la Francia del.siglo XVII. El pensamiento religioso  era  entonces mas  atre­vido, trató  aun con  mas  franqueza las  cuestiones que el pensamiento político de Fenelon en el  Telémaco. Este  estado  no  cesó hasta la  revocación del edicto de Nantes. Asi es que apenas  acababa de cesar la esplo- sion  del  espíritu humano que tuvo su principio en 1685 y acabó en el siglo X V III,  y la  influencia de la revolución  religiosa  en favor de la  libertad  intelectual, cuando j a comenzó la dé la revolución filosófica.

Ya  lo veis,  señores,  por todas partes en donde ha penetrado  la  reforma,  donde ha representado un  pa­pel interesante, victoriosaóvencida, siempre ha te­nido  por  resultado general, dominante, constante, un progreso inmenso en  la actividad y libertad del pen­

samiento , hacia  la emancipación  del  espíritu humano. Y no  solo la  reforma ha tenido este resultado si­

no que  se ha contentado con él; y es que como era lo esencial del mismo suceso, su carácter  pri­mitivo y fundamental, asi que le hubo encontra­do ya no se ocupó en buscar otro. En Alemania, lejos de pedir la libertad política, aceptó, no di­go la servidumbre, pero  sí la falta  de  libertad. En Inglaterra consintió la  constitución gerárquica del  de-

 

 

BE       HISTORIA     MODERNA.  M        i

ro, y la  presencia de  una iglesia que abunda  en tantos abusos  como  nunca  llegaronáconocer  en  la.  romana, siendo al  mismo  tiempo  mucho mas  esclava. ¿Porquéla reforma tan  apasionada, tan  inflexible , bajo ciertos respetos, se mostró aqui tan  fácil y dócil?  Por  que  al­canzaba  el hecho general  áque se dirigía, la abolición del  poder  espiritual, la emancipación del espíritu hu­mano.  Lo  digo  segunda vez, allí en*donde ha logrado su- objeto,  se acomodaátodos los regímenes,átodas las situaciones.

Hagamos  ahora un esperimento  contrario de este exámen;  veamos lo que  ha  pasado  en un  país en  don­de no  ha  penetrado  la revolución religiosa, en  donde ha sido sofocada  en sus  principios, ó en donde  no ha podido desarrollarse. La historia nos contesta áesto  que en  estos paises  el espíritu humano no pu­do emanciparse : Dos  grandes naciones pueden atesti­guarlo, la España y  la  Italia. Mientras que en las par»tes  de  la  Europa en donde ha tenido un poderoso ascendiente la reforma, el espíritu humano  tomó  en los tres  últimos  siglos  una actividad  y libertad desco­nocidas hasta entonces; asimismo en donde no pe­netró , el conocimiento de los hombres cayó en la mis­ma  época  en un estado verdadero de inercia y moli­cie ; de manera que la  prueba en  favor, y la  esperien- cia  en contra de  este exámen, han sido hechas, por decirlo asi, simultáneamente, y dado  el mismo  resul­tado en  sentido contrario.

La vehemencia del  pensamiento, la abolición del poder absoluto  eñ  el orden espiritual, hé aqui el ca- rácter  esencial  de la  reforma,  el  resultado mas  general de su influencia, el hecho dominante de  su destino.

Digo hecho     dominante, y   lo         digo con intención.     La

 

 

362      era»

emancipación del espíritu  humano  ha sido  en efecto en el curso de la reforma un hecho mas  bien  que  un principio,  un resultado mas bien que una  intención. Según  creo  la  reforma ha  obrado  mas en esto de lo qoe  habia emprendido, y tal vez mas de lo que de­seaba. Al contrarío  de  otras  muchas  revoluciones que se han quedado muy abras de  lo que  pretendían, en que los sucesos han sido inferiores al pensamiento,

las consecuencias de  la reforma han ido mas allá de sus  miras;  siendo mas grande  como  acaecimiento que como  sistema, no ha conocido enteramente  lo  que  ha hecho; á haberlo conocido no hubiera osado mani­festarlo.

¿Qué reconvenciones dirigen constantemente á la reforma sus  adversarios? ¿Qué resultados  le echan  en cara  para hacerla callar?

Dos principales: primero  la multitud  de  sectas,  la li­cencia de  los  espíritus, la destrucción de toda auto­ridad espiritual, la disolución  de la sociedad religiosa en  su conjunto; segundo la tiranía, la persecución. Decian á los reformadores, «vosotros provocáis y,

producís  la licencia; y cuando ya ha tenido efecto, quereis  contenerla  y reprimirla. ¿Y cómo la reprimís? Por medios los mas duros y violentos. Vosotros [>er- seguis también  la  heregía en virtud de una autoridad

ilegítima.»

Examinad, reasumid  los  grandes ataques dirigidos contra toda la reforma, y separando las cuestiones puramente dogmáticas,  estos  son los dos fundamenta­lesáque siempre se  redúcete.

El  partido  reformado  estaba confuso con este mo­tivo. Guando se le  imputaba  la  multiplicidad de  sectas, en  lugar de confesar y sostener la libertad  de su libre

 

 

DE HISTORIA MODERNA. SOS desarrollo, anatematizaba las  sectas, se escasaba y  des­consolaba porque  se habían introducido. Si se le ta­chaba de  persecución, se  defendía  con dificultad, ale­gando  en  su  favor  la necesidad; decia que tenia  dere­cho  de reprimir y castigar  el  error, porque estaba en posesion  de la  verdad; que sus creenciaséinstitucio­nes eran las únicas legítimasj que si  la iglesia romana no tenia  derecho  para castigar á los  reformados, era porque no  le  asistía  la  acción  legítima  contra ellos.

Cuando  los  ataques  sobre persecución  se diri gian  al partido que dominaba  en  el  seno de  la  reforma, no por sus enemigos sino por sus propios hijos; cuando  las sectas  que anatematizaba la  decian : «hacemos lo que vosotros  habéis  hecho, nos separamos como vosotros

os habéis  separado,»entonces aun se vei^  mas emba­razado  para contestar,  no respondiendo muchas veces mas que por un  aumento de  rigor.

La revolución religiosa del siglo XVI no  conociólos verdaderos principios  de la libertad intelectual mientras trabajaba  para destruir el  poder absoluto en el orden espiritual. Emancipaba el espíritu humano, y pretendía  aun  gobernarle  por  la le y: comoáhecho, hacia prevalecer el libre exámen; como principio,  creia sustituir un poder legítimoáun poder ilegítimo. No se habia remontado hasta la  primera razón, ni des­cendido  hasta  las últimas consecuencias de  sus  obras. Asi es que cayó en una doble  falta: por una  parte  no conoció  ni  respetó  todos  los derechos del pensamien­to  humano;  cuando  los reclamaba para sí  los violaba para  los demas;  por la otra no supo medir  los  dere­chos de la  autoridad en  el orden  intelectual; no  hablo de  la  autoridad coactiva, que  no puede tener ninguno en  semejante materia, sino de  la autoridad  puramen­

 

 

5 0 4    cubso

te moral, obrando solo sobre los espíritus y por el solo camino  de la  influencia. Algó falta  sin embargo, en la mayor parte de los países reformados, p r a la buena  organización de  la  sociedad  intelectual, para  la acción  regular  de opiniones antiguas, generales;  no se han sabido conciliar los  derechos  y la necesidad  de la tradición con  los  de  la  libertad,  y el motivo sin du­da ha  sido  en  esta* circunstancia  el que  la  reforma no ha comprendido del todo  ni ha aceptado sus  princi­pios y efectos.

De aqui  proviené ese  aire  de inconsecuencia y po­quedad  de espíritu que muchas veces ha dado una gran ventaja ásus adversarios. Estos sabian perfecta­mente lo  que hacian y querían; se remontaban hasta los principios de su  conducta manifestando todas sus consecuencias. Nunca  ha existido  gobierno mas  conse­cuente  y sistemático  que el  de la iglesia romana. En cuanto al hecho,  la corte  de Roma ha transigido y cedido muchas mas veces  que la reforma; en cuanto al principio ha  adoptado mas completamente su pro­pio sistema, ha observado una conducta mucho mas coherente. Es una gran cosa, señores, tener un lleno conocimiento  de  lo que  se hace y quiere, la adop­ción completa  y racional de  una  doctrina  y de un de­signio. La  revolución religiosa  del siglo XVI nos ha dado ejemplo patente de ello. Nadie ignora  que  el po­

der       principal          instituido para luchar  contra  ella       fiie la

orden de los  jesuítas. Dirigid  una  mirada  sobre  su his­toria y veréis  como  en todas partes salen frustradas todas sus tentativas; y en dónde han intervenido con alguna intensidad, han ocasionado  perjuicios ála cau- sa en  que se han mezclado. En Inglaterra perdieronálos  reyes;  en España álos  pueblos. El curso  gene-

 

 

DE      fllrfÓRIA        MODERNA.  5 0 5

ral de los acaecimientos, el desarrollo de la civiliza­c ión moderna, la  libertad del  espíritu  humano, todas estas fuerzas contra  las cuales los jesuitas  se veian obli­gadosáluchar, se dirigieron contra ellos y los ven­cieron. Y no tan  solo salieron  mal en sus empresas, sino que  acordaos también de  los medios que se  vie­ron precisadosáemplear. Nada de esplendor, gran­deza; nunca  se valieron de brillantes acaecimientos, ni pusieron en movimiento poderosas  masas de hom­bres ;  siempre obraron por caminos subterráneos, os­curos ,  subalternos, por conductos nada  propios para

llamar la atención  del espíritu humana,  ni  concillarse el Ínteres público  que* llevan consigo las cosas  gran­des, cualquiera que sea  su principio y objeto. Al  con-

v trario, el  partido contra quien estos luchaban, no tan solo venció,  sino  que lo  hizo con  estrépito; hizo cosas grandes con grandes medios, sublevó los pueblos; sembró  la Europa  de hombres grandes; cambióá la faz del sol la suerte  y forma de  los estados. En una palabra, todo se conjuró  contra los  jesuitas, la fortu­na y las  apariencias; ni  el buen sentido  que desea un feliz resultado, ni la imaginación  que parece necesi­tar de la ostentación se vieron satisfechos por  sus  des­tinos. Y  con todo  es muy cierto que  participaron  de cierta grandeza, qúe una idea grande acompaña  su nombre, influencia é historia. El saber  lo  que  obra­ban y querían,  el  tener un  lleno y claro conocimiento de los principios por  los cuales  obraban, y objeto  i que se dirigían, es decir, porque tuvieron grandeza de pensamiento y  de voluntad , no hicieron el  papel ridículo propio de  los reveses obstinados y de los medios miserables. Por la inversa; en  donde el suceso ha sido  mas jgrande que el  pensamiento,  en  donde pa-

59

 

 

3 3 6    cumso

rece     faltar el conocimiento de los primeros principios,

y de los últimos resultados de  la  acción, queda siempre el resultado de una cosa incompleta, inconsecuente, mezquina, que coloca á los  mismos  vencedores en

cierta clase de inferioridad racional, filosófica, enj a influenciaálas  veces se  deja  sentir  en  los acaecimien­tos. Esta es,  según  creo, la  lucha del antiguo orden espiritual, contra el orden nuevo,  el lado débil de  la

reforma, lo que  tantas veces ha puesto  obstáculosásu situación,  lo que la ha impedido  defenderse tan  bien

como   tenia derecho de hacerlo.

Señores, podría  considerar con vosotros bajo otros muchos aspectos  la revolución religiosa  del  siglo XVI. Nada  he dicho  ni tengo  que  decir en  cuantoásu par­te puramente dogmática,  de lo  que ha hecho en la religión propiamente dicha,  y en  cuantoálas relacio­nes del  alma  humana con Dios y con el porvenir eter­no ; mas podría manifestárosla en la variedad de sus concesiones con el orden social,  conduciendo por to­das partes á resultados de una inmensa importancia. Por ejemplo, volvió á llamarála religión en  medio de los  seglares, en el  mundo (le los  fieles; hasta en­tonces, por decirlo asi, la religión era el dominio  es- clusivo del clero, del orden eclesiástico; es verdad que este distribuía sus frutos,  mas  también lo  es  queél  solo  disponía  de ella  en  el fondo, y casi era  el úni­co  que  tenia derecho de hablar  sobre su  particular. La reforma ha hecho entrar las  creencias  religiosas en

la  circulación general;  ha  abiertoálos fieles el  campo de la fe en  donde no  tenian  derecho de entrar. Ha te­nido  al mismo tiempo un segundo  resultado; casi ha desterrado  la  religión de la política, ha devuelto la independencia al  poder temporal. Mientras ella toma­

 

 

0 1       HISTORIA     MODERNA.  5 0 7

ba, por  decirlo asi, posesion  de los fieles, la religión salía  del gobierno de la sociedad. En los paises re­formados ,ápesar  de la  diversidad de las constitucio­nes  eclesiásticas, en la misma  Inglaterra en donde esta constitución se  halla mas vecina  del antiguo orden de cosas,  el  poder  espiritual  no  tiene  ya ninguna preten­sión  de  dirigir el poder temporal.

Otras muchas consecuencias de  la reforma podría enumerar, pero es  preciso  limitarse y contentarme con haber  puestoávuestra  consideración  su  carácter  prin­cipal, la emancipación del espíritu  humano, la abo­lición  del  poder absoluto en el orden espiritual; abo­lición  sin duda que no  fue completa, pero que sin embargo fue el maj'or paso  que  hasta nuestros dias se dió  en este  camino.

Antes  de  concluir os ruego advirtais, qué semejanza particular  de destino se  encuentra en la historia  de la Europa  moderna,  entre la sociedad religiosa  y la ci­vil , y las revoluciones  que han sufrido.

La  sociedad cristiana empezó,  cpmo vimos al ha­blar de  la  iglesia,  por ser  una  sociedad perfectamente libre, formada únicamente  en hombre de una creen­cia común,  sin instituciones,  sin  gobierno propiamen­te dicho, arreglada tan solo por poderes morales y

‘variables  según  las necesidades  del momento. En Eu­ropa  la sociedad civil principió  del mismo modo, álo menos en  su  mayor parte, por  unas bandas  de  bár­baros; sociedad enteramente libre, en donde cada eual permanecía en ella porque quería, sin leyes ni poderes instituidos. Al  salir de  este estado,  el cual no podia conciliarse  con  un gran adelanto social, la so­ciedad religiosa se  colocó bajo un  gobierno esencial­mente  aristocrático, es  decir, bajo  la  corporación del

 

 

SO S    CURSO          1)C      HISTORIA     MODERNA.

clero. Los obispos,  los  concilios,  la  aristocracia ecle­siástica eran los  que la gobernaban. Un hecho  de la misma naturaleza tuvo lugar  en la  sociedad civil al salir  del  estado  de  la  barbarie; vimos igualmenteála aristocracia, al feudalismo  seglar  apoderarse del  do­minio. La  sociedad religiosa salió de la forma  aristo­crática  para entrar en la  de la monarquía  pura: este es el  sentido del triunfo alcanzado por  la  corte  de Ro­ma  sobre  los concilios  y sobre  la  aristocracia eclesiás­tica  europea. Igual  revolución se  efectúa en la socie­dad civil; el poder real prevalece y toma posesion del mundo europeo pasando sobre los despojos del poder  aristocrático. En el siglo  XVI, en  el seno de la sociedad religiosa, estalló una insurreccion contra el sistema de  la  monarquía  pura, contra el poder  abso­luto en  el orden espiritual. Esta revolución trae con­sigo , consagra,  establece  en  Europa el libre exámen. En nuestros dias hemos visto un acaecimiento seme­jante  en el orden  civil: el poder absoluto temporal se ha visto  igualmente atacado, vencido. Ya lo veis, las dos sociedades han  pasado por las  mismas vicisitudes, han sufrido las  mismas devoluciones;  con  la sola dife­rencia que  la sociedad  religiosa  siempre ha adelantado mas en  esta carrera.

Estamos, señores, en posesion  de uno  de los gran­des hechos  de  la sociedad moderna', del  libre exámen, de la libertad del espíritu humano. Vemos prevalecer casi  por todas partes y en un mismo tiempo la cen­

tralización  política. En mi próxima lección trataré de la  revolución de Inglaterra, es decir, del suceso en que  el libre exámen y la monarquía pura, resultados uno  y otro del progreso de  la  civilización, se encon­traron caraácara  por la  primera vez.

 

 

LECCION      X III

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Señores:

Visteis en el curso del siglo XVI, que  todos los elementos, todos los sucesos de la antigua sociedad europea habían ido ápararádos  hechos esenciales, al libre exámen,  y ála centralización del poder. El uno prevalecía  en la  sociedad  religiosa, el  otro en la civil. Al mismo  tiempo  triunfaba en  Europa  la  eman­cipación  del espíritu  humano  y la monarquía pura.

Era imposible que no se empeñase una lucha algún dia entre estos dos  sucesos, porque existia entre ellos  cier­ta  contradicción; el uno  era la derrota del poder ab­soluto en  el orden espiritual, el otro su victoria  en  el temporal; el primero preparaba la  decadencia de la antigua monarquía eclesiástica, el  segundo  consumaba la ruina de las antiguas libertades feudales y comu­nales. Su simultaneidad, como habéis visto, consistía en que las revoluciones de la sociedad religiosá mar­charon mas de prisa que las de  la sociedad civil;  la una habia  llegado  ya al  momento de la emancipación del  pensamiento  individual, mientras que la otra  solo

 

 

3 1 0    CURSO

al  estado  de la  concentración de todos  los  poderes  en uno  general. La coincidencia de  los  hechos, lejos  de provenir  de su  semejanza, no impedia fuesen  contra­dictorios. Uno y otro fueron unos progresos en el curso  de la  civilización,  pero unidosádiferentes  situa­ciones; progresos cuya fecha moral era diferente, por  decirlo  asi, aun cuando coincidiesen en el tiem­po. Por consiguiente, era inevitable que vinieran ácombatirse antes de lograr su reconciliación.

En Inglaterra tuvo  lugar el primer choque. La lu­cha  del  libre  exámen , fruto  de la reforma contra la ruina  de toda libertad política, fruto de  los triunfos de la  monarquía pura, la tentativa  de abolir el po­der absoluto, asi  en  el  orden temporal como en el in­telectual; este  es  el sentido de la revolución de  In­glaterra , este  su  papel  en el curso de nuestra cmli-

zacion.

¿Y por qué  se empeñó  esta lucha mas pronto'  en Inglaterra que en  otras partes?  ¿Por qué las revolu­ciones  del orden politico han coincidido de mas cer­ca  en  este  pais  que  en el continente con las revolu­ciones del  orden moral? #

La magestad real en Inglaterra ha  pasado por las mismas  vicisitudes  que en  el  continente, llegandoáun grado  de concentración  y energía  bajo el reinado de los  T udor,  cual nunca habia conocido. Esto no es decir  que  el  despotismo  práctico de  los Tudor fuese mas violento, ni costase mas caro á la Inglaterra que el de sus predecesores. Creo  que se  cometieron tantos y tal vez mas actos de tiranía, vejaciones éinjusticias  bajo  el  reinado  de los  Plantagenet que bajo los  Tudor. También créo^ que en esta  época el gobier­no de  la monarquía  pura en el continente era mas

 

 

BE       HISTORIA     MODERNA.  5 1 1

duro  y arbitrario que en Inglaterra. £1 nuevo suceso que  nos lo  manifiesta asi  es que bajo el reinado de los Tudor  se hizo sistemático el poder absoluto : el po­der  real  pretendió  elevarse¿una  soberanía primitiva, independiente, valiéndose de  un lenguage de  que nun­ca  habia usado hasta entonces. Las pretensiones teó­ricas de Enrique  V III,  de Isabel, de Jacobo y de Cárlos  I , fueron enteramente  diferentes de las que tuvieron Eduardo I y Eduardo I I I , aunque  en cuanto al  hecho el poder  de estos dos últimos  reyes  no fue menos  estenso  y arbitrario. El principio , el sistema racional  de la monarquía es  el que cambió en Ingla­terra en el  siglo XVI, mas bien que su poder práctico:

E l gobierno  real  se cree  absoluto y superiorátodas las  leyes, aun áaquellas que manifiesta querer res­petar.

Por otra parte, en Inglaterra la revolución reli­giosa  no seguia los  mismos pasos  que  en  el  continen­te ;  fue obra de  los mismos reyes. No porque en  esta nación no hubiese también desde  mucho tiempo gér­menes, elementos, y aun tentativas de reforma  po­pular, las  cuales no  hubieran probablemente tardado en estallar;  mas  Enrique  VIII se anticipó, y el poder se hizo revolucionario. De aqui resultó  que,álo  menos en su origen, como corrección de  los abusos y de la ti­ranía eclesiástica,  y como emancipación del espíritu humano,  la reforma  inglesa  fue  mucho menos comple­ta  que en el  continente.  Se hizo,  como  por convenci­miento , partidaria de los  intereses de  sus autores. El rey y  el obispado, que como cabeza de la iglesia perma­neció en Inglaterra  despues de la separación de  la San­ta Sede, se repartieron ya  como riquezas,  ya como po­der , los despojos  del  gobierno anterior, del  soberano

 

 

5 1Í      CURSO

Pontífice. Los efectos no tardaron en  dejarse sentir. Decíase que la reforma se habia efectuado, y que sin embargo  subsistían todavía la  mayor parte  (le los  mo­tivos  que la  habian hecho  desear. Volvió  puesáapa­recer  bajo  la forma popular, pidiendo contra los  obis­pos  lo que  antes pidió  contra la corte de  Roma, acu­sándolos de haberse constituido otros tantos papas. Cuantas veces  la  suerte general de la  revolución reli­giosa  se  veia comprometida , siempre que se trataba

de  luchar contra la antigua iglesia, se unian todos los miembros  del  partido reformado para hacer  cara al enemigo común. Pero pasado el  peligro,  la  lucha interior volvíaá entablarse; la reforma popular ata­caba nuevamenteála  reforma  real y aristocrática, de­nunciaba sus  abusos, se  quejaba de su  tiranía, la inti­mabaáque cumpliese sus  promesas,  yá que no re­produjese el poder  que  ella misirta habia destronado.

Hácia  la misma época se declaraba en la sociedad civil  un movimiento  de emancipación , una necesidad de  libertad  política apenas conocida, ó á lo menos impotente hasta entonces. En el  curso  del siglo  XVI la  prosperidad comercial de Inglaterra se aumentó con una  estrema  rapidez, al mismo  tiempo que la riqueza territorial  y las  haciendas cambiaron de mano  en su mayor  parte. El  progreso  de la  división  de las tierras inglesas  en el siglo XVI,áconsecuencia  de  la ruina de la aristocracia feudal, y otras muchas causas  que  sería prolijo  enumerar, es un  suceso en que no  se ha puesto bastante atención : todos  los documentos nos mani­fiestan que el número de propietarios aumentó  pro­digiosamente  en aquella época, y que  la mayor  parte de  las tierras pasabanámanos de  la  gentrjr, esto es, de la  nobleza inferior, y de  los plebeyos. La alta no­

 

 

DE      HBTOBIA      MODEIMA.   5 1 5

bleza, la cámara de los lores, era mucho menos rica que la  cámara  de los comunes á principios del si­glo  XVI. De modo  que  habiaála vez un  gran desar­rollo de  riqueza  industrial,  y un gran  cambio en la ri­queza de propiedad. En medio de estos dos hechos, sobrevino otro: el  nuevo  movimiento de los  espíritus. E l reinado  de Isabel fue tal  vez la época de la m ay o r

actividad literaria  y filosófica de Inglaterra; tiempo  de pensamientos fecundos  y atrevidos : los puritanos se­guían, sin vacilar,  todas  las  consecuencias de una  rígi­da  doctrina,  pero fuerte; otros espíritus  menos mora­les y mas  libres,  que  no reconocían ningún principio, ningún sistema, acogian solícitos todas las ideas que

ofrecian satisfacer algún tanto su curiosidad y alimen­taban su ardor. En donde el movimiento de  la  inteli­gencia  sea un vivo  placer,  la libertad será  bien pronto una necesidad, que pasará brevemente  del  pensamien­to público  al estado.

Bien  se  manifestaba en  el continente, en algunos de los  paises en  donde habia  aparecido la  reforma, cierta propensión del mismo género, una cierta necesidad de libertad política; mas  los  medios  de éxito  feliz fal­tabanáesta nueva  necesidad; no sabia  en dónde  ase­gurarse , no  encontraba  ningún  punto  de apoyo en las instituciones ni  en las costumbres; permanecía vaga, incierta,  buscando en vano  cómo hacerlo para satisfa­cerse. En Inglaterra  sucedió todo lo  contrario; allí el espíritu de  libertad política que volvióáaparecer  en el siglo XVI con motivo de la  reforma,  tenia un pun­to de apoyo y medios  de acción en  las  antiguas  ins­tituciones, en  el  estado  social  entero.

Nadie  ignora, señores,  el primer origen de las ins­tituciones  libres dé Inglaterra; todos saben que en

»0

 

 

314      oumo

424 5 la           coalicion          de        los       barones            arrancó            la         magna

carta  de las manos del rey Juan. Lo que no se sabe tan generalmente, es que esta magna carta fuese

otra vez puesta  en  planta y confirmada por la  mayor parte  de los reyes sucesivamente. Entre el siglo XIII y el XVI fue confirmada mas de treinta veces. Y no solo se confirmó sino que se dieron  nuevos  estatutos para sostenerla y desarrollarla. Podemos decir que vivió sin  claro ni  intervalo. Al  mismo tiempo se for­mó la cámara de  los comunes  tomando lugar en las instituciones  soberanas  del  país. Bajo la raza de los Plantagenet  echó  verdaderamente  sus  raices; no quie­ro decir con esto que en esta época haya repre­sentado ningún gran  papel en el estado, pues el go­bierno propiamente dicho  no  le pertenecía ni por via de  influencia; solo  intervenía en él cuando era convo­cada  por el rey, y cuando tal sucedía casi siempre lo verificaba  con  pena, vacilando, y como temerosa de  comprometerse  mas bien  que como celosa de au­mentar su poder. Mas cuando se trataba de defender sus derechos particulares, la  fortuna,ó la casa de  los ciudadanos, y en una palabra, las libertades individua­les , la  cámara de los  comunes cumplía entonces su misión con  mucha mas energía y perseverancia; po­seía-todos los  principios que hoy dia constituyen la

base     de la constitución de   Inglaterra.

Despues de los  Plantagenet, y sobre todo bajo el reinado de los Tudor,la cámara  de  los  comunes,ómas bien  el Parlamento entero, se presenta bajo otro as­pecto. Ya no defendía tan bien  las libertades individua* les  como  cuando, los Plantagenet. Los arrestos arbi­trarios, las violaciones  de los derechos particulares se hicieron mucho mas frecuentes,  ignorándose  las mas

 

 

DE      HISTORIA     H O tlIK A .    5 1 5

de  las veces. En desquite  el  parlamento  tenia mucho mas  ascendiente en el gobierno general del estado. Para  cambiar la religión del  pais  y arreglar el orden de sucesión, Enrique VIH necesitaba  un  apoyo, un instrumento público, valiéndose  con  este objeto del parlamento,  y sobre  todo de la  cámara de los comu­nes. Bajo  la  dominación  de los Plantagenet este fue' un instrumento de resistencia, una garantía de los  dere­chos privados; y bajo  el reinado  de los Tudor se con­virtió en  un  instrumento de gobierno, de política  ge­

neral; de manera queáfines del siglo XVI, aunque ha•bia servido  y sufrido  casi todas las tiranías, sin  embar­go su  importancia uo  habia  dejado  de aumentarse mu­cho; habia establecido su poder, este poder sobre  el cual descansa,ádecir verdad, el gobierno representativo.

Si observamos el  estado de  las instituciones libres de Inglaterra á fines del siglo XVI encontrarémos  :

primero, máximas, principios de libertad  que habian permanecido constantemente escritos, que jamas ha­bian sido  perdidos  de  vista por el pais ni la  legisla­ción; segundo, precedentes, ejemplos de  libertad  muy diversos es verdad, ejemplos y precedentes contrarios entre sí, pero bastante  suficientes para legitimar y sos­tener las  reclamaciones,  para  apoyarálos defensores de la libertad  en la  lucha empeñada contra .la arbi­trariedadóla tiranía; tercero, instituciones especiales y locales, fecundas  en gérmenes de libertad: el jura­do , el  derecho de  reunirse,  de armarse, la indepen­dencia de las administraciones  y de  las  jurisdicciones municipales; cuarto, finalmente, el  parlamento y su poderío,  de quien la dignidad  real  tenia mas necesidad que nunca, pues  habia dilapidado la mayor parte de sus  dominios,  derechos  feudales, ventas independien-

 

 

5 1 0    CUBgO

tes,  etc.,  sin  tener  otro recurso para atenderásu ma­nutención que  el  de apelar al voto  del país.

El estado político  de la  Inglaterra era pues, en el siglo XVI, enteramente  diferente del del  continente; yápesar  de la tiranía de los  Tudor,  del triunfo siste­mático de la monarquía  pura, existia sin embargo en él un  fuerte  punto  de apoyo, un medio  seguro  de acción para el nuevo  espíritu de libertad.

En esta  época dos necesidades  nacionales coincidie­ron en Inglaterra :  por una parte  una necesidad  de  re­volución y libertad  religiosa  en el  seno  de la reforma despues  de  principiada; por la otra, una necesidad de libertad política  en él seno de la monarquía pura en progreso; y estas  dos necesidades  podian  invocar para ir  mas adelante  lo que ya se  habia  efectuado  en uno y

otro camino  : se aliaron. O partido  de la  reforma re* ligosa invocó la  libertad política  en socorro  de  su fe y conciencia, contra el  rey y los  obispos. Los amigos de la libertad  política volvieronábuscar  el apoyo de la reforma popular  : ambos  partidos hicieron causa co­mún para luchar  contra el  poder absoluto en el  orden espiritual y temporal, poder que entonces  se veia con­centrado enteramente en manos del rey. Este es el

origen  y          sentido de        la         revolución inglesa.

Se dedicó esencialmenteála  defensaóála conquis­ta  de la libertad. Para el  partido  religioso fue  un  me­dio, para el  político.un  objeto; mas se trataba de li­bertad y entrambos estaban obligadosá protegerla. Entre el  partido episcopal  y el puritano jamas hubo una  queja verdaderamente  religiosa, apenas se empe­ñócontroversia  alguna  sobre los dogmas,  sobre  el ob­jeto  de  la fe propiamente dicha;  no  porque no dejase de  haber  entre  ellos diferencias muy  reales en cuanto

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  5 1 7

áopiniones, muy importantes y de grandes conse­cuencias; sino porque no  era este  el punto  capital. La libertad práctica era  lo  que  el partido puritano  quería arrancar al episcopal; por  esto se  empeñó el combate:

también habia  otro partido religioso  que quería fundar un sistema,  que  pretendía hacer prevalecer otros  dog­mas, otra disciplina, otra constitución eclesiástica; es­te era el partido presbiteriano  : pero aun cuando hizo todos los  esfuerzos posibles  no estaba en disposición de entregarseátodasr las  esperanzas  de su  deseo. Coloca­do en  la  defensiva, oprimido por los  obispos, no pu- diendo  obrar la menor cosa sin el consentimiento de los  reformadores  políticos, sus  aliados  y gefes necesa­rios , la libertad era  el  ínteres dominante  del  partido presbiteriano; Ínteres general, opinion común de to­dos los partidos  que  concurrían al movimiento,  cual­quiera que fuese su  diversidad. Si tomamos las cosas bajo  un  punto de vista mas  general, la revolución de Inglaterra fue esencialmente política, efectuábase en medio  de  un pueblo  y en  un siglo religioso;  las idease y las pasiones religiosas le servían de instrumentos, mas su  primera intención y su objeto definitivo  eran políticos,  se dirigianála  libertad, ála abolición de todo poder absoluto.

Voyá recorrer las diferentes fases de  esta  revolu­ción ,ádescomponerla en  los  grandes  partidos que se sucedieron  en  ella; despues la  volveréáentrelazar en el curso general de la civilización europea, marcarésu  lugaréinfluencia,  y veréis por los  detalles de los hechos cómo desde  el  principio se nos presenta  como el primer  choque  del libre  exámen y de  la  monarquía pura; la  primera esplosion  de la  lucha de  estas dos grandes fuerzas.

 

 

S I S    CURSO

En esta poderosa crisis se  manifiestan tres partidos principales; tales son  las revoluciones que se contie­nen en  ella  en cierto modo, j que  se  presentaron su­

cesivamente  en la  escena. En cada partido, en cada revolución se aliaban dos  bandos  y marchaban juntos, el  uno  político y el otro religioso; el  primeroála  ca­beza , el  segundo como  en  su  seguimiento, pero  nece­sitando el uno del otro, de modo  que el doble ca­rácter del acaecimiento está impreso  en todas sus fa­ces.

El primer  partido  que  se deja ver, aquel bajo cu­ja bandera han marchado todos los demas, es el de la reforma  legal. Cuando principió la revolución de In­glaterra ,  cuando  se  reunió  aquel gran parlamento en 4640 , todo el mundo decia, y algunos  creian <son sin­ceridad, que  la reforma  legal  era suficiente para todo; que existían en  las  antiguas lejes y prácticas del pais re­medios pará  todos los abusos, para restablecer un sis­tema de gobierno  enteramente conforme al voto pú­blico.  Este partido reprobaba altamente,  j quería  pre­caver sinceramente los impuestos percibidos ilegalmen­te, las prisiones  arbitrarias, los actos reprobados; ea una palabra, todo  quería hacerlo valiéndose de las le. jes conocidas  del pais. En el fondo de estas ideas exis­tia una  creencia hacia la soberanía  del r e j , es decir, hacia el poder  absoluto.  Mas un secreto instinto  le ad­vertía  que  en aquello mismo habia  algo de falso j pe­ligroso ; por  lo  que deseaba que nunca se hablase  de aquel asunto: sin embargo, cuando se le  irritabaúobli­gabaáesplicarse,  admitía  en el gobierno real un  po­der  superiorátodo  origen  humano, á toda interven­ción, defendiéndole cuando era necesario. Al mismo tiempo  creía que  esta soberanía absoluta comoá prin-

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  S19

cipio debia ejercerse’ siguiendo ciertas  reglas, ciertas formas; que  no podia  traspasar ciertos límites, y que estas reglas,  estas  formas y estos límites estaban sufi- cientemente establecidos y garantidos en la magna carta, en los  estatutos  confirmativos, en las  antiguas leyes del pais.  Tal  era su símbolo político. En materia religiosa,  el partido legal creía que el obispado habia invadido demasiado las atribuciones de los demas, que  los  obispos tenían  sobrado poder político, que su jurisdicción era  muy estensa,  que era preciso restrin­girla y vigilar su ejercicio. Con todo, miraban con afición  al  obispado, no  solo como institución eclesiás­tica , como sistema del  gobierno  de  la iglesia, sino por ser un  apoyo  necesario de  la prerogativa real, y un medio para  defender y sostener la supremacía  del  rey en materias  religiosas. La soberanía del rey en el or­den político ejerciéndose según las  formas y en  loslí­mites legales  reconocidos, la supremacía del rey en <■1orden religioso, aplicada y  sostenida  por el obispa­do, era el doble sistema del partido legal, teniendo por principales gefesáClarendon, Colepepper, Lord Capel y hastaálord  Falkland,ápesar  de ser el parti­dario mas  ardiente  de  las libertades públicas, y el  que contaba en  sus filas casiátodos  los grandes señores

que no  estaban servilmente subyugados por  la corte. •Detras  de estos se adelantaba un segundo partido

que llamaré  de  la revolución política: este creía que las antiguas  garantías, que  las  antiguas  barreras lega­les habian sido insuficientes, que se debia obrar un gran cambio, una verdadera revolución, no en las formas sino en la  realidad del gobierno;  qne  era  pre­

ciso retirar al  rey yásu consejo  la independencia de su poder, y colocar la preponderancia política en la

 

 

5 3 0    CUBSO

cámara  de  los  comunes;  que  el gobierno propiamente llamado debia  perteneceráesta  asamblea  yá sus ge- fes. Este partido no se hacia  cargo  de  sus ideas, de sus  intenciones, tan clara y sistemáticamente  como yo lo  hago; mas  tal  era  el fondo de sus  doctrinas, de sus tendencias políticas. En lugar  de la soberanía  absolu­ta  del rey, de  la  monarquía  pura,  creía en la de la cámara  de los comunes como asamblea  representante del pais. Bajo esta  idea  se  hallaba oculta la  de la  so­beranía  popular, idea que el  mismo partido que la so­licitaba estaba bien distante de poder conocer adop­tando todas sus  consecuencias, pero  que  al presentarseáél la había aceptado bajo la  forma de la  soberanía de la cámara  de los comunes.

Un partido religioso, el de  los presbiterianos, es­taba unido al partido  de la revolución  política con vínculos los mas  estrechos. Los  presbiterianos  querían hacer en  la iglesia una  revolución  análogaála que sus aliados  meditaban  efectuar  en el estado. Queriau que la  iglesia se 'gobernase  por  medio de asambleas, dar

el  poder religiosoá una gerarquía de asambleas in­gertas  las unas  en  las  otras,  del  mismo modo que sus aliados pretendían dar  el poder político ála cámara de  los  comunes. Con  todo,  la revolución presbiteria­na era mas  atrevida y completa, pues tanto tendía ácambiar la  forma como el fondo  del gobierno de la iglesia, mientras  que el  partido político solo aspirabaácambiar  las influencias,  la preponderancia, sin me­ditar  ningún  otro  trastorno en la forma de las institu­ciones.

Las gefes del partido político tampoco todos eran favorablesála organización presbiteriana de  la iglesia. Muchos de  ellos, entre los cuales se cuentan Hampden

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  3 3 1

y Hollis hubieran preferido  tal vez un obispado mo­derado , reducidoálas funciones  puramente eclesiásti­cas , y  mas libertad de conciencia. Sin embargo, se re­signaban , pues que necesitabanásus  fanáticos  aliados.

Habia  otro partido aun que pedia mucho mas; de­cía que era  necesario cambiarála  vez  los cimientos  y forma del  gobierno; que toda la constitución política era viciosa y funesta. Este partido se separaba ente­ramente de las  antiguas ideas de  la Inglaterra, renun­ciabaásus  instituciones,á sus recuerdos nacionales, para.fundar un nuevo  gobierno según la  teoría pura, ta l á lo menos como  él la concebia. No era una  sen­cilla revolución  de gobierno, sino una formal revolu­ción  de la sociedad  la  que  quería  obrar. El  partido  de quien ahora mismo  acabo de hablar, el partido de la

revolución política, quería introducir grandes  cambios en  las relaciones del parlamento con la  corona, esten­der  el poder de las  cámaras, sobre todo el de la de los comunes, conferirla el  derecho de  nombramiento para  los  cargos públicos principales, y darla  la direc­ción suprema  de los  negooios  generales; mas sus  pro­yectos de reforma no se  estendian mucho mas allá. No se  propuso ninguna idea para cambiar por ejem­plo el sistema  electoral,  el  judicial, administrativo y municipal del pais. El partido republicano  meditaba todos  estos cambios, y proclamaba la necesidad que habia  de llevarlosácabo; en una  palabra, quería re­formar no  solo  los poderes públicos, sí que también las relaciones  sociales y la distribución  de los derechos

Este partido participaba como el anterior de una porcion religiosa  y otra política. En la política se  al­bergaban  los republicanos propiamente llamados, los

ki

 

 

3 2 2    com o

teóricos, Ludlow, Harrington, Milton, etc. Junto áestos  formaban los republicanos de  circunstancias, de intereses, los gefes principales del ejército, Ireton, Cromwell, Lambert, hombres mas ómenos sinceros en el arrebato de su primer pronunciamiento, pero que pronto se dejaron seducir por  miras personales, y por  las  necesidades  de  su situación. Al  rededor de es­tos se reunia  el partido republicano  religioso,  todas las sectas entusiastas que  no reconocían  otro poder legíti- timo que  el de  Jesucristo, y que mientras esperaban su venida querían ser  gobernados por sus  elegidos. Se­guíanáeste partido un crecido número de libertinos subalternos,  y de hombres fantásticos y delirantes  que se prometían  los unos la licencia,  los otros la igualdad de  bienesóel  sufragio universal.

Señores, despues  de once años  de lucha, en 4653, ya habian aparecido y se habian estrellado sucesiva­mente todos estos partidos; á lo menos deberían creerlo  asi, el público  estaba convencido de ello. El partido legal habiéndose quedado atras desde luego, vió menospreciar  la antigua  constitución,  las leyes del pais, y penetrar las innovaciones por -todas partes. El  partido de  la revolución política veia perecer las formas parlamentarias en el  nuevo  uso  que habia  que­rido hacer de ellas;  veiaála cámara de los comunes despues  de doce años de dominación, reducida por la espulsion  sucesiva  de los realistas y presbiterianosáun  reducido número de miembros,  cámara  que fue despreciada, detestada del público, éincapaz de go­bernar. El partido republicano parecia haber alcan­zado mejor  su  objeto : en  la apariencia quedó dueño

del campo y del poder; pues la  cámara  de  los comu­nes  apenas  contaba  mas que  50ó60 miembros,todos

 

 

DE      HWTOMA     MODE1MA.  5 2 5

republicanos.  Podían considerarse y llamarse señores del país. Mas este se negaba  absolutamenteá dejarse gobernar  por tal partido; los  republicanos no podían hacer  cumplir su voluntad en ninguna parte; faltába­les toda acción sobre  el ejército y el pueblo.  Todo vín­

culo , toda  seguridad social dejó de existir, no se ejer­cía la justicia,  y si la  había no  era tal  pues  que  no se administraba mas que  por el ínteres de las pasiones, de la  fortunaóde los  partidos. La  misma poca segu­ridad que  habia en  las  relaciones de los hombres, se hizo estensivaálos  caminos;  veíanse  cubiertos de la­drones, de  bandidos ; la  anarquía  material y la moral tronaban por todas  partes,  y la  cámara de los comu­nes  y el consejo de  estado republicano eran impoten­tes para  reprimirla.

Los tres grandes partidos de la revolución fueron llamados sucesivamente  para conducirla, para  gober­nar el pais según su conocimiento  y voluntad,  yápe­sar  de  eso  no  pudieron; los tres se estrellaron com­pletamente. Entonces fue,dice Bossuet, «cuando apa­reció  un  hombre que nada fióála fortuna de cuanto pudo alcanzar por medio  del cálculo y de la previ­sión ;» espresion llena de  error que  desmiente toda la historia.  Jamas ha habido hombre  que  haya fiado masála fortuna  que  Cromwell, ni ha  existido una  persona que mas  se haya espuestoásus azares, que mas te«merariamente haya marchado sin designio, sin obje­to , pero.siempre decididoáir tan lejos como le con­dujese la  suerte. Una ambicio'n sin  límites,  y una  ha­bilidad  admirable para  deducir cada  día, de cada  cir­cunstancia, algun nuevo progreso, el arte de aprove­char  la fortuna  sin pretender jamas  reducirlaáreglas, este fue  el  carácter verdadero de  Cromwell. Le suce-

 

 

8 1 1    cmao

dk> lo que quizá no  acaecióáotro hombre de  su clase; atendióátodas las fases mas diversas de la revolu­ción , fue  el  hombre  de  los  primeros y últimos tiem­pos , unas  veces  el  gefe  de partido de la  insurrección, el  promovedor  de  la anarquía, el  mas fogoso revolu­cionario de  la  Inglaterra, otras de  la  reacción anti-re- volucionaria, del restablecimiento del orden, de la reorganización social, representando él solo de esta manera  todos  los papeles  que se  repartían los princi* pales  actores en  el curso  de las revoluciones. No po­demos  decir  que Cromwell fuese un Mirabeau, pues le faltaba  la  elocuencia,  y aunque  muy activo no  ob­tuvo  ningún aplauso ni  en los primeros años del  largo

parlamento. Mas fue  sucesivamente un Danton y un Bonaparte. Él mas  que otro alguno contribuyó áder­ribar  el poder, y él mismo lo  levantó despues , por­que nadie  mas  que  él  supo tomarle y dirigirle. Era preciso que  alguien tomase las  riendas del gobierno, nadie sabia ni podia, y él  lo  alcanzó. Este fue su títu­lo.  Dueño ya  del  gobierno  este hombre cuya  ambición se habia mostrado  tan  audazéinsaciable, que siempre marchó por decirlo asi  atropellandoála fortuna,  de­cididoá no« pararse jamas, desplegó un buen senti­do, una prudencia, un conocimiento de lo posible que dominaba  sus mas  violentas pasiones. Es verdad que tuvo una  afición  decidida al  poder  absoluto, y un vi­vo deseo de  colocar la corona en su cabeza y en la de su familia. Renuncióáeste último designio cuyp peligro supo  conocer  con tiempo,  y en cuanto  al po­der absoluto,  aunque  le  ejercía de hecho, siempre es­tuvo en  la  inteligencia que no  estaba en armonía con el carácter  de  su  tiempo,  que la  revoluciónáque ha­bia cooperado  y que  siguió bajo todos  aspectos se ha-

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  5 2 5

bia .entablado  contra el despotismo, y que el voto constante de la Inglaterra era el  de ser gobernada por un  parlamento  y con las formas parlamentarias. En­tonces , como  déspota por afición  y en el  hecho, qui­so tener un  parlamento y gobernar parlamentariamen­te.  Se dirigió  sucesivamenteátodos los partidos, pro­bó combinar  un parlamento con los entusiastas religio­sos , con los  republicanos, con los  presbiterianos, y con los  oficiales del ejército. Todo lo revolvió para constituir  un  parlamento  que pudiese  y quisiese mar­char con  él. Mas  fue  en vano; una vez sentados los partidos en el palacio de Westminster, querían arran­carle el poder  que ejercía, y dominar ásu vez. No digo  que su Interes,  que  su pasión personal no fuese su  idea  favorita, pero tampoco es menos cierto que si

hoy      hubiese abandonado   el         poder,  se         hubiera            visto

obligadoátomarle otra  vez  al  dia siguiente. Entre pu•rítanosórealistas,  republicanos úoficiales,  nadie mas que Cromwell estaba entonces  en estado de gobernar con algún orden y justicia.  Ya se habia  hecho la  prue­ba. Era imposible dejarálos parlamentos, es decirálos  partidos sentados en el parlamento, que tomasen un imperio  que .no podian  conservar. Tal  era la situa­ción de  Cromwell: gobernaba con un sistema  que  sa­bia muy bien que no  era el  del  pais; ejerció  un poder que  todos  reconocieron como necesario, pero que al mismo  tiempo nadie aceptaba. Ningún partido miro su  autoridad  como un gobierno definitivo. IjOS realis­tas ,  los presbiterianos, los republicanos, el ejército, que era  el  partido que parecía mas  adictoáCromwell, todos  estaban convencidos de que su  gobierno  era pa- sagero. Jamas reinó en los espíritus, nunca fue mas que un mal andar, una necesidad del momento. El

 

 

396      cunto

protector,         el dueño absoluto        de la    Inglaterra,        se         vio

obligado toda su  \idaámanejar hábilmente  su fnra«para sostenerse en  el  poder; ningún  partido  podia go­bernar  comoél, mas  ninguno le era  tampoco adicto :

asi es que se tío constantemente atacado por todosála vez.

Guando  su muerte, solo los  republicanos estaban en disposición de  empuñar  el cetro del  poder; lo proba­ron , mas no salieron mejor  que antes  «n su  empresa. No  fue por falta de confianza,álo menos en los faná­ticos del partido. Milton  publicó  en  aquella  época, un- cuaderno  lleno  de ingenio y buen sentido, titulado :

«Mediofá d ljr  pronto para  restablecer la república.)> Considerad cuál era la ceguedad de esos hombres. Bien pronto volvieron ácaer en  la imposibilidad de gobernar  que ya habían esperimentado. Monk, fue quien dirigió  el acaecimiento que  esperaba  toda la In­glaterra. Efectuóse la restauración.

La restauración de los Estuardos fue en Inglaterra un acaecimiento  muy  nacional. Presentóseála  vez con los  méritos  de un gobierno antiguo, de un gobierno que  descansa  en  las tradiciones, en los  recuerdos del país; y con las ventajas de un gobierno nuevo de quien no  se  habia hecho ninguna  prueba  reciente, ni  se ha­bían sufrido apenas  las  faltas  y peso. La antigua mo­narquía era el único sistema de gobierno que hacia veinte  años  no  se  veia desacreditado  por su incapaci­dad  y mal éxito  en la administración del país. Estas dos  causas  hicieron  la  restauración popular, sin tener contra ella  mas  que las  consecuencias de  -los partidos violentos, pues  el público se  unióáella sinceramente.

Según-la opinion  del país, era  la sola probabilidad/ el sólo medio de gobierno  legal, es decir,  lo que  el país

 

 

M        HISTORIA     MODERNA.  5 3 7

deseaba con    mas ardor.       Precisamente esto       fue       lo que

ofreció  la restauración, teniendo buen cuidado  de pre­sentarse bajo  el  Aspecto de  un gobierno  legal.

* A la vuelta de Cárlos  II, el primer  partido realista que tomó  la  dirección  de  los  negocios  fue  en  efecto el partido  legal representado por su  gefe mas  hábil, el gran canciller  Clarendon. Sabéis  que  desde \ 660 has­ta 4667 Clarendon fue el primer ministro, y la ver­dadera  influencia dominante en Inglaterra. Clarendon y sus  amigos volvieronápresentarse con su antiguo sistema,  con  la  soberanía absoluta del re y, contenida en límites legales, reprimida ya por  las cámaras en ipateria de impuestos, como  por los tribunales en ma­teria de  derechos particulares  de libertades individua­les , pero poseyendo en  cuanto  al hecho de gobierno propiameute  llamado, una independencia casi comple­ta, y una preponderancia  la  mas  decisiva para  la  es- clusionócontra el  voto de la mayoría de  las cámaras, y principalmente contra la  de los comunes;  sin dejar de tener por esto bastante  respeto al  orden legal, bas­tante solicitud por  los  intereses del pais, poseyendo un sentimiento noble  de su dignidad, un color moral, grave y honorífico; tal  era el carácter  de la  adminis­tración  de Clarendon  durante siete años.

Mas  las ideas  fundamentales sobre  que reposaba  es­ta administración,  la soberanía absoluta  del re y,  y el gobierno  colocado fuera de la poderosa  influencia  de las cámaras,  estas  ideas  digo,  eran antiguaséimpo­tentes. Apesar de la reacción efectuada en los primeros momentos  de  la  restauración, veinte  años  de domina­ción parlamentaría contra la dignidad real  las habia arruinado para  sifcrtipre. Pronto estalló  en  el  seno del partido realista  unñuévóelemento: espíritus  libres y

 

 

5 * 9    CUB90

díscolos que participaban de las ideas del tiempo, creían  que la, fuerza estaba en los comunes; y acordán­dose poco del orden  legal ó de la soberanía absoluta del  rey, solo  se ocupaban  en el  éxito  de sus miras, buscándole  por todas partes  en donde entreveían algún medio de influencia y poder. Formaron un partido que 9e  unió con  el  nacional descontento,  y Clarendon fue derribado.

Entonces  llegó un  nuevo sistema  de  gobierno, el de esta  porcion  de partido realista  que acabo de descri­bir; los libertinos y díscolos formaron  un ministerio que  se llamó miuisterio  de  la  Cabala, y otras muchas administraciones que sucedieron á esta. Hé aqui su carácter. Los  principios,  las  leyes  y derechos  les eran indifei'entes,  ningún  cuidado  les daba la justicia ni la verdad,  buscaban cuáles  eran los  medios  de lograr su

objeto  en cada ocasion; si el  éxito  dependia de la in­fluencia de los comunes, se hacían partidarios de estos, si  les  congenia .perjudicar, ridiculizaráesta  cámara, lo hacían  sin la menor aprensión, dándola  al  día  siguien­te una  satisfacción  si era  necesario. Un día se intenta­ba la  corrupción, otro se  lisonjeaba el espíritu,nacio­nal , sin tener ningún  cuidado  de  los intereses genera­les del pais, de su  dignidad, de  su honor; en una pa­labra , era un gobierno enteramente egoístaéinmoral, estraño á toda doctrina, átoda mira  pública; mas bastante  inteligente y liberal  en el fondo  y en la prác­tica  de los negocios. Este fue el  carácter de la Cabala, del  ministerio del  <?onde de  Danby y de todo el go­bierno iuglés dtísde 4667 hasta 4679. A pesar de su inmoralidad, de  su  desden por lps principios y ver­daderos intereses del pais,  ,qste gobierno fue menos eclipso,,  menos  impopular que; ,ql taini^rio de

 

 

J)E       HISTORIA     110DZR3A.    5 2 9

don. ¿Y por qué? Porque era mas propio de  aquellos tiempos, porque conocía mejor  los sentimientos del pueblo aún en  los momentos que  este le servia de juguete, porque no era antiguo y eslraño como el de Clarendon; y aun cuando hizo mucho mas daño al  país, este  se acomodaba mejorásu régimen.

Con todo, llegó un momento en  que la  corrupción, la  bajeza, el desprecio de los derechos  y honorpú­blico fueron  llevadosátan alto  grado que faltó la re­signación. Verificóse un levantamiento general con­tra el  gobierno  de los  libertinos. En el seno  de lacá­mara de los comunes se habia formado un partido nacional, patriótico. El rey se decidióánombrarálos gefes de  este para el consejo,  y entonces tomaron la dirección  de los  negocios lord Essex, el hijo  de aquel que mandó  los primeros ejércitos parlamentarios du­rante la guerra civil, lord Russel, y otro hombre que sin tener ninguna  de sus  virtudes le era muy su­perior en habilidad política: lord Shaftesbury. Lle­gado  de este modoála  dirección  de  los negocios ,  el partido nacional se mostró incapaz  de ella, no supo apoderarse de la  fuerza moral del pais, ni llevar  bien los  intereses, los usos, las preocupaciones del rey, de  la corte, ni  de  todos aquellos con  quien tenia co­municación. No dió una grande  idea de  su habilidad y energía, al pueblo, al rey, niáninguno. Estrelló­se  despues de  haber permanecido un corto  tiempo en el poder. Las  virtudes de sus  gefes, su valor genero­so , su  honrosa muerte, hicieron  que  se vieran ensal­zados en la historia, colocándoles justamente en el mas  alto raqgo; mas su capacidad política no guar­daba proporciones  con sus virtudes, pues no supieron ejercer  aquel  mismo  poder que no  habia  podido cor-

»2

 

 

5 3 0    CURSO

romperles, ni hacer  triunfar la causa por la que su­pieron morir.

Habiendo abortado esta tentativa  , ya veis  en quéestado se vería la restauración inglesa; se valió en cierto modo,’como la revolución, de todos  los partidos, de  todos los  ministerios, del ministerio  legal, del cor­rompido  y del nacional, y con ninguno alcanzó su

objeto. El pais y la corte se encontraban en una si­tuación  poco  mas ómenos  como la de la Inglaterra en 4653, a  fines de la tormenta revolucionaría. Re­corrióse  al mismo espediente: lo  que Gromwell  hizo en provecho de la revolución, Gárlos II lo verifico en  favor  de su  corona  entrando  en la  carrera del po­der absoluto.

Jacobo II sucedióásu hermano.  Una segunda cues­tión vinoáañadirseála del poder  absoluto, la de la religión. Jacobo II quiso hacer triunfar la autoridad del papa  al mismo tiempo  que el despotismo. He aqui cómo en el origen de la revolución se empeñó una lucha  religiosa  y política contra el gobierno. Muchos decían que nadie sabia  lo que hubiera  sucedido si Gui­llermo III no  hubiera  vivido, si  no  hubiese marchado con  sus holandesesáponer un términoála querella entablada entre Jacobo II y el pueblo inglés. Yo soy  de  parecer que de todos modos se hubiera efec­tuado el  mismo acaecimiento. La Inglaterra en gene­ral, esceptuando una pequeña  parte, se habia unido en  esta  época contra Jacobo II, y es bien cierto que bajo  unaú otra forma hubiera llevadoácabo la re­volución de 4688. Pero esta crisis  sucedió por  causas superiores aun al mismo  estado interior de la Ingla­terra. Fue tan europea como inglesa. Aqui  es donde la revolución de Inglaterra se volvió áunir con el

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  5 5 1

curso general de la civilización europea por  los mis­mos hechos,é independientemente de la influencia que pudo ejercer su ejemplo.

Mientras  se sostenía en Inglaterra la  lucha  que aca­bo  de manifestar, el  combate del  poder absoluto  con­tra la libertad religiosa y civil,  una guerra del mismo género se empeñaba en el continente, diferente en cuantoálos actores, teatro  y formas, pero del mis­mo  fondo  y por la  misma causa. La monarquía pura de Luis XIV intentaba convertirse  en  monarquía uni­versal;álo menos las  apariencias lo hacian  presumir, y la  Europa lo  temia. Hízose una  liga en  Europa cen­tre partidos pólíticos para resistirá esta tentativa, y el  géfe de  ella fue  el hombre  que representaba la li­bertad religiosa y civil en Europa: Guillermo, prín­cipe de  Orange. La república protestante de Holanda con Guillermoásu cabeza  emprendió la obra de re­sistirá la monarquía pura representada  y conducida por Luiá XIV. Entonces no se  trataba en la  aparien­cia  de la libertad civil y religiosa en el interior de los  estados, sino  de su independencia esterior. Luis XIV  y sus adversarios no creian debatir entre sí la cuestión que  se  disputaba  en Inglaterra. La  lucha te­nia lugar, no entre partidos, sino  entre estados; veri­ficábase  por  la guerra  y la  diplohnacia, no  por revo­luciones ni movimientos políticos. Mas en cuanto al fondo era  la  misma cuestión la  que  se  trataba.

Guando  Jacobo II resucitó en Inglaterra el debate del poder absoluto  y de la libertad, esta discusión cayó en medio de la  lucha general  que  habia en  Eu­ropa  entre Luis XIV  y el príncipe  de  Orange, uno y

otro representantes de  dos  grandes sistemas, que lucha­ban  sobre  el Escalda y  sobre el  Támesis. La liga  con-

 

 

5 5 3    cum o

tra Luis XIV fue tan poderosa que se vieron entrar en ella, pública úocultamente, pero de un modo real, algunos sobaranos, seguramente bien indiferentesálos intereses  de la libertad  civil  y religiosa. El em­perador  de  Alemania  y el papa Inocencio XI soste­níanáGuillermo  III contra Luis  XIV. Guillermo pa­sóáInglaterra  menos  para  servir  los  intereses interior res  del  pais que ,para atraer á toda la Inglaterra en pesoála  lucha contra  Luis  XIV. Tomó á este reino comoáuna fuerza  nueva de -que tenia necesidad, y de  la cual  su  adversario habia  dispuesto hasta enton­ces contra él. Mientras Garlos II y Jacobo II reinaron, la  Inglaterra  pertenecióá Luis XIV , este fue quien habia  dispuesto  de  ella  oponiéndola  sin cesarála Ho­landa. La  Inglaterra pues  fue  arrancada del  partido de la monarquía  pura y universal, para hacerla el  instru­mento  y el apoyo mas fuerte  del  partido de la liber­tad  religiosa. Este  es el lado  europeo  de la  revolución de 4688 ; por aqui tomó lugar en el conjunto de los acaecimientos de Europa,  independientemente del papel que ha ejecutado por su ejemplo, y de la influencia  que  ejerció  sobre  los espíritus en el si­glo siguiente.

Ya lo  veis, señores, el verdadero sentido, el ca­rácter esencial  de esta  revolución, fue la tentativa de abolir el  poder absoluto  asi  en el  orden espiritual co­mo en  el  temporal. Este hecho  se encuentra en  todas las  fases de la  revolución,  en  su primer período  hasta la restauración, en el  segundo hasta  la  crisis de  4688, ya  se la  considere  en  su desarrollo  interior,  ya en sus relaciones con la  Europa en general.

Sobre  el continente  nos queda que  estudiar el  mis»mo grande acontecimiento, la  lucha de  la monarquía

 

 

BE       HISTOBIA     MOMBNA.    8S S

pura y del  libre examen,óálo menos  sos  causas,  y las mas inmediatas. Este será el objeto de nuestra próxima y última reunión.

 

 

 

 

LECCION      XIV .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Señores:

Procuré,  señores, en  nuestra última  reunión  deter­minar  el verdadero carácter, el  sentido  político  de la revolución de Inglaterra. Convenimos en  que fue el primer choque de  los  dos  grandes  hechos áque vinoáparar toda  la civilización de la primitiva Europa, esto  es, la  monarquía pura y el libre exámen en el curso  del siglo XVI. Estos dos  poderes por la  prime­ra vez llegaronálas  manos  en Inglaterra. Se  ha que­rido inducir  una diferencia  radical entre el estado so­cial de Inglaterra  y el del continente; se ha creido  que no era  admisible  comparación alguna  entre dos paises de destinos tan diferentes;  se  ha  afirmado que el pue­blo inglés  habia vivido en un cierto  aislamiento natu­ral análogo al material  que poseia.

Es verdad  que entre la civilización inglesa y la de los estados  continentales hubo  una grande diferencia de  que es  preciso  hacerse cargo. Ya  lo  habréis entre­visto en el curso  de mis esplicaciones. El desarrollo de  los diferentes principios y elementos  de la sociedad

 

 

556      cubso

se  verifico en Inglaterra en cierto modo de frente  y si­multáneamente, á lo menos mucho mas que en el continente. Cuando intenté determinar la fisonomía propia de la civilización  europea comparada con las civilizaciones antiguas  y asiáticas, hice ver  que  la  pri­mera  era variada, rica, complexa; que jamas habia caido  bajo el  dominio esclusivo  de  ningún principio, que los diferentes elementos del estado social se habian combinado, combatido, modificado, viéndose conti­nuamente obligadosá transigir, y állevar  una vida comun¿ Este suceso, señores,  que es el  carácter  gene­ral de la civilización  europea,  ha  sido  sobre todo el de la  civilización inglesa. En Inglaterra fue en  donde se produjo este sistema con  una marcha mas  evidente, en donde  el orden civil y religioso, la aristocracia, la de­mocracia, el poder real,  las instituciones locales y centrales, el desarrollo moral  y político  han marcha­do  y aumentádose, por decirlo  asi,  los unos  encima de los  otros, si no con  una igual rapidez,álo menos siem­preámuy  corta distancia. Bajo  el reinado de  los Tu- dor,  por ejemplo, en medio de  los progresos  mas  bri­llantes de la monarquía pura, vimos  al principio  de­mocrático, al poder popular, cómo penetraba y se fortificaba al mismo  tiempo. Estalla la  revolución del siglo XVII, que fueá la \e t religiosa y política, lia aristocracia feudal apareció  en  ella  muy débil y coa todos  los  síntomas de decadencia: sin embargo, aun se  hallaba  en estado de  conservar un  lugar, represen­tar  un papel importante en  ella y apropiarse una parte en los  resultados. Lo mismo sucedió  en todo el curso de la historia de Inglaterra; jamas se vió perecer en ella completamente ningún antiguo elemento,  ni tampoco triunfar del todo ningún elemento nuevo; nunca se

 

 

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apoderó un principio especial de una dominación es- elusiva. Siempre hubo un  desarrollo simultáneo en  las diferentes fuerzas, cierta transacción entre sus preten­sioneséintereses.

En el continente la marcha de la civilización fue mucho menos  complexa  y perfecta. Los diversos ele­mentos de la sociedad, el orden religioso, el civil, la monarquía, la aristocracia,  la democracia,  no se desar­rollaron de una vez y de frente,  pero  sí sucesivamente. Cada  principio, cada sistema, tuvo en  cierto modo su turno. Asi hubo un siglo  que pertenecióála  aristocra­

cia  feudal, no  quiero decir eselusivamente, porque se•ria demasiado decir, pero con un predominio muy marcado;  otro  al  principio monárquico;  otro al  demo­crático. Comparad la edad media francesa con la in­glesa , los siglos XI, XII y XIII de nuestra  historia, con los correspondientesála de Inglaterra, y encon­traréis en esta época en  Francia el feudalismo cuasi es­tablecido en soberano, el poder real  y el principio de­mocrático cuasi nulos. IdáInglaterra y veréis  domi­nar la  aristocracia feudal,  sin  que la autoridad real y la  democracia dejen de ser fuertesé importantes. El poder real triunfó del mismo modo en Inglaterra bajo el reinado de Isabel, que en Francia bajo Luis XIV;¡pero qué  manejos  se  vió obligada á seguir! qué de

restricciones tan pronto aristocráticas como democrá­ticas  tuvo que sufrir! También en Inglaterra cada sis­tema, cada principio tuvo su  época de fuerza  y éxito, pero jamas tan completa  ni eselusivamente como  en el continente: el vencedor  siempre  se vió  obligado áto­lerar la presencia de sus rivales, y hacerles alguna concesion. A esta diferencia de la marcha de las dos civilizaciones, se agregan  las ventajaséinconvenieptes

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5 5 8    cítiso

que en  efecto  se manifiestan en la historia de los dos paises. Nadie duda que este  desarrollo simultáneo de los  diferentes elementos sociales, contribuyó podero­samente para hacer llegarála Inglaterra mas pronto que todos los  demas  estados del continente  al objeto de toda  sociedad,  es decir, al establecimiento de uri gobiernoála  vez  regular  y libre. Es propio  de la  na­turaleza de un gobierno dirigir bien todos los intereses, todas  las  fuerzas, hacerlas conciliar, vivir  y prosperar en común: por el concurso de una multitud de cau­sas, la  disposición, la relación de los  diversos elemen­tos de la  sociedad  inglesa  ya se hallaban en este caso de antemano:  allí hubo menos  dificultad  en constituir un gobierno  general  y algo  regular. Del mismo modo la esencia  de la libertad es  la manifestación y acción simultánea  de todos los  intereses, de todos  los dere-

phos, de todas  las fuerzas, de todos los elementos  so­ciales. La Inglaterra estaba mas  cerca de este resulta­do  que  la  mayor  parte  de los  estados  de  Europa. Por las  mismas  causas, el  buen  sentido'nacional, el  cono­cimiento  de los negocios públicos debieron formarse en ella  con mas prontitud: el buen sentido político consiste en  saber tener  cuidado con los hechos, apre­ciarlos en  su valor, y dar  su parteácada  uno; en In­glaterra fue una necesidad  del estado social,  un resul­tado natural del curso  de la  civilización.

En cambió, en los  estados del continente, habiendo cada  sistema  y cada  principio tenido  su  turno particu­lar , y habiendo  dominado de una manera  mas com­pleta, mas  esclusiva, el  desarrollo se hizo sobre una escala mas estensa, con mas grandeza y esplendor. Asi, el  poder real  y la  aristocracia feudal se produje­ron en  la  escena  del continente con  mucha mas auda­

 

 

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cia, estension, libertad. Todas sus esperiencias políti­cos , por  decirlo asi, fueron mas espaciosas y acabadas. De  aqui resulta que las ideas políticas,  hablo de las generales  y no  del buen sentido aplicadoála marcha de los negocios; que las ideas digo,  que las doctrinas políticas  se  elevaron en ella mucho mas, desplegáron­se  con mucho  mas vigor  intelectual. Habiéndose pre­sentado cada sistema en cierto modo solo, habiendo permanecido largo tiempo  sobre la escena,  se  le pudo considerar en su  conjunto , remontarseásus primeros principios, descender á sus últimas consecuencias, y desmenuzar plenamente su  teoría. Cualquiera  que ob­serve  con alguna atención  el carácter  ingles, advertirádos particularidades: por una parte seguridad en el buen sentido, y habilidad práctica; por  la otra falta de  ideas generales*, y altivez de  espíritu en  las cuestio­nes teóricas. Abrase una obra inglesa  de historia, de jurisprudencia,ó de cualquiera otra materia, y rara vez  encontraremos en ella el motivo de  las cosas, la gran razón fundamental. En  todo, y mas notablemente en  las ciencias políticas, la  doctrina pura, la filosofía, la  ciencia propiamente llamada han prosperado  mucho mas en el continente  que en Inglaterra,álo  menos su arrojo ha sido mucho mas audaz y poderoso. Y no se puede dudar que el  diferente carácter del desarrollo de la civilización en los  dos  paises  contribuyó- de un modo eficazáeste  resultado.

Ademas de esto, piénsese lo  que se  quiera de los inconvenientesóventajas  que ha acarreado esta dife­rencia,  ella es  un  hecho real, incontestable, el hecho que distingue mas profundamente la Inglaterra del continente.  De que  los  diversos principios, los diferen­tes elementos sociales  se  hayan desarrollado  aqui mas

 

 

540      cobso

simultánea, allí mas sucesivamente, no se  sigue por esto  que en el  fondo el camino  y el  objeto no hayan sido  los mismos. Considerados en  su  conjunto,  la In­glaterra y el continente han recorrido las mismas gran­des  fases  de civilización; los acaecimientos  han seguido el  mismo curso, laá  mismas causas  han  traido los .mis­mos efectos  en  una  y otra. Debeis haberos convencido de esta verdad en la pintura  que hice de la civilización hasta el  siglo XVI; lo  veréis  igualmente en el  estudio de  los  siglos XVII y XVIII. El desarrollo del  libre examen y el  de  la  monarquía pura que fueron cuasi simultáneos en Inglaterra, en el continente  se efectua­ron con  intervalos  bastante largos, y los dos poderes despues de haber  dominado sucesivamente  con esplen­dor se llegaron al  finálas  manos. La marcha general de  las  sociedades  ha sido pues la  misma,  y aunque las

diferencias  sean reales, su  semejanza es mas profunda todavía. Un  rápido bosquejo de  los tiempos modernos

os quitará cualquier duda  que pudierais tener sobre el particular.

Asi  que  se considera la  historia de la Europa en los siglos XVII y X V III, no  puede menos de conocerse que la Francia marchaá la  cabeza de la civilización europea. Ya insistí sobre este hecho y procuré indi­car  su  causa al principio de este curso. Ahora le  vol­vemosáencontrar mucho mas  brillante que nunca.

El principio de la monarquía  pura,  del poder real absoluto  ya habia dominado en España  bajo  Carlos V y  Felipe II, antes de manifestarse en  Francia bajo el reinado de Luis  XIV ;  del mismo modo que el prin­cipio  del  libre examen reinó en Inglaterra en el siglo XVII., antes  de  desarrollarse en  Francia en  el  XVIII. Con todo, la monarquía  pura no salió de la España

 

 

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ni'tampoco el  libre examen de Inglaterra para inva­dirála  Europa. Los dos principios,  los dos  sistemas, quedaron en cierto modo confinados en el pais en donde  habían  prosperado.  Era  preciso  que pasasen por  * la Francia si  querían estender sus cónquistas; que la monarquía pura y la  libertad de examen se hicieran francesas  para convertirse en europeas. Este carácter comunicable  de la  civilización francesa, este  genio  so­cial  de  la Francia  qne se  ha producido en todas épo­cas, ha brillado sobre todo en  la  que ahora tomamos por objeto. No  insistiré sobre este hecho; j a lo ha­béis  visto  manifestado con razones  y hechos esclare­cidos  en las lecciones en que llamé vuestra atención para observar la  influencia  de la literatura  y déla  filo­sofía francesa  en el  siglo  XVIII.  Visteis que  la Francia filosófica, en  cuantoálibertad, tuvo mas autoridad en Europa que la Inglaterra siendo  libre. Visteis igual­mente que la civilización francesa se mostró mucho mas  activa y contagiosa que  la  de cualquier otro pais. No tengo ninguna necesidad de pararme en los déta- lles de este  hecho; no me valgo de él  mas que para manifestar el derecho que creo tener de encerrar en

la sola Francia  el cuadro de la civilización europea mo­derna. En esta época hubo sin  duda entre la civiliza­ción  francesa y la  de los  otros estados de  Europa  cier­tas diferencias de que deberíamos tener  cuidado si pre- terfdiese esponer su historia; mas voy tan de prisa que  me veo precisadoáomitir,  por  decirlo asi, pue­blos y siglos.  Quiero  concentrar por un momento  vues­tra atención sobre  el curso  de la'civilización francesa, imágen imperfecta, y comoátal imágen  del  curso ge­neral  de las  cosas en Europa. *

En       los       siglos   XVII   y          XVIII  la         influencia de   la

 

 

542      curso  

Francia  en Europa se presenta bajo  aspectos muy di­ferentes. En el primero el gobierno francés es  el que

obra en Europa, y marcha á la cabeza  de  la civiliza­ción general.  En el segundo,  ja no es el gobierno fran­cés sino la  sociedad francesa, la misma Francia la que se  ha hecho dueña de la preponderancia.  Al principio, Luis XIV y su corte, y despues la  Francia con su

opinion  fueron  quienes gobernaron los  espíritus, y se atrajeron todas las miradas. En el siglo XVII hubo pueblos  que como tales  aparecieron antes en  la  esce­na, que tomaron mas parte  en los acaecimientos que el  pueblo francés. Asi,  la nación alemana durante la guerra de  los 30 años, y el pueblo ingles en la re­volución de Inglaterra, representaron en sus propios destinos un papel mucho mas grande que en aquellaépoca los franceses en la suya. En el siglo XVII igualmente, hubo gobiernos mas fuertes, considera­dos y temibles  que  el  francés. Nadie duda que Fe­derico II, Catalina II y María Teresa, tuvieron mas actividad y preponderancia en Europa que Luis XV. Sin  embargo, en entrambas épocas la Francia se  man­tuvoá la cabeza de la civilización europea, en un principio por su  gobierno , después por ella misma; tan pronto por  la  acción política de  sus señores,  como por su propio desarrollo intelectual.

Para conocer con  exactitud la influencia dominante en  el curso  de la  civilización en Francia, y por consi­guiente en Europa, debemos estudiar el gobierno fran­cés en el siglo XVII, y la sociedad francesa en el XVIII. Es preciso cambiar de terreno y espectáculo conforme el tiempo cambia  la  escena  y los  actores.

Cuando  se  habla  del gobierno de Luis X IV , cuan­do  se trata de apreciar  las  causas de su poder,  de su

 

 

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influencia en Europa, apenas se hace mención mas que de  su  esplendor, de sus  conquistas, de su  magni­ficencia, de la gloria  literaria del tiempo. Siempre se dirige uno y atribuye á causas esternas la prepon­derancia  europea del gobierno  francés.

Esta preponderancia creo  que estribó en bases mas profundas,  en motivos mas serios.  No creamos  que  fueúnicamente  con victorias, fiestas, ni tampoco por  los escritos  y obras  maestras de los  ingenios de aquellos tiempos, cómo  Luis XIV, y su  gobierno representaron en esta época el papel  que no se le puede disputar.

Muchos  de vosotros podréis acordaros, y todos  ha­bréis oido hablar  del  efecto  que hizo en Francia ha­ce 29 años el  gobierno consular, del estado en que encontróánuestro pais. En el esterior una invasión estrangera  que amenazaba continuos desastres en  nues­tros ejércitos; en  el interior  la  disolución  cuasi comple­ta del poder  y del pueblo,  sin rentas, sin ordenpú­blico; en ui¿a  palabra, una sociedad en derrota, hu­millada , desorganizada:  tal  era la Francia cuando el advenimiento del gobierno consular. ¿Quién no se acordará de  la prodigiosa  y feliz actividad  de aquel  go­bierno , de aquella  actividad que en poco tiempo  ase­guró  la independencia  del  territorio, volvióálevantar el  decaido honor nacional, reorganizó la administra-

‘cion, rehizo la legislación, y en una palabra, hizo renacer en cierto modo la sociedad  bajo la mano del poder?

Pues  bien, señores, cuando principió el  gobierno de Luis XIV hizo en favor  de la  Francia algunas cosas análogas  y con grandes diferencias  en el tiempo, en los procedimientos  y formas, siguió  y alcanzó cuasi los mismos  resultados.

 

 

544      craso

Acordaos del estado en  que habia  caido la Francia despues del gobierno  del cardenal  de Richelieü,  y du­rante la menor edad de Luis XIV :  los ejércitos es­pañoles siempre apostados  en las fronteras, y algunas veces  en  el interior; el continuo peligro de una inva­sión ; las disensiones  interiores llevadas hasta  el colmo, la guerra civil, un gobierno débil y desacreditado asi en  el  interior como en  el  e6terior; hé aqui la pintura verdadera del pais. Jamas  hubo política  mas miserable, mas despreciable en Europa, ni mas impotente en Francia que la del cardenal Mazarin. En una palabra, la sociedad se hallaba en un  estado tal vez menos vio­lento pero bastante análogo al nuestro, antes del 18 de brumario. Luis  XIV sacóá la Francia de este estado. Sus  primeras victorias produjeron el efecto de la de Marengo: aseguraron el territorio,  y reanimaron el honor nacional. Voyáconsideraráeste gobierno  ba­jo sus principales  aspectos, en  sus  guerras, en sus re­laciones esteriores, en su  administración, en su legis­lación ; y creo veréis  en la comparación de que ha­blo, y ála que no  quisiera  dar una pueril importau- cia, porque hago poco caso, de las comparaciones  his­tóricas, veréis,  repito,  que esta semejanza tiene  un fon­do verdadero, y que tengo derecho de valerme  de ella.

Ante todas cosas hablemos de las  guerras de Luis XIV .,Las guerras de Europa, como sabéis, han sido en  su origen unos grandes  movimientos  de  los pueblos, impelidos por la necesidad, capricho, ócualquiera

otra  causa, de  las poblaciones enteras, ya compuestas de numerosas masas como de cortas bandas, traspor­tándose de un paisá otro. Este es el carácter ge­neral de las  guerras  de Europa hasta despues de las cruzadas, hasta fines  del siglo  XIII.

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  /           5 4       5

Entonces empezó otro género de guerras casi tan diferentes  de aquellas como de las modernas: guerras lejanas, emprendidas no por los  pueblos sino por los gobiernos, que ibanála cabeza de sus ejércitos bus­cando en paises remotos nuevos estados y aventuras. Abandonaban su país, su propio territorio, para in­ternarse los unos en Alemania otros en Italia, y otros en Africa, sin mas motivo que su capricho personal. Casi todas las guerras del siglo  XV y parte del XVI, fueron de esta naturaleza. ¿Qué Ínteres, no hablo del legítimo, qué  motivo tenia  la Francia para querer que Carlos  VIII poseyera el  reino de Ñapóles? Es claro que era una  guerra que no fue dictada por ninguna consideración  política; el rey  creía  tener derechos  per­sonales sobre el reino  de Ñapóles, y con un objeto personal, para satisfacer  su deseo  particular, empren­dió la conquista de un pais lejano, que tan mal se avenía con  las conveniencias territoriales de su reijno, que no hacia mas que comprometer su fuerza en el estrangero, y su tranquilidad en el interior. Lo mismo sucedió con la espedicion de Cárlos  V en Africa. Laúltima guerra  de  este género  fue  la  espedicion de Car­los XII contra la Rusia. Las guerras  de Luis  XIV no tuvieron este carácter,  fueron nacidas de  un gobierno regular  que permanecia fijo  en el centro de sus esta­dos, que trabajaba para conquistar ásu alrededor, para estenderó consolidar su territorio; en una pala­bra ,  eran upas verdaderas guerras  políticas. Pudieron ser justasó injustas, pudieron costar muy caroá la Francia; sobre este particular, contra su moralidadóesceso, habría mil consideraciones que hacer, mas en cuanto al hecho, llevaban consigo un carácter in­comparablemente mas racional'que las  guerras ante-

 

 

346      ciiso

riores; ya no eran caprichos ni aventuras, sino que fueron emprendidas con  motivos mas serios ;  para al­canzar ial límite natural, apropiarse tal poblacion que habla  el mismo  idioma, tal punto de defensa que era preciso adquirir contra las asechanzas de una potencia

vecina. Es verdad que la ambición se mezclaba en ellas; pero examinad las guerras- de Luis XIV uua por  una, principalmente  las que tuvieron lugar  en la primera parte de su  reinado, y siempre encontraréis en ellas motivos verdaderamente políticos; las veréis emprendidas en favor  de la  Francia,  del poderío, de la seguridad del pais.

Los resultados probaron la  evidencia  del hecho. La Francia de  hoy  dia  es  aun  bajo muchos puntos de vis­ta tal como la produjeron las guerras de Luis XIV. Vense todavía incorporadas en ella el Franco Con* dado, la Flandes  y la Alsacia. Hay conquistas pruden­tes éinsensatas  : las de Luis XIV fueron de  la  cla­se de las primeras, sus empresas no tuvieron aquel carácter de despropósito y capricho tan  generales has­ta entonces; si no presidió  siempre una política justa y sagaz á sus conquistas,álo menos no le fidtó el mérito de la habilidad de ingeuio.

Si paso  de las guerras de Luis  XIV ásus relacio­nes  con  los  estados estrangeros,ásu diplomacia  pro­piamente llamada, encuentro un resultado bastante análogo. Dije, señores,  que  la diplomacia  tuvo  su cu­na  en  Europaáfines del siglo XV. Procuré  manifes­taros de  qué modo  las relaciones de los gobiernos y de los estados entre sí, tan accidentales, raras,  y poco comunes hasta entonces,  se hicieron en aquella época ma3 regulares y duraderas, cómo  tomaron un  carácter de  grande  Ínteres público, cómoáfines del  siglo  XV

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  5 4 7

y en la primera parte del XVI la  diplomacia  empezóárepresentar  un papel importantísimo en  los acaeci­mientos. Sin embargo,  hasta el  siglo  XVII no fue ver­daderamente  sistemática, hasta entonces no habia pro­ducido  grandes alianzas ni combinaciones, sobre todo durables, dirigidas segun  principios fijos, con un ob­jeto constante,  y con este espíritu de  mancha  que es el verdadero carácter de los gobiernos establecidos. Durante el  curso de la revolución religiosa, las  rela­ciones  esteriores  de los  estados estuvieron casi del to­do  sujetas bajo el imperio  del Ínteres religioso; la  liga protestante y la católica se dividieron la Europa. En el  siglo X VII, despues  del tratado de  Westfalia,  bajo la influencia del  gobierno  de Luis XIV , fue  cuando la diplomacia  cambió  de  carácter. Por una parte escapóá la influencia esclusiva del principio religioso: las alianzas, las combinaciones políticas se hacian por

otras  consideraciones. Al mismo tiempo se hizo mucho mas  sistemática,  mas regular, siempre dirigiéndoseáun cierto objeto, y segun principios permanentes. A esta  época pertenece el nacimiento regular  del sistema del equilibrio en Europa.  Bajo el reinado de Luis XIV este  sistema con todas las consideraciones que dima­nan de él  tomó posesion  verdaderamente de la políti­ca  europea. Si  buscamos cuál fue sobre el particular la  idea  general, el principio dominante de la política de Luis  XIV, hé  aqui  lo  que creo  descubrir.

Ya  os  hablé  de la lucha  que  se empeñó  en Europa entre la monarquía pura de Luis XIV, pretendiendo hacerse  un gobierno monárquico universal, y la  liber­tad civil y religiosa; la  independencia de los estados, bajo  la  dirección  del príncipe de  Orange y de Guiller­mo III. Visteis que el  gran suceso  de la Europa en

 

 

SIS      CURSO

esta ópoca fue  la partición de  las potencias bajo es­tas dos banderas. Mas,  señores, entonces nadie se ha­cia c.irgo de aquel hecho como ahora  yo lo esplico; se hallaba oculto, ignorado hasta de los mismos  que lo ponian en práctica, el sistema reprimido de la monarquía pura, la  libertad civil y religiosa consagra­da; tal  debió ser  en el fondo el resultado de la  resis­tencia  de la Holanda  y sus aliados contra Luis XIV. Mas  la cuestión no estaba abiertamente colocada  eu- tre el poder  absoluto y la libertad. Hemos oido de­cir muchas veces  que la propagación del poder abso­luto fue  el principio dominante de la diplomacia de Luis  X IV ; yo no  lo creo. Esta consideración no  ocu­pó un lugar poderoso en  su política hasta muy tarde, hasta su vejez. El poder de la  Francia, su preponde­rancia en Europa, la humillaciou  de las potencias ri­vales , en una palabra, el ínteres político y la fuerza del estado fue siempre el objeto constante de Luis X IV , ya combatiendo contra la España, contra el

.emperador de Alemaniaócontra la Inglaterra. Obrómucho menos con la idea  de propagar el poder  abso­luto , que con el deseo de dominación y engrandeci­miento de la Francia y su  gobierno.  Hé aqui  una prue­ba que  dimana del mismo Luis XIV entre las  muchas que podrían citarse. En  sus  memorias, en el año 466G, se  encuentra, si no me equivoco, una nota  poco masómenos  concebida en  estos términos :

((Esta mañana he tenido una conversación con el señor  de Sidney, caballero ingles, que me ha  habla­do  de lo posible que es ivanimar el partido republi­cano en  Inglaterra. Al efecto me ha  pedido cuatrocien­tas mil libras, y le  dije que solo podia  facilitarle dos­cientas mil. Me ha invitado áhacer venir de Suizaá

 

 

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otro ingles llamado Ludlow para hablar con él sobre el. mismo objeto.»

En efecto, en las memorias de Ludlow hacia la misma fecha se  encuentra un párrafo cuyo sentido es el siguiente:

«He recibido del gobierno francés una invitación para  que fueseáParís con el objeto de hablar de los negocios  de mi pais,  pero desconfío  de este gobierno.»Ludlow en efecto no salió de  Suiza. Ya veis  que la humillación del poder real en Inglaterra formaba en esta cpoca los votos de  Luis XIV. Fomentó las disen­siones interiores, trabajó para resucitar el partido re­publicano ,éimpedir  que Cirios II sé hiciese dema­siado poderoso en su pais. El mismo hecho se  repro­dujo sin  cesar  durante la embajada de Barillon en In­glaterra. Cuantas veces la autoridad de Cárlos II pa- recia tomar la iniciativa, cuantas veces el partido na­cional se veia al borde del precipicio, otras tantas el embajador francés dejaba caer áeste lado todo el peso de su influencia: comprandoá los gefes de la

oposicion luchó contra el poder absoluto,  desde que conoció  que era el medio mas á propósito para de­bilitaráuna potencia rival de la Francia. Cuando  con­sideréis con atención la marcha de las relaciones es­tertores bajo el reinado de Luis XIV , siempre veréis

que      es         este      el         hecho  dominante.

También os admiraréis de la capacidad y habili­dad de la diplomacia francesa en aquella época. To­dos los hombres instruidos conocen los nombres de Torcy, Avaux, y Bonrepaus. Cuando se comparan las  credenciales, las memorias, los manejos,  y la  con­ducta de los consejeros de Luis XIV con los minis­tros plenipotenciarios  que entablaban  las negociaciones

 

 

5 5 0    curso

españolas, portuguesas y alemanas, se advierte al momento una superioridad en los franceses , no solo en su seria  actividad y aplicaciónálos negocios, sino también con respectoá su  libertad de espíritu  ; esos cortesanos  de un  rey absoluto juzgaban de los acaeci­mientos esteriores,  de los partidos, de  las  necesidades de libertad, y de las revoluciones populares, mucho mejor  que la mayor parte  de los  ingleses de aquellos tiempos. Solo la diplomacia holandesa en el siglo XVII podia igualarse con  la francesa. Los ministros de Juan de Witt y de Guillermo  de  Orange, de esos  ilustres gefes  del partido de la  libertad civil y religiosa,  eran los únicos que parecia estaban en estado de luchar contra los  servidores  del  gran rey absoluto.

Ya  lo veis,  señores; tanto  si  consideramos las  guer­ras de Luis XIV, como sus relaciones diplomáticas, siempre llegamosálos mismos  resultados. Fácilmente se concebirá, que un gobierno  que dirigía tan bien sus guerras y negociaciones, debia consolidarse en Eu­ropa y presentarse en ella  no solo como temible, síque también como hábil éimponente.

Llevemos nuestras miradas  al interior  (le la Fran* cia,  sobre la  administración y  legisl ación de Luis XIV, y encontraremos nuevas esplicaciones sobre la fuerza y magnificencia de su  gobierno.

Es difícil determinar con precisión qué es lo que debemos entender por esta palabra administración en el gobierno  de un estado. Si procuramos hacernos car­go de este hecho, creo  que podemos decir,  bajo un punto  de vista  general,  que la  administración consiste en un conjunto  de  medios destinadosáhacer  llegarla voluntad del poder centralátodas las partes  de la  so­ciedad  con la  mayor prontitud y seguridad posible,

 

 

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y  en hacer  subir  hácia el poder  central  bajo  las mis­mas condiciones todas las fuerzas  de la  sociedad, con­sistan  en hombres óen dinero. Si no me equivoco este es  el verdadero objeto,  el carácter  dominante de lá administración. Vemos según esto, que en el tiem­po en  que es necesario sobre todo establecer la uni­dad y el orden cu la sociedad, la administración es el gran medio  que  se presenta para alcanzarlo, para amalgamar, cimentar y unir los elementos incoheren­tes  y dispersos. Tal fue  en efecto la  obra de  la admi­nistración de Luis  XIV. Hasta sus tiempos nada ha- bia habido mas  difícil, asi en  Francia como  en el res- to de Europa,  que hacer penetrar la acción del po­der central  en  todas las partes de la sociedad, y re­coger en el seno de este mismo poder central los medios de fuerza  de la sociedad. Luis XIV trabajósobre el  particular,  y alcanzó su objeto hasta cierto punto, álo  menos incomparablemente mejor que los gobiernos anteriores. No puedo entrar en  detalles, pe­ro recorred todas las clases  de servicios públicos; los impuestos, los caminos,  la industria,  la administración militar, y todos los establecimientos que pertenezcanácualquier ramo de  administración;  apenas hay uno que  no  deba  su  origen, su  desarrolloómejora,  al rei­nado de Luis  XIV. Colbert y Louvois, hombres los mas  grandes de aquellos tiempos, desplegaron su ge­nio, y ejercieron su  ministerio como administradores. Por medio de estos  su  gobierno adquirió una genera­lidad , una seguridad y una consistencia que faltaban al  rededor de todos los  gobiernos europeos.

Este  reinado ofrece el mismo  hecho bajo  el punto de  vista legislativo. Vuelvoála comparación de que hablé al principio, ála  actividad legislativa del go~

 

 

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bierno consular, á su prodigioso trabajo  de revisión, lie reforma general de las leyes. Bajo Luis XIV tuvo Jugar un trabajo de la misma  especie. Las graneles or­denanzas  que promulgó, la criminal, la de procedi­mientos civiles, del comercio, de marina, de  aguas y bosques,  son otros tantos verdaderos códigos  que se hicieron del mismo modo que los nuestros, que se discutieron en el interior del consejo  de estado, bnjo la  presidencia de Lamoignon. Hay hombres que ci­fran su gloria en haber tenido parte en este trabajo y

discusión, como por ejemplo, el señor Pussort. Si quisiéramos considerar la  legislación de Luis XIV en sí misma, mucho podríamos decir contra ella; estállena de vicios, hoy dia bien palpables, y que nadie puede contestar; no se concibió en favor de la verda­dera justicia y libertad, sino en beneficio del orden público, para  dar mas'regularidad y estabilidad a las leyes. Mas solo esto era un gran progreso, y nadie duda que las  ordenanzas de Luis XIV, muy superio­res al estado anterior, contribuyeron poderosamente para hacer adelantarála sociedad francesa en la car­rera de la civilización.

Ya veis, señores,  que bajo cualquier punto de vis­ta que nos encaremos con  este gobierno, al instante descubrimos la fuente de su fuerzaéinfluencia. A de­cir verdad fue el  primer gobierno que se presentóálas miradas de  la Europa como un poder seguro de su hecho, que 110 tuvo que disputar su existencia contra enemigos interiores; que permanecía tranquilo sobre su territorio con  su pueblo,  ocupándose  tan  so­lo en  gobernarle. Hasta entonces todos los gobiernos europeos se habian visto arrastrados por las  guerras, las cuales les arrebataban toda seguridad y sosiego,

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  5 5 5

óde tal modo azorados  por partidos y enemigos inte­riores , que  pasaban el tiempo combatiendo  por su pro­pia vida. El  gobierno  de Luis XIV fue el primero  que apareció  aplicándose únicamenteásus negocios; como un poder definitivo y progresivo que  no teme las inno­vaciones  porque cuenta con el porvenir. En efecto, hu­bo muy pocos gobiernos tan innovadores como aquel; comparadlo con un gobierno de la misma naturaleza, con  la  monarquía pura  de Felipe II en España; que siendo mas  absoluta  que la  de Luis XIV, fue mucho menos regular  y tranquila. ¿Cómo alcanzó Felipe II establecer el  poder  absoluto en ¡España ?Ahogando to­da  la actividad del  pais, oponiéndose i toda clase  de mejora, haciendo de  la  España  un estado enteramen­te estacionario. El gobierno de Luis XIV al  contrario; se  mostró activo  en toda clase  de innovaciones , favo­rable al  progreso de las letras, artes  , riqueza, y ála civilización. Estas fueron  las  verdaderas causas de su  preponderancia  en Europa; influencia tal, que du­rante todo el siglo  XVII fue  eu el continente el tipo de los gobiernos, no  solo para los soberanos sí que también  para  los pueblos.

Ahora se  pregunta, y es muy  regular que se  diga, cómo es  posible que  un poder tan brillante y bien es­tablecido, si juzgamos por lo  que  acabo  de decir, pu­do caer tan pronto en tal grado de decadencia; cómo despues  de haber representado en Europa un papel tan importante se  hizo tan inconstante, débil y poco considerado en  el siglo XV. El hecho es incontesta­ble; en  el  siglo XVII el gobierno francés estaba ála cabeza de la civilización europea, en el XVIII este desaparece: la  sociedad francesa separada de su go­bierno  y muchas veces dirigiéndose contra él  mismo,

n5

 

 

354      eruto

fue la que precedió y guió  despues al  mundq europeo en sus progresos.

Aquí es  en donde encontramos el vicio incorregi­ble, el efecto  infalible del poder  absoluto.  No trato de hacer mención  de las faltas  del gobierno de Luis XIVápesar  de haberlas cometido grandes, no hablaré ni de la guerra  de  la sucesión de España, de la revoca­ción del edicto de Nantes,  de sus  escesivos  gastos, ni de otras muchas medidas fatales  que  comprometieron su  fortuna. Aceptaré  los méritos de este gobierno  ta­les  como acabo de manifestarlos. Convengo que tal vez no ha  habido jamas poder absoluto mas comple­tamente aprobado por aquel  siglo y por su pueblo, ni que haya hecho mas serviciosála civilización de su pais  yála Europa en general. Pues bien, señores, por solo el motivo de no tener este gobierno otro principio que el poder absoluto,  por no descansar mas que sobre esta base,  fue  tan pronta y merecida  su de­cadencia. Lo que faltaba esencialmenteá la Francia de Luis  XIV eran instituciones,  fuerzas políticas inde­pendientes ,  que subsistiesen por sí  mismas, capees de resistencia  y de una acción  espontánea. Las anti­

guas instituciones francesas, si es  que merecen este ^nombre,  ya no subsistían;  Luis  XIV  consumó  su des­trucción. No procuró reemplazarlas por otras institu­ciones  nuevas, pues le hubieran atado, y él no que­ría estar sujeto. La voluntad y la acción  del poder central fue lo  que  apareció  con  mas  ostentación en es­ta época.  El gobierno de Luis  XIV fue un  gran suce­so, un acaecimiento poderoso y brillante, pero sin

raiqes.Las instituciones libres son una garantía,  no so­lo de  la prudencia de los  gobiernos, sí que  también de su  duración. Ningún sistema puede ser  estable sino

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  5 5 5

por medio  de  instituciones. En todas aquellas partes en  donde el  gobierno absoluto se  ha*fijado, ha sido por haberse apoyado sobre verdaderas instituciones, tan pronto sobre  la  división de la sociedad en castas totalmente separadas, como sobre un sistema  de ins­tituciones religiosas. En el reinado de Luis  XIV el poder  y la  libertad se vieron huérfanos  de institucio­nes. En esta época nada habia en  Francia que garan­tizase  al pais  contra  la acfion ilegítima del gobierno,

vni al  gobierno contra la  acción  inevitable  del tiempo. Asi es que vemos como el  gobierno asistíaásu propia decadencia. No fue solo Luis XIV el  que envejecióy se debilitóáfines de su reinado, sino  todo el poder absoluto entero. La monarquía  pura estaba tan  gasta­da  en \ 7A2 como el mismo monarca. Y el mal era tanto mas grave cuanto Luis XIV abolió  las costum­bres junto con las instituciones  políticas. No  hay cos­tumbres políticas sin independencia. Solo  el  que sub­siste  fuerte por sí  mismo, es  capaz de  servir al poderó combatirle. Los caractéres enérgicos desaparecen con las  situaciones  independientes, y la  altivez de las almas nace  de la  seguridad  de los  derechos.

Este fue  el estado en  que Luis XIV dejóála Fran­cia y al  poder: una  sociedad en su desarrollo,  de fuer­za, riqueza, actividad intelectual  en todo género; y juntoáesta  sociedad  en  progreso, un gobierno esen­cialmente  estacionario, sin  ningún medio de  renovar­se, ni adaptarse al movimiento de su  pueblo, reduci­do despues de medio  siglo de  brillantezá la inmovi­lidad 'é  inercia, y caido  ya en vida de  su fundador  en una decadencia que parecía tocarásu disolución. Héaqui  la  situación en  que se  encontró la  Francia al sa­lir  del siglo XVII, y la  que imprimió en  la  época  si­

 

 

5 5 6    c u r s o

guiente una dirección y un carácter tan  diferentes. No hay necesidad de decir  que  el arrojo  del espí­

ritu humano y del libre exámen fueron  lo9 rasgos do­minantes, el hecho esencial  del siglo XVIII. Mucho habéis oido hablar sobre este  asunto en esta cátedra , por la voz  de un orador filósofo; y por la de un filó­sofo elocuente,  oisteis caracterizar esta época poderosa. En el corto espacio  de tiempo  que  me queda no pue­do aspiraráseguir todas las fases de la grande revolu­ción moral  que se  efectuó en aquella época. Con todo, no quisiera separarme de vosotros sin haberos llamado la atención sobre algunos rasgos tal vez poco advertidos.

El primero que  llama mi atención y acabo de  in­dicar , es la  desaparición cuasi completa, por decirlo asi, del  gobierno en el  curso del siglo XVIII, y la aparición  del espíritu humano, como principal  y cua­si  solo actor. Esceptuando lo  que  toca álas relacio­nes esteriores bajo el ministerio del duque Choiseul, y algunas  grandes conexiones que  se hicieron ála  di­rección general de los espíritus, como  por ejemplo en la guerra de América, esceptuando, digo,  algunos acae­cimientos de esta naturaleza, tal vez  jamas hubo uu gobierno tan inactivo, apático éinerte como el go­bierno francés  de este tiempo. En  lugar de aquel go­bierno tan activo  y ambicioso de Luis XIV que se hallaba  en todas partes,  que todo lo dirigía, visteis  un poder que solo  trabajaba para oscurecerse, y estar en

observación: tan débil y comprometido se conocía. La actividad  y la ambición emigraron enteramente del pais. Este solo con su  opinion  y movimiento intelec­tual fue el que se mezcló é intervino en todos los asuntos; el único que poseyó la autoridad moral que constituye el verdadero poder.

 

 

DE      HISTORIA     MODERNA.  5 5 7

El  segundo carácter que se advierte en el espíritu humano del siglo X V III, es la universalidad del li­bre exámen. Hasta entonces, y particularmente en  el siglo XVI, el libre exáinen  se liabiá ejercido sobre un

campo  limitado, especial. Tan pronto tuvo por obje­to  las  cuestiones  religiosas comoá la vez  las políticas y religiosas, mas sus pretensiones no se estendian áentrambas. Al contrario, en el siglo XVIII, la uni­versalidad era el carácter  del libre exámen, la reli­gión, la política; la pura filosofía, el hombre y la sociedad, la  naturaleza moral y material, todo se hi­zo un objeto de estudio, de duda, de sistema; las cuestiones antiguas  se vieron trastornadas, elevándose

otras nuevas.  Fue un movimiento que se dirigió  en to­dos sentidos aunque emanado de un solo y inismo

impulso.

Este movimiento tiene ademas un carácter singular y que quizá no se  ha encontrado  otra vez  en  la histo­ria  del mundo,  y es  el  de ser puramente  especulativo. Hasta  entonces en todas las grandes revoluciones hu­manas, la acción se habia mezclado inmediatamente con  la especulación. Asi, pues,  en el  siglo  XVI la re­volución religiosa principió por las ideas, por las dis­cusiones puramente intelectuales; mas también se diri­gió cuasi  desde el principioá los acaecimientos. Los gefes  de  los partidos intelectuales, bien pronto se hi­cieron dueños del partido; las realidades de la vida se  mezclaron  con los trabajos de la inteligencia. Lo mismo  sucedió  en  el siglo XVII en la revolución de Inglaterra. Ya veis  en Francia, en  el siglo XVIII,có­mo se ejerce en todas las  cosas  el espíritu humano, sobre  las  ideas  que siendo unidasálos  intereses, reales de  la vida, debian tener la mas  pronta y eficaz  in­

 

 

5 5 8    cubso

fluencia sobre  los hechos. Y  sin  embargo, los  princi­pales  partidarios, los actores de estos grandes debates, permanecen  estrañosátoda  especie de actividad prác­tica, meros especuladores que observan, juzgan y ha­blan  sin intervenir jamas  en los  sucesos. En ningunaépoca fue  tan  completamente distinto el gobierno de los  espíritus  y el de los  hechos,  de las realidades .ex­teriores. Hasta el  siglo  XYIII no fue  real en  Europa la  separación  del  orden espiritual  del  temporal. En él se  ha  desarrollado enteramente por la primera vez  el uno separado  enteramente del otro. Hecho grave que ha ejercido una influencia prodigiosa en el curso de los acaecimientos. Ha proporcionadoá las  ideas del tiempo un singular carácter de  ambiciónéinesperien- cia: nunca ha pretendido la filosofía  regir el mundo mas  que en  esta  época, ni  jamas la ha conocido me­nos. Era preciso que algún dia se  llegase  al  hecho, que el movimiento intelectual pasaseálos acaecimien­tos esteriores; péro como habían estado totalmente separados, el encuentro fue mas difícil y el choque mucho mas  violenta-

¿Por qué nos  hemos de  admirar ahora de otro ca­rácter  del estado del espíritu  humano  , esto  es, de su prodigiosa  revolución? Hasta entonces su  mayor acti­vidad se habia visto siempre contenida por ciertas barreras; el hombre habia vivido en medio de algu­nos  hechos entre los cuales algunos prestaban campoála consideración,  reprimiendo su movimiento hasta cierto punto. En el siglo X V III,  rae veré  embaraza­do para  decir cuáles eran los hechos esteriores que el espíritu humano respetaba  y ejercían sobre él algún imperio; pues  que miraba con odioódesprecio al es­tado social entero. De aqui sacó  la consecuencia que

 

 

DB      HISTORIA     MODERNA.  5 5 9

era  llamado  para reformar todas las cosas, llegandoáconsiderarse como una especie de creadores: las ins­tituciones, opiniones, costumbres, la sociedad y el mismo hombre, todo parecía  deberse rehacer, y la razón humana se  encargó de esta empresa. ¿Es  posi­ble que le pasase por el pensamiento una osadía se­mejante ?

He aqui, señores,  el poder que en el siglo  XVII se encontró en presencia de los restos del gobierno de Luis  XIV. Ya conoceréis  que era imposible no hubie­se  un choque entre estas dos fuerzas tan desiguales. El hecho  dominante de la revolución de Inglaterra, la lucha del libre exámen y de la monarquía pura debian también estallar  en Francia. Es verdad que las diferencias  eran grandes y debian perpetuarse en los resultados; mas  en el fondo la situación general era semejante, y el acaecimiento  definitivo tenia el mis­mo sentido.

No pretendo, señores, esponer aqui sus infinitas consecuencias. Llegamos cuasi  al término de nuestras reuniones, y es  preciso  que me detenga un instante. Solo quiero antes  de dejaros llamar vuestra atención sobre el hecho mas grave, yámi parecer mas instruc­tivo , que  se nos revela en  este gran espectáculo. Este es  el  peligro, el mal, el vicio insuperable del poder absoluto sea  el  que fuese, bajo cualquier nombre que aparezca y con  cualquier  objeto que se  ejerza. Visteis perecer el gobierno  de Luis XIV cuasi  por sola esta causa.  Mas, señores, el poder  que le  sucedió, el espí­ritu humano,  verdadero  soberano  del siglo XVIII, ha sufrido igual suerte;á su vez poseyó un  poder cuasi absoluto;ásu turno tomó una confianza escesiva en sí  mismo. Su fervor fue escelente y muy útil; y si

 

 

5 6 0    curso

fuese necesario resumir, espresar una  opinion defini­tiva , me apresuraríaá decir que el siglo XVIII me parece  uno de los mas grandes de la historia, el que tal vez ha hecho  servicios mas importantesá la humanidad, el que la ha proporcionado los mayores progresos, progresos los mas  generales; el que fue  lla­madoáfallar  en  su causa como ministro público, si es que puedo valerme de esta  espresion; en una pa­labra, siempre concluiré en  su favor. No es menos cierto  que el  poder absoluto que en esta época ejercióel espíritu humanó  le corrompió,  que miró  los hechos contemporáneos, las opiniones diferentes de las  que dominaban, con  una  aversión ilegítima; aversión que la  condujo al error yála tiranía. La  parte de error  y tiranía que en efecto se mezcló  con  el triunfo de la razón humanaáfines  de este  siglo,  !parte tan grande que no puede disimularse,  que es preciso manifestar en  lugar  de pasarla  en  silencio; esta parte de error y tiranía,  repito,  fue sobre todo el resultado del estravio en  que el  espíritu del hombre fue imbuido en estaépoca por  la estensión de su  poder. Es un deber, y creo será el mérito  particular  de nuestro triunfo, el  de reconocer  que todo poder, sea intelectualó temporal, ya  pertenezcaágobiernosóálos  pueblos,  tiene filóso­fosóministros, ejérzase  en unaúotra causa, y que to­do poder humano lleva consigo un vicio natural,, un

principio de inercia y  abuso  que debe hacerle señalar un límite. Solo  la  libertad general  de todos los  derechos, de  todos los intereses  ,  de todas las opiniones, la li­bre manifestación  de todas estas fuerzas,  su  coexisten­cia  legal; solo este sistema, repito, es capaz de res­tringir cada fuerza, cada  poder en sus legítimos lími­te*, impedirla  que usurpe las  atribuciones á los de­

 

 

M        HISTORIA     MODBRfVA. 5 6 1

mas, y en una palabra, hacer que el libre exámen subsista realmente  en provecho de  todos. Este es,  sé-ñores, el gran resultado, la lección de la lucha  que se  empeñóá fines del  siglo XVIII entre el poder ab­soluto temporal y espiritual.

Ya  he  llegado  al término  que me  propuse. Os  acor­daréis que al principiar este curso tuve por objeto presentaros el  cuadro general  del  desarrollo de la ci­vilización europea desde  la caida del  imperio romano hasta  nuestros  dias. He recorrido bien pronto esta car­rera; pero sin poderos decir apenas lo que  en ella hubo de importante, ni presentaros las pruebas de  todo cuanto  he dicho. Me he visto  precisadoáomitir  mu­chas  cosas, yásuplicarosámenudo me  creyeseis bajo mi  palabra. Creo  sin embargo haber alcanzado  mi ob­jeto, que no era otro que el de  indicar las grandes cri­sis  del desarrollo de la sociedad moderna. Permitid esta corta  digresión. Al  principiar procuré definir la civilización, describir el  hecho que  lleva su  nombre. Me  ha parecido que  la  civilización consiste en dos he­chos  principales:  en el desarrollo  de la sociedad hu­mana ,  y en  el del mismo hombre, esto  es, por una parte en el  desarrollo  político y social, por  la otra en el  interior, moral. Este año me he limitadoála his­toria  de  la  sociedad. Solo he presentado  la civilización bajo  un punto de vista social. Nada he dicho del de­sarrollo del  hombre,  ni he tratado de manifestaros la historia de las opiniones, del progreso moral de la humanidad. Cuando el  año próximo nos encontraré- mos  en éste mismo lugar,  he formado el proyecto de dedicarme especialmenteála Francia, y estudiar con vosotros lá historia de la  civilización francesa; pero detalladamente  y bajo  sus diferentes aspectos. Os  es-

»6

 

 

862      cdbm >i           i m       n u       M m iu .

plicaré úo solo la historia de  la sociedad  en Francia, si que  también  la del  hombre, considerando  con voso­tros los progresos de las  instituciones, de las opi­niones, de todas las clases de trabajos intelectuales, procurando conocer  de esta manera ciiál fue en su conjunto y de un modo completo el desarrollo de nuestra  gloriosa  patria. Ella tiene  derecho, señores,ánuestros  mas  caros  afectos,  asi en  lo pasado como en el  porvenir. (A'plausos prolongados).

 

 

 

FIN.

 

 

RESUMEN    CRONOLOGICO

 

 

de        hechos de,       la         historia            moderna          desde   la         caída    del       impe-

rio romano, para conocimiento de los sucesos en que funda c u iz o T sus reflexiones, y los que va siguiendo en sh HISTORIA GENERAL DE LA CIVILIZACION EN EUROPA , para

demostrar        los        progresos        de        la         civilización.

 

 

 

 

IU U K IO N  DE LOS BARDAROS.----FUNDACION DE LOS ESTADOS MODERNOS.

 

 

SIGLO V.

Año*.

La invasión de los bárbaros abre el segundo periodo de la historia moderna. Las tribus que hasla entonces  , en las heladas regiones del norte , habian conservado las costumbres salvages de  los primi­tivos  tiempos , se  precipitaron como un torrente sobre las comarcas eivilixadas del mediodía , y acompañaban sus pasos  las mas espan­tosas  catástrofes. Eniregcíbanse las ciudades álas llamas  , sucumbían los monumentos délas artes, desaparecían las leyes  y las institucio­nes , fruto de la experiencia de tantos siglos , en una palabra, se sumergía la civilización romana entre ruinas y un lago de sangre.

Abismada de nuevo la Europa en la ignorancia y en la barbaree, nos ofrece en seguida, en medio de las eteinas luchas de  los  pue­blos conquistadores , la cuna de las sociedades que debían levantarse sobre los restos de las que habian sido derribadas. La religión cris­tiana , que desde el siglo II era predicada en el norte, llega á ser el común vínculo de las naciones  que se  reparten la Europa  , pre­sideála fundación de los  estados modernos, y abre el camino áotra civilización mas bella, mas magnífica, mas grande que la de los tgipcios, la de los griegos y la de los romanos.

ACONTECIMIENTOS.

Vándalos ,       suevos¿           alanos, en        España.

409. — Los vándalos venian de las orillas del E lb a, los sueros de las del Danubio, y los  alanos de lo s' alrededores del Cáucaso. Estos

 

 

564      íBWMsn

tres pueblos reunidos atravesaron en el afio 409 la Galia y  fueroná establecerse ¿España.

Visigodos,       borgoñones y  francos en        la         Galia.

410. — Los godos se dividían en orientales ú ostrogodos , y en occi­dentales ó visigodos. Estos últimos se dirigieron en el año 410 ha­cia la Italia, y acabaron por  establecerse en el mediodía de la Ga-»lia , y en España  , de donde arrojaron álos vándalos que pasaron al Africa.—Los borgoñones, otro pueblo germano, se fijaron por el mismo tiempo en la parte de la Galia comprendida entre el Saona, el Ródano y los Alpes. En fin los francos que habitaban entre el M ein, el Weser y el R in, habiendo pasado este último río

420.     en        4^t0,    fueron  acercándoseála            Galia.

Fundación       de        la         monarquía francesa.

481. — Faramundo , Clodion  , Meroveo y Childerico, á quienes se ha dado el nombre de reyes, fueron los primeros gefes que dirigieron las espediciones de los francos en la Galia. Clovis, hijo de Chil­derico  , debe ser reputado el primer fundador de la monarquía francesa. Este príncipe arrojó á los romanos  , venció á los  borgo­ñones y á los visigodos, éhizo á París capital de su imperio* Proúto abrazó  la religión cristiana  ,  y esto  le concilió el afecto de los galos que eran cristianos.

Augüstulo,      último  emperador de occidente.

Batidos los hunnos en  la sangrienta batalla de C halons, y arro­jados por los francos de la Galia en que acababan de establecer­se despues de haber lanzado de ella á los germanos , se habían derramado por la Italia, puéstola á sangre y fuego, y llegado álos umbrales de Roma. El terrible A tila, rey de las hordas feroces, acababa de entrar en  la Germánia , cuando muchos  de los soldados germanos cónocidos con el nombre d¿ hérules, que militaban entre los romanos  , se sublevaron contra el emperador Rómulo-Augústulo, uno de los sucesores de Honorio  , y eligieron por rey á Oloacro, su gefe. Apodérase este de Roma, «y de ésta suerte consuma la des­trucción del imperio de occidente. Permaneció único dueño de  Ita­lia , hasta la llegadá de Teodorico, rey de los ostrogodos.

Los      ostrogodos       en        Italia.

492. — Teodorico servia en los ejércitos de  Zenon, emperador de orien­te , y viendoála Italia en poder de los hérules , obtuvo de  su sobe­rano el permiso para conquistarla. Teodorico no conocía la barbarie, y  despues de haber vencido por las armas ásus  enemigos, reinó sa­bia y  justamente. Esta monarquía de los ostrogodos duró solo 60

 

 

CRONOLÓGICO.     8 6 5

 

Los      sajones en        Bretaña           {Inglaterra).

No habían los  romanos podido vencer ¿ los caledonienses (esco­ceses) , que habitaban la parte septentrional de la isla británica, y como  partiesen las legiones de Roma  para la defensa de Italia , prin­cipiaron las sangrientas luchas  entre los caledonienses y los bretones, que en cierto m odo eran ya romanos. Por el mismo tiempo los sa­jones , osados piratas de las costas  de Noruega, desembarcaron en la isla, y los bretones imploraron su ausilio contra sus enemigos del norte. Los sajones vencieron á los ealedonienses , pero despues se echaron contra los mismos bretones, y poco á poco fueron apode­rándose de todo el país, al que dieron el nombre de Inglaterra (tierra de los anglosajones ).

Estado de        la         Europa en él siglo V.

Todos los pueblos conquistadores de la Europa empezaronáregir­se  casi por idénticas instituciones en las varias partes del imperio ro­manó de que se acababan de apoderar. Óbedecian á sus gefes  electi­vos, que despues de la conquista fueron reyes. La autoridad de esos reyes, que anduvo siempre en aumento, fue en su origen limitada por asambleas nacionales que se componían de todos los hombres libres, y eran conocidas con los nombres comunes de mallum y de

placitum. En Francia se  las dió el nombre de Campos-de-Marte,óde Mayo; en Inglaterra el de Wittenagemot, y en España hacia sus  veces el concilio de Toledo.

En todos los estados bárbaros se  distinguieron tres especies  de tier­ras; los alodiosótierras libres que se apropiaron los conquistado­res; las tierras tributarias poseídas por colonos hereditarios, pero sujetos al pago de un censo anual; y los beneficiosófeudos que  los reyes concedíaná sus leudosófieles como para gratificarlos.

Distinguíanse tres clases de personas  : los  nobles poseedores de feu­dos , los bárbaros propietarios de alodios , y los colonos tributarios casi comparados con los esclavos.

A  esta época se  remonta el  origen de las lenguas m odernas, tales como la italiana, la francesa, la española, la inglesa , etc. Compu­siéronse estos idiomas con la mezcla de las lenguas latina , céltica , teutónica, de la lengua pérsica y de otras que se usaron antigua­mente en Asia.

SIGLO VI.

Imperio           romano            de        oriente.

527. — Desde el emperador  Arcadio habian dominado en oriente muchos soberanos estrangeros. Bajo el reinado de  Justiniano, que subió al trono en el año 527 , Belisario , m ilitar esclarecido, destruyó el po-

 

 

5M      inúim

der de los vándalos en Africa, veucióá los ostrogodos en Italia , r contuvo las  incursiones de Cosroés I , rey de Persia. Por premio de sus hazañas ese hombre grande fue condenadoáuna pena mas cruel que la muerte misma.

552. — En el año de 552 , Narsés, sucesor  de Belisario en el mando de los ejércitos, se apoderó definitivamente de la Italia, y puso fin¿la dominación de los ostrogodos.

En medio de las victorias de sus generales, Justiniano se ocupó em hacer reunir en un código todas las léyes romanas; y sus trabajos merecieron en adelante el  nombre de derecho romano.

ITALIA.

Los      lombardos.

560- — Algún tiempo despues de la conquista de Italia por ftarsés , los Lombardos, procedentes de las oí illas del mar báltico, invadieron este paisálas órdenes de Albuino su re y , y fundaron el reino que llevó su nombre  , y cuya capital fue Pavía. El emperador conservóalgunas ciudades , y el gefe¿quien obedecían fijó su residencia ni Ravena.

FRANCIA.

Clovis había muerto en 511. Sus hijos, entre los cuales había re­partido sus estados, acabaron de reunir al imperio de los francos el país ocupado por los borgoñones y los visigodos.

En España fue donde los conquistadores  de la Europa empezaronáenervarse y perder  en el seno de los deleites el vigor primitivo que les  habia hecho sobrellevar largos años de guerras y fatigas.

Estado déla     Europa en        este      siglo.

Abismóse La  Europa en la mas profunda ignorancia. Unicamente los eclesiásticos conservaron alguna afición al estudio, y empezaroná recoger en los conventos esos preciosos escritos de la antigüedad, que nueve siglos despues debían dar tanto impulso á los progresos

de        la         civilización      moderna.

Florecían aun en Constantinopla las ciencias y las artes.. Bajo el reinado de Justiniano, varios religiosos trajeron de la India huevos de gusanos de seda, y en breve empezó estaáser elaborada con ad­miración general.

SIGLO VIL

Los      árabes.—Mahoma.

6&2.    —        Mahoma          nadó    en        la         Meca,  originario        de        una      familia que      pre-

 

 

CBOKOLÓGICO.     5 6 7

tendía descender de Abrabam. Un genio superior  y una  ambición des­medida le inspiraron el proyecto de establecer una nueva creencia y  de venderse por profeta. Los habitantes de la Meca le obligaronáhuir¿Satiippa, despues Medina. Esta fuga sirvió de épocaálosárabes. Mahoma armó sus prosélitós en nombre de Dios, y  muriódespues de haber conquistado por el poder de la espada el imperio de los árabes.

Sus sucesores tomaron el nombre de califas, Vicarios. Abou-Bekre, primer califa, publicó el Coran, evangelio de los musulmanes. On^ar, segundo califa, se apo4eró de la Siria y del Egipto; la famosa biblio­teca de Alejandría fue entregadaálas llamas por ese feroz vencedor.

PERSIA.

Fin del segundo           imperio de los persas.

652. —La Persia, atacada por los musulmanes, fue sometida al  cabo, despues de muchas y sangrientas batallas.

FRANCIA.i

687. —La costumbre establecida por Clovis de dividir la monarquía entre los hijos de los reyes, era continuo origen de guerras entrelos francos, cuyos intereses se hallaban por  el hecho mismo divididos. Este estado de cosas produjo la formacion de dos reinos principales :

el oriental y el occidental. En el año 687 los orientales, mandados por Pepino de  Hcristal, alcanzaron sobre los francos occidentales la memorable  victoria  de Testry. Entonces mandaba á estos últimos Thierry III. Pepino reclamó de este principe la dignidad de magis­trado del palacio, y gobernó con autoridad  absoluta todo el impe­rio  de los francos.

ESPAÑA.

Mueito Recaredo el Católicoáprincipios de este  siglo, logró con sus esfuerzos dejar dominante en España la religión católica, y es- tirpada la heregia arriana. Los concilios de Toledo continuaron sien­do los verdaderos legisladores en este reino.

ITALIA.—VENECIA.

697. —Al tiempo de la invasión de los hunnos mandados por Atila , los habitantes de Venecia , en la costa septentrional del golfo adriático, se habian retiradoálas islas formadas en la embocadura del Po. Reuniendo por medio de puentes las  que estaban mas cercanas de todas estas islas,  llegaron  con el  tiempo¿ver edificada en medio de las olas una gran ciudad,ála  cual  dieron el nombre de Venecia, y que fue gobernada por el régimen republicano. Pablo Onafesio fue su primer dogo en el año 697.

 

 

5 6»     uahm

Estado dt         la         Europa en este siglo.

Durante este siglo, la ignorancia y la barbarie hicieron en Europa espantosos progresos : ya no existían las artes liberales , y  las de pri­mera necesidad se degradaron en medio de la despoblación y de la miseria. Descuidóse la agricultura por falta de brazos y de co n su m i­dores. El comercio, efecto de no ser animado ni protegido, cerrétodos los canalesálos productos agrícolas, ni mas ni menos  queálos industriales.

SIGLO VIH.

Los      moros  en España.

711. —Los árabes musulmanes, conocidos]también con el nombre de sarracenos y de moros,  se habian apoderado  despues de la conquis­ta del Egipto de todas las provincias del Africa septentrional. Pasa­ronáEspaña en el año 711 y se apoderaron de casi,todo el paísáconsecuencia de la sangrienta batalla  de Jerez de la Frontera. Esta batalla puso término al reinado de los visigodos, y diá principio  al de los'moros que duró 700 años.

Imperio           romano de       oriente.

El imperio romano de oriente,ómas bien el imperio griego , co­mo se le ha llamado, resistíaáduras penas los ataques de los árabes. Sin embargo estos últimos, bajo el reinado de la emperatriz Irene, fueron derrotados muchas veces. Entonces terminaron en Constanli- Bopla las querellas religiosas suscitadas por los lconoclastras, ósea

los destructores de imágenes. Entre tanto  lo> musulmanes estendieron sus conquistas por todo el oriente.

Francia.           —Carlos          Martel.

732. —La primera linea de  los reyes de Francia, llamada  Merovingien- se del nombre de Meroveo, tocabaásu decadencia. Bajo los sucesores de Thierry 111, la autoridad peimqneció casi entera en manos del corregidor de palacio. Cárlos Martel, hijo de Pepino de Heristal, se hallaba bajo el reinado de Thierry IV', ála cabeza del gobierno , cuando asomaron los sarracenos álas fronteras para  conquistar la Francia. Cárlos Martel salióásu encuentro y los derrotó completa­mente en la memorable batalla de Poitiers que salvóála cristiandad del yugo musulmán.

Pepino el Conciso, hijo y sucesor  de Cárlos Martel , hizo destituiráChilderico 111, último rey de la raza  de los Merovingienses,  y dio principio ála segunda linea denominada Carlovingiense del nombre

de Garlo-magno.

 

 

CRONOLÓGICO.     5 6 0

 

Carlo-magno.

800. —El reinado de Carlo-magno es una de las épocas mas gloriosas de los anales de Francia y de la historia de la civilización  europea. Bajo la dominación de este príncipe el imperio de  los francos se es­tendió por toda la Francia, por casi toda la Germana, por la mitad de Italia, y por una paite de España. En esta época tuvo lu­gar la destrucción del imperio de los lombardos en Italia en el año 800. Carlo-magno  fue proclamado  emperador de occidente en Roma.

Estado de la Europa    en este siglo.

Durante este siglo la civilización musulmana luchó ábiazo par­tido con la naciente civilización europea. En  España triunfó aquella > pero el valor de Cárlos Martel y el genio de Carlo-magno atajaron sus progresos, y  salvaron al propio tiempo¿la  cristiandad. Duran­te este siglo hizo Carlo-magno  los mas estraordinarios esfuerzos para reanimar en Europa la afición álas ciencias  y¿las artes,  pero ese hombre grande a pesar de todo su poder, no pudo ser bastanteádi­sipar las negras tinieblas que abrumabanála mitad del continente de que se habia hecho dueñoáfavor de sus  admirables conquistas.

Entre tanto iban los papas ensanchando los límites de su poder temporal, pues Pepino el Conciso y Carlo-magno, aumentaron con­siderablemente los estados eclesiásticos.

En Constantinopla conservaban todavía algún brillo las ciencias; pero en el oriente  fue donde  aparecieron  con el mas vivo esplendor :

los árabes cultivaron con éxito la medicina , la química , la astro­nomía y la poesía. Sin las guerras que empezaronápromoverse en España entre los conquistadores y paite de los vencidos que  haciendo prodigios de valor se declararon contra los estrangeros, la civilización musulmana hubiera conveitidoá la España en  un jardin. Los mu­sulmanes hicieron cuanto estuvo de su parte para grangearse el afec­to de los vencidos, y para atender á sus intereses materiales y dar impulsoásu industria y ásu agricultura; pero la religión cristiana tuvo la gloria de haber resistido y  vencido por últimoála política mas fina y mas sabia , pues sin ella probablemente la *España entera hubiera sido sojuzgad^.

SIGLO IX. FRANCIA.

$42. —Luis, sucesor de Carlo-magno, al tiempo de su muerte repartiósus estados entre sus hijos. Armáronse eslos unos contra otros y se dieron la famosa batalla de Fontenai, en la cual perecieron liasta cien mil franceses. Efectuaron dcspiie* el tratado de Yerdum en vir­tud del cual tocóáLuis la GermauiaóAlemania ,á Lotario la Ita­

4 7

 

 

370      U M 7MBPI

lia yáCarlos la Francia. Bajo el reinado de este último volvió¿reu- 875. nirse el imperio de Carlo-magno en el año 875, pero bajo el de Carlos 887. el Gordo en el de 887, volvióáser definitivamente desmembrado. De

los  restos de este  vasto imperio, ademas déla Francia, la Alemania y le Italia, se formaron los estados de Lorena , de Borgoña , de Na- varra, de Aragón y de Castilla. La dignidad imperial se transfirióá

los soberanos de Alemania.

INGLATERRA.

Al apoderarse de Inglaterra los aiiglo-sajones fundaron siete rei- 827. nos independientes. En el año de 827 Esbelto reunió bajo su domina­ción estos siete reinos, y dió principio ¿ la dinastía sajona de lo*

reyes    de Inglaterra.

Alfredo el Grande , uno de sus sucesores, por medio de leyes sabias, y animando la agricultura y el comercio, pusoála Inglaterra  en un floreciente estado.

Dinamarqueses.—Normandos.

Estos pueblos, ni mas ni menos que  los sajones , eran procedentes de la Noruega. Los dinamarqueses cayeron sobre la Inglaterra duran­te el reinado de Egberto, pero  fueron arrojados de ella por Alfredo el Grande. Los noimandos invadieion la Francia en tiempo de Car­los el Calvo, y llegaron  hasta  las puertas de  París.

Los gefes de las tribus esclavonasósármatas echaron en  este siglo los cimientos de los reinosóducados de Bohemia , de Hungría, de Polonia y de la Rusia.

ESPAÑA.

En  la península ibérica la civilización cristiana continuába luchan* do con la civilización musulmana, siempre con un encarnizamiento que pronosticaba  que la guerra debía ser larga y sangrienta, y que solo podía acabar con la ruina de una de las dos. La Europa contem­plaba apática esta luchaápesar de ser vital para ella.

Estado de la Europa en el siglo          IX.

En este siglo se cimentó el sistema feudal, siendo en Francia don­de se le dió  su primer desarrollo y mas completa organización. Los reyes de la primera  dinastía, y  sobre todo los corregidores del pa­lacio habían sucesivamente aumentado las tierras  beneficiarías, y al propio tiempo  la importancia de la¿ señoriales. Despues de la muerte de Carlo-magno los señores feudales ya no pusieron límitesásu«’pretensiones. Convenidos sus dominios en heiedítanos se engrande­cieron diariamenteá costa de los alodios que desaparecían, y del mismo patrimonio real que disminuía considerablemente. Desde en­tonces se halló dividido todo el territorio en innumerables señoríos

 

 

CRONOLÓGICO.     5 7 1

aisladosálos cuales según su importancia se dió el nombre de duca­dos, de condados y de baronías. De una paite perdieron los reyes mucho de su poder, y  de otra los hombres libres , se vieron obliga­dos¿buscar la protección de los señores feudales. De esta suerte se halló  constituido el  gobierno llamado feudal sobre las ruinas de la autoridad real y  de la libeitad del pueblo.

Bajo este gobierno , el' inferior se llamaba vasallo, y  el superior señor feudal. £1 rey, cuyo poder casi no era respetado,  era sin em­bargo considerado como supremo soberano del estado. Sus vasallos tenian bajo su mando oíros vasallos, y el pueblo bajo el nombre  de pechero ó de villano era considerado como una propiedad de los señores.

El feudalismo fue estendiéndose sucesivamente por toda la            Europa.

SIGLO X.

España.—Almanzor.

El imperio de los moros adquirió en este siglo una prosperidad ex­traordinaria bajo el reinado de Almanzor , Ledin Allá.

Alemania.—Conrado.

911. —Luis m fíie el último emperador de la raza carlovingiense en el norte. Conrado de Franconia le sucedió en Alemania; muerto este la dignidad imperial pasóáEnrique , duque de Sajonia, y despues áOtón el Grande que sometió la Italia.

Francia.—Los normandos      en la    Neusíria.

912. —Desde Cárlos el Calvo los normandos habian asolado frecuente­mente el norte de la Francia; Cárlos 111para poneráe al  abrigo de sus incursiones dió su hija en matrimonio á Rollon su gefe despues de haberle hecho bautizar, y los estableció en la JSeustria , pais que re­cibió de ello» el nombre de Rorinandia.

Hugo Capelo.

987. —La debilidad de los sucesores de Carlo-magno  y el poder de los grandes vasallos  acarreó la decadencia de la dinastía carlovingiense. Hugo Capeto, hijo de Hugo el Grande, conde de  Francia y de Bor- goña, se apoderó del trono  después de la muerte de Luis V, y dióprincipioála dinastía llamada de lo¿ Capetos. ‘

Estado de la Europa    en el 'siglo X .

El siglo X ha sido llamado siglo de hierro : en él se vióála Eu_ ropa entregadaálas mas espantosas consecuencias de la barbarie,  d«

 

 

5 7 2    EMÜMBN

la servidumbre y del despotismo. Las divisiones de los señores feu­dales entre si, y las guerras promovidas incesantemente entre ellos y los reyes , cubiieron de sangre y de ruinas los estados feudales. A

las calamidades de la guerra se sucedieron horrorosas pestes y ham­bres ,  de manera que llegóácomerse la carne humana.

Entre tanto los españoles sin saberlo continuaban luchando por la civilización europea contra la civilización musulmana, y  esto sin que la Europa hiciese mas caso de la lucha que de las contiendas promovidas en Egipto entre los fatimitas y los demas sectarios del profeta.

SIGLO XI.

Alemania.—Casa        de Franconiá   Saliea.

1024. —Esta casa sucedió¿ladeSajonia, y Conrado II fue su primer em­perador , al cual sucedieron Enrique DI y Enrique IV. Bajo el reina­do de este último principió la querella de la investidura de que ha­blaremos mas adelante.

España.—Sancho el Grande.

1035. —Este príncipe engrandeció la Navarra con los  condes de Aragón y de Castilla , y al morir  repartió sus estados entre sus tres hijos j dióla NavarraáGarcía , el reino de AragónáRamiro y el de CastillaáFernando  I.

Italia.—Los     normandos en Ñapóles.

10^5. —La Italia  meridional obedecía todavía al gobernador nombrado por los emperadores de Constantinopla ,  cuando de repente tres mil normandos franceses desembarcaron en Ñapóles , se apoderaron de esta ciudad y fundaron ¿1 reino de las dos Sicilias.

Iglesia griega.

1053. —Por este tiempo las  querellas promovidas entre los papas y los patriarcas de Constantinopla  dieron márgenála separación total de entrambas iglesias. Desde este cisma.la iglesia griega ha continuado separada de la iglesia latina.

Gregorio Vil.

Durante el  pontificado de Gregorio VH principiaron las diferencias entre los papas y los emperadores de Alemania. Gregorio quiso po­ner termino al tráfico de las investiduras , es decir al derecho lucra­tivo que ejercían los emperadores dandoá los obispos las investidu­ras de sus beneficios. Habiendo Enrique IV rehusado someterse, fue e§-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10(56.

 

CRONOLÓGICO.     8 7 5

comulgado, y de ahi  se siguió una guerra que  ocasionó la muerte del pontífice en  Salerno«

Inglaterra.—Guillermo el Conquistador.

Los normandos franceses aspiraban á la conquista de la  Ingla­terra. Gillermo, su duque, pasó el canal de la Mancha, batió en Has- tinghálos auglo-sajones mandados  por el rey Halold y se hizo ieco- nocer rey de todo el pais.

Francia.—Primera       cruzada.

 

1095. —Los musulmanes al apoderarse  de la  Siria habian destruido la religión cristiana, y los peregrinos que  volvían de la tierra santa

. alarmaron la Europa contando los ultrages de que era blanco la tum­ba de Jesucristo. Poco despues Pedro el Ermitaño  recorrió la Europa, y mercedálas  indulgencias concedidas por la corte de Roina¿los

.que se cruzasen, determinóálos pueblos¿lanzarse sobre el oriente. Los franceses dieron  la señal,  y al grito de / Dios lo quiere ! se ar­maron en todas partes contra los infieles , púsose en marcha  un ejér­cito de trescientos mil combatientes al mando del francés Godofre- do de Bouillon, atravesó el imperio griego, entró en la Siria y ga­nó por asalto la ciudad de Jerusalen  despues de treinta y  nueve dias

de sitio.           Godofredo fue'proclamado     rey de la          ciudad santa.

Se llamó cruzadosálos guerreros que tomaron paite en esta espe­dícion porque llevaban sobre el pecho una cruz encarnada.

Se cuentan      seis cruzadas.

Estado de la Europa en este siglo.

Durante el  transcurso de este siglo el feudalismo continuó man­dando en Europa. La publicación de la tregua de Dios en Francia, demuestra a qué  punto  habian llegado el desorden y la anarquía. Esta ley eclesiástica tenia por objeto poner coto¿las guerras de muerte que se hacían los señores feudales, prohibiendo toda lucha desde el miércoles por la tarde hasta el lunes por la mañana, dias destinadosácelebrar los misterios de  la pasión de Jesucristo.

Semejante estado de cosas no podia ser  duradero , y las  cruzadas dieron el primer golpe al feudalismo. Su  primer efecto fue sacar del seno de la Europa una multitud de revoltosos señores feudalés. Des­de entonces empezaron los reyesáreconquistar su poder, y los pue­blos su libertad.

El poder de Roma no reconoció ya límites durante este siglo , pues los papas reputaban como vasallos suyosátodos los principes cristia­nos , y  escomulgaban ácuantos se atrevíanáresistirlos.

 

 

571      ftaróionr

SIGLO xn.

Francia.—Luis VI apellidado el        Gordo.

410S. —£1 reinado de este príncipe  es memorable por el establecimiento de los comunes y la institución de las  apelaciones al monarca.

El feudalismo habia convertido en siervos óen esclavos¿todo* los habitantes de las ciudades y campiñas, de manera  queáprinci­pios del siglo XII solo se contaba entre los hombres libresálos eclesiásticos yálos señores. Para cercenar el poder de estos últimos, Luis el  Gordo concedióásus ciudades cartas que las conferian el de­recho de administrarse por sí mismas nombrándose sus corregidores.

Poco despues el derecho de poder  apelarálos jueces reales de las semencias proferidas por los jueces señoriales, debilitó mas y mas el poder de los señores en provecho de la autoridad real y de la na­ciente libertad del pueblo.

Luis el Joven.—Segunda cruzada.

1147. —El reino de Jerusalen , reducidoácontar con un corto número de  defensores , resistíaáduras penasálos ataques de los musulma­nes. Entonces Luis el Jóven pasóáPalestina con un brillante ejérci­to , y al  cabo de algunos años de esfuerzo , sufrió un duro descala­bro delante de Damasco.

Principia          la         rivalidad entre FranciaéInglaterra.

A su vueltaáFrancia Luis el Jóven repudióála reina Eleonora, la cual casó despues con Enrique Plantagenet, francés de nacimien-

1158 to. Este, en el año de 1458 , subió al  trono de Inglaterra , y reci­bió de Eleonora en dote la soberanía de Guiena  y del Poitu. Desde entonces el rey de Inglaterra fue dueño de grandes propiedades en Francia , primer germen de las desastrosas guerras encendidas entre los dos pueblos.

Felipe-Augusto.—Tercera cruzada.

1189. —Saladino , sultán de Egipto, acababa de apoderarse de Jerusa­len. Felipe-Augusto pasóáSiria y se apoderó de S. Juan de Acre. Una enfermedad le obligóárestituirseáFrancia.

Inglaterra.—Enrique I.

Enrique I, hijo de Guillermo el Conquistador , habia  concedidoálos ingleses en el año de 1101 una caita que puede llamarse basa

délas    libertades         déla     Inglaterra.

 

 

CRONOLÓGICO.     3 7 5

En el año de  1172 , Enrique 11 se habia apoderado de la Irlanda y reunidola¿su corona.

Ricardo Corazon-de4eon.

Este príncipe guerrero tomó paite en la tercera cruzada , y fue tan  extraordinario &u valor que llegóáser la admiración de los mia­mos musulmanes.

Suecia.—Erico.

En Suecia, por los años de 1160 reinando Erico,, que por su mo­deración y prudencia fue el ídolo de sus vasallos, se adoptó gene­ralmente la religión cristiana.

PORTUGAL.

Habíanse  apoderado los moros de  la Lusitania, pero en el año de 1139, despues de haberles dado diez y siete batallas , los arrojó de ella Alonso V I,  dando  principio al reino de Portugal.

Alemania.—Güelfos y           Gibelinos.

Conrado III, elegido Emperador en 1138, se declaró enemigo ir­reconciliable de Enrique el Soberbio ,  duque de Baviera y de Sajonia, que se negó¿ reconocerle. Entonces principiaron en Alemania las guerras entre  los Güeífo6 y los Gibelinos, sostenidas por los  partida­rios de Enrique de Güelfo contra Alberto Luis. Despues el nombre de Güelfo designóálos que se habían declarado en favor del papa , y  el de Gibelino¿los partidarios del emperador.

ITALIA.

En medio de las  divisiones y de las güeñas que habian principia­do al desmembrarse el imperio de Carlo-magno, ínuchas ciudades de Italia se habian declarado independientes, yá imitación de Ve- necia habian adoptado el gobierno republicano. Genova y  Pisa eran ya en el siglo XII podeiosas repúblicas , y en pos de ellas iban au­mentando su  poder Parma  y Plasencia.

La Europa en  el siglo X II.

Del siglo XII  datan  los primeros desanolios déla civilización eu­ropea :¿ la vez empezaron¿renacer en él la libertad , las artes, las ciencias y la industria. En Francia y en España el establecimiento de  las comunidades, asi como en Inglaterra la caita de Enrique I ? empezaronáconmover en sus cimientos al poder feudalj el pueblo de las ciudades sale  poco¿poco de la opresion y empieza¿dar los

 

 

S 7 6    anÚM E *

primeros pasos hacia la libertad. En Italia un aleman llamado Yer- ner encuentra el código Justinianeo, y desde entonces el esttidio de las leyes romanas es sustituido álas costumbres bárbaras de los tiempos , y las va suavizando sensiblemente. Fúndanse escuelas en todas partes; la universidad de Paris es concurrida por una multitud de estudiantes que aitsiosos.de saber vuelan'á ella de todos puntos de Europa; distínguese Abelardo por sus conocimientos; los trabado­res , los poetas  provenzales, vuelven áanimar el gusto¿la poesía; y entre tanto en  las ciudades renacen las aites, y sobre todo la ar­quitectura y el comercio cuyos progresos irán cada dia mas en au­mento por la invención de las letras de cambio.

También nació en  este siglo la caballería que introdujo en las cos­tumbres una galantería hasta entonces desconocida. Entrelas órdenes fundadas en Jerusalen adquirieron grande nombradla los  templarios

y          los caballeros teutónicos.       '

SIGLO XIII.

Francia.—Cuarta        cruzada.

Los desastres esperimentados por los cristianos de Siria continua­ban alarmandoálos estados del occidente. Embárcase en Venecia para pasaráPalestina el conde Beduino al frente de un ejército de cruzados. Pero en medio de la travesía muda lepentinamente  de parecer, y se resuelve  caer sobre los griegos de Constantinoplaáca­va perfidia se debía el mal éxito de las espediciones anteriores. Con* tantinopla fue ganada por asalto, y Beduino elegido emperador.

Batalla de Bouvines.

— Felipe Augusto continuaba reinando en Francia, euando  de re­pente la Inglaterra , la  Alemania y los Paises-Bajos formaron contraél una poderosa liga. Si bien que con inferiores  fuerzas , alcanzócontra los aliados en Bouvines ( Flandes ) una famosa victoria qu«dió mucho honorálas armas francesas.

La Francia conservó bajo Luis VIII, hijo de Felipe Augusto, la su­perioridad que acababa de conseguir. El reinado de Luis IX (S- Luis) la hizo respetar en toda la Europa. Este príncipe batióá lo»ingleses en Taillcbourgo , contuvoálos vasallos rebeldes, puso cotoálas usurpaciones del clero , y organizó la justicia por medio d^ le­yes sabias y prudentes.

Quinta cruzada.

San Luis dirigió la quinta cruzada; appdérase de Damieta en Egip­to, pero en breve cae prisionero. Pudo al fin  rescatar su libertad,

4246    pero     la         muerte de Blanca su   madre  apresuró          su        vuelta  áFraucia*

 

 

CRONOLÓGICO.     3 7 7

 

Sexta jr           última cruzada.

Habiendo S. Luis formado el proyecto de una nueva cruzada, pasóáAfrica y  desembarcó en Túnez. Pronto la peste se declaró en su ejér­cito , y acabó casi enteramente  con él. £1 mismo rey fue  atacado de la enfermedad maligna , y murió sobre cenizas ,¿la edad de 55 años.

Inglaterra.—Grande    carta.

Despues de la muerte de Ricardo Corazón-de-león subió al  trono , Juan Sin-tierra cuya cobarde y despótica conducta sublevó contra él

átodos los barones ingleses. Estos exigieron una constitución que ar­reglase los intereses del monarca  y de los súbditos, y entonces fue cuando se firmó la grande carta que de. pojó al rey de su autoridad en provecho de los barones y de las ciudades que se habían declara­doásu favor. Renováronse las libertades y franquicias que ya exis­tían , y se declaró que los impuestos no debiesen pagarse mas qu«con consentimiento de los comunes ( 1205).

A Juan Sin-tierra sucedieron Enrique III y  Eduardo I. Este con­quistó el  país de Galles donde hasta entonees habían conservado  su independencia los antiguos bretones (1282).

Imperio           de oriente.—Nuevo imperio griego.

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>'o duró mas que 8 años el imperio fundado por los cruzados en Constantinopla , y  que es conocido con el nombre de imperio latino. Miguel Paleologo , príncipe  griego , restableció el imperio de su na­ción en el  año de 1261. Dió este príncipe muestras de grandes talen­tos,  y  su política  salvó por algún  tiempo su imperio de los ataques dt los táitaros y de los turcos , armando ur.o contra otro áentrambos pueblos.

Italia.   —Los  Torrianij*los Vizconti en Milán.

La ciudad de Milán era  capital de  un ducado que desde la destruc­ción  del reino de los lombardos, se había visto por mucho tiempo espuestaálos ataques de los emperadores de Alemania. Los temores de los milaneses por la conservación de su independencia los traian envueltos en continuas  turbulencias. Aprovechándose de estas , logróMaitin de la Torre apoderarse del poder  y transmitirleásu familia.Él es el que  dió principio en el año de 1237 al reinado de los Tor- rianiálos cuales sucedieron los Vizconti.

Sicilia.—Vísperas sicilianas.

1282. —Cárlos de Anjou , hermano de S. Luis , se había apoderado de la Sicilia y del  reino de Nápoles j pero como atropellase al pueblo con-

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5 7 8    BKMJMBN

quistado, tuvo lugar contra él  una sublevación general. El día de li Pascua, al primer toque de vísperas, ocho mil franceses fueron de­gollados en las ciudades  Je Sicilia. A esla matanza se dió el nombre de Vísperas Sicilianas.

Alemania.—Liga        anseática.

Formóse esta liga durante  las túrbulencias escitadas por los varios aspirantes al imperio. El ejemplo de las municipalidades dió origenáesas asociaciones urbanas , y la necesidad de la mutua defensa las es­tendió bien pron'-o por  toda la Alemania , que les debió el nacimien­to de su comercio (1241 ).

Rodulfo.          —Casa de Absbuvgo.

Rodulfo fue el primer emperador de la casa de Austria que ba da­do tantos soberanos ála Alemania y que se eslinguió en 1746 al tiempo de la  muerte de Carlos VI. Este  príncipe era conde de Abs- burgoen Suiza y habiéndose apoderado del Austria despues de suelec­ción, dió de ella la investidura d sus hijos Alberto y Rodulfo (1274).

España.—Alonso        X.

Los cristianos iban éon el tiempo tomando superioridad sobre lo* musulmanes en la  península  ibérica. En el año de 1552 había Alonso X , rey de Castilla, añadidoásus estados  el del reino de Murcia.

Los otomanos en la Nalolia.

1300. —Los otomanosó turcos no fueron conocidos en sus principios mas que como un cuerpo de tropas que se declaró independiente de sus señores, que  se estableció al norte del Asia menor  (JSatolia),y que adquirió bien pronto un estraordinario poder. Tal es el origen de los turcos cuyo imperio debía suceder al  de los griegos en Asia y en Europa.

La Europa       en        el         siglo    XIII.

Continuaba decayendo el feudalismo, ápar que progresaban los pueblos en el camino de las instituciones y reformas. En Francia y en España los comunes fueron bastante poderosos para enviar diputa­dos¿las asambleas llamadas Cortesóestados generales. Los diputa­dos de las ciudades, conocidos con el nombre de estado llano, votaban despues del clero y de la nobleza. Esta sustitución dió un golpe ter­rible al feudalismo. El impulsóse dió casi instantáneamente en todos los estados de Europa , pero con alguna diferencia. En Francia el rey y el pueblo se reunían  contra la nobleza; en Inglaterra los barones

y          el pueblo se unian contra los reyes j en         España los       cristianos con- .

 

 

CRONOLÓGICO.     5 7 9

dueidos per los sacerdotes álos estados generalesóllámense Córtes , compraban con sus donativos contra los moros unos derechos inesti­mables; en Alemania la liga de las ciudades anseáticas obligóálos

. estados generalesáadmitir en la dieta del imperioálos diputados de aquellas  ciudades poderosas por su comercio.

Las cruzadas que terminaron en este siglo secundaron poderosa­mente el movimiento de vida que en todas, partes se esperimcntaba, pues ademas de la influencia que tuvieron sobre la emancipación , el establecimiento de los comunes y la institución de los estados gene­rales , hicieron tomar al comercio un vuelo mas osado y prepararon la  restauración de las luces.

Durante este siglo vivió en    Italia    el célebre poeta Dante.

SIGLO XIV.

Francia.—Abolición   de        los       templarios.

4307. —Los templarios establecidos en Jerusalen  por varios nobles fran­ceses , se habian hecho temiblesálos mismos reyes , y su orgullo y escesos eran  odiosos para el mismo pueblo. Bajo el reinado de Felipe el Hermoso cincuenta y nueve caballeros y su gran maestre fueron acusados de heregía y  quemados vivos. (

Emancipación de los campesinos.

Felipe el Hermoso dejó tres hijós que reinaron sucesivamente. Bajo Luis X , el mayor de todos, principió la emancipación de los caxn-

43H. pesinos que habian quedado esclavos aun despues de la emancipación de las ciudades.

Guerra contra  los ingleses.

CáilosIV, tercer hijo de Felipe el Hermoso, murió, y entonce* Fe- lipé de Valois y Eduardo III, rey de Inglaterra, se disputaron la coro­na. Habiendo los estados generales elegido al primero, Eduardo le declaró al momento guerra abierta. Los franceses fueron derrotado«en  Ciescy juntoáAmiens, y perdieron la plaza de Calais.

ESPAÑA. v Durante todo este tiempo no  se advierte en España mas que la con­

tinuación de la sangrienta guerra contra los moros, y al propio tiem­po los pasos agigantados que iban dando las comunidades hácia su li­bertad. Aquella dió lugaráunas  acciones las mas heioicas, yáunas victorias señaladas que se debian al entusiasmo con  que peleaban lo«cristianos con la íntima persuasión de que el mismo cielo les favore­cía abiertamente con milagros. Pedro el Cruel, llamado por otros el Justiciero, subió al trono de Castilla  en el año de 1350, pero como

 

 

580      USÓMKf

disgustase sobre          manera¿la        grandeza,        en        breve   la         corona te puso tn

las        sienes de         Enrique.

Carlos  V jr      Carlos VI        de Francia.

Bajo el reinado de Cárlos V , el valiente D uguesdin, que tanto sirvió en  EspañaáEnrique contra Pedro, arrojó por algún tiempoálos ingleses  de todas sus conquistas hechas en el reino de Francia; pero durante la demencia de Cárlos VI tuvieron lugar nuevos  desas­tres con motivo de las querellas promovidas por los borgoñones  y ar­man aques que se  disputaban  el poder.

Inglaterra.—Casa        de        Lancastre.

Ricardo  II , nieto deEduardo  1H, se hizo detestable por su  tiranía, y fue destronado por Enrique de Lancastre su primo hermano que tomó el nombre de Enrique IV. Con  Ricardo II se estinguió  la línea de los Plantagenet que reinaba desde Enrique II (1399).

Escocia.—      Estuardos.

Durante el reinado de los últimos Plantagente, los ingleses empren­dieron muchas veces , pero siempre en vano, la conquista de la Es­cocia : por este tiempo los escoceses fueron sucesivamente gobernados porel famoso Roberto Bruce, intrépido defensor de su independencia, y por David Bruce, su  hijo. En el año de 1371 , Roberto, nietó de este  último, subió al trono y dió principio ála dinastía de los Es­tuardos.

Suiza.—Confederación          helvética.

1308. —El emperador Alberto I , hijo de Rodulfo de Absburgo, había concebido el provéelo de hacer de la Suiza un principado para uno de sus hijos. Los gobernadores que destinó para aquel punto se porta­

ron del modo mas tiránico. Entonces algunos paisanos , entre ellos Guillermo T c ll, probaron ádar ásu  pais la libertad que estabaápunto de estinguirse. Reuniéronse muchos hombres armados; los ofi­ciales de Alberto fueron acometidos y arrojados del territorio. Las tropas enviadas por el emperador perdieron muchas batallas, y los cantones formaron la confederación republicana que existe  todavía.

Alemania.       —        Bula    de        oro.

1356. — Reinando el emperador  Cárlos IV se publicó la bula de oro que dió al imperio aleman una forma mas estable. Esta ley fundamen­tal fijó el número de electores ásiete, confirmó todos los derechos de estos  últimos  , y arregló el modo de proceder en las  elecciones.

 

 

CBONOLÓGICO.     3 8 1

 

POLOSIA.

Jaquellon, gran duque de Lituanía , fue elegido rey de Polonia en 1392 y  dió principioála dinastía que lleva su nombre. Las elec­ciones perpetuaron  el trono en su familia hasta que se estinguió en 4572.

PORTUGAL.

Pedro I ,  hijo y sucesor de Alonso IV, reinó  en 1337  y se concilio el afecto del pueblo por medio de reglamentos útiles. En 1383 la des­cendencia  legítima  de los reyes de Portugal se estinguió con D. Fer­nando, y los estados de Portugal dieron la coronaáD. Juan  , her­mano natural del último rey y gran maestre  de la órden de Avia.

Italia.   —Roma.

A petición de Felipe el Hermoso el papa Clemente V trasladó la santa sedeáAviñon.  En medio de las turbulencias que no tardaron en esperimentarse , los romanos eligieron por tribunoáRienzi, hom­bre elocuente , osado y persuasivo, y proclamaron la república. Este estado de cosas no duró  mucho tiempo , y Rienzi murió asesinado por la facción de las familias patricias.

RODAS.

Los caballeros de S. Juan se apoderaron en 1516 de esta isla, de la que arrojaronálos turcos  y se establecieron en ella.

Los      turcos en Europa.

Los turcos al mando de Amurat I  hicieron nuevas conquistas, se apoderaron de Audrinópolis,éhicieron de ella su capital. Amurat disciplinó la famosa milicia de los genízaros.

La        Europa en el     siglo    XIV.

El espíritu humano hizo rápidos progresos. La brújula fue descu-, biertapor un habitante de Amalfi, llamado Flavio Gioja. Zacarías Janzen de Mildelburgo inventó los anteojos. Por el mismo tiempo se empezóáhacer uso del papel conocido hoy dia y de la pólvora.

Multiplicáronse en este siglo las universidades y las bibliotecas; y Petrarca ilustróla poesía italiana.

Puede decirse que aqui termina el segundo período de la  historia moderna que principió con la irrupción de los bárbaros. Las cos­tumbres y las instituciones de los europeos dejan entrever los pre­ciosos gérmenes de una rica y poderosa civilización : habían pasado ya los tiempos de la ignorancia y de la barbarie.

 

 

582      marón*

SIGLO XV. CIVILIZACION MODERNA.

Francia.—Cdrlos        VIL

1420.—tíurante los últimos años del desgraciado reinado de Carlos VI la Francia ,  víctima de las disensiones de los borgoñones y de los ar- mañaques ,  perdió aun contra los ingleses la batalla de Azincourt.

Pero  reinando Cárlos VII, recobró su preponderancia y quedó vic­toriosa. Oitaans en el  momento de  sucumbir fue salvada por Juana de Are. Pronto los ingleses atacados con furor, se vieron precisadosáabandonar el reino.

Luis     XI.

1461. —El hijo de Cárlos Vil, Luis XI, dió los últimos golpes al feu­dalismo ,  y llevóácabo la importante revolución en que estaba in­teresada con él la nación. Reunió al dominio real muchas provincias,

•ntre otras la Borgoña , de la cual se apoderó despues de la muerte de Cárlos el Temerario delante de Nancy.

Cárlos  FIIl.

Este principe , hijo de Luis XII, continuó  en el sistema de aumen­tar las tropas permanentes creadas por su abuelo, en vez de las feu­dales , y alarmó ála Europa entera con su  espedicion y conquista de la Italia (1483 ); pero tuvo que abandonarla por haberse decla­rado contra él los demas monarcas.

Inglaterra.        —Guerra         de        los dos%Rosas.

La guerra civil llamada  de los dos Rosas tuvo lugar entre la casa de Lancastre (Rosa encarnado) y la de Yorck (Rosa blanco) : duró30 años y costó la vidaáun millón y cien mil hombres. Terminóbajo el reinado de Eduardo IV, que  es cuando principióáreinar lt casa de Yorck (1461 ).

Los Tudor.

Eduardo V, hijo de Eduardj IV, no aparecíómas que  por un mo­mento , pues Glocester, su tío y tutor le hizo asesinar junto con um hermano suyo , se apoderó de la corona,  y reinó con el nombre de Ricardo DI. Pero este usurpador  fue en breve destronado por Enri­que Tudor, heredero de los Lancastre, quien casando con la hija de Eduardo IV reunió los derechos de entrambos Rosas.

 

 

CRONOLÓGICO.     3 8 5

 

Alemania.—Husitas.

141$. —Imperando Segismundo, Juan Hus, sacerdote de Bohemia, se declaró contra  los papas, fue  acusado de heregía y quemado vivo. Su muerte fue la señal de las guerras de religión llamadas de los hu­sitas, que desolaron por mucho tiempo la Alemania.

Pragmática sanción.

1438. —Reinando Alberto II los electores adoptaron los decretos del concillo de  Bale que limitaban el poder pontificio :áesto se dió el

7          nombre de pragmática sanción          germánica.

Italia.—Milán.—Casa de Esforcia.

La familia  de los Vizconti se habia estinguido y  los milaneses aca­baban de restablecer ^1 gobierno republicano, cuando Francisco Es­forcia se apoderó del ducado ydíó principioáuna nueva dinastía.

Busia.  —Ivan VasiUewitz.

1472. —Este príncipe, que reinó en  1472, preparó la grandeza  de la Ru­sta. Reuniólas leyes en un código , disciplinó las tropas y fue el pri­meroáquien se dió el titulo de  Czar.

Suiza.—Tratado de Bale.

Esta paz hace época en la  historia de la confederación suiza cuya independencia  fue desde entonces reconocida por los emperadores ale­manes (1499).

España----Beunion de los reinos        de Aragón y    de Castilla.

1474.—Esta reunión vital para la España tuvo lugar por medio del ca­samiento de Fernando el Católico con Isabel de Castilla. La muer­te de Juan ü’,rey de Navarra , aumentó por  el mismo tiempo los estados de entrambos esposos.

Espulsion        de        los       moros.

Los moros no poseian ya mas que el reino de Granada. Feman- 1492  doéIsabel se apoderaron de su capital en el año de I492 , y les

obligaronámudar         de        religiónó          á          pasar    á          Africa.

Caída   del       imperio            gi'iego.

En       el         año      de        1453    Mahomet         II,         hijo de Amurat            II,        se         apode-

 

 

RESUME*

ró de Constantinopla y la entregó al saqueo. Constantinopla fue desde entonces la capital del imperio otomano. Desde Constantino el imperio griego habia durado 1123 años.

La        Eui'opa            en        el         siglo    XV.

En el siglo  XV tomaron otro aspecto las naciones y se fundóen Europa un nuevo órden político. Este acontecimiento no fue repentino, antes habia sido producido por las revolucioneséins­tituciones anteriores, por la invención de la brújula t del papel y de la pólvora; y los pueblos se aprovecharon de estos descubri­mientos asi como del de la imprenta , para estender sus conoci­mientos ; la literatura , las artes , las ciencias , la religión, los gobiernos y las costumbres tomaron un nuevo aspecto.

Este siglo puede llamarse la época de los grandes descubrimien­tos. En el año de 1436 Guttemberg de Maguncia inventó la im­prenta; en 1486 el portugués Gama halló por el cabo de Buena Esperanza un camino para ir ¿ las Indias orientales; en 1492 el genoves Colon descubrió la América. Estos descubrimientos im­portantes apresuraron los rápidos progresos que hacían entonces  to­dos los conocimientos humanos.

SIGLO XVI.

Imperio           turco.

Los turcos establecidos en Constantinopla y ‘dueños del Egipto desde el año 1517 , estendieron aun sus conquistas bajo Solimán  II. Este sultán despues de haberse apoderado de la isla de Rodas , cu­yos caballeros se retiraron despues á Malta, cayó sobre la  Ungría, tomó muchas  plazas despues de una famosa victoria, y envió sus armadas contra las costas de Italia. Muerto Solimán, el poder otoma­no empezóádeclinar  por tierra  y por  mar, y en el año de 1572 perdieron la batalla de Lepanto que les costó veinte y cinco mil hombres y doscientos buques.

Argel.—Barbarroja.

Barbarroja, famoso pirata salido de Lesbos, se apoderó de  Ai-gel y la  gobernó por espacio de dos años. Veinte años despues, en el de 1541 , Selim I colocó en el trono de ArgeláHassan-Aya. Contra de este príncipe dirigió Cárlos V una espedicion que no tuvo buenéxito.

Italia.   —Losfranceses en Italia.

Luis XII rey de Francia y sucesor de Cárlos VIII, tenia pretensio- 8.jies sobrel'íápoles  y el Milanesado. Eú 1508 pasó los Alpes, se apo-

 

 

CRONOLÓGICO.     5 8 5

deró de Milán, no pudo resistirálos ejércitos españoles que prote- gian¿Nápoles y se dirigió contra los venecianosálos  cuales derro­tó  en Aguadel. Declaráronse contra él la Alemania, la España  y la Inglaterra, y le obligaronávolver¿Francia, con pérdida  de todas sus conquistas.

1515.   —En   1515 su           sucesor Francisco 1 reconquistó        todo el Milanesado.

Florencia.—Alejandro            de Medieis.

Hacia un siglo que.Florencia se distinguía por el comercio y por las bellas artes. Los Médicis estaban al frente de esta célebre repú­blica. En 1551 los florentinos se declararon contra Carlos V, quien

' puso cercoála ciudad , se apoderó de ella  y convirtió á-la repúbli­ca en un ducado que dióáAlejandro de Médicis, sobrino  del p.pa León X.

España.—Comineros.

A causa de haber despreciado Cárlos V las antiguas -eostumbres sobre la reunión de Córtes, se sublevaron las ciudades en masa, des­tituyeron al regente Adriano , y amenazaronála misma nobleza jun­to con las prerogativas  realesj pero despues de haber conseguido al­gunas  ventajas, al fin triunfó la nobleza en la batalla de YlUalar. Poco antes se había inmortalizado en la regencia de España el céle­bre  cardenal Jimenez de  Cisneros, y 1casi al mismo tiémpo  Hernán Cortés, por medio de hechos que se reputarán algún dia fabulosos, con­quistaba dilatadísimos reinos y provincias en América.

Alemania.—Guert'a    de sucesión-

Despues de la muerte de Maximiliano, Cárlos V, su nieto, y Fran- 1521. cisco I, rey de Francia, aspiraron igualmente ála cocona imperial.

La elección de Cárlos dió margen á una guerra que costó torrente* de sangre¿ la Europa. Francisco I perdió el Milanesado, volvió áconquistar la capital del mismo y cayó prisionero en la batalla de Pavía. El tratado de Madrid le volvió la libertad. Pronto volvió áencenderse la guerra, de manera que el reinado de entrambos  rivales se pasó en negociaciones, en tratados y en  rompimientos que no  tu­vieron rebultado ventajoso por una ni por otra parle. El último tra­tado que  concluyeron fue el de Crequi en 1544. Enrique VIII, rey de

Inglaterra, firmó la paz con Francia en 1546 despues de haber  sido sucesivamente aliado de los dos monarcas.

Suecia. —Gustavo       Wasa.

i 523- —La Suecia estaba reunidaála Dinamarca*}* gemía bajo la tiranía de Cristerno H que habia  formado el proyecto de esterrtiinar toda la nobleza. Asi todos los principes de la casa real habían perecido ; pe­ro  Gustavo Wasa, uno de ellos, logió crearse un partido y toda la Sue­cia le reconoció por rey.

 

 

 

Francia.—Enrique      II.

1557. — Enrique II acababa de sucederáFrancisco I, y Felipe IIáCirio«V comoáRey de España. Este se alió con la Inglaterra’ contra la Francia. Los franceses perdíeion la batalla de S. (Quintín, peio se apoderaron de Metz y de Calais.

Degüello de    S.         Baríelemi.

1572. — Los hijos de Enrique II reinaron sucesivamente bajóla tutela de María de Médicis  , su madre  ; Francisco II no apareció mas qne un momento y le sucedió Cárlos IX.  Por este tiempo la reforma  religio­sa predicada por Lutero en Alemania desde 1515 habia hecho pro­

gresos en Francia. También fue el pretesto de las  guerras civiles que agitaron el reino. La regenta y su hijo  prescribieron el horrible de­güello de S. Bartelemi, en que perecieron mas de setenta  mil pro­testantes.

Entronizamiento          de        los       Borbones.

'1589. — Bajo  el reinado de Enrique II, sucesor de Cárlos IX , aparecióla liga católica , de »tinada¿servir menos los intereses religiosos que la ambición de los G uisas, príncipes poderosos d éla época. Como En­rique 113 hubiese hecho asesinará Enrique de G uisa, tuvo  que salir de París, y pereció muy pronto víctima de otro a s e s in a to .  Enrique de Navarra , de la familia de los Borbones  , áquien tocaba entonces la corona, no fue reconocido al principio poique era protestante, pero habiendo abjurado despues la religión reformada  , le abrió París sus puertas y le proclamó rey  bajo el nombre ele Enrique IV .

Países-Bajos.

Este p ais, cometidoála España desde el tiempo de Carlos V, se sublevó en 1599 y se constituyó en república con el nombre de pro­vincias unidas. G uillermo, príncipe de Orange , fue nombrado sta- touder.

Inglaterra.        —Enrique       VIII.    —        Maria.  —        Isabel.

Bajo tn riqu e VIII, hijo  y sucesor de Enrique V llj la autoridad del papa cesó de ser reconocida en Inglaterra : María, que subió al  tiono en 1553, probó en vano árestablecerla religión cristiana por medio del terror de los suplicios. El reinado de Isabel, que principió  en 1558, aseguró el triunfo del protestantismo. Isabel fue  una de las mas ilustres  princesas de los tiempos modernos, pero es un baldón para ella la muerte de María Estuardo,  reina de Escocia, y en tuya persona se estinguió la dinastía de los Tudor.

 

 

cfcONOuSeico.

La        Europa en        el         siglo    XVI.

Durante el siglo  XVI 1?  Italia vinoáser el  centro de las luces. lo que debió tanto al celo ilustrado de los Médicis  como á la llegada de los sabios fugitivos de Constantinopla. La Francia , en medio de las guerras de Francisco I , siguió el impulso dado por la Italia  , y empezaron los hermosos dias de su literatura.

£1  bello movimiento de la restauración se propagó bien pionto por toda la Europa, y aparecieron grandes escritores ;  mientras quéen Italia Ariosto y el Taso sucedían áMaquiavelo, y que en Fran­cia la lengua empezabaáfijarse por los escritos de Rabelais , Mon­taigne , y Malberbe  , la Inglaterra vió aparecer Shakespeare y Bacon, PortugaláCamoens, la España áfral Luis de León, Garcilaso y al inmoital Cervantes, y la Alemania áLutero yáZelevingle.

Estos dos últimos , atrevidos novadores, fueroi^ los primeros que predicaron la reforma religiosa, uno de los acontecimiento* mas im­portantes del siglo. Las cuestiones tratadas entonces por tamos talen­tos  distinguidos. no contiibu3~eion poco al progreso del espíritupú­blico que iba dilatándose ápar que el poder real sobre las ruinas del feudalismo.

Las doctrinas de Lutero fueron condenadas en 1545 por el famo­so  concilio de Tiento que  duró 18 años. Era  el décimo concilio ge­neral despues del de ^icea reunido en tiempo del emperador Cons­tantino. Por el mismo tiempo Ignacio de Loyola fundó el órdeú de los jesuítas , que vino despuesáser tan poderoso en muchos  estado«de Europa.

En el siglo  XVI  los europeos formaron también grandes estableci­mientos en América, en Afiica y en las Indias.

En 1521 el portugués Magallanes efectuó su primer viage al lededor del mundo.

SIGLO XVII.

Francia.—Richelieu.—Guerra de los 30        años.

1610. — Bajo  el reinado de Luis XIII, sucesor de Emique IV, apareció el ministro Richelieu, que acabó «on las úllimas pie  enviones  de la uo- blexa, protegiólas artes y fundó la academia francesa. Este h álil po­lítico fue uho de  los principales autores de la guerra llamada (le loe treinta años , dirigida contra la casa de Austria c^ue quería cambiar el sUuma federativo de la Alemania en una monarquía hereditaria.

Luis     XIV.— Paz de  WeslfaUa.

164$.   —        Luis     XIV     acababa           de        suceder            á          Luis     X III,   de        edad    de            5          años»

•■andolas batallas de Rocioi y otras tan fatalesála casa de Austria, produjeron el tratado de  Weftfalia que dió fin á la guerra de

 

 

588      uscMBft

treinta años. Este célebre tratado, que reguló los interese« de casi toda la Europa , proclamó la libertad religiosa, reconoció la inde­pendencia de la Suiza y de los Paises-Bajos  , señaló la Ahucia á

la Francia , y aumentó el territorio de varios estados á corta <7.e l, Austiia.

Paz      de        los        Pirineos.

1659. — La España, que habia sido escluida del tratado de Westfalia, con­tinuaba la guerra contra la Francia áfavor de las turbulencias in­testinas que el parlamento habia escitado contra el ministro M azarini. Las victorias de Turena motivaron la paz de los Piiineos, que asegu­róála Francia el Artois  , el Roscllon y la Flandes francesa, t

Paz'de  Nimega.          >

Como hubiese vuelto á encenderse la guerra entre la F rancia, la Holanda y la España , nuevas victorias ganadas por los franceses die­ron por resultado la paz de Nimega, en vittüd de la cual adquirióla Francia el Franco-condado (1678).

Liga     de        4usburgo         contra  Luis XIV.        —Paz  de Aiswick.

La ambición y el orgullo de Luis XIV armaron contra él en  1687ácasi toda la Europa. A  todo hizo frente, y despues de 10 años de combates, se firmó la paz en Riswick entre el emperador, la Ingla­terra , la Holanda, la España ,  etc. , de una parte , y la  Francia de

otra      : esta    conservó          sus       anteriores        conquistas       (1697 ).

Inglaterra.        —Primera        revolución.—  Cárlos\I.

Habiéndose estinguido en 1603 la rama de los T udor, Jacobo de Escocia, hijo de María Estuardo  , subió al trono con el nombre de Jacobo I , reuniendo los dos reinos bajo el titulo de Gran-Bretaña. Sucedióle Cárlos I,  su hijo. Eran entonces muy  poderosos los comunes ingleses, y las reyertas religiosas traian dividido el pais en dos  cla­ses :  la corte y el pueblo.

Estalló la guerra 'civil, y Cárlos I tomó las armas contra el par­lamento. Después de muchas batallas fue entregado  por los escoceses, conducidoáLondres, condenadoámuerte y decapitado ( 1649 ). Fue abolida la monarquía , y Cromwell, hombre de talentos superiores , usurpó el poder dándose el  título de protector de la república de In­glaterra.

Cárlos II.

Despues de la muerte  de Cromwel, un partido poderoso llamó al tronoáCárlos  I I , hijo de Cárlos I  , con  lo que volvióáreinar la ra -

nía       de        los        Estuardos.

 

 

CH01WLÓ6IC0.        5 8 9

 

 

Segunda          revolución.—  Guillermo        III.

Jacobo II,, termano y sucesor de Carlos I I ,  quiso gobernar despó- ticamente y restablecer la  religión católica. Una insurrección general le obligóárefugiarse en París. Entonces el parlamento , reunido ba­jo el nombre de convención , después de haber llamado al tronoáGuillermo de Nassan , statouder de Holanda y yerno de Jacobo II, reguló la prerogativa real en una declaración llamada bilí de derechos,

y estableció de esta suerte      el         régimen constitucional           en Inglaterra.

RUSIA.

En tiempo de Miguel Romanof, elegido czar en 1613, se engran­deció la Rusia y  empezóáfigurar entre las potencias europeas.

Suecia.—Gustavo Adolfo.

Este príncipe , uno de los sucesores de Gustavo Wasa, dió mues­tras de su genio en la guerra de los treinta años. Puesto¿la cabeza de los protestantes confederados, ganóálos imperiales decisivas vic­torias , y murió en 1632.

i           CRISTINA.

A Gustavo Adolfo sucedió Cristina, que hizo florecer en Suecia las ciencias y  las  artes.

ESPAÑA.

En España tuvieron lugar durante este, siglo revoluciones grandes. Merced¿la mala administraciónéinepcia del conde duque de Oli­vares , se sublevó en 1640 la Cataluña, y costó mucha sangre el re­ducirla. En el mismo año se levantó en masa el reino de Portugal, incorporado a la España en tiempo de Felipe I I ,  proclamó su inde­pendencia y dió el tronoála casa de Braganza. La España iba de­cayendo visiblemente al paso que la Francia se hacia mas poderosa.

Turquía.—Mahomet IV.—Paz de Carlowitz.

— Debilitábase* cada día mas el imperio turco por la molicie y estupidez de sus sultanes. Bajo Mahomet IV , una liga formada entre el Austria , la Polonia , la Rusia y Venecia, abrumó¿ los turcos  , les hizo sufrir grandes descalabros, y solo terminó con la paz de Carlowitz.

La \Europa      en el     siglo    XF1I.

En el siglo XVII,        dominaba la Franciaála Europa con  sui yicto-

 

 

590      WCMKV

rías, fue el objeto del ódio general por la ambición de su m onarca, y al  propio tiempo el de la admiración de todos los  pueblos  porque hizo brillar ásus  ojos todo cuanto produjeron jamas de estraordinario

la filosofía , las ciencias y las artes. Aparecieroná la vez en todos géneros una multitud de hombres grandes; Comeille, Racine  , Boi- leau, Moliere, Lafontaine entre los poetas; Pascal, Mallebranche , Labruyére entre los filósofos; Boúrdaloue , Fenelon , Bossuet, F lé- chier entre los oradores sagrados ; todos esos  hombres célebres  eclip­saron con sus trabajos los mas hermosos siglos de la antigüedad.

En Inglaterra florecieron por el mismo tiempo, Milton en la poe­sía , Lóete en la filosofía, y INewton  en la física.

SIGLO XVffl.

Prusia. —        Federico II.

1701. —El siglo XVIII ha vistoála Prusia crecer  en cierto modo admira­blemente y llegará un alto grado de prosperidad. La Prusia poseí­da en parte en sus  principios por los caballeros teutónicos , había si­do transformada en.ducado dependiente de la Polonia.  Federico G ui­llermo obtuvo el ducado de Prusia en 1660, y su hijo Federico I recibió del emperador (Leopoldo  el título de rey. El reinado de Fede­rico I I , hijo y sucesor  de Federico I , fue una época de gloria para la Prusia. Este príncipe, que asombióá la Europa con su  actividad y sus hazañas militares , unió ¿ sus estados la Silesia y la Prusia

>          polonesa.

Guerra de        sucesión          de        España.

1700. — 1715. — Carlos II, rey de España, hijo de Felipe IV, al tiem­po su  muerte nombró por su sucesor al duque de Anjou, nieto de

Luís     XIV.    La        Inglaterra,        la         Alemania,        la         Holanda,         la         Prusia  ,           se

opusieron y declararon la guerra ála Francia. Al cabo de algunos años, vencedores  ya los aliados marchaban sobre París , cuando los contuvo Villars en Denain : esta victoria hizo reconocer¿ Felipe V por rey de España.

Guerra de        sucesión          de        Polonia.

1733- — 1738. Augusto II y Estanislao se disputaban el trono de Polo­nia. El Austria y la .Rusia se declararon por Augusto f  y la Francia por Estanislao. Los españoles, sosteniendoálos franceses, se apode­raron de  la Italia y amenazaron al Austria.  Firmóse la paz; Augus­to permaneció rey de Polonia , y áEstanislao se  dió la Lorena, que al tiempo de su muerte debia reunirseála Francia.

Guerra de        sucesión de     Austria.

*740___174$. —        U         tiempo de        la         muerte de        Cáilo* VI        varios  pretem-

 

 

CRONOLÓGICO.     3 9 1

díentet  se presentaron para disputar la sucesiónásu hija María Tere­sa. Encendióse la guerra entre la Francia, España y la Prusia de una parte, y el Austria,  la Inglaterra y la Holanda de otra. Termi­nó al fin con  la paz de Aix-la-Chapelle :  María Teresa quedó afian­zada en el trono imperial.

Guerra de los   siete     años.

1763. — Una leve contienda promovida entre la Francia y la Inglaterra, con motivo de algunos terrenos en América , volvió áencender una guerra general en Europa. Federico , rey de Prusia , se distinguió en esta guerra, que terminó con el tratado de París.

ALEMANIA.

'1765. — Por  este  tiempo el emperador José II preparó, de concierto con Catalina I I , emperatriz de Rusia, la desmembración de la Polonia. Tuyo por sucesoráLeopoldo II y áFrancisco II.

Suecia. —        Carlos  XII.

Este príncipe, uno de los sucesores  de Cristina, se hizo célebre por sus  victorias *contra los polacos y los rusos. Pero despues de admi­rables hazañas perdió la batalla de Pullava y con ella su ejército. La Suecia, despues de la muerte de Carlos XII, acaecida en el sitio de Frederickshall, fue agitada por largas revoluciones que terminaron con la subida de Gustayo III al tiono.

POLONIA.

La Polonia fue desmembrada en 1770 y repaitida entre la Rusia , el  Austria  y la Prusia.  En yano algunos años despues se sublevaron los polacos, pues tuvieron que sucumbir.

Rusia.—          Pedro   el         Grande jr         Catalina           II.

Pedro ha merecido con justicia el nombre de G rande, pues  le mere­ce quien pudo civilizarácincuenta millones de habitantes; Catali­na II continuó sabia y enérgicamente Iqs planes formados por aquel«*mperador.

Inglaterra.—Ana.

Durante el reinado de esta princesa se consumó la unión de Esco­cia con la Inglaterra , bajo un solo  parlamento.

Casa de Brunswik.—  Hannover.

Jorge I,            descendiente de Jacobo I , fue ti primer rey de esta dinastía.

 

 

5 9 2    r aúM w i

Jorge 11 su. sucesor tomó parte en la guerra de sucesión del Austria y fue batido en Fontenoy por los franceses.

Jorge   III.

En tiempo de Jorge  m , sucesor de Jorge I I , fue cuando las colonias inglesas de la América septentrional, sobrecargadas de impuestos , se  sacudieron el yugo, y con la ayuda de la Francia se declararon independientes con el título de república de los Estados-Unidos. La Inglaterra reparó rápidamente esta pérdida fundando en las Indias un imperio tan vasto como el que acababa de perder en América.

Jorge m , que reinó 60 años, y P itt, su primer m inistro, fueron los mas  encarnizados enemigos de la revolución de Francia.

FRANCIA.

i 789. — Desde Luis XI el poder real no había cesado de estenderse sobre las  ruinas del feudalismo ; bajo Luis XIV llegó al mas alto punto  de su  pujanza,  y se hizo opresivo para el pueblo, su antiguo aliado.

Las obras de los escritores  osados que bajo el reinado de Luis XV trataron todas las cuestiones sociales y políticas, le dieron los últi­mos  golpes  : desde entonces se declaró rápida su decadencia. Al fin sucumbió  la monarquía en la persona de Luis X V I, vencida por el paitido popular.

La        Europa en el     siglo'XVIII.

Durante el siglo XVIII  las artes j las ciencias continuaron ilus­trando la Europa. Al siglo de la literatura había sucedido el de la filosofía; la Francia vió  florecer áMontesquieu, áVoltaire  , áRous­seau, Diderot y Helvecio entre los filósofos ,áBuflon entre los n atura­listas ;áAlembeil entre los matemáticos y*á Mirabeau entre los ora­dores.

La Italia           produjo            al         publicista         Beccaria          y          al         filósofo            Vico.

La Inglaterra á los historiadores Hume,, G ibbon, Robertson , y al poeta Thompson.

La Alemania fue ilustrada por los poetas Gessner, Schiller j Goethe. A últimos del siglo XVIII estalló la grande revolución  , obra de la

civilización      m oderna, y     que      merece un estudio        particular.

 

 

 

F in      del       resumen           cronológico.

 

 

 

índi ce

DE'LAS          HATERIAS    CONTENIDAS         EN       ESTE  TOMO.

 

 

LECCION      I.          (PágÜ)

Objeto dé esta obra.—Historia  de la civilización en Europa.— De que modo  ha contribuido la Francia en la civilización europea. — La civili­zación puede contarse y describirse. — Es el hechb histórico mas general.— Modo como sfe toma usual y popularmente la palabra civiliztñion.—Sus  hechos principales son dos: I o desarrolla la sociedad; 2o perfecciona y desarrolla al individuo de  ella. — Como se prueba este aserto. — Es­tán tan unidos  estos dos efectos, queála cortaóála larga el uno produce al otro— ¿Toda la suerte del hombre se contiene en la sociedad,óestá fue­ra de los límites  del universo ? De dos modos« puede considerarse 1& histo­ria de la civilización. — Alguna esplicacion sobre  el plan de este curso.—En que  estad? se encuentran actualmente los ánimos, y del porvenir de la civilización.

LECCION      n .        (27)

A que se dirige esta lección. — La civilización antigua era una. — La civilización  moderna variada. — Cuan superior es á aquella. — En que estado  se hallaba la Europa cuando cayó el imperio romano. — Poderío de  las ciudades. — Los emperadores  prueban reformar  la política. -^-Res­criptos de Teodosio  y Honorio. — Poderío del título imperial. — Iglesia cristiana. — Diversos tramites  que ha transcurrido en el siglo V. —Po­der d¿l clero en las funciones municipales. — Influjo de la iglesia. —Bárbaros. — Introducen  en  la sociedad moderna c^l deseo de la indepen­dencia personal y. la completa y voluntaria unión de hombre áhombre.— Recopilación de  los  diferentes elementos de la civilización al principio del siglo  V.

LECCION      III.       (;55)

De que se trata en esta lección. — La legitimidad es el objeto de todo los sistemas.—Que cosa es legitimidad política ?.— En el siglo V coexi»- tian todos los sistemas de gobierno—Poca seguridad epi e). estado de los hombres, de las propiedades, y de las instituciones.—Dos cafisa;  ¡de e$toi material la una, y moral la otra; la primera la continuación <Je la invasión de los bárbaros,  la segunda el deseo de individualidad que poseíaá1<^ lá ­baros.—La necesidad de  órden, las memorias del imperio romano , la reli­gión cristiana y los  bárbarps han causado tas  principios de la civilización.—Los  bárbaros, las ciudades; la iglesia de España,  Cario-magno y Alfredo

han hecho varias  tentativos de organización. —• Objeto de la¿ invasiones, germánica y agguoHA. Principi?  .del rjégiogien feudal.

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LECCION      IV.        (79,)

Objeto de esta lección.—Los hechos y doctrinas se enlazan por nece­sidad__Preponderancia del campo con respecto¿las ciudades. —Organizase una pequeña sociedad feudal. —El feudalismo influye, en el carácter del posesor del feudo y en las ideas de su famili,a. —Repugna al pueblo el régimen  feudal.—Kípgun influjo de los curas  para con los colpnos.—El feudalismo es imposible organizario ni regularizarlo. —lu Por no existir una aiptoridad fuerte; 2o Por falta de práctica en el poder >3° Por lo di- IIcultoso que es establecer el sistema federativo. —t i derecho del mas fuerte es inherente  al  feudalismo. —La influencia delfeudalísmo es ven­tajosa para desarrollar al individuo, pero muy perniciosa  al órden social.

LECCION      V.         (107)

Idea de esta lección. —La religión es uno de los principios  de socie­dad. —El gobierno no debe ser esencialmente coactivo.—Un gobier­no para que sea legitimo debe : 4o ponerse el poder en manos de los hom­bres mas capaces y  dignos  de mando, y 2° que respete aquel la libertad de sus gobernados.—Como la iglesia es un icuerpo y no una casta ha podido llenar la primera de las dos condiciones.—Diversos modos de elegir y nombrar que reiuan en su  interior.<—Por estender demasiado el principio de autoridad, y  eifcplear con  abuso la fuerza faltaá la segunda condicion.—Movimiento y libertad de espíritu en el seno de la iglesia.—Sus relaciones con los príncipes.—El poder espiritual elevadoáprin­

cipio es independiente. —La iglesia pretende y se esfuerza en apoderarse del poder temporal.

LECCION      V I.      (155)

Objeto de esta  lección.—División de gobernantes y gobernados en la iglesia.—Los seglares tienen una influencia indirecta sobre el  clero.—La iglesia influye en el órden público y en la legislación.—Su sistema  de penitencias. —El desarrollo del .espíritu bumauo es enteramente teológico*

 

—Por lo común siempre se declara la           iglesia  en favor           del       poder.  No

es estraño que la religión tenga por objeto el  arreglo de la libertad del hom­bre.—Diferentes estados en que se ha visto la iglesia desde el siglo V has­ta el VID,— Io Iglesia imperial.—2o Iglesia bárbara; desarróllase el p.incipio de separación de los dos poderes , en el órden  monástico.— 3°La iglesia feudal; tentativas de organización; necesidad de su reforma Gregorio VII.—-4o La iglesia teocrática. —Vuelveánacer el espíritu de exámen : Abelardo.—Muévense los comunes.—Estos dos hechos están', faltos de armonía.

LECCION      v n .     (165)

Que objeto tiene esta lección.—Cuadro comparativo de los comunes en su estado del siglo XII y en el del X V Íll.D o b le cuestión.— Emancí-

 

 

pause los comunes.—Estado de las ciudades desde el siglo V al X.—Decaen y se regeneran. —Insurrección de los comunes.—Cartas. —

.Efecto)* en  la sociedad y mordí «ausados por la emancipación de los comu- lie«. Gobierno interior d£ las poblaciones. —Reunión del pueblo. —Magistrados. —Comunion de la clase superior y de la llana. —Diferen­te estado de los comunes en varias regiones de Europa.

LECCION      y in .    (191)

Objeto de esta lección.—Rápida ojeada sobre la historia general de la civilización  en  Europa.—Su distinto y fundamental carácter.—Cuando empiezaápercibirse este carácter. —Estado de la Europa desde el siglo XII hasta el XVI. —Las cruzadasj su carácter.—Sus causas morales y so-

ríales. —Desaparecen estas causasáfines del siglo XIII.—•Efectos pro- ducídós por las cruzadas en la civilización.

LECCION      IX.       (215.)

Objeto de esta lección.—Es muy importante la historia de la mo­narquía en Europa, y  en todo el universo. —Verdaderas motivos de esta importancia. —Aquella institücion puede contemplarse bajo dos puntos

* de vista.—.i° En su naturaleza propia y permanente. Consiste en la personificación del soberano de derecho.—Con que restricciones*—2o

. Su flexibilidad y  variedad.—La monarquía europea es al parecer el re­sultado de las otras clases de monarquías.—Monarquía  bárbara.—Im­perial. —Religiosa.—Feudal. —Monarquía moderna propiamente lla­mada tal y su verdadero carácter.

LECCION      X.        (2 57)

Objeto de esta lección.—Varias pruebas para conciliar y reunir bajo una misma sociedad y poder central los diferentes elementos sociales de la Europa moderna.—4o Tentativa de una organización  teocrática. —Quécausó su mal éxito. Sus principales obstáculos son cuatro.—Defectos de Gregorio VII.—Los pueblos verifican una reacción contra el dominio

- de la iglesia.  _          Otra por parte de los soberanos.        2°        Tentativa         de una

organización- republicana.—Repúblicas de Italia. —>Sus vicios.—Ciu­dades meridionales de Francia.—C ru zada albigense. —Confederación helvética. —Comunes de Flandes y del Rhin. —Liga ansiática.—Pugna de los comunes con la nobleza feudal.—-3°, Tentativas de una

organización mixta.—Estados generales xde Francia.—>Cortes en Es* paña y Portugal. —Parlamento ingles.—Particular estado de Alema­nia.—Desgraciado éxito de todas estas tentativas. —Sus causas.—Tendencia general de la Europa.

LECCION      XI.       (961)

Objeto de        la         lección.—Particular    carácter            del       siglo    XVI.    —Cen-

 

 

tralizacíon progresiva do los pueblos y gobiernos- —i* de Francia' —Fórmase, el espíritu nacional francés. — Territorio de Francia, -n- Sis­tema del goKierpo de Luis XI.— 2® de España. — 3° de Alemania. 4° de Inglaterra. —5° de Italia. — Origen déla diplomacia y de las re­lacionas esteriores do los estados.—Movimiento de ideas religiosas.—Ten­tativa  de una reforma aristocrática. Concilios de Constanza y de Basílea-—Tentativa de una reforma popular.—Juan Hus. — Renacen las letras.—*Entusiasmo con respectoála antigüedad.—Escuela clásicaóde  parti­darios  de las libres ideas. — Actividad general.—Viages*  descubrimien­toséinvenciones. —Conclusión.

L E C C IO N X I I .   ( 2 8 5 )

Objeto  de la lección. — Es difícil distinguir los hechos generales de la historia moderna. —»Cuadro de la Europa en el siglo  XVI.—Peligros de la precipitación en la generalización.—Diferentes causas de la reforma.—su principal  y dominante carácter. Suerte de la reforma en las diversas regiones europeas. —Jesuítas.—Analogía  de las revoluciones civiles con

las        religiosas.        ,>•

L E C C IO N X I I I .            ( 5 0 9 )

A que se dirige esta lección---- Carácter general de la revolución in­glesa.,—  Sus principales causas-----Tiende mas á política q u e r e ligio­s a— Sucédense en ella tres grandes partidos. —-1° El de la forma legal.— El de la revolución política.—- 3° El de la revolución so­cial.—Destróyense todos.—Cromwell. — Restauración de  los stuanlos.— Ministerio legal,  -r- Ministerio libertino. — Ministerio nacional. —Influjo en Europa de la revolución inglesa de 1688.

(           L E C C IO N  X IV .  ( 5 5 5 )

’Objeto            de        esta      lección.—       Diferencias      y          conexiones      entre    la         marcha

•de la civilización inglesa y la del continente. — Es preponderante la Francia en Europa durante los siglos XVII y XVIQ.— El gobierno francés en el siglo XVII. — La nación francesa en el siglo XVIII----- Gobierno de Luis XIV.— Sus guerras.— Su diplomacia. —Su admi­nistración.— Su legislación---- Motivo de su pronta decadencia.— De la déla Francia en el siglo X V III.—  Esencial carácter de su revo'u- ciori filosófica.— Fin del curso.

Resumen         cronológico.............................................       ( 565 )



FIN

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