© Libro N° 10903. Multitud E Indiferencia. Bravo, Betzy. Emancipación. Febrero 18 de 2023
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E Indiferencia. Betzy Bravo
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Betzy Bravo
Multitud E Indiferencia
Betzy Bravo
Multitud E Indiferencia
Betzy Bravo
Aprincipios del siglo XIX los literatos escribieron sobre la multitud
con especial interés. De aquel tiempo encontramos narraciones sobre millares de
personas de todas las clases sociales con sus características propias, basadas
en la organización de las multitudes para exigir a los gobernantes el
cumplimiento de sus demandas, situación a la que los escritores se adaptaron de
manera muy estrecha e incluso íntima. No fue el azar lo que llevó a Marx a
retomar una de esas historias para describir la masa férrea y amorfa del
proletariado, expuesta en Los misterios de París de Eugéne
Sue.
Walter Benjamin dice que una de las versiones más antiguas del tema de
la multitud se halla en un cuento muy conocido de Edgar Allan Poe, titulado “El
hombre de la multitud” y narrado en primera persona, donde cuenta la historia
de un hombre que por primera vez se enfrenta al tumulto citadino después de una
larga enfermedad. Este acontecimiento transcurre en Londres, al anochecer.
Allí, Poe describe a la multitud como tétrica y confusa, constituida por
personas de la clase baja, transeúntes ‘que salen de sus cuevas por
las noches’; por otro lado, describe a los empleados con mejor sueldo, quienes
denotan una personalidad satisfecha consigo misma, sólidamente instalados en la
vida, con el fin de abrirse paso entre la mayoría que se constituye
principalmente por la gentuza, de la que añoran diferenciarse.
Dentro de la aglomeración también se encuentran los miserables, es decir, las
personas adineradas, aquellas que tienen el rostro encendido y están en soledad
aunque se encuentren rodeadas de mucha gente, son individuos semiborrachos
-dice Poe-, que conforman las clases altas: comerciantes, especuladores de
bolsa y abogados. Para Allan Poe, la gente de negocios tiene algo de demoniaco,
característica similar a la utilizada por Marx para referirse también a dichas
personas, el filósofo les llama los fantasmas del viejo mundo.
Para Poe, la multitud constituye una amenaza, esta imagen es también
retomada por Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra,
donde describe la concentración colosal de dos millones y medio de humanos.
Engels dice tácitamente que esos miles de personas tienen cosas en común:
cualidades, capacidades e interés de ser felices. Sin embargo, añade, unos
quieren sobrepasar a otros como si no tuvieran nada en común: “a ninguno se le
ocurre dignarse a dirigir a los otros aunque sólo sea una mirada. La indiferencia
brutal, el encierro indiferente de cada cual en sus propios intereses privados,
resulta tanto más repugnante y ofensivo cuanto mayor es el número de individuos
que se aglomeran en un breve espacio.” Ésta es una descripción de la multitud
sensiblemente distinta de las que hallamos en los literatos del XIX.
La descripción de Engels sobre la multitud nos deja consternados,
provoca una reacción moral, a la que puede añadirse una reacción estética: el
desagrado por las personas que quieren adelantarse con desdén, sin empatía ni
solidaridad por sus congéneres; la narrativa de Engels es atractiva por su
crítica. En la ciudad es notoria la atomización del mundo, donde las personas
se consideran objetos utilizables, donde el fuerte pisotea al débil y, de
acuerdo con Engels, “uno ya no se asombra de nada, sino de que todo este mundo
loco no se haya desmembrado todavía”.
La individualización de los seres humanos llega a un punto egoísta en
donde las conciencias se encuentran enajenadas, éstas no siempre obedecen a sus
propietarios; en muchas ocasiones, las conciencias humanas son alienadas y, de
alguna manera, se vuelven ajenas a ellas mismas. Foucault explica que esto
ocurre de manera congénita a la gubernamentalidad. De acuerdo con dicho
filósofo, la gubernamentalidad es un régimen económico específico en el que las
y los ciudadanos son elementos de una red comercial cuyo mínimo reducto es la
familia. En ese sistema, la vigilancia de las personas se da a través de
sólidos dispositivos de seguridad. “La gubernamentalidad es una forma “muy
compleja de poder que tiene por blanco principal la población, por forma mayor
de saber la economía política y por instrumento técnico esencial los
dispositivos de seguridad.””[1] Este orden social, inscrito en el neoliberalismo, conduce la
conducta de la gente hacia la competitividad. La indiferencia descrita por Poe
y por Engels está fundamentada en el modelo económico capitalista.
No obstante, el capital no es la forma absoluta de ser del mundo; pese a
que imponga sus leyes, hay otras normas que gobiernan el universo. Esto es, que
hay fuerzas ajenas al momento presente, a lo que se es actualmente.[2] Es allí en donde entra en función la historia, cuando se asoman
acciones que no pertenecen de manera originaria al capitalismo, como el trabajo
colectivo, la rebelión o la educación popular. Una de las funciones de la
historia consiste en rememorar que no somos meras personas
hiper-individualizadas y sujetas a la explotación, sino que podemos construir
nuestros propios significados.
Los peligros del sistema invocan al conocimiento de la historia como
resistencia. Benjamin afirmaba que “son los peligros del presente los que
convocan a la memoria, en tanto que son una forma de traer el pasado como un
relámpago, como una iluminación fugaz al instante de peligro actual.”[3] Los significados construidos a partir de la memoria no son
repeticiones inermes, la fidelidad de las historias no consiste en la simple
repetición de un hecho pasado idéntico. De ser así, los contenidos de la
memoria no podrían transmitir vida a sus oyentes, por eso, es necesario que las
memorias de la gente contengan proyectos de vida, posibilidades de futuro.
Así, la historia, aludiendo a la memoria popular, construye coordenadas
de sentido que permiten solucionar los problemas actuales. Esto posibilita la
continuidad de las historias, no se analiza la historia de forma aislada sino
que se conecta con el presente para tener un uso práxico. Saber los orígenes
del presente permite construir formas de resistencia.
Hay, entonces, otros ciclos heterogéneos que se contraponen al ciclo
capitalista, hay otras temporalidades y otros espacios, que emergen desde los
instantes de peligro y ofrecen nuevas posibilidades de lo real.
Betzy Bravo es licenciada en filosofía por la UNAM e investigadora del
Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
Bibliografía
Calveiro, Pilar. Resistir al neoliberalismo:
comunidades y autonomías, Ciudad de México: Siglo XXI, 2021.
_____________ “Los usos políticos de la memoria”, apud Sujetos
sociales y nuevas formas de protesta en la historia reciente de América Latina.
Argentina: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).
Sartre, J. P., Crítica de la razón
dialéctica, Buenos Aires: Losada, 1963.
[1] Calveiro, Pilar. Resistir al neoliberalismo: comunidades y
autonomías, Ciudad de México: Siglo XXI, 2021, p. 13.
[2] Cf. Sartre, J. P., Crítica de la razón
dialéctica, Buenos Aires: Losada, 1963, p. 63.
[3] Calveiro, Pilar, “Los usos políticos de la memoria”, apud
Sujetos sociales y nuevas formas de protesta en la historia reciente de América
Latina. Argentina: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO),
p. 378.


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