© Libro N° 9515. El Gallito De Cresta De Oro. Afanasiev, Aleksandr Nikolaievich. Emancipación.
Enero 22 de 2022.
Título original: © El Gallito De Cresta De Oro. Aleksandr
Nikolaievich Afanasiev
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Original: © El Gallito De Cresta De Oro. Aleksandr Nikolaievich Afanasiev
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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EL GALLITO DE CRESTA DE ORO
Aleksandr Nikolaievich Afanasiev
El Gallito De Cresta De Oro
Aleksandr Nikolaievich Afanasiev
Un viejo matrimonio era tan pobre que con gran
frecuencia no tenía ni un mendrugo de pan que llevarse a la boca.
Un día se fueron al bosque a recoger bellotas y
traerlas a casa para tener con qué satisfacer su hambre.
Mientras comían, a la anciana se le cayó una
bellota a la cueva de la cabaña; la bellota germinó y poco tiempo después
asomaba una ramita por entre las tablas del suelo. La mujer lo notó y dijo a su
marido:
-Oye, es menester que quites una tabla del piso
para que la encina pueda seguir creciendo y, cuando sea grande, tengamos
bellotas en casa sin necesidad de ir a buscarlas al bosque.
El anciano hizo un agujero en las tablas del suelo
y el árbol siguió creciendo rápidamente hasta que llegó al techo. Entonces el
viejo quitó el tejado y la encina siguió creciendo, creciendo, hasta que llegó
al mismísimo cielo.
Habiéndose acabado las bellotas que habían traído
del bosque, el anciano cogió un saco y empezó a subir por la encina; tanto
subió, que al fin se encontró en el cielo. Llevaba ya un rato paseándose por
allí cuando percibió un gallito de cresta de oro, al lado del cual se hallaban
unas pequeñas muelas de molino.
Sin pararse a pensar más, el anciano cogió el gallo
y las muelas y bajó por la encina a su cabaña. Una vez allí, dijo a su mujer:
-¡Oye, mi vieja! ¿Qué podríamos comer?
-Espera -le contestó ésta-; voy a ver cómo trabajan
estas muelas.
Las cogió y se puso a hacer como que molía, y en el
acto empezaron a salir flanes y pasteles en tal abundancia que no tenía tiempo
de recogerlos. Los ancianos se pusieron muy contentos, y cenaron
suculentamente.
Un día pasaba por allí un noble y entró en la
cabaña.
-Buenos viejos, ¿no podrían darme algo de comer?
-¿Qué quieres que te demos? ¿Quieres flanes y
pasteles? -le dijo la anciana.
Y tomando las muelas se puso a moler, y en seguida
salieron en montón flanes y pastelillos.
El noble los comió y propuso a la mujer:
-Véndeme, abuelita, las muelas.
-No -le contestó ésta-; eso no puede ser.
Entonces el noble, envidioso del bien ajeno, le
robó las muelas y se marchó.
Apenas los ancianos notaron el robo se
entristecieron mucho y empezaron a lamentarse.
-Esperen -les dijo el Gallito de Cresta de Oro-;
volaré tras él y lo alcanzaré.
Echó a volar, llegó al palacio del noble, se sentó
encima de la puerta y cantó desde allí:
-¡Quiquiriquí! ¡Señor! ¡Señor! ¡Devuélvenos las
muelas de oro que nos robaste!
En cuanto oyó el noble el canto del gallo ordenó a
sus servidores:
-¡Muchachos! ¡Cojan ese gallo y tírenlo al pozo!
Los criados cogieron al gallito y lo echaron al
pozo; dentro de éste se le oyó decir:
-¡Pico, pico, bebe agua!
Y poco a poco se bebió toda el agua del pozo. En
seguida voló otra vez al palacio del noble, se posó en el balcón y empezó a
cantar:
-¡Quiquiriquí! ¡Señor! ¡Señor! ¡Devuélvenos las
muelas de oro que nos robaste!
El noble, enfadado, ordenó al cocinero que metiese
el gallo en el horno. Cogieron al gallito y lo echaron al horno encendido; pero
una vez allí, empezó a decir:
-¡Pico, pico, vierte agua!
Y con el agua que vertió apagó toda la lumbre del
horno.
Otra vez echó a volar, entró en el palacio del
noble y cantó por tercera vez:
-¡Quiquiriquí! ¡Señor! ¡Señor! ¡Devuélvenos las
muelas de oro que nos robaste!
En aquel momento se encontraba el noble celebrando
una fiesta con sus amigos, y éstos, al oír lo que cantaba el gallo, se
precipitaron asustados fuera de la casa. El noble corrió tras ellos para
tranquilizarlos y hacerlos volver, y el Gallito de Cresta de Oro, aprovechando
este momento en que quedó solo, cogió las muelas y se fue volando con ellas a
la cabaña del anciano matrimonio, que se puso contentísimo y vivió en adelante
muy feliz, sin que, gracias a las muelas, le faltase nunca qué comer.
FIN


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