© Libro N° 8017.
Los Retos Del Marxismo En Metodología. De La Garza
Toledo, Enrique. Emancipación. Noviembre 28 de 2020.
Título
original: ©
Los Retos Del Marxismo En Metodología. Enrique
De La Garza Toledo
Versión Original: © Los Retos Del Marxismo En Metodología.
Enrique De La Garza Toledo
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LOS
RETOS DEL MARXISMO EN METODOLOGÍA
Enrique De La Garza Toledo
Los Retos Del Marxismo En
Metodología
Enrique De La Garza Toledo
Dentro del marxismo es común afirmar que Marx creó
una nueva ciencia: la ciencia de la historia. Esta afirmación de ser cierta
podría tener dos contenidos no equivalentes. Podría significar que Marx creó
una ciencia positiva de la realidad histórico-social, en cuanto una capacidad
de explicación y predicción a la manera de las ciencias naturales. La otra, más
cercana a Gramsci, hablaría no de una ciencia positiva sino de una
concepción del mundo y, en particular, de una concepción de historia como
articulación entre objetividad, y subjetividad.
Al respecto, señala Harry Claver 1 que El
capital acepta varios ángulos de lectura (nosotros podríamos
extenderlo al conjunto de la teoría marxista). Un primer ángulo de lectura es
el concebir al marxismo como una ciencia positiva, sujeta a los criterios de
cientificidad de una supuesta “ciencia general“, con capacidades
explicativas y predictivas. En esta primera óptica El capital aparece
como una obra de teoría económica (para algunas corrientes contemporáneas
pareciera que El capital es incluso una econometría). Una
segunda manera de ver la obra marxista es fundamentalmente como un método,
tradición que parte de Lukács, es decir la teoría en una concepción
de realidad en movimiento tendría límites finitos y tendría que ser objeto de
una crítica permanente. 2
Finalmente, en la perspectiva obrerista de Panzieri el
marxismo aparece como la ciencia de la revolución y, en esta medida, no es
simple ciencia para conocer relaciones sociales ni competitiva con otras
teorías, ni tampoco un método más eficiente para explicar lo dado, sino una
ciencia con un campo específico que implica: primero, que no sirve para todo,
que sirve para revolucionar y no para integrar, para subvertir y no para
contemplar. En segundo término, que el ángulo de análisis que caracteriza al
marxismo es permanentemente el del poder y la dominación, que si bien pretende
dar cuenta de la totalidad de las relaciones sociales lo hace con el ángulo de
lo político. Sociología vestida de ciencia política es el marxismo,
añadirá Panzieri.
Es posible que el marxismo de Marx,
hijo de su tiempo, esté sujeto a dos tensiones en cuanto a su concepto de
ciencia. Por un lado, una concepción que proviene de la tradición anglosajona
de ciencia empírica cercana a la ciencia natural. Por el otro, la de la
tradición romántica alemana en cuanto recuperación de la especificidad del
fenómeno histórico, su irreductibilidad a leyes universales y la reivindicación
de la voluntad como su especificidad. Es probable que esta doble tensión
sintetizada en una nueva concepción de realidad tenga en Marx profundas
repercusiones en el plano epistemo-metodológíco:
1. En el concepto marxista de ley de tendencia
entendida como potencialidad mediada y de determinación como causa
mediada 3 en contraste con la noción clásica de ley de
causalidad. La idea moderna de causalidad probabilística no equivale a ley de
tendencia y determinación, desde el momento en que la distinción específica
en Marx es, por un lado, la perspectiva de conocimiento
concreto como conocimiento que articula mediaciones de las más abstractas a las
más concretas y, por el otro, que una mediación inevitable es la propia
subjetividad de los sujetos.
2. En el concepto marxista de tiempo presente, de
futuro y de predicción. Si el cambio social resulta de la articulación entre
objetividad y subjetividad a diferentes niveles, la definición de la coyuntura
presente no puede ser sino la del espacio de las acciones viables de los
sujetos; asimismo, el futuro no puede concebirse predeterminado por leyes
objetivas sino presentarse simplemente como futuro potencial a diferentes
niveles de abstracción que implican diferentes niveles de potencialidad, de una
potencialidad abstracta a una potencialidad concreta.
3. En la noción marxista de la praxis como prueba
de la verdad, la cual no debe ser interpretada en el sentido positivista de
verificación con lo empírico, sino de confrontación-reconstrucción del
conocimiento concreto con el movimiento histórico: el de la transformación
revolucionaria de la sociedad. El conocimiento pierde así su carácter o
pretensión de correspondencia contemplativa, en el sentido de señalar
unívocamente el quehacer a los sujetos sociales, para convertirse en una
determinante más de la acción subordinada a la misma, en un componente de la
acción irreductible a la sola teoría.
Detrás de las consideraciones señaladas, con
respecto al concepto marxista de ciencia y sus implicaciones
epistemo-metodológicas, hay en Marx un concepto de realidad
que contrasta profundamente con el positivismo y con el historicismo.
En primer lugar, hay un concepto de historia
entendida como articulación entre objetividad y subjetividad y en donde
articulación implica determinación, pero determinación mediada, excluyendo con
ello todo determinismo y reduccionisrno. Este concepto de historia contrasta
con la visión naturalista de la sociedad del positivismo, en donde,
reivindicando el concepto de objetividad y de ley objetiva, los sujetos
voluntarios son reducidos a instrumentos de dichas leyes objetivas. En este
sentido, Comte fijaba como tarea de la ciencia enseñar a los
hombres a comportarse de acuerdo con las leyes sociales para que no sufriesen
al actuar en contra de lo que rige a la sociedad.
En segundo lugar, hay en Marx la
idea del movimiento como rearticulación que puede implicar el cambio de
legalidades y de conceptos pertinentes a la nueva realidad. Estas
consideraciones llevan a la noción marxista de ley y concepto históricamente
determinados en contraposición al ideal positivista del concepto y la ley
universal.
En tercer término, la idea de realidad analizable
por niveles de realidad, no reducible exclusivamente a lo empírico observable,
ni tampoco a la contradicción idealista entre esencia y apariencia. Realidad
por niveles, no todos ellos observacionales, niveles en articulación con
determinaciones mediadas y con dinamismos diferentes. Este concepto de realidad
tiene su traducción en el privilegio metodológico de la totalidad como
categoría central en la perspectiva del conocimiento marxista. Totalidad que implica
articulación en diferentes niveles de realidad, que presupone mediación y
descubrimiento de mediaciones y que tiene detrás la noción de determinación que
impide confundir totalidad con todo. Esta noción de totalidad no puede
confundirse con la de sistema teórico axiomáticamente construido y
deductivamente relacionado. Totalidad articulada por niveles de abstracción
como, concretó pensado, implica teoría articulada por niveles de abstracción
en. una relación lógico-histórica de construcción entre los diferentes niveles.
Totalidad concreta por niveles desde los más abstractos hasta los más concretos
presupone la construcción de la teoría específica al objeto específico, en el
sentido de la relación entre general y particular, pero también la
imposibilidad de emprender la explicación sólo a partir de lo general (o de lo
universal). De esta manera, se prefigura en Marx un concepto
de explicación que escapa a la filosofía positivista de ser sino el de
reconstrucción de la totalidad concreta del pensamiento y, no simplemnte la
subsunción de la situación concreta dentro de la teoría universal.
II
A pesar de contener el marxismo una concepción de
la realidad y de epistemología diferentes al positivismo, tendríamos que
reconocer que aquél no ha podido desarrollarse cabalmente en el plano
metodológico. A diferencia del marxismo, el positivismo se fue convirtiendo
desde finales del siglo pasado en paradigma dominante en la filosofía de la
ciencia y posteriormente en la metodología de las ciencias sociales. Al
convertir el positivismo la reflexión sobre el quehacer de la ciencia natural
en campo específico de su reflexión, en una época de revolución científica, dio
a esta perspectiva una gran ventaja con respecto a paradigmas alternativos. Sin
embargo, en el fondo de la hegemonía positivista, no hay principahnente un
problema ideológico sino una situación material muy concreta que fue imponiendo
formas concretas de hacer a la ciencia natural desde finales del siglo XIX. La
revolución en las ciencias naturales se vio aparejada con la conversión cabal
de la ciencia natural en tecnología, con la aplicación de las ciencias
naturales a la producción capitalista. Esta situación material tuvo al menos
dos implicaciones para la ciencia natural: por un lado, el predominio del
experimento que fija sus propias condiciones de verdad y que por la vía del
control de las variables permite reducir la tarea de la ciencia a la definición
de cadenas causales (o de asociación, si se prefiere un término menos fuerte).
Por el otro, una angustia por la predicción, soluble prácticamente en el
terreno del experimento, traducible en la angustia de la cuantificación y la
precisión. La conversión de la ciencia natural en tecnología no es ajena a esta
angustia: en última instancia el cálculo y la predicción precisa de la tasa de
ganancia, pasa ahora por la predicción precisa de las variables físico-química
y mecánicas de los procesos productivos.
El imperio de la razón instrumental es también el
de la ciencia de la contemplación de lo dado. Con el predominio material del
capitalismo se refuerza la visión positivista del mundo en cuanto ver la
realidad,, en particular la social, independiente de los sujetos y refuerza la
idea de ley como ley desubjetivada y universal. Asimismo, el predominio del
experimento apuntala la reducción del campo de la experiencia a la recolección
del dato empírico y el concepto de verdad a la verificación.
Ley universal y realidad prácticamente reducida al
mundo empírico conducen al concepto positivista de la teoría en tanto teoría
homogénea (conjunto de hipótesis relacionadas entre sí en forma deductiva). A
una teoría homogénea le corresponde por tanto en el positivismo una concepción
homogénea de la realidad, realidad de un solo plano y reducible por la vía de
la verificación y de los enunciados elementales a lo empírico.
A esta concepción de realidad, de ciencia, de ley,
de teoría (que le fija a la teoría la función deductiva de permitir explicar lo
singular a partir de la ley universal o de la hipótesis universal deducida de
la teoría), le corresponde un método, el método hipotético deductivo.
Ese concepto de ciencia y de método se va
convirtiendo en paradigma dominante desde finales del siglo XIX, pero no es
sólo paradigma dominante, sino también hegemónico. El marxismo, entre otros, no
escapa a su influencia. Es la época del marxismo de la Segunda Internacional;
un marxismo que no logra dar cuenta cabal de la revolución que se está
produciendo en las ciencias naturales (excepto su ubicación dentro de una
dialéctica ingenua) y, por tanto, muchos de los nuevos problemas empiezan a ser
definidos y “resueltos” dentro de los cánones del positivismo. Hasta
antes de la Revolución de Octubre, ni siquiera el ala revolucionaria de la
socialdemocracia logra configurar una alternativa de peso a la potencia
positivista. En este contexto Materialismo y empiricriticismo resulta
hasta cierto punto una excepción. Excepción porque disputa con el positivismo
de moda, logrando desenmascarar su carácter idealista dentro de un aparente
materialismo, cuyo texto es a la vez insuficiente para dar cuenta de los
complejos problemas reales que está enfrentando la ciencia natural de la época.
De una manera o de otra 3 dejando
fuera exponentes bastante conocidos de la izquierda minoritaria de la Segunda
Internacional, lo que se va imponiendo en este periodo en el marxismo es una
concepción naturalista de la historia —a la manera del positivismo.
Pero la revolución europea de 1917-23 trae aires de
renovación en el marxismo; al influjo del movimiento real del pensamiento
marxista revive y es capaz de romper con la hegemonía positivista. Es el
periodo de las primeras reflexiones marxistas de Lukács, de Korch,
de Gramsci, de Bloch y de la corriente de
Frankfurt. En esta oleada renovadora y de puesta al día del marxismo con el
pensamiento occidental hay un punto en común a pesar de las diferencias
específicas notorias: la reivindicación del papel del sujeto en la historia y
la negación de una historia naturalistas y positivizante.
Sin embargo, esta segunda oleada del renacer
marxista no pasa de los años treinta (con excepción, posiblemente, de la
corriente de Frankfurt a la que salva y condena su academicismo e
intelectualismo). La Tercera Internacional en proceso de estalinización condena
esta visión marxista de la historia (Lukács es condenado por Zinoviev en
el V Congreso de la Comitern; Korch es marginado del
movimiento comunista alemán; Gramsci padece la obscuridad de
la cárcel fascista y el olvido de sus camaradas, Bloch es aceptado
sólo a condición de permanecer confinado a la academia). Es el periodo del
estalinismo que marcará profundamente el pensamiento marxista a través de los
manuales de marxismo-leninismo de la Academia de Ciencias de la URSS en un
nuevo aire positivizante.
Mientras el estalinismo se imponía a lo largo y a
lo ancho del pensamiento marxista (las escuelas de Frankfurt y del trotskismo
son sólo excepciones), el positivismo alcanzaba su máximo esplendor y
hegemonía. En el campo de la metodología de las ciencias sociales, el
positivismo lograba definir problemas y proponer soluciones a las cuales el
marxismo estalinista no lograba penetrar, reducido a una supuesta traducción
materialista de Hegel en el ámbito de la metodología.
Problemas como los siguientes se convirtieron en coto casi exclusivo de la
reflexión positivista sin que el marxismo de la época esbozara alguna
contrapropuesta:
—El ideal positivista de teoría como teoría
axiomatizada, con una función deductiva en el proceso de investigación
científica.
—La definición positivista de la relación entre
teoría e hipótesis científica y el privilegio del camino de la prueba de las
hipótesis, como el camino de la investigación científica y ante lo cual el
marxismo de la época no pudo oponer sino una concepción gnoseológica del
problema de la verdad, que recordaba más las discusiones de la filosofía del
siglo XVIII que los problemas de la ciencia del siglo XX.
—Definición por el positivismo del problema de la
operacionalización de los conceptos teóricos y el intento de solución rigurosa
a través de la definición operacional de Bridgman. Ante el
problema, el marxismo tampoco tuvo nada que ofrecer.
—Definición y privilegio de técnicas de recolección
de datos y de análisis de información como el uso de cuestionarios, el
análisis de contenido de textos, así como todo el desarrollo de la estadística
social, la construcción de índices y escalas que la sociología soviética
simplemente adoptó.
Toda esta coyuntura fue conformando un gran atraso
del marxismo .en la reflexión metodológica a partir de sus propios supuestos y
una innegable influencia del positivismo en el marxismo de la época. Esta
influencia se reforzaba por la propia concepción naturalista de la historia del
estalinismo que sólo recuperaba la cara naturalista de Marx, en
tanto privilegio y evolución del desarrollo de las fuerzas productivas sin sus
claras articulaciones con la lucha de clases.
III
En tanto el marxismo se estancaba y positivizaba
metodológicamente, el positivismo entraba internamente en una profunda crisis.
En tres aspectos internos podría resumirse la crisis del positivismo. Primero,
las críticas de Popper al positivismo, sobre todo las críticas
a la inducción, se convirtieron en críticas a la verificación y al significado
de conocimiento del positivismo. A partir de Popper, resultaba
lógicamente insostenible la aceptación de la verificación como algo
probablemente verdadero y, por tanto, la razón deductiva sólo podía tener
certeza de lo que no podía conocer. Es decir, la crítica a la verificación se
convertía en crítica a la capacidad de conocer.
En segundo lugar, el proyecto positivista de
convertir el proceso de investigación (al menos el del hipotético deductivo) en
un proceso estrictamente lógico se mostró improcedente en sus momentos
principales:
—A la teoría axiomatízada se ofrecía un perfil
epistemológico más realista,
—a la función estrictamente deductiva de la teoría
se ofrecía un panorama más heurístico del conocimiento acumulado,
—ante la propuesta de las definiciones
operacionales se tenía que reconocer que la ciencia trabaja con conceptos “sólo
parcialmente interpretados“,
—el dato empírico no podía sostenerse como algo
simplemente dado (Carnap), ni era posible construir una teoría aceptable
de la observación (en el sentido positivista de aceptable o sea reducible a una
lógica de la observación) y por lo tanto, no podía resolverse en el plano
puramente lógico el problema de confrontar pensamientos con realidades.
En tercer término, la filosofía de la ciencia
finalmente hacía suyas, a mediados de esta década, las componentes extralógicas
del conocimiento científico que otras perspectivas venían postulando desde
hacía tiempo. Khun se encargó de desatar la polémica sobre
todo con Popper y el logicismo metodológico; en este sentido,
las críticas de Lakatos a la racionalidad instantánea
popperiana ayudarían a disolver las expectativas de un proyecto iniciado
sistemáticamente con el Círculo de Viena.
A pesar de la crisis interna del positivismo,
sintetizada en la incapacidad de responder rigurosamente y desde sus propios
presupuestos a los problemas culminantes que se impuso a sí mismo, la
metodología de las ciencias sociales, al menos la “ciencia social normal“,
sigue basando su metodología en aquel paradigma ahora en crisis. Es decir, se
presenta un desfase entre una epistemología en crisis y su metodología social
todavía predominante. Sin embargo, la crisis real capitalista iniciada en los
setentas ha significado, en primera instancia, una crisis de las teorías
sociales fuertes —las teorías económicas—; crisis que se presenta como crisis
de impredicibilidad y que abre una serie de discusiones que el auge capitalista
de la posguerra y la soberbia de la lógica positivista habían mantenido
soterradas: la función de las teorías sociales, su capacidad de conocer, su
relación con la ideología y sobre todo, si sus criterios de cientificidad
tendrían que ser los de las ciencias naturales.
Para el marxismo se abre una gran alternativa,
producto de un gran viraje histórico en la realidad capitalista y posiblemente
en las concepciones. En lo metodológico, se abre la posibilidad de que el
marxismo, aprovechando la crisis del positivismo y de las teorías fuertes que
le sirvieron de legitimidad concreta, pueda desarrollar una alternativa
epistemológica y metodológica interrumpida durante largos periodos históricos.
En principio, habría dos condiciones abstractas
para que el marxismo llegara a generar una alternativa propia competitiva del
positivismo:
1) No insistir en la adaptación del positivismo al
marxismo, no insistir en una epistemología ahora en crisis.
2) Buscar desarrollar lo que en los clásicos del
marxismo fueron concepciones epistemológicas básicas, escasamente
desarrolladas, en el contexto de los problemas modernos de la ciencia. En este
sentido, la vena de reflexión que nos parece más fructífera de desarrollar es
la que parte del método de la economía política de Marx. Reflexión
que fue retomada por el marxismo después del estalinismo y que dio origen a la
identificación de problemas propios y algunos intentos de solución. Problemas
como la distinción entre método de investigación y de exposición, el punto de
partida, la relación entre abstracto y concreto, la relación entre lo histórico
y lo lógico y el concepto metodológico de totalidad.
Sin embargo, esta reflexión marxista sobre el
método pareció agotarse al inicio de la década pasada 4 (el
señor Colletti contribuyó a que la reflexión se desviase hacia
los problemas de la dialéctica hegeliana). Resulta importante y posible en la
coyuntura actual tratar de desarrollar esta discusión interrumpida. Algunas de
las temáticas modernas que pudieran desarrollarse nos parecen las
siguientes:
1) La posibilidad de un concepto alternativo de
teoría, diferente al de teoría axiomatizada y, consecuente con la idea marxista
de niveles de realidad, niveles de abstracción y de construcción de totalidad
como articulación de niveles conceptuales de los más abstractos a los más
concretos.
2) La reivindicación de un problema marxista
propio, ajeno como problema al positivismo, como es el del punto de partida.
3) La definición de la estrategia fundamental de
construcción de conocimiento como una estrategia de construcción y no de simple
verificación. La consideración del concepto de totalidad abierta en el sentido
metodológico en contraposición a sistema teórico como criterio metodológico
central en la estrategia de construcción de conocimiento.
4) El reconocimiento de la falta de una reflexión
explícita marxista acerca de los alcances de un posible método de Marx que
vaya más allá de la economía política.
5) La posible influencia del carácter del objeto en
la definición de los contenidos metodológicos, no obstante poderse hablar de
principios epistemo-anetodológicos más generales.
6) Dentro de la perspectiva del punto 5), la
definición de la relación y forma de intervención de lo lógico y lo histórico
en el proceso de reconstrucción de la totalidad con contenidos y jerarquías
abiertas dependiendo del objeto.
7) La reconsideración del problema de la
dialéctica, específicamente de la contradicción dialéctica, al interior de un
posible1 método de reconstrucción de la totalidad, escapando de las
consideraciones logicistas en las que se empantanó con Colletti,
buscando desarrollar el concepto de Gramsci de contradicción
sustantiva.
8) Reconsideración acerca del problema de la “verificación
interna y externa“, en un método de reconstrucción de la totalidad.
9) Reconocimiento de que el marxismo no cuenta con
un método de investigación (las reflexiones más acabadas sobre el método se
refieren a la exposición); la posibilidad de desarrollarlo a partir de la
descripción articulada. 6
10) Una reflexión específica acerca del concepto de
lo empírico como forma de la relación entre el sujeto y el objeto.
11) Una crítica y una reflexión consecuente sobre
el problema de la relación entre concepto teórico e indicador, dentro del
proceso de reconstrucción de la totalidad.
12) Una reflexión crítica que llegue hasta los
fundamentos epistemológicos de las técnicas de investigación.
13) Pero, sobre todo, el desarrollo de las
implicaciones metodológicas de una concepción de historia como articulación
entre sujeto y objeto. En la concepción de la clase obrera como sujeto-objeto
el conocimiento de la ciencia marxista puede convertirse para ese sujeto-objeto
en un parámetro más para su acción, y el proceso de investigación en una forma
de intervención política. Intervención que por parte de los intelectuales
reconozca las mediaciones inevitables entre teoría y realidad y que en la perspectiva
marxista el “qué hacer” no puede estar unívocamente determinado sólo por
la ciencia. Es decir, la intervención de los intelectuales no puede sostenerse
como simple proceso concientizador, puesto que presupondría una capacidad de “reflejo”
de la realidad por la teoría y una determinación lineal de lo subjetivo por lo
objetivo, ajeno a la concepción de historia que aquí hemos manejado. Si el
marxismo quiere dejar de hacer simplemente ideología para la cultura y volver a
hacer conocimiento para la acción, tendremos que empezar aplicando el marxismo
al marxismo.
NOTAS
1 H. Claver. Una lectura política de El capital*
FCE, México, 1985.
2 El parangón entre método marxista en Lukács y en
el positivismo, como trascendente a la propia teoría es sólo una analogía
formal, puesto que en Lukács hay una reivindicación del sujeto y de la
historia como campo de la subjetividad.
3 No estamos entendiendo por mediación el
planteamiento acerca de la variable interviniente. Mediación desde el punto de
vista teórico tendrá que ser entendida como nivel conceptual intermedio
entre lo más abstracto y lo más concreto, teóricamente hablando.
Estableciéndose entre estos niveles conceptuales una relación
lógico-histórica.
4 Para ver los alcances de la discusión marxista
sobre el método, en la década de los setenta, véanse los cuatro volúmenes
de Ediciones de Cultura Popular, El capital, teoría estructura y método,
México, 1974.
s Véase H. Zemelman, Uso crítico de la teoría, de
próxima publicación por El Colegio de México.

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